<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/browse?collection=1&amp;output=omeka-xml&amp;page=41" accessDate="2026-06-12T05:29:03-05:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>41</pageNumber>
      <perPage>20</perPage>
      <totalResults>942</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="3552" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2194">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3552/El_Mundo._1897._Tomo_2._No._3._Julio_18..pdf</src>
        <authentication>834824c89e6eb3de66d6a1b670d5a79a</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117374">
                    <text>e

-- r

. ...

~

.

~

!ii~~"~!-

1~

~

(DE VAN BUSKI RK)

~
Q

•~
ilí

't

=
2.
~

!
:l

PaíiÜinp18'ry--ec,-:;~,

IDUJL'NIE~

f ORTALt CtR.LAS tNCIAS
bel( •

~

=

:

,¿_,,___,.

~

~---.~

:l

~~t.:t:'~
,._.,-¡,- .'L :z:: +·
~~

.!'"""~!'°-.!"..==-,~ .

~

01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

•

~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
r-

:a»

•

~

~

s:

•u

~

•
J:.

p.¡

•
•
?C

o

•g.
tS
...
=
tS
...es

-

n
n

o

»r'
d
p
A

• o
o
• "•

U)

od

p.

.
-::s s: • ...
• -•

.!u tS
s: es

li&gt; .a
o

~

r::

&amp; :•
¡;

SS

o
.o tll
o

.• "'
ou "'
es

n

r:: •
,:
r:: es
p
:: es

p.¡

p

n

SS
A

..
- -i

51 ~
•::se, •:a
s:p ...

os: ...
o

-'"°

:a

-::s ...

.o

•es

DECE P C I:ON . .. .

""-p •:a...

•
.-

-

,,,,a

s-.

51
•::s

s-.
en

e,

-

.•

SS

ti-)

O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�DOMINGO ,8 DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

''El.MUNDO"

tá más cerca de nueetro espíritu cuaoto más lejano el

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle lle Tiburcio

núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Rebcción, debe eer dirigida al
Director, I.lc. Raf"ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, I.lc. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

~.,

Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
BÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
···••·····•····..........................

... ................ - .... .

A LA SEÑORA

! (!armen Romero Rubio
:
,
!
!

'.
'

día de su desaparición. Es que los que hemos llegado á
la vida, á recibir la herencia del Benemérito, aquilatamos la enma de energía desplegada por este carácter en
la preparación del presente.
Hombre de fe fué J11ár&lt;1z, sublime vidente quesean·
ticipó al porvenir y vió claro en la conciencia nacional
que si todavía, en la época del terrible combate, no se
había penetrado ampliamente de la idea liberal, poco á
poco haido absorbiéndola, y asinilándo·a más tarde en su
organismo. Y es que las gran.les ideas, para ser fructí •
feras á las sociedades, necesitan de hombres superiores
que las encarnen y las hagan existir, con esa vida del in•
dividuo, formada de eacrificios y heroísmos, que por tan
extraño modo hiere á las multitudes. Cuando uno de es•
tos hombres. que aparecen á trechos en la leyenda de la
humanidad, se apodera de uno de estos altos principios,
rompiendo el medio que le rodea y que, á ocasiones, le
es hostil, las generaciones que siguen á su obra, educa·
das y nutridas al amparo de ella, hacen de esta personalidad una figura imperecedera, un coloso asentado sobre
firme base de granito.
Juárez para nosotros ofrece eetos lineamientoe; pcreso
sobrevive, porque su obra ha sobrevivido; porque la tie·
rra que pisamos es suya; porqueeon suyos los sentimientos
man nuestros espíritus y loe conceptos que bayen er&gt;
nuestros cerebros.
¡Juárez es la nacionalidad mexicana!

ae Díaz.

~Á\~
Aunque tardío, tenemos el honor depreEentar
nuestro homenaje á la virtuosa dama, que por
tantos conceptos ocupa un lugar distinguido en
la sociedad mexicana.
· ¡Que no se empañe nunca la dicha de esa hermosa existencia consagrada al consuelo de los
humildes!

·
:

be buscarse en el prolongado entronizamiento del sieteroa proteccionista, que descubre al obrero un grupo pri vilegiado que se enriquece á expensas de loe sacrificios
ajenos.
El socialismo t&gt;B una protesta! es el grito de rabia quese escapa de una multitud indignada ante las voracida•
des de un terrible Moloc, que tritura víctimas para vivir
siniestramente de iae vidas agenas. Su programa ee ina·
ceptable, y el triunfo de loe nuevos dietribuidc,res de la.
riqueza p11blica sólo serviría para hacer retroceder á las
nacionalidades modernas una buena puflada de aigloe.
La ley de las represalias, turbulenta y füsolvente, pone una nube de cólera en el corazón del obrero y lo lanza.
á los desórdenes de la huelga de la que él es la primera.
víctima. ¿Qué hacer frente á este desequilibrio surgido
entre los factoras que dan prosperidad y bienestar á la&amp;
naciones civilizadas?
Todavía el problema continúa ein resolver; pero en la
Repúblicad el Norte está el remedio quizás en la destrucción de esos poderosos castillos feudales del act ual industrialismo.
Aun lleva el coloso sangrientas heridas en F.U flanco.

lllalíti!a Oi,tneral.
RESUMEN.-La eterna lucha por la vlda.-Lo que hayen el fondo de la fraternidad lntern acional.-luz y•
sombra.-Alia11za anti-britán1ca.-EI Kaisser y el
Czar. -La Gran Bretaña y su política de abolengo.
-La ostentación de su fuerza.-Grecl .. abandona-

.
:

da.-Vae vlctisl

~tJtas tbitarialts.
Qfl 14 lJ tl 18 be Julio.
Una idea-madre informa estos dos aniversaric-s,- el de
la toma de la Bastilla y el del fallecimiento de Juárez;
-una base única les sirve de apoyo en el edificio de la
historia: la exaltación de los principios liberales,
á través de una ruda y prolongada lucha• .El g y el 18 de
Julio son doa fechas que presentan la misma característica, dos jornadas que preside el mismo criterio.
La toma de la Bastilla ha resistido á la acerada crítica
contemporánea; todos sabemos ya que detrás de los can•
tos que la enaltecen, se oculta un acto Tepugnante y que
las multitudes que asaltaron la típica prisión de la mo•
narquía, distaban mucho de ser esa oleada de hombres
generosos y esforzados, masa de ángeles que han apro•
vechado los panegiristas incondicionales de la obra re•
volucionaria. Pero todos sabemos también que no se elaboran con mejor materia prima todas las convulsiones so•
cialee que ee han producido en loe pueblos.
Tiene el 14 de Julio de 1789 ufla fase negra y repulsiva;
pero hay en él un hemisferio en el que la luz entra árau•
dales. Los que sólo ven en este hecb,o el inútil asesinato del g&lt; bernador Delaunay, los ,aqueos de la noche
del 13 al 14, los desórdenes causadcs por una masa brutal y sedienta de saogre, el ensañamiento de loe aeaHantee y sus gesticulaciones de histriones trágicos, parecen
olvidar que el hecho en eí tiene únicamente resonancia
1mivereal por lo que significa en la desaparición de un
régimen decrépito é inadaptable á las necesidades del es•
píritu humano.
Las nuevas generaciones han apartado del asalto de la
Bastilla, las impurezas de que está salpicado; lo han re•
dimido, á semejanza del Cristo á }ía!ía de Mágdalo, de
todas eue culpas, y como el sol, al besar el pantano, bebe
el 11gua que la nube deposita, esterilizada en la tierra
que fecundiza la lluvia, a11í el principio de la libertad ha
derramado sobre el 14 de,Julio el licor generoso de la salud, y de un acto cruel y ealvaje ha hecho una apoteóeie fulgurante y eterna.
Así celebramos este anivereario purificado de sus
manchas!

JUA.REZ
(De fotografla Valleto, tomada directamente.)

Hace slgunott días, nos transmitieron las agencias tele·
gráficas de esta Capital la noticia de una enorme huelga
registtada en importante zona industrial de la Repúbli·
ca del Norte.
No es la primera ocasión en que la Democracia gigan•
te dilapida así sus poderosas fuerzas en empresas improducti vae. La estadística se ha apoderado de las cifras que
representan estas pérdidas netas, en medio del rápido
desarrollo de la riqueza americana, y las ha arrojado á la
consideración de los economistas y hombree de Estado.
El proble!lla social ha hecho su apari:lióa en la flore•
ciente República, y, ora parapetado tras las doctrinas
agrarias de George, ó bien, trsspasando loe limites de lo
especulativo para lanzarse al terreno práctico, en caótico
tropel que antaño recibiera el nombre de ejército del ham•
l,re, ha 1·amifieado sus antenas y ha extendido sus ga1·ras
por buena porción del territorio de la Unión.
Pero ¿de dónd~ procede que en un pais, en el que los
elementos de vida para el trabajador le proporcionan la
satisfacción de un amplio cuadro de necesidades, en uua
nación en que las utilidades del empresario han decreci*
do
notablemente, mientras loe salarios siguen una direc*"
La muerte de nuestro impasible marca una etapa en la ción contraria, la lucha entre el capital y el trabajo conshistoria de la República Mexicana. Parece-y no es es- tituya una amenaza á su capacidad productora?
ta la primera vez que emitimos eetaidea-queJuárez ~ePara nosotros la causa de este fenómeno económico de•

Por más que pretendamos ver en el movimiento que•
empuja á las naciones en su desarrollo un cu¡¡dro sonriente de tonos alegres y notas regocijadas, es tau rada
la ley de la competencia, ta:i necesaria la concurrencia
vítal, tan imprescindible la incesai.te lucha, que allí
donde aparece un símbolo de paz, queda mal encubierto
el odio, donde se descubre una señal de concordia, ahondando un poco se penetra en las sombras del rencor, y
donde nos parece ver indicios de confianza y mueetrae
de amor y caridad, se halla la marca del sórdido interés
y las huellas de rivalidades que rugen, de apetitos que
batallan, de concupiscencias que entrechocan.
No se necesita haber saboreado la onda amarga del
pesimismo para formarse esas convicciones; basta seguir
atentamente loe culebreos de la diplomacia, sorprender
las sinuosidades de las relaciones internacionales, espiar
las astucias de loe actores en la gran comedia humana,
para convencerse de Ja falsedad del brillo con que seadorna el escenario,áfin de deslumbrará las multitudes.
y ocultar las aviesas intenciones al enemigo y al rival.
Se proyecta el viaje de un eoberan~, por ejemplo; seauuncia su misión de paz, se proclama á son de trompe•
ta la fraternidad universal que lo guía y la concordi:\
cristiana que lo inspira, y á poco se sabe que bajo su
manto mentiroso de amistad, ocuUa las maquinaciones
más agresivas, busca en las tinieblas, secretas alianzas
ofensivas y alienta proyectos ruines de venganza. Se
nombra un embajador á quien se encomienda la &amp;area de •
estrechar los lazos de amistad y las buenas relaciones.
que aparentan cultivar dos naciones, y no tarda en
averiguarse que el pacífico ministro, cuyo carácter hace
inviolable su persona, se mezcla en ).a política interior dt,I
país doude reside, atiza sus rencillas, alienta á los sgita-.
dores, ó se dedica humildemente á investigar la resisten-.
cia de sus fortalezas, la importancia de sus puntos estra•
tégicoe y la organización y solidez de sus ejércitos de .
mar y tierra, para el caso de una declarada guerra.
Y así van las clases directoras sorteando loe obstáculos
que á su paso encuentrane n el engrandecimiento de los.
pueblos; así van caminando entre loe himnos que levantan sus adeptos, y los murmulloa salmódicoe sin eco que•
brotan en ráfagas luminosas de los augustos congresoa
de la paz, última burla de.eete siglo batallador.

*
**

Mucho se ha hablado del viaje dal emperador Guiller•
moa San Petersburgo y de las tendencias que lo animan,.
al buscar cordial inteligencia con el omnipotente autó•
crata del Neva. Se apuntó su deseo de encontrar á Mr.
Faure en la corte de Nicolás II, con la sana intención de
apagar en fraternal abrazo el odio de más de cinco lus•
troe que ha apartado á los pueblos de aquende y allende,

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

,el Rhin ; al saberse el inútil resultado de sus vanas pre·
teneionas, hoy se aventura la opinión de que sus conatos
no se dirigen á reconciliarse con Francia, sino que van
encaminadas en abierta hostilidad contra la Gran Bretaña.
Murmúrase por lo bajo que el sentimiento antibritáni •
co, manifestado de diversas maneras en Alemania, arrastra al arrebatado Hohenzollern á buscar la alianza de
Rusia, rodiada rival del Reino Unido en influencia y
predominio sobre el continente asiático. Afí.ádase además, que para tener bien quisto al gabinete de París, puesto que ya es preciso creer en la alianza franco-rusa
-ofrecerá su apoyo moral y material para exigir la eva•
cuación de Egípto por los ingleses, dejándolo b~jo la
protección del pueblo que llevó á cabo la obra titánica
del canal Suez.
Imposible parece que de tan extraños m()do~ buFque
notoriedad el soberano germánico, y olvidando lo~ oilios
tradicionales que lo apartan de Francia y lo alejan de R•t •
sía, pretenda así ponerse frente á frente de en augusta
abuela de quien amargar, loe postrimeros días.

EL MUNDO

huestes de Edhem Bajá sobre la indefensa Atenas, y la
monarquía helénica, deeamparada y sin honor, qnedará
aplastada bajo las plantas del invasor.
Y el pueblo griego ¿qué puede hacer? 1Infelizl Enga•
fiado por las vanas promesas de loa filo-helenos de todos
loe países, seducido por loe artificios de quienes le augu•
raban fácil triunfo, llorará su humillación al pie de la
sagrada Acrópolis, mientras puede tomar el trabuco del
guerrillero, tal vez pera comprar de nuevo su inaependencia.
¡Pobre pueblo que se dejó alucinar por los encantados
espejismos que le fingía eu imaginación siempre sofladora y poética! No vió la sirte que se abría á sus pies, y cayó, arrastrando acaso la monarquía en espantoso derrumbel
Julio 15 de 1897.

X. X. X.

El. I.UJO DE I.A INDIGENCIA

Generalmente ee cree que el lujo es patrimonio y mo•
nopolio de las clases altas, ilustradas y ricas de la sociedad; que ellas lo acaparan, que sólo ellas lo disfrutan,
que solo las princesas y los millonarios pueden baflarse
en sus voluptuosidades, irradiar su brillo, ostentar ene
msgnificencias, oficiar en sus pamposas suntuosidades.
Claro es que para adornarse con diamantes como «El Regente;" para veetirs~ el traje de encajes que encargó á Brueelae la Emperatriz Eugenia y que adquirió Miss Mac Ray
en ochenta mil pesos oro después del desastre de Sedán;
para encerrarse en el estuche acojinado de seda de un
curé tiradG por un tronco de yeguas inglesas; para babi·
tar palacios, y pagar cocineras de cuarenta y cincnenta
mil francos al año, se necesita ser reina en Inglaterra,
Emperatriz en Austria, Artista lírica, bailarina ó prince-

***

Ha tiempo que se hace palpable y evid•mte t&gt;I aislamiento de Inglaterra, que orgullosa de su propio vali·
miento y fiel á su política de aboleng,.,, desdeña pactos
vanalett, ve desde la altura de su grandeza con marcado
menosprecio las ligas inconsistentes, y solo se rPsnPlve
á obrar, cuando comprende que su voto se considPra decisivo en loe concejos de las nacionPP. Pero e~e aisla miento aparente no menoscaba un ápice la fuerza colosal del dilatado imperio británico, y sería un error la·
mentable pensar que porque se mantiene apartada de
atianzas dobles 11 triple.~, la encrmtraría desprevenida
cualquier evento contrario.
Sin ostentaciones aparatosas. ha ~ofocado las insnrrPc•
cionee tlel Africa Austral. qne la allanan el ::amino á fo.
turas conquistas; e:n provocar inútiles protestas, prepara
nueva expedición al Soudáu, que podrit abrirle las puer•
tas de Jartóun; y con la mayor fácilidad sofoca los motines de la India, que la peste y el hambre han encendido.
Se engaña el quP crt&gt;a q11e el írnperio colouial más poderoso de loe moilernoP tiempos descuida la trabazón de
ese complicado engranaje. L11s fastuosas fiestas del jubileo, donde se congregaron en estrecha unión los elementos
que lo constituyen, dispersos en toda la redondez de la
tierra, acaban de demostrar con elocuencia incontro•
Tertible cuán firme es la solidaridad de la Metrónoli y
las colonias. L11 revista naval !In Spithead no ha Rid&gt;? un
juego vano, sino también la ostentación en ocMión solemne de la fuerza que puede desplegar la primera po•
tencia marítima del mundo.

***

Y mientra¡, esos rencores ocultos y rivalidades mal
disimuladas alejan y separan á las grandes poteucias,
Grecia infeliz que en ellas puso toda su esperanza y con·
.66 su suerte á en mae;nanimidad, sufre en si!encio eu de·
rrota y devora á solas sus humillllciones, ansiando el
día venturoso en que se firme la anhelada paz, que ha
de apartar de su suelo mancillado á la brutal soldadesca
turca.
Pero ese día no llegará: parece que el destino cruel se
empefla en amontonar nubes de tormenta sobre el cielo
azul de la divina Hélade.
Ya noes el capricho del Sultán lo que se vislumbra sólo
en las negociaciones que se siguen á pasos lentos en la imperial Bizancio; t&amp;mhién se ha puesto de manifiesto la
debilidad de loe mediadores, que con protestas melifluas
y consejos amieklsos, pretenden que el conquistador
abandone su presa á y ceda las inspiraciones de la piedad
eu corazón de hiena.
Ya no se nota solamente la influencia de loe representantes del Islam, que atizan la guerra y encienden la
venganza contra loe perros cristianos, en la insistencia
con que Abdul-Hamid aspira á recoger el fruto de sus
ruidosas victorias en Tirnova, Domokos y Farsalia; también se echa de ver el pavor de loe poderosos, que antes
de dar ocasión á u~a guerra continental, dejarán desgarrar el seno de la madre Grecia por el feroz musulmán, y
por eso se han conformado con una intervención anodina é ineficaz al fin que aparentemente se proponían.
C-eeará por lo tanto el armisticio, cuando la camarilla
del Yidiz- Kioak lo determine; se romperán de nuevo las
hostilidades entre loe turcos embriagados de su triunfo
y loe griegos amilanados en la derrota; avanzarán las

Señorita Gertrudls Dwyer.

Premio de belleza en Texas.-Hoy entre nosotros. ( Fotografia Valleto. )

Con verdadero agrado publicamos en lugar preferente
de nuestro semanario, el retrato de la bella señorita Gertrudie Dwyer, quien visita nuestra capital formando parte de una excursión texana en la cual se cuentan eetima:iles caball~roe y hermosas damas.
La eel'lorita Dwyer tuvo la amabilidad de retratarse á
instancias nuestras en casa del distiuguido artista señor
Valle~o-quien procura siempre fijar en sus elegantes
cartulinas lo más notable, conspicuo y visible, así de México como del extranjero-y le estamos en extremo obligados por tan graciosa deferencia.

ea en París, buscadora de oro en el Tranevaal ó porque•
riza en Chicago. Pero ea que porlujo entendemos nada
más los grados extremos del fausto y de la ostentación, y
que no vemos que el lujo es, en el fondo, la adqmeición
de lo superfluo y el sacrificio de mucho dinero, 6 lo que
es lo mismo, de mucho tiempo y de mucho trabajo, á la
ostentación ó la vanidad, al atavío de la persona ó del
hogar, al deslumbramiento de'.)os fatuos y á la edificación
de loe imbéciles.
Pero cuando se estudia el lujo e:n ~odas sus manifesta-

�EL MUNDO

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

DOMINGO 11 deJULIO de 1897

ciones, cuando se le analiza en toda~ sus formas y en
todos sus caprichos, no se tarda en encontrarle en) as cabafias como en loe palacios y en los desheredados de la
suerte como en los privilegiados de la fortuna. Desde
luego, á través de la evolución humana, se comprueban
eeta paradoja y este absurdo: el atavío y el adorno pre•
ceden al vestido y al abrigo. Antes de cubrir sus carnes
contra la intemperie y de velar sus formas contra la
mirada indiscreta, el salvaje las pintarrajea, las cubre de
figuras vistosas y fanMsticas; no ha pendido todavía un
harapo de las caderas del hombre primitivo cuando ya
se perfora las orejas y las adorna coa huesos y espinas
talladas; el brazalete ha precedido al calzado, el penacho
de plumas al sombrero, la gargantilla de conchas de la
playa ó de guijaros de la montafia á la hoja de higuera,
y del estudio de las tribus primitivas aún subsistentes
se infieie, ein extravagancia ni sinrazón, que la primera y más imperiosa de las necesidades ha sido la de lo
innecesario, y que el lujo ha predominado sobre el
comjort.

Todavía hoy, en las regiones hiperbóreas y en las latitudes inclementes, los viajeros comprueban que los esquimales guardan sus capas de pieles en cuanto llueve y
sólo las ostentan ei ha~e buen tiempo, y que en iguales
condiciones loe hotentotes se desnudan de los percales
de colores que les sirven de atavío más que de vestido y
afrontan la intemperie antes que exponerse á verlos des•
tellidos y arrugados.
Estas sanas tradiciones se han conservado aunque
amortiguadas, y re pueden encontrar su huella y su influencia en todos loe pueblos y en todas lae categorías
sociales. Sin hablar de cierto clubman que sólo se sirve
de su lujoso equipaje cuando el tiempo esta sereno y que
chapotea en los charcos en cuanto llueve; sin insistir en
as inumerables familias _que tienen salón y no alcoba,
estrado y no cocina y que cercenan del ga~to cuanto más
pueden para vestir y pasear; sin recurrir á los innumerables ejemplos de gomosos que viven en tugurios y comen en bodegones; pero que visten con el mejor sastre
y llevan joyas valiosas y perendengues raros, podemos
en nuestro mismo pueblo humilde, en nuestras clases
desheredadas encontrar la misma desordenada é irreflexiva tendencia al lujo y la misma preferencia de lo superfluo eo bre lo necesario.
En nuestra servidumbre encontramos á menudo mozos de calzonera con botonadura de plata y sombrero galoneado que representan un año ó más de privación de
lo más necesario; nuestras recamareras que duermen en
un petate, comen nuestros restos y trabajan descalzas,
rnelen tener para los días festivos un rebozo de Santa
l\Iaría, que les cuesta un ojo de la cara; las cocineras cristalizan sus economías, que podían y debían ser las nues•
traP, en gargantillas de corales y arracadas de perlas.
Una india yucateca en traje de ceremonia, con sus bolar.es, sus embutidos, sus encajes, su gran gorro blan~o,
euele valer, sin las joyas, muchos cientos de pesos. En
muchas localidades las indias bordan primorosamente
con chaquiras, sedas y estambres de colores sus toscas
camisas de manta y sus huipilis de lanilla de trapear.
Hace aun pocos afl.os un charro era una eepecie de custodia dorada, plateada, cuajada de pedrería, y ese curru-'
taco del sport, vivía en accesoria, comía tortilla con chile y se acostaba sobre loa suaderos de su caballo. Los
mineros de «La Luz» y de «La Valenciana,, hacían bordar primorosamente eus zapatones de baqueta, y daban
los domingos fiestas tan suntuosas que los obligaban el
lúnes á empefiar el zarape y también los zapatos.
Nadie se hubiera imaginado hace diez ó doce años al
verá un indio de Oaxaca 6 de Yucatán simplemente ves•
tido de manta, que aquel atavío era de lujo y le costaba
una fortuna. Estas buenas gentes preferían en efecto la manta tejida á mano á la fabricada mecánicamen•
te; trabajaban 1mo ó dos. meses, sacrificando su joma!
correspondiente, en la elaboración de la manta necesaria á su vestido, y les salia coetando casi tan car comoo
si vistieran de seda.
Hay más; puede afirmarse que la tortilla, manjar hipócritamente modesto y faleamente humilde, es en reali.
dad un ramo de lujo para nuestro pueblo. Una madre de
familia indígena, podrfa ganar, en loa centros poblados al
menos, con que comprar pan barato; pero esclavizada al
metate y á la tortilla lee sacrifica sumas deeproporcio•
nadas al valor de plaza de ese bagazo alimenticio y conviene el peor de todos en el más caro de los alimentos.

En materia de tortillas llega Puestro pueblo al refinamiento de no gustar de las que se muelen en máquina
por la sibarítica razón de que quedan ,ivja.~.
Si á esto se agrega que nuestro pueb!o se permite, á más
de la tortilla otros lujos, el de tener vicios, de beber mucho pulque, de hacer San Lunes, de entrar cada tercer
dfa á la caree), de tener muchos hijos, y generalmente
también muchas mujeres, se llegará á la convicción de
que lo que pierde á nuestros desheredados es el amor al
lujo.

43 .

EL MUNDO

POBRE NIÑO PALI0O

Las colonias rnorrnonas en Chihuahua.
( De Stephane Mallarme.)
UN PUEBLO DIGNO DE ESTUDIO.

Pobre nifio pálido, por qué gritar obstinado tu canción
aguda é insolente, que se pierde entre los gatos, eefiores
de los techos? por que no atravesará los balcones de los
pisos tras los cuales ignoras los pesados cortinajes de
seda encarnadina.
Empero tu cantas fatal•
DA.MAS DIST.INGUIDAS.
mente, con la tenaz seguri.
dad de un hombrecillo que se
va solo por la vida y no con•
tando con nadie, trabaja pa·
ra sí. Has tenido jamás un
padre1 Ni aun tienes una
vi_eja que te haga olvidar el
hambre, pegándote cuando
tornas sin un céntimo.
Pero tú trabajas para tí:
de pié en las callee, cubierta de trajee destefiidoe, he•
chos como los de un hombre,
tu flacura precoz y demaeia•
do ¡,,rande á tu edad, cantas
para comer, con encarnizamiento, sin bajar tus malignos ojos hasta los otros niños que juegan enel arrJyo.
Y tu qu~rella es taa alta,
tan alta, que la desnuda cabeza que se-levanta en el aire á medida que tu voz asciende, parece querer par~ir
de loa pequeftos 1.wmbros.
Hombrecillo, quien sabe
si no se irá algún d1a, cuan·
do, después de habtlr gritado
i.,rgo tiempo en las ciudades hayas cometido un criillen? un crimen no es muy
difícil de cometerse, ¡bah! es
1mficiente tener valor después del deseo, y loa que.....
Tu pequeñ.o rostro es enei-gico.

Una de las principales c:asas de los mormones en la c:olonia Porfirio Díaz.

Hace mucho tiempo que ee habló en la República de
•colonias mormónicas establecidas en Chihuahua y amparadas libremente por aquel progresista Gobierno. No
·faltó entonces quien se-ocupara, con criterio más ó menos justo, de esos extrafios emigrantes del vasto territorio de Utah, y quien pusiese el grito en el cielo, creyendo ingenuamente que el mormonismo iba á inv~dirnos
como una plaga y á dar al traste con todas les bases de
nuestro edificio religioso y social.
Nada de esto ha sucedido naturalmente, y si los resulrtado3 del establecimiento de tales colonias en el lejano

Estado de Chihuahua han dado lugar á algo, es sin duda á
un aplauso sincero para aquel Gobierno que abrió así una
nueva é inagotable fuente de riqueza eu un territorio
llamado á un gran porvenir en la República.
El mormonismo ha despertado siempre magnas curiosidades entre nosotros y como se nos ha pintado con los
colores más infieles, la idea que nos sugiere es frecuentemente fantasmagórica y absurda. Procuraremos fijar la
fisonomía de esta eecta, que no dejará labor tal de ser
instructiva y curiosa.
Constituye el mormonismo, como acabamos de decir•

..-------------~----

Ni un céntimo desciende
á la cesta de mimbre que
ruantiene tu larga mano sus·
pensa sobre tu pantalón: \e
volverán malo y un día co•
rueterás un crimen.
Tu cabeza se yergue siempre y quiere abandonarte como si de antemano lo supiese,
Señorita María de la Vega.-De Slnaloa. (Defolograjía Vulleto.)
en tanto que cantas con un
Si se toman las proporciones, si se compara la posibi- aspecto que se vuelve amenazador. Te dirá adios cuanlidad con el gasto y el sacrificio hecho con l()~ medios do pagues por mí, por los que valen menos que yo. Vedisponibles, los Rotschild, los príncipes de Sagan, los niete probablemente al mundo para eso y ayunas desmillonarios americanos y los lores ingleses resulta11 ca- de ahora; mallana te veremos en los periódicos.
lumniados; no son ellos los ostentosos, los lujosos, ni los
Oh! pobre cabecita!
rumbosos; sus caprichos y sus extravagancias, sus cuadros de maestros, sus caballos de sangre, sus perlas de
Golconda y sus diamantes del Brasil, resultan modestos,
.EL ]llSP.EJO
dados sus recursos, en comparación de los jaranos, los

. -:á

.J

zarapes, loe huipilis, y las tortillas y el pulque de ·nuestro
pueblo. Máá barato le resulta á Jay Gould su lujoso tren,
en relación con sus recursos, que á nuestra servidumbre
el modesto tranvía en que haca loa mandados, y Grammont Caderousse se pegaría un tito si la cuenta de su
sastre representara en el total de sus rentas lo que signi •
flcan las chaparreras y el sombrero galoneado de un mo·
zo de estribo.
Hay, pues, una profund&amp; injusticia en flagelar en cátedras y púlpitos el lujo de los ricos; lo que merece fla_gelarse firme y seguido es el lujo de los indigentes.
Doc:tor Manuel Flores.

-,-

( De Cárlos Baudelaire.)

·~i

v. :.li-

---1

/

1r

Un hombre espantoso entra y se mira en el cristal.
-«Por qué os mirai.á en el espejo, puesto que no podéis veros sino con disgusto?»
El hombre espantoso me responde:-«Sellor, según loa
inmortales principios de 89, todos los hombree son
iguales en derechos; así pues, poseo el derecho de mirar•
me; con placer ó disgusto, eso no atafie más que á mi
conoiencia.11
En nombre del buen sentido, yo tenla sin duda razón;
más bajo el punto de vista de la ley, él estaba en lo
justo.
Escuela. - Colonia

J uárez.

lo, una secta protestante, con su credo reformista, ni má.&amp;
ni menos que las otras ciento y tantas en que se divide
la religión luterana,. y si se distingue de una manera extrafia de todas las demás, es por el hecho, muy comentado ciertamente, de que admite en su seno la poligamia, ní
más ni menos que loe excelentes súbditos de Abdul
Hamid que tan preocupadas traen hoy por hoy á las grandes potencias.
Admisión semejante ha atraído sobre la secta mormó,
nica los anatemas de todos a1nellos que, educados en otro
medio, la juzgan flagr.rnte inmoralidad, hecha para disol-

�EL

44

MUNDO

Las colonias mormonas en~Chihuahua.-Mollno d~ aserrar ent~e I•• colonlaajuárez y Pacheco.

consejo de ancianos, ei nuestros iuiormee no mienten.
Desde luego es mal visto el joven que llegado al pleno
desarrollo no busca una compañera para su vida, un
aguijón para el trabajo noble que Je permita depoeitar
s11 grano de arena en la labor comun. Si habiendo for•
malo ya un hrigar pretende nueva esposa, debe dhigir•
ee al consejo de ancianos referido, exponer sus razones,
manifestar sus meJios de eubsi3~encia, las probabilida•
des con que cuenta para el porve:'.lir, eu grado de vigor
y de ealud y su anterior conducta. El concejo. vieto lo
anterior, resuelve.
Cnando un viejo pretende casarse con una joven, de•
**
¿Qué consideraciones han* p1esidido
11. la admisión de la berá comparecer iawb1ée ante el concejo, comprobando
poligamia en el seno de las trlbus ( llamémo3Jes así) mor· que posee ampliot weJ1os de subsistencia y asignándole
de antemano una cantidad que, al dt'jarla ( por razón na•
mónicas?
Muy otrás de las que rigen la poligal1lia mahometana. tura! ) viuda, le permita subsistir dtcoroeamtnte y al
El Oriental, organiemo eminentemente voluptuoso por amparo de todos loe peligroe.
religión y por heredismo, que ve en la hembra puramen·
*** loe morm ue~ t'Stll. constiComo se ve, el gc,bierno de
te una sierva, busca, al amparo jel amplio criterio corll.·
nico, una fuente de goces en el harem, y de elle-e nunca tuido por una autoridad com,&gt;letamente patriarcal, casi
sacio, aún se los imagina, fiado en las sagradas promesas,
más allá de la redondez de este valle de lágrimas, en 1111
cielo que es magno gineceo poblado de huríes de ojos de
esmeralda, encantadoramente obesas y perezosas. Pro
fandamente religioso, pero profandamente sensual al
mismo tiempo, porque su religion no es un credo de trie•
~za divina y de sacrificio excelso como la nuestra, ha
eabido amalgamar la embriaguez del placer 11. la embria
guez de la plegaria, y ora en el harem, como se pierde en
las voluptuosidades del éxtaeis.
No es hijo del mismo medio ni por ende obedece á las
mismas influencias religiosas y orgll.nicas el mormon.
Su fin al adoptar la poligamia, ha sido recto, supueeto
en cri~rio religioso. :So se ha propuesto como objetirn
el placer, sino la moralidad.
Pueblo relativamente raducido, patriarcal y solitario,
ha querido expulsar de su seno la prostitución, y no die•
poniendo para ello de los elementos que poseen las gran•
dee colectividades ( á pesar de los cuales sin embargo, no

ver los más sagrados vínculos sociales y conculcar lo~
más sabios precepios cristiano~; empero la gente de eere·
no criterio, p Pga, pero e.q~1irha; es decir, estudia concien•
zudamente la intención que precedió á la coetumbre y
el fin á que se pretende que conduzca.
Líbrenos Dios de abonar la poligamir. Hijos de un me·
dio religioso en que la mujer vive.subliwada por el Eva u·
gelio, hallamos que nada hay más moralizador y lícito
que la uni9n de un sólo hombre con una sola mujer en
matrimonio. Pero seancs dado investigar los orígenes
del hecho que es aquí cuerpo de diPputa.

han acertado más que ha reglamentarla) ó no ballándo
loe idoneos, quiso ampaI'l'r bajo el tranquilo techo dtl
hogar la debilidad femenina y legitimar la promi&amp;cuidnd
que de otra suerte hubiérase considerado criminosa.
Conocedor de la vereatilidad humana que tras poseer el
objeto codiciado, va hacia otro cou las mismas codicias,
intentó paliarla, legalizando todos los amores, y hacién•
dolee perder su aspecto de fruto prohibido.
Su criterio podrá eer erróneo, lo es de hecho, pero na.
die podrá poner en duda su sinceridad y lo ingenuo de
la in~nción que lo ha guiado.
Por otra parte, la poligamia estll. reglamentada en el
seno de la secta de que venimos ocupll.ndonoe, por un

una derivación de la disciplina y autoridad del padre defamiliae, origen de todas las formas gubernativas. El pa·
triarcado eficaz ea, ciertameute en la actualidad una utopía, más la utopía se realiza algunas veces en las pequefiae colectividades. El caracter de paz y cordialidad que•
revisten en el seno del mormonismo todas las relacio•
nea eocialeP, lo comprueba de sobra.
Ea un principio económico que todo pueblo que tiene·
múltiples exigencias, es eminentemente laborioso y prodncr.or.
As, nuestro pueblo, pésimamente educado y hecho por
ende á pasarse la vida de cualquier manera, es haragán,
perezoso y amigo de loe vicioe. No pretende mejorar
porque n? tiene nociones exacta de las comodidades d~
la vid1; no presiente las dulzuras del confort; no aprecia.
las satisfacciones del aseo; satisfechas sus necePidades
animales-y estas se eatisfacen con bien poco-E6lo aepi•
raya á la bolg1nza y se escatima aun el mísero pan de
cada día para hacer eea holganza con el aguardiente,
fructífera en placeres brutales y en delitos horrendos.
Cuando nuestro pueblo se eduque, si es que se educa
alguna vez, gracias 11. loe eefuen:os de los legisladores, a
la difusión amplia de la ins1rucción, á la propagación del
libro y de la ho¡a periódica m11y bara tos, se iniciará en
loe secretos de la comodidad, del confort, de la limpieza;
no le bastarán ya ni la estera donde reposan eus eueflo-;
congestionados por el alcohol, ni el sucio calzón de man•
ta que mal encubre sus carnes atezadas, ni la frazada
cómplice así de sus amores como de sus crímenee, ni el
tugurio leproso donde abriga su miserable vida:
A1,helará su parte en las prerrogativas del hombre culto;
querrll. á senLarse al festín de la civilización; deeeará
más de Jo que posee; es decir, tenclrá m&lt;Í.! e.,:ig_a wias y por
lo mismo intentará hacer más productiva la aplicación
de sus energíae, compitiendo con t.l obrero de fuera del
país, para que a,w1eu'e11 s11s jor,iah!s, y se traduzcan en
buena ropa, buena pitania y confortable hogar. Ya una.
vez en este terreno, acaso naciera en nuestro pueblo eee•
monstruo que ee apellida el eocialismo; más el socialismo,
producto de un proletariado relativamente culto; enferme·
dad terrible, pero enfermedad de una colectividad me·
dianamente civilizada, puesto que se siente atraída por
la utopía, es preferible á la abyección ..... .
El pueblo mormon, al contrario, es un pueblo de'.gran•
des exigencias, ya por el grado de su cultura, ya por la
índole de su organización. Por lo miemo ee distingue
por su laboriosidad y su producción.
Las breves pero expresivas líneas que en eu Memoriu
de la Admi,.is/raci6n púUica dtl Eq/ado de Chifwoltu,1:
(1896.) le coneagra el seflor Gobernador Ahumada bajo.
el título de ColoniaR, y en la sección de Folllento testifican
elocuentemente lo que decimos;
Helaeaquf:

---,

Las colonias mormonas en Chihushua.-Vlsta en Colonia Juárez.

COI.OXJA~

,

Hay cuatro colonias en el Estado, todas en el Distrito
Bravoe, que son «Colonia Jull.rez,11 •Colonia Pacheco,»
•Colo11ia Dublll.n" y «Colonia Dfaz,,,
La «Color.ia Juárez• fué fundada en Enero de 188i con
275 colonos, y según el último informe rendido en Mar•
zo del afio próximo pasado, cuenta ya con miie de SOO
habitantes de diversas nacionalidades. Tiene la colonia
una escuela de ambos sexo,, á la que concurren lSi alum•
nos, cuyos adelantos son muy satisfactorios, pues además
de loe ramos de instrucción primaria ee les eoeeflan otros
pertenecientes á la 1:.ecundaria. Sus colonos se dedican
principalmente á la agri cultura, horticultura y ganade•
ría, disponiendo pua el cultivo de -100 hectáreas de te·
rreno. Tienen un establecimiento de abarrotes con capi•
tal de $i,OOO.OO. un molino de harina, un molino de aserrar, una tenería, una talabartería, dos zapa~r!as, una
fábrica de muebles y una fiibrka de hacer queso.
La «Colonia Pacheco" fué establecida en 1887, con 125
colonos de diversa nacionalidad,'y ahora cuenta 400, col•
tivll.ndose en ella 150 her.tareas de terreno. Sus principa•
lee indnstriae son: un molino de aeerrar, otro de maíz,
tres fll.bricas para hacer queeos y una para hacer 1ejama•
ni!. Tiene una escuela de ambos sexos, ii la que concu•
rren 80 alumnos con adelantos eatiefactorioe.
La «Colonia Diaz,n fué establecida en 1880 con i5 colo·
noe, procedentes de loe Estados Unidos del Xorte, y en
la actualidad cuenta con 609 habitaoteP. Se dedican los
colonos á la agricultul'll, horticultura y gana1ería, culti•
vándoee 500 hectll.reas de terreno, y empleándose para el
regadl.o 21 motores de viento y una atarjea procedente

del acueducto de «La Palotada.n Se co~echa trigo, frijol,
maíz y otros productos.
La industria estii representada por tres carpinterías,
una tonelería, tres fraguas, dos fábricas de escobas, una
de dulces, una zapaterla, dos molinos de trigo, cuatro
trapiches para hacer miel y una tienda mixta. Hay una
escuela atendida por cuatro profesores, á la que concu·
rreo por término mediv 180 alumnos de ambos sexos.
Tiene dicha colonia 526 caballos, 2,522 cabezas je ga·
nado vacuno y 349 de porcino.
En Septiembre último visité esa colonia, y tuve oca•
sión de cerciorarme de que e3a nueva población progre ea
rápidamente y de que sus colonos en general son bon•
radoe y laboriosos.
Loe ~rrenoe improductivos, bajo la . mano hll.bil de
eeoe colonos solitarios, segregados de todos sus compa•
triotae, han florecido y verdegaeado con loe dones de la
abundancia.
De la arboleda vigorosa, merced á la solicitud contínua, surge la flecha de la torre del templo donde todos
aquellos trabajadores profundamenté religiosos ee congregan para orar. Aquí y ahi deetácanse los chalets pintorescos, frescos y vivos, y por donde quiera se advierte
el hormigueo y la barbuya de las grandes legiones infan•
titee, que dejan oir en la amplia y a~eada escuela su su.
eurro de abejad y atraviesan el ambiente manso de las
alamedas y de los prados con sus gritos de j'.ibilo.
En las colonias mormonas abundan naturalmente los
nifioe, y soo ellos la intensa nota alegre de aquella paz
que desciende sobre el caserío, sobre las fábricas, sobre

La• colonias mormonas en Chihuahua.-Coionia Diaz,
Las colonias mormonas en Chihuahua.-Puente de alambre en Colonia Juárcz.

45

EL MUNDO

DOMINGO IS de JULIO de 18~7

el molino, sobre loe hogaree, sobre los aérea y cobre las
cosas, realizando la promesa de los 11.ogeles amigos de loe .
pastoree:
¡Paz á los hombres de buena Toluntad!

OTRO PAGO DE $13,595.00 DE. "LA MUTUA"

EN TAPACHULA

Tapachula, Junio 6 de 1897.
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua.•-México.
Muy estimado eeflor:
Hoy cumplo con 1111 deber de gratitud para con usted
y para la Compafl.ía al digno cargo de usted, certificando
que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
de la poliza número 780,9i0 por valor de... $ 6,413.16 oro.
cambio sobre Nueva York ........................ 7,182.79 ,
Total... ... $ 13,595.95
la cual tomó mi finado esposo, el FlES:OR Eumo SANDOVAL,
el día primero de Septiembre de 1806. Hago especial
mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacio•
nea directas-me ha sido pagado el importe de la póliza
á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
Con sumo gueto veré si por medio de la prensa ee dé á
conocer en todas partee este hecho que habla en favor
de la exacfüud de la Compaflía.
Soy de usted afma. y agradecida,
TRISIOAD M. VIUDA DE SA...'íDOVAL.

�DOMINGO 18 de JULIO de 1897

46

47

EL MUNDO

'DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

EL MUNDO

-===:..===============================================================-~==-====-EN EL HAil.E
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pié,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
Cuando en la pavana tu frente ee inclina,
Tu frente tan pura como flor de lis,
Eres á mis ojos una bailarina
De !a edad de oro del grande rey Luis.
Tienes, cuando avanzas con noble donaire,
Entre loe murmullos de la a imiración,
El paso de Eugenia, de b E,ituardo el aire,
Y la donosura de la Maintenon.
¡Oh linda princesa! Tienes la ele~ancia
De la incomparable Luisa La Valliere,
El porte de aquellas «Preciosas» de Francia,
De quienes en vano se burló Moliere.
¿No sientes ¡oh hermosa! del baile en los giros
Pasar una brisa de blando rumor?
¿No escuchas un eco de vagos suepiros,
Algo como un ténue sollozo de amor?

El oro de las blondas cabelleras
que del eJl á los rayos tiembla y ríe,
y esa risa que en horas placenteras
vagamente en-los labios se deslíe.
Y aún más, la floración que en tu semblante
ee aviva tremulante
como en el alba la eedefia rosa¡
amo tu risa que el candor retrata,
amo tu suave luz, tu carilloea
mirada celestial, húmeda y grata.
RÍE

:Ríe, ríe, cual ríen tus cabellos,
del sol á los destellos¡
vierta en tu faz la risa sus sonrojos,
y sus astros radiantes, en loe bellos
espacios infinitos de tus ojos.
Aum,tro GoNZÁLEZ CARRASCO.

Julio de 189i.

LEYENDA RUSA

Mientras los acordes suenan en las calles
Y en las alamedas del bello jardín,
Van tus movimiel'.ltos, ninfa de Versalles,
Siguiendo los ritmos del dulce violín.
Pero hay un acento que llega á tu oído,
Cual postrer suspiro de alguien que murió,
Como débil eco de triste sonido,
Como la memoria de algo que pasó.
¿No sientes un aire que agita tu falda,
Resbala en tu cuello de terao marfil,
Te ciñe los brazos, ondula en tu espalda
Y luego acaricia tu labio gentil?
Yo soy, virgen pura, yo soy quien suspira,
Yo soy quien se muere de pena y dolor,
Yo soy quien te beea, yo soy quien delira,
Yo soy quien sucumbe de.heridas de amor.
No temas.... Ya ea tarde.... Ya todo ha concluido....
Yo soy el pasado, yo soy lo que fué:
No vuelve eue presas el mar del olvido,
Ni brilla dos veces la luz de la fé.
Tan sólo he querido poner una rosa
A tu pie de Venus que Fidias soñó:
Así ante la~ plantas de una reina hermosa
Buckingbam rendido perlas arrojó.
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pie,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
ÁDALBERTO A. ESTEVA.

Julio de 1897.
INTIMA
A Amado Nervo.

Soy taciturno! .... .. Amo la~ ruinas y los misterios,
Y las tristezas ........ .
Por eso á veces en mi alma tengo todo el perfume
. De las violetas.
Soy ambicioso!.. .... Busco la gloria, y los honores
Y la 1iqueza........ .
Por eso en m~ alma ta.nbién se yerguen las a úreas flores:
Las crisantemas.
Soy el poeta de Isa nostalgias, de los pesares,
De las ausencias ........ .
Por eso traigo también myoeotia de las brumosas .
Rhinianae selvas.
A veces sueño con las penumbras, con los misterios
Y con las ruinas de loe torreones y las iglesias!.. ...... .
A. veces sueño con los honores y con la gloria,
Con los diamantes y loe rubíes y las turquezas!. ....... .
Y á veces canto ...... Y entonces mi alma perdida flota
Entre las sombras de las brumosas RL.inianas selvas!... ..
PEDRO R. ZA VALA,
Julio de 1897.

SONRISAS
Oh, la sonrisa tímida que baña
la faz en auroralee floraciones!
¡Oh, la sonrisa celestial, que entraña
un mundo de ilusiones!
Oh, las dulces sonrisas, que el tesoro
del mar, derraman en la abierta boca
-timbre al que arranca el gozo si Jo toca
su vibración de oro.'

L príncipe, el joven príncipe

tan hermoso como un rey, es•
tá mortalmente herido.
Cuando andaba de caza por
los boequeP, distraído con el
recuerdo de las doradas trenzas de rn mujer, fué acometido
por un jabalí que le atravesó
con rns colmilloe,
Allí está tan pálido como un
manojo de jazmines, tendido
sobre la cama eneangrentada.
Al rededor de la cama están llorando tres mujeres: la
madre, la he1mana y la eapoea.
«Vamos corriendc-, dice la madre, á casa del nigromante que vive retraído en lo más recóndito Je los boequee.
«Nadie más que él puede hacer un bálsamo que cure á
mi hijo.»
Cuando llegaron á casa del nigromante, éste les habló
así:
- Puedo daros un bálsamo que curará al príncipe, pe•
ro es preciso que me deis en pago de ese báleamo, tú, la
madre, ti! brazo derecho; tú, la hermana, tu mano blanca con el aníllo en el dedo; y tú, la espoea, tu trenza dorada.
La madre dijo: ¿Nada más que eso? Y dió ea brazo derecho.
La hermana dijo: toma mi mano blanca con el anillo
en el dedo.
•
Pero la esposa dijo sollozando:
tAhl ¿Tener qué cortar mi trenza dorada?..... .
No puedo :!ar mi trenza dorada.
Y el nigromonte ee quedó con el bálsamo.
Y el príncipe murió.
Allí están las tres mujeres llorando junto al cadáver.
. La madre llora sosteniendo la cabeza de su hijo que·
ndo.
La hermana llora á loe pies del príncipe.
Y la füpoea junto al corazón.
Junto al corazón que pal¡;itó con un amor tan tierno
por sus trenzas doradas.
Y en el sitio donde lloraba la madre...... brotó un río
de ondas inmoroales. el cual está corriendo todavía.
Donde lloraba la hermana brotó un manatía!.
Pero donde lloraba la esposa se formó un charquito
que se secó en cuanto le dió el sol.

¡ADIOSI ¡ADIOSI

A.llá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
el marinero canta entre dientes,
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiós!, ¡adiós!
Sola, llorando eobre las olas,
mira quti vuela la embarcación¡
aún me hace señas con el pa:ñuelo
desde la piedra donde quedó.
tA!lióel, ¡ad\6el
Vistió de negro la nifia hermosa..... .
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡A.diósl, ¡adióel
BuBÉN DAaio.

Oh, las sonrisas mágicas, que aumentan
la devorante llama del deseo
con eléctrica chispa, y acreci~ntan
de loe pechos gozosos en que alientan
el leve balanct:o!
Yo amo las sonrisas que se prenden
como u~a flor, sobre los labios rojos,
y son vivos relámpagos que encienden
la noche entenebrida de unos ojos.
Yo amo las sonrisas ideales
que t&gt;stallan en sonoras carcajadas
coml heridos cristales¡
'

LA FLOR DEL AMOR

AS blancas naves, con sus velas

tendidas, se deslizaban silenciosas
por el mar tranquilo, una noche
de otoño, tibia y embalsamada
por el perfume de las floree.
Fulque11 el Magnífico, seil.or de
Fréjus, de l\fontsegur y de .Minerva, ee ha embarcado en la mayor
de todas, en la que lleva en la proa
las imágenes de Marte y María.
Los remeros cantan salmos al compás de sus remos,
para conjurar la tormenta.
Sea que el remordimiento de faltas cometidas turbase
eu conciencia, haciéndole temer la eterna condenación,
6 que antiguas visiones de esclavas, de las que entretenían eua ocios con bailes provocativos ó con suaves instrumentos, arrullasen su sue:ño, atrajesen su espíritu
aventurero, lo cierto es que abandonaba al partir, eu
hermoso castillo, coronado de torres esbeltas y rodeado
de frondosos jardines, y la rubia dama de azules y eofladoree ojos que compartía con él tanta magnificencia.
Desde entonces la bella Rosamunda esperó impaciente
al señor, que no volvía, y que tal vez había encontrado
la muerte en lejana tierra, sin que ella le prodigase sus
cuidados, ni mano amiga cerrase sus ojos.
Sus brazos ociosos ca1an inertes á lo largo de su cuerpo
que adelgazaba¡ sus labios rojos parecían una flor abandonada, y sus ojos cambiaban su color de zafiro por el
pá !ido de las turquezae.
Su único adorno era el anillo nupcial, que parecía re•
cordar sus deberes y librarla de tentaciones.
Nadie traía noticias del esposo ausente. Ni los pere•
grinos que llegaban de lejanas tierras, y q'ue siempre encontraron generosa hospitalidad en el castillo, ni los caballeros errantes que, mientras reposaban, calentaban
sus ateridos cuerpos, en la enorme chimenea en que los
escuderos .y los pajee escuchaban entusiasmados, narra•
ciones de recientes combates; nadie babia oído hablar
del castellano.
La pobre abandonada, á nadie quería ver. Sólo el paje
.Aymerillot la entretenía con sus cuentos. El enamorado
mancebo ocultaba su pasión, aunque no tan bien que su
señora no la descubriese.
Sentíaee feliz á sus pies, cuando ella, distraída, j ugaba con sus rizados cabellos, y sus blancas manos rozaban
su ardo1osa frente.
La noble castellana temiendo tal vez sucumbirá la tentación, resolvió alejar al enamorado pajecillo. Una no•
che en que juntos contemplaban la luna que se reflejaba en
el lago, elL1, señalando el cielo: Hay allá arriba-dijouna estrella, en la que brota la flor que produce el amor,
que preserva de la horrible vejez¡ ve á buscarla, y te
prometo, si la consigues, corresponder á tu cariño.

llay rubias, como tú, tan verdaderas,
Que, al esparcir el dJ'a sus destellos,
Parece que las mismas hechiceras
Cortan rayos del sol con las tijeras
Y después os los ponen por cabellos.
CAMPO AMOR.

A luna penetraba en la caver·

•

II
.A.ymerillot salió com'&gt; loco, y subiendo á la torre más
alta, maldijo la pequeñez humana. 1Quién tuviese alas
para conquistar la flor preciosa que le hiciera dueño del
amor de Roeamunda! Y, sin darse cuenta, el pajecillo ee
encontró flotando sobre el abismo y las nubes, envolviéndole en gironee de encaje, le arrastraron, entonando un
himno triunfal, acompañado de harpas invisibles que
producían arwonlas dulcísimas.
Y atravesando el espacio azul, las hadas depositaron
al paje dormido sobre la estrella en que florece la flor
lla del amor: en el planeta Venus.

III
Aymerillot, cual otro Hércules domador de monstruos,
triunfaba de las esfinges que surgían de loe antros tene•
broeoe, resolviendo enigmas complicados, venciendo
dragonee que se revolvían furiosos contra el filo de su
espada, y atrayéndoles en su persecución hacia lagos de
fu•go, de los que surgían Floranuyes que modulaban fraet:s dulcísimas y tentadoras y de las que ee exhalaban
perfumee embriagadores que producían vértigo. Y estre•
chando contra el pecho la flor conseguida con tanto afán,
se encontró en un valle risueño. Hacía largos años que
luchaba, ensangrentado el cuerpo y el alma desconeola•
da. P11recíale haber vivido siglos desde que luchaba por
conse,iuir el cariflo de Roeamundll..
Dejóse caer desfallecido sobre el blando césped y á la
puerta de una choza, bajo un emparrado de dorada e uvas,
apareció una joven ideal, de largos y sedosos rizos, cuya
blanc.1 vestidura parec!a rodearla de un nimbode pureza¡
tendió su~ manos temblorosas hacia la flor que Aymeri •
llot llevaba en las suyas, ofreciendo en cambio sus rojos
labios. Nocambiaron una palabra, pero al seflalarle un si•
tio en el tronco tronchado de un árbol, donde ella se sen•
taba, él comprendió que allí, á eu lado, estaba la paz y la
felicidad. Y besando aquellos labios virginales, el paje
ofreció la flor conseguida á costa de tantas penas, olvi·
dando su primer sueño de amor.

IV
RUBIAS

Oriana el hada era terror de los pastores.
Vagamente e11treYlst0sen su antro azuloso,
Dormlan encantados y lacio~, luchadores,
de casco majestuoso.

Las blancas velas no volvieron á aparecer en el horizonte trayendo al navegante esposo de Rosamunda.
E, rubio pajecillo tampoco acudió á las llamadas que
en lasnucheade luna se exhalaban del corazón solitario de
la dama; eue cabellos encanecfan y sus azules ojos, cansa·
dos de contemplar las estrellas y cegados por el llanto,
como loe cirios azotados por la lluvia, y aunque ain ver·
la, siguieron fijos en el sitio donde brilló la estrella que
produce la flor del amor.

•

•

na lentejueleando de fnlgo•
res azulados las paredes de la
roca incrustadas de mica¡ una
móvil cortina de hiedra, obstruía la entrada, salpicada
aquí y allí de grandes floree
de clemátidae semejantf!le á las estcellae: inextricables y
il.ex1blee mallas de hojas y de corolas, á través de las
cuales los claros y el bosque aparecían todos blancrs,
con el blanco tremulo del astro sobre las cimas pálidas
de loe castaños.
Sostenida por tres pilastras de basalto, la gruta sehun·
día en un claro-oscuro de euei'io, invadido por todas partee,
de guías, de madreselvas y de alto3 helechos, cuyas pal•
mas dentadas brillaban de una manera extraña¡ pgr don·
de quiera de las hendiduras de las bóvedas, de las griPtas
de los pilares y de las del suelo, había surgido una inquie•
tante vegetacióll, como luminosa: eran escaramujos,
eglantinae, regueros de lúpulo, espumantee cicutas, y
otras grandes vegetaciones, de bojas de terciopelo glauco;
y todo eso se enredaba, se encaramaba, volvía á caer¡ se
estrechaba una planta á la otra planta y trepaba al mus·
go, débilmente palpitante con el extremecimiento de loe
tallos y de la vida de las savias bajo el azul claro de luna
deslizado ahí desde afuera. .
Algunas veces en los castaños del claro susurraba un
murmullo ligero que era la respiración de la floresta dor·
mida, después la brisa iba más lejos á atormentar algu•
nos nidos en las malezas y un gran relincho desgarraba
el silencio: nn rebaño de caballos salvajes pasaba al ga·
lope, con la grupa moirée bajo la luna, entre las hojas removidas. ·
El bosque estaba lleno ae esas manadas de caballos y
de garañones indomables; bollábanlo en todos sentidos
coa un gran estruendo de ramas quebradas, erraban á la
aventura con el pecho blanco de espuma y la crin esparcí•
da, reunidos en redor del más viejo garañón de la banda
y en las noches de primavera, en la época del celo, combatían furiosamente basta el alba y se mordían el vientre con rugidos de que se asustaban los nidos en las malezas y los éorzos en sus guaridas, y el bosque era inabordable á -causa de esos innumerables caballos salvajes
que la guardaban, prontos á arrojarse sobre el hombre y
pisotearlo.

En la caverna loe espinos y las altas yedras continua•
ban vegetaodo,. gotitas de plata perlaban la'! hojas de las
madreselvas alumbradas por la luna¡ en las mall~s de
la yedra las floree de las clemátidae parecían abrirse más
grandes y como loe copos de escarcha brillaban esponjadas ea los malezalee de espinos baj &gt; los cuales entonces
encend!anse oros rojizos y aceros; y he aquí que de el
tejido de los espinos y de las lianas, eu•gfa una magnífica flóración de espadas. Eran espadas célticas de puño
enorme, tizonas góticas de dos gavilanes, completamente
re•tae, espadas sarracenas de lámina encorvada y lanzas
anglo-sajonas.
Y he aquí que surgían tambien como olvidados ahí
después de una batalla, arcos extendidos, carcajee y flechas clavadas aquí y ahí en las ramas como hostiles flores¡ y he aquí que las zarsas al cruzarse, balanceaban
adargas y cascos en que la luna se reflejaba así como en
las espejos; deshojábanse los pétalos de las eglantiuas encarnadas y bajo aquolla flora de hierro, emerglan lentamente de la sombra rostros en éxtasis de guerreros dormidos.
Cráneos sin cabellera y rizado~ bucles rubios, perfiles
chatos y belfos sonrientes de atrevidos paganos de piel
morena, luengos párpados dejando filtrar 1a mirada azul,
para siempre inmobil de algúo hijo de raza normanda.
Anchas espaldas de guerreros godos, torsos delgados de
caballeros eajvnee, barbas canas de viejos experimentados
y rostroe imberbes y rosas, casi angélicos, de jóvenes pajee¡ bien son cien los dormidos eo la gruta de refltljos me·
tálicoe, bajo la flora de acero de sus armas para siempre
cautivas de la~ lianas y de las zar~as; los ~aballeros y los
varones, loe paladim~e y los pi,ataa, los reyes cristianos
Y. l?s perros musulma~es, los efebos de rubio pelo y loe
v1eJos escuderos, un mismo ensueño encanta sus ojos ce·
rrados y nimba sus frentes de éxtasis. Extendidos en cien
di versas posturas, los unos echados hacia atrás, los otros
con la cabeza oculta entre los braioe y el vientre contra
la tierra, todos han guardado el mismo gesto de aioración, de plegaría delirante, porq11e todos uneneus manos
y se siente que ·han debido dormirse con la mirada fija
en la misma visión y en los labios el mismo nombre im•
plorado: ¡Oriana!
Y he aq1,1í que evocada y vuelta por fin tangible por el
deseo de .sus amantes, Oriana misma aparece en la sombra hechizada de la gruta, que ilumina apareciendo.
De pie, en medio de una aureola de fulgores lacteos y
temblorosos, tal es el.halo en que se cierne la luna en loe
cielos lluviosos, apoya su desnudez de hada en los huecos
transparentes de una cátedra de hielo¡ las estalactitas la
rodean y tres gradas de cristal de roca extienden su humedad glauca á eue pies. Tudo en ella tiene reflejos de
nieve y de nácar¡ la lívida y pesada cabellera que Je gol·
pea loe talones, tiene el imperceptible matiz d~l oro de la
escarchaque loefuegoe del alba desfloran y toda su deenu·
dez brilla como una perla, una fabu •
losa perla cuyo oriente apenas radiaría en la punta de loe senos."en las
uñas .de loe pies y de lae manos, pa•
ra a v1 varee más rosa, en una rosa de
flor que se abre, en el sitio de los labios, ahí doi;de descansa el beso.
Cautiva de sus deseos, como ellos
están cautivos de eu hermosura,
Oriana se cimbra y mueve lentamente bajo su cabellera de claro de lu ·
na, se estira voluptuosa, después se
inclina deslumbrada hacia un pequeflo eepejo oval que mantiene en
una mano; ópalo misterioso en el
fondo del cual aparece y se desvane •
ce á intervalos la füonomfa de ple•
garia de cada uno de loe guerreros.
Cuántos años hace que ella los retiene, inmóviles y mudos, paralizados de la vida, casi convertidos en
fantasmas entre loe espinos y las
guías de sus antros! Los unos hace
cien años, loe otros cincuenta¡ los
hay que duermen hace veinte invier•
nos y otros hace un mee: es todo un

R ENE MA!ZEROY.

•

siglo de amor y de avideces locas que dormita ahí, en el
fondo del bosque, vagamente apaciguado, merced á un
sueño que loa suprime del mundo y los defiende contra
la muerte.
'
Cada uno de todos esos que duermen ahí, extasiados,
y con las manos juntas, ha venido ea una hermosa mañana de Abril ó en alguna tibia noche de otoño, con el
casco en la frente y la esperanza en el corazón, á tocar
con el puño de la espada el dintel de la caverna; ahí han
echado pie á tierra, han atado su caballo á alguna encina. y después, balbucientes de amor, han entrado.
Y el caballo, fatigado de esperarlos, después deíhaber
agotado las bojas del arbol y :a hierba del suelo, ha roto su ligadura y ha huido por el bosque; se ha vuelto
ealvaje y habiendo encontrado el potro del guerrero de
ayer al palafrén del guerrero de hoy, las manadas de caballo~ galopan ahora furiosos con la grupa aterciopelada
bajo la luna por el nocturno bosque que despiertagrandee crujidos de ramas muertas.

Ahora bien, aquella hermosa noche de Julio, en medio
del ensueño de la floreeta llt&gt;na de cálices y de la adc,ra•
ci6n dormitante de sus eoamoradoe, Oriana está triste;
allá, lejos, loe rebaños de caballos pueden relinchar, ella
sabe que el bosque ya no es inabordable y que los tiempos han cambia to. C" n lierotl incorruptible, educado
por los mo!)jes en la ira y el horror de la mujer; un fiero
adolescente de corazón feroz y de manos puras acaba de
penetrarlo¡ ha franqueado ya ]aij lbdee y, firme en la si•
lla, encascado y acoraiado de plata mate, triste y tierno
bajo el cielo luna'r , como lo está la tierna luna, avanza
lenta pero seguramente á través de la hierba corta de
los senderos y de la avena loca de loe claros, los claros
embalsamados de su floresta, donde ella no irá ya á voltejear, abeja en pleno medio día y libélula al crepúsculo, porque el cruel efebo lleva en su mano dere..:ha la liberación y en la siniestra la muerte.
La liberación para ellos, la muerte para ella, peor que
la muerte, ia vejez, que es de seguro la. muerte de Jas
mujeres y de las hadas, puesto que extingue el amor y
mata el deseo.
Y Oriana se inclina para eonreirse una postrera vez
aún, sobre el espejo de ópalo que ya se opaca¡ y después
de todo, qué ha hecho ella .á esos monjes? ella el embe•
leso y el encanto de las miradas, la alegría de la naturaleza, ya fuese rayo, córola, ala vibrante ó mujer, ¿qué ha
hecho para que ee le suscite ese duro vencedor? Loe
tiempos han cambiado y cmtra ese todos aue lazos serán
vanos. Lo sabe de antemano Oriana, porque él viene hacia ella endurecidp de ira y flameante de rencor, como
vengador y justiciero¡ dettista y aborrece su hermosura,
que ha hecho esclavos á los otros, y menos p)r librarlos

�DOMINGO 18 DE JULIO DE

EL MUNDO

que por castigarla ha emprendido ese peligroso viaje;
porque en el fondo de su corazón deEprec1a á esos heroes
á quienes una mujer ha podido vencer y su odio por ella
ee exaspera aun con su desprecio poreu cobardía; y el
cruel adolescente ee aproxima de hora en hora, un buho

cómplice le guía por el bosque, volando ante él de ar•
bol en arbol.
De pie, sobre su trono de hierro, desde el fondo de su
gruta crepuscular, Oriana oía ulular al horroroso pájaro
nocturno, escuchó Eepararee las ramas, chocar el pomo
de la espada contra la silla y cada paso del caballo retemblaba sobre su corazón.

MADRID
(Versión libre de Alfredo de Musset. )

Madrid, princesa de las Eapañas,
en tus floridas verdea campañas
que el sol, que mata sus resplandores,
envuelve en leves nácares tttle~,
brillan radiantes y encantadores
ojos muy negros y ojos azulee.
Ciudad hermoPa de las verbenas,
de los romances de amantes penas,
de las tapadas, loe galanteos.
¡cuántos pieP blancos como jazmines
huellan las fiores de tus jardines,
alzan el polvo de tus paseos!
Ven en la plaza tus picadorés
mli rebocillos provocadores,
mil blancas manos que palmotean
cuando loa toroe, embravecidos,
la arena escarban, el lomo arquean,
braman, embisten y huyen heridos.
Ven loa luceros en tus callejas
furtivas sombras junto á las rejas,
ven embozados tus caballeros,
ven que de prisa y enamoradas
la obscura calle cruzan tapadas
damas que llevan eue escuderos.
Madrid, asilo de la ventura,
Madrid, emporio de la hermosura,
calado alcazar que maravillas
con tus pafacios y tus jardines,
las blancas blondas de las mantillas
y el negro raso de los chapines:
todas tus rubías y tuli morenas,
las que caminan de gracia llenas,
cimbrando el talle, la cara ufana,
juntas no valen lo que un cabello
de aquellas crenchas que sobre el cuello
deja caidae mi sevillana.
Es una blanca, rubia eepafioia,
joven y viuda que vive sola:
-calle escondida, vetusta casa,
po::tón ferrado, duefia que cela.Si el rey la ha visto y amor le abrasa,
no fíe en el oro de su escarcela.
Llame y ... aguarde, si así lo quiere;
llame cien veces, y desespere:
á tocilaa horas silencio grave,
calle desierta, puerta cerrada;
pero si llego, mi enamorada
quita el cerrojo, tuerce la llave;
Porque me arrulla cuando me besa,
porque ea la blanca rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.
Oae en mis brazos y se estremece,
beso sus ojos y desfallece:
con soplo ardien te su pecho late,

Cieno, ella pudo extraviarlo con hábiles espejismos,
con ilusiones y vanas apariencias, retardar su marcha á
travésdeinextricables malezalea y de imprevistos pantanos, podría ella misma tomar una forma fugitiva, bestia
fiera, pájaro ó fior. Mas para qué! Los tiempos batían
cambiado; de antemano estaba vencida. Era el Cristo
quien marchaba con ese nifio, el Cristo enemigo de la
alegria, del placer y del amor; era El quien había suscitado contra ella á ese verdugo con rostro de arcangel y
he aquí que dos lágrimas perlaban los ángulos de loe
ojos pálidos del bada y que ee enternecía del todo el brillo de rn eepejo. La dulce Oriana se sabía sin defensa:
amaba á eu vencedor......
En ese momento una inmensa claridad llenaba la gruta. Con el filo de eu eepada un hombre acababa de des•
garrar la móvil cortina de lianas que guardaba el dintel.
Como lamida de plata por la luna, una esbelta silueta
negra se erguía sobre el claro, una silueta encascada, donde un buho vivo, posado sobre la cimera, desplegaba sus
grandeé alas. Amadis tocó tres veces el cuerno con toda
la fuerza de sus pulmones, y tomando por la lámina eu
espada, llevándola en· forma de cruz ante sí, pénetró al
antro.
-Por el Cristo todo poderoso y Nuestra Sefíora la Virgen, que los ojos que ha turbado el Maldito, se aclaren
y que se levanten, libres en en fin, los h éroes cristianos
que retiene el peso de los maleficios.
Y habiéndose levantado loe cuerpos extendidos ahí
con un gran ruido de fierros, Amadis vió que . bajo sus
armaduras herrumbrosas y die. regadas los seres apareci·
dos entre las floree y las plantas, tenían todoe, ó fases
verdosas de cadáveres ó cráneos de esqueletos lucientes,
y Amadie á su pesar retrocedió. Con un siniestro chocar,
las tibias se ensamblaban á los fémures y las carnea
blandujas se deshacían con un ruido flojo la presión de
los dedos crispados y secos; u11 olor de carne descompuesta penetraba todo; la at,.oz visión no duró más que
un instante. Después de un bullimiento para ponerae de
pie,-las larvas de loa valientes habían caído en las roa•
lezas donde los cadáveres se desleían lentamente. El
exorcismo de Amadis no había despertado pm,a mas que
la podredumbre desde bacía largo tiempo ya presa de loa
gusanos, y reto el encanto había dejado correr-tal como
un dique roto-una humanidad madura para la tumba.
Uno solo, un esqueleto que se quedó sentado sobre su
apoyo, hacía muecas con una risa muda bajo un rayo de
luna, con las vértebras presas entre una eglantina en
flor.
De pie en medio del osario, Amadis se sentía mortalmente triste; entonces Oriana:

rompe violenta los dulces lazos,
y en las delicias de tal combate
huye y se escapa de entre mis brazoe.
¿Qué me hizo duefio de su hermosura?
¿Qué me h~ valido tanta ventura?
Mi árabe y negra cabalgadura,
su caeco de oro, eu estampa real. .. ,
mis alabanzas para Sevilla...... ,
mis cumplimientos li su mantilla,
y aquella dulce miel con vainilla
de aquella tarde de Carnaval.
A GUSTIN

F.

C UENCA.

-De qué sirve tu valor?-le dijo-Ellos sofiaban y vi-vían de sus sueftos. Este sabía bien lo que hacía al conducirte aquí-y con su mano temblorosa y rígida ya,
convertida en una mano de vieja, el hada designaba a~
buho-«Tú le has preparado su pasto» Entonces Amadh
la miró: Pobre Oriana! Su cabellera se h\\bía vuelto gril
y enconada, desdentada, osijosa, plegada en dos, rotR,
con el aire de un espectro, ella misma, con su piel color
de ceniza y sus ojos blancos de cataratas entre sus cejas
sangrientas, Oriana- esa desnudez hacía un momentl)
nacarada, como una perla, tendía hacia el héroe un largo brazo de Sibila y con una voz doliente:
-Y yo que te había hecho? Yo tenía la edad de st1~
ilusiones y sus deseos me hacían joven. Bella con Pn
amor, sonreía á su ensuefto y mi sonrisa los guardaba
contra la muerte sonriéndola; ahora el número de los
afios olvidados cerca de mí y el peso de sus penas roe
abruman, su despertar me ha envejecido en mil años y
heme aquí condenada durante mil afios á la vida horrible y triete, que cada uno de ellos debía vivir aquí abajo. Oh, desgraciado nifio, la última ilusión que tenían
aun los hombres florecía en este bosque y eres tu quien
la ha muerto.
Y dicho est(! desapareció!

EL álbum dedos her•

mobae nifias, para
quienes fué escrita,
traducimos á conti·
nuación La ltyend,a·de
la luna, de Elena Vacareecu, la bella y
desgraciada amiga de
la reina de Rumania.
Esta leyenda perte·
nece á las Rapsodw
de Dimbovüza, y Carmen Sylva, en el prefacio de la edición alemana, dice que
su ilustrada dama de honor la recojió de los labios miemos de Cobzar, trovador rumano, de loe que suelen cantar acompafiándoee en el rnandolino ó el laúd.
La tradución en prosa ea preferible á la interpretación
versificada, pues se trata de una especie de melopea sin
consonantes, que difícilmente hallaría su equivalente en
la poesía castellana.
He aquí la leyenda:
La luna teme que aa1ga el sol, pues él solo sabe el mis•
terio de su palidez. Y la luna teme que á la hora del alba confíe á álguien el secreto. Por esw, tan pronto como
sale el sol, la luna se esconde, en la esperanza de que así
llegará á olvidarse de ella.
Mas yo soy el Cobzar, hermano del sol, y él me ha en·eefiado el arte de ir anunciando entre los hombree cómo
él ha dado el canto á los pájaros y cómo hace madurar
la fruta y verdear la selva.
Yo solo conozco el misterio; yo solo sé por qué la luna
es tan blanca.
Ua día foé, en que la luna era el corazón de una niña
donde alegre cantllba el amor.

DOMINGO 18 DE JULIO DE tltn

POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción· para "EL MUNDO."--l!ustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

«Los últimos rayo11 del sol que cae, besarán aún una vez
sus pétalos amarillentos; y después la fior se ocultará
para dormir, durante el largo invierno, y renacer en la
primavera. ¡Ahl si pudiéramos hacer lo mismo!»
De~terradoa á quienes amenaza la agravación de una
reclusión prolongada, Johansen y Naneen gozan profundamente de todas las manifestaciones de la vida que se
agitan aún al rededor de ellos. Siguen en el cielo las
batallas de los pájaros:
«Felices criaturas que se mueven allá arriba con tanta
libertad! A nuestros pies, en las olas, las morsas se sumergen y agitan; en loe airee torbellinéan las bandas de
gaviotas, oímos el roce de sus alas. Por donde quiera hay
un rumor de vida, pero bien pronto el sol desaparecerá,
el mar se cerrará, los pájaros se irán uno tras de otro
hacia el Sur, comenzará la noche polar y reinará un silencio profundo y no interrumpido ......
«Las morsae, los osos, los pájaros, sucesivamente hui•
rán.»
Los zorros fueron los •1ltimos compafieroe de inverna•
da de Naneen y de Jobansen. Esos insoportables vecinos, astutos y ladronee, tanto más audaces cuanto que
loe dos hombree, avaros de eus cartuchos, no loe desperdiciaban en ellos, no retrocedían ante ningún latrocinio, por poco provecho&amp;o que fuese. ¿No se apoderaron
un día de un paquete envuelto en lona de vela y que
contenía un poco de todo: trozos de bambú, de hilo, de
fierro, una cuerda de barpói:i, una pe!ota de hilo grueso,
ejemplares mineralógicos etc.? Otra vez se robaron un
termómetro. A. partir de ese día, el úhimo termómetro
fué fijado fuera de m alcance, en la punta de un trineo
levantado verticalmente cerca de la choza.
El sol se mostró por la última vez el 15 de Octubre.

JEAN L OMAI N.

Mientras duró la dulce pasión, el corazón de la nifia se·
iornó enteramente blanco.
El firmamento le tuvo lástima y se lo llevó.
Y durante las horas calladas y solitarias. el corazón
desconsolado contempla la tierra, acordándose de su pasión y de su dolor.
Cuando la luna sale, las flores murmuran: ¡Oh corazón
blanco de virgen, ven y descansa sobre nosotras!
Y los pájaros la invocan en su euefio, la tumba le su•
eurra: ¡Oh corazón blanco de virgen, acrecienta mi blancura!
La luna teme que salga el sol, pues el sólo sabe el mis•
terio de su palidez.
V ACARESCU.

Dama de honor de la reina de Rumania.

Cesó la lucha, la patria es libre.
Sobre e~tos campos, de horror cubiertos,
que el son guerrero ya nunca vibre
llamando vivos, dejando muertos.
El himno augusto que hora se escucha
celebra á un pueblo que se levanta.
La patria es libre, cesó la lucha:
¡poeta, cantal
Ya loe hogares abren ene puertas
y las doncellas temblando aguardan
que basta sus almas, también abiertas,
lleguen los novios que tanto tardan.
Sus lauros frescos por azahares
cambian loe héroes con mano inquieta .. ....
Abren sus puertas ya los hogares:
¡ama, poeta!
8·1 faz radiante la dicha asoma,
los sueños viertén su polen de oro,
y la miseria, que abate y doma,
huye ocultando rabioso lloro.
El alma vir~en del bravo infante
bueca lo noble, lo vil deedef!a......
La dicha alegra su faz radiante:
¡poeta, suefial
Con paso artero la infamia viene
y la rodean cuantos la miran.
¡Qué solapada sondea tiene!
¡Cómo la acogen, cómo la admiran!
Por su lenguaje tan lisonjero
oíd qué aplauso tan vivo estalla.
La infamia viene con paso artero ......
¡poeta, calla!
B AI,llTNO D AVALO" ••

&amp;L MUNDO

HACIA EL POLO

En el claro se levantaba el alba.-U n ful~or triste
alumbraba los cadáveres amontonados, sin orden, en la
gruta, é inclinado sobre la cabPza de un muerto, el buho
buscaba curioso con el pico el sitio de los ojos en otros
tiempos llenos de azur y vueltos ahora dos huecos negros
é inmundos.

ELENA

LA LEYENDA DE LA LUNA

1897

Johansen cosiendo.
UNA EXISTENCIA DE TROGLODITAS

Naneen se había prometido consagrar los ocios de la
invernada á poner en orden sus notas, sueobeervacionee,
sus cálculos; pero su cerebro rehusaba el trabajo. Además, ea fuerza decirlo: una dificultad material de un or•
den demasiado imprevisto, impedía sus buenas intenciones, matando las pocas veleidades laboriosas que subsistían en él: si su dedo desfloraba, si rozaba su manga una
hoja de papel blanco, inmediatamente aparecía una huella negra y grasosa; de la página en que él había escrito
aunque fuesen algunas líneas, se podía decir que había
sido ¡mnegrecida, en el sentido natural de la palabra. De
todos los sufrimientos soportados por los dos noruegos,
este era acaso el peor.
Era en vano que pusiesen á hervir su ropa; la grasa
persistía.
. Loe vestidos de Nansen y de J ohansen, grasosos, agu¡ereados y usados, no ofre4ifan ya contra el frío, y sobre
todo contra el viento, más que una insuficiente protec•
ción. Salir asl vestidos para dar higiénicamente algunos
pasos frente á la choza, era de parte de los dos hombree
un acto de heroísmo de que algunas veces sentíanse incapaces. Entonces quedábanse confi nados en su guarida,
probandó con su buena i;alud que el escorbuto no ea una
consecuPncia forzosa de la falta de ejercicio.

«El vac-ío mismo de mi diario, di·

ce Naneen, da la pintura máe exacta de nuestra existencia durante
loe nueve meses que hemos vivido
sobre esta playa.»
«Domingo 1? de Diciembre de 1895.
-Tiempo maravillosamente bello
desde hace algunos días: se deja
uno ir y venir fuera de la choza en
tanto que la luna transforma este
mundo de hielo en una :ierra de
hadas.
«L1111es ii de Diciembre.-Sopla el
viento: el paseo será desagradable......

«Martes 10 de Diciembre.-Johan•
sen advierte que sukayak ha dPB·
aparecido. Lo ha encontrado á mu·
choesentenares de pasos: el viento
lo había quitado y llevado hasta
ah!. Que loe kayaks se pongan á
voltear _en el aire, se pasa ya de
broma ......
«Jueves 19 de Diciembre.-La Navidad se aproxima. En la casa cada
La vida en el interior de la choza.
uno se ocupa en loe preparativos
de la fiesta y enct1entra apenas
tiempo para todo. Mas aquí nada hay que hacer. Pasar tados entre los dos noruegos. Por fortuna quedan algu·
el tiempo ea nuestro sólo cuidado. Ah! dormir, dormir! nos inagotables proyectos para el porvenir, hipótesis con•
La marmita hierve dulce mente en la hornilla. Yo vigilo cernientes á la vuelta del Fmm, conjeturas relativas á su
el almuerzo y miro vacilar la llama en tanto, que mi pen· propia situación actual. ( 1)
Sus cabellos y sus barbas incultas no conocían ya las
samiento hace lejanos viajes. Extralio poder del fupgo y
de la lumbre sobre todas las criaturas vivientes! Fasci- tijeras, los cabellos caían sobre la espalda y eran un sunación de esas vivas lenguas que plemento de traje que loe dos noruegos apreciaron mu·
se retuercen como serpientes!.. .... cbo. Barba y cabellos se han vuelto completamente neA la luz de las lámparas en las ve· .gros. En esos rostros de carboneros, los dientes y el blanladas del invierno, ella se sienta y co de los ojos brillaban de una manera extrafia.
«...... Nuestro estado de ánimo, en suma, era bueno.
cose. Cerca de ella está una nifiita
de ojos azules y de cabellos rubios, No teníamos ni aún el recurso de loe disgustos para majugando con una mufieca. Mira al tar el tiempo. A nuestro regreso áíguien preguntó á
niño tiernamente y acaricia sus ca- Johanaen cómo nos babiamos avenido durante el invierbellos, pero sus ojos eetan henchi- no-porque ea, se dice, una ruda prueba para dos hom •
dos de gruesas lágrimas que caen bree vivir tan largo tiempo y juntos en un perfecto aislamiento:
sobre su labor.
«-No, respondió él, no nos hemos peleado. Sólo que
«Mártes # de Diciembre -En el
país acaban de encenderse las velas yo tenía la costumbre de roncar durante mi sueño y en·
de loe árboles de Navidad, alrede· tonces Naneen me daba puntapiés en la parte posterior.»
dor de los cuales los niños danzan No puedo negarlo, le dí bastante&amp; puntapiee; pero él se
en ronda. Y nosotros también fes- limitaba á moverse un poco y tornaba á dormirse trantejamos la navidad según nuestros quilamente.,,
recursos. Hemos lavado en un poLA PRL\IAVERA D E 1896
co de agua caliente nuestras camisas y nuestros calzones, y para
El fin de Febrero y loa primeros dias de Marzo vieron
lavarnos nosotros miemos, loe calzones nos han servido á la vez de la vuelta de la primavera, los pájaros, el sol.. .... y los
esponja y de toballa. Nos senti• osos. El 8 de Mayo, uno de estos, atraído sin duda por
moa casi otros hombres. Para ce• el violento perfume del aceite de morea extendido alrenar, hemos tenido jiskegratin, hededor de la cabaña, vino á vis.i tar á Nan·aen y á Johan•
cho de pescado pulverizado, de ha- sen h asta su guarida. Sin amedrentarse á la vista de las
rina de maíz y de gr:&gt;.ea de morsa, primeras osamentas que cubrían el suelo, se metió por el
y como postre, pan frito en aceite. pasadizo qne conducía á la choza, cuando Johansen, que
Mafiana en la mañana tendremos había advertido su presencia y emboscádose detrás de la
chocolate.
piel que servía de cortina, tiró. El animal, herido, echó
á correr. La persecución fué larga. El oso había escalado
«Miércoles 1? de E nero de 1896 Cuarenta y un grados y rr.edio ba- una eminencia y seguía por su resta. Desde abajo, Nanjo cero. Así pues, acaba de nacer een lo remató de un t:ro de fusil. El cazador había eeco •
un nuevo afto, el afio de la alegría
(1) Nansen habla acabado por convencerse de que invernaba en
y de la vuelta al país. En medio de
parte sobre la costa de la tierra Gillis, entre la tierra de Franun claro de luna deslumbrador, alguna
cisco José y el Spitzberg.
1895 ha partido; con
el mismo claro de
luna deslumbrador
1896 comienza. Pe·ro el frío es muy
cruel.. ....
«VierneB s' de E ne "
ro.-Oigo detonacio- :·_
nea del lado del qla- &lt;e _cier, gigante de h ie- ~~
lo posado sobre la ~
cresta de la monta- ~
fia y que alarga sus miembros en todaF .
las direcciones, hasta el mar. Todas lae
veces que el frío aumenta, se tuerce h e.··
rriblemente y, en medio de un ruido d~ ~cañoneo, aparecen grietas de todos ladoe,
sobre su cuerpo monstruoso.
«Jobansen se ha dormido y hace reeo
nar la choza con sus ronquidos sonorof. :
Me alegro de que su madre no pueda ver t .. _
lo en este momento. Tendría piedad de i=-:'...
su hijo, tan negro, tan grasiento, .desga ~
-=
rrado, con el rostro cubierto de v1rueiaE ,;:_ ;.;~ .
de sebo. Pero paciencia! Le volverá á ver
sano y salvo, fresco y sonrosado .........» F-- . -:¿
No poseer un libro solo, es para Non· ¡-':::"'
se~ y .Johansen una de las más grandeE ~ _pr1vac1ones. Con qué pena recuerdan la ... _:;_,,,.
biblioteca del Fram! Han leído frecuente ~~ mente lo que hay de legible en su tabla ~--:;;._,,,.. ~ ·~, '&lt;i,,,&gt;.,;~~?
_
de navegación y ~n su alm~úaque, que s~ •• :,.._,-~
. ~~- ~- ~
~ "=-h,:}.- -~ - -~ ben ya:de memoria. También se han aph · __ ---::=- - ....- -; " "~
""
~~:,::...=-.,.._
cado á aprenderse las alianzas y las filia•
_.:;.....,¿_,,,~-:,s..-.;-=-~--:::?'"
~ ~ = ~- ~ ~-:-,.~~
cionee de la familia real de Noruega, co- ..:.-:....--, _ __ =:e_,...JI=- ~_.:::::-_ ::::-.--c:::~~~~--mo loe cuidados que hay que impartirá
lo~ ahogados.
Desde que dura BU tete tete, casi todna
Así enarcado logré izarme.
los aeu.utoe de conversación han sido ago-

¡:z:-" ·

·--=-

.

�•
so
gido su momento: herido el oso, en tanto que ee encontraba en el extremo borde de la alta muralla, perdió el
pie, la enorme mesa blanca se desprendió y botando de
aspereza en aspereza, no se detuvo sino á loe pies de
Naneen. Agitáronlo algunos espasmos y todo concluyó.
Eee oso llegó muy á tiempo: la despensa estaba casi
vacía. «Vivimos de esa pieza, dice Naneen, durante seis
S'emanae.,;
Bien pronto iba á sonar la hora de la partida. La pri•
mavera precedente cuando abandonaron el Fram, no te·
nían más que escoger trajes y provisiones de toda especie, de las que poseía el buque. Ahora el viaje que te·
nían en perspectiva era menos largo sin duda, pero estaban entregados sólo á sus propios recursos.

EL MUNDO
UN DÍA DE: 1.MOCIÓN

DOMINGO

,a

DE IULIO DE

,a,n

Hace algunoedías nos atacaban las morsas, nos era preciso
nadar sobre el agua helada para salvar nuestras vidas; lle•
vábamoe una existencia de ealvsjes. Y he aquí que ahora
vivimos la vida de loe europeos civilizados; que estamos
rodeados de todo el lujo y de todo el bienestar qt•e la
civilización puede procurar.
«...... Era más de medio día el 17 de Junio, cuando salí de la •tienda para preparar el almuerzo. Había ido
hasta el borde del hielo á buscar agua salada, cuando
percibí que la bruma se había disipado un poco y juzgué
que era /a hora de examinar loe alrededores. Monté sobre un hummock, tendí mis miradas y de pronto hirió mi
_oído algo seme jante al ladrido de un perro......
Tendí la oreja y no oí nada. Comenzaba á creer que
me había engañado, cuando loe ladridos tornaron á oírse
«Grité á Johaneen que había oído ladridos del lado de
tierra. Salió él del saco en que estaba dormido y se pre•
cipitó fuera de la tienda, «Perroe!n Sin comprencter prestó
oído á su vez,. volvió convencido deque era ilusión míe.»
Naneen razona:
«Si hay alguien aquí, no estamos, pues, en la tierra Gillie ó sobre alguna CJtra playa conocida como lo creímos
todo el invierno, sino más bien al sur de la tierra Fran •
cisco José...... »
«Con este tumulto de pensamientos me encaminaba á
través de los hummocks y las asperezas. De pronto creí
oír el !onido de una voz humana, una VO'I. extrai'ia-la
primera hacía tres af!.os. Mi corazón palpitó; la sangre
afluyó á mi cerebro, escalé un témpano y llamé á plenos
pulmones. Esa voz humana en el desierto de hielo era
mi patria, mi hogar; era la vuelta al lado de aquella que
me espera. Yo no veía más que esto, en tanto que corría
al través de los amontonamientos de hielo,
«Era ese Jackeon que iba á expedicionar en la tierra
de Francisco José cuando yo salia de Noruega, ó bien
algún compatriota? Avanz11mos rápidamente el uno hacia el otro. Yo agité mi sombrero, él agitó el suyo; le oí
hablar al perro y escuché. Era un ioglée; cuando estuve
más cerca, creí reconocerá M. Jackson, áquien recordaba haber visto una vez.
«Le saludé; nos tendimos la mano con un cordial: «Co es•
tais?» Por encima de nosotros una tela de bruma; á nuestros pies la banquisa; en el fondo una fisonomía de tierra que huye bajo el hielo y en la bruma. De un lado el
europeo civilizado, un completo inglés calzado de altas
botas impermeables de caucho, bien afectado, exhalando
un perfurme de jabón odorífero;-y frente á él el hombre
salvaje, vee~ido de inmundos andra¡oe, negro de aceite
y de sebo, con loe cabellos incultos y la barba hirsuta,
con un rostro cuya rubicundez natural había deeapa·
recido bajo una espesa capa de grasa.
-Me alegro en extremo de veros, me dijo Jackson.
-01 lo agradezco mucho.
-¿Tenéis un buque aquí?
-No, mi buque no está aquí,
-¿Cuántos sois vosotros?
-Tengo un solo compañero en el hielo.
Y así &lt;líciendo, habíamos comenzado á dirigirnos hacia
la tierra. Yo suponía que me había reconocido ó que
cuando menos había adivinado quién era yo, no pensan•
do que ningún hombre totalmente extraf!.o y de mi apariencia inquietante pudiese ser recibido tan cordialmen•
te. De pronto se detuvo, me miró bien á la cara y me
dijo:
-¿No seríais por ventura Naneen?
-Sí, yo soy Naneen.
-¡Por Júpiter! ¡Me alegro mucho de veros!
Y me asió la mano que sacudió de nuevo, en tanto que
todo su rostro no era más que una sonrisa de bienveIJida
y que la alegría de este encuentro imprevisto radiaba en
sus ojos negros.
-¿De dónde llegáis, me preguntó?
He dejado el Fram á loe 81º de latitud Norte, después
de haber derivado durante dos ai'ioe. He alcanzado el
86º 151 • Ahí debimos deshacer el camino en la dirección
de la tierra Francisco José. Pero nos hemos visto obliga•
dos á invernar y actualmente nos dirigimos hacia el
Spitzberg.
-Os felicito de todo corazón. Habéis hecho una bella
excursión y tengo una alegría de todos loe diablos e ser
el primero en felicitaros.

«.A.l llegar la noche, nos detuvimos al borde del hielo á
fin de estirar un poco nuestras piernas que se habían an•
kiloeado todo el día en los kayaks. Queríamos también
escalar un hummock para interrogar el horizonte. En el
momento en que nos íbamos á acostar, se impuso el problema de saber cómo íbamos á amarrar nuestras preciosas embarcaciones. D~spué3 de algunas vacilaciones, nos
servimos de una driea hecha de piel de moras. No se ne•
cesitaba. un cable muy fu~r&amp;e para retener nuedtros kayaks ligeros.
Cuando habíamos ascendido al hummock más próximo, Johaneen exclsmó de pronto:
Los kayaks se van con
la corriente!
«B.ijamoe á toda prisa.
Ya estaban muy lejos y
derivaban rápidamente,
El cabte había cedido.
-«Tened, tomad mi reloj» dije á Johansen de•
semb.;razándome al mis•
mo tiempo de algunas de
mis ropas, á fin de nadar
más fácilmente. No osaba
desvestirme del todo por
temor de un accidel,lte.
Salté al agua El viento
~Oplaba del bordo y loe
kayake, con su ligereza
nan una presa muy bue•
na. Su derivación seacen·
tuaba.
«El agua estaba helada;
mis ropas me paralizaban. Lejos de ganar distancia :sobre los kayaks,
vensaba podia seguirlos.
Tt!mía no poder llegar jamás hasta ellos. Pero ahí
se iba toda nuestra eepe•
ranza; todo lo que poseíamos estaba á bordo; no
Nansen oye 1adrid :&gt;s.
teníamos con nosotros ni
El invierno en la choza había concluido con sus trajee. aun nuPstros cuchillos. «Que yo me ahogase ó que volIngeniáronee para covfeccionar unos nuevos con sus viera á la playa sin los kayake, venía á ser lo mismo.
«Redoblé mis esfuerzos. Cuando me fatigué, me tendí
abrigos y en reparar loe que podían soportar aun un remiendo, en remontar su calzado con ayuda de piezas de boca arriba y seguí nadando de esta suerte; podia ver á
piel de morsa y en hacerse calcetines, guantee, un lecho- Johaneen marchar sin detenerse por el bordo del hielo.
saco de piel de oso. Habíanee proporcionado hilo, des• Pobre muchacho! no podía estar tranquilo y encontraba
hilando la tela de álg~dón de algunos sacos de provisio- espantosa su impotencia para obrar. Casi no esperaba
nes. Durante muchas semanas, desde la mai'iana hasta mi victoria, pero en nada hubiera mejorado nuestra si•
la noche, la aguja no descansó. Ll choza habíase trans• tuación si él también se arroja al agua. Después me dijo
formado súbitamente en un taller de sastre y de zapate- que esos momentos habían sido loe peores de su vida.
«Cuando me volví de nuevo, testifiqué que estaba un
ro. No había ya, en la existencia de los dos hombree,
poco más cerca de loe kayake, y me vino de nuevo el
lugar para el fastidio.
ánimo. Sentí, sin embargo, que mis piernas se entumian
Abril ee pasó y llegó Mayo.
«Martes 12 de Mayo.-Dí ahora un adiós á mis viejos gradualmente y perdían toda sensación. Bien pronto ya
pantalones. ¡Cuántos servicios me han prestado! Pero no me sería posible moverlas. Pero quedaba poco cami•
ahora están cán pesados con la grasa, que deben pesar no por hacer¡ ei podía mantenerme unos instantes más
muchas veces su peso primitivo. Si yo los torciese corre• sobre el agua, me salvaba, nos salvabamoe ........ .
«Continué; mis brazos debilitaban mas y más; pero la
ría el aceite. Es una sensación deliciosa la de ponerse
pantalones nuevos, ligeros, blandos, y hasta cierto pun- distancia disminuía sin cesar......
Pur fin pude extender la mano hacia la madera de un
to exentos de grasa.»
Para una expedición en trineo, debe uno proveerse de víve- ski, el cual estaba dispuesto de abajo hacia arriba; lo así
res nutritivos bojo un peque ii.o tolú men, i-ariados hastri don- y estuve bien pronto pegado áloe kayaks: eetabamoe sal·
de sea posible, de trineos sólidos, etc., etc. Naneen conocía vados! Ensayé izarme sobre las enbarcaciones, pero mis
de memoria todas estas máximas del coleccionismo ár- miembros ya no me obedecían. Por un instante deeeepe•
ré. Al cabo de un momento logré, sin embargo, lanzar
tico. Pero ¡ay! zómo ponerlas en practica?
Para la continuación del viaje habíase separado un po- una pierna por encima del borde del trineo que reposaco de harina de pemmican, chocolate y pan. Mas cuando ba sobre el kayak de la izquierda. Así enarcado, logré
loe dos noruegos visitaron su depósito, experimentaron izarme y me senté. No era fácil remar en la doble em·
un cruel desengaño: toda había sido deteriorado por la barcación. Tenia que dar dos ó tres golpee de remo á la
hnmedad; el chocolate había sido disuelto, la harina es• derecha de loe kayak y otros tantos á la izquierda.
«Sí hubiera podido separar las doe embarcaciones y
taba mojada, el pemmioan en putrefa~ción. Fué preciso
tirarlo todo, salvo una pequeña cantidad de harina de remar en una remolcando la otra, la tarea ha bría sido
m.1iz y el pan que sólo estaba humedo y que se pudo co- más fácil, pero no osaba ensayarlo. Me hubiera helado.
mer después de haberlo pasado por el aceite hirviendo. Remar era el sólo medio de conservar lo poco que me
«Cargarnos de tanta carne de oso y de grasa de morsa quedaba de calor. El frio me había quitado toda sensacuanta podríamoejllevar, dice Naneen, era todo lo que que- ción. Sin embargo, si venían bocanadas de vientos pare·
daba por hacer. 'ia que no ligereza, estas provisiones cían que me traspasa óau. Dentro de
ofrecían cuando menos 111 ventaja de ser reemplazadas mi delgada camisa de lana mojada,
en el curso del camino, según nuestras nec8eidadee. La todo mi cuerpo temblaba; caetañe·
parte más importante de nuestro equipo eran, deepuéade teaban mis dientes; estaba transido.
«De pronto percibo dos gaviotas.
todo, nuestras armas de fuego. Felizmente las habíamos
conservado en buen estado y nos restaban una centena T,mer gaviotas para cenar era de·
maeiado tentador-nos amenazaba
de cartuch9e de bala y ciento diez de municiones.»
el hambre;-cogí mi fusíl y las maté de un tiro. Johansen me di¡o
EN CAMINO HACIA EL SUR
m;ie tarde que se había extreme•
El 19 de Mayo, por fin, Naneen y Johansen abandona- oído al oír el tiro. Juzgó que algo
ron la choza que loe había abrigado por más de ocho me• fatal me acaecía. Después, cuando
ses. Antes de dejarla, redactaron un corto informe de su me vió recojer las aves, creyó que
.
viaje y lo encerraron en un tuvo de cobre que había sido me había vuelto loco.
«Por último, llegué á su lado y
el cilindro de la bomba de aire de su lámpara de petro·
leo. El tubo fué cerrado con un tapón de madera y ~us- á duras penas pude vol ver al calor.u
Los días siguientes Naneen y
pendido del techo por un hilo de fierro.
El mar no estaba libre aun. L'lB kayaks fueron, pues, Johansen navegaron á la vela por
car¡:adoe sobre los trineos, á los cuales se ataron loe dos un mar en que pululaban las moviajeros. Tantos meses de una existencia sedentaria, mal ras, viéndose expuestos á mil peli•
gros.
loe había preparado para las fatigas de la marcha.
Pero fueron estas las últimas
Sus piernas no los obedecían bien, así es que me primerne jornadas fueron muy cortas. Avanzaban en una pruebas. Al día siguiente, Naneen
dirección sud-oeste, creyendo dirigirse hacia la tierra Gi• y Johansen, treinta y cinco meses
llia, al nor-eete del Spitzberg. Por la noche para acam- después de la parLida del Frani de
par, levantaban una especie de tienda, arrojando sobre Vardre y quince meeee después de
loe trineos, diapueetoe paralelamente, las velas de los ka- haber abrndonado el Fram, iban á
encontrarse inopinadamente en
yake.
medio de sus eemejan~es.
S.&gt;lían hallar regiones de agua, mlS d emisiado paque
ñas para una navegación fructífera.
Et 12 de Junio, el agua dulce se extendió una vez más EL E NCUE:-ITRODE N ANSEN Y J.ACKSO:)!
antd sus ojos, pero ese día de feliz navegación fué marca•
«Martes 118 de J1rnio. -¿Duermo
do p)r el m \Jor peligro que hubiesen corrido nunca.
acaso?¿ Acaso suei'io? ¿ €stoy rodMdo de realidades ó de visiones?......
Encuentro de Nansen y de Jackson.

DOMINGO 18 de JULIO de

,a,n

-~~~~~=~~==~~========~~~==~

Estación del cabo Flora.

La estación de Jackson en el cabo Flora se componía
·de una casa baja construida de maderas superpuestas horizontalmente, á la moda rusa, de un establo y dependencias...... «Era, dice Naneen, un nido caliente y confortable en ese medio desolado. El techo y loe muros estaban cubiertos de tela verde. Sobre las paredes había
fijadas fotografiae y grabados; unas repisas soportaban
loe libros y los instrumentos. En medio de la cámara ardía un fuego de carbón hospitalario. Un singular estado
de espíritu se apoderó de mí cuando me senté en una silla cómoda en medio de todo ese ambiente de bienestar.
Las responsabilidades, las inquietudes que durante tres
años habían pesado sobre mí acababan de deeaparacer
de un solo golpe. Estaba en un puerto seguro; mi deber
se había cumplido, mi tarea babia terminado; ya no te·
nía más qu~ descansar y esperar; fué servida la comida y
encontré delicioso el pan, la m!lntequilla, la leche, la azú ·
cor, el café, todas las cosas sin las cuales habíamos aprendido á pasarnos, deseándolas siempre sin embargo.
«Johansen, á quien Mr. J ackson había enviado á buscar
con algunos de sus hombree, llegó bien pronto con ellos.
No le habían permitido tocará los trineos. «Yo estaba
en medio de ellos, dice, como un pasajero en un buque.
He viajado muchas veces sobre la banquisa, pero eata es
sin comparación la más agradable.,,
Un momento después, Naneen y Johansen no se reco•
nocían ya. Habíanae despojado de sus trajes, habían to·
mado un baf!.o caliente, se habían jabonado á su satis·
facción y se hablan vestido loe trajes limpios puestos á su
disposición, habían cortado sus cabellos, se habían afeitado, convertlanse en una palabra en europeos, con más
rapidez que la de su transformación precedente en sal·
va¡es trogloditas.
Al mismo tiempo comprobaban con gran sorpresa que
su pee.o había aumentado sensiblemente desde que aban·
donaron el Fram; resultado que honra las facultades alimenticias de la carne y de la grasa de oso con que exclu·
eivamente se habían alimentado durante el invierno.
LA VUELTA Á NORUEGA,

Durante algunos días, Naneen y Johansen se entrega·
ron por completo áloe goces del confort y al placer de
conversar con otros hombree. Como distracción, acoro·
paflaban á J ackson y ~ los otros mie_mbroe d;e. la misión
en sus cacerías á oeoe ingénuos que iban á visitar la es·
tación del cabo Flora, tomaban instantáneas y visitaban
loe alrededores. Jackson y_ Naneen reparaban y corregían
mutuamente sus cartas. U na comparación de loe relojes
de los dos noruegos con el cronbmetro del explorador
inglés había acusado un error de seis grados y medio
en todas las longitudes observadas por Naneen. Con este
dato ya se pudo rectificar los cálculos; una carta de con·
junto de la tierra de Francieco José, fué trazada comple·
tando la de Payer, y Naneen dió el nombre de tierra
Frederick Jackeon á la isla sobre la playa de la cual habla invernado.
.l!:ntre tanto el tiempo pasaba y el navío de la expedí•
ción Jackson el Windward, no llegaba. Naneen y Johaneen sentíans~ dominados por la impaciencia y un poco
también poi la inquietud. ¿No acabarían por retardarse
de tal suerte que se vier~n obligados .á pa~ar_aún un invierno lejos de su país, em haber podido eiqu1e!a dar noticias suyas áloe que loe esperaban? Convencidos estaban de que antes del otoi'io el Fram estaría de vuelta eu
Noruega. Ellos que habrían debido precederlo en un
afio, no llegaría~, pues, sino largo tiem_PO más ~arde? ¿'f
quien en ese caso no los supondría perdidos, quién babia
de creer que habían errado dos años sobre la banquisa
polar sin sucumbir á las fatigas y al hambre?
Muchas veces loe dos noruegos lamentaban haberse
detenido adormecidos en medio de las delicias de la Ca•
pua del cabo Flora· muchas veces estuvieron á punto de
despedirse de sus huéspedes, de subir de nuevo á sus !rá·
giles ka yaks y de intentar la travesía que los conduciría
al Spitzberg.
La mai'iana del 26 de Julio, por fin, Jackson despertó
á Naneen, tirátdole de loe pies, y le anunció encantado
que el Tl'ind1rard estaba ~hi. .
,
El H'indil'arcl, que babia partido de Londres e, 9 de Ju•

EL MUNDO

nio y de Vardre el 25, lle• lar.noruega habían llegado sanos y salvos y que Naneen
vaba áNaneen buenas no- esperaba el Fram en el curso del otofio.
Después de tres días inolvidables pasados en Vardre en
ticias de los suyos. Del
mundocivilizado llevaba, medio de una población delirante de entusiasmo, Nan•
á la colonia de loe deste· sen y J ohansén vol vieron á bordo del Windward para dirradoe del cabo Flora, rigirse á Hammerfeet.
nuevas asombrosas: Se foEL •FRAM» .ACUDE Á LA CITA
t, grafiaba á las gentes á
1ravée de puertas de mu•
Fué en Rammerfeet donde la eei'iora Naneen se unió á
chas pulgadas de espesor,
uua bala en el cuerpo del su marido, al cual aclamaba el pueblo, y fué ahí también
que la había recibido; los donde el doctor Naneen recibió el 20 de Agosto eete tejaponeses habían vencido legrama:
«El Pram ha llegado en buenas condiciones. Todo va
á los chinos; había sido
construido un hotel en el bien á bordo. Partimos al in&amp;tante para Tromsre. Feliz
8pitzberg, y el sueco An- regreso.
drée esperaba un viento
Otto S.erdrup.n
favorable que le permi•
Así pues, el Fram confirmaba exactamente las previtiese partir en globo para
siones y las predicciones de Naneen, que no solamente
el Polo ...... etc., etc.
Cuántos motivos de no había desesperado jamás de su retorno, sino que le
asombro habría habido había asignado una fecha precisa.
Naneen había querido ser el primero en acudirá la cipara Naneen y Johansen
ta y he aquí que el Fram, como no había querido prolonFÍ se hubieran dirigido di·
rectamente al Spitzberg y gar una espera de todas suertes dolorosa, llegaba á su vez
hubieran caí.lo con su al punto indicado.
...... Después de la partida de Naneen y Johaneen el 14
aceite y su grasa ea medio
de una banda de excur· de Marzo de 1895, el Fram había continuado su lento
sionistas de la agencia viaje de derivación; todo lle110 de recodos y de idas y
venidas, pero con una direción general constante. El 15
Cook!
E l 7 de Agosto el W in- de Noviembre de 1895, había alcanzado la latitud de 85º
dward levó anclas y se di- 55' á penas 35 kiló10eiroe más al sur que el paralelo al
rigió al Sur después de ha• cual habfa llegado Naneen. Si este, se ua dicho, hubiese
ber tomado á bordo, C&lt;'n esperado tal fecha, acaso habrla llegado hasta el polo.
Naneen y Johaneen mu• Pero no habría podido ponerse en camino al principio
choe de los miembros de del invierno; y al comenzar la primavera de 1896, el Fram
no estaba más que á los 8-1° como en la primavera prece ·
la expedición Jackson que volvían á Inglaterra.
La travesía fué feliz y i:ápida: el capitan del Windward dente.
La salud, la discip.ina, el buen humor, no se han de•
tenia enpeño en llevar sus pasajeros á su país antes de
bilitado á bordo del buque. A fines de Mayo de 1896 se
la llegada del Fram.
«En la tarde del 12 de Agosto vi ante nosotros, muy ba- había encontrado á flote; pero durante dos meses y meja en el horizonte, una cosa sombría. Qué era? A estribor dio aun permaJ&gt;eció aprisionado en la banquisa. Solaeso se extendía hacia el Sur, muy bajo y muy plano. Yo mente el 13 da Agosto habla llegado á la mar libre, á pono tenía demasiados ojos para mirar: era la tierra; er'a quísima distancia de las costas septentrionales de la tie•
la Noruega! Yo estaba como petrificado, fascinado por rra del Oeste del Spitzberg. Et mi~mo día cruzóee con un
buque noruego-Las H ermanas, de Tromere-ocupado
aquella línea sombría, á lo lejos, en la noche.
Cuando subí al puente al día siguiente ea 11' mai'iana, en 1a pesca de las focas y de las ballenas. En las islas da•
eetabamos cerca de la tierra. Esta era desnuda é inculta, neeas el Fram se detuvo para hacer agua y encontró al
apenas más atractiva que ia que habíamos dejado en me· vapor Virgo y al globo de la expedicibn Andrée. Vuelto
dio del oceano Artico: pero era la Noruega! ...... Cuando á partir el 15 de Agosto, echó el ancla el 20 en el pequeel bravo capitán Brown dijo mi nombre al viejc- piloto no· f!.o puerto noruego de Sk¡rervre y fué entonces eolaruenruego que subió á bordo, una expresión indecible, mez• te cuando Sverdrup y la tripulación del Fram tuvieron
cla de alegría y de estupor, transfiguró ese rostro usado noticia de su jefe y &lt;le su camarada Nansen.
Saliendo de la banquiea al norte del Spitzberg, el Fram
por el tiempo. Estrechó mi mano y me deseó la bienve•
nida como á un rcleucitado: hacía mucho tiempo que la había, pues, ejecutadCJ ha~ta el fia el plan &lt;1el doctor
creencia publica me juzgaba muerto......
Naneen.
Cuales sean loe resultados cientificoe adquirido! por
«Antes que se echase el ancla en el puerto de Vardre
yo había saltado á un bote con Johansen, para llegar esta expedición sin precedente, no es este lugar á proposimás pr,mto á la ofbina de telégrafos. Bien pronto estu- to para decirlo, y además, Nansen no lo ha expuesto aun
vimos en el muelle, pero á pesar de todo habíamos con, sino sumariamente. Pt1ro la ruta del polo se ha encon•
servado bastante nuestra apariencia de piratas para que trado: la derivación ya sea debido á los vientos solamen•
nadie nos reconociese. Las gentes nos miraban apenas y te ó bien á la acción combinada de loe vientos y de una
la sola que pareció prclstarnoe atención fué;una vaca inteli- corriente, la derivación existe; la hipótesis tormulada
gente que se detuvo en medio dl! una calle estrecha y por el profesor l\fohn en 1884 y audazmeotti adoptada
nos contempló con asombro. Era una visión tan regoci- por Naneen, se ha verificado.
El centro es el medio de un blanco; disparado el pri•
jada la de aquella vaca, tan bien evocaba una escena de
estío, que me vinier-&gt;n deseos de acariciarla: ya sentía roer tiro, en la dirección querida, ha pasado muy cerca
del objetivo; no queda mas que rectificarlo.
entonctie que estaba en Noruega .........»
El 25 de Agosto en el puerto de TromEre, Naneen vol•
Nansen habla preparado una centena de telegramas,
dos de los cuales eran de unas mil palabras poco más ó vió á ver el Fram; lo había dejado medio hundido en la
menos. Cuando los ojos del emplado cayeron sobre la banquiea; lo encontrab" flotando, libre y orgullosamente,
firma del primer telegrama, su fisQDomía cambió súbita- en laa aguas noruegas...... «no intentaré, dice Naneen,
mente y encontró calurosas palabras de bienvenida. Los describir la reunión que siguió. Estábamos todos juntos
telegramas iban á ser enviados inmediatamente, más ha- otra vez, estábamos en Noruega y la expedición había
había tarea para muchos días y para muchas noches. El lienado su objeto.»
«...... Por la noche yo eEtaba de pie al borde del jjord;
aparato comenzó inmediatamente á producir su tic- tac,
y á enviará los cuatro rincones de Noruega y del mun- habíanse extinguido loe ecos, y los bosques de pinos esta·
do la noti,::ia de que dos miembros de la expedición po• ban silenciosos y sombríos al rededor de mí ...... Sobre el
promontorio la última brasa de lar, fo.
gatas se extioguia y humeaba, y el
mar, chapoteando á mis pies, parecía
murmurar: «Ya estás en tu casa.» La
profunda paz de una noche de otof!.o
se extendía, benéfica, eob1e el espíritu
fatigado.
«Yo no podía impedir el recuerdo
de aquella lluviosa mafiana de Junio,
en que por última vez puse el pie eo1:re la playa. Más de tres años habían
pasado. Nosotros habíamos trabajado,
habíamos sembrado y ahora venía la
cosecha. En el. fondo de mi corazón
sollocé y lloré de alegría y de reconocimiento.
«La banquisa y los claros de luna de
las largas noches polares, me parecían
como un suef!.o lejano de gtro mundo
-un sueflo que había huido como vi•
no. Pero que valdría la vida sin sus•
sueños?
__:¡:.;f.,......,

·:1'::.í:•:
•.

• f-

Na .1 sen y Johansená au llegada á l,1 estación del cabo Floro1,

FIN.

�EL MUNDO

DOMIIIGO II DE JULIO DE altn

NOTASDELA
MODA
Tres cu•rpos blusas.

Figttras 1, 2 y 3.

1'!--Esta ee de serpentina
azul obscuro, adornada con
cintas de terciopelo negro y
abierta sobre un cuerpo de
foular crema/Cuello y cinturón de listón fantasia.
2'!--La otra ee de foular roJO con encajes negros, y perdido su ajuste debajo de un
olan bordado que cae al lado
izquierdo.
3~-Esta última es de ba•
tista rosa, adornada en pi•
cos por encajes blancos y
cintas de terciopelo nPgro.
Las mangas tienen jokeys
adornados de la misma ma•
nera como la corbata y lazo.
Cuello y cinturón de raso
blanco.

'

}_¿/

Fig ttras 4 , 5, 6 y 7.

( Figuras 1,

2

y

3.)

Traje de piqué pompadour.

5?- Se compone de una chaqueta fígaro de estilo
enteramente nuevo, pues además de aldetas, tiene
jockeys sobre las mangas y se une sobre el pecho
por dos picos adornados de cinta inglesa. Esta cha•
quetita ee de piqué color de oro.
Vestido para niña de 12 .á 13 años.

6?- Este es de piqué crema adornado con cintas
negras.
Traje de alpaca Serge.

7?-La faldll se adorna co-i¡ cordón de espiga; el
bolero, con te1eiopelo negro y la misma cinta.
Cuerpo interior de lino azul pálido, con pliesés y
tira bordada. Cinturón de raso azul.
LECTURA. P A.KA. LAS DAltIAS
VIGILAR SOBRE TODO

Ropa interior de lana y foular.

SS

«Yo soy dichosa con mis tra•
poi vi,jos,11 decía una de eeas,
mujeres de orden.
Además, si alguna vez bacan•
eado risa una mujer de hilarhas,
rara vez se ha visto reducida á:
la míeeria aquella cuya previ•
sión sabe aprovecbarlo todo para el manejo de eu casa, y haceque todo sirva, los restos demuebles, loe jirones de lienzo,
los papeles ioservibles, las eo-bras de la cocina, etc.
5? En fin, una ama de caFa
debe tener mucho cuidado de
CÓMO SE :NOS PUEDE ENGA~ AR?

Vestido para niño de 6 á 8
años.

Lo que acabamos de decir sobre lae compras y
ventas: No desconfiéis de nadie, pero tomad precauciones con tcdos.
No contéis enteramente con otro más qne con
vos para la vigilancia: voe sola tenéis interés real
en la prosperidad de vuestra casa; ella no depende
sólo de vos tal vez, pero puede decirse que el impulso no se le puede dar y sostener sino con vuestra preeencia.
No sin razón los antiguos decían: La vida del
amo siembra el dinero.
Una ama de casa debe tener cuidado:
1? Que nada se pierda. Debe, pues, saber bien to·
do lo que tiene, hacer inventario de la ropa en cada lavado, exigir que todas las noches, la vajilla
los cubiertos y demás cosas del servicio diario, sea~
contadas y depoeitadas en su aposento.
8? Que nada se desperdicie. Debebe por lo mismo conocer bien las cualidades de lae cosas, las que se pueden
guardar y lae que se deterioran fácilmente; saber lama•

EL MUNDO

que no se la engañe.

Trajes de oaID.po.

4?-Este es de lino azul con
adorno de cinta acordonada.
Chaleco de piqué crema.

DOMINGO II d•JUUO d• 1897

Bata de diagonal vista en tres fases.

nera de conservar las provisiones; reservarse para
sí la preparación de las que exigen mayores gastos
loe dulces, los licores, por ejemplo. ¿No se ve de 3~
de lueio, la necesidad que hay de que entendáis
de cocma para vigilar sobre loe preparativos que se
hace~ E!n ella .Y sa~er arreglar los gastos? No se sa.
brá vigilar bien, smo se sabe hacer bien aquello
que Be quiere vigilar.
8? Que n11da ae deteriore. Debe, para esto, ir por
todas partes, óbservarlo todo, limpiar, ventilar
ordenar l_as reparaciones urgentes, y ver que nad~
estorbe n1 esté fuera de su lugar.
.;? Que todo sea recogido y conservado con cuidado
aun las cosas que parecen más inútiles. Debe pues'
cuidar de que se recojan todas aquellas cos~e qu~
se desparpajan en la casa, lo que encuentra tirado al paso, lo que ya está fuera de servicio que tal
vez los criados iban á arrojar á la basura.'
Todos esos objetos se colocan en esos viejos cuar•
toe inhabitables, que se llaman cuartos de estorbos
y allí se encontrarán con seguridad, cuando se de'.
se~~• ya para las reparaciones de la casa, ya para
ahvio de los pobres, una multitud de cosas que
realmente pueden servir.
A la recomendación de recogerlo y guardarlo to·
do, afiadimos la de hacer, por lo menos una vez
en el afio, 11na visita domiciliaria de caridad á esos
cuartos, en todos sus rinoones y escondrijos.
Queréis encontrar allí muchas riquezas? Hacéos
acompafiar por una pobre madre de familia¡ de·
cidle_ que ella busque. Veréis como ella sabr des•
cubrir, en _medio de aquellos.muebles viejos y entre
aquellos giro.aes de ropa, algunos tesoros para su
casa.

Ahora bien, se os podrá en•
gafiar:
1? Porpé:rdida del tiempo, cuando loe criados emplean para sí
las horas que debían emplearen el trabajo de la casa. Es cierto que es necesario que tengan
horas para sí, destinadas á lavar
y á remendar su ropa, etc.; pero este punto demanda una muy
particular vigilancia. Algunas
veces trabajaban no sólo para.
sí, sino para personas extrafiae,
lo cual les proporciona un au•
mento de sueldo.
.
Durante la 11oche, regular-mente, cuanclo todo el mundo
descansa, es cuando ee hace eee
trabajo suplementario. «Es mi
tiempo, es el tiempo de mi sueño el que tomo, os a.irá una criada á quien hayais,
sorprendido en estas faenas; este tiempo me pertenece. 11 Si, pero esta velada la pondrá lenta y perezosa para el trabajo del día siguiente; el alumbrado se
gasta, y una lámpara ó una bujía encendida puede·
ocasionar una multitud de accidentes.
2? Se os engaña p or inteligencias y cohechos con los,
proveedores, que algunas veces anotan los objetos
con un precio más alto que el pactado, 6 indican un
~eso ó una calidad distinta del peso y calidad que
tienen los efectos que han entregado, y parten el di-nero así robado con la criada ó criado infiel.
Los criados y criadas suelen también aumentar á
la cuenta que os presentan, algunos centavos demás,
s_o pretexto de que ellos han regateado, y que la uti •
lidad que han obtenido por la diligencia que han hechn, les corresponde por de1echo.
Id vosotras mismas algv.nas veces y en distintos
tiempos, á hacer las compras al mercado y á los almacenes; como por casualidad sorprended alguna.
vez á vuestros criados al estar comprando, pero p10cur:d no dar á conocer que notáis su embarazo.
3. Se os engafia por glotonería., cuando los domésticos se comen las cosas á excusas vuestras; cuando toman para sí lo que habíais reservado para vosotras .
e:omo las frutas ó dulces exquisitos, los manjares de'.
hcados; cuando se beben, ó hacen que otros beban
el víno ú otros licores destinados para la mesa de los,
amos.
4? Se osengafiaporunacaridadmal entmdida cuando los domésticos dan á los pobres más de '10 que
vosotras habéis fijado, ó lo que es más común cuando sin vuestro permiso envían á sus parientes pobres! lo que sobra de vues_tra mesa, ó aun vuestros
vestidos que ya no os ponéis.
5? Se os engafia por emplear en provecho de otrns loque no debe emplearse sino en pro:vecho do la casa. Cuán.
tas veces una _lavandera, por eJemlo,. lava, antes que
vuestra ~op~, la rop!' de. toda su familia, robandnpor cons!~1en!e el tiempo que le pagais y el jabón
que swmp1strá1s.
Se ve por esta exposición, y aun no hemos revelado más que algunos de los más comunes secretos,,

Figuras 4, 5, 6 y 7·

vulgarmente llamadas Sfaa, se ve, decimos, cuán necesaria es la vigilancia, y cuán necernrio es también que una
ama de casa sea la última en meterse en la cama por las
noche!!, y la primera en levantarse por las mañanas.
VI GILANCIA. MORAL

La vigilancia moral causa otras muchas inquiet_udee.
No es nuestro objeto hablar de ella aquí; sólo áebé1~ ea·
ber bién que la probidad no se coneerv9: por largo tiempo sin la práctica de la piedad, y que ahmentar una pasión cuesta más dinero, dice un proverbio popular, que
ua caballo en la caballeriza.
No dejéis crecer alguna de el!as en v.uestro C?~ezón, y
procurad descubrir para destruirlas ó para deb1htar sus
efectos, las que germin~een en el. alma de vuestros domésticos: la pasión del hcor y del Juego en los h?m bree,
y la coquetería y el deseo de agradar en las mu¡eree, se
encuentraa, más ó menos, en el fondo del alma de todos.
TENER CUIDA.DO DE LOS P EQUEÑOS DESÓRDENES E N E L GASTO

Enaguas de alpaca con adornos de plissé y encaje.

Ya hemos hablado de estos pequeños desórdenes en el
gasto. Cuando se estudia con atención el malestar y la

escasez que reina en un grari número de casas, se ve con
facilidad que ese estado vecino de la miseria proviene
menos de la pobreza de los recnrsoe, que de cierto desorden que no se ha impedido, ó por descuido ó por pereza,
y que ha sido causa de una multitud de despilfarros diarios, que considerados aisladamentl', son poco importantes, pero cuya reuaion ha venifo á abrir un vacío en las
rentas.
Se dice vulgarmPnte que las}6venes tienm las manos horadada8, y que el dinero M puede contenerse en ella8. ¿Y no
habrá también así muchas caeas ó fami liae llenas de agujeros por donde se escapa sin provecho el dinero que reu•
ne-el trabajo?
¿Y no eerá mt y útil hacer una indicación acerca de
esos despilfarros ó desperdicios de dinero? Conocerlos
será el medio de evitarlos.
EN L AS COMP RAS

Los hav en lae compras que no han sido rigurosamente indicadas, que se han hecho en tiempo inoportuno, ó
que no se han vigilado; en aquellas sobre todo, que han

te oído por móvil unicalllilnte la vanidad, el capricho 6 el
simole atractivo;
Ya es un objeto de arte que se ha visto ea una expoei•
ción ó en el saló!!. de nna amiga; se le quiere poseer.
Ya es un tocado ú otro adorno ·que se ha oído ologiar;
se quiere ser admirada también con él.
Es tam bien con frecuencia un simple utensilio del menaje, que agrada únicamente por su forma, y COD el cual
sin embargo, no se tiene que hacer.
Ya hPmos hablado de la manía de comprar colecciones
fútiles; hay también mdnía de coltcciones útiks, no menos
diPpendioaa.
Una mujer tiene acumulado en su cocina óen su bodega tanto, que puede montar siete ú ocho m!ln11jes; y sm
embargo, como los nifl.os de quienes ella se burla, se dice
en cada nueva compra que hace: «Algo más de esto," y
va amontonando más.
·
Nada es tan inútil como la manía de cosas útiles, y nada Robre todo arruina tan pronto.
No comp1éis, sino al día siguiente, el~objeto de que te
néis deseo y que no es abeolutamete necesario.
•

�:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92645">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92647">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92648">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92649">
              <text>3</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92650">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92651">
              <text>18</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92668">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92646">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 3, Julio 18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92652">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92653">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92654">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92655">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92656">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92657">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92658">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92659">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92660">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92661">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92662">
                <text>1897-07-18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92663">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92664">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92665">
                <text>2017487</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92666">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92667">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92669">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92670">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92671">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1073">
        <name>Colonias mormonas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1048">
        <name>El Polo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1076">
        <name>Felipe B. Berriozábal</name>
      </tag>
      <tag tagId="1075">
        <name>Lectura para las damas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1074">
        <name>Leyenda de Amadis</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3551" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2193">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3551/El_Mundo._1897._Tomo_2._No._2._Julio_11..pdf</src>
        <authentication>6ead90f8338bd07452557338b0c96103</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117373">
                    <text>DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

�EL MUNDO

20

EL ' 'MUNDO"

&lt;!El t.esora amito.

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Retacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguel,
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
11Jes, y se cobra por trimestes adelantadoe.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser prec.lsamente adelantado.
RÉ&lt;HSTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•gtas tbittJrittlts.
&lt;!El conrrµttJ b.e 1tt justicia.
Se ha puesto en estos días al debate un tema de alta
moral social, y en cuya interpretación se apoyan las le•
gislaciones de todos los países del mundo: el concepto de
la jueticia.
La justicia, se ha dicho, no emana de la venganza ni
tiene otrai funciones que las que le dan los códigos, encargados de dirimir las contiendas de individuo á indi•
viduo en las sociedades. Ea verdad que la justicia no es
una venganza, por más que la venganza haya figurado co·
mo un principio en los antiguos códigos de todos los
pueblos; pero también es verdad que el concepto de la
justicia parece haberse perdido de vista, para ser substi•
tuido por un priLLcipio de orden puramente sentimenül, v que no es el que debe normar las relaciones individuales.
El gran error de los que atribuyen á la justicia la fun·
ción de dará cada uno según sus necesidades, procede de
haber hecho derivar loe principios legales del régimen
de la familia.
En la familia sí se da á cada individuo eegún las nece•
sidades que éste tiene, y loe miembros más tiernos, más
indef,msos, son precisamente los que más cuidados reci·
ben del jefe del hogar. En la sociedad, cada hombre está sujeto al resultado de su conducta, y la formula es: á
cada cual según sus actos.
Puede decirse que la justicia en la familia es una suer·
te de instinto, que ee conserva en todas las especies, y
por eso parece monstruosa la madre que hace per~cer á
~u hijo, como la leona que da muerte á eu cachorro.
Dentro de la moral social se d-,b~ devolver: bien p or
Lien, y mal p or mal.

***

La criminalogía moderna no acepta la idea de que toda
legislación debe estar encaminada á ejecutar un acto de
venganza. La pena de muerte no se aplica ya como un
castigo, ni como una represión del mal causado á la so•
ciedad.
La pena es a'q uí un acto de def ensa social ejercitaio contra los miembros que no se ajustan á los principios de
conservación, que s?n, en suma, los principios de la roo
ral colectiva.
No existen represalias; solo existe un hecho positivo
y concreto: la necesidad de eetirpar del organismo los
elementos dañosos, loe que no responden á la función ge·
neral y harmónica indispensable á la vida.
De este modo considerada, la pena de muerte es una
función de cirujia social, y su necesidad será graduada
por los encargados de dar saluj al aparato social.

***

La j~~ticia sentimental, la que sirve de materia prima á
todos los trovadores para elaborar sus octosílabos sono·
roa, no es la justicia de la sociedad, que se basa en un
concepto más amplio y más provechoso á los fines de la
~Epe:ie humana.

Ha tenido razón un colega al decir, en estos dfae, que
en el caractel' nacional predomina la prodigalidad más
insustancial. El mexicano vi ve al día, con una esperanza
eterna que jamás se desvanece: la de alcanzar una próspera situación económica por medios desconocidos Y BO·
brenaturales.
No hay quien no tenga fe en un premio de !a lotería,
en la herencia de un pariente ignorado, en el descubri·
miento de un tesoro oculto. Se fabrican hermosos casti·
llos en el aire, basados en la imprevisión y el despilfarro. Se gasta más de lo que se t~ene y se cierra el balance
anual con una deuda constante, que pasa de presupuesto
á presupuesto como una enfermedad orgánica.
Habitante de un palacio encantado, teniendo en torno
FUyo sus bellas iluRiones, cortejado por sus enauefíos, el
mexicano se dej"- arrullar por las dulces mentiras que
forman en el bagaje de su espíritu. Optimista y entusiasta, todo lo ve color de rosa, y en medio de sus mayores
de&amp;venturas halla siempre una promesa para lo futuro.
¿Quién es el encargado de acudir al cumplimiento de
esta promeea? Algún poder oculto y maravilloso, una dei•
dad omnipotente y benéfica que derrama sus bienes á
manos llenas sobre la infelicidad humana. Este poder se
llama la Virgen de Guadalupe, cada día 12 de Diciembre;
loa demás días del año, es el Estado, el Municipio, no
importa quién, en cuya intervención se cree firmemente.
Y así se evaden grandes cantidades de energías sin coro·
pensación alguna, esperando siempre ese premio gordo,
esa herencia ó ese tesoro oculto, que debe venir algún
día á redimirnos de todas nuestras miserias.
La esperanza es una virtud nacional: hay una razn que
espera hace tres siglos el momento de entrar de lleno en
la vida de la civilización, amplia y activa. Y hay, en el
piso superior del edilicio social, una clase que desconoce
los hábitos del ahorro y de la economía, que no vacila
en eacrificar las satisfacciones futuras á cambio de los
despilfarros momentáneos.
Un buen mexicano no economizará una sola moneda
de sus ingreeos anuales, pero tomará siempre un abono
á la ópera. Y cuando su contabilidad doméstica arroja
en contra suya un saldo elevado, tendrá la compensación
de seguir pensando en ese acontecimiento inesperado
que ponga en sus manos recursos extraordinarios.
En México lo esperado es lo inesperado. Y así se va
pródigamente deslizando la vida nacional.

l-'JtJlíti!tt Q5rncrttl.
RESUMEN.-Mr. Faure y Nic.olás 11.- EI imperio mosc;ovlta y la repúblic:a franc.esa.-EI viaje del presidente á san Petersburgo.-Sus tendenc:ias.-La
Alianza franc:o-rusa y el equilibrio europeo.-Guillermo de Hohenz:ollerr1 poeta dramát1c:o.-Sus
oc:los y su c.arác.ter.-Slempre en luc.ha-Conc.luslón.

Ya está. decidido por las Cámaras francesas que el presidente Faure se dirija á la imperial San Petersburgo y
devuelva al Czar cortesmente la visita hecha el afio pasado, con objeto de estrechar 103 vínculos que unen las
dos poderosas naciones.
Ya se han votado los créditos necesarios para gastos de
representación, y, el mes próximo, el humilde burgués
que lleva la representacion de un gran pueblo, el obscuro ciudadano que, terminado el plazo de su alta investidura irá á confundirae en el grupo social de donde había
brotado, el magistrado que no tiene pragmáticas que lo
ilustren, ni abolengos que lo inmortalice o, será recibido
con honores de soberano por un monarca absoluto, por
un autócrata que gobierna en nombre del derecho divir&gt;o, y se aeienta eobre pueblos y naciones por propia autoridad.
· Inspirado por ese sentimiento fraternal, eincero ó sa•
biamente calculador, que ha establecido corrientes de
paz y de harmonía entre el imperio moEéovita y la república francesa, la fastuosa corte de San Petersburgo abrirá sus puertas regocijada á un individuo sin t itulos nobiliarios ni escudos heráldico~, sino s~ncillamente cor. la
grandeza que le ha dado el voto de la masa anónima, la
voluntad dtl la multitud, interpretada en hora solemne
por la representación nacional de una agregación social
regida por inefüuciones democráticas.

DOMINGO II DE IULIO DE 18117

**..

LAS CANONIZACIONES EN ROMA

Aparte de estas situaciones paradójicas y contradicto•
rioe, que ceden sin duda en honor del pueblo que resbaló en Sedán, en la catástrofe estruendosa que arrastró
la púrpura mancillada del cesarismo napoleónico, Liene
la visita de Mr. Faure y traerá aparejados intereses trascendentales, que vigilan con ansia y atisban cautelos0a
los que andan en busca de los secretos de la diplomacia.
::\fochas veces se ha d;cho que la decantada alianza
franco-rusa no paeaba de ser una manifestación de loa
buenos deseos que animan á loa políticos franceses die•
puestos á provocarla, y prevención favorable de los astu• .
tos moscovitas preparados á aceptarla. Nada ha signifi.
cado para loa que así raciocinen la cordial recepción de
Cronsta1t, que tuvo por eco la aparatosa de Tolon; nada
el delirante frenesí del pueblo de Paria, de la Francia
entera, al rendir los tributos de su admiración y su fer•
viente cultú, en las fiestas no igualadas del afio pasado á
los Czares, desde el momento en que pisaron el territo·
río de la R ~pública, hasta que de él salieron arrastrad11s
en el tren imperial; nada significará tampoco pa1a ellos
ver unidos en estrecho abrazo al augusto Emperador de
todas las Ruaias, al omnipotente Nicolás II, árbitro BU·
premo de los destinos europeos por la grandeza colosal
de su imperio, y al presidente de la República Francesa,
al ciudadano Francisco Fálix Faure, encarnación de un
pueblo humillado por la derrota, hoy engrandecido Y
transfigurado por la democracia y el trabajo.
En ese abrazo quedará sancionada la sofiada alianza, si
no lo ha sido ya por las mutuas simpatías de los pueblos,
y podremos ver unidos ostensiblemente para contribuir
al perturbado equilibrio del viejo mundo á una nación
que busca el origen de su grandeza en la vo7, soberana
del pueb,o, y á otra que la hace descender de entre los
nimbos apocalíptiooa de la tradición y de la fe. Dos grandezas, que así asociadas por antogánicas que parezcan en
las postrimerías de este siglo deacrei:do, se prestan mútuo
apoyo, y son el contrapeso obligado de ese cesarismo
germánico, q 11e ha congregado nuevos elementos en su
rededor para hacer de la Europa inmenso campamento.
Ni una voz s~ levantó para oponerae al proyectado via•
je en el Senado francés, y si en la Cámara popular se dejaron ofr las uotas discordantes que lanzaba el socialismo,
pronto fueron ahogadas en la inmensa explosión de patriotismo que estalló entre los diputados republicanos y
las apretadas galerías. Razón hubo para ello: ojalá que esa
alianza que con tanto ~ntusiasmo se acepta, se estrec~
y perfeccione para bien de esos pueblos del Norte y del
Sur, que tienen alta misión en el concierto de las naciones
civilizadaa.
No todo ha de ser para Guillermo de J..lemania lucha
tenaz y porfiada con el parlamento poco sumiso, con los
monarcas confederados poco dóciles, y con las naciones
vecinas poco dispuestas á acoger su soberana voluntad;
no todo ha de ser en el augusto Hohenzollern actividad
incesante de general en campafl.a, para alistar ejércitos
y revisar fortificaciones, á fin de que estén listas para la
hora del combate: tr1mbién se permite dedicar sus ratos
de ocio á la bella literatura y quiere cefíir á su frente,
erguida y enhiesta á pesar de su abrumadora corona, el
lauro crecido en las orillas de la CdStalia fuente.
No ha mucho que aspiró al título de músico, compo•
niendo un himno sagrado; luego pretendió ser pintor
bosquejando cuadros patrióticos, y hoy se sienta al lado delos poetas dramáticos, componiendo un poema escénico,
donde canta la grandeza secular del pueblo germánico.
Deade las obscuras tribus de Arminio que hundieron
las legiones dti Varo, hasta las agrupaciones modernas
que se inmortalizaron en Sadowa, todo desfila en ese dra·
ma colosal. ..... es la apoteosis de un pueblo, la santificación de una raza, la deificación de una estirpe.
Vale más así; es mejor que el soberano de Alemania se
dedique á esa8 tareas paclficae, que si llevan siempre el
sello de eu carácter arrebatado, son dulces y tranqui:as
en sí y lo apartan de la lucha.
Más ¡ay! que en medio de esas estrofas inspiradas y deesas combinada9 escenas, no ha podido descansar: conti•
nuará la brega con el Rei.Echtag para que la marina de
guerra eea lo qne pretende, con el gabinete para que se
pliegue ,í eus iudicacioues y co u todos para que nadie
revista su augusta vo:umi.d.

X. X. X.

8 de Julio de 1897.

DOMINGó ti de JULIO de ,81n

Uno de los días del mes de Septiembre del año de 1870
en que las tropas reales italianas se ocupaban de conservar el orden en la Puerta Pía de In ciudad eterna, los ere•
yentes de la Iglesia Católica, Aposlólica, Romana, preeenciaron y comprendieron lo grandioso de una de estas
fiestas.-El 27 de Mayo del aM actual, día en que Anto•
nio Maria ZaccaJÍa, el lombardo, y Pedro Fourier «el
aposto] de Lothringen," á quienes Pío IX contaba entre
el número de los bienaventurados, fueron canonizados
por el actual Papa León XIII pudo el pueblo romano contemplar de nuevo las imponentes ceremonias. Zacearía,
de nacionalidad italiana, fué el fundador de la orden de
«las Canonesas de Nuestro Señor," y Fourier de nacionalidad francesa, fundó la orden de los barnabitas; ambos
fueron muy estimados por sus incesantes trabajos en
procurará loe menesterosos los medios de subsistencia,
y notables por las curaciones que hacían.
Al iniciarse la aurora del día 27 de l'liayo, las callea de
la ciudad de las siete colinas se encontraban invad:das
por multitud de curiosos que e6lo ansiaban pern;trar á la
catedral die' San Pedro. A las cinco de la mafiana las tropas ocupaban la gran plaza de la basílica y cientos de cientos de personas llegaban por la entra•
da de Carlos el Grande. Aunque la comandancia general italiana, tenía sobre las armas á
toda la guarnición de Roma, distribuida en.
loa diferentes lugares en pequeflas partidas, era
incapaz para contener á la impetuosa muchedumbre.
A las siete de la mañana el interior del gigantesco templo se en~ontraba completamente iluminado, veinte mil luces estaban repartidas en
todas las paredes llegando basta la cúpula, y
adornando los arcos y pilaetras del templo.
Además, todo el templo estaba adornado y la
cantidad de luz era tal, que producía verdadero
de~lumbromiento en los ojos de innúmeros de•
votos y curiosos asistentes.
Entre los concurrentes se contaban más de
35,000 personas. El cuerpo diplomático acreditado cerca del Vaticano hallábase preseDte,
así como todo la nobleza romana. No asistieron
algunas personas pertenecientes al reino ni al
gobierno, por encontrarse ausentes, predominando el elemento extranjero.
En los grandes salones del Vaticano se reunieron los sacerdotes investidos de altos grados,
y!\ tas ocho de la maflana el anciano Papa, acoro
pañado de su corte, bajó á la sacristía, donde revistió el traje pontifical. Momentos después
púsoee en movimiento la procesión.

EL MUNDO

Satisfaremos su curiosidad con una anécdota.
Pio IX, durante su glorioso pontificado, tuvo diversas
conferencias con notables personalidades heterodoxas.
Una de ellae, eximio protestante, que había zaherido á
la Curia por la sedicente facilidad con que elevaba hom •
brea más ó menos virtuosos á loe altarse. recibió del pon•
tífice, como una respuesta el voluminoso proceso de una
beatificación por aquel tiempo iniciada.
-Lea asted esto, díjole Pío IX, y véame deapuée.
El protestante concienzudamente, con la tranquilidad
de la investigación sajona, consultó loa diversos documentos que integraban el proceso, y mara"illado de la escrupulosidad de la Iglesia para sus determinacioneP, de
la suma de hecho.q que para la canonización se exigfan,
de los nimios exámenes, de loa innumerables testimonios requeridoe, al tornará los pies del Papa, éxc'amó
emocionado»
-Si en todos los caeos semejantes á este, obra la Iglesia con escrupulsidad tal, retiro mi dicho.
El Pontífice le respondió afablemente:
-Hijo mfo, ese hombre de que el proceso se ocupa, no
fué canonizado por falta de méritos suficientes..... .
DAMAS DISTINGUID.AS.

21

los testimonios se multiplican, informacion que suele
prolongarse mucho.
Tres son los peldafl.os por los cuales un santo llega -al
altar:

1? Declaración de Venerable.
2? Beatificación.
3? Canonización.
Para ser declarado venerable necesita la comprobación
plena de que poseyó las virtudes en grado heroico.
Para la beatificación exijeee, si mal no recuerdo, entre
otrascoeae, la comprobación de dos milagros de prime,·
orden, ea decir de aquellos que implican una exepción
de las leyes de la naturaleza, tales como la resurrección
de un muerto ........ .
La canonización puede decirse que no es más que una
pomposa declaraoión de que el varón justo queda ele\'a·
do á los altares y es merecedor del culto dti hiperúualía tributado á loe san.tos de Dios.
En los tiempos de las disidencias religiosa~, cuando el
cristianismo alboreaba en las conciencias, loe obispos canonizaban, y tan mal solían hacerlo que si nuestra memoria no miente, Constantino fué declarado eanto y con
este emperador muchos Barones y se.flores feudales en loe comienzos de la Edad :\Iedia.
Mas ya centralizado el poder apostólico, fue•
ron expulsados del martirologio todos los indignos; no de otra suerte la opinión pública «esa
gran barrendera» expuleará mañana de los
Pantheonee de todos los Pueblo~, á 1antas glorias deslumbrantes, á tantos hé1oes de pfga....
QUEJA DE OTOÑO
( De Stephane Mal!arme.)

Desde que María me abandonó para irá otra
estrella-cuál, Orión, Altar, y tú, verde Vénus?
-he amado siempre la soledad. Qaé días tan
largos he pasado solo con mi gato. Por solo,
entiendo sin un sér material, y mi gato es no
compañero místico, un espíritu. Vale pues decir que he pasado largos días solo con mi gato
y, solo, con uno de los postreros autores de la
decadencia latina; porque desde que la blanca
creatura ya no es, extraña y ~ingularmente he
amado yo todo lo que se resume en esta palabra: caida.
De suerte que, en el afio, mi estación favorita,
eon loe últimos días amortigüados del Estío, que
preceden inmediatamente al otoño y, en el día,
la hora en que me paseo, es cuando el sol descansa, antes de deevaneceree, con rayos de co·
bre amarillo sobre los muros grises, y de cobre
Con majestuoea lentitud avanzaba el Cortejo,
rojo
sobre loe ladrillos. De la misma suerte, la
pues los sacerdotes tenían que abrirse paso con
literatura
á la cual mi espíritu demanda un'l
los estandartes. Seguían loe canónigos de la
voluptuosidad, será la poeeia agonizante de los
grande y pequeña basílica, el clero de la ciudad,
momentos últimos de Roma, en tanto, sin em267 obispos y arzobispos, y el Colegio de los Car.
bargo, que no respira en modo alguno la aproxi·
denalee. La gran orquesta tocaba el «A ve Ma_,~.::_
_
_;¡~■I':!~..:_.~- __¡
mación rejuvenecederadelos bárbaros y no bal•
ría Stella» y el coro cantaba, mientras que el ve·
bucéa a(1n el infantil latin de las primeras pro·
nerable anciano iba desde su a urea silla gesta toJulia Esponda Moguel. D el Valle de Zintalapa. (Chiapas )
sas cristianae.
ria bendiciendo al mundo .Se r,rohibió absolutamente el
Lefa pues uno de esos caros poemas ( cuyas placas de
bullicio, y al aparecer Leon XIII no se le aclamó, pero
*
afeite
tienen para :me más embeleso que el encarnado
**
se escuchó un gran murmullo.
En el curso de los procesos de las canonizaciones, hay
de la juventud) y hundía una mano en la piel del puro
Inmediatamente las campanas anunciaron el momento verdaderos debaces.
animal, cuando un organillo de Berberia cantó lánguida .
en que el sucesor de los apóstoles, iba á canonizará los
Dos cardenales, dedícanse, el uno á abonar y compro• y melancólicamente bajo mi balcón. Tocaba en l:l
bienaventurados J..ntonio María Zacearía y Pedro Fou• bar las virtudes del candidato á los altares, el otro á de- gran avenida de álamos cuyas hojas, aun en fa prima ve
rier presentándolos á loe creyentes como dignos de s11
terminar bus defectos.
ra me parecen mustias desde que María pasó por ahí c rn
veneració n en los altares. En seguida el Papa asistió á la
El pro y el contra, la sombra y la luz de aquella vida cirios, una vez postrera. El instrumento de los triste3,
miea cantada, entonando el Tedeurn.
salen de tal debate depurados.
s(, ciertamente: el piano centelléa, el violín da á las fibras
Las campanas de San Pedro habían anunciado á la ciuEl primero de los cardenales es designado oon el nom- deegarradas la luz, pero el organillo de Berbería, en me•
dad de Roma y al mundo la nueva canonización, acaso..... bre de abogado de Dios; el segundo con el de abogado del dio del crepúsculo del recuerdo, me ha hecho desesperatal vez. ... la paz;entre el vaticano y el Quir.inal? ¿Quién es d frtblo.
damente soñar. Cuando murmura un aire alegrem1 nte
capaz de responder á esta pregunta? La :fiesta del 27 de
Quien de tan tremenda pugna sale bien, fué sin duda vulgar- y lleva la alegría al corazón de los arrabales, un
Mayo ha dejado may gratos recuerdos, y no tiene en lo un varón que poseyó en grado heroico las virtudes.
aire afíejo, trivial: de dónde viene que su ritornelo me
absoluto ninguna significacion política.
Un proceso de canonizació n suele durar centenares de llegue al alma y me haga llorar como una balada rom.in.
años, durante 103 cuales vanee acumulando h ech os: Roma tica? La saboree lentame nte y no lancé un céntimo por
es eterna y no se apresura jamáe.
***
la ventana, de miedo de distraerme y de advertir que el
Pero nuestros lectores á quienes hemos brevemente,
Empiezan los procesos de canonización generalmente instrumento no cantaba solo.
referido esta ceremonia conmovedora, de la cual damos
á solicitud colectiva de uo pueblo, de una agrupación,
un amplio grabado en lugar preferente, se preguntarán
que habiendo apreciado las virtudes de un varon insigne,
aca~o, qué requisitos se exigen para l~ brillante apoteesis
muerto en olor de santidad, reclama su apoteosis. Abreae
de un héroe del cristianismo, que se llama canonización.
entonces una información rigurosa, en que loa testigos y

�EL MUNDO

- -- - - - - - - - ~ - - - - - - - -

Escuela Naval de Veracruz.

DOMINGO ti DE JULIO D[ 1197

-Tú me engañas: no eree el que partió para no volver tan sólo para castigar mi constancia y mis desvelos.
Sigue tu camino: tú no eres éL
-El perfume no vuelve á la flor; el eco no se une á la
voz; las lágrimas no tornan á su fuente, pero el ave he•
ri.la si vuelve á su nido para abrigar á sús polluelos, como yo vuelvo para abrigar nuestro amor.
-¿Pero á qué vuelves? El hogar está frío desde que tú
partiste; las flores del huerto se secaron con el frio del
olvido, y las palomas de nuestro hogar volaron á los
montea¡ y hasta el perro que guardaba la pue~ta enmude·
ció para siempre, como mis labios para pronunciar tu
nombre. A qué vuelves?
-Oye esperanza mía! Los horizontes se cerraron en
torno de mi vida, y hoy llego de nuevo á tu regazo con
las entallas atravesadas por el hierro de la ingratitud,
con el corazón lacerado por el desdén y el alma convul•
sa por los golpes de quienes me ofrendar0n su amor.
Pérdoname y ábreme.
Las tardes pacíficas volverán para nosotros, en la noche el ruido de loa árboles que cubren nuestra choza
arrullárá nuestro suefí.o, y las frescas brisas de la mañana abrirán de nuevo las flores de nuestro huerto. Abreme poN¡ue me muero de frío!
-Cuando partiste en busca de nuevas felicidades, cerré mi puerta y enmudecieron mie labios, hoy que vuelves cargado de desengafí.os, entra de nuevo.
-¡Bendita seas, imagen de Dios que perdonas! Déjame que derrame mi llanto en tu seno. ¡Abreme tus brazos, ya qué he de morir en ellos!
J. DAVID Gu.ARÍN.

nales h3sta lvs cedros corpulentos y olorosJs, rivales de
los del monte Líbano; y desde el penacho de esmeralda
NOTAS E IMPRESIONES
Damoe una fotografía del edificio, ya terminado, que de la dulce caña de azú ~ar, hasta el abanico de esmeralda
de la esbelta palmera &lt;ie los trópicos, qu9 suspira bajo la
servirá de Eecuela Naval en Veracruz.
Hablar mucho y bien ea propio de hombre ilustrado.
Como se sabe, la Secretaría de Guerra y Marina deter• luz de rosa de la aurora y suspira bajo la luz dorada de
-Hablar
poco y bien ea el carácter de sabio,
la
tarde.
minó la erección de esta Escuela, en la cual cursarán to•
Si fuera dable lanzar profecías en este siglo de la dina-Hablar mucho y mal es manía del fatuo.
d11s las catedras necesarias loe que aspiren á pertenecer
mita y del vapor, del oro y de la electricidad, yo diría
-Hablar poco y mal es la desgracia del necio.
á la marina mexicana.
La
pr-&gt;bidad ea la virtud de los pobres: y la virtud, la
que
los
hombres
y
las
tribus,
y
los
pueblos
y
las
razas
La practica la harln en un buque de guerra nacional,
y las naciones, y el Dios de Confuco y el Dios de Abra- probidad de los ricos.
dedicado especialmente á este fin.
Para adquirir la reputación de saber lo que se ignora,
Son incontables los beneficios que producirá un plan- ham, y el Dios de Sócrates, y el Dios de Jesucristo, y el
hombre de piel amarilla como el hombre de piel negra, basta muchas veces aparentar ignorar lo que se sabe.
tel del género de que nos ocupamos.
y el hombre de piel cobriza como el hombre de piel b lanLa hermosura es una rosa, y la bondad su perfume.
ca, y los que habitan en las islas del océano y en la tieCuando la resistencia es inútil, los locos se agitan, los
rra firmP., y todos cuantos alientan alma sobre la faz del débiles se qu~jan, los bajos adulan, los orgullosos se in•
EL NUEVO MUNDO
.planeta, llegarán en misteriosa corriente al Nuevo ~fon- dignan y los sabios se someten.
Parece que la civilización en su incansable marcha á do, y aquí se reunirán para fundar l;u grandes ciudades
través de los siglos, ha ido circunvalando á nuestro pla• de una colosal república; y el bueno y omnipotente Dios
Jamás se evade uno por completo de si mismo.
neta, y que de la península brahamánica pasó á la pe- de todos los dioses, estará complacido y mirará con geG. Rodenbach.
nínsula helénica, y que de la península helénica pasó á nerosos ojo3 el consorcio de los hombrea que, puestos de
*
**
la península itálica, y que de la peninsula itálicr, pasó á rodillas elevarán al Sér Supremo el himno más glorioso
Solo la vida enseña á la vida.
que
hayan
creado
las
religiones
muertas
y
las
religiones
la península ibérica, y que de la península ibérica, llevaO. Lebret6n.
da en tres carabeÍas sobre las encrespadas ondas salobres, vivae, el himno de la libertad, del trabajo y de la civilipor la fuerza de los vieftos marinos y la fuerza de los zación, que ya balbucea la humanidad en la grandiosa
OTRO PAGO DE $13,595.00 DE "LA MUTUA"
suefí.os de un loco, pasó a descansar á la fresca sombra de agonía de nuestro siglo, y que en el futuro darán á los
EN TAPACHULA
las exhuber;,.ntes y centenarias selvas americanas, en tan• cuatro vientos los hi¡os de los hijos de nuestros hijos,
to que se fortalecían los eajones y los eslavos, surgidos hasta la consumación de los siglos.
J UAN RAMON MOLINA.
Tapachula, Junio 6 de 1897.
del caos de las razas, como para heredar la gloriosísima
bandera de la civilización, que ondeó en la pirámide
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua,»-México.
egipcia, en la pagoda indoijtáoica, en el templo griego,
ABREME
en el capitolio romano y en la catedral gótica.
Muy estimado sefior:
Hoy cumplo con un deber de gratitud para con usted
En el estado actual en que se encuentra el humano
-¡Berta! ¡Berta! soy yo. Mira q11e la nieve yá ha cu- y para la Compafí.ía al digno cargo de usted, certificando
prog1eso, hubiera sido imposible á Europa contenerlo en
sus estrechos límites; y así, fué preciso que surgiera de bierto mis vestidos, porque el invierno me sigue desde que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
entre sábanas de espuma un murrio niño, una tierra vir- que trasmonté las serranías para llegar hasta aqu[.
de la poliza número 789,979 por valor de... $ 6,413.16 oro.
-¿Quién eres? Aquí no se abre la puerta á nadie desde cambio sobre Nueva York ...................... » 7,182.79
gen y joven, buena para madre fecunda, una América
con sus .i slas que parecen jardínes flotantes sobre las her- que el amado dejó apagar la luz de este hogar, y partió
vorosas aguas del·Atlántico, y las potentes aguas inmen- para no volver jamás.
Total... ... $ 13,595.95
-¡Cómo no has de abrir, alma mía! Soy yo, el peregrisas del Pacifico; con sus temibles volcanes coronados de
sempiternas nieves y de sempiternas nubes; con sus no tanto tiempo ausente, que vuelve, como el ave herida, la cual tomó mi finado esposo, el Sx.!loR ELIGIO SANDOVAL,
magníficos y opulentos bosques, por donde slllta el tigre, á calentar su nido. ¡ A.bre, Berla mía!
el día primero de Septiembre de 1896. Hago especial
-No, tú no eres él. El perfume que se escapa, nunca mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
ruge la pantera y vuelan pájaros de cien cólores, como si
fueran fragmentos de un fria despedazado; con sus !la• vuelve al seno de la flor que lo exhaló. El eco nunca se hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacionuras de dilatados horizontes, propias para las grandes une á la voz qui, lo produjo. Y las lágrimas que yo he nes directas-~e ha sido pagado el importe de la póliza
vacadas y las partidas de caballos indómitos; con sus ea• derramado por él, jamás vol verán á mis ojos, lacios ya de á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
pumosos ríos, que van rugiendo entre rocas plutonianas mirar hacia el camino por donde partió. Vete, peregri•
Con sumo gusto veré si por medio de la prensa se dé á
y ribazos enormes, donde beben, abiertas al cielo las no; tú no eres él.
conocer en todas partes este hecho que habla en favor
-Abreme, Berta, por que el frio me conmme. La nie- de 1.3 exactitud de la Compall.ía.
fauces, el sol del mediodía los cocodrilos hambrientos;
con sus azules lagos, donde rebulle:i peces de oro y· de ve no ha eI1fríado tanto mi cuerpo como las ingratitudes
Soy de uated afma. y agradecida,
plata, y por sobre los cuales vuelan las níveas garzas y del alma. Q11ienes más p·e netraron en lo íatimo para roTRINIDAD M. VIUDA DE S.ANDOV.AL.
los patos salvajes; con sus montañas de granito, en cuyos barme y aniqúilarme el amor que aún conservaba para
rifiones cuájanse los metales prj!ciosos; con su suelo, en tí, me pagaron con el desdén y con el olvido. Pasaron
fin, que produce desde la ortiga hasta los cáctus, desde como crepúsculos de verano; como la sombra del ave fu•
las gramas hasta los helechos, desde las hierbas medici- gitiva.
LA ESCUELA NAVAL DE VERACRUZ

DOMINGO II de JULIO de 1897

EL

MUNDO

�EL MUNDO

DOMINGO II DE JULIO DE 1897

do y mirandonos fijamente. Sin hacer caso de su preeen ·
cia, volvimos á los kayaks para continuar nuestro camino. :Repentinamente volvió sobre nosotros, se irguió por
encima de la superficie del agua, resopló tan fuerte que
Cuando loe exploradore&amp; el 22 de Julio, abandonaron el
el aire se extremeció y amenazó hundir sus colmillos en
campamento de espera, con loe dos trineos, loe dos ka•
nuestras frágiles embarcaciones. Nosotros cogimos los
yaks y loe dos perroe, se habían á la vez restaurado y
fusíles; en ese momento desapareció; pero reapareció
aligerado. «¡Cuántos eacrificioel ¡Cuántos objetos precio•
inmediatamente al otro lado, tan amenazadora como an•
sos abandonados en la soledad de la banquisa. Además
tes, muy cerca del kayak de Johaneen. Repitió muchas
de una cantidad de carne y de grasa, hemos dejado tres
EL MAR UBRE•
veces estas maniobras y podíamos verla á través del agua
bellas pieles de oso y aun á nuestro amigo fiel el lecho transparente, pasar rapidamente bejo nuestras embarca•
saco,-una superfluidad en esta estación-una parte de
El segundo acontecimiento de esta memorable jornaTemíamos que hiciese ua agujero de una dente·
las maderas de los trineos, ski, la mitad de una cubierta da, fué la aparición de una vasta extensión '1.e agua Ji. cionee.
de alnminio, sacos, útiles, lona de velas, zapatos, tapo· bre, que Naneen percibió á lo lejos, desde la cima de un liada en el fondo de las embarcaciones, y para asustarla
nuestr0s remos. Por fin se lanzó contra el
nee nuestros guantes de piel de lobo, un martillo geoló· amontonamiento de témpanos. y en la dirección de las agitábamos
de mi compafiero. Johaneen disparó y le al0j6
gic¿ la mitad de una camiea, etc., etc., y muchas otras costas entrevistas. Después de un nuevo tirón, en el kayak
una carga de plomo en los ojos. La bestia dejó oir un
cosa~ eepaNidae en una confusión caótica.»
sentido propio de la palabra, pues que Naneen y Johan•
«Miércoles t4 de Julio.-Por fin la maravilla ha aparecí· sen se habían resignado al papel de bestias de tiro, fué mugido terrible, se sumergió y desapareció dejando de·
trás de ella un hilo de sangre. Nosotros nos apresuramos
do -¡la tierra!-la tierra cuando casi no creíamos en ella. alcanzada la mar libre, el 6 de Agosto
á remar con todas nuestras fuerzas, temiendo una.nueva
H~ce casi dos años que no habíamos visto elevarse algu•
En tanto que apresuraba el paeo, Naneen recordaba la
na cosa pc,r encima de esa línea blanca, infinita, que de- marcha de los Diez-Mil á través del Asia; evocaba el agresión de la herida, ya más feroz por el dolor, y no nos
termina el horizonte de loe espacios polares ......... Deja• momento en que los soldados de Xenofonte, después de tranquilizamos sino cuando oímos á nuestro enemigo re·
moe la inmensa banquisa blanca y desierta, sin dejar de- un año de guerra contra fuerzas superioree, vieron por soplar y flotar lejo3 de nosotros, en el sitio mismo donde
desaparecido.
trás de nosotros huella alguna; la pista de nuestra peque• fin el mar de lo alto de una montaña y exclamaron: 1&lt;Tha- había
«Continuábamos remando tranquilamente, y habíamos
fia caravana á:través de los plaoes ein fin, ha desaparecido
hacía ya tiempo olvidado á la morsa, cuando vi de pron·
Thalassa!»
desde h&amp;ce largo tiempo. Una vida nueva comienza para lassal
Después de tantos meses de lucha contra los hielos, to á J ohansen saltar en el aire......
nosotros: en cuanto al hielo, ea siempre el mismo.
tambien para loe dos exploradores la mar era la bienve•
«Su ka yak había recibUo un choque violento.
«Esta tierra ha aguijoneado largo tiempo nuestros sue«Supuse al principio que un bloc de hielo se había remoño@ y ahora viene como una visión, como una tierra de nida.
"··· ... Por fin estaba yo en el límite de la banquisa. vido y en un lllovimiento de báscula había tocado el fondo
loe ~uentos de hadae. Blanca de nieve acumulada, se
Ante mí se extendía la superficie sombría del mar; á lo de la embarcación; más no había témpanos cerca de noenarca por encima del horizonte con el aspecto de nubea lejo~ la mur'alla abrupta del glacier surgía del agua; una
sotros. De pronto ví otra morsa levantarse ante noso·
lejanas que ee teme á cada instante ver deeaparacer.
triste claridad lo envolvía totlo. Ante esta perspectiva
«Yo me la había imgainado tajo muchos aspectos, con hinchó una alegría tal nuestros corazones, que no po- tros fuera delagua.
«No había un instante que perder, y sin tomarme
altos picos y glacitrs resplaudecientee, pero nunca así, se· diamos expresarla con palabras.
tiempo para buscar la parte vulnerable ( detrás de la ore·
mejante solamente á la apariencia de la tierra. Nada tie"Detrás de nosotros estaban todas nuestras penas; de· ja,) envié una bala á. la medianía de la frente del enor•
ne de halagador y es sin embargo la bien venida. En su· !ante se abría el camino del ,regreso.
me animal. Fué por fortuna suficiente esto: la morsa
ma, no podíamos ee~erarla de otro modo que cubierta de
«Yo saludé, agitando mi sombrero, á Johaneen, que es· qued6 fulminada.
nieve con toda la meve que cae aquí.»
taba un poco atrás, y el respondió agitando el suyo y gritan·
«No sin pena hicimos un agujero en la espesa piel que
La 'aparición de la tierra fué festejada como convenía, do: hurra! Un acontecimiento tal debía ser celebrado de
recubría aquel montón de carne flotante en la superficie,
con un suculento almuerzo: las últimas patatas habíaa
cortamos algunas bandas de grasa y de carne y abando•
manera:
siclo reservadas para la ocasión. Después Naneen y J ohan · al~una
Nos comimos una tablilla de chocolate cada uno!»
namos el resto á los pájaros de la mar.»
sen volvieron á ponerse en camino en la dirección de la
Una suprema separación entristeció sin embargo ague•
Remar de frente con las embarcacionesgemelaserafati·
playa que era para ellos la tierra prometida.
Ha alegría. Los dos perros sobrevívieilteB eran una car• goso y duro, los progresos eran lentos y cuando las co·
Parecíales tan próxima, que Johansen no dudaba de ga inútil en lo de adelante, sobre loe kayaks.
rrientes venían en sentido inverso, hacíanee sentir, y
que llegarían aquella misma noche. Naneen calculaba
«...... Fieles y valerosos nos habían seguido durante to•
remontarlas era imposible. Naneen resolvió
dos días de marcha; no por ello estaba menos errado.
achicar considerablemente los trineos á fin
Sus ilusiones duraron poco. La superficie del
de poder disponerlos aisladamente sob1e ca·
hiPlo era más imprac,icable que nunca. Naneen
da kayak en el sentido de su longitud.
y su perro Kaifás, tiraban de un trineo;JohanEn tanto que ambos se entregaban á esta
sen y Suggen tiraban del c:,tro. Hombres y perros
tarea, vieron aclararse la bruma que los en·
formaban un tronco extraño. Su marcha á travolvía, y apareció ante sus ojos toda una ca·
vés de las aristas de las presiones de loe hum·
dena de montafiae cubiertas de negras rocas
moka es increíblemente lenta. Y parece qne
á pico, emergiéndo de los gladus.
cuanto más avanzan más huye la tierra:-la de•
Solamente el 16 de Agosto, después de ha·
ri vación en realidad los aparta de ella y bien
ber atravesado tirando de sus trineos cortos
pronto !o comprenden.
la zona marginal de témpanos aglomerados,
Para colmo de miseria, Naneen puede apenas
Naneen y Johansen llegaron á una de esas is·
arrastrarse. Los abrigos delgados no han reem·
las. Por la primera vez después de dos años,
plazado sino con desventaja el saco dejado en
tenían la tierra bajo sus pies. Con gusto
el campamento de espera, y el explorador sufre
hubienn besado las rocae. En su indescripcruelmente de un lumbago causado por la hu•
tible alegría saltaban de un bloc de basalto
medad y por el frío al mismo tiempo que por la
al otro como nifios que juegan. En fin, para
fatiga. ,,Joúansen, escribe, ee ve obligad() á qui•
colmar su embeleso, en un rincón abrigado
tarme las botas y mis calzas, porque estoy en la
descubrieron musgo y flores.
imposibilidad de hacerlo por mí mismo. El es
Verdaderas flores: hermosos ababoles, eaxí•
poco egoísta y me cuida:como á. un niilo.» Pero
fagos de las nieves, estelarias!.. ....
esos hombres están templados de una maoera
«Fué enarbolado el pabellón noruego, se
especial: Algunos días después, Naneen póne·
preparó un lobscouse de pemmican y nos sen·
se en pie.
tamos dentro de la tienda haciendo volar los
"SálJadoS de .Ago.,to -Labor inaudita:-No po·
guijarros bajo nuestros pies, muy á gu8lo.»
dríamos cumplirla jamás si no fuese porque
Ayudados por el víento, avanzamos más pronto.
Naneen~- Johansen habían llegado á tie•
debemos cumphrla. Desde hace muchos días
rra sin haber podido darse aun una cueata exacta de su
los perros por todo alimento ,ee han repartido
do el viaje; y ahora que llegaban dfae mejores, debían situación. Estabaa al este ó al oeste de la tierra Francisco
unas gaviotas. Ayer no conocieron más que un poco de decir adios á la vida!. ..... »
José? Lo ignoraban: desde que sus relojes se habían pa·
grasa.
«No pudiendo decidirnos á degollarlos como lo había· rado, érales imposible, por más deducciones que hicieran,
mos hecho con sus compañeros, sacrificamos para cada encontrar su longitud.
TRAVESÍA DE UX DEPÓSITO DE AGU.~
uno de ellos un cartucho. Y o maté el perro ae J ohansen_y
Siguen su camino y he ahí una isla nueva (la isla Tho•
mató el mío......»
«Luna 5 de .Agosto.-Jamás hemo11 tenido un hielo tan Johansen
roup
):
Con los ka yaks amarrados el uno al otro á fin de sopor•
-«'.l!Ie parece uno de los parajes más encantadores de malo como ayer. Logramos, sin embargo, recorrer un po• tar los trineos, que hubiera sido imprudente abandonar,
la tierra. Una playa unida, sembrada de conchas, una
co de camino y dos incidentes felices marcaron la jorna• Naneen y J ohansen pusiéronse á la vela.
estrecha cintura de agua clara, en el fondo de la cual se
da; J ohansen no fue devorado por un oso y hemos visto
Desde hacía dos años no habían tenido delante una ex• distinguen caracoles y erizos y donde nadan antípedos.
agua libre al pie del glacier que borda la tierra.
eemejante de agua.
En las rocas vuelan y saltan gorriones. Súbitamente el
"Partimos ayer mañana á las siete. Se hubiera dicho tensión
Era para ellos un placer oír chapotear las olas entre
que un gigante había lanzado el desconcierto de los blocs las dos embarcaciones, y vira-:- rapidamente hacia la tie· sol rompe las nubes de flecos ligeros y el día parece ser
todo sol. Al rededor de nosotros están la vida y la tierra
enormes y había distribuido después entre ellos nieve y
rra tan deseada. Qué cambio, después de haber durante
agua. La bruma era espesa. Después de una marcha fa· meses hecho su camino pulgada á pulgada, paso á paso! firme; nos hemos librado de la eterna banquiea. En el
fondo del mar veo bosques enteros de algas. Bajo las ae•
tigosa, llegamos por fin á un canal que era preciso atra·
El sol brillaba.
perezas de los cantiles, aquí y ahí, están acurrucados alvesar con los kayaks. Yo me ocupaba en botar el mi.o al
«No puedo recordar-dice Na12sen-una mañana más gunos montones de nieve color de roea.
agua cuando oí ua ruido de lucha detrás de mí, y J ohanbella.»
•De lo alto de una roca, vemos extenderse á lo IE&gt;jos la
een gritó:
Abordar al pie del glacier escarpado, era impracticable. banquisa de la cual hemos salido: un gran plano blanco,
-Coged el fusil!
Loe
exploradores
tuvieron
que
levantar
su
tienda
sobre
..y o me volví y ví un oso enorme precipitarse 11obre mi un vasto témpano flotante, pero á la vista de la tierra, - en el fondo, muy en el fondo del cual, están aun aprisio·
nados, derivando imperceptiblemente, el Fi·am y nues•
compafiero que había caído de espaldas.
y la vista sola de la tierra baetaba á su felicidad.
tros compañeros......»
"Ensayé retirar mi fusil de su cubierta, colocada en la
Qué tierra!
Naneen y J ohansen prosiguen aun. Las corrientes de
proa del kayak, cuando la embarcación se deslizó al agua.
Nansen, incierto respecto de su longitud. lo ignoraba.
«Mi primer pensamiento fué saltar sobre el kayak; pero Teniendo delante de sí islas desconocidas, diólesnombres la marea abren, cierran y vuelven á abrir los canales
navegables. ¿Cuánto tiempo encontrarán los dos nave·
este hubiera infaliblemente zozobrado. Me esforcé, pues,
Isla Eva, Isla Liv.
gantes agua libre? Toda la cuestión está ahí. Si el mar
en volver á llevarlo al hielo de manera de poder asir mi dulces:
Heladas, es cierto, estaban heladas, pero sobre ellas queda abier~o, volverán al Spitzberg y de ahí á Noruega
arma. Haciendo esto no podía volverme para ver lo que temblaban las alas de los pájaros!
pasaba; pero oí que Johansen decía tranquilamente:
A ia vela y al remo, esta navegación enmedio de la bru- al fin del afio. Si se cierra de nuevo, definitivamente in•
«-Es preciso darse prisa si queréis llegará tiempo.
ma y del misterio, de los estrechos y de las costas, se vernarán.
«Darme prisa! ya lo creol Por fin alcancé el cañón, esti• proloagó durante muchos días. Noche á noche los explo•
E invernaron.
«Miércoles 24 de Agosto.-Las vicisitudes de esta vida ja•
ré el fusil y volviéndome, apunté. El oso no estaba ni á radores levantaban su tienda sobre la banda de hielo que
más
tendrán fin. Hace cuatro días yo estaba lleno de es
dos metros, listo á hacer presa en mi perro Ka;fa.8. He- bordaba la tierra. Mañana por mafiana, cargaban los
y de valor y henos aquí bloqueados desde hace
rido detrás de la oreja, cayó muerto.11
kayaks sobre los trineos para atravesar los hielos que el paranza
«El oso nos había sin duda seguido como un gato, disi• viento ó la marea habían acumulado al rededor de ellos; cuatro días y tres noches por los amontonamientos de
mrilándose detrás de los témpanos y se había aproxima- después volvían á botar al agita los kayake, luego que loe hielos. En todas las direcciones, no vemos más que
do al kayak de· J ohansen, en tanto que estábamos ocupa- encontraban un canal abierto, y proseguían su camino. hummoks, aristas y asperezas. El valor nos queda aún pe•
dos al borde del depósito de agua. Johansen había vuel- Por donde quiera había morsas y pistas de osos, de zo· ro la esperanza se ha ido..... .
«Sobre la superficie del mar, pulida como un espejo,
to la cabeza y lo había percibido, pero &amp;ntes de haber rNE y de gaviotas: se sentía placer al observar tanta vi•
se deslizan los ka¡¡aks; á cada golpe de remo silencioso,
comprendido á quién iba á atacar, recibió un manazo en da en derredor, tanto alimento á la mano.
el agua tiene un murmurio. Se creería uno en góndola,
la cara, que lo h1z0 ver treinta y seis estrellas y cayó de
Las morsas pululaban especialmente. Lo que era gra- ·sobre
el gran Canal; pero esta calma tiene algo de inquieespaldas. Entonces empezó á librar con el animal un ve es que ellas rompían primero las hostilidades.
......
verdadero combate de box; después lo asió del cuello,
«Yo había escalado un hummock, refiere Naneen, y tante
«Bruscamente, en efecto, nos vimos rodeados de hieloe;
echando mano de todas sus fuerzas.
examinaba el estado de la superficie del agua ante noso«El oso iba á morderle cuando me gritó: «Daos prisa.» tros, cuando una morsa monstruosa se aproximó, soplan• estando la tierra próxima, el mejor pattido era esperar
Fué entonces cuando el oso percibió á los perros y vol(LA TIERRA EN FIN!

DOMIJIGó 11 de JULIO de ,110,

EL MUNDO

los ~contecimientos...... Cuando remábamos en
med10 de lo~ peqnel'los témpanos flotantes el
f(!ndo de m1 kayak recibió de pronto un gd!pe
1
v1?lento. Estábamos, rodeados de nuestras enemigas las Il'.lOrsas. Uaa de ellas tletalla gigantesca, n_adaba entre dos aguas detrás de mí. Re•
pentmamente se enderezó justamente frente á
Johanse~ qu~ seg~ía mis huellas. Temiendo
ver al ammal.h.und1r sus colmillos en el puente
desuem~arcac1ón, Johansen se apartó, buscan1
do su fusil. Yo había cogido el mío á toda pri•
ea. La morsa empero hundióse en el agna con
estruendo y reapareció tras el ka yak de J ohansen. ~ra aquella una inquietante vecindad Pa·
ra h~ula Johansen saltó sobre el témpano más
p~óx1mo. Al cabo de un momento yo seguía su
eJemplo. Pero corrí gran rieFgo por culpa mia
de tomar el baflo con Que la r:iorea me lhabí;
ame azado nada más. El borde del hielo cedió
en e momento en que yo ponía el pie sobre él
Y me quedé.parado en el kayak que se iba derivando, haciend_o prodigios de equilibrio para
no zozobrar. S1 la morsa hubiese reaparecido
en ese moment(!, yo la habría recibido de segu!º en su propio elE&gt;mento. Finalmente1 logré
izarme sobre el hielo y largo tiempo vi mos á
nuestro ~gresor pasar y repasar al rededor de
nuestro islote flotante, sobre el cual hicimos
menos penosa la situación poniéndonos á comer.
«~ra una gran morsa macho. Hay algo de fantástico Y de prehistórico en el aspecto de esos
mone~rnos. Yo no podía impedir el pensar en
un tntóD, en tanto que el animal daba vueltas
e!l/! agua Y nos veía con sus grandes ojos redondos y
vi diosos. Era del todo inutil gastar cartuchos en uaa caza e que no'.teníamos necesidad por el momento. Así es
que.esperamos, que cansada al fin, se fuese como había
vemdo;hdespués de lo cual seguimos nuestro camino feli•
ces por aber salido bien del encuentro.
"····:·Llegados sobre loe hielos que tocaban la tierra
nos v~mos condenados á la inmovilidad: ya no habí~
agda !:re en dirección alguna. y la superficie sólida erirct e obstáculos, era absolutamente impractic~ble.
mpamo~, pues, v el 21 matamos un oso. Cuando menos :io moriremos de hambrn antes de algún tiempo.n
L~ suedrte estaba echada. Naneen y Johansen estaban
co, 1 ena os á ocho meses de invernada;
Ya habf~n elegido, en la playa vecina, cerca de un
P romdontono que supusieron más tarde era el cabo He•
11an d. un rinc
· ó n propicio
·
para construir una choza
cuan ~ se produjo un incidente inesperado.
'
di El hielo sobre el cual .se elevab~ su tien.da, se desprenó bruscamente de la tierra y baJo la acción del viento
fomenzó á llevarlos en una derivación rápida. Desd~
uego pen.earon en volverá la costa; botaron los kayaks
fil a¡:ua é izaron la vela. Pero la, costa estaba lejos y ren exionaron que una isla valía tanto como otra. ¿Por qué
li~re~ner la ~roa al sur en tanto que el paso estuviera

viéndose contra ellos, les administró eD la nariz dos fuer•
tes golpes. .Tohansen había vuelto á ponersé de pie, y
cuando y0 tiré, ya él tenía su fusil en las m~nos. La ma•
no del oso le había marcado la mejilla derecha con una
linea blanca, quitándolo un poco de lo negro que tenía
ahí: eeta era su sola herida......... »

1.
I·

.·•

0

1

A~í lo hicieron. Islotes y puntas sucedíanse y ellos
fdnuraban los altos monolitos de basalto rode1&gt;dos de coumuas Y contrafuertes, agujereados de nichos y corona•
do_s por tantos campanarios agudos como la catedral de
Milán.
El 25 de Agosto atracaron á una nueva playa sobre la
cua~, desde su desembarque un oso les deseó la bien•
vemda. Johansen con una bala le rompió la columna vertebral.. El animal, herido, intentó huír, pero !11 parte
P ~ter10r de su cuerpo estaba paralizada. Perplejo, sent se Yípusose.á morderse, hasta eangtarlas, sus patas, como para castigarlas de rehusarle sus servicios. Una segunda bala puso fin á sus sufrimieatos.
Fueron percibidos otros dos osos el mismo día. Las
morsas e~an numerosas. E~a costa al borde de un fjord,
se anunciaba como una despensa ampliamente provista.
Desde el día siguiente del su llegada, después de haberse asegurado de la imposibilidad de ir más lejoe, Nanse~ Y Johansen comenzaron á prepararse para invernar
ab1.
·
. Impoi:taba, en efecto, no dejarse sorprender por el inv1e~no BID vivares y sin abrigo, y las pocas semanas que
teman ante ellos debían eer consagradas: 1?, á caza de
osos Y focas; 2?, á la construcción de una choza confortable en previsión de loe grandes fríos de la noche boreal.

6

LOS PREP.UATIVOS DE LA 1/''VERNADA

),fatar el mayor numero de bestias posible mientras
abundasen, era el primer objetivo de Naneen. La caza
á los osos era más fatigosa que peligrosa. La curiosidad
el hambre los atraían; después, á la vista de los dos
Dombrea, echaban á correr y era preciso perseguirlos.
oce osos blancos, viejos y jóvenes cayeron antes del
fin de (?ctu~re, bajo las bala-e de los' dos compañeros. El
frío ártico tiene la ventaja de coaservar indefinidamente
la ca_rne de loe animales muertos. Por más que fuese el
apetito de Naneen y de J ohansen -y la resistencia de
sus estómagos estaba á. la altura de su energía moralno tenían necesidad algupa de poaerse á ración.
Quedaba por hacerse la caza de algunas morsas, así
par!!' dar alguna variedad á. los menús como porque el
aceite Je morea debía servir durante t¿do el invierno de
iiornbustible y de luz.
. Los monstruosos anfibios, además de las considerac10nes gastronómicas y!utilitarias, interesaban á Naneen
de u~a manera muy especial. Trataba de describir y ha
descrito ens costumbres con una benevolencia no dieimu!ada. S~ vuelve de la India-dícese-con el respeto
al tigre, ammal feroz y soberbio, para el cual se ha encontrado un calificativo · de admiración: el tigre real.
Huesped de la banquisa polar, Nansen edificaría congueto al rey de los animales árticos: de moraareal. La mor·
ea le. ha hecho correr riesgos y le está agradecido. DeB·
firec1a. al oso desvalido cuyas garras han apenas arafiado
a nanz de un perro y la mi&gt;jilla de su compañero; pero

h

e

Un visitante.

estima á. la morsa.. «La morsa no tiene rniedo al oso;11 es
una de las observaciones que parece preferir y que acom•
pafi~ con numerosas pruebas luego que encuentra la
ocasión.
La caza á las morsas á la cual se entregaban Naneen y
Johansen fué más agitada que la caza á los osos. La primera que mataron les costó nueve cartuchos, y con nueve balas en el cuerpo, desapareció. Sin embargo la en•
contraron poco después. Otras dos fueron muert~s sobre
un témpa?º· Dormían al eol y la primera cayó fulmina•
da á la primera bala. La segunda, herida por dos balas
e~ la cabeza, ~ardiendo olas de sangre por las naricts,
p~1sose á mugir y á toser formidablemente...... «Soste•
méndose º.º? su~ e~ormes colmillos, expectoraba sangre
como un t1s1co, md1ferente á nuestra presencia. A des•
pecho de ~n _apariencia I?onstruosa, había tales súplicas
Y. un sentimiento tal de_ impotencia en la mirada de eus
OJOS redondos, que olvidando nuestras propias exigen•
c1as, sentíamos una grande piedad por ella. Nos parecía
que habíamos C?metido nn ~sesinato. Una bala alojada
detrás de la ore¡a puso térmIDo á. sus eufrimientoe.11
Uabermuerto dos.morsas era ya algo, ahora ea trataba
de tranSJ?Ortarlas á tierra firme. Loe dos cazadores tu vie•
ron que 1r á. ~ue?ar ~ s~ choza sus trineos y sus cuchillos. Por medida 1nstrntiva de precaución tomaron igualmente sus ka;raks. Sin esta previsión e~ difícil decir lo
que habría sido de ellos. En tanto que despojaban las
mor~as, declarase inopinadamente un huracán, y ~aneen
percibe que como ya le había pasado en otra ocasión, el
hielo que los llevaba se había desprendido y se alejaba
de la ribera. Pero el caso no era el mismo esta vez no
tenían t&lt;;&gt;do consigo, sus provisionos, su tie~da, sus abrigos, su.smst~umen.tos, estaban en tierra: importaba vol•
v~r á. tierra mmed1atamente á todo precio. ¡Ayl era preciso abandonar á los pájaros casi la totalidad de las dos
morsas. Después do haber cortado apresuradamente en
la carne de losdoe animales, los mejores trozos, Naneen y
Joh~nsen se embarca1on. En tanto qne luchaban contra
e! viento para. alca~zar la playa, pudienm ver largo
tiempo á los pá¡aros mnumerablee del mar girar al red.edor de las masas sangrientas y aceitosas que la derivación se lleva~a. En medio de loe témpanos que se entre·
chocaban, veIDte veces los kayaks corrieron el riesgo de
ser d~etrozados, y estuvieron á do3 dedos del naufragio;
por 10stantes parecía á los dos hombree q11e las ráfagas
levan~ban fuera del agua sus embarcaciones ligeras, y
era milagro.que no se volcasen. Por fin, al abrigo de los
altos acantilados, Naneen y Johansen encontl'aron el
agua más tra?quila y pudieron atracar, el desastre un
mome~to ~mido, se reducía á una pérdida cruel.
Al.,un tiempo ?espuée, Naneen y Johaneen encontrá•
ronee ª!! presencia de un rebafio de morsas y mataron.
?ºª' alo¡ándoles en buen sitio sus balas, detrás de la ore•
¡a...... ''.Todae las otra~ se sumergieron, salvo una que no
se movió y quedóse mirando con asombro, ya á sus com•
pafierae muertas, ya á los dos eeres desconocidos que
éramos para ella. Ya teníamos más carne y aceite de
morsa de lo que n~cesitáb~moe, y Johanseu que había
vuelto.ª cargar su rifle, vacilaba en tirar. Yo aproveché
la oca~11?n para fotografiar la escena. Finalmente fuimos
de op1món de que m~tarla ae.ría sacrificar, sin necesidad,
un cartucho, y le de¡amos, Llempo de retirarse á su vez.
Entre_ tanto e.1 agua herv1a de animales furiosos que
romp,an e.1 hielo en su derredor y llenaban el aire con
sus resoplidos ......»
Qu~tar la piel á las morsas y cortarlas en trozos, era el
~raba_¡o más dP_eagradable y más repugnante que puede
1magIDarse. Tirarlas sobre la playa, estaba por encima
de las fuerzas de los dos hombres. Erales preciso pues
proc~der á l:Bta disección sobre los cuerpos flotantes;
«M(!¡arnos dice Naneen, no era nada: se seca uno con
el ~1empo. Pero lo que era peor y no podíamos nosotros
evitar, era s~turarnos, desde la cabeza hasta loe pies de
grasa, de aceite y de sangre. Nuestroe infelices trajes que
no podíamos renovar anres de un silo, sufrían demasia.
do durante esta tarea. Absorvían 11ceite y se embebían á
un punto tal, que nuestra ~i~l misma acababa por im•
pregnar~e. En toda la expedic16n no podíamos limpiarnos
de semeJante cosa. Nuestra recompensa consistió empe•
ro en dos grand:es monto~es de grasa y de carne cuidadosamente recubiertos de inmensas y espesas pieles de
morsas.11

El 7 de Septiembre, Namen y Jobansen po·
sar(!n la primera pie&lt;l;ra de la choza que debía
abrigarlos durante la IDvernada. A partir de ese
dfa hubiera podido véreelee, casi todas las mafianas, ponerse en camino como obreros carga•
dos de un bote de fierro blanco que cbntenía
agua para beber. Buecaban y recogian fragmen•
tos d~ basalto, abrían los cimientos, edificaban
los muros coa todo el cuidado posible. Sus úti•
les se componían de un patín de trineo utiliza•
do como azada, y de una cucharaihech~ del homópl11to de una morsa, fijada al cabo de un bas-·
tón de raqueta. Pobres útiles por cierto· pero
loe dos noruE&gt;gos eran ricos de pacienciá y de
energía,
Concluidos en ocho días los muros apenas
si medían 90 centímetros de altura. E~tando el
suelo de la choza ahuecado en 90 centímetros
también, (abrir esta oquedad con loe útiles ent
nume.rado~ había sido un tour de force) resul:
taba JDtenorment~ una altura.total de l. m. 80
par.a una anchura igual y una profundidad de
casi tres metroe. Naneen, á peeat de su gran esta•
tura se mantendría pues de pié en la única y vas•
ta sala, y acostado no tendría que encogerse·
desde que había dejado el Fram no se encontra:
ba tan agusto.
Una pie~a ~e madera flotante, recogida en
la playa, s1rv1ó de techo; cuatro pieles de morsa, abla1;1dadas merced á una prolongada per•
~anenma en el agua del mar y que pesadas
piedras se habían encargado de extender y de
mantener, formaban la cubierta. Nieve amon•
.
tonada cubría exteriormente toda la constru•
ción. A fi!1es de Septi.emb~e la ~abitación e~tuvo lista y
sus arqmtectos prop1etanos, de¡ando el abrigo provisional en que hasta entonces habían vivido, pudieron insta·
larse, cc.ncluyendo el arreglo interior.
Un pasaje estrecho, abierto en la tierra más corto de
lo que Naneen lo hubiera deseado-po1· que la helada interru!Ilpió los trab~jos-conducía á la puerta de entrada
practicad~ en un rmcó~ del muro, cerraia por una piel
de oso sóhdam.ente cocida á la piel de morsa, del techo;
una segunda piel de oso protegía el acceso exterior A
pesar de las lámparae de aceite de morsa guarnecldas
de ~echas cort~das, de l&lt;;&gt;s vendajes del bdtiquín y que
ard1an á maravilla, la pnmera noche pasada en la choza
fué fría. Naneen y Johansen habían ensayado dormir
s~p~rados ~ada ~no bajo una cubierta. Mas desde el día
e1guien~e. metrmdo~ por la experiencia, emplearon ea·
pesas pieles de oso, mstaláronse en un lecho común y no
pensaron ya en _separa!se. Un poco más tarde, cuando la
temperatura ba¡ó cons1derab!emente, volvieron al siete·
ma del lecho-saco, .tan apreciado en la primavera precedente, y se fabncaron uno con las pieles de oso del
todo semejante al de piel de reno qne abandoaar¿n en
el campo de la Espera. En vano habían ensayado aplanar el suelo de la choza; las piedras a1tudas eran un ru•
do apoyo en l~s horas d&lt;:l insomnio: felizmente las horas de m.sommo son p(!CO 11,umerosae cuando se eA capaz
de dormir com? lo hic~er&lt;!n durante el in~ierno Naneen
Y J oha.nsen, vemte. ó ve1Dt1dos h?ras de cada vienticnatro.
Debiendo reducirse toda su vida á dormit y comer an
hogar era tan n_ecF!suio como un lecho. En un rinco~ de
la chot_a fué abierta una oquedad y ah( se puso un hor•
no ~ud1mentano a11meatad? con aceite de morsa. Un
agu¡e~o ?n el tec~o y una piel de oso formando tablero,
const1t~1an la ch1m~nea. Exteriormente fué construida
una chimenea de meve, á fin de impedir al viento que
rechazara de nuevo el humo hacia la choza. Esta chi•
meaea llena p_erfectamente su oficio; pero el calor ensancha cada d1a miis el tubo, y amp!ia~ gotas de a ua
caen r~gularmente sobre 1a marmita. Esto no tiene i';ás
remedio que - hacer de tiempo en tiempo reparaciones
para las cuales no falta por cierto el material.
'
Cerca de la choza, proM&gt;gidos por piedras y témpanos
estaban Jos preciosos depósitos de carne y de grasa d~
oso Y de foca. Lo !lue restaba de las provieiones llevadas
del J!ram, había ~ido puesto cuidadosamente en reserva,
previendo la partida e?- kayak en la primavera siguiente.
Aeegurados de no sufrir en su soledad ni frío ni hambre
:N'an;~n Y Jobansen podían afrontar sia miedo á otr¿
enemigo que el ~astidio, la noche invernal.
Esta se ¡1prox1maba rápidamente.
Una ve~ comp!etas las provisiones, la caza había cesado v las distracciones eran raras.
Un día ~aneen ?YÓ gritos por encima de su cabeza. Lev~ntó .los o¡os y v1ó dos pájaros volará. toda prisa· en la
d1recc1ón del sur. ¡Con cuánta envidia los siguió su mirada basta su completa desaparición!
El 12 de Septiembre, cuando después de muchos días
la temp~ra~ura h~bía gradualmente bajad(), prodújos~
un cambio 1mprev1sto; el termómetro subió á 4º sobre
cero: Fué esta 1~ ~ás alta temperatura observada duran•
te toda la llXped1ción. La alegría que la primavera pone
en los ~orazone~ llenó los de ambos viajeros ante aquel
repentmo deshielo.
"De todos lados desciePden cascadas espumantes de
la montaña y de los glaciers y forman pequeños arr¿yos
que murmuran entre las piedras de la ribera
"P?r donde quiera murmura y corre el agu~. Como por
ma~1a ha vuelto la vida á nuestra helada naturaleza y la
col1~11 está toda v~rde. Podría uno creerse muy lejos
hacia el BU: y .olvidar que se prepara un largo invierno .. '.
. ,cAl dfa s1g111ente todo ha cambiado; los dioses ro i•
C~OB del sur que, la víspera habían desplegado SUB penrr.
g1~s supremaa, han. huído; el frío ha vuelto; la nieve ha
~aid&lt;;&gt; Y lo ha r~ubierto todo; ya no cederá. Eate pequedol rfncón de tierra desnuda, está en poder de los gen ;08
!3 río Y &lt;l;e la sombra; su influencia se extiende ha~ta
e. mar. M1ro. al .rededor de mi: todo ea de)lolación
abandono.
Mie dmiradas
· pies.
· y
Ahí
d"
l
· caen sobre el suelo, á mis
, en me 10 e as piedra~, el ababql eleva aún sus
flores tan hermosas por encima de la nieve... •... •··

Concluitét en el próximo número,

�EL MUNDO

DOMINGO II de JULIO de 1897

26

EL MUNDO

:ooMINGO II DE JULIO D I E · ~

EL TRANSMISOR

UAN 00 el flmplea-

•

do, con solicitud
no desmentida, había recorrido ya
con los turietas la
mayor parte de los
departamentos de
la negociación,
ponderando la importancia de esta
en México, la BU·
roa de esfuerzos y
de gastos qne suponfa, el número
de brazos que ocu ·
paba y la di fusión
de bienestar que de
terminaba en la
comarca; detúvose ante una puerta en cuyo dintel se
lefa: 'lra,,.~misor, y dando á su voz inflexiones de confidencia, dijo, á tiempo que introducía una pequeña llave
en la cerradura y eropuJaba las maderas:
-En esta reducida pieza tienen ustedes á la Fuerza ba•
jo uno de sus aspectos más formidables y más disimula·
dos. Nada parece indicado, verdad? Un aparato de ma•
de,a barnizada, fijo á la pared, muy semejante á la caja
de un teléfono, y en cuyo centro hay un botón de cobre,
-y lo aefialaba-y sin embargo, ese botón, con el cual co·
nectan innumerables hilos de alambre, vibra el rayo, un
haz de rayos; ese botón distribuye la potencia eléctrica
y la regula, y la potencia eléctrica significa en este ca•
e? ...... 10,0lJ0 volts l. ¿S.tben ustedes lo que son 10,0:Jll
volts? (los turistas hicieron un Eigno de cabeza afirmati·
vo ). 1:Jastaría estar al tanto de que el máximum de vigor
eléctnco necesario para la electro -&lt;&gt;jecución, hoy aplicada á los reos de peua capital en Nueva York, ea de mil
volts: el más excep. ion al organismo, queda ria fulminado
~nte factor tal energía; imagínense pnes lo que serín
10.000 volts...... y á qué se reduciría el hombre q11e tocase el botón ..... .
Los turh,tas-quien más quien menos - sintieron correr
por la médula espinal un extre-mecimiento helado.
-¿ Y cómo manejan ustedes tan horrible aparato?
-;-Con ~ficaces ais!adoree, respondió el empleado,
qmen, sat1sf~cho dd la impresión que caueaba, ai\adió:
-Y ya lo ven ustedes, no lo resguarda ni unadebil cu•
bi~~ta de cristal; está á la mano...... Cierto es que n" per•
m1t1mos la entrada aquí sino á lo~ electricistas y á tales
y cuales .pero0nas de cuya prudencia est11mos eeguros.....
Pero el tiempo vuela; ¿deeein us:;edes q11e continuemos
nuestra viPi ta?
-Con muJlto guito.
-Pasaremos de nuevo por la pieza dentro de breve rato, para vtr la Dirección y acaso presencien ustedes el
funcinnamieoto del 1'ran~misor.
-Yo los aguardo aquí, dijo uno de los visitantes, joven de pálida fisonomia y degrandesojoP, profundamente negros-me siento fatigado y es1e sillón-un amplio
sillón de escritorio, acojinado,-es muy cómodo ..... .
-¿Intentaría usted por ventura auicidarse? interrogó
el empleado en eón de broma.
El joven dejó ver una franca sonrisa, q11e habría disi·
pado-de existir-la menor duda, y el empleado, después
de un «cuidado• dicho con indiferente jovialidad, conti
nuó con loe demás turistas la visita.

*
**

&amp;l auke emblema.

Ya solo, el joven, como atraído por invencible iman,
clavó sus ojos en el botón de cobre 4110 brillaba siniestramente en medio de la madera, y Ee dijo:
-Si yo lo tocase con el índice, mi.da más que con el
extremo del índice ..... .
Pero, apenas formulada esta idea, ee sobrecojió de espanto ..... .
Ilabríase visto ocurrencia más insensata...... Lo mejor
era ealir de ahí.. ...... .
E hizo un impulso para levantarse. Pero continuó eentado.
En verdad, una fuerza desconocida le rPtenía, y no era
la primera vez que experim~nt.elba la fascinación del peligro.
Ex;raordinariamente nervioso y sugestionable, en varias ocaeiones sintió en las altura8 el vivo d~seo de arro •
jarse al abismo, y momento hubo en qne-dominan:io el
instiuto de conservación,-sns manos se af.irraeen, fríaP,
á loa hierros de un barandal ó á la saliente d1&gt; una cornisa, en tanto que recorrla EU cuerpo un calosfrío muy ee•
mejante al que se expe1imeuta cuando ee va á rnltar de
una eminencia cualquiera, en loe 1ecreos del cnlfgin.
Pero entonces la tentación era más fuertP, el d1simu'o,
la hipoc,esfade una fre1za inra enlabie, tremenda, aplastante, que radicaba en un botón de cobre dt, inoftnsiva
apa1ieucia, le enlc qnecí,n.
Qmso aualizar friame •. tci el im'(lulso interno y misteric.
eo que le dominaba.
l!.ra Li¡o de la ob~ePión del suicidir,? No, ein dnda
Jamás l.Jabfa deei&gt;ado la n,uerte. Su exqnisita eenaibili
d•d de nervioeo, y de nervi&lt; so finame1,t1: educado, vibra
b, á todas las influencias ext~rnaP, aun á las mús le,·h •
ver.atilidadee climatéricas, dándole o,11los ra1os, es cierto;-¡;ero en cambio le producia ft'Dtacioll, s cada vez
más refinadas y hermosas. Su po~icié&gt;n holgada de Ntu·
diante rico, era envidiable: su libt&gt;rtaii ilimitada, Fil Fa•
lud perfecta ...... Ahora disfrutaba de dhertidas vacbcinnea eemestralee, recorriPndn una hermosa comarra de la
provincra, con cawaradas alegres, y pronto regrtearía á

México á re-anudar sus estudios y sus placeres fácile9 de
buievar. ¿Por qué, pues, había de querer suicidarse? No,
no era el deseo preciso y determinado dA morir el que le
asaltaba ante ciertos peligros, sino la avidez de meterse
en elloP, el vértigo de abrazarlos, una atracción arcana
que nac!a de todo su eér, tendido entonces hacia el abis•
mo, hacia la vorágine, hacia el rieego...... Recordaba el
esfuerzo prodigioso que en cierta ocasión tuvo que emplear para no arrojarse de la canastilla de un globo caut,ivo que ascendía periódicamente en la Alameda, y AU
fiebre por deslizarse en el plano inclinado de la Montana
ru.m
F,I vértigo, eso era, un vértigo inexplicable ..... .
Y el botón de cobre seguía brillando siniestramente, ...

UN .A. VENGA~ZA

A villana palabrita! la decía tan
hermosamente! Muy cuca y monona, con. sus felinos ojos que
guiflaba sin. cesar ~· sus manos
diminutas eobre las combadas
caderas, parecía un pajarillo
***
próximo á cantar cuando ella
¿Qué sentiría si lo tocara con el índice, nada más que
lanzaba el pequ-efio vocablo con el extrem,1 del índice?..... .
¡oh el arco rosa de sus labios!
Un golpe, Eólo un golpe ...... acaso nada-tan inAtanta-que iba á fijarse en el blanco
nea sería la disolución de su organismo...... ¿Qué se
seflalado, después de haber sil•
siente con un rayo? Nada, puesto que todas las funciobado en medio de un aire suave
nes cerebrales cesan con brusqu1-dad.
y lleno de rumoree.
Si lo tocara con el índice, nada más que con el extre1Era esa sílaba, joven cazador
mo del índice..... .
de corazónes, llamado Amor, la
Se extremeció de nuevo y púsose en pie.
más segura saeta de tu carcsj !
Pronto estarían de vuelta los compafieroe, y él ya no
Y por que ella no ignoraba
po-iría saciar su avidez, su horrible avidez ..... .
que dería «¡Sus!» muy bien, deTornó á mirar el botón: un simple dieco metálico muy
cía «¡Sus!» muy á menado. .A
semejante á un tornillo...... Si parecía mentira que aquecualquier propósito, á todo el
llo encerrase la muerte...... el rayo...... un haz de ramundo, sin ra,zón apreciable,
yos ...... diez mil volts.
en voz baja, en voz alta, con la prontitud de nn diablo que
Qué pavorosa es á veces la fuerza; no cuand,o se exhi• sale disparado de su morterete y con la impertinencia de su
be con todo el aparato de sus calderas, de sus engranes, risita, á manera de rPto, «¡Sus!» repetía ella, mostrando
de sus poleas...... sino cuando Fe oculta en el hilo forra- la blancura inmaculada de sus dientes, fehz de ser her•
do de seda, en la bobina verde que semeja un carrete de moea.
bordador, en el botón de cobre ó de porcelana........ .
Pero á quién ella decfa «¡Sus!» más frecuentemente que
Si lo tocara con el ln:lice, nada más que con el extre- • á los demás, era al pobre hombre á quien adoraba y al
mo del índice...... ,..
que fingía no amar; y cuando él se arrodillaba á sus pies,
Se había acercado maquinalmente al transmisor, y pa- t1mido y tembloroso, con los brazos levantados en ade•
lidecía en exceso ........ .
m~n suplicante, era siempre, invariablemente, la misma
Oyéronse voces en la pieza inmediata.
palabra la que le soplaba á la cara, inclinándose un poco
L'la compafieros volvían.
para infnndirle el aliente:&gt; qne brot.aba de sne labios.
El joven, como hipnotizado por el brillo del botón, no
¡Ah. la exqllieita y excecrablecoqueta!
apartaba de él sus ojos dilatado3.
-Yo desfallezco-clamaca él-de ternuras y muero de
El tiempo urgía...... Si lo tocara con el índice...... na- deseo......
.
da más qne coa el extremo del índice ........ .
-¡Sua!-respondía ella riendo.
Las voces oíanse di11tintamente ........ .
-Yo daría mi vida por besar la uña de vuestro dedo
¿Qué hacer?
mefiique.
8acudiólo nn postrer extremecimiento, y con ademán
-¡Susl-era toJa la contestación.
resuelto, alargó la mano.
-Yo me haré slltar la tapa de los eesos si vos no consentís en amarme.
AllADO NERYO.
-¡Susl-repetía una vez más, inclinándose basta rov.arlo con eu cara ebria de gozo y esforzándose por no sellar-beeos en flor-con sus labios rojos de púbera intri•
gante, los pálidos labios del pobre enamorado.
En tanto, él había perdido la paciencia á causa de una
malignidad tan detestable.
Una ocasión, habiéndola sorprendido en el boudoir exornado de encajes y de sedas, á la hora del '. cómplice
BLONDA
crep(1sculo, la tomó violentamente entre sus brazos y la
cubrió de caricias vengadoras -caricias errabundas, sin
Y ua rizo de oro 6endo así dijo:
brújula ni guía, esparcidas á millaradas en los cabellos
de crenchas sedosas y rubias soy hijo,
en la frente en los ojos y en los labios.......
mi beso es callado, y en loco deseo,
E lla se dtbatía, gesticulaba, gritaba sonoramente con
travieso produzco tenaz cosquilleo.
su boq11ita victoriosa; él, sin hacer caso de esas cóleras
Al soplo del viento, con cuanta delicia
de pijarillo que se tiene ea la mano y quiere picar, laesme sienten las nucas marmoreas y tersas,
tre•h,ba más hiert,e y ardieLJtemente.
y como contemplan miradas perversas,
Llegó, por fin, el mom~ntoenqnaella, viéndose ápunmi leve caricia!
to de quedar vencida, renunció á los esfuerzos de una
lucha v&amp;na y acudió á las lágrimas y al ruego; ya no se
Si el baño humedece mis hebras, y en lacias
def1&gt;ndía, snp~icaba y pedfa g1acia.
las toroo, descienden mil gotas brillantes
Entonces él, triunfante, la dijo: «¡Snal• en un desa&amp;i•
y eogastan la túnica que encubre tremantes
nado redoble de besos entusiastas.
de casta doncella las púdicas gracia~.
CATU'I.0 M É NJ)EZ.
Yo soy voluptuoso; vivaz centelleo
arranca á mis hebras el rayo febeo;
olor de epidermis me embriaga y aduerme,
y cuando en el lecho mi dueña ee duermti,
EL CREPUSCULO
yo sólo la veo.
Dulce hora á lna suefi.os consagrada,
Eeclavo de arÍística nimbada cabeza
En tn lttz ¡qllé mi~terio se refli&gt;ja!
la brisa me torna coqutto y voltario;
¡Oh Crepúsculo! tú eres la mirada
dé castos amores soy muda prom~sa
Más triste de ta tarde que se aleja.
si ocupo la sombra de algún rélicario.
Mfstica hors que en et sér produce
DESEO
Honda impresión oo soled31 y duelo,
Y en qne brillantA y temblorosa luce
Oh virgen! yo iimo tus rizos de oro,
VenuP, como 1uta l6..1rii11a del. ciefo.
yo ansío ser duefl.o del rubio tesoro
Ea la hora en que, extrai\a á la congoj&amp;,
qne nimba tu roetro de vivo fulgvr;
Ella en 11n mnndo de ilusión 111edita
Tt,ir en tu frente de mvea blancura
Y reclinada en Sil balcón desh.oja
y ser la guedeja que leve murmura,
Del enslleño la blanca margarita.
temblando en tu oído, la frase d"' am0r.
Es mfly hermosa y tie,-na aeí~ parece,
AURELIO G. ÜARR.\SCO.
Del sol ya hnndidn al ,-esplandor escaoo,
Julio de 1897.
Un áng&lt;&gt;I qlle los ojos b,,rneileee
En el p iélago de ámbar d81 O ·aso.
Bailada Pn celestial melaneolfa
RONDIH,
S11 vista sigii.e el vtteln del celaje,
Y cierne e« radiantiefaita¡¡fa
En un espacio de 010 su plttma~e.
Cnando la tarde silenciosa tien fa
Sn grácil manto de impalpable bruma,
La im,.,resiona y SPd111ce tanta calma,
DPjad qne el viaje del sepulcro emprenda
Y mira at"der las i lt1sionee bellas
Ya que mi vid¡¡ terrenal me abruma.
En el Httl tranqniln de su alBla
Como en un cielo-claro las estrellas.
Iré cant~do por mi triete senda
f'omo los cisnPa de ne,•ada pluma,
Y voel\ mi eombra, mientt"as ef la altiv.a
Cuando la tarde silenciosa tienda
Respia-niiece PI! s11 trono de hermosttra,
Su grácil manto de impalpable bruma.
S iento sobTe mi frente pensativa
El óscnlo gi&amp;ciat de la amargttra.
Dejad que mi alma pens1tiva ascienda,
f'nal astro errante que la niebla eefnrna,
Del Maoto y et dolor la ooche hOl·rible
Y allá, en la altura. su fulgor esplenda,
"fiend.e en mi alma RU crespón lllctuoso,
Cuando la tarde silenciosa tienda
Y eo 11na negra Estigia: el Imposible.
Su grácil manto de impa lpab le bruma.
:Mi .amor Jfünd.e Sil disco l1101inoso.
PEDRO R. Zw,11, A.
&amp;akx R EDOLT,EDO.
Julio de 1897.
J' ulio de l S.~7.

J,

�DOMINGO II de JULIO de 1807

EL MUNDO

ESTU OIOS SOBRE "EL FAUSTO DE GOETHE"

ER Satin, rey in forna!, con todo

y su monstruosidad tiene algo
que fascina, quizá por lo horrendo de eus dolores y lo espantoso
de sus maldades.
Poeeer loe secretos de lo negro
y de lo hediondo, no sonreír nun•
ca, llevar en el pecho, Justar en
donde en los hombre3 anida elamor, un hervidero de
laR más infnmf'e p111ione,; odiar, mirar en tono amarillo.
rabiar con ;u inmeEea al ,er una pa'oma blanca ó
una virgen coronada de azahares; caer en convulsiones al sentir los perfumes de las rosa~ v de los nardos;
tener por enemigos á los niños y á los páj'\ros; f'ncontrar
placer en la tiniebla, y huir amedrentado de la luz de
la luna, la más dnlce amiga que tienen loe mortales;
todo eso es verdadera mente monstruoso, pero tiene algo
que á algunos canea compasión y á otros ;miedo.
Más, ¡ser un pobre diablo!
Eso si que no, decfa•ne una vez un amigo con quien
departía sobre la materia, y á quien dicho sea de paso le
gusta estremar en ocasiones la nota trágica.
¡Oo! Si yo fuera el diablo, exclamaba entusiasmado,
reclamaría mi reino pleno, para llenarlo con mis malda•
des y mis cosas monstruosas.
Apagaría al sol, después de dotarlo de vida y sensibi•
lidai y haberlo hecho pasar por martirios espantosos, co.
mo culp:ible de haber proporcionado lnz á los mortalesHaría que pasasen por la mente de los hombres, ráfagas
ligeras que los hiciesen entrever la felicidad, para sumir•
los l'n la noche y en el pesar; jugaría con sus pasiones:
les vaciarfa los ojos para que no pudie~en contemplar el
Universo. En mis horas de ocio derramaría las dudas sobre sus almas, y con mi instrumento poderoso iría inyectando en las venas de las gentes, que se creyeran felices,
las amarguras del mundo.
A los iucrédulos, decia, los transformaría en beatos para qu3 se revolc1sen en 13] lodo de eu mismo desprecio,
por ap6stata~ y falsarios. A los escép~icos les haría en•
traver la fé, sembrando en sus alma~ la duda y el t.emor
lejano de que e3tab,rn equivocados, arr.,glándome de tal
modo q·1e, esos seres mis ira bles p rdidos Pn los p~ramos
de lo incompnnsible, cayendo y levan~ándose, orando y
blasfemando, llegaran al fin de la jornada con la mente
llena de tiniebla3 y el corazón preñado de angustia3
Des•,ilarfa la quinta e8encia de las ponzofias del mal,
para brindárselas á las almas puras.
No castigaría á los iudómiws. Al contrario, tendría
premios y alabanzas para ellos.
En la avenida sonbria qu&lt;&gt; cr&gt;ni11c~ á mi mansi6n in•
fPrnal elevaría estátuas á Fray J acobo Sch vartz, Herr
Krupp y Mr. Meliné. Casaría á Mdme. Dinamita con Mr.
Gallie,s, y coronad')~ C')n 101 p,b1pano1 que crecen en
los vifiedos de Baco les daría vuelta, para que procrE&gt;aran
en el muudo, y Jo infeccionarán con sus monstruosos
engenn.ro~.
En fin, concluía aquel neurótico demonomania•o, haría el diablo en grande.
Yo esc,1chaba á aq,1d p)bre loco sin hacerle observa·
ción alguna, pensaocio para rní qu~ para diablo P.ra muy
pequefio, y q11e todas esas ~us soñadas ee quedan muy
atrás de lo que en la ·Edad Media, la época brillante del
r~inado de Satin, le atribuün los teólogos y 103 visiona•
TI0S.
Así como en el mar Jónico un navegante esc11cbó en
noche clásica uneco:quejumbroso que anunciaba llorando
la muerte del Gran Pan, y la noticia rle qne los dio3es ee
iban, así nosotros, los hijoi del siglo X[X:, hem'ls presenc'ado la muerte del diabto de la leyemi.l n1ística.
Satiu ha mueno. Los geólogvs han iavadido su reinn·
do, y sus descendientes andan cl,miicand" p'lrel mundll
como los reyes en el destierro. Ha v.:inido tan á menos la
familia del poJer,)BO Soñor, que ai é~te renaciMa, ni aún
los reconecr:rfa. Desempeñan oficios viles, y t•enP.n mu•
cho parecido clln aqnelloi nobles funce,es, emigrados en
tiempo de la Revolución del 93, q•1ienes después de h&gt;1·
ber participado de las orgías del Parque de los Ciervos,
y pavo ,1e\fo3i en &lt;il pl:a~i() y 1,,~ puq11q~ d"l Versalle~
insultando al pu~blo con su orgallo y ~u boato, se les vió
después en Alemauia ei1 vieudo de b.1rberos, cocineros y
dan1.arines, para ganarse el eust,•nto.
El diablo en las regiones del :N•)rt" ba llegido ií con•
vertiree en un buen sajeto. El poeta Ronsard cuenta que
en Noruega lleg¡¡ basta alquilar,e com•1 criado, cuida d.e
loa caball,&gt;R, eaca E&gt;I vino de las bodega~. limpia In ropa
del ami). barre los patios, y hace sus ofi~ios c 10 el mi\·
yor aseo del muado.
~d cuando en cuando intenta alguna de sus perrnía~
antiguas, pero siempre sale burlado y tiene que huir con
el rabo entre las pinnas:
Y a no le queda ni el recur~o de tentar á los frailes en
eus celdas, cumo con tanto provecho lo hacia en otra épo •
ca, porque también esto gém,ro va esca3eando por fortuna y corren maloa tiempos para ellos.
Goebte, que tenía tanto genio corno Dan•e y Milton,
pudo pintar un Satán monstru11so como el qu11 fianra en
la •~idna Comedia» ó P.l del uParaíeo Perdido," pero no
lo hizo; pues comprendiendo la época en que vivía, co•
noc-ió quo habría inc·1rrido en un aaacron1t:1,no.
Tanpoc, le convenía presentarlo zafio y grosero, comó
se lo imnginau los riísticos y los burgueses.
Creó entonces á l\:Iéfistófeles, ó sea un diablo-filósofo,
que es cuanto hay q,1e decir.
Mefibtófeles es uua figura o lioea como hay pocas. El
mismo se llama «espíritu qne dula y que lo nie~a todo"
El Señor ií cnyo trono Pe atreve á acercar3e lo apellida
11pobre bufón malicioso.11
En cambio él, hablando insolentemente del füerno, di•
ce lo siguiente:
0

-De vez en cuando olvido mis rencilll!.S
\' bu.seo al Yiejo v pll\,ica.s entablo.
Ph\ceme que un Señor de campanillas
Trate coll atencióll á un pobre diablo.

¡

Mas ei las gentes lo desprecian y lo o'iian, él paga con
creces ese odio y ese desprecio. Trata al Hombre con soberano desdén y lo llama:
••Dios diminuto del pobre globo terrestre.
«El ser más imbécil de loa que or6 ullosamente llama•
mos seres irracionales.
«Cigarrón que en el campo salta y canta etername~te,
siem¡ire con los miamos brincos y con la misma canción.
«Extraño abismo de extravagancias y locuras.»
Desempel'ia trdo~ los papeles: el de rufián, el de laca•
yo y cocinero. Sufre todos los insultos con diabólica calma y desvergüenza. Fausto lo llama: vestiglo, perro, ex•
cecrable monstruo, traidor, indigno espíritu. Confiesa
sus extraños parentescos; y á la tentadora del paraíso la
llama «mi bueua tia la sierpe.»
Tiene tratos con las brujas y una de ellas lo llama «licenciado en malas artes.»
Y no es sólo al hombre á quien ee le atreve sino á la
humanidad. Está desengañado del mundo y de sus habi•
tantee y en un rato de decepción exclama:

PLEGARIA EN .LA ACROPOLIS

h nobleza! ¡oh be·

lleza sencilla y verdadera! Diosa cuyo
cullo significa razón
y sabiduría; tú, cu·
yo templo es una
eterna lección de
conciencia y de sin•
ceridad; tarde llego
al umbral de tus
misterios; traigo á tu
altarmucbosremor•
dimientos. Para eu·
contrarte he necesitado infinitas investigaciones. La
iniciación que tu concedías al ateniense, al nacer, con
una sonrisd, yo la he conquistado á fuerza de reflexiones,
á cost1 de largos esfnerzos.
.
Francamente
Nací, diosa de los ojos azulee, de padres bárbaros, en el
hallo hoy el mundo tan malo
país de los Cimmerianoe buenos y virtuosos qne habitan
cual parecióme otras veces.
Compasión me dan, no envidia,
en la orilla de un mar sombrlo, erizado áe escollos, Mmlos hombres y las mujeres;
batidos siempre por las tempeEtades. Apenas se conoce
y ya rentar me repugna,
allí la luz del sol; las flores son los muegos marinos, las
Señor, A t:sas pobres gen tes.
algas y las conchas de colores que se encuemran en el
Tudo el mundo conoce el traje que lleva el Tentador, fondo de las solitaria~ baldas. Allí las nubes parecen sin
por haberlo visto en la obra maestra de Gounod, ¡qué color, y la misma alegria es un tanto triste; pero allí ma• distinto de aquel que aun solemos ver en las loas que re' nan de las rocas fuenree de agua fría, y los ojos de las
preeentau en los barrios, en las fiestas del mes de·Diciern- jóvenes son colllo esas verdes fuentes dondtl se mira el
bre, hediondo, echando llamas y truenos.
cielo sobre fondos de hierbas onduladas.
Mis auteceeorea, los más remotos de que memoria ee
·
El progreso [dice]
conserva, emprendían navegaciones lejanas por mares
que todo lo pu le y lame
llegó hasta el diablo. Aquel monstruo
qul!l los arg,máutas no conocieron, Yo oí, cuando era
del septentrión, presentable
joven, las canc1oues de los maret1 polares; fuí mecido con
está. ye.. Garras y cuernos
el r~cuerdo de los hielm, flotantes, de los herwosos mamodas i;on de otras edades.
res que parecen de lecbe, de las 1slas pobladas de pája·
El se presenta en traje de sociedaa, olieudo á ambar, ros que cantan á sus horas y que, cuando emprenden el
chancie,a, esquivo y al mismo tiempo serio y circunspec- vll.elo todo3 juntos, oscurecen el cielo.
to. Quien lo viera por la primera vez diría: ese es dandy.
Sactrdotet! de un culto extraño, procedentes de loe
El úuico defecto que tiene es que claudi,;:a. ¿Pero, acaso siitos de .Palestina, cuidaron de educarme. .i!:alOs sacer·
no han t:laudicado en el mundo también By1on y Talle y• notes eran sabios y santos. Me enseñaron luengas hiatoraad? Yo por mí, gueto más de MefisLófelea que del obi~- ria , de Cronos, creador del mundo, y de su bijo que, se•
po de Autún.
1,uu se ú1ce, bajó á la tierra. Sus templos tienen tres
¿Sabéis quien era Byron? Ya os lo diré alguna vez.
veCéS la altura de los tuyos ¡oh Euritmia! y ¡n1recen
03 contaré qne en eus orgías apuraba sus viuos eu crá· selvas;
pero no son tan sól1doa; se derrumb&lt;1n al cabo de
neos d~ cadáv.ires¡ os diré que gue;aba de quti las gentes lo quin1ento,
ó seiscieutos años, fantasías q.e bárbaros que
tomasen por un vampiro, y que eu sus extravagancias creeu potiible hácor bien algo bueno fuera de Ji1,s reg,as
hacía tales cmas que si no lo era, merecía Bt:rlo.
que tú has trazado á tus inspirados, ¡ol, razóu! l:'ero
Sigamod con 1\1,,fiatófdles una de sus diabluras más di• i.quelloe templos me agradaban; yo no habla e3tudiado
vertidas, aquella en que una ve.1 disfrazado con el traJe tu divino arte; encontraba al11 á Dios. Allí se cantaban
doctoral d., Fau~to, ewbauca á un pob•e estudiante que cán,ic...sde que me acuerdo todavía. 11::,atv" estrd1a de los
ha recurrido al maestro en busca de leccioned y de con...... reina de los que gimen en eüe valle de lágri·
sejos. Al oírlo cree uno ver encarnados el eecepticiamo mares
mas,» ó bien, 11Rosa mística, torre de marfil, casa de oro,
y la ironía en el cuerpo de un 1ubio.
estrell.i matutina.... .. n Mira, diosa, cuando recuerdo esos
La Ló6 ica, le dice al inocente jJven, prilsta apretados cánticos, mi corazón se conmueve y casi soy de agrado
borcegmes para deguir con su ayuda la senda d~t pensa- apóstata Perdóname ésta niñería; no puedes figurarte el
mitmto. Cvn sus úiticultosas lecciones se aprend" que eucanto que los magos bárbaros km puesto en esos ver·
las cusas más fáciles, como son comer y doruur ó reHpi· sos,
y cuauto me cuesta seguir a la razón toda desnuda.
rar, hay que observarlas coa minucioso in~rtls, por uno,
Y además, ¡si supiéras qué difícil ha llegado á ser ser•
por dos y po.r tres.
virte! Ha desaparecido toda noble za. Los escicas han
Hace tle ese arte una erítica tan fina, que es difícil se
el mundo. Ya no hay república de hombree
guirlo en la hitación de sui idea~; y despue3 de agu· conquistado
libree; no hay más que reyes salidos de charcos de san·
dis1mos saetazos, y de encumbra1 el arte al que lo3 Esco
lásticoe eran tan aficionados, termina beatamente hablan· gre, majestades que te harían sonreír. Pesados biperbó·
do, del Naturci enchei rel1'in, que es la ciencia que proclama re&gt;B llaman ligeros á los que t e t1irven...... Uua terrible
pambeocia, uua liga de todas Jas tonterías extiende por
la nada dd saber.
A la Metafídica la llama ciencia omnipotente que babia el mundo una losa de plomo que aboga. Hadt.l loe mis
moa que te honran, ¡qué lástima deben inspirarte! ¿Tc,
de todo aquello que no enteodemod, y la que a falta úe acuerdas
de aquel caledonio que hace cincuenta años
luz da nowbres riu.1bombaute3 á l;1s cosas wáe obscuras,
para salir de apuros y dar aspecto de sabios á los que se destrozó tu templo á war~tllazos para llevárselo á Tulé'l
Lo prJpio han hecho todos ...... !:fe escrito, segúu algu
uedlcaa á su eemdio.
T,eue á la Jurisprudencia por ciencia ruín, y á las leyes nas de Jas reglas que tú amas, ¡oh Teonea! la vida del
por una epidemia .iterna, por la cual la razón más fuerte joven diva á quien serví en mi 1ufancia, y me tratan co
mo á un .evcÍmero; me escriben para preguntarme qué
sti con vierte en sin razón.
Resptlcto de la Tc,.Jlogfa, aconseja á su discípulo que si, objeto me be propueeLo; no estim;1n m1s que lu qué sirve
en oc..~1ón solemne y i,n ,nala llora, lti falta una idea para hacer fructificar sus·intereses. ¿Para qué escribe
ta vida de los dioses ¡oh cielo! ei no es para nacer amar
para ven•JH á su advtlrsario, invente una palabra sonora,
Jo divino que hubo en ellue, y para mostr1&gt;r que eso di
que así saldrá del paso.
C,iando
le oye hablar dsi la Medicina, no sabe uno vino vi ve toiavía y vivirá eternamtmte en el corazón
si es el diablo quien perora, ó si es -'!l:oliére, quien como de la humanidad?
¿Te acu~rdas del día, bajo el arcontado de Dionisidoro,
es sabido, te01a inquina á loe médicos y se burlaba de
en que arisco judío, que hablaba el griego de los sirios,
ellos y úe su arte cou gra~ia inimitable. Oigámoslo:
vino aquí. recorrió tus átrios sin comprenderte, leyó tus
Sóis bien !orma1o y galan,
inscripciones al revé3 y creyó encontrar ~n tu recinto un
emprendedor y dhtpuest.o;
altar uedicado á un dios que sena el Dios desconocido? Pues
flnct en vos mismo y p1·esto
todos eu vos contiará.1L
bien: aquel judío se lo llevó; durante mil añ-Js se te ha
De la mujer, sobre todo,
tratad&lt;&gt; de ídolo Job verdad! Durante mil años el mundo
ocup.\o:s: :-:,Us lamentos,
fué un desiertu donde no germwaba ninguna flor. En etitl
sus u.yes, sus a.~pavientos
todos se curan de. un modo.
tiempo, tu callaba~ ¡oh Salpingel clarín dd pensamiento.
nusc.ld término pruJent,,
Diosa del orden, imagen de la estabilidad Cdleste, era un
entre el resµeto y Ja a.uclo.cia
delito amarte, y hoy, qi;c á fuerza de paciente trabajo,
y CC'll esa dtplnmác·la
vuestra e~ la hermo."8. cliente.
btimos conseguido acer..:araos á tí, se nos acusa de haber
'l'1tulo ,lcbéls tener
cometido un crimen coutra el espíritu humano, rom·
que os inicie en :su fn.vnr.
pien:io cadenas que no tenía Platón.
JJl'Oban lo que es sup,rior
A t.odos. VLh.!stro saber;
¡Tú sola ere3 j ,van! ¡ob &lt;Jora!; tú a 1la ere3 pura! ¡oh
y ya portéb i11t?11tnr
Virgen!; ¡t·.í sola eres sana! ¡oh Higial ¡tú eóla eres fnPr·
sabrosa, galanterlas
te! ¡oh Victoria! iTtÍ guu las las ciu l.\ ld1I ¡011 Proque otro~, tras largas poríia.~,
110 se atre\'en ni á snfia1·.
macoel; tú tienes lo qne ea bueno d3 Marte, ¡oh Ares!;
~in temor á. ~us enojo~.
¡ la paz 03 tu objeto! ¡oh Pacifica! L~gisladora, fuenttl dd
cna.n,·lo la pulsJ.is, re:-;uel to,
las con-tituciones ju~ta~; Dem,nrllcia, (*) tú cuyo dogma
oprimid el brazo c~belt&lt;J,
flechítnrtule bien los ojos:
fundarnflntal es que todo bien prJced~ del pueblo y qne
y ~¡ n men.~ua. &lt;le ~11 honor,
a•lí donde no hay pueblo para nutriré inspirar el genio,
1»1lpnd con mano ligera
no hay nada, ens~fl.anoe á e xi.raer el diamante de las musi A la mórbirla ca fer"
110 molesta e I ceil ldor.
cbeiumbres impuras. Providencia de Júpiter, divina
obrera, madre dtl toda industria. protectora del trabaY en ese mismo estilo ee bnrla rle t'ldo y de todos.
Algunos comentadores creen que Goetbe, al -:rear esta jn ¡oh Erganea, tú que haces la nobleza &lt;lel trabjador ci·
vilizadu y lo pones 1an ¡i ,r e11c111rn del perPzoso escita¡
estrada fig,ira tuvo m11y presente al filósofo de Feruey,
s~biduría, tú á quieu Zeu! engendró después de haberse
el ccÍlebre .Francieco María de Arouet.

ª"

ª"

1

RA)[ÍN

Junio do 18!li.

A.

S.U,\7..\R,

(*) AOITNAE AIHIOK PATIAE! Le Ila$ fa•cr. T. 32!

DOMINGO Ir DE JULlO DE r897

replegado sobre sí mismo, después de haber respirado
profundamente; tú que habitas en tu padre,.enteramente unida a su esencia; tú que eres su compafl.era y su
conci!lncia; Energía de Zeu8, chiapa que enciendes y
mantienes el fuego de los héroes y loe hombree de genio
haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día e~
que los atenienses y los rodios lucharon por el bacrificio
tú elegiete habitar entre los atenienses, por más sabios'.
Tu padre, sin embargo, hizo deFCender á Plutus en una
n~be de oro sobre la aiudad de loe rodios, porque tamb~én ellos ha?fan rendido homenaje á su hija. Los ro•
dios f~eron neo~; pero loe atenienses tuvieron el ingenio,
ea dec1r, el verdadero goce, la eterna alegría, la divma
infancia del corazón.
El mu!)dO no se ealvaráFino volviE:ndoátí, repudiando
sns afic10nee bárbaras. ¡Corramos, vengamos unidos!
1Qué hermoeo día aqui,l en que todas las ciudades que se
han apoderado de trozos de tu templo, Venecia, París,
Londres, Copenbag11e, reparPn sus robos, formen teorías
e~gradae para devolvert&lt;&gt; los fragmentos que poseen, di•
c1endo: «¡PerdónanoP, diosa! los hurtamos para salvar
los de loe malos gE&gt;nios de la nocbtJ,» y reconstruyan tus
muros al eón de la flauta, para exµiar el crimen de Lisandrol Después irán á Esparta á maldecir el suelo don·
deexistíó aquella maestra de eornbrios errores é insultarla porque ya no existe.
'
Fi!~e ea tí, resistiré á mis fata lee coneejeroe; á mi escept1c1smo, que me hace dudar del pueblo· á mi inquie·
tud de ~sp.íri~u que, babie!1do encontrado ya lo verdadero, me mc1ta á buscarlo aun; á mi fantasta que después
que ha falla~o la razón, me impde ebtar en reposo. ¡Oh
Arquegetal ideal que el hombre de genio encarna en sus
obra~ maestras, mejor qµiero ser el último en tu casa que
el primero eu ~lguua. Sí, yo me asiré al est1lobato de tu
templo, yo olv11~ré toda dieciplina que no sea de la tu•
ya, me haré e.stihta sc,bre tus columnas, mi celda estará
sobr~ tu a1qu1t.rave. Y lo que es más difícil! por tí se·
ré,. s1 puedo, mtolerante, parcial. No te amaré más que
á t!. ~oy á aprender tu lengua y á olvidar lo demás. Se·
ré I~Ju~to para lo q~e no sea tuyo; me haré el servidor
&lt;l;el ultimo ie tus h1¡os. A los actuales habit,mtes dP. la
tierra que das á Erectea, lt,s exaltaré, los halagaré. Tra•
taré de amar has1a sus defectos; me persuadiré ¡oh fli,
ppial de que descienden de los cab11leros que 'celebran
allá arriba, en eJ marmol de tu friso, su eteroa fiesta.
Arrancaré de m1 corazón toda fibra que no sea razón y
arte.. Dej111é de arnar m\senfermedades, de complacenne
en .~1 fiebre. So~tén m1 firme propósito ¡oh Salutarial
ayuaarue, ¡oh, tu que s,1lva~!
¡Cuántas dificuhades preveo, en efecto! ¡Cuánttls hábitos morales tendré que cambiar! ¡CJántos encantadores recuerJos deberé arranJ~r de mi corazóu! Lo intentaré; pero no esto.v segur.¡ de mí. Tarde te be conocido
belleza perfecta. T,mdré retrocesos, debilidades. Una fi'.
Josufía, perversa, siu dud 1, me ha ~echo creer que el bieu
y el 1ual, el placer y el dolor, lo bello y lo filo, la razón y
la locura, ee transforman unot1 en otros por matices tan
indiecerni ble~ com•&gt; los del cuello de la paloma. ,\Jo amar
nada, uo odiar nada abso lu amente, llega á Fer fabiJu.
ría. Si una wciedatl, si una filosofía, si una religióu hubiera post~d&lt;_&gt; la v.irdad abs~luta, esa sociedad, t'B.i filúeoHa, esa rehgióu babrla venc1d" á las demás y viviría sola en el ruomento pre::ente Todos !Ge que basta aquí
han creído tener razón se hau eugaílado: lo vemos clarame~te. ¿Pode.moa, sin loca presuLción, creer que el porvemr no nos Juzgar~ como nosotros juzgamos el pasado?
He aquí las blasfemias que me su~iere mi espíritu pro.
fundamente viciado. U ua literatura que, como la tuya,
fuera 6ana de todo punto, no causaría ahora más que tll•
dio.
Son~eís de mi candid~z. Sí, el tedio ...... Estamos co•
rromp1dos: ¿qué hacer? iré más le¡os, diosa otordoxa· te
diré la depravación intima de mi corazón. No ba~tán la
razón y el buen sentido. Hay poesía en el Estrimon belat.lo y en la ewbriaguez del Tracio. Vendrán tiempos en
que tus discípulos pasarán por discípulos del fastidio. El
wundo ea !DªS grande de lo que tú crt!,•s. Si tú hnbieras
visto las me ves del polo y los misterios del cielo austral
tu frente, ¡oh &lt;liosa siempre tranquila! no estaría tan se'.
reua¡ tu mente, mas amplia, abrazaría diversos géneros
de belleza.
Ttí eres ,·erdadera, pura, perfecta; tu mármol no tiene
man?ba; pero el templo de Hagia- Sofía, qub está en Bizanc10, produce también un E&gt;fecto divino con sus ladri
llos y HU yeso. Es 1!1 iwagen de la bóveda del cielo 8J
d~splomará; pero s1 tu Cdl,, pudina eer ba-tame amplia
para contener una rn~ltítud, también se desplomaría.
Inmenso rí~ de olvido. nos arrastra á golfo bin nombre.
¡Ob abismo, tu eres bl Dtod únicu! Las Jtigrimas, los suef os de todos los sabios encierran una parte d~ verdad.
· r'.1do no es aquí aba¡o más que Eímbol" y snf'ño. Los
dioses pasan como i?B hombre•, y no sena bueno que
íue~eu etern.,e. La t.i qne se ha tenido no debe nunca
eer una cade!1ª· QL1edamos en paz con ella cuando fa envol vemos cu1dadodamenLe ~a el sudario de púrpura en
que (ju~rmen loe dioses muertos.

ORO-EBANO-NIEVE

I
¿Vt's Pete rizo rubio, f'B mi tPsoro,
ea nn recuPrdo de mi edari primera·

me lo tiñeron de color dE&gt; oro
'
los fulgures ó.e un sol de Primavera.
Cuando Fe acerca la ePtación florida,
loe capullos revie11tan en fragancia,
y t-n la épora primera dfl la vida
todo lo alegra d G~nio de la [nfancia

29

EL MUNDO

Acéptalo. Yo espero que te cuadre
este casto amuleto de cariiio
que hallé entre las reliquias de mi madre
y que ella me cortó cuando fuf niño.

II
¿Y ves esta guedeja de cabellos?
¿Quién loe pintó de obscuro, ensueño mío?
El sol que loe bañó con eua destellos,
no fué un sol tropical, un sol de estío?
¡ Ah I tal vez los tifleron los dolores:
amé por vez.primera áloe veinte afioe
y anidó en mi alma, entre marchitas flores,
el ave de los mustios desengaños.
Acepta la guedeja que he arrancado,
ea igual á tu trenza que conservo,
es negro su color, abrillantado
como el plumaje fúnebre del cuervo.

III
Y hoy... comienzo á llorar, siento congojas....
ni una flor en el alma, ni un retoño!. .....
Mis canas al brotar son secas hojas
que me anuncian la entrada del Otoño.
Ellas son el recuerdo que te dejo
al separarme triste de tu lado ........ .
Ay! cuando torne, me hallarás más viejo,
de la mundana lucha más cansado.
Ya se acerca mi Invierno; y en Invierno,
dime: qué árbol su follaje salva?........ .
Si vuelvo á tí, tras de sufrir eterno,
que no te espante mi cabeza calva!
JuA~

:B. DELGADO.

Julio de 1897.

MltLODIAS

Empieza el sueño á acariciar mis sienes:
vapor de adormideras en mi estancia;
los informes recuerdos en la sombra
·cruzan como fantasmas.
Por la angosta rendija de la puerta
rayo furt:vo de la luna avanza;
ilumi¡;¡a los átomos del aire;
se detiene en rqie armas.
Se cerraron mis ojos, y la mente,
entre loa euefios, á lo ignoto se alza;
meciéndose en loe rayos de la luna,
da formas á la nada.

Y ve surgir las ondulantes costas,
las eminencias de celeste Atlántida,
donde viven los genios y se anida
del porvenir el águila.
Allá rima la luz y el canto alumbra,
aire de eternidad alienta el alma,
y loa poetas del futuro tiemplan
las cristalinas arpas.
Auroras boreales de los siglos
Allá se encuentran, recogida el ala;
como una antelia vese el pensamiento
que gigantesco se alza.
Allá los Prometeos sin cadenas
y de Jacob la luminosa escala,
allá la fruta del Edén perdido,
la que el saber entraña.

Y el libro apocalíptico, sin sellos,
suelta á la luz S\18 misteriosas página11,
y el Tabor del espíritu eu cima
de entre la niebla saca.
Y allí el Horeb de donde brota puro
el casto amor que con lo eterno acaba;
all.1 está el ideal, allá boguemos:
dad impulso á la barca.

Despertéme azorado ... ¿Y ese mundo?
¿Para volará él en d6nde hay alas?
lnterrogué á las sombras del pasado
y las sombras callaban.

OR qué Eerá? Se diría que en
rada vibración hay un lamen•
to, un lamt'nto de tibra des•
garrado, un lamento como un
grito de corazón que siente la
mordedura de diente venenoso.
Me detengo, y á la sombra
de los soberbios edificios escucho, yeecucho embelesado,
2quf'llas enérgicas notas que
sube~, vuelan, vi.bran en las calies y se derraman en loe
espac1óe, en lluvia de sonoridades.
¿Pcr q1_1é serit? ~e hablan al alma. Tienen arranques
de energ1a, la claridad, la poteIJcia de luz diáfana que en
todas la~_auroras besa loe campos dilatados.
~a un imán. He visto muchas gentes clavadas ante el
luciente órgano; las be sentido enspirar como si del fondo·de eue espí~itus s1:ugieran vahos melancólicos, y más
de una rem101ecencia ba hecho humedecer las pupilas
secas, po~ el fupgo de las humanas pasiones.
Armon 1a ..Armon.ía que palpita, que domina, que exalta, que de~p1erta mtl recuerdo3 y q11e trae de quién sabe qu~ regiones, perfnrnes que fueron, perfumes de épo•
cae bnllantes como un día de sol radío~o.
. E~ capricho. Arte que 110 reconoce reglas. Que desprecia sendas, que Fe desborda asf, inconsciente, cual si fue•
sen las numerosas agua3 de una catarala.
¡Oh! yo amo la armonía d~I viento rugidor; yo amo el
trueno retumbante que castiga con ci11tan1zos de fu¡,go
las rebeldes nubes; yo amo el sublime canto de la na~u•
raleza, porqu.~ am~ la libt'rtad, fdolo de log fuertes, porque amo la v1brac1ón del clarín, sfmb lo de los grandt-s.
Por eso, los deshtreriadoA de mundanos doneP, los po.
d r I o• de ~·Ma~ón y alma, 1 or, n, 1loran cuando e I gemido de u.n.triste organo su~urra al oído glorias que pasaron, fehc1dades como flamas engañosa•. Dios los be»dic¿ en cada p.upadeo de Jas estrellas ..... .
MANUEL

VIAJE DE LA LUZ

l\f.

Or,TYER.

PRODIGIOS DE LA FE

Millares de ~e!llploe cua_iadoe dE&gt; agujas,
cnal obrn de vre¡ae y mágicas brnjas·
altares brnñi&lt;lns de mármoles y oro '
qne gn:irdan divino y !'terno tesoro-'
sublimes pl~gari.;s Aubiendo á los delos
grandiosas id1-aP, afanes, desvelos·
'
pinturaq y f'At,it.nas do el arte reln'mhrn,
poemas snblimeA, hoguera que alumbra
gloriosos martirios, heroicas victoria~ '
que han dado áloe puebloq laureles y glorils·
loe mundos unidos por máglc1 Ja,.o·
'
las agnae unirlRR en íntimo abrazo·'
lo~ astros mPn.idoe, los marE'R dom;dos·
los rayos ba_j'lndo del ciPlo apagados; '
los reyP~ caidoP., In• nneblo~ ne pie..... .
todo esto en el mundo lo ha hecho la fe.

V tCEIITE Gm1.

Pero el rayo de luna ya subía
del viejo estant~ á las poi voeae tablas,
y ,alll.iendo los lomos ele loe libros,
en sus títulos de oro se miraba.
JOAQUÍN

GONZÁLDZ CAMABGO.

LAGRIMA

A.ngel de mi terrestre paraíso,
estrella de mi noche funeraria,
arrullo de mi sueño desolado,
música de las selv.ae de mi. pa•ria,
tórtola triste
como una lágrima,
sombra de mi reposo,
¿adónde va tu alma sin mi alma?
Vibración de mi espíritu, l\rmonioso
impulso de mi carne fatigada,
atmósfera celt:ste de mi vida,
cuwbo de mi existencia solitaria,
mitad errante
.
de mi esperanza,
Ya no te ven mis ojos.
¡Allí que:ió tll al!na sin mi alma1
Patria de llíis risueñas illleioneE,
pupila de mis ojos arrancada,
caricias de mi watlre enternecida,
descanso ¡ay I de la feroz batalla,
templo caído
de mi p1egaria,
en la tierra, en el ciclo,
¿adónde irá tu alrua sin mi alma?
Muda como los cráneos de la fosa,
eola como el de~ierto de la pampa,
lllu1,tia corno loe sauces del sepulcro,
triste como la última mil'ada,
cotno uu sollozo,
corno uua lág{'ima,
¿así quedó tu alma sin la rufa'!
A11í 1¡,uedó mi alwa sin
alwa!

,u

RICARDO GL"f[ÉBREZ.

FRAN2UÉZA.

-¡Oh 1, ¿qué te dice el corazón, soldado,
al ver e l eotandarte enarbolado,
gloria del regimiento,
baüc,ndo coutra el asta desplegado?
-1:'ues si q11eréie que os diga, mi t1argento,
la verdad pura y llana,
&lt;mando veo ff.otar aquella lana,
me dtce el corazón: ¡ bace b!len viento!
N1coLJ.s :\.u¡;usro Go~ZÁLEZ.

�EL MUNDO

30

ENGAÑO SUBLIME
· Por lb)aría S!escot.
NUMERO I7,

se deslizado sobre el1a sin tocada. Carlota se beneficiaba á verl He aqui que soy por segunda vez su yerno! r&lt;&gt;r
con el privilegio que tienen ciertas mujeres de embelle· cierto que es una hermosa suegra!
Tristes esponsalee fueron aquellos, y D!i podía ser de
-Martín, dijo Jacobo con un tono grave; acabo de de•
ceree envejeciendo. Sus pesadas trenzas de cabellos ru ·
otra manera.
jar
á mi primo en un estado vecino de la desesperación.
biaceos y los vivos colores de su tez burlaban los estragos
Los criarlos habían hablado, la verdad era conocida Y
Vos habéis infligido á una familia honorable, de la cual
del tiempo.
en la ciudad de Pontarlier se elevaba un grito de indigestoy orgulloso en formar parte, una afrenta tan inexpli·
El sefiQr y la sei'íora Duvernoy la recibieron afectuosa•
nación.
cable como inmerecida. Yo no puedo permitiros que tra•
mente; Lila, arrojándose en sus brazos la mantuvo estre•
-Ved á esa Santa Nitouche, decía con desabrimiento
téis ligeramente delante de mí ese penoso asunto, tanto
chamente abrazada. Carlota devolvió á la joven sus ca·
la señora Metroz á la señora Ribaudet. ¿Qué tal repremás cuanto que en esa lamentable historia hay en mi sentir
ricias pero no pensó en interrogarla, demasiado urgida
sentó su papel, eh? Jamás en público_le dirigía la palabra;
cosas obscuras; yo no comprendo, yo, yo ...... no veo......
como estaba por hundirse en la novela de la trinidad plareservábase para la intimidad. Y nosotros que nos dejá•
Leódice le interrumpió:
tónica tan lamentablemente interrumpida ocho afios an•
bamos engañar por su aspecto de modestia!
-No prediquéis Sommeres; la predicación no le resultes. Además, ¿para qué interrogar? ¿Para qué obligar á
-Felizmente, replicaba la sei'lora· Ribaudet, el señor
ta á un viejo diablo como vos. Yo he hecbo una barba·.
Martín es un caballero; ee sacrifica para reparar su falta, la culpable ~ renovar la humillante confesión?
ridad, convengo en ello; pero sufro sus consecuencias:
Seis días antes del matrimonio, Jacobo de Sommeres
lo cual es muy bello de su parte, po1que podía pretender
no se puede pedirme más. Si vos no veis, C&lt;'mprad len•
dejó inopinadamente los Pirineos y volvió á Pontarlier.
un partido más brillante.
tes! Solamente que habréis de escogerlos de vidrios
Apenas llegado recibió la visita de la tía Fourneron,
Aquella blanca reputación de señorita era entregada á
negros, es un consejo de amigo. Hay circunstancias en
que
entró sofocada:
todas las maledicencias de las mujeres, á todos los groque es preferible no ver demasiado claro. Y dicho esto,
-Supe tu llegada, mi querido amigo. Tú ignoras la
seros quulibetN de los hombres, á todas las bromas obcelamentando no poder gozar por más tiempo de vuestra
vergüenza de nuestra familia y he querido se::: la prime•
nás de los cafés. Nadie pensaba en dudar de una falta
compaf'Ha, por que estoy sumamente ocupado, os aoan·
raen hacerte.saber esta lamentable historia; ~s un golpe
que la culpable misma cónfeeaba.
dono.
Para los unos, Lila era una naturaleza viciada; pjlra la horrible pa.a todos!
Jacobo volvió á su casa maldiciendo la pícara inspiEntonces se explicó refiriendo lentamente la triste
mayor parte una muchacha babi!. Ella respondía con un
ración que lo había llevado á Pont.arlier.
silencio obstinado á las reprensiones de su madrina, con- aventura con sus incidentes, y sus peripecias.
-Qué he venido á hacer á esta galera? se decía. Y&lt;&gt;
Un poco de compasión hacia temblar la voz de la vietemplaba con mirada fría el exceso de indignación de
eetaba tan tranquilo!
la tía Fourneron; _soportaba las sonrisas depectivas de la ja dama.
Su convicción ahora era absoluta. Había en ese di ama
-Pobre chicuela, carece de madre: Carlota tenía el esseñora Metroz, los epigramas de la señora Ribaudet, las
un lado tenebroso que él pem,traba sin peDa, perc, algumiradas de conmisceración de la buena señora Bertin, y píritu demasiado estrecho par-a que su vigilancia fuese nos de cuyos detallls se Je eecapaban. ¿Por qué Lila no
más reconcentrad I que nunca d~jaba correr el tiempo .&lt;.1~- eficaz. Seguramente en esos países de oriente fue donde lo Dt'gaba? ¿Bajo qué presión, bajo qué amenaia ~asumía
la niña se pervirtió: una corrupción semejante debe ve- ella la falta de otra? El no pndía adivinarlo bien, aun
cesario para los preliminares del matrimonio.
Loa regalos más ricos le fueron llevados; pero con un nir de lejos. Pero es preciso que me acompafies á casa cuando creía en su inocencia. Por su parte ¿qué podia
gesto de repulsión los rechazó sin dar una sola mirada á de Fernando, le debes esta muestra de simpada, y ade- hacer? Inmiscuirse en este imbroglio le espantaba.
más, debes ser forzosamente uno de los testigos de e~te
los encajes y á los di!unantes.
«Comprad lentes negros, había dicho bruscawente su
Su padr~ la miraba con una atención severa; él atribuía trhte matrimonio.
ex-amigo, hay casos en que es preferible no ver dema•
Jacobo, cauteloso, permanecía inmóvil. La primera siado claro.» EEOs casos no son los en que la verJad, la
su sombría tristeza á la vergüenza y al remordimiento ...
Algunas veces, sin embargo~ le causaba piedad esa pobre suposición persistia en su espírüu:
rectitud y la conciencia tienen que luchar con el teuior
-Hay otras mujeres en la casa, dijo.
muchacha y se sentía ten_
t ado á abrirle los brazos; pero
delas complicaciones, el fastidio de ocuparse de los ne•
-Omis mujeres! No, no hay otras mujeres. No Ee pue• gocios de los otros y el terror de las responsabi!Uadee
ella no imploraba perdón ni indulgeI1cia; parecía, al contrario, rechazar el u.no y la otra, evitando con un cuida• de contará las criadas; un hombre como ·el señor Mar• con que hay que contar, y por fin, el egoísmo de un soldo feroz toda converrnción con el padre ofendido. No tin no se hubiera comprometido por una recamar.,ra, la terón. Pues bie11, st, él compraría lentes negros, ó mesalió de su entorpeciwiento sino para escribir á la aya habría hecho ir á su casa. En cuanto á nuestra admira- jor aún, cerraría los ojoe.
que la amaba siempre. La cana fué amarga, extraña, ble prima Beltrana, está por encima de toda suposición.
XLIX
Ila sido perfecta en esta triste circunstancia, perfecta C0•
casi cínica.
«¿Habríais vos creído, sefiorita, que vuestra Lila era mo lo es siempre.
Leódice continuó su camino más inquieto de lo que
-Vamos á casa de Fernando, dijo J acobo bruscamente. habría convenido parecerlo. Había hecho frente al peliuna hipócrita. una muJer deprava:la?
Encontraron al pintor en un abatimiento del que no gro con su habitual habilidad; mas ya solo, di:jaba que
«Mi padre ha encontrado un hombre en mi pieza: el
matrimonio se imponía-. Realizo, por lo demás, un nego• salió sino con un estallido de cólera.
arrugas cuidadosas plegaran ea frente.
-¡A.hl Jacobo! Jacobol parece que vos oonocíais áese
cio muy ventajoso. Tuve la fortuna de enqontrar al ~eEi:1te imbécil ha adivinado el enigma, de otra suerte no
flor Leódice Martin, un verdadero heroe de novela, mu- miserable! ¿Cómo no me habéis prevenido? Yo no lo me habría hablad.o así-peneaba.-Si revela la verdad al
chas veces millonario, y que sin embargo consiente en hubiera dejado entrar en mi casa.
sefior Duvernoy, qué prueba puede dar en apoy&lt;&gt; de Sil
-Pero él repara, dijo la eeñora Fourneron.
aserto? Vacilará antes de comprometerse en este fastireparar sus errores.
-Repara!. ..... y qué puede reparar? Hay momentos dioso asunto; no importa; será pru@en\e advertirá mi
«Oh, C.irlota! yo había pensado siempre que en ese
día solemne vos veµdríais á reemplazará la madre ausen· en que me veo tentado á arrojarle su reparación á la ca- aliada; Bll una mujer inteligente y se pondrá sobre aviso.
Se dirigió á casa del pintor; llegado á Ja puerta se de•
te cuya ternura vos sólo habéis suplido. Pl:!ro creía tam· ra, con todo mi desprecio.
dién casarme orgullosa y pura...... No sucede así. ..... Y
-¡Gran Dios! exclamó la tía Fourneron es:.&gt;antada, tu-vo. Hablar á Beltrana no era nada facil. Debde el r ei.he aqui por qué, mi respetable amiga, no os invito á mi pues sus instintos casamenteros se le subían á Ja cabeza. llez wus tan dramáticamente interrumpido, el uno y el
matrimonio; será una boda vergonzante enmeaio de la ¿Puedes tú hab!ar así? A pesar de las lamentables cir- otro, por tácito acuerdo, habían evitado todo t&lt;le-á-tétt.
noche y las tinieblas, como conviene á una mujer deshon • cunstancias de ese matrimonio, el señor i\Iartin no deja La partida era dellllasiado importante para correr el riesrada.
de ser para tu hija nn excelente partido.
go de comprometer el éxito con una ligereza.
El U á las seis de la maflana tendrá lugar Ja ceremo-Puedo verá Lila? pre;¡;uutó J acobo.
Así puee, Leódice vacilaba. En medio de me 1e1gher
nia religiosa. En ese día rogad por mí y llorad por mí.
-No lo creo, dijo el pintor. Está encerrada en su cuar- saciones, vió de pron\o á Bdtrana aparecu en la exireto y no recibe á nadie m1s que á su antigua aya. Beltra· mill.ad de la calle. Con trabajo comervó al avauzar hacia
Lilcc.»
na ha salí io para las compras de rig&lt;r. Ella piensa en todc, ella, el aspecto irreprochable que las circunstancias exi·
El aya respondió:
gían, y al saludarla con una trivial sonrisa, con una mi«Lila, querida- mía, asistiré á vuestro matrimonio. Ya No e6. que fuera de mí sio ella!
Jacobo se despidió. Al volver la calle se encontró fren- rada se aseguró rapidamente de que nadie podía o!rle, y
seais inocente, ya culpable, mi corazón maternal no tie•
te á frente de Leódice Martín. Este fué á encontrarle bajando la voz:
ne fuerza para juzgaros.
-Jacobo de Sommeres está en Pontarlier, acabo de
con la mano tendida.
«Espero que el muy honorable sellor Duvernoy y la
verlo; ha tenidc ciertas palabras amenazadoras y ambi•
-Toma!
estais
aquí,
Sornmere1:?
Qué
sorpresa!
Se
de•
misericordiosa sefiora Beltrana, no cerrarán la puerta de
guae, J he comprendido que es dueño de nuestro Bt!Creto.
su casa á su humilde amiga, y el 2-1, en la Iglesia, tstará cía que os hallabais en los Pirineos. lfabéís venido para
No abandonéis VU\'Stra casa y vigilad la correepondencia;·
asistirá
mi
matrimonio?
t,entil
procedimiento
del
que
cerca de vos el corazón solícito de vuestra
que ninguna visita, ninguna carta, ningún billete lleguen
os
estoy
muy
reconocido.
Eh?
Ya
~u
pondréis
qne
vais
á
&lt;hrlota,,,
ser mi primo. Se deja uno en Parfs y se encuentra en á vuestr_o marido sin pasar previamente anié vueetroe
ojos.
La joven se conmovió menos por esta expresión fiel de Pontarlier.
Perdbió al notario que se aproximaba, y alzó la voz:
una inalterable afección, que se hirió por la facili fad con
-También se deja uno en Brest para encontrarse en
-Entonces, eefiora, pue3 que aconeejaia las esmeralque su antigua aya creía en su culpabilidad.
Pontarlier, replicó J acobo.
- En Brest! por qué decis este.? Re por la eefiora Da· das, le daremo~ la preferencia á este adorno.
-¡Ella también!. .. ...... murmur{&gt; amargamente.
Se despidió con el mismo saludo correcto, con la misPocos días después llegó el aya. Esos ocho años habían• vernoy? En efecto, me -ha sorprendido mucho volverla
XLVIII

OOIIINGO II DE Jallo DE' 18sn

•misma sonriea trivial, en tanto que Beltrana, toda páli•da bajo la impresión de su terror, oía apenas al señor
Ribandet que se informaba politicamente del estado de
eu salud.
. Ahl para ella la falta llevaba en sí el castigo; un temor
continuado la oprimia. Sentia dudas ligeras, mal defini•
--dae, pero dudas en fin, nacer en el espíritu de su marido;
y he aquí que era inminente una denuncia.' Qué sabía
.Jacobo? Ella hubiera querido irá él para conjurar el peligro á fuerza de audacia, pero se resolvió á esperar al

-enemigo en eu casa, y siguiendo el consejo de su compli •
ce, á vigilar la correspondencia.
lnstalóse en un punto estratégico. DJsde ahí ob,er-vaba y veía; nadie entraba sin q •1e lo percibiese.
-Cinco días aún, murmuró; cinco días, cinco siglos;
tantas coeae pueden sobrevenir en cinco dfas ....... ..
Más que nunca sentía cuánto amaba su respec/a/,ility
tan dificilmente adquirida, y la soberanía que ejercía
en la población. Pasó el día ein incidente alguno.
Ileltrana velaba eiempre.
Estaba en su puesto de observación el día siguiente,

EL MUNDO

cuando llegó el correo. Dióle una mirada ansiosa, su mano tembló al abrirlo. Bien poca cosa traía; sin embargo,
de los diarios y los prospectos emergía un /!Obre demasiado voluminoso, en cuya parte superior, la palabra Francia, subrayada, llamó su atención.
Respiró. No era del extranjero de donde podía venir
el peligro. Iba, sin más exámen á enviar esa carta á su
destino, cuando, por un último exceso de prudencia, exa•
minó el sello de origen: Hammerfest Norge. ¿Quién escri·
bía de tan lejos?

Como todos aquellos á quienes un pasado dudoso vuelve pusilánimes, volvió ella á tomar la carta y le dió vueltas entre sus dedos; después, resueltamente, la deslizó
en su bolsa, subió la escalera con paso rápido, entró en
BU cuarto y se encerró. Ahi, bien segura tras las made1as
de su puerta, con minuciosas precauciones rasgó el sobre.
Ocho ó diez páginas de una escritura apretada, salieron. Vió la forma. Un grito ronco se ahogó en su garganta, sus ojos se velaron, el nombre que acababa de leer,
radiaba terrible; murmuró: «Felipe, Felipe de A.ubián!,,
Su emoción fué tao grande que, con la mano _crispada,

las hojas de papel se escaparon dispersándose sobre la
alfombra. Casi no pensaba en levantarlas, se sentía per•
dida, vencida, como si el Justiciero hubiese llamado á la
puerta, pronto á entrar.
Poco á poco le volvió la sangre fría y recordando el
timbre de la carta, se dijo que no había razó~ para desesperar.
Noruega! estaba muy lejos Nornegal Dentro de cuatro
días el matrimonio se habría realizado; entonces, an'6
Jo irrevocable quién tendría interéi! en hablar?

Tomó la carta de nuevo, y apresuradamente, con fiebre,
la leyó.
Al principio era un grito de alegría y deliberación: el
grito de un muerto que resucita y que)e levantarse la iapa de su ataúd. Pero á esta alegría, ella, con el entrece-jo fruncido y la mirada dura, no se asociaba. Después,
venía largamente la relación de conmovedoras peri.
pecias por las cuales había pasado el marino. Los hielos
destrozando el I ,drépido, la invernada en esos países malditos; luego, escenas de desolación y de espanto, los compall.eros muriendo uno á uno y él solo salvo, recogido

�1

\
c===3é:2===========================F=L=M=U=N=D=O=================º=º=M=IN=G=O=l=l=O=E===J=-U=L=IO=D=E=-1a¡ 7 =--

por los eequimales, paeando mema y afios bajo míe"ras
chozas, repatriado, en fin, en fin! Y entonces la alegría co•
menzaba de nuevo, con un himno de esperanza. Se en•
contraba á bordo de un brick que iba para Inglaterra.
Luego que hubieee desembarcado tomaría el camino de
Francia.
Escribiendo esta palabra Francia, la maJ10 del marino
había temblado, y aun mirando de cerca, hubiera podido
'\"erse la huella de una lágrima.
Atravesaría por París no deteniéndose más que el tiem•
po necesario para las formalidades de costumbre: hacer
borrar su nombre de la lista de los desaparecidos, dar
cuenta de BU misión, renovar también BU guardarropa á
fin de no dar miedo á su bien amada Lila. Entonces par•
tiría para Pontarlier: tenía sed de volverá verá los úni·
cos Béres que amaba y cuyo recuerdo lo había sostenido
á través de sus rudas pruebas. Acababa con un ruego:
«Que encuentre yo una palal::ra de vos en París, Fer•
nando; dirigídmela luego; decidme que estos siete años
no han cambiado vuestro corazón, decidme que Lila no
Ita·olvidado á su pobre padrino; decidme, ¡oh! sobre todo,
que la encontraré vi va y feliz.»
Beltrana con un gesto brueco ajó la carta. Calculó
mentalmente el tiempo y las distanciae.
-No llegará á tiempo; murmuró, por poco que se deterga en París; pero es importante que el eefior Duvernoy no tenga conocimiento de esta resurrección. Querría
pgnardar al desaparecido.
Encendió una vela y una á una quemó todas las pági•
nas. En el punto en que estaban las cosas, no debía de•
tenerla un vano escrúpulo. Cuando no tuvo ante sí más
que un montón de ceniza negra, volvió á ocupar su puee•
to estratégico.
L

Jacobo no era en Pontarlier el único que ponía en duda el ol'[ioeo rumor. Otra persona también oponía á la
calumnia una firme incredulidad. Era el viejo cura que
dirigía á la joven.
Hay en eso un misterio que no comprendo, pensaba él
f'n eu honradez de sacerdote. Si la nifia fuese acusada de
haber extrangulado á su madraetra, yo no me eorpren·
dería mucho, pero haber recibido á un hombre en su
cuarto!. ........ Vamos, no lo creería aún cuando ella mis•
ma roe lo dijese.
Sin embargo, cuando la víspera del matrimonio la vió
arrodillada en el confeeionario, no pudo \impedir una
aprensión. Ella hizo la confesión de su odio; después se
cayó.
-¿Qué otra coea?-preguntó el padre con una vacilación que no fué duefio de dominar.
Eo ese tribunal donde la mentira es un sacrilegio, ella
levantó la cabeza:
- Vos también, padre mio, habéis dudado de mí.
Habla en aquel pálido rostro una pureza tan luminosa,
que el padre se reprochó su desconfianza como si fuese
una calumnia.
- ,Por qué no os disculpáis? Ella le miraba con ene
ojos graves, en tanto que él repetía su pregunta.
-¿No podéis confiarme vuestro secreto, hija mía?
Entreveía cosas vagas y obscuras, y con su experien•
cia de confesor esperaba poner remedio.
Lila permanecía indecisa, turbada hasta el fondo del
alma por la instante súplica del viejo confesor. No tuvo
fuerzas para rechazar á un confidente tan seguro, tan
tierno y tan discreto. Con voz baja, entrecortada, vergonzoea, habló.
El viejo mostró, desde las primeras palabras, un gesto
de indignación. Había presentido cosas criminosas, una
violación acaso, pero nada tan vil y tan cobarJe. Así,
pues, para asegurar la impunidad á dos miserables, la
inocente muchacha iba á inmolarse. Era toda una exis •
tencia perdida, una existencia de martirio atroz; porque
mejor que Lila, él podía saber las rebeliones de la carne
y las rebeliones del espíritu. Ella iba á inmolarse, sin
que un soplo de amor, de reconocimiento, de compasión,
fuese á endulzar su sacrificio.
-Es imposible, exclamó, no dejaré que se efectúe este
o:.ioeo matrimonio. Hablaré á vuestro padre, hablaré
también al eefior Martín.
-Y si hablais-dijo ella,- mi padre se batirá. Es inhabil para las armas, en tanto que el otro...... ¡oh! Dios mío
vos no lo sabéis; el otro le matará.
_,,.J:n medio de la sombra del confesionario, el padre se

\ 1\

torcía las manos, impotente paraencontraruna solución.
Comprendía bien que una vez despertada la descon·
fianza del marido, ya no se adormecerfa y q ne se seguiría
un duelo...... El ministro de Dios es un hombre de paz;
su religión prohibe el duelo y manda el sacrificio. Cesó
de resistir y de discutir; sin consuelos, sin exhortaciones, com!) aplastado por el hundimiento de aquella jo•
ven existencia, pronunció las palabras de la absolución.
Después, con las manos levantadas en súplica ardiente
-¡ Qué el Dios omnipotente y misericordioso venga en
vuestra ayuda y en vuestro socorro! ¡Qué él os dé fuerza
para cumplir vue;tro sublime sacrificio ó que se digne
salvaros!
Lila lloraba con grandM sollozos, con el rostro oculto
entre las manos. Hacía largo tiempo que había abandonado ,la iglesia y el víejo padre permanecía aún prosternado ante el altar; con toda su fe de cristiano pedía un
milagro á Dios.
LI.

A la hora fijada para el contrato, la aya, espléndidamente vestida con un traje rojo, adornado de cintas verdee, bajó al salón. Movíase ella fácilmente en medio de
este drama, no habiendo comprendido .ni sospechado nada y llevaba á esa situación demasiado tirante su son·
riente quietud.
Leódice, asustado al principio de la llegada de la vieja
señorita, cuya clarividencia temía, no tardó en tranqui•
!izarse. La colmaba de regalos para acabar de cerrarle
los ojos. Ella loe aceptaba con su gratitud expansiva.
Escuchaba sus quejas con respecto á la enigmática frialdad de su novia, y sola con Lila, colmábala de dulces reproches. Adormecía con su inalterable optimismo loe te•
mores que Fernando concebía por instantes. Agitaba
con mil confidencias pueriles la actividad de la eefiora
Fournerón, y así iba de uno al otro, más realmente perjudicial con su inepta bondad que la malignidad hubiera
podido serlo.
El contrato debía firmarse á las diez de la noche y le
seguiría el matrimonio civil, que el alcalde, un viejo
amigo de la familia, había ofrecido ·celebrar en el silón
del pintor. El queria evitar á la niña la vergüenza de la
curiosidad pública y acaso algún insulto cobarde, algu•
ú.a buria grosera.
Leódice fué á unirse á la aya; estaba nervioso, inquie•
to! Temía que á última hora, en una suprema rebelión,
la joven revelase la verdad. Era vano,que hubiese desplegado para conquistará lo menos su indHerencia, todos sus talentos de seducción. Sentíase despreciado y
odiado.
Llegaron loe testigos. De una parte Jacobo de Sommeree y el presidente Bertin; de la otra el subprefecto y el
capitán Kirkampan. La reunión era restringida como lo
pedían las circunstancias.
Beltrana apareció á su vez. Había compuesto su rostro; la mirada dura de sus ojos no dejaba adivinar ni temor ni piedad.
Cuan:io Lila entró con su traje sombrío, él tuvo un estremecimiento de compasión, de tal suerte el rostro pálido de la nifia hablaba de sufrimiento y desesperación.
-Diablo! murmuró el capitán Kirkampan al oído del
subprefecto; toma su vergüenza demasiado á pechos la
pobre muchacha; para todo pecado misericordia.
Comenzó la lectura del contrato, un contrato real en
que loe campos, loe bosques, las casas, loe valoree indue•
trialee y mobiliarios se sucedían en interminable letanía. El señor Ribaudet, tenía al enumerarlos, un tono
de compunción respetuosa, su voz era conmovida y solemne. Más de uno en el auditorio sentíase deslumbra•
do. La alemana juntaba las manos á cada nuevo artícu•
lo y saludaba profundamenkl al millonario. Beltrana tenia loe labios apretados y la mirada febricitante. Sólo la
novia no escuchaba.
Cuando se le presentó la pluma, se puso en pie; durante un segundo hizo pesar sobre la madrastra una mirada
de cólera y de desprecio; después, tornando á su impasibilidad, firmó.
En ese momento subió de debajo de la escalera un ruido extrafio que nadie habría podido definir: gritos, exclamaciones, uno de esos ruidos tumultuosos que acompafian á las catástrofes y loe acontecimientos imprevistos.
Todos loe ojos se dirigieron hacia la puerta ...... El ra•
yo cayendo en medio de la cámara, la blanca Elena ea•
liendo de su.tumba, no hubiesen arrojado sobre loe rostros una expresión más fuerte de estupor.

En el dintel de la puerta, acababa de apatecer un hombre de alta estatura y se mantenía silencioso, con la mi
rada dura y loe labios contraídos por la violencia de la.
emoción. Por fin, con voz angustiosa preguntó:
-Se ha casado?
Nadie le respondió. El repitió:
-Se ha casado ya? por piedad, decídmelo.
-Todavía no, dijo Carlota que sólo conservaba su
sangre fría, no teniendo ningún acontecimiento romancesco, el poder de sorprenderla. Jamás he querido creer
en vuestra muerte, eefior Felipe.
-Bendita eéais, señorita, por esta esperanza. Recibí
vuestras cartas al desembarcar; gracias á ellas estoy
aquí.
El pintor sacudió su entorpecimiento. Avanzó loe brazos abiertos; el marino pareció no percibirse de ello.
-T,memoe mucho que hablar, Fernando; pero ante
todo os pido que suepeadáie este matrimonio. Llego del
otro mundo, loe hlelos del polo me han retenido prisionero siete afioe y ..... .
Leódice lo interrumpió con su familiariaad audaz:
-Loe hielos del polo, mi querido eefior, han eido
buenas personas y os han soltado en el momento oportuno. Estoy contentísimo de tener por testigo de mi
matrimonio al tío de mi novia; habéis llegado perfectamente á tiempo. VJlmoe, si guetais permitirlo, á acabar
de firmar el contrato; después, el señor Alcalde proce•
derá al matrimonio civil. Tendremos la noche entera
para entregarnos á las efusiones de alegría que nos causa vuestro retorno, y mañana á las seis, recibiremos la
bendición nupcial, trae de la cual una silla de posta nos
!lguardará á la puerta de la iglesia. Estando todo preparado así, debeie comprende.", que la·ceremonia de esta
noche no puede eufrir el menor retardo.
Felipe midió de alto á abajo al interlocutor.
-No es á voe á quien me dirijo, dijo:con una voz breve.
Avaozó hacia Lila, la tomo en sus brazos, la atrajo
bacía su pecho. Parecía arrojar á todos un amenazante
reto. El eeñor Duvernoy creyó deber intervenir.
-Este matrimonio, Felipe, no se réaliza en circunetan•
ciae ordinarias.; si lo supieeéie todo, comprenderíais..... .
-Lo sé todo, Ftlrnando; pero tened cnidado de que no
os pida yo cuentas de Jo que habéis hecho con la hija demi pobre Elena, y por qué encuentro abatida de vergüen·
za á eea hija que ella os dejó.
Sus ojos cayeron sobre Beltrana y se detuvieron un
momento. Ah! que bien reconocía á la sirena! Sus presentimientos no lo habían engaliado:
-Si es preciso, dijo, que el matrimonio se efeétúe esta
noche, reclamo cuando menos un retardo de un cuarto
de hora. Quiero hablar libremente á mi sobrina; hecho
esto, me iré como he venido y nadie ~n el porvenir tornará á verme. Lila, conducidme á vuestra cámara.
Ella obedeció dominada. por esa voz que mandaba, por
ese afecto cuya calurosa afección acababa de sentir, Los
dos salieron del salón, dejando en la sorpresa ó la cólera
á los testigos de esta escena.
Cuando se encontraron solos, Felipe sacó de su carte·
ra una carta abierta, y presentándola á la nifia:
-Esp1ecieo que me expliquéis, le dijo, el sentido ocuho
bajo estas amargas palabras que dirigietéie á vuestra aya
y que, ella en su embarazo, me remitió.
Vió que vacilaba en responderle, y afiadió:
-En nombre de vuestra madre, debéis tener confian z \
en mí. Ella me dejó como un sacro legado el cuidado
de protegeros; ese fué su úitimodeeeo, su última súplica. Si he faltado al juramento que pronuncié entonces,
es por que hay acontecimientos más fuertes que la voluntad del hombre. Lila, una palabra solamente: amaie á
vuestro futuro?
-No, dijo ella.
-Entonces, cómo estaba en vuestra casa?
Ella vaciló aún; en el momento de tornarse acusadora,
un sentimiemto de austero p11dor la retenía. El parecía..
leer .en el fondo de su pensamiento, porque replicó:
-En Brest, en otro tiempo, ví á vuestra madrastra;
hace mucho de eso, pero oo lo he olvidado jamás. Ella yel eei'i.or Martín se han am1do. Lila, vos habéis cubierto
con vuestro honor la infawia y la traición de otra.
Ella sonrió como deben eonreir loe angeles, sus grandes ojos sombríos se iluminaron; e;e leal soldado no ha•
bía dudado de ella y, solo, entre todoe, en esta tenebro. sa historia había eabido penetrar la verdad.
-Gracias, dijo ella, tendiéndc.,Je ambas manos.

I

33

EL MUNDO

DO ■ I NGb 11 de JULIO de ,897

El tomó entre las suyas eeae dos rnanecitae tembloroeae, y presa de una profunda emóción, las cub~ió de besos.
-lli pobre niña, murmuraba, mi pobre lllfü\ abando·
nada.
Después, de un salto, se lanzó hacia la puerta.
- y ahora vamos á arrojar de aquí á esos miserables.
Ella mostró una expresión de espanto tan expresiva,
que él detúvose sorprendido.
-~Ii padre lo ignora todo, dijo ella; yo no quiero destrozarle el corazón y exponer su vida. E l eefior Martín
es de primara tuerza en el manejo de las armas; toda la
ciudad ha sido testigo de su prodigiosa destreza...... Oh!
sin esto, habría yo consentido?
Y con una voz que la rebelión de la juventud volvía

cobo de Sommeree fué á estrechar la mano del oficial di•
ciéndole:
-Yo no veo bien claro en este tenebroso asunto; pero
donde tú estás, Felipe, ahí está el honor.

LII
Leódice se retiró seguido de la mayor parte de los
hombree. Loe dos testigos escogidos para su matrimonio, recibieron sus iastrucciooes para el duelo. El les dió
una cita para el día siguiente y volvió á eu casa. Inmediatamente que se vió solo en su cuarto, su rostro cambió, sus piernas se doblaron y ee dejó caer sobre un
diván.
Así pues, babia llegado esa hora nefasta que á r_uerza
de habilidad, de prudencia y de fanfarronada hab1a sabido evitar. Era preciso batirse y batirse con un adversario al cual nada podía intimidar, con un marino babi•
tuado desde la infancia á mirar la muerte cara á cara.
Lanzó un gemido de pena, ~e levantó, marchó vacilan•
do hacia una panoplia y tomó una pisto(a, buscando un

Ella Je mira contristada, y desconfiando de pronto con
Ja susceptibilidad de en corazón lleno de sombras:
- Entonces nada queréis de mí.. ....
El recuerda la primera escena de las confituras, Y dice
sonriendo d11lcemente:
--No, nada quiero de vos, Lila; he obrado impruden·
temente el otro día, como me acontece en las b.01ae de
peligro. E l peligro pasó y he reflexionado. Sois de~aeia•
do joven, bija mía; no podéis aún disponer de vos misma.
He jurado á vuestra madre guardaros, y ahora debo 111·
char contra loe arranques generosos de vuestro corazón.
Así, pues, por piedad solamente fué por lo que iba á
casarEe, y ab.tra que ya no estaba desh,mrada, recogía él
su limosna.
Ella no insiste y él parte dejando á la joven •ma duda
y u na tristeza.
Fdizmente Carlota está ahí; por prim~ra vez en su vida, ha visto bien y juzga lo bien; por la primera ve1. al
remontarse á las regiones etéreas, no ha exm~viatlo el
camino. Adivina que Fdlipe ama á Lila, queed porexca•
so de amor y de delicadeza por lo que rnchaza la manecita quA se tiende hacia él, y cuando b.a partido, C.ulota
se lo dice á. la joven, que Je e3cucb.a con unaeonrida con•
movida y esplendorosa. Da suerte ;¡ue Lila no se toma
el trabajo de examinar las numerosas demandas dél ma•
trimonio que la eeüora Fourneron le lleva cada día.
-Yo soy la desposada de Felipe, dice; y esperaré en
voluntii.d tan largo tiempo cuanto él quiera. Carlota no
ha abandonado la casa del pintord,)DJe ha vudlt&gt; á c.:&gt;•
ger sus hábitos de otras veces. Hace al honorable eañor
Duvernoy, deepuée del almuerzo, la lectura de loe diferentes periódicos, y aún cuando él parece eecuch.arla, su
pensamiento está en otra pute, siempre doloroso y
cruel. Un día, Carlota, con su rufa voz de germana lee
en loe hechos diversos lo siguiente:
«Leemos en la GJ,c,ta iút .l[ediodia:
«Un acontecimiento tan misterioso como trágico ha
ensangrentado ayer uno de los prinoipa!ee hoteles de
nuestra ciudal. D.isde hace quinc" día3 un rico banq.1e•
ro parisiense, bien conocido e::i el mundo de loe nego·
cioe y en el dani-monde de los placer.is, el eefior L~ódice
l,L ....... había elegido domicilio ahí. Llevab1 una vida
muy alegre.
«Ayer, en el día, llegaba una dama, pedía un cuarto y
se hacía servir aparte.
«Y he aquí que en medio de la noche, loe apacibles ba•
üistas fueron despertados por dos detonaciones sucesivas
que parecían venir del departamento ocupado por el ban•

temblorosa:
-He suplicado á ese hombre que no me fuerce á un
matrimonio odioeo.
Yo acepto la verguenza, le he dicho, y daré mi honor
para cubrir al de la mujer que amais. Juradme solamen·
blanco.
á
_
te re~petar la vida de mi padre.
-Tiembla, murmuró y temblar m1nana.
- Y ba rehusado?
Había podido adquirir, es cierto, una destreza prodigio-Toda promesa, me ha r€epondido, sería vana. En el sa, pero no un corazón valiente, y ab.ora era preciso ba•
terreno un hombre no es jamás duefio de sí.
tiree y arriesgar la vi.da.
En ese momento la puerta se abrió y Beltrana apare·
¡Morir! &amp;r 6 no ~er ......
ció. No podía soportar por más largo tiempo la ansiedad
Hizo y rehizo durante aquella noche de imeomnio, ba•
de la espera, y siguiendo su ordinaria táctica, marchaba jo cien formas diferentes, el célebre monólogo de Ham•
diractamente al peligro, fiándose en su habilidad para let. Ese era el problema, en efecto: un problema de tan·
conjurar su inminencia.
\a importancia que un sudor b.elado mojaba sus sienes,
-El cuarto de hora ha transcurrido, dijo con voz fría, en tanto que trataba inutilmente de escapar.
.
vPngo á buscar á la novia.
Una debil luz vino á blanquear su ventana y á anun•
Felipe se lanzó hacia ella y asiéndole el brazo que ciarle que su ú ltimo sol acababa de levautaree. Poco
apretó con fuerza, exclamó:
tiempo después la silla de posta que debía llevará loe
- ¡Desgraciada, venid, -venid! Ahí en ese eal6n, ante recién casados á Italia, no habiendo recibido contraor•
vuestro marido, ante todos loe testigos de este matrimo- den, llegó frente á la casa. El fuete del postillón estallaDio, confesaréis vuestro crimen. Es preciso volver á esta ba alegremente; los caballos agitaban sus cascabelee.
niña el honor que le habéis robado
Aquella silla de posta era la riqueza, la libertad y la
Me hacéis daño, dijo ella desprendiendo su brazo de
vida.
-¡Ruirl dijo él respirando fuertemente.
aquel yugo.
En aquel minuto solemne en que sentía capitular lo
Después, con su misma voz fría:
poco que le restaba de honor, una mujer apareció en el
-¿Y ei rehuso?
- Si rehueaie, soy yo quien lo diril. todo, vuestras in• dintel de la puerta; avanzó y levantó su velo:
·
-Leódice, por piedad, salvadme. No puedo permanetrigas de otro tiempo·y vuestro adulterio de ahora.
cer en esta población donde mafiana será conocida mi
-¿Y si niego?
vergüenza; llevadme, partamos.
Y le desafió con la mirada.
Jamás loe ojos leonados habían arrojado tantas llamas.
-¿Qué pruebas tenéis?
- Lila lo confesará todo, dijo Felipe.
-¡Partamoel
Este grito resonaba en su oído como un grito de libeBeltrana levantó los hombros:
-.Es demasiado tarde, la ciudad entera se levantaría ración, porque en su corazón una voz loca, la voz del quero.
miedo, más poderosa qu'l la voz de la mujer amada, re•
Forzáronee las puertas y un espectáculo horrible se
para mi defensa.
- V ueetro marido me creerá y os arrojará.
petía obstinadamente:
ofreció á las miradas.
Ella dejó ver una sonrisa de desafío.
«¡Partamos! ¡Partamos!»
Dos cadáveres yacíar.. en tierra: uno era el del banque-Quién eabe si no seréis vos al que arroje como un .................. ······· .................. ····················· ·········:···· .. . ro y el otro el de la mujer llegada la víspera.
El seíior Leódice Martin al Prtsidente de la Cámara de
«Según el dictamen médico, fué ella quien mató al se·
vil calumniador.
D iputados.
Después, viperina, con una voz que silbaba:
fior M. suicidándose en seguida. El revolver descargado
«Sefíor Presidente,
-Y si os ::ree me perdonará porque me ama; pero se
«Asuntos de la más alta importancia me obligan á pa- de dos tiros, había c1ido cerca de ella.
batirá y el eefior Martin le matará.
«L11, identidad de la homicida no ha podido efectuarse,
sar muchos afioe fuera de Francia; y por esto me veo forno llevaba consigo papel alguno. Era una mujer da unos
Lila exclamó:
zado á enviaros mi dimisión.»
-Yo no quiero que mi padre muera, yo no quiero ser
treinta y cinco afíoe, muy bella, de cabelloo de un rubio
LIII
rehabilitada al precio de su vida, yo no quiero, yo no
Han paeado tres años. Jamie el eefior D11vernoy pro• ardiente.
«Creeee que se trata de un drama de celos.»
quiero.
nuncia el nombre de la mujer que amó locamente. No ha
-Sefíor de Aubián, continuó Beltrana cuya voz perEl periódico se desprendió de las manos de Carlota.
vuelto á partir para loe paíees lejanos como lo hizo des•
dió su timbre duro, yo be venido á vos para haceros en¡Oh! exclamó ella, ¡iesventura:103! ¿E3 po3ible e3to?
puée de la muerte de EJena. Se ha encerrado eo su casa,
trar en razón. Oponerse á este matrimonio sería la peor
recibiendo apenas algunos íntimos. Ninguna tela sale de Es ........ .
de todas las locuras. ¿Peneaie que yo no lo· habría hecho
No concluyó. Había levantado hacia el eefior Duversu taller: se diría que B~ltrana ha roto el talento del ar•
si fuese posible? Si me acusaie, me defenderé, y entre
noy
sus ojos que velaba a las lágrimas, pero la mirada
tieta, al romper su corazón. No habla ya de dolor inconvuestraa afirmaciones y las mías nadie vacilará.
que
encontró
era tan seca, tan imperiosamente dura, que
solable; sufre silenciosamente; pero la herida oculta se
Una vez aún, una vez más, la fiebre de la acción se
calló
intimidada
y se puso á llorar silenciosamente.
80
aviva con la rabia y con los celos.
Cierto es que sus lágrimas eran e:ncerae, y sin embar•
apoderó de Felipe:
De suerte que ella le eogiñaba, no le amaba, amaba á
-Lila, ¿queréis casaros conmigo?
otro. Se iepetía íntimameatc estas crueles cosas y una go, sin embargo...... muy en el fondo de loe grandes ojos
Ella no dijo nada, pero fué á él v se arrojó en eua bra•
cóle1a que el tiempo no podía ex1iognir, rugía en él, á de vidrio comenzaba á lucir de nuevo la indestructible
zoe. El la apretó contra su corazón locamente. Ddepués,
veces pasaban fulgores rojos por su cerebro. ¡Ah! si se esperanza.
Puesto que el honorable sefior Duvernoy no lloraba,
dirigiéndose á Beltrana:
pudiese matará los dos miserables. Perv no es el hom•
-Ya arreglaré más tarde vuestra cuenta; tengo dema•
bre de las resoluciones viriles y después de un acceso de había cesado de amará la culpable, y puesto que loe casiada prisa por ir á castigar á vuestro cómplice.
impotente rabia, cae de nuevo aplastado, humillado, torce afíos de Laban habían transcurrido y Lila iba á
Cuando volvió al salón, todos se extremecieron; se diri•
abandonar á su padre para seguirá Felipe de Aubian, su
vencido.
gió rectamente hacia Leódice é hlriéndole en el rostro:
esposo,
¿por qué el bien amado sefior Duvernoy no re•
Su hija le rodea de loe cuidados más tiernos.
-Sois un miierable, le dijo, y os abofeteo por segunda
Lila no se ha casado, porque Ftliipe de Aubian ha vuel· compenearía la fidelidad de la que le había dado su co•
·
vez.
to al mar. Después iie la vergonzosa huida de Beltrana razón hacia tanto tiempo?
Entonces, llorando siempre, Carlota púsose á sonreír
Luego al pintor:
y de Leódice, ha dicho á la joven:
- Vuestra hija tiene á bien hacerme el honor de casar•
- Este escándalo es para vos la rehabilitación máebri• á su quimera eterna.
se conmigo; os la pido por mujer!
lliRíA LEscOT.
Loe hombree testigos de esta incomprensible escena• liante; el porvenir se abre de nuevo lleno de promesas.
No el' ya neceeario que os caeeie con vuestro viejo pa•
FIN.
rodearon al diputado. Sentían el prestigio de las rique- .
zas enumeradas en el contrato de matrimonio. Sólo Ja drino.

�35
EL MUNN~D~O~=-.,,...,=--=-=="'!"""-=...,,.-=====c=-=-==-'=-~=--==-===:.;;;_..;•~o~•~••~G::,:0~11:,==.dc:,J,J~U~Ll~O~d,:,•,,:.•.
~1~-==-===-=-=_,=--====--==
.

34

La nueva Compañía de Opera Italiana.

EL MUNDO

PRI:NCIPALES ARTISTAS.
LA RECEPCION

Del Sr. Ing. Leandro Fernández
EN DURANGO

Oportunamente E,. )lu \'no ilustrado informó á ene lectores de la lamentada muerte del
eei'lor Flores, Gobernador del Estado de Durango, quien en el curso de una "ieita á importante centro industrial falleció de una
manera casi repentina. Hablamos después
de la refiida lucha electoral iniciada y proseguida en aquel!a importante Entidad. de
loe matices que mostraba y de las pereonaJi.
dades políticas que eran discutidas, y public~mos las fotogrÍlas de los principales cand1da~oP1 anotando ene . rasgos biógraficoe.
Por ultimo, para ser lógicos en nnestra información, participamo~ á nuestros lectores
el defioi~ivo reeuUado de la lucha que elevaba,' J?Or mayoríB de sufragios, á la nrimera
ma,nstratura de Durango al sefior Ingeniero Don Leandro Fernández.
Hoy tócanos dar una nota ilustrada de la
brillante recepción que al nuevo gobernador
@e le hizo, y para ello publicamos cuatro fotografías, cuyo autor es el señor G. Cordero,
y que representan loe arcos levantados por
diversas corporaciones.
Luego qne el pueblo duranguefio conoció
el resultado de Pus sufragios, reirocijóee en
extremo y apercibióse á recibir dignamente
ale13fior F«!rnández, q11iensalióde aquí acompañado de distinguidos amiitos y ob~nvo en
todo el camino, desde la frontera hasta la

1

-. F

Arco de l.i Ciudad.

Arco levantado por la Colonia Amerlc.ina.

capital de su Estado, sefialadae muestras de aprecio, entre las que se contaron hermosas fiestas dadas en eu
honor.
Suficientemente conocidas son la personalidad de seiior Fernández y eue dotes de recfüud. Ellas darán opimce frutos-así lo deseamos-en la administración del
importante Estado.
DOÑ&amp;.MARIA

C.iandq entré á visitarla la encontré C&lt;'mo de costumbre,.sentada en sn viejo sillón de gutapercha, junto á la
camilla, sobre cuyo tapete de hule había varios memorialea de pobres, que estaba examinando.
-Mi amiga doil.a María tiene sesenta aftos, es muy fea
y gasta una espesa peluca negra.
-¿Trabajando como de costumbre?-la dije, después
de saludarla.
Leyendo desdichas y más desdicha&amp; -me replicó quiiándoee las gafas.
'
-Y buscando a la vez el modo de alivlarlae-afiadí
-Sí, amigo mío; pero, es tan poco lo que puede hacerse!
,-Y, vamos á !er, entre todos esos postulantes ¿hay algua caso excepcional?
-No }o sé-me contestó la sefiora; son memoriales que
me han dado en la última junta y que, como visitadora
'8ngo que ir á enterarme de lo que hay de ¡,erdad e~
ellos. Pero el ot,o dia se me ha presentado un caso de
esos que usted dice y que oprimen el corazón más duro.
-A ver, cuente usted.
-Pues verá usted: en una especie de cuarto, sin más
luz que un ventanillo que salía al nivel del piso de un
patinejo y por cuyas desconchadas paredes rezumaba la
humedad, me éncoatré sobre un catre miserable un hom•
bre joven que se moría tísico á toda prisa. Establi á su
lado una mujer joven tambilfo, bonita, de.aíre distinguí•
do, vestida de harapos que en otro tiempo ee.cooocía habían sido elegao'8e galas, y por todo ajuar en aquel zaquizamí tenian dos sillas viejas, un baul destrozado, un
barrefio con unas brasas, en que se calentaba una medicina, y cuatro pingos colgados de dos clavos.

-Eso no viene á cuento-me replicó con•
trariada la buena eeil.ora.-Puee oiga n8'8d,
á esa infeliz me la be traído á casa; por allí.
dentro está, y voy á ver si la reconcilio con
su madre y la proporciono algún medio decoroso de ga,,arse la vida, que bue11a falta
la hace. Para esto último cuento con que us·
ted me ayude.
-Cuente usted conmigo; ¡pero vamos, eeil.ora, que se mete usted en unas historias!
En fin, todo sea por Dios.
- Sí, hijo; todo sea por Dios-me contestó
con beatífica calma.
Habrían pasado quince días de esta conversación con mi amiga, cuando una mal'la•
na, pasando por la descampada plaza de¡Jae
Peftuelae, veo acurrucada en el suelo y quitando á un pobre perro una la~ que unos
traviesos muchachos Je habían atado al ra•
bo, á mi amiga dona María, c9n su vestido
de merinete, sus zapatos de fraile y su peluca.
Ayudé á la anciana eeftora, como mejor
pude, á libertar de su maza al mísero chucho, y después de loe saludos de ordenanza
y d6 enterarme que, como de costumbre, loe
vientos que par aquellos andurriales la habían llevado eran loe mismos que á casi to•
das partee la llevaban, los de la caridad constante y valerosa, se me ocurr;ó preguntarla por su protegida, la joven viuda.
-¿No sabe uet"d lo que me pasú con ella?
-me contestó.-Puee que .e escapó de mi
casa, llevándose unos pendientes de brillan-

-Cuadro de miseria era en verdad-la dije.-Y la historia de aquellos deegraéiadoe, ¿la supo usted?
- CC&gt;mpleta-me conteetb doña l\Iaria.-Entre lo que
la joven me relató y los informes que yo he adquirido
resulta lo siguiente: Ella es hija de uoa eefiora que fu;
azafata ea otros tiempos, tan llena de vaoiJades como
falta de recureoe. Contra loe locos de•eos de la madre
q~e no q~ecía para yerno hombre que fuera menoe qo;
d1plomát1co, ó alto empleado de la R~al Casa, la chica ee
enamoró de un capitán de infantería que la rondaba la
calle, y con el cuat cierto día, tras una acalorada diecu.
sión con su madre, se e1:capó1 yéndose la pareja á Portugal._ Jl!I, por su parte, se llevó los fondos d,e la caja del
reg1m1!3~to qu~ Cl!taban á ~u cargo, coa. los que tuvieron
para v1v1r y munfar aunque no mucho tiempo, pues el
mocito salió jugador y perdido y fueron aquellos por
tanto, loe dineros del sacristán.
'
Deepu(,e vinieron las escaseces, los malos tratos los
desp;e~ioe con que ha purgado la infeliz su mal pas~, y,
por ultimo, la enfermedad de él, basta que hambrientos
y desamparados, han vuelto á .Espail.a, donde se hallaron, el capitán, muerto á su padre de pesadumbre después de babe"!~ arruinado por pagar los desfaÍcoe y
trampas de en b1Jo, y ella, con que su madre no la quiere
de modo alguno ver, ni oír haolar de que tal hija llevó
en sus entrañas.
-¡\'aya una eituaci6n! Y usted, dofta l't!aría, ¿qué ha
podido b!icer por ellos?
-Poca cosa; pero, eo fin, xlgo se ha hecho. En primer
lugar casarlos, porque aquellos de~gracíados estaban todavía en pecado mortal. En dos días y con el apoyo del
seftor obispo, lo he podido llevar á cabo, por encontrar
se el capitán i11 m'/ír ulo mor/i,i Luego enterrarle, pues falleció al día siguiente de celt-brado el matrimonio· proveerá la viuda de algunas ropas y pagar loe gastos' de la
enfermedad.
-¿Y á todo ello ba subvenido la junta domiciliaria ó
Arco del comercio.
ha tomado también parte y no escasa, como otras veces
el bolsillo de la visitadora?
'
tes, nn ve 1o de enc,je y d'ls billetes de á 100 pesetas
. -Pero, vamos, qne se neceRita ser criatura perversa é
10grata para portarse con usted de Pea manera
-L'l q~ie ustei. llama _pP.rversidad-:lij'l dofla Maríayo más b1e!11?Ud1era cahfica~lo de to~teria eúpima y faltadecon&lt;?c1m1ento de la prop1aconvemeocia que abandonaelcammo algo áridoenunprincipi&lt;?, pero'llano, fácil y
seguro, por la!1z.a~se pr&gt;r trochas y vericuetos que siempre
llevan,Rl prec1p1c10. Y ea cuanto á la ingratitud, yo no la
veo. , amos, hombre, ¿&lt;1casoes usted de loe que todo servicio que prestan áeu prójimoqnieren gueésteee Joagradezca? Refiexiooe usted, amigo mio qne agradecereselmc•
do de pagar los beneficios que recibimos, y que si pretendemns que no~ los agradezcan, pretendemos también
que nos los ~ague o, y beneficio pagado, deja de serlo.
-Eso en rigor, pern muy en rigor ¿eh? ea verdad mú
no todos ven las cosas ~el mismo m¿do, amiga mía.'
. -Por cortedad d_e vista-me repuio con chunga mi
10terlocutora.-¿Qu1ére usted que vayamos á pedirle al
pe~ro ag,1el que nos agragezca el favor que le hicimos
quitándole la lata de la cola?
-¡Q,1é cosas tiene ested! En fio, ello es que por fas ó
por nefaa, se ha e~contrado ueted libre de aquella pécora
-Así es-me d1¡0 con asombrosa tranqnilída la buena.
setlora,-pero conf10 en que no sea por mucho tiempo
Ando haciéodo diligencias para dar con ella, y si la en'.
cuentro, llevermela o~ra vez á mi ca~a, y que quieras que
no, hacer de esa desdichada una mujer de bien
-;.Será posible?
•
-\'a}'.a, ¿pu~s no b~ de Rer?. El haber perdido un pleito en PrI!ller~ instancia no es impedimento p!l.ra acudir
á la Aud1eoc1a y basta al Tribunal Supremo. Ya verá
u~ted, ya verá usted como lo consigo si la cazo y creo
que llegaré á cazarla. Adiós, amigo mio, hasta dtro rato.
Que vaya uqted &lt;verme.
Y dofia María Ee alejó sonriendo.
Con e 11s zapatos de frai lé, su vestidillo negro su peluca Y eu fea cara, la hubiera de buena gana dad~ un abraza en aquel momento, mejor que á una buena moza.
Y eso que las buenas mozas me gustan.
Arco lev111ntado por l.is Colonl.is Europeas.

GONZALO CERR\J&amp;RÍA.

Admiración de loe hombree,
Orgullo de nuestras. selvas.
Loe hijos de los caciquee
De pc,rtentoeae empresas,
Loe nietos del gran Lautaro
Hoy, sin combatir, se entregan!
¡Ay, de mí! ¡Ay. de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mi tierra!
~ neetroe padres y sus padres,
Cayeron en la pelea
En eangre tinta la lanza,
Sin moetrar jamás flaqueza;
Y hoy moran en loe volcanes
Que roncos braman y humean,
Enrojecidos acaso
Con el rubor de la afrenta.
Los hijos degenerados
De aquella raza de atletas;
Roto el viril •tarilonco•
Doblan la altiva cabeza.
¡Ay, demíl.1Ar, de míl
..
¡Arauco ya no euete; ya se acabó mi sierra!

Y el escogido de mi alma
Ese ...... entregó la frontera!.. .. ..
¡Epulef...... cuánto lo amaba! ..... .
Era nn tigre en la pelea,
Su caballo era un relámpago
Y su ,,quila• una centella.
Elocuente manej,ba
Como la lanza la lengua;
Nadie más noble, más grande;
Nadie...... ¡qué digo! ...... Ohl vergüenza! ......
¡Ay, de mi! ¡Ay, de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mt tierra!
SI¡. Cleopatra Viclnl, sopr.ano ll¡cra.

LA NUEVA COMPAÑIA DE OPERA ITALIANA

El ju"vee último dPbi6 estrenarse en Pl ~acional, con
•Gi()(.'onda, la nueva Oompaflía de Opera Itahana, hace al~no11 días esJ)f'rada pn México. Integrai:i el cuadro. artistas entre loe rualee alguno!! son antiguos conocidos
nueetl'OII. ta!PA como la Peflora Polaco DrC1g.
.
No pndiPndo aón hornPco_pa! con respecto á 1011 mén:
~s y al éxito de la troupe, hm1támonoe á dar algunas fo
~grafíaa, deaeando á loe artistas muchos aplausos.
LA· ARAUCANA.

Del torrl'lntoeo' Toltén
Solitarin en la ribera
Alí-Quillen, la araucana,
AAi, triste Pe lamenta:
-¿A.dónde, ad6nd" voy sola~
A dónde llevo mis penas,
Si IR tierra de mis padree
Eq hoy del •huinca• la tierra!
Gime «tricauco" agorero,
Tú, solitario te quedas
Y yo me voy no sé á dónde,
Arrastrando mi cadena.
¡A.y de míl I Ay de mí!
. ,
¡Arauco ya no existe; ya se acab6 mi tierra!
Oayó el indómito Arauco
Nunca vencido en la guerra:
Un eoplo de la montana.
Heló la lanza y la espuela.
ne la altura cayó el águila
Que cantaron loe poetaP,

Por última vez ¡oh Rlo, .
En tue agrestes riberas
Déjame cantar llorando,
Déjame eonar despierta! ......
En loe "niguines• lo vi,
Bailé con él en la fiesta,
Y cautiva de sus ojos
Dile mi alma, de amor llena. ·
Como paloma anullaban
Sus palabras lisonjeras,
Y el fuego de eue miradas
Abl todavía me quema!
¡Ay, de mil ¡Af, de mí!
. .
¡A.rauco ya no e:uete; ya se acabó Ull tterra.1
Aguas corrientes del rk&gt;
En que se miran mis selva@,
Llevad al mar los •copihuee•
Que entrelazaron mis trenzas.
¡,De qué sirve~ loe ad?rnoe
Y las floree, El hay tnetezae
De eeas que mata .. el alma
Y que la vida envenenan?
¡Juventud, belleza, amores.... ..
Verduras sois paeajerael.. .. ..
(',omo estas flore~, al río
Diera yo todas m;e prendas.
¡Ay, de mí! ¡Ay, de mil
..
¡A.rauco ya no existe; ya ~e acabó mi tierra:
Todo paeó...... los chilenos
Sus orgullosaq handPrae
Clavaron en Villa-Rioa,
De •ueetra gloria preeea;
Mudos están loe clarines,
Las 1obustae lanzas quietas,
¡V no estallan loa volcaneqf
¡Y las nubes no revientan l. .....

SI¡. Bcnvenuta Polaco Oro¡, mezzo sopra"º·

..\.dios! Arauc.&gt; perdido!
¡ Adios, Toltén! huye, rueda,
Corre á la mar, y llorando

Esta inmensa tumba riega.
¡Ay, de mfl ¡Ay, de mil
..
¡Araoco ya no exie'8; ¡ya se acabó mi tierra!
EDUARDO DE LA BARBA.

LA OFRENDA
A Luis G, Urbina.

Yi.ientee resplandores de una mafiana primaveral Un
haz de luz, saltando de la aha ventana á través de loe
vidrios de coloree cae sobre las baldosas del templo, tendieado en ellas ... ~ •apiz de iris movedizos. ~n su ll!lpelo
diáfano, la Virgen, de cara bondadosa y casi. sonr~ente,
envuelta en wca negra eu cabellera, con l?e o¡osab!ertos
en vidriosa inmovilidad, ostenta un veet1do. ,111.mpho ~upido de lentejuelas de oro y plata, como un g1r6n de cielo estrellado.
'C'na nii'la frágil, coo la fragilidad de las porcelanas preciosas v&lt;'stida de inmaculada, se acerca pronta y alegre
á dep¿sitar eu búcaro rebosante de aM1baree. Dos trenzas
trigueftas bajan hasta su cintura, anudada~ en sus extremidades por un listón. Su frente descubierta ea ancha,
correctamente corva. Eo su boca color de grosella, uoa
sonrisa de placer. Tropiézaee en las gradas. del altar, y
el búcaro rueda roto, desparramando en el marmol un
chorro de botones y de pétalos.
.
La nifia se inmoviliza y clava una mirada de angustia eo la perdida ofrenda de eu amor. Después, cuaodo
levanta la cara lívida á la Virgen, están l~s.trosa~ de
llanto sus pupilas tristes, negras como la obsidiana.
J KSÚS URUET.\.

7

1
' 1

L
SI¡. Nin.a Muzl, sopr.ino dramática.

Si¡. Linda Montan.ir!, sopr.ino dr.imátlca.

.

SI¡, Adelln.a Janton, mezzo soprano.

�DOMINGO u DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

--º=º-■
=IN=G=O=h=D=E=J=U=L=IO=D=l=•ll9~7===============B=L=M=U=N=D=0~===~==~================~31=,_

SombrerolulsXVI. ( Figura 7 .),

CRO.NICA DE LA MOD.A.

Esta intrincada forma va ador·
nada por un gran penacho de
hortensias y rosas.

Esta simpática y turbulenta coquetuela ee formaliza
por ahora 1,n algunos momentos, de más 6 menos duración, pues las crónicas del extranjero nos dicen cada dia
que el gueto e~ ha decidido por loe vestidos blancos,
adornados de n1&gt;gro.
No parece sino que la moda tiene un oculto duelo, pues
para todo hay una mezcla de negro, aunque aeapequefía.
Tenemos en loa trajes más bellos, cintas de abalorio negro, ó de terciope:o y raso, encajes negros, etc. En los
sombreros vemnP graciosas confecciones de pliesé blanco
ó crema con orillas i,egraa; aunque loe más aceptados son
negro con b 'anco.
A veces suele mezclarse á los vestidos blancos con
adorno negro, alguna cinta roja, cuando las jóvenes no
son sectarias del rumantici~mo.
Vemos también que han quedado abolidos por completo los grandes bullones de las mangas. Sin embargo, en las bluPaa americanas cae perfectamente la manga
ancha de pufto, y c, mo generalmente se hacen de telas
de lino, dan mayor gracia y ligereza al talle.
Esto es en cuanto II trajee de calle y casa, de loe de tea•
troy recepción, noe ocup11remoe próximamente.

Sombrero de jardín.
(Fl¡~ra a. )

Este es de paja .fina y falda
ancha, adornado únicamente
por un grupo de plumas esmaltadas y un ancho pliseé roea-vie•
jo, puesto coquetamente en torno de la copa, y sobre una cin·
ta de terciopelo negro.
Sombrero de tul crepe.
( Flguril 9.)

Pue:le imaginarEe una peque•
fia nubecilla de aurora, por su
tenue tinte violado, llevando •
en la vuelta del ala un gran laso
de listón negro sujeto por un
broche brillante.

--f ~IT\'=S~
LECTURA PARA LAS
DAMAS
SABER VENDER)

Figuras •· y •·
[ Bolero abrigo. (Fl¡un1 5.)

r

Eete'grscioEO atavío es muy propio para entretiempo;
y debetuesree encima del vestido. Es de pafio vert perforado, manga campana y cuello médicis en ondas.
Grupo de sombreros.

Debéis también saber elegir
la épcca favorable pRra vender,
ya lo que cosechaie, ya lo que
vueetroe productos os euminhr·
tran eo breabundantemente. Así
como es bueno tener proyeedoree titulados para comprar, tened también, si es posible, con.• pradoree que puedan fiarse de
vuestra legalidad, y con quie•
nee podaie contar para el pago.
Peto en las ventas como en _J~s compi:ae, procurando en primer lugar vuestra ullh~ad, ~e¡ad á los negociantes, cuya vida es toda de mq,metud y proyec·
toe, eeas combinaciones y eeoe. eem1enga!i~B q~~ cor.
frecuencia tienen mucha relación con la 1~¡uetrnia.
Nuestro objeto no de~e eer el co~erc10, no queremos precisamente enriqu•cernoP, smo establecer
en torno nuestro por el mden, el trabajo y la eco·
nomía, la paz q~e hace la dicha en la familia.

Aqui tenéis mis queridas lectoras, un grupo
de diversos sombreroe variados en su .forma,
pero igualmente encantadores, que os servirán
para realzar vuestra hermosura, si tenéis bae•
tante tino en elegir aquel de ellos que mejor se
adapte á vuestro rostro. ~

Figura 6.
COMPRAR POll SÍ HISHA'

Comprad por vosotras miemae. No compréiR por meaio de otros, eino cuando no Jo podáis vosotras hacer; así
q:nedaréis~máe contentas y eabréie lo que mejor os conviene.

Figura 8.

Para fiarse de otros en las compras es necesario estar
seguras de dos coeae bien raras: l,afid,elidad y la habilidad.
Una cocinera, por ejemplo, no comprará más que lo
que ella eabe gmear, 6 lo que le dé menos _trabajo~preparar.

Después hablaremos de la fidelidad. La habilidad e
tal vez más rsra que la fidelidsd.
Pocas personas son capsree de no dejarse alucinar por
las palabras de un comerciantf&gt;, por sus exagerados cumplimientos, por sus mentiras dichas con calma.

~Sombrero de paja. (Fgura:6. )

/·~?

Este preciosíeimo sombrero de un aire mar·
cial, está adornado con anchoe pliesée amari•
lloe y alas de cuervo. El centro de la flor es un
chaux de tafetán guinda.

/t.:·
"
/fr.
·,.,.
Figura 4.

No debemos querer acumnlar(riquezas que frecuente·
mente solo sirven para tormento, sino tener bastante para dar y hacer el bien y no bastante para causar envidia
y obrar el mal.
MANÍA DE COMPRAR

Triljecltos para nllias de

2

.á 4 ilÍÍOs. (Fl¡urils I y 2. )

-El primero ee de piqué pompadour adornado con doe
guarniciones de bordado de hilaza roja; de la misma hi•
lasa lleva un gaviado en el vola.ute y mangas, dos lazos
de listón rejo en loe hombros.
El otro vestidito es de piqué blanco.con bordados negros, cintita n1&gt;gra en la eecarola del canezú y cuello.
Cinturón y laz011 de lis\ón negro.
TraJ• de paseo. ( Figura S·)

Este vie\oeo \raje ee de eeda pompadour cambiante.
El talle eetá formado por un coselete en acordión que
sujeta el vuelo de la blusa, reparliéndolo después para
la falda. Mangas ajaretadas con globo muy chico.
Un fino encaje adorna el cuerpo y una banda de muselina de eeda lila cubre la costura. El sombrero también ee\á adornado por muselina de seda lila y plumero.
Dos bluus sencillas. ( Figura

4.)

Es~s do• cuerpos 10n, el uno de percal á cuadroe, y el
tro de pi~é rayad•.

Fi¡ura ~-

Debemos precavernr,e, en fin, de la manía de comprar,
la cual viene á ser una verdadera pasión.
Para esto no concurramee, ni aún sólo por ver, á }o¡¡ .
remates ó euba11tas, ni áloe aparadores que los comercian•
tes ponen al paso, ni á esos bazares que ofrecen una libre .
entrada y un mostrador cubierto de objetos brillantes y
atractivos; correremos allí mucho peligro de ceder á la.
tentación y comprar cosas que al día siguiente nos estorbarían.
Allí tal vez pondríamos en ejercicio la manía por las
colecciones, las curiosidades ó las ltagatelas, que con frecuencia es tan dispendiosa como ridícula.
Hay algunas mujeres que tienen en su aposento, sobre
elegantes y vistosos aparadores, ó en alguooe cajones ó
mesas, verdaderos almacenes de inutilidades, digamoa
mejor, de ridiculeces.
Esos objetos preciosos de la China, estas porcelanas
transparentes, aquellas maravillas delicadae del arte, an·
te fas cuales es necesario contener el aliento por miedo
de romperlas, parece que no están allí, sino para provo•
car el fastidio de la que las posee, y la sonrisa de loe que
las ven.
¿Y cómo han podido llenaree de tantos estorbos?
Han salido á la calle con la recta y firme resolución de
no comprar nada; han estado seguras de sí mismas y al
aproximarse á loe aparadores y al entrar en los al~ace•
nea, se han despertado dos pasiones que reposaban silenciosae: la curiosidad primero, el antojo y capricho des•
puée; en seguida han comprado.
¡Oh! si eecribiéeemoe un curso de moral, cuántas cosa~
tendriamoe que decir sobre estas tiránicas inclinacione@!"

Figura g•

•

�e

-- r

. ...

~

.

~

!ii~~"~!-

1~

~

(DE VAN BUSKI RK)

~
Q

•~
ilí

't

=
2.
~

!
:l

PaíiÜinp18'ry--ec,-:;~,

IDUJL'NIE~

f ORTALt CtR.LAS tNCIAS
bel( •

~

=

:

,¿_,,___,.

~

~---.~

:l

~~t.:t:'~
,._.,-¡,- .'L :z:: +·
~~

.!'"""~!'°-.!"..==-,~ .

~

01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

•

~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
r-

:a»

•

~

~

s:

•u

~

•
J:.

p.¡

•
•
?C

o

•g.
tS
...
=
tS
...es

-

n
n

o

»r'
d
p
A

• o
o
• "•

U)

od

p.

.
-::s s: • ...
• -•

.!u tS
s: es

li&gt; .a
o

~

r::

&amp; :•
¡;

SS

o
.o tll
o

.• "'
ou "'
es

n

r:: •
,:
r:: es
p
:: es

p.¡

p

n

SS
A

..
- -i

51 ~
•::se, •:a
s:p ...

os: ...
o

-'"°

:a

-::s ...

.o

•es

DECE P C I:ON . .. .

""-p •:a...

•
.-

-

,,,,a

s-.

51
•::s

s-.
en

e,

-

.•

SS

ti-)

O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92618">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92620">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92621">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92622">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92623">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92624">
              <text>11</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92641">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92619">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 2, Julio 11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92625">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92626">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92627">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92628">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92629">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92630">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92631">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92632">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92633">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92634">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92635">
                <text>1897-07-11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92636">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92637">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92638">
                <text>2017486</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92639">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92640">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92642">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92643">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92644">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1070">
        <name>Blonda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1067">
        <name>Canonizaciones en Roma</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1071">
        <name>El Fausto de Goethe</name>
      </tag>
      <tag tagId="1069">
        <name>El transmisor</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1068">
        <name>Escuela Naval de Veracruz</name>
      </tag>
      <tag tagId="1072">
        <name>Plegaria en la Acrópolis</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3550" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2192">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3550/El_Mundo._1897._Tomo_2._No._1._Julio_4..pdf</src>
        <authentication>88bbce0284c7a639b32b90ab9b07deb0</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117372">
                    <text>��..

BlBUOTECA UNlVERSITAíllA

I

''ALfONSO REYEs''
FONDO RIC~fWO COVARRUBIAS .

\

�•

FOND'O
RICARDO COVARRUBIAS
TOMO JI

MEXICO, JULIO 4 Dlt I897.

~lores

NIJIIERO l.

ae estío.
DlbUjo de Carlos Alcalde.

FfJNOO
RICARDO COVARRUBIAS

�KL MUND;!!O~= = ==

a

EL ' 'lllUNDO"

Semanario Ilustrado.

Tel6fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
VÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·ücción, debe aer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Splndola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Gerente, Lle. Fausto Moa-uel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mee, y se cobra por trimeetee adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
BBGI!Jl'BADO COKO ARTÍCULO DB BBOUNDA CLABB.

t,ttJtas tbitorittlts.
Un ado be justicia bada nuestro país.
Loe tribunales de la República del Norte acaban de
fallar un asunto de alta justicia para nuestro paía, y que
demuestra que la nación vecina, pese á la natural ex pan•
eión de todos loe pafsee fuertes, ae encuentra inspirada
e11 sent:mientos de equi iad, no propios de los Estados
que se hallan en ene mismas condiciones de fortaleza Y
poderlo.
Nos referimos á las reclamaciones americanas contra
México, llamadas de Weil y La Abra, que después de haber sido depuradas por la justicia de aquella nación, han
sido declaradas ineuheietentee, ordenándose que la suma
entregada por México sea devuelta al gobierno de la Re•
pública.
.
Es dificil, como acabamos de decir, que una nacionalidad dotada de extraordinario poder y cuya acción es
natural que ae deje sentir, aun en contra de su voluntad
propia, de un modo decisivo, encuentre un ,alladar en
un concepto de justici'l, cuando todavía circula por el
mercado internacional la famosa frase de un gran polfü•
co europeo: mi derecho llega haJlia do11(h alcanza mi poder.
Hemos sido nosotros loe primeros en eeflalar la presión
norte-americana en el conflicto suscitado hace doa afioe
entre México y la república de Gua•emala. Entonces los
Estados Unidos dieron á conocer en forma demasiado
perceptible la auperiondad de t1ación gigante, resuelta á
tomar la iniciativa en asuntos internacionales.
Y eato, lo repetimos, sin darse cuenta acaso de que
ejercía un acto de imposición, tal como esos hombree de•
maaiado mueculo119a que al estrechar la mano de algún
amigo la oprimen, sin querer, basta causarle dai'io.
Y en el presente caso justo ea manifestar que el poderoso ha dado por un momento al olvido la fuerza de su
acción, para convertirse en irreprochable jaez, dispuesto á ser equitativo y justo con los que á él han ncu•
dido en demanda de razón.
Las reclamaciones de Weil y La Abra, que han te.uido
11u orígen en una época tormentosa del país, fueron pagadas, como es sabido, por la na6ión mexicana, en vir•
tud de un convenio celebrado entre ambos países. México cumplió fielmente sus compromisos, y ep. medio de
grandes crisis financieras, satisfizo esos pagos haeta quedar eding11ido el crédito. Pero á poco andar so deecubrió que e&amp;lie reclamaciones eran fraudulentas, y enton•
cea el gobhJrno de México se dirigió al gabinete de la
C1111a Blanc-1, y, acompafiando pruebas hizo presente la
enorme inju3ticia en que ae fundaba este negocio.
El g,Jbiern'&gt; amaricano resp:&gt;ndió al nuestro que aun
cuando el fallo á que se sujetaron dichae reclamaciones,
tenia autoridad de cosa juzgada, el honor de la repú blica americana ae encontraba por encima de todos los
principios de derecho, y desde el momento en que la verdad real deshacía la verda'i leg&amp;l, se dirigía al Congreso
americano con objeto de hacer un nuevo juicio.
El expdiente pae6 á !os tribunales americanos, y su
resultado ea ya conocido de nuestros lectores.
Un acto de justicia semejante vale bien la pena de ser
meditado conoien1udamente, ya que en el programa de
las modernas nacionalidades libree, el concepto de la
justicia es el que sirve de base á las inetituciónes.

Qfl

crtbittJ nacional.

Por primera vez en la historia hacendaria de :México
acaban de cotizarse con premio loe bonos de !adeuda exterior, en el mercado de Londres. Este hecho ea altamente aignifi.Jaii vo y da la medida de la confianza deposi\ada
en el paía en materia de crédito público.

-=-== = = = ==-===.;;
D;;;;
O;;;
M;;;l;;;N;;,G0
==-4:=:
D=E_:J:....U=L""
IO-=
D=E=•=l9
~7..-.-

Todavía no hace cuatro anos que una repentina crisis
de la plata colocó á la nación en difíciles circunstancias
para hacer frente á loe compromisos contraídos anterior•
mente, Ante aquel obstáculo que parecía insuperable, las
cabezas más firmes vacilaron y la idea de suspender el
pago de loe empréstitos se propagó con ~ucha insistencia como el único medio de atenderá la existencia na•
cio~al que se deeangraba abundantemente por las brechas de la deuda pública.
En 1893 como en 188-l, un movimiento de general rece·
lo hacia la fueua expansiva de la R•pública se deepren·
día de todos los ánimos; se imaginaba que frente á los
nuevos sacrificios impuestos por la situación, el país estaba destinado á perecer. Era inútil toda tentativa para
conservar i11tacto nuestro prestigio en los mercados ex·
tranjeros, cuando este prtetigio se traducía por el agotamiento de la vitalidad de la nación.
Contra esta corriente que conmovió los ánimos, se ini·
ció una gestión financiera sólida y hábil, que tenla como
base el exacto cumplimiento de loe compromisos, proporcionando al deprimido erario nuevas fuentes de ingresos con que colmar el hueco abierto por la crisis. Y
estas fuentes fueron -descubiertas en terrenos fecundados
por la misma crisis y por ella favorecidos en suma total
de lesiones caneadas á los elementos de riqueza p1blica.
Los gravámenes creados á la exportación de productos
agrícolas, que el alza del cambio aumentaba de valor, Y
el impuesto á los fabricantes de tejidos é hilados, que el
mismo fenómeno económico colocaba bajo el amparo de
una nueva protecci6,i, fueron dos medidas de alta justicia
fiscal.
Eecudriflado el presupuesto de egresos, é introduciendo en él aquellas economías que no afectaran el buen aer·
vicio administrativo de un paía en pleno desarrollo, se
completó el programa cuyos reeuUadoe eetamo3 tocando.
Merced á este plan bien meditado y firme, la República
ha podido 110 e61o solidificar su crédito sino mejorarlo
notablemente.
Es satisfactorio para todo mexicano amante del buen
nombre de su patria, consignar un hecho que noe coloca
en posición muy ventajosa en el catálogo de las naciones
que, en materia-económica, marchan á la vanguardia del
progreso.
¡El crédito es el honor de las sociedades modernas. y
en él ae apoyan todos loe materiales que hacen á una nación rica y floreciente)

Qfinmmttt 11ito.s bt solbabo.
Acaban de cumplirse cincuenta afios del día en que el
General Felipe B. Barriozábal inscribió su nombre en la
lista de los defeneo1es de la Patria.
Medio siglo consagrado en defensa de la causa liberal
constituye el mejor timbre de gloria que puede presentar un soldado á la consideración de sus conciudadanos.
En el curso de estos cincuenta afios, fecundos en becboe épicos y repletos de gloriosas páginas, ¡cuántos actos de gallarda energía, cuantas empresas de pujante
esfuerzo se habrán ofrecido al distinguido veterano, que
el viernes celebró sus bodas de oro con la República!
Nosotros, las generaciones que han sucedido á ese pu·
fiado de luchadores, y que á ellos debemos el triunfo de
las ideas que nos eirve11 de estandarte, nos inclinamos
respetuosamente cada vez que uno de estos campeones,
al convertir atrás la mirada, siente la íntima satisfacción del d&amp;b3r cumplido.
Reciba el eeftor Berriozabal nuestro afectuoso saludo.

l301íti.ca C6tn.tral.
RESUMEN. - Ecos de la cuerra turco- helén1ca.-la s
discusiones de la paz.-Vanas defensas.-U armls •
ticlo roto.-Los turcos asolando Tesalia.-La hu mlllacl6n de Grecla.-la responsabilidad de Euro·
pa.-Conclusl6n.

Ha pasado más de un mee desde que la Sublime Puerta, urgida por las exigencias del Czar, consintió en sus·
pender las hostilidades contra Grecia y meditar todas
Isa exigencia3 posibles, contra loe vencidos helenos; hace más de un mee que el rey Jorge, solo, desamparado,
abandonado á su propia euerte, puso en mano de las po•
tencias el porvenir de su pueblo y hasta la estabilidad

de su trono, dejándoias á su arbitrio concertar las con··
dicionee de la paz, y encareciéndolee hicieran menos
duras las ambiciones del vencedor y menos dolorosas,
las humillaciones del vencido.
Una y otra vez, los representantes de la Europa cristiana, han celebrado sesiones inú tiles, se h an entregado
á vanas discusiones, sin que se sepa hasta ahora que hayan logrado entenderse con el ministro turco, para fir•
mar la paz apetecida. Elloe, que representan la fuerza,
que unidos en una sola aspiración, alentados por el mis·
mo anhelo, habrían podido acallar las desmedidas ambi•
ciones del implacable Abdul- Hamid, y obtenido para la
divina Hélade una convención decorosa que la librara delos Eonrojoe de la humillante situación, ocasionada por
una desatentada ave::itura, caei han perdido lastimosa•
mente el tiempo, presa de rencillas y ri validadee. Ayer
por el desamparo en que la dejaron, por la presión que
sobre ella ejercieron cuando trataba de manumWr á los
rebeldes cretenses, que son sangre de su sangre y p e.lazos de ea corazón, orillaron á Grecia á declarar h¡, guerra,
pensando, ilusa, que teniendo ea frente la oposición de loe
poderosos y la censura de los gabinetes, le bastaba la sim ·
patfa de loe pueblos para salir victoriosa en el obscuro
camino que emprend1a. Ayer estuvieron unidos todos
y confabulados para perderá Grecia; ahora no pueden encontrar eea unió111 se apartan cada vez más del deseado
acuerdo, y por distintos y contrarios rumbos llegan al
mismo punto: la humillación del reino helénico.

***
Y en tanto el fiero otomano que no duerme sobre sus
laureles ni se arrulla con los gritos da la matanza, sinoantes bien, siente despiertos sus instintos de lobo carniceroalolor repugnante de laeangre;el fanático'.musulmán
que por atávica tradición mira desarrolladas ene ener·
gfae al resplandor de loe incendios, al fragor de los combates, al eetruende de las ·ciudades q11e se derrumbaH,
en presencia de la Europa entera que los contempla, indiferente al parecer, burlan el armisticiÓ concertado, se
entregan á la orgía del pillaje en las llanuras de Tesalia
conquistada, entran á saco en las ciudades indefensas,
marcan con hierro de esclavitud á los campesinos que
han escapado al filo del alfange, levantan fortalezas, artillan puertos, toman posesión de p1rntoe estratégicos, ydesdeñando las amooestacionee de la Europa cristiana,
congregada p¡¡ra loe preliminares de la paz, entran en
posesión completa del territori'l que asaltaron las huestes.
de Edhem- Bajá, como si fueran duefios y sefioree absolutos.
¿Qué°importa que las potencias pretendan disminuir
la indemnización de guerra, exiian la devolución de la
asolada T~salia y no toleren que se cercene ninguno de
loe derechos ni garantías que tienea loe griegos en terri •
torio turco? ¿Qué importa que con aparente piedad yfingida conmiseración defiendan en el concejo interna·
cional á la humillada Grecia? Cuando la infeliz Te3ali11
vuelva á poder de loe helenos, será un páramo desierto,
un yermo infecundo, un montón de ruinas humeantes,
que significará una pérdida mayor que la indemnización
que ahora se escatima.
Se verán tan eólo huérfanos hambrientos extendi~ndo las manos encanija:ias, en busca de sus padree muertos; ancianos macilentos huyendo, con lágrimas en los,
ojos, de sus hogares malditos; mujeres desgreñadas buscando en vano al hijo muerto ó al esposo degollado.
tY estos cuadros de horror, se toleran en las postrimerías del eiglol Grande ha sido la falta de Grecia al em •
prender la guerra contra el más fuerte, contando sólo
con las simpatías platónicas de algunos pueblos y los
sentimientos filo-helénicos de academias y liceos; pero
es más grande la culpa de Europa que consiente en eeae
escenas que hubiera podido evitar.
Duro ha sido el castigo y tremenda la humillación,.
impuesta por la fatalidad y aplicada por el ciego destino con inusitado foror al rey Jorge y á su pueblo; la responsabilidad de las potencias por la sangre derramada,.
por las humillaciones inferidas, por las lágrimas que han.
corrido de los ojos angustiados, es grande también,.
¿quién será capaz de exigir esa reeponeabilidad á loe po•
deroeoe de la tierra?

X. 'X. X.
1~ de Julio de 1897.

�DOMlllliO 4 DE JULIO DIE 1'97
LA ·DECABENCIA DEL ARTE EN MEXICO

I

Nadie discute, todos lamentamos la decadencia del ar1e en Mé.x~co. J'.intura, ~ecultura y arquitectura, por
·una parte¡ literatura y música por otra, han tenido en
el país épocas de florecimiento y de grandeza remotas ya
y cuyo renacimiento esperamos en vano. Hubo un tiempo ft,Jiz en que Cabrera y Juárez decoraban espléndidamente nues~roe templos, en que Toles fundía la maravi•
llosa estáiua de Cárloe IV -eee rey decadente é imbécil
-y construía la Escuela de Minas y levantaba aére.1 y
--esbelta á loe cielos, como una ofrenda, la cúpula de Santa Teresa.
· Casi por la misma época, Alarcón escribía comedias y
sainetee; después hemos tenido al Pensador Mexicano
escribiendo, salvas sean las proporciones, un Gil Bias de
Santillana mexicano, en el Periquillo Sarniento. Los
archivos de las Ca\edrales conservan misas y motetes de
alto estilo, y Beristain, inspirado en Rueeim, nos legó la
fresca y florida obertura de «Primavera»
He leido en nn crítico ale·
man cuyo nombre me esca¡:a,
,que loe frescos del claustro de
la Profeea rayaban á la allura
de loe de Fray Filipo Lipi, y
he visto madona~ y patriarcaH
-de Cabrera dignos del pinet:l
de Beato Angético.
¿Cómo hemos venido á la
..actual decadencia? ¿De qué
depende que ya no p10tamoe,
ni esculpimos, ni construimos
en un vasta escala, ni con tan
prof~ndo eentimi~nto. ee~~i·
co, m con tan pura msp1rac1on
..artístiea? ¿Cómo es que nu.,etroe edificios modernos, nueetroe cuadros, nuestras estátuae
son copias servileP, imitacio
nea torpes, pr1.ductos helados
de un t,aba¡o industrial y que
no loe anima ya el soplo del
.genio?
Buscar á un fenómeno tan
complexo como son las manifestaciones del arte, causas
simples y elementales, es darse la evidencia de fracasar. El
arte es como la flor, la manifestación suprema, el resulta•
do inevitable de toda la vida,
&lt;le toda la eal'ia, de toda la eetructura del arbol social. El
clima, la raza, la historia, el
estado p1,lítico económiC(!, la
religión que se profesa, la cien·
-cia que se apreud~, la~~o,tum·
bree que se practican, son sus
-orígenes, sus caueae, loa facto· '
res de que depende, loe fenó·
menos que lo explican.
Para cumpreMder el arte de
un pueblo cualquiera, ea for.zoeo concebir su~ itieae, eentir
sus emociones, nutrirse de en
eavia vivir con su misma vi·
da, presenciar lae peripecias
de su historia, combatir como
-él, y vencer co1:óo él Y, eer VtlU·
cido.
El olea je y las corrientes d!l
loe suceeoe, las conq 11is1,~s y
las servidumbres, lae evoluc onee y las revoluciones, el co·
mercio y la prosperidad, la
mezcla y la segregación de las
razas, loe cataclismos políti•
coa y loe cataclismos naturales, levantan 6 deprimen el
.arte, lo elevan á la9 a!tas ci ·
mas 6 lo hunden en profundad
.abismos, imprimen en él su
serenidad como sus tempestades y se rfflejan en sus manifestaciones como en el cristal
&lt;le un espejo. El Arte en la
India es grande como el continente asiático impor:eat,e y
trágico como la religion de
Brahama, nebuloso y confuso
como! a filosofía indoa, estaeioniaro y tradicional como las
costumbres. El arte griego re·
fleja en su serenidad la pureza
del cielo helénico, en eu eime•
tría y ordenamiento loa puros
contornos y loa lineamitmtosde aquellos risuefioa panoramas; como el puebloeaat!éticoy gimnástico,.,¡ arte toma
eomo objetivo la figura humana, divinfaada 'por nna religión queoo es otra cosa que el concepto amplificado y
nermoijeado de la vida mi~ma del hombn&gt;.
El arte del Renacimiento es á la vez mí~t'co y pa~ano
eon todos los terrores de la visión apocalfptica con
todos loe éxtasis d~l iluminismo mfe ico y todas la• puw•
pae y esplendores de la bacanal romana. Como que 1:m el
Renacimiento terminan un mundo y una hi➔toria y de
el arrancan otra historia y otro mundo, el arte 11,rialgama
en suacreacioneetodoelob~curantismo, toda laa eul)('re•
tición y todo el aecttiemo que sucumben con todo el progreso y toda la civilización que reaucitan.
La decadencia momentánea del arte nacion11l. n" P.q
-explicable por modificaciones del clima ni dt-1 s1 elo ni de
la religión, que han permanecido idén~icos, ni dt! 1a 1..,,a,
q11e etnicamente considerada es la misma. y q,w moral, intelectual y socialmente se ha afinado y perft.c :ionado. No
la explican tampoco nuestras guerras civiles ni nuestras

3·

11:L MUNDO

luchas intestinas; la Ualia del Renacimiento fué turbulenta ~ revolucionaria, sufrió inva9ionee, despojos y des•
membramientoa, y sobre loe bordea de aquel cráter brotó,
sin embargo, vigorosa y espléndida la flor del arte. Menos la explican aún las deficiencÍilB 6 lae imperfeooionee
de la enseñanza técnica. No son las academias ni loe
conservatorios quienes promueven el desenvolvimiento
de las ar~ee, es el progrt-so y la grandeza artfstica quienes dan origen á los conservatorios y acad11miae.
A nuPetro modo de ver esa decadencia tiene una sola
explicación posible, y héla aquf:
Las bellas artes, si vistas cte un -laio son poesía y pasión, vistas del o ro son industria y trab ,jo; si conaid~ra•
das de cierto modo son aspiraciones comprimidas, inva•
e1onee de ideal en l.1 vi ta prá~tica; si son dolores y goces
petrificados 6 vaporizados; si repreeentan la más noble,
la más grande y la m te pura em·lnación del intelecto humano, si son una religión y un culto; consideradas de
otro modo son comerc1", medio de vida, maserías pri·
mas y prodnc~oe elaborados.

se hacen construir palacke, pintar cuadros, esculpir e~tátnae, cincelar vasos y joyas, han sido en Grecia
y Roma, en el Asia y en el Africa antiguas, el Estado,
los patricios, loe sátrapas, loa emperadores y ene cortesanos; en Venecia y Florencia los comef?iantea Y loe
príncipes banqueros; durante la Edad Media, loe _Papas,
loe reyes, los sef!.ores feudales, el cléro, y en los tiempos
modernos, la burguesía acaudalada y lo que queda de la
nobleza tradicional.
En México hubo arte mientras exis~ieron unas clases
privilegiadas y ricas: el clero y los burócratas coloniales,
y ha d ..jado de haberlo, relativamente al m.enoe. con el
empobrecimiento de esas c 'asee. El clero levan~ab1 y decorllb1 basílicas, pag,ba mú~icoi y cantantes, 1nsp1uba
sermonee y autos sacramentales, y la nobleza le ayudlba
en Pea activa demanda de obras de arte.
H 1V esas clases privilegiada;i no existen; la hietor!a. ha
pasado un rasero ni9elador por sobre todos los pn rile·
gios. Lo~ ricos de hoy han trabajado eue riquesae Y lae
guudan, las escatiman y las economizan; 01Jmpran oro•
moe y tecalis, y faltando la de•
manda, ha decaído la produo ·
ción.
.
Pero este estado es transito•
rio, la paz y el progreso 0 111·
wrial crearán antes de muchv
nna burgueefa ilustrada, rica
y generosa, que sacari al arte
nacional de so momentánea
postración y que estimulará el
genio y la actividad de nuestros artistas. Volverá de nue·
vo á florecer el árbol y á cu•
brirse de frutos, y bajo DUBE·
t,o eepléndido ci.,Jo, como bajo una cúpnla, i,I ar10 volverá
á ocupar un trono.
Dr. M. Florra,

Julio de 1897.

FRASES CELEBRES

Lee últimas palabras dicbaa
en la hora de la muerte, reeo ·
men frecuentemente, en eín·
tesla rnprema, toda la vida
dfl moribundo.
He aquf las ú1'imae fraeee
de 11lgunoa hombres notables.
~lis manos están puras de
sangre. (Federico V).
He amado á Dios, á mi p11d re y á la libertad. (Mad. de
Stiiel).
Cogiendo la rabeza entre lae
manos: ¡Aquí hay algo! ( Cheflier.)
¡Tú también, Broto¡ ( Jv.li-0
Cbar)
Las cuerdas de mi arpa se
van rompiPndo: entonad el
po~trer canto. [Ossiá11]
¡Creo e11 Diosl [ Victor Hugo]
¡.Juro! [ JI oliere]
¡Vanidad, vamJad, todo vanidad! [Dante] ·
La com~dia ha terminado.
¡ A plaudidl (Augusto.)
Darfa todo m1 rdoo por un
m:nuto más. (Isabei de Inglaterra.)

¡Cabeza de ejército! ( Napo/¡_,ún.M)
h"" 1 Mi h.. 1( l~W·
j 18 1]08 1 S IJOS
wr !,fa.nue/. )
¡Va bien! ( Washington. )
¡ En tus manos, t:!tñorl ( Tauo.)
¡ Luz! JDadme luz! ( G&lt;ethe.)
¡Basta! ( Lorke. )
Haced que oiga por ú tima
VE'?. la m úsira. ( Jfonrt.)
L'\ arteria no late. ( De,curet.)
¡ \fe he sal vado! ( Cronwel.)
Apretadme la mano, amigos. estoy para morir. ( Alfieri )

General de Dlvisi6n, Felipe Berriozabal.

( Con motivo.de su Jubileo.)
Desde el punto de viRta estéticm, un cuadro; una eatát11a, una estrofa, eon una aparición, un emblPma, un la•
m':lnto¡ dePde el punto de vista puramente material, son
una mPr }ancí&gt;\. Ee más, son una mPTcancía de lnjo, destinada á sa.tisfacer, no las nec11sidadea anim&lt;1lea, orgániº"", ganeralea á todo~ loa hombrPP, sino nPce~Hadee mil•
ralee, exquisitas, refinadas, de solo algunos eéree privile•
gia&lt;loa.
DeadePsl;e momPntll la prodncción dP. 111 obra de arte
está sometida á leyE'B econ6miC11e inelndiblE'P. La prod11cci6n dependerA de la demanda, la perfPcción del prod11cto del&amp; competencia, qne ella q •1e promueve. &lt;'.orno
se trata df' prndnrt'lS &lt;le lujo, la cornl)f'tP.ncia no condnce
tanto al abaratsmipnt,o cuanto al perfeccionamiPnto del
prod11ct'l y como no P:itiRface neceaidadPe generalPa ei no fas
de cierta castaó clase pri vi le11:iada, sólo cuan 1o eetaexi•t"I,
es nnmero•a y es rica, habrá eetfmtJlo á la producción,
aliciente al talento y progreso y grandeza artística.
Es as clasi&gt;e pri vi!Pgiadae. ricas, sibarita~. que promueven en el orden económico el progreso del arte, que

Ha llegado el momento de
dormir. ( Byron.)
¿Nos volveremos á ver?..... .
( Lamenna i8. )
DejadmP. morir al eón de la
música. ( Afaabeau.)
. Vov á dar un gran ealto á la eternidad. ( Hobbl!8.)
Y terminaremos con lae que hemo~ óído asegurar qne
pronunció el Rey Don Alfonso XII:
«¡Qué condicw, Dios mío, q11é c0Qflictol11

.,,._,,,...,.

Hay que educará loe príncipes como si no lo fuer.10.
Lui.8 Felipe I.

*

La libertad dobla la pote~c~a de las instituciones militare~; ella las reglamenta y modera 11. su uso.
D¡¡,que D'.Aumale. .
Q11é l1htima que no haya***
más que la palabra coquete•
ría para designar el deseo de agradar.
G&lt;Uton Deschamps.

** da en perfume amo
. á 1a
La mujer es una flor que•no
sombra.
Lamennais.

•

�.,
B;L MUNDO

4

VICTOR H UG O
Viotor Hugo, ese milll'nario de la i_nteligPncia, ee un sol. De eu cerebro brolan tdeae co•
mo brotan resplandores del !]l0narca _del dla.
Su palabra apocalíptica y eubhme domma con
el poder omnipotent.e del genio. Cada obra eu•
ya ee una regeneración.
. .
Su mirada de aetro penetra en las trn1eblae
de la miseria; alumbra la frente manchada del
galeote; levan$&amp; á la mujer ra~da; pone ~na aureola eobre la cabeia infantil del gamin-héroe
d~ Parfe· bucea en las profundidades inmundas
de aquelÍa gran ciudad para salvar de las rlo~cae á un Leónidas de veinte primaveras; refleJa
einie~roe ful~oree sobre lae barricadas; y de \odas las mieenae, de todas las mezquindadee, de
todas las inmundicias, hace surgir la luz .Y la
verdad como infatigable defensor de loe déb1lee,
de loe oprimidos, de loe miserables!
Víctor Uugo ee una de lae más grandes _gl0riae de Francia, y como ésta, ha ,rabaJado
para la humanidad.
Sus obras son coemopolitae, porque en todas
partee hay dolores } hay l~rimae que e~juga!.
Víctor Hugo ee para Francia lo que Francia
para el mundo: una palanca. Si Francia no
tuviera otras glorias, le bastaría con el autor de
«Nuee,ra Seflora de Pa1·fe.,, Víctor Hugo es Moisés en el Sinaf, Licurgo en Atenas, Byron en la
tierra madre dPI" arte, Garibaldi en balia y T'ic
tor Hugo en Francia. Francia ea la NaciónJeeúel
Cnand&lt;' eintái&amp; en el alma la duda que, como
Satnrno, devora á eue propios hijos; cuando cont.empléis triste el pasado, aterrador el preeente
y SQmbrfo el futuro, no recordéje el L&lt;1Rl'~te ogni ,peranzii del Dante, no llaméis al méd1co:bUBCad al doctor Victor Hugo. El cura todas
las enfermedades del alma. Su genio tiene lo
mismo el poder del telescopio para explorar
laa regiones interplanetarias, que el poder del
microscopio para fijarse en esos dolores ocultos
pero mortales.
Yo miro en él gran parte de la grandeza_ de
nt.e siglo que claudica en loe umbrales del e1g'o
XX. Ee inspirado en eue «Odas y Baladas», en
«Las hojae de Otofto,, y en los «Cantos del Crepúsculo•, pero es grande y sublime cuand&lt;, re •
cuerda á Píndaro, y ee incomparable cua~do
pulsa la lira del entusiasmo como _poeta lírt~1No sé qué admirar más en él, et en fecundt•
dad aeombroea ó el poderoso genio de su fecun.
didad. Tiene algo de Ticito en eu prosa cortada.
Cada linea, cada verso del poet.n, encierran una
idea, una idea hecha verbo. De eetae encarnaciones surgen lae grandezas humanas.
Yo he sentido una hoguera en el corazón al leer eus
«Orientales;" mA inclinarla reverente ante loe vaticinios
de la «Esmeralda;" besaría los zspatitoe que beeaba la
desolada madre de la gitana, y tendería la mano de amigo á «Cuasimodo." Sería un ferviente, ei existiera el Obie•
po «Bienvenido;» crfspanrfanse moa nervios ante la pasión
bestial del clérigo de «Nuestra Seftora de Parfe;" anhela1ía la honradez de «Juan Valjean," me es imponPnte el
rnicidio Je «Javerl&gt;1 y siento hervir mi eangreen «\Vater•
loo.»
Las ideaa An el cerebro eon como loe aetroe en el lago.
Brillan con folgor intangible.
Yo creo en los inmortales. Los muertos de hoy vivirán maflana la vida de la tierra ó la vida del peneamiento. La transformación ee un hecho. Para unos, el cielo;
para otroP, la vida, cualquiera que esta eea.
La materia no muere: florece. El espirita es nu Anteo.
Loe "randes muertos tienen una eflorescencia e~rna: la
gloria!
La poesía ee la fe, Pe la imagi•
nación de lo creado. Víctor Hngo
poeta es como el mar:.tiene brisas
y huracaneP, monPhunP y perlaP...
¡ll y a de3 lwm mcR ocdans en e.fJet!
MIGUEL BOLAROS CACHO.
RECUERDOS H

de haberlo leído, no hayan guardado en eu corazón una dulzura eterna.
Y sin embargo, Mueee&amp; no nos eneefló á vivirni á morir; cayó a cada paso; solo pudo, en su
agonía, levantarse de rodillas para llorar como
un nifio. No importa, le amamos; le amamos
ve rdaderamente, como ee ama á una mujer que
noe fecunda el corazón martirizándole.
Y ee que Mueett lanzó el grito de deseeperacióu del siglo: es que fué el más joven, el que
más padeció de todos nosotros.
El sauce que manos piadoeae plantaron delante de su tumba, está siempre lánguido. Nunca
este sanee á cuya sombra quiso dormir, ha c~e•
cido vigoroso y libre, en la fuerza de la eav1a_
Sus hojas amarillas cuelgan tristemente; sus
ramas ee inclinan hacia el suelo. Quizás sus
raíces van á beber en el corazón del muerto
todas las amarguras de una vida derrochada.
Ptrmanec{ pensativo largo rato. Allá abajo
zumbaba Paríe. En el cemeterio, el grito de al•
gún pájaro, el susurro de algún insecto, el c~as•
quido de alguna rama_ que se rompía eúb1t~•
mente. Deepuée, silencio profundo en medio
del cual se oía mejor el respirar de las tumba@.
Sólo un vecino del barrio, algún modesto rentista sm duda, avanzaba ijuavemente por la alame·
da, en zapatillas, con las manos á la espalda.
como honrado individuo de la clase media qu-,..
aspira las primeras bri@as tibias.

5

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustraciones tomadas de Jas fotograflas hechas en ~¡ curso de la expedición.

Mis recuerdos ee despertaban. Me hablaban
de mi juventud, de la época feliz en que recorría loe senderos de mi querida Provenza. Mue. set era entonces mi compaflero. Le llevaba en
el bolsillo; y detrás de la primera zarza solra ba
mi escopeta sobre la hierba. me sentaba y leía
al poeta, á la sombra ardiente del mediodía
perfumada con el aroma de la salvia y del tomillo.
Le debo mis primeras penas y mis primeras
alegrías. Hoy aún, en la pasión de análieie exacto que me devora, cuando me suben al ro~tro
oleadas repentinas, de ju ventud, pienso en es•
te desesperado, y le agradezco el haberme eneeflado á llorar.
E:mLIO ZoLÁ.
~

Señorita Muía land11 y lozano.
(Fotograífa Yalleto y ~ . Mi!xlco.)

las callee de árboles. El silencio era imponente. !Qué
aromas tan pe!!etranteel ¡Qué ráfagas ,·enidae no se sabe
de dónde, templadas como alientos acariciadores d&amp; mujeres que no se ven! Se siente que wdo un pueblo duerme
en aquella tierra que se conl'.X\Utive y Ee qut-ja bajo el pie
del traneeunte.
Se escapa de cada arbusto, de cada hendidura de las
losas, una respiración regular y dulce C&lt;'mo la de un niflo, que flota trae del suelo, con la paz inefable del últi•
mo sueflo.
Muchos inviernos han pasado eol:re el busto de Mue•
eet. Lo heenconirado más pálido, máP enfermizo. Lae últi •
mas lluvias le han vestido de nuevo. Un rayo deeol que cae
por entre las ramas de un árbol vecino, ilumina con viva claridad el perfil fino y nervioso del poeta. Este me•
dallón con su eterna sonrisa, tiene un encanto que entristece.
¿A qué atribuir el extraflo poder que MueFet ha ejercido en mi generación? Hay pocos jóvenes que, deepuee

,, 4

~

Eotramos al 7? semestre dii n11eetra existencia con brio~o ánimo para continuar la lucha,
con las mil dificultades que una publicación de
la fndole de la nneetra ha dA encontrará fuerza en un país donde nin,zún ensayo anteriorhabía det.erminado segura y amplia ruta en el
mttier dii las revistas ilu~radae, y con grandes esperan•
zas de llevar, por fin, nuestra publicación á la altura quiiconstituye ha mucho tiempo nuesho objetivo. A Pn·
tiempo iremos determinando las mejoras que en los eeiR
meses rPstantes de este afio nos prooonemoe realizar v
que eEtudiamoe concienzudamente. Por lo pronto, parécenos oportuno solemnizar la nueva etapa periodística,
obsequiando á nuestros abonados un PRECIOSO CROMO hecho especialmente para EL MUNDo.
Terminaremos antes de quii Julio termine, la hermosísima relación del viaje de Naneen, que entra ah(lra fn
el periodo más conmovedor, y crean nuestros lectoree
~ue á su tiempo tal sección será substituida por otra valiosa. Con el número próximo concluirá nuestra novela
ilustrada, á la que también sucederá una nueva, muy
hermosa, y en suma: al retirar una sección, sea cual fuere, tenpremos por toda norma: qoe la que ha de substituirla la supere en mucho.
Supuestos tan buenos prnpóeitos, enviamos á nuestros abonados el saludo de coetum bre.
Otro pago de $10,000 de "LA
MUTUA" i la viuda
del Gral . O. Leopoldo Romano.

MUSSET

:Me gustan loe cemPnterioe en
loe días de eol claro Voy á ellos
con la cabeza desnuda, olvidando
mis odios, como á una ciudad
Ranta donde todo es amor y perdón.
U na de estas maflanae me enea•
miné al Pére Lachaiee. Las filas
de blancas tumbas se desracaban
en la limpidez azul del horizonte.
Mazas de árboles se alz11ban en la
colina, dejando ver, por entre el
encaje aun naciente de eue hojas,
loe soberbios eepulcroe, loe gran•
des mausoleos. La primavera es
compasiva con loe campos donde
repo!lln nnestroe muertes bien
amados: cubre de blanco césped
las alamedas que recorren pausadamente las jóvenes viudas; blan•
quean loe mármoles con eu luz
alegre y pura. A lo lejos se aeeme•
ja el cementerio á verde ramo gigantesco, salpicado aquí y allá de
manojos de flores de espinos blan•
coe.
Las tumbas son como lae flores
de hierba y del follaje.
:.'II~ interné con paso lento por

•

DAMAS DISTINGUIDAS.

OOMIIIGO ♦ OE JULIO Dl •ltT

Recibí de «The Mutual Life Ine.
f'o of New- York,» la cantidad de
$10,000.00 diez mil pesoe,'en pago
toia I de cua ntoe derechOIJ ee derivan de la Póliza número 485,280,
bajo lacual estuvo aseg11rado el
finado SR. D. LxoPoLno RoMANo,
y para la debida constancia, en
mi caracter de albacea de la testamentaría del finado, extiendo
el presente recibo en la misma pó•
liza que ee devuelve á la compa•
flía para su cancelación, en Tepic
á 22 de Junio de 1897.
LEONOR }!. VIUDA DE ROMANO.
Yo, Tomás Andrade, Escribano Público, certifico: que el reci-bo antecedente fué firmado en
mi presencia por la Sefl.ora Dofla
Leonor Mercado, viuda del Sr. D.
Leopoldo Romano; y doy fé deconocer á la misma eeftora, quien
tiene el carácter de albacea e12 la.
testamentaría del expresado eefl.or Roms no.
Tepic, J unio 22 de 1897.
ToMÁ5 ANn RADE.
Señorita Florenc:la Wllson, del Canadá•

Sobre la c:lma de un "hummoc:k."

•Sobre este viejo yelo que va del mar de Siberia, al mar
de Groenlandia, lae t.erriblee presiones han levantl'l_do altos hummocke: en estío loe rayos del eol han fund1_do la
corteza exterior; en invierno la nieve la ha recu~1erto,
aun cuando parecen ice~ergs máe que am?ntonamtentoe
de hielo de mar prodnctdoe por leva~tam1entos ........ .
«D()Tningo ~4 de Marzo......... El viento del ~orte n~e
corta la cara......... Hemos visto el fin de este. ~1elo umdo sobre el cual se sentía tanto p lacer en v1aJar.... •••·.
Ayer hicimos cuando más 7 milla~. Se nos rompe 1~ espina teniendo que levantar continuamente loe tnneoe
pesadamente cargados. Los dfae se alargan: no tardare·
moe en tPner el sol de media noche......... Hemos matado
á Kivjacgeren ayer tarde y n&lt;;&gt;s ha dolido mucho descuartizarlo y dividirlo en 27 porc1ones.•
.
El hielo continúa siendo generalmente malo; es ~rec1•
so sin cesar ayudar á loe perros á levantar loe trineos
at~cadoe, y llevarlos á mano p~ra fr~nque~r loe pasos
más peligrosos. Los viajeros ee sienten rnvadido~cuando
llega la noche por el irresistible. sueflo de la fatiga. Sue
ojos 88 cierran, y duermen caminando, hasta que una
cafda loe despierta.
L,I. VIDA BAJO LA TIENDA CON

MÁS DE 40º

za de armadura. A cada movimiento crujen y si ee pudieran q11itar ee mantendrían derechos. La manga helada
del paletot 'de Naneen le deja bien pronto en _los pufloe
profundas grietas, una de las cuales llega casi hast'a el
hueso y no ee cura antes del tietlo. Naneen guardará la
cicatriz toda su vida.
. ..
En el saco, lentamente, loe vestidos se flex1b1hzan y
deshielan. Pero Naneen y Jobansen gastan ~sf mucho de
su calor natural. Se repegan al saco y sus dientes casta·
fl.etean durante una hora, antes de que sientan de nu~vo
en ellos un poco del calor indiepe~eable. Por fin el hielo
que solidifica sus redes se ha fu~dtdo completame~te,. pe·
ro permanecen húmedos: al sahr del saco al día e1gmente ee endurecerán de nuevo. No habrá que pensar en se·
ca'rloe mient1as dure un frío excesivo.
Naneen como cocinero, está obligado á mantener'!8 6
poco men~e despierto, para vigilar las oper~cionee cuhna•
rías. J ohansen, dormita á su lado. Dorll1lr y comer; en

DE FRÍO,

Desde que han encontrado un campamento un po_co
abrigado contra el viento, Nanees y Johaneen ee detienen. En tanto que Johanse1:1 cuida loe perros, N~neen
levanta la tienda, llena de hiel? la calentadera, enciende
la lámpara y comienza la comida. Esta se compone un
dia, de cada tres, de un p l~to de L?bscmr..~e ( carne Y patatas eecaP ) - 6 de una especie de fritura de pescado cono•
cida en N~ruega con el nombre de fiskegratm , y C&lt;?nfec·
cionada á loe 85º de latitud, con pescado pulverizado,
harina 6 man~quilla,-ó bien, al t.ercer ~fa, de una eopa
de guiMantes, de habichuelas y de lente¡as1 con Pªt\ Y
pemmican. Johansen confiesa_su prefereno1a por 1a o 8·
couse y Naneen por el fiskeg ratm.
Inmediatament.e que J ollansen ha acabado con loe~rroe loe diversos utensilios de cocina son llevados _baJo
la ti~nda, el lecho-saco se extiende y la puerta se c1~rra
cuidadosamente! Luego los dos compa~eroe se deehz~n
en el Paco para deshelarse. Durante el d1a las exhalac10nes húmedas del cuerpo se han condensado en las tel';'B.
Cada traje exterior se ha vuelto tan duro como una pie•

esto se resumen para ellos todas las alegrías de la existencia.
"d
.
Lobecouee, fsikegratin, ó cena, la comt a es siempre
deiciosa. El día se ha pasado en desear la hora de la colación.
d f ·
Algunas veces, sin ~mbargo, están de tal mo º. at1gadoe que sus ojos se c1er~n, que la mano ee ?-et1~ne en
su camino, entre la eecud1lla y la boca y cae rna_mmada
y la comida se vierte sobre el saco. Tragado el ali~ento,
loe viajeros ee permiten ua pequeflo extra: agua cahente,
tan caliente como el paladar puede tole~rla, en la cua!
ha sido disuelta un poco de leche pulvenzada. Esto oas1
tiene el gueto de la leche hervida y es muy confortante:
se siente uno, dice Naneen, ,recalentado de la cabeza
hasta loe piée........ ·"
Después, continúa, nos acurrucaD?0B dentro del eaco,
Jo cerramos cuidadosament.e por encima de nuestras c~bezas, nos acostamos el uno contra el &lt;;&gt;troy nos dormimos inmediatamente con e I euefio del ¡usto. Pero hasta
en nuestros sueños perseguimos. nuestra marcha penosa
y no interrumpida, siempre hacia el Norte_, amenazand?
á los perros é impacientándonos de la lentitud de loe tri·
neos · y frecuentement.e me deepiertaJohaneen queeneu
8 ueft~ grita: «Pan, Ba rrabas ó K lapperelangen: «¡Dónde
diablos estala, perrve de mis pecados! ¡Vamos,. ~riitoel
«¡Saee, Sasel" y otros juramentos que es más dif1c1l repetir.
. 1e d"1strngmr
.
. nadJi en t re
Martes 2 de A bril.-Ee impoe1b
la bruma. Huecos y relieves, todo_ ~e blanco. Delgadas
capas de nieve cubren los insterst1c1oe de loe témpan os.
Se pone en ellas el pie sin desconfianza Y. cae uno con
la pierna cogida entre la grieta. Es maravilla que no e~
produzcan fracturas.
.
.
.
..
«Para reconocer un paea¡e practicable, es_ prec1~0 dmgirse hacia adelante, á veces á una gran distancia,. buscar en una dirección, después en otra y volver hacia los
trineos para tornar á partir con ellos; se hace ':'8! tres Y
cuatro veces el mismo camino. Ayer, cuando h1c1moe al•
to, yo estaba extenuado.
. .
«El hielo parece vo~veree m~s v ~áe malo y yo
p1egunto si es cuerdo continuar hacw el ..\ orle más lfrgo 11~111po.
«Por la maflana nos desayunamos con una rnfue1ón de
avena ó de chocolate, redactamos nuestras J?,0tae Y nos
ponemos en camino. ¡Cuántas veces nos eent1mce tan fa.
,igadoe que daríamos cualquier coea por volver ~l taco y
dormir veinticuatro horas más.. ...... Pero es prec1eo mar-

,~f

Perro c:onduc:ldo á la muerte.

(*)

• Cada vez que debía ser muerto un perro para nutrir ll los sobrevivientes, J ohansen, tl. quien lncumbla esta tarea, lo llevaba detrás de
un "hummock" tl. fi n de no degoll&amp;rlo ante sus compafleros de vio.Je.

�EL MUNDO

6

..
w-V?"',;:-:--,~::..:::~~i~~~\;;¡¡;¡!JIIN~""'-1
'

~

~

Carta de la tierra de Francisco José.

char1 marchar hacia el Xorte. Hecha nueetra toilette,
debe moe irá la nieve á poner en orden la car¡¡;a de loe trineos! guarnecer loe perros y aiarlos. Y después en camioo Yo voy delante en mis eki, seguido de mi trineo.
Johaneen viene en seguida con los otros dos trineos.
Hay que excitar sin tregna áloe perros, herirlos y ser
cruel con ellos. Eso hace sangrar el corazón; pero volvemos á otra parte los ojos y nos e~durecemos razonando. Ea neceeario no tPner mieericordia.
Todo debe ser s2cril11:ado á nuestro fin y la piedad debe hacer sitio ai egoísmo ........ .
T'ierue, !19 de Mar:o.-Oh e~te eterno enredarse de las
rienias, que loe perros en sus saltos desordenados, origi•
nan como á placer! ¡Olt! eeas inextricables madejas y las
infernales complicaciones de loe nuios que hacen sin
cesar las malditas bestias!. ........ Con esta ,emperatura,
con las manos helada~, ca-1i sin piel, ee un trabajo terrible.
1Ayn tarde la temperatura se elevó á 3-1°, hemos tenido la mejor noche qne hayamos disfrutado desde hace
largo tiempo ......... Una obeervación del meridiano que
hice ahora, nos coloca á Siº :30' solamente; yo no me
preocupo;_debemoe estará 86°. hay algún herror......... •
EL l'OLO l:OC~CCESIBLE

El 30 de Marzo la situación se determina por comple•
to; el termómetro ha vuelto á bajar á 43° y la opresión
del frío recomienza. Dc?spués de haber hecho camino du·
rante algunas horas sobre un hielo unido, al cual jamds
están habituados, Xansen y Johansen son detemdos de
pronto, son detenidos por espantosos amontonamfentos
dP témpanos. Loe perros caen en las grietas; uno de loe
trineos los, sigue y para levantarlo hay que desr,argarlo
enteramente. El fin de la jornada se paea así, luchando

Atravesando un dep6sito de aeua dulce.

sin avanzar. Si no tuviésemos por la noche el calor del
saco para calentarnos aquello sería desesperante.
Sin embargo, la jornada del día siguiente. 31 de Marzo,
se anuncia bien. Et tiempo ha cambiado; el viento sopla
del Sur y el termómetro está a 30° ......... una temperatura de eetlo polar. Deegraciadamente, cuando loedoe hombree y loe perros pasaban rápidamente sobre un hielo
regular, de pronto se abre una grit1ta ante ellos. El trineo de Nanee a tiene justamente el tiempo de atravesarla,
cuando es 11ún estrecha. Pero en el momento en que
Joansen 88 dispone á franquerla á eu vez, ee alarga, cede un trozo de hielo bajo de él, y cae con las piernas en
el agua. Naneen con un tríueo está de un lado; Johaneen,

con las piernas mojadas heladas ya; está del otro con los
demde trineos y entre ellos la anchura de la grieta aumenta más y mds. Imposible servirse :ie los kayaks, que
han eidu 11gujereados durante la marcha accidentada de
los días precedentes. La shuación no deja de ser crítica.
Por fio, deapufe de largas investigaciones se descubre un
paso. Ya era ti~mpu de que se levantase la tienda y se
preparase el lecho-saco, pues las dos piernas de X.meen
no eran más que dos piernas de hielo compacto.
«Jlíerco.'es S d, Abnl.-Un eegundo perro, Ruuen, ha
sido muerto. La carne ha sido dividida en veintiseie partes igualee, pero ocho perros la rehusaron; 88 lea dió
entonces pemmican. El hielo ante nosotros no era por
cierto halagador. Esos muros de témpanos enta~adoe, son
deseepemntes y no luy perspectiva algur.a de mejoramitnto.
«A. medio día tomé una obaervación: estamos á 85° 5!J'
Es sorprendente que ne&gt; estemos más lejos; á pesar de
nuestros esfuerzos casi no avanzamos...... .Me he perci•
bido desde hace algún tiempo de que es imposible lhr¡ar hasta el polo 6 siquiera hasta eu vecindad inmediata, .sobre una banquisa tan accidentada y con loe pe•
rrosque tenemos. Si fuesen siquiera miie numerosos!»
Por otra pa~, Xanrnn per6iste en pandar que los progresos de eu marcha, por lentos que sean, debían haberlo conducido más al norte. O acaso el hielo que recorre,
no contento con oponerle los mil accidentes dti su superfi•
cíe lo rechazaría hacia el eurel\ una derivación con,ínua?
E~ta es la sola explicación plansible. Pdro entonces, para qué obstinarse en una lucha inútil?
• Vier,us 6 de Abril.-Nuestra latitud con fecha de ayer
era de 86º 3'...... Debemos ansayar alcanzar los 8i grados? Duio que lleguemos si el hielo no mejora,,,
L~jos de mejorar el bit:110 empeora todavía. «.\yer, escribe Naneen el 6 de Aoril, llegué á los límites de la desesperación y cuando nos detuvimos esta maflana, había
casi decidido la retirada. Iremos sin embargo bacía adelante un día aun, á fin de testificar si el hielo es realmente tan malo com'l lo parece desde la cima dal amontona•
miento, casi de treinta piea de altura, cerca del cual
hemos instalado nuestro campament:&gt;. Hemos hecho
apenas 4 millas ayer: las grietas, los amontonamientos ...
siempre lo mismo ...... Se diría una inmensa cordillera
cuyas rocas fuesen témpanos...... Levantar los trineos
para pasar cada aspereza, es una labor que fatigaría á los
gigantes ..... ,
El domingo 7 de Abril de 1895 fué el últim6 día de
Naneen y de Johansen hacia el polo.
Levantaron el campo á las dos de la maflana y avanzaron basta donde pudieron en medio del caos. De,pués
fué imposible.para los trineos continuar.
Naneen con patines recorrió aun algunas centenas de
metros sobre la banqui8a polar, inviolada anteirde él.
Subió sobre el más alto hummock. El amontonamiento
caótico de los bloca de hielo se extendía hasta los lfmi•
tes del horizonte.
Persistir aún habría sido locura. Si los viajeros debian
encontrar mucho hielo semejante en la dirección de la
tierra de Francisco José, no tendrlan por mucho tiempo
víveres y fuerzas para llegará la sola playa donde está la
ealvación.
·•He determinado, pues, escribe Xansen, detenerme é
instalarme en el cabo Fligely. Hemos acampado, y bajo
la tienda levantada en el punto más septentrional que
haya sido alcanzado nunca, nos hemos ofrecido un banquete de lobscouse, de pan y mantequilla, de ::hocolate
seco, de compota y de leche bien caliente. Después, con
una sensación deliciosa, olvidada desde hace largo tiempo, de bien estar, nos.hemos deslizado en nuestro que
rido saco, nuestro meJor abrigo.11
Cuando Xansen y su compafiero se despertaron la maffana del 8 de Abril, la bandera noruega que habían enarbolado, fl.otabl á unoa 86° 14' de latitud Nor$e y !J5º de
longitud Este. No habían alcanzado la vecindad inmediata del polo ni aún el 87°, obje~ de sus esfuerzos
supremos. Sin embargo, hablan pasado del 2° 501 la latitud de Lokwoood y superado en 314 kilómetros y me•
dio el record establecido en 1883.
Estaban á 418 k:.ílómetros ( la distancia de P,1rfs á Oler•
monFerrand) del polo matemático.
IIACI.A ATRÁS

•Del 21 de Julio de 1893 al 7 de A.bril de 1895, durante
cerca de veintiún meses, la divi&amp;a de Naneen había sido

DOMINGO 4 rf-, JULIO de ,80-,

EL MUNDO

DOMINGO 4 OE IULIO DE 189_7

Johanaen •puntando á una morsa.

¡Adelante! A partir del 8 de Abril de 1895 fué: ¡Hacia
atrás! mas esta 1etirada fué la parte más sorprendentti Y
más conmovedora del viaje. Naneen y Johansen, gastaron
una increíble suma de energía física y moral.
•
.lfar/,•s 9 de .1/ml.-•La etapa de ayer ·fué la primera
del retJrno al país y al home. Prevalamos el mismo hielo
impracticable; así nuestra sorpresa fué grande cuando
bien pronto encontramos una superficie demasiado pasable, qut:1 rápidamente se mejoró aún •
«8,íbado JJ de ·Abril.-...... No comprendo esta súbita
modificación en la naturaleza del hielo. Acaso encontra•
mos hoy menos dificultades porque marchamos en el sentido de las aristas y de las asperezas, de suerte que pasamos entre ellas en vez de tener que abrirnos un camino
por encima. Además, avanzamos paralelamente á las
grietas en lugar de abordarlas perpendicuiarmente.
«A.yer tuvimos la desgracia de olvidarnos de darles
cnerda á nuestroS:relojee, que se han parado. Para encon·
trar aproumativamente la hora d~ Greenwich, necesito
tomar una obaervaclón del tiernpo y una observación de
la latitud; después estimar tan exactamente cuanto es
posible el camino recorrido desde el 8 de Abril, d(a en
que tomé mi última observación de longitud. Esperofque
asi el error no será considerable ......... .
La tiesta de.Pascuas que e.da en H de Abril, fué consagrada-con una comida bie,, entendido-y sobre todo
á los largos cálculos necesarios para vol verá encJntrar
la hora. Las valuaciones de marcha y las observaciones
casi no se compadeclan: según las primeras, Naneen
crela haber llegado á 15 minutos más al Sur que lo indicaban los segundos......... • Es que derivaremos ahora
hacia el Norte? Se preguntó Naneen. Eso sería excelente
para ei Fram, más poco tranquilizador para nosotros.•
En cuanto á la longitud, Naneen supuso que era de 83º •
4.3'. E: esa cifra no era ciertamente exacta, pero él la
tomaba en lo de adelante para base de su3 cálculos y
notend1ia después, cuando conociese la longitud verdadera, m!ie que hacerle una corrección uniforme.

A remo.

nifiestamente vergüenza .de e.f mismo y acabó por volve~,
y sin nueva tentativa de escape se dejó guarnecer, m_1•
r,ndome con ojos que imploraban mi perdón. Yo babia
tenido intención de pegarle: sus ojos me desarmaron.
•······Un poco más lejos advertí que había extraviado
el compas y volví sobre mis pasos. Lo encontré, pe:-o en
el camino me incomodó el calor. Una lasitud grande me
invadía, y, cuando alcancé los trineos, Johansen se había quedado dormido al halago de eot.. .... el Lermóme•
tre ma:caba 26° bajo rero.
«Milrcolei 17 de Abril.- ...... El hielo que atra\'eeamos
actualmente, parece ser el mismo que rodea al J&lt;'r~m.
Efectivamente, hemos llegado ó poco menos á la región
en que la derivación ee prc@igue. (1)
.
•······ Vamos á grandes pn_sos bacía la tierra y hacia el
estío. Ya no es penoeo ahora levantarse de ma1lana,
con una buena jornada de marcha en perspectiva, de cocinar dt:1 dormir calientes en el eaco y eoflar t:n las alegr.fas 'del retorno á nuestro l,r,me. ... . . N uest ro home.1••· .. •
LA RETrR.\DA DE l\.\)'(SE:-i y JOH.\NSE:-i

(Continúa.)

Las etapas de l\Iayo no ofrecen nada de particular,. Y
los exploradores, después de haber recorrido regular distancia llegan al corazón del eetío.
•Domir,go ta~ Junfo. - ...... El Pentecostés. Cuán hermoso es tod" ahora en el paíe, en tanto que nosotros es•
tamos entre ta bruma, el viento y la nieve...... ! La pequeiia Liv irá á comerá casa de sn madre grand~ ahora;
quizá en este momento mismo le ponen su vestido nue•
vo. Bueno! Bueno) Ya vendrá el tiempo en que yo la
acompanaré-pero cuándo? Voy á dedicarme á acomodar de nuevo los kayaks y todo irá bien. ,,
La víspera de Pentecontés, ~aneen y Jobansen han
levantado su tienda al abrigo de un hummock, para un
alto de muchos días. Los kayacks, de los cuales se espera de un día á otro poder servir11e, tienen gran necesidad
de reparaciones v los dos hombres trabajan con ardor
para ponerlos en buen estado. La tarea es tanto más larga cuanto qne es preciso ser más cuidadosos con.los ma •
teriales: no sería fácil reemplazarlos en la banqmsa.

Ri hay que rehacer una costura, deben, p.unto por pun·
to retirar el hilo sin cortarlo, á fin de eervirae de nuevo
de él.
Xinguna pieza de caza viene desgraciadamente al al·
canee del fusfl, ei no es algunos animalillos que no valen .
un cartucho. Se peHa el pewmican, la manteca, el pan:
es tiempo de ponerse á ración.
Por su parte los perros están hambrientos. Devoran
cuando no se les vigila de cerca, la tela de sus arneses Y
aun el cuero mismo y la madera de los 8ki. La tempe~tura es de una dulzura extrema, el termómetro ha sub1•
do á cero, los témpanos comienzan á derretirse. Un d ía
llueve. Lluvia! Qué alegría se siente al oír sus. gruesas
gotas berir ta eeda de la tienda)
El 7 de Junio está terminada la reparación de los ka yak;
Hombre y perro tropiezan á c:•dil paso.
y el s :N"ansen y Johansen vuelven á ponerse en camino.
La penuria los amenaza; el deeastre se hace esperar: · ePperar un cambio en el estado del hielo. Hemos comido basta saciarnos en la cena y en el desayuno, deepu~s
88 preciso ensayar aun el avance con los trineos á través
delcans de témpanos, del laberinto de grietas y de un de haber estado hamhrient&lt;,s muchos díae. El porvewr
parece asegurado y brillante: no más nubes sombrías anverdadero pantano de nieve mojada. Dónde está ~ues
tes
de largo tiempo en el horizonte!. ..... ,,
la tierra? Dónde ta agua libre? Sin embargo la latitud
Fue en el curso de esta travesía cuando los exploradodel cabo Fligely ee ha alcanzado 6 poco falta.
Basta muy poco para volver la esperanza á los hom- res mataron su primera foca. Los kayaks acababan de
atracar en el decli v'3 del hieio y estaban ya retirados á
bres enérgicoe.
Un día Naneen descubre en un canal un pequelio ba• medias del agua, cuando el enorme animal Btl mostró á
algunos metros. Herido por el tiro de fusil de Johansen,
calao muerto.
•E3 un teeoro el que acabo de encontrar. Donde hay harponeado por Naneen; vivía a(rn. Xansen temía que
en un esfuerzo supremo se le escapase, y le hundió dos
peces en el agua, no se muere de ioanición. •
.
Es que la cuestión de los víveres tiene ya un capital veces su cuchillo en la garganta; brotó un gran ~audal.de
interés. Las provisiones se han reducido á nada Y los sangre y el agua se enrojeció basta una gran distancia:
viajeros marchan al hambre más rápidamente que lo que "Yo lamentaba, dice Naneen, perder así lo que nos ~u·
avanzan hacia el mar libre 6 hacia la tierra. Hace tres biera proporcionado un almuerzo tan bueno; pero mÑ!
rave habría sido perder la foca entera » Durante este
metes que han abanáonado el Frau1, habían partido cun
cien dfae de víveres y no les han ai'iadido hasta el pre- !empo, el grupo formado por loe kayaks y loe trin~os ee
había desligado; una de las embarcaciones habíase llenasente más que dos gaviotas y un pequeiio pez.
do
de agua Y el horno de petroleo, felizmente ligero por
Nansen repasa y rehace sus cálculos. Acaso está muque
era parcialmente de aluminio, fbase, danzando socho menos al Oeste de lo qne ha creído; quizá loa relojes
se han adelantado un poco. Pero aun suponiendo que su bre las olas...... Todo fué salvado á tiempo, pero d~~puée
longitud sea de 5 grados más al este de lo que ha calcu- de un bailo que transformó el pan y las otras provmonee
lado la tierra Wilczek, á falta de la del príncipe Rodol- en Un mazacote exajeradameote salado. Sin em\:argo,
·6
como las municiones nada sufrieron, el resto le p~rec1_
{o ; 0 debería estar lejos. Si al contrario, la derivación
h~cia el oeete ha sido más fuerte aún de lo que se ha á Naneen muy poca cosa en comparación de las ID€.st1comprobado, si su longitud de 6 6 7 grados más al _oe~te, mahles ventajas de la importante captura que había sido
se encuentra forzosamente entre la tierra del Pr1nc1pe hecha.
EL c .ntPA)IENTO DE ESl•ER.\.
H.odolfo yla del rey O.car...... Quéimportael nombrede
Ja ribera á donde llegue, con tal que sea una ribera Y enAbundantemente provistos de víveres. N ansen Y J~cuentre medios de h11cer provisión?
hansen podían en lo de adelante esperar los ~co.nt.ec1Hombree y perros, atados con los miemos arneses, es- mientoe: desastre 6 acaso derivación de la hanqmsa so~re
tán al cabo de sus ·fuerzas, vacilan y caen á cada paso. la cual habían levantado su tienda. Habíanse detrn1do
y Naneen comprueb.i el H de Junio que toda est.1 ener- el 22 de Junio; no volvieron á ponerse en marcha hasta
gía se ha gsetado en pura pérdida: el viento ha rechaza• el 22 de Julio. «Nuestra eituación, dice Naneen, me re•
do al noroe~te la banquisa sobre la cual se agotan ello3 cordaba la de esos esquimales que ee dirigieron una vez
en"ªªº· Pueda al menos.esta derivación conducirlos al al fondo de un jjord para recoger hie1 bae, á fin de t~ner
mar navegable. Entonces declinarán hacia el Spitzberg! harina; 1Je¡1;adoa á su destino, la encontrare~ demas1.-do
P.:ro ya es tiempo de que un oso 6 una foca vengan á c:&gt;rta; se instalaron y esperaron á que crec1ése lo tUfi•
hacerse matar.
ciente para cortarla.»
El campamento qne vi6 este largo alto, fué bautizado
Con la sangre de uno de los últimos perros, Nan~en Y
Jobaneen ee confeccionaron un día una especie de infu. por los viejeros con el nombre del ca111po dt e., pera. Mai'iana por mañana y tarde por tarde, el uno 6 el otro
eión: para ser de perros no estaba mala; pero este era un
expediente que no p odía ll~varlos muy )eje s. Contaron subía á un alto huinmock, que ellos llamaban la Tdrre
sus cartuchos; soi'iaban regiones giborns de depósitos de d el d gía, é interrogaba el horizonte. Una segunda f~a Y
agua poblados de fo~a•. Spitzbug ú otra parte; toJa tie• ~res oROs cayeron bajo las balas. Los dos hombres Y ene
rra los nutriría; inver..arian si era preciso...... ¿Cuánlo dos últimos perros, s ,,ggen y Kaif,r..9, nadaban en la
llegarían á alguna tierra?
abundancia. Cruda ó frita, la grasa de la foca ee, á lo que
El veinte de Junio, gaviotas y urfas comienzan á pu• parece, un gran producto alimenticio, esta era cuando
lular. Es un hormigueo de vida volátil que lleva la es• menos la opinión de los dos noruegos. •Reemplaza perfectamente á la mantequilla, dice Naa3eo. La carne
peranza. Y he aquí que, en el diario de N,mseu, de una
tan buena como puede serlo carne alguna ...... .Ayer tuvi•
monotonia punzante, estalla un himno alegre:
moa una sopa deliciosa y hoy un bifteck! ...... Xo l~s ea•
Sú.bádoe.! cu ./ur,io.-SJn las nueve de la mafiana y be•
len
mejor en el (,ran Hotel......... No hacía falta en el
moa hecho ya un buen desayuno de carne de foca, de
festín
mis que un buen vaso de cerveza.
aceite de foca, de grasa de foca, de sopa de foca. Héroe

':8

Morsas sobre un témpano.

• Muru, 16 de Abril.-':'nando e!tábamos á punto de partir, á la una de la mail.ana dd ayer, uno de nuestros mejores
perros, Baro, echó á correr. Yo multipliqué los llamamientos, df la vuelta á loe lwmmoks en eu busca, pero no
vf más qne el hielo moetrando hasta el infinito sus creetas abruptas; en el extremo norte el sol de media noche
resplandecía. El mundo glacial sofiaba baiiado en la fría
claridad de la mallanll. Nos habíamos ya resignado á
partir sin el perro, cuando lo percibimos, muy lejos, detrás de nosotros, siguiendo nuestra3 huellas. Tenía roa-

t
Sorprendido por un oso.
&gt;I

Tt1i ,._ ·taclt•

a ~Jl "11c1Ú11, q ue

t•l

7 1l ~l• a1{ d•·rlP .·n t '. t.: , •._ . l v el ch•l F n 1m, pnn:c•(•n e llC",OUtnu·•.e
Itinerario &lt;le N1tns¡:n ' ;::.~1!'!.,~~iinosrl,· lntrr mlo, ,,¡ Prm11 Y 1'llll •
t n d ns ,lCn.qfonc.."(. f _m~ nu, ·1,or e l mismo punt" geográfico. Pero no
""" J'.lll"8r&lt;&gt; n dc'&lt;'t '11\
e ra la misma super 1e'.1eedel hielo la que ocu¡,uba e,c pun to.

aquí haciendo ensu~iios de alegría. La vida es de nuevo
toda eol. ¡Cómo el menor incidente puede cambiar la
fu; de Jaa cosas! Ayer todo parecía desesperado: el hielo
impracticable, nada de caza. Pero aparece una foca que
se yergue cerca de nuestros kayaks y gira en el agua al
rededor de nosotros. Joansen tiene apenas titmpo para
enviarle una bala, cuanélo desaparece. Flota haeta qu3 se
la harponea-es la primer foca barbuda que hemos visto
-y henos con vi veres y combustible para un mes Y aun
para máe. No tenemos por qué precipitarnos. Podemos
adaptar mejor nuestros trineos y nuestros kayaks á la1
necesidades de una navegación en medio de los hielos
fiotantee, matar de nuevo focas ei 1~ coaa es posible Y

· Los dos últimos perros.

�DOMINGO 4 DE IULIO DE 1897

•

EL MUNDO

9

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1l!i17

==-

Jacobina permanece indiferente...... _Ese padrino, eFe
gran médico, ese eabio ilustre, esa gloria de. Rotterdam,
110 ha sabido encontrar para mamá el remedio que cural
Minher van der Ileemekerk continúa:
-Qué extraño hombre ese doctorWickers]oot...... partió maniaco y torna loco ó poco menos...... ¡Bondad del
cielo! qué flaco está.... .'. El primer bot~ni&lt;:o del muo•
do!. ..... El émulo de Linneus!. ..... Qué digno hombre ~s
sin embargo ese doctor Wickersloot, ...... Me pr~stó sm
interés treinta mil florin~a, después del naufragio de la
B , lla Carlota.

El buen hombre eiente que su garganta !Se oprime.
-Tu madre se llamaba Carlota; y yo creí bueno dar al
buque ese nombre bien amado...... .
E! padre y la hija se vuelven ha?ia el retrato; y este
sonríe sonríe siempre. Parece decir: «Esperad á pesar
de todo, á pesar de la ausencia.»

II

"'

•

Traducción para "El Mundo."

I

•
La choza de ilwierno.

Loe días -y loe memh-ee suceden y se parecen. El 24
de Junio ee festeja á la vez el San Juan y el segundo ani •
versario de la partida de Cristianía y el centésimo día
transcurrido desde la partida del Fram: inútil es preguntar ei hubo comida caliente. La temperatura es extremadameate dulce. Una vez volviendo al campamento,
Naneen advierte que Johansen duerme con un pie fuera
de la tienda, sin percibirse de ello. Loe dos compañeros
duermen sobre el saco, que una piel de oso vuelve ahora

más confortable, y no ya dentro, y lee acontece permanecsr dormidos veintidos horas.
La unica travesía realizada hasta ahí con loe kayaks,
h'\bfa demostrado que era necesario pasar ;sobre su
casco una capa de pintura. De q•1é pjntura? Naneen co•
menzó por calcinar huesos; los pulverizó y los mezcló
con aceite de foca. El producto no tenia empero las cua•
lidades requeridas: "~s preciso incorporarle hollin como
yo Jo habia pensado ya. Estoy pues en vía de ahumar

todo el paraje donde nos encontramos. Pero no obtengo más que un ligero acicalado, aun cuando haya produ•
cido un humo tan espeso y tan alto que habría podido
verse desde el Spitzberg. Es preciso batallar sin cesar
para los menores detalles .cuando no se tiene un taller
á la mano.» Fiaalmente, Naneen sacrificó sus pastas, eu
esparadrapo y sus emplastos para endurecer los kayake.

y

Continuará.

1.

A la Vela, por las costas de la tierra de Francisco José.

Describiré la cámara antes que los personajes. El 1,ir-&lt;lio (puesto que lo hemos querido, más ó menos, cuando
re trata de muebles) .indica n~~sti:os gustos, nuestros há•
hitos. Una d3scripción mov1hana vale tanto como un
~ náli&amp;is psicológico y sin temor de errar ..... •. Yo !1º puedo comprender el pensamiento oc11lto de m1 v:emno, pe·
ro no me engañaría, aún cuan~o fuese el último de los
··u¡ieres, respecto al número de sillas que él po~e.
El salón es pequeño y confo~table. Los B!llonee, de
madera de las islas, están recubiertos de terciopelo bordado, azul pálido: un tono pasado, armo•
nioso, exquisito. El clave está en el centro
de la pieza bajo un lustro. ¡Oh! el clave en·
cantador donde sobre una laca blanca se
enrrolla~ de una manera inverosimil los
amores las cornamusas, las flautas, los corderos las cintas! ...... y el hermoso lu_stro
csféricd de ramas delicadae, en ese antiguo
cobre al cual los artistas holandeses dabaa
uo reflejo de oro verde, ..... .
Sobre los muros, tapizados de indiana~
á grandes ramas, algnnos cuadros: man·
nas en el estilo de L'1dolfo B1khuysen;
do~de el pintor ha puesto en un pequefi?
•cuadro, la inmensidad del mar; frescos pa1tajes á la Lingeibach ....... ..
Pero, entre las obras de arte, la que m~s
atrae las miradas, eJ un retrato de medio
&lt;:uerpo, de tamafio natural: u~a hermosa
.dama de mejilla rosad~, con traJe. rosa, lleva á sus labios cflrmmeos, sonnendo, un
ramo de rosae.
.
En el pequeño salón, dos persona¡es, el
padre y la hija, conversan afectuosamente.
El padreesMinher Jean van der Heemshrk, el armador: Es un hombre grue~o
cte peluca enorme, siempre sentado, la p1·
Jlfl en la boca, ante un jarro de cerveza.
Yosotros le conocéis bien, vosotros le ha·
béis visto ( cien veces) en los cuadros de
familia burguesa del s1g'o pasado.
La hija es una frágil criatura, ~oda blanca, con su traje blanco...... Jacobma, desde
la muerte de su madre-la dama rosano se ha consolado, y para Jacobina el re•
trato no es una simple tela: ve, piensa y habla. La madre y su hija tienen larg:~s con•
vereaciones misteriosas,.··:··· La nm~ oy.e
frecuentemente un llamamiento, una mv1tación para ir muy lej.os, muy lejos, á ese
paraje tan mal conomdo, ¡hyl donde se
puede besar de nuevo á la dulce ~amá.
A Jacobina ya la hemos entrevisto en
lM obras de los maestros de la escu~la de
Colonia...... Los cabellos de un rubio luminoso se pierden en una ooaulant_e au•
reola... '. .... Los ojos se fijan, l~s labios ee
aprietan, la garganta palpita ba¡o el esfuE:r·
zo de un pensamiento :fijo; las manos t.1enen dedos largos, ¡son hndos!.. :· .. N adf mdica)ln J abobina á la joven del siglo x, II L
Su traje no ostenta el corte de la época...... Su traje es el de los ángele~, casto,
.gracil de pliegues rectos.
-Sí hija mía comienza Minher van der
Heem~kerk, el '«pensionado de Holanda»
IIPgó, hace dos horas, procedente de Bata·
vía al puerto de Rotterdam.
.
_:_Bien padre mío murmuró la mfia; Y
Fil voz ti~ne una re~nancia sin~ular, la de
la, cuerdas tendidas sobre la ca¡a vacía de
,un luth.

-Nada falta á eu cargamento, continúa el buen hom•
bre: telas de l\Jadras, sacos de índign, cajas dP P~ptcrn,
sedas crudas, porcelanas...... DJs millones de fl unnee,
cuando menoe, de mercancías.
Jacobina miró el retrato.
-¿Porqué, piensa ella, mamá no está aqul ya?...... Cómo se regocijarla de la noticia!
.
.
✓,
Y Jacobina advierte qne «mamá" son:1é, sonné mas
que de costumbre. 11E11a" ha comprendido; «elh,,, coro•
parte la alegría del armador.
-Tu padrino está de vuelta -prosigi:e el armailor, lo
he abrazado en la esca-la del «gran pensionado.,, Yendrá
bien pronto á visitarte ........ .

•

El martillo de la puerta de la calle retiembla. Resuenan pasos en la ante cámara; y el «cele~re, doctor,» eeguido por un marino portador de u!1a c11¡a, se presenta.
Singular tipo, en efecto, ese 1\Iatias W1ckersloot. De
una talla demasiado alta, se le tomarla por un bombrecillo, tanto se encorva al andar, con las pier-naa plegadas
y la cabeza sobre el pecho.
Su cara parece de madera mal tallada: ~~ verdadero
puiio de bastón! Pero los ojos pequefios, h1r1entes, bai•
Jan de una manera inquietante ......
Una frente que se adivina amplia, desapa:rece bajo una
vieja peluca erizada, demasiado va~ta y mal puesta ..... .
BI traje es groeero, mal cortado, pero lleva en la mano
derecha un enorme diamante de inestimable valor.
~ingún pintor, ni antes, ni después, había trazado el
perfil del doctor Wickersloot. Cómo dibujar la parado•
ja?...... Y el médico es una paradoja viviente.
A su primer paso en el salón, saluda g:ravemente al
1etrato. La dama rosa le sonríe; ha reconocido al viejo
1&lt;migo de la casa. Despuée, con ur&gt;. lujo infinito de prE: ·
cauciones, ·wickeraloot toma la ca¡a llevada por el man·
11e,o y la dispone eobre el clave. lJespide a] hombre con
nu gesto ....... Por fin estrecha la maJ?0 del a:rmador, la de
Jacobina, mua atentamente á la mfia y va á sentarse,
eil.,ncioso, en un rincón.
La tarde avanza; un hnmoso rayo de sol paeó, dorado,
á través del vitral de la ventana; y en medio de la lnz,
nE&gt;tamente contorneada, se ve voltejear, danzar, perse·
g11iree, brillantes átomc,s.
Después de cierl;o filempo-un tiempo muy largo-el
dnrtor se pooe á hablar. Su voz es armoniosa, e:xtraordi•
nari11 para un hombrecillo tal.
-En tanto que se cargaba el navío, dijo él, en Batavia,
quise hacer una larga excursión en la parte ioexplorada
de Java. Heme ya en camino, solo, en el
centro de una selva, en que los negroE, á
pesar de mis generosas ofertas, rehusaron
acompañarme!......... Oh! qué bella, ávida,
fuerte y lujuriosa naturaleza....... Arboles
diez veces centeDarios!........ Las plantas
más raras, las mas curiosas, las más mona·
trumas ó las más alegan tes por donde quie•
ra. Enormes, inextricables cortinajes de
hana, baobabs, de iamaa ancorvadas hacia
la tierra y formando cada uno la nave de
una inmensa catedral! ...... Dn perfume de
orquídeas satura el aire!. ..... Veo las florea
que parteen mariposas, preciosos copone3
o cintajos pompoeos, flo::-es de todos los
colores, de todos los matices posibles! .......
Veo hojas largas como una gran vela de un
buque o menudas como una tha de encaje!
Ammales pesados, anónimos, huyen delante de mi! ...... Las serpientes se deslizan
y me rozan! ...... Los pájaros, los insectoe,
pasan luminosos!. ..... Marcho satisfecho,
á pequeños pasos, sobre los cespedes, ó me
pierao, fpJiz, bajo los helechos arborescen·
tes! ...... No temo al tigre carnicero sin vo·
lor y que no cae sobre su p:reea sino cuan·
do esta huye...... No temo 1\ las serpiente!!
por que canto á media voz sin ctsar! .......
RE,pi~o un viejo aire lento y triste, uno de
.,sos que se concluyen con los ojos húmedos......
-Ea cierto, interrumpe Jacobina, pa•
drino, vos tenéis buen oldo. Oa gustaría
que yo os acompafiase si qu1siérais cantar?
Jacobina Ee dirije al clave.
-Bondad del cielo! aulla Wickersloc,t,
qué vais á hacer!. .....
Con los ojos extra·dados y los labios
temblorosos el médico etnpuja úolenta·
lllente á la niña sobre un sillón.
Después ee calma y continúa su relato.
- Fatigado al fin, me e:x t'endo bajo un
manguero cuyo espeso follaje proyecta una
, .. mbra intensa. Y canturréo siempre..... .
Trato de poner toda mi alll'.la en la cantile·
na de no dar una nota discordante en la
di;ina sinfonía de los ritlllicos. follajes y
de las aguas melodioEas......... Oh! prodi•
gio! ...... oh! maravilla!.. .... oh! estupor! ....
Grandeza de Dios que en su obra creadora,
todo lo ha querido, tod&lt;' lo ha intenta·
do ...... Potencia infinita, eterua, que reune
Jo que parece inconciliable á la débil alma
humana!
y el doctor, extasiado, ee yergue, largo,
delgado, fantástico,
Se aproxima á Jacobina y continúa:
-Hija ¿has v:eto un lirio abrirse en la
mafiana?' Én el mom~nto en '.que d alba
11~1m la flnr Pstá inchnac'la ~obre Fil tallo ........ . Dtsde qi;e el sol parece, el lirio,

�'l

10

tocado por un rayo, se endereza y se abre ...... La flecha
de oro, hiriendo la planta, le ha comunicado una fuerza,
una energía, y oso decir, una «voluntad ...... » Ahora bien
¿qué es la luz? ¿Un fluido? ¿Una vibración? J Una y otra
cosa tal vez!. ....... ¿,Y qué es el canto?....... Un fluido
que se difunde por nuestro espiritu! ....... ¡Una vibración
que surge de nueetro pecho!.. .... Para ciertos organismos
admirables, el sonido poEee una vibración análoga á la
de la luz ...... BI sonido, que cautiva el alma de los hom ·
brea, que atrae á los animales, y que es inseparable de
toda vida, es decir, de todo movimiento, no puede, no
debe obrar sobre ciertas plantas sensitivas y delicadamente cnnstituidab? ¡Oh mi Jacobina, muchas flores tienen tejidos tan impresionables como los músculos de un
mamífero!. ..... ¡Una sangre generosa, una sangre que es
un pe1fume, circula en las venas de las rosas, de las violetas y de las tuberosas! Las flores tienen simpatías y
aversiones. Los amores de las plantas son un poema!. ....
La novia no se da sino al novio que ha elegido, al esposo
de su e~pecit&gt;, porque quiere evitar el adulterio del hibidrismo! ...... La palmera hembra, sulamita del Cántico de
los cánticos, se seca de tristeza ainó ve cuando menos en
el horizonte á la palmera macho...... Sin
dudase babl~n, y ta grosera oreja del hom•
bre no percibe €ate idioma demasiado dul·
ce! ...... Ciertas fiores·devoran cruelt-s!. .... .
La dionéa atrapa moscas por astucia, para
comerlas......... El sarcanthus ofrece á los
insectos, para trsgarlvs, un nectar que los
¡,xcita y los emborracha!. ...... ¡Oh mi Jaco•
b,na, yo me creía eabio porque he palidecí•
do en las bibliotecas!. ..... Yo habla apenas
entreabierto el gran libro eecrito por lama•
no de Dios! ...... Yo ignoraba los rudimen·
tos de la ciencia...... Ignoraba la gran ley
de correlación, la unidad de esta ley!.. .....
Ignorab!' que el smido obra sobre la vegeta•
ci6nl Ignoraba que el ruiseflor canta pa·
ra que la Reina de la noche se abra! Los
poetas del oriente han adivinado esto, ó
mejor dfobo, lo han ,i.,to en largos estu•
dios ...... Uno de elloP, quizá, encontró la
flor melodiosa, la planta que comprende,
que ama el canto, y que da testimonio de
en impresionabilidad musical.. .... El la ha
visto en Ellora, como yo la he visto en J ava l. ..... Uija mía, mi hija por el bautismo,
esa flor está ahí, yo la he reco~idt, para
tí!. ..... vas á admirarla...... Ningun rey del
mundo la posee!. ..... La llamaremos en tu
honor, Jacobelia; y mi nombre estará cer•
ca del tuyo: «Jacobelia ,vickersloot.»
El eabio se aproxima al clave; con los de·
dos temblorosos y la frente húmeda, abre
la caja .. .... Toma luego un fragmento de corteza sobre
h cual, por encima de un musgo espeso, ee des~ubren
blancos filamentos, ténues, encabestrados.
-Ve, ~ija mía, es. una orquidea...... Vive sin hojas.
Raíces: sistema nervioso, y una flor, gloria del . amor en
un momento dado, he ahí todo...... Jacobina ponte al
clave, y toca piano, á mezza voce, lentamente.. .'... nada de
acentos vivos! Uno de esos aires que contienen un munrlo que no pesa sobre .el oído, y van, ligeros, al cora•
zón! ...... Uno de esos aires que parecen la claridad indel'isa del alba y no el fulgor espantoso de loe incendios....
Un aire de Roland de Laseue!. .... . La música moderna
es la plaga del fuego!. ..... se diría una lava hirviendo en
el cráter de un volcán!. ..... ~so no calienta...... quema y
consume! ...... Eso da la ard1entetiebre, el delirio á veces
la muerte, á la joven, al efebo, y ¡a flogosis al hoihbre hecho!. .....
Jacobina obedece á su padrino ..... .
La ni~a pálida, pálida, se sienta al clave. Arroja una
J~rga mirada sobre la dama rosa. Esta sonríe, sonríe
Eiempre, mas esta vez como una persona curiosa á quien
se va á revelar un secreto. •
Miniher Jean vander Heemekerk, no osa ya aspirar
el tabaco de su luenga pipa..... .
E;c anto del viejo Lassus se eleva, sencillo y puro, no
más fuerte que la voz de las cunucae, pero penetrante.
Al pr nci~io, ent!e l~s briznas de musgo, se ve apuntar una debil germmac1ón de un verde indeciso· después
ile acentúa un tallo.
'
Jacobina desflora, con la punta de los dedos el clave·
pero su alma vibrante da á la dulce melodía u~ encan~
inefable..... .
Y el tallo sube; y sobre la cima se forma un racimo, ...
Ahora son acordes unidos: un himno en honor de un
Dios ó un himno religioso.
Y el racimo se expande en corimbo ..... .
Jacobina toca dulcemente...... A veces se creería que
el sonido ha muertn bajo las teclas mudas.
Y cada corola crece á la vista..... .
La cantilena llora y dice la esperanza perdida la alegría desvanecida y la pálida resignación.
'
Y c~da pétalo se colora con rosa de carne.
El ritmo solloza; las notas se desgranan como un collar de perlas cuyo hilo se corta.
Y un soplo delicioso se difunde por el salón ...... Es un
per!ume embriagador como el aliento de la flor del naranJo, pero más suave, más etereo .. : ...
El médico toma las manos de la joven y lae aparta del
clave.
-Basta, mi ,Tacobina, dice; la planta podría sufrir por
exceso de música ..... .
Ha llegad_o la noche ...... Apenas ee distinguen las cosas; ee ve, sm embargo, á las corolas cerrarse al corimbo replegara~, al tallo disminuir, deeapareéer...... No
q?~dan ya, sm duda, más que los blancos filamentos invisibles en la sombra.
La Jacobelia se ha dormido en el silencio ..... .
Un pálido reflejo, como una fosforescencia de la tela,
permite ver sonreír á la dama-rosa: .... :
Cierta!Dente le interesa esta curiosa experiencia ..... .
Y la pipa del armador, en la noche, enciende un pequeño faro de un rojo sombrío.

!!;L MUNDO

III
En Rotterdam, no se habla más que de la flor milagrosa. Descu idause los negocios, la bolsa está vacía, la casa
municipal desierta. La pr~ocupación es ial, que las da•
mas conservan, desde la mañana hasta la noche, el mismo traje-.que loa magistrados absuelven á loe inocentes
-que los pintores ~e olvidan de destrozarse mutuamente-y que w 1 banquero ha omitido, en tina nota de des•
embolsos imaginarios, mencionar su «comisión.»
Ante la puerta de Minber van der Heem,kerk, la multitud es compacta y se le extrae al tonel del rincón, cada cuarto de hora, tres nuevas toneladas de cerveza.
Cada uno describe sin haberlas visto, y ePgúu eu propio gusto, las maravillas de la Jacobelia. Miguel Artois,
el poeta incomparable, declama ya el duodécimo canto
de una epopeya improvisada en una noche en el café, sobre el viaje del «grau pemionado.» Ob, y qué versos!. .....
Neptuno impide áloe vientos que soplen, para detener
eobre «la líquida superfüie» á los nueves argonautas; y
Venos empuja la quilla ...... Wickersloot se llama Hércules y Orfeo le ofrenda una Jira eobre el doreo de la cual

Opbialtes ha grabarlo, e¡i doscientos cuadros, loe fastos
nerlandesee ......... El inr,omparable Artois conoce á sus
maestros de ml'moria.
Todos los grandes personajP.s se han reunido en casa
de Minber van der Heemekerk.
·-:::
En primera línea. como es justo, ee ha colccado Minher Adrián van Vae r, burgomaestre, el comerciante diez
veces millonario, el hombre que tiene la más rica coleccion de cebollas de ~nlipáo conocida en el mundo. Quiere comprar, ei se puede, en cien mil florines la Jacobelia.
Ahí está Miuher Justo van Bray, el ilustre teólogo,
decidido á encontrar, en la pequefla flor, una prueba
irrefutable del poder tentador del demonio;-Minher
Felípe Koetz, el célebre profesor de anatomía, conven•
cido a priori, de que se trata de un tour de prestidigitación y de qne van á reírse todos cuando el adivine el true.
-Minher1Ioogerheyden, el famoso consejero del alto
tribunal, declarando con un tono sentencioso que es
atentatorio de la ley humana tratar de penetrar los arcanos dP. la ley divina......
.
En segunda línea, los notablee burgueses, el presiden•
te de la sociedad de tiro al arco, el presidente del círculo aristocrático de los «Bebedores•sin-eed,» y algunos nobles extranjeros.
Jacobina no ee pondr, al clave...... La nifla está más
pálida que nunca; además todo ese mundo la intimida...
Se ha obtenido, después de negociaciones Jaboriosae,
el concurso desinteresado del divino Willaarts, el músico más cabl'lludo, más jorobado y más patizambo de las
Provincias• U nidas ...... ¿No es acaso preciso que la flor se
abra baj.&gt; una onda melódica?
Willaarts ha jurado con la mano puesta sobre sus propias partituras, que seguir, las indicaciones de Wickersloot, para los dolce, los crncendo y los diininuendo ..... .
El retrato sonríl', &amp;onríe siempre ...... La dama rosa,
sin duda, es feliz, viendo en su casa una tan noble com•
pafiía.
El músico se inicia eilbiamente. Dice un canto popular claro, de un rhmo amplio ..... .

DOMINGO 4 DE JULIO DE

1asn

Y la Jacobelia crece, crece, se esponía ..... .
Bien pronto Willaarts siente una necesidad imperio·
ea de variar el tema. .Bosqueja fugas y multiplica las
sabias disonancias.
La Jacobelia crece, crece..... .
Jacobina ha visto ya el prodigio ...... Mira el retrato
de la dulce mamá...... ¿Por qué la ennriea de la dam 1
rosa le parece que se vuel-ve contrariada, forzada? ¿Por
qué sobre la tela el ramo de rosas crece como crece, más
aún que, la Jacobelia? ¡A.hl las rosas se vuelven enormes; van á cubrir la boca y las mejillas y la frente de,
mamá!. .....
El músico, con la mirada perdida en lo vago, nada ve,
ni la germinación de la planta, ni loP gestos suplicantes
del doctor...... ¿Qué le importa á él, Willaarts el divi no,
un fenómeno del reino de Flora? ¿Qué vale ese médico
con sus oontoreiones de fantoche? ...... Lo intereeante es
la armonía que se escapa en ondas inmensaP, son los
acordes poderosos que llevan el alma á las ahas regio·
nea del ideal, es también la voluptuosidad física dada
por una modulación inesperada.
La ,Tacobelia muestra tallos deemeeursdos ...... Las flores del corimbo son y• roja~..... .
C1ertamentl', la dama rosa tiene en sus
pupilas una fijeza ansiosa.
Un formidable crescendo surge de pron·
to del clave. Estalla un tema de fuga ..... .
en tanto q11e las teclas agudas arrojan sus
fusa~, una escala diatónica, á la sordina,
difunde una majestuosa sonoridad...... La
claridad ( sí, la claridad! ) es más vi va en
la cií maral la luz del cielo está activada por
las ondas musicales!
La Jacobelia es violeta púpura...... su
talln se agita, se tuerce..... .
Hay un reflejo, hay una lágrima en las
pupilas de la dama rosa?
La cadencia final!......... La cadencia en
que se prodigan todas las riquezas del contrapunto!.. .... Es el bouquet de un fuego de
artificio!. ..... Es una carrera vertiginosa de
chispas, de flamillas, de luciérnegas y de
constelaciones!
Pobre florL ..... Habituadaáabrirte, allá,
lejos, al querelloso canto d&amp; un ruiseflor, ó
al dulce murmúrio de los bengalis; tú no
podías soportar el ardor de fragua salido
del clave....... Devorada, aniquilada por el
fuego, la Jacobelia se muere ...... La Jacobelia está muertal.. ... El talle frágil ha caí•
do hecho polvo, con una debil erepitación,
último reproche de la humilde planta, último suspiro de la alm:ta vegetal.. ....
Wickereloot se ha precipitado á tiempo sobre el clave,
más en el camino ha encontrado obstáculo insuperable,
el bandullo del burgomaestre!
La Jacobelia Wickersloot ya no existe!. ..... Ay! no debe perecer todo? No se ha ido acaso, también; algunos
días después, al cementerio, una flor rara y embelesadora: Jacobina?
Adiós, Jacobina, lirio celeste, margarita de los ensuefios estrellados!. ..... La dama rosa no se sonreirá más!
Pero allá arriba, allá arriba, mamá te tiene entre sus· br¡tzos amorosos!
AdióQ, Jacobelia, orquídea de Java! Nadie te ha vuel; ·
to á encontrar allá lejos, en la floresta de Oriente........ .
De tí no-queda más que un rl'cuerdo, consignado en una.
plaqueta rara, por el ilustre Wickersloo\, muerto en el
hospital de locos de Rotterdam 1
D'Aorour.

J,
¡ESPERANZA!
¡No lo extrafies!. ..... es Justo que en estas horas.
Que transcurren tan lentas y abrumadoras,
Busquen mis pobres ojos en lontananza
Los fulgores lejanos de la esperanza;
Y siempre la eeperanza-¡Dios la bendiga!Cou su vieja constancia de fiel amiga,
A besar mis pupilas con luz de aurora
B~ja de las alturas en donde mora;
Viene en noches eternas de fiebre ardiente
Con sus gratos efluvios á orlar mi frente,
Y bajo estas caricias que me sosiegan
Espero tantas cosas que nunca llegan, .....
¡Oh! los suenos dorados que yo persigo!
La dieha tan remota de estar contigo,
De llevarte, oprimiendo tus blancas manos
A encantados países, los más lejanos...... '
Y entónces acaricia mi fantasía
·
La concepción incierta de que ese día,
Besando tus cabellos de seda y oro,
Podré decirte á"solas cuánto te adoro!
Ya lo vez! la esperanza que siempre viene
Es la sola en el mundo que me sostiene,
Y seré, mientras me abra -su casto seno,
Resignado y sencillo, creyente y bueno!
Oh. esperanza! es la hermosa que á cada instanteSobre mi cuello enlaza su brazo amante
La visión fu~iti va de raudo vuelo
'
Por la que vivo siempre mirando al cielo
La maga misteriosa que cuando muera '
Ha de cer1ar mis ojos diciendo:-«¡esperal»
. ¡Q~é fuera de nosotros! ¡oh Dios cleme.atel
Sm nmguna promesa que nos aliente!

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1197

Trae la ePperanza hermosa suspira v yerra
E l mortal desgraciado sobre la tierra;
A la luz que deepi&lt;len sus réeplaodores,
Las zarzas del camino parecen floree;
Parece que estuviera cerca la cima
De la cuesta escarpada que nos lastima,
Y absortos contemplamos, como un miraje,
Los agrios peñascales del triste viaje.
¡ Así somos n&lt;-sotroe, pobres criaturas!
Para hacer llevaderas las desventuras,
Vemos con los fulgores de la esperanza
Todo cuanto sabemos que no se alcanza:
La estrella de la tarde blanca y remota
Que contemplamos siempre con ansia ignota,
El iris que nos abre desde el espacio
El pórtico grandioso de áureo palacio,
El azul esplendente de la alta esfera ..... .
¡Todo cuanto es· mentira, cuanto es quimera!

Si guardo la esperanza de que estos versos
Que ignorados y obscuros irán dispersos,
Acaso los recojan tus manos bellas
Y los bailen tus ojoe con luz de estrellas;
Si acaricia un instante mi fantaeía
La concepción incierta de que eee día
Suspirando por algo que ya no existe,
Cmce por tu memoria mi nombre triste;
¡Cómo no ha de ser justo que estaa horas
Que transcurren tan lentas y abrumadoras
Bmquen mis pobres ojos en lontitnan2a
Los fulgores lejanos de la esperanza!
RoDULFO FIGÚERO.A.
Junio de 1897.
AT HOME

•

¡Llueve!-EI refrescante licor teje hilillos sutiles que
rayan á trechos los manchones negros esparcidos en el
horizonte. Lasgotitasde agua picotean alegremente en loe
cristales de la vidriera. Una nube abre we ojazos eom·
bríos y desfleca la corriente de sus lágrimas. Una parva·
da de pájaros se columpia en el polvillomeoudo del chaparrón. En las callee, el agua corretea y salta con movimientos locos y ondulacioms vegas.
La luz de la tarde se disuelve en tonos cenicientos, se
abrillanta en el plano de una vieja tapia, se esfuma bajo
las ramas de los árboles que agitan-estremecidos al contacto de la lluvia-su cabellera; hace su flirt discreto al
rededor de las aceras, se va muriendo poco á poco, como
una joven anémica falta de los rojos globulillos que el sol
hace circular por las arterias del universo.
La tierra toma con delicia su baño de regadera; se ha
levantado muy tempranito, se ha prendido su tocado de
flores recieIJ abiertas, se ha ruborizado á los cárdenos be·
sos del astro de fuego, y ahora recibe su duchazo con deleite indecible. Mañana amanecerá más hermosa, cada
latigazo de agua hará saltar en su rostro nuevos colores.
¡Llueve! ¡Llueve!
Los arroyuelos entonan su canción rítmica; van murmurando secretos susurrantes, ténuee secretos que las
nubes han abrigado en sus gasas; leyendas de legiones
albas, cuentecillos sorprendidos en los nidos, diálogos
escuchados en loa roEales. Y allá van, allá van en copitos de . espuma, en cascadillas sonoras, en remolinos
vivaces........ Van con las onqae inquietas que arrastran
hojas desprendidas delas ramas; tapo.nea de corcho, fragmentos de periódicos..... .
Y las corrientes ee ensanchan, se ramifican, se unen en
abrazo estrecho, se deslizan á lo largo de una callejuela,
á paso forzado. Ya se detienen vacilantes ante inesperado obstáculo, hasta que las gotitas que vienen detrá6, se
empinan, forcejean, empujan á las que marchan á la van•
guardia, y la _cl!arc~, haci.endo un supremo esfuerzo,
brinca, se precipita, impaciente de eepectáculosdeeconocidos, ébria de movimiento, loca de vida.
En estas tardes, el libro nuevo os espera en vuestra
mecedora de junto al balcón; la desleída claridad del cielo parece como que prepara vuestro espíritu á las impresiones, como que habéis roto con esa vida de todos los
días y sois más íntimamente vuestro.
Pero acontece que el tomo se os cáe de las manos, que
no os agrada aquella disciplina intelectual á qt.:e el autor
oa obliga. .Acaso pensáis entónces-como el personaje
de una de las últimas obras de E~hegaray-que en los libros está todo muy arregladHo, ó muy deearregladito;
que los renglones están en línea recta, las letras muy
ajustadas; que donde debe haber coma, hay coma, y donde debe haber punto, hay punto. ¿No se osha ocurrido
entónces rectificar el desenlace de una novela y acomo•
darlo á. vuestra fantasía?
¡Y qué satisfechos quedamos entónces de nuestra tarea
revisora y providencialista! ¡Cómo nos reconcilia esta fé
de erratas con la vida! ¿No es nuestra imagioación la
buena eterna hada que todo lo remedia? ¡Cuántas desdi-,
chas no hemos eliminado con la incorregible loca de la
cma! Pero suprimir el mal ¿no serla el más grande de
los males? Si la maldad no existiera ¿cómo conocertamos la bondad? ¿Qué empleo tendrían las virtudes y loe
actos heróicoe y las acciones nobles?
Además que la maldad absoluta no exiete. No hay
hombres resueltamente malos, como no loa hay resueltamentamente buenos. Tod6s somos buenos y malos, á ocasiones, á ratos dentro de este 6 de aquel orden de ideae.
Y de aquí procede que alg110a vez sorprendamos en el
fondo de nuestra conciencia un movimiento extrafio á.
nuestra conducta moral. Es la bestia que se descubre.
Ignorábamos que tuviéramos dentro ese fermento morbo~o ese protoplasma de fiera, y nos quedamos admira•
dos al ver cuán facilmente h emos podido · formular un
deseo que derriba todos' nuestros elevados principios altruistas.
¡Cómo! ¿he sido yo el que ha acogido sin prote,ta este
repentino sentimiento de egoismo? ¿Luego...... soy malo?
De mi firme virtud ¿qué resta? Nada, 6 casi nada. Un

,1

EL MUNDO

incidente, el más trivial, puede hacerla naufragar. ¿Qué
es, pues, el bien? Cuando la lluvia desciende á las eiem·
bras y refresca la tierra, el grano se amontona en la tro·
je y flota aliento de paz en todas las conciencias. Pero
que la nube pase de largo, que hinche el viento sus velas,
que las gotitas de agua no picoteen alegremente los crie•
tales de la vidriera, y entonces habrá. cólera en todas las
miradas, odio en todos loe corazones y amenazas en todos
los puflos.
¡Que cante el.aguacero su himnó sonoro! La luz ceni•
cienta de la tarde se dísuelve por momentos, va á desaparecer la virgen anémica. La lluvia t!'je sus hilillo3 s11tiles, rayando á trechos los manchones negros, esparcidcs en el horizonte, los pájaros se colnmpian en el polvillo menudo del 9hap~rrón; el libro se os cae de las
manos, y en la mecedora de junto al balcón os compla•
céitren dejar ir la fantasía, viendo como los arroyuelos
corren y se precipitan eu copitos de espuma, en cascadillae sonoras..... .
CARLOS DrAZ Dr Foo.
Junio de 1897.

LOS VELOS
Velos ténuee, vaporosos y sutiles, como leves
brumas bl'lncas que sombrean y acarician los semblantes;
impalpables fioae telas que en la faz resbalan breves
deteniéndose en los labios encendidos, incitaates.
Velos blancos y simbólicos adornados de azabara~,
que semejan albo nido de p lumón blando y ¡tracioso,
y confunden en las almas alegrías y pesares,
al fulgor de los blandones en el templo majestuoso.
Ora ne-gros y tupidos, del misterio son aliados,
son espesos nubarrones qne frialdad ó duelo ocultan:
la viudez en llanto moja sus tt-jidoe delicados
y en sus pliegue3 loe ensuefl.os dt&gt; la monja, se sepultan.
Oh, los velos que se agitan al contacto de un aliento!
Ya tramados en su urdimbre por mil hebras argentadas,
de los ojos ideales bajo el terso firma mente
aparecen los semblantes como rosas escarchadas.
Ora mécenee tranquilos en los senos !\lbeautee,
como nubes e~fumadas sobre combas palpitantes;
ora agítanse en la paja de sombreros multiformes
y son alas juguetonas de libélulas enormes.
Ya en la tez de una morena, puntuados al azar,
.sobre el labio ardiente estampan atractivos, un lunar;
ó ya ausentes los colores del semblante juvenil,
son los mudos confidentes de un insólito pesar,
y parecen blancas vetas en un rostro de marfil.
OH, VELOS!
Sois graciosos, elegantes y coquetos, más no admiro
vuestras gracias, que son rejas del semblante; yo suspiro
por la faz que libre ostenta su lozana juventud.
Me entristece la tristeza de esos labios lisonjeros,
defendidos, apartados por los velos carceleros,
y quisiera con mis labios quebrantar su esclavitud.
Aumi:uo GoxzÁLEZ CARRASCO.
Junio de 1897.

CAMAFEO
El chalet de terso marmol aPaeta el IDP,dio día,
Y su brillo, como sangre que de abierta herida mana,
En la alcoba penetrando por la gótica ventana,
Prende ramos de camelias en la azul tapicería.
En un ángulo, cuál lago de apacible diafanía,
El acero resplandece de una luna veneciana,
Y en las ricas jardineras de brillante porcelana
Hay doradas crisantemas que doblega la agonía.
Y desnudo, deetrenzado el profuso y .fino pelo
-Negra noche que obscurece de su frente el puro cieloHojeando con descuido su novela favorita,
En la negra piel de oso, piel con ojos de granate,
Dientes y u ñas marfilinoe, ta hetaira luce el mate
Impecable y trasnparente de sus formas de Afrodita.
Exm\:x REBOLLEDO.
Junio de 1897.
♦ ~ .

EL EXTRANJERO.
De Baudelaire.

-¿Qué amas tú más, hombre enigmático, dí; á tu padre, t•t madre, tu hermana ó tu hermano?
-No tengo ni padre ni madre ni hermana ni her•
mano.
-A tus amigos?
-Oa servís de una palabra cuyo sentido no conozco
aún.
-A $u patria?
-Ignoro bajo qué latitud está situada.
-A la Belleza?
-La amaría de buen grado, diosa é inmortal.
-Al oro?
-Lo odio como vos odiais á Dios.
-Qué amas tú, pues, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes......... las nubes que pa81ln ......... allá
lejos ......... las mriravillosae nubes!
Ahora que á hablar de su virtud comienza,
yo me cubro el eemblante,
porque me da vergüenza
dé pensar lo que pienso en este instante.
CAllN..UCOII,

TRADICIONES PERUANAS
PALLA-H UARCU NA

¿Adó.ode marcha el hiJo del sol con tan numeroso Eéquito?
Tupac-Yupanqui, el rico en tocias la.~ virtudes, como lo
llaman loe harai•icus del Cuzco, va recorriendo en paseo
triunfal su vasto imperio, y por donde quiera que pasa
se elevan unánimes gritos de benjición. ~l pueblo aplaude á su eoberanu porque él le da prosperidad y dicha.
La victoria ha acompañado á su valiente ejército, y la
indómita tribu de loe pachis se encuentra sometida.
¡Guerrero del llantu rojo! Tu cuerpo se ha bañado en
la sangre de los enemigos, y las gentes ealen á tu paso
para admirar tu bizarría.
¡Mujer! Abandona la rueca y conduce de la mano á.
tus pequeñuelos para que aprendan, en los soldados del
Inca, á combatir por la patria.
El cóndor de alas gigantescas kerido traidoramente y
sin fuerzas ya para cruzar el azul del cielo, ha caído so.
bre el pico más alto de los Andes, tifl.endo la nieve con
su sangre. El gran sacerdote, a l verlo moribun1o, ha di•
cho que se acerca la ruina del imperio de Mauco, y que
otras gentes vendrán en piraguas de alto burdo á imponerle su religión y sus leyes.
En vano alzáis vuestras plegarias y ofrecéis sacrificios
¡oh hijas del Soll porque el augurio se cumplírá.
Feliz tú, anciano, porque sólo el polvo de tus huesos
será pisoteado por el extranjero, y no verán tus ojos el
dfa de la humillación para loe tuyos! Pero, entretanto,
¡oh hija de Mama-Ocllol trae á tus hijos para que no olviden el arrojo de sus padres, cuando en la vida de la
patria suene la hora de la conquista.
Bellos son tus ojos, nifia de los labios de rosa; pero en
tu acento hay la amargura de la cautiva.
Acaso en tus valles nativos dejaste el ídolo de tu corazón; y hoy, al preceder, cantando con tus hermanas,
las andas de oro que llevan sobre sus hombros los nobles
curacas, tienes que ahogarlas lágrimas y entonar alabanzas al conquistador. ¡No, tortolilla de los bosques!.. ...•
El amado de tu alma está cerca de ti, y es también uno
de los prisioneros del Inca.
La noche empieza á caer sobre loe montes, y la comitiva real se detiene en Izcuchaca. De repente la alarma
cunde en el campamento.
La hermosa cautiva, la joven del collar de gu.airuro&amp;la destinada para el serrallo del monarca, ha sido sorprendida huyendo con su amado, quien muere defendiéndola.
Tupac -Yupanqui ordena la muerte para la esclava.
:nfiel.
Y ella escucha alegro la sentencia, porque anhela reunirse con el dueño de su espíritu y porque eabe que no
es la tierra la patria del amor eterno.
Y desde entonces ¡oh viajero! si quieres conocer el sitio donde fué inmolada la cautiva, sitio al que los babitan~ea de Huancayo dan el nombre de PaUa- hu.arcuna
fíjate en la cadena de cerros, y entre lzcuchaca y Huay:
ninpuquio verás una roca que tiene las formas de una
india con un collar en el cuello y el turbante de plumas
sobre la cabeza. La roca parece artísticamente cincelada
y loe naturales del país, en su sencilla superstición 1~
juzgan el genio maléfico de su comarca, creyendo 'qu&amp;
nadie puede atreverse á pasar de noche por Palla-huti.,·cuna sin ser devorado por el fantasma de piedra.
RcrARDO PAL.1u.

En Francia, las cosas pcquefias lie tratan con solemnidad; las grandes, con liger~a.
F n&gt;ERI(X) II;

�DOMINGó 4 de JULIO de 1197

EL MUNDO

12

DOMINGO 4 DE IULIO DE 1197

POETAS AMERICANOS
FRANCISCO A. DE ICAZA
Existe un linaje de poeta3, y ta) vez de lo~ mejores, de
quienes puede afirmarse q~e no. tienen. n_ac1onahdad de•
terminada, ni pi,r su eep1r1tu m por el 1d1owa en que es•
criben. Ejemplos de ello EOn Campoam~r y Becquer, _entre loa nacidos en Eepafia, y entr~ loe nacidos en _América,
Heredia el mozo, autor de Los 1 ni.[~os, y Francisco A. de
Icaza, el delicadísimo ~oeta de J~'fwu,·,u. Tan sólo una
razón estúpida, la de1 tiempo y del_ lugar, hay para creer
que el maestro Campoamor ha nacido en España y no en
Alemania como Goethe; ó en Inglaterra, como Byron; ó
en Rusia, 'como Pucbkine; pienso que nuestro gran poeta ha .sfguido .~ie11do e8)Jaiiol, por grandeza d~ al~a, por•
que ha creído con mucha razón, que la nacionalidad espafiola ea la más honroea y la más adecuada para un gran
pot-ta Yo no Eé si alguie11 lo habrá afirmado, pero ob~ervo ·ahora que si, como se h~ dicho, todos loe espaflolta
tenemos algo de poetas, también todos l&lt;!s grandes P&lt;!e·
tas tienen algo de españoles. En la _creación más goet!11n·
110 de Goethe en Mtfütófelee, á qmen ee ha caractenza•
do como el /.,r¡uema del gemo analítico tudesco, ¿será
dificil hal1ar rasgos de los q1,1e á cada paeo _encuentra
quien eepa leerlos en las obras de los más 1em1bl~s heresiarcas y relapeos españole~? De lord Byron no hay que
hablar: es un inglés lleno de andaluzadas. Y: en cua11to
á Yictor Hugo, que tan mal nos conocía al por meno~,
pero que tar. clara y alta idea t~nía de nuestros se~t1rnientos y nuestro carácter, ¿qmén podrá no ver la rnfiutncia espafiola, una infll!-encia inconsciente é intuitiva, en muchas de sus creac1~m~s?
.
Becquer sevillano de nac1m1ento, acertó en Cien ocasiones á d;r plaeticidad }'. reliev~ en nuestra lengua á los
sentimientos y áun á las 1mpreswnes que ~e sus antepaeados alemants heredara, y otro poeta parecido áBecquer,
pero mayor que él en mi opinió~ humilde, ;'lug_usto Ferrán eupo encontrar con ruarav1lloea persp1cac1a Y. tra•
duci~ en la más sencilla é inspirada forma, el lazo rndefini ble que une cie,tos modos de la fantasía de ~uestro
put:blo, con la de otros muy apartados: eea relación, cu•
yo descubrimiento tanto da que ptnear cuando la ob_ser•
va uno viva y palpitante, como á m1 me ha ocurndo,
oyendo con ,·erdade10 asombro, cantar la leyenda de
Lo1eley, punto por :punto, en cierto pueble~illo de las
cercamas de Toledo, y colocar á su pr?tagometa en un
ceJrillo que nombran de la Encarduda, Junto al arroyo de
Guajaraz.
:En fin á Ileredia el vivo tiénenle por suyo los académicos y la gente culta de Francia, pno no el pueblo francés, que nunca llegará á comprenderle como .comp!e1:1de
y Htima á Coppée. Le creen los ~uy presumidos, 1m1tador ó discípulo de Leconte de Lisie, y no repar!"n que
Hnedia ...... €8 muNtro por el pemar y por el decir, áun
cuando emplet 1~ lengua franceea niáe atildada, en su~
admirables eondoe. 1-i tiene tampoco Heredia de ame•
ricano otra coea que el nacimiento. Por ningun ettilo se
parece á los poetas de Cuba, ni siquiera al otro Heredia.
:Es un poela eepañol de raza y clásico de empaque.

***

Francisco A. de Icasa nació en México...... y nada más.
Dd loe poetas mexicanos q11e conozco, no se parece á ninguno. ¿Es mejor qué ellos? ¡Es peor? Es sencillamente,
disli1.to.
Francisco A. de !caza es un poeta escencialmente latirw, por su educación artística, por sus viajes, por sus afic1onee y gustoe, y por su ,emperamento. No hay en sus
poesías (al menos en las publicadas), el más leve razgo
que denuncie el c,rigen aruericano del autor. Lafantasia
poderosa, pero pronta á descarriarse; el tono oratorio!
pero, en geberal, no muy vibrante ni muy enérgico; e
vrurito de diluir las ideas y loe sentimientos en verdade1 os oceanoe de palabrae sonora&amp;: el empleo de loe lugares
comunes del pseudo-clasicismo barroco, grato á los poe•
tas franceses y españoles de principio de siglo; loe súbi•
tos arranques de odio contra 1a patria española, y los di·
tirambos rimbombantes en loor de eeteó de aquel liberta•
&lt;lor, son caracteres de la poesla americana, en la primer
mitad de este siglo, y es inútil buscarlos en !caza, poeta
modemo, con el más refinado modernismo.
,La inoportuna imitación de los poetas ingleeee, íran•
ceses y alemanes, y el infeliz intento de adaptarlos á las
formas clásicas aprendidas en la escuela de los Caro, de
Bello, de Olmedo, etc.¡ ti dilettantiemo artificial que ha
inspirado á muchos jóvenes poetas americanos ciertas
malsanas y confusas admiraciones, haciéndoles preferir,
verbigracia: Baudelaire á Musset, Keate á Byron, y el
moderno Stecchetti á Leopardi, y enamorarse de lo peor•
cito de Yictor Hugo, y de lo menos meritorio de nuestro
gran Núfiez de Arce, eon los caractéree de la modernísima poesía hispano-americana, no comunes ciertamente
al poeta de quien hablo.
¿Quiére esto decir que !caza Eea un poeta español de
pura caeta? No. !caza escribe en castellano, y en muy
buen castellano, como quien se educó en lecturas clásicas,
y sigue educándoNe en ellas, méritos que muy pocos tienen.
No cree !caza, y hace muy bien, que la lectura y la
constante práctica de loa clásicos españoles, sea solamente labor de la primera juventud. P&lt;Jr haberse apartado
muy pronto de ellos, y por haberse encaprichado con es•
tasó aquellas novedades de fuera, nuestros poetas incipientes han perdido el camino derecho, y han erterilizado facultades poderosísimas. í porque se vea que no hablo de memoria, me referiré á un poeta amigo mio, á
1::Salvador Rueda, en quien el excEeo de facilidau y la deeaforada potencia iwaginativa, han ceslucido no poco
las grandes cualidades que la naturaleza le concedió.
Las malad C&lt;Jrnpaii!a.,, los amigos oficiosos, y tal cual
c1ítico lleno de envidia y de dirversa inteLción, creyen•
do favorecerle (supoogámoslo piadosamente), han perjudicado á Rueda, aplaudiéndole sin mesura y procurando su engreimiento, en vez de alentarle á pros~guir con
lentitud el C:\minc que llevaba, Ei! do la P,:t:bia ,wtHratista
{en el sentido clásico de eeta palabra,) el de la inspira-

ción agreste y campesir;a: le han. obligado á ~eterse en
berengenales filosóficos, sociológicos y estéticos,.}' han
querido trocar la alondra de loe campos en gorr1on de
loe aleros Jo cual no conduce á un buen fin. Así, en muchas de s~s composicionee, Rueda parece uno de e~os
guitarristas maestros, que tambié~ .t&lt;!can un poco el p1a·
no, y que, engañados ó _mal dmg1_dos, mtentan producir, con tecl~o vu lgarfe1mo y cure1, el eEcalof~io que
remueve el corazón, al raFguear p10fundo y nervioso de
la guitarra. Ko hubiera abandonado !~suya Rueda, como
no la abandonó AuguEto Ferrán, y qmén eabe lo que hubiera sido.

*
Icaza es uno de esre poetis*delicadoe, íntimamente

lf.
ricoe, para quienE&gt;s el aspecto d_e las. cosas ,-~le poco, Y la
substancia de ellae, mucho. 1'eces11a un Jor,do plási,co
de tan rico valor como la Albawhra, para po11er en fuego lae facultades pintoreecas, tan lozanas y abu?4antee
en los poetas amnicanos; y aún así, )a e.ituw,:idad, el
mundo. loe con,idera él, como bueu líneo, rtfle¡os dE: su
propio tetado de áni□o. En La /ryeuda dd ¡,,,,,o, admir~ble composición, donde se lt&gt;en tstrofas como las 81·
guientes:
"Yen. que la tarde muere, el sol declina,
de 1nírpura t,;:e híle la AlJmjn-i:rn,

encifnde!--e la estrella ve~pertma,
Yuelve al alero ya 1n goloJl&lt;lrina
y calla en el barnnco Ja cigarra.

El vientodnerme en la arboleda orn:cura,
pabellón de los plácido, sendero,,
y entre las rama, de gigante altura,
ias fra~es que te dic:e mi tern.ura,
las trinan en sus 111dos los g1lgu¿ros......... .

11

en eEta composición, digo, las bellezas deECriptivas que
como se ve solo sirven tl1, n,areo y de envoltura á la pa•
sión del po~ta, quien después de 1ecorrer coa s~ amada,
el espléndido palacio de los Alhamares, y de P)ntar sus
maravillas en hermosos versos, concluye por decir, echando á rodar todo su entusiasmo de artista:
"Bé"8lllc con tus labios carmesles,
mientras tus ojos como el cielo azules,
me miran entornados...... ¿Si? Sonrics.... ..
¿Qu~ me importan umores de zegrles,
ae m uza.~, de gomeles y gazules?11

La salida no puede eer más propia de un enamorado.
Capaces fueran de ha her dicho eso aquellos poderosos ca•
lifas que edificaban y destruían ciudades ó talaban montañ~e y Jlanurae, ó poblaban de almendros la sierra ve·
cina, por satiefaler los caprichos de las deedefiosas hu•
ríes.
En poesía lfric0, lo que importa es el sentimiento, n_o
las materiales condicio11ee que le rodean. Como el sent1•
miento eea verdadero y hondo, fuerza tendrá para crear
poesía por sí y en torno suyo. ¿Quién sino el que va inspirado por una pasión juvtnil recien nacida en el pecho,
acertará á expreeane con tanta graciosa frescura como
Icaza, en aquellos versos que en la memoria conservamos
todos los aficionados á la poeela sincera?
"Este es el muro, y en la ventana,
que tiene un marco de enredadera,
aejé mis ve1-sos u11a mailane,

una mañana de primavera."

Quien sepa de alg•.ín poeta que en castellano como este
ponga versos tan claros, tan Eencillos, tan líricos; en su·
ma, como las de esas .l&lt;.súmc!as, que lo diga, que lo mueatre. ¿Por qué, pues, no eon populares un~e versos tan
lindos, y que 110 ee parecen áloe de otros poetas contem•
poráneos, cotno no sE&gt;a, muy rtru0tamen1e, por cierto, á
fos de don Yentura Rulz Aguileia, admirable poeta in•
justamente olvidadv?
Yo no eé si !caza será popular en América, aun cuando
soEpecho que allí prtfien::n a otros poetas, á los de las estrofas rimbombantes, á los 1müado1es d~ Víctor Hugo, á
los lleines del tres al cuarto. Lo cierto ea que en .!!:apaña
ao!amente el público decidiaam~n~e aficionado, el que
lee toda c Jase de verel s, buenos y malos, conoce á !caza,
cuando, con toda justicia, d~bitra conocerle el publico
grande, el que lte lvs versos buenos nada was, y eso cuan•
do alguien se los recomienda, porque aquí no se mueve la
hoja en el arbol sin una r~corut::ndación de la autori•
dad ......... fl.ores~al.
Pero, es natural: !caza, con tener muchos y muy bue•
nos amigos en .l!.spall.a, siempre es un e.i-tra,,jero, uo da
bombos en loe periódicos, ni influye con loe amos ó editores de revistas y de librucoe; y biendo asi; ¿cómo van
á alabarle cienos crítico8 militantes, atentos svlo á gtJnar
amigos con miras adwmistrativ11b?
Por eso, ¿os que no usamos á diario el consabido escalpelo, es decir, loe que renunciamcs, por incapacidad y
por otras causas, al oficio de literatos puros y sin mezcla,
estamos obligados á denunciar estos filones del talento,
ocultos por modestia euya y por indiferencia ajena. Poe•
tas como Icaza no andan por abf de sobra, para que la
crítica no les baga caso. Finallllente, y no po1que se me
acabe la materia, sino por no ser mas lato, paracaracteri·
zar á !caza, pudiera deciree lo ya indicado: que es un
poeta latino, en quien la influencia de loe clásicos anti·
guos y de loe nuestros, y muy particularmente la de al•
gunos modernos poetas italiauos, han formado una per·
eonalidad marcada é independiente, distinta de las que
más significan y representan hoy entre nosotros. Su vi•
no es una mezcla d~l Cécuba clá&amp;ico, del oloroso Chian•
ti y del Jerez de la más rica solera, y con tan sabrosos
componentee, no hay mezcla desagradable, aunque lo
contrario aseguren !011 que no entienden de bebidas.

F.

NAVARRO y LEDES~fA.

Cuanta es mayor por tí mi idolatría,
tanto más admirarte necesito,
pues halla al contemplarte el alma mía
cuando escucha tu acento, la al0gría;
cuando mira á tus oj:)e, lo infinito.
CA~!POAMOR.

•S

EL MUNDO

T.ALLEYRAND

ENGANO SUBLIME

( Articulo inédito de Víctor Hugo.)
En la calle de S,ünt Florentín hay un palacio Y un albañal.
·
t · t
El palacio, de una arquitectura nob 1e, rica Y r1e e, 88
llamó por mucho tiempo Palacio del lnf111tfado; hoy* se
lee arriba de una puerta principal, Palacio l'ulleyr0;nd. .
Durante loe cuarenta affos que vivió eu esa call., el ú\t1mo
huésped del palacio, quizá no dejó caer nunca su mirada
eobre el albañal.
.
Ese huésped fué un personaje extraño, temido Y muy
considerado; se llamaba Mauricio de Pér~gord; era J?Oble
como Maquiabelo, sacerdote como Gond1, d~senfrailado
como Fouquet, agu:io como Yoltaae y COJO como el
diablo.
. b
él ¡
Podría decirse que en él todo COJPa ~ como : a no•
bleza transformada en criada de la Repubhca; l_a clerec 1a
que arrastró en el campo de Marte, y lu_ego arro¡ó al arroyo; el matrimonio que romp~ó con ve1me eecándalos Y
con una separación voluntana, y el talento que deshonraba con la bajeza.
Esto no obstante, en ese hombre habfa_grandeza En
él se confundían los esplendores de dos ~emos: e~a prí~cipe de Vaux-, reino de Francia, y príncipe del imperio
francés.
¡ ·
Durante treinta aiios, desde el fondo de su pa ac10 Y
deede el fondo de su pensamiento, manejó t,.d_a Eu_ropa. Se dejó tutear por la Revolu~ión y le eonnó, bien
que irónicamente, pero la reyoluc1ón no_ lo notó. Cono•
ció, observó, penetró, removió, profundizó, burl? fecundó á todos loe hombres de su época, á todas las .1deaa de
su siglo· y hubo en su vMa minutos en que temendo_en
su man¿ loe cuatro ó cincO'hilos forcnidaolee que hac1an
mover al unive,so civilizado, era títere suyo Napoleón I,
emperador de los franceses, rey de Italia, protector. de
la éonfederación del Rbin, mediador de la confederación
suiza. Con qué hombres jugaba él(
..
Después de la revolución de Julio cayó 1~ v1eJa r~~a
de que fué gran chambelán, y él quejó de pie y Je d1¡0
ai pueblo de 1830 que estaba deeuudo y sentado en un
montón de escombros:
-Hazme tu embajador.
Ricibió la confesión de Mirabeau y la primera conñ•
dencia de '!'hiera.
Hablando de sí mismo decía que era un gran poeta Y
que había hecho una trilogía en tres dinastías: ac:o l?
Imperio de Bonaparte; acto 2? Casa de Borb6n; acto 3. Casa de Otleans.

.

Todo esto lo hizo en su palacio, y á ese palacio, lo mismo que una araña á su tela, atrajo, para apoderarse de
ellos, á loe pensadores, á loe grande~ hombree, á los con·
quistadores, á los reyes, áloe. príncipes, á los emperado·
res, á Bonaparte, á Siéyes, á Mme. dE: Stael, á Cbat!3BU·
briand, á Benjamín Constant, á AleJandro d~ Rusia, _á
Guillermo de P,usia, á Francisco de Austria, á Luis
XVIII, á Luis Felipe, á to:l!"a l~s mos•as d~ra~as y ra•
diantes que zumban en la historia ~e estos ul~1mos cua•
renta años. Todo ese enjambre brillante, fascmado_ por
la mirada profunda de aquel ho':Ilbre, pasó Pº! debaJo de
la puerta sombría que lleva escrito en ~u arq1utrabe: Pu•
lacio 'lcilleyrand.
.
Pues bien, antier 17 de Mayo de 1838, murió ese hom•
bre. Vinieron los médicos y emba!earr.aron el cadáver.
Para ello, á la maoera de los egipcios, extrajeron d~l
vientre las entrafiae, y dt-1 cráneo, el cerebro. Conc~u,ai.
la operación. dtepués de haber tornado en momia al
prícipe de TallE&gt;yrand, y despuás de haber encerr~do la
momia en un ataúl forrado de seda blanca, sé retiraron
dejando en una mesa loe sesos, aq·1ellos sesos que habían pensado tantas corna, inspirado á tantos _hombres,
construido tantos edificios, guiado dos revoluc10nes, engañado á veinte reyes, y comenido al mundo.
Idos los méiicos, emró un criado y vió lo que habían
dejado.
-¡Toma! Ya ee olvidaron de esto.
¿Qué hacer con ello? Recordó que en la calle había un
albañal, fué allá, y en el alball.al arrojó el cerebro.
Finis rerum.

NUMERO J:6.

, ... i n '

noche á la sefiota Duvernoy, puesto
que ha tenido á bien autorizaros para
ello. No me disgusta tener una mujer por adversario. Buscaré la parte
vulnerable de la coraza de .esta Mi•
nerva.
-Oh! dijo el notario con convic•
ción, buscareis en vano, no la encon•
traréie.
El eefior Martin dejó ver una sonrisa un poco fatua. Había conservado
el hábito de las conquistas femeninas,
y para ese parisiense, t-0dae las pontarlieresas eran provincianas de espíritu,
estrecho á· quienes no sería dificil des•
lumbrar.

la cuadrilla americana, iba de los unos á loe otros, engo•
losinando graciosamente á algunos bailad,lree recalcitrantes y pareciendo no acordarse de que un hombre lla•
mado Leódice Martín ee hallaba ea el salón.
A la cuadrilla americana sucedió un vals. El banquero
vió pasar ante sí á la eefiora Duvernoy, ligera y radiosa,
del brazo de un joven oficial de artillería.
El subprefecto fué á reunirsele.
- Y bien, dijo el funcionario, debemos, vos y yo, un
obsequio á la sellara Duvernoy: ha estado perfecta, se ha
desistido con una sutil gracia, la gracia que lleva á todas
las cosas. Hubiera eetado correcta al testimoniar un po•
co de mal humor. Yo que la creía ambiciosa! En fin;
acaso se trate de una abnegación, de una modestfa. Y sin
embargo, qué mujer de diputado, qué mujer de admi•
nistrador haría!
Y deslizó una mirada melancólica hacia la seca y desgarbada señora Metroz, lanzando un elocuente suspiro;
después continuó:
-Tan graciosa, tan amable para todos. Tenéis· vosotros tan lindas mujeres entre vuestras parisienses? Mi•
radia, queri:!o señor.
Miradla! el querido &lt;1efíor desde hacía una hora casi no
se dedicaba á otra cosa.
De mi:mto en minuto crecía su despecho. Si hubiese
encontrado á Beltrana pobre como en otro tiempo, abandonada ó gimiendo, casi ni hubiera pensado en amarla;
pero encontrarla tan comple~amente indiferente, admi•
rada de todos, aforada quiza, hacía nacer en su corazón
·un sentimiento de vanidad herida y de pena egoísta.

En su salón, la eell..ora Duvernoy, rodeada de sus fielee, iba y venía, son
riendo á todos, tan tranquila, tan se•
ñora de sí misma, que loe más clarividentes, los más deeconfiadoe, se enga•
ñaron. La reunión era numerosa, habíase convocado á todo11 con estas su•
geetivas palabras: «Para conocer á
nueeho candidato á la diputación.,, Y
al calce esta promesa más seductora
aún: «Se baílará...
Beltrana sabía bien que el barbullo de la danza es fa.
-¡Cómo! presentarse, exclamó el seño1 Ribaudet. .Y
vorable á las intrigas secretas, que nada permite más ais·poniéndose serio de pronto:
larse entre la multitud, que nada despista mejor las pera·
-Entonces ya comprendo.
XLIV
picaciae y las malevolencias. Sabía también que estas toi-¿Qué es lo que comprendéis, mi querido notario?
No constitnye por cierto una canongía la posición de
-Ya comprendo por q11éel pobre capitán Kirkampam lettes de eoiréee íntimas, que permiten los tules, loe en•
candidato á la diputación. El seflor Martín hizo la expe•
ha recibido sobre l(mano el contenido de la tetera. Yo cajee, las indiscreciones del coreé, eran propicias á su be·
riencia. Desde en la matlana, veía acudir á su hotel al
me preguntaba:
lleza. Había q1,erido eer bella, y podía estar satisfecha
subprefecto ó al maes¡ro Ribaudet, habiéndose constituí•
-¿Por qué se ha conmovido ella tanto? Acababa yo cuando, al pasar ante los grandes e11pejos, .arrojaba una
do este último en agente electoral.
-de hablar de vos y de dar parte de vuestra candidatua; rápida mirada. Jamás mereció mejor ese nombre de «Si· El candidato se con vertía en su casa, en su presa, en
comprendo también por qué me miró ella con un aire ca• rena" que los oficiale3 de Brest le discernían; jamás sus
su esclavo. Cuando sonaban las cinco, trataba de suspai de hacerme esconder bajo la tierra cuando le pedí grandes ojos tu vieron una profundidad más turbadora ni
traerse á esta tiranía y corría á casa de Beltrana, multipermiso para pregentaros en el salón. 10hl es absoluta• un brillo más inquietante.
plicando sus visitas más de lo que el buen parecer le perHacia las diez, el señor Martín, escoltado por el nota•
mente preciso obtener que se desista, ma3 ¿cómo lograr·
mitía, con una esperanza siempre renaciente y siempre
Jo? A. cualquiera otra yo le diría: sois rica, haced un pe• rio, hizo su entrada. Avanzaba á través del salón con esfruetada de encontrarla sola.
quell.o sacrificio de dinero, ó . bien haría sonar la vieja ea seguridad que dan la fortuna y el éxito; el busto bien
Ella no lo recibía ya con la gracia sonriente del pri·
guitarra del interés de partido, pero con ella, con ella erguido, la cabeza hacia atrás en fanfarrona actitud de
mer día, sino con ironía y aun con desabrimiento. Se
buen mozo, que, á despecho de eue cuarenta y dos allos
que se burla de los partidos!. ....... .
hubiera dicho que esas visitas frecuentes la importunaY después de todo ¿por qué es empeña en que sea di· conservaba siempre. De pronto el eellor Ribaudet se deban; la sellara Fourneron le hacía reproches. La vieja
putado ese pobre de Duvernoy?
tuvo. Beltrana, ÍJ?,finitamente g,aciosa, y dulcemente sondama apenas si abandonaba el salón á la hora en que ve•
-¡ Ah! exclamó el sefior Martín, se diría que todos vos- riente, venía á ellos.
nía el candidato, prosigui~ndo sus negociaci.onee matri•
- Permitidme, eeñora, presentaros al sell..or banquero
otros temeie á esa mujer! ¿tan terrible es acaso?
moniales
si¡i desalentarse ni vacilar. Frecuentemente
-Terrible, no; es encantadora; toda azúcar y miel, ni Martiti. .
también el señor Martín encontraba á las sell.oritas de
Ella tendió la mano al recien venido, y dijo con una
una gota de vinagre, sólo que tiene á todo Pontarlier en
Lézinee y escuchaba la enumeración de las necesidades
su manecita. En primer lugar, da muchas recepciones, voz cuyo timbre metálico no hacía temblar emoción al•
de su obra y se veía forzado á vaciar su portamonedae
muchas comidas......... (se lamió loe labios), eefioras co• guna.
ent1e las manos de la tesorera para la famosa tombola.
midas y no os digo más; en segundo lugar, pequefiae ter·
Me felicito, eell..or, de ......... conoceros y de desearos la
Otras veces aun, caía en un estudio histórico que el
tulias cada semana y un gran baile en cada estación: noe bienvenida á nuestra comarca. Esa palabra «conoceroe,"
presidente del tribunal, vuelto á la gracia, iba á someter
faétidiaríamos tanto sin ella! Además, los. Duvernoy son fué imperceptiblemente acentuado, en tanto que loa
á la señora Duvernoy y cuya lectura quieras ó no quiedel país, aliados á las mejores familias, por su primera grandes ojos leonados se detenían penetrantes y autoritaras, debía sufrir Leódice.
mujer: una de Aubián, el sefior Duvernoy es el primo her. torioe en los ojos turbados del banquero. Esa mirada coEntretanto, laatournés electorales continuaban. Duranmano de las de Lézines y de loe de Sommeree.
mentaba las palabras, esa mirada decia:
• te todo el día érale preciso recorrer las aldeas de su cir·
-Perdón, dijo el banquero, que se extremeció; acabaie
-Feliz de conocer á un hombre á quien ya conozco
cun·ecripción, distribuyendo apretones de manos, repi•
&lt;le pronunciar dos nombres que no me son desconocidos• pero que no debe reconocerme.
tiendo las formulas triviales, los juramentos, la, prome•
Tenéis acaso de Aubián en la comarca?
Cohibido, Leódice Martín se inclinó, balbucaendo pa• aae. Vol vía muerto de fatiga, y al llegar á su hotel le ad•
-No, ya no loa hay, el último de ese nombrefué á mo• labras ininteligibles y preguntándose si no lo eagall.aoa
vertían que era eliperado por la noche, sea en casa del
rir c•n una expedición al polo Norte. ¿Pero qué tiene us- una extraña semejanza.
subprefecto, sea en ca!!B del notario ó en cualquier otro
ted, señor banquero? parece que no está usted bien.
Este encuentro imprevisto le causó una especie de míe• salón.
-No es nada, dijo el sefior Martín, hace un poco de do y como el presentimiento de uea derrota. Apenas si
La ciudad entera se lanzaba á la liza. Es preciso haber
calor en vuestra casa.
oyó las palabras de trivial política que con una voz pre- conocido el tedio de provincia para saber cuán fácilmen•
El notario se apresuró á abrir las ventanas.
cisa y clara le dirijia la señora Duvemoy.
te el menor acontecimiento se convierte en una ocasión
-Habéis p,ronunciado también el nombre de Somme.
El señor Duvernoy y algunas otras personas, aproxi• de fiesta.. En estas fi~stae Leódice era el rey; deslumbrares, replicó Leódice; yo conocí un Sommeres, Jacobo de máronee y comenzaron las presentaciones. El señor Marbaá loe hombres con la relación ~e prodigiosas operacioSommeree.
tín recobraba poco á poco su seguridad, pero su preocu• nes d-, bolea en que se entrechocaban los mi!.onee; en-Precisamente, es el primo de los Aubián; no está pación seguía siendo visible. El ritornelo de un vals se
cantaba á las mujeres con las confiienoiae de caballeresen Pontarlier en este momento, está en los Pirineos, Ba- dejo oir: á favor de la ligera barbulla que se producía en•
cas aventuras. Su facundia le atraía buen número de
réges, Bagneree;...... no sé con exactitud, retenido á lo toncee, pudo retirarse aparte. A hurtadillas miraba á Belpartidarios; á estos elementos de éxito, unía otros. La se•
que se dice, por un acceso de gota. Veamos, qué decidi- trana, y la perfecta naturalidad de la joven acababa de
ñora Fourneron soll.aba en casarlo, y tomando á lo serio
mos?
confundirlo.
algunas trivialidades que él le había espetado, repetía á
-Pues bien, mi querido I\Otario, me presentaréis esta
Toda_ab3orta en ese momento por la organización de quien quería oírla, que él despreciaba la dote, no pidien•
0

PENTELICA.

Del bloque menos puro y menos blanco
porque es humilde rui cincel, arranco
estos mármoles rotos que reuno
pa,a tí nada más.
Sé que ninguno
del arte patrio en las supremas lidias.
la gloria alcanzará.
Sacros laureles
tan sólo cilla, auque provoque envidias,
quién da vida á 1a piedra como Pbidias
ó la sabe esculpir cual Praxitelesl
Obscuros reprobados de la gloria
á obtener de tu afecto la victoria
aspiran nada más.
Y si son ellos
dignos de perdurar en tu memoria,
por que á tus ojos se presentan bellos;
tmtre esos mármoles, aquellos
más gratos á tu amor, por ser más pulcros,
de constancia y pasión darán ejemplo,
pues columnas serán de nuestro t;emplo
y marcarán también nuestros sepulcros!
ANDRÉS A. MATA.
[*l 19 de Mayo de 1S:l8.

�EL MUNDO

•
do más que un corazón sencillo y bueno. Todas las mu•
chachas, jóvenes 6 maduras; todas las viudas, serias ó
coquetas, eofiaron en ese marido que les caía de lae nubes y le tesfüicaron su buena voluntad, convirtiéndose
en eus más activos agentes eleetorales.
Era demasiado hábil para desalentar á tan poderosas
aliadas. Bien pronto las reuniones de en la noche no
bastaron á sus ardientes auxiliares; orgonizáronse almuerzos sobre la hierba y lunchs. En medio de estas
tournée electorales, Leódice veía aparecer un escuadrón
volante, dirigido por eus más fervientee admiradoras,
la sefiora y la sefiorita Ribaudet. Levantábanse las mesas, el champagne burbujeaba en los vasos y se bebía por
el próximo éxito.
Un domingo, la a!egre banda cayó en medio de una
fiesta de aldea, habiendo escogido Leódice ese día para
una de sus más importantes conferen•iae. Cuando acababa de tronar con la indignación virtuosa de un puritano contra los desórdenes de las cortes y había sido calurosamente aplaudido, se encontró envuelto en la excitación bulliciosa que dá el éxito.
-Al diablo la política, dijo; ahora divirtámonos.
Aproximóse á Beltrana, sus ojos decían: «Amémonos»
La mirada que encontró nada tenía de desalentadora,
pero con su voz agresiva, ella respondió:
En tratándose de diversiones podeis escoger entre los
caballos de madera y el tiro al blanco; en nuestras mon•
tafias no tenemos mas que placeres inocentes.
- Vaya por el tiro al blanco, dijo él alegremente.
Los campesinos rodearon el tiro, apartábanee cuando
se aproximaban lae mujeres, dei!puée volvían á agrupar·
ee, riendo bajo capa, divirtiéndose de antemano de eu
mala puntería. Sus esperanzas no se frustraron; las manecitag temerosas, temblaban al apuntar, y las balas se
iban á la aventura en todas direcciones.
-Ahora me toca á mí, dijo Leódice.
E indolentemente, con mano segura, hizo tiro de un
golpe.
Loe campesinos habían cesado de reir, y se leía en sus
rostros atesados la respetuosa admiración que toda supe·
rioridad en los ejercicios del cuerpo les inspira. El can·
didato comprendió que acababa de pronunciar la más
elocuente de todas sus conferencias, y para aumentar el
efecto:
-La destreza en las armas, dijo elevando la voz, tiene esto de precioso: que permite la clemencia. Así, en
mi 1ItiIIia cuestión de honor, después de haber escapado
al fuego de mí adversario, rehusé disparar. El insistió
pretendiendo que mi pistola debía estar descargada.
-«Eso es falso, dije yo, pero á cada uno su gusto. Pre·
fiero arrojar mi bala en el corazón de una manzana que
en el de un caballero.»
La risotada de los campesinos acogió esta broma. Leódice continuó:
-Apunté á una manzana que se balanceaba en un arbol vecino.
-¿Y la cortaetéie?
-¡Pardiez! ........ .
Miró en su derredor y percibiendo un manzano no lejos de ahí, apuntó lentamente; vióse caer la fruta y esta·
116 un grito de admiración; las mujeres aplaudieron y
loe campesinos se lanzaron para recojer la manzana y
examinarla.
Esa hazaña puso el colmo á la popularidad de Leódice
Martín; no se hablaba en la población más que de su
prodigiosa destreza; la historia del duelo y de la manza.
na dió la vuelta á loe cafés y á los salones.
Es Guillermo Tell, exclamó la tía Fourneron, es el héroe de la Independencia!
En medio de este entusiasmo dos mujeres protestaban:
la una por su silenciosa reserva, la otra por una evidente
hostilidad: eran la sefiora y la señorita Duvernoy. El
pintor había exigido que Lila siguiese á su madrastra á
la mayor parte de las fiestas.
-Una señorita de diez y ocho años, decía, no puede
quedar8" sola en la casa.
Ella obedecía con su helada indüerencia, respondiendo apenas á las instancias del candidato. Esta conducta
era forzosamente notada y discutida.
-Qué extrafia es la eefiorita Duvernoyl El sefior Martín sería, sin embargo, un excelente partido para ella;
un poco de diferencia en las edades, pero tan rico! Es demasiado bueno para :fijarse en esa tontuela.
La actitud de Beltrana excitaba más sorpresa aún; ella,

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

Cuando el eefior Duvernoy transmitió á su mujer la
tan buena, tan graciosa, que no se permitfa jamás una
demanda del diputado, ella se puso roja de cólera, y dijo
burla, ella cuya benevolencia era ya proverbial, se moe•
traba irónica, provocativa, acerba, con respecto al futu • violentamente:
-No iré. ¿Por qué forzarme á asistir al triunfo de ese,
ro diputado, no intentando dieimula1 la poca simpatía
hombre?
que resentía por él; respondía á eue homenajee, J:!.O como
Mas ante la mirada sorprendida de su marido, añadió:
eu hijastra con altivo silencio, sino con epigramas hirien-Yo eoy bretona, amigo mío, no hay que olvidarlo.
tes algunas veces, mordentes siempre.
Cuando ella le daba la mano de malísimo talante, na- Todas eetae ovaciones republicanas hieren mi religión
monárquica, he aquí por qué habría deseado no asociar·
die podía sentir el calor del apret6n.
En medio de la comedia electoral, Leódice represen- me á ellas.
Después, con voz caneada, añadió:
taba una trajedia de amor y la representaba con con-Después de todo, ¡qué importa! Si deeeaie que preei•
vicción.
Ese papel, invisible para la galería, no había escapado da esta fiesta, lo haré.
-Sí, dijo él, os estaré reconocido, me comprometí por
á la perspicacia de Lila que poseía el dón de penetración
de loe silenciosos. Ella había sorprendido en las burlas vos.
Tuvo ella la mirada del nadador al que la corriente
de su madrastra una turbaci611 profunda, y en la guerra
arrastra
y que siente la inutilidad de sus esfuerzos, y
que hacía al candidato, una inteligencia secreta y extracedió.
ña. Había visto loe ojos de Beltrana fijarse en él á hurXLVI
tadillas, con rara expresión, y oído temblar aquella voz
La mafiana del día fijado para el garden-party, el señor
metalica cuyas dulces notas jamás conociera.
Aquello que Leódice se preguntaba con incertidumbre, Duvernoy ee preparaba alegremente á dirigirse á esa fiee·
Lila lo sabía. Hacia tiempo, desde el primer día quillé, ta cuando surgió un contratiempo bajo la forma de una
el velo espeso con que se cubría su madrasta, habíase carta y pasó á la cámara de su mujer:
- Un servicio importante que ee me ha pedido por uno
entreabierto para mostrar á loe ojos de la niña la arma•
dura de acero: la armadura se había hendido á su vez de mis amigoe, me obliga á partir al instante mismo. Expara dejar ver el corazón, un corazón debil y palpitante. presad mi sentimiento á nuestro querido diputado. EstaBeltrana había caído en eu trampa. Sentía renacer en ré ausente dos diae según creo.
Una hora más tarde subía al tren y Beltrana se dirigía
ella aquella misma turbación, aquella misma fiebre de
otro tiempo. Ese vividor envejecido y fatigado hacia vi• sola á casa de Leódice.
Aun se habla en la actualidad en Pontarlier de ese gar·
brar hasta el fondo de su corazón las cuerdas largo tiemden-party, cuyos atractivos sobrepasaron á lo que se ha·
po adormecidas.
Ella continuó la lucha mostrándose más y mas agresi- bía esperado: juegos de todas clases, autómatas, y por fiu
un salón de baile donde reinaban las notas de una briva á medida que estaba más y más quebra11tada.
llante orquesta. Cuando llegó la noche, los árboles del
XLV
parque se iluminaron. Por fin, para coronar la fiesta de·
En una de sus tertulias, Beltrana preguntó al candi- bía quemarse un fuego de artificio.
Una mujer empero, no compartía el goce genei;al, rudato á boca de jarro:
gía en ella una sorda irritación. ¿Por qué había ido ella
-Sois músico, sefior?
Qué si era músico! Gran Dios! Y «Leonora, mi gran· ahí? ¿Por qué se quedaba? Verdaderamente no habría
de amor?» Y «Para tanto amor no eeaie ingrata?" Reco- sabido decirlo. Hacer loe honores de esa fiesta, ¡qué ironía! Aplaudir ese triunfo, el triunfo del hombre que
gió el guante.
-Muy mal músico, sefiora; sin embargo, en otro tiem- después de haber roto su juventud, venía aún á derribar
po cantaba un poco, y si fa sefiora Ribaudet quiere tener la ambición de su edad madura ......... ¡qué humillaciónt
Leódice se aproximó. ¡Oh! esta vez ella ne le rehusó e}
la bondad de acompañarme.........
La eefiora Ribaudet, muy halagada, se puso al piano, tete-a-téte ni la conversación que desde hacía largo tiem·
y Leódice, con una voz ardiente, vibrante, cuyo timbre po intentaba. Fué ella quien le arrastró bajo la bóveda
apasionado suplicaba, comenzó la romanza de loe Porche•
de los árboles seculares. Entonces, en uno de esos cortos
y vehementes arranques en que el corazón dice eu última
rom.
palabra,
ella evoc6 el sombrío recuerdo del pasado. Le
El amante que os ,¡upllca
y que olvidástels, señora,
arrojó á la faz la cobardia de su traición, la infamia de
podrá tener esperanzas
sus falsas promesas, el egoísmo de su olvido; después,
de una mirada pia.dosa.T
con una voz dolorosa, hizo pasar ante sue ojos toda su
Sois tan dulce y tan crüell
existencia, su desesperación, su matrimonio de ira y de
Como a.pagar vuestras cóleras!
Ay! ó sabed adorar,
venganza.
O sed a.y! menos hermosa!
-De vos es de quien vienen todas las desgracias de mi
vida;
vos habéis marchitado mi juventud, vos os habéis
Desde las primeras palabras, desde las primeras notas
dest1uido
en mi alma la fe de la ilusión, vos habéis bur
de eea voz en otro tiempo tan amada, Beltrana había sen·
lado
de
mi
amor, vos lo habéis depreciado, hollado con
tido desfallecer su corazón. Vol vía á verse en el salón de
la villa Martín, cuando su alma ee abría locamente al só- loe pies. Entonces os amaba tanto que creí volverme local ¡Ahora os maldigo y os odio!
lo amor de su vida. Y era la misma voz, y era el mismo
Estaban, en aquellos momentos, lejos de la fiesta; ape··
hombre, y eran las miema,;i palabras las que oía.
nas
si los ecos débiles de la orquesta les llegaban! El le
Involuntariamente, casi fatalmente, sus ojos inclina•
doe ee_levantaron, y durante un segundo, el pasado, el asía las dos manos como lohaciaenotrotiempoyatra·
abandono, la vergüenza, todo fué olvidado. Retemblaron yéndola hacia sí.
-Miradme, Beltrana, y tratad de perdonarme. Soylos aplausos. Verdaderamente no se conocia al señor Mar•
muy
desgraciado, porque os amo y siento sobre mí nues••
tín ese magnífico talento. Cuando hubo concluido la ro·
tro
desprecio.
Os amo como os amaba hace quince af'ios,
manza logró aproximarse á Beltrana, los ojos leonados
es decir, hasta la infamia. Si os be mentido haciendooe.
habían tornarla á eu mirada enigmática.
El señor Martín fué elegido por una enorme mayoría. una promesa de matrimonio que no era libre para cum·
Un poco embriagado con su éxito, se mostró gran prínci- plir, si, os he mentido para que fuéeeis mfa. No podéis
pe pagando realmente á los que por él habían trabajado. perdonarme una falta cuyo sólo móvil fué la paeió¡ que
A unos lee distribuyó obsequios, invitó á los otros á un me inepiráai.eis? · Beltrana, escuchadme. Hace quincefestín y, por último, ofreció un garden-pCl#ty á aquellas á afioa yo no podía haceros mi esposa; debia sacrificarme
para salvar la vida de mi padre y el honor de vuestra caquienes nombraba eue bellas electoras.
Contaba con la libertad de esa clase de:reur.iones, para sa; mas ahora nada me separará de vos, mi bien amada.
obtener por fin, de Beltr_ana, la conferencia decisiva que ¿Queréis divorciaros? Pongo mi nombre y mi fortuna á
había ella eludido siempre, y como temía que ee escosa- vuestros piés. Prefería, que, fuera de la ley, unamos nu~ese de acudirá eu invitación, tomó por auxiliar al marido tros vidas? ......... ¿Por qué no hablamos de hacerlo? ¿No
sabéis cuan frecuentes son los matrimonios clandestinos?'
mismo.
-¿Peneaie vos, querido maestro, que la señora Dnver- Vendréia á Parí~ y todo lo que poseo, todo lo que soy os.
noy tenga á bien hacerme la gracia de recibirá mis invi- pertenecerá. Y yo no tendré otro deseo ·que el de haceros la mujer más rica, más feliz y más envidiada del
tados? ¡Un hombre sólo es tan torpe! .........
-Ciertamente, respondió el pintor. ¿Por qué había mundo.
Ella le arrojó á modo de desafío:
de rehuearoa este ligero servicio?

OOM INGO 4 OE JULIO DE 1897

EL MUNDO

'S

&lt; •
/

-Amo á mi marido y os odio!
Pero la voz temblaba y loe grandes ojos leonados de•
cían coea(muy distintas. Quiso desprender eus manos
que él mantenía aún entre las suyas; él las oprimió más·
-Vos me amais, Beltrana, vos me amaie.
Ella no intentó ya protestar, lágrimas de rabia le su•
bieron á los ojos, y como él quisiese tomarla en sus bra•
zos, ella lo rechazó é intentó huir. Más él la alcanzó:
-Dejadme concluir, dijo: Tú me amas Beltrana. '.l.'ú
no tendrías tanta cólera, tantas rebeliones si yo te fuese
indiferente. Cuando d0s seres han sido el uno del otro,
cuando se han amado tan apasionadamente, fórmase entre ellos un lazo que nada puede romper. Yo por mi parte no he podido romperlo. Al encontrarte sentí la indestructible fuerza. ¿Cómo habrías tú de eer insensible?......
Tú eres mia; yo te había perdido, te encuentro, y vuelvo
á tomarte.
Leyó en ella una postrera rebelión, y no dejándole
.tiempo de hablar:
-No os &amp;presuréie á responderme. No quiero deberos
á la sorpresa de un momento. Decidme soíamente que
.no me odiaie.
-Odiaros! Dios me es testigo de que lo he querido,
pero estoy al cabo de mi fuerza, ya no es posible el disimulo.
La eefiora Ribaudet que buscaba por todas partee al
querido diputado, habiándolo percibido al fia, acudió
sonriente.

-Se reclama el fuego de artificio; muchos de vuestros
convidados desearían retirarse
-Gracias, señora, voy á dar órdenes.
Y se alejó.
U na hora más tarde, extinguido el último cohete, el
parque se quedó desierto y la sellara Duveraoy pidió su
coche. Leódice fué á ofrecerle el brazo.
-Cuándo os veré? murmuró con un tono de instante
súplica.
-Espero que jamás, respondió ella.
-Ah! exclamó él lentamente.
Su rostro tomó una expresión altiva.
-Esa es vuestra respuesta, eefiora? Respetaré vuestro
retiro.
Un extremecimiento involuntario, un inexpresable
sen&amp;imiento de pena, la hicieron temblar en el momento de subir al coche, volvió hacia él eu rostro y lo

envolvió una postrera vez en el fulgor ardiente de sus
grandes ojos. El la miró bien á la cara y con voz baja,
pero firme:
-Eata noche el eeñor Duvernoy estará aueentt&gt;; dentn
de dos horas la población entera dormirá; yo estaré á
vuestra puerta; ei rehusáis abrirla, no tendréis derecho
para quejaros después de mis obseeionee.
La ~aludó fríamente, cerró la portezuela del carruaje y
volvió á su casa frotándose las maúos.
Beltruna se dirigió á la suya en medio de una agitación terrible; su fuerza, sus astucias, su imperio sobre sí
misma, todo se quebrantaba.
Cuando sonó la una.en el reloj de la ciudad, ella se
aseguró da que todo estaba silencioso, deecendió la escalera, atravesó el patio, acarició á loe perros guardianes
que se callaron al reconocerla y levantó el aldabón de la.
puerta cochera.

�XLVII
Lila no dormía.
Los ai'los habían domado la violencia de su carácter,
pero no enfriado la sensibilidad de eu corazón. La joven
conservaba su alma de nif!a sombría y Bllsceptible. El
selior Duvernoy, urgido por la hora, había partido sin
tener para ella una palabra de adió3. Ella experimentó
también un l nueva tristeza cuando fueron á prevenirle
que el coche estaba listo, y rehusó irá la fiesta. Beltrana
no insistió, feliz de un capricho q ·1e la libraba de un tes.
tigo molesto. La joven se qlledó sola en medio de su
abandono de huérfana, recodaba amargamente una se.
rie de hechos, pueriles ó graves, pero que llevaban to:io s
á la misma conclu~ión: Sil padre no la amaba ya. ¿Q ii~o
la amaba, PQr lo demás? Q 1ién la compadecía?
Bajo el imperio de eu deeesperaci6n, se dirigió al ce•
menterio, se arrodilló sobre la tumb.1 blanca, y con eolio
zo qlle sacudió todo su eér:
-¡Oh! mamá, mamá, exclamó, ¿porqué has partido
sin llevarte á tu pobre Lila?
Fuéee al lecho en la noche, á la hora de costumbre,
pero el sueno no vino. Una anglletia qlle no podía do•
minar la enfiebraba de sombríos é irritantes pensamientos.
Hacia las once oyó el rodar del coche que traía á su
madrastra, loe di\'ereos ruidos de una casa turbada en su
reposo, la voz áspera del cochero, más tarde loe pasos
de la recamarera volviendo á su cuarto. Después reinó
el silencio. l\1as para Lila pereietía el insomnio con un
malestar invencible. Cilneada de esa agitación vana, se
levantó, se envolvió en un mantón obséuro, abrió su
ventana y entregó su frente ardorosa al viento de la
noche.
Era una noche obscura; en el seno del cielo sombrío,
ciniilaban las estrellas en su lejana eerenidad. Lila so•
liaba. En una visión de infinita tristeza se confundían
tres imágenes: una solterona de corazón ingenuo, un
oficial de marina, y, más lejos, enmedio de un fulgor in•
decieo, una muJer moribunda de mirada ansiosa. Una
fatalidad inexorable le quitaba p11es á todos aquellos que
la amaban, no dejando cer-,a de ella más que corazones
helados.
Este doloroso pensamiento la doblegó: dejó caer la ca•
beza sobre el alfeizar de la ventana y 11-,ró largo rato ......
De pronto un ruido ligero la hizo extremecerse: la
puerta cochera rodaba sobre sus goznes, se abría; se vol•
vía á cerrar con precaución, dos sombras apenas distin•
tas, en medio de aquella obscuridad profunda, atravesaban el patio Había en su andar algo de sospechoso, y
ain embargo loe perros de guardia loe seguían sin ladrar.
-Esos no son ladronee, pensó Lila, sin duda son criados que vuelven á hurtadillas.
Las cámaras de servicio estaban en las dependencias y
era preciso pasar á ellas frente al cuarto de Lila. Esta
escuchó; en el gran silencio de la noche, oyó distintamente pasos furtivos subir la escalera; llegados al primer piso, loe pasos se detuvieron y la puerta de la cámara contigua á la suya se cerró sordamente.
Una suposición rápida pasó por el alma de la joven,
cubriendo su frente de un súbito rubor. Así, pntie, no
bastaba llevar á ese hogar la tristeza: aquella mujtir lle•
vaba también la traición. Desde hacía largo tiempo Lila preeentla tal venganza; el nombre del complica ya lo
conocía
l»8 levantó temblorosa; la venganza estaba ah[, terri•
ble, implacable. Despertar áloe domésticos, hacerlos peuetrar en el departamento de su enemiga y esta saldría
para siempre, aplastada bajo el peso de su crimen.
JamásLilahabía sentido su odiotan vivaz comoena quella hora en que podia saciarlo.
Iluminó su cámara; un sentimiento de pudor instintivo la hacia repudiar toda complicidad con aquellas tinieblas que ocultaban la infidelidad. La fresca toilette del
garden party se encontraba á la mano; púeosela, vistiendose, adornádoee como hacen los bravos para el combate;
por fin extendió la mano hacia el cordón de la campanilla, pero un temor paralizó su brazo. No era, sin embargo, por que hubiera ella entrevisto las consecuencias
de su acción; no era por que hubiera comprendido que
solo la sangre puede lavar ciertas ofensas; su odio in•
tenso no le dejaba percibir más que la imágen aborrecida de su enemiga. Si su mano volvió á caer, fué porque
resonó en su oído este desdelioso desafío:
- ,.os no tenéis ni la ejad ni la fuerza para luchar contra mí.

-=D=O=■=l..:;i_;S0:==::4'..=0=l.t.J.=.U.:.Ll:.:O-=D=l=••=1k•================~E~L;,,,M~U~N~D~O=======================·~

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1'97

EL MUNDO

16

Lila no conocia más que la derrota. Contempl~ba con
ojos extraviados la aguja del péndulo que marcaba sobre
el cuaárante las horas sombrías de la noche. Jamás consentiría en ser complica de ese vergonzoso secreto, encubrir con su debilidad la infamia de esta traición, pe•
ro se sentía inhábil: en medio de esta angustia, su odio
se extremecía.
Un martillazo retembló en el silencio; la puerta coche•
ra mal cerrada, se abrió ruidosamente. En el mismo
instante, en el patio, se elevo una voz irritada. La joven
corrió á la ventana: su padre estaba ahí; el cochero le·
vantaba de prisa su linterna de cuadra en la mano; ee
-escusaba, protestaba; el había cerrado bien ...... no comprendía.
El amo sin escuchar movió loe hombros y se dirigió á
la casa; ahí una nueva exclamación ...... también la puerta del vestíbulo se encontraba abierta.
Lila seguía esta eecen..'\ con la alegría del triunfo: los
culpables no podían escapar al castigo, puesto que el jus•
ticiero estaba ahil Ella iba á lanzarse hacia su padre, pe•
· ro su atención fué atraída por otro lado.
Una de las puertas que separaban su departament-0 del
de su madrastra, acababa de abrirse, y un diálogo precipitado que la emoción impedla ensordecer, llegaba á su
&lt;Jído.
-Es la única salvación. Las otras piezas no tienen salida. Encontraréis aquí una puerta que da directamente
á la escalera. Es la ealida particular de mi hiJastra. Ella
duerme. Vais á entrar ahí y á permanecer hasta que ya
no oigaie ruido alguno, Yo iré á libertaros.
Con una precipitación conmovida abrieron la segunda
puerta, pero los dos retrocedieron.
Lila estaba frente á ellos.
Beltrana sofocó un grito de angustia y se ocultó en la
obscnridad de su pieza. Leódice, al contrario, se repuso
un poco: la situación era más determinada, no había ya
que temer un grito de terror ni un despertar medroso.
Cerró la puerta, y con mucha rapidez, avanzando hacia
la joven, dijo:
-Salvadme, seliorita, si amaie á vuestro padre y si deseais que viva.
Ella le miraba indignada, pero de pronto se extremeció. El lado sangriento del drama se alumbraba C0ll una
claridad siniestra. Comprendía la amenaza que encerra•
ba esta súplica. En la planta baja el ruido iba en creciente, el eelior Duvernoy continuaba su información;
de pie sobre las primeras gradas de la escalera, interrogaba á sus ge.otea. Loe domésticos, uno después del otro
descendían de sus desvanes, nadie faltaba al llamado.

Un temor atravesó el espíritu del sef1or Duvernoy,
A.cababa tle recordar la viva claridad que desde su entra•
da al patio había percibido en la cámara de su hija.
-¿Está enferma la tief!orita? pr~untó á las mujeres de
servicio.
-No, dijeron ellas ......
-Entoneee, ¿qué significa?......
No concluyó, subió rápidamente la escalera, abrió la
puerta y arrojó un grito ronco.
-Lila, vestida elegantemente se mantenía de pie, con
los ojos bajos, las manos cruzadas sobre el corazón, en
la actitud de la desesperacicn, en tanto que en el fondo
de la cámara, un hombre trataba de disimular su presencia. Y esta escena, para la cual una sola interpreta•
ción era posible, tenía por testigo á la servidumbre que
se apretaba sobre las gradas de la escalera, ávida de gozar de la vergüenza de un an;io caviloso.
M. Duvernoy comprendió .en medio de su cólera la inminencia del ridículo, y recobró eu sangre fría, cerró la
puerta, atravesó la cámara y marchando derecho hacia
el hombre:
-Miserable, le dijo: ¿quién sois voe?
El eei'lor Martín acababa de tomar una resolución. Cesó de ocultar el rostro y avanzando á plena luz:
-Tengo el honor, caballero, dijo, de pediros la mano
de vuestra hija.
Con una mirada de implacable desprecio, sin compri•
mir su cólera, el padre respondió:
-No es por ese camino por el que un hombre de hoR0r entra en una casa honrada.
Y volviéndose á su hija:
-¿Tenéis vos, pues, tan poca vergüenza y un corazón
tan bajo y tan vil?
Se detuvo, ella no había cambiado de actitud; eus ma•
nos oprimían siempre su corazón rebelado, sus labios no
se movían y sue ojos, fijos en la tierra, Jl" se habían levantado en una protesta muda.
Oía resonar aún la sombría amenaza:
«Salvadme, si amaie á vuestro padre y si deseaie que
viva.11
En los minutos solemnes, el espíritu adquiere nna rápida penetración; la pobre nilia comprendía que sólo dos
alternativas se encontraban en su presencia: salvará la
culpable consintiendo en ese odioso matrimonio ó revelar
la verdad exponiendo á eu padre á la muerte.
Ella cayó de rodilla'! y aceptando el sacrificio, murmuró:
- Quiero casarme con él.

"

..

Continuará.

r;;·"'i 1

1 ~ ;; • :

r

..,

' ..
·.-

~'{}'f•

j
'

.

""
.. . .

·--

..

-Traje de desposada.
'-· óu s u el texto,

�DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92591">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92593">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92594">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92595">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92596">
              <text>Julio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92597">
              <text>4</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92614">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92592">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 1, Julio 4</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92598">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92599">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92600">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92601">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92602">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92603">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92604">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92605">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92606">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92607">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92608">
                <text>1897-07-04</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92609">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92610">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92611">
                <text>2007057</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92612">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92613">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92615">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92616">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92617">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1062">
        <name>Arte en México</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1048">
        <name>El Polo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1066">
        <name>Francisco A. De Icaza</name>
      </tag>
      <tag tagId="1040">
        <name>Fridtjof Nansen</name>
      </tag>
      <tag tagId="1064">
        <name>La jacobelia</name>
      </tag>
      <tag tagId="1065">
        <name>Tradiciones peruanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1063">
        <name>Víctor Hugo</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3549" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2191">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3549/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._26._Junio_27..pdf</src>
        <authentication>d1a907591b3a68bf260e7fe9ebdf2d29</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117371">
                    <text>{LA FRATERNAL
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes

,..,...
,.,
-,¡
:1111

.e.

,.,-1

-=.
u

.,.

A

::1
d

o

SI

::1

1

en o
p

o

!.
ii&gt; ...
o
;¡-

li
"
i:-;-

....

: ii
... p

~..;

11

o

i:

i: ..

.. -¡;

n

p.

"p

:eo "

n

""ll
•.,
a-

SI

.

9

..

o

" ...
"o.)
(-

::1

~

o

SI

i.
::1
•

11

-

!11

=

~

-DEL-

ESTÓMAGl-0,

::1

,.g

111

,.,r-

MEXICO, JUNIO ~7 DE: I897.

ae1or:AYER
-. "
.., - Curan la Dispepsia,
Estreñimiento,
-. Jaqueca
y Desarreglos
-... "•o
.. -- HÍCADO VIENTRE
·-- •

111

i:

•
•
n

p.

..
i:

?C

a

"'-n •

.
.E!"
":;
.o

u

TOJllO I.

i:a, :1111

o

o

MAS DE CI E N
persa nas han sido c uradas .de estre~
chez uretral, sin el menor accidente,
sin do lor sin cloroformo y e n .: me nos
de u n mi ~uto , emp\ean doei Dr . C nrn y
la elect rolisis. P or el m ismo._;, m é tod o
c ura las estr ech eses del r ecto, exófago y útero. Pra c tica toda clase _d e
o pei: aciones q uirúrgi cas y es especia li sta en vías urin a ri as.

y

Son puramente vegetales,
Son azucaradas,
Son purgantes.

Nadie debe Pstai- sin nn pomito de
Píldoras Catárticas del Dr. Ayer,

para poder tomar una peque?a
dosis, á los primeros sín t omas de mdigestión, y evitar a.si un sinnúmero
de enfermedades.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer Y Ca..,
Lowell. Mass., E. U. A.

PRIMER PREMIO BN LAS

Oficinas de LA FRATERNAL:

Exposiciones Uni1ersales de Barcelora l Chicag¡¡

MEXICO-Call~ de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 750.-MEXICO

ALMACENES
DE

EL PALACIO DE HIERRO.
~LA CASA MAS IMPORTANTE DE LA REPUBLICA.;-o""

Constantemente recibe las úl/Jmas novedades de París.

~-.L_¡-~
Completo surtido de

Manteles,

BONETERIA

Serv ille1 a

1,1.

.foegos para 12, 18 y 24 euhiertos.

Para Cal1alleros, Señoras y Niños.

Juegos de manteles
LENCERIA. FINA,
ENTREFlNA Y

y servilletas para the.

COBRit&lt;..:NTE.

J'úallas ofelpaaas, de lino y bordadas

6ENER0S BLANCOS DE TODAS CLASES,
UE LINO Y DE ALG0D0N.

SABANA Y BATAS PARA BAÑO,

;;._.;;;;;;.

-r-~,

Gen.eros paravest:ldos de sedo, d e lana y sed1-1, delann. y fin.os rlf-" nlgedón..-- --.u1t:ldorenoVatlO constantemente.

Casimires, Corbatas, Camisas, Ba!!.tonepi , Paragua11 1 Sombr1lla11, Sucos de alt•aca y de 11,t'da.
.Departamento especial de so1ubreros y confecciones para señoras.
DEP.AR.TAl\.I:ENTO DE ,..l_" APICERJA

Y

- -

-

ArtieuloM para viajP .

Sombreros y confecciones modelo.

MUEBL:1- IS 1 _. INO""'

l•E FANTA~J.A.

Blondas, encajes, galones, aplicaciones y toda clase de adornos para vestidos y sombreros .
G1.1antes, Pañ1.1elos, Masc a da s , S e villana s , Chales, Tiip ■ •os, Velos, Tira nte,, Ve•tidos de todas ch se s pá~• n i ños y niñas, Ropa para bebés , Aopories, LayeUes,
Gor ros, Pel1s s e.

-"•IOI••-

AATICULOS

C.E

PARIS,

Etc

Etc.

PRECIOS SUMAMENTE f10MODOS E INVARIABLEMEN TE FIJOS.

¡
I

$.

ro.

r.cr Neincr °0idoria,

con m.otlvo de ~u jubileo, celebrado el 20 de Junto de 1807.

•

N1JXBRO ,a6,

�EL MUNDO

434

" l t L MUNDO"
Scmanar1o Ilustrado.
Tel~fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCOión, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.af'ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Un gobierno sólido, dotado de suficiente fuerza para
salvar la democracia de este riesgo, será un auxiliar poderoao, no-sólo del régimeu republicano, sino de Ja misma
nacionalidad.
Y este servicio lo ha prestado á la nación el poder
público emam1do de la poslirt::ra guerra civil.
Loe principios de la Democracia., exparcidos profu~amente en el territorio durante treinta años, difuodidos
en la sociedad en alas de las instituciones-y no hay que
perder de vista la función educativa de toda ley~form1m
parte de nuestro bagaje político, se encuentran como cuer•
po de doctrina en todos los espíritUB.
Podemos, pues, decir, que la República ha salvado su
primer peligro, para entrar de lleno en el periodo de perfeccionamiento después de haber alcanzado el de su consolidación.
1

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantad o .
Jd:GIBI'R.ADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

motas tbitorialts.
&lt;E:rtinta afür, bt ttepúblirn.
Acaban de cumplirse treinta sfíos del triunfo de la cauRa republicana, y fü ya ti?mpo de estu1iar el avance que
han tenido en el paía laa ideas sembradas con la sangre
v con el fuego en. la extensión del territorio nacional .
N uevaa generaciones han venido á agruparse en rededor
de loa campeones de aquella ~poca y á ct..nti~ua_r la obra
emprendida con tanta tenacidad como patnoi1smo. Podemo3 pues, hacer el balance de un periodo de tiempo,
suficiehte para apreciar el ptogreso del país dentro del
régimen democrático.
Cllnsolidada la República, la idea democrática encontró
un fuerte apoyo en una ley dediná.mica social que quiere
que las reacciones sean proporcionales á. las acciones; y en
tlla se suatentó el principio VPn~edor para difundirse extensamente en los espíritus. Fué aquel un periodo de eniusiasmo republicano, algo como uu himno entonado en
loor de un dios reconquÍli1tadode manoa enemigas y que
triunfalmente se llevara á. su desierto santuario.
Aquel sentimiento tenía, ~n efecto, lineamientos mfsticos· había mucho de éxtasis en el fervor que se prestaba á '10s principios de la democracia, una suerte de culto
indiscutible, propio máa bien del ardor de un apasionado
que de la fria calma de un convencido; hecho muy naturali por otra parte, en aquellas circunstancias.

•*•
Juárez fué un espíritu sereno operando en un medio
de agitadores entusiastas. Al bajar al sepulcro, deJó un
problema sin resolver: el del progreso nacional limpio
de loa pre1uicios dominantes, informándose en criterio
más amplio, en contacto con la ley de solidaridad universal que preside á la vida y desenvolvimiento de las
nacionalHades modernas. Pero el poder publico que
substituyó al Benemérito, no se penetró del momento
histórico, y equivocando el camino, ee olzó como un obstáculo inesperado á la nueva fuerza expansiva que extremecia la República.
Lerdo de Tejada fué arrollado por una corriente impe•
tuosa que pretendió esterilizar en los limites de una charca. La revolución de Tuxtepec, como se ha dicho muchas
veces, nació como la resultante de intereses nacionales,
que era indispensable dar desarrollo; fué el producto de
una época que en vano se pretendía borrar de las páginas
de la historia, y en este movimiento tomaron parte todas
las en.ergfae y todas las actividades de la nación.
La idea democrática pasaba de su periodo metafísico
al positivo; de la etapa neo-mística á la de loa intereses
materiales; del régimen jacobino al del industrialismo,
entrando, de este modo, al gran concierto del progreso
contemporáneo.
Pero no ha sido este el único refuerzo que ha tenido
el principio republicano.
En estos últimos tiempos la Democracia ha sido sometida á. un profundo y escrupuloso análisis. Se señalan sus
imperfeccione:i, se buscan materiales con que colmar sus
lagunas, se estudian las deficiencias de rueaas que entran
á funcionar en el aparato. ¿Qué provecho obtendrá la
política del porvenir de esta critica, que algunos pretenden no conocer, al modo de esos puai1ánimes que rechazan las ideas que les desagradan?
Un provecho enorme: el de reformar y reconstruir piezas que estorban á la marcha de lamaquioaria, que siha
de ser útil á nuestras generaciones y las venideras, necesita de este severo é irreprochable exámen.
Entre loe lunares que ee pretende haber encontrado en
el flamante s@l de la Democracia, uno de ellos es el de
que el sistema perturba, con sus cambios, á. la existencia
nacional. La primera necesidad de un Estado ea ser duradero, y lasxepúblicas, por razón de estructura política,
no ofrecen e~ta garantía. Países de régimen democrático
en que el poder público paea de una mano á otra, sin
trasr.ornoa sociales, económicos ó políticos, representan
un avance muy grande, un nivel superior en sus elementos const.itutivos. Una República siempre se baila expuesta á bruscos cambios que ponen en peligro lae inetitucio•
JJes y con ellas la_ vida del pafe.

RESUMEN.-La coronación del Czar y el jubileo de
la Reina de lnglaterra.-Victoria I y Nicolás 11.-Los
festivales de la paz.-Su efímera Influencia en la
universal concordia.-La marina alemana.-EI retiro del principe de Hohenlohe.-Puedeestartranquilo.-EI deber cumplído,-las islas Sandwich.Ojeada retrospectiva. -Si, anexión á los Estados
Unldos.-Sus peligros.-Política de aventurasConc.lus16n.

Hace un año la capital legendaria del gran imperio
rrioscovita era centro de atracción, á donde concurrían de
todas partes de su dilatado territ.orio loa representantes
de esas agregaciones múltiples que forman los dominios
del Czar. A ta sombra del Krnmlin que guarda en sus
muros venerables los recuerdO.i aautua de la poderosa
monarqma eslava, se coogrt'garon los príncipes y señores
de la tierra para dar más brillo con su preeenci~ á la ceremonia más pomposa que ha contemplado el siglo XIX:
la coronación de Nicolás 11.
Aun no se extinguen los ecos de la grandiosa fiesta,
tristemente interrumpida tan sólo por lus ayea desgarr,1dores de las víctimas de K•Jdijnsky, y un nuevo festival
convoca á los pueblos cutcos en la metrópoli britá.uica
para asistirá. la iruponente solemnidad. del jubileo dd la
reina Victoria gloriosamente sentada en el trono de sus
mayores por ~n periodo de tiempo que sobrepuja al de
todos los soberanos de la tierra.
Ayer recibia pleito homenaje de sus millones de súb ·
ditos un joven lleno de esperanzas y teniendo delante de
sus ojos abierto el tiempo porvenir; aydr los labios se
abrían y las almas a e ensanchaban en m(stJ.ca .°!ª"
ción, pidiendo. para el augu~to monarca l"a. bend1c10nes del cielo, é implorando acuirto para el reino que se
inauguraba. Hoy los himnos que se cantan, las voces
que se alzan, entre las nube~ perfumadas d_~I inciene~ y
las aclamaciones de la multitud, son en acc10n de gracias
por el dilatado y glorioso rei':1ado, ~ue .en ~esenta años
ha conducido al heterogéneo 1mper1u bretá.mco por el ca•
mirio siempre amplio dd su progresl y engrandecimiento no interrumpido.
En las actuales circunstancias porque atraviesan las
naciones de la vieja Europa, siempre apartadas por odios
profundos, divididas por añejas rivalidades y alejadas
por ciegas competencias¡ en el período presente en que
la paz armada es la máscara hipócrita á. través de la cual
ee espían mutuamente, buscando el momento opctrtuno
para saciar su encono y m1tigar sus envidias: estas fiestas son como floridos oasis donde el ánimo fatigado se
sienta á descansar de la constante bregai como dulce intermezzo en que el alma, harta de escenas de sangre y lu·
chas deepiad.adas, halla pacifi.:o esparcimiento y regalada
calma.
Ah, si esas reuniones de paz y de concordia tu vieran
efectos duraderos máe allá de las fronteras de los pueblos
que las coavocan! Ah, si la alegría desbordante en las ceremoniosas recepciones·y suntuosos banquetea fueran lazos de unión y prendas de amistad para tos pueblos, co~
mo aparentan serlo para los individuos! P~ro, nó; desgraciadamente quedan en pie las causas que provocan las
gigant.escas luchas, y trae esos iris de paz, que resplandecen entre los arcos de triunfo y á la claridad de loa cirios
encendidos en loa templos, continúa la lucha subterr4nea, la competencia sin treguai el choque de opuestos intereses, y laa razas y Jae gentes y loa pueblos y las nacio•
nea, un momento confundidos en fraternal abrazo, vuel ven al dfa siguiente á contar sus acorazados y á pasar revista á. sus innúmeros eJércitos, aiempre listos á entrar
en singular combate que ha de asombrar á los siglos venideros.
Ahí está, sin ir más lejos, el implacable Hohenzollern,
que decidido á hacer de la marina alemana un ariete formidable de su poderoso imperio, resuelto á que ha de
figurar la moderna Germania cowo potencia marítima
de primer orden, ya que ee juzga invencible en tierra por
su admirable y sabia organización militar, no retrocede
ante el sacrificio del príncipe l:fohenlohe, su hábil consejero, á quien obliga á dimitir porque no supo contrarrestar la influencia de los círculos oposicionistas del
Reiachtag, que rechazaron con vigor los créditos solicita
dos en nomb~ de la dignidad riacional, para proveer al
desarrollo de la fuerza naval con que ahora cuenta.
Nada valiera.a. loa méritos adquiridos por el viejo Canciller en defensa y en e:ervicio de la patria alemana; nada
sus recientes triunfos diplomáticos en el embrollo orien•
tal¡ nada la voz del Emperador llevada en los concejos
europeos, que ha levantado de su tumba á. un caduco
imperio y ha revelado por la aug11Bt.a soberana voluntad de Guillermo II, la fuerza latente en el carcomido
pueblo mahometano, herido de muerte y roido de po-

DOMINGO •1 de JUNIO de 18117

DOMINGO 27 DE JUNIO DE 1897

dredumbre: había algo que se oponía á los designios del
hijo de Federico el Noble, algo que resistía á su omnipotente avasalladora voluntad, y por todo ha pasado, provocando una crisis que sin sacudimientos, sin violencias,
cambia Ja faz del imperio germánico.
El Príncipe de Hohenlohe se retira; pero puede llevar
tranquila su concienciai pues ha qerido evitar al pueblo
los nuevos sacrificios que exigirá. la marina de guerra,
tanto más costosos cuanto que ya pesa, sobre él la organización militar del vasto imperio, convertido en dilatado campamento.

Apartándose un poco de su ordinaria política que los
aleja de las conquistas y los separa de la expansión colonial, hanse lanzado loe Estados Unidos á. una aventura gue, además de las naturales peripecias que trae
aparejadas, puede conducirlos á dificultades y roces im•
posibles de prever en 103 primeros momentos del aparent.e triunfo.
Hay, allá. en las aoledadesdel Océano Pacffico 1 un gru·
po de rocas abruptas y dilatadas que conetitu ye el archipiélago de las Islas Sandwich. Malayo por su origen
cuasi americano por su situación. geográfica, el an\igu~
reino de Hawaii allí establecido, ha venido pasando por
diversas fases, hasta convertirse poco ha en u.na repúbli•
ca moderna, gracias á las intrigas y maquinaciones de los
colonos none-americanos que han llegado á. posesionarse
de la dirección pelítica y económica del pais.
Sol:!' misióneros protestantes primero, eus comerciantes
y agentes financieros luego, y ·sue políticos y agitadores
des pué~, han influido notablemente en la evolución de las
tierras hawayanas, á despecho de los elementos prirniti·
vos del pa1e, apegados á. sus propias tradiciones, y no
obstante la labor no escasa dt, los súbditos del Mikado
que trataban de hacer prevalecer la influencia del Japón;
que con mirada codiciosa consideraba el país destinado
á caer á. la postre en su esfera de atracción. Allí se habían dado cita aventureros de todas las regiones del globo y negocianteE. de todos :os países, pero ningún grupo
ha adquirido la preponderancia que han sabido alcanzar
los anglosaJonea americanos y los japoneses.

~ranafundido ~l e:ipíritu I?~d.ern? en aquel pueblo,
ab1ert.o á las c~r~1entes de la _c1v1hzac1ón, y que se manifiesta en la acuv1dad de su vida social y pohtica· robustecid~ la población con el elemento extraño que ~n olea das rncesantea afluye á las hoepi!ialarias playas llevando con su trabajo y sus ensefianzas nuevas y pbderoBaa
energías, pero hacieudo predominar sobre los grupo!!
autó_Jt.onos _las agregaciones de otras razas, y sobre las
trad1c1ones 10~ígenaa, las tendencias de loa extranjeros:
no es deextranar que desde hace cerca de medio siglo
se hayan hecho las primeras tentativas de anexión á. los
~atados U nidos.
No fueron muy favorables entonCtls y hallaron fuerte
y ~enaz opoiá~ión en todas J~s clases del reino¡ pero de rribado e~ 1ég1men monárqmco, desvanecido el prestigio
del trono por la extinción de la dinastía de los Kamekameka, dedicados al mejoramiento y progreso del pafs •
~ngerta~a la democracia americana en aquellas apartada~
1slas1 dispuestas como campo fecundo á la fruc,ificación
de las prácticas repúbJicanas, y predominant.e el elemento americano, duefio de la instrucción, del comercio del
culto, y de todo lo que significa fuerza viva en aq~ella
sociedad, por natural sucesión de loe acontecimentos
han venido á caer en la esfera de atracción del coloso deÍ
Norte, y decidido formar parte de la UDión Americana.

•
••
¿Q'lé importa la protesta sentimental y platónica de la
ex-reina Lilioukulani, desposeída de eu trono por las
maquinaciones de los comerciantes á quienes oatenaiblement.e apoyaban los cónsules americanos? Se:á una voz
perdida y ahogada por el himno con que los negociantes
saludarán el nuevo régimen.
Pero si no causa efecto la protesta de una infeliz mujer,
alegando derechos que prescribieron ya en nombre de la
democracia, sí debe preocupar al Senado americano, antes de decidirse á aprobar el tratado de anexión, la ingerencia que pretende tomar el Japón en el asunto, en
virtud de los intereses que posee en las islae.
Orgulloso después del ruidoso triunfo que obtuvo so•
bre el Celeste Imperio; ebrio con sus legitimas victorias
que le dieron honra, prestigio y riqueza, y un tanto
contrariado por el 'veto que imerpuso Europa á la extensión de sus conquistasi puede el pueblo del sol naciente
buscar en otra parte la compensación, siq11iera sea con
mengua del buen nombre de la Gran Republica.
Pesen bien, pues, loa estadistas de Washington la ac•
titud del Japón, y .no se insinúen temerariament.e en una
pc•Jitica de aventuras, contraria á su.buena tradición de
paz y de grandeza.
X. X. X.
Junio 2. de 1897.

Lo que algunos hombres de Estado han llamado el
bien público no es no fantasma de su cerebro, un poema quimérico fabricado en los vuelos de su imaginación,
por sus pasíone~, su ambición y su orgullo personales.
Fuera de ellos hay una cosa real, sólida y de superior im•
portancia, el Estado, el cuerpo social, el vasto organismo
que dura indefinidamente por la serie continua de gene·
raciones solidariae.
H. T.AlNE.

EN TIERRA V ANKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA VITA BUONA

,

Mi propósito ¿no lo he dfcho ya? ea consignar en rápidas noticias las sensaciones causadas únicamente por tl
aspecto txter1or de las Cusas en esLe pata interminable. A lo demás renuncio¡ no me meteré en honduras;
acaso más tarde-¡oh! nada vale tanto la pena como esw
tstudio para noaot.ros los mexicanos! -acaso más tarde
me sea dado intentari después de un nuevo viaje más
lento, penetrar en busca del alma del coloso mas allá de
las facciones y de la epidermis. Ahora no; ahora me paso tl tiempo queriendo entender lo qut, anuncian loa conductor~s de.los wagones del ele-vado i.:ada vez que va á ha•
cer alto el tren, ea decir, cada tres minutos, y nunca logro entenderlos, con la agravante de que eé 10 que va.1.t á.
pronunciar.
Lo que es para mí una tentación suprema fl'1n !as. escuelas. Un d1a qua iba solo, r1unbv al Uentral-Purk, muy
temprano, me colé en una¡ ¡cuánto bueno t:Dtiev1 en cinco minutos! El edificio mi, pareció mLiy pimoreaco, pt,~
ro muy alto¡ en t:ataa elevadlsimaa y gracio1:1as torrt:cillas espía á loa niflos el duende feroz del iucendio; es
verdad que todo est~ previsto, escaleras de fierro bien.
aisladas que sirven unas para que los alumnos suban y
para que oajen otras¡ por donde quiera en loa pasillüs,
bocas de agua listas, con sus servicios de mangas, etc.,
sin embargo, el pánico echa por tierra todas las precauciones. Aquí en la eacuela prioiaria superior ó high school,
lo mismo que en el kindengarun (esa delicios11 inst.itu•
ción frebeliana pür la que uenen vasión aqu1 y que entre
nosotros apenas ha podido pro!!perar, por la viej1siwa
preocupacion del alf"beto y 10s pa otea) y en toda 1a enseilanza, como en la sociedad entera prtidomina, reina,
triunfa la mujer. Esta ea una escuela mixta, y aunque
la coeducación, no sea tan absoluta como creewos, pues
muchachos y muchachas juegan y salen aparte, d hecho
ea que existe sin inconvenienttlB. ¡ay! del rapaz que faltara al respeto á. ur.a girl; sus compañeros se ~ncar~~rian
del castigo. Dirección y profesorado aqui son femen1uos;
las mujeres obtienen die:&amp; ve~a más que loa hombrea en
cuanto á aplicación y disciplina.
La sala de atamblea, como aquf llaman al aula, ea ca•
paz de contener mucha gente¡ et:1 un gran espacio dividido por tab1q •1ea do:t maJera que se doblan y desapare•
cen; sirve, pu1-:s, para clases y p:1ra reuniones; en el fondo el estraao y el wagnlfico ó1gano. Lo que encanta es
el aseo, laeleg.i.ncia, el confort¡ aquí no hay pup1~rei, para dos personas siquiera¡ cada alu1.1100 \itlue .su silla con
un brazo movibl~ l\ la derecha que es también mesa y
atril. Todo esto m~ daba envidia. Figúrense mis recto•
rea que en la gran efcuela (?) en que yo sirvo como prJfeeor y donde se hau gaet.~ctu cout!idt:rable número de
millares de pesos en loi, ú Hiwoa afius, son comaoas las
clases en que loa alumnos pueden estar bien sentados y
no hay una en que puedan Wmll.r notas c.&gt;mo no sea sobre sus rodHlaa! Parnce ruentira.
Decía yo que las mujeres eou aquí las reinas; los reyes
son lo~ niñoti; salen en bandadas risueñas y se derralllan
por las acerasi los parques, loa terrenos a_in edificios, Y. en
todas part6a son. los dueiios, Ví en la Qumta av,muta, cierta ocasión, una lucha épica entre un enjambre de est.oé'
blondos y colorados saltabardales y el guardián ~e un jar~
dincillo de una casa suntuosa, qm, no queria deJar pene•
irar á los invasores. No pude ver el rtsultado de esta
campana, pero el hombre estaba. desesperado. Lo que á
estos diabletes encanta y fascina ea el sport atlético en
todas sus formas; en cuan,o pueden saltan loe maderos
de un terreno cercado y ahondado, para la. parte subte•
rránea del edificioi é iruprovisan un partido defoot-ball,
en que se golpean, se arrastran, se m~ull.an y hasta suelen enaengrentarse con tanto tncarmzamieoto como en
los duelos homéricos anuales entre los alumnos-atletas
de las grandes universidades del Massachuesetts. Los
combates entre los Fitz-Simona, los Sullivans, _etc,. apasionan tanto aquí á los ni.fios, tomo á las muJereB" y los
viejos. En N. Orleans y en Atlanta observaba yo e l ademán estático de loa chicuelos y de las misses ante los retratos de los púgiles que iban á disputarse el campeonato del mundo; así debían de haber mirado los helenos
de Elea la estatua de Korebos el primer triunfador en
los juegos olímpicos.

•
••

Es dificil ir á comer á lae siete de la noche, no digo en
el suntuosíeimo restaurant del Waldorf, que ea un jardín de oro, seda, plantas exóticas y espaldas desnudas
más ó menos bien satinadas, ó en el elegante y arista•
crJ.tico del n~unswick-hotel, ó en el espléndido Delmónico-en donde se come el mejor cam mbert del nuevomundo-sino en otros de segundo orden, sin vestir el
uniforme nocturno de la cultura humana-frac, corbata
blanca y, aqu.i, una opulenta crieántema en el ojal. En
cambio al teatro nadie va, sino en traje de calle, como
no sea á la ópera, que aun no comenzaba cuando estuve
alli.
Mis compañeros y yo nos pasábamss 1a primera mitad
de la noche en los teatros; Fara un mexicano todo en
ellos es ext.raño; la distribucion que es una mezcla de
circo y teatro; la comodidad que alli generalmente es
refiuada y aquí no existe; el decorado, allí compneetg
ue telas más ó menos lujosas, lo que es absolutamente
diverso del semi-decorado de nuesLras escuetas salas dei
Nacional, Principal, etc., y, por último, el espectáculo.
Mi impresión ea esta¡ toda pieza representada en los
teairos americanos nece@iia dos cosas para tener éxito,
1:' una dosis considerable de clownismo, 2? una tercera
parte, por lo menos de cirquismo; lo demás puede ser
hrico, dramático ó nada de esto¡ con loe primeros elementos basta.
¡Oh! sí, las tandas, como por acá decimos, triunfan en
N. York y en toda la Unión, como ea de suponerse. Una
tanda ewpieza en Proctor, v. g. á lae tres de la tarde y
acaba á las 1:1eiE!, otra acaba á. laa nueve y á las doce la

43_5

EL MUNDO

t~rcera. La diversión se compone, invariablemente, de
canciones negro-yankees¡ yanketa, sobre airea de valses
ó polkaa á la moda, com~ el eterno _aj ter the ball¡ .fran~
sas, irlandesas, etc.; conctert &gt;B musicales, es decir, piezas de música tocada-:! per un señor y su simpática familia, en vasijas de cocina como cacerolas y cafeteras¡ sainetes rudimentarios y jocosos representados por otra
familia más simpátick que la. anterior, compuesta de un
elefante pa Jre, dos elefantes madres y tres niños, siempre elefautes. Los t1lefantea son edtficios de piel de rata arrug8da y colgante, que hacen cosas 1udeciblemente cb.ietuBaB con uua cara. absolutamente seria, lo que las
hace má-:! chisr.osas todavía; son de esos graciosos que
lo~ francese'! llaman pince•sans-rire. Adwirablefl; lo que
má.a a 1miré 1;: n dios fué la elegancia con que trabajan
en bicicleta; yo que al.loro este sport como ad.oro todo lo
que no puedo ser ni hacer, al verá uno de estos amables
¡iaquidermue describir sobre el escenario irreprochables
curvas y pedalear rápidamente, concebí la tímida esperanza dd acumpañar un dfa á Rafael Rebollar, cicliah
convicto y conteso, en sus excursiones de veintitres kilómetros por hora.
O.ras exB.ibtciones del mismo género zoológico, cuatro
ó cinco pantomimas, nueve ó diez hércules y cuatro ó
stis pretitidigitadorea, cierran esLe artístico espectáculo;
¡oh! el arte, el arte! U1erto, esto no ea ni Hamlet ni la
Valkiria, y auele perderile aquí el recuerdo de Sarah Bern•
hardt y d~ Coquelin, de Dumás y de Ibaen; pero el arte
ea relativo tawbien; hay arle y arte: y yo me divertí;
es nna diversión que no llega al cerebro ni al corazón, ¡oh! esto la hace deliciosa; es una diver:5ión epidér•
mica, la emoción y la inteligencia duermen. Verdad es
qut:i se siente uno ligeramente idiota delante de esos pobres elefantes que han necesitado más esfuerzo para escribir 25 en nn pizarrón con la trompa, que Newton pa•
ra descubrir la gravitación universal; pero esto es bueno
para rebajar el or~ullo humano.
¿Sm ewvción? No enterameme; una cosa me conm'lvió:
oir cantará Mtle. Polaire, una estrella de las F,Aies-Bergere de Paria, BllB cancioncillas picarescas y rnilitarunas, re~
medando las trompetas y los pasos marciales, con una
vocecilla y unas piernec1llas delgadas, que hacfa subir á
las notas más altas, todo ello delante de un auditorio espeso, fria como una banquiea polar, silencioso como un
domingo protestante, compuesto de hombres y mujeres
que evidentemente se creian robados por la pobre alon•
ctra parisiense, que no acertaba á extraer un solo rayo de
luz de los charcos de agua azuloaa dormida en las pupilas de aquellos hijos de la cerveza y de la Biblia. Uno
que otro snob boaqut"jaba un aph,uso que se apagaba en
til ambiente glacial de donde emeriían doscientas ó trescientas cabezas atónitas que se volvían hacia el manifestante con una expresión profundamente aburrida y ve·oerablemente estúpida. Pobre Polaire; ei con mensajeros
de su ralea cuenta Francia para solnener en la América
~a.jona su influencia artisr.ica, gran chasco va á. llevar.
Para estas gentes no hay medias tintas como esta semibailarina 'le café-::oncierto; de una vez hay que enviarles á Sarah B.:rnbardt que ea la aguja sublime de la catedral del arte escénico, o á esas grnudes flores venenosas
del pantano inmenso de Paria: la Goutue, grille d' Egoul,
etc. Y tampoco les guiltaráu, á no ser estas dos últ1t.0as
señoritas desde el pu oto de vista gimnástico en el grand
ecart; pero las paganía; vt\yase lo uno por lo otro.

•
••
Cierta noche en The Aca,temy, feo teatro por fuera y
muy lujoso por dentro, en que se representau dramas de
espectáculo, cuando nu hay ópera italiana, ví una pieza
que hacia furor en N. York, la Sporting duchesse, de~empefiada por regulares artistas. L&lt;1o compañía estaba á la
altura exactamt1nte de esas españolas ó italianas de exportación quesue.len a_post.ar por México .. Ni una sola
aonalidad, pero Bl coptas más ó menos felices de loa movimientos v ademanes, de loa defeotos, sobre todo1 de los
gr,mdea 3rtistae; en suma, reproduciones de cuadros buenos en cromo-litograf1as: con eso nos contentamos los
pClbres.
Un drama Jatético en alto grado; de esos de llanto, de
compasión, obligatorios en el Bt!gundo acto¡ de susto inevitable, en el tercero; de corajt:l irrepresible, en el cuarto y de nuevo Hao.to, pdro de gusto en el quinto. Un ma1,rimonio feliz, un infame que quiere ultrajará la esposa,
que no lo logra, pero que lleatruye la felicidad conyugal;
eeparación, eo.fermedad del hijo, tribulación y abnega ción de la señora, vacilació.:i del sefior, un joven jockey
que demuestra la infamia general del traidor, un borrachín muy bu~n chico que descubre la trama, la reconciliación a1 fin y al través de todo una encantadora duque sa, reina del mundo del sport, que es el angel bueno de
aquellas buenas gentes. Pero qué bueno! Y qué buen
público! Yo que comprendía mejor eete inglés que el de
losconductoreadel Elevado, observé bien al público. Excelente. Yo deliro por loa públicos que se dejan conmover.
¡Oh! las señoras detrás de sue abaniquillos ó de sus bino•
cloa, disimulaban; pero en cuanto había un cambio de
decoración, y sala y escenario quedaban en un minuto en la
máe densa obscuridad; qué dt1 sonadores y de toses y girimiqu.eo~ rápidos, y cuántas narice.s rojas y ojos llorosos
cuando la luz implacable de Edisson tornaba á alumbrarnos.
Pero aquella multitud no había venido állorar, no; ha•
bfa veniao á ver la Jeri.a de los caballos y lae, carreras en
que se vefaa desaparecer loa caballos con sus jockeys del
escenario, arrebaLados por una carrera vertiginosa que seguía en el segundo plano y continuaba por toda la pista,
y los aplausos del gentío y la vuelta del vencedor y las
apuestas y todo muy bien arreglado; la ilusión era casi
completa. En nueetro tiempo todo lo salva una buena
decoración, Jo mismo un melodrama de brocha gorda,
que una comedia política.

pe:-

•
••

Una ciudad civilizada es una especie de jardín ideal de
Epicuro en que pueden realizarse todos los placeres y satisfacerse todos loe gustos¡ lo mismo los del alma que loa

otros lo mismo loe morales que los no moral~, y un pueblo c{ vilizado es el que prefiere los primeros á los segun•
dos ó mtiJ0r dicho, que los unimisma en la sensación y
la e'mocion estética1:1, en el arte. Este pueblo tiene sumo·
do espt!cial de concebir el_ arte.; ~asta ah?~ª e.a un.a concepción eminelltamente 1nduatnal y ut1hiana 1 cifra su
vanidad en lo enorme y su ideal en lo confortable¡ pero
es un pueblo que 88 ea,á haciendo todavía, todo ea aún
rud.iment11no y frustraneo quizás¡ pero tiene derecho de
e1ijir que Ee suspendan los juicio~ dtfinH,i vos, tiene ra~óu
de emplazar la crítica¡ todo él tiende, cun una tensión
inmensa, á. producir algo definitivo y sorprendente en ~l
porv~nir; pues ese algo o nó 1:1erá ó eerá un arte. Mas deJe
moa lucubraciones tr.tmscendentes !' vamos á oir algo
digne de ser oído, puesto que de arte se trata.
La aticu:,n de eawa pm,oloe de o.-ígen germánico á la
música que, al través de los 1:entidoa, bu~a el aima, es
clásica¡ 1us latinos noe contentamos con_ una co_nmocióu
nerviosa producida por la melod.1a; lágrimas, rieas, co~•
quilltios voluptuoso~, eso nos basta y ioda nuesna mu·
1:11ca cabe en et1os tres órdeues dt1 exc1tacióu néurica. To·
do cat&gt;t, en ellos desde el stabat de Paleatrina haeta el
giojOBe comare de Windsor, e l'ora-e lora d alzar la risuta
.,onora del .F'alsiaffJe Verd.i, esa composición re veladura
dti la enorme caur.idad de juvtntud que puedealmt:..cenar
el corazou de un viejo.
La música de los germanos es más p síquica ¿me permi •
ten ustedes el vocablo? ~so proviene de que, el germauo
es por excelencia el animal wetaheiC?i nace con unos 1u=!-•
teojoa que se empeflan eu ver ma~ allá. Más allá ven v1eiouea, convenido; pero ¿algo hay qu~ no sea visión en
este mundo? A ver¡ que t1l que tenga una realidad bien
agarrada se levante y lo diga. ¿Pues qué la música de loa
germall;OS hace pensar? No, hace imag1.nar, pe!o pr?yecta
lll.imagrnacióu como un rayo de luz pahda en d1recc10u del
ab1amu donde se vuelve luz difusa y be confunde con la
tiniebla¡ ea decir, hace soñar, se rodea dt, enaueílo coml.l
la naturd.leza de misterio. As1 ea; ó asf se me figura á. lllÍ
que es¡ pero yo no t.engo obligación de decir otra cosa
que lo que se llle figura y 110 lo que se le figura. á. usted, lector a1wgo 1 como eoha decir es1:, insigne .ti_lóeofo que caw·
biabll. su uro por el n1quel de los cuentcc1llos C(Jloradus,
el doctor Pert,do.
He aqu1 que así razonaba yo para mi coleto una noche
que, arrellauado en uoa muelle ou,aca de un espléndido
salón de cou01ertos -uu mu.sic hall, escuchaba, entre d
silencio de un auditorio devoto, una sinfonía de Betho•
ven, del genio sobr~humano que ha hecho decir su úhimu. palabra á la múoica. in1:11orumental, según Wagutir.
O¡endo uua li!0nata d.e este seBor, puede decirse que se
oye la música pura, la música al fin de su evolución comenzada ea. la pll.labra rnmica, salmodiada, can,ada; de
e~e ironco brot.6 por un lado la poesía y por el otro la
do la musica; comu de la pictogralia primitiva surgió por
un lado la eecritura fonética naata el alfabeto actual, y
por el otro la pintura basta Rembrandt, un oceano áe
sombra y de luz en que uavega ,odoelmoderno arte pictórico.
Y' como hace sonar esta música, tiene un fondo religioso ¿no es, en suma, el sentimiento religioso una intti•
rrogai.::ón ael alma al eterno misterio que nos rodea?
LiJB anglo-::iajont1s son el único pueblo germánico que
no ua pruJ.uciúo un gran múoico, a pt:Ear de las delic10sas optretaa de Sullivan. Pero su afi.cion á la música t=B
inmensa y su dón de transformar en religioso cualquier
canto, ea t1orprendent.e. Algunas pruebas curiosas tuve de
ello en Nueva York y Cb1cago; esto es pr(Jpio del alma
de esta raza; puede decirse que asf como no hay salón de
lujo aqui que no tenga ua vago aire de gabinetede11tal,
hasta los gabiner.es dtintales tit:nen cie1to aspecto de oratoi-io.
La música de Beetboven no es siempre religiosa, pero
aiemprn produce esa emoción que se }lama relit,~10Sd.; 6Ub síntomas son alas, el alma vuelaconellaa . .Aquf y t:n todas las
ciudades hay gruposconsiderablesdt:i tlelts á 1mcul&amp;o. 1'alll•
bien \Vagner tieue sus fieles¡ pero éste va llegando al peliodo eert:ino, en el fondo del anfora de cristal del arte se
va deposiLando elor, de sus creacciones. ¡Ay! porquéeu
México no le conocemos todav1a? Toda una faz y la más
expresiva del arte moderno nos es ignorada así¡ el gobierno ~debla consideraree obligado á iniciará los grupos
sociales en ciertas ma.nif&lt;!E.taciuncs superiores de la cultura humana ...... En el musU,--ha.Jl se oyen grandes frag.
mentas de \Vagner, ejecutados por muaicos alemanes, eil
su mayor part'", y cautados por muy buenos solistas y
por coros muy bien educados. Cuaudo en el programa
se resume no sólo el episodio de la ópera que se va á ejecutar, sinoae da idea de la decoración que debe acompañar•
lo, es mu y fácil notar el poder con que este hombre .bingular
bacever con la música elcuadroeuque eldrama se desen·
vuelve. De la audición á. la visión interna, la transición
ea indefectible. Este potta que prttendfa reunir el
drama lirico y sintetizar en él toClo el arte, traduce y
concreta con tuerza eingular en notas, todo la realidaU
objetiva¡ un incendio, una erupción volcánica, un océano en conmoción¡ toó.o eso se oye y se ve en su obra¡ ptro agrandado hasta Jo fantástico, sin ser por ello irreu f.
Schumann ( oí en el mu.sic hall una romanza suya:
Traumerci de un ine:x:prdeable encanto) tiene:aquí sus tit!·
lea ¿y en dónde no? Y. sobre todo, su discípulo Brahme,
igual quizás al maestro. Con todo esto se regalaban lot1
bueno¡;¡ yankees neoyorquinos, loa domingos por la nocht¡
regalos C1e rey. ¡ Y nosotros que los tenem&lt;.,s por zafios
en achaques de arte! ::::lomos unos tontos.

•
••
Acabemos nuestra jornada teatral.
En un lindo teatrillo de la Quintci A venida, si mis recuerdos no me son infieles,· vf una opereta alemana de
Humperdink: Htmlze l y Gr,tel. Ea primorosa; llena de f.Pi•
sodios fantásticos, de selvae pobladas de silfos y dueu·
des y admirablemente decorada con caacatelas y arro•
yoa y vericuetos Eombrfos, en que se pierden loa prmagonistaa, que son dos chicuelos (una típley un contralto
de frescas y argentinas vocee ) de telones de cielos nocturnos de cuyo infito y profundo azul desciende !a escala.

�EL MUNDO

DD.MINGO •7 DE JUNIO DE 1897
DO ■ IIIGO

de oro de los angeles que, vestidos de luz blanca, cuidan el
suefio de los nii\os; decoros diabólieos, de aquelarres espeluznantes, de brujas, etc.-No sé por qué en México no se
ha explotado esta obrilla, que tiene algunos numeroa
que harían furor, á pesar de nuestra sistemática edu•
cación zarzuelera.
Lo que quiere decir que aquí no sólo hay teatros-circos, sino que loe hay d~ t.odos los géneros y que puede
uno divertirse á su guisa. En algunos de est0s espec,áculos, encuentran los actores 6 los empresarios el modo de
deslizar sátiras casi aristofaneecas contra algún grupo so•
cial; p. e., oí á un mal cantante, pero expresivo actor,
repe,ir hasta el fastidio, en medio de los aplausos delirantes del público, una canción popularisima en aquel afio
en toda la Unión, que terminaba con una sangnenta caricatura de loe ricoe advenedizos de Chicago. En otro
teatro ví terminar una serie de cuadros plásticos admi·
rablemente compuestos é iluminados, con uno que se
llamaba: ttExportación de oro;n ahí se veía el momento
en que eubian al buque que loe debía de conducirá Eu·
ropa al Conde de Ca1:1leliane y á eu esposa ( la hija del
archimillonario Jay Gould) Ea1e cuadro también erar~petido y aplaudido.
.Para conocer la afición al lujo ostentoso de las americauae, no hay ID!is que verlas en sus palcos en alguno de
loe teatros ariet.ocrát.icoe. En una neUuloea de encajes y
de gasas, aparecen como verdaderas constelaciones de
geruas fulgurantes¡ se nota en la mujer como una ten•
dencia á. a~saparecer detrás del diamente. ¡Qué diade·
mas, qué nimnos1 qué petos, qué coilaresl,En suma, aquí
el horubre es el esclavo de la mujer, y la muJer lo es U.e
la joyai aqui el becerro de oro ea femenino, es una terne1 a, como diría el Antón Antúnez de .Fígaro.

•1 llE JUNIO DI 189

01

EL MUNDO

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustracioncs tomadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.
LA P.ABI'IDA

DE

NANSE..~ y

nE JOHANBL~

Después de dos falsas partitlas que habían tenido logar
el 26 de Febrero de 1895, Naneen y Johaneen abandona~~ definitivamente el Fram el 14 de Marzo (1 ). Naneen
deJaba á. Sverdrop el mando de la expedición. 8i el Fram
no llevaba ya á. Naneen sí llevaba su fortuna. Naneen podía fracaear en su aventurada expedición en trineo podía perecer, mas el Fram debía hacer triunfar basta el
fin el plan de derivación.•
En ene instrucciones á Sverdrup, Naneen le confiaba;
en primer lugar la vida de la tripulación; en segundo lugar el buque; en tercer lugar el cuidado de continuar con
Scott-Haneeo, Bleesing, Henrikeen y loe otros, las in•
veetipcionea científicas.
El 26 de Febrero, Naneen y su campa.fiero se habían
puesto en camino con cuatro trineos. Pero las cargas
eran demasiado pesadas y se produjo un accidente, obligando á los viajeros á volver sobre sus pasos.

sibles, provistos de dobles patines y cargados eolamente eayoa varios, renunciaron á. la piel de lobo: es demaaiado
de lo efltrictamente neceimrio. ¿Qué llevan consigo loe caliente para 40º y más bajo cero.
viajeros, que se lanzan á la más temeraria de loe exploE3tá.n vestidos de la manera siguiente: para el torso doe
raciones, quemando, det.ras de elloe las naves, y eit ot.ra camisas de franela, UD chaleco de piel de camello, un jerHsea de retirada que las desoladas playae de la tierra de
eey¡para las piernas1 calzones de lana, knickerbockertJ (cal•
Francisco José? El inventario sucinto de Ja carga de los zonee) y botines forrados de UD tejido de lana noruego.
trineos, muee&amp;;ra, qué suma de recnreoe habían logrado Por e:ecima de todo esto, para protegerse del viento, y
reunir en un volumen excesivamente pequet'i.o.
sobre todo de la nieve que penetra como polvo en loe
Dos kayake eon eu bien máe precioso. Solamente con
tejidos de lana, llevan un paletot de capuchón y un vasto
eetoe kayakes pueden contar Naneen y Haneen para ba• pantalón de \ela de un tejido fino y apretado que loe
tirae en retirada durante el estío, á través de lae grietae abriga.
de los bancos, deepnée, á través del_ mar libre. La forma
En lugar de largas botas han adoptado calzas y cu•
es menos alargada que la adoptada generalmente para ee• biertas de pierna eeparadae. Las calzas son de lana de
te género de embarcaciones; así serán menos rápidos, pe- carnero y de cabellos humanos, má.a cómodas para qui•
ro más est.ables. La corteza es de bambú, la envoltura t.aree en la noche, á fin de eer colocadas sobre el pecho 1
de lona de ve]e, hecha impermeable por un endureci- secadas aeí al calor del cuerpo. «Cuando se viaja contt·
miento de cera y de sebo. Pesan poco más 6 menos 18 ki- nuamente sobre la nieve, con una temperatura muy ba•
loe y medio.
ja ya sea con ski (2) 6 no, loe mocasines laponee, hechos
Como ves\idoa1 Naneen y su compafl.ero, después de en• con la piel de loe cuartos \raseros del reno:macho, sin los

•
Salir del teatro á media noche, abrirse paso entre la
turba de pupelero8, asaltar un coche del funicular, hacer
alto ante un limpísimo restaurant de la sociedad de
temperancia en que se come muy bien una suculenta y
pecaminosa ensalada de langosta y se bebe té ó leche en
1ugar de vino¡ entrar ahí, cenar y después emprend~rla
á pie para llegar &amp; casa á las doa de Ja mailaoa, es un
programa que aconsejo á las persona.e de buena conct~ncia. Una noche que lo ejecutabamoe al pié de la letra, y
andaba.moa de pnsa envueltos en una nebJtoa glacial, precursora de loa grandes frias del invierno, al atrnesar de
un vértice á otro de loe ángulos que forman al cortarse
Brod way y la 7·~ A venida, acerté á oír cerca de mí un
mido infernal, un campaneo formidable en crescell&lt;to
fantástico, y vacilé y me detuve azorado. Un hombre me
empujó hacia atrás, y en ese segundo de estupor, ví en·
t.re la niebla esfumarse una sombra indecisa y enorme,
negra con un ojo de luz roja, como el de Polifemo; me
parecía la catedral de San Patricio que corría sobre mí,
con eu campanario á cuestas. Instantáneamente la visión
apocalíptica pae6 del estado.de sombra al de realidad;
era un carro de bomberos tirado por. ocho caballos que
corría como huracan ¡Ay! del que no oía la campana,
pa~aba en un eantiamen al papel de individuoeacriticado
á la especie; esa iba a ser mi suerte. ¿t&gt;ero no es esa la
suerte de todos?

,ii::

Justo Sierra.

Junio de 18\J7.
Teatro Calderón de Zacatecas, inaue;urado recientementl".-foroEL TEATRO CALDERON DE ZACATECAS

Acaba de inaugurarse en la capital de Zacateca.e un bellfeimo teatro, que~con el Degolla,:to en Guadalajara 1 el de
]a Paz en San Luis y el soberbio t.ea~ro de Guanajuato,
hacen un total de cuatro templos del arte, dignos en todo
de la cultura mflxicana y notables en la República.
El Tdtro de z~catecas honra la memoría del eximio
dramaturgo, poeta y soldado liberal don Fernando Calderón, hijo del Estado, y cuyo nombre u~va el colieeo.
Cinco ai'ioe duró su conatrucci6u 1 demandando un costo de trescientos mil pesos y un ¡.ersonal de dos mil
obreros.
l!;l primer contratiEta de la obra fué el conde Fernando )L de Pres,. qnieu murió en Nueva York.
El año de 18!)2 10cendióse el teat.ro que había en Zacateca.e, y el 16 de Septiembre de 18\J5, era la íecba dei:,.i~ne.da
para la inauguración del actual, que no pudo efectuarse.
El Teatro Calderón fué terminado por el arquitecto
Geo. E. King y recibido por el ingeniero Luis G. Córdova.
El moviliario de aufuye,· ha costado 18,000 pesos. De
la belleza y disposición del edificio simado en la calle
Principal de Z.lcatecas, frente al Mercado, pueden formarse idea nuestros lec~ores por las div~ri:1ae fotografías
que publicamos.

Una nación no será nada ei no pretende nada.
.Baron Brenier.

Las penas son, como las alegríae, las ocupaciones de la
·,ida.

LAS PRIMAS DE "EL MUNDO"
Con este número repartiremos la segunda.
parte de

Hay ui ,a cie~cia nueva, el cu:t.ivo del yo, que poco
más ó menos viene á ser él culto de ef mismo.
Ludol'i.c Jlale:iy.

Egoíemo y desinterés en dósie iguales en dos corazolH!!ls: eso se llama amor. Ex~raña harmonía.
Victor dt Swarte.

Critica de otro, elogio de sí mismo.
O. M. Vi:iltour.
El últi mo campamento anhs de la separación.

"EL DINERO DE LOS OTROS"

que completa el folletín correspondiente á
Junio. Para Julio, preparamos un hermoso novela ademas de las reformas, que siguiendo nue,tra costumbre de variación amena y sugestiva, nos pr~ponemos hacer.
Desde luego, con el primer número de
Julio obsequiaremos á nuestros lectores un
bellísimo grobado á colores
En los números de ern mes vamos á publicar también la. segunda parte del maravilloso viaje de Fr:d,iof Nansen, ósea
La vuelta del Polo,

A. Gr 1111evraye.

El retiro no es la tun1 ba, pero es cuando menos el ol•
vid.o, lo que eqnivale casi á aquella.
Georges C:ement.

La actualidad da á las obrae de a1te, com/) el tinte á.
Joc;¡ rostros, nn falso aire de juventud que les presagia
una. decrepitud rápida.

en que las peripecias extrdordinariilB sucédense sin in' erru pción, y la tercera parte de
ENGAÑO SUBLIME, muy breve ya y á la cual
va á seguir una novda cuidadosamente escogida é ilustrada, que tenemos en revisión.

OTRO PAGO DE $5,619 PE

41

ItN T.-_MPICO

RR-cibí de uThe Mutual Life Ine. Co. of New- York» la
cantidad &lt;le $5 1 619.75 1 cinco mil seiscientos diez y n~eve
Pf&gt;Sne. 11Ptenta y cinco centavos.
Só,000.00 1mma asegurada }
619 75 premios devneltns en pago total de cuantoe de·
rechoe se derivan de la Póliza número 5\J7,361 bajo la
cual estuvo aaegnrado el finado SESoa DA:o.IEL DE LE&lt;&gt;N.
Y para la debida constancia, en mi carac~r de tuM&gt;r
d~ loe menores, hijoa del finado, que son: Daniel, Fran01sca, Albert.o, Carolina, Josefa, Manuel Virginia María, Soledad, Joeé Pdtricio y León de J~eús de LeÓn, como benefici~rioe nombrados en la póliza, extiendo el
presente re01bo en eeta misma póliza, la cual ee devuelve á la compsf\fa para su cancelación en tampico á 10
de Junio de 1897.
'
'
Firmado,

LAuREANO DE LA SoTA.

El Licenciado Ricardo López y Parra Eecrib&amp;no Público, en ejercicio, en est-e Puer&amp;0
'
CeJ1:ifico: Que en mi prernncia,' entregó hoy el seftor
Federico M. Suhutz, Banqnero de 11The Mutual Life In•
surance Company of New-York » al s~ñ.or Laurea.no de
l~ l'lota, Tutor de los menores hijos del finado eefior Da~1el de León, que eon: Daniel, Francisca, Albert.o, CarohI?,8:, Jeseía, Manuel Y, Virginia, María Soledad, José Patr1c10 y León de Jesu8 de León beneficiarios de esta
póliza número 597,361, la sumad~ cinco mil seiscientos
diez y nueve pesos, setenta y cinco centavos, que expre•
ea el recibo que precede, firmado ante mí por el ciiado
sef'ior de la !:Sota.
Pa~ constancia s~llo, signo y firmo la present.e, en
Tamp1co de Tamauhpas, á Ira diez dias del mee de Ju•
Dio de mil ochocientos noventa y siete.
Firmado, RICARDO

LóPEZ y

PABRA,

E. P.

máe á propósito. Ea indispensable, ein embargo, eecarloe después de la marcha. Para lograrlo, cuando
el tiempo no ea seco y no
brilla el sol, el único me•
dio es llenarlos de leche
después de haberlos lavado...... Para las manos t.enemoe mitones de lana y
guantee de piel de loboqne
eecaremos, llegada la no•
che, como nueet.ro calzado
y nuestros zapatos ...... El
calor de un pobre cuerpo
se gasta así e.::iteramente
en secar sus tn1,jee; y dormiremos entre compre11ae
mojadas á. fin de estar un
poco más confortablemente vestidos al día signien•

El 28 de Febrero habían vuelto á partir con seis trineos.
Era demasiado para veintiocho perros que había. La
marcha fué más lenta de lo que Naneen había previsto.
Por la noche la caravana no había llegado á más de cuat.ro millas del Fram, que encendió su g1 an lámpara de
arco y paeéo sobre loe bancos los rayos de su luz eléctrica, á la vez que en honor de los dos conquistadores del
Polo, para guiar la vuelta .á aquellos que los acompafiaban algún espacio como despedida. E.atoa se despidieron
de Naneen y deJobaneen el primero de Marzo. Los adioses fneron efusivoe, más de una pupila se humedeció:
11¿Pensáis, á la vuelta, ir al Polo Sur? había dicho Sverdrup. En ese cai!O, juzgo que me esperaréis.» Nansen,
seguido del solo eompafiero elegido, emprendi6 su marcha hacia el Norte.
La superficie del hielo era accidentada. Sus trineos eran
demasiado, no solamente para veintiocho perros, sino
también para dos hombre@. Ademá.81 el frío de la noche
era dem11.eiado vívo para las bestias. El 3 de Marzo Nan·
sen y Johansen habían vuelto de nuevo al Fram 1 á fin
de reducir el número de trineos y su carga, y de e3perar
que la primavera estuviese más avanzada.
Durante este tiempo la derivación hacia el Norte ha•
bía continuado, de suerte que no se había perdido el
tiempo. El 14 de Marzo, dia irrevoeable de par~ida, el
Fram babia alcanzado el 84 grado de lati~ud Nort.e.

LA MUTUA"

Deepnés de lae dos expeTiencias del 26 y del 28 de Fe·
brero, Nansen había resuelto contentarse con tres trineos consolidados y reforzados por todos los medios -po-

•

(t) El general americano üreely, jefe de la infortwmda expedición que lleva~ nombre, ba.bta combaddoen 1891, con rara violencia., el pran de Nansen. Después de la vueft.a del explorador noruego. tuvo
que reconocer lo mal funda.do de sus erHlcas y de sus predleelones; pero reprochó á. Na.osen en ~rmlnos
de unn extrema. violencln, haber faltado á. su deber má.s sagrado, abandonando su buquP. Y !IUS compafie~. Fndtjof Nansen, en la introcluccl6o de la relación de vis.Je, pone cierta. coqueieña en citar la
apreciación del general Greely, ,:;in añadir una !K&gt;la palabra. para responder y defenderse. Encontramos
sin embnrgo. en su diario, la exposición de los móviles que lo han guiado y la huella de los eombates
que se han librado en su conciencia.
La expedición en trineo le wrecla necesaria. Rabia examinado todas las dificultades ciertas 6 solamente cventue.les; se hu.btadedi&lt;.:ado A preveerlas, á. fin de triunfar: "Cu.ando se han tomado todas las
pn-cauciones pasibles, el deber es.marchar hacia adelante." Pero entonces prop1\~ A su eaplritu una
cuestión: ¿tenia. N derecho de pnVllr al buque y á los que quedaban á. bordo de lati re&lt;:ursM preci&lt;&gt;&amp;OR,
en primer lugar de los perros? Su Inquebrantable confianm en la 901ldez del Fram.. le responde que el
m¡ue mismo sert el que lleve al pals, después de la larga derivación, A los que queden á. ~rdo, Y si el
acc dente en el cual no puede creer se produjese, once hombres, abundantemente pronstos de vive-

¡;

\e ....... ..

En mracha.

1,Por la noche, en lugar
de un lecho-meo para cada
uno, tenemos un lecho, doble hecho de una piel de
reno adulto¡ aei nos calentaremos mutuamente; dor•
miremos mejor ...... Nues•
tra tienda es ligera y fuer-

re!I, en trtn~ á brazo y en embarcacion~, !le verian demasiado apurados para franquear los 300 6 400 kilómetroi; que septi.ran el SS grado de latitud (punto extremo que puede alcanzar el Fram.) de Ja tierra de
FmnclfiC(I José- 6 del Spltzberg? Para los qus debfan quedarse eran la seguridad casi absoluta la. contln~ióndcl bie}1estar de que la expedición habla gozado basta entonce!:!; para los.que debla!\ 'partir, \os
peligros, ltu ratigas, 108 a.ui.res las privaciones, la muerte quJUi. ...... He aquI por qué Nausen se resoh-ió
A parrlr.
''Cutle."1 i::erún los miembros de la expedtclón? leemos en su relato; · Es evidente que no podemos los
d09. Sverdrup y yo, abandonar eJ buque rno de ambos debe quedal"Be para asumir 1a l"C!'J)OllllBbilldad
de llevar 1\ los otro'&lt; sanos y !lalw~ &amp; Noru~ga; pero es igualmente lndlscutJble que uno de n 080 tros es
quien dPbe conducir la expedición en tri.neo, por que tenemos ípor nueKtro viaje anterior á. Groeulandia\
la experiencia necesaria. Sverdrup tiene gran deseo de partir, pero hay má.s pellgro en abandonar e
Prom. que en queda.N! á bordo. SI yo lo dejara partir le encargarla la tarea más peligrosa y gua.rdarta
para mt la más fac.11 ......... Adem{ut, el verdadero coID.!Uldante del buque es Svllrdrup· el es cuplt.án y no
debe abandonar su na,10 ......... :MI deber es partir y el suyo quedarae; por lo deJDM 'él a.st lo reconoce"
[2] Patines de madero. de gran longitud,
'
·

�BL MUNDO

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE 1'97

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE t&amp;97

BL MUNDO

Teatro Calderón de Zacateca,., in.Hugn.rado recientemente.

Fachada.
Partida de Nanaen y dcJohanacn, el 14 de Marzo de 1895.

&amp;e. Por delgada q11e sea una tienda, es siempre un abrigo.
Cuando la instalemos por la noche, un ski plantado en el
hielo servirá de apoyo. No pesa .ní dos kilos y nos será

hasta el otoño un caro refugio........ .
La oalentadera que Naneen y Jobansen llevan, tiene la
ventaja de sacar el mayor partido del combustible de
que se servirán. En poquísimo tiempo podrán cocer sus
alimentos, obteniendo al mismo tiempo dulce C!llor en
abundancia. Una mirada al dibujo que en otro lugar pu·
bl:camos, hará comprender el funcionamiento del aparato. Veint:,e libras de petroleo alimentarán estas lámpa•
rae durante más de cien días.
Nansen ba tenido cuidado, por lo demás, de escoger loe
alimentos que lleva ( carne y pescado no solamente secos
sino pulvmizadoe, harina pasada al vapor, patataa hervi•
das y recae, etc.), de tal manera que e1 el combustible
faltase, podrían ser absorvidos sin cocimiento. Todos
estos alimentos, en efecto, no demandan, hablando pro•
piamente, ser cocidos, sino simplemente ser recalentados. Pueden, pues, en úliimo caso, comerse fríos; y además, tienen la ventaja continua de no exigir un gran die·
pendio de combustible.
Gastidas las provisiones (deben dnrar cien días). Naneen y Jobansen, no tendrían otro recurso para subsistir
que Ja caza. Como armas han elegido dos fusiles de la

En la cima de un hummok nos dimos el último adiós. Yo
lo miré largamen,e-lo recuerdo-marchar con habilidad
hacia el buque, con ski. Deseaba casi tornar con él.. .... »
Entretanto loa trineos avanzan rápidamente. Haneen,
Haorikaen y Pe'8rsen se apuran para collliinuar sobre el
híelo unído. Pero bien pronio comienzan las as~~zae
y la marcha se hace lenta¡ es preciso literalmente llevar
los trineos por encima de una arisia de hielo. (cVais 'encontrar otras muchas como esta,» dice Peter Henriksen, alarmado y moviendo la cabeza llena de tristes pen•
samientos. Hacia la tarde, felizmense, la sup~rficie se
pone mejor y cuando se hace alto á las seis, la caravana
ha recorrido 7 millas, lo que no es del todo malo para
una primera jornada.
La noche es fría. Con la mafiana viene la hora de la
última separación. uTomamos juntos nut,stro último desayuno, preparamos nuestros trineos, atamos los perros,
damos á nuestros compafieros un expresivo apre~n de
manos, y sin muchas palabras ni de u.na parte ni de la
.otra, nos hundimos en la soledad.
«Recorremos rápidamente grandes espacios de hielo
unido, y nos apartamos más y más de nuestros compafieros para penetrar en lo deaconooido, donde, los dos solos, con 101: perros, debemos errar duranie meses. La arboladura del Fram ha desaparecido hace largo tiempo en
el horizonte de hielo. A veces encontramos abruptos
amontonamientos: en esos pasos difíciles hay que acudir
en socorro de los trineoe1 izarlos y empujarlos. Frecuen•
temente se vuelcan y no loa enderezamos sino con penosos esfuerzos.
«Un poco fatigados de esta ruda labor, hacemos alto á
las seis de la tarde. Hemos recorrido nueve millas en el
día. No es todo lo que contabamos recorrer, pero, ya se
aligerarán loe trineos yel hielo se. pondra mejor.»
El 17 de Marzo, Nansenescriba en su pariódico: uCuan·
to mas avanzamos hacia el Norte, menos desigual es el
hielo.,1 Ese ,día, sin embargo1 los viajeros encontraron
una grieta que loa obliga á largo rodeo. En efecto, no se í
LA MARCHA HACIA EL I)QLO
ría prudente servirse de los kayaka cuando la temperatura es tan baja ( es de 42ºbajo cero). Podría el agua que
La11 dos falsas partidas hendieran congelarse en su derredor y aprisionarlos, Y
no habían moderado en la _sería imposible desembarazarlos del hielo.
tripulación del Fram la
Los días siguientes, la superficie se pone más y más
emoción de las separacio- practicable y la pequéña caravana, hace catorce millas
nee. 1&lt;Cuaodo dejamos el diarias y aun más.
navio1 sonó una salva. Por
u...... Vamos siempre derecho al Norte, átravés de loa
tercera VPZ fueron cambia• inmensos planos helados, que parece que se extenderán
dos adioses y buenos de- has~a el Polo. Laego el paisaje se quiebra y toma el y ..
seos recfprvcos. Alguno.e pecto de un campo onduloso cubierto de nieve.
de nuestros camaradas nos
acompañaron. 'Pero SverContinuará.
drup se volvió bien pronto
para estará bordo á la hora de la comida, (la una.)

mejor calidad y van provistos de suficiente parque.
Un paqueño teodolito, un sextante de bolsa y un no.•
rizonte artificial, un compás a,zimuth de aluminio, dos
brújulas ordinarias, dos barómetrus aneroides, y dos ter·
mómetros mínima de alcoh,ol, componen su bagaje científico. Y los lectores del MuNoo deben agradecer á Nan•
sen que no haya omitido cargar con un aparato de fotografía instantánea.
El doctor Bleseing proveyó la farmacia de viaje de sus
dos compatleros de la manera más terrorífica: ligaduras,
vendajes, yeso quirúrgico para fracturas de brazo 6 de
pierna¡ cloroformo para el caso en que fuera necesaria la
amputación de un mie•m bro helado; gotas para el dolor
de dientes: agujas curvas y seda para coser las heridas,
un escalpelo, etc. 1 etc. Todo esto, felizmente servirá po•
co 1 apresurémonos á decirlo, excepto las ligaduras y loe
vendajes, que serán tan útiles en el invierno siguiente,
para hacer mechas á lae lamparas de aceite de foca y
los emplasios de Nicolayaen, cuya capa da cera propor•
cionará un excelente alquii;rán para calafatear los ka yaks.
«T0tal, 650 kilos de provisiones y de objeto!! diversos,
agrupados en sa.cos 6 envohuras, están repartidos en los
tres trineos. Loa alimentos destinado!! é loa perro!!, lee
bastarán durante treinta días. Pdro Naneen lo ha previsto todo. Ha pesa~o á los perros y ha comprobado que
podrá nutrirá los unos con
loa otros;-matándoloe sucesivamente y reduc:éndo•
loa á medida que la carga
de cada trineo disminuya
pur la absorción de los vi'veres - durante cincuenta
dia.s. En oclunta dias ee habrá recorrido mncho cami•
no y «se habrá llegado á alguna parte.u

Nansen se dirige solo hacia adelante.

•
Foyer.

.
,

4)9

~

�DDIII INGO •T d• JUNIO de 18g7

1!.LMUNDO

S

_

EL MUNDO

-Puesto que eiempre me serviste bien, y puesW qu~
Pierrot te abandona, te daré el medio de que lo casü•
gues. Te prefiere á la la.na por que ne sabe cuán insen·
eaio ea ese amor. Búrlate de él, y para que lo cu.res ee
cambiada en

~~=========================~~~~~~===============~D~D~•=•ll=GO~•=T'=D=l=J"U'-'N=l=O=D=I
!!!.....__
440

Teatro Calderón de Zacatecas, inaugurado recientemente.

HADA DE LA

LuN A.

Suenan los címbalos. Cae el vestido de Colombina y
a\)arece, ella, en cuarto ereciente, con enag_üilla cona,
de.gasa azu.Josa, adornada de pedrería que chispea, y con
una media luna prendida en la cabellera. El rostro, loa
brazos, las piernas, tienen la eua ve claridad del astro.
La luz nocturna ha disminuido.
La luna llena del cielo, por un efecto de transparencia
queda reducida'- una luz pálida.
Se oye el suspiro de un echeno.
Es primavera.
V

•

I
P11.aa la escena en un jartl!n WaUeau, baiiado por luz
de Luna. Parques simétricos ojaranzos. La Luna, llena
y redonda, se mira, desde el centro de la decorac16n1 en
un estanque azulado sobre el cual se tiende una blanca
balaustrada. En el primer plan1J, á la derecha, un aliar
del Amor, enguirnaldado de rosas, se alza en medio de
la claridad. En el pedestal, la estatua del Amor-nifio armado con el arco y con el carcax, se destaca, blanca y
eonroeada sobre el cielo palido.
Pierrot hega corriendo, corno si lo persiguieran. Trae,
no el casaquín flot.ante de Debureau, sino el vestido un
poco amplio del hermoso Gilles; además enharinado el
pelo que cae· debajo de eu sombrero pequeflo. Hure de
-Colombina como de una abeja importuna, é imita su
zumbido. As( lo persigue. ¿No lo cree loco porque está.
enamorado de la Luna.? Y ¿por qué no había de estarlo?
Ea ella tan b~rmosa, tan tersa, tan brillante .. .... Y luego
ea tan pura como el lirio, tan reeplandecieate como una
rosa ...... Cae en contemplación y la admira con éxtasis.
Le canta una balada.
Le consagra, de rodillas, una oración.
La llama, le dirige toda suerte de halagos. La implora.
Nada.
Quiere irá ella, puesto que ella no viene á. él. Alborde del estanque está amarrada una barquilla. Entra y, á
riesgo de volcarse, levanta loe brazos á la Luna, trepa al
puente y cae. Quiere tenerla en el ag~a, ~onde brilla su
reflejo, y se tiende, para besarla, cona!gu1es.do sólo mo-jaree.
II

Interior.

Llega Coloffibina con enagua rayada Y jubón lila. Le
dirige á Pierrot amargos r~proches. ¿Por qué huye de
ella? ¿N'o lo cuida tank&gt;? ¿No le sirve loa manjares que
le agradan? ¿Olvidó ya las piernas deliciosas que dan
vueltas en el asador, los jamones macizos? ¿Olvidó loe
vinos suaves que enardecen, el champafla que sa118 y espuma? ¿Laolv1dó á. ella, que eeel regalo más sabroso? Y...
aqW m1raeecon juguetona vanidad las manos sonrosadas
los pieeecitoe leves; y comba el cuerpode ial modo que la
enagüilla ae distiende.
Pierrot queda insensible.
-!Ah! Amenaza ella¡ lo dejará por Arlequín.
Pierrot permanece frío.
-Entonces, lo enga1lará. con un capitá.n de bigote re•
torcido y porte ineoltmte.
Pierrot sonríe, incrédulo.
-Pues será con un financiero, de cuyo vienire, como de
no tonel, salten monedas de oro.
Pierros se encoje de hombros.
Colombina llega á. la deaeep.;,ración.
-Está. bien, me mataré.
Perfectamente, dice P1erro~, y le da valor. ¿Qué esco•
jerás't ¿La navaja, la cuerda, el fuego, el veneno?
-¡Ab.l solloza Colombina. ¡Qaé deágraciada soy! Y
todo por e9a luna! T~ h:!.9 enamurado d~ ~ea máscara. de
yeso, de esa Luoa maldita, horrorosa, v1eJa y decrepita.
1Uh! ¡Qué horror!
y le t,neefia el pun.o á. su rival, y la escupe en el estan•que. Pierrot, indignado, la amenaza. Colombina ae ríe
ae él. La persigue. Se oculia ella iue del altar del amor.

III
Pierrot vuelve jadeante de su inutil carrera. Profiere
vagas am~nazae contra la invisible Colombina, y sofocado, ae acuesta en una banca de flores y se duerm~.

IV

1

•
Vestíbulo.

Colombina sale de su escondite. Está desesperada por·
.que ama á Pierrot. En su desesperación se desata el lazo
oe su cuello para ahorcarse. V uél vese, Y. percibe al Amoru iño de pié sobre el altar, corre áarrodillareefrente áél,
Je implora con fer'vor.
El dioe sale de la inmovilidad1, se anima, sonríe, se e&amp;¡pereza, cambia de actitud y le ctlce en una copla:

Pierrot deepien&amp;, y absorto, admira '- la Hada de la
Luna. ¡Como! ¿Ea ella? Sí, es ella que bajó á. la Tierra, y
que baila, simbolizando la juventud de la Luna y au pr&lt;?pia juventud. Pierrot quiere abrazarla; pero, ella, virginal, ae eecapa con ligeros salWe, y le opone como una cabrilla, la punta de loe cuernos luminosos. prendidos en
su cabelJera, y con loe cuales se raagufla.
Suenan los címbalos.
La Hada se cambia en luna llena; y en su frente un
disco diamantino que sustituye al creciente, evoca la
imáR'en del plenilunio. La hoz del cielo se transforma
tamoien en disco.
Se ore un andante:
Es e estio.
La luz penetra por todas partes,
Baile absolutamente lánguido.
Es la madurez de la Luna, la Luna mujer, Pierrot corre á abrazarla¡ pero su frialdad lo hiela. ¡Brrrl
Suenan loa címbalos.
La Hada ee meiamorfoeea. En sn frente lleva un segmento pálido, sus cabellos se han vuelto grises como en
á.mee. La luna del cielo está ya en menguante. Se tiende la sombra.
Suspira nn adagio.
Es el otoilo. Así lo expresa la dam:a de la Hada. El
otono de la Luna, el ototlo de la Mujer.
Pierrot se siente gastado como ella, que lo rechaza con
ademanes melancólicos.
Suenan loa címbalos.
La Luna desaparece. La sombra lo invade todo. Nieva.
Ya no hay media luna en la frente de la hada; y ésta,
con la lamer.tación de un secberzo, ee aleja entre la eom•
bra y desaparece. Pierrot queda inmóvil y aterrado.

LA MUSICA
ALEMANA.

Es el rumor de hirviente catarata
Que en loe abismos sue cristales quiebra;
Del lúgubre caflón el ealampido;
El sublime fragor de la tormenta;
El colérico griio de loe marea
«Cansados de luchar con sus cadenas.•
El acerado choque de las armas¡
Del belico clarín la voz guerrera;
El gigante concieno de loe mandos;
El eón valiente de la tropa épica;
Y el ritmo eterao bar mónico y grandioso
De la máquina inmensa de la tierra.
l'fALIANA

Es el rumor del beso apasionado¡
Del aura los dulcísimos poemas¡
Las notas que del lago ee levantan
En las nocb.es azules y serenas;
La canción de loe silfos á las floree¡
De las arpas de oro las cadencias¡
El ¡ay! desgarrador del moribund&lt;l¡
El canto seductor de las sirenas;
El suspiro amoroso de las vírgenes¡
Dd laa aves canoras las endechas;
Y las mil harmonías de los bosqued
Que los espacios infinitos pueblau.
JIRAt.CltBA

Es el rumor ardiente de la orgía¡
La barcarola ritmica y ligera
Que las náyades cantan recostadas
};n eus eaq11ifee de coral y perlas,
El canto del amor y lo!:! pli,ceres¡
El crujir del raso y de la 1:1eda,
El uallegro11 monotono que entono
La bola de marfil en la ruleta¡
La9 sonoras y alegres carcajadas
De Paul de Kock; la voz de las grisetas;
De Beranger loe cantos populares,
Y el choque de las copas de Bohemia.
MANUEL REINA.

VI
Asoma el alba, fría y triste.
Pierrot se restrega loe ojos. ¿Habrá eoilado? Se siente
entumecido. El frío de la mat'i.ana lo asalta. Viénenle
reflexiones caseras. En la ca1:1a de Colombiaa no tendría
frío 1 comería bien, bebería mejor. Lo amarían. Aquí
hiel a. ¿Es esto racional? Ya no ama á la Luna. Además¡
Hueve, sopla el cierzo. ¿Y Colombina? ¿Dónde está? ¿Fné
á buscar á. ArleqPin? ¿A.l Capitán? ¿A.L Financiero? ¿Se
mató? Sí, probablemente. Todo ha concluido. Ahora, á
ahorcarse. Y fijándo~ en el lazo de Colombina, hace un
nudo corredizo y busca un árbol para colgarse.
Entonces el amor, desde su altar, ex~iende el brazo, y
en una copla le reprocha su inconstancia. Fué él, quien
á fin de curarlo de su e::!.fermedad, transformó en Hada
á Colombina.
Que Pierrot prometa ser bueno, y se la devolverá.
Reaparece Colombina con la enaguilla rayada, la carita
radiante, blancos loe senos y redondas las piernas.
-Amala ahora¡ ordena el ACQ.or.
Juramentos apasionados de Pierrot. El Amor bendice
á loe dos amantes.
Luces de bengala.
PAUL MARGUERI'l'TE.

"8.&amp;.VI.&amp;. ENFERMA."

V
Madri&amp;al Luis XIX.

( Aliteración al gusto de Duplessis.)

Tu blancura ea reina,
iu blancura reina,
10h nacarada! ¡oh alba como el alba que au-s oros despeina!

•

*

Tu piel 1 oh mi Blanca,
como el ala blanca
del ni veo alba,roe que adora las espumas, luce franca ....

**

¡Oh Blanca de Nieve!
haz que en mi alma nieve
el cá.ndido fulg0r de tu imagen casta y leve ......

***

Solitaria estrella,
Mis noches eetrella
con esa pensativa luz ideal, tan bella ......
Dlcanda.

Margarita de oro,
Al,ar en que oro,
la su,n rima brote como brote atonal,
y á tu alma ee prenda
Y en amor la prenda
Y ,ea la prenda
De vida 1nmoñall
.A.KA.DO

N:n.vo.

DE GEORGE SA~D A SAITE-BEUVE
Qué escribís ahora? Haced un libro que me pruebe
evidentemente cómo es que hay algo posible y bueno á
mi alcance y os pruteeto bajo mi palabra que aun cuan·
do sea irá conquistar á. China, lo baré, Pero, Dios mío,
¿qaé hacer de nuestra fuerza? ¿Dónde ponerla? ¿Qué em•
pleo habéis encontrado pi),ra la vuestra? Decídmelo, de·
cfdmelo pronto. No sois de loa que pueden responder:
-Carezco de ella¡ no tengo deseo9 de co1rer porque me
faltan los pies.
Habéis puesto en-alguna parte, en algún tabernáculo
sagrado, en algún astro mieterio9o, vuestra juventud,
vuestras duda~. ¿E~e lugar está en la religión crisiiana?
Si está ¿qué be de hacer para entrara! templo? Cada vez
que paso frente á ia puerta, me ar~odillo ante esa poesía,
Givina, vista desde lejoa, porque s1 me acerco ya no veo
lo que yo creía que allí estaba exclusivamente. Percibo
solo una faz de lu que busco. Qniaier~ encontrar á. Dios
yo misma, envuelto en su majestad y en ~u gloria¡ no
que otros, semejantes á mi, vinieran á decirme: ¡Es él!
porque, entonces, dudaría.
¡Ah! Qué feliz sois! ¿Qué crimen habré cometido para
que as( se me condene a! papel de Judío Errante? Decía
que sufrís y que sibéis sufrir. Lo sé t11n bien como vos,
y aun apuesto que vuestroe dolores serían en mí mucho_
más ligeros, si tuviera lo que ienéis !?ara consolaros, a1
pudiera recogerme una v~z, un solo rnetante al día, y
decir, adorando en algo:-He a\H de lo qut, no puedo
dudar.
¡Ah! Me contestaréis que habéis logrado, al menos para vuestro espíritu, una vida mejor que la mía; que no
habéis prodigado ni gastado vuestro corazón, qne no habéis descendido al antro de los leones. Loe que de allí
salen semi-devorados ¿quedarán mulilados y débiles para toda la Ti.da? Ved, me ocurre con frecuencia, y este ea
una especie de consuelo que me permito, que la causa por
la cual las almas apasionadas sufren mariirios, es una
causa noble y santa. Amar, en todo lo que conocemos,
es Jo más amplio y Jo que mlis ennoblece. Allí e-e donde
se encuentran la volumad y la fuerza para sacrificarse.
¡Desgraciados los que rechazan el eacrifi~io y loa que obliª
gan li, una alma ardiente á apagarse! Esas son la1:1 bestias
feroces que desgarran al mortal¡ pero ese Dios por quien
se soporta el martirio, no ea ménos digno de bendiciones,
y loe que reniegan de él, cuando mueren, son cobardes.
¡Babi viva el amor á puar de todo! Nuestros dolores
nada prueban contra el amor, como nada prueban las nu•
bes de la noche1 con,ra la existencia y la belleza de las
estrellas.
Adiós, mi querido director. Díceae qne vais á. ordenaros de sacerdote. A decir verdad, lo quisiera¡ iría á confesarme con vos y por más que os fastidiara, estaríais
obligado, en virtud de vuestro ministerio1 á ofrme y á
consolarme. · A fe mía, vuestro ejemplo me daría el deeeo de hacerme monja¡ bien que tendría el cuidado de
que me encerraran bien, porque no respondería de saltar
algunas ~eces por las ventajas, si oia sonar el cuerno d&amp;
caza y el galope de los caballos.
Adiós mi excelente a mi~. Escl'ibidme.
V ueetra de corazón,

•

�DOMINGO •1 OE JUNIO DE ,897

DOMINGO , 7 DE JUNIO DE , . . y

EL MUNDO

EL MUNDO
DE FRANCISCO M. DE OLAGUIBEL

DEJAVIER SANTA IIARIA

To rubia cabellera con esplendor de aurora
Brilla en mi obecura noche y luce y reverbera,
Y anuncia el claro dfa, el alba so!iadora,
Qne el duelo taciturno en su ansiedad espera.

Cuando eet.án rotas las enbaflaa mías
Tu vil .Pufial despedazarlas quiere ... ..... .
N&lt;? te importe n mis rudas agonías ... ..... .
Hiere, destino, hiere!

En sus guecjejae rubias verli6 eu encaDtadora
Luz de fulgores de am bar la joven primav,n;
Y ee mágica corona, diadema ~encedora,
Tu rubia cabellera.

Soy una sombra que con brazo yerto
Su J!ropia tumba sollozando cava ..... .
Vahente heroicidad! Herirá un muerto'
Sigue destino, acaba.. ....
·

¡Oh, musa pe n Eativa, el alma que te adora
Penigue en la n:ie1encia como triunfal bandeia
Que todos loe pnugioe divinos ateeoral
Tu rn bia cabe lerL

Vampiro, si es mi sangre la que ansía!!
Ya de mis venas lívidas no brota...... '
Profundiza, penetra, están vacíae
No queda ni una gota.........
'
Mas aun el!toy de pie¡ si me odias tanto
Puesto que á todo tu maldad se atre'\"e
,.
A.un quedan loe raudales de mi llanto'
EEa es mi sangre ......... bebe.
'

DE RUBEN DARIO

DE JOSE JUAN TABLADA

ONIX
DE JUAN DE DIOS PEZA

Corazón, corazón pálido y yerto
que et lóbrega prisión lates vacfo,
el mundo es para U campo deeieno,
sin Jfmitel!, ern luz, eetéri1, fr1o ......
Nunca podnis ornaT t"on fraeee huecas
la triste historia del dolor humano, ..... .
¿que eon las ilusionee? floree eecae,
¿que eon tus ilusiones? humo vano.
Sigue marcando rítmico latido
que a la vida automática acompafta ..... .
fniete trono, volcán, búcaro y nido ..... .
Hoy eres, 90raz6n 1 solo una entrafla.

Torvo fraile del templo eolit.srio
que á. la luz de nocturno lampad.ario
ó á. la pálida luz de las auroras
dePgranas de ,ne culpas el rosario:
yo quisiera llorar como tu lloras!;
Porque la fe en mi perho eglitario
ee extinguió, cual nocturno lampadario,
entre la roja luz rle las auroras
y mi vida es un fúnebre rosario
mlle triste que lae lágrimas que lloras.

DE IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

De antiguo templo en la desierta nave
donde silencio ee todo y soledad
'
la paloma un asilo buscar suele '
para vivir en paz.

Y aquí, en mi corazón callado y triste,
que el culto de o,ro amor no turba ya,
refugio á tu inocencia hallar podrías
sobre el deaier'° altar.

c.eto amador de pálide. hermosura
ó torpe amante de eensual impura,
que vas, novio feliz 6 amante ciego,
llena el alma de amor 6 de amargura:
yo quisiera abrazarme con tu fuego!¡
por qne no me conmueve la hermosura
ni el casto amor ni la pasión impura;
por que en mi corazón, dormido y ciego,
ha paflado un gran !!Opio de amargura,
que tambien pudo ser lluvia de fuego.

Ni el nombre de loe númenes que un dfa
elímeroe vivieron hallará.e;
que una sombra siquiera en mis recuerdos
que te lastime no hay.
DE MANUEL M. FLORES

Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos loe dos:
mas hoy es precieo qne esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.
¿Por qué nos separan? ¿No E!aben acaso
que pasa la vida cual pasa la floT?
Cruzamos el mnndo como aves de paso ..... .
Maftana la tamba, ¿por qué hoy el dolor?

¿La dicha secreta de dos que ee adoran
enoja á loe cielos y es fuerza sufrir?
Tan eolo son gratas lae almas que lloran
al torvo destino? ...... ¿La ley es morir?
¿Quién es el deetino? ... Te arroja á m\e brazos
en mi alma te imprime, te infunde en mi eér •
y bárbaro luego, me arranca á pedazos
'
el alma y la vida contigo ... ¿Por qué?
A dios ... , es preciso. No llores .. . y parte·
La dicha de vernos nos quitan no má.e· '
pero un solo inetant.e dejar de adoran,,;,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ... ¡Jamás!

Así, tranqui1a flor, tú resguardada
eeráe del mundo por mi tierno afán·
yo en cambio aspiraré dichoso y m~do
tu aroma virginal.

Oh guerrero de llrica memoria
que al aeir el laurel de la victoria
caiete herido, con el pecho abierto,
para vivir la vida de la gloria:
yo quisiera morir como tú has muert.o!
Porque al templo ein luz de mi memoria
tus escudos \riunfalee la vicwria
no ha llegado A colgar, porque no ha abierto
el reUmpago de oro de la gloria
mi corazón entumecido y yerto ......

~
DE JORGE ISAACS

:Fraile, amante, guerrero, yo qnieiera
saber que obscuro advenimiento espera
la ternura infinita de mi alma,
pnee de mi vida en la tediosa calma
no hay uo Dios, ni un A.mor, ni una Bandera!

-.No duermas, auplicante me decía·
escúchame, despierta!»
'
cuando haciendo cojía. de su regazo,
eoflándome besarla me dormía.

Más tarde...... ¡horror!, en convn.laivo abrazo
la oprimí al corazón ...... rígida y yerta.
'
En vaao la besé ...... , ¡no aonreía!
En vano la llamaba ...... , ¡no me oía!
La llamo en su sepulcro ...... , ¡y no despierta!

Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino noe hiere á loe dos ..... .
¡Las almas que ee aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!

ALRIO CAUTO

•

Naces ¡oh Cauto! en empinadaa lomaa·
bello desciendes pc,r el valle· ufano
'
ealtae y bulles, juguetón, loz~no
peinando lirios y esparciendo a~mas.
Luego el arranque bullicioeo domae
y hondo y lento y callado, por el Jlano
te ,·as ll hundir en el inmenso oceano ......
Tu nombre pierdes y sus aguas tomas.
. Asf ea el hombre: entre caricias nace,
nsuel'io el mundo al goce le convida ........ .
¡Todo es amor y movimiento, y vida!
Mas el t.iempo ene ímpetus deshace 1
Y ~rave, serio, silencioso, umbrío,
baJa y ee esconde en el sepulcro frfo.
CARLOS MANUEL CF.SPEDE&amp;

ANSIEDAD.
Tantálico delirio me devora
al ver como ee pierde en lontananza
oonatrevido rumbo laeeperanza
'
volando infatigable y eofiadora ... .. .
En mi perpetua noche amo la aurora ..
y e~ loe molinos clavaré mi la.nza:
,,
no unporLa que el grotesco Sancho Pansa.
se ría del ideal que me enamorL .. ,_

En el mar de las hoscas muchedumbres
.floto, clavando en las lejanas cumbres
una mirada temblorosa y vaga;
y me hundo entre las almas sollozantes
como un Colon deaven\urado que ante&amp; '
de llegar á la América, naufraga.
JOSÉ

S. CHOCANO.

LA PUESTA DEL SOL

La tarde muere ya; la noche parda
va ~ndiendo las orlas de eu manto
1a Natura enmudece de quebranto '
y Véi.ue nace afüda y gallarda'.
Hermoso como el angel de la guarda
un pequefiuelo vierLe dulce llanto·
de la choza al umbral humilde y ~anta
la esposa inquieta al labrador aguarda.
Por fi n, entre las eorilbras del camino
se divisa el andar del campesino
que bnsca del hogar loe duloes lazoa¡
llega caneado del trabajo rudo
y, como un gladiador toma eu escudo,
sostiene al peqnefinelo entre ene brazos!
A RlU,NDO GODOY,

La tarde huyó como invenida aurora,
arrastrando su túnica de íuego,
y fué extendiendo por loe campos luego
el crespón de la noche sonadora.
Los verdee prados que el Abril colora,
entregaron su espíritu al aoeiego,
y volvió de Jos montee el labriego,
echando al aire su canción sonora.
Vibraron en loe valles las esquilas,
el grillo preludió bajo la mata
y las auras quedá.ronee tranquilas.
Murió la luz sobre la cumbre grata,
y al entornar el cielo ene pupilas
ee deslizó una lágrima de plata.
SALVADOR RliEDA.

Cuando oigo tus acentos
ee vuelven mis ideae eentimientoe
Tus ojos, con que el alma noe sondeas,
eon dos solee que alumbran con ideas.
CAM POAlf OB..

•

DE BALBINO DAVALOS

¿De que cárcel no huye el recnerdo?
¿Cuáles son las más fuertes cadenas
Que al rebelde detienen sumiso
Del cerebro en las íntimas celdas?
¿En qué h aguas habrá.o de forjarse
Las conaútilee redes que envuelvan
Con eue mallas de acero infrangible
Al titán qne tenaz forcejéa!
¡Oh recuerdo! mi fiera enjaulada
Que en romper ene prisione• ee obceca,
~l deber te ha ordenado:-¡Reposaly aun al mismo deber te rebelas.
¡Caprichoso errabundo! ¿qué buscas
Que así avanzas, y corree, y vuelas,
Y abandonas mi oscura tebaida,
Yendo en pos de imposibles quimeras?
Caprichoso errabundo, te has ido
A abreviar voluntarias ausencias ........ .
¡Oh recuerdo que vas de no ingrato!¡Oh recuerdo leal !-vuela, vuela!

t.ienen frío. Y al examinarlo mejor, advertí que lo misCuando mi vacilación ceeó, vi que había espacio pan mo temblaba todo su cuerpo,
que paeara mi cabeza, v mi cabeza ee inclinó. Lie\O. Has·
Entóncee, cayó de mis hombros el sudario_de miedo,
,a ese momento el hombre ienía derecb.o para imaginarse
......... No negaré yo que qu:ee robar; eí, quise robar, que la puerta se abría por ef sola; pero veía ya una por- y entré.
Dí audazmente siete paeoe y me detuve. No ee movió.
pero no matar. 'i. luego ¿es cierto que yo lo maté?
ción de mi frente ......... y ¡qué freniel Como estoy com• Me habría sido fácil \oearlo. A. pesar de toclo, mi coraLe encon,raron mut!rk&gt; cerca de m1, y P peeardeque pleiamente calvo. me dije:
zón latía coro() si hubiese tenido una campanilla en el
yo tenía la pistola en la mano ......... lo &amp;firmo¡ propia-No ha de comprender qué es esto lnciente que se pecho. Escuché al 1myo. ¡Qné corazón tan pobre, tan inmen\e hablando, ni yo lo maté, ni él ee ma\6, ni nadie desliza como un caparacho de toriuga?
fort.unadol. ..... Con eu latir sacudía al cuerpo, como si
¡Qué largo fué este tiempo! C ~ que todos los ee• íueee una de eeae grandes campanas que con eue repique•
lo mató.
Sé que desde i•ntoncee esk&gt;y loco, y que la afirmación
guodos son iguales. ¡A.b. nól yo os lo aseguro: hay ee·
cimbran las piedras de loe campanarios.
de un loco nada eignitica. Tontería. Ninguno es más lú- gundoe que duran mucho, eí, mucho más que otros. Lo
¿Cómo temerle á semejante cobardE? Me tranqwlizá
cido que un loco eu loe momen\oe en que no está loco. sabía porque el tic-r.ac del reloj ee aminoraba, indefini- por
completo, aun me burlé; y afiado que por broma, no
Y hay que advertir que desde el colegio me llamaban damente A medida que yo avanzaba.
con intención formal, saqué mi revólver.
Dió la hora. Ttinía que pasar mi ceja. Esperé que
ltl A,nfgo de la L 6g1ca.
El desiraciado quiso gritar con todas sus fuerzas. No
¡De qué modo'"º extraf\o pal!Ó todo! Desde el princi•
concluyera de sonar la campana. Con\é las trece; eí, las
lo temí. Era visible que un dogal de hierro le apretaba
pio, al poner mi mano en el botón de la puerta, tuve la t~e ......... Estoy seguro de ello.
Ja gargan,a y que tenía como CHdenas en todos sus miemhorrorosa convicción de que el ho¡:nbre veía el botón co ·
No tuve tiempo para asombrarme porque en el momeo·
rreepondien~ del o\ro lado de la misma puer\a. Yo adi· to mismo en que sonó la décima t.ercera campanada, en- beos. Sólo las manos continuaban moviéndose eetremecidae.
vinaba que eso hacía sentado en un sillón, á ocho pasos,
tró mi ojo, el ojo izquierdo, qne recibió inmediatamente
Y como yo levantara, siempre por broma, mi pistola
frente á mí. ¿Cómo, t-ra ese hombre á quien iba á robar?
el choque de los dos sayos.
sus cabelloé ee enderezaron, como si fueran tallos de yer~
¿Era joven, vi ejo? ¿lfotíl es su naturaleza? Sobre todo,
E!taba allí, á ocho paeoe. recostado en un ei116n, in- bae. Estuve á punto de estallar en una carcajada. ¿Son
¿por qué penl!aba al vt-r girar ese botón? P1Jrque yo le móvil y viéndome. Nos miramos.
posibles loa milagros? ¡Qué estupidez! Y me acordé de
daba vuelta y me decía:
Percibí que era bastante joven y baPtant.e hermoso; la cabellera de un buzo que vf zabullirse en u.u café can- Esto \iene que girar del otro lado: pero el punto lu- pero, en realidad, yo vi sólo sus ojos. Me horrorizaban,
tante, en el fondo de un acuario.
minoso que l!U lii. mpara proyecta sobre el marfil ha deee· no porque pertenecieran á un vivo capaz de defenderse,
Al fin, medió lástima. Tanto más cuanto que ene ojoe,
tar inmóvil, y él d t."be een\il'98 muy perplejo.
por el miedo que despedían. Y me pregunté: ¿de es- aparte de que-no cesaban de aullar de espanto, murmu·
Comprend1 lo que h ab ía de exoeriment.ar y tuve pie- sino
tos ojos cuáles tienen más miedo, los snyoe ó el mío? Di- raban poco á poco algo muy triste. Loe míos no se apar·
dad pam é l. EmpuJé la hoja. Habla luz. Aguardé un jlO, el mW, porque como el otro estaba oculto, debla creer taban de loe suyos. Para lograr que ee apartaran, me ví
grito. No; y ein embargo, ten la la convicción de que él
-precisado 11. hacer un esfuerzo prodigioso. En la separaél que yo nada más tenía un ojo.
había visto moverse la puerta.
Esto acabó por darme no eé qué inferioridad en la lualg&lt;, se rompió. ¿Qué? ¡Oh Dios mío, Dios mío!
Continué empuj á ndola con movi mie nto imperceotible. cha. Luego, la situación me pareció ridícula. Yo me be ción,
Deié mi arma sobre la chimenea. Allí estaba un maPude distingo ir, asf, de lado, una parte de la pared. Esa fijado siempre en el lado cómico de las situaciones. ¿No
parte aume ntaba. Repent.inamente, ví, colgado, un pu- parecía que representábamos alguna escena de chiqui- nojo de llaves. A. un lado, el ropero. Lo abrL Ni siquiera miré hacia atrás. ¿Para qué había de inquietarme con
lla) .
llos? Me dieron ganas de gritar:
aquel manequi? Registré. Vacié loe caj ones.
En ese momento, me vino la intencióa de huir¡ p ero
Entónoee pae6 un fenómeno exiraño. C-esar.:n todos
-¡Aquí está el coco!
la intención se manifestó por un ademán brusco, hacia
Resol vi irme; pero, repentinamente, me fijé en enema- loe ruidoe. Aun en el ailencio hay ru~! o, y aquí ao lo
adtlante. ¡Huir! ¿A.caso podía yo hacerlo? Si hubiera po·
nos. Desgraciadas manos, temblaban como pajaritos que
dido huir, habría p?dido también no ir.

EL AMIGO DE LA. LOGICA

EL ANOCIIECER

En el libro lujoso ee advierten
lae rimas triunfales;
bizantinos moeaicoe, pulidos
y raros eem&amp;ltee;
:fino estuche de art.íeticae joyas,
ideae brillanlee¡
loa vocablos unidos á modo
de ricos collares¡
lu ideas formando en el ritmo
sus bellos engarce:e;
y loe versos como hilo de oro
do irieadae tiemblan
perlas orientales.
¡Y mirad! En las mil filigranae
hallaréis alfilens punzantes,
y en la pedrer1a
1,rémulae facetas
de color de sangre.

�:=~~~=~===~==~~:==::=:===========~E~L~M~U~N'!;D~O~==============~~~~~!J~_:!_IJ~~~
444

DOMINGO 2y Ot JUNIO D E _ ~

había. Vi el !eloj. Mis~rlo in~xplicable. El péndulo 88
n¡ovia pedro BlD hacer rmdo, N1 había ruido tampoco en
nuestro erredor.
M~ vol'!í hucia el hnmbre casi para interrogarle
¡El s1lenc10 salía de él!
........ .
Sí, salía de él, en espesas bocanadas como el humo que
11ena una recámara. Sus manos no temblaban ya Me
acebrqué á él, Y oí que an corazón, aquel corazón q~e 8 0.
na a como campana, no latía
·
Me i!lcliné sobre sus ojos ~bit&gt;rtoE!. El vértigo me sob_recog16. En sus pupilas huecas ví un abismo de silen•
º!º·aSu dor frío me heló. Comprendí que ese era el silenc10 e 1a muerte.
De allí data mi locura. Me dije entoncee.-Luego es-

DO ■ IIIGO

D.A.UAS DISTINGUIDAS

•••

11:L MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por OOaría S!escot.
NlJM.I,KO IS,

toy loco.

Había muer~ P?r si solo¡ por sí mismo. Ko me atreví
á ~overme. Mi.a OJl)S ee reanudaron con los suyos. El

ruido del espacio comenzó de nuevo. Escuché el tic-tac
del reló; Y sobre todo, mi corazón volvió á latir La gran
~mpaoa del muerto repicaba ahora dentro de ~i pecho
~ todo vuelo.
'
~uve miedo, un miedo formidable, y advertí que ese
miedo e~ el suyo. Sí, abandonado ahora, pasaba á mí
Y se mamfestaba por los mismos sin tomas. Mis manos
temblaban cerno pajaritos que tienen frlo. Mis cabellos
se.enderezara~ como la cabellera del buzo, y dentro de
mi ser1 algo estuvo á punto de desiquilibrarse.
A p~nto nada más, por que mi extraordinaria lucidez
decuplicada ya por la lor.ura, me advirtió el peligro. Con
un v1olen~o eefue.rzo volví á poner las coeas en su lugar.
Se me qmtó el miedo.
Dneño de mí mismo, me dije:
-Despué~ de todo, yo no tengo la prueba de que esté
m~erto .. O.mzá. esto no pase de un simple desvanecí,
nnento.
Le tolllé el poleo. Algo se agitó bajo mi dedo. Pero
¿ese algo no era mío, lo que palpita en la extremidad de
~ada ~no de nuestros dedos? No pude averiguarlo Me
mvad1ó una verdadera esperanza. Había en el to~ador
un frasco de sales, y agua. de colonia. Le bíce respirar
las salea Y le empapé las sienes. SLI curación me habría
causado mucho placer.
Yo .no ~udaba de que estuviera vivo1 ·-por más que na- .,.,
da l&lt;? l~dtcase, pero sa brazo cayó¡ y os lo aseguro el
movimiento no era natural. Puesto que vivía ¿por 4ué
se empefiaba e.n fingirse muerto?;
-¡Eh, P.ard1ez! peneé; se hace el muerto como una arafia se encoJe frente al enemigo.
. N_o, aquello me ofendió. Me aaimaban loa mejores sent1m1entos ...... ¡y eee fulano se burlaba de mí! Honda CÓ·
lera .me entró. Lo sacLid! con todas mis fuerzas. No se
movió. Lo alcé en peéo, lo estreché contra mí y bailamos
coi1;0 dos t~teres, á tr~vés de la babitacion.
, ~os refleJÓ un espeJo. ,Ibmpí á. reír. Esas cosas se ven
umcam~nte en las pantomimas del circo. Lo de¡·é caer
en un eillón.
¡Od!?BO cada ver! No se es imbécil hasta ese extremo
Y le d11e:
,
h -¡~res un bestia! No tuve 1a intención de matarte, y
é ~bt que te mueres y me transformas en tu asesino es•
túpi~am~nte, contra mi deseo, sin que mi voluntad' sea
tu complice. ¡Habrá. idiota!
b Me pus~ rabioso. Ser asesino cuando se ha matado en
ue1;1a hora; .Pero. cuando no ee ha matado ...... Eso' no
era Justo. Mi lógJca se rebelaba. Encadené mis raciocinios p~ra eaber si era culpable de ese crimen: sí ó no.
Pues bien ¡nó! Una vez más quedaban corroborados los
absurd~s d~ la Naturaleza. El hombre sensato era vict;ma del ilqg1smo del azar.
·
Eso no podía ser. Urgía combatir la injusticia colocar
1 hechos en su verdadero sitio, en su sentido ;eal segun lo normal, según la Lógica. Urgía. Urgía. Fué' por
•
ebsto por lo que procedí, y tan legítimamente como homSeñorita Paz Guerra,
re de talento.
'
No hizo el m:enor movim· to E
.
Y lo 1!ice co~ ~legría. Ülln alegría un poco irónica, pe.
ro también deliciosa. Tomé el revólver y le apunté al c':lr del buen tirador qLie es~:fre· t/feribinhba el pla.
un aneo espléncadá.ver. ¿Cad~ver? En el fondo subsistía alguna duda· d1do. ¡Qné divertido era aquello~
- ...... Tres ..... .
pero ¿qué m~dto mejor para disiparla? Le dí tiempo pa:
raque resucitara; y aun le dije:
d Un agujero pequefio, en medio de la frente Y un h.l
e sangre ...... ¡Ah imbécil! E t
.
'
1o
-Después de tres, disparo.
embargo, continué como dü taa1 ª. vezlei era cadáver. Sin
Y conté:
-Una ...... dos ...... tl't!s. e úti, Y e decía:
-Una ...... dos ..... .
L Desapareció el ojo derecb.;;,' luego el izquierdo; después

º,ª

DEL NATURAL
I
Amanece. Se cifie la aurora
vaporosos cendales de gasa
como novia gentil, que á 8 ~ amante
con loa brazos abiertos agLiarda
Retozando se van del alero
·
las palomas azules y blancas
Y atraviesan el límpido espa~io
como castos enaLieñoe de infancia
Brilla el cielo, fulgura el rocío •
brotan floree, loa pájaros canta~
Y á la_a rudas fatigas del campo •
el fehz labrador se prepara
Tras las altas montafias de Oriente
surge ~l s?I entre un golfo de llamas,
Y en. hirv1ente_exploeión ee desborda
arrojando corrientes de lava
T_afl.e el vi~nto las ramas, el ·río
vibra. un bunno al creador en eu arpa
dE: cr1e.tal, y de nidos y froadas
m11~ter1osos rLimores se alzan.
Entre tanto, el doliente poeta
con la pá.lida frente inclinada'
elabora la idéa en su mente '
Y prorrumpe en estrofas aladas.
II
Medio-día. De Febo 88 inyecta
la pupila brillante de fuego

27 Dt JUIIIO D t 1897

en el áureo ceait; con bochorno
la.a torcazas los picos abriendo
van !legando al aguaje, y desfloran
el cnstal en que tremen los cielos
El rebano de~cansa á la sombra ·
de foll~je!!. tupidos y frescos,
Y semeJan pufiado de cuentas
al zumbar Y bullir, los insectds.
Se ~catan .temtlando los mirtos
-roJ~s lab10.s que esquivan los besosal car1fi.o estival de la Siesta
qu1: desnuda se ,i~nde en et'huerto.
Rema un hondo silencio; tan sólo
del aud~z cazador se oye el cuerno
que en .a Bl_Igusta quietud de la seÍva
vagar deJa imponente su eco
Todo está. aletargado: los rfos .....
las florestas, ias a ves el viento
Y tendida iadolente ~n su baro:~~·
la mulata de obscuros cabellos
va cerranJo sue ojos de abism~
.
al pausado y sensual balanceo.
Jumo de 1897.
JuAN B • DELOADO,
IIMPOSIUl,~I

¿Qué ip~jor galardón, qué mayor loria
Que_ al BlDit'stro .tdversarto haber vegncido
H ac1endo que no exista en tu memoria '
La mancha negra que se llama oluido!

de San Luis Potosí.

le rompí la barba..La Lógica se vengaba ...... ¡Qué revan•
ch~!.. .... ¡Qué sublime papet de enderPzador dtt entuert&lt;?r ....... Estaba yo admirable de pie frente á él y e 1
pistola en el pu•
' ..... tart hermoso era on
. uo. •.... y él , él.
abo.a
una masa mforme. ¡ Ah! sí, yo lo había m~tado
muerto, yo lo babia matado.
.. ....

AJ

•

MAURIC.E

LEBLANC,

Desde ~ue el vuelo triunfador tendiste
De otro mdo á buscar el grato a3ilo,
Ya debes de sa~er que estoy muy triete,
Pero sabe también que estoy tranquilo.
Tranquilo como el águila bravía
Que sube audaz sin que el turbión le importe
ÜQmo el nau a sereno q11e confía
'
En una estrella que le marca el Norte.
Y tú misma te asustas porque mides
El férreo pacto á que te ves unida
Porque vae li olvidarme cuando ol'vides
El recuerdo má.a santo ds tu vida.
¡Oh! cuántas veces por borrar en vano
De tu. memoria el indeleble rastro
Con febril inquietud tu blanca m~no
Pasarás por tu frente de alabastro!
Como el ave aterida por la lluvia
Que 81: acoge á la selva mmoroea
Sacudirás tu cabecita rubia
'
Por dejar mi recuerdo que te acoea.
¡Pero n.o p~ede ser! Bljo tu abrigo
Pasaré m1 ~x1etenci~ c_on. orguUo,
Y porque 31empre viviré contigo
Tengo la gloria de llamarme tuy~I
..,
RoDULFO FroUJ!:ao..a...
1897.

•

Ahora bien, sólo una asociación piadosa existía enton• dificultades1 los cuidados, Jae querellas. Eea9 alabanzas
·cea en Pontarler y era la obra maternal de Santa Ana, que todos repetfan en rede ior de él, obraban sobre su espíritu. Su mujer era á. eus ojos una maravillosa criatura,
para socorrer á las mujeres en cinta. S ,lo las viudas y Ja3
un
tesoro qLieél ee creía iadigno de poseer. Solo una cosa
mujeres casa1.as podían ser president39. L'!I señora Four.
neron acababa de obtener esta alta dignidad. Aglaé de turbaba _esta ventura, la frialdad que Lila testificaba á
Lézines maldijo entonces esa virginidad de la que hasta aquella incomparable madrastra.
Más de una vez, en la intimidad de la familia, las miese día había estado tan justamente orgullosa. Su deseo
radas,
el sonido de la voz, habían traducido una hostili·
exasperado por Ja imposibilidad de satisfacerlo, llegaba
dKd
sorda;
la corteza de dulzura que recubría las relacio•
á la crisis aguda1cuando B~ltrana fu! á. habitar Pon•
nea de las doe mujeres, .ao era más que aparente. El se•
tarlier.
Algunas burletas de Jacobo de Sommeres, los aires nor Duvernoy lo comprendía y no osaba inquirir, pero se
triunfantes de la señora Fourneron cuando enuució ' eentfa irritado contra la nifia. Estaba á. punto de desli·
pomposamente su título de presidenta1 pero sobre todo1 zarse por la pendiente que conduce de la debilidad á la
la sonrisa violenta, envidiosa, amarga, que plegaba los la- injusticia, y de la injusticia á. la crueldad. Su amor paterbios delgaios de Aglaé deLézines, íuéparala señora Du• nal sucumbía ea medio de ese malestar, y cuando ella se
apartaba, experimentaba un alivio que no escapaba al
vernoy una revelación.
corazón clarividen~ de la jovencita.
Púsose inmediatamente en obra. H¡¡,bía anudado du•
La pobre peq11eña sufría horriblemente, enmedio de
rante su permanencia en Roma, algunas relaciones que
podían ser utilizadas. Puso pues su celo á contribución. esta indiferencia. T.,dos 103 corazones que la amaban se
Los estatutos de las innumerables asociaciones que es• hab1an apartado de ella, dejándola en el abandono. Beltos últimos tiem·pos han visto aparecer, llegaron á. sus trana no tenía el alma ni demasiado generosa ni demasía•
manos. Se trataba de h.acer una elección juiciosa. Recha- do alta1 para darle un poco de piedad¡ siendo de aquellas
zar desde luego esas asociaciones vulgares que se ocupan que casi no perdonan 1 cootinuaba haciendo expiará la
de las necesidades del pobre y ofrecen á. los ojos delica • joven las inju.stae rebeliones de la hija mimada. Mantedos sus miserias y sus llagas. No era de abnegación de lo afa empero su palabra y no perseguía á. la vencida¡ pero
que se trataba. Había que descubrir una misión limpia, la -persecusióo le hubiera parecido menos penosa á Lila,
más fértil en convocaciones que en resultados sociales. que la atmósfera indiferente que la rodeaba; nadie re·
Era preciso que consistiese sobre todo en conversaciones clamaba sus caricias, nadie tenia necesidad de su afecto.
piadoeas, salpicadas con una taza de té¡ nada que pudie- Demasiado adulada, demasiado adorada en su infancia,
ra llevar al ealón metódico de las Lézines el desorden ó habfa-a1qLiirido eea sensibilidad exquisita que poseen
la perturbación. Se necesitaba una obra económica que las mujeres tiernamente educadas. Su pobre corazón sanno fuese asunto de dinero¡ los provincianos son más pró- graba ahora, ante todos Jos martirios. Se volvió tan trisdigos de su tiempo que de su bolsa; una obra, en fin, que te como alegre hab!a sido; tsln concentrada como expanpudiesen patrocinar sin rubor, doE viejas solteronas pú· &amp;iva en otro tiempo.
En la mónotoníadeesta vida de familia, tomó sitio uno
dicas, donde no se tratase de nacimientos ni de matri •
de
esos accidentes pueriles de que nadie sabe prever las
monios, ni de seducción ni de niflos abandonados.
Después de largas vacilaciones, su elección se fijó en· la consecuencias.
Li C&amp;f!a, mal amueblada, como la níayor parte de las
obra de las viejas condecoradas. E3ta asociación eminen•
caeas
de provincia, necesitaba algunas repar11ciones, y la
temente inútil, tuvo el mayor éxito en Pontarlier. T,:,ias
eeflora
Duvernoy se di vertía bastante con estos cambios;
las mujeres se apuntaron, felices de ese pretexto para
con un Jápi,z y un libro de notas en la mano, seguida de
desertar de su oasa.
Las reuniones eran semanarias, la cotización propor- su marido y de un arquitecto, iba y venía, quitaba, reformaba1 llenando de los frufrua de su peinador de seda
cionada.
esas
cá.maras de aspecto severo, que la grave Elena reco•
La obra tuvo su tesorera, su eecretaria, su presidenta.
Beltrana dirigía todas las cosas con su espíritu de intriga rrfa silenciosamente. Desde su casadeemantelada de Bre•
finamente disimulado; rehusó ella las distinciones bono• tafia, Bdltrana había cont10rvado el horror de las vasta&amp;
rí:6.cas, hizo que fuesen disr,ernidas á. las dos hermanas piez&amp;s construidas por las generaciones potentes que padeslumbrad.as. Aglaé de Lézines fué nombrada presiden- recían siempre temer que el aire y el espacióo fuesen á
ta y á su hermana fué confiada la guarda del tesoro. Es- faltarles. Un departamento coq11eto, forrado de tapices,
lleno de mueb 1ea, de portieres, conatítuía para ella la ha•
tas innovaciones hicieron á Beltrana mucho honor.
-La señora Duvernoy está verdaderamente animada hitación ideal. Había modificado ya el comedor, tallado
un budoir en el gran salón, desplazado la escalera, dismi-de muy buenos sentimientos.
-Nuestra excelente prima BeUrana es para su familia nuidn el vestíbulo, cuando llegó á su cuarto de dormir...
-Aquf,·dijo, ~ndremos muchos cambios que hacer.
una fuente de bendiciones.
Era una de esas habitaciones de otro tiemp&amp;, vastas1
Estas dos frases marearon las dos fases del éxito de
.Beltrana. Hábilmente disimulada, la plaza capitulaba. espaciosas, de techo elevado, dt, muros regulares, pero
A partir de esta época fué una verdadera soberanía la desprovistas de esos rincones íntimos, de esos anexos,
.que la eefiora DuverJ;J.oy ejerció en Pontarlíer. Nadie re- que forman ahora parte integrante de un departamento
sistió á sus halagos, la sefiora Fourneron fué definitiva• confortable. MLiebles numerosos, armarios esculpidos,
mente conquistada. Carlota, para conciliarse las buenas cómodas con ornato de cobrei eerv!an para encerrar los
gracias de la vieja dama, no había imaginado nada m4s trajee, la ropa interior y lae cien bagatelas necesarias á
maquiavélico que levantar pacientemente los tejidos que una mujer. En un rincón, un mueble Luis XV moetra•
se caían. Bel,raoa solici~ consejos y lecciones. Quiso ba su vajilla de viejo Sévres, en tan\o que en el opuesto,
.aprender lt hacer muchas obras de mano. Se fingió inha • un reclinatorio de ébano ee arrodillaba al pie de un cru•
bil, ~rpe, á. :fin de dejar toda la superioridad á la insti• cifijo de marfil. B Jltrana, deadeflosamente eacaba á luz
,tutriz. Cons&amp;gró m.áa de un mes á ese fastidioso aprendi- todos estos muebles defectuosos; después indicaba las re.zaje, pero pasado ese tiempo, el alma y el corazón de la formas necesarias y enumeraba ene deseos.
-Un gabinete de ioilette desie luego, amplio, bien
señora F .,urneron le pertenecían deciiidamente.
El amor de Fernando á su mujer crecía á. proporción alumbrado; despuéd un saloacito de vestirse, di vid ido en
· de ea,os éxitos; sus ojos de artista, que fácilmente ee apa• dos partes; una para loa trajes de ciudad, la otra para los
.sionaban del color y de la forma-, no se cansaban de ad• de ter~ulis.. Por fin, un oratorio: la plegaria se eleva me·
mirar aquel talle esbelto, aquellos cabellos de oro, aque• jor hacia Dios en un lugar especialmente consagrado.
Se volvió hacia su marido con su má.! dulce aonriea, ~
lloa ojos de mutable mirada. Jamás Elena, aquella dulce
J:ija del Franco-Condado, había levantado en su corazón afiadió:
-Vos os encargaréis de en decoración, ¿no es verdad,
-esas tempestades de amor. Además, le agradecía á BelFemanao?
irana, perezoao como era, que apartase de su camino las

•

Por la primera vez desie su matrimonio, él no" le :respondió. ¿Por qué la pobre muerta, tan olvidada, acababa de levantarse en su corazón? ¿Por qué experimentaba
una tristeza vecina del remordimiento? No había sabido
decirlo. ¿Era esa palabra de oratorio la que evocaba de
pronto sus recuerdos? ¿PAra qué un oratorio para esa
mujer que no era piadosa, que fuera de 1o.i oficios á los
cuales asistía por buen parecer, no &lt;.raba jamá.s? Se puede engañar al mundo, á. la tía Fourneron, á las primas
de Lézines; pero no se engaiia á un testigo de todos los
instantes. Elena jamás había pensado que fuese necesa·
rio un oratorio, y sin embargo, maflana y tarde se arro·
dillaba sobre el gran reclinatorio de ébano, y en su sencillez de cristiana, oraba ante los ojos de sn marido. L?
pareció que Elena estaba abf, que iba á. levantarse de s·1
oratorio y á ir hacia él con.su pa:30 lento, con su mirada
toda llena de súplicas temerasas y de ardientes eape•
ranzas.
Súplicas, espP.ranzas, todo era en vano. Había muerto
ella sin que él le hubiese dado esa suprema alegría de
arrodillarse á. su lado.
Su ensuefio lo había abaorvido de una manera tan completa que no se percibió de que estaba solo ya.
El arq11itecto y R,ttra.na habían pasado á la pieza ve•
cina, pero la, discusión continuaba. Era el arquitecto
quien hablaba.
-Sin duda, senara, podríamos colooá.r aquí el gabinete de t-oilette y el oratorio, si no fuese la cámara de la
eeñorir.a Duveri:ioy, pero .... .'....
No concluyó el buen ar.:¡uitecto, Lila se pone de pie,
tan pálida, tan desolada, que él eeperimenta un eenti•
miento de piedad. La voz de Beltrana se eleva, las palabras son dulces pero ~l tonl es autoritario.
-Mi hija política es de1Dasiado razonable para rehuf!aree á un cambio que las circunstancias imponen. Ella
eecojerá. en la casa otro departameatoquevos adornaréis
eegú n sus deseos.
El arquitecto Be inclinó en signo dea3entimiento. Qué'
le importaban después de todo aquellos ojos desolados
fijos en los suyos?
Pero el eef'ior Duvernoy, á pesar de su debilidad, llegó
esta vez en socorro de su hija.
Aquel cuarto 1o había exornado él personalmente con
ramilletes de lilas para la niña ......
-Ignoraba eete detalle, dijo entonces Beltrana; perdón,
amigo mío ..... : ...
Lila conservó su cuarto; pero desde aquel día la aver•
sión que la seflora Duvernoy experimentaba por eu hija
política, cr~ció.
Aquel acceso de valentía, fué por lo demás, el único
que el pintor tLivo jamás: desde el día siguiente, por su
sumisión absoluta, trató de hacerlo olvidar.
XLI

Han pasado muchos af'ios. Lila DLivernoy se ha convertido en una hermosa joven de contiDente grave, de
ojos tristes.
Muy aislada enel salón de eu padre, cuyo imperio exclusivo pertenece á. Beltrana, llev!\ á la sociedai que la
rodea una fría reserva que ap:uta las simpatías.
-La seflorita Duvemoy es demasiado original, dicen
los íntimos de la cass; tan poco amable con un modelo
tal ante los ojos! La pobre madre política tiene en verdad mucha virtud para soportar cerca de ella á esa mtl
encarada.
• ingratitud de Lila y lae virtudes de Beltrana eon
I,,a
asuntos preferidos por los comadrazgos de Pontarlier.
Nada, á dec:ir verdad, en esa exietencia común de te•
dos los instaates, ha aproximado á. las doe mujeres. La
tía Fourneron y las dos Lézines, acosan á la pobre niña
con amonestacioaes incesante3. Lila deja sin respuesU.
los vehementes reproches de ingratitod que le dirige la
sen.ora Fourneron, pero un día, ante las frías amonestaciones de las viejas primas, su pobre corazón ha estallado. Lo que ella reprochaba á en enemiga, es, eobre iodo,
haber enajenado el amor que su padre le tenía.

�EL MUNDO

OMINGO a7 do JUNIO do 1897

DOMIIIGO a7 DEJUIIIO DE 18117

1

.¡

t

1

-

,

"' .·

...

f ¡.

-. -,.

~~

;._

-.cr

.·"

1

,1

,.

' .,
-Ya no me ama 1 dijo llorando, entre él y yo se levanta
tilla, ella ee interpone alejándolo de mí¡ es tan habil, tan
malvada y tan falsa, no ama más que á sí misma, se burla de todos vosotros; pero li mí me odia.

~ntoncee Aglae de Lézinee, espantada por esta explosión de cólen, con una voz severa respondió:
-Sois vos quien la odiaia y el odio conduce al crimen.
La oalumniaia bija mía.
Desde aquel día nadie oyó á Lila quejarse. Algttnas ve•
ces escribió á su aya, á esa buena Carlota, que no podía
dejar de adorarla. Las respuestas de la plácida criatura,
dejaban desbordar la mansedumbre que llenaba su alma;
creía siempre, á pesar :le tanM&gt;e atlas transourridoa, en
su vueUa próxima y en la bondad de su querida prin•
cesa.
Una sola persona en Pontarlier se declara por la. huerfa•
niia, y es el viej9 cura que asistió á Elena en sas úlUmos
momentos.

Cuando la jovencita, arrodillada ante él se acusa de
odiar, el padre la reprende. Ese odio vivaz le inspira inquietudes por el alma de la nifla y ee resuelve á intervenir, aun cuando no sea el director espiritual de Beltrana.
La senara D11vernoy ha recibido al viejo sacerdote como
á un mensajero de lo alto. Jamás en ninguna circunstancia de su vida ha representado su papel con arte más
consumado. Ha deplorado la antipatía que le muestra
su hijastra, en términos en que va impresa la más conmovedera humildiid.
-Es culpa mfa, eeí'ior cura, no he sabido ganar ese corazón re belde. Dios me ha rehusado la dicha de ser madre, ella habría eido mi hija si lo hubiese querido.
Pasa sobre sus ojos secos un paftuelo perfumado, y continua con voz ahogada:
-Aconsejadme, dirigidme ¿qué debo hacer?
El no ha respondido. El hábi&amp;;o del confeEionario da
al sacerdote una eagacidad que nada puede hacer fallar.

Las frases, las lágrimas, la docilidad, todo le ha parécidouna máecara; ni una sola palabra de corazón ha vibradoahí1 .
-E3 una comedianta, pensó él; á pesar de eu tono dul-·
ce, tiene en el alma más amargura y rebelión que mi pobre Lila en todas sus violencias. DeElgraciadamente yo..
nada puedo.
¿Pero dónde está ese protector dado por Elena moribunda á su hija, ese oficial de marina que ha juradoguardar á la niffa?
Ay! los hielos del Norte lo han aepult,ado en su frío
sudario. Un allo después del matrimonio de Fernando
llegó una siniestra noticia¡ el lntrépidOseperdióporcom~
pleto. Nadie sobrevivió al desastre, nadie refirió las peripeciae. Loa balleneros encontraron en la costa el buque
despedazado; pero los marinos que lo dirigían, ¿qué fué
de ellos? Fueron enviados algunos buques para intentar
salvarloe, pero todos volvieron sin res11ltado.
Lila recuerda con emoción á ese hermoso joven, de
alegre sonlisa; si estaviese aún en eete mundo, huiría á
buscarle, no importa dónde, á las costas de Aírica ó á las
regiones polares. Loa rugidos de loa tigres le parecerían
más dulces que la voz metálica de su madrastra, y las.
montañas de hielo ménoa frías que loa corazones que la
rodean.
XLII
El banquero, señor Leódice Martín-ya nadie decía, el
hermoso Leódice-era contado entre los financieros más
ricos y más influentes de París. Loe nueve millones de
Martín de Bret!t, se habían, entre eue manos, doblado,~
triplicado1 cuadr11plicado ¡ bien sabido _es que_sólo el pri-

mer mi116n ctleeta irabajo. &amp;\a gran fortuna, 88'8 crecimiento contfnuo de su dinero, basiaba li llenar de u.aa
11atiefacción intensa el alma del banquero. No se había
vuelto á. caear; puesto que ya no tenia necesidad de dotel!I,
para qué embarazarse con una mujer que hubiere puesto
trabas á su libertad y molestado su egoísmo? Vivía, pues,
solo, no amando más que los plaoeree fáciles, estimando
que nada vale la pena de eer deseado, perseguido 6 pagado caro.
Pero no hay en este lhundo alegria estable, y el aet'i.or
Banquero Leódice Martín, lo comprobó. Un día supo que
acababa 1 en un golpe de bolsa, de perder dos millones.
Dos millones no son la •muerte de un hombre, no son el
hundimiento de una fortuna, pero son una brecha, sin em•
bargo, y el se.fiar Mar~in no gustaba de las brechas¡ se decía, no sin ~zón, que siempre por una brecha entra el
enemigo. Como hombre avisado, inteligente, positivo, se
complacía en remontarse de loa efectos á las causas.
Así fué como se remontó de loa dos millones perdidos,
á los falsos informes que lo habían extraviado: una proposición ministerial, cuyo rechazo se le había asegurado
y que no fué rechazada. l rn falso informe, debía tam·
bién tener su causa. El vino li concluir que se imponía
una nesesidad: hacerse nombrar legisladJr en el más
breve plazo; entonces est.aría cerca de la fuente, y podría
eutrevietar á loa ministros á su antojo. Un financiero
que no es diputado, ea poca cosa; un diputado que no es
financiero es menos aún: el uno unido al otro, presenta
una situación envidiable, coa la cual los poderosos del
día debían contar.
Este hombre positivo se perdió en ensuefios de oro.
Todas las ambicicnes son permitidas ahora 1 y aún le·
gftim~s. Ya no htly Luis XIV para condenar á eterna
prisión á. los eecuderos imprudentes que se permiten decir: t(¿N"o subiré?.11 Sí, todas las ambiciones pueden realiznrae y entonces no más falsos informea 1 no más millones
perdidos, no 111ás efectos cuyas causa hay que depl1Jrar.
Llegado á este punto de los debates, el señor Martín
buscó un colegio electoral. No tenía ligas con ningún
partido 1 con ninguna opinión. París estaba lleno de concurrentes, y pensó en la provincia.
Ceando estaba en vías de sondear hacia el norte, hacia
el mediodía, hacia el este,· hacia el oeste, asustado por la
competencia, por los grandes gastos que exige una candidatura; encontrando la tarea muy dura para loa pobres
banqueros millonarios, preguntándose si el objeto valía
la pena de trabajar y si no sería preferible correr el riesgo de algunas brechas faleas ó de algunos falsos informes, uno de sus más hábiles agentes de nego~ios vino á.
proponerle una combi.a.ación que le agradó.
Eete agente había deEc11bierto en las tnontati.as del
Doube, cerca de la frontera suiza,· una fábrica abandonada por sus propietarios, loe cuales acababan de transportar más allá de loa montes, su industria. La fábrica, sus
dependencias, sus alojamientos para obreros, casi toda
una aldea, se encontraba en venla; ae comprada, se instalaría una fábrica de destilación de ajenjo. Ee preciso
ser .filántropo y proporcionar veneno á quien deeea emponzoflarse. No hay industrias más próeperas que lae in•
dustrias perjudiciales; así se adquiriría en el país una popularidad bien merecida.
Precisamente iba á encontrarse vacante una curul de
diputado en la demarcación, y era indudable que las poblaciones reconocidas en Vi a rían al benefactor al cuerpo
legislativo. Durante este tiempo, las acciones de la fábrica de destilacióll subirían, los bet:1eficios cubrirían loe
gastos de la elección, se bePeficiarfa á. la vez á. al mismo
y al país. El aefior Martin aprooó este programa, y partió para Pontarlier; queria examinar la cosa de cerca,
antes de tomar un partido definfü vo.
Fué en la misma época cuando Beltrana resintió loa
primeros at.aquee de la enfermedad de los círculos restringidos: el tedio. No más enemigos que vencer, no más
conquistas que hacer, las se.floritas de Lézinea, la seftora
Fourneron, Jacobo de Sommerea, ·e t presidente del tribunal, el capitán de la gendarmería, todo Pontarlier, en'.fin,
ee ataba á. su carro victori060. Lila, domada, lo seguía sin
rebelióa aparente.
En verdad, Baltrana no podía pedir más, y ein embargo, se fastidiaba. Envidiaba á Aglaé de Lézinea, tan
perfectamenie feliz en la presidencia de las viejas con.
decoradas, dulcemente ocupada, entregada á proyectos
de beneficencia. Eovidiaba tambien á la eeftorA. FourneJ'On1 con sus eternas uegociaciones de matrimonio. Abo-

EL MUNDO

ra era de Lila de quien la buena dama ae ocupaba; caaí
ao se pasaba un mes sin que le h iciese proposiciones
aunque eia resultado.
Lila tenía á la sazon diez y ocho a.floa.
Una noche, en los ealonea de Beltrana, el capidn de
gendarmería, que cantaba agradablemente, tarareó querelloso, mirando á Beltrana, una vieja y sentimental romanza.
DeJ~ eaer mi corazón en la playa . ..... .

Ella tambien había dejado caer su corazón en la
playa y las olas del mar se lo llevaron. Desde aqueUa
hora lejana no amó á ninguno, ni aun á. ese pobre Fernando á quien no perdonó del todo eus largas indecieiClnee. Pero es bien dificil á quien nada ama, ocupar su vida, y Beltrana lo experimentaba. A pesar de sus comidas
mensuales, de sus veladas semanarias, de sus recepciones
gandea ó pequefias, M fastidiaba en. Pontarlier.
Abandonar ese pueblo y llevar más lejos sus penates,
no dejaba de ofrecer obstáculos y dificultades. El senor
Duvernoy se hacia máe y más, esclavo de sus col!tum.bres. Las graves razones que habían determinado á la
joven á elegir domicilio en la pequetia ciudad, subsistían aún. Cada ai'io veía la cartera engrosar á fuerza de
acciones y de valores, la mitad de los cuales le pertenecían legítimamente, más eso no era una fortuna aún.
Por fin, última consideración de extrema importancia,
en qué otra ciudad fijar su elección? Sería en una gran ciudad de provincia, Be3anc;on por ejemplo? Pero los oficiales de artillería á quienes cada año llevan á Pontarlier los
ejercicios del tiro, le pintaban aquella ciadad coiµo triste y monótona. Eo cuanto á. Paria, no osaba ni pensarlo¡
mas cuando supo que había vacante una curul de diputado y despertaron eo su corazón súbitas esperanzas.
Obtener que Fernando se presentase á la diputación,
pover en juego para asegurar su éxito todas sus influencias y en seguida, quién sabe ...... ,quién sabe á qué cima
puede llegar el marido de una mujer cuyos ojos son leonados y cuya cabellera es roja.
Modifi.có 1 pues, su salón 1 que se convirtió en un salón
político, muy serio. El capitán de gendarmería no cantó
más ella cancioncillas; el presidente del tribunal, al cual
se auponia ligado al régimen caldo, foé acogido con más
frialdad. En cambio, el subprefecto M. Metroz, republicano de un celo ardiente, se vió halagado. Fué á él á
quien Beltrana mostró desde luego sus proyectos. Ella
quiso preparar el camino antes de hablar á su marido.
Metroz 1espondió con prudencia y circunspección, tuvo
sus reservas é hizo:su"J observaciones: la obra de las viejas
condecoradas dirigida por las primas de Lézines, no dejaba de preocupar al gobierno. Se temía una conspira•
ción monárquica, disimulada bajo una asociación sencilla. Si la sefl.ora Duvemoy quería asegurar el triunfo de
la causa republicana y probar en civismo, no 1;1erfa •poco
á propósito poner la presidencia de la Obra en manos
más seguras, en las de la aenora Ribaudet, por ejemplo,
cuyas opiniones republicanas bien conocidas, tranquilizaban á la autoridad. Terrible sacrificio se le imponía á.
Beltmna: quebrar con sus primas Lézines, era quebrar
con la mitad de Pontarlier.
Pidió algunos días para reflexionar. .A.l día siguiente,
en la noche, cuando reflexionaba al1n sin hallar solución,
el notario ent.ró agitadamente, exclamando:
-Un nuevo candidato ai la diputación, que acaba de
surgir; debuta como un rey, adquiriendo la fábrica de
los Trichard. Va á llenarla de obreros, famoso reclame
elect.orall Ea un banquero parisiense, millonario¡ ninguno eeria demasiado loco para luchar con él.
-¿Y Be llama? interrogó la tia Fourneron, picada.
Pretendía el monopolio de las noticias y no gustaba de
que &lt;itro fuese informado antes que ella de un asunto
importante.
-Se llama Mat1in, el seftor Leódice Martín.
En el fondo del salón retembló un grito doloroso. Beltrana acababa de verter en la mano del infortunado capitán de gendarmeria el té hirviente. Excusóee de e11 torpeza; pero el notario, á quien la turbación de la se.flora
D11vernoy no había escapado, preguntó:
-¿Le conocéis acaso, eeO.ora? ¿Sería por ventura uno
de vuestros parientes?
-No lo sé, dijo ella esforzándose en recobrar su serenidad, he conocido poco á la familia del eei'ior Martin.
-Pardiez, dijo el receptor de rentas, riendo con risa
sonora, hay más de un asno e.o la feria que se llama
Martín.

447

-Os pido, eefiora, permiso para presentároslo, dijo el
notario.
Ella fijó en él sus ojoe duros, cuya singular expresión
no pudo él comprender.
-Traedmelo, dijo después de un minuto de vacilación.
Una vez idos loa invitados, la aeHora D11vernoy permaneció largo rato absorta y meditab11nda...... con las dos
manos sobre las rodillas, abrumada bajo aquel golpe im•
previsto que volvía á la nada su sueno de ambición po•
lítica y amenazaba derribar el edificio de respetabilidad
construido tan laboriosamente. El resentimiento de otro
tiempo ee despertaba vivaz. Habíaolvidado áaquel hombre sin perdonarle jamá.e. Por qué venía él. á desafiarla
á aquel rinconcito aislado, casi perdido, donde ella vivía? ¿Qllé fatalidad lo llevaba á su presencia? ¡Qué era
preciso hacer! Ah! si ella estuviese segura de su victoria[
Si eatuvfose segura de poder aniquilar al miserable, impedir su eleccióu, destruir su fortuna, con cuánto gozo
habría aceptado la lucha! Pero el sentido práctico que no
la abandonaba jamás, le decía que la lucha no tendría
para ella otro resultado que una gran derrota. No quería
ser vencida por él. Sabía bien que en él no había ni generosidad, ni bondad, ni honor; que la destrozaría si se
colocaba en su camino, como la había destrozado en otra
ocasión. Sabía bien que él hablaría y ella no quería que·
hablaae.
XLIII
El señor banquero Martín realizaba redondamente sus
asuntos, siendo de opinión que la celeridades un eleme.ato de éxito.
Al dejará París se había hecho dar cartas de recomen•
dación por los grandes jefes del partido. Después de haber consagrado el prime( día á examinar la fábrica y teetificado que la adquisición seria ventajosa y remuneradora, dedicó el eegundo día á la elección. Desde luego
visitó al subprefecto. Aun cuando ya no baya-propiamente hablando-candidatura oficial, aún cuando todo3
los republicanos sean iguales-como se dice-ante el
Senor, no carece de importancia eso de conciliarse loa
buenos oficios de los agentes del gobierno.
A. la primera palabra, sin dejar de leer las cartas, el
e11bprefecto se sobresaltó.
-Diablo, diablo1 el caso es que anda en el asunto la
señora Dnvernoy ..... Yo me he comprJmetido un poco con
ella; su candidato es republicano también, republicano
moderado, respetuoso con el poder, con la autoridad,
bien relacionado en el pais, rico, cuando menos para la.
provincia¡ nuestras fortunas de provincia no se parecen
en nada á. vuestras fortunas parisienses, señor banquero;
la elección habría sido casi segura, si vos no hubiéseil!I
venido á poneros entre las filae. Diablo, diablo, es preciso que uno de vosotros dos se desista¡ de otra roanera,
di.vidiréis al partido, al partido cuerdo, haréis pasar &amp;
un radical 6 á. un reaccionario, he aq ui todo.
El eenor Martin dijo con precisión:
-No me desistiré¡ si el partido moderado no me quie•
re por candidato, me presentaré á loe radicales ó á 101
reaccionarios.
Muy embarazado el subprefecto, ae frotaba la frente.
-Pues bien, yo veré 4 la se.flora Duvernoy¡ trataré de
hacerle comprender que loa grandes intereses sociales,
la salud de la República ....... .. 5rataré de obtener......... .
-Ajá, exclam) el aefior Mutfn, y quién es esa se.flora
Duvernoy? que vos enviaie á hora á. las mujeres á la cá•
mara?
El subprefecto se echó á reir.
-¡A.hl no es ella la que se.sentará en la curul, pero es.
ella la que inspirará el voto. U na gran mujer, os respondo de ello. Ejerce su influencia sobre toda la ciudad de
Pontarlier; si estuviese contra vos1 yo no respondería de
nada: pero si está por vos, v11estro b:ito será indudable.
Una hora más tarde, el seft.or Martín discutía con la
sef'íora Ribaodet alguna cláusula de la adquisición de la
fábrica, ella le dijo de pron50:
-A propóeito, eef\or, tendría us5ed algún inconveniente en venir conmigo esta noche al salón más influente de la población? Os presentar~ á uua mujer que podrá.
mucho para vuestra-decisión, á la seí'iora Duvernoy.
-¡A. mi rival! el subprefecto acaba de decirme que el
eefior Dnvernoy contaba con presentarse ante loe elecioree.
Continuar6.

�DDIIIIIGO •7 de JUNIO de ,897

EL MUNDO

noMINGO 27 de JUNIO de 1891

EL

MUNDO

NOTA D"E LA MODA.

COMPRAR

Traje para señoritas. ( Figura l.)

I.A.

El comprar exige tino, discernimient~, talento de obeervaci6n, paciencia y un poco de fortuna.
Se ve por esto que noes una ciencia faeil.
Sin el desarrollo de las cualidades que acaba.moa de
indicar, debemos simplemente decir, que el saber comprar consiste en el conocimiento de la calidad y el precio de las cosas.

Este vestido es de barech cuadriculado color roea. Cuerpo blusa marina; se abre sobre un chaleco de raso, color
ro~a pálido, dispuesto en t.res tablas sujetas por botonaduras de fantasía, el cu .. llo recto y el ancho anillo van
adornados Mn entredua á piros, corbata y cinturón de
listón rosa. }:langa apretada fingiéndole bullón por medie de un ancho plisé rf'cngido en forma de conchas, y
en su borde el mismo entredós y encaje.

_,.,..___

Figura 1.

Collet, delantero _y espalda. ( Figura 7.)

Este ligero abrigl) se hace de tafetáf'I mord.oré y listones
de raso, de un touo más obicuro. Canezú redondo, cue•
llo rouje~ del mismo tafetán ctirrado por un choux.

Figura 3.

Esta ciencia no puede eer adquirida,
Fino lentamente por las lecciones de la
f&gt;:xperiencia; por esto aprobamos mucho
la conduca de algunas madreP de familia, qne yendo por si iniPmas á hacer su
merca.do con Ja crisda, llevan consigo á
su hija para iniciarla· en el mecanismo
de las compras, acoetumbrarla á la charlatanería de los vendedoref!, é instruirla
en el arte de no dejarse engañar de ellos.

Figura a.
Cuerpo blusa de piqué. ( Fl11ura 2.)

Este cuerpo cap. sobre la falda y lleva
una ancha vuelta de piqué rayado y ador•
nado con chorrera de finos bordados blanco9. Cuerpo interior de batista. Cuello
fruncido con bordado. Mangas enteras,
cinturón angosto.

¿ES NECESARIO REGATBAR?

Traje de cachemir color fresa.
(Figu,a 3.)

Es de bellísimo efecto y sencillez, se
abre sobre un chalP.co de raso crema.
Corbata formada por un ancho encaje de
seda que ss sujeta al chaleco por tres presillas de cinta de leotejuela de la misma
que adorna la blusa. Cinturón y cuello de
terciopelo negro. Manga entera con enea•
jea. Toque fantasía con anch-19 gasae de
liatón y ramos de violetas inr.ercalados.

,I

'

Treje de recepción e•tilo príncesa.
(Fi¡¡:u,a 4.)

He aquí un elegantísimo vestido de ra•
so1color gris perla, adornado en su delan•
tero por rico• entredós de seda negro y
cubierto todo lo demá.s con encaje chantillf negro. Las mangas aja.retadas de encaje, llevan el bullón de1 aso con jockey
de encaje. Un encaje muy plf'gado á. los
lados del df'llantero termina con el ador•
no. Cinturón de raso y hebilla de diamantes. Impertinentes con largo mango
de concha.
Do• trajea de calle. Figura• 5 y 6.

Vestido de muselina serpentina verde¡
cue~ blusa que se abre sobre un peto
de mpiz y ee cruza en la cintura, que 88
sujeta por un listón de fantasía callendo
en largas cocas.
Este otro vestido es.de piqué blaireo
con una cotilla del mismo ¡;.iqué, cerrada
en un lado con gruesos botones de concha y dos volantitos, adornados con cinta negra, cintn.rón y cuello negro. Sombrero de paja rizada.

440

I.,"l!;CTUR.A. p AR.A. I,A.S DA.n.A.s

i

¡
'1-'•

1

.

]· &lt;e ·¡:,

;'

(

".\·¡',
,;J.

,,

f

'l •

' .

Regularmente ee dice como en tono de
queja, que laa mujeresregatran¡ pero cier1amente, á ello se ven obligadas, á. cauea
de la mala fe de los vendedores.
Sin embargo, 88 regatearla menos, si se
estuvieee más al corriente de la calidad y
del valor de los objetos que se quieren
comprar.
¿Queréis que el vendedor no os entretenga mucho tiempo? hacedle una oferta
razonable, resistid políticamente á. aus
instancias, } después idod á otra parte.
El vendedor de ordinario tiene muy
:fino conocimiento¡ desde luego ve sí tie•
ne que habérselas con 11na novicia ó con
alguna que ya entiende de coml?raa¡ Eolo
vuestro modo de pedirle, de examina::- la
m~rcancia, de escogerla, lo pone al corriente de vuestra pericia, y si el observa
que no sois de las que se están ensayando, si os mostrais ingenua y atenta, tratará menos de engatiaros que á otra.
Desde luego conocerá también en vuestro aire, en vuestro lenguaje, sobre todo,
si tiene que habérselas con una de esas
mujeres ignorantes y maniacas, que acoa.
tumbran y tienen necesidad de regatear•
lo todo, á cualquier precio que sea, que
no están satisfechas de nada, que tienen
ta costunibre de examinarlo todo, de hacer que se les muestre todo, y que regularmente no vienen al mostrador, sino
por pasa,iempo. Muy raro será que no
seáis ,angafiada en esloe caso.
O tenéis necesidad de comprar, ó no.
Ai lo primero procurad de antemano informaros y conocer bien lo que queréie.
l:5i no tenéis necesidad de comprar, áqué
vais entonces al mercado ó á casa de un
comerciante? A fastidíarlo y á gastar mal
vuestro dinero.
CASAS DE PRECIOS FIJOS

Lis casas de precios fijos simplifican
mucho las compras, este es un verdadero progreso; pero es necesario fijar bien
la atención en los efectos que venden.

Figuras s y 6.
Es'ª alm1cenes de prel"io un~forme. e903 b izares que no de las provisiones para el menaje de la casa, de loa objetienen míe que dos 6 tres precios para todas sus m-::rcau- ··-- ~ e lujo 6 de otras cosas de importancia que no se encías, son espectáculos deslumbrantes de variedad y tien- cnentran donde qtiera; pero para pequefioa antojos, patan fácilmente; es muy r::iro que allí 110 se eo¡:añe. Nin· ralas cosas qne se ofrecen dél momento, para muchos
gllnobjeto, cualquiera que sea su apariencia, vale más de objetop·minuciosos que se necl:'sitan con frecuencia: agu•
Ja suma fijada; las dos terceras partes valen menos, y jaP, alfileres. b1lo, €eda, cordón, ¿no seda un acto de becon mayor comodidad podrían comprarse ea otra parte.
nefi.reocia comprarlos á esos comerciantes en pequefio,
En cuanto os sea posible, dirigíos á. las casas conoci • que t,ien"'D EUS pequefias tiendas en todas las calles, ó que
das y llle,jor provistas¡ allí no pagaréis muy caro lo que extiendeÍl ~l!B puestos en las plazas y en las esquinas, ó
que1ais, y lo que allí comprá.rei.s i:.erá de mej9r calidad. qne pasan pO"l"-vueatra puerta, llevando consito toda su
Antes de ocurrirá. h1s proveedores titulados, eneayad fortuna?
lo que os ofrecen aquellos que estfo mlis á vuestro alEl centavo que les hagais ganar los hará ft&gt;lices sin
canee; pero una vez hecha vuestra elección, no cambiéis emp'.&gt;breceros; lo recibirán santiguándose con él, si fuesino rara vez.
se el primero en su venta del día, y tal vez si la hora fue•
Lás buenas casas tienen ya ~ntadas su reputación y se ya avanzada, os dirán dandoos las gracias: voy á com•
sus prácticas propias.
prar pan.
Pagad al contado ó en plazos fijos, dos ó tres vece!! por
Además, los centavos que damos á. ganará esos honraafio; seréis así mejor e~rvidaa y os co3tará. menos.
dos comerciantes en pequeño, son las migajas de nuestra
Los comerciimtes eaben bien, estad seguras de ello, fortuna, que el buen Dios nos manda dejar caer en el caca,gar ti los efectos que venden, el interés del dinero mino para los pobres viaj.eros.
que no se lea paga inmediatarileme.
COMPRAR c.~DA (.'OSA Á Sl.L-TIE)[PO.-LAS PROVISIONES.
La misma rPgla puede darse para los obreros si queréis
eer servidas. Una costurera, por ejemplo, 00 08 hará esSaber comprar cada cosa á su tiempo no puede ser
perar vuestros Vt'~tidos más allá del dfa fijado, 8¡ eabe más que el resultado de la experiericia, y viene á ser una
que su dinero fB1á pronto y Je será remitido luego en fuente f~cunda de economía.
cambio de su trabajo.
Prorisión es pro(wlión, dice un provervio, y la casa que
Elegid siempre loa almacenes 6 mercados que e1:tén no tiene provisiones, corre rieego, á cada instante, de
más ce1canos á vueetra casa, aun cuando tengáis que pa•
faltarte todo.
gar algunos centavos más: así economizaréis el tiempo, y
Lo que ee muy nec(sario antes que todo, es el conocibay veces en que el tiempo es más precioso que el diae• miento de las co~as qne se conservan sin deteriorarse y
ro, evitaia á vueetros criarlos largos viajes que repetidos, de a'.}uellas que no se deben comprar sino cada vez que
no hacen más que fatigarlos, y alejais de ellos la ocasión de ellas se tiene necesidad.
de contraer arois.tades y conocimientos que suelen Bt-rles
~ ~'\tr~~-r~.::::~ft~~~tZ::,.~
funestos, y qui, son favorecidos por el lar~o trayecto por
~
'1'1'
las mi3mas calles y á las mismas horas. Qué bueno Eerta
La cbismografía convierte el ojo de una cerradura en
si desde vuestra ventana pudiéseis siemi;&gt;re seguirlos con_ una tronera.
la vista!
Hay coleccionadores de objetos de arte que no manifies•
LOS CO)[ERCIA~"'I'ES 6N" PEQUE~O
tan ni una pasión, ni un gueto. ni una inteligencia, nada más que la victoria brutal de la riqueza.
Al recomendar los ricos y bien provietos almacenes
E. Y J. o~ Go~cocRT.
no liemos querido hablar sino de las compras por mayor;

CONCI:E;NCIA.
(De Victor Hugo.)

Airada tempestad ee deeat,aba
cuando de toscas pieles revt&gt;stido,
Caín con su familia caminaba
huyendo á la justicia de Jebova.
La noche iba á caer. Lenta la marcha
al pie de una.montaña detuvieron,
y á aquel hombre fatídico dijeron
Pns tristes hijos:-Descan1:emoe ya.
Duermen todos, excepto el fratric:ida
Q?,8 alzando sus mir9:das hacia el mo~te,
v16 en el fondo del funebre horizonte
un ojo :fijo en él.
Se eistremeció Caín, y despertando
á eu familia del dormir reacio,
cual 1dniestros fantasmas del eElpacio,
retornaron á huir: ¡suerte crüell
Corrieron treinta noches y sus días,
y pálido, callado, sin reposo,
sin mirar hacia atrás y pavoroso,
tierra de A..seur pisó.
-RepOfemoa ::i.quí •..... Dénoa asilo
e-eta región espléndida del suelo.y, al sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojo encontró.
'
Entonces á ,fabel, padre de aquellos
que en e~ desierto liabitan:-Haz, le dijo,
que se arme aquí una tienda. -Y el buen hijo
armó tienda com1ín.
- ¿Todavía lo veis?-preguntó Tsila.
la niiia de la blonda cabellera,
la de faz oomo el alb'a placentera,
y Cain respondi6:-Lo veo aún.
Jubal entonces dijo:-Una barrera
de bronce construiré: tras de su muro,
padre, estarás de Ia visión seguro;
ten confiam~a en mí.Una muralla se elevó altanera,
y el ojo estaba aUf
Tu balea.fo li fabricar se puso·
Una ciudad, gigante de la tíerra;
y, en tanto1 sus hermanos daban guerra
á las tribus de Seth y á lade Enós.
Poblando·de tinieblas laenmpiña
Ja sombra de las torres se estendfa,
y en la puerta grabó su altanerla:
-P,.ohibo crttrar á Dios.Un castillo de piedra, cuyo muro
á la altitud de una montaña asciende,
de la ciudad en medio ee deeprende,
y allí Caín entró.
Tsile. Ilega hasta él y, palpitante,
-Padre, le dice, ¿aún no ha desparecido?
Y el anciano¡ aterrado y conmovido,
la responde:-¡No!, ¡noi
De hoy más quiero habitar bajo Ja tierra,
como en su tumba el muerto.-Y presurosa
su familia cabale una ancha foea,
y á. ella desendió al fin.
Mas debajQ esa bóveda sombría,
debajo de esa tumba inhabitable,
el ojo estaba fiero, inexorable,
y miraba á Caín.
RICARDO p ALMA.

Me suelo preguntar de dudas lleno:
-¿Son mejores los buenos ó los justos?
Y la elección va en guetos:
yo.doy todOB loe justos por un bueno.
C.AKPOA M'OR.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92564">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92566">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92567">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92568">
              <text>26</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92569">
              <text>Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92570">
              <text>27</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92587">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92565">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 26, Junio 27</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92571">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92572">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92573">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92574">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92575">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92576">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92577">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92578">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92579">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92580">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92581">
                <text>1897-06-27</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92582">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92583">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92584">
                <text>2017485</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92585">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92586">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92588">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92589">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92590">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1061">
        <name>El amigo de la lógica</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1058">
        <name>Hacia el Polo</name>
      </tag>
      <tag tagId="1060">
        <name>Musa joven</name>
      </tag>
      <tag tagId="1059">
        <name>Musa romántica</name>
      </tag>
      <tag tagId="1056">
        <name>Notas de la moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1057">
        <name>Teatro Calderón</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3548" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2190">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3548/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._25._Junio_20..pdf</src>
        <authentication>15d8a91b85de572b695dae1e9f117b07</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117370">
                    <text>DOMINGO ,3 DE JUNIO OE ,897

EL MUNDO

4'4

l

Llevad todavía un mea más ese vestido qne ya teníais
propósito de dejar por que ya eEtá algn desteflido, ó por
que ha pasado la moda1 y que alguna ligera compostura
1
lo pondrá servible.
Permaneced un poco más en vuestra casa, y ahorraréis
los gastos de tocador que exigP11 las tertulias a las que concurriréis impulsada por la vanidad, y de las que saldréis
acompañadA del despecho y de los remordimientos.
Ved poco las cosas bellafl, de lujo y atractivai:i, 'Para desearlas poco y prCicurnd estar seriamente ocupada, para
no dar lngar á vuestra imaginación de creara~ neceeitlades
factic ias.
En reaamen, no ceret'nemoa de lo nect&gt;sario, sino de lo
supnfluo; y eiempre que se quiere, se encuentra algo BU•
perfl uo en torno de sí.
Y si alguna vez noe ,emos obligados á quitar algo aun
de lo necei:ario, jíh! tratemo8 de ocultar el mayor tiempo posible esta dura necesidad á las personas á quient&gt;S
amamos.
Suframos doblemente, si ínere necesario, porque ellas
no Fufran.
¡Se vive tan bien con poco, cuando es uno abnPgado!
¿Es necesario ir más allá é indicar, para cubrir t&gt;se dé·
ficit el t,rnbajo que sea necfsario emprender para ganar
el dinero?
¡Ay! exif'te más de una casa tranquila y con comodidad
en la apariencia y obligada á. cierta rt'presentación en
la sociedad que no puede Posteneme con los recursos -1ue
le suministran, cada mes 6 cada año uno 6 dos miembros
de la familia.
EnLonces, pobre mujJr, á vos es á quien correeponde
el imponerma, todos los diaa y algunas veces aún por las
noches, algunas horas de trabajo ferio, asiduo, penoso,
para poder aumentar algunas monedas más al presupuesto insuficiente.
Velar1 trabajar1 gastar la vista, esto ea nada para la ab·
Cosmopolitan Troupe que debi6eslrenarse anoche rn el Pdncipal.-Grupo de bailarinas.
negación, y aún bajo la a~piración del corazón, el trabajo
parece multiplicarse y viene, e n - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - · - - - - - - - - cierta manera, á ~er más agradable.
Pero render es, trabajo, ¡oh 1 ¡esto
es bien duro!
Es necesario pasar por ciertas
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
pruebas para comprenderlo; es ne•
ceeario haber sentido enrojecerse
:,,.
el rostro al veros obligadas á ofre•
cer el producto de largas semanas
Léase
lo
que
la
Zarzaparrilla
del
de desvelo, á un indiferer¡,te comDr. Ayer ha hecho por el reverendo
prador, que con desdeñ.osa sonrif'a
padre L. P. \Vilds, muy conocido
sobre loa labios, parece decirop, al
u
ofreceros una módica suma: ¡(¿Una
misionero de la ciudad de Xueva
gran sefiora como vos, tiene neceYork y hermano del difunto y emi,
o
1:idad de tanto dinero?n
nente juez w·ilds:
Todavía si esto no fuese más que
euro, y, permitid la expresión que
"Por muchos ailos padec1 de divieno es cristiana, porque la pobreza
sos y otras erupciones de carácter
ndunca humilla, si esto no iufse
ti
semejante causadas por sangre emmás que humillante! pero ea tan
pobrecida. Ui apetito era escaso y
difícil encontrar un comprador, y
la extenuación se lrnüia apoderado
un comprador discreto!
del sistema. Coo,oricndo las propieOh, hijas mías! ei alguna vez el
ti
dades valiosas d~ !a Zarzaparrilla
buen Dios os sujeta á tales prue.e
del
Dr.
Ayer
)or
fa
experiencia
del
bas, dejad, dejad á vuestro corazón
1
bien que habb producido en otros,
trayendo el recuerdo de vuestros
afies juvenilee 1 que vaya á pedir
nrocurérnela y empecé á tomarla.
un conaf'jo 6 un consuelo á vuea·
.M.i apetito mejoró desde la primera
tras maestras, que harán más que
dosis y la mejoria. se extendió á mi
li&gt; .a
lo que pueda hacer una madre por
salud en geuernl, que la actualidad
o
venir en vuestra ayuda!
es excelente. Me siento un ciento
Y en eee colegio, en eeia casa de
::: o
J)or ciento más fuerte, cuyo resultado
vuestra educanion, ¿no habrá un
..¿
::s 11
lo a.tribuyo á la Zarzaparrilla. del
corazón que os Eea adicto, á quien
ti
Dr.
Ayer,
medicina
que
recomiendo
vengais á confiar las penas de vues·
i:: 2..
con todn. confianza como 1:i mejor
tro corazón?
i:: ..
Si el buen Dios aún no ha llamaque jamás se haya prepanulo para
i:: ti
do al cielo á aquel eacerdote awigo
la sangre."
de vuestra alma, id á confiárselas
n
Para
todos
los
desarreglos
originap
::
tS
á él.
dos
de
sangre
empoiJrecida.
ó
viciada
o
A
Mientras que fuísteis dichosa, él
i::
~
y debilidad general, tómese la
os permitió que lo olvidaseis¡ pero
ahora que la desgracia ha venido
::s ::s
"ti o
p.
sobre vosotras, él se acordará, es~
tad seguro de ello, que por largo
p
tiempo os llamasteis Padre mío.
o

•

i

1

Uitalida~ Debilitada,
Sangre Empobrecida.

TOlll:O 1,

:tlEXJCO, JUNJO

zo DE 1897.

NVMERO 25.

~LA FRATERNAL·S'

...

s:

•
•

.

-=....
.

.

~

-• -=•
••...
. -.
•e:, a-•

...,

" .:
" "'

..

Zarzaparrilla

En el rejuvenecimiento de los
libert!no.s _POr un amor romántico,
un pnnc1p10 poderoso, annquecontrnrio á este romanticismo, reside
en la repentina interrnpción de sus
constantes excesos. Una espt&gt;cie de
con valescencia anormal se produce
entonces en toda su fisiología. El
agotante camancio del placer diario queda reemplazado por una
economía de las fuerzas, que renueva todas las energías del hombre,
y-tal es la ironía de la naturaleza
-esta renovación es sentida, lo
más á menudo, por aquel en quien
1,e realiza, baJo b forma de una
alegría sentimental.
P. Bourget.

~~J,.º!~v~I~!!,~

*
••
Ama con furia y odiaco.1.1 tal ira,
que clava eus ideas cuando mira.
C ,\MI' OAMOR.

=

• •.,
3
i• •
::s

--

o
""

-

!"

PREPARADA POR

_Dr. J. C. Ayer yCa,, Lowell, Mass., E. U. A.
Oficinas de LA FRATERNAL:

1,A. DE¿

--

-

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 7á0.-M EXICO

LAlT ANTÉPII-ÉLIQL'J: -

LECHE ANTEFÉL
ura ó mezclada con agua, dist
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS

RESTAURADOR

trNIVEISAL DEL

CABELLO

PREP'AUDO POR El DR.T ORREL DE PAIIIS

ROJECES
•

"'f.~
No pretendas mi cantar
Ieabella-Roma oír.
¿Por qué quieres ver llorar
hoy que te toca 1eir?

!i

•

&amp;

~ el cútie

'í&gt;'
MAS DE; CIEN

personas han eido curadas de estwchez uretral sin el
menor ac~idente, sin dolo-r, sin cloroformo y en'menoa
de un minuto, empleando el Dr. Garay la elPctrolisia.
Por el mismo método cura las estrecheces del recto exóf~go y útero. P~ac.tica toda clase de operacion~s q~irúr•
g1cas y es espectahata en vía?:! urinarias.

Después
UNICA PREPA.RACJON
PAR! :ftESTABLECER, VIGORIZAR Y JIERMOSBAR EL CA.BELLO
U!Prn&amp; LA PREMATUR..\ CAlOA DEL PELO,
.
ElIT.~ LAS CANAS YLIMPIA. LA C!BEU..
PREFERIBLE A TODA PRt:PARACION DE QUIYA
DE VENTA EN TDDAS LAS DROGOERIAS YPERFUMERIAI

ae la llu-oia.
D¡bujo de J. M. Vtllaeana.

�•
DOIIIIIGO

Ne-gar esos hechos, que, por otra parte y como ya he• rencor tiene guarida y abrigo carift.oso toda idea disol moa dicho, se realizan á la viata del públiJx&gt;, ea sencilla• vente, el atentado contra la vida del preeidente Fi1uremente hacerse reo de una mentira inutil y malsana, por- viene á poner en evidencia ese estado latente de rebeldía.
TelUono 434,-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
que en ciertas dolencias sociales, conocer el mal, es estar contra el orden existente, eea morbosidad permanenteMÉXICO
de lae capas inferiores, pugnando por romper las ligaduToda la correspondencia que se relacione con la Re- á dos pasos de encontrar los elementos de curación.
úcción, debe ser dirigida al
¿Qué Ee diría de un médico que á. la cabecera de un ras que atan á los grupos sociales y loa constituyen en
Director, Lic. Raf"aet Reyes Spindot-.
enfermo grave, decidiera ocultar su estado para no alar- cuerpos vivientes sujetos á leyes inmutables.
Arrojada por un desequilibrado ó encendida por un faToda la correspondencia que se relacione con la edición mará la familia y que en vez de destruir, infun,iiera e.s1
debe .ser dirigida al
peranzas? Se diría indudablemente que no habría cum• nático, la bomba homicida q 1e el domingo pagado estaGerente, Lle. Fausto noguet.
.lló
con
intentos
nada
tranquilizadores
y est11vo á punto
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al plido con su deber.
de
llenar
de
luto
y
de
dolor
á
la
gran
república latina
Y el publicista moderno, sin estar in_vestido de misio•
mes, y ee cobra por trimestes adelantados.
del
viejo
continente,
es
el
indicio
tremendo
de un estado
T1es sagrados, tiene algo del médico, si su !unción ha de
Números sueltos, 50 centavos.
social
donde
germinan
odios
de
clase
y
fermentan
las
ser útil para la sociedad en que vive, y á la que debe toAvisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
quejas
de
103
q11e
padecen,
las
lamentaciones
de
los
que
mar el pulso en cada momento histórico.
Todo paco debe aer prec:laamente adelantado.
sufre-n, los rugidos de loa que sustentan sobre sus hom•
Eee loco deseo de información que in.vade al público,
JÚ:GilffRADO OOMO AR'I'ÍCULO DB SEGUNDA CLABB.
y que paea de la hoja diaria á la revista literaria y cien- bro'iJ la pesadumbre de un andamiaje trabajoso; es la
tífica, responde á una aspiración: la de conocerse hasta protesta elocuente, pero brutalmente salvaje, de loa que
en sus más recónditos parajeea, la de estudiarse basta en han expArimentado loa amargos dejos del desengafio,
sus depresiones y miserias, la de analizarse hasta en sus porque confiados con exceso en las promesas halagadoras
más secretas enfermedades: ansia de verdad, que carac- de la demagogia y acariciados por las deslumbrantes ficciones dt, los utopistas, lran viste rotos sus ídolos, deteriza á la época moderna.
Con motivo de una polémica amcitada en la prt:inea
Y no es solamente el periodis~a, sino el hombre de Es- siertos sus altares, atrofiadas sus creencia.e, desvanecidoa,
diaria apropósito del 'P'°riodíemo de información, hemos tado y el pensador y el económiata, loa que Ee preocupan sus viejos ideale¡:i, sin que nuevas formas hayan venido
visto sostener la teoría &lt;le que no deben servirse al pú· por estos sucedidos de loa que emana el dato, que coocien• . á sustituirá lae antiguas, en la estruendosa caída de todo
blico aquellos sucedidos deeaagradables que se producen zuda.mente interpretado, sirve para formular la ley. De un mnndo, al golpe implacable de la piqueta revoluciona1ia.
en el seno de la aocieda1. Dentro de eEte criterio, el pe· informaciones está repleto el arsenal de la ciencia, y los go·
riodista no ea si'no un cortesano de la multitud Y jamás biernos no temen lanzar sus esta-li&amp;-icu á. la publicidad
En vano se qui~re preeentar el episodio del dominio co•
est.á obligado á presentar acontecimientos ocurridos á la porque saben que ellas son la abundante materia prima
mo un hecho aislado y sin importancia, realizado por un
vi~ta de todo el mundo y que al ser trasladados á letras
qne ha de aprovechar la indnat1'ia legislativa.
hombre obscuro, sin cómplices, sin tendenciaE, sin intende molde, constituyen una propaganda maléfica en los
¡Se alarman cuatro sen.ores de que ·un diario dé cuenta
ción
da.fiada, casi; en vano se trata de presentarlo al
espíritus de la"' mismas personas 9.ue los determinan.
en su crónica callejera de tres robos domésticos, cuando
mundo
como una [mera manifestación neurótica de un.
Hay, pues, que ocultar cuidadosamente las verdad.is la Secretaría de J naticia hace publicar arrnalmente las
loco
infeliz,
ciego instr!1mento de impulsos irresponsaamargas, que serán sustituidas. por mentiras dulces, pa, a
efta.dísticaa de la Criminalidad de la República! ¡Desean
bles:
n6,
¿quién
es c:ipaz de señalar las fronteras del crí•
evitar el riesgo de destruir el hermoso palacio encantado
ocultar el sol con un cubilete cuando los rayos del astro
men? dónde termina el impulsivo que obra á influjo de
ea donde habitan nuestras ilusiones nacionales.
se difunden á través de los espacios!
movimientos atávicos y comienza el criminal á. quien.
Lo raro del caso es que eeta teoría encuentra acceso en
¡La moralidad del engafl.o! ¡Qué moralidad tao inmoral!
arrastran la perversidad, las venganzas, loa odios somun grupo de liberales, que, después de proclamar la 1iberbríos y las miserias desoladoras? En el fondo de toda al•
tad de investigación, la libertad de pensamienio, la libt"rtad de
{11
maque se hunde en el mal, hay siempre, á no dudarlo,.
conciencia, todas las libertades, se cubre asustado el ros•
cierto desequilibrio más ó menos morboso; pero esa morcon las manos cuando un hombre de corazón tiene el va·
En estos días ee han producido nuevos casos de suiei•
lor de tomar uu puflado de hecboe del medio que lo dio qae demuestran el desarrollo que va adquiriendo es-· bosidad no puede cooaidetarse como sinónimo de irrespoasabilidad. Si así fuera, habría que cerrar las cárceles
rodea para arrojarlo á. la consideración popular. No vata ei:traña enfermedad en todas las capas del agregado
y multiplicar loa asilos y manicomios.
lía la pena de haber lai,zado al surco la semilla de la social.
Para comprender que el atentado del domingo fué fra.
libertad, para después adoptar el procedimiento de la
No se trata ya de un grupo de intelectuales sujeto á.
vieja eecuela reaccionaria, creando la ignorancia obligato- bruscas depresiones; todas las clases, particularmente gua.do e.q. loa tugurios ruines donde se refugia la podreria como un medio de procurar la tranquilidad de las con• las menos elevadas, tienen sus representantes en la lista dumbre y corrupción de los fanatismos ignorantes yciegoe, basta recordar que otras bombas también han
ciencias, principios que no figuran en el programa de
de desertoreo de la existencia. La ola negra auastra náupartidos adaptables Alas necesidsdee de los hombres fragos de todas condiciones, mece en sus einieetros vai• sido encontradas en diversas· partes de Paría, dispueetae.
á ser lanzadas para sembrar el exterminio y la muerte.
libree.
venes miembros de todos los caminantes.
Pero es preciso presentarse ante la Europa como ~librea
¿Quéotra·coea ha hecho el reaccionarismo en todas par¿Por qué este inmenso fracaso en la cú3pide de una cide esa carcoma que se llama anarquismo, ea necesariootee del mundo, sino ocultar la verdad, encubrir loa he·
vilización avanzada? ¿Por qué estas muestras de canean·
dará. las multitudes la tranquilidad que desean, y en la.
chas, adulterar un estado social, falsificar "la, húitoria, en cio en mitad de la altiva ascensión?
apoteosis de la República ofrecerla ante el universo com0una palabra?
Es que el suicidia no proceie de determinados moldee
Frente á 88'8 sistema, nutrido por la hipocresía y alen- de una condición social: viene cbmo el Dante, dt:l Infier• protegida por la égida invulnerable de eu autoridad. no.
tado por el engaiio, se alza un nucleo de espíritus que no, y lleva den1;ro de su organismo el germen morboso discutida.
Juzga más util y conveniente fotografiar á la sociedad
qua antecede al acto.
No cuadrando bien al autócrata moscovita esa movilital como exis~, y que estima que no es necesario que
Los que imaginan medidas legislativas para sofocar el
dad,
esa pasmosa sucesión de gabinetes que cruzan con.
una verdad sea agradable, sino que basta con que sea suicidio, debieran pensar que todavía el Estado no ha
verdad. Para estos escritores, la inmoralidad coneiste en encontrado el medio de poner un dique á la tuberculosis vertiginosa rapidez en el gobierno de Francia, donde doengailar al público, en prostituir la pluma del observa- en aumento, y que una enfermedad no se extirpa con un mina el parlamentarismo, han sacrificado los franceses,.
casi todas sus aficiones latinas, han refrenado sus arredo, coovirtiéndola en el abanico de de una demi-mon•
decreto.
batos meridionales, y con gran asombro de todofl, el miflaine!
'El progreso no ha podido salvará estas víctimas; y co•
La sociedad actual tiene hambre de sinceridad. Por mo el agricultor al arrojar la semilla al surco sabe de an- nisterio que preside Mr. Meline, ha podido durar más de•
ua afio. ¿Qué sería de la confianza que han podido inspibasta11tetiempo ae la tuvo, en pasada.e edades, en opresiva temano el número de granos que quedarán bajo tierra
rar
en los concejos de San Pi,tersburgo, si se demostrara
"mtela. Hoy ya quiere saberlo todo, verlo todo, escudrisin germinación, lo que no impide la coseeha, así la cique esas rebeldías latentes que engendran las explosioflarlo todo. Y para eso ee abren escuelas y ee escliben vilización al arrojar su germen de humanidad á las edalibros y se hacen circular periódicos: para que todo lo des venideras, no se detiene por loe vencidos en la obra nes anárquicas tomaban cuerpo en el seno de la capital
del mundo y ponían en peligro la existencia del augusto vea: lo mlemo el bien que el mal, lo mismo la virtud redeniora de la especie.
magistrado qae pers0nifica á. la Ilación? ¿Qué sería de la.
que el crímen.
alianza franco-ru:ia, preada de paz,:en lo ostensible yes•
La moralidad de un grupo que no sabe lo que tiB inmoperanza del anhelado désquite en el fondo?
ral, se nos antoja algo semejante á la virtud de una ja¡Y á. esas erupciones violentas del odio implacable al or•mona de cuarent'.l y cinco afi.oa, picada de viruelas, ó á la
den
establecido se las l1ama también patriotismo! á esos.
honradez de un dependiente de tienda de abarrotes que
QJ:l attar~ttisu10 tu _.irarrcia lJ sus últimas
productos repugnantes del fanatismo ciego y la torpe ig·
en eu vida ha manejado un centavo. Nadie tiene inconmnniftstaciottcs.
núrancia se lee llaman revelaciones de hermoso:porvenirl
veniente en creer en ellas, porque jamás han estado á
Error,
profundo error!
Por segunda vez Mr Faure, Presidente de la República
prueba.
Pueda
el buen sentido de los que dirigen á. la RepubliPero la moral que difunden los pnblicistae modernos francesa ha sido víctima de uno de esos atentados sin
ca
y
la
encauzan
en su engrandecimiento, iluminar esas
nombre
con
que
de
tiempo
en
tiempo
manifiesta
su
tene•está más alta: se bal!a en el~conocimiento y se fortifica con
esos mismos hechos que tanto alarman á los pudibundos brosa actividad el anarquismo, levantando su cabeza sombras, derribar esos vestigloe, cegar esas simas para
de la prenea. Exparce puñados de luz y no montones de triangular de víbora y pretendiendo herir en el corazón que, próspera y feJiz la tierra transfigurada por Hugo y
santificada por Carnot, marche á. llenar la misión quetinieblas. Del [dato brutal de la historia sopla nn gran á las modernas sociedades.
Fruto de esas maquinacionea que se fraguan en las tiene encomendada en el concierto de los pueblos moaliento de moralidad.~No importa á la moral social eaber
que se cometen cien crtmeñes, pero sí importa saber que sombra@. en los antros pavorosos del crimen donde toda dernos.
X.X.X.
17 de Junio de 1897.
pasión bastarda tiene eu asiento, todo sentimiento de
hay cien crillána.le.s que serán castigados. .
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Motas tbitorhllrs.

{n moralillnll prriobístirn.

•••

ola nrgra.

•••

:li)olítica &lt;Thrneral.

20

DE JUNIO DE 18g_7

EL MUNDO

lo engendra er;, mí un sentimiento angustioso de inquie• do y el libro de misa ideal y los gemelos de teatro hechos
tud1 de horror, ante una fuerza que crece y lo llena todo para las manos de las hijas de los Vanderbildt y los
y cuyo neutralizador ni conozco ni adivino. Se me figura Gould, hasta las joya~ m!is ó menos ard~ticas y ricas q 11e
NOTAS A TODO VAPOR
abren sus ojos de diamantes, eutreabriendl su d'lbl~
que un mundo va á ser esclavo de otro, en el Siglo futuro, y aquí veo al amo en paflales de papel. Se me figura valva de seda y peluche acariciadora. A1ui n::, es ;á el
POR ABAJO
que hacer de la precocidad, de la curiosidad, del furor arte; ea decir, eE un art.e delicioso aunque ap.1.cotillaio,
¿Cóm..&gt; ae traduce en castellano el verbo francés ftáner'f de sensaciones, del dilettantiamo infinito, las supremas vnlgarizado, el único que está al alcance de un p'l~fra,
Lo ignoro, palabra de académico; pero \raduciendo tse necesidades de la vida, que reemplazar el alimento con pero en el que no puede parar mientes un Califa de B \~verbo en la mínima doeia de act.ividad corporal que me ti excit.ante perpetuo, que reducir todo vicio, toda vir· dad. Aqu( en esta otra sala, hay objetos de arte verda.,
permiten mis copiosos kilógramos de peso, fné como pa- tud, toda ciencia, toda creencia, todo ideal, todo arte en dero: vagillas viejas di plata, eatatuillaa de -JrO, adml• ·
sé algunse horas deliciosas en N neva York, d~espe1 ando anuncios, es un mal de muerte, y loa millares de millo- rablementA forjadas. reliquias ricas de grandes hombrPa,
nes de caracteres impresos en eete papel ein fin, me pa· de .Torge ,vashing&amp;on, sobre todo¡ están los espléndido,
á mi c,.-ieerone que ee levantaba á. las doce en ponto y que
recían microbios, loa baccilos y lbs esporas de la civili- vasos de porcelana y cristal que valieron á. esta caa-1 hu
pretendía atrapar las cuatro horas perdidas de la matla.·
primeras medallas de la úlr.ima exposición de P.uí,,
na en el tiempo que empltaba un sibarítico puro veracru- zación.
enormes flores caprichosas en que parece circular noa
En la azotea del H erald hay, aobt"f&gt; la puerta principal,
zano en conv"rtuee en espirales de humo ........ .
densa savia de vida y de color.-Un espectáculo aug~sVaguear caprichosamente con la seguridad de no ser un par de héroulP,a, el Tiempo y el Trabajo quizás, figucazaao por el peneamiento interior, como uoa mosca E,Or rones soberbios de bronce negro que aplastan al edificio tivo; en grandes tazas de cristal montones de dia•
volviéndolo pedestal, y en las almenas sendas lechuzas, mantea, de rubíee, de eEmtraldas, de zafiros, que se yo,
una araila; vaguear con la certeza. de la perpetua dia¡ra.:·
cuyos ojos se iluminan con luz eléc rica de noche. ¡Muy de esos fragmentos de materias transparentes que caen
ción para loa ojos, con la certeza de objet.1var siempre,
como lluvias de estrellas filan.tes en loa ensuefioa de las
de no caer en poder de lo subjet.ivo, el insaciable verdu• ingenioso, muy interesante, muy feo!
mujeres y q11e Eva vió lucir por vez primera en loa ojo:!
La lluvia que empapa las baldosas de la acera impide
go del placer y la eeperanza; vagutiar basculado por la
de la serpiente del Para(so. E:1 una voluptuosidad m11y
gente, afüt.nzá.ndoae á. los cris~alea de los e'icaparatea ( un andat, por wiedo de loa resbalones, á todo aquel que no
esté provisto de un sobrecalzado de cautchuc. En busca distinguida esta de cojer un puñado de diamantes rojo3
yueateco, eegúnm~.iicea, ea capaz de afianzaraede uncria
tal y por eso no borr0 el diepatat.e) mirando al interior de este artículo indispensable entramos en un almacen de que repreaentl una fortuna, y dejarloJ caer por eotre los
calzado, porque no me atrevo á llamn zapatería á esta aedos en gotas de luz de aurora y apagarse en un p1&gt;11uede las casas, husmeando los almacenes, anclando en las
tiendas, embobándose delante de loa edificios seguidos espt&gt;cie de baailica c1..n sus naves, sus departamentos de i10 lago hirviente con relampagneos dti sangre y refi~j'l!
con los ojos de piso en piso, con peligro de una entors's hombree y de mujeres, sus oficiantes ó dependientes en de sonrioa de mujer joven. ¡ Y como quisiera uao llevárselo todo, nada se lleva!
del cuello, hasta las b.daust.radas ó las buhardillas que perpetua genuflexión ante loa marchantes que, repantiTome usted esta jaula de oro y aeda;deacúbraPe uatea,
los remMan, y recortan encima de cada calle ó avenida, gados en muelles banquJtae, les entregan sus articuladas
una cinta est.recha de cielo entintado de gris húmedo por bases (anchas, enormes las de ellos, como de elefantes una guapa aeíiora envuelta en pieles nos acompaña.. y viadolescentes, y largas y romboidales las de ellas) para site usted los diversos piaos; el de las estátuaa y figuriel otoño. ¡Qué olimpico placul ¿Quién ba dicho que el
tiempo es oro! Todo el pueblo yaokP.8, me replica m1 com- que las hagan caber en uno de loa centeaarea de pares nas de todos los m írmoles, de tofos los metales, dd t.o•
paflero; este apotegma timtB money, corre las callee de de zapatos de todas las formas, dimensiones, pieles y das las pastas¡ el de loa vMos, de loa relojes, de las vaji•
Nueva York, de Chicago, de Fil.. .... -Pues es una men- barnices, que pronto quedan amontonados en pirámide Has. ¿Qué se !·o? ¡Cuá.nt.a biJJut,erW, ideal¡ cómo rebJaabau
tira del tamailo de e~a masa colosal que tenemos enfren- gigantesca al lado del cliente. Dos cosas, vayan tres, me los escaparates y las cred.enciaa de artefactos bonitos, v
llamaron la atención: la cantidad de zapatos de piel ama- alguna vez bellos y siempre interesantes! Todo es una
te, donde tres ó seis pisos ornamentados al estilo del Rerílla que aquí se consume; todo el mundo loe usa duran- tentación, una provocación, un inapagable fuego) arti 6Dacimiento, se encaraman sobre cuatro ó cinco románicos que aplast.an á. una planta baja con hondísimaepuer· te el día y sólo loa reemplaza con el zapato de charol para cial del induat.rialiamo artístico. una/eeria, como habría
la comida, el teatro ó la tertulia; costumbre excelente dicho el pobre Pancho Schiaffino, un vaporizador de
tas, chatas y obscuras, vagamente bizantinas: de este
tamaflo, sí; en primer lugar no ea oro el tiempo, ¡ojalá! que irá. acabando con el odioso reinado del betún: la diamantee en la, nubes. Todos los talleres de Europa
todos seríamos ricos, lo que equivale á. decir que todoi cantidad de zapa.toe viejos que en estos emporios del cal• bao mandado aquí sus más ricas mueat.ras ...... y las má.a
za.do ee renueva; por una canal vertical veíamos subirá. caras. En los anaqueles de una monumental vitrina acerseríamos pobres, y en quinto lugar, todo tiempo que uo
se emplea en proporcionarse un gran placer para el e~p[· )os pisos altos un verdadero río (¿suben loa ríos?) de té á. descubrir un vaso cúbico de Gallé, el gran poeta del
ritu, á través de los sentidos ó no, es cobre; todo,mont,ón ejemplares, llenos de deformidades teratológica.e, de criAtal. ¡Qué precio! El Califato de B.1gd11d, aun cuandfl
hubiera sido administrado por el taumaturgo Limantour,
arrugas épica.a, de leproaidades inverosímiles, de denunde oro que no se gae~ en eso, es cobre, se cambia por
habría quebrado comprando unos cuantos cacharros de
cios de fatigas crueles, de carreras incesantes, de inmercent.avos ........ .
U na llovizna fría nos hacia marchar, en una perenne siones odiosas, de frotamientos con todas las piedr'Sla, con éstos, que parecen florea de un país de brujas, vitrifica•
ráfaga de agua pulverizada por el Norte¡ &amp;BÍ pasamos por todos los clavos, con todas las miserias, y esta. repugnan• das en una noche de aquelarre. Pero qué forma, qué
el parque Bryanli, ¡Ahl cómo me acuerdo de eat.e patriar- cia. era vencida por nuestra curiosidad; creíam'lS ver en matices, y qué armonía entre matices y forma! Dichosos
aquellos zapatos la huella, el molde, el hieroglifo, el sím- quienes puedan llenar sus vasares y aue retretes con
ca de la poesía anglo-americana, tan popular aquf, en
cristales y maderas esculpidas de Gallé~ de ellos ea en
otro tiempo, como el divino.Longfellow, cuya Evangelina bolo de la actividad df'I este pueblo que todo lo deforma,
'
lo gasta, lo contrae ...... y lo renueva, agregaba yo para la Tíe1 ra, el reino de los cieloa.
ha traducido J oaqufn Casi1aúa con admiraole iniuición
Hablando en serio y dejando á un lado los califatos de
poética á Vdcee. ¡Bryan\! Muy presente lo tengo, con su mis adentros, viendo otro río de zapatos compueetos,
brillantes, nuevos, que bajaban en sendas cajas de papel «las mil y una noches)) no me perdonarfael no habertxpretez de mujer de veinte an.oa á los setenta, su gran nariz
bondadoea, 811 barba inmensa que parecía hecba con he• satinado, distribuidas en el acto á. cien repartidores. Con sado mi adm~ración por el gust.o y explendor de e1,toe
bras de luna, sus oj1lloa dt, llama azulosa, dulcemente razón el americano en cuanto puede apoya la caber:s. en salones de la casa Tiffany y por sus admirables talleres
irónicos. .... .... Recuerdo su lento y accidentado caatella • cualquier respaldo y lana:a á la mayor altura posible (ge- de cristalería y esmalte. Para visitarlos baat.a, en primer
no eu cariño por Wdo lo nue3tro y su adoración, ea la neralmente á la cabeza del veciJJ.o) sus dos pies gigan- lugar, saber admirar como yo 1 que todo lo admiro ha~ta
tescos; son su emblema, loa enarbola como un estandar- la bisutería, hasta las chácharas de oro falso y los' &amp;ibelopaÍabra, por Guillermo Prieto, este homérida, casi des•
conocido por la generación dt, hoy, y destinado á una re• te, los muestra como un escudo, son su orgullo y su fun. tts de exportación, con tal que juegue en ellos un reflejo
surrección eepléndida .. ... .... ¡B,yantl Y recordaba algu• damento; como los pies son tan sólidos, el movimiento aunque lejano, del sol del arte¡ y, en eegundv lugar (y
ha sido tan continuado; esos pies fuertes quieren decir éaio no gut=tarta á loa amables jefes de la casa) no ll~var
nos versos suyos, eleganr.emente vestidos pJr el seíior
progreso, dicen go a head.-La tercera cosa que llamó dinero, \8.mbiéo como yo, por varias ra7,0nes. Con no
Maril!cal: 1.hanatopsis, el Ave acuatü.
nuestra atención es el ejército de muchachas que hay en llevar dinero lo ve uno todo y lo saborea todo sin la an•
De el Ave acuatil sou estas estrofas aladas ........ .
cada uno de estos almacenes. Al margen del tmbaio que guatia y el tormento de tener que elejir por valor de mil
¿A dónde, entre esos hómedos celajes,
requiere fuerza mwculat y esfuerzo prolongado, el ame- ~sos c~ando comodamente puede escoger.ae por valor de
perdJda vas en el confin del cielo?
¿A. d6 se tiende, al espirar el dia,
cien mil. De loa productos de la casa, de lo no impo1taricano ha dejado á la americana (irlandesa, alemana,
tu solitario vuelo?
canadense etc.) un espacio en que va creciendo todos loa do, lo que más me gust.ó fué, la colección de :floreros formados cada uno de ou cáliz inmenso de cristal de coloree
días; el margen devora ya la página.
indefinibles de mágicos viaoe y que en las salas americaLa mano amJga qne de zona en zona
por el desierto azul tus alas gula,
nas se ponen sobre el piso y te coronan de crieantemas
gulan\ mi paso en el revuelto mundo
y de peoofae-, y los vasos de formas extrafiaa como las de
hasta. la tumba fria!
Si yo fuera el Califa de Bagdad, tendría en medio de las flores asiáticas y de reflejos metálicos. El cris~l es
un zafiro liquido, sobre una roca del color de rosa de las tan puro que, llenos de agua limpia, parecen vacíos la
perlas color de rosa, una cabaña con su sombrero de pa- luz arranca de sus vientres redondos, de sus cuellos cí~•
Es una scrpresa en medio de estas ciclópicas arquitec·
ja dorada, al lado de la cual descollase esbelta y sonora,
turas, en que las proporciones se ahogan en las dimen• una ~ola pa!ma, cuya ,;ompafiera de amor se irguieee en nicos, de sus a.zas elegantes y puras, no se qué llamara•
siones, la casa del Herald. Empieza, namralmente, deba• la leJana orilla del estanque; me gustaría ver: el reflejo das de oro, no sequé cambiantes y tornasoles suavísimos
y exq.uisitoa; aquello es el triunfo del matiz, ee la poesía
jo de la calle, pero mny abajo, y surgeá la luz, pasa sobre de mi palma en la diafanidad del abismo azul del agua
cnatal de los decadentes, cuando son poetas; aquello
los inmensos cristales que almacenan en sus ea.trafias un de improviso plegada como un velo de seda por las pro~ en
poco de la claridad de la calle, y se eleva, apena.e, á. la cesiones rítmicas de loa cisnes eucarísticos de Rubén Da- no es el color, es
altura de los p1imeroa pisos de loa edificios circunstanrlo, el poeta que h~ 1::ncontrado en el fondo de la gruta
la. nuance!
la nuance scule fia.ace
tee, con un aire elegante y artietico de palacio italiano, de fierro y oro del 1d1oma eapafiol, no se qué música abs¡·Uh!
e reve au r~ve et la flO.te au cor,
de columnas esbeltas y arcos de fáciles curvas, tales co• oondita é inefable, como el goteo de cristal de una fuenmo los erigían en Tuacaaa ó LombarJ.ia los incompara • te mie~erioea. H~bría un eo1 en mi ciel_o, eso sí; pero le
bles maestros del cuatroce,,to. En la amplia acera, recar• ponjr1a un abat-;our del color verde-mlo de la sonrisa
En una tarde como ésta en que la lluvia ha lavado el
gado en un apoyo meulico, puede ver el traneeunte el de la momia que fué la novia de Tó&amp;filo; habría nubes en humo de la atmósfera y el claro azul polar del cielo des•
1íiro del gigantesco diario y desarrollarse en torno de los
mi cielo, un cielo sin nubes es un dormir sin suefl.os y pués de la fuga de las nube'!, impregnlldo del oro m'uerto
formidables tambores de acero la tira kilométrica, que en esas nubes reeleria yo, reducidos á. realidades eap~de un ocaso de otoño, parece un domo de cristal metálicortada en fragmentos infinitos pone en comunión, al tralea, todos los versos de todos loe poeta~, todas las vi- co, como l~a de T1ffany, es un punto de vista incomparatravés del espfrirn embebido en tinta de un grupo de pe- siones de todos los inspirados y el aire filtraría en mi al- ble la estación del Ekvado, cercana á Unión Square en
Yiodiataa, anóniwo y casi irreaponeable, el alma de una ma al través de mis tímpanos todas las notas sonoras de el punto en que el ferrocarril aereo corta la Calle C¡torciudad y el alma de un .mua.do. Solo el poder de la Iglelas liras, los ritmos de todas las arpM, los plaflidoa ce. En tod111a extensión de la calle, hasta donde la visaia en la Edad Media ó el del Consejo del Príncipe en el de todas las flautas, desde la de Pan hasta la de Verlai• ta alean.za, corre ondeante y rumoroso un doble río de
Alto Imperio, puede dar una idea de este poder quetodQ
ne. -Habría una luna en mi cielo, la dejaría yo con plnmaE", de sedas, de armiíloa, de todos los azulea de tolo comprime y todo lo difunde, confuso, difuso é ili· au color de oro nocturno, afeminado y azul la dejaría dos los g1iees, de todos los blancos, de todos los Púpuras
mita.do por ende, de que es un órgano magnifico esoo nadar en el estanque etereo, siguiendo la pu~ta de la va- d~ todos los negros; aquella P&lt;?li.cromfa que hace en 1~
Ne:w-York Herald. El peri6dico, matador del libro ( el ma- rilla de marfil de mis ensuelloa ...... ¿Y la lá.mpara del vista el efecto de una larga cancrn de terciopelo y besa
tador ..le .Notre Dame) que va haciendo de la literatu· hogar? .Esa, con e~ CC?rona de cabezas rubias, quedaría loa oidos con el interminable frufrú de las sedas que se
ra un reportazgo, que convierte á la poeafa en el análi- encendida, con mi vida por aceite, en el fondo de mi co- tocan y de las risa e que se encienden en la.e bocas en flor
ais químico de la orina de un poeta, que reemplaza la.s razón.
de láa razaasanguine1t.a, da un atractivo paralizador al
noches d~ Muaset con un detalle secreto de la alcoba
Todas las maflanas bajaría yo mi eecalera de marmol espectáculo; no quisiera uno dejar de ver.
de JorgeSand, que ha hecho de la elocuencia un telegra• blan_co, t.alla~a en las estrofas de Leconte de ,Lisie; paFuimos á ver más de cerca y nos mezclamos á aquellas
ma, que disuelve y homeopatiza todo sentimiento, toda sea.ria m~a miradas de ~amalte con ia hierática majestad dos ó tres mil mujeres, casi todas elegantes que tendéan
pasión, todo arranque, trasmutándolos en glóbulos de sen• de un J?)lto,. por el horizonte, de día entenebrecido y de como aquí dicen, en los lujosos almacenes' de la Calle
saciones; que ha dado al valor el aspecto de una empresa noChf:: llumrnado por la foi:midable montaña Hago, en Catorce. Se _cuenta en N. York que un abogado me.xica•
teMral y á la guerra el de una corrida de toros; que ha erupción perenne¡ en segmda me embarcaría en la tri- no, muy seno y muy devoto, decía á. un compatriota que
sentado á. la humanidad entera en un circo romano des- rreme de ebano, inarustada de plata de la rnina Cleopa- lo veía vaga~ frente á los ~emplos protestantes ó catoli•
medido, .de1de clonde se ven pelear y morir, al reñidor tra y en la orilla opuesta amarraría la galera é un muelle
cos, un ~omrngo en la Qomta A venida: estoy buscando
en la pue1ta de la taberna, al duelista junto á. la tapia y saltaría en tierra y e_ntraría en una casa de aapeJto u~ una mu]er fea.-Probabtemente no todas estas mujeres
del cementerio, á la horda africana que busca con el ho. poco sombrío y ferrugmoao y esta casa, resulta.ria un pa- que _recorren la C.1lle Catorce t,a n ligeras, tan rieuefiae,
oico morrudo la yugular tronchada dd enemig,&gt; para be· lacio de cristales, mármoles, broncea y padrería sobre tan Jovenes1 tan elegantes, tan fuera de la idea que nosoher su sangre á grandes tragos voluptuosos, al espafiol
cuyaa_veatanas y vitrinas se leería este letrero uTijfany .11 tros nos formamos de la yrmkee, por loa ejempleres enóramari.llo de fiebre, que espía en la manigua el reflejo dei
Invito á ustedes á pasar por entre estos interminables mea,deaváídos, anémicos y deespejuelosquesuelen llegar•
machete y mata y mata, para salir del infierno cubano mutstrarUJs horizontale9, debajo de cuyos combos crista•
n?a del 9~ete, probablemente, decimos, .ao todas eon bo•
por la escala de la muerte; al italiano ......... ¿Pdro ádón- les se aglomeran en confuiiÓn artística todas la3 baratimtas, 01 tienen todas el porte pariaieaee, ni. ..... Pero lo
de voy á parar con este arranque de peaimi.:Jmo? No sé; jar posibles, de3de la sombrilla d::, p:1ño de oro e:1m.1.lt:a.- puecen. Es una multitud cosmopolita en que ca:n._;&gt;ean
:E;N TIF:RRA. Y A.1'1K:E;:E;

•
••

Y

•••

•••

•

�OOMtNGO

EL MUNDO

30

DE JUNIO DE

1&amp;fn

DOMINGO •o DE JUNIO DE 1897

los productos de todas las lalitudes y dj todos loa cruzamientos rebosando fuerza y savia, saturada de caldo rojo de ro~sbeef, y de jugo dorado de uva y de calor psíquico de te que la excita y Ja lanza al través de este aire frío
que busca la tez para morderla tras el velo de punto,
es una multitud semi-enloquecida por el aspecto de los
artículos de lujo, que tiene una :fisonomía colectiva,
hermosa, gallarda y brava..
_
.
Pararse, cosa muy mexicana; aqu1 nadie ee para,
yo no conozco paradoe en las calles de N. York ma!'I que
á Washington en las gradas de.la Sub-Tesorería en "\ValSt., al general Lafayette por aquí cerca y al gran pario·
díata Horace Greelcy en una de estas esquinas agudas q11e
forman Broadway y 1~ Avenidas; dicen que 1f.ranklin,
un admirable y fastidioso grande hombre, Lincoln, l- 1
supremo leiia1or que hizo l~ñ.a de la esclavitud, y el her61co condotiero G,nibaldi, están parados, por ahí también· pero para lograrlo han necesitado ser de brt,nce,
sin~ los habrían obligado á andar ó a meterse en un jardín c'ualquiera. Paur1::e, decía yo, junto á la inmensa vidriera de un aparador de éstos, tras de la cual se amontonan y desmm·onan las p_irámides de pieles. ricas, d_e
sedas de peluches, de éncaJeS, eo una decoración mult1plicacÍora de espejos de inver.&gt;símil tamafio, y ver pasar
aquella intermioable teoría, de mujeres crujientee y
perfumadas bajo sus plumones de avestruz ó de feider,
de ojos encendidos como .gemas vivae, de bocas entre·
abiertas, y todas ellas entre un relampagueo de raso y
terciopelo reflejado, como un vuelo. de pájaros ~n el agna,
por el cristal del escaparate próximo, ea un 1mpagabld
espectáculo, es un codeo voluptuoso con la civilización
vestida coa el arlequinesco traje de la moda y sacudién•
do los cascabeles de oro, ebria de lujo y de placer.

EL MUNDO

HACIA EL POLO
P~R

FRIDTJOF NANSENTraducción para "EL MUNDO."--Ilustraciones tomadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.

*
**

Estos yankees se p1gan unos gustos capace~ de hacer
estremecer de envidia en sus tumbas académicas á todos
los puercos de la piara de Epicuro d~ Grecia y R.oma,
entre quienes descollaba el poeta fa vor1to de loa antiguos
magistrados, de las antiguas su~remas cortes de)us~1&lt;:ia,
el Venusino como se le llamaba siempre al gotoso.Y d1vmu
Horacio. Sr les da.ria envidia esto de ingurgitar, como
lo haciamo~ mf compallero y yo una caotidad respetable
de ostras de N. York ( bluepoints) regadas por uo auten·
tico y caro y deleitosamente acidulado vino del Rhin, en
Ho_tfman-house, una regia taberna en esta. ciuiad en que
las tabernas son tan lujosas como los gabmetes dentales.
Figúrenee nue2tros lectores que cuando nos repantiga mo3 frente á las ostras consabidas, habíamos admirado,
colgados en los muros de este emporio de la cerveza y de
el manhattan-coklail, algunos cuadros bellísimos de la
antigua escuela italiana y que, delante de nosotros, en
un altar de plantas exóticas1 rodeado de guirnaldas de
las flóres eléctricas de Edison 1 brillaba un gran cuadro
de Bouguereau1 primoroso, indefecto, un pJ~o sordo y '
marfilino de colorido, las ninfa,~y el sátiro, y entre una y
otra docena de estos delioados moluscos, que aquí echan
á perder con una EalEa blanca que eabe á yodo1 ob1:erva•
bamos cuán agradable y hermoso es todo en el famoso
maestro francés: plantas, mujeres desnudas, lontananzas
húmidas y sombrosaE, agua transparente, movimiento
admirable del grao. orangután cornudo, con patas de
chivo y rostro de viejo lúbrico que se deja arrastrar al
estanque por las ninfas traviesas y reidoras¡ todo es en·
caatactor 1 todo bonito y poco· después empalagoso .. ...... .
¿Por qué es empalagoso? No lo quiero decir y eso que soy
terriblemente dulcero; ésto me empalaga. ¿La razón? No
me lo pregunteis, os digo, por que lo ignoro.
Cuando regresamos á nuestro hotel encontré algunas
amables invitaciones, una entre ellas, del señor general
Fr., tan conocido en la sociedad elegaote de México; pero ¡ay! tenia tanto cansancio en los piee\ t-anto grillo en
la cabeza y tan poco)nglés e!l la punta de la lengua
que ...... aprovecho esta oportumdad para darles las más
repetidas-gracias.

/

....

1/

N

!

r'1
. ~;,

~-

I

l

1

~

;-

' i'
1
-~

:

MONUMENTO A LOS HEROlS SIN NOMBRE

La idea es bella, es justa1 y hace recordar la estrofa del
poeta: dirigida á esos héroes sin nombre.
La ingratitud ·de vuestro sino aterra
la musa de los himnos elegiacos;
en las cruentas labores de la guerra
sembradora de lauros, fuísteis sacos
de estiércol, ¡ay! para abonar la tierra.
Para los héroes sin nombre de México, florece, empero,
la gratitud. ·
A iniciativa del sefl.or General don Francisco O. Arce,
se levantará en su honor un monumento, c11ya ilustra•
ción damos¡ su parte artística está á cargo del escultor
Enrique Alciati, y su costo sera de $551 000. Esta cantidad está reunida y para la erección se aprovechará la
base del monumento que con distinto objeto iba á levan•
tarse E'n Bucareli.
El sefior General Arce cuenta con el apoyo del aeflor
Presidente y de otros distinguidos personajes.

Monumento á los héroes sin nombre •

Para mí la naturaleza es enemi_ga, el campo me parece
mortuorio. Eea tierra verde me parece un grande cementerio que e~pera. Esa hierba pace al hombre. Esos árboles crecAn y verdeguean de lo que muere. Eee sol que
11.1ce tau claro. impaeible y pacífico, es el grao putrefactor. Arboles, agua, cielo, todo eso me hace el eft::cto de
una concesión á perpetuidad en que el jardinero renova~
rá un poco las flores en Primavera.
Italia tiene la melancolia de una ciudad del pasado.
Sus hombree-, sus mojeras, eus moounientos, tienen lineas
de historia antigua. Las casas os miran como de las lejanías de un recuerdo. Todo lo viviente que se ve, tiene el
aspecto de haber vivido ya Y aq_uf y acullá hermosos y
grandes ojos alumbra1los por la nuúari" y semejantes á
esos lagos donde confusamente, en el fondo, se divisan
sombras de ciudades muertas.

E.

Y

J.

DE

GoNCOURT.

NUESTRO FOLLETIN

Con este número acompañamos la. primeraparte de

"EL DINERO DE LOS OTROS"
novela cuya segúnda parte repartiremos con
el próximo número, formando el todo la prima correspondiente á Junio.

t

j

~-~~,.acc-

Justo Sierra .

•

et"'

OTRO PAGO DE is,6Ig OE "LA MUTUA"

E:N TAMPICO

Recibí de «Tbe Mutual Life las. Co of New-York 1 ¡• la
cantidad de $5,6.1.9.';.5, cinco mil seiscientos d.lez y 11ueve
pesos, eetenta y cinco centavos.
$5,000.00 suma asegurada }
619. 75 premios devueltos en pago total de cuantos de•
rechoe se derivan de la Póliza número 597,361 bajo la
cual estuvo asegurado el finado SE~OR DANIEL DE LEON.
Y para la debida constancia, en mi caracter de tu,or

de los mP.nores, hijos del finado, qne son: D.iniel, FranC'ieca., Albe1to. Carolina, Jost'fa, ~hrnuPI, Virginia1 Ma,
ria, Soledad, José Pdtricio y Leóo de Jesfü dtt Leoo, corno beneficiarios nombrad0s en la póliza, extiendo el
p,esente recibo en esta misma póliza, la cual se detuelve H la compiflia para su cancelación, en taropico 1 á. 10
de Junio de 1897.
Firmado,

LAURKANO DE LA So-rA.

El Licenciado Ricardo López y Pdrra, Escribano Pá.•
blico, PD ejercicio, en este Puerto,
Certifico: Que en mi preeeucia, entre,gó hoy el sefior
Federico M. Ouhutz, B11inq11ero de «Tbe Mutual Life Insurance Company of New-York,u al señor Laureano de
la ~ota, Tutor de los mAnores hijos del finado eeñor Daniel de León, que son: D miel, Francisca, Alberto, Caroliua, Josefa, ManuPI y Virginia, María Soledad, José Pa
tricio y León de J¡-,sús de León, beneficiarios de esta
póliza número 597,361, la EUtna di;, cinco mil seiecíento9
diez y nueve pesos, seoont,a y cinco centavos, que ex pre•
ea el recibo q11e precede, firmado ante mí por el citado
sei'lor de la oota.
Para eons~ncía sello, shmo y firmo la presente, en
Tampico de Tamaulipas, á ka diez d1as del mes de Junio de mil ochocientos noventa y siete.
4

Firmaio, R1rA..ano LórEZ y PARRA.

E. P,.

~riafjof Nansen \' su esposa $t?a .
•

L

�DOMINGO

EL MUNDO

20

DE JUNIO DE 1897

-

DOMINGO

~

20

do JUNIO do 1897

Si los bancos alcanzan, sin embargo, un espesor frecuentemente mucho más considerable, hay que atribuirlo á los efectos de las presiones que detienen los hielos.
Cuando se superponen muchas capas, viene la helada
que forma del todo una masa compacta, en la cual ea imposible encontrar la huella de formaciones diferentes;
eso era lo que ee había producido en el Fram.
...... Pero lo que apasionaba á Naneen más que todas
las otras invest.igacionea, era el estudio microscópico de
un mundo nuevo, el de las plantas y de los animálculos
que descubría en todos los depósitos de agua dulce, formados sobre los bancos por la fusión de las nieves.
«Desde la maflana basta la noche y de la noche á. la
mañana, me absorbo en mis contemplaciones microscópicas y no veo á nadie alrededor de mí. Vivo con esos
seres minúeculos en su universo aparte, donde nacen y
mueren, generación tras generación, donde se persiguen
sin descanso en su lucha por la vida y donde sua amores
están hechos de las mismas sensaciones, de loe mismos
sufrimientos y de las miemas alegrías que los amores de
todos los seres vivientes, desde ellos, loe infiuitamente
rudimen·arioa, basta el hombre. Preservarse, propagar,
se, esta es la hietoria universal.. .... Sos luchas no son
menores que las nuestras, y, en cuanto al amur, veo con
qué pasión se buscan! Con todas lae célu!as de nuestros
cerebros, nosotros no lo sentimos más fuertemente que
ellos ......... )&gt;
LOS BANCOS DURANTE EL ESTÍO.

El

LA PRIMAVERA. Y EL ESTÍO DE

1894.'

A juzgar por los primeros mlfflea de la derivación, la permanencia del Fram entre los hielos polares, prometía es•
tar casi completamente exenta de aventuras sensacionales
ydeepisodiosdramáticos. Lo más fre4,.ientemeate, Naneen
se felicitaba; pero algunas veces lo d9p1oraba. 1iTengo ca•
si verguenza, escribía el 28 de Diciémbre de 1893, de la
vida que llevamos, al abrigo de los sufrimientos de la larga noche invernal que se pinta con los mis sombrioa co•
lores, y sin loa cuales una expedición ártica, carece por
completo de refinamiento; ti nuestra vuelta, nada tendremos que contar.... .. )) Más esta queja era injusta: Naneen no podía desconócer que al contrario, sería su gloria
llevar á. buen fin su expedición por la sola infalibilidarl de
sus previsionee-einó de sus cálculos- y no en triunfo,
día por día, de dificultades imprevist.ae.
Había tenido, al confiarse voJuntariamente á los bancos, terror de lc,e marinos, cementerio de tantos buques,
tanto heroísmo cJmo los predecesores de Fridtjof Nansen no habían desplegado jamás, para huir ante ellos,
luchando al mismo tiempo, brazo á brazo contra los peligroe indomables que temerariameute habían abordado.
Aun los héroes imaginarios de Julio Verne, cuando se
encerraban en una bala enorme.que un formidable cañonazo debía, á través del espacio, enviar matemáticamente á la luna, apenas si emprendían un viaje más extrafl.o
que la tripulación del Pram cuando éete, por Sil plena
voluntad había penetrado entre las mandíbulas del hielo siempre listae á. devorar y á cerrarse de nuevo, á fin
de aer llevado por ellas hasta el polo Norte.
Tanto como el éxito final, la seguridad durante toda la
derivación, debía pues ser la jusüficación de la audacia
razonada de Naneen. Pero él no hubiera sido hombre de
acción si no se hubiera quejado alguna vez de que ......
la desposada fuese demasiado bdlla,--el Pram sobrado
confortable, la alimentación, sobrado suculenta, los osos
blancos demasiado útilee-y no lo atormentase la impaciencia de ir muy presto hacia adelante. Algunos diaa
después de haber escrito en su diario esta frase un
poco splinítica. 11 ••••••••• A nuestra vueita nada tendremos que contar .. .» se formulaba á. si mismo por primera
Tez el graü proyecto qoe comenzaba á. acosarlo. ,,Peter
Henriksen y yo hemos dado un largo paseo en la dirección del N. N. E. El hielo estaba liso y plano, perfecto
para el trineo; cuant() más avanzábamos hacia el Norte,
mejor estaba ...... &amp;rm posible con p,rros y trineos ir sobre
eiU hielo ha8ta el polo, á. condición de abandonar el buque
ein esperanza de vo~ver á encontrarlo, y de batirse en
retirada cuando llegase el momento del retorno, en la
dirección de Ja tierra de Francisco-José, del Spitsberg
ó de Groenlandia. Podría casi dPcirse que para doe hombres la expedición serí~ fácil. P~ro babia que precipitarse mucho para emprenderla en la primavera próxima,
.antes de saber qué suerte de derivación nos reserva el

11

L3rgas y frecuentes excursiones eran emprendidas por
el doctor B!t::ssing, en busca de algas; y por el doctor Naneen que, por ocupado que estuviese con sus trabaj()fj científicos del momento, pensaba sin cesar en el porvenir.
El porvenir ua el viaje en trineo que proyectaba para
el afio siguiente. Seguir lae transformaciones de la superficie del hielo, en el curso de la primavera y del estío,
era pues del más alto interés, para él que, en la próxima primavera, contaba con lanzarse sobre aquel hielo á.
la conquista del Polo.
Durante el mes de Abril, loa bancos fueron excepcionalmente practicables para los trineos y para los hombres
provistos de raquetas. En Mayo se produjeron numeroE=as rupturas por el viento, y dieron nacimiento á. otros
tantos canales 6 grietas en la superficie de los cuales, elevándose progresivamente la temperatura, el hielo no se
reformaba sino más y más lentamente y cada vez menos
completamente. En Junio la superficie púsose muy ma·
la. Por donde quiera había agua, sobre todo al Sur y al
Oeste. Si un accidente sobrevenía por def:lgracia al buque
en ese morneuto, la retirada hubiera aidu casi imposible.
Pero quién peneaba en la eventuali :lad de una retirada? ..... . uNinguno de nuestros hombres, dice Naneen con
admiración, se alarma de sumergirse siempre más -en el
Norte y en lo desconocido. Cuando &amp;omoa arrojados al
Sur ó demafliado al Oest.e, ea cuando se ponen tristes;
pero si marchamos rectos hacia el Norte, radian de placer: cuanto má.s lejos, m,jor. Sin embargo, nitguno de
ellos ignora que esta es una cuestión de vida ó muerte,
si como casi todo el mundo lo ha predicho, el F'ram se
rompe ó se desliza~omo le paeó á la Jeannett,,-sin que
nos sea posible salvar las provisiones suficientes para
continuar la derivación sobre los bancos. Tendríamos
entonces que dirijirnos hacia el Sur, y poca duda cabría
sobre nuestra suerte. La Jeannette se perdió á loa 77º Nor•
te, y se eabe ya lo que fué de la tripulación. En nuestro
caso, la tierra más proxima eet.á- á una dietancia incom ·
parablemf'nte más grande que el suyo. Estamos á más
de 70 millae del cabo Tcheliouskine por no decir nada
de nuestro alejamiento de toda la tierra habitada ........ .

Fram,'' después de laa presi o nes de hielo de Enero de 1895.

estío. Y además, reflexionando, mq pregunto si obraría
yo bien abandonando á los otros. Imaginese mi vuelta
sin ellos al país! Sin embargo, para explorar las regio·
nea desconocidas del polo, e~ para lo q lle yo he venido
aquí, para esta exploración es para lo que el pueblo noruego ha dado su dinero: es incontestable que mi pri·
mer deber es intentarlo todo para alcanzar elfe fin. Yo
debo conceder un crédito un poco más largo al uplan de
derivación¡i, pero si nos lleva en una falsa dirección, ya
no se podrá ensayar la otra, y llegue quien 1meda.11
Nueve años habían sido consagrados por Naneen ámadurar su plan de expedición polar, nacido de todas las
deducciones lógicas. Durante todo el afl.o de 1894, pesó
él el pro y el contra de este proyecto de marcha en trineo
hacia el polo, nacido de las circunstan&lt;Jias, y del cual,
la primavera de 1895 debía ver la ejecución.
«Abríl de 1894,. - ..• .•• He aquí que ha llegado la eetación
que en el pais llamamos la primavera, la estación de la
alegría, de la savia y de los brotes, -en que la naturaleza
se despierta después de su largo sueño invernal.. .... Las
puertas y las vt&gt;ntanas1 están allá., abiertas cuan grandes
son, al aire y al sol primaverales ......... Nadie puede ya
permanecer en reposo y quiera ó no quiera, cada uno se
siente impulsado hacia afuera para aspirar á. pulmón
pleno los efluvios de las selvas y de los campos¡ el buen
olor de la tierra fecunda frescamente removida, y para
ver elfiord, libre de hielos, relampaguear ante el so1.. ....
-Máe aquí los rayos del sol nocaea ni sobre bosques ni sobre montañas nieobre valles: noiluminanmásque la blancura deslumbradora de la niev~ recién caída. Apenas
invita ese astro á salir del rer.iro donde se pasa el invierno_. ........ Yoº? siento ninguna de las impaciencias de la
primavera y vivo confinado en la concha de caracol de
mis trabajos .... ,.»
Desde el principió de la -primavera, Naneen y euscompafieros tuvieron la satisfacción de comprobar que el
progreso de la derivación del Fram era un poco menos
len\.o que durante la invernada. Pero en suma, se trata•
ba siempre del mismo género de locomoción. El Fram
a_van~aba á la manera de un cangrejo. Cada vez que hábia
sido impulsado de lleno hacía el Norte, seguía una reculada. Era esta, si hemos de creer la ingeniosa explicación
del mecánico Amundsen, politico en sus horW! perdidas,
una lucha per(:!etua entre la Izquierda y la Derecha, entre los Progres1stae y los Reaccionarios. Cuando el vienio Progreeista, f::l viento de la extrema Izquierda, sopla•
ba, él F'ram derivaba soberbiamente en la dirección del
Norte¡ pero he aquí que la extrema Ddrecha tomaba la
barra, y el navío permanecía en su sitio, ámenos que no
retrocediese, con gran desesperación de Amundsen.
Detalle sobrado singular: durante toda la derivación,
la proa del Fram estuvo vuelta hacia el sur. «Iba á. recu•
lones1 dice Na.osen, hacia el Norte, donde estaba su fin,
con la nariz dirigida siempre hacia el sur, Parecía rehusarse á poner má.s distancia entre él y el mundo habita•
do; y se hubiese dicho que suspiraba por las playas me-

ridionalea, en tanto que nna potencia invisible lo arras
traba á lo desconocido ...... »
El i;&gt;rimero de Mayo, el Fram estaba á loa 80° 461 de.latitud norte. Al fin de Junio, había alcanzada el 81 ° 52'.
Pero entonces sopló un viento de reacci6n, según ia exore•
aión del político Amundsen, y, al fin del estío, el 5 deSeptiembre, el buque se volvió á encontrar á los 81 ° 14rdespués de haber recorrido desde el principio del mea de
Mayo, máe de seis grados de longitud del Este al Oeste.
Lo micimo qne en el invierno, el Fram y el hielo que-•
lo llevaba habian, durante este periodo, obedecido á. loa
vientos.
Descepcionado en sus esperanzas de derivación regular,.
Naneen había tratado largo tiempo de explicar la reeistencia que parecían experimentar loa bancos, y las reacciones y los impulsos que :-ecibían, por la existencia deuna tierra más septentrional que todas las halladas antes
de él en esos parajes.
Tras diversas investigaciones creyó reconocer1 por eig•
nos repetidos, que esta tierra estaba próxima¡ muchas veces el vigía señaló su apariencia; pero jamás ninguno
de loe indicios que J. bordo habían parecido grandes com-probantea, se verificó, y bien pronto se modificó la forma.
delas nubes que habían revestido un instante, en el horizonte, el aspecto de una ribera lejana.
Al contrario, un hecho positivo indicaba de la manera mt\s absoluta, que si había una tierra al norte, no podía estar prói¡:ima. Convencido antes de su partida de
que el mar polar era uniformemente poco profundo,.
Naneen, ya se sabe, no se había provisto de cuerdas de
sonda de una grao longitud. Ahora bien, desde la entrada del Fram en los bancos, no había podido, con los medios de que disponía, encontrar el foudo .. Se decidió.
pues, al fin del invierno, á sacrificar uno de los cables
de acero del navío para hacer una sonda de las dimensiones necesarias. No faltaba el espacio en el hielo para
establecer una cordelería. El cable fué desmadejadocon una temperatura de 30 á 40 grados de frío, la manipulación era de las menos agradables-y fué obtenida.
una cuerda flexible y delgada de 4 á 5,000 metros. Desde
entonces Naneen pudo hacer efectuar los aondeoe y no.
cesó de encontrar profundidades euperiores á 3,300 metros, llegando á veces hasta 3,900. Era dificil eeperar para lo de adelante encontrar una tierra.
.
Con facilidad se imaginará que el hielo polar es susceptible de aumentar indefinidamente de espesot por el
sólo efecto de la congelación sucesiva de las capas de
agua; ee extrafi.ará, pues, que el espesor extremo alcanzado por la sola congelación y medido por Naneen, fuéde 3 m. 17. Hecho más curioso aún es que tal máximuw.
fué nntado con fecha 10 de Agosto, en pleno estío: eu
efecto, en tanto que el viejo hielo se funde en la superficie, el agua dulce proveniente de las nieves correpor todas las hendiduras, se instala por efecto de su menor densidad, sobre el agua salada, se congela y forma.
bajo la antig11a una nueva capa de hielo.

EL

MUNDO

«Pero el Fram no eerá destroza.do y nadie cree aquí en
la posibilidad de un acontecimienr.o semejaute. .Esta·
mos como el remador en un kayak; él sabe bitm que un
falso golpe de canalete bastaría para hacerlo zozobrar, y
enviarlo á la eternidad: sin embargo, prosigue sereno su
camino, p&lt;•rque sabe que no dará ese falso golpe de ca·
nalete ...... 11
Al principio de Julio, una presión demasiado fuerte se
produjo cowo para recordará Naneen que fué en elcom•
zón del est10, en Junio, cuando se rowpió la Jpunnette.
A.l mismo tiewpo, la superficie del hielo empeoró
aún: se hundían hasta medio cuerpo en la nieve, fundida á medias, el mismo sh y las raquetas no bastaban á
sostener á aquellos que se aventuraban. Solo con la fusión completa de la nieve, sobrPvenida á fines del mes,
los bancos, dest:mbarazadoa, quedaron propios para la
circulación.
En todas la.e d~preaiones del hielo forroáronse entonces
grandes mares de agua dulce, casi estanques. El Frmn
estaba rodeado de ellos. Había uno á. estribor, demasia•
do grande para permitir excursiones en lancha, al remo
ó á la vela. Esta fué la diversión de las veladas-esas veladas del estío polar que no tienen noche. ¡A bordo de la
embarcación que babia quedado á. fl,,te, el estaio mayor
era cc,mpltto: capitán, Eegundo, cuartel maetre-pero
nada de simples marineroe. De piE&gt;, al borde del pequefio
lago, los ((compañeros del Frarroi y Naneen, el primero, se
diverr.íaa en bombardear el Océano y los chapoteos de
las pequei'íat:1 olas eran un eco a t-gre para los oídos de
eeos hombres, á. quienes recordaban los jjord~ azules y
los lagos de Noruega, de ondas rizadas en estío por los
vientos ligeros. Una manana, la et-nsternación fué general: el estanque esGaba seco. Habíase producido una
grieta en el fondo de eu lecho de hielo, y el agua dulce
había huido basta la última gota.
Además de estos depósitos llenos por la fuente de la
nieve, los bancos se abrían en todos sentidos en grietas
más ó menos profundas. Estos canales no eran demasiado amplios para dar paso al Fram, y por otra parte no
eran demasiado extensos para llevarlo á más de algunos
cablee más al Norte. Fué, sin embargo, durante algunas
semanas una esperanza común á todos los miembros de
la expedición, salvo Sverdrup y Naneen, de que antes
del otofio el mar estaría libre y el Fram á flote.
uEn cuanto á mi, dijo Naneen, deeeo solamente, á. la
inversa de todos los viajeros que me han precedido, que
el hielo permanezca suficientemente coherente y que se
apresure á derívar hasta el Norte. Todo depende en este
mundo del partido al cual se resuelve uno. El que parte
con intención de irá la vtla en mar libre hasta el polo,
se lam"'nta de estar bloqueado por los hielos, más el que
se ha preparado para el aprisionamiento en :os bancos, no
murmurará lo mismo si se encuentra con el agua potable:
ea siempre preferible tener el mínimum de exigencias y
de deseos; quien pide lo menos, obtiene frecuentemente
lo más.»
LOS PERROS DEL nFR.AM»

Antes que Naneen se hubiese decidido á. servirse de
ellos para alcanzar un impulso más hacia el Polo, loe perros, consid&lt;&gt;radoa unicamente como auxiliadores de una
retirada improbable, eran sin embargo ya, por su parte,
objeto de una solicitud especial. Desde el día en que él vi6
en ellos loa indispensables instrumentos de la rel\lizaci6n
de su nuevo plan, le intereearon más particularmente
aún. En ellos estaban fundadas todas sus esperanzas.
No los perdía de vi~te, y á cada paso ee encuentran en su
diario notas relativas á su instalación, á su cultivo y á
su medro.

~un sondeo de.3,850 metros•

•

,pi
LO$ MENUDCS Il\CJDE..',"TES DE LA VIDA .ESTIVAL

La visita de volátiles numerosos y variados, había sido
el gran acon\.ecimiento del estío. La gaviota de Roas es
el pájaro raro-en el sentido propio de la palabra-de
las regiones polares. El 3 de Agosto, Naneen tuvo la suerte de matar tres ejemplares en un solo dia ... ... «Este raro y miaterioeo habitante del desconocido Norte que no
se percibe sino por casualidad, y de quien nadie sabe de
dóude viene ni á donde va ...... desde que llegó á estos
parajes fué perseguido por mí sin tregua, cuando mis
ojos erraban sobre la soledad de los espacios helados. Y
he aquí que se me ha aparecido cuando yo menos lo es~
peraba ...... »
Menos entusiastas por 111.s gaviotas raras, las plantas y
los seres microecópicm1 1 los compafieros de Fridtjof Naneen tenían otrns placeres-en los cuales el jefe de la expedición no dejaba por lo demás de tomar parte; largos
. partidos de cartas en el puE&gt;nte, concursos de.tiro, Y. so•
bre todo celebración de las fieetaa y de los amveraanos,
-ocasiones estas de ngocijo, tanto más frecuentes cuan•
to que no se dejaban pasar los aniversarios nuevos, tales
como la partida del Fr.a m, el paso del cabo Tcbeliouskine, la entrada en loa bancos, etc.
La fiesta nacional del 17 de :Mayo ( aniversario de la
constitución) dió lugar á manifestaciones tales como de
seguro no ee habían visto jamás en el 81 ° de latitud: des•
pertáronae al són del órgano¡ comieron salmón ahumado,
lengua de buey, etc; mofioa de cinta fueron enarbolados
por cada uno, aun por el viejo Suggen, el decano de loa perroe, que moetra ba uno en la cola ...... á las 11 procesión, á
banderas desplegadas, con Naneen á la cabeza agitando
el pabellón noruego, «puro» ea decir, sin el signo de la
unión con la Suecia. (los 50 grados de frío del inviei-no
no habían resfriado las convicciones pol.fticae de la tri•
pulación del .Fram, ) ...... Esta procesión era el clou de la
fiesta: la gran flámula del Fram estaba fijada á una asta
que mantenta Sverdrup; Johansen y su acordeón, en un
tríoéo que conducía Mogatad, repre3entaban el carro de
la música; Jacobsen y Henriksen llevaban fusiles y harpones; Amundsen y Nordahl, banderas rojas¡ el doctor
Blessing, seguía con una bandera de manifestante, reclamando un día de trabajo normal-bandera que consistía
en un jersey de lana con las letras N. A. (1) bordadas
sobre el pecho: al cabo de un largo palo y que era de un
bellísimo efecto. Juell llevaba Jas cacerolas sobre las espaldas y los meteorologistas cerraban la marcha con un
gran eecudo de armas de fierro blanco, atravesado por
una banda roja sobre la cual se distinguían estas letras:
Al. St. significando en noruego: Sufragio Universal.
E-~te cortejo imponente dió por dos ó trea veces la vuelta al navío¡ los mi mios perros marchaban gravemente,
como si jamtis hubiesen hecho otra cosa. Cuando volvieron á bordo, un saludo formidable (seis tiros de fuail sucesivos) retembló y tuvo por principal efecto asustar á
los perros, media docena de los cuales huyeron á esconderse detrás de loe humm.ok y los amontonamientos de
hielos, donde estuvieron escondidos durante muchas horas ..... . Mas ya toda la compafiía estaba instalada en la
mesa para el festín que tuvo un ·m.enú espléndido co11 intermedios musicales. .En una palabra, fué aquel un 17 de
Mayo muy alegre.
En seg·1ida vino la fiesta de San Juan, pero fué triste. ...
1(La víspera de San Juan, escribe Naneen, habrfamoadebido encender, según la costumbre, 11n fuego de alegría¡ mas
consultando mi diario no me parece que hayamos teni~
do el viento conveniente........... » Acaso también faltaba
lª leiia ... .... .. ((Hemos visto muchas veladas de San Juan
(l\ Nonnal Arbeid-irlage: dia de trabajo normal: reclamación fundada. de un médico que jaml\s t.enia que hacer.
.

�...

EL MUNDO

DOMINGO ao DE JUIIIO DE 1'97 _

1eDeapués Amundsen entró á en vez á la danza, en tanW
'Clue los otros encuadtrnaban.
•
De cuando en cuando circulaban refrescos bajo la
forma de albérchigos en coneerva, de bananae secas eM:.
-etc.
'
,
«Sábado f6 de Octubre.-Ayer estabamos en el 82º 8'.
A.hora el Fram cumple dos anos. C.Omida exqui.. .... Bebimos á la salu~ del Fram ...... Si Y.º h1?,bi~ra expresado
t?do lo que \ema en el corazón, mi brmdie no hubiera
·e1do tan mesurado¡ por que para decir toda la verdad,
nosotros amamos tanto al buque cuanto se puede amar
noa cosa impersonal. Ycomo no habíamos de amarlo?
Ninguna madre puede dar má1:1 calor y seguridad bajo
su:1 alas.,,
El 4 de Noviembre en el curso de un paseo c'ln raqu~
tas, fueron muertos una osa y dos oeillos. 11:Los dos cac~orros nos proporcionaron un delicioso plato de Navidad.,.
«Martes 1S de Noviembre.-38° de frío ..... , Una expedi•
cióJ? con ra::¡~eta.e, llena de encantos, al fulgor del plenilu010. ¿La vida es un valle de lágrimas? ¿Constituye acaso una suerte deplorable, lanzarse, rápido como el viento.
rodeado de perros que saltan, sobre el hielo sin fin, á
t_ravés de una noche como eeta? La helada pincha y h0f't1ga. Las raquetas y los ski se deslizan sobre la superfi-cie unida, á penae sabéis si tocais el suelo y las estrellas
cintilan allá arriba, en la bóveda azul. E~to es verdader~mente más de lo que ee tiene derecho á es:perar de la
v1~a ... .... es un cuento de hadas de otro mundo, de una
existencia futura ...... n
Después de haber deliberado con Sverdrup v tras maduras refluiones, Nansen había escogido it Han'3en pa•
ra eer su c&amp;mpaflero de viaje en su marcha hacia el Polo.
Eet_e, desde que ee le hi,;o la proposición, aceptó con entoBiasmo. Al día siguiente (20 de Noviembre) Fridtjof
Naneen anunció su resolución y expuso su plan á toda
la tripulación reunida.
ccCreo sentir-leemos en su diario-que todos e3taban
profundamenteinteresa.dos~r mi proyect l de expedición
yqueuná.nimentepensaban que la tentativa debía bacerea. ~aprinoipalobjeci6n, según pienso, que hubieran puesto et yo les hubiese interrngado, habría sido que ellos mis•
moa no podían formar parte. Yo los convencí no obstan·
te1 de que si era deseable ir tan lejos cuanto fuese posi•
ble hacia el norte, no era meno!! noble empresa la de lle v!lr al Fram, sano y salvo al otro lado del mar polar-y
mn6 al Frmn cuando memos á ellos mi;i;mns, 11in que nin•
~uno faltase al llamado ... ... E3pero que habran compr~n-

1

dido la fuerza de mi razonamieoto y que estarán satisfechos. Ahora la suerte está echada. ))
C.Onstruir los kayaks y Jos trineos especiales, escoger
los. trajee más prácticos á la. vez, para no entorpecer la
marcha de los '\'iajeros y para ~reservarlos del frío, de·
terminar la naturaleza y la canhdai de provisiones que
habría que llevar ...... e..C., etc. Estos trabajos y cuidados
diversns ocuparon desde entonces todos losinstantesde los
miembros de la expedición. Sverdrup eonfeccioniba le·
chos portá\iles; Juell, prom!'lvidn á. sastre de los r.rros,
fabricaba y ensayaba abrigos. Blessing compon a una
farmacia de viaje, surtida¡ Hansen ponía ea. limpio las
observaciones anteriores y preparaba los instrumentos
que debían llevar Nansen y Johansen; una. copia de
todos los diarios y de todas la'I observaciones, q11e Na.osen debía guardar por precaución, ejecuhda en papel
delgado.
El :nvierno era rndo. Pllr la primera vez había un enfermo á bordo del Fram: Sverdrup, atacaio de una especie de catarro intestinal.
El 13 de Diciembre, gran fiesta: la latitud de 82° 30' había sido alcanzada y el Fram hacía el record de la más
alta latitud á la cual un navío hubiese llegado jamás.
833 kilómetr,:,s (la distancia d ➔ P,uís á Maraella es de
860) lo eeparaban del polo ese día.
Doce días después, la fiesta de N..:iet-la segunda Noel
en los banoos-fué celebrada con mis entusiasmo aún
que el ano precedente. El viento hacía extragos afuera,
más era un alegre viento del sur•este; las danzas fueron
endiabladas adentro. Na.Usen y S1ott Hansen hacían de
mujeres.
Los días que siguieron, el Fram rasintió choq11es m4.s
y má.9 violentos. Producfanse al rededor formidables
presiones y más formidables se preparaban.
LA GRAN PRESlON DEf, Mm:I DE EYERO DE

1895.

•Miércoles 3 dP. Enuo de 189;j.-Jamás he tenido sentimiento&amp; tan extraños al prinoipio del afio nufllvo. Eite
será sin d11da uno de los más notables de mi vida, ya me
conduzca al éxito, ya ti la muerte. Los anos pasan en este mundo de hielo y aqní !·a ni IUl.bemo::J lo que le traen
ti la humanidad, ni conocemos lo que el oorvenir nos reeerva. En esta silenciosa naturaleza no hay acontecimientos ........ .
« . .. •.• El dia primero del ai\o ha llegado con el mismo
vientn, las mismas estrellas y las mismas tinieblas qne
el anterior ........ Pero esta noche hemos tenido una ad-

El "Fram" en agua lib re

bajo cielos diversos, pero nunca semejante á esta. Tan
lejos, lejos de todos aquellos á quienes se reune en esa
noche! Pienso en la alegría que reina al rededor de los
fuegos alegres, allá, lejos, en el país; oigo el reclarne de
loa violine1,1, las carcajadae, las salvas de fusilería, loa
ecos repercutidos por las montaHaa empurpuradas. Des•
pués miro alrededor de mi esta extensión sin límites
blanca en medio de la bruma y la escarcha, y escucho ei
silbido del viento.
t&lt;La fiesta de San Juan ha pasado; se enlazan de nuevo
loa días y de nuev:o la larga noche de in vieruo comienza
á aproximarse: acaso nos encuentre tan avanzados como
nos dejó.
u... ...... Y yo deseo casi la vuelta de la noche polar con
gu mundo feerieo de estrellas, aue luces boreales y el bri ·
llo de la luna en el profundo silencio ........ . El día eterno
me obsesiona y me oprime.
ce La paz de la vida ha sido encontrada, ee dice, porlos
santos en el desierto. Aquí ea un desierto también; pero
la p yo no la conozco: supongo qile lo que falta es la
santidad,»
Era sobre todo la ocasión de obrar la que faltaba it
Naneen ......... ccCon q11 é alegría, dice, me lanzara en me•
dio de la vida real, para abrirme un camino sobre el hielo y el mar, con trineos, buques y kayaks! Es bien cierto que es fa::_il vivir una vida de ~atalla; pero aquí no hay
tem¡,estad m baiallaa¡ y yo suspiro por ellas ......... u
Siu embargo, sin que Nansen hubiese aún confiado sus
proyectos á sus compafieros salvo algunas palabras di·
chas á Sverdrup, todo se preparaba, así para una expedición posible como en previsión de las eventualidades que
hici~ran necesario el abandono del navío. Loa trineos
de ruano, eemejantea á juguetea de niff.os, y ligeros como
elloe, habían sido visitados y reparados con eso:iero· los
kaya.ks, recubiertos de piel ó de lona de vela, fá.cile~ de
transportar sobre el hielo en caso de retirada sobre los
trineos de mano que se eatiranáreh.guardia, habían sido
construidos, lo mu~mo que los trineos de perros.
-ccSiento, escribía Naneen-que tenemos, 6 mejor dicho, que tendremos todo lo que es neceeario para una retirada brillante. Yo desearía de buen grado la derroia,
la derrota decisiva, á fin de pod6r mostrar qué recursos
poseemos y poner fin á eeta fatigosa inacción.,,
Pasaba el tiempo en estos preparativos y Naneen no
podia menos que admirar la éerena confianza y la resistencia de sus compafiero3, Una noche, al fin del estío,
platicaba co::?. Petersoµ. el herrero. Loe dos discurrían
acerca de lo que harhm cuando estuviesen de vueha en
el país.
-uOh! vos, decía Lars Petterson, ireis al Polo Sur!
- Y vos, replicaba Naneen, levantaréis vuestras man•
gas y _os pondréis á trabajar?
-Muy probablemente¡ rnlo que querría antes tomarmeuna semana de vacaciones. Ddspués de un viaje tal, ten.
dria necesidad de ellas, antes de ponerme dt, nuevo al
yunque.

,z

-ccEsto ea pura vanidad-se decía-juego de niño1:1 en
comparación de lo que hacemos y de lo que espera:nos
hacer; más á pesar de todo debo confesar que soy demasiado loco para ensay ,r la llt&gt;gada al polo durante el
tiempo de que dispongo.))
El 22 de Septiembre hacía justamente un af'i.o que el
Fr'!m babia eido_ amarrad? á los bancos qne ya no había
deJado. Había sido sacudido un poco por las presiones
se había.hundido un poco en el est(o, más en suma, ahÍ
e~taba siempre: y bancos y navío, los unos llevando
siempre al otro, babian en definitiva recorrido durante
e! atlo trascurrido, no flaca parte de camino. Q~e distan•
eta exactamente? Esto es lo queScott-Hansen estableció
levantando una carta del viaj@ tifectuado.
.Del 22 dA Septiem~re ~e 1893 á l~ fecha correspon·
diente en 189-l, la denvación había sido de 189 mill as ó
3º 9' de latitud. Pero á contar del pnnto más meridin~al
alcanzado en el momento &lt;le la gran recnlada del Fram.
el 7 de Noviembre de 1893 basta el más septentrional
alcanzado en Al curso del estio, la derivación era de 189
millas ó sean 5° 5'.
Del Sur¡/ Norte el Pram h11.bía ganado cuatro grados
plenos, de 77° 43' á Slº 63'. Continuando la línea de esta derivación, se testificaba que había cortado la tierra
del Noreste del Rpit,zbere, después de haber sobrepa•
sado un poco el 84° por 75° de longitud Este al N. N. E.
de la tierra dA Francisco Jo'!é. (1)
.A. razón de3O5 millas por ario, se necesitarían dos aflos
siete meees para recorrer esta distancia: en dos ai'ios siete
meses el Fram volvería á encontrar PI agua libre. Pero diversa~ consideraciones permitían á Naneen esperar que
la l~nea gflneral de la deri vació o, se corregiría un poco
hac_1a el Norte y q1ie el r}pi;iplazamiento sería un poco mi$.s
rápido: de snerr.e que el Fram .podría llegar basta el 85º
y estar de vuelta en Noruega deótro de doB anos.
Pasanio así las cosa~, ~ataba demostrada la hipótesis
de Naneen y su plan realizado con una exactitud riguro•
ea ..... .
\1) Ver la carta publicada en el n úmero autc.rlor.

LA SEOUNDA INVERNADA

Sucediánse las esWWi6nes y el parlido de Nansen es~ba tomado: al fin del invierno de 1894-95 dejaría el Fram
con los perros, loe trineos y los kayaks y marchÍ\ría tarI
lejos cuan~ posible foese hacia el polo.

N.a.naen

de paseo sobre los bancos.

En realidRd ibao á pasar así.
Dejar al Fram seguir triunfalmente el camino qne ee
le había asignado metódicamente, dejar it sus compañeros proseguir la!\ observaciones científicas que juntos ha•
bían emprendido, y con uno eolo de entre ellos, inten•
tar una marcha rápida y directa hacia el Polo mismo 6
hacia su vecindad inmediata, he aquí lo que Naneen
quería hacer.
Además de la expedición del Jlram que en algún modo
tenía menos atractivo para él desde que el éxito le pare•
cía eeguro, quería una segunda expedición, más semejante á las exploraciones árticas anteriores, más aventu•
rada pero preparada con el mismo sentido práctico con el
mismo cuidado por los menores detalles de organización
que la primera.
La segunda invernada del Pram fué consagrada á or•
ganizar Ja expedición nueva.
uJueves 4 d Ocllt'ire- ...... U o estado de ánimo muy ea•
tisfactorio reina á bordo en el momento ee que entramos
en nuestra eegund11. noche ártica, que será, debemos es•
perarlo, (1 ) más larga y mlis fría que todas las que otros
viajeroe han pasado antes que nosotros. La luz declina
cada día, bien pronto habrá desparecido; pero el buen
humor no se desvanece coa el día. Paréceme que nos llallamos más uniformemente satisfechos que lo hemos estado hasta el presente. No sabré decir la ra1.ón: acaso la
costumb re. Debo manifestar también que nadamos en la
abundancia del bienestar ........ . Tenemos petróleo para
diez años, sin privarnos de lqz, y lo que podemos quemar de carbón en la chimenea del aalón, será una baga.
tela con relación á las cien toneladas que poseemos y de
las cuales baremos uso al encontrar de nuevo la mar libre ...... Tendremos más calor este invierno, porque hemos arroja~o una tienda sobre el Fram, cuya popa sólo
est,t des cu b1erta ........ .
11.,Vartes JO de Octubre-Cumplo exar,tamenie treinta y tres
a,1os.
Qué decir, si no que la vida huye y rio vuelve jamás
sobre sus pasos? Todos me han festejado ahora con una
solicitud que conmueve. El navfo estaba empaveeado y
cuando entré al salón, ellos me expreearon ca1urosot1 votos ... .. . El termómetro m&amp;.rca esta noche 31 ° centígra•
dos: Este es seguramente el más frfo aniversario que yo
haya tenido jamás. Comida suntuosa ........ .
,cDomi ngo .'!Jl de Qc,tubre. -...... Un gran banquete ha celebrado el ochenta y dos grado. Menú. expléndido ...... . ..
Después de la cena, exquisita como la comida. pedimos
música, que nos fué otorgada liberalmente toda la velada, por loa artistas hábileR en el órgano. Bentzen ee distinguió especialmente, habiéndole dado sus reciente!!
experimen'-OB con la manivela de la cuerda de sonda, un
buen mecanismo. Por inatantes1 la música se arrastraba
un poco cual si subiese de un abismo de 1,000 á 1,500
brazas; después se avivaba J aleiraba como si hubiese
llt:&gt;gado muy oorca de la superficie. Al fin el entusiasmo
fué tal, que Peterdon y yo nos levancamos y danzamos
un vals y una ó dos polkas.
11. Ejecutamos también graciosimoa pasoa dobla sobre el
estrado un poco estrecho del salón.

)

{l) Por que sen. este el resultado d e una latitud mássept.entrional.

Cuadro de estío (Julio de 1194).

mirable aurora boreal. El cielo encendió su antorcha el
día de año nuevo ........ .
«Juen:s 3 de Elnero.-Un día inquieto ....... Ayer abrigábamos planes para el futuro, y hoy cuán poco ha faltado para que nos quedátamoe sobre el hielo, sin ua. te•
cho para abrigarnos. Cuando me desperté, á las ocho,
oí rechinidos y crujidos, como 1:1i la presión comenza•
se. Un ligero estremecimiento agitó todo el navío, en
tanto que un rugido retemblaba fuera. Subí y no me
sorprendí poco de encontrar una enorme cima de preeión á lo largo del canal, á. babor, á treinta pasos del
Fram; de ese lado extendíanse algunas hendiduras has•
tia meno'i de veinte pasos de nosotros.
..
,:Todos los objetos que se encontraban esparcidos sobre
el hielo: planchas, vigas, materiales preciosos para nos•
otro!!, fueron montados sobre el puente. La cuerJa de eon·
da que había sido dejada en los poz08, fué abandonada á
los hielos movedizos. Un poco antes de medio día volvimos á ~anar el borde. Pero la presión volvió li comenzar
repentrnamente, aproximándose más y más! La situación
era alarmante para el Fram.
.
,e Durante la siesta fueron hechos diversos prepara.ti vos
para a.bandoner el buque 1 si empeoraban las cosas. Todos
los trineos y los kayaks fueron colocados en el puente;
veinticinco cajas de galleta para loe perros, se bajaron al
hielo á estribor; diei y nueve cajas de pan y cuatro recipientes conteniendo en conjunto veintidós galones de
petroleo, se depositaron en la proa, etc. Cuando estibamos comiendo, los ruidos habiiuales de la presión se hicieron oír de nuevo, siempre más cerca ·y repentinamen•
te un crujid() de violencia inaudita est·a11\ó exactamente
por encima de noeoiros. Yo me lancé afu.,,ra.11
U oa grietl en el hi"lo que sostenía al Fram "8 extendla hasta. el buque. DJ pronto percibióse que el agua invadía las PE"rreras. El salvamento de los perros estaba
lleno de dificultades: fué préeiso, con el agua hasta las
rodillas, sacar a.fuerza á. los animales, asustados, de los
rincones donde se agrupaban.
8ac1ronse de la cala provisiones de toda especie, calculadas para nutrir á toda la expedición durante dos •
cientos días, y se subieron al puente, se les agregaron
las tiendas, los aparat,os de cocina y otras cosas. Era má,
de media noche cuando se tomaron todas estas precau•
cionee.
El 4 de Enero, después de una noche relativamente
tranquila, la presión volvió á su obra. Todos los esfuerzos de los hielos parecían dirigidoe contra el Fram, que
desgraciadamente no se desprendía del lecho en el cual

�EL MUNDO

EL

DOMINGO ao dcJUNIO de 1197

MUNDO

I,A CRISIS

EL NUMERO :3:30
Historia absurda.)

1
Esliudiando una vez Histología,
Del anfiteatro en el salón desiert.o,
Una bi11t.oria encontl'P, g,ave y sombrfa,

En la substancia CE&gt;rebral de un muert.o.
¿Cómo la descifré? Yo la atribuyo
A extraf'ia aberración del microscopio¡
J&gt;ejo al lector con el criterio suyo,
La Eometo á eu juicio y ee la copio.
J[

Sobre el puente del "Fram" (Octubre de 1191 ).

estaba empotrado. Así, los iémpanoe Jo dominaban y
amenazaban caer eobre él 1 cuando, si llegaba á escurrirse d~ ~os bancos, se elevara inmediatamente, eegó.o las
previe~ones de loe consLructoree, por encima del amontonam1enW.
Felizmente la hma brilla y permite vigilar loe a.!altoe
del hielo.
El 5 de Enero l~ eituaci6a no ee ba mejorado. Todo
mundo ha dormido veB\ido, con los objetos máe indiepemablee, sea al alcance de la mano sea atados al rede-

d~r del cuerpo. A~ primer aleru tod~s eai.ará.n sobre el
hielo. Tod~ está hato y el orden es perfecto. Los mugidos~ los rugidos de la presión, continúan sin tregua. Es
Ufl rnceaante y ensordecedor estruendo.
La montafta de hielo movediza, ee levanta á babor ao~re el Banco del navío, que ee inclina más y más, y del~ caer sobre el puente témpanos y molee enormes de
niev~ ...... ctP~ter, qu~ .estaba conmigo, cogió una azada y
cornó hasta proa, bmendo la aglomeración que nos in-

En la mesa. Nanaen aren&amp;• á la tripulación.

vadíl\ y arrojándola á. paletadas. Yo lo había seguido
para ver donde está.bamos y ví que era inut.il t.rabajar:
era una locura luchar contra en.,.migo tal con una azada.
Llamé á. ~et.er y le dije : 11~E&gt;jor haríamos traneportando
todo al hlelo. • Apenas babia pronunciado estas palabras
cuando un nuevo asalto se produjo, acompatlado de uii
ruido de t.rueoo.
·
.._-«Creí qu1 tr.1. enviado al diablo con t.odo yazada,. ex•

clamó Peter. 11Yo reculé á toda prisa hacia el puente y
detnve á Mogs~ad, que ee preparaba á seguir el E&gt;jemplo
de Peter. La tienda se plegaba con el pe~ de la nieve y
de los témpanos. Deec~ndí y llamé á todo el mundo al
puente, recomendando qPe no se saliesen por la puerta
de babor amo por 1a cá.marade las cartae, á eet.ribor.
Temía que si las puertas de babor no se maotenfan cerradas, el hielo, haciendo eúbitamente irrupción ee precipitarara en el pasadizo y noa enceriaras como l ratooe11
en una trampa, en tanto que reuníamos losaacosdeefectoe personales que estaban en el salón.
11Su?í yo mi_smo para desata1 á loe perros, que, después
de la 1Dundac1ón de sue perrera.e edaban inetaladoa en
el puente, bajo la tienda, donde después de baber eeca·
pado al ahogo, podían ser sepultados vivos. Abrí la puerta cortando los lazos y ellos escaparon con prest.eza aullan'1o, hacia Pt1lribor.
'
11 Durl\nte eete tieml)O se comenzRba á subir sacos y Pr
tacae. Xo era necesario precipitará. loe bombrPs: E&gt;I bifllb
ee encargaba de estimularloe rugiendo contra los flanco,
del navfo.
.u Era aquello una terrible barbulla en medio de lae \imeblns, tanto mh es~eaa cnant.o q11e para coronarlo todo. el eegundo, en medio d .. la general confusión babfa
dejado apagarse la~ lint.ern89. Debi bajar de nuevo para
buscar calzado: mis zapatos finlandeses estaban Sf'Cándoee. en la cocina. Cuando lJpgué. la presión rabiaba y
las vigas del entrepuente crujían por encima de mi cabe·
28, hasta hacerme creer que iban á derrumbarse.
uEI salón, lo'3 camarotes yel puente fueron bien pron·
t? desembarazados de saco! y no1 pnsim1Ja en marcha hacia los bancOt'. El estruendo del hielo que resbalaba y
se rompía, como una ola furiosa contra el casco del na•
v!o, era tal, q .1e podíamos apenss oir nuestras vocee: mas
bien pronto estuvo todo en fegaridad.
,,Por .lo demits, Pn tanto que arra~trnbamns los sacoP,
la pree16n ee c.J.etuvo por fin, y todo se qnedh tranquilo.
Pero qué espPctá.culo! La banda de babor del F,-wn desparecfa caei bajo la nieve ......... 11
'
. El peligro estaba conjurado, pero la alerta babia sido
v1 va. Naneen f sus campaneros decidieron dejar en lo
de adelanteJ m1entra~ durase el invierno, eus proviaio•
nea, eu e9-mp'), loe trrneoe, loe kayaka, loa instrumentos,
~o dep6e1~to sobre el gran h-ummlH"k que no se deslizaba
Jamtte. C1ertamentt&gt;, el Fram había probado qne su aoli•
dez era realmente excepcional v, en en situación nin gún
o~ro buque hubiera resistido. 'Pero Naneen tenia razón
en penear q~e 11 por coneciente que se eet.é de s11 propia
fuerza, conviene respetar á un antagonista tal como el
hielo!»

!,(Domingo 6de Enero.-Día tranquilo ......... Esta sieeta
Banrnn ha tomado una obsnvación. Estamos en 8-t-º 34r
y hemos eobrepaeado la latitud más septentrional queantes de nosotros ee haya alcanzado ......... Todo el ea•
truendo de estos días no ha eido acaso, después de t.odo.
más que un can.onéo para festejar tan alt.a lat.itud. Si es
así, hay que convenir en que el biefo eabe hacer
muchae cosae ......... No bemoe podido desoa.brir en el
Fram ot.ro deegaste que un puntal dA cubierta de la
borda, qne saltó, y sin embargo, cada hombre dorrhirá.
est.a nocbP, listo para aloan7.ar el hielan
l,(Lun•B 7 de Entro.-...... Noa ponemoe ahoraá escoro•
brar el Fra.m......
•
Esta mafl.ana Sverdrup y yo ht&gt;mos dado una vuelta
por el hielo. A una a.. bil dietancia del navío vimos
que aquel estaba tan unido y compacto como a~tea Aai
la presión,_. limitf.l á un esoa11tir'I restringido, del este •l
oesre, y el Pr .... m ae encontró just.amente en el paraje mál:lmalo ...... *

Música de cámara en el eailón del ufram.''
,, Marln8 de Enero. -...... Ensayé fot.ografiar al Fram á
la luz de la 1una; ke resultados han eobrer,asado á. mi
esperanza ( vé~ e el grabado relativo ) p;ero a cil.lla de la.
mo.ntafia de hielo formada por la pree1ón, ya est.á. disminuida por nuestras atadas, y no da una idea exacta dela manHa con que amenazaba al navío ......
11 . .... . Ll. v cumple ahora dos anos .. .. .. 11
• Coutinuará.
11

11Sabes el nombre que sin pompa. y gala
Ueé muy poco t-n la txistencia breve,
Tanto que me llamaban en to sala
.EL númt:ro trescientos trfinta y nueYe.
Mi profesión, mi edad, rui patria hermosa,
Todo lo viste en t:&gt;l carLel ef;trecho
Que colocó la Hermana carif\oaa
Bajo el nllmero negro de mi lecho.
lle llevó al boapn.al la dura suerte
Que en ser tt,dversa al infeliz se aferra;
No lo creerás, pero fncontré la muerte
Por enfermarme en extranjera tierra.
Por orden del Doctor me examinaste
Con eea falea aravedad que ensayas,
Y en tu libro de errores anotaste
La enfermedad que en mi cerebro no ballaa.
Lo recuerdo muy bien: no hubo oioguno
Que no inquiriese por mis males fieros,
Y ante mí det:filaron, uno á uno,
Con orden singular, tus compafieros.
Me k&gt;maron el pulso, me auecult.aron,
Me oprimieron el cuerpo dolorido1
Y todoe eon afán me interrogaron
Co,ae que ha tiempo relegué al olvido.
Y á pesar de que tanto martiriza
Eee cuadro tan trist.e y tan doliente,
fiiempre hallaba mi labio una sonrisa
Para cada pregunta impertinente.
¡Qué quieres! fu( con mie verdugos bueno
Por no morir con la esperanza en guera:
¡La caridai me recogió en eu seno,
Y as\ ea la caridad aquí en la tierra!
¡Desgraciado de aquel que sin consuelo
Llegue á bm.car s\l.8 descarnados brawa!
¡ Hay que pasar, para llegar al cielo,
Por la sala anatómica en pedazos!.. ...... .

····························································
························"·································
······································••····················

... F~é:·~~· ·;~;d~·d:. o~¿i~;:. ·~~y.

~i.
b~~ilii'd.oso
Cuando hablaba de mí por vez primera:
-uEs un caso, eenores, muy curioso
•Qoeest.udiarán cuando el enfermo muera.
l,(El diagnóstico ee facil. ..... la necropsia
l,(Dirá deepués cuanto explicar me reet.a¡
~amás me caneo de elogiar la autopsia
uPor loe grandes servicios que noe presta.
l,(En la snbetancia gris, al microscopio,
uEeto y aquello encontrarán ustedee ...... •
Y, de lógica haciendo extent10 acopio,
Habló el Doctor de lo que hablar no puedee.
Despu~s mi extraf'io mal fué más complejo,
Máe implacable y fiero cada día,
Hasta que vino al fin, con su cortejo
De tremendos dolore1:1, la agonía ........ .
Así lo comprendí, porque á rui 1ado
Puso la Hermana, por llenar eu oficio,
Un alt.o crucifijo enEangrentado
Que remedó, implacable, mi euplicio.
Ayl á tan noble corazón avisa
Que esa imágen ni alivia ni consuela,
Que ea ho:trfble dejar al que agoniza
Junto á ese Cristo que de eepanto hiela!
¡Cómo ee sufre cuando en danza loca
Giran en torno del fatal madero,
Ua rostro envuelto en eu virginea k&gt;ca
Y la cara brutal de un enfermero!. ....... .
En ese inst.ante en que la vida siente
Que ea organiemo á die~regarse 13mpiez&amp;,
· Por mi familia y por m1 patria ausent.e
Una lágrima t.uve de tristeza.

Llorar aeí por los quP más me hicieron
Llevaderas del mundo las espinas,
Fué el postrer pensamiento que tuvieron
Estas células mnertas qut1 examinas.
¡)li poet.rer pensamiento!.. .... :\le propuse
D'"'Clr verdad y sin querer te engano:
¡l\li postrer pensamiento lo traduce
Sólo un eer qne me adora y no un t'dr&amp;fto!
¿Cuántos ndiosee por d1Jquier hallaran
Dt1 mis úh,imae horas int.ranquilas,
¡;:,¡ á el!e ocular-obscuro ee acerraran
Dd la hermosa que adoro Jás pupilas!
Aquel largo est.nt.or de agonizan.a
Hub11.:ra sido pasajero y breve,
Bi ella hubiese podido en ese instante
Cerrar mis ('ljoe con su mano leve.
Ah! cuandr, tuve esa ilusión que alegra
C..owo rayo de sol tras noche obecura,
Vt dibuj:irse como mancha negra
La eilue,a fatídica del cural
~o recuerdo qué dijo: eola"llente
P.trJidos ecos dt, su voz cris1,iana
Llegaron has~a mí coofucamentP,
Ml:'zdaios con los rezos de la Hermana.
Corno ave pri!-ionera en el vacío
Qu~ al as6xiaree con horror se agita,
Al!Í rui eer se extremfció de frío
Al eeutirl'e rociar d~ agua beodita.
C.,n gal vá.nicas fuerzas combatieron
Todos mis nervios por :a vida bumoea
Y al concluiree eea lucha, me trajeron
De esta Pala anatómica á la loea.
D&lt;lspuée 10mpit!Ld sin temor mis sienes
Por que eabte muy bien que miB dolores
Se a(:¡tbaron por 6n ..•.... y aquí me tienes
Trasladado t\ estos mundos 1nfl:'rioree !
Aqu\ me tienes con la t-xtraf'ia marca
De eete nuevo org&amp;niemo que me apropio,
Tan pequeño que á. vecee 110 me abarca
En eu campo visual el microscopio.
Confieso que hice tan peno1:10 viaje
At.ormentado por dolor proíundo,
Puee como carga pert.inaz me t.raje
Las ra&amp;trerae par:i..,nes dd ese mundo.
Aquí donde me ves no estoy proscrito
De las miserias de la ,ida bumaaa,
Y tal vez, dividido al iufii.át.o,
Sus miemae penas lloraré mailana.
Y maflana t.al vez, en cumplimient.o
De loa destinos de mi vida errante,
Pensaré con tu miamo peneawiento
Y formaré de ti parte int.egrante.
Bmearé con afán á la qut, adoro,
ObJet.o de mie hondos embelesos,
lré en las floree como polvo de oro
Y eent.irii el perfume de mis besos.
In~ á vivir en la 1ragan~ roea
Que orne eu Eeno de purpunme galas,
Y esUré en la nocturna mariposa
Que le rOCA la frente con sus alas.
Estaré en cada lágrima que vierta
Todas Jae v~cts que por mi suspire,
Y á cada inetant.a m1 caricia yerta
La envolverá. en el aiie que ~epire.
Y eeperando con ansia su venida
Yo seré quien mitigue eus agravios;
Me infilt.raré en la copa de su vida
Y @in cesar endulzaré me labioP.
¡Que si santo la adoro! ...... Me sorprende
Tu p1egunta tan llena de mi~eria:
¿No aabes tú que por amor ee entiende
,t;Ba et.erna auacc16n de la materia?
¿No ,abes que dos go1as de rocfo
Si se funden en una es porque se aman,
Q -1e ba~t.a en el seno dtl sepulcro frío
Los átomos se buecan y se llaman?
Y ella al fin morirá. ...... cortos inst.antes
Dura en el mundo la existencia breve,
Y ee unirá. á las células errantes
Dd! número 1.rescieotoe treinta y nueve ...... !»
111
Dejo al lect.or con el criterio suyo
A I concluir esta hia\oria que le copio;
¡Yo de mf sé decir que la at.ribuyo
A extralla aberración del microscopio!
R o oL·u ·o F mt'EROA,

Junio de 1897.

La moza hizo un gest.o de eólPTa y con el semblante
enrojecido por 11.B candentee lá.grimas que verUa, entró á
su alcoba, eentóse al borde del lecho y estrujando el pañuelo con las manoe:
- ¡Pues eí, aunque te enojee, lo quiero ...... !
-Es un cua lqmera.
-:So me importa.
El sef'ior V 11. Jenzuela, tero bloroso y demudado, haciendo ademanes melodramáticos y protestanJo á. regaiia•
dientee, dej6ee caer medio muerto en la butaca.
¡ La cbiquillal
No p1Jd1a comprender el intempes,ivo arrebat.o de esa
docil col.,.giala que siempre obedeció sus mandat.os con
los ojos bajoe.
Como á una evocación fatídica, aparecia ante su cansada retina el cuadro triste y monólono del pasado; romance vulgar, eiu periptefae, dt-aarrollado con lent.it.ud
dee.eepe1 ant.e en medio de las t-xigencias de una labor es•
tópida, la del burguee que agota sus mediocres energías
en la lucha continua por la~ monedas.
Después de embrutecere:e veinte años tras el mostrador, comerciando en albajuelas de miriñaque y perlas de
vidrio azogado, era dutfio al fin de un capital cuya cifra
hacia l&amp;il veces de tarjetll. de vieiLa en los salones de la
aristocracia del dinero, que á la eazón comenzaba á. fre•
cuentar.
El dee.ahogo de e.u posición le permitía vestir á Luisa
como una duqueea de &amp;int- Germain; con eu orgulle~
de ¡:.alurdo euriqut-cido, veii1la corteJada por toda lagar•
zoo1a del gran wno, y con su astucia de villano tea~rudo, sabía ponerla siewpre á cubierto de las acechanzas
de los cazadores de dotes.
Llegaba á la sentctud como hundido en un aletargamiento de animal caneado, sin lawentarse de la existen•
cia, gozando e11 lo wuy interno con la filial eolici1.ud de
eea adorable compailera que le había eido otorgada por
el destino como una recompensa de los tiempos malo!! y
de iwproviBo, cuan&lt;lo nada íal~ba. á su dicha, un extra~
f'io, uu nadie, venía de la calle y sin preámbulod le arrebataba t-1 corazón de eu muy amada Lui1:a.
...... ¿Era eso ju~to ...... ?..... .
AvieJarse bajo el yugo del trabajo, fabricar una alma
piadosa y but:na, cultivarla como planta de invernáculo
tldifil!ar uon pacieocia dd hormiga el alcihll.r de la f~lici~
dad, y, cuando después de cop1oeos sudores y prolijos
afanes ee levanta airoso el sonado monumenliO, llega un
novio petimetre, coo eu florecilla en el oj11ol, y á título de
candidato á mat.rimonio, se lle,·a impunemente la poet.rera alegria del viejo laborioso.
¡A.b!... el ladrón nJ wnfa respetos que invocar para el
logro de sus fines ...... ¡pero ella!. ..... ¡ella!.. .... la volunta
ria y docil cómpHce de sus manejoi:1!. ..... ¡ingrat.itud sin
ejemplo! ...... desc&amp;í:!taree, renegarc.J.d un padre bueno y amoroso por el primer zascandil que llega, entregarse t\ trueque de unaH cuantas epíetolaH eróticas, olvidar así los sacrificios y dteveloe de un pobre hombre, valetudinario
ya, que apresuró su ancianidad trabajando rudamente y
por ella perdió la salud y el vigor ...... ¡por ella!..~ ...
¡ef!.. .... por ella e61ol
No¡ eu enemigo, el intruso, tenía que sucumbir él
viejo y todo, seutia surgir arrogante y redivivo el ;alo;
juvenil; aun estaba vigoroeo y oravo, pelearía como leon
mutilado, llaet.a vencer 6 est.rellaree!.. .... ¡Ah! ...... ei él
sr.piese matar, con que indecible placer precipitaría en
la fosa si eeductor ......... l
Sus lividecidos labi08 ee arrugaron en lae comisuras
por amarga eonriea¡ frente á eus pupilas inyecr.adae valatineaba la silueta ubozada y rien~ del rival; su boca
balbuciente por la rabia contenida, se ahogaba con un
vómito de vocablos inaolen\88 1 ens insdnt.oa malvados
despertaban con ímpetus de bestia, el odio, el siniestro
demonio, hacta correr veneno por sus arteriae y el dt:eeo
de la venganza se adueflaba inst.aotáneamente de ene
potencias.
¡Aniquilarle! ......... ¡bumi11arlel
¿Para qu~ si ella lo quería?
Eea retl.exi6n lo huwillaba.
¿Aquelloe corazones estaban realmente vinculados por
los inrompiblee ligamentos de un carifio?
¿Atormentando uno perecerían loe doe?
Aquellos corazones estaban realmente vinculados por
loe lnrompibles ligamentos. de un oarifto.
Atormentado uno perecerían loa doe.
.E1:1toncee1 él, Yalenzuela, era un: pobre iluso, un manuh1co que en eu anormal obcecac16n hacia eufrir á .loe
seres acreedores á la ventura.
¿Padeciendo rn i.aija, podía él experimentar placer alk:uno?
¿Muerta ella, él viviría?
llebía consentir, le ordenaba el deber, la tranquilidad
de todoe, la moral, la religión, la sociedad.
¡Coneent.ir!
Y volv1a más tenaz y provoea'.lora au primera idea.
¡Uo hortera que ni siquiera disculpaba eu osadía con
uu t.al~go repleto de. d4:&gt;b.onee, un polichinela que pasea•
ba eu rneolenr.e y mmuecula personalidad por las balJosae de la calle, un Flietellltleino «1_ue osaba sobornar laM•
yoe, mientras él, Yalenzuela, que fué siempre bueno y
nunca dail.6 á nadie1 813 met.amorioeeaba en un perverso
vulgar, y urdía proyectos monstruosoi, y blasfemaba
contoreionáodose, nuevo L!loconte, para sacudir lae serpientes que le ahogaban ....... . .
¿Y de un car1ii.c, paterno, eanto y lleno de abnegaciooe~, nacían aquellas rebelioues tao mezquinas? ...... ¡mieteno!. ........ ¡a1canol. ........ ¿~ransigir? ......... ¡nunca!. ..... .
Entonce'3 se casar~an 1 se iria.~ mur, lejos, perdería las carant.oii.a! de su Lu1ea 1 traatab1llear a sólo por loe barrios y
plazuelas ......... ¿Serian ellos felices! ......... ¡elloe! ........ .
y él, el pvseedor 1egítimo del talismándieputado qutmaba en el olvidg, solo, y moriria de t.risieza y de ~bandono ......... ¡Eso no!.. ....... ¡jamás!. .. ...... ¡jamás!. ....... .
¿Qué voz era esa que con zumbido de cigarra hablaba
así á PU oído?
· -¡Hombre al fin! por la ley atá.vica de tu linaje, eres

�EL MUNDO

cobarde y no puedes desprenderte del barro de la tierra;
no intentes dignificar tus miserias; á las pasiones humanas no puede enoblecerlas ningún títuto 1 ni el de padre,
que es augusto; interroga á la concieacia y díme: tu em•
pello, por ser e} excluei vo efecto de esa pobre Luisa, no
es idéntico al del odioso Arpagón que guarda en lóbrega
cueva su tesoro? .....• No es el amor que santifica y redime, el sentimiento que te conturba, sino el yo, el bien
propio, un E'gofsmo feroz; quieres conservarla por que
la necesitas, en tu infame deavario intentas sacrificar
dos juventudes, por satisfacer tu loco aot.ojo, obstruyes
el natural desenvolvimiento de un impulso que es aagra-

do, violas y conculcas leyes morales preceptos religiosos,
fueros de la sociedad que temes, de la fe.mília que has
creado, de la nat11raleza sapientísima!. ........ ¿Pretendes
hacer de esa criatura una solterona camandulera y d88·
lenguada? ..... .... ¿L1. hermana d·e la caridad -que cuide tus
achaques y amortaje tu cuerpo eaqueleteado? ..... .... ¿Con
qué derecho das muerte súbita á las prístinas florescencias
de so juvenila y le impides que sea esposa y madre? ........ .
¿Eso ef! amor?. ······••IBacrilego! ......... sembraste la planta, ·
vivió y creció, y al aproximarse la estación exúbera, cuando espolvoreados de sol brotan los bot1nes ......... ¡tronchas el tallo impidiendo que floreen!. ........ Y todo por

OO ■ INGO 20

DOMINGO ao DE JUNIO DE 1&amp;01

que el perfume de esos pétalos hace daft.o á tu ollatº
porcino ...... ¿en que código se castiga tan nefando de·
lito .........?
¡Drama sin solución! misteriosa é interminable cadena eslabonada con lo vil y lo sublime.
Volvía el problema á su punto de parlida, robustecido
en su sarcasmo, mát1 cruel, más implacable, mas abstruso.
El eeft.or Valenzuela cayó en una de esas torvas meditaciones que enlobreguecen el espíritu con las tinieblas
del Erebo ó lo alumbran con las claridades del Empíreo.
Junio de 1897.
Crno B. CEeALLOs

•

JULIETA Y ROMEO

~,
~~":--=--~•-. ·.

'q¡x#~~~

~~

Pronto á marchar, temiendo que la aurora
á sus contrarios delatarte pueda,
de pie en la escala de torcida seda
suapira el joven con pesar :-¡Ya ea hora!-

Pesa&lt;l.ez en el aire ... brumas ... llueve ...
el cielo ostenta un manto de ceniza
y ni un soplo en las cumbres se desliza
ni la áncha copa de los sauces mueve.

Y en la noche, al oír el viento frío,
Se le llenan de lágrimas los ojos,
Por que teme encontrar solo rastrojos
Donde sofió la mies en el Estío;

y envuelta en la hojarasca trepadora
que por los hierros del balcón se enreda,
con voz, la dama, entristecida y queda,
retiene al dulce bien que la enamora.

Vese el espacio iluminado en breve
por una extrafi.a claridad pajiza
y el viento á ratos las palmeras riza
con ritmo tardo, melodioso y leve.

Así yo, que en mis verdee primaveras
Riego por mi camino las quimeras
Engendradas en días halagüeños,

Tan s6lo el canto, precursor del día,
de la impaciente alondra, quebrar pudo
del furtivo coloquio el embeleso.

De la neblina descorriendo el velo,
el astro rey, ful ente la corona,
recupera orgulloso el poderío.

Al sentir loe rigores de la suerte,
Temo que el soplo de temprana muerte
Destruya la cOEecha de mis suefios.
JULJÁN DEL CASAL.

-Ya va el alba á llegar; vete, alma mía.Ella gimió. y en el silencfo mudo
de la vencida noche estalló un beso.
G. Nu8Ez DE ARCE.

Bajo su palio azul recorre el cielo
y con ala invisible y juguetona
los rostros bate y acaricia el frío.
JUSTO A. F ACIO.

EL AGUACERO DE ORO

tes, ya dejando sus cables de on tendidos en el aire, se•
mejantes á. ofuscadoras rayu de íu~go, ya formando remolinos ó cascadas que ee despefiao de lo alto de las torres con ensordecedor estruendo.
Por las callea corrfa el metal líquido formando grandes trenzas de oro. que huían temerarias á perderse en
los hondos subterráneos de la ciudad. Las tejas cubríanse de Ulil magnífico manto, que al desgarrarse én las"" puntas de las canales, colgaba de ellas grandes cortinas de
un nunca imaginado esplendor. En los charcos hervían
las gotas oomo batalla de seres extraños, alargando las
diminutas cabezas de oro para contemplar el gran espectáculo del mundo.
Cada persona, febril con la excitación de la locura,
acarreaba como bestia la carga de tesoro cogida en el
primer punto de la calle.
Cada hombre era un rey que anhelaba imponer su voluntad á los mortales. Nadie osaría revelarse á su mandato. La pereza.colgar1a su sofiolienta hamaca de elegantes columnas de oro para mecer las cabezas atestadas de
smiftos orientales.
El aguacero fuese alejando paulatiaam1nte.
De los húmedos edificios sólo caían ya con peE!adumbre grandes gotas1 que antes de rodar á las piedras lucían
como vistosos collares de la ciudad, engalanada á la luz
del sol con todas las riquezas de la odalisca.
Luego congelóse el precioso metal, bruñendo con inusitado esmalte tf:chumbres y repisas, y pasada que fué
por completo la lluvia, quedó la inmensa desventura
humana cubierta por un esplendoroso manto de oro.

Los confusos edificios de la ciudad, a.pifiados y conteniendo en su seno los seres humanos, mostrábanse á la
luz. del eol animados con sus terribles tragedias y luchas
deseufrenadaa. Cada persona estudiaba su iotriga y com•
binaba su estratagema. El ansioso de posición, urdía su
novela y ponía en movimiento sus personajes para procurar el coche que había de sacarlo á la superficie. El,
ofuscado por irresistible deseo de mando, sembraba de
obstáculos el camino á los demás, para saltar por cima
de los cuerpos hacinados en la caída. Otro que pretex·
tando amor, puso loa, ojos en el oro y la fortuna, antes
que el alma en los ideales, enf!ayaba sonrisa engaí'i.adora
con que ocultar el dolo y la perfidia. El avaro aplicaba
el odio cauteloso para percibir el rumor metálico de las
monedae, con el cual se aceleraban los latidos de su corazón, c~rrado á todo humano sentimiento. La especie
entera procurab·a para s1 completo bienestar y producía
ese son confuso de eeres que elaboraban en un mismo
punto y se disputan lugar y conveniencia.
Sobre la ciudad rodaban las masas de nubes, combinando en 1m seno la extraña lluvia que habría de saciar
la sórdida ambición. de los hombres. Era un océano de
oro el que se cernía sobre las cabezas, sometidas á la ac·
ción desenfrenada del delirio.
Un celaje encendidJ avanzaba relampagueando del lado de Oriente y hacía saltar de su seno inflamadas aristas que ondulaban como sierpes metálicas.
Del Norte subía una nube inmensa que traía en ebullición la luz, la cual borbotaba impaciente como si fuera á desbordarse en mortales ríos de fuego. El crespón
de vaporea adquiría por momentos espesor y consisten•
Una gota que pendiente-de la cruz de un campanario
cia, y ocultaba Ja faz del cielo, que poco á puco se cubría
de su gigantesco velo de púrpura, traH el cual seguían su reaistióse, engroEando cada vez más su dorada pupila,
cayó como nota última deJ aguacero, sobre una desvacurso maravilloso los aE.troe.
Las nubes se amontonaron impelidas por el huracán, lida paloma, que recibiendo en el ere.neo el impensado
sonó un hondo trueno en que pareció oírse el chocar de proyectil, rodó con bruscos aleteos de muerte por el rico
grandes moles metálicas, y cuando la población esparcia escalonamiento de las canales.
su gente por las calles y se entregaba á las lucb.as titániSALVADOR RcrEDA.
cas del día, unos puntos luminorws semejantes al menudo polvo de nieve que el invierno mece en los ai:ces, cubrió como dorado velo la tierra y dió la señal de que empezaba el tremendo y amenazador aguacero.
A la llovizna lumino!!a, que caía engrosando sus átomos de oro, sucedieron las grandes y pesadas gotas que
anteceden al chubasco, las cuáles, ya dando en la veleta
que sirve de coronamiento á. la iglesia, ya hiriendo el
agudo pararrayos que hundía su afilada aguja en loa cielos, ya promoviendo argentino ruido en las monteras de
cristl!.lee, llamaron la a1iención de los humanos, que con
Por tí v para tí, ¡oh mujer! nacen las obras inmortabrusca sacudida y espantosa sorpresa miraron bajar el
les y se producen los esfuerzos rnblimesl Tú la recomtorrente de oro de los cielos.
Fueron entonce1 de ver loa contenidos sen~imientos es• pensa de nuestros trabajos, y la corona de nneatra vida.
tallar en explosión avasalladora; las ambiciooesdesorde· Nada consuela á aquel qne te ha perdido; nada entristenadas surgir con la violencia de la madera hundida en ce áloe que te poseen. Irradias como la dicna y tienes
el azogue; los secretos. pensamientos manifestarse en to- alas como la esperanza, En vano no rey habló de tu inda. su pujanza y salir á la vida como los cuervos que hu- constancia, y un poeta de tu perfidia. Tú eres el fin á
yen de la llama. Entonces destrozó con golpe de puñal que todo tiende y el sueiio en que bo?amoa. Necesidad
el aneurisma al entregado á la avaricia; arranc6se la ven- sentimos de buscarte, y delei[e en soñarte y gloria en
da de los ojos la que ee deleitaba en el amor dulcemente
conquistarte!
mentido; irguiéronse loa clavo3, ejecutando el mayor ac·
¿Qué sueflo más suave que el de alcanzar que tu comto de justicia del mundo, y el hermano halló mortal des- parta!:! nuestro amor, y que tu amor, por siempre nos sea
engaño en el hermano, y el padre perdió en un sólo mó· fiel? .
mento sus hiJos, y la igualdad pasó su rasero sobre las
¡F~lices los que descienden, estrechamente enlazados,
cabezas, dejando constituid" la ley de los hombres en la corriente de la vida, cual dos cianea que no abren jamás sus níveas alas, sino para salvar unidos el paso de
la fuerza brutal de los instintos.
El apedreo de las gotas dando en lo~ misteriosos cris • la vida á la muerte, del tiempo á la eternidad!
tales de la ceMa, dejó rota como blanco lirio la oración
G. GoSTKOWSKI
en los labios de la monja; en el altar del templo quedó
snspensa la misa por la furia del temporal, que pasando
con flechas de oro 1~ ojiva~, fué á preludiar en el órga·
no; haciéndo lanzar á la trompetería el soberano himno
de la riqueza.
La lluvia, en t:J.nto, caía deslumbradora por todas par•

~

1

observar cómo pasa entre gigantes
trozos de roca, el agua, que parece
uua lluvia de fúlgidos diamantes.
EL NACIMIENTO

Allá ...... en la fértil villa de Apaseo,
enmedio á un bosque siempre florecido,
un lago transparente y adormido
al alma brinda celestial recreo.
El cisne, con pausado bamboleo,
cruza Ja clara linfa, el cuello erguido,
como un esquife blanco, que impelido,
deJa estelas de plata en su paseo.
Allí ofrece el tzentzontli, delicado
trino, y la placidez de la floresta.,
uel sueño más tranquilo y regalado¡»
allí el zagal, á la hora de la siesta,
mientras pace disperso su ganado,
bajo el sabino umbroso se recuesta.
JUAN B. DELGADO.
Junio de 1897.

◄

RICAJIDO PALMA,

¼)}.,::::!i&gt;llz=..:="f=..=ili\=:. = ~
Te vas á confesar, y el cura dice
que á \i, en vez de absolv&amp;rte te bendice.

•*•

Si la codicia de pedir es mucha,
el hómbre reza, pero Dios no escucha.
CA.XP0A.ll0R.

?

~' ~\ilJE,_ '.

Ora por los peñascos culebrea,
loa líq1,1.enes llenando de frescura,
ora se precipita en una obscura
cueva, donde desgránase y gotea.

En. eso de temblar ante el peligro
solo un diE!tingo encuentro:
Cobarde ea el que tiembla por afuera.
Valiente ea el que tiembla por adentro.

.~

Yír,~A~...,\

,~~"
i- \~ ~~rll

Del cerro más hermoso, que rodea
á un pueblecillo de eter.nal verdura,
garruladora baja el agua pura
que en hondo manantial gorgoritea.

La moral ea un corsé
que, en ciertos casos, usamos;
pero en otros lo colgamos
de un clavo ...... (y.Dios guarde á usté..)

;

·~~

•1/4 ~--~,, ,_ .."'·'~

LA CUEVA DEL CEDAZO

MAXIMAS TRADUCIDAS

~

.

~~•- _. - . ]¿~

SITIOS DE APASEO

Allí á loa ojos el encanto crece:
es de verá curiosos caminantes1
bajo la sombra que la gruta ofrece,

~

•*•

1~-~4
~~~"~]l\g ·itf,¡~---.l

,1 .

~OYIEMBRE

Cual labrador que con punzante brío,
Del sol naciente á los fulgores rojos,
Devastando del campo loa abrojos
Granos siembra en el surco á eu albedrío,

muerto.-Pero ¿y mi sombt'3?-pensaba Rip.-¿Pl)r qué
Y }Hp-Rip andaba y andaba ...... y no podía correr.
no se retrata mi cuerpo en ese espe~o? ¿~or qu~ veo y
Llegó, por fin, al pueblo, que era. CB!:i el mismo ......
grito y el eco de esa montaña no repite m1 voz sin.o otra
pero que no era el mismo. La torre •de la parroquia le
desconocida?
pareció como más blanca: la casa del Alcalde como más voz.
¡Y allá fué Rip á. buscarse en el seno de las ondas! Y
alta; la t,iendH. principal, como con otra puerta¡ y las ge1;1· el viejo, seguramente, se lo llevó con sl padre muerto,
tes que veía, como con otras caras. Estaría aún medio
porque Rip no ha vuelto!
dormido? ¿Seguiría enfermo?
Al primer amigo á. quieu halló fué al señor Cura. Era
¿Verdad que este ea un aueflo ed~av~gante? .
.
él con su paraguas verde¡ con su sombrero al\o que era
Yo veía á Rip muy pobre, lo ve1a rico, lo miraba Jolo más alto de todo el vecindario; con su Breviario siem•
ven, Jo miraba viejo; á ratos en una choza de leflador, á
pre cerrado; con su levitón que siempre era sotana.
veces en una casa cuyas ventan.as lucían cortinas blan-Sefior Curn, bnenos días.
cas¡ ya sentado en aquel sillón de otate y cuero; ya en
-Perdona, hijo.
~,:.~•
1::- •
-No tuve yo la culpa, señor Cura ...... no me he em- un sofá de ébano y raso ...... no era un hombre, eran mubriagado ...... no he hecho nada malo...... La pobrecita chos hombres ...... tal vez todos loa hombrea. No me explico cómo Rip no pudo hablar, ni cómo su mujer y su
de mi mujer ..... .
-Te dije ya que perdonaras. Y anda ve á otra parte amigo no lo conocieron, á pesar de que estaba tan viejo;
ni por qué antes se escapó de los qu~ se proponían atarlo
porque aquí sobran limosneros.
¿Limosneros? ¿Poi· qué le hablaba así el Cura? Jamás como á loco; ni sé cuántos años estuvo dormido ó aleta~do en eEa gruta.
había pedido limosna. No daba para el culto porque no
¿Cuánto tiempo durmió? ¿Cuánto tiempo se nec~sita
tenia dinero. No asistía á los sermones de cuaresma porpara que lo~ aérea que amamos y que nos aman nos olvique trabajaba en todo tiempo de la noche á la matlana.
Pero iba á. la misa de siet.e todos loa días de fiesta, y con- den? ¿Olvidar es delito? ¿Los qne vlvidan son malo~? Ya
veis qué buenos fueron Luz. y Juaa cuando socorneron
fesaba y comulgaba cada afio. No había razón para que
al pobre Rip que se moría; la nifia se asustó; pero no po•
el Cura lo tratase con desprecio. ¡:N'"o la había!
c&lt;f•n.
Y lo dejó ir, sin decirle nada, porque sentía tentacio- demos culparla: no se acordaba de su padre. Todos eran
inocentes, todos .eran buenos ...... y sin embargo, todo
nes de pegarle y era el Cura.
Con paso aligerado por la ira siguió Rip-Rip su cami- esto da mucha triEteza
Hizo muy bien Jesús de Nazareno en no resucitar más
no. Afo1tunadamente la casa est-aba muy cerca ...... Ya
veía la luz de sus ventanas .. .... Y como la puerta estaba que á un solo hvrobre, y eso á ua hombre que no_ tenía
más lejos que las ventanas, acercóse á. la primera de es• mujer, que no tenía ?ijaa y que acababa de morir. Es
tas para llamar, para decirle á Luz:-¡Aquí estoy! ¡Ya bueno echar mucha tierra sobre los cadáveres.
no te apures!
}l. GUTIÉRREZ NÁJIRA •
No hubo necEeidad de que llamara. La ventana esta(~
ba abierta: Luz cosía tranquilamente, y en el mvmento
en que Rip-Rip llegó, Juan-Juan el del molino-la be·
saba en los labios.
1
-¿Vuelves pronto hijito?
.
Rip-Rip, sintió que todo era rojo er. torno suyo. ¡M1•
STEcuentoyo noioví; sera.ble! ......... ¡Miserable!. ..... Temblando como un ebrio
•
pero creo que lo sofié.
ó como u11 viejo entró á la casa: Quería matar; pero es·
~ . l!ft..,.._, _
Qué coeas vea los ojos taba tan debil, que al llegará la eala en que hablaban
td,,-.
cuando esdn cerrados! ello@, cayó al suelo. No podía levantarse, no podía ha·
"SAVIA ENFERMA"
t
Parece imposible que
blar; pero sí podía tener los ojos abtertos, muy abiertos,
tengamos tanta gente y para ver cómo palidecían de espan\o la esposa adúltera
IV
tantas coeaa adentro .....
y el amigo traidor.
porque, cuando . los párpados caen, la mirada, como
Noche ártica.
Y los dos palidecieron. ¡Un grito de ella-el mismo
una señora que c1~rra eu balcón, entra á ver lo que hay grito que el pobre Rip había oído cuando un ladrón enen su casa. Pues bien, esta. caea mía, el!ta caea de la tró á la caea!-y lm,go los brazcs de Juan que lo enlazaEn la última página del diario de Nansen.
aetiora mirada que yo tengo, ó que me tiene, es un pala• ban, pero no para ahogarlo, sino piadosos, caritativos,
cio 1:s una quinta, es una ciudad 1 es un mundo, es el para alzarlo del suelo.
En el zenit, azul; blanco, en el yerto
universo, ......... pero un uniYeIE!0 en el qne 1aiempre ea•
Rip-Rip hubiera dado su vida, su alma también por
y triste plan de la sabana escueta;
tán presentes el presente, el pasado y el futuro. A juz·
podn decir una pa!abra, una blasfemia.
en los nítid,,s témpanos, violeta,
gar por lo que miro cu.ando duermo. pienso -para mí, y
- No eEta borracho, Luz: PS un enfermo.
y en el confin del cielo, rosa muerto.
hasta para ustedt&gt;s, mis lectores:-¡Jesúsl ¡que de cosas
Y Luz, aunque con miedo todavía, ee aproximó al
Daspréndese la luna del incierto
han de ver loe ciegos! Erns que siempre eetán dormidos desconocido vagabundo.
Sur, amarilla, y en la noche quieta,
¿qué verán? El amor es ciego, eegún cuentan. Y el amor
-¡Pobre viejo! ¿::¡ué tendrá? T¡1,l vez venía á pedir lide un buqne abandonado la silueta
es el único que ve á Dios.
mosna y se cayó desfallecido de hambre
mf'droea, se destaca en el desierto.
¿De quién ea la leyPnd.a de Rip-Rip! Entien~o q~e la
-Pero si algo le damos, podría hac+lrle daño. Lo lle•
Ni un rumor ...... el Silencio y la Blancura
recogió "\Vaehi.L1gton Irving, para darle formahterar1a en varé primero á. mi cama.
celebraron, ha roncho, en la infinita
alguno de sus libros. Sé que hay una ópera cómica con
-No, á tu cama no, que está muy sucio el infeliz. Llasoledad sus arcanos esponsales;
el propia título y con el mismo argumento. Pero no he maré al mozo, y entre tú y él lo llevarán á la botica.
y el espíritu suefia en la ventura
leído el cuento del novelador éhistoriadornorteamerica·
La nifla entró en esos momentos.
de un connubio inmortal con Serapbita,
no ni he oído la ópera ......... pero be visto á Rip-Rip.
-¡Mamá, mamá!
al claror de las albas boreales.
Si no fuera pecaminosa !a suposición, diría yo que
-No te asustes, mi vida, si es nn hombre
Rip-Rip ha de haber sido hijo del m1..mge Alfeo. Eete
-¡Qué feú, mama! ¡Qué miedo! Es como el coco!
roonge era alemán, cachazudo, flemático y hasta preE!uV
Y Rip oía.
mo que algo sordo; pasó cien afioa, sin sentirlos, oyendo
Veía también: pero no eetaba ¡:,egnro de que veía. Esa
el canto de un pájaro. Rip-Rip fué más yankee, men?s salita era la misma ......... la de él. En t&gt;Se sillón de cuero
aficionado á músicas y más bebedor de wiskey: durm16 y otllte se sentaba p&lt;,r las noches cuando volvía canE!ado,
Los difuntos viejos.
durante muchos afloe.
después de haber vendido el trigo de su tierrita en el moRip-Rip el que yo vi, se durmíó1 no e:é por qué, en lino de que Juan era a1miniatrador. Esas cortinas de la
Yo no amo á los que viven: pulrefo.cci6n andante!
alguna cav~rna á la que entró ......... quién sabe por qué.
Yo bm:co á los que moran de la ciudad muy lejos,
ventana eran su lujo. Las compró ácosta de muchcs abo•
Pero no durmió como el Rip-Ripde la leyenda. Creo rros y de muchos sacrificios. Aquel era Juan, aqYella
en el pant.Pón¡ y adoro la cah•a deslumbrante
que durmió diez. afloP ... tal yez cinco ... acaso uno ...... en Luz ......... pero no eran los miemoe. ¡Y la chiquita no
de los brufiidos cráneos de los difuntos viejos!
fin su sueño fué b.u!tante corto: durmió mal. Pero el ca· era la chiquit.a!
Cadáveres senile@! qué calma aemPjant;e
so 'es que envejeció dormido, por que eso pasa á los que
¿Se babia muerto? ¿Estaría loco? ¡Pero él sentía que
hallará vuestra calma! ni contracción, ni dejos
sueñan mucho. Y como Rip-Rip no tenía reloj, y como es~aba vivo! Escuchaba ......... veía ......... como se oye y
de angu@tias infinitas moetrais en el .~emblante,
aunque lo hubiera tenido no le habría da~o cuerda cada se ve en las pesadillas.
que alumbra en el Gsario la luz agor,izante
veinticuatro horas; como no se habían rnventarlo aun
Lo llevaron á la botica en hombros, y allí Jo dejaron
del sol, dándole nimbos de cárdenoe reflejos ......
-los calendarios, y como en los bosques no hay espejos,
porque la niña se asustaba de él. Luz fué con Jnan ...... .
RipRip no pudo darse cuenta de las boras, los días y los y á nadie le extrafió que fuera del brazo y que ella aban•
Oh,
M11erte!,ohP.1z!... Yo atioro la calva deslumbrante
meses que habían pasado mientras el dormía 1 ni de ente· donara casi moribuudo, á su marido, ¡ No podía mover·
de los brufiidoa cráneos de los difuntos viejos!
arse
de
que
era
ya
un
anciano.
Sucede
casi
siempre:
1
se no podía gritar, decir: Soy Rip!
mucho tiempo antes de que uno sepa que es vieJo, los
A)fADO NERVO.
Por fin, lo dijo, después de muchas borae, tal vez de
demás lo saben y lo dicen.
muchos años, ó quizif. de muchos siglos. Pero no lo conoRip-Rip todavía algo aofioliento y sintiendo vergüen· cieron, no lo quisieron conocer.
za por naber paE!ado una noche fuera de su caea-él que
-¡ Desgraciado! ¡Es un loco! dijo el boticari&lt;'.
era esposo creyente y practicante-se d:jo no sin sobre -Hay que llevárselo al sefior alcalde, porque puede
salto:-¡ Vamos al hogar! '
otro.
¡Y allá va Rip-Rip con su barba muy cana (que él serSí,furioso-dijo
es verdad, lo amarraremos si resiste.
creía muy rubia) cruzando á duras penas aquellas vereY ya iban á liarlo; pero el dolor y la cólera habían dedas caE-i inaccesibh·sl Las pinnas flaquearon: pera el de- vuelto á Rip sus fuerzas. Como rabioso can acometió á
cfa:-¡Es efecto del sueño! !Y no, era efecto de la vejez, ~ue verdugos, consiguió desasirse de sus brnzos, y echó
que no es suma de años, sino suma de suefios!
á correr. Iba á. su casa ......... ¡iba á matar! Pero la gente
Caminando, caminando, pensaba Rip-Rip:-¡Pobre lo seguía, lo acorralaba. Era aquello una cacería y era él
mujercita mía! ¡Qué alarmada estará! Yo no me explico
Jo que ha pat1ado. Debo de estar enfermo ...... muy en- la fiera.
JOSE JUAN TABLADA
El instinto de la propia conservación se sobrepuso á
fermo. Salí al amanecer ...... ahora está amaneciendo ..... .
d~ modo que el dia y la noche·los pasé fuera de casa. Pe• todo. Lo primero era salir del pueblo, ganar el monte,
¡Oriente! El bello país sofiado,
ro ¿qué hice? Yo no voy á la taberna; yo no bebo ...... esconderse y volver más tarde, con la noche, á vengarse,
Muestra radiante 8U floración:
Sin duda me sorprendió la enf~rmedad en el monte y á hacer justicia.
Ya es un esbelto biombo dorado,
Logró por fin burlará sus perseguidores. ¡A.llá va Rip
caí sin sentido en esa gmta ...... Ella me habrá buscado
Con la cigüeiia y el r¡1,udo alción¡
por todas partes ...... ¿Cómo no, si me quiere tanto y es como lobo hambriento! ¡Allá. va por lo más intrincado
tan buena? No ha de haber dormido ...... Estará lloran- de la selva! Tenía E!ed. ......... la sed que han de sentir los
Ya ostenta el muelle cojín bordado
d0 ...... ¡ Y venir sola, en la noche, por estos vericuetos! incendios. Y se fué derecho al manantial.. .... á beber, á
Loa chrisantemos del gran Japón,
Aunque sola ...... no, no ha de haber venido sola. En el hundirse en el agua y golpearla con loa brazos ...... acaso,
Donde la mushma tiende el velado
pueblo me quieren bien, tengo muchos amigos ...... prin- acaso á ahogarse. A.cercóse al arroyo, y allí, á ~a superfi•
Cuerpo,..que.aviva Ja ~ntación ..... .
cipalmente Juan el del molino. De seguro que viendo la cie, salió la muerte IÍ recibirlo. ¡Sí¡ porque era la muerte
El ritmo brota, revuela, sube,
aflicción de ella, todos la babk·án ayudado á buscarme .... en fign.ra de hombre, la imágen de aquel decrépito que
Pasa ligero como una nube,
Juan principalmente. Pero ¿y la chiquita? ¿v mi hija? se asomaba en el cristal de la onda! Sin duda venía por
Vertiendo clara luz auroral.. ....
¿La traerán? ¿A tales horas? ¿Con este frío? Bien puede él ese lívido espectro. No era de carne y hueso, cierta1-:er, porque ella me quiere tanto y quiere tanto á su hija mente; no era un hombre, porque se movía á la vez que
Y va la mnsa cantando airosa,
Rip, y esos movimientos no agüaban el agua. No era un
y qwere tanto á los dos, que no dejaría por nadie rnla á.
Fref!ca y lozana como una rosa
cadáver, porque sus manos y sus brazos se torcían y re-t:lla, ni dejaría por nadie de buscarme. ¡Qué impruden·
Que estalla al beso de un sol triunfal.
cia! ¿Le bará daflo? ...... En fin, lo primero ea ella ..... . torcían. ¡ Y no era Rip, no era él! Era como uno de sus
AtmELlO G. CARRASCO.
abuelos que se le aparecía para llevarlo c:m el padre
áero ¡cuál •• ella?•••..•

"~ ~i@~·,
~)

TRES SONETOS.

PREOCUPACION

EL MUNDO

DE JUNIO DE 1&amp;97

�EL MUNDO

DOMINGO

20

DE JUNIO DE 1897

DOMINGO

ENGANO SUBLIME
Por roaría \:!escot.
NUM'.J,RO I3.

M le no eran alga nas bue:1a3 palabras las q11e podían
amaneará la irascible Mariana. Esta dirigió á la intrusa
una mirada hostil.
-Por lo q 1e ve al cariño, dijo, si se me manda que olvide ii mi difunta ama, no puedo hacerlo¡ por lo que ve
al servicio, yo conozco mi&lt;s deberes; pero si la señora no
está contenta de mí, no se moleste para decirW, mi maleta no está lejos.
Después de esta última palabra, lanzada como la fleeba de los partos, se alejó. Hacía mucho tiempo que tal
amenaza era entre los Duvernoy asunto de broma. Trein ta años llevaba ya la buena mujer, de servicio en la casa,
sin poder dejarla¡ y casi no había estación en que no
amenazase con bajar del granero esa famosa maleta, por
los más fútiles· moti vos. Más esta vez el aefior Duvernoy
no rió de la ocurrencia; eentfa que la amenaza era seria.
Dijo tristemente:
-Ya lo veie, Beltrana, tenía razón para demandar
vuestra indulgencia; esta mujer tiene el humor agrio, pero ea buena, abnegada y fiel.
Ella d:jo dulcemente:
-Haré lo que me sea posible para ganar la buena voluntad de Mariana, pero temo no obtener nada. Carlota
no ha perdido el tiempo ..... .
Cómo, euponeie que Carlota ........ .
Ella movió loe hombroe1 llena de mansedumbre.
-Ql1e queréis? la pobre muchacha ha quedaio tan descepcionada en au ambiciosa esperanza! No debemos censurarla mucho, yo le perdono de todo corazón lae dificultades que me ha creado.
-Que buena sois, Beltrana!
Y con una voz dura, añadió :
-Yo, yo no le perdono.
-Eritonceg no hablemos máe de ella. Dejadme admirar. Que linda es vuestra casa!
-Nuestra casa, díjo él tiernamente.
Ella repitió:
-Nuestra casa. Y afiadió, visitada yo l'l principal:
-Es un verdadero paraíso, Fernando, y yo voy á eer
aquí dichoea como una reina.
Ay! él no podía asociarse á este impulso de alegria, habiendo llegado la hora tan temida. Lila no se había presentado á su llegada. En otro tiempo, después de la me-nor ausencia, corr.ia alegremente hacia él. No podía esperar más ein informarse de ella. Tocó el timbre y se
presentó una joven recamarera,
-Donde está la sefiorita? preguntó:
-La señorita eetá encerrada en sus habitaciones.
-Prevenidle que la espero aquí.
La joven criada volvió sola1 Lila rehusaba obedecer.
El señor Dovernoy senUa la necesidad. de domará aquella rebelde; pero vacilaba en comparecer an~ su hija; esperaba sue violencias, eue rebeliones ...... Habría que corregir y castigar. Que triste retorno! La mano de Beltra•
na se posó so~re su brazo:
-Mi bien amado, ei mi presencia en vuestra casa debe
causaros tan gran molestia, me iré para no volver jamás.

En la mirada de espanto con que él la vió, comprendió ella que el golpe había sido certero.
-Quereis poner este negocio entre mia manos? Dadme
poderes plenos y espero, en menoe de una hora, dejaros
sumisa á Lila.
El tuvo un suspiro de alivio:
-Sois adorablemente buena, mi querida Beltrana, pe•
ro temo mucho haceros fracaear.
-Q lién sabe! dijo ella.
La huerfanita sollozaba en su cuarto cuando, después
de un golpe ligero dado á la puerta, una voz baja pronunció estas palabras:
-Abrid Lila, yo lo quiero.
Esta voz contenida tenía un acento tan autoritario,
que la niña enjugó sus lágrimas y obeieció. Abierta la
puerta1 Beltrana entró con la actitud felina que le era
peculiar. Tomó á la niña de la mano, y mirándola bien
á la cara1 en los ojoe francos, donde se leía una indiacuti•
ble aversión:
-¿Queréis amarme y os place que yo os ame?
Con un movimiento violento, Lila se echó hacia atrás.
-Oe odio, os odio, dijo con vehemencia. Habéis des·
pedido á la buena Carlota, me habéis tomado á Pa.pá, os
odio, os odiaré siempre.
U na sonrisa desdei'iosa pasó por los delgados labios de
Beltrana. Esa explosión apasionada de ira, le agradaba;
una enemiga apasionada es más fácil de vencer. Se sentó,
haciendo con la mano un movimiento que mandaba el silencio, y fríamente, sin una palabra de reproche ó de
queja:
-Mi pobre nifia, dijo1 desde que nos conocemos, hace
seis meses, ha habido siempre entre nosotros una sorda
hostilidad, ¿no es cierto? Vos queríais cerrarme 1a puer•
ta de esta casa. Para ello pusísteis en obra vuestras lá•
grimas, vuestras súplicas, vueEitra cólera; habéis eido
vencida; no teneis aun ni la edad ni !a fuerza para luchar contra mí. Es preciso pues que oe resigneis, Lila.
Yo he entrado aquí á pesar vuestro, y á pesar vuestro
petmaneceré, y si no sois obediente ......... (La voz tomó
las notas breves del martillo cayendo sobre el yunque),
podría muy bien arrojaros de aquí, como arrojé á vuea•
tra aya. Os hablo como á una niña inteligente que pue.
de comprenderme. ¡Escuchadme! Mí deseo ea vivir aquí
en buena harmonía con todos y sobretodo con vos. V os
me odiais, aeí me lo habeis dicho; pero yo no reclamo
vuestra ternura. No reemplazaré á la madre que habeis
perdido, ni siquiera á vuestra aya. Cuando estemos So•
las, podreis mirarme como me veis en este mome,nto,
con ojoe cargados de rencorosa cólera; pero ante loe ex·
traños, ante loe domésticos, ante vuestro padre, sobre todo, os exijo que me deis muestras de deferencia y de rea•
peto; exijo que me dirijais el título de madre.
Su voz imperiosa se había vuelto máe y máe dura; hizo
una pausa, después continup con tono súbitamente dulce:
-Ese sacrificio, ó máe bien dicho, ese disimulo, no lo
pido por mí eola, eino por la dicha de vuestro padre á
quien decís que adorais y á quien torturaie cruelmente.
Ea para que él eea feliz entre vos y yo, para lo que llegué
la primera á tenderos la mano. Yo no exijo una respuesta
inmediata: la llamada para la comida eonarádentro de una
hora; emplead este tiempo en reflexionar; si consentía
en aceptar lo que ea ya un hecho consume.do, cuando
nos encontremos ante vuestro padre, me daréis un beeo,
el eolo que oe pediré jamás.
Diciendo esto se levantó, y como había entrado, ea.lió,
con la misma mirada y la misma sonrisa. Lae lágrimas
de la huerfanita volvieron á correr más abundantes y
más amargas.
Una extraña hablaba como soberana en la casa de eu
padre, Y le dictaba leyes; predecía desde6.oeamente eu derrota y le ofrecía un insultante perdón.
No era propio del caracter de la impetuosa nii'ia resignarse sin combatir. ¿Para qué reflexionar? ¿P,1ra qné esa
hora de espera?
Su padre estaba ahí, el amo, el juez, el protector, al
cual jamás había recurrido ella en vano. El la defeniería
)'.', con no.a palabra haría comprender á eea madrastra

que el amor de padre es máe potente que el amor de esposo. Enjugó sus ojoe de prisa, y resueltamente ee dirigió á.
la cámara de su padre.
¡Ay! á la primera mirada que puso en él, se desvanecieron sus ilusiones. El pintor inquieto, presa de un evi•
dente maleetar, veía á la pobre nifia con una expresión á
la vez dura y temerosa1 que.ella no había visto jamás en
su rostro. Beltrana, al contrario, se aproximó, zalamera
y maternal.
-Venid, mi querida hija, ¿queréis besarme, no es
verie.d?
Y Lila desfalleciente dejó que loe labio~ de su madrastra se posaran fríamente sobre su frente, en tanto que
M. Duvernoy exclamaba con voz alegre:
-Sois una maga1 mi querida Beltrana;en verdades un
milagro el que habéis operado.
Un poco más tarde, eola en eu cuarto, la niña se aban•
donaba á su amarga desesperación. No escribía ya á su
padrino Felipe, tampoco á su aya Carlota: Una humilla•
ción pesaba sobre ella1 sentía en eu alma la vergüenza
de las capitulaciones. Se decía que había sido debil y cobarde, que al aceptar ese beso había desertado de la cau•
sa de la aya y renegado de ~u madre; pero creía tam•
bién, y eso lo comprendía perfectamente, que sucedería lo
mismo al dia siguiente, y loe díaE, los meses y loe años
que iban á seguir; que estaba vencida, qne no tendría el
valor de la rebelión y que no tenía tampoco el valor de
la resignación.
XXXIX
La señora Beltrana Duvernoy acababa de obtener una
victoria ein duda, pero bien menguada en resulrados: un
reino únicamente compuesto de esclavos sull1iaos por
el terror ó de súbditos rebeldes, no daría envidia á soberano alguno.
La liga de familia se dibujaba temible. B~ltrana, desde
eus primeros pasos en Pontarlier, reconoció su existencia. Por donde quiera resonaba en su oído el nombre de
la tan ~amentada, de la tan simpática. Carlota; aquí, ale-gremente1 como una fanfarria guerrera¡ ahí lúgubremen·
te, como un toque de muerto. L:1 seflora Fourneron exhaló eus rencor"es; las primas acentuaron como una mu ralla infranqueable su política glacial, loa amigos hicieron gala de su agresiva acogida: la tía y las primas ha~
bian puesto en obra todas sus itifiuencias contra Duveruoy. En las pequeflas ciudades la neutralidad no es po·
eible, hay que declararee en pro ó en contra y contra.
Beltraoa se declaraba evidentemente Pontarlier eníero.
La senora Duvernoy volvió-ásu casa desalentada. Cualquiera otra mujer hubiese abandonado la lucha y vuelto
á su vida errante ó buscado 11n lugar de permanencia más.
hospitalaria. Ella examinó las dos alternativas y encon·
tró graves objeciones.
Para la administración de las fortunas territoriales, es
necesario el ojo del am 1; la renovación de esto, el man•
tenimiento de aquell0, la explotación de loe otro1 demandan una vigilancia casi constante. Los intereses ma•
teriales, descuidados por largo tiempo por el pintor, ha·
bían sufrido demasiado. Por otra parte, la existencia.
errante tenía á los ojos de Beltrana el peor defecto. {{Piedra que rueda, no cría moho,u dice el proverbio, y ella que
ría criar moho. Era de aquellas á quienes la experiencia
instruye. Había sido cigarra en la primavera de su vida
y le había ido mal; llegado el estío, la cigarra se volvía
hormiga y preteodia llenar sus graneros. Las rentas de
Fernando, esae sesenta mil libras, sábiamente administradas, podrían permitir amplias economías. Ella estudió este asunto, testificó que la mitad de esta suma debía bastar para asegurar una vida cómoda y fácil y aun 1a
supremacía en e:1e medio restringido; el resto de las ren•
tae ee acumularía.
Beltrana conocía ya la significación de es as palabrae
inecrhae en los contratos de matrimonio: comunidad de
bienes reducidos 4 1ae adquisiciones nuevas. Mas para
hacer esto, era preciso vivir en Pontarlier durante la
mayor parte del afio, desarmar las iras, destruir las prevenciones, luchar con su talento, su belleza, su finura, su
·astucia, contra una ciudad hostil, contra una familia que

'i

20

de JUNIO de 1897

Ja re~haze.ba. Se decidió, y, para construir eu plan de
campaña, ee confinó en el retiro, observó y esperó. La
liga todavía no obraba con decisión, Re había jurado rechazar al enemigo, pero todavía faltaba que se diese el
asalto.
Para todas eeas curiosidades ásperas de provincia, re•
ducidas á flaca pitanza, Beltrana era una presa ardiente.
mente codiciada. Se quería, ea cierto, abrebarla de ultra•
Jea, más para abrebar1a era preciso que ella extendiese
su vaso. Ahora bien, la presa no ee exponía ni á loe ultrajes ni á las sátiras; ee encerraba en su casa; solamente el domingo salía para asistirá la miea parroquial, y el
reato de la semana se absorbía en loe cuidados de la caea.
como hubiera podido hacerlo una burguesita modestamente educada en un co11vento.
No ee porta por cierto una Dalila ó una Daoaé de tao
Edificante manera. Decididamente eea mujer que decep·
cionaba á todos loe que espeuban de ella malos actos,
carecía de la máe e1emental probidad. Envano se interrogaba á Marfana. Esta á pesar de eu evidente malhu•
mor, no podiaarticular una queja contra eu nueva ama.
Lila, fría y triste, se limitaba á responder:
-Ni la amo, ni la amaré jamás.
La señora Fourneron enrojecía. de cólera y las dos
Lezines palidecían de indignación. Ya no se encontraban sin dirijirse la misma pregunta: uLa has visto?,1 y
siempre la negativa respuesta uniforme y desoladora: La
señora Duvernoy no hacía tentativa de forzar las puer·
tas que se habían cerrado para ella.
Las cosas no podían quedarse en ese estado; después
de un conciliábulo secreto en casa de la eeflora Fourne•
ron, ee decidió que Jacobo de Sommera cuya vuelta era
esperada, eerfa enviado á un reconocimiento para tantear lae astucias del enemigo y eondear ene planes.
Jacobo ~olvió por fin á eea que él llamaba satánica bicoca de pueblecillo. No eetaba de buen humor; el flirt
con la americana lo había llevado muy lejos en el pais
de lo tierno, retardándolo en la ciudad de las pequefias
solicitudes, haciéndolo resbalar por la pendiente de los
menudos favores, llavándole ante el gran r!o que debía
franquear sobre el puente del me.tricnonio, para llegar
.al oasis de la dicha perpetua. Pero ahí el viejo corcel
rehacio se había encabritado, rehueándos~ á enfilar el
puente. Hubo una diecu~ión viva y después la ruptura:
la americana tuvo que buecar un amado menos recaldtrante.
Volvió pues él á su casa de mal humor, maldiciendo
los puentes, los ríoe, el flirt y las americanas. Fué enmedio de imprecaciones donde la eeñora Fourneron le cayó,
no dejándole tiempo ni de abrir eus maletas.
-Y bien, mi pobr~ amigo, tú sabes lo que ha pasado?
El se ha casado con ella.
Jacobo exclamó con uoa voz tonante:
-Cómo lo sabeia? Quién se ha casado con ella, el ru,eo ó el inglés?
No pensaba en Baltrana.
-¡Quién se ha casado con ella, Jacobo! Luego Ferna.o-do no te anunció BU matrim{'nio?
¡Ah! es de Fernando de quien hablais!
Y recordando sus cuerdas reeolucionee:
-Pues bien! qué quereie que yo haga! yo me lavo las
manos!
-Mostrabas más celo antes de tu partida, por losintere•
:ses de nuestra familia. Contábamos contigo para recono•cer qué especie de mujer ea. Tú que conoces á l.as pícaras .... . .
-Para eso, tia Fourneron, dijo Jacobo extremadamente halagado, podéis decir que me pinto solo; pero he ju•
rada no ocuparme de esa.
-¿Y por qué, Jacobo?
-Pilrqué ...... porqué ...... Qué es lo que tenéis que reprocharle!
La eeftora Four.oeron buscó algún cargo:
-No vea que ha hecho que tu primo se case con ella?
-¿Cómo, tía Fourneron, voe que sois el aposto! del
matrimonio habláis así? ......... Hacer que B&amp; casen con
et:ae, es la inocente manía de todas esas malignas gentecillas, deede eea Santa Nitouche de Eulalia, hasta ese
malvado demonio de Miss Megg.
-Ella exigió que se despidiese á la excelente sefiorita
Carlota.
-Ha hecho bien, Carlota era muy fea.
-¿CreeF tú acaso en ese primer marido1 en ese rico armador de Brest? Yo estoy segura de que no ha existido
jamás.

EL

MUNDO

- ¡Cómo! que si creo en Martín de Brest?
Se mordió los labios para no decir máe.
-Entonces desertas de nuestra causa?
-Yo no deserto, pero prefiero permanecer neutral en
esas historias; no quiero romper con Fernando.
-Cuando menos irás á ver á esa mujer.
-Iré á verla, naturalmente¡ debo una visita á esa nue•
va prima.
A pesar de sus disposiciones conciliadoras, pasó una se•
mana sin que Jacobo pusiese en ejecución su proyecto.
Era de los que experimentan las influencias inmediatas.
Sin embargo, pasada la aemana1 juzgó inconveniente diferir por más tiempo un deber de política, y después de haber procedido largamente á una toilette conveniente, fué á
llamará las puertas de loe Duvernoy.
Cuando fué anunciado el nombre del visitante á Beltrana, tuvo ella una de esas sonrisas que aclaraban por
instantes la impasibilidad de su rostro; ese primo de que
su marido le había hablado tanto y que amaba á las lin~
das mujeres, debía ser una facil conquista. La necesidad
de un aliado se hacía sentir mucho.
Aquella misma mariana, la terrible petaca de Mariana
había franqueado por fin el dintel del granero, bajado la
escalera con un ruido siniestro, y ahora, en )a cocina, se
abría, espantosamente como un ataúd. Mariana cum•
plía su quincudgeeima promesa
A la hora del almuerzo, Li.la, con los ojos rojos de lágrimas, rehusó comer. El seftor Duvernoy parecia consternado. Mariana1 con una coquetería de cocinera que
quiere que la echen de meuoe, babia aderezado el mejor
platillo de su repertorio.
El sefior Duvernoy, al saborearlo, dijo:
-Jamás la reemplazaremos.
Beltrana respondió dulcemente:
-Estoy desolada, Fernando, yo no he hecho observación alguna á Ma:-iana, no hay culpa de mi parte. Desde
mi entrada en la casa, busca un pretexto para salir.
El dijo con un tono que djsimulaba mal un reproche:
-Es lamentable en verdad; yo habría preferido per•
der una suma de dinero mejor que los servicios de Mariana.
Sí, urgía que un aliado viniese en ayuda de BeHrana,
porque en medio de aquella casa 1 de aquelia famlia y de
aquella ciudad hoetil, ee apoderaban de ella el desalien•
to y la irritación. A veces hasta lamentaba la partida de
Catlota. La pobre buena muchacha hubiese defendido
Bu causa y combatido por ella; ninguno es demasiado
fuerW para luchar solo.
El cielo le enviaba Ull campeón, pero era necesario
que este campeó.o estuviese bien convencido de la bondad de la causa que iba á sostener. Era preciso que fuese conquistado y subyugado¡ para eeto eran de temerse
doe extremos: una amabilidad .demasiado sonriente ó
nna dignidad demasiado austera. Era preciso que él adorase, pero á dos rodillas. Sin tener ea la sociedad de Piln•
tarlier la alta preponderancia de la señora Fourneron ó
de las sefloritae de Lezinee, el eefior de Sommeree no carecía de influencia. Primo hermano de Elena, ei él de•
claraba que la segunda sefiora Duvernoy era digna de todos los respeto@, rn opinión haría ley.
La acogida que hizo á Jocobo fue una obra maestra de
habilidad¡ una emperatriz de los antiguos días, recibiendo á un gran vasallo, no hubiera podido mostrar una actitud más noble y real. Ella leyó su triunfo en la rápida
sorpresa que él no pudo di~imular enteramente.
La mujer que recibía á Jacobo de Sommeree, que lo
acogía con una dignidad serena, con una gracia tan correcta, no podía tener un lazo de parentesco, por debil
que fuese, con la pícara vividora de Le6dice 1 con la aa•
tuta espoea del viejo Martin, con la maligna, la habil in•
trigante de Fernando Duvernoy. El conocía á las vi vidoras, él conocía á lae pícarae, él conocía tambien á lae
mujeres honradas; esta era una mujer honrada, infiaita•
mente bella, distinguida, imponente y digna de todos
los respetos.
Cuando BelLrana estuvo cierta de esta primer victoria,
marc6 un punto y cambió el juego. Se pU.Bo graciosa y
sonriente escuchando á J acabe, interrogándole acerca de
eus gustoe, de sus ocupaciones; daba un precio infinito á
los menores detalles que él tenía á bien revelar sobre sí
miemo. Parecía deslumbrada je saber que él amaba á
Niza, que adorab1 á París y que no detet:taba á P.:,ntar•
lier; que pasaba el estío en su casa y el invierno en el

mediodía. El decía los no-n'1rP.s de log hoteles donde bajaba, de loe restaurants donde iba por la mañána. Todos
eaos detalles de una perfecta insignificancia, eran escu•
chados por ella al igual de import,antes secretos de Estado. De cuando en cuando, cc,n mucha habilidad, arroja•
ba ella en la convereación algunos nombres ilustres. Le
pregunta'ro si conocía á lord X ......... ei había encon•
trado á su íntima 1amiga la princesa K ......... off. Por fin,
á su vez ella habló de sí misma, haciendo notar con humor, sus rudos principios en Pontarlier, desde la male·
ta de Mariana que se ob3tinaba en salir de la ca!:!a, hasta
1ae aefi.jritas de Léziaes que se ob:1tinaban en no entrar.
Y esto sin amargura, con un lindo matiz de burla, con el
tono de superioridad indulgente de una mujer que está
por encima de toda3 estas p~queñeces, con un ligero desdén por todos esos rigores de provincia, desdén que él
debía c:&gt;mpartir y comprender, él, huesped de la'3 grandes ciudades, él, superior por eu esprit, su inteligencia y
eue relaciones mundanas, á ese medio estrecho y limi•
tado.
Cómo hubiera podido Jacobo permanecer fiel á la liga
Cómo hubiera apechugado ante la amiga de la princesa
K ..... .off y de lord X ...... con el ridículo de eer tratado
de provinciano? El antiguo jefe de la conjuración desertó
vergonzosamente, con armas y bagajes 1 y no descubrió
lae asturias del enemigo, pero si confió las d'e eue aliadoP.
Beltrana tenía una manera tao cautivadora de escuchar
que él tuvo que decirle:
-Ellas no oe quieren mucho que digamos, prima, eatan furio3as porque no intentaie nada para aplacarlas;
pero VOi! habéis elegido un buen partido; permaneced en
vuestra casa¡ ellas vendran. Se fastidian tanto!
XL
Una mafiana, la sefiora Fourneron, después de haber
oido doe misas, visita.do tree familias pobres, explorado
cuatro almacenes, acomodado eeie armarios y escrito
eiete cartas, se encontró un poco escasa de ocupación y
cayó en una ab3tracción melanc6lica: las noticias que en
eu ir y venir de en la ma!'iana había recogido, le daban
en que pensar. R~sultaba de esas diferen~s informacio•
nea que los Duvernoy tenían proyectos.
T,mer proyectos, ee llama en Pontarlier la intención
de dar fiestas. Rabian sido contratados algunos obreros
y cierto comerciante había recibido un importante pedido de velas esteáricas. Ahora bien, si había algo penoso
en el mundo para la señora Fourneron, era estar en términos fria, con peniooas que tenían proyectos. Su a ver•
sión por Beltrana fué conmovida en lo más profundo,
su humor se endulzó como una plaza que va á capitular.
Después de todo, qué le reprochabanáeeta mujer? Era
joven, bella y cuerda; nada en BU conducta dejaba ehio
para la mia ligera crítica, Fernando la amaba: no se puede imputar como crimen el amor de un marido.
Ella había, ee cierto, despedido con algo de brusquedad á la tan simpática sefiorita Carlota, pero eso era !)')r•
que quería ocuparse ella misma de la educación de Lila.
Este motivo ta.mbién era loable. ¿Cómo la sefiora Fourneron, cuyo juicio era tan seguro, ee había dejado extr~.
viar por ese chisme de Felipe de Aubian? Cómo no había ella comprendido que eu papel, al contrario, debía
ser del todo maternal: acoger á eea nueva sobrina, abrirle loe brazos, dirigir sus pasos, ser su consejo, su apoyo,
y pues que tenía proyectos, ayudarle en esoe graves
asuntos. Por último, sería miserable cosa, desde que uno
ha reconocido su error, obstinarse en el mal camino;
ella no era, gracias á Dio@, de esos eepiritus es~rechos
como las Uzinea; ella iría derechito á su cara sobrina
Beltrana J le diría ................................ ...... ............... .

····································· ············································

La seflora Duvernoy estaba en eu toilette cuando la
señora Fourneron entró sin hacerse anunciar. Beltrana
comprendió inmediatamente en qué condiciones le era
ofrecida la paz; no tuvo ni uo gesto de sopresa ante esta
intrusión matinal, ni aun la enigmática sonrisa con que
había acogido á Jacobo de Sommeree. Las condiciones
serían duras: ponerse en tutela, aceptar la dirección de
la vieja tía en en familiaridad; sin embargo, no vaciló.
-¿Mi tía, dijo ella con au voz metálica, os agradaría
darnos algunos consejos para amueblar nuestro comedor?
Da mil amores, dijo la eetíora Fourneron, cuyo rostro
Bé iluminó.
L'ls Duvernoy, en efecto, tenían proy1::ctos y fué la.
venturosa tía Fourneron la que compuso el menú de la

�DOMINGO ao DE JUNIO DE 08117
430

comida, la•lis.ta de loe convidados y las canastillas de
florea y de frutas.
La conquista de las Lézines fué más laboriosa pero era
más importante aún. Su casa ra,tidioaa, pero altamente
honorable, daba el tono á la mejor sociedad de Pontar•
lier. Se decía: Ser recibido en casa de las Lézines como
se decía en otro tiempo: Ir al faubourg Saint-Germain.
El saloncito de la seflora Fourneron se abría a. todos; el
gran salón de las Lézinea se entreabría solamente para
algunos. Tanto como la una se prodigaba en todas las
ocasiones, las otras se encerraban, se reservaban.
Ante la dJserción de sus dos aliadoe, habían tenido
Ellas una palabra severa:

DOMINGO 20 de JUNIO de 18sn

EL MUNDO

en que Aglaé condescendit,ra en llamarla mi prima, el
día en que aquella puerta tan rígidamente certada, se
abrie1a ante ella ampliamente.
Ninguna fortaleza es inaccesible: la habilidad del sitiador consiste en descubrir el punto vulnerable, donde
el asalto debe ser dado. Beltrana estudió y descubrió.
Las pompas de Satanás son de diversas naturalezas. El
demonio del orgullo tiene más de una manzana en au
árbol. Esas solteronas á quienes no tentaban ni los placeres del mundo, ni el lujo, ni la gala, estaban devorada,;¡ por una de esas ambiciones de que los parisienees
sonreirán acaso, pero que aquellos que han habitado la
provincia, comprnnderán fácilmente.

EL MUNDO

NOTAS DE LA MODA.

Ser nombrada presidenta de una de eeas asociaciones.
piadoEBs que pululan ahora, gozar de los honores quevan unidos á esta dignidad, confereaciar con Monsefior
el arzobispo en sus visitas episcopales; tratar de igual á
igual á los miembros del clero; ser un alto personaje, no.
atareadJ, de pie acr.ivo, perdido entre la multitud, sino
sentado majestuosl.mente en su sillóa, como conviene á
los grandes digaatarioe, tal e11a la ambición que devoraQa el corazón piadoso de .!..glaé de Lézinee.
Continuaré.

Gorrita de tul con encajes y listón
muy angosto, azul pálido.

con seda crema. En el borde del eecote
y las mangae, lleva un volantt'l bordado
con eeda en la miema cachemirs.
Varias piezas de ropa para niño• pequeños.

Capelina de una pieza.

En eetaplana eneonlrarán nuestras bellas lectoras modelos de todas clases pa•
ra engalanar á. los bebés, ya bordándoles
eobre la misma I tela ó acomodándoles
bordados apropiados.

Bata de mañana para niñas de
2 á 3 a ños.

Eeta batita muy amplia, se hace de franela obscura, adornando
el cuello con cinta ingleea.
La otra batita, que es para niños de un ano, se ejecuta con tafetán color de rosa y encajes
blancos.

Una dama muy coqueta que escribe sus
memorias:
.
« . •.... Tantos sufrimientos, taa continuados pesares habían alterado profundamente mi salnd¡ en dos años había envejecido lo menos seis meses ...... u

Ves t i do de be b é.

Este vestido es de cachemira
crema, el cuerpo del vee,tido va
escotado, la espalda y delanterrs
están recogidos con tres ajaretados en el talle; la falda va adornD.da con tres hileras de gaviados

BaÍa de mañana para alñaa de

2

á 3 añ o s.

,

i

,.,,., -,err,=
.
Almoh1tdo n bordado sob r e li enzo y a dorn ad o c o n un vol a n te bor d a do.
Ab ri~o bor~ado pa ra niños p equ eños.

1

'
-No es á nosotras á quienes se seduce con las pompae
de Satán.
Beltrana á pesar de su habilidad ee sentía vencida: las
do!! solteronas, acompasadas, ceremoniosas, eran para
ella adversarias mucho mis temibles que el tarambana
de Jacobo de Sommeres 6 la activa \ía Fourneron. Ella
romprendfa que su triunfo no sería completo sino el día

::- ·1.c
""

p~_'i.

il

Vesti d o de bebé.

�{LA FRATERNAL
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes

,..,...
,.,
-,¡
:1111

.e.

,.,-1

-=.
u

.,.

A

::1
d

o

SI

::1

1

en o
p

o

!.
ii&gt; ...
o
;¡-

li
"
i:-;-

....

: ii
... p

~..;

11

o

i:

i: ..

.. -¡;

n

p.

"p

:eo "

n

""ll
•.,
a-

SI

.

9

..

o

" ...
"o.)
(-

::1

~

o

SI

i.
::1
•

11

-

!11

=

~

-DEL-

ESTÓMAGl-0,

::1

,.g

111

,.,r-

MEXICO, JUNIO ~7 DE: I897.

ae1or:AYER
-. "
.., - Curan la Dispepsia,
Estreñimiento,
-. Jaqueca
y Desarreglos
-... "•o
.. -- HÍCADO VIENTRE
·-- •

111

i:

•
•
n

p.

..
i:

?C

a

"'-n •

.
.E!"
":;
.o

u

TOJllO I.

i:a, :1111

o

o

MAS DE CI E N
persa nas han sido c uradas .de estre~
chez uretral, sin el menor accidente,
sin do lor sin cloroformo y e n .: me nos
de u n mi ~uto , emp\ean doei Dr . C nrn y
la elect rolisis. P or el m ismo._;, m é tod o
c ura las estr ech eses del r ecto, exófago y útero. Pra c tica toda clase _d e
o pei: aciones q uirúrgi cas y es especia li sta en vías urin a ri as.

y

Son puramente vegetales,
Son azucaradas,
Son purgantes.

Nadie debe Pstai- sin nn pomito de
Píldoras Catárticas del Dr. Ayer,

para poder tomar una peque?a
dosis, á los primeros sín t omas de mdigestión, y evitar a.si un sinnúmero
de enfermedades.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer Y Ca..,
Lowell. Mass., E. U. A.

PRIMER PREMIO BN LAS

Oficinas de LA FRATERNAL:

Exposiciones Uni1ersales de Barcelora l Chicag¡¡

MEXICO-Call~ de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 750.-MEXICO

ALMACENES
DE

EL PALACIO DE HIERRO.
~LA CASA MAS IMPORTANTE DE LA REPUBLICA.;-o""

Constantemente recibe las úl/Jmas novedades de París.

~-.L_¡-~
Completo surtido de

Manteles,

BONETERIA

Serv ille1 a

1,1.

.foegos para 12, 18 y 24 euhiertos.

Para Cal1alleros, Señoras y Niños.

Juegos de manteles
LENCERIA. FINA,
ENTREFlNA Y

y servilletas para the.

COBRit&lt;..:NTE.

J'úallas ofelpaaas, de lino y bordadas

6ENER0S BLANCOS DE TODAS CLASES,
UE LINO Y DE ALG0D0N.

SABANA Y BATAS PARA BAÑO,

;;._.;;;;;;.

-r-~,

Gen.eros paravest:ldos de sedo, d e lana y sed1-1, delann. y fin.os rlf-" nlgedón..-- --.u1t:ldorenoVatlO constantemente.

Casimires, Corbatas, Camisas, Ba!!.tonepi , Paragua11 1 Sombr1lla11, Sucos de alt•aca y de 11,t'da.
.Departamento especial de so1ubreros y confecciones para señoras.
DEP.AR.TAl\.I:ENTO DE ,..l_" APICERJA

Y

- -

-

ArtieuloM para viajP .

Sombreros y confecciones modelo.

MUEBL:1- IS 1 _. INO""'

l•E FANTA~J.A.

Blondas, encajes, galones, aplicaciones y toda clase de adornos para vestidos y sombreros .
G1.1antes, Pañ1.1elos, Masc a da s , S e villana s , Chales, Tiip ■ •os, Velos, Tira nte,, Ve•tidos de todas ch se s pá~• n i ños y niñas, Ropa para bebés , Aopories, LayeUes,
Gor ros, Pel1s s e.

-"•IOI••-

AATICULOS

C.E

PARIS,

Etc

Etc.

PRECIOS SUMAMENTE f10MODOS E INVARIABLEMEN TE FIJOS.

¡
I

$.

ro.

r.cr Neincr °0idoria,

con m.otlvo de ~u jubileo, celebrado el 20 de Junto de 1807.

•

N1JXBRO ,a6,

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92537">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92539">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92540">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92541">
              <text>25</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92542">
              <text>Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92543">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92560">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92538">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 25, Junio 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92544">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92545">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92546">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92547">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92548">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92549">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92550">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92551">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92552">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92553">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92554">
                <text>1897-06-20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92555">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92556">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92557">
                <text>2017484</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92558">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92559">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92561">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92562">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92563">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1055">
        <name>El aguacero de oro</name>
      </tag>
      <tag tagId="1052">
        <name>El Fram</name>
      </tag>
      <tag tagId="1053">
        <name>El número 339</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1051">
        <name>Héroes sin nombre</name>
      </tag>
      <tag tagId="1054">
        <name>La crisis</name>
      </tag>
      <tag tagId="1050">
        <name>Moralidad periodística</name>
      </tag>
      <tag tagId="1056">
        <name>Notas de la moda</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3547" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2189">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3547/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._24._Junio_13..pdf</src>
        <authentication>3d8b7ef92e0a8e32d1e3640f27ba114e</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117369">
                    <text>•

roMo 1.

MEXICO, JUNIO I3 DE I897.

i!a catásfrofe

NUIIHtRO 24.

ae F'uebla.

~

8
C)
2·

~

1

e~
•

~

~

~

~-

o .y.¡
~ ~
% o
t,

ge

'

~

~~~-

ir

()

~

~-

(

~·

-~'.!:~)~

~

~
~

e,

&lt;

o

~

eC)

De•pués del ••nlcstro.

LACATASTROFE DE PUEBLA

EL Mmmo Iluat.rado da hoy el lugar preferente á a}g1,.•

nos grabados relativos al tremendo siniestro que sembró
la consternación en la ciudad angelopolilana.
Los elementos que el hombre crea para vencer y enca-denar la fuerza ee vuelven con,ra él. Prodúcese constantemente la rebelión de los cosas contra los seres, y la
tremenda desgracia en que nos ocupamos ea una prueba
más de esto. ¡Oh! la lucha perenne de la inteligencia
,con la íuerzal Vino el hombre al misterio de no eé qué
eelva terciaria, inerme y rudo¡ sin más armas que sus
músculos, menos formidables ¡ay!, que loe de la fiera 1 y
la epopeya de su vida empezó desde entonces. Arrancó
al_árbol ene ramll!!, al sílex sus guijarros agudos, á las

(Fotograf1a de Lorenzo Bcccrril.-Pucbla. )

plantas sus venenoe, en pos siempre de una fuerza que
ee aliara á en fuerza, de una unidad que Ee snmaee con
su unidad, y cuando el v:go .. misterioso de unacoea vino
en 6U au.silío, sofi.ó en conquie'8.r el vigor de la otra.
Fué una eoberCia brega, cuyos fines paulatinameote 'ee
engrandecieron. D~apués de las fuerzas inerte,, le.a fuerzas vivas de la tierra, q •1e se mueven, se compenetran y
obran. Deepuée de la eaeta y de la rama deecuajada, del
bronce y del hierro, la electricidad y el vapor, la p6lv&lt;r
ra ciega y el rayo inLeligente......
.
Mas no están del todo vencidas las coeas. Hanse reservado. eo mediri de la sumisión aparente, el derecho
de rebelión, '!" en inopinado esfuerzo, la corriente encauzada mata, el \"&amp;por desparrama en bri7,;oas homicidas
los proyectiles de las caldera.!!.

•

**

Una caldera vieja, sometiJa á una tensión máxima,
que estalla en una U.brica angelopoli\ana, y he ahí la
catástrofe. La fatalidad escoge el momento oportuno en
que pueden caer más vidas. Y saltan informe,, impuleados por loco impnlao los miembroe convuleoe, óyese
un grito, el grito unánime del terror y la desolación, cae
todo en derredor convertido en eecombroe. Loe muroe
vacilan y se desploman, y pocos minutos después, la mul•
fü,ud dolorosamente ávida se agolpa al borde de loa
escombros humeantes donde han bailado sepulcro innúmeros obreros!
¡Lloremos eobre la desgracia de nuestros hermanos,
Joe pobres, y únase nuestra conmiseración al llanlo del
obrero!

�EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1&amp;97

Política {!i,tncral.

tremendas inculpaciones. Hay en el íondo de la multi·
tud-y á la multitud pertenecemoswdos-un oculto pro•
Te16fo.ao 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b. pagador de la inflexible ley de Talión: ojo por ojo y
RESUMEN.-Las repúblicas latíno-amerlcanas.-Si.
dien'8 por diente.
J(ÉXICO
eatructura politíeo•soclal.-Sus convulsiones peLa penosa sensación que la Jectura de es~ drama nos
Toda la correspondencia que se relacione con la Reri6dlcaa.-La dimls16n del Presidente del Brasil.
iacción, debe eer dirigida al
provoc61 sólo se hubiera aplacado fijando la reeponeabi•
Director, Lle. R.af'ael Reyes Spindola.
lfdad, haciendo comparecer á un acusado ante el revuel•
-Luchas de los partldos.-Guerra sin cuiutel.Toda ]a correspondencia que se relacione con ]a edición to tribunal de la opimón pública. Y de aquí la peraiatt:n•
Dcfecclon antl-patri6tlca.-La crisis española.debe ser dirigida al
cia con que se ha senalado á. los dueflos de la fábrica en
Conservadores y llberales.-Cánovas y Sa1,asta.Gerente, Lle. Fausto Moguet.
que se produjo el lamentable incidente como los culpa•
EI peli1,ro se aplaza.-Conclusl6n.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
bles, criterio que, pasando de los comentarios del aire li·
mea, y se cobra por trimestes adelantados.
bre, ha tenido el privilegio de ser acogido en las colum•
Números sueltos, 50 centavos.
Aáentadae en suelo volcánico, frecuentemente sacudí·
nas de 1a pretsa.
Avisos: á razón de $30 p1ana por cada publicación.
do por convulsiones genésicas, ]as repúblicas latino-amePara nosotros e] caso no es nuevo, y al ocuparnos de la
Todo pa1,o debe acr preclaamcnte adelantado.
ricanas sienten y experimentan á menudo loe eetremecatástrofe de Puebla aplicamos el mismo principio que,
lÚ::GJffl'RADO COMO ARTÍCULO DE s.EGONDA CLASE.
cimieatoe de ese fenómeno, y ee miran agitadas' por con•
con gran eacánda;o de algunos-,sostuvimos al examinar
vuleionee políticas, semejantes á las que agitan:laa entra .
el siniestro de Temamatla: dramlB como éstos son el tri•
flaa de su tierra virgen.
buto pagado á la civilización, y las victimas anotadas en
Nacidas ayer apenas, entre los dolores agudos y los
lista representan la pérdida necesaria en toda gran em ·
cruentos eacrificioa de la guerra de independencia, han
presa que tiene como base el progreso. Semejante aser·
recorrido, ea relativamente breve espacio, la distancia
No nos podemos explicar las agresiones de que está to no debe tomarse como el producto de un implacable
que separa la colonia sierva de la nacionalidad soberana
siendo objeto e] progreso periodístico nacional. Parece
fatalismo, eino como el resultado indiscutible de un ea·
anhelante de progreso y bienestar. Pero en las lucha~
que lo que debiera ser objeto de sinceros plácemes por tado eocial, base en que están sostenidas todas nues·
que han debido sostener para alcanzar esa meta, en los
parte de las personas amantes del avance de una indus• tras aspiraciones.
combates que bao debido librar para despojarse de sus
tria, provoca un sentimiento opuesto y no es raro tropeNo hace muchos años que un inteligente escritor ex•
vicios tradicionales y acomodarse á. las condiciones de su
zar con artículos vehementes contra el abaratamiento tranjero que residía en la R•pllblica, organizó una camnueva vida, no habría sido posible que desde luego ob·
pafla en forma para abogar p'&gt;r una le!f de r1'.~pmwtbilidrul
de la hoja impreea.
tuvieran la estabilidad que caracteriza á. loa viejos orga•
)lucho ee ha combatido en favor de la reducción en el intlw4rial que, en desgracias como la de ahora, estable•
niemoa socialee 1 curtidos en la brega y amaeetrados por
precio del papel para la prensa, pero cuando una empre• ciera fuertes indemnizaciones. El:Jta legi"!lación existe en
las ensefianzas de su expt,riencia diez veces secular.
ea decide convertir e] diario de artk•lflo d1· fojoen produc• algunos países extranjeroi:i, en donde loe fabricantes son
Por eso se las ve moverse con todo el vigor de eue
to de primera neresidad, ee alarman los ánimos y se escri- los que satiefacen la ¡,hdida wnaaria aparecida en la su•
euefios juveniles, buscando hermosos ideales, postrán ·
ben artículos formidables contra tamaf'i.o ateutad0.
ma total de las 11JilidadrR sociales. Pero lo que sucede en
La verdad es que el periodismo nacional ha sufrido otros pai.see no ocurriría, deegraciadamente, en )léxico, dose á veces, insensatas, ante los que llamaba mona·
truos el dfa anterior, y derribando, impías, loe ídolos que
una provechosa transformación de hace diez afios á e11ta cuyas condiciones económicas soa muy distintas á las de
parte, y los primeros que debieran congratularse son los los Estados á que ee alude. La propuesta l.ry de respomri- veneró con ciega adoración. Es que los elementos de esos
complicados organiemos aun no alcanzan su verdadero
miemos que se indignan y protestan: loa periodistas.
f,ilid1idex constituiría un gravamen que habría de so•
Yerdades que el actual progreso de la prensa reclama por portar el asalariado 1 ya bastante deprimido por la bara- equilibrio, y pugnan todavía en rnda competencia por
parte del escritor público energías y actividades á. las tura de loe jornales. Tal legislación no vendría á. ser más obtener su propia colocación sociológica 1 á fin de adap·
tarse empíricamente á. la fuoci6n que á. cada cual correa•
que antai1o no estaba acostumbrado.
que una de tantas medidas inspiradas por una plausible
Y esto es lógico, porque la prensa mexicana no se ha• :filantropía, P'-'ro que, solo expiden para daflar honda• pande en el complicado mecanismo de las nuevas socie•
dades 1 tan difícil de sei1alar en los pueblos jóvenes, don.
Haba constituida en aquella época por periodistas 1 sino menteálaBclasesque se trata de favorcecer.
de
Joe apetitos son más desenfrenados, las pasiones más
por hombree coaeagrados á la política y que hacían del
En Europa y los E3tadoe Unidos, la tarifa de los sala•
violentas,
y la concurrencia vital más encarnizada entreperiodismo un medio para alcanzar determinados fines.
rios sigue hace anos una marcha ascensional y el capilas
agrupaciones
que con tendencias políticas t1atan d&amp;
En la actualidad, el periodismo es un medio de vivir, talista va reduciendo sus utilidades. En México, los jor•
que permite, por lo tanto, que el iniciado en esta tarea t&gt;.alee permanecen ettacionarios hace buen número de aduei1arse de la situacion para convertirse, no en los di·
se consagre totalmente á ella, haciendo abstracción de años, y al amparo del proteccionismo Jos industria• rectores, sino en los explotadores de las nacionales energías.
toda otra dirección del e~píritu.
les ponen precio al trabajo nacional. El iluetre econo·
Semejante hecho indica que ya ha habido una diferen- mista Cobden, formuló un principio para dejareetableci•
ciación muy sensible en la labor periodística, que el pll·
Acosado el Preaiden'8 de los Estados Unidos del Brado e] monto de los ealarios: Cuando dos obreros c01rJn
blico ha apreciado en todo su valer, ya qu,e él ha !ido el detrás de un patrón, los jornales b!ljan; cuando dos pa- sil por las luchas de los partidos, que han abandonado.
que por una demanda más actíva, ha impulsado á las em• trones corren detrás de un obrero, ]os jornales suben.
los sangrientos campos de batalla para buscar la palestra.
preeas editoriales á mejorar la mercancía. As!, las censu• Pero en México hay abundante demanda de brazos, y el de loa gabinetes; cansado del combate diario con los imras que se enderezan á estas empresas, deberían dirigir- tipo del jornal permanece invariable y pasa de padres á pacientes que todo lo esperan del trabajo de un día, con
se al público, qne hadado la razón á los editores de pe• hijos, como la maldición bíblica, de generación en gene• los jacobinos que pretenden levantar grandiosos edificiosriódicoa que se han lanzado á la gran circulaci6n.
ideales sobre las humeantes ruinas del pasado, sin atenración.
Por lo demás, es sencillamente infantil sostener que
Y este hecho que ha persistido en contra de una ne• der más que á sus hermosas concepciones, y olvidá.ndose
el periódico ha de tener un precio elevado en un país en ceBidad económica, no podría ser destruido en virtud de enteramente del medioenqueeeagitan;con los tradicio·
que loe Ealarioa son bajos. Seis cenWt•os, gastados en un una disposición legielaLiva. Para el trabajo de las fá• nalietas que suenan con la inmovilidad petrificada deperiódico, repreEentan para un trabajador mexicano un bricas sobran fuerzas some~idas á la ruda condición ecc .. los tiempos que fueron, cerrando los ojos á la Iuz y los.
promedio de más de un diez por cientrJ del jornal pagado, n )mica que pesa sobre ellas oom-J una plancha de plomo. oídos a los clamores de los pueblos que piden con ansia
poco menos de lo que un obrero de otros países (tipo al- U oa legislación sobre respo,uabilidadu, aprovecharía á un la satisfacción de sus necesidades; con todos, porque no
sariano) gasta tn curne.
pequef\o grupo, pero perjudicaría á. 1a gran masa de loe se contentan con la prudente marcha que ha seguido en
Cierto que el asalariado mexicano casi no come caree, trabajadores nacionales.
su política: dicen que acaba de :presentar renuncia depor cuya causa los periodísta.s que lamentan á diario es•
Los pueblos compran su progreso con dinero 6 sangre su alta investidura.
te hecho siniestro, no tienen inconvenien~ en proponer -ha dicho un escrit.or. México no puede comprar con
Cuando ascendió al poder el setlor Da Moraes por el
que el periódico sustituya á la alimentación.
voto gen"ral de los pueblos braailero::i, acababa de ser
oro todas las ven\ajas que la civili1.:ación ha difundido
Rl peri()dico barato triunfará, sin embargo, dt, sus ad· en sus arterias; por eeo está obligado á pagar, algunas
vencida la reacción que acaudillaba Saldanha da Gama,
versarioa, como han triunfado todos lo!! progresos indus· veces, con sangre.
la restauración monárquica había recibido mort:1.l golpe
triales á través de loe tiempes y en medio de las tempes•
en la provincia de San Pedro de] Sur, y los radicales más
Et.to es siniestro, pero es verdadero!
tades de odios que su aparición ha provocado.
avanzados se pavoneaban orgullosos de poder, con ese
Combatir la disminución en el precio de un artículo,
motivo, desarrollar y dar vuelo á sus fanatismos odiosos,
es ir contra loe fines de la civilización, ctrcunscritoa só·
arrasando viejas instituciones, desarraigando tradiciona..
NO es el fomenino de SI.
Prortrbio húngaro.
lidamente en una ley económic.a: el mayor número de
liemos anejos, y rompiendo con Wdo el pasado sin respe·
necesidades eatisfechas, á costa del menor esfuerzo realitar siquiera lo que merece veneraci6ná la luz de un crite•
zado.
rio sano.
La mllsica es la literatura del corazón, comienza don·
Vencida la reacción, más no domada, ha espiado la
de concluye la palabra.
oportunidad
de vol ver con provecho al colllbate, ha de·
:Ca rnh\51rofc ~e l}ncbln ij ti trnbnio nacional.
Lamartine.
jada Bus armas melladas, y, acomodándose á las nuevas
La catástrofe de Puebla ha llenado la semana con los
exigencias del nuevo orden de cosas, ha buscado en 103
La hipocresía es el bomenaJe tributado por el vicio á
fúnebres estertores de los moribundos y el golpe seco de
parlamentos y en loe gabinetes el camino del triuufo.
la piqueta removiendo los escombros. La impresión ha la virtud.
Mas como para esta facción, con tal de llegar al fin ape•
Lord Bt'acon~eid .
sido tan violenta que, pasado el primer momento de es•
tecido, son justificables todos los medios, por reprobados
tupor 1 loa espíritus, por una tendencia muy humana,
que parezcan, no ha cesado de soplar en la hoguera. que
La miseria es una furia enamorada de] genio.
han pretendido buscar al respons:t.ble de esta tragedia
encendió el íanático~Coneelheiro, cuyas bordas ealyajee..
l'iclor
!fugo.
pura amontonar sobre él los cargos más severos, las rob
"EL lll'UNDO"
Semanario Ilustrado.

391

EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1&amp;97

Natas tbitarialts.

~

Una nota incomµnnsiblt.

•*•

-

-..

._

•-

,.

¡...._-

LA CATASTROFE DE PUEBLA.-En busca de cadiverc•.

han agitado basta hace poco la tea de laditcordia, moa•
trando sus melenas birautas al fatídico resplandor de los
Incendios.

*
••

En esta situación, sin poder satisfacer las aspiraciones
de los unos ni ceder cobarde á. las exigencias de los otros,
el presidenie Da Moraes quiere retirarse del h'mroso
puesto en que lo ha colocado el voto público, ac&amp;1:o por
indecisioaee, máe que por caaeancio. No importa que las
tropas fielea del Gobierno hayan dado hace poco t.errible
golpe á los fánáticoa de Conselbeiro, que roWB y maltre·
chas, los que no perecieron en el campo de batalla, bus·
caron su ealvae1ón en precipitada fuga: el conflicto cona•
tante de loe partidos, la competencia inagotable de las
agrupaciones polfticae qu~daa en pie, y en pié 1a per•
plejidad á que está sujeto el Presidente del Brasil.
Ouando Casimiro Perier presentó su dimisión ante las
Cámaras francesas, creyéndo1:.e impotente para obsequiar
los clamores de loa partidos que alzaban sus múlt.iples
cabezas, todos consideraron su retirada como una verda·
dera deserción al frente del enemigo. Si Da Moraes, en
situación semejante, pero en distintos climas, en medioe
diferentes, en el suelo volcáuico de la joven .A mérica,
comete la misma defección que el estadista francés, será
responsable ante la historia y ante la sociedad, de las
conmociones que agiten la tierra brasilera, como canse·
cuencia de su retirada.
La República Francesa pulo ·pacíficamente salvar tao
tremenda crisis¡ los Estados Unidos del Brasil, donde
todavía las pasiones se sobrepouen al público bienestar
y las ambiciones personales á los intereses de la comuni•
dad, tal vez sean impotentes para conjurar la tormenta
que puede ocasionar ese act.o imprudente. En nombre
del patriotismo, en nombre de la salud pública, puede
pedirse al senor Da i11oraes, que permanezca en su alto
puesto.

(Fotografía de Lorenzo Becerril.-Puebla.)

En las graniee críeie, en los sacudimientos sociales, el
co):\arde se escurre, el héroe muere.

•*•

Contra. todas las previsiones, contra todas las esperaD •
zas, contra todos los temores, la crisis espailola eo vez
de re:10l verse en un cambio radical del gabinete conservador, ha sido como aplazada, quedando al frente del
&lt;iobierno el senor Cánovas del Castillo y, sin que baya,
por endr, el más ligero cambio, la más pequenaalteración
en la polít.ica que ha informado al gabinete de Madrid,
para la solución del conflicto cubano.
Las conferencias con el señor Sagaeta, jefe del pattido
liberal, las consultas con el general MarUnez Campos,
candidato posible para formar un mini~terio de tranei•
ción, loe parlamentos con los generales L6pez Domín·
guez y Blanco, ahasper9:onalidadea en el ejército y poei·
bles caadidat.os también á. la capitanía general de la Isla
de Cuba, todo ba sido infructuoso, y ha prevalecido en el
ánimo de la Reina Regent.e la conveniencia de depo!li·
\ar su confianza, toda su confianza, en el partido eonser·
vador que en más de drs anos que lleva de estar en el
poder, duranLe las grandes críeie ocasionadas por las gue•
rras coloniales, ha sabido sortear hábilmente loa escollos
y dificultades sin número que ha encontrado á. su paso.
Pero si los conservadores quedan satisfechos, no obstan\8 la gran respon:1abilidad que sobre ellos gravita
con inmensa pesadumbre, no así los liberales que pare
cían correr ilusos en busca del poder, sin alcanzar siquiera la gravísima situación porque atraviesa el país, y en
cuyas azar,,sas cir .mnetanciae se iban á. hacer cargo de la
cosa pública, teniendo que vencer dificultad.es de que no
eran respoaeab1ea.
Clama la prensa liberal contra su jefe 1 acusándolo hasta de cobarde, porque retrocedió ante la magntiud de la
empresa de acoger una situación erizada de espinas y
salpicada de escollos¡ no comprenden que hábil en ex•
4

•

tremo y cuidadoeament.e cauto, el senor Sagastl no ha
querido comprometer á su parLido, embarcándolo en pe·
ligrosas ave1.iturae. Sostiene la actitud reeervada de loa
últimos días, decreta eu abstención en las preeeat.es luchas parlamentarias, considera aplazada pero no re:mel•
ta la crisis, y espera tranquilamente el momento en que
el patriotismo lo llame y la necesidad lo coloque al fren•
te del Gobierno.
Pueda 1a habilidad nunca desmentida de don Antonio
Ctinovaa del Castillo sacarlo victorioso de en medio de
a tormenta que sobre él se cierne.
X. X. X.
10 de Junio de 1897.

Nuestro folletín.
Con este número recibirán nuestros lectored la segúnda parte de

"LOS TESTAFERROS"
para C)mpleto del folletín corre,poncliente á
Mayo.
Dividimos en dos entregas esta novela
por que es &lt;lema,iado voluminosa, pero n6tese que cumplimos nuestra promesa de dar
UNA NOVELA POR MES
Con los últimos números de Este mes repRrtiremos, dividida también, en do;; entregas en raz6n de su extensión, la novela

"EL DINERO DE LOS OTROS"
como folletín correspondiente á Jnnio.
La ohra completa vale$ 2.30 en las librerías de la capital.

�EL MUNDO
HIGU;:NE; MORA.Y,

Pocas madrea de familia se han penetrado lo bastante
de 1a correlación que existe entre el cuerpo y el alma,
de la estrecha conexión de las funciones füiológicas y de
los estados del espíritu, de la necesidad imperiosa y existente de conservar la sal u l y el vigor de sus hijos si quieren q11e las pasiones tengan freno, equilibrio el carácter,
ponderación el juicio, benevolencia y generosidad los
sentimientos, energía y norte la voluntad. Un nifio sano,
vigoroso, con pétalos de rosa en las mejilla~, hilos de
coral en loa labios, luz; astral en loa ojos, nácS.rea en la
frente, circuidos los pufios de brazaletes de piel sonrosada,
todo hoyueJoa y todo curvas, ea no sólo un ejemplar admirable de una amamantación generosa y esmerada y
de una vigilancia materna solícita y amante, es además
una esperanza de inteligencia, uoa probabilidad de virtud y de honor, una promesa de rectitud y de energía.
Los extravíos morales, la irascibilidad, el rencor, la
hipocresía, que más tarde, en la juventud y en la edad
madura, ae traducirán en vicios y hasta en crímenes,
tienen, en general, au origen en la organización física,
debilitada ó enferma, y en errores de educación que de
esos vicioe fieicos Ee derivan.
El niño en los primeros meses de la vida no tiene personalidad intelectual ni moral; si esta Eaoo y bien nutrido, si su vestido es confortable y limpio, si nada físico ó material lo importuna y hoatiga, está. siempre contento y sonriente, es confhdo y apacible, no se irrita ni
enfurece, duerme profundamente y despierta gorgeando.
Inaccesible á las influencias d0 orden moral, á las preo•
cupacionea de interés, á. las peripecias de la política, á
cae vicisitudes de los negoci03 y á los sacudimientos de
la:1 pasiones, se deja vivir, come, duerme, sonríe; no se
oyen en la casa sino sus arrullos de tórtola y sus grititos
de regocijo; pasa las horas mirando frente á. s! y á su alrrededor volar las mariposas¡ chupando sin descanso sus
propias manecitas, agitando con afán pies y brazos, sin
necesitiar de nadie, sin extrafiar nada1 sin exigencias y
ein caprichos. Esa placidez y esa tranquilidad son su
estado normal, la atmósfera que respira, la esencia mis•
ma de su vida vegetativa.
tSi en un momeuto dado se agita ó llora1 si está taciturno ó irascible, si quiere cambiar da brazos, de lugar,
si no puede conciliar el sueño, no puede caber duda, el
origen de su malestar tiiene que ser físico y no moral,
La ropa mal fajada ó •mojada; una sabandija que lo im•
portuna, el frío ó el calor, 6 bien una indisposición repentiaa, el meteorismo, la indigestión, son la sola causa
probable y la única posible de su desazón. A diferencia
del hombre que, en plena salud y en pleno vigor, sin que
la arruga de un pétalo hostigue SUB carnes, sin que la
zarza del camino hiera su planta, puede verse atenar,ea ...
do por el sufrimiento moral, y por consiguiente, encon•
trarse sofilbrfo en medio del bullicio, y 11lelancólico en
medio de la alegría de los demás é irritado y colérico en
el seno de la más profunda calma exteriorí el niño, ajeno é insencible á las tormentas morales, no puede tener
en los primeros meses de la vida otras causas de irrita•
ción, de contrariedad y de desconfianza que las de.orden
naturalmente físico.
Si las madre::1 se penetraran de esta verdad de evidencia palmaria, si ajustaran á. ella su conducta y normaran
en consecuencia, eus procedimientos de educación de la
infancia¡ la nifi.e1. se pasaría trá.nq11ila y serena sin tempestades y sin agitaciones, y los niños no se entregarian,
como hoy sucede y desde bien ~mprano, á. esa gimnástica de las malas pasiones, de la cólera, de la rebeldía,
del recelo y de otras más á etiya virtu1 el uso de la
razón los sorprende, ya moralmente defectuosos y á
veces perversoe.
Eea gimnástica de las malas pasiones es, por desgracia
un hecho; á fuerza de enojar á un niño 6 de no remediar
á tiempo sus causas de enojo, se le vuelve irascible é in•
gobernable; á. fuerza de contrariarlo se le desamora y se
le vuelve egoísta¡ á fuerza de asustarlo ee le hace cobarde, y á fuerza de contrariarlo se le vuelve rebelde. Las
. causas ocasionales que despiertan sus primeros aneba•
tos de pasión y que repetidas después, hacen del niño
un eer malévolo son, en loe primeros meses de Ja vida,
las incomodidades y las enfermedades agravadas por loe
errores de la educación. En ese orden de ideas hay momentos críticos, Ja dentición y el destete, durante loe cua·
lea el recién nacido puede adquirir, fortificar y arraigar las
pasiones que han de perderlo y de ha1er la desgracia de
los auyoe.

DOMINGO 13 deJUNiO de 1897
-=O~O;;;;;M~IN;G~O~•l3=D~EÍJ~U~N~IO~D~E~,g~9~7~==============~E~L~M~U~N~D~0~=========================399~

La inmensa mayoría de las madres desconocen, si no
estos hechQs, p or lo menos sus causas; descuidan el remedio, dejan acrecentarse el mal moral incipiente, y
cuando vuelven la cara no hayan cómo explicarse los
malos hábitos y las malM pasiones de sus hijos. Si el nifio llora mucho1 se dice que está chipil; si hace berrfo,ches,
le llaman impertinente; si es tímido y receloso,le llaman
m«riCa Y se conforman con poner una etiqueta al mal en
vez de apl icarle un remedio. Y no es esto lo peor; es
muchos caeos el remedio ei peor que el mal¡ juzgando
que el niñ.o tiene causas morales de desazon, y creyendo
que estas influencias morales mismas, no tienen causa,
én vez de examinarlo, de asistirlo, de consolarlo, suelen
regafiarlo, pegarle, asustarle para que calle, se calme 6
duerma, y agregan lefi.a al fuego de la mala pasión que es•
talla en el niflo.
Las madres no tienen tanta re8ponaabilidad en estos
errores como sus consejeras. Hay médicos, hombres graves y mujeres de experiencia que aconsejan á las madres
jóvenes dejar llorar á IOs niños, (thasta que se caneen;))
que lee prohiben tener luz ó encenderla de noche ea la
alcoba para no mal Acostumbrarlos, que les prohiben
cambiarles la ropa á. las altas horas, etc., etc. Estos consejos son de3astrosos. Un niño no llora nunca p or que sí,
Y si en vez de evitar qne llore bu~cando y suprimiendo
la causa física de su llanto, se le deja Horar, y si como es
general, el hecho se repite durante algún tiempo, el caracter se agria, las malas pasiones germinan y crecen y
acaba por hacerse perverao y m1\ inclinado á un niñ.o
en el fondo bondadoso y docil.
'
Siempre que un niib llora, ó se enoja; siempre que es.
té triste é insano, siempre que se manifieste re.celoso, hu•
raño, descontentadizo, lejos de abandonarlo ó de castigarlo, hay que buscar la causa __física de su contrariedad,
que averiguar si nadn extraño lo impor~una, si ningún
trastorno interior lo amaga. Hay que desnudarlo, cambiarle la ropa mojada, afloJarlo, expulgarlo; sino se encuentra ahí la causa, hay quu averiguar si sus funciones
se desempeñan correctamente, si su vientre está. 6 no
abultado-:¡ doloroso, si su lengua está blanca, si hay calentura¡ raro, rarísimo será dejar de encontrar la mani·
feBtación de un tra'!torno de su s.1lud, causa de sus triste·
zas ó de sus cólerae1 y poniendo inmediato remedio, ya
con los cuidados maternales, ya si es necesario, con la
asistencia médi01, se ve como por encanto renacer en el
niño la tranquilidad y la alegría, disiparse la ira y reaparecer el buen humor, el sueño, el apetito que revelan
que el mecanismo interior ha recobrado el equilibrio.
Hay, pues, uria higiene moral dentro de la higiene corporal; á la vez que se suprimen en el niñ.o causas de incomodidad ó de enfermedad1 se precave el ejercicio, y por

consiguiente el desetivolvimiento de las mala, pa,iones.
Una noche de insomnio, una hora de incomodidai ó de
en fermedad, son un leñ.o á la hoiuera pisional. Estas
influencias, por pasajeras que parezcan, se agregan la
una á la otra como las moléculas en el cris tal y com1 las
gotas en el torrente; más tarde, con el uso de la razón,
con la edad nubil, J1ueva'3 necesidades y nuevas pMiones
sobrevienen, y si encuentran al niño predispuesto á la cólera, al rencor, á la venganza, á la hipocresía, acaban por
hacer de la infancia malévola una virilidad criminal. Las
pasiones se forman en el corazón como he nubes tero.
pestuosas en el cielo: comienzan por un copo imperceptible y acaban por invadir todo el espacio y por devastar
toda la naturaleza..
L'.1s madree deben impedir la formación del copo para
precaver la tempestai. Xo deben arre ir.a.ria':! la atención
meticulosa, el desvelo perenne, el afan infatigable que
la salud y el vigor del nifio exigen é imponen. Deben
vivir atentas al cuerpecito de sus hijos como el marino
vive, fijos los ojos en la brújula; deben ince~antemente
precaveré impedir que estalle el mal fíeico, para que no
sobrevenga el mal moral y remediarlo en cuanto eobrevenga para impedir que germine.
Mucho trabajo, mucha asiduidad, mucho artificio y
mucha perseverancia son necesarios á la madre, para impedir la invasión de ese microbio que corroe y destruye¡
pero ese_ afan y ese anhelo les ahorran t )rmentos miis
crueles y menos remediables. Cada caidado im?artido
al niño, es una liígrima economizada á la mad:e.
DO(:l'OR M. :F'LORE.S.
Junio de 1897.

DAM.A.S DI.STING-UIDAS.

l.
•

~

',

t.\

J:t

..,

~

~/}

MONSEÑOR NORBERTO DO111INGUE:Z
Circula la noticia de que ha sido nombrado Obispo de
Yucatán el actual Vicario, Monseñor Norbeno Dom!n•
guez, hombre de gran vinud y dabiduría, generalmente
estimado por la suciedaJ yucllc.eca.
:M:oneefior Domínguez lia prestado servicios consiierablee á la causa de la enst'ñanza en euE::Jtado natal. .1!:I im•
plantó el estudio de las cieucias exactas en" el antiguo Seminario de San Ilddonso, úuico plantel de instrucción
superior con que contaba la península.
Durante, l!luchos año!!, _Mo~señor D Jmínguez fué pro•
fesor de F1s1ca en el Sem1uano1 hasta que la e.nseñan-,.a
laica arrancó su prel)tigio al antiguo colegio, fundando
el Instituto Civil.
El Padre Dom ínguez---como cariñosamente le llaman
eua numerosos disc1pulos-tiene cualidades de carácter
verdaderamente excepcionales. A:3f lo demuestra el hecho de haber convenido siu más recursos que los acopiados por él, una desmantelada Escuela como en sus
comi~I.Jzos fué el uColegio Católioo,i, u-d plantel de instruc~1?n dotado de los mejores gabinetes de Física y
Química, en Yucatcn, y de una magnifica biblioteca.
Su voluntad de fierro es ya proverbial entre los yucatecos. Merced á esa brillant.e cualidad nunca se le vió
doblegarse al peso del infortunio en eJ niñ.ez y ha sido
txl\ 1tado á. los más. prominentes puestos de la diócesis.
Dd RJma, mereció hace alguaoS años, la dietinción de
Fer elevado Á. la categoría de Protonotario
Apostólico, habiéndorn solicitado entónces
su nombramiento de Obispo.
.l\foerto el eefior Carrillo y Ancona, Mon·
señor Domíngnez ea, entre los sacerdotes yucatecos, el que mejores t(tiulos presenta para
ocupar la vacante. Bien lo demuestra la
energía con que ha sabido reprimir loe abu •
sos &lt;;te ~quel clero, destiturendo á los párro·
coa rnd1gnos de ejerner e ministerio ecle·
siá~tico.
Por esta conducta. y los innegables méri•
tos de l\fooeefior Domínguez, la sociedad
yucatPca ha aplaudido que á él se confiera
el gobiernC' de aquella iglesia.
OTRO PAGO DE is,618 DE

LA MUTUA,.
EN GUA.DALAJA.RA..
Guadalajara, Mayo 31 de 1897.
Sefior D. Carlos F:ommer, Director general
de "La Mutua."-México.
Muy señor mío:
Tengo el gusto de participará usted que
con el'ta fecha he recibido del Banco de Londres &amp; México. Sucursal de Guadalajara, la
suma de $5,618.00 (Cinco mil eeh cientos
diez y ocho pesos, } importe dela póliza número 342,516, bajo la cual estuvo aeegurado
á mi favor mi difunto Pspoa?, el sefior Ramón de la Mora. siendo $5,000 00 por importe de la póliza, y 618-00 por dividendos acun:11 1ados 1;n el tiempo que duró su seguro;
,$.J,618 en Junto, que Pn presencia del Notario Público 1 Sr. Lb. Don Salvador España,
recibí del Banco mencionado.
Doy á usted las gracias p1r Ja eficacia
con que esa Compafiia de sn cargo se eirvi6
tener para el pago de la citada póliza, y ll¡U•
torizo á Vd . á d11r la publicidad que crea
conveniente á. la presente carta, subscribiéndomede usted su afma. atta. y S. S.

Monseñor Norberto Domínguez, próximo Obispo de \'uc:atán.

11

FB:UPA DEL ÜASTILLO N EGRETE, YDA DE M ORA.

"·.,,

'
¡

~~ri-'

r,,I¡

I''

•

;

' ~
,'
1

"

'

Seiiora Clara Sinibaldl, esposa del Minl•tro de Hacíenda 1
D. José Maria González.-Guatemala.-( FotograJi.a &lt;k YaldeareUano, Guatemala.)
LOS .TRISTES.

Para nosotros, la generación que ha nacido al arrollo
&lt;le la fusilería, adormecida con l&lt;t. leyenda trágica de los
,grandes héroes, nutrida con todas las dudas que roen
-este hecho inmenso que se llama él Progr~so; para nosotros, hijos de la Revolución y del Enciclopedismo del
-siglo XVIII, que hemos pasado del sangriento ti.ed ale•
mán á las blasfemias de 8helley¡ que hemos derriba.do
muchos !dolos de sus pedestales, que hemos arrojado
una mirada rápida á. las investigaciones de la ciencia mo•
derna¡ para nosotros los que entramos en 1a lucha por la
vida con un poco de veneno allá en el fondo, es algo
asombroso, algo que sale de los límites de lo posible-, en-contrar en este desquiciamiento de idtalee un gnerrero
que conserva blanca su armadura, al::&gt;ollada por los golpea del comb1te1 pero firme todavia eobre una cabeza altiva y gloriosa. Pero ¡ay! esta excelsa calma, eeta radio~
11a puesta de sol, tras un día azul y eereno, no se deecu•
bre en nuestros horizontes- repletos de tempes adea, anublados y so?D.brfos.
Nuestra generación ea 1rna generación de tristes; pare-ce-según la frase de un poeta-q11e arraetramos lo1 dolores de muchos siglos: nada tenemos porque padecer, y
no obstante, padecemos por todo; llevamos dentro dt,
nosotros esperanzas sin ideal, sufrimientos sin causa¡
nos sentimos infinitamente fatigados, y las sensaciones
que recibimos son tan profundas, tan intensas, nos con mueven por tan hondo modo, que eemejan heridae que
manan eternamente sangre: flomoe «una alma enferma
que sopmta un cadtver u ¿Remes nacido dema,iado
pronto ó demasiado tarde?
Un poeta inmortal 1 que acaba de morir, ha escrito esta estrofa, que es le grito de un ideal que se refugia en
i'l pasado, como esas aves viajeras del espac:o que cuelgan sus nidos en las ruinas de un viejo torreón feudal:
.l'ai goOté peu de joie et j'ai l'i\me a.~&lt;&gt;ouvie
Des jours nouveaux. non moins que dessiCCles a.ncleux.
Da.ns le sable st.érlle oU dorment tous les mieus
Que ne pu.is-je finir le songe de ma vie.

T,memos la visión de las t,da1.es pasa fas y suspiramos
por aquella época de ener!!'fa ealvaj d y de Ícl profunda.
El hombre del siglo XlX, educado en el Criatianism'&gt;,
ha sub'Jtituido h creencia en Di011 por la creencia en la
Libenad, en la Ciencia, en la Ddmocracia,-no importa
en qué;-pero ha conservado en el fondo de su espíritu
na. vago sentimiento del misticismo, un amor al miste·rio, que flota en este mar de locas tempestades en que su
conciencia ha ido á perderse. ¿En dónde se encuentra
f'se Paros ideal, poblado de apariciones cons:: i ladoras¡ en
dónde el lugar de loa ensueñ.os vagos de las nobles aspiraciones? Y la esperanza se vuelve acia esa corriente
de supremo aniqui 1amiento de la idea-de la idea de la
que ha dicho Balzac que si es un elemento social, es ~mbién un elem~nto destructor-á ese reposo d ~ toda sensación. Y el sueño del anacoreta de la Tdbaida ae eleva
ante nosotros como un término consolador: «¡ Quisiera
tener alas, un caparazón, una corteza, esparcir humo,

¡;

Señorita Herminla Peña, de Saltillo (Coahuila ) -Méxieo.
( Fologru.fw. de R ot·ell.)

llevar una trompa, _torcer mi cuerpo, dividirme en tod11.,
partes, estar en todo, emanarme con los olores, desarrollarme como las plantas, correr como el agua, vibrar como el sonido, brillar como la luz, asimilarme á todas las
formas, penetrar en cada á.tomo, descender ha~ta el fondo de la natursleza, ser la materiaJ,,-(Gus¡avo Fhmbert. )

TtJdo ea d0loroso en la Vida moderna. Nu"'8tras lecturas, nuestra'\ impresiones, nuestras mi'Jmae alegrías se
padecen: se ha quintaesencia-lo la existencia y el zumbido de un cínife lle~ á nuestros oídos como el eatamptdo
de un cafionazo. ¿0::1 acordais de aquel Mr. Joyeuet, del
K,1.bad de Alfonso Q,t,udet? Aquellas angustias imaginarias, aquellos terrores de fantasía se han apoderado de
nueitras almas.
RP.ina en esta nuestra extrem11 civilización un senti•
miento de pavor infinito; es una humanidad que tiene
miedo. :Nuestra literatura contemporánea está herida de
esta dolencia extrafia que invade nuestros espíritu':! como un1, onda amarga. Nuestras lecturas complicadas é
incisivas nos hacen sufrir: no hay placer en las páginas
del libro que recorremos. En los vers1s de nuestros p()e•
tas favoritos vemos palpitant.a la llaga.: á Leconte de Lisle la naturaleza se le aparece como un conjunto ((consti•
tuido p&lt;'r una serie de formas que se engendran unas á
otras y desaparecen tan pronto como han sido cons,ituidas;u algo así como lamanife!:hción p3íquic\ de la. d • ctrina que expone Taine en el prefacio de su Inteligencia.: ((una
infüüdad de fuegos de artificio que á diversos grados d&gt;1
altura se complican, se elevan y descienden, incesante,
eternamente1 en las negruras de la vida.» De aquí á Cá.rlos Vogt y Stirner no hay una gran distancia.
Y el mal arranca de lejos. Alfredo de Musaet, Byron,
Goe~he lu,bían sido invadidos hasta la médula d .. s•1s
hnesos. E l mi~mo Chateaubriand, el creyente ddl Genio
del. cristiani,imo, había sentido en eu frente el vieato de
la época. R ené lleva en s11 espíritu el virus incurable de
una enfermedad desconocida. La contemplación dt, la
naturaleza sólo despierta en el alma del poeta cristiano
-como en la de nuestros modernos neopesimiatas-una
m0lancolía sonadora. Parece, dice un crítico-como si
1a fra'6rnidad que se ensancha h1sta los árboles y las
hojas caídas; como si ese amor tierno de lo cread•&gt;, como
si la contemplación nc-eva de los horiz-on~s llevasen la
turbaciñn al alma del hombreé hiciesen salir hasta eu::i
ojos todm lo':! vagos dolores de su sér. Cbateaubriand
realiza ~se tipo del poeta sentado en una roca y derram·ando, mientras admira una hermosa noche, lágrimas
que él mismo no siente deslizarse. Contemplan'i o bosques, montañas, ríos, en que por vez primera encuentra
interés, siempre dominado por un cansancio sinoero1 muy
dulce, sin embargo; por una necesidad de sueños en cuyo
fondo celebraría morir.
·
,
Del espectáculo de la natura1 eza el hombre ha pasado
á la c:encia. Pero la ciencia, como la n8'uraleza, es una
eterna impasible y . el hombre no ha encontrado el per•

segui lo, anhelado manantial con que calmar eu sed. De
ll\ té intensa á la verdad severa, los espíritus no han podido pasar sin una vinlenta crisis. Esta crisis es la que
e::Jtamoa sufriendo. ¿HPmoa corrido con demasiada rapidez hacia la Verdad? ¿Nos encontramos todavía mal preparado! para penetrar en el interior de ese templo? ¿Somna ciegos á quienes de impr.Jviso se nos ha hecho ver
la luz? R~uerdo que Stuart Mili se pregunta si para el
hombre, en 1111 escalón superior, no sería una inmenBS
desdicha la inmortalidad. Pdro faltale al hombre haber
Rlcaazado ese nivel y la duda de Hamlet ha clavado la
garra en su corazón:
·
j ..\h! tout cela. jeuneus.,;e, amour, joie et~nsée,
Cnanu, de la mar et des foréts, souflíes du ciel,
EmportantA pll'in vol , l'espérance insensée,
Qu'est ce que tout cela qW n 'est pas et.ernel?

El ab.ite P,erre de L ourdes, es el símbolo del espíritu
de uua época: como el personaje de ZJlá, corremos presurosos al lugar del misterio y salimoe de ali! más vacilantes, más a1oloridos, con mis soinbrae que antes de
Psta peregrinación en p os del eterno, perseguido ideal.
Somos acaso-según la frase de Flaubert-productoa de
una civilización fatigada, que habríamos alcanzado todo
nuestro vigor dedeaarrollo, si hubiésemos nacido en nn
mundo más joven. El anhelo persistente, el inagotable
deseo, la noetalgía de esta mie¡erioaa dolencia, agita á
esta generación de tristes.
Loa hombres que aos han precedido, han elaborado
lentamente nuesLros punzantes sufrimientos: ellos han
gastado todas las alegrias de la vidll humana y nos han
transmitido un legado de incural;lle · trist.eza. Dichosos
los q1u:i oo han sent.ido en su frente este helado aliento
de infiaito dt!lsJonsuelo y han ca(do de pie, serenos1 alt.ivos, conedrvando en la die3~rc1, el acero del combate, con.
la cóler.t. en los ojos y el brJo en el corazón!
CARLOS DíAZ DL"FOO.

Sie~pre es parJL vosotras peligroso

nn animo aguerrido
y un uniforme hermoso.

El fansto mi~itar ¡sexo precioso!
siempre ha Bl lo y será tu prometido.
CAMP03.:,..:0R.

�'
DOMINGO 13 DE JUNIO DE ,a,17

EL MUNDO

400

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para~"EL MUNDO."--Ilustraciones tcmadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.

•

~

. .

1

t .. -~

1

i'

DOMINGO 13 de JUNIO de 1897

kiold no estaba demasiado libre de hielo, para permitir al F ram cortar por lo más corto.
-cuando menos la navegación era facil, siguiendo la ribera. Después de haber harponeado al pasar, algunas morsas, en la costa
oriental en la península de Saimyr, Naneen
conducía rápidamente su navío hacia el paraje donde podía eaperar encontrar y donde
encontró, en efecto. el mar casi libre: al
norte del delta de la Lena, cuyo enorme caudal de agua, relativamente caliente, impulsaba de algún modo loa bancos, acaso dando
nacimiento á una corriente, y ciertamente,
elevando la temperatura del mar en un radio escondido.
El 18 de Septiembre, al oeste de la isla
Belkov, la más oriental del archipiélago de
la Nueva Sibt!ria 1 el Fram. encontró ál nor•
te el marlibre y la ruta abierta. Era un encanto: ya no había invierno, en la siesta bri•
llaba el sol, y, en la noche, Naneen y sus
compañeros bogaban tan rápidamente como
el vapor y la vela podían llevarlos, hacia
las regiones desconocidas, sobre un mar inmenso que Jamás había surcado antes que
ellos navío alguno. Podían creerse á muchos
centenares de millas más al Sur, tan dulce
era el aire y tan lejanos parecían los bancos.
i,¿Cuánto tiempo durará esta feliz navegación? La mirada se vuelve siempre bacía el
norte...... Mirar allá ea mirar hacia el porvenir. Siempre en el horizonte el mismo cielo sombrío, que quiere decir mar libre; hemos casi alcanzado el 77° de latitud. ¿Hasta
dónde iremos aai? Yo he dicho siempre que
estaría satisfecho de llegar al 78?. Pero Sverdrup ea más dificil: babia de 80°, acaso de
84º, tal vez de 85º. Habl!:I. también seriamente del mar libre del polo, Jel cual se trata en
libros que ha leído; é insiste sin cesará deepeebo de mis burlas.n
Sin embargo, el 20 de Septiembre, con una mañana
de brumas, el JJ'ram. se encontró bruscamente frente -i los
bancos de hielo. Estos eran compact.os, y cuando apareció el sol, Naneen pudo ver que @e extendían del este al
oeste, hasta perderse de vista. Fué imposible avanzar y
el bu&lt;1,ue se arrimó á un témpano enorme. 11Flotamos
aún hbremente, escribió Naneen el 22 de Sept.iembre;
pero tengo el presentimiento de que invernaremos en el
hielo que nos rodea.n
El jueves 22 de Septiembre de 1893, la expedición po•
Jar del doctor Naneen entró puel:!, en su segunda fase. La
fecha ea de importancia; pero como todo ea contraste en
este mundo, la tripulación del Fram consagró la siesta de
aquella jornada capital á la más vulgar de las tareas: á
una guerra de exterminación contra las chinches que
babían desde hacía algunos días invadido el buque.

'EL

MUNDO

NanSf'n, un día en qua elFrameatabainmovilizadoentre laa brum r.s y loa hielos del mar de Kara, escribió en
su diario esta frase sentenciosa: ccLa paciencia es uno
de los med&lt;'amentosde que toda expedición polar debe
estar más abundantemente provista.n Al bordo del Fram
casi no se usó má.e que de este medicamento darante tres
afiofl, pero se usó ampliamente,¡ Eobre todo, al principio.
El 4 de Agosto de 1893, fu doblado el cabo Tche•
liouskine. Treinta y siete días de un tiempo precioso ha·
bían sido consagrados á la travesía de 840 millas marioaq,
(1,555 kilómetros) li vuelo de pájaro....... . A vuelo de pá·
jaro.

Imaginaos un pájaro que ha penetrado en una es~ufa:
en 8u vuelo loco, á cada impulso hacia el aire libre, encuentra en todos los aent.idos el obstácuh, de su prisión
de vid1iG. En el mar de Kara, el Frttm estaba en u.na situación semejante: chocaba contra loa límites de su pri•
sión de hielo á cada tentativa para evadirse hacia el agua
libre.
Del estrecho del Yougor al cabo Tcbe1iouakine, qué
de zig-zags, qué de vueltas, qué de ~das y venida!!!
...... A.l día siguiente mismo de la partida de Khabarova1 después de veinticuatro horas de navegación entre
la costa y loa bancos, fué preciso detenerse una primera
vez: la l1erra al es\0, al norte los bancoti, f, envolviéndolo todo, una bruma espesa. Durante cuatro días, el
Fram estuvo a~í bloqueado ceica de la playa de la península Yaiwal, triste y desolada. Había samoyedos acampados en loe alredl'ldores y la expedición recibíó la visita
de dos de entre ellos: fueron loa últimos aérea humanos
encontrados en el camino.
El 9 de Agosto el .F'ram pudo al fin poner la capa al
norte. A pesar del viento contrario y de loa hielos flotantes, viró en seguida hacia el este1 después de haber
doblado el cabo Skarak&gt;f y la iela Blanca. Camina caminando, Naneen y Sverdrup pudieron reconocer cierto
número de islas no reveladas por Nordenekiol, en tanto
que otras tierras puestas en la car~ del ilustre navegante de los mares siberianos, no existían: detaUe que prue•
bª cuan incompleta ea la geografía de esas n&gt;gione~.

El Fram debía arribará la isla Dickson para permitir
áloe miembros de la expedición dejar cartas bajo un
ca:irn: el capitán Wiggine había prometido recogerlas al
dirigirse á la embocadura del Yenisei. Pero el viento que
había-desde hacía algunos díM-hecho derivar al Ftam.
hacia el Sur y luego hacia el Sur-oeste, habia cedido.
Demasiado tiempo habían perdido. Para aprovecbaree
de la calma, Naneen y sus compañeros sacrificaron esta
suprema ocasión de dar noticias suyas á aquellos que
les eran caros, y quemaron en la rápidez de su curso
vuelto á encontrar hacia el Este, el buzon de la isla de
Dicksoo.
En las islas Kjellman, semejantes á rocas que hubie sen sido pulidas por loe glaci.er§ cuaternarios, fué al contiario, preciso detenerse para una reparación en la cal,
dera. El mar estaba azul, el cielo brillante, la brisa
ligt&gt;ra, y Jacobaen, el segundo de abordo, acurrucado en
el nido de cuervo, había petcibido renc,e, Se imponía
una partida de caz.a. Esta fué accidentada y penosa; cuando llegó la hora del regreso, la tempestad se había levantado; los cazadores no pudieron volver al navió, sino
deQpuéa de muchas horas de esfuerzos. Habían matado
dos renos y dos osos: pero como no era caza á propósito
para cargarse y subirse en un buque que danzaba sobre
las olas, la abandonaron.
,., Era el 22 da Agosto. En el canal estrecho, abietto á lo
largo de las riberas, la corriente era_ rápida como un do,
Y el Fram la tenía en contra. Fué lentamente, tanto más
lentamente cuanto que el agua era poco profnnda y que
la más elemental prudencia aconsejaba sondéos repetidos, -fué muy lenta y penosamente como el navío de
Naneen hizo ruta hacia el Nordeste en medio de un verdadero arcltjpiélago de islotes desconooidoe. Habrí-a so•
brado ahí quehacer para un navegante que tuviera tiempo para entregarse á la reclificación de la carta. Pero el
F'ra ni bogaba hacia otro fin.
He aquí el invierno; la nieve ha caído abundantemente: sobre la fealdatl de esta región de brumas ha extendido el encanto de su resplandeciente blancura ..... .
~itra la realización del plan de Naneen, no ee acaso inqmetante que llegue ya el invierno y que rnrprenda al
J,'ra m más acá del cabo Tcheliouskioe, tan lejos de la

El "Fram" en una zona de agua libre.
LA. PRDIER INVERNADA.

Según todas las apariencias, el J?ram, detrás del cual
la mar libre que acababa de recorrer se había súbitamente congelado, estaba bloqueado por largo tiempo. Naneen
contaba bien con Que no saldría del hielo antes de haber
sido arrastrado con él del otro lado del polo, hacia el
Océano Atlántico. Cada día el sol declinaba en el cielo;
la temperatura bajaba constantemente. Era r?almente
el invierno esta vez, que se aproximaba á grandes pasos:
el invierno ártico, la larga noche polar, la noche temida.
La expedición no tenía más que hacer que prepararse
para estos extremos fríos y en eso se ocupó, trabajando
en poner el buque en las condiciones más confortables é
inspeccionándolo cuidadosamente. Todos examinaron su
traje y cada marino fué su propio zapatero, confecionándose calzado de gruern tela, provisto de calientes y

longitud que vió la pérdida de la Jeann,tte y que debever la part.ida del Fram para su glorioso via je de derivación hacia el norte?
Esta costa siberiana, bordada de islaf.l, cortada en penínsulas, es muy poco propicia á la navtgación: la plena.
mar no existe, pneEto que el hielo la cubre y es preciso~
abrirse paso á la fuerza y ensayar continuos tanteos pa•
ra ballar estrechos. El de Taimyr no fué posible encon trarlo durante diez días (del 27 de Agmito al 6 de Septiembre.) Ahí Naneen pudo creer que su viaje iba á ser
interrumpido por un afio cuando menos: 1rYo ensayo,
escribió él el 5 de Septiembre, familiarizarme con la idea
de invernar en esta costa ...... Hay bastantee problemasque resolver aqu(: no sería un año perdido para la geografía y la geología ...... Pero no, yo no puedo aceptar
esta eventualidad. Un año de la vida de un hombre eaun afio, y nuestra expedición promete ser demasiado
larga,),
Por fin, el 10 de Septiembre, el cabo Tcheliouekine estaba vencido.
(1) ...... ((El sol había, desde hacía algún tiempo, descendido detrás del mar, y el cielo crepuscular era amarilloy oro. No se veía ni una estrella. Justamente por encima
del cabo Tcheliomkine, su fulgor melancólico brillaba
en el cielo pálido. Aun cuando, á consecuencia de las
maniobras la oriPntación del cabo se modificase con relación á nosot.roe, el astro estaba siempre encima de él..~
Era eea mi estrella? Era eea el alma del hogar y del país,
que me seguía y me sonreia ahora? Cuánt.oe pensamiea.•
tos despertaba en mf, en tanto que el Fram trazaba eu•
estela en la noche, más allá del punto más · septentrional
del viejo mundo.n
A las 4 de la rnafiana, loe pabellones fueron izados y:
tres cailonazos saludaron el cabo Tcheliouskine, doblado
después de tantas tribulaciones.
LA PRISION DEL t(FR,B.f&gt;I EXTRE LOS HIELOS,

Deede entonces pareció que, como lo había anunciado ,
Naneen, do máe estaba hecho.)) Si el mar de Nordenafll . TC?rlos los pe.sa.jes entrecomados, sin otra. indicación, son · citaa.
.iel d 1ano del lJoctor Na nsen..

espesas zuelas de madera, Eegún un nuevo modelo creado por Sverd.rup y que fué objeto de
regocijadas caricaturas en el Framsjaa, las cuaes pueden ver en otro lugar nuestros lectores.
A Scott---Hansen, asistido por Jobansen ( basta el mea de Marzo de 1895) deepuée por NordLal, incumbiercm las observaciones metereológicas y maguéticas. Todos loa días, cuando el
tiempo era claro, Hanaen y eu compañ.ero determinaban la posición del navío. Nada intere•
saba más á loa miembros de la expedición, y no
era raro ver el camarote de Naneen. sitiado, en
tanto que él bacía sus cálculos, por todos loe
que estaban ansiosos de saber si se había derivado hacia el Norte 6 bacía el Sur y cuánto.
El estado de ánimos á bordo, dependía en mu•
cho de ese resultado.
Naneen se babia reservado las investigaciones científicas que le interesaban particularmente: temperatura del agua, su grado de sal á
las diferentes profundidades, modos de formación del hielo, corrientes, orígen de las presiones, etc., etc. En cuanto al médico, doctor
Blesaing 1 hubiera sido por falta de enfermoe,
el más desocupado, si no se hubiese resignado al empleo de veterinario, cuando los perros
reclamaban sus cuidados. Una vez por mes procedía á pesará cada miembro de la expedición
y á una ligera sangrfa1 anodina vivieección que
le aermitía contar loa corpúsculos rojos y determinar la proporción de la hemoglobina de ca•
da uno. Apresurémonos á afiadir que el doctor
Blessing se reveló bien pronto como el poeta
de la expedición y que, durante tres afioe1 eue
versos de circunstancias, ya líricos, ya humorísticos, no cesaron jamát! de eer apreciados en Bu
justo valor.
He aquí cual fué e) modus vi-i:endi establecido
desde el principio á bordo del Pram. No era
modificado más que el domingo y los días feriados. Pero el lector se percibirá pronto de que
ningún día feriado ee olvidó jamás, y que sobre los bancos errantfs, numerosas semanas fueron, literalmente,
111:'Pmanas de cuatro jueves.,,
Hora de levantarse, á las 8; desayuno de pan duro 1 de
queso, de buey ó de carnero salado, de jamón, le::gua ahumada, caviar ó anchoas; además, bizcochos de harina de
avena ó bizcochos de mar ingleses con mermelada de naranja 6 alguna compota. Tres veeea por semana pan
fresco¡ frecuentemente pasteles. &lt;Jomo bebidaa1 choco lat,e, t ó café.
Despu(ía del desayuno, trabajos diversos; cui&lt;lados que
conesgrar á los perros, asistencia al cocinero para la co•
mida de la una, etc. Una vuelta por los bancos á mane•
ra de aperitivo, y se ponían á la meEa. Tres platos: E0pa, carne y postre; 6 pescado carne y postre; 6 bien,
sopa pescado y carne- ó todavía, pescado, carne y postre.
Con la carne, patatas, y además legumbres verdes 6 ma-

1

Una observación con el teodolito.

LA LUCIJ .\. CONTRA. LOS HIELOS DEL YAR DE KARA

401

Una observación de eclipse de sol, el 6 de Abril de 189 4 .

�OOMINGO 13 de JUNIO de 18g7

carroni. Bebida: cerveza y mlis tarde jugo de cidra. «Yo
creo) escribe Nansen al dar estos detallts, que todos en•
contrábamos buena la mesa ...... Nos asemejábamos á cer•
dos gurdos: uno ó dos de entre nosvtros echaron vientre
6 papada. »
Abt1orbida la pitanza, muy alegremente en géneral, se
pasaba á la cociua que se convertía en salón de fumar:
t,alvo .,.,a lae granded ocasiones, el tabaco est.aba. proacri·
to de loe camarotes y del aalón. Ddspués de una eiesca
más ó menos larga, cada uno volvía tL su trabajo hasta la
hora de cenar: las seis. El men,í de la cena se parecía al
del dteayuno.
Para concluir la jornada, se fumaba en la cocina, conversando y discutiendo, después se volvía al sa:ón, para sumergirae, sea en la lectura, sea en las partidas de
cartas, aiewpr6 animada!!, ó dond~ los más encarnizados
y loe menos felices, perd1an, sino B11 camisa, cuando me•
nos ene raciones de pan fresco,-eea en interminables
conciertos. Uno ú otro se ponia al órgano (os digo que
nada faltaba á bordo del Fram ) y con ayu.J.a de la manivela se divertía en morder algun trozo lleno de arranque,
ámenos que Jobaneen no tomaee el acordeón para tocar
Oh! SuBana! ó la Marcha de Napoleón á tl'm.:éB de los Alpes
m un 1w1.:to! sus más grandes triunfos.
A media noche, cawa y reposo, interrumpido sólo por
el cuarto de centinela que cada hombre tomaba á su turno, durante una hora.
~s'8 regularidad y, sobre todo esta comunidad de há·
bitos, esta vida de familia casi, sin desigualdad en el tra•
ta.miento desde ningun punr.o de vista, sin demarcación
trazada entre el jef j de la expedición, el comandante del
buque y el últimu marinero, fueron del m~!f feliz efecto.
),a disciplina no se relajó, y ¿quién de la tripu 1ación del
Prum hubiera osado quejara!:' de su suerte, semejante bajo todoe aspectos á la de Nanseo, y hubiera moet.rado algún desaliento, cuando Ntt.nsen, que á veces lo experiinentaba, no lo mo1:1traba nunca?
LA DERIYACIÓN Y LAS PRESIO~F.8 DE LOS HIELOS DURANTE EL
INVIJi:RNO DE 1893-9-l.-LAS NOCIIEl:S ÁRTICAS.-ALUA ES•
CANDINAY.\..

Que el personal tle la expedición viviese de buen humor y en buena salud, era un pumo imporr.ante pura el
éxiro :floal dt:i la empreta de Na usen. !'tiro otras condiciones, no m-::nos e1:1enciales, debían realizarse, á. Hber:
que los hielos sin Towµer el Pram, con su1:1 cvut.raccionee
lu con Jujesen hucia et polo.
(;ómo tlt:l porto el Fram en medio de las presiones durant.e el invierno de 1893-9-l-en qué duecc16n y como
de1ivó 1 en til curi:10 dti este mismo periodu1 -estu ea lo
que vao á decirnos las notas redactadas cuotidianamen'8 por Nansen . .K8'e diario de Nane--in, al mismo tiempo
no~ hará penetrar mejor en la iot.iu.idad de la exisl;iencia tan sencilla, y sin embargo tan anormal de los trece
prisioneros voluntarios de loa bancos lirt1co8. Y Naneen
miswo aparecerá con un aspecto acaso inesperado, .t:le
conoce su energia; pero se ignora su complexidad.
No 1:on solamente loe geógrafos loa que d1:,berian leer apasionadamente las páginas escritas día á dia por X,1,nsen durante eu expedición polar: son también esos escrit.ores de
la nuevas rcvit:.taa, que han trabaJado tauto, desde hace
muchos año!!, por analizar, á través de las fabulas dramáticas, los 111:1atados de alma11 e~andfoavoe. Una alma
escandinava ...... he aqui una y de buenos quilates.
Laa hüjas del diario de Nan!!en son, dee'graciadament.e, más numerosas que las columnas de qua disponemos
aquf:
.MarteB f6 de Septiembre.-Abora, el sol estaba á 9° por
encima del horizonr.e, li media dia. La noche y el invierno están pr6x1moa. 1'.:!lt.awos inmóviles á loa 78° 50'
de Jar.Uud No rte ......
11He descendido á loe bancos hoy tarde. :Xada hay mPs
maravilloeamente bello que esta uoche ártica. &amp;'8 es
un pala de enaueno, coloreado por los más dtdicados tin•
tes que pueden imaginarse: es el color t•lerealizado. Un
matiz se funde en el ot;ro sin que se pueda decir donde
comienza el uon y acaba t&gt;I ot10. Y sin embargo, todos
loa matices está.o ahí.. .... T.xla la belleza de la vida, no
es acaso ex~el!!a, delicada y pu.ra como esta noche? Dad•
le colores más brillantes y ya no serli tan bella. fü cielo se
parece á una inmenea cúpula azul en el cenit, degradándose basta el ve1de1 después hasta el lila y el viuleta en
loe bordes.
:Sobre los espacios helados, caen sombras de un frío violeta azul, con tintes rosas m1:1e claros, cuando · la atista
aquí y ahl refl.1:jan los ult.imos fulgores del día moribun•
do. }!;n lo alto de la cúpula, las estrellas brillan, hablando de paz, como lo hacen siempre esas inmutables amigas. At Sur aparece una gran luna de un rojo amarillenw, rodeada de un círculo amarillo y de nub~e de oro claro, :flotando en el horizonte azul. Y ahora la aurora bo ·
real extiende sobre la bóveda del cielo su velo de plata
brillaot.e, que ee vuelve amarillo, luego verJ.e, luego rojo.
8e extienc:lt:i, se contrae, cambia in~eantemente. v, por
fin ee desgarra en círculos ondulosoa de plata deslumbradora, &lt;111 donde surgen rayos flamea atea como láminas de metal. D-,apnés t.oda esta gloria se desvanece ..... .
Pero bien pronto nuevas cltt.ridalies aparecen y sus jue•
goe sin fin recomienzan de una manera más bella. Y durante este tie'rnpo, el silencio es profundo, impresiona•
dor como la sinfonía del infioi,o. Yo no he pod1do acoa•
tumbrarme jamlia á la idea de que este mundo acabad
en la desolac1ón y la uada. Por qué entonces toda esta
belleza, sin una criatura para gozarla? Comien20 ahora
ha adiv,inarlo: he aquí la t.ierra prometida 1 que une la belleza la muerte. Pero con que fin? Ah! cuál ea el porqué de todas estas esferas? L~d la respuesta, si podéis,
en el azul firwamemo estrellado.11
El 29 de S~ptiembre, la primera gran fiesta (cuántas
otras debían seguirla! ) tuvo lugar A bordo en honor del
Doctor Bleasing; y de1 paso del 79 grado de latitud Hu•
bo comida-concierto. Kl menií redactado ea francés, fué
pant,a.gruélico . .h:n cuanto al programa musbal no conta•
os con menos de veinte trozos, y comenzab1. por T't.il84'
.Myosoüc para terminar con la P .egari.a d el ll F ,·eiscMiiz•

DDMINGD IJ doJUNID de 1Sg7

EL MUNDO

402

viola, exclamando: (IPram ea tu nombre)) y el pesado.
casco empezó á deslizarse dulcemente. Yo tenía estrechada su mano; me subieron las Uigrimaa 4 los ojos¡ ni
una palabra pudo salir de mi garganta. El casco entró
en el agua cintilante: una bruma asoleada envolvta el
cuadro ........
uliemos dicho ahora un solemne adiós al sol. L1, mitad
de su disco apareció al medio día por la última vez por
encima del limite del hielo, en el Sor. Entramos en la
noche del invierno. ¿Qoé nos traerá éste? ¿Dónde eataremGs euandQ el sol re,orne?
Ptt.aan los días, el Fram, al antojo del viento, avanza ó
retroceje coa be banco:t á la suerte de los cuales está
ligada su propia suert.A, en todas dir1:1ccionea. De derivación regular hacia el Norte, de corrientes, no hay
trazas .... .. ,l!;se palacio de teorías que yo había levant.a,.
do, lleno de orgullo y de c,&gt;nfiaau en mí mismo, muy
alto, per encim!I. de todas las obj~ciones necias, ha caído, ee ha quebrantado como un castillo de naipes, al
menor soplo del vitmr.o.»
Naneen, en pres~wcia no solamente de la inmovilidad
del .Fram, eino 1,ambién de la profundidad inesperada
del mar que lo lleva 1 parece efec~ivamente haber renun•
ciado-cuando menos momentáneamente-á su teoría de
una gun corriente marioa que atraveaaría el ÜJéano polar de la Nueva Siberia á la Groenlandia. Son los vientos1 los vientos solamente loa que implora: nYo me ab•
sorbo en el estudio de la ciencia de los hindu9. Yo admiro su fe dichosa en los poderds trascendentales, 011
la9 facultades sobrenaturales del espíritu, eu una vida
futura. ¡Obl ei fuese pvsible usar de una p.o tencia sobrenatural para obligar á. loa vientos á soplar siempre del
Sur!n
La vida á. bordo sigue su cureo monótono, sin embar•
go. La aparición de un oso al cual se mata ó al cual se
le hierra después de peripecias variadas, crea de cuando
en cuando una diversión. ,l!;l 10 de Diciembre el Dr. Bles•
sing, al cual el eJercicio de la medicina en ese vehículo
privilegiado, deja decididamente horas librea, funda un
periódico humorístico, el Framsjaa. El 13, en ese navío
que lleva trece personas, una perra siberiana da li luz trece perritos: la coincidencia es singular, pero loa perriM&gt;e,
de loe cuales no ae puede conservar más que ocho, son
útiles. Tanto más útiles cuanto que las sangrientas luchas intestinas han hecho alguo.aa víctimas en Ja trabilla
embarcada en Kbabarova.
El 20 de Diciembre, Sverdrup y Lars levantan, no lejos del buque un cepo para osos, de au invención; pero
ni el más pequeño cachorro se deja jamás prender.
({Henos en el día más corto del afio, eacnbe Ntt.neen el
21 de Diciembre ...... aun cuando ya no tengamos día 11
Noél 1 después el primer día del afio, son celebrados ale•
gremente, á despeeb.o de la entristecedora lentitud de
los progresos de ia expedición hacia el Norte. EL 25 dd
Diciembre-sin desdeñar las confituras del cocinero Juell
-fué la apertura de loe regalos ofrecido3 en el momento
de la partida, el uno por la madre de Scott Hansen, el
otro por su novia, miss Fougner. C,1,da uno recibió con
alegría de niño el presente que le estaba destinado: pipa,
cuchillo ú otra bagatela. Después apareció un número
excepcioaal del Framsjoo ilustrado con dibujos debid08
á nuestro famoao dibujante lirnco Hutletu, y que h&amp;eian
alusión á diversos incidentes de la vida entre loe hielo1.
•Domingo 31 de Dic~mbre.-He aquí que ha llegada el

La tripulación del Prmn festejó sucesivamente de una
manera análoga, duranie el invierno: el aniversario del
lanzamiento del Fram, el del nacimiento de Sverdrud,
las fiestas deNoel y del l ? de Enero, el aaiversario de
rey Q3car, el paso del 80° 1 la aparición dol sol y por fin
su verdadera ascensión.
L unes 9 de Octubre.- ...... En la !!ieata, cuando conversábamos, de pronto un ruido ensordecedor se dejó oir, y
todo el buque !!e estremeció. Era la primera presión de
los hielos. Todo el mundo corrió al puente para asistir
al espectáculo. El Pram, como yo lo había esperado, se
conducía admirablemente. El hielo avanzaba con una
presión sostenida, pero neeesit.aba deslizarse por debajo
de nosotros y éramos lentamente levantados. Esos ero·
pujes se produjeron muchas veces en la siesta y fueron
demasiado fuertes para levantar el Fram á más &lt;1e un metro. Pero el hielo, incapaz de soportar una carga tal, se
rompió bien prouoo baJo el navío. Por la tarde hubo co·
roo un movimientede retirada de loa hielos, y nos encontramos en una vasta zona de agua libre ......
Jlih role~ 11 de 0.lubrt ....... -La mar es,á agitada, y
hemos sufrido cle nuevo ahora fuertes presiones Estacomienza por un ligoro crujido, y un gemido contra el flan•
co del navío. Deijpuée, el ruido aumenta gradualmente y
recorre una vercladera gama: euceeivamensees una queja,
un grufíido, un rugido y el buque se estremece . .El es•
truendo redobla basta asemejarde al vocerío que podrían
causar todos los tubos de un órgano. El buque tiembla,
es sacudido, se eleva algunas veces dulcemente, algunas
veces con saltos. Experimentamos una sensación agra•
dable y reconfort;ante en eetar ahí, escuchando iodo ese
estruendo y conociendo la fuerza de nuestro buque. Más
de uno ee habría roto desde hace largo tiempo . .Más afue·
ra el hielo se rompe contra loa fltt.ncoa del Ji'ram y sus briznas, penetrando bajo au casco duro é invulnerable, Le forman un lecho sobre el cual nosotros reposamos. A nuestro rededor, en muchos sitios, los témpanos es1ián aman•
tonados. Llegada la nocbe, hay un deECanso, y nos vol·
vemos á encontrar á flote.
Viernes 19 de Octubre.-La noche última1 ee produjo
una presión formidable al rededor de los viejos bancos,
sobre los cuales están encadenados nuestros perros. L'l8
témpanos se habían amontonado más alto que el punto
más elevado de loa bancos, y se habían descuajado por
debajo, recubriendo nuestra áncora de hielo, y eu cabi.e
nuestras planchas y nuestros trineos, y amenazando á.
loa perros. Estos pudieron ser desatados y salvados á
tiempo. Pero esta matlana, á pleno sol, la confusión es
i ndeecriptible. Nosotros lamen tamo!! la pérdida de una áncora, de un trozo de cable de acero, que nos hemos visto
obligados á cortar, de algunas piezas de madera y de la
mitad de nn trineo eamoyedo. Acaso todo pudo ser salvado, si hubiésemos tomado precauciones, pero los hombres se han vuelto indiferentes á las presioaes ..... .
u...... Esta lucha del hielo contra el hielo es un proiigioso e!!pectáculo. Se siente uno en presencia de fuerzas
titánicas, y cuando el gran empuje comienza, pa:reee que
no puede encontrarse un paraje sobre la tierra, que no
sea qnebrantado.
MuJreoleR es de Octubre.-Hemos tenido una terrible
presión la noche llltima. Yo me deapel1é. Sentí que el
F,·am era levantado, sacudido, removido en todos sentidos; y,, oí el ruiJo del hielo que se rompía contra ea
casco. D~epués de haber eecucb.ado un momento, tor•
né á dormirme con la sensación agradable de que se sen•
tía un bieneetar grande á bordo del Pram. Sería verdaderamente terrible vene obligado á hacer un paseo fuera, cada vez que una pequeña presión se produce ó huir
con nuestro bagage á la eapaida como los del Tegethojf... »
Conviene mencionar aquí que durante esta primera invernada la expedición, tan grande era su eonfi1nza enel
Fram, no hizo jamás loa menores preparativos en vista
de un accidente que todos juzgaban imposible.
« ...... Admirable claro de luna esta noche. En medio
de eee mundo de hielo, argentado yeilencioao1 el molino
del viento que trajimos, hace girar sus alas sombrías ao·
bre el cielo de un azol profunto. Es un contraer.e extra•
ño: una repentina incursión de la ci vilizaoiónen es ta
región fantástica y helada ...
El 26 de Octubre fué celebrado á bordo el aniversario
dAl Fram. Naneen evoca el recuerdo del bc1.ut.izo del
F,·am y de aquella que lo baut.izó. c&lt;Eatábamos de pie
sobre la plataforma, ella arrojó el cllampagne sobre la ser-

último dia del afio. Fué un largo año que trajo II la vez

mucho bien y mucho mal, Comenzó por el bien, trayén•
dome á. la pequeña Liv, (1) una dicha tan nueva, \an
extraña, que al principio yo apenas podía creerla. Pdro
la separación que vino más tarde fué indeciblemente do•
loroaa. Ningúu año me babia t;raído una pena más grande que esta ........ .
t&lt;Y vos nos habéis engañ.ado al fin, viejo afio: apenaa
nos Jlevaeteii:1 tan lejos como debíais. Sin embargo, po·
díaia haber sido peur. No babéis sido ttLn malo ctespuéa
de todo? No habremos tenido acaso razón en nuestras
esperanzas y en nuestros cálculos y no seretno".I araauado1:1
hasta donde lo de::!eamoa y esperamos serlo? U oa sola cosa
en definitiva nos ha comrsriado: yo no pencaba que la
derivación tendría tantos zig-zage.
«Jueves 4 de /!Jnero.- ...... ~stoy de buen humor, aun4110 derivamos de nuevo hacia el Sur. Ddapuéa de todo,
qué fmport;a? Acaso la ciencia ganará lo mismo, y yo su·
pongo que ese deseo de alcanzar el Polo, ea una augeetiión
del demonio de la vanidad.... »
Y Naneen analiza la situe.ción

'1
_::~;;~f==========~==========~==========•~~======~==~~:~~~::1
.,
111

11

')11

1

1

nTodos mis cálculos, con e:1:•
capción
de unosiguiente:
solo, ae han ende
la menera
contrado justos. Hemos-á des•
pecho de los pronóeticoa desfa•
vorables,-aeguido nuestro camino á lo largo de la costa de
Asia. Hemos llegado al Norte,
más lejos de lo que yo habfa
osado esperar y al Este tan le•
jos como yo lo deseaba. He.ID:ºª
eido como yo lo deseaba apnsiu-nadoa por los hit:loa. ·-----"

·;· ~)f~:~1frf!t~~-i~~:f:
·= ..

.

.

.

. •·

'"

El trilyect, del "Fnrn" i lo lar¡to=de las costas siberianas.

► C l)

Nombre dela. nilia fleNanc;en,
nacida e l S d e Ene ro de 18'~ .

MUNDO

El "Fram" en medio de los hielos.

((El Fra,n ha soportado sin romperse las más fuerte!!
presiones;. ~I confort á bordo, sobrepasa nuestras esperanzas. \ iviremo:i sobre loa bancos la vida de invierno1
&lt;:omo ai nos hubiésemos traído con nosotros un fragmen ~
to de la Xo~ega 6 de la EuMpa. Somos una pequefla
parte_de !atierra natal. En uu sólo punto han ealido
Caricatura• tomadas del "fram•jaa"

P.L~o en tiempo de NU, con el calzado pat.entado sverdrup

L&lt;l~ (·om¡1Uiiero~ del Fram en el SC'mlero de ht i::ucrn:i: diferencia en:
tri:! el calzado Snm:lrnp y el l'a.lzad.o La.pon.

r,...,,c-ompañeros de l Fram es tán at1nen el campo d e la guerra.

x;..,;,,,,.
,s ,.

EL

mi3 ~álculoa fallidos, deegraciadamente en uno de loe
más import.antef!.
• Yo suponía 11,na mar polar poco profunda, siendo Ja
mayor profund_1dad hallada en eetaa regiones la de 146
metros, reconocida por la Jeamiette. Yo había supuesto

que todas las corriP.ntes tendrían en esta mar poco profun~a, una in~uencia apreciablt- 1 y que en particular, las
cornentee namda&lt;i en la embocadura de loa rioa asiáticos1
l!8 enc?ntrarían demasiad~ fuertes para impulsar el hie lo hac~a el norte. Ahora brnn, encontré una profundidad
que mis eondas no pueden medir, y que estimo ahora en
1,800 metros cuando menos, y aoaso el doble. Toda mi
fe ~n la existencia de esa corriente, se ha destruido: no
ex1ete ó ea extremadamente débil; mi sola esperanza
ahora está en IOi vientos. Crietobal Colón descubrió la
América como conaec~enciade un falso cálculo, que tampoco era el suyo: el Cielo eabe donde me conducirá mi
error: el bosque flotante siberiano ( 2) encontrado en la
co~ta de G~nlandia, no pu~de mentir, y debemos segmr el caru1no que el ba segudo.))
Pero algunos clfas más tarde, deFalentado de nuevo aun
cuando se había alcanzado el 80º, Nanseo. ee entre'gaba
á. un cálculo poco t,ranquilizador del cual resultaba que
al ~aso con que el Pram avanzaba hasta entonces, no uecea1tnría menos de cuatro años para alcanzar el polo y
ocho anos para e~t~r de regreso en Noruega. «Me acuer•
do de lo que escr1b1Q Broggerantes de mi partida, cuand~ fº plantaba pequef'ioa !'rbus~os y árboles jovenes en
m1 Jardín para la~ generac10nes futuras: Nadie decía él
sabJ~ cual eeria la ampli_tud de_ su sombra c~ando yÓ
volviese. Ahora están ba10 19:_ meve, pero en primavera
comenzaráu de nuevo á palpitar y á crecer: cuántas veces?. ..... 11
En t.anto que Naneen eueíla ó razona, á bordo del F,am
contimía el mismo modo de existencia fácil higiéni&lt;:a
sin ~uidadoa, f~liz, confiada á la estrella del }efe. Desd~
el 1. de Enero, cada uno se ha puesto, de~pués de algunos días de reprso compltto, á desempeñar sus quehaceres de costumbre. El termómetro ha descendido hasta
50° centígrad~s sin parecer afectará loa robustos noruegos. ¿No se v1ó acaso con 4-0 grados de frío á Scott Hansen correr sobre el puen~ en camiseta y en calzoncillos
para anotar uaa obenvactón? ceEstoy convencido dice
Nanseo 1 de q_ne 10, 20 y aun treio.ta grados más baj~1 hubieran sido aun soportablea.11 Casi todos han engordado
y el grueso de las mejillas de Juell, sin hablar de otni.
parte de su individuo, se vuelve alarmante.» En ninguno de loFI talleres primero instalados se guardan Jas
fiestas. El do::tor Blessiog e-e ha vuelto encuadernador
y repara loe volúmened waltratadoa. Se ha abierto una
galeria fotográfica. Una manufactura de agendas pros•
pera mucho. En suma, no hay nada entre el cielo y )a
o_nda que loa compafieros. del Fram no puedan proporc1onar1 excepto buenos vientos constantes.
[::?I Rll.ma&lt;t y tron ()Q!l flotante!&lt;, d e p ro \'enen&lt;'ln J;iberfana hnn J;!d

~ d o s cert:a de la&lt;; rtben:is de Gr~nlandia, e n las miSIÚas condi~
c1ones Q'.:!e lO'i res~ de la J tx1.undte.

El gran !')()ntecimiento ?a sido la v~elh del aol 1 qu&amp;
f~é precedtda en algunos dtaa por un miraje extratlo. El
rn.de Febrero fué cuando la imagen del sol npa.reció por
primera vez .. U~a. larga banda de fuego rojlJ brillan~e, se
mostró al. p~mmp10 en el horizonte. Un momento después se d1at10gutero~ dos rayas semejantes, superpuestas
Y separadas por !1º rntervalo máFI sombrlo. Por flo al
1
cabo de algunos rnetantee y después de haber ascendido
á lo alt? del gran mástil, Naasen pudo con~ar y dibujar
hasta ~tnco de esas r:9-yas hC?rizoutales de igual longitud.
El con¡unto daba la ~mpres1ón de no extraordinario sol
rectangular de u~ roJo extinto, dividido en bandas horizontales alternativamente más claras y más sombrías
El sol que anunciaba así eu próxima vuelta, estaba aún:

Aparición dl• la iml\g-en rf'fracta1la del sol, al fin del Invierno.
0

á. mediodíai á 2_ 22' por encima del horizonte. Diez días
después, emergió por fio, yel 16 de Abril Naneen Scot.tHansen Y Johans~n, pudieron observa~ un ecl{pse de
5?1, que, al prodnc1ree con algunos in.etantee de diforenb1! en el momeo.to ex~cto calculado por Naneen, les pro' con gra';l sat1afacc16n suya, que sus cronómetros estaban tan bien _arre~ladoa cuanto era po 8 ible.
El 30 de Abnl, baJo la influencia de los vientos regnlarea d~l s~ y del aur:este, el Fro m alcanzaba SOº -14 t.
L.a .der1va.c1ón de. la pn~aver~ se anunciaba así bajo au,.
fi1c1os eat.1afactorios. 81 la pnmer invernada no había
lev~do srno á resultados poco favorables bajo el pumo
de vista de la marcha h~cia el polo, según el plan de Naneen, cuando menos babia demostrado la resistencia del
explorador, la de sus compafl.eroe y la de su navío.
Continuar ií.

�EL MUNDO

404

DOMINGO IJ dcJUNiO de: 1897

DO11111:'(&gt; 03 DE JUNIO DE 18117

EL MUNDO

AL SOL

AL VOLVER A 111 PUEBLO NATAL

~

¡Pino locuaz de blonda cabe1lera, .
Aun das fragancia á•mi nativo prado
Y frescor al flexible y &amp;Tllentado
Arroyo que retoza e11 la ribe.ral

¿Por qué, Amor, cue.ndg expiro desarmado,
de mí te burlas? Llévate esa hermosa
doncella, tan ardiente, tan gracioea,
que por mi obscuro asilo has asomado.

¿Quién alimenta tu hervorosa hoguera
que asi, siempre fE'cundo y encendidó,
has alumbrado el tiempo que ha vivido
como un minuto la terrestre esfera?

Ciérnese aún el águila altanera
Encima el risco; vuela en el cercado
El zo~al; y arrebólase el nublado
En la occfdua selvosa cordillera.

En \iempo más feliz yo supe, osado,
extender mi palabra artificiosa
como una red, y en ella, temblorosa,
más de una de tus aves be cazado.

¿Qué fuerza rige la inmortal carrera
con que vas á un poder desconocido,
á. la atracción univereal ceñido,
como si centro de tu centro fuera?

Y i:lun ostenta eu brillo y lozar.ía
Aqueste madrofla1.. .... ¡oh Dios! en donde
Mi buen padre al encuentro me ealía.

Hoy Ge mí mis rivales hacen juego,
cobardes atacásdome en gavilla;
y libre ya mi presa al aire ent;rego.

Dios, que loa asiros vívidos derrama,
cuando se acerqne tn postrero día
apagará esa lo z que nos inflama:

¡Y hoy que retorno él solo se me esconde!
¡No hay huella de su báculo en la vía ..... .
Y por más que le llamo ...... no responde!

Al inerme león el asno humilla;
vuélveme, amor, mi juventud, y luego
tú mismo á mis ri val~s acaudilla.

Y una pavet1a vagabunda y fría
eeráe, ya muerta tu esplendente llama,
en la callada inmensidai sombría,

Jos.É

M.

ROA B.-\RCEXA.

foNAOO R.nlÍREZ.

JL.\X RAYÓX MOLINJ..

IPRF;SENTF;N AR1'IAS!

.,o

.,....
~

c.

I

(1)

.,:ó.
~-

)&gt;

(1)

o

c.
(1)

.,z

)&gt;

:,

(/)
(1)

:,

~

(T1

'e:

r

o
c.

"O

o

(1)

r

o,
&lt;D

w

O·

1
l&gt;
"'o(/)

....

o

c.
(1)

a,
(D

Ol

A la orden de echarse en tierra, lns soldados obedecie•
-¡Presenten armas!- repitieron loe coroneles.
ron: se agacharon levantando apenas la cabeza para ver
La brigada entera rendia al joven oficial que-expiraba,
así al enemigo. Los que pertenecían á. las familas del los honores debhloa á. su grado. Aquel que iba á morir
~ noche l!egaba á eu fin¡ un débil resplandor en
por su patria, recibía de ella el saludo más solemne.
Oriente anunc1aoa el día. .hl campamento empezaba á campo, encontrando apacible aquella especie de lecho,
~~apertar, p~ro silencioeamente; se sabía que la batalla aspiraban de cerca el olor punzante de la tierra recién Después, el general, irguiéndoee sobre sus estribos, ébrio
iba á S?r _refllda. Cada hombre se preguntaba si esta se- movida por las carreta@, eoflnban con sus hogares: su pen- de dolor y de sangre, como nn rugido gritó:
-¡Adelante, á la bayoneta!
ría la ultima aurora que comemplarhl. El instante que samiento nostálgico retornaba al pueblo humilde que
La brigada frenética se lanzó contra el Pnemigo.
precede a un C4.lmbatt, sangriento ea siempre solemne· habían dejado sin saber si lo volverían á ver jamás!
Loa oficiales de pie, rE'flejaban en sus roEtros la calma.
no hay e:n ese instante, vieJos ui jovenes, todos los hom~
FELIC'HXO X.UHL.
bns son de igual edad: tan cerca de la muerte se siente Delante de cadacompai\ia 1 el capitán, el teniente el sub•
el uno como el otro_. Aotts de la emCriag.uez de la pólvo· · teniente, se paseabao con paso lento pero firme; algunas
r~ se apodera del eJércu.o un eobrecog1m1ento casi reli• veces se detenian y con la punta del sable hacían saltar
gIOBO,
los guijarros: la dignidad, la responsabilidad se revelaLos dos r~gimientoe que coroponiao la brigada del ge- ban en ellos; rns almas heroicas estaban orgullosas de
neral Maunce, forwa01:1i11 el ala 1zqu1erda. Basta la media dar la vida por la patria.
El general buscaba siempre la señal para lanzar la brino.e.Ge habían warcbado la vispe1a 1 tdectuando un movimiento de flanco, con el objeto de caer sobre el enemi• gada. Con su auter jo aegnía las peril)f'eias del combate
que se libraba en una casucha de campo situada á poca
go en un momento dado. Los soldados estaban rendidos
pero llenos de ardor: comprendían el papel deciai vo qu~ distancia .
PALOMAS
desempeñaruui para asegurar la victoria.
El tie~po e~ agradable y hermoso. El general at:ieA ve de prísti oaa galas,
nas hab1a dormido una hora. Scintado en una eilla de
de aterciopeladas r,lumaa;
p~ja, secaba sus graodee botas enlodada!!, al fuego del
blancas como las t-spumas
vivac, sus ayudantes acue11an presurosos á su lado·1 ensison las plumas de tus alas.
llaban los caballos.
El vuelo
·
~ Era. la aurora de un día ·histórico, de gloria para la
Lo tiendes paloma al cielo?
rrancia.
•
ó aspirar vas el aroma
Un joven subteniente, imberbe aún, recién salido de
de loa árboles en flore~?
la escuela de 811int-Cyr, se presento eu ese momento.
-Quieres oír mis amores -¿Eres tú, Juan?-dijo et general tendiéndole la mano
te loa coutaré1 paloma!
con cariño.-¿Qué quieres hijo mio?
-Pildre, be~aroi autes de tr á la pelea.
A ve de tierna garganta
-No bay para qué-respondió el general bruscamente
y que parece que implora,
diEimulando mal l_aemoción que invadía su corazón.-Ho,Y
q 11ti no se eabe si llora
no soy tu padre, srno .m general; no tiengo ninguna orden
O si ríe cuando canta.
que darte: ve á reumrte con tu regin;üeoto.
-Escucha:
El jo_vt'n oficial se r1:1borizó ligeramente, hizo el ealuTiempo hace que mi alma lucha
do mthtar y deeaparectó. Su padre le siguió con la mirapor el amor dtt una dama,
da amorosa por algunos segundos: después vol viéndose á
por eso mi alma Ee muere
su_jefe de RBtado Mayor, un viejo•comanciante de bigote
por que 110 Eé si me quiere,
gr1e, exclamó:
porque igooro si 1110 ama.
-Pobre hijo, lo he recibido con indiferencia-, pero no
Unacolumna la asalt.aba,eaforzándose por quitar al ene~ ésta la hora para enternecerse; esta tarde, si eetamos
migo aquel baluarte defendido cou el furor de la desespe¡Ay paloma! tú que eientee,
vivos los doe, lo beearé por su madre y por mil
ración. Como racimos de hombres parecían los soldados·
sin eaber lo que es falsía,
Un lioque de corneta r1:1pert:ut.ió: era la diana. Lenta. escalaban el muro aspillerado qne vomitaba metrall~
tú que lleva'i! la poesía
mente las tropas se alinearon. Detrás de la brigada ha· mortífera. De este punto pendía la decisión de la for.
Po tus cantos inocentes.
bta un pequeflo b.oeque, donde se estableció el hospital tuna.
Yuela
de sangr4:l; lus reg1m1entoa ee colocaron en línea de bata·
Tantas_ lucha~ ~iplomáticas antes de la guerra, tantos
Donde el pensamiento vela,
lla1 ofreciendo á los caflones el menor volumen posible1 preparativos rmhtares, tantos soldados, tantos cañonee,
vuela ostentando tus galas,
y se aguardó.
tantos es!uerzos iotelectuales y materi&amp;lee, para quetodó
donde ella tiene sus rejas,
Ya t:ra P,leno día, Como sombra se dibujaba la infan• se resolv1eee en esta pregnota: u¿Será ó no conquistado
quiero le lleves mis quejas
terta, ma-!-11obraodo para tomar sus posiciones. A los el muro?,., El albafHI modesto cuya mano incimeciente
en las plumas de tus alas.
rayos obl.10!-lt!ª del sol, chispeaban á lo lejos loa cascos construyó aquella casucha, no podía adivinar que su obra
de una d1v1s1ón de caballeria; loa sables relampaaueaban
¿Quieres saber como ea ella?
tosca tendría un lugar en la bütoriade los pueblos, y que
si por intuición lo sabea!
El caflón comenzó á tronar: una bomba pasó silband¿ su cuchara de obrero babia sido uno de los instrumenpues nunca ignoran laR aves
por sobre sus cabezas; después 1&gt;tra estallo á unos cente- tos que decidirían loa destinos del mundo.
~uir.o.es la m•ujer más bella.
nares de pasos deJan~ de ellos. La artillería enemiga
De pro.u to el gent'ral b!zo uo gesto. Acababa de disSus OJOS ......
calcula~a con m~s ';1-Cierto su puntería; sus primeros die• tinguir la seflal convenida.
Allá en los perfiles rojos
paro_s atsladoe, e1rv1eron para .fijar la distancia. Los pro•
-¡En pie! ordenó. Los regimientos saltaron como si
de su faz encantadora
yectllea reventaban ahora en mtidiode las filas francesas· fuesen un solo hombre. Al fin iba á bablar la pólvora.
parecen Bias agrestee,
tres hombres cayeron sin vida: la tierra bebió su prime~ Los soldados, excitados 1 encontraban el paso de carga
ra eaogre.
demasiado lento.
pues son sus ojos celestes
como un rayo de la aurora.
l~~rturbable, _montado en su caballo que paraba las
oreJa!t, el gen~ra1 e~cudriñab.J: el hori2:oote con sus gemeIII
Ya con esto qne te diga,
los: esperaba ,a M:nal convemda para- avanzar. Su alta
y con que aepireF! su aJOma
El general Maurice miró hacia donde el sabía que es•
silueta~ deatacalia en el extenso llano : tao tranquilo,
la conocerás, paloma
1,an sausfecbo paracía, ,qt_Ie loa soldados, cor.templándo- taba su hijo, para convencerse de que no lo habían
y t!erás su buena amiga.
le, ~o t_en~an el más muumo temor; sus miradas .tijas en herido.
Lo contempló radianLe, en espera de la gloria, espada
él, rnstrnuvamen;e_eent.fan que eue-vidas ee hallabao li~
•
gadas con la de su Jefe por uu lazo mistericso
en mano, y se enorgulleció de aquel hijo heredero de i:,u
·····································
Ya
sube
......
!
Al 01r el ruido de las bombas, el general ha.bfa vuelto nombre y de sus ee~r~llas. En Eu m~nte volvió á presen•
b cabeza.
Ya ee eEconde entre la nube
t.ársele el pasado: v1v1ó otra vez su Juventud, su primaya no se miran sus gala1:1, '
-ld y decidl~3 á loe cornetas-ordenó á un ayudante vera. Eot.re las brumas de loa recuerdos, rnnrefa la cuya se perdió en las brumas.
-que tchen á tierra á su geute; así ee,ado menos ex· na de cu hijo tan amado: la emoción se le agolpaba al
pu~etos á las balas.
Mi alma? la llevan sus plumae 1
pecho.
mi pensamiento? sus alas!
J:!.;J oti~ial partió á galope.
Abrió los labios y exclam3:-¡Añelante!-Fijó otra
vez eua ojos sobre el sub~nien~. Clavados por el hoCARLOS MEA1'"\' y MHAXY.
rror, no pudo apartarlos. Uoa bala de cafíón acababa de
]!
llevarle las dos piernas al joven oficial, que sin dar un
¡ay! cayó morib1rndo .
El valor en la inacció~, es el más meritorio de todos.
El general era mudo espectador de aquella escena te•
~uando se avanza, t:wbnagado por la pólvora, no se apercibe .U:ºº. del. fantasma de ~a muer~e que se agita sobre rrible; moría su hijo, y él sin poder siquiera irá. besarle·
los eJerc1~os, la. c~r~era furiosa hacia tl enemigo destru- seis mil hombres exigían que su eemblante para darle~
'
ye 1~ pasión de v1v1r que crece en el corazón humano á. valor, conservara su impasibilidad.
Gruesas l~griruas corrían por las mPjillas del viejo sol°:ledi~a que aumenta t:!l peligro. Eo el reposo, al con~rar10,_ v1endo al red~dor los heridos, la energía ae aflo•a· dado, el caml.o de pad!'8 vencía. al eatoicifmo del jefe.
Aunque el hombre ee aterra
se tiembla al ofr Bllbar las_balae1 toda la fuerza de al~~ ~os enfermeros conduc1ao al moribundo, el padre inmóal ver temblar Qajo sus pies el suelo
de que se ea capati a~ neces1ta.par11 esperar, sin moverse el vII le vefa acercarse. Cuando la fú'nebre procesión pasó
quién sabe si en el cielo
'
deaeolace deaconoc1do y terrible, el porvenir que puede cerca de él, se descubrió ante el subteniente y con acento terrible que no parecía humano, ordenó:'
será ordenar el trastornar la tierra?
durar EOlamente unoa segundos.
-¡Presenten armne!
0

1

" si:'
e
,

l

l

1

,

'"'

o~

o.

..., 'z
&lt;!

i

o.

•&lt;

ci,'

¡;

i&lt; • e ,
~ •,2 •,,. :;&gt;• o.
&lt;.
• ••, •
•i
,..¡
,~ ] •· ,• o. •
•• o •~ •, 3
a
• ,•'
o. ;;
t
"' • ,3
,o.~ ~n "'n •a·
• ~
~
X

'1

t

~

~

r

i,

";

•

••

0

C ,BI.PO.ilfOR.

�EL MUNDO

DOMINGO IJ DE JUNIO f"t 1897

==

"SAVIA ENFERMA"
Bro tes mustios.
I

Expone la indole del libro.
Ilay savia jove n : la de potentes glóbulos rica,

que las arterias del trmwo ptlber invade y llena
y en policromo florón de p,1 talos se magnifica.
Tórrida savia , jugo del Cáncer, que en la serena.
· noc he de luna, crepita y cruje de fuct'i'.a plena,
e n el mi$t.erlo do nde lafla11f.a de Pml resurnr¡,
Hay savia. enferma,-&lt;sangre doliente,-savia tardía.,
q_ue cuan d o brota, las rama znn~s clel a rbo! cubre

con hoj as mate, con hojas ténues..... Tal es la mía

Comenzaron las etltrevistaa con las h erederas ricas y
en ninguna de e llas logró triufar e l pobre Eugenio.
En v,sta de l fracaso, d íjo le un día e l barón :
-El mal consiste, no en tu persona, si no en t u nombre.
-Pero Eugenio de K ercado .... .... .
-Lo que te falta ea un t ítulo.
-No todos tenemos, como t ú, la fortuna de descender
del botica rio de Luis Fdipe.
- No te rías; pero, te lo repito, mientras no poseas un
t ítulo de nob leza, n o pienses en casarte con una mujer
rica.
-Pero, si no lo tengo.
-Invéntalo.
Al fi n cedió Eugenió y cons intió en ser duque de algo,
cu yo nombre no recuerdo, y el barón Anatolio reanudó
sus tareas en busca de un buen partido pa ra Kercado.
Dur3nte las primeras veinticuatro h oras de su encum•
bra¡niento, reconoció ya el pobre bretó n la sabiduría de
loa consejos de su amigo.
Toda .el mundo le prestaba crédito y no encontró obstáculo alguno en los prircipalesestab lecimientos dé Pa•
ría , para que lo proveyeran de cuanto neces itaba. ·
Al cabo de dos meses Eugenio no podía asis tir á todos
los convites que se le hacían ni á las pretensiones de las
madres de familia que tenían hijas casaderae.
Pero1 en medio de su ventura, p ~rseguíale la desgracia,
pues ni é l ni su amigo Anatolio Jograban dar con a.na
mujer bastante rica para las exigencias de entrambos.
Al fin, la casualidad vino en ayuda de Kercado.
Un cronista publicó en un periódico un articulo contra
el nuevo ducado, y Eugenió provocó al eécritor, fué herido y dispuso de seis semanas de descanso obligatorio
para poder reflexionar acerca de su situacion.
Un dia se le presentó su confidente y le dijo:
Ahí tienes una cesta llena de~cartas y de tarjetas. En•
tre ellas ei3tá el nowbre de la fumra duquesa. Sólo falta
averiguar quién ea1 y para ello no hay mita que p0ner
manos á la obra,

III

MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por maría \!escot.

Francisco![. de Olagnibel
LAS CABELLERAS.

De " Oro y Negro. "

Cabellera s de.!'atadas. $OÍS obscuros aluviones
descendiendo sobre campos in undados de blancura
Y extend'l'is sobre la carne v uestra fúnebre ncg¡-ura
como flámulas sombrías de o ndulnHles pabellones .
Vuestras ond:ts enc"'.'{'.".padas no han seritidn' la dulzura
de las m a nos que aca tieian como pálidos plumon es ...

Cabelleras d ru,atadas, rois o bscuros a ln \iones
deseendiendo sobre campos inundados de bl ancura.
Cuando el alma tenebrosa SB extremece de tristura,
P,Uando gimen y sollozan los heridos corazones
y el espfritu ~ embriaga con la hiel de Ia..amargura.,
rlolorosas, Íllnerarias, como un manto de pa vura,
cabelleras desata.1a.&lt;i, so!sobscuros a luviones.

~-=~i'f=..::~í'f=. ="'f=..::~ít=.Ist
LA PEDRADA

¡Tal es la mia1 Saria del yer mo qué sólo en cubre

La primera salida del convaleciente fn é para el médi·
gérmenes locos de la futura. yema i n!-lllubre
co que le había curado.
y tiene pom pa, m ás es la pom1m rolemne y triste del vie jo Octubre!
En la eala de {espera encontró Eugenio á una joven,
antigua conocida suya, á quien le habían presentado á
I[
loa pocos días de haber llegado á Paría.
Llamábase la joven Enriqueta Est.ibo1 y era hija de un
Androgyna.
acreditado Notario de Paría, el cual, al morir, le había legado una cuantiosa fortuna.
Por ti, por t1 &lt;;Jamaba , cuando surgiste,
Es de advertir1 que Enriqueta era una delas pocas mujeres que no se hat&gt;fan burlado de Eugenio.
infernal arquetipo, del hondo erebo,
Loa doe jóvenes hablaron extenaamente1 y desde luego
con tus sobrios encantoi;c, tu fa,: de efebo,
se estableció entre ellos una corriente de mútua simtlli! senos pectornles, y á mi vcniste.
patía.
La señorita Estibo ignoraba que Eugenio hubiese cam·
Sombra y luz, yema y polen á un tiempo, fuiste
biado de nombre, y tu viera un thulo nobiliario.
des pert.·u1dr, en las almM el crimen nuevo,
Kercado supo que el padre de Enriqueta había muerya con virilidades de Dios mancebo,
to hacía dos años y que la mujer á quien ya amaba vivía
ya con mustios halagos de carne triste.
retirada del mundo, en compailfa de una parienta ya en•
trada en años y de su tío y tut.or1 viej(t reumático, acerYo te amé, rorque á trueque de ingenuas gracias,
ca de cuya enfarmedad iba á. consultar con el doctor.
tcníWI las supremas aristocracias:
Sin embargo, la famitia recibía todos loa sáb1dos á algunos de aua amigos.
f:o.ngrc azul, alma. hllrll!1a, ,•ienlre infecundo!
A los pocos días1 Enriqueta presentó á su amigo bajo
porque sabias mucho y n.m¡:tbas poco
el nombre de Kercado, acerca de lo cual nada dijo el sey eras 11illtn.is rora de un siglo loco
flor duque, por un sentimiento de pudor, natural en el
y flora ~ióu mal~una de un viejo :r:mndo.
hombre que cree amar de veras por primera vez en su
vida.
A)IAOO NERVO.
Anatolio descubrió que la hu~rfana tenía tres millones
de dote y obligó á Eugenio á que activara sus operaciones, para llegar cuanto antes al logro de sus deseos.
Cuando las cosas estuvieron á punto, y toda la familia
convino en el futuro casamiento, presentóse el barón en
casa del tío, con objeto de pedir en nombre de su amigo
la mano de Enriqueta.
·
El tutor se mostró satisfecho de la demanda y, dijo al
embajador, que no tardaria en contestarla á la mayor
brevedad.
EL SE:ÑOR DUj!UE
-Mi sobrina es mayor de edad-aí'iadió-y á ella to~1.
resolver este asunto. Además, debo manife.:1tar á usted
I
que Enriqueta tiene tres millones.
.
Hace tres ó cuatro años que llegó á Paris un joven bre~
-No ha llegado el momento de discutir acer.:-:a de la.E!
tón, con objeto de conocer la capital y de adquirir relados fortunas-interrumpió Anatolio-pero sepa usted
ciones en el gran mundo, donde contaba con varios prique mi amigo ha ocultado una import,ante cualidad que
mos \ejauos, á quienes nunca había tratado.
le distingue.
Al llegar á París se hizo hacer tarjetas por primera vez
-¿Cuál?
en su vida1 y eso que había cumplido ya treinta afias.
diría usted si yo le asegurase que va usted á ser
C11ando tuvo en su poder las tarje rae, en las cuales se tío-¿Qué
de una duquesa?
leían bU nombre y apellido de Eugenio y de Kercado, re•
-Pues bien-replicó el buen sei\or-tenga usted la
partió una docena de ellas en casa de las personas cuyos
bondad de decir al señor duque que no he d~ tardar en
nombres había tomado de una lista del parentesco de su
comun:carle la contestación de Eoriqueta.
familia.
Así terminé la conferencia entre d tutor y el barón
· El gran mundo no cerró am puertas al joven bretón; Anatolio.
pero la cosa no pasó de aquí, pues nadie hizo aprecio de él
Al día siguiente llegó la contestación á manos de Euen los salones.
Los hombres no le hicieron caso y los mujeres se bur- genio, en ua momento en que éste se haUaba acompafiado del barón.
laron de su manera de bailar y de su torpeza en el trato
Be aqui la carta del tío, que los dos leyeron á un
de las gentes.
Eugenio no tardó en darse cuenta de su fracaso, y di· tiempo:
uSeñor duqne: . l\Ii sobrina y pupila habría aceptado
jo para sí:
gustosa el nombre de !Cercado, con el cual tuvimos el
-Ya que la buena sociedad me acoge de ese modo,
placer de conocerle.
trataré de alt-ernar con la otra.
Pero, educada modestamente, y siendo sencillísimos
sus gustoe, la bija de mi hermano cree no haber nacido
Il
para llevar un gran t ítulo1 que la podría hacer objeto de
Kercado cumplió su palabra, y al cabo de un mes era graves comentarios, cuya malignidad puede us&amp;ed apreciar fácilmente.
·
un jugador desenfrenado y un vicioso, que tateaba á va •
Me l'n&amp;arga, pues, que me haga intérprete de su penrias personas, á quienes al llegar á París no hubiera con•
samiento, con el cual está del tofo conforme el que estas
fiado ni dos francos en sellos l.1.e correos.
lín Pas esc ribe.
Arruinado por comp leto al cabo de medio afio comReciba mted , señor duque, la expresió n de la amistad
prendió al fin que no te nía mlis rem edio que elegi; entre
.
el sui qidio y el matrimo.:i io. Sus principios reli¡tiosoe no Sin cera con que le distingue etc., ~te.
le permitie ron vacila r y se detJidió por e l segundo exLEÓN DE T tXSAU.
tremo.
Consultó e l caso con su amigo el barón Anatolio de la
Canche, hombre de experiencia y gra n vividor, que conocía medio París y afectaba conocer el otro medio,

EL

DOMINGO 13 do JUNIO do 1897

Era una tarde y sobre el verde prado
Corría entu~iasmado,
Cerca del bosque, candoroso niflo,
Contemplando lo i valles y !as lomas
Las inquietas palomas,
'
Los arbustos y fl orea con cariflo.
Poco á. poco las nubes nacaradas1
De reflejos bafiadas,
Se tornaron en gen ios iracundos;
No eran ya nubes, eran nubarrones
Que huían cual legiones
De fantasmas terrible3 de otros mundos.
Todo ePtaba sin luz, todo sombrío:
E l pavoroso río
Resonaba á lo lejos con violencia;
El niño lo escuchó qt'ledo, muy quedo,
Sintió profundo miedo ..... .
Como vago estertor en la conciencia.
Horrible tempestad se preparaba,
Y el niño que miraba
El hondo espacio por· las nubes lleno,
Lanzó arriba una piedra, y al instante
Una chispa brillante
Surgió de allí con formidable trueno.

•

El nifio huyó. Bien pronto en el regazo,
Con frenético abrazo
Estrechaba á su madre con anhelo;
Esta afanada pregimtóle:-Bijo!
.
¿Qué tiene1:.? Y él la dijo:
·
-Eacóudeme por Dios! ..... que·he roto el cielot
JULIO FLoRÉZ.

De Ismael Enriq ue Arci n legas.

EDAD llIEDIA
¡L1évame1 pensamiento, á aquellos días
De torneos, y músicas, y florea;
A esa edad del valor y loa amores
Y de las citas en las noches frías!
Tianspórtame á esos tiempos do alegrías,
De empresas y de sueños tentadores,
Cuando iban á cantar los trovadores,
Al pie de las talladas celoafas.
Q iiero Verá la hermosa castellana
De codos en la reja, cuando flota
· Su oensamieato en la extensión lejana.
Mientra~ l!ega al castillo el caballero,
Con su penacho azul, su recia cota,
Y en sangre tinto el toledano acero.

EL CAFE
De mi tierra en los ásperos breñales
H ., visto abrirse sus fragantes florea,
Que parecen, del sol á los fulgores,
NiPve sobre los verdes rafetalea.
Y después, como fú lgidos corales,
E n explosión de vírgenes olores,
Lo he visto entre los gaj os tembladores,
A la sombra de bosques tropicales.
Ahora ...... humea! R iega tu perfume·
Del ideal las ala s desentume
'
Y agita en rauda conmoció n mis nervios.
En. m i la ins piració n sus rayosºquiebre·
Mi fren te nimbe, y en sagrada fi ebre,
•
Mis versos surjan graves y soberbios.

•

Deapaéa de la comida, volvieron al salón. Al rededor
de él todas las cosas parecían transformadas. Era ese
verdaderamente el salón de aspecto melancólica donde
tantas vece·s había pasado horas de graves y serias conversaciones? De dónde le venía ese aire de fiesta? Del
fuego del hogar, de la luz de las bugías 1 del perfume de
las florea ó de la sonrisa de la mujer que lo alumbraba
con iluminacíones de sus vivientes bellezas? Bajo la influencia de loa vi.nos capciosos, EU cabe.zas se exaltaba.
Era tan fácil aquella dicha! tan cerca de su mano! Por
qué no asirla? Eatábale pues prohibido ocultar á loa
ojos de su familia una parte tan larga de auexiatencia?No
podía él, crearse á hurtadillas de su hija y de todos, un
Tetiro misterioso donde gustaría toda la dicha del amor?
Tantos hombrea ·la habían hHbo antes de él.
Estos pensamientos, un poco confusos, hacían pasar por
su.a ojos las flamas roja@ del deseo. Su afecto por Beltra•
na sufría una postrera metamórfoais¡ deseaba su perpetua
compañía. ·
Las palabras que ella veía flotar en sus labios y que él
balbuceaba ya, preocupaban empero á Beltrana. Hablaría él de matrimonio?
No habló, hablaba solo de amor, pintando las delicias
de una vida de afecto, sin oposiciones y sin molestias.
Ella creyó conveniente hablar.
-Si, amigo mío, esta vida que pintaia tan dulcemente
intima1 ea la dicha. No tener ni un secreto el uno para
el otro, confiarse sus cuidados, sus penas, con la seguridad de un afecto experimentado, sentir cerca de sí á toda hora una solicitud á la cual pueda apelarse con toda
confianza; esas son vuestras palabras, no es verdad?
Pues bien, ese gran tratado de amistad, por bello, por
ideal que parezca, existe entre nosotros, y yo conocía ya
su potencia, puesto que teniendo necesidad de vueatroB
conseje1:1, no he vacilado en llamaros cerca de mí.
Se interrumpió, hizo una pausa para dejará. su inter·
locutor tiempo de responderle. Como él se callaba, ella
continuó:
-Este llamamiento ta~ lacónico, del que hace.un mo•
mento me pediaia explicación, tenía una causa muy se•
ria ........ .
Se volvió á callar esperando una prE'guuta que él no
hizo.
Se levantó¡ con paso rápido atravesó el salón, abrió un
secretaire y tomó un:papel que puso en sus mano!!.
-Leed esto, dijo, y aconl!ejadme.
Era una suplica ardiente y humilde, nna larga para·
fraeis de la célebre carta de Ruy Bias:
«Soy un gusano enamorado de una estrella,))
La estrella ee llamaba Beltrana, y el gusano, conde Ives
Le Goeleck. Este, en una prosa conmovedora, le decía
como, desde el primer día, desde la pr:mera hora, 13 había adorado de lejOS', desconocido de ella, sin eaperanzA.
alguna. A,,quí la carta de Ruy Bias dejaba aparecer algunas reminiscencias del soneto de Arvera. El enamorado
guardaba su secreto; su alma ~nía su misterio; y de este
amor eterno, se había jurado que ella jamás sabría nada.
Pero . á la vuelta de una expedición acababa de saber su
viudez y EU partida. No afiadía, en su dflllicadeza, que
sabía al mismo tiempo el fracaso de su fortuna 1 pero la
peroración lo dejaba adivinar.
Ofrecía á la reina de su corazón un nombre sin man•
cha, una vieja casa de familia y cuarenta mil libras de
renta. Se sentía avergonzado da uo poder poner á. sus
pies una cotona real y una fortuna de príncipe. Se dig•
naría ella contentartte con tan poco?
Si por encima de 103 hombros de M. Duvernoy, !vea
Le Goeleck hubiese podido releer esta carta, escrita con
toda la pasi ón de su corazón dos afioa antes, se habría
sorprendido del súbito medro de su modesta fortuna y
de veree llegado, promovido, sin especulación y sin gol•
pe de bolsa, á la dignidad de millonario.
Si por encima de los hombros de Fernando, un exper·
to en escritora hubiese examiaado las cifras enormes,
-sin duda habría dee:cabierto un fraude y la adición de
tal ó cual cero.
El pintor F ernando Duvernoy no era nn experto e n es•

. .,.,.

de esos deseos intensos que se burlan de las más firmes
resoluciones, que explican todM las locuras. Comprendió que podía resignarse 4. su muerte, pero no á verla en
brazos de otro.
Ella se había aproximado¡ dulcemente y con una voz
tan baja que .él tuvo que inclinarse para oírla, murmuró:
-¿Debo rehusar? ¿Lo deseaia verdaderamente, amigo
mío?
-Sí, exclamó él tomándola en sus brazos.
Estrechaba á la joven contra su corazón, loco, fuera de
ef, con loa ojos extraviados, )a cabeza erguida, como si
desafiase al universo á que se la arrancara. Ella ee abandonaba tranquila y sonriente. Por su habil táctica acababa de reatab!ecer las distancias y de reconquistar su
posición; el enemigo estaba vencido sin ser aniquilado.
Se rendía á discreción, ee podía encadenarlo al carro
Con la salud le llegaba al corazón el horror de la eole- tliunfal.
Un caballero no ofrece la existencia precaria de una.
dad. Pues que no debía morir era preciso que viviera, y
vivir así, sola, no tenía valor para ello. Es buena, des- unión clandestina á una mujer que acaba de rehusar por
pués de todo, la familia, y vale la pena de pensarse. Los él cuarenta mil Ji bras de renta y el título de condesa.
Fué en efecto de matrimonio de lo que Fernando ha•
amigos se van, la amistad ea un lazo fragil¡ ella lo había
bl6
y jamás se le ocurrió que ese rival noble y rico no
experimentado durante esos dos mea~s de abandono.
era
más
que un pobre y obscuro oficialdemarinaáquien.
¿Qué podía responder M. Duvernoy¡ qué podía él objeella había rehusado desdeñosamente dos años antes.
tar sin faltará. su papel de consejero?

critura, sino un hombre de corazón leal, incapaz de BU·
poner falsa ó engañadora á la que amaba. Leía cada palabra mordiendo su bigote, presa de cólera, de celos y de
tristeza.
Encontrar al alcance de eua labios ávtdos un fruto aa•
broso y verlo devorar por otro, constituye una agravación al suplicio de Tántalo. que loa antiguos debieron tomar en cuenta.
Se sentía ·encolerizado contra ese conde Le Goeleck que
le robaba la dicha entrevista. Marchaba á grandes pasos
á través del estrecho salón.
Beltrana lo observaba con sus ojos frío¡;, que iluminaban
malignos fulgores. Con una voz tranquila, impasible,
deapiadada1 exponía las ventajas del matrimonio propuesto.

-Casaos, le dijo él, con una voz opaca.
Continuaba su marcha más y más rPpida, nervioso y
agitado. Representar el papel de árbitro en este asunto.
¡Qué irrisión!
Así pue1:1, iba ella á irse, á poner esa linda manecita
blanca en la mano de aquel ofi:ial de marina, de aquel
conde bretón que la amaba des le hacía tan largo tiempo;
él la pe1dería para siempre.
Como su paseo le llevaba hacia Be~t.rana, sus ojos se
encontraron y se sintió mordido en el corazón por uno

XXXV
Ef aefior Duvernoy volvió á su hotel bajo el imperio de
aquella escena. Durmió poco, y esperó con impaciencia
que la hora le permitiese presentarse en casa de Beltrana. No pen1:1aba más que en la alegría infinita de volverla á ver así, libremente; sin temor, sin réplicas, sin contraórdenes. Cuando se hubo instalado de nuevo sobre el
pequeffo canapé, exclamó:
-¡Qué feliz soy mi bien amada, qué dicha la de haberos encontrado así!

�408

Ella estaba alegre, risuefia, muy otra de como él la había visto hasta entonces¡ no ee enternecía empero como
él, y le dijo con un tono de cariñosa gravedad:
-Contadme desde luego qué habéis hecho esta maflana.
-¡Esta mañana! é indicándole con un gesto el pendulo:
-He esperado1 pensando en vos que me fuese permiti•
do volver.
Ella hizo una linda mueca de desdé n.
-¡Oh! el perezoso! Yo, señor, he hecho algo mejor.
¿Será bueno d!lroe cuenta? Antes que todo escribí al se·
flor Le Goeleck. Yo debia una respuesta. á ese caballero,
¿no ea verdad?
-Sin duda, sin duda, era preciso sifinificarle que no
queriais casaros con él. Espero .q ut, él lo tendrá. por
dicho
Ella sonrió debilmente:
-No sois celoso ...... al menos así lo espero.
-¿Celoso, celoso 1 mi bien amada? No podía estarlo
desde el momento en que tuviese la absoluta seguridad
• demi ventura. Tewo.siempre que os arrebaten á mi ca•
riflo.
Y para afirmar mejor su temor, quiso, como la víspera,
tomarla en sus brazos, pero ella se echó hacia atrás.
-No he acabado aun de ha~lar. ¿Q11é veis. sobre eea
consola?
-¿Sobre esa consola? Un indicador de camino de fierro y una ((guía Joanne,11 según me parece.
-03 parece muy bien. ¿Comprendéis lo que significan
eee indicador y eee gnía?
Y como él guardaba silencio, ella continuó con un tono firme.
-Eso significa, amigo mío 1 que no somos unos niños,
que no nos son permitidas las faltas, que vuestra mujer
no debe enrojecer maflana de las debilidades de vuestra
futura; en fin, que nos amamos demasiado y que es preciso casarnos lo más pronto posible.
El murmuró:
-Pero ¿por qué partir?
No amaba las decisiones imprevistas y encontraba que
desde la víspera loa acontecimientos marchaban con una
rapidei inquietante.
-Por qué partir? dijo ella dulcemente, pues por que
mi corazón se hiela al !!olo pens1miento de unirme á vos
en esta fría ciudad protestante, donde nuestro culto es
apenas tolerado. Solo que como yo no tengo familia que
pueda recibirme, ni padre ni hermano que me conduzcan al altar, quería dirigirme á Roma. Me parece que un
juramento ea doblemente sagrado, doblemente solemne
en eea gran capital del mundo cristtano.
Y con una voz más triste y más grave, añadió:
-Tengo además otra razón. Vuestra hija no me ama.
M:e tiene miedo la pobre nifla¡ en tanto que nuestra unión
no sea indisoluble, sufrirá y tratará por todos los medios
de separaros de mf. Yo sé que vos reaiatiriais; pero qué
lucha para vos, Fernando, y qué sufrimiento. Cuando yo
sea vuestra mujer, Lila se inclinará ante el hrnho con sumado, y ademlis, me aent permitido ir á. su lado y con
mi"ternura, destruir sus prevenciones. Queréis que par•
tamos á Roma, no es verdad?
Como habría.el resistido cuando ella le miraba con sus
hermosos ojos suplicantes¡ además ella tocaba en su temor secreto en la oposición que él temía. Tenía razón,
Lila se resignaría ante lo irrevocable!
Ella vió su victoria, y levantandose alegre, batió pal.
mas.
Y ahora, hagamos nuestras maletas, dijo.
En Pontarlier, la desaparición del sefior Duvernoy no
podia pasar desapercibida. Apenas subía el sefíor Duvernoy al tren, cuando la tía Fourneron recibía informes.
Charlaba en casa de su tendero, haciéndose pesar una
sabia mezcla de moka de bourbon y de martinica, é informándose de la noticias del dia cuando el tendero le
dijo:
-Acabo de ver al sefior Duvernoy paear frente á la
puerta¡ llevaba una petaca en a,1 coche; de seguro iba á
tomar el tren.
La señora Fourneron movió loa hombros:
-Eataia en un error; mi sobrino no piensa en salir.
Yo le ví ayer noche y me decía cuán cont-ento estaba de
haber vuelto á su casa.
Una cliente intervino:
-Oh, acaso hay algo. Yo he visto al empleado del te-

EL MUNDO

légrafo que llamaba á la puerta, llevaba un telegrama.
La tfa Fourneron no oyó más, y olvidando eobre el
mostrador todas sus pequeñas compras, echó á correr.
Sin tomarse el tiempo de interrogar á. los dóméaticoei,
subió la esca!era con una presteza juvenil, se precipitó á
la cámara en que Carlota, desolada, se egforzaba en vano
en consolar y_tranquilizar á Lila.
-¿D6nde está mi sobrino? interrogó la tfa Fourneron.
-Sintiendo que le llegaba una aliada, Lila se endere•
zó en en camita.
-Tia Fourneron, yo sé, yo, dónde ha ido papá; ha ido
á buscará la mujer roja.
Y juntando sus manecitaa añadió :
-Impedíd::elo, tía Fourneron, ella es malvada, no hay
que dejará papá que se junte con ella.
Después tornaron sus sollozoe, en tanto que la eefiora
Fourneron dirigía á la aya preguntas múltiples y precisas. ¡Ay! las respuestas casi no dejaban duda: el pintor
había contraído en Lausanne un peligroso lazo. Felipe
de A.ubián no había arrojaio en vano un grito de alarma y la liga de familia se había desarmado demasiado
pronto.
La vieja dama corrió á casa de las señoritas Lézines.
-En 1 algunas palabras fueron ellas puestas al corriende de aquel inopinado viaje. El peligro era grande, pre•
ciso e1a meditar.
-¡A.h! ¡si Jocobo estuviese aquí! murmuró Eulalia!
-;Ab! t'ii no hubié:1emos hecho á Sánta Rufelia el in·
sulto de preferir á Santa Inés! exclamó Aglaé.
La señora Fourneron 1 que no gustaba de las jeremiadas inútiles, interrumpió con energía:
-Jacobo está en Niza y Santa Rufelia en el paraíso:
esto quiere decir que ni el uno ni la otra se dirigirán á
Lausanne para amonestará Fernando, hacerlo ruborizarse de su vergonzosa conducta y llevarlo por el camino
recto, pero yo estoy dispue1-.ta á. partir. Si hubieséis oído
á h pobre Lila suplicarwe que salvara á su padre, com·
prenderíais que no debo retroceder ante ninguna abne•
gación.
No, no retrocedía la sei'iora Fourneron, pero se com•
plació en consultas, yendo del Notario al Presidente del
Tribunal, del médico al ingelliero de puentes y calzadas
y de éste al capitán de gendarmería. To'1os, los Prudentes y los belicosos, la disuadieron de intentar la avento•
ra. El president.e del Tribunal le representó que una tía
se encontraba sin autoridad sobre un sobrino de cual no
era tutora y se ofreció á leerle los artículos del Código.
El notario, que conocía á Lauaanne, le objetó que en
esa ciudad el número de hoteles era tan grande, que sería
caei imposible encontrará M. Duvernoy y opinó que debía ella esperar cuando menos á que él escribiese dando
su dirección. El capitán de gendarmería afirmó que el
derecho abeoluto de la sefioia Martín sería de cerrar su
puerta á la visita y rehusar recibirla.
En tanto que ella tereg1versaba, llegó un telegrama fe.
cbado en Verona, al cual siguió una carta.
El artista exaltaba la pintoresca belleza de e"ta ciudad
que guarda tan fuerte la huella de ese tiempo á. la vez
bárbaro y refinado 1 de la época heroica de los Scaliger.
Deepuéa una carta de Venecia hablando del gran canal,
de San Marcos, de las }aguas: se hubiera dicho que se
trataba de un turis~a sin más deseo que el de admirar la
Italia.
La sefiora Fourneron se tranquilizó; ciertamente en
en ese viaje había algo-una intriga sin duda,-pero las
intrigas pasan. A todo pecado misericordia, Huido el
capricho él volvería arrepentido. L:is señoritas de Lézi•
nea dejaban oír, á propósito de esta moral un poco amplia, severas protestas. El presidente del tribunal 1 el capitán de gendarmería y el notario, participaban de la
opinión de la señora Fourneron. Lila 1:e tranquilizaba1
pues que su padre no e.3taba en Lausanne, es que ya no
pensaba en la mujer rnja y que no se uniría á ella.
XXXV

Cuando se fijó definitivamente el día del matrimonio,
Beltrana dijo al pintor:
-Ha beis escrito, segun creo, á. vuestra familia, para dar
le parte de nuestras intenciones.
~No, no había escrito! Cómo habría podido hacerlo y
cuando le había dejado ~11a tiempo!
Se había apoderado de él, no dejandole la posibilidad
de reflexionar ni de vol verse atra.a. Multiplicábanse las
visitas á loe museos, las estaciones en las iglesias, los pa•

DOMINGO 13 de JUNIO de 189J

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1897

seos á. pie ó en coche¡almorzaban y COmían juntos y cuan do Fernando la abandonaba en la noche para vol ver á su
hotel, se sentía tan cansado que se dormía casi luego.
Así pues, no había escrito, y lo confesó. Ella preparó
sobre una pequeña mesa, papel, plumas, tinta y dijo graciosamente:
~Escribamos.
Y escribieron juntos, por que si era Fernando quien
tenía la pluma, Beltrana era quien dictaba. Como él tenía horror por toda clase de correspondencia; le agrade •
ció que le evitase el fastidio de aquella, más cuando se
trataba de una cama perdida de antemano.
-A mi tía Fou1neron, deede luE&gt;go. Qué le diré?
-Pues que le pedís para mí su protección y su patro•
nato 1 que yo seré feliz si me guía con su conseJOB.
- Y á las prim':ls de Lézinei:,?
-Que eolicitais sus oraciones.
-Y á Jacabo?
-Quién ea ese Jacobo?
-El primo hermano de E '.ena, un hombre.muy amable que adora á las mujeres bonitas, que las ha adorado
demasiado acaso. En la actualidad, esttí en Niza.
-Pues b!en, decidle que venga á vernos; que estoy
muy impaciente por conocerle.
-No, no, os haría la corte y yo quiero guardar para
mí vuestras miradas y todas vuestras sonrisas.
Ella le amenazó con 01 dedo.
-Oh! que pícaro celosl)!
Concluidas estas tres cartas, él se quedó indeciso.
-Qué diré ~ Lila?
-A Lila, que ahora seremos dos para amarla.
Ante una última hoja de papel, se quedó perplejo.
-Esta carta, dijo 1 me cuesta mucho trabajo escribirla;
ea para mi cuñado Felipe. No puedo ca3arme sin darle
parte1 y le he afirmado tantas veces que no olvidaría jamás á su hermana ...... .
-Pero, dijo ella dulcemente, no la olvidaréis1 hablare•
moa de ella frecuentemente.
Después, coa un ligero temblor de voz :
-Qué, vuestro cuñado volverá pronto á Francia?
-Qué sé yo! dijo él con un suspiro, estamos sin noticia.e de él, su buque está preso entre lc,s hielos. Oh! e.sas
invernadas en el Polo ... .. .
-Entonces, ilijo ella, para que escribirle, puesto que
os es tan penoso y que vuestra carta no le llegará? Cuando nos hayamos caeado, Fernando 1 yo reclamaré el pla•
cerde ser vuestra secretaria, por que seria gran lástima que
una pluma usurpase el puesto de vuestros pinceles.
Fernando recibió á estas tres diferentes cartas las res•
puestas previstasi una sever~ mercurial de la señora
Fourneron contra los imprudentes, que fiindose á sq.s pro•
pías luces, no consultan á nadie; una piadosa amonesta•
ción de las primas, estas imploraban por él, al Dios de
misericordia; C,1,rlota escribió una larga y conmovedora
carta en que el corazón hecho pedazos de la p obre m u•
chacha, no dejaba escapar amargura alguna y se difun•
día en votos de felicidad. Jacobo dirigió cal urosas fe licitaciones.
Fué buena fortuna para Beltrana que él se encont rase
en Niza y no en Pontarlier cuando ~e llegó la carta de
Fernando. Un flirt con una elegante americana ocupaba
todos sus ocios.
-Toma, dijo filosofi.camente, parece que ese pobre
Fernando se ha dejado engaratuzar por su picarilla y
que se casa con ella. ¡Qué barbaridad, gran Dios, qué.
barbaridad! No hay como las gentes serias para comet e!"
esa clase de tonterías. Querría 'Ver la cara que pone la
tia Fourneron y los gestos de escándalo de las Lézines.
Pagaria un boleto.. .... y si el viaje no fuese largo ..... .
¡Cómo se modifican y cambian las cosas, sin embargo,
según el país y las latitudes! En Pontarlier yo formaba
parte de la santa liga, aquí, á fe mía, aquí estoy por la
picarilla. Esto es más divertido; las reuniones de familia eran tristes al U ..... .
Tomó de nuevo la carta y la releyó. De pronto el
nombre de B.:,Jtrana, que al principio no había notado,
despertó aJgún recuerdo en su espíritu.
-«¡ Bdtrana, Beltrana!&gt;, Un bonito nombre, nada co•
mú:1, nada vulgar! ¿D.)nde diablos conocí yo una Bel·
trana? ¿Fué en Paria? No me acuerdo.
En su mtimoria debilitada de viejo vividor, se confundían demasiados nombres de mujeres.
-Beltrana, Beltracla, Berta, Bertilda, ¿donde, dónde

h

--diablos conocí yo eso? ¡Oh! pardiez! ¡Beltradal Beltrada
'l a de lae Variedades, una peqm~ña actriz muy graciosa,
una linda picarona. Pero Beltrada no es Beltrana y yo
estoy seguro de haber conocido una Beltrana.
De pronto se estremeció:
-¡Beltrana Martín! La satánica Beltrana de Leódice
y de ese pobre Felipillo, la doncella del melodrama al
borde del Oceano! ¡Beltranal Me acuerdo muy bien. Y
be aquí que Ferr,ando se casa con eaa comedianta! ¿Qué
dirá Felipe á su regreso? ¿Y yo qué voy +t hacer? Pícara,
píca,a, pícara ...... pero esto es atroz!
Reflexionó:
-Lo mejor, BE'gÚn creo, es no meterse en eso. Ya hice demasiado y no es asunto que me importe.»
Con estas disposiciones de sabia cordura, escribió su
-carta de felicitación. Gracias a la americana, el corazón
de Jacob&lt;. en ese momento desbordaba de indulgencia
para todos los enamorados.
En cuanto á Lila, resistió á las súplicas de Carlota y
rehusó obstinadamente responderá su padre. A Felipe
iué á. quien dirigió un grito de súplica.
&lt;tYuelve, vuelve, padrino FeJipe, te lo suplico, ten pie.
dadd~ la pobre Lila, papá quiere casarse con la mujer
roja, me lo ha escrito él mismo¡ ya vt:z que yo no me equivocaba al decirte que me Jo tomaría.
u8i yo pudiese ir á Roma, cerca de él, le suplicad&amp;
muy dulcemente y con instancia, y acaso no se casaría,
pero la maligna Carlota rehusa venir conmigo, mis pri•
mas Lézines, mi tia Fourneron, también lo rehusan.
.jOh! padrino, si tu estuvieras aquí, me llevarías; papá te
e~cucharia, tú Je dirías que eeo te causa mucha pena. Y
'también á mamá Elena en el paraiao.
uLa señorita Carlota dice que tu buque está preso entre los hieloe. Entonces es muy lacil, no tienes más que
llegará tierra, patinando, y en seguida subirás al tren
y me enviarás uo tt-legrawa para que yo yaya á esperar'te á la estación; partiremos inmediatamente para Roma,
no hay tiempo que perder para que lleguemos á tiempo.
1•Hasta luego, padrino Felipe, no diré que soy desgraciada, puesto que tú no lo quieres, pero si papá trajese
.aquí á la mujer malvada, yo moriria de pena.n
Esta fué la última carta que Lila escribió á. su joven
padrino.
XXX\'II
Se casaron una vez que hubo pasado el tiempo de las
formalidades legales. Bdtrana no era tan loca para com__prometer con vanos retardos una victoria tan difícilmente alcanzada. El invierno pasó para Fernando como
un suefi.) encantado. Gozaba de la hora presente como
enamorado y como artiata. Hubiera querido prolongar
-sµ permanencia en Roma, olvidar el resto del mundo1
las discusiónes, las censuras y loa celoe: la tia1 las pri mae, la niña misma¡ no abandonará Beltrana eino por
las madonas de Rafael, admirar las unas, adorar la otra,
contemplar y amar.
Pero las visitas interminables á los museos, loa éxtasis
ante las obras maestras1 no tardaron en cansará hi joven. Tenía priea de abandonar la vida nómada, de volverá encontrar lo confortable de la casa, el bienestar
del hogar 1 ese lujo supremo de que estaba privada hacia
tanto tiempo: el home.
-¿Cuándo partimos? preguntó ella un día.
El Ee turbó.
-¿No somos felices aquí, mi bien amada?
- ttozamos de una dicha egoísta y abandonamos á
vuestra hija. Mi deber es reemplazará la madre que ella
perdió y de tratar de conquistar su afec~o; cada día que
pasa añade aun algo á las prevenciones que le inspiran
contra ml'..
-¿Quién se permite entonces? .... .. exclamó él con cólera.
-Todos, murmuró ella con el acento resignado, de una
martir; todos, loa mejores y loa peores, vuestra tía, vnes tras primas, y sobre todos Uarlota.
-¡01! en cuanto á esta, dijo él 1 yo protesto; os venera
y os adoi:a!
Ella sonrió irónicamente:
-Yos babeis sido la víctima de esa comedianta; no sabéis que quería ca~arse con vos?
Eet3 idea pareció tan cómica á M. Duvernoy que res·
pondió con una carcajada, pero Beltrana no sonreía. Le
hizo, desnaturalizándolas, las ingenuas confidencias de
la .A.lemana, citando hechos, trozos de fraee.s; la pintó

EL MUNDO

como una criatura ávida, agtuta, qne ocuHaba bajo una
simpliciáad aparente los mtis hábiles cálculos.
Un hombre menos enamorado no se hubiera dejado
con-.8ncn: pero Fernaudo estaba cegado por loa rayos
de la luna de miel, y cuando aquella adorable mujer se
dignó confeaan:e celoea. él se sintió excesivamente hala•
gado.
-La deepediréis 1 no es verdad 1 Fernando? Haréis es•
te sacrificio á:mí amor. Por lo demáa 1 ella educa muy mal
á m 1 eetra querida nii'ia.
Eo aqnt::llo, le fué forzoso convenir.
-F.s muy debi1 1 diJo él, como para excusarla.
-Decid, muy babi!, replicó Beltrana.
El sefí.or Duvernoy defendió á la aya de ana manera
timida, perdiendo pie á cada palabra1 temiendo una acusación de wmplicidad en un amor que ignoraba.
Beltrana insistió.
-Yo deseo que se vaya antes de mi llegada.
Al cabo de su valor, él cedió; no habría en adelante
más voluntad que la de aqueila mujer. El primer acto
de debilidad abre la puerta á todas l~s conceRiones cobardee. Quiso ella llevar hasta el fin au victoria .
-Es preciso despedirla inmediatamente.
-Escribid vos misma, os lo suplico; yo no tendría valor para significarle esa dura despedida.
Eso era lo que ella b.abf&lt;J. esperado¡ su carta fué una
obra maestra de ~r,l\cia felina; cada palabra acariciaba y
ensangrentaba. Esa fra.ee.,única: (1Lleg:.&gt; y os despido,)i fué
enguirnaldada con los más tiernos circunloquios. Se vengó en ese momento de los tewores que la imprudente
Carlota le había inspirado, del papel de co.ufidente que
le había iwpueeto. Juntó á su cana, como regalo de boda, una letra con~ra el banquer del señor Duvernoy.
El rayo cayendo á loa pies de la plácida alemana la hubiera aterrorizado menos que la carta de Beltrana. No
sintió ni la dulce perfidia d~ las frases tiernas, ni la hu·
millante limosna del regalo en dinero; todas esas finezas
se embotaron en su robusto corazón; pero el golpe que
la alcanzó en pleno pecho, fué la orden de abandonarlo
á. él, á su ídolo, al más grande amor de su vida. Qué r,rimen Llabía cometido el!a?
Vanamente examinaba su conciencia, nada encontraba
que pudiera explicar tal desgracia. A.l saber el matrimo•
nio de su qneridaprincesa, no había pensado ni en asom·
brarae ni en quejuae, y su imperturbable optimismo, no
se había desmentido. Ninguna tristeza celosa había ensombrecido su alegría¡ el castillo de .naipes que levanta•
ba desde hacía cuatro afios, se había venido á tierra¡ reconstruiría otro, cambiando un poco sus planes, modificando sus materiales de arquitectura.
Se sabe que las alemanas llevan el misticismo senti·
mental más allá de todos los límites del buen sentido r
de la razón. Como la heroina de Valdemar, se puso á so•
ñar la unión perfecta de las almas en una trinidad pla tónica donde se reservaba el papel sublime de la abne•
gación. En cuanto á volve:- J. Bohemia, ni lo había pensa•
do siquiera; la Blhemia era la vida pobre1 los pobres almuerzos, y Carlota amaba los goces del lujo tanto como
las situaciones romancescas. Se hubiera humillado, hu•
hiera solicitado su perdón por la falta desconocida q i:..e
se le hacía expiar si la señora Fuurneron no la hubiera
disuadido.

ros que forma por su felicidad el alma reconocida de la
humilde aya. y se sirva tranemitirlos á la señora Beltra•
na con mis agradecimientos por su bondad al haber en•
dulzado, escribiéndome tan tiernamente_, el dolor de mi
condenación.
«Dejo á. Dios el cuidado de defender mi i.nocencia, y soy
para siempre, muy honorable señor, vuestra humilde Y
devota sierva.
uOarlota.n
Después se fué, arrojada como una sirvienta infiel, pe•
ro componiendo una conmovedora historia que hacía
palidecer la leyenda de los más ilustres perseguidos.
Cuando estrechó contra su corazón á Lila sollozante:
-Estad tranquila-querida mía-murmuró; no tengais
pena, mi inocencia será reconocida y yo haré mi entrada
en esta ciudad en una soberbia carroza, tirada por seis
caballos caparazonados.
Dijo adios sin demasiada debilidad á su cámara con•
fort.able, á. la excelente cocina francesa, de la que sabia
apreciar los rebuscados m&amp;.njares, y con el generoso don
de bodas, puesto sentimentalmente sobre su co:raz6n,
volvió á la triste casa de Bohemia, pero la esperanza Y
la ilusión, esas dos magas que siembran de flores las rutas más aridas, la acompañaban.
XXXYII!
Nadie fué á encontrará los esposos á la estación de
Pontarlier; el pueblo entero estaba escandalizado con la
partida de la aYa, y hacía duros comentarios contra
Beltrana. Solos descendieron loe esposos del tren, Y so•
los E.e dirigieron á la casa.
Beltrana elogiaba todo al paso y Fernando, silencioso,
lamentaba á la pobre muchacha que había sabido apartar de su camino los abrojos y las espinas, hacerle la vi•
da larga y dulce, velar por eu bienestar y prevenir to·
dos sus deseos; pero vió fruncirse las cejas de Beltrana
y comprendió que eu pena no hallaba eco.
-¿Vuestra casa está situada ea este lindo boulevard?
preguntó ella designando la calle real de Pontarlier.
-Sf, ya llegamos.
Se detuvo ante una puerta cochers 1 empotrada en bur-

do arco.
-El alojamiento principal está ea el fonio del patio,
explicó él.
Llamó, nadie acudió á. abrirle. Llamó por segunda vez,
de~pués, con mano nerviosa é impaciente púsose á repi•
car. Un paso lento se hizo oír sobre las piedras, fué }fa.
ria na 1¡uien abrió .
-¿Dónde eet.á Claudia? preguntó él con una impaciencia de que no era duefio, por qué no abre él? ¿Por qué
no ha llevado un coche á la estación?
La vieja criada respondió en tono gruñón:
-Yo no soy la causa de que Claudia se haya retard:ido, por ir al camino de fierro 1 yo no soy la causa de q11e
no me baga caso, yo no soy la causa de que la aefiorita
Carlota se haya ido y de que todo ande mal en la caffl.
Yo tengo bastante con estar tras de mis hornillas.
Y los siguió á. través del patio 1 cojeando y rezongando.
El sefi9r Dnvernoy se arrepintió de su movimiento de
impaciencia: Mariana era una potencia á quien había
que tratar con cuidado.
-Tiene usted razón, he hecho mal en dirigirme :i
usted.
-Para que vuestro destierro no sea sino temporal, seDespués 1 con un tono más dulce 1 casi humilde:
ñorita Carlota, ceded sin re~istencia. C.)ntad coo. mi in-La sefiora es su nueva ama de usted¡ yo espero que
fluencia para obtener de mi sobrino que os vuelva á llala servirá con el celo y la solicitud que ienía usted pa.
mar; nos ligaremos todos para vuestra causa.
ra .... . .
Ella siguió este consejo, pero antes de partir, escribió
Se mordió los labios.
á su ídolo:
Se había embarcado mal en su frase; el nombre de
«Muy honorable señor:
Elena llegaba fatalmente y no quería pronunciarlo.
Loe ojos llenos de reproches de la vieja sirvienta lo
((Soy tan poco habil para las bella!! finezas de la lengua
francesa, que no puedo adivinar pc-r qué razón soy des- avergonzaban y le intimidaban. El continuó:
-Que ha tenido siempre para mí.
pedida p('t vos, pero se comprenderá que mi presencia
Beltrana vino á su socorro y dijo graciosamente:
os es odiosa y que no hay ya sitio en vuestro techo do-El aefíor Duvernoy me ha hablado mucho de voe,
méstico para Ja pobre aya.
«::\Ii corazón se destroza al dejará mi bien querida Li- Mariana; me ha dicho el cariño que tenéis á vuestros
la; yo habría querido esperar vuestra vu3lta, pero no oso amos y espero que me amaréis un poco.
disgustaros, habiendo siempre obedecido á. vuestras órContinuar&amp;:.
denes; obedezco aún por la última vez.
«¡Oh, señor! o3aria yo cuando menos suplicará vuestro
corazón paternal que fuese dulce y paciente para la po•
bre niña? Est!i tan triste y es tan infortunada!
«Agradezco al señor el generoso obsequio de bodas y le
suplico á mi bien amado am'J acoja 103 votos tan since•

�~4='º= = = = = = = = = = = = = = = ~ E L

DOM IIIGD IJ _DE JUNIO DE 1897

M UND O

f

ti$r.:;
e

{i ',J"

4fiJY"""'

~.

.,.,

'~=='='~-~,\i·
.,

•

PIANO

,

.

~

-

n '•

k~ r -,

l:.i,..

'

,

. ..

L.

....

~

.

.

-

&gt;

V

"'

~

--

. -----

.

1

.

.. ''' '.
V,,

1.-

11

..

2.

.,/

'

..

J

·-

~

. ..
•

•
-

'

.

"

.

.~

----

pmcno, le111po

•

•

. .

.......

l.--

,

-

1

..

'

J

~ -

~
PI

.

--

'.
'

-.
- --..-,

- . --

~

"

,

-

'

'
'

--

~

•

--¡

~

+-'

-¡ ...

r-

-- .

V

Cí

'

,,_

,

,

--

::::- '

7'

.. i

JI

- '

.

,"

'
¡,.,

7

-

✓

-

:.--

¡ .... ,.;

1

' •'
-,

y

'

-

~

y

.

,

,

"

:;:-!

-

-=-------

~

~

•

.
•

1/ ~

,

V

,

•

•
1.

"

1

.

,

L

¡,,,...,¡¡

'.

'

4

lt.

,'

~

o

.

'

- . ,_ !:.•

~

... 1 ,.,

1

7

•

1

.

•

'

7

t

.

.

•

7

~

1

-

'

,

p

..

...

i

.

,

•

,

--#- .,

-.

'

"~

.!.. ,

•

.......

-

-

-

f.f

1

UL

m

-

,
~

lt

.

rol/
,.

' "

Nuestras abuelas [1790] .
Cu a dro d e G asto n Linden.. .

l
t

f

J

'

-•'

... .

'

•

r=-------

-

--

- .

-!

~

~

~

--

'~

'

.....

-

'
"'lliiiii,;¡

....

...
-

✓

--

iJ
P-C .

.ff
- '
-,
7

-

-

,

.

V

]

,

--

:8:
-

�EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO Dl 1'9_7

- - _¡
Proyecto de reconstrucción del Palacio Municipal de Puebla, premiado con medalla de oro.
Carlos
PROYECTO DE RECONSTRUCCION

DEL PALACIO MUNICIPAL DE PUEBLA.
El grabado anterior repri•senta el proyecto que acaba
ele ser premiado con wedadalla de oro, para la recons•
trucción del Palacio Municipal de la ciudad de Puebla.
El autor lo es el joven arquitecto inglés Don Carlos J. S.
Hall, que hace tiempo está radicado en el país.
El señor Hall ea además de arquitecto un buen eacritor y loa lectores de EL Mus-Do recordarán que hace pocos meFes criticó las obras de reconstrucción de la catedral de Jalapa y del Hospicio de Puebla. El señor Hall
hizo sus estudios al lado de notables arquitectos de Europa, y durante tres años estuvo como dibujante particular en el despacho de Don Roberto Gayo!, ingeniero de
esta ciudad.
Puebla está de plácemes por haber obtenido un proyecto digno de au cultura y adelanto.

'. =~

'~"···~!:!'.:.::,,"•. . ~).
. .....-•..~··~

.....:.•.,.,,,.,..~,.·•::-"~)'
••• •••~•--:..·•.,
·~~;¡¡,;¡¡~
.......
,
..... ,...,,... ~ ..•,
'/1
• ;.¡: §¡ ..-;t &lt;. • l,,.i;t}

;,: '

»..
·?-..-~ .. ... . ..,"
-•":-~"~~~!~~-·

!¡~-.,e,~
~i~(t•';
,. ( ... .... ~
...,
..,'!!-

'

~

1

NOTA DE LA MODA.
Traje para carreras.

Este vistoso y elegante traje ea de folar tornaeol. La
bluea y manga llevan unas tiras de alforcitaa alternadas
con entredos de encaje negro. Estos mismos encajes ee
desprendenlá los lados del cinturón, cayendo hasta el bor•
de de la falda. Un risada de encaje termina el adorno.
Cinturón y euello ancho de blonda festoneada. Sombre•
ro de paja fantasía coa listones tornasol y plumas negras.

Número 1,

J.

S. Hall,r Arquitecto.

país ea menos caro y mái; útil á la aalnp
que los vinos extranjeros, y las paste!f,.
rías no hacen más que sobrecargar el es·
tómago.
¿No hay también muchas supe,:{lui-/,¡d,.,
en el tocatlot, tales como las et1enciaa ti nas,
los perfumes de precio subido, que aeríart
ventajosamente reemplazados por el vi•
nagre ordinario y las plantas aromáticas
de los campos?
¿No hay también ~upe,:flufrlades de vanidad lileraritt, tales coin0 las subscripcio•
nes á la ➔ obras fútiles. á los periódicos, ó
á los diarios de modas, que apenas ee
leen y q•1e á m'lnn fo se reciben sólo por
hacer da ello alarde'?
Dejad esas suscriciones por seis meEes
y ten•i réis una economía de tiempo y de
dinero.
¿No hay snpe,:f1!1idades a1ín en el tral,«jo! En lugar de poneros á hacer un lujoeJ
oordado, unos adornos, ó un vistoso te·
jido que os dejaría llenas de ilusiones y
·le vanidail, tomad la ropa para rern..n·
darla. cortad y haced vosotras mismas
vuestros vestidos; así economizáis el dinero que pagiis á una costurera, y queda•
réis al menua, contenta de vuestro tra·
bajo
t:labed esperar un mes más para procn•
raros un mueble ó un objeto de tocador,
sin el que os habéis pasado un afio. F.:~tt,
es un punto importame para loP ~a•'&lt;•e
que no son obligatorios, ~aber gauar el
t:t!IIOO.

BORDADOS
Bolsa para ropa de noche ó calzado usado.

¡ .

.

•.•

,¡
t.

,¡

l.oe uúmeros 1, 2 y 3 de nuestros grabadr•R representan la bo!Pa y eus
detalles. El fondo de eeta bolEa Pe hace de dril crudo fuerte, de 61 Cf&gt;n•
tfmetroa de largo por41 d&lt;i alto. Para las bolPas Ee corta una tira de ita·
mina, cruda, de 84 centímetrop de largo por 3,:5 centímetro~ de alto, bordada con algodón rojo. La cubi!'rta qne cae, PR de 61 centímetros de larflº• y de alto tienP, en PI extremo del pico, 21 centímetros; en la cruz
del cPntro tiene 16 centímetros. SP. borda al punto de la cruz.
Después se unen las boleaR al fondo, por medio de costuras. quedando separada la del centro de la de los lados por cuatro centímetros de
dista11cia. Estas piezas ee forran con raso de algodón rojo, se ribetean de
blanco, y se pone, en lo alto de la bolsa, tres gazas de cinta para colgarla.

'ii

"I

/i

L E C T U R A P A R A L A S D A M A S.

1.I
1

'¡

Número a.

MEDIOS DE CUBRIR El, DÉFICIT.

Aprended á restablecer el Pq11ilibrio entre vuestras entradas y vuestros gaetoa, cuando notéis ·rn déficit.
Así como la parte de los pobres, también la parte de los goces íntimos debe ser sagrada y no servir fnera de su destino, más qne para cubrir
los vacíos que una enfermedad, 6 una pérdida dejaría en el presupuesto.
Pero hay momentos en que el dinero puesto de reserva, puede no
Rer suficiente para cubrir esos vacíos; entonces poned en práctica el recurso de loe cercenamientos.
¡Oh! este arte de lna cercenamientos ea admirable, cuando es practicado con el corazón. U na vez que se.le ensaya, se ve que es bastante en
todo y por todo.
. Ved, e1;1 primer lugar, con mucha claridad vuestra -posición r repar•
t1d proporc10nalmente, en todos los ramo?, las ecnnomfas que pod~is in
trodncir en ellos, de manera que podáis decir: En todo el&lt;/e meK me pon- ·
cfrA al rorimte; despué~, manos á la obra.
"No cercenéis sobre la cantidad de los alimentos, sino sobre eu cnali •
dad, que puede ser siempre buena, dejando de ser exquisita. Con hacPr
uso, durante algunos días por semana, de viandas ordinarias, pronto ee
verifica una verdadera economía.
Además, ¿no hay muchas s11perttuidades en la mesa, que sólo pertenecen al sazón y al gusto, ó bien á los postres que 36!0 sirven para eo·
brtexita r el gu,to sin procurar la nutrición? Cercenad las sin piedad, para no dPjarlM aparecer sino en las grande!! fiestas. El vino ordinari.&gt; y del

LA REINA.DEL BAILE.

/

Número 3.

�•'•

DOII INGO 13 Dl J_UNI~ Ol •■e 7

EL MUNDO

:::=:·-:
'"7,-=_~~
~

-- =

\

J.

'

¡
1

,

1

!Ji

~

~

V~STI

no PA.RA..

CA.RR.ERA..S.
Wéaac e4 te •to.

�DOMINGO ,3 DE JUNIO OE ,897

EL MUNDO

4'4

l

Llevad todavía un mea más ese vestido qne ya teníais
propósito de dejar por que ya eEtá algn desteflido, ó por
que ha pasado la moda1 y que alguna ligera compostura
1
lo pondrá servible.
Permaneced un poco más en vuestra casa, y ahorraréis
los gastos de tocador que exigP11 las tertulias a las que concurriréis impulsada por la vanidad, y de las que saldréis
acompañadA del despecho y de los remordimientos.
Ved poco las cosas bellafl, de lujo y atractivai:i, 'Para desearlas poco y prCicurnd estar seriamente ocupada, para
no dar lngar á vuestra imaginación de creara~ neceeitlades
factic ias.
En reaamen, no ceret'nemoa de lo nect&gt;sario, sino de lo
supnfluo; y eiempre que se quiere, se encuentra algo BU•
perfl uo en torno de sí.
Y si alguna vez noe ,emos obligados á quitar algo aun
de lo necei:ario, jíh! tratemo8 de ocultar el mayor tiempo posible esta dura necesidad á las personas á quient&gt;S
amamos.
Suframos doblemente, si ínere necesario, porque ellas
no Fufran.
¡Se vive tan bien con poco, cuando es uno abnPgado!
¿Es necesario ir más allá é indicar, para cubrir t&gt;se dé·
ficit el t,rnbajo que sea necfsario emprender para ganar
el dinero?
¡Ay! exif'te más de una casa tranquila y con comodidad
en la apariencia y obligada á. cierta rt'presentación en
la sociedad que no puede Posteneme con los recursos -1ue
le suministran, cada mes 6 cada año uno 6 dos miembros
de la familia.
EnLonces, pobre mujJr, á vos es á quien correeponde
el imponerma, todos los diaa y algunas veces aún por las
noches, algunas horas de trabajo ferio, asiduo, penoso,
para poder aumentar algunas monedas más al presupuesto insuficiente.
Velar1 trabajar1 gastar la vista, esto ea nada para la ab·
Cosmopolitan Troupe que debi6eslrenarse anoche rn el Pdncipal.-Grupo de bailarinas.
negación, y aún bajo la a~piración del corazón, el trabajo
parece multiplicarse y viene, e n - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - · - - - - - - - - cierta manera, á ~er más agradable.
Pero render es, trabajo, ¡oh 1 ¡esto
es bien duro!
Es necesario pasar por ciertas
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
pruebas para comprenderlo; es ne•
ceeario haber sentido enrojecerse
:,,.
el rostro al veros obligadas á ofre•
cer el producto de largas semanas
Léase
lo
que
la
Zarzaparrilla
del
de desvelo, á un indiferer¡,te comDr. Ayer ha hecho por el reverendo
prador, que con desdeñ.osa sonrif'a
padre L. P. \Vilds, muy conocido
sobre loa labios, parece decirop, al
u
ofreceros una módica suma: ¡(¿Una
misionero de la ciudad de Xueva
gran sefiora como vos, tiene neceYork y hermano del difunto y emi,
o
1:idad de tanto dinero?n
nente juez w·ilds:
Todavía si esto no fuese más que
euro, y, permitid la expresión que
"Por muchos ailos padec1 de divieno es cristiana, porque la pobreza
sos y otras erupciones de carácter
ndunca humilla, si esto no iufse
ti
semejante causadas por sangre emmás que humillante! pero ea tan
pobrecida. Ui apetito era escaso y
difícil encontrar un comprador, y
la extenuación se lrnüia apoderado
un comprador discreto!
del sistema. Coo,oricndo las propieOh, hijas mías! ei alguna vez el
ti
dades valiosas d~ !a Zarzaparrilla
buen Dios os sujeta á tales prue.e
del
Dr.
Ayer
)or
fa
experiencia
del
bas, dejad, dejad á vuestro corazón
1
bien que habb producido en otros,
trayendo el recuerdo de vuestros
afies juvenilee 1 que vaya á pedir
nrocurérnela y empecé á tomarla.
un conaf'jo 6 un consuelo á vuea·
.M.i apetito mejoró desde la primera
tras maestras, que harán más que
dosis y la mejoria. se extendió á mi
li&gt; .a
lo que pueda hacer una madre por
salud en geuernl, que la actualidad
o
venir en vuestra ayuda!
es excelente. Me siento un ciento
Y en eee colegio, en eeia casa de
::: o
J)or ciento más fuerte, cuyo resultado
vuestra educanion, ¿no habrá un
..¿
::s 11
lo a.tribuyo á la Zarzaparrilla. del
corazón que os Eea adicto, á quien
ti
Dr.
Ayer,
medicina
que
recomiendo
vengais á confiar las penas de vues·
i:: 2..
con todn. confianza como 1:i mejor
tro corazón?
i:: ..
Si el buen Dios aún no ha llamaque jamás se haya prepanulo para
i:: ti
do al cielo á aquel eacerdote awigo
la sangre."
de vuestra alma, id á confiárselas
n
Para
todos
los
desarreglos
originap
::
tS
á él.
dos
de
sangre
empoiJrecida.
ó
viciada
o
A
Mientras que fuísteis dichosa, él
i::
~
y debilidad general, tómese la
os permitió que lo olvidaseis¡ pero
ahora que la desgracia ha venido
::s ::s
"ti o
p.
sobre vosotras, él se acordará, es~
tad seguro de ello, que por largo
p
tiempo os llamasteis Padre mío.
o

•

i

1

Uitalida~ Debilitada,
Sangre Empobrecida.

TOlll:O 1,

:tlEXJCO, JUNJO

zo DE 1897.

NVMERO 25.

~LA FRATERNAL·S'

...

s:

•
•

.

-=....
.

.

~

-• -=•
••...
. -.
•e:, a-•

...,

" .:
" "'

..

Zarzaparrilla

En el rejuvenecimiento de los
libert!no.s _POr un amor romántico,
un pnnc1p10 poderoso, annquecontrnrio á este romanticismo, reside
en la repentina interrnpción de sus
constantes excesos. Una espt&gt;cie de
con valescencia anormal se produce
entonces en toda su fisiología. El
agotante camancio del placer diario queda reemplazado por una
economía de las fuerzas, que renueva todas las energías del hombre,
y-tal es la ironía de la naturaleza
-esta renovación es sentida, lo
más á menudo, por aquel en quien
1,e realiza, baJo b forma de una
alegría sentimental.
P. Bourget.

~~J,.º!~v~I~!!,~

*
••
Ama con furia y odiaco.1.1 tal ira,
que clava eus ideas cuando mira.
C ,\MI' OAMOR.

=

• •.,
3
i• •
::s

--

o
""

-

!"

PREPARADA POR

_Dr. J. C. Ayer yCa,, Lowell, Mass., E. U. A.
Oficinas de LA FRATERNAL:

1,A. DE¿

--

-

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 7á0.-M EXICO

LAlT ANTÉPII-ÉLIQL'J: -

LECHE ANTEFÉL
ura ó mezclada con agua, dist
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS

RESTAURADOR

trNIVEISAL DEL

CABELLO

PREP'AUDO POR El DR.T ORREL DE PAIIIS

ROJECES
•

"'f.~
No pretendas mi cantar
Ieabella-Roma oír.
¿Por qué quieres ver llorar
hoy que te toca 1eir?

!i

•

&amp;

~ el cútie

'í&gt;'
MAS DE; CIEN

personas han eido curadas de estwchez uretral sin el
menor ac~idente, sin dolo-r, sin cloroformo y en'menoa
de un minuto, empleando el Dr. Garay la elPctrolisia.
Por el mismo método cura las estrecheces del recto exóf~go y útero. P~ac.tica toda clase de operacion~s q~irúr•
g1cas y es espectahata en vía?:! urinarias.

Después
UNICA PREPA.RACJON
PAR! :ftESTABLECER, VIGORIZAR Y JIERMOSBAR EL CA.BELLO
U!Prn&amp; LA PREMATUR..\ CAlOA DEL PELO,
.
ElIT.~ LAS CANAS YLIMPIA. LA C!BEU..
PREFERIBLE A TODA PRt:PARACION DE QUIYA
DE VENTA EN TDDAS LAS DROGOERIAS YPERFUMERIAI

ae la llu-oia.
D¡bujo de J. M. Vtllaeana.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92510">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92512">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92513">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92514">
              <text>24</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92515">
              <text>Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92516">
              <text>13</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92533">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92511">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 24, Junio 13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92517">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92518">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92519">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92520">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92521">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92522">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92523">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92524">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92525">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92526">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92527">
                <text>1897-06-13</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92528">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92529">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92530">
                <text>2017483</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92531">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92532">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92534">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92535">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92536">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1044">
        <name>Catástrofe de Puebla</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1048">
        <name>El Polo</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1047">
        <name>Fram</name>
      </tag>
      <tag tagId="1045">
        <name>Higiene moral</name>
      </tag>
      <tag tagId="1046">
        <name>Monseñor Norberto Domínguez</name>
      </tag>
      <tag tagId="1049">
        <name>Presenten armas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3546" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2188">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3546/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._23._Junio_6..pdf</src>
        <authentication>afe11907004918d34599546063a49ec5</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117368">
                    <text>DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

�EL MUNDO

316

13olitira Q&amp;tneral.

"EL MUNDO"
Semanatto Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re1!1.acción, debe ser dirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.

RESUMEN.-La experiencia del Sultán.-Los asesinatos de Armenia y la guerra de Grecia . - l l concierto europeo y sus amargos frutos.-La resurrección
de un pueblo.-La revelaslon de una raza.-Muertas energías y olvidadas glorias.-Una nueva potencla.-La e, ísls española.-La misión de Sagasta.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición

debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La enbscripción &amp; EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mtls, y se cobra por triroestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

A visos: á. razón de $30 plana. por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RiolSTR..WO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

Ilotas tilitorialt5.
tcn martirhr n.cr.csario.
Acaban de eer colocados los restos de Melchor Ocampo

en la Rotonda de lns Hombres Ilustres, y con este motivo la :figma del infl ~xible demócrata, depurada por los
añoe, ha surgido dt'l pasado en toda aa aever.a grandeza.
Es necesario penetrar en esta s~rena :Personal.id ad, .e~tr~ña mezcla de filós ofo y revoluc1onano, espíritu diEC1plJnado en medio de las agitacioóes de .e~época, y~eecubnr
Jai decisiva influencia que su martmo 1:1ª temdo en el
triunfo de la idea liberal mexicana. Meditemos á la eom•
bra de este augmto eepulcro.
A la terminación de la guerra de Reformn,
los veacedorea de Calpulálpam habían caído
en una somnolenda enervante. Después de
tres años Je lucba sostenida, la victoria derramó, sobre aquellas energías de acero el
polvillo de oro de los ensueños. Los combatientes de ayer descansaban sus glorio~as cabezas en el regazo del ideal, y en él dejaban
alaciar sua miembros y quebrantar sus voluntades.
La poWica ded11,.tim había provocado una
embr!liguez me11tal en aqueJlos f:Bpíritus i.nquietos, desbordantes de entusiasmos, d1s•
puestos á cambiar un dogma por otro y suba·
tituir una por otra utopía, y á. los que podía
aplicarse la fraee de Mirabeau al abate Sit;. ·
yes: metafísico que viaja en un mapa-mundt.
Todos los procedimientos que informaban
el criterio de los revolucionarios franceseP,
encontraron entonces eco en el partido libe·
ral mexicano, y el comité de aalvación pública
y la contratación de un gran empréstito con
el menor gramm.et1 posible, ocupaban la aten•
eón de esOs hombres, patriotas y esforzadofl,
que s:alieron del combate recitando estrofas
de Lamartine ó con el libro de Juan . Jacobo
debajo del brazo, mientras que la reacción,
aprovechando aquella tregua, se lanzaba
nuevamente á. la pelea.
El partido liberal luchaba en Oaxaca y en
Puebla, en San Luis y en Guanajuato, pero
la capital yacía en un marasmo prolongado,
y mienrtas la facción adversa descargaba
gulpes de armas sobre la coraza de las inati·
tuciones recién conquistadas, el gabinete reEpondía con golpes de palabras y abstrusas su•
blimidadee. En la Cámara, loa oradores improvieaban arengas, y la prensa arrojaba llamaradas de elocuencia. Pero á travée:de este
entusi!tsmo de atrezzo, en el fondo de esta bri•
liante -mise en scene se resentía una ausencia
de vigor, como si el nuevo organismo creado
no arrastrara por su sistema arterial los gló•
bulos rojos de la vida.
Tal era la situación cuando la noticia de la
captura y el fusilamiento de Ocampo vino á
herir fibras atrofiadafl, á estremecer múecu•
los adormecidoe, á poner un rayo de luz en
medio de aquel morboso crepúsculo. La sacudida tuvo toda la intensidad indispensa•
ble para hacer cesar una postración precursora de la muerte, y alzará. loa abatidos y
fortificará los débiles. Y aquel mc~rtirio in•
dispensable para la causa liberal, provocando
una reacción poderosa, extendió sus alas salvadorad en el anublado horizonte de la República. Aquel hombre tranquilo é inflexible, que entró ea el sepulcro con la serenidad de un estoico, sin un grito ni una pro•
texta, creyendo haber cumplido con su deber-Eegún le.
fi:ase sencill.amente é~ica del Almirante inglés-trasfundió si espíritu superior al alma de un grupo vigoroso
sumergido por un momento en el festín del triunfo.
,
Y un delirio su_blime e.e apoderó entonces de los postrados, un frenes• de muerte se adueñó de todos l'ls áni•
moa, y Degollado y Leandro Valle, satélites del astro se
arrojaron al fondo de aquella sima que reclamaba nue~ae
víctimas con que saciar eu eioiestro apetito.
Ocampo, mu.riendo, hizo vivir á la Libertad como Cristo 4:n la cruz sal vó al Cristianismo. Las grandes ideas necesitan ser selladas con la sane:re de 11ua mártires. Por
ee.o la familia liberal se agrupa ltny en lnrn1J Ue eeta ama•
da sombra, á la que la mu~ne h a h~cho t ternameutc in·
.mortal.
¡No ha muerto Melchor o~.1mpn, puesto que alienta la
idea que constitu yó su ex ietenciu!

No bai:tó como se creía en eljprimer momento, la in·
tervenci6n del autócrata moscovita en favor de Grecia, f,ªra apresurar la conclusión del tratado de paz entre as potencias beligerantPI'! que han medido sus armas en los dee.filadervs de Tesalia. Si la intimación
del Czar eirvió para que los turco:1 victoriosos aceptaran el armisticio propuesto y consintieran en trata1 de
los preliminares de la pa1;, temerosos de ver encenderse
la insurrección en Bulgaria, fácil de comunicarse á los
otros Ei;tados balkánicos, no logró, á pesar de la aparen•
te sumisión del Sultán y de sus comejeros, que éstos
abandonaran su política p·érfida y escurridiza, de que tan
buenos rernltados han obtt&gt;nido dura11te todo el tiempo
qne llevan de estar bajo las miradas del mundo civiliza·
do, absorto ante 1anta barbari~ y estupefacto ante tan
inauditas crueldadefl.
¿Quién detuvo el brazo armado del fanatis[JlO musul•
mán, cuando se agitaba cruel, cncenando cabezas de
cristianos en Trebisonda y Diarbekir ¿quién impidió que
los feroces kurdos se entregaran á la violencia, al incendio y al asesinato, en poblaciones indefensa!:\ cuyo único
delito eran rns creencias en Cristo? ¿quién pudo marcar
el hasta aquí á los infames que arrancaban convercio•
nea falsas áfilo de espada de los ancianos miserables y
las débiles mujeres? ........ .
~adie! Las protestas de los embajadores y las reclamaciones de los gabinetes se perdían como ecos vanos

DOMINGO 6 DE JUNIO DE ,897

las potencias, e'ngañada en sus esperanzas de encontrar
aliados contra el turco pérfido, acaso seducida por algu·
na promesa formal, y más que todo, cauta para no pro•
vocar discusiones sobre la posesión de Egipto, cej ó en
sus procedimie.atos, convirtiendo en platónica conmina~
ci6n ret órica la amenaza de forzar el paso de la Dardanelos.
El fracaso diplomático de Inglaterra fué la señal de
nuevas matanzas y atrocidades nuevas; las promesas de
reformas y libertad á los súbditos cristianos, arrancadas
al Saltán, fueroa letra muerta¡ y el perjurio, la mentira
y el engaño á la Europa, no encontraron más castigo que
algunas notas salpicadas de flores oratorias y de tropos
diplomátic()e, muy bn~nos para ser leídos á Abdul•Hamid
en las delicias del harem, entre las contorsiones~ báquicas de las bayaderas y las canciones voluptuosas de las
odaliecae.
.

•'• todos recuerdan y hacen
Con taleE antecedentefl, que
estremecer Ce alegrfa á los sectaria°s del proftta, no es
extr.año que el tlultán, orgulloso de sus triunfos, se ufane
por humillará sus enemigos, no cercene una sola de sus
exigencia~, y aprovechando la debilidad material en que
ha quedado Grecia, y la desmoralización en que se agita
el pueblo heleno en explosiones de odio contra la dinas•
tía reinante, trate de burlar una vez más las esperanzas
de Europa, que ha apelado, ilusa, á los sentimientos hu•
ma11it,arios de los otc,manos, como si alguna vez se hu .
hieran conmovido las entrañas feroces de la bestia hirsuta del desierto.
Y como además cuentan cQn la proteccion cada vez
más franca y decidida del Emperador Guillermo; como
la misma Rusia, que ahora pretende cortar las uñas á la
hiena de Stambul, en favor de Grecia desangrada y rota
en desastrosa contienda, fué quien ayer se empeñó más
por convocar la cruzada anti-cristiana contra los insu•
1rec·os cretenses, y aun ahora mismo aboga los clamores de independencia al estallido de los cañ.ones siempre
dirigidos á las costas de Creta, ve::e con toda evidencia la
preponderancia que ha tomado y toma cada día el nom•
bre musulmán cou mengua y cprobio de la
civilización ocpident-al.
Xo ha mucho que ee consideraba al impe•
rio de los califas como una institución caduca, como un organismo carcomido q_ue na·
die podría galvanizar; se esperaba solamentP.
el golpe de gracia lanzado al moribULtdo ya•
ra comenzar el reparto de sus despojos. Pretendieron prolongar artificialmente EU vida
de corrupción y de ignominia, porque era la
debil Hélade quien provocaba lacrisie, y los
resultados del artificio han sido sorprenden·
tes.
Lázaro yacente enel sepulcro, envuelto en
la tiniebla de la ignorancia. y la hediondez
del fanatiemo, las complac-encias de Eurol)a
han sido la voz de la resurrección; el cadáver ha roto sus ligaduras, se ha erguido fuerte, cobrando nuevo aliente; sus miembros
ateridos nao recobrado su vigor, y recórdando sus olvidadas glorias de Plewna y Adria·
nópolis, lev,mta ejércitos que siembran el
terror de la Media-Luna entre las filas cristianas.

•
••

t

Melchor 0camp.
en 'Iepeji dei Rio, ¡:Michocaán) el 3 de Junio de 1861.

entre la grita de los muesines que proclamaban, 'como en
los tiempos medioevalea, el exterminio de loa infieles; la
santa ira en que ardían los pueblos occidentales se des•
vanecía ante las razones de Estado, que alejaban á las potencias de toda intervención armada, de toda medida
violenta que pudiera adelantar un minuto la caída del
carcomido turco; los lamentos desgarradores de las víctima!:!, los ayes conmovedores de los oprimidos, y la
algarada salvaje de los verdugos, se perdían entre las
disonantes discusiones de loa que habían tomado sobre
sí la tarea de 1eivindicar los fueros de la civilización,
villanamente conculcado!:!, y las prerrogativas de la hu •
manidaJ, atrozmente vilipendiadas.
La Gran Bre(afia que intentó por su propia cuenta la
ardua empri-!'!a de someter al turco, y pretendió obligará
la Slolblíme Pnnta, ce~ara f'D su inic ua obra d e de~olaci6n
y de rui na, a h lada enmedio del uni"\"·errnl concie1to de

No ea la humillación de Grecia el único
fruto amargo del último conflicto de Orien,t
te¡ r:o se detiene eu alcance en la sangrienta
burla jugada á la diplomacia europea, ni se
han contentar los "Tencedores con una rectificación del tratado de Berlín, que ponga en
sus manos la rica provincia de Tesalia, ya
minada por los apóstoles del Islam y sujeta á las autoridades turcas que van recorrien •
do las poblaciones en busca de adhesiones ,t
la Sublime· Puerta, arrancadas por la violen•
cia y concedidas por el terror pánico 1 qce
parece haberse apoderado de loa defensores
de Larissa y de los fugitivosdeFarsalis; nó:
la lucha ha servido para revelar la existen•
cia de un.Estado que se creía muexto, la cruzada en favor del estandarte verde del Pro•
feta, que intentaban humillar los griegos en
tierra creteru,e, ba eervido también para dar
á conocerá la arnmbrada Europa, que aun
hay latentes energías en los pueblos maho•
metanol:l, que un tiempo fueron árbitros del
mundo occidental y emporio de una civilización propia, cuando las naciones crütianas.
yacían en el letargo de la Edad Media.
Fruto será de las rivalidades hondas y
odios reconcentrados que apartaban á las
grandes potencias en ali decantado concier•
to, esa resurrección inesperada que levanta
y hace andar al desahuciado enftrm.o de la
monárquica Europa. Ya no se decídirá sin
su coneentimrnnto la suerte que le agaarda;
aún hay fuerza y vigor en en atrofiado bra·
zo; los triunfos de Edbem Pachá, recuerdan
y hacen reverdecer los lauros inmarceaiblefl,;del cautivo de.
Plewna. Nueva vida han transfundido en sus venas las
últimas victorias; de hoy en mis no sólo contará con sn
perfidia que lo ha salvado; puede apoyarse en su fuerza
que lo defiende.

j

der á éstas que él llamaba exi gencias, y e l resultado no se
ha hecho esperar: el gabinete conservador se re,ira á los
· bancos de la oposición.
Dificil es, en verdad, la situación para sortearla con
buen éxito, en los momen tos precisos en que más necesaria se bacía la cooperación de todos los hombres de
buena voluntad y la concurrencia patriótica de todos loa
partidos, para salvar á España de las dificultades que la
amenazan en el interior, de parte de cantonales y tradi·
cionalistaf", y la amagan en el ex terior, del lado de los
Eetados Unidofl , que de un día á otro pudieran decidirse
á intervenir directamen1e en !mi asuntos de Cuba.
Anúnciase como muy probable la formación de un gabinete liberal , presidido por el seüor Sagm;ta: dura es la
brega que le corresponderá al experimentado estadi~ta.
Puedan sus dotes y energías conjurar todas las tormentas y seremvel cielo político de la na 3ión hispana, donde
cruzan negras nubes á tcasiones iluminadas por el cárdeno resplandor del relámpago.
X.X.X.
Junio 3 de 1897.
LA PACIFICACION DEL YAQUI
Notas ilustradas.

1•

Precisamente en ei número a1,terior de este semanario,
hablábamos de ta capital importancia que para )léxico
tiene la pacificación de los bravos y aguerridos indios
eonorensee, y de los inmensos beneficios que para el progreso de uua exúbera y bella zona del :N'" orte, derivaría
la de-finiti va capitulación de la potente tribu 1 coneagran•
do vigoro~as y fértiles energías á tareas mejores qne las
de esgrimir el arma de la rebelión y de la fratricida re•
yerta .
No insistiremos más sobre esto, mtixime cuando los
diarios de esta casa, tras pormenerizar todos los hechos
q11e antecedieron á la definitiva pacificación de loe indios
han discurrido aceica de las ventajas que hecho de tal
significación aporta. Mas sí nos compete, si el M1.".!'."DO ha
de mostrar la tisonomía de los principales sucesos oacio·
nalee 1 sintetizar, en breve colección de grabados, el he•
cbo culminante á que venimos refiriéndonos .
Publicamot1, puee, cuatro ilustraciones importantes en
lugar preferente, de las cuales figura el retrato del Coronel Peinado, habilísimo colaboaador del Sei'ior General
Luis E. Torres y uno de los héroes de la eatir:factona
empresa.
El Coronel Peinado, presentándose eolo y sin armas en
el campo enemigo. y pactando con e1Ilpefio conciliador
con el temer{l,rio Jefe yaqtli TetafJiate, merece nuestro
sincero aplauso que hncemos exten@ivo, antes que á to•
dos, al Señor General Torres, alma de todas las operacionee, y deapuée, á los oficiales de nuestro ejército ope•
rante ea las lejanas regionesaonorenses que siempre han
sabido unir, coa brillo, la cordura al indómito valor.

Coronel Francisco Peinado.

Cisne deslizarse por el lago y la Giraja recorrer los c~mpos. -En vano H frci, les, que es el montero de eu MaJt:B•
tad, limpia y bruñe el e~c1.uto de ,S()bioski. En vano Sagitario tiene listo el carcax con flechas áureas. La Copa
permanece intacLa. Su Majestad no se ha desayunado.
En el altar ya pavonean ai,!;onizantes los blancos cirios.
Su Majestad el sol no ha dicho misa.
¿Qué ha pasado? Su Majestad la luna está de viaje.
Con sus dama9 de honor y sus menina.e, se emb&amp;rcó en
el 1Vavto rumbo á. Alemania. Mientras vuelve, el sol se
oculta ó anda en av~nturas. ¿Quién Jp ba visto? No está
de diario en el laboratorio, porque el Hornillo r¡11 ímico no
despide llama alguna. El Bul'il y él G'abu.llete drt Pintor
permanecen ociosos. ¿Qué ba pasado? El venerable Paniatowski calla, y el madrugador úri6n afirma en voz ba•
ja, que estll mañana salió 1·e11m algo páli ia.
Las dueñas refunfuñan. El DeU'in se pasea muy pen@a•
tivo. Loa corteaan()B cuchichean en la antesala. Su Majestad el sol no ee levanta.

Dos gorriones que me acompañan á almorzar todos los
días, se ponen de puntillas en el nido y me dicen por señas que hoy no salen. Desde aquí escucho su conversación. Los pobrecillos cuentan que un amigo suyo murió
anteayer de pulmonía. A no ser porque e.atán muy cona•
típados, asistirían puntuales al entierro. So tendrían
que vestirse para ello; como es público, los gorriones á
DIAS NUBLADOS
guiea de hombree graves, andan siempre de luto.
Por desgr:tcia, la atmósfera está fría. Gotas de lluvia
El sol anda á picos pardos. Da~de hace cuatro días los
resbalan titilando por las hojas del fresno. No, no irán
ast.ros de la corte se presentan, según lo exige la etique•
ta, en la antecámara del soberano y la puerta de la aleo• al entierro lo.3 gorriones. Friolentos e.e acurrucan en el
ba real no se abre para darles paso . Su Majestad el sol no nido y hablan con voz llorosa del compañero que muri6.
Su pobre novia no ha de hallar consuelo. Td.l vez en este
se levanta.
insta o te la desgraciada alondra da el útlimo beeoen el pico
Los cortesanos murmuran y cuchichean en la antesala.
de su amante. Ya el rnisefior estará entonando el Pie
¿Qué ha pasado? .l!.:t Lince asegura qua vió salir al sol,
Je,o:¡_1, y los canarioei, esos monaguillos de las aves, se
pero antes de las or11ciones, acompañado de 1\Iercurio.
El sol iba embozado basta las cejas. La Osa Mayor, que agrupariin eu el altar mayor, columpiando loa incensaco!Do. dueñ_a y vieja, es cavilosa, asegnra que pur extraña rios de filigrana. Como el gorrión era un gorrión arieto•
crático, un t'ardenal canta la mi@a de difuntos. Los gocornctdenma, la Cruz Austr11l ha desaparecido. El )joyero
rrioncitos1 mis amigos, 110 la oirán. Tienen miedo de
y Ra1g~(tro sonrien, como diciendo: ¡_va lo veremos bri·
llar hoy ó maúana. en el cuello deA1,dr(nneda6 en. el cue • morirse porque están enatnorados.
¿O:!. acordáis de aquellas golondrinas que colgaron su
llo de lkreuice! Su Majestad el eol no 81:: le11auta.
_El Cochero ee impacienta en el pescante de oro. PfgCUio nido, un año hará, en la co1 niea de mi ventana'? Las copiafa en la caballeriza. Los L elrreles quieren echar á co- quetas salían muy de mañana cantando el Pit Onit y el
~rer, y el Pnro Mayor ladra sin descanso mirando de reo- N e me chatouilkz pas. Donairosas y esbeltas, lucían el taJO al Are in.diana. Su Majestad no irá de caza noy.
lle, t!:lconeando con gracia parisiense en los alambres del
Puede el Auyila atravesar sin miedo la moutaña; el telégt a[o. )Iia gorrioncitos se enamoraron de esas dos

locuelas. Pero como eran artistafl, cuando acabó la temporada de ópera, que llaman ellas prima.vera, se marcha•
ron. Mis gvrrioncitos las esperan impacientes. Más como
la mañana est.\ muy fría, como ay e r se murió su compañero, y como están los dos apasionadoe, con profunda
iristeza hab lan así.
-Las pobrec1llas vienen en bm·ca de calor, y el vi~jo invierno, c~si paralítico, no ha po&amp;ido moverse del sillón.
-No te p1eocupes. Verás que bien las.abrigamos. Lle•
varemos al nido de nuestras vecinas todas las plumas que
tenemos en f!l nuestro. Al fin noeotroa somos hombres!
Ademá~, quién sabe si mañana venga la primavera ó ei
la traigan ellas, puesto que la s muy tra~it:sas ee la llevaron!
-Tengo miedo, hermanitCl, mucho miedo! Bien sabes
que la ruía esta un p oco anén.iica. ¡Si se muriera de tisit-L. ....
Dei::pués del gorrión habla un enamorado:
~E::tAcerracto su balcón. Paso y vuelvo á pasar; pero
la cortina de encajes no se mueve. Pocos trane.euntes
cruzan por la acera: unos embozados eu sus capas, otros
con las ruanos hundidas en los bolsillos del i;obretodo.
Los caballos resbalan en la humedad lodosa de las pie·
drae. De rato en rato, alguna amiga pae.a en eu carruaje,
con los criétales cerradot-, y di1:.ti1Jgo apenas una mano
enguantada que ealuda.
La lluvia c11e en hilbs muy delgados y parece que dice
cuando cae: 11Hoy te burlamos: hoy no la verás '. &gt;) &lt;tYome
enfado y siento impulsos de refiir contra ella. Pt:ro la
lluvia se escapa de mis manos y serié de mi cólera y
hace mofa de mí, brincando en la hojalata del tejado:
uHoy te burlamos; hoy no la verás n
Yo pido al cielo que disipe estas nublazonea y ponga
fin á este invierno.
Mis amigos bu-can calor jugando á los bolos en el Tí·
voli, 6 se entrt-gan al pockarc en uncapitonado gabinete.
En otro tiempo les habría seguido. Hoy sólo pienso eu
mi friolenta amada, que no entorna las puertas del
balcón .
¿Qué hace en estos momentos? Mi fantasía la finge recostada y cubierta por la pesada piel de búfalo. Sus ¡;raodes pupilas que á veces bajan el embozo negro parJI, ver•
me, se detienen ahora en las páginas de un libro. i::He11te
celos del fantástico D. Juan, que figura eu esa novela y
cuyas aventuras la entretieneu. Querría ocultarme entre
loa anchos pliegues de esa piel de búfalo y contemplarla
acurrucado y ea silencio. Si tú quisiera!::' ........... ! .En el
cupecito acol-::honado, cuyos cristales no dan paso al aire,
iríamos juntos al bosque. ¿No te halaga el olor de la tie·
rra húmeda? Solo las gotas, gruesas y redondae, nos ve·
rían con sus ojos de diamante, al resbalar por los crista•
les del coupé .......... delcoupé muy estrecho, tan estrecho,
que el frío no podría caber entre nuestros cuerpoe.
La cortina de encaje no se mueve .. Las gotas de la llu•
vis., brincando en la nojalata del tejado me dicen: 11¡ No
la verás! ¡No la verás!i,
·

•••

La mujer de marmol que duerme en el Ixtacihualt,
aparece como la estátua yacente de un sepulcro enorme.
¡TiJmbién como ella, duermes tú, mi perezosa. La na•
ve de la iglesia está sombría. La banca que prefieres está
desierta . .Algunos devotos rezan y tosen. La misa ha co·
menzado ........ y tú no vienes!
Acaeo, oculta todavía entre las olas blancas de tus
colchas, extiendes apenas el brazo de alabastro para tomar el libro que tenias anoche, y colocándolo en el pe•
cho junto á tf, te acurrucas y sigues su lectura. Hoy ¡im•
pía! no vendrás á la misa de las nueve.
Este sí qué es el invierno para mí! Porque el invierno
no es la helada ráfaga que se desprende, como inmensa
flecha, de las urnas inaccesibles de la nieve y baja rápidamente á la llanura; porque el invierno no es el agua
inmóvil, ni el niño muerto en los umbrales de un palacio: el invierno es eetar lejos de tí, es no sentir la intensidad de tu mirada, es lo que yo seré si tú no me amas.

•••

Y aquí calló el enamorado, se fué el gorrión y abrí yo
mi par4guas !
EL Dt:Qrn Jon.
OTRO PAGO DE $ 3 1420 DE "LA MUTUA"

E:N MORE:LIA.

•

',~'.1''
l ,,

•••

La crieis que amenazaba al Gabinete espafiol ha llega ·
do á su período agudo, y la renuncia del Eeñor Cánovasy sus colaboradores que acaba de aceptar la Reina Regente pone en graves riesgos á quienes les sucedan en el
porler.
Indomable el partidíl liberal, que se sintió last.imado
por el incidente en el Senado emre el duque de Tdtuii.11
y el Senador Comas, seapartó de las labores parlamentaria~, poniendo por condición para cooperar en lns tareas.
un!\ F'ati11fllcción decorosa de parte del ofensor.
l ufie::d b!e ~l jefe del partido conservador~ no quiso ce-

377

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

";

Coronel

:Morelia, Mayo 6 de 1897.
Sefl.or D. Carlos Sommer, Director general de "La Mu•
tua.''-México.
Muy señor mío:
Tengo la satisfacción de manifestar á usted que hoy an-

· '

te el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y

.J: j ~
1~

P-~~
'

~

-

Recuerdos de la pacificación de los yaquis •
Capitán Joaquin Télle:i;, SPcretario del Coronel Peina/lo.
Juun Maldonado.
J uliá.n E~plnosa , Secreta rio de .llaldonado.

Fmncl~o Peinado.

con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente de ((LA MUTuAn he recibido del Sl'. D. Antonio
Büet, banquero de dicha Compañía, la snma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte.: ($3,420. 30 ), valor
total de la l)Óliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase•
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, ea favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Th?bo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de-tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes for•
man la devolución íntegra de los premios pagados á. iiLA
MuTuAii por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persa•
n~s de buen ~riterio las Pólizas con devolución de pre•
mios que expide la compañía que tan acertadamente dirige usted en nuestro país!
. RéstaI?e. enviar á usted mi voto de gracias por la eficacia y actividad con que se CJrrieron los trámites conducentes á este pago.
Quetlo de usted affo. atto. y S. S.
ALBERTO HUERTA CA.SEDO.

�EL MUNDO

OOM INGO 6 de JUNIO de 1897

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

EL MUNDO

LA CANADA DE QUERETARO

II..,."'-CIA EL POLO.

O.!ho kilómetros al Soroeete de la "'apital de Q.1erétaro existe un pueblecillo r1suei'io y pin,oreeco, que ha aid~-¡ es-desd~ ha'!e tiempo -:e! utio rle recreo _de las famihas y la curiosidad de los viaJeros. Entre dos rnmensos
cerros corr.adoa á pico por la mano de la :S aturaleza, se
\"e blanquear como urt ave dormida entre el frondaje, la
iglesia parrog11ial 1 adonde los creyentes indígenas acude~
en maea c'ln frecuencia . .S!ln .Pt!dro es el santo que alh
se venera y el pat.rón del lugar; de aqní que el pueblo
lleve el n~mbre de San Poddro de la Callada.
Las calles son rectas y de pavimento desigual; las casas
de aspecto humilde, cou techumbres rojas y puertas de
romerillo, sin qne por ~sio deJe de baber1 en el ,centro de
la población, a115uoas prntadas con colores ch1llantes y
con sus zaguanc1t.os abiertos de par en par, dPjando ver
el piso alwagreado. l?s tiestos d~ e:xquisit.as fl•!res y las
jaulas que se columpian l1 los brincos de loe pilpro!!.
La plaza, de forma cuadrangular1 tiene banquetas de
Ioeas ruuy tenat1, y está adornada de trecho ~n trecho
por coluumas de Ju.drillo y por naranjos y limonero1que,
cuando eetán en llvr1 par~cen cubiert-Os por un manto ,de
nitive. Al Orientt, dt; la plaza se levanta la P,uroquia,
pequeílo templo de construcción sencilla, que yergue eu
torre sobre un boi:que. de lujosa vegetación tropical.
A dos cuadras dt! la Pdrroquia y hac1a el Xorte, están
los bal1os de agna9 termalt&gt;s, solicitados con avidez r, .....
enfermos y sanos, y el Piojo, estanque anchuroso y poco
profundo, donde willares de pesca:l1toa acornn á loa nadadores como flechas de plata.
Po; loa alrededores del pueblo, el río se de1:1parrama 1
ora formando apacible remanso rodeado de sauces me
Jancólicos, inmensa pupila que parpadea al ser herida
por los rayof! dt!I sol; ora cascaias que ~escienden estrepitoeas atronadoras, quebrando sus cristales en las afi.
ladas r~as y formanlio capelos que ealpican gotas de
iris.
¡ Qué cuadro tan poéticamente encantador! Las huer•
tas de aguacates frondosos y chirimoyos fragantes, que
en la estacióu de las lluvias ee cuajan de frutos; la mul•
tiiud de pájaros de vistoso plumaje1 q•1e parlotean eal•
tando de rama en rama¡ las hortalizas que fingen polícromas telas bordadas, v el río sonoroso que se desliza so•
bre arenales que á trM;és de las ondas se antojan regueros
de leo1ejuf'l~1:'i dan al paiaaJe tintes tan belios y raroe,
que apéuas si puede arrancarlos el ar1ieta á su paleta .....
El río á vect:-s ee arraetra con molicie entre muros formados por cantiles bermejos, de donde cuelgan Ji trechos
bierbeci !las trepadoras que arraigan y medran en el granito. Da loa Ít!stones de esas parásitas y de las maraflaa
de rafees y ratnazones que brotan entre las grietas de loa
peilaacos, se filtra constantemente una menuda lluvia de
gotas que, como un deegrane de diamant.es, cae estremeciendo la corriente.
Cuando loa rayos del sol descienden á plomo colándose por entre la red hojosa, que como un toldo cubre

)

Recuerdo de la pacificación de los hquis.-Grupo de índlos.

4

las huertas, tfilense IM ondas de glauco y relampaguean
con un verde hechiceresco y fosforescP:nte que hace re•
cordar al espíritu soi'lador, los divinos ojo!'lde las náyades.
Y en las márgenes del rfo. la vegptaclón se desarrolla
exhúbera: crecen dalias azules y moradas enredandoaus
guías en los troncos y cnlebreando ent.reapretadoa haces
de azucenas y floripondios de hiperbórea blancura; las
margaritas abren sus e1::trellas titilaates sobre el terciopelo verdinegro de los musgos, y la espadaña se balancea
al fresco aletazo del c~firo.
Cuán esoléndido el crepúsculo vespertino en aquellos
campos! --\. esa hora, las brieas húmedas del río abanican
el rostro, esparciendo efluvios orientales; las nubes se
amontonan en la occidua cordillera, como copos de espuma tint.os en los reeplandorea del sol. del sol poniente
que poco á poco va escondiendo su faz de un rojo irri•
tante.
Y es de ver en esos momentos el paisaje: cisnes y gar•
zatas nadan sobre la superficie tranquila de las linías que
sin reflejar la luz del astro, parecen, ya no como poco an•
tes, cobre ínndido en amplios cril!Oles sino cintas de
acero que se eucarrujan cuando las aguadoras introducen
el cántaro, ó el buey, con gravedad olímpica baja en tal
hora á abrevar deepués de tas faenas campestres.
Y ea de ver también 1 allli, lejos, las espirales de humo
algonado que emerge de las cabaflas, y 01r el canto tipludo y
last.imero de los indios, mezcla
do al rasgueo de la vihuela y al
llorar desgarrador de la chirimfa.
No he preeenciado crepúsculos más bellos! Allí, todo en e8Qs
momentos ee pinta de un color
ambarino; todos ios objetos parecen bafiaree en una ola de oro
que va desvaneciéndoee á. medida que concluye el triunfal
apoteóais del sol, á medida que
ee oculta en la gloria del Ocaso,
y la noche vuelca silenciosamente su rico joyero para constelar la clámide negra del in.6uito.
En la canada no dominan mlia
que dos estaciones durante el
aflo: el Est.!o con sus copiosos
aguaceros y una anticipadn, una
alegre, una prodiga Primavera
que extiende su alfombra de
variados tonos verdee, ealpicada de lirios y campánulas y rosas. Tal parece que Flora ha establecido en esa comarca sus do ..
minios, y que eólo emigra de
allí para ír á fecundar durante
breve ausencia, loe campos inmediatos.
Bello es contemplar en la Caliada la salida de la aurora; obEervar como la luz va punzando
leotamente el Orto, basta agujerearlo, basta romperlo, basWL
hacer surgir el gran disco de
lumbre¡ hermoso mirará. la hora enervante de la eieeta, espar•
cidoa y somnolientos sobre los
gramales, los rebafios de Carretas; ver como chorrea entre las
copas de los árboles, el fuego
que cae del cenit en redondeles
luminosos; encantador presenciar en u1-a noche inundada de
h10a1 de pie sobre el cerro de la
Cruz, el paso de la locomotora
bajo uno de los grandes arcos
del acueducto; grato mirar desde alll la fábrica de Hércules
como un l)Oét.ico castillo feudal¡
y oír en e1 silencio nocturn? e
ruido incesante de las maqwnariaa que se eleva al cielo como
Jefea·yaquis.-Villa. Tce.tabiate. Am.irill.is.
un himno santo al trabajo¡ pero
4

aún es más grato, aún ea más hermoso y encantador contemplar en eEe apartamiento agreste, el cuadro que presenta ante los ojos la l\l'aturaleza, en el momento solemne
en que el día y la noche, como dos enamorados ee juntan,
se confunden eu un abrazo pasional é inmenso.
Junio de 1897.

J UAX B.

DELGADO

SANGUINA

Esta tarde ha sido toda de rosa. El cielg ha puesto en
la enorme concha de su gran paleta, todas las rosas poeiblee. Ha sido el rojo el rey sangrien,o; un rojo estallante y furioso que desde el foco agonizante del sol teñía
el mar de sangre. Después que se hubo hundido la rueda de fuego púrpura, de fuego condensado :v vibrante,
de fuego único y occidental, calló la Cantacfa de loe rojoe,
se alejaron las claridadea de los candent.ea y ofensivoe
amarillos. Los cardenales fueron poco á poco fu.ndiéndoee en una suave disolución de carmín, que gradualmente
llegaba, en ternos desfallecientes y crvmáticos, al grano
de granada, al ala de flamenco, al roea de una una, al
anémico y dulce rosa té. El mar reflejaba la gloria del
poniente.
En el horizonte, la línea curva que marca á la vista el
límite, no se veía inundada.en llamas. Una espesa nube
obscura 80 partió en dos rotondas, dos 1-otondas euaten•
odas por una arquitectura inaudit.a y visionaria. Había
una balaustrada gigantesca sobre un pavimento mancha.
do como por una luminosa y reciente degollación.
Pájaro de la hecatombe, un águila anaranjada, cual ei
hubiese pasado por un iris, extendía las alas, cuyos extremos parecían aún húmedos de una agua de rubí. En
un punto del cielo, en donde la decadencia del tint.e llegaba al desmayo, el suave color trajo á mi memoria un
lejano recuerdo.
¿Fué el de una hoja exangüe y olvidado, entre I11s hojas de un libro de horas. Era el libro impreso en Brll88•
las y de antigua factura. La p.igina donde descansaba
aquella reliquia, quizás de un amor de romanza 1 tenía
una mayúscula roja, de una exquisita b,.lleza arcaica, á
manera de las que ornan los misales y los antifonarios.
De pron\o el parpa1eo r.ipido y blanco de un foco ~lectrico me eacó de mi vago pensamiento. Tras las cohnaa
cercana!!, brumas crepusculares anunciaban la noche. La
ciudad enCflndfa sus luceo. La última vibraclón de la
agonía de la tarde, fué de rosa muriente y desolada.

1

h

.l...c'C-é-,":c:':

!:

.
............ -

. ~

-

T1

.!...~,;.5.-

. ...,_ ~=-·i"

-?'-~=--.:._
-·:.'

.

J. Stuart MiU.

-

-i-~-~
-=--~.,_
--1'7:.~

RuBÉN DA.RÍO.

Los pJaceres de la vida bastan para hacerla agradable,
ei Ee recogen de paM, sin hacer de ellos el objeto principal de la existencia. Trátese de convertirlos en el fin
priucipal de la vida y al punto resultarán insuficiea_tes.
No reeis'8n á un examen r1gt.1roso. B1erta pensaren s1 es
uno feliz, para dejar de serlo. Para ser feliz no hay más
que un medio, que conaiete en buscar como fin de la vi·
da, no la felicidad, sino un fio extraño á la felicidad.
Que la int.eligencia, que el análisis, que el examen ~e la
conciencia se absorba en este 6.o, y ae respirará la dicha
como el aíre, sin notarla, sin pen~ar en ella, sin pedir á
la imaginacion que se la represente anticipadamente y
también sin hacerla huir por la fatal mania de preocu·
paree de ella.

319

•

_1

'jj-_-:::.

�•

DOMINGO 6 dejUNiO de 18!:n

EL MUNDO

HACIA EL POLO

prendió lo qae se le pedía y después de largos tanteos lo
realizó. El buque salido de sus talleres fué lo que debía
eer: una fortaleza caliente y segura para la extensa deri•
vación entre los hielos y no un fino velero ó un vapor
rápido.
i(El punto importante, escribe Naneen, era dar ii nuestra construcción flancos talee, qu6 pudiera facilmente eer
levantada durante la preeión del hielo y no aplastada
entre los bancos. Greely, Nares, etc. , tienen muy justa
razón al decir que no había ahí nada de nuevo. Yo ha•
bía tenido simplemente en cuenta las trietes experiencias del pasado. Lo que no obstante, puede ser considerado como nuevo, es el hecho de que no solamente recon&lt;&gt;eimos nosotros que el buque debía tener tal forma, sino
que se la dimos ...... »
Una carena que no ofreciese sino el mínim·1n de pre-·
sión á los estrechamientos del hielo, un casco de tal suerte construido que pudiese resistir cuando no lograr escapará. las más fuertes presiJnea exteriores, en cualquier
dirección que ee produjesen; he aquí lo quequeri.a Naneen
y lo que Colín Archer le dió.
El buque debía ser tan pequeño cuanto fuese posible.
Un pequefio navío es más Hgero que uno grande, y puede
bacérselerofl'.a robusto proporcionalmente á. 3U peso. Además, un pequeño buque ea más propio para la navegación
en loe hielos: la maniobra es más fácil en los momentos
críticos y el buque halla comod!lmente un refugio entre
loa témpanos. Naneen estimaba que una conatrucciói;i de
170 toneladas eería suficiente. Se decidió, por fin de caen•
tas por un tonelaje mucho máa confliderable aunque toda~ía débil: 402 toneladas bruto y 307 toneladas neto.
En íi.n y siempre para facilitar la maniobra en medio de
loe bancos de hielo y también por que una gran longitud
hubiese sido una fuente de debilidad en el momento de
las presiones, importaba que el buque fuese corto.
Pequeño y corto, con los flancos mu.v oblícuos, el buque de Naneen, para poseer una capacidad suficiente, es-

POR

j

FRIDTJOF NANSENTraducción para "EL MUNDO." (1 )- - llustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

AL LECTOR

La expedición polar llevada á cabocon singular temeridad
por an noruego de inmensas energías, de in vencible cons1ancia. y de supremo vigor, el Doctor ~ ansen, es el gran
acontec:miento científico de esta última década maravillosa y da asunto á todas las revistas europeas que ocupan sendos espacios con detalladas narraciones y sugestivos grabados; unas y otros de fantástico interés por las
arcanas regiones á qpe se refieren.
EL MUNDO ha creído oportuno, a¡zradable é intereeantfeima, la tart1a de popularizar en México á su vez la sorprendente -hazaña geográfica de Naneen y empieza hoy
la 1&gt;ub1icación de una de esas reeeñae, la más be1la y
habilmente ilustrada, con la cual llenará. algunas páginas de sus números de Junio, seguro deque proporciona á sus lectores la más amena é instrucctiva lectura que
puede daree, yeacia FU natural avidPz de eaber basta qué
punto la Esfinge ártica, perpetuamente inviolada, llena
de blancas arcanidades, reveló su secreto al heroico navegante.
EL PLAN DEL DOCTOR NANSEN

t&lt;Nuestros antepawados los viejos VikingE', fueron los
primeros exploradores de las regiones árticas. ii Así se exJ'TeBBz al iniciar el relato de su expedición al polo, el Dr.
FridtJof Naneen, intrépido navegante de loe mares hiperbóreos y noruego irredentista.
De la época de los Vikings á la de Naneen, hay gran
distancia, y en el intervalo las tentativas mas variadas
han sido hechas para arrebatar á las blancuras t)olares
su secreto. Sin embai go, sólo en el curso de este siglo
fueron alcanzadas las altas latitudes y se estrechó al rededor de la extiremidad septentrional del eje de nuestro
globo el círculo de las regiones in~xploradas.
.Antes de Naneen, que ·fué en la estrategía ártba un
inovador atrevido, dos modos de penetración en la zona
polar habían sido empleados: el navío y el trineo .... ;.....
Usó Nansen de otros medios de locomooión?-No; pe•
ro UJID aquellos de otra suerte que se habían usado basta
ent.onces, y be aquí por qué.
Cuando en 1820 el oficial inglés Parry logró avanzar
oon trineos basta el Norte del i::lpitzber, haeta el 82º 45,
de latitud, debió reconocer, después de un mes de fatiga·

1!Fir
- •·••• 'lm:J4P'?J«ipark .P.,.K~ . .
.... _

lhyt1.~parh.l'ram,

,..,.,.,,,.lu,n,,

--frcy&amp;~pu-t.~.,,.,,
&lt;WUW-,yUIIBT.

oe,

la inutilidad de un esfuerzo más prolongado. No avanza
baya. Los bancos huían bajo de él, derivando lentamente hacia el Sur, en tanto que él no marchaba casi hacia
el Norte. Se detuvo á 804 .kilómetros del Polo.
En 1872- 74, cuando la expedici ón húngara de Payer y
Weyprecht descubrió la tierra de F rancisco José, fué gra·
cias á una derivación hacia el Norte de BU navío, el 1 egethoff~ aprieionado en loe hielos. En trineo, Payer llegó
á la latitud de 82°5, é sea á. 880 kilómet,roe del Polo. Pe•
ro el '1.'egethojf no pudo ser desprendido y fué abandonado.
Cuando, en 18i8, en el estrecho de Smith, entre Groenlandia y el archipiélago polar americano, el comandante,
almirante ahora Ma1kbam, de la expedición americana
Nares, después de haber dejado su navío elAle1·t, que se había fijado entre los bancos á los 82° de l!t.titud, alcanzó
en trineo el 83° 20'/ (á 740 kilómetro!!! del polo, ) no obtuvo
este resultado sino al precio de un esfuerzo heróico.
Cuando siete af'ios más tarde, el teniente Lockwood,
de la misión americana Greely ee lanzó á su vez sobre la
ruta abiert,a por Markham, no pudo eino á gran pena
paear de 5 kilómetros ½la latitnd á la cual su predeceeor
babia llegado. No por eso puno negáreele el honor de
D1antener, basta el viaje de Naneen, el record --polar:
735 kilómetros del polo; estaba de él tan cerca como de
Pníe á Avignon.
Por último-para recordar las mál:! célebres tentativascuando en 1879-81 1 en el oceano glacial de Siberia, la
Jear,netle rnlida del estrecho de Bering, cogida entre los
hielos cerca de la tierra de Wrangel, hubo sido arrastrada dos años hacia el Noroeste por eu prisión flotante,
fué rota por loe bancos al norte de las islas de la nueva
Siberia y eólo algunos de los miembros de la expedición
eecaparon al deEastre.
·
En resumen, los más felices resultados babfan sido fra.
caeos. Por donde quiera, en todas las direcciones los
bancos ee habían levantado ante los exploradores, deteniendo loa navíos, cuando no los asían paraaplastarlos ó llevar los quién eabe dónde y haciendo retroceder los .trineos ante una misterioea prominencia que anulaba sus
esfuerzos.
Parecía que, como Jo escribió Nordens Kiold en 1884,
el polo dt bia eer considerado en lo de adelante como inac•
cesible, cuando el joven doctor Fridtjof Naneen, en el
mee de Febrero de 18!:'0, en una comunicación á la Socie•
dad de Geografía de Christiaoía, declaró que él conocía el camino del Polo
Norte y que estaba dispuee\o 1:\ recorrerlo.
De todas las expediciones
que hemos enumerado, la
más deeaetrosa fué incontestablemente la de la Jeannette. Fué esta, no obstante, laque Naneen se propuso tomar como modelo, á
lo menos en cuanto á. la
dirt:cción que d~bía eegmrse.
En efecto, tres años después de la pérdida de la
Jeannelte, se bízo un descubriroienlo muy inesperado
en la costa sud-este de la
Groenladia, cerca de Ju•
lianehaal, por loe esquimales. Apresurémonos á decir
que se trat.aba nada menos
que de los reatos del buque
perdido en 1881 cerca de la
Nueva Siberia, ó más exactamente, de los objetos
provinientes de ese buque:
ana lista de provisiones,
firmada con el nombre del
capitán De Long, quemandaba la JeannetJ.e,
La autenticídad del ba•
Ilazgo de los esquimales de
Julianehaab, ha sido, es
cierto, combatida. Si esos
restos son apocrifos, hay
que convenir, sin embargo,
en que la mistificación imaginada por un lemice-Terrieux yankee, tuvo para
la ciencia resultados eingu·
larmente fe lices, pues que
se le debe el glorioso viaje
de Naneen.
Era en 1884. El profesor
Mohn de cristianía, escribió inmediatamente en un
periódico noruego, el Morgenblad, Un artícuo consagrado al descubrimiento
de JuJianehaab artículo en
el cual emitió la hipótesis

La ruta del P_o_l_o~· - - - - - -- - - -- - - 1•1 La. traducción al francts de la re lacióu completa del viaje .1el .i.&gt;octor Nan.sen, fué emprend ida
~ Carlill! Rabot, uno de los ra~os escritores de Francia que por su ex periencia personal de las exploraCl0De8 á.rt1cas y por su conocimiento de la lengua ueruega íuécapaz de llevarhl. á cabo .
EL MUNDO traduce Asu vez al cru:.tellano este relato de un interés escepcional, no pensando en darlo
U. eztenao porque en el original a bundan las oWrva ciones cielltifica.s qu1:: suspenderiuu el interés de w1a
historia que queremos hacer amena para todos.

de que loe reatos de la Jfarir1elle babfan debido atraYE&gt;earel océano ártico de Siberia en dirección del Noroeete,
después pasar entre el Spitzberg y el Polo para dernender de nuevo al Sur, á lo largo de la costa oriental de la...
Groenlandia. En el estado de nuestros conocimientos
hidrográficos ese era el solo itinerario plausible.
El artfcuto del profesor Moba fué pa1a Nansen un rayo.
de luz. El plan audaz, ineeneato, que él debía ejecutar
nueve años después, había, desde ese momento, surgidor
en- su cerebro. Durante sei3 años, reunió la hipótesis yel
proyecto; acumuló, menos por convencerse él mismosu resolución estaba tomada-que por convencerá st s com •
patriotas, numeroeas pruebas científicas demasiado com •
plicadas, para ser expuestas aquí, en apoyo de su sueño,
basta que en fin 1 á la vuelta de una f'Xpedición á Groen-landia, se decidió á. principios de 1890, á irá decir lo que ,
sigue, á la Sociedad de Geografía de Cristianía:
((Hay un camino para llegar, sinó al polo matemático,
cuando menos á su vecindad inmediata: el de la Jeannelte.
1&lt;Si la J eannette hubiese sido un buque capas de resistir
ti loe asaltos del hielo; si al mismo tiP.mpo hubieeetenido á bordo provisiones en cantidad euficiente, en tres afias
babrfa alcanzado el polo para volver en et&gt;guida, eana r
salva, á lasriberas de Groenlandia, el mundo habitable y
civilizado.
((La prueba es que frágiles restos de ee.e buque ban hecho el trayecto. Los fondofl, los cascos, los papelee amontonados sobre un témpano cerca de Juliane baab ban.
visto el polo de más cerca que la vieron Markham yLoockuood y que lo verán jamás los que se obstinen en
adoptar el mismo camino que ellos. Porque los b~ncoade hielo árticos no son una inmóvil masa helada: derivan lt&gt;nta y regularmente del océano ártico siberiano, al
mar de Groenlandia, bajo la doble influencia de una corriente marina y de vientos, sinó constantes, dominantes.
cuando menos, que siguen la misma dirección. Y es esta
derivación la que hizo retrocederá Parry, la que ha detenido á Loocwood, Mark.ham y tantos on-oe partidos de •
Groenlandia.
uDadme un buque apto para esta navegación, no enea-yada aún¡ un buque que sea en algún modo anfibio, especialmente conetruido para el mar congelado como loe .
buques ordinarios lo son para el mar líquido¡ susceptible
de luchar victoriosamente contra las convulsiones y las
presiones de los hielos, como las construcciones más vulgares ee defienden contra loa choques de las olas y de la
tempestad,-y ese navío no es un mito, estoy dispuesto
á. construirlo;-dadme una tripulación elegida, poco nu. merosa, pero de un vigor á toda prueba; dadme el equipo .
y laE provisiones indiepeneablee; dadme botes, trint::os y·
perros para prevenir toda eventualidad,-porque ninguno, cuando se embarca, para viajar sobre el hielo y Eobre
la mar libre, puede responder de que no naufragará;dadme, en una palabra, los medios de partir en las condiciones favorables requeridas, y los colores noruegos .
flotarán sobre el mar 6 sobre la tierra polar, más lejos de •
lo que han flotado jamás los colores de país alguno y, nosotros volveremos después de haber cubierto de gloria á
nuestra patria, todos sanos y salvos, el buque, la tripulación y yo miemo.n
Los que no han conservado el recuerdo, imaginarán cuan•
do menos facilmente el ruido que hicieron en el mundo •
las palabras de1 Dcctor Nansen. En tant,o que en Europa y en América, geógrafos, meteorologistas y almiran1.ee,
discutían, objetaban, proteetaban, Noruega se entusiasmó.
El 30 de Junio de 1800 el Storthing noruego votó un
crédito de 2771 800 francos (200,000 ·kroners. ) que llegó un
poco más tarde á 389 000 francos. El rey de Noruega (el
1ey de Suecia y de Noruega es para loe noruegos rey de
Noruega solamente, como el emperador de Austria para
los húngaros no es más que rey de Hungría, ) el rey
Osear II dió 20,000 kronere (más de cinco mil pesos.)
El entusiasmo y el patriotismo hicieron el n.sto, y sólo
fué aceptado el dinero noruego.
Finalmente, el total de las subscripciones y los gastos
se equilabraron con la cifrad~ 617,186 francos, represen•
tando el preéio del buque las tres quintas partes de esta
suma.
EL llFBAM»

(2)

Cuando Balzac escribía una nove1a, no dejaba jamá@,
antes de entrar en la relación de los hechos, de evocar et
escenario, en el cual sus heroes iban á moverse; de describir con ab11ndancia de detalles la casa en la .cual ibaáhacerlos vivir y obrar. El viaje del Doctor Naneen es
una novela uvividai1 mas pasional que todas las que fue•
ren imaginadae Jamás; el Fram fué el principal escenario; .
en eea habitación flotante y errante, trece de nueetros
semejantes vivieron durante tres años una existencia extrafla, casi incomprensible: no es paes inoportuno dar la
descripción de este buque tan diferente de todos los otros.
Se desprende claramente, por lo expuesto del plan del
Doctor 'Naneen, que la primera condición que debía lle~
naree para la ejecución de él, era la construcción de un
buque capaz de realizar, en las regiones polares, el viaje
sin : precedente á que estaba destinado. El constructor
Colin Archer, á. quien se dirigió Fridtjof Naneen, com·

- [21 Deseando que esta narración sea instructiva, sin dejar de ser a mena, suJ?rimimos algunos datc.s
demasiado técnicos, relativos á la estructura del Fram.
[En nuestro nümero próximo publicaremos una car ta detallad&amp; del viaje del .Fram y de la marcha
de Ñanscn hacia. el polo. La carta. que calzan estas lineas tiene por principa.l o bjeto trad ucir de una ~1u1m·ra-Oiríamos-materi al la hipóte~is y el plan de Nansen y de mostrar al mismo tiempo q ue la denYación del Fra,n ha justificado la una y ca si realizado el otro.J

EL MUNDO

DOMINGO 6 OE JUNIO DE 1897

Siberia, para que en caso de que el Fram se perdiera, la
expedición pudiese a\canzar la cost.a.
En fin, en la primavera de 1893, Naneen, á fin de po~~r
renovar su provisión de carbón antefl de penetrardefimt1•
vamente en los hielos, fletó e l sloop Uranci.a , de Brcencen
sund, para que llevBse un cargamento de carbón á Khabarova.
No solamente todo estaba listo, sino que tü40 estaba
previsto cuando vino E:l _estío de 1893, época fiJada Pª1:ª
la partida de la expedición. El doctor Naru.en no babia
consa_; rad.o menos de tres años á sus preparat~voe, de loe
cuales dependía el éxito del proyecto que hab1a madura•
do durante nueve años.
EL PERSONA L DE L A E X PEDICION.

Ápenas fué conocido el pl.an de la expedición de Fridtjof

Naneen cuando le llegaron solic1tmlee por centeoares de
todas partea del mundo,-de Europ_a 1 ~e Amé:ic_a y aun:de
Auetralia-á despecho de las predicciones srn~estras que
habían dejado oir tantos eábios geógrafos ó marmos Y tambi én de la decisión tomada de no admitir á bordo del
Fram, más que noruegos y eo número de. doce. uNo era
cosa facil, escribe Nansen hacer una elección entre todas
las buenas voluntades. »
.
Mas de EIBta emulación, la expedición obtuvo una rna-preciable ventaja: que todas las funciones, aun las más
humildes, fuesen llenadas por gentes que poseían conocimientos variados y algunas veces extensos, bue~oe ob·
servadores al mismo tiempo que excelentes marmos:
Sería enojoso hacer sus biografías¡ baste lo antei:ior
para expresar eue méritos, que Jo futuro habrá de aquilatarlos y contentémonos con publicar sus retratos, sus
nombres, y algunae breves notas empezando por el jefe
de la expedición.
.
El doctor Fridtjof Naneen, nació en 1861; era conoc1~0
ya por sua exploraciones en el Spiztberg y en Groenlandia.
Se casó y es padre de una niñita;-ha dedicada la re-

4º Theodoro Claudius Jacobsen, segundo del Fram, naeid~ en Tromece en 18ó5, que -~ª hizo marinero á loa
quinceañoe, casado y con un h1Jo;_
.
5? Anton Amundsn, jefe mecá~1co .~el Fram, nacido en
Hort.en en 1853, casado y con seis h130~;.
.
8? Ado lfo Juell cocinero de la exped1c1ón, nacido en
'1.860 en Skatre, c~rca d e Klagerre; hijo de un armador ;
capitán de navío durante muchos años; casado, padre de
cuatro hijos;
P. Lars Pettersen , segundo mecánico, 1.1ac~do en 1860
en Suecia, pero de padres noruegos; h_ab1lfe1mo herr~ro
y ajustador, había eervido en esta ca~1_dad eo la marma
noruega; casa.do y padre de muchos h9os.
S? Frederik Hjalmar Joham.en, temente en la_ :eserva.
nacido en Skien en 1867; salido de la ernuela militar como oficial supernumerario; estaba tan deoeoso de tomar
parte en la expedición que aceptó el empleo de fogonero;
9° Peter Leonard H enriksen, nacido cerca de Tromsre
en i 859; no había cesado deede la edad .de catorce años
de hacer viajes en el mar ártico como 11harponero)) y patrón¡ casado y con cinco hijos_;
. . ,
10~ Bernhard Nordhal, nac1do en Cr1st1a01a; CB;f'i?nero
de ~a marina noruega, después ingeniero electnmsta y
con cinco hijos.
11~ Ivar Otto Irgene Mogstad, nacido en 1856; era desde 1882 guardi4.n jefe eJl el hospital ~e locos de Gauetad;
Y por último, Bernt Bentzen, nacido en 1860, que fué
el 13? de la expedición y sin embargo no se portó ~al;
fué contratado en Fromere en el momento de la partida.
Una suma de 7,500 francos, extra de los gastos.generales de la expedición, fu é consagrada á pagar pnmas de
seguros sobre la vida, contraídos en favor de los co~pafieroe de Naneen que eran casados. Como á las muJert"s
bretonas, el mar disputa ein cesar á. _las mujeres t?-oruegas sus maridos: cuando el Frani levo ancl~e, _su trrp!_J.lación dejaba detrás de sí ocho esposas y ve1nt;1dós nmos.

'

_..,,

1,/ ' ..

~

La partida del ufram" de Ber11en ( Noruega ) .

.'

taba obligado á ser eetremadamente ancho: le fué dada
una anchura igual á la tercera parr.e de su longitud.
Eetando determinadas estas diversae proporciones,
comenzó la construcción y después el arreglo del Fram
(la palabra significa adelante, y jamás un buque fué mejor denominado. )
La obra así en conjunto como en detalle, fué ejecutada
con igual cuidado,
.
.
Exteriormente, era neceeano para que el Fram pud1eEe deslizándose como una anguila1 escapará los témpanos
en'ormes que podrian oprimirlo, que lae asperezas, así CO•
mo las superficies planas, fues.eB evitadas. Con este fin,
la proa, la popa, la guilla, todo fué redondeado, y esta última se diPpueo de suerte que no formara más que una
SJ1,1ida de 8 centímetros apen.11s.
Faé dado al buque un lujo de proteccióa en mil deta11('8, foé provisto de una instalación eléctrica, de ana biblioteca/ de víveres para tres años, escogidos con el mayor cuidado para evitar el escorbuto¡ de todos los ins•
inunentoe indispensables para las observaciones metereológicas, astronómicas. magnéticas, etc.; y por último, de
siete aparatos fotográficos.
Debido á.'sus excelentes relacionee, pudo Naneen procu•
raree buen0e perros y hacer im1talar tres depósitos de ví---veres en tres puntos delerminadoe de las islas de N ueva

lación de su viaje, 1&lt;ti aquella que bautizó el buque y tuvo
el valor de esperarlo.)1
( Por enci roa del expresivo retrato que reproducimos, el
artista evocó en silaetae delicadas y simétricas las dos
pasiones que existen en el corazón del hombre. Entre su
amor y su quimera, Nansen no tuvo que elegir. Jamás la
mujer cuyo ligero croquis revela el alma enérgica, lo
desalentó ni trató de hacerlo desistir de su empresa; y en
su largo camino hacia lo desconocido polar, él, en nin·
gún momento cesó de pensar en aquellas cuyos nombres
aparecen tan frecuentemente en sus notas de viaje. Eva,
la mujer digna de él, y Liv, la querida bebé. A su parti•
da, Eva bautizó el Fram; en la primera etapa del retor•
no, Naneen bautizó con loe nombres de isla Eva é isla
Liv, las dos primeras tierrae que aparecieron á su vista. )
He aquí los nombres de loe tripulantes:
l? Otto Neomann Sverdrup, comandante del Fram nacido en Bindal en 1855, marino desde la edad de diez y
siete ai'i.os; casado y padre de un niño;
2? Sigurd Scott-Haneen, primer teniente de marina,
encargado de las observaciones científicas; nacido en
1868 en Cristianfa;
3? Henrik Greve BlPseing, médicn y botánico de la expedición, nacido en Drammen en JSG6; acababa de recibir,
en la primavera de 1893, sus grados en medicina;

DE CHRISTIANÍA .AL lfAB DE KARA.

Naneen dejó Christianfael 2-:1: de Junio de 1893.
El dfa era sombrío y triste. El ealió solo, con el corazón oprimido de su casa, atravesó su jardín, pudo
ver, volviendo los ojos, á la pequeña Liv agitando eue
manos, hizo una reflexion melancólica y ganó la playa
donde lo esperaba una embarcación p:ua conducirlo á
bordo del F ram.
Un instante después, amigo y parientes de los diversos
miembros de la expedición, abandonaban el navfo, cuyo
puente invadieran hasta el último momento y elltire las
riberae, negras de multitud, palpitantes de rnmbreros y
de pañuelos agitados, el F ram se dirijió bacía la salida
del golfo. Largamen te, duraLte las ¡¡emanas que siguieron, el navío que llevaba hacia el Norte á Naneen y sus
compañeros. se retardó en las co6tBS de Noruega. En
Laurvik, el 25 de Junio, Colín Archer dijo un último
adios, conmovido, pero lleno de confianza, al buque que
constru yera y que tanto había amado.
En Bergen los turietas imvadieron de iml)roviao laem•
barcación para verá Naneen, hablarle, tocarle. Por la
noche hubo un banquete, y al día siguiente el Fram pro·
siguió su march.a, en 1tun inolvidable dfa de verano,n dice el diario del jefe de la expedición.
0

Continuará.

�EL MUNDO

DOlillNGO 6 DE JUNIO DE • ~

EL MUNDO

DOIIINGO 6 DE JUNIO DE 1897
...,-~~""',,,f"J

"&lt;

~~

· ,&lt;;&gt;,CY,.\'(',V~';.\, '-.

.\.., ::·,/~,-.&lt;?~- ,,-. ___ -_:-:1,

~~

.

'

~\':

-·

.,
)·
.,.,.

'

'·{'

-1Rodolfol
Sonrió mi padre con aquella apasible sonrisa de sus
Estaba á. la puerta del corral. Todo lo había visto. D&amp;
delgados labios; brilló en rna ojos claros y siempre bené•
volos un rel ámpago de alegria, y sacó del morral colgado pronto quedé sin movimiento. Me repuse y huí por la
en bandolera un ramo de frutos morados, casi azules, un bodega. Desde allí, mientras mi padre iba li liber tará la
racimo de granadillas silvestres, y mostrándolo por lo al- prisionera, pude ver con espanto que mi chachalaquita,
laxo el cuello, se agitaba moribunda ..... ... .
to decía:
-Para la señorita Niní.. .. ... ..
IV
La blonda niña dió un salto, queriendo atrapar las fruMi
padre
no
chistó.
A
\a
hora de comer, al servirme el
tas que al punto cayeron en sus manos.
primer platillo, llamó al criado, y en voz baja le dijo algo
-Para el caballero don Ernesto ...... .. .
que no pude oir. Estaba yo avergonzado y trémulo, co~
-¿Qué?- dijimos ti una.
-Para el caballero don Ernesto y para Rod.olfo, una los ojos llenos de lágrimas; me la tía el corazón como 81
fuera á ealfrseme del pecho; era yo un criminal que .me•
CHACHALACA cosi ·a muy linda ...... ... .A.divinen ...... ¿Qué será?
recia la horca.
-¡Un nido de chupamirtos!
Andrés volvió, trayendo una fuente cubie1t,1 c-on n~a
-¡Un pajarito herido!
Allá por los
servilleta. Entonces mi padre, como nui.c,1 , ,. \·t" r&lt;1, deJó
-No.
últimos días de
su asiento y vin? á colocaree á mi lado.
-Caracolitos del almácigo ........ .
Juaiocumpliré
-Rodolfo ........ .
Mi madre sonreía; mi padre se gozaba en atormentar
cua1 enta años,
No me atreví á levantar loe ojos ni á responder.
y lo que voy á nuestra curiosidad.
- Rodolfo,-repitió con dureza hasta entonces descoAl fin hundió la mano en las proínndídadee d~l moreferirte, amien él,-de!!cubre esa fuente!
go mío, acaeció ral¡ y .nos mostró, cerca de la lampara, un huevo, un nocida
Obedecí temblando ....... .. y ¡Dios santo! ali( estaba el
cuando era yo lindo huevo blanco, tinto en la sangre de las perdi- cadáver, con el pico abierto. destilando sangrP ........ .
un rapaz, un ces.
De codos en la mesa, ocua ~ el rostro entre las manos,
-¡Un huevo de chachalaca! De !a puesta de hoy ......
-doctrino que no hubiera podido recitar de coro, sin tropiezo ni punto, los diez preceptos del Decálogo. Sin em- Cuando le cogimos estaba tibio. La ponedora se fué he• sentí que me ahogaba y me eché á llorar.
Ernesto y Niní lloraban también.
bargo, el recuerdo de la pobre avecilla no se aparta de mi rida ...... -Y pasándolo á. manos de mi madre, agregó:Papá. y mamá comían silencim.os, y, sin duda, apenamemoria, ni creo que se aparte de ella en loa días de la Límpialo ........ .
dos y tristes ........ .
ErnestJ y yo nos disputamos el huevo.
vida ......
La autoridad materna puso término á nuestra discuEsta es la historia, amigo mío. Ouando la recuerdo, y
.........el pensamiento humano
sión.
como el mar, sus cadáveres arroja.,
-Le guardaremos, para ver si la copetona blanca, que la recuerdo todos 10s días, y siempre con dolor y remordimientos cru~ les, me pregunto:
Así dijo el poeta en su admirable poema. Ciertamente, es buena l!!acadora, cJneigue empollarle.
-¿Qué sentirá el aseeioo cuando l~ ponen delante de
Y ya nos parecía verá la cbacbalacaque de aquel bue•
el cerebro es un oceano siempre agitado, con frecuencia
su victima?
tempestuoeo, cuyas olas arrojan imph1cables hacia las pla- vo naciera, ir y venir por el corr4l gritando: Hay cacao,
l{A J,'. u,:L DELGADO.
yas del olvido los deepojos del pasado: esperanzas desva- hay cacao ......... Y que deade el bosque vecino le responC. de la R. Academia E&lt;,wñola,
necidas, ilusiones malogradas, eueñ.oe azules, ardorosos día el macbo: No hay caccio, no hay cacao ....... ..
anhelos, vagas aepiraciones1 nobles ideas, recuerdos reIII
gocijados, rt::cuerdoa trietes. Pero ¡ah! ese.e de la infeliz
avecilla, lleva años, seis lustros de ti.otar en altaroar, ju•
A las tres semanas, ó poco más, cierto día, al desperguete de las olae, .sin que los t1,1rbiones de la adolescen-cia ni las tormentas de la juveutud, ui las terribles y tar, nos dit::roo una alegre noticia. La copetona blanca
t1ombrías tewpestadee de la edad madura hayan conee• tenía catorce polluelos, y muy orgullosa de su oidada
iba y venia por el corral, luciendo entre sus chiquitines,
guido arroJarle á. la cos~a.
AHí eet11., allí, siempre flotando sobre las creer.as de las uno de e.xtrafio aspecto que su~ hermanos miraban de
olas, lo ruit1wo en las noches tenebrosas que en loe días reojo, las demás gallinas con extrafieza y el eefior del
AUTUMNAi,
luminosos y serenos. Es como una gota de tinta en la harém con alti ve~ y menoi:;prec10. La chachalaca, fea,
cubierta de obscuro vello, torpe, muy distinta de sus viEro Vitre Lumen.
página más blanca del libro de mi vida.
varachitos hermanoe, fué desde entonces objeto de nues•
tros cuidados, nuestra constante ocupación, el tema inaI
En las pálidas tardee
gotable de nuestras pláticas. ¿Cuándo sería grande? ¿Cuán•
yerran nubes tranquilas
Una tarde calurosa, ardiente, una tarde primaveral. do la veríamos logradita'/ ¿No la oiríamos nunca gritar y
en el azul; en las ardientes manos
Un cielo sin nubes, pero inundado de Norte á Sud y de revolver el gallinero? ¡Qué de idas y venidas! ¡Qué de
ee posan las cabezas pensativas.
Oriente á Poniente por la calina,·oomo si humaredas leja- viajes! ¡Cómo gritábamos todo el santo día: hay cacao ......
¡Ah loe su1,1piroel ¡A.h loe dulces suefios!
nas, diseminadas en loe campos, lluuh:::~tm espesado la at- no hay cacao!
¡Ab las ttistezas hl.timae!
mósfera y extendiendo en la sabana, t:Obre las arboledas,
La avecilla plumó; un plumaje pardo, triste, luctuoso
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
sobre los planteles de cafia de a2ucar un velo de azulino que hacía contraste con la blancura nítida de loe pollue'tras cuyas on,1as tréwulas se miran
crespón. A lo lejos el río que nos enviaba de cuando en los nacidos en el mismo nido. No tardó en dejar á lamalos oJOB üernoe y húmedos,
cuando IJOn el rumor sordo de sm1 aguas, aire fresco y vi- dre adoptiva, y campar por aus respetos, y, chiquita colas bocas inundadas de sonrisas,
vificante. A un lado, el viejo tni.pic.be con su ruido mo- mo era, ni buscaba abrigo por la noche ni gustaba de los
las crespas cabelleras
nótono. Al otro el sendero rojizo, quewadopor el sol, cuidados materualee.
y loe dedos de rosa que acarician!
bordado de amarillenta grama de t't1CObillaree polvoroCierto dia le dije á Ernesto:
En las pálida!:! tardea
sos, de estramonios marchitos qm, suspiraban p c. r las
-¿La cogemos?
ni.e cuenta una hada amiga
lluvias de Mayo. Delante de la C&lt;tba, eu el césped, hume-.No, porque huirá; es arisca y hurafia, ¿no lo ves? Los
las historias secretas
do y fresco por el riego 1eciente, sobre el verde tapiz, la pollitos nos conocen y nos quieren, vienen á. comer arroz
llenas de poes1a;
abuela venerable y cariñusa, cala.ú1.,S los anteujoa, repa- tin nuestra mano, mientras esa prieta asustadiza y canalo que cantan loe pájaros,
saba las páginas de no sé qué hbr·u piadoso; juuto á ella llona ......... ¡No la quieras!
lo que llevan las brisas,
nue::itra madre hacie11do labor, y eu Ja natural y mullida
Me quedé solo é wtenté atraparla ......... En vano. La
lo que vaga en las nieblas,
alfombra, Ernesto, haciendo un papelott:,¡ la chiquitina, avecilla huía ......... Hice del corral uu pueblo revuelto y
lo que aueñ.an las niñas .
la blonda Ninf, muy entretenida c1w un rvrro, y .vo,. el no sin pena hube de re nunc iará U1is propósitos. Te~ía
.vacífico RodoHo, sacando de una arca de Noe, juguete yo tantas ganas de acariciar y jugar con la cbachalaU na vez sentí el ansia
en boga, elefantt:e, camelloe, cabras, ueoe, panteras, jira- quita!
de una seJ. infinita.
fas, gallos, gallinas, y unos ht'.rwoe:os y envanecidos pa•
Algunos días después renové la intentona, pero sin éxiOiJe al hada amorosa:
vos reales, cuya brillante cola de vidrio hilado se que- to feliz. En la brega me encontró Erne~to, y por la no-Quiero tm el alma mía
braba entre mis dedos ... Frente :1. nosotros, uno á uno, che, á la hora de la cena, cuando menos me lo esperaba
tiener la inspiración honda, profunda,
lentos pacíficos, eedientos, pasaban los bueyes camino yo, prorrumpió:
inmensa; luz, calor, aroma, vida.
-P;!.pá: Rodolío anda queriendo coger la chachaladel corral.
Ella me dijo:-¡Ven! con el acento
¡Hermoso cuadro de la vida rús :ica! ¡A.mable grupo quita ....... ..
con que bab1aria una harpa. En el había
doméstico que nadie hubiera contewpladosin envidia!
-:No hará tal;-dijo mi padre-no lo hará, porque yo
un divino idi"oma de esperanza.
Al trazar estas H.neas, al consignar en estas hojas fugi- se lo prohibo. ¿Lo has oído?
¡Oh sed del ideal!-Sobre la cima
tivas tan dulces y tiernas m1;-ruorias, oeecubro por el
Con mi padre no se jugaba; una sola vez decía las code un monte, á media noche,
balcón, que tengo al frente, la casa de mis padres, la he- sas; nunca repetía sus mandatos.
me mostró las estrellas encendidas.
redad de mis abuelos. Veo loe campos, el bosque, la de•
¡ Ah, Dios mío! ¡ Qué tentación aquella! De día1 de no•
Era un jardín de oro
hesa, la vieja chimenea, de la cual asciende lentamente che, á todas horas Ule penegui~, .h;n va.noquería yopencon pé talos de llamas q11e titilan .
.al cielo una columna de lmmo azul, y repito los versos de ear en otra cosa. Aquel deseo iba creciendo, creciendo
Exclamé: -más ...... La aurora
•
-Gutiérrez González:
dominándome, subyugándome. Así debe suceder á eso~
vino después. La aurora sonréia,
hombrea que de abismo en abismo van á dar al crímen.
con la luz en la frente,
Ya. ese fuego lo enciende mano extraña,
-¿Y por qué no?-pensé,-¡A la obra!
como la jown tímida
Yt\ es ajena la casa paternal.. ...... .
Busqué un ceeto grande, el mayor que había en la caque abre la reja y la eorp1enden luego
sa, y curri hacia el gallinero.
cie.. tas curiosas, mágicas pupilas.
II
Eran las diez de la mañaaa. Los gallos escarbaban en
Y dije: -Más ...... Sonritmdo
la celeste hada amiga
Obscurece. El cielo brilla con sus mil luceros, y fulgu- la tierra floja, buscando alimañas; las gallinas se baflaban
en el polvo¡ otras estaban echadas, poniendo, y ·la cope•
prorcurupió:-Y bien ...... ¡Lae flores!
ran en las chozas lejanas las llamas del hogar.
y la!!! fl urdli estaban frescae, lindas,
Ruido de caballerías, v~ces de fieles servidores, una tona cacareaba alegremente á pico abierto: P os.... po.~....
.
empa_padae de olor, la rosa virg:en,
sonri1:a en loe lábios de nn abuela, una exclalll.ación re· pos po.~poreso!
La cbachalaqu1ta 1 al verme, huyó y fué á refugiarde en
la blanca margarita,
gocijada de mi madre;• Ninf que se olvida de su bebé,
la azucena gentil, y las vólúbilia
ernestu que se levanta arrojando los carrizos y la nava el Ultimo rincón del corral. ........ A.llá [uí yo con el cesto
que cuelgan de la rawa e~trcmecida.
ja ..... .. .. ¡Es mi padre que vuelve de caza! ¡ Mi padre, con en alto ......... Sí, sin duda, llegar y atruparla sería cosa
de un minuto .........
Y dije: -Más ...... El viento
Ja escopeta al hombro y el n10rral repleto!
No
íué
así.
Al
acercarme
corrió
al
otro
extremo
del
sólo
arras~ra rumoree, ecos, risru!,
Curr1 á recibirle. Detras de él ve01a Andrée, el criado
murmullos mis~riosos, a\~teos¡
diligente, el bondadoar. amigo, el fiel Andrés, á quien patio, saltó sobre unas matas, dió un brinco, consiguió
eacapa.r.
músicas nunca oídas.
mi padre, sin mengua de su autoridad ni menoscabo de
El bada entonces me llevó hasta el velo
-¿Te burlas de mi?-murniuré. - ¡Ya lo verás!
su ctecoro, estimaba y quería como á un hermano.
que nos cubre las ansias infinitas,
-¡Al comedor!-decia mi ¡.iadre tomando la mano de
Y empezó el ataque. La avecilla, azorada, iba de aquí
la inspiración profunda,
Ninl.-¡A J comedor! Les traigo muchas cosas ........ .
para allá, sin detenerse un instante. Las gallinas espany el alwa de las liras.
La curiosidad y la impaciencia nos hicieron correr. A tadas, volaban 6 se agrupaban medrosas á la puerta del
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.
poco entraba el feliz cazador, enlazando dulcemente con patio. Yo, en ,campo abierto1 jadeante, rojo, quemado
En el fondo se vía
el brazo la cintura de la dichosa compañera d~ su vida. por el sol, redoblando el brío, eeguía en pos del anima•
un bello roetrv de mujer. ¡Oh, nunca,
Pronto el morral estuvo vacío, y extendiendo en la me- lito, el cual, cansado, rendido, cuando yo daba tregua á
Piérides, diréis, rncias las dichas
sa el producto de la jornada: un gazapo y media docena mi perecaución, 1ecobraba fuerza, y luego escapaba vicque en el alma sintiera!
torioso. Aquello era un vértigo ....... . , Por fin, en momende perdices.
con su vaga sonrisa,
El conejillo estaba tibio aún: las aves yertas. De nie- tos en que él animal se detuvo, lancé'e1 cesto y ...... ¡Cháel
-¿Más? ...... dij o el bada. Y yo tenía entonces
ve parecían aquellas patitas rojas como el coral.
¡Presa!
clavad.as las pupilas
Se hablaba de loa incidentes de la caza¡ pero nosotroe
Me detuve á gozar de mi triunfo.
en el azul; y en mis ardientes manos
no oíamos nada, en espera de las maravillas que nos haCuando yo me incliné, d oblando una rodilla, para echar
se posó mi cabeza peoeativa!
•bían prometido. Niní se atrevió al fin á preguntar:
mano _á mi cautiva, oí la voz de mi padre, severa y re-¿ Y para no scitros? ¿Y para m i?
prens1 va.:
R UB ÉN D ARÍO.

A

OTTO NEOMANN SV.ERDRUP, comandant.e.

THEDORO

SIG UR D SCUTT-HANSEN, astrónomo.

ANTON AMUNDSEN, jefe mecánico.

CL. JACOBSEN, segundo.

HENRIK GREVE BLESSrNG, médico.

ADOLF JUELL, cocinero.

.r -YJ.
~;

"~

❖-

. í

:.~~¡

''t

.,. \ ,

"',"&lt;

··~\\·
,.'

LARS PETTERSEN,

•

segundo mccá.n.ico.

HJALMAR JOHANSEN, fogonero.

PETERHENRIKSEN, harponero.

.

BERNHARD NORDARL, electrlcl!!t&amp;.

IV AR HOGSTAD, marinero,

bERbiT BE.,,~TZ&amp;N,

marinero,

�EL MUNDO

DOMIN-,g 6 DE JUNIO DE ,&amp;97

_ ___._SONETOS I ) E JOS.,: MARIA DE HER EDIA _____
LA VlaA DE LOS MUERTOS

Al poeta Armand Silvestre.

Cuando la tumba del olvido asiento,
Haya nuestros despojos sepultado,
Tú serás como lirio inmaculado,
Y o como rosa de matiz sangriento.
La divina meürte, á. quien tu acento
En melodiosas rimas ha cantado,
Nos llevará risueña en giro alado
Por la bóveda azul del firmamento.
Llegaremos al sol, y allí en s11 lumbre
Nueatraa almas aman&amp;es, confundidas,
Alcanzarán venturas soberanas;
Mientras el tiempo, desde su alta cumbre
En la historia verá de nuestras vidas
Dos sombras que en la lira son hermanas.

FABULA EN PROSA

Estaba en las ?rillas de la Est!gia, cuando ví pasar un
liombre peraegmdo por una legión de sombras descabezadas que arrojaban, al parece:,;, caflos de sangre por sus
cuellos tronchados.
-;,A. quién persiguen esas som~ras? dije á. y~ro~te.
-A un bienhechor: al que sustituyó el suplicio meegnro del hacha y lade horca por otro más rápido y humano:
al que inventó la guillotina.
-Y ¡quiénes son los que le acometen?
-Los guillotinados.
-¡Imposible! el Cerbero tiembla al verle, y no se atreve i acercáreele: ¿Cómo ha de aproximarse al inventor
de la guillotina un perro que tiene tre3 cabezas?
-Veo otras turbas como de braceros que acoean á varios fugitivos.
-Esa es mayor injusticia: persiguen á los inventores
de las máquinae.
Lo comprendo: la_ máquina d~ mat~r.suprime dolores,
pero mata: la mágmnadetra?aJa~, ahv1.aal hombre, «pa•
ro disminuye los Jornales. ¡S1lenc10I Oigo una ~lgarabia
de muchachos: veo un viejeci\lo rodeado de legiones de
chiquillos que la aclaman1 deshojan floree á_ eu paso Y
trepan familiarmente por sus hombros. ¿Qmén es ese
viejecillo.
-Ee el que inventó la pajarita de papel..
-No digas más: el;juguete eterno de cándida :ye ncantadora sencillez: la primera obra de arte que eJecutamoe
en la infancia; el único jug11ete de loe niños e~fermos.
¡Caántas sonrisas ha hecho brotar y c·11intaa lágnmas se•
cado en loe rostros infantiles ese viejecillo!
Yo lo ves, lector1 los juguetea son cosas á la vez muy
rieueñae y muy serias.
JosÉ FE&amp;"fA11."DEZ BREllAN.

A. TRA.VES DE I.A. I.I.UVIA.

A Ramón Valle.
Llueve.-Del eol glorioso
los rayos fulgurantes
refléjanee en el agua,
cual sobre níveo tul.
Topacios encendidos
y líquidos diamantes
destilan temblorosos,
rayando el cielo azul.
El oro de la tarde
bañado por la lluvia,
inunda todo el éter,
espléndido y triunfal;
sacude sobre el campo
su cabellera rubia,
para empaparlo en gotas
de fúlgido cristal.
.
La aldea, á. lo lejos,
detrás del sembradío,
del velo que desciende
muy diáfano, al través,
su blanca torre muestra,
su alegre caserío¡
enamorad.a siempre
del aire montafiés.
8P PFcapan del ar&lt;lien'8
fogón de los jacaleij
penachos criniformes
de cándido algodón
que luego desmenuzan
los vientos boreales,
prendiéndolos al pico
más alto del pefión.

A LA PUERTA DEL TEMPLO

· Sales del Templo y tu limosna tiendes
Al mendigo que humilde te saluda:
Que el dón de tu piedad viene en ayuda
Del infeliz cuya plegaria entiendes.

Un cónsul muere en la batalla dura;

El otro en fuga sigue eu camino¡
Y ya sin fuerzas el poder latino
Aguarda más terrible desventura.
En vano el gran Pontífice procura
Rasgar el velo inmoble del destino;
Sólo h~y lamen toe de dolor contino,
Y Roma tiembla en mísera pavura.

Pero el hado, en mi suerte ~o:mpasivo,
No permite que eecondas á m1 anhelo
La luz de tu mirada encantadora,

En la tarde, revuelta muchedumbre
Ansiosa y muda inquiere el horizonte,
Con más hondo terror á. cada instante,

Y yo también tu dádiva recibo,
Pues ya me otorgas, levantando ~l velo,
La gracia que mi amor del tnyo implora.

Creyendo ver sobre la inquieta cumbre
Azul y clara del eabino monte,
Al fiero Aníbal hosco en su elefante.
J AOINTO

Agita gravemente,
sobre la verde falda,
sus cien robustos brazos
el índico nopal,
y siente coronarse
sus pencas de eeme"ralda
por tunas cremeeinas
de grana :y de coral.
Para pintar las cumbres
el sol, divino artista,
aglomeró colores
de audaz entonación:
azul de lapieiázuli,
violáceo de amatista
y rojo flameante
de ardiente bermellón.
La lluvia que chorre1
en líquidos cristales,
enciende más los vívidos
matices de la luz:
el sepia en loe troncones,
el flavo 8n loe jacales
y el glauco en la colgante
melena del eaúz.

GUT1ERREZ CoLL.

ébria de luz y vida
ve el alma aparecer,
el aire alborozado,
y esplendoroso el cielo,
· y el campo re':&gt;osante
de amor y de placer.
Y puede, tras tus gasas
flotantes y ligeras,
mirar, allá á lo lejos,
el labrador feliz,
cubiertas Jaci: campiñ.as
de blondas sementeras¡
repletos loe graneros
de trigo y de maíz.

El iris, ec-bre el cielo
que el sol poniente dora,
estalla en luminosa
polícroma explosión.
De rosa y ama,illo
las cúspides colora,
y canta en el espacio
la universal canción.
Tendido trae la sierra,
cruzado por las gotas
de la sonante lluvia
que cae sin cesar,
es una lira etérea
de cristalinas notas
que se oye con loe vientos
unísona vibrar.
Y llueve.-El sol oculta
su agonizante disco
dejando un horizonte
perlino y flor de lis;
se van desvaneciendo
la cúpula, y el risco,
y el aa1ice, sobre un vago
y enorme fondo gris.
A loe arroyos mansos
el agua pura y fresca
desciende borbollante
del limpio manantial;
ee quiebra con las gotas
que en d.1mza hechiceresca
palpitan, bullen, saltan
sobre el azul cristal.
Y en torno del pantano
que á poco se ennegrece,
bajo la red hojosa
que el eaucedal ttjió,
el fuego fátuo corre,
falgura, palidece;
travieso duendecillo
que el fósforo engendró ..... .
¡Oh, lluvia alegre y buena! .
tras tu fulge.1 te velo,

JOSÉ

¡Oh, lluvia, no decrezcas!
Fecunda las simientes
que bajo el hondo surco
ya germinando están ..... .
Que son tus hechiceros
aljófares lucientes,
para los campos, gloria;
para los pobres pan.

A. SrLVA.

MANUEL JosE ÜTHÓN.

NOCTURNO

Carritos, Mayo de 1879.

Son carne las canteras,
las lajas obsidiana,
es mármol y alabastro
la aguja del crestón
y son gigantes bloques
de tersa porcelana
los riscos de la sierra,
que descuajó el turbión.
La tarde va cayendo,
y aun llueve. Ya reclina
el sol en la montafia
su coruscante sien,
con ópalos y perlas
esmalta la colina,
irisa las alturas
con ópalos tambien.

ceniza, arrodillarse para decir vel'Eos grotescos y predicar sermonee por mano ajena. Una de las Jugadoras, una
muchacha de quince afioa, muy vulgar, vestida de mu•
eelina blanca con ramos de floree azules, dos lazos de
cintas rosadas en loe hombros y una rosa roja en el seno,
no acertó una adivinanza, y en penitencia le pintaron
con la punta de un corcho quemado, una cruz en la frente otra en la mejilla derecha y otra eu el oyuelo de la
bárba. Después, para quitar el carbón, se frotó la cara
con una toalla de lino; le quedaron las tres manchitas
negras, y en cambio la fricción, le enrojeció las mejillas
con el bermellón de la sangre, l\traída á flor de piel. Ahora para colmo de males, le tocó otra penitencia más ~fí¿il que la anterior: sacar con los dientes de ent~~ la harina de trigo puesta en.un plato hondo, una sort1Ja de oro.
Al tratar de hacerlo, una mano atrevida le empujo Jacabeza contra el plato y la l.izo enharinarse toda. Tiene
cubiertos de harina los cabellos, de visos rojos y blanqueada la cara; no puede lavarse porq he está agitada por
el juego, y para refresca~.e un poco antes de salir, se .Pasa el puñuelo por las me11llai;i, y va á sentarse, allá. leJOB,
en un rincón, donde hay poca luz, dán'lose aire con un
abanico de raso amarillo.
Al envolverlos la penumbra, aquellos colores violentos que chillaban á la claridad brutal de la lámpra de petróleo, el blanco y el rojo del pelo enharinado, el b_1!=1-nco
de la harina sobre la cara1 el bermellón de las meJillae,
el ·negro de las tres manchas del carbón, el azul de las ramazones del vestido, el rojo de la rosa, el rosado de las
cintas, el amarillo del abanico, se destiñen, ae suavizan,
se esfuminan, se terciopelan, se funden uno en otro, como sumergidos en un bailo de leche, como velados por
una niebla, y es la jngadora retozona de juegos de prendas vista así de lejos1 en el rincón obscuro1 un pastel
ado~ble de la marquesa del eiglo XVIII, uno de aque•
Uoe pasteles del gran maestro de loe lápices de color1 de
la pintura delicada como el esmalte de las alas de las
mariposas del inimitable Latour; uno de aquellos pasteles que á la caída del crepÚEculo, sonríen suavísimamente e~ la galería de Saint-Quintin.

DESPUES DE CANNAS

Pronta luego y solícita pretendes
Bajar el mamo que tu frente escuda;
Y arrebozada en él E!evera y muda,
Por las gradas del pórtico desciendes.

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

NOCHE TEMPESTUOSA

.
1

TRANSPOSICIONES
1

I
AL

CARBON

La luz fría que entra por la hoja·entreabierta de la ventana del fondo, al tr~vés de cuyos barroks de hierro se
ven á contra luz las ramazones de unos árboles que se
corta.a sobre el cielo claro y descolorido, rayado por la
llovizna, aclara el cuarto desmantelado, blanqueado con
cal y el piso de ladrillos deetefiidoe por el polvo. Al pie
de '1a ventana, hay una cama vieja con unos colchones
tirados en desorden; á la izquierda un armario abierto y
vacío¡ á la derecha una tina de zinc, y sobre el piso, con
un montón de botellas de champaña, vacías también,
una aglomeración de trastos desvencijados é inútiles; un
sillón de cuero, sin brazos1 una sartén, dos cacerolas y una
regadera de lata. El hollín de la cocina cercana y el polvo del carbón mineral han suavizado la blancura de la&amp;
pared.ea, se han acumulado en las desigualdades del paf'iete y en loa rincones tenebrosos. En el primer plano,
un burro viejo levanta la cabeza pensativa de entre el
canasto de ollejos y desperdicios que tiene al frente; la
luz que llega por detrás le platea el contorno del cuerpo,
las piernas delgadas y el pelo largo de las orejas enormes· el animal se perfila obscuro sobre la claridad debil
de 1~ pared del frente, y parece el cuarto de trastos viejos, alumbrado _así por la luz ain ~olor de la mai'iana llo•
viznoea de NoVIembre, un estudio al carbón, hecho con
imperceptibles transiciones de lo blanco á lo gris, de lo
gris claro á lo gris obscuro, de lo gris obscuro á lo nsgro
suave, de lo negro suave á la sombra intensa; un estudio
al carbón en que la penumbra ' domina el conjunto; en
que la luz brilla en el zinc de la tina, en la lata de la regadera, en el borde de las cacerolas, en el tique blanco
de una botella de champafia, y en que la sombra ae acumula en el e!lpaldar del sillón, en el mango de la sartén,
en un pliegue de loa colchones, en el interior del armario vacío, debajo de las botellas y en tres puntos de la
cabeza del burro, en la nariz entreabie1 ta, en el fondo de
la oreja peluda y en el ojo grande y redondo, sobre el
cual brillan las pestafi.as plateadas y finisimae como ra•
yae blancas que un dibujante, enamorado &lt;l.el detall~,
hubiera trazado con la punta afilada y dura de un láp1z
de tiza sobre la negrura mate y grasa de una sombi a re•
teilid.a con carbón Conté.

II
P.ASTEL

Han estado Jugando un juego de prendas, nuevo en .que
nadie acierta, y en que la due:ña de la casa, para castigar
á las perdidosae, inventa penitencias absurdas. Las ba
hecho comer huevos crudos, marcarse en la frente con

Murió la luna; e! angel de las nieblas
Su cadáver recoje en blanca gai,.a;
Y en un manto de rayos y tinieblas
El Dios del huracán. envuelto pasa.
Llueve y torna á llover; el hondo seno
Rasga la nube en conmoción violenta,
Y en las sendas incógnitas del trueno
Combate la legión de la tormenta,
¡Qaé obscuridad! ¡qué negros horizontes]
Hora fatal de angustias y pteares!
Ay de aquellos que viajan por loa montes!
Ay de aquello~ que van sobre loe maree!
Cuantos niñ.os habrá sin pan ni techo
Que se lamenten de dolor profundo!
Ouánto enfermo infeliz sin luz ni lecho!
Cuánta pobre mujer sola en el mun~o!
Salta prefiado el río sobre el llano
Y amenaza á los pobres labradores,
Y encuentran los insectos un océano '
En el agua que corra entre las flores.
Cansado el marinero se arrodilla
En la cubierta del bajel errante,
Y en vano busea en la lejana orilla
El faro salvador del navegante.
Qué triste noche y en mi hogar en tanto
Todo en el orden y en la paz reposa;
Duerme mi nifla en el silencio santo,
Y se entretiene en su labor mi esposa.
Sentimos ella y yo las agonías
Que sufre el hombr&amp;de diversos modos,
Me acuerdo yo de mis revueltos días,
Y nos ponemos á rogar por todos.
J UA,~

CLEMENTE ZENE.A.

EL CAMALOT!i:
¡Oh, si en tue tallos pensamiento hubiera.
y un corazón sensible como el mío,
¡cuánta tristeza en tí, hierba viajera,
hierba amada del río!
¡Cuánta tristeza en tí, bajo el ardiente
sol de ml tierra que en tus florea bril1a,
mientras vas á merced de la corriente
como Jeda bar::¡uilla!

¿Por qué el aire tus hojas inclinadas
acaricia al pasar en vuelo errante?
¿por qué mueve tus hojas azuladas,
ciega, vas adelante?
¡Si pudieras oír de loe zarzales .
(tan argentinos como son) las queJaa
si pudieran deeirte loe pencales:
u¡Te asustas y nos dejas!n
Acaso por tu amor te detendrías;
y arraigando en tu suelo americano,
con impulso fatal no correrías,
á la muerte, el Oceano.
Yo no te culpo á tí, hierba inocente,
ni eres ingrata huyendo á. los fulgores
de la lámiua•azul de esa corriente
que te vistió de flores.
Otros olvidan por extraño cielo
los viejas astros del bogar, la calma;
otros olvidan su paterno suelo,
¡otros que tienen alma!.. ....
RAFAEL

ría joya de preciado mérito que llenaría 1~n vacío pa~a
aquelloequeae contentan, no taa sólo.con.la luera.tura ~XtJ·
tica qoe echa grandes raísea e.n rimadores Y prosista•
mexicanos, sino que piden á gritos algo uttaw~Dte na•
cional.

OBLIGADO.

¿Vendrá un ¡:oema? Al que intente eecribirlo1 le digo
desde ahora con el poeta:
((.

.................................................... .

Y vosotros aun más, bardos amigos
Trovadores galantes de mi tierra,
Vírgenes de mi patria y de mi raza
Que templaie ellaud de loe poetas:
Seguidme juntos á. eeouch~r las notas
De una elegía qq.e en la patria nuestra
El bosque entona cuando queda só~o
Y todo duerme eu~re las ramas quietas;
Crecen laureles, hijos de la noche
Que esperan liras para asirse á ellas, .
Allá. en la obscuridad en que aun palpita
El grito del desierto y de la selva.&gt;i
MANUEL

PARDO.

Ingeniero,

Ziltipa~, Vera.cruz. Mayo de 1897.

¿QUIEN SERA EL POETA?
Para "El Mundo"

Para pi atar con su aell(? local }as_bellezae de la nat~mleza americana en toda su salvaJe riqueza, se ha necesitado el genio literario de un Zorrilla de San Martín, que
tomando por eubltme asunto el acabamiento de una raza,
ba legado en su inimitable poem~ uTabar_é" junto co~ la
triunfal múeica de ene versos el tipo cláBICO de una ht&amp;ratura nueva.
Loa ondulantes abanicos de las palmeras rasgando con
su gigante silueta un cielo roj~, que todo_ lo abras~ con
sus fulguracionee dantescae, piden un Pierre Lott1 que
dejando un momento 11El Desierto,u mojara la misma
pluma en la misma tinta para que 1 sujetando 111 forma á
la idea, hiciera una verdad de lo que otrvs hacen una
ficción .
Al pisar por la primera vez las costas mexicanall, se siente algo nuevo, algo infiltrado por una naturaleza siempre
con fiebre siempre grande, siempre libre. Se puede so.fiar
mucho, se' puede con_ el d~rad? acica~ del clima cost.eñ.o,
hacer encabritar uoa 1magmac1ó11, haciéndola saltar como
jaca de circo por sobre todo lo imposible; ni aun así se llega á la verdad. L'l flora americana tiene secretos inmensos y sublimes. Atravesar los seculares bosques de h\
costa ea algo como hojear un gran libro que tuviera en
páginas de oro, rimas de todos los poetas y cuadros de
todos los artistas. Las nocht-e tropicales tienen algo solemne en esos ruidos cuya cauea no ee adivina; concierto inmenso que surge de la somera, rompiendo s~a tenebrosidades, para llegar hasta el oído como triunfal
sonata. Miles de coleópteros luminosos que se prenden
en todas las rugosidades y que se dejan llevar por el
viento ayudados de Rus minúsculai:I alas, son emigrado•
ras toe'foreacenciae que en fantásrico vuelo siembran el
suelo de luces y el aire de estrellas. Hay algo pavoroso
pero inmensamente bello en esas soledades que el hombre no ha profanado; yo be eemido placer cuando he
oído el golpe del hacha que derriba un arbol para aliqieIJ.•
tar el fuego de una caldera; pero be sentido también eecreto dolor al ver aparecer en la selva virgen al hombre.
civilizado. Se me figura ver al sátiro levantar las blancas
cortinas de una alcoba de n:ña.
Cuando expedicioné en las montafiae de Oaxaca, en~
tonces vírgenes y ahora convertidas en gran parte en ri•
cae fincas cafeteras, me seducía ese silencio de claustro
de las grandes selvas, tan sólo interrumpido por hojas
que se beean ó ptjaroe que vuelan¡parecíael silencio que
precede á las grandes tempestades. Allí la voz del hombre era una nota extrafta, no se le hubiera encontrado
un acorde. ¿Por qué-decía-tocar esta naturaleza que
parece sagrada? ¿Por qué el hombre ha de destruir para
producir? Y sin embargo así es.

~
EL REINO DE LO AZUL

¡Oh reino de lo azul! ¡Oh re~no de Ja luz, de)ajuventud, y de la felicidad, que he visto en eueñ?s! ...,._
Ibamoe varioe en. una hermosa l.ancha, ricamente empavef!ada. Una ~ran vela redondeábaee en forma de pecho de cisne, baJo loe ondulantes gallardete~. No sabía
quiénes eran mis compaileros; más todo _mi sér sentía
que eran tan jóvenes, tan alegres, tan fehces como yo.
Sin embargo mi atención no se paraba en ellos. Sola•
mente veía tin torno mío fll mar infinito, el mar azul salpicado de eecamitas dor11dae¡ y sobre mi cabeza, un cielo azul también, tan a:1,u\ como el otro, y ~ncima de ~~e
cielo rodaba alegremente, en triunfo, rad1oea 1 la car101a
del sol.
Y también entre nosotros alzábase de vez en cuando
una risa sonora y alegre, como la risa de los inmorta!es.
O bien 1 derrepente, surgían palabras de algunos lab10s,
versos henchidos de una. fuerza inspirada.
El cielo mismo y el mar vibrante y h~rmonios~, co~teetábanoe, y otra vez imperaba el silencio, ese silencio
de la ventura.
Calando ligera en plácidas ondas, nuestra rápida barca
boizaba.
No era el viento quien la arrastraba: dirigida por nuestros propios corazones regocijados, lánzábase á donde
queríamos, docil, cual un aer viviente.
Encontrábamos mágicas islas, semi transparentes, con
reflejos de piedras preciosas, de esmeralda y 6¡:,alo. Desde sus bordee redondeados, llegaban basta nosotros embriagadores perfumes. U nas llovían sobre nosotros lirios
del valle y rosas blancas; de las otras se alzaban de pronto aves irisadas. Giraban las aves sobre nosotros¡ convalaritae y rosas caían al mar, y fundíanae en la nacarina
espuma que resbalaba á lo largo de las lisas bordas de
nuestra barca.
Con las flores y los pájaros, volaban basto. nosotros sonidos de una dulzura inefable ...... ¿Eran vocea femeninas? ... .. . Y en torno nuestro, el cielo, el mar, la ondula•
ción de la vela, el murmullo del surco que hacía nuestra
proa ...... todo hablaba de amor, de uu amor afortunado.
Y allí estaba, -invisible y presente, aquella á quien cada cual de nosotros amábamos ...... Un instante no más
y su sonrisa se despliega, sus ojos iluminan, su mano se
apodera de la mía ...... y en pos de sí me coµ.duce al paraíMo inmortal.
¡Oh reino de lo azul, te he visto sólo en suefiosl
TOURGUENEFF.

He aentido dentro de mí la vida, he creido que la sangre al golpear en mie arterias iba á romperlas, cuando .
dominado por la salvaje poesía de las selvas americanas,
he pensado en el bardo que llevara á su lira todas las
inspiraciones de la musa ooetefla. 8d adivina1 se siente
la apateoaie del poeta.
¿No pensáis, que así como las selvas uruguayas tuvieron un plectro que hizo con cada magnificencia una nota y con cada impresión un verso, las mexicanas deben
tener también un cantor que las describa?
Novel pléyade de poetas valientes ha surgido de improviso en la literatura nacional, ha prendido sus estrofas en las coluwnas de loe periódicos y sin tocar, muchas
veces, los peldafioe de las tribunas, las ba abordado precipitand(I desde ellas la lluvia de oro de sus rimas. ¿Por
qué no pedirles que, dejando por un momento la pálida
lamentación hecha con lágrimas y nacida en la cuna
opalina del ajenjo, busquen en otra escuela menos siniestra antídoto á sus neurosis y asuntos para sus versos?
La vida de ciudad cobijando en sus sombras todos loe
crímenes yenredando en su tela todas las imaginaciones,
mata en la pubertad las actividades y pone junto á lo
trágico lo innoble y junto á lo sarcástico lo estúpido•
Cuánto se desea y con cuánto entusiasmo se vería aparecer una obra que, tomando un asunto cualquiera como
tema. pintara con el órillante colorido que merecen las
belle;as pJco cono~idas de la naturaleza mexicana. Se-

SERENATAS

I
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Ya Selene !a pálida resplandece;
Como pájaros locos vuelan loa vientos
Y una turba de airados remordimientos
Crucifica á mi espíritu y lo escarnece¡
Clavado, en el patíbulo, desfallece
Y agoniza con bruscos sacudimientos;
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Lo apostrofa y maldice mientras perece
U na turba de airados remordimientos.
¡Oh, Tiniebla, efl. tus reinos el mal florece!
Tu ofreciste á mis ojos calentunentos
Esaa florea infames y hoy te obedece
Una turba de airados remordimientos
Que iza en muz á mi espíritu y lo escarnece
En la sombra, poblada de astros sangrientof&gt;....
A~Y'l"ENOR LESCANO.

1897.

�DOMINGO 6 DE JUNIO DE •&amp;o,

EL MUNDO

86

f

DESDE LA CUMBRE

'

DOMUIIGO 6 DE JUNIO DE 1&amp;97

I
Estoy en pi~ ~n. la cum?re: absorta queda
fija en el prec1p1c10, la_ mirada .. :···
¡Qué aiioe negros contiene esta Jornada
Más allá de los treinta de Esprnocedal
Cuando este dia ant.e la noche ceda
¿quién disipa las sombra!!" de la nada?
¡ La fé quizás, que anuncia otra alborada,
como el pájaro oculto en la arboleda!
Mas ¿quién baja sin miedo al hondo arcano?
¿Quién no teme el abismo en la caída,
buscando al sol tras de la no::he bruna?
¡Ah si posible fuera al sér humano

ENGANO SUBLIME
Por maria !!escot.
NUMERO IZ,

Vol ve~ desde la cumbre de la vida
á morir niflo en su primera cuna!

JI
¡Si hubiera sido así! ¡Cuán bf'llo fuera
volver al seno de la madre amada!
¡El véspero fundirse en lfl alborada,
la alborada en el sol, su luz primera!
Tornar el tiempo en su veloz carrera,
tornar la vida donde fué empezada,
y al Paraiso, en que Fe halló creada,
retroceder la humanidad entera.
Del Edén al Nirvana misterioso,
donde las leyes del eilencio rigen,
llegar con el primero el primer día, ..... .
y caer lo absoluto en el reposo,
Rva en Adán, Adán en su almo orígen,
Dios en su propia eternidad sombría ...

III
Estoy en pie en la cumbre: atrás, el llano;
deba10 la honda vertical pendiente;
arriba esta la bóveda esplendente
donde se interna el ideal humano.
Firme la planta, gélida la mano,
hay que bajar por la áspera vertiente,
al suelo vuelta la humillada frénte
y puest~ en Dios el corazón cristiano.
Cuando el cuerpo en la tierra se derrumba,
sube el alma en la atmósfera serena ......
Poede venir la muerte no temida.
Yo sé que está la fe tras de la tumba.
y en plena luz, tras de la sombre plena,
la eterna fuente de la etP.rna vida.
J osE DE DIEGO.

BESO A PUCK

•

Anoche, cuando la luna irisaba la gota de rocío, te vf,
mirando de soalayo, sonriéndote con picardía, y bacien•
do crugir los dedos como si fuerancastai'i.uelas andaluzas.
Ibas vestido de rojo.
En el pecho llevabas la cruz que te bordó Shakespeare.
Tú no me viste. Las campánulas amarillas sombreaban
mi cuerpo. ¿Dónde ibae?
De espaldas aparecías del alto de una espiga, y t~ ~o·
roba deforme parecia el dorso de una moneda asina.
Eres descuidado hasta el exceso, Puck, pues no llevabas
abierta la hebilla de una de tus espuelas de plata.
Con sólo tu presencia, los nenúfares hundieron sus ho•
jas dentro del agua, y loe rergis-meinnicht cerraron eus cálices haciendo buena provisión de rocío para toda la
noche. ¡Lo que es el miedo!
Te ví leer sentado sobre un mustio crisantemo. aquel
trozo tan lindo de prosa que te dedicó Hopsek, hijo de la
vieja Irlanda, y que se embriagó la noche del eanto de
Lía, tu pasión si1veatrel ¡Calavera! ¿A.dónde i~as anoc~e?
Cerraste el librito que está empastado con hoJas de vio•
letaa-asesinadas por tí-y deslizándote con las puntas
de las calzas amarillas, arrojaete una bocanada de humo
por la nariz de macho cabrio, volaste, volaste, volaste....

•••

Ya lo supe, diablo rojo; aquí sobre mi ~esilla, j_unt~ á
la pipa cargada de tabaco, está una esquehta de Titama,
la rubia más be,lla del bosque de Herold, la reina augus•
ta que viste de verde Nilo.
Estoy orgulloso ...... ¡me carteo con reinas!
Sí mal servjdor, Titania se queja tristemente de tí,
libéiula malvada; anoche brincai:;te el muro, y riéndote
cabalgabas en un tallo de azucenas.
Como loe celos son tan tontos, la sorprendiste con la
cabeza apoyada sobre el hombro ~e ~u a~ante y los oj(!S
te giraron en las cuencas, y tu labio mfenor estuvo bailando hasta que una nube cubrió la luna.
Y entonces tuviste Ja edtúpida venganza de matar sus
luciérnagas, sus tristes arafias, y el mosca, dón violáceo
que Antud, tu rival en el arte de hacer maldades, le regaló el año nuevo.
Y como un coro de carcajadas te aoompafió en tu terrible chasco; juramentando y diciendo insolencias, regresaste á tu habitación tapizada de rojo-tu color favorito
-y hundiste la cabt&gt;za en el almohadón de pétalos, que
antes olias con tu sensual nariz.
Hijo de cervecero, borracho de instinto, ya se dónde
fuiste anoche, cuando la brisa mecía las hojas de las campánulas y hacía s.onrojar las fresas.
Y con esta bocanada de humo te excomulgo ..... .
FRANCISCO GARCÍA 0rsNEROS,

f

EL MUNDO

•

.9uvenilia .

Los nifios no son hombres, sino nii'ios; pero las nif'ias
no son nifias, sino mujeres pequei'ias.
Alfonso Karr.

•••

Sacede con la telicidAd lo que con el horizonte; siempre se haya á nuestra vista y nunéa á nuestro alcance.
Julio Favre.

El amor habla más cuando puede hacer meno3¡ lamayor prueba de la pureza con que quería el Petrarca es la
multitud de sus sonetos; en cambio, el impuro Don Juan
reduce la literatura de sus amores ...... á una lista de sus
víctimas.
Clarin.

,kh.

Leódice explicó su retardo,
-Creí que no me dejaría él venir, queme seguiría, que
me forzaría á irá buscará Valeria.
-Pero, dijo ellii, puesto que me amais y yo os amo,
para qué esos misterios? Por qué no habéis dicho á vues•
tro tío que no os casais con su hija, y por qué pedir su
mano?
Después, sencillamente afiadió ella:
-Mi padre ea muy violento, de un honor rígido, un
oficial¡ os mataría si nos sorprendiese juntos.
Había dicho ella muy bien esta pequefia frase, con el
tono que se toma para adve,rtir á un imprudente de que
no debe avanzar hacia el borde del precipicio. Leódice
sintió correr sobre su frente un ligero extremecimiento.
«Vamos, pensó, no hay que llevar muy lejos esta intriga, y es lástima, pero el oso Martín de una parte y ese
javalí de capitán Meriadec de la otra ..... .
Como se mantenía de pie ante Beltrana, presto á abandonarla, he aqui que con gran asombro suyo las palabras
de despedida no pudieron salir de sus labios; se aproxi •
mó á ella cubriéndola COH palabras de deseo, embriagándola con lisonjas, enumerando en una letania ardiente
todas las bellezas de la joven. Ella, encantada, le escuchaba. Entonces, viéndola conquistada, él sacó su reloj .
-Diablo! me olvido, dijo, de que en la mañana las citas son.imposibles. Esta noche, á la media noche, no es
verdad? ......... No tenemos otro medio de vernos solos.
I
Ella se decía que las reinas de la mano derecha y las
reinas de la mano izquierda no debieron mostrarse demasiado austeras y que loe enamorados eran raros en Keroech .. .... Consintió pues en la cita.
Se vieron casi cada noche. El, sin embargo, permanecía fiel á su aparente respeto.
Pero vividor egoiata como era, le hubiera parecido des•
preciable aceptar, sin segunda intención ese idilio. Mi,
naba el alma de aquella virgen cuya pureza parecía respetar: ya hacía brillar á sus ojos las imágenes excitantes
de la vida parisiense, contándole algunas aventuras de
baile de mascara¡ ya con su voz insinuante de boulevardier; ponía en irrición la iirtud y sus santas creencias:
«viejas guitarras!» La iniciaba asimismo en investigaciones de elegancia, haciéndola,ruborizarsedeltrabajo yde
la pobreza. Una mañana el viejo Meriadec sintió gran
estupor viendo á su hija desempefiar las labores de la
casa con las manos enguantadas.
Leódice sembraba ámanos llenas en una tierra fecunda
y el grano germinaba. Cuando juzgó la espiga madura,
ee decidió á cosechar. Por lo demás, el tiempo urgfa. Para precipitar el desenlace anunció su partida.
- Voy á ver á mi padre. Solamente que, Beltrana, aña dió, es preciso que yo esté bien seguro de no haber sido
el juguete de una muchacha ambiciosa y coqueta; necesito de tu amor una prueba irrefutable; me comprendes?
Las muchachas educadas en el campo y que han leído

nonlaa, no son completamente ignorantes. La parte de·
cieiva ee adivinaba, pero el problema era tan importante,
que Beltrana tuvo miedo.
-Si fuéseis li casaro:1 con vuestra prima? murmuró.
El trató desde luego de tranquilizarla con una de aue
habituales bromas.
-Seré yo por ventura un agricultor tan malo que vaya
á poner en mi jardín una gruesa peonía roja, en lugar de
la linda rosa blanca que tengo aqui?
El qaiso atraerla¡ ella retrocedió:
-Si me engañáseis? ......... Si me abandot1árais?
Esta vez dejó él su actitud, tomando el aspecto de un
cab\\llero á quien se le atribaye una infamia:
-Si no tenéis por mi estimación alguna, sefiorita Meriadec, mi;J valiera no volvernOi á ver.
Temiendo haberle herido ella, balbuceó excusas:
-Yo quería decir que, acaso vuestro padre rehusara
obstinadamente su consentimiento, y que vos no osa•
ríais ........ .
-Pardiez! rehusará, estoy casi seguro; pero hay una
·ley que permite á los hijos burlar la prohibición de los
padrea. Yo pleitiarfa. Sólo que has de comprender querida mía, que este tedioso asunto bien vale la pena de la
concesión que yo solicito. Yo te juro que nada me separará de tí, te juro que serás mi mujer si me das una prueba de tu amor.
Beltrana se retiró satisfecha de aquella cita.

El primer domingo de Septiembre, en la misa parroquial, los habitantes de Keroeck oyeron estas palabras
lanzadas 1e lo alto del púlpito:
«Hay promesa de matrimonio entre Leódice Martín,
hijo mayor de Pedro Alejandro Martín, banquero de París, y de la sefiora Aurelia Meyer, su esposa, de una parte; y Lorenza Luisa Valeria Martín, menor de edad ...... .

XXXIII
Muchos afios habían pasado desde aquella hora de
inolvidable desesperación y de trísteza. Jamás Beltra~
na había perdido el recuerdo de ella. Y ahora de codos
sobre el parapeto, contemplaba el gran lago cuyas ondas
se hacían gruesas bajo ese cielo de ok&gt;ño. Una bruma
espesa ocultaba la ribera, dando la ilusión de horizontes
infinitos. Se hubiera dicho el océano bretón.
La mujer que miraba pensativa las brumas del Leman,
tenla un corazón ambicioso, pero no un corazón muerto.
Ese gran drama de amor no fué la eola descepción de
su vida; otra vino menos dolorosa, pero menos cruei._Re·
leía otra pági.oa de su penoso pasado, se volvía á ver en
la pequefla iglesia bretona, representando su triste papel
de sei'iorita de honor, siguiendo á la radiosa Valeria como esos pobres vencidos encadenados al carro del vencedor. Oía el juramento solemne proferido por el traidor,
volvía á ver el cambio de anillo:1 1 símbolo del indisoluble
lazo¡ después, d11rante las interminables salutaciones en
la sacristía, se retiraba aparte y su corazón se rompía de
celos y de cólera.
Detrás de ella, Martín de la Rochela y Martfn de Lyon
conversaban.
-Y bien, decía uno, Martín de Brestes aun más rico
de lo que yo hubiera supuesto. No se ha quedado encueros al casar á su hija; Martia de París llevaría el gran
chasco si á éste le diese la fantasía de volver:Se li caéar.
-Volverse á casar, respondió Martín de la Rochela,
el no piensa en casarse; míralo.
A lo cual el otro, aparentemente un psicólogo, r~plicó:
-Hum! muchas veces son los mi:1 tranquilo:1 q·lienes
se vuelven mlia fvgosos. Si una mujer supiese enamorarlo ........ .
En aquel momento Beltrana, toda entregada á su ira,
se preguntaba, si ella había amado, en efecto, á ese egoie•
ta, que, sin piedad :le su sufrimiento, acababa de comprometerse con otra. Ella le odiaba. Ella odiaba á Va•
leria con una rabia impotente y estéril. Y de pronto las
palabras de Martín de la Rochela hacían lucirá sus ojos
la esperanza de una venganza. Pero esta venganza era

de aquellas ante las cuales retrocede un corazón de veinte
aflos.
Ay, tan poco seductor que era el pobre viejo Martín!
Más de un año tardó en resolverse; poco á poco llegó á
examinar la situación bajo otro aspecto. No se trataba
ya solamente de venganza, sino de fortuna. Casarse con
M. Martin era li la vez vengarse y ser rica, dejar Kercech,
habitar en B"t:st, asistir á loa bailes y á las fiestas, cambiar sus pobres ropas de lana por toilettesmáa suntuosas.
La cosa valfa la pena de ser intentada, ella la intentó y
tuvo éxito.
Desde hacía tres años saboreaba su lujo y su riqueza y
encontraba mayores goces que los que había supuesto,
tolerando ta· presencia de ese marido senil que la idolatra"ba y satisfacía todos sus caprichos. No se preocupaba
del porvenir. No le había él mostrado un pliego sellado
en el cajón secreto de su bureau? No le había dicho:
-Esto, mi querida nifla, es mi testamento. Oa doy to•
da la parte de fortuna de que la ley me permite disponer,
es decir, cuatro millones, rorque espero que seréis aiem•
pre para conmigo, buena, amante y fiel.
¡Fiel! Sí, el!~ lo había sido, rígidamente, absolutamente, no sólo por interés y por deber, sino por un amargo
desdéb del amor. No podía olvidar la traición de aquel en
quien había creído tan locamente. Englobaba en un ren•
cor implacable á todos sue adoradores, que le parecían
bandidos disfrazados de mendigos. Se preocupaba de su
lujo como de su reputación. No por lirismos sentimentales iba á comprometer su porvenir, áenajenar las buenas díeposiciones de su marido.
Y sin embargo, cuando después de la mu_erte de Martin de Brest abrió ella el bureau, é hizo jugar el resorte co•
mo él la había enseñado á hacerlo, el doble fondo se en•
contró vacío: el testamento no· estaba ahí. ¡Robado!
Imposible. Desde que la apoplegía atacó á su marido,
puso en lugar seguro la llave del secretaire. Nadie conoola el escondite. Era preciso que el marido, por sí mismo,
hubiese quemado ó destruido su testamento. También él
la había engañado! Todos eran puee, traidores, ladrones
todos, todos mentirosos!
Beltrana-esto se comprende-no se creyó obligada li
llorar al hombre que la dejaba pobre. Arrojó de sí las
tocas de duelo y paseó, desde las riberas mediterráneas
hasta las playas norma-odas; desde los Alpes ,t los Pirineos; de las Cevennes hasta el Bosque Negro, en fin, en
todas partes donde uno se di vierte, los esplendores de su
cabellera roja y los magnéticos efluvios de su ojo:s leona•
dos, siempre en busca de una presa, pero queriéndola
rica y tendiendo muy alto sus hilos.
U o noble lord se dejó cojer, pero retrocedió ante la
austera palabra de matrimonio. En Biarritz un señor español se enamoró de ella y quiso casarse; pero hecha la
verificación, resultó que no era poseedor más que de diez
ó doce nombres sonoros y del derecho de permanecer
cubierto ante el rey. Ella juzgó que esto no era suficiente en un tiempo en que la carestía de víveres preocupaba con justo-título los cerebros de todas los economista!:'.
En Montecarlo fué un príncipe rueo quien le pagó el tri•
buto de su admiración. Desgraéiadamente se había casado en alguna parte, en Rusia, muy lejos, pero eato bastaba para aniquilar todas sus ambiciosas esperanzas.
Ella siguió aun otras falsas pistas, una de las cuales la
llevó á Lausanne, descorazonada y decepcionada. Alquiló un chalet y se instaló ahI para tomar aliento y reposar un poco, lejos de las 'Illesas de los hoteles, de las pensiones de familia y de las ciudades balnearias. Se volvía
fatalista, determinándose á esperar y á ver venir.
El horizonte más próximo era, sin contradicción, una
1.-illa muy elegante, habitada desde hacía muy poco tiempo. Ella vió salir tres personas de la villa: un hombre
una mujer y una niña.
Ya se sabe como, informada por Carlota,. tendió sus
hilos: el aya al principio, el pintor después, dejáronee cojer; la níi'ia, sombría y desconfiada, rozó la trampa
y escapó.
7

Ante esta hostilidad no P.quívoca, la indiferencia de
Beltrana se transformó en aversión. Sintió por la peque.

�EL MUNDO

una carta? ¿Por qué es~ llamamiento tan poco explícito?
Sondeó los repliegues de su concieneia y encontró mu•·
chas vilezas. No le había dicho Beltrana al despedirse:
1cSi me abandonais, si no os vuelvo á ver, moriré?»
No podía disimularse á sí mismo que no la hubiese
abandonado un poco; no solamente no había vuelto á
Lausanne, pasados los ocho días, sino que sus cartas se
hacían más y más raras. Ella no había proferido ni una
queja, ni un reproche, no apartándose de su soberana in·
d.u1gencia, pero iba á abandonar est.e mundo destrozada
por ese brutal olvido.
Para atenuar sus remordimientos él se impuso una ex•
plicación: Partir inmediatamente, sin una hora de retardo. Consultó el indicador, miró su reloj. Tenía apenas
tiempo. Llamó, pidió su petaca y con una prisa "torpe, la
llenó de los objetos más disparatados y más mal apropiados; á veces arrojaba una mirada de tristeza al retrato
de santa Inés, del cual se separaba con pena, dejándolo
sin concluir.
Terminaba estos preparativos cuando Lila apareció en
el dintel de la puerta, mostrando un poco de nieve en
eua manecitas enrojecidas por el fria.
-Padre-exclamó-nieve, nieve ya, qué hermoso.
Percibió la petaca, palideció y con voz ronca:
-¿Es qué partes? ¿A dónde vas?
-P,uto por algunos días, querida mía, volveré pronto. Tú te quedarás con la señorita Carlota.
Ella pareció no entenderlo y repitió:
-¿A dónde vaE&gt;?
Ante esta insistente fnterrogació.u, el padre se turbó,
balbuceando:
-Mi querida nifia, se razonable; un negocio impor·
tante, que no puedo descuidar ......... Ptiro sin escucb.arlo-sin creerlo, más pálida que la nieve que se fundía entre
sus dedos helados, repetía con una voz sorda, baja, ardiente.
-¿Dónde vas, dónde vas, dónde vas?
En ese momento el aya se unió á su educanda; fué á
ella á quien Fernando se dirigió:
-Un nego~io urgente me obliga á partir, aefiorita CarXXXIII.
lota. Mi ausencia será corta, os confío á Lila.
Después, para abreviar toda explicación, tomó su pe,
Aun cuando eran apenas los ú!timos días de Octubre,
el rudo invierno de las montañas del Douba helaba á taca y se aproximó á la puerta. La niña laazó ur. grito,
Pontarlier; una nieve precoz cubría el suelo y el cierzo juntó las manos y se dejó caer á sus piés.
-Padre, ¡ob¡ padre, yo t8"Conjuro, no me abandones!
soplaba agudo. Jacobo, á pesar de sus resoluciones de
cordura, se había dejado sorprender por ese primer frío; Ella oo te dejará volver.
de euerte que bacía sus maletas á toda prisa, echando
No éra ya una niñita la que hablaba, era una mujer
pestes más que nunca contra esa satánica bicoca, contra que defendía su hogar; ee pegaba al traje de su padre¡
la gota, contra la tía Fourneron que por sus instancias pero comprendiendo de pronto la inutilidad de sus súplicas, furiosat loca, se levantó, y con loa brazos extendihabía retardado su pan.ida.
Fernando Duvernoy, después de haber ido á la estación 8.os á través de la puerta, le impidió el paso.
á estrechar la mano de su primo y desearle buen viaje,
-No saldrás, exclamó, yo no quiero, yo ... ...
volvió á su casa tiritando. Su hogar cale.atado por un caA una eeñal de su am?, la robusta alemana se llevó á
lorífero y la dulce temperatura del taller, le llenaron de Lila en sus brazos.
Fernando, ya libre, salió rápidamente. No oyó un grieatiafacción.
«¡Ah! que bien se siente uno aquí y qué dicha no tener to de angustia; no vió el extremecim.iento doloroso que
que partir. Lamento verdaderamente á ese pobre de Ja- agitaba un cuerpecillo fragi1 1 en tanto que una cabeza de
cobo. Al diablo vayan loa viajes. Veámos ahora cómo nifia caía hacia atrás sobre loa brazos que la sostenían.
hemos de llenar el dia: á las dos, última.a sesiones para el
Cuando la ni ñita abrió los ojos, después de un desvaretrato de santa Inés; á las cuatro, cita en la casa de mi necimiento de alguno's segundos,· estaba en su lecho ysu
notario; no es muy divertida, pero ea útil; y después, esta aya la miraba con ansiedad.
-¿Se fué? deveras ee fué? preguntó.
noche, comida en caea del presidente; en seguida nuestro .
-Se fué, querida mía, pero volverá pronto, no te
pequeilo whiat,lt
Se aproximó á la ventana, contempló las r.J,mas de loa apenes.
Bruecamente Lila se enderezó en su lecho mirando á
árboles cubiertas de escarcha, y murmuró:
la pobre aya en los ojos.
u Ya no hay hojas. ¿Qué será de ella? Carlota está sin
-¿Sabe usted adónde se ha ido? int.errogó.
noticias¡ m6 decía ayer que no había recibido respuesta
-Mi querida nifia, tu ho.oorable papli tiene ciertamená 8118 dos últimaá cartas. ¿Estará más enferma? Iré á verte la mayor confianza en la humilde aya, pero ......
la cíertameute cuando haya concluido con ...... ,,
Ella la interrumpió con una risa estridente:
Repitió por tres veces la palabra .-conn buscando bue-Se ha ido á buscarla; la traerá y entonces os arroja•
nas razones que darse á sí mismo; después, desesperando
rá á vos y á mí también.
de no encontrarlas, encendió un cigarro y se instaló ante
-Pobre Lila, deliras; cuando tu papá se case ( una amsu caballete. Guiflaba loa ojos, se apartaba, se aproximaba, movía la cabeza; decididamente no estaba descon- plia sonrisa de triunfo entreabrió los labios espesos de la
institutriz) nadie nos arrojará ni á tí ni á mí.
tento!
Sin responder, la niña movió los hombros; después, deLlamaron á la puerta. Mariana entró con un telegrama
jando caer sobre la almohada su cabeza triste, .ee echó á
en la mano. El telegrama estaba concebido así:
1l.Apelo á vuestro juramento, venid, t.engo necesidad de llorar amargament:.e.
vos.
XXXV

ña ese sentimieoto de temor y de cólera que inspira el
enemjgo en emboscada, resuelto á barrer el camiuo.
La seflora Beltrana Martin no era de esas mujeres que
se pierden en la indecisión; sin embargo, después de la
partida del pintor se quedó perpleja, semejante á un peec.t.dor que después de haber sentido al pez palpitar en el
ansuelo, reconoce que el astuto no se ha dejado cojer y
se pregunta si vale más quedarse en el mismo sitio 6
bnscar fortuna más lejos.
Mirando las persianas cerradas de la 1.illa, sentía en su
córazón una impresión extrafla: no el amor, no tampoco
la amistad, sino la amargura. C,:,mprendía que había
contado con este matrimonio; comprendía que no renunciaría en tanto que le quedara una sola eeperanza. Se re•
solvió, pues, á esperar, no sin impaciencia.
«Pierdo mi tiempo,)) murmuraba.
Para ella el tiempo era la juventud que huía; pero
¿á dónde ir en esta estación de otoño? Dem~iado pronto para las e6tacionee invernales, demasiado tarde para
el borde de la mar y para la mayor parte de villas de
aguas.
Era entonces, cierto es 1 el tie:npo de las cacerías y de
las permanencias en loa castillc,s; mas ninguna ama de
casa la había convidado: no se abre la morada de la familia á una desconocida encontrada en una mesa de
hotel.
ComeLzaba áreconocer qne si la intriga es Iacil, el matrimonio es difícil. Peeaba sobre ella el caneancio; ciertamente era ambiciosa, pero de año en afio el fin de tal
ambición disminuia. !base ya convenciendo de que los
hijos de los reyes no andan ya en busca de pobres cenicientas; que los parisienses jóvenes, hermosos, ricos, cor•
tejan pero no se casan; q ne los Martín de Brest, se casan
pero no testan¡ que los lores de Inglaterra piden á sus
esposas. respetabilidad y que los señores espafloles tienen
frecuentemente la bolsa vacía.
Así es que de decepción en decepción llegó á desear
ese matrimonio honorable 1 pero poco brillante; esa amplia comodidad burguesa, esas sesenta mil Jibras de renta del pintor 'Fernando D11vernoy.

BeUrana.»

Leyó y releyó estas dos líneas, cuyo laconismo forzado
no dejó de inquietarle. ¿Por qué un telegrama en vez de

En el chalet de Laueanne, Beltrana, con las cejas fruncidas y la mirada dura, trataba de atravesar las tinieblas
que el crepúsculo de otofio espesaba en rededor.

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

((¿Vendrá? Quien sabe. Heerradodejá.ndolo apartarse
Si C.ulota fuese más babi! le retendría facilmente ......
La verdadera rival temible es la niña; ella sólo ha penetrado mi designio ..... .
No concluyó.~ Su mirada se ensombreció y se :(ijó du.
rante algunos minutos sobre las ondas agitadas del gran
lago que, bajo aquel cielo de Octubre, tenían un siniestro
aspecto. P.::ro era una mujer enérgica y valerosa; se re prochó esta debilidad, se apartó de la ventana y se apro•
ximó á la chimenea.
Un fuego brillante flameaba en la chimenea, las bujías de•
los candelabros llameaban alegrem~nte; á pesar de la
estación avanzada, flores de perfumes vivos se abrían
en las jardineras¡ el budoir tomaba un aire. de :fiesta y la
chaise longue de los malos días desaparecía para dar sitio
á un estrecho tJte á ttl-t.
Una sonrisa pasó sobre sus labios¡ después, atentamente, minuciosamente, como si se hubiese tratado de una
desconocida, examinó su propia imagen que se reflejaba
en el espejo. U na deEconodda, en efecto. Lo mismo que
la cbaise longue, los crepés lúgubres habían desaparecido. Una bata de un azul palido sábiamentecortada, don •
de la indolencia de loa peinadores de la maflana se aliaba á la elegante indiscreción ele las toilette!, de en la
noche dejaba eotrever, faodidos en el tul y ~l encaje, los
brazos de una forma exquisita y una garganta de una
blancura nacarada. La viuda doliente, la triste enferma,
desaparecía; una mujer de hermoso aspecto, alerta, deli•
ciosamente linda, surgía ie pronto. La señora Martín le•
nía razón en sonreír. Ella libraba su última batalla con
la habilidad de un general experimentado. El duelo, la
melancolía, semejaotes á tropas agotadas. cedían el te •
rreno á. nuevos y potentes refuerzos.
s~ dirigió hacia un pequeño bure_au y tomó una
carta, la releyó, la examinó minuciosamente, como llubiera podido hacerlo un inexperto en escritura; después,
con un gesto satisfecb.0 1 volvió á colocar el papel en el
cajón. Todo se encomraba. listo¡ podía él llegar.
La hora transcurría. Muchas veces levantó los ojos ha.
cia El péndulo con mirada impaciente, muchas veces fué
hacia la ventana en una ansiedad que no dominaba. 1-'or
fin el rodar de un coche se hizo oir, el trote lejano de un
caballo. El ruido se aproximó; después, ante la puerta,
detú vose bruscamente.
Una triunfal sonrisa alumbró el rostro de Beltrana.
Bien pronto Fernando apareció en el dintel del salón,
con el deslumbramiento un poco torpe del homore que
sale de las tinieblas y á quien las luces deslumbraban .
Entonces, con las dos manos tend.idae, ella fué á éJ. El
golpe fué teatral, y la maga que lo había preparado podía
gozar del éxito de su mIBe en scene. Embelesado, Fernando la m:raba con sus ojos ardientes.
Durante el trayecto de Pontarlier á Lausanne, él se había preparado á escenas más dramáticas, á recibir los
adioses de aquella incomparable amiga. Se había golpeado el pecho murmurando un rnea culpa mezclado de con·
trición y de fatuidad.
Contrición, fatuidad, todo desaparecía para dar sitio á
un deseo loco de tomar á la bien amada entre sus brazos
y estrecharla contra su corazón.
Ella le atrajo hasta la medianía del salón, bajo la luz
de las bujías, áfin de que él puW.ese mejor mirarla; le mi raba con una dulzura pérfida, con la cabeza echada un
poco hacia atrás, como si tendiese los labios á sus besos.
-¿No me reconocéis ya? p1eguntó ella con una voz súbitamente entristecida, me censarais entonces, mi ú nico
amigo, que no sea una lamentable moribunda? Yo goza•
ba tanto de antemano cou vuestra sorpresa y con vuest ra
alegría¡ tantas veces habiais deseado mi curación!
Ella se había aproximadü muy cerca deél, tan cerca,
que respiraba el perfume que exhalaba de su cabellera.
- y ahora que me véis curada, lanzó estas palabraa co·
mo un himno de alegría, parecéis apenado y descontento.
El había llegado á dominar su emoción.
-¿Por qué ese llamamiento tan lacónico? Dijo severamente.
-¡Ah! exclamó ella, ya hablaremos más tarde¡ reposad por ahora, calentaos, después platicaiemoa como en
otro tiempo.
Y le llevó hacia el Wt -: á lb.e sentándose cerca de él.
-Pobre amigo, que rapido viaje acabaia de hacer por
mí, con este tiempo de nevada!
Y como ei ella hubiese comprendido que ese dpido

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

viaje merecía una recompensa, le puso en las manos sus
dos manecitas, y repitió:
-¿Me censarais?
¿De qué hubiera él osado censurarla? Acababa de ha·
-cer, es cierto, con la nieve y el frío un desagradable viaje. Y estaba aterido y un mucho medroso por su preEen-

EL MUNDO

homeópata encontrado por casualidad le había dado a] .
gunos glóbuloe. El resultado fué sorprendente. Entonces
le vino el peneamiento de dar una sorpresa al fÓlo eér
que se interesaba por ella en el mundo, al sólo amigo que
tenía en la vida.
A menos de tener un corazón de ti!re y aun de tigre

,.

Comenzaba á presentir la liga de familia urdida contra ella y qué urgente era intervenir.
Fué anunciada la comida, y ella tomó el brazu de su
huésped, con una gracia zalamera.
-Comeremos juntos esta noche para festejar mi resurrección.
Est-a comida naturalmente f1,1é exqui!=ib . Cómo pudo

, ..j

¡_

tir, le hicieron inquirir el nombre del médico que habí
flperado este prodigio. Ella respondió con complacencia,
discurriendo act&gt;rca de la medicina homeopática, y EObre
su maravilloso poder; después le preguntó á su vez,
No había pasado un cuarto de hora cuando habían
vuelto ya á la intimidad de otro tiempo. El le ca.ataba
por menudo sus negocios desde la explotación del bosque
de lod Lanues hasta el retrato de Santa Inés.
-Decis entonces que los l\finoret no han quebrado.
-No1 sus primos los Daclan han respondido: son cincuenta veces millonarios. Por lo demás, era facil preveer
eso; mi tía Fourneron se alarmó demasiado. La quiebra
estaba casi conjurada cuando llegué á Pontarlier.
-¡A.h! dijo ella.

'•.•·

--

6

.,

P. ~~

'(_';,,' -

,.,,,.

~

timiento de un eterno adióe; la alegría de no haber eido
un asesino debió inundar su alma; pero permanecía can•
teloao y á la defensiva, sentía que el peligro estaba próximo y que la tierra temblaba bajo sus pasos.
Ella le explicaba su curación. ¡Oh! muy sencilla: un

alópata, no se puede censurará. u.oa. mujer porque un homeópata la baya curado).
La influencia del buen fuego que flameaba en la chimene$, y la influencia más penet,ante de dos manos que
opriDlfan las de Fernando, comenzando á hacerse sen-

~ua averiguar los manjares y los vinos que él prefería?
Un iatenso bienestar, una especie de beatUud lo invadían: después del frío, ese calor tibio de una pieza toda imprE'gnada del olor de los manjares suculentos. neepués de las fastidiosas comidas de familia, esa deliciosa
comida en tétl!-á-t&amp;e¡ después del roatro inexpresivo de la
aya, esa linda cabeza fina que le sonreía. Se volvía op•
timi1:.1ta y cesaba de censurará Beltrana que no se hubiese muerto por !.In abandono.
Omtifi:ttará.

•

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO

DE ,891

EL

·ooMINGO 6 de JUNIO de 1Ssn

La inauguración se efectuó e l

Una hermosa escuela en Je•

O de Agosto del at'lo próximo

rcz ( Zacateca a.)

•

391

MUNDO

J?&amp;·

Notas ae la moaa.

esdo, confotme á un bontW
programa, y 1a fiesta resultó tan
81usa de seda pompadour. ( Flcura 1.)
Cumpliendo nuestro progra~olemne y animada como no
ma de dar á conocer á. nuesiroe
hay memoriaen aquella locali•
Está. adornada por seis galones de l~ntejue]a. Cuello
iect.orel!ó todo aquello que signidad de ninguna otra, por que tofique un esfuerzo progresista en
da la población ae prestó con médicis abierto hasta la cintura, sobre una chorrera de
México, aaí sea en la capital
guEio á cooperar á ella en cuan- encaje de seda cruda, cin.turón de listón guinda..
como en la población más peto fu é necesario, habiendo estaTraje de calle. ( Flcura 2 )
quena del vasto territorio, pu•
do concorridíaimos esí el baile
blicamoe hoy la fotografía de un
que para los partic11lares se dió
Este trajE, cuyo correcto estilo embel1ece el cuerpo, es
hermoso edificio que en el paren el salón de la escuela, como
de diagonal de lana negro, y rn abre Eobre un chaleco de
tido de Jerez, Estado de ZacaPi que para el pueblo tuvo veri•
rae.o blanco con un pequeno volante en la. cerradura;
tecae, se inauguró, y que por
.6.cativoenel tea'tro1
múltiples razones merece que le
Es digno de todo encomio el este chaleco se adorna con cintitas de terciopelo negro y
coneagremoe algunas lineas¡ y
celo y eficaz empeflo del .Jefe botoncillosde,concha quemada. Cue llo de ra.so con cin-el retrato del Jefe Polftico del
Político, señor Cabrera, al cual
mencionado partido, al cual ee
¡¡e le debe, entre otras muchaa
debió la importante mejora.
é importante obras públicas
La relación de los trabajo3
realizadas en breve periodo de
emprendidos hasta el corouatiempo, esta mejora que por tomiento del edificio, ofrece notas
dos conceptos merece encomio.
inetrucctivas é intereeantes, así
Para terminar, transcribimos
por la perfección del trabajo en
las siguientes frases en que un
un medio en que se carece de
cronista zacatecano da cuenta
numerosoe elementos familiade la impresión general que caures en loe grandee centros, como
EÓ el edificio.
por la notable economía con
Al descubrirse la fachada, diqne ee llevó á cabo la obra y la
ce, no obstante la poca persenergía de que su iniciador depectiva que ofrece por su situabió dar pruebae.
ción, ee reveló en todos los rosEl edificio en cuestión, eetá.
tros de loe visitantes la más viva
fincado en el terreno donde
y grata sorpresa, manifestando
existía la primera escuela públique la. impresión que sentían á
~a que se estableció en Jerez, y
la vista de tan grandioeo edifiuna \'ez acordado por la asam- Sr. Pedro Cabrera, Jefe Político del Partido de cio,
era verdaderamente inesblea mu:!!cipal la nueva coneJerez ( Zacatecaa. )
perada., pues les parecía ver al-trucción, se derribó la ruinosa
[Véase e1 arttcu1o relativo}
guno de los hermoeos y gallary antigua finca que alu había, y
dos edificios con que se eugalael señor Ateoógenee Cabrera,
hermano del Je[e Político Don P~dro Cabrera hizo la nan las pintoresca.s capitales de Europa.
Et relieve de cantera es exquisito, y su decorado inte·
distribución y el plano para la nueva, y el maes,ro albarior y su pintura espléndidos: tiene dos espaciosos salones
nil y cantero, Dámaso Muñetón, el dieetlo del edificio
cuya construcción fué llevada á cabo por el mismo 1iru: como para contener cada uno treecientos alumnos, y no
netón, quP. es un modesto, entendido y honradisimo ar- obtant.e que su construcción se hizo con la mnyor econo·
tesano, á cuyo cargo corrió la dirección de las obras de mía posible, que la piedra es demasiado barata por encontrarse en lae cercanfa.s de la ciudad, y que la. mayor
cantería y la de albañilería.
Comenzóse á abrir loe. cimientos el día 18 de Junio de parte de manufactura se hizo con el trabajo de los correc"94, dlindoles uoa profundidad de 2 metros que se cotma- cionalee, su costo fue de gran valor, según la cuenta ren~
roo con piedra y mezcla, ye117 de Julio siguiente seco• dida por el Jefe Político.
locó la primera piedra de sillar.
Fia;ura l.
Toda la construcción es de cal y canW, y de sillería la
parte exterior, teniendo una altura de 13 metros 10 cen1.ímetroe del piso al extremo de las almenas; t1einta me-El es necesario es duro, pero es únicamente por la tas y encaje. Cinturón y solapas de moiré. Ma.nga ente•
tros de frente y diez y seis FU'3 costados.
práctica de este u necesario, como podemos atestiguar ra, de corlo bullón y encajes negros en el borde. La fa}.
El orden del edificio ea g6t.1co puro, con ricas y vistosas nuestro va 1or moral. Vivir al capricho no supone ningu- da va adornada en el lado izquierdo, por media quilla de
almenas. Tiene dos piaoe, y multitud de ventanas lo circintas negras con botones de concha quemada.
na superioridad,
cundan dándole bellisimo aspecto.
Gccthe.
Doa trajes de paseo. ( Figura 3.)
El interior tiene treE corredores, á Jo .. que corresponden tres puertas del salón, dos de otras 1antas piezas,
'1Da del excusado y el arco de entrada, eiendo iguales los
El extremo dolor tiene su misterio de pudor como el
Hermoso traje de sarga blanca adornado con tercio,departamentos de uno y otro pi::o, en 10s cuales están extremo amor.
pelo azul obscuro. Cuerpo blusa, abierto sobre uo. taLamartine.
lle de imrga. rayada de azul y blanco. Unos picos de ter·
inEtaladaa las escuelas números 1 y 2 de nif'iai.=-.
El costo del edificio en dinero fné de $11,79-1 31 cenciopelo azul, formando el bolero, y cintae azalea lo comtavos, lo cual supone una admirableeconomia, aun cuan•
pletan. Yueltas y pufiot&gt; de terciopelo azul con cintas
do falte que valorizar el eficaz concurso preetado por el
blancas. Manga con dos volantes adornados por cintas
.:ayunt.amisnco en diversas formas.
angostas de terciopelo azul.
Traje d~ cheviqt perla. ( Fia;ura 4. )
Este traje, que tanta acogida ha tenido1 es de soma
sencillez pero mucho gusto; pues todo su adorno consiste en cintas negras acordonadas y diepuestaa en la forma
que nuestro grabado indica. En lo alto del talle, una serie de alforz,s cruzadas., y un rizado de muselina de seda
en el cuello.
Cuerpo blusa para jovencita. ( Fia;ura s.)
Este vistoso traje es de te la. escocesa color de rosa,
adornado con un cinturón á dos picos, de terciopelo ver•
de, cuello de terciopelo con una rosácea por detrás.
Blusa lara;a. ( Fie,ura 6. )
Esta blusa es de tela indesplegable encarnada, y va
adorna.da con listón de raso negro. Cuello y cinturón con
lazo negro.
Blusa con fíe,aro. (Eia;ura 7.)
;¡..

Este eleé ante traje es de seda china blanca, con cuatro
bulloncitos formando canezú. Manga alforceada de la
misma tela. La chaquetilla es de cachemir blanco y cintas de lentejuela.

i •.

,.__

n 'J'l"¡;~ij\";

'f~

LECTURA PARA LAS DAMAS

Admlnlstraclón y aumento de la renta en la familia.
EL T IU Jl.\J0. -1. AS DE UDAS

i!a risa.
t.:uadro d e S t . G e orge Hn.re, R. I ..

Una escuela primaria en Jerez Zacatecas. Exterior del edificio.

{Véase el artlculo relaUvo,1

Queremos suponeros al a.brigo de la.e necesidades y aun
en cierta comodidad y dcscanso; esta será una razón pa•
raque este consejo de traba.jar no eea para vosotras.
Tened cuidado: si no tenéis necesidad de trabajar para
vivir actUJ\lmente, sí tenéis necee.id.ad para oc11paroi, pa•
ra no dejaros devorar por el fas tidio, invadir por la maledicencia y dominar por la sensualidad.
Cuando el angel de l trabajo es lanzado, 6 por lo menos
abandonado, es el de monio de la. ociosidad y de la tan-

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUN!O DE 1801

gaisdescanso, hasta no habarla cubierto. o~
diremos después, cómo puede hacerse esto.
Una deuda en le. economía doméstica, es
como un desgarrón en un vestido: va haciéndose más grande ·si no se le rep,ua. inmediatamente.
APARTAR UNA CANTIDAD FIJA DE ANTEMA:-.O

Velad no sólo en no traspasar vueetras
rentas, sino también en buscar el medio de
apartar, "e.da afio ó cada mes, una pequt&gt;ña
suma.
Esta es la parte que debe subvenir á los
accidentes imprevistofl, á las enfeTmedades
algo largas, á las pérdidas de loa bienes ó d1:.-l
dinero.
Esta es también la parte que proporciona
los goces íntimos del alma y del corazón, que
ea necesario no ver con indiferencia en una
familia.
Bordado festoneado para sábanas de niños pequeños.
11Si alguno quiere, dice Bacón, ponerse á
nivel en sus negocios, su gasto no debe pasar
de la mitad de sus rentas, y si quiere llegar á ser rico, no debe ocurrir las quiebras que de improviso vienen sobre laeconomí:\
pasar de la tercera parte. 11
domfst'ica, y destruye toda el bieneetar de una casa, si no hay
Ea~ ea algo, exigente, y y~ no quiero que vayais hasta allá; alguna reserva para hacer frente A las necesidades primeras; ni
pero s1 desea.na que en un rincón de vuestra caja hubiese una sobre los gaetoe ocasionados por una lar~a enfermed~d, que imbolaita ocu!ta que llenarais lo más que pudiéseis, cercenando de pide el aumento de la renta que proporciona el trabaJo, y absor•
algunos obJet~e .de fantasía y ~e P!,lro lujo, según os lo permitie• ve una gran parte de loa recursos ordinarios.
se vuestra pos1c1ón, y cuya pr1vac1ón no turbara, ni vuestro sueEstas reflexiones serían menos comprendidas á vuestra edad;
fio de en la noche, ni vuestro buen humor del día.
pero ¿no es cierto que hay momentos en la vida en que es ntce.No me fijaré aquí ni insistiré, sobre las desgracias que suelen sario mostrarse más geueroso?

~LA FRATERNAL·sa

.,

,.

l

~

:ompañía de Se.guros de Vida yaccidentes

r"'

...

.

s::

•

u

!o

"':11

.. :a&gt;,.
"'
..,
•
n =
A s
n
o "
::s

•g.

-

'X

.

a

.aa

-. "-.
--. •"'
.. ,-,
•,.
"'- -

:;

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

.I&gt;

en o

..s op
!

1),

El Vigor del Cabello li a
s:ci'
del Dr. Ayer. !ii
•p. p••
¡;
Conserva la cabeza 1ibre de caspa,
o..,
u a
sana los humores rnole5tos é impide
CS

Figura a.

tasfa quien ocupa su lugar; y la ociosidad y la fantasía
arruinan á las familias más opulentas.
Tenéis necesidad de trabaja?' para obedecer el preoep•
to de Dios, que quiere que toda crea.tura trabaje.
Tenéis, ea fin, necesidad del trabajo, para no caer en la
miesria.

Sin duda que habrá quif'n trabaje y reuna lo necesario para vosotras, y nosotros no os consideramos por ahora, sino como encargadas de la conservación de una renta que ee os suministra; pero si perdéis el amor al traba•
jo, perdéis la vigilancia, la exactitud, el amor al orden,
que os son tan necee arios ...
Dejaréis así algunos vacios introducirse en vuestra casa,

Figura 3.

y para cubrir eJ&gt;.o.~ h,te('OIJ recurriréis á. los pré3tamoa y á
las deudas.
¡Desgraciadas de vosotras entonces!
c. Viene á nuestra memoria una madre de familia, moribunda, que en sus últimos momentos daba este último
consejo, como el mris importante de todos: ¡Al menos, hija
mút, que no haya deudas!
Y esto el:!, sin embargo, en lo que vienen á parar las
personas que desprecian esa regla tan sencilla y tan ele -

Figura 1·

mental, de la división precisa y escrupulosa de las ren•
tas, y que no eaben limitarce para no traspasarlas.
No hagaifl, p11e1:1, adquisición alguna, por ineigoificaot&amp;
que Bf'a, sin saber bien si podéis hacerla con la renta·que
tenéis. Esperad, economizad, calculad,
Obligaos estrictamente, al.fin de cada mes, no me atrevo.
á. decir aljin de cada semana, á poner en regla vuestras
cuentas, á practicar la balanza de vuestras entradas y de
vuestros gastos, para deteneros á tiempo, sobre una pen•
diente tan resbaladiza como las de las necesidades facticiae ó de los atractivos de la vanidad.
l Si apercibís un déficit ó una deuda, no dilatéis ni ten-

la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve el color original
y su contextura, cstiurnlanJo un
nnevo y vigoroso cn·cimil&gt;nto. Doquicrase empica el Vig,irdrl Cabello
del Dr. Ayrr, snphwb. t01la.s las
dcrn'.l.s pT&lt;&gt;pnra.rion&lt;'S y pa~a. ft RPr t&gt;l
üwurito de las sellaras y caballeros.

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

Dr. J. t. AYER y Ca., LoweÍI, Mass., E. U. A.
Medallas de Oro en las Principales
Exposiciones Universales.

Ol

li&gt;..,
o

::s IJó
s:: 2

.

..,
s: •

,Q

,::
s:• pa

:::

M

t:S

.

A

. "."'•
~ -.::sg o-.

o-

s:
Ol

a

-"

g
::s

O

P.

:1

A

~

p.

IJ

ID

'

p

Oficina,;¡ de LA FRA TE R.N AL:

MEXICO-Call" d11 s .. Felipe Neri 7. Apiutado Postal 7á0.-MEXICCI

RESTAURADOR

'O'NIVEIS4L DEI.

CABELLO

PREl'llllDO 1'011 EL D11.T ORREl DE PAlll!t

"

V

UTILIDAD DE LA 81.:~fÁ APARTADA

Cuando dichoso se considera uno con tener
algunos ahorros y poder Eacar de alli con amplitud, sin que nadie, en torno nuestro sufra
por ello, gastando de ese fondo reunido con
nuestras ligeras: privaciones, cuando se trata
por ejemplo, de una buena obra imprevista
que salva el honor, la libertad, y algunas veces la vida á una familia, y obliga hecia nosotros, para Eiempre, algunos corazones agradecidos, ó cuando se trata de un placer ino•
cante que se presenta y nos deja gratos recuerdos de alegria: 6 de un viaje por largo
tiempo soñado y que arroja una delic1orn variedad en la monotonía de la vida; ó de recibirá aquellos antiguos amigos de otro tiempo,
que ae detienen en la cas'8 tanto cuanto ellos
quieren permanecer y cuya presencia regocija
el corazón: ó ya, en fin s1 se trata de un precioso ó útil regalo hecho á un miembro de la
familia que hacía tiempo lodeeeaba y que nn
podía adquirirlo: tal puede ser un vestido conveniente para una anciana pariente; un cómodo sillón para el abuelo enfermo; unas flores
exquisitas, ó un cuadro de buen gueto y de
valor para un hermano .
Ahorrar algo para tener estos goces del alma, no es privarse de algo, sino procurar la
dicha¡ y vosotras podeis decir cada vez que aumenteie vuestro peculio de reserva: Esto es
para comprar la dicha.

"-. ouTINE
tlJ

PG!Yodt A1ru1 e.spec1al preparado COA limito.
HIGIENICO,
ADrtERENTE,
INVISIBLE
la il:tpo1ir:iÓZJ IJniveual dt 1888.

e~. FA V, Perfumista, 9,

Ruede la Paix, París

_t"?

lola IJer:ompeZJ:ada

(Guardarse de /as Imitaciones y Fa/sificac1ones. -

:r!:amoA
ONICA PRBPARACION
P!RA. RESTABLECER, VIGORIZAR Y HERMOS!AR EL CABELLO.
Uil'IDE LA PREMATURA CAIUA DEL PELO,
EmA LAS GANAS Y LlllPU. LA CJ.BIZ.1.
PRKFERJBLE A TODA PREPARJ..CION DE QUUU

Figuara ! •

Figura 6.

Figura ~.

Df VENTA EN TODAS LAS OROGUERIAS YPERFUIElllll

SentencM de 8 de Mayo da 1875).

li:SPECU.t. do AFEI'l'ES do 'l'OCADOR P•r• PASEO y 'l'EA'l'ltO

CREMA CAMELIA, CREfflA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en cbnpetu.
ROJO rEGETAL en polvo.
LÁPICES eapeclalea parn ennegrecer peataliaa y

.POLVOS para en:pob·nr

los cabellos. Blondo, blll.Dco,
oro, pl:.ta Y Jlame.nte.
BLANCO de PERLA en polvo, blanco, r0080, Rachel.
ce)aa.
POMADA ROJA para los labios, en botes y e11 rolloa.'
Los Prndoetos de CH. FAY se encuentran ,n el Mundo entero, en casa de los Principales Perfumistas J Droguistas.

�•

roMo 1.

MEXICO, JUNIO I3 DE I897.

i!a catásfrofe

NUIIHtRO 24.

ae F'uebla.

~

8
C)
2·

~

1

e~
•

~

~

~

~-

o .y.¡
~ ~
% o
t,

ge

'

~

~~~-

ir

()

~

~-

(

~·

-~'.!:~)~

~

~
~

e,

&lt;

o

~

eC)

De•pués del ••nlcstro.

LACATASTROFE DE PUEBLA

EL Mmmo Iluat.rado da hoy el lugar preferente á a}g1,.•

nos grabados relativos al tremendo siniestro que sembró
la consternación en la ciudad angelopolilana.
Los elementos que el hombre crea para vencer y enca-denar la fuerza ee vuelven con,ra él. Prodúcese constantemente la rebelión de los cosas contra los seres, y la
tremenda desgracia en que nos ocupamos ea una prueba
más de esto. ¡Oh! la lucha perenne de la inteligencia
,con la íuerzal Vino el hombre al misterio de no eé qué
eelva terciaria, inerme y rudo¡ sin más armas que sus
músculos, menos formidables ¡ay!, que loe de la fiera 1 y
la epopeya de su vida empezó desde entonces. Arrancó
al_árbol ene ramll!!, al sílex sus guijarros agudos, á las

(Fotograf1a de Lorenzo Bcccrril.-Pucbla. )

plantas sus venenoe, en pos siempre de una fuerza que
ee aliara á en fuerza, de una unidad que Ee snmaee con
su unidad, y cuando el v:go .. misterioso de unacoea vino
en 6U au.silío, sofi.ó en conquie'8.r el vigor de la otra.
Fué una eoberCia brega, cuyos fines paulatinameote 'ee
engrandecieron. D~apués de las fuerzas inerte,, le.a fuerzas vivas de la tierra, q •1e se mueven, se compenetran y
obran. Deepuée de la eaeta y de la rama deecuajada, del
bronce y del hierro, la electricidad y el vapor, la p6lv&lt;r
ra ciega y el rayo inLeligente......
.
Mas no están del todo vencidas las coeas. Hanse reservado. eo mediri de la sumisión aparente, el derecho
de rebelión, '!" en inopinado esfuerzo, la corriente encauzada mata, el \"&amp;por desparrama en bri7,;oas homicidas
los proyectiles de las caldera.!!.

•

**

Una caldera vieja, sometiJa á una tensión máxima,
que estalla en una U.brica angelopoli\ana, y he ahí la
catástrofe. La fatalidad escoge el momento oportuno en
que pueden caer más vidas. Y saltan informe,, impuleados por loco impnlao los miembroe convuleoe, óyese
un grito, el grito unánime del terror y la desolación, cae
todo en derredor convertido en eecombroe. Loe muroe
vacilan y se desploman, y pocos minutos después, la mul•
fü,ud dolorosamente ávida se agolpa al borde de loa
escombros humeantes donde han bailado sepulcro innúmeros obreros!
¡Lloremos eobre la desgracia de nuestros hermanos,
Joe pobres, y únase nuestra conmiseración al llanlo del
obrero!

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92483">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92485">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92486">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92487">
              <text>23</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92488">
              <text>Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92489">
              <text>6</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92506">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92484">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 23, Junio 6</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92490">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92491">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92492">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92493">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92494">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92495">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92496">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92497">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92498">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92499">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92500">
                <text>1897-06-06</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92501">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92502">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92503">
                <text>2017482</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92504">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92505">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92507">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92508">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92509">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1038">
        <name>Días nublados</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1041">
        <name>Expedición polar</name>
      </tag>
      <tag tagId="1040">
        <name>Fridtjof Nansen</name>
      </tag>
      <tag tagId="1043">
        <name>Jerez Zacatecas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1037">
        <name>Pacificación del Yaqui</name>
      </tag>
      <tag tagId="1039">
        <name>San Pedro de la Cañada</name>
      </tag>
      <tag tagId="1042">
        <name>Sonetos José María Heredia</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3545" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2187">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3545/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._22._Mayo_30..pdf</src>
        <authentication>0600ee055c28aaaf7c498438059e2e74</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117367">
                    <text>DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

.

esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
o
ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
:s
ras.11 Y aquello será la O u
.o o
torre de Babel.
u ro
i::
Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
w
~
ción propuesta engendta· • P
n
rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
!i
paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

..
J:.

'E

=

MEXICO-Calle

""
~

..,

•
..,•

•

&gt;

- =•
-. -• -•
--. o."'
.. "'--•
. ."'. "
3 -. -

Postal750.-MEXICO

~a ofrenaa má~ pura.
[Dlhujo de Jo,.é M, Vllloto1nll.n.J

�EL

s6o

"EL MUNDO''
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm . 20.-Apartado 87 b.
MÚ.ICO

· To:cla la correspondencia que ae relacione con la Reiaoc16n, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.aCael Reyes Spiudola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición

debe aer dirigida al
Gerente, Lle. Fausto Mosruel.
La eubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ae cobra por trimestes adelantados.
Números sueltoe, 50 centavos.
Avieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paao debe acr preciaamente adelantado.
'Béol8TllADO COMO ARTÍCULO DK 81DGUNDA CLASE.

Nota, tbitarialt,.
Una &lt;frµosidótt l)ntrrnacional.
Se anuncia que una compaflía americana tomará á su
cargo el abandonado proyecto de eiposición internacional, y reanudará en breve los trabajos iniciados en el
Rancho de Anzúres de eFia ciudad. La noticia no ha podido menos de satiefaceroos, por creer ya fracasada esta
empresa, de la que eeperáb1moe para nuestro país positivas ventaja!!.
Una exposición, ha dicho alguien, es un ari, o en movimiento, un incisivo prnspeelWt de la riqueza de un pueblo
Y de las perspectivas que ofrece áloe grandes negocios.
Y México necesita de esta útil propaganda1 ya lanzada
la nación en el camino de su desarrollo económico.
Para nol:!otros ha llega.do el tiempo de dar á conocer
los elementos de que dieponE&gt;moe, aun yacentes y sin
cat.alogar todavía, la enorme suma de fuerzas vivas utili·
zabJes E&gt;n dir~cción conveniente para el ensanche del
bienestar social. Es una propaganda de ree11ltados seguros Y que han adoptado con éxioo las nacionalidades modernas.
La República tiene éobre su cabeza un mercado de
~ás de setenta millones de productore8 activos, siempre
dispuestos á consumir nuestras abundantes reeervae de
materias primas, excelente posición que debemos apro•
Techará toda costa. Semejante estímulo ha de influir
necesariamente en nuestra, energías, venciendo invencibles perezas tradieionalee, comunicanio ardor á nueatrG trabajo nacional, todavía débil y sin elevados rendi,
mientas.
Y una exposición no e.6lo servirá como repleto mue8•
trario de nuel:!tra riqueza pública, eino t.ambién de instructivo ejemplo del esfuerzo extraflo conducido hábilmente por derroteros indmtrialert. Al país le ea conveniente cambiar una buena parta de eue viejos útiles,
deeecbar afiejos procedimienKIS, para extraer de eue elementos naturales la mayor utilidad posible. Al ponernos
en contacto con el avanzado industrialismo rle otras naciones, al tomar nota de loe progresos de la ciencia mo•
derna, recibiremos una buena bocanada de aire vivificante que reanimará nuestros pulmones.
Por otra parW!, la Capital posee buenas condiciones para hacer de ella un lugar de recreo para los to-uruid americanos, que ya hoy vienen ~n respetable número.
Esd tas panadas de viajeros llegarán un día á eer nube, y
e su paso por la R~pútlica recibirá ést.a un fuerte impulso en todas sus actividades.
Así la proyectada Exposición Internacional ee una em•
presa que debe contar con todas las eimpatíad de los intereeados en el progreso del país.

l)nrrnbios tJ bomberoif.
Ahora que con motivo de 1a catástrofe del Bazar de
Caridad.de Paríe, tanto se preocupa la: atención del públi•
co en eñe orden de ainies\roe, no es ocioso examinar con
frialdad loe elementu1:1 cuu qut, contawu:3 para hacu fren •
íe á semejante categoría de peligros. Precisamente un in•
ce~dio, estallado en estos días en la ciudad, ha puesto de
relieve deficiencias, indispensables de subsBnar, en el
cuerpo de bomberos. La reorganización ee impone como
una medida irascendente, y seg6. n informes qoe encon·
t.ramoe en la prensa diaria, la Secretaría de Gobernación
ha comenzado á trabajar en tll sentid,.:,.

DOMINGO 30 de MAYO de 18s»1

MUNDO

La verdad es que has~a el día no se hab1an registrado
en la Capit.al de la Repú blica grandes incendios, y para
las modal-as proporeiona de los qoe se han producido,
los servicios prestados por el Cuerpo han sido suficientes.
Así co.m.o el m ií.&amp;,·ulo ae desarrolla en el ejercicio, toda función ee amplifica y mejora á influjo de las exigencias del
aparato que dirige. Se concibe que en Nue va York, donde los incendios revisten un carácter colosal, la organización de loe bomberos haya llegado á ser irreprochable.
Una vez más, queda demostrado que las nacesidades son
las que determinan el progreso en cualquiera dirección
del organismo social.
En México, las anejas construcciones• de la dominación espaíl.ola han persistido á la acción de los afios. Loe
caserones virreina les, coo eue gruesos muroe, ene maci•
zas bóvedas y sus granlticoe asientos, han permaneci•
do firmes, á trechos cubierWs de parches que disimulan
sus heridas de viejos combatientes, ya sostenido algún
fatigado miembro con un soporte que le sirve de muleta,
bien adhiriendo al encorvado esqueleto una ligera capa
de pintura que le da aparie ncia de joven tejido arterial.
Y así, íraccior.adoe, divididoe, compuestos y aderezados,
los conventos y loe palacios, loa cuarteles y las bodegas,
nos han proporcionado durante largos anos habitacione&lt;a,
un poco caras, es verdad, pero, por contra1 un mucho incómodas.
Pero eetos gigantes van eintiéndoee caneados, ee desmoronan con lentitud, marchan pesadamente, hasta que
una mafl.ana un robusto piquetazo de la Obrería Mayor
loe hace rodar en el polvo.
Es un hecho innegable que el vecindario necesita habitaciones, y se sefl.ala como un excelente negocio para
los hombres de empresa la cons~rucci6n de viviendas cómodas, ilentro de la existencia moderna, sin olvidar, naturalmente, las reglas higiénicas. Pero si se necesitan
casas, también se hace indispensable que el alquiler de
estas se reduzca considerablemente, dado el promedio de
sueldos en nuestra clase media. En México e~ consagra
al alquiler de l11s habitaciones un tanto por cient-0 más elevado del tolal de los ingresos paniculares del que los
economistas eei'lalan en la distribución de uo presupueet.o doméstico.
No ea posible, sin embargo, rebajar el tipo del alquiler, cuando en las construcciones se emplean materiales
que hacen subir considerablemente el dinero invertido.
Una casa que tenga para cada recámara una cúpula, y
cuya eala ofrezca muros tan espesos como el MonMterio
del Escorial, soporta un fuerte capital inutil, pero siempre digno de atención por parte del propietario.
De aquí lógicamente se desp1ende que las nuevas habitaciones que en plazo no muy lejano, substituirán á
las mansiones feudales en que habitamos, habrán de te•
ner un menor costo. Es decir, sedo habitaciones mucho más 1igeraP, más refl.idae tal vez con la tradición, pero seguramente más al alcance de las posibilidades del
vecindario. Ya han comenzado á levant.aree algunas de
estas cons\mccionee en los afueras de la ciudad y en los
pueblos de los alrededores.
Esas casas se bailan, no obeU.nte, expuestas á mayore,
peligros que las que hoy nos albergan, y entre esos peligros debemos colocar en primera línea la facilidad de los
grandes incendios. Para entonces-y este entoncei es de
actualidad inmediata-se hace preciso dotará la ciudad
de uo buen servicio de bomberos, destinado, apartar de
nuestros espíritus toda idea de un riMgo semejante, salvas las proporciones, al que ha determinado la \ragedia
de París, que tan dolorosamente ha impreeiot1ado al
mundo entero.

El dónde la vida para el escrHor, es la inmortalidad
de eus obras, sean cuales fueren las condiciones en que
ee hayan producido. Y el dón de la vida no es otro que
el don de la verdad. Cuando un personaje es verdadero
ea tterno; poco importa que esté mal vestido, que pre:
eente líneas defectuoeas¡ baata que por loe agujeros de
su traje pueda verse la carne desnuda y vi viente. Ya está levantado para muchos siglos.
En esto ha de tener-y tiene efectivamente-mucha
parte el temperamento del escritor, íemperamento que
es quien decide de la viU.lid.ad de las creaciones lisera
riae. Hay entre los artistas manos creadoras, como hay
también manos que no pueden animar nunca la materia
que M&gt;Can, por {)recioea que esa mderia eea.
EMl LIO ZoLÁ..

Política &lt;!»tneral.
RESUM EN. - Ej Senado Amuieano.-Reconocim1ent0o,
de bellgerante• á lo• ln ■ urrecto ■ cubanoa.-Su re•
■ onanciill rn Ame';riea.-Las Repúbl,eaa latino•amerlean ■ s. -Su probable marcha en lo Porveniri-EI
e•tado polltico de España. - EI tncidentedel Ouquc
de Tetuán.-1: ■ cánd.alo en el Senado.-Conaerva•
dore ■ y liberales.-Un abismo ablerto.-Temores
de a;uerra . -Conetu ■lón.

Cuando todo anunciaba c ,tma y serenidad en las regione~ oficiale'!, y la~ reiteradas declaraciones, así del gabinete eepai1ol, como del gobierno de la Isla de Cuba,
proclamaban la cuasi total conclusión del movimient.o insurreccionel que por más de dos afloe ha llenado de luto
·Y desolación, de ruinas calcinadas y deetrozadoe cadáve-res el territorio todo de la Isla ainnpre fiel, el Senado
americano en quien debemos suponer, y con justicia, la
respetabilidad que le corresponde en el fun cionamiento
político de la gran República, después de haber aplazado•
una y otra vez la discusión de la cuestión cubana, des•
puée de haber hecho Teeonar la3 bóvedas del augusto recinto, con di3cursos incendiarios é increpaciones terrible3
contra la política e~pat\ola en la direC:ci6n de la Isla, y de
levantar una y otra vez lavo.:. autorizada ae sus senadores, en favor de loa que combaten en la manigua por e1L
eoflada patria, acaba de aprobar por gran mayoría de
votoe, 1a proposición de Morgan, en que ee declara el
estado de guerra existente en Cuba, y como conaecuenci.1.
necesaria, la estricta neutralidad áque ha de sujetarse el
gobierno americano respecto á las dgs partee beligorantes.
Si el Senado americano, t:n donde tiene tanta influencia Mr. Sher~an, jefe del gabioet.e de 1\Ic Kinley,.
no ha podido libertarse de la acción, que en él ejerce u
las manifestaciones públicas de simpatía, y , pesar de
eue discutidas facultades, intervenir en el asunto sin t-1
consentimiento del Ejecutivo, se ha vist.o obligado á aprobar la proposición de Morgo.n, no es dudoso que, aprobada
la declaración en la Cámara de Representantes y sancionada por el Presidente, el reconocimienW de la beligerancia1 y la concesión de derechos á este anexos, sea
secundada por los gobiernos de las demás repúblicas americanas. La gran República del Sur, loe Estados Uni·
dos del Brasil, así lo ha prometid,11 y á nadie extranaría
que los gobiernos de naciones fuert.es y débllee, grandes
y pequefl.ae, pero que en más 6 en menos recilerdan en
la lucha antillana eu propi~ guerra de independencia,
fueran una á una reconocierdo loe miemos detecbos, y
concediendo idénticas prerrogativas á las que ha concedido el Senado de loe Estados Unidos de Norte-América.

•••
No menos influencia que en América ha tenido en Es·
paña la declaración; pero allí no ha producido las exal.
iacione8 que eo loe pasados días ocasionaba el simple rumor de que el asunto preocupaba á loe legisladores de
Washington. En general, ha sido recibida con frialdad
la decieión del Senado, y no ha faltado en las altos círculos políLicoe, quien, después de cooeiderarla extempora•
nea y fuera de lugar, la crea una bella coyuntura para
conocer _mE&gt;jor las intenciones que animan á la Repúbli·
ca amer10aoa, y una ocasión favorable para dar fin y remate, loe trabajos de la pacificación.
Declarada la beligerancia, di::en, ee hará efectivo el bloqueo máe es\recho en las costas cubanas, se cerrarán loa
puertos al comercio americano, y loe cruceroe e1paíioles
que ~uardan las aguas antillana~, podrán perseguirá los
buques filibusteros fuera de las aguas territorialea. Acosados en el iu\E'rior de la I11la loe grupos insurrecctoe, re•
chazados á lo máeenmaranado de las selvas y aleJado3
de loe ct:ntros de población; consumidos loe elemento·s .
que pudieran favorecerlos al rededor de las guaridas que
ocupan, y siu recibir del ex~rior ninguna clase de auxilios; faltos de viwrea,
de armas y de municiones' ten.
.
drá~ queE;ucumb1r al esfuerzo de los ejércitos que loepere1guen deniro, y¿ la acción combinada de Jas eecna ·
draa que los aislan completamente de Mldo el mundo.

•
••
No juzgan lo mismo que esos optimistas, ni el jefe del
partido liberal espafl.ol, ni tQdoa loe que con él trabajan
en la prensa de oposición y en 1a tribuna parlameniaria ..

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

EL MUNDO

La Academia E:!panola, em plt&gt;rmdo el más luminoso
cerebro y la más brillante p lnma co n que ho y cuenta, co Al Sr. D. A. Gómtz Rntrepo.- En &amp;rnta F/: de b ogc,tá. menzó este trabs jo tnn p n,vechoso; pero guiada p ~r el
criterio rutinario y ultraconserva1.or qne sie mpre ha dis~
.;Qu~ no podré. ~-perar, sl en alg\1.n dta
Jo,; rragmenU"l!I dh•J&gt;e!SOS cte ¡;u mza,
tingui-lo á esta3corporacionee, te detuvo en la mitad del
en lu. µa.tria. rom\\n del patrio idioma,
d 11.n 1\. la.&lt;1 letra-'! '/ al saber morada?
camino.
~ abr,n\ llUl'\·o campo 1huscouquistas,
lle ot~ lauro~ !En\ !&lt;U sl\.°ll nrlarJa,
L'l Academia, como las agencias funerarias, sólo conlucin\n cu su cielo otras cstrella.&lt;1
y eeos :&lt;In fin pregonarán su fama.
cede valor á los muertos: impuaC"1 p 1r coneiguiente al
l L OJl. lt ?-t.O .'.\l. LL, l.::ttA~,
Origm de la ler1911Q wgtell,ma).
ilustre Me néndez y Pelayo la obligación de que e n la AnEsros verso!!, medianos por la forma, nobilísimos por tologí.ti &lt;U poeta8 americanO!, fig ura'38n so lo nombres y
el sentimiento que los inspiró, debieran grabarlos en obras de escritores difuntos, como ei la muerte fu era una
la memoria todo eapanol que bable de poet1B y escritores consagración litRraria, y quedaron tronc lJ ados los tronamericanos, y t.odo americano que, de a1gún modo, se cos más 6 menos robustos de la poesía ame rica na, sin
refiera á la, cosas de E~pafta. Importa mucho que unos y que nadie pudiese juzgar de su lozania y &lt;le su frondosi•
otros se fijen para siempre en ese coneepto amplísimo y dad, pues que en todos ellos apenas han comenzado á. ea·
generoso de la pturia común del patrio idioma, concepto lir los brotes y á trocarse éstos en ramas, cuya coneidera•
positivo, cierto científicamente, como han reconocido ción_qui;,;ii , y sin quizá , es más importante que la del tronloe maestros de la crítica filológica en Alemania, y loe de co mismo. Además, caei todos Jo3 poetas americanos
la crítica filosófica en Inglaterra: concepto nada ret.órico, difuntos, conservaban todavía en los oídos loa ecos dolonada artificial, del que puede y debe brotar nn senti- rosos y vibrantes de la lucha. con la )Ietrópoli, y en almiento grande, fuerte, humanísimo: el amor de la Me· gunos, como en Olmejo, los acentos mJe vigorosos eran
trópoli á sus antiguas colonia':!, hoy emancipadas, y la los de 1" pasión contra la patria madre. L'ls poetas de la
piedad filial de éet.as para la madre que supo roturar .A ntologta, en su mayor parte, fueron testigos de la qui
aquellos fértiles terrenos inculoos, rozar aquellos maio· ell os coutaban como guerra homérica 1 mi~utras el prorrales inhospitalarios, chapear aquellas selvas vírgenes, pio Li'batador, el ídolo Simón Bohvar, la ca lificaba con
iluminar aquellos cerebros salvajes, levantar aquellos ro- toda exactitud, llamándola nutstra pobre far; 1, ••• ......
A..fládese á esto las condiciones, un tanto ......... ari8todos corazo11.ea. Conviene que en la tragi-comedia de las
cralira-B
(6 al menos poco accesibles á. la mayoría de loe
La crisis aumenta, crece amenazadora con la tenacidad
DAJIIAS GUATEMALTECAS
lectores )1 en que se publicaron loe cuatrJ tomos de la
de loe unos y la persistencia de loe otros. Los diput.adoa
Ántologta, y se comprenderá que, sino del to.fo inútil, la
Y senadores de la fracción política que acaudilla el señor
obra
de la Academia Espaflola no ha sido fructifer.,, ni ha
S1gaeta han abandonado sus tareas parlamentarias, casi
reepondido
sino á medias, al buen deseo que la inspiró.
arrastrando, de rechazo. á la minoría conservadora que
Más
interés
y mayores consecuencias han tenido algurodea alsenor Sil vela; y en medio de ese aislamiento, el
nos trabajos sueltos de loe señores Valera y Pí y MarPreeidente del Consejo, que cuenta con la mayoria minisgall, acerca de los escri,ores americanos; pero el clásico
terial, sigue imperturbable su tarea, presentando:los pre•
empaque del primero y la incurable frialdad del segunsupue'3toe ordinarios y solicitando arbitrios y recursos
do de dichos ilustres autores, han estorbado grandemennuevoe, para acudirá colmar ese tonel sin fondo que han
te para que el tema llegase t tener popularidad y resoabierto las guerras coloniales.
nancia, aun e otre los miemos literatos.
Los resultados próximos y remotos del escándalo par•
Muchos de estos afirman todavía que no existen poelamentarlo no pueden darse por íerminad.oa; negras nutas
americanos de valor, ómiden á todoe elloe con el misbes se ciernen en el horizo~te político de ]a nación, que
mo
almud, echándoles olímpicamente el rasero de cuaaún no · gobierna Don Alfonso XIII; esa excisión, esa
tro frases hechas, como la rimbombancia, la palabrería inabierta pugna de -los partidos, no puede eer indiferente á
mbst&lt;incial, la diccitm oratoria más que poética, etc., etc.,
loe que buscan el bien positivo del país, á los que quiedefectos, á la verdad frecuentes en loe poetas del Nuevo
ren verlo libre de zozobras y ajeno de dificultadel:! 1 á loe
lluodo. Para los lectore, y para loe letrad08, falanje nada
que ansían encontrarlo próspero y feliz; no puede ser
numerosa en Eepafla, pero que poco á poco va crecienindiferente á loe que desearían ver unidos á todos loe es·
do, siguen sin existencia, y sin consi&amp;enf'ia plástica, por
pafioles, animados por el mismo sentimiento y electrizadecirlo as{, los que ya pueden llamarse poet.aa clásicos
dos por el mismo patriotismo, para salvar todas las sirde lae Indias Occidentales; Bello, Heredia, Olmedo, Cates y conjurar todas las tormentas, precieament.e en lo8
ro el viejo, figuras de tan marcado relieve y de tan hermomenKIS en que la declaración del Senado americano
.
'
mosas proporciones. Y no hay que decir lo que signifie1 encuentra eco en la Cámara de Repreeent.antee y á ella
car-4.n ni á qué sonarán loe nombres de los jóvenee poe1 .o ee opone el presidente Me Kinley, amenaza á Espai'i.a
tas americanos, más numerosos y, por lo general, mejor
tal vez con una guerra cuyos resultados LlO son fáciles de
encaminados
que los de la Península. Claro ee,á. no hay
prever.
entre ellos un Campoamor, porque, si bien se considera,
27 de Mayo de 1897.
Campoamor, más que un poeta, es la resultante, el remaX.X.X.
te feliz y esplendoroso de una larguísima tradición roéOTRO PAGO DE $3,410 DE 11 LA MUTUA"
tica y filosófica, llegada al término más refinado y exquiEN !IIORELIA.
siW de en vida. No pueden Hlir poetas como Campoamor en literatuas núbiles apenas. Pero salen, sí, poe•
Morelia, Mayo 6 de 1897.
tas semejantes, salva la diferencia de los tiempos, á Zo•
rrilla, ll Bácquer y aun á Núi'iez de Arce.
Setior D. Carlos Sommer, DirecWr general de "La MuPor lo poquísimo qne de ellos conozco, juzgo queeeto&amp;
tua. ''-México.
poetas jovenes americanos, merecen reflexiva a-tención
Muy eelior mío:
por parte de la crítica, un mucho descuidada en eete
Tengo la satisfacción de maniíestat á usted que hoy anSríta. Oltvla Santa Cruz.
ponto, y á la cual me permitiré eenalarlos, para que ella,
te el Sr. Nolario Público D. Antonio de P. Gutiérrez y
[De fotografie. de Eug, Pl.rou, Par11,]
con la intervención del Sr. D. Enrique l!ernández Alba
que puede y sabe, convierta en estudio serio mis profaA~nte de aLA MUTUA» be recibido del Sr. D. Antoni¿
Buei, banquero de dicha Compaflía1 la enma de tres mil relaciones entre Espana y A.mérica, se llegue, por fin, á nas y ligeras observaciones.
cuatrocientos veinte pe808, treinta cta.: ($3,420.30), valor la situación que loe griegos llamaban ana.gn6mia, que nos
total de la póliza núm. 6ll,926, bajo la cual estuvo aseDe tierra de Colombia, en eameraldas y oro rica, según
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huero reconozcan y reconozcamos, que olviden y nos olvide•
el
archisimpático beneficiado de Tunja, Juan de Casteta Cat\edo, en favor de sus hijos María Soledad y Jos6
moe de lo que fué colpa de ellos y de nosotros. Conviellanos, ha llegado hace poco un volumen de Poe8ia8, ain
Huerta Oafiedo, en cuya reP.reeentación como eu tutor
ne, sobre todo, que, pues en .América aun loe más ciegos
firmo el correspandiente recibo.
otro lito.lo que ese, el más sencillo de todos. El autor,
y exaltad.os detractores de Espafla en lo polftico, la reDebo advertir que la cantidad por la que se a88(Ctll"Ó mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que foa cua- conocen autoridad y potencia directiva en lo literario, I , mael Bnri.qu · .Areiniega.,, ea muy joven á lo que parece,
cientos veinte peeos treinta centaVOl!I excedentes for•
por el retraW, y po" unas notas biográfico-craicae,
man la devolución íntegra de los premios pagados á. »LJ. apliquemos t.al potencia y ejerzamos tal auWridad, y para
ltlOTu~ ¡,or la expaese.da póliza.
ello lo principal ee saber á quiénes se ha de encaminar y muy diecretamente aderezadas por D. Ricardo Becerra,
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persodirigir, conocerlos como á gente de cau, como á -parlen .. en Caracas, donde está impreso el libro.
nas de buen criíerio las Pólizas con devolución de preDeclaro francamente no conocer otros poetas colom•
Il:1ioe que expide la compafUa que tan acertadamente di· tes muy cercanos, y estudiarlos con simpático interés, y
bianoe
que loe incluidos en la Antología ; caei wdos ellosnge Wlted en nuestro país!
hacer más que esto, vulgarizar sus obras y e:s.t.ender 8118
. Ré8tairie enviar á usted mi voto de gracias por la eflca- nombres de manera que no suenen á e:xtrafloe apellidos figuraban ya en la farragosa y defOrdenada recopilación
crn. y actividad con que se cJrrieron los trámites conduque aon loe nnestroe propios, ni parezcan exóticas ideas hecha en París con el tUu1o de La A mérica poética. Decentes á este pago.
y sensaciones de las cuales nosotros dimos la rafz 1 el las dos colecciones reunidas por el Sr. Rivae Groot, bajo
Qnedo de asted alfo. atlo. y S. S.
los nom bree de El parncuo colombiano y La lira nuei·a, soeterno protoplasma.
ALBEBTO H UERU. CA.~lIDO.

"M uy graves han sido las declaraciones del eefior 8Jgcl8ta
en la reunión que tuvieron los liberales an tes de la •?1'cienie apertura de las Cór~s. Su misma gravedad los impelía áagruparse en \Orno del ge.binete conservador, pa•
ra llevar al gobierno responsable , los ele mentos sanos
&lt;lel partido, y cooperar de consono e n la conjuración de
las dificultades originadas en las guerras de Cuba y Filipinas.
No lo comprendió así el ministro de Relaciones E:de •
riores, que, rechazando de modo inconveniente una interpelación del senor Comas, senador lib.eral, dió al mundo
el espectáculo de un alto pe!8onaje, de un noble de abolengo, de un mi nietro de la Coron&amp;¡ de un diplomático
respetable, dando y recibiendo golpee, en pre!:encia de loe
estirados senadores del reino y en el seno mismo de la
alta Cámara legisladora. Este incident.e ha venido á agre•
gar algo como nna sombra en medio de la situación; según la declaración de los liberales, muy lejos de ser eatiefact.oria y tranquilizadora, ha venido á abrir como un
abismo entre los dos partidos milit.antee que, ni quiere
colmar Cánovae con una amplia satisfacción á. loe libera~
les que con razón ae consideran ofendidos, ni quieren
traspasar loa devotos partidarios del sel'ior Sagasb, si no
ee lee tiende como puente la renuncia del Duque de Tetnán y su separación del alto puesto que ocupa.

POETAS AMERICANOS

•*•

'

•••

,ro

•

�DOMINGO
362

~

s• DE

MAYO DE 1&amp;97

EL MUNDO

~=========================!1t;:L~M:!;U~N~D~0~===============º:.º=•~1N=G=0~3'-=o=D==E=■~A:.Y=O==D=E=•!97 =
DA MAS MEXICANAS

La catástrofe de la calle de "1ean G oujon en París.
- --,

;,

fre
·~
~

.,:.-:-:;

r.

~
...

~
f

.,,,,.

.
-~

:;, .; , *~- r '.~~rz~,:-./✓-~

~"

Srita. Carolina Rodríguez y Gómez. (De Saltillo, Coahuila.)
(l&lt;~otografia de Torres Hermanos, .México.)

lo he visto loa títulos citadoe, repe\idas veces. De este
modo, solamente puedo afirmar que Ismael Enrique Arcienagaa no se parece, cowo poeta lfrico, á ninguno de
los que en Colombia son reputados como clá!!licos. Xi tiene la reposada severidad de don José Eusebio Caro, ni
la pomposa altaneria de Arboleda, ni el naturalism-J local
de Gutiérez Gonzáles, ni la ent.onaci6n quintaneeca de
don Joeé Joaquín Ortíz, quien pudo enseflar li_isioria y
otras disciplinas á. Arciniegaa ( como dice el biógrafo de
este), pero de fijo nada le ensefió de poesfa.
Cabalmente, lo más amable del ingenio de Arciniegae,
lo más característico de él, es sn cuidado escrupuloso de
evitar loe lugares comunes de la poesía americana, las
constantes alusiones á. nuestra ominosa dominación, y al
tan acreditado y descolorido sacudir del yu90, así como
los elogios hiperbólicos á esos tiranuelos con quienes algunos inspirados vates de América han hecho lo que Yelázquez con los bobos y pícaros de la corte de Felipe IV:
inmortalizarlos por el contraste entre la ruindad de ellos,
y el sublime arle con que están pintados. De igual modo,
huye Arciniegas de laa deecripcionee enfadosas de la naturaleza americana, de las cuales todos las poetas hau
quedado muy por bajo de Humboldt.
Arciniegas sólo describe cuando es necesario y lo hace
de una manera no superada, en mi humilcie opinión, por
ningun poeta contemporaneo.
¿Pruebas? Abf va ese admirable fragmento:
En la orilla, debajo de las frondas,
se ve el plumaje de las garzas blancas,
y allá, del pasto entre las verdes ondas,
los toros muestran sus lucientes ancae.

Se ven del tigre en el fangal las marcas;
y en ia yaga penumbra entre las quiebras,
junto á las negras charcas,
yacen aletargadas las culebras.
Rt. . molinean vírgenes efluvios¡
el humo de la rosa azul y blanco
sube de la montafi.a por el flanco,
y alzan las ca.ti.as sus airones rubios,
del sol a los fulgores,
como penachos de indios vencedores¡
y traen á la vega, bulliciosos,
loe vientos iropicales,
,el ruido de los plátanos ho1osos

Sríta. Nancy Canseco. (De Oaxaca.)
[ Fotografia. Monroy y Rico , de Oaxa.ca.]

y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta
sobre la Et!Ca arena perezosos,
cual n~gros ironcos con la jeta abierta,
descansan los caimanes escamosos.
En la cercana loma,
en un recodo del camino asoma
feliz pareja de labriegos. Ella,
núbil, fornida y bella,
de ojos negros y ardientes, y de roja
boca virgínea y apretado seno
que form9, curva en la camisa fl.C1ja:
y él, atlético y lleno
de juventud y vida, musculoso,
con munecas de recia contextura,
hechas como mutiecas de coloso
de alguna raza e:rlrafia,
para domar el potro en la llanura,
para tumbar el roble en la montaña.
Y la feliz pareja al fin ae pierde
e:ratre la selva enmarafi.ada y verde.
Quien acierta á describir con tan castiza y severa sobriedad la bochornosa naturaleza americana, hace muy
bien prescindiendo en absoluto de candores, colibríes,
pájaros-moscas y demás inaguanta'blee tópicos de la fauna poética, empleada habitualmente en este género de
cuadros. As!, no de otra manera, debe ser el poeta americano, y por eee camino debe seguir quien, como Arciniegae, marcha ya con seguro y firme paso.
En cambio, debe olvidarse por completo de que existe
el Rhin y de que hubo hace algunos siglos trovadores y
mlfmt'Bi-ngere, los cuales bien ae están mcertoe, sin necesidad de que intente resucitarlos quien tiene alientos
propios para mayores cosas. Tanto como disonaría y causarla molestia el ver junto al salt.o del Tequendama una
catedral gótica, ó en las oril1ae del Canea ó del Magdalena, la taberna de .Auerbach, disuena y desencanta el
contemplar ingenios frescos, lozanos y originales, como
el de Arciniegas, metiéndose en loe moldee de Heine ó
Bécquer, ó de sus mal disimulados imitadores y rápeodas.
Ea preciso imponerse y resistirá. esas tentaciones imi•
tativas, tanto más ala.cinadora'S cuant.o más facilidad hay
en el hacer. Quien puede ser el vate de su tierra, de una

tierra esplendorosa y magnífica, y que en otros tiempos
cubría á eus caciques
de oro molido
desde los bajos pies hasta la frenie,
como rayo del eol resplandeciente,
según el beneficiado Castellanos, obligado está á. no recorrer carreteras pataleadas por todo el mundo, y , abriree triunfalmente paso por entre la maleza nativa del
pafs, con el propio eefuerzo. ¿A. qué viene ahora hablar
de bohemios parisienses y de eetudianWe tudescos, bar•
tos de cerve:r.a, quien nació allá entre bosques inexploradde, junt.o á. las bravas corriente,, bajo loe Andes inmen•
sos? Hable en buena hora de flores del trópico y de
amoríos tropicales también, y aun cuando parezcan, tal
vez, una miaja quejumbrosos, nadie se quejará de ello:
pinte, como sabe hacerlo, cuanto al rededor tiene, ya
que es tan hermoso, y déjese de castillos feudales y de
trovas á media noche, que son la cosa más expuesta para
que un escritor caiga en la cursilería.
Porque Arciniegae es ui¡ poeta excelente, deben hacér•
eele observaciones como estas y atrae más, por quien ee
halle investido del sacerdocio de la crítica y elevado en
el oportv.110 trfpode. En cuanto á la forma, creo sinceramente que nada ee le puede tacbar. En Colombia, lapatria del insigne Don Rufino José Cuervo, ee habla y ee
escribe el castellano con pulcriiud insuperable. Arciniegas demuestra poseer muy á. fondo la gramática, y su vocabulario, no excesivamen~ numeroso, es muy expresi•
vo. La versificación, en todos loe metros, resulta igualmen\e fácil, suelta y animosa, y en ella se notan, á. veces,
recursos fónicos que acreditan oido magistral.
En suma: Ismael Enrique Arciniegae merece algo más
que esta aimple mención, que yo no acierto á. hacer interesante y atractiva.
&amp;e algo, hágalo quien pueda.
F. NAVARRO Y LEDllSll.o\.

Del hombre que duda al que niega, no hay mucha
dietancia. Todo ateo ha eido filósofo antee.
A. de M11sset.

La mujer amada es como la rtligión: se lo hace creer
á uno todo.
Eusebio Blasco.

Qn brasero

ae carne ltumana.
4.DEMA.YV,. A.LA.SIS DE LA. TA.ROE

�babilidad de salvación, la multitud, enloquecida, se lanza, se arrolla; choca desesperadamente con el obet;áculo
que parece burlar su angustia. Entonce!!, ·armándose de
un cuchillo y desplegando un vigor que aumenta el
sent.imien\O del deber, M. Gomery, cocinero del hotel,
logra en algunos intantee desprender tres de las barras..
El paso queda libre, mas no se ha conjurado todo el peligro, porque la abertura no puede dar paso más que á
una -persona, á. la vez, y bajo la influencia del terror, empieza un escalamiento insensato que á duras penas pue·
de regularize.rse en la medida de lo posible. ¡Cuá.ntoa de·
bieron la vida á. e1:1te oportuno auxilio!
El plano que en otro lugar reproducimos es el sólo que
muestra la disposición y las dimensiones rigurosamente
exactas del terreno y de las construcciones. Haciendo
constar que el espacio quP quedaba libre detrás del Bazar, tenía cerca de 100 metros de longitud -por una an•
chura mínima de 32 metro1:1, se comprenderá. cuál debió
ser la intensidad de un incendio que causó tantas víctimas, sumiendo en la desolación á. lo mejor de la Francia.

PAGINAS INSTRUCTIVAS
DIAMANTES DE ACERO

,

LA CA'l'ASTROFE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARll!I
Cinco minuto• deapués.-Entre el muro y la hornaza.

El B•u1r • las cuatro y cuarto de la tarde.-La fJeata en •u plenitud.
LA CATASTRO FE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARIS

El ine4:ndio del 4 de Mayo de 1807 se contará entre
eeas terribles ~t~strofes¡ que, deepuéede haber hundido
numeroaas familias en e luto y á loa contemporáneos en
1~ consternació~, dejan un imborrable recuerdo tranemii1do de_ generae16~ en generación como un ejemplo de la
poknc1a deetruct1va de ciertas plagas. La fatalidad parece, por otra parte, haber acumulado esta vez en un sin·
gular concurso, todas las circunstancias propi~ para llevar al supremo grado el horror de la catástrofe: la rapidez fulmmante del ai~iestro, lo ineficaz de loe socorros,
el nómero de las víctu:aas, loa contrastes trágicos y has
ta el °:loti'!o d~ la reunión-una fieeia de beneficencia.
Ine~1tuc16n bien ?Onocida en Parle, destinada á. saete·
ner. diversas _o~ras l.Dlpo.riantee y patrocinada por la alta
eoc1edad panmen88; el Bazar de Caridad acababa de abrir
su venta anual. Este afio, penundo con razón que au•
mentar la afluencia d;e l~s visitanies es engrosar la pane
de los pobres, los pnncipales organizadores. M. Henry
Bloun_f Y. el barón de Mackau, habían querido solicitar
la curiom~ad por t:l _atractivo de una innovación original.
El ÜOIJ?lté adquirió una 1tcalle del viejo P¡1rís,» notada
e~ _otro tiempo en el Palaci,o _de fa Industria, en la expo•
sic1ón del teatro y de la musica, y en pleno barrio de loe
campos Elíseos, calle deJean Goujon sobre un terreno
va.cante; p~eeto ~ su disposición, graciosamen\8 por l\I.
Michel lleine,_ h~zo plantar una decoración de tela pinta•
da. Un muro imitado conpletaba el fragil edificio del
cual damo_s aquí el plano, tomado de la Iluxtracilm. Franctsa. Temendo su fachada hacia la calle limitada por
otrap_~ por los altos muros de las casas vecinas con un
espacio hbre en los dos lados, medía 80 metros de longi·
Sud y 13 metros de anchura.
Asf un símil medioeval debía servir de cuadro á la
asamblea ~undan~. Loe puestos ~e veota fueron insta·
lados en tiendas prntore1:1cas, ofreciendo dos líneas paralelas de tech?s puntiagudoe, de alero1:1 coronados de ense·
nas legendarias: Al&lt;~ torre de ,/,.Vt~le, Al lefm d,, oro, Algato con botmt, etc. Un rnmenso vt&gt;lumestaba Wndido de un
l~do á_ otro de la galería. Ahí fué donde el Bll:1u &lt;k Candod 1 oauguró su «eaieon.11
Des~!;! el principio, el programa de los organizadores
cu_mpha ene pr1:&gt;meea1:1. Una afluencia enorme en que doIDJnaba el conti!'gente de la aristocracia, se agolpaba á
loe puestos servidos por damas y eefiorit.as que llevaban
loe ~as grandes nombres de Francia. Lo~ compradores
v~ctaban generosamente sus bolsas ein regatear, adquinendo los menu~os bibelots¡ muchas damas sobre todo,
ron hermo1:101:1 to1Ietres Je primaYera· niños empioándoPe con geato_s de avidez hacia un peq~efto globo camivo
cuya canae~1lla estaba colmada de jnguetes· comisados
celoeos luciendo en el ojal sus cintas¡ todo u~ público de

elección divertido con la ingeniosa miu en 8('e,u¡ y lueg,.., de br_aqa y de ceniza de que l:!st.aban recubiertos los miem•
bros 10forme1:.1, poniendo al desnudo los cuerpos tumefacnota austera, pasando entre toda aquella alegría llena sol
entre aquellas apariencias un poco frívolas, como parl ~P, contraídos,.carbonizados; huesos calcinados, craaeoa
vivos, cabez_as mconocible!!, que ya no tenían figura hu~cardará la concurrencia el caraot.er y el fin de la re11
n16n~l hábi\o de pano gris, el escapulario y la corneta mana. Cubrióse como 88 pudo esos cadávere11, en tanto
q_ue se proveía á ~u t.ransporte, sea al domicilio reconoblanca de la hermana de la caridad.
Tal eeel cuadro que se ofreció á loa parisienses desde c1d&lt;:&gt;, sea al Pal?,cio de la Indus\ria \ransformado en de·
el primer día sin dejar prever, r¡ue, ¡ay! bien pronto iba pasito mortuorio y bajo un grosero lienzo provisional
donde_yacía aquel~o que fué juventud, belleza, vida feliz¡
á \rocarse en un cuadro fúnebre y terrible.
Al dí~ siguiente, martes, el aspecto del interior del Ba.• los reh~ves, los pliegues dejabJ.n aun adivinar restos de
zai: era 1d~ntico; ncaso también la visita del nuncio apoe- buroamdad.
tóhco babis atraído más mundo ªºl'! qu_e la vispera. A eso . Loa ~iarios ha_n referido en det.alle los episodios del
de las cnatro de la tarde, la fiesta, 1ngutendo la expresión mc~ndlO, el pámco inevitable, el fnnest.o atropellamienconsagrada, lleg~b~ á su plenitud, cuando re\embló de to sobre las -puertas estrechas, la huida loca hacia eitio&amp;
pronto el grito siniestro, 11fuego,,. La explosión de una de e~capator1a problémát.icos de mujeres infortunadae,
lampara de un cinematógrafo instalado en una peque• ~m1deenudas ya por la llama fijada á. sus trajes, ó meña sala que daba á. la galería, acababa de inflamar el ve· dio muertaJ de espant.o, y también loe actos de 1alva•
lum t.raneformá.ndolo inst.antaoeamente ea una inmensa ment.o real_iza~os Ent.re esos episodios hay uno del cual
sa.bana de fuego cuyos fragmentos caían sobre las vende- nuPetroe d1buJ?B reconijtruyea la fisonomía particular•
d~raa y sobre los visitantes, en tan«&gt; qne las llamas rá- men\e dramár.1ca.
Como nuestro phmo lo indica, el fondo del terreno en
pidamente propagadas alcanzaban las colgaduras ligera[!,
el f!laderamen resinoso, el piso, las telas y demás deco· que se elev•~a el Bnar de Caridad está limitado por el
raciones, encontrando un alimento demasiado propicio muro poste~tor del b.o_tel del palacio, perr.eueciente á M.
R1eh~ Saut1er y qne t.tene su ent.rada rnbre el Par.io de
en \Odas es\as materias combustibles.
Cinco minutos después del primer grito de alarma, to· la Rema. Ese mnr? E:Btá ta.ladr\do por una sola abertudo estaba consumado. No quedab" Je la conic.ruc~ión ra, un día de_ sufr1m1ento, guarnecida de cinto fuertes
más que loa post.es medio calcinados que habí1t.n SE::rviJo barrotes de hierro. Esta e1:1.l!Ja estrecha ofrecia una propara soporr.arel lienzo que daba
á. la calle Jean Goujon y uo bra•
• U • 11
sero humeante al ras del suelo
como el que dejarían en un caro'•
po las chozas incendiadas.
Fnjjgo de pajll, hubiera podi •
do decirse, á. no saberse que en
aquellos moment.os el recinto
ince,1diadocontenfamás de mil
doscientas personas, de las cua·
lee nna centena, cuando menos
no había tenido tiempo de esca~
par de la hornaza; si aquí y ahí
montículos de aspecto caracte·
rfstíco, no hubiesen revelado la
obra de la muerte.
En efecto, loa bomberos, á pesar de toda diligencia lle~ados
demasiado tarde pará evitar 6
atenuar el desast.re, y reducidos
á la tarea de bailar los eecombro1:1, es decir, los ínfimos residuos del brasero, de.rnubrfan, en
algunos sitios, cadáveres amon·
tonados. El golp"' vigoroso de la catástrofe de la callejean Goujo11.-0espués del siniestro. Parte derecha dd
BUS lanzas pronto arroJÓ la capa
terreno donde se encontraba el principal amontonamiento de cadáveres.

Contando como cuenta la química prác\ica, con el pro•
cedimiento de Moisean para la fusión del carbono con la
masa de hierro fundido, y para la obtención de loe cristales de grafit.o, que ee ha demostrado son verdaderos diamank&gt;t:I, ha podido la ciencia experimental, con esa en•
seflanza, obtener del acero de hierro y boro, el boro
cristalizado, y fundir, además, el carbono en el manganeso, en el níquel, en el cobalto, en el it;rio, en el t,orio,
eo el zirconio, en el vanadio, en el rodio, iridio y pala•
dio. Del mismo modo se ha conseguido disolver el silico
y crietalizarlo después por enfriamiento en las masas
fundidas de plomo, estallo, ant.imonio, bismuto, oro, plata, potasio y sodio, los cuales no forman siliciuros¡ pero
sí el hierro, cromo, níquel, cobalto, mangane30{ cobre y
platino. De manera que queda est.ablecido que Ofó3 meta•
les fundidos son, en general, apropiados disolventes de
algunos metaloides que se consideran iofueibles ó poco
menos, generalizándose la idea que s~ tenía de que esa
propiedad era exclusiva de la fundición de hierrr.
Como consecuencia de esWS trabajos de Moisean y de
loe que siguen sus huellas, después de ealUdiar el eminente químico la naturaleza de las rocas y minerales que
acompaflan al diamant.e en sus yacimientoe, y después
de haber observado que en ciertos meteoritos se encuen·
tra también el diamante, ha formulado la siguiente teoría acerca de la génesis del diamante natural: Las capas
internas de la tierra, compuestas probablemente de metales en estado fundido con carbono en disolucióo, al
aparecer en la superficie por el empuje de ,as fuerzas
erupt.ivas, pe enfriaron y solidificaron, cristalizándose al
carbono en estado de diamante.
Semejante teoría, y los hechos más atrás consignados,
hacían presumible el creer que en la fabricación de loe
aceros eo los altos hornos y fábricas de fundición se de•
bían producir verdaderos diamanses, porque el procedí·
mieot.o que 88 sigue es, en la esencia, el que con más fa•
cilidad, en muy reducido espacio y á mayores Wmpera·
turas, practica M. Moie:.an con su horno de corriente
eléctrica. En efecto, así se han enca~ado de demf\strar ·
lo el muy repu\11.do profesor de química inorgánica de la
universidad de Berna, M:. Roseel, y su oompanero de la·
boratorio, Mr. León Franck, obteniendo los result.ados siguienkle:
Tomando un ejemplar de acero de 300 gramos, de un
trozo bien compacto, ae trata por el ácido nítrico¡ el residuo insoluble, compues\O de carbono crieW1lizado 1 sili·
ca\08 y o\ras substancias análogas, se lava hasta que de•
eaparezcan de la reacción las salee de hierro, y después se
hierve en ácido nítrico concentrado. El resto que quede,
lavado de nuevo, se eomete á la acción del á.cido Huorb.ídrico y después á la del sulfúrico fumante, con lo q.ue
desaparece gran parte del residuo; dilúyeee la disolución
oblenida hasta que presente la densidad¼, y quede en
su superficie una porción flo\lUlle de carbón que puede
si-pararse. No queda ya como reei.duo más que grafito,
que ae lava, des~eca y funde con clorato de potasa, vol•
viéndose á lavar y á tratarlo de nuevo como queda dicho.
Tre.s el \ratamiento por el ácido sulfúrico en ebullición, ya
no queda más que un residuo inatacable. Este residuo,
puesto en un liquido rela\ivamente denso, como el iodu·

La catástrofe de la calle Jean Goujon. -La extracción de las Joy••·

pores de la Hnea Cunarrl, elCampania y el Lucania, han
logrado sobrepujarse á sí mismos de modo que hoy ee
no hecho realizado que el viaje de Londres á. Nueva
York se puede hacer ..-n E!eis días; en cuyo viaje nuestros
antepasados se creían dichosos cuando invertían aclamen·
te tres meses. La velocidad media df'l Campania, en su
último viaje deQ11eenstowná. Sandy Hook fué de veint.iuna y media millas náut.icae por hora, y no sólo pudo
hacer el viaje apesar del vieoto que soplaba, sino que hu•
biese sido mejor aún, si hubiese tenido un poco de vien•
to de proa¡ en los tiempos antiguos de los buques de ve·
la, el viento de proa era fatal á toda navegación, y los capitanes se veían obligados á buscar un puerto cercano pa•
re. eSJ)f'rAr una brisa favorable.
Eu 1883 el Capitán Back despachado á t.oda prisa en
busca de una expedición ártica extraviada, hizo el nota
ble viaje de Liverpool á. Nueva York, desde allí por el
Hudson y Albany, y después por tierra á. Mon\real, en
dos mese@, enorgulleciéndose de haberlo hecho en un dfa
menos de lo que había calculado. Hoy bacemoe el mis
roo viaje en cosa de una semana.
«En la ocasión de proclamarse Su Majestad la Reina
Vict,oria, el día 20 de J uoio de 1838, el Almirantazgo envió un buque rápido para que llevase la noticí¡1 á Hali•
fax en la Nueva Escocia. llegó á. su destino el día 10 dt!
Agosto siguiente, ó sea después de más de siete semanas
de luchar contra mar y viento en su acelerado viaje al
través del Atlántico, ¡Qué cambio máe complet.o se ha
verificado desde entonces!
,e El Atlántico ha quedado reducido de un vae\O o~ano
que era á un insignificante estanque que se pued" at.rave ·
sar con tanta facilidad y seguridad, como se a\ravieea nn
río, y á. una velecidad mayor, que muchos trenes de fe.
rrocarril. Pero, aunque puede considerarse que 10s vapores han sido virtualmente desarrollados por completo,
en la época actual, su verdadero orfgen nos lleva wuch11
más atrás aún que la mitad del siglo dieciocho, pues fué
en el an.o de 1736, que una llamado Jt'nathan Hull aac,'&gt;
cartas de patente, por una embarcación, en la proa de
la cual había una rueda giratoria que fucionaba por me·
LOS PRIMEROS VAPORES
dio de una má.Q.uina Newcomen.
uEI objet.o de la invención era poder remolcar los
Grande es el abismo que separa la época en que el homdooks de Londres, pero no encontramos ninguna refebre primitivo desa86 las ondas del río que cruzaba en ca- rencia al uso práct.ico del aparato, ha.et.a que cerca de
mino, en una embarcación hecha de fragmentes de cor•
medio siglo después, se volvió á tratar del asunto.
teza de ar bol amarrados por tiras de cuero crudo; y aque•Entonces se hicieron experimentos en el mismo senlla en que a\raveeó el Atlániico en nn vapor de hierro de
tido de ambos lados del Atlántico, y ee creyó que se ha•
22,500 toneladas ósea.el Gre• bía adelantado tan\O, que en 1788 Fitch hizo un vapor
at Eastern. Este abismo ha de ruedas, según su patente, que marchó muy bien á. una
sido cruzado de una manera velocidad de cuat;ro millas por hora, por una corta discompleta y últimamente es• tancia, estallando entonces la caldera. En el mismo ano
pl~ndida, gracias á la fuerza Miller y Taylor t.uvieron mayor éx.ito, viéndoae que una
del vapor. Encontramos al- rueda de paletas, colocada entre dos barcos, marchaba.
gunos inteFeaantes detalles de una manera asombrosa.. Al ai"io siguiente probarou
respecto á este pun\O en un una embarcación de esta claee, sólo que con uaa maqui•
número reciente de nuestro naria má.s fuerte en el canal del Forth. y del Clyde, y diQ
colega, The Mornin!J Poit, di· los magníficos reault;ados de una marcha maravillosa de
ce así:
•Es eat;a la temporada del unos once kilóme\ros por hora.
uAlgunos anos despué1:1, el Conde Stanhope probó ta01•
afio en que loe elementos se bién
la construcción de buques de vapor 1:1egún un .úst.E:combinan para favorecer el ma muy
original, poniéndose las ruedas en el fondo dt-1
tránsito rápido á través del
buque y funcionando de m.:ido de representar el moviAtlántico y como unan.o des- miento de los pies de un pato. Todas est.as pruebas prepués de o\ro. nos hemos ido liminares, fracasaron, sin embargo, en algún sentido,
acostumbrando á ver eclipsa- pero aunque no se podía decir que tuviesen ningún éxido t;odo lo que se había he•
cho hastael;día, nohabrá.sor- to en sí, formaron la base de loa satisfactorios resultados
se obtuvieron después.
preodido á nadie saber que que
c1Eran 1¡&gt;robablemente feas y desairadas construcciones,
en el mee de Agosto de 1896
se hizo lo que nunca se ha- pero sirvieron al objeto de hacer fijará. los ingenieros la
bía alcanzado antes. Los va- atención en el inmenso valor del vapor como fuerza mopores de la línea americana triz para los buques. Desde esto tuvo lugar la construc•
está.o rebajando el tiempo ción del Charlotte Dundas por Smyngton. Se botó en el
canal de Clyde en 1803, pero no pudo seguir allí, pues su
La c;at,;istrofe de la callejean Goujon en Puís.-Despué• del siniestro.-Lo que de las \raveeíae desde Sou- velocidad era tal que amen1zaba destruir los ta:ui(!S con
quedaba del Bazar de Caridad á las seis de la tarde.
tbampton, y los famosos va•

'

ro de metileno, cae al fondo de la vasija en que ae coloca.
Sise examina con un microscopio de gran aumento, Fe \'ell
muy bien los cristales octaédricos transparentes que,
puestos en combustión sobre una hoja de platino y con
una corriente de oxigeno, desaparecen sin dejar cenizas
y dan ácido carbónico.
Los cri~tales tienen, pues, todos los caracteres -tel dia•
mante. Repetidas las experiencias con más de óO ejem·
piares, han dado reeultado3 análogos. Obsérvase q11i, los
aceros que han sido forjados y laminados, dan cristales
incompletos, dest;ruido! por loa efectos mecánicos, y que
loe aceros que no han sido sometidos á esas operaciones
dsn octaedros perfectos. Un acero contiene tanlo má.s
carbono cris\alizado, cuanto mayor haya sido la sempe·
ra\ura de su fabricación, y es probable que el acero sea
tan\O más duro cuanto más diamau'8 contenga. De un
núcleo enconsrado por Mr. Rosael en un acero proceden•
te de loe al toe hornos de E6ch-aur l' Alzette ( en Luxem •
burgo), que contenía en\re otros compuestos, fósforo, ar•
eeniuro y eiliciuro de hierro, siliciuro de manrneso, car•
buro de silicio y de titano y un ciánuro de \1tano y mu•
cho grafito cristalizado, obtuvo dicho químico, por el
procedimiento que queda expuesto, ent.re gran cantidad
de diamantes microscópicos, el mayor de cuantas artifi•
cialment.e se han obtenido basta hoy, y de ·10 grueto de
cinco decimas de milímetro, al cual han denominado en
el labora\Orio de la fábrica, la estrella de Luxemburgo.
Como hay disolventes del carbono mucho mejores que
el hierro, es de esperar, dice Mr. Franck, que empleando alguno de elloe, el que lo sea más á ~ran presión y
\emperatura, se obtendrá.o diamantes artificiales de mayor samaflo que los producidos hasta ahora y que, una
vez emprendido con éxito poei\ivo ese camino, llegará la
química á resol ver el problema de su fabricación fácil y
económica.

~~.h{e~

�366

EL MUNDO

DOMINGO 30 DE MAYO DE 1897
DOIIINGO 30 DE IIAYO IIE 1897

EL MUNDO

y como .en estas largas demoras sin poderse comunicar
~on la tierra, se agotaba_n pronto, los desgraciado!! pa:1a.
Jeroe mol~etaban al capitán con sus interminables y fri•
volas queJas.
11 Había, como se verá, sobradas razones para que ¡
08
vapores aumentasen y ae multiplicasen, y los dueños vie ...
ron muy pronto que para cada cien pasajeros que tenían
sus buques de vela, se podría contar con miles en los va.
pares más seguros.
11 Lo mismo en Europa que en América, los vapores CO·
!Denzaron á verse en lo~ rios principales par.1, el cabota•
Je y para remolcar, haciéndose esto en un principio solamente por los ((docks,¡¡ trasladando de una parte á otra
los boquea navales y mercantiles. Por medio del uso del
vapor á. veces en épocas de calma el Savaanab vino de
Nueva York á_ Live~l en 1819,' pe~o era un buque de
vela J!C?r esencia. El_ pnmer va:por que intentara hacer
un v1aJe transocé~mco fué el V1ctory, que salió del va•
radero de ,voolw1ch el 23 de Mayo de 1823, bajo elmand~ de Sir ~ ohn Rose, en su segundo viaje de descubrimiento ártico. Ant.es de esto, el Victory había hecho el
t1:9recto entre Liyerpool y la isla de Man, pero para el
v1aJe al desconocido No~, se le pusieron máquinas y
ruedas nuevas. Desgraciadamente la obra se hizo tan
atrozmente, que la maquinaria no cesó de dar trabajo
á loe e~ploradores desde el momento que zarparon de
Woolw1~h, tard_ando c~airo días para llegar á Land'e
En~ y die~ y_ seis en a~nbarar al Firtb de Clide. La hia•
ton~ del vtaJe á. Boothia Feli:x.:1 en donde se abandonó
el V1c~ry y en Mayo de 1832. está costantemente interru1:llp1da por alguna referencia á la rotura de la maquinana en una parte ó en otra, y á. la necesidad de recurrir
á las velas para ~uir la marcha.
HEn este viaje Sir John Rosa nos cuenta q,ue «los fuegos se mantuvieron vivos á fuerza del trabaJo de los fuelles,,, sistema que no surtiría mucho efecto hoy en et
Compania 6 en el Magnifi.cent de la Armada Real. En
1831 el R?yal Williams hizo el viaje del Canadá á. Jngla•
tel'f!,, casi enteramente al vapor pero no fué sino en
Abril de 1838, que el Sirius, de Cofk y el Great Western
de ~ristol, hicieran la travesía co~pleta al vapor iod.~
el tiempo.
1&lt;Desde entonces los ingenieros marítimoe se han esmerado, . Y, el uasno cansado)) de 1815, se ha convertido
en una vivienda elegante, comoda y bien equipada más
veloz y D?ás incansable que un caballo árabe de pu~ raza, y excita en vez de mofa y ridículo1 nuestra más sin•
cera admiración.))

/

muchachos enamorados, ee veían herm0808, gloriosos y
reales¡ él la miraba como á. una Elsa, y ella lo miraba como á un Lohengrin. Porque el Amor, ¡oh jóvenes llenoa
de sangre y de suenos! pone un azul cristal ante los ojos,
y da las infinitas alegrías.
¡Cómo ee amaban! El la contemplaba sobre las estre•
llas de Dios; su amor recorría toda la escala de la pasión,
y era ya contenido, ya tempestuoso en su querer, á veces
casi místico. En ocasiones dijéraee aquel artista un theó•
sofo, que veia en la amada mujer algo supremo y extra•
humano, como la Ayesha de Rider Hagard¡ la aspiraba
como una flor, le sonreía como á un astro, y se sentía soberbiamente vencedor al estrechar contra su ~cho ag_ue•
lla adorable cabeza, que cuando estaba pensativa y qmeta
era comparable al perfil hierático de la medalla de una
emperatriz bizantina.

•*•

~A=· =A=-"=A=""=A~
LOS EFECTOS ECONOMICOS DEL CICLISMO

Un escrito~ norteamericano, _Mr. Bishop, públicó hace
un mes t'r6x1m~ente 1 un curioso libro en el que hace
r~altar as ventaJas morale_s y sociales que re~rta el ciclismo. ~l _autor confies:1, sin embargo, que JOB progre.
sos de! c1~hsmo ~an tra1do como consecuencia la ruina
de varias mdustnas y ramos del comercio.
~ara comprobar esta última aaeverJJ.ción, uneconomis•
ta rng)éa, Mr. Shadwell ha celebrado conferencias con
los pn~cipal~s co_merciantes é industriales de Londres, y
de sus _10vest1gec1ones ha obtenido da e interesantes.
Manrfiesta Mr. ShadweH que el ciclis
ha alcanzado
en I_nglaterra tan considerable desarroy que en la ac•
tuahdad el hombre, la mujer y el niño que o se entre•
gan al citado sport, son considerados como pel8onas extravagantes y excéntricas.
Al Iniciarse la catástrofe de la calle de Jean Goujon . -Bosq ue¡ o ¡ mpres ¡ on1sta.
•
Desde loe comienzos del ailo pasado han sido construidas e_n Birmingbam y Conventry 750,000 máquinas. En
la primera de las citadas poblaciones existen 150 fábricas
e! oleaje que ocasionaba. Fulton, un americano, reconociendo el _g~n porvenir que había para loe buques de va- caballos ~e fuerza, construido eo'.Ramsgate en 1816 Hizo dea&amp;inadas á. este objeto y 100 en Conventry sin contar
la mara v1 llosa baz~fia de llevar 200 pasajeros á Caiaie
las que existen en otroe puntos de Inglater;a. Además
por, cons 1gm6 u11a copia de los planos del Charlotte Dundas, compró una máquina de 20 caballos á los ae0ores volverlos á traer sm_percaoce. No hay que extrañar u! hay que tener en ~uenta la importación procedente d~
los Estados U nidos.
Bult.on &amp; Watt, c~zó á Nueva York y en 1807 tuvo su despué~ de esto hubiese una gran demanda de va ~s
Un comerciante de coches, dijoáMr. Shadwell: •Hasta
vapor Clermo~ haciendo la travesía entre Nueva York y en particular.cuando se vióque marchabanindepelcuen:
~lbanyi por e1 Hudaon. ya se había obtenido experien- temente de viento y marea. En una ocasión el Ma·estic ~hora sigue .s~endo moda que las damas vayan en carrual d
l~ ~ hacer v1s1tas,11 _no está. admitida para estos casos la
cia sobrada pa~ probar srn que se pudiese dudar que el entró serenamente en el puerto de Margate
i~~n d~ bicicleta. En la cmdad seguimos vendiendo lo mismo
vapor podía aplic~rse á la proJ?ulsión de los buques, pe- cuatro de los mejores correos de Margate
ro ~o se notaba mnguna gran impaciencia porverelmar dRamsgate, habían estado acalrnados fuera del puerto que antes. Pero en el campo es otra cosa. La bicicleta,es
ura:nte dos d!ae, y muy maltratados por un tem oral allí la sefiora absoluta. En el comercio de música caba•
cubierto. de vapores siendo, según parece, el segundo de
~e viento del Norte al tercero. En aquellos días los ~asa- llos "f ¡·oyería es donde má.s profundamente se han' hecho
esta serie el Comet que se puso en el Clyde en 1811
Aunque C&lt;?mo hemos visto, Londres fué el origen y pun: ]eros llevaban cada cual sus propias proviciones de boca, sentir as consecue11cias del ciclismo. Los profesores de
~departida de la utilización del vapor para la propul•
música han visto en \iln afio
e16n
loe buques, no se notaba ninguno de eetoe en el
disminuida hasta la mitad de
TamésIS, bae~a el verano de 1815 siendo, según parece,
la lista de sus discípuloe.
enteramente inesperado el extraño y desgarbado monsHótel du Pala.is
~a industria de pianos de
truo.
Fenitrs parlat¡11•fl• _....,,,~
luJo no ha sufrido variación
d'l'CICtU'l!;S lns•11vttagu
c(Al bajar el río el correo para Ramegate ( un buque de
sensible, pero sí la de pianos
Mur
velas) se declaró una gran alarma entre cuantos á bordo
d_e estudio, á módicos preeet~ban al ver más adelaníe un objeto que parecía estar
cios. Es, pues, un hecho que
l:\rd1endo. Al acercaree, el capitán tranquilizó á sus paealas inglesas han preferido la
Jeroe, asegurándole5 que lo que estaban mirando tan azo•
bicicleta á. la múeica. Algo
vague
radas debla ser un buque impulsado por el vapor y aei
así sucede con los caballos.
resultót pues este era el vapor Margery, que habf~ veniBastó que este aflo en Brighd_o deeae el Clyde por la vía Dublin. icPudimos darle fa.
ton la duquesa de Fife salle•
c1l.me~t.e l.a vuelta, dijo el capitán del correo, pues eu
ra á la calle montada en bici•
maqumar1a no era bastante fuerte y era además un mocleta1 para que nadie piense
delo feo Y pesado. S~ máquina tenía la fuerza de 14 caya en el ((sport hípico11 En
ballos. N ~a po~a igualar las exfreeionee de ridículo
Londres, el número de cabacon que mis pasaJeros colmaron a desgraciado buque·
llos ha disminuido en 2ó2,000
unos lo comparaban á un asno cansado, con unos gran:
próximamente. Las señoras
d~s serones de cada lado y otros á un monstruo mitol6máa acomodadas venden los
f1~, etc. Yo, á. ll;l v~i:a,ad me avergoncé de la burla que
suyos para comprar bicicle·
1
. ac aa y seguí m1 v1aJe.• Aíortunadomente el Margery
'88. En cuanto á. la relojería
1~noraba co~ple~mente la impresión q,ue había produy joyería, Mr. Shadwell ha
cido en los d1vert1dos londoneeee. Sigwó río arriba, fué
notado que este negocio está
Rue
M&gt;m&amp;do Pªf!, hacer la travesía de Margate f en un mee
GovJOn
mu.y mal. Son pocos los que
era el favonto de todos. La emulación sirvió para aseguPouw. d00c,ufU,,..,,_14.
en Londres compran relo¡· ee
B
,,,,,,.,._N•
z
rarle 110 complemento de pasajeros, pues á loe londonede oro ni de plata, loe cua es
,o
ees les parecía. una ~n gran cosa hacer un viaje por el
son sustituidos por eólidos
JO
U.
v~por, como s1 hubieran regresado sin chamuscarse del
"
cronómetros, capaces de eo·
remo de Plutón.
portar los accidentes propios
«Después vino un vapor gigantesco, el Majestic, de 25
del ciclismo.
La catástrofe de la calle deJcan Gou¡·on.-Plano del Bazar de Caridad.

y

d«:

,,

"

,.

LA MUERTE DE LA EMPERATRIZ DE CHINA
Al Duque Job, de México.
Delicada y fina como una joya humana, vivít aquella
muchachi~, de carne rosada, en la pequen.a casa que tenía un ealoncito con Joa tapices de color azul deafalle.
mente. Era su estuche.
¿Quién era el dueiio de aquél delicioso pájaro alegre,
de ojos negros y de boca roja? ¿P.t.ra quién MDiaba su
canción divina, cuando la aeñori,a Primavera mostraba
en el triunfo del sol su bello rostro riente, y abría las flo-res del campo, y alborotaba 1a nidada? Susette se llama•
ba la avecita que había puesto en jaula de seda, peluches
y encajes, un soñador artie\a cazaior, que la había ca·
zado una maflana de Mayo, en que habfa mucha luz en
el aire y muchas rosas abiertas.
Recaredol-capricho pa'8rna1. El no tenía la culpa de
llamarse Recaredol-se había casado hacía año y_ medio.
¿Me amas? Te amo. ¿Y tú? Con toda el alma. ¡Hermoso
el día dorado después de lo del cura! Habían ido luego
al campo nuevo, á gozar libres, del gozo del amor. Murmuraban allá en sus ventanas de hojas verdes, ias cam •
panillas y laA violetas silveatres que olían cerca del ria·
chuelo, cuando pasaban los doe amante , el brazo de él
tn la cintara de ella. el brazo de ella en la cin\ura de él,
los rojos labios en flor dejando escapar los besos. Des·
llUée íué la vueha á. la gran ciudad, al nido de perfume
Heno de juventud y de calor dichoso.
¿Dije ya que R¿caredo era escultor? Pues si no lo be
dicho, &amp;bedlo.

•*•

Era escoltar. En la pequen.a caea tenía su \&amp;Her, con
profusión de mármoles, yesos, bronces y terracotas. A.
veces, loe que pasaban oían á. través de las rejas y per·
-eianae una voz que cantaba y un mat1itléo vibraDte y me•
1:tlico. Susette, Recaredo; la boca que emergía el cántico,
) el golpe del ciacel.
Luego el in~aante idilio nupcial. En puntillas1 en
puDtillaa¡ llegar donde él trabaja, é inundándole de cal.ellos la n11ca, besarlC" rápidamente.
Quieto, quietecito, lle~ar donde ella duerme en su
-obaise-longm•, 103 pieces1tos calzados, con medias ne·
_grae, uno sobre otro, el libro abierto so re el regazo, met.lio dormida; y allí, el beso en loe labios, beso que sorbe
-el aliento y hace que se abran los ojos, inefablemente lurniuosos. Y á tojo esto, las carcajadas del mirlo enjau·
lado que cuando Susette can~ Chopin, se pone triste y
110 canta. ¡ Las carcajadas del mirlo! No era poca cosa.,¿~e quierer:,?-¿~o lo sabe@?-¿Me amas?-Te adoro. Ya
t:a'8ba el animali~ echando toda la risa del pico. Se le
sacaba de la jauta, revolaba por el saloncHo azulado, se
detenía en la cabeza de 11n Apolo de yeso, ó en la frámea
-de un viejo ¡ermano de bronce obscuro: Tliiiiiirit ........ .
rrrrrrtch füü ......... Vaya qne á veces era malcriadoé in1t0lente en su algarabía! Pero era lindo sobre la mano de
~usette q•1e le mimaba, le apresaba el pico en\re susdien,tes hasta hacerlo desespc,rar, y le decia á veces, con una
voz severa que temblaba de terneza: •Sellar mirlo, es us1.ed un picaróo!11
Cuando los dos amados estaban juntos, se arreglaban
uno á. otro el cabello. 11Canta,• decía él. Y ella caDtaba
lentamente, lenta.mente; y aunque no eran sino pobres

¡;

Recaredo amaba su arte. Tenía la pasión de la forma;
hacía brotar del marmol gallardas diosas desnadas, de
ojos blancos1 serenos y sin pupilas; su taller estaba poblado por un pueblo de está&amp;uas silenciosas, animales de
metal, gárgolas terroríficas, grifos de largas colas vegetales1 creaciones góticas guizas inspiradas por ti! ocultismo,
Y sobre todo, ¡Ja gran afición! japonerías y chinerías. Re·
caredo en esto un original. No sé qu~ habria dado por
hablar chino ó japonés. Conocía loa mejorel!!I álbums¡ ha•
bía leído buenos exotist.as, adoraba á Loti y á Judith
Gautier1 y hacía sacrificios por adquirir trabajos legítimos,
de Yokoama 1 de Negasaki, de Kioto, ó de Nankin ó Pe·
kin¡ los cuchillos, la:3 pitas, las máscaras feas y misterio·
sas como las caras de los suenos hípnicoe, los mandarini·
tos enanos con panzas de cucurbiSáceoe y ojos circunfle,
jos, los monstruos de grandts bocas de bactracios 1 abier•
tas y dentadas, y diminutos soldados deT11rtaria, con fa·
cel!I de focas.
-¡Oh, le decía Sueetie, aborrezco tu casa de brujo, ese
terrible taller1 arca ex&amp;rafia que te roba á mis caricias.
El eonreía, dejaba s·1 lugar de labor, su templo de raras
chucherías, y corría al pequeflo salón azul, á ver y mirar
su gracioso dije vivo, y oir cantar y reir al loco mirlo jovial.
Aquella mafiana, cuando entró, vió que estaba su dul•
ce t:;usette, son o lienta y Lendida cerca de un tazón de ro·
sas que sostenía un trípode. ¿Era la Bella del bosque durmiente? Medio dormida, el delicado cuerpo modelado
bajo una bata blanca, la cabellera caatafla apelotonada
sobre uno de los hombros, toda ella exhalando su suave
olor femenino, era como uoa deliciosa figura de los amables cuentos que empiezan: Este era un rey, ......
La deepertó.
-¡Susette, mi bella!
Traía la cara alegre; Je brillaban los ojo3 negros bajo su
faz roja de labor; llevaba una carta en la mano.
-Carta de Robert. Susette. ¡El bribonazo está en la
China! Hong Kong, 18 de Enero ......... .
Su.sette, un tanto amo forrada se había sentado y le
había quitado el papal. ¡Con que aquel andariego había
llegado tan lejos! Hong Kong, 18 de Enero ......... Era gra·
cioso. Un excelente muchacl101 el tal Robert, con lamanía de viajar! Llegaría al fin del mundo. Robert, un
grande amigo. Le veían como de la familia. Había partido h11.cía dos alios para San Francisco de California. ¡Ha·
bráse visto loco igoall
Comenzó á. leer.

•*•

Bon Kong, 18 de Enero de 1888.
Mi buen Recaredo:
Vine y ví. No be vencido aúD.
En San Francisco aupe vuestro matrimonio y me alegré. Di un salto y cal t,n la China. He venido como agente de una casa californiana, importadora de sedas, lanas,
marfiles y demás chir.erías. Junto con esta carta, debes
recibir un regalo mío, que dada tu afición por las cosas
de este pafa amarillo, te llegará de perlas. Ponme á loa
pies de tu Susette, y conserva el obsequio en memoria
de tu
RoBEBT,

Ni más, ni menos. Ambos soltaron la carcajada. El
mirlo á su vez hizo estallar la jaula en una explosión de
gritos musicales.
La caja había llegado, una caja de regular tamafio,
llena de marchamos, de aúmeros y de letras negras que
hacían y daban á. entender que el contenido era muy
frágil. Cuando la caja se abrió, apareció el misterio. Era
un fine busto de porcelana, un admirable busto de mujer
sonriente, pálido y encantador. En la base tenía dos
inscripciones, una en caracteres chinéscos, otra en inglé8
y otra en francée. La liJm.peratriz de la China. La Emperatriz de la China! ¿Qué manos de artista asiático habían
modelado aquellas formas atrayentes de mieterio? Era
una cabellera recogida y apartada, una faz enigmática1
ojos bajos y extraños, de princesa celeste, sonrisa de es•
finge, cue:Io erguido sobre los hombros columbinos, cu•
bieroos por uoa bonda de seda bórdada de dragones; to•
do dando magia á la porcelana blanca, con tonos de cera
iamaoulada y cáDdida.
La emperatriz de la China! Sueette pasaba sus dedos de
ro38 sobre los ojos de aquella graciosa fJoberana, un tan•
to inclinados, con sus curvos epican\ua bajo los vuros y
nobles arcos de las cejas: estaba contenta. Y Recaredo
sentía orgullo de poseer su porcelana.-Le haría un gabi~
nete especial; para que viviese y reinase sola, como en el
L'Juvre la Venus de Milo, triunfadora, cobijada imperialmente por el plafond de su cuarto azul.
A.sí lo hizo. En un extremo del taller formó un gabi•
neie minúsculo, con biombos cubiertos de arrozales y de
grullas. Predominaba la nota amarilla. Toda la gama,
oro, fuego, ocre de oriente, hoja de otof\o, hasta el pálido que agoniza fundido en la blancura. En el centro, so•
bre un ¡,edestal dorado y negro, se alzaba sonriendo la
exótica impelial. Al rededor de ella había colocado Re•
caredo tod!ls sus japonerías y curiosidades chinas. La
cubría un gran quitasol nippon, pintado de camelias y

de anchas rosas sangrientas. Era cosa de risa, cuando el
artista soflador después de dejar la pipa y los cinceles1
llegaba freute á la emperatriz, con las manos cruzadas
sobre el pecho, á hacer zalemas. Una, dos, diez, veinie
veces la visitaba. Era una pasión. En un plato ¡,de laca
yokoameea le ponía floree frescas, todos las días. Tenía
en momentos verdaderos arrobos delante del buaio asiático que le conmovía en su deleitable é inmóvil majestad
Estudiaba sus menores detalles, el caracol de la oreja, el
arco del labio, la nariz pulida, el epicantus del párpado.
Un ídolo, la famosa emperatriz! Susette le llamaba de
lejos:-Recaredol-Voyl-Y seguía en la contemplacióu
de su obra de arte. Hasta que Suet:tte llegaba á llevarselo á. raetraa y á besos.
Un día las flores del plato de laca desaparecieron como
porencan~.
- ¿Qién ha quitado esas flores?-gritó el artista desde
el Sallel'.
-Yo,-dijo una -voz vibradora.
Era Susette que entreabría una cortina, toda sóti.tosA•
da y haciendo relampaguear sus ojos negros.

*
••

All~ en lo hondo de su cerebro, se decía el eelior Recareio, artis~a eacaltor:-¿Qué tendrá mi mujercita? No
comía casi. Aquellos buenos libros desflorados por su es•
pátula de marfil, estaban en el pequeñl, est.ante negro,
con sus hojas cerradas1 sufriendo la nostalgía de las blan•
dal!I manos de rosa, y del tibio regazo perfumado. El ae•
ñor Recaredo la veía triste. ¿Qué tendrá mi mujercita?
e~ la mesa no quería comer. Estaba seria; ¡qué seria! Le
miraba á veces con el rabo del ojo, y el maricto veía aque•
llas pupilasobsctll'as, húmedas, como que querían llorar.
Y ella, al reeponder hablaba como los niños á quienes. se,
ha negado un dulce. ¿Qué tendrá mi mujercita? ¡Nada!
aquel •nada1, lo decía ella con voz de queja, y entrd eHa•
ba y sílaba había lágrimas.
¡Oh, seflor Recared.o! lo que tiene vuestra mujercita,
es que sois un hombre abominable. ¿No habéis notado
que desde que esa buena de la Emperdtriz de la China
ha _llegado á vuestra casa, el salonciSO uul se ha entristecido, y el mirlo no canta, no ríe con su risa perlada?
Susette despierta á Cbopín. y lentamente hace brotar la
m~lodía enferma y melancólica del negro piano sonoro.
¡Tiene celos, señor Recaredol Tiene el mal de los celos,
abo~ador y quemante, como una serpiente encendida que
aprieta el alma. ¡Celos! Quizás él comprendió, porque
una tarde, diJo á. la muchachita de su corazón esta-J palabras frente á frente:-Eree demasiado injust.a. ¿Acaso no
te amo con toda mi alma; acaso no sabes leer en mis ojos
toque hay dentro de mi corazón?
SaeeUe rompió á. llorar. ¡Que la amaba! No, ya no la
amaba. Habían huído las buenas y radiantes horas, y
los besos que chasqueaban, también eran oídos como pá.jaros en fuga. Ya no la quería. Y á. el!a, á la que veía en
él su religión, su delicia, su ensueflo, su rey, á ella, á su
Sueette, la había dejado por la otra.
¡La otra! Recaredo dió un salto. Estaba engañada. ¿Lo
diría por la ru_bia Eulogia á q 11ien en un tiempo había
dirigido madrigales?
Ella movía la cabeza:-No.
¿Por la ricachoua Gabriela, de largos cabellos negros,
blanca como un alabastro y cuyo busto había hecho?
¿O por aquella Luisa, la danzarina, que tenía una cintura de avispa, un eeno de buena nodriza y unos ojos incendiarios? ¿O por la viudita Andrea, que al reír sacaba
la punt.a de la lengua¡ roja y felina, entte sus dientes
brillantee y amarfiladoe?
No1 no era ninguna de esas, Recaredo ee quedó con
gran asombro.
-Mira, chiquilla, dime la verdad. ¿Quién ea ella? Sabes cuánto te adoro. lfi Eisa, miJulieta, alma, luz, amor
mío ..... .

Temblaba tanta verdad de amor en aquellas palabras,
entrecortadas y trémulas, que Susette, con los ojos enro•
jecidos, secos ya de lág"Ímas, ee levantó irguiendo su
linda cabeza heráldica.
-¿M~ amas?
-¡Bien lo sabésl
-Deja, pues, que me vengue de mi rival. Ella ó yo:
escoJe. Si es cierto que me adoras, ¿querras permitir que
la aparte¡ara siempri;, de tu camino, que quede yo eola,
confiada tu pasión?
-Sea, dijo Recaredo. Y viendo irse á suavecita celosa
y serca, prosiguió sorbiendo el café tan negro como la
tinta.
No había tomado iree sorbos, cuando oyó un gran ruido de fracaso en el recinto de ea taller:
Fué. ¿Qué miraron sus ojos? El busto había desaparecido del pedestal de negro y oro 1 y entre minúsculos
mandarines caídos y descolgados abanicos, se venían por
el suelo pedazos de porcelana que crujían bajo loe peque•
ños zapatos de Suseite, quien wda encendida y con el
cabello suelto, aguardaba los besos, y decía entre carca•
jadas argentinas al maridito asustado:
-¡Estoy vengada! ¡Ha muerto ya para tí la Emperatriz de la China!
Y cuando cc,menzó la ardiente reconciliación de los
labios, en el saloncito azul, todo lleno de regocijo, el
mirlo en su jaula primorosa, se moría de risa.
Ri:eh 0ABÍO.

¡Oh! :Qaé cosas tau tiernas" te diría,
al contarte Eoriqueta, mis pesares,
si esta alma que es tan tuya como mía.
estuviese en la edad en qae tenía
el ardor del cantar de los cansares!
CA.KPOAKOB;

�DOMINGO 30 DE MAYO DE 18117

EL MUNDO

368

porque aquel pícaro vicio babia de seguirlo eternamen- diferente á. todo saltaba alborozad.a y se veía en los es
pejos en loe m~~blea y vidrieras.
.
como un acreedor á. quien nunca acaba de ~ársele.
Roiia aceptó la pobreza con mucho valor. Tnviero:°
Rosa-Tbé no sabía que Pedro jugaba. En los pri~eroa
meses de matrimonio lué, con efecto, lo más sumu,o Y que buscar una casa humilde, quitar el coche, despedir
obediente que puede apetecerse para la vida quieta del á casi todos los criados, reemplazar el raso de los mu~hogar. Pero ¡ay! á poco tiempo la pícara cost.umbre le bles con cretona é indiana; vivir, en suma, como lafaanarrastró al taptte verde. Comenzaron entonces los pre- lia de uo pobre empleado que gana ochenta P:9SOB cada
textos pam pasar las noches fuera de la casa, la acritud roes. Pero Rosa ponía tal arte ~n todo, econo~nzaba tande car:.ícter, loa ahogos y las ~úbitas desapari~i~nes del to con su vigilancia y su trabaJo, era t~o decidora Y tan
dinero. Cit:rta vez, Rmia se preparaba para asisttr fi, un alegre, que Pedro sentía menos el terrtble pes.o d';' lapobreza. Al principio, PedrC', avergonzado de s1. mismo Y
baile Pedro estaba ya de frac, esperando en el gabrnete
á. su ~eñora. Mas como estaba embebida aún en su toile• orgulloso de su mujer, se dedicó con alma y vida á trabajar. Y roea estaba más contenta ~ue antee, porque ya
Ue tardase todavía muy largo rato. Pedro entornó la
no se iba por las noches y porque siempre le veía á su
p~ert.a del tocador, y di10 á Rosa:
.
lado.
d
-Mira mientras acabas de peinarte, voy á fumar al
Sin embargo, no fué ~uy dura~era esta ventura. Pe ro
aire librt:i'. Dentro de media hora volveré. Eran las nue•
ve y rut-dia. En punto de las diez, Rosa estaba dispuesta volvió á. juntarse con crnrtos amigos que le arrastraron
para el baile. Sentóse en un silloncito y esperó. Sonó el nuevamente al juego. Ya no pod!a apo9t~r grandes ca~•
cuarto !a. media los tres cuartos, y Pedro no volvía. En- tidades como anees¡ pero sí dos, cinco 6 diez pesos: Pr.1•
tonc1::s' uomenzó ~ entrar en cuidado. ¿Qué le babr1a. BU· mero se escusaba asi mismo, diciendo en su concienCla
cedictu'/ A cada instante se asomaba al balcón, estruJan• -no hago mal. Ahora que nada tengo, es cuando _debo
do los guantes y el pañuelo. ¿Le habría atropellado u~ jogar. Es preciso que busqu.e á toda ~osta el mf:d~o de
cocht1-¡anda tan embob5:do!-de~ía Rosa. ¿i:iaprá. tem- sacará mi mujer de la situa.ctón prf'caria. en que vivimos.
do nña con alguno? ¡Nadie está hbre de enemigos! So• El juego me debe toda mi fartuna. V~y por ella. .
Y coLOenzó de nuevo á fingir ocupaciones perentorl3!\Y
bre tudo ¡hay tantos malhechores en la calle! Y adelan•
tando l¿a sucesos con la impacient.e imaginación, se á. paaar buena parte de las noches fuera de _su casa. N_o
figuraba ver entrar á su marido en angarillas coa una tardó Rosa en descubrir la verd11d. -Lls ext~uas can ti·
pierna rota ó muerto acaso. Y cada vez era más aguda dad~s que ganaba Pedro~y eran ant.es suficientes para
su congoja, tanto que al dar las on~, mandó á un mozo cubrir su reducido presupuesto, ?º lo fueron d~spués.
Convencida de que aquel vicio era rncura~le.y rad1~al en
á que fuera á buscarle por las call~s, y luego á otro, en
seguida á tres basta que el camarista y el lacayo, el co- su marido, cayó en el más prof1,?-ndo ~b~timten~o .. t'..A qué
chero el porL~ro y cuantos hombres había en la serví• lucha,? Sin atenderá sus conseJos, m mr sus suphcae, m
dumbre, se emplear'::in en busc~rle por c.alles y ~afés sin apreciar sus cuidados y trabajos, Pedro la abandonaba
dejar punto de reumón por regustrar, m detuvieron un por los naipee.
Una terrible consunción se fué apoierando de ella. Ya
instante eus peequisas.
no reia, ya no cantab:t,, perdió l~s coloree frescos de su cu·
Llegaban los sirvientes fatigados y sin noticia alguE.a tia el brillo de alis OJOS, la gracia de sus desembarazados
de su ~mo· salían después con uuevas órdenes y siempre m¿vimieotos, y se fué adelgazando poco á poco. Al cs.bo
regresaba¡{ lo mismo que se iban. Por_ fin, pasaia ya la
de algunos meree cayó en cama. .
media noche Rosa ordenó que se pusiera el coche. Iba
Los médicos dij0roi.1 que no atmaban con la cura de
á buscar á. P~dro. A todo escape los caballos partieNn
su mal: y con efecto, el único capaz de a.liviarla tra el
del zaguán. Llamó Rosa á la puerta de muchas cas~s;
marido. Este, instintivamente comprendiendo que era
apeába.l!e el lacayo presuroso, y después de confere°:crnr la causa de la enfermedad, se enmendó en esos días, r
con loa porteros subía luego al pescante, y el carruaJese buscando dinero á pr~mio, pidiendo prestado á aua ami·
lanzaba de nue;o por las callee con la mayor velocidl~d gos, se allegó los recnrDos ne~sarioa p~ra atender á la
posible. A cosa de la una, pasó Rosa por una c-9,lle y v1ó enfermita. La llevaba loe meJores méd!C'&gt;S y compraba
abiertos é iluminados los balcones de una casa. Aquello todas las medicinas, por caras que fu'7:1en. Un doctor
debía ser un club ó coaa asi. ¿Estaria Pedro en ese lugar? dió en el clavo, al parecer {ahorro á m1a lec~?res la des•
Paróse el coche, y el !acallo, sin necesidad de. llama;,
cripcióo minuciosa de .)a enfermad.ad } y diJo: i(esto se
porque eataba entornada la puerta, ent.ró al patio; su~ió cura nada más con tales y cnales mPdicinas.11
.
las eacaleras y, á poco rato, volvió á. bajarlaa más aprisa
Las compró Pedro y con efecto, Rosa-Thé se meJoraba
todavía. Llegó á la portezuela del carrua~~, por la que visiblemente. ¿P.Jr qué empEK!rÓ después? He.a9uí lo que
asomaba el semblante lívido de Rosa, y diJo, con la sa- ni Pedro ni el doctor se explican. Las medicmas eran
tisfacción del que trae una noticia largame11~ esperada:
y babian surtido al principio un ef;cto mara-El amo está arriba; está jug11indo ......... Dice que no infalibles
villoso. ¿De qué prove_nía pues, 1~ recaída? Solo yo lo sé
puede venir ........ que irá luego á la casa.
y voy á contarlo. R'&gt;stta me lo d130 la ~che en que mu·
y efecü vamente, á las seis de la mañana Pedro se prerió, mientr~s yo la velaba, porque bab1amos vuelto á ser
sentó tn las habitaciones de la señora. La infeliz habta
buenos amigos.
pasado la uoche _en cla~o, sentada allí en aquel. sillón,
-No quiero aliviarme, me decía. Tll sabes. todo, . las
viendo, con la mirada fiJa de una loca, las roan~itas del
tristezas y las angustias que he pasado, 1:'- mvenmble
reloj que giraban al rededor de la carátula, vestida aún fuerza de ese vicio que detesto y que domma á Pedro,
con su traJe de baile, con flores en el cabello y en el pe• mi amor á.éste y mi despego de la vida. ¡E,;¡toy tan con•
cho. Cada vez que sonaban pasos en la calle, R'lsa-Thé
tenta así enfermita! Pedro no juega, pasa los ~fas á la
ae asomaba al balcón. Pero eran los pasos del geodarme
cabecerade mi cama, y cuando estoy mala y ci~rro loa
6 de algún ebrio que.volvía tambaleando á su casa. Y ojos fingiendo que duermo, oigo que sollaza y e1eat? la
las estrellas fueron brillando menos y loa galloa cantando humedad de sus lagrimas en mi mano. Ahora me quiere
más. De rato en rato, Roea eacuchaba el ruido de un e~• ahora no me abandona ahora me cuida con las tiernas
rruaje: era el de alguna de sus amigas que volvía del ba1• solicitudes de una mad~e. Si me alivio, volverá á escale. Poco á poco, la luz, prim.ero tímida y bl.a~qui~ca, se parse volverá. á. buscar lejos de mi, las emociones del
fué diseminando en todo el etelo. Pasó una dlhgencia por juego: Ya no le tendré 1á mi lado, ni sentiré sus labios en
la esquina y se oyeron .las campanas de la profeaa l!al?an- mi frente. Se irá como Pe ha ido tantas veces, dejándome
do á misa. Roaa no qmeo entonces permanecer más t1em• muy triste y solitaria. Si me muero, tal vez el recuerdo
po en el balcón. ¿Qué dirían los que la vieran? Además,
de la pobre víctima le aparte del camino p0r que vá .. No,
sus dientes chocaban unos con otrof!, y un desagradable
no quiero aliviarme. Quieroeatare?f.erm1ta mucha t1e1;1•
escalofrío culebreaba en su cuerpo. Rosa, tan débil, tan po Por eso cuando me trae la med1crna, recurro á algun
cobarde y tan friolenta, había pasado una buena parte de pr~texto pa~ quedarme sola, y derramo el elixir en el
la madrugada en el balcón, y, lo que ea peo:, en traje de
suelo ......... !
baile, con los hombros y la garganta descubierta.
Tan poseída de dolor estaba, que no observó la ligereza
de su traje. Sólo cuando la luz, entrando brusca por las
Allá, bajo los altos árboles de~ Pante~n Francé~, duerpuertas emparejadas del balcón, íué á retratarla en el es•
pejo del armario, Rosa se vió ataviada por la fiesta y cu• me la pobrecita de cabellos rubios~ qmen yo qmae du•
bierta de floree, como una virgen á quien llevan á en· rante una semana ...... ¡todo un siglo!. ........ y se casó
terrar. Entonces, acurrucada en el sillOn y cubiertos los con otro.
hombros por un tápalo, soltó á llorar. ¡Había penaado
EL DUQUE JOB,
en divertirsetantoen aquel baile! PorqueBoea era al fin
y al cabo una- chiquilla. ¡Se había puesto tan linda, no
para cautivar it los demás, sino para que Pedro la llevase
con orgullo! Y en lugar de la fiesta, las congojas, la angustia, y luego ......... luego la certidumbre horrible de
que su -esposo, sin tener piedad de sus dolores, la dejaba
á las puertas de una casa de juego, donde probablemeale se
arruinaba. Rosa lloraba como una nifia y poco á. poco iba
arrancando de sus cabellos aquellas flores que tan primo•
rosamente la adornaban. Y aaf pasó todavía una hora,
oyendo el ruido de las escobas y las conversaciones de
loa ban·enderos que barrian la calle.
Por fin conoció los pasos de Pedro. ¡Sí, era él! aecó sus
111ED.A.LLON
lágrimas precipitadamente, tuvo vergüenza de haber llorado, la cólera venció en su ánimo al dolor y se dispuso
á reñir, á desahogarse, á increpar con justicia á en mariBajo el rico dosel de tu cabello,
do. Pero ......... ¡en vano! la vista de Pedro la desarmó;
tu semblante moreno y sonrosado
venía lívido, derrengado, con los ojos de un hombre que
es suave crepúspu lo bañado
ha perdido la razón, deshecho el lazo de la corbata blanpor el pálido nácar de un destello.
ca y erizado el pelo del sombrero, apenM pudo hablar!
Hermanaa lo apacible con lo bello
-Tienes razón ......... soy un mieerable ......... He pery ostenta~ la dulzura y el agrado
dido todo ......... tus coches, tus alhajas ......... mis caba•
con que tiende al sentirse 11cariciado,
!loa, ¡nada tenemos! ¡Te he arruinado! ¡Te he arruinael cervatillo tímido sn cuello.
do! ¡Soy un canalla!
Sangre de roes por Abril nacida
en tus mejlias difundir parece
La cólera de Rosa-The ee disipó como fas sombras
una 61\via magnífica de vida,
cuando viene el alba. Ant.e aquella desgracia inmensa,
bajo cuya virtud germinadora
quiso recuperar su eangre fría. ¡Era tan buena! Una ter·
tu alma de virgen á la par :florece
nura inmensa reemplazó las frases duras con que se procomo un botón de pétalos de uurora.
ponía recibir á su marido. Y abrazando su cuello, acercando la cabeza descompuesta de Pedro á su seno, le atra•
J USTO A.. F .-\CI O.
jo á. sí y llorar.on juntos, largo rato1 mientras la luz, in•

t.e

)

A"f, AGUA FUERTE

Era, la caída de la tarde, y elegante.3 carruajes de los
,opulentos llenaban ,,La Reforma.n Pasaban al trote los
caballos, eacudiendo al extremo de las lanzas cascabeles
de plata; y las damitae.i, en el fondo de los coches, entre
cojrnes y pielBS-porqué hacía frío-saludaban con sus
manecitas enguantadas á los amigos, á los lagartijos, á los
admiradores de sus graciae.
En el ctCdé Colón11 las mesas estaban todas ocupadas,
y en las meeasel ajenjo remedaba líquidos ópalos de verdosos fuegoe.
Allá lejos, las nieves del Popocatepetl, tomaban tintes
tortiaaolados¡ en el cielo pálido corría una nube blanca
y el sol amarillento como un enfermo, y sin púrpuras
como un rey destronado, bajaba lentamente hacia Cbapultepec. Un momento se detuvo el disco de oro detrás
de la eetátua de Cuauhtemoc,- formando á. su cabeza,

adornada de plumas rfgidaa, una aureola1 como las que
pintaban en sus lienzos los viejos maestros italianos; pu•
so un polvo de oro e.obre las hojas lánguidas de ka 1&lt;ahue•
huetee 1 &gt;1 cuyas siluetas eEcuá.lidas se dibujaban en el cie•
lo anémico, y por fin, como un dios que cae,. se ocultó
tras el castillo que cierra la calzada ácaballo aobre la roca. De las copas de los á.rbolea cayó-como una bruma
negTa-la noche; el Café quedó desierto y en la sombra
las estátuas tomaban proporciones fantasticaa y los j amnos de los aurigas, con sus anchas alas, fingían ainiestros
murciélagos volando sobre los carruajes, que se alejaban,
con rumbo á. la ciudad, al largo trote de loa hermosos
caballos que sacudían al extremo de las lanzas loa cascabelea de plata ..... .
Hacfe frío, un frío madrilf'ño. El aire que besaba el
rostro había refrescado sus labios en las cumbres eternamente heladas ...................................................... .

»¡Mi cajita de eerilloE1 1 señor! ¡Un centavito para _mi
pan! ¿Sí, mi niño?n
¿De dónde había salido aqne11a chicuela de dos palmo&amp;
de estatura? i De la sombra, doade mora la miseria!
Corría con sus piececitos descalzos, temHando defrlr ...... del frío del hambre tal v.,z! Mf'dio desnudo su
pobrecuerpecito y delg2ducho, delgaducho ........ .
La vocecita tenía algo de tri ~f', algo de rajad('I, comoel eonido extraño que producen las cai'ias cuando lae
azota el viento ....... ..
Y allá, por la amplia A"t"enida Juárfz, iban f'n el fon•
do de los cocheP, entre cojines y pi~lee, las damitas elf'gantes; y los caballos, trotando Jar~o, hacían rnnar a l
extremo de las lanza~ los caecabeles de plata.
RAOUT, CAY.

•
REI.IEVES

-Altiva dijo Laura,Soy la estrofa hecha carne, la Belleza
Modelo de estatuaria!

LUIS G. URBINA

Ya pulsa e:u áureo plectro la cuerda enamorada,
Y en vibración ardiente d~spierta al corazón;
Ya arranca de la herida la flecha envenenada
Abriendo sobre el verso la flor de la ilusión.
Ya·pinta en el análisis del alma encenegada
La voz de las pasiones que ofuscan la razón,
O el paternal instinto, piedad dulce y sagrada
Que vierte sobre el labio la frase de perdón.
Como fecundo cármen su lira emerge flores.
El odio no le inspira, le inspiran los amores,
Del huérfano contrístale la triste juventud:
Y al viento dando altivo eu aliento soberano,
El vate insigne pasa, llevando en una mano
La mano del pequeño y en la otra su laúd.
A ORELIO G.

Y la paloma se alejo á sn nido

Y allí plegó las alas;
La violeta ocultase entre 181!! hojas
Temblando de rubor, avergonzada .........
Y se apagó a] instante el rayo de oro,
Y la onda murió deshecha en lágrimas!
JUAN

B.

DELGADO.

Mayo de 1807.

CARRASCO.

:Mayo de 1897.

REDENCION
La perla es el dolor.-Quedó apresado
en camarín de nácar un lat.ido ..... .
y el mar rodó revuelto y lacerado,
en convulsiones de tit.án herido.

DE UN ALBUM
En floreEtal. Maf'iana transparente,
Cielo azul, aire puro que Ee empapa
F:n el fragante olor de las gardenias,
Que fingen una espléndida nevada.
- Yo soy arrullo-la paloma dijo
Meciendose en las ramas¡
-Yó soy modesto adorno de la virgen,
El perfume es rm alma ,
-Exclamó la violeta;
-8oy luz, vida,
-Clamó un rayo de sol, flecha dorada,
- Y yo vago rumor-prorrumpió alegre
Rodando u na onda de agua.
-Ah! Cal lad ante w f, q ue sois bien voco,

Y duro,ió aquel dolor.-Durmió en la obscura,
olvidada quietud,-gota de lloroel buzo la arrancó de su envoltura
para arrojarla en el festín sonoro.
Sufrir es ascender.-Van hacia el cielo
de la .flor el aroma, en loa altares
el himno y la oración, del av·e el vuelo
y el 1umor de las selvas seculares.
La cruz es ascención. Cual doble puente
que atraviesa el dolor con sus .flechazos,
-de Norte á Sur y de Occidente á Oriente,abre inflexible el símbolo sus brazos.
C ÁRLOS D í AZ

Mayo de 1807.

D UFOo.

CUENTOS COLOR DE HUMO.
DAME DE C(EUR

Allá, bajo los altos árboles del P.1nteón Francéfl, duer•
me la pobrecilla de cabellos ruliio1&gt;, á quien yo qui1:1e
durante una semana ...... ¡todo un siglo!. ..... y se casó con
otro,
Muchas veces, cuando caneado y aburrido del bul1ici('I,
escojo para mis paseos vespntinoa las calles pinto.esca~
del Panteón, en · 11entro la delicada uroa de marmol en
que reposa la que nunca volverá. Ayer me sorprendió la.
noche en esos sitios. CamPnzaba á llover y un aire helado movía las flores del Camposanto. Bmcando á toda.
prisa la salida, dí con la tumba de la muertt&gt;cita. Detú·
veme un instante, y al mirar las loeas humedecidas por
la lluvia, dije con profundísima tristeza:
-((¡Pobrecita!)) ¡Que frío tendrá en el mármol de su
lecho!
Rosa-Thé era, ea efecto, tan friolenta coma un criolla
de la Habana. ¡Cuantas veces me apresuré á echar eobresus hombros blancos y desnudos, á la salida de algún
baile, la capota de pieles! ¡CuántáE veces la vf en un rin•
eón del canapé, escondiendo loa brazOE\ entumida, bajar
los pliegues de su abrigo de lana! ¡ Y a hora allí está. bajola lápida de mármol que la lluvia moja sin cesar! ¡P(•·
brecita!
Cua11do R'}ea-Thé se casó creyeron sus padres que iba
á ser muy dichosa, Yo nunca lo creí, pero reservaba misopiniones temeroeo de que lo achacaran al despecho. La

verdad es que cuando R ,sa-The se casó,yo había dejado
de quner1a, por lo menos con la viveza de los primeros
días. Sin embargo, nunca noe hace mucha gracia el casa•
miento de de una antigua novia. Es como si nos sacaran
una muela.
Sobre todo, lo que aumentaba mi dieguato era el convencimiento profundo de que iba ti ser desgraciada. Me
ponía co~o. una furia al eECuchar las profecías risueña~
de su fam1ha. ¡Cómo! ¿Qué iba á ser P~dro un buen mR
rido? Pero ¿no Paben esas gentes-decía yo para mfque Pedro juega? Atribuyen á. la funesta ocioaidad tan
serio vicio; creen que una vez casado va á enmenda1·
se ......... pero loa Jugadores no se enmiendan.
Y -en descargo de mi concie-ncia, lo diré -yo habría.
visto, si no con alegría, con resignación á lo menos, el casamiento de Rosa-Thé con nn buen chico. Pero lo contrario de un pozo es una torre; lo contrario de un puente
un acueductó ¡ lo contrario de un buen marido eso era.
Pedro. No porque le faltasen prendas personales, ni B'.l·
Jud, ni dinero, ni cariño á la p:ibre Rosa-Thé, pero eí

FILOSOFI.A.
La fuente se une al arroyo,
el arroyo se une al mar
y las brisas y las 1:1,uras
unidas vienen y van.
Si pur ley del Universo
no hay un ser en soledad;
si todo se une con algo,
¿por qué uuida á mí no ~stás?
Loe wontea besan al cielo,
besos las olas se dan,
la flor desdeña las flores
que no besan á su igual;
rayos de sol y de luna
b~1fün la tierra y el mar:
y ¿q11é vale tan~o beso
si 1.11.1 me besM Jamás?
)L.\.N UE' t

Go.sz..i.LES

PR ,\IH.

~
EL BUSTO OE NIEVE

De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba
y el cuerpo al busto con furor jnntaba
temp lando el fuego que en Bll pecho ardfa,
Cuanto más con el bu1:1to el cnerpo unía,
más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba
y el busto de mujer se déshacfa.
En tus luchaa, ¡oh amor!. de quíen reniego,
siempre se un~n invier~o con est!o,
y ai uno ama arn fe, qmere oko c1~go.
Así te pasa á ;"í corazón mfo,
que uniendo el la su nieve con tn fuego,
por ~atar de calor mueres de frío.
ÜAUPOA)IOIL

SPIRIT.A.
Como flor que, de noche tola.vía,
el cálíz tiende á. la invisible aurora,
así vuelves tu frente soñadora
al sol oculto del incierto día.
¿Por qué huyendo del siglo en agonia
buscas, joven sibila encantadora,
en la sombra. la luz rave ladord.
y la vida en la muerte muda y fria?
De allf, de donde lo irreal empalma
con la verdad, caerás á. este planeta;
que aun de tu cielo místico en la calma,

Al contagio invencible estás sujeta
de esa neurosis má.giea del alma
llamada amor por el primer poeta.
JUSTO 8IERR.\.

AL CRUCIFICADO

Al través de loa siglos aun perdura
la magia incomprensible de tu acento.
que se propaga de uno en otro viento ,
impregnado de mística dulzura.
El Cedrón en sus m4rgenes murm ura
tus enseñanzas, y el Tabor, atento,
destacado en el limpio firinamento,
en antorcha inmortal se transfigura.
De la Tebaida á Roma, y desde Roma
á todo el mundo, tu palabra toma

fuerza mayor, y soberaua, impera;
Y cruza peregrina las edades
eobre pueblos y baatae soledades
hasta llegar al cielo que la espera.
M. A. SulREZ.

Sabiendo mi virtud ¿por qué te extraña
que me encuentre á mi edad alegre y sano?
De remiendo en remiendo nna cabafl.a
vive más que P 0mpeya y Herculano.
C AMPO.A.l(OR.

�370

EL MUNDO

DDII IIIGú 30 DE IIAYO DE ,llg7

DOMINGO 30 do MAYO do 1897

EL

MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por lblaría !!escot.
NUMERO II.

-Que edad tenía Santa R 1folia1 prima Aglaé? DJ.dme
alguno:3 datos. Rubia 6 morena? Joven 6 vieja? Virgen
ó viuda? En qué tiempo? en que país? E3 un poco ignorada vuestra Santa, convenid en ello. Preferiría pintaros
una Santa Ines tomando por modelo á Lila.
Aglaé no se rindió sio alguna dificultad. Una de las
inocentes manías de la vieja sefiori5a era la continua investigación de los santos y las saatas menos conocidos.
S00 los más desocupados, decía, y por lo mismo tienen
más tiempo para velar por nuestros intereses.
Sin embargo se resignó y Lila consintió en servir de
modelo; hubiera consentido en todo la pobre nii'ia con el
tin de detener á su padre en Pontarlier no pudiendo arrojar de su corazoncito celoso, el horrible temor.
El reirato comenzó entre un concierto de alabanzas.

tiempo á quienes Elena socorría. Algunas veces en las
callee de la pequefia ciadad entraba á las casas de comercio y hacfa compras inútiles á fin de verá los comerciantes detrae de sus viejos mostratf.ores.

la excelente muchacha exhalaba á 1a vez su reconocí
miento y su guEto germánico por las divisas sentimentales.

En medio de su trabajo y de sus recuerdos, pasabánae
los días dulcemente; en cuánto á las veladas, ese tiempo
tan difícil de llenar en las pequefi.as ciudades, la sefiora
Fouraeron habla peosaio en ellas, no siendo de esas generosas imprevisoras que dejan en la ciudadela un punto vulnerable. No había que contar con las señoritas de
Lezines que, levantándose á buena hora para las misas
matinales, gustaban de acostarse temprano; ni con Jaco•
bode Sommeres á quien el temor de la humedad retenía
en su casa; ella obtuvo que el presidente del tribunal y
el doctor fuesen á jugar al whist con el señor Duvernoy.

Los temores sobre la solidez de los .Minoret Re habian
disipado hacía algún tiempo y sin emb¡,¡,rgc•, Fernando
no pensaba en partir de nuevo. No había olvidado la
promesa hecha á Beltrana, pero difería su ejecu~i6n. Fre•
cuentemente hablaba con Carlota de su amiga.
-Ciertamente, señorita Carlota, volveremos á verla
muy pronto. Decfdselo cuando le escribais. Pero ese
bien pronto se transfería de semana en semana.
Jacobo de Sommeres demostró sin mucha dificultad la
necesidad de toma; medidas para la explotación del bosque de los Lannes. La sefiora Fourneron no fué mal aco•
gida caando habló de reparaciones urgentes en el techo
de la casa, reparaciones que el ojo del amo debía dirigir.
No se le dejaba respiro, contribuyendo grandemente á
esto el 1etrato de Santa Inés qne le retenía cautivo por
el lazo misterioso que une el art.1bt.a á su obra.
Loa craatro conjurados se felicitaban en voz baja, mas
una nevada prematura hizo que Jacobo apresurase su
prepara ti vos de partida.
Hubo en caea de la señora Fourneron un postrer conciliábulo y como ella ee desolaee de la pérdida de un aliado tan precioso, él emitió una duda:
-Por mi fe, tía Fouroeron, estais segura de que existe
eea mujer satánica? Por mi parte comienzo á creer que
hemos emprendido una cruzada contra los molinos de
viento. He ensayado confesará. Fernando. Yo no soy un
director de conciencia bien experimentado, pero entre
hombres, ya lo sabéis, se habla con franqueza ...... ¡Oh!
no os tapeis las orejas, primas Lezines, nada aventuraré ...... Pues bien, Fe ruando á mis preguntas solapadas
ó directas, ha respondido con e 1más grande candor de
alma, bosqueJando como artista, mas no como enamorado, las di verEas beldades femeninas encontradas á través
de sus viajes: la turca, la rumana, la montenegrina, la
italiana, pero el diabi.o me lleve si su voz temblaba ó ü
brillaba su mirada.
-Yo, dijo Aglaé, hablé á la señorita Carlota y pude
convencerme de que nada sabe. Ella proclama á Fernando el más virtuoso de los hombres.
-¿Si interro..,asemos á Lila? propuso la sefiora Fourneron.
Los otros tres protestaron.
-De ninguna manera. ¿Peneais que Je haga confidencias á su hija y la conduzca consigo á casa de las per didas?
Además,'como los cuatro eran gentes honradas, repugnaron esta información con la nifla.
- Pero entonces, dijo Aglaé, resumiendo la situación,
no valía la pena de ligarnos contra una enemiga que no
existe.
Se sentían abochornados1 y censuraban un poco á Fernando su conducta y su virtud.
-A fe mía, tanto mejor, dijo la sefiora Fonrneron, yo
podría suprimir las part.idas de whist. Me agradaríe acostarme á buen a hora.
-Además, añadió Aglaé, van á llegar los grandes frfoe.
HaY vientos colados en eu taller; yo be tiritado tres 'Veces ayer al volverá mi casa. ¿No es verdad, Eulalia?
-Entonces, declaró Jacobo, la liga de familia esta disuelta; renunciamos á salvar al que no está. en peligro.
Los cuatro coojurados se separaron.
El porvenir debia, empero, demostrarles que es imprudente desarmarse demasiado pronto.

;

•.

, ,-.,;,.._,;',

---

-

Era tan linda esa niñita! Personificaba tan bién á la an·gelioal y conmovedora niña que murió mártir á los trece
arios. En tanto que eervfa de modelo con su gravedad
de santita, la tía, Jácobo y las primas €'e instalaban enel
-taller, llevando la una las noticias de afuera, los comadrazgos, y las otras lo!! ligel'$8 cancanes piadosos, anodinos y embalsamados de incienso; las señoritas de Lezines no gmtaban de criticar, solo que era preciso divertir á Fernando, a!!egurar el triunfo de la buena causa y
la derrota de la Dalila de marras.
El pintor se interesaba por todo y por todos: los cambios sobrevenidos en el seno de sus amigos viejos, el ma'trimonio de los unos, el divorcio de los otros. Había
muchas cosas que contarle¡ se interesaba aun por loa
.,-0breroe, por la gente del pueblo, por los pobres de otro

ran viejo maestro.
Cuadro de K.aulba.oh.

Carlota compuso el centésimo capftulo de su novela:
Si el honorable señor Duvernoy la había llevado á Pontarlier, era á fiu de permitirle conquistar los corazones
de toda la familia, ani1s que anunciase su proyecto de
matrimonio. Así ea que Ee aplicaba lo mejor que podía
á agradar; procuraba ganar las simpatías, levantando co1,1
inalterable paciencia las mallas que los dedos endurecí•
dos de la vieja tía dejaban caer; oyendo con ávida deferencia las piadosas homilías de A~laé, riendo con todos
sus dientes largos y blancos las bromas de J acobo aun
cuando no siempre las comprendiese, y sobre todo, amando á todos, inclusive la pobre difunta. Sobre la tumba
tan largamente abandonada, colocaba coronas donde las
palabras de 11Recuerdo eterno,n en perlas blancas, se leían
sobre un fondo de perlas azulee: ingenuos CJ.·- cota en que

XXXII
Sin embargo, no era una criatura absolutamente perversa esa Beltrana Meriadec. En otro medio, en otro siglo, hubiera sido buena quizás, mas era de este tiempo
de ambición y de avidez. El hombre que debía ejercer
tanta influencia en sus destinos, así como eo los de Valeria, su amiga de infancia y coterránea, no~había contribuido por cierto á mejorarla. Leódice era uno de esos
productos de la civilización parisiense, que acaso serían

�57~

372

EL MUNDO

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

h ombres sín6 lee faltase el corazón. :Kinguno conducía tregada por completo á las dificultades de loa acompañ a· tinal la penetraba de una suave y blanda influencia: oía.
IBáe brillantemente un cotill ón ni decía mejor un monó- mientas, sudaba la gota gorda temiendo á cada paso e l mar que cantaba dulcemente. Sus sueños de ambición
se desvanecían para dar sitio á un hermoso ensueño de
logo, ni cantaba con más finura una copla, ni guiaba con perder el compás ó comerse alguna nota.
En verdad Beltrana no saboreaba sin placer esos lin- amor. Sí, ella amaba con todas las fuerzas de su alma ~
más habilidad el rondó loco de una orgía. Grande, andos preliminares de amor: sin embargo, al cabo de tres Y el que amaba iba á venir. Esa fugitiva y súbita eepe•
cho de eepaldas, con la barba y los cabellos negros, de
alegre humor, tenía con las mujeros numerosos éxitos, semanas ee inquietó. Era muy bello cantar con ojos in· ranza fué el instante más dichoso de su vida.
candescentee: «Leonora, amor mfon ...... pero poco prácti•
Una cortina de púrpura 1eemplazó en el Oriente la
pero no hacía locuras.
Su padre le había inculcado desde temprano los prin- co. Ella había esperado algo y ese algo no venía. Por delgada banda pálida, levantóse el sol y sus primeros
qué Leódice tardaba tanto en decir: ci Es Beltraoa la que rayos acariciaron el dolmen. Leódice no venía. La jocipios de la economía y de la cordura.
ven ee había pueeto de pie, ansiosa, interrogando la ex•
Esos consejos habían caído en buen terreno; ninguna yo amo, es ella con quien quiero casarme?11
Y á nadie podía pedir consej o para apresurar esta so• temión desierta.
mujer podía preciarse de haber conquistado· á. Le6dice,
porque ninguna flor de amor había germinado e~ su co- lución feliz.
Había en el granero de su casa, una caja llena de no•
El hermoeo Leódice durmió perfectamente bien aquerazón.
velas compradas por el capitán durante su:1 ocios en las lla noche: por un amorcillo no perdía él su sueiio. Los
No ee resignó á cargar la cruz del matrimonio sin gruciudades de guarnición. En ellas buscó la experiencia de primeros rayos del sol levante no ofrecieron á eu espíri•
fiir un poco. Fué preciso que su padre le pusiese ante los
tu de parisiense má3 que una figura dei retórica. El cre•ojos un cierto documento importante, que abriese ante que tenía necesidad.
Los
cuentos
de
hadas
y
la
historia
le
habían
ense-llado
yó levantarse á tiempo poniendo la aguja de su desper•
él cier~ libro de cuentas en que el debe y el haber no se
eqilibraban de una ma1.1era satisfactoria, El hizo una muchas cosas, las no velas le eneefiaron otras. El'.as tam- tador á las seis de la mañana. Después se acostó con el
bién proclamaban la omnipotencia de la mujer, pero alma tranquila, murmurando:
mueca.
afladian que la fortuna amaba á las audaces, y que el
-Para una primera cita hay que demostrar apresura-¡Diablo! ¡Diablo! pero casarse con una prima tan fea,
hombre no resistía jamás á dos hermosos ojos. Le en• miento y exactitud. ¡Muy inteligente esa chica y llena.
es duro, papá, sabe usted.
sefiaron algunas astucias de guerra: huir para que osper · de buena voluntad! ¡Cómo reventaría aquí yo de fastidio
-Menos duro que la ruina, hijo mío.
sigan, reservarae para hacerse desear; sólo que en esta sin ella!
-Ent.onces lo haré ya que ea preciso. Mas para qué
Dicho esto, se durmió á puño cerrado.
hacerme irá la Bretaña? Yo conozco bien á Valeria y vez las astucias de nada le sirvieron.
Fué en vano que un día apenas llegada. diera trazas de
Cuando el despertador sonó, se estir,\ se levantó, hizo
va tendré tiempo de verla. La mujer con quiea uno ee
irse; él no la siguió. Otra vez dejó pasar la hora de su su toilette, pidió su chocolate y salió de la casa todavía.
•casa es la sola á quien no se tiene interés en cortejar.
visita cuotidiana; el no acudió á buscarla. Penetraba con medio despierto. Apenas hubo puesto los pies en el din-No, no, hay que darse prisa y obrar en eso franca~
mente. Tenemos necesidad de la dote y no hay que an• mucha facilidad esta coquetería elemental y se di vertía tel, llegó á su oído una exclamación.
sin preocuparse de ella.
-Magnífico, muchach0, magnífico. Rete levantado
darse por las ramas.
Entonces creyó haber perdido la batalla y resintió duantes dt!l medio día, te perfeccionas. S11be conmigo; re•
-Perfectamente papá. Iré, aunque no con mucho
ra pena. Su corazón sufría más que su vanidad: la tris- cibí una carta de tu padre y querría platicar contigo.
gueto.
teza
que no trataba de ocultar la volvió más seductora y
Leódice hizo un gesto de despecho.
Y habfa ido á Bretafia muy contra su gusto: abando•
la
prudencia
de
Leódice
recibió
uoa
primer
herida.
Sí, tío, sólo que yo tenía la intención ...... Mi prima
nar el boulevar aun cuando fuera por dor meses, hacer
-Dónde puedo veros sola?
me hizo admirar una acuarela; yo quería ver si el colorla corte á uaa muchacha fea, le parecía ti la vez un des·
Estas breves palabras murmuradas muy bajo, la hicie• era exacto, á las primeras luces del sol levante.
1 ierro penoso y una insoportable molestia. Se fastidiaba
ron
extremeceree. No tuvo tiempo de responder. Vale -¿Del sol levante? ¡Pero si hace media hora que el
&lt;lemasiado en aquella villa Martín ti donde había ido á
ria
se
aproximaba
sin
la
menor
sospecha,
pero
con
ese
sol
se levantó! Sin embargo, si insistes en dar el paseo,.
buscar mujer, y sin una carta má.a perentoria y más in•
deseo
de
una
mujer
enamorada
de
no
perder
ni
una
sola
te
acompafio.
¿A dónde vas?
quietante de tm padre, al cabo de tres días hubiera deeer·
palabra del que ama, de encontrarse siempre ante sus
u Diablo, diablo, pensó Leódice, que posma de hombre.&gt;~
tado.
Y en voz alta añadió:
Valeria entregada por completo á su dicha, había ojos.
Leódice no podía repetir su pregunta delante de aquel
-Yo iba tío .... .. yo iba ...... ¡Diablo! voy mejor á sen•
f)lvidado á Baltrana¡ pero Beltrana no había olvidado á
oyente. Las nove!as le habfan ensefiado á Beltrana q11e
tarme con vos en vuestro gabinete. Para platicar, sabéis.
Valeria .
la
ocasión
perdida
no
se
vuelve
á
encontrar;
sin
perder
el
está
uno mejor sentado.
Una mañana loe dos novios la vieron aparecer en la
Por fin el señor Martin se explicó:
puerta del salón de la villa Martín. Llegaba tímida, ex• tiempo en vanos escrúpulos, tomó un albuw colocado so•
-Mi querido sobrino, adivinarás sin duda el objeto
cusandose y no quería molestar á nadie. Sólo tenía una bre la mesa, lo hojeó, se detuvo ante una acuarela que re p:dabra que decir á su amiga, un informe que pedir, des· presentaba una piedra druídica al borde del mar. Vale• de esta conversación. Tu padre al enviarte á Bretaña teria había agotado para la ejecución de esa obra maP.stra comunicó sin duda su proyecto. Me ha pedido para tí la
pués ee iría.
todas
las riquezas de su paleta: la piedra era verde, la
mar.o de tu prima. Yo he transferido mi respuesta; no
La buena Valeria la retuvo afectuosamente.
arena anaranjada, el cielo rojo y el mar índigo. Abajo se
soy un padre bárbaro y quiero dejar á mi hija libre para.
-No, no, ea preciso que conozcas !t mi futuro marido,
leía esta leyenda explicativa: 11La roca de las Hadae.n elegir. Ya hace tres serna.nas que estás aquí; tu padre
dejame preeentartelo; quedate á almorzar con nosotros,
Beltrana pareció absorverse en la contemplación de esta me urge para que tome una resolución. De parte de Vaquieres?
Le6dice miraba á la recien llegada como los hebreos de· página notable, y de pronto deslizó hacia el joven · una leria nada hay que temer; tu eres un muchacho demasía•
bieron ver el maná ceyendo en el desierto ante sus ham• mirada furtiva. El, atuzándose el bigote sonrió con lin• do guapo para volver la cabeza á una doncella, en esono hierras. Pero, ¿te gusta ella igualmente? ¿la amas?
brientoa estómagos. Sus ojos repetían pero mucho más da eonnrisa de fatuidad; había comprendido.
-¡Qué colección de preciosos talento:! poseia, prima
Pronunció esta última frase con una evidente vacila•
elocuentemente la invitación de Valeria: 11Quédese, quemía! pero el cielo es muv rojo: ¿son esos loe fulgores del ción. Leódice enderezándose en su sillón dejó oír un
dese.11
alba ó los fuegos del crepúsculo?
murmullo poco respetuoso.
Beltrana se quedó!
-Son los los fulgores del alba, dijo ella¡ me había le·
-Tío mio, dijo en tono de reproche; yo os creía un
Y volvió al día sigeiente y todos los días que siguieron.
Valeriá misma le hacía instancias. La excelente mu· vantado muy temprano esa maiiana. Dibujé esa roca á hombre serio, estamos tratando de negocios y me contais,
farándulas romancescas. Mi prima es encantadora y yo
chacha experimentsiba como un escrúpulo de ser tan fe• los primeros rayos del sol levante.
-¡Oh, muy bien! dijo él; después repitió mirando á estoy dispuesto á casarme con ella, puesto que lajhe pe•
liz cuando su amiga lo era tan poco, y habría querido dar
dido en matrimonio. ¿Pero qué dote me aportará?
le una parte de eu dicha. La invitaba á paseos y se la Beltrana: uA los primeros rayos del sol levante.n
Esta vez á eJla le tocó sonreír.
Desde ese momento la conversación se volvió tan inatraía sin la menor desconfianza.
Beltrana no durmió en toda la noche. Una alegría cul• teresante para Leódice, que olvidó su cita.
El triunfo da B~ltrana fué mis rápido de lo que ella se
-Yo entrego á Valeria, dijo el señor Martín, con la
e:iperaba; desde el momento en que Leódice la miró, una pable, loca, intensa, la tenía en vela. Jfo pudo permane•
corriente magnética ee estableció entre ambos. Enton• cer en el lecho. Si iba á sorprenderla el sueño! Si iba á herencia materna, es decir: 1?, 50,000 escudos llevados
ces ella pensó en que log euentos de hada e, las novelas y llegar demasiado tarde á esa primera cita! Se levantó, se como dote por mi difunta mujer; 2?, 200,000 escudos dela hiet.oria no mentían, en que la belleza era realmente vistió, se sentó cerca de la ventana. Vió desaparecer las comunidad establecidos por inventario á su muerte; y
el poder supremo, y en que la rica Valeria Martin sería constelaciones¡ un tinte palido alumbró el cielo sombrío; afiadiré 50,000 escudos como rendimientos de mis cuen•
entonces descendió con paso furtivo la escalera, abrió la tas de tutela.
vencida por la pobre Beltrana Meriadec .
-Que la peste caiga sobre vuestros escudos, tio mío;:
La primera vez que L96dice le estrechó la mano, dán• puerta y salió con el corazón palpitante de temor y de
alegria
loca.
eso
hace apenas un total de 900,000 franccs. ¿Que no podole ano de esos apretones largos y expresivos en los
Corrió más que marchó hacia el dolmen que lleva el dríais llegar hasta el millón? ¿Y qué le dejaréis á vues•
,, 1e parece que el corazón se entrega, ella se ruborizó con
orgullosa alegría. Algunas miradas amorosa a, algunas nombre de «Roca de las Hadas.n La noche estaba aun tra muerte?
-¿A mi muerte? Hombre, ao te coses por cierto la bopresiones furtivas de manos, eran ya como el pTincipio obscura, el cielo y el mar se confundían; apenas si del
Ja
para hablar.
lado
del
Este
un
fulgor
pálido
dibujaba
el
horizonte.
No
del camino; desgraciadamente Beltrana nunca lo veta so•
lo ...... siempre Valeria se encontraba entonces entram• surgían aún los primeros rayos del sol levante; sin em-Decididamente, dijo Leódice con una gravedad des·
boa; la música les sirvió de intérprete: Leódice poseía una bargo, deecepcionose de no encontrar en la cita, habién• dei"ioaa, no sois un hombre serio como yo pensaba, nada..
voz fuerte, vibranteJ algo pastosa, y cantaba romanzas doae como ella anticipado á la hora , al que amaba.
de sensiblerías. Ea I1Stural que os fastidie hacer delantt,,
apaaionlldas que Valeria le acompañaba en el piano, y en
Para tomar paciencia, trató de recordar el hermoso dis• de mí el balance de vuestros fondos, pero cuando cae a.
esos momentos, él, de pié, un poco detrás de Valeria,
curso compuesto por ella con briznas de novela y que uno á. eu hija hay que resigna.rae á ello.
miraba a su sabor á B~ltrana, quien comprendía perfec· debía infaliblemente llevar á Leódice á pedir su mano.
-Pues bien, dijo el ae:ñor Martin después de alguna&amp;
tamente que aquellas melodiosas y ardientes declaracio• Mas he aquí que todas las palabras del discurso volaron instantes de vacilación, dejaré á. Valeria ocho millonee.
nee ~ Plb sol:.l ern.n dirigidas, en tanto que Valéria, en• sin que ella acertase á asirlas; la poesía de esa hora ma.
-¿Sin contar loa 900,000 francos de su dote?

_ _;D!!;O!!aM!!,!:IN!!;G!!:0~3~o~D!EJM~AY!'O!!.,!D~E~189~7~==== ===========!E~L;;,.!M!U!:'!N!,!D~O~=============-==========aaa
- Sin contarlos.
Entonces eso alcanza una fortuna de 8 millones 900,000
francos. Muy linda suma, lo confieso; las esperanzas snn
suficientes, pero la dote ca.~i no lo ee. No podría aumen·
tal'Be la una con detrimento de las otra9?
El tío aacudio con irmeza la frente:
-No, no, muchacho, basta con 900,()(X) francos. Yo
quiero un yerno que tubaje como yo he trabajado y que
no tenga por única. ocupación hacer que tiren las mu·
jerzuelaa el dinero de su esposa. He recibido acerca de
ti informes que me inquietan: te diviertes y entretieues
perdidas.
Leódice se levanto de un salto, y exclamó con un mo-vimiento de indignación no fingida:

El sefior Mart(n rió francamente.
- Farzante, quieres que ande en eso ti los sesenta afios,
y á los di ez de viudo?
-Hum\ ya se ha visto eso; pero debo decir en ala•
bauza v11 estrn que los informes que tengo sobre vos son
excelentes; sois cuerdo. No en balde las muchachas de
BreBt os han apellidado el «oso Martín .» Yo creo en
vuestra virtud, tío mio, y os doy una brillante prueba
caaandome con mi prima; pero si me eogañaia ...... .. .
-Puedes d ... rmir en -paz, mal bur!óu: anda á buscará.
tu prima, eet,l en el járdia. Tt'ngo la. ida de que será fe.
liz sabiendo por tu conducto el resultado de nuestra en·
trevista.
Leódi::e ee dirigil hacia la playa afectan lo la ::ictirnd

de un paseante perezoeo, temiendo que le siguiesen.
Cuando percibió á. R !ltrana, Sentada al pie del viejo dol·
men con las manos cruza las sobrd las rodillas ; en la ac·
titud de las esperas vanas y lar~as, ex periinentó una ale•
gría en que no sólo jugaba el am or propio.
-PtJbre muchacha, sería dema.sido cruel dejarla pasar
así todo el dia.
Aproximóee á ella, le tomó las dos manos, las cubrió
de beso~. Ella, por su·parte, no pensó ya en disimular su
alegría radiosa. Edtaba tan linda, que é l olvidó á. Valeria
á Martín de Brest y aun sus nueve millones, Y ·eolicitó
arJien~mente otra cita pero una cita, á la hora en que
duermen lod fut.ur0e suegro~.
Continuará.
""'----'-.,,

.~ ~

- )Je hnn calumniado, LÍll mío; jnmás las he paga•
do, b:en Fe lo que tragan.
--Entonce1:1, dijo , 1 tío ya tmnquiliza&lt;lo, me jnras
l,acer feliz á Yaleria?
-La haré feliz, naturalmente.
Y en tanto que hablaba, examinabaá.su tio con des•
('Onfianza:
- Y vos, no Je comeréis sus ocho millones?
--Puedes tranquilizarte;eetan más seguros en mis
manos que en en las t.oyas.
- Y no os volveréis á. casar'l' Eso no sería un juego leal.

�DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92456">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92458">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92459">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92460">
              <text>22</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92461">
              <text>Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92462">
              <text>30</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92479">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92457">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 22, Mayo 30</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92463">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92464">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92465">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92466">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92467">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92468">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92469">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92470">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92471">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92472">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92473">
                <text>1897-05-30</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92474">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92475">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92476">
                <text>2017481</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92477">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92478">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92480">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92481">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92482">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1036">
        <name>Al agua fuerte</name>
      </tag>
      <tag tagId="697">
        <name>Ciclismo</name>
      </tag>
      <tag tagId="990">
        <name>Damas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1033">
        <name>Diamantes de acero</name>
      </tag>
      <tag tagId="1035">
        <name>Emperatriz de China</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1032">
        <name>Jean Goujon en Paris</name>
      </tag>
      <tag tagId="1034">
        <name>Primero vapores</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3544" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2186">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3544/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._21._Mayo_23..pdf</src>
        <authentication>24bee5443ab43e507cc793153bc78ca1</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117366">
                    <text>~·

.

... .. ,.

~

~'

TOIIO I.

~

MEXICO, M.A. VO z3 DE I897.

'~
\~

~. ---~
'

~

V.OP

...

Antes de Acostarse
t{tmcnse las POlloríl.'i. del Dr. Ayer
" s&lt;" tlormir:i nwjor. para despnta.rsr

;nc'.jc,r dispuestos á c•mprender las
faena~ del dta.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer
no

tie1H'll

igual

como

~~\\08/t

remedio

·1•rnul.1 hh• ,. c,fit'az para &lt;·l estreü1~:;iP11tr1. 111:1osilb!, j:1queca y todos
111,:; 1h·~:irn·~los tkl hí~,1do. Esl,í.11
• z11r-ar:1tl:u•, y ¡m•panulas ('Oll tanta
111•r\1'(·&lt;·1ún 1¡11c &lt;'Hr:111 sin ir arompaibd;•s 11:• las nio\(•slias •lt&gt; olrns
¡,lidqra!'i tlt•l 11wn·adn. Pítlan:•;t• al
far1na&lt;·ént iro 111· qt1(• !-C' '-ine l.1s
l'í11lora:; dE-1 nr.. \y1·r. ('uarn!o 1\(1
pn1dn1.1·:m d,•d11 ntr:1s 1,lldnr:1~. Ls

0 001'~~

d1•I J)r •.' yE-r :-:&lt;&gt;&lt;•1wo1:trar:ín dic-:1(•t•s.
PRl.-.'IER PRE.l\tlO CN LAS

t1oosiclunes Un!vers2tes de ~:"r".lelo:-ia 1Ch:¡;ago.

FijReen enla S1LI.A

IJE VOLTEO, la ,¡.

nica bicicle1,a 4ul'
tiene esta ve 1tl\jB

.. la VICTORI \, la

máa cómoda, bt"rmoea y fuert.e.
Las biciclet.aa
VICTOR Y VICTORIA

t,ienen más re 'or•
mas modernas y xclusivas que nio tll·
nae otras.
Pídanse cattil \g'OE'
y pormenores,
Trachsel y Cia.,
Unicoe A.gentes pa
rala Repóblica.
Aparte.do 349 CallP dt' hai ntP num IS M..11:xi1..r.

ED.PIIIUD

RESTAURADOR

17NIVUSAL DEL

CABELLO

PREl"AIUOO POR EL DR.T CRfiEL OE PAlllc;

PARIS-37, Bou}dcte Strasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

CJ1o¿(e/a !Yle1iza

"CX!C.\ PnEr.rn.~fl0'J
PAR! RF.ST.-\'Cl.l!CF.R, ,·1cn1m.Aíl Y llEl:)IO~l!AR

u. CABELLO.

Jlll'llJJ:: LA l'M )LHUIA t:.UIU IIU, l'tU,,

1.nr.~ us t:~;\.\~ Y l.lUl'IA LA CAilEU.
PREfERllll.E A TOIH 1'111.l'Al~.\1.IO;\ !JE Qlll:,i_\
DE llrNTA U TOOlS LAS OROGllEt.111S Y P!:RFUIIIERliS

&amp;1 notno oficia l.
l!'Áll:!tIOA ESPECI.AL do AFZIT:.S do TOCADOR pa.r~ PASEO y 'I'EA'I'l!O
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRtl.
POLVOS para eu.-pol1·nr 101 enbelloe. Blondo, bl.nnco.
ROJ~ y BLAftCO en eh.1peta1.
oro, plnui y diamanle.
ROJO VEGETAL en polTO.
BU#CO de PERLA en po!To, blnnto, r6'eo, Rache\.
LÁPICES eapeclnliu para ennegrecer peata!l:u y ce}Q1. POMADA ROJA para IO! \nbloe, en botes 1 en rolloe.
los P•nductns de CH . FAY se ,ncuentran en el Mundo ent1ro, en casa de 101 Prlncloales Perfumls1as J Droguts111

RESERYADO

{l&gt;lbujo de Jo..,é

» ..

Vlllaeana..J

•

NUBEil.0 :n.

�EL MUNDO

340

" E L MUNDO"

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio nllm. 20.-Apartado 87 b.

MBxrco
Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe aer dirigida al
Dlrector,,Llc. Kaf"ael Reyes Spindola.
Toda la correspondeucia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.2ó centavos al
ir:i~a, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación. .
Todo pago deb~ ser precisamente adelantado.
B.é:GIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNUA CLASE.

tllotos tilitorittlc,.
f,1 terminactón he la !JIICrrn ~el t)nqni.
Acaban de eofocarse los últimos gérmenes revolucionarios que se agitaban en el país en eete largo J)friodo de
fecunda pez ·nacional: la fatigma lucha empr.endidacontra los indios _rebeldes en las márgenes del Yaqni.
Esta campafia ha sido soste:nida merced á ventajas es•
tratégicas proceaentes de la configuración especial del
tenen0 1 del conocimiento práctico de éste, del dieimulo
y la emboscada, elementos al servicio de las tribus insurrectae, que las habían hecho casi invencibles. El impulso de las armas iba á estrellarse contr8 estos enemigos invisibles que á fuerza de alfilerazos lograron detener la corriente de las generales aspiraciones: la total
extirpación de las revueltas públicas.
La paz del Yaqui es un prodigio de eagacidad y de
energía al mismo tiempo, una feliz tentativa de energía
heroica; ee combate al león en la llanura y se caza al lobo eri Fn madriguera. Frente á la refinada aetucia del indio rebelde, foé necesario oponer la diplomacia complaciente del hombre civilizado y junto á la bravura indómita del feroz guerrero inconquietado, la calma serena
del jefe dieciplinado.
Un acto de reeolµción fué bastante para deelumbrar á
esos grupos disperrna; una línea de conducta apoyada en
la suavidad, hizo caer las aqnae de sns crispados brazos.
Todo el plan del coronel Peinadu es de nna profunda
liepcil lez humana: vencer á e1:tos paciente-a por la pacien. cia, asombrar{, estos frenéticos del valor por un ejemplo
de resuelta valentía. El coronel reinado, rodeando al
indio cautivo, qn~ le sirvió de lazo de unión con el jefe
de la tribu rebeld ~, de afables comideracionee, doblegando eu fiereza con la dulzura, es un modelo acabado de
político co11sumadn; pero al presentarse solo y sin armas
en el campo enemigo se impone como un hombre de extraordinaria pujanza. A estas dos causas combinadas se
debe Ji; terminación de la campafia,
Pacificada la guerra de caetas en Yucatán y sometidu
el Yaqui, han dado término dos viejas complicaciones,
que parecían haberse arraigado eternamente, y que al
cesar, no sólo eliminan 103 gas~os inherentes, sino taro,.
bién hacen entFar en el marco de la civilización á unidades humanai, hostilee Uasta el día á los grandes intereses sociales.

li)olític11 ®cutral.
RESUMEN-El Emperador Guillermo y el Bazar de Carldad .-Odios y rivalidades.-Abismo que no se
colma.-EI patriotismo y la cortesía.-Altivez de la
Sublime Puerta.-EI Consejo del Sultán.-Las embriagueces del triunfo.-La humillación de Grecia.
-Esperanzas desvanecidas.-Conclusión: la omnipotencia de Rusia.

E.:t tan hondo el abismo que Ef'para á franceses y 8.lemanee, tan profunda la rivalidad que los divide, tan reconcentrados loa odios que los apartan; está tan vivo to•
da vía el sentimiento que Pf9VOcara. en el pueblo del Sena
la humillación de Sedán, que algunos órganos de la
prensa parisiense, se han atrevido á censurar el acto mag•
nánimo del emperador Guillermfl, d ~ enviar cuantioso
donativo en favor 3.el Bazar de Carid ad, destruido por
la1 llamas en loe primeros días dd presente mes.

Nó, dicen; no debemos tolerar nada que signifique una
inteligencia con el gobierno de Barlín, y no fa lta algún
fanáti ~o, que en arrebato delirante, pretenda que no i:!e
acepte el imperial donativo.
Cuando el duelo y el pesar ha aca!Jado las fiestas, mar·
chitado las flores, apagado las luces re~plandecientes
en los salones aristocráticos de la gran Capital; cuando
visten de luto las familias de la élite, que vieron á muchos
de sus miembros distinguidoe perecer en espant~sos tor·
mento1:11 durante la catástrofe de la calle de Jean Goujon,
y el pueblo mis.no que recibía inmensos beneficios de
manos de las vfotimae, el pueblo que sentía con las ter•
nuras del agradecimiento cómo bajaba de los palacios la
onda bienhechora que iba á alegrar los tugurios, derramando consuelos y esparciendo bondades: sí, no nos extralla que los diarios ao.cialistas y los periódicos que sos·
tienen el fermento tenebroso de la anarquía, hayan ·permanecido impasibles y fríos, ein lanzar una nota armó·
nica, en medio del universal dolor que ha afligido á la
Francia entera por el infausto acontecimiento, sí llama
y mucho la atención que haya repraeentantes de la opi·
nión púb lica, que aticen odios antiguos y renueven con
eaña rencillas no olvidadas, porque el poderoso Hohenzollern se dignó desde su olímpica grandeza, volver la vista al pueblo-sol y ofrecerle un obsequio de sus fondos
particulares.

•••

Háblase mucho de concierto europeo; repítese hasta la
saciedad la unión de los embajadores -extranjeros para
contener las rapacidades de Tarquia y hacer lo posible
por dar pacífica solución á la enmarañada cueetión de
Oriente¡ murmúrase por lo bajo de las maquinaciones
británicas, para rodear en círculo de hierro el continentr africano; cuchichéase en los gabinetes sobre la alianza
formidable que se necesita para poner coto á las tenden •
ciils absorbentes, inaggtables y perpetuas, de la Gran Bretafla; Francia es la primera que toma parte en ese con·
cierto y se asocia á esaq murmuraciones, y sería también
la primera por sus pingües colonias africanas, por los inmensosintere~ee que ahí radican, por aue ambiciones sobre el Egipto que juzga legítimas, sería la primera en
entrar y tomar la iniciativa en esa cruzada anti-británica; pero que no se la hable de Alemania, que no se la
miente al nieto del conquistador que se coronó en Versalles, que no se la haga suponer un posible avenimiento
cnn los detentadores de Alsacia y de Lorena; ante esa idea
todo lo olvida, colonias, intereses, misión civilizadora,
todo, hMta su proverbial cortesía.
Afortunadamente Franc i¡\ no está constituid a por la
prenea socialista ni por algún periódico intransigente; ei
guarda eecret,amente el inexünto impulso del desquite,
sabe guiarse sabiamente por lai inspiraciones del público
interés y del sentimi,mto nacional.

•
••

Orgullosa de eu fuerza, y engreída con eus triunfoF, pre•
sentábase Turquía ante la asombrada E11ropa. Débil la
resietencia que ofrecieron los griegos parapetados en su.
ingente patriotismo y atriocheradoa tras de sus suefios
de grandeza¡ fuerte el empuje de los turcos que lograron
encontrar á última hora dinero bastante á sus neces-idades en los Bancos europeos, y apoyo suficiente en el emperador Guillermo que inesperadamente abrió los tesoros desu simpatía á favor de la causa mumlmana y e~ el
autócrata moscovita, que, contrarian lo las tradiciones de
su familia y de su raza, se ha inclinado más del lado de
la iniquidad que repre1:enta Abdul-Hamid, que de parte del rey Jorge qne encarna los arranques caballerescos
de otras edades, el resultado de la lucha no era dudoso·
.
. . .
'
s1 en un p1·mc1p10 los helenos lograron poqnef\as ventajas en las costas de Epiro, y soñaron aprovecharse drl la
prepoderancia de B!J armada eobre los viejos buques otomanos, muy pronto se convenció el mundo y con él los
soñadores griegos, que era en vano oponerse á la fuerza
incontrastable de las huestes guiadas por Edhem-Pachá.
Ebrios loe ministros del Yieldiz -Kiosk con el vapor de
l~ sangre, deslumbrados con el esp lenJor de sus fácilee
victorias, sintiendo removerse en sus almas d'e agareno, loB
fermentos del odio secular contra el· nombre cristilll.no·
acosados por las masas fanáticas, que cien veces han en-'
sangrentado sus yataganes hasta el pufio en las carnes
indefensas de loe míseros armenios; atentos al clamor
salvaje que se levanta en general protesta contra la 80 •
jeción en que ha vivido' el imperio de los o.~manlies, por
gracia y virtud de las potencia3 occidentales; preten lien-

DOMINGO 23 DE MAYO DE ,897=,,,,

DDMINGO 23 DE MAYO DE 1&amp;97

do romper las ligadura.a que han atado por tantos añosá la nación caiuca, enfermo, deehauciado de Europa,
oprobio de la civilización moderna, mancha asquerosa
entre los pueblos regenerados por la revolnción, manu •
mitidos por la :filo.rnfia, y engrandecidos por la ciencia:
intentaron un punto, imponer al Sultán eus maquioacio.
ries torpes de grandeza, o"aligarlo á desdefiar individual
y colectivamente á las potencias europeas, y recojer con
voracidad inaudita, loa frutos de la guerra con Grecia, entre humillaciones odiosas é inicuas ex':\Cciones contra los
helenos vencidos, á quienes creyeron desamparadoe de
Dios y de los hombres.

•*•

A la primPra intimación de loe embajaderes, solcitan.
do un armi~ticio para tratar de los preliminares de la paz,
contestaron con soberanl'desprecio¡ áloe clamoree angustiados del gabinete de Atenas, que ponía la suerte del
pueblo y de la nación confi¡\dos á su cuidado en manos
de loa fuertes, y se ab1adanaba á la magnanimidad de loe
poderoeos, re~pondió el sombrío consejo que rode"aal pérfido Sultán con desmedidas exigencias, y en vez de ceder ante la suplica, envió órdene.1 terminantes de ocupar
á sangre y fuego la ciudad sagrada que se reclina '!obre
las faldas del Himeto, se arrulla entre las ondas del C,efiso, y suei'ia á veces á la eombra de la divina Acrópolis,
dormida eobrP. el polvo venerado del Parthenon.
Sin aparentar eiquiera intenciones de tratar de paz,
pide la entrega de Td1:1alia 1 santificada con la sangre de
millares de mártires, rompiendo abierta y audazmente
el tratado de Berlín¡ exije cuantiosa indemnización, muy
por encima de los recursos todos de Grecia¡ aspira á retener la armada del rey Jorge como garantía de paz, y á.
borrar de una plumada los derechos y preeminencias
concedidas á los helenos en convenciones anterioree; y si
no pidió quedar en poeesión de todo el territorio conquistado, íué tal vez por un resabio de mentido pudor ·
en sus iniquidades.

•*•

Absortos los representantes de las naciones occi'lent.ales ante tamaña audacia, ellos que veían sin inmutarse
cómo ee degollaban cristi&amp;aos en los desfiladeros de Milona, en las fortalezas de Larissa y en las llanuras deFarsala, y que no pudieron impedir Ja sangrienta batalla de Domokos, donde había de recibir el golpe de gracia
el ejército helénico, discutían ent,re sí _la manera de obligar á Turquía á firmar el armisticio. Todo en vaao, la ca•
marilla del Sultán prevalecía en sus consejos de exterminio, y la fuerza, la abrumadora fuerza, caía como pesada mole sobre los helenos1 arreb'atándoles sin piedad
toda esperanza.
Pl:!ro habló el omnipotente Czar, y su voz de trueno
como la de Júpiter tonante, se impuso á las ciegas multitudes, levantó en armae á los búlgaros, encendió un iris
de esperanza en el límpido cielo de Hélade, y fué á deepertar de su letargo de muerte y de venganza al sombrío
Abdul-Hamid, arrullado por las canciones de sus odaliecae, adormecido por las adulaciones de sus genfzaros
y embriagado con el vapor de sangre derramada en las
llanuras de Teealia,
Se ha salvado la Grecia: la. iutimación del Emperadorde toda3 las Rugias, árbitro soberano de Europa, ha sido
acogida por todos !" por tod ,s acatada. El Sulfá.n ordena la suspensión de hostiliJ.adeP¡ el potente Hohenz0llern afloja los !azoe de inexplicable simpatía que lo arraetraban en favor de la Sublime Puerta; Inglaterra se ex•
1iremece1 Francia se regocija , Anstria apoyaabiertamentelos inteotos del Ci:ar, é Ita lia. mira con placer alejarse la
desencadenada tempestad que amenazaba la patria de eus.
abuelos los helenos.
Dura ha sido la lección para el rey Jorge¡ ojalá que la
aprovechen él y su pueblo que Ae dejaron arrebatar por
líricos espeJismos y hermosas utopías.
X. X. X.
Mayo 20 de 1897.

Las gentes son tales que en un salón puede uno ep':1r
cubierto de lodo en todo su cuerpo y en toda su ah , a ;.
para ser allí bien acogido no se exije sino una cosa ira:- .
prochable .... .. ¿La conciencia? ¡No! las botas.
-El que no ha visto sino la. mieeria del hombre, no ha
visto nada; es preciso que vea la miseria de la mujer; el
que no ha visto sino la miseria de la mujer, .ao ha visto
nada aún; es menester que vea la miseria del niño.
V KTOTliUGO.

EL MUNDO

Noche rústica de Walpurgis.
(SINFONIA. DRAMATICA.)
.A. JOsé Peón -y Contreras.

XI

VI
lNVITA.ClÓ::T Al, PORTA

E L POETA

El. R ÍO

Coje la lira de oro y abandona
el tabardo, dernálzate la espuela
deja las armas. que para eeta veÍa
no has meneeter ni daga ni tizona.

Triscad, ¡oh linfae! con la grácil onda;
gorgoritae, alzad vuestras canciones;
y vosotroe, parleros borbollonee,
dialogad con el viento y con la fronda.

Vamos al aquelarre.-En la sombría
cuenca de la montafla, las inertes
osamentas se animan á los fuertes
gritos que arroja la caterva impía.

Si tu voz melancólic"l no entona
ya sue himnoe de amor, conmigo vuela
á esta región que aeol'nbra y que coneuela·
pero antt:s ciñe la triunfal corona,
'

Chorro garrulador, sobre la honda
cóncava quiebra, rómpete en girones
y estrella contra riscos y pPñones
tus diamantes y perlas de Golconda.

Van llegando sin Dios y sin María,
présagos de catástrofes y muertes ..... .
Pieneo que el cielo llora, ...... ¿no lo adviertee?
La luna ea una lágrima muy fría .. -

Tú, que de Pan comprendes el lenguaje,
ven de un drama admirable á eer testigo.
Ya el campo eleva eu canción salvaje¡

Soy vuestro padre el río. Mis cabellos
son de la luna páUdos destelloe,
arieta! mis ojos del cerúleo manto.

Tras nahuales y brujas, el coyote
aulla feroz y lúgubre corea
tan monstruoso concierto el tecolote;

Venus ~e prenrle el luminoso broche ..... .
Sube al agrio peñón, y oirás conmigo
lo que dicen las cosas en la noche.

Es de muego mi barba transparente,
ópalos desleídos son mi frente
y risas de iaa náyades mi canto.

la lechuza con silbo horripilaate
ee junta á la fatídica ralea,
¡y el Vag ueTo Marcial ( * ) llega triunfante!

lI
lNTEMPESTA NOX

Xll

VII

LAS BRUJ.AS
L.'\S E':ITRELL AS

Media noche.-Se i11u11da.n las montañae
en la luz de la luna transparente
que vaga por loa valles tristemente
y cobija, á lo leJos, las caba.i'ia!!.

¿Quién dice que los hombrea nos parecen,
desde el profundo mar del :firmamento,
átomos agitados por el viento,
gusanos que se arraetran y perecen?

Lanzae de plata en el maizal las cañas
parecen al temblar, nieve el torrente,
y se cuaja el pavor trágicamente
del barranco en lae lóbregas entrañae ..... .

¡No! Sue crá.neoa que heróicos se extremecen
son el más grande asombrador portento:
¡fraguas donde ee forja el pensamiento
y que más que nosotras reeplandecenl

Noche profunda, noche de la eelva,
de quimeras poblada y de rumores,
sumérgenoe en tí; que nos envuelva

Bajo la eetrecha cavidad caliza,
las ideas, en ígne11. llamarada
contemplamos arder, y es, ante ellas,

el rey de tue fantásticos imperios
en la clámide azul de sus vapores
y en el sagrado horror de tue misterios.

toda la creación polvo y ceniza ..... .
¡Loa astros son materia iuaaimada
y las humanas frentes son estrellas!
Vll

-Tráe un cadáver írio como el hielo.
Yo á. loa b.ombres daré del vino impuro
que arranca la eepelanza y el coneuelo,

EL HARPA

EL GRILLO

LOS N.AlTU.ALES

Hay en medio del rústico boscaje
un troucn retorcido y corpulento:
enorme roca Pírvele de asiento
y frondas opultjntas de ropaJe,

¿Dónde hallar, oh mortal, las alegrías
que con mi canto acompaB.é en tu infancia?
¿Quién mide la enormí1:ima dietancia
que éetoe separa de tan castos días? ........ .

Cuando, como á través de fino encaje,
el rayo de la luna tremulento
pasa, desde el azul del fir.namento,
la verde filigrana del follaje,

Luces, flores, perfumes, barmonías,
sueños de poderosa exuberancia
que llenaron de albura y de fragancia
la vida ardiente con qne tú vivias,

desbarátase en haz de vibradores
hilos de luz que tiemblan cual tañidos
por un plectro que el céfiro weuea.

Ya nunca volverán¡ pero cantando,
cabe la triste moribunda hoguera,
de tu destruida tieuda. bajo d toldo,

¡Harpa inmensa del campo!, no hay cantores
que á. tus himnos respond,rn, no hay oídos
que comprendan tu ef,:trofa. gigantea.

haeta morir te seguiré moetrando
la ilueión en la llawa posLrimera,
el recuerdo en el último ret1coldo.

IV

IX

EL BOSQUll:

LAS AVXS NOCTURYA.S

Bajo las frondas trémulas é inquietas
que forman mi basHica si. grada,
ha de escucharee la oración alada,
no el canto celestial de los poetas.

en lae ruinas de sótanos hendidos!

Albergue fui de druidas. Los ascetas
en mie troncos de crú9tula rugada
infligieron su frente macerada
y colgaron eus harpas los profetas.

¡ A. seguir á los pájaros perdidos
de la arboleda entre la sombra obscura,
y con la garra ensangrentada y dura
Ji darles muerte y á asolar eus nidos!

Y en tremenda ocasión, el erraliundo
viento espantado suependió su vuelo,
al escuchar de mi interior profundo

á lanzar tan horrísonos acentos

V
EL RUISE60R

-Sin ojoe, pues ae( se ve en lo obscuro
como ven los murci~lagos, yo vuelo
hasta escalar del camposanto el muro.

XIII

III

brotar, coa infinito desconsuelo,
la más grande oración que desde el mundo
ae ba alzado basta la cúpula del cielo.

-Todas las noches me convierto en cabra;
Para servirá mi eefior el chivo,
puee, vieja ya, del hombre no recibo
ni una muestra de amor, ni una p1:1,labra.
-Mientras mi eeposo eetá labra que labra
el terrón, otras artes yo cultivo.
¿Ves? traigo un niño ensangrentado y vivo
Para la cena trágica y macabra.

•

¡A infundir con el vuelo y los chirridos
máe horror en la noche, m&gt;ls negrura
en los antroe del montt:1 y más pavura

¡Deede la cruz del viejo campanario,
que el valor más indómito se quiebre!
¡De dientes estridor, crujir de osario

¡Sús, Vaquero Marcial! De nue1:tra boca
loe conjuros oirái3: aunque en la brega
quedaste vencedor, eiewpre á tl llega
de los hombrea la voz que te provoca.
Por donde quiera el mal! Tu mano toca
las caropiflae tambiéo.-Ya en ronda ciega
el coro de las brujas se desplieg.t.
de tí e.a redor, sobre la abrupta roca.
Hijas sois de la víbora y el eapo:
de vuestro hediondo seno eacad presto
las efigies ridículas de trapo.
¡Oh, representación de lvs mortales!
mostrad aquí vuestro asombrado gesto
en la danza infernal de lo!! nahuales.
XIV
EL GALLO

H ..,mbre, descansa. De tu hogar ahuyento
el nocturno terror y estoy en vela.
Sombras de muertt, cuyo eoplo hiela,
con mi agudo clarín os amedrento.
Huya la luz y te descuide el viento
por preludiar eu dti\c,1 pascorela.
Co,ntra el mal, pod.-~r ,so centinela,
á su paso espectra~ t:.sLoy atento.
Xo te inquiete el horrísono alarido
que escuchee en tu su-,ño, por la vana
pesadilla maléfica oprimido.
Ya pondrá. fin á su croar la rana,
y yo con alegrisimo sonido
entonaré la vencedora diana.

ii. remedar, y trágicos lamentoe,

XV

y espasmódicos gritos de la fiebre! : .. ...
LA

X
LOS MUERl'OS

Oíd la campanita, cómo suena,
el toque del clarín, cómo arrebaLa,
las queJas en que el viento se desata
y del agua el correr sobre la arena.

¡Piedad! ¡mieericordia!. .... . Fueron vanos
t.an'° soberbio afán y lucha tanta.
¡A.y! por nosotros vuestra queja santa
levantad al Señor. ¡Orad, hermanos!

Escuchad la amoro1:a cantilena
de Favonio rendido á .F·1ora ingrata
y la inmensa y divina serenata
que Pan modula en la silveetre avena.

Si oyerais el roer de los gusanos
en el hondo silencio, cómo espanta,
sint.iérais oprimida la garganta
por invisibles y asquerosas manos.

Todo eso hay en mis cantos. Me enamora
la noche· de los hombree soy delicia
y paz; y 'entre loe árbolée cubierto,

Mas no podeis imaginar los otros
tormentos que hay bajo la losa fría:
¡la faltai la carenci11 de vosotros¡

t:ólo yo alcé mi voz consoladora,
como una blanda y celeetial caricia,
cuando mi Dios agonizó en el huerto.

¡Ay, que llegue, oh Señor, para nosotros

la eoledad, la soledad impía!.. ... .
de la re&amp;urección el claro dla!

CA l lPA.NA

¿Qaé te dice mi voz á la primera
luz Huroral? uLa mutirte está vencida,
ya en todo se oye palpltar la vida,
ya el ew.rco abiert.0 la ::iimiente esper"»
Y de la tarde en la hora poetrimera:
«Deecansa ya. La lumbre está. encendida
en el hogarn...... Y eii: lllpre te convida
mi acem0, y t~ p~r.s1g 1e donde quiera.
Convooo á la oraciórl á. los vivientes,
plaño á. los muerlioscou el ~riete y h ondo
són de sollozo en que mi duelo explayo.

Y al tremendo tronar de los torrentes
en pavorosa tempeetad, respondo
con fiirrea voz que despedaza el rayo.
l*l Nombre con que, generalmente, es designado el demeuio por
a gente po'bre del eam}XI

�342

EL MUNDO

XVI

xvm

UN TIRO

LA SEMENTERA

Duda mortal del alma se apodera,
al oír en la noche la lejana
detonación, que turba y que profana
el silencio del bosque y la prl,\dera,
¿Será la bala rápida y certera
que pone fin á, la existencia humana,
6 el gofpe salvador que en luclia insana
asesta elmontañes sobre la fiera? ........ .

,

Ese ruido mortífero y tonante
hace temblar el alma sorprendida,
euando está de lo incógnito delante.
Para arrancar 6 defender la vida,
lo producen lo mismo el caminante
y el guarda, el asesino y el suicida.

Oye cuá.l se hincha el grano rubicundo
que el sol ardiente calemó en la era.
Vendrá Otoño que en mieses exubera
y en él me mostraré gala del mundo.

Mas ¡ay! vuelve la vida ingrata y fría;
mi rneño celestial quedó suspenso ..... .
Ya alza la tierra su divino incienso
y en su carro trmnfal asoma el día.

U\ madre tierra soy: vives conmigo,
á tu paso doblego mis abrojos,

te doy el alimento y el abrigo.

Poeta: es fuerza abandonar el monte.
Bajemos, pues ya al ras del horizonte
Venus agonizante parpadea;

Y cuando eetén en mi regazo opresos
de tu vencida carne los despojos,
¡con cuanto amor abrigaré tus huesos!

tú al teatroi á la clfnica1 al Senado,
yo á vejetar tranquilo y olvidado
en el rincón obscuro de mi aldea.

jLU:m wl

No t.emas, mi sefior: estoy alerta
mi.entras tú de la tierra te desligas
y con el sueño tu dolor mitigas,
dejando el alma á la esperanza abierta.

Las sombras palidecen. Es la hora
en que fresca y gentil la madragada
va á empaparse en el agua sonrosada
que ya muy pronto verterá la aurora.

Vendrá la aurora y te diré: (despierta:
huyeron ya las sombras enemigas.n
Soy compai!.ero fiel en tus fatigas
y celoso guardián junto á tu puerta.

El cielo débilmente se colora
de virginal blancura inmaculada,
y hace del firmamPnto su morada
la luz, de las tinieblas vencedora.
Sobre las nívt&gt;as cumbres del oriente
en ópalos y perlas se deslíe,
, que G.eebarata en su cristal la fuente.
Del vaho matinal se extiende el velo,
y todo juguetea y todo ríe,

en la tierra lo mismo que en el cielo.

FABULAS E:N PROSA

EL AVISPERO Y LA COLMENA

lLCUERPOYLA SOMBRA

Anidaron las avispas en un corcho de colmena, y revoloteaban sin cesar alrededor, y entraban y salían y dEr
fendian su caea e.orno hacen las atejas.
-¿Qué os parece nuestra caea?-dijo una avispa á una
abeja vecina.
-Es de i~ual construcción y tamaño que la nuestra;
pero, ¿tenéis muchos panales, cera y miel?
-¿Qué son cera y miel?
-Son la riqueza que elaboramos con nuestro trabajo.
-No; nuesLra casa está vacía ..... .
-¿Y para eso tenéis tanta casa? Yo creo que os basta.
ría un·agujero.
Entre el pueblo que produce y el que imita sin produ•
cir, hay-la diferencia que entre el avispero y la colmena.

El cuerpo eetaba muy disgustado de la compañía de la
sombra: Caminaba hacia¡ el sol, y la sombra le seguía:
volvía la espalda al sol cuando andaba, y la sombra iba
delante. Un dia no pudo más y dijo á la sombra con to•
no descortés:
-Retírate de una vez. Quiero estar solo.
-No puedo dejarte: tengo obligación de ir contigo á
donde vayas.
-Me retiraré de tf.
-No lo conseguirás: soy tu compañera de camino en
este mundo.
-Saldré al sol cuando éste caiga sobre mí verticalmente desde el zenit.
-Y estaré bajo tus plantas.
-Pasearé siempre en el crepúsculo.
-Y te seguiré disimuladamente en la penumbra.
-C.erraré de noche mis puertas y ver.taoae y no encen•
deré luz en mi alcoba.
-Entonces será.e mío por completo y te estrecharé tan
íntimamente, que no habrá un sólo punto de tus formas
libre de mi abrazo.
,._ -Me mataré.
-Y me acostaré al .lado de tu cadáver: y si te entie•
rran te envolveré en el sepulcro, y cuando exhumen
tus restos me Qividiré en tantas partee como ellos¡ y rodaré con tu cráneo y haré guardia á tus últimos despojos
mientras existan sobre la tierra.
-¿Y mi alma?
-Esa te abandonará. para i.n!e al mundo de la luz: tú
eres e3c]avo de la sombra.

LA FALSA DELICADEZA

-¡Sucio! ¿no ves que m6 estás manchando y me pones
perdida?-dijo al rosal la calle enarenada de un jardín.
-¡No te pisan las gentes y no te quejas?-respondió el
rosal.-Singuludelicadeza la tuya. Sufres con calma que
te manchen con la suela del calzado, y te ofende que caigan sobre tí hoja~ de rosa delicadas y aromáticas.

LA BALA Y EL B LANCO

-Sí, sois perversas y dañinas por.instiato, y me deteataie y gozais en magullarme-dijo á la bala el blanco dolorido, alzando de mala gana la bandera que indicaba el
acierto y buena puntería del tirador.
-¿Qué sería de tí- repuso la aplastada bala con _Toz
triste-si tuviéramos la mala intención que nos atribuyes? ¿No sabes que en las batallas pasamos la mayor par•
te eutre loe ejércitos sin hacer ningún daño, resistiéndonos á. matar? ¿No ves que nos dirigen contra tí, y hace•
moa todo lo posible por no darte? Sin nuestra naturaleza
pacífica ¿quedarían muchos bombea? ¿No estarlas deshecho?
Y eilb3.ban entretanto muchas balas sin dar nunca en
el blanco pero á cada momento caían ramas heridas,
saltaban del suelo piedras rotas y se desconchaban las
paredes. Cesó por :fin el ejercicio del fuego, sin que el
blanco alzara la bandera por segunda vez.
-¿Te convences de tu injusticia? le dijo la bala magnllada.-Míra cuanto destrozo en todas partes, y que intacto te dejan los disparos. Siempre se han de quejarlos
que menos dañ.os snfren. A nadie respetamos t.anto las
balas como al blanco.
JosE FERNÁNnEz BREllÓN.

•
EL CEREZO

Cuando Pedro era un chiquillo, le dijo su abuelo:
-Hoy que es tu santo, planta un árbol en la huer'8, y
cuando seas mayor, te dará fruto y r.ombra y será una
propiedad.
Perico, que era un chico obediente, plantó un cerezo,
y le regaba y cuidada con esmero, pero era un d9egraciaciado.
- ¿Se secó el árbol?
-Al contrario, prosperó como ninguno¡ y dió cerezas
tan ricas, que el padre del muchacho hízo con ellas un
regalo al alcalde: al afio siguiente, Perico no las pudo
probar por que cayó soldado: cuando volvió á su pueblo,
después de rodar por el mundo muchos afios, era casi un
viejo, y nurica pudo evitar que los muchachos se le comieran la fruta antes de estar madura.
Quiso un ailo defenderla, y los mozos del lugar le diEr
ron tal paliza, que quedó baldado para siempre: los mozos que lo baldaron1 todos llevaban varas del cerezo que
plaBtó.

Cerritos, Abril-Mayo de 1897.
MANUEL JOSÉ ÜTHÓN0

EL PERRO

Y si llega con paso taciturno
la muerte, con mi aullido lastimero
también te avisaré ...... ¡Descanea y duerme!

=

¡Santa Naturaleza, madre mía!
me has cobijado en tu regazo inmenso
y dieipaste con tu soplo intenso
la nube del dolor que me envolvía.

XIX

••sn·

ADIOS AL POETA

Escucha el ruido míetico y profundo
con que acompaña el alma Primavera
esta labor enorme que se opera
en mi seno fructífero y fecundo.

XVII

Te avisaré del rondador nocturno,
del amigo t,raidor, del lobo fiero
que siempre anhelan encontrarte inerme.

DOMINGO 23 DE MAYO DE

H

PERRO MUERTO

Jesús llegó una tardeá las puertas de una villa é hizo
adelantarse á sus diecípuloe para preparar la cena. El,
impelido al bien y la caridad, internóse por las callee
hasta la plaza del mercado.
Allí vió en un rincón algunas personas ag:r:upadaa que
contemplaban un objeto en el suelo, y acercó~e para ver
qué cosa podía llamarles la atención.
Era un perro muerto, atado al cuello por la cuerda
que había servido para arrastrarlo por el lodo. Jamás
co¡µi más vil, más repugnante, más impura: sehabiaofrecido á loa ojos de loa hombree.
Y todos loe que estaban en el grupo junto á la carrofia,
miraban con asco.
·

~
-Hay una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay monstruo absoluto en la naturaleza moraP
como en la física
PAUL BouRGET.
-El pensamiento es un poder y el talento nna liber•
tad.

Yi&lt;ior Hugo.

-Esto emponzofia el aire, dijo uno de loe presentes,
tapándose la nariz.
-Cuanto tiempo aún, este animal putrefacto estorbará la vía.
-Mirad su piel dijo un tercero; no hay un trozo en
ella que pudiera aprovecharse para cortar unas sandalias.
- Y sus orejas, exclamó un cuarto, asquerosas y llenas
de sangre.
-Habrá sido ahorcado por ladrón, añadió otro.
Jesús lee escuchó, y echando una mirada de compasión
sobre el animal inmundo:
-Sus dientes son más blancos y hermosos que las perlas! dijo:
Entonces1 el pueblo admirado, vo1Yi6se hacia él, exclamando:
-¿Quién es éste? ¿Será Jesús de Nazaret? El sólo podía encontrar alguna cosa de que condolerse y hasta algo
que alabar en un perro muerto! ........ .
Y cada uno, avergonzado, siguió su camino, inclinando la cabeza delan~ del Hijo de Dios.

Limlf ToLSTOr.

' -Obscuro ó célebre, rico ó pobre, un artista debe ser,
ante todo1 un artesano y practicar las virtudes fecundas
de éste: la aplicación paciente, la labor concieneuda, la
absorción modesta en la tarea.
PAUL BoURGBT.

OTRO PAGO DE $3,420 DE ºLA MUTUA"
E:N MORELIA.
Morelia, Mayo 6 de 1897.

Seílor D. Carlos Sommer, Director general de "La Mutu.a.''-México.
Muy selior mío:
Tengo la satisfacción de manifestará usted que hoy ante el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y
con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente 'de «LA MUTUAll he recibidQ del Sr. D. Antonio
Bizet, banquero de dicha Compafiía, la euma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte. : ($3,420.30), valor
total de la póliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase·
gurad.o mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, en favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Debo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes, for·
man la devolución íntegra de los premios pagados á »LA
MOTUA11 por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las perso•
nas de buen criterio las Pólizas con devolución de premios que expide la compafiía que tan acertadamente di·
rige usted en nuestro país!
Réet'ame enviará us5ed mi voto de gracias por la efica~
cia y actividad con que se c..&gt;rrieron loe trá.mites conducentes á este pago.
Quedo de usted afio. atto. y S. S.
ALll&amp;JlTO HUBRTA C~EDO.

DOMINGO '"3 DE MAYO O~ o897

EL MUNDO

543

�DOMINGO
23~
de~MAYO
18g7
ELMUNDO
=~
~~~~
~ ~ de
~~
~==============~~
~~~======~====================345=-'
DOMINGO •3 DE MAYO D E ~
~c~~================;==========dE:'L~M::_::U:_:N::D::::0~==============
S44

ATENTADO
coNTRA_EL R•'f"'flu~ERro

r

El cable con eu notuia
oportunidad hizo Eaber á h,~
lectores de EL Mmrno dia•
rio, que uno de eetos últimc s
días al dirijiree t-1 tty Han,berto de Italia en landau
deecubierto á. las carreras de
Campanella, fué agredido por
nn obrero llamado Pietro Ac·
ciaretto, quien haciendo ade ·
mán de preEentar un memo·
rial á. S. M. blandió agudo p11 •
iial, que afortunadamente fué
desviado por un hábil movi ·
miento del monarca. Estepa•
reció no cuncedergrall impor·
tancia al eucern, t-:xclamando
enaon de broma ant-e loe arma·
tadoe corteeanoe que en Cam
panella le rodeaban:
-Son percance'3 del oficio.
Mas detodas eue1tesel atentado de que nos ocupam0e,
viene á afladine á una enil"'
no ¡iequei'ia regi1:trada en los
últrmoe afloe y que con razón alarma á ]as gentes que
se preocupan por el actual estado social, por que es la roa
nifeetación Bguda de una morbosidad lateute y formidablt&gt;,
hija de las djsolv1:ntes teorise
que han hecho presa en le.e
débi 1eecerebroe de los hombres infererioree.
Por deegracia el microbio del crimen es prolífico y s.e revela por una manía imitativa de fatales resultados.
Quiera la buena estrella de los poderosoe, que la locura de Acciarette no fructifique.
El grabado relativo que publicamos es una fiel reconstrución de la escena única del terrible drama de que iba
á ser víctima el rey Humber~o.
LA CUESTION DE ORIENTE

Ornamos hoy las breves páginas que regularmente coneagramos á. loe asuntos extranjeros, con algunos fotograbados-muy aug~stivos todos-que se refieren á la cuestión cretense.
_Representan dos de ellos primorosas pen:pectivas de
los desfila_deroe d~ Tesalia, todos erizados de rocas que
fingen góticas aguJae, coronados algunos por monaeterioe,
con tal atrevimiento erguidos á la orilla del abismo, que
semejan nidos de águila, puestos ah'l como avanzadas
del cielo.
Muestra un fotograbado al almirance Canevaro, deca·
no de loe almirantes de las escuadras surtas en lae aguas
de Creta, y uno máe, al príncipe Constantino á la vanguar•
dia de su ejército.
En cuanto al asunto capital que inspira e0oe grabados
M?ma para Grecia un cariz fatal que recuerda aquella iró•
n1ca copla:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron á. palos,
que Dioe protege á. los malos
cuando son más que loe buenoe.
. Sí, eee ee el caso; por ahora loa buenos son pocos y
pierden meguer la providencial intervención que en su
favor debiera suponeree. Pierden, y eu derrota amenaza
b.!rrer con la aciual dio.astía, corroborando aquel aforismo
político:
«Los pueblos se vengan en sus gobiernos de eua fracasos
y de sus cafdas.»
Cit:r!amente, con Grecia, á. la cual no se le escatiman
loe ~1t1rambos, ee~n todas la.8 rimpatias; más hay que con•
venir en qne las simpatías valen en estos tiempos de h~
paz armada bien poco.
Si eatuviesen con ella las potenciag?
Pero la~ pot.encias esgrimidoras de la suprema ratio que
hoy ergotiza en los caf5.one■ rayados, están con la media
luna.
La estrella de Pericles deeciende al Ocaeo.
Ohel l'helleniemf',
Ohe! ..... .

1

La cuestión de Oriente.- Panor•ma en

frontera
gr&lt;e&amp;a.-Monasterio de Tcdcs Santos.
la

ey~ ,
'

a,
t;

~

1.

,
'

,-- :JI.
,.
11

~-

,~
'

lista en enfermedades del oído,
cómo se las había arreglado.
para obtener tantas curaciones.
-Gran parte de mi fama y
mi fortuna la he ganado,co.n,
tes~ó sonriendo, desobstruyendo v limpiando las orejas de
mis contemporáneos.
En efecto, basta muchas ve.
ces un chorro de agua Sibia y
un Jimpia-&lt;&gt;rejas para hacer
el milagro de restituir el oído
á. los niiios sordos, sólo que es
necesario aplicar sobre la marcha el rt!medio, pues el oído
"dquiere el h1tbito de no oirY se vuelve perezoeo y tardío,
menguando al mismo tiempo
l.~ atención, que no se baila
t'Otonces tan vivamente 1:olic1tada por los ruidos del exte•
rior.

A prop6sit.o de este punto, escribe M. Gilles:
ccSabed que en la infancia, entiéndaee bien, solamente en
la infancia, las afecciones que perturban el oído ~n TODAS curablu cuando la sordera está en sus comienzos. 11
Y aftade deFtpués:
uEl sentido del oído que como los demás se desarr~lla
y fortifica mediante nn ejercicio progresivo y metódico;
y por consiguiente, cuanto en este sentido se haga en la
-eecuela 1 servirá. de poderoso auxiliar al tratamiento ordenado por el médico. quien entonces encontrará. en el
maestro, un colaborador.11
y á buen entendedor con media palabra le basta, como dice el refrán, pues ea de esperar que cuantas_ m~dres
vean este artículo, tendrá.o presentes las prescripciones
del dorctor Gilles. Advertiré, por mi parte, que la costumbre q·te tienen ciertos nifios de respirar con la boC:1
abierta es señal de que eetan enfermos del oído. El pri·
mer cuidado de la madre debe ser no reñirles, sino llevarlos en seguida á. casa de un médi_co. Muchas veces un_a
ligera operación que no ofrece peligro bastará. para librarlos de la sordera.
FRANCISCO SARCEY.

1

.

El doctor Gilles no nos dice
cómo ha de hacerse para curar la sordera, ó mejor, la mio•
p a del oído, á ese 25 por 100,
de criaturas; lo que sí afirma
E a que entre los discípulos de
no a clase las orejas más torpes
de los últimos son mejores
que las más sensibles de loa
primeros¡ en otras palabras,
a,:egura ccque no sólo tiene Ja
sordera una relación general
con los puestvsqueocupan los
alumnosen la escuela, sino que
Atentado contr.a el rey Humberto
acerca del particular puede esta
blecerse una gradación que corresponde al grado de miopía del oído de cada uno de ellos.,i
No ea que la miopía de oídos indique un estado de decadencia en las facultades intelectuales, ea que un niflo.
duro de oreja oye mal las lecciones del maestro, y perdiendo poco á. poco el gusto de escucharle no se aprove•
cha gran cosa de ellas.
La miopia de la vista ofrece síntomas tan marcados,
tan evidentes, que un maestro Iaatlvierie en seguida;coloca al alumno que padecB es1a enfermedad cerca del encerado y da aviso á los padree, los cuales obligan al niño.
á I levar lentes á propósito para corregir aquel defecto.
El miope del oído oculta á loe demás y basta á eí misma el secreto de su falta. Si está. en el último banco de
la clase, allt se queda; si ee queja de que no oye la explicación, el maestro le contestará: «Porque no me habéieescuchado.n Y tendrá. razón á. menudo; pero el niño pO•
dría replicarle: ccSí que os he escuchado, es que oigo mal,
ó que no oigo nada.11
Vierto que el profesor en clases muy numerosas se ve
imposibilitado de ocuparse particularmente de cada uno
de los alumnos, y q.ue á. causa del tiempo limitado de qu&amp;
dispone y de la umformidad qne debe dar á la ensefümza, se ve obligado á. exigir de todos la misma suma deatención y de esfuerzos.
Para él, loa últimos son todos incapaces ó perezosos,
cuando, en realidad no Bl)n otra cosa, en algunos caeos,
se entiende, más que duros &lt;le oido.
Confiar esta misión á. maestros, sería tarea inutil; porello es que propone M. Gilles que se exija, de conformidad con lo que piden algunos médicos otólogos que s&amp;
han ocupado de este particular, desde el punto de vista.
pedagógico, que se someta el aparato auditivo de los,.
alum11os á un exámen tanto más riguroso cuanto el ni15.o está más distraído.
Essa medida, exoelente en teoría, tropieza en la práctica con algunas dificultades; es la principal que el número de médicos aurisW no ea ni con mucho tan nume•
roso como el de escuelas, por lo cual creo que lo mejores dirigirse á. las familias para que miren con mayor interés y solicitud este asunto, al cual hoy tan poca impar.
tancia conceden. En efecto; una madre cuyo hijo estardo de oido, alza iostintivamente la voz para t¡ue le oiga
y si no entiende las palabras que le dirige algún coooci'Cor1tra almlunte Canevaro.
do, achaca Ja culpa á. que este no ae expresa cou clariCa 1;
Decano de los Jefes de las escuadras surtas en las aguas
y es que la madre, en eu amor por aquel pedazo de ms
de Creta.
entrañas, se resiste á creer que su hijo adolezca de ningún defecto.
Hay que decirla y repetirla que no se trata de nn de-LOS MIOPES DEL O1DO
fecto, ó que si lo es, se encuentra en muchas cri: tur11e,
como ocurre con la miopía de la 'l'ista¡ hay que Lablar
Orn el título de k s Sordos de la Escuela ha publicado cJan..1 pi,r.-1 q11e el niffo pueda curarse.
la .&amp;vista Pedag6gica u11 arc.ículo en extremo curioso, y
cuyas conclusiones int.ereea conocer á. loe maestros y á.
loe padres de los alumnos.
.
Inútil es que digamos que se trata aquí de los mnos sor
dos de nacimiento ni de los que han perdido por con1·
pleto el oído, pues'con referencia á. unos y á otros el único consejo que puede darse á. sus padres es que loe envfeu
á uno de los establecimientes especie.lea donde eeaa pobres criaturas reciben educación. En una escuela ord:•
ne.ria no aetvirían de otra cosa que de estorbo á los de·
mita alumnc&lt;i.
A ninguno ,le e3os nos referimos¡ el autor del artfcnlo,
dcctor GilleEI, Ee refiereá.aquellosque eon duros de oíJo,
enfermedad que se haya mocho más extendida de Je, qut:
algunos piE'lnean, oscilando en las eecuelas, según_ daoos
suministrados por varios médicoe, en la proporción de
un 22 á. 28 por 100, lo cual da un promedio de 25 por 100,
ó eea la cuarta parte.
Verdad es que ha contribuido no poco á elevar este
promedio la circunstancia de haber elegido los médicos
como campo de eue observaciones, las escuelas de las a 1deas, preferentemente á las de las ciudades. Exiete una
razón para que en las orejas de los niños que viven en el
&lt;'ampo no penetren tan fácilmente los ruidos del exte•
La cuestión de Oriente.-P•nor.am" en la frontera
rior. ¿Cuál es eeta razón?
gritga -Monat,teno de San N1colas.-Tesalia.
Preguntábanle en cierta ocasión á un médico especia•
1

-

LA ELECTRICIDAD MOTORA

11La emacipación universal ha sido y es la obra constante del progreso,u se emanciparon loseeclavosdel mundo antiguo. Se emanciparon lo~ siervos de la ~leba. Se
emancipó el Estado llano. Y, digan lo que qmeran los
pesimistas, se va emancipando poco á. poco la clase obre·
r.a, ó sea, el cuarto Estado. La !atalidad retr~cede; lo
mi ■mo la fatalidad del mundo fía1co que la fatalidad social. ¿Por qué ee ha de detener el progreso en s~ ca1;0ino?
¿Por qué ha de decir basta aquí llega la emanc1pac1ón y
de aquí no pasa? Ni ha dicho tal herejía, ni puede decirla: y la prueba es, que ha llegado la hora de !a emancipacíón hasta para loa caballos de los tranvías, incluyendo
los caballos de los encuartee. Al tranvía de fuerza ani·
mal se va sustituyendo en toda Europa, aunque con
cierta lentitud, el tranvía mecánico. Ya es la fuerza motora el va¡&gt;?r; ya lo es el aire comprimido¡ ya lo es, en
fin el flmdo eléctnco.
«Y acabamos de decirlo: En Europa la transformación
es lenta; apenas hay 800 á. 1.000 kilómetros de tranvías
eléctricos.
uEn América se cuenta ya de 17 á 20,(XX) kilómetros,
y de año en año va creciendo este númBro con rapidez
vert.iginosa. Es más: ei algunos tranvías tirados J?Or ca;
ballos existen en la República americana, el eapíntn de
emancipación ee ha impuesto y !!e trata á las pobres ~stiaa con toda la consideración debida á todo sér que vive
cuando es modesto y trabajador. Caii puede deJirse que
los caballos van dentro del tranvía ni máe ni menos que
los pasajeros. Me explicaré. Cuando el tranvía va de
cuesta abajo, hacer trabajar á. los pobres animales es una
torpeza y una crueldad. Basta soltar el freno para que el
coche descienda; la gravedad se encarga de poner en movimie:gto el vehículo. Puee bien, en casos tale!'!, se caler
ca un carretón delante del tranvía, los caballos entran en
él, y el carretón c~n los caballos dentro, y ~l coche con
los viajeros, deec1enden C?n toda tranquilad.ad ~r la
pendiense. Personas y animales van cuesta abaJo en
amistosa compaBía y encantadora fraternidad. Aseguran
observadores imparciales y verídicos, que al principio
loe caballos se a.sombraban un poco y aguzaban lae ore•
jas, como si les asaltase cierto míaticl terror ante la no•
vedad del lance. Pero á loa pocos viajes se hicieron cargo de la sustitución; y hoy, cuando suben á la plat.aforma de su vehículo y se siensen llevar dulcemente, levantan la cabeza y relinchan de gueto.
uEstos relinchos son un himno de gratitud ii. la huma•
nidad inteligente y compasiva. Sin embargo, la emanci•
pación no es completa; porque en las cuesiaa arriba tie•
uen que afianzar los cascos, que encorvar el lomo y que
iirar del coche del tranvía y del carretón juntamense.
La verdadera emancipación está. en el caballo eléctrico
tirando del tranvía eléctrico tambiéo.. Hay muchos eie•
~mas de tranvías eléctricos¡ pero si prescindimos del de
acumuladores, todos los demás no eon más que variedades de una idea, ee reducen á. esta sencillísima combinación. A lo.largo de la vía corre un hilo, ósea pn conduc•
t,or meSálico, y ¡&gt;0r ese hilo circula constantemente una
corriente eléctrica, engendrada en estaciones ó puntos
fijos de la red. Es poner una potencia á. lo largo del camino: ea como hace.,. qu" el camino se extienda paralela·
menie á- un rfo de fluido eléctrico. Y con esto queda re·
enelto el problema, 6 con muy poco más. Porque, en efec•
so, si en el coche del tranvía van uno á varios dinamos,
y supondremos que sea uno solo, para simplificar la explicación, bastará. tender un hilo ó aplicar una palanca
6 una pieza metálica cualquiera desde el dinamo del co•
che al conductor general, para que la corriente pase al
dinamo del vehículo y le ponga en movimienk&gt;. Con
transmitir este movimiento t las ruedas del coche, este
annzará. cobre los carriles con velocidad de 20, 30 y si se
quie"8 hasta 40 kilómetros por hora.
«Vemos pués, que el mecanísmo de los tranvías eléctricos no puede eer más sencillo. Ea una estación central,
se engendra la corriente eléctrica, ni más ni menos que
se engendra la que sirve para el alumbrado. Esta corriente ae precipita por un conductor que va paralelo á la vía.
Cualquier coche-tranvía situado en esta, se halla en comunicooión constante con dicho conductor por medio de
una pieza metálica que sobre él se apoya y eobre él desliza cuando el coche avanza. Por esta pieza metá.lioaqu.e no es, en rigor, más que una toma de eléctricidadpasa la corriente al dinamo del vehículo. El dinamo gira, hace girar las ruedas, y el coche avanza. Y lacorrien·
'te después de haber hecho trabajar al dinamo, vuelve al
polo negativo de la fabrica, ó por un conductor especlal 6
por los mismos carriles, cerrando de eete modo el cireuiio eléctrico cuya parte móvil precisamente, ea el coche
del tranvía. Nada má" 3enc:!lo, nada más elemental. Y,
por lo demás, la h.::rza que engendra la corriente eléctri•

El Prlncipc Conetantino á la vanguardia de su ejército.

ca en la fábrica, pue le ser cualquiera¡ porque eabem~a
que en el dinimo, toda fuerza se convierte en eléctr1•
cidad.
u Puede Qer por ejemplo, una caída de agua, si hay catarata!! disp 'inibl~1: puede ser en último análisis, una
máquina de vap')i-. Y eri verda i que Sales resultados son
admira.bles y curinsos á la. vez
Allá en la~ primitivas edades geológicas, un rayn de
sol penetrando en espesísimo bosque hizo vibrar el ácido
carbónico, de que la. atmósfera estaba impregnada en la
proximid11-:l, pongo pot caso, de una masa de verdura.
Y se descompuso el ácido carbónico por la-fuerza ite la
vibración. Y el carbono se depositó en la p)a.nta. Y en
ella faé acumulándose bajo diversas combinaciones qui•
micas. Má"! t-arde vinieron grandes trastornos de la corteza sólida d~I globo; estremecimientos titánicos del pla•
neta. Y la masa vegetal ee hundió bajo tierra, y pasó al
estado fó11il, y se condensó el carbono y allá. estuvo el
negro filón durante ai~los y sig!oe. Pero _un día la in~u~tria lo sacó de su tumba geoló2:1ca¡ lotraJo á una fábnca;
lo echó en el hogar de una caldera y en él ardió con llamas de alegría, al nnir3e otr&amp; vez á aquel oxigeno dE&gt; que
le aepararon violentamente en el bosque primitivo de las
viejHa edades geológicas. El calor de ~quellas lhuna_s ~e
comunicó al agua de la caldera y la hizo vapor. Oprnmó
este los émbolos de los cilindros, loa puso en movimiento, transmitiendo el movimient.o al dinamo '!Cm rapidez
vertiginosa, y al girar éste, en presencia de los imaneFI,
por su ovillo de alambre circuló la corriente eléctrica. Y
corriente eléctrica se puso á correrá. lo largo de la vía, la
cogió el paso de una pieza metálica, el 11trolley,n p01
ejemplo. la llevó al dina,no del coche que giró r!lpido é hi·
zogirar las ruedas del vehículo, y que le obligó áa,;anzar
con lott viajeros que llavaba á to lo lo largo de los ca•
rrilea.
11He aqui. cómo por qné no rayo de luz jugneteo, hace
muchoé siglo~ en un bo~que gaológico y sobre unas ver·
des hojas, hoy van unas cuantas personas en tranvía
eléctrico, llene quehaceres unos, á sus placeres otros, y
d donde quieran ir todos, sin esfuerzo ni fatiga de eu par\e. Para ahorrarles esfuerzo y fatiga, trabajaron el sol, el
bosque y el ácido carbónico de aquellos aiitlos remotos.
Hemos dicho, y perdónesenos la presente digresión, que
un condactor me~álico, un hilo, por ejemplo, corre á lo

largo de la vía, pero puede cotrer de muchos modos, y
de aquí diversos sistemas de tranvías eléctricos. Eouni.~ •
rarlos y describirlos todos, no eería propio de estos artículos. Limitémonos á consignar, que unas veces el hilo es aéreo y va sostenido por columnas ó poeles como
los hilos del ielégrafo¡ entonces ia comunicación entre
el Carruaje en marcha y el hilo conductor se efectúa por
una percha qne lleva. en su parte alta una ruedecilla de
bronce, ó utrolley,» el cual rueda constantemente sobre
dicho rondnctor. O bien se sustituye al utrolley,» un
¡trueso hilo de cobre, según el sistema de la casa Siemene.
Estos tranvías de cable aéreo han sido hasta aquf los piedilectos de lo&amp; americanos. En Europa las exigencias es•
téticas del público v la resistencia de los municipios ee
han opuesto tenazaiente á su establecimiento. O algunas
veces se coloca el conductor eléctrica bajo tierra y tenemos los tranvías de conductores subterrá.neos. Sobre el
conductor corre una eepecie de hendidura, y la Mrriente
ee toma por una varilJa metRlica aislada que baja por la
hendidura para cnnectar con el conductor electrico.
Existe todavía otro tercer sistema en que el conductor
va al nivel del auell'l. Pero este sistema e:xije disposiciones para evitar la dispersión de la corriente. La índole
de este art.ículo nos impide entrar en má.s pormenores
técnicos. P~ro el principio en que todos loa tranvías eléctricos se fondan, exceptuando los de ac11.muladorPs 1 ee
siempre el mismo. Establecer una corriente eléctrica á.
lo largo de la vía, y tomar desde el coche en marcha esa
corriente para hacerla trabajar en el inteiior de¡
vehículo.
JOSÉ ECII.EGARAY.

Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se
teme.
.Alfonso Ko..rr.

Se ha dicho que ya no hay niilos ...... Es que ya no se
cuenta á los aacianoa.
Alfonso Dtiudtt.

�EL MUNDO

DOMINGO •3 de MAYO de 18117
DOMINGO 23 DE MAYO DE 1897

:t¡I, CASO EN CUESTION

Para "El Mundo" Ilustrado.

Sentados en contorno de una mesita del bar; aperas si
á largot1 intervalos nor dirig1amos la palabra, pitocupados cumo loestábamoa con la di1:1cusión 1:1ostemda, y para
la cual había dado tema el caso decidido en aquella misrua ruañana por el tribunal. .1:!.l docwr apuraba lentamen te su cocktail cuotid.iano 1 con el aire de un tmficientista

que ¡.,ui::o.e encajonar cualquiera tésis en un vulgar caso
}Jatológico; frente á él, mi buen amigo el irlaudét1 Patrik
tumaba1 siguiendo con la vista y distraidamentre el ince santti rodar de coches y bicicletas, á 1.r4vés Uel grueso
cris~l qutl nos separaba de la calle¡ él, como bueu sajón
hubiera querido hallar una fórmula malewát.ica para decidir la razón del caso . .r;1 viejo abogado Céspedes hacia
con el 1.0uJ1:1,do asiento de una copa circuloe tangentes evbre el marwol de la IDE'!Sa, y yo, mohíno por la derrota,
trataba de prucurarmti Ja 3usucia de aquellas tres opiniv·
nea, ya qua no Ut1.b1a obteu1do la de loe jueces.
. No cal.Je:, 1·éplica, decía yo.-Se salva la¡ley~que es la jm.•
t1cia, y salvaudo::c:, ér::ta se salva la moral que es base de
la ley. Y sin ewbargo de esta conclusión que dtbéría ea•
t1sfacer, queda en pie el hecho de que por no agraviar li
la ley se:, aherrojan J.us facultades a.isímbolae que, no pu•
uie11do obr.ar acurdes para la consecución del tia preconcebio.o, tienen qutl exustir estériles ó propeDEae á Ja consumación de clluques capaces de:, producir un delito. ..... .
-Todc, es producto de deficiencias-contestó el doc •
tor-1..legará, ha de llegar por fuerza, l'n día en que los
progreso1:1 soc1ulógicos est~b!ezcan una selección absolu•
t.amtmte indispensable ... ... porque ¿quién duda que es un
crimen la union de dos neurotas? y la ley que autoriza
eso, se hace cómplice.
-¡Lnposiblel. ..... ¡imposiblel-dijo á su vez Pd.trik.esto no t.iene remedio ......... La ley no puede reglamentar el amur, base dd matrimonio ......... El amor que ea
afinidHd de idtas, de v0Jici611, de eensacionea .. ...... . Afi·
nidad hermosa, inmensa ........ .
-P..::ro fiuita-concluy\J el doctor-¡ Ay amigo mío! Si
se pudiera.u ballar dos cosas ó do~ seres exactamente
iguales en la lllt.turaleza!
-En total, la razón es mía-dije,-La ley es la moral
en acción 1 s~gúu buenos definidores. ¿ Y puede ser moral
la ley qu~, pur no romper un molde, acaso imperfecto,
por 1it,wor a la presuncion de que la separación absoluta
uesquiciarla la sociedad, hostiga para que se odien á do::1
aéres dl:lsligadoa defacto por lo que tunda. el matrimonio,
como to·es la volumad? La gran razón de los que contra~
r1an la lésie, es un sofisma inícuo .. ....... ¡ El deaquicia wiemo social! ¡Cómo si la sociabilidad, principio absoluto que ee impone donde quiera y en todv casu, uo hu •
hiera existido y no pudiera existir sin esa lig4 declarada
iuqutlbrautablel La medida de ua apa:tamiento relativo
es msuficiente, perjudicial á la condición biológica hu.
wana, é inmoral.. ... .... Sí seí'ior, inmoral.. .... El vínculo
queda subsistente y el carácte~ adquirido ao se pierde,
ue donde resulta que al agra via'lo se le da por satisfac•
c1ón una afrenta, la de no privarlo de un epíteto que le
causa bochorno, y que la ley autoriza e1 adulterio ... .... . .
-Pero ¿y los L.ijos? arguyó Céspedes.
Lo brusco de su ataque ( comprendí bien cuánto enc'e rraba esa pregunta) y el grado de excitación en que me
hallaba, me hicieron eer rudo en la contestación.
-Los cobijaría el amor, el carifio, ó el instinto pa.
ter.nal del c~~yuge que lo tuviE;ra; y si en ninguno
existía, los h1Jos gozar1an de la misma condición con el
u.,atrimonio indisuluble que ein él.. ... .
-,Oh!
-No ...... no .... Convtugamos en que todo ea cue~ti, n
del C«.l!O ...... Yo no répugudcia el divorcio absoluto 1::11
cit:rtos cusus ...... el adult.t:rio, loa vicios que ª"rav1an al
l1ogar ...... Pero en el ca.)u tle su clit:me, l!O haY razón .
-Parece no haberla, y 1:iin embargo al. hay, y trascendeot.alít!iwa, ¡,ero fuera de la ley. Udtedes uo lo conocen
lnen y por eso juzgan asi. Es precim convenir que en toda soi.:1t:dad acuu~ce lo que eu la attuósfera y el mar.
}:stos tientin a~a cambios térmicos &gt;: dinámicos, y Jae
otras sus &lt;:amb1ós llam~mosles psiqu1cmi:. Una di::i!oca•
ción pequ~fiísinu ¡,roduce una 01~ua encontrada, esta
un mov1u11eutfl, est.e uoa perturoactóu y esta una catáa•
trofe. Basta, pacit. conva11r.:esce de esto, el caso de mi pairocinadv.
X, mi protagonista, de modesto origen, ee crió robUFI•
t? y sano, ain ~ingúu wal atavico.; se t:dJcO y bt:li!ust1ó,
smó perfecta, si bastantemente b1eu; dtl J0V1;;;n se d1sti1t•
guió lJOr su bujna indult', y dd howlJrt: 11adit, put'dt1 1e
l.Jrocharle nada: á costa ue laborioo1dad y houradez h-.1
formadu uu capüal y eti, en fin, un hombre de bien y lle
juicio: un howbre upo. Y sin embargo, este hombrd l:ie
halló precipitado al aiiorcio y buy l:ltl halla el más iult:•
liz por no haberlo alc.mzado. O.; rdfemé, enrt:suwen to
que él ~e dijo después de muOLtO tit:mpo q•1e dc-jamu1::1'de
vernos, 1guorando yo qué era de él. .....
-¡ Bah! La eternü. h11::1toria de P.Jaduichi1:ff ... : ..
-Si ...... sin adulterios, sin rnsulios ni proc.i.cidadea
sin arrenatos de imaginación, ~in niptospruductode wa:
la educación ...... 1(Usted sabu-mt:i llt:Cfa mi clieor,e-wu
cuanto esfuerzo llc:,gué á reunir uua b iuita furtuua. Oua1 1
do me ví duefio de ella y solo entoncee, me ~ntí solo y
me vino la obsesión del matrimonio. l',rnsé en casarnu·:
pero conociendo que para la fdicidai en el matrim,~mh
:_e necesita antes que todo bueua elección e1~ la cumpanera, creí ~ebe_r busc~r una que ee _me asemeJara Jo pvtible, en a"Sp1rac1one1::1, Hleaa, educación y posición: la ha)lé, nos simpatizam ,e y CJncluimo::1 por amarnos ...... 8:,
10dudablewente: nos awamos mucho, co11 un amor que
perduró wucbo tiempo, más del señalado para que el
amor conyugal se co!I~it,rta en .amistad pura y det1inte1esada. ¿Qué cosa or1grn6 la prime~ nube? Lo ignoro:
acaso fué la falta de prole en los prunerus añus de mat.ri•
monio. Yo qui~e desde luego tener hijos y conclu1 por
desearlos ardientemente; sentía la nP.cesid.ad de tt-nerlos·
en mitad de mi dicha, me pare;ía que en mi hogar falta:

ba algo. ¿Para quién sería mi fortuna? ¿No perpetuaría
mi nombrt-'! Y r::obra i~o, el·placer, el dulce placer de
acariciar un milo, E"ang1e de nuestra eangre ......... Ella
parecía no preocuparse ui sentir aquella falta, y aunque
con tal motivo nos hicimos reproches, simples reproches,
yo seguía amándola entrañablemente y ella más apasionada de mí cada dia.
¡Qué regocijo cuando supe que iba á eer madre! Y ein
embargo, en mitad de mi alegría, hubo una sombra. Me
causó una dolorc.ea impresión, una extrafieza penoea ver
que ella parecía estar moleeta con ser madre.
Nació una niña, una pobrecita nii'ia, enfermiza y endeble; un sfr que demandaba imperiosamente el calor
maternal, el jugo de los Sf'nos de ella y toda sn ternura
y todr·s sus cuidados ...... Y sin embargo, ella apenas si
la amamantó un poco de tiemp,, con manifiesta repulsión, entregándola c 1n beneplácito á loa cuidudos de una
nodriza. La niña, la pobrecira raquítica, no tuvo otras
caricias que las 1u1as, hechas con la pueilRnimidad del
qu· c ;ee lastimar acariciaudo y hechas á hurtadillas, pa•

DA~L\FO DISTINGUIDAS Mlr.XT&lt;'ANAS

ces, ante aquella impasibilidad de estatua, en aquello!I
aciagos momentos, la abofetee .... .. ¿por qué negarlo? sentí placer en aquello que ella llamó cobard.ia ... ...... Hoy no
es posible que vivamos jumos ..... . Y no obstante, cómo
habría yo de amar á los hijos de ella y mios, a los que
pudieran sin mengua Jlevar mi nombre! ¿Porqué, porqué
no es posible que yo los tenga 11:rl.f ¡ Por qué? ¿Qué cri•
men es el mio para no poderlo?
-Y sin embargo, amigo X-le dije - eso es imposible.
Apenas si de las trece prevenciones del Código, podremos apoyarnos en la sevicia ... .. .... ,, Y en eso basé la demanda, y ueteaes saben cómo ella no quizo afirmar los
malostratamientos de él, y entonces yo tuvo que apelar
á cualquier otro expediente, concluyendo por perder la
demanda ..... .... Pérdida que condena a X á vida terrible
al lado de esa mujer .. ...... .
-Lo dicho-dijo el doctor.-Deficienciaa de la ley ..... .
el caso noes más que la resultante de la unión de una
erotomaniaca con un buen hombre ........ .
-Pues que se adicione el Código-dijo Patlik.
-Insisto en que todo ea cuestión d~ educación y decircun&amp;ancias-añadió Céspedes.
-Eso ... ... de circ-U8tanciaa ... ... dijeron en coro.
ESTEBAN MAQUÉO CASTELLANOS.
Oaxaca, Mayo de 1897.

~I,

Cuando á verme viene un escritor bisoño, un princi•
piante, por mejor decir ( t'"ngo á menudo esa. visita y la
recibo perfectamente bien ), e1 primer consejo que se me
ocurre dar, es el siguiente:
-TrabaJe usted mucho, con la mayor regularidad po•
aible y el mismo número de horas cada mañana. No se
impaciente usted, espere diez años el éxito y la venta.
tiobre todo, cuide muy especialmente de no imitar nunca, y ...... eche en olvido á sus primogénitos.
Después, mi segunda recomendación, es invariable•
mente esta:
-¿Tiene usted un estómago literario; es decir, un es•
tómago fuerte, capaz de digerir todas las necedadee, to•
das las abominaciones que se van á escribir sobre usted,
y respecto á sus obras?.... .. No; por el rubor y la emoción
de usted, veo que es muy joven, muy delicado todavía y
su disgusto, muy natural, le va á causar graves deeazo•
nea ..... . Nada; todas las mañanas, al levnntarse y en ayunas, coma usted lltl sapo vivo. Se vende en lo.e mercados,
y el cocinero puede conseguírselo á usted. El gasto es de
poca monta: tres sueldos vale cada uno si se compran
por docena. Pd.sados algunos años de prueba, ustei mis•
mo se formará un estómago füerario, listo para echar en
él los peores artículos de la crítica contemporánea, t:in
que las nauseas lo mortifiquen.
El literato novel se queda mirándome con inquietud
mal reprimida, miéntras yo le acompaño hasta la puer&amp;a,
insistiendo acerca de la eficacia del método, que tan excti •
lente me ha salido.
-¡Ah, señorito, yo no qlllero decirle á usted que en
los primeros días sea esto muy agradable. .Pero al fin se
con1:1igue, se consigue, apreciable joven. Un buen sapo
vivo, ejercita á mu.ed, lo habitúa á todas las ignominias,
á todos los horrores, á todos los venenos. 0011 él quetla
usted vacunado durante el día contra todos las inru'-'ndi·
&lt;:ias imaginables. Un hombre que diariamente come t:iU
sapo, ea un hombre fuerte, al qu~ nada es capaz de su Ole•
var. ¡ Vaya usted!, ¡vaya ustea, joven, almuércese 1:1u sapo cuotiaiano y tendrá que agradecérmelo más tarde ...... !

SERENATA
III
De vaga laxitud siente la nota
La mano misteriosa que doblega
Y rota su energia, también rota,
Rueda su voz y á la quietud se, tlntrega.
Las brieas de pi.t.no
dominan
Las almas su giro
refrenan:
L'ls frentes vencidas
ae inclinan;
Y vuelan,
y vuelan,
Sobre la antigna hoguera de fororee
Todas las aves de bondad del alma,
Y allí do estuvo la tormenta, hay calma
Y allí do e~tuvo el exterminio, hay florea.
La fiebre decrece, la mano tranquila
Maneja los dedos con vaga quietud,
La noche ee aclara, la luua apartce,
Se aquj.etan las olas y surge la luz ..... .
Inciertas y convuleas
las lágrimas del piano
Nos hablan de otro mundo
que en el confín lejano
Delinea los contornus ·
sonados del ideal;
Nos cuentan los misterios
de las melancolías,
Nos hablan de las brumas
eternas y sombrfas,
Y, en medio á los eecorubros
de los pasados dfas,
Agitan loe recuerdos
sus alas de cristal.
Y ruedan lentamente
Las notae, cual torrente
Que al tiempo se agotó ...

•*•

•••

Srita. Suaana Traikil, d e Pue b la.
(De fotografía de Cosio y C~)

ra no provocar en la madre extranos enojos por mis cui•
dados hacia aquella criatura que parecía pedirme con
sus mir.td.1s de angel protección y ternura. Jamás vi que
ella diera un beso á la nifia, ni que se aflijiera por su estado, y aquella indiferenci.1.1 aquella falU de amor, aque•
119. carencia de apLitud, de sensibilidad y de educación
para la maternidad, empezaron por disgustarme y conclu•
yeron por enojarme. Y sin embargo, la veía enamorada
de mí como en el día de la boda.
La nifia enfermita y lánguida, murió por fin en brazos de la nodriza .. .. ..... ¡ Qué de extrañ.o que se volviera
al cielo si aqui no 1a 11.mabaol Ella soportó indolentemente aquella pérdila queli mi me torturó el alma. Hasta creí notar que en su egoísmo, la contentaba la desaparición de aquel bér que se interponía entre su cariño ha.
cia mí que era el tod-0 para ella, y un cariño que ee recreaba en la perspectiva de la florescencia de nu~stra
unión ....... . .
Cuando en otra vez se sintió madre, ya no tuvo obatá·
culo en manifestar su repulsión para la maternidad.
Comprendi perfectamente que en ella vivía atrofiado ese
afán que forma la dicha cooyug~l. Mi idea se confirmó
al advenimiento de un niño tan débil y enfermizo como
la hermanita muerta, y que se conquistó todo mi afecto
por que en el veía cumplidas todas mis esperanza8. 8n:
t.OLces estalló la lucha; una lucha pertiaaz y agoJt.adora,
que se caldeaba con aquel pobre niBo, que reclamaba
amor y auxilio .... ..... ¿E~ imaginable qut- un padre tenga
velos de un hijo? ~ólo así ee comprende lo que ella decia
por qlleen el conflicto yo me colocaba de Ja banda: deÍ
débil. Yo veía crecerde!icado y acbacoso al niflo, y pen •
sab~ que, si se moría, sería inútil dest-ar más descendencia ......... ¿Para qué? ... ... Yel ·nifio murió también vfcti·
ma, no meca be auda, de la crneldad de ella, á quien wrné á ver contenta, satisfécha .... .. ; la recriminé injurioea•
mente y recibió impasible mis recriruinacioi:;.ea, y enton-

Mariposa venturosa,
Si tus alas tienen galas
Y blasonas de tus alas
Y tus galas mariposa,
Y si la muerte te advierte
No la temae, mi querida,
No es t'terna despedida,
Ni la vida 1 ni la muerte.
Y hay voces exirafl.as que bajan del cielo
Tafiendo consuelo,
Y dice en las notas el lere gemido:
«Yo nunca te olvido ... !»
Se apagan
los ecoe,
La tarde
declina,
Y el piano
modula
Su canto
dormido,
Con voz
cristalina:
«Yo nunca
Te olvido ... !))

•

Y en tanto que el ••
piano de notas ligeras

Deshoja so.fiado sus vores postreras,
De c!imas lf'janos ee allega en los vientos
La estrofa perdida de:, un canto boreal;
Se esfuman las frasee, más se oye distinto
Que dicen las vocea: ¡Attá, más allá!
Yel alma
suspira
promesas
cercanas
Y cruzan
el cielo
dos nubes
hermanas....
Se allega en los vientos
.El canto boreal,
Y siempre
L1s voces
Repiten:
¡ Allá!
Buenos Airee, 1807.
lMANUEL B. UoARTE,

SAPO

•

Aquí estoy yo, que hace treinta aiios, sin faltar un so•
lo tila, antes de entregarme por las maliauas á mis ordi•
narias tareas, me engullo mi eapo respectivo, al abrir Jos
siete ú ocho periódicos qu&amp; me esperan sobre mi mesa de
trabajo; recorro con la vista las columnas de los diarios,
y ei:1 raro que yo no lo encuentre. En el ataque groeero, O
la especie injuriosa, bordada siempre de sandeces ó ero•
bustes, se ostenta el sapo de marras, ya en éste, ya en el
otro periódico, y yo me lo trago con verdadera complacencia.
Como se lo advierto á los eecritores primerizos que me
hacen el honor de visitarme; esto no es muy delicioso
en loa comienzos. Debo confe.:;ar, sin embargo, que de
seguro yo sentía especial vocación para la carrera, por•
que vencí muy pronto mi repugnancia y logré acostum•
brarme sin mucho esfuerzo. Si hice algunos gestvs la pri•
me1a vez, en la tercera y cuarta docenas, ya pude después
manifestar más entereza.
¡Ahora, con la edad, pasan y pa3an que es una waravilla! Las cosas han llegado a ponerse tle tal wod ,, que
ei yo no tuviese al desayunarme el eoneabido eapo, me
haría una gran falta. ¡ Es claro!, me parecería yo á esos
ancianos á quienes si se les suprime por la mañana el ca•
fé, la leche ó el chocolate de costumbre, se lescolldenaá
marasmo por todo el día. ¡Ah! si yo no tuviese alguua
vez el dicboso sapo, permanecería silencioso, mquieto,
melancólico, sin ningún aliento, lo que se entiende, por
inútil. Nadie se puede imaginar el vigor que tal animalito me comunica después que ha entrado en mi economía
( según el decir de algunas buenas gen tea) ese alimento,
t:!eguro que tonifica mi estómago.
Nunca trabajo coa mejor voluntad que cuando lo veo
más horroroso y ha sudado más veneno. Siento una cosa
así como golpe de fuete en el cerebro, un impulso qud
me reanima y decide á ocuparme con verdadero entuciasmo, en mi diaria labor, experimentando punzadoras
an,üaa de tener gt:nio. Sí, no solamente me torna el e~tó
mago sólido y apto para resistir y pasar bien la injusti
cia y la infamia, como si fuesen golosinas, sino que me
produce el efecto di:, un buen excitante para mis quehace•
res matinales y ensancha y fortifica mi entendimiento, y
le fa la vivacidad y la luz á que debo las mejores págiuas que he escrito.
Y no es precisamente el sapo á que me refiero el sólo
qneentra en mi desayuno, pues hay muchos manjares
ae la propia naturaleza. Hace máa de veinte años que mi
edir.or, mi antiguo y buen amigo Oharpantier me dirige
cada dos 6 t1es semanas un paquete que guarda todos
los artículos publicados sobre mia libros. Está abonado
á una agencia de publicaciones, y distribuye los sueltos
alusivos á cada uno de sus 3utores favoritos. De suerte
que fuera de las producciones que yo encuentro y leo en
wis diarios de la mafiana, el resto me llega por esa vía
ea.si del todo completo. No se trata, pues, de un sapo aislado, sino de un mar de sapos de la neaperia&gt;1 enkra en
~u más horripilante hormigueo.
¡Qué enternecimiento me sobreviene cuando pienso en
los paquetes del buen Cbarpantier! Ellos han sido á la
vez mi delicia y uno de los ejercicios más saludables de
mi vida. Por ellos he aprendido altas lecciones de prudencia y me he perfeccionado en el valor, la paciencia,
Ja resignación y el amor á la verdad y á fa justicia.
Yo no los acuso de haberme dado algo de presunción,
lo que sí no ee puede poner en duda es qu~ encierran
odio, injusticia y horror. Hay en ellos, sobre todo, mucha
tontera y mucha frivolidad. Yo quisiera exhibir al pú·
blico el contenido de uno de eso~ paquetea y mostrar có•
mo el ataque lanzado por uno de los diarios más leídos,
p 1!:a á las prov~nciaB .Y vuelve más tarde ~n la. prensa ex•
tranjera, repettdo baJ0 todas las formas 1m!'gma~les.
Viejos enemigos míos, se han tornado mts am ,gos, al•
guoos amigos por lo contrario, han ido á engrosar la fila
&lt;le wis adversarios. Después q11edael sobrante, las esco•

34'1

EL MUNDO

rias excusas que datan de veinte afias; croniq~illaa que
viven de las leyeridas socorridas, falsas acu:!ac10nes, es•
tereotipadas, cuya publicación se paga á tanr.o la línea.
E:1 preciso saber vivir.
Hace un cuarto de siglo que el conOOnido ~e loa paque•
tes no ha variado, forma hoy el montón mismo que e:°
los primeros días de mi carrera, mucho papel desperd1:
ciado inúlilmente sin que yo baya podido sacar de él lll
el más insignificante provecho.
Eo otro tiempo, (quince años hace ) me vino la idea
de publicar uu volumen con este título: 11Sus i!lj~rlas,11
una colección escoaida y delicada de los cumplimientos
y lisonjas que la c~ltica me había dirigido. Aseguro á us·
tedes que dicha recopilación, hubiera servido perfectamente bien de manual completo para los venideros car•
na veles.
¡Fácilmente se imaginará lo que el montón ha debido
crecer más tarde!
Mi granero de Medán está colmado hasta las vigas, y la
corriente llega hoy con la misma furia que ayer; nada la
calma, ni mi ~rabajo, ni mi edad. Decididamente la ~m•
pt&gt;stad no tiene fin; están abiertas las cataratas del cielo
y llueven sapos que ea una bendi~ión.

rá alguno diez años después de muerto, al audaz busca dor descehder al albafial de la injuria, donde se adormece al oleaje de todas las invectivas, pronto á desbordarse
al primer acceso de lo Jura manifi1dta?
Hoy todavía nos lo explicamoe:, pero más tarde, ¿cómo
se podrá comprender e~e cúmulo u.e ignominias, y cuanta saliva se escupe á la cara de los mái:1 nobles y de los
más grandes?
Nuestros nietos harán una obra de me-recida y verdadera justicia, poniendo cada obra del ~iglu en el lugar
que le corresponda, y una horca para los qu~ no han ea•
bido hacer otra cosa que insultar u uee1 r _, e brillantes glorias de mailana. ¡Ah! estos sapos hur,ibles, verdosos, son
para mí dulces, como las pastillas de ambrosía que nos
hacen probar de antemano el gusto divino de la iumor•
talidad.

•
••

Francamente, me pasman esos críticos infatigablee,
proveedores de sapos. ¿Por qué ee dedican á tan vil
oficio?
. .
Para perjudicará los autores que de esa manera IDJUrian? Pero ese cálculo es absurdo, puesto que no los da·
ñan, sino por el contrario, loe benefician. ),Cómonoecba.n
•
•
de ver la verdad probada, indiscutible, ~e que un escr1 ·
Habría que hacer con toda eeriedad un trabajo muy
tor se engrandece con los ataques?
interesante sobre la masa verdaderamente espam.osa de
Los más grandes son los mas atacado1:1 1 y desde el mo•
artículos que la prensa publica dfa á día á propósit.o de mento en que cesan los golpes que se les di~ige~, parealgunos escritoree,
ce también que ellos declinan. La prueb~ es 1nfahble: ¿se
No hablo de aquellos estu:lios, ¡ya muy raros! escritos me ataca siempre, luego estoy toda·vía en mi puesto..
concienzudamente é inspirados pur el alll,Or y el respeto
La verdadera muerte literaria, comienza por el silená la literatura.
cio que rodea á las obras del hombre.
Hablo de toda la inquina baja, de la•estupidez revuelLos insultadores no son en realidad otra cosa que las
ta, de la cJ lera ... nvidiosa, que hace salir á la espectación reaonaatestrompetas de la gloria del escritor, cuyos triungeneral el buen éxito de algún escritor, y más que, eso su fo@ ee empeilan en proclamar.
provecho pecunia,io.
F,n caso ñ.e que ellos quisieran dafiar vndaderamente,
Puede ser que algún día pruebe yo hacer un análisis de la táctica más adecuada sería el silencio. Pero en esto res•
ese rerrdn l Ci:,nago1:10 que determitia un hombre de letras plandece, sin duda, la justicia inmanente de las cosas.
desle el punto en qne legítimamc:,nte adquiere alguna .No puedt:n ca!lar, porque necesitan ladrar, como hace el
nombr,1d1d.. Hoy me concretaré á. seflalar tre.o géneros de perro cuando pasa la caravana. Estoy convencido de que
artículos de los que son más frecueutea.
la Providencia en la cual quiero cretir en estos momen•
Desde luego tenemos el artlculo best.ia, que .es el más tos ha dado et' viento á las velas, para impeler al nav[o
per louable. Es costumbre que lo .escriba ~n Joven can· al 'Puerto glorioso del porvenir.
di.Jo ámenos que se deba á cualqmer afemmado caduco
¡Dios mío! ¡Se dafhm á sí miemos! Las páginas legad'ls
y amigo de niñerías. De todos modoa, este critico ni sien· por la critica, son un testimonio terrible en su contra;
te nada ni comprende la obra de que se ocupa, y desatina porque si ella se engaña al juzgar una obra, la prueba de
con la mayor serenidad, sin tener la meno~ idea de ague• su error será perdurable, y ya pueden imagin~ree uste/lo á.que se refic:,re. Deja á u11 lado las intenciones del au• des el papel que hará en adelante, su .sentencia vana y
tor, lo acuea de crímenes que no ba cometido y .le .Preat_a convicba de inbecilidad ante la obra trmnfant.e.
cuanta~ perversidades pu~den caber en ~u propia 1mag1Pienso á menudo en Saint Beuve, cuya memoria tiene
nación, siempre fértil en toda clase de villanías. Y.o lo
por cierto mucho de que podamos consolarnos, porque
respeto por bestia y no por ruin. PcN cómo produce in- á dejado juicios definitivos, inspirados en verJadera y
quietudee esta dichosa estupidez y se :mnvierte en orígt:n circunspe.ta recli.ud, pero si resucitara ¡cuál no serfa su
di:, fal-edades y pareceres tantos. Yo citaría veinte ejem- bochorno al contémplar la ta.lla formidable de B3i.zac y
plos en que ha sido suficiente un mentecato nomás, pa~a el dominio indiscutible que ejerce sobre la novela moimpedir que una obr.:1. salga hermosa y sana, hasta el d1a derna! Este autor tan cowbatido y negado por él, y Baren q11e la tardia verdad se abre paso.
bey d' Aurevilly :y Planche miamo mejor equilibrado,
Muchas veces meacuerdoJ de la frase q11e Taine repetia qué bien hacen en permanecer en sus tumbas para no
delante de mí (ya hace tiempo de esto ) cuando encarga• ver la mayor parte de sus sentencias casadas, y los escri•
do d'j las publicaciones en la casa Hachette, le enviaba toree que ellos han elogiado ó deprimido, sobrevivir en
yo lue artículos que aparecían sobre su uHistoria de la Li · la perpetua renovación del genero humano.
ter.t.tura Ingleaa,11 recientemente Ealida á luz. Lo atacaban
Hablaba yo hace poco de la inmunda cloaca que se
violentamente, y con especialidad los periódicos religio• formara, con el montón de artículos legados por los ceo ·
sos le dedicaban censuras llenas de furor y de encono. t1ores que tienea la manía de injuriar. Pero sin deseen- '
El ee encogía de hombros á cada ataque de aquellos, mtis der á caaos excepcionales, de certidumbre evidente, co.n
proveuiclos de la pasión que del talento, y decía sonrien- graode extrañeza afirmo que la mayor parta de los críti•
do con dulzura: -1(E~ un artículo de cura de aldea.n En• cos no se preLcupan mucho del proceso que se instruirá
tiéndase por eEt'), ti artículo de un hombre bravoJ en el más tarde ante laa generaciones venideras, sobre sus senfondc,, pero un bravo impediio, cegado, que no entiende tencias y las otras que hayan juzgado. En esta materia,
palabra de lo que dicd. En suma, un buen sapo.
sólo la razón y la justicia será.n las soberanas, de modo
Viene, en seguida, el artículo emponzoñado, Este de• que toda critica fuera de ellas, estará mal ~iment&amp;.~a. y
manda algún talento á su autor, y es con frecuencia la sérvirá para vergueaza del que la haya escrito. La umca
obra de un hombre inteligente, de un literato, en -fin, excuea podrá ser la buena fe que tomará tal vez el nom•
porque es menester algo de erudición y arte para enve• bre de la inteligencia, En cuanto á los otros, los que
nenar hasta los puntos y comas de un escrito. El toque se hayan inspirado en propósitos poco nobles, y escrito
estriba en poner todo lo que pueda herir, todo lo que las- por pasión, por envidia ó por ira, resultarán convictos á
time y dañe, exhumar las frases olvidadas del autor, co• la püstre, de su vileza y r..1indad. J am.á.s he leído uno de
naciendo que le son desagradabl~s; coordinar los textos eaos artfouloa impregnados de hiel y de cólera sobre uno
discordantes para darles un sentido mortal, aceptar en de mis libro~, sin sentir en el fondo verdadera compasión
las opiniones lo q•1e ellas pueden tener de pernicioso; por el pobre autor á quien se los debo. Ei uno que pretender su lazo á propósito de cada frd.se; hacer que corra tende ser vil, bajo la piedra de su sepulcro, cuando loa
entre las línea~ impresas todo un caudal de abominacio• dos hayamos muerto, mientras que yo dormiré en mi
nes mal encubiertas; ocultar bajo cada frase la flecha del fosa muy tranquilo después de haber concluido mi terea
caribe que debe matar con la menor picadura.
de honrado obrero.
Conozco á dos ó tres de estos criticas que no pueden
amar ni admirar, cuyos artículos, de una apariencia ca•
Cae. cae en mi humilde casa, bienhechora lluvia de sa·
riñosa, son nidos de víboras bajo flores. Sudan naturalmente la perfLiia, como los pin9s su resina. ¿Qué rabia pos. Sigue trayéndome el valor y la entereza para ver de
tienen mezclada tin la sangre de sus venas, qué concien- frente á los hombres, sin sentir ningún desaliento.
Cada mafiana, antes de mi trabajo, haz que no me falcia de su impotente genio para mancbarasí toda creación?
Se piensa en bajezas ignoradas, en almas viles y ne• te en la mesa y entre mie diari()s el sapo vivo decostum.
gras, propias de hombres ruines, que, avergonzados por bre, que hace tanto tiempo me ayudaáeobrel1evar nues •
la mediocridad de sue obras, se solazan manchando las tra feroz vida literaria. Creo que esta medicina higiéni·
ca ea indispensable todavía para conservar mi vigor. Y
de los otrc.s.
·
Un artículo de e~tos es. según mi sentir, el mejor de el dia en que me faltare mi sapo, sospecharía que mí fin
los sapos; lo cubren las pústulas de la envidia, y está hin- estaba proximo - y Y" había escrito mi última página
chado por el veneno de todos los rencores. Cuando un buena.
¡"Yamos, un sapo ayer, y u~sapo hoy, y en espera de
escritor tiene la buena sut,rte de saborear uno dtl es tos,
sin duda. que tiene inmunidad para dos meses, y queda el sapo de mañana, para bien de mi salud y de mi
alegría!
insensible para los más eangrientos ultrajes.
EMILIQ ½oLA.
Queda, por último, el artículo que llamamos «loco.u Yo
entiendo por tal el articulo de un sectario, de un dese•
quilibrado en materias de fe ó de política. ¡Ab.! miserias
de la intolerancia ó la pasión que le vuelven el juicio al
hombre y matan toda virtud y toda justicia. Los conoces,
¿verdad?
Se lanzan ellos al combate en nombre de esa justicia y
de pi::a verdad, y realizan la más excecrabrle de las tareas,
la difamación, la delación, condenando al prójimo sin
prueba a 'guna, inventando d~moetr1'ciones á su sabor,
No escribo vnsoe aquí
aceptando como cosas evidentes las bajas murmuracio•
porque mi nombre rernerlea,
nee, encarnizándose en las mujeres y los nifios, sin ese
sinó para que w ac uerdes
simple buen sentido que nos indace á perdonar 81}. los
que yo me acuerdo de tí.
otros l11s debilidades propias de nuestra fragil humanidad. ¡De ese modo la obra que ellos pasan es la que se
C.UIPO.UJOR.
imaginan que puede ser justiciera y redent.ora ...... ! ¿Ve-

•

•••

�EL MUNDO

ILDA.
CUENTO ■ EXICANO

I
La tribu chichimeca se ufana de tener en su seno á la
hermosa Ilda, la hija de eu vieJo rey, cuyos ascendientes
han ocupado el trono de oro y cefiido á su frente Ja dia•
derna de plumas color de iris, duran'8 seis generacionee.
El pueblo la respeta, y desea que sus hijos hereden Ei
n6 su maravillosa hermosura, su bondad.
Quince anos cuenta; todos sus eneueftos son color de
roes, y entre e11os ve destacarse la figura vigorosa del
mancebo que por primera vez ha hecho palpitar su corazón de virgen.
Los poetas la cantan y comparan su divino busto con
el de Ja mujer que habita de noche las mansas aguas del
r1o, 6 el de Atonantircb, la diosa de la cauda aznl;- su
rostro resplandece cual el de la pálida metz tli cuando
en noche serena ilumina los bosques de ah uehueteP, 6
hace quebrar, en loe acuosos prismas de las o las del mar
del sur sus refulgentes rayos;-menos gentileza tiene la
palomit.a del collar negro, y voz más áspera el pito-real.
JI

con que el capricho del azar escribe
una escala cromática de hermo888:
eecueta de oropeles
y de atavíos aobria
tuert.e en el pedestal de tus encantos,
con tus gracias por únicas fiadoras,
miras en derredor, como queriendo
contestar un saludo á la victoria;
verdP esplendor ee escapa de tus ojos,
y ¡todos te proclaman vencedora!
TOBBELLINO

El vals y mi emoción 11 un tiempo vibran:
luces y ritmos por el aire ondean,
coloree y fragancias se confunden,
arpegios y fulgorps se entremPzclan.
Hay boda: del pincel y del pent.ágrama.
Hay besoe: los del tinte y la cadencia.
Gentil como t.l\ eola,
como tú sola bella,
al leve impulso qu .. ni mano imprime
sobre tu eebelto talle de Minerva,

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

Todo está en silencio-las sombras han
cubierto con su negro crespón la ciudad y
la baja silueta del palacio se confunde ~n
la de loa árboles que la circundan.
El silencio sepulcral ea int.errumpido de
cuando en cuando por el canto agorero de
los pájaros nocturnos, ó el suave aleteo de
las alas sedoB88 de algúo buho·-atravieean en rápidos giros laseetrechaá callee los
murciélagos que ee cuelgan de loa troncoA
secoa de los plátanos, cuyas hojas macilentas se desparraman por el suelo.
III
El padre duerme y la bija vela·-eepera
la eeilal convenida para uoirsecon ~u amante y buscar, muy lejos, un ~dazo de paraíso, en el cu.ar se deslicen e1lencioeamente las horas dulcfeimaa que pasen juntos,
sof'i.andoen su porvenir, lleno de ilusiones.
La seflal convenida suena y poco después, dos siluetas caminan c~uteloaament.e, amparadas por la eombra.
Pobre viejo! ya nunca peinará. tus canas
la hija amada, ni sentirás sobre tus meji11as sus labios ardientes!

IV

. Tria~ resuena el tepona.:ra , y el rey ee dirige vacilante al te..oplo: sus cabellos caen
ell desorden, desceñ.idos de la corona de plu.
mas color de írie;-el cacUi bordado de oro
no se ajusta á su pié, y el maMne&lt;:all no ci~
fie ~u ~usto;-1.a ciudad es~á triste y hace
sacnfi~1os 11 Hmtzilopochtli por el regreso de
la pnnceaa;- el gran sacerdote riega la
ean~re de las víctimas á los cuatro vientos
la piedra de los sacrificios, techmll maná
~aogre y el cu.au.ricalli rebosa de ~orazo~
nes. Después viene la orgía, el pulque cow
rre por loe vasos de coco labrado, pero el
monarca no toma parte en ella.
. Las noches vuelven, pero el suelio no vifltta !os párpados lacrimosos del viejo rey,
11 qmen ~nsume una fiebre devoradora.
El anciano se agita en su lfcho de estera
y en su delirio ve la hija por quien muere
que lo llama, con los brazos abiertos, ensellándole como emblema de la otra vida la
reíulgente aureola que circunda su her~oea cabeza. Las lii{aduma que mantienen su
alma atada á la vieja materia, son todavía
bastan.~ fufrtee, lo que lodeseepera-¿no ve
á eu h1Ja que lo llama?
V

DD ■ INGO a3 DE ■ AYO DE ,8117

•

esta fiebre, este foco
que se nu~re de sangre de mis músculos,
que e~ mis ven.as ago~a el nectar rojo,
que a_tu'an~ m1s nervios y que ea árbitro
de mis sentidoa todos.
No lo quiere esta llama que ilumina
el ara oculto en 9-ue por cí me inmolo·
no_lo permites tu, mi casia Venu1:1
'
¡mies que.para mis campas ambiciono!
Tú, de qwen traigo á mi escondida cámara
ese calor de Agosto
que por mi ser difunden
las verdes llamaradas de tus ojo1:1,
ll&gt;uc rto Rico).

Jost

A. NEGRÓN SANJURJO.

,

RONOUS VAGOS
Pasaa por el abismo de mia tristezas

Pasas por el abismo de mis tristezas
como un rayo de luaa sobre loe mares
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas
Ya tramont.a mi vida h tuya empiezas
mas salvando del tiempo loe valladares
como un rayo de luna sobre los maree
pasas por el abismo de mis tristezas

Como blanca theoría por el desierto

AGOYA
Poderoeo visionar:o,
raro.i..oge~o tem~rariu,
por t1 tmc1endo mi inctinsario.
P~r tí cuya gran paltta,
capr1cboaa1 brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;
por tus lóbregas vit:,ionea
tus blancas irradiaciones, '
tus negros y berm.eUones;
por wa colores danteeco!'
por tus majos pintorescos '
y las glorias de tus frtscos.
Porque entra en tu gran tesoro
el diesLro que mata al toro
la niña de rizos de oro,
'
y con el bravo torero,
el infante, el caballero,
la " antilla y el pandero.
Tu loca mano dibuja
la silueta de la bruja.
que en la sombra Bt:: arrebuja ,
y aprende una abracadat;ra
del diablo patas de cabra
que hace una mueca macabra.
Musa soberbia y confusa,
ángel, espectro, medusa,
tal aparece tu muea.
Tu pincel naombra, hechiza·
ya en sus claros electriza,
•
ya en sus aom brae sin fon iza,
con las manolas amablt1:1,
los reyee, loe mieerablee,
ó los Cristos Jamelltablee.
.En tu c!arvacuro brilla
la luz muerta y annuilla
de la horrenda ~eadilla,
ó hace encendt-r 1 u piLcel
los rojts labios de n.iitd
ó la sangre del claveJ.
Tienen ojos aeeeinos,
en sus semblantes divin(s
tus ángelPa femeninoe.
Tu caprichosa alegría
mezclaba la luz del dia
con la noche obscura y f1 fa.
Asi ea de ver y admirar
tu mieterioea y sin par
pintara crepnt!cular,
de. lo que dan testimonio:
por tus frescos, San Anto11Hr
por tus brujas, til demoniu. '

''°,-"o/'t"~~e,,
~.,,,,,,,. . -..,,,, ,

-~.-.• ...,..... """""~....
..,

CAllPOA.K OR.

'49

EL MUNDO

a3 DE MAYO DE •"91

No mlis en la tersura de mis cantares
dejará el desencanto sus asperezas
pues Dios que dió ii los cielos sus laminares
quiso que atravesaras por mis tristezas
como un rayo de luna sobre loe marea

lid.a murió antes que su padre una fleRuntN DARlO.
cha errada por Yacáne.x, buscó a'brigo en
senor
- 1•E 111 G
a
c ·
snconu:ón
lleno
de
d"
.
wi
m a onz lez os10 y Acosta. ( De fotograf1a Valleto Y e•)
_
,
sa~gre ar iente y roJa;
.
··
- l acá~x, el descendiente de los incas de alma de hiegiras
por
el
amplísim?
~ectáogulo
rro, abrió con su cuchil1o de obsidiana el pecho; poco d8'3y en pos de tí, la env1d1a que despiertas.
pu~a dos cadáyeres reposaban juntos, teniendo
r 88 .
Yo, como el ave herida
EVOLUCION
pulcro una tupida alfombra de yolos6chiLls las flores del
en la natal floresta,
corazón, y por bóveda el inmenso pálio aztil del cielo.
giro también ...... en busc3
Joet .ASC.Áft.FAGA C.
de mi nido de sueños de poeta:
T~ fiebre-~mante 11ena de caricias secretas San Salvador.
voltaica sacudida
l.: mó sus lab.1os de ~cua con mis labios marchito&amp;
precipita la saagre en mis arterias·
Y pobl.ó .loa insomnios de mis noches inquietas
chocan en mi cerebro
'
De caricias absµrdas y de ber:1os malditoi:i·
rot.aa en mil pedazos, las ideas·
'
-9/',''.~
,::.)....,
Eros quiere encarnar en mi paiabra
La tristeza-una amante sombría, taciturna,
1,, , ..
~
y torpe, el labio á balbucir se niega!
Fué, deapuée, compai'l.era d➔ mia noc}jes glaciales
rendido, hipnotizado
'
Y en las h?ras tedioB88 de mi pena nocturna
bajo la sujestión de tu preirencia
Arrolló mIS dolores con sus cantos nupcialee;
voy dando como autómata
'
la circular acompasada vuelta·
~oy se ~pagan y tiuermen mis causadas pupilas
PERSPECTIVAS
y cuando la brillante catarata'
, tendida~ l? largo de mi cuerpo insene1ble,
de melodías cesa,
Vela el. sueno .mcoloro de 1;1ii noches tranqnilas
ANTES DEL VALB
busco un sitial en que la calma logres
La Ind1ferenc1a-amante e1n nervios, impasiblequedas en él ~omo en tu solio ¡oh rei~a!
Jirón de cielo ó mar-dos infinitoe la eaya azul que en tu escarpín se adit.a
y al fin resucu.ando de aquel vértigo,
A.XTENOR LiscAKO.
me acuerdo de que eak&gt;y sobre la tierra ..... .
esfuma en~re loe pliegues aus contornos
de. la doble columna en que te apoyas;
roJa como la flor del amaran to
MI INVERNÁCULO.
la cinta que tue crenchas aprisiona
Yo sé que en torno á mf nieva y escarcha•
finge un halo de fuego
yo sé q ne el bóreas ronco
'
~n torno á un haz de rayos de la aurora;
cuaja el cristal de hielo en mis alféizares·
i.as suaves líneas de tu torso cubre
desde estas salas oigo
'
blanca almilla gaseosa,
la gota que á compás en mi techumbre
á la que, P&lt;•r la espalda, inunda en oro
cayendo está con en caPr monfito■ o·
iu destrenzada cabellera blonda•
hay en la 2cera gélidnp car.imbanos:
hasta ascender á tí, t;ónrca aguai
En cuanto al bien y al mal nada hay lejano:
hay frío ...... , mucho frio ...... en el iÚroyo·
c:i:d:1 mujer de este concul'BO es ~ata
todo se ~talla al alcance de la mano.
pero no IIPga ad: no 'o consiente
•

.,;

DO ■ INGO

Como blanca theoría por el desiert.o
desfilan silenciosas mis ilusiones
sin arbol que lea preste sus ramazones
ni gruta que lea brinde refllgio cierto
La luna se levanta del campo yerto
y al claror de sus rojas fulguracionee
como blanca theorfa mis ilusiones
desfilan eilenciosaa por el desierto
F:n ,·ano al cielo piden rPVt,lacionea
_¡;:on esfinges los astros Edipo ha muntoY á la faz de las viejas constelaciones
desfilan silenciosas mis ilusiQnes
c0mo blanca theorfa por el desierto
A1,uuo ~E1n-o.

SUINDA

I
Yoh·ámonoa, aelior. Cuando Pomb1"ro ~ nuestro lado
silba y rn eRcucha el ruido delas.alas del Suindá, alguna
desgracia ancPrle al caminante. Volvámonos, señor. Ael'.
mi guía, presa ,le supersticioso pavor, dice y se detiene
en medio del camino.
¿Y quién es Pombero?-Invisible se encuentra á. nnetic•
tro lado, adivína nuestros pensamientos;-no hay misterios ni arcanos para él.-¿Y Suindá?-Es Suindá. el compafiero de las sombras,, el profeta de la muert.e q•te busca
entre las tnrabas la tumba de su hermano, sin jamás encontrarla. Escucha rarai la leyenda de Suindá.
JI

Nunca mas puros loe rayos de la luna platizaron las
hojas del g1utp&lt;1y, jamás más bellas las ~atas de rocio, cual
líquidos diamantes, brillaron en las flores del ta,,t, s6lo
esa vez el Seembucú besó con ósculo de amor al turbulento río que lo absorbe en su corriente; flores y aromas,
amore1: y sonrisas, ecos de dulcíeimos arpegios, recuerdos
de suavísima salmo&lt;lia, ténue luz, brisa tibia, harmoníaa
indefinibles, embalsaman, aduermen é iluminan la cuna
de Suindá.
!JI

No nació solo. Vino gemelo al mv.ndo, ií. su hermano
unido en u.moroso abrazo, y al estrecharlos la madre contra su amante seno, angélica sonrisa se dibujó en los la•
bios de esos pedazos queridos de su alma. A cuál besar
primero? Instintivamente la madre posa sus labios en loe
labios del hermano de Suindá, ya que ii la vez no era po•
si ble besará loa dos. Gérmenes de la ira, embriones de
odio, semillas de venganza, envidia y celoe, tifien de rojo cá.rdeno el rostro de Suindá.

IV
Loa celos ¿son acaso ellos la mlis poderosa de las pasiones humanas? Envenenan la existencia; enemigos del hogar, destierran de él la paz, deaciendeo á la choaa pajiza
del ~aetor y suben al palacio de loa reyes;dealfaanse cual
t-epttles en~re flores y enrn~can sus anillos en el corazón
del hombre y allí matan despiadados las más nobles afee•
cianea.
Amor conyugal, dichoso porvenir, fneños é ilusiones.
aspiraciones nobles, e\Pvados ideales, abnegación y vida,
todo cae envneho entrtl la negra sombra de los celos, tras
el alud de la rastrera envidia.
\'

Cinco lustros han pa!lado desde el nacimiento de
Suíndá. Eacoudida entre lianas y diamelas, á orillas del
:Reembucú, guarda Ja rustica morada de un pa~tor la jo·
ven bella; sueño dorado del hermario dt! Suindá. Es trig ■efla como bija de loe t.rópicos, tianen aus ojos el color
de la noche y los desr.eJloa de ene astros. Sabe Suindá
qM ella y su hermano se aman; pero él también siente
latir su· oorazóu con sensación extrati.a. Y ese secreto
amor que nace y se agiganta, en co nbate con lM aíeccionee frateroalee, las ve al fin caer vencidas cuado la mano del criminal prep:irJ. l:t. fr:it:ci1.'.l n~c:l:1.

VI
Dulce t.ro'"a de amor ee escucha al pie de la ventana
de la hij~ del putor; dulcísimos idilioa, eternos juramen•
tos, ruidos de besos, y brazos que ee estrechan, corazones que laten movidos por et amor más puro.
Brillan como carbunclos en el vecino bosque los ojos de
Suindá, encendidos por el odio y por Jos celos. Dispara
la envenenada flecha que aa.ravieH et cuerpo de la bella y
de su hermano, dejando unidos sus dos cadáveres como
unidas salieron al cielo sus dos almas. Lleva en seguida
su nervuda mano al afilado darao y hasta la empufl.adura lo hunde en su corazón.

VII
Una ave miaterio!!a-dehosca mirada y cesgo vuelo, des·
de entonces recorre las tumbas olvidadas, cuando las
sombras de la noche se extienden sobre el mundo; y si
en nuestro hogar ee escucha su graznido 6 el ruido de
sus alas, cual profeta da muerte anuncia. una desgracia.
Es el alma vagsmuoda de Suindá que expía su pecado
huyendo de las luces y de las aves.
Calló mi guía. ¿Me refirió acaso la leyenda de Abel y
dé Cain? La leyenda biblica babia de celos del amor divino, la guanmi de celos del am.or mundano.
No~: TABORDA.
Paraguay.

fanfarria, encontrar Jas mismas caras y contemplar los
miamos idilim pltbeyo~.
De cuando en cuando y para descargo de. su conciencia ó más bien con la esperanza de ser ampliamente pagado en otra vida, CQlocaba algunas monedas en una de
esas manoe t.rémulas, agarrotadas y sucias que se extienden suplicantes al pasante, y en esos días recordaba su
acción á. cada instante, se encomiaba. á sí mismo y aun
si hubiera podido decírselo al mismo Dios, repi~iéndos~lo, haciéndole apunt.ari.o en un libro 1 cobrar recibo casi,
de mil amores lo hubiera hec-ho.
En sus últimos afios algo se arrepentía de no haberse
casado pero únicamente para encontrar en la mujer una
enferU:era solícita, una mujer que tal vez hubi~ra con
sus cuidaJoa proloniado sqa díae, y como el médico per•
maneciera aún ahí, le decía:
Tres años, doctor, na:la más eso, me casaré y mi mujer me cuidará bien, no ea verdad que......
.
Hizo un gesto de espanto, las manos ee a~1taron nerviosas, las sábanas subieron más aún, y bamendonuevo
gesto sus ojos tomaron la inmovilidad de ágata de loa
ojc,s de muertn.
-¡Ya está! dijo el galeno tomando el p11lso.
-¡Al fin! exclamó el imberbe sobrino que heredaba
los dineros del tio1 sin poder contener su indiscreta
alegría.
Y esta fué la oración fúnebre y las ú nicaa palabras que
la muerte del buen aenor hizo salir de humana boca.
.BE1tNAROO

Cor,-o

CA"l'TILLO.

Mayo de 1897.
ULTIMO$ MOMENTOS

Lo amariilo de la lamparilla veladora y la blancura de
la&lt;i ropas de la cama, era lo único que de pronto aedistin·
guía en la vasta estancia.
Cua11do lo, ojos Ee hacían á esa media obscuridad, so·
bre el lecho se veía el rostro flaco, de amarillentas livi•
df'ces, de ojos angustiados y humedo,, que con toda la
vida que en ellos quedaba, se fijaban ansiosamente en la
puerta del cuarto, y unas mano:1 larga~, huesosas, que se
clavaban en las aá.banas, se agitaban, tarántulas desque•
brajadas, y con mecánicoéinstintivo movimiento, atr~ian
constantemente las sábanas al rost.o, como quenen·
do, según la frase de un célebre psicólogo co11temporá.•
neo, revestirse ya del sudario.
En la puerta apareció la silueta del médico, larga figu•
ra envuelta en larga levit.a; loa ojos del enfermo chispearon; los pasos graves del enlutado personaje fueron haw
cia nn sillón mecedor, donde un joven, imberbe todavía,
bostezaba con aire fastidiado; unas cuantas palabras dichas á media voz se cruzaron, y los pasos.fueron hacia la
cama donde Jos ojos se dilasaron y una voz perceptible
apenas, balbuceo:
-Vi ..... viviré ...... un año ...... doe, nada más Doctor.
El Doctor nada contestó, pero en su r()stro de impeca ·
ble impasibilidad, hubo una involuntaria mueca de lástima que hizo saltar las inquietas manos y agitarse el cuerpo e¡;¡queleteal del enfermo.
El médico permanecia·inmovil, viendo al desechado
con eee aire de piedad y de curiosidad que aún los más
acoetnmbradae á ver pasar la fatal línea, toman ante loe
forzados viajeros. El Desgraciado leía su sentencia en esa
aciitud y, haciendo un esfuerzo pretendía dominarse,
darse valor y su cabeza monologueaba:
-¡Ya!. ..... ¡ee acabó todo 1 •••••• tenía que suceder...... .
¿y qué? ........ ¿qué es la vida? á. quien dejo, que extrafl.o,
qué podré echar de menos después de muerto? y en vano
se convencía de que era viejo, de que no tenía ni un hijo, ni un hermano, ni una mujer; fin su corazón no ha•
bfa nada, ni siquiera recuerdos. ¿Había querido algo en
este mundo, fuera de su egoista tranquilidad? No, ¿verdad? Otros van llevándose aunque sea r111naa, y en elmo·
mento de la muerte ven dibujarse rostros que aonrien 6
que lloran, figuras de amigos que pasan, recuerdos de
buenos ratos que se esfuman; para él, nada1 nada, el más
completo de los vacíos; y, sin embargo, y arn embargo se
afnraba 1í. la vida, se aferraba con ai.aiar:1 1 con su voluntad y sus fuerzas todas, si las fuerzas fueran capaces de
vencerá la muerte ......... y repaeaba lo que babia sido su
vid&amp;., la más vulgar, la más escasa de sucesos, la más monótona d"' las exíatencia 11 , capaz de desesperar al más
contentadizo de loe novelistas.
Su iníancia: unos cua.ntos ai\oa de timidez; él no t.enía
ecos de carcajadas, ni de carreras, ni de pnrazos; él no
sentía en ese momento gritos infantiles, gorgeos de traviesaa aves que lo llamaban ó lo picotearan;en su juven •
tud, dos aucesoe: la muerte de su padre y casi inmcdiatamentedeepnéEI, lade la madre; todo lo que para él represent.aban estos dos lecho!!', eran dos noches pasadas al lado de loa cadáveree, cuidando las ceras que ardían chisporroteando, y desde entonces, comer solo, dos luga1'es
menos en la mesa común; pero fuera de esto, nada cam•
biaba, las mismas criadas, la misma casa, loe mismos hechos y las mismas palabrae.
El vefa turbas de j6venel!I yendo rientes, ii su ruina tal
vez, pero una ruina precedida de clioques de cristales y
resonancias de ri@as; veía mujeres espléndidas y mujeres
sonrientes, proclamaciones raidoaas de los veinte aiioe y
huía, bufa temeroso de loa gasooe, de los movimientos,
del abandono de sn enmohecida concha de vieja tortuga.
Nunca quiso formar un hogar por horror también á loa
gastos y á las discusiones; el número de cabecit.as rubias
y tra1ea claros 111ue rodean las mesas y los lechos y animan las estancias como parlantes ram.illetes de flores, no
era) pa.ra él sino un cieno número de bocae, de trajee,
de profeaoree, un sin fin de pesos que se van,que buyeo,
y h•yen con asombrosa rapidez.
Colocar una cierta cantidad de dinero, el cambiar ama
de llaves, eran las penas de su vida; sus placeres ir á
un jardfo público determinado dfa de la semana, dar Isa
wis:n:is yueltas, oír la.a mismas estridencias tic un:i mi~ma

DE CAMPOAlllOR
SU ULTIMA DOLORA

Se intitula Lo inim ittihle la última Dolora que ha escrito el insigne poeta don R ,món de Campoamor. La 4edic6 al celebrado actor Emilio !\Iario, y la reproducimos
en seguida:
A una actriz que llegó á ser
famoea por sus laureles,
le dió Mario dos papelea,
de A ngt l y Fu ria á escoger.
-Qtté duda puede caber?
-dijo la actriz, impasible,ucualquiera mltjer sensible,
haciendo al sexo una iojuria,
puede imitar una furia,
pero uo. ángel ¡imposible!n

PINCELADAS

I
Parece que euspenso en su carrera,
Quedóse el '!ol en el cenit clavado,
Sigue el agua su curso fatigado
Y la arena del margen reverbera.
En el bosq·ie cercano, desespera
El silencio de muerte que ha reinado,
Y apenas se oye el canto desolado
De la torcaz medrosa y plañidera.
Salta un ciervo: áloe vientos interroga,
Hunde sus secas fauces con anhelo
En la corriente que su sel ahoga;
Asustada una garza tiende el vuelo
Y como nube solitaria boga
Por el azul espléndido del cielo.

II
Orando acaso por el sér que adora1
Imágen muda del dolor sombrío,
El funerario sauce sobre el río
Cuelga su cabellera protectora.
Tenaz conserva su actitud traidora
Un martín-pescador hosco y bravJ:6
Y, al parecer, durmiéndose dft hastío
Esta en la rama que se inclina y llora.
Por fin en el remanso un pez blanquea,
Rápido se derrumba de repente
Y el agua con violencia chapotea;
Yoelve á posarse en P.l saúz dolien re
Y parece al baiiarae en luz febea
Que llevara en el pico una azcua ardienie.
RonrLrn FIGUEROA.

1007.

�350

EL MUNDO

DOMINGO 23 DE MAYO DE 18~t7

DOMINGO 23 DE MAYO DE 0897

EL MUNDO

ENGAÑO SUBLIME

•

StlitlERO 10.

i
La tía Fourneron se enfadaba:
-Me he avanzado mucho, Jacobo, he hecho en tu

~nombre demand11e, promesas; he entablado negocin-

~elleza al~mana.

cionea.
-Pues bien, tía Fourneron, si babeis avanzado retroce·
deréis, he aW todo.
-Pero Eulalia te ama, era ella tan feliz!
El reía de la mejor manera.
-Si me ama, me perdonará.! Feliz ella-así lo creo-es
u na orgullosa dicha, amar! Yo bien querría estar en su
caso.
-La gota volverá, pícaro, perdido, malvado!
Todo su arsenal de injurias pasaba. Entonces la hilaridad de Jacobo no conocía límites.
-Pícaro, pícaro, repetía.
-Me adula uated----el epíteto es demasiado para mi
·edad ...... Si creería usted que me iba á. dejar bloquear
en esa satánica nevera de Pontarlier! Desde el mee
próximo me elimino y voy á instalarme á. Niza.
La tía lanzaba un largo euepiro. Lo que ee con ese ya
todo había concluido.
Lo que la oonr.rariaba eobre todo, era el descontento
de las doe Lezinee que ya no la recibían sin mezclará la
miel algún vinagre.
Eulalia hubiera perdonado crietianamente, pero Aglaé
no perdonaba, r!jprochando amargamente á la interven· tora la imprudeucia..de su conducta, que había comprometido la tranquilidad de el alma de su hermana con pa•
sos inconsiderados.
La tía FournerC'n pasaba la pena negra para calmar
ese resentimieoto. Un disgusto en una familia tao bien
unida ...... que escandalo! Y por su culpa ...... que desolación! Ella, que servía eiemple de lazo de unión, que
tan bien ee iogeniaba para unir, para aproximar loe corazones! A.sí ea que la carW\ de Felipe fué una diversión
f~liz para su pena. Desde las primeras palabras, su ener. gía se encont_tó de pie.
Cerrar la puerta á la intrigante, no dejarla penetrar en
,el arca santa de la familia, proteger .i la huerfanita, sal-

varal viudo. Qué maravilloso programa! Ya le parecia
oír á los panegiri~tas exclamará coro: «Gracias á la ener·
gía, á la solicitud, á la inteligencia da la señora Fourneron ......... » No, jamáe se había sentido con tanto aliento!
La solicitud en la aefiora Fourneron no era una de esas
fiebres benignas de raMs accesos intermitentes, sino una
enfermedad de intensidad temible, que necesitaba una
erupción conetante de buenos oficios. El deber absoluto
de mantener vi vas, sin reposo alguno, por medio de catástrofes suceeivas, las fuerzas de su alma, incumbía á
sus parientes y á em amigos. Deber riguroso al cual na•
die debla eustraerae. U nicamente Felipe se había exceptuado: podía morir en loa mares lejanos sin que ella tuviera el inefable consuelo de at.ar á sus pies la bala fatal.
Poiía nautragar ein que ella se encargara de arrojarie el
aparato de salvamento. Imposible llevar más lejos el ol•
vido de toda def~reacia. Ni aun siquiera había tenido
él jamás el menor secreto que confiarle. De suerte que en
su testamento le trataba ella demasiado mal. Más he
aquí que de pronto ese sobrino desnaturalizado abría á
la solicitud de su tía, loa más grandiosos horizontes, y le
proporcionaba al mismo tiempo laocadón de aproximar•
ee á los C)razones agriados,
Sin perder un instante corrió á casa de las sefioritae
Lezinee y á casa de J acobo de Sommeree, les convocó para la misma noche en su pequeña sala y se hizo la misteriosa, rehueando explicarse.
-No, no, ea un asunto demasiado grave, demasiado
importante, está en juego el honor de la familia: más vale:eeperar para hablará que estemos todos reunidos. Consultaremos, discutiremos. Para decidir á las Lezines,
añadió:
-Va en ello la salvación de una alma.
Para decidirá Jacobo, dijo:
- Va en ello el honor de un hombre.
Prometieron ir, y ella lee leyó desde luego la carta del
marino.
-Y ahora, preguntó alegremente ¿debo partir para
LauSllnne?

Aglaé de Lezines respondió con su voz fría:
- Yo, que no tengo vuestra solicitud, me abstengo de
ocuparme de coeas que no me conciernen, y he tenido
oportunidad de lamentar que cierta persona se haya
aparta do de esta regla de prudencia. Fer.aando ya está
en edad de saber conducirse; puede volverse á casar si le
parece, yo no veo en qué pueda peligrar la salud de eu
alma, unico caso en que deba intervenir una cristiana.
-¿Pero y si ee casa cou una pícara, con una aventurera? rugió la tía indignada.
-La caridad nos prohibe los juicios temerarios. ¿Qué
t;abéis vos de esa mujer?
La discordia estaba en el campo. Jacobo de Sommeres,
deseoso de volverá la gracia de la tía Fournerón, intervino1 llevando la discusión á un terreno en que todos
debían encontrarse de acuerdo.
-La opinión de Felipe, dijo, es de un gran peso á mis
ojos. Es él un muchacho muy recto, muy probo, un poco exaltado, un poco caballeresco, pero que marcha siempre por el camino del honor. Debe tener serias razones
para temer este matrimonio, aun cuando no las explique
demasiado. Yo desearía, cuando menos, que nos hiciese
conocer el nombre de esa mujer.
Aglaé movió los hombros:
-Persisto en sostener que Fernando no es ya un nifio.
-Aglaé, replicó la tía Fourneron, cuando se trata de
pícaras, loe hombres son niilos eternamente.
Jacobo estalló en una risa sonora, en tanto que las dos
Lezines, halagadas en sus odios de eolteronas, declararon que si verdaderamente la moral desaprobaba esta
unión, si aquella mujer era una criatura perversa, sería,
en efecto, más prudente oponerse á su entrada en la fa.
milia.
Estando netamente definido el fin de la cruzada, sepasó á examinar los planes de combate y las máquinas de
sitio.
-Yo vuelo á. Lausanne, dijo la tía, partiré desde maiiana, representaré á Fernando... .... .. le haré comprender ......... le exhortaré, le suplicaré, le sermonearé.
Ta, ta, ta! interrumpió Jacobo irreverentemente,:se ta•
pará las orejas. Mas valo no ponerlo en guardia, tía;esas
mujeres, yo las conozco ........ .
Frotó con melancolía su pierna·enferma donde se ha·
cían sentir aún, por instante~, agudos dolores.
-Si esa pícara se percibe de alguna cosa, se pegará á
nuestro primo y no dejará ya su presa. Y entonces tía
Fourneron, bien podéis gritar como Casandra, nadie os
hará caso.
El temor de un chasco puso pensativa á la tía .F ourne-

ron.
- Yo soy siempre facii de convencer, dijo ella¡ no trato
de hacer triunfar mi opinión. No tengo otro deeeo que
el de ser útil á loa míos¡ qué aconsejas tú?
-Pues hacer exactamente lo que Felipe nos pide, escribirá Fernando para comprometerlo á que vuelva aquí.
-¿Bajo qué pretexto?
-¡Oh! dijo Jacobo, los pretextos no faltan: Su gran
boeque de los Lannes está ya en tiempo de ser explotado,
eería oportuno que viniese él mismo á diri 6 ir loa cortes.
-Se podía prevenirle también que el t.echo de su casa
amenaza ruina.
-También se le puede representar que la época de la
primera comunión se aproxima, y que sería una dicha
que la pobre Lila hiciese esta grande y bella aeci6n bajo
la dirección habil de nuestro venerable pastor.
-Todo esto ea perfec to, objetó Jacobo, pero admite

�EL MUNDO

retardos, tergiversaciones. Y ea preciso gritar fuego. Teníamos la quiebra de loa 1finoret¡ ese pretexto hubiera
sido excelente, sólo que ya no existe, porque aua primos
los Daclan han respondido por ellos.
-¿Qué importa? dijo resueltamente la sefiora .Fourneron, lo importante no es que loa Minoret estén en quiebra, sino que .Fernando vuelva á Pontarlier. El ha depo·
Bitado la fortuna de Lila en eea caea que se creía tan sólida, y nada le retendrá. Y cuandoestéaqul, mis amigos,
cuento con vuestra ayuda para guardarlo. Le baremos
comprender que las afecciones de familia son las mejores, la.a más consoladoras y las más dulces, y que si desea
casarse ...... (su mirada llena de seductoras promesas se
fijó en las dos Lezines ) no hay necesidad de dirigirse á
las aventureras.
-Podéis contar con mi concurso tanto tiempo cuanto
yo esté aquí, dijo Jacobo. Yo organizaré cacerías si lagota lo permite.
Yo le pediré para nuestra capilla el retrato de Santa
Ru!elia, dijo Aglae¡ esa será una ocupación agradable al
Sefior.
-Yo, dijo la tía, yoos invitaré á venir por la noche á
tomar una taza de té¡ jugaremos un poco, y veréfs cómo
ee divierte y habremos así preservado de una mancha el
honor de la familia,
-Y acaso aEegurado la ealvación de esa alma, murmuró .Aglaé.
Los cuatro conjurados se separaron con esa dulce ea·
tiefacción de las gentes virtuoeas que van á lanzar contra la corrupción moderna un golpe temible.
XXIX
Blandamente reclinado en un gran eilló.a, con el cigarro en loe labios, Fernando Duvernoy saboreaba la quietud de un hombre á. quien ningún cuidado obscurece el
horizonte. Acababa de terminar el almuerzo1 Lila salía
del comedor para prepararse al paseo¡ un cielo sin nubes,
el barómetro en buen tiempo fijo.
La alemana permanecía frente al pintor, con las manos
cruzadas sobre las rodillas, mirándolo con sus grandes
ojos transparentes, en una admiración beatífica. Este iJJ•
cienso, estas alabanzas, esta adoración mezcladas al bu•
mo del excelente lóndres, constituían después de todo
una dósis de felicidad muy envidiable.
-De suerte, señorita Carlota que puedo contar con tres
horas de libertad ahora. Nuestra amiga me parece desde
hace algunos días mucho más triste, agitada de lúgubres
presentimientos. Habla de separación y parece temer
que cesemos de verla. Yo quería tranquilizarla, prolon•
gando á su lado el tiempo de mis visitas. ¿Podréis hacer
entrar en razón á Lila?
-Eso se hace cada día más difícil, muy honorable seflor Duvernoy, pero la humilde aya hará cuanto pueda
por asegurar la tranquilidad de 1m amo y de su noble
amiga. Pobre eefiora Beltrd.oa, la caída de !as hojas leda
miedo.
-¿Pensáis qua esté tísica? preguntó él con emoción.
¡Ay! me lo ~mo, porque un día me pidió que le leyese
esa linda poesía que lleva por título La caf.da de fo8 hoja,3,
y cuando leí:
.Fhtal oraclc d' Epidaurc,
Tu m'tlB au: "l.ajeuiJJes dti bata

.A

tuyeu.ejauniront enoore,

.Jlaü c't81.pour la fllmúrejoi,!"

ocultó elJa la cabeza entre sus manoe para desimula1me sus lágrimas.
-Oh, dijo él, pobre mujer, yo no la creía tan enferma.
Verdaderamente me causa mucha pena.
En ese momento un criado entró y depositó sobre la
mesa las cartas y los periódicos. :Este incidente cambió
el fúnebre curso de su conversación.
-8eflorita Carlot.a, antes de salir, le suplico que abra
eee molesto correo.
Cada día ee descargaba más en ella de los fastidios de
su correspondencia, viéndola tan solícita y discreta.
Abría ella la.e canas, iñdicando la procedencia1 leía la
lirma, deapnésesperaba las órdenes.
-De Pontarlier, y firmada Sía Fourneron. ¿Debo leerlA? sefi.or.
-De mi excelente tía }..,ourneron! Ciert.am en te, os escucho, setlorita Carlota.
Pero pensaba en Beltrana, había visto frecuentemente
tísicas. Era, pues, cierto que estaba atacada de esta terrible enfermedad? ¿No exageraba ella acaso la gravedad
de au estado?
Carlota, con eu áspera voz de alemana , de infleccionee

guturales, comenzó la lectura. Habitoalmenteaedívertfa
él con cíert.as dificultades de pronunciación que jamás la
buena ay&lt;\ había podido vencer, contciertas sílabas que no
acertaba á decir correctamente, pero esta vez, desde la
primera página saltó de EU silla, arrojó su puro, y con
uoa bnuquedad que la asustó, arrancóle la carta de las
manos
-¡Los Minoret.! ¡Loe M:inoret en quiebra!
Buscó con los ojos el nombre, se mordió loe labios, é
hirió el suelo con el pié.
-Es exacto ......... Entonces no hay un instante que
perder, es preciso que partamos-para Pontarlier.
Su trastorno era tan expresivo, que ella lo comprendió
todo y le miró aterrada. Tantas veces, en sus absurdos
ensueños, había compuesto esta escena, esa ruina imprevista y repentina. La primera parte del programa se
cumplía, pero el tío de América, del cual debía ser ella la
legataria universal, en qué pemaaba que no se apresuraba
á morir? Y si no moría, ella qué podía hacer. No po·seía
nada en el mundo fuera de una pob,e casuca en Bohemia¡ poseía, aí, un corazón fiel, y esto es un tesoro ina•
prec:able que ningún depositario puede robarnos, mas
para ofrecerlo, se necesila una palabra, un gesto, una
mirada, una voz de aliento. Ella esperaba, esperaba ti·
mida, ansiosa, levantando hacia é l sus ojazos llenos de
bondad.
¡Ay! él no la miraba, releía la carta, febriacitant.e 1 ra·
bioso, con las cejas fruncidas. Algunas exclamaciones
silbaban eutre sus dient.ee. La quiebra sin ser absoluta·
mente cierta, era por desgracia muy t~mida¡ las gentes
prud~n\es retiraban sus capit.ales, avisos que creia de ,e·
gura fuente, le llegaban á la señora Fourneron 1 y ella consideraba ·como u.i imperioso deber de parentesco advertirá su sobrino. No sabía exactatnente la importancia
de las sumas depositadas por Gl en aquella casa, acaso se
alarmaba demasiado1 pero ~n ese caso no vería él en el
pa.!!o que ella daba más que una prueba de su interés. Pd•
ro se decfa inminente la cat1tstofe, y be aqui por qué sin
tomarse tiempo para máe amplias informaciones, ella le
escribía.
-Vamos, dijo él, \.'amos, es preciso partir lo más pron•
to posible; matlana .á primera hora. Un día de retarlo
sería, un crimen¡ es la pequeña fortuna dejada por Elena
á su hija la que he depositad, ahí.
Pero de pronto sintió en su corazón una trieteza aguda, un desgarramiento.
¡Era yo tan feliz aquí! He pasado tan dulces horas.
¡Oh! eefi.orita Carlota1 qué sería sin nosotros de nuestra
pobre amiga?
La alemana juntó sus manos, exclamando:
-¡Magnanimidad de un gran corit.zón! En medio del
desastre de su fortuna no piensa más que en la amiga de
su humilde aya.
-Cuando menos, continuó él ein escucharla, quiero
pasar con ella este último dia. Quiero llevarle yo mismo
con toda la prudencia que su salud exige, la noticia de la
separación absolutamente necesaria, pero q•le espero no
será de larga duración. Cuidad de que Ee empaque bien
todo, set1orita, haced cerrar la casa.
Dió algunas órdenee_que ella eacuch6 con su deferencia
ordinaria, aun cuando no pudo impedir un movimiento
de decepción .
No la había llamado él su angel consolador, ni aún la
había mirado. Cómo hubiera osado ofrecerle su casuca
de Bohemia! •
En cuanto á Lila, oyendo estas palabras mágicas: KPar·
timos mafiana,i&gt; arrojó nn grito de alegría, que repercutió
en t.oda la casa, y después se precipitó loca de gozo en loe
brazos de su padre.
-!Qué dicha, papá, qué dicha!
-Pero no, mi pobrecita, no e'! una dicha, al contrario,
es un lamenta'ole accidente, una pérdida de dinero.
Ella, sacudió eu linda cabeza con un gesto, que signifi caba bien que wdae las pérdidas de dinero no podían
disminuir esa felicidad. Sólo que como acababa de encerrará Carlota saltando al rededor de ella como una cabra salvaje, el pintor tuvo miedo de sus mármoles preciosos, de sus fi.nasestát.uas; de los herm".&gt;sos bibe lots esparcidos en el taller.

-Es mejor qne yo mismo acomode todas estas cosas
antes de salir, dijo.
Y se puso en obra y ellas le ayudaron, pero las gruesas
manos de Carlot11 temblaban de tal suerte, que dejaren
escapar una porcelana de S.ue, que se hizo astillas.

DOMINGO 23 DE MAYO DE_ ,897

El pintor reprimió una exclamación de impaciencia, y
dijo secamente :
- Sírvase ocuparse de otros embalajes, señorita, Lila..
bastará para éste.
Y en efect.o, la niftita se mostraba habil y prudente;
en el exceso de su alegria, tocaba todo y no rompía nada.
La pobre Carlota, con el corazón lleno de pena, había
subido á su cuarto, donde acomodaba con mano febril su.a
más hermosos trajes: Rodaban las lágrimas por eue me·
jilJas.
-Es verdad que he sido muy torpe, pero t;engo tanta.
pena ......... abandonar á mi noble amiga en el momento
en que el fatal oráculo le ha dicho que la hoja de los boa·
ques del otoiio no amarillaería ya ante sus ojos, y saber
que mi generoso amo está. arrninado por nn depo6itarío
infiel y no poder hacer nada para ir en su socorro!
De pronto una esperanza eec6 eu.s lágrimas.
-Quién sabe, dijo, está acaso ahí y me espera. No puedo partir sin haberme asegurado. Voy en un momento,.
en tanto que Lila y el muy honorable señor Duvernoy
concluyen el embalaje del taller.
Púeose como quiera el sombrero, tomándose apenas
tiempo para sujetarlo, y partió á.gr.indes pasos.
Ahí, era el correo. U nade las inocentes manías de Car•
lota era dirigirse al correo una vez al mes con la esperanza inveterada y persistente de que podía muy bien ha
llar alguna cosa.
Latíale fuertemente el corazón cuando hizo la pregun•
ta de costumbre; después de la respuesta uegat.iva, salió.
con la cabeza baja y volvió lentamente á. la casa, decepcionada. Decididamente nada podía hacer por los que
amaba.. La suerte y el tío de América se mostraban muy
crueles.
Al subir la escalera, se admiró de no oír el ruido de los.
marr.illazos que clavaban las cajas1 ni loe grit.os de alegría de la niña. El taller estaba vacío, vacío también el
resto de la casa con excepción de la cocina, donde loa.
criados charlaban.
Se informó:
-El seilor Duvernoy salió?
-Sí, seflorita.
- Y la señorita Lila?
U na de las mujeres respondió:
-La setiorita siguió al se1ior.
8in duda, pensó Carlota, para algunos arreglos; notardarán en vol ver. Se simió tcn~adi:r. do corrtr á casa de la
princesa, pero no osó abandonar su puesto y se resignó
á esperar . .Esperl) lari:t'' r,iempo.

DOMIIIGD •3 DE MAYO DE 1897

el!crutador, deeolado verdaderamente de separarse de

ella.
-Volveré, os lo juro, mi muy querida amiga.
Ella le tendió la mano. El la tomó, la besó, y como
ella no pensaba en retirarla, la guardó entre las suyas.
-¿Ese informe que os ha llegado, es del todo exacto?
-Ay! de cualquiera ot;ra fuente podría yo dudar; pero
de mi tía Fourneron ...... es la mujer mejor informada
del mundo

EL MUNDO

habido de mi parte, lo confieso, un poco de imprudencia. Absorbido por mi dolor, no be tenido la fuerza de
ocuparme de todas esas cuestiones de dinero. Vos comprendéis esto, amiga mía, vos que comprendéiB tan bien
todas las cosas del corazón.
Ella le dirigió una mirada dura que él no comprendió.
Se sentía dominada por una cólera sorda contra él y contra su dolor. ¡Qué importaba que la amase si se había
arruinado!

presencia de usted para la pobre mujer abandonada que
morirá si ya no Je vuelve á ver.
-Pero yo volveré, exclamó él. Ocho días me bastarán
para arreglar este negocio. Dejaré á Lila en mi familia,
con su aya, y volveré al lado de usted.
-¡Qué bueno es usted! dijo ella eon voz conmovida.
Ensayó protestar contra est.a calificación de bondad;
mas con su pequefla mano, ella le cerró la boca.
- Sí, mted es bueno, y de esa bondad voy á. solicitar

XXX
El embalaje del taller babia marchado con mucha rapidez, pues el pint.or tenía prisa por desocuparse para.
correr á casa de su amiga.
-Lila, hijita, dijo, hemos acabado; vete á buscará la.
eel'iorita Carlota, yo voy á salir.
La besó en la frent.e, la despidió con un gesto, después
con el aspecto ansioso del hombre cuyos instantes de dicha están cont:.ados, se dirigió al chalet. Habíase promet.ido no decir á la pobre enferma la triste noticia sino
con el mayor cuidado quería prepar-.ula para este rudo
golpe, con protes~s de carifi.o et.arna; pero había contado sin la huespeda, sin el dón de adivinación que ella.
poseía, para leer en el fondo de loe corazones. Aan no
se había eentado frente de ella, cua.odo bruecament;e ella
le d"'cia.
-Me ocultaia algo. ¿Qué ha pasado?
El respondió olvidando los preparativos y las precau~
cianea oratorias:
-Una cosa horrible, mi pobre amiga, parto mañana.
Ella se irguió cuan alta era, pilida, temblorosa, temiendo que hubiese él a1ivinado la verdad sobre su pa•
sado.
-Acaban de escribirme, dijo él, para hacerme saber ...
-¿Qué? interrogó ella ansiosa, olvidando su habitual
prudencia.
-Los Minoret ........ .
-Los Minoret! qué ea eso de loe Minore,t
En\Qnces él le explicó:
-Los Minore,! la primera ca.sa del país, banqueros de
padre á hijo desde hace tres generaciones, están mal t n.
sus negocios. Nadie podía prever esta catástrofe. D.;
quien fiarse en lo sucesivo?
-Ella le miraba á la cara, de3confhda aún, pero él
sostuvo con la cnlma de una conciencia pura ese exá.men

-¿Bet.áis bien seguro de que vuestra tía no ,ieoe ningún interés en haceros volver á Pontarlier?
-Un in'8rés...... ¿Por qué había ella de desear mi
vuelta?
-¿Quién sabe? dijo Bellrana.
Pero una apreensión de otro orden la dominaba:
-¿Ha deposit;ado usted en esa casa de banca capitales
impar$&amp; otee?
-La foriuna personal de Lila y algunas sumas mías.
Yo creí á loe Minoret de una solidez á toda prneba. Ha

-Pues que se trata de la fortuna de vueetra bija, dijo
ella, eEta partida tan dolorosa no puedt' sn puesta en
cuenión.
Esta vez él la atrajo contra su corazón. Ella se df'jó
deslizar entre sus brazos. Respetuosamente, casi religiosamente, él posó sus labios eobre la: frente que ella le
~odia. Ella apoyó la caben sobre su hembrG y con una
voz triste y dulce, dijo:
-¿Qué. va á ser de mí sin vos, mi único amigo? ¿Sabe
usted, p~ede ust.ed comprender que beneficio ha sido la

una prueba aún. Prométame, jú.reme que si alguna circunstancia me obligase á abandonar este país, donde gracias á usted be sido tan feliz, acudirá. usted á mi llamado, vendrá asted á decirme adiós. Y más bajo, añadió:
-Un último adiós.
sif,mpre las hojas del otoño, siempre las confidencias
de Carlota. ¿Eft.B ba verdaderamente enferma? Una infinita piedad se apoderó de él:
- Volveré, ee lo juro á usted¡ pero no será para un triste adióe, eino para un alegre saludo.

�3S4

Inconscientemente, él había estrechado su abrazo y
labios ávidos se extraviaban en besos repetidos, cuando ella se desprendió dulcemente de sus brazos. El uo
osó retenerla, aun cuando experimentaba una viva tentación.
-Una última súplica, amigo mío, y usted que tan bien
comprende todas las delicadezas del alma, aprobará sin
duda alguna el sentimiento que me ha,e hablar. La
amistad como el amor, usted lo sabe, tiene sus pudores
y sus celos¡ be aquí por qué le suplico con la más instante súplica, que jamás hable de mí á sus amigos, á sus parientes, ni de viva voz ni por cartas. No baga alusión
alguna á la pobre mujer para quien ha sido usted un socorro tan poderoeo. Yo sé como en las pequeñas ciudades de provincia se muestra una fácilmente hostil á. toda
intrusión extrai"la. Tratarían de apartarlo á ue¡ed de esta desconocida que no estaría ahí para defenders6, Sé
que su corazón generoso rechazará esos ataques, pero
loe sufrirá sin duda.
Ella no había retirado sus mano3 al hablar así1 y las
es.rechaba con una presión dulce, como para hacer en•
trar en él el ardor de eu vuluntad.
i"'ie hará. como t. sted lo desea, dijo él, no hablaré de
usted, aun cuando sea para mí una privación gra~e;
pero no permitiría á nadie que ultrajase á usted con una
sospecha. ¿No sé yo acaso que es usted la más noble y la
más encantadora de las mujeres?
Un postrer beso respetuoso, un abrazo último, una
última promesa, y una última mirada, y con el corazón
turbado, Fernando se alejó.
Por grande que fuese su ceguera, su emoción era demasiado viva para que pudiese ilusionarse. &amp;ta emoción
ardiente y áspera la había resentido en otro tiempo,
cuando antes de su matrimonio una implacable pasión
lo ten fa encadenado. Iba, pues, á. amar de esa terrible manera á una enferma, cuya vida estaba condenada? ¿Iba,
á favor de la intimidad que reinaba entre ellos, á. envile cer esa alma qne el cielo reclamaba? Que Beltrana experimentaba por él una afección profunda, no podta ponerlo en duda. ¿No acababa de dejar ver simplemente y sin
falsa vergüenza el dolor que le causaba la perdida de su
amigo? Pero esta afección era casta, depurada por el sufrimiento. ¿Tendría él el monstruoso egoísmo de importunar á una moribunda con sus groseros deseos? Ade•
más, si debía perderla ea un plazo, ¡ay! muy próximo, no
valía máa cesar de verla á. .fin de disminuir la pena de su
pérdida.
-Soy, pensaba él ingenuamente, de aquellos que no
se consuelan y que no olvidan jamás.
Y por encima de todo se decía que no podría ya verla
de nuevo sin traicionar el secreto dedeeeo y de amor que
él creia también tener oculto.
Andaba con vacilación, absorto en su.3 nuevos pensamientos, con la cabeza inclinada sobre su pecho. De pron
to una personita rubia eali6 de ettre loe jardines vecinos y fué resueltamente á colocarr30 junto á él.
-Tú, Lila, tú, mi querida, ¿cómo es que está.a aqui?
¿deede qué hora?
Desde que entraste ahí1 dijo ella, designando el chaletcon su brazo, rígidamente tendido.
El se extremeció de esta larga espera; más de dos horas habían pasado. Permanecía embarazado ante su hija, como un hombre sorprendido en flagrante delito de
traición. Ensayó cambiar de conversación.
-¿Has olvidado, pues, que partimos ma.ñana para Pon·
b.rlier?
-No, dijo ella.
Y con nna voz que la inquietud hacía temblar:
-¿Es que te la llevas también?
f!US

-No, no me la llevo, dijo él sonriendo débilmente.
Después, respondiendo á su pensamiento íntimo,
afl.adió:

-EetA demasiado enferma para abandonar Lausanne.
-Pues bien, tanto mejor, dijo la sei'iorita que escuchó
con una filosófica tranquilidad una severa mercurial eo•
bre la falta de caridad para con el prójimo.
Carlota, consternada, escuchó los reproches del seflor
Duvernoy.
Si hubiéseis estado en la casa, Lila, hubiese sido mejor
cuidada.
Pero viendo la desolación de la pobre muchacha, afta·
dió más dulcemente:
-Id á decir adiós á vuestra amiga, deeea veros.

EL MUNDO

V1 última entrevista de las dos mujeres fué nutrida de
cambio!'.', de lamentaciones y de recomendaciones.
-Me escribiréis, mi buena Carlota, me diréis si ha podido ser conjurada esa quiebra, me tendréis al corriente
de todo lo que concierna á nuestro querido y gran amigo;
si parece má.:t triste y más desgraciado de lo que estaba
aquí; me hablaréis de eus amigos, de los miemcrso: de su
familia, de esa tía }"'ourneron, de sna primas de Lezines,
y también ........ .
Vaciló.
De ese joven cuifado á quien parece amar mucho, el
sen.ar Felipe de Aubián; además y sobre todo, mi buena
Carlota, me hablaréis de vos, largamente, muy larga·
meote, vuestrRs cartas no serán jamás demasiado largas
para el deeeo de vuestra triste amiga.
Como lo había hecho con el pintor, alladi6:
-La amistad, Carlota, tiene sus pudores y sus celoli!.
Prometedme no pronunciar más mi nombre ante eaá familia extrat\a que me eería hostil; ya es demasiado que
vuestra pequeña educanda sea mi enemiga. No quiero
que se liguen todos contra mí.
-Oh! exclamó C11rlota indignada, nadie osaría permitirse ...... Si os conocieran ...... Que no pueda llevaros conmigo!
Bajó la voz:
-Si un día el honorable señor Duvernoy-según mi
dulce eeperanza--cree deber recompensar la solicitud de
su fiel Carlota con el precioso dón de su mano, habrá una
habitación en nuestra cae:a para mi noble amiga.
-Gracias, diJo Beltrana dismulando una sonrisa, me
conmueve vuestra confiada afección¡ pero dadme la seguridad que reclamo.

DOMINGO a3 DE MAYO DE 1897

tas y no esperando casi nunca respuesta; no quería dejarle tiempo de reflexionar, de aeordn3e, de entrietecerse.
.A.elivinaba él también Su inte11cióo, y se la agradecía.
Cuando fué intltalado en el pequeño comedor de la tía
Foumeron, ante la mesa servida de manjares de provincia que no había comido hacía tiempo, F~rnando se frotó las manos en un eapancimiento de satisfacción.
-¡Qué bien se está. en vuestra casa, tia Fourneron, y
qué dulce ea la familia!
Terminado alegremente el desayuno bajo la impresión
de la vieja botella de vino de la Estrella, se recondujo al
pintor á su casa.
Esta vez la eeflora Fourneron no hablaba ya, sintiendo que había ganado su causa y no queriendo hacerse
importuna:
-Te dejamos con tu hija, amigo mio, volveré mastar_de á asegurarme de que nada falta para tu bienestar.
Fernando entró á. eu casa.
¿Donde estaba, pues, la emoción dolorosa que tanto había temido?
Deteniase á. cada paso, encontrando las cosas de otro
tiempo, todas en el mismo sitio, retardándose en mirar
los vie1os muebles con un infinito placer. Mariana los
había cuidado bien¡ no solamente nada faltaba, sino que
el orden y la limpieza reinaban en todas partes. La tía
Ji'ourneron practicaba, desde hacfa dos dias1 inspecciones eeveras: el taller, sobre todo, atraía eus cuidados.
Ella sabía bien que ahí era donde él se dirigiría desde
luego.
El taller no parecía haber sido abandonado, una tela
comenzada se encontraba sobre el caballete; por donde
quiera había un aire de bien venida.
El artista resentía ese lazo tan fuer~ de la casa fami-No hablaré ii nadie de mi querida princesa1 por gran liar,
del techo que le había visto nacer, que sin duda le
de que sea el anhelo de mi corazón.
vería
morir. Comprendía la fuer.za de esta palabra: el
Partieron al dia siguiente. Carlota lloraba sin tratar de
ocultar sus lágrimas. Lila permanecía inquieta como si home.
Estaba solo; ni Lila ni Carlota le habían seguido. En
esperase ver á su padre huir ó á rn enemiga surgir de
volvió
M&gt;doe los objetos con uoa larga mirada circular y
improviso.
murmuró:
Solo al aproximarse á Pontarlier se tranquilizó: no so-Todo igual, que contento estoy de haber tornado.
lo la enemiga no había aparecido sino que el afligido ros•
Ah!
si ella estuvieBe aqufl
tro de su padre se iluminaba con souriaa3 tiernas.
Y verdaderamente, no sabía bien él mismo si en ese
Reconocía loe sitios familiares y se los nombraba á. su
momento era en Elena ó en Beltrana en quien pensaba.
hija.
Pasos rápidos1 precipitados, una pequefia respiración
En laeataci60 1 la señ.oral!"'ourneron, Jacobo de Somme•
ansiosa,
le sacaron de su ensuefio: Lila llegaba loca de
res y las sefioritas de Lezines 1 esperaban no sin cierta
gusto.
ansiedad.
-¡Oh papá! ¡qué lindo está. mi cuarto lleno de ramas
-¿Es feguro que llega? Si ella le retuvie.:!e ... .. ... .
de
lilas! Yen conmigo, papá, ven á. verlo.
Aglae de Lezines, toda penetrada de las escenas bíbli •
-Ya
lo conozco, hijita, yo lo pinté.
cas1 murmuraba con terror:
-¿Tú? oh qué bueno! P&lt;!:ro es igual. Ven 6 verla,
-Debe ser una Dalila, ¿y Dalila no dominó acaso á
quieres.
Samaón?
El la siguió.
-Las mujeres de ahora, dijo Jacobo de :;ommeres, son
Ea cierto que estaba todavía encantadora aquella fresmás bien Danaes que Dalilas. Yo las conozco mejor que
ca camarita. Pa.recía que un perfume se exhalaba de
vos, prima Aglaé.
-Danae 6 Dalila, respondió audazmente la sef'l.ora aquellas ramas de flores: él las miraba moviéndo la cabe·
Fourneron, no tendrá el descoco de venir á buscarle á za con un aire de aprobación.
-Si, aí, no está mal, sin embargo, creo que las haría
Pontarlier.
mejor
ahora.
-No, sin duda, pero no lo dejará. abandonar Lausanne.
Entoncee: Lila se aproximó á. él muy cerca, muy cerca,
Es facil que de un momento á otro recibamos un telegray tomá.ndole la mano, murmuró:
ma ..... .
-Yo querría ver el cuarto de mamli.
El tren llegaba á la estacióa y gritos alegres estallaron.
El vaciló:
Todas las aprehensiones se desvanecieron: Fernando1 in•
-Ee
cierto, ea preciso, díjo, no podemos dejarlo siem
clinado en la portezuela, agitaba la mano, con la emoción del retorno que sigue á una larga ausencia. Saltó á. pre cerradao ¡ entremos juntos, hija mía.
De toda la caaa, sólo aquella cámara, cerrada por él y
tierra, las abrazó con efusión, dee:puéa presentó á su hiJa.
cuya
entrada había prohibido, no bahía podido eer ven~
Ella permanecia en segundo término como intimidada.
tilada
y abierta. Reinaba alli la tristeza eolemne de las
-Vuestra pequef'l.a Lila, tia Fourneron, su hijita Aglaé.
iglesias y de las tumbas. Esto impresionó á. la niña, que
Soy muy feliz al veros, amigos míos.
Mas de pronto pensó en aquella Elena á quien había se echó á llorar¡ él permanecía de pie, frente al lecho
llorado tanto, y aun cuando su pena se hubiese disipado mortuorio, con el corazón oprimido. Entonces el preeen•
hacía mucho tiempo, creyó sin embargo, de su deber1 te desapareció y el pasado volvió á estrecharlo con la ca•
dena melancólica de sus indestructibles anillos.
afirmar una vez más su inconsolable dolor:
Jamás se escapa al pasado; el hombre le da v.na parte
-Oh! amigos míos, no podía decidirme á volver¡ ea
de
su sér y se une á él por un lazo que cada día parece
tan duro, tan duro que ella no esté ya aquí.
aminorar,
pero que nada rompe. ._Como lo había dicho
La tía Fourneron cortó por lo sano estos eoterneci •
Beltrana,
él
era un hombre de costumbres, y las cosmientos.
tumbres de sus años felices en esa apacible casa, le adan
-Te llevo á mi casa Fernando; te he hecho preparar
de nuevo, y se enredaban al rededor de él. El sentía su
un pequefio almuerzo que te gustará. _mucho ..... . No te
corazón apegarse de nuevo á todas esas nifiadas que su
ocupes de maletas, Jacobo tendrá cuidado de ellas¡ venexistencia errante le había hecho olvidar.
te conmigo, tú también Lila, vos también, eeñorita Car·
lota; almorzaremos juntos y beberemos por vuestro feliz retorno, una vieja botella de vino de la Estrella.
Continuará.
Ella se arrastraba triunfante, abrumándose á. pregun-

LOS

AZADORES
·,

''"
~

t

'

\~~~-,.-....
p ••reato.

'

?
~

.

o~

~
,·

,;

,

JJ'. ·

• -it,'

.._?&lt;
("¿'~'

t"-".
1
'~

.,-

•'

. ;~

-w,
¼'-:~

. . • fi%'

',,\ff

e

.~ ,,..

"ryi

PP

-~•¡,_

.&amp;'
1,

Trío

ff
3

s

4 4

S

•

Dnl'apo.

�DOMINGO a3 DE MAYO DE 1897

-~

DOMINGO 23 de MAYO_:d:•~•8'.!9!_7===============-=E::L::M::_:U:_:N::_::D_:O:,,========~===================a'.3~5~7~,

LA PARTIDA DE BILLAR

Lof soldados f'Etán rendidos de caneancio: como quellevan batiéndose dos dias y hao pasado la noche con la
wocbila á cuestas bajo una lluvia torrencial. Y eso no
o.betante, van ya tres horas que se les deja consumirse
ueu EU lugar, deecansen,11 metidos dentro de los charcos
en :11s carreteras, dentró de los barrizales en los campos
empapados.
Sin fuerzas por la fatiga y por las malas noches anteriore~'t y con los uniformes choreando agua, arrimanse
unos contra otros para calentarse, para sostenerse. Los
hay que duermen de pie, apoyados en la mochila de su
,·ecino y en esos rostros inmóviles, con el abandono del
sueilo, es donde mejor se ven l.1 laxitud y las privaciouee. La lluvia, el fango, la falta de fuego, la falta de rancho, el cielo cerrado y obscuro, el enemigo á quien se
~iE!".D.te en derredor. Esto e8 lúgubre ....... ..
¿Qué hacen allí? ¿Qué pasa?
Los cañonee, con la boca apuntando hacia la selva, tienen~¡ aspecto de acechará alguna cosa. Las ametralladoras emboscadas miran con fijeza al horizonte. Todo
parece dispueató para un combate. ¿Por qué no se ataca? ¿A qué se espera?
Se esperan órdenes, y el Cuartel general no las Anvía.
Sin embargo, no está lejos el Cuartel general. Es ese
hermoso castillo, estilo Luis XIII, cuyos roJOB ladrillos,
lavados por la lluvia, relumin á media ladera entre los
matorrales.
Morada propiamente de Príncipes, muy digna de en·
galanaree con el pabellón de seda de un Mariscal de
Francia. Detrás de un gran fo30 y una rampa de piedra
que los separan del camino, suben los prados artfficiales,
haos, verdes y festoneados por macetas de floree, en derechura hasta la escalinata de iogreso. Al otro lado, hacia las habitaciones de confianza, las alamedas forman
calles de arboles luminoeas; el estanque donde nadan los
cisnes aparece como un eepejo; y bajo la techumbre, como de pagoda, de una inmensa pajarera, aletean y hacen
la rueda 10s faisanes dorados y los pavos reales larzando agudos gritos entre el follaje. Aun cuando los dueños
están ausentes, no se nota alli el abandono, ese gran 11de jadlo todoi) de la guerra! El oriflama del Jefe del Ejército ha preservado basta las menorea florecillas de los
prados artificiales; hay algo de extrafieza al encontrar
tan cerca del campo de batalla esa tranquillldad opulenla originada en el orden de las coaas, le correcta alinea•
ción de la.a masas arbóreas, la profundidad silenciosa de
los pasos.
La lluvia, que amontona allá abajo tan súcio barro en
los caminos y excava roderas tan profundas, aquí no es
más que un chaparrón ,etegante, aristocrático, que aviva
el rojo de loe ladrillos y el verde de las praderas, que da
lustre á las hojas de los naranjos y á las blancas plumas
de loe cisnes. Todo reluce, todo está apacible. Verdaderamente, sin la bandera que flota en la creste&gt;!ía de la techumbre, sin los doscentiuelasqne hay de guardfa sobre
la verja, nadie pensaría que estaba en el Cuartel general.
Los caballos descansan en las cuadras. Acá y allá se en·
cuentran asistentes y ordenanzas con traje de cartel dando vueltas á los alrededores de las cocina.e, ó algún jardinero con pantalón encarnado, paseando tranquilamente
eu rastrillo sobre la arena de las grandes calles de árboles.
El comedor, cuya.a ventanas dan á la escalinata, per•
mite ver una mesa J. medio levantar, botellas destapa•
das, vasos llenos y vacíos sobre el mantel auugado: to Jo.
un final de banquete después de irse los comensale1:1. En
la estancia inmediata óyenee voces altas, risas, bohiB de•

~

\,;

Traje de recepción. ( Figura 2.)
Traje de recepción de fular crema con abanicos de muselina de seda, cnerpo de raso verde, con afiliaciones bordadaP, escote redondo abierto Pobre unas bandas de muRelina , cuello de ra'!.O oon plicé de muselina, manga de
fular y con peque-fío volante en la falda.
Sorrtbrero Melinda. ( figura 3. )
E~ tA prPciGso Pombrero eR de paja fantasía, verde junco
y plata, ad11 rn'l lo de encaies y ga7.a,. e-in nna punta que
cae graciosamente EObre el lado izquhm..lo, saliendo de un
gran nudo de encajes y listones color violado, que detie•
nen aigrette de lilas con follaje natural.
Traje de batista moteado frente y espalda.

1

/ ',

Bata de batista azul y blanca. (FiguJ• 6.)

-~,,b

Este veetido de batista, azul marino y blanco, es nrnv
propio para la estación, y de muy Ucil confección. Cne• 'PO blusa, adornado con tiras tordsdas y rouget angosta!-&gt;.
bajándose en loe delanteros y sobre las mangas que llP.van
en su borde inferior peqnefias aldeta&lt;\ con'rouget. Cinln·
rón con lazo de moaré. La falda v9 adornada en su bor ·
de inferior con una tira bordada y un pequeflo rouget.

.

Sombrero Regina. (Figura 7. )

Este sombrero también de paja, va todo cubierto de
primavera, de distintoi, t;onos, y adornado con buclecillos
de listón angosto, y grandes cocas de color violeta, orq
viejo, rojo, malva y verde pálido.

,

Mangat.ovedad. (Número 8 ).

l ~-Forro de la manga.
2?.-Bata de encimn entera.

En materia de flores y dA amores,
estoy por los amores y la&lt;J flores.
ÜA )l P OA) IOR.

-~

,~

. ,.

( Figuras 4 y 5. )

Este traje es de hath1t,$l . moteado crema. Cuerpo blusa
con bolera de la mi Rm a t,t;:Ja adornado de encajes y entre dos. Cinturón de raE'" verde hoja con campana abierta y
signiendo el adorno del bolero. Cuello de raso con e.Qcaes. Manga entera, fr nnc i,, ..,_

-:

'

Figuras I y .t.
Traje de •eda gris perla. ( Figura 1. )
Vestido gris perla de seda indesplegable, sumamen~
aenci11o, con dntnrón y cu-allo de tela de seda escocesa
azul. Manga fruncida.

de los soldados ...... Allí arriba, en Ja Eala de billar
marfil qne ruedan , copas d&amp; cristal que chocan entre
también se baten con calor, teiriblemente: el Maria:
sí. El Mariscal está ocupado e.a jugar su partidita, y
' , . ~.
cal ha vuelto á avanzar, pero el capitá.n se defiende
he ahí por qué espera sus órdenes el ejército. Cuando
como un león......
·
el Mariscal ha comenzado Ja partida, ya puede hun·
¡Diez y siete! ¡Diez y ocho! ¡Diez y nueve!.. .. ..
_., ~ \. "'
dirse el firmamento, nada en el mundo podría iwpe,'4
.
Apena.a hay tiempo de maMar los tantos Se acerca
d.irle que la concluya.
el estruendo de la batalla. Al Mariscal no le falta
¡ ...
,'
¡ El billar! es el flaco de ese guerrero. Vedlo, como
k\ ,
más que uno para ganar Empiezan á caer granadas
en la batalla, de gran uniforme, con el pecho cubieren el jardín. Estalla una encima del estanque. El esto de placas, la mirada brillante, los pómuloa encenpe]o se hiende¡ un cisne despavorido nada entre un
didos, con la animación que dan la comida, el juego,
~
remolino de plumas ensangrentadas. Es t-l último calos grogs. Rodéandole sus ayudantea, serviciales, res·
...'(, . ·~/" ~
fionazo.
petuosos, pasmándose de admiración á. cada uno de
Ahora, un gran silencio. Nada más que la lluvia
sus tacazos. Cuando el Mariscal hace un tanto se preque cae en los sotillos, un atronamiento confuso en
cipitan todos hacia el contador; cuando el Mariscal
la falda de la colina y por los caminos empapados, altiene sed, todos quieren predararle el gr ogs. ¡Es una
go así como el pateo de un rebaño que marcha á esde tropezarse charreteras y plumeros, un entrecho·
cape .... .. El ejército va en plena derrota.
camiento ruidoso de cruces y cordone~! Esto, y el ver
El :Mariscal ha ganado la partida.
todas esas líndae sonrisas, esas finas reverencias de
cortesanos, tantos galonee bordados y uniformes nueAU"'ONSO DAl' DET,
vos, en aquel salón alto con maderaje de roble en las
paredes, con vistas á grandes jardines y patios de ho•
nor, toda esto recuerda los otoños de Compiegne y
NUESTRA SEÑORA OE LA FAMILIA
distrae reposadamente de la vista de loa capotes sucioa que se aburren al!á abajo á lo largo de los camiLeyenda.
nos, y forman grupos tan sombrios bajo la lluvia.
El compañero de partida del Mariscal ea un CapiAro.el el pastor, y Fenora la rubia, su mujer, vivían
tán de Estado Mayor, encorsetado, con el pelito rizo,
en la parroquia de San Viñol, hoy anegada, en la bacon guantee claros, de primera fuen;a en .el billar y
hía de Caucale.
capaz de vencer á todos los :Mariacales de la tierra ;
Fenora era buena y bonita, Amel fuerte y bueno.
pero que sabe mantenerse á una respetuosa distancia
El llevaba la estatua de la Virgen en la procesión del
de su Jefe y pone todo su empetio en no ganar, cui15 de Agost;o. No tenían hijos, y esto les entristecía.
dándose de no perder con excesiva facilidad tampoco.
Cierto día que Aro.el volvfa pem~ativo del monte,
Es lo que se llama un oficial de porvenir....
r
encontró á Fenora llorando, y comprendiendo el mo·
Atención joven, fijarse bien: el Mariscal tiene quintivo, le dijo:-Querida mía, teje un hermoso velo á
ce tantos y usted tiene diez. Se trata de ir llevando
la Virgen María; ya verás como en recompensa te enasí la partida hasta concluirla¡ y esto servirá más pavía un angelito á tu cuna para que lo mezcas.
ra loa ascensoa de usted que si estuviese ahí fueracon
¿Pero cuá.ndo ha diecurrido un hombre una cosa an•
los otros, bajo esos torrentes de agua que anegan el
tes que su mujer.
horizonte, ocupado en manchar el bonito uniforme
Fenora tenía ya tejido el velo, más blanco que la
de usted, en deslustrar el oro de sus cordones y espenieve y tan transparente como las nubes de verano.
rar órdenes que nunca llegan.
La Virgen de San Viñol era riquísima, porque las
Ea una partida interesante de verdad. Corren las
gentes del país la colmaban de regalos; pero al ver
bolas, se rozan, cruzan sus colores. Las bandas deaquel velo preciovuelven bien la bola el tapete se calienta .... De pronso que había puesto ilumina el cielo el fogonazo de un cañón. Un ruido
to alli la piedad,
sordo hace retemblar las vidrieras. Todo el mundo se
se alegró y lo acepestremece¡ míranse con inquietud. Por supuesto, el
tó. Amel y FenoMariscal es el único que no ha visto nada, ni oído nara tuvieron un nida: inclinado en la mesa de billar esta absorto prepafl.o, y la dicha se
rando un retroceso. ¡Son su fuerte los retrocesos!. .....
meció en su cuna.
Ved: un nuevo fogonazo, luego otro. Los estampiCuando cumplió
dos de catión se suceden, se precipitan. Loe ayudan•
el niño nueve d1s.1:1,
tes corren hacia laa ventanas. ¿Será que los prusianos
Fenora, que aun
atacan?
estaba debil, loco-PuPa bueno, q.ue ataquen, dice el Mariscal dando
gió en sue brazos
tiza al taco.-Cap1tán, á usted le toca tirar.
y lo llevó al altar
I
,
El estado Mayor tiembla de admiración. Turena,
dela Virgen.
dormido sobre su cureña, no es nada junto á este }la.
-María, le dijo
riscal, delante de la mesa de billar en el momento del
arrodillándoee, he
combate ...... entretanto, redobla el estrépito. A los
aquí el hijito que
estampidos del cañón siguen los desgarramentos de
me habéis dado.
las ametralladoras, los redobles del fuego por compaOs lo devolvemos,
ñíaa. Al final de las praderas artificiales suben unos
¡oh madre! eea pavapores rojos con bordes negros. Todo el fondo del
ra vos y que crezparque está abrasado. Los pavoa reales y los faisanes
ca siempre vestiFiguras 4 5
despavoridos, claman en la pajarera; los caballos ára•
bes, al oler la pólvora, se enea britan dentro de sus
cnadras. El cuartel general comienza á conmovPrae. Part.es sobre
No hay quien se acerque al Ma
partes. Los portapliegos llegan á rienda suelta. Piden que vaya el riscal. ¡Cuando leJ decía yo á.
Mariscal.
·
ustedes que nada podría impedirle que acabase su mesa?
-uCapitá.n, á usted le toca U·
rar.
Pero el Capitán sufre distracciones. ¡A pesar de t-odo, lo que
es eer joven! Hétele que pierde
la cabeza. olvida el juego y hace
de un tirón dos series, que casi le
dan ganada la partida. La sorpresa, la indignación estallan en
su rostro varonil. Precisamente
entonces cae reven\ando en el patio un caballo á todo galope. Un
Ayudante, cubierto de barro fuerza la consigna y aube de un salto
la escalinata: ¡Mariscal, Maria•
cal! ...... Hay que ver como ae le
recibe ...... Hinchado de cólera y
rojo como un gallo, el Mariscal
aparece en la ventana, con su ta~.&gt;:,-...\
co eo la manó:
·"~-.,, ~ '-~'-X
.....
~
-¿Qué hay? ...... ¿Qué pasa?....
·tit\~::t.i:.
¿Es que no hay centinela aquí?
:\;),'\~
-Pero, Mariscal. .....
;.;:¡_:,i\.'i.
-Bueno ..... En ~uida Que esperen mis órdenes, ... ......... .
i.&lt;;;-~
Y la ventana se vuelve á cerrar
"""~. f:,
?
con violencia.
"'": '·"
-¡Que etperen sus órdene;il
Eso es lo que hacen los infeli~ ~,,.,
,---.... '
ces. El viento les arroja la lluvia
.r. '
y la metralla á rostro descubierto.
Batallones enteros son aplMtados, mientras otros permanecen
inútiles, arma al brazo, sin poder
:)~darse cuenta de su inacción. No
se hace nada. Se esperan órdenes.
Mas como no hacen falta órde•..
-;,."a,
denes para morir, caen hombrea
á centenares tras de las malezas,
"~:':··,~: . ~ ~ ·~:r.::c;_¾.f: -,
dentro de )os fosos, frenten al
.. ::.'.:
gran castilló en silencio. Hasta
caídos aún loe destroza la metra·
~ ~-. -.·
lla; y por 11us abiertas heridas corre sin ruido la Eangre generoea
Figura¡.
Figura 6 .

'-.'.

-~

.,

Fígura 3:

.

."i&gt;'

.
~-

..

1

lM ,

)~
.

~0'
,.:i;~

-~-

.

·"''"

�DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

.

esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
o
ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
:s
ras.11 Y aquello será la O u
.o o
torre de Babel.
u ro
i::
Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
w
~
ción propuesta engendta· • P
n
rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
!i
paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

..
J:.

'E

=

MEXICO-Calle

""
~

..,

•
..,•

•

&gt;

- =•
-. -• -•
--. o."'
.. "'--•
. ."'. "
3 -. -

Postal750.-MEXICO

~a ofrenaa má~ pura.
[Dlhujo de Jo,.é M, Vllloto1nll.n.J

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92429">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92431">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92432">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92433">
              <text>21</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92434">
              <text>Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92435">
              <text>23</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92452">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92430">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 21, Mayo 23</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92436">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92437">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92438">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92439">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92440">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92441">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92442">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92443">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92444">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92445">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92446">
                <text>1897-05-23</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92447">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92448">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92449">
                <text>2017480</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92450">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92451">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92453">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92454">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92455">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1029">
        <name>Atentado Rey Humberto</name>
      </tag>
      <tag tagId="1022">
        <name>Damas distinguidas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1030">
        <name>Electricidad motora</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1028">
        <name>Fábulas en prosa</name>
      </tag>
      <tag tagId="1026">
        <name>Guerra del Yaqui</name>
      </tag>
      <tag tagId="1031">
        <name>Ilda cuento mexicano</name>
      </tag>
      <tag tagId="1027">
        <name>Noche rústica de Walpurgis</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3543" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2185">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3543/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._20._Mayo_16..pdf</src>
        <authentication>6aa308a94a81e3b013af18950a3e2fb0</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117365">
                    <text>RAFAEL SALCIDO
§)mportaaor ae muebles americanos
,;.&lt;r;"'e?~-J..

ULTIMAS

NOVEDADES·

COt.STANTI\S UIPOll'l'ACION l S
EL MAS GRANDE Y COMPLETO SURTIDO DE

Muebles de lujo en la Capital,
E~TILO~ FUANCE~ Y

AM.ER1CANO.

AJUARES
DE RATTAN (O lllMBRK)

Ajuo.reiei para salones.

Y

guegos completos

tc.daoln.se de

Muebles

PARA COMEDOR,

PARA OFICINAS
Y BANCOS.

RECAMARAS,
LIBRERlAS,

GrtLnde y variad•• tinrtido 4e

Sillas de fantasía

ESCRITORIOS,

PROPIAS

Mesas-escritorios

PARA OISEQUIOS.

Carruajes para niño

LIBREROS.

G los negociantes en muebles, precios especiales
INVITAllO~ A VISITAR LOS ALMACENES.
PRIMERA CALLE DE SAN FRANCISCO NUMERO 13.
llAJ08 DEL UO'l'EL GUARDIOLA.

~Teléfono número 562.-MEXICO.-A¡iartado correo número 56.!:f---

¿Qué le airé ..... 7
(Dibujo de Jo11é M.. Vlllasana.J

�~·

.

... .. ,.

~

~'

TOIIO I.

~

MEXICO, M.A. VO z3 DE I897.

'~
\~

~. ---~
'

~

V.OP

...

Antes de Acostarse
t{tmcnse las POlloríl.'i. del Dr. Ayer
" s&lt;" tlormir:i nwjor. para despnta.rsr

;nc'.jc,r dispuestos á c•mprender las
faena~ del dta.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer
no

tie1H'll

igual

como

~~\\08/t

remedio

·1•rnul.1 hh• ,. c,fit'az para &lt;·l estreü1~:;iP11tr1. 111:1osilb!, j:1queca y todos
111,:; 1h·~:irn·~los tkl hí~,1do. Esl,í.11
• z11r-ar:1tl:u•, y ¡m•panulas ('Oll tanta
111•r\1'(·&lt;·1ún 1¡11c &lt;'Hr:111 sin ir arompaibd;•s 11:• las nio\(•slias •lt&gt; olrns
¡,lidqra!'i tlt•l 11wn·adn. Pítlan:•;t• al
far1na&lt;·ént iro 111· qt1(• !-C' '-ine l.1s
l'í11lora:; dE-1 nr.. \y1·r. ('uarn!o 1\(1
pn1dn1.1·:m d,•d11 ntr:1s 1,lldnr:1~. Ls

0 001'~~

d1•I J)r •.' yE-r :-:&lt;&gt;&lt;•1wo1:trar:ín dic-:1(•t•s.
PRl.-.'IER PRE.l\tlO CN LAS

t1oosiclunes Un!vers2tes de ~:"r".lelo:-ia 1Ch:¡;ago.

FijReen enla S1LI.A

IJE VOLTEO, la ,¡.

nica bicicle1,a 4ul'
tiene esta ve 1tl\jB

.. la VICTORI \, la

máa cómoda, bt"rmoea y fuert.e.
Las biciclet.aa
VICTOR Y VICTORIA

t,ienen más re 'or•
mas modernas y xclusivas que nio tll·
nae otras.
Pídanse cattil \g'OE'
y pormenores,
Trachsel y Cia.,
Unicoe A.gentes pa
rala Repóblica.
Aparte.do 349 CallP dt' hai ntP num IS M..11:xi1..r.

ED.PIIIUD

RESTAURADOR

17NIVUSAL DEL

CABELLO

PREl"AIUOO POR EL DR.T CRfiEL OE PAlllc;

PARIS-37, Bou}dcte Strasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

CJ1o¿(e/a !Yle1iza

"CX!C.\ PnEr.rn.~fl0'J
PAR! RF.ST.-\'Cl.l!CF.R, ,·1cn1m.Aíl Y llEl:)IO~l!AR

u. CABELLO.

Jlll'llJJ:: LA l'M )LHUIA t:.UIU IIU, l'tU,,

1.nr.~ us t:~;\.\~ Y l.lUl'IA LA CAilEU.
PREfERllll.E A TOIH 1'111.l'Al~.\1.IO;\ !JE Qlll:,i_\
DE llrNTA U TOOlS LAS OROGllEt.111S Y P!:RFUIIIERliS

&amp;1 notno oficia l.
l!'Áll:!tIOA ESPECI.AL do AFZIT:.S do TOCADOR pa.r~ PASEO y 'I'EA'I'l!O
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRtl.
POLVOS para eu.-pol1·nr 101 enbelloe. Blondo, bl.nnco.
ROJ~ y BLAftCO en eh.1peta1.
oro, plnui y diamanle.
ROJO VEGETAL en polTO.
BU#CO de PERLA en po!To, blnnto, r6'eo, Rache\.
LÁPICES eapeclnliu para ennegrecer peata!l:u y ce}Q1. POMADA ROJA para IO! \nbloe, en botes 1 en rolloe.
los P•nductns de CH . FAY se ,ncuentran en el Mundo ent1ro, en casa de 101 Prlncloales Perfumls1as J Droguts111

RESERYADO

{l&gt;lbujo de Jo..,é

» ..

Vlllaeana..J

•

NUBEil.0 :n.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92402">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92404">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92405">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92406">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92407">
              <text>Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92408">
              <text>16</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92425">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92403">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 20, Mayo 16</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92409">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92410">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92411">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92412">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92413">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92414">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92415">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92416">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92417">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92418">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92419">
                <text>1897-05-16</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92420">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92421">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92422">
                <text>2017479</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92423">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92424">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92426">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92427">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92428">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1029">
        <name>Atentado Rey Humberto</name>
      </tag>
      <tag tagId="1022">
        <name>Damas distinguidas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1030">
        <name>Electricidad motora</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1028">
        <name>Fábulas en prosa</name>
      </tag>
      <tag tagId="1026">
        <name>Guerra del Yaqui</name>
      </tag>
      <tag tagId="1031">
        <name>Ilda cuento mexicano</name>
      </tag>
      <tag tagId="1027">
        <name>Noche rústica de Walpurgis</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3542" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2184">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3542/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._19._Mayo_9..pdf</src>
        <authentication>8df1fc1c75419d61e90273c80f7669a0</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117364">
                    <text>300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�DOMINGO g DE MAYO DE ollg7

EL MUNDO

"EL 1'1'UND0"

Semanario lluetrado.

TelHono 434.-Calle de Tiburcio riUm. 20.-Apartado

87 b.

M:EXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Reiacción. debe eer dirigida al

Director, Lle. Kaf'ael Rey~&amp; Spindol~.
ht. correspondencia q Utl se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lle. Fausto M.oguel.
La eub1:1cripción ll. EL MUNDO vale $1.;¿ó centavos al
mes, y t:ie cobra por trimeetee adelantados.
Núrutiros sueltos, 60 centavos.
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Tod.H.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.
R&amp;GIBI'RADO COMO ARTÍCULO DE SBGUNDA CLASE.

Significa un avance notable en el espíritu nacional la
ausencia de movimientos agt"t'eivos contra le.a colonias,
hecho desagradable que antafio constituía una de las notas más picantea del programa. Y dado este estado de
conciencia, es de esperarse que en lo fut.uro p~sida un
elevado criterio en la interpr~tación de anh-ersarios Be•
mejanteEI.
No hay razón para despt&gt;rtar una maflana con sedi·
mentos de:vie&gt;jo· odio hacia Estados amigo.~, cun quienes
estamos trescientos sePeuta y cuatro dfafl eu las má.s cor•
diales relaciones. .Edo8 aniversarios no e8tá.n destinados
á despertar olvidados rencores, ni ii atizar apagadas ho·
guera~. Han podido las nacioues desgarrar1:1e eu la larga
historia de la humanilad las unae á Jaa otras, ein que tm
el estado actual de los e!lpíritus se imponga la n ... cesidad
de sostellf r t"Ste pro,pecto de guena permauente.-Las
tribus primitivas viviau de la agresión y por la agresión¡
las modernas nacianalidádes de la solidaridad y ctd cambio.

fa mrrstía ~e la uiba.

·•

Un diario acaba de rozar con vuelo de ave uno de los
problemas que más ocupan la atención de los publicis·
tas y hombres de .Estado: la carestia constante de la vida
moderna. Es en efecto, una dolorosa nota eecapada del
prO@'reeo contemporáneo, la que se refiere á este desequilibrio entre el cuadro de necesid,ideE1 1 cada día dotado de mayor amplitud, y las posibilidades de satisfacerlas. Aquí,el pensador, el político, el economista, se de•
tienen alarmados ante la suprema angustia que se eleva
de una humanidad sedienta de alcanzar el supremo bien
que la civilización le ha prometido.
Y ¡cosa extrafia! el economista, el p~nsador y el político, están de acuerdo en que las condiciones económicas
de esta humanidad han mejorado visiblemente en estas
últimas épocas, y que á una baja, siempre continua de
de los prod11ctos indispensables para la existencia, corresponden un aumento en los salarios. ¿A qué obedece,
p·1es, estacdsis latente, este t.-stado de malestar que 1í
ocasiones encuentra espaciosa salida en las agitaciones
de los grupos socialistasó en las disolvencias desolado•
ras del programa anarquista? La explicación debe bus·
caree en un hecho que hemos delineado á la ligera: el
desarrollo ilimitado de las necesidades, como una con•
secuencia lógica de esa misma civilización, de la que,
aunque quisiéramos. no podríamos nunca renegar.
Un obrero de nuestros días satisface, en realidad, un
número mayor de necesidades que un señor feudal de loa
tiempos medioevales. Su vida está llena de más canti•
dad de comodidades, y, sin embargo, todavía no se considera feliz, y reclama una parte mas considerable en la
distribución de la riqueza social. El libro y el periódico
han deEarrolJado ante su vista deslumbrada un panorama nuevo, y hacia esta tierra prometida se encaminan sus
deseos y se encauzan sus aspiraciones, ¡La vida encarece! se prorrumpe entonces, y mientras en la pluma de
Toletoi este sentimiento, idealizado 1 se convierte en una
tendencia hacia el misticismo, en la boca de Bakoonine
se trueca en un movimiento de rebeldía.
Aquí mismo. en México, en donde el problema social
está muy lejoa'de hacer explosión, se ha anotado pos-,
treramente un hecho que vale la penadeeerexaminado:
un empleado público se lanza á operaciones fraudulentas contra el Erario. Es hábil y su maniobra puede pasar inadvertida durante cierto tiempo; se sorprende la
estafa y el interesado es sometido á un proceso 1 en el
que al rnr requerido para que manifieste las causas de su
delito, contesta con la convicción de un hombre que cree
haber encontrado el menos indestructible razonamiento:
mi sueldo no bastaba para Stender á mis necesidades!
Por fortuna nos encontramos muy lejos de semejantes
idealismos; el tipo de Juan Valjean no obtiene gran éxito, y todos sabemos que ha pasado el período del sen timen•
talismo penal, y que un delito no puede jamás ser excusa•
ble á titulo (je una buena acción, de una obra :filantrópica 6 de un hecho de alt.o y trascedental altruismo. .El
hombre que comete un asesinato con objeto de apoderarse de los bienes de la víctima, no podría jamás alegar
como exculpante, que ccn esos bienes trataba de fundar
un establecimiento de beneficencia pública. Precisamente en los momentos en que el señor Navarrete, empleado
de la Tesorería á que aludimos, presentaba su programa
de necesidades no satisfechas, el Jurado Popular condenaba á un reo de robo en casa habitada, cuyo defensor esgrimía en favor de su defendido, argumentos análo¡?os.No prejuzgamoe la cuestión; examinamos un sofisi:;na,
bastante generalizado, y que es necesario destruir.
El asunto de la careEtía ae la vida reclama, no obstante,
toda la atención del eetadieta. Es cierto que el legislador
puede int~rvenir en esta crísie, de la que sufren las clases
menos favorecida~, en el reparto de: bienestar social. Haca tres ó cuatro afioe, en un documento oficial, se iniciaba
la idea de mejorar la condición del empleado mexicano
mediante un aumento de la cifra de sus honorarios, que,
á pesar de la:; nuevas exigencias, continúan siendo los
mismos que bace veinte 6 veinticinco años. El bello
ideal á este reepecto es tener menos empleado~ y m'ás
bien retribul&lt;loP, ideal á que ee opone el carácter nacional, que ha:convertido el tiresupuesto en un frondoso ár•
bol á cuya eombra desea desransar cada ciudadano.
0nm0 sucede sit-mpre, la explicación de todos los feu6u11.•noR de ni:den económico y político que se descubren 1::u loe k'jir!n~ rte nuestra estructura nacional, proceden de oculia::i dolencias de un organismo que no nos
cansaremos de repetirlo, es necesario fortificar.

11'.a, fiesta, nocionales

q

los ctlranicro,.

Hemos, como todos los afioa, celebrado el aniversario
del triunfo obtenido por el ejército mexicano contra los
axpedicionarios franceses, en la época de la intervención.
Y como todos los ailos también 1 los miembros de lasco•
lonias extranjeras, residentes en esta capital, se haneafor•
zado en tomar una parte muy activa en la hi':'tórica festi•
vidad.

•
la solución pacifica de todas las dificultad.es que pudie•
ran sobrevenir en lo fur,uro, obviando choques y evitando diforencias entre los dos países de habla inglesa; ni la
manifiesta adhesión de Me Kinley á un contrato en el
que parecían de acuerdo los diversos partidos políticos¡
ni la influencia preponderante de los republicanos que
habían comprendido esa determinación en su plataforma,.
electoral¡ ni la consideración de la influencia benéfica
que había de tener un tratado semejante en las relacio•
nes diplomáticas de los pueblos civilizados, que en aquél
verían la posibilidad de mantener la paz por medios racionales entre dos naciones poderosas, y pt,rende, habfa.
de modificar en algo las ideas generales que sobre el
equilibrio profesan los partidarios de la paz armada¡ ni
la esperanza de que uaa convención así concluida, no
entre temores y s1..1bresaltos, no por amagos y amenazaa,
sino por espontáneo convencimiento entre dos nacionalidades fuertes, y con la conciencia de su poderío: nada
bastó á crear la mayuria que reclamaba en el Senado el
ministro Sherman, prest1g:1ado como el que más en el
Gabinete americano.
t'
Habló la negra honrilla que~ creyó ultrajada en el
tratado; se escucharon las insinuaciones del amor prnpio
mal aconsejado, que se juzgó humillado en algunas cláusulas, porque se pretendía someterá juicio de árbitros,
asuntos que se pensaran indiscutibles; resonaron en los
ámbitos de la alta Cámara las declamacfones de los que
no toleran ni el más pequeño é insignificante sacrificio:
se habló de imposiciones soñadas por la Gran Bretai'ía y
de t)retensionelil que lastimaban el decoro, y se propusieron enmiendas que coavi,rtían el tratado en tina
simple convención para instituir un tribllnal de arbitraje,
que dirimiera las reclamaciones mútuas, alejando la idea
primitiva de gran alcance y humanitarios sentimientos
que lo habían inspirado.
El resultado era de preverse: divididos así los ánimosY guiados por otras miras que turbaban la tranquilidad
del sereno razonamiento1 fácilmente se comprendía
que al fin la pasión prevalecería sobre el criterio; y los
que sofiábamos en que se iba á dar un paso firme en Ja
vía de la paz universal.invitando los pueblos anglo-sajones á las naciones civilizadas á dirimir sus posi_bles dife•
rencias por esos medios que aconseja la razón y apoya la.
conciencia del propio valimiento, hemos sufrido verdadero desencanto.
En vano tratan los hombres de buena voluntad de hacer prevalecer la razón sobre la fuerza; en el fondo de
\as aspiraciones mejores y más nobles y bajo las tendencias más laudables, rugirán encarnizarlos rencores y rivalidades, envidias y odios reconcentrados, que han de separar aun á los pueblos de la misma raza, alen~ados por
idénticos ideales de paz y de progreso.

~'\~cos
de las fiestas del 5 de
'\::'::,,t

~ayo·/&gt;í;\,+-

~

'\.

•
*.

Monumento á la memoria de Ooi:,ato Guerra
levantado sobre su sepulcro en la Rotonda de los
Hombres llustre•(Mármol de Ori,zaba combina~o con mánnol blanco.)

La República M)xícana no puede querer mal á la
Francia; su espíritu ha paeado á las arterias de la intelectualida.d nacional, y de esta nación nos nutrimos copiosamente. Y este movimiento no es un dilentanttiemo de
actualidad: e@tudiantio las ideas de los pe1sooajes más
prominentes de la Independencia patria, se descubren
huellas de loa principios que informaban á los revolucio•
narimi franceses. Los textos de los discursos de la Asamblea ConstituyentP, las grandilocuencias metafísicas de
los hombres de 1789, deslizadas en las conciencias de los
i11surgentes mexicanos, proporcionaron mayor cantidad
de materia prima que las austeridades de los fundadores
de la nacionalidad americana. Y estos heclios transfundidos de generación en generación, no pueden desvanecerse ante el recuerdo de un acontecimiento que la misma Francia ha condenado.
Estamos muy lejos de las utopías de la paz universal,
inaceptable dentro de los inflexibles egoísmos de los EstadoE!. La guer1a de Oriente en Europa es un palpitante
ejemplo de lo que puPde y debe esperarse de las hermoSM estrofas subrP Mnfraternidari univnF.taL P~ro los in•
tereses que antaño desunían á los pueblos tienden hoy
á estrecharl .. e.
Por eso en aoiverearios como el del Cinco de Mayo,
antes de la celebración de una victoria cvntra un país
amigo, se conmemora la total deeapa~ición de afiejos
agravios enterrados ya en la fosa dd olvido.

lhtlítictt ®tneral.
RESUMEN-Estados Unidos y Gran Bretaña-El Sena•
do rechaza el tr .. tado de arbitraje-El interes y el
amor propio-Un desPneanto-la guerra Sud afri•
cana y la paz europea-Alianzas imposibles.

Por cuarenta y tres votos contra veint:Féis, ha sido re•
chazado en el Senado americano el tratado general de
arbitraje, concluido no ha mucho 8ntre el ministro de la
Gran Bretaña y el secretario de Relaciones_d_e la unión
americana, en los últimos meses de la administración de
C!evelaod. Necesitándose para ~ aprobación de loa tratados y convenciones internacionales del voto de dos Wr•
ceras partes do los senadores presentes, faltaron cuati:o
que asintieran á las bases acordadas por ~r .. Olney y S~r
Julián Pauncefote, para que el tratado rec1b1era la deb1•
da sanción.
·
Ni el entusiasmo manifestado en todas las clases sociales de las dos grandes nacioaes, que veían, y con razóu,

Además del volcán en horrísona erupción que ha reventado entre loe desfiladeros de Macedonia y las llanuras de Tesalia, amenazando con general conflagración el
suelo europeo, derribando ídolos de un día y arrastrando
en :fiero cataclísmo á la nación helénica, rota y maltrecha
bajo la esJ?ada triunfadora de Edehm Pachá, desangrada y moribunda bajo la avalancha asoladora de las huestes del Sultán, en medio del universal abandono y casi
culpable desamparo en que la han dejado los poderosos
de la tierra, acallando los impulsos de su propio corazón
y oyendo sólo la torpe sugestión del miedo de verse en•
vueltos en comtilicacionea violentas, hay allá en el ex•
tremo sur del Continente Negro una nube de tormenta
que como el conflicto de Oriente, como la insurrección
cte Creta, como la desastrosa guerra greco-turca, puede
en un momento sumir á las naciones de Europa, á las
grandes potencias que tanto recelan un rompimiento, en
despiadada lucha por el predominio á que cada cual as•
pira por su parte sobre las regiones ecuatoriales.
Siempre guiada por sus ideas de expansión incesante y
desmedida que la han de hacer dueña absoluta de todo el'
continente¡ siempre arrastrada por sus insaciables ambi•
ciones que la han de colocarcomoseñoradesdeladesembocadura del sagrado Nilo haet~ el Cabo de las Tormen•
tas, desde las riberas del Senegal donde se oculta traidora la muerte para todos los colonos, hasta las costas
ricas que baña el canal de :Mozambique y las codiciadas
regiones de Madagascar; la Gran Bretafia no retrocede en
sus planes de absorción y marcha siempre adelante en
la realización de sus designios.
Ayer sublevó á loe invasores del Tranevaal, hoy ee pre•
para al amparo del prestiijfo inagotable de Cecilia Rho•
des, intérprete de sus designios, á declarar la""gnerra á la
República sud africana. Pero como el Presidente Krüeger
no esta solo como Grecia infeliz; como en caso de ser·
vencido por los batallones británicoe, padecerían honda••
mente loe intereses de las naciones que allá están com•
prometidos, ya se habla aun de imposibles alianzas en•
tre Francia y Alemania unidas á la omnipotente Rusia,
para detener las insaciables ambiciones de Inglaterra.
Existirán ó nó tales alianzas que juzgamos muy difíciles; pero demuestran esos rumores, que hay otro punto
sobre el que se fija la ateación de las potencias, y que si
lograra zanjarse el conflicto de Oriente, sacrificando á
Grecia en aras de la paz europea, pudiera surgir por cau•
sas no atendidas, algo más serio que la humillaclón del
pueblo helénico, qut, pusieralen peligro el trabajoso equilibrio europeo: la guerra sud africana.

·x.

Los alumnos del Colegio Militar en la Avenida Juárez.
Revi•ta Presidencial á la• tropas de la Guarrtición.-Carruaje del General Diaz.

X. X.

Mayo 6 de 1807.
La vida es pesada; hay que levantasla á veces con alaF,.
aunque éstas alas sean de mariposa: el tiempo tan cortv·
en .m duración, se con frecuencia demasiado largo cuando paia, muy lento 1 en el curso desigual de las horas;.
hay que ayudarla á paear con más rapidez y más agra•
dablemente, desde la aurora haeta la puesta del eol.
Lamartinr.

CONCURSO oE BICICLETAS EN ATZCAPOTZALCO.

El palco de las reinae.-Grupo frente á la casa del Sr. Zimbrón.

Francisco Rocha..-ler. Premio.

�304

EL MUNDO

DOMINGO !1 de MAYO de 0897

DOMINGO 9 DE MAYO DE 1"97

Concurso de bicicletas

formaba un junco; en el manubrio se veían bonitos escudos los
rayos de las ruedas estaban t'.api•
zad~~ cnmpletameñte ron flores
eFCOJidas, y del centro de la barra
que une el asiento y el manubrio, se elevaba un gran ramo
que cubría al eeñorRocha, quien
vestía un magnífico traje com.
puesto de pantalón corto blanco
blusa de sutah lila y gorra d¿
jokey de los mismos colores.
El 2? premio de 25 perna lo
re~ibió el Peñor Salvador Sancipnán, quien exhibió una máquina sencillameJ1te adornada
ron flores exquisitas y vestía
magnifico traje de s~da blanco y
azul.
E: 3er premio df' 15 pesos les
tocó á )oP jóyeneá Leonardo Zimbrón y Ciro f'astillo, que lucian
un ;wagnífico tandem perfectamente adornado.

EN ATZCAPOTZALCO.

Pintoresca la cercana villa em.

p_eñoeas sus autoridades y ~ntus1astas y distinguidos sus habi-

tantes, nada de extraño tiene que
la fiesta que organizó laJui,ta Pa
triótica de Atzcapotzalco y que se
verificó el día 5 del actual, baya
resultado una de las más animadas, entre aquellas con que se
celebró la fecha gloriosa para
el Ejército mexicano y el triunfo
que tanta trascendencia tuvo en
la vida de la República y la re•
conquista de nuestra autonomía.

••*

La tarde estaba nublada pero
la ll~ via fué galante y 'no se
atr~v16 á descender, poi no deshoJar las flores. descolorar las ban,
der3:s nacionales y manchar las
C?rtrnas que constitman el principal adorno de la calzada de los
Reyes, sitin que se eligió para el
certámen de bicicletas, adornadas CO!] flores. al cual acudieron
las prrncipales familias de Tren·
ha, Popotla, Atzcapotzalco, San
Cosf!le y !1º pocas de México, pa•
ra d1 vertirse y dar animación á
aquella fieeta.
Las señoritas vistiendo el traje
de campo que tanto realza su
belleza, ocupaban la numero~a

.

FIIANCISCO M. DE OLAGUIBEL

"ORO Y NEGRO"

.•.

__ ,,,IOI,,. __

El pensamiento,es un ·poder y
el talento una liberta1. ·
VICTOR HUGO .

adorno¡ pero se llevaron la palma las que hoy publica•
moa en nueEtros graba~os, y las siguiente:::
'
El Sr. Pascual 1\1. Dáv1l_a presentó su máquina adornad_a con flores blaJJcas y roJaB que formaban esta inscripción: 1&lt;5 de Mayo 1862.n
Ws jóveres ~!ías Chávez y Leopoldo O. de León,
mont,apan una b1c1cleta de dos asientos en cuya parte
postencr se formó un gran concha con flores y papel
plateado que servía de eombra á los ciclistas.
Jorg: C~rdero, precio!:!~ niflito de cinco á seis afias de
edad, ,eatido con un traJe de seda de los colores nacionales, montaba pequPfio velocípedo, adornado con flores
y raso color de rosa, figurando una cuna
~armeli~a _Méndez Rivas, de no mayo~ edad que JorgP,
l!Jc1ó su bicicleta adornada con raso blanco y lazo:1 de
het,ones blancos y azules.
Federico Mé.ndez Rivas, además del adorno floral de
su maquina, se presentó vestido de torero llevando en·
tre los manubri_os una bien imitada cabez~ de toro que
movía con gracia al manejar la bicicleta · ·
'
Carlevaris y Aguilera, dos caballeros d~ conocido buen
humor, provocaron ' la hilaridad de los concurrentes pres~ntando sus máquinae y vestidos adornados con za~ahona_s, ceboll.as, le_chug~s, c?les, etc., y dieron, COJ.1 sus
chistes de rngemo, ammación al concurso.

*
••

Salwado ~ Sanc.lprlán.-2~ Premio.

Deepués de varios paseos, los bicicletistas formaron
frent._, al J?Rlco de l\on_or; las estimables reina-S arrojaron
gran cantidad de c~W,etti y multicolores serpentinas á los
C?ncursantef&gt;, y entre aplausos del público que quedó satisfecho ~el fallo del jurado, procedieron á la repartición
de p:emioe, qu~ fué como sigue:
. Pruner premio de $50: sellar Fran:iscoRocha, cuyabi•
cicleta adornada con gardenias, claveles y listones, producía magnífico efecto: la parte posterior de la máquina

Leonardo Zimbrón y Ciro Castillo. -3er. Premio.

'Biller_ía que se colocó bajo una '1.'ela
á m1_taa. de la calzada, donde
también se levantaba, adornado
-con ~l mejor buen gusto, el palco
destmado á las reinas; los cabal!eroa paseaban por los espacios
libres y al frente de varias casa!:!
-en improvisadas tribunas s¿
veían los más admirables 'gru{)Os _
formados por las familias que
habitan en Atzcapotzal00, haciendo bonito contraste con los de la
_-gente del pueblo qne con todo orden asistían á la fiesta, enteras
mente nueva para ellos.

He conocido hombres dotados de
bueµas cualidades, mny útiles para los demás y ~in utilidad para @f
mismos, así como un reloj de sol
en la fachada de una casa, que in·
dica las horas á los vecinos y á. los
t~anetuntes. pero no al propieta•
uo.
Cn ... TEAUURIAND. ~

Poco antes de••
las cuatro de la
tarde los miembros del Ayunta
miento, el Sr. Lic. Angel Zimbró~
Y demás autoridades, se presentaron en el palco de honor, acom•
pafiando á las preciosas señori.
~~s Rosario
Ordoiiez, Teresa
1/,/mbron, Sofía de la Vega, Celia
'elasco, Carmen Maza, y Ana
María de la Torre, reinas del
co~curso, que vestían magníficos
_traJes.
Momentos d@spués comenza·
r?n ~ recorrer la calzada más de
c1e~ Jóven~s afectos al sport que
~emendo. ~nacimiento d~ que
iba á _venficar&amp;: el concurso, emprendieron el Vl8je desde Méxi-co .Y lucían allí sus buenas máqu~nae y su ha bilidadpara ma•
neJarlfls.
Muchas de las bicicletas ad.ar.Dad~ )la~aban la atención por
la ong1nahdad y buen gusto del

Sefior D. Carlos Sommer, Director generti.l de "La Mutua."-Presente.
Estimado sef'ior:
Agradecida á Vd. por la eficacia
para la consumación del pago de
la póliza número G74, 014, dirijo á.
Vd.'la presente manifestándole que
hoy en presencia del Sr. Lic. Di~go
Baz. Notario Póblico, recibi en
la nficina de 1&lt;LA MoTUAn la euma
de $2,394.38 valor del Seguro que
en esa Compañía ten fa á mi favor
mi esposo el tir. David Canon Ga·
u!, siendo por valor del Seguro ....
$2,000 00 y $394.38 por premios
que pagó por él y que c@nforme al
contrato se me devuelven :en consecuencia el costo del seguro fné
un peso.-De Vd. afma. atta. y S.

OTRO PAGO DE $2,394DE
"LA MUTUA"

ENMEXICO.
México, Abril 27 de 1897.

•

•
.

Señores Carlevaris y Aguilcra.

-•=..

..c
....,~..

S. Mre. Albine Gaul. ·-

SERENATA

"Entre un aureo repique de CMCabeles,

La. adora.da. á buscarme vendrá algO.n dla,
Y tenderi á sus plantas la poesta
Las enfermizas llores de mis rondeles.

Como aves
viajeras
que buscan
un nido
leJano,
Se pierden
huyendo
las notas
extraiias
del piano ... .. ..
Y en breves, undosoe y rápidos giros,
Se 1levan los vientos.
Loa ecos llorosos, de vagos suspiros,
Y vagos lamem.os.

Le ahuyentará la negra melancolla
Y alumbrado del tedio, las ~mbras crueles

Terrornado el concurso se im•
proyiearon unas carreras' que estuvieron vndaderarnente lucidas
por la habildad de lPs corredores que en ellas tomaron parte.

Concurso de bicicletas en Atzcapotzalco.-Grupo formado por los niños Carmelita Federico
é Ignacio Méndez Rivas y Jorge Cordero.
'

EL MUNDO

•

No hace mucho que con su habitual florido lenguaje
Eutre un attreo reptque de cascabeles
de ()?0t.&amp;, escribía Amad? ~ervo un artículo en el que
La. adorada á buscaqne vendrá algiln dia.
mamfestaba sus muy legtt1mos derreos de ver impresos y
No me llamNs entonces; la amada m1a
-corriendo P?r el mundo loe libros para él predilectos de
Me lleYará. A las filas de sus tropeles,
)." mi mano en las suyll!l, pA.lUa y fria
.algunos amigos suyos.
Iremos por la inmensa ruta sombrla
León Cladel ha dicho que lns odios de los poetas @on
Entre un aureo repique de cascabeles.
,sagrados y·parece haber en ellos algo de hechizo mal•
Ahora-, si queréis después del poeta conocer al hombre,
hechor que hace concluir ~al á. aquellos á quienes el
poeta lanza los rayos de sus iras¡ entre otrost-jemplos ci- os diré que Paco ó el gosse como le llamamos, es el mis jo•
ven de los que hoy tienen un nombre en las letras. Vive
ta á Napoleón III.
Ignoro si Nervo odiari, pero sus buenosdeEeos se cum- arrinconado en Provincia, lejos de sus amigos y de toda
plen. Después de el ,,Claro ooecuroi, de C-eballos des- producción literaria, lejos de todas las elegancias y los
pués del libro cruel, áspero y desnudo cc,mo la 'carne refinamientos que son innatos en él.-Singular contrast.e
de1:.1ga:~a sn~re 13: plancha del anfiteatro, después de propio de los grandes artistas: Balzac, el hombre que
l~s m1senas bien _vistas y e_xpresa~a~ en saliente y enér- mfts mujeres y más mundanos ha pietado, nunca pudo
~1ca pl'f'Ba, nos viene, glonoso pnne1pe llegando de le- salir del cuartucho donde sudaba, e:qgendrando su inJanae comarcas el 110ro y negron del muy alto y ldeñorial mensa ccComedia Humana.u
¡,aeta Francisco M. de Olaguibel.
DAMAS DISTINGUIDAS JllEXCC.A.N.A.S
Con qué unción, con qué e:xtremecimiento de manos, abrí el joyero brusco, toeca
,caja encontrada al azar tan pobre ay! como
rico su contenido. Ya, y para mi -ventura,
Ja pureza de loe diamantes y el oriente de
las perlas me era conocido. Sabíade antemano todo cuanto debía enc&lt;'ntrar: primero las
joyas sencillas, perlas muy pequeflas ~y
anilll'S muy diminutos, piedras delicadas
-que BA regalan á las mujeres cuando enn nifias. Sabia bien que el oro de esa Rimas
temblaba en carnes muy pálidas, que su
brillo serpenteaba tras la filigrana de los en·
-cajes. entre -pechos nacientes apenas y que
1 ,s ligeros brazaletes ceñirían puños bien
f ragiles.
Loe versos de j 1Ventud de Ola~nibel son
vírgenes que llevan; ya el preeentimiento de
sus fnturos duelos podía li'xclam8l'se de ellos
ron Casal, llevan t(la tristeza de los séres
,que deben mórir temprano.n Sus sneños eon
1,;1.Jbeantee» pero en esa blancura vive ya el
1 emor de lo negro. La provenzal, la arlesia•
11a que pasa entre las e@pigas, bajo E&gt;U cofia,
~1 canto zumbador de las cigarras, se aleja
&lt;le la Farandola, y aunque el sol sea radianae y azul el cielo, ella tiembla y pienea
~n el mistral que ee acerca y silba y sacude
y extrtemece.
LoB uCroquis modernosn y las uBaladas re•
-graen son las dos partes de la obra que tal
vez prefieta yo.
En la primera, en loF&lt; uCroquis modernmi»
liene Olagufbel notas únicas, leed su t(Ob·
seeión,n desesperante. lóbrega balada que
t'Olloza brotando del vaso donde se buscó el
olvido. c,El amor modnnon en el que quiero detenerme miis tarde y la «alcobai, y la
(1míetica.n En las Baladas negras cantan
todos los tonos. Balarla roja del crimen,
donde la sangre brota de los senos rafgatlos
de la amada. Balada rubia donde el cognac
gorgea y dice al tri@i;e uel teeoro de sus campánulas de oro)). Balada don/le la enlermedad-umadona aombría y pálidan-abraza y
da sns beeos de fiebre al -poeta, la Balada de
las almas tristes y la de las 11Perlas Negras,n
baladas sencilla@, baladas sombri:l.s, baladas
donde sonríe 1a 1&gt;iedad, baladas donde llora
la tristeza y bosteza el tedio, el soberano
tedio, el invencible tedio.
Al leer loe versos de Olagufbel pienso ne·
,cesariamente en los modernos maestros belgas, leed á Huysmans, á Vethaeren, i Rorlembacb, á. Maeterlink, mirad c(Las aguas
iuerlee1&gt; de Feliciano Rojas y decidme si en
Sra. María Luisa Romero Rubio de Teresa. (De fotografla Vallcto
el autor del c(Oro y Negro,» no flota la melancolía, lo lúbrico y lo místico, de los jó•
Olagufbel, sin embargo, se ha formad.o en un medio
venes maeetros de este -fin de literatura. Decidme si el
literario, hijo de Manuel Olaguíbel, su in~(Amor moderno,11 del que va he hablado antes, no pa- esencialmente
pasó entre las resonancias y las preocupaciones
rece salido de la pluma de Huysmans antes que la t.rapa fancia
del romanticismo: sobrino de Tublada1 bebió
y la brujería lo hubieran conquistado, 6 actualmente de estériles
desde temprano en las fuentes del modernismo, en cuyos
Eachilde:
pequeflos grupos en nuestro país habia de ocupar con
Nocasta.&lt;t hermosura.'! nJ rostro de princesa.
Nervo y con D,í.valos puesto tan prominente.
NI ojos endonde brilla la luz de la Ilusión:
Y ahora, amigo Nervo, á quien cupo la honra deponer
Satánicas beldades. perfiles de faunesa
al frente del «Oro y negron tan artístico Propileo, estáis
y trágicas pupilas de angel en rebelión,
contento? ee levanta la go88trie! Dejad que las pelucas
No bocas ideales de sonrosada fresa
académicas se estremezcan, no t,emáis má.s á. los CanibaEn donde tlembl&amp; el ósculo gentil de ia pasión,
Boca. Fensual y h1brica que muerde cuando besa.
lescos artículos de los jóvenes, no¡ q® loe poetas popu•
Con labios encendidos,-flores de tentación,
lares, los cantores del Cinco de Mayo y de loe listoncitos
Amores ardorosris, vibrantes y soberbios
y los cielitos y las virgencitas produzcan mucho, muchíDe Oomle brota el cant.o sonoro de 1~ uervios
simo, cada día más, es mi mejor deseo; en el día no leja-Hechos de fibra y f6Sforo, de médula v de luzno de las compensaciones, cuando Gut.iérrez Nájera teny sea nue.,;;tm musa como un sucubo t&gt;álido
que e.h6gue nuestras vidas entre su abrazo cálido
ga una está.tua y se haya olvidado á Guillermo Prieto\
mientras sucumbe el Suefi.o clavado en una cruz.
entonces, decidme, ¿qué pesará más, todas las obras de
Si no conociera tanto á. Olaguibel, al leer sus versos lo má.E! popular de nuestros poetas 6 el pequeflo volúmen
-creería de raza blanca, babíendo habitado ]argo tiempo titulado uOro y negro.?
Y ahora esperemos los versos del maestro Balbino Dá.•
Bruges la villa muerta que inspiró áRodembacb. Ahí en
medio de la tristeza de las call~f! desiertas, en la soledad valos el tcFlorilegio11 de Tablada, las uM.ísticas.,1 de Nervo
de los vili'joe barrios tapiados por conventos, en su alma y la «Carne- del doloroso Ceballos.
se hubieran despertado el recuerdo de los viejos hechiBERNARDO CoUTO CASTILW•
.:r.os de las nocbli'B sabáticas, y tal vez subiendo á- algun
Mayo de 1897.
viejo campanario hubiera visto desfilar ante él cercá.ndo•
Jo y envolviéndolo en sus macabricaR caricias las roncas
Enmenidee de que nos habla en su «Remordimiento.»
No creáis sin embnrgo al leer á Olaguíbel y sus clamores y sus llamamientos hacia el Nirvana, sus eternos bos·tezos de doloroso tedio, que para siempre ha hedido la
¿Oyes, Concha, loe céfiros alados
aroar~a hiel de la desesperanza; al final de su volumen,
que agitan tu abanico en derredor?
t&gt;I último de sus magistrales «Rondeles,u es todavía un
P.ues son todos suspirOll ó recados
grito de esperanzas, un canto claro y vibrante entre los
que te manda al óído
.gemidos de los organoa, un sol eeplendente brotando
CAMPOA~[OR.
;i audo enmedio del crepúsculo.

7

Y se oyen
Canciones profanas
Que giran errantes
Como caravanas
Corriendo hacia allá ..... .
Canciones que imprimen
Su huella temblando,
Y gime y gimen,
Y siguen andando,
Sin norte ni guia, ni rumbo, ni -plan ... .. .

Y vago,
Y lejano,
Diciendo tristezas
ignotas
Se anima el teclado
del piano,
CJmO un mar de nácar:
las notas,
Que hirió una borrasca:
la mano.
Aprestan los bajeles
.
sus quillas de armonía,
Despierta en los rabeles
la nota que dormia
Y entre las '1.lgas fres~as
renace la canción,
ED un torrente ciego
se esfuman las escalae;
Los ojos tienen fuego,
los dedos tienen a las,
Y un buitre misterioso
desangra el corazón.
~esangra el corazón!

Y mientras lae notas
Derraman sus gotas
De llanto en la mano,
O&gt;moaves
viajeras
que buscan
un nido
lc-jano,
Se pierden
huyendo
los ecos
extrañ.os
· del piano.....

*••

y C!)

E~ voces mi adorada,
Con su lúgubre balada
Me recuerdan la aventura
De tus fingidos desvíos
Y los mudoe desafíos
-Discusiones de ternuraDe tus ojoe con loe míos.
Me recuerdan que ayer, loca
Rió mi boca con tu boca,
Y loe besos, como altivas
Ilusiones de colores,
A libar-fueron amores
-Mariposas fugitivasDe tus labios en las flores.

Tú te has ido,
Tu te has ido ... .. .
Y ~unque muerta no te olvido:
Sobre mi hondo desconsuelo
Tu recuerdo flota y flota
Como nube, como nota,
Olmo el sol y como el cielo.
MANUEL B. UG \lITE.
Buenos Aires, 1897.

-Se dice mempre: Si yo hubiese vivido hace cien afias.
Se olvida que hace cien años no ae habria sido el mismo,
que no se habrían tenido las mismas idea~, ni loe mis·
moa gustos, ni la! mismas necesidades. Escomo si se tuviera la pretensión de imaginar lo que se pemaría siendo
ave 6 serpiente.
-Hay'una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay mons~ruo absoluto en la naturaleza moral
como en la fíaica.
\
PAUL BooBGET.

�EL MUNDO

306

DOMINGO 9 de MA'(O ' de 1897

DOMINGO 9 DE MAYO DE ,&amp;97

LA FERIA AGRICOI.A EN COYOACAN

está de fiesta.
La Sociedad Anónima
de Concursos, · perseverando en sus propósitos
de cooperar basta donde
sea posible al adelanto
de la Agri.cultura Nocional, dispuso reunir en
una sola exhibición todos los ramos que hasta
fioee del afio próximo
pasado se habían presentado aisladamente, espeOYOACAN

rando aeí comunicar mayor ímportancia é inte•
rés á sus concursos.
A eete efecto, con fecha 10 de Dicienbre último convocó á los agricultores, floricultores, ganaderos,
fabricantes é importadores de implementos agrícol~, piscicultores y en general á todos los que en cualqmera de
las Vastas manifestaciones de 1a labor agrícola empleen
su actividad y esfnerzos á una Exposición General de
Agricultura que se abriría el 25 de ~Abril y se clausurarla el 23 de Mayo de 1897.
Firmaban la convocatoria los Sres. Don Manuel Fernáncioz Leal, D. Guillerme Uhink, D. Francisco Sosa, y
D. Everardo Hegewisch.
Los Objetos que podían ser expuestos, quedaban comprendidos en los siguientes grupos:
Materias y procedimientos de explotaciones rurales.
Materias y procedimientos de la hort,icultura.
Materías y procedimientos de industrias agrícolas.
Agronomía. -Esta iística agrícola.
Productos agrícolas alimenticios de origen ve~etal.
Productos agrícola3 alimenticios de origeu ammal.
Productos agrícolas no alimenticios,
Insectos útiles y sus productos. - Insectos perjudiciales y vegetales parásitos.
Plantas vivas de todas clases.
Colecciones de plantas medicinales.
Flores sueltas, ramos y adornos de flores.
Adornos de flores secas y hojas.
Planos para formar jardines y parques.
Instalaciones de invernaderos.
Grutas artificiales y riscos.
Aparatos de física y meteorología, aplicados á la floricultura.
Instrumentos y aparatos de floricultura en general.
Mac~tas, floreros y demás objetos fle cerámica propios
para jardines.
Proyectos de jardines zoológicos.
Pájaros y peces vi vos.
Frutas secas.
Legumbres, tubérculos y raíces alimenticias.
Dulces de frutas.
Féculas.
Colecciones de modelos de frutas.
Arboles frutales.
Ganadería.
La inauguración de esta interesantísima feria se verificó, tal como estaba anunciado, el domingo 25 de Abril,·
habiendo presidido el acto la distinguida Sra. ~ Luz
Acosta de González Cosio, á quiea acompañaban los
Sres. Ministros de Fomento y Gobernación.
El pro~rama consistió en una poe:iía admirablemente
pronunciada por la nifla Clotilde Quijano, de la Escuela
~formal, y un interesante discur3G del Sr. Ingeniero D.
Eiequiel Ordoñez.
Es costumbre que el Sr. Presidente de la República
visite la Exposición de Ooyoacán en los primeros días
siguientes á. la inauguración. La visita presidencial se
veñ:ficó el domingo 2 del presente mes,
El Sr. Presidente, con su puntualidad acostumbrada,
llegó á. las diez en punto de la mañana á. la plaza de la
Constitución. dond:s e9perab1a do3 trenes especiales de
la linea de Tlálpam.
Recibieron al sef'ior GeneralDíaz los señores Ministros
deJ usticia, Fomento, Gobernación, Guerra y Marina, el se•
iior Gobernador del Distrito, el señor Oficial Mayor de Fomento, el señor Director de la E3cuela de Agricultura y

otras personas distinguidas, todas las cuales ocuparon el
último carro. En el otro iba la señora Rafaela Suárez, Di•
rectora de la Escuela Nprmal,_y . ~lgunas alumnas de esta
institución. ·
La comitiva presídenciS:l fué recibida en Churubusco
por el Prefecto de Tlalpafu. y por el P~sidente Municipal
de Coyoacá.n:, á quieñes acompañaba el Señor General
Alatorre y otraB personas.
.A. las 11 menos cuarto llegaron los carros á la Exposi.
ción. Un escuadrón del 21? Regimiento con banda y música hizo 'los honores al Señor Presidente.
Tan -pronto como el Primer Magistrado ocupó el puesto de honor en la rotonda del patio central del edificio el
Señor D. Everardo Hegewiecht Secretario del Consejo de
Administración ofreció el brazo á ia señorita Concepción
de la Fuente, alumna de la Escuela Normal, quien iba á
leer un trabajo escrito por e1Ia acerca de «La Vida del
:A,.cuario.1&gt;
La Befiorita de Ia Fuente in;ipresionó desde luego agra•
dablemente al auditorio. Es una joven morena de grandesJy h8miosos ojos negros. BU voz es dulce y harmoniosa
y su dicción facil. La joven oradora vestía elegante traje
de raso blanco adornado con listones de igual color. La

El General D.faz, se mostró muy satisfecho, y regresó á.
México á la una de la tarde.
Hoy disertará en la Exposición la señorita María Laine, el domingo próximo Ja señorita Ana María Castro, y
la distribución de premios se verificará el domingo veintitrea del presente mes.
El Consejo de Administración de la Sociedad .á.n6nima de Concursos de Coyoacán debe estar satisfecha del
buen éxito de sus trabajos .

ca de la ciudad y á orillas del mar, descargas de fnsilt:·
rí.1,, estampidos de cañón, el E&gt;ilbar dt las balas y los gritos de los combatientes, le obligaron á detener sus pasos.
-¡Cáspita!-e::a:clam6 para sí el Doctor en correcto
griego antiguo, porque se adaptaba al medio ambiente.
-¡Vaya un modo de hacer fuego! ¡Qué caflonazos! ........ .
¡Parece que diepaian con dinamita!...... ¡Ya estoy
en plena civilización moderna! ........ .
Y tendiendo una mirada al mar, lo vió cuajado de formidables buques acorazados, cruceros, cañoneros, torpe•
deroe, cazatorpederof:l, avisos y transportes de guerra, en
cuyos topos ondeaban sendas banderas de las grandes
potencias de Europa.
-Aquellos barcos-prosiguió Brijá.n-no se entretie•
nen en hacer salvas, pues advierto el terrible efecto de
las granadas en ese promontorio donde se alzan tiendas
de campaña y estandartes coronados de cruces, que acusan la presencia de un campamento cristiano. Por lo visto, loe Gobiernos europeos mandan aqtú sus poderosas
escuadras en calidad de amigables componedores en la
COiltienda de turcos y cretenses, y tratan de persuadir á
los últimos de Ja necesidad de la concordia. ¡Inclinemos
la frente ante estos irrefutables y atronadores argumen·
tos y busquemos un refugio qu.e nos ponga á cubierto de
lógica tan contundente y abrumadora!
Y alejándose de la playa, dió con un estrecho y corto
valle que se hacía entre montañuelas rodeadas de abruptos riscos, al extremo del cual, cubierta de espesos mato•
rrales, se formaba una gran cavidad al pie de un cerro.
A ella se acogió el sabio helenista á tiempo que reventaba en el valle un enorme proyectil cargado con melinita.
-¡Jesús me valgal-gritó nuestro viajero; pero su voz
fué ahogada por el eco de la formidable detonación, que
con pavoroso estruendo repercutía en aquellas cavornosas profundidades.-¡De buena me he librado! Forzoso
sed permanecer aquí hasta que cese el chaparrón de acero y dinamita, que según lo que arrecia, parece que las
grandes potencias están haciendo la apoteosis de la paz
armada.
Y acomodándose lo mejor que pudo en la ent1ada de
la cueva, se quedó largo rato pensativo, sentado en el
suelo, con una manr• en la frente y el codo en la rodilla:
reflexionaba sobre los progresos de la balística y de la
diplomacia.
De pronto, cuando ae extinguían loa últimos ecos del
tremendo estampido, se oyó una voz que desd0 el fondo
de la caverna gritaba:
-¿Quién va allá? ¿Quién turba mi reposo? Quienquiera que seas tú que profanas este sagrado recinto, respetado hasta por tos dioses inmortales, pagarás caro el ea•
crílego atrevimiento! ¡Caigan sobre tí las iras de las furias infernales!
Los pretéritos cabellos del insigne erudito debieron
ponerse de punta, porque daba diente con diente, temblaba. de los. pies á. la cabeza y sentía escalofríos en todo

El Doctor Brijá.n consum'ldo latino, insigne helenista, verdadero erudito y autor de nn trabajo histórico
que tiene por tí\ulo Incitaf,tJ y su ti.empo, no ha muchos,
días que viajaba por la isla de. . Creta en !busca de inspi•

Fachada del Edificio de la Exposición.

se.fiorita de la Fuen~ hizo nn bonito estudio de los acuaraciones, é falta de materiales, para componer un libro
rios para Balón, jardín é invernadero y fué muyapla.u,
consagrado á Epiménides de Gnossos, aquel poeta y filódida. En seguida el sefior Alcocér, dellnstituto Médico•
Eofo de quien refiere la leyenda que, siendo pastor y
dt6 lectura á un briflante trabajo sobre exportación de
mozo, harto de andar por brefiM y malezas, en una tarfrutas, que interesó vi vameute al auditorío. Tdrminaba.
de de riguroso estío, convidado por la frescura, el silen..
el sefior Alcocér de leer un trabajo, cuando llegó el sefior
cio y la obscuridad del lugar, y rendido al deseo del naLimantour, Ministro de Hacienda, acompañado de Don tural descanso, entró en una agreste y profunda cueva
José V. del Collado.
y muy á su gusto y placer se echó una siesta de cincuen~
El señor Presidente visitó en en seguida todos los de- ta y siete afi.os, día má.s, día menos.
No gusta el Doctor Briján de compafi.ías-le basta Ja
partamentos de la Exposición. Son dignos de mencionarse la colección de aves de corral del seflor Zayas En· de la sabiduría subjetiva,-y por lo tanto no es de ex•
ríquez, quien presentó también un libro utilísimo acerca trafiar que viajase solo y á pie, sin más guía que una
de cría de esos animales¡ la interesante exhibición de brújula y una carta alemana, y, para curarse en salud,
ería de gusanos de seda é hilado de esta materia exhi- provisto de dos salvoconductos, uno del Gobernador oto•
bición hecha por el conocido y afamado sericiculÍor Don mano y otro de Papamalekos, principal caudillo de los
.
Hi~ólito Chambón; el ganado de San Salvador el Seco; - insurrectos cretenses.
los ~nstrumentos agrícolas de la Escuela de Agricultura;
Gracias á dichos documentos pudo recorrer sin dificulloe IDstrumentos de Meteorología y un precioso acuario tad ni tropiezo, una buena parte de la isla, y admirar
de la Escuela Normal para Profesoras, y los carneros del
sus hermosos valles y elevadas montañas, su vegetaci~n
sefior Méndez.
lozana y exuberante y sus pintorescos paisajes; pero apenas encontró vestigios de los antiguos monumentos,
arrasados por la barbarie de Ja conquista, menos piadosa
y clemente que la mano dPstructora de los siglos.
Loe restos del célebre .Laberinto. que se hallan en
Gorthina, al sur del Monte Ida, fueron objeto de sus concienzudas investigaciones, y bien á pesar S'.lyo, porque
tiene afición á. todo lo peregrino y maravil;oso. hubo de
convencen:e y persuadirse, conforme con la opinión de
la crítica, constante demoledora de la leyenda, que aquellas intrincadas galerías, labradas en roca viva, no son
más que profundísimas canteras abandonadas, G.e donde
debió extraerse la piedra para la construcción, si no de
las cien famosas ciudades, de muchas de ellas.
Subió á la cumbre del Monte Ida, donde re1re6 la vis•
ta en uno de los más grandiosos é imponentes panoramas que ofrecerse pueden; pues á los encantos naturales
de la tierra, á la perspectiva del mar Egeo, poblado de
islas, que se pierde en el horizonte, y al cielo casi Biempre puro, claro y transparente, se unen los recuerdos bis•
tóricos de la civilización helénica, capaces por sí solut-1~
de encender el ánimo y arrebatarle á las sublimeB regionas de la eternal belleza, merced al grande y poderos . . .
influjo que ejerce en nosotros la sugestión estética d~I
. tiempo ó de la distancia.
Visitó á Candía ó Heracli6n, puerto que fué de Gnosaü$
ó Onossos, situada á cinco kilómetros de aquel¡ á Rethimo, la antigua Rithimnos, que ee asien~ cerca del Ida, en
la parte Occidental de esta eJevada montaña; y de camino á la Canea, la Kydonie de los griegos, hallándose cerEl General Dlaz y sus acompañantes.

•

EL MUNDO

Exhibición de la Escuela Normal para Profesoras.

su cuerpo. ¿Era sueño ó realidad? ¿Alucinarión rle la
mente, ó verdadera percepción de los @entidos? No: el
Doctor estaba despierto, en perfecto estado de concien·
cia; no le cabía duda. Aquellas extrañas palabras le infundían espanto; pero al propio tiempo sentíase poseído
de asombro y estupor que le robaban el vital aliento y
helaban la sangre de sus venas; porque la voz mistt:riosa
había hablado en griego, en el más puro y harmonioso
griego del Atica antigua.
-¿Quién anda ahí?-repitió aquella máecerca.-¿Quién
eres, mísero mortal, que te presentas con tan grotesca y
ridícula vestidura? ¿Histrión acaso que apela á semejante indumentaria para solaz y recreo de los ojos? ¡Ni el
mismo Dios de la risa pudo ofender de tal suerte las le·
yes de la belleza y la majestad de la forma humanal
Habla, ¿quién eres?
-Safior--balbuce6 el doctor en el mejor griego que
sabía;-sorprendido por
violenta tempestad, me re•
fugié en esa cueva. Soy extranjero ..... .
-Harto lo dice y corrobora la aspereza de tu lengua; mas ¿por qué has turbado mi sueño con tanto
eli!trépito?
-No me culpes á mí,
que soy hombre natural•
mente pacífico i enemigo
de todo rui1o, y más del
que causan y producen los
explosivos modernos. Culpa á la civilizada Europa,
representada por las escuadras que no lejos de este sitio puedes ver y admirar
en medio del marespacioso.
Y Briján, cuyas pupilas
contraidas por la claridad
no le habían permitido hacerse cargo de su interlocu•
tor, vió salir del fondo de
la cueva y dirigirse al valle
á un decrépito anciano de
venerables canas y larga
barba que le llegaba á la
cintura, vestido de quit.ón
y clámide y calzando cáli •
gas.
El_ cual, sin reparar en E'll
asombro del Doctor, que seguía sus pasos, se encaminó
á la playa, y abarcando con
la vista al mar, queengrande extensión se mostraba,
sorprendido de tan numerosos, diversos y para él extraños: buques, exclamó:
-¡Naves qne surcan el
imperio de Neptuno, sin
remos ni velas, vomitando
penachos de humo y estremecen el aire, la tierra y el
firmamento con sus truenos! ....... ¡Estoy so.fiando!
¡Qué maravilla!
-Bon buques-contestó
el Doctor-que se mueven
á impulsos del vapor que
engendra el sueño.
-¡Vapor, fuego! Plutoa.
Aspec:to de la rotonda en el monmento de la cot1ferencia.
domefiando á Neptuno,

usurpando el poder de Eolo?--exclamó el anciano.
-¿Tan ajeno vivf's á las cosas del mundo para ignorar·
las de tal suertt-? ¿No has visto nunca el mar?
-Cerca de sus orillas se meció mi cuna: soy de Gnosos.
-¡Gnosos! ¡Ni vestigios se encuentran de la ciudad!
-.J:4.:xtranjero, si no ba~ perdido la razón, Baco turba
tus sentidos. Dic~s que Goossos no existe, cuanJo bá
nea dias que estaba yo allf.
-¿Há tres días que dejaste una población de la cuál no
queda má~ que el recuerdo? Quién eree, extraña visión,
pues cuando más te miro más dudo fle tu realidad corpórea?
-Soy Epiménidee, hijo de D0rfadea, el favorito de los
dioses ........ .
-¿Epiménidee, el filósofo cretense que estuvo dormido en una caverna más de medio siglo?
-Si¡ abrumado por los aiios. harto de la ingratitu1 de
los hombres y de la crueldarl de la muerte que me condenaba á vivir, me encerré de nuevo en la cueva con el
propósito de entregarme el descanso; pero es tanta mi
desventura y tan mala mi estrella, que cuando me quedh.ba traspuesto, vino á. despertarme el ruido infernal de
estos navios.
-¡Un breve sueño de veinticinco siglos! ¡625 olimpíadas!
-¡Seiscientas veinticinco olimpíadas! ¡Desvarfo! ¡~o
ea posible! ¡Si fué ayer cuando me refugié en la cueva y
quedé dormido!
-¿Acaso la nada es susceptible de tiempo ni medida?
-¿Te consagras también al estudio de la filosofía?
-Qoién no la esrudia; pero ¿quién saca verdaderofru•
to de sue ensefianzae?
-¿Ha contribuido al perfecionamiento humano!
-El rebano, la multitud anónima, el vulgo es casi el
mismo que conociste. Eterno niño, se entretiene en romper los libros cuando no se burla de sus maestros. Ni
aprende, ni se cotrige, ni le escarmientan las lecciones
de la experiencia. Candoroso de suyo, se deja seducir
facilmente por cuantos saben halagar sus gllstoe pueriles.
Versátil é inconsciente, hace ú. veces pedazos sus juguetea favoritos para llorar luego su pérdida. No carece del
concepto de la moral; pero suele fallar más con la pasión
que con la justicia. No soporta la contradicción, blvida
los favores y paga casi siempre con negra ingratitud á
quien mejor lea sirve.
-Reconozco al pueblo que me llevó en triunfo cuando
le libré de la peste, y pasado el peligro me obligó á refllgiarme en la cueva; pero no dudo que los que tienen la
misión de encaminar y dirigir sus pasos, merced á las
enaefianzaa de la historia y al natural progreso y el deseo.
volvimiento de los principios morales y sociales\ habrán
perfeccionado el arte del gobierno. cimentándo o sobre
el derecho y la justicia en su concepto más puro y elevado.
-¿El derecho? Mira los navíos q_ue arrojan sobre la
playa instrumentos de muerte y de ruina: pues ése es el
derecho. ¿La justicia? Héla allí en aquel campamentn
de patriotas cretenses, rodando ensangrentada por el
suelo.
-¡La fuerza, siempre la fllerza, soberana del mundo!
Mas ¿quién usurpa el cetro á Júpiter? ¿Quién de tal suerte se apodera del principal atribnto de su divinidad y
fulmina sobre la tierra los rayns destructores?
-Há. muchos eiglos que Júpiter perdió la corona.
Ahora reina Pinto y gobierna 1\forcurio.
-¿Y Minerva, mi querida Minerva?
-Sobornada por ambos no se desdeña de servirá Mar•
te. Gracias á ella las naves navegan ain velas ni remos;
llevan el huracán en sus entranas, y le menosprecian si
se opone á su marcha; se alumbran de noche con la claridad del día; amparan y protegen á sus tripulantes con

�Habiendo desaparecido su cadaver, se creyó que había sido entregado á. loa musulmanes. Y ninguno oyó hablar más de él .

............................................................................................................. ·············

La señorita Concepci6n de la Fuente pronunciando su discurso.

murallas de acero, y disparan á mansa! va enormes arte•
factos de metal, que encierran en su seno el exterminio.
-¿Mas que causa mueve é incita á estos extranjeros á
hacer guerra á mi patria?
,-La común envidia y el temor del bien ajeno. Tupatria. ea una doncella. eternamente hermosa que arrastra
las cadenas de larga y cruenta esclavitud. Por romperlas ha vencido á Penélope en la constancia, á Hércules
.-n loa trabajos y á Aquiles en el valor y el ardimiento
E!'lpera al fin sacudirlas; pero los grandes Estados de Eu~
ro}Ja, codiciosos de la po~1 aióq y ~bardes pf!,ra la disp~·
ta, le ofrecen á ma11.os ll~n·as la libertad, s1 en cambio
pacrifi:ca el firme ~ acendrado amor que profesa al pueblo
helémco. Ella resiste pensando sólo en el elegido de su
,corazóa, y los rivales se unen y congl'E'gan aquí para imp_oner su voluntad con la fuerza bruta. Así, la diploma•
c1a, ~sum,en y compendio de ~ajas pasiones, eia alteza
de 1!11ras para alentar y servir loa más nobles ideales,
haciendo basta ostentoso alarde de tenerlos en poco disp0ne á su ~nt?jo d.e la suerte de lo~ Estados débil'es, y
busca su 1ust1ficac1ón en la convemencia de prolongar
una paz vacilante y i,iempre en peligro¡ paz más costosa

Exhiblci6n de Sericicultura de don Hlp61ito Chamb6n.

é ini~ua que la. misma guerra, porque las naciones se
arnnoan al peso de las armas que acopian la mutua desconfianza, la torpe emulación y el constante recelo. De
e¡¡ta manera obran y proceden las potencias que se jactan de marchar al frente de la civihzación,
. -¡Esto no ea h,.civilización-exclam6Epiménidee aleJándose de la orilla del mar,-aino la barbarie ilustra•
da! ........ .
-¿Adónde va ..? -preg1mtó el doctor.
-¡A mi soledad, á olvidarlo todo, á dormir en lo más
hondo de la caverna, donde no puedan despertarme los
rugidos de la fiera humanal
NILO MARÍA F ABRA.

Imita á aquella nueva Galatea,
pues, al ver quef!,lgú~ hombre la subyuga,
para no eer vencida siempre emplea
la gran estratagema de la fuga.
CAHPOAMOR.

AMARGURAS

Est~ba triste, macilenta, con el alma sumida en el do•
lor, BlD esperanzas para el porvenir.
Todo la hastiaba, basta la religión.
Una vez amó; pero con un amor puro y sin límites, y
la engatiaron. Al verse burlada, rompió con la sociedad.
Se reccmcentr6 en el reducido espacio de su pequeño
bogar. Hogar frío donde no encontraba afecciones ....... ..
Después cobró odio invencible á los hombres. EBoaeran
los culpables de su deegracia.
Pensó ~n el suicidio¡ pero ¡ay! únicamente se valen de
este medio los pobres de espíritu ...... -Ella no podía EO·
portar más el desencanto de la vida.
No, nos más ver aquel sol que alumbró loa bellos días
de ª1:1 pa.sada felicidad. No más abismarse en amargas
med1tac1ones á orillas del mar ........ .
......... ¡Ah, euAntasilusiones perdidas! ........ .
•······••ICuAntas venturas frustradas! ........ .

Era una noche tempestuosa y obscura en que se ofau
retumbar ~os atr&lt;?nadores ecos de las nubes; ella que no
creía en Dios, lo imploró frenética con todas las fuerzas
de su a~ma para que le quitara la horrible excitación que
la dommaba,
Se efectu? .un milagro. Cayó en profunda meditación
Y oró. Rep1t1ó las oraciones que cuando tierna nin.a le
enaefiaron sus padres.
El bálsall?-o dulcísimo de la religión, de la religión que
tod_o lo purifica, fué un gran lenitivo para aquella at,na
8edienta de corurn.el-0 y marchita por loa dolores.
ROSARIO ABMENTEROS DE HERBERA.

Se asombra con muchisima inocencia
de coeas que aprendió por experiencia,

•••

:..

Como todo es igual, siempre he tenido
un pesar verdad.aro
por el tiempo pncio110 que he perdido,
por no haber conocido
que el que ve un corazón ve el mundo entero.

-

":t';,., .

. ...
~--~

,.,.

G,ucPOAMOP.

Toro y becerro de la exhlbici6n

41

Mundy."

El monje le bendijo y le dijo: Este es un milagro del cielo. Caballero, que la paz
sea contigo! Te concedemos lo que deseas!
En verdad, el judío Ismael no había dormido con un sueño apacible. No porque
hubiese conocido jamás loa remordimientos¡ pero la joven le había lanzado, al vart.ir,
extraños anatemas que despertaron en su alma loa terrores de la superstición. Y visiones inquietantes turbaron su noche. he suerte que experimentó la necesidad de levantarse antes de los primeros rayos del dia. Con la prudencia de un gato se dt'alizó foera
de la ciudad y se dirigió á lo largo _del Arlanzón, hacia el camino de Miraflorea, para
ir de ese lado á reclamar algún pago á un deudor.
Mas he aquí que sobre la arena de la ribera, Ismael percibió nna forma negra. Y
habiéndose aproximado1 reconoció el cadáver de Encarnación. Entonrea el judío sintió que el temor le bacía un nudo en la garganta y huyó rápidamente. Mas como se
vol viese una tercera vez hacia el lugar donde yacía el cuerpo de la joven, percibió
muchas luces que la rod.eaban y que erraban misteriosamente. Eran los monjes á. los
cuales se había señalado el cada ver y que venían para entenarlo. Pero Ismael creyó
inmediatamente en una ronda diabólica de eepíritue engendrados en la sangre de su
víctima. Reconoció pues que la Vdnganza e~taba próxima y corrió, lleno de espanto,
hacia su casa. Ahí descendió á toda prisa hacia la cueva donde ocultaba sus cofres lle •
uos de oro, y sumergió, febriscitante, sll-8 manos entre loe doblones. Porque sabía por
los árabes que el ao11ido del m.et:¡.1 tiene sólo la propiedad de poaer en huida á. los fantasmae.
13ien pronto los gritos de fuera llegaron hasta él. Y he aquí. que á la extremidad
del largo corrddor que conducía á su refogio ~ubterráneo, en la sombra apareció una
luz. Ismael se prectpitó de nuevo hacia el cofre para hacer sonar sus piezas de oro. Pe·
ro la luz vengadora se aproximaba siempre.
Y en el dintel de su guarida, irguióse un fantasma gigante:co, cubierto de una
armadura blanca y con una antorcha en la mano.
El judío tnTO apenas faenas para murmurar.:
c&lt;Gracia!i, La palabra salió deeugarganta como un estertor y cayó con el rostro
pegado á. la tinra,
uVamo11, judío inmundo! levaPta la cabeza ¿y mira, no reconoces á tu víc~ima?
-Mi victima!. ..... Si, yo soy un criminal, un miser"'ble! piedad!. ..... "
Grande fué ]a tristeza Pn 13nrgol cuandn se sn•
po la muerte de la bella Enrarnac:ón la de las me•
ji 11 a a eonro11adas
'
como los laurales
rosas que flo1ecen
Pn Granada, en los
palacios d~ loa moros. Se la había
viP.to la víspera E"n·
trar á la casa del judío lEmael, el ueu
rero á quien la miFeria de su i viejos
padres no había podido entonces con•
mover, y cuando
h~bo salido.de ~a ca~a dP\ jndfo inmn.ndo, huyó en me•
d10 de la noche qne venía; sns ojos pnríeimo3 permane•
cían fijoE&gt; en tierra y un dnelo de vergüPnza la envolvía.
Al alba, loe monjes del monasterio d~ Min¡floree encontraron su cuerpo inerte sobre las riberas del A rlanzón.
Y de todas las calles, y de todas las plazas de la ciudad,
1mbla un grito de ira contra aqne1 que la había impuleado á la muerte. Las jóvenes lloraban recordando su compañía; las viejas prodigaban sus m~ldicionea con locua·
cidad; en tanto que los hombres ee miraban con mirada
aornbría y juraban entre dientf&gt;a.
Loe campesinos, ~ncaramadoe ron dignidad en sus mulaf', al bajar de la montaña, se ttrlruiraban de ese rumor,
y preguntaban si loa p~ganoa habían apriFionado los estandartes de Castilla. Y cuando eabfan el nuevo ~rimen
del usurero maldito, unían su cólera á la cólera pública,
porque casi todos le debían de antemano todo el dinero
dP ~u cosecha.
Y todos estaban de acuerdo en que la hora de la ven·
gauza había llegado.
t,Ese judío ba merecido el suplicio; es preciso colgarlo
-con un puercoln
Los t!aballeroejóvenes jug,lban en nna plaza. Uno de
-ellos exclamó: 11Reclamo !a ~abeza del judío para suspen·
derla á la puerta de mi caea.n
El otro dijo: 1tY yo quiero su piel para hacer una al·
jaba.u
11Yo también la reclamo, dijo un tercero, porque he he·
cho voto de ofrecer á las d,nnas de las Huelgas, un crucifijo recubierto de la pii:l de un pagano.i1
-La piel de un guerrero, FPa¡ pero sería un sacrilegio
revestir la divina tigur3 del Cristo con la piel de ese vil
murero. Yo la tomar~, pnee, por mi parte y mandaré ha·
c-er la imagen de un júdaf', qu~ expondré en la plaza pública, detrás de una reja, á. fiu de que los paseantes lo cu·
bran con sus salivas.
-Para poner á todo el mundo de acuerdo, juguemos
sns despojos; el más diestro guardará la cabeza y la piel;
los otros te partirán lae riqoerns.
-¡Silencio! Pxclamó nn caballero cubierto de una armadura toda bl,mca, y á. qnien nadie conocía; silencio!
rnalos caballeros que quen:il3 mancillar vuestras manos
&lt;'un el oro inmundo! Suy yo quien dará el cast-igo en nomb1e de la justicia. Y que niguno pretenda disputar mi
p1ivilegio\1J
Un monje rPvestiJo de una nstidnra blanca y negra ,
a,·anzó: uReclamo áPste hombre! El Evangelio ha dicho:
t1Xo matar.ís. " Súlo Dios puede disponer de la vida-de loa
hombrea. Así, puee, PSte no puede ser condenado ein un
juicio de nuestro tribunal , pues somos inquisidores de
lJHatilla!))
S:l caballero se inclinó, puso una rodiila en tierra y beeó el hábito del monje:
- uPadre mío, dijo, tus palabras son justas; pero ese
hombre, en otro tiempo me ha traicionado y me ha entrt-"gado á los paganos. Concédeme ser el instrumento de
tu jui:;ticia.
-Quién eres tú, á quien nadie conoce?
-Soy el caballero Pt!dro de Miranda.
Eotoncea _todos retrocedieron un paeo1 como anteun
L1,tasma.
Recordaron q-:ie en otro tiempo un paladín de este nombre hac1atemblar:por sns empresas á los paganos del reino de Granada. Un día ese caballero había sido traicionaSe ir¡tul6 un fantasma gigantesco con una antorcha en la m1no.
-do por su amada, que le hizo beber un brevaje de muerte.

�EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de ,8g7
DOIIINGO p DE IIAYO DE •8g1

·

. Y el judío per~anecía tendido sin osar levantar los ojos, y temblando como una
hoJa al soplo del viento.
uY bien! eres mudo, judío hocico de puerco, que te arrastra~ as1 sobre tus euatro
patas como un brut· ?
-Por Javeb!.. .... Encarnación!. ..... piedad!. ..... mira!. ..... He aquí todl\ mi foitu11a: Hay en ese cofre doblones y doblunes ...... Toma Jo qua qni~ras ...... O rniís bien
déJame que lleve á. los tuyos ?astante oro par11 llenar rle dicba PU vt-jn.u
'
. Detrás del caballero hab1an llegado muchas gent.es á. quienes bmael no J b.

del día. Después fné colocado dentro de
1~ ntatua, se Fellaron las dos partes y las
trnieblas 1::ternas cayeron sobre el suplicia •
do, en tanto que la estatua radiaba á los
ojus de los hombres al igual que el sol.
Aei fué como se vió durante m11cbos
años una estatua de oro á las puertas de
Burgos.

Una voz grave habló:
11 Este hombre h~ Co?!esado su crímen, ea pues ·inutil interrogilrlf'.
Ahora, nos
compete li ~~sotros, rnqu_1s1dor de Estado, pronunciar el juicio y vamús á hacerlo en
nue~tra solic1t~d, pai::a bien de todo11 1 ante el pueblo reunido. Que los esbirros aten
ese Judío con hgas sólid~s. Q1e lo hag~n en seguida compa:ecer ante nuestro tribunal y que se prepare á 01r su condenación.u
Y cuando el pue.blt:? percibió la faz lívida de IsmaeJ, las vociferaciones redoblaron Y el usurero se sintió aplastado bajo la ira de toda una ciudad
E~tonces el inquü:idor pronunció e¡;tas palabras: «El Evanielio ha dicho· uEl
r¡ue hiere por el fi~1-ro, perecerá por el fierro. E~ pueij justo que el que ha caus~do la
muerte de su se~eJante por_ el oro, perezca por su oro.
. Esta sentencia fué acogida por los aplausos del pueblo, y un escribano leyó un· ·•
c10 en latín, que Ismael no comprendió.
JUl
Despue~ fu~ arrastrado á la pri.!!ión.
Al día_ stgmente el carcelero introdujo al verdugo seguido por dos hombres que
llevaban tierra en canaRtas.
El ju!1ío pensó que había llegado su última hora. Fué despojado de sus vestidos
Y extendido e~ el suelo, temblando de terror y de frío.
~u an~us~1a se acrecía por la ignorancia del suplicio á que se le &amp;estinaba. Cerró
los.030sy s1nt1ó qu.e posaban sobre su cuerpo una sustancia húmeda, algo que se ase•
meJaba al y~so moJado, y en el cual se le cubriría vivo.
. ~cubrieron primno sus pies J'._ s1;1s piernas, después su vientre y su pPcho funon
opnnudos corno por el plorno; por ult1rno su cabeza quedó encerrada en una máscara
de lodo é Ismaél esperó la muerte.
Pe~o bien pronto se desvaneció; y cuando volvió en sí sintió que sus miernbros 08 .
taban libres.
'
Sólo el ca;celero se .mantenía cerca de él. Y creyó que una pesadilla había 1 ·.
nado su espfruu extraviado por el terror.
a uci
Pasaron muchos díae.
.
Una mañana la pu~rta del c.alabozo se abrió aun, y habiendo entrado los esbirros
le arran~arron sus vestidos, . i? ligaron con cuerdas, le ocultaron ta cabeza en un
lo empuJaron foera de la prisión.
saco Y
De nuevo Ismael, espantado, oyó en su rededor las imprecaciones de la ciudad
cuando estuvo ~n el lugar del suplicio? se 1~ 9uit6 el saco que Je ocultaba los ojos. ' y
.Entonces v16 sobre un estrado al 10qms1dor de castilla con sus ase,mres des nés
abaJo, al caba) lno blanco sobre su caballo, metido en rn armadura de fanÚsma pdes~
pués á los pemtentes con sus coguya?, que esperaban su cada ver y por fin aulla' d
amenazando, al rededor de{&gt;~, á la multitud. En lugar del suplicio se hab'ía disp~e~t~
u.n zócal~ de marmol en med10 de la plaza, y sobre ese zócalo se levantaba resplande
ciente .ba¡~ lu luz del sol, una estatua toda de oro. Ismael notó que esa' estatua ex·
t~aordmana estaba Aeparada por en medio en dos trozos, El verdugo le dijo· :vi·
b.ie~ esa estatua; se ha empleado para fundirla todo el 010 de tu tesoro &gt;) El ¡:udíoi;:
smttó desfallecer.
·
Y el verdugo af'íadió: ((Esta estatua va á ser tu ataud n
Un predicador arengó al condenado, excitándolo á co~vertirse Pero el ¡'udi'ó ya
nad a oía.
·
Perci~ía á lo lejos el curso del Arlanzon yel sitio en que vi6 tendido el cadaver de
Encarnación. Por fin el verdugo lo atió. Por última vez Ismael vió el cielo y la luz

.··ü'~~. ~~fi~~~~. ~i~. ~~·i,~;.g~·: ·~~·.p~;~iii~:

-~

·~~

LA NUEVA PRIMAVERA

Es la gran fiesta de la Naturaleza! Una oleada de luz
ha despertado~ las cosas tristes, á los gérmenes dormidos, y la Impasible, 1~ eterna Impasible abre sus ojos
para contemplar la v1da.-Eres tú mi vieja amiga mi
buena c~nfidenta de otros tiempos, ~res tú siempre, t:riun•
fan~ Pnmave~I Ayer. llamaste con tu pálida claridad
de..v1rgen anémica á mi ventana y prendiste una nota
r&lt;&gt;31za en las temblorosas hojas del rosal olvidado. La no•
che, la pérfi.da, la cal!ada, la que a90cha su presa y opri·
me loa e~pintus,. ha s1~0 vencida, y en los espacios canta
la creac1~n su h1mn.o Inmortal, vibTa y palpita. Ya u~gaste, ~rmnf~nte Primavera, y~ estas aquí, fiesta de vida,
preludio de Juventud! .. .... &lt;(¡Vida! ¡Juventud! ¡Primave•
raf ¿Para qué?&gt;i ........ .
No, mi vieja amiga, mi buena confidenta de otros tiempos, ya no eres la misma. Me engafias. Tus alientos
nuevos no arrastran las mismas impresiones el aire sano
y fresco de.la mañana no lleva las misrna.s p~omesas. En
vano de.splte~as tu estandarte victorioso. ¿Qué importa
que revistas iguales líneas y te cobijes dentro de idénticas
formas? Lo que '!,e ti amamos, lo que nos hacía penetrar
calla~am~nte b~Jo tus arcadas floridas. la vaga aspiración,
el m1steno ansiad@, la sensación exquisita 1 el desbordante anhelo, la invisible escala por donde se sube al
ideal, to~aesa~ohorte divina ha pasado, todo se lo lle.
v6 la ley rn~eclinable, 1.a que ~ime y mata, la que pone la plegana en los láb1os del mcrédulo y la blasfemia
en la boca del creyente, la ley de la vida que preside
la muerte.
¿Cuántas primaveras ¡oh Dios! han rozado con sus alitas diáfanas cada existencia humana, para comprender
que no hay Primavera? Acaso una sola, una noche una
hora, un minuto .... .. Y después, en vano llamarás á esas
ventanas coa. la pálida claridad de virgen anémica y pren.
derá una nota rojiza en las temblorosas hojas del rosal
olvida~o ......... Ya no serás la. misma ven~dora, y tú
Impasible, eternamente Impasible ya no abrirás los ojos
vara contemplar la vida.-Aquella, la nuestra, la que hacía e+tallaren nues~ra alma locos anhelos y florecer radiosas excelsitudes, ae fuépara no volver ya nunca 'allá.
se hundió en el ala inmensa de lo Desconocido.
'

•••

U,.. dónde van los muertos, nuestros muertos? pregun.
ta Paul Bourget en la postrera página de su Idilio trági•
co.-¿Los que nos 11:an amado¡, hemos amado, los que se
apartan de nosotros no tendr n ya nunca contacto con
nuestra alma; ó acaso vivirán á nuestro lado, con una vi·
d~ que. se escapa á nuestros sentidos, una vida confusa y
misteriosa de que no logramos penetrarLos, epasrcida
en el Infinito, y que es perfume en la flor, luz en el as-

tionri~as, que trasmigran de una boca á. otra boca,
como almas condenadas á un eterno mx,tarf .... .••.•
El es el que, sin capa, quiso librar la dosis
que segregan los nervios, por eso la neurosis
le eeCUJ?E' en las. entrañas una sustancia gris;
ustancia que. d;isuelve. los entusiasmos bélicos
que ayer le h1c1eron digno de los soldados gaélicos
que aun vagan en los yermos de la cautiva Erin !
¡El eP!.. .... En su cerebro vacilan los enigmas
que pesan como fardos, que duelen como er:1tig~as,
que acíbar nos ofrecen y nos ofrecen miel. .....
Sobre las verdes aguas del mar de su memoria
caminan los ilustres fantasmas de la Historia '
-conciencia de los siglos pretéritos.-¡EI esi'.... . .
Palpando con los ojos la bóveda celeste,
mientras los vientos inflan su descecli~a veste
sigue el audaz proscrito de la morada azul
'
sigue mientras errantes emanaciones cálidas
abrigan, como madres, á las Ninfas Cusálidas
mientras los girasoles se tornan á la luz!. ..... '
Espera, espera, espera ......... Los huracanes ruedan,
las olas se levantan, los ecos rn remedan,
el vértigo le empuja, no le hace vacilar ....... ..
Avanza, avanza, avanza, con pasos inseguros:
no verá derribarse los dilatadoij muro@ 1
centinelas que guardan la nueva Jeric6 • ••••••••
Avanza, avanza, avanza; y al borde del abismo
exclama coti estruendo corno de cataclisrno:
((¡Ya perdi la esperanza de provocará Dios!n

ron de que el hombre de oro habíadesapa•
recido.
AlgunC1s campesinos pretendieron que
los ladrones se lo habían llevado para ven•
derlo á los musulmanes y que se les había
visto arrastrando la estatua en un carromato, tirado por más de treinta mulas.
El pueblo de Burgos no se dignó perse•
guirlos. Ademós nunca creyó en este relato1 que le pareció inverosímil.
Pues tactos reconocieron que sólo el diablo pudo tenn interesen robará los cristianos el ataud de un judío.
Exmqui: Gt:ERT,IN.

tro, vibraci~n imperecedera en el ritmo del movimiento
en los espac10s? ~l etern'? grito de angustia que Ae esca•
pa de u_na huruamdad triste y adolorida ¿es el dE&gt;sespe·
rado gn~o de un náufrago que antes de rodar en el abis•
mo ~ov1ble de las ondas, ha encerrado en el marco de
su m~rada la ~o_le~ad inapelable del Océano? Y si no es
asi, si en el v1aJe rnc~sante de las moléculas, los espíritus
~gresan, como la Pr1mavera, y se asoman á las concieh·
Cias de los .abandonados, como, las estrellas se asoman á
l~ supei::fic1e de loA lagos, ¿en qué nota perdida hacen
o~r sus imperecederos lamentos, en qué punto del espacrn. oc~ltan sus nostálgicas tristezas? ......... Y la vidacrn•
za 10?1ferente, en medio del eterno misterio, desbordando. himnos y rebosando rosas, y la nueva Primavera teje
gmrnaldas con 1~ recienabiertae flores de los campos.
Allá, en el 11ant1guo bosque,)) el ruiseliorcanta siempre
en l:!I granado. ¿Qué sabe él de estas desgarradoras tra•
gedms de las almas? Para él la existencia con todas sus
P.alpitaciones, .se encierra en estas estrofas que surgen
sm ~sfuerzo, BID dolor y que s~ nos antojan irnpregnadas
de mc.urable amarg.ura. ¡~mén sabe! Acaso vaya en
ellas disueltas ~lgo 101:1-ater1al de lo que en lo material
busoa~os: _lágnmas, miradas, ecos, remembranzas ....... .
¡Cruel iromaJ La vida se ríe sardónicamente de nuestras
~ebeldías Y sigue su marcha triunfal, su alegre camino, la
mcesante resurrección de las cosas.

•••

¿No eras tú, jov~n poeta el que un día devorabas en la
apoteosis de la Primavera las páginas del Interm&lt;&gt;zzo, y en
tu garganta pugnaba el sollozo por abrirse paso? Ahora
evocas tu dolorosa crísis, el primer desfallecimiento, cuan•
d.o todavía la dura ley de la lucha no se te había apare·
c1do como un espectro en el umbral de tu morada. Aho~ buscas el vereo sarcástico, el punzante epigrama, la
v1brador.1. saeta que penetraba en tu lacerado espíritu
en aquella reveladora floración de la juventud primera'.
¿En dónde estás, buena sensación ya perdida, que te hacía ver un ?iaro re~ondel de cielo á través de tu tempestad de lágrima~? Piedad suprema que redimías todos los
dolorfls y sublimabas todas las ·ristezas la que con una
frase de esperanza agitaba hasta el Io'co horoismo en
una excelsa serenidad compasiva, los buenos impuisos,
?dónde~ ocultas? Noches estrelladas, claras noches de
1IlSO1;1llllO, en las que. el espasmo hincaba su garra en tu
pa;p1tantecuerpo, ~tentra.s afuera algún genio invisible
deJaba caer el polvillo de oro de sus ensueños sobre el
fecundo seno de la naturaleza y la hacía palpitar con su
beso de amor ........ : ¡qué lejos y qué cerca! ¡qué profunda la huella que deJó en la conciencia y qué empalidecí.
da en el marco que la encerró breves momentos!

•••

En la noche, cuando el silencio se restablece y la Na-

•

Do:1-11:-.00

Carl os Díaz Dufoo .

Mayo de 1897.

LA ULTIMA ESPERANZ A.

De pié, sobre la cresta de una elevada cumbre
do ádesl.eirse bajan lo'&gt; ampos de la lumbre
•
que arroJa el sol, cuando hace su fragua en el cenit
un joven descendiente de los antiguos bardos
'
que ha hallado en su camino vegetación de c~rdos
está c~n la mirada fija en el porvenir ........
'
El cielo invaden masas enormes de tinieblas 1
la atmósfera enrarecen ejército de nieblas
venda!ldo las pupilas sin rumbo, el sueiio' va;
y_ él, sin que nada amengüe su sobrehurnano temples11;1 q~ nadie su estoica resolución contemple,
mira á través de todo lo que puede cegar!. ..... .. .
El r.ayo al enemigo de sus arranques busca,
el báhto del noto los sentido:1 ofusca,
emboca el Angel Negro su funeral clarín·
y él, como si tu viera su cuerpo una coraz~,
ó ~om? vást~gl) último de la ciclópea raza,
mira iwp.M1ble, tofo lo que le puede herir¡
El D~ettno le presta sus ojos msondables
Vulcano le remacha los bicepe formidables'
para que, arrnado púgil, se cuadre ante San~n;
y_el paladín no graba terribles predicciones,
m mide con su fuerza la fuerza de los leones
porqa.e de é'U ,a.talaya quiere ret.ar á Dios .......'..
¿S~ra el Ajax que piensa fingirse en Estilita,
el m1~mo que, en sus raptos de cólera, medita
hundirse en el pantano de la noche social?··· ·····¿Será ese que en los labios de R1belai3 coloca,

-Sí, sefi.or Seguin.
•
-Pero ¿te falta aquí la hierba?
-¡Oh, no, sefi.or Seguinl
-¡Qo.i.zá te habré atadú corto! ¿Quiéres que te dó soga
larga?
-No vale la pena, señor Seguin.
-Entonces, ¿qué te falta, qué qoiereE?
-Quiero ir al monte.
-No ea.bes, infeliz, que en el monte está el lobo? ......
¿Qué harás cuando se te presente?
- Le daré de cornadas, señor 8eguin.
-¡Valiente comino le importan tus cuernos al lobo!
Chivas mE&gt;jor ePcornadas que tú me ha comido. ¿Sabes
lo que pasó á la pobre Renata, una señora. cabra. vieja
que estaba aqui el año atr'8, fuerte y astuta como un lobo? Se las tuvo tiesas con el lobo toda la noche ...... Y
despuE&gt;a, á la madrugada, el lobo se la comi6.
-¡Caramba, pobre Renata! Eso no le hace, señor Seguin; déjeme usted iral monte,
-¡Bondad divinal-exclamó el sefi.or Seguin.-¿Pero
qué les pasa á mis cabr~? Otra más que el lobo me vaá.
comer ...... Pues bien; ¡yo te salvaréá despecho tuyo, bribooa! Y para que no rompas la cuerda, voy á. encerrarte
· en el eHablo y no saldrás nunca de alli.
En seguida, el seiior Seguin llevó la cabra á un establo
muy obscuro y cerró la puerta de él con dos vueltas de
llave.
Por det=gracia, se había olvidado de la ventana; y,
apenas se volvió de espalda, ma:rchóse de allá. la peque:ña ........ .

MARTÍXEZ Ll'HX.

LA CABRA DEL SEÑOR SE;GUIN

turaleza ~e ~repara á RU gran fiest1 de .Primavera y la
vaga aspiración de buscar en los espacios el luminoso
rastro del e:1píritn ausentr, mientras canta el ruiseñor en
el granado y las fuerzas de la tierra se estremecen en su
l~b.or inacabable, y todo canta y germina; de puntillaR,
stgilosamente, me acnco temblando á una amada cami •
ta y pongo mi cabeza sobre las alas de dosangelrs .... .. y
entonces ¡oh Dios! ya entró en todo mi sér la Primavera ......... la nueva Primavera demi vida.

EL MUNDO

Siempre serás el misrno1 rni pobre Gringoire!
¡Conque te ofrecen plaza de cronista en un buen peri6di.co de París, y tienes el cuajo de no aceptar!. ........ ¡Mírate á. tí mismo, infeliz mancebo! l\fira ese jubón lleno
de sietes, esas calzas derrotadas, ese flaco rostro pre-gón
del hambre. ¡He ahí á dónde te ha conducido la ¡.,asión
por las bellas rimas! He ahí lo que te han proporcionado
diez años de leales servicios en t.re los pajes del Sr. Apolo ......... ¿No te da ya vergüema?
¡Hazte cronista, imbécil! ¡Ha.!.te cronista~ Ganarás buenos escudos contantes y sonantes de mogollón, tendrá.s
tu cubierto en casa de Blévant y podrás pavonearte los
días de estreno con una pluma nueva en el birrete ........ .
¿No? ¿No quieres? ......... Pretendes permanecer libre á
tu antojo hasta elfinal.. .... Pues bien, oye un poco la
his~oria de La cabra dd Sr. Segnin. Verás Jo que se gana
queriendo vivir libre:
El sefl.or Seguin jamás había tenido suerte con sus cabras. Todas las perdia del mismo modo: una mañanita,
la menos pensada, rompían la soga, escapábanse al mon te, y allá arriba comfaselas el lobo. Ni las caricias de su
amo, ni el miedo al lobo. nada las contenía. Parece ser
que eran cabras indepen.dientes, que anhelaban á toda
costa aire libre y libertad.
El bueno del sef'ior Seguin, que no comprendía una
jo~ del caracter. de sus animales, estaba afligidí.simo, y
decia:
--Se acab6; mis cabras se aburren en mi casa, no conservaré ni una sola.
. Sin e~barg?, no se desal~ntó; y después de haber perdido de 1dént1ca manera seis cabraf, compró la séptima;
sólo que esta vez tuvo el cuidado de que fuese muy joven, para que se acostumbrara mejor á permanecer en
casa.
¡Ah Gringoire, qué linda era la cabrita del señ.or
ñor Seguin! 1Qué linda, con sus dnlc~s ojos, su perilla
de sargento, sus cascos negros y relucientes, sus cuernos
á rayas y sus largos pelos blancos, que la vestían de gabán! Era casi tan hechicera corno el cabrito de Esmera! da (¿te acuerdas, Gringoire?); y además, dócil, zalamera,
y se dejaba ordeñar sin menearse, sin meter la pata en
la escudilla. ¡Una monada de cabrit~! ........ .
El sefior Seguin tenía detrás de en casa un cercado de
espinos. En él puso á su nueva huéspeda. En medio de
la prade1ita clavó una estaca cmdó de que tuviese cuerda
larga, y de vez en cuando iba á ver si Petaba bien. La
cabra era muy feliz; y rurniaba la hierba con tan buena
gana, que el señor Se-guia estaba extático.
-¡Gracias á Dios-pensó el pobre hombre-que &amp; la
postre hay una que no ee hasüará. eo mi caea!
El señor Segnin ee engañaba: su cabra se haetió.
Oierto día dijo ésta mirando al monte:
....... ¡Qné bien se debe a, ~st.ar allá. arri~a! ¡ Ay que gusta triscar entre malezas, sin esta maldita soga- que me
despelleja el cuello!. ..... ¡Quédese para el asno ó para el
buey eeo de pastar en un cercado!...... A. las cabras nos
hace falta mucho espacio.
A partir de eme momento, parecióle insípida la hierba
del cercado. Le entró tedio. Enflaquecía y ee iba quedando sin gota de leche. Daba lástima verla todo el santo día
tirar de la soga, abriendo los agujeros de la nariz y balando con tristeza ¡ Bée/
'
El seflor Seguin a:lvirtió que á su cabra le pasaba algo
pero no sabía qué.. .. .. Una mafi.aoa, al concluir de arde~
ñarla,_ volvi6se la ca~ra y le dijo en su patué:
-Oiga, señor Segum, me aburro en su casa; déjeme
usted ir al monte.
-¡Ah, Dios ~o! ...... ;Ta.mbién .ellal-grit6 estupefacto el señor Segwn, y de la 1mpres1ón cayósele la escudiJdil~. y luego, sentándose en la hierba, junto á au cabra, la
JO:
-¡Cómo es eso, Blanquita! ¿Conque me quieres abandonar?
Y respondió Blanquita:

. ¿Te ries, Gringoire? ¡ParJ.iez! Ya lo creo; eres del partido de las cabras, en co!ltra de ese buen sefior Seguin ....
Vamos á ver si pronto te ries.
Cuando la cabra blanca llegó al monte, aquello fué un
ª!robamiento general. Los añosos pinabetes no habían
visto nunca nada más bonito. La recibieron como á una
reimcita .. ;os castafios bajaban hasta el suelo sus copas
para acanc1arla con las puntas del ramaje. Las áureas
~etamas entreabiertas it su paso, exhalaban todo el meJor a.roma qnP podían. El monte entero la festejó.
¡Figúrate liringoire, si estaría contenta nuestra cabra!
N? más cuerda, no más estaca ..... . aada que le impidiese
triscar y pacerá su antojo ...... ¡A.llí sí que había hierba!
¡1:{asta por encirna de los cuernos, querido!. ..... ¡Y qué
hierba! Sabrosa, fina, dentellada, constituida por mil
plantas .. .... ¡"lJiferencia del césped del cercado! Pues, ¿y
la~ flores? ..... . ¡Grandes campanillas azules, digitales pm·
pureas de largos cálices, todo un bosque de flores silvestres llenas de jugos bien olientes y que·se subían á la cabeza!
La cabra blanca, medio birracha, revolcábaseallá.adentro patas al aire. y rodaba á lo largo de las escarpas, re vueltacon.lasho1as y las.castañiB caldas. L·1ego, deun sal·
to, se poma en cuatro prns de repente; y cátala disparada
de cabe~a, á. travez de brezos y chaparros, ya en lo alto
de ~n picacho, ya en el fondo de una torrentera, arriba,
abaJo, por todas partes ........ . Hubiérase dicho que en la
montaña babia diez cabras del señor Seguin.
Y es que á nada tenfa miedo la Blanquita.
P1Haba de un salto grandes torrentes que la salpicaban
~e hu medo poi vo y espuma. Entonces, chorreando toda,
iba á tumbarse á la larga sobre una roca plana y poníase
á. secar al sol. Una vez, al avanzar hasta el borde de una
meseta, .con una flor de citiso entre los dientes, vió abajo,
allá abaJ01 en el llano, la casa del señor Seguin con el
cercado de atrá.s. E:30 la hizo reír hasta llorar.
¡Qué pequeiio es todo eeo!-dijo-¿Cómo habré podido
caber allí dentro?
¡Pobrecilla! Al verse encaramada tan alto, creíase por
lo menos tan grande coml) el mundo ...... .. .
En resumen: aquel fué un gran día para la cabra del
sefior Seguin. A la mitad de él, mientras corría ú. diestro
y siniestro, vino á dar con una manaia de gamos. die•
pY.estos á mascar con buen diente una lambrusca. Nues•
tra peqneüa andariega de !raje blanco, produjo gran impresión. Diéronla el mejor sitio junto á la lambrusca, y
todos aquellos señores estuvieron muy galantes ...... Hast;a parece ser ( quédese esto entre nosotros, Gringoire)
que un joven gamo da pelo t.egro tuvo la suerte de agradará Blanquita. Ambos novios se perdieron una o dos
horas entre el bosque¡ y ti quieres saber de lo que trata•
ron, anda y pregúntaselo á los parleros arroyos que co·
rren invisibles por entre el muego.
De pronto refrescó el viento. La montaña se puso de
color de violeta: era la noche.
-¡Ya!-dijo la Cabrita; y se detuvo muy pasrnada.
Allá. abajo, la campiña estaba envuelta en brumas. El
cercado de I sefior Seguin desaparecía entre la niebla, y
ya no ee veía más que la techumbre de la casita, con un
poco de humo. Oyó las eaquilas de un rebafio que iba á
recogeree en el redil, y ain,i6 profunda tristeza en su alma ...... Un gerifalte, de regn-ao, la rozó oon las alas al
pasar. Estremecióse eJla ...... Luego olió un anllido en el
monte.
-¡Guau, guau!
Pensó en el lobo; la loquilla no había pensado en ello
en todo el día ...... En el mismo momento sonó muy le•
jos, en Pi valle, una trompa. Era que el bueno del sefior
8eguin intentaba el último es.fuerzo.
-¡Guau, guau!. ..... -decía el lobo.
-;Vuélvete, vuélvf&gt;te!. ..... -gritaba la trompa.
Ganae le dieron á Blanqoita de volverse¡ mas al recordar la estaca, la soga, el seto vivo del cercado, pensó que
ahora ya no podría acost.umbraree i aquella vida, y que
más valía quedarse en el monte.
Ya no sonaba la trompa ..... .
La cabra oyó tras de sí un ruido de hojas. Volvió la
cabeza y vi6 entre la sombra dos orejas cortas y tiezas,
con dos ojos relucientes ...... Em el lobo.
Enorme¡ inmóvil, sentado sobre el cuarto trasero, estaba allí mirando á la cabrita blanca y soboreá.ndola de
antemano. Como sabia bien que se la comería, el lobo no
se apresuraba; solamente cuando ella se volvió; rióse ,él
con e~rcasrnn.
-¡Ja, ja! L1. cabra del sellor S¿guin!

Y ee pasó la roja y gruesa lengua por sus labios euavea
como la yesca.
Comprendió Blanquita que esta.ha perdida. Al recordar un momento la historia de la vieja Renata, que se
había batido toda la noche para ser devorada por la mañana, dijoee que quizá. fuese mejor dejarse devorar en
seguida; luego, cambiando de parecer, se puso en guardia, con la cabeza baja y los cuernos hacia adelante, co•
mo una valiente cabra que era del sefior Seguin¡ y no
porque tuviese esperanza de matar al lobo ( las cabras no
matan a los Jobos¡, sino nada más que poi ver si podría
resistirse por tan argo tiempo como la Renata ..... ..
Entonces avanzó el monstruo, y los cuernecilloe entra
ron en danza
¡Ah, valerosa cabrita; con qué bríos acometía! Más de•
diez veces ( no miento, Gringoire) obligó al lobo á retroceder para tomar aliento. Durante esas treguas de un
minuto, la golusuela cogía á, escape otra brizna de sus caras hierbas¡ después, tornaba al combate, llena la boca ...... Aquello duró toda la noche. De vez en cuando, la
cabra del señor Segnin miraba danzar á. las estrellas en
el claro cielo, y decía para sí:
-¡Oh! ¡Con tal de que resista hasta el alba!.. ...... .
Apagáronse las estrellas unas tras otras. Blanquita redobló las cornadas, y el lobo los mordiscos ...... Un re·splandor pálido apareció en el horizonte...... Desde un
cortijo subió el cántico de un gallo enronquecido.
-¡Al fio!-exclam6 el pobre cuadrúpedo, que sólo al
dia esperaba para morir; y tendióse en el suelo, con su
hermosa piel blanca, toda manchada de sangre ......
ELtonces el lobo arrojó.se encima de la cabrita y se la
comió.
¡Adioe, Gringoire!
La historia que has oído no es un cuento de mi invención. Si alguna vez vienes á Provenza, nuestros caseros
te hablarán á menudo de la cr1bra del .~efíor &amp;guin, que se
l1atiá toda lrr noche con el lobo, y al cabo, por l&lt;t mañana, el
lobo se la comiú,

Oyeme bien, Gringoire: E pieu lon m.atin lon loi,p la
1llfl tl flt' .

ALFOKSO

DACDFI'.

RELIEVES
AMADO

NERVO

¡El templo! La luz tibia derrama sus fulgores,
Y en áureos tonos rico su mágiéo pincel,
Abrillantando el alta ventana de colores
Recorta á un tiempo el ovio de un jonio capitel.
Desata oculto genio la voz de mil rumores
Chasquean las doradas molduras del cancel, '
Y eleva el Cristo exangue los ojos sofiadoree
Llorando el ateismo del pueblo de Israel.
Silente forma diáfana, ee yergue: ea la propicia
Tespíade del bardo, la pá.lida novicia
Que yerra por el lóbrego recinto monacal,
Y va sofiando en épocas de contrición bendita
Y en castos desposorios con el Jesús1 que invita
Los brazos extendido!!, al místico ideal.
'
SALVADOR RUEDA

Radiante musa vierte sus alegrías,
Juguetona, locuela y enamorada,
Y lleva en el abismo de su mirada
Luz de extrañas pasiones y nostalgias.
Negras las arqueadas cejas sombrias,
En mármoles y rosas la tez tallada,
Y es .su boca riente fresca granada
Do vierte el labio roJo mil ambrosías.
El mantón coruscante, la .zapatilla,
La burbuja en I&amp; caña de manzanilla
Y del rojo corpifio las ricas telas,
Esrnaltan las estrofas, tendiendo el ala.
La zambra se despierta, y el aire escala
Bullicio de panderos y castañuelas.
Mayo de 1697.

AURELIO G. CA RRAiCO,

No te ablandes oyendo sus acentos,
que el diablo en ocasionE&gt;s
acalora los buenos Bt'ntimientos
para hacer cometer ma 1as acciones.
Yo suelo con tu nombre, nifia hermosa,
por miis que el curso de mi edad avanza
hacer mi alma dichosa.
¡Sabe tan bien el pan de la Esperanza
qne ya no me alimento de otra cosa!
CAMPOAMOB.

�•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de•~?

DOIIIIIGO II OE MAYO DE ,&amp;97

ENGANO SUBLIME
Por lb}aría \!escot.

l

NUMERO 9.

Despt1~s. á lo largQ de un gran bulevar, ot.ras 1·ill(J11,
provocativas como cort.e1:1anas, mostrando complacientes
á los ojos de los paseantes, , través de verja.s coq11eta.", su
trnje multicolor y la gran línea de verdura quP corta la
,·illn en do.!!, luciendo, en medio de las lnjoP:ae el•·gaociaa,
la nota de loe rÚ!ticoe cultivoa. Por fin, franqueado el
-viaducto, he ahí la vieja La usan ne con sus cal lee eatre•
chas entre taludes cortados á pico 6 en deecemos verii·
ginoaos, eus·attaa casas que parecen encerrar al paseante
,en un vericueto sin salida; pero las casas se separan, una

Greda inmortal.
Cu.adro de II.Sleinlradzld

\

de ellas se sobaja formando plataforma 6 terraza, y el la·
go aparece de improviso, y es cada vez la misma impre·
Pión de sorpr.-sa, admirativa cada vez, un pJa...,...r inteDSO
como si se temiese no verlo más y no se recordase ya rn
hermo ura!
Lila no dejaba de correr en aquellas callee tortuosa!:',
di11curriendo por las rápidas pendientes con alegre pre~
cipitación de nii'ia, en tanto que detrás de ella el aya se
eofocab:i por seguirla. Después caminaban rehusando
preguntar, enc:intadae de perderse, embelesadas cuando
0

el azar de su paeeo las llevaba de pronto al pie de un
monumento
Cn día visitaron la catedral con eee eentimiento dein~
tfonss. curio~idad y de vago terror que los cultos extran•
jeros inspirao; pero la antigua badlica permanece profundamente católica con sus altos pilares, su.a navea
profundas, la obeouridad de sus bóvedae, y sobre todo,
ese hálito de antiguas edades que nada podría extinguir
en el logar santo.
~e dos mujeres ee detuvieron en el sitio vacío de la

�3 11

agua bendita, buscando esta y con un gesto involuntario
hicieron la seílal de la cruz; después se dirigieron hacia
las grandes bancas de encino para arrodillarse: como el
agua bendita, los reclinatorios no estaban ahí.
Se pasearon con pasos tímidos á través de la igleeia
desierta CC'n el alma presa de una misteriosa melancolía.
La nifia no podía comprender la importancia de esta
gran derrota religií"1m, pero la desnudez de los muros
la impresionaba: ya no había euad.roe, ya no había estatuae, ni santos con vasos de flores á sus pies; ya no había capillas ricamente ornadas, no más ex- votos ni :cirios
arrojando en las tinieblas la nota alegre de las iluminaciones; no más madonas blancas tendiendo á los fieles
sus braios de misericordia y de amor. Sólo dos hombres
de piedra, rígidamente acostados sobre las tumbasen dos
rincones sombríos, la~ miraban con sus ojos graves. Pasaban frente á ellos suavizando sus pisadas.
Cuando llegaron frente al santuario encontraron solamente las mesas de marmol de las comuniones calvinistas. La niña dijo en voz muy baja:
- Ya no hay lámpara.
Y la ausencia de esta lámpara del santuario, que arde
dia y noche al pie de nuestros altares, penetró el alma
católica de Carlota de un dolor tan punzante, que se arrodilló sobre las piedras, y como los ancianos de Israel ante
el templo perdido, se puso á llorar.

EL MUNDO

jer de unos treinta años, de ojos tristes, de boca seria,
de actitud fría y reservada.
-Señora, dijo avanzando.
Ella se estremeció ligeramente, y s:n embarazo algu·
no se excusó :
-Perdonadme, sefior, esta obra. es tan bella! Me olvidé de todo al admirarla. Le debo 61 primer instante de
placer que he gustado desJ.e hace tiempo. Temo haber
sido demasiado indiscreta entrando á esta casa en ausencia vuestra; pero mi triste salud me prohibe tan frecuentemente salir de mi cuarto y tenía tan gran deseo de esta visita ..... .
Se detenía ante las di versas telas esparcidas en el salón,
y sin exageración, sin adulación vulgari con palabras:muy
sencillas, las alababa delicadamente. El incienso bajo esta
forma discreta, guardaba un perfume exquisito. El pin·
tor se inclinó dando las gracias. Comenzaba á. sentirse
obligado á esta admiradora; no pensaba ya en censurarla
porque había violado su consigna. De sus cartones, de
sus cajas, de sus armarios, sa~ó todos sus estudios, to•
dos sus esbozosi insaciable de los elogios que ella, sin fa.
tiga, continuaba prodigándole. Ella dijo visiblemente
embelesada:
-Esto es todo, señor? Dabéis tener todavía algo más.
Esto es tan hermoso, que desearía uno admirarlo siempre!. .... .
Al fin, dijo coa 1.1n tono grave:
-El deseo de contemplar todas estas hermosas obras,
Al salir de la iglesia se encontraron al pintor que venía á uníraeles. El admiró en un grave silencio la impo· no es la sola razón de mi visita.
Sus ojoe se inclinaron, se detuvo vacilante; pero dominente belleza del paisaje que se extendía á sus ojos: las
nando
su emoción, continuó con una sencillez altiva:
montañas de un hermoso negro, hundían su blse en el
-¿Por qué avergonzarme de confesará un hombre de
sombrío lago, sus cimas con sus blancas manchas de nieve se recortaban sobre el azul claro y comenzaban á ele- corazón una pobreza de que no debo ruborizarme? Soy
viuda, mis débiles recursos no ba3tan á mis necesidades.
varse vapores ligeros como flecos de pluma.
Y como no quiero aceptar nada de nadie en el mundo,
-Esto es admirablemente bello. murmuró el pintor.
ni socorro@, ni limosnas, he pensado en trabajar. Me han
Alguien cerca de ellos dijo:
-Sí, el tiempo es muy bello ahora, pero mañana, sin dicho que tengo muchae disposiciones para la pintura,
mis profesores afirmaban que yo podrfa, en caso necesaduda, tendremos bruma.
rio, utilizar mis débiles talentos. Es esta vuestra opi•
Lila exclarñó gozosa:
-Oh! papá! la bruma, que felicidad! Tú acabarás tu nión, sefior?
Los ojos bajos parecían retener las lágrimas, la boca de
estudio y nos iremos, no es verdad?
A pesar de todo el placer que sentía en aquellas excur - labios delgados, comprimía algún sollozo; el timbre mesiones, á. pesar del encant0 de Laue:anne, Lila permane· tálico de la voz sentaba bien á cada palabra de aquella
cía inquieta; su enemiga estaba ahí, como los ogros de súplica á. la vez humilde y fiera. Permanecía de pie,
los cqentoa de hadas,emboscada en el chalet de peraia• manteniendo en una mano temblorosa, un álbum de pequeñas dimensiones. Fernando Duvernoy empezaba á
nas cerradas, presta á devorar alguna presa.
L:i inquietud de la niña persistía, aun cuando nada vi• encontrarla tan seductora, qu€ se apoderaba de él cierto
niese á molestarla.
terror, y Jejoa de avanzar la mano para recibir el álbum,
retrocedió un paso. Después, con un tono~poco alentador,
-Qué dichal-repetia-])11.rtiremos muy pronto.
casi
dnro, el tono de un poltrón que siente venir el lpeCuando los tres paseantes volvían á la villa, la criada
ligro :
suiza fué á su encuentro con un aire un poco inquieto.
-La pintura, sefiora, en la época actual, respondió,
-La dama vestida de negro, del chalet ha venido á ver
es
una carrera poco lucrativa; tenemos un exceso tal de
al señor. Estaba muy fatigada y pidió permiso para enproducciones,
de todo género, que nuestros grandes maea•
trar al taller del señor; dijo que el señor le había enviatras mismos, tienen trabajo para colocar sus obras. Cier•
do su autorización por intermedio de la aefíorita Carlota.
Yo la dejé entrar, no osé rehusarme. Espero que el señor tamente yo no osaría aconsejaros que entráseia en esta
vía. Encontraréis, así me lo temo, muchas penalidades,
no estará deecontento.
pero
debéis tener una familia, amigos, que se apresuraCarlota arrojó un grito de alegría.
rán
á
ayudaros.
-Querido señor Duvernoy, cuan feliz soy!
Ella respondió con penoso esfuerzo:
Hace cerca de ocho dias que no la veo. Quiere el señor
-Los Meriadec son pobres y yo no quiero servirles de
permitirme que vaya á recibirla?
carga;
en cuanto á la familia de mi marido, en cuanto á
- No, dijo él secamente.
los Sres. Martín ...... .. .
No le agradaba qne entrasen á su taller en su ausencia.
Pasó una llama por sus ojos; era el resentimiento de
Además, le reprochaba á. esa extranjera que por tanto
alguna
humillan.te negativa ó la rebelión de una indoma•
tiempo hubiese diferido su visita.
ble fuerza.
'
-Es preciso correrla, dijo fnncamentle Lila, fruncien- ....... .. En cuanto á. los Sres. Martin, moriría de ham do sus lindas cejas. Es preciso ponerla á la puerta.
bre antes que dirigirme á ellos. En otro tiempo tenía
-Así lo haré, pero con las formas de costumbra, dijo
amigos, ahora ya no los tengo.
él sonriendo.
Después, con una voz firmei repitió:
Subió la escalera con paso lento; el de3eo que había te-No quiero aceptar nada de nadie en el mundo; ni
nido de conocer á esta mujer, se de3v mecía; vol vía á te• socorros, ni lim~sna.
ner desconfianza, y el epíteto d:'l aventurera encontrába•
Decididamente esa aventurera daba pruebas de una
11e rle nuevo sobre sus labios¡ pero apenas abrió la puerta,
impecable dignidad. El sintió por ella más respeto.
cuuudo sus disposiciones hostiles se modificaron sensi-Dieiponed de mí, sefiora, dijo con un tono resignablP.mente. Y de hecho, para un artista, el espectáculo do, estoy á"vuestras órdenes. Tomó el al bum y lo hojeó.
que se ofrecía á. sus ojos, superaba al de las aguas cam- Había acuarelas, después crayons, paisajes, estudios de
biantes del lago y á los esplendores de los picos nivosos. árbole3, flores y aun algunas figuras. Nada de eso lo desLa extranjera, ante el paisaje de bruma, parecía en éxta- lumbró: no esperaba tampoco deslumbrarse y disimuló
sis, medio tendida en un sillón, con la mirada :fija, tan sin mucha pena su falta de admiración, limitándose á
ab~orta por su admirHión, que no oyó la puerta girar cumplidos de una trivialidad cortés. Verdaderamente
sobro sus goznes. Eete homenaje mudo, tan sincero tan después de todos los elogios que ella acababa de prodiinopinado, halagó el amor propio del pintor, más y' me- garle, hubiera sido demasiado impolítico no adm irararse
jor que ningún cumplido pudiera hacerlo. Vió una mu- él á su vez.

DOMINGO g DE MAYO IIE 1897

=

-Muy lindo ciertamente, disposiciones felices, mucho
gusto, composición fácil, hermosos rasgos de lápiz .. ... .
Ella ie miraba con sus grandes ojos serios que dilataba la angustia.
-Oh sefior, la verdad, d~cidme la verdad, os lo suplico. Vale más para mí no alentar una quimérica espe•
ranza.
Entonces él cambió de tono, y devolviéndole el album:
-Lo que he dichoi señora, lo sostengo¡ tenéis diepoeisiones felices, pero os ha faltado trabajo, y ahora sin un
trabajo arduo, taimado, no se llega ... .... ..
-Entónces esas acuarelasi mi última esperanza, notie•
nen valor alguno, nadie las comprará?
El tuvo un movimiento de hombros que expre3aba Sll
pena y su impotencia. Encontraba rlemasiado duro repe •
tir una segunda vez la cruel opinión.
Vió á la Sra. Martín de3fallecer ante está decepción, le
pareció que su pálido rostro palidecía aún; pero ella no
profirió una queja y él tuvo gran piedad de esta emoció n
tan valientemente comprimida.
-Gran Diosi Señora, no tiene usted otros recursos?
Es posible que baya esperado 11sted .. .......
Ella sonrió vagamente, dolorosamente.
-No os inquieteis señor, respondió, tengo ciertamente otros recursos; ellos me bastarán.
El comprendió bien que le mentía. Mas sin dejarle
tiempo de protestar, ella continuó:
-Adios, dignaos escusar mi indiscreta vieita y perdona_d que os baya importunado.
No, no, cien veces no; él no consentiría en dejarla par•
tir así. ¿Qué valían algunos billetes de banco nús ó menos en su cartera? No había dado muchas veces dinero
á los artistas pobres que solicitaban su genero:,idad? Ja. más un infortunado le pareció más interesante. Hubiera
querido decirla: 11Pretendéis no tener amigos, y he aquí
uno que viene á vos, aceptad de él el dinero que os sea
necesario: él tendría un goce tan grande en pre.:;taros es•
te servicio!&gt;) Pero tales ·palabras morían en sus labios sin
que osase pronunciarlas. «Yo no quiero aceptar nada de
nadie, ni socorros, ni limoso~,)) hc1bía dicho ella. Este
derecho que ella rehusaba de una manera tan abiioluta á
sus parientes, ¿cómo se lo acordaria á un dt:Econocido?
Un ofrecimiento de este género, ¿no era acaso un insulto?
¡Es tan dificil dar limosna á aqudloa que rehusan tender
la mano!
En tanto que ella atravesaba el taller para retirarse, él
la seguía, presa de sentimientos complexos de pena, de
despecho y de timidez, balbuceando palabras sin conexión en que se confundían torpemente su ~mbarazo y
su buena voluntad. uEn verdad, señora, os a~eguro ..... .
estoy desolado ...... ciertamente las acuarelas ...... pero yo
no pido sino ...... yo sería feliz .... .. excelentes disposicia.
nea, sin embargo ...... muy lamentable, sí, muy lamentable ..... .
Después, con más firmeza:
-Es imposible que os vayais as1.
Ella murmuró en tono humilde y bajo.
-Os he comprendido perfectamente, señor; las dispo•
siciones más felices son inútiles sin una dirección acer•
tada. Nosotras teníamos en el colegio un profesor demasiado facil de contentar. ¡Ah! si yo hubiese recibido en•
tonces las lecciones de un maestro como vos, ahora
estaría salvada, en tanto que ...... No concluyó la frase.
El la interrumpió con un grito de triunfo. ¡ Lecciones!
Pardiez, sí, lecciones. ¡Cómo no había pensado en esol
i El podía darle leccioneal Es decir, retocar esas deplorabl~s acuarelas, y hacerlas vender en seguida por .sus
agentes.
En todo caso, á favor de esta estratagema, le haría.
aceptar algunas sumas de dinero. Este hermoso expediente le pareció que conciliaba todos los intereses y ponía en salvaguardia todas las susceptibilidades.
Ella volvió lentamente la cabeza. El permaneció un
instant.e sin hablari coutempláa.dola.
Cómo sus OJOS de artista hubieran pódido no admiraraquella incontestable oellei:al los cabdlos leonados ant.e
el reflejo dt:ll sol pouitmte, iluminándose de cobre y deoro¡ los grandes ojos irradiando fulgores profundos, la
vaga sonrisa, en fio, tenían ese encanto extraño que inquieta, atrae y fascina. Beltrana comenzaba desde aquella hora á ejercer sobre él el ascendiente de dominación
que una mujer de firme voluntad ejerce,rá siempre sobre
un hombre de corazón bueno, de imaginación viva y de
vol □ ntad debil.

DOMINGO g DE MAYO DE 1897

Con largas perífrasis.él le expuso su proyecto, excogiendo las palabras más corteses, suavizando sus expresiones¡ él hubiera querido hacerla creer que ella le obligaría aceptando sus lecciones. Temía qne ella rehusase,
rompiendo así todo lazo de unión entre ellos.
Ella escuchaba sin que emoción alguna de descontento
ó de alegría se revelase eu su ros~ro. Su respuesta fuá
breve, ningún arranque imprudente se dejaba percibir
en ella.
-Vuestra delicadeza} señor, me ofrece la sola limosna
que yo puedo aceptar.
Fué él quien prodigo las gracias con una gratitud cuyas cansas facilmente habría descifrado un psicólogo
-Pobre mujer! murmuró él cuando ella se hubo retirado, verda1eramente es muy interesante! Además, este
servicio de mi parte causará. tan.to placerá mi buena Carlota! Exelente Carlota. Bien le debo esto. Ha sido tan
abnegada!
Cuando la señora Ma~tin volvió ti su casa, una risa sardónica reemplazó en sus labios á la pálida sonrisa de resignación:
uTodoa son lo mismo-pemó ella¡ todos faciles de seducir por Jos mismos medios: halagar su vanidad, pedir
su protección.n
Se había puesto de codos en la ventana de su chalet,
más no era ni el hermoso y tranquilo espejo del lago con
sus barcas de velas blancss, ni las sombrías montañas de
Saboya lo que miraba. Lo que volvía á ver era una pá·
gina de su vida, cuando, sobre una playa bretona, se había dirigido á un anciano para obtener de él consejos y
lecciones. Después esos largos meses de invierno, durante los cuales se dirigía á su caea todoi los días; la pena
que había tenido en vencer sus timideces¡ las desconfianzas de aquel enamorado sexagenario, hasta llevarlo
por fin á solicitar temblando una mano que ella le tendía
desde hacía largo tiempo. Y esa era la misma escena representada esta vez con la habilidad que da la experiencia. Acababa de ganar Ja primera escaramuza más facil..nente de lo que había esperado.
Se pasó la mano por la frente.
11Sia embargo, no debo f1nn cantar el '.Itl Dewn, por
que la victoria definitiva será vivamente disputada. Ten·
go en el sitio una temible enemiga. A través de las reticencias de Carlota he comprendido perfectamente qnejla
niña me es hostil: ella defiende contra mí á su aya y defenderá á. su padre más aún.&gt;1
Ante ella, sobre la zona que bar.la el lago, pasaban en
esa hora del crepúsculo bandadas de paseantes, familias
enteras con hermosos nifi.os elegantemente vestidos.
Ella l6s seguía con los ojos.
«Yo no amo á. los niños, dijo con tono duro, á los niños
ricos, á los niños mimados. Yo jamás he sido mimada:»
Recgrdó su triste infancia en la pobre casa de Bretaña,
la envidia que le inspiraba s·1 pequeña amiga Valeria
Martío, á. quien sus padres amaban y chiqueban.
«Sin duda, pensaba ella, yo habría sido menos mala si
hubiese sido aroada.n
Un peco de vacilación pasó por sus ojos: libraría la lucha contra esa nif'ia? el fin valdría la pena? Pero recordó las confidencias de Carlota; el taller con sus bronces y sus mármoles preciosos amontónados en desorden}
la balumba de las grandes cajas llenas de maravillas adquiridas por el pintor en sus diferentes viajes. Sí, la partida valía la pena de ser jugada. No se trataba por cierto
de amor, el amor ne era para ella mas que un engaño in·
fernali una trampa donde el más débil, el más ingenioso
de los dosi se deja cojer. En esa trampa ella había caido
una vez y había sufrido hasta desear la muerte. No caería ya en adelante.
En tanto que así pensaba, había llegado la noche.
Ella permanecía de codos en su ventana, en un enauefto
profundo; no oyó ni la arena de las calles crujir bajo
nnos pasos rá.pidos, ni el tiwbre de la campanilla. s~
estremeció cuando la voz de Carlota le llegó de lejos¡
la alemana se dirigía á la criadai preguntando si la seilo-

ra Martín podía recibirla.
uAh! pensó Be!trana 1 una contra orden, sin duda, la
niña habrá vencido y van á partir.»
Pero no era de una contra orden de lo que se trataba,
muy al contrario, Carlota, jubilosa, llevaba áau querida
princesa el entusiasmo de su alegría.
-Os va á. dar lecciones! Os volverá una gran artista co·
mo él! Oh! querida amiga, cuán feliz soy! Cuán bueno es,

EL MUNDO

verdad? Y qué dulce recompensa para la aya por sus
cuidados y su abnegación! El me ha dicho: •Yo no puedo rehusar nada á una amiga de mi querida señorita Carlota!» Yo le pedí que me llam.ase Carlota el día que me
dió eu corazón.
-El día en que os dió su corazón! rep!icó la Sra. Martín, cuyas finas cejas se fruncieron . Os ha dado su corazón! Y por qué hacíais de eso un misterio?
Carlota enrojeció:
-Oh! Yo esperaba ......... yo pen~aba ...... Yo creía que
el Sr. Duvernoy estaría contento de mi discreción! y
además, era un placer tan grande tener un secreto con él
solo! Perdonadme!
-Entonces él quiere casarse con vos? Os lo ha dicho?
Será eso muy pronto?
-Muy pronto! Oh! no, querida amiga. Cómo había de
ser eso muy pronto? El gran patriarca Jacob no guardó
acaso durante catorce ailoa los rebaflos de Laban para
casarse con su querida Raquel? Cómo testificaría yo me•
nos paciencia, cuando no tengo menos amor? La recom•
penaa es demasiado bella para no ser esperada.
-Pero vos decía que os ha dado su corazón!. ....... .
Cuándn? ...... Cómo? ...... en qué términos? ........ .
Fué desdués de la enfermedad de Lila. Un corazón so berbio, tododeoro,enriquecido de turquesas y diamantes. Pero los diamantes y las terquesas nada significan, el
corazón lo es todo! El me ha dicho: uEs vuestro emble•
ma, sefiorita Carlota, vos sois un corazón de oro.n
La Sra. Martín disimuló con trabajo la irónica sonrisa
que plegaba sus labios.
Cuando Carlota hubo partido:
-Imbécili ex-clamó. Me ha dado miedo. Vamosi deci·
didamente intentaré la aventura. La niña me hacía vacilar, Carlota me deeide.
Y sintió una alegría malsana en derribar el fragit cas~
tillo de cartas de la imprudPnte Carlota; una alegría de
corazón helado, ura perfidia femenina, celos de ese ino·
ceute amor que amenazaba con elevarse tan alto.

x:xrv
Al día siguiente, al despertar, Lila arrojó un grito alegre. Una bruma ligera se extendiai á través &lt;le la cual
las montafias de Sabaya parecían como veladas de gasa.
Llegaba, por fin. el efecto tan vanamente esperado por el
pintor hacía tantos días.
-Oh! exclamó ella. qué felicidad! papá acabará su estudio y partiremos.
Se asombró de no ver á Carlota sentada, como de ordinario, al pie de su lecho, pero la alegria de la próxima
partida la volvía filósofa:
-Apuesto á que está en casa de la uprincesa negra,u sila
duda para decirle a.dios, puesto que vamos á partir. Oyó
rumores que partían del taller; su convicción se afirmó:
eran movimientos de cajas y golpea de martillo.
Están empacando-peneó~¡que felicidad!
Se levantó aolll, se vistió apresurad.amente, corrió llena de gozo al taller y se arrojó entre las piernas de su
padre, manifestándole ardientemente su alegría. El la
recibió con impaciencia, casi con cólera.
-¡Eres insoportable, déjame tranquilo, por poco me
haces caer!
Tenía entre Sus manos una soberbia á.nfora que acababa de salir de una caja y que llevaba con infinitas pre•
cauciones. D~scontenta y sorprend:da, ella retrocedió,
después miró en su derredor. No se trataba de empacar
sino de desempacar; las cajas no se cerraban, se abrían.
De sus flancos salían hermosos objetos, que la niñ.a, en
cualquier otro caso hubiera visto desaparecer con guato;
ante esos primores habría alegremente batido palmas;
pero pPrmanecía inmóvil, inquieta, no osando cuestionar, temiendo la reepneata, mirando con sus grandes ojos,
llenos de ese terror de las cosas de la vida que los nifíos
presienten y que no comprenden.
La víspera, despues de la partida de su visitante, el
sefior Duvernoy ee había percibido de que su taller, esa
gran coqueterla de los prntorea, se encontraba en el más
espantoso desorden. No se· había tomado el trabajo de
o"narlo para aquella instalación. temporal, limitándose á.
colocar ilU caballete, Bll caJa de colorea y algunas telas;
las estatuitas, los broncea, adquiridos recientemente, se
encontraban depositados en desordeP aquí y ahí. Desde
en la mañana había dicho á. la aya:
-Si queréis ayudarme, sefíorita Carlota¡ haremos esta

cámara más digna de la visita de vuestra amiga. Bastar
abrir mis cajas y sacar de ellas algunas telas y algunos
bibelota.
Alegremente, ella le prestó su concurso y estos preparativos eran los que Lila acababa de sorprender. Ella dijo con insistencia:
-Pero si hay bruma en el lago, papá.
-Sí, sí, respondió él, lo sé, ·pero eso no ti~ne ya la
misma importancia puesto que no partimos.
Herida en el corazón, ella repuso:
-No partimos, por qué, por qué?
Por que yo encontré ayer una discípula á quien he prometido lecciones: la princesa negra.
Oh! á la primera mirada en el taller había temido ella
esta respuesta. Sin embargo, hacía tantos diasque aguardaba aquella bruma que debía permitir la partida! Tantos días que al despertar corría á la ventana, irritándose
contra el sol radioso! Y he aquí que la bruma extendía
sobre el gran lago su manto de gasa, y cuando Lila corría
á llevar esta dichosa nueva, se le respondía distraidamente que aquello no tenía importancia por que no se
quería ya partir. Y era él, su padre, quien decía esas cosas lamentables! El sabía bien no obstante la pena que
le causaría.
No putiría ya! Y por qué odiosa razón? La princesa
negra, la maldita, la execrada; el ogro de los cuentos de
hadas! Su padre, su padre le daría lecciones ;.í. eea fiera,
sería todo de ella y no se acuparfa ya de su pequefia Lila!
La cólera de la nii'ía se mezclaba con el terror; hirió el
suelo con el pié exclamando:
-Yo te lo prohibo, yo no lo quiero!
Por la primera v~z él resistió á. e~a imperios1 voluntad,
y respondió:
-Lo quiero yo.
C«rlota á Felipe.

uExcelente Sr. Felipe, la ay~, fiel á su promesa, va !\
d8.r cuenta á su bienhechor de los acontecimientos que
pasan en esta casa, donde, gracias á su protección ha sido recibida para encontrar la pura afección que desearía
su corazón sensible. Cómo podría ella olvidar aquellos
hermosos acentos paternales? uV uestros sueños se reali •
zarán, señorita Carlota, contai conmigo. soy vuestro
aliado.&gt;, Magnánimas palabras que Carlota lleva cociQ.as
en u,n saquito azul sobre su corazón reconocido y que resonarán en sus oidos más melodiosamente que los con·
centos de los serafines que cantan ante el Señor.
et Vos sois bueno, sefiorJFclipe, pero os diría yo el temor de mi alma? ......... Oh! sí, pues que sois el confiden·
te de vuestra humilde amiga. Abora bien, temo que Lila no sea misericordiosa. Quiero pintaros la escena con•
movedora que ha tenido verificativo ayer. Ah! si vos hubiéseis l.'Ptado ahí, vos, á. quien ella. honra con un temor
tan tierno, habríais hecho entrn la benevolencia en su
corazón rebelado.
uYo no he hablado aún al Sr. Felipe de la noble amiga que la Providencia me ha hecho encontrar en este
camino de la vida, donde se halla, en medio de tantas
palomas blancas, tantos gavilanes de garra cruel, tantos
rapaces carnivoros, tantas :fieras de terrible rugido. Así
ha sucedido, eeñor Felipe, que esta noble hija de loa re•
yes de Armórica, se ha visto condenada por la ferocidad
de un esposo indign 1 de su mano y por su orgullo en no
condescender á humillantes limosnas, á ganar por el trabajo una modesta vida que los favores de la fortuna embellecían en otro tiempo; pero que parece mil veces
conmovedora en las pruebas de una pobreza soportada
con tanta magnanimidad.
1cEl generoso Sr. Duvernoy ha tenido á bien consentir
en dar á la desterrada preciosas lecciones para aumentar aún su talento en el arte tan hermo@o de la pintura
al aceite. Ayer el hermoso taller se adornaba bajo la dirección del gran arfü,ta. ¡Oh, qué hermoso ea ese tallert
los magníficos mármoles que el Sr. Duvernoy ha adquirido de los grandel3 estatuarios de Italia, salieron de sus
envolturas, felices de instalarse sobre las consolas para
festejar á la visitante. Las ánfóras, loa vasos precioso.::,,
se colmaron de flores de colores variados. La pobre Carlota quiso llevar un hermoso cojín de perlas que recibió.
de Bavierai donde Vergi88mein nicht ee extendían sobreun fondo blanco de seda preciosa.
11Lila, sólo, tengo el dolor de decirlo, contemplaba estos preparativos con ojos entristecidos. Sentada en un

�EL MUNDO

rincón, hurafia Rehusó ayudar á su aya en el trabajo
delicado de poner las flores en los vasos.
No respondió á su querido papá, cuando él la llamó á
su lado y aún hirió el suelo con el pie, encolerizada; osaría yo repetirá su padrino sus propias palabras? Ella di·
jo: 1&lt;No quiero :n Pdro su padre, en su bondad enérgica y
segura, n,apondió con fiereza: 1,Yo lo quiero.»
Cuando la priacesa desterrada apareció, semejante á
una reina, cuando el 3eflor Duvernoy avanzó para ofrecerle la m·aoo, cuando la hubo instalado ante su propio ca•
bailete, ese caballete en que él compone sus obras maestras, que harán para siempre la aJmiración de ·1a posteridad, en tanto que el aya se apresuraba á depositar sobrd el sillón el espléndido cojin ornado por la flor delrecuerdo, he aquí que en el silencio retembló de pronto
un gran sollozo.
uA.hl señor Felipe, que puñalada recibíó Carlota en su
corazón sensible, viendo llorar á la bien amada Lila.
11Corrl á ella con los brazos abierOOs, ella huyó recba•
zándome. Yo la busqué vanamente en el jardin; por fin
pensé en visitar su cuarto. La pobre Lila, tendida en
tierra lloraba muy fuerte. Sd esforzó en escapáraeme,
pero yo la había asido. uQué tenéis Lllaquerida?,1 Ella no
quería responderme; poco á poco llegué á calmarla, pero
rehusó irá. presentar sus excusas á la visita. ¿Por qué la
habéis traído? decía. Bien sabéiB que no la amo. Kh pre•
ciao que parta. uNo quiero que esté aquf.n
11[i'ué en vano que yo me esforzara en hacerla ruborizarse de la dureza de su corazón. Ella Bacudia la cabeza
con una obstinación muy culpable. Viéndola más tranquila, la dejé para volver al taller, ilabiéndomelo ordenado así el señor Duvernoy.
(&lt;Oh generoso señor Felipe, Lay en la vida horas bellas
y preciosas! Cuando le ea dado al alma contemplar la
magnanimidad, y este es el bello espectáculo que se
ofrece á los ojos de la pobrecilla aya. La infortunada
víctima de la injusticia 1 había enjugado loB pinceles y
dejado el caballete y se mantenía de pie en la actitud dé
Ia:grandeza.
uNo, decía, no quiero hacer llorará vuestra hija; id
((pronto á. consolarla y decidle que no volveré máa)) Pero

él, como conviene á los corazones generosoB, se obstinaba: uEstas lecciones os son necesarias, no debéis hacer
caso alguno de un capricho de niño.)1-uYo no quiero
que vuestra hija llore, repetía ella mirándole dulcemente, Era ese un noble combate de grandes almas, y las lágrimas de ternura mojaban mia pupilas· al considerarlo.
«Fué entonces cuando la humilde aya se permitió elevar la voz. Lo que ella no osó hacer por sí misma lo hizo por la tranquilidad de su hija de adopción. Osó pedir
al gran artista que diese sus leccione·s en la morada de
su amiga, pues que la generosidad le haría salir de su
taller. El señor Duvernoy quedó muy contento de mi
idea, porque me tomó la mano diciéndome: ccVerdaderamente sois una excelente persona, señorita Carlota.u
n¡Oh! ¡qué dulces palabras! Y cuán orgullosa se sentía
Carlota por haber merecido ee0 elogio. Peri) la hija de
los reyes1 ¡qué altiva! 11Yo no aceptaré eso jamás 1 ), decía.
El señor Duvernoy unía sus súplicas á las de Carlota.
Por fin la noble armoricana cedió 1 vencida. Vi una lágrima de reconocimiento brillar en suB ojos. Quedó convenido que el seflor iría diariamente á. darle una lección
durante las horas de paseo que yo doy con la bien amada Lila.
&lt;(A.caso censuréis vos mi debilidad, señor Felipe 1 pero
yo jamás he castigado aun á la queridá niña, y sería demasiado duro comenzará propósito de una amiga mía!
¡Oh, señor Felipe, cuán dulce es amar. Pero también
qué suplicio afligirá aquellos á quienes se ama!
nYo creo que el señor Duvernoy está contento de que
las cosas se hayan arreglado de esta manera, porque me
ha testificado que mi pequefia combinación le agradaba.))
uPues que el Sr. Felipe ha tenido á bien permitir á
Cadota que le abra su corazón, me excusará que le diga
que espero haber probado hoy al Sr. Duvernoy que su
humilde amiga sabe mostrarse util y segura, y que así
me he elevado en la escala de su afección. JamáB al ha•
blarme ha tenido un aire mis satisfecho, ni aun cuando
me dió su hermoso corazón de oro. Siento, estoy segura,
que he hecho un feliz progreso en el camino que me conducirá á la felicidad.

DOMINGO • DE MAYO DE ,ls,7

11SupHco al Sr. Felipe crea siempre en el eterno reconocimiento de su devota
c&lt;CARLOTA.n
IA1.a á Felipe.
uPadrino Felipe, padrino Felipe, soy muy desgraciada,
soy muy desgraciada, más desgraciada que todos. No te
he dicho que la princesa negra quería quitarme á mi
buena Carlota; si tú supieras, padrino Felipe, cuanto trabajo me ha costado impedirlo! Yo tomaba mi lección
todas las mañanas, aun cuando casi no tenia deseos de
ello. ¡Tú lo sabes, jamás tiene Uü.O deseos de tomar eus
lecciones! Y después, á la siesta, 1bamos de paseo, pero
ea igual, yo no estaba muy tranquila y tarde ee me hacía volverá Pontarlier.n
nY bien, adivinarás lo que ha hecho ella? Ha venido
al taller de papá y le ha pedido lecciones de pintura. Ell a
quería, ya comprenderás, venir todos los d1as; entonces
me habría robado á mi papá y también á mi buena Carlo ta, y yo no habría tenido ya nadie que m&lt;d amase pucetu
que tu no eetás aquí."
Tú no sabes cómo papá me regafió injustamente; no
era sin embargo una necedad decirle que había bruma
en el lago. Ya no me quieren como antes, y eB la princesa negra quien lo impide¡ yo he leído eso en un cuento.i1
(iHabía una vez una nifiita cuya mamá b.abía muerto
y á quien una hada malvada atormentaba . .En primer
lugar no es del todo una princtsa por que no t'f! negra.
Se quitó el sombrero; vi sus cabellos, son rojos, son muy
feos los cabellos rojoe.u
«Y bien! papá sostiene que son de HUn matiz soberbio,
muy rnrc, 1 como del cobre en fusión.),
uOhl Pairino Felipe, yo no se ya ahora cuando volveremos á la casa de mi pobre mamá.
uPapá me ha prometido que la mujer roja no vol vería.
ya á su taller, pero yo insisto eu partir y quién sabe por·
qué él no quiere . .A.demás, veo bien que está deBcon1ento
de mi.
((Padrino Felipe, yo soy muy desgr:rniada.
u7'u pequeiia Lila que pie-,UJa mucho en tí.))
P. S. Has visto ya los osos blancos? Si pudieras traerme uno pequefiito, yo lo mantendría, y cuando fuese gran·
de, le haría devorar á la mujer roja.
uYa té su nombre, se llama Beltrana; no es lindo ese
nombre como el de Lila, verdad? pueB bien, papá pre·
tende que es un bellísimo nombre, de un sonido guerrerrero. Admira todo en ella y Carlota también.

~DOMINGO 9 de MAYO de 0897

ELMUNDO

LA MODA.
Conocéis una joven tan encantadora c·1anto veleidoea?
~tan linda como exigente y tan dulce y seductora, que
-atrae y subyuga á. todos cuantos la mirán? ......... pues
-esa joven hechicera, esa engañadora sirena es la Moda.
hija .única de un matrimonio extraño contraído entre el
Buentono Y. la Locura; sacó del primero Ja gent,ileza y
la arrogancia, y de la madre, la gracia y veleidad; á. su
prea~ncia lC?B co~zones jóvenes se sienten atraídos por
u_na mvenc1b~~ simpatía, y el padre de. familia, por rÚB·
hco que sea, tiene que ceder ante la mcógnita deidad,
viendo á sus tiernas hijas embellecidas por los encantos
que ella derrama á manos llenas. Así, puee, no extraña·
rán nuestras queridas lectoraB que consagremos un es•
pacio mayor en nuestras columnas á. tan gracioaa co•
,quetuela.

Figuras I y .a. -Trajes de recepción y de paseo.

l~-Chaqueta estrecha de encaje grueso, adornada únieamente por dos solapas de piel de seda azul. Las mangas muy ajustadas están adornadas por cuatro bucles de
la misma tela, con encaje y b&lt;;tones de concha. Este mismo adorno ae ejecuta en el borde inferior de la chaqueta
y mangas. La falds plegada en pliegues gruesos, va adornada con doB tiras del miamo encaje en forma de quillas.
Z?-Este traje lleva un cuerpo blusa oon grandes hombreras y abrochado en el lado izquierdo con gruesos botones de cuerno. Falda y mangas de fular Pompadour.
-Sombrero de paja, color crema, con penacho de plumas
blancas y cintas Pompadour.
Figurillls 3 y 4.-JJ o s trajes de paseo .

1?- Vestido de seda azul claro. La falda va adornada
-con ocho cintas de terciopelo azul muy obscuro, de un
centímetro de ancho, y dispuestas en semicírculos hasta
Hegar al borde de la enagua. Talle-b~usa cubierto con
muselina de seda crema, adornada con terciopelo azul y
-encajes crema, espalda lisa, manga con bullón muy alto 1
adornada con cinta y encaje en el borde.
2?-Este traje es de alpaca color vert estilo sastre, muy
propio para el verano; va adornado con trencilla color
mordoré y botones de fantasía. Mangas de pernil con
plisé en el borde; cuello vuelto de falla.
Figuras

s y 6.-Trajes de

Visita y rec epcl9n.

1?.-Este elegante traje se compone de un cuerpo de
muselina de seda acordeón, terminando en punta. Coselete y mangas de encaje guipure. Grao cuello de seda á
-rayas diagonales y cuello recto adornado con un finieimo encaje. La falda del mismo listado diagonal.
Sombrero negro, con flores de seda color de oro, agrupadas á un lado,
2?-Vestido primavera de bengalina glacé, enteramenliso, cruza al abrocharse sobre el lado derecho y se abre
-en el talle, encima de un cuerpo de muselina de seda,
adornándolo con cocas de listón broché, lo mismo que el
-cuello. Cinturón de encaje. Manga muy abullonada y
fruncida.

Fernando á Felipe.

______,,,

...._
Figuras

1

y

2.

-=-=-··

-Trajes de recepción y de paseo.

ACU AREL.A.

((Mi querido amigo.
Ka tengais cuidado por la Balad de la enfermita. Va
bien, gracias á Dios. Sólo que, ei su[ealud es buemi, su
caracter deja mucbo que desear; está muy chiqueada y
sus pretensiones al despotismo no tienen límite.
11Hé aquí un ejemplo:
"Tiene la idea fija de volverá Pontarlier y yo la tengo
también por cierto. Mi permanencia en Lausanne no es
máB que provisional; mas creo ser el amo y fijar eegúu
mi conveniencia el momento de la partida . .A.hora bien,
diariamente hay pequeñas escenas á propósito de Ja 4:terna pregunta: ¿cuándo partimos? ¿cuándo partimo~? Después ojos llenos de lágrimas y flatos ante mi respuesta
de que no quiero partir aún.
((Oh! sí, Ja he mimado mucho y ya eB tiempo de darle
algunas lecciones más exactas de la autoridad paterna y
de la sumisión filial. Vuestra presencia me eería muy
util para ensef'i.ar á esa niña caprichosa, que los padrt'~
no deben obediencia á loa hijos.
uAcaso me deje llevar un poco de la cólera; pero á la
larga es difícil no resentir alguna irritación.
&lt;(Nada más tengo que deciroB de nosotroe. Tengo en
venta algunos cuadros que encuentran buenos. Este pa;s
me:proporciona excelentes estudios y no tengo gran pris(en irme á enterrará Pontarlier.
((Se me hace tard-a recibir no~icias vuestras, mi querido
Felipe, y sobre todo veroa volver de esa expedición de•
masiado larga para lo que desearía vuestro hermano

Rirrí! Rirrct gritaba la pobre viejecita, que no se atrevía á dar un paso por
temor de tropezar en un trebejo é ir á limpiar el suelo con su cuerpecillo amojamado: Paro Rirrí no contestaba, y la abuelita empezaba á amostazarse con
la desatención de la chiquilla. ¿Dónde diablos estarla Rirrí?
La casucha en que vivía Rirrí era un O:do de urraca, donde pudiera ha•
llarse desde la celada de Don Quijote, hasta el gorro encascabelado de Polichinela 6 la camisa astrosa de Pasquino.
Rirrí era la perla, ella la ruda concha que la guardaba. Los quince afias
habían deshojado todas las flores de sus primaveras en aquella carita fresca,
olorosa y risueña. De su seno, hecho para Eervir al .A.mor de cabezal, surgían
redondeces tímidas y palpitantes, que obligaban á. pegar en ellas las miradas.
Era como una corderilla de las que en otro tiempo ae apacentaban en las repuestas praderas de Engadí; flor hermosísima, digna de ornar la frente de una
reina, zagaleja peregrina merecedora de aquellas estrofas voluptuosas y ardientes que preludió en su arpa el apasionado autor del Cantar de los cantares.
Brillaba en sus ojos la llama celestial del pudor, en su boca palpitaban los berns, ganósos de desplegar las alas y enloquecer almas, y en su espiritu espumaban la malicia amable de la mujer y la candidez angélica de la nifta, fundiéndose ambas en marid .. je cariñoso. Aurora, cuando asoma su rostro luminoso en el Oriente, no es ni más adorable ni más bella.
Rirrí prdeaaba amor ardiente á las flores, tanto, que muchas vece3 ibi al
jardincillo que en~lanaban sus gentiles hermanas, y a1lí ee eelaba horas ente•
ras mirándolas, ohéndob?s, besándolas, acariciándolas como si fueten criatura:!
humana@. Aquella mañana Rirrí cazaba mariposas, acompañada de Andresi~
llo, un buen muchacho, tímido, esquivo y melancólico, que la quería mucho
Sudorosa, jadeante, rojas laB mejillas, en desorden los sedosos cabellos, medio.
abierta la boca, donde se asomaban unos dientitos :finos y blancos, y desabro•
chado el corpiñ.01 Rirrí se detuvo unos momentos para tomar aliento y saltar
un arroyo. Andresillo la contemplaba con extraña insistencia desde el opuesto lado. Estaba hermosísima Rirrí!
Ella inclinó el cuerpo hacia adeln.nte y algo potente, eléc~rico, enloquecedor y grandioso sintió su compaii.ero, porque el vértigo le empujó, fuese á
donde ella, la apretó en fuerte nudo entre sus brazos y lueg,&gt; estampó en aquella boca, nido de fragancias y armonía@, un par de besos, ruidosos, sonoros,
largos y quemantes, que hicieron estremecerá las flores de celos y de envidia.
Y mientras la abuelita se desgañitaba gritando: Rirrí! Rirrí!, ella decía
sonriendo á Andresillo: Mañana te eapero para que cacemos mariposas!. .....
PEDRO

Mo~"Txs1xos.

i;Duvcrnoy."
Continuará.

Los ojos del espíritu, como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver
más allá de cit::rto límite.-AljmUJo Ka,-r.
.Fig.ur.as 3 y 4.-Dos trajes de paseo.

Cuando uno se queja de la vida, es, casi siempre, porque se le ha pedido
lo imposible. -Ei-nesto Rentui.

�EL MUNDO

DOIIINGO g DE MAJO DE 1897

IDILIO ETERNO
CONSEJOS

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta¡
La lu.ua, a\'e d~ luz, prepara el vuelo,
Y en t:l mouitmt.o t:n que la faz levanta,
Da un beso al war y~ remonta al cielo.
Y aquel mónstruo indomable que respira
Tempestades y sube y baja 7 crece,
Al sentir aquel ósculo, suspira ........ .
Y en su cárcel de rocas ...... se estremece!

-Es muy malo para la salud tomar el relente ó eereno,
ó recibir la humedad que cae de noche, como 1-ambien el
frecuentar después de anochecido, los bosques, jardines,
alamedas ó paseos mnypobladosde árboles ó de plantas;
pues habéis de saber que las plantas y lae flores durante
el día embalsaman y purifican el aire, pero luego que el
sol ee pone, despiden un vapor ó gas que corrompe el ai •
re, dando dol()r de cabeza, y á veces basta desmayos, á.
quien lo respira .

,/!}/·,'
,

~-

/·•·

.Hace siglos de siglos que de lejos
Tiemblan. de amor en noches estivales:
EUa le da sus límpidos reflejos
Et le ofrece sus perlas y corale;!

nica biciclet.11 qui
tiene esta ventaj1

e, la

Y el mar la arrulla con 3u eterno grito'
Y le cuenta su afán y su amargura
'
Con una voz que truena en lo infinito!

t,ienen más refor
mas modernas y ex
elusivas qne ningu
nas ot.ras.
Pídanse catálagOI
y pormenores,
Trachsel y Cia.
Unicoe A.a-@ntAi:1 ps
ra la RepO.blica.

~'L!i

&amp;Jb"

A.partado 349 Calle flp, fiantP nllm

En un ...
Aguacero

Y ella exclama en su loco desvarío:
uPor doquiera la mnerte me circunda!
Detenerme no puedo, mónstruo mío!
Compadece á tu pobre moribunda!. .....
Mi li.ltimo beso de pasión te envío·

Mi casto briBo á tu semblante junto!;; ..... .
Y en las hondas tinieblas del vacío
Hecha cadáver se desploma al punto!

Y al contemplar los lum111,osos rastros
De la alba luna en el oscur-0 velo
Tiemblan de amor los soñoliento~ astros
En la profunda soledad del cielo!

EFLORESCENCIAS
1\0.JECEB

&amp;

.

~ el ot,\I•

,ncx,r,.

-----

CABELLO

~herry Pcctoral-apnrece en la envoltm·a
• ie realce 1!11 el crist,11 n~ ciula frasco.

EN EL CONFESIONARIO

SALES AMERICANAS

Cerca al confeeionario
La ví llorosa en las desiertas gradas
Del templo solitario,
Las manos engarzadas
En el coral y el nácar del rosario.
Llena de virginal melancolía 1
De devoción y de ternura t&gt;jemplo,
De en plegaria el murmurar se oía,
Yuna estátua de mitrwol parecía
Llevada allí para adorrar el templo.
Símbolo de la cándida inccencia,
Con sus culpas á solas bata Haba,
Y del embHme altar en la presencia
La pudorosa fre11te reclinaba
Temblando ante la voz de su conciencia.
Su corszóri contrito
Con inquietud latía:
Tal vez del ángel el mayor delito
Era llorar en éxtasis bendito
Por cosas que ignoraba todavía.
Del incienso la nube fugitiva
A intervalos velaba su belleza,
Y del sol una ráfaga cautiva
En la calada ogiva
Iluminaba su gentil cabeza.
¡Ay! calma ya tu corazón contrito:
Que un ángel como tú, de fé modelo,
Está. de Dios bendito
Si antes de confesarse su delito
Sus culpas llora y le ilumina el cielo.
A.. F. GruLo.

NUEVAS SALES COLORADAS
Perfume vivificante, excelente contra las
fatigas y dolores de cabeza.
Perfuma y purifica las habitaciones.

~ ~

EUCALIPTO, FLOR deALBERCH/CO, YERBA SECA. HELIO[ROPD, IRIS, JAZMIN, LAVANDA, LIU,
010:t'GS BOIJ(JIJET,
V/Ol..ETA,IIENTA, MIISGO,NEW MOWN HA Y, CLAVEL, PIEL deESnNA, PINK,ROSA,REAl.. PEACH,VERVENA.

■nvu• g

tOGo •• 1111• 10 :,oncn• cuGCl•rnlllo:,

a. e¡eplicaclones v el /;¡olelln qu• eana mensualmente.

..

_J "'
"

&lt;( -o"e
·¡;

Figuras 5 y 6.-Trajes de visita y recepción.

CLUB ATl.,ETICO DE TAM:PICO.

Dada la importancia que día á d~a adquiere el puerto de Ta1,I1picoi no es de extrañarse que una institución que como el {(Club Atlético,» requiere grandes centros de po•
blaci6n, baya podido desarrollarse y prosper.ar, en medio de un pueblo corto, es cier·
to, pero cuya mayoría de habitantes goza de cierto bienestar.
El elemento principal con que ha contado para su prosperidad y desarrollo el
Club de Tampico, ha sido las colonias extranjeras, muy numerosas y ricas en aquel
puerto del Golfo, así como el empeflo y entusiasmo cen que ha trabajado el presiden•
te del mismo, Sr. Griffith,:cónsul de S. M. Británica.
Cuenta la Sociedad con un amplio edificio, en el que tiene instalados salones de
gimnasio, esgrima, box y un baño de regadera para el uso de sus miembros. El aepecto que de noche presenta, es muy animado y original, entregados la mayor parte
de los concurrentes á diversos ejercicios atléticos y al mismotiempo parecefiquello una
torre de Babel, pues se escuchan animadas convereaciones en inglés, francés1 alemán
y espafiol. Esta variedad de lenguas da al Club cierto caracter de cosmopolitismo quelo hace más agradable.
·
La sala de esgrima está á cargó del profesor francés Sr. Des-Easarts, quien Iestá
sacando discípulos muy aventajad.os. Nuestro grabado representa un grupo de socios,
teniendo por fondo una de las cabeceras de la sala de esgrima¡ ésta se halla decorada ad hoc con trofeos de armas y los escudos de las naciones cuyos hijos forman la
sociedad.
El lunes último tuvo verificativo el primer asalto p1tblico que constituyó una fi"
ta mu~ agrada~le. El señ.or Des•Essart9 presentó un grup¿ de sus discfpulgs 1.1,, -1
aventa1adosi quienes por sorteo iu.eron .saliendo.al combate siendo el último venceo, (
el S~. Ollerhead, Y. su inmediato champion_ el Sr. Bourdolin'. Ambos fueron f.remiador-~
el primero con un Juego completo de esgrima y el segundo con un puña . Alguno"'
B;Saltos posteriores de sab~e y espada, entre el profesor Des·Essarts y el Sr. Carlos _Ma·
t~enzo, y un asalto de ~ugllato entre los señores WillsonyBarr,'dieronmayorannna·
c1ón á la fiesta que termmó con un espléndido baile con que fueron obsequiadas las se·
iloras de Tampico. En la actualidad es el Club el centro de reunión de las famílias]másdistinguidas de aquel puerto.
,
0

El Club Atlético de Tamplco.-Grupo de socios.

O
•

ED.PINAUD

17"' Pó11~11s&lt;' en ¡?n:nclla. contrn las imita.!i lne-s 1,arn1:1s. El nombre le- Ayer's

•

CA.B, LENTEJAS, TEZ ASO
SARPULLIDOS. TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES

PARIS - 37, Bou]d de Strasbourg - PARIS

l'Iedal.las de Oro en las Pi incipales
Exposiciones Universales.

LA fKATEKIIAL

pura 6 mezclada oon agua, diai

UNICA PREPAR.mm,
PAR.A RESTABLECER, VIGORIZAR Y HERllOSEAR El. CABELLO.
BIPIUE LA PRf.~IKfl"R.~ CfülA IJEI, PEI.O.
EVIH LAS t:.~'i;.tS Y l.lMPIA U CADEZA.
PREf'E"RlllLE A ron.~ PR•:PAIUt:lON lJE Qt:JXA
DE ll[NTA EN TODlS LAS DRDGUErllAS YPERFUMERIAS

!lr.J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., ::. U. A.

FLORES.

~

-

LA.IT Al'ITÉPBÉLIQU&amp; -

PREl'AlllOO POR El OR.T ORREL DE PARIS

PREPARADO POR

Todo calla ...... el mar duerme y no importuna
Con sus gritos salvaJes de reproche
Y sueña que se besa con la luna '
En el tá.lamo negro de la noche!

CAMPO.AMOR.

'O'NIVE!SAL DEL

Pectoral
de
Cereza
del Dr. Ayer.

Entonce el mar de un polo al otro polo,
Al encrespar sus ondas plañideras
Inmenso, triste, desvalido y solo, '
Cubre con sus sollozos las riberas!

Te adviertoi ángel caído,
que ya has perdido en la opinión las alas,
y que el olor de santidad que exhalas
ya sólo lo percibe tu marido.

RESTAURADOR

el hombre se ca1ó hasta los huesos.
Y esta mojadura le clió un resfriado.
Descuidado éste se le presentó la
tos. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomHr una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese atajado el
resfriado, impedido la subsiguiente
enfermedad y padE':cimietJto, y economizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, to~es, mal de gar.
ganta y todas las afecciones pulmo.
nales es el

Un inst,ante!. .. mitiga mi amargura
Ya que entu lumbre sideral me bañas·
No te alejes!. ..... No ves tu imágen pu;a
Brillar en el azul de mis entrafíai:,?»

J LLIO

-

VICTOR V VICTORII

Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio el' que su luz desploma
Y veJando la faz tras de la nube
'
Le oculta el duelo que á su frente asoma.

•

y OKOB.-\MA. El mar, á BUS pies, yace gi.
miente é indefinido.
Hasta la aren'laa ribera se extiende la te.
rraza del viejo palacio. Sus balaustres de venerable cedro matizan con nota bruna el
fondo blanco. La villa, muy abajo, duerme
sombría y solemne. Solo l)alpitan, melancó•
licos, errabundos farolillos¡ algunos retardados concurrentes de las casas de té regresan.
do á sus moradas.
Bicorne, sangrienta, de frágil apariencia,
}a luna eedeslizacercadelhorizonte, haciendo pensar en una avecilla herida que se debate en los poi:,treros espasmo@ ..... .
HObitzílú, fantasista vigoroso, 11poyado en
la baraada contempla el mar gimiente é in•
definido.
Loe bajeles titnhfan sobre las ondas re•
volt.osas, cambiantes, sanguinolentas ..... .
De sui:, bandas fluye la luz rlesanimada,
medrosa, sobrenadante. Las bocinasenvfan
imperativas, órdenes de .o ando. El cordaj~
t€mblorea escalado por enormes ineectoe: los
silenciosos marineros.
Las aves marinas pardnzcas, chilladoras,
vuelan hacia lo alto en dirrcción de las gri•
ses nubes.
Paisaje inst-a ble. Llreve cadencioeamente,
y el tisú metálico, radioso, parece encerrar
el cuadro en un Vaf!to fanal de vidrio ..... .
Bóhitzoú deja eecapar de su pipa algodonsdas e11pirales de humo ascendente@, em•
brumadoras ..... .
En tanto que piensai amateur furineo de
su art~, en una acuarela de ejecución ~mpresiollista, rasgos geniales y húmedas brillan•
teces, donde se vean una luna sangrienta,
un mar pluvioso y buques que tit.ubean sobre las ondas revoltosui cambiantes y ean•
guinolentas ...... l
JosÉ Axroxro RO)fAX.

tA. DE¿

VICTORIA, h

más cómoda, her
moea y fuerte.
Las bicicletas

Ella lo aduerme con su lumbre pura

Y al descender tras de la sierra fría,
Le grita el mar: ((¡en tu fulgor me abrssol
No desciéndaa tan pronto, estrella mia!
¡Estrella de mi amor ... detén el paso!.. ....

~.::::::!;if=..=1'"= ="t=.-=l'&lt;z=.~

Fij•een enla SILLA
IJE VOLTEO, la ú

Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amantes afligidos·
.h..llr¡, le dice: "¡te amo!' 1 en su; fulgores,
Y el responde: "¡te adoro!" en sus rugidos.

Camprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su profundo een~,
Y se contempla en el cristal movible
Del mónstruo azul en que retumba el trueno.

-Nunca os laveis las manos, y mucho menos J,t. cara, tito esperad á comer después del balio: entonces come•
.
con agua caliente ó tibia, aunque este helaodo. Si no Re· réi; más á gusto, y os hará más provecho.
-Los artfonlos de despensa deben comprarse, s1 es poguíe este precepto, tendréis muchu más frio después de
haberos lavado con el agua tibia ó calen lada, ee os mar· sible1 en épocas determidadaJ del afio, que generalmente
son tas de la cosecha res~i va. Entónces abunda más
chítará y arru¡ará el cuti@.
el anículo y, por consiguiente, está más barato; en\oD-Los bafl.os de limpieza no han de 'Pasa: de un cuarto ces eetá. más fresco y, por consiguiente, es máe fácil sn
de hora, y el cuerpo ha de en&lt;:ontrarse á gusto en ellos?
es decir, que el agua no de':&gt;e mcomodar por su calor m conservación.
por su frialdad.
-Es muy malo comer dentro del baño. Si sentís ape~
NOCTURNA

z
(t &gt;
w ".
~(t

u&gt;,
111

-o

-o

111

o

CROQUIIS

::s

tlO
11
IJ)

La nC'che se va. F,l perfil
De la áspera serranía

Asoma tras la imti 1
üasa d~ la ni~bla fría.

11

,:,

l.J..

El céfiro, notlls mil
Ttae de la arboleda umbría
Do el eoro alado y gentil
P1eludia una sinfuoía.

111
IC

111

a.

-

&lt;(
.J
el:,

E
o
C)

1

•111:ie"40 enb v.1n¡1&gt;,n,q el s1&gt;l1&gt;1u•a 'p»peµv11 v¡ .aod
OJ:IU•ledlllo:i ueuen ou sv~119d sug

o
u

....

,e

:li

Y mientras el rutilante
Sol asciende y reverbera
Rasgando el diáfano tul,
Va mi alma. delirante
Cabalgando en la Quimera
Por el ancho cielo azul!
ESTÉBAN FLORE-'.

Mayo de 1897.

�RAFAEL SALCIDO
§)mportaaor ae muebles americanos
,;.&lt;r;"'e?~-J..

ULTIMAS

NOVEDADES·

COt.STANTI\S UIPOll'l'ACION l S
EL MAS GRANDE Y COMPLETO SURTIDO DE

Muebles de lujo en la Capital,
E~TILO~ FUANCE~ Y

AM.ER1CANO.

AJUARES
DE RATTAN (O lllMBRK)

Ajuo.reiei para salones.

Y

guegos completos

tc.daoln.se de

Muebles

PARA COMEDOR,

PARA OFICINAS
Y BANCOS.

RECAMARAS,
LIBRERlAS,

GrtLnde y variad•• tinrtido 4e

Sillas de fantasía

ESCRITORIOS,

PROPIAS

Mesas-escritorios

PARA OISEQUIOS.

Carruajes para niño

LIBREROS.

G los negociantes en muebles, precios especiales
INVITAllO~ A VISITAR LOS ALMACENES.
PRIMERA CALLE DE SAN FRANCISCO NUMERO 13.
llAJ08 DEL UO'l'EL GUARDIOLA.

~Teléfono número 562.-MEXICO.-A¡iartado correo número 56.!:f---

¿Qué le airé ..... 7
(Dibujo de Jo11é M.. Vlllasana.J

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92375">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92377">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92378">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92379">
              <text>19</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92380">
              <text>Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92381">
              <text>9</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92398">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92376">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 19, Mayo 9</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92382">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92383">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92384">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92385">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92386">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92387">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92388">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92389">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92390">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92391">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92392">
                <text>1897-05-09</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92393">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92394">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92395">
                <text>2017478</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92396">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92397">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92399">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92400">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92401">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1019">
        <name>Carestía de la vida</name>
      </tag>
      <tag tagId="1020">
        <name>Concurso de bicicletas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1022">
        <name>Damas distinguidas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1024">
        <name>El cuento de Creta</name>
      </tag>
      <tag tagId="1025">
        <name>El hombre de oro</name>
      </tag>
      <tag tagId="1023">
        <name>Feria agrícola en Coyoacán</name>
      </tag>
      <tag tagId="1021">
        <name>Oro y negro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3541" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2183">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3541/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._18._Mayo_1..pdf</src>
        <authentication>888272007501d010a9579de2883f5cd3</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117363">
                    <text>EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�EL MUNDO

286

DOMINGO 2 de MAYO de 18!i111

públicas latino-a.mericanaa. Para exportar en proporción ex~ste entre la realidad y el ensueno, olvida por un ina ..
de lo que el pequeño E::1tado de Costa Rica envía al ex- tante su papel apocalfptico, y deja caer sobre la concien-terior, necesitaríamos que nuestras remesas representa· cia. asombrada de su público, declaracionesque:resuenani
ran una cuntidad.igual á 559 mülones de pesos, en núme- como barretazos en el pedestal del ídolo que reveren•
MÉXICO
ros redondos. Para compararnos cou la Argentina, Slt cian.-Así aconteció con el difunto Afonitor Republicano,
Toda la correspondencia que se relacione con la Re-- millones, y para rivaliza~ con Chile, 299 rn,llones.
en el triste amanecer de un 16 de Septiembre, en el que,
iacción, debe ser dirigida al
He aquí todo el problema fiscal en breves términos: al hacer el viejo campeón del expirante jaeobinismo, eH
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola,
una maea imponible de riqueza creada, muy inferior á balance de sus idea.le~, se encontró con que la cuenta coToda la correspondencia que se relacione con la edición
las necesidades públicas de un país lanz;ado á todo vapor rriente presentaba un ealdo en su contra de algunos cendebe ser dirigida al
en
el camino del progreso.-Por eso es de aplaudirse el tenares de beodos, arrastrados enérgicamente á las comiGerente, Lle. Fausto ltloguel.
resultado
obtenido en la elaboración del presupuesto, sarías.
La subscripción á EL MUNDO vale $1."25 centavos al
Para modificar esencialmente los elementos constitu·
m,a, y se cobra. por trimestes adelantados.
cuando la necesidad de conservar el crédito acrecentaba
Números sueltos, 50 centavos.
ti vos de nuestro organismo social, hay que afrontar con,
la fuerte partida destinada al servicio de la deuda.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
Feliz;mente sobre el vasto campo de la producción na- valor el cuadro de síntomas de nuestras dolencias nacio ·
Todo pago debe acr precisamente adelantado.
cional se han :irrojado abundantes pufiados de semillas nales, puesto que para curar una enfermedad es preciso,
RÉGISTIUDO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
que comienzan á. estallar en el surco. Sobre la esperanza antes que nada, diagnosticarla.
de un ensanche de labor social, deben descansar todas
nuestras probabilidades halagüeñas para lo futuro. En
la antigüedad, las agrupaciones sociales vivían de la conquista y del despojo . .Actualmente, los Estados viven del
trabajo y del tráfico. Ah( está vinculado el porvenir na- RESUMEN.-h1 guerra de Oriente.-La derrota de los.
griegos y la agitación popular.-lnconsecuencla
Asi como los muertos siempre tienen razón-según la fra~ cional, porque, como se ha dicho y repet:.ido basta la sade las rnasas.-La monarquia y la demagogia.ee de un escritor contemporaneo-los gobiernos que tie- ciedad en estos últimos tiempos, solo los pueblos ricos
El rey Jorge en peligro.-La responsabilidad de las..
Potencias.-Ls última promesa.-Conclusión.
nen la desgracia de ser vencidos en luchas de armas con- se encuentran en condición de ser libres.
tra un Estado en-amigo, siempre resultan culpables á los
No eran vanos nuestros temores ni infundadas nuesojos de los pueblos.-Esta ley sociológica formulada por
tras
zozobras, por la suerte lamentable que amenazaba á
EL MUNDO, con motivo de las probabilidades de una gueGrecia
en la lucha que tiene empeñada. con su llntigua
rra con Guatemala, acaba de ser comprobada por los he·
dominadora y poderosa duefia, la imperial Turquía. Sea
chas; y á. riesgo de que se nos tache de inmodestos, llaUna casualidad nos ha dado á conocer este hecho que
mamos la atención sobre este hecho que demuestra, no merece atenta meditación. Durante las veinticuatro ho· falta de pericia en los generales ó inexperiencia en el jonuestra extraoriinaria clarividencia de augures politicos, ras correspondientes al domingo de la semana anterior 1 ven Constantino, colocado en el primer pue5to del ejérsino la solidez; del método que empleamos en nuestros es· fueron consignados á. una Comisaría cuatrocientos indivi- cito1 no obstame sus floridos años, por el acendrado patriotismo que ha manifestado y su ardiente amor á la
tudios sociales.
duos acusados y responsables de di ver.sos delitos y falEl cable nos ha auunciado 1 en efecto. que como conse- tas de policfa. Ti!.l dato es altamente revelador de un es- tradición helénica; sea que las huestes griegas, animadas
cuencia de las últimas derrotas sufridas por los ejércitos tado social, con insistencia delineado en estas páginas. de un deseo vehemente de vengar ea el turco afi..-josrencores y tradicionales odios, han sido impotentes para
griegos, el pueblo de la doble penínsu1a ha manifestado
Así, mientras un diario iddlista dilapida su tiempo y su
resistir el empuje de las tropas que manda Edhem Pa. su indignación contra el rey Jorge, produciéndose un mo· tinta en maripoeear en torno de las costumbres dein'Jcráchá;
ó que los bravos otomanos orgullosos, con sus laurevimiento en favor de la República. La gran culpa del ticalj, el ((gigante luminoson-como lo llamó un orador
entusiasta monarca consiste en ser impotente contra el -se abandona en la vía pública ó en la atmósfera pesti• les que no pudieron arrebatarles los ejércitos griego:i en
triunfo de las huestes enemigae, y su enorme delito el de lente de la pulquería á los actos más asquerosos, hasta los teductos de Plewna, á pesar de su derrota; fieros con
sus tradiciones que en otro tiempo los hicieron dueños.
no haber cubierto á los soldados helenos con la aureola
llegar á la alarmante estadística de que acabamos de hadel mundo civiliz;ado; ebrios con sus fanatismos que los.
de la victoria.
cer mención.
empujan
inconscientes en lo mis reñido de las batallas 1
Y sin embargo, no hace tres semanas la Grecia se conU u partidario del Estado todopoderoso, reclamaría el
movía ante la actitud heroica del soberano, y en loor su- apoyo del gobierno, apronchando la oportunidad de alucinados con sus ideales que los arrastran á buscar
yo entonaba himnos épicos. ¿Qué ha sido preciso para vociferar-elocuentemente contra el poder público, del muerte gloriosa por la defensa del estandarte verde del
Profeta: ello es que los súbditos del rey Jorge, rechaz;ac1mbiar la conciencia de un pueblo? Lo inevitable: la
que decía una publicación no hace muchos meses que ha
acción ruda y poderosa de un ejército más numeroso, sobre debido modificar al pueblo física y,¡moralmente. Por des- dos en Macedonia, arrollados eu los desfiladeros de Mi·
lM enérgicas huestes griegas, cuyo valor ha luchado en va• gracia, esas cualrocienlas unidades humanas afectas á las lona1 _,..otos dentro de las murallas de Matti, casi aplasno contra la superioridad incontrastable de eua adversa• expansiones dominicales, no se modifican con un decre- tados bajo los muros de Turnavo, han abandonado á.
toda prisa, en medio de terrible confusión, presa de pánirios.-Ser vencido en esta contienda, equivale á ser trai• to, y las lobregueces de semejantes espíritus no se disico
terror, no en retirada honrosa, sino en palpable des·
dor.
pan al golpe de una ley providencial: ((háganse loe
El rey Jorge, á semejanz;a de Lear, puede ahora meconsoladora fuga, han abandonado la plaza forticada demalos, buenos!•
ditar amargamente sobre la ingratitud de los pueblos:
Larrisaa, refugiándose unos en la ciudad de Volo, donde
No faltan publicistas que de tiempo en tiempo se es•
una oleada de entusiasmo lo convirtió en el ídolo de las
pueden ser socorridos por la escuadra, y haciéndos~ fuerfuerzan en destruir las causas de todos los malos efectos,
multitudes; oira oleada lo derribó de su pedestal. La his·
tes otros en Farsa.la, donde intentan resistir el peso de
creando una situación artificial, que si no remediaría
toria recojerá esta uueva página de las iniueticias hulas fuerzas mahometanas.
dolencias de gravedad latent.es enel organismo, estorba•
manas.
ría la satisfacción de necesidades legitimas. ¿Quién no
Inmensa ha sido la resonancia de esta derrota en todoha oído proponer un fuerte impuelilto sobre las bebidas
1l'.o!i ¡¡ns11¡¡11eslos 1J el ¡¡roblema ~scal.
el territorio helénico; tel!l.pestuosa la agitación popularalcohólicas como medio de desterrar la embriaguez? A
que en ola.e turbulentas amenaza hundir la monarquía;
Durante la semana, la Cámara de Diputados se ha es·
los partidarios de este extrafl.o programa} les diríamos,
tado ocupando en el examen y aprobación de las inicia· con Musset, que no hay que confundir el vino con la inaudita la excitación de las masas, fáciles de ser arrebati vas de presupuestos para el a:tlo de 1897-98.-El resul- embriaguez. Semejante impuesto, que la práctica ha con· tadas por la tronante voz de los demagogos, dócil ine•
tado de la comparación entre las cantidades p,obables de denado en otros países, no perjudica:ría al vicioso-s1e...o.- trumento en manos de loe agitadores de oficio, materia
ingresoa y las de gastos, arroja un su.perabit de algo más pre interesado en eludir la ley-sino al que ha menes~ prima elaborable en poder de los que viven al ruido de
de quince mil pesos, suma que, en realidad, debe estimarse ter, para el cumplimiento de exigencias fisiológicas, de la asonada y al concierto áspero del motín, blanda cera
para los que pretenden usarla como medio de escalar las
como mucho más considerable, en raz;ón de la sólida ti• la materia objeto del gravá.men.
alturas del poder. Los pueblos que ayer atizaban el odio
midez con que están calculados los rendimientos de las
Como en todos los casos análogos al que sefialamos, no
al mahoIDetano, obligaban al Gobierno de .Atenas á derentas federales.
son las medidas directas y radicales las encargadas de
Continúa, pues, la nivelación en este importante ramo establecer el equilibrio; la aalud está en la adopción de clarar la guerra, constreñían al re.y Jorge á asumir enérde la Hacienda Pública, hecho económico de gran tras- un tratamiento tónico que comunique vigor al organis- gica actitud en la frontera m3.ced6nica; las maeas incono:;cientes que no ha mucho todavía levantaban arcos trinncendencia para el país. en otras épocas sometido á un de- mo. La higiene antes que la terapéutica.
fales al paso del príncipe Constantino, porque, alentado
ficiente constante, al que parecía estar condenado sin apeEsos cuatrocienlo8aeres humanos representan la ola nelación, El gran esfuerw que la República ha desarrolla· gra de una colectividad elevada á. las más alti;s funciones por su juventud y en alas de su ingente patriotisron, vodo, cooperando vigorosamente á la obra :financiera, inau- sociales. Ali(, en e&amp;e abismo de ignorancias y depresio- laba ti la cabez;a de los ejércitos que habían de dii-¡ ntar
el paso á los adoradoree de la Media Luna; las que ayer
gurada en momentos de pavorosa crisis, da una muestra nes, de vicios y apetitos, se recluta el pensamiento que
frente a1 Palacio real aclamaban al rey Jorge, cada vez
de la elasticidad de sus elemen os. Y todavía la nación la prensa metafísica se ha complacido en hacer brotar,
ha corne1uado apenas á dar las primeras muestus de su como una flor de aroma exquisito en medio de las ema• que con energia y virilidád interpretaba el sentimiento')
energía productora, aun nos falta mucho para poder pre· naciones de un pantano. Allí está vincula.do, para cier- popular; las que embriagadas con sus recuerdos histl risentarnos ante et mundo del trabajo como un mercado tos publicistas, el porvenir y la salvación de la Repúbli- cos y soñando con los lauros de Maratón y Salamiuu~
sin comprender la hostilidad de todas las potencias, sin
activo y resistent:.e de la actividad humana.
ca. Con esta brillante materia prima elaboran muchos
medir el número ni la fuerza de sus enemigos, e.e prepü·
No hace muchos ailos un aficionado á los asuntos esta- cándidos sus boletines sobre las costumbres democrálictrs!
raban á celebrar fácil victoria, ahora fe vuelven contra
dístico~, nos demostraba, midiendo el monto de la riqueSucede á. veces que uno de estos escritores, fatigado un
el
Gobierno1 maldicen al rey Jorgf", reniegan de la di•
za producida por el valor de las exportaciones, que Méxi- dfa de sus juegos de imaginación, arroja una mirada al
nastía
dejan ernuc:lar la fatíJ.ica p.ilabu de traici6n, Y
1
co ocupa un lugar muy secundario en la lista de las re- medio que lo rodea y al ver la enorme distancia que
1

" E L ltI'UNDO"
S•manulo Ilustrado.
"Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

motas eilitorhtle5.
Untt lctJ fürcio lógica.

l!Jalítica ®rneral.

•••

~~DO;;;;M;;l;;N;;G;;O~•,;:d;;•:,;M;::A;;Y;;O~d;::•,,;•892!1~=================E~L~M:;UN~;;D;;O~=======================aa..:,a::_7~

8in reconocer SUB propios errores, achacan toda la catás •
trofe á la impericia 6 mala fe de loe que dirigen la cosa
pública.
Pueblos tornadizos, cambiantes maaas, volubles muJ ..
titudes, siempre derribarán al 1dolo de un dia, y levantarán sobre el pavés á. los que halaguen sus pasiones, acari•
cien sus instintos y por cualquier medio los conduzcan á
satisfacer sus ambiciones.

•••

Y no es que veamos con indiferencia la derrota del
griego, que significa la libertad y el triunfo del turco, producto extemporáneo de una civilfaaoión caduca y enfermiza, fruto tardío de una época petrificada, indigna de la
cultura moderna; no es que nos regocijemos al ver la herida profunda que ha recibido ei helenismo en los desfiladeros de Macedonia y en las llanuras de Tesalia; no es
que dejemos de considerar el retardo que sufrirá la expansión griega 1 llamada como en otros tiempos, á llevar
el verbo encarnado de sus ideales, á toda la región en
donde brillaron sus dioses, fulminaron sus héroes y se
consagraron sus poetas y sus sacerdotes.
Duélenos ver á la que en la historia fué antorcha para
todas las tinieblas, libertad para todos los oprimidos,
consuelo para todos los que lloran, inspiración para to•
dos los artistas, onda eólica para todas las harpas, duélenos ver ii Grecia, virgen ofrecida en holocausto por la
civilización de todos los pueblos, abandonada por las na~
ciones fuertes, desamparada de los que debieron aocorrerl_a, BQJa y afligida, entregada á la crueldad de sus
señoree, expuesta á las terribles venganzas de eue antiguos tiranos, que al intentar hacer la redención de Creta,
sangre de su sangre y médula de sus huesos, se ve sacrificada, no pQr la crueldad. de Abdul-Hamid, no por el
salvajismo de los otomanos, no por la :fierez;a tradicional
de los rudos Osmaolies, sino por el miedo impío, por el
temor inconsiderado de las potencias europeas, que hablan á voz en cuello de acuerdos unánimes y conciertos
pacíficos, en tanto que el odio y el rencor y las riva1idadades corroen sus entrañas en revuelta y confusa fermentación
No se conmovieron con las lágrimas del cretense, que
:reclamaba libertad1 y emprendieron horrenda cruz;ada
anticristiana, para oponerse á. las aspiraciones de Grecia,
que intentaba romper las ca:lenas q11e por dos siglos ataron la sagrada Iala1 al carro de la barbuie muslímica;
no se eat:.1emecieron con el canto guerrero de los tesaliotas, que anhelaban vengar en sus altivos señores el
odio de cuatro centurias, y creyeron que la nación grie.
ga retrocedería espantada de su propía obra, pensan do q·1e la tierra que ha producido Leónidas y Temísto~
eles, Aristides y Filopeméo, retrocedería con pavura an •
te la posible derrota. Y dejaron hacer, y permitieron que
las hostilidades quedaran rotas y toleraron que los turcos
acuchillaran á loe soldados bisoño; del príncipe Constantino, y reservaron su intervención para el momento
en que la bandera de Edem. Pachá., flotara orgullosa so•
bre las fortalezas de Larieea.
Ha llega-lo ese momento1 y las potencias indiferentea
y crueles, cruzadas de brazos, aplazan nuevamente su in•
tervención. Ven vacilar el trono del rey Jorge, al soplo
huracanado del pueblo griego á quien excita la demagogia, y no acuden en su auxilio sus augustos primos, los
soberano3 de la tierra: ven AGrecia infeliz;, humillada y
rota, bajo la espada vencedora del turco, y no van en
ayuda de la acuitada.
¿Para cuándo guardan sus decantados favores? ¿Para
cuándo reservau sus tareas en pro de la civilización cristiana?
X. X. X.
Abril 29 de 1897.
OTRO PAGO DE$ 2,394 DE "LA MUTUA'"

ENMEXICO.

México, .Abril 27 de 1897.
Se:tlor D. Carlos Somm.er, Directer general de ,cr.a
Mutua.''-Presente.
Estimado se:tlor:
Agradecida á. Vd. por la eficacia para la consumación
del pago de la póliza número 674,014, dirijo á Vd: la presente manifestándole que hoy en presencia del Sr. Lic.
Diego Baz, Notario Público, recibí en la oficina de 1cLA
MUTuAn la eu.ma de $2,394.38 valor del Seguro que en esa
Compañía tenfa á mi favor mi esposo el Sr. David Car.
son Gaul, siendo por valor del Seguro $21 000.00 y $394.38
por premios que pagó por él y ~ue c&amp;nfonne al contrato
se me devuelven, en consecuencia el costo del seguro fué
un peso.-De Vd. afma. atta. y S. S. Jfre. All.ilne Gaul.

EN TIERRA Y.1.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR
DESDE ARRIBA

Yo creo que el elevador1 esta caja de fierro 6 madera,
elegantísima A veces, que sube y baja. sin Ct!sar, por medio de un sencillísimo mecanismo, se inventó sólo, surgió un día del anhelo de eucaramarse por la atmósfera,
que Bintieron Nueva York, Filadelfia ó Boetoo, qué sé
yo, de la necesidad de establecer pirámides humanas en
estrechísimo recinto, caro como una acción de mina en
bonanza, de hacer inmensos alojamientos vert.i.cales1 pc,r
la imposibilidad de hacerlos horizontales, de todo esto;
pero hay que pensar que sin el elevador, todo esto habría sido imposible, y como era indispensable, el eleva•
dor nació. Y como el agua del río sube por medio de una
bomba de vapor á los más altos niveles, aei. aquel río de
gente que en wagones, y carruajes y á pie c.Jrre durante el día por las calles de la gran ciudad, se distribu ·
ye en infinitos canales vivos, que ascienden y descienden incesantemente dentro de aquellos edificios, donde
hierve el esfuerzo humano, á. lo largo de cables de acero
q1i1e por la ligerez;a, pero perenne conmoción que producen, parecen hechos con nuestros nervios. Pero así es
este pueblo; derrocha tal cantidad de fuerza nerviosa,
que si se pudiera trasmutar en eléctrica, basta.ria para
alimentar un fanal que alumbrase un cuarto del planeta.
Estas reflexiones hacía para mis adentros visitando á
algunos amigos en sua nichos del tercero, del quinto, del
octavo piso de eeas enormes casas de oficinas, building,
de la ciudad-baja. Uno de loe mozos que conducen loa
ascensores de la casa en que está nuestro consulado, sa•
be algunas palabras en m.rjicano, come' él dice¡ su voca·
bulario se compone de diez ó doce palabras, pero muy
expresivas; son desvergüenzas en eepailol muy castizo.
.A las once del día aubiamos una escalinata de fierro,
tomábamos nuestros billetes, y á Brooklyn ......... Lo que
más admiré en Nueva York fue, primero Nueva York, no
me habría cansado de verla un afio entero, siempre en·
contra.ha yo algo nuevo, y si no algo bello1 sí siempre interesante; me gustaba más aquella Nueva York de bulto,
que P11rís ó Londree ......... en estereoscopio, que es como
he visto ¡ay! áLondres y París ......... Pero Nueva York
tiene sus detalles que son maravilla.a; duodécima maravilla del mundo ( la 13; es la Torre Eiffol): ¡el puente de
Brooklyn! Pot supuesto que la tal maravilla tan cacaread.a y tan elogiada ......... lo el!I en realidad. No ea un
humbug, no es un borrego este puente. Allez y i•oir, como
dicen los galos . .Anduvimos como medio kilómetro sobre
aéreo tablero de fierro, por encima de la ciudad, antes de
llegará. la orilla del Easl-Ricer, que la separadeBrooklin;
en cada orilla se levantan sendas pilas soberbias, macizas basta la altura en que el tablero colosal del puente ee lanza sobre el río y clareadas en su eatructura :1t1perior por un doble arco ogi vo. Y es indecible la elegancia
de esta cosa enorme ( que me perdone el lector loa epitetazoe, no hay otros en mi ear,iet de viaje.) Hay una gracia de encaje metálico en la onda espléndida que traza
esta hamaca de cuatro cables de acero kilométricos, que
partiendo de otras curvas amplísimas sobre la tierra firme, atraviesan las carnizas superiores de las pilas y sos·
tienen á cuarenta metros de altura sobre el agua 1 una
mesa tramada de metal de 450 metros de largo, cuyos
bordes están unidos á. la curva por varillas de acero que
se cruzan con las que parten en abanico de las carnizas
al puente, formando una red que da fuerza, aumentando
la gracilidad aérea de la construcción.
Veinte mil personas por ahora atraviesan este fragil
paso sobre el abismo, unas en las líneas férreas, otras en
carruajes y sobre una amplia calzada los de á pie, viendo
bajo sus pies las puntas de los masteleros de los barcos
que pasan y pasan, sin lograr tocar con sus penachos de
humo el levís.imo arco de fierro trazado en su cielo.
Por las ventanas de nuestro wagon vimos iluminarse y
desvanecerse como ilusión de óptica la bahía, bordada
acá. y allá. de una movible mies de mástiles y surcada por
buques enormes de cerca, pero que parecían juguetes de
ni:tlos sobre aquella límpida plancha de cristal azulosa
que se angostaba y canalizaba lentamente para paear debajo de nosotros.
Llegamos á Brooklyn, ((una ciudad L.ermosa11 que pegada
á Nueva York no es mas que u.u. suburbio enfático de la

Empire-Oily. Por aquí corren y corren loa cochee eléctri•
coa, que en Nueva York no ha permitido el Ayuntamiento; pero nosotros tomamos una especie de wagonete que
nos condujo al cementerio, á Greenwood. Es un parque inmenso; las amplias calles suben y bajan en comodísimas
rampas en torno de camellones vestidos de una moqueta
espesa y sedosa de grama inglesa de un verde ideal. · Loe
árboles que parecían haber detenido gotas de sol en sus
frondas de oro otoñal, sombreaban aquellos montículos
que convidaban no á. dormir, ni siquiera á dormir el líltimo sueño, sino Asentarse sobre ellos con una cesta repleta de provisiones al lado. ¡Diantre! .Así es la vida:

en verso todo empieza; todo acaba en prosa
aquello era melancólico, monótono, delicioso como el
c&lt;l'ementtrio de .Jldea,, de Gray:
Bajo de aquellos álamos nudosos,
del tejo melancólico á la sombra
donde se alza en mogotes numerosos
el césped verde en desigual alfombra.
(Tradlltria.)
y sin embargo: ¡ay! de m!, no me quitaba el hambre. Ni
había por qué; el ce:firillo era glacial, el paseo largo, la
muerte es larga, ea muy larga¡ un poeta latino de la decadencia, es decir, de la edad en que las razas sanas empiezan á volverse histéricas, B:1lbino Dávalos, lo debe de
haber dicho: mo-rs longa, i-iltt bret•is. No, ni había porque perder el apetito ahí; ab( la naturalez;a es solemne,
pero la muerte es industrial. Torrecillas góticas, sepulcros ingeniosos, &lt;,stentosos algunos, sin gusto todos; aquí
está. el sepulcro del inventor H., del filántropo R, del
General M., del fabricante de pianos Steinway, del in·
ventor de la 11oda·water. Pues bien ¡cómo perder el apetito, á. fuerza de tristeza, delante de la tumba singular del
inventor del agua gaseosa! Dejé1 pues, aquel magnífico
jardín, suspirando por un buen roast-beef y una taza de
leche. Logramos satisfacer nuestro irreverente deseo y
volvimos á pie por el puente. Dejábamos la muerte atrás,
esta es la vida; los hombres desa¡,&gt;arecen, pero el hombre
no, el hombre es eterno-eterno en términos hábiles, co·
mo dicen los abogados, una eternidad de un par de millones de años, una eternidad de bolsillo; pero ti esa eternidad acomoda sus obras. Esta es una de ellas.
Nos comprime el panorama; á nuestra derecha el río ó
el brazo de mar que baña por el Este la isla de }fanbattan1 corre y se pierde, literalment:.e cuajado de embarcaciones, de todas las formas, de todos l0e tamailos; navíos de e, uerra que paean debajo de nosotros, chatos, con
sus torres de fierro por donde asoma la trompa siniestra
del caftón monstruo, sus marinos y oficiales muy tiesos
y muy indiferentes, cada uno en su puesto, como solda•
dos de plomo de un metro de alto, rumbo al arsenal de
Brooklyn; navíos mercante!:! donde todo es movimiento
y ruido, y mil otros en perpetuo vaivén; todo se ve muy
claro desde arriba, no se pierde detalle y se abarca el
conjunto, sin embargo, y esta es una diversión superior.
Ahora, si se separa la vista del Eaet•river, encerrado en
un doble cantil formado de erlificios monumentales de
Brooklyn y Nueva York y se dirige al otro bdo del puen•
te, á la bahía, grande como un golfo, vivient:.e como una
ciudad flotante, sembrada de islas, y unida en el horizonte con el Oceano y desvanecida en el espacio, entonces ...... Aquí tienen UBtedes un espectácul'l que no cam•
biaría yo por todos loa lanches del mundo; pensaba esto
con toda sinceridad; ¿sería porque ya había lanchado?
Puede ser; lo que quiere decir que ya no soy poeta.

•••

Sería curioso que me metiese ahora en la empresa de
describir el Post-office; la casa de Correos de México, no
se le parece.-Ni la fachada de vieja casaespaiiola, remo•
zada por nuestro estilo arquitectónico oficial, que es banali.simo, como diría yo si no perteneciera a la Academia,
tiene puntos de comparación con esta fachada suntuosa
y fría, terminada por mansarda.s ó buhardillas como las
del Louvre ó de Versalles; ni el patio en que se recibe al
público en México, en derredor de casilleros de poca importancia, puede dar idea de esta amplísima nave, techada de cristal, sostenida por altísimaE columnas de estilo
noble, rodeada por altísimas galerías de fierro 1 mucho
mejor ilumidada por la electricidad que por el sol las calles de la ciudad y en donde las meeas y los escaparates
forman como un plano en relieve de edificios de madera
y callea y plazas por donde discurren centenares de per
sonas ..... .

�DOMINGO a DE M~YO DL olgJ

EL MUNDO

¡Y por qué habíamos detener aquí una casa de correos,
si no la hemos hecho! Si aquí ha sido necesario apropiar
loa macizos edificios coloniales, todos de estilo con ven•
tual y adecuados para.la vida interior de silencio y recogimiento, á. la vida moderna que es toda exteri~r, toda
actividad, toda fiebre ...... Eeo llegará y espero que lle•
gará mejor; entretanto no nos conformemos con lo que
tenemos, no, go a heud.

•••

¿Y aqudla cúpula de cobre que ee me incruet6 como
un clavo en el cerebro cuando divisé á N. York por primera vez en esta supuesta isla.de Manhattan, que en realidad no es más que una lengu1. de roca arenosa, erizados de docks los bordes como la defenea de un peje-sierra?
Aquí está, sobre una de estas torres anguloeas en que
vive esta gente, rn frenética vida de negocios y que noes
posible llamar casas; son los templos del business. Arriba
puee; pagamos uags cuantoscen'tavos, entramos en nuestra jaula ...... Sólo el tiro de una mina puede dar idea de
€Stas pozos, por donde vuelan loa ascensores ...... Llegamos, subimos una escalerilla de hierro y henos aquí
instalados en una ventanilla de la cúpula.
Ya sabía yo que así t:-ra N. York; no había cesado de
Dgarármela así y ¡qué sorpresa! Cómo dar idea de este
apeñuzcamiento de edificios aquí abajo de nosotros, que
un poco más allá se calma, se serena, se regulariza y se
escapa en macizos regulares de casas rojas, iojizas 6 enrojecidas, que no dejan de ser grises sin embargo, y se
va, se va por la estrecha isla y se pierde en nuestros horizontes en un salpicamiento de manchas verdosas de
árbolee, por entre giro nea de nubes de carbón de piedra.
Desde esta altura se ve á nuestra derecha la línea de
BrookJyn y el puente en un eEcorzc,maravilloso; por entre los ángulos de las casas se ven cruzar las velas, las
chimeneas, los árboles desnudos de los barcos; aquí abajo se distinguen loa ramales de fiierro del ele1:ado sobre
el cual arrastran sus enormes' eslabones los trenes, que
pasan y pasan, tragando y vomitando gente en las estaciones. Más abajo los coches funiculares surcan ríos de
viandantes y de carruajes que forman gruesos Pudoa vivos en las boca calles, que se disuelven y se forman instantáneamente. Broadway, como una serpiente negra de
multitud, corta al sesgo las otras corrientes y casas y calles
y avenidas y plazas y se pierde qµién sabe dónde. Aquí no
surgen los campanarios, como en nuestras ciudades, una
que otra aguja gótica, que nunca se sabe si ea de una
iglesia ú oficina pública, ó colegio ó compañía de seguros; las que descuellan como torres son las casas altas,
las de quince ó veinte ó veinticinco pisos, como esta azulosa y aun no rematada que vemos aquí á un lado. Los
penachos de humo espesos cerca y tenues y blancos á
medida que se alejan y que se escapan de todas las chimeneae, dan á todo esto cierto aspecto de inmensa ~staoión de carros fúnebres, inmóviles bajo sus plumerós
ondeando en una sola dirección.
Corrimos á otra ventana. Oh! el agua, el agua, las tendidas, las interminables planicies de agua, este es el panorama supremo, este es el espectáculo que nnnca sacia,
que hipnotiza, pero que no cansa, que absorve la mirada
primero, y el pensamiento luego, y la emoción después y
lo deja á uno sin conciencia como el fragmento de madeil'B que flota á merced de las olas ...... Cada contemplación
del mar es un naufragio, ea un desvanecimiento infinitamante voluptuoso en el no ser, el nirvana de los budistas
aquí estli, de aquí brotó la imagen que se tornó en idea,
que se volvió sistema en el cerebro de los filósofos ascetas de la India ........... .
La bahía se ve desie aquí admirablemente recostada
en la luz de esta tarde clara; está gris como el cielo, pa·
rece formada de cielo líquido; las islas cargadas de edi·
ti.cioa y espinadas de mástiles la pueblan sin disminuirla; todos loe monstruos que surcaban el oceano en los
tiempos terciarios han vuelto á la superficie en forma de
navíos, de ferrys, qué sé yo, en todas formas; pero rígidos en sus inarticulados carapachos de fierro, con sus
caudas rotatorias ó sus formidables aletas que transforman las olas en lúminas explosiones de diamantes y topacios ...... .. . Allá enfrente, ea una isleta, se ve una figura que parece la vigilante pastora de estos mostruoa marinos¡ la libertad de Bertholdy. ((Nos queda un segmento
-de tarde y de luz: vamos a1lá.n

•*•

En el vaporcillo que tomam!)sparair á Bedloes-Island,
-en donde alza la estatua de la libertad su antorcha que

ilumina al mundo, nos divertimos bastante: una murga
más 6 menos húngara, tocaba vahes y polkas sin tomar
resuello, más que para enviar al primer violín de la orquesta á recoger los medios dolara de los pasajeros, y una.
parvada de muchachas que parecía escapada de un colegio del Sagrado ~Corazón protestante, bailaba incansa·
ble, sin mamá ni tía que la vigilase, y cuidada sólo por
el pabellón de las eBtrellas que estampa sus barras rojas
en el rostro del que insulta á una mujer y por los grandes ojos de bronce de la Libertad que va viniendo colosal
y rigida hacia nosotros.
Mis lectores saben de memoria la estátua de la libertad, regalada por la República Francesa á la Norte-Americana; se la encuentra reproducida en si mili· bronce, en
aluminio ó nikel en todas las tiendas de baratijas exóti_
cas. El original es aterrador; quii!iro decir que la primera impresión que en mí produjo, fué el terror, exactamente igual á la que reciente un niño frente á un toro.
Esta seneación es fugaz: acercándose al pedestal, que es
una torre, la impresión se desvanece casi · por un detalle
que la dispersa y la disuelve; aquel coloso está hecho ( á
la vista, naturalmente) de pequeñas placas clavadas artíeticawente¡ muy dificil es que se Iunda toda aquella
multitud de fragmemos en una sola figura. Cuandu es•
ta reaparece á nuestro&amp; ojos, ya es más serena la imágen.
Es de una serenidad sublime; toda la estatua viene de Grecia; parece sal-ida del Taller de Scopas. El busto recuerda á la Juno-Ludovisi, la diad~ma de rayos y la clámide
y el epomis son apolíneos; la escuhura helénica es una
fuente de eterna juventud; el artista necesita no copiarla,
sino dejarse sugestionar iofinitamente por ella; así Bartholdy. Y era natural, la libertad, la política, la civil, ea
uoa invención helénica, mejor dicho, es un producto del
intelecto de los helenos, como la ciudad, como la civili•
zación; mejor dicho, es la civilización misma; esta libertad iluminando al mundo, ea el geroglífico gigantesco de
la civilización humana.
Precedidos por nuestras intrepidaa compañeras de viaje subimos la escalera altísima del pedestal; luego ví la
estrecha espiral de fierro que por dentro de la estatua
misma sube á la diadema y á la antorcha, y teniendo en
cuenta mi volumen, vacilé y me quedé; mis compañeros,
fuerte y ágil el uno y delgado como una fibra de ramié
el otro, treparon en pos de las mises. Yo pude á misanchas ver ( no me caneaba de ello nunca) la esplendida
bahía de Nueva-York.
La ciudad enfrente derramada en tropel en larguísima
isla; á mi izquierda el Hudson á donde, entre un centenar de embarcaciones, penetraba un magnifico paqu.ete
rojo y negro de la Trae:atlántica francesa; en la otra orilla
del Hudson, N. Jersey, una reducción en ladrillo y fierro de la gran ciudad; del otro lado de esta, aquí cerca de
nosotros, la isla del gobernador cubierta de pesadas construcciones; más allá el diluvio de cafi!as de Brooklin, sobre el Eastriver, como trazado en gris con la punta de
un pincel mojado en tinta de China; el puente de Brooklyn, entre cuya onda inmensa pasaba silbante y hermoso un tren de vapor; deliciosamente dulce el paisaje hacia aquel lado, una acuarela á dos tintas que habría sido
firmada por un maestro holandés-Del balcón opuesto
se veía la boca del estrecho ( los Narran.s) que comunica
la bahía interior con la exterior que se pierde en el Atlántico. Una iela cuya separación de la tierra firme no se
advierte (Staten--Island) recorta nuestro horizonte con su
costa parda sembrada de poblacioncillas d0 recreo. El
cielo estaba pintado con una sola tinta pizarrosa que se
degradaba hasta el lila tierno en un amplio arco del Sudeste y parecía reflejar un oculto crisol de oro en fusión,
allá donde el Hudson vierte en la Bahía su lenta corriente de ametista.
Vimos concienzudamente Ja estatua haciendo estaciones en los ángulos de la esplanada en que descansa el se. vero pedestal. A está distancia, por el frente, tiene la Libertad un aspecto augusto, pero parece demasiado robusta y !38 ve corta por maciza. Del lado del brazo que erige
la antorcha, un poco atrás, el ángulo de vieta es admira•
ble; se ve todo el desenvolvimiento de la figura, lanzada,
como un unísono cantado por un pueblo 6 por un oceano,
hacia lo alto, en un gloria, in excelsis de bronce y de vida.
,Es inexpresable, vifrt;g desd~ aquí, el movimiento que,
transformando la fuerza en gracia y harmonía, recorre la
estatua de linea en linea, ondulando desde el pie echado
hacia atrás, por los pliegues de la túnica, hasta el gálibo
divino del rostro, y el perfil del brazo hasta el balcón y

la flama inmóbil de la antorcha. Sentimos el golpe en
plena alma, nuestras miradas quedaron como cris~lizadas al contacto de la mujer de bronce y lasaogre se agolpó á nuestro corazón.
Junto del pedestal hay un bar, en donde sirve á 103
turistas cerveza 6 soda un enorme mocetón que por la
estatura y la hermosura, parece hijo de la estatua. Caía
la tarde cuando navegamos de vuelta á la ciudad¡ la misma música, las mismas muchachas bailadoras, las mis•
maaJbaratijas,'.reproduccioncilla de la estatua (estallo, ca...
bre, cristal etc.) Pero música y baile y comercio todo
quedó repentinamente en suspenso¡ los pasajeros éramos
todo ojos; ¿cómo evitar un choque antes de llegará
nuestro desembarcadero? Sobre 1351 olas color de violeta
formaban una verdadera malla de espuma las estelas de
treinta ó cuarenta barcos que surcaban en todas direcciones. Con una precisión admirable pasamos tocando la
hélice de un navío inglés y sintiendo á la espalda el vaho
de hulla quemada de un ferry que con sus faroles encendidos parecía flotante pirámide de luz.
Sentados en una banca de fierro del Square que borda
la Batería, pegamos nuestro oído al salmo melancólico
de nuestro espíritu; ¡oh! libertad, reina aqu( sobre inconmovible asiento, allá.ideal muy puro, sí, puro ideal.
¿Qué eree, por qué no nos conformamos con vivir sin tí,
con ser dichosos sin ti? ¿Porqué para apellidarte apuramos
los vocablos de admiración y amor de nuestro idioma?
¿Por qué te llamamos augusta, y santa y trde vecea santa y más aún, te llamamos madre? ¿)!{adre de qué eres
tú? Madre de violencias, de tumultos, de manos armadas, de multitudes ebrias, de sociedades histéricas, de
puebks que se bambolean y se desmoronan, eso eres en
la historia! ¡Oh! manía incurable de nuestro corazón.
Pero si no esperásemos en tí, no creeríamos en la vida
moral, nos sabría á ceniza el placer más noble; se apagaría como una llama en el fanal neumático, nuestra fe en
el porvenir. ¿Te veremos los hombrea de mi generacióR
aunque Eea Eentada al borde de nuestra tumba? ¡Te be•
moa llamado, te hemos amado tanto! ...... Mi generación
creyó entreveer nn día tu aurora política! Fuéuna visión
juvenil? No importa¡ moriremos gritando como el Ber•
lichingen de Goethe: Aire celeste......... libertad, li·
bertad!
En la impenetrable tiniebla1 rodeada de una corona de
diamant.es eléctricos, la antorcha de la estatua constelaba
la noche.
Juato Sierra.

Abril 29 de 97.
Lajamáica efectuada en Mlxcoac el domingo último.

Loe organizadores de esta fiesta de la hermosura y de
las flores, deben estar satisfechos. El espectáculo que la
tarde del domingo último ofrecía la plaza de San Juan
de Mixcoac, era delicioso. Llegaban los trenes henchidos
de gente, y la concurrencia, formada en eu mayoría de
guapas Eeñoritas, desparramábaee gárrula y feliz por laa
enarenadas callea flanqueadas por puestos moníaimoe, dignos de una acuarela de mano maestra.
Deecollaban entre éstos una taberna alemana que el
Sr. Ingeniero D. Salvador Echegaray hizo con6truircon
una propiedad absoluta, que hace completa la ilusión
de UD paEeo por el alto Rbin; un kiosko japonés de elegantísima forma, debido á la incansablefantaaia del mismo caballero; el primoroso puesto de flores. el de café Y
el de dulces. El primero y el segundo de los menciona·
dos, obtuvieron, si no nos equivocamos, primeros pre·
mios, otorgados por un jurado, en el q'liepeeaba la autorizada y culta opinión del Sr. Gobernaáor del Distrito.
Aqilel espectáculo de animación indescriptible, prolon. góee hasta entrada la noche, y dejará sin duda IÍ loe organizadorEs y á los que asietieron UD recuerdo.
Constantemente leemos en los periódicos: nEl crimen
era indudable, pero gracias á la elocuencia del abogado
'lal, el reo fué declarado inocente.u Si es verdad que un
defensor puede ejercer tanta influencia, es necesario au1primir á los tribunales 6 á· los abogado's.
ALFONSO .KAÍIB.

•

•••

Las cosas pasadas tienen sus espectros como loe hombres muertos.
P. FEvAL.

¿De quién será?

�DOMINGO

EL MUNDO

•go
UNA CONFESION

2

OOIIINGO

DAMAS DISTINGUIDAS

(Traduccién para "El Mundo."

I
El abate Cheminat estaba Eent::ido en en
confetionario detde h~cia yadoshoras, y l'I
digno Eacerdo~ Bt sentía muy caneado de
haber escuchado la larga serie de mezquinas
faltas y de pecadillos, á menudo imagim1,~
rios. que peea11 en la conciencia de las jórn·
nea y viejas devotas de un cura de provincia.
Este era conocido por su profunda y paterm l
indulgencia, por sn paciencia en eecucbar
los interminables detalles de escrúpulos, así
como por su 1::levada virtud, desue1te que sn
piado!:a clientel!I se bacía cada año mas nu
merosa, más exigente, en tanto que él ¡ay!
no se rejuvt!necía. Era un hombre como d"'
uuoa cit1cnenta años, que nunca había eidu
muy robusto y que una existencia llena de
ansterida'ies, en un clima demasiado duro,
había gastado prematuramente. En aque; a
noche de fines del mes de Febrero, se estre•
mecía de frío en el fondo de aquella capilla
d&amp; l(IS Mínimos que todos los habitan~ s
de Clermont Ferrand conocían muy bien y
que alza su fachada gris en el ángulo dé
aquella espaciosa y melancólica plaza de Jau•
dt&gt;, en la que se puede ver, la mitad del año,
la cimR del Pny-de•Dome, blanca de nieve.
Por fin se encontraba solo. Cinco minutos
más y subiría á la habitación que h-i ser.vía
de presbiterio; allí se caldearía al calor de la
chimenea, en su biblioteca, y proseguiría en
largo trabajo sobre la historia del clero de
Auvernia, al que pensaba consagrar su ancia•
1 idad, una vez retirado en la más pacífica canongía que le prometía Monseñor en una época cercana.
~in embargo, por apremiado que se encontrase por instalarse en su buen sillón y fren ·
te á sus legajos, como confesaba hasta las
cinco de la tarde y no había dado aun la primera campanada, permanecía en su puesto
como un centinela, escuchando con delicia
el eilenc:o de tumba interrumpido por alguna silla que se movía y que llenaba el santnaric•. EEte silencio era la mPjor prueba de
qu~ nadie wuía ya necesidad de su ministerio y que podia separarse. Así á. peEar~de
bU habitual dominio sobre sl uiis1no, no pu·
do reptitnir un movitoh•ntu de mal humor
ruand&lt;', con esa finura de oido de un sacerSri ta.Juana Torres Rlvas. - ( De joto;,raj'ta Vallelo y Comp.)
dote que conoce los ruiJosde su igleeia como
una ama de caea los rnirtos de en bogar, oyó
la puerta de emrada abrirse y unos pasos rápidos aproxi• incapaz de soportar el fardo de dolor que sobre ella pe
maree y luego detennae ante el confesionario. Algmen saba, y un sollozo la conmo\'"ió en tod!-' su sér, ~ient.121s
se arrodilló y tocó suavemente en la rejilla, detrás de la repetia aquel Ab ! desef!perado, afiad1endo: u¡ D108 mio,
cual una tabla movible formaba una especie de tabique.
tened piedad de mí! ..... ·"
.
.
. .
Aunque el abate Cheminat hub1eEe e1empre eJerc1do su
En Ja nerviosidad á la vez tímida y presurosa dtt e~te
acto, crmo en el roce de telas de que fnéacompañada, el ministerio en un medio en que Las falta.a rnn de un orden
;,bate Obeminat adivinó á una mujer. Imagin6 qne eHla- muy mediocre, había eecuchado mnc~as veces extrailas
confidencias. El alma huma.na removida en sus profunba obligado á. escuchar una vez más todo un largo relato
de faltas veniales, de peque.O.as mentiras, de cóltarad, tle didades, hace oir siempre tl mismo eco sini~st ro de lointemperancias, narraci6n como las que le baciJ.n pur cura y de desgracia auu entre las más deprimentes po·
ceJJteoares y que le obligaban á asistir imaginativam ubrezas! Y después ~¡ Eacerdote se parece al médico, ~ote á tantas inocentes y medianas existencias. D,jose que davía en este particular: no admírarse nunca de cualquier
esta última devota hubieEe podido muy bien esperar has- anomalía que para otro sería monstru?ea.
ta el día siguiente. Después, echándose en cara inmediaSin embargo, el viejo confesor quedo espant.ado ~nte la
tamente esta contrariedad poco caritativa, hizo una ora· aberración moral que revelaban las palabras de la.JOV~~·
ción mental y abrió la hoja del confesionario.
¿Cómo, aquella desgraciada criatura cuya. respm1c1,_,u
En medio de la sombra que se espeeaba, reconoció en la anhelante manifestaba su agonía, podía unu ta.nt.a vie•
silueta de la mujer arrodillada ante él, una joven, y en su
dad á tanto extravío: creer en el perdón de Dws, bui:!mirada que brillaba á través de un doble velo, que se en• carlo, implorarlo. y al mismo tiempo hablar ~e ~n crírmm
contraba presa de la más dolorosa agitación. Desde aquel
y de un suicidio? porque e.ilto era lo que significaba su
momento, la contrariedad de Cheminat dió lugar á uaa conft:eión: quena cometer un crimen y matarse en se•
idea del todo profesional. Sucede con el verdadero sacer• guida.
dote,-y él era uno de ellos,-como con el verdadero mé¿Pero cuál crimen?
•
La primera idra del sacerdote fue que se trataba de un
dico:
drama
Je
celos.
La
jo
veo
había
1-1ido
eng~flada.
Por
quién?
Uno y otro ante un enfermo de cuerpo ó de alma, nu•
Por uu marido? .Por un amante? Que importaba! Ha.tlJa
lifican en ellos todo lo que e3tá fuera de sus funciones
sido engañada y se preparaba á. veugar~e. En esta~ crisis
profeeionalei:i.
El viejo cura h"bía escuchadn en su viJa millares de agudas de la pasión, el único remedlO es ganar tiempo.
confesiones. Aquel mismo día había oído más de diez! ~l sacerdote no lo ignoraba, ne( fué .que comenzó á. res.
Peru cuando inclinó su cabeza gris para no perder una vonderla con la más pent:trante unción: .
-Hija mía. lo que uHted me pide, es 1mpos1ble. Ya
palabra de lo que ib.\ ú decirle la penitente, dt&gt;j6 ver á
través de la rejilla un perfil tau profundamente piadoso sabe uet.ed bien, que la sola idea U.e una falta es ya la
y atento, como si la recier llegada hubiese sido la prime- ta cuando esta idea ha sido aceptada, usted lo sabe bien
p~esto que dice que es crístiana. S~ la. misencordla de Dios
ra que Ee arrodill9.ra ante él:
significa exigir nuestro arrepent1m1en1? y volver sob1:9
El aspecto ascétic'&gt; de este rostro, 1mrcado1de arrugas y
nuestros pasos ...... ... la idea qne ha temdo ~d. de vemr
qne ilumiaab.i.n do~ pupilas nt&gt;gra::1 de una cándida seve·
á este tribunal es una gracia, una gran gra'?rn. No la de·
nJad,-si se pueden unir esta'i J.os palabras,-hicieron
que el corazón de la joven latiese apreturadamentf'. ¿De je e1:capar. Arrepiéntase de haber pr~med1ta~o un~ ac·
et'peranza ó de amo,? Qnien sabe. ~u respiración se hizo ción que Ud. misma califica de crimrna.l. De gracias ~l
nüs corta y recitó la oraci0o: 11.\fo ~onfie.m á. Dios ......... " Señor unicamente por haberla p10med1tado, renunc1t::
Ud. á ella de toda voluntad, con tc:,do corazón, y diga
II
conmigo: No nos induzcais en tentac10~es_. ....... ...... .
Vió que movía la cabeza con un movumento de rebel-Padre mío-principió con voz casi convulieiva, des- día, y con uo acento en que ya vibraba una voluntad inpnés de que el sacerdote dirigió algunas preguntas á las domable, respondió:
.
..
c-uales apenas respondió. -&amp;curro á ueted en una hora
No padre mío es inútil.. ....... m1 resoluc10n está toma•
t,.. nible de mi exit:tencia ......... E~toy en vísperas de co- da, baré lo que tengo resuelto y moriré dt"spués, moriré
uu::ler un crímf'-n, al que no sobreviviré ......... }fome pre- condenada. Y repitió: ¡Condenada! ¡Condenada!.: ........ .
gunte Ut:!t,ed q11é crimen. No se lo diria. Pero lo comete-Vuelv~ Ud. mai\ana, dijo el sacerdote, á qt?1en esta
rá. Debo cometerlo,-añadió insistiendo sobre ef!ta pala• exaltación asustó todavía más, consult.aré con nns supe
bra: Debo.-Y á peear de esto, padre mío, no soy mala,
riores eclesilisticoP, continuó prudente~~ote, y tal vez ...._.
ya lo veis; aun tengo fe. Vengoá suplicará usted que me
-¿Y si no puedo volver? lnterrulllplO la Ju veo. ¿Y 111
conceda de antemano la absolución de lo que voy á ha· maílana ya sucedió la deEZgracia? ...... .Me he arrastrado
l·er, para qne no muera en pecado mortal.. ... .... Ya com- hasta aquí esta tarde, merCE&gt;d á un úl.tuno esfue;zo, papreudo que este paso parecerá á usted insensato, porque sé r .1, no cometer esta acción horrorosa em haber Bido per4.uees un crimen, porque loconfies1. No lo cometa u:,ted, donada de ántemano. No, prosiguió casi desfallecida, no
- f ü mted á. decirme ....... .. Si pudiese referirle todo, patengo 1:alvación Dios me rechaza como los demás ........ .
dre mio, mediría usted mi miseria, la compadecería, y
¡en dom.le enco~traré un apoye,! ¡Córn~ sufro!. ....._.... .
sabría que esto es inevitable ........ .
El :tbate Cneminat permaneció unos instantes e1lenc10¡Ah! suspiró, apoyando eu frente contra la rejilla, como E'O. :\[iraba de nuevo á la extraña devo~a1 tratan..10 de

;a,1.

....

DE. MAYO DE: 1197

sorprender alguna señal de lo que ahora sos
pechaba. La descomposición de las facciones
de la penitente, no se debía únicamente á
su emoción. Vi6 en ella esa mirad.a amiosa.
y contraida que la maternidad pone en lasmu1ereF. El chal que1envolvía á la deEconocida se había entreabierto en el abandono
de eu último movimiento, y apareció muy
clara la deformación del talle. La juventud
de la desgraciada, la pobreza decente de su
vestido, lo espeso de su velo, la hora elegida
para desfü;arse á la igle~ia, todo revelaba
que la verdadera causa de su anguetia era,
no los celoe, como el confesor había creído
en un principio, sino la vergüenza de una.
muchacha en visperas de ser madI"t".
El sacerdote al hacer este descubrimiPntn,
fué presa de una angustia horrible. Toda la
responsabilidad del sacerdocio se conmovió
en él. Tuvo una intuicion ó más bien la evi·
dencia de que si trataba de saber más, el vio•
lento sobresalto de la vergüenza precipitaría á. esta criatura enferma del alma más que
del cuerpo, á alguna determinación inmediata. Al misma tiempo, la idea de la tleci •
sión audaz, casi herética, que era necesario
tomar1 lo hacía temblar de los pies á la ca•
beza.
Pero este sencillo y noble cura de provincia era un hombre de fe profunda, uno de
esos creyentes á cuyos labios sube expon•
tnneamente, en las grandes pruebas, la sn•
plica suprema: cdn. maaus toas, DominP,
commendo spiritum meum.)i Elevó su alma
Á. Dios1 con todo el ardor de que era capáz,
para obtener una luz, una inspiración que .le
permitiese descubrir la palabra bienhechora
-parae8ta alma desolada, que impidiese el doblfl crimen que esta suprema desPsperación
ha~ia resuelto. Le pareció que un rnplo de
gracia de lo alto había en efecto conducido
a él aquella joven. En el rápido y terrible
resplandor de esta meditación, comprendió
que el amor á la vida y la esperanza no ha·
bían sido arrancadas del todo de aquel corazón. La joven madre amaba aun la vida,
puesto que no se hab1a matado á los prime·
ros síntomas de en maternidad, y amaba ya
á la criatura puesto que no había intent,ado
matarla en su Feno. El sacerdote oró de nuevo con un fervor que redoblaba eusescrúpu•
loe., y con voz tierna y eevera dijo:
-Voy á pedirá Dios, bija mía, que le per•
done de antemano lo que va á. hacer ..... .
Unicamente pongo una condición irrevo•
cable.
-¿Cuál, padre mío?
-Antes de matarlo, déle usted de mamar.
Y como si tuviera miedo de sus propias palabras, murmuró más bien que recitó, la fórmula de absolución: uln
nomine ...... )) y 13u vieja mano t.emblorosa volvió á. cerrar
la hoja del confesionario.

III
La desconocida permanecía allí incapaz de moverse; tt
t.al grado la había aterrado la perspicacia del sacerdote.
Lo oyó salir de su confesionario y se extremeció de te•
rror ante la idea de que iba á detenerla, á. esperarla, á
hablarla. Pero no: se alejó del lado de la sacristía.
Díjose que acaso regresaría dentro de algunos ID.inutoe,
ili:&gt;spués de que hubiese tenido tiempo de quitare-e su&amp;
habitas. La idea de cruzarse en la sombra de los pilares
con este hombre que conocía su secreto, la dió fuerza pa•
ra levantarde.
Antes de matarlo, había dicho el confesor, udéle usted
de mamar,n y el pobre niño, que todavía no había nacido, habíase removido en el seno de la infanticida, como
Ai él también comprendiese lo terrible de esta reeo•
lución.
·
Tuvo la energía de llegará la puerta, apoyá.ndOEe t'n
las paredes, de llamar en la calle á un carruaje vacio,
uaa de eeas malas berlinas montadas sobre ruedas y de
vidrios plegadizos, que sirven de vehículos en el centro
de la Francia. Subió; las ruedas sacudidas sobre el pavimento impregnado de guijarros puntiagudoe, fueron pa•
ra ella un dolor físico, hasta hacerla grit.ar. No encontr6
algún bienestar, si tal nombre puede aplicarsele á. tal
miseria, sino una vez acostada fn el lecho de la pobre recámara de un hotel de última categoría en que se había
refugiado, cinco semanas antes, cuando había sido ya
imposible ocnltar su estado.
La luz que encendió iluminaba con una claridad movediza el papel manchado de las paredes, loe mueble~
de caoba usados, en otro tiempo rojos¡ Ja alfombra rapada que apenas cubría los ladrillos del piso. Este rincón
de angustia y de pobreza, era, sin embargo, un abrigo.
Tiritando sedeslizóJulieta (Pee era su nombre) entre las
telas de algodón usadas y bajo las delgadas colchas, SO•
bre lae cuales arrojósus vestidos para aumentar el abrigo.
Afuera los transeuntes caminaban, escucbábanse voces y risas: era la hora de la cena en la mesa del restaurant; alguien trató de penetrar en la pieza: era un boro•
breque se engañaba de puerta, y qne lanzó un juramento
al reconocer el número. La enferma tembló, al imaginar
que el cerrojo no fuera tal vez suficiente, y se leVf\ntó
para arrastrar su maleta sobre la puerta. Volvióse á acvitar casi helada, y se echó á llorar silenciosamente.
La calentura había hecho presa en ella, sus itleas iban .,·
venían en su cerebro y sus venas palpitaban al extrem ~
de creer que su cabeza iba á estallar. Uno pc&gt;r nno sur
gieron en su memoria sobre•excitada, los P¡.,isodios de l!'
fatal aventura que la había conducido á. aquell,i hora 81niestra. Como los moribundos rec-11erdt1n i,n existencia
entera desplegada ante ellos, recordó rn i11fanci.~ en Paríe, en el último piso de una triste ca •a de la cal'.e de

2

DE MAYO DE 1807

EL MUNDO

Santiago, cerca del Liceo de «Luis el GranDAMAS DISTINGUIDAS
de,i, en donde su padre era profesor.
Eran cuatro hijos que vivían del pequeflo
eneldo de aqellaclase. ¡Cuánta angustia! Ha•
cer el pal)t'l de una sefiorita, cuando eu aote
t-ra wem-'r que la de la hija de un arrenda·
dor, que una sana y robusta car:npeüna que
nu ha recibido inetrucción, que.no ha aprendido el piauo, ni la historia, ni los idiomas;
pero que tampoco ha tenido sueños imposibles y peligrosos; luegoJulieta volvió á ver
la muerte de eu madre y euceeivamente, la
dt- su be~wano menor, su hermano segundo,
y por últ1wo, su padre ...... A dónde dirigir·
set Ya no había casa, y por t-Oda eu fC'Ituna
poseía un tlt;ulo de institutriz.
Con la protección de uno de loe colegas del
muerto1 había entrado como aya en la casa.
de una faooilia rica ...... ¿Cómo se dejó sedu
cu por el joven B..\Tón de Querne, una de las
'Visitas de la casa? ¿Lo sabía eUa acaso? En
uua atruóefera de lujo flotan siempre los gérIllt"nes de las más funestas tentaciones. No
obstaIJte la benevolencia de aquella familia
¡cu.í..utas humillaciones babíasufrido, que la
habían hecho mala! ¡Que involuntaria é
irn sistible oleada de perversos sent.imientoe
se había formado enelhs. sólo á la aproxima•
ción &lt;le las jovenes de su edad, que, al venir de visit•a, rnbían muchas veceH á su pieza de estudio, en el último piso, para abrazar 1i sus pequeñas alumnas. Reepirarel perfn11oe de sua tocados, adivinar su libre y
hermosa vida de placer, d.! fautasía, y en algu11ae de ellas, loe 11mores eecn:tos, 11:1. ulcerabtiu el cora.zón.
Luego, cuando en el salón á donde bajaba
pol· las noches, el eefíor de Querne había
comenzado á fijar su atención en ella. ¿Dón d,· hubiera encontrado la fuerza necesaria
ptira contrarrestar esta seduccióu, c~mo ella
l1ubiera debido? Eete cortejo adulaba su
amor propio; era amada como una de estas
1.1Jnjeres demasiado envidiadas, por un joven
cuyas conquistas conocía. Creyó ser amada,
ckyó en este hombre que sin embargo nuaP.!l. le habla hablado de casarse con ella, y un
J.:a, de debilidad en debilidad, de concesión
t:"nconcesión, se había convertido ensu amante. Dos meses de embriaguez, de alegría profunda, insensata, únicamenta para ella; si él
la hubiese querido, aun cuando no hubieEe
1,ido má." que una hora 1 no hubiera tenido
la crueldad de abandonarla súbitamente, in.
1i I iéndole este ultraje tan atroz como impla&lt;·able: No te quiero, no es culpa mía. ¡AO,
Sr;ta. Leonor Torres Rivas . (Dejol.OfJTafui VaUeto y~}.
qué fraael ¿Y c6mo esta boca qne le había
hecho tan:ardorosoe juramentos, había podido pronun- ciente del día la miró ......... Era una niñ.a. La inocente
ciarla?
criatura movía sus piernecitae, ple¡!aba su3 párpados,
Las imágenes se hacían más claras, más terribles. Jtt- 11bría sus labios. Repentinamente Julieta escuchó en
lieta se volvía á ver en la época en que la terrible pers- i 1naginación la voz del sacerdote: 11Antes de matarlo dele
pectiva se había de~ubierto, y luego impuesto á su espí- m1ted de mamaJ'l) .......... Y docilment-e, casi servilmente,
ritu: ¡era madre!
apartó su camisa, descubrió su delgr.do seno y lo aplicó
En su espanto, no tuvo por un momento la idea de re• á ef'ta boquita que vaciló un momento y luego comenzó
currir al eeduc~or, demasiado orgullosa para sufrir las á absorver con avidez. Y á medida que las gotas de eu
dudfls denigrantes de aquel hoUlbreque ni aún había. leche pasaban á. esta carne nacida de eu carn~, las lágricre1do que era su primer amor. Se lo había dicho en los más subían á sus ojos, lágrimas dulces, bienhechoras, en
momentos de su ruptura, se había atrt&gt;vido á decírselo y que se abogaba su desesperación, hasta qm~ se puso á 80·
Jnlieta h1bfa callad J. Dias y dias se habían suC€didr y
llozar exclamando: "Hija mía; hija mía.)) Y en lugar de
ella en una terrible angustia.
'
aliagar á la. debil y miserable criat.ura, la mecía amoro•
Mientras pudo. disimuló su estado á las miradas de samente. El sacerdot.e habfa hecho bien en absolverla.
loe padres de me alumnas. Cuando compr'endió que su
¡Había sido salvada de su doble crimen!
Pecret.o iba á 1:er conocido, preteetó la enfermedad de un
P&gt;.uL BouRGET.
hermano suyo, entonces profesor primario en el Liceo
Clermond y Bt- dirigió, en efecto, áesta ciudad. Pero al
llegará la estación, no había tenido el valor de ir á ver
á. este hermano. Habíase hecho llevará un hotel ext.ra
viado, al azar¡ se habi'a inscrito con un nombre falso y
a' lí esperaba desde hacía seis semanas, hipnotizada por
VESPERTINA
la idea ~e. este crfmen, del que. habría deseado pedir perdón ant1c1pado al eacerdote. 81 el destino quería que la
criatura no viviese. ella viviría: su honor estaba salvado.
Roja puesta de sol.
Podía rehacer su f'xistencia, después de esta falta única.
Bordando el domo
Si el niflo vivía, ella y el niño morirían. ¿Por qué si era
del crepúsculo ígneo, se deRtaca
una 11.iña, la iba á t-xponer á. una suerte semeja.nte á la
la obscura ramaión de un árbol. como
Puya¡ tal vez peo1? ~i era un hombre, á :ia suerte de su
la sombra de un» mano abierta Yflaca.
padre y de su hermano, cuyas miserias de esforzados
Cruza el in~ndio un pájaro; parece
burgueses había conocido?
·
pincelada de sepia fugitiva;
Para los deegraciado3 que carecen de recurrns y que no
ya en lo altn el fulgor se desvanece
eon obreros ó labradores, vale más no nacer, ó morir in·
en un lúgnbre azul, donde cautiva
mPdiatamente ........ .
y engae11:1da eo penumbrru:o, se eEtremece
A través del torbellino de estas ideas, sus dolores f0
una pálida estreda pensativa.
iniciaron agudo~, tan crueles, que para no gritar, J 11tie1a
Por el gris é intrincado varillaje
mnrdía sus almohada", retorciendo so pobre cuerpo.
del bm:que, la tiniebla ailenc1osa
¿Cuánto tiempo dur6 esta agonía que tuvo el valor de
va tejiendo el sutil y negro encaje;
1-oportar sin que un gemido franqueara el dintel de aqne.
pero aun quedan prendidos al follaje
lla pieza que debía guardar su se~reto? Nunca hubiera
ampoi:i de luz caneJda y perezosa
podido decirlo, y el niño nació.
entre loe o~ muertos del paieaje.
Estoy solo y medit.o;
IV
y mientrassueí'io, y sobre mi cabeza
comienza á constelarse lo infinito,
F.ra por la mañan::,, una mafíaoa fría y gris de A u ver•
;¡l)ro mi corazón á la tristeza:
ni11 1 que filtraba eu claridad tenue á. través de las vidrie•
una tristfoza santa quP me viene
1"88. Julieta tenía alli ála criatura junto á ella, la sentía
¡&lt;1h mi Madre, de tí, Naturaleza,
vivir, y sin embargo, no había extendido aun f!Us manos
de tí que me haces Poñador y artista,
para tocarla. El horrible proyecto se había apoderado de
y dejas qne mi espíritu se llene
nuevo de su cerebro, bast-aria apoderarse de ella in media·
con un vago delirio panteísta!. .....
mente, cerrarle la boca con una mano y ahogarla. D'n mo¡Santa y dulce tria~za que me vino
\'imiento bastaba, ¡y qué movimiento tan sencillo! Pero
sin que yo la llamaFe! ......
no tenía la energía de hacerlo. Un caneancio inmenso
Cu,= lga en tanto
se había apoderado de ella, como si su voluntad se husu lámpara la luna, en t-l divino
biera apartado de su lado. De pronto, en el silencio de
silencio
de
la
nochP.
Y IDA imagino
la casa y de la calle, se hizo escuchar un grito agudo y
que ee una cele!:tial gota de llanto.
debil á la vez, que la sacó bruscamente del letargo en
que yacía. Pemó que era necesario prnceder. Cogió al
LUIS G. URBL.'.'A.
ni11o con un extremecimiento, sus dedos rec)rrieron al
fragil cuerpecito. Quiso verá la criatura y á la luz naAbril de 1697,

Silueta ducal.

Aureo copo de sol el cabello,
En su pálida frente corrt c1a,
Como un balo de euave destello
Tornasoles de nácar proyecwi.
A su rostro de virgen no iguala,
Al abrir su capullo la riea,
El perfil exquisito de Onfah,,
Ni la triste expresión de Eloiea.
Su belle.za idE'al sugestiona,
Tiene albor de nevada camelia,
Celestial beatitud de Madona
Y el encanto inefable de Ofelia.
En sus límpidos ojos engasta
El zafiro de tonos risueflos1
lgnea boya. que explende la casta
Lumbre a.zul de los místicos sueñoli!.
Son ilustreEI sus timbres preclaros,
Su blasón voluptuoeo embelern,
Blancas pomas ardientes de Paros
Coronadas con nimbos de fresa.
En su egrf'gio poder absoluto,
Reprimiendo amorosos arranques,
Corteeanos le ofrendan tributo
Níveos cisnes en glaucos estanques.
Ella extiende su mágico imperio
Que fascina y enerva y arroba,
Donde finje el tupido misterio
De las selvas, penumbras de alcoba.
En e.u armónica voz que subyuga
Como el eco de liras remotas,
Rima trémolos dulces de fuga,
En tropel, de vibrátiles notas,
Y después que al deleit.e apostrofa,
Vencedora en idílica lucha,
ne una extra.ff.a, romántica estrofa,
Loe pausados acordes escucha.
En los tiempos galantes, su porte
Conquietaee el amor de un monarca:
Fuera Harum-al-Rashid su cone-orte
O su heráldico paje Petrarca.
Ella suefia eer novia de un bardo,
De un poeta que fuesP un bohemio,
ne la Lírica, heroico Bayardo,
Que cantase aguardando su premio.
Imponente en su tierno abandono,
RPgia norma de esbelta elegancia,
Que llevara esplendorPe al trnno,
Dt'l Rey Sol Luid catorce de Francia.
CARLOS P10 URDA.CH.

OJOS NEGROS

Ojos de tímida virgen,
Ojos azulefl, serenos,
Loe ql1e infundís en las almas
De la eeper'l.nza los sueños;
Ojos que hicisteis poeta
Al que una vez logró verofl,
Ojos color de zafiro
Enamorados del cielo:
No despertéis en m1 mente
De aquel amor el recuerdo;
No me miréis compatiirns.
No os quiero mirar, no quiero
Ojos de púbera virgen,
Ojos traidores, protArvos,
Los que absorvieteis mi alma.
Los que incendiasteis mi pecho¡
Ojos que hacéis defldichado
Al que una vez lo¡:?:ró veros,
Ojos c6lor de tini~bla,
Grandes, profundos y negros:
No os apart.éis despiadados
Que estoy muriendo por veros;
Sed una vez compasivC's,
Miradme una vez al menos!
FER...'IAN(lRANA.

Abril de 1807.

Al campo voy como :í mi bogar orimero,
pues, al ir desde t--1 v.1l h• basta el otero,
de di~tancia en di8tancia.
f'l olor á tomillo y A. romero
me recuerdan las dichas de mi infancia.

•••

Le eres fiel, mas ya cuenta cierta historia
qne entre él y tú ee acue~ta otra memoria.
CAMPO.A.MOR.

�DOIIINGO • DE MAYO DE ,&amp;97

El:, MU1'1'T'IO

DOMINGO

2

EL MUNDO

DE MAYO DE 1891

LA MODA

Espalda de laa

~y,t·..

t1¡¡ura ■

J y 4.

-

'
~,.,,..,,.....,..~

.- -

.
,,
-.ff '

...

.

';),

·,, . ,,
. ~

.■ ata con tres volantes, d• satín claro.

l.

Granadina con apl icaclon••· 2.

Jaquct bordado, con falda de

■ atín

nea:ro, 3.

... '

Traje d• seda India floreado. 4.

�EL MUNDO

OOMIIIGO

DE MAYO DE 110-,

2

caract.eriza, ellas han creado para los trajea de media estación muy bellas formas, haciendo resaltar la gracia de las sefioras que los llevan. .
Voy á describir en este género dos ó trea encantadores vestidos que he admirado en una excelente casa, y en los cualee está. bien marcada la nota del día
Uno en pan.o cachemir color mastic bordado de aplicaciones de raao. El cuer po~ un bolero, todo bordado de aplicacienee sobra un delantero de muselina
de seda crema. Como tocado una toca de terciopelo rubí hecha de gruesos bollo nes de terciopelo con cresta de puntilla antigua y ramillete de rosas té.
Otro, en lindo pafio gris azulado. La falda muy bien cortada, lisa entera·
mente, y el cuerpo ee~á formado de pliegues escalonados loe unos sobre los
otros delante y atrás, teniendo como ornamento un doble pliesée de tafetán de
dos k&gt;nos, fo,rmando sobre el costado izquierdo del cuerpo. Cintura drapeada
y cuello alto vuelto, adornado de un pequen o plissée de dos tonos. Toca de terciopelo verdefoUoje, b~llonada en birrete¡ sobre el CO!ltado u!l gran bouquet de
violetas blancas, y al pie de ellas dos pequeilae touffes de violetas del bosque
de varios tonos de color.
No es posible en eeta estación ir bien veetida, siguiendo las exigencias de
la moda, si alguno de loe trajee no se adorna· con bordados mate ó galón; los
bordados de todos géneros están en boga y no puede imaginarse nadie la cantidad de ornamentos en soutacbe fim, 1 pastillas de azabache y de otras clases que
adornan y realzan los trajes de hoy, siendo todos de un gusto sin igual. F11ldas
y cuerpos están cubier~s por ellos, y puedo citar uno que ~e vi~to ~n este gé·
nero para que pueda servir de modelo. Esen paño-cachemir roJo brique ador nado en lo nito de la falda y el corselete de un fino aoutache negro, enlazándose
en dibujos irregulares y de un efecto muy original.
En el momento actual mil chucherías á. cual mi.ts liniaa encantan la vista
con sus coquetones adornos y preparación, que, si bien no varían en el fondo
las lfneas del traje, e11ae le da:z;i un tono elegante y original. En este género citaré las corbatas de muselina de seda y encaje, que tan bien adornan loe cuerpos· se hacen también ruchMelegantes en cinta Pompadour, para rodear el cuello ~on nudo atrás y pequefla ruche del mismo. plegada en el borde;_en el delantero caen en forma de chorrera en gasa plegada adornada de encaJe ó puntilla fina formando pan.os hasta el talle. EitoS cuelloe, de una fantasfa muy
nueva son alt.os y se adornan la mayor parte de ellos de una lista de perlas de
c::&gt;lor ~on panos' de corbata en eurah orlados de encaje.
Las·pedrerías negras seducen esta temporada, y sobre los cuerpos, aal como
en sombreros y tocas, l9:s l~nteJuelae y bocachone son empleados de diversas
maneras y su favor va siempre en aumento.
.
Hoy el reinado de las floree está en En apogeo, y como todas laa muJeres, por
lo general, les rinden verdadero culto 1 es e l reinado má.s duradero. En
esta bella estación loe salones de las modistas son comparables á un parterre

~~i

-;~~
- 'f"'

~:h

tejuelas rodeando la copa y ramas de lilas mezcladas con un nudo de
terciopelo verde muago; i la izquierda la pasada está retorcida po,r un
grupo de lilas de muchos t.onoe y prendidas en una lazada de terciopeelo. Imposible comprenderá no verlo la gracia y elegancia de este
sombrero, verdadero adorno para una jovencita.
O~ro, redondo en paillaeson negro, muy ligero, es unaverdadera
constelación de azabache. Este sombrero, de una distinción absoluta,
puede convenir t\ \Odas las edades. Como adornos, plumas con draperie de tul bordado de lentejuelas, que forma abanico dela.o.te. Atrás,
sobre el mofto. dos pequel'ios grupos de violeta.a y choux de tul sembrado de lentejuelas de azabache.
Entre las novedades de la estación, citaré tombi~n las flores gigantea, que hacen ellas solas todo el sombrero. Hé aquí uno de estos
modelos: con gruesos pétalos de roE!as formando como una inmenea
flor; atras touffe de plumas negras. En todas hay las más selectas mo•
neríae que es posible imagmar¡ se hacen todavía en terciopelo delco·
lor del trajeó del adorno de él; se adornan con plumaa negras y gran
grupc, de violetas.
En las casas de costura se amontonan las telas más maravillosas
destinadas ya á. la estación estival, que ha de llegar en breve. La in·
dustria lyoneaa ejecuta en el momento importantes pedidos, que son
prueba de que las telas de seda han de gozar de gran favor, del coal
triunfan hace algunos anos. Nada, en efecto, viste mejor que estas ri-

e

Modelo de c:orae.

Modelo de corsé.

donde la flor de seda é tRreiopelo. tan decorativa como
linda, montada por babil artiEta, lucha en verdad con la
fior natural. Ella da á nueEtroe sombreros el adorno más
bello y elegante, y e!."ta estación será la que le conceda
todo su favor. La ciuta que Ee ha tratado de resucitar,
no podrá jamás dar á. nuestro!:! sombreros la nota elegante que ellos reclnman y que es tan necesaria para
complemento de un bello traje. La flor que goza la primacía en estos momentoca e3 Ja violeta¡ ella se encuentra
por todas partes, en touffee, en ramilletes, en cubrepuntae y afectando todos 101 tonos desde la violeta negra
basta la blanca, pasando por todos los colorea de su escala. Se la ve en todos loe sombreros, sea cual fuere su forma¡ est.a pequen.a flor con su lindo ío11aje, montada sobre su tronco, forma una delicada y linda cresta; así que,
una vez conocido este adorno, al cual no ea posible resistir, no hay eeftora que deje de ostentar en su sombrero
la modesta violeta que, 6in embargo, pasa sin hacerse
notar.
Para ser fiel á mi promesa. de hablaroca algo respecto á.
loe sombreros de novedad, citará alguno á fin de poder
formar idea de ellos. En sombreros, el birrete y el canotier.BOn siempre los mfls apreciados; se ven tambien tri•
cornioe yel gran sombrero, al.cual se le hace honor siempre, y como fantasía se hacen muchos con copas altas y
anchas con pequeflo borde plano levantado en un coetado para dejar pasar el adorno. Como ejemplo, citaré uno
en paja de arrqz negra, con doble draperie de tul de len -

.t.""
•,

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

Bata d e • atín, frente y e• p a ld a .

II
Instruir es educar. Educando ,,á la más cara mitad» se depoeitan en su eeno gérmenes de ei:peranza y de ventura. Por la juventud-que e&amp; la maga
del t,iPmpo-debemoe convertir en encanto'e_l estu•
dio, el libro en oráculo, la edad en eacerdocto y la
patria en eantuario del porvenir.
La inteligencia es la obrera del siglo~ y la nrnez
vuela como mariposa que busca en la floresta miel.
La generación pasa como abeja pensadora nu•
triendo su panal.
La instrucción civiliza como el talento ilustra.
La ilustración es la lumbura;del orbe y sirve de
faro á. la Repllblica, dirigiéndola por el sendero ee
las naciones ilustradas.
La ilustración hace de los p~eblos templo1:1 don;
de la libertad inepira culto, es la ídolo paz p1íblica
y el patriotismo, levantando altares á laeabiduria,
festeja loe triunfos del progreso, celebra las glorias
del genio, tributa incienso á la belleza móral y can ta en inmortal poesía himnos de civilización y de
contento. La ilustración ea el movimiento de la
época en el oleaje de la corriente univeraal.
III
La mujer ejerce en el mondo un poder irresistible: su imperio es el amor y no hay hombre que
ella. no sepa avasallar~ por eso allí donde brilla el
sexo hermoso con la apacible luz del pensamiento,

cas telas, que dan una elegancia tan marcada al \raje sin

··¡

buscarla t.anto en su hechura y sin complicaciones de
adornos. Los tintes admirables de las bellas eederias de
Lyon, la delicadeza de .sus dibujos en que la composición
artística es tan maravillosa1 tiene para toda seflora de
buen fusto un atractivo lleno de seducción. El tafe1án
tendr este año una boga creciente: es una tela de estío
muy linda y práctica, en la cual ta ligereza y solidez pueden deea6ar todos loe _tiempos y circunstancias; según su
color obscuro ó claro, él constituye el traje sencillo de paseo ó el tuje más elegante, con el cual se puede asistir á
un concierto, comida ó misa de casamiento, y es siempre
el traje clásico por excelencia, sólo con. variar tu forma ó
sencillamente sus adornos.

r-~t

~

1.'L.
'\

Traje parisle "se de P rl rri avera.

LA MODA
LA EOUCACION DE LA M UJER

:W.Estamoa en ph::i11u 1Jport; inlciaEe la temporada de carreras siempre concurridas por lo mejor de nuestra sociedad y la moda, que so pena de no vivir ha de ser opcrLuna, forja ya
y confecciona modelos del mejor gusto. De eat&lt;•s hemos escogido los mejores para preeentarlos á. nuestras lectoras, afladiendo algunos corsés de última novedad.
Para detalles completos, relativos &amp; los tlltimos caprichos psrieienses, véase la amplia crónica que publicamosá continuación.

CRONICA DE PARIS

El concurso hípico, que se abrirá en breve, no es solamente interesante bajo el punto de
vista de [la lucha y destreza entre los que se:disputan el premio; mas todavía creo lo es mirado
por lo que concierne al movimiento que produce entre nuestras elegantes para lucir en él loe
más bellos y ricos atavíos.
Es,:en efecto, el concurso hípico con el que comienza Jaexpresión de las aovedades más principales que van á dar el tono á la esiación.
Estas son muy deliciosas; todaslascosasque eeteacontecimientr,, frívolo al parecer, ha be·
cho eurgir de los más renombrados talleree, serán las que harán declarar una vez más que la
indetria de Parffl, la reina en el mundo de la moda, sabe buscar en sus designios loe grandee
aoontecimient.oe que darán la nota principal en el mundo elepnte.
Loe adornos nuevos se muestran en mont.ón y se loe admira con interés y curioeidad; iodo
cuanto se desea de más nuevo en formas y coloree lo encontramos hoy; loe vestidos sencillos
en líneas! pero que dejan una impresión tal de elegancia seductora y distinguida que no se
borra fácilmente. Hay afortunadamente mezclas en tRlae y adornos, combinaciones de cortes
y de colorea, q\le hacen una harmonía perfecta y agradable á la vieta. Pero hace alga.nos aftoe,
de tal manera ha escudrifiado la moda en loe recuerdos de grabados de otras épocas, y tan bien
ha imitado todos los _estilos, que es poco menos que imposible crear tipos de trajes absolutamente nuevos. Gracias, por lo iantro, al gueto tan e~izuro y á la imaginación tan fecunda de
nuestra.e costureras:, á fin de que cad&amp; estación traiga algunos cambios en el arreglo de los trajef!, ellas les saben dar una elegancia muy refinada, conservando siempre el estilo sencillo y
correcte, que es el tono saliente de la moda actual. Con el estinto innato de lo bello que les

...,i..
•-:ú,.,,- .. ,.
-•

7

Traje: para niño• de 3 á 4 aftoa.
Traje partsiense de paaeo.

I
Iluminarse con el fa.lgor de las auroras, recoger en su
caliz el rocío de las lágrimas, endulzar de este valle la
ámargura y embellecer la soledad, he aquí el destino de
esa flor viviente en brazos del jardín social.
La nin a es un botón de roea que al abrirse exhala delicioso aliento. Todo en ella respira virginal esencia : la
pureza de eu mirada 1 la dulzura de sus labios, la expresión de su sonrisa y su genial candor.
1!3 joven ha nacido como la estrella en en espacio para
lucir.
¡Cuán hermosa ee levanta en su esfera!
A mar !f Mr a,mula, ea el delirio que compendia su historia ierrenal. Por eso se educa mejor en el regazo ma•
temo.
La educación ea obra de las madres; y no hay afecto
tan puro como el carii\o maternal.
La maternidad es P.rovidencial maestra que desvelándose desde la cuna, ilumina basta el .sepulcro' con la ant.orcha de la sensibilidad.
Saludables ejemplos recibe la madre que crece aprendiendo laenseflanzade la virtud.
Quien cultiva unacampifla virgen, espera verla flore•
cer.
La semilla que se riega en buen cercado, ofrece muy
sabroso grano.
¡Qué dulce es á la ruda labradora saborear el delicado
fruto de la planta que sembró!

Traje para niños de: 5 á 6 añoa,

�DOMINGO a DE MAYO DE 11!97
296

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

~--,~

)a vida se embellece y el espíritu domina eobre el corazón.
Cuando el angel de la educ:ici6n abre sus alas hay un
cielo espiritual.
Las nifiae no son solamente pimpollos de los padree,
sino también flores de salón y adornos de la sociedad;
animan el suelo, engalanan el festín y perfuman el tála mo. Instruirse para reinar es su misión.
Princesa en su alcázar, la mujer instruida ciñe preciosa guirnalda que el soplo de los años no marchita y que
ni la misma furia de la desgracia se atreve á desgajar.
El amante se convierte en e&amp;poso de la pretendiente
educada; y la mujer halla en la educación un lazo para
aprisionar al marido.
La educación es la misteriosa cadena para unir las vo•
luntades.
Debe educarse la vestal que se consagra al templo, la novia que prepara su velo y la desposada que tiene en su
dedo el anillo nupcial; la soltera y la casada, porque to•
das han de poetizar su vivienda con ese libro que refleja
las almas coronadas de celeste resplandor.
La educación es aureola de la sabiduría del hogar.

_____ _
,

EL MUNDO

-..-.. - -- - - --=----:·~.,
•

_,__,_

~

~

-

IY
En el campo intelectual se alza la palma de· la ciencia,
á cuya sombra encuentra abrigo el sentimiento y se de•
leita la imaginación.
Si luce en el camino de la existencia, el desierto es un
oasis¡ y cuando el sol de la cat:a resplandece esparce en
torne- claridaé:.ea.
La educación ea el ambiente de la felicidad conyugal.
El cristianismo ha proclamado la santificación de la
familia, y la religión ea fuego celestial en que han de en•
cender di vi nas lámparas las vírgenes de la tierra.
Con primorosos y angelicales dones ha favorecido Dios
á. las mujeres; El las ha hecho imágenes buenas, dulces
y amorosas, como semblanzas del Edén: las ba enriquecido con espirituales galas, colmándolas demaravillosris
virtudes¡ pero con lo que más las ha coronado de gracia,
redimiéndolas de la tirania del pecado, ha sido con la
santidad del matrimonio instituido desde la creación en
el sublime misterio del Paraíso.
La esposa ee la amable compafiera formada de la ces•
tilla de Adán.
Los primeros amores divinizan y la mujer ha sido
criada para delicia del hombre.
La bumnnidad es la pareja enamorada puesta por el
Supremo Hacedor en el recinto del Edén.
La mujer educada simboliza la alegría doméstica, como la paloma es el emblema de la consorte fiel.

1

ENGANO SUBLIME
Por lb)aría l!esc:ot.
NUMERO 8.

¡Tres días en París!.. .... Qué
gentil advertencia! Corría yo
el riesgo de encontrarme cara á
cara en el boulevard con ese bebedor de sangre. Me fiaba neciamente á ]a promesa de ese
diablo de X ... ... , que me había
jurado que le sería rehusada la
licencia........ ¡ Y cuente usted
ahora con loe amigos! Nada,
que será. preciso ausentarme y
eso es lo que yo no quería ..... .

NUESTRA COCINA
Patatas.

El cocinHo ó la persona encargada del n~gimen de la
cocina1 ha de tener en cuenta que la patata esun nrticulo importantísimo y del que puede sacarse grandísimo
provecho, pues se presta á infinita variedad de guiaos,
todos agradables y nutritivos en sumo grado. Por consi•
gniente, para cada guiso ea necesario eecnger las patatas,
porque la elección de ellas entra por mucho en el resultado del uso-que ha de J1acerse de este tubérculo.
Así, pues, las patatas amarillas y encarnadas han de .
usarse para los guisos en que ee cuecen enteras, porque
dichas patatas no pierden su forma; y cuando se han de
emplear en purés ó en el ramo de pastelería, deben bus•
caree las clases harinosas.
Trajes de Sport.
Las patatas de secano son de la mejor clase, pues tienen
menos parte acuosa que las de huerta.
aparato
especial,
:emes
p11ede
c()n~ezuir.se
el
ohjeto
de
la
LO MEJOR DE LA VIRGEN
Las patatas nuevas, cuando no tienen todavía el volú•
men que deben tener, según su clase, son malsanas, de manera más eenc11la, echando agua en 1ma olla 6 manni •
•~;
en
lijo
boca
de
ésta
se
coloca
una
cubierta
de
mimbres
difícil digestión y sólo deben emplearse por pura neceei•
Lo mejor de la Virjlen, hija mía,
dad, pues no estando maduras y en todo su desarrollo, d1spuef:lta de modri que no toque PI agua· las patate1-1 sP.
ponen encima de dicha cubierta, la cual 'se r.ubre tam~
dice el padre vicario á Ro:-al ía,
no son las más apropósito para 1a alimentación.
bién.
con
una
tapadera
dP
rnadna
6
barro
guarnecida
de
Jo mejor de l\Iarfa,
Para todos loe guisos en que hayan de emplearse las
1
sin género de duda, es la pureza,
patatas, ha de comenzarse por pelarlas y cocerlas en agua un henzo blanco de dos h trPB dobleces, para que contenga el vapor, v se coloca la olla 6 marmita sobre el fuego
Roealla, que unida al hombre amado,
al vapor.
Y se l~ hace hervir lo suficiente para cocer las patatas.
siente el primer latido
Para cocerlas al vapor no hay necesidad de tener un
. Cocidas de este modo son muy agradables. -pues no
del fruto de su amor Fantificado
pierden nada de ~u aroma ni dP su gueto especial.
le contesta con roRtro enrojecid~:
Las patatas comdas al vapor 6 en agua, para servirse
. P~r~onad. iiefior cura, si os enoja
enteras, no deben pelarse.
m1 opn~tón en tal punto, que vos, padre,
Solo. deben m~nd11ree cnando hayan de eervirse en
tomareis como PX~rafia paradoja:
cualqmer otro gmso 6 condimentarse de cualquier otra
lo mejor de la Virgen, ...... es ser madre.
manera.
SAl.\'ANY.

Calañ..ares.

Pero habrá que hacerlo. El int
el 26 en camino para el polo y
ahí que los osos blancos lo de-

~Felipe á f'erna11do.
t1Rochefort 6 de J nnio.
«:lle íué rehusada la lioencia, Fernando. Recibo al mis•
mo t.iempo aviso de que estoy designado para la expedi~
-ción al Polo Norte, de la que habéis oido hablar sin
dude.
«P.rt.eo como teniente á. bordo del Intrépido. Parto
-denlro de tres eemanae. Estoy sorprendido de mi nom·
bramiento¡ no se designa _,.ordinariamente para largas
traveeiae-tres aflos cuando menos-sino á. oficiales que
lo han solicitado. Bajo el punto de vista del progreso en
la carrera, esto es soberbio; pero no soy ambicioso. Yo
.amo f'l mar por sí mismo, por sus peligro11, lo imprevisto
y lae i.randea y misteriosas impresiones que me brinda.
Lo amo como amante desinteresado y no como aman'8
ú";do.
11~0, yo nada he eolicit.ado; sin embargo, acepto, bien
-entendido. Sólo que no puedo resignarme A. partir sin ir
á veros. A falta de la larga licencia que solicitaba, no ob tengo más que un permiso de algunos días, el tiempo ne-cetario apenas para besar á Lila y daros un aprétón de
maU&lt;is.

Muy conocido es el guiso de este pescado, pero el que
v~mos áda.r hoy á councer es el que supera á todos por lo
bien que dice á estos, haciéndolos aaradables
hasta á las
0
pereonas de paladar más delicado.
. Estos ee sirven bien asados á la parrilla, con tinta ó
sm P.lia, después de emparrillados con un polvo de hari•
na Y yemas de huevo, pimienta molida, sal y agrio de li món de modo que r:esulte una masa muy ligera. También
se rehogan con aceite 6 manteca de vaca y se sirven con
una salFa hecha con agua, sal, miga de pan, azafrán y un
poco de nuez moscada.

FELIPE.11
u Felipe

dt .A vlrián á Leódi.ce .lfartín.

,,Se flor:
11Tengo el honor de preveniros que abandono Rochefort. Paearé en París loe días 10, 11 y 12 de Junio. Pa•
raré en el Círculo militar. Volveré á Breet el 18 de Junio
y el 2,~ me embarcaré.
«FELIPE DE AtrnlAN.•

Cuando.n.na enfermerl trl es':.á d~ moda ee muy dificil
A. una pa11s1"nse no tenerla.

-Y ahora, dijo Felipe, las cosas están perfectamente
-en rt-gla; ya no me ocuparé m&amp;Bde ese indecente.
E~e indecente, cuando recibió tal carta, se levantó lleno de có!era.
-¡Ah! vaya, vaya!.. .... pero ese hombrecillo rabioso.
no quiere, pues, dejarme en paz!. .....

E111111nn11el .lrnu,.

• **

Este fin de Siglo pertenece á los «inse:xualee .. : la mujPr
reclam~ á la vez e.u derecho al voto y á la esterilidad. La
maternidad da miedo.

,Tules Clretie. ·
Bluaa de Pon¡¡,ee.
Abr1~0 para niño de g á 10 años.

y0ren .. .... !
¡Y decir que yo soy el benefactor de ese muchacho!
¡que yo lo he hecho nombrar teniente! Un ingrat.o ..... .
¡Y eso me ha costado caro! Y el diputado X no ha hecho
cada de provecho.
Sonó el timbre.
-Preparad.me mi saco de viaje y traed un coche. Parto al instante.
An~ de abandonar el hotel, &lt;lió al conserge la c'oneigna de responder, á wdas las personas que fuesen A. buscarlo, que había partido para· Arkangel desde hacía un
mes y que allí pasaría el estío.

IX
Felipe no pudo obtener más que un permiso de ocho
dlea .
Eso era bien poco y había infinitas cosas que hacer durante tan corto lapso de tiempo. Llegado á París esperó
durante los tres días que habia designado, más no le Jlegó mensaje alguno. Para no correr el riesgo de eet.ar ausente cuando le buscasen loe testigos de su adversario, si
es que s·1 adversario le enviaba testigos, lo cual comenzaba ya á poner en duda, no se a\revía á abandonar el
Círculo militar, pasando las horas del día en leer las revistas y periódicos. Solamente en la noche salia.
Ahora bien, una noche, al pasar, ante el café Riche,
una voz bien conocida le llamó.
-De AubiAn! Pardiez! de Aubián con que sois vos!
Qué hacéis aqul?
-Sin duda lo que hacéis vos, Merville, paso.
-Y bien, yo no hago eso, yo no paso, yo digo como
Mac-mahon: Aquí estoy y aquí me quedo.
Sencillamente, heme agregado al Ministerio.
A fe mía comenzaba ya A fastidiarme del mar¡ ee monótono; y además París ...... sabéis, París ...... cuando uno
ha mordido ...... Y vos, veamos, de dónde venís? A dón•
de vais? qué hacéis?
-Yo, yo dejo el Neptuno y .me voy al Intrépido. Oc1.o
días de perm.ieo, eso es iodo, para abrazar á 1os mios.

Después vue 1vo á Brest.
-A Brest! Y sabéis acaso que ya no la encontraréis?
qué ha partido?
-Quién ha partido? PregunMJ Felipe aparentando no
comprender aunque la respuesta para él no fuese dudosa,
-Quién! pues Beltrana, hombre, Beltrana Martin! creo
que no la habréis olvidado. Sin embargo, hace largo
tiempo que vos y yo no hablamos de ella. Cerca de cuatro años!
Cómo vuela el tiempo! Paréceme que fué ayer cusndo
nos separamos. .Yo no me olvido de Breet y estoy aiem•
pre al corriente de lo que pasa. Le Goeleck y el hermoso
Forquet hablaban sin cesar de ella. Ahora ya no hablarén .
-Pero en fin, qué es lo que ha. pasado? preguntó Félipe
con una curiosidad impaciente.
-En primer lagar que la bija del Sef\or Martín ae murió: la joven á cuyo matrimonio vos habéis ......... cómo
decir? en ñn, vos ha beis debido asistir!
-Adelante, dijo Felipe sonriendo, continuad, os lo
suplico.
-Ah! no os guata la broma! Bueno no insistirá. Conque Valeria ~Iartin murió primero. Su padre no la había
vuelto A. ver. Permanecía d.isgUBtado con sus hijos desde el matrimonio. Aun ignoraba que estuviese enferma
y brutalmente le comunicó su yerno por medio de un telegrama la fatal noticia. Parece que el pobre Martín es·
tai:a muy cambiado desde hacía tiempo: ya no tenía go•
ces ni jovialidades¡ una actitud de viejo sauce llorón ..... .
El golpe fué mortal: un ataque de apoplegía fulminante
y ya no volvió á. eu conocimiento.
-Pobre hombre, exclamó Felipe c.on una piedad profunda.
Volvía á ver en su mente al anciano saliendo de la entrevista con él y alejándose desesperado, herido en el
corazón.
-Si, pobre hombre, repitió Mervill, pero también pobre mujer, por que de la cumbre de aquella riqueza y de
aquel lujo ha caído al precipicio de ]a miseria.
-Obl de la miseria .... ..... dijo Felipe incrédulo.
-Si señor, una miseria relativa, se entiende. Yo no digo que esté reducida á. mendigar su pan. Loe diamanies
con que se adornaba bastarían eolos para ponerla al abrigo de la mendicidad cruel. Pero cuando se ha vi vido
bajo un pie de gastos de dos A. trescientas mil libras, ee
penOBo veree reducida á la mediocridad de algunos millares de francos. En todo caso ella no ha querido dar :t ens
admiradores ese triste y lamentable espectáculo. Adónde
ha id~? ¿Qué ha sido de ella?

Nadie lo sabe. Algunos pretenden haberla encon.,rado
en Monte-carla, otros en Biarritz, en Vichy y aun en
Constantinopla. En suma, esos son cuentos y nada de poeitivo se sabe.
-Quién ha heredado, pues, al Señor Uartin?
-Su yerno, que era al mismo tiempo, eu propio sobri-

�EL MUNDO

DOMINGO a DE MAYO DE ,8117
OOMIIIGO z DE MAYO DE 1897

no, y en consecuencia su heredero más próximo. Unse·
fior demasiado inaceptable, entre paréntesis, que se ha
conducido coa la viuda de su suegro, atrozmente. La
obligó por medio de sus agentes á abandonar el hotel y
la población, y todo fué vendido!
-Y~ijo Felipe con un poco de ironía-ni Le Goeleck, ni el hermoso Forquet, ni vos Merville, ni ninguno de los adoradores de la sefiora Martín se ofreció para
reemplazar al esposo perdido.
-Ah! diablo! diablo! de Aubián, cómo sois ...... Uno
se enamora, pero con ciertos fines ........ .
Además, reemplazar á un hombre que tiene ocho 6 diez
m.illome, no es cosa facil.
Yo no tenía más que un corazón y dudo que Beltrana
lo hubiese aceptado, como no habría aceptado los de los
otros ..... . Con que os embarcáis en el ulntrépidon?
Pues bien, felicidades, querido amigo. Acaso no sea
muy cómoda la travesía. Yo que comienzo á h&amp;eerme
viejo, prefiero decididamente el Ministerio al puente de
un navío.
Sacó su reloj.
-Es preciso que os deje. Tengo una cita. Siempre hay
. citas en estie país ....... .
Y estrechando la mano de Felipe, partió tarareando:
Hay un Jugar en Sevilla ........ .

Habiendo pasado loa tres días, durante los cuales Leó·
dice no había dado señal alguna de vida, Felipe partió
para Lausanne.
Besó con viva emoción á la pobre Lila, muy pálida y
debil aún. Su visita, muy corta, dos días apenas, fué
grave, casi triste. .A. las preguntas reiteradae de su cuñado, respondió:
-Sí, es cierto, mi expedición será larga; sí, es cierto ...
me temo ........ .
Fernando exclamó:
-Pero vos, Felipe, tan aventurero y tan valiente ..... .
Una melancólica sonrisa pasó por el hermoeo rostro
del joven oficial:
-Oh! no es lo largo de la expedición lo que me asusta,
no rnn tampoco eua peligros; pero conservo en el corazón la impresión terrible de mi primer desembarque. Yo
no soy siempre feliz al volver! Me la cuidaréis mucho, no
es verdad, Fernando?
Y bruscamente, sin transición:
-¿Habéis pensado alguna vez en volveros á casar?
-Casarme! exclamó el viudo con asombro sincero; cómo podría pensar en casarme, Felipe? Mi corazón está
muerto y no volverá á palpitar ya más.
Y enérgicamente repitió:
-Jamás! jamás! jamás!
En el momento en que se proponía esta cuestión, el
aya entraba á la sala para tomar un libro que la niña reclamaba. Salió inmediatamente con una precipitación de
conmovida, mas no demasiado pronto para que la mirada penetrante del marino no pudieee advertir el vivo rubor que súbitamente invadió su plácido rostro, coloreándolo de púrpura hasta la raíz de los cabellos.
-¡Ah! pensó él, acaso Carlota!. ....... .
Pero esta suposición, esta duda no le inspiraba temor
alguno. Miró atentamente á su cuñado; éste no había
prestado atención alguna á aquella escena muda: la pobre Carlota no era para él mas que una especie de mueble ó de animal familiar; habituado, como estaba, á no
notar ni su presencia ni su ausencia, continuaba sus pro•
testas de eterna viudez y de eterno dolor.
-El nada sospecha de este amor, se dijo Felipe, y no
le hala.garfa mucho por cierto; la pobre muchacha ea tan
fea! Pero una mujer sinceramente enamorada ejerce tardeó temprano su imperio sobre un hombre débil; él es
muy débil y se dejará cazar. Por qué había yo de opo•
nerme? Más vale ésta que otra. E3ta es dulce, buena, faci I para vivir y adora á Lila.
Por la noche, cuando la nifia se hubo dormido, él pro,·,,oó las confidencias de la aya. Ella temía la oposición
úta Jvven y que tuviera bastante influencia para que se
la despidiese. Con cubores juveniles seguidos de palide•
cea mortales, después de haber negado largo tiempo, acabó por confesar el secreto que él había sorprendido.
-Oh! compaaivQ sefior Felipe, sed bueno con la hu•
milde aya, ella no podría sobrevivirá la separación, ella
es la débil planta que está atada á la encina magestuosa,
ella es el pajarillo débil que el menor rayo del radiante
sol hace cantar y vivir.
El sonrió y la tranquilizó. No solament;e no pediría

que se la despidiese, sino que sería su amigo y su a.liado.
-Yo sé, ciljo, que puedo sin temor confiaros el porvenir de Lila; sé que la amais con maternal ternura; só que
seréis siempre indulgente con la huerfanita. Hé leído todo eso en las cartas que me hicísteis el honor de escribirme: en ellas he leído que tenéis un sencillo corazón,
abJ1egado y generoso. Os doy, pues, á mi querida niña,
y deseo con todo mi corazón que su padre pien.se en ca•
saree con vos. Cuento con vos y con vos rnla, señorita
Carlota; continuaréis escribiéndome, enviándome noticias rnyas, verdad? Lila es olvidadiza, como todos los niños, Fernando es inexacto, como todos los artistas; pero
vos, en cambio, sois la exactitud y la regularidad. No os
dejéis, pues, desanimar ni por la falta de contestación,
ni por la incertidumbre de esta correspondencia. Aun
cuando lleguen á vos las noticias más siniestras, prome·
tedme que seguiréis escribiéndome.
-Compasivo señor Felipe, respondió ella con cierta
solemnidad, mientras la pobre aya sepa escribir, su corazón reconocido os escribirá.
Y jamás pro.mesa de novio, jamás juramento de caballero, jamás voto hecho á Ja madona fué más religiosamente cumplido. Carlota escribía en una especie de diario los menudos acontecimientos de la vida de familia,
que todgs los meses, al azar de los vientos y las olas, le
enviaba á. través del océano.
El abandonó á Lausanne más tranquilo.
-Algún día volveré del Polo, se decía; además esta
plácida y·sentimental alemana es la más inofensiva criatura del universo entero. Una especie de buena bestia
sin malignidad, sin traición, sin astucia. Madrastra ó
institutriz, ha nacido para obedecer y docilmente, obedecerá.
Pasó por Pontarlier, deteniéndose sólo algunas horas.
El tiempo urgía. Jacobo le recibió con una avalancha de
lamentaciones.
-¡Esto acaba, muchacho!.. .... ¡Que mi ejemplo te
sirva!.. .... ¡Hay que ca.anee! ¿Ves tú el resultado de no
hacerlo? ¡La gota! ¡Una satánica gota que no deja su
presa! Cáeate, muchacho; oye los consejos de la tía Fourneron; pues que ha de hacerse eso, más vale pronto que
tardP.
-Pero más vale tarde que nunca, dijo Felipe riéndo.
Yo lamento, mi querido primo, no poder ya solicitar las
funciones de garcon d' lwnneu,·.
-¡Oh! ¡oh! muchacho! No estoy todavía en ese caso,
pero voy para allá, aunque cojea cojeando. Eulalia consiente en casarse con esta vieja bestia. Es muy buena,.
es un angel de abnegación. La bondad es la primera belleza de una mujer. Los jóvenes no saben esto.
Felipe dejó á su infortunado primo, después de habe:r;
aprobado enérgicamente sus disposiciones nuevas, y se
dirigió á casa de las primas Lézines. Inmediatamente
notó algunos cambios. Eulalia tenía aires púdicos de desposada, confusiones de virgencita. Habló de Jacobo ruborizándose.
-Nuestro pobre primo Sommeres, vos le habeis visto
sin duda, Felipe. El Dios de misericordia y de perdón le
ha enviado la prueba de la enfermedad, pero es por su
bien, su dicha y su salud eterna.
-Amen, prima, dijo Felipe. Espero tambien que ser•
vir(eso para su conversión á las ideas del matrimonio y
que encontraré á mi vuelta alguna modificación en el es•
ta.do civil de los miembros de nuestra familia.
-Yo no sé lo que queréis decir, respondió ella bajando
los ojús.
En cuanto á la tía Fourneron., más ocupada, más ata·
reada que jamás, quiso sin embargo conducirá. Felipe
hasta el camino de fierro, diciéadole con un tono misterioso y confidencial el gran triunfo de su perseverancia.
-Aprende de mí, Felipe amigo, que no debe uno desesperar jamás de nada. Oh! este si que medió que hacer.
Es un burlón, un bromista terrible. Más de veinte entrevistas, por culpa suya, no dieron resultado. El sefl.or
amaba eu libertad. Oh ....... ! su libertad! Siempre la ha
tenMo y ahora no puede dar un paso. Felipe, amigo, yo
aguardo á toios esos obstinados para cuando les da el
primer ataque de gota! entonces ya no resisten ..... .
Ya sabes el nombre de la que será su esposa? Hum!
Habrías tú creido que esa devota tendría el corazón tan
tierno? ...... Ahora le ama como una colegiala.

-Y que dice Aglaé?
-Aglaé no está descontenta, eis una hermosa presa para su proselitismo.

EL MUNDO

Encadenado en su Billón, cómo podría sustraerse á. sus
sermones?
Pero hablemos de tí. Qué lá.stima q ne te vayas ...... y 0
iba á proponerte un negocio soberbio: rubia, veinte años,
linda, una dote de ........ .
Felipe no supo jamás la cifra de la dote de ese 1&lt;negocion
que era sobe1bio y rubio y que tenía veinte años.
Un silbido estridente, desgarrando el aire, impidió á
la tía Fourneron concluir la frase tentadora. El tren se
movió: Felipe, inclinado en la ventanilla, oyó aún reso • .
nar estas palabras:
-Reflexiona, ocasión únícal.. ...... .
Después, en un último grito:
-Rubia! Rubia!!
• SEGUNDA. PA.R.TE.

!XXI.
No lejos de la habitación del pintor, al borde del lago,
se encontraba un modesto chalet. Habitá.balo, sola, una
mujer joven. Percibíasela en el jardín, lánguidamente
recostada, con la cabeza cubierta con un velo negro. Vivía en el más absoluto aislamiento. Solamente en la noche, á la hora del crepúsculo, detenía.se un coche á. la
puerta del chalet. La extranjera, vestida de un Juengo
traje de duelo, atravesaba el jardincillo con paso lento,
pareciendo sostenerse con pena, subta al coche y no volvía sino por la noche.
Lila y Carlota en la reclusión forzada en que las órdenes de 1 médico las retenían, se ocupaban demasiado de
esta vecina misteriosa, á la cual apellidaban la ,(princesa
negra.u La aya inventó respecto de esta desconocida las
más fantásticas suposiciones: ya, que era una criminal
que hu.fa de la justicia de su país, ya que una ilustre
desterrada.
Todas las mañanas, á la hora del desayuno, preguntaba
al pintor:
-El honorable señor Duvernoy no ha visto á la princesa negra?
El respondía con indiferencia, pero ella insistía:
-Estoy cierta de que es una reina. ¡Hay tantas reinas
desterradas! Oh! ¡cómo desearía verla de cerca!
Este inocente deseo no tardó en cumplirse¡ una noche
las dos reclusas no oyeron el ruido del coche que iba á
buscará la princesa, y Carlota eu ebservación det;rás de
la vidriera, exclamó:
--Sale á piel sale sola! Oh, Lila, siquisiéseisprometerme ser juiciosa, yo podría segllirla, unirme ::! ella, entrever su rostro; sería yo tan feliz! ....... .. y después vendria
á contaros.
-Sí. si, id pronto, exclamó la pequeftuela á quien la
misma curiosidad pueril agitaba.
Una hora más tarde volvió Carlota,
-La he visto! me ha hablado! esundamaexcelsa!Una
Majtstad tan imponente! Es tan bella!
Después comenzó su relato. No había tenido trabajo
para reunirse con fa desconocida, por que ésta estaba
sentada al borde del lago en una actitud de melancólico
ensuefio. Un libro qun no lefa, permanecía abierto sobre sus rodillas. En el momento en que el aya pasó freo•
te á. ella, la extranjera se levantó y el libro cayó. Carla•
ta apresuradamente lo levantó acumulando las excusas
por el extremecimiento que involuntariamente le había
causado, solicitando su perdón. Benévolamente la prin •
cesa afirmó que perdonaba, y para comprobarlo consintió
en dar con la aya, un paséo de algunos pasos. Pero det.eniendose: nNo1 no, e3toy muy fatigada, muy enferma,
dijo. No, estoy demasiado fatigada, demasiado sufriente.11
Corlota ofreció su brazo robusto cuyo apoyo fué aceptado.
-Oh! querida mía, ella ha tenido á bien apoyarse en
mí, además me permitió ir á ofrecerle mi respetuoso 110menaje. Iré desde mañana, no es verdad, Lila? lo queréis?
Desde aquel momento, se establecieron relaciones de
intimidad entre la.e dos mujeres: condescendencia de n11 1.
parte, respetuosa deferencia de la otra. El corazón Bl·• •
sible de Carlota se ingenió en las atenciones d-alicada,-,
en los pequeños cuidados. Pidió al pintor la autorizacióu
de prestar á su vecina los libros. revistas y periódicos.
Cada mañana también le llevaba algunas floref; poco á
poco llegó á las preguntas y á las confidencias. Al principio la extranjera fué sobria en explicaciones.

-Yo no hablo del pa'laio, dijo, sino con una dolorma tristeza; pero á. VU9Stras preguntas, querida señorita, responderé en algunas palabra?. NMí en Bretafta, de una anti•
quísima familia: los Meriadec. Un l\leriadec, según se dice, reinó en otro tiempo sobre
la A.rmórica. Yo tenía 20 años cuando mi padre me hizo casarme con el Sr. Martín.
No dijo otra coaa¡ la romancesca alemana ~e encargó de colmar las lagllnas de esta relación demasiado lacónica. Si la noble mano de una l\Ieriadec se habfa unido á la de un
comerciante (ué sin duda por salvar la vida de su padre gravemente comprometido en
una conspiración realista y que est.aba á punto de dejar su cabeza en la guillotina. Se
conspira siempre en Francia. En cuanto á. la guillotina, qué importa! La aya no se
detenía por tan poco. Le gustaban todavía las historias trágicas del Terror, Francia re.
publicana era, á sus ojos, el país en que las mujeres, para salvar á sus padres, son conde·
nadas á. beber vasos de sangre.
Apenas hubo ella compuesto esta lamentable historia, cuando ee la refirió á la misma
se flora Martín. Esta la escuchó con un silencio Heno de aprobación.
-Estáis dotada de una penetración maravilloea, eefiorita, elijo dulcemente, de la
penetración de una alma compasiva.
D"spués dejó caer sobre el respaldo de la silla su cabeza fatigada:
-Sí, yo he sufrido, yo he sufrido mucho en mi triste vida¡ mis fuerzas se han usado
en las luchas incesantes y crueles¡ pero ya vendrá el eterno reposo. Espero la ve-

�300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92348">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92350">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92351">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92352">
              <text>18</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92353">
              <text>Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92354">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92371">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92349">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 18, Mayo 1</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92355">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92356">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92357">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92358">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92359">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92360">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92361">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92362">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92363">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92364">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92365">
                <text>1897-05-01</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92366">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92367">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92368">
                <text>2017477</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92369">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92370">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92372">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92373">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92374">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1016">
        <name>Crónica de Paris</name>
      </tag>
      <tag tagId="1014">
        <name>Damas distinguidas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1017">
        <name>Educación de la mujer</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1018">
        <name>Patatas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1015">
        <name>Silueta ducal</name>
      </tag>
      <tag tagId="1013">
        <name>Una confesión</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3540" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2182">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3540/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._17._Abril_25..pdf</src>
        <authentication>d099a692184a5c0508f7cad24c5f9b7b</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117362">
                    <text>l

ED.PINAUD
PAIIS.
PARIS
37, Bould de Strasbourg .

SALES AMERICANAS

Reservado

NUEVA$ SALES COLORADAS
P e rfume viv ificante, e x ce l e nte c ontra l as
f a t igas y d o l o r e s d e ca b e za.
Perfum a y purifi c a l as h a b i t a ci ones.

~es BOUQUET, EUCALIPTO, FLOR deALBERCH)GO, YERBA SECA , HEllO[ROPO, IRIS, JAZM IN, LAYANDA, LILA,
Olo41 Y/OLETA,IIENTA,MUSGO, NEW MOWN HA Y, CLAVEL , PIELdtESPANA, PINK,ROS.A,REAL PEACH,YERYENA_

!{aneo internacional é Hipotecario de Méxic11.

LA CAJA DE AH~S.

•
GLJ.•o s por C a ble ,
Depósitos.
Desoue ncoe.
üc.• n r oet d e l etra&amp;, C uponea., eto., Cambios s o bre el Ext ranJer,
&lt;•u. r t-u.li!J C lro ula r e&amp; d e C r é cUt:o, Créditos P'O. cue nta oorrtent•

Con 1nvers1ones garantizadas.
d tpoteCU am.orttzableeen vemttcl.::.~ a1h'.ll5 con anualJdadee deO por 100, pagaderas por lr1menr9t
too;ua ndo el Ba nco su préstamo en Bonoa Hlpotec ■ rloa, con. tn~rés d e 6 por 100, y aiendo poteltl
ill'o para el deudor red. lmtr el Saldo del caplte.l en cu a 1qu1er tiempo r.con Bono&amp; Hlpotec ■ rloa.
&amp;eapemoa&amp;mente ae llama la a tención del pt\bllco hacia la h npor ocia de eetofl Bonoa. No exin
Japt1
••11.1 ro porque es\A gara ntizado con primera hlpoieea, coll81,l.mlda 90bre propiedad.u ra\oll
lOt 4ob le v ■ lor de ■ qu.i.
&amp;l ~aneo facUltan\ k&gt;da clase de lnformea E!EICl':IIO&amp;. rela1lvoa t Iaa dl venias operaeton ee d e N;J lllltltta•
ori.lPn lo10llctte en 11UJ1n6r rn.a,o

"''ª

Sociedad Anon irn a .

caJero.

i'restdent.e,

JMt 0 11: TERBSA T MmANDA.

CAPITAL SOCIAL, 8100,000 .

J o .a.QUJli 0 11: TRUPA

••

Presidente: Serapión Fernández,

CIUDAD DE MEXICO

APARTADO POSTAL, ~69.

Gerente: Dionisio Montes de 0c11

le

[ ~AH

TELEFONO. NUM. SS.

ICN XL NUKVC.. J:DíFICIO DBLBA.NOO BSQUINADK CADENA Y OOLBGIO OK N11' A

8

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico.
' 1 La Cala de Ahorros con Inversiones garantizado" expide Pólizas de cv·1,, de
quinientos y de mil ~g•, cobrando mensualmente treinta centavo• por las de $lo,,
un peso por las de iooo y doa peaoa por laa de $1,000.

•

La casa que tiene el surtido más complt:to y variado y ve nde má.s barato .

, " Oon tan pequefias exhibiciones esta benéfica Companía, favorece por medio e e
ana Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en todae las clases sociales, lo q1 e
proporciona asegurar una fuerte euma de dinero, para recibir la de ., La caja de 1b1 rns" á. determinado r,eriodo de tiempo, ó á.ntes, según su.a estipulaciones.
11 La caja de ahorros ' proteje al pobre, preeentá.ndole la mejor manera de ab o
rrar, y olrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequeftae in
vereiones, pueda obtener una ~ran
utilidad.
Para comprar las Pólizas de 1 La caja de ahorros." ocúrraee á. la Oficina Prino pal, calle de VE RGARA NUM. 12, por medio de lo• A¡¡enlee de la Compaftfa. d, •
bidamente autorizadoe.

Vajillas psra mesa. Jo,gos de Cristal. Juego• lavamanos. Cuchilleria y efectos plateados. Lámparas de tod .. estilos y paro todo• usos.

Inmensa variedad de ~fectos de Jnjo.

19Cli"'Se reciben novedades continuamente. ..e9

22 de Abril de 1897.

18 DE HA. YO DE 1807.

,~o el pl&amp;D. aiaui•nte:
,t,110 BILLETES.
FONDO:

~

~o el plan oi.¡ruiente:

Billetes á. 2.00 ca.d•
llllO, divididos en vigéaimo•
O
le., 1 08DtaV08.
114,000

111

Entero•: • 4.00.- Medloo: 9

PREMIOS:

Fondo: $ 2 8,ooo.

Purifica. la. Sangre
E11 e l m ejor rem edio conocido par a curar
J)ront &amp; y r ad1cal1TJ,ente las enfermedades que
pr oceden de la impureza. de la. sangr e.

'

No contiene mercurio
L a eifilia más rebelde cede pront o bajo l a

enérgica acción del cülu~na • y a:m los niños
que heredaron tan terrible enfermedad se
curan.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

A l es que en su ju\·entud tuvieron esta. en·
fcrmedad y Y&amp;n i tn_11ar:;e, pues pueden trasm iti r el virus s iflli t 1co y á los que h an t o-

4

•

e -

•

1

JPr~:"1º ~~····~ ?;888::::~

I

DK L A -

1

-

.18

~ ~
Beneflcenc
• Pu,bl·1cJ
i

1
1

•

•

mado mercurio ¡iues ehmina eae peligroso

-

mineral.

ai

~:n las ,,roi:nerias y Botlcns.
AGENCII..-APARTADO POSTAL 183.--l EXICO

•

r

o'o o o

,.

::

:: ::

::

::

:: L

600 -•••,o

t§§::::::

=~~:::.'~i.:J.~¡"~:.•:¿:''.~'..'..
''º·ººº······••""'•"·····
a Apro"Xim
adoncs de al $60; una
anterior y otr■. post erior al nd·

•

aero _premia.do con

101

,.000. ........ . . ............

ll§t l
ªº'
'º'

t 7. 70(

111 próximo sorteo oon premio
,
mayor d•
1

) •

C5 o ' o

\

al premio de

100 Premio!I d e I

~,000..... . ..•... 1

••OOO

aprosimaclonu
al prem.'lo de 1 ,000. ............ 1
4,DOe
00 Premios de 1 20, ■.p ro :dmadooea
al premio de 1 10.(XX). ..... . . . .. . 1
Sl,000
'09 Termin&amp;kll de t 20, que se determinarán pnr las d o1 1lltimas el·
&amp;-a!I del bi1lete q u e obt enra el
,rem10 m ayo r de 1 60,00) ..•••. t l . . . . .
•o• Terminales de I a¡. que se detu·
minarin por las do• t\l timas d·
fr a.s del biUete que obtenca el

8,ea•
178.BeO

premio prlncipa.l de t 20,00J. ... t l

,~?et

hta111 q.. ucn u 'roW " ·· •
..-, Todos lo&amp; 'IOrteo'\ cst:ln hajo la -.,-tslla,»l'■.
&amp; 9Cción p enr,na\es MI Sr. O. ApolinarCutm•
~ n entor del G .. bierno, y d~ a n emplcd• d• la.
_.n111. G en eral de \;1 Nación .
(

&gt;9.olnaa: 1• San Franolaoo n"dm. Ul.

oo \'

yer!J!.oar'- en el Pabellón K ~ \ ••eril.oar'- en el P•bellón Kori1M trea da la t&amp;rde, ,.¡
1 lM u ._ m., el JuevM

Jn•••

1•m
•¡ 1

1 Premio principal de . • •••. ., 10,000
Premios
Pr-emloa de
de S
,. 1 ,000
eoo ......
........., ,o
5 Pr-emloa de ., 200 ..•... .,
O Premio• de .,
1 00 ...... ., t ,
l&amp;O Pr-emlos de ,.
40 •••••• ,. t ,
~80 Pr-emloe de,.
20 . . .... .,
,
00 Pnm1o!I d e 1 &amp; aproximaciooea

t
¡
\
1

Y:880

18:::::: l:881

¡¡¡ Pnaio• ~u.e hacen. un total •e •

6 ·
_.,__
___._
pr :xnno eon,.,o , oon P ~
mayor de
(

1

,.

2 Aproxhnactonc■ d.e t S l 0Of

e ►

OIUDAD DE :MÉXIOO.

~$

SE ENVllN FOLLETOS &amp;RlTIS.

O. •

u

¡ Premio
m ~ yor de .......... , eo,ooo
Premio prlt"Clpal d•······., 20,000

o5

1

:i.oo.

1uartoai S 1.00. - oeclmoa: 40 oeftta.
Vlcéslmoa: 20 centa,

,1,

PBE1!1I08:

1 II0,111.

PRIICIO 011 LOS BILLBTll•• '

l

U. BASSBTTI, Oerent•

i~nfraganti ! .....
( D ibujo de Joeé M. VUlaea.na..J

�EL MUNDO

270

-

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897
DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1Sg7

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Tell:fono 434.-Calle de Tiburcio nilm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXlCO

hem1s visto aniquilarse reputaciones y desaparecer per•
sonalida&lt;l~s, que un golpe de maza derribó de sus altivos
pedet:talee.
. .
.
Ejemplos como el que la admm1strao1ón de Veracruz ha
dado, necesitan meditarse atentamente.

Toda la corresponciencia que se relacione con la R&amp;iacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes 8pindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto ltloguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Aviaos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ■ cr preclaamente adelantado.
RfcoIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

,íUtrico tJ la ®ran :Ontafta.
La Cámara de Senadores ha aprobado, en la anterior
seman11, el tratado de límites entre el territorio mexicano'y la colonia de Belice, perteneciente ti la Cran Bretaña. E8te tratado causó hace tres aftos una cierta sensación, muy especialmente, como sucede á. menudo, entre
las personas ajenas 1í la cuestión. Fué necesario que se
exhibieran alllorizadoa documentos y se hiciera uso de
una cerrada lógica para destruir vulgaridades de grueso
calibre que habían hallado eco en buen numero de espí•
ritus.
En aquella époC!a quedó demostrado:
Primero: que lo~laterra posee incuestionables derechos sobre la po1,f's1ón de Belice.
Segundo: que el Gobierno de México ha reconocido es•
tos derechos, acrndita.Jdo cónsules nacionales en la co•
lonia británica.
Tercero: que el dafit qiw en el asunto de límites entre
Belice y el territurio mexicano, es altamente perjudicial
para los interese~ de la República, por la amenaza de
una expansión constante de la ~olonia; los peligros de
un tráfico entre los indios rebeldes y los habitantes de
la colonia, que proporcionaban á aquellos elementos de
conservación y resistencia¡ y por Último, el tráfico fraudulento entre uuos y ot.ros, realizado con graves pérdi ·
das para el Erariü Federal.
Se imponía, pnes, la aprobación del tratado, y df'spués
de tres afl.os, en los que los espíritus más saturados de
patriotismo han podido meditar atentamente acerca de
la materia, y los publicistas cultivadores del género efectista no se creen obligados á reproducir sus insignifican•
tes altison1lncias, se ha ~cudido, por fin, á. cubrir esta
laguna, dando solución á un problema trascendental, y
que no sólo por los males que ocasionaba en la actualidad, sino también por ]os riesgos que entrafiaba en lo
porvenir, era indispensable terminar.
En estos últimos tiempos hemos visto, en efeoto, que
un asunto de limites ha estado á punto de traer serias
complicaciones á una de las repúblicas del continente;
y este hecho ha podido servir de saludable advertencia á
todos los Estados de la América latina para dejar arregladas sus cuestiones de derecho internacional.
La aprobación del tratado entre el gobierno de México
y el de Inglalierra, relati v-o á los límites de Belice, es de
suma conveniencia y nosotros celebramos que, vencidos
los primeros obstáculos que se elevaron en un principio
en la Cámara de Senadores, f'Ste alto cuerpo haya apoyado con su voto una convención que no puede menos de
semos favorable.

ta µ,Jlítica tJ la justicia.
La prensa diaria ha proporcionado, en estos dfae, abun•
dantes detalles acerca de uo tenebroso crimen cometido
en la ciudad de Jalapa, y en el que se encuentran com•
prometidas personahdades de algún relieve social, acusadas de haber favorecido con act.os delictuosos la ejecu•
oión del repugoante delito.
Generahnen\6 el cuadro de la criminalidad nacional
arroja pocos casos semejantes. La gran suma de la delincuencia, representa la característica de un grupo humano hundido en los horrores del sal vagismo. Crímenes
rejirlados, en los qne intervienen unidades de una clase
superior; plaoes siniestros desarrollados hábilmente por
personas de cierto nivel social, se anotan en corta cantidad en los negros registros de la criminalogfa mexicana.
En el caso presente, se trata de un delito en el que,
como ya queda dicho, intervienen personalidades de cate~
goría, que ocupan puestos distinguidos en el cuadro de
una administración. Si el gobierno del Estado de Veracruz hubiera cerrado los ojos y los oídos á. los clamores
dP 110Ji opinión fuertemente impresionada, babrís cafdo
eu d más terrible desprestigio. Pero afortunadamente
para la sociedad y para el gobierno se 0a procedido con
energía, y loa sospechosos de esta trama, despoJados de
sus-atributos oficiales, :figurarán como simples reos en el
escandaloso proceso abierto por la justicia veracruzana.
No es el momento de preguntar cómo hombres serna.
jantes han podido tener acceso á prominentes puestós
públicos. En política. se impone, á. las veces, la ne'cesidad de utilizar elementos poco limpios en el deaempefio
de determinadas funciones. De estos sacrificios están
llenas las páginas de nuestra historia contemporánea, y
en más de una ocasión hemos señalado, en estas columnas, el extraño fenómeno.-Pero lo que la política crea,
la justicia lo destruye, y ante escándalos como el de Jalapa,

lí)olftt.ca ®tntral.
LA GUERRA UE ORIENTE Y LAS GRANUES POTENCIAS.
¡Qué inmema responsabilidad pesa sobre las grandes
potenci1ts ~uropeas! qué risible aparece ante i;,I mundo su
decantado coucierto, y cuán tremendos serán loe cargos
que les rt:sulten an~ la historia por la guerra greco-turca
que acaba de estallar!
Se oponen en norubre de la fuerza ti la expansión del
heleni11mo y á sus manifostaciones civilizado~; siegan
con mano aleve la aspiración de libertal que empuja á
los creteJlseS á lucba destisperada¡ se asientan al lado de
la iniquidad, interponiéndose como un escudo entre el es•
clavo que anhela su manumisión y el orgulloso sefiorque
sueña en la perpetua servidumbre; en nombre del tratado
de Berhn que ha podido ser desgarrado y roto varias ve•
ces por el fuerte, proclaman la integridad de un imperio
que se desiuorona, enfermizo y caduco, cuando del tron~
co carcowido las Je~prendidas ramas pudieran dar naci ·
miento á nuevas y vigorosas nacionalidades, inyectando
en ellas savia de libt!rtad, y se habrían de formar pueblos
robustos, ingertando en sus podridos or~anismos gérmenes de democracia y sembrando en su fecundo suelo la
semilla de las nuevas ideas; con inaudita crueldad se han
colocado en el conflicto de Oriente del lado del Sultán que
significa la perfidia, el fanatismo, la superstición y el es•
tancamiento, para combalir á los helenos que, cuales•
quiera que hayan sido sus errores, sus arrebatos y de•
lirios, han eecr1to en su bandera la palabra «¡adelante!11
y sublimes como sus héroes legendarios, creyendo poseer
las armas divinas de Aquiles y la égida inqtebrantable
de Pa.llas Athenea1 se l~v,1ntao más soberbios á. cada gol•
pe que reciben; y cuando después del bloqueo de Creta,
han vieto FUS inútiles esfuerzos por sofocar la insurrec•
ción y pacificar la revuelta isla de :Minos, ve11. ahora á los
griegos marcha'ndo al ~acrificio¡ sienten los estremecimientos del sagrado monte Parnaso, sacudido por la artilleria musulmana, y contemplan las aguas encantadas del
Cefiso, que ayer arrastraba arPna~ de or(', don.de los rayos
de A polo fiogian siluetas de ninfas y perfiles de gnomos,
que lleva ahora en sus ondM ensangrentados cadáveres de patriotas, melladas armas y yelmos destrozados;
cuando todo esto pued1:: n ver, cuando en su mano y poder estaba haber evitado esas escenas de horror y de matanza, que hasta hoy parecen representar la derrota de
los cristianos y el tnunfo de los hijos de Mahoma, la humillación de los que pelean por la libertad y la victoria
de los que luchan por la opresión: declaran con inconcebible calma, que están dispuestas á. observar la más estricta neutralidad en la cootienlac':.eGrecia y de Turquía,
ante la explosión del odio secular del turcomán que se
venga en el griego, aislado del mundo y abandonado por
los que se titulan sus prot.ectures, se venga de la humillación en que ha vivido, con el horror de sus iras agarenas.

•••

¡Eecaroio cruel, sangrienta ironía! Declarar la neutralidad abara, para. abandonar á la divina Hélade en poder
de las bordas muslimicas, para que la autoridad moral
de Rusia que apoya al aborrecido Abdul Hamid, harto de
sangre y abito de ferocidad, y la ayuda material de Alemania que manda sus oficiales para que se mezclen en
las filas de los adoradores de la Media Luna, rúrvan eficazmente á la derrota de las armas helénicas!
Declarar la neutralidad, después de haber maniatado
al rey Jorge, cuando trataba de arrebatar á los cretenses de la ominoea dominación de Turquía; cuando emprendía la reconquista del mundo griego en bdneficio de
la idea cristiana y á favor de la libertad de los pueblos,
por quien siempre se ha ofrecido en holocausto el pueblo
de los dioses y de los héroes!
Extraña imparcialidad la que amenaza con sus iras
olímpicas á los Estados li!emi soberanos de los Balkaned,
si osan adherirse al movimiento insurreccional contra la
Sublime Puerta, y se atreven ,prestar auxilio, á los acuitados ejércitos ya rechazados en Millona, acaso en Turnavo, y tal vez en inminente peligro de ser aplastados en
las llanuras históricas de Tesalia1 de donde partieron las
falanjes macedónicas para irá llevar el verbo de la cultura griega hasta las remotas riberas del sagrado Gaogesl

•'•llamáis dueños de los pueDespertad, vosotros que os
blos y directores de las naciones, vosotros que os cubrís
orgullosos con el pomposo manto del derecho divino y
creéis gobernar en nombre del Arbitro Supremo de las
sociedades; despertad poderosos de la tierra! No más
complacencias con la iniquidad, no más impías contemplaciones con la injusticia: la cuna del arte y de la gloria
está amenazada de caer en poder de las huestes mongólicas, que los siglos y el contacto con la civilización occi •
dental no han podido transformar.
Entre la Turquía, herida de muerie, podrida hasta la
médula de loe huesos y corroída de infamia y de miseria,
y Grecia, la eterna y íecun-ia madre del ideal y de la belleza, progenitora infatigable de la libertad y la justicia:
la. elección no es dudosa. La humanidad que piensa y que
siente estará por la divina Hélade.
Pero ¡ay! que en los tiempos de la melinita y de
los caiiones Krupp1 no bastan para vencer las bendiciones de las almas de buena voluntad y las simpatías de
las multitudes: se necesita algo más positivo. A vosotros
los poderosos de la tierra os toca intervenir á tiempo, y
no esperará. que Grecia infeliz. deeangrada, exánime, expirante, si es vencida en las trincheras de Larissa1 vuel•
va hacia vosotros los ojos moribundos.
Que desaparezca una y mil veces del mapa de Europa
esa mancha de baldón que se llama el Imperio Ot.omano,
antes que ver menoscabado en un ápice el territorio del
heroico y esforzado i-eino de los Heleno3.
22 de Abril de 1897.
X. X . X.

EN TIERRA. YA.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA CIUDAD IMPERIO

El paso del Ferrv á. la tierra firme se hace insensiblemente: cree uno pisar el barco todavia y ya va andandosobre el pavimenw de madero de uaa estación. De mí
sé decir que hasta que no salí á. una calle y subí á un ca•
rruaje dispuesto de aatemano por un viejo y buen ami•
go nuestro, no desapareció la sensación, á un tiempo an•
gustiosa y voluptuosa, que resie11te todo el que m sob-relas aguas.
Persistió más todavía en mi cerebro la imagen de la
cúpula de cobre del World ( el gran tocayo del periódico
que da amable hospitalidad á. estos apunti:&gt;s); la veía dominando el ilimitado picadillo de con:;trucciones que en
una masa clara, hecha de á.ngulos de piedra encaramados unos sobre otros1 se extendía hasta más allá del alcance de nuestra vista. Con trabajo y sin éxito, mientras nos distribuíamos en los carruajes, procuraba fijarme
en detalles y quitar de delante de mi e1cular aquella placa;en que se había fijado el total instantaneo de esta
monstruosa Nueva York que1 en poco más de medio si•
glo, ha devorado ochentaó noventa millares de kilóme•
tros cuadrados de su is:a de Manhaltam para amontonar
dos millones de habitantes.
Por ti.o nos pusimos en marcha¡ dejam!')s atrás un laberinto de tortuoeas callejas, empaqnt:&gt;tadas entre muros,
cuyas cormsas superiores era imposible ver desde el coche, pero que con frecuencia nos mm.traban en brusco&amp;
y grandiosos relieves, ya una sucesión sombría- de co•
lumnatas rom~nas, ya de pórticos grie¡tos, ya de pilas•
tras góticas, ora de basalto, ora de pórti lo, de granito ó
marmºol; pero todo obscuro, todo silencioso, todo triste.
-Broadway, me dijo mi compañero de carruaje, un méxico-germano aclimatado enN. York -¡Broadway! Una
de las primeras arlerias mercantiles del mundo ¿este es.
Broadway? {literalmente víti ancha )-Cierto1 esto es muy
grande y muy extrafio. Ei!trecho algunas vf'ces, anchíeimo otras, cortado por parques ingltlses alfombrados de
verde, sombreados por árboles muy altos, muy gráciles,
muy melancólicos 1 y sembrados de estatuas de bronce,.
muy serias y m11y insignificames. Broadway dia91111ri la
ciudad de un vértice á otro perturbando gracio~amente la regularidad matemática de sus calles y ave1iidas y
engendrando aquí blocksde casas en forma trapf'zniJ.il, y
mái allá, en diminntos y ridículos prisma~ triangulares.
:Qué en01midad! Una, tres, cinco millas y la til!f'g-atla y
silenciosa vfa no acaba; y e:! monót.ona al c.tb,,. Por todas partes pequeñas tiendas cerradas, embutiJlle en altí•
simos muros¡ á. cada momento estátuas de rnadera pintarrajeadas, junto de las puertas baja'J en que, se ex!:)ende tabaco¡ frecuentemente empinados sitial~ coloc.idos
en la acera ea donde los traneeuntee se hacen dar betún
con una formalidad monumental, y todo ello sigue y sigue. Porque nada acaba aquí¡ se perciben sin cesar los
montones de blocks que comprimen la vía por donde
transitamos. ¡Y qué altura la de esos bfochl Parece la.
superposición de dos ó trei:I ciudades de vados pisos cada una.
¡Y qué soledad! En los wa.gones funiculares (a rrastrados por un cable de acero escondido en el pil!&lt; ) y allá.
arriba1 en los elevados, transita alglrna gente; pe10 en la.
calle casi nadie. ¿Qué ha sucédido? ¿Pvr qué e~,á. aban•
donada esta ciudad? ¿En donde ~stán los habitan
tes? preguntaba en tono elegiaco. ¿8e los ha tratado la.
tierra?-No, respondía mi compañero: la cuarta p&lt;irtede
la población está. en el campo, la eegtrnda enana parte
está. en el templo, la tercera en su casa y el resto en las
cantinas, ( que están cerradas,.) Ei! domingo.

•*•

Después de más de dos hora:i de carruaje llegamos abu•
rridos ytrist.es á. nuest.ro confortablf'l y elegabte ho:el enla.
7~ avenida, muy cerca del Parque Central (Grenoble hotel). Comimos, charlamos, nos istalamoe, y hundidos en
eendos lechos mullidos y calientee, cada uno de nosotros
se encerró en sus rec11erJos, rumió sus impresiones y durmió ó no durmió. Yo á las tres de l-1 rnañanatoméun ba•
fio de agua fria, á. las cinco otro de agua tibia, y así lo
hice casi todos los días. Poco despué:i llevando ya en el
est.6mago el zumo de dos ó tree raci1Uosde esas uvas californianas, tan largas, tan apretadas, tan cristalinas y de
tan lustroso envero, y medio litro de leche helada, salí á
vaguear con mis compañeros. Programa: bajaremo!-1 porla 5! avenida hasta donde podamos¡ tomaremos ahí el
ELEVADO (the Lo, dicen los yankees, que son una máquina
de simplificar, en movimiento perpetuo) y loDcharemos.
en Do1m•Town, en la Ciudad baja.
La delicia de perderse en•*•
una gran ciudad

desconocida, no es dada á un viajero en N. York. Las avenidas
cortan la ciudad á lo largo, 9 ó 10, no recuerdo; y las calles á lo ancho, en número de más de doscienta!:&gt;, ya comenzando la primera en los límites de la ciudad vieja,
allá abajo en la base del triángulo que forma la punta de
la isla. Nadie puede perderse; le basta leer en la cinta de·
los antiguos faroles de gas, de que apenas los armazones
quedan, el número de la calle y de la avenida, para orien·
tarse. ¡Es singular que en este municipi() de N. York,
uno de los más ricos del Mundo y en donde se ha gastado y robado tanto, no baya sobrado un millar ó dos de
dollars para placas indicadoras!
Las calles ae parecen todas; be aqul el tipo que más ee
reproduce: grand~s edificios, monumentales por sue di·
mensiones; ocho 6 diez pisog con frecuencia. Ning11•t.
balcón; ventanas todas, con dos ba&lt;1tidores de cristal qu •
suben 6 bajan deslizándose por correderas paralelas: nuu
ca puede abrirse más que media ventana, ó la part.e de
arriba ó la de abajo. A unos dos ó tres metros sobre el;
nivel de la acera, una serie de bonitas y pequefias vidrieras: son las puertecillas de aquellas casas enormes, que
tienen casi uniformemente un ancho de siete áocho metros;.
resultan, puee, series de torreone¡i contiguos, mas como,
todos están construidos segun el migmo patrón, parecen
palacios del tamaih de un block ca1a uno. De la puerte•

eilla se baja á la calle por una escalinata de piedra con
grandes balaustradae. Todo, casas y escaleras de color de
chocolate claro. Entre dos escaleras, el fondo de la acera está abierto y por ahí recibe luz, cuando la recibe, el
primer piso subterraneo en donde están el comedor y
olras dependencias domésticas. El segundo piso subteterráneo, siempre iluminado con gas, á. veces recibe luz,
por el anden de la acera, en donde suelen substituir 11 las
losas grandes placas de vidrio; á través de ellas puede
el traunsente ver las cocinas, las calderas de loe elevadores, calefactores, etc.
Desembocamos en una vía anchísima y que la altura y
la robus1ez de los edificios qne la bordan hacen parecer
estrecha. Estábamos en el centro de la Quinflt Avenida.
Empieza allá abajo, más allá de nuestro horizonte1 sube
á lo largo del Parque Central y no termina; terminará.
donde termine New-York-que ya rebasó su isla; pero N.
York terminará en alguna parte?¡ ó seguirá. á. lo largo del
Hudson y hará. del Champlam uno de los lagos de su futuro Q:,ural Parrk y desembocará.en -al Canadá, que será.
entonces parte de la confederación americana? Quién sabe; pero cuando esto sucedn, los Estados Unidos después
de'un tempestuoso periodo de monarquia 1 6, meJor dicho,
de cesarismos socialistas y demagógicos, habrán vuelto á
su eqnllibrio republicano formando una confederación
compuesta de grupos federales independiente1:_1, de ve1daderas naciones; entonces nosotros, que habremos crecido
más lenta, ¡ohl sí, más lenta, pero más sanamentP&lt; ( d,i m
piano m Rano) veremos qué partido tomamos; ¡oh! lo hemos de pensar mucho. Si alguno no cree en esta profe,fa,
tómese el trabajo de vivir cuatrocientos afias.

•*•

No se puede ne¡ar; la primera impresión es soberbia:
¡Ah! si vieras la calle de Rivoli; ¡oh! si conocieses la Avenida de los Campos Eliseos; si hubieses recorrido el Ri11g
strasse de Viena, me dec1an mis compañeros...... Entre•
tanto yo que ne, conocía má.s que la«Avenida de loe hombres ilustresQ bacía un esfuerzo para no permanecer boquiabierto, mientras mis amigos iban á rezará San Patricio. Es un encanto esta iglesia de San Patricio, la catedra; católica1 viuda, en aquellos días, de su Arzobispo
que estaba en México coronando tt Nuestra Senara de
Guadalupe y sirviendo de corista en el apoteósis de Juan
Diego, personaje tan real 1 gracias al poder creador de la
imagiuación del pueblo, el supremo poeta aoónimo, co•
roo el Guillermo Tell de los suizos. A éste y á aquel los
inventaron los monges¡ pero á éste, á Juan Diego, en la
actitud en que querían los mieioneros eternizará la raza
conquistada; protegida por la reina de loe cielos, que convirtió la tilma indígena ~n una égida fulgurant.e, capaz
de embotar todas las codicias y avideces de los encomenderos y de rodillas ante los fraile!i eus bienhechores.
En el centro de amplísimo andito tapizado con la felpa
verde de deliciosa graminea inglesa, se alza solo, eober•
bio y puro el templo gótico que la piedad fasmosa de los
irlandeees, que ayer se disputaban unas patatas y hoy
derrochan millones, ha erígido á. su patrono nacional, al
santo misionero que es la personificación legendaria. de
su fe y su esperanza, de la religión y de la pat.ria. La blancura del marmol 1 la ~lf'gante sob iedad de los apoyos exteriores de las bóvedas ogi valei:1 1 la fantasia de la ornamentación, la fragilidad aerea de los muros diafanizados
por vitrales gigaotescoe, la elevación sublime de las flechas orladas de marmoreo encaje, obligan á poner en olvido la extraffa forma de monstruosa arii.cuicta de piedra
que tienen los templos góticos. Lo verdaderamente en·
cantador en esta igles:a de San Pd.tricio, es la suavidad
con que las Haeas converjen todas desde la base al extremo de la flecha, que la imaginación continúa en una
linea ideal en lo infinito. Es una plegaria, como ee ha dicho de estas maravillosas creaciones de la arquitectura
ogival, pero una plegaria mansa y serena¡ no es un dolo•
roso miserere, es un plácido y solemne tedeum.. Lof arquitectos que ésto ejecutaron no eran esos monges inquietos
y llenos de fé niística 1 pero en perpetua lucba con el infierno en el interior de su alma; no er!'.ln esos arquitectos
de atormentado espíritu que intentaron hacer de un edi •
ficio inmenso unt1 pirámide aérea maravillosamente calada y ornamentada con todas las quimeras, y todos los
demonios, y todas las deformidades del pecado, trepando
en forma de escultura3 convulsivas por los arbot.antes y
abriendo sus fauces sobre el abismo en las gárgolas y riendo en los doseletes de los santos, mientras adentro se sucedían en una mirífica epopeya, todas las faces del com•
bate entre la luz y la sombra; ensangrentado aquí, divinizado allá, por las claridades que filtraban del rubí y del
zafiro de los vitrales. No, aquí no; en esta catedral hecha
con lo mejor de todos los estilos del arte gótico, no hay
lucha, hay triunfo; la luz que domina en el interior es la
de la amatista episcopaló ladel topacio que rodea de oros
de apoteosis las madonas, los tabernáculos y hasta las
cabezas argentadas y los roitros floridos de dos ó tres ir•
landesas que hacen crujir los reclinatorios bajo el peso
de sus cuerpos atiborrados de roasbeefs y de margarina de
Chicago. ¿Qué ea lo que falta aquí, ¡oh! San Patricio?
Nada, todo¡ falta el tiempo, falta la pátina de los siglos,
esa que quitad á esta catedral magnífica, su aire de haber salido ayer de una fábrica de catedrales ¿qué sé yo?
La hístoria, ea suma; esto es lo que falta aquí; dentro de
ochenta añoe, cuando los anarquistas y los negros hayan
degollado cien 6 dos cientas familias de mil lanarias ir•
landeses en las gradas de San Patricio, el vapor de sangre que suba por estos muros dando al marn:tol un tinte
color de rosa, trágíco y delicioso á un tiempo, habrá convertido este costoso ejemplar de la industria humana,
en una obra de arte.

•••

Librenos el cielo de que horrores como eJte que acabo
de profetizar, esmalten de rojo algún día el libro de oro
de San Patricio. Me tranquiliza que ninguna profecía
mía ha salido cierta, porque no he sabido vaticinar de,cpué..~, que es la mejor receta para predecir lo futuro.Pensaba en ésto viendo sucederse las magníficas casas altas de la «Quinta A venida,u en dos rayas paralela.e, á mis

271

EL MUNDO

lados. Hay en ellas má.e estilo, mejor dicho, hay en circundada y penel)Jl.da por la vieja ~neva York. Es u11.
ellas, todos los estilos, y todos esos estilos se suceden ho• triángulo erizado de muelles_( docb) en sus catetos; los trarizontal ó verticalmentt,. Aquí hay una puerta profunda eatlanticos, loe ferry, y mil embarcaciones de toda especomo la de una basílica gótica, allá. un primer cuerpo ro- cie zumban en deredor de esos docks, ó inmóviles como
mánico, más allá. triunia el Renacimiento; enfrente se cetáceos colosales hacen sus formidables digestiones de
pavonea el pórfido negro en grand~s columnas, más allá. el artículos de exportación en cambio de baratijas ó de
rojo veteado de blanco; encima de estos pisos bajos hay emigrantes.-En este triángulo, el mundo entero está pre•
tambi~n una sucesión vertical de estilos, Pelión sobre eePte en vertiginosas transacciones comerciales, y todos
Osa¡ lo bizantino sobre lo á.rabe, lo italiano de les qua- los representantes del comercio del mundo han querido
tener un despacho, un mostrador, un libro de cuentas; ~r
trocenti sobr&amp; arcadas ogivas lanceoladas ó floridas, etc.,
etc. Entre todo eete pol·pourri de arte, los grandes esca· eso el terreno tuvo una demanda enorme y ti.do quedó
parates donde se muestran 6 carruaJes, 6 mobiliarios es- distribuido en porciones de siete ..netros y medio de frenpléndidos, ó artículos de moda lnjosíeimos, ó ejemplares te; entonces pa.-a dar cabida á. esta enorme población
de arte, pinturas, grabados dtt alto precio, y asi 1 sin ce- diurna de latraosación y del lucro, sobre un piso vino otro
y otro y veinte má.t! y los arquitectos americanos, preocusar. La monotonía. viene de lo igual en lo enorme, no
de lo igual en la forma, porque todas las formas del ar• pados bien poco del arte, y gobernados por la necesidad
te del dieefio, chocan a.:¡ui y desorientan la vista y des• de conquistar en el aire lo que no era lícito tener en el
menuzan la atención. Probablemente depende ésto de suelo y ne buscar en sus construccioneE mucha resisten·
mis ojos poco educados por el momento y habituados cia contra el viento y contra lo deleznable del piso, han
hechomaravillasdesolidez fragily, empefiadosen tener en
casi exclusivamente á la estampa y al estereoscopio.
Rompen est.e alineamiento de caserones con bases de sns fantásticas torres todo el confort, toda la comodidad
palacio y cuerpos de fábrica y coronamientos de templo caractéristica de la cultura yankee, inventaron los elet'aclores y otra porción _de cosas que es preciso que nuestros
6 de fortaleza, una que otra iglesia protestante, obscura de
fachada, y cubierta de parietarias, ó un estanque gi• arquitectos vayan á estudiar ahí, sur le terraút, por que
gantesco ( resermir) encerrado en muros cicló picos, to- cada una de ellas significa una dificultad vencida á. fuertalmente vestidos por la primorosa hojilla lauceola.da de za de CtUculo1 un problema resuelto á. fuerza de ingenio.
Y asi es como se han puesto de moda en N. York y en
una hiedra japonesa, muy de moda aquí.
Llegamos á. Mitdis.~on S1¡uare; y me senté rodeado de toda la Onión, estas casas que los americanos llaman con
italianillos nacidos en New York y que hacen un curioso cierto orgullo u rasca nubesn sky-1wrapeTS. Pronto estas to•
mosaico anglo-napolitano al conven1ar con sus clientes rres serán de acero, ó de vidrio, 6 de aluminio, y subirán
( hay una en construcción d~ 25 pisos y otra de 32 en
latinos, mientrw- dan lustre á los botines. Hermoso par•
que inglés éste, decorado por un monumento á la gloria proyecto para el i)'un, popular periódico de aqui) á. 140
de los triunfadores en la guerra de Mé;xico, del que es mett·os. Supongo que habrá. que tener entonces encendida
permit.ido no hacer caso, en segundo lugar, porque no la lnz eléctrica toao el día en las calles de esta B:1bilonia.
vale nada. lUs agradable es contemplar la gran estatua
D. Juan Navarro1 consul general de México en New
sedente de Mr. Seward, de un parecido sorprendente; un
York 1 ha situado su despacho en uno de esos edificios de
buen viejo era éste; yo le dije unos versos muy tontos,
cuando era colegial, en el salón de EmbaJadores. Y co- oficinas1 que, como todos, en esW\ parte de la ciudad, tiemo no los comprendió (¿los comprendía yo?) lo conmo- nen las bases acribilladas de cantinas y re~taurants y gabinetes para lonchar rápidamente; Doa Juan Navarro,
vieron, á juzgar por un sonoro y húmedo beso que roe
ha visto crecer rumbo al Norte y rumbo al cielo, esta ciudad hipertrofiada de gentes y de dinero que él encontró
modtetameute instalada entre Madui.'{on S,1uare y la Batería. ¿Qué es tan viejo el Señor Consul? ¡Oh! no; tiene la
coqu~tería de dejarse decir que ha pasado de los cincuenta; yo creo que no. Habla y discurre como cuando estudiaba en Medici,m, tan jovial, tau franco y tan cue11tixta
como un estudiante, y anda todos loe días dos ó tres leguas por .1Jrood1my, bebe poco, usa el agua fría y se acuesta temprano. El consu1 verá celebrar el segundo cente•
nario de la Independencia de los Estados Unidos. Am.l"11.
Una hora hablamos empleado en ir y venir por lVall-,,;,,·trnt (este era el límite de la vetusta ciudad) y comenzaban á aburrirme infi.uitaroente los movimientos rápi•
dos, mecánicos y silenciosos de aquella multitud Fin solución deconlinuidad, y me pareclan tontas las columnatas de la sub-tesort'ría de los Estados Unidos y sin gracia la Bolrn, y soso el cielo gris y la atmósfera que moja•
ta los vestidos casi sin lluvia, cuando nos encontrauios
con una iglesia amarillellla, de un gótico serio y viejo,
junto á un cementerio lleno de piedras sepulcralee. A qui
estaba la antítesis, luego la poesía; y sí, aquí estaba la
poes1&amp;, allí está. 'ltfoity ('Jwrch, como si dejeramos 1 la
catedral protestante de N. York. Me pareció mucho menos bonita que San Patricio; aquellas naves espléndidas,
aquellos i·itrctleR inmensos regalados por los ricos irlandeses, aquel ultar 111.ayor, que me hizo tan agradable impresión y del que ya no me acuerdo, no pueden compa1a1se
á. este interior de la Trinidad. Et!te me gusta más¡ es nH1s
viejo ¡oh! sf: las vidrieras son más pequeílas, los órganos
no son tan soberbios, todo es más pequefio ¡y tan d~enudol En el ábside una gran vetusta sillería tallada en nogal ó encino, y su camposanto al lado y T\'rtll- 1Slr11t en
frente. Esta impresión se filtra hasta el fondo del aln1a;
hay algo allí que hace resonar dulcemente la cuer&lt;la de
harpa de los euei'ios ya no soñados, de las esperanzas lloradas eecretamente hace tiempo, y entonces el órgnno 1
que todos llevamos en la abandonada capilla de nuestro
sentimiento re ligios.o, canta el cántico lejano de las primeras creencias, de los humildes altares de la iglesia tM.
tal y veinte generaciones de creyentes surgen en nuestro
María Joaéfa Ottiz de Oominauez.
corazón y ee postran ante Jesús, el fundador de los tem(Corregidora de Querétn.ro.-Véase el púrraio relativo.)
plos pobres1 el maestro de los apóstoles sin brocado, e.in
oro.
estampó en una mejilla.. C:ood b!f Mr. &amp;ward. Y toma•
Abril de 97.
moa en seguida la próxima estación del elet:ado¡ yo habría
Justo Sierra.
tomado mejor el próximo restauran t.

•*•

•*•

Tiene toda mi aprobación este invento de los ferrocarriles elevados, ó como aqní dicen todos: el elerado 6 the L,
sencillamente, conduciendo por término medio un millón de pasajeros diariamente, los trenes del elevado que
se siguen con intervalos de dos á tres minutos en el día,
y de cada diez por la noche, van y vienen á lo largo de
varias Avenidas desde lo 1n;.i.s alto de la ciudad, desde el
río Harlem y de má.s allá, hasta la punta de la isla, hasta lo que se llama [I¡ batería. La vía de bíerro y madera
estti construida sobre columnas fundidas á la altura de
los primeros pisos en la ciudad buja, y á. los de los mlis
altos, á veces 1 en la superior; allí, hacia el Harlem, los
trenes van al nivel de los tejados de casas de doce y
quince pisos, sobre tinglados de fierro que parecen nacidos de la torre Eiffel; desde allí se domina el Parque
Central y gran parte de la ciudad; hay que verlo. A veces, en uDa sola avenida, se alinean dos vía9 separadas;
suelen, sin embargo, ir juntas en una armazón sola que
sirve de techo casi al pavimento inferior, por donde
discurre otro millón de pasajeros en wagones foniculares
6 de tracción animal y en toda clase de vehículos; nadie
anda á pie, sino el menor espacio pasible, y cuando estos eeilores van á pie, van corriendo á buscar la escalera
del eúrado 6 á subir en la primera bocacalle á. la plataforma de un wagon de cable. Et xic semper.
Llegamos á. Doll'n-tou.m que es un laberinto de callejas
tortuosas, la antigua 1Yúera .Am.sterdam de los holandeses,

OTRO PAGO DE$ 25,6o4 DE 11 LA MUTUA"

ENMEXICO.
J Ul, Sra. Clotüde C. viuda de Bejaran-01 de Tapachula..

Tapachnla, Ms.rz? 16 de 1897.
Sefior D. Carlos Sommer1 Directer general de ''La
Mutua.'' -México,
Muy estimado señor:
Sirve esta para certifi~a.r á usted que hoy nos han sido
pagada! las pólizas números:
389,886 por ..... ........ ... ...... .. ....... .. $ 2,000 00
429,477 11 ··························•······ )1 3,000 00
600,32L " ..... ............................ • 10,000 00
753,939 " ................................. • 10,60-1 40 con
la devolución de premios.
Solamente vuede afirmar e11te pago el ya irn:nejorable
crédito de la Compailía al digno cargo de usted, y le autorizamos para que haga el uso que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
Somos de usted atoa., aftmos. SS. SS.-Ctotilde C. de
Bejarano.-Como su tutor, .Alejandro C6rdot,a.

�DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

DOMIIIGO

EL MUNDO

272

UN RETRATO DE LA CORREGIDORA

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

El retrato de la benemérita Doña María
Jo13efa Ortir. de Dominguez que publicamos
en otro lugar, está sacado de un busto auténtico y fué obsequiado por lo3 Señc&gt;res Juan
Iglesias nomingue2;, .José Iglesfas, Francisco
Iglesias Dvminguez, Muiano B. Soto, José
E . Durán y Mariano Solorzano-nietos Je

la conspicua dama, con motivo de la transla·
ción de sus restos á Querétaro, donde se
conservan con los debidos honores.
Ahora que está muy próximo á inaugurare-e el monumento que en el hermoso jardín de Santo Domingo perpetuará la memo·
ria de la que tan grandes servicios prestó á
la causa de nuestra autonomía, juzgamos
oportuna la publicación de ese retrato, digno de conservarse con afecto y agradecimiento.
GRECIA

Salud ¡oh Grecia! madre del genio; salud,
tierra de la inspiración y de la hermosura.
El mar celeste se repliega en tus doradas
costaA de marmol, sobre cuyas arquitectóni·
eas lineas tienden sus hojas los laureles y los
mirtos, gratos á la gloria y á la inmorta·
Jidad.

•s

EL MUNDO

~=======~================:;~~~~================,===_:!!,_

DE ABRIL OE ,197

Za crisis ae Oriente.

religión fué poeta y mártir el inmortal Byron.
Este iuspiradísimogenio, al ver los combates
empefiados por Grecia, no se contentó con
dedicarle su inspiración, consagróle también
su vida, cr•rriendo á pelear y morir en sus
Aras. El pueblo de los Termópilas y de Pla
tea; el que ha enseñado á leerá la humanidad; el que ha puesto la cuerda del arte divino en todos los corazones; el que ha cincelado la forma humana en su eecultura severa;
el que ha guardado todavía el calor de la inspiración en sus vivificadoras cenizas, bien
mereció contar entre ms mártires al primer
poeta que Inglaterra poseyó en uuestro si
glo. Era el mes de Abril y la mañana i::i •
guiente al día de Pascua. La naturalt&gt;za rr~u.
citaba con sqs mariposas, con su tibio calor
tan delicioso en la primavera de los ciimas
meridionales. El clero griego cantaba la re-surrección de Cristo.
Byron presentía y profetizaba la resurrección de Grecia. Sin embargo, el combate, la
incertidumbre, los choques con la realidad
en que su alma &amp;:e malhería, el dolor, 11 na peste mortífera, consecuencia de la guerra exterminadora, lo gastaron y lo hicieron doblegarse hasta caer ex8nime sobre el pabellón
de la libertad, en cuyos plieguesquirn envolver su agonía para morirá la sombra de su
Grecia, como. Catón y Bruto habían muerto
á la sombra de su República. No tenia trein·
ta y seis:años By ron al morir. Y se inclinaba
el inmortal hacia la muerte, como el arbol
que herido por el rayo se abrasa en la terrible fuhninación, aunque lo adornen flores y
lo santifiquen frutos. Era una hermosa mañana, el sol deslizaba sus primeros rayos en tre las últimas gotas de rocío, y las aves
1:ntonaban sus coros, como si la naturaleza
consagrase un himno á la victoria del poeta.
~n su delirio de muerte se imaginaba el cuitado asaltar los muros de Lepanto cuando
en realidad se precipitaba· por los fosos del
sepulcro. Decia en sus agonías y extertores
((Adiós, adiósii como perdiéndose allá en ribe·
ras misteriosas. Y su palabra última fué uade·
lante,n como si consolaee á sus soldados llorosos y á sus amigos desolados, asegurándoles la continuación de su vida en otros hori ·
zontes más claros y en otro mundo mejor.

•

Las ondas del Egeo te arrullan; las brisas
del Asia, perfumadas en los pebeteros de
aromoeas esencias, que forman las islas de
tus archipiélagos, te orean; el sol embota sus
rayos para no encender tu bienhadado suelo,
templo antiquísimo de la sabiduría.
En tus auras van los coros de las nueve
mueas, que trenzan sus divinas lanzas sobre las alfombras de tus nubes teñidas por
alboradaB y arrebolesde una luz sin igual.
Todos cuan ~os hacen de la estética su religión, desean verte rodeada de tu cintura
de islas¡ cubierta de tus rojos granados y de
tus cipreses obscuros, de tus pá.mpamos verdes y de tus olivos negros; cortada por tus
altas cordilleras, donde se refugian los dioses, y por tus colinas, á cuyos pies, desde los
senos que las ninfas llenan, salen murmuradores arroyos cantando.
EM.ILIO Ü.ASTELA R.
Entre los troncos de tus árboles corren los
caballos en pelo, entre las ramas de tus bos-IOI•ques gorjean los ruiseñores enamorados,
mientras los sátiros de largas pezuñas y hen•
Llamamos la atención de nuesdidos pies vierten á. la voz de Baco, por do•
tros lectores sobre la hermosa páquier voluptuoso regocijo.
Todos quieren beber el agua del Cefiso,
gina musical que acompaña á este
cantada por $6focles; coronar~ con las purnúmero. Frecuentemente nos propureas y gualdas hebras del azafrán y los ramos del oliente narciso, antigua gairnalda
ponemos obsequiar á nuestros abode las diosas; seguir las procesiones celebrauados suplementos de esta naturadas con carreras de mozos que fueron modeSeñorita María Watsoi1, en traje d e fant asía. (De fotogratía Valleto.)
los para Fidias y con bailes de vírgenes que
leza y el próximo será una preciosa
inspiraron divina embriaguez ar dulce AnaAve
.ll[ar,a,
escrita especialmente para El
creonte; contemplar el Egeo; cruzado por las naves dora •
*
Tal poesía y tal retórica **
empleaban los filohelenos andas, donde los sacerdotes celebran flotantes sacrificios enlllundo.
tre los conciertos de las cítaras y los hexámetros de los tiguos, al comenzar el poema rle la independencia griega.
El filohelenismo llegó á constituir una rdigion, y de esta
poetas que despiden á. las brisas inmortales canciones.

...

PORVENIR DE BELLEZA

•

•

$ólaaao cretense plantanao su cruz en un oli\?o para resguaraarlo ae la aestrucción ae los cristianos.

Cristina Terreros.

Maria Luisa Gmmün.

Paz Algara y Terreros.

Lupe Terre-m.
Concepci6n l'l[alo.
(De fotografia ValleOO.)

Lupc Rincón Gallardo.

Rosita Guzmin.

replt&amp; Algara y Terreroe.

�DOMIIIGO •5 DE AIIRIL DI ISO?

EL MUNDO

DOMINGO 25 de AIIRIL de 1897

EL MUNDO

Necueraos ae la $emana $anta.-Los principales Monumentos.

"
'JJ

'

"

1 -t~ .1,.-?.~

i

, San f ..anc:iaco.

Santo Domingo.

Catedral.-(Altar del costado.)

San Cosme.

Fotografía Artlstica, 17 Rivera de San Cosme numero 8. -{Obsequio del Señor Ricardo Contla.)

Novicia en el coro.

275

�DOMINGO

EL MUNDO

zs

DE ABRIL DE 1197

277

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL l)E 1897

---r:LA NUEVA TEMPORADA DE OPERA DEL NACIONAL 1\-'ALGUNAS DE LAS PRINCIPALES ARTISTAS

!· "'

l

'

1
1·

(

Malle. Savinc.-(er. Dugazon.

Mme. Foedor. u51gurd. ••

'1

'

•

I

, '

r

rlJ!f

í".

'

f¡,

,,
¡

t

Malle. de Blaz1. 1cr. Oanz:ante, medio caraeter.

Ese público es todo de zarzuela, de Don Lu1s el TumSalvo raras excepciones el
dilettantismo, está en el periódo terciario y las representaciones se hacen en familia, una familia reducida, un cenáculo en que por cada pagano hay cinco periodistas que
discuten las t-endencias de una música que suele ya no
tenerlas. Críticos inofensivos que se inspiran mutuamente para llevará cabo al día siguiente la anodina la•
borde suB crónicas gacetilleriles. Todo ese mundo de lae
letras que mal digiere las crónicas de Lemaitre1 es insolvente, y á ese solo tendreis por espectador ........ .

LA NUEVA TEMPORADA DEL NACIONAL

ban y de La Vuelta del rivel'o.

Avido estaba nuestro público de Opera, más que á.vido,
famélico, y se explica que con tanta tacihdad eehaya cubierto en la contaduría del Nacional la suma que la Compaiiía fran~eea exigia para trasladarse á México.
Desde que la hermosa Libia Drog paseó sus enfermisas
nerviosM.ades por la e51cena de nuestro teatro metropoli•
tano, ya dardeando tras el .impe,tir,mite la luz de ~us ojos
orientales en la Marion de Pucrini, ya paeeando triunfal
al glorioso ritmo del rittorrui Vincitor; desde que Ugl.ettó
desplegó toda la gama de sus recursos arfü,ticose~ Ilugonotes, y Baldini hizo alarde en el divinamente mgenuo
Don .Juan de Mozart de Ja flexibilidad y la gracioea travesura de eu ingenio, no eé que hada antimuBical nos había condenado á. la plástica ctel circo y á la pepitoria zarzuelera, sin esperanza.
La Compafüa frances!l fué el Mesíae, congregó al todo
Jlé..t.·icc dilellanti ( en su mayor parte de un dilettantismo intuitivo) y le dijo: 1egoza baetn que quieras.)!
Empero ese público ávido no quiso capitular desde
luego con el aplauso y ha ido concediendo BU aprobación palmo á palmo; pero esto que supone una cautela
más 6 menos justa, aquilatará el valor de la compañía,
que cuenta en su seno artiEtas ,·erdaderamente hábiles, discretos y bien educados y que se nos ha revelado
en las primeras representaciones como un conjunto armOnioo y homogeneo.
Mad. Fcedor, joven y simpática, poseee una voz de
.agradabilisimo timbre y se empefia en agradar. El Sr.
Albera es un completo artista y domina cvn mucho des-

•••

No ha faltado quien, tras haber asistido á las primeras
representaciones dadas por la compafiía, moteja á ésta de
poco vivaz y apasionada, más tal cargo ha sido rebatido
con habilidad por el inteligente cronista del Mundo diario.
La efcnela francesa no ee la de los derroches de senti•
mentalismo y de voz; mantiene diestramente á esta última en los tonos medios que son los que se prestan, mejor
para los matices, economiza sus fuerzas para el derroche
capital y necesario y busca ante todo la verdad. La es•
cuela italiana es toda pasión, hecha para el grito trágico,
para la nota formidable, descuida Ios deliciosos tonos
medios, proscribe casi Ja acción en la ópera y ee acerca
mucho á esos cantores que el prosf1itismo Wagneriano
anima en el místico Walhalla de Bayreuth y á los cuales no les permite sino unos cuantos movimientos acompasados como conviene á la augusta magnitud de la obra
y _á la inmutable y serena grandeza del incomprensible
Dios germano ... ..... .

~----·
Mme. Lafeuillade.-Ougazon.

Mme. Benattl. Contr,alto.

Pnfado la escena. Su vo7. es bien timbrada. Madame
Benatti (Mezzo soprano) e8 discretísima y habilidosa
en el juego de su voz y, por último, Massart, el tenor
vale mucbo como voz y como eecuela.
E:3tos artistas y otros que no mencionamos por ahora,
pero cuyas fotografiaa ilustran estas notas, constituyen
sin duda un idóneo cuadro que hará agradable y animada ]a temporada que ee inicia en el Nacional.
Entendemos que esta se prolongará más ó menos según el éxito que alcance, y la verdad es que debemosdeseárselo completo y cumpli&lt;io, no tanto ya en bien de
los artistas que integran la compafHa, cuanto en propio
beneficio.
En efecto, e] fracaso de una troupe es siempre obstticu•
lo para la formación de otras, y el desvío de nuestro pú·
blico 1 un gran inconveniente para que nos visiten buenos artistas y ambas cosas pueden llevarnos ó á la total
carencia de espectáculos, que valgan la pena, 6 á ser víctimas del exclusivista rnouopolio de t.ales 6 cuales empresas más 6 menos cimentadas ó más ó menos conocedoras de los recursos que aquí pueden hallarse y del público con que cuentan.
La prolongada penuria, la inmeasa serie de dificultades con que Ma.ggi tuvo que luchar, y que al fin, no obs..
tante su :filosofía y su buena voluntad lo obligaron á levantar el campo, mflainm sin duda en las compañías dramaticas que hayan puesto los ojosen nosotros y quepretendad vieitarnos v tanto másinfluiranen eUascuanto más
notables sean.-Ño vengais á México, se les dirá, es el
país clásico de las disoluciones de las compañías y de las
quiebras de los empresarios.

llclle. Bcrthet, 1! Cantante 1T1er•.

ENGANO SUBLIME
NUMI!R07,
-~

-Martín! Leódice Martin! tú h11.s ineultado á Leó-

dice Martín? Estás loco, mi pobre Felipe? ¿Pero por qué?
-con qué motivo? Nada te ha hecho ese hombre. Te invita á su matrimonio y tú crees conveniente escaparte;
-en esto la culpa &lt;&gt;a tuya, yo ~e lo dije¡ pero en fin, es una
vieja historia y no hay que penear en ella. Y ahora me
dices que has :do á insulta:lo ..... .
-Pero tengo un motivo, dijo Felipe, gravemente; un
motivo que no es mi huida de la villa Martín, aun cuando se derive de ella. Escíichaooe, Jacobo, voy á. referíroslo todo. Y le contó la visita de Martín de Brest, la
-carta anónima y el jur!l.mento que se le había pedido.
Jacobo de Sommeres recorrió 1t grandes pasos supequetlo salón, visiblemente agitado como una bectia brava.
-Diablo, diablo, jurar por el honor una cosa falsa, y
por el otro lado deshonrará una mujer cuyosecreto se ha
-sorprendido! Oh! mi pobre Felipe! Y tú crees que Leódice es quien ha eecrito esa carta anónirc:a?
-A. menos que eeais vos, Jacobo, ó Fernando; pues
que nadie más lo sabía.
-Fernando! Qué necedad! Conocía él acaso á M. Mar·
t1n? Y además, qué quieres que le importara á. él el matrimonio de esa mu,er?Encuanto ámf, qr1é? ... El y yo, por
otra parte, te amamos demasiado para crearte un embarazo. Elena, por lodemás1 nos ha hecho jurar que guardaríamos el secreto, y si yo he violado mi prome3a, refiriéndoselo á Leódice, es porque creí obrar en interés toyo.
Después, bajando la voz, en el tono humilde de una
-confesión:
-No tengo reparo en confesarlo; yo no estaba muy en
mi acuerdo ......... él me a3ediaba, y ahora compren~o
eu insistencia y sus pregunta!:!.

-Entonces como yo, vos, Jacobo, no dudais que baya eecrito esta carta anónima?

_,.

- ;..

-Ay! hijo mío, no lo dudo¡

él la llabrá escrito 6 la ha hecho eecribir. Tenía un interés demasiado poderoso en
hacer fracasar ese matrimonio, y no es de aquellos á quienes detienen loa escrúpulos. Pobre hijo mío! pobre hijo mío! Yo tengo la culpa de que haya acontecido todo
eso ...... Oh! las acciones, las acciones insignificantes! como babria que desconfiar de ellas! Se inicia una intriguilla necia que no se quiere abandonar y escribe. uno á
su primo: uHacedme el servicio de reemplaurme y de
asi~tir á ese matrimonio ......... n y lo envía uno á. la muerte! ...... Un duelo!. ........ y qué dueh&gt;!. ........ Con qué adversario!. ..... Eres tú fuert,e en la esgrima, cuando menoi;,? ......... qué arma va él á escoger? ......... Oh! Dios mio,
Dios mío!
Y de pronto, bruscamente, cambiando de tono:
-Escucha, Felipe, es preciso tener confianza en mí y
dejarme arreglar esto. Yo voy á verá Martín. Qué dia
blo! él también ha cometido con respecto á mí' sus errores. Le diré que por consideración á nuestra vieja amistad, olvide una palabra un poco viva. Le explicaré que
tú no podías estar contento de haber sido forzado ácomprometer tu honor, que él dtbe comprenderlo;en fin, que
si es necesario un encuentro, sea un ligero encuentro
benigno, á. primera sangre. D~jame ir á. hablarle antes
del envío de testigos. Despué3 de todo, no ha habido entre vosotros más que palabras un poco vivas ........ .
-Per&lt;tunadme, dijo Felipe, pero le he abofeteado con
mi guante.

... ;;

.
~. t

.• ..;.?·i

~~.t&amp;~~ ~~c~'ic,;:_~·t1~~~ ~

-Abofeteado! replicó Jacobo ......... Abofeteado!. ....... .
entonces ya nada puede hacereel ..... ... Oh, hijo mío!
pobre hijo mío! y todo porque una vieja bestia, como yo,
se ha divertido en una intriga!
Y al decir estas palabras, presa del remordimiento que
le oprimía el corazón, asustada por el encuentro que juzgaba inevitable, aquella uvieja bestia&gt;i de Jacobo, aeechó
á llorar.

•
••

Felipe esperd.ba loe testigos de Leódice¡ pero pasó el
día sin que los viese aparecer. Un poco asombrado cuan•
do llegó la noche, íbase á la casa de Jacobo, cuando éste
llegó ii la suya. Una alegría vi vísima que no penSl\ba en
di~imular, radiaba en sus ojos.
--O hl mi pequeñuelo 1¡Qué coincidencia! No han venido
los testigoE&gt;, verdad? ...... No vendrán; por ahora cuando
menos ......... y acaso nunca, porque la seflora Valeria
Martín es~á. moribunda ......... Toma, lee la carta queaca·
bode recibir de ese pobre Martín:
Felipe lPyó:
ccMi querido Sommeres:
«Bien sabéis, sin duda, que yo debía enviar dos de mis
amigos á vuestro joven primo, para arreglar las condiciones de la leccionciUa que ha reclamado de mí. Vos me
conocéis demasiado para saber que no rehuso jamás
dar lecciones de éstas; pero en los actuales momenM&gt;S un
imperioso deber me obliga á diferir un poco el placer de

�EL MUNDO

2¡8

DOMINGO 25 de ABRIL d~ 1897
DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

mi encuentro con eEe señorito rabioso. Espero que él tendrá. á bien darme credito por alguno3 días. He áquí el
hecho, amigo mío:
«Mi pobre mujer está muy enferma en Niza, tan enferma, que los médicos no me dejan esperanza alguna de
curación: una críeis fatal puede de un momento á otro
arrebatarla á. mi ternura. No finjo con vos, querid'J amigo, en cuanto á fidelidad conyugal; vos habéis conocido
buen número de mis diabluras; pero sois un hombre,
pardiez! y sabéis que esas cosas nada significan. Valeria
es, no solamente mi mujer, es mi prima y mi amiguita
de infancia, la querida criatura que siempre me ha ama·
do. En el momento de perderla, siento los lazos potentísimos que han }jgado nuestros corazones.
«Ahora bien, esta crisis fatal que los médicos temen,
puede ser provocada por una emoción. Valeria me espe•
ra, porque estaba yo á punto de correr á su lado, me lla•
ma, roe desea con una impaciencia febril; os convence·
réis J.e ello al leer la carta que de ella recibí esta mañana, y qte os incluyo. Me amenaza con abandonar Niza
y volverá París por poco que yo tarde. Ahora bien, vol•
verá París en esta época del año, sería para ella un peligro de muerte, y la pobre alma es capaz de todas las locuraf!.
11Yo bien querría que me matasen; pero no quiero roa•
tar á mi querida moribunda. He aqui por qué voy á ir
desde luego; adormeceré sus desconfianzas, calmaré su
inquietud, pretextaré un viaje de negocios, y así, habiendo arreglado todo, regresaré con el espíritu tranqui·
lo y la mano firme á ponerme á la disposición de ese jo·
ven tigre, sediento de mi sangr~. Cinco ó seis días me
bastarán; lo que se difiere no es cosa perdida.
1tVuestro de coraOOn, querido amigo,
Le6dice Marlfa; 1i

Cuando Felipe hubo concluido la lectura de esta carta,
rechazó con un gesto el sobre timbra-lo en Niza, que Ja•
cobo le tendía.
-No, no, es inútil. Me quedan aún diez días de vacaciones; es suficiente, esperaré.
Pe~o habiéndo pasado el sexto dia sin noticias. suplicó
á Jacobo que volviese á casa del Sr. Martín; el tiempo
urgía¡ dentro de cuatro días debía él volverá su puesto.
A. la respuesta del portero de que el Sr. )fartín no había
vuelto aúo, Felipe insistió cerca de Jacobo para el envfo
de un telegrama. La cóntestación no se hizo esperar.
{{Moribunda, crfsis tarrible; impJsible parr ir.i&gt;
-Acaso, dijo Fdipe, podría yo obtener algunos días
más de licencia y dirigirme á. Niza.
J 11cobo exclamó:
-¿Y piensas tú en eso? Eres, puee 1 como él pretende, un
tígre sedientg de sangre? Con qué derecho irías tú á turbar
el legítimo dolor de ese muchacho? El también tiene corazón, ¡demonio! Ama á.su muJer, ásu amiguita de infancia!
Yo me he sentido enternecido al leer su carta, siendo una
vieja bestia, como soy; y tú un joven, un niño, te has
de mostrar feroz? ... No, no, tú no irás á Ni:za, y no pedirás licencia. Me opongo á ello. Te irás prudentemente á
tu puesto, y á. tu vuelta arreglaremos tu negocio. He aquí
todo.
-Bueno, dijo Felipe, moviendo los hombros, si conviene á M. Martín guardar durante dos afias la huella de
mi guante, no tengo el derecho de oponerme á ello.

XIX
Felipe había tornado yaásu puesto en el buque, cuan do un día, en el bulevar Jacobo vió pasará Leódice Mar·
tín. Corrió hacia él con las dos manos ten1idas, balbuceando palabras de condolencia.
-Pobre amigo. Dolorosa pe:rdida ........ ¡Todos mortales l. ...... .
Leódice lo detuvo con un gesto; despuée, con un poco
dP Pmhnrazo:
-.)h&gt;, no, eso no ha acabado aún, la crísis ha sido larga y mi presencia la ha salvado. El médico lo ha dicho,
Gracias á nuestros cuidados está en estos momentos u.a. _poco mejor, tranquila. Me he aprovechado de esta calma, para acudir al arreglo del negocio que sabéis. Iba á buscaros,
Haremos eso rápidamente, porque he prometido volver
dentro de tres días. ¿"Eati aún aquí ese endiablado?
-No, dijo JacohJ q 11e no pu1o impedir frotarse las maoe, partió, e~tá muy lc·j,Jt-.

-Nose habrá embarcado cuando menos, grufió Leó·
dice.
-Embarcado, puede ser, no lo sé.... . . . Pues bien, sin
duda, dt!be haben:e embarcado. Pero, véamos, Martín;
voe, un hombre serio, vos que habeis dado tantas prue·
bas de valor, no vais á buscar áesegalopfn cuando tenéis
tan crueles cuidador. Pensad en vuestra mujer, no peo·
seis más que en ella; es preciso cuidarla, curarla, salvarla. Después eEe pilHn. vendrá. y arregiaremos el asunto
en condiciones razonables. Vamos, vamos, Martín, vuestra bravura es demasiado conocida; podeis ser generoso.
Y con lágrimas en la voz, añ.adió:
-Hacedlo por mí, os lo suplico, soy yo la causa de
todo.
-Vamos, sea, dijo Leódice con magnanimidad, por la
pobre moribunda y por vos esperaré; pero á condición de
que me prevendréis cuando vuestro primo haya puesto e. 1
pie en tierra francesa.
-Os lo prometo, os lo juro, mi pobre Martín.
En el momento de embarcarse, Falipe recibió un carta
de Jacobo de Sommeres, haciéndole saber que Leódice
habfa abandonado la cabecera de su mujer moribuñda
para irá arreglar eu querella, y que en su contrariedad
de no haber encontrado á su adversario en Paris, maoi~
festó la intención de perseguirlo por mar y tierra; que sin
embargo ~e había rendido á. los prudentes conseJos de
Jacobo, bajo la condición formal de eer advertido de la
vuelta á Francia del marino.
Mi querido muchacho, añadía Jacobo, no te ocultar¿
que lo hP encontrado muy irritado contra tí; si el duelo
hubiese tenido lugar, habría sido, de fijo, un duelo á
muerte; pero f.\ se calmará. y espero que tú también serás conciliador. ¡Que diablo! sería dem1.siado necio hacerse alojar en pleno pecho la punta deunaespadaóuna
bala de pistola porque le plugo á una dalla repre:aentar
en la playa una escena de tragedia de la que se ha sido
iuvoluntario testigo.
Felipe leyó esta carta con una sonri.sa; y se permitió
tener una duda sobre la ternura conyugal de ~f. Leódice
Martín y aún se preguntó si la más fina espada de P11rís
no sería también la más prudente.
·
Respondió:
c(Mi querido primo.
uYo agradezcovuel:ltros buenos oficios. Estoy desolado de
que las necesidades de mi servicio no me hayan permiti ·
do permanecer más largo tiempo á la disposición de ::\J.
Martín. !\fi ausencia esta vez no será muy larga: Quince
meses cuando más .
e1Aseguradle á M. Martín que me apresuraré á preve·
nirle de mi vuelta.
«Recibid la expresión de mi reconocimiento y todos
mis excusas por las molestias que os he causado.»
Después partió con el corazón ligero, casi contento1 iba
de nuevo á afrontar los peligros, las tempestades, pero
no dejaba cuidado alguno detrd.s de sí. Que L~ódice se
batiese ó no se batiese, esa era cuestión suya: La explicación había tenido lugar, la ruda lección había sido da·
da. En fin, se había conduoido como un hombre y no como un niño?
La parte de amor le satisfacía también. No babia dejado á Lilas feliz, amada, chiqueada? DemaJiado chiqueada
por cierto, había sido preciso que él se erigiese en censor!
Pero podía censurar al padre y á la aya que quisiesen
demasiado á la querida nif'ia't
En el curso de su viaje recibía noticias, y ya. Lila le es·
cribía por su mano. Oh! la letra no era por cierto un mo- .
delo de caligrafía. El estilo, y sobre todo la ortografía
dejaban mucho que desear, pero tal cual eran sus cartas,
las leía con gusto. Había, sobre todo, una pequeña fra·
se, que se le quedó en la memoria:
c•PAdrino Felipe, mi mamá. Elena escribía mejor que
yo á mi edad? No cometía faltas en sus dictados? No se
encolerizaba j~más? No rompía sus muií.~cas?
Un día escribió:
c(Estoy muy contenta, padrinú Felipe, porque papá me
ha dicho esta mañana que tengo los ojos, 103 verdaieros
ojos de mamá.n
Evidentemente la madre era para la niña un ideal al
c.ual se esforzaba en parecerse.
El leía y releía aquellas líneas queridas, tan mal escritas, tan llenas de faltas; después las besaba y las encerra ·
ba en el cofre en que se 6ncontraban las cartas de la
muerta.

EL MUNDO

XX
M. Duvernoy realizaba puuto por pu.nto la primera.
parte de su programa recorriendo en pequeñas jornadas
aquella mara vil losa Italia, no pt-nnaneciendo mucho en
ninguna parte. Pür ricos que fuesen los m·.u:eos, por admirables que fuesen los monumentos, el piular los miraba apenas, dejando los entusiasmos á laexhuberante Carlota. Pasaba, no se detenía, sentíase asido por primera
vez, por la ncstalgia del hogar.
Y sin embargo, qué era la pequeña villa de Pontarlier·
cerca de esas ciudades espléndidas? Y su clima tau rudo, sus largos inviernos, rns cortos estíos, cerca de esos
paise3 que gozan de una primavera eterna?
Hubiera vuelto directamente á eu ciudad sin el temor
de fatigará la nifia y también de encontrarse de nuevo
con su sufrimiento, de sentir el dolor adormecido levan•
tarse vivaz y cruel.
Desde que hubo franqueado el 8an Gotbardo:y puesto
los pies en tierra suiza, deede que se sintió c"erca de Francia, esa irupreeiC&gt;n se volvió preponderante y apreeuró su
marcha.
En Laueanne se detuvo.
Muy cerca de Duchy, al borde del lago, una linda Ca.fa.
le agradó al pin~,)r; In. alquiló y se instaló.
-Esperaremos aquí la llegada de Felipe-dijo-será.
un mes de retardo cuando más.
Pero había cont;ido sin la fatalidad.
Quince días después de esta instalación, Lila, despertándose en la noche, lanzó un grito de dolor; le parecía
que una mano de fierro le oprimía la g&lt;i.rganta, impidiéndole respirar, sofocándola.

1

En un segundo, el aya se puso en pie, y de prisa llamó á
M. Duvernoy. Este corrió á buscar un .nédico: la palabra terrible de dijtei'i/1 le martillaba el cerebro.
Iba á perder eu último tE&gt;soroY
El diaguóstico fué menos terrible que lo que había
creído.
-No, no, dijo el doctor, no es la difteria: una fiebre
eruptiva quizá.
Escribió su receta y recomendó los mayores cuidados y
las mayores precaucionee.
Durante tres días, durante tres noches, el padre y la
aya, sin tomar reposo ni alimento, permanecieron ansiosos cerca del pequeño lecho en que la nífia se quejaba,
en el delirio de la fit:bre, llamando á rn padre y á EU ma.
dre también.
-Ah! decia el desgraciado torciéndose las manos, Ele .
ra viene á arrebatármela.
Al terc3r día la escarlatina se declaró, el doctor al advertir las placas rojas en el cuerpecito de la niña, mostró
por primera vez una tranquilizadora sonrisa.
..-Va eso bien; una erupción soberbia!
De=Jpués, volviéndose hacia Carlota:
-Sólo que hay que impedir los resfriamentos, nada de
imprudencia~, precauciones excesivas, una reclusión de
tres semanas poco más ó menos:
Mi papel está caei terminado, el papel de la Enfermera debe con~inuar, más atento aún quizá.
Cuando hubo partido, Carlota lloró de felicidad.
Duvernoy, profundamente conmovido, tomó entre la&amp;
suyas las manos de la excelente muchacha.
- V os reemplazais cerca de mi pobre niña á la madre
que ha perdido-le dijo-Ella no habría podido ser más
abnegada. Qué puedo yo hacer para probJ.r.J s mi inmenso reconocimiento?
Ella bajó los ojos, presa de un embarazo púdico, no
oeando responderle: &lt;iAmadme, porque yo os nmo)l y
murmuró ruborizándose:
-La humilde aya sólo cumple con su deber; pero sí el
honora ble señor Duvernoy quiere hacerla incomparable mente feliz, en lo futuro, la llamará Carlota.
-·Carlota, dijo él sonriendo, Carlota, querida Carlot,a,
el angel bueno de mi pobre hija!
Ocho días más tarde, la franca conva.lescencia comen·
zaba. Carlota, encerrada en la cámara de la enfermita,
comía y dormía cerca de ella, se ingeniaba para divertir•
la y distraerla, le contaba maravillosas historias, inventaba juegos¡ pero insistía para que el pintor diese algunos paseos y respirase el aire puro del exterior.
El obedecía dócilmente, y en esa alegría del peligro
conjurado, sentía el corazón ligero y ebrio de alegría.
-Salvada! Salvada! estaba salvada!
El nombre de uCarlotan reclama.do por In aya y que él
continuaba dándole1 no podía bastará rn reconocimiento._

Pasaba por una de las calles de Laussanne, cuando en
el aparador de un almacén de orfebrería, un soberbio corazón de oro enriq_uecirlo de turquesas y esmeraldas atrajo
sus miradae. Estaba colocado en un estuche de terciope lo azul. l\f. Duvernoy compró la joya y fué á ofrecéreela
á. la aya.
-Es vuestro emblema, querida sefiorita Carlota, por
que vos sois taro bién un ca razón de oro.
El quiso ponerle por su propia mano el brazalete que
acompañaba al corazón, después besó la mano engalana da que había tomado entre la suya:
-Un corazón de oro y nuestro buen angel, eso sois,
repitió.
Era demasiado feliz para pesar mucho las expresiones
de su gratitud, y en ese momento una mujer astuta,.y
babi! hubiera podido obtener todo de él.
Por la noche, cuando la niña se durmió, cuando Carlo·
ta ee encontró eola, cubrió la joya de cien besos.
-Un corazón, murmuraba¡ un emblema, ah! yo no habría oeado jamás esperar e3to! E3 la confesión discreta
de su amor, la que ha querido hacerme de esta delicada
manera.
Se dice que los incendios persisten durante años bajo
la ceniza, !)('ro que el menor soplo de aire desencadena su
formidable violencia; el amor de Carlota hubiera acaso
vivido siempre oculto, casi ignorado de ella misma, sine!
soplo de esperanza que las imprudentes palabi-as del ar.
tista hicieron surgir de pronto. Ella le había adorado por
eu dolor, por su inconsolable trist.eza; adorado con admiraci..ón, convencida de que no olvidar1a jamás á esa Elena tsn amada, convencida. iogenuamente de que niñguna mujer borraría este recuerdo invencible. Se había di.
cho que sería infinitamente feliz en morir por él. Morir
por él.. .... Los rneños ambiciosos de la pobre Carlota no
habian hasta entonces traspasado este límite, y aún para
llegar á tal resultado érale preciso recurrir á todos los
expedientes de su poderosa imaginación romancesca.
Un paseo por el mar, hecho bajo un cielo sin nubes, le
sugería la idea de una tempestad, con el barco legenda
rio de sobra cargado y la obligatoria abnegación de uno
de los pasajeros por la salvación de todos. Entónces Car•
lota, grande y sublime se ai rajaba voluntariamente á las
ola~ y él comprendía bien, que ella moría por asegurar su
salvación. Ay! el paseo concluia, sin tempestad, sin bar•
ca demasiado cargada, sin incidentes dramáticos.
Carlota, al volver al puerto, reconocía melancólica, que
en el curso ordinario de las cosas no es tan facil morir por
el que se ama.

Un poco más tarde, la travesía da los Apeninos le daba
la esperanza de un ataque de bandidos. Ya los veía feroces, armados hasta los dientes, deteniendo los trenes1 desbalijando loa viajeros, poniendo al pecho del bien amado
Du vernoy el arma homicida. Felizmente ella estaba ahí,
ella, Carlota, y ante el arma homicida arrojaba su propio
corazón¡ el tiro salía y ella caía muerta¡ pero él la recibía
en sus brazos y la bendecía. Oh! cuán idealmente bello
era morir así.
Cien veces repitió estas escenas burlescas, acumulando
todos los teeoros de su devoción. Ahora la escena cambiaba;no se trataba ya_de morir, era preciso vivir puesto
que él le había dado su corazón.
Ciertamente la amada y hermosísima novela tendría
aún muchas peripecias, antes de llegar al último capítulo. La apoteosis del matrimonio. Ella. debería aún pro•
barle que era digna de ocupar el lugar de la bien ama.da
Elena: haber cuidado á Lila con toda la ternura de una
madre no bastaba, qué podía hacer aún?
Hubiera deseado por ejemplo que el señor Duvernoy
fuese herido de ceguera para ser su A.ntígona, 6 arruina•
do por un depositario in.fiel á la hora precisa en que ulil
tío de América la instituía su legataria universal, dej~tndole algunos millonee. Hubiera sido dudar de la Providencia, no contar con alguno de estos acontecimiento~.
Pero acordaba á la herencia de América todas sus preferencias porque nada probaría. mejor el desinterés y la ge•
nerosidad de su carifio.
Se sentía indeciblemente feliz durante esos tristes días
pasados- á la cabecera de una niña enferma, tan feliz que
se preguntaba algunas veces si la dicha de los cielos era
tan grande.

Felipe de ·Aubian á Le6dice Martín.
Rochtfort a.4- de Mnyo.

flSefior:»
11Desembarco en Francia este mismo día y tengo el honor de hacéroslo saber.
«FEUPE Dl!:

Ausu..s.

Oficial clt.'! Marina. En rada de Roohefort.
A bordo del Neptuno.

Felipe á. Fernando:

R-Oduforr, !14 d., Mayo.

Mi querido Fernando:
«Encuentro al llegará Rochefort la carta que me hace
saber á la vez la enfermedad y la curación de nuestra
querida nifia
«Ninguna necesidad tengo de deciros mi emoción á la
idea del peligro que ha corrido, ni mi reconocimiento por
Ja excelente muchacha que parte con vos vuestra angustia y vuestras pena s.
«Tengo ansia de veros: desgraciadamente algunas cues•
tiones del servicio van á retenerme durante un tiempo
cuya duración no puedo fijar.
«Tan pronto como esté libre iré á vos y tomaremosjun•
tos, coma lo deseaie, el camino de la pobre casa vacía.
P. S. ((ÚB he dicho alguna vez que mi testamento eFtá
depositado en Besanc;on en el estudio de M. Colard y que
dejo á Lilas mi pequeiía fortuna?
Hay algunos legados insignificantes para viejos servidores de mi madre. Yo os suplicaría además, mi querido
Fernando, que retiráseis de mi haber una suma de la
cual vos mismo fijaríais la cantidad y la ofrecierais, sea
en forma de dinero, sea bajo otra forma á la excelente
muchach 1 cuyos cuidados-según me decís-han salvado
á nuestra niña. No os admiréis mucho de este post scriplum fúnebre; parece una anomalía que yo os distraiga
con previsiones de muerte, cuando vuelvo á Francia yes•
tá confurado todo peligro, pero todos nosotros somos así;
para nosotros los marinos, el mar es un amigo que no tememos, la tierra, al contrario, nos parece llena de emboscadas.
1cOs acordaréis sin duda de Dumont d'Urville, muerto
en un accidente de camino de fierro después de haber dado la vuelta al mundo.
11Una vez más hasta luego.,1

Felipe de .Aubian á Jacobo de &amp;mmert$,
Rochefort, 31 de Jfayo

Mi querido primo:
uEstoy desde hace ocho días en rada de Rochefort, y
desde luego dí aviso de mi retorno al Señor Martín. Yo
contaba con una respueeta suya, y esperaba no fastidiaros más con este asunto atendiendo al cuidado y á. la
desola~ión que os causa. Pero el señ.or Martín no me res·
pande, y su eilencio me fuerza á poner aún á contribu•
ción "ueatro afee.to por mi.
uHe pedido unas vacaciones que pueden serme acorda·
das de un momento á otro. Yo querría acabar con esto é
ir á Lausanne á. encontrar á Fernando. Sería muy des·
agradable para mí que obtenidas mis vacac:ones, perma•
neciese clarado en Rochefort para esperar la determina•
ci6n de un señor que no se apresura; por otra parte no
me gusta que mi adversario pueda pensar y decir que mi
paciencia ha sido de corta duración.
«0.3 suplico pues, que le veais y le preguntéis si ha re·
cibido mi carta y qué decisión le conviene tomar, os doy
carta blanca para arreglar las condiciones del combate.
«Gracias de nuevo, y perdón.
FELfI&gt;B.

Jacobo á Felipe.

Po.itarlier, 2 de Junio
Querido muchacho:
Recibí tu carta; no estoy en Paríe, sino clavado en es•
te maldito Pontarlier por un eatiínico ataque de gota que
dura hace seis meses y que me entrega atado de pies y
manos áesta terrible tía Fourneron.
Sí, hijito, la «vieja bestian de tu primo J acobo, vacila,
tergiversa, capitula; ya no tien3 fuerza para hacer frente
al enemigo.
Sabes tú que seis meses de enfermedad son, en manos
de la tía, un gran argumento para el matrimonio?
Con quién piensas que me quiere casar? pues nada menos que con la prima Eulalia de Lezines, no es muy jo·
ven, verdad; pero sí muy buena, en fin aun no estoy de•
cidido.
En cuanto á tu negocio, ¿qué quieres que te diga? no
puedo verá Martín, á quien por lo demás, mi visita fas•
tidiaría, perdió á su mujer y, en dos años todas las cóleras se calman; deja este asunto, ve á tus negocios y no te
ocupes más de él; que llore en calma ese pobre diablo y
ven pronto á hacer uoa visita á la pobre bestia vieja de
tu primo.
JACOEO,

( Continuará. )

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

•So

LAS TRF;S IIIANF:RAS

En 1a exposición de pinturas me detuve con un pintor
modernista amigo mio 1 ante un cuadro de M. Garnoteau,
miembro del instituto.
El lienzo, admirablemente trazado, representaba á
Diana y sus ninfas, en medio de un hermoso paisaje.
Mas ií. pesar de todo, una circunstancia especial mellamó extraordinariamente la atención.
-No lo entiendo, dije á mi compañero, pero el caso es
que esas mujeres sólo me gustan hasta la cintura, porque
las piernas son detestables.
-Ese mismo defecto, me contestó mi amigo, lo encontrarás en todos los cuadros que Garnot-eau ha pintado de
treinta. aUos á esta parte. Pero la cosa se explica perfec·
tamente1 pues has de saber que todas esas piernas son copia fiel y t!Xacta de las de Madame Garnoteau.
Sentéwonoe y te contar6 la historia completa.
Y h~ aqu·í lo que me refirió mi amigo,_ el pintor modernista:
Ya conoces los comienzos de Garnoteau cuando vino á
París, pensiouado por el municipio de Liwognes. El pobre traoajó cvmo un caballo, y al cabo de cinco años ganó el premio de Roma por su 1'emUStocles er,tre los pm·sM.
Cien.o día descubrió üarnoteau su vocación: el desnudo y los cuadros de ninfas; y desde entonces no ha pintado ot1 a cosa.
A su regrei;o de Roma 1 trabó el pintor relaciones en su
país natal con una Joven bien educada, ni bonita ni fea,
alta y fiaca 1 quizás en demasía, con la que contrajo ma•
trimonio, á p,:1sar de las dificultades qu~ ponían los pa·
dres, ricos industriales de Limognes, á que su hija se casase con ..... , ... ¡wi anfata!
-¡ Dios mío! decía la madre, antes de otorgar la mano
de lanilla. Casará mi Celestina con un hombre que no
pinta más que mujeres desnudas! Pero Garnoteau alegó
que el arte 10 purifica todo y que sus cuadros se vendían
bien, y al fin se realizó la boda.
-~l día anterior á la ceremonia, llamó Celestina aparte á su fm.uro y le dijo:
-¿Es verdad que no pintas más que mujeres sin vestir?
-:::lí, hija lllia.
-¿Y no podrias pintarlas sin modelo?
Garnoteau le demostró que estotra. cosa irrealizable y
la novia no volvió, por lo pronto, á hablar más del
asunto.
·
Pero al día siguiente del matrimonio, Celestina mur•
muró al oído de su eEpOt.O:
-Prométeme hacer lo que voy á pediite.-Tolero que
copies el cuerpo de otra~ mujeres, la cara y los brazos;
pero en lo tocante á las piernas, no lendrás más modelo
que yo, si no quieres verme morir de angustia.
Garnoteau pasó por todo, sin preever las consecuencias de rn debilidad de carácter.
Al llegará este puntQ interrumpí á mi compañero, y le
dije:
-¿ Y cómo has podido saber? ........ .
-Nada más sencillo. Garnoteau se lo dijo á su amigo
Carbonnel, el cual se lo comunicó á )iicada, una modelo, que ásu vez me lo dijo á mi.
Y ahora prosigo:
Garnoteau fué fiel á su promesa; y de ahí procede esa
interminable i:;erie de ninfas, gruesas en su parte superior y flacas en su parte inferior.
Mientras Celestina fué jóven, todo era tolerable, gra,ciaa á la frescura de la forma y hasta un crítico influyente llegó á descubrir que aquel modo de comprender y de
pintar á la mujer1 era eminentemente espiritual.
A poco tiempo, Garnoteau entró en el Instituto.
Pero Celestina, al envejecer, iba adelgazándoee á. toda
prisa, lo cual influía, como era natural, en las piernas de
las ninfas de Garnoteau. .
EL público acabó por notar el contraste, y la venta bajó de un modo extraordinario.
En vista de esto, el artista se dedicó á pintar sirenas,
para evitar las ;giernas de eu esposa, pero Jas sirenas pa·
saron inadvertidas.
&lt;Jeleatina quiso que su marido volviera á. pintar ninfas, y como esta era la espeáalidad de Garuoteau, vol·
viéronse á vender algunos cuadros.
-Gracias á. mí, le decía Celestina, se venden otra vez
tua lienzos!
El pobre Garnoteau, condenado á pintar eternamente
las tibias de au mujer, acabó por aborrecerlas.
-Acompañadme ab.ora, repuso mi interlocutor, y te
contaré el :final de mi historia.
El pintor modernista me llevó á CMa de Durand y me
enseñó una Danza de ninfa-3, .muy notables todas ellas,
no aó,o por sus cuerpos, sino tawbién por sus piernas,
robustas y macizas como pilares de iglesia.
-¿De quién es ese cuadro?-le pregunté.
-De Garnoc.eau.
-¡No es posible!
Sí, hombre, me dijo mi amigo. Madame Garnoteau ha
muerto Lace dos meses y ahora el artista no pinta más
que piernas enormes, como. para desquitarse del pasado.
En la actualidad no encuentra el pintor modelo alguno
cuyas piernas le parezcan bastante sólidas.
·
En cambio los cuerpos y las caderas se adelgazan y se
espiritualizan, volviendo á formar otro contraste en sentido inverso al anterior.
Asf, pu&amp;a, Garnoteau, á imitación de Rafael, ha tenido
también tres maneras; pintó primero figuras muy armó•
nicas en conjunto; despues cuerpos hermosísimos con
piernas delgadísimae, y :finalmente piernas en extremo
voluminosas con cuerpos sumamenw delgados.
Y estas tres maneras corresponden á los tres períodos
de su vida: antes de Celestina, en tiempo de Celestina y
después de Celestina.
·
J ULlO

LEJr,t:UTRE.

-:=il=-":::2&gt;~=-=~=-~=
es
Tan grande fué que ante él todo pequefio
«un delito el nacer,n la vida un suefio.n
'

CAMPOAMOR.

EL ULTIMO POETA.

281

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

La muerte de Vargas Vila.

TRAOUCCION OEL ITALIANO.
(L. STECHETTI.)

En la nevada cumbre de un monte fabuloso
que anublan los crepúscuJ03, y encienden las auroras,
y escalan sin est.répito las vocea triunfadoras
que con su augusta calma serenizó el Reposo;
habita (solitaria, de un mundo misterioso
qml, tú, divino Ensueño, conformas y coloras,)
girón de nebulosa mental que va por horas
centripetando el germen de un genio silencioso.
Ya el Cosmos adivina la gestación del numen
que del sublime anhelo dará el postrer resumen.
Ya Ee estremece el Eter al presentir el ritmo
del eviterno número, supremo !ogaritmo.
Serán de esa ma , nífica y mater Iliada,
la Muerte, Aldo l\1anuncio; el rápsoda, la Nada!
BAl,BINO

DAYAJ.0$.

i\féxico, Febrero Ue 1897.

F;N F:L LA.GO.

Se pone el eol: el agria cordillera
sobre el confin de oro se destaca;
arden las nubes de carmín, y un vi va
reflejo de volcán alumbra el agua.
Abren ya las estrellas en el cielo
su pupila de luz, y rn levanta
la luna, sobre un pico de la sierra,
como un dieco de nácar.
Ya vuelven lai gaviotas á sus nidos,
ocultos en las peñas solitarias;
y á la orilla también, cual las gaviotas,
sobre la onda azul vuelan las barcas.
Hincha el viento sus olas que parecen
de leJos unas alas
níveas como el plumón de la paloma,
y como el aire de las cumbres, raudas.
Comienza el lago á levantar sus olas,
que van luego á morir sobre la playa,
y que-¡asf como el alma del poetalcuando se rompen cantan.
El rumor de colmena de Ja vida
ante el misterio de la sombra, calla¡
y bajo el cielo constelado y limpio,
como una virgen se arrodilla el alma.
Se puso el sol: de los enhiestos montes,
á las desiertas playas
bajan ya las tinieblas, como una
procesión silenciosa de fantasmas.
¡Se avivan los recuerdos!. ..... ¡la tristeza
se difunde en las coeas y en las almaal
¡y en el silencio augmto de h¡ noche
se estremece la voz de la plegaria!
J esÉ BECERRA.
Chapala, Abril 11 de 1897.

A MIS AMIGOS.

¡La he de amar, ¿por qué no? ei las escalas
Accesibles están, y si el ascenso
Eei tan facil, contando con laa alas
De mi amor, que es inmenso!
¡La he de amar! ¿por qué no? si su belleza

Es un símbolo augusto de poesía;
Y en sus pupilas reina una tristeza
Hermana de la mía.
¡Dejadme! ¿qué es mi mal? ¡pues lo deseo!
¡Ya de ilusiones! La razón es obvia:
Si he de ser otro nuevo Prometeo,
Qa.e me mate mi novia!
¡Que me mate! ¡lo anhelo! Si con sólo
Que me amague el peear de eus desdenes,
Me parece sentir que el frfo del Polo
Atenacea mis sienes.
¡Dejadme, mis amigos bienhechores!
Si no me ama será mortal la herida,
Y, en sefial de perdón, regad con flores
La tumba del suicida.
QUIRrNO ÜRDAZ,

Abril de 9i.

HISTORIA ROJ.lÁNTICA.

Trágico ha sido el fin de este veterano en las justas
del pensamiento.
Dotado por la Naturaleza de un espíritu sensible á la
abstracción artística, y ávido de profundizar sus estudios
históricos y arqueológicos, no vacila en austraeree el bullicio atrayente de las grandes capitales europeas, para
iree á engolfar en el seno de antiguas razas y civilizaciones antiguas, y beber, en las fuentes mismas de Hipocrene, aquellae aguas maravi1!osas que rejuvenecen el alma y la llevan á la contemplación de los grandes ideales
que encarna el arte en sus múltiples manifestaciones.
Si en su viaje anterior al Viejo Mundo recorrió la Italia y arrancó luego á su númen notas vibradoras para
descubrir sus variadas impresiones sobre la patJia del
Dante y de Savonarol&amp;, ahora preparaba auaHeU:nicaz, libro que se nos antoja rico en detalles, deducciones y gua•
to literario. Refrescado por las brisas del Mar Jonico,
bajo ese mismo cielo cantado por Homero y por Menandro, recorriendo quizá los mismos campos que ilustró
Agamenón hace más de 30 siglos. Vargas Vila, ha debido
eecribir cosas bellísimas, que ojalá manos amigas se encarguen de salvar de la lepra del olvido, para aumentar
el l1Cervo de la literatura americana y comribuir á la gloria dt:d joven escritor.
Después de visitará Atenas, de escudriñar sus apolillado1:1 archivos y admirar sus gloriosos monumentos, testigos aún de la pujanza todav1a no aventaJada de Fidias' y
1-'raxtteles, fué Vargas Vila á Siracusa, célebre, no tanto
por haber mecido la cuna de Dionisia, cuanto por la admirablt- cepa que se cultiva en sus campos y destila ese
caldo que los peritos confunden con el néctar de los dioses.
Helacionóse en Siracusa con una joven artista, griega
de naci1ui~nto, pero sarda por su origen y sus afecciones.
Ifig~nia era una chica de cuatro lustros escasos, y, como
la soñad,~ virgen de Judea, robó á las hadas sus vestiduras
de armilla, á la aurora sus tintas y celajes, y al qPerub
que arrulla los suefioe de Jehová, robó las armon1aa que
hacían de su voz catarata de arpegios y de ritmos.
Vargas Vila, también artista por idiosincracia, apenas
c~&gt;nocio á Ifigenia sintióse avasallado por aquellas explosiones de hermosura; y como Numa, cuando encontró á
Egeria exornando el agreste fondo de una gruta, el pecho
del prosista colombiano se dilató ante la influencia estética, y de sus labios, ungidos con la miel de las abejas de
Hesot..1i0, brotaron raudales de ternura que fueron á arrullar .en el alma de la virgen las primeras sensaciones de
la paeión que nace.
Oh! ~qm de las est-rofas dantescas, ó del pincel que inmortalizó á la hermoea viuda de Pescara! Que si e1 genio
del vate florentino, en su creadora fantasía, bajó al vientre de Tártaro á buscará su Beatriz, y la paleta de Miguel Angel; acaba sus creaciones de los torrentes de luz
que lanzaban las pupilas de Victoria Colonna, de no menor~s. alas se valdría el pOfta para ascenderá espacios
aqmhnos en busca de nu~vos coloridos con qne delinear
las palpitantes formas de Ifigenia.
Sm. que pretendamos abordar cuestiones metafísicas,
es evidente .que la simpatía, al iecundar el corazón humano, fecunda también y viste cou ropajes de nácar y
za~r el ambiente en que nace y se deaarroJla. Porque la
misma ley que en t.-1 rnundo material impulsa 1:-ta molé
Ct?,lae. á reciproca atracción, hasta formar cnerposdegran
vitahdad1 produce en Jo moral iguales fenómenos y reBt?,ltados .. La 13!-mpatía-dijo Dumas, padre--es llama diviaa que 1lumma el corazón y diopenst1. á los verdaderos
amantes del uso de la palabra.
De ahí ese idilio que enloquece á VargM Vila, idilio
engendrado con miradas y t!Onrieae, amamantado da.
puéecon besos y caricias y palabras de ambrosía crecido
en eegu~da al fueg? ~~ dos naturalezas ea el aPogeo de
su plemtud y su virihdad y para morir temprano entre
sombras y misterios.
Ifigenia y Vargas Vila, luego de haber unido sus co·
razones y hecho votos de eternal amor se fueron á. la
quinta ~nar6~aca, Pf:!quefia propiedad i-ural que aquella
poseía mmed1ata á S1racusa, con cuyo nombre quiso re•
cordar al ilmñre trágico ateuiense.
Seis semanas llevarían de vida conyugal cuaodo en
una de las alamedas qu-a rodean el parque d~ la quinta,
estrechados en amoroso abrazo y contraídos aún BIJI
labios por el ritwo del postrer beso se hallaron sus oa·
dáveres, tibios todavía, sobre un c¿lchón de musgo que
sombreaban castaños corpulentos.
'
~a ca~ea de tste doble suicidio que hiela la san~ p&lt;&gt;r
lo i~~óhto, trat~n~ose de seres que inician una vida de
fru1mones y dehcrne, es verdaderamente inoomprenaible.
No quedó un solo raetro que pueda guiarnos á descubrir
la clave del enigma, pues en loe cortos renglones que ee
hallaron escritos ton francés en la cartera a.e Vargas Vila, precedidos de este epígrafe de Ninon de Lenclos en
loa últimos momentos de su vida:
Qu'un vain espoir ne vienne polnt s'offrir
Qui puis.;;l ébranlcr moun courage,

·····················
········•···················································
en esos cortos renglonee, decimos, apenas si nos cuenta
el infortunado compatriota, que sólo por un acto de ex·
pontánea y mutua voluntad se despiden ambos del
umundo de los vivosn para entrar en el ((mundo de lo&amp;
muertos.&gt;•

Bella eEtaci6ll! Todo á gozar convida
del placer sin medida ........ .
-Mas, ¿qué es eso que vuela?
Una hoja que cae, y nos revela
la nada de las cosas de la vida.
ÜAHPOAMOB.

Cuando mires que rueden las hojas
Al soplo del cierzo
Y recuerdes que yo, como ellas,
Al abismo caf de los muertos;
Ve al panteón á buscar mi sepulcro
De flores cubierto,
Y de él, de la cruz olvidada
Que levanta los brazos al cielo,
U na á una recoje esas florea
Que brota mi pecho,
Y con e Uas, gentil y amorosa,
Engalana tus rubios cabellos:
Son loa cantos de amor de mi alma,
Loa himnos, los versos
Que olvidé consagrarte en la vida,
Que no pude decirte en secreto!!
J OSEVAZA UEZ,
Zacatecas, Abril 1? de 1897.

1

Fué una .noche del invierno último, en el rincón de
fuego¡ porque había Uov:ido todo el día durante nuestra
visita á esa maravilla de las maravillas que se llama
Baalbek, cuando o'i referir por un árabe llegado con nosotros de Damas, la leyenda que transcribo, releyendo
mi carnet de viaje:
El leóL. soberbio....... y generoso acababa d~ ser muer•
to, dejando cerca de él para honrar su memoria y perpe ·
tuar su raza, á su leona y á un joven leoncillo.
Este noble retoño ardía en deseos de recorrer el mundo.
-Por qué, le decía su madre cubriénd~le de caricias,
por qué quieres abandonarme? No estás bien aq1i11?....... .
Ten cuidado, hijo mío, más allá de esaa vastas soleda•
des que forman tu imperio, encontrarás, entre mu~hos
peligros al más terrible. al más cruel de tus enemigos!
al que t~ ha hecho huél'f~no ......... ese temible sér que se
llama el hombre!
Fatigado de oír cada día esta eterna amenaza, y no
tomando consejo más que de su valor, el heredero ~l. se'1'1or de la gran cabeza, partía una hermosa noche, diciendc, á su madre:
-Nada temas, soy joven, soy fuerte, soy valiente como
lo era mi padre ........ .
Nada tengo que temer, y si encuentro al hombre ....... .
pues bien, nos veremos.
Partió.
El primer día vió á. un buey en su camino.
-Tú eres el hombre? le preguntó.
.
-No, respo1.adió el apacible rumiante, aq~el ~e quien
tú hablas es mi sefior; me ata al arado y si mi paso le
parece demaeiado lento, para activar mi marchame hunde en la carne una punta de acero, que según creo, llama
aguijón!
El leoncillo se alejó pensativo.
Al día siguiente vió á un caballo en la pradera, con los
pies entrabados por cuerdas.
-TQ. eres el hombre? le preguntó el feroz viajero.
-Es mi señor, respondió temblando el corcel. Yo soy su
servidor y le sirvo de D?ontura. Cuando no avanzo á. medida de su deseo, me hiere loa flancos con Ulla especie de
ruedecilla ó estrella guarnecida de láminas agudas.
Después de ha~r sacudido largamente su crfn, el león,
.rechinando los dientes, siguió su camino, preguntándose
con sorda rabia quién podía ser el que en el muodo parecía
habei- sometido todo á su eapricbo á su fuerza y á su vo·
luntad. Algún tiempo después llegó á. la India. .
Su mirada descubrió inmediatamente un arumal de
monstruosa corpulencia, que parecía dotadc de una fuerza invencible.
-Esta vez no me equivoco, se dijo aproximándose.-·
¿Eres tú el hombre?
-Estás en un error, yo soy el elefante1 y aquel cuyo
nombre acabas de pronunciar, es mi amo'/ señor. Yo le
llevo sobre mis lomos cuando desea viaJar ó cazar al
tígre ........ y cr-mo tiene com:pleta confianza.. en mí ..... .
frecuentemente me deja al cuulado de sus hiJuelos.
Oyendo estas palabras, el joven león se alejó más y
más pensativo.
De pronto, ruidos sordos con intervalos regulares inte•
rrumpieron 1::1u meditación.
Del fondo del bosque era de donde aquellos ruidos
surgian.
Avanzó y en un vasto claro vi6 una encina próxima á
desprend~rae de su tronco, herida por el hacha de un
eér en el cual el joven viajero no se fijó de pronto.

Y dirigiéndose á la encina:
-Serías tú acaso el boml.:ire? pregunt6le.
- No, respondió abatiéndose el coloso, el hombre es
ese que acaba de derribarme y muero de loa golpea que
rn mano me ha dado.
Sólo entonces el joven león se dignó fijar su mirada en
aquel 1i quien acababa de designar la encina, pero á. la
vista de un sértan fragil y de proporciones tan delicadas, dejó desdeñosamente caer estas palabras:
-¿Cówu, eres tú aquel de quien mi madr.., me habló
con tal espanto? Uno de tus semejantes fué el que osó
herirá. mi padre? ...... Tú eres al que por prndencia de·
berfa yo esquivar?
-Soy yo, l'f'Spondió sencillamente el leiiador.
-Pero, deegraciado, tú eres la imágen de la debilidad,
sólo mi nombre te haría palidecer, y con un golJ)e de mi
potente garra te tendería á mis pies!
El hombre sin dignarse responder luego, hizo una profunda hendidura en el tronco de la encina que acababa
de espirar¡ después, volviéndose hacia el leoncillo:
-Te parezco debil, le dijo. Mira esa encina orgullosa
de su fuerza ...... estaba erguida y robusta......... y sin
embargo, hela tendida en tierra; ya vea lo que puede mi
brazo. En cuanto á tu nombre, no podría hacerme palidecer, yo conozco uno más terrible: ¡la miseria!.. .... y tu

RF:LIF:VF;.
A un poeta.

Musa regia! No la envidia, no la mofa ni el espanto
La detienen; forja el verso y con rápido ademán,
Al erguirse siempre altiva, funde un rayo en cada canto
Y lo arroja y lo hace trizas contra el rostro del rufián.
Musa triste! Ya solloza con amargo desencanto
Y se eleva hasta los cielos impelida por su afán,
O preludia el himno eterno del amor ferviente y santo
Arrancando ardierites notas á la flauta del dios Pán.
Que no hay dique que contenga su pujanza de coloao;
Del inmenso espacio duefio bate el bardo, majestuoso,
Las potentes ígneas alas de su audaz inspiración.
Y al sentir sobre su frente la aureola de la fama,
Y al mirarse rodeado por el pueblo que le aclama,
Se debate en la tribuna cual indómito león.
AURELI0 G. CARRASCO.
Mé:xico 1 Marzo 24 de 97.

SANGRE Y AMAPOLAS

grito es menos espantoso á mi oído que· el de mi cachorro cuando me pide pan ......... No son mis débiles músculos los que puedo oponer á tu fuerza ......... es el pensamiento! él me ha hecho tu amo......... ¿lo dudas aún?
Pues bien, mete la pata en esta hendidura, si te atreves!
añadió mostrando la grieta mantenida abierta por el hacha.
Al oír estas palabras, si te atreves! el joven león no vaciló y obedeció.
Entonces el leñador retiró el arma sangrieata aún de
la savia del gigante de los bosques. La fiera estab&lt;\ aprisionada.
Y bien, ahora. soy yo el hombre? dijo gravemente el
leñador. Soy yo tu amo?
Aniquilado por tanta audacia, el lean había inclinado
la cabeza y guardaba el silencig que conviene al que se
confiesa vencido.
Luego que le fué devuelta su libertad, se extendió en
el musgo y ee puso á lamer tristemente su pata, manchada toda de sangre.
El hombre entonces se inclinó Pobre el herido v después de haber lavado cuidadosamente la llaga, sin 8.ñadir
una palabra, sin volver siquiera la cabeza, el hacha á la
espalda., emprendió con tranquilo paso el camino de su
cabat'ia.
Largo tiempo la fiera le siguió con la mirada ...... Cuando f!evióaola, abrevada de verguenza, dudando en adelante de su fuerza y de su poder, dos gruesas lágrimas
obscurecieron sus ojoa, se levantó, y cojeando tornó len•
tamente a.l desierto ........ .

Madrea dolientes, madrea espafiolas
que en las olas miraia vuestros pesares,
con qué dolor contemplaréis los maree,
los marea de sangrientas amapolas!

Cuando Julio desate sus corolas
á. los rayos del sol caniculares,
derramaréis suspiros á millares,

viendo temblar sus incendiadas olas.
Pensando en vuestros hijos adorados
sangre veréis, tii1endo loR collados,
sangre en el monte que la altura escala,
sangre en el mar y en el espacio terso,
¡como si el sol que alumbra el Universo
fuese una luz inmensa de bengala!
SALVADOR RUEDA..

~
No le guata el placer sin violencia:
Y por eeo ya cree la desgraciada
que ni es pasión, ni es nada,
el amor que no turba la conciencia.
ÜAMPOAMO&amp;.

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1&amp;91

EL MUNDO

•12

LA. MODA..

se le presentó e 1mo pecado mortal, y derramó lágrimas de remordimiento por aquel amor heroico,
á que debió su patria tal vez la libertad. En vano había corrido en
los campos de batalla la sangre de
la doncella deürleane: en vano su
alma angélica babria subido al cielo entre las llamas de su pira funeral, si Inés no hubiera quedado de
angel de guarda de su real amante
para inspirarle E' l honor por medio
del amor, é infundirle apt&gt;g0 á las
virtudes propias de un rey, con sus
caricias femeniles .
A su grande mansedumbre y
dulzura reunía á veces bastante
energía. Los ingleses inundaban la
Francia con sus huestes vencedo•
ras, mientras que Carlos se entre·
gaba á todo género de placeres en
sus castillos de Loches y Cbinon.
En vano le habfa exhortado su es·
posa María de Anjou, á. que eacu·
diese el yugo de la molicie y repeliese la invasión. Estaba resuelto á perder la corona lo más ale·
gremente que pudiera.
Presentóse un astrólogo en la
corte, y preguntado por Inés, sobre
su suerte futura, respondió: nQue
estaba destinada á fijar por largo
tiempo el corazón de un gran rey.»
La favorita se levantó al oir esto, y
hacindo al soberano una prohnda
reverencia, le pidió permiso para
pasar , la corte del rey de Inglaterra, con el objeto de cumplir su destino, al'i.9.diendo: (&lt;Señor, sólo á Enrique VI puede aplicarse la predio·
ción, puesto que vos vais á perder
vuestra corona, y él-la vá áagregar
á la suya.u
Llegó por fin el momento en que
este sér radioso debía desaparecer
delos ojos de BU real adorador. Des•
pués de la toma de Rouen, Car•
los se estableció en Jumieges é
Inés, en el pequeño señorío de
Menil, á poca distancia de la abadía. Ana se ve 1 ó ee congetura por
lo menos, el camino que tomaba el
rey al dirigirse á la mansión de su
amada. Allí fué atacada por una
enfermedad mortal, casi en los bra•
zoe de su amante, y en medio de la
carrera de gloria que ella misma'_le
había iniciado á seguir. Varias son
las opiniones eobre la causa de su
muerte: algunos dicen que fué víctima de los celos de la reina; pero
nada interesante es por cierto esta
disputa: habíadesempei'i.ado su alta misión, eudestinosehabíacum•
plido, y murió.
Su.corazón _fuésepultado en la capilla de la Ví:rgen, en
Jum1egee, baJo de un magnifico y elevado t(Lmulo de
marmol negro. Representaba áinée arrodillada1 ofrecien•
do nn corazón á la madre de misericordia. Al pie de la
tumba estaba_ otro corazón de marmol blanco. Todo esto
ha desaparecido, pero la lápida que cubría el cenotafio
todavía ee ve en RC?uen, embutida en la pared de uaa d..
ea ~e la_ ca~le de Samt-Maur, arrabal Canchoiae. Parte de
la mecnpc1ón esta borrada, mas lo que falta se suple con
la de la tumba que recibió el resto de su cuerpo en Loches, parece haber sido nn fac-8i.mile de la de J umiegee.

Ahora toca su turno á los ni:lios: la sonrisa del hogar y los
solos en cuyos rostros la vida sonríe franca é ingenuamente, por·
que nada sabe aún.
No reclaman ellos por cierto su
part.e en las caprichosas fantasías
mundanas: les basta con su alegría y con sus juguetes; mas las
madres solícitas, las perfectas elegantes, no permitirían que allí
donde ellas lucen el primor de

un traje, mostrasen sus hijos el
.desalifto. Y los engalanan con toda la fantasía de !i.U propia cosecha y la de las modistas. En
nuestras planas de hoy se hallarán á este propósito encantadores trajes infantiles, que no dudamos aprovecharán para sus hijos algunas de nuestras discretas lectoras.

--

Lecturas para lasdama8
INES SOREL

Ese montón de ruinas solitarias, de paredes expuestas &amp; la int,em perie y de torres dei:Muidas;
con flores salvajes en las ventanas, abrojos en los salones, yedra
por tapicería, y por alfombra la
triste y larga yerba que crece sobre los sepulcros, fué en otro
tiempo la famosa abadía de Jumieges. Sus escombros son como
un monumento erigido á su pasada gloria.
,····...
El gusto de los monjes para elegir buenos localee, es incontestable. Hay quienes digan que el lugar de que nos ocupamos, era ori~~:,;~_
'\::t
ginalmente un yermo cubierto de
bosques y pantanos, y que su fecundidad fué debid&amp;. á la infa•
tígable dedicación de los benditos
hermanos; pero la única prueba
que hay de esta opinión, ea la
obscura etimología de la palabra
latina Gemmeticus, tomada de iwen
ó guen, que en Celta significa pan ·
tano. Corroboran esto con el hecho de que los alrededores son
pantanosos. Parece, sin embargo,
mucho más probable, que los
monjes eligiesen para reposar un
oasis en medio del desierto, y no
un pantano en medio de pantanos. A más de esto, los cronistas antiguos convienen unánimemente en describir á.Jumiegea co•
mo un lugar de delicias
especialmente como mansión vorita
de la vifia.
Esta abadía fué fundada por Da goberto, según unos; pero según
otros, cuarenta años despuée, es
decir, á mediados del siglo VII,
por Bati lde, esposa de Clovis II,
y San Filiberto, fué su primer
abad. Al principio no contaba
éste más que con sesenta monjes;
pero supo aprovecharse del tiempo con tal cordura, que su sucesor llegó á tener novecientos. Cuatrocientos, juntamente
con"el abad, fueron traneladados al cielo en un mismo díaj
y quinientos huyeron de los normandos, que arruinaron
el monasterio en 851. Fué reedificado gradualmente y
en el eiglo XI llegó al apogeo de su esplendor. Cayó' de
nuevo, pero con más lentitud, y la revolución francesa
vino á completar la obra de destrucción.

'

~r·

l.

Traje de casa veraniego.

EL MUNDO

DOMINGO 25 de ABRIL de 1897

Trajea para niñoa, de última nov,.dad.
CYC..UST.
NOBLE DAMOJSELLE AGNES DE BOBBI,.
EN SON VIV ANT DAlIE DE BEAUTE.
ROCBERIE, &amp;:C,

¡Oh si pudiera sentlr

PITEUSE ENVERS TOUTE'S GENi:1 1
:&amp;'I' QUI LABGEMENT DONNOlT SON BIEN
AUX EGLISES ET AUX PAUVREB.

AMEN!

Las ruinas, según hoy están, tienen un aspecto muy
imponente. El techo de la nave ha desaparecido, pero
las paredes que aún exist.en, dan idea, acaso eXagerada,
del tamatlo y proporciones del edificio. Las torres de la
parle occidental están casi completas también, y desde
ellas se di.efruta de una grandiosa perspectiva. Las aguas
majestuosas del Sena ee extitmden al frente; .i la dere•
cha, la negra selva de Br.otonne; á la izquierda, la de
Mauny; y á la espalda, los bosques y precipicios de
Duclair.
En medio de todos estos objetol!I, las ruinas que ve uno
á. sus piée, imprimen al cuadro un aire de solemnidad y
grandeza sombría. Muy lejos de la superficie de la tierra
para poder oír la voz de sus habitantes1 osimaginaiaque
un silencio sobrenatural reinB en la escena¡ silencio no
interrumpido, sino antes bien hecho más sensible por el
gemir del viento al pasar por los derruidos monumentos
de los siglos anteriores. Entre las aé-reas fantasmas con
que poblais la nave, distinguís, al verlos aparecer por un
momento, para Be{&gt;tt.ltarae después bajo loe arcos cie las
bóvedas laterales ( como las sombras que interrumpían
el sueño de Macheth) al rey Dagnberto, al segundo Clo•
vis. á su consorte Batilde, á San Filiberto, al Escandina•
vo Rollo, á Guillermo Longue-EJ}re, y á C,ulos VH, el
protegido real de la Doncella de Orleans.
Mas ¿quién ea aquella sefiora de los tiempos pasados,
que deslizándose de las ruinas, parece tomat el sendero
que conduce al cercano y pequeño casti110 de Menil?
Flores broGan bajo sus piés, suaves y fantásticas floree,
que se marchitan luego que ella pasa; el aire á su derredor está lleno de fragancia; loe arbustos miemos, al re~irar las ramas para dejarla pasar, parece que conocen la
marcha mageeGuosa dela beldad. Es Inéa Sorel, la no•
ble, la generosa, la honrada, sí, la virtuosa Inés Sorel,
amante de Carlos VII. Esta mujer admirablH, no queriendo desempeñar el papel de heroína, se contentó con
hacer un héroe á su amante. nSi el honor, le dijo, no os
puede hacer desistir del amor, éste os conducirá á. aquel.»
Los cronistas contemporáneos describen á Inée Sorel,

como da más bella de las bellas¡n dulce, amable, humil•
de y d1;1vota. Llevaba la caridad hasta e 1 exceso, y su ge•
nerosidad y buena índole no conocían límit.es. Su corazón era sobre tedo sensible á las impresiones religio8111,
y cuando el angel de la muerte la arrebató á la mitad de
la carrera, en medio de la prosperidad, la elevación y el
brillo de una belleza sin igual, el único error de su ,-ida

Cual otro tiempo he sentido,
O bien ser lo que ya he sido!

igtr~ ~;i:s:1miÍvtr

Que ya se han desvanecido!

LAQUELLE TREPABSA LE NEUVIRME JOUR
DE FEVRIER 1449,
1
1
PRlEZ DIEU POUR LE REPOS DE L AM'E D ELLR.

Toilette de ciudad para señora joven.

había sido el mayor enemigo de
su padre, y aun había tomado las
armas contra él¡ puede también
haber sucedido que comenzase á
dar pruebas de aquella devoción
ardiente qae agobió pocos afios
después á su sombrero coa meda•
llas de santos. No vacilaron, puE's,
aquellos santos hombree en pedir
con unanimidad licencia '{)ara tras•
ladar los restos impuros á un lugar
máe mundano.
Difícil sería adivinar los senti·
mientas que)nspirara esta petición
á Luis X1 1 al amigo y compadre de
Tristán el ermitaño, al que cortaba las cabezas de sus nobles, ó les
encerraba en jaulas de hierro, y colgaba á. sus vasallos de más baja
esfera, á. guisa de bellotas, de los
árboles de Plessie. Puede ser que
Luis tuviese algo de hombre en su
naturaleza, así como era escelente
rey en casi todo, ménos en el excesivo afecto que profesaba al hacha
y al cordel. Sea lo que fuere, res•
pondió que el deseo de los monjes
era muy racional, y que ,n dei•of·
viendo los regalos de la difunta, podían hacer lo que quisieran con
su cuerpo. Una luz repentina vino
á iluminar á. Jos siervas de Dioe.
Una mujer que había dado dos mil
escudos de oro á. la abadía de Loches, no podía ser tan sxcesii:ament.e mala como decían; y áesta domición la pobre Inés había añadido
tapiceríae¡-y no sólotapicerias, sino también pinturas;-y no sólo
pinturas, sino también alhajas.
¡ Mala! vay, vaya, era una santa positivamente.
¿Qué espíritu maligno les había
infundido la perversa idea de arrojar sus cenizas? Determinaro_n,
pues, para compensar su error, redoblar sus cuidados tiernos y respetuosos. La señora de Beauté, permaneció tranquila durante trescientos años, hasta que la revolución estalló, y destruyendo los mo·
numentoe, esparció sobre la faz de
la tierra á los monges que los guar•
daban.
La capilla de la Virgen, dond"'
estaba sepultado el corazón de
Ines, forma una parte considerable de las ruinas. Entramos á ella
por la saladeguardias 1 bóveda desJ
mantelada y sombría, que resonó
en otro tiempo con las pisadas de
los caballeros de Cárlos VII.
Un estremecimiento supersticioso nos sobrecogió al penetrar á la
capilla, y ver sombus y rayos del
sol deslizarse como espectros á. lo largo de las paredes.
Uua piedra engastada eu la pared, 11 manera de nicho,
nos informó de que allí estaba encerrado el corazón en
otro tiempo ardiente y generoso de Ines Sorel.

Pero no, pasó ya la época (aunque no hace mucho) en
que sombrero en mano y la rodilla en tierra, hubiéramos aeludado con corazón palpitant-e y labio trémulo la
tumba de lnee Sorel. Tal cual estábamos, no pudimos
menos de fijar una larga y silenciosa mirada sobre el lu-

.&amp;.QUI YACE LA NOBLE
sdORA

lNES

DE SOREL,

DURANTE BU VIDA
WOHA DE BEA UTl!: 1

ROCHERIE ,.\C.
PIADOS.A. PA..RA CON TODOS, Y

QUE GENEROSA.MENTE
REPABTIA SUS Bf.ENES A
LAS IGLESIAS
Y A LOS POBRE'S.

LA CUAL MURIO EL DIA NUEVE
DE FEBRERO

DE 1449,

ROGAD A DIOb POR

BL RJCPOSO D.E BU AL\U..

Espalda del traje marinero.

AJ&lt;EN!

r
Jaquet para niñas.
Cuerpo de seda con bordados de batista.

Los monges de Loches. á. quienes había
cedido gran parte de
sus riquezas, recibieron
sus despojos mortales
con reB{)eto y gratitud;
pero luego que murió
Carlos VII ( doce años
después.), atacaron á. su
conciencia verdaderamente monacal escrúpulos, religiosos sobre
si debían haber dado 6
no sepultura en lugar
sagrado á la amiga de
un rey ......... difunto.
Sabían que el monarEspalda del Jaquet para niñas. ca reinante, Luis XI,

Traje marinero para niñas.

�EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92321">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92323">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92324">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92325">
              <text>17</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92326">
              <text>Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92327">
              <text>25</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92344">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92322">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 17, Abril 25</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92328">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92329">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92330">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92331">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92332">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92333">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92334">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92335">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92336">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92337">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92338">
                <text>1897-04-25</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92339">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92340">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92341">
                <text>2017476</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92342">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92343">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92345">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92346">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92347">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1009">
        <name>Grecia</name>
      </tag>
      <tag tagId="1011">
        <name>Lecturas para las damas</name>
      </tag>
      <tag tagId="1008">
        <name>María Josefa Ortiz de Domínguez</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1010">
        <name>Opera</name>
      </tag>
      <tag tagId="1012">
        <name>Trajes para niños</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3539" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2181">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3539/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._16._Abril_18..pdf</src>
        <authentication>17799d017dc8a5065756195ee4f45864</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117361">
                    <text>El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

Para Resfriados, Toses. Bronquitis.
~!al de Garganta, Romadizo y Tisis

Incipiente no hay remedio que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. A yer. Calma la inflamación

de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la. tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

TOMO l .

(ruaa r o ae la $staci 6n.

Su conauUorio Qtd. 1Jitlll.ll1o en l,i prünem ~ la Pila Seca, número 8, s,

da ron.8Ult.a8 iodo, l08 dfa,, tnt'T108 loa de jlr,ta, de 5 ti 6 de la tarde.

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr. J. C . Ayer y Ca.,
LOWELL, n ASS. , U. S. A,

M e d allas de Oro en la.s Principales
E xposiciones Univ e r aa.les.

Purifica. la. Sangre
Es el mejor remedio conocido par&amp; cnrar

trPóngast'I en f!Uartlia contra las imitaciones baratM.

.El nombre tic - Ayer"s

pronta y r adicalmente las enfermedad es q ue
prot'eden de la impureza de la sangr e.

Reservado

C herry Pectoral - aparee«" en la envoltura
y de r ealce NI el cristal de cada frasco.

No contiene mercurio
L&amp; eifilis más rebelde cede pront o ba jo la
em!r¡;c-lca acc!On del cOlo.1~1a~ y a:m loa n iñ o11
que heredaron tan terrible enfe rmedad St:
curan.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

-

9,~ DE¿
-

fi 1011 que en IU j uventud t uvier on esta enfermedad y van á &lt;'asar se. pue, p u ed en trasmitir el viru s 1!iñlitico y i loa qu e h an to·
mado mercu r io p ues elimina ese p eligroso
minera.\ .

LAIT ANTÍPDÉLIQt... -

LECHE ANTEFÉL
ra 6 m ezcla da con agua , dial

En las 11roituerias y Boticas.
AGENCJA.-APARTADO POSTAL 183.--IEXICO

A.8, LENT&amp;JAS, TEZ A.SO
&amp;RPOLLIDOS, TEZ BARROS
.&amp;.RROGA.S PRECOCES
EFLORESCENCU.8

.

SE ENVIAN FOLLETOS CUTIS.

ROJECES

"

~ e l c,6.\19~

Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
$ntre las calles ael 6 ae !lOavo v Plateros.

~alle a, la Glcaleerla número ~'l.
A.NTES EN LA. LA. 2(0 CA.LLE DEL ti

DE MA. YO NUM. 4..

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad • • M OS LE R · ·
CONTRA ROBO Y CONTRA INCENDIO.

11,oritorioa Pla1ws, Escritorios de Cbrtina, Carpetas altas para tenedor de libros, Si.lwnes giratorios de tornillo y resorte en gran v a ~
.Archiveros, Prensal! p ara copiar, libreros giratorios,
Libreros con cristaks, .Ajuares de cuero para dupaclws, Máquinas para escribir y demá.'l muebla para ojwinas.
La :máquina par a e s cribi .. E,,nnith-Pre:rn.ier."
UNICO AGNTE EN LA REPUBL ICA PARA LAS CELEBRE!!! BlCICLET.A.S "CLEVELAND."

El rnás cc.,mpleto surtido de accesorios para Bicicletas
dnlnire ha~la lu AAICES el VELLO del rostro de In damu ffia rha, 1\1,:nte, ttc.), &amp;la
oingun peligro para el eolia. 50 .año• 4e Éxlto,y millartt de testimoniospranllu_o 11 ebdl
de esu preparaci.oo. (Se Tende ea ..Ja a, para fa barba, J eo l(l oaJaa para el bigo\e hJero). Pin
101 bruo1. empJéele el .E'lLl t'O ~ • DUSSER. t . rueJ •.J.-Rouueau. Parla-

PATE EPILATOIRE DUSSER UTINEl'&lt;!l,odeArro1espooalprepmdoco1BilmlU,
o
Higiene de la Cabeza * Belleza de la Cabellera
V
r-..,
'\y .t"?

~~

.A.G'U'.A.
ºª

1

QUIIINA TOIIOA DE HD.PIIAOD
Infalible contra las Pelicu]a,s y la Ca.ida. de los cabellos.

PA.JA.:l: S

-

37, Boulevard de Strasbourg, 37 -

PA.JA.:1:EI

HIQI.ENICu,
ADHERENTE,

INVISl ■ LE

l.ol• 1Jm,mp111:oda 111 la tf:rpc1(eiol! 1!11ir mal_d, t 88R.

•

CH. FAV• Perfumista, 9 , Ru e d e l a Pa1x, Pans
(6111rdar111 de /u /mftaoiones 1 F1/sJ1ic,ic,on&amp;1. - SentencN d• 8 de M110 d• 1815).

:l'..ÚlU0.6. l!:Sl'E Cl.6.I, de .6.J'E lTE:S d e '1'00Al)01l, l)a.i'&amp; P ASEO '1 '1'E.6.'1'BO
CREMA CAIIELfA, CREMA EMPERATRIZ.
POLVOS para elll1)0ltar loe cabeiloa. Blondo, blanco,
ROJO 1 BLANCO en eb.o.peta1,,
oro, pinta J d1amaote.
ROJO VEGETAL enpoln.
BllilfCO de PERLA en po!TO, blanco, ró!eo, Rachel,
LÁPICES e1peetale1 pan. ennegreeer pea;talu y ceJu. POIIADli ROJA para Iot labloa, en bote1 J m roll01,,,
los P•oitm~tos d• CH, FAY u encuentran •n el Mundo entero, •n casa de 101 Principales Perfumlafll YDroguKt••·

1

'

LA. HORCHA.T.EDA.

[Dlb11Jo d•Jo . . ■. VIIIHan ■ .]

�DOMINGO I&amp; DE ABRIL DE 0897

EL MUNDO

"EL MUNDO''
Semanario Ilustrado.
"T'eléíono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MblCO

Toda la correspondencia que se relacione con Ja

Re,.

411CCión, debe eer dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes Sptndota.
Toda la corresponJenci¡1 qne se rtilacionc con la edición
Jebe ser dirigida al

Ningún cJ.rruaje rompfa con el estruendo de las rued1::1s
el 'Wlemue silcucio d~ u:1.s calles. L.Js grit-•s de loB maro·
meros rasgaban el airu y los ofdu:5 t.awbién. ¡CJwu ha
corrido tl Ll~lllpo!
Pvr aq11~1la ~azón no- babia nacirlo Bejarano y uo se
proy"cwoau t'XposiciooPs de flores: Las mujeres no se expo1J.u1.11 más que en loa temploa ......... á a~r magulladas
por la muchedumbre. Ya no se toma la horchata en canta.ritos nuevos.

•••

Gerente, Lle. Fausto Moguel.

La Semana Santa de nuestros días está vestida á. lamo-

La subscripción A EL MUNDO vale $l.:t5 centavos al
111t:B, y ~ cubra. por trimestes aJelantaJus.

derna! Los boiubres pasan el día en las calles de Plateros
y las mujeres se exhiben en todogénerodeex:posicíonea.
Tudo lo viejo desde las suf'gras hasta las mantillas, tienen
la licencia de paseará la luz pública. Lo primero que se
piema, viendo esos trajes de color de agua marina, esas
plumas de p.1vo y esoi botines de raso, ~s que el vestuario del teatrv Nacional se ha vendido al menudeo. 81 ven
muchas caras y muchísimas caricat.uras. Sgmbreros hechos en la ca!:'a y que d~ lejos ó de cerca {&gt;atecen tiltro3
abollados con los que acaba de jugar uu gato¡ viejas que
se deecaecarau y jvvenes al oleo; levitas cuyos faldones
ee abren por &lt;letrJs, dejando ver uu pícaro remiendo;
corbatas color de sangre y guantes de ret.lecilla. Los monumentos si han cawbiado poco.
La wiswa profm,ión de naranjas plateadas y banderitas de oro volador; las velas de cera, que se tuercen y se
deshacen con el calor sobcant.e di! la iglesia, la.e: aguas de
colores repartiendo la luz en haces, loa proietas de car·
tón muy s~rios y forma.les; Josué con un sol de nariz co•
!orada, entre las manos. l\foisé~ con dos mechones ca•
lumniadores de rayos, equidos sobre la ~abeza; to'aos
los personajei de la Biblia1 estropeados implacablemente
por los escultores, fijo~ en el altar, como una guardia Palatina de la Iglesia'.

.Números sueltos, óU centavos.
A visos: á ra.7.Ón de $30 plana por cada publicación.
fodo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉG!tfrK.WO C:OM.O ARTÍCUW U.K SEGUNDA CLASE.

La Semana Santa.
Todavía me acuerdo, como 1-1i lo e~tuviera mirando, de
aquel magnífi..:o saco de tt.-rntopelo que eetrené un Jue\·es :::lanto.
¡Ya ha llovido desde entonces!
Tenía sus torro3 de sed.a, muy sefiores míos; y su bol•
sa de costado par.~ guardar el pañuelo blanco cvn sus iniciales negra:". La v1spera del día famoso en que debía
estrenarlo, no dvrmí en toda la noche. Sólo otra sensarión parecida he experimentado: cuando el primer sombrero de copa se pavoneó con eeBoril donaire en mi per•
chero.
¡Dios mío! ¡Cómo se suspira de nii'io por ese Jueves
Santo, esperado durante doce mee-es! Para los niños de
la clase media es el ella cláeico de los eEtrenos. ¡Qué herrnoea sería para ellos la Semana Santa, si no agriara su
t.lichalamaldita estrechez delos botines que comprados
la víspera1 al obscurecer, de prisa, entre el barullo de los
entrantes y salientes1 aprit:tan el pie como un zapato chino!
Para los ricoP, y los que no conocen, afortunadamente
esas penurias y privaciones que trae consigo la pobreza,
no existe, de seguro, la infinita ansiedad con que se aguar-da un día de fiesta. Mas para los po b1 es, enclauetrados sevf ramente en el duro aislamiento y el trabajo, el calen•
dario abre 'de ti echo en trt&gt;cho sus cerrados barrotee 1 de·
. jando ver un pedazo de cielo azul, como el girón i:1el firmamento que ce mira por Ja anguloi-a claraboya de una
cárcel. Por la abertura de ecos barrotes mal unidos entra c&lt;;mo ~na bocanadade_aire q.ue refresca la sangre 'y comumca ahentl) p~ra eegmr copiando oficios en el desmantelado salón de una oficina, ó vendiendo diversas
mercancías tras el pesado moftradnr de una tienda. Esas
francas alegrías que saludan. la llegada de los días de fiesta, forman la riqueza de los pobree. Para ellos la Sema·
na Santa. no Eignifica, como para nosotros, el trastorno,
penoso siempre, de los viejos hábitOF•, la obstn.1cci60 del
boulevard y la altura espantosa deJ termómetro; para
el!os. esos t~s .6 cuatro días, ungidos por la tradición
cristiana, significan la libertad más awplia y prolongada
de que pm•den gozar durante el año, ta fiesta de familia, la comida cuidadosamente aderezada, los pescBdos
que sólo se comp:an para el Viernes Santo, los paseos
llevando á la rnuJer del brazo y los niños·de la mano á.
través de las calles y los templos, el vanidoso placer de
tomar un heladu en el café, el anhelado estreno de la ro·
pa nueva, loa dfae sin patrón, sin amo, sin ministro, las
noches de largo euefio no cortado por el repique del reloj
d!lndo las seis de la maBana., ni las pesadillas en que revisten formas coloEales los hbros de Caja y las enormes
ruedas de las fábricas.
La víspera del J neves Santo, en cuanto dadas ya las 01 a•
ciones, ciérranee las oficinas y se apagan las luces de las
tiendas, .el pobre esclavo tláse á recorrer las caHes, llevando bien guardados los cartuchos en que tiene el dine•
ro de su sueldo; y cuando vuelve á casa entre loa gritos
regocijados de los nifios que salen á aguardarle en ta escalera, va poco á poco descargando su provisión de en.
cargos: latas y pasteles, el enea.Je que falta para el vestido nuevo. ~e la esposa, el so~"!,&gt;rerito de paja florentina
para t::l h1Jo mayo!¡ las prov1s1ones para la despensa, to•
da la mmensa vanedad de peces y mariscos que son indiapenea~les para estas vigilias de gran gala; la empanada de oshonee, el tarro de mostaza, y cubierta por triple
envoltura de papel de estraza, apenas azomando el en·
carnada casco de latón, la gran botella de Alicante ó
Burdeos ~~lo, qu~ al ~í~ sigui_ente ªI?urará entre aplau•
sos la familia. Rhm, VIt&gt;JO Rhin, el vrno de los ricos ja•
más produce una alegría franca ni un placer tan gra~de.

•••

Mi sa:o de ~rciopelo negro está ya más calvo que los

~adém1cos. 81 tuviera mtimoria me contaría Iasperipepcias de aquella Semana Santa en que me hizo sudar como un acróbata. Ya lian cambiado las costumbre,i hemos ~rdido muchas diver::iionea, umchas fieftas~ La
procesión no sale ya con su cortejo-devoto por la::i calJeg
n~ ~J Centurión caracolea en su caballo color de cap¿
vteJa. Sólo firmes, rt'f':istiendo los vafreue::i de la snerte
y los empujes de la civHiz~ción, perman"cen tres cosas
eternas: las matracas, los Judas y las rosquillaP. Hasta
las aguas frescas han adelantado. La horchata de los bue,~,•!- tit--mpos ~a desapai:ecido con la china poblana y los .
\1:1ev;::, d~ Gmllermo Prteto. Los pueEOtos de aguas frescas
~n verdaderaLOente cafés _de t:ncrucijada, C'lll Sil"!, pequti•
?ªS meEas, más ó me~os limpias, sus canapé:! deevenci•
Jados, sus vasos de cnstal y su~ meseras. Ya no se toma
la h?rchata en cantaritos nuevos. Delenda est Carthago.
¿En dónde están ahora aquellas tinieblas fe San Ague•
tío? Seguryi.meate han ido á loe telarañorns almacenes en
donde el t1em~. avaro ~uarda las lunas viejas y loa monumentos dA ~~n Fmnc~sco. ¡S.-t.n Francirnol Aquella era
la grandE: Iglee1a de la .Semana Santa. En ella se lucían
las ma~hllas negras, último resro del poder ele E~paña,
les vesudos de moaré y loe floridos tápalos de China.

MANUEL GüTIERES N .ÜERA

EL CERRO DEL CALVARIO
Véee nna loma enfrente del egida
Qne el blando influjo del Abril enerva1
Y donde envano la cansada cierva
Busca el raudal y pasto humedecido.
No hay un arbusto donde cuelgue el nido
De avecillas la gárrula caterva¡
Ni un matorral, ni 1m tronco, ni una hierba
Donde module el céfiro un gemido.
Ruinosa, oscura, sepulcral ermita
C'orona enhiesta la caliza cumbre '
Donde soberbio el vendaba! se a ita.
De esqueletos horrible muchedumbre
F.s fama que de allí se precipita,
'
El sol hermoso al esconder su _lumbre.
JOAQUÍN ARCADIO PAGAZA.

Dtibe el Uueno !'lf&gt;ntir que tiembla el imela
corno el jusOO de Horacio con firmna.
y ver también qnt ee tlesplomae1 cielo
diu incliuur eiquiera la cabeza.

•••

Cnani.lo se abre la tierra estremecida
el bneno reza, se re:::igua y muere
'
que ea e1 único eabio en esta vida'
el que saba querer lo que Dios quiere.
ÜAMPOA.MOB.

EL DOMINGO DE PASCUA EN GAZA
( De ''El Desierto" de Pierre Loti.)

Gaza, una de la'a ciudades máa antiguas del mundo
mencionada ya en el Génit-.e::1, en las tenebroEas época~
anteriores á Abraham, fué asaltada y vuelta á tomar derribada y elevada por todos loE viejos pueblos de J~ tie•
rra; los Egipcios la poseyeron veinte veces; perteneció á
los Filisteos, á los gigantes de la raza de Mn,,c, á los Asi•
rios, á les Griegos, á los Romanoe, á los Arabes y á los
Cruzados. Su suelo sembrado de escombros, lleno de
osa.mentas y de tesoros, se encuentra trabajado hasta en
su profundidad. La colina de tierra que le sirve de asien •.
to, es una colina artificial, amoldada por tiempos lejanoa
y vagos; sus alrededores están minados por subterráneos
de tod3:a !as edadee, de.salid3;5 ignoradas; sus campos estan acr1b1llados de aguJeros sm fondo, en lvs que tienen
sus madrigueras lagartos y serpientes.
A ocaciooes fué espléndida, sobre todo en los tiempos
del di&lt;;&gt;s Marnas, que tuvo allí un célebre templo. En la
actuahdad, las arenas han asolvado su puerto, enterrado .
sus mármoles. No es ya sino un humilde mercado á la.
puerta del desierto, en donde se surten las caravan~e.
Su ~pecto sigu&amp;siendo sarraceno;por e11cimadel montón ruinoso de sus casas, se elevan mezqnit.aa y kioskos
funerarios dt cúpulas blancas y se alzan palmeras esbeltas y grandes sicomoros.
País de ruinas y de polvo. Barriadas de arcilla de lodo
seco, y aquí y allá, incrustado en viles materiales, un
vetusto mármol árabe, el blasón de una cruzada, un fragmento de columna antigua, un santo. ó un Baal. Restos
de templos yacen esparcidos en laa callee, fri:,os de palacios griegos1 en tierra, en el dintel de la puer1a.
Escasos transeuntes y ninguna hud ,a de carruajes·
dromedarios, caballos y asnos.
'
Algunos inmóviles turbantes, blancos 6 verdee, sen ta•
dos en las gradas de los templos. Todo el movimiento
en el bazar, obscuro, cubierto de palmas umrchitae, en el1
que ~duinos de diferentes tribus del dt-1:ierto, compran
con dinero de merodeo, arneses de cauiello, vaina~ de
• sables, avena y dátiles.
En una mezquita la tumba de Nebi-el• Hachen abllelo
de Mahoma y patrono actual de la ciudad.
'
Penetramos allí en medio de un claro ra1 o de sÓI de esta
mañana de Pascua. Primeramente Fe üfrt'ce á nue~tra
vieta un amplio patio rodeado de blancoe arcos. Algunos
hombree eeenc~entran allí en e.ración; ptro bay 1 ~obre
todo, gran cantidad de muchachos que j Ul•gan bajo eELe
inmenso cielo azul. Es el uso de Oriente; . as praderas r
los patios de las mezquitas 1::onel lugar de cit.a de los Dl•
ñoe;_se ven como cosa natural y conveniente eEOB juegos
sencillos al lado de las oraciones de los ancianos proeternadoe.
Los más pequef'Ios, loa que apem,s saben correr tiene.a
en los tobillos un rosario de cascabeles, para que las ma •
dres puedan 0ír desde lejos en dónde se bailan, así como
se iodean de campanillas los cuellos de las cabras en la
montafl.a.
Este patio se comunica por medio de unas ojivas cerradas con verjas de hierro, con tranquilos cercadoe, som·
breados por palmeras y en los que crece una ) erba pri •
maveral, alta y florida, lugares en los que sin duda duermen los muert&lt;,s.
La tumb~ del santo se encuentra en uno de los ángu ·
los, la maciza puerta, ornamentada Je esculturas anti•
guas, está cerrada con llave¡ átguien, que rezaba allf va
en busca del viejo sacerdote guardián, y nos sentadios 1
en tanto, á la sombra de los arcos, en medio de una paz
religiosa que lo envuelve todo.
Acude con lentitud el sacerdote, anciano de barba.
blanca y turbante verd.Q; abre y entramos. Bajo una tris •
te cúpula, horadada en su parte superior, pintarrajeada,
de ara~ecos cuyos colores han apagado la humedad y
las lluvias1 se alza el gran catafalco de paño verde· en
las cuatro esquinM bolas de cobre co~onadas por la ~edia luna, y en la cabecera el turbante del muerto que ve•
la una vieja gaea.
Pos las callejas, por los bazares 1 la gente va y viene
ocup~da en sus as.untos cuotidianoB: aquí no es domi¿go, n1 es Pascua., emo ?n día cualquiera de la Egira-y
nada en esta pnmera ciudad de Judea despierta ~, recuerdo del Cristo.
'
Si1;1 embargo, he aquí ot:a mezquita de mayores pro·
porcrnnes, cuya puerta gótica nos parece una puerta deCatedral, y cuyo- umbral, en donde nos quitamos nues•
~ras ~abuchas, es como el umbral de una iglesia. En el
mtenor, una gran nave, en forma de cruz latina con columnas de marmol gris; y aquí y all~ en los' muros
otras cruces, que han sido arañadas, es ~erdad. pero qu~
persieten en dibujarse bajo las espeEae capas de cal que
las cubren. Es, en efecto, una iglesia, edificada po... estos
Cruzados de fe ardiente que veman en otro tiempo á ha·
cerse matar en Tierra Snnta. ¡Qué fuerza poseían aquellos bombrf:S y ci,ué prodigios érales poEOible n= alizar! ¡Cuán
bella es- su 1glesm para haber sido edificada en medio de
las guerra!'I, en un país de deetierrol ¡Cówo sorprende
verla en pie todavía!
· l
En ~u blancura tranquila, iluminada pM un reflejo de
sol or1ent11.l que resplandece afnera alg•l cristiano ce en·
euentra aúo, repent,inamente en elia. Los francos que la
const:11yeron. hace eiete siglos, habían, ~in embarg,, obscurecido ya el Jesús del Evangelio por infantiles Jeyen·
das-y ahora. lo que es más todavía -las sombrías ban•
banderas vtrdes de ;\fahoma ocupan la nave despojada,
en el lugar de .las imágenes _que colocaron allí aquellos
C.ruzados senc1ll.os; _pero. es igu111, algo de Redención ee
vislumbra, algo 1mpálpable é infi.nirawente dulce con una
vaga impresión de la fiesta del domingo de la fiesta de
la Pascua.........
'
.Por lo demás, los Cruzados han dejado aquí huellas
snya::1 en tod.os partes, y se correría el riesgo de remover
su:J huesos BI se removiera este viejo terreno sembrado de
ruinas y fl,:,. muertos. La ciudadela turca coÍnenzada en
el siglo Xlll, retocada, recargada de t~das las épccas

OJIINGO

,a

-DE ABRtL DE ,8g7

de la historia, ofrece en sus muros un conjnnto de eutilee
lineamientos árabes y pesados escudoe de los Liempoe ca·
balleresoos, en los que bro~an en la actualidad loe Hque•
nea, las plantee de las ruina~.
En los bardos alto1-1 1 nos detenemos en un logar desde
donde aparece to-lo Gaza, con s111:1 casas de tierra, sus mi•
naretefól, sus Cl'i.pulas bl rn..:as r,,dt&lt;adaa de palmeras, ab.i.jo los rc,stos de dU~ balha~1:1, dd tiempos desconocidos,
cuyos planos no se desti nguen ya y se pierden en los ce~
mev.teiios. Un mundo de cementtrios invade la campi•
na; en uno de ellos, baju un sicomoro, algunas mujeres
agrupadas lloran ruido~amente algún difunto, según los
actos oficiales, y PUS lamentaciones rítmicas se elevan
hasta nowtroe. Muchos hermosos jardines cubiert(ls de
sombra, muchos senderos bordeados de cactus y por loa
que suben a11nos llevando á la ciudad el agua en odres.
Y, por último, la mar lejana. ll\B espigas de las ~iembrad
e ndulando en rizos, y más alfá lae arenas d.-1 desierto; nn
panorama mela'nc6lico á que es difícil de asignar una focha en el cuno de las edades.

¡;:L MUNDO
LA CRUZ OE LA MONTAÑA

VIA-CRUCIS

Cada vez que trato de traer á la memoria aquel camino
de la Redención, reproduzco, por poder imaginativo, el
grandioso lienzo de Rafael de Sanzio, pasmo de Sieiliu.,
viajero errante, llevado en las lanzas de la conquill!ta y rescatado por la piedad cristiana de ~ntre la.e p1eseaa de la
gran conmoción volcánica que agitara un día el suelo de
la Europa.
Allá veo yo á Jeeúe, destacándose va;ientemente de en•
ire el grupo brutal que le asedia; 601a en su cabeza un
luminoso rayo en que parece haberse concentrado toda
la inspiración del artist-i: si allí hay luz, no e:, la que vie
ne de lo alto, es la que irradia de aquel busto transfigu•
raJ.o por el dolor. Enturbia sus ojos una nube de higriwas y de entre aquel llanto comprimido surge una miu:u.la de infinita tn::teza, mientrai; su boca se pliega amargaooente en una sonrisa eerena.
A. la derecha, la Divina Madre extiende ens palpitantes brazo!:! y dos gotas df&gt; rocio titilan en loa hilo::1 de hé1.Jano de sut: pestañas.-Magdalena gime arrodillada.
Al fondo, uu muy lejos, eo ese eterno primer plw,o,
único que h1 pint.ura de la época 'Parecía dispouer para
su::1 personajes, un montón de cabezas pose1das por la
ira, muchas sombras en aquellos semblantes y muchas
ironías en aque:Jos labios. Y en aquel c,.,njuntu, algo aA·
reo y cutil, algo miíd que la 1nspiraclún d..-1 artista: la fe
de sn alma, el ideal religioso, el amor divino &lt;lentro tfo
un eepíritu.
EL MISERERE DE SAN PEORO
La Btlnda del sacrificio es larga y dolorosa, pero si el
martir llora no es por él, es por Sión que ya visluiubra
hundida en lontananza: tcNo llortlis por mí, dice .í. las
(Roma. )
mujert's¡ l torad por vosotras mismas y pur vuestros bi·
jo.:i.u Y aun hay movimientos en Sud u1iembros tlolor1•
Pero hay nnacere,oonia y un mnmentosublime: el 1'-li•edos y cou sublime entereza se dirije al lugar del suplirereen San Pedro. La música es de una inspiración inag-ocio: es que de allá arriba la 01deu de Padre 11a. tlt!sceotable. de un efecto sorprende11t,e. R)ma vió eael si~lo XVI
que E" l protestantismo le aventajab,1 t"n música, cuando tar.- dido basta .El y ha penetrado en su s?r, sublimado al
anuncio del martiriu.
to aventajaba ella al p, oteetant1sooo eu pintura, t n escultuTiene este camino la- punzante amargura de un dolor
ra y en arquitectura. Naturalmente buscóun m11sico1 arÁ
que nose acaba nunca: se le recurre paso á pasv con el
contrastar esta inferioridad, y lo encontró sublime, enCrucificado, y cu cada aspereza se va deJarnfo un girón
contró á Palestrina, ese Miguel Angel del arte lírico. ltl
de carue1 hast,a Jleg.1r á. lo alto de la cima. La vida, prenPa.pa prohibió que su Miserere fuera copiado, para que
dida al cuerpo por invisibles ligadurai;1, se.alt"ja tenuesólo resonase en la iglesia cuyas bóvedas gigantes se ha·
mente, sin. convulsiones desesperadas. El l'i&lt;t (,'rw..:~ es
Jlan completamente en armonía con las sublimes notas.
el comienzo de una agonía serena.: t.11, la agvnía del HomUn dia escuchaba fuera de sí el Miserere un niño subli·
bn•Dios.
me. Eete nii'io, que debía ser el Rafael de la música, lo
Tvdo lo que la rabia huma11a ha podido amontonar,
aprendió de memoria y lo divulgó por el mundo. Llamábaae el niñ,,, Mozart. El genio germanice vino como siem· cae en esa inmortal carrera svbre la Sagrada Victima: el
escarnio, el furor, la burla, se mezclan y se confundeo y
pre á robar sus secretos al gemo latino, en la guerrae1er·
na de ambas uzas. No hay pluma capaz de describir la '-"" un solo eco se formulan, gritos de b~stia famélica que
ha encontrado su preea1 la reclama, ju, g.i. con ella é ineolemnidad del Miserere. La noche avanzB. La Basílica
cita todavía su apetito y prolonga má1-1 el ~uplicio. Basta•
está á. obscuras, sus altares desuudos. La última vela del
ría (desús para el martirio ese V'ia Cruc~, el pesado wa•
tenebrario se ha ocultado tras del altar. Os creeriais den•
dero á su hombro, la injuria escupid~ á su rostro, esa
trode un túmulo inmenso á traves de cuyastablaaentrara el reFplandor lejano de lámparas funerarias. La mú- oleada brutal invadiéndolo todo, devoradora, imsacia·
ble y haciend·) flotará. tste Divino Mártir de latalvaci6n
sica del Miserere no tiene inatrumentación. Es un coro
sublme combinarlo de una manera admirab!P. Ya se oye de las almas.
l\1aría ha regado con su lla oto cada piedra de la som•
como el rumor lt'jnno rle una tempestad ó como la vibrabrfa calle: la Madre es la esencia divina, pero es Madrn.
ción del viento sobn· lns ruinas y en loe cipreses de las
Sabe que el martirio es preciso, pero sabe tambiéu que
tumbas; ya como un lamento que se levantara del fondo
de la tierra ó como nn plañido que enviaran los á.ngeles el Mártir es su L.ijo. Y en aquella imerminable senda,
los mártires son dos: El y Ella.
del cielo, todo envuelwen sollozos, en unalluviade lágri·
El cat.olicismo Sé nutre con la sangre de la víctima: de
mas.
Como las est1Huas de blnnco marmol son de tal mane- generación en generacióu el terrible drama ha pasado
con sus acentuados perfiles sin perder una sola de las irn·
ra•gigantescas y brillan t,aoto que las primeras sombras
no pueden completamente ocultarlas, parecen evocacio- presiones que su recuerdo evoca en la hietoria huma.na.
nes de otras edadeR que, al levantarse de su sepulcro y En el cuuo de todos l@s grandes hechos que han conmovido al.planeta, esta dulce figura que pasa con los brazos
desceñirse de su negro sudario, entonan ese cántico de
dolor y de horrible de1&gt;esperación. La Basílica toda se extendidos 1 fulgurante de luz, derramando bendicion..-s,
no ha desaparecido; siempre en el fondo de nuestras Inconmueve, vibra cual si los acentos de tt&gt;-1ror salieran de
chas se conserva esta hermosa visióo que toca nuestro
cada una de sus piedral'I. Esta l?1.01ent.ación, larg 1, sublime,
esta ola de hiel evaporada en los giros d1::l ftirt-, ns hiere espirito con el triple poder de la fé, de la esperanza y t.ld
amor.
profundamente el corazón, p01q·1e es su tr!stczainfinita,
Jesús no pod.Ja llegar al mundo sino para ser herido
es la voz de Roma quejándot1t1 (t lf•S cielo8 desde su le•
por el dolor, para el sacrificio y para la redención. Pocho de cenizas, como si bajn sns cilicios se retorciera ago•
nerse en contacto con las COl!as humanas, reducir,m, El,
nizante. Llorar así, lamtintarse com•i los antiguos prot, •
más inmenso que el espacio á los estrechos límites (id
tas bajo los eauces del Eufrates ó sobre las piedras esparnuestro breve cuerpo; tomar carne de hombre, era ya de
cidas del templo: llorar en cadencias sublimes, conviene
á una ciudad como esta, cuyo eterno dolor no ha ofendi· condenarse al martirio: la nieve no se mezcla con el fuedo todavía á su eterna berwosura. Así es la ciudad escfa- go sino para mancharse. Había de morir: nostalgia divina lo apartaba de nosotros. Arrojó en las siembras la
va. David sólo podría Fer su poet.M. Lo eublime es la nota
et.t-rna semilla, y ee encaminó serenamente al patíbulo.
de su cántico. Roma, R,1ma; eres grande:1, eres inmortal
Su vida humana fué un holocausto: loe católicos se aprohasta en tu desesperación y en tu abandono.
ximan áeste drama de rodillas.
Tendrás eternamente en el corazón humano un altar,
Allá en el Calvario, cuandu la sombra va borrando los
aunque e:e pierda la fé, que ha sido t,n presdgio, corno se
pe1files, y el sagrado cuerpo abandonado á. su propio pe•
perdieron las conquistas que habían eidotu fuerza. Nadie
podrá robarte el dónde la inmortalidad qne te confiaran so, parece como vencido en la lucha contra la raza humana, llora todavía la Madre, y su silueta tiembla wbre el
tus dioses, que te bao e:osk--nido tus pontíficee, y que te
fouct.o 'n.¿,gro de la ciudad cruel. Abajo duermen las paconfirmarán eternamente tus artistas.
siones mal extingnida;i, enfrfanse los odios; es el repmo
EMILIO CA!-i"Tl-:LAR.
de la b,stia repl~ta. Arriba vela el dolnr; i:e eleva hasta
el Padre y busca un hilo dti luz en medio de tantas tinie•
bta!'.
Y el sagrado cuerpo parece animarsf', y de sus labios,
una ':ez más, brotan fra::i1c:s de perdón para sus \·erdugos,
EN EL COJllEDOR
de bienaventmaJJza para todos los homb,eio, de amor
( Pascua de Resurrección.)
para la madre; e? el úoico soplo de aqnella al111a que antt"I! de abandonar su armazón mortal, lo ilumina con el
Mágico hervor que Se dilata en torno
lulo de luz pedido por la Madre. Ultimo esfuerzo de un
hace saltar la nota crietalino
eipíritu antes de abandonará la que tanto ama.
de la ancha copa qne el aldeano empina,
'f¡_¡rnbién las almas tienen eu vi:l crucis. A las que sudel carnaval por el feliz retorno ..... .
fr~n, á. las qne lloran, abierto f'Stá el cawino de esa otra
alma inmensa, que llena el Universo, que lo vivifica toEs un arado el singular adorno
d&lt;: la de Aquel qu~ expiró en Ja cruz.
único que hallar puede la retina;
E. GóMEZ GUERFERO.
y allá trae de la puerta se adivina
caduco, ahumado y ceniciento horno ..... .
Hoy es Pascua. Hoy del aol al postrer lampo
bebe una misma copa con su amada
el labrador, por la salud del campo;
Y hoy á la cena la embriagiiez asiste,
danzando al rededor de una colgada
ave sin plumas, retorcida y triste ........ .
J. s. CH;

Conmueve de placer nuee\ras entradas,
al ver q ne consolando ajenos malee,
va la piedad desde las casas reales
á barrer la_mieeria á las cabañas.
C AMPOAHOR.

Notienem,a ado : no que laa flores
Que el inocente leñador corlara,
Que los esbeltos juncos cimbrad.orea
Para alfombrdr el césped de tu arn,
O de campestres lirios la cadena
Que pastora infeliz ofreció pía~
(.,'uando con labio trémulo pedía
Tu protección en su amorosa pena.
Te da sus perlas la naciente awora
En argentada lluvia de rocfo,
El iris con las tintas te colora
Del sol de las montai'ias del estfo.
La piedra de tu altar, arrulladora
Lame la blanca linfa de ese río,
Que va después, eotre la selva ob.=cura,
El soto á tecuRdar y ia llanura.
Así te quiso el Redentor del mundr,
Que te escogió en el bosque centena do,
Para abrazarte con doloc- profundo
En su eanto mart,irio del Calvario;
Y así debes est-ar entre las flores.
En tusafiosos bosques-escondido~,
Consolando los tímidos dolore~,
Ali vianda lm pechoi:1 oprimido~.
¿Santa y sublime Cruz! ¡~y de3 lichaJ o!
Ruge la tempestad de lo'I peaare::1
Dentro mi corazón desesperado¡
¡Vengo á buscar c'o osuelo en tus a 1t \tes;
Dame de mi nii'iez blanda el sosit'gu!
¡Que vuelva al corazón la antigua calma,
Consuelo del cristiano, te lo ruego!
Yo tengo mustia y dolorida el alma.
Yo quiero aquí olvidar; busco un asilo
En t,í1 mi dulce y única esperanza:
Aquí en tu altar descansaré tranquilo;
Aquí hallaré la paz y la bonanza!
Y cuando enlute el velo funer,.i.rin
Mi triste frente y al dolor sucumba,
Tú, Cruz humilde, cubrirás mi n~ario,
Y tus violetas ornarán mi tumba.
Ia:t-ACIO M. Ai.TAMIH.\.XO.

BRONCES
MOISES

De perezosas sierpes negra trama
Finje su luenga barba retorcida,
Y es fil frente á la cumbre parecida
Que elsol calcina con eterna llama.
El gensamiento que al Seilor proclama
Al -partir de au lengua conmovida,
Como un gigante con la sien herida
Lleno de furia se retuerce y brama!
Sus fuertes nervios el furor violenta
Cmrndo de Dios numera los agravios
De aterradora majestad cubiert.o ..... .
Ht1y en sus ojos brillos de tormenta
Que parece que viene de sus labios
Uu soplo retumbante del desierto

*•*

SAN JUAN

Asienta sobre v6rtjces la planta,
su frente al cielo tempestuoso toca,
el acento de fo.pg I de su boca
torbellino de arc1l.ngeles levanta.
Entre es fragor de la trompeta santa
que á ¡uicio los espíritus convoca,
con rui11a y con estrépito de roca,
la caree\ de los réprobos quebranta.
Al mandt1to de Dios, que él obedece,
todo ~n profundo y colosal abismo
pur inmensa vorágine perece ..... .
)..fá.s para gloria del humano duelo,
sobre el horror del vasto cataclismo
aur~a .Ternsalem erige al cielo!
J UErrO A. F ACIO.
OTRO PAGO DE $25,604 DE "LA MUTUA"

ENMEXICO.

.J

/,a

Sra. C1.0tiJd,~ C. viuda de Bejarano, d.e Tapa.chula.

Tapachnla, '1.rrzo 16 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer, Director gener.il de ''La
Mutua.'' -México,
)-foy estimado i-dior:
Sin·e ef'ta par,, ..::.erti6 :,r A n~t'" q11e hoy nos han sido
pagada~ !na pólizru:i mímer,J:;:
389,886 por ... ... . .. ...... .......... .. ...... $ 2 000 00

-429,477 i , • .•••• •••• ••••• ••• • . . . . . . . . . . . . . 11 s:ooo 00
600,321 ,, ................................. )) 10 000 00
153,939 ,, ................................. » 10' 604 40 con

la devolu.;ión de premios.
'
So.lamente puede afirmar este pago el ya inmejorable
crédito de la Compa11ía a.l di5no cargo de usted, y le autorizamos para que haga el usv que mejor le convenga á
usted de esta carta.
Somos de usted atas., aftmos. SS. SS.-Ctotüde C. de
Bejarano.-Como su tutor, A lejandro C6rdova.

�....

EL MUNDO

DDMINGO 18 de ABIIIL de 1897

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

&amp;scenas me~icanas.

9ue¡,es $anto.-"0isÚanao los LbJonumentos.
[DlbUjo de Joaé M.. Vlllasan.a.J

í:a ultima c-2na.

•s1

�EL MUNDO

'Una Semana Santa de hace dos siglos.
Espléndido se ha mostrado el sol en este d.!a, que á no
dudarlo el Padre de la luz eetaba ganoso de presenciar el
boato que ha des1¡&gt;legado el rey má11 galán y fastuoso del
orbe para solemmzar el mayor de los misterios de nuestra sacrosanta religión.
Después del retiro que, llevado de su mucha piedad,
se había impuesta recluyéndose con su augusta familia
desde el viernes á. loe reales aposentos de San J er6nimo1
en la tarde de ayer miércoles hizo su entrada en la Corte
el rey nuestro seiior, con gran contentamiento de sus
vasallos, que viendo en su ga!larda persona el más firme
sustento de esta vasta mooarqufa, no pierden ocasión de
mostrarle su amor y hacerle ver la alta estima en que
tie1.1en sus prendas.
.
De ese júbilo dícese que llo han participado en tan•
ta medida los reverendos de Atocha, que contando•
con que á. su casa asistirían SS. MM. á. las tinieblas,
1!8 han creído desairados con la preferencia que el monarca dió por esta vez al templo real de la Almudena, que
tal vez por su mayor proximidad al alcázar fué el elegido.
.
En él era tal la aglomeración de gentes, que al abrir las
guardas calle á las reales personas, hubo no escaso número de heridos, y no pocos fieles fueron á dar con sus
huesos en la caree! de corte, acusados de haber tenido
más listas las manos para registrar faltriqueras que los
ojos para admirar las galas de que se había adornado el
templo.
No fué, sin embargo, esto, que por ser·monedacorriente en nadie causó asombro, lo que aguó la fiesta. Otro
incidente, que por haber sido muy comentado no ha de
pasar en silencio, fué lo que hizo que terminara desabrida y punto menos que solitaria una solemnidad religio ·
saque coment.ó tan animada y concurrida.
Poco de~pués del primer salmo, la reina nuestra señora sufrió un desvs nacimiento que casi la privó de sentido y aunque su relig1osida.d nunca desmentida, una vez
de~vanecii.10 el sopor, la hiciera instar á todos á perma•
neceren la iglesia, siquiera hasta la terminación delco·
menzado nortnrno 1 el rey, galante siempre, la acompafió al Alcázar, de donde ya no volvieron á salir.
Los m 1s dieron por causa al íncidente el sofocante calor producido por las luces, y aun hubo quien tuvo el
síncope por v~nturoso nuncio de nueva sucesión; pero
como en parte alguna no faltan lenguas maldicientes,
éstas dier,m otra significación al lance.
Sabida. es la costumbre que tienen los lindos al uso
de ha~r en eate día. obsequio.:1 á sus damas, de matracas
de ricas madera.e embutidas de oro, plata y marfil y otras
materias precio::,as, con que·armar ruido en los templos.
El rey á fu('r d~ g,1,lán, había hecho á au aug·1sta esposa
presen'te de una. dd estae máquinas. verdadera joya, en
que por haber puesto mano los más renombrados plateros recién venidos de Italia, parecía no poder tener rival
en el ruundo; y esta circunstancia había llenado de legítimo orgullo tt la que con él compa1te la soberanía de estos vastos reinos.
Dícese sin embargo, que el contento de tan augusta
señ.ora se' vió turbado desde el momento mismo en que
penetró al templo, por ver que muy cerca de su estrado
tenía almohada e1erta dama á. quien es fama que ,el gran
Philipo galantea, no por cierto con desabrida fortuna.
Sin embargo, casi es seguro que habría disimulado t!U
enojo, á no haber reparado que la susodicha, con descoco inaudito y con objeto manifiesto de hacer más público lo que para nadie es secreto, mostraba en la mano una
matraca que, por ser de mayores primores que la de nuestra soberana, harto claro revelaba la alteza de su origen.
La reina entonces, sin ser duefía de si, hizo menudas
piezas la suya, y acudiendo copiosas lágrimas á sus ojos,
ee vió tomada de! desmayo de que ya se hizo mérito,
De esto será lo que quiera. El rey es mozo y galán, y
aunque la suerté leunió cou quien á nadie cede en virtud
ni hermosura, la juventud es indómit.a, y más fácil es
ven~r luteranos y hugonotes que domar los fieros de
una sangre bullidora é inquieta.
El hecho es, que si tormenta hubo, los primeros albores del día la disiparon, y hoy jueves ambos monarcas
han asistido álo3 Divinos Oficios al convento de Descalzas Reales, donde no se ha sabido que admirar más, si 11s
armoniosos sones de una orqoesta digna en todo de los
o.fdos que la escuchaban, 6 la artificiosa traza del monumento co □ que las alcurniadas madres han logrado hacer la más bella apariencia del sublime misterio que hoy
se conmemora.
Loa reyes, terminado el Oficio, fueron obsequiados con
un agasajo en que, sin quebrantar los preceptos del ayuno, pudieron paladear las delicadas garapiñas y las sabrosas aguas de limón, canela y bergamota, que tan alta
nombradia de hábiles reposteras ha dado á las religiosas.
Su Majestad mo~tró tal pena por no hacer brecha en las
salsillas de merrneladas y jaleas que se ofreci,.n á sus
ojos, q 1e la superiora prometió que en la mesa de hoy
correna á cargo del convento toda la parkl de la confitura, y q 1e nuev.os regalos al paladar podría ofrecer si los
augustos huéspedes honraban el sarao á W divinn con que
la comunidad hade festejar el Domingo de Resurrección.
El rey, no Sólo aceptó con su cortesanía habitual el
ofrecimiento, sino que se comprometió á ser pareja de la
superioora en lazarChbanda mf.stica con que se rompiera el
b~ile.
c.,n esto, y después de admirar los ricos tapices y reposteros con que se bah.fa engalanado el claustro bajo,
salieron SS. M.\L del monasterio para asistir en el Alcázar al ú.watorio, donde fueron agasajados largamente los
doce pobres elegidos, entre los que el rey distinguió con
palabras de afecto á un antiguo alférez de los tercios viejos, que después de servir desde los tiempos del Sr. D.
Felipe el Segundo, lisiado de un tiro de Arcabuz, pide
hoy limosna en las gradas de la Victoria.
Por Ja tarde, despuélfde oido el Sei-nión del Mandato en
la Real Capilla, ealió la corte con pública ostentación ií.
visitar los sagrarios1 siendo tal el luJo qoe en su atavío y

servidumbre desplegó el conde-duque que, aunque el rey
iba bizarro en extremo, vestido de !~nado cou aforr0s
de color perla y randas y sobrepuestos de plata pasada,
hubo de decir con sin par donaire á uao de ~us sumilleres:
-La mitad pnr lo menos de los memoriales que se recojan los proveerá. de su bolsillo Olivares; que por lo visto anda con más bolgura su casa que la ro.fa.
La carrera no se eefialó por incidente alguno notable,
puesto que aunque en dos ó tres ocasiones la ostentosa
comitiva estuvo ú. punto de yerse rota por las oleadas de
la plebe puesta en confusión, li tal incidente por todos
los afi()S 1 no dan valor sino las gentes sobrado espantadizas. Ci~•:.&lt;J es que por irreverente pudiera pasar que los
pueelcs de bebida y golosinas obstruyan la puerta de los
templos y den ocasión á que las destemplanzas de la em·
briaguez turben el recogimiento devoto quC el día pide;
pero la costumbre es costumbre, y hay que respetarla en
evitación dl::l maynres malea.
Más de lamentar íué. otro suceso que, llenando de consternación el ánimo de S. 1\1., hizo que seretiraseásureal
morada antes de ponerse el sol.
Cuando se dirigía á Santo Domingo, qu~ este año se ha
visto concurrido como nunca por estrenar monumento,
regalo del seíiot inquisidor general y traza del sevillano
Diego Velá.zquez de Silva, gran bulto de gente que s_alía
precipitadamente de la l'glesia gritando: i&lt;¡Profanac1ón,
profanación,!n detuvo el paso de S. l\:L, quien buscando
refugio en las casas que habita un hijo del conde de Fuentes, mandó persona que se informara de lo ocurrido en
el templo.
Esto, á lo que de público se decía, fué como sigue: A
cierto consejero de Portugal, hombre de tan alta prosapia como entrado en años, hále ocurrido ~a poco tiempo
la idea de dar su ya sarmentosa mano a cierta doncelhca
á quien, no por lo que parece perdiendo su tiempo, re•
cuestaba de amores un mayorazgo más sQbrado de mala
fama que de buena hacienda. El mozo no debió quedar
satisfecho con gozará medias lo que por entero pretendía, y hoy, aprovechando la confusión del mucho gentío
y sin respeto á la s~mtidad del lugar, arrebató á. la esposa del brazo del propio marido y se dirigió desde cerca
del presbiterio á la puerta de la iglesia1 ganoso sin duda
de poner en cobro su presa.
Esto hubiera conseguido si algunos criados del consejero, más avisados que su amo, v:endo el juego no hubie ran querido cortarle el paso, no sólo dando descompuestas voces, sino poniendo mano á las dagas. Al mozo no
debía faltarte tampoco quien le guardara las espaldas,
puesto que en breve espacio, donde todo era antes rec&lt;;&gt;gimiento y oracionPs, sólo se escuchaban votos y porvidas mezclados al chocar de espadas y á los lamentos, de
los no poco:i: heridos que con su sangre manchaban las
losa11 de la Casa del Señor.
Más de media hora tardó en ponerse remate al tumulto, cayendo, no sin trabajo, en manos de la jm1ticia los
causantes de él. Dícese que el templo se cerrará hasta
que sea de nuevo purificade y que los culpables pagarán
en la horca su delito. Dios Nne:i:tro Señor sobre todo.
El rey ha tomado tal pena d.-il suceso, que hay quien
pretende que excusará su presencia en los balcones G.el
Alcázar al paso de la Procesión del Santo Entierro que, como es uso, saldrá mañana. Aunque esto suceda, no por
ello se verá menos concurrida la carrera, que sastre hay
que lleva ya velando más de tres semanas por terminar
ropillas y saboyanas que han de lucirse en el tránsito. y
damas y galanes no renunciarán á ser vistos en día'1.etanta gala, suceda lo que suceda.
De todo informaré más por menudo en otra estafeta;
que como ee fácil que vengan tiempos en que la erética
pravedad traiga consigo el descreimiento, bueno es que
documentos escritos muestren á. las generaciones venide,
ras cuánta es la piedad de este siglo, que ha de ser citado pata gloria nue~tra, si no como espejo de buenas coa•
tumbres, como dechado de intachable fe y de sincera rd•
ligiosida:l.
A~GEL R. CHA VES.

VIERNES SANTOS
La cruz ya(!C sobre el p'll\·o. D.rnrm ~ el templo. En lo~ alt.ires

ya los coros fervorosos de las vírgenes no cantan,.
Secos cirios. arropados en las sombras tutelares,
con nostalgias luminosas de las sombras se levantan.
En el órgano-ese duro roncador empedernidoduerme el cántico los suefios de sus místicos ensalmos;
y se escucha q11e resuenan en el fondo del oído
los gorgeos de las notas postrimeras de los salmos.
El espíritu escapándose en el verbo que aletea,
va girando por las nnbes v esperando que se le abra
el gran pórtico dorado del alcázar de la Idea,
donde al pie del Padre Eterno canta gloria la Palabra!

DOMINGO 18 DE ABRIL DE ,8g7 "

La neurótica creyente que en su Dio~ pensaba ap"'nas,
ClJmO ha visto al diablo, salta y en sud rezad ~Id aprc.:;11ra ..•
Ella ha visto que un fantasma gira en torno dd lds luces;
y tell.ida en los colores inflamados de la ros.1 1
atropeya sus palabras, con los derl.0.::1 hace cruces
y va hundiéndose en las nieblas de la iglesia sil"'11ciosa....
Todo calla. La campana de las torres ya.ce m uii.'1; 1
y sus cantos c¡ue ayer mismo fueron gloria hoy fuesen menguu.:

taciturna, con sus sueños melancúlicos de viud&lt;J..
bamboléase én las sombras, amarrada dd la leugua ........ .
Mas enmedio del silencio filo.sóficíl y profundo,
se levama el señor cura; y espaciando la mirada,
con la idea en los abism'ls, con las plantas en el m1rndo,
sube á. lo alto del Gran T,:,do, baja al fondo de la Na.da.
Mue,¡e ideas, cambia rumbos; mueve frases, cambia giros;

y-á los lóbregos pasando de los tonos más serenos,va soltando lai palabra.a como lánguidos suspiros,
comG besos, como quejas, como gritos, como truenos ..... .
J osÉ S. Cmx:A.No.

CU E:NTOS EV ANGE:1,ICOS
( De un evangelio inédito encontrado en la abadía de San.
Wolfgang.)
EL SOCORRO DE.UN LADRON

!.-Una noche negra, hacia el Egip~o, á través del de•
sie1to, sin ganado, sin bueyes, sin carneros y c0n las ánforas vaciaa, loe viajeroi caminaban impelHlüd p1.1r el
viento, sobre las inmensas sabanas de arena.
II.-La noche estaba mu_v pavorosa y muy ne~ra, y
torturados por el hambre y la sed y la afliccióu, lo.:; viajeros gemian, no sabiendo á quién implorar.
Ill.-Entre las tinieblas de la noche se diRt.inguía. un
árbol, y Jesús dijo: ((Yo subiré áeseárbol para. VPr si luce alguna ventana. sea muy léjos ó muy caca. Y Jesús.
subió al árbol y Maria le preguntó: u¿:~fo ves lucir ninguna ventana?n Y Jesús contestó: uSólo v~o la:, tinieblM de
la noche.)) Después de unos instantes, María volvió á pre•
guntarle: tc¿No ves lucir la ventana de nint(una casa?,&gt;
Entonces Jesús contestó: ce Veo una luz pcqaeñisima allá
muy lejos; pero dudo si sea una estrella que luce entre
las nubeR negras, ó la luz de una ventana.u
IV.-Y era la luz de una ventana. y cuando los viaje ros se hallaron frente á la casa, José llamú &lt;Í. la puerta y
apareció una vieja llevando una lámoara..
V.-Y habló María, la madre de Jtisús: uStlñora, per•
mítenos dormir bajo el techo de tu casa h1\-1tl\ qu1:1 salga
el sol; el viento del desierto ha resecado m1e.c;trod Ubio3
y nuestra piel, y la arena ardiente nos qu("•UÓ los pies;.
somos un anciano, una mujer y un niño d., d.,):, añ11::,, que
nos hallamos sin asilo y lo imploramos tle tll bondad.&gt;&gt;
VI.-Pero la vieja:-uHuid pronto, contt':;t,ó; huiJ, porque mi marido, á quien llaman Tito, es el m Ltl crud y el
más terrible de todos los ladrones del desiert·1 y se c,1m place en asesinará los viajeros que desp,,ja. Ifoid pronto
porque está comiendo, y si os escuch;i vc:udrd. ,i. llla•
taros.n
VII.-Yacabando de decir estas palabras, 'l'ito salió,
mostrando su rostro negro, sus ca.bellos eri;1,,d )S y :;11;:1 gri·
tos semejaban rugidos de león. 1c¡Oh, noche t&lt;lli.:, gritó,
que trajiste á mi casa estos viajeros para qud 101:1 de::1p0Je, y
si la cena que preparaba mi mujer noea de mi agra.do, tal
vez la carne de esa mujer ó de ese niño, t1t1.ti:Had,n mi
hambre!n
VIII.- Y los viajeros temblaron.
IX.-Pero cuando el bandido feroz hubo visto al divino Biflo, se esparció por su rostro una expresión de inefable bondad y sus miradas se trocaron da feroces en
amables. 1,Venid, dijo al aaciano y á. Marít1, entrad á mi
casa y cenad y dormid; no os haré ningún daño, sólo pido como recompensa, que me permitáis tener sobre mis ro ·
dillas á ese niño, el más bello y el más encantador de los
hijos de los hombres, y besarlo una vez, si acaso uo tie ne miedo á mi inculta barba.
X.-Y los viajeros entraron, y cenaron y durmieron y
el malhechor enternecido, ad.miraba ex~siado á su divino huésped.
XL-Cuando salió el sol los viajeros eedespidierondei.
bandido, y éste se desolaba y gemía, porque pensaba que
jamás volvería á verá aquel niño encantador. Pero Jesús, volteándose hacia él, le envió un beso con loe dedos
de su diestra infantil! u1ito, le dijo, terrible malhechor
que con tanta bondad me has dado albergue, tú me volverás á ver, te lo prometo, en nombre de mi padre.n
XII.-Y cuando Jesús fué crucificado, TU.o también
fué crucificado á la dereJba del Redentor.
ÜATULO MÉNDFZ.

La neurótica creyente, con fantástica ternura,
murmurando sus cortadas oraciones, se arrodilla;
y en sus labios perfumados con olores de mistura
todo llora, todo gime, todo tiembla, todo brilla.
A través del casto velo de las gohs de su llanto
ella observa el lienzo obscuro que hacia un lado se di visa:
Satanás alza los cuernos á. los pies del angel santo,
con la boca dilatada p or estúpída sonrit:a
¡Oh qué plÍ.nico! ¡oh qué frío va corriendo por las vena~!
¡oh qué vertig.:i de sombras! ¡oh qué golpes de locura!

Si esperamos en dios con alma honrada,
Premiará nuestra fé su providencia.
¿Qué es el temblor de nuestro globo? Nada 1
al lado del temblor de la conciencia.
C.rn:r o.uIOR..

EL MUNDO

DOMINGO .18 de ABRIL de 897

•ss

~~=====~=============================~
facistoles de bronce, ¡qué hermoso conjunto presentan en
el coro, y qué pena causa ver alguna de las soberbias sillas en una casa moderna, y considerar el destrozo que
supone la desaparición de esos coros tan majestuosos,
tan episcopales, tan seductores para el pincel ~e la artista!
Las verjas cerra.ado misteriosamente las capillas ó deearrollandosus filigranas de hierro ante los altares, decoran
de admirable modo el recinto; y la piedra, los mármoles,
las maderas l?recioeas, la plata, el oro, la pintura, la
orfebrería, uméndose para embellecer y adornar á la ca·
tedral, como ádesposada ene! día de sus nupcias, dan ~r
resultado esa sinfonía incomparable del arte, que admt·
ra sin fatigar, que atrae sin deslumbrar! que penetra
dulcemente, insensiblemente por los sentidos y por el
corazón, y causa en vez del horrible calambre y de la neurosis aguda de los museos, un delicioso estado de phtcido ensueño y de beatitud espiritual. ......... En loe palacios de Cristo, en las bellas catedrales españolas las más
engalanadas, que no tienen rival en el mundo, el com·
plemento del espectáculo religioso es el pueblo. Humildes labriegos, vestidos con sus trajes regionales, arrodillados en primera línea1 lo más cerca posible del altar mayor vrontos á besar el anillo del obisdo cuando pase,
nos' dicen que allí es la mansión de la igualdad, que en la
catedral á nadie se excluye, que para todos, y acaso más
para loa desheredados y los miserables, se acumularon
maravillas por espacio de siglos en la Chsa dorada de
Dios.
Este goce, repito, que no puede disfrutarlo el pueblo
de ·M adrid. No es seguro que los hoy vivos duremos lo
bastante para ver concluida la catedral dedicada á nuestra Señ.ora de 19. Almudena, y que por ahora no ha rebosado mp.cho de la cripta subterránea. Y cuando esa basílica moaerna esté concluida, y abierta al culto, sin que
falte ni la cuerda de una campana 1 ni el roquete de un
monaguillo, ya se notará la diferencia entre la intimidad
de las catedrales viejas y la sequedad y el fr.fo de las nuevas. En templos y en aristocracias no caben innovaciones, lo que da elaborado el tiempo, es lo único que vale
y sirve.
En Madrid la"Semana Santa sólo ofrece una particulari ·
dad característica: que no circulan cochea durante los dos
días de Jueves y Viernes Santo. Ya se comprende cuanto
se modifica el aspecto de la población quedándoseá pie. Un
silencio provinciano adormece las calles más bulliciosas y
las que, no entarugadas aún, resuenan constantemente
como yunques de fragua, al batir de los sonoros cascos y
al estrépito de las ruedliS. Loe cocheros y los lacayos se
pasan el afio pensando en esos dos días de libertad y de
reposo, que ]es compensan el ambiente helado de las lar·
gas esperas en las inmediaciones del teatro Real, el abu ·
rrimiento á las puertas de las casas donde se celebra la
sofrée 6 el baile, las vueltas y más vueltas por el Retiro,
la tarea de todo el año, sin domingos ni fiestas de guardar-porque el domingo es precisamente cuando más zarandeados suelen andar loa coches.-¡Dos día3 de azueto!
¡Dos días en que, si los señores quieren salir, lo harán como los demás mortales, á pata galana, pisando el dur,1
adoquinado y rompiendo zapatitos!
Pues b11sta contra la venerable costumbre deno enganchar el ,Jueves y Viernes se ha formado una cornen•
te de oposición. Hay quien clama porque las comunica·
cianea no se interrumpan, alegando los nego~ioa, las en·
fermedadea, mil cosas que exigen circu.laci6n detranvias
y de carruajes. En cuanto á la mantilla y al traJe negro
y á la visita de estaciones y al paiSeo después, no es po1:::i ·
ble desconocer que tampoco prosperan. Temo que llegue
á caer en desuso tan graciosa y típica costumbre.
Los oficios á que concurre gente más escogida son loe
de las Ordenes militares. Hay en estos oficios esa atmÓffera de evocación del pasado que conviene á las ceremo·
El d i v i n o p re•o .
nias religiosas. Por un instante los mantos blancos, loa
( Dib¿jo del natural, por Carlos .Alcalde).
airosos birretes, las rojas cruces, la indumentaria arcaica
es ho1a ya de que sirvan de baluarte y fortaleza á. losde· de los caballeros causan una ilusión medioeval, algo que
SEMANA SANTA
fensores de la ciudad, si el sarraceno ó el francés la asal• se parece á la que nos produce un drama romántico. 1!.'l
'l'r01:ador ó Los .Ama11.tes de Teruel. Veis desfilar, con soLos que tienen el mal gusto de paeearse en Madrid es- tan; pero moralmente, la catedral protege aún á los fietos días aeñaladíeimos entre todos los del afio, no encuen- les, y les aguarda, adornada, reeplandeciente, cariñosa. lemne paso, á. los mismos que días antes os ablaron aletran ninguna iglesia cuyas dimensiones, cuyo decorado Ya velen sus retablos esculpidos los fúnebres pafios que gremente el lenguaje de la sociedád actual, y os cuesta
y cuya majestad levanten el ánimo á la contemplación.
hablan del espanto y t-error del mundo cuando su Reden- trabajo creer que son ellos, que no estamos en el ~iglo
Los templos matritenses son en general feos y reducidos, tor expiraba en la cruz; ya se ostenten 'por claustros y XVII. Apart6 de estas ceremonias de la Semana Santa;
y carecen de esas artísticas maravillas que en las grandes bóvedas los tapices flamencos y las banderas y estandar• el resto del afio ni recordais que existen las Ordenes micatedrales españolas realzan el esplendor del culto é in- tes cogidas al enemigo en gloriosa,:. batallas; ya se colum- litares, las de historia gloriosísima, las que fueron terr.:ir
funden religiosidad y mueven á contrición.
pie el enorme incensario, despidiendo chorros de humo de los moros. Otro prestigio desvanecido, eetaa Ordenes
No soy, sin embargo, partidaria del viaJe á Sevilla. Es- aromático; ya el órgano solloce, ya eleve al cielo una me- militares tan artísticas y tan castizas, que sus recuerdos
ta es la excursión de loe que quieren pasearse y divertir- lodía de esperanza y triunfo ...... la catedral tiene siem- están escritos en las piedras de los más orgullosos casti·
se, no de los que anhelan recogerse y Eentir hondamen- pre vocea que nos llaman, formai:: pa,a el sentimiento llos, en los blazones de las casas más ilustres. Hoy son
te la inmortal leyenda de la Redención. Al disponer la que no sabríamos expresar, y es verdaderamente la Do- únicamente honroso pretexto para ostentar nn uniforme
maleta para Sevilla, ee piensa en la feria, en las segui- mtts aurea, el palacio de todos. la idea más democrática y arrastrar un manto, pues ya las órdeues militares no
dillas bailadas por piececitos andaluces, en el olor de los y mas inspirada en la igualdad y la justicia que han co- gueTrean, ni poseen los privilegios y fueros con que antaño se enorgullecfan. Y sin ley común 1 despojadas de
azahares y de la~ rosas, en loa toros, en las carreras, en nocido los siglos.
todo, menos en las ceremonias de la austera Semana.
Los palacios que hoy se construyen y enriquecen con eu finalidai histórica, aun son bellas las Ordenes militaA Sevilla va la htgh l{fe, para volver á. encontrartoda la magnificencia de las artes decorativas y suntuarias, res; todavía el recuerdo las dora, como dora el sol, al po ·
se allí juntos los miamOE'.1 y las mismas que se reunian sólo los ve el pueblo cuando el pobre arteeat..O, ganándo- nerse, un paisaje espléndido.
habitualmente en Madrid. Sevilla ea lujosa y alegre, y se eu jornal, emploma el zinc en el tejado altísimo ó ajus-De lo que no es fácil decir cosa alguna es de las procesu Semana Santa me recuerda, no sé por qué un primo- ta el tarugo de fina madera al pavimento de mosaico. Si siones madrilefías. Cualquier ciudad de provincia lleva
roso objeto de art.e que tuve ocasión de ver en cierta co· el artesano no va llamado para trabajos de su oficio, ja- en esto ventaja á la corte. No hablemos de Sevilla: Tolelección, y que no he olvidado jamás. Consistia en un más traspasará aquAllos umbrales. Lasresidonciae de los do basta. Una procesión en las callPS de Toledo es. cosa
Crucifijo dt: admirable figura, que al jugar un resorte se monarcas están cerradas basta para la clase media y para digna de que la describan y la pinten. En Madrid las
convertía en puñal agndo y brillador. La Semana San- parte de la nobleza, y sólo la grandeza penetra allí. Las contadas y mezquinas procesiones deberían suprimirse,
ta de Sevilla, con sus espléndidas é interminables pro- mismas casas particulares no svn accesibles para mucha pues ni edifican ni conmueven. Si quieren aprender l~
cesiones, con sus Pasos, y sos Nazarenos, y sus Vírgenee, gente, y las costumbres hacen gradualmente más riguro- que ea una procesión eslét.ico, ain lujo algu_no, basta casi
y sus cofradías, y eue melancólicas saetas, y á la vuelta
sala consigna del aislamiento. Obra de arte que adquie- sin imágenes, vean la de la Soledad, en 001 pueblo natal.
de todo ello su feria regocijada y sus danzas sensuales y re un particnlar, ca.t.adla perdida para el goce y la cul- Ee una precesión en que no figura sino la Virgen, envuelmoriscae, y sus lances de amores y honor, evoca en mí tura del pueblo. Tal vez por eso el pueblo es cada día ta en luengos paños de luto. Una eola espada, agnda y
la idea de ese crucifijo-puñal.
más indiferente al arte.
reluciente, se pone en su afligido corazón. Sobre el pt!Las Semanas Santas graves y recogidas, las encontra¿Y los mue:eoe? decís. Los museos son la necrópolis del cho se cruzan sus manos delicadas y amarillas, como reréis en Toledo, en Alcalá, en Sigüensa, en Santiago de objeto del arte; cada sala, triple hilera de nichos. Re- primiendo la ola de lágrimast que quiere desbordarse.
Compostela, en Salamanca; en todas las ciodades donde,
cordad, cerrando los ojos, la impresión de un museo y Es conmovedora esa imagen pobremente vestida, sin borsobre el arbol a.ñoso y venerado de la tradición, no ha la de una catedral, y comparadlas. En la catedral la obra dados, sin joyas, sin más que dos gotas de llamo que al
prendido enel ingerto de la diversión á la moderna. Lle- de arte ocupa su eitio y tiene eu razón de sér. El camarín desprenderse brilhm á. la luz de los cirios.
garéis á cualquiera de esos simpáticos pueblos viejos, y tallado se hizo para la efigie milagrosa, y los trajes de riLa procesión recirre IR. ciudad de noche y en silendesde el drimer inetante comprenderéis que su centro,
co tisú, ]as ajorcas cinceladas de gótica labor, los bro- cio ...... y llev!\ eu i:f toda la elegiaca y sobrehumana poeque su corazón es ]a catedral. Todavía, como en la Edad cbes con el águila de rubles, los mantos historiados, las sía de la SeUlana dolorosa.
:\Iedia, las augustas bóvedas delgran templo, dan som- coronas de argf'ntería, forman el guardarropa y el guarbra., cal vr y abrigo :i la población y á. sus habitantes. No dajoyas de la Virgen. Los sitiales de gran relieve, los
JUEVES SANTO

�DOMINGO 18 de ABRIL de 189_7

JESUCRISTO Y EL ARTE LITERARIO(l)

( Del Lic. J. Pallares.)

Señorea:
El mundo no ha sido nunca gobernado moralmente
por la razón, ni por la ciencia; el mundo eólo ha podide
ser subyugado y regenerado por el Arte.
La razón es el lenguaje dela.saltas inteligencias; y el
mundo se compone de muchtdumbres cuyo oído sólo
entiende el sencillo y sonoro lenguaje del sentimiento y
de las pasiones.
L:.1, chmcia es la percepción profunda de loa hilos finísimos que forman la trama delicada é imperceptible de
Wdos los fenómenos del muudo físico, moral y social¡
y el ojo del vulgo no puede seguir con su ignorante mirada las in.finita~ é innumerabtes leyes que en asombrosa
unidad rigen al mundo entero.
La pupila d~I sabio ss ha cansáno en el microscopio,
persi¿:uiendo día á día al infusor10 que se oculta en los
pliegues de lo infinitamente pequeñu; el atentoé incansa·
ble oído del genio ha necesitado centenares de años para
sorprender los secretos de la gama 1Uusical y las vi oraciones de~ sonido en las ondae impalpables del espacio;
el escalpelo del materialista ha desgarrado en la siniestra
plancha del análisis muchos miembros palpitantes y perdídose en muchas t.inieblas autes de tocar el nervio 10.isterioso que alienta nuest.ra vida é inflama el pensamiento y las pasiones en lo íntimo de nuestro cerebro; el moralista y el jurisconsulto han estado muchos siglos inclinados hacia t,l abiswo del corazón humano par.i poder
trazar, iluminados por los reLlmpagos de las tduipestades
sociales el rudimentario y bárbar., decálogo de los dere·
cbos y deberes del amo y del esclavo.
¡ Esto ea la ra.zón, esto es la ciencia!
.E:lla, como las religiones en sus siglos heróicos, se ali•
menta de existencias humanas y quiere márt.ires. Las
más robustas organizaciones sucumben fat.igadas, pues
años enteros de ptiraeverante lucha apenas alcanzan we1:1quino fruto. Galileo penetra con atrevida mirada en los
abismos siderales;pero muere ciego. ¡En el_Golgota de
)as ciencias el genio es mártir y vtirdugo de sí mii::11.no á la
vez! Y el munJ.o no se cowpune tie wá.rtires, ni de vocaciones para el sacriticio.
La verdad y la ciencia no se trasmiten de generación
á generación, como las c1eencias, por simples abluciones
de agua; el bautismo cie.nlfico es largo y condena al ca·
tecúmeno á penosas iniciacivntis, tí. la dura y severa iniciación de esclavizarae á fórmulas abstract.aa, á simbólicos geroglfficos que son un lenguaJe enigmático para loa
profanos, ea decir, para la bumanu.iai.i.entera.
¿Por qué este tna1,ísimo é inevitable tráusito por las ca•
tacumbaa del tecnicismo cientiti.;o para poder escalar el
capitolio de la verdad? Por que la naturaleza ea avara y
celosa de sus mi~terios, y para ocultarlos á loa ojo!' del
espíritu, jamás se le presenta desnuda, sino envuelta en
el pérfido ropaje de 1a belleza. Jamás dice al hombre:
he aqui el gbrmtm secreto de las maravilUU que admiras; he
aquí el áwmo químico que engendrt1, la celailla, q~ se transforma en tegi.áo, 9ue se pru,.,agu. ,m abanico uejlur~, y que
elabora en su ma;rstuoso ere.cimiento de tú1uca de verdura que
oobija lo, bosquei; y loi; valks. No¡ la nat.uraleza no se pres -

ta á tan intimas confidenciasi pues al deabordatad en formas caprichoeaa y divinas, embriaga la fantasía., pero ex~
travía. y obscurece las rutas de la rt:t.Zó.n. Loama.a t!imples
fenómt:HJ08 y las má.s sencillas verdades se esconden tras
nimbos de oro y de nácar, y ea necesaria Ja dura circun•
cisión de la fantasía y una ptirpet.ua rebelión contra el éxtasis para desgarrar e.:3O.:1 celajes de púrpura; ea preciso
que el frio análisis dest.roce sin piedad t.odas las bellezas
del univerao pa1a sorprender el sencillo mecanismo de
sus causas.
¡Mirad si nó, á la naturaleza siempre pródiga en engaños; miradla deJeitlindose en cubrir bajo iulinita vanid ad de espectáculos el fenómeno aencilhaimo de la des·
composición de la luz! Aquí ea el arco iris desplegando
eus festones de oro y de púrpura en el dosel azul del firmamento; allá es Ja paleta misteriosa dibujando en los
horizontes del desierto paisajes impalpables; más allá.
son soles que se multiplican y aurora.a dti luz que se improvisan en los abismos del infinito.
Las matemáticas üenen cifras misteriosa.a, signos caba•
listicos, figuras enigmáticas que pintan la.a más sutiles y
refinadas abs&amp;raccionea del espíritu; pero con esos eignos
y figuras, el hombre traza en un papel los destinos dt, los
astros, de los solee y cte las nebulosas. La química y la
biología tienen fórmulas que parecen evocaciones de magos, tienen un lenguaje de letras y cifras que sólo los iniciados comprenden; pero con estas fórmulas posee el
hombre Ja misteriosa preJicción de la vida y de la muerte, la salud y la enferwedad responden á los conjuros de
ese lenguaje y con él penetra el espíritu en loa risue.ños
albores de la cuea y en las tristes tinieblas del sepulcro.
¿Quién resiste el fatigoso lenguaje de los severos jurisconsulto~ y de los nebulosos publicistas? Las áridas páginas de una estadística secular serían meaos volumiao1:1as, menos gigantescas, wenoa aterradoras que los millares de llbroa que ha ePg~ndrado el primitivo y rudo código de las doce tablas de la ley; pero bajo la disciplina
de eaas rígidas frasea, de esos rit.os jurldicoa, deeaaainu·
mera.bles glosas de legistas, la humanidad ha hecho el
duro aprendizaje del ordt"n y la obediencia para pasar
al traves de los siglos desde la ergáat.ula de la esclavitud
hasta las tranfisguracionea de la democracia.
¡Ahora...... peraeverantea escrutadores de la naturaleza, apóstoles de la ciencia, id á la conquista del mundo
armaJos con el poder de vuestras fórmulas, de vuestros
cálculos y de vue,stras cifras; arrebatad los corazones,
provocad Jos entaB1asmoa, transformad las creencias los
eentimientoa y ~as obras con demost.raciones mate~áti•
ca.a, con revelac10nes químicas 6 con predicciones bioló•
(1) Discurso pronunciado por el Lic. Jacinto PiUlareaen 19 da Ene
ro de~. al i11&amp;ugurarse la cáted.ra Pe oratoria foren~.

,

SJ,esus en el templo.

EL MUNDO

.gicas¡ detened el ímpetu de los instintos y de las esperanzas que Ee desbordan con el frío anális1s de tas leyea
de la oferta y de la demanda¡ enjugad la.a lágrimas de los
millones de hombrea que sufren hablándoles de las con•
dlcionea sociol/JgieM del, desenvolvimiento; inspirad el amor
del hombre al hombre y la sed dejusticia y mejoramiento moral, y la resolución para el martiriq con las heladas
frases de supervit!encia de tos más aptos en -la lucha por la
vida!

¡Id hijos de la meditación, iniciados en los secretos de
la naturaleza; id á la conquitta del mundo con el impo,.
nente aparato de vuestras fórmulas, de vuest.ras cifras y
de vuestros cálculos; y el mundo no ent.enderli vuestro
idioma, y el muudo sentirá pequeña vuestra ciencia,
porque cuando esa ciencia haya penetrado con su mirada
en las órbitas de las nebulosas, todavía entonces el corazón humano latirá insaciable por algo que está más allá
de la últ.ima nebulosa ...... más allá de los abismos que
puede alcanzar la pupila arrogante y atraída del cálculo
matemát.ico, .... . r

Ese algd baja del cielo á enaltecer nuestro espíritu y á
henchir nuestros pechos, no encarnándose en el simbo lis•
mo convencional del lenguaje cient.ífico, sino modulando
elidioma del sentimiento, dd amor ydelaalágrimas;modulando el idioma eternamente di vino del Arte.
Escuchadme:
Mucho t.iempo antes que las playas del mar de Galilea
Y sus risueños valles y colinas recibieran la ambrosía de
la palabra. más sublime que ha eacuchado el mundo,. ya
la tiloso fía griega había predicado la doc&amp;rina de la igualdad humana y erigido en preceptos el amor del hombre
al hombre.
¿Porqué pues están desiertos los altares de Epicteto y
de Zenón y henchidas de generaciones las bóvedas (f.le
guardan el ara misteriosa de los recuerdos del Mártir de
Judea?
¿Por qué la profunda palabra d::lestoico se ha perdido
como el eco de una débil cuerda entre el inmenso cántico
que en himnos .reculares repite los acentos del sublime
stirmón de la montaña?
Los espíritllB cultivados pueden saborear las clásicas
f~ases estampadas en Jas cartas de Sén1::ca, en las disertaciones deEpicteto óen las páginas de .M:arcoAurelio. Ala
filosofía erudita, á. la filo~ofia de escuela, 4 la filosofía
científica pudo escaparse como último esfuerzo de elevación moral esta bella frase de Séneca: 'lbdo ute tmive:rao
en que vil:imes C8 uno y sujeto á un Dios, y por eso somos socios
Y miembros de la Divinidad y por eso n!Uuralmente somos tQdos _los homhres hermanos (1) Fragmentos, como este, aparecidos aquí y allá en que es frecuente y se define el amor
del hombre al hombre, en que 1:1e predica el sacrificio, la
resignación y el valor en lo::1 combates de la vida, soo recogidos cuidadosament.e por los literatusy lo::l eruditos y
aC1..tnir.;1dos por los filósofos,
Pdro tra~Jadaos con la imaginación á otra escena mis
grandiosa en que el arte os vaá t:nsenar esas mismas doctrinas en lenguaje ni, conocido ei.1 las chisicas academias
de la sabia Grecia, en que el arte tiende las alas de su ins•
pira.ción sobre lo::i sabios y Jos ignorantes, los poderosCIB
y lm1 humildes, los presentes y lus foturos; en que t:I ar •
te llega áes¡¡, majestuosa unidad de sentimiento q11e se
cristaliza en m mum ,nt1&gt;s se::mlares; en que tiene p.Jr tribuna una montañ.t. ceñida por las nieblas de los mares1 y
por auditorio la humanida i entera y por idiowa 1ma cascada de notas de nmor, que desdeñando ingeniosos razonamientos se comunica y entiend~ directamente con loa corazones. La frente del joven orador está iluminada -por
los destellos del infinitu;en sus labios tiemblan acentos
de ternura desconocidos hast.a eutonces1 y su palabra
comprensi va1 universal y soberana, dirigiéndose ti todos
los siglos y á todas las razas, deja cai::r sobre la tierra es•
tas frasea de fuego y de lágrimas.
«¡Malditos vosotros, ricos y opulentos, qPe apretáis
(cvue~tros graneroe y acrecéis tesoros ·con los sudores y
c1lágmna~ de la desnudez; llegará un día en que sent.iréis
c(Lambre y pediréis al mendigo llagvso una gota de agua
ct.:On que apagar el fuego que calcine vuestra garganta!
u¡Y benditos vosotros á quienes tocó en suerte en la
utierra la pobreza y el llanto, porque llegará un día en.
uque cada una de vuestras lágrimas será eterno venero de
udicbas inefables! ¡Bienavent.urados vosotros, que pade•
«ciendo hambre y sed de justicia desafiáis las iras y las
uaeduccionea del poder para cubrir con el calor de vuescitra palabr~ al justo y al oprimido¡ porque hartos seréis
ude justicia en el día de las grandes 1eparacionee¡ ¡Y
((bienaventuraios también VOjOtros que pasáis por este
umundo enjugando Ugrimaa y derramandomiaencordias
«porque el que crió los cielos y la tierra, tiene ansiad~
((estrecharos coctra su corazón y daros el ósculo divino
(1de su inagotable amor!11

............................................... , ........ ·······················
Ea aquellos solemnes momentos loa últimos rayos
del crepúsculo envolvían en vapor de oro la figura seduc•
tora de aquel tribuno del género humano, las mnchedum.
brea que le escucharon bajaban la montaña sintiendo
por vez primera en la vida de la conciencia humana que
los harapos del mendigo estaban glorificados por una moral desconocida y nueva, y cuando las sombras de Ja noche cobijaron al mundo, éste había recibido la palabra
regeneradora que debía cambiar los criterios de la justi•
cia, de la gloria y de la felicidad. «Habtr hecho de lapobreza un objeto de amor y de deseo; h~ber levantado al mendigo sobre Z.s altares y gl&lt;&gt;rijicado la desnudez de la miseria, es
un golpe maestro de que ta/, vez no se dé .cuenta la economúi

polui.ca, pero ante el cual el verdadero moralista tiene que indinarse; (2) y este golpe maestro, esta revolución íntima
de loa corazones y de Jas conciencias. ea un discurso una

maravilla del arte en qu,e las m1s altas abs:traccio~es y
(1) "Totum hoc quo oontinemur unum est.. et- Deus et 80Cli :sumW!I
eju.s et membra. Na.tura nos cogJl&amp;t.os edldit," Sen. ad, Laei l. 91-00
t2) Las p:i.lab~ subrayadasya.Igunasotrasque uo loesUnen el resk&gt; de e&lt;1te dlSCWN&gt;, llQ i.on de m aut.or, irino tomadas de va.nos escritores.

enseñanzas de la fi.losof!a estóica está~ reducidas á estrofas de amor.
¿Qué. ha sucedido despué, de esta escena de alta elocuencia que los siglos no han visto repetirse? ¿Qué ha eucedido con las páginas de la filosofía estóica y con esa
página del sermón de la mont.aña no escrita, sino en el
corazón de los hombre sencillos que la escucharon? ¿Qué
ha suredido?: ........ La clásica enaeñanta de las escuelas
nos ha iniciado :i pocos escogidos en las concepciones del
estoicismo; pero pobres y ricos, ignorantes y sabios, todos loa nacidos en el mundo civilizado hemos aprendido
al pecho de nuestras madres la9 divinas estrofas del orador del mundo. Lo::i espíritus "elevado~ y los hombrea del
poder habrán encontrado quizá ea los hábj.les discur808
de Sáneca fortaleza y valor para sus altas y aristocráticas
advtrsidades; pero sólo la frase ·eencilla y pura del poeta
nazareno ha pasado de labio en labio duunt.e diez y nue•
ve siglos, derramando dulzuras sobre millares de hombres rudos y desheredados. En el silencio de las biblio•
tecas el erudito, el literato y el .fi\0-,ofo han glosado fría
y tranquilamente la9 doctrinas de Zenón y d~ Epícteto;
pero el sermón de la montafia ha sido glosado con sangre ...... .•. con sangre de tres siglos de martirio en loa
jardines de Nerón y en las birbaras hecato,11bes del
Circo!.. ...... .
¡Oh! el cristianismo adora al Verbo de Dios en el tribuno sublime de Judea; la filt&gt;sofi,a, y la c.-rUica no pueden
mirarle un poco fija.mente sin.o de ródülai; psrmitidme que
lo praseuie á. vuestra contemplación, dado mi propósito,
tan sólo como el grande artist.a de la palabra, para pedirle el secreto del arte que llegó en aus)abios á la más alta,
á la mis inimitable dd sus manifestaciones.
Jesús, ha dicho un profundo paasador¡ es el genio más
idealista en el fondo y más materialista en la forma: muy
idealista en sus conctpciones, muy materialista en la expresión. Ya.qui tenéiahwnaname,ae hablando, todo el secreto de la m.1gia inmortal de su palabra y el secreto del
arte, de todo el arte de la palabra humana.
¡Idealista en el fondo, idealista en las concepciones!
porque el ideal es la condición, ea la vida, es el alma de
toda ob·a de arte; es el encanto secret.o que anima al mar•
mol, que flota en. la piedra lanzarla á. las alturas, que pal~
pita en el lienzo apena~ humedecido por pincel; que vibra en las estrofas del poeta y en el acento de fuego del
orador; es la visión religio!!a que inicia al artista en los
secretos y maravillas del infinito¡ que le da un asienroen
la mesa eucarística de la vida inmaterial y supra.sen·
aible.
Para mí, sefiores, el idealism 1 no es otra co3a que un
presentimiento del infinito, y el arte la forma en que ae
encarna ese presentimiento.
Yo no sé si al hablar así me conquiste las iróhicassonrisas de los neófitos de moiernas doctrinas; pero conauélame de esos anatemas del realismo humano, esto que oa
voy á decir:
El primer filósofo del siglo, el hombre qne ha podido
reunir en su espíritu gigante los dos más grandes poderes
de la inteligenciai el poder aná.litico de las ciencias que
conviert ~ en ruinas todos los do~mas li priori y el poder
creador de la filosofía que sintetiza en atrevidas y aólidaa
gener.:ilizaciones, todos, absolutamentetodos los conociwie11t.o.:1 hu n.1,110~ después de hab~rlos profnndizado;eM
genio del siglo qu3 ha paseado su mirada escrutadora por
todo el univer::1.., conocido, ha formulado refiriéndoae 4
las religi.on.ea, un pensamiento que puede referirse, que
V';'Y á ref~nr a~ arte, po.rque ':11ª parece que arte y religLón aon 1dént1ca'J m.arufestac1onea de la naturaleza huwana. «El Conocimiento rml ( diée este eminente fil6eoc&lt; fo) no llena, ni llenará jamas el domi'nio del penaamien1&lt;to, ni del eapiritll. Al fin del descubrimiento más prodiu gioao, queda y quedará siempre esta cuestión: ¿q11é hay
1( más alla? Hay, pues, y habrá siempre dos actividades an « tit.éticas del espíritu, pues ahora y en lo sucesivo la acictividad human.a se ocupará no sólo da los fenómenos y
(( sus relacioneia sí que tambi~n de algo no aparente, de alugo absoluto. Y el gran mérito del Arte es haber vislum.
(e brado siempre lo supra sensible y no haber cesado jau más de comunicarlo al hombre con los recursos de la
ce materia y de lo finiro; haber sido siempre fiel á su mi« sión de impedir á los hombres absorveree por completo
((en lorelat1vo y en lo inmediato, en lo material y grose•
1ro;11 haber prol!lamado (agregaré yo) con todas sus fuer~
z.!s: qu~ el hombre no sólo vil'e de pan, sino ftuetiene nec~:t11.1ad de amar, de creer, de adorar, algo mif.s eantoque
las altas y bc\jaa de las Bolsas mercantiles.
Yo, sefioree, no quiero, al invocar estas conclusiones
del filósofo inglés, resucitar el magister dixi.l de la filosofía dogmática; yo quiero ignorar si el idealismo es unre!J.eJ~ del infinito y el arte del Divino medi.1.dor que nos
1mc1a en la penumbra sobrenatural de lo descoo.ocido
para redimirnos de las cadenas de la materia que tiendeJ
á envil~cer nuestra especie; yo ignoro si el arte de-;poja•
do del ideal no. es otra cosa_ que un juego del ocio, una
fantasf~ de. añc1.onados, la men~ 11ana de las vanidades; yo
no sé 81 el 1deahamo será uoa quimera de que se alimentan sólo las almas débil~ ~ perturba.das
el extravío.
Lo que sé ea, que pera1gmendo un idea, el de una Sierra promet.ida á &amp;ravéa de las á.ridae arenas del Desierto
fué como el pueblo hebreo iluminó al mundo con la con~
cepci6n monoteíst.a y le redujo con la augusta moral de
sus J&gt;rofetas; y q1;1e cuando ese mismo pueblo descendió á
la vida real y edificó un templo y se encariñó Con el orgullo de sus sinagogas, entonces su moral y su teolog[a
convertidas en pedantismo de fariseos, sólo tuviero~
energín para derramar el sarcasmo sobre el Verbo del
ª1:l~r y mancharse con la ~angre de su ignominioso suplicio. Lo que sé es, que el ideal d.&lt;t las libertades patrias
produjo las locuras de Maratón y Salami na, aquellas locura~ que empujaban ~ loa atenienees y espartanos al
mart1.no de las Term6pllja¡ y que una vez vendido ese
ideal .al _oro de la corrupción me_ced6nica, aquellos hijos
de M1lciades y Temístoclea, enVJlecidos por las d4divaa
y las .riquezas, fueron y eatuv~eron contentoa con serlo y
se de1aron llamar por la fustiga.dora voz demosleniana
'loa mks merctnarioa ~ Fújpo. Lf) que sé ea, que el pueblo
de Pelayo y del did, tn.Spirado por o~ro ideal, eJ dti su ~

fºr

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 185&gt;7

EL MUNDO

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

ligi6n y sus hogares, salió de las ásperas grutas de Covadonga, para cruzar el Gólgota de siete siglos de sangre
haeta arrebatará la media luna el cetro de Recaredo; y
que ese mismo pueblo, ya sin ideales ni locuras, se convirtió en genízaro de la inquisición en su propio suelo y en
traficante de carne humana en el Nuevo Mundo. Lo que
sé es, que los ideales de la demencia d~mocrática hicieron llevará Ignacio Ramírez las cadenas del presidiario
sin doblegarlo y la toga de altas magistraturas sin corromperlo, y que una vez trocados en realidad por la vic•
toria aquellos ideales, los tirteos de la austeridad republicana colgaron su lira en los fúnebres sauces del decoro
y tomaron el lapiz calculador del logrero para computar
los bendi.cios del níquel y de 1a. deuda inglesa!
¡Oh! si el idealismo es una quimera y un engafio, jamás engalio alguno ha sido tan fecundo para )a sublime
transformación de nuesr.ra especie: y si ti idealismo es el
arte, jamás ha existido artista. más universal y comprentivoque el que erigiendo en ideal del género humano la
eed infioita de justicia y el progreso infinito del amor,
ha dado ti programa y la diviea inmortal á todas las revoluciones políticas y morales que han existido y pueden
existir después del sermón de la montaii.u.
Pero el idealismo, señores, no se aprende en las escue·
las; es condición del arte¡ pero no fruto del arte: éste, lo
único que puede tnseñaros ea la forma de la inspiración 1
pero no la inspiración misma. La forrua propia del arte,
ta que podéis adquirir con pers~verame estudio, ya lo sa·
béis, es el materialismo en ta expresión que da carne y
sangre, relieves de mármol y bronce á los ideales del
et1piritu y dd eentimien.to. Este delicado y fino consor•
cio del ictea1ismo en las concepciones y el materiali!'mo en
la expresión, ha hecho que la palabra del orador Divino
pase de siglo en siglo, sin perder nunca su prestigio ni
t4U l!_Opularidad, ni su belleza siempre nueva.
¿En qué página de las literaturas conocidas podéis en•
contrar materialismo en la ex.presión mát4 enérgico que
el de aquellas frases de brJnce que se han fundido en la
concieucia de la humanidad'? Y cuenta que los narrado•
r¿s del Evangelio apenas han podido trdsmitirnos pálidos reflejos cte la sonora vibración y delicados giros de
aquella palabra que siempre salía envuelta en olás de
fuego, de sangre y de lágrimas; de aquella palabra que
er-J. dardo agudísimo cuando desgarraba la pie! de los
hipócrilas, carcajada de eterno sarcasmo cuando caía sobre el dgido pedanti0 mo de las sinagogas, lampo de nie ·
ve y guirnalda de flores cuando derramaba consuelos sobre los limpios de corazón.
Un día los eternos tartufos de la teología quisieron ridicutizar sus doctrinas de perdó11 y misericor..tia, poniénaolas eu contiicto con los soberauos fueros de la jueticia.
•i.&lt;ltffl. mujer es adúltera ( le dicen)¡ ¿deb~mos lapidarla,
cumo ord.ena la ley, ó penlonarla, como predican tus
doctrinas?11 Los proced1mit:ntos lógicos ·exigirian un laburioao diacuri30 para arrancar la careta á 8863 pérfida y
capciosa pregunta, para decir á. aquellos moralistas de
formulas que la docuina del perdóu se dirige al sentimiento, al corazón, al hornbr~, no á la magistratum ni á
lu. ley. Pero el orador de Judea encuentra en las profuna.as penem,ciones de su alma la frase mágica quP- en
punzante iron1a encarna y refi~ja precisas distinciones y
Juwinosos comentarios. «t!:l que esté limpio, que tire la
primera piedra,n les dice, y ebta vez toda dis..:usión fué
llliposible, la palabra ee convirtió en látigo y loa tartufos
Nhgiosos huyeron avergonzados de eu torpeza.
Or.ro día algunos horuores pertenecientes rt ese linaje
de reptiles que se arrastran eu la delación y el espíonajapara vengarse de las superioridades morales que les
umnillao, le t.endieron una celada á. fin de compromettlr el supernaturalismo de sus enseñanzas con las euscept,ibilidades det poder político. u¿Debemos, le diceu, pagar el tributo al ~sar?u Por toda respuesta, Je•
sucristo Jea pregunta: de quién ea la efigie esculpida en
Ja moneda? uDei César.u contestan aquellos esbirros, es\recb.ados por la realidad. Hl'ues dad al Céf!ar lo que es
del Cé3ar, y á Dios lo que esde: Dioe.n Y con e~te finísimo
i.ropo y antítesis luminosa, se1.1t6 las bases de la libertad
religiosa, resolvió el probh:ima de las relaciones entre la
Iglet1ia y el Estado, y sancionó los fueros de la conciencia. No es cl.Ll.pa suya, ,i más turde los profarWAJ.Qrea ae su
doctrina ~ C01'virtíeron en un Moloc ái:idu de carne humana.
La parábo1a, esa especie de drama popu lar, de relieve
y escultura animados de los más a ltos problemas de la .
ti10t:ofia; la parábola, género de literatura casi desconocido á los hebreos1 fuéen sus labios una creación esponanea y namral, un idilio perpetuo de seducción para co•
.mullicarse con las almas sencillas y hacer descender basta el corazón de las ignorantes masas, las trascendentales concepciones de su enseBanza. AQuién no ha sentido
en su propia historia, en la historia de su corazón y de
su vida todo el vigor y valent(a de aquella parábola del
hijo pródigo? ¡Retrato admirable de todos los humanos,
nu menos grandioso por su universalidad, que tierno y
profundo por las delicadas y enérgicas líneas con que est;áu dibujados los inescrutables abismos del alma! Ni la
rica lógica, ni la moral de observación, han seguido con
tan ~rtera mirada esos trist1simos descensos del corazór y del carácter dilapidómelo en las abyecciones de la
orgía y del más refinado egoismo; toda la riqueza deeentimieutos elevados, aprenuidos en los primerüs años de
la vida. ¡Con razón la frase de hijo pródigo flota en wda
la literatura moral y en todas las conciencias como un eco
de remordimiento y de vergüenza!
l-'en:io, Juvenal y MoliCre, Tácito y Rabelai@, apenas
llegan ti la piel con su látigo fustigador¡ Jesucristo hiere
la carne, p,11,dra hasta el hueso, rasga las fibras del corazón. l!:&amp;a. túnica de Ntt10 ckl ridl.c«lo &lt;¡u.e arrastran todos lu
tartujoll y fal/jos dei·otos; ese sambenito de oprobio que co •
bija eternamente á los sectarios del t;anto por ciento; esas
coronas de infamia que ciñen la frente de t.odos !os avaros, fueron tejidas pur Jesucristo con artificio divino¡ fué
él quien creó esas ooras maestras con fina ironia y sátira
inmortal. •Sepulcros blanqueados por fuera y corrompidos por dent;ro, n les dice á. los hipócritas. «Es más fácil
que un camello entre pc,r el ojo de unaaguja, que un

rico sesalve,u les dice á los avaros. uVes la pajita en el
ojo del VE:Cino, y no ves ~a vig_a en tu propio ?io,» les dice á los difama.dore.a. «H1p6cr1tas que·devora1s las casas
de las viudas con Jargas oraciones, &gt;, les dice á los traficantes de ritos religiosos. ccHipócritas que limpiáis lo de fuera del vaso y del plato y por dentro está.is llenos de rapifia y de infamia,n les dice á. los centenares de jueces que
entonces, como hoy, cubren con fórmulas jurídicas sus
secretas prevaricac1ones á favor del amigo, del soborno ó
del poder público.
Y estaij frases y otras de igual riqueza literaria han
quedado esculpidas en la piedra angular de la moral
eterna como un estigma de fuego que atorm.enta perdurablemente los insomnios de todos los hipócritas, de todos los avaros, de todos los prevaricadores, de todos los
opresores de la humanidad. Y esto es lo que yo llamo
materialismo en la forma, esto ea Jo que se llama dar car•
ne y sangre á las concepciones del espíritu, eato es lo que
se llama vaciar en bronce imperecedero las más elevadas
enseñanzas de la filosofía.
¿Y ebto puede aprenderse? ¿Esto puede adquirirse?
¿Hay quien pueda revelarn()S PI t:iecrato de las formas, el
secreto de los grandes artistas de la palabra humana, ó
este -as un dón del cielo1 concedido como privilegio á pocos escogidos?
Voy á. res1lver esta duda.

•*• de aspecto despreciable,
E;ubo en Atenas un abogado
flaco, de rugoso semblante, de incorrecta y grosera pro•
nunciación y casi tartamudo. Est.e abogadu se atrevió
un dfa á presentarse en la. tribuna ilustrada por la olímpica palabra de Pericles. ¿A.divinais lo que pasó? ...... El
orador fué saludado por los silbidos unánimes de la muchedumbre.
Dos veces intentó rehabilitarse y dos veces bajó las
imponentes gradas del Pnix peri!e~uido por las burlas y
sarcasmos de aquel pueblo de artistas.
¿Qté va á hacer t'Bta pobre victima de su propio orgullo? ¿Esconder su impotencia y su vergüenza en las obscuridades del olvido? ¿Convencerse de que su vocación
y sus caprichos no van acordes y apagar en los tranquilos goces de la vida privada la inmoderada sed de gloria
que le devora? ........ .
Prf.f/U"lod á las ulas del mar Forio ]I eilus ós conkslarán de
lo que es capaz el gerdo a,, la pe1·set1e1·u1u:iu; preguntad al
precursor de Alejandro Magno y él os dirá t.nostrandoos
las cicatrices de sus victorias, lo que alcanzan las tenaci•
dades del alma.
Ese abogado desprecia ble, tartamudo, tref veces si Iba do
se condena durant~ largos años al aislarnieutodel estudio:
sube frecuentemente con acelerado paso las rápidas pendientes de las montafias recitando trozo.i de la !liada pa•
ra robustecer su voz, declama entre el ruido de las olas
tragedias enteras, llevando ú. la boca piedrecillas de la
playa para corregir la torpeza natural de su lengua; in venta ingeniosa y ridículamente raparse el pelo de la
mitad de la cabeza para verse así obligado á vivir en el
retiro de tranquilas meditaciones; se entrega con frenesí
á la lectura de todos los filósofos, de todos los poetas de
todos los oradores de tu tien1vo, y cuando cree qu~ es
llegado el momento solemne y último de la prueba
vuelve á presentarse á aquella tribuna de sus ensue:
fios .... .. y entonces, con voz atronadora y elocuente despiert.a el patriotismo aletargE1do de sus compatriotas, con•
vierte á. sus oyentes en soldados, marca con estigma
oprobioso la frente de los mercenarios del extranjero,
esculpe en relieves inmortales los secretos designios del
hipócrita invasor, y durante cuatro lustros, su pa abra
nada más que su pafa.bra, detiene en las fronteras d~
Atenas al potente y numerosísiml.) ejército de Filipo ......
¿Qué más podré deciros después de esta dpida biografía de las tenacidades heroicas del vencedor de Esquino?
Una sola frase, una brevísima frase que va á eternizar
en vueetros recuerdos todas las ideas y todos los sentimientos que be pretendido comunicaros.
¿Queréis, tenéis propósitos serios de poseer el arte que
imriortalizó las tribunas de Grecia y de Roma?
Pues buscad lecciones de perseverancia, de mucha per•
severancia, en las enseñanzas del primer tribuno de Ja
elocuencia griega: pero buscad. también sed de justicia
infinita, sed de justicia enel divino idealismo del prime:
tribuno de la justicia eternal

~-=.!=-=.!=-=.!=-=l'"=.i¾
D el Libro de t o s Sal mos.
¡Sefior! ¡Seflor! ¿Por qué los que me dañan
como el acridio en mi redor pululan
y en m1 tenaces sin piedad se ensañan
y mi espíritu debil atribulan?
Oye mi alma un acento que le grita:
«¡Para tí todo es mal, todo es miseria ......
ni en Dios encontrarás la paz bendita
que Dios quiso negarle á la materia!u
¡Es mentira,:Se1lor! Tú eres mi amparo¡
alivias Tú mi corazón herido,
y guardó mi fe en Tí, como e1 avaro
guarda el oro en sus arcas escondido.
En más de una ocasión, aislado y trisM!,
te hablé, enturbiada mi pupila en llanto,
y amoroso, Señor, á mf veniste
desde la cumbre de tu Monte Santo.
Y me dormí tranquilo y sin angustias,
y olvidé mi congoja y mis temores,
y al despertar hallé mis flores mustiaa
trocadl\S todas en fragantes flores.
Eres Tú la salud; eres la roca
que se opone tenaz al mar bravio:
¡ayúdame en la lid, y de mi boca
aparta el caliz del dolor, Dios mio!
J osE PEóN
Abril de 1897

DEL

V.A LLB ...

259

EL MUNDO

IMITACION DEL CANTAR DE LOS CANTARES.

Ven á. tu huerto, amado.
que el árbol con su fruto te convida;
el céfiro callado
espera tu venida¡
tú al céfiro y al huerto das la vida.
Del alba nacarada
la lumbre esquiva la purpurea rosa
á la tierra inclinada:
la abeja silenciosa
ni en torno zumba, ni en la flor se posa .
Ni á su consort" halaga,
el ruiseüor sin tí, cantando amores·
ni mariposa vaga
'
inquieta entre las flores,
tendiendo al sol sus alas de colores.

Ven, esposo á tu huerto
á dar vida á los céfiros y flores;
ven, que mi pecho abierto
á tus dulcPs amores,
sin tí, mi bien, es huerto sin olores.
Ven, y l1. la fresca sombra
de las cruzadas hojas del manzano,
sobre la verde alfo1Dbra,
beber.is, dulce hermano,
rica leche ordeñada por mi mano.
Y á. los gratos olores
de la mirra, del nardo y de la rosa,
gustarás los sabores
de rubia miel Rabrosa,
y el zumo de la uva deliciosa.
Ven, que por ese prado
el sol ardiente tus mejill&lt;1.s tuesta:
aquí el roble coµado
blanda sombra nos prt'sta,
y en mi regazo pasarás la siesta.
Yo duermo descuidada;
mas del esposo el corazón velando,
espera la llegada¡
ya oí su acemo blando;
el esposo ti. mi puerta est,i llamando.

LA SEMANA SANTA EN SU ASPECTO ESTETICO

Que en las solemnidades religiosas de la Semana Santa quepa uaa parte muy principal al Arte, es cosa. que
sólo pued~n ne~r las almas vulgares, que. no penei.rando
en el sentido íntimo de lo que el culto cnetiano ostenta
en eelOS días de •tan bien ordenados rito@, únicamente
ven en ellos un tradicional espectáculo en ocho mortales
jt ,rnadas, más ó menos desfigurado por la rutina la negligencia y aun á veces por la poca dignidad de Íos acto•
res. Bien sé que están muy distantes de pasar por gen•
tts del 111011ttm, como se dice ahora, muchos que ampliamente dotados de privilegiadas facultades intelectuales
niegan ein embargo, el interés estético de la semana con~
Pagrada por la Iglesia desde los tiE&gt;-mpos apostólicos á
honrar loE misterios de la Pasión y ::\foertedeJesucristo,
y á recordarlos á los fieles por medio de los oficios y ceremonias al efecto establecidos; pero éstos para mi. SÓ·
lo son rulr¡o prorürional é inttrwo, porque si no carecen de
buena fe, en cuanto se lea presente la ocasión de considerar detenidamente esos oficios y ceremonias y de ini•
ciarse en la significaoión de sus símbolos y misterios, de
segara mudarán de parecer.
Sí; gran interés estético, gran copia de bellezas de concept;O y de forma, literaria y artíeticamente consideradas,
ofrece la Semana Santa á toda alma dota1a de delicados
sentimientos y de cierta elevación de ideas. No las apreciamos por que las vemos generalmente mal presentadas, y nos sucede con ellas lo que con una hermosa colección de cuadros abandonada al polvo y las telarañas
en un desván de mala luz, ó con una soberbia tragedia
leída por un niHo tartamudo. Desde nuestra infancia estamos viendo esos oficios enteramente desfigurados, celebrados por virtuosos, pero muy indulgentes párrocos,
que aunque inmunes á nuestros ojos por su ea.grada investidura, son reos de lesa estética por el descuido con
que miran lo que atai'ie á la posible perfección de la for.
ma; dentro de lo humano en cuanto se refiere á la ade~uada decof!lción del te1:11J?Io, al mobiliario sagrado, á la
indumentaria de los m101stros-preste celebrante, diá&lt;'Ono y eubdiáeono-turiferarios, acólitos, ("antores, múf.icos¡ á la compostura y pulcritud, y hasta al paso me1-urado y semblante sereno de cuantos toman parte en
tan augustas ceremonias, vigilando particularmente por
que no falten nunca la debida decencia en las personas
y la regularidad y precisión en todvs tos actos de la sa•
grada liturgia.

-Abre, esposa querida;
no te detenga::i, 001 cvnsudo wio,
iib1~we, por tu vida¡
.
tewblando estoy de frío,
rms cabellos cubi~rtos de rocío.
-Ay! que el desnudo pecho
tiemblo al aire sacar, esposo amado,
de mi caliente lecbo!
ay! que el pie delicado
tiembla tocar el pavimento helado.
Sus dedos el esposo
entró por las rendijas dé la puerta;
á su tacto amoroso
el corazón Jespierta,
Y toda tiemblo y me l:lstremezco incierta
Alcéme presurosa
para abrir al. amado que esperaba,
y mirra muy prec10sa
mi mano destilaba
que corrió por los goncea de la aldaba.
Abrí¡ más ya cansado
no me esperaba, ay triste! y era ido!
Mi corazón llagado,
de cruda ausencia herido,
llámalo y no respode á. mi gemido.
Lós guardas me encontraron
que la ciuda.J custodian, y me hirieron,
yel manto me quitrron¡
como sola me vieron,
y ramerilla pobre me creyeron.
Doncel las de Judea,
si hallárades por dicha eu plaza ó calle
al que til alma des~a,
qut: torne suplic-allt,
y no vue1va d. perd~rt!e por el valle.
Gallarda es su figura
como el cedro del Lfl¡ano eminente;
su blanca d~utadura
sou ¡&gt;trias del Ori,m~,
y bruñido ruar.fil su U~réa frente.
Conoceréis quien sea
si vuestro pecho palpitó al miralle1
Donce1la1:1 &lt;1~ J udt:la,
qut torne suplicall~
y no vuetva á perden:1d por el valle.
VENTUUA DE LA YEGA.

-¿Qué haremos, cuando el cielo
caea1:1 y \elll~lu~ cun fragor derriba?
-¿Qué haremos, preguntáis, almas de hielu?
¡Ttmer fé en la justicia de allá arriba!
¡Nadie sabe, mortales,
por qué cuarteando el globo nos castiga
ese gran Dios, para quien son iguales
los destinos del hombre y de h, hormiga.
CAMPOAMOB.

Nadie es capu de prever los defectos que á la larga
pueden producir en el corazón y en las ideas de una
criatura sensible_. que abre por primera vez los ojos al
mundo de la realidad; de una tterna educanda, por ejemp lo, recien salida de un colegio de religiosas timoratas y
pulcras, el espectáculo de un oficio de Domingo de Ra•
moa ean~ado_en una pobre y ~estarlada !iglesia por un
cura ordrnan? que _lanza berridos de sochantre hiposo,
con la cara sm afeitar, la cabeza llena de remolinos de
pelo. las manos con las uf'ias de luto y las yemas de caoba, la capa pl uvial medio caída por detrás descubriendo
en el cogote un pal mo de alba sucia1 y los zapatos despellejados. Cuando ese cura dice la antifona: Rodame, oh
Beiwr, cm~ hisopo, y seré limpio; lámme y quedaré más bl.anco,
que la metse, una voz secreta, tal vez la de al~ún diablillo retozón y maligno, ID.urmura al oído de la tierna doncella: ¡/mena falta te hacfl
¡Ah! Si yo fuera rey absoluto de un pequen.o Estado
muy homogéneo y muy culto, como, por ejemplo, la Ba•
viera de cuarenta. aflos atrás; si pudiera yo disponer de
auxiliares como los que tuvo incondicionalmente á sus
órdenes el rey Luis I, bajo c11yo sabio protectorado tanto
florecieron las artes, ¡qué oficioR de Semana Santa se ce•
lebrarían en mis dominios! Ya me dirían entonces los
indiferentes á. la estética del culto católico si puedt- haber
ó no grandes bellezas en esos oficios que ellos de buen
grado mandarían suprimir por anticuados. En primer lugar, tendría yo una catedral, no como las de León 1 Burgos, Toledo y Savilla, excesivamente lób~as y e xcesi•
varo.ente grandes para mi propósito de erigir uu escenario adecuado en que poner de manifiesto con toda clari •
dad hasta las más pequef'ias peripecias y accidentes de la
divina epopeya de la Pasión y Muerte del Redentor. Mi
catedral sería recogida y luminosa, de estilo italiano co•
mo la igleiia de San Luis de Munich ó como la Baame'a de
San Clemante de Roma, pero toda decorada con l)intums
al fresco 6 con mosaicoe ejecutados por los mii.s msignes
artistas. Ins alt.ares, los ambones, el mobiliario del presbiterio, del coro y de la nave¡ las vestiduras sacerdotales·
todo había de ser del más exquisito gusto; objetos d~
marmol, bronceó madera, de mala forma, pafio que far-

mase malos pliegues, no se verían en mi iglesia. Ni cele•
brarían en ella. clérigos de Wdid cala,Jura, pórq11e los mi•
nistros del altar, el preste, el di!lcono, el subJ.iácooo,
cuanoos intervi1men en los sagrados oficios, incluso los
cantores, los sMristanes, los monaguillos, etc., serian por
mí escrupulosamente escogidos, de manera que entre
ellos no hubiese uno solo de aspecto desagradable. La
música seria, exclusivamente de órgano ó de instrumentos de cuerda; trompas y clarines y demás instrumentos
belicosos no entrarían en mi iglesia, comotampocoadmi~
tiria entre loe cantores y coristas voces de soprano ni de
becerro. Así lo que se canta como lo que se dice en tono
de rezo, había de acentuarse y de articularse con la per·
fección debida, sin atropello ni farfulla, para que el pue•
blo tc,do lo percibiese clara y distintamente.
Y no ganaría solamente la e~tética del culto en que éste se celebrara de una manera digna y adecua.da, f.ino
que los mismos misterios que en la8emana 8.mtaconme•
ruora la lglssia adquirirían entre el pueblo una significación y una importancia de que hoy carecen con gran perjuiciv suyo. Porqud las ensenanza'! que se desprenden
de las oraciones, salmos, profecías, lecciones, cá.nticos y
pasajes de los evangelios que "'n t'Stos días sant03 se rezan ó se entonan, son para él enteramente perdidas: y los
sublimes dogma~ (cuy.1 fé nri hay salvación) figuradas en las ceremonias simbólicas q11e en e~tos dias ee re•
cuerdan. son arca cerrada para los en~ndimientos ¡Í quienes no se consiente percibir con claridad las explicacioues que dan de ellos los sagrados textos, relat,u.dos pr~cipitttdamente y sin sentido.
Hay que tener presente que las enseñanzas que estos
días nos da la Iglesia de .fesucristo son más difíciles de
aprender cuanto más se aparta de las sugestiones propias
de la naturaleza humana. No es maravilla hacer uu poema que cautive la atención y gane la voluntad 1 con lu vida de un héroe en quien, á medida que se acumulan los
triunfos, crecen la gloria y la fortuna; pero es superior a
la razón del hombre que exista una divina epopeya en la
cual el héroe vaya al triunfo y á la gloria por el camino
de la abnegación, de la hnmildad, del propio sacrificio,
del oprobio y de la ignominia, y sin embargo, esta es la
epopeya de Cristo: esta la sublime enseílanza de una
doctrina nunca revelada al hombre en los tiempoe anti•
guo~, y por lo mismo tao contraria it las naturales suoe9 •
tiones y tendencias y tan difícil de aprender.
Esta hermosa y divina epopeya comienza con la.entrada triunfal de Jesncristo en Jerusalén, montado en un
jumentillo, símbolo de la
humildad, que ha de eer
ti! alma de los triunfos del
ciistiano. ¡"1ué conmove•
dúra eencillez la de las
oraciones que se dicP11
durante Ja bendición de
los ramos! «¡Oh Dios!, que
rf'uneE lo.que está disperso y reunido lo coneerva@,
que bendeciete á. los putiblos que salieron cOn ramos á.recib ráJesús: ben~
d.ice también eetos ramos
de palma y de olivo que
tus siervos reciben fiel•
mente en honor de tu
nombre, para que coneig:ao tu bendición los habitantes de cualquier lugar en donde fueren colocados, y ahuyentada toda
adversidad, proteja tu
OieE.tra á los que redimió
Jt-fUCriero.n
1,¡0h Dioamío,quemandaste á la paloma anuo•
ciar la paz á la tierra con un ramo de olivo: suplicámoste que te dignes santificar con tu bendició celestial estos
ramos pa~ que 11irvan á. la salvación de todo tu pueblo.,,
. Losofic10s de~ Lunes v ~!artes Santos son un vivo y
tierno compt&gt;ndio de la Pasión y una continua exhortación 11 1013 fieles á no gloriarse srno en la Cmz. El día en
qll;e propiamente empieza el gran duelo de la Iglesia es el
MieretilesSanto, por que en él se congregaron los prínci•
pes de los sacerdotes, los escribas ó doctores de la ley
los ancianos y magistrados para deliberar sobre los me:
dios de prenderá Jesucristo, y en él se decretó su muerte. Recuerda la iglesia la mansedumbre de Jesús y cómo
se e!ltrejt() a] sacrificio por el linaje humano, recitando la
lección de halas (cap. III): ,dué herido por cauea de
nuestras iniquidades y macerado por nuestras maldades ........ . Coruo 0"."eia que llevan á la muerte, del mismo
modo será conducido¡ como cordero delante delesquih1dor, enmudecerá y no abrirá su boca." El Jueves :,,an1,o
fué en todos los tiempos uno de los días má.ssole·nnes de
la Iglesia á causa de los grandes misterios qne en él se
obraron. Día di' lo8 mistnws le llama bao los griegos y los
demás pueblos del Oriente. En sus ceremonias se compendian: la humildad de Jesucristo, en el l,myltorio de
los pibt, su amor incomparable, en la institución del Sacrameuto de la E 11C(1n·~lí•1¡ la primera oblación de ,Jesús
en aras de este amor, en la Orcw1,61i del huerto y su snngrien•
ta agonía¡ su voluntario sacrificio, en el Prendirwe1do .
~os salmos que se cantan en este día son de una bellt',:-'
rncomparal:&gt;Je, y en la traducciún del Cfüdieo de Jfo1tt/ ,.,
tomado del cap. XV del E.rod,J, se han ejercitado la;
plumas de nuestros más grandes poetas. Superiores á t,1do elegio son pl)r otro lado, considerados como trozos
ya de tierna, ya de altaé inspirada poes(a, el himno Pan~
ge liitg11•t con qnf'- el Sant.isimo es depofitado en el Monumento; el J!agn{ficrrt que se canta eu las Víspera~, y e~~
hermoso vuelo del corazón, abierto á la más dulc~ ~sp~ranza, que lleva el nombre de Cánliro de Siirtnfo.
Sería intertninable nuestra tarti:l si hubiérarn,Js de re•
aeñar todas la:i bellez:is de forma y de concepto ate.-;nradas en las augustas ceremonias que siguen :i las del Jitti•
ves S.1nto ha.stJ el dia J.J L\ glork1i!:1 r~für.!c~ ión del SJ·

f1or. M:uy frío de imaginación U:i 11.• sJr qqien oiga sin
P!óltremecimientos las tres leecion~s de los capítulos II y
II[ de las .Í/l.11M,tm:frin .,s d e JeremíWJ con que comienzan
loi:J ID\itiuf&gt;S del V ternes SJnto, y quién no aiente Jagran•
deza del Cáatir-o de H 11bacltc: «Dios vendrá del A.ustr.:i, y
el santo del monte F,min.-Su gloria cubrió los cielos, y
la t;ierra estí llena de sus alaban,:as.-Su resplandor será.
como la luz, y todo el poder estará. en sus manos.-AIH
est.á la fortaleza: delante de él irá. la muerte-Delante de
sus pies ealdr/1 huyendo el diablo: paróse Dios y midió
la tierra.-1\Uró y deshizo las gentes, y Jos montes del
siglo fueron reducidos á polvo.-Los collados del mundo
se encorva"'On por los caminos de su eternidad, etc.,,
S6 lo quien tenga el corazón de piedra vodrá. oír impasible
los Improperios que luego se cantan mientras se hace la
Adoración de la Cruz: «Pueblo mío, ¿qué te hice ó en qué
te contristé? Respóndeme. Por que te saqué de la tierra
de Egipto, preparaste una cruz á. tu S:ilvador.-Porque
te J\evé cuarenta añ'&gt;s por el Desierto1 te alimenté con el
maoá. y te entré en nna tierra muy buena, tú preparaste
una cruz á. tu Salvador.-¿Qué má., debí hacer por tí que
no lo hiciese? Te planté como vina de cepas excelentes,
y tu oo has tenido para mí sino amargura, pues en mi
sed me diste ií. beber vinagre y con una lanza abriste el
costado de tu Salvador etc. n
No Podemos, por la falta de tiempo, ocuparnos en otras
manifestaciones estfticas de grande importancia que nos
suministran los oficios del Viernes y Sabado Santos y
del Domingo de Pa.scua, cuales son: el Santo Entierro;
los P1VlQ., que se sacan en proseción en muchas de nuesciud.ades; la admirable regeneración del mundo por el
e!ipíritu, figurada en la solemne bendición del fuego y
del agua, y loR cánticos con que se celebra la gloriosa Resurección de Cristu y su triunfo del pecado y de la muerte. Rn otra ocasión quizá las expondremos.
PEDRO DE MADR.\20.

Yo, como único remedio,
C',omo alivio de ruis males,
Ttingo una Dolorosita
Que me regaló mi madre,
Vuando por la vez priuiem
Llt'gué al pié rte los alrnres
A gustar la Hostia sagrada
-Mistico pan de los ángeles. Allf está! -Sus oj•·•s negros
Vierten el llaoto :í raudttles
Tiene la tez mustia y pii lida'
Muestra afligido el semblaoie.
Con infinita tri~tt-za
Jnnta las manos aüa\•es,
Y alza la frente á los cidos
Con ademán suplicante.
En llegando elrues de )layo,
¡Oh, recuerdos inefablf'sl
Niño aún, por la mana na
Le ponía en sus altares
Las roeas más exquisitas
Que brotan de los rosales,
Que cuajados de capullos
Luce el jardín de mi valle.
Cuando abandoné mi cru;a,
El dulce hogar de mis padres,
Para emprender las fatigas
De mi vida de Pstudiante,
L:i coloqué en mi cartera,
La llevé por todas partee,
Y al fin del afio eJla sola
Me ayudaba en mis exámenes.
¡Hoy ya soy hombre y no olvido
Los consej&lt;,s de mi Dladre!
Le rezo cuando despierto
Y le rezo al acostarme;
Aun, llegando el mes de Mayo,
Le doy flores tropicales,
Aun me siento otra vez niño
Y me sonríe cual antes.
Por eso nunca abandono
A mi Virgen un instante;
Por eso cuando estoy triste,
Cuando siento hondos peeares 1
Como consuelo de mi alma,
Como alivio de mis males,
Beso la Dolorosita
Que me regaló mi madre.
Abril de 18fl7.

Jt•A~

B.

DEt,GADO,

!Quién de su pe~ho desterrar pudiera
la duda, nuestra eterna compaf'iera!
CAlll'O.iHOR.

�260

DOMINGO 18 DE ABRIL DE

18sn

261

EL MUNDO

ENGANO SUBLIME-Por roaría!!~scot.
NUME;R06.

En tanto que lefa esta carta, Felipe preparaba su respuesta¡ volvió á plegar el papel y dijo friamente:
• -Como usted miemo lo ha expreeado, seiior, toda carta
anónima es una cobardía indigna de la menorlfe; es el
arma de los calumniadores. Yo no sé por qué me comprenden en eso, -porque nada he vieto.
Avidamente el Sr. i\Iartín examinaba al joven, pero
su voz caneen-aba aun su alteración, cuando replicó:
-Sí, mi confi.i.nza en ella era tan absoluta que esa arma de cobardes se deslizó sobre mí sin tocarme. Me
dirigí á ella y le dije: nOs calumnian, bija mía.» Ella
me reepondió con senc1llez: «No lo extraño, mi dicha
presente debe hacer tantos envidiosoF! pero si voe,
mi único amigo, me ult.rajáseis con una suposición,
1
todo quedaría roto para siempre entre los dos.u Mi
Beltrana, exclamé yo, no sabéis que os admiro tanto como os amo? cómo podria dudar de vos? Ella
me tendió su querida manecita diciéndome orgullosamente: ((ÜB lo agradezco; hacéis bien en creer en

l

l

mí.,i

1 ••,

t,

-·
~

A

p.J

,.Q

s::

--

~

o

UI

....

~

~I

o

UI
UI
~

A

o

~

"'t

,.Q

s::

~

~

Q,

.s...,

Sí. entonces, pieotóe esas acueaciones y aún me
sentía feliz con la locura de darle esta prueba de mi
absoluto respeto.
Fuí durante dos años feliz, muy feliz ........ .
Un enternecimiento al recuerdo de la dicha perdida endulzó aún el timbre de su voz que espiró en
suspiro querelloso.
Ft1lipe, nervioso, muy fastidiado yun poco pálido,
respondió:
- Y o no he visto nada, no he oído nada, no sé
nada. ¿Por qué no continuar creyendo? ¿Por qué no
despreciar esas calumnias? ¿Por qué preocuparos de
esa miserable carta? ¿Por qué emponzoñar vue~tr&amp;.
dicha?

-~o, no es posible, ella no puede eeruna miserable. Digame usted la verdad, lo conJnro, repítame usted las pa•
labras que ha oído, acaso interpretó usted mal, las jóve•
nes son á yaces tan imprudentes ..... .
Su voz temblaba, su rpirada imploraba. Una inmensa
piedad llenaba el corazón de Felipe ..... .
No, jamás, no repetiría al marido las palabras oídas,
esa confesión demasiado explícita: «Usted prometió que
se casaría con migo, usted lo juró; sin esto no habría yo
cedido, DO me habría entregado á usted.»
__,..---· ;
Pero era preciso poner fin á una escena que se con¡ vertía para los dos hombres en una verdadera tortura. Con una voz tranquila que DO vacilaba y aún
un poco enérgica, respondió:
-Yo ne be visto nada, yo no be oído nada, señor.
Yo le he dado á usted roi palabra de honor, se la doy
alln, nada más tengo que decirle.
Y en la rigidez de su actitud, en la .firmeza de su
mirada, se leía una determinación t!\D inflexible que
el pobre Martin comprendió la inutilidad de una
insistencia mayor. Dirigióse haci&amp; la puerta con un
paso que vacilaba. Salió y Felipe siguió largo tiempo
con los ojos á ese mísero millonario que se alejaba,
encorvado, insignificante, con la cabeza baja, como
un hombre ebrio, esqui viindose de los transeuntea
que lo miraban con despreció! ¡Pobre vieja paveza
del gran naufragio, ein gracia y sin esperanza!

dijeron que no transigía usted en cuestiones de honor;
usted no querría engallará un viejo. ¡Oh! si pudiese us·
ted decirme: «Por mi honor de gentilhombre juro, por el
Cristo, que han mentido ...... juro que nada he visto, que
nadeheoído;juroquetsaeartaenteraesiofamia y engafio.» Oh, amigo mío! ¡Oh mi joven amigo! Rí usted
quisiera, si usted pudiera decir eso ........ !
E~ta vez fué Felipe quien palideció. Aun cuando ya
temía esta exigenci!I., no había tenido el tiempo ni la

,!f;

XV

En el crucero Andrómeda, después de largos meses de navegación, Felipe meditaba, recordaba y sufría.
¡

1,

Hablaba aprisa, tenía ansia de que aquella terrible
escena finalizase. Sentía venir el peligro y se esfor~mba en escapa(de él. Se levantó:
-Lo lamento mucho, señor, pero como lo ha hecho notar usted, estoy muy ocupado en este momento. Le suplico que se sfrva excusarme y que me
permita.... .. .
Sin abandonar su sillón, el seüor Martín respondió:
-Lo que me queda por decir no es largo, yo le suplico
,que me conceda aún algunos minutos: es la dicha de mi
vejez la que está en juego. Sí, durante dos años yo he sido el máa feliz de los hombres.
Usted no pódfa saberlo ......... ustedes los jóvenes no
pueden saber qué tesoro de ternura, de amor, de pasión
.se amasa en los corazones viejos que no han amado nun-ca. Sí, yo la adoraba con todas las fuerzas de mi cora~
z6n; pero también, con todas las fuerzas de mi sér1 la
deeconfianza, y la duda y los celos me tortu.raban hacía
seis meses.
Y en un tono muy bajo, como si no hubiese querido
oír él mismo las palabras que iba á pronunciar, murmuró:
-Ese baile del almirantazgo......... ¿se acuerda usted?
Felipe hizo un signo de cabeza afirmativo. El Sr. Mar•
tfn continuó:
-Atravesábamos los salones para partir; su mano reposaba sobre mi brazo, y yo el!taba orgulloso, orgulloso
de su hermosura, de sus éxitos, de su toileue. Deºpronto
sobre mi brazo la pequeña mano se crispó; yo tuve conciencia de un extremecimiento. Ví á Beltrana, pálida,
desfallecer y, en sus ojos un espanto indecible. Seguí la
dirección de sus miradas; era usted, señor de Aubián, el
que le había causado la tremenda emo.ción.
Eso duró apenas algunos segundos; ella prosiguió su
marcha y salimos¡ pero la arma venenosa entró desde
eee día en mi corazón. Desde ese día pensé en que la
carta anónima no habia mentido acaso. Recordé algu•
i;i.os indicios, iterrogué á mis gentes; estas me afirmaron
que habían visto &amp; usted abandonar la villa y que no te•
nia usted el aire ni el aspecto de un hombre enfermo. Lo
he buscado y acababa de partir partl las montanas del
Doubs; supe por su~ amigos el gran duelo que le hirió;
esperé su vuelta; usted era mi última esperanza....... Me

presencia de espíritu para tomar una. T('8olnci0n. La solenidaa del juramento exigido y la mirada. de plomo que
pesaba sobre él, decían claramente que todos los snbter·
fugioseran inútiles. No tenía más que dos alternativas:
perderá una mujer 6 cometer un perjurio. Y ese joven
que no transigía jamás en cuestiones de honor, vaciló;
extraviado, durante un segundo, ya no veía nada ni sabía nada ...... Una á una penoeamente las palabras salían de sus lábios, en tanto que por un movimiento del
que no era dueiio, sus pupilas se movían convulsivaDiente:
-Por mi honor le afirmo y le juro que n&amp;da he visto
y que ..... .
Un sordo gemido le interrumpió; el viejo se había levantado y con tono de autoridad 'dijo:
-No concluya U$ted: es inútil, comprendo todo. Los
hombres como usted no pueden mentir, aún cuando lo
quieran. Oh! Dios mío, Dios mío! He aquf la certidum·
bre. He aquí la verdad! Lo que usted ha oído y sorprendido en esa noche fatal debe ser muy grave puesto que
es usted perjuro ..... ¡Esto es horrible! ¡esto es horrible señor!. ..... Mi sobrino, el futuro de mi hija1 antes que Bel ·
trana lo conociera! ¡Ella sabía que Valeria amaba loca•
mente ásu primo! ¡Esto es odioso!. .. ... esto es odioso!
Hablaba con violencia, una ola de sangre subió á su rostro, se arrancó la elegante corbata anudada con arte, se
arm,ncó los botonee de aµ camisa: se sofocaba. Felipe
· quiso aproximarse á él y socorrerlo.
-No, es inútil, dejeme usted, me·voy. Estoy apenado, aí verdaderamente apenado de haber venido á molestarle. Dos veces repitió esta frase; sin embargo no se iba.
Perfllanecfa de pie ante Felipe, mirándole con ojos que
suplicaban, retenido por una breve y última esperanza.
-Me voy, me voy.
Y de pronto:

Había acogido con sombrío gozo la orden de embarque en otro puerto, con un cuadro de oficiales que
él no conocía. No tenía alre&lt;kdor de él ni un amigo,
ni un camarada; nadie se inquietaba de su tristeza,
ni se obstinaría en consolarlo. El crepé negro de su
brazo les diría su duelo, le dejarían libre como el
quería serlo: libre para llorar, porque verdaderamente no había llorado aún.
Después del golpe desgarrador del adiós, se había
encontrado investido de todos los cargos inherentes
á esos fúnebre(acontecimientos. Después, Lila1 asustada, contristada por el silencio de su padre, iba á.
él, se pegaba á. él no abandonándole casi. El recogía
á. la pobre pequeB.uela como un legado eacro, velaba por
su bienestar, jugaba con ella y aun reía para hacerla reír.
Había sido á la vez el hombre de negocios del padre y el
ayo de la niña; pero había Pido sobre todo el esbirro, el
eepfa, el inquisidor. La necesidad de penetrar el sentido
de las últimas palabras de Elena, había pesado l!obre su
dolor hasta el punto de paralizarlo: hombre de acción,
como lo había dicho, no permitía al pensamiento que
suavizase su espíritu en tanto que la acción permanecía
aateel.
Ahora, sobre el puente del navío, pensaba, recordaba,
meditaba. Los días son largos en medio de esa monotonía de las olas grises, de esa soledad del océano. Al rededor de él, los oficiales trataban de engañar por la le:tura, por la conversación. la lentitud de las horas, la pe
sadez del tedlo. El sólo no contaba las horas lentas, no
sentía el pt:sado tedio; su dolor, como todos los dolOl"E's
profundos, bastaba para llenar su alma y vivía de ella.
Se había llevado los objetos obseqüiados por Elena,
los objetos confeccionados por ella para el ornamento de
su camarot.e y aun los pueriles jugnetes medio]rotos. Era
ese como un museo de recuerdos en el cual gustaba encerrarse; pero sobre todo, se había llevado sus cartas, y so·
lo, bien solo, las releía, con los ojos llenos de lágrimas que
dejaba correr sin vergüenza alguna. ¡Oh! cómo le amaba!
¡Cuá.n dulce, cuáu infinitamente dulce y tierna!
Ll\ primera que abrió era una vieja carta: diez a.fios de
fecha; él estaba enfermo en la enfermería del colegio; ella
le escribía:
«Llegaré, hijo mío, casi al mismo tiempg que esta carta; nie moriría de inquietud lejos de tí.11
Y aquella buena noticia, y aquella cara presencia hicieron lo que no podían hacer todos los remedios de loe
médicof: vencieron la fiebre y aseguraron la curación.
Una carta aun: está severa. Se encontraba él compro-

�EL MUNDO

DDMINGD 18 DE ABRIL DE ,'lg7

==D=D=M=IN=G=O=•=•=d=•=A=B=R=IL=d=•=8=g~7~=================E=L=M=U~N=D
=0=========================•63
metido en una diabluta de estudiante y por amor propio
se obstinaba. _Pero la reprensión era tan profundamente
tierna que el arrepentimient&lt;• entró en el corazón del rebelado y produjo la sumisión.
Otras y otras cartas venían después: eran toda su vida
que pa9aba. Pero cuanto mis las releía mis se da~a cuentad~ lo qlle Elena había sidopua él: á la vez amiga, her·
mana y madre, es decir, toda la dulzura, toda la poesía,
todo el encanto de las ternuras femeninas.
Las cartas que releía más frecuentemente que todas las
otras, eran las de los d Js últimos años, recibidas en el
precedente viaje en todas partes, en todes los puertos
donde el Alción tocaba. Eran largas, llenas de esos menudo3 d~~al\e3 tan c1ro~ á los ausentes. Hablaban de todo,
de los cuadros de Fernando, de las tentativas matrimoniera~ de la tía Forneron, de las ligeras ridiculeces de las
dos Lezines.
Elena escribía con toda la encantadora alegría maliciosa, que tan bien sabia aleará su gran bondad; él ha•
bía reído entonces, ay! Ahora todas esas cosas divertidas le parecían un velo echado sobre una profunda herida. ó semejantes á. esas guirnaldas de flores que ocultan
un ataud. A través de las palabras, á través de las lineas,
leía él. Lo que leía era el nombre de Lila unido siempre
al epíteto: (&lt;pobre nifla.» Porqué compadecía á esa hija
feliz, mimada, adulada?
Lo que leía tambien era aquella plegaria murmurada
ya en la mañana del bautismo.
«Tu la amarás, Felipe, ¿no es verdad? Y aún una vez
había escrito: «Tú la protegerás.» Es cierto que había
puesto sobre esta frase una larga tacha, una linea de tinta, tan negra que él no pudo leer las palabras.
Ahora si las leía; la profecía de la muerta, oculta ba'jo
aquella linea de tinta, le parecía sombría, explicita, amenazadora. No la había comprendido cuando aun era
tiempo.! No babia suplicado á. Elena que le dijese el secreto que le torturaba el corazón. Había leído aquellas
pobres cartas ligeramente, dejándose sorprender por su
alegría fingida, feliz de recibirlas, feliz de responder á
ellas, obrando en esto como había obrado siempre, como
un niño. Un niño! Yerdaderamente hasta entonces no
Labfa sido otra cosa, dejándose mimar y querer!. ... &gt;••••
El dolor lo maduró; no s0lamente el dolor sino aquel deber de protección asumido por él.
Su pensamiento iba hacia la huerfanita; recibía con
bashnte regularidad noticias de ella, á veces por dos lineas breves de Fernando, lo más frecuentemente por lar•
gas cartas de la aya. Carlota gustaba de escribir en un
estilo ampulo:10 en que acumnlaba los epítetos de ala·
banza y l~s expresiones de reconocimiento.
Ya haciendo alusión á la preferencia que Felipe le había dado, lo comparaba al rey Asuero1 poniendo la corona sobre la frente de la tímida Esther¡ yaal rey Salomón,
tan célebre en la hiato.ria por ~ sabiduría de sus juicios.
MasexOOnsamente aúo se apiadaba del dolor del señor
Duvernoy.
«Oh! señor Felipe, decía, el gran mundo querría rodear de
entusiasta admiración al eminente artista; pero él esconde su resplandeciente corona de gloria de la multitud que
lo idolatra y la ha depositado en la fría tumba. Será bondadoso para ion todos; pero guardará su corazón paternal para la incomparable niña que le recuerda á la esposa
adorada, tan cruelmente arrebatada á su inconsolable
iernura por el destino despiadado...
D~pués, sin descender de las alturas líricas, hablaba de
lf!,, nifia1 de los juguetes que prefería, de sus mujiecas y de
sus efltudios, cuya importancia exageraba: sus progre;
sos en la lectura, las páginas de escritura sin una mancha de tinta, las pequeñas fábulas correctamente recitadas, las frases felices de nifia. Le decía esas cosas ingenuamente, con todo el orgullo de una madre. Felipe no
podía ver aquello con indiferencia; hay cosas cuya verdad se impone. C"rlota con todas las fuerzas de s11 corazón adorab3, á. Lila. U na pálida sonrisa Hu minaba por
un h~t'\nte la rigidez de su Joven rostro, y murmuraba:
u!:&lt;;~ bt.1.ena, muy buena y la ama.n Pero la car~a no concluía aún. La aya consideraba como un deber enviar al
Sr. Felipe, tan echado de menos, que debla fastidiarse
solitario, perdido en un fraga navío en medio del tempestuoso océano, » el valor d9 un inoctaoo en páginas ma•
nuscritas, con el loable fin de di:1traerle y para. procurar•
le-decía-algunos instantes de placer. Hablaba de los
países que atravesaba, de las ciudades donde permane·
cía. Decía tan ex:ictlmente com'l un manual de Geogra-

do ee buscan. El buscará al traidor, él le gritará su infamia, él le abofeteará.
No se viven los meses enteros con los ojos fijos en un
problema sin llegar á resolverlo. Felipe encontró la pista que buscaba. Y á las amad.as cartas de Elena debió
este nuevo beneficio. En una de ellas, para siempre preciosa, donde aprobaba tan plenamente su conducta cuan•
do la huida de la villa Martín, añadía que Jacobo de
Sommers lo censuraba. ,Jacobo de Sommers sin duda alguna había contado todo á su amigo y éste, abusando de
tal confidencia se permitió comprender ti Felipe en la
cuestión para la atisfacción de sus iras, de su avaricia y
La carta continuaba pero él no la concluyó. Por perdi·
do que estuviese sobre el «frá.gil navio,&gt;1 tenía horror á las de sus impurezas.
Si Felipe hubiera vivido entonces en uno de esos me•
descripciones fastidiosas hechas con ojos que no sabían
dios
en que abundan las distracciones, la impresión de su
ver, á las apreciaciones de un espíritu limitado que no
comprendía ni la poesía de la naturaleza ni la filosofía de encuentro con M. Martín se hubiera acaso borrado 6 ami.
norado; 8i hubiese tenido más edad y hubiese sido más
la vida de los pueblos. Doblaba pues la extensa misiva,
aguerrido
contra la malignidad de los hombres, habría
hacía con ella una bola y la enviaba á flotar sobre la ci•
aca1w
visto
este incidente con una filosofía resignada y
ma de las olas. Después volvía á las cartas de la muerta,
dejado
á
la
Provideocia
el cuidado de castigar á loa pér~
á esas cartas que ya .no recibiría mis, que tocaban todas
fidos, pero estaba en la edad de las indignaciones genelas cuerdas sensible de su alma y las hacían vibrar.
Hay empero un recuerdo que pone en fuga los pensa- rosas y de las resoluciones caballerescas. Sin embargo,
mientos de duelo y de amor, que hace subir el rubor á. los meses y los afias se deslizan, el '\'iaje es largo, y aun
su frente, crugir sus dientes, relampaguear sus ojos, y es cuando no ee distraiga de su determinación, Felipe resiente á pesar suyo un poco de ese apaciguamiento que
el recuerdo de su última entrevista con Martin de Brest,
el recuerdo del juramento que hizo en el cual Martín de producen el tiempo y la distancia.
Quando la Andrómeda entra á la bahía de Rochefort,
Brest no creyó. Y Martin de Brest tuvo razón .
no es en Leodice en quien piensa desde luego; es en LiEl probó que los maridos no se dejan engañar tan fa.
cilmente, que los viejos negociantes conocen bien la y aun en Fernando. Su corazón dolorido siente la neel mundo. No creyó y Jo dijo con claridad. Felipe cesidad ardiente de encontrar un poco .de amistad y de
bienvenida, quiere verlos, abrazarlos. Estan en Buchano pudo airarse contra ese viejo, por que Felipe me1-1tía.
rest. Irá antes que todo hacía ellos y se ocupará de LeoMint'.ó, sí, y mintió con juramento.
dice en seguida.
El momento de la acción ha pasado, ese momento que
Otro pensamiento lo decide. Jacobo dijo á Elena que
le conmueve sie!J)pre y le arrastra, sin que pueda juzgar,
Martín es un duelista, un matasiete, la más fina espada
deliberar, discutir, y ahora, piensa, delibera, discute, se
de París. Felipe podría morir; se ven estas cosas injustas¡
juzga. Una vez más ha obrado como un niño. Ha obedeel duelo 1;10 es un juicio de Dios y él no quiere morir sin
cido á un sentimiento caballeresco, no deshonrar á una
haberse asegurado de la felicidad de Lila. No tendría de•
mujer; á un movimiento de piedad, tranquilizar á un anrecho de disponer de su vida si encontrase sufriendo á la
ciano .... .. No lo ha logrado y sí se hizo perjuro. Martín
niña.
de Brest dijo la palabra de la situación: uHay hombres
XVI
que no pueden mentir aun cuando lo quieran, y el era de
esos.n He aquí porqué obró como un niño, tratando de
c&lt;Olvida uno como se consuela, ha dicho La B ..uyere;
hacer una cosa de la que no era capaz. Perdió á aquella no hay enel corazón fuerza para amaró llorar siempre.1►
muj':!r con más seguridad que bi lo hubiese confesado toFernando Duvernoy olvidaba, y, sin creerlo, se consodo, y desesperó á aquel viejo.
laba.
Al principio, en su dolor sombrío, había recorrido sin
Su hermana Elena, en las graves lecciones que le daba
detenerse
1-0s sitios más célebres de Europa.
en otro tiempo para formar su joven conciencia, repe.A.penas
llegado, partía de nuevo, fatigado por la bar·
tia frecuentemente: 11No hay que hacer jamás el mal con
la loca esperanza de que de él se derive un bien. Dios no bulla de los hoteles, por el tumulto, por la animaoión
tiene ninguna necesidad de nosotros para arreglar les alegre y loca de los viajeros. N J podia soportar la vista
acontecimientos futuros; el porvenires de El, el presente de esos felices que marchaban de dos en dos á través de
solo nos pertenece, y en el presente no debemos cometer la vida, cuando él se encontraba solo. Odiaba á. esos in acción ninguna que sea mala, no debemos transgredir diferentes que ignoraban su pena, á esos jóvenes en vianinguno de los mandamientos divings. En uno de esos je de bodas, mostran-lo · insolentemente su dicha, á. las
mandamientos, no está escrito acaso: «¿No mentirás?n Y viejas parejas también, que paseaban con apacible aspec to de gentes satisfechas; reprochaba á las jóvenes que
él desobedeció á Dios y á Elena; él mintió:
La irritación crece en él hasta la cólera: reprocha á. existiesen, á las viejas que no hubiesen muerto.
Habría querido vivir en los cementerios, buscaba el
Martin de Brest por haberlo llevado á ese falso juramendolor
de otro, pero en esa vida errante los dolores de otro
to, censura á Beltrana y no experimenta ya con reseran
raros
y casi imposibles de enco.ittrar.
pecto á ella esa simpatía llena de piedad resentida en la
Decidió que en lugar de descender en los hoteles bus·
playa por la pobre muchacha abandonada. Las últimas
palabras de M. Martin alumbran aquella escena trágica caría instalaciones temporales por un mes y aun por una.
semana; queda estar en su casa.
con una horrible lnz.
Cirlota le fué, en estas ocurrencias infinitamente pre·
«Mi sobrino era ya el futuro de mi hija, cuando Beltra•
na lo vió por primera vez; ella lo sabía, ella sabía como ciosa: ella discutía los precios con los propietarios dema·
siado ávidos, amaba la economía y no quería renunciar
amaba Valeria á su primo.»
Ella lo sabía! Ella lo sabía. Sí, lo sabía! Como pudo al amo á quien servía. El reconocía sus buenos servicios
ignorar ese amor que Valeria no pensaba casi en disimu- con gratificaciones, con obsequios, obsequios y gratificalar, ese amor que tramfiguraba su fealdad, volviéndola ciones que pasaban ciertamente del precio que los pro• .
casi linda y que se advertía en sus menores frases. Como pietarios habrían exigid.o por eus alojamientos, pero Car··
no había de confiarse á su amiga? ...... Para él, á quien to- lota se mostraba reconocida, ingeniándose en mil delicada deslealtad rebelaba, Beltrana no era ya la interesante das atenciones.

fía, el grado de latitud, la form11 de gobierno, el nombre
de la capital, las ciudades m:ú. notables y la cifra de la
población. Decía asimismo los hoteles donde se hospedaba, los menús de las comidas que se le servían; se deleitaba en los recuerdos gastronómicos, emprendía una disertación sobre las diversas cocinas del globo, y Felipe, que
sabía leer á través de las linee, veia aparecer y lucir el
pecadillo único de aquella mujer: golosa, muy golos~,
horriblemente golosa. ¡Qué importa! Ella no se creía per·
fecta, y además, la gula no ea un obstáculo para la bondad y la abnegación.

víctima' de la seducción, sino la mujer artificiosa que
trata de quitará su amiga el corazón de su futuro. No le
perdonaba tampoco su matrimonio con ese pobre Martín de Brest .... .. y por no deshonrará aquella ambiciosa,
á aquella intrigante, fué por lo que mintió! Pero L'3odice
es el sér más ex:cecraio sobre el cual se encarniza toda
su ira. Oh! si no estuviese encadenad,&gt; sobre el puente
de su buque ...... Oh! si pudiese arrojarle al rostro todo
su desprecio! Paciencia, ese día llegará. Pur largas que
sean las navegaciones tienen un término. Si las montafias no se encuentran 1 los hombres si se encuentran cuan-

Un día, sin que·nadie hubiese podido comprender como aconteció aquello, el pintor encontró en su cámara.
una tela, una caja de colores y pinceles.
El había dicho á su arte un eterno a.dios, ese adios nofué empero más que un corto (1hasta luego. &gt;1 El artista sesentia lleno de un ardor nuevo; jamás había comprendi·
do tan bien la misterima hermosura de las cosas y jamás 1
tampoco las había interpretado tan bien. Sin embargo,.
rehusaba enviar sus telas á las exposicione3. Felizmente
Carlota estaba ahí, é igsistía y suplicaba.
-El muy honorable señor D.ivern )Y no tiene el dere•

cho de privará su patria de la vista de sus obras maes
trae.
El cedió y no tuvo por qué arrepentirse; sus cuadros
fueroo. notados¡ algunos periódicos hablaron de ellos con
elogio. Se ofreció un precio elevado. Carlota triunfaba,
pero Dnvernoy movía desdefiosamente los hombros.
-Qué importa la gloria, p~esto que ella no vive ya
para aplaudir mis éxitos.
Y decia ectoseriamente, sin hipocrecía, no creyendo
disminuida su pena. La respetuosa admiración de Carlota lo entretenía en esta ilusión. Cada día, á la hora del
desayuno, ella le ofrecía el bálsamo del consuelo. Fernando escuchaba voluntariamente las lamentacíones de
la aya. Ellas eternizaban su duelo¡ y además, como artista, amaba la alabanza.
Protestó al principio cuando ella le comparó á los
maestros ilustres. Poco á. poco se acostumbró, complaciéndose en su papel de ídolo, respirando á plenas narices aquella espesa humareda de incienso; pero jamás
pensó que bajo las hipérboles de la pobre muchacha se
ocultaba un ardiente amor.
.F'elipe que creía saber leer entre las líneas, no lo pensó tampoco. No se imaginó que la perla de las ayas, tan
bien escogida por él, era romancesca y sentimental, que
era una de esas alemanas que sueñan con un Werther, que
t?da la vida lo han esperado vanamente, guardando en el
fondo más proEundode su espíritu tesoros de quiene8 nadie ha hecho caso"¡ que había llegado á su trigésimo sexto
año1 siempre sentimental, siempre romancesca y jamás
comprendida. Si él hubiese pensado estas cosas, se habría asustado, porque má.s que la gula, los eentimientos
romancescos no excluyen la devoción y la bondad.
Los instintos maternales se despertaron en el corazón
de Carlota, al mismo tiempo que la pasión: ambos amores se confundieron y la instiJ;utriz adoró á su educanda
con toda la ternura de su corazón sentimental.
A. los ocho afios Lila ae parecía á su m1dre: fina, fl.exible, rubia y blanca, y en aquella rubia y blanca figura de
niflá., se abrían en toda s11 extensión dos grandes ojos
serios, dos ojos de un azul sombrío, graves, con esa gravedad de los niños educados en:mediode las lágrimas, por
gentes que no ríen jamás. Los ojos de Lila eran de ordinario tranquilos y dulces, pero la menor contrariedad
los hacía brillar de cólera. La niíiita entraba entonces
en accesos de ira, á los cuales nadie osaba resistir. Otro
defecto era su excesiva sensibilidad; la más lig-'lra repri.
menda la hacía llorar indefillldamente.
Su padre y su aya temfan los accesos de lágrimas más
aun que los accesos de cólera; si la salud de la pobre pequeña iba á sufrir! Cddían pues, ced!an siempre,
Carlota no osaba aventurar raprensión alguna, viendo
con terror erizaree delante de ella dos dificultades temibles: poner á Lila enferma y disgustar al señor Duvernoy.
El temor de ser despedida la asustaba y ante esta horrible desgracia, qué sigaificaban las lecciones mal aprendidas ó los caprichos de una niña de ocho años~t
La educación de Lila presentaba pues en muchos pun•
tos lamentables lagunas, cuando Felipe, obtenidas sus
vacacio11.ea, fué á reunir11éle en Bucarest.
Estaban insta.lados desde hacía cerca de un mes ea una
linda casa; el pintor encontraba amplios asuntos para sus
cuadros en aquel país nuevo para él y prolongaba más y
más su permanencia en los sitios que visitaba, no sintiéndose ya impelido á vagar por el aJuij6n del dolor.
Felipe se percibió bien pronto de las modificaciones habidas en el dolor de su cuflado y sufrió con ellas. Le censuraba injustamente que hubiese continúa.do sus queha•
cerea, que se complaciese en su obra, de la semisonrisa
con que la contemplaba ha:lándola buena y sintiéndose
en gran progreso; y le censuraba por último que hubiese
cesado de llorar. Era injusto, como se suele ser en casos
semejantes.
El vacío l}ue rasentía Ferna.ido desde hacía cerca de
tres años, había agotado la amargura; ee había acostumbrado á la ausencia de la bien amada. La costumbre ha·
b~a hecho_ su obra, pero el marino sobre su navío, no podia experimentar estos beneficios. Jamás Elena le había
seguido, era él quien partía y este primer retorno en que
no 1~ encontraba, avivaba su pena dándole la impresión
del implacable y eterno a.dios.
Pero si él acusaba sin razón á su cnfiado, por otra parte le hacía plena justícia en cuanto á su fidelidad, retractándose interiormente de sus antiguas y odiosas suposiciones.

Cerca de tres afios habían transcurrido y no solamente
el viudo no se había casado, sino que ni pemado había en
ello. En cuanto á una intriga clandestina, cómo habría
sido posibie á través de tan continuados viajes? .A.demá-s,
por limitada que fuese la experiencia de la señorita Carlota en cuanto á estos asuntos, hubiera sorprendido algún encuentro, algún indicio revelador. Nodisimula uno
durante cerca de tres años cuando es absolutamente libre. Ahora bien, la convicción de la señorita Carlota res•
pecto de la virtud de Fernando, permanecía absoluta;
esto se veía en los elogios .que ella prodigaba á. su ídolo,
en el culto admirativo que le dedicaba.
Otra prueba más parecía al joven perentoria: el pintor
se hacía leer sus cartas por la aya. :\Iuy cuidadoso de su
vista, de la que sufría un poco y que reservaba toda en·
tera para su pintura; muy perP-zo30 también, suprimía
todas las pequefias fatigas. Después del desayuno, en
tanto que fumaba una larga pipa, Carlota abrta delante
de él su correspondencia y leía cartas. y periódicos. Fernando vió el asombro de Felipe acerca de esto y dijo:
-Yo no tengo secreto alguno, mi querido amigo; algunas cartas de negocios de esa horrible escritura de los
empleados ministeriales; otras de la tía Fourneron 1 con
sus garrapatos¡ de cuando en cuando algunas patas de
mosca de las.primas Lezines; verdaderamente esto no va·
le la pena de fatigar mis pobres ojos. Cd.rlota es discreta y
abnegada: una perla, mi'querido Fdlipe, una perla que
vos habóis pescado para mí!
Felipe, más exigente, encontraba que bajo muchos as•
pectos1 la perla de la,;i ayas dejabJ. mu ~h 1 que desear.
Ocho días después de su lleia fa oyó grit:is furios1s que
salían del cuarto de Lila. Inquieto, se levantó; pero el
Sr. Duvernoy le retuvo con un gesto:
-No es nada, Felipe, no os molesMis, es Lih que se
encoleriza.
Un poco sorprendido él, preguntó:
-¿Y qué le acontece frecuentemente esto?
-Oh! muy frecuentemente; sólo que desde que vos estáis aquí se ha contenido, y por eso es la primera vez que
la oía.
.._y la sef'iorita Carlota no trata de corregirla de este
terrible defecto?
--Carlota!. ..... Es posible que lo haya ensayado; pero
sin éxito.
Algunos día&amp; después, una escena de género diferente,
inspiró al matino nuevas inquiet\ldes, respecto al caract,er de la niña. Lila, á la hora del almuerzo se levantó
con aire misterioso, salió de la pieza y volvió trayendo
en sus manos una frutera de donde se exhalaba un delicioso perfume. Eran confituras de rosas, tan apreciad.as
en los paises de Oriente. La chiquilla aproximándose á
Felipe, se las ofreció.
-Gracias, hijita, dijo éste, no me gustan las confituras.
Ella tuvo una mueca de despecho.
-Pero éstas! oh! éstas! Vos no habéis comido jamás éstas. Tomadlas; yo lo quiero. Soy yo qaien las ha hecho
p~ravos.
Y con un movimiento autoritario acumuló en el plato
vacío cuatro 6 cinco grandes cucharadaa. El 1 complacientemente la ieguía con loe ojos y las gustó apenas con los
Jábios.
-Qué tal? Qué tal, eh?
Y con una vanidad pueril, la chiquilla repitió;
-Soy yo quien las ha hecho para vos.
Pero Felipe á pesar de su buena voluntad sintió clara•
mente que no podía llevar má.s allá su heroísmo.
-Los confituras son excelentes, querida, dijo, pero es
preciso que le gusten á. uno y á mí no me gustan.
-Oh! exclamó ella.
Sus grandes ojosa?. llenaron de lágrim!:ls; volvió á tomar la frutera y salió del comedor llorando. Carlota la
siguió.
-Estoy desolado, dijo Felipe.
El pintor respondió después de un silencio:
-Sí, habría sido mejor no violentarla, otra vez no la
contrariéis.
Lila estuvo triste durante todo el día, triste tambien
el día siguiente.
-Ui! Lila, díjole el marino, que feo eseo.fadarae.
Ella replicó con aire doloroso.
~Me habéis hecho sufrir mucho; si me quisiérais, pa.
drrno Felipe, habriais comido las: confüuras, puesto que
yo las había hecho para voz.

El se asu8tÓ de esta extrema sensibilidad de corazón.
-~fo es una prueba de amor, Lila, obligará las gentes
que se aman á. hacer lo que no les conviene; pero sf lo es
y grande, no dudar de su cariño. Comprendes esto, hija
mía?
Ella le echó al cuello sus bracitos acariciadores y tuteá.ndole por primera vez:
-Sí, lo comprendo, y créo que me amas, padrino Felipe.
Aquel día hicieron las paces, pero la tranquilidad no
fué de larga duración.
Los caprichos de la niña eran frecuentes y no si~mpre
acertaba Felipe á llevarla por el buen camino.
Un día, pregnntóle:
-Quiéres recitarme tus lecciones, Lila?
Y el desengaño fué completo. La ignorancia de la nifia era. mas absoluta aun que lo que él esperaba. Con·
fundía los lugares y los países; colocaba á Clovis en la
torre d3 Babel y á. Jerusalem al pie del monte Blanco.
El quiso hacerla leer y se percibió bien pronto de que no
sabía leer absolntamente; pero como se había prestado
docilmente á este exé:nen humillante, él le dió las gracias y la besó.
Por la noche, solo en el jardín, reflexionaba.
Ciertamente el grado de instrucción de una nrna de
ocho años, no ofrece aún mis que una debil importancia; sólo que lo qne él censuraba era la educación toda
entera y aquella debilidad ante los caprichos. El oficial
de marioa sujeto desde temprano á las reglai saludables
de la disciplina, no admit.fa ni la desobediencia ni la rebelif.n.
¿Pero qué podía hacer? El Señor Duvernoy no consentiría jam,ís en separarse de su hija para ponerla en pensión! Por otra part;e, la presencia de la nifia, ¿no era una
salvaguardia? Sin embargo, crecería así, mal educa:ia, y
ante ella se abriría la vida con sus probabilidades de des ventura y sus tremendos arcanos. Crecería igualmente
adulada y m:mada por dos corazones débiles, egoístas y
buenos.
En ese momento, una ligera sombra se deslizó cerca
de él y oyó una voz muy dulce que murmuraba:
-¿Por qué habéis dicho, padrino Felipe, que si mima•
má viviera me I?ondría en un colegio? ¿Acaso mamá no
me qnería?
El la sentó en sus rodillas y estrechándola tiernamente contra su corazón, respondió:
-Sí, chiquita, tu madre te quería, te quería coa toda
su alma y por eso hubiera querido verte bien educada,
porque los niños mal educados son raras veces felices.
Ella sorprendida preguntó:
-¿Es que yo i;stoy mal educada?
-Sí, dijo él con franqueza; te quieren demasiado aquí,
yte quieren mal; no resisten á tus caprichos, no castigan tus cóleras.
Ella replicó.
-¿Y acaso mi mamá era mejor que yo cuando tenía
ocho afios?
Felipe ee vió embarazado para responder ver!dicamente á. esa pregunta, porque cuando Elena tenía ocho años
él acababa apenas de nacer; pero no vaciló:
'
-Ciertamente, á. los ocho años mamá Elena leía muy
bien.
-Entonces, dijo ella, yo aprenderé. Yo querría parecerme mucho á mi pobre mamá, á quien mi papá ama
tanto. Yo quisiera verla ..... .
-Ayl mi pobre niña, eso no es posible, porque tu madre está en el cielo.
-Si, pero su retrato, cuando menos; yo nome acuerdo
nada de ella y sin embargo pienso en ella muchas veces,
papá no habla de eso nunca. Si tú quisieras, padrino
Felipe, decirme lo que ella hacía, lo que ella decía ........ .
Entonces, largamente1 él le habló de su madre, entrando en los menores detalles de su vida de niños, refiriéndole á la pequefia, cuán dulce había sido siempre Elena
cuán buena y cuán prudente. Ella le escuchaba atenta~
mente y cuando él concluyó, dijo en voz baja:
~ Voy á hacer todo lo posible por parecerme á mi
mamá.

Y Felipe comprendió que acababa de darle la mtis saludable de todas las lecciones; pero que acababa así mismo de hacer surgir en ese corazón de niña una especie
de culto sagrado por la madfi? difunta, unaafecciónsombría, tal cual la experimentaba él mismo· n.n cuidad
celoso de guardar de todo olvido la querida'memoria co~
mo si el olvido hubiese sido una profanación.

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

. EL MUNDO

XYII.
El tieoopo volab,. Felipe, á instancias de Duvernoy,
Je acompafió hnc.:ta Yeneciti, donde se despidió afectuosamente dirigi é nd,)se luego ií. Pvrtarlier donde le '.lrgía ver
á. Jacobo de Rommers, quien le confesó paladinamente,
que él había confiado á: Leódice lo relativo á la presencia
del joven marino en la playa la noche del drama ..... .
-Con que vos ee lo habéis dicho, exclamó el joven
con cierta exaltación.
-Yo se lo he dicho, ea claro, respondió Jacobo. Tenía
el derecho de saberlo; pero he aleg\do también en favor
tuyo l .s circunstancias atenuantes: que eras demasiado
niño1 un chiquillo, una especie de e.eñorita con uniforma
de aspirante de marina.
-Y él se dignó perdonarme? preguntó Felipe irónica.
mente . ........ .
-Sí, pero se hizo rogar mucho; estuviste en peligro de
tener una querella con él, li no haberte encontrado en
los mares del Japón ...... Ahora ya lo ha olvidado todo y
yo desearía que no lo viéses.
-Está en Par!e?
-SI, en el hotel de la avenida de Antin.
Felipe se levantó.
-Cómo, exclamó Jaoobo, y eso era todo lo que tenías
que decirme?
-Nada más; quería platicar contigo.
-Vayat eres un guapo mozo, un si es no es misterio so... .. . Cuánto apostamos á que traes algún uegocito en-

tre manos - guifió el ojo,- un negocillo que quieres
guardar para· tí solo, pícaro egoist.a ......... Qué te vaya
bien, eh?
-Primo, respondió Felipe, tengo en efecto un asunto
del que no quiero hablarte ahora, pero que te confiaré
probablemente mañana.

XVII

En el suntuoso hotel de la avenida de Antin, Leodice,
terminado el almuerzo se abandonaba ú las dulzuras
del farnientt, cuando entró á su. habitación un ayuda de
cámara:
-Un señor1 .desea ver al señor, dijo.
-Qué señor, ha dicho su nombre?
-Medió sn tarjeta.
Leo dice leyó, no sil... cierta sorpresa:
FBLIPE DE AuBlAN.

0ficlo.l de Marina..
El repitió:
-¡Eelipe de .-\..ubian! ¿qué diablos me querra?
Esta visita evidentemente no le agradaba por los importunos recuerdos que !e traía.
Acaso viene á darme excusas por su deserción de mi
boda1 pensó, y dirigiéndose al ayuda de cámara:
-Hazlo entrar, ordenó.
Pero apenas dada la orden, se arrepintió de ella; en fin
por más que el vino fuera amargo había que beberlo, sin
dejar suponer que repugnaba.

f&lt;

EL MUNDO

DOMINGO 18 de ABRIL de 1897

Cuando Fe1ipe apareció, Leódice de una ojeada se convenció de que no era una Eeñorita disfrazada de marino,
ni mucho menos. Jacobo de Sommer lo babia vieto con
ojos poco fieles . .Aquel joven erguido y firme, de faz severa y de tez bruñida por el mar, le inspiraba reepeto.
-Querido sefior, encantado de veros, exclamó, sentao@. Habéis hecho muy bien en paearme vuestra tarje
ta; yo no recibía por estar muy ocupado. Y designó con
un gesto el bureau donde estaban depositados algunos
papeles.
-Pero para vos me he apresurado á hacer una excepción.
No siempre se os ve en París, ¿verdad? Pero ¿por qué
diablos no os sentáis?
-Señor, dijo Felipe, luego que Leódice le dejó hablar;
he venido á Paria con el único fin de tener con vos
una explicación.
-¡Una explicación! pero diez, veinte, las que querais 1
yo no rehuso nunca explicarme porque las malas inteli gencias me disgustan. ¿Qué explicación deseais?
-Quiero que me expliquéis, dijo Felipe dominando lo
mejor que podía la irritación y el disgusto que le causaba el personaje, por qué os habéis permitido poner mi
nombre en el anónimo que escribíeteis al Señor Martín?
Sin duda Leódice babia previsto esta pregunta y no le
convenía mostrarse herido. Continuó, pues, balancelín·
doee en su mecedora, mostrando en sus labios una sonrisa de misericordia y de piedad.
-¡Oh! mj querido seilor, dijo con un tono irónico; si
la carta de que hablais era anónima1 ¿por qué me hacéis
la injuria de atrijmfrmela? ¿Habéis reconocido mi letra?
-Yo no conozco vuestra letra1 dijo Felipe cuya irritación crecía¡ pero el hecho relatado en esa carta, de mi
presencia en Ja playa durante la noche que precedió á
vuestro matrimonio, no era conecido más que de Jacobo
de Sommere, y Jacobo de Sommers no habló de él más
que á. vos.
-Entonces1 querido sefior, respondió Leódice sin cambiar de actitud, ¿durante la noche que precedió á mi matrimonio me bicísteis ]a gracia de espiarme? ¿Es esta 1a
conducta de un hombre cuyo honor es tan quisquilloso?
-Yo no os espiaba, bien lo sabéis, replicó Felipe á
quien la burla de Leódice hacía perder su sangre fria,
pero os he o(do, os he visto y he sido testigo de vuestr.a
infamia y de vuestra cobari:.fa.
-Verdaderamente, dijo Leódice sonriendo, siempre
vos habéis sido testigo de eso. Me agrada oír tal confe•
sión de vuestra bocal Entóuces mentisteis cuando el se ~
ñor Martin os interrogó? De suerte que vos, tan puntilloso en cuestiones de bo11or, bicísteis un juramento
falso?
- Sí, dijo Felipo, cuya cólera se desbordaba ya, hiriendo con su pufio el buró; sí, juré en falso para no deshon ·
rar á. nna mujer, y también forzado por vos, que sois un
miserable.
)~sta. vez Leodice se levantó.
-Creo, OOñor1 que os permitís venir á insultarme á mi
casa. Salid, ú os hago arrojar por mis criados . .En cuanto
á daros explicaciones1 oid mi respuesta. Yo no me baOO
con. un hombre, que según confesión propia se ha des ·
honrado con un espionaje y con un perjurio.
-Aii! conque Mí es, rugió Felipe, pues bien, yo os for ·
zaré1 yo os insultaré en público y os insulto aquí.
Y con su guante le abofeteó el rostro.
Leodice había palidecido.
-En efecto, dijo, me forzais¡ dadme vuestra dirección
y mañane recibiréis mis sestigos.

XYIII.
Una hora más tarde Felipe llamaba á la puerta de J acobo. Este le recibió con su cordialidad alegre.
-Hete aquí muchacho, tienes palabra. Vienes á hacerme la relaeión de la aventurillaT te escucho y soy todo
orejas qerido.
-La aventura, dijo Felipe que no pudo impedir uaa sonsonrisa, no es tal como vos la imagináis.
Acabo de insultará Leódice, Martín, y os suplico que
me sirvais de testigo.

( Continuará. )

1

.LA MODA
Los lindes sombreros siguen siendo la
n_o~a predilecta para los fantaseadores pa.r~sienses, y por eso_les damos la preferencia entre los .figurmeei que publicamos.
El que aparece en esta plena es sobre
todo, un encantador capricho' y de una
supremaelegaacia. Lo recomendamos es•
pecialmente á nuestras bellas lectoras.
El pleno eetío traerá modelos que prometen mucho, y de ros cuales baremos la
reprod ucci6n con ]a oportunidad que acostumbramos.
LIVIA COLUMBA

_Escu~ha, amiga mia, una YCrdadera y
triste historia que voy á referirte. Xo es
un cuento de --ami?to, ni una de esas narra•ciones fantáeticas que las madres contaban ".le nocbe á sus pequeñuelos en aquellos tiempos en que las madres hallaban
placer en e~e entretenimien~; no, es, como te he dicho, una historia, y te salgo
garante de su autenticidad, porque tengo
íe en la veracidad del hombre que me la
refirió.
Hubo un tiempo en que se apGderó de
mí la afición bárbara de la caza con una
intensidad Ycrda~ernme~te ho;rible, por
lo menos ú los OJOS de nu actual conciencia. Cuandopienso en las pobres víctimas
de mi pasión cijen~tica de otros dfae, paréceme que erd otro eér que había entonces en mí quien consumaba aquellos injustificables atentados. Hágame esa ilu·
sión, porque eolo así consigo acallar una
secreta voz que me acll!=a, y poder en mis
paseos por la campina contemplar las
avecillas en sus variados movimientos en
la copa de los árboles, sin et ntir profundo malestar cuando fijan en mí sus redondos ojos, y pian los pichones y cantan 6.chirrian las madres. De otro modo,
pareceríame que me dirijen miradas de
reconvención y que en su sencillo lengua ·
je me llaman con un nombre que hiere
mis oídos como hiere el blanco la za.eta
disparada por habil arquero.
¡Cuantas veces ha turbado mi sueño la
sangrienta imágen de un montón de cadáveres de inofensivas avecillas! Allí be
visto tórtolas y verderones, con las alae
rotas, ruiseñores y Mrpinteroa con el pecho destrozado, y cigua~, cernícalos 1 pájaros bobos, que luchan por tender el vue•
lo cuando ya la muerte ha inutilizado
sus alas paradiempre.
¿Qué placer esperime.ntaba yo en privar de la vida á. los pobres pajaritos que
ae atravesaban en mi camino, ó que
descubría en el follage tupido de loe
corpulentos mangos, y en las enbieatae
bojas nuevas de las esbeltas palmeras?
¿Quieres saberlo amiga mía? Pues bien;
te lo diré. Ninguno me caneaba la muerte
de los indefensos animalitos; lo que me
causaba una satisfacción profunda era mi
destreza de novel cazador. Cuando tendia
el cai'ion de mi buena; escopeta vizcaina,
estaba seguro de no errar el tiro¡ y cuando veía flotar por el aire las plumas 9ue
el plomo había arrancado á la avecilla
que había elegido para blanco, ó sentía el
choque de su cuerpo inerte contra las ra•
mas y las hojas, apoderabáse de mí una
grata emoción que borraba por completo
de mi mente toda idea de compasión ha•
cia los seres destruidos tan sin razón ni
provecho.
Ese es el único crimen que pesa sobre mi conciencia.
Te lo he coi:ife~ado sin jactanci~, .Y espero que mi fran•
queza y mi amcero arrepentimiento me obtendrán tu
perdón. ¿No es así, mi buena amiga?
Pienso que después de todo, yo rny una ardiente convencida y leal partidaria de la pena de muerte: qu~ para
mi., la vida humana es sagrada é inviolable1 por la naturaleza, y que por nada en este mundo querría ser juez
pues á la hora de firmar una sentencia de muerte1 prefe~
riría faltar A mi deber para con la sociedad, á traicionar
mis convicciones.
Absuelta por ella y por t!, de mi más grave delito co,
mienzo la histórica naración.
'
En una nebulosa y obscura mafiana del mes de Noviembre de no importa que año, tornaba yo de mi escur·
ción matutina por uno de los estrechos y sombríos senderos_ de la selv~ de Galindo, que conducen de la ciénega
á la ciudad, y viceversa, cuando la espesa neblina que
desde mny temprano se e!!tendiera por la cuenca del Ozama se deshiw en fuerte lluvia¡ Jo qqe me obligó á. buscar
abrigo al pi&amp;dó unasalt1sima!! rocas en cnya cima forman
las copeyes y perooilas como un tupido solio, que no
permite el paso ni á. las gruesas gotas de un aguacero.
En pos de mí llegó un viejo cazador á quien sólo conocía yo de nombre y de fama, y que también venía á. guarecerse allí de la lluvia. A otros cazadores había oído hablar de él como de un buen hombre, pero de muy mal
genio: nadie se atrevía á. usar de su pal-O, aún sabiendo
que él no iría á ocuparlo, por esta ó la otra razón. Más
que respeto, era miedo lo que inspiraba á. SllB compañeros
de profesión.
A decir verdad, estas noticias y su aspecto, que no

S o m b r ero ni c ole.

predisponía en su favor, me hicieron al pronto ver con
muy malos ojos su llegada. Diócne lo~ buenos días en tono bastante áspero, y se pu,.o á. verter un torrente de palabras. Habló del tiempo, de lo malo de los cacni nos, de
la mala situación del pa\s, diciendo pe!!tes del gobinno
(con razón, dicho sea en acatamiento R. la verdad) de
la caza, contra las fincas de caña, y por último, contra
las mujeres. Al llegar aquí, su:i exprr•siones fueron tan
duras que no pude contenerme, y le interrumpí dicienle: pero viejo, ¿qué le han hecho á usted las pobres mujeres para que tan mal las trate?
Me miró fijamente, como si hasta entonces no ee hn•
biera dado cuenta de mi presencia allí: sacudió el ca•
cbimbo, tosió; y cuando yo esperaba que se de•atara en
improperios contra mí, con una voz suave qne nunca
hubiera supuesto fuera capaz de poseer, me habló así:
Vea usted joven; y(., no soy sabio como usted¡ no ·soy
más que un pobre viejo ignorante, pero, eso Rí, que no
ha vivido de más en el mundo, que tiPne muchísima ex•
periencia. )Ie casé muy joveu, y enviudé, quedándome
una hija á. la cual crié con mucho. trabajo; á los quince
af'íos me abandonó por un perdido que no tardó en deshacerse de ella. La recogí para que muriera. en mis bra•
zos, muy tarde arrepentida. Me dejó una chicuela que
ya cuenta doce afios1 á la que quiero como á nadie he
querido. Por ella es que desde la una de la mañana yengo aqui á. ganar el pan con este perro oficio de cazador.
cuando no me voy mar afuera en un cayuco á. echar el
anzueln. La muchacha me quiere y es muy docil¡ pero
eieropre eatoy pensando en que cuando sea más entrada
en afios me la haga también. Al IIegar aquí, la emoción
lo obligó á detenerise, y se pasó una mano por los ojos

para limpiar:-ie las 1:'igrirnas que brotaban de ellos, ex•
pontaneas como t.odai las que surgen del corazón.
En siendo hPmt.raa, continuó, todas son iguales! Vea
usted. E a chicnla, mi nieta, tenía una palomita que le
llevé un día ligt&gt;ramente herida, y ella la curó. Crió la como á nna criatnrt\; no probaba bocado que con elia no
compartiera, la pooia á dnrmir en su misma cama y no
la perd a de vista por miedo á los gavilanes. La llamaba
Llvia CulLunba porque ella ae llama Livia, y en no se
qué lengna 1laman columl,aR á las palomas. Por4.ue debe
usted sa.berque mi nieta está ú la escuela en la cmdad, y
aabe cosa~ que cuando me las cuenta me quedo haciendo
cruceP. Pero vol viendo :t 811 palomita, el animal correspondía al carillo &lt;le su ama como un sér inteligente. Se
posaba Pn sns hombro!!, audaba detrás de ella, y al anochecer la buscaba para que la llevara á. la cama. A la verdad ó á. la memira de mi nieta, ambas se hablaban y se
entendían perfectamente, con palabras la una, la otra con
arrullos. No ha.re muchos días me dijo mi nieta que había FOrprPndid.o un jo\'"en gavilán, en un árbol del patio
mirando fija ~, tiernaruentoá.Livia Columbaque á su vez,
posada en el respaldo de una 1:illa en el comedor, no qui taba los ojos del extraflo huésped. Por más que aceché
al malvado avechucho no pude verlo¡ parece que escogía
la!! hora!! en que yo estaba fuera para acercaree á la casa.
A mi nieta que pasa de ladina, se le encalavernó qne
el ~avilucho est.nba enamorado de Columba, y que ésta
no lo miraba con malos ojos. Una vez que se le metió
eso en la cabeza, cogió á su paloma por las dos patitas, y
mirándola de frente y besándole el pico le dijo: Columbi•
ta mía, estoy muy sentida contie:o porque te estoy mirando y no te conozco. ¿Qué se ha hecho el juicio que
4

•

�a66

DOMIN60 18 DE ABRIL DE 1&amp;97

EL MUNDO

LA FRATERNAL
Y SUS PROGRESOS
Con verdadero interes hemos leído un artículo de fondo publicado en el número correspondiente al dla último
del mes próximo pasado, por la compañía de seguro§ de
Vicia y Accidentes denominada La Fraterual.
Insertamos el expresado artículo ~n tas columnas de
nuestro semanario, por que además de que _en él se da á
conocer el progreso de la Institución del seguro, el cual
se a~entúa más y más en la República, los honores de
ese progreso corresponden de una manera muy especial
á la compañía de que hemos hecho mención, lo cual satisface, pues tratándose de una Sociedad Nacional nos es
grato palpar que prospere.
No añadiremos elogios que puedan considerarse apasionados, y por lo tanto, nos circunscribimosáreproducir
el referido artículo1 cuya lectura recomendamos á nuestros lectores:

I

f
-r '

~.,.•··(\"

UNA _NOVEDAD
Se¡¡:uro

con inveraión.--Planes en graduac:i6n y
dotales.

•

iempre alabé en tí? ¿Cómo te extasías contemplando á
el!e maldito gavilán, enemigo mortal de toda tu r11za?
¿Cómo has podido imaginarte que esas figuras que te ba·
ce y esos piropos que te endilga tienen otro propósito
que atraerte á donde -pueda clavarte las garras y destrozarte á. picotazos! Con no poca sorpresa de la chica, con·
téstale Columba: No comprendo, amita mía, cómo puedes tener semejante idea de ese apuesto y gallardo animal1 que traspira bondad. Yo te aseguro que mientras
más lo miro, más me gusta, y que estoy convenc:da de
que me quiere y me hará feliz! Ola! exclamó mi nieta.
¿Conque á tal extremo han llegado las cosas? ¿Conque
vas derechita, por tus pasos contados, por el camino de
tu irremisible perdición? Pues mal que te pefe, yo te salvaré. Y no la soltó hasta que con sus propias manos cons·

Grupo de sombr..-roa de primavera,

Al darnos la poEtrera despedida,
me lanzó una mirada
que en el pecho clavada
la llevé todo el resto de mi vida.

•*•

¡Es un sueño de amor su triste historiat
Nació; fué amable, candorosa y bella.
Amó; reinó; murió; se abrió la gloria,
entró, y el cielo se cerró trae ella,
ÜAMPOAMOR

Vitalidad Debilitada,
Sangre Empobrecida.

truyó una jaula de bambú muy capaz, y la metió dentro.
Cerró s.ólidamente la puerta, y muy satisfecha de su obra
colocó la jaula en el patio y se ent.regó, como de costumbre á sus quehacerelil.
Por la tarde dormía yo la siesta en mi chinchorro y df'sperté sobresaltado á los gritos de mi nieta: papá, papá!
corre que Columba se ha escapado!
En un decir Jesús, ya estaba yo con la escopeta al hom bro bajando la colina en dirección á un grupo de javillas
en donde sabia que acostumbraba reunirse una banda
de gavilanes; percibí el ruido que hacían entre los árboles; acerquéme con mucho tiento y no tardé en ver en
una rama al gavilán enamorado de Columba, qne con el
pico le arrancaba las entrafi.as, mientras otros dos, jóve•
nea como él, trataban á la vez de meter el suyo por la
ancha herida que tenía en el pecho el cadáver aún palpitante de la impmdente. Iba á hacer fuego sobre el grupo de animales, pero reflexioné, y volviendo á echarme al hombro la escopeta volví á mi casa, pensando en
que aquel drama no era acaso más que un anuncio de lo
que pueda suceder más tarde. Ya usted ve si tengo ra•
zón e.a lo que digo. Todas son iguales; cuando se enamoran, van lo más satisfechas á su perdición, como las ma•
riposaa á las llamas.
Cesó la lluvia, me despedí del viejo cazador, y tomé el
camino de la ciudad.
Mientras lo recorría, no dejé de pensar en el cuento
que acababa de oír, ni de preguntarme ¿tendrá razón?

Léase lo que la. Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el reverendo
padre L. P. ,vuas, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hérmano del difunto y eminente juez ·wilds :
"Por muchos años padeci de divie.
sos y otras erupciones de carácter
semejante causadas por sangre empobrecida. Mi apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por la experiencia del
.oien que babia producido en otros.
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la nwjM
que jamás se haya preparado 11am.
la. sangre."
Para todos los desarreglos orig!uados de sangre empobrecida ó viciada.
y debilidad general, tómese 1a

R. J. CASTILLO.

I,A PI.U.MA.
¡Pluma! cuando considero
los agravios y mercedes,
el mal y bien que tú puedes
causar en el mundo entero,
que un rasgo tuyo severo
puede matar á un tirano
y que otro torpe 6 liviano,
manchar puede un alma pura,
me estremezco de pavura
al alargarte la mano.
ABELA.BDOLoPEIZ DE AYA LA,

Vestido de reeepc:ión,

No repares sólo en la belleza de la mujer.
No desees la muJer por su belleza.
No es la belleza física la que une los corazone, sino la virtud.

La bellesa es cosa fugaz.

•••

¿Quién podrá confiar en un bien tan fragil?
Es el primer dón que noa hace la naturaleza, y el primero qu
nos arrebata.
.AJmONIZ.

Zarzaparrilla
-~-~~~l"REPAHADA l"OR

Dr. J. C. A¡er yCa., Lowell, Mass.,E. U. A•.

J

c¿Cómo corresponder á la confianza que día á día dispen'ia el público á La Fraternal?,
cEmpeñáadon'&gt;s con toda asiduidad en mejorar los planes que emite la Compañía, en ampliar su esfera de acción, rompiendo con la rutina para sustituirla con los
nuevos elementos que proporciona el progreso cientifico,
del cual deben dimanar todas las combinaciones, á fin de
que ellas descansen sobre base sólida.,
cHemos procurado nunca precipitarnos: las conquistas
alcanzadas, los triunfos obtenidos, no nos han envant:ci•
do, por el contrario, obligan nuestra-. responsabilidades
y por lo mismo aguzamos nuestro ingenio1 estudiando,
previendo y cimentando todo lo que puede dar un resultado benéfico á la institución del seguro, y por consiguiente al público á que está consagrado.,
cConstantemente hemos dado á luz los actos que norman nuestra conducta, hemos llevado á la conciencia públi-ca la persuación de la honradez con que nos producimos, porque sobre este punto no caben falsas modestias ,
y en cuanto á la bondad de los principios que han formado el Código de La Fraternal, nos cabe la satisfacción
de que hasta ahora no ha habido causa justificada que
pueda motivar, pero ni siquiera sospechar arrepentimiento por haber acatado esos principios.,
cSi en nuestros primeros pasos usamos de la mayor
cautela, si nuestras operaciones las limitábamos á su ex-presión más sencilla, con esto acusamos cordura, absteniéndonos de aba.rcar lo que nuestras fuerzas no nos
permitían, lo que la experiencia no podía aconsej8.rnos,
puesto que carecíamos de ella¡ pero por fortu_na en nuestra ¡narcha, que no ha estado exenta de obstáculos, hemos podido seguirla, haciendo á un lado los últimos y alcanzando el adelanto anhelado. Estacionarnos ahora
equivaldría á retrogradar, y una conducta de tal naturaleza daría motivo sobrado para que se nos censurase.
Esto no puede entrar en n~stro propó~ito, y por lo mismo multiplicamos los factores que deben conducirnos al
logro de nuestras legítimas aspiraciones, sin que esto
quiera decir que abandonamos la prudencia, entregándonos á locas ilusiones que traerían dolorosísima decepción. Marchamos en busca de nuestro engrandecimiento,
escogemos terreno firme, y con planta segura llegaremos á la cima donde irradian nuestros ideales.,

**•

cHemos mencionado una novedad y tal es la póliza que
emite Lá Fraternal bajo condiciones que hasta ahora
nunca se habían conocido en la Repó.blica1 porque nin-

guna de l&amp;.S Compañías que actualmente actúan en ella
las estipulan en sus contratos.,
cSeguro con í,iversión se denomina el plan referido,
y en él están adunadas una serie de opciones que permiten al asegurado obtener un verdadero y positivo beneficio, cualesquiera que sean las circunstancias porque
tenga que atravesar en lo futuro, pues se ha procurado
preveer al mayor número de contingencias. ,
cOrdenemos nuestras apreciaciones para mejor comprención de los contratos relativos, tanto en la forma como en el fondo. A toda persona que solicite la referida
póliza se le presentará "Un documento, en el cual en terminos bien claros y concisos se detallan todas las circunstancias de su pretensión contandose entre estas una tabla de opciones gara11tizadas préviame1tte en la que se
fijarán los valores que importan, pues estando calculados de
antemano, el solicitante conocerá desde lu~go todos los
derechos que puede ad-1uirir. ~
cEl nuevo plan está exento de problemas más ó menos
ventajosos, sujetos á fluctuaciones: se halla combinado
de manera que en números concretos se estipulan en la
póliza, de co:iformidad y con entera exactitud á lo solicitado, las sumas que importan cada una de dichas opciones. De esta manera, extirpamos cualquier abuso ó engaño que pudiera cometerse, evitamos m,1.las ó confusas
apreciaciones, y por lo mismo nuestros contratos serán
lisos y llanos, teniendo por norma principal la más absoluta buena fe.&gt;
cLas solicitudes empleadas para el caso las componen
dos documentos enteramente iguales, es decir, hay un
prúicipal y un duplicado que, firmados ambos por el solicitante y el Agente, sirven, el primero para enviarse á
la Oficina central de la Compañía á fin de que sirva de
base del cootrato1 y el segundo queda en poder del interesado para su propio resguardo, permitiéndole este ejemplar efectuar el cotejo con la poliza que se le expida, la
que tanto en datos como en cifras deben guardar absolu•
ta identidad con los de la solicitud. Bajo esta forma no
cabe duda acerca de las cláusulas del contato que se pretende, cesa por completo toda interpretación errónea, y
los asegurados en todo tiempo saben á qué atenerse, sin
que pueda temerse la más pequeña decepción .

*'*

11El Seguro con Inversión queda dividido en dos planes,
uno denominado Dotal en graduación y el otro simple•
mente Dotal. En ambos la obligación de pagos por parte
del asegurado no es indefinida, sino qut: se limita á un período que él elige voluntad entre los tres que ha adoptado la Compañía y los cuales se fijan en 10, 15 ó 20 años ..
Se llama Dotal en grad,,ación, porque el plazo para que
perciba el asegurado personalmente por haber sobrevivido á aquel, depende de la edad en que se solicita la póliza. Ei.ta es incontestable desde el segundo año de su vigencia, no habiendo más excepción que la prevenida por
el Código de Comercio en sus artículos 393 y 433. Ea el
tercer año el asegurado puede hacer ya uso de las opciones estipuladas y éstas consisten en saldar la póliza, en
cederla á la Compañía por un valor en efectivo, en obtener un préstamo que causa un rédito del 8 por ciento al
año, en obtener un seguro extendido ó sea la prolongación por determinado tiempo del riesgo que debe correr
la Compañía para pagar el Seguro. Puede también comprarse una renta vitalicia, y finalmente, si el asegurado
sufre alguna invalidación, tiene derecho á percibir en el
acto el 50 por ciento del valor á que ha ascendido su póliza cuando sobreviene esa circunstancia. Debemos agregar que el valor de Ia póliza en caso de fallecimiento aumenta en proporción á los años que se ha vivido, de modo que sin alterarse en lo más mínimo las obligaciones

del asegurado, con una misma cuota compra año á año un
seguro siempre ascendente en su valor&gt;
cCompletaremos los anteriores asertos y consideracio•
nes copiando aquí la tarifa correspondiente á tres edades,
y por ella se palpará que de antemano La Fraternal de
á conocer y ga,·antisa el valor de cada una de las opciones que, como hemos dicho, se enumeran en el contrato.
La repetida tarifa es como sigue:
(Omitimos la publicación de la tarifa por ser demasiado extensa y servir á los interesados para consultarla en
caso necesario.)
En el Seguro con Inversión, Plan Dotal, las estipula•
ciones son iguales, con la sola diferencia de que el plazo
para percibir en vida el valor de la póliza no depende de
la edad del asegurado, sino que éste lo fija, escogiéndolo entre los de diez, quince ó veinte años.' 1

•**
Reasumiendo todo lo expuesto, lt1. repetida póliza es
incomparable por las siguientes razones:
11

1ª Las obligaciones del asegurado no son indefinidas,
sino limitadas á plazo determinado.
2ª La póliza es incontestable desde el segundo añ0.
3ª A medida que sobreviva el asegurad'&gt; aumenta el
valor de su póliza.
4ª Puede cuando lo desee saldarla en proporción verdaderamente equitativa.
5ª Puede cederla á la Compañía por un prec.O en dinero efectivo, convenido de antemano.
6ª En circunstancias aflictivas tiene derecho á que se
le hagan préstamos sobre su misma póliza, y de esos
préstamos también se estipula el monto á que pueden
?,scender.
7ª Cabe también comprar un seguro extendido por
tiempo previamente calculado, sin que cause obligacio•
nes posteriores.
8ª Puede entrar en los cálculos del asegurado comprar con lo exhibido una renta vitalicia.
9ª En el caso fortuito de una invalidación, si no ha
optado por cualquiera de los derechos anteriores, la
Compañia paga la mitad del valor de la póliza en la fecha en que acaece tal suceso.
IOª y última. Si el asegurado no opta por alguno de
los derechos anteriores y sobrevive al plazo dotal, recibirá en efectivo el valor total de la póliza.

Ahora bien, en qué caso no está debidamente recompensado el asegurado? En todos lo está.
Cuándo es caducabie la p6liza aludida? Nunca, porque
además de que desde el tercer año cualquiera de las
opciones le dan pleno vigor, en todo tiempo si se hubiere
omitido por olvido ó alguna otra circunstancia hacer uso
de ese derecho, la póliza en cuestión puede revalidarse.
Hemos procurado concretar de una manera somera
todo aquello que puede dar una idea exacta de la bondad
de los nobilísimos fines que encierra el nuevo plan, que
desde hoy ponemosá disposición del público; y confiamos EJ.ue la posteridad nos hará justicia, que los hechos
vendrán á corroborar todas nuestras exposiciones, y que
La Fraternal será objeto de las bendiciones de todos los
que reporten sus beneficios,_ porque hubo una mano previsora que deposita~e en ella y en tiempo oportuno us.
ahorros para provecho propio ó de sus deudos, y para
engrandecimiento de una institución Nacional, que contribuirá á la honra y gloria de nuestra patria.
Cualquiera explicación ó dato que se nos pid .1 sobre el
particular, pl, _Je recabarse directamente d ,! nuestros
Agentes ó de la Dirección Gent:ral, que radica en la ciudad de éxico."

•

�l

ED.PINAUD
PAIIS.
PARIS
37, Bould de Strasbourg .

SALES AMERICANAS

Reservado

NUEVA$ SALES COLORADAS
P e rfume viv ificante, e x ce l e nte c ontra l as
f a t igas y d o l o r e s d e ca b e za.
Perfum a y purifi c a l as h a b i t a ci ones.

~es BOUQUET, EUCALIPTO, FLOR deALBERCH)GO, YERBA SECA , HEllO[ROPO, IRIS, JAZM IN, LAYANDA, LILA,
Olo41 Y/OLETA,IIENTA,MUSGO, NEW MOWN HA Y, CLAVEL , PIELdtESPANA, PINK,ROS.A,REAL PEACH,YERYENA_

!{aneo internacional é Hipotecario de Méxic11.

LA CAJA DE AH~S.

•
GLJ.•o s por C a ble ,
Depósitos.
Desoue ncoe.
üc.• n r oet d e l etra&amp;, C uponea., eto., Cambios s o bre el Ext ranJer,
&lt;•u. r t-u.li!J C lro ula r e&amp; d e C r é cUt:o, Créditos P'O. cue nta oorrtent•

Con 1nvers1ones garantizadas.
d tpoteCU am.orttzableeen vemttcl.::.~ a1h'.ll5 con anualJdadee deO por 100, pagaderas por lr1menr9t
too;ua ndo el Ba nco su préstamo en Bonoa Hlpotec ■ rloa, con. tn~rés d e 6 por 100, y aiendo poteltl
ill'o para el deudor red. lmtr el Saldo del caplte.l en cu a 1qu1er tiempo r.con Bono&amp; Hlpotec ■ rloa.
&amp;eapemoa&amp;mente ae llama la a tención del pt\bllco hacia la h npor ocia de eetofl Bonoa. No exin
Japt1
••11.1 ro porque es\A gara ntizado con primera hlpoieea, coll81,l.mlda 90bre propiedad.u ra\oll
lOt 4ob le v ■ lor de ■ qu.i.
&amp;l ~aneo facUltan\ k&gt;da clase de lnformea E!EICl':IIO&amp;. rela1lvoa t Iaa dl venias operaeton ee d e N;J lllltltta•
ori.lPn lo10llctte en 11UJ1n6r rn.a,o

"''ª

Sociedad Anon irn a .

caJero.

i'restdent.e,

JMt 0 11: TERBSA T MmANDA.

CAPITAL SOCIAL, 8100,000 .

J o .a.QUJli 0 11: TRUPA

••

Presidente: Serapión Fernández,

CIUDAD DE MEXICO

APARTADO POSTAL, ~69.

Gerente: Dionisio Montes de 0c11

le

[ ~AH

TELEFONO. NUM. SS.

ICN XL NUKVC.. J:DíFICIO DBLBA.NOO BSQUINADK CADENA Y OOLBGIO OK N11' A

8

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico.
' 1 La Cala de Ahorros con Inversiones garantizado" expide Pólizas de cv·1,, de
quinientos y de mil ~g•, cobrando mensualmente treinta centavo• por las de $lo,,
un peso por las de iooo y doa peaoa por laa de $1,000.

•

La casa que tiene el surtido más complt:to y variado y ve nde má.s barato .

, " Oon tan pequefias exhibiciones esta benéfica Companía, favorece por medio e e
ana Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en todae las clases sociales, lo q1 e
proporciona asegurar una fuerte euma de dinero, para recibir la de ., La caja de 1b1 rns" á. determinado r,eriodo de tiempo, ó á.ntes, según su.a estipulaciones.
11 La caja de ahorros ' proteje al pobre, preeentá.ndole la mejor manera de ab o
rrar, y olrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequeftae in
vereiones, pueda obtener una ~ran
utilidad.
Para comprar las Pólizas de 1 La caja de ahorros." ocúrraee á. la Oficina Prino pal, calle de VE RGARA NUM. 12, por medio de lo• A¡¡enlee de la Compaftfa. d, •
bidamente autorizadoe.

Vajillas psra mesa. Jo,gos de Cristal. Juego• lavamanos. Cuchilleria y efectos plateados. Lámparas de tod .. estilos y paro todo• usos.

Inmensa variedad de ~fectos de Jnjo.

19Cli"'Se reciben novedades continuamente. ..e9

22 de Abril de 1897.

18 DE HA. YO DE 1807.

,~o el pl&amp;D. aiaui•nte:
,t,110 BILLETES.
FONDO:

~

~o el plan oi.¡ruiente:

Billetes á. 2.00 ca.d•
llllO, divididos en vigéaimo•
O
le., 1 08DtaV08.
114,000

111

Entero•: • 4.00.- Medloo: 9

PREMIOS:

Fondo: $ 2 8,ooo.

Purifica. la. Sangre
E11 e l m ejor rem edio conocido par a curar
J)ront &amp; y r ad1cal1TJ,ente las enfermedades que
pr oceden de la impureza. de la. sangr e.

'

No contiene mercurio
L a eifilia más rebelde cede pront o bajo l a

enérgica acción del cülu~na • y a:m los niños
que heredaron tan terrible enfermedad se
curan.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

A l es que en su ju\·entud tuvieron esta. en·
fcrmedad y Y&amp;n i tn_11ar:;e, pues pueden trasm iti r el virus s iflli t 1co y á los que h an t o-

4

•

e -

•

1

JPr~:"1º ~~····~ ?;888::::~

I

DK L A -

1

-

.18

~ ~
Beneflcenc
• Pu,bl·1cJ
i

1
1

•

•

mado mercurio ¡iues ehmina eae peligroso

-

mineral.

ai

~:n las ,,roi:nerias y Botlcns.
AGENCII..-APARTADO POSTAL 183.--l EXICO

•

r

o'o o o

,.

::

:: ::

::

::

:: L

600 -•••,o

t§§::::::

=~~:::.'~i.:J.~¡"~:.•:¿:''.~'..'..
''º·ººº······••""'•"·····
a Apro"Xim
adoncs de al $60; una
anterior y otr■. post erior al nd·

•

aero _premia.do con

101

,.000. ........ . . ............

ll§t l
ªº'
'º'

t 7. 70(

111 próximo sorteo oon premio
,
mayor d•
1

) •

C5 o ' o

\

al premio de

100 Premio!I d e I

~,000..... . ..•... 1

••OOO

aprosimaclonu
al prem.'lo de 1 ,000. ............ 1
4,DOe
00 Premios de 1 20, ■.p ro :dmadooea
al premio de 1 10.(XX). ..... . . . .. . 1
Sl,000
'09 Termin&amp;kll de t 20, que se determinarán pnr las d o1 1lltimas el·
&amp;-a!I del bi1lete q u e obt enra el
,rem10 m ayo r de 1 60,00) ..•••. t l . . . . .
•o• Terminales de I a¡. que se detu·
minarin por las do• t\l timas d·
fr a.s del biUete que obtenca el

8,ea•
178.BeO

premio prlncipa.l de t 20,00J. ... t l

,~?et

hta111 q.. ucn u 'roW " ·· •
..-, Todos lo&amp; 'IOrteo'\ cst:ln hajo la -.,-tslla,»l'■.
&amp; 9Cción p enr,na\es MI Sr. O. ApolinarCutm•
~ n entor del G .. bierno, y d~ a n emplcd• d• la.
_.n111. G en eral de \;1 Nación .
(

&gt;9.olnaa: 1• San Franolaoo n"dm. Ul.

oo \'

yer!J!.oar'- en el Pabellón K ~ \ ••eril.oar'- en el P•bellón Kori1M trea da la t&amp;rde, ,.¡
1 lM u ._ m., el JuevM

Jn•••

1•m
•¡ 1

1 Premio principal de . • •••. ., 10,000
Premios
Pr-emloa de
de S
,. 1 ,000
eoo ......
........., ,o
5 Pr-emloa de ., 200 ..•... .,
O Premio• de .,
1 00 ...... ., t ,
l&amp;O Pr-emlos de ,.
40 •••••• ,. t ,
~80 Pr-emloe de,.
20 . . .... .,
,
00 Pnm1o!I d e 1 &amp; aproximaciooea

t
¡
\
1

Y:880

18:::::: l:881

¡¡¡ Pnaio• ~u.e hacen. un total •e •

6 ·
_.,__
___._
pr :xnno eon,.,o , oon P ~
mayor de
(

1

,.

2 Aproxhnactonc■ d.e t S l 0Of

e ►

OIUDAD DE :MÉXIOO.

~$

SE ENVllN FOLLETOS &amp;RlTIS.

O. •

u

¡ Premio
m ~ yor de .......... , eo,ooo
Premio prlt"Clpal d•······., 20,000

o5

1

:i.oo.

1uartoai S 1.00. - oeclmoa: 40 oeftta.
Vlcéslmoa: 20 centa,

,1,

PBE1!1I08:

1 II0,111.

PRIICIO 011 LOS BILLBTll•• '

l

U. BASSBTTI, Oerent•

i~nfraganti ! .....
( D ibujo de Joeé M. VUlaea.na..J

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92294">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92296">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92297">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92298">
              <text>16</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92299">
              <text>Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92300">
              <text>18</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92317">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92295">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 16, Abril 18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92301">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92302">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92303">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92304">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92305">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92306">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92307">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92308">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92309">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92310">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92311">
                <text>1897-04-18</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92312">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92313">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92314">
                <text>2017475</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92315">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92316">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92318">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92319">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92320">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1005">
        <name>Cuentos evangélicos</name>
      </tag>
      <tag tagId="1003">
        <name>Domingo de Pascua</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1006">
        <name>Jesucristo y el arte</name>
      </tag>
      <tag tagId="1007">
        <name>Livia Columba</name>
      </tag>
      <tag tagId="433">
        <name>Semana santa</name>
      </tag>
      <tag tagId="190">
        <name>Sombreros</name>
      </tag>
      <tag tagId="1004">
        <name>Viacrucis</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3538" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2180">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3538/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._15._Abril_11..pdf</src>
        <authentication>191378d4a0f0974d8205b8e8e50f0145</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117360">
                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(talle ae la Gllcalcerla número !Z'l,

li,ntre las callos ael I ae OOavo v Plateros.

A.NTES EN LA LA. 2CIS CA.LLE DEL

~

DE MAYO NUM. 4..

•

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad "M OSLER"
C&lt;&gt;NTRA ROBO Y

C&lt;&gt;NTRA INCENDIO.

8Hritorwa Planos, Escritorios de Cortina, Carpetas altas para tenedor de libros, Sillones giratorios. de tornillo y resorte en 9ran variedcul
Archiveros, Prensas para copiar, libreros 9iratorios,
Libreros con cristales, Ajuares de cuero para despachos, Máuuinas para escrilJ,ir y demá,s muebles para ofici,nas.

TOBOI.

IIIEXICO, ARRIL II DE 18cn,

N'VftER0I5

La máquina para escribir ••Esmith-Premier.••
UNJCO AGNTE EN LA REPUBLICA PARA LAS CELEBRES BICICLETAS "CLEVELAND."

El más c~mpleto surtido de accesorios para Bicicletas.

PATE EPILATOIRE DUSSER

dntrnye hasta las RAl~FS el ~l!LL9 riel rostro de las· damas (Bnha. Bigote, ttc.), da
run;,•1rn peligro para el cut 11. SO Años de Exlto. y millal'f's de testimo11io1 ¡:arantiun la elkada
de esta preparacion. (Se ,ende en caJu, pva ta barba, y en 1/2 caJu pan el bigote ligero). Pan
los bruos, empliese el P I.LJ.. t' U :tE. DUSBER. 1.rue J .• J .-Rouaaeau, Paria.

'"·"·ft·n·rJJ'4:N·M··M.,..N
..~...&amp;Jllt,.AJ&amp;a-f

GRAN CRISTALERIA

GRAN PREMIO, EXPOSICION UNIVERSAL PARIS 18C9

CALLE ALOAIOER1A NUMERO 210.---APARTADO 503.

. ::E-:Cigie:n.e de la Cabeza

la mas alta recompensa otorgada á la Perfumeria

\

EXTRACTO
VEGETAL
DE ROSAS Y DE VIOLETAS

ED.PINAUD

Vajillas psra mesa. JoPgo¡¡ de Cristal. Joegm1 lavamanos. Cuchillería y efectos pla-

teadot1. Lámparas de todos et1tilos y para todot1 usos.

Inmensa variedad de efectos de lujo.

8$

\

preparado con yemas de huevos.

La casa que tiene el surtido más compl~to y variado y vende más barato.

..

'\

FERFUMISTA-QUIMICO

PARll:;- 37, Boulevard

de Strasbourq,

37-PARIS

Se reciben novedades continuamente~

1

•

35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
del periódico La Eacuela de Medicina

AGENTES GENERALES

Fíjen,e en la SILLA
UE VOLTEO, la única biciclet1. que
tiene esta venta¡·•
la VICTORIA, a
más cómoda, hermosa y fuerte.
Las bicicletas

e,

VICTOR Y VICTORIA

tienen más reformas modernas y e::r.cluei vas que ningunas otras.
Pídanse catálagoe
y pormenores,
Trachsel y Cia.&gt;
Unicos ~ente6 para la Repilblica.
Apartado 349 Calle de Gante núm 8 1ur.uoe

Su co1UJullorio está :slluadü en la primera de la Pila Seca, número 8, JI

,,EL MUNDO''
REMATE
DE

t!&gt;O l;!icicle!as
Para h•c•r lwia•r t loa
NUEVOS MODELOS

DE 1807.

Se /tace el
20 POR CIENTO

introducirá próximamente grandes reformas.
Por hoy hacemos notar á nuestros lectores que el número actual lleva una página musical y algunas consagradas á las últimas
fantasías de la moda.

DE DESCUENTO

'-~ oUTINE"""'i'..1~~~~~:arad•••lilalll.

Por toda venta al contado.

y

O PORTUNIDA. D.

Hnmber, Stearus, Turist, Wiuchester,
Re~ord.
Máquinas usadas casi regaladas.
Pidan•• ceül.o . ..._, •r,4elqa •

HILARIO MEENEN,
Avenida Jridres no 6. México.

ADHEIIENTE.
INVISIBLE
falo j11omp,uad1 1• la •zpq1fti61J U1Jir1111,l dt 1181.

CH. FAV, Perfumista, 9, Ruede la Paix, Paris

Reservado.

(Suardar,e d• /H lmltaoionei y F1/11tfcacio11~. -

J'.6lllll0.A. JCSl'ZCLU. 4t

Sent.noi.l de 8 dt Mayo d• fa75).

.uzrr.i.s 4• '1'00.A.l)OB pan :I'.A.SZO 'F

CREMA CAMELIA, CBEIIA EMPEIIA TIJIZ.

POL fOS pan

'l'Z.A.'1'30

e111p0lvar loa eabelloa. Blondo, blanco.
IOJ'O 1 &amp;LA#CO en cbllpetu.
oro, plata 1 diamante.
1
ROJO ffQETAL en polYo,
ILA#CO -• ,EltU en poi Yo, blanco, riseo, lllcW.
ú,tcES ea pedalea para ennegr"IIW' veai.lN y oeJu,. ,ollADA ROJA para loa labloa, en lk)tu 1 en rollol.
lot ~ o s .. CH. PAY .. NOINAh'ut tft et ...... entaro•• ,, e&lt;'IU ~ k&gt;t Pri~llfllel PM'hl•bltd 'Drtpllta.

l
\

\

de este periódico en Centro América, Sres. J. M. Lardizábal y Compañia, Guatem3-la.
Estiin autorizados pa1 a arreglar contratos para anuncios y suecripciones.

da C011sultas tod08 los dfas, menDll los de fltl!i.a, de , d. 6 de la tarde.

\\

\.

1

$i'm\ii;5•"+w,w:oe'lll!.oW'~·••wie,•~"'
C.rta intereaante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

\

&amp;l

"0eraaaero Netrato ae ,9esucristo.

(P.ropledad artisttoa del Seilor Fr11a.01eoo Dustam.ante.)-;\·ea.seelarticulorelatlvo.)

�EL MUNDO

DOMIN60 11 DE ABRIL DE ,&amp;97
DOMINGO II DE ABRIL DE •807

"EL lllUNDO,,
Semanario Ilustrado.
R.éOisr&amp;ADO OOMO AETÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•atas tbitorialts.
1ra prospcriba~ ~scaJ.
La nota política dominante en estos últimos días, ha
sido el substancioso cuanto consolador informe presidencial, presentado el día primero á Jas Cámaras. De él resultan dos hechos culminantes y rada dfa más plausibles:
la conservación y consolidación de la paz pública, que no
ha experimentado la menor alteración en il último semestre, y la creciente prosperidad del fisco.
El ejercicio fiscal pasado se saldó, según se recordará,
con un excedente de importancia, y por la primera vez
en la histori1 de nuestras :finanzas, se vió constituida y
depositada en las arcas del Banco Nacional, una reserva
que hoy pasa de seis millones de pesos; eEe resultado
plausible se ha sostenido y acentuado entre Septiembre
de 96 y Abril de 97. Loa iBgreaos l&lt;"ederales en loa seis
últimos meses, pagan de veintiseis miaones, en conside•
rabie aumento sobre el primer semestre del año fiscal
pasado y en exceso sobre las previsiones del presupuesto
vigente.
Todo permite suponer que un nuevo excedente vendrá
á acrecentar las reservas actuales, tan necesarias para
precaver nuevos desequilibrios que pudieran resultar de
la baja que en estos momentos se vuelve á comprobaren
el valor de la plata. Mientras el fisco prospere, el estado
del país será satisfact.orio y la paz duradera, y á la sombra del 6rdenprosperará. el país en todos sentidos.

•
••

El informepresidencial _consigna muchas mejoras llevadas á cabo, entre elfo.a: quinientos kilómetros de auevos íerrocarrilea, nuevamente construidos; terminación
de las obras del Desagüe del Valle; inauguraciones de
faros y muelleH, avance considerable de obras en los
puertos, reparación de caminos y calzadas. La minería
manifiesta un inmenso progreso, representado por una
exportación de sesenta y un millones de pesos en el ejercicio de 95-96, sobre una exportación total de ciento cinco milloner,::; aumento en las solicitudes de concesión de
aguas para riego ó fuerza motriz 1 y otras más que sería
¡.irolijo enumerar.
Bonancible como es nuestra situación actual, más próspera la augura para lo futuro el Informe Presidencial, y
t.odo buen mexicano debe felicitarse del actual estado de
cosa.e que si ee debe al buen eentido del pueblo, nu se
debe meno:11 á. la ínteligencia y energ1a del Gobierno.
El Gener~l Diaz debe estar tan orgulloso de su obra,
como la Nación lo esti de su prosperidad material, y todos debemos hacer votos por la perpetuación de una bonanza que es prenda segura de futura grantleza para la
República.
LA SEÑORA MARIA ROMO DE DIAZ DUFOO

Después de corta, pero dolorosa enfermedad, falleció
el viernes ú!Umo, la esposa de nuestro querido compa•
fino Carlos Díaz Dufoo.
Ante ese dolor inmenso, ante ese hogar para siempre
huérfano, ante esa frente helada hoy, y ayer nada más
acariciada por auras de juventud y ráfagas de ilusiones,
nuestro labio permanece mudo, impotente para expresar el sentimiento que nos embarga.
L!I implacable y traidora eombra ha herido muchos
corazones y hace derramar muchas lágrimas. ¡Quién las
podrá enjugar! ¡quién podrá. ofrecer el consuelo!

l9trlítica ®tneral.
RESUM EN.-Ráfagas de lnquletud.-Otra vez la cues•
tión africana.-Egipto, Transvaal y el plan br1tánico.-Europa y la insurrecci6 ■ de Creta.-Las ambiciones de cada uno.-La mentira convencional
dela paz.-Grecia al aacrificio.-Conclusi6n.
En vano llegan amenazadoras á Europa ráfagas can-

J~ incendio, de •a llá del extremo del Africa Austral, donde se alzan en formidable competencia el ele.
mento germi.nico, representado por los ciudadanos del
Tranavaal y su orgulloso presidente Krueger, y el elemen--to briMnico, encarnado en la insaciable ambición del rey
dP.l oro, del porta-estandarte de la omnipotencia colonial,
del célebre agitador Cecilia Rbodes.
En vnno las arenas nubia!:', que hicieron retroceder esdt-11ll'::

pantado al héroe de Macedonia en sus legendarias con•
quistas, y han hecho temblará loe modernos hijos del Lacio con sus espantosas catástrofee, en vano las abrasadas
comarcas de Abisinia sienten ya la impresión imborrable
de los soldados de la Reina Victoria, heraldos de su grandeza y nuncios de su inagotable expansión territorial,
proclamando ante el mundo, que la presa tomada por
los modernos cartagineses no se arranca fácilmente, y
que la posesión de Egipto será aplazada indefinidamente.
Absorta la Europa en la contemplación del drnma que,
iniciado en las escabrosidades de Creta, puede tener sangriento desenlace no sólo en loa desfiladeros de Tesalia
ó en los agrios acantilados de Macedonia, donde se hallan frente á frente dos razas y dos civilizaciones, sino
en cualquiera parte del mundo occidental, en cualquier
punto de las monarquías cristianas donde se dan cita
todas las ambiciones y concurren en abierta pugna todas
las concupiscencias: no quieren considerar las potencias
otro asunto, o.i atender á. más conflictos que al desarrollado á favor de la barbarie musu1Dl8na y por virtud de los
arrebatos líricos del pueblo helénico
Sin atenderá protestas que venían de Francia de modo
ostensible y de Rusia con prudente cautela, sin escu~bar
amenazas que provocaba su política invasora, cubriendo
sus pretensiones con el pretexto de auxiliar á los italianosen los descalabrossufrido3 en las llanll}'asde Erythrea,
vrganizaron los ingleses su expedición al Soudiin que ter•
minó por la caputra de Dongola; y tomando nuevos pun•
tos de apoyo y adelantando siempre hacia las fuentes del
sagrado Nilo; afirmando su dominio sobre las posesiones
del Jedive, amenazando por una parte las colonias extrafias del Africa Central, y se aproximan á esa conjun•
ción anhelada que ha de envolver en apretada red todo
el continente negro, desde A.leJandría hasta el Cabo de
las Tormentas. Firme en su propósito ]a Gran ·Bretafia
de adueñara~ de todas las tierras del oro y del marfíl y
ejercer su omnipotente influjo en las fértiles comarcas
africanas, ya que la primera intentona contra el Transvaal fracasó por la precipitación de sus c~udillos al llevarla á cabo, se prepara á. nuevasaventnras y se apresta á
nuevas invasiones que la han de dar el anhelado triunfo,
si las naciones interesadas en conservar sus poaesíom~s y
su influencia no acuden apresuradas en auxilio de la República del Tranwaal y del Orange, unidas para su propia defensa, pero incapaces de resirtir á. la abrumadora
catástrofe con que se Jas amenaza.

*

¿Quién piensa ahora e; l~ comarcas africanas, por
más que sean ó puedan ser espacio á la expansión incesante de la.población europea, y campo fecundo , la acti vi.
dad de las masas que, estrujadas y comprimidas: buscan
salida en Jas agitaciones socialistas, ó estallan formidables en las explosiones de la anarquía? Quién se ocupa
en loa copllic~os que puedan surgir en el territorio de
mat.abeles y zulúes, de abisinios y sudane~es, cuando la
atencióll toda del mundo occidental está concentrada en
la divina Hélade, madre de pueblos, progenitora de
dioses y cuna de la civilización occidental?
Francia, á pesar de su tradición republicana, de sus
aspiraciones democráticas, y de la atmósfera de radicalismo que la ha envuelto en los últimos afioa, vería con
verdadero regocijo el advenimiento de un protectorado
sobre Siria, que pusiera en su poder lugares santificados
por la historia1 poetizados por el mhticismo y divinizados por la religión; y aplaudiría con entusiasmo la adquisición de ese botín, si lograba al mismo tiempo ensefiorearse de la tierra faraónica, fin y remate de todas sus
ambiciones, y hermosa realidad de sus más bellos en•
sueños.
Rusia eye el clamor de sus sacerdotes, que desean cantar sus salmodias y celebrar las ceremonias de su pomposo rito bajo las augustas bóvedas de Santa Sofía; escucha
la voz de sus campesinos que suenan con las fértiles llanuras de la Mesopotamia, en medio de la tristeza interminable de la estepa; y atiende al alarido d.;il cosaco que
pugna por acampar en las encantadas riberas del Bósforo
y ambiciona, siguiendo la fuerza de su destino, cumplir
la frase más importante del testamento de Pedro el
Grande.
Austria desearía varse definitivamente instalada en
Bosnia y Herzegovina sin reclamaciones ulteriore81 extender su influencia directa sobre los pueblos esclavones
que forman part:,e de ]os R;tados B.i.lkánicos. reinar como
úuic.i soberana sobre toda la cuenca del Danubio y apoderarse del gran puerto de Salónica.

Alemania, que no tiene interés direclo éinmediato en
las comarcas encantadas del Oriente, y que por su alejamiento no pretende nada en el reparto del imperio bi,
zantino de los Q.3manlíE&gt;s, aspira eí á poseer un puerto en.
el Mediterráneo, única manera de tomar ingerencia en
los grandes acontecimientos que por ley histórica se han
desarrollado y tienen que desarrollarse en sus costas
accidentadas. Nada sería mejor para sus tendencias ni
la ayudaría más ea sus aspiraciones1 que verse duefia de
un punto de apoyo en ese campo vasto donde se han representado loa má.s tremendos dramas de la humanidad.
Arrebatar Trieste á su aliada Austria-Hungría, que lo posee con mengua de los derechos alegados por Italia, sería
el colmo de sus más risuei'ias esperanzas.
Inglaterra no es la más modesta en sus pretensiones:
afirmar legitimamente la posesión de Egipto, que ha retenido en medio de las protestas de todos y las recriminaciones de los más, no es su único anhelo, aunque es la
parte principal de su programa.
A Italia no le sentaría mal encontrar compensaciones
á sus desastres de Abisinia, ni vería con malos ojos el
aumento de su influencia en las costas de Berbería.
Y en medio de todos estos intereses encontrados, de
estas aspiraciones que entrechocan, de estas tendencias
contrarias y enemigas: ¿quién nové claramente lo que se
oculta tras el decantado concierto europeo, tantas veces
alegado en ia cruzada anticristiana que se ha enviado 1L
loe campos de Creta? ¿Qui~n no mira, no el deseo de proteier al turco ni la intención de perseguir al indefenso
cretease, ni el objeto de oponerse á los sueíios del Rey
de los Helenos, sino la manifiesta voluntad de conservar
la paz, con el fin de que ninguno baga oste.neibles sus
ocultos designios y sus secretas mirM, antes que loe otros
hayan madurado el plan que los ha de conducir al logro
de sus aro biciones?

*
••

Por eso se ven esas vacilaciones en el programa impuesto á loe almirantes que mandan las escoa iras extranjeras en las aguas de Creta. Por eso esa rabia reconcentrada contra el gabinete de Atenas que, sabedor de lasrivalidades mal encubiertas de las grandes potencia3, resiste solo y abandonado á sus propios esfuerzo&amp;, la tempestad que contra Grecia se desata.
Primero fué el bloqueo de Creta, para obligar al rey
Jorge á. retirar sus tropas, después la amenaza de1 bloqueo de los puertos griegos que aun no se lleva á cabo·
ahora es la conminación olímpica pa1a el que rompa la~
hostilidades en las fronteras de ::\facedonia. Eso formó lo
que pudiéramos llamar el programa de las amenazas. El
programa de los halagos ha ido creciendo también: primero fué la autonomía prometida '1 la revuelta isla, luego la sumisi(?n de la Turquía á. las decisiones de los poderosos, y hoy es el gobierno ofrecido al príncipe Jorge
de Grecia, como compenaación á las impaciencias de loshelenos y á los martirios de los cretenses.
Si las amenazas no han sido bastantes á sofocar el movimiento heléaico, nada valdrán los fútiles halagos. La.
patria de Milciades y de Canaria, que aun snefia con los
frescoSI lauro:; de Maratón y de Plaeat, no está disp\1esta
á ceder ea su tenaz empeflo.
¡Quién sebe Casta dónde lleguen las p.::,tencias en sus
inicuas pretensiones! Ojalá no tengamos que presenciarel sacrificio de la Grecia desvalida en el altar de las ri validades secretas ambiciones comprimidas, que se ocultan en la mentida aspiración á la paz universal!

X.X.X.
8 de Abril de 1897.

OTRO PAGO DE $25,6o4 DE "LA MUTUA"
EN 111:E:XICO.
.J la Sra. Ctotüde C. viuda de Be-jarano, dR Topachula.

Tapachnla, Mnzo 16 de 1897.
:::iefior D. Carlos Sommer, Director gener3I de ''La.
Mutua.''-i\ié-xico,
Muy estimado sellor:
Sirve esta paN certifi~~r á nstdd que hoy nos han sido
pagadas las pólizas números:
389,886 por ............................... .. $ 2,000 00
429,+77

,, ············•· .................. .

~:i~t :: :::::::::::::::::::::::::::::::::
la devolución de premios.

»

3,000 OU

)) 10,000 00
11 101601 40 con,

Sofamente puede afirmar-est;e pago el ya inmejomble
c~to de la Compañía al digno cargo de u:1ted, y le autonzamos para que haga el u.:10 que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
~mos de usted atas. , aftmos. SS. SS. - Ctotilde C. deBryarano.-Como su tutor, A lrjurtdro CJrdova.

1111 SEMANA SANTA.
(Alcali.-Guadalajara.)

En la cort,.e de las Espaf1as1 siempre tendremos que
-echar de meuos dos cosas: mar ó r10-mucha agua jun&amp;a!
-donde rPcrear los ojos, refrigerando la sangre con brisas de deleic.osa humedad, y un r.emplo grande, una caied.raJ adonde ret.irarse en días y horas en que el espíritu pide recogimiento y contemp1ación de algo muy ea~ble, muy augusto, muy estético á. la vez. De esta necesi~uu, ":1~ aún que de los preceptos de la higiene y las
1wpo1:11c1one.s d~ la moda, se originan las salidas veraniegat1 á respirar los aires del Cambr ico, y la costumbre,
que va arraigándose timidam1;inte, de pasar fuera de Ma&lt;1rid los d1as de Semana /Santa.
/Sevilla se lleva lo granado, la gent,e rica y más amiga
de iIDlazarce en las tiendas de la ieria, que lle meditaren
la t'asión. Después de SeV11la, Toledo con sus magni.fi.
ce;11,cias monuwentales y sus horrores posaderilea, des-critos por Galdós en Angel Uuerra . ..... A Toledo ya no se
va umcamente por divertirse (en el eentido burao de la
palabra); se va por instinto art1stico, por retinamiento
religioso, y unas miajil1as por costumbre. Lo que no se
le ocurre a nadie, ó por lo menos se les ocurre unicamente á media docena de curiosos por afio, es lo que hice yo
en los d1~ santos del 01: internarse en la Alcarria, y
visitar dos joyas del arte español: el palacio del Infantado y la cat.t,dral-fortaleza titi bigÜtmza. .Pues yo les f10
~ lus que quieran seguir ~te mismo itinerario, que meJOr lt.luJadut1 y ruaur.t:nidot1 que en 'fult:,do, estaráu en Al·
cala, Slgüenza y üuadalú.Jani, en primer lugu, porque
peor que en 'foledo no ca~ tm los terminot1 ui:, lu poeinlti; y en 1:1egundo, porq•.le no relativam~me, srno eu abBOlULo, las tundas que lle recurrido son muy aceptables
Y s1rven cowida saua y exceltmte. .No traigo de eUas la
t.ernble impresión, qu~ jamás se me borrar&lt;1.1 U.e cuatro
dia1:1 t-0ledauus, con anguilas de rJO y angu11as de maza·
pán, sm otro alimento que ayudase ii cuullevar wu ex,
,rana penn,encia.
.::iahwoa de Madrid para Alcalá por la tarde, con un
dia u.legre y delicioso, t.empiudo, 1impido1 de esot1 d1as
Ca6t.ellanos en que el 1:101 v11:1te de gala y derrama subre el
a_nctu y desnudu terrullo, los rojo1:1 ronus de ta maremma
-SJeJJeea. Las praderiaa del Henares, no visitadas por la
pruuavera tod.av1a, aún no e1:1tre11arán su tú01ca de vert1or, Y. el rio espejt1aba sin una mala sombm lle ramaje
.que a.tese á sus aguas el encanto del velo, del wisterio y
ae la frescura. r'ur eso no me pareció tan lindo como
a:traa veces, cuando pacen sus onHSH herbotas tus rorus
libres, pac1ücos en su sol.edad cuanto 1uriusus después
en el tSSngrienr.o anfiteatro. He ido lllUchas wces iL Al-ca1tÍ. á .tint:is de Abril y en todo el met1 u~ .Mayo, epoca en
que celebra 111, vieja ()ompluto su tamotm prw1;i1üon de las
ó'u1ttm furmas1 y eu esa e1:nación del aílo ed amenisimo el
corto trayecto.
i-:oco ruás de las cuatro serían cuando llegamos á la estación de Alcalá, que dibta de la ciudad cusa de medió
kilómetro, .si no we engañan las piernas, pues no hay
ómwbus ru coche que Ht:v~ zi. los viajeros. Un chiquillo
encaniJado cargó cyu nuestros malet1nes y nos guió á la
fonda ue Hictatgo, la mt:jurcit.a del pueblv, segun nuestro guia. u¿Nos tmeeñar11tt después e1 archivo·t11 Je pregunté. 11 Yo no sé el archivo,&gt;&gt; conLestó at.ónita la criatura,
-en vista de lo cual resolvimos buscar el archivo noso,ra1:1-la empresa no era dlficil y 1a hubiésemos realizado á no aparecerse por al11 un hermano mayor de nuesti:o porta 10:aletas ,más enterado que et y d.i1::1puesto á serv1ruus t.ie cicero11e,-86lopodfa ahorrarnos a1guna pérdi&lt;1a cte t1empo 1 ei nos equivocábamos en las callejas nada
r~!utiltas_ d.e Alcalá; por lo demás1 el archivo es para mí
.sitio familiar: baswmt.es veces me he detenido en su afiligranado patio, al pie de su grandiosa escalinata, y rec~o la vista en los prolijos y delicados modillones de
la plle~cilla que precede al arranque de la balaustrada.
-.Pur c1e!'O que en loe tres ailos que llevo de visitar con
.alguna as1du1d.ad este rico monumento donde viven tantoH recuerdos y tantas glorias, nuoca veo que adelanten
las ooras de restauracio.o, en buena hora impulsadas,
despues de la visita del rey Alfonso XII, por el conde de
To~no. La muerte de este prócer debió contribuirá pa.n.h.z.arJasi y no hay esperanza de que las active el actual
~1mstro de Fomento, que según propia confesión está
dispuesto á dejar arruinarse ¡el claustro de San J ua.n de
los .H.ey~e, nuevamente restaurado! fundándose en que
•!as nac~onea pobres, como las peraonas de mala poei •
-ció~ soc_i..l, no deben poseer joyas ni galas.)) Aguarda con
~1enc1a el magnifico salón de Concilios su pavimento,
Ins:&gt; de azuleJena y tapices cnlgades, que completen el
esplendor de un recinto que por sus dimensiones y por
la riqueza de s_us árabes ventanas de ataurique, portadas
Y ~no, es úmco en España,-según repite, entre envanec1d~ y melancólico, el conserje.
. Dedicado !i, archivo general, el palacio del gran arzobispo Tenono, fué restaurado y atendido en gran parte
(y Jo poco 9.ue falt~hace D;láesencibl~ el abandono, apa•
tia Y penuria que llenen rnterrumpidos los trabajos.)
Há..l!an5!3 los legajos dPl archivo clasificados con esmero
en l~mp1oe estantes; los techos de casetón y ensamblaje
~e neas maderas al estilo renaciente ó de morisco alíarJe, están como nuevos¡ los preciosos ventanales rehechos
conforme al modelo anti.gu';), no dejan que de~ar, y únicamente. los moder~os vidnos de colores y la viveza de
oros y_p1nturas lastiman algo la pupila. El tiempo los
amortiguará, y entonces todo el edificio adquirirá la armonía que hoy le falta.
Lo que nos sobró de dfa después del archivo Jo em_plea!Dºª en ecbar una ojeada al patio de la antigua lJnivers~dad de Cisneros ...... la Universidad donde lucieron
-su b1rre~ las doctoras.- Au1;1que ocupado el edificio por
un colegio de Escolapios, bien puede su melancólico assu silencio y decadeucia, autorizarnos á repetir
as palabras de un entusiasta de los monumentos espa-!].oles! allá por los años de 1848: -Todo ha muerto en el
.intenor del edificio, condenado ya á perpetuas vacacio-

J:°to,

EL MUNDO

ne3 ......... Las aulas silencio3as y vl\cias, cubierto.3 de
hierba::i los patios, el claustro principal destituido de la
única anim~ión y belleza que podian comunicarle alegres bandadas de estudianks inundando á horas fijas sus
tres órdenes de galerías, ó rodeando el barroco templete
de la fuente que en medio brota ......... » Hoy no existe la
fuente: de ella supongo que se hicieron los dos graciosos
pozales con cisnes y conchas que pueden verse en cada
patio. ¡Pero qué triste, qué solitaria, la creación de Cis•
neros! En el l'araninfo se me abatió el alma1 leyendo por
las_paredea, sobre humildes tarjetones de cartón, nombres que debieran grabarse en bronce, entre ellos el de
una doctora de Alcalá. El año O de este siglo aún contaba la Universidad de Alcalá quinientos alumnos......... .
Ya iba obscureciendo cuando entramos en Ja Magistral,
donde algunos canónigos principiaban á. entonar el rezo
de maitines, y otros salían precipitadamente de la sacrid•
tía hacia el coro, para incorporareeásuecoropañeroa. Un
sacristán, de fisonomía á la vez ladina y franca, de ojos
claros y lleno.3 de fe, legítimo paleto casrellano, se encargó de abrir la cripta ó capilla baja, donde reposan las cenizas de los santos niflos Justo y Pastor, tiernos mártires
cantados por Prudencio y patronos de Alcalá, degollados
bajo Daciano. La cripta ea sombría, pero apenas el sacristán enciende un cirio, vemos el camarín, su bóveda
de ahumades espejuelos, y la urna de plata que contiene
los cuerpos de las dos criaturas, arrancados á la devoción
de los oscenses, que no querían ni á tres tirones restit.uirlos. Indicando yo al sacristán cuánto me gustaría v~r .las
reliquias de los niílos, el buen hombre me las deacnbe
de un modo algo fantástico. Según él, aun se les conocen
á aquellos sane.os cenfüsores de la fe utas piernas, calzadtlB
con st1 zapaüto y su media blanca y su pantalonci~ bor·
dado.» Renuncio á comprender tistos dtitalles de rndumentaria en unas criaturas martirizadas en el siglo Uf, y
oigo con singular frición imaginaiiva la pintura del cuer·
po incorrupto del b.umilde lego franciscano San Diego de
Alcalá, aquél á. quien los ángdes. con sus propias ~anos!
ayudabau en las faenas de la cocma. El cuero-segun mi
sacristán-hállase en apariencia de vida, flexible, natural; su carne cede á la presión de los dedos. «Nadie dees•
te mundo lo ve,• afiade, pa~eando su cirio por la piedra
tefl:da por la sangre de los mártires y que conserva lasefial de sus ropilla.31 mientras á mf se me hace agua la boca, de ganas de admirar el cuerpo milagroso.
Dormimos en Alcalá, y á. las o.1ho de la manana, favorecidas por el mismo tiempo apacible y despejado, tomamos el tren que noff lleva á Guadalajara. Apenas nos
apeamos en el desmantelado patio de la fonda del Norte,
se me ocurre que, disponiendo de un día entero y verdaderv, debiéramos alquihu un carruaje é internarnos en
la Alcarria, donde nos convidan tentadoras excursioaes
-Pastrana, Hita, Cogolludo.- La ocurrencia prueba mi
ignorancia topogdfica: el más cercano de estos pueblecillos dista r,eis leguas de Guadalajara, y la jornada nos
obligaría á hacer noche en él.-Convencidos ya de que
en Guadalajara teníamos que entretener todo el día de
Jueves Santo, empezamos por asistirá los oficios en la
iglesia de Santa María CU ~fuente. Concluida la ceremonia no.:1 deparó la fortuna encontrar en el Gobernador de
Guadalajara-ya destinado á Logroü.o, perv no trasladado aún-! un amigo de las juventudes de mi padre, el titulo mejor á mi amistad ...... El señor Cam!\cho recordaba
haberme visto jugar y correr en mi casa la CoruHa, siendo
tan niíla, que ni memoria conservo de esa época¡ recorda·
batambiéncou venemción y ternura, á la ilustre condesa
de Mina, amiga de mi padre iguelmente¡ y tu alegría al
verme en Guadalajara, y la cordial y obsequiosa hospita·
lidad que desde aquel punto ejercitó con las tred viajeras,
me probaron que le había sido gratfsimo evocar aquellos
recuerdos.
Con tan buen introductor, se nos abrieron de par en
par las puertas de las tres curiosidades mayores que en•
cierra Guadalajara: El palacio del Inlantado, hoy asilo
de huérfanos de la guerra,-el panteón de los Ü:!lllnas, y
la capilla de los U rb1nas. Ante todo, el palacio.
Testimonio de la fenecida grandeza de una casa aemiregia1 que en determinadas circunstancias pnso la ceniza
en la frante al trono, álzaee el palacio del Infantado en
el punto más visible de Guada\ajara. Impresión extrafb
causa su fachada mayor, de piedra que el tiempo tiñó con
acara..nelados tonos: la originalidad del recargado estilo
tiene algo de decoración pomposa deetinada á servir de
fondo á alguna comedia del siglo XVII, algo de estrofa
de poema caballeresco italiano, y nada de la severidad
espaflola ni del miaticisrno gótico. Increible parE&gt;ce que
el mismo arquitecto del claustro de San Juan de los Reyes sea el del palacio de los Mendoms: él fué, sin embar•
go, quien recamó, á estilo de manto bárbaramente fas·
tuoso, este edificio, testimonio del orgullo de una dinastía de magnates, que pudo ver en sueños la corona. Como tachones de pedrería, conslielan la fachada gruesos
clavos, las dos colt1mnas que la sostienen eet.án labradas
lo mismo que una joya; la ojiva de la puerta luce, á modo de collar, primorosa inscripción; el testero, que remata en lindo arco rebaJado, tiene la complicada labor de
un relicario. Loa gritos que sostienen las enjutas, el águi•
la del yelmo, los velludos salvajes que, apoyados en gi•
gantescas porras, sostienen los blasones, dan á la fachada
un caracter que recuerda poesías del A.riosto ó del Góngora. Falta allí seriedad castellana, y hay en cambio un
derroche de fantasía propiamente italiano ó portugués.
Confirmo est.a idea al entrar en el patio. que tanto recuerda el claustro de lús Jerónimos de Belén y el ornato
excesivo y caprichoso de la arquitectura 111an11elintJ.. Verdad que las columnas del primer cuerpo son de extremada sencillez; en desquiLe, las de la galería snperior ofrecen el acanalado y la hojarasca del estilo plateresco más
rico, y se coronan y guarnecen con dobles randas de piedra, caladas, ajedrezadas, encintadas, realzadas por ali•
mañas quiméricas é imposibles. y tan finas, que los o:6.cialee encargados del Asilo de Huérfanos las hacen limpiar con plumero, lo mismo que se limpia algún primoroso juguete de sobremesa.
Ni la fachada ni el patio son, sin embargo, las mejores

preseas del palacio del Infantado. Destruidos los incom•
parables del alcázar de Segovia, juzgo sin par sus teclioe,
sobre todo el del salón de Linajes, curiosa muestra de la
eecultura civil española. Nuestro arte escultórico, absorbido por la imai{inería religiosa, no aco~tumbraba repro•
ducir la vida social de los siglos XIV y XV. En el salón
de Linajes, el techo propiamente dicho es un encrespado
piélago de talla de oro, un dorado mar que se helase de
repente sin perder la caprichosa oscilación de su revuelto
oleaje: el suave tono mateé intenso que adquiere el do·
rado al pasar los años, hace más opulenta y hermosa tan
rica bóveda, y la realza, alejándola, la sorprendente curnisa ó galería, cuyo adorno forman, no sólo los blazones
de la estirpe de :llendoza, sostenidos por altaneros grifos,
águilas y leones, sino-detalle más curioso, y cuya riqueza es indecib!e-góL:cos doseletes que cobij1m á parejas
de damas y caballeros, representación, según dicen, de
los ascendientes de la casa; bultos de meQ.io cuerpa y-si
no me engaña la distancia-de tamafio natural, pintados,
dorados, estofado!, vestidos con trajes de la Edad Media,
sonriendo la dama al caballero con delicada cortesía. U a
sarao de nobles castellanas y guerreros, un sarao eterno,
-elegante, her,ildico. ¿Qué sería este salón, cuando revi~tiesen sus paredes ricos tapices y celebrasen en él fiestas
6 aparatosas ceremonias sus opulentos sefiores?
Hoy es capilla del Asilo. Así como los cadetes de Segovia disfrutaron del regio alcázar con sus techumbres
de oro y zafiro, que no les importaba un bledo, porque el
muchacho, como el salvaje, es casi siempre indiferente á.
las impre:!iones artísticas, los chicos del A.silo de Guada•
lajara usufructúan aquellas bóvedas de hadas, que regularmente les tendrán sin cuidado. Debo, no obstante,
hacer una advertencia: el A.silo de Huérfanos, fundación
nacional impulsada y llevada á fefü; término por la generosa y firme iniciativa del digno marqués de Novalicht'B,
no ha venido á profanar uu admirablt, monumento, si110
á."ofrecerle las únicas garantías de conservación que tenía,
al deshacerse de él, dejándole en muy deplorable estado,
su duei'io el duqúe de Osuna. Si allí se establece1 v. gr.,
un casino ó una fá.brica, las balconadas de encajes, los techos de estalactitas de oro habrian de sentirlo. Los iRteligentes y celosos oficiales que hoy están al frente del Asilo,
han comprendido quE' tienen do3 deberes, el uno explícitamente aceptado, el otro tácito y moral, pero no menos
estricto: cuidar é instruir á. los hnérfauitos, haciéndoles
todo el bien posible en alma y cuerpo, y velar con igual
cariño por el palacio de los Mendozas. Ambos deberes
cumplen religiosamente, reparando los desperfectos del
palacio hasta U.onde lo p~rmite 8J1 limitado presupuesto.
Del palacio eubimos al castillo, no sin detenernos antes en la capilla de los U rbinas, juguetillo ó monería arquitectónica, desgraciadamente conver~ida en depósito
de carros, y no sé si en cuadra. Vis telarañas trepan á
su gusto por los delicados adornos de estuco, y tienden
su cortina polvorienta por encima de los frescos, y á la
parte exterior, uno de los torreoncillos que componen
su original arquitectura mudéjar yace derruido. Por el
suelo, entre paja, lodo é inmundicias, puede verse todavía el blasón de los Urbinas, el roble, esculpido sobre
una lápida sepulcral. Para mayor dolor, la capilla de los
Urbinaa está en venta, y si lacompraalgunápersona ajena al arte y la derriva y levanta allí una casa de cinco pisos, al seductor estilo urbano del siglo XIX, nos lucimos
como hay Dios. Bien podrían el Municipio ó la Diputación provincial de Guadalajara adquirir ese bibelot, ese
objeto de cristalera, que no costará muy caro, ni requie •
re gran desembolso para restaurarlo convenientemente y
devolverlo al culto, trazando alrededor uo. jardincillo.
El castillo, ó mejor dicho el atiguo convento de franciscanos, antes del Temple, domina, al extremo oriental
de Guadalajara, la ciudad. Ocupan su recinto y grandiosa iglesia ojival los ingenieros militares, que han adornado la nave profanada y vacía con arcos de armamento y
fornituras, decoración severa, casi artística, y ·á. poco que
la imaginación se exalte, grave y religiosa. De ll.ll( bajamos al panteón de los Mendozas, nuevo y formidablt:, t.estimonio del poderío de nna casa que se atrevió á envidiar
el últimodescaneode los reyes, y á. competencia con el panteón del Escorial, y en opinión de muchns, eclipsánctolo,
ee labró tan ostentoso entern; miento. Parécese mucho
al del Escorial, sólo que dominan en él los mármoles ro•
jos. Hoy no duerme ningún Mendoza en las regias urnas
de pórfido. El panteón fué profanado por los franceses,
y los restos de tanto noble personaje, mezclados y con•
fundidos, se trasladaron á la villa de Pastrana. Hay un
contraste penoso entre la magnificencia de tan rico:; mármoles y el abandono y deeofación que el panteón respira, con su altar sin imágenes ni luces, con el frío gla•
cialde su soledad de piedra. En el helado fondo de aquella tumba1 recordábamos la decadencia de la CiU3a de Osuna, en tiempo de Fernando VII, representada todavía
por el magnate, de quien se refieren mil consejas asegurando que se dejaba atrás las ponderadas prodigalidades
de los asentistaE franceses con Luis XIV y Luis XV, ofre•
ciendoal rey, á guisa de combustible para freir un par de
huevos ensarten de plata, nn fajo enorme de billetesque
representaba todo el caudal del anfitrión. (1) lloy el palacio de los Mendozas ha sido enajenado; sus escudos de
armas, cantados en el Corlo famoso, blasonan á un colegio, y el desvastado panteón es una ironía más en tan
alta ruina ..... .
Los viajes por España son, en su mayor parte, visitas
á los muertos. Ellos se llevan la mejor de nuestras impresiones: nuestra historía está escrita en los sepulcros.
El paTlteón de 0füna sugiere más ideas amargas sobre la
desdicha de nuestra aristocracia, quepuedesugerirla famo·
sfsima novela del POOre Coloma; y la verdadera curiosidad
que me dejó atrás en G11adalaja, es el EZa.rcófago donde
yace depositado el cuerpo incorrupto de doña María Coronel, viuda de D. ,Juan de la Cerda, la que se desfi .;uró el
rostro con un tizón ardiendo por no romper la M couyu~
gal.
EMILIA PARDO BAZÁN.

l (1) No respon1o de la eucfüud de esta l eyenda.

�EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de 18g7
EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE ,891
GRECIA Y EUROPA

~aile ae:fanlasia efecluaao en el (!aslno llfrancés la noclte ael sábaao i ael actual.

Una manifestación.

No ineistiremos 1-,,bre la cueetion cretense, -preocupación actual dl"l mundo entero, sino para dar atgunM nui-V1t8 ilmtraciouee, que son el retrat.o del coronel Ya8e11~. jdt- del cuerpo expedicionario griego en Creta1 el de Th~od,1rv Dt:lyannis, primer miuistro griego¡
una fotng.r , fia J,lj la manifestación habida ant.- el palaciodel Rey Jorg'-', para protestar contra las medidas corree·
ti vas de l~i;J potencias; la caza de un buque griego que
llevaba un contrabando de guerra para Creta, llevada á.
cabo por un cazatorpedos inglés1 y, por últicoo, la recidencia del Rey Jorge en Corfú.
Reepecto á. la cuestión cretense, nueetros lecto'res eaben por los diarios telegraruse que sin duda leen con interes, el aspecto que torna cada día, incierto en verrlad, y
cuya definítiva no puede preveerse. Quien dice que debido á los buenos oficios de la emperatriz viuda de Rusia, hermana del rey de Grecia, el Czar se ha comprometido á. apoyar á aquel huta donde lo permitan los intereses de su omnipotente imperio; quien afirma que hay
un acuerdo eecreto entre Inglat.erra y Francia para dar
un rumbo del todo inopinado y diverso al conflicto griego-turco; qu\en pretende que el temido bloqU('O dei Pireo por las escuadras combinadas no se llevará á. efecto.
Llegan rumoree de guerra de la Frontera de Thel:!alia,
donde el duque de Esparta asumió el Mundo de los eJércitos de eu padre, prestos á. lanzaree contra el t11rco que
por su parte nose descuida, reclutando gente y artillando sus fuertes en la mísera isla foco de la insurrección,
magüer los buenos 6 malos oficios. de laei potf- ncias. sigue
f.&gt;scuchándose el gemido de las víctimas y el alarido de
una guerra sin cuartel.
En tan dificil situación las previsiones todas son vanas y sin valor y no vale husmear los rumores diplomá•
tioos de las «anci llerfas.
Se espera saber de un momento ti otro el nuevo proyecto de l\iI. Hanotaux, ministro de ~laciones en Franc-ia, que deberá resolwr el problema contint!ntal, asf podrlamos llamarle, que encarna la cueRti6n cretense-, 6
cuando menos, proponerle una resolución más efectiva,
y la atención universal Eigue concentrada en la Iala donde bregan tan grandes y encontrarlos intererne.
Que este nuevo proyecto sea eficaz 6 que o.o lo sea, JQ
cierto es que la insurrección ereteme f sel movimiento orgánico de un pueblo, que 110 cesará con el paliativo de
reformas y promeeas. Mantiénenlo odios legendarios de
raza y más que todo la convicción íntima é indestructible de que solo la unión de Creta á Grecia compadece los
interese!! sagrados que bregan
Es esa rebeldía tremenda contra un poder ominoso,

•

•

Llaga contra rl sih&lt;:'io subl~mda

nsando la valiente expresión de uno de nuf'stros más graneles poetas, y eabido es que el paliativo no sana las (d.
ceras.
Si Europa acierta á resolver la cuestión cretenee de
otra suerte qne como los cretenses mismos lo desean, no
habrá hecho más que 9,plazarse el choque temido por su
dificil equilibrio, pero el problema quedará en pié, continuarán las iras su fnruento terrible en los ánimos exal tados y maña.na, la hidra surgirá de nuevo, más formidabif&gt;, más tremenda, más amenazadora ..... .
Dios proteja á los que defienden su derecho. Dios sal•
ve á Creta, que es con la Belos esplendente de los tiempos heroicos, la gloriosa abuela de la humanidad.
Cuando Dios borra es porque se prepara á eecribir.
Bo1t,'rll,(f.

Una manifestación ante el palacio real de Atenaa.

En la guerra los planes abundan; lo difícil ~ea la ejecución.
Duque de Amnale.

Un amigo os pide dinero: ved qu~ qaertiia perde1: el
diuero 6 el aruigu.

No hay comn las genU"e que hacen oficio de alegres,
para tsta1 trides y mtlancóJicae.

.1.Vurr~Jlonnier.

•

.

Gspeclo ael salón.

La cuestión crctensc.-Captura de un buque griego con contrabando de gu,.,.rra, por un buque in&amp;léa.
(Dibujo de Carlos A.leal.de.)

IveUe Guilbert•

�234

EL MUNDO

DOMINGO 11 DE ABRIL DE 1897

Coronel Vassos, Jefe del Cuerpo Expedicionario grie-

go e11 Creta.

Costumbres Af'ricanas.
UNA FIESTA RELIGIOSA

Los ingleses, que han pbntado su bandna en todos los
rincones del orbe, están en aptitn 1 de observar las coetumbres más exóticas en los pafses más lejanos, y en la
India y en el .A frica Jea es dado coi templar con su .flema
y tranquilidad de espíritu habituales, cuadros verdaderame1Jte pintorescos de animación popular en que lo sagrado y lo profano entran por iguales partes.
En general, en 1os pueblos patriarcales y primitivos,
no hay más que dos grandes móviles determmantes de
las conmociones populares, séan estas del género que fueren: la tendencia belicosa y la tendencia religiosa. A ve-

ces ambas se adunan, y no es lo menos frecuente, de
suerte que en las grandes festividades que siempre son
litúrgicas, junto á los emblemas religiosos se advierten
los emblemas guerreros.
Tal acontece en la India en las grandes ferias y tal asl
mismo en la procesión religiosa efecmada en la ciudad
de Kombakonun, del misterioso continente africano, denominada del Mahamakan, la cual se efectúa en la primer semana de Marzo.
Centenares de millares de negros desfilan por las calles, llevando colosales carros que sustentan unas torres
de arquitectura extrafia, las cuales constituyen eímbolos
religiosos.
El espectáculo de aquella muchedumbre es indescriptible, y raya en verdadera locura el entusiasmo reli~ioso.
Pero más que todo sorprende las miradas del vrnjero
el aspecto de aquella inmensa multitud, cuando, pasada
la vrocesión y para purificarse según sus rito~, se lanza
ávida al caudaloso é inmenso rfo Cauderv. No es decible
como invade aquella prodigiosa asembles las turbias
aguas del río, que no turbias, sino negras, permanecen
después por breves momentos, y la fruición de aquella
inmt rsión colectiva y casi simultánea...... Nuestros grabados dirán más que lo que pudié,amos decir á nuestros
lectores. Ellos perpetúan la visión de una de las escenas
más curiosas del arcano continente que contempló la gloria de Memphis y la gloria de Cartago.

•

Se necesita ser muy religio;io par.i. cambiar de religión.
Condesu Diaw,.

la superficie descubierta y no la que e¡:::tá cubierta con la
grasa, de wodo y_uecuanUo é.;ta ~e quita, después, el nombre queda tan claro, como si ee hubiera escrito en papel.
Todo lo que falta después, es volverá cubrir con un poco
de esmalte la parte raspada, y el nombre querla invisible
hasta que convenga descubrirlo para comprobar la pro•
piedad de Ia bicicleta..

Para poder rejuvenecer aquellos, lo primero que debe
hacerse es descalzarles una buena parte de Jas; ralees y
cubrirlas con tierra nueva, rica en abo1.to, pomendo des·
dués, al redPdor, aunque á cierta dist_ancia de la madera,
una buena cama de cenizas. En segmda se debe proceder á ingertar varias ramas, poniendo en ellas u~a nueva variedad de fruta, operaión que debe co!ltmuarse
poco á poco hasta hacer cambiar todo t;l .ramaJe, y por
último, ae ha de lavar toda la corteza v1e1a C?n lechada
de cal, ácido fénico y lejía fuerte para destrmr_todos los
parásitos que Je ataquen, y para que la superficie se vuelva á poner suave y en condicione~ ealudables._ OJei todos
los árboles agradecen este tra~amtento y contrnuan da~do fruta por un númerodA años másó menos larg~, máxime si no se descuida el abonartos con frecuencia para
que el suelo recobre las sustancias fertilizantes que el arbol necef:ita.

Ejercicio Higiénico de la Bicic}eta.

Las horas del día en que el ejercicio que se hace en
las bicicletas es benéfico, depende principalmente del
tiempo. En los meses de la primavera y del otoiio, cuando no l:!ace mucho. calor, ~e puede viajar casi todo el día,
pero nunca deba hacerse est.o de l.:.s once á. las tres en
el verano. En est.s estación se c.leben escójer las horas
frescas de la mafiana y de la tarde, ó si fuere preciso, por
la noche cuando hace luna. Eti todo caso hay que tener
en cuenta que la cabeza y el dorso son las partes del cuerpo más expuestas á. los rayos del sol 1 asf como también
el cerebro, y que e,i;to es precisamen1e lo que hace el daño, mucho más dallo que el can.ancio y el sudor. Al hacer un viaje largo se debe tomar antes de salir un baño
de agua fría ó templada y repetirlo al terminar la jornada, antes de la comida ó la cena. Durante el viaje bay
que beber poco, y si lo que se bebe es agua, se le debe
afiadir unM gotas de aguardiente. Para quitar la sed que
produce el cansancio, nada es mejor que un vaso de le•
che ó agua de vichy. A falta de estos se puede tomar
agua con vino ó zarzaparrilla.
Los licores fuertes nu deben tomarse p0r ningun motivo ni tampoco el chapagne. También es perjudicial la
cerveza, la que si bien parece darfuer✓.ascuando se toma,
pronto protiuce un esta·io de laxitud en los miembros
y hace la marcha más fatlgosa. Lo~ ciclistas de profesión
dicen que el tabaco es otra de las cosas que deben proa·
cribirse ó por lo menos uearse con moderación, ei se
quiere correr ó viajar mucho. Por último, lor principiante,:, cometen con frecuencia el error de ir á todo correr
cuando saleu de casa y olvidar qne estJn ga::itando innP.·
cesariamente las fuerzas que han de necesitar para la
vuelta.

Las Tortas de Salvado.

Costumbres afdcanas.-lnmersión en las

•••

Las anterioref: líneas y el bellísimo retrato de Jesucristo, que aparece en 1mPstra primera plana, debémosios al
Sefior Don Francisco Bustamante, quien posee la propiedad artística de la imagen, tomada, dice del camafeo en
cuestion.
Esta imagen, muestra los rasgos dfl tipo sirio-caldeo
más puro. Así debió ser el maestro, exclamamos al oontemplarla y su vista nos inspira seosacio11es -axtrañas y
misteriosas.
_D_amos al Señor Bustamante las gracias por su re,m1s16n.

NOTAS CICLISTICAS
Bicicletas marcadas.

El jefe de policía particular de una compañía de seguros dt; bicicleta, aconseja á los ciclistas que pongan en su
máquma una contraseña quP sirva para identificarla y
probar el derecho de su propiedad cuando con motivo de
un robo, haya que disputarla.
Algunas de las máquinas están
numeradas pe r el fabricante,
pero esas son pocas y además
tienen la numeración en luga•
rns en que es muy facil borrarla. Y puesto que la marca pal a ser útil tiene que ser indestructible y secreta, no se ha de
poner en la silla, en los mangos ni en ninguna de aquellas
&lt;.,trae partes que !e pueden
cambiar facilmente. El lugar
Jireft'rible es la armadura, donde rn puede hacer de manera
qne eea invisible para todo el
qnP 110 sepa dondt- se halle. El
n1ejor procedimiento para gral arla 1·s el siguiente. Se raspa
con 1111 cuchillo, como una
pulgaJ;1 cuadrada del esmalte,
hasta dt&gt;jar el metal descubierto y limpio. En e&lt;&gt;guida se cubre la paJte ra~pada con una
capa de graea ( el sebo puede
servir) y con un punzón de
acero mojado en ácido fénico
se escribe en ella las iniciales
ó el nombre que se quiera. El
Costufflbrcs africanas,-Llegada de Mahamak: procesión religiosa por l,aa calles punzónpaaapor la grasa hasta
de Kombakonum.
el metal,dondeelácido corroe
La desco1,fianza es el alma del régimen parlamentario.
Valbert.

•

Dt:sde los primeros sigloa de la nueva Era Cristiana1
todas las m.ás grandes y célebres notabilidades en pintura y esc.ultura htin trabajado con asiduo interee, empleando cuantos medios Jea ha proporcionado su grande inteligencia, para transladar al lienzo el rostro más bien
delineado posible que pudiera semejarse al de !\uestro
Señor Jesucristo.
¿Pero quién, no obstante su inspiración podrá suponer•
se la verdad de un ideal que por perfect.o que parezca,
ninguno de esos grandes artistas conoció?
.IIay más: en la multitud de las creaciones reproducidas por los grandes maestros, se nota 1 á la simple vista,
que el Cristo se parece, según la nacionalidad del artista,
al tipo alemán 1 it.aliano, francés ó español.
Tiberio César, E operador de Roma, durante eu reina,
do, (Año 32 de J. C.) habiendo oido hacer grandes elogios de Jesús, deseaba con frenética ansi~dad conocerle,
cuando recibió la siguiente relación que h~ sido fielmen
te traducida por los biEtoriadores Jatiuoscontemporá.neos
de la época. Dice asi: Noticias al Senado de Rílma relativas á Jesucristo, durante el reinado de Tiberio César,
Emperador, como la que los Gobernadores de las di vereas
provincias sometidas á. la autoridad del Senado y pueblo Romanos solían remitir al Senado á medida que los
SUCPBOA &lt;cnrrl!m en dichas provincias.
PUBLIUS SEt\TULES en aquel entonces Presidente
de la Judea escribió una epístola al Senado y Pueblo de
Roma, corcebida en los eiguient.PF Mrrninos:
11Apareció en estos nueetros tiempos un hombre de
« gran virtud, llan1ado Jesucristo, que toda.vía vi ve entre
n nosotros: que f'Stá reconocido por los gentiles como el
•Profeta de la Verdad, pero que sus discípulos le llaman
u El Hijo de Dios.»
u/i,'l ha reaucit.ado á los muertos y cura-io todo género
(( de enfermedades. Es hombre de estatura algo elevada
&lt;&lt; de buena prefencia, dotado de un eem hiante venerabl~
(! de esos que inspiran ;:i los q11e lo contemplan afecto y
u temor; tiene el pelo de color de avellana madura, lacio
u casi hasta las oreja~; por debajo de estai algo rizado, de
(( color más resplandeciente y cayendo en ondas sobre
11 los hombros: la cabellera dividida por una raya al estilo
u nazáreo: la frente muy despejada y ter.sa; cara sin una
11 sola mancha 6 arruga y de un bello color rosado: la bo~
uca y nariz de formas intachables: la barba un poco eecc pesa en armonía con la cabellera en un rostro de im(( presión inocente á la par que reflexiva y juiciosa, los
11 ojos claros, pardO!! y vi vos. Al reprobar es terrible, al
((amonestar cortés y bien hablado: su conversación es
(&lt; agradable aunque grave. Nadie recuerda haberlo visto
({reirse¡ pero muchos le han visto llorar. El cuerpo de•
(( recho y de proporciones bien ordenadas: loe brazos y
&lt;( manos perfectas. Al hablar es tan moderado y modesto
11 como eensato, Un hombre que, por la singularidad de
(! su belleza eclipsa á. todos los hijos de los hombres.11
Entonces, Tiberio César, más entusiasmado aún, por
la relación antes citada y avivándose en él más el deseo
de conocerle, mando á un lapidario de loe de más nom~
breen su época, para que dibujara en un camafeo en esmeralda la divina efigie de Nuestro Señor Jesucristo.

235

EL MUNDO

DOMINGO lt de ABRIL de 1897
EL VEROAOERO RETRATO OE CRISTO

Teodoro Oelyannls. Primer Ministro griego.
Los Nombres de la Bicicleta.

La Cyclits Revi,ew pasa revisia á los diferentes nombres que ha recibido la bicicleta en los distintos países
en que ha sido adoptada. En Francia se llamó primero
célerií~re, luego vélocipede, después bycicle, y por últime, b1cyclette, vélo y bécane; en Holanda snelwiel
woetwiel y trapwiel; en Bélgica velocepieti: en Italia velocipe_de y bicicletta; en España velocípedo, bicicleta y
máqwna¡ en Alemania Hochrad y Niederrad¡ en China
yangma (caballos extranjeros), feichai (máquinas vola•
d?ras) )'.' tzutzan (et;ches que andan solos), Cuenta la Cyclits Reme que un chino del campo, al explicar á sus convecinos cómo era una bicicleta que había visto él en la
ciudad, les dijo: uEs un borriquillo que seguía tirándolo
de las orejas y que se hace andar dándole patadas en la
tripa.n La Oycli8t Revi.ew hubiera podido completar su curiosa reseña y coronarla dignamente, si á su noticia hubiese llegado á la definición de la bicicleta dada en E¡:::pañ.l\ por un granujilla, que dijo viendo pasar á un ciclista:
u¡Mirad un afilador que se ha vuelto locohi

SUPLEMENTO MUSICAL
EL MUNDO obsequia á sus abonados con
un hermoso suplemento musical y les llama
la atención sobre su número de Semana Santa, al cual scompafiarii la novela correspondieute á Abril.

•
Lo qne ee llama gauar tiempo en política, es frecuentemente per jerlo.

.A. de Broglie.

aguas del Cauvery.

INFORJIACIONES

El ahuacate.

La fibra de la Rhea.

Por considerarlo de interés, traducimos á. continuación lo que le (1urrier Jr'rar,raiu dice respecto á esta
fruta:
.
.
uUonde los árboles más notables de la Aménca trop1·
cal es el abnacate, conocido por los botá.nicQR con el
no~br~ dld ce l'ereea gratfsima ·11 Pertenece á la familia. de
las Laurineas. Los aztecas lo llamaban 11ahocacoh01tln
( á.rbol q11e ee parece al roble.) El nombre actual en eapaflol e9 pues una corrupción del azt('ca. Los tarascos le
llama~ i&lt;cupánda.u En algunas localidades del país lleva
el nombre de 'tonalaguate.' Se le ~ncuentra al esta_do
sil veet,re en Misantla y en otras regrnnes de la A~énca
tropical. 8e le cultiva eu México. Desde mucho tiempo
aot-'IS de la coí:lquista se le empleaba en la alimentación.
El fruto extendido simplemente sobre el pan y eepolvoreado con sal, es de un sabor exquisito. Se sirve igualmente en algunos manjaree.
uSegún perece es un alrodieiaco; tiene ademáe, al decir de algunos, la virtu-lde activar la supuración de las
llagas, las heridas, etc. La película de este fruf.?, tomada en una dósis de 8 a 10 ~ramos, sana á los niños que
padecen ataques de solitaria. El grano asado, combate
eficazmente la disentería. Las sefioras hacen uso de él
para evitar las enfermedades del cuero cabelludo. El
Jugo de este grano prodnce una tinta indeleble que sirve
para marcar el. lienzo. EL Dr. Grosourdy recomienda,
para lo'3 ataques de gota, que se frote la parte atacada con
el aceite extraído de este fruto. Regún el Dr. Betancourt,
la carne del ahuacate contiene.: Un aceite verde, un aceite incoloro, estearina, margarina, clorofila, .ácido ac~tico
y eales. Los granos están compuestos de aceite volátil,
recina, ácido má.lico, materia e:x-tractiva, colorante, azúcar, goma, albúmina, tanino, almidón, graea y salea;
contienen además amigdalina y einaptasa; estas sustan•
cias en pre3encia del agua, producen ácido prúeico.

Leemos en 1'1,e 1 imelJ que actualmente se ha vuelto á
despertar el interés por la indnstria de la elaboración de
la Rhea, planta de la familia de la~ Urtíceas, y perteneciente al misno género que el Ram1e de que se ha habla•
do mucho. El gobierno de la India oriental ofreció en
1869 un premio de 50.000 libras y otro en 1877 de 50.000
rupias al inventor de una máquina para hilar la fibra,
que desde tiempo inmemorial sirve á. los chinos, indios
y egipcios para hacer redes de pescar, cuerdas, velas,
carpas y aun tt&gt;gidos para ropaR, etc. La fibra de la Rhea
es la más lar~a ( de 6 hasta 2-1 centímetros) y la más
gruesa (de 0.04. hasta 0.08 milímetros, diámetro de las
células) que se conoce y se compone de celulosa pura,
por' lo cual ella se asemeja á la fibra del cañamo y del
lino. La planta prospera bien en el Asia Austral, Africa,
Australia y aun en la Francia meridional. China exporta anualmenta más de ll millones de kilógramos de esta
hebra, lo mismo que de l&amp;. fibra del Roa, ambas elaboradas penosamente á mano.
.
.
La gran dificultad de la elaboración consiste en la separación de la capa de resina en que se hallan encerradas las fibras y por meiio de la cual están tenazmente
pegadas á 1~ corteza exterior. En China y Assam, las
mujeres abren la .PI.anta por Jo la~go con_ los dedos-un
trabajo muy fastid1oeo-y despu~~ rastrillan_ las fibras,
las juntan y las paean por unos c1hndros mnvtdos á. mano, de donde re.sulta que las ?ebras de la ~hea no so!1
redondas como otros hilos amo achatadas. Fué la primera vez en la ex-posición de Londres en 1851 que se expusieron tejidos de Rhea bajo el nombre ~e 11Grasscl~th:1)
Durante la guerra de secesión nortearnencana se prmc1pió á hilar la fibra en Alemania y en F~ncia, mez~lada
con cáñamo ó lino, dando cuerdas superiores y resisten•
tes. pues ninguna fibra resiste mejor á la humedad que
la Rhea, y ninguna es más lustrosa ni se tiñ.e con más
facilidad.
Sin embargo, hasta hace poco no fué posible -preparar
esta fibra en estado sano completamente limpia1 pues
siempre quedaba una parte de la resina pegada á ella, y
la elaboración á mano resultaba demasiado cara. En Alemania la hicieron fermentar, pero la fibra -perdía mucho
de sus buenas calidades en este proceso. Ultimamente,
por fin, el químico Doctor Gomees después de muchos
ensayos logró descubrir un nuevo método de elaboración
de la Rhea, y con tanto éxito que se formó la sociedad
anónima 11amada '1.'he Indian Rhea Pibre Pal.erlt Company
con un capital de seis millones de rupias gue levantó una
fábrica en Bombay, otras en varios puntos de Bengala y
\)Íensa fundar algunas en Madras, Burma: Aaeam para
Pxplotarest,a industria en ~rande escala. El método de
Gomesa se funda en la elinunación de la resina por me-dio de soda y zinc. Las tiras de la planta se lavan bien y
se colocan durante una noche en un baño ácido muy deluido. El otro día ee les pasa por un baño alcalino y se
hierven en una solución débil de sosa cáustica á ]a cual
se ha agregado zinc.
Después, una vez lavadas y i::ecadas las fibras, se. presentan como una estopa b 1anca, luatr&lt;Jea, fina. lista para
el peine de la hiladora. De eeta estopa se están fabricando ahora t.oda claae de géneros, tanto panas graeeas y
lienzo barato, como los encajes más finos. De la misma
cantidad de esWpa de Rbea puede fabricarse un 40 por
ciento más de género que del mismo peflo de la estopa de
lino, es decir, 100 metros de ~énero de Rhea pesan tanto
como 600 metros de hilo. Estos hilos y tegidos de Rhea
flOn muy fuertes y pueden teñirse con todos los colores
fJ.cilmente. El gobierno de la India ha dicernido el premio acordado á. la sociedad mencionada, y no cabe duda
qne se ha iniciado una nueva industria textil de imenso
porvenir, sobre todo, en vista de que la Rhea ciece en
los climas eubtropicales y templados y puede cultivarse
v aclimatarse en muchas regiones del globo, entre las laÍitudes 5 y 45 grados, pues se encuentra al estado Rilvestre en vastas regiones situadas en esta zona terrestre, y
ene Pxigencias en cuanto á la fertilidad y la humedad del
suelo, no pareC('n ser muy elevadas

Sabemos hoy que la molienda del trigo por medio de
cilíndros produce mayor cantidad d~ afrechos que lamolienda antigua que se hacía por medrn de mut;l~s- Estos
afrechos ó salvado, que son de gan valor nutnt~vo para
los animales, pero desgraciadamente ofrecen el lllC?nveniente de ser poco trasportables á causa de rn densidad,
que es muy debil, y además por que se alteran por fermentación con gran faciidad. Mr. l\fillot ha logrado la
transformación de este ealvado, por compresión, en una
especie de tot1a llamada frQmentina, de fácil tra11port"',
Reguraconservación, de gusto agradable á los animalefl,
debido á la mezcla de una pequéña cantidad de nnía, d~
fácil masticación y de una riqueza que permite cornpararlaá las mejores tortas de granos oleaginosoe. Dicha
torta contiene los siguientes elementos: materias azoadas 17.50 por ciento¡ materia A hidro-carbonadas, -55. 10;
maierias grae~, 2.40: y ácido fosfórico, 2 OO. Muchosanima1es de los que sobresalieron en el último concurso
agrícola de ParíP, habían sido engordados con esta nueva torta.
El Cultivo del Ruibarbo.

El Ruibarbo es una planta que se CLltiva no solamente
por sus propiedades medicinales, sino también porque en·
traen l,1, confección de diversos platos, áloe cuales comunica el saber agradable que posee. Para cultivarlo en debida forma es necesario contar con terreno en abundancia no meaos de 5 pies en diámetro para cada planta,
do~de no se acumule el agua en la primavera ni haya
otras plantas mayores que le ha~an sombra. La tierra ee
debe arar y abonar con liberahdad, extendiendo la labranza y la mezcla del abono hasta una profundidad de
20 pulgadas ó más si posible fuere. Luego se hace la
plantación y ee cuida de desyerbar el terreno haeta que
las 'Plantas. pueden cu!darse poreí solas. Si algunos tallos
tienden á dar flores, se cortan desde luego1 pues que no
son flores las que ee quieren, sino muchas hojas. Estas,
sin embugo, no se han de cortar el primer ailo. A mediados del verano se l~i! hecha m,ts ~bono, se escarba la
tierra en poco y se riega en abundancia. Pasados algunos
días se repite la cava y el cultivo queda terminado.
El año siguiente las plantas darán jn'Sn número de hojas las cuales se recogen tirando de ellas para abajo con
el fin de que se desprendan por su unión con el tronco.
Esas hojas Ee pueden quitar casi todas pues la plnnta tiene bastante si se le dejan media docena de ellas sanas y
vigorosae, El deshoje, sio embargo, no debe continuarse
más que hasta principios del mes de Agosto, á fin deque
las· plantas puedan recobrar el vigor snficient,e para dar
otra cosecha en la estación próxima. Todos los cuidados
que el plantío necesita después de establecido es cavar la
tierra, abonarla, regarla, y volverla á cavar al fin de co~
secha. Las plantas continúan produciendo por espacio
de seis á ocho años, siendo de recomendaraeel repetir la
p]antBción de aquellas que van decayendo tan luego como esto se nota.

Arboricultura.
Vebiculos Mecanicos.

El detener el decaimiento de los árboles una vez que
empieza ea tarea bastante difícil, pero no imposible _para el buen arboricultor. Hay muchos árboles que pierden su vitalidad prematuramente debido á diversas causas independientes ó reunidas. Aquellos árboles que
han dado grandes cosechas de frutas por espacio de algunos afios y parecen disfrutar de un vigor inagotable1
son á. veces los primeros en llegar á la vejez, porque
agotan más pronto las materiae fertilizantes que sus fllices encuentran en la tierra, mientras que aquellos que
presentan desde jóvenes una apariencia raquítica que no
dan más que hojas y esas en cantidad limitada, suelen
vivir mucho más tiempo.

~

.

-

,-

-~H'Offl;!ffllD,1m_'l!•n111q

l ldJ

-

Jl.l!.!l.i-1.111 1 ~ -~

·

.

En el concurso de París á Marsella en que se trataba de
recorrer, entre ida y vuelta, una distancia de 1,680 kilómetros, ha sido vencedor el carruaje con motor de petróleo de Mr. Michelín, que ha hecho el viaje en 72 horas, 6
sea a razón de 23 33 kilómetros por hnra.
No nos dice esto mucho en favor de la introducción
práctica de los vehículos meclinicoE.
La velocidad de 23 kilómetros es excesiva, y á. nada
.viene tampoco demostrar que se puede hacer ese viaje de
1,680 kilómetros en un carruaje abierto de cuatro asientos: nosotros preferiríamos, con mucho, hacer ese viaje
en un coche Pullman y &amp; la velocidad de 100 kilómetros
por hora.

" '

. •

-i.

..... lll!"t·~ fflflim'

•i

, . ,
· ~

. •

·1-

Residencia de la Reina Victoria en Cimiez. -Hotel Regina.

,

�DO ■ IIIGO

EL MUNDO

II DE AIIRIL DE •S!IT

- -----=~~-;._==---~-DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

I,A REI:SA DE INGI..1.TERRA

DAJtJAS DISTINGUIDAS MEXICANAS,

LA CICATRIZ

Su entrevista con el Presidente de la República francesa.

SU VIAJE A NIZA

El acontecimiento máe importante de la última semana en Francia, fuésin duda laentredsta qne 1nvo h.trr
en Noisy•le•Sec, entre el presideate de la Repúbhca
Francesa y la reina de Inglaterra.
L'l que ee dijo en el curso de est.a conversaeiún quedu·
ró apenas diez minutos permaneced prob11blemente se•
cretl.&gt; entre la reina Victoria y M. Fdil: Faure¡ cuando
más las cancillerías de las dos naciones tendrán vago
conocimiento de ello. Pero es indudable que este encuentro, que no autorizaba precedente alguno, ha sido
motivado por coneideracione1:1 1 en el númaro de las cuales, la cortesía ocupa un rángo mny 8t'Cundario.
Inglaterra y Francia BA han aconhvto de que estuvieron aliadas en 1855, cuando esa e~rna cuestión de Orien·
te había hecho necesaria tal ahrnrn. Cuarenta y dos
años han pasado desde entoncee, y los acontecimientos
cretenses han determinado una nneva at)roximaci6n.
J.Qué resnl~rá de ella? El tiempo nos lo dirá.
~os ha parecido ioteusantecuneervar la visión de esa
entrevista. La audiencia va á terminar, el Presidente de
la República 80 retira y besa la mano que le tiende la Reina Victoria. Esta escena que para á las seis de la tarde,
en un tiempo gris de Marzn 1 ei-t\ animada por la extensa
valla que en la estación forman dos grupos distintos: los
oficiales y los funcionarios de las dos naciones.
El embajador de ingla1erra 1 de levitón negro, está al
lado de los ayudas de campo de la reina. Un poco más
atr1ls el indio que e~tá encargado de la delicada misión de
conducir de la mano á. ::5u Graciosa Mageetad, se codea
con los ayudas de cámara ingleses, metidos en sus
trajes rojos bordados con las armas reales.
Al contrario de lo que muchos periódicos franceses pre·
tendían, M. Hanotaux, Ministro de Relaciones, no aeisti6 á la entrevista.
Encantada por sus precedentes permanencias en Niza,
la reina Victoria escogió por tercera yez esta ciudad pa•
ra pasar sus vacaciones anuales.
Este es, dicen los periódicos pari,3ienses, el mejor elogio que puedahacersedellitoral francés 1 que tos periódicos y los doctores americanos denigran con tanta malevolencia desde hace algún tiempo.
La vuelta de Su Majest,ad estaba subordinada al hallaz.
go de un inmueble capaz de poder recibir dignamente á
1a emperatriz de las Indias, y largas fueron las investigaciones antes de que el encargado de buscar alojamieJ1tO
ee entendieP!e con loa propietarios del Excelsior Hotel
Regina, c•1ya posición maravillosa y rica mueblería, debían tentarlo.
llizo:30 una instalación especial en el pabellón de la
derecha del hotel 1 absolutameute reservado :t la soberana,
y del cual no poa.fa eacaree mejor partido, t.anto bajo el
punto de vista de la distribución de las piezas como de la
de loa muebles, sencillos, pero de buen gusto.
Los departamentos de la Reina, situados en el primer
piso, ábrense sobre una terraza baíl.ada por olas de sol,
desde la cual la vi eta se extiende sobre esa divina Niza in·
mortalizada por los poetas.

El hombre momia.

3T

•-¿Y bien? dijo el capitán.
Sin dat'Be cuenta, respondió:
-Han visto. Vienen.
-Bajad, pues, exclamó el Jefe.
¡No tm~o tiempo de responder! Abrió loe
brazos, se dobló sobre )as rodillas y, como
arrastrado hacia atrás por el peeo de su cabeza, desde lo alto del terraplén rodó al foso interior haciendo desmoronarse la tierra.
Algunos soldados se precipitaron para levantarlo. Una voz exclamó:
-¿Estais herido?
Estaba tendido en tierra, con los ojos abier•
tos, inerte, con una bala en medio de la frente.
Los soldados le miraban consternados.
Entonces el cnpit.ln se arrastró basta el cuerpo y después de haber mirado un inetante eee
rostro para siempre inmóvil, pronunció estas
palabras:
-Era un valiente.
IluGu~ LE'Roux.

Era un nifto muy rubio, con tez de nh1n,
venas que ee traslucían debajo del cútie1 frente lisa y ojos azul pálido.
Muy delicado, se le había criado al calor
de la seda y de las caricias, oculootfmidamente de los resfriados, de los tra!!tornos 1 del
agua fría-de todo lo que mata. Así, con sol:!.
cuatro años, tenía aun la tor~za de movi
miento, la admiración de eqmlibrio de los
chiquitines á quienes una primera dfoblum
acaba de llevar, titubeando de orgullo, los
brazos de su nodriza á. losde su madre.
An~s de dormirse pensaba largo tiempo en
loe cuentos de brujas y deda:
-Cierra la cortina, mamá, ciérrala con un
gran alfiler, para que si la bruja llega it ¡mear
por ahí, no divise la luz de mi lamparilla.
Creció, y con él su cobardía.
Había cambiado su cuna por uno de esos catrecitoe de hierro donde duerme la inocencia,
los nií1os, y la castidad, los frailes.
EL:MONO
No creta ya en las brujas voladoras que lle,·an las gua.gas en sus canaetae¡ pero los ase•
sinos frecuentaban sus suenoe, el miedo á eee
;\n había &lt;'apita\ de provincia donde el iluemonstruo que ee oculta debajo de la@ cama~,
tre Pick uo hubiera dejado gratíümosrecuer·
acecha la regular respiración del suef\o para
dos.
le\'antar en las tinieblas su cabeza horrorosn,
Pick, el larguimcho Pick, el inimitable
alargar su mano que estrangula, su hocico que
Pick .
Era un artista lúgubre y burlesco á la vez;
chupa.
Y basta el chi!-porro~ del cnflón del can•
uno de loe más genuinos representantes di; la.
delero prolongaba sus veladas de angustiM.
escuela inglesa que, en lo que serefiereágimCon la frente l"mpapada en sudor, los rodillas
nástica e:x~ntrica, eeguia fielmente loa preceptos del prefacio de Cromwell, mezclando lo
debajo de la barba, acechaba en el cielo la danza de las sombras crecientes.
buío con lo horrible.
Una noche qu~ reabria sns ojos en en pie?.a
Ser m1ts delgado que rick, parecía á todos
medio obscura, despufs del entorpecimiento
cosa imposible.
Aquella delgadez aumentaba eparenteroen·
del prim.~r E.meno, entre su lecho y la blanca
te, gracias á los artificios de la malla de color
pared, no levautaree del suelo claramente una
de carne. El público creía. ver las costillas del
forma decapitada. Era In sombra de un rnaclown cuando este ealfa ,t la pista.
niq_uí, en e_l cual la costurera había dejado un
No habia otro más listo ni más agil, ni de
traJe de batle. La luz moribunda lo iluminaba
con una l~amaque, intermitente, hacía salir de
mayor resi~tencia.
Cuando no estaba trabajando se le veia
la obscuridad y volver á ella la silueta de la
meditabundo, aburrido,. como hombre que es•
gran muñeca.
Se levantó de su lecho para rechazar el fantú. fuera de su elemento.
A penas prestaba atención á. los ejercicios de
tasma, dió un gritó horribll! y ee precipicó al
las incomparable@ señoritas que, vfilótidas con
suelo.
t1 ujes griegos ó escoceses, saltaban por_los tra•
Lo recogieron desvanecido, mucha sangre ee
eecap,~~a de su frente. El médico que 1:1e lladicionalas aros de papel.
El público deliraba por Pick.
mó, d1Jo:
Pero no podía deciree lo mismo de los de·
-Tranquilizaos, no morir:1.: pero conservará.
más artistas del Circo Forelli, que no hacían
esta cicatriz toda su vida.
más que tolerarle, por no haber otro clown
En la violenta caída de su cuerro, la frente
habja dado en el filo de la pala de metal que
l'alleto).
que dignamente le pudiera reemplazar.
Sra.
Clara
Mariscal
de
Moran
y
sus
hijos.
(Fotografla
de
Y todos le adulaban, porque tenía un talen•
servia para echar el carbón á lachimenea. Es·
to daba á. la cicatriz semejanza con una cortamujer, y este reto estaba escrito al pie: u¿Por qué esta to extraordinario para amenguar el mérito de los trabadura. En_ toda la extensión del choque la rotura ee pre•
ha dejado eus ,·est.ido9?11
jo!ó! de sufl compafieros.
sentaba igualmente profunde.. Y como á cansa del dolor nif\a
Sus amigos declararon q11e debía batirse.
De Pick de~ndía casi siempre el éxito ó el fracaso de
?º había que_rido exponerse á la -picazón de su costura
El
sent'la
q\té
no
t,endría
fu~rzas
para
vivir
hasta
el
dia
1111 dd11tt.
Jamás ie reumeron los bordea de la herida.
de la salida de la escuela, con esta amenam de como,te
La madre no se consolaba de ef!taavería.
Ptiro lle~ó un día en que los artistas humillados vieron
suspendida sobre su cabeza.
-¡Yo que lo he cuidado tanto! decía.
mnv próximo el momento de la venganza.
Respondió como un sonámbulo:
Y se lamentaba y encontraba á su hijo desfigurado.
El vi~jo Forelli-un hombre de muy malas intencio-Podría despreciar este insulto, pues he dado mis prue-¡Bah! Cl~n~do ~ngas vein~ anos, mi ami90, le dijo
bas. Pocos meses antes de entrar aqní, viajaba en A le• nt.'s-compró á. un marino holandés, por una insignifiun día un vieJO ofici!3-l d~ Afnca, afirmarás a la mujer mania. He disputado C)D un oficial alem·in, que en alr.a cante cantidad, un soberbio mono, magnifico ejemplar
que te ame, que tu c1cntnz es una cuchillada. No le cos· voz hablaba mal de Francia,. Nos hemos batido á sable; de la especie¡ un orangután, que educado á fuerza de hatará trabajo creerte. Yo mismo serla capaz de engaf\ar•
be sido herido; tengo todavía la scílal de 1!1 herida al tra• bilidad, de ayunos y de latigazos, concluyó por adquirir
me. Y así esa arruga t,e hará más honor .que perjuicio.
todos los c0nocimientos necesarios para colocaTSe al nivez de mi f ren fe.
Un sablazo á través de la frente, sienta á mil maravillas
No se sospechó que mentía. La historia se esparció; vel de muchos hombres, y hasta para aventajar en sa.bi•
á un hombre.
las manos se extendieron hacía la suya¡ el caricat.urista durfa á. no pocos académicos.
Estas palabras le dejarofl pensat:vo.
Desde el día en que Taki-nombrecon que el mono fuá
Como en la sinceridad de nuestra alma nos parecen vino á su encuentro como los demás.
h1utizado-apareció en la arena del Circo, la estrella de
El lo P!'rdon6.
sobre todo extraordinario esas cualidades que superan á
Y debido li esta leyenda, acabil en paz su tiempo de es• Pick comenT.6 á. palidecer.
nuestro esfuerzo personal, el valor militar se presentaba
La inconstante muchedumbre fué fijándose cada vez
cuela.
á su cobardía revestido de un brillo divino. Y una irreCuando el regimiento en que había entrado de servicio más en el mono, mientras relegaba al olvido los delicioaistible tentación ee deslizaba en su corazón de hacer fué designado para que partiera á una lejana colonia, con- sos ratos que le proporcionaba el clown. Cuando el mocreerá la multitud que tenía el corazón hecho de la mis· ira un enemigo ealvaje que resistía valientemente á los no salía con uniforme de general inglés ó cubierta la cama substancia que los héroes cuya hist.oria leía y merefrancese@, se levantó para ir donde estaba su coronel y bl!za coa un colosal sombrero de plumas, el entusiasmo
cía compartir su fama y renombre.
d~ la mult,itud estallaba en estruendosos aplausos y acla•
decirle:
A.hora bien, en secreto, delante d~ loe espejos se pro-Dejadme permutar. )ti padre está muv viejo, me ha macione@, y nadie se cuidaba de Pick, del inimitable Pick,
baba el kepis. Levantaba la visera sobre sus cabellos des• suplicado que no me a:eje. He tenido la débilidad de ce- que dernraba en silencio su humillacióo 1 aumentada y
cubría la cicatriz gloriosa......
'
conver1idaen inaudita rabia por lao miradas furibundas
derá. sus suplicas,
Pero desde la puerta, al ver entrar al subteniente, ke- que el festejado animal le dirigía.
-Ahora, se decía, aólo tengo la apariencia de un nino
Pick agotó todos los recursos de su fuerza, de su inge•
que ha.caíd~ aob1;0 una pala, pero si mis bigotes hubie• pis en mano, con la frente cubierta por una bella cicatriz,
sen sahdo, m tuY1eae á cada lado charreteras mi levita
el coronel exclamó:
nio, de su habilidad.
P,!rO en vano exbibia caprichosas mallas sembradn
-Ah ¡mi valiente jo,•en! qué suerte tenéis para vues•
ciertamente que todo el mundo creería que en una refríe~
de estrellas y lunas, en vano cambiaba. la forma de su t,u •
ga he recibido esta herida.
troA estreno~. Volveréis con la cruz.
l)é de crin amarillenta y se embadurnaba el rostro con
Y no se rec1;83ba sino con los juegos de soldado, con
Y no ee atre,·ió á presentar su vergonzosa petición.
Se hizo al mar y recorrió con su regimiento alg11oas le- latas enteras de rojo y azul.. ....
tamborea, fusile&amp;, sables, cartucheras. Hue padres deguas en un país pantanoso. Había es¡wrado que la fiebre
¡Todos sus esfuerzos fueron inutiles!
cían admirados:
lo retendría en el hospital. Esta no Je hi7.o su presa por
-¡ Era tan miedoso en su infancia! Ahora no piensa
El mono le había eclip,;ado.
ironía. Una noche durmió muv cerca de las avanzadas
D&lt;&gt;minado por la ira y por la desesperación, herido en
ya sino en la batalla. Con toda seguridad haremos de él
su vanidad de artista y de hombre, Pick, el clown que
enemigas.
·
un cadete.
Por la mafia.na su capitán lo llevó en reoonocimiPnto tarto había hecho reír al público, sintió invadido su ceFué lo que sucedió.
Sin embargo, una angustia espantosa le oprimió el co- con una débil compaf'Ha para tantear f'I terreno. De, re- rebro por ideas horribles.
mzón cuando, abierto el diario, en la lista de los candi- pente, los chinos invisibles Palieron de t.odas parte"' v !ns
franceses no tuYieron sinlJ el tiempo de metersd eri ur
datos admitidos, leyó s~ nombre con todas sus letras.
Y una noche, á. las dos y media, cuando ni el más leve
Pa.eó la noche con pesadillas, con las sábanas snbidaa fortín abandonado, para eecapar iÍ la mat.•rnzn
ruido interrumpía el protundo silencio del Circo, confiaSe tendió allí al capitán graYemente heriJo, y que ya do
hasta la cabeza para no ver las perspectivas espant.osas
á la vigilauc1a de un palafrenero, Pick entró en él por
de campos de bata1la que se desarrollaban ante ~¡ con no podía sostenerse sobre su111 piernt,111.
una puerta trasera, cuya llave había sustrafdo.
apariciones; ee acurrucó para escapar al aplastamiento de
Hizo llamar al euhteniente- y le d•j•1:
Paeó con rapidez por delante de las cuadras donde tran-A1,.,igo mío, atad una bandera á v111:&gt;Ftro ~able y !-!Ubid quilamente
lae pesadas cargas de caballería cuyo viento creía sentir
dormían los caballos de volteo y de alta esal terraplén. Haced l?ef\al de quP estamos acorralado!': es cuela, y después de hacer una caricia á uno de los perros
eobre EU cuerpo.
Por la manana, ee arrastró hasta. la pie1:a de su padre preciEI0 que nos liberten. Los chinos van li disparar sobre amaest,rados, que empezó á grunir, pero que en seguida
para.confesar su cobardía. Cuando ya tenía la mano so· vos. Nos alcanzará.o. Y ademá.s, es el deber.
.El subteniente no dijo ona palabra, no palideció, pero le conoció, aproximóse al palafrenero de guardia, el cual
bre el picaporte, se desvaneció su reeolución.
roncaba tendido sobre un montón de paja y victima de
súbitamente se pum frío como una piedra.
Se dejó poner, pues, el kepis rojo.
borrachera fenomenal.
Con manos que no temblaban, ató su pafluelo al sable una
En el seto SUB compafieroe creyeron olfatear su cobarConvencido de que no se desperlarfa ni á tres tirones,
día y lo embromaron. La blancura de en tez, 1o rizado y con P"-80 vivo subió al terraplén.
Su silueta se destacaba en claro sobre el cielo azul Pa• siguió por el pasillo circular, deteniéndose ante una puerde sUB cabellos, la palidez de sus ojos de nifia, todo esto
ta, que empujó suavemente, acercándose luego, de puntifué cruelmente ridiculizado. U na vez enconL."6 en el dor- recia de abajo de una estatura extraordinaria.
En el acto una descarga nutrida de fusilería partió d:l lla~ !l unl. jaula muy grande, que era el dormi~rio de
mitorio'- en la cabecera de su cama, clavado en la muraeu rival.
lla, un aibujo que lo representaba vestido con un traje de fuerte. El no parecía oírla.

~.!=--=~-= -=.!=1t

,í

•

•

•••

EL HOMBRE MOMIA

Las rarezas patológicas son frecuentemente ,Pretextos
para exhibici&lt;.-nes. Cada feria cuenta en el numero de
sus atractivos algunas monstruosidades de que el público ee muestra amigo siempre. Aquí el gi9ante, "el hom·
bre más grande del mundo;» ahí el enano, ,,el más pe·
queí1o del universo;n acullá, la mujer t1on barbas, la umujer coloso,,1 después el hombre lrml.d&gt;, monstruo ectr6m1-lo,
privado de muchos ó de todos sus miembros; el 11hombre
pez 1 11 tuac,\d.o de esa afección cutánea que en el hospital
lleva el nombre de Jcthyosis¡ el hombre tllfJUtleto, y en
general, un caso de atrofia muscular, etc., etc.
'C"n clínico, recorriendo las ferias, podría reclutar más
de un Rpecimen referente á. la patología.
París posee acLualmente el Jiombre momia, y este nue •
vo fenómeno cuya extraf'ia apariencia atrae á los bobos,
no es mlis que el ejemplo de una afección mórbida, poco
frecuPnte, es ciel"\o, pero bien descrita y científicamente
estudiJ1da.
El Jl,m,J,rr 111,,mi,1 d ni" rtPl 'fl"IÍI-I del ~nl. no de Egipto,

2

EL MUNDO

Entrevisb de

la reina Victoria y el Presidente Faurc.

como parece indicarlo su nombre, sino de Pro..,eoza, don•
de nació su repütación y prnsperó r.tpidamAnte, sirncio ·
nada por los exámenes médicos y por ronchas pub'ica•
ciones científicas. Examinado al principio en Ma.rs~lla,
por l\f. P,atóo. inspiró al P,ofosor Gra!!set nna lección
clínica en el bosphal San Eloi, de ~1ont,p .. 1Jier. La. N,u.tia Icúnografi,, de la Salpetierrf'. ha publicado este inte•
resante estudio recogid·&gt; por ).1. Vedtd y acompanaio de
numerosas fotografías.
«A primera vista. dice el profesor (irasset, es un h'lm·
brJ disecado. El tejid•) celular Bllbcutáneo, ha desapare•
cido los músculos y los huesos est1ín atrofiados en extre
mo, la. piel presenta un sclorosis de las mAs ext.ensas.
P1Jr su cabeza evoca la imagen de la Santa M ,ría Egip·
ciaca de Rivera, todo su cnerpo está redncido al Estado de
esqueleto, pero es un esqueleto vestido de una piel seca y
colada corno una momia ( véase el grabado).
uVedle la faz¡ la piel est:t aplicada contra los huesoe, la
ausencia de músculos e!4 casi completa, el conjunto tiene
un aspecto cicatricial, 1a boca está inmó..,,1, rígida y en·
t.reabierta, como te.llaJa en un trozo de cuero, eegú o la
expresión de Cbarcot; loe labios muy adelgazados, son
sobre.do peque0os para recubrir los dientes, no pueden
unirse para silbar; las orejas, e.delg~zadas t.ambi~n y enrlurt&gt;ciclas, no están, por decir!, así, lobulada~. L'\ nariT.
deprimida en la base, muy afilada en la punt.a, presenta
Pn la parte media una salida marcada sobre todo enel li\·
do dt!recho; las alas están reducid~s al mínimum y no
g izan de un movimiento, las pupila&lt;\, replegadas y muy
cort!l". no llegan á recubrir naturalmente loi globos oculares y presentan por esta circunstancia un aspecto e:xhor•
bitante.
L 'ª hnesos de la faz eP.tán A.t.rofhdns, IA.111 mejillas dPP·
rarm,rli\8, la barba fruncirla. No tiPne barba pt-ro lo,-1 c..1,•
bello~ di son abundantes y normales.
Los miembros tambien est.á.n ext.N:"marll\mente redn~idos en todas sus dimensiones. La piel, de color amarillo,
maculado de placas rojizas, parece pegada á los huesoa,

cuyas aspere7.BS se dibujan todas exageradamente. En la
mano los tendones aparecen salientes como las cuerdas
de nn violin. Las pit&gt;riias tienen raro aspecto y las uñu
están vneltas hacia dentro,
..
La piel aunque distendida y espesa en ci_ertos sit~oa,
conserva aún cierta flexibilidad. Se l?uede prnch_arletm·
punemente entre los dedos, s~lvo al nivel de los ~1é~. Pe·
ro los moYimientos dP lo!'\ mienbros_son muy hm_1ta:d011
por las ret,racciónes ílbro➔RS, en particular. los roov1m1en•
tos de extensión. Así el sujeto conserva su;mpre una .ac•
titud ankilosado, su pie sobre todo, parecefi1ado á. su pierna como si fuese un pie de madera. Se vueh•e como una
pie1.a, como una estatua eo la sala de un ta\ler.
En cambio, ~Fte esqueleto ambulante t1en~ corazón,
pulmones, estómago. que han conservado sus 1ustaa proporciones y que fn!lcion~~ bien_.
.
Tiene buen apeuLo, digiere bien, &lt;l:uerme !º ~1smo. Su
sensibilidad P.@tá. intarfat.. No seque]&amp; de nrngun dolor.
Sus facultadt!S intelectuales no están afectadas_ e!1 mo•
do alguno; platica con agrado y muest~ conoc1m~entoa
que te habrfan va liño en la escuela e! primer prem.10.:-···
Soloqu.:i Hl f'Bpfritn, como lo@ de ciertos reyesf'g1pct08,
permanece oreso en la momia viviente de un cuerpo que
mspira horror.
Los gm.nñP.,. politicns se sirven de las pasionesi pero
no las ex~rimentan.
G. RJ.han.
El amor perd·lna to3o. El amor proph&gt; nada.
C1rlo1 de 1J1 r1Lard.

•• •

�EL MUNDO

•

DOMINGO 11 .DE ABRIL OE 189

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Brilló en la semioscuridad que allí reinaba una hoja
de acero.
Taki no se había despertado y su cuerpo, tocando cae:i
los barrot.es de la jaula, estaba en situación muy á propó~
sito para que Pick le arrancara la vida de un solo golpe,

•••

El clown, al levantar el brazo, avergonzóse del acto
que iba á realizar.
Repugná.bale, en aquel momento, asesinar al mono, y
pensó á la vez que su cobarde acción no serviría para Fa•
ciar por completo su sed de venganza. Deseaba matará
Taki, pero luchando con él, e~truJándolo entre! sus nervudos brazos, mordiéndole1 desahogando, en fin, de un
modo brutal, toda la furia, rencorosa de que se senna
poFeído.

Y dominado por esta idea, mezcla extrafía de instintos sanguinarios y nobles, arrojó el puñal y abrió violentamente la plJerta del encierro.
Taki abrió los ojos y Pick comenzó á hostigarle para
que Be enfureciera.
Debió aquel comprender, indudablemente, que tenla
d-alante un enemigo temibh·, porque salió de la jaula con
el cuerpo encogido y los ojos brillantes y en actitud amenazadora.
De pronto alzóse sobre sus patas traseras, y hombre y
mono se confundieron en estrechísimo abrazo, que babia
de terminar con la muerte de uno de los dos comba
tientes.
Pick tenía mucha fuerza y una agilidad portentvsa, y
Jas empleó bien para t.icfent.ier.;~ de Taki y para saciar eu
él su rabia.
Era aquel un duelo grandioB0 1 en el cual los rivales pro
curaban destrozarae mutuamente sin lanzar un solo grito. Transcurridos algunos minutos, comprendió el clowu
que su vigor se debilitaba y que era preClso acabar.
Hizo un supremo esfuerzo y trato de derribar sobra
el suelo 4 su contendiente.
Pero Taki, comprendiendo también que aquel era el
instan'8 decisivo, logró desasirse de los brazos que le sujet.aban, deslizóse eutre las piernas de su enemigo y, agarrándose á ellas, le volteó.
Al mij¡no tiempo oyóse un espantoso crujimiento de
huesos y'"la angustiosa voz del hombre que gritaba:
-¡ Esto es una traición!. ..... ¡Dios mfo!. .....
.Así murió Pick, el larguirucho .Pick, Pickel inimitable.
PAUL GINISTY.

•

UN ROBO

Arnoldo se pa~eaba ·agitadamente por la acera de la
calle de la Esmeralda. Era indudable que estaba muy
preocupado.
Me acerqué á él y le dije:
-¿Aguardl\S á alguien para darle una bofetada?
-No, repuso. Lo que sucede es que no tengo la conciencia tranquila.
-En ese caso te dejo solo.
-Al contrario, quédate.
Y añadió:
-Estoy devanándome los sesos para buscar el medio
de que la portera de esa casa acepte doscientos pesos.
-¿Por qné no se los das sin rodeos?

presionable, qne cada día deEcubro en ella encantos nuevos. Cuan&lt;lo b lgunos de estos días buenos Ealimos de casa y vamoa por la calle Florida ó por la avenida, sedetie·
ne en todos los escaµarates. La pobre dt"searia e~to y lo
i&gt;tro, y lo de m.ís 1111.i, que yo no puedo pruporciop.arla.
Ent.onces da un e:uspirito y cunii11uamos nuestro paseo .
Pvr tol'l,uua, sus ambicione::! 80U pasajeras. -Semejs.nte
11 la rnariposilla de tenues alas, se posa un instante en la
flor, y en seguida se aparta de ella sin dejar t::1 más leve
rastro. Pero t:&gt;ntr~ todos lus caprichos que he visto brotar
y dhiiparse tao tas Vt'Cc!:', hay uno que he tenido que sa•
til:lfocer fon:ornm~nte. Enu11a, que antes de nuestra boda
vivía con su familia en el:!a casa, bajaba á menudo desde
el pisoalt11 á la pont-ría para recr!!arse con los gorgeosde
un canario maravilloso . .Ta111ás ha habido pájaro alguno
de su especie qne haya modulado sonidostandulce1::1, frases tan t;vrprendt&gt;Ltes; en un certámen hubiera vencido al
ruiseñor y al jilguno.
lJuandu no.1 cas,ltnos, Emma 88 fuéá vivir cnnmigo en
una mo&lt;lesta casa baj¡1. de la calle Anchorena, consider,índose enteramente dichosa con poseer un jardín de40
metros cuadradu,i, &lt;il que daba sombra un arbol algo tristf\ corno todos lus prisioneros, pero que llenaba cumpli•
dameure su pape.: Cada vez que un rayo de sol iba Ailuminar nuestros rosales y nuestras dalias, exclamaba.
Emma:
-¡Q 1é dichoso serfa Titi en mPdio de es-A follaje! Tití
era el canario de la calle Ksmeralda..
Arnuldo interrumpió su marcha.
Impresionado por la. pArsistencia de aquel Afecto, aila•
dió, mld encamind it verá la portera, hablé con ella largo
rrLto, á guiea &lt;lt! proemio, y abor-ló 1esueltarnente la cuestión.
-'.\Ii mujer, la dije, habla con frecuencia de su canario
de Udted.
-¡Ab! Si. Lll 1,eñorita Emma, Jp quería mucho. Estoy
segura de que Ae recorrería. toU.~ Holanda ~do encontrar
ninguno igual ui parecido.
-¿:'.fo podr a yo adquirir alg11110 semejante?
-lfo cuanto al plumaje, es muy posible; pero cantando no hay otro como él.
-¿Por qué no me lo vende usted?
La portera se ir~uió con arrogancia.
-¡Oh! ¡C,lballero, eso nunca!
-¿Quier .. ustt!d 50 peso:.?
-Imp,1&lt;:iible.
-¿Cieu?
-No lo daré por ningún precio.
-¿Y por doscientos pewi.?
La mujer dirigió una. mirada á laja da donde Tití se
estaba dand? un atracón de alJliste, y r~·p11so:
-Lo sentiría much() ......... No puedo 1:1epararme de él.
El desconsuelo de Btnma, fué terrible al conocer el mal
éxito de mis gesLiones. Transcurrió el día tristemente.
Al salir, observé que mi esposa trataba dldque no pasáramos por la calle de la Esmeralda.
Para concluir. Viendo que la diplomacia no daba resultado, decidí apelar á la fuerza.
Al dia eiguiente pasé por la casa de la calle Esmeralda
en el momento en que la. portera, vestida de obscuro se
disponia á ealir.
'
-V?Y á ver, me dij&lt;?, á un primo.mío que es empleado
de pohcfa. Estoy temiendo que pierda el pues.o. Mi
marido se queda cuidando de la portería.
Una idea diabólica cruzó por mi cerebro. Tomé un coche de plaza y me fní á una pajarería á comprar el cana
rio que más se pareciese al ave codicia.da por el color
del plumaje y por una especie de corona n~gra que tenia
en la cabecitia. Cinco minutos después entré en la porte.
ría Y rogué al portero que me hiciese una compra 1 para
la cual le tli tres pesos.
~o bien hubo vuelto las espaldas, me apoderé del maravilloso canr.or y metí el extrafio en la jaula. Mi mujer
no cabía en sí de gozo ...... Sin embarrro, me atormentaban los remordimientos y á los pocot días volví á verá
la portera.
-¿Conserva usted el canario?
-Sí, sefior.
-¿Acepta usted mi anterior proposición de· vendermelo por 200 peeo~?
-¡Ah, caballero! exclamó. Ahora no lo daría ni por
un tesoro . ¿Querd. usted creer que desde el último día
que nos vimos no ha cantado ni una sola v"lz?
( El pajarero me había vendido una hembra).
UmncK.

-Lns ha rechazado.
-;'PnP~ insiste!
-La insistencia seria una confesión.
-¡Una confesi.'m!. ..... ¿"De qué?
-De que se los he robado.
-¿Es posible?
-Como te lo digo ....... Escucha.
Se detuvo un poco y continuó:
-Ya sabes que sigo enamorado de mi mujer. Esto
no es mny frecuente al año de matrimonio· pero es una
mujer~tan simpática, de tanto entendimie~to y tan im·

Sentado en una loma, al pie de una barr&amp;nca
Con su guitarra amiga. á sola&lt;.i, canta un ciego ,
Y notas tri11tee, l,mguidas, al instrumento arra'nca
Con la tristeza mística del solitario ruego.
'
L&lt;l envuelven resplandoMs del sol 1 crepusculares·
Los vientos de la tarde su cabellera azotan,
'
Y al par que en el espacio se pierden sus cantares
Gotas de amargo llanto de su. pupila brotan.
El sol bañó en su~ rayos de re!!plandores rojos
El fruto_de esos párpa~os, inmóviles y muertos,
Y yo enJugué una lágnma al ver aquellos ojos
Para el placer dormidos, para el dolor despiertos!
Para él no hay sol radiante, ni noches estrelladas
Ni amarillenta luna que surque el firmamento;
'
Para él no hay cariñosas sonrisas ni miradas
Ni pájaros errantes que crucen por el vien~.'

Para él no hay más que sombra. Para él nada fulgura:
Rs justo que se aflija y en RU aflicción imploni,
Y que cuaudo alce un canto desde su noche obscura,
Ananque notas tristes á su guitarra y llore!. .....
Pero también la sombra cruzan radiantes huellas;
En negros nubarrones el rayo centellea;
En las obscuras noches fulguran las estrellas,
Y surge entre la sombra1 más diáfana la idea.
Si más que luz da sombra la claridad del día
Y el mundo de la forma, la humanidad ofusca,
¿El cieto ve el impulso divino que lo guía,
Y claros los misterios en vano el hombre busca?
¿Yerá en su fondo mismo de Dios la omnipotencia?
/.Traspasad los lindes del misterioso arcano,
Y con los ojos fijos por siempre en su conciencia
Ü&lt;lnoceráel abismo del corazón humano? ..... .
Entonces que no llore, que cante, que P(lnría,
)Lis lumbre hay en sus ojos y en au in.terior mas calma:
Q1ie no abra la pupila porque la luz del día
Pm:ide lanzar tinieblas sobre la luz de su alma.
Drruo Unrne.
Abril de 1897.

Como dos mi;ripoe-as sobre la nieve
vuelan tus manos blancas por el teclado,
y sollozan las notas que ha despertado
de tus ágiles dedos el soplo leve.

El ambiente está obscnro y en el nublado
cielo la luz se apaga temblanao ...... llue-ve .... ..
como dos maripoeas sobre la nieve
vagan tus manos blancas por tl teclado.
Cae sobre mi espíritu un llanto helado
y el pensamiento triste, que no se atreve
á volverá los días de mi pasado,
mira volar tus manos por el teclado
como doB mariposas '3obre la nieve.

Dit z 111t\rmole-s icónicos de testas milenarias,
Fo¡,o1 tan

en z::ns 1iuca~ la cripta medioeval
q,le guarda la~ yacentes est.ituas funerarias
U.e: n1onjt'S y aUalitJ.e,; de gran cepa real.
Ahí por siempre moran las viejas canonesa!:!:
al lado el firm~ báculo, al pecho el aurea cruz;
los áulicos primados, las graves doctoreeas,
espectadore:J mudos de la perenne luz .....
Ahí Rns manos juntan en actitud de ruego:
,vilf,edn, ,~l re.1.1 Vélfo,,llJ; Tristán, alma ck kón¡
Raul. el de la roja cimera y negro escudo,
con lisPs en un campo de·gules por blas6n.
En ángulo quieto que ú. la plegaria invita,
en el marmóreo táJallio dono.e tt'ndida t&gt;etá,
inll'.l.6vil, casta y bella, düerme Margarita•
( fa rtina de las trenzas flor-idus) de Valois.
Los mamo leos posan eus moles vetfodas
en míticas quimeras, bicornes y iiladas,
de arborescentes colas y de ademán flemático,
que escrutan el silencio pobfado de pavuras
y clavnn en las hoscas y arcaicas escultUtas
él dardo de su ojo trnnquilo y enigmático.
En las paredes se abren profundas hornacinas,
donde á los besos tenues de occidua luz solar
que llueve pólen de oro de todas las vitrinas,
exhiben los doctores su túnica talar:
San Agustín, flagelo d~l mónstrno Maniqueo,
medita en el abismo de la honda Trinidad;
San Pablo-el fiero apóstol-escribe á Timoteo
preceptos ecuménicos de vida y de verdad;

='t=- =l'@-='t=-='t=ACUARE;l,A

H, bía cerJa un bello jardín, con más HorPs que azaleas
y más violetas que rosas, Un bello y pequt•flo jardín con
jarrones, pero siu estátuaP; con una pila bhinca1)ero sin
surridores, cPrca de una casita como hecha I ara un cuento dulce y feliz.

í

-

.

1

.., J,.
•

CHDPIN

PARA UN MIS Al.

. );,,e\ -l
I:::_

J~r6nimo, el adusto doctor, el eremita
de cut&gt;rpo e~queleteado, de gran calva senil,
en su cavern.1. brava junto á la cruz medita,
forjando su potente dialéctica sutil.
. .. Y .\Iagdalena gime, á solas con pnnzaotes
dolures; su cabello riza 1o y blondo, cae
sobre sus ~uos, breves, agudo8 y distantes,
cuyos pezont'S fingen dos yemas rozagantes
en el 1ri1?al de oro que el viento lleva y trae ...
El fü,mbo, excelt-o amparo de las querellas mfsticae,
corona un baldaquino de sobrio y rico plan,
y 0Etenta entre sus gajos las armas cabalíeticas
de Lucas, de Mateo, de '.\1arcos y de Juan.
Los cuatro, en hondos éxtasis, en actitud arcana,
parece que contemplan la Esencia Soberana
del Logof:1, hecho carne de befa y de baldón;
y en su profundo arrobo y en su expresión de artietas,
fingen un quator lírico de bardos simbolistas
q_ue riman loe rumores polífonos de Sión ........ .
Cuando la noche llega, velando el hemisferio
del dombo, con sus gasas de pompa sideral,
las gfrgolaf:1, los gri íos, los tra!!gos del misterio,
penetran á la cripta volando en espiral;
Despiertan á los santos doctores en sus frías
moradas de reposo, galvanizando van
los áridos cadáveres, y en fúnebres theorfas
entonan el 'l'n~r,g,o tremendo de Isaías
al isocrono y lento compás de un ademán.
AllAD0 N1!:RVO,
1897.

t '
I.AS INCONSTANTE;S
.~·

LA MUCHEDUMBRE

LA OLA

.

V

F.? la pila un cisne se chapuzaba revolviendo el agua, sacudiendo las ala:; dri un blancor dt-i nieve, enarcando el
r.uell•&gt; en In forwi del brazfJ de tt11a lira 6 el asa de una
ánfora, y moviendo el pico húmedo y con tal lustre como si fuese labrado con una ágata de color de roea.
En la puerta de la casa, como extraída de una novela
de Dickem,, t&gt;staba una de esas viejas inglesas, únicas,.
solas, clá8icai, cun la cofia encintada, los anteojos sobre
la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillae arrugadas, más
con color de manzana madura y salud rica. Sobre la saya.
Qbscura, el delantal.
Llamaba:
-¡Mary!
El poeta vió lli&gt;-gar una joven de un rincón del jardíu
hermosa, tri!tnfal, sonriente¡ y no quiso tener tiempo si~
no para meditar en que son adorables los cabellos dorados cuando flotan sobre las nucas marmóreas, y en quehay rostros quo valen bien por una alba,
Luego, todo era delicioso. Aquelloi quince allos entre
las rosas-quince afias, sf, lo estaban pregonando unas
pupilas serenas de niña, un seno apenas erguido, una
frescura primaveral, y ur a falda hasta el tobillo, que dejaba ver el comienzo turbador de una media de color de
carne;-aquellos rosales temblorosos que hacían ondular
sus arcos verdes, aquellos durazneros con sus ramilletes
alegres donrle ee detenían al paso ]as mariposas errantes
llenas de polvo de oro, y las libélulas de alas cristalinas
é irisadas, aquel cisne en laanchi.a taza. esponjando el alabastro de e-us plumas, zabuytSndose entre espuma3eos y
burbujas, con voluptuosidad, en la tran13parencia del
agua; la casita limpia, pintada, apacible, de donde emergía como u na onda de felicidad; y en la puerta fa anciana, un invinno, en medio de toda aquella vida, cerca de
Marv, una virginídad en flor.
Ricardo, poeta lirio!o, que andaba á caza de cuadros,
estaba allí con la satisfacción de un goloso que paladea
coeas exqnisitas.
Y la anciana y la jf)ven:
-¿Qué traes?
-Flores.
•
M@straba Mary su falda llena oomo de iris hecho trizas, qnq revolvía con una de sus manos grácileflde ninfa,
mientras muriendo eu linda boca purpurada. sus ojos
abiertos en redondo dejaban ver un color de lapizlázuli
y una humedad radiosa.
RuBÉ:. DARÍO

•

Allá viene la ola, la pérfida, la hija caprichosa del vie •
jo ebrio: se estremece, es fragil como la nubf', nerviosa
como su hermaJJa, la mujer. Viene rizada con au blanca
blonda de espumas, cantando la canción del náufrago, y
bromeando y riendo, se tiende negligentemente sobre la
playa y bern la arena; pero el anciano, hecho &lt;le ea!, se
enfurece y la llama con su voz ronca; el la, at.emorizada,
se retira melancólicamente y se aleja rnspirando hacia
otras playas, mientras que el viejo gruñe y siente celos.
Allá va la ola, la pérfida, la caprichosa hija del viejo
ebrio: ya olvidó la orilla que besó al nacn el dfa. Se
oculta el sol, y ella sigue su marcha, bromeando y riendo, con BUS cadencias melodiosas, relampaiueando plata,
á otra costa de cerros muy verdes, donde nay caracoles,
conchas, grandes peñas, moluscos qne duermen .
LA NUBE

Se despereza voluptuosamente bajo la arcada del misterio: ella ha creado el país de los auef'ios; es la encarga•
da de hacE'r variar el panorama místico; creó las sombras
y creó el amor; es la étérea errante, la bohemia mágica.
forma el alba, se mancha de carmín, se envuelve en P"·
plos de oro luminoso, se tiñe de rubio ...... Es un velo de
novia, luego una flecha, un león, un haz de espigas, un
destello, una corona de laureles, un manto funerario; y
se pierde, lejos. muy lejos, vaporoea, pálida, para apare·
cer en otras regiones salpicada de luz, sangrienta, tormPntoea, vestida de negro.
Reina del aire: tú fecundas la madre tierra, tú ador•
nas el traje blanco de la Aurora, tú traes la alegoría á la
leyenda biblica que formó el cielo y divinizó el color
azul; tú eres fi'agrada porque vives en la altura, tú eres
diosa porque eres adorada; pero eres variable, eres de·
leznable. Simbolizas lo ideal: eres la ironía.
LA MUJER

Herruoeura y nervios, belleza, desdén, orgullo. Eres
frágil, porque te enamoras de un perfume, de una flor,
de una piel tefi.ida.
Eres ínígi 1, porque tus cabellos ondulan á merced del
viento, porqne tus ojos jamás descam~an, porque tu vaho
es la brisa d~I pudor convertida en voluptuosidad, el mareo de una virginidad fogosa, la huella silenciosa del
misterio.
El amr,r es tu boguera: allí te incendias. El amor es tu
altar: allí está tu cá.liz. El amor es tu crepúsculo: alH
están tus esplendoreA y tus sombras.
Tú vi ves del recuerdo: eTPs la frívola adorable, la nodriza di \.'i na que reparte la ambrosía y da el brebaje á los
profanos del santo bimeneo.
·
Tú purificas ó corrompes; tú haces ablución en los ritm rmsteriosos del dolor, ó caes sensual abrazada del vicio en las mudos santuarios del placer. Eres angel, eres
estatu l 1 eres esfinge.

La carne hecha mármol, la masa inconsciente é bisté·
rica; un ronquido de beodo que acompaña las pantomimas de un payaso, glorificando lo que ayer despreció.
La entusiasma la voz potente de un tribuno ó el sonido
seco de un cuerno; se embriaga con la música y con la
pólvora; es un tejido enorme de nervioe excitados por la
impresión del momento, dominados por la mneca exagerada de un E'.'altimbanqui. Destroza por un símbolo, arroja incienso y flores ante la espuma criminal de un lago
de sangre. Desaparece la idea de humanidad ante un
personalismo pasajno. Es un titán que se convierte en
niño.
La animación de la fiebre, la voluntad en el decaimiento de las grandes crisis, el vértigo enervante de las agru
paciones¡ y después, nada, decepción; caen los falsos [dolos, y la misma masa que los elevó se alza poderosa para
aplastarlos. Es la ola humana: tiene la ironía de la nube
y los caprichos de la mujer.
PEntt.o CÉSAR D0Mu1c1.

PAGINAS NUE;VAS
"Oro y Negro" de Francisco M. de Olaguibel.
PROVENZAL
A

Carlos Dísz Dnfoo.

El viento de la tarde trémulo agita
del platfado olivo la fronda cana,
y del mar rnmoroso la voz lejana
bajo el cielo de estío canta y palpita.
Sólo turba el silencio de la infinita
soledad de esa hora, la soberana
canción que entre Jos tallos de mejorana,
con escalas salvajes, el viento grita.
Loe himnos estridtmt.es de las cigarras
surgen entre las anchas v verdes parras,
se oye el sordo murmull0 que en los cantile!:!.
alza, cuando se estrella, la ruda ola
y, guiada por pitos y tamboriles,
pasa, rJpida y leve la farandola.

PRIMAVERAL

Los huracanes de Marzo se han acabado de llevar la sá.bana helada con que el invierno había amo1tajado á la
Naturaleza. Abriles mensajero de la vida, y trae t'I en•
cargo de r~::iucitarla con sus dulces besos.
Fiesta tienen los campos, y fiesta hay en los jardines,
paramentados como altares, para que oficie en elloM la
luz.
Jóvenes, ancianos y nifios, celebran en estos momentos la renovación de Ja vida, el alumbramiento dela Na•
turaleza, la fecunda primavera.
Aquí quit:iera yo verá. mi buena y querida madre, por
estas calles pobladas de gente feliz, confundida con estas hermosas ancianas que lucen sus guedejas de nieve
corno joyas de honor, y Uevan en el pecho, á la par de
las jóvenes coronadas de oro, su ramillete de f:loref, de
la8 primeras que brotan al sol primaveral.
Yo no sé pur qué nos parece, allá. por nuestras tierras,
profanación ó ridículo el que una anciana.lleve como
aquí flores sobre el corazón, cuando con ellas adornamos
laM imjgenes y las tumbas, la santidad y la muerte. Cualquiera diria que entre nosotros, el haber dado la vida á
otras criaturas, el haber vivido para levantarlae, educarlas y vt&gt;rlas l'eproducirse, es extralimitar la mt:dida de la
huruana exii:stencia. Allá nuestras madres mueren socialmente cuando dejan de ser jóvenes. Aquí la vejt-z constituye ornamento venerable; es como sacra prenda de
otro tiempo, que tod1.,s ponen con orgullo á la vista, para
que sean bien mirada.
¿Y por qué razón han de ser1 la gloria del salón, el aire
de las avenidas, la sombra de los parquee, el placer inocente de la vida en la sociedad y en la n1turaleza, pri vilegio exclusivo de los que llevan todavia alta la frente y
frescas las mejillas? Por qué recluir nuestras madres á
la labor y á la oración? ¡Si en sus aí'ios están sumados todos los de nuestra vida! ¡Si sus cabellos blancos son la
corona de plata que, junto con el tiempo, les labraron los
cuidados de nuestra existencia! Sus ojos no centellean,
por que velaron mucho nuestro suefio; su tez no es tersa, porque por ella corrió mucho llanto para que nosotros
rié~~mos ei~mpre; y si su cuerpo se inclina, mucha parte tiene ea ello el hábito de extendernos los brazos para
ponernos en pie sobre el planeta.
Me encanta ver estas madres con sus cabezas escarchadas, y sobre el pecho un manojo de lilas, presidiendo la
animación general en las mallanas de hermosa primavera . Me parecen ellas las legítimas sacerdotisas del culto
de la vidaen sus renovaciones, porque han vivido mucho¡
porque han llevado tributarios á las densas corientes humal...u1.s; porque han ensancfiado el espíritu de sus renuevos con el afán de la esperanza, que es la primavera perpetua de las almas; porque sólo ellas comparten con el
Creador la divina satisfacción de sentir palpitar la vida
de los seres antes que el sol los alumbre y el aire loe acaricie y la naturaleza los reciba en Sl1S brazos maternales.
Las Madonas de Rafael son cada día más hermol!as y
divinas, á proporción que el tiempo va fundiendo sus colores. Lo mismo sucede con nuestras madres. Aquella
belleza singular que de niños !ó!e nos antojaba ideal de loa
cielos, no desapar~ce sino que á nuestra vista se trans•
forma. El tiempo la va dorando con su maravilloso barniz, sacado de la esencia del misterio¡ la va dando transparencias y placideces m[sticas;:......Ja va añadiendo á lo
bello lo adorable. ¡Cuánto noble reposo en sus actitudes; cuánta sabia fijeza en sus ojos; cuánta dulce melancolía en sus sonrisas; cuánta augusta dignidad en todo su
ser! Es que ahora el artista que anima el cuadro es el
alma. Ya lo abandonó con sus últimos toques el pintor
fogoso del colorido; el que pone eobre el rostro á nacer
eoles y á reventar claveles; ahora. viene el apacible pintor de los crepúsculos, el de las noches eerenas, el de la
belleza tranquila, y paea sobre el cuadro su pincel empapado en lnces vespertinas y en destellos sideralea.
Sí, son hermosas, muy hermosas nuestras madres. Vengan rojos labios; vengan chispeantes ojos; vengan ebúrneas frent_es, y yo preferiré :poner~¡ beso, y con mi beeo. toda m1 alma, en esos labios pá:1dos que pronuncian
mi nombre en sueños¡ en esos ojos tranquilos que rueven
ausentes; en esa frente surcada en que está. escrito mi
nombre hace más de cincuenta afios!
Aquí quisiera yo verla, en esta procesi6n de la primavera, confundida con estas n-inasdecoronas de plata llevando también Cf'lmo ellas á los altares de la Natu~leza
inmortal su ofrenda de flores, que yo para su pecho
arrancaría á la rama de lilas más gallarda.
X ICANOR

Boi, ET

PERA~A.

�DDIIINC.D II DE ABRIL DE 1897

•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMIIIGO II DE ABRIL DE 1897

ENGAÑO SUBLIME-Pori'.blaría!!esc:ot.
NUl!'IER05,

La Seflora Fourneron se encontraba en su caea, presta
á salir¡ pero!viendo entrar á. }""elipe, arrojó un alegre grito:
-¡Ah! estás aquí, queridito mio! Pensaba en tí. Aglaé
de Lezines pretende que nos ocultas algo. ¡He! :He! cosas del corazón. Apuesto á. que be adivinado! Vienes á
confiarte á tu tía J'ourneron, sabiendo que ha hecho que
ee logren loe matrimonios más difíciles? Eso supone una

confianza plena. Dime su nombre. Había atraído á. Felipe y hécholo sentar sobre un pequefio canapé. Le mi•
raba eonriente y golosa del i)equei'ie secreto de amor que
ibaá eerle confiado, y alentándolo, siguió:
-Pero no respondes; temes sin duda haber llevado tus
anhelos demasiado alto y que no sean acogidos? ¡Hum!
será dificil no amar á un muchacho tan guapo. Y el

amor, ya lo sabes, á nada resiste. Por lo dem,e-- tenemos
para ofrecer una carrera poética, llena de atractivos para
las almas románticas, un lindo nombre, con partícula1 lo
que no es para desdeñarse: una pequeña fortuna, modesta pero segura¡ yo no veo mas que un obstáculo¡ eres muy
joven, pobre muchacho mfo; sed preciso obtener que
ella sea paciente y constante: fíate para estoá la tia Fourneron. Ye tú, yo tengo buena manp¡ soy yo q11ien hacaeado á la pobre Elena, y durante los siete años de su
unión, no tuvo una sola ¡ena.
El dijo ávidamente:
-¿Está usted segura, bien segura?
-Cómo segura ..... . poco y tanto como de la existencia
del sol! no solamente ni una pena, sino ni una contrariedad, ni una nube. Fué amada como merecía serlo.
En cuanto á tí, b.ijo mío, tan luego como me digas su
nombre ..... .
- Yo no pienso en casarme, dijo él.
-No piensas en casarte, Felipe! en qué piensas tú,
puea? Por qué pareces tan preocupado?

-~-~
1,, ,

"

, '!

~·

'

•

~

'~
'~

1
•I
:;:_ió

El se levantó y se pasó una mano por la freut.e:
-Nada, no es nada, y le agradezco ..... .
No era empero á aquella mujer indiscreta y curiosa á. quien pod.ia decirle su
.¿
_/ duro tormento. Salió de ahí con paeo lento, pensando: «La intriga eEtit muy
bien oculta, muy bien secreta, puesto que ni las :primaa Lesinee, ni, sobre todo, la t!a Fourneron, la conocen. Elena debió sorprender el adulterio y ocul
t6 fieramente la injuria.
Se extremeei6; una sospecha dolorosa acababa de nacer en su espíritu y crecía hast.a la certidumbre; esa sospecha explicaba Ja ignorancia de la tía Fourneron y de las ee6orims de Lezinea, pero explicaba sobre todo, la ardiente
súplica de Elena: -.Júrame proteger li Lila.•

1..

.•

-(.~~

ran buen artículo.

~~
•a

.

�EL MUNDO
uEso,)) si, l(eson debfa ser, «eso!» t1Eso 1 )) es decir la se•

'.

duccióu más vil, ]a que se disimula bajo la· sombra de
Jecho doméstico, la que abusa de la dependencia de la
cria:1a para obtener de ella vergonzosos favores¡ eedución
que desh.onra á un caballero tanto como un abus.;, de oonfianza.
Rlpidament.e examinó el personal femenino de la casa : Mariana, la vieja cocinera, fué puesta aparte: cincuenta afias de edad; pero las otras dos mujeres eran jóvenes; la una, Otilia, la recaruarera, morena, pálida, un
poco delgada, de modesto aspecto y correcta y afinada
por el contacto diario con su ama, con actitudes de dama
y el aire muy dulce; él pensó: ((una hipócrita." La otra,
Marieta, la niñera de Lila, pequeña, no linda, pero fresca con la frescura de la juventud y la alegría un pooo
bulliciosa de las gentes· de campo ... ..... .
Tornó á. ver los pobre3 ojo3 moribun los que implonban; pero la última parte de la plegaria no dejó de turbarle: ((Cuando Fernando se vuelva á casar ..... .. ... i,
Volverse á. casar!
Eutonces, se casa uno con ..... . Y por qué no? pardiez!
aí, aecasa uno así. Uno de use tíos maternos, por ejemplo, ¿no se cas6 á lo3 sesenta años con su criada? Hubo un
escándalo en la familia, pero resistiendo á. los extrafiamientos y pretendiéndose fuera de toda ley y suficientemente mayor de edad, efectuó su boda.
Y aun suponiendo que Fernando no se casase, Felipe
veía en un porvenir próximo y sombrío á la pobre Lila
entreg:\da á merced de una mujer viciosa, que podría á
su antojo embrutecerla y corromperla acaso.
El termino de sus vacaciones llegaría mpy pronto.
Partiría él llevándose esta inquietud mortal, y si partía,
no faltaba á su juramento? Por tres veces, repitió en alta voz: «Qué hacer? Qué puedo yo hacer? Qué debo yo
hacer? Sentía demasiado en su angustia que jamás osaría
dirigir á. su cuilado la insultante interrogación, Murmu •
ró: «Seré astuto, investigaré, espiaré ...... mas espiar, es•
piar .... .. yo soy su huésped, como su pan, qué vergüenza! No, es preciso tener el valor de interrogarle sobre sus
proyectos para el porvenir¡ acaso coasentirá en separar•
Be de Lila. Yo la confiaré á las primas de Lezines, á la
tía Fourneron ...... Sí, sí es preciso, absolutamente hablar
:t Fernando.n Un sudor ligero mojaba sus sienes, en tanto que subía la escalera y que llamaba á la puerta del taller de su cuñado. Este, viéndole entrar, le tendió las
dos manos con un gesto afectuoso;
-Soy muy feliz viéndoos 1 Felipe, os veo tan poco,
querido hijo! Oh! no os hago reproche alguno; vuestro
dolor, como el mío, busca la soledad y e l silencio; los
consuelos le importunan.
Bajó lavo:, y en tono de niño que teme ser oido y reprendido, continuó:
-Me fatigan, me abruman; vos sabéis de quiénes quie•
ro hablar. Eso ea más que una persecución, ea una tortura; pienso en huir para escaparles.
El joven preguntó pensativo :
-¿Por qué q uere is partir?
-Quiero partir, Felipe, porque sufro demasiado aquí.
¿Qué queréis que sea de mí cuando os vayáis? Llevadme,
amigo mío; llevadme ...... Oh! si pudiéseis hacernos subir
á. Lila y á mi en uno de vuestros grandes buques~ Si nos
fuese posible seguiros hasta la extremidad del mundo!
Sí, yo quiero partir; me muero contemplando su alcoba
vacía!
Después se lamentó largamente, como pobre hombre
debil que era, repitiendo:
-Sufro mucho aquí.
Duramente, sin apiadarse, Felipe le interrumpió:
-Y pensais verdaderamonte llevaros ú. Lila á. través
de largos viajes?
-¡Oh! Felipe, y cómo no llevármela? ella es mi amor,
mi tesoro, mi consuelo, el recuerdo viviente de la que ya
no existe.
Después de un silencio, Felipe preguntó con voz que
temblaba un poco.
-Pem vos no podéis ocuparos coa.tinuamente de ella
y es demasiado pequefia para que se le prive de los cui_
dados de una mujer. ¿Es qué contais con llevaros á Marieta?
Fernando respondió sencillamente:
-Marieta es demasiado joven, demasiado niña, demasiado insuficiente, en una palabra, sin la continua vigilancia de una madre. Yo tendría más confianza en Oti•

tia, pero, con gran pena mfa, nos abandona. Una vocación religiosa, á. la cual ha resistido tanto tiempo, cuanto sus cuidados han sido necesarios á. su querida ama:
entra dentro de un mes á. las carmelitas de Beaanc;ó n. Mi
pobre Elena me pidió que pagase el pequetio dote necesado; es esta una denda de reconocimiento que yo soy
feliz en satisfacer.
Fernando no comprendió ni supo iamá.s por qué la en ·
trada de Otilia á. las carmelitas causaba á. su joven cuñado una alegría tan viva, y por qué la expresión severa de
sus ojos ae había, de pronto, suavizado, y por qué murmuraba con voz alegre:
-A las Carmelitas! que buena criatura! cuan contento
estoy! cuan contento estoy!
Otilia no comprendió y no supo jamás porqué F~lipe
le regaló, •aquella mísma noche, un rosario soberbio, el
máii h,ermoso que pudo encontrar en la mejor joyería de
la ciudad.
Fe sentia feliz, pero al día siguiente sus desconfianzas
renacieron, tomando otro rumno. No era en la casa donde se encontraba la enemiga; era preciso buscarla fuera, y
á la primera oportunidad volvió sobre el asunto del viaje.
-No puedo sin cierta inquietud-dijo á Ft&lt;rnando-ver
que os llevais á Lila; es taa frágil, tan delicada; además
sinó he entendido mal, vuestra ausencia será larga, por
que no se disipa la pena en unos meees.
Por qué no ponerla mejor en una casa de educación re•
ligiosa, bajo la vigilancia de las primas de Lezines y de
la tía Fourneron? Ahí sería cuidada1 amada, instruida,
bien educada y vos quedaríais libre para obrará. vuestro
gusto, libre para ir y venir sin e3e gran embarazo de una
hija.
Pero Fernando se rebeló:
-No, no, dijo con una voz violenta1 yo no me separaré de ella¡ preferiría cien veces quedarme aquí, á. riesgo
de morir de consunción y de tristeza. Q3 lo rdpito, Felipe, ella es todo mi amor, el sólo bien que me une á la vida: si élla no existiese, me mataría.
Después continuó en un tono más tranquilo:
-Por qué no recnrrir mejor á. una aya á. una institutriz que nos siguiera por todas partes, á una mujer de
buen corazón, de espíritu cultivado, capaz en 1ma palabra, de amar, de iil,Struir y de educará.nuestra niña?
Felipe preguntó :
- Y para este puesto importante ya teneis quizá. una á
la vista?
Todas sus sospechas volvieron á asaltarle.
-No!-dijo Fernando-yo soy incapaz de buscarla¡
nuestras primas Lezines se encargarán de eso. Yo hubie •
ra preferido recurrir al buen sentido práctico de la tía
Fourneron, pero ella pedirfa para si misma el ¡mesto y
tendría una admirable ocasión para sus solicitudes! Me
dirigiré, pues, á las Lezines, y enseguida vos me ayuda •
reis Felipe, á hacer entre las que se presenten una elec·
ción feliz. Vos comprendéis de que importancia serán los
gustos, el caracter y el corazón de esa desconocida á quien
yo deberé confiar la tarea de formar los gustos, el caracter y el corazón de Lila.
Las desconfianzas de Felipe se desvanecían; sin embar•
go, dijo aun:
-Por qué no escogéis una aya inglesa 6 una aya alemana? Se dice que son muy expertas para los cuidados higienicos. Además po~ía serviros de intérprete en vuestros
viajes.
-Teneis razón, Felipe; vuestra idea es excelente y, sobretodo, me libraré del peligroso concurso de la tía Fourneron

Xlll.
Aquella perla de las ayas no fué fácil de descubrir. La
tía Fourneron y las primas Lezines, convocadas por Fernando en conclave, se erizaron de exigencias y de pre•
venciones; l,a.s pobres muchachas atraídas por el anuncio
inserto en los periódicos de la localidad y p":&gt;r sus brillantes promesas, se vieron excluidas prontameute.
Aglaé hacía pasará. las aspirantes por un exámen seologico que un doctor de la Sorbona hubiera terido trabajo
en sostener. Por poco que vacilasen sobre las di versas
virtudes de la gracia actual y de la gracia santificante,
eran reprendidas sin piedad. La tía Fourneron las interrogaba en seguida sobre la iarmaceutica sobre las reglas
de higiene, sobre los síntomas de las enfermedades y so•
bre los medicamentos apropiados: se hubiera dicho que
se trataba de u!la cátedra de doctor en medicína.

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Pero por severa3 que fuesen estas pruebas, no eran má1:1o
que un juego de niños en comparación de la prueba temible de los ojos de, Felipe: él tenía por un crimen el pe•
queño rizo de cabellos rebeldes que se escapaban del
sombrero, el ponpón de cinta, el traje bien hecho, la belleza y aun la fealdad, si la fealdad era fresca, espiritual
y agradable de verse.
Solo Fernando permanecia indiferente ante este importante concurso.
-Lo declino todo en vosotros, amigos mios, había di.
cho: para mi sería penoso recibirá. esas jovenes y tedio•
s~ despedirlas.
Y caía de nuevo en su sombrío entorpecimiento, y desde que la tía y las primas, ocupadas en buscar institutriz
no lo acosaban, sus proyectos de viaje parecían abandonados.
La nacionalidad de la aya complicaba aún la cuestión.
Las sefioritas de Lezines se rebelaron definitivamente
contra una inglesa por temor del proseHtismo protestantR:
-Las que se pretenden católicaSJ no son frecuentemente más que herejes disfrazadas. Quién sabe si algún adep to del anglicanismo, del presbiterianismo, etc, no se des lizaría en medio de nosotros?
Los da.ros recuerdos de la guerra estaban demasiado
recientes para que s&amp; admitiese una hija de la Alemania.
del Norte. Se decidieron pues por una austriaca. La seflora Fourneron descubrió la dirección de un convento
de Viena que formaba institutrices. Esta palabra «convent.o» tranquilizó á las señoritas de Lezines, que se mas·
traron favorables á. la vienesa. Solo que como no se podía hacer venir á. Pontarlier todas las institutrices de
Viena, Felipe ofreció irá practica1 una vista de ojos á los
lugares mismos. Tan luego como obtuvo autorización pa•
ra ealir de Francia, partió bien provisto de instrucciones.
y de recomendaciOne~. Su viaje tuvo pleno éxito. A la
sexta mujer que le fué presentada, exclamó como Arquf •
medes: «Eurekan y Arquímedes no sintió por. su descubrí ·
miento tanta alegría como Felipe.
No era fea la pobre Carlota D1rm!ln; era más y mejor
que fea: vulgar, insignificante. Un largo rostro de faccio nes regulares y groseras, los ojos redondos, la boca car-nuda en los labios espesos, entreabiertos por una perpe•
tua sonrisa; el busto cuadrado, ma.ciso, como tallado á
hacha:i:os, y por encima de todo, un deadén de la moda,
una ignorancia ab.30luta de la coquetería, que no disimulaba ninguna desgracia física ni trataba de embellecer-fealdad alguna. Y con esto, en los grandes ojos redoll dos, en la boca de labios grueso3, en el menor gesto de
aquella maciza peraona, raii1bJ una indecible bondad,
una de esas bondades á flor de epidermis, cuya infl.uen·
cia es imposible resistir, una de esas bondades que se ig•
noran á. sí mismas, de tal suerte están hechas de abnega•
ción.
Seguro de que la señorita Dirman debía ser instruida,
como lo son todas las alemanas, sin vacilar la contrató y
se la llevó casi en triunfo, de tal suerte era feliz con su
encuentro.
Carlota tuvo la fortuna de agradará. las primas de Le•
zines, porqu~ de3de el día siguiente de su llegada asistió
devotamente á la primera misa. Agradó también á. la
Sef'i.ora Fourneroa por las excelentes recetas para hacer·
pas~eles y crerua'S que le co:nunicó; pero desde el primer
día, desde el primer minuto ganó el coraz{m de Lila. Le
bastó tomar á la pe1tueñuela en sus brazos robustos, y
estrecharla cJntra su corazón, para que aquella con ese
instinto de animal que ~uplé en los niños á la razón imperfecta, sintiese y comprendiese que aquel abrazo era.
maternal y que aquel corazón serfa tierno y abnegado.
Felipe temía algunas censuras de Fernando, porque
ante los ojo3 del artista la fealdad es un crímen; pero elJ
pintor, realmente absorto en su dolor, se limitó á dar las
gracias á. su joven cuñado.
-Habéis elegido perfectamente, Felipe; la señorita .
Carlota parece ser una excelente persona; es en verdad
el aya que mejor poi.ría convenir á. nuestra Lila. Ahora
sí puedo dar continuación á mis proyectos de viaje,
Un mes má.s tarde partía acompañado solamente de ,.
Liiá y de la aya. Otilia entraba á las Carmelitas; la seii.ora Fom neron se encargaba de buscar á. Marieta otro acomodo y Mariana se quedaba al cuidado de la casa.
Fernandn, antes de su partida Labía cerrado con su
propia mano la a lcoba de la mue rta ; ninguna presencia.

DOMINGO II DE ABRIL D'E 1897

debía profanarla. Ftilipe tornaba á Brest para esperar u.n
nuevo ernbarqut&gt;. Sus temores se disipaban; no rnlaroen~
te no habfa descubierto indicio alguno de traición, éino
que la actit.ud de su hermano, la intensidad de su tristeza, sn indiferencia para todas las cosne, llevaban el eello
de dolores proiund-•s. Se necesit.arfa que fueee un mise·
rabie hipócrita, pensaba él, y yo lo be conocido siempre
lleno de franqueza y de rectitud. El es libre ahora. ¿Para qué había de representar esta comedia?
Su adiós fué cordi11.I y tierno.
-Adiós, mi qnerido hiJo.
-Adiós, hermano.

XIV
Felipe al llegará Brest no se acordaba ni de Beltrana
ni de :\f. Martín, ai de LeodicC: el dolor, las preocupa
cianea graves, habían borrado de su espíritu el recuerdo
de la a,·eotura, á la cual involuntariamente, encontrárase mezclado. Este olvido no fué de larga duración. Desde luego, registrandó diversos papeles insignificantes,
llegados durante su ausencia, prospectos de negocios, catálogos de casas de comercio, impresos de todas claeeP,
descubrió mucbas_eaquelas de invitación. Estaban con•
cebiclas asi:
(e El señor y la seflora Martín, ruegan al Sr. Felipe de
Aubián que les haga la honra ......... n
In vitacivnes para tertulias, para comidas, en aquella
mierna villa Martín, donde había pasado el inolvidable
drama.
Tu'\'"o un gesto de sorpresa: Beltrana lo había reconocido en aquel baile del Almirantazgo y quería recibirlo.
¿Era acaso para hacer un alarde de audacia, ó para su•
plicarle queguardase sileacio? Se sintió ofendido: ,cYo
no soy un Leodice, se dijo, y esta súplica. sería una in•
juria.n
En seguida pensó con má.s jueticia1 que habiendo sido
sus tres entrevistas completamente silenciosas, Beltrana
no podía conocer la delicadeza de sus sentimientos y la
rigidez de su houor. u Así somos todos, mu~uró, queremos qne se nos adivine. Pobre mujer! el tipo masculino que le ha sido dado ver de cerca: su hermoso Leodice, ha debido inspirarle desconfiaoza por la especie entera. Haría yo mal en molestarme; pero no debo ir á. su
casa; no quiero ser ni su cómplice ni su confidente.))
Tomó una tarjeta de visita y por encima de eu nombre:
«Felipe de Aubián,11 escribió:
,,Encuentra en su casa, á su regreso, las invitaciones
que el señor y la señ.ora :Uartin le hicierou el honor de
dirijirle. Les suplica tengan á bien recibir la expresión
da su gratitud y sus excusas que su duelo y su próximo
viaje, no le permiten llevarles personalmente.n
Ella comprendería as! que no quería verla.
Al día siguiente; ú. la hora, del almuerzo con su amigo
Merville, le esperaba otra prueba:
-Dime, de Aubián, le preguntó este, porqué razones
misteriosas y maquiavélicas te has puesto á. mistificar·
nos? Sf, á mistificamos, pardiez! sosteniendo que no CO·
nocíae á los Martín. Porqué entonces Martín no habla
más que de ti y no se preocupa más que de ti? nY que
porqué no aceptaste sus invitaciones? Que donde esta
bas? Que~i tu amencia sería larga?)) Si tuviese otra hija,
creería yo que tenía el proyecto de hacerla tu esposa ..... .
Ya sabes, nosotros hemos ido frecuentemente á. casa de
los 1\fartín: á 12.s fiestas de estío en eu villa y hemos presenciado inusitado lujo: Iluminaciones, juegos de artificio, un cuento de las mil y una noches! despues otras
fie1:tas en el yacht, porque tienen un yacht, sin hablar
de lo.; esplendores de su hotel de Brest. Ah! por rico
que sea el viejo Martín, circulan cierto'3 rumores en la
ciudad ...... En fin, esos rumores nonos importan.
Si á. él le agradase arruinarsij por la hermosa Beltran a
no seremos nosotros quienes lo lamentemos, verdad? ..... .
Qué mujer amigo mio! sorprendente, incomparable,
inexplicable! Loa esfinge, una quimera! ......... Imaginate que atraviesa por e3aa fiestas como en el baile del almirantazgo donde tú la viste: indiferente á todas los homenajes, á. todos los amores. Sabes? Fourquet, el vizconde
de Fourqnet, el hermoso Fourquet, el irresistible, ha perdido sus mad¡igales y sus miradas magnéticas; el pequefio de Sombres pierde su alegría, su esprit, su atractivo
endiablado, y se vuelve malancólico. En cuanto á Legoleck, tengo miedo de que se vuelva loco. Qué quieres tú?
á fuerza de hablar de ella todos llegamos á la obsesión:
e.oigma, esfinge, quimera, ......... será. de quien la desci-

EL MUNDO

íre. Por qué me ocalias tú lo que sabes de ella? Por qué
negar que la hns conocido?
Felipe respondió molesto.
-Realmente os estáis poniendo fastidiosos iú y los
otros; si esa mujer noos vuelve locos como á Legoeleck,
cuando menos os está. volviendo idiotas, pobres amigos
míos!. ....... .
-Huml de Aubian! No quieres responder.
li'elipe movió los hombros:
-Mal haya ei eé lo que vosotros imaginaie:
He aquí todo lo que pasó: Yo debía reemplazará. uno
de mis primos en el matrimonio de la se.ñorita ::M:artin.
Llegué la víspera en la tarde: me pme muy malo en la
nocbe. Me dolían horriblemente losioteetinoa. Temíqne
fuese un emponzoHamiento ó un ataque de cólera. Siempre se dan algllll:os casos en Brest.
Confieso que perdí la cabeza como no niño. La idea de
turbar la fiesta, de coneternar á. mis huéspedes, de enloquecer á. los convidados, me pareció tan insoportable que
resolví huir, huir sin decirlo . .Apenas amaneció me hice
ca.aducirá la estación y partí.
Me había alarmado de sobra, mi indispos.iCión era leve,
y lo incivil de mi conducta no podía tener mas que una
excusa: La muerte ..... . y yo estoy vivo aun. Ahora que
te he dicbo la-verdad, comprenderás que este asunto de
conversación me sea poco a~radable. Si mi aventura se
supiese, sería víctima de :as bromas. La señora Martín
no me conoce y me admira que te haya hablado de mí.
-No, si no es ella, ella no me ha hablado jamás de tí;
es su marido, no confundas. Y me ha bec4o un interro•
gatorio en regla, por que no te lo he repetido todo. Me
ha preguntado si tus camaradas te estimaban, si gozas de
buena reputación, si podría uno fiarse de ta. palabra, si
no transigías en cuestiones de honor. ¡Ah! ¡pobre viejo!
Y todo porque tu viste en s_u casa un ataque de colerina .....
Felipe ee creía libre ya de estas molestias y desembarazado para siempre de los esposos M1rtín. Pero Merville que no era precisamente la discreción, no había podi·
do resistir al maligno placer de contará algunos amigos
la aventura del pobre de Aubian. Estos bromearon i~
petto á sus expensas; más como lo querían y sabían además
que era poco sufrido, no hablaron jamás del asunto en su
presencia. Aun evitaron pronunciar el nombre de la se·
flora Martín. El se percibió de ésto, adivinó las causas, y
se regocijó del resultado que había obtenido. M~ valía
exponeree generosamente á un pequefio ridículo que correr el riesio de comp;ometer á. una mujer por una afee•
tación de silencio y de aires de misterio.
Por lb demás, iba á. abandonará. Brest; la orden de di·
rijirae á. Rochefort para embarcarse, acababa de llegar•
le. Cerraba sus maletas y hacia de prisa sus últimos
preparativos, cuando fueron á advertirle que un seflor
quería hablarle. Ordenó que fuese introducido y avanzó
hacia el visitante. Al verlo apenas pudo contener ungesto de fas ti dio ........ .
Era Martín de Breet.
Martín de Brest no era ya aquel hombre mal vestido,
de gran sombrero de plantaiior, á quien tres al1os antes
se habría confundido con el jardinero de su villa, sino un
hombre elegante en cuanto cabe, aunque ua. poco rubo·
so del traje que llevaba, cc,mo si le hubiese parecido impropio de su edad.
Felipe no halló en él, ni la franca simplicidad que era el
distintivo de aquel millonario, ni la bonomía de su aspecto y la sencillez de su acojida. u¿Qué irá á. decirme?))
se preguntó ofreciendo una silla al visitante.
El Sefior Martín no hablaba; fijaba en el joven sus ojos
indecisos, daba vueltas entre ms man )B admirablemente
enguantadas, á uu junCQ magnifico. El silencio se pro·
longaba y Iué Felipe quien habló:
-}lucho le agradezco sefior, que haya venido á mi
casa; yo habría debido llevarle á. usted mis excusas y mis
agradecirofontos.
Se sintíó presa de un vago malestar ante el silencio de
su interlo::utor, y ante aquellos grandes ojos que le miraban fijamente.
-Sefior, dijo por fin )Iartín de Brest, no me debe usted ni11guna excusa; soy yo quien se la debo porqu3 vengo á quitarle el tiempo. Sin embargo, era preciso, pues~
to que usted se va ..... .
Y luego de pronto, como el hombre que toma uo gra.n
partido, exclamó:

243

-He venido para preguntarle á. usted. ¿por~ qué )l'J
asistió al matrimonio de mi hija, hace tres a11os?
Felipe respondió evaaivamente:
-Una indisposición súbita, sefior; ee lo dije á usted.
Martín de Breat movió la cabeza, murmurando:
-Así lo creí al principio.
Y cambiando de tono, con una voz que suplicaba:
-Seilor de Aubiá.n, lo conjuro á. usted á que me diga
la verdad.
Felipe tuvo piedad de aquel hombre:
-La verdad, señor, dispénseme usted de decínela.
:Me cubriría de ridículo.
Gravemente el Sr. Ma1tín insistió:
-Le conjuro á usted á. que me la diga.
Ante la persistencia de este interrogatoriO, ante aquellos pobres ojos inquietos, q a.e parecían sondear hasta el
fondo de su alma, se sintió turbado. Ensayó sin embargo, reíerirle la historia que había adormecido las suposiciones de Merville; pero aun no llegaba á la mitad de
su narración, cuando M. !lL1rtín le intt,rrumpió con un
use lo agradezco á. usted, sefior,11 pronunciado con una
voz tan triste, que compre11dió la inutilidad de su engafio.

De nuevo entre los dos hombres reinó el silencio; ua
silencio muy largo, durante el cual Felipe vió al Sr. Martín pa~mr sucesivamente del rojo apoplético á la palidez
cadavérica; gotas de sudor perlaban su frente, y por fin,
lágrimas que no pudo retener, cayeron de sus ojos.
.Felipe se levantó de un salto.
-Usted sufre, señor; permítame que llame.
El Sr. :!\Iartín !o detuvo.
-No llame usted, se lo suplico; es cierto, sufro; ¡oh!
si usted pudiese, si usted quisiese librarme de la duda
que me tortura!
Le miraba con ojos extraviados; su boca estaba convulsa por un sollozo. Introdujo su diestra en la boba de
su levita y sacó un carta que desplegó. Sin embargo, no
se la tendió á. Felipe.
- Yo me hibfa resuelto, dijo, á que no la leyera us·
ted . Yo sé que en su mundo, ustedes1 gentiles hombres,
ponen su dignidad en el silencio, y que son capaces de
morir estoicamente eín dejar escapar una palabra deque·
ja; sé que no se van á contar los_infortunios conyugales
á un desconocido; sé que los débilee se callan y que los
fuertes se vengan; pero yo no soy un gentil hombre, yo
soy un artesano á. quien el trabajo ha enriquecido... y
además, yo sufro, yo sufro ...... Yo la amaba demasiado,
yo creía en ella como en todo lo que hay de bello y de
noble sobre la tierra; yo que nunc8 oro, daba cada día
gracias al cielo porque me la babia concedido; ella era
mi alegría y mi orgullo. Yo no podía esperar que esa
niña de veintidos años experimentase por un viejo como
yo un amor igual al mío; sin embargo, ella pretendía
amarme mucho, con un afecto reconocido y yo no pedía
má.e. La encontraba casta y orgullosa; su i.ofancia, su niñez habían corrido en la soledad del convento .... .. ... Pero la antevíspera de mi matrimonio, recibí la infame
carta. que tengo aquí.
Y dió sobre el papel que tenia en la mano un puñetazo, como si hubiese esperado aniquilar á. la denuncia y
al denunciador.
-Sí, una carta infame, una carta anónima, una de
esas cobardías indignas de la menor creencia~ Beltrana
vergonzosamente es acusad.a de ..... . de ...... tenga usted;
lea!
Felipe leyó:
«Un amigo que quiere al Sr. Martin, cree de su deber
prevenirle que la mujer con quien se va á casar, e3 la
más vil y la más peligrosa de las intrigantes; aprovechándose de la imprudente a.nistad de la señorita Valeria,
ha puesta en obra todos los medios para quitarle á su
futuro, á quien por lo demás, ella nada ha rehusado.
1cYiendo frustrados su esperanza y sus planesamliicio_
sos, ha dirigido contra el Sr. l\Iartin el terrible poder de
seducción que posee.
«Por despecho y por venganza quiere Cal:arse con él.
1&lt;8i el Sr. 1Iartín desea asegurarse de la verdad &lt;le las
cosas, contenidas en este billete, bastará preguntarle al
Sr. Felipe de Aubiá.n lo que vió en la playa la noche del
20 de Septiembre, y por qué huyó de la Vil la ~Iartín, sin
asistir al matrimonio de su amigo,n
( Contimiará.)

�EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de ,897

LA MODA
,.

,., ~'1· ,,

:f! f:

I

.j

~--.

·;;;

'·

i!as primeras flores.

Traje ae primat?era para paseo, con sombrero ae nuet?o moaelo.

�DOMINGO II OE ABRIL DE ,897

EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 18g7

LA JIIODA

Y continúan los trajea primaverales. Abril
viola las ytmas que mañana se multiplicarán en
mi riadas de flores, fingiendo en los jardines un
iris heclw trizas! .flcrt:E para la Virgen inmaculada que viste de blanco de nieve y ciñe su cintura d"' azul de citlo ..... .
La meda ha tenido hoy una coquetería. Jun·
to álos espléndidos trajes hechos para las doncella1:1 y las esposas jóvenes, nos muf'stra dos modelos de corte @evtro, pero agradable y aun fantaseado ha~ta donde las convenienciaslo permitt~n, para matronas.
Sí, por qué en eee concierto de vida primaveeral y bulliciosa, no han de dar su neta inmaculada los blancos cabdloe? Esun conlra.Ete tan
hermoso el de los rizos rubios con los sedeños
rizos blancos!.. ...... Oh! son muy hermosas las
gmves matrnnas vestidas severa y elegantemente, alternando en los paseos y en las soiré/j con
sns bijas, y contemplándolas con dulces mira
dae, que hablan de égida afectuosa, de salvaguardia, de amparo!. .....
Por eso es simpática nuestra página de modas
de hoy, que, por lo demás, trae deliciosús figurines para. las jóvenes.

Un refrán dice que en Valencia la carne vale lo que las legumbres,
' las legumbres lo queei agua, loshC'mbres lo que las mujeres, y éstas nada.
Dicho refrán es falso en lg que se refiere á los hombres y á. las mujeres.
La verdad es que. colocada entre la andaluza y la catalana, sin tener
la pasión de la primera ni las altas cualidades morales de la segunda, la
valenciana tiene menos carácter propio. Con todo, sus ricos vestidos, sus
cabellos en bandas, su fisonomía expresiva, 1a hacen típica;puede reivindicar todas las virtudes caseras, pero más suavizadas que en otras partes.
Aeí como Barcelona es la ciudad de Espaf'ia que mas se parece á una
gran ciudad francesa, &lt;lel mismo modo el espíritu serio y práctico, el
perfecto conocimiento de la economía casera, el sentido comercial muy
desarrollado de la catalana la semeja mucho á la (ranceea. Mas el parecido no va más allá.
Muy orgullosa con ser catalana, por nada cambiaría de provincia. El
ser catalanes un título de nobleza.
La catalana eshermoeaó fea, no hay termino medio; y es admirable,
cuando hermo@a. Si bien no tiene el pie pequeño y la mano fina de la andaluza, es más alta; más ancha de hombros, y,en el andar no le faltan
gracia y nobleza. Es de una sinceridad y franqueza, á. veces chocantes;
es activa y entre las mujeres de España es la que goza de más autoridad
en su ca;a. Tiene también más libertad moral.
Es incontestable que del punto de vista del sentimiento patriotico,
aeaz general entre las mnjeres de España, hay que colocará la aragonesaen primer término. Ha dado pruebas varias veces, de la virilidad, fuerza y resistencia que desarrolla en ella el amor del suelo natal, vigorizado
aún por el defecto ~2.pital del pueblo aragonés, au inquebrantable empe•
cinamiento.
Cuando la aragoneea se propone algo 1 lo quiere deveras; nada le puede arredrar. Sus historias amorosas lo prueban. Es franca, leal; se puede
tener íé en su fidelidad, E!i la ha prometido: sufrirá antes que faltará su
palabra, que considera como algo sagrado. Más sise Je puede amar por su
energia y su actividad, se la puede amar también por eu sin número de
encanto.a mujeriles; por su ternura y su delicadeza.
Es fuerte y sana, de una belleza sevfra.
En todos los tiempos, los eepafioles que no han visitado Galicia, han
considerado á la gallega como un sér pesado y sin inteligencia. Nada más
injusto.
Si en este incompleto boceto da las mnjeres de Eeipafla mencionara
taro bién sus virtudes más elevadas, no eerürn ya t:m sólo las hermosas
mujeres que son en realidad, sino que aparecerlan también como las
madrE:s susceptibles de mantener las cualidades de la raza. El día en
que las mujeres de España puedan desarrollarse libremente bajo su cielo sonriente, el desarrollo nacional será correlativo y continuo.

--"-,

LECTURA PARA LAS DAMAS
LA MUJER ESPANOLA

Vestido parisiense de calle.

•

rra civil, alentando a lo0
hombree, desafiando el
peligro, dando sus fner·
z:"81 su dinero, sus hijoe.
Pero es madre ante todo.
P.Jsee grandes virtudE'-8
caseras, el orden. la eco•
no mía, una acti vidail. in·
canaable, y sobre todo, la
lealtad, la alegría, la ca 1·
roa generosa de las natu·
ralezas sanas. Son bnenas
compat'ierAB para sus ma•
ridos; madres amant.es y
l:!f'veras, partidistas tem1blee cada vez que se trata
dP, su ideal religioso y político.
Taccristianacomo ella.
pero de una devoción más
dulce, la mujer de Toledo
es la perla de Castilla la
Viejaporeuaencille:r,. Su
aseo casi inverosímil pnederivalizar con la tradicional leyenda hol:l.n&lt;leea. Su casa de ba.Jdg~as
deslumbrantes, y su ropa
deperfecta blancura, hue·
len suavemente á tomillo.
Con su veSti.do de percal,
sus poi leras de la na roja
6 azul, con su pafiuelo de
coloree vi vos en torno
del pescuezo, atrae por la
frescura de e.u cútis; ann
entre las campesinas, escasas son las que andan
descalzas ó con las pier·
nae desm11fa¡;a. Su ve~tido
es á veces pobre y remendado; jamás se ve en él
una mancha 6 un desgarrri. Graves como lasmontaüas de su país, son un
,:idryrno para esa ciudad
• • ,'&gt;tica y melancólica de
Tvledo.
La chula, más gracio~a
que hermo:!a, de estatura regular, de talle flexible, de aire macareno, de tez trigueña y p:í.lida á la que dan calor
1100s ojos expresivos que dicen claramente lo que quieren
decir, en un idioma enérgico, es una mezcla extraña de
miel y de p6\vora. Dulce y paciente para con el elegido
de su corazón, es por lo general de un carácter ardiente
y colérico que tiene su complemento en un lenguaje que
abunda en expresiones pintorescas, ligeras como flechas.
En el b'l.rrio en que vive, las reyertas son moneda corriente. No reflexiona; tan sólo obedece á eu imaginación

Para eetudiarálas muj"'res de España, convie•
oe dejará un lado á la muJer de la aristocracia
y á. la burguesa y atenerse exclusivamente á la
del pueblo. Allí encuentránse todavía la tradición casi pura, los tipos verdaderos de belleza,
energía, amor y pasión estampados con una nitidez de agua fuerte: los trajes que mejor se
adaptan á rn gracia y modo de ser, las costum•
brts, con esa gravedad, eea dulzura, esa pureza
que han hecho y hacen del pueblo espa6ol 1m
gran pueblo de acción.
Sin remontarse muy lejos en la historia 1 Sti
sabe de qué valor, de qué heroú=mo las mujeres
españolas dieron prueba durante la invasión
napoleónica. Unos espíritus perspicaces suponen que no sucedería otro tanto hoy. Por mi
parte, estoy convencido de lo contrario y creo
firmemente que, en caso necesario, las muje1es
de Espana coneagrarían la historia.
La mujer vasca ha dado numerosos ejemplos
de·valor, de entusiasmo y de abnegación durante el último movimiento carlista. Ha soportado
con la frente serena túdcs los horrores de la gue-

Traje de seda negra y amarilla, con bandas de
raso, para matrona.

~

-~

~
:

-

.,;

Vestido de gros negro graneado, para matrona.

UE

Toilette de recepción.

Máloga.

ó su corazón; esclava del primer movimiento, tiene un
genio arrebatado, celoso, á. veces cruel; en cambio, su bondad á veces no tiene límites para con el que sabe entenderla; es generosa y caritativa. á tal punto, qne no cortaría su manto en dos pedazos como San Martín, sino que
se lo 8acarfa todo entero para abrigará una criatura enferma, á un mendigo 6 á un anciano. En virtud de su caractier batallador, jamás puede querer á un cobarde. Es
madre hasta el exceso1 como en todo. Desinteresada, to-

. _\f

ALMACENES

do corazón y teda sangrE',
sigue siendo poética, en·
cantadora, ava.ealladora.
La andaluza es hermana de la chula. Ambas sen
de la mi1:1ma raza; pero la
última es más dulce, m(e
modesta, más religioea.
Tiene una imaginación
ardiente y se.asual. El caE!arse la tiene muy prE'ocupar1.a y cuida mucho
su persona, siendo muy
amante de los colores cla·
ros, vi voe. Su gran elegao •
cia reeide, sobre todo, en
el pañuelo con que cubre
sus hcm broa.
El complemento de Fil
toüette consiste en flore"",
claveles rojos, rosas blancas, que coloca artistica ·
mente en su cabellera negra ó rubia color de oro,
pues numerosas soo laH
rubias en Sevilla, Cádiz y

Sombreros de Primavera.

J. P. R.

.,.,

Es aficionada á. cuanto
reluce, y hace un enorme
consumo de alhajas de
dublé. Nada, sin embargo
que tenga un brillo t-an
vivo, malicioso al mismo
tiempo que lánguido co•
mo sus ojos, grades y profundos, llenos de inteligencia, aun cuando la que
los posee carezca de ella.
Por cierto tieIJe la boca
fresca, la nariz hermo~a,
pero todo su t-ncanto re·
side en sus ojos, únicoe,
quizás. en el mundo, y en
su mirada.
Su converrnciónestá llena de imágenes y de poé·
ticae exageraciones. El
andaluz es 11 n pueblo quetodo lo canta, pero sobre
todo las dulzuras del amor, las angustias de los celos, los
odios rivales. La andahiza lleva-en -el il.i-ma un f-ondo de
melancolía y tristeza, que expresan la música; y el ritmo
de sus cantos. Una insaciable necesidad de cariño hase
de ella una amante terrible; la necesidad de sacrificarse
hace de ella una madre sublime.
Tiene uPa alta idea de su dignidad, y moriría antes de
casaree contra su gusto. Ademáe, posee el sentimiento
exagerado de la justicia, y se apasiona por todo lo noble
y hermorn.

EL PALACIO DE HIERRO.
,.~~"' .

·-···.......

'"'"' ,

.

.~

Los más grandes y acreditados Almacenes de la República, por su extenso y variado
surtido, por el sistema que tienen Pstablecido
DE TENER TODAS SUS MERCANCIAS MARCADAS CON NUMERO8 CONOCIDOS
Y VENDER TODOS SUS EFECTOS MUY BARATOS Y A PRECIOS INVARIABLEMENTE FIJOS,

si·stema reconocido como el que más Javortce á los compradores.
Lealtad, Honradez y Eficacia, ea nuestro lema.

GRANDES NOVEDADES

Para la Serna na Santa y Estación de Verano.
SE ACABA DM RECIBIR OS INCOMPARABLE SURTIDO DE TELAS PARA VESTIDO, TANTO IJE SEDA COllO DE LANA Y SEDA, DE LANA Y FINAS DE ALGOUON
J ARMURE CoLOMBE, pura seda, alta novedad...... " •4.00
$ 0.37 3 EPINGLD,JK, género de lana y seda, gran novedad,
NANSOUK MULHOOSE extra fino ......... '.' ...... .
,2 100 centímetros de ttncho ................... . " 1.60 a TAFFETAN PERLÉ, pura seda, última moda ... ' . . . . 11 4.50
HAvANAlSE, géner~ muy durable, imitación de
lana ........................................ .

11

clase extra .................. ·.. .

11

ZEPRIR BROCHE,

PERrvJENNE, tela ligera de pura lana, para traJes

de calle, 100 centímetros de ancbv.. ... . . . . . . .
PoNGE )APÓN CUADRILLE, y con dibuios muy elegantes1 para blusas ..................... •·...

0.37 3 ETA!.UN"E RoYALE, alta novedad para vestidos ... .
0.60 ,2 GAzE ArnA, gran novedad, para blusas ......... .

3 SENEGALIEN~E, género de lana y seda, muy ele•

,, 15012
3
,, 1.253

q

1.75 ETAM_n-rn BROCHÉ V1CTORIA, riquisima tela de seda,
" 2.00 ii última moda................................

11

aMHLANGK BosToN, pura lana, novedad para el ve-

11

5.50

" 2.50 ,.:, rano, 100 centímetros de ancbo...... . . . . . . . ., 1.70
gante, 100 C't&gt;ntímetros de ancho ....
~ GRAN SURTIDO DE GRANADINAS negras, de sedal de
BROCHÉ G1L BLAS, alta novedad para blusas
y adornos .................................. . ,, 3.00 .3 $ 2.00 metro á................... . . . . . . . . . . . " 3.00

GAZE.

SE ACABAN DE RECIBIR LOS ULTIMOS MODELOS DE CONFECCIONES Y SOMBREROS PARA SEÑORAS Y NIÑOS
Especialidades de la casa

Gran surtido de adornos para vestidos.

Bonetería. Lencería. Géneros de todas clases
para vestidos. Perfumería. Camisas. Corbatas.
Paragu3;s. Sombríllas. Casimires. Tapicería. Muebles, etc., etc.

Pasamanerías. Adornos sueltos de todos estilos.
Cuellos y aplicaciones de encajes. Galones. Encajes. Blondas. Listones, etc., etc.
Incomparable surtido
co111-

Mandamos catálogo general á todo el qne
. lo solicite.

En nuestro departaml!nto de MUEBLES Y TAPICERiA tenemos constantemente un sin igual
surtido de artículos relativos y nos encargamos de
cualquier trabajo relativo al ramo á precios equi·

lntcrcaanle a la• pereona• q1-1e vlv•n fuera de la
Capital.

de casimires franceses é ingleses A PRRC10s s,~

PETE:sc1A.

tativos.

Inmenso surtido de camisas blusas para
seíioras.
Elegantfl eort,, dase muy buena.
Etttilo distiugnido.
Blusas de Zephir, clase suprema, gran novedad de dibujos...........
$ 3.50
Blusas de Cretona fino, co1ores inalterables, gran variedad de estilos.......... &gt; 2.50
Camisas blusas sobre medida, á precios módicos.

_:::;::;?a--~'

Enviamos á las familias que vivan fuera de esta
Capital las muestras que nos pidan.-Todo pedido
de un valor de $50.00 cuando menos, y cuyo peso
no exceda de 15 kilos será remitido á su destino
FRANCO DE PORTE, siempre que para el lugar
de residencia del compn:,dor exista Ferrocarril ó
Express.-Todos los pedidos que nos dirijan deberán ser pagados al contado.-Para mayor comodi•
dad de las personas que así lo desearen y con el fin
de facilitarles el pago de sus pedidos, enviaremos
éstos acompañados de la factura correspondiente,
cuyo valor deberá ser pagado al Express al entre·
gar el bulto.

�El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

Para Resfriados, Toses. Bronquitis.
~!al de Garganta, Romadizo y Tisis

Incipiente no hay remedio que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. A yer. Calma la inflamación

de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la. tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

TOMO l .

(ruaa r o ae la $staci 6n.

Su conauUorio Qtd. 1Jitlll.ll1o en l,i prünem ~ la Pila Seca, número 8, s,

da ron.8Ult.a8 iodo, l08 dfa,, tnt'T108 loa de jlr,ta, de 5 ti 6 de la tarde.

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr. J. C . Ayer y Ca.,
LOWELL, n ASS. , U. S. A,

M e d allas de Oro en la.s Principales
E xposiciones Univ e r aa.les.

Purifica. la. Sangre
Es el mejor remedio conocido par&amp; cnrar

trPóngast'I en f!Uartlia contra las imitaciones baratM.

.El nombre tic - Ayer"s

pronta y r adicalmente las enfermedad es q ue
prot'eden de la impureza de la sangr e.

Reservado

C herry Pectoral - aparee«" en la envoltura
y de r ealce NI el cristal de cada frasco.

No contiene mercurio
L&amp; eifilis más rebelde cede pront o ba jo la
em!r¡;c-lca acc!On del cOlo.1~1a~ y a:m loa n iñ o11
que heredaron tan terrible enfe rmedad St:
curan.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

-

9,~ DE¿
-

fi 1011 que en IU j uventud t uvier on esta enfermedad y van á &lt;'asar se. pue, p u ed en trasmitir el viru s 1!iñlitico y i loa qu e h an to·
mado mercu r io p ues elimina ese p eligroso
minera.\ .

LAIT ANTÍPDÉLIQt... -

LECHE ANTEFÉL
ra 6 m ezcla da con agua , dial

En las 11roituerias y Boticas.
AGENCJA.-APARTADO POSTAL 183.--IEXICO

A.8, LENT&amp;JAS, TEZ A.SO
&amp;RPOLLIDOS, TEZ BARROS
.&amp;.RROGA.S PRECOCES
EFLORESCENCU.8

.

SE ENVIAN FOLLETOS CUTIS.

ROJECES

"

~ e l c,6.\19~

Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
$ntre las calles ael 6 ae !lOavo v Plateros.

~alle a, la Glcaleerla número ~'l.
A.NTES EN LA. LA. 2(0 CA.LLE DEL ti

DE MA. YO NUM. 4..

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad • • M OS LE R · ·
CONTRA ROBO Y CONTRA INCENDIO.

11,oritorioa Pla1ws, Escritorios de Cbrtina, Carpetas altas para tenedor de libros, Si.lwnes giratorios de tornillo y resorte en gran v a ~
.Archiveros, Prensal! p ara copiar, libreros giratorios,
Libreros con cristaks, .Ajuares de cuero para dupaclws, Máquinas para escribir y demá.'l muebla para ojwinas.
La :máquina par a e s cribi .. E,,nnith-Pre:rn.ier."
UNICO AGNTE EN LA REPUBL ICA PARA LAS CELEBRE!!! BlCICLET.A.S "CLEVELAND."

El rnás cc.,mpleto surtido de accesorios para Bicicletas
dnlnire ha~la lu AAICES el VELLO del rostro de In damu ffia rha, 1\1,:nte, ttc.), &amp;la
oingun peligro para el eolia. 50 .año• 4e Éxlto,y millartt de testimoniospranllu_o 11 ebdl
de esu preparaci.oo. (Se Tende ea ..Ja a, para fa barba, J eo l(l oaJaa para el bigo\e hJero). Pin
101 bruo1. empJéele el .E'lLl t'O ~ • DUSSER. t . rueJ •.J.-Rouueau. Parla-

PATE EPILATOIRE DUSSER UTINEl'&lt;!l,odeArro1espooalprepmdoco1BilmlU,
o
Higiene de la Cabeza * Belleza de la Cabellera
V
r-..,
'\y .t"?

~~

.A.G'U'.A.
ºª

1

QUIIINA TOIIOA DE HD.PIIAOD
Infalible contra las Pelicu]a,s y la Ca.ida. de los cabellos.

PA.JA.:l: S

-

37, Boulevard de Strasbourg, 37 -

PA.JA.:1:EI

HIQI.ENICu,
ADHERENTE,

INVISl ■ LE

l.ol• 1Jm,mp111:oda 111 la tf:rpc1(eiol! 1!11ir mal_d, t 88R.

•

CH. FAV• Perfumista, 9 , Ru e d e l a Pa1x, Pans
(6111rdar111 de /u /mftaoiones 1 F1/sJ1ic,ic,on&amp;1. - SentencN d• 8 de M110 d• 1815).

:l'..ÚlU0.6. l!:Sl'E Cl.6.I, de .6.J'E lTE:S d e '1'00Al)01l, l)a.i'&amp; P ASEO '1 '1'E.6.'1'BO
CREMA CAIIELfA, CREMA EMPERATRIZ.
POLVOS para elll1)0ltar loe cabeiloa. Blondo, blanco,
ROJO 1 BLANCO en eb.o.peta1,,
oro, pinta J d1amaote.
ROJO VEGETAL enpoln.
BllilfCO de PERLA en po!TO, blanco, ró!eo, Rachel,
LÁPICES e1peetale1 pan. ennegreeer pea;talu y ceJu. POIIADli ROJA para Iot labloa, en bote1 J m roll01,,,
los P•oitm~tos d• CH, FAY u encuentran •n el Mundo entero, •n casa de 101 Principales Perfumlafll YDroguKt••·

1

'

LA. HORCHA.T.EDA.

[Dlb11Jo d•Jo . . ■. VIIIHan ■ .]

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92267">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92269">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92270">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92271">
              <text>15</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92272">
              <text>Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92273">
              <text>11</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92290">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92268">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 15, Abril 11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92274">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92275">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92276">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92277">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92278">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92279">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92280">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92281">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92282">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92283">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92284">
                <text>1897-04-11</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92285">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92286">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92287">
                <text>2017474</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92288">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92289">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92291">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92292">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92293">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="1001">
        <name>Costumbres africanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="976">
        <name>Cuestión Cretense</name>
      </tag>
      <tag tagId="990">
        <name>Damas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="1002">
        <name>Hombre momia</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="1000">
        <name>Palacio real de Atenas</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3537" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2179">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3537/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._14._Abril_4..pdf</src>
        <authentication>0850e5f87b0af2bb6ddba75c3b11cc55</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117359">
                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(Zalle ae la Glcalceria número 2'1',

$ntT• las calles ael II ae OOavo v }'lateros,

A.NTES EN LA. L A

aes

CALLE DEL "

DE HA.YO NUM .....

TORO I.

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad ''MOSLER"
CONTRA ROBO Y

ftEXICO, A.DRIL 4 DE I897,

CONTRA INCENDIO .

..lt.orit01'Ío$ Planos, Escritorios de Gortina, Carpetali altali para tenedor de libros, SiUones giratorios de tornillo y resorte en gran v ~

$scenas me2ticanas.

Archiveros, Prensali para copwr, lwreros giratorios,
Libreros con cristales, Ajuares de cuero para despachos, Máuui= para escrwir y demás muebles para ofici=.
La máquina para escribir «Esmith-Premier."
l'NJC-0 AGNTE EN LA REPUBLICA PARA LAS CELEBRES BICICLETAS "CLEVELAND."

El más CCJr-npleto surtido de accesorios para Bicicletas.

PATE EPILATOIRE DUSSER
t'íjpn¡;¡p, n la SILLA
UE \'0LTt0, la ú
11ica bicicleta qut

tit-ne PPta ''Pntaja

es la Yll'TORIA, le

más cómoda, hern,osa y fut.&gt;rte.
Las biciclPtae

YICTOR Y VICTORIA

tieneD más reformas modernas y exclusivas queningu•
nas otras.
Pídanse catá.lagoE
y pormenores,
Trachsel y Cia.,
U nicos A;ent.Ps pa
rala Rerublica.
Apartado 349 Calle de Gantft núm 8

dtslnlye hii.&lt;U Ju RAICES el VELLO del roslro de In d.amu (Barba, Bigote. tt.c.). si.
nin¡..'llu peh;ro para el cufü. 50 Año• de Éxlto.ymillart'S de tt-sümonio1praotiun ia e ~
de est.i preDMacion. ¡Se nnde en cajas, para ta barba. J en 1/2 oaJu pan el bi¡;ole ligero). Pan
101 brazos, emplee&amp;ecl P.l.L.l. f'U~A"• .D"CJ'SSER.1,rueJ.•.J••Rou•aeau,Parla.

•

ED.PINAUD

PARlS - 37, Bould de Strasbourg - PARIS

SALES AMERICANAS

ura 6 mezclada con agua, d.isi

NUEVAS SALES COLORADAS
Perfume vivificante, excelente contra las
fatigas y dolores de cabeza.
Perfuma y purifica las habitaciones.

AS, LENTEJAS, TEZ.ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES
•
&amp;
~ el oútl•

deAtBERCHIGO, YERBA SECA. HELIOrROPQ. IRIS, JAZMIN, lA'IANOA, t

.MKXtce

,,,.,.-~,~~~~~~~.Alill't.lllt:néoeé:aeM,.!Gb'1GltMdte... ,~.,,

j

CAL~

t

~L~~A

s~~JAL~~!~o ,oa. l

~-,~··~~~~~!~~~~~,¡,-~ .. ~- 1t

Vajillas para mf'Ra. Ju,gos de CriRtal. Juegn11 lavamanos. Cnebilleria y efectos pla•
teado!J. Lámparas de todos eistllus y para tode~ osos.

REMATE
DE

l&lt;!iO iiciclolas
Para hacer luaar l loa
NUEVOS MODELOS

DE 1807'.

Se hace el
20 POR CIENTO
DE DESCUENTO

Inmensa variedad de tfectos de lujo.
~ Se reciben novedades continuamente~

p

Por toda venta al contado.

,tl,""41M11""....&gt;U'~w-r•oo~.., • .,.w;e,,~w-,,i•irww•w:!jpw·w·wl1111•1111'w1$1W•"'

'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

Lms

MA:-.JARRÉ..~.

LA CERVEZA FERRUGINA,
BXCONSTITUYE.,.."iTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA•

Be recomienda á los anémícoe, á lae jóvenes c1or6,icu.
y á. las personas debilitadas por una prolongada perma
nencia en las ~iones cálida!:! y ma:.SS;;ias.
De venta en casa de loa Sres. E. Dutour y Comp., .A.gen
Ha Generales; en el establecimiento de la Sra. Viuda dt
Genio y Comp., ~ de Plateros número 3, y en &amp;od.oe Jo,
l)r incipales establecimienk&gt;s.

OPORTUNJ.DA.D.

Humber, Stearns, Tnrist, Wiuchester,
Record.
Pidan•• c•liro1oa y prccloa i

HILAR/O MEENEN,

Avenida Juárez no 6. México.

AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�•
EL MUNDO

24

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

"EL ltilJNDO''
Semanario Ilustrado.
"'Tetefono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

•

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCCión, debe ser dirigida al

ll)alítica Qítneral.
RESUMEN.-Muerte de Cisneros Betancourt y captura de Ruíz Rivera.-Una nueva fase en la insurrección cubana.-latáctica de guerri1las.-La marcha
del General Weyler.-Creta sin esperanza.-Grecia
abandonada.-La force prime le droit.-Conclusi6n.

Director, Lic. Raf"ael Reyes Spindola..
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lle. Fausto.Moguet.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
m,s, y se cobra por tri.mestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa~os.
. .
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

1lllotas tbitarittlts.
\

t!)rablrma rcanómictJ.

¿Estamos enfrente de una nueva baja de la plata? La
prensa acaba de anunciar que el gobierno del Japón ha
decretado adoptar el m.-0ri.mrumlismo oro, lo que detendrá inmediatamente la demanda anual que hasta ahora
ha venido Oaciendo aquel país del metal depreciado.
Los mercados del Extremo Oriente se han considerado
como el abismo sin jon•to de la produccitín argentífera.
Por esa enorme bocaza se han ido enormes cantidades
de plata, y el Japón no ha sido de esas comarcas
la menos solícita en este constante consumo. Su conversión al talón de oro, traerá pues crmsigo, un grave tras
torno enel precio del producto. ¿Pero es posible que este
flamante Estado, abierto valientemente al progreso mo·
derno, pase sin al.Leraciones trascendentales. de uno á
otro régimen?
Una de las circutlstancias económicas que más ha fayorecido el desarrollo industrial del Japón, sirviendo de es"
timulo á la inmigración de capitales extranjeros, ha sido
precisamente su base monetaria. Pagados en plata los
jornales1 los empresarios han encontr'ldo una considerable reba ja en los gastos de producción: este hecho ha permitido la creación de una industria floreciente, que no
sólo excluye los articulas similares de la vieja Europa,
sino que se destaca en los horizontes como la amenaza de
una competencia futura.
Un cambio violento de sistema monetario poodrfa al
imperio asiático al borde de tina crisis, y su gobierno es
bastante ilustrado par~ suponer que no proceda por me ·
Uio de un brusco salto que paralizaría la expansión de
su riqueza social.
Por lo que á México hace, la República ha resistido
con increible fortaleza la mlis ruda baja de la piafa, y
como el descenso indicado, se anuncia de un modo gradual, siempre dará tiempo á que en la cuestión financiera se tomen las precauciones indispensables para ·sufrir loa nuevos golpes de rechazo que nos depare el porve·nir de :a plata.

Al comenzar el rercerafio de esa lucha emprendida en
los campos de Cuba por los que sueñan en una patria
nueva, la guerra entra en una nueva fase, marcadl:l:_ por
una derrota favorable á. las armas españolas, y la prisión
de un caudillo insurrecto, destinado á ser el sucesor del
célebre cabecilla Antonio Maceo en la provincia de Pinar
del Río, y señalada por la muerte del que funcion_a ba co•
mo Presidente provisional de la anhelada República, he·
choa acaecidos casi simultáneamente en difnen&amp;es pun·
tos de la revuelta isla.
La desaparición de Salvador Cisneros Betancourt, exMarqués de Santa Lucía, investido con la suprema autoridad por voto unánime d~ los jefes rebeldes, con ser tan
sentida en las filas immrrectas, será quizá. de menos tras·
cend~ncia para la causa cubana que la prisión de R~:z.
Rivera por el general Velasco en los campos de ¡j¡au Cr1at6bal. El anciano que, con el título de Presidente de la
República cubana, parecía encarnar los destinos de lainsnrrección, y se llevaba tras sí el respeto de las multitudes y la veneración de sns partidarios, más que una energía en acción y una fuerza vi va, era una especie de. monumento de las pasadas luchas, una personalidad que CO·
municaba·el prestigio de su nombre á. la contienda.actual,
una sombra gloriosa de muertas energías que recordaba
á los combatientes la tenaz resistencia ofrecida á. los tercios españoles en la tremenda guerra de dit:z años.
En la época presente en que nadie concibe la muelle
ociosidad ni el descanso reparador; en que se han menester la actividad sin tregua, el movimiento incesante, el sacrificio inagotable, para que permanezca en pie la causa
de los rebPldee; hoy que el gobierno de la Metrópoli,
mientras ofrece reformas seductoras que semejan la au•
tonomía, redobla á la vez sus ataques, concentra sus elementos de combate, yen esfuerzo supremo procuraaplastar la revolución de múltiples cabezas, sofocar tacto ger•
men Bt-paratista, y desarraigar toda idea de independen ·
cia; en estos momentos de angustia, infinita y decisiva
lid, tiene mayor significación para lo por"venir, entre los
que simpatizan y trabajan por la independencia de Cuba, la captura del cabeci 11a batallador que en las fértiles
campiñas y agrias moo.tañas de Pinar del Rí~ mantenía
vivo el fuego de la revolución, que la muerte de unanciano, muy ameritado y digno de rPspeto en Js.s huestes
insurrectas, pero ya falto de vigor por sus cansados afias
y sin la energía física que en otro tiempo desplegó en fa .
vor de la libertad é independencia de la Autilla.

*
••

En las provincias de Oriente, '1:á.ximo Gómez y sus
subalternos activan la campaña; avanzan, se concentran,
retroceden, se dispersan, amenazan aquí, marcan con la
llama del incendio rn paso por allá, y en incesantes evoluciones y movimientos, ni dan tregua á las columnas
españolas lanzadas en su persecnción, ni aceptan la batalla decisiva á que pretende obligarlos la estrategia de
los ejércitos reales. Comprenden que su fuerza estriba,
no en el vigoroso empuje que barre campamentos, asalta
ciudadeE y desmantela fortalezas, sino en la guerrilla que
molesta, la emboscada que sorprende, el golpe de audacia que desconcierta un destacamento, y por eso no abandonan su objetivo que es entorpecer la marcha de lasco·
lumnas pesadas, aparentar un altoá. pie firme, como esperando batalla campal, y lue~o dispersarse por las veredas, dividirse en grupos insignificantes, perdidos en las
quebraduras de la sierra ó en las espesuras de la manigua,
¡Todavía uno menos! ..... . Los viejos campeones de la para volver al día siiuiente á la misma carga, que repetiLibert¡ad van desertando de nuestro lado. Se alejan los da una y otra vez, tiene que agotar las fuerzas del eneq¡¡e en otro tiempo pusieron suR energías al servicio de migo y consumir sus recursos en marchas y contramarun principio que está ya germinando en nuestro joven chas que nunca. acaban, en busca de invisibles sombras
,mela. Se llevan á la tumba recuerdos gloriosos, días de que se hacen palpables, cuando una colina, un bosque,
trágicat:J luchas, entusiasmos épicos y un gran aliento de un recodo del camino, una arruga del terreno les permiesperanza que sopla de las actuales g,meraciones.
te hacer una ó varias descargas, y dar así muestras de
A esos veteranos del liberalismo, rígidos é inflexibles que no son vanos fantasmas, sino soldados reales, avesacomo el programa que se trazaron, pertenecía el Gene- doa á ese géneN de combates, capa;a, de vencer algo que
ral Rocha, muerto en los comienzos.de la anterior sema- no fuera la indomable tenacidad del patriotismo esna. Su historia, fué la eterna, incamable lucha contra el pat'i.ol.
fanatismo, que perseguía con el ardor y la cólera de un
Nutrido y aleccionado en esa táctica del débil y pequecazador á una res brava.
flo contra el fuerte y poderoso, el Jefe insurgente Ruiz
No se podría, en verdad, lanzar un reproche á. ese Rivera, por cerca de cuatro meses sostuvo la lugha desacendrado sentimiento radical que informaba su criterio. igual en Pinar del Ria, y logró evitar batallas formales
El jacobinismo del General Rocha ibaendérezado áun que habían de comprometer su posición¡ pero menos
grupo social en el que hay que buscar las sensaciones afortunado que sus colegas del Camagüey, acaba de caer
por medio de enérgicas sacudidas y poderosas reaccio- en manos de los soldados del rey Alfonso, que en los
nes: el eJército. Allí sólo el radicalismo echa raíces, só• campos de Cuba defienden la integridad de sus domilo la idea jacobina hace estallar el sentimiento liberal. • nios.
Y para el ejército y por el ejército trabajaba el veterano general, pur ese cuerpo, antaño sin alma, enel que los
propagandistas del liberalismo han prendido un espíCon esta pérdida, !a revolución hs recibido nuevo golritu.
pe; y como quiera que, las autoridades americanas pareJamás hemo'-1 negado nosotros los servicios que los ja- cen más decididas qlle nnnca.á impedir las expediciones
cobinos han prestaJo á la libertad: reacción contr;a reac- filibmteras, que á la continua panían de las costas floción, había que gponer una fuerza contra otra fuerza y ridanas, proporcionando armas y recursos á los ddensofrPnte á una exaltación otra equivalente. Para que des- res de la manigua, solamente les queda, á mis de su tei,11~1:1 el conceJ?tO del liberalismo haya tomado caracteres nacidad. y energía, la esperanza de: que la nueva estación
precisos, ha ¡;:1'10 indispensable trasponer esas etapas de de lluvias entorpezca los movimiento! de las tropas esformación, salvar e::ios periodos de lucha, que tachonan pañolas, y puedan así IM disperaas partidas insurrect.as,
la historia de todos los pueblos.
recobraT su brío en lo intrincado de la selva ó en las queY por esa labor útil é interesante, emprendidit, como bradurad de la sierra.
acabamos de decir, en pro de la difusión del liberalismo,
U no á. uno loa caudillos principales de la insuraección,
tiene el General Rocl1a un puesto de honor en la grati- han ido cayf'ndo en ese abismo que jamás se colma; uno
tud del partido liberal,que ha visto partir con pena al
á uno han ido desapareciendo en la ruda pelea. No se
soldado de la Refornu., al militar aguerrido, al corazón improvisan Joq campeones ni brotan en los momentos de
franco y sincero, envuelto entre los pliegues de su vieja prueba los paladin~s_; es necerario que se formen en la lubandera de batalla.
cha, que Eean productos expontáneos del combate, que

se forjen como el hierro al golpe de la derrota y al fuegQ.
del incendio.
Si aun quedan energías en les campos cubanos; si el
impulso ar1ioroso, que ha llevado á los rebeldes á esa lucha sin cuartel donde la munte impera, no se ha agotado aún, vendrán otros á ocupar los lugares de ios que-caen, y á recoger las armas de los que sucumben._
Entretanto, allá va el Capitán General, á la cabeza de
sus tropas acostumbradas á vencer, sometiendo pueblos y
encadenando voluntades; allá va cegando las fuentes y
cercenando los recnrsos de que se alimentaba la insurrec•
ción; allá va ostentando en una mano su espada implacable, y en la otra el acta de reformas que ha prometido el
Gobierno español.

No hay esperanza para loq afligidos cretenses; no hay
consuelo para los griegot:1 débiles q11e pretendieron tomar
bajo su amparo á Creta iafdiz, contra la manifiesta voluntad de las potencias europeas.
Cada v:ez que osan los insurrectos atacar las posicionesturcas, cada vez que dan un paso hacialaindependenciaó
quieren acercarsé.á la aiihelai1.a unión con la madre Grecia, tropiezan con los acorazados de los poderosos que nose detienen en bombardeará las huestescristianas1 endefensade laopróbiosa Media Lnna.
En vano se oyen los clamores del pueblo griego que re•
percuten en las capitales europeas, hablando en nombre
de su razón y de su tradición, y pidiendo al fuerte no
protección ni apoyo, tino lib~rtad de acción en los cam •
pos de Creta. En vano ha amontonado el Gobierno griego en un supremo esfuerzo y con heroico sacrificio, todos
sus elementos de guerra en las frontera.s de Tesalia, amenazando, moderno David, al gigante Imperio otomano.
Las potencias siguen el plan que se han trazado: conser•
var intacto el patrimonio de los califas, mantener inc·Ílume la integridad del territorio turco, y guardar inmaculado el tratado de Berlín.
No valen quejas de los oprimidos ni lamentaciones &lt;le-los mártires, ni hondos saspiros de los esclavos; se haol•
vidado la perfidia proverbialdeAbdul•Hamid; no se rd•
cuerdan las matanzas de cristianos ni las espanto8as ex-plosionee del salvajismo del turco y de la barbarie del
curdo; ni siquiera se tienen presentes las sangrientas.
burlas sufridas por la diplomacia europea, vil juguelle
del Sultán ...... todo desaparece ante la razón rnprema &lt;l.e
la paz universal, que se quiere conservar aun á costa dA
la Justicia, t:ratandode ocultar, con forma aparatosa, el
horror á la guerra que todos temen y que ninguno desea_
X, X. X .

Marzo 31 de 1897

El dique flotante de Tlacotalpan.

EL Mmmo diario y EL IMPARCIAL Qablaron ampliamente dP- esa construcción móvil que acaba de inaugurarse y
de la cual damos hoy una fotografía: Hnelga p.Jr lo mismo una descripción nueva y nos limitaremos á afirmar
que el Dique en cue~ti6n con11tituye una gran mejora qne
ha tiempo venía haciéndose indispensable; pues facilita.
extnior.:lioariamente la careLi.a de los buques mercantesy de guerra de las aguas del Sdno Mexicano y ahorra
gran parte de las considerables cantidades qne esta ope•
ración árdua demand!l.ba por llevarse á cabo en el extranjero.

QH Sr. &lt;!l&gt;eneral litodJa.

•*•

Damas distlnguidaa.

L'ls hermosas fotografías últimamente p•1blicada'3, entre las cuales está incluida la de la señora Luz GonzáleZ'
Cosio de L'ipez, nos han sido prooorcionadas por el ldistioguido arti'Jta Don Guillermo Valleto, el cual hacemos,
presente en estas lineas la expresión de nuestro agradecimiento por su galante amabilidad.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

J:;:NMJ:;:XICO.

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director geneml de "La Mutua.,,.
-Presente.
Muy Señ.or mio:
Hoy be recibido de 11La Mutua,•&gt; Compañía de Seguro!J
de Vida de New York. por conducto del Sr. L . Goroztiaga y en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)1 liez mil pesos importe de la póliza número
571,958, bajo ia cual estuvo asegurado mi finado esposo
el Sr. D. Federico &amp;nche.
Además, me ha sido entrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos loa premios
que mi citado esposo pagó á la Compafiía desde hace
cuatro años que solicitó el seguru, formando un total de
12,082.40.

No ob.•!lante que mi repetid&lt;1 esposo falleció en Francia

tt fines del añ_o próximo_J)asadoJ la Com_pañia, con todo
empeño, se ocupó ñe la tramitación de loa documentos
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con todR. exactitud las estipu•
laciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, sefior Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de vd. affma.1 S. S.
como albacea de la testamentaría de mi finado esposo el
Sr. D. Federico Sanche.-Alise SanchP.

I,A. CUJ:;:STION CRJ:;:TJ:;:NSJ:;:

ATENAS EN TIEMPO OE CRISIS

•

El afio último, en el mes de Julio, cuando yo desembarcaba en el Pireo, mi Catelero, mostrándome los acorazados griegos, me dijo, no sin cólera: nLas potencias no
quieren que vayan á.Creta y se ven abligados á permanecer ahí.»
Y he aqu( que siete meses después encuentro una situación del todo diferente. y al desembarcar me aborda
el mismo Catélero y blandiendo el puño, exclama:
11Las potencias no quieren, pero nosotros queremos;
donde quiera que haya griegos, en Alemania, en Rusia,
en Inalaterra, pondrá.a. si es preciso, fuego á todo, para
vengá'rse de Europa.11 Y. con un _ges~ violento se muerde el dedo en testimomo de su si ncer1dad.
Esta misma frase de indignación, de desesperación y
de audacia, es la que en adelante voy áoir donde quiera
bajo diversas formas, según los interlocutores. Todo ese
pueblo está ostigado por la idea de la guerra. Por las Ca•
Hes pasan grupos gritando: uLa guerra,n y sobre los muros se ha inscrito en letras groseras y vacilantes:
Ziw o po:.emos
V1.1.•li la guerra/
L'&gt;S menores inc!dentes son un motivo de excitación.
para la exasperación nacional y el e!pectáculo de los cr~teoses refugiados que recorrea la ciudad en grupos, no
es propio para calmar los espíritus, p.i tampoco los miserables campamentos de mujeres de Creta que hacen secar en las plazas del Piréo los a~drajos q~e les ~stan.
Sin embargo, nada parece cambiado á primera V1Sta en
las costumbres atenienses que comprenden, como las de
todas las ciudades de provincia, ciertos ritos inmutables.
Todas las mañanas, á eso de las once, se va á oir la mú ·
sica militar ante el palacio; después, las personas elegan•
tes se muestran en el paseo á donde volverán una hora
antes de la noche. En esos minutos tradicionales, los cafés rebosan ensu clientela habitual y los atenienses sofla meros se abordan febrilmente y se preguntan aún: "Qué
noticias hay?n como se preguntaban ayer· y como hace
dos mil años.
Pero de pronto un grito y un movimiento de la multitud, traicionan Ja sola preocupación de todos. Banda·
das de niños, se precipitan, clamando:
-¡ Pavastima! ¡ Pavastima.l ¡S'upkmentol ¡Supkmento.1 Y
arrebata todo el mundo los periódicos calientes, q 1 1e uaen
los últimos telegramas: las flotas combinadas acaban de
ocupará. Retimo, ó Ilerápetra; 1~ tropas gr~e~as no pue•
den ir á. Candano á poner orden entre los cristianos y los
musulmanes¡ el emperador de Alemania quiere que la1::
potencias tomen medidas de.rigor ........ .
Los comentarios no tardan en llegar y todas las censuras precedentes se uoen á las recriminaciones nuevas contra E11ropa. La animosidad es grande, sobre todo contra
Alemania; y se traduce en caricaturas en que el Emperador Guillermo está. representado sosteniendo con su brazo máscort.o al Snltán Abdul Hamid, con esta leyenda:
¡ &amp; qué brazo se apoyci el gran asesi,~o.l
Obsérvanse asimismú otros hechos menudos no menos
caracteristicos: los barberos de Atenas se han puesto de
acue1·do pata no rasurar al embajador de Alemania y el
propietario del Hotel &lt;k Alema"ia anuncia en los periódicos que en adelante su casa llevará el nombre de Hvktde
Myce™1?&gt;!
En las calles comerciales, otros espectáculos manifiestan ya más seriamente la idea de la guerra: las armerías
están llenas de compradores! los negociantes improvisados colocan en las plazas mesas donde se alinean los fusiles; se reconocen por todas partes grupos de voluntarios que van á proveerse de armas, y los trajes europeos
de los jóvenes de A.tenas, se mezclan á los calzones anplios de los cretenses, que cubren su cabeza con un pai'iuelo negro y á 1a~JU8ta,,eUM blancas de los pastores de
Thesalia, que llevan el fez flexible de lienzo rojo.
Si se desciende en camino de fierro al Piréo, casi no hay
tren que no esté lleno de soldados; en las estacione.a la
multitud los aclama, los sigue sobre los muelles de em·
barque, y par&amp;en en la noch~ para Volo ó para Arta, saludados por adioses graves y casi solemnes. Porque no
hay que olvidarlo, ese pequef'í.o pueblo no se comprome·
te al acaso en una aventura heroica; va deliberadamente
para defender lo que juzga su derecho estricto en las supremas catástrofes. Sin duda el ateniense sonríe aún y
se di vierte por instantes¡ pero ba renunciado á las largas
y bulliciosas alegrías del carnaval, y aun cuando ee manifiesta en la calle como el 22 de Febrero ó el4 de l\Iarzo,
lo hace con infinita calma y dignidad.
El 22 de .F'ebrero treinta mil personas desfilaron por las
calles y se dirigieron al palacio para protestnr contra el
bombardeo de Phroudia por los acorazados europeos. El
4 de Marzo se tr;:1taba de inyit.ar al Gobierno á. rechazar
con energía la nota idéntica de Jas seis potencias.
Este segundo meeting ee frustró un poco por una lluvia
intempestiva: «Dios está con el Sultán,* decía alguno
~ntre la multitud; sin embargo, millares de hombres se
apiñan ante el Circulo de los estudiantes; poco á. poco
Bid cierran los establecimientos y la multitud se pene en
marcha. Va primero á la Universidad; los discursos ahí
la exhortan á la resistencia; después flotan las ba.nd~ras
á pesar de las gruesas gotas de agua que comienzan á
caer, y la manifestación contini'ia su curso. En el camino
se encuentra á un pappa$ ( sacerdote cretense) Kyrillos
E-1stathiou; el pappalf, feroz y bonachon á. la vez, coge el
asta de una bandera. Es él ahora quien va á la cabezade
la colnmca, en tanto que, bajo loa paragul,s abiertos, re•
suenan sordamente loe gritos de:
Zi.tO, 6 polemos! Zitúl ó polemos.l Zil6.'
L\ multitud llega ante el palacio; algunos cvzúnl bastan á contenerla; sin embargo, furiosos remolinos la agitan cuando con una voz ronca, con los cabellos pegados á
la frente por la lluvia, los oradores demandan la presencia del rey. Los oficiales de palacio se suceden y ensayan vanamente hablar; por fin, entre las columnas, por

encima de aquella multitud de cabezas, a~oman. el ros~ro
blanco los ojo1u:mles y eJ. mostacho rubio del príncipe
Consta'ntino el príncipe atlético, como se le ll9wa. Rumores, acla~ación, silencio¡ el príncipe declara .q?-e en
aquellos momentos el rey no pue~e _hablar;_ fe!1c1ta _al
pueblo heleno por su energía patnót1ca y le_ 10v1ta á dispersarse. La multitud se va con pena,. obstinada en su
sueño de guerra, y un _descontento ~nta: uNoa representarán la misma comedia que e,1 1886.n
Sin embargo, como un signo de esperanza, un P?CO de
sol ilumina por fin las ruinas santas de la Acrópohs, :r á
lo lejos, hacia el horizonte, baña _la verdura nueva de
los pl&amp;nes, al pie del monte Aigaleires y la ru1a blanca.de
Eleusia.
PEDHO QUILLA.RO.
Aten~, 5 de Marzo de 1897.

A mi juicio, la Qbra maestra de Wagner es laj~6n de
todas esas grandes craaciones sonoras. Es el ~onJunto y
no el detalle, la masa y no el fragmento.
Alli está eu obra.
De la producción inmenea de Wagner, desgraciadamente no conozco más que la últiwa, que escuché ochq
años Íi.á en la Scala de Milán, c(}n intérpretes sobreea•
lientes )! que dejó en mi espíritu una sensación extraña
y poderosa, el recuerdo de algo sobrehumano y di vino,
que _palpitaba en el fondo del alma y vibra toda\Tía en
el cerebro, como el eco de un arpa angélica.
La vida de Wagneres la •*•
odisea del genio.
El peleó como ?n condenado para hacer. {?rimar. en el
desconciertomueical del ·mundo, sus nov1s1mos ideales
artísticos; luchó en las sombras, solo, sin un soldado que
le ayudase á. saltar las barricadas1 hasta que logró imponer sil criterio estético.
Ese periodo de la existencia de Wagnertrae á la memoria Jale ye.a.da de aquel titán que trataba de arrancar
de sus brazos la férrea cadena que lo sujetaba. á la roca
maldita, ;para volar de un aletazo hasta el cielo.
Los pruneros trabajos fragmentarios del músico genial fueron silbados, y su autor befado y calumniado por
la turbamulta, que no llegando á comprenderlo, le decía
loco ambicioso y audaz, cuando no era si.a.o un revolucion~rio en el arte. Exactamente lo que acontece en la
actualidad li!erariacon la escuela modernista, que para
la mayoría es músü.:a wagneriana. No entienden de la miEa la media, y salen á pontificar periódicos y revistas
contra los decadentes, ein comprender que la escuela así
denominada, ha tenido, segtí.n Enrique Panzaccbi, en
Victor Rugo sus primeros indicios, y tiene ahora fuera
del grupo francés, inteligencias de primer orden, como
D'Annuncio, en Italia, y Eugenio de Castro, en Ponugal.
Pero \Vagner, que como todos los grandes artistas, tenía la conciencia de su valer y de sus fuerzas, continuó
trabajando en el silencio y en la obscuridad de su retiro,
hasta que se presentó con Lolumgriri, ee decir, con una
obra perfecta desde el pie hasta la cumbre, que fué ele·
vándose, Cual tenue luz, de los muros sombríos del cas~illo de Bayremh, hasta llenar el universo co11. fulgores ~e
incendio, arancando á la humanidad, atónita, en medio
de cien preocupaciones constantes, un sólo inmenso grito de admiración.

•*

General de Dlvisi6n S6stenes Rocha.

t

el míércoles ultimo.
(Véase nuestro editorial,)

INFORMACIONE;S CURIOSAS
COMO VIVE IBSE!'I

De un interesante artículo que un crítico inglés, Mr.
Sherard, acaba de pablícar en la revista Humanitarian,
tomamos estos datos acerca del famoeo dramatu~o no•
ruego Enrique Ibsen, al que túvo ocasión de estudiar de
cerca en su recieme viaje á Christiania:
Ibsen, según Mr Sherard, es peshnista en teoría y mi·
sántropo en la pr.áctica.
Busca la soledad, y manifiesta una profunda aversión
hacia los goces íntimos del hogar y de la familia.
No va jamá.i: á verá. su hijo, que es, por otra parte tan
misántropo y tan retraido como el autor de sus díal'.
Cuando el hijo se casó, el padre ni siquiera asístió al
matrimonio.
La única distracción de Ibseri. conf:liste en sus dos paseos cotidianos. Se dirige siempre hacia un café, entra
en él, pide los periódicos y se hace, servir una copa de
aguardiente y un vaso de cerveza. Coloca aquella á su
derecha y éste á. su izquierda, y bebe de ambos alternativamente.
Nunca va al teatro, ni á sociedad.
En una palabra, vive como un bongo.
Esta falta de sociabilidad extrai\a más en un país como
eo. Noruega, donde la gente es de lo más sociable y comuoicativa que se conoce; sólo puede explicarse por el
orfgen escocés del célebre eecritor.
En sus· conversaciones con Mr. Sherard-que no debieron de ser muy largas, dada la dificultad de sacarle
muchas palabras del cunpo-sólo se exaltaba y salia de
sus casi!Jas cuando el critico inglés le hablaba de la doctrina y tendencia de sus obras.
¡Pero si mis obras no tienen tendencia ninguna!-répetía muy agitado.
-¿Cuántas veces tendré que decirlo?
Es preciso que se convenzan ustedes de que yo en mis
obras no soy un profesor en su cátedra, sino un pintor
en su estudio. Yo no soy partidario de nada, ni mis comedias pretenden probar nada tampoco. Yo aspiro solamente á retratar la vida como la veo á mi alrededor. Vivo en Noruega y á loa noruegos saco á escena. Eso es
todo,
Y, pasada esta ráfaga de animación que enrojecía el
semblante de Ibsen, volvía el misántropo á su mutismo
acostumbrado.
LA DIVINA COMEDIA MUSICAL

Algunos afirman que la obra maestra de W agner es
Tannho.u.ser; otros, ÚB maR&amp;roa C&lt;mlores; otros, "JT'úitán ¡.
hofde; los rnás Lohengrin, bautizada en Italia con el postítulo de DiM,a comedia mu.s1f"al.

Antes que surgiera "\Vagner,• primaba todavía la melodía pura, las ca1&gt;alfttt., y los motivolf de la vieja «manera»
italiana. Meyerbeer trajo deepués á la música las leyendis del Norte y fundó el ecteptismo, hasta que vino \Vag•
ner, como enviado por Dios, con el mandato de cumplir
una misión providencial, y creó una nueva escuela, es
Elecir, fundó la melodía en el acompaii.amiento orquestral estruendoso y magno; la palabra con la nota musical; el diálogo uhabladou con la frase 11cantada,11 y de esa
armonía sonora surgió el udrama lírico,n haciendo saltar
los moldes vetustos en mil fragmentos, y produciendo la
revolución artística más grandiosa de este siglo.
Los espíritus bajos y perversos, que hiere.a. por la espalda, no cejaron por esto en su unoblenmisión, y á los
epítetos anteriores, que le habían prodigado, agregaron
un sinnúmero más para acobardarle en su empresa, hi·
riéndole en el alma y en sus sentimientos más delicados.
Lo llamaron 11cumpositor miserable,,1 «músico inepto,, y
«estropeador del arte.u
Wagner entregó al público desprecio á sus gratuitos
ofensores, probando tntonces que era de Ja talla de los
que se imponen ó sucumben.
Loheugrin quedó sepultado bajo silbidos en París, para
renacer en Bologua á. la inmortalidad.

•*•

C1,1ando se trace la historia musical de este siglo, se le
dará. á "\Vagnerel sitio:- de honor que le corresponde.
Es quizá el ejemplo más grande de fortaleza de alma,
de fé ~n los idealed, de constancia en el credo y de fir.
meza de rumbos que regi!tr11.n los anales del teatro, desde Sil génesis hasta nuestra época; y Lohengrin, la divina
comedia musical, vivird, mientras haya seres capaces ds
comprender y de eentir las cosas grandes, emocionantes
y sublimes; mientras haya amor y belleza, sueños y esperanzas, ilusienes y recuerdos¡ en una palabla: míen~
tras haya arte y artistas en el mundo.
Lms BERIESO.
COMO SE CASAN LAS INGLESAS

Todo el mundo sabe las pocas forma1idades que son
precisas en Inglaterra para los que quieren contraer matrimonio: una visita al Registro Civil, unos cuantos peniques de gasto, dos teetigos y pocos papeles. Pero ea menester examinar de cerca estas costumbres para darse
cuenta exacta de la libertad que encuentra la mujer en
Inglaterra.
En el mes de Enero último, dice el articulista que nos
comunica tan curiosas noticias, entré en una papelería
para hacer varias compras, y la hija dei comerciante me
mdicó que volviera dentro de unos días, porque no tenía
en aq11el momento la clase de papel que yo necesitaba.
-Bien, volveré la semana próxima.
La señorita del mostrador vaciló un poco, y al fin contestó:
Es que yo no estaré la semana próxima, porque pienso
caEarme mañana ..... pero le ruego á usted que no diga nada ,t mi padre, porque aún no está prevenido.
Y era verdad. Al padre le dió la noticia el novio mismo, momentos antes de ir á casarse, en estas ó parecidas
palabras:
-Me caso con su hija dentro de una hora. Ella no qui.
so de.cir á _usted nada, temien_do que usted se opusiera al
matnmomo...... Todo está dispuesto, y los testigos nos
aguardan abajo en el coche, y puesto que ya.es inevita•
ble, debía usted ponerse la levita y asistirá la ceremonia;
Eerfa lo más conveniente y lo más correcto.

�216

DOMINGO 4 DE ABRIL DE •S~7

F.L MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

Y el padre se puso la le vita y asistió á la ceremonia,
porque esto era lo más correcto.
En la lglesia de Saint l\fartin's Cbu rch, ocurrio un enlace qne no sorprendió á. nadiei sino qué, por el contrario, mereeió la aprobación ·unánime de todos los concurrentes Casá.base una muchacha de veintiún años, y en
el momento en que el sacerdote preguntó, según la fór•
mula acostumbrada:
-¿Quién dá esta mujer á este hombre?
La joven, llamada ro.isa Echel B ......... impidió á. su padre que contestara, y le dijo solemnemente al cura:
t"',-Nadieme entrega al hombre que yo he escogido; me
doy yo misma. La pregunta que usted ha formulado pertenece al tiempo. Por fortuna ya ha pasado aquel en que
la mujer eraconside1ada como una cosa, como una esclava, de quien sus parientes podían disponer á su antojo.
Si yo no consintiese en unirme á. mi prometido, no babrfa fnerza humana que pudiese obligarme. Le ruego,
pues, á mi padre respetuosamente, que se abstenga de
contestar, y yo le respondo á usted, ya que usted me lo
pregunta, que me doy yo misma, por mi sola voluntad,
al hombre que está aquí á mi lado.
El cura se inclinó sin decir una palabra, creyendo la
escena terminada, pero al preguntarle á miss Eche! si
prometía respeto y obediencia á. su marido, la miss volvió r'i tomar la palabra:
-- Si no lo respetase no estaría yo aquí: y continuaré
respetándole mientras· tanto que lo merezca, pero no
prometo odedecerle: acepto un esposo, no un duef'io.
El novio no hacía más que ~onreirse y callar. Al día
siguiente los periódicos de Londres contaban el hecho
sin hacer comentarios, y como si se tratara de la cofa
más natural del mundo.

UNA PARABOLA DE TOLSTOI

En el Potchine Eboi:nih, la revista moscovita que aparece
una sola vez al año, ha publicado en estos días el conde
Tolstot ttes parábolas exquisitas. Ofrecemos hoy á los
lectores de EL MUNDO, una, 1a más breve, pero no la
menos significativa y bella de las tres. En ella el pensa•
miento de Tolstol refleja en puras formas de arte su concepción cristiana de la vida:

,l.

•
r
-~-.,..;:..~\ ~-

¡ ' ~r-r-i:::-r:&lt;:-' '••' .

'.
'

~

n

.';"::_,-,....:~-r:,~.-

r,

..,.

•

Dique flotante de Tla c otalpan, inaugurado últimamente.

g11ardaba el trono del gran Mogol dé Delhí. Durante largo tiempo, se creyó que el primero era simplemente un
trozo de criAta.l; Por úttimo, un mercader armenio llamado Lasaref adivinó su inmenso valor, lo compró y con
peligro de su vida lo llevó á San Petersburgo para ofre•
cerlo á Catalina II; l)ero la Czarina creyó exagerado el
precio que pedía Lasaref, y despidió al mercader armenio, que partí{&gt; para Amsterdan .. Allí el conde Alejo Orlof pagó por el diamante más de 2.000,000 de francos, lo
hizo tallar y lo envió c_o mo regalo á Catalina II, conce~
diéndole al mis.no tiempo cartas de nobleza á Lasaref y
una renta auual de 2,000 rublos. El Orlof pesa 199 quila•
tes y¼, ó sean 8 quilates más que el Kohi·Noor.

Sellos.
Pocas son las personas que aquí conocen todas las clasi;,s de sellos que se usan en Estados U nidos.
Los hay desde uno á diez centavos, siguen los de quin~
ce, saltan á cincuenta, y pasan luego á uno, dos y cinco
peeos. Los de estos dos últimos precios apenas se usan y
puede decirse qae los coleccionistas de sellos son las personas que más los emplean en compras, cambios y ventas.
ExisWn además los sellos de periódicos, que no se venden al público1 y ni aun á los edit.ores 6 publicistas, y &amp;e
emplean solamente para. cubrir el porte pagado de los
diarios, uniéndolos á la matriz del recibo que se da á la
empresa remitente. El precio de aquellos es desde un
centavo hasta cien pesos.
Cierran· la lista los sello3 para remisiones especiales y
los empleados en balancear diferencias de menos en porteos deficienl:.t;:'s.
La reserva á mano es bastante para cuanto.a pedidos se
hagan, pues exist,en hoy en dep6~'.to 230.000,000 de sellos
y los talleres en que se hacen, trabajan continuamente
para suplir la creciente demanda. Calcúlase que al Gobierno le cuesta cinco centavos cada millar y el noventa
por ciento de los vendidos son de á dos centavos.
LA MUSICA EN LONDRES

Los periódicos rusos, enumeran y describen laa iosigcias imperiales que se enviaron de San Petersburgo á
Moscou para las fiestas de la coronación del Czar; la joya
principal es la corona, que se ejecutó según un modelo
bizantiao, estimándose su valor.en más de 5.000,000 de
francos. Se compone de dos partes que simbolizan el
imperio de oriente bel de occidente; en medio se levanta un esplendido ru í en forma de pera, que tienen fijos
cinco día.mentes, figurando una cruz. Esta maravillosa
obra de orfebrería, la encargó Catalina II cuando subió
al trono, siendo un ginebrino llamado Jeremiae Pauezic
el joyero imperial que la ejecutó.
'
El cetro que el czar Pablo encargó para el 5 de Abril da
P,e 1897, día de su coronación, es aun más notable. Su
valor proviene especialmente del magniñco diamantie conocido con el nombre de Lasaref ú Orlof, siendo muy
curioea su historia. El Lasaref y el Kohi-Noor, son dos
diamantes que formaban los ojos del león de oro que

Una bomba.

La bomba que el anarquista Panwels arrojó hace más
de dos afios en 1~ iglesia de la Magdalena en París, no fué
funesta solamente al autor del atentadll.
La. sacudida causada por la detonación fué tal, que el
célebre órgano se descompuso.
Los trabajos de restauración acaban de ser terminados
y su importe ascendió á la respetable suma de veinticuatro mil francos.
Notas é impresiones.

No se debe gastar más de lo que se gana; ni aun todo
lo que se gana.
La economfa es la. pre visión.
Lo que la hormiga hace por instinto, hagámoslo por
razón .
No hay p~queflas economfas.
Los arroyitos hacen los grandes dos.
Todo préstamo es una pérdida, todo ahorro es una ga..-.
nancia.
No dejéis ese ahorro para mañana, lo podréis hacer
ahora,
La religión es el primer .freno del hombre¡ la sabi•
duria no es más que el segundo.
M. Ch.
Las mejores frutas son la,1 que han sido picadas por los
pájaros; los hombres-miis de bien, son aquellos en quienes
se ha cebado la calumnia.
Pope.
La verdadera compasión es una limosna más preciosa
delante de Dios, que la del oro y la plata¡ porque dando
nuestros bienes damos lo que es nuestro, y dando nu~stra compasión, nos damos á nosotros mismos.
San Grego-rio.

Joyas rusas.

U ria estadística levantada sobre los lugares de recreo
eLt Londres, los calcula entre 550 y 600, siendo de éetos
má"' de 450 musicales. En las otras ciudades de Inglaterra el número asciende á 1,300 de los que cerca de 160 son
destinados á conciertos.
Los teatros en Londres llegan á 50, y en las otras ciudades de Inglaterra á 200. Los salones de concierto en
Londres son unos 30, mientras en el resto del pais llegau
á la enorme cífra de 1,000.
Muchos de estos sirven también para representaciones
teatrales y al mismo tiempo de capillas y punto de reuniones poUticas.
El capital invertido en Londres en sitios de diversiones, efJpüCO mellO!fd&amp;·4" millones de libras, sin contar el
Palacio de Cristal, el Albert Hall y otros.
Hay empleadas en esos establecimientos más de ló,000
personas, adem.áa de otras que lo son indirectamente.
Los teatros y salones de conciert.os en Londres tienen
capacidad para medio millón de espectadores.

············"··••························· •
... i~~~~:~~~~~-¡~·-~¡~~~ me
ha ocurrido cuando he ha-

blado en favor de] precepto del Evangeli?, qu~ recomienda no oponerse al . mal con la v1o~en~1a. Por
Cristo ha sido formulada dicha regla, y sus d1sc1pulos la
han repetido después de él en todos los tiempos y lugares. P~ro sea que no se l1a reparado en ella, sea que n.o
se la ha comprendído, 6 sea, por úJtimo, que ha parecido dificil conformarse á ella, lo cierto es qne cuanto más
tiempo bapasado, más ha sido olvidada, y más él arre·
glo de la vida de los hombres se ha alejado. A t.al punto
se ha llegado que dicha doctrina se ofrece hoy :l los ojos
del mundo c~mó algo ,1t1eyo, desconocido, cuando
imensato y extraño.
)le ha sucedido como al viajero que recordaba á los

Cuando la fortuna eleva á un hombre de repente, si el
afortunado es néoio, se yeriue; si es sabio, se inclina.
Emiqu.e Boucher.
Si los malvados eupiesen lo ventajoso que es ser hombre de bien, querrian serlo aunque sólo fuese por espe•
culación.
Franklin.

El cuerpo es el instrumento del alma, y el alma es el
instrumento de Dios.
Plviarco.
Ea preciso merecer las alabanzas, y huir de ellas.
Fenelón.

ACUARELA

•
Cae la tarde.
.
El cielo parece un mornico inrueneo que irr»;dia luc1 s
vacilantes sobre lae aguas óel higo, Bpt nas uzadas ))l r
brisas de primavera.
.
Lirios y azucenas, mala Cares y v10IE'tas derra~an rn
aliento virginal al ledo rumor de la fuente, que dice, CIJ·
mo en snefios, ·una pfeg~ria de amor.
Los azulejos cantan en la en?iesta copa del ~amán; en
el viejo bucare se mecen los nidos de los turpJales, y el
colibri bueca su abrigo jwlto á la encendida flor de 101::1
granados.
1-;s la hora de las gasas de fuego en las lejanías del horizonte y de los penachos de neblina sobre la desnuda
cresta de las montañM.
La cerca de los piñonea está recién J?Odada; y tr~s ella
ee extienden los gamelotales, verdes 1:nempre al humedo
beso de la laguna.
El toro muje y escarba en ~edio ú. su serrallo, y e) corcel ID·
dómito-de crin hirsuta y lomo
brillante, ajeno á todo ultraje
humano-preside altanero la yeguada, mientras la oveja bala en
el alar del cobertizo.
Ella esti.í bajo la parra, negligentemente et-ntada en su mecedora de juncos.
Sot.rel:!l fondo carmesí de la elegante falda se destaca la blancu ·
ra de armiño de los encajes, que
hacen como de búcaro de espumas al marmóreo seno y al cuello de cisne.
El pelo negro baja en ondas eo·
bre la c11rva frente: la sejaarquea·
da arroja tonos crepusculares eo. bre el ojo rasgado y negro como
las parnparas; bajo la nariz judía,
el somosado Jabio Se contrae al
soplo de leve sonrii.a, dejandoelftrever dientes de perlas .
Como la brisa. en las soiíolientas aguas del lago, aletea en su cerebro un pensamiento que-álas
indecisas claridades de la tarde-·
vaga inquieto del tierno niíio que
calienta en el regazo al apuesto
cazador cuya .figura de H(;rcules
comienza á contornearse bajo las
palmas de la entrada.

•'• vieron que la cizaña
Los propietarios de un prado
crecía en él, y ocurrióseles que era lo mejor para extirparla ségar sus tallos, con lo cual, naturalmente, vo~vió á
crecer la cizaña con más vigor que antes de la siega.
Pero un propietario vecino, de mucha prudencia y sabiduría, al viSitar á los dueiies del prado, dió á to_dos mu&gt;:
útiles consejos, y entre ellos el de no segar la cizaña, si
es que se quería evitar que iee propagara par si mii:;ma,
y que en cambio, la ¡irrancasen de ra1z.
Los propietarios del prado,
DAMAS MEXICANAS.
bien sea porque entre el número de instrucciones reciQidas del
buen vecino no hubiesen repaTa·
do en la relativa á la necesidad
de extirpar, arrancándola de cuajo, hL cizaña, en luga'" ae segarla;
sea que no llegaran á comprender
,este consejo1 ó que los cálculos
personales impidiesen aceptarlo¡
lo cierto es que siguieron eegando
la ciza.ila y consiguiendo por lo
tanto, que con mayor fuerza se
rnultiplicase.
Eu el curso de los años siguien·
tes, no faltó más de un hombre
.que recordaee á loe dueños del
1m1du el consejo del prudente y
buen vecino; pero quien tal hacía no era escuchado, y tan poco
caso ee le hacía como ci nada. estu\'iese ocurriendo.
\"inf"I á suceder de esta suerte
.qne t-egar la cizaña desde el mo·
ruen10 en que aparecía fué no so•
lo un hábito, eino una tradición
eagrada con'locualelprado llegó
:t estar~ada vez más enfermoé in·
vadido.
Llegó el día en que no hubo en
-el prado más que cizaña. Los propit:tarios de él gemían por tal
causa, ingeniándose para enconLlega! Ee él 1
trar el remedio de situación seLoS" lebreles l_e preceden jadeanmejante, que, sin e~bargo, era
tes, y cuando el viejo mastin le
uno, nada más que uno: el señai.aluda con l:lUS roncos gruñidos.
lado por el vecino sabio y justo.
despiert~ el niiio y le consagra
l'ero nadie lo usaba.
una sonriea; tiéndele sus maneSucedió, por último, que entriscitas sonrosadas, y evoca en su
tecido un caminante al advertir
i nocenciaun mundo de recuerdos,
la perdición del prado, bmcó 1~
t.lt, esos que parecen perdidos en
inetrucciones dejadas por el \'ec1las horas de lucha, que brotan eu
no sabio y b~eno, todas las cna:
loli! instantes de las supremas sa•
)es estaban olvidadas, por ver s1
tisfaccionee.
babia entre ellas alguna con que
•. Venid, venid, oh tardes de pripoder remediar las causas de la
mavera! con vuessras gasas de
aflíccion genQ.J'al. Descubrió la
fuego en fas lejanías del horizon·
,que decía que no era necesario
te, y vuestros penachos de 11ebli ·
Eegar la cizaña, sino arrancarla
nas en la desnuda cresta de las
de raíz. Declaró pues, á los duemontañas.
ños del prado que habían sido
imprevisores y que de mucho
)1. Y. RoMERO GARCÍA .
tiempo af.rás babian sido advertidos todos contra dicha imprevi·
sión.
Pero en vez de comprobar lo
que este hombre dec1a, para que,
CARICIAS MUERTAS
eo el caso de que fuera exacto no
segar más la cizaña, 6 demostrar·
Sin odio, pues. queridas mía~,
le, 1¡&gt;or el contrario, que e1:ttaba
y aunque algunas de vosotras me
eqmvocado¡ e.o lugar de acepta'r
habéis parecido livianas criatusin molestia la máxima ofrecida,
ras, cuando llega el día de visitar
los duenos del prado resolvieron
á los muertos amados, consolado
,en su mayor parte declararse
por mis lágrimas sinceras, tejo
ofendidos por la apelación que á.
pii.ra l'OSOtras, ~oo flores frágiles
la memoria y doctrina del anticomo l'0sotras mismas, ef,meras
guo varó.o justo había hecho el
coronas, poniendo en ellas, no
viajero, y, conformes en esto,
siemprevivas, eino lirios blancos
empezaron á. lanzar contra él
como vuestras frente!, sin 8angre
toda especie de invectivas y de
que las colore, y rosas encarnaofensas.
.
das como vuestras bocas, sin beDecían de él que era vrgulloso,
sos que las avive, y lilas de otoque se imaginaba ser el único
:ño, veleidosaa,y delicadas como
Señora Beatriz Redo de Zaldivar. (De fotografía Valleto.)
.que había comprendido las insvuestras virtudes sin realidad:
trucciones del antiguo vecino.
~o meno~preciéis estas ofrendas de un obstinado con
Otros aseguraban que el viajero era u.a. falso intérprete, duefios de] prado la prescripción antigua del vecino jusun traidor y calumniador presuntuoso. Presintiendo los to, en virtud de la cual no debe ser segada la mala yer- ·rns recnerdos en el tumulto de la Tida. El bagage de la
demás que no había dicho nada de su cuenta, sino que ba sino arrancada de raiz. L)s dneños del prado han mía, el fardo lijero que durante ella arrastro, compónese
,eimplemente habia recordado los consejos de un hom· oc~ltado maliciosamente que en dicha regla se establecía de vuestras deliciosas mentira.s de antai'io de la memo•
bre estimado de todos, afirmaron que er&amp; un individuo no que la ciuüla no fuese &amp;estrui~a, si_no que era mene_s- ria. fiel á. vueatr.1.s carnes infieles, de todo fo vuestro que
perjudicial, que tan solo deseaba ver multiplicada la ci- ter no destruirla de una manera 1rracLOnal. Dd propio encantaba la juventud de mis sensuales fervores. ¡ Adiós,
zaña, demaoeril. que el prado quedase perdido para siem- modo cuando he afirmado que para destruir el mal es amiguitas mías! Si noa encontramos un día en otro munpreciso conformarse al precepto de Cristo, que nos en- do, que no sea mejor qne e~te que vivimos; porque fu~pre.
mos aquí completame11te dichosos, vosotras, con la. feli-•Pretende-dPCian--que no 'Co.oviene segar la cizafia; seña no oponerle la violencia, sino extirparlo por el amor,
:pero, de no destruirla nosotros, se multiplicará hast.a el se ha exclamado: -aNo escuchem:&gt;s á este insensato, que cidad de vuestras perfidias: yo, con el encanto de mis
rnfinito; y entonces, ¡adiós nuestro prado! Es maravillo- nos induce á. no luchar con el mal 1 precieamente euando ilusiones, cuyo postrer perfume sube todavía de mi alma
á. vue-EZtros pies, con el ramillete de dulces quimeras cuso creer que éste nos ha sido dad0 para que propaguemoa el mal nos eEtá ahogando.•
Y loa hombres oontinúau tranquilamente, con el preyos últimos pétalos revolotean alrededor de vueetras
la ma-l.a yerba.
•
texto
de
destruir
el
m_al,
reproduciéndolo
y
multiplicánimágenes ¡¡jn vidB.1 en la caricia del viento otoñ.al.
Con la peor intención olvidaban decir que de todo ha·
ARMAND SrLVESTRE.
dolo.
bia hablado el viajero menos de .no destruir la cizaña,
habiendo sólo afirmado que debiera ser arrancada de
raíz en lu~ar de ser segada.
LR opimón de que el caminante era un insensato 6 on
¡Qué formas de belleza soberana
intérprete mentiroso, ee afirmó de tal manera, que ya no
modela Dios en la escultura humana!
se oyeron contra él más quein}urias, contestándose con
C,\ l!POA.l[O x.
el ailencio :l las explicaciones terminantes que él ofrecía

"º

Conocimi'entos útiles para los hombres de trabajo.

Abono: para el cultivo de hortalizas es conveniente el
empleo de abonos líquidos, puesto que se desean obtener
productos intensoe y dpidos, ayudando para ello el suelo con la reposición abundante de las pérdidas sufridas
por la producción.
Los abonos sólidos duran más tiempo, pero en cambio
no suministran con tanta abundancia principios fertilizantes al terrenoá.que se aplican. Se obtiene un abono¡¡.
quido, especialmente para coles, pepinos, melones, cala•
bazas, lechug&amp;s, etc., con excrementos descompuestos de
gallina, disueltos en agua comtín, con lo cual se regarán
)as plantaciones de las huertas.
-lle aqui un·método muy sencillo para conservar los
melones.
Para la fruta tardía, se les corta cuando aún no han
Jlegado á. madurez completa; so les frota ligeramente con
un trapo y se colocan durant~ dos días en un sitio seco.
Después se llena µ.na bairica con ceniza, !impía de todo carbón. En esta ceniza so ponen los melones, tratando de que estén completamente cubiertos.
Teniendo cuidado de qut:i no se hielen, ee tendrá melo•
ues en J&gt;erfecto estado el día que se quieran comer ó ven der casi tan buenos como recién cortados de la planta.
-Las hojas de geranio tienen la propiedad de curar
prontamente las cortaduras, quemaduras y rasguños de
todas clases.
Se toman una ó más hojas de esta planta y se trituran
sobre un pedazo de género: luego se aplican sobre la herida.
La hoja se adhiere fnertemente á la piel, junta las carnes y cicatriza la herida en poco tiempo.
-El cerdo es, á pesar de su fama, un animal muy aficionado á. la limpieza si se le deja en libertad para bus•
car los medios de no vivir t:intre basura. L3. paja que se
le pone por lecho se debe renovar con tanta frecttencia
como la de los caballos y la de las vacas. Los alimentod
que se le dan, deben ser sanos y nutritivos, y á ellos debe agregarse agua limpia para beber. También conviene
procurarles un sit;o con agua -para bañarse cuando hace
calor, y observando todos estas reglas, bien sencillas por
cierto el que los cuide tendrá el gusto de ver que sus cerdos engordan pronto y más que los de sus vecinos que los
tienen abandonados, y además la manteca y la carne de
los primeros tendrá. un sabor mucho más agradable.
-Se emplea el ácido bórico con éxito extraordinario
para el endurecimiento del yeso, que, tratado de un tierno modo por este producto, obtiene la dureza de la piedra.
Para obtener ese resultado se junta por medio de un
pincel con tri borato de amoniaco el yeso reciente¡ también se puede amasar el yeso mezclándolo con el ácido
bórico disuelto en agua, ai'iadiéndole la cantidad de amoniaco conveniente para formar el triborato de amoniaco.
Al cabo de dos ó tres días el yeso de este modo tratado
es inatacable por el agua y de una dureza igual á. la de la
piefüa.

asegurando que la destrucción de la cizafia era eethnada
por él como uno de los principales deberes del ?uefio ~e
la tierra aunque comprendía que esta destrucción deb1a
entende'rse como el vecino sabio y justo la entendía . .

l:

•

�/,

EL MUNDO

ªª

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

•

lJN JlJGADOR

.--Al salir del teatro entré en el Círculo y me entretuve
hasta muy tarde ante la mesa del baccarat, mirando el
juego y montado en el respaldo de una de esas sillas
alias para uso de los jugadores que no han encontrado
sitio aoteel tapete syerde, 6 de los siniplt::s curiosos como
yo. Ern aquella, como se dice en el lenguaje del club,
una hermos_a partida. El banquero, Ut1 joven guapo, con
traje de :mirée y con una gardenia en el ojal del frac, llevaba perdidos unos tres mil luises¡ pero en su radiante
:fisonomía de vividor. de veinticinco años, no se nomba.
la menor emoción. U nicamente el lingulo de aquella boca que pronunciaba. las sacramentales frases; «Doy ....... .
En carta3 ...... Bac ...... Aquí está el punto ...... ,, no habri&amp;
mascado tan nerviosamente una pu uta de cigarro apaga•
do, si el frío frenesí del juego no le hubiera oprimido el
corazón. Enfrente de él un sujeto de cabellos blancos,
jugador de toda la vida, hacía de sotabanquero, y manifestaba sin hipocresía sn mal humor contra la mala sombra que de tirada ea tírada iba disminuyendo el montón
de .fichas y tantos colocados delante de sí. En cambio,
el má.s ale~re regocijo iluminaba el rostro de los puntos,
que seataaoa en derredor de la mesa, extendían sus
puestas, y m1rcaban en el papel con la punta del lapii,
las alternativas de la apuesta, ese «espíritu de la tallan
en que los menos supersticiosos no pueden dejar de creer
en cuanto tocan una carta. Hay ciertamente ·en él ea•
pectáculo de toda lucha, aunque sea la de un siete con
nn ocho y de un rey con un as, no sé qué de fascinación
que interesa profundamente la curiosidad, porque allí
eatá.baq1.os cincuenta personas alrededor de aquellos jugadores, siguiendo los lances de la partida, •sin parar
mientes en Lo avanzado de la hora. ¿Qué filósofo expli·
oará ese fenómeno, esa inercia de la madrugada, que iumoviliza en Pil.rís á. tanta gente, no importa dónde, pero
siempre fuera de sus casas, donde descansaría del trabajo y de las di versiones? Por mi parte, no siento haber
cedido a9-uella noche al encanto malsano de trasnochar,
porque e1 me hubiera retirado cuerdamente á la hora regular, no hubiera encontrado en el saloncillo en que se
cena, á mi amigo el pintor Miraut, solo ante su mesa, en
disposición de beberse una taza de caldo¡ no me hubiera
propuesto llevarme en su coche á. mi casa, y no le hubie•
ra oido referirme un caso del juego que á la mañana siguiente escribí, lo mejor que pude, dándome él su autorización para ello.
-¿Qué diablns estaba usted haciendo en el Círculo después de las doce-me preguntó-puesto que no cenaba
UBted?
-Est.aba mirando jugar-le reepondí-he dejado en
buen camino al mocito Lautrec. Perdia en los sesenta
mil ........ .
El coche se ponía en marcha al pron.unciar yo esta
frase, y veía de perfil á Miraut que encendía su cigarro
con aire de Francisco I (el Francisco I del Louvre, pintado por Ticiano) aire que sus cincuenta años bien cumplidoE han amplificado, dando también realce á. su hermosura. ¿No es bastante singular que con sus hombros
de lansquenet, su anchura de espaldas y su sensualidad
refinada, casi glotona, este gigante siga siendo el más especial de nuestros pintores de flores y de retratos de mujeres? Cmviene añadir que de aquel pulmón de gladiador sale una voz de UJ'la dulzura musical, y que las manos que yo examinaba de nuevo, mientras aosten:ía Ja
cerilla yel cigarro, son de un~ finura imcomparable. Sé,
además, por experiencia, que eate aold.adón tiene un coraa:ón excelente, y así no me chocó mucho Ja melancóli•
ca confidencia invo1unt.ariamente provocad.a por mi frase
sobre el juego. Afortunadamente tuvo tiempo bastante
para contarme el caso muy por menor. A medida que
nos acercábamos al Sena, la niebla se iba haciendo más
espesa, y nuestro carruaJe avanzaba al paso, en tanto que
mi compafiero daba rienda suelta al recuerdo de la. hie-

toria, ya antigua, queme iba refiriendo. Algunos agen·
tes de policia andaban de acá para allá con antorchas en·
cendidas: otras brillaban en el á.ngtilo del puente que
atravesábamos, colocadas al rape de las piedras, por don·
de corría un arroyuelo de resina encendida. La fantásti·
ca silueta de los otros coches que se cruzaban con el nues·
tro en aquella niebla acre, casi negra, desgarrada á trd•
chos por las móviles luges, aumentaba sin duda la impresión del pasado, que se apoderaba del artista, porque su
voz se iba haciendo más dulce y más débil á medida que
se alejaba en espíritu más y más de mí, q,ue le interrumpía. lo preciso para excitar sus re~uerdos.
-Yo,:-empezó á. decir-no he jugado más que dos ve•
ces, y, ¿me creeréis? hoy ni siquiera puedo ver jugar ......
Hay algunas horas, ya aabeis, de esas en que uno no tie•
ne los nervios bien templados, en que lavi1tasola de un
naipe me obliga á salir del cuarto ....... ¡Y es que ¡ayl de
esas dos únicas partidas conservo tan terrible recuerdo!
-Quién no las tiene de esa clase?-dije.-¡ Y yo que
estaba presente cuando nuestro pobre Paul Da.rieu trabó
cuestión en este mismo Círculo de que ea.limos, por una
jugada dudosa, y luego su.rgió a 1uel absurdo desat:ío,
acompañándolo al cementerio á los cuatro días de haber·
le estrechado la mano delante de estP. tapete verJ.e. Siem ·
pre hay algo de tragedia al rededor de las cartas, de los
crímenes, de las deshonras y de los suicidios. Pdro todo
esto no impide que se vuelva á reincidir, como se vuelve
en!Espafía á las corridas de toros, á pesar del despanzurramiento de los caballos, de las herida:1 de lo! picado•
res y del asesinato del toro.
~nvenido-dijo Mirant-pero no debe ser uno mis•
mo la causa de esa"I tragedias, y eso es lo que á mi me ha
sucedido en circunstancias bien sencillas, P~ro cuando
os lo haya referido, comprenderéis por qué la más insi~nificante partida de besigue me infunde igual escalofno
de horror que sentiría al oir una detonación en el campo
un hombre que hubiese dado muerte á alguno ror descuido al limpiar una arma. Era precisamente e año de
mi entrada en el círculo, en 1872, que fué también el de
mi primer triunfo en la Exposición ......
-Vuestra Ofelia entre lWjflores 1 me parece estarla viendo. Bien recuerdo el ramo de rosas amarillentM junto á
la rubia cabellera, rosas de un amarillo tan pálido, tan
delicado, y !µego sobre el corazón aquellas otras rosas
obscuras, como manchadas de sangre......• ¿Quién tiene
ahora ese cuadro?
Un banquero de New York-contestó el pintor dando
un suspiro-que ha dado por él cuarenta mil francos.
Yo le vendí en mil quinientos en época en que ........•
Claro, todavía no era yo el artista ofortunado de quien
vuestro alter ego, Claudia Larcher, 'decía maliciosamente:
«Dichoso Miraut, cuyo oficio consiste mirando todo el
día. á una americana, lo cual le produce quince mil francos!. ..... i, Dicho sea entre nosotros¡ pero podía haber hecho sus juegos de palabras á costa de otros, y no de sus
antiguos amigos .... En fin, Dios le haya perdonado.Pero si os hablo de dinero-afi.adiótocándome en el brazo, porque conocía que iba á contestar defendiendo la
memoria de mi antiguo amigo-no vayais á creer que es
por realzar el valor comercial si,e mis obras; no. Es sólo
porque esos mil quinientos francos tienen relación con
mi aventura. Fijuraos que yo no había tenido nunca
reunida una cantidad igual. Mis principios han sido tan
penosos! Llegué á. París con una subvención de mil fran~
coa que me pagaba mi pueblo, y con esa suma ó poco más
be tenido que contentarme du.rante seis años.
-He conocido esos apuros-dije yo-pero por poco
tiempo, ¿Comía usted, como nosotros, en casa de Poly•
doro, calle de Monsieur-le-Prince, donde por diez y ocho
sueldos se lograba ahriorzar? Cuando encuentre usted á
Jaeques Molan y Ue aburra con sua historias mundanas y con las elegancias de su próxima novela, háblele
de esa repostería, y antes de cinco minutos quedará. usted libre de él.

-'Nosotros habíamos resnelto el problema por medio
del fal~nsterio, repl!có el pinto~¡ algunos cornpañeros y
yo hac1amos la cormda en comun. La amiga de uno de
nosotros1 que había sido cocinera. ( tales eran nuestras
eleganci~,) nos guisaba las dos comidas diarias por cuarenta y cmco franco~ al mes cad.a uno, El cuarto, quince
francos: nada de criados; yo mismo me hacía la cama
Total, sesenta francos para lo pr~ciso .. Estaba. desarrapa~
do como un ladrón, pero no sabia lo que era 1r en ómnibus. Mi_s compañeros vivían _como yo y no ha ido mal.
Allí esta?a!1 el escultor T11rd1f: Sucre, el pintor d€ animales; R1v1as, el grabador, y por :fin, el mejor dotado de
todos, el cantinero de nuestra cintina, como le llamábamos, Ladrat ........ .
-¡L'ldrat, Lad~at!-dije yo evocando mis recueraosyo conozco ese nombre.
-Le habréis leido en los perió:licos-signió diciendo
Miraud, cuyo rostro se nubló-pero voy á ello. Ese La•
drat, que se llevaba todos los premios de estudio en la
Academia, era ya entonces víctima del terrible vicio de
la b~bida.. En la vida ~em~iado libre que llevábamos,
sem10breros, y en contmuo roce con modelos y traltajadores, estábamos expuestos á muchas tentaciones. y desde luego á ésta. A L'.ldra.t le había dominado. Tengo que
deciros esto para que no me juzgais dentro de un momento con demasia·la severidad. Aquel triste hábito le
impidió ganar la pensión de Roma. De tal manera se al•
coholiz6, qU:e acabó de cualquier modo una composición
que había empezado magistralmente! En una palabra
en 1872 era el único que habflc\ continuado en la vida d~
bohemio de la más baja estofa. Había llegado á. ser lo
que llamamos un .Petardista, ? sea. d.e un hombre que hallamos de _estudio en e~tud10, p1d1enrlo prestado cien
sueldos aq_u1¡ mayor cantidad allá, siempre con deliberado propóa1to ~e no pagarlos en la vida. Y los de este gé•
nero duran muchos años.
-Por lo menos daba las gracias con algún irumlto-repliqué yo-como ese Lagrimandet que conocí y que nun•
ca iba á casa de Mar~u~l sin pedirle algo para la capillita
(eraª?- fórmula) Y.sin msultar.le en seguida para salva•
guardia de a~ dignidad. Un dia le encontró disponíén•
do.se á cor~g~r las J?ruebas de un artículo que iba á publicarse. P1d1ó su limosna, y Andrés se la dió. ((Caballe•
ro-le dijo, metiéndose en el bolsillo' la moneda de plata-¿queréis conocer si un escritor tiene talento? Pues no
teneis ?J-á.s ci.ue av~riguar si 11:c.iben su original en una
redacción. 81 la reciben, está Juzgada· es una medianía
Adioa ...... Ahí tiene usted un pobre m'odelo.
·
-No-dijo. Miraut-no era ese el género de Lad.rat.
Daba las graci~, se echaba á llorar, juraba que trabaja.
ría y luego se iba al. café y se envenenaba con ajenjo. En.
tonces le daba vergue1;za y no volvía á presentarse en
muchos dí~. Sus pedidos, por o~ra parte, era insignificantes; casi nunca pasaban de men sueldos. Así ea que
me extrafió mucho una tarde al encontrar en mi casa
una larga carta suya1 en que me pedía nada menos que
doscien~os francos. Hacía más de seis meses que no le
había visto; y me contaba en ella que todo ese tiempo
había estado lucha~do ?ºn ~u vicio, que no había bebido, que había querido traba.Jar, que sus fuerzas le habían
vendido, q~e su mujer estaba enferma (seguía viviendo
con 1a cantmera); en fin, una de esas cartas de mendigo
desoladoras, cuya lectura le deja á uno disgustado.
•
-Cuando se les dá crédito-dije yo-porque á. ios diez
años. de vivir e~ París ha recibido uno tantas epístolas
~meJantes ... y 81 entre el montón hubiera aiqniera dos
smceras ..... .
-Más vale exponerse á. que le engafien á. uno todas las
demás veces, que dejar de atender á esas dos-replicó el
pintor.-for ~tra parte, en aquel momento no puse en
duda la 1:nnce~dad de Ladrat. Quiso la casualidad que
aquel día hubiese yo cobrado los mil quinientos francos
de la Ojelia. En mis asuntos de dinero siempre he sido

muy meticuloso. Yo no tenía .deudae1 y guardaba en mi la mala suerte. Porque existe. Ya conocéis la célebre
frase: «En el juego, después del placer de ganar~ hay
cajón una cantidad igual.
Tenía instalado mi PStudio y provisto mi guardarropa el de perder.n No encuentro otra frase para exphcaro.:t
para todo el año. Me acuerdo que hice de memoria el ba• esa especie de ardor eropoosofiado, esa mezcla ~e ~pe·
lance de mi situación económica al tiempo que cepillaba ranza y de desesperación, de cobardía y de encarn1~am1enmi gaba.n para ir á uno de mis primeros convites de EO· to. Se cuenta. con dominar la ~ala suert:e, Y se tiene la
ciedad ur.a de esas comidas detriuafador áque se va con seguridad de que se ealdrá vencido. Se pierde la facultad
un ape'tito de maestro de escuela y con un amor propio de de raciocinar y se hacen puestas que se sabe no son abestudiante. Se tieoe igual fe en la autenticidad de loe vi· surdas. y la: ganancia corre, primero laa ficb&amp;3 luego los
nos que en la Eoinceridad.de los elogios! Comparé mi si• tantos ~ncaroados, los blancos, y se fir~an nuevos I?agatua~ión con la de mi antiguo compañero de barrio, y tu- ré:¡. Después de haber tenido durante diéz ~ños seg~dos,
ve uno de esos impulsos generogos tan propios de la ju- el valor de mirarme antes de gastar los ve!n~ centun~s
ventud como la flexibilidad y la alegría. f'ogf diez luises, de un tranvía, como yo hice, se juegan quimentos y mil
francos sin vacilar.·Pero voy á. haceros el resumen de todo
los metí en un aobr~. escribí las seüas de L'1drat y luego
llamé á mi portero 8i es:t1: bomb!"E' _hu bies~ estado allf, ell dos palabras. HHb1a entrado_ en el Círc0;Io á las on.ce,
mi antiguo camarada hubiera rec1b1do el dmero aquella y á. las dos abría la puerta de 1:11-1 casa, hab1end&lt;? per~do
noche misma; pel"o había ealido á recades. Pues mafia- sobre mi palabra los tres mtl francos de m1 crédu,o,
na eerá, dije, v ~alí, dejando preparado el sobre encima que era como os lo be dicho, casi todo lo que poseía:
-Pues bien-dije yo-si después de aq~ella sacudida
de mi mesa. Tenía tan biPn tomada mi resolución, qne
experimenté de antemano ese cosqnilleo de lijera vani- no se ha hecho usted jugador, es .que no tiene usted vo•
Era para perderse para siempre.
dad que nos produce la conciencia de una acción genero• caci6n.
Tiene mtecl razón-replicó Miraut.-Cuando m~ dessa. :N" o es muy hermosa la tal vanidad, pero es humana,
y hay tantas obras que no. t_iene1_1 ese pr~texto ele.vado, pert.é al día ,;¡Íguifi"nte del sueño abrumador que sigue á
por eje~pl(), ¡la que en mt rnter1or ~ucedt6 á la pnmera semejantes sensaciones, se me representó de. nuevo,. Y
ya no tuve más que dos ideas: la 4e tom~r mi desqmte
ca.si inmediatamente! En la caea donde comía me en- aquella
noche misma y la de combmar m1s apuestas con
contré sentado entre dos mujeres muy elegn.ntes qne riarreglo·á la experiencia ad·
valizaron para conmigo en adulación y coqneterín.
En una palabra; salí de allí á eso de las once, domina• quirida. Recons.tituí mentaldo por una de esas crisis de fatuidad en que rn siente uno mente ciertas jugadas que
d:ieño del mundo, y me apeé en nuestro Círculo, esta- había perdido y que hubieblecido entonces en el hotel de la plaza Venfü\me, á. don- ra debido ganar una~, tirande me había guiado uno de los convidados que se brindó do y otras no tirando á ciná hacerme los honores de la reunión. Como casi no co• co. De pronto mis ojoR se fi.
jaron en la carta dirigida á.
nacía á nadie allí, no había puesto en él los pies seis semanas deepuée de haber sido admitido. Dos -pintore~ me Ladtat v que la víspera ha·
habían servido de padrinos, y sólo la perspectiva de la bíadejado sobre la mesa. Un
Exposición anual me había decidido á hacerme socio, 1t cálculo involuntario me de
pesar de la cuota, que me parecía entónces muy cara. •muestra interiormente que
Era yo tan ingenuo, que preg.nnté á mi g11ía como se lla• con dar aqLiel dinero hacía
maba el juego que tenía reun:d.as alrededor de la mesa un sacrificio insenE1ato. Pagados los tres mil francos de
á tantas personas, Se echó á reir, y me enseff.ó en dos pami deuda, ya no ine q neda·
labras las reglas del bal'carat.
ría casi nada. Para reunir
-¿No os tienta esto?-me dijo.
-¿Por qué no?-contesté algo mortificado de mi igno- una cantidad que me permi•
tiese volver allá. por la noche
rancia-pero no tengo dinero.
( y yo conocía que no podía
Sin dejar de reir, me explicó cómo me bastaría firmar
dejar de volver,) neceeitaba
un pagaré para recibir sobre mi palabra ha.eta tres mil
francos, á condicion de devolverlos dentro de las veinti- tomar prestado del tratante
cuatro horas. Después comprendí que aquel mozo me ha- en cuadros y malbarat11r al•
bía tentado para jugar él con la bt1ena suerte de un prin- gunos estudios. Así podríi:t
cipiante. Pero yo me hubiera bastado solo para caer en recojer unos cincuenta luiseE.
la tentación. }.le encontraba en uno de esos momentos y de aquellos iba á distraer
en que gritaría uno, como aquel otro, el barquero duran- diez para aquel perezoso, pa•
te la tormenta: "Llevas ií César y su fortuna ...... 11 ¡Oh! ra aquel borracho, para aquel
Un César bien pequen.o -y una fortuna redncidísima, por· embustero. Porque yo intenté demostrarme á mi mismo
que me senté á la mesa diciendo ú. mi compai'\ero:
- Voy á. firmar un pagaré de cinco luises y si pierdo, que su carta no era más qne
1m tejido de falsedades. La
me voy ..... .
cogí y la volví á. leer. Su
- Y perdió usted v se quedó.
¡Me acuerdo de haber formado tantas veces esas acento me desgarró nueva•
pNde.otes resoluciones y de no haberlas cumplido! ....... . mente el corazón. Pero, no.
No quise oir aquella voz, y
-La cosa. no fué tan facil-replicó ll.Iiraut.
-Jrii tentador, qne se había sentado junto á mi, me di• me eché de la cama para esjo que agaardase mi mano. Le obedecí. Tiró nueve. Yo cribir apresuradamente un
billete negativo. Le escribí
había arriegsa.do mis cinco luises.
-Haga usted doble puesta-me dice al oído mi con- en términos breves y secos,
para interponer una b{_l,rreryi
sejero.
.
-Tiro ocho. Sigo doblando siete, y gano. En fin, de infranqueable entre m1 antinueve en ocho y de ocho en siete, y siempre doblando, guo camarada y mi compa•
paso seis veces seguidas. A la septima tirada, y siempre si6n. Cuandoenvié el billete,
inspirado por mi compañero, hago un luis tan sólo. Pier• sentí un poco de vergüenza y
do; pero tenía unos tres mil francos ante mi. Mi guía, de remordimiento; pero me
aturdí á más y mPjor con los
que había ganado casi otro tanto, i;e :evanta y me dice:
muchos paseos que tuve que
-Si es usted razonable, haga como yo.
Pero yo no le escuchaba. Acababa de experimentar dar. Por otra parte, me decía
.yo para acallar mi concien ·
una sensación demasiado fuerte para dejar aquello así.
No pertenezco 1t la escuela de los que usted llama ana- cia, si gano, siempre estaréá
listas, ni me paso de listo en mirarme, y en sentir. Dia- tiempo de enviar la cantidad
pensadme, pues, si no os declaro sino en globo y por me- á Ladrat. Y ganaré.
-¿Y ganó usted?-le predio de imágenes lo que por mi pasaba. Durante loa cortos
instantes en que había ganado, había invadido repenti- gunté, viendo que se callanamente todo mi ser un embriagador orgullo. Un exal• ba.
tado sentimiento de mi personalidad me agitaba y me
soliviantaba. Una eeneación análoga he experimentado
al nadar en mar gruesa. Aquella inmensa ola movil que
MADRIGALES
os amenaza, os balancea, y ti la que dominaia con vuestra fuerza, es ciertamente el símbolo exacto de lo que
fué el juego para mi en aquel primer período, el de la
Cuando el rosado velo
ganancia¡ porque nuevamente gané en igualesproJ,&gt;&lt;&gt;rcioLa aurora descorría,
nes que un moment,o antes, y luego más. No arriesgaba.
Bañando en suave luz el ancho cielo,
grande~ apuestas eino sobré mi mano y sobre la de los
A baBarse fué al mar la amada mía.
demás; jugadas insignificantes; pero cada vez que tocaEstaba el mar sereno;
ba las cartas, tenfa un humor tan insolente, que primePero al ver la blancura de aquel seno
ro callaban todos, y Juego cuando tiraba, prorrumpían
Y aquellos blondos rizos
como en un rumor de admiración. Quizá sin aquella adY a que 1 sin fin de hechizos,
miración hubiera tenido valor para dejarlo. Pero. ¡ay!
A recibir dispúsose á mi íngrata,
siempre he tenido un amor propio de todos loa diSblos,
Por abrazarla más y más aprisa,
que me ha hecho hacer mil tonterías, y con mis caCon breves olas de luciente plata.
nas todavía ha de hacerme cometer otras muchas sin duEntró en el mar: la juguetona brisa
-da. Lo conozco, me doy cuenta de ello, y luego,
Acarició el magnífico tesoro
cuando tengo espectadores, adios mi dinero, no puedo
De rosas, nieve y oro¡
sufrir que digan: 1&lt;Se ha echado atrás.u Es sublime eer
Las aguas bulliciosas
.así cuando la escena pasa sobre el puente de Altole; peEn torno se apretaban
ro ante una mesa de bacarat, y al azar de una carta, es
Del oro v de la nieve y de las rosas,.
estúpido. Tin embargo, este orgullo infantil fué causa de
Y con liscivos besos la besaban.
que después de haberme hecho gozar de mi buena forY Apolo, más que nunca diligente,
tuna, no qui~e ceder ante la mala cuando se acercaba.
Aguijó á los caballos del famoso
Por que yo lo conoc(. Llegó un instante en que comGran carro, y asomó por el Oriente,
prendí que iba á. perder, y aquella especie de lucidez vicComo quien ver desea
toriosa que me había hecho coger las carta.a con una
Al cabo de cien siglos, sorprendente,
confianza absoluta, se eclipsó derepente. Estaba escrito
Salir del mar á. Venus Ci t.erea.
que yo había de experimentar, en una misma sesión, todas las emociones que el juego produce á. sus aficionados,
Tu sombra ser quisiera;
porque deepués de haber sentido la borrachera de la gaQue siéndolo, alma míai
nancia, experimenté la seca y punzante embriaguez de

-Sí, respondió con voz completam~nt~ alterada-y
más de qulaientoa luises; pero al día a1gU1ente era ?,~masiado tarde. Inmediatamente después de haber rec1b1do In negativa de mi billete, La.drat, que no me había
engañadu se t:1intió poseído del frenesí de la de~speración. Su compañ~ra y é l tomaron la fatal resolución d_e
asfixiarse. Encoatrá.runlos muertos en su cama, Y yo fw,
yo, nótelo usted bien, el que hice descerrajar la. puerta.
Llegué con los doscientos francos, sí, ¡era demasiado ~arde! Ahí tiene usted por qué se acuerda de haber leido
en los periódicos ese nombre de Ladrat. ¿Compre?de !lsted ahora, por qué la sola vista de una carta me rnsp1ra
horror?
· d ¡ d'
-Vamos-le dije-si le hubiera usted envia o e mero la vlspera le hubiera salvado un mes, dos ro~ses; pero
hubiera vuelto á caer, el vi~io le hubiera domrnado de
nuevo, y hubiera acabado col?º acabó.
.
.
-E3 posible-contestó el pmtor-pero bien mirado en
la vida, nunca debe ser uno la gota de agua.que haga rebosar el vaso.
PAUL BoUBGFr.

Nunca, nunca de ti me apartaría.·
Pisar por tus pies breves me dejara;
Ya, como perro fiel, te seguida;
Ya, por verte mejor, me adelantara;
Y, llegada la noche, ¡cuán dichoso
Fuera al velar tu plácido reposo,
Contemplando, á. la tíbia y vacilarite
Luz de tu alooba, tu beldad radiante,
Que por lo rara asombra!. ....... .
Pero sombra de dicha es eer tu eombra.
¡Ay, soñador amante!
¡4-y, loco desvarío!
¿Cómo del claro sol ser sombra ansío?
Pues que cant.ando lloras,
Pues que llorando cantas,
Y alma y oído, ruiseñor. encantas,
Ven, llora junto á. mí, que estoy cantando;
Ven, canta junto á mí, que estoy llorando;
Que aquestas penas mías
No sé ya si son penas ó alegrías.
Ven, dechado de amantes,
Y en mí hallarás cQD.Suelo á mis dolores,
Ora llorando cantes,
Ora cantando llores.
FRANCISCO RoDRIGUEZ MARíN. '"

Marzo, de 1897.

•

�220

EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE ll!ll

•
EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

..

,

EN GANO SUBLIME-Por roaría S!escot
NUMERO 4.

}.loribunda! Era eso posible? Se muere acaso cuando
se es bella, joven, necesaria á la dicha de todo3 y ardientemente amada? Un recuerdo despiadado se levantaba
en su mente. Se veía vestido de negro, caminando detrás
de un ataud, en es.e ataud esrnba. tendida su madre. Ella
también babia muerto en su belleza, en su juventud; mo•
ría con el corazón clestrozado. L'l insignia que arreb3tó
en Sebastopol el coronel de Aubián, hizo dos víctimas y
dos huéríanos.
:F'ué entonces cuando Elena reemplazó para Felipe al
padrd y á. lama lre, de.:aparecidos; partiendo sus juegos,
vigilan lo sus estudioe; tan firme y tan abnegada.
Ct:1audo se despert.6 la vocación del marino en él, ella
se eáforz0, en su ti"erna inquietud, por apartarlo de eso;
pero Felipe resistió enérgicamente, mi raudo desde muy
alto aquellos pobres terrores de mujer. A_bora, recordaba la mirada de orgullosa admiración que e la le dirijió
la primera vez que le vió con su lindo uniforme de la Esóuela Naval.
Fué el dfa df&gt;l bautismo de la pequefia Lila; las menores circunstancias de este feliz momento se representaban en su espíritu. Le paro?cía oír la súplica de Elena:
"Tú la amarás, verdad, Fdipe?» ¿Aquellas sencillas palabras le llenaban de terror. No indicaban acaso los sinies•
tros prP-sentimientos que agitaban ú. la joven madre? Se
sentía de nuevo presa de una angustia tan viva que inclinó la cabeza hacia la ventanilla, como si la vista de los
objetos de fuera pudiera disperear sus lúgubres ideas.
Reinaba aún la primavera; á lo largo de las alamedas,
en el recinto de los parques, los mismos racimos blanoos
y violetas se balanceaban á.l soplo de la brisa, cayendo
muellemente sobre el verde tierno de los follajes. Y be
aquí que enmedio de eus recuerdos vi6 el baile de la vispera.: una cal:tellera ardiente, dos ojos fijos sobre los suyos, una luenga falda verde de móviles reflejos; pero lo
que recordó sobre todo fué la pe·sadilla de la neche y la
impresión fue tan terrible, tan fuerte, que tuvo que acudirá todas sus energías para contenerse: uCon razón, pen~ba él, se reprocha á los marinos su tendencia tt la superstición; privados durante larguísimo tiempo de comunicación con el mundo, nos creamos un mundo imagina•
rio1 damos fe á. nuestros sueños, y somos tan creídos como nuestros bogas. uEsa mujer no esun monstruo¡ como
había de devorará mi pequeña Lila? Esa palabra de sirena que mis compafieros repitieron, me llegó it través de
mi sueño y causó esta alucinación.»
Pero pensaba también.
11Había flores, muchas flores; Aglaé de Lezinei:i, que es
muy piadosa1 sin embargo, cree en los s1lefi.os. Soñar
flores es nuncio de lágrimas, la be oido decir frecuente•
mente,1,
Y murmuró entre dientes;
-Flores, lilas, había muchas flores, la isla entera es•
taba cubie.rta de ellae. ¡Oh! ¡Dios mio, Dios mío!
Pero serenándose bruscamente:
-No, soy un loco para creer en ef.00 presagio y apenarme de eeta suerk'.
Por fin se aproximaba. Un temor más punzante .que
lo~ otros le apretaoa el corazón ha!lta rompérselo. Tenfa
casi deEeos de gritar para no oir resonar en su oido la
palabra terrible¡ de huir muy lejos, á la extremidad del
mundo, guardando cuando menos en el corazón la duda
y la esperanza.
-Pontarlier! Pontarlier!
Descendió del vagón sosteniéndose apenas, debil, como un niño, ante aquel eepantoso dolor. Un viejo criado
esperaba en la estación; corrió hacia el mariri.o, y con
voz alterada dijo:
IX.
-¡Oh, señor Felipe~ venid pronto; la pobre señora os
El tren llevaba co!l demasiada lentitud á Felipe, para espera para morir!
la fiebre y angustia que le de,·oraban.
X
Elena moribunda! Su hermana adorada! El sólo ser
qae amaba en la tierra! El temor de llegar demasiado
En una c:.'imara de sobria elegancia, un poco severa.
tarde, de no ver más aquel rostro querido, levantaban Elena se moría dulcemente.
en su corazón sollozos que apenas podía comprimir; era
Alrededor de-ella reinaba esa mezcla de lujo y de vulprecisa la presencia de sus compañeros de viaje, de esos garidad, ese desorden que dice más elecuentemente que
indiferente&amp; que le miraban con sus ojos distraídos, era todas las palabrae, que se ha perdido la esperanza. Sobre
necesario todo su orgullo de hombre .para permanecer las etogerrs. al lado de las figurillas de viejo Saxe, redoEereno, :rero necesitaba tanto que le tranquilizaran!
mas de medicamentos, .acumuladas; pomos de poción,

Y to4oe aquellos jóvenes de espíritu ver3átil, pusiéronse á hablar de sus familias con la. emo:::ión prQfunda. del
marino. Dos años de ausencia!. ..... Cuántos cambioo ..... .
Niños crecidos, jóvenes casadas ......... y mucbps viejos,
muertos!
El baile languidecía. Se retiraron los oficiales. Cumo
era el tiempo de primavera el día comenzaba á apuntar.
Salud al primer sol sobre la tierra de Francia! Eaeaya• ron bromear aún, pero estaban conmovidos, un poco graves¡ se estrecharon la mano y separáronse.
Ya solo, Felipe de Aubian tomó el camino de su hotel;
pero una pesada tristeza le oprimía. Ese m')menW tan
impacientemente esperado, la vuelta á la patria, habia
llegado; era tierra frallcesa la que sentía bajo sus pies;
pero un temor de que no podia darse cuenta alteraba su
. dicha. En el baile casi no había danzado; distraido y SO·
ñador1 no escuchaba las conversaciones de sus amigos,
demasiado preocupado para divertirse con sus bromas.
La aparición de Beltrana lo sustrajo apena~ á. su dolorosa
abstracción; acaso ni á. esto hubiera prestado atención alguna sin la persistencia de la mirada que ella fijó en él.
Eaa"mirada, como acontece frecuentemente, atrajo la su·
ya. Al principio no _la reconoció: Era tan grande la diferencia entre aquella mujer tan expléndidamente vestida,
atravesando aquellos salones de fiesta, y la pobre muchacha envuelta en su manto negro que se acostaba sobre
a arena para morir! Se hubiera creído el juguete de una
ilusión ó de un parecido notable, sin aquel pronombre de
1,Beltrana11 que su compañero pronunciara. Beltrana, ula
hermoea Beltrana )Iartín!&gt;J
Como eentia los ojos curiosos de todos aquellos jóvenes
oficiales escrutando su turbacián, no osó permitirse pre.
gunta alguna: estaba de por medio el honor de una mu•
jer. Más valía callarse, tratar de desviar las sospechas:
él preguntaría, él sabría más tarde.
Era esa una aventura extraña, cuyos detalles le satis•
facería mucho conocer, cuando la dura cuita que lo ahogaba, hubiese cesado. Volvió á. su hotel y se arrojó en su
lecho. La fatiga lo adormeció, pero tu,•o en su sueflo una
fatiga·espantosa.
Se veía en los mares lejanos, sobre un navío clavado
por la calma en medio del Océanoi ni un soplo de aire
hinchaba las velas, y sin embargo estaba próxima una isla, una isla por completo cubierta de flores.
En la playa estaba sentada su hermana Elena. Lila
jugaba á sus pies; tenía en sus manos un haz de las flores
cuyo nombre llevaba.
Elena eomeía y parecía infinitamente dichosa. De pronto una mujer emergió de las ondas; distinguió Una cabellera leonada, ojbsdeun brillo mágico, brazos de una blancura de..nacar que se tendieron hacia la. pequel1uela; y á.
los que ésta, imprudentemente, respondió con alegría,
ofreciendo sus floree ......... Entonces vió él una cosa espantosa: la mujer se volvía un monstruo; tenía garras de
tigre, una crin de león, y cola de 1:!irena. Salió del agua,
se apoderó de la nifla y la devoró en tanto que Elena irguiéndose desesperada, llamaba á su hermano en su socorro y él no podín avanzar.
Se despertó cubierto de un sudor helado. Llamaron á
eu puerta y entró .un criado portador de un telegrama.
Felipe temblaba de tal suerte que no osaba abrirlo. Per•
manecía inmovil con los ojos fi.Jos en el papel azul. Por
fin lo abrió y un grito ronco se escapó de su garganta, ~
llevó ambas manos al corazón y cayó sobre su lecho sollo•
zando.
El telegrama no contenia más que estas palabras:
uElena ee muere; apresúrese usted.u

i!.a nocqe.

manchas de tizanas aqu( y ahí, maculando el satín de los
tapices. En una mesa, llevada de prisa para la admiui::tración de los últimos sacramentos 1 un altar. El paire
acababa de retirarse Ct·ll los ojos llenos de lágrima~, der
pués de haber cumplido su ministerio, y sólo los mh?mbros de la familia permanecían cerca de la moribunda..
Encorvado, con los codos sobre las rodillas, la calJe-¿a
entre las manos, los ojos 610s, con la estupefacción bestial que causan los dolores demasiado fuerte1:1, el Sr. Do.vernoy permanece sordo á las exhortaciones que la señora Fpurneron le dirige.
-Fernando, mi querido sobrino, mi pobre amigo, ten
va.lar! No te dejes abatir así; ea! de tu entorpecimiento.
Acaso aun h ay esperanza.
El no responde y parece no oirla, aun cuando ella vuelve sin cesar hacia él, no abandonándole eioo para preparar alguna tizana, y turba.ndo con su burdo anda1 la
calma de aquella h lra solemne.
En el fondo de la cámara rígidamente arrodilladae, en
inmovilidad de estátuas, las sefioritas Lezines, recitaban
en voz baja las plegarias de los agomzantee. En los marcos de las pueitas, algunos criados lloraban tímidamenie,
en tanto que sentada al pie del lecho, una niñ.ita miraba
esa escena, con grandes ojos asombrados y temerOSOB.
La sustrajeron {L sus juegos y la llevaron de prisa para
recibir la última bendición de su madre, porque aún
aprieta en eus manos una muñeca que no ha querido
soltar. En su alma de nii'io se levanta el terror de lascosas inexplicables. ¿Porqué está. tan pálida su madre?
¿Por qué su padre permanece inmóvil, sin levantar 108
ojos?.¿Quién hace llorará. los criados y por qué las primas Lezines están de rodillas moviendo los labios sin
que salga de ellos sonidoalguno?
Sólo la tía Fourneron la tranquiliza. Nada ha cambiado
en su aspecto habitual: va y viene á través de la c:.í.tn.1.ra,
desplaza las redomas de medicamentos, prepara pociones
inútilee; después ee aproxima al lecho, arregla las ropas y
sonde á la nina. Aun ha querido llevársela; perb con un.
expresivo gesto de ruando, la mo¡ibunda se opuso y la.
pequelluela permanece pegada al pie del edredón,. con
una curiosidad perezosa y en un silencio atento.
0

De instante en instante-, la moribunda levantaba loe
cansados p,irpados y su mirada, después de haberse detenido en la niña con nna expro?sión desgarradora de pes.ar y de ternura, se fijaba en la puerta de la cámara con
ansioSa expect,ativa, corno si en aquella hora suprema,
algún eer humano hubiese podido llevarle la salud. Ia
tía Fottrneron entonces se aproximaba al lecho.
-)Ii buena Elena, no te fatigues así; aun no ha llegado la hora; no puede venir atí.n. Después se dirigía á. la
puerta, dabfl una orden á un criado que se enjugaba sns
ojos, se precipitaba, bajaba la escalera corriendo y volvía bien pronto, eacudiendu la cabeza negativamente.
Era esta la reproducción dolorosa de la vieja fábula en
que la mujer condenada á. muerte esperaba la llegada del
libe1tador. Pero ninguno puede salvará la víctima; poco importa que la hermana Ana vea al hermano que acude. La muerte, es el Barba Azul despiadado á quien nadie desarma ni hace retroceder.
Y sin embargo, esta expectativa ansiosa de una moribunda, tiene algo tan conmovedor, que poco á poco, todos los ojos t:ie fijan en la puerta y todos los oidos escuchan: las primas interrumpen sus fúnebres letanía~ la
tía Fourneron abandona sus pociones y las criadas, en
continuo movimiento, descienden y suben las ei:caleras.
-¡Señora, seflora, ya viene; aquí está!
En la escalera se oyen pasos rápidos, una respiración
agitada, y en el dintel aparecen la al~ talla y el roairo
bronceado del marino. rn largo suspiro de alivió sale
de todos los.pechos, en tanto que la moribunda, rea.nim,tndose, en un supremo esfuerzo de voluntad, exclama:
-¡Hermano mio! Felipe! Por fin!. ....... .
El se ha lanzado hacia ella 1 cubre de besos sus manoe,
su pálido rostro, rodeándola con sus brnzoi::, como si pudiera defenderla, llevársela, salvarla. Entonces ella, con
una voz extinguida, c,uyos acordes rotos llegan apenas á
su oído:

�222

-Yo te esperaba, yo te esperaba, dice:
Y más bajo, con un murmullo:
-Júrame Felipe que protegerás ámi pobre Líla ........ .
Vacila aun, y luego, más bajo, tan bajo que él apenas

•

EL MUNDO

-Elena! Elen», mi bien amada, vuelve!
¿Qué aconteció? ...... Era el •juguete de una ilusión? 1In
suspiro querelloso le había respondido. Pálido, conmovido, se levantó y con voz temblorosa repitió su llamado.
la oye:
Esperaba un milagro!. ........ Ella no podía haberse, pars
- ...... Cuando Fernando se haya vuelto á. caEar.
siempre, perdido para él.
El se extremece e1:cuchando esta sombría y extrall.a
~Elena! Elena! Elena! ..... .
[llegaria y busca los ojos de Fernando Dnvernoy. Este
Por segunda ,·ez se estremeció: el mismo ruido extraño
no ha cambiado de actitud, acaso ni se ha percibido de se dejaba oír y en la puerta. apareció una forma blanca.
la llegada del joven marino; con la mirada vaga y la bo• Por un instante Yaciló; pero de pronto Fernando sintió
ca contralda por los sollozos violentamente contenidos, dos brazos que, acariciadores, se arrojabaná en cuello.y
permanece abrumado por la desesperación.
la palabra ((jpapá! ¡papá!u fué dos veces repetida. 8í 1 era
Conmovido á la vista de este punzante dolor, Felipe ella, la pequeña Lila; ella., tristemente olvidada en aquel
no osa ;esponder. La pre\,isión de un segundo matrimo- largo día de duelo!
nio en un momento tal le parece un insulto. Pero Elena, .
Llegada la noche, como preguntase si su madre no volsin hablar más, ase entre sus mallos desfallecientes la vería pronto, le respondieron:
mano bruna del joven oficial, la posa sobre la cabeza de
-Tu mam:.í. ha partido para el cielo; vete 1.i. dormir, Lila niñita y espera.
·
la, como una nifia bt1ena, y los ángeles te visitarán.
Es demasiado joYen, casi un niño ese aspirante de maObedeció, pero su corazoncito perinanecfa angustiado.
rina de quien se reclama tan solemne juramento. Su ca- ¿Por qué dormirse así, sin esperará. rn madre que de serrera debe arrastrarle muy lejos; pero con esa presciencia guro vendría? Con la cab~za reclinada sobre las almohaque Dios da algunas veces á las madres moribundas, Ele- das blancas, pús9se á soñar en aquellos paíees celestes,
na lo implora con su mirada ansiosa y esa mirada tiene todos constelados de pedrerías; en esos países donde couna expresión t~l de súplica que él no resiste ya.
rren la leche y la :miel, donde maduran los frutos que la
Apoyando la manO sobre la cabez3. de la niña, levanta tierra no conoce. Las e:Hrellas ci n titaban en el azul soro brío
los ojos hacia el crucifijo de m1rfil suspendido en el fon- del cielo. Lila, con los ojos fijos en esas constelaciones
do del lecho. Ning1rna palabra es pronunciada en voz alluminoi:ae, se decía alegremente que su mamá Lacra un
ta, sus labios no se agitan, pero en el 'corazón 1 el jura- hermosísimo viaje en el país de los ángeles de donde
1
mento está. hecho y la madre lo escucha.
sin duda le traería algún juguete maravilloso. Se durmió
-Gracias, Felipe, dice.
pero con un euefio turbado y calenturiento, á través del
Y muere.
cual oyó una voz que decía: nE!ena, Elena ...... )) Por fin
XI.
su madre estaba ah(! En qué pensaba, pues, que no ibj, á
El dolor de Fernando Duvernoy, largo tiempo compri verá su pobre hijita?
Se levantó sonriente, ioca, y con los pies desn~dos se
mido, podía darse libre curso; los parientes, los amigos
llegados de todos los riMones de la provincia, se habían dirijió al departamento de su madre. La joven niñera,
Tetirado al :fin. Se volvia á, encontrar solo, comple,tamen- que reposaba cerca de ella, fatigada por las recientes vigilias, dormía peeadamente y no la oyó.
te solo, en aquella cámara nupcial donde ·bahía pasado
tan felices años; ella había partido aquella mafiana para
Lila asió el pullo de la cerradura, la puerta cedió, giró
oo volver más; en tanto que él, de pie, casi impasible á sobre sus goznes en silencio y Lila sorpreD.dida se detuvo
fuerza de sufrimiento, contemptaba con mirada seca y fi. en el dintel: su padre solo, estaba abi, con el rostro tan
Ja el ataud que los hombres se llevaban
contraído, tan p,tlido,· que al pronto ella tuvo mieao.
Oh! qué horrible día! cu.in largo é int~rmin;ib\e le paSin embargo, ~arrió hacia él y se precipitó á su cuello
reció! Cien, docientas personas quizá murmuraron á eu con la pregunta aquella que le quemaba los labios:
oído simpáticas palabrns; él daba las gracias con un apre-Qué, mamJ. no ha ruelto aún del cielo?
.
tón de n:lano, con un signo de cabeza;_pero las palabras
Al oir aquella voz de niño, aquella pregunta ingenua,
no las oía. Ojos húmedos de lágrimas de compasión se el círculo de hierro que retenía las lágrimas de Fernanfijaron en l?s suyos, en tanto que sus párpados permane- do se rompió y el pobre hombre lloró. Lloró sobre aquecían áridos y quemantes; en medio de aquellas simpatías lla pequeiíuela tan inconsciente de la desgracia que la
triviales, de aquellos sollozos de mujeres, apoderábaee de había herido; la estrechó entre sus brazos; ¿no era acaso
él una especie de pudor celoso que le forzaba á contener su último tesoro?
su propio dolor.
Largo tiempo sus lágrimas co"rrieron¡ Lila mezcló las
Ahora; al I'ededor de él reinab"a el gran silencio de la suyas; comprendía que su wadre no había v1:1eJto y con
noche; él-Velaba solo en la cámara de la muerta y su de- su cabecita oculta en el seno de su padre, se durinió en
sesperación ·se exhalaba.
medio de esta primera decepción.
Una desesperación febricitante: gritos roncos sollozos
Era ya tarde cuando la joven niI1era despertó; sus ojos
sin lágrimas que sacudían su cuerpo en una crisia nervio- cayeron sobre la cuna vacía y un estremecimiento de te-·
sa; después una inmovilidad de estatua y algunas veces
rror 1a conmovió: En las veladas de aldea se cuentan tan•
sobre sus labios un rictus de dolorosa rebelión. Sus ma- tas historias terribles, historias de pobres muertos que
nos se crispaban, desgarrando el satín de los sillones
salen de su tumba y vienen á buscará sus hijos! Se vis·
arrancando las franjas de seda. El lujo que reinaba ai tió persignándose y se dirigió á la cámara mortuoria:
rededor de él, Je parecía un insulto á su pesar. Esos ob- Desde el dintel, el cuadro que se ofreció ásus ojos Jatran·jetos fa_miliares 1 los muebles que ornaban su pieza, todor
quilizó. Lila con su gran bata de noche, dormía entre los
los testigos de su dicha, avi"vaban sus recuerdos y aguza • brazos de su padre, que vencido por la fatio-a dormía
0
ban su pena. Es una especie de ironía esa inmovilidad también.
'
de las cosas materiales -ante la desaparición de los seres
Se alejó con paso discreto, bajó ií la cocina donde la
humanos. Qué? todas esas nonadas frágiles, esas estatui• Sei}ora Fourneron ejercía ya su formidable vigilancia, y
tas delicadas, esas baga!,elas insignificantes, duraban aún la cual al verla gruñó:
y ella había desaparecido?
-En fin, está usted aquí, perezosa;¿porqué baja usted
Contemplaba el silloncito donde tenía ella la costum• tarde?
bre de sentarse, la mesa de labor que contenfa su borda-·
¿Qué" ha hecho ueted de la nii'ia?
do en embrión, el reclinatorio donde á mafiana y noche
-La sefiorita se ha dormido sobre las rodillas del
se arrodillaba tan largamente. Todas las huellas de la Sefior.
lenta enfermedad habfan desaparecido; la cámara mis-.C0mo! ¡cJmo! va á enreumar á esa nifia ....... corro
ma ofrecia una fisonomía de fiesta, estaba adornada &amp;m á. decíreelo ..... .
un exquisito y piadoso rebuscamiento: último .homena-El Señor duerme-Sefiora-parece tan fatigado!
je, limosna suprema it los que se van. Flores, flores por Ayer noche prohibió la entrada . .' ....
todas partes; cubriendo el lecho, como habían cubierto
-¡Ha hecho muy bien, porque hay gentes indiscretas!
el ataud; algunas habían caido y yacian sobre la alfomPero sep_a usted u.na vez por todas, que las COnsignas no
bra. Cn viejo cristal de Venecia las reflejaba alegremen- me conciernen.
te, todo parecía vivir y sonreir, y sin embarg,. ellB no
Subió pues y fué á mezclar sus exhortaciones vulgares
estaba abí.
'
á los tres soberanos conéoladores que venían su báhmmo
1:'&lt;&gt;s labios rigidos de Fernando ee entreabrieron con
sobre el desesperado: el suefio, el silencio y la niña.
un deegarrador gri~o de llamami~r.to.
-¡Qué locura Fernardol ¡Qué locura! ¡Pa8ar la noche

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

en un cuarto lleno de flores! ¿Quiéres pues enfermarte
de la cabeza? Cuando menos dame á la peq11efia, voy á
acostarla.
Sin decir palabra el se. dejó quitará la chictiela, pero
sobre su~ facc1one":1 volvió á colocarse la máscara rícrida
0
del dolor.
!,as dos Señoritas de Lezines entraron. Ll~gaban d1:,
la iglesia donde habían oído tres misas y sus almas piadosas se desbordaban de ex"elentes intenciones: querían
hacer Comprenderá su desolado primo que la prueba es
enviada por Dios y debe ser soportada con resignación y
valor para merecer las palmas eternas.
Eran estos altos y grandes pensamientos que tenian la sola desven~aja de llegar demasiado pronto para
un hombre que no podia ni escucharlos ni compren-•
derlos.
Las dos le ha bfan tomado la mano, las dos hablaban
con unción y aun con elocuencia, recitando pasajes de
sermones y de capítulos de sus libros de ho!"8s, · más él
uo las escuchaba¡ s,,Io de cuando en cuando sacudfa la
cabeza con un movimiento de rebelión: esa palab~ de
resignaCión que volvía sin cesar, le parecía sinónimo de
la palabra olvido.
Despues llegó Jacobo de Sommeres, más realmente conmovido que la tía Fourneron y que las dos solteronas;
pero disimulando su simpatía bajo una brusquedad afectada:
-Yarno?, v:1mos, hay que ser hombres, mi pobre viejo.
Aun cuando te rompas el corazón contemplando su cámara vacfa, no. la resucitarás! Todos somos mortales, que
qureres tú! Ya vendrá tu turno y el mío también. Eso
no tiene vuelta de hoja!
·
.fernando nada tenía que decir y no respondía, pero
las amonestaciones de la una, las homiUas de las otras y
los torpes consuelos de Jacobo, herían su dolor. Ah! cómo habría deseado huir ,t la extremidad del mundo con
su hija en los brazos! L? que pasaba ese día, pasaría aun
y mis los dias siguientes, bien lo sabía.
En efecto, la Señora Fourneron volvió al día siguiente
con nna colección de lamentacion~s nllevas.
-Que abominación, Fernando! Que horror!.. ... Todo
n.tá expuesto al pillaje! .... .. Felizmente estoy yo ahí pa,
ra poner en orden á todo el mun 10!
Y se dejó caer en un sillón, como al peso de sus gloriosas f~tigae.
Al día siguiente tambien volvieron las primas Lezines.
Esta vez no llegab.in con lag manos vacfas: Aglaé llevaba un libro de meditaciones cuya lectura pretendía hacer, Y Eulalia una banda de tapicería. El las vió instalarse sn un rincón de la cámara, apoderarse de la mesa so
bre la cual Elena trabajaba y las miró con vaga ~irada
no intentando opo1;1erse á esta invasión.
Por lo demás, con que derecho se opondría? No sabía
acaso que la intimidad de la :vida de provinciá crea en
las relaciones de familia, una cadena ettrecha de la cual
ninguno, por fuerte que séapuede librarse? No sabía que
su tía Y sus primas volverían ollstinadamenteá CODBOlarlo'?
Era un deber, para el cumplimiento del cual ellas burlarían t ,.ln:i loa obit-lculos¡ as( pues, con ap1tía, sin lucha,
sin ~esistenpirt, Fer.tanda las dejaba hacer; únicamente,
po: ~nstante~, volvia loo¡¡ ojos hacia la ventana, c.Jmo e
prisionero que piensa en escapar de su calabozo.

la mejor manera O.e comprobarlo no es consolará. loe que
lloran? Qué sería de Fernando si nadie se ocupase
&lt;le él? ¿Quereis que os diga todo lo que pienso?.....•
I 1 ues bien,ese jov'en·nos disimula algo; debe haber cometido una falta que no oea confesar: ~na pérdida en el
~ juego, tal vez. Yo le he oido decir que los oficiales de
marina juegan mucho. Oso eeperar que no babi-á en su
-conducta algo más grave; él hubiera hecho á su hermana
Elena su conft:sión; estimo que nosotros debemo11 reem-

dos jueces que esperan á un criminal. Ri h~biese estado
m·e nos preocupado, se habría apercibido de que Aglaé le
miraba con mirada llena de suposiciones YPeveridades y
Eulalia con una profunda conmiseración y hubiere son•
reido ante algunas reminisc~ncias infantiles, cuandomuy pequeño-comparaba el ealón de las primas Lezinee
al tribunal de la inquisición oliente á auto de fe.
Era coPtumbre en casa de las señoritas Lezines dramatizar los menores acontecimientos y erigirse en Corte de

,,.--·,..r·,-• .J,-

213

-Yo decía ayer á mi hermana Eulalia que vuesl'ra
conducta, Felipe, me parece bien extraña. Fernando seha mostrado siempre bueno para con vos, y tengo el sentimiento de deciros que le pagais lll!\I :,us beneficios y suafec~. ¿Qué os ha hecho él?
Felipe la miraba sin responder. ¿Era posible que no
hubiese supueEto nada? Verdaderamente tenía el aired6'
un culpable y Aglaé pudo, sin correr el riesgo de ser IDterruwpida, pronunciar una de esas homilías á que era
tan aficionada. Mezcló las negruras de la ingratitud, laa
amistades peligrosas para los jóvenes, la necesidad de
confesar las faltas cometidae-, prometiendo no reincidir
y unió á esto un pequeño sermón sobre la contrición y el
firme propósito.
El no la comprendió. Estaba muy lejos de creerse comprendido en tales palabras.
De suerte, dijo siguiendo su idea fija, que :mi pobre
Elena no era feliz.
Ellas respondieron á la vez con un grito de indign:a,ción:
-Cómo que no era feliz! Y que le faltaba si gustakt
l'n marido que la amaba, que la adoraba ...... Sí, si, Felipe, por eso el buen Dios se la ha llevado, porquep:rohíbe la idolatría y Fernando la idolatraba·.
El las mir6 atentamente y vió que eran sinceras. •Me
he desviado, pensó, no saben nada; deb1 presentirlo.
Eetaba á la vez contento y decepcionado; por que úde
una pirte temía el instante,en que le aerfa preciso romper todo comercio de amiatad con su Cll!lado, por otra habría deseado qae esta información terroinaae y
no tener que volver :i ella¡ pues la alian-za de las Lszines hubiera sido de graa peso. Se deapifüó y se diri~ió hacia el peque-ño alojamiento de la tía Fourneron.

Xl.
Una noche Aglaé de Lezines dijo J. su hermana:
-J;:uJalia, no encuentras tú bien extrai'ia la conducta
. de Felipe?
Eulalia de Lezines, cuya comprensión era tarda, pero
cuya alma era indulgente, respondió con placidez:
~:Ko; yo no he notado nada de e.xtrafio; nuestro joven
pnmo me parece animado de excelentes sentimientoe.
-¡Animade! replicó Aglaé con impaciencia animado!
Yo nada sé; en todo casO, esos buenos senti~ientos no
se manifiestan mucho que digamos. Yo estoy admirada,
asombrada y aun diré, apenada, de la manera con que ee
conduce con eee pobre de Fernando. Lejos de rodearle
de cuidados afectuosos, como nosotros lo hacemos· lejos
de _intentar endulzar s~ pena, se aparta de él y ;arece
hmrle. Temo verdaderainente que Felipe no tenga corazón.
-¡Oh, Aglaé, puedes tener semejantes ideas! ¡él amaba tanto á la pobre Elena!
-La amaba, y ac.'lso no"otr,..s no In am.lb1mos? .\.c:i•n

EL MUNDO

DPMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

•

p la.zarla cerca de él. Le he ad vertido,
pues, que mañana le acord!lda unaentrevi3ta particular. Te suplico que asistas.
.á ella, y que me secundes lo mejor que
puedas.
Eulalia respondió con su voz tranquila:
-Te secundaré con la meJor buena voluntad, Aglaé, confesaremos juntas á
nuestro joven primo.
Docilmente, más no sin emoción, Felipe se dirigió ii. la cita dada por la~t2rrible AglaJ de Lezines.
No se preguntó. 11¿Qué querrá..: decirme?&gt;1 Sino que
pensó: cfLo sabe todo y es de eso de lo que quiere hablárme.u Eso, significaba su pen~amiento único y cons-tante. Desde el minuto supremo en que Elena moribun&lt;la te había hecho jurar que prutegería á la huérfanita,
· muchas suposiciones, muchas inquietudes pululaban en
-su espíritu. Desde luego, la más plausible de todas: una
intriga culpable sorprendida por la esposa ultrajada.
Bajo el imperio de esta convicción, miraba con ojos
despiadadamente duros la desesperación da su cufiado¡
le jzugaba hipócrita, a menos, pensaba, que su dolorfue~ causado ¡&gt;&lt;&gt;r el remordimiento. Pero, hipocresía 6 remordimiento, no le perdonaba; resentía por el culpable ese horror que inspiran los traidores y los asesinos.
De~asiado joven para ser indulgente con ciertas faltas;
gaardaba la hermosa. severidad de aquellos áquienes ninguna t.entación ha hecho flaquear. Hubiera abandonado
uMe orienté mal, se decía al andar, estas dos eolte reinas
J.usticia: un desacuerdo con nn proveedor, una reprimená Pontarlier la misma noche de los funerales, sin la nehan restringido el circulo de en vida; se ocupan poco del
eesidad de saberlo todo para conjurar el peligro si era. da á un ·doméstico, daban lug3r á, un lujo de llctitudes seprojiroo. Sea devoción real, sea indiferencia, no gne&amp;an
tiempo aúu, para vigilar !a suerte de Lila-si era ya dema- veras y á solemnes amonestaciones. Sí, él babia sonreido
como tantas otras mujeres del comadrrurgo. Xo se habla
1
frecaentemeatede
esto,
mas
ahora
nt&gt;
peneabaeo
sonreir.
siado tarde. Sin embargo,• de diario aplazaba li'l investigamal en casa de ellas; adem~8, Aglaé no tnmsije con et
Apenas
se
hubo
sentado
en
1a
silla
que
le
designaron
Clón, porque le repugnaban los espionajes y los interromal¡ sí se le hubiese advertido, no habría ~sca.Peado á.
g:d,orios clandestinos; y le intimidaba la tarea que le i.n- y que ee parecía á un banquillo de prevenido, cuando
Aglaé tomó la l"'labra, Oh! no tenla ella el hábito de Fernando loe duros reproches 11 riesgo de petder con éL•
&lt;'umbfa.
Y afiadió con un suspiro: 1~Acaso la tía Fourneron me
Así pues, con el corazón palpitante, entró al gran ea- ir por caminos undulanteá, por senderos umbríos y floridirá lo que tengo que sabePI.
dos,
sino
que
marchaba
derechoásu
fin,
majestuosa.menIón donde las dos solteronas, gravemente eentadas en si( Cbntinuará.)
te, "Obie el e: mino real frlo y desnu"lo.
JlnTIC'j:I r,,. ¡rrandeF re:-,rald(l", 1 e r~perabar, remejantee á

º·

�DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897
EL MUNDO

BOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

Entcinces el centauro sintió caer por su rostro lágrimas copioeas. Lloró Por el viejo
'Pagani Emo muerto ; pero·también lleno de una fe recién nacida, lloró conmovido al apa~
rrcirniento de Ja nueva Luz.
·
Y mientras sus lt"grimas cafan eobre Ja tierra negra y fecunda en la cueva de Pablo
el Ermitafio se ealudaban en Cristo dos cabelleras blancas, dos ba'rbas canas dos almas
fefialadas por el Señor. Y como Antonio re:firieee al S.olitario eu encuentro'con loa dos
m~:mstrum,, y de qué manera llegase á su retiro del yermo, díjole el primero de lo3 e1 e
m1tae:
11En -:erdad, hermano, q~e am_bos tendrán rn p:emio: la mitad de ellos pertenece
á las beehas, de Jas cuales cmda Dios eolo: la otra .nntad es el hombre y la Justicia eter~
na lo pnmia ó lo ca!'tiga.u
'
BE: aquí que la siring~, la flauta paijana, c~cerá y aparecerá más tarde en los tubos
de loa organo~ de las basfü~as, por ¡irem10 al eát!ro quE: buscó á Dios; y pues el cenU.aro
ba llorado, mitad por los d10ees antiguos de Grecia y mitad por Ja nueva fe sentenciado
eerá ~ correr mientras.viva eob:e el haz ~e la tierra, basta que de un salio portentoso
en virtud d'e eus lágrimaei, aec1enda al cielo azul 1 para quedar para siempre luminoso
en la maravilla de las conetelaciones!

se ha declamado mucho contra el positiv!1:1:J?,O de las ciudadei:=, plaga que, rntre las
galas y el esplendor de la cultura, corroe los cimientos morales de la sociedad· pero hay
una plaga más terrible1 y esf'1 positivismo de las !ildeal::!, qne petrifica milloneS de séree
matando en ell(fa toda ambición nüble y encerrándolos en el círculo de una exie.tenci~
mecánica, brutal Y.~enebros~. Hay en ~rne~tras sociedades enemigos muy _espantoem•, á.
esber: la especulacion, el agio, la metahzac16n del hombre culto, el negocw¡ r,ero sobre
~stos descuella un mónstruo que, á la callada, destroza má.e que ninguno: ·ee a codi&lt;"ia.
del aldeapo. Para el aldeano codicioso no hay ley moral, ni religión, ni nociones claras del bien; todo esto se resuelve en su alma en supersticiones y cálculos groseros formando un todo inexplicable.
'
Bajo el hipócrita candor, ee esconde una aritmética pnrda que supera en agudeza y
perspicacia á cuanto ide~ron los matemáticos más expertos. Un aldeano que toma el
gusto á los ochavos y sueña con trocarlos en pJata; para convertir después la plata en
oro, es la bestia más innoble que puede imaginarEe; porque tiene todas las malicias y eutilezas del hombre y una BE'quedad de sentimientos que espanta. Su alma rn va condeneand_o h~ata no s~r~ás que un graduad0r .de canti~ades. La ignorancia, la rusticidad,
la m1eer1a en el v1v1r, completan esa abommable pieza, quitándole todos los medids de
disimular su deEcarnado interior. Contando por los dedos, es capaz de reducir á números todo el orden moral, y la conciencia y el alma toda .
B. PÉREz G,, 1,nó~

'

LAS LAGRIMAS DEL CENTAURO

-

,

'·&amp; .;
., ·""'t

-----/rt-&gt;\-

Traje de primavera de modelo nuevo.

LA MODA

¡
¡

Rt:BEN DARIO.

Ciento veintinueve afias habían pasado después de que Valeriano y Decio, craeJes
emperadores, mm traran la bárbara furia de sus,pereecuciones eacri:ficando_á los hijos de
Cristo, y sucedió que u.Ó. dfa de claro azul, cerca de; un ai:royo, en la teba1da, ee encontraron frente á hente un sátiro y un centauro. (La ex1stencm de estos dos seres eEtá comprobada con teetimonio de santos y sabioe, como lo demostró en su cuento La, Ninfa un
hombre ilustre del pafs de Francia.) Ambos iban sedientos, bajo el calm: de! cie,lo yapagaron su eed:elcentaurocoghmdo el agua en el hueco dela mano; el sátiro mclinándose
robre la linfa basta saborearla.
Después hablaron de es1 a manera:
-uNo ha mucho, dijo el primero-viniendo por el lado del norte, he visto á un ser
divino, quizá Júpiter mismo, bajo el (Usfraz de un bello anciano. Sus ojos eran'pene•
trantes y poderoi:os, su gnin barba 111anca le cafa á la cintura; caminaba espaciosamente, apoyado en un toeco bordón . .Al ,,erro e se dirigió hacia mf, hizo un signo extraño con
la diestra; aentile tan grande, como· si pudieee enviar 1.t voluntad el ni.yo del Olimpo.
No de otro modo quedé que si tuviese ante la mfa la mirada del padre de los dioses. Hablóme en una lengua extraña que no obstante comprendí. Buscaba una senda de mí ignon.da, pero que, sin saber cómo, pude indicarle, obedeciendo á raro y desconocido poder. Tal miedo sentí1 que antes de que el numen siguiese su camino, corrí locamente por
la vasta llanura, •vientre á tierra y cabellera al aire.,,
-11Ab, exclamó el eatiro-¿tú ignoras acaso que una auf.ora nueva abre ya las puertas del Oriente, y que loa dioses todos han caído delante de otro Dios más fuerte y más
grande? El anciano que tú has vh,to no era Júpiter,no es ningún ser olímpico. Es un en'Viado del Dios nuevo.
Esta mañana, al salir el sol, estábamos en el monte cercano todos los _que aún quedamos del antes inmenso.ejército capripede. Hemos clamado á los cuatro Vientos llaman~
do, Pan y apenas el eco ha respondido á nuestra voz . .Nuestras zampoñas no suenan ya
como en los paeados días; á través de las hojas y ramajes •o hemos visto una sola ninfa,
de roea y marmol vivos,_ como las que eran antes nuestro enc~mto_. La muerte nos per- .
eigue. Todos hemos tendido nuestros brazos velludos, y hemos rnchnado nuestras pobres
testas coronadas, pidiendo amparo al que se anuncia como único Dios inmortal. Yo
también he visto á ese anciano de la barba blanca, delante del cual has eentido el influjo
de un desconocido po&lt;ler. A pocas horns, en el vecino valle, encontréle apoyado en su
bordón, murmurando plegarias, vestido de una áspera tela, ceñidos los riñone's con una
cuerda. Te jo.ro que era más hermoso que Homern, que hablaba con loa dioses y tenía
también larga barba de- nieve. Acercóe.e á mi 1 armado de ese signo omnipotente que cau96 eo tí misterioso espanto. Yo tenfa en mis manos á la sazón miel y dátiles. Ofrecile
ygust.ó de ellos como un mortal. Hablóme y le comprendí sin eaber su lenguaje. Quiso saber quién era yo, y díjele que enviado de mis compai'ieros en busca del gran Dios,
y rop.bale intercediese wr nosotros.• Lloró de gozo el anciano, y sobre todas sus palabru y gemidos, resonaba en mis oídos con armonía arcana esta palabra: ¡Cristo! Después
levantó sus imprecaciones sobre Alejandría; y yo, también como tú temermo, huí tan
:r..ípidamente como pueden ayudarme mi!!I patas de cabrá.u

EL MUNDO

,,~!
'

,.,.._~:;;,~;~~'

.

t

'

.:.,-,:.

1• l
· o ' e}oci&lt;¡
1Traje parisiense para ucr::rtve
ea. ''
Traje de primavera con triple bolero.

�226

EL MUNDO

LA llIODA
Esta mañana, al dejar mi lecho, ví ~ través de los cristales de mi ventana, una golondrina, charlando como
una descosida en el alero del vecino patio. P arecía cantar aleluyas á la primavera y me hizo pensar en e~ eterno rejuvenecimiento de ]as cosas. No hay en este tiempo
bendito una ruina que no ostente cu1u.1do menos, el aureo
florón de una salvaje flor de cardo; ni llanada que no se
enverdezca ni arbol que no estrene vestido, ni flor que
oo se expa¿da, ni insecto que deje de lucir al buen sol
viflficante 6 su bruñido coselete de esmeralda, 6 sus
palpitante~ élitMs de punto de seda; ni corriente que no •
se encrespe voluptuosa, ni bestia 1 en fin, que no sienta en sus arterias el desbordamiento de una sangre nueva. ¡Oh primavera, hada de la juventud, que el buen
Dios te bendiga! Primavera te llamas en el h úmedo campo; amor te apellidas en los espírhJJt::!. El poeta de la bar•
ba .florida dijo:

OOMINGO 4 DE ABRIL DE ,897

Enfermos del Estomago

- Bueno! pues que ca nten 103 pijaros y el collado re•
verdezca y h aya p íos de zenzontles y pal pitaciones de
é litrOs de libéJula y llamaradas verdes de coseletes de
coleóptieros y ... ... ¿qué m is? P ctes, todo e30! Ya se i ma ·
ginará usted que no he de ir á. saborear tanta bucólica
sin un traje adecuado ........ .
Y dice usted muy bien y por eso le muestro esa colección de figurines salidos de las manos del m ismisimo
, v orth (como si dijéramos de la Santísima Trinidad. )
Nada de ex plicaciones de modista poco diestra. ¿Le
agradan á usted, lectora? Bueno, pues ahora á el egir u~o
y después que vea yo su lindo rostro expuesto ~l rubio
sol de Abril y á las caricias sanas de la buena primavera!

Es conveniente convencerse de que el DIGESTIVO MOJARRIETA es lo único positivo, lo único que
cura radicalmente las enfermedades del Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada oblea, el nombre DIGESTIVO MOJARR,IETA.

DISPEPSIA, GASTRALGIA y ENTERITIS CRONICAS
con sus síntomas: Agrios después de las comidas ó Aoidos del
estómago, Sed, excesiva, Hinchazón ó Peso en el Vientre por
poco que se coma, Digestiones lentas ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos, Dolores Je \ ientre Vómitos biliosos y biarreas crónicas.
Son enfermedades que según ensefian millares de persosonas bien conocidas y Fespetables, á quienes se vió sufrir durante MUCHOS ANos y además reconocen eminencias médicas
de varias naciones, sólo se ruran COMPLETA y RADICALMENTE
con el

LfCTGI:.\ P,IRA LAS SE~ORAS
~

1

¡

ontabilidad de la casa.

Para que una familia viva
i-in apuro!'!, y cuando_ las
circumtancias lo permitan,
haga economías, es indispeni::able establecer un cálculo
exacto entre loa ingre¡;os y los
gaatos, y someter éstos~ _aquelloe sin el cual reqms1to se
toe~ en el triste escollo del
malestar, que en un plazo
más ó menos largo, conduce
á lastimosos dernEtres. A fin
de proceder en forma ordenada, convendria que la mujer de su caea poeeyera con~cimientos de '.Le1lc&lt;turícl¡ de Libros; pero como semejante estudio n@ es de los que mejor se adaptan al sexo feme·
nino puede suplirse su falta
por ~edio de un sistema sencillo de contabilidad, y esta
práctica debe reeomendarse,
puesto que ofrece resultados beneficiosos.
El sistema ,t que aludimos,
se reduce á anotar en un
cuaderno las cantidades que
se reciben v los gastos que
se verifican.~ Con ePte proCt:idimiento no es poeible incurrir en omisiones.
De este modo se averigua
todos los meses el total de los
ingrei,oa y el de los desembol•
sos, y pueden hacene las
,·· . .
e~onomias que demande la
situación de la familia, economías irrealizables desde el
punto de victa del resultado
práctico, si prescindimos de
tales anotacionee, porque en,
toncee, bien que se conozéa la
\
'
necesidad de disminuir los
gastos, ea difícil señalar laa
partidas qu0 importa modificar en este sentido.
En obsequio de la cla1idad,
y por si en un mismo día
¡ (. /
' ' ,
,, ¡
,,
se compra más de una vez un
artículo, así como por si en
'lf,:::1 t ,1 ~:
épocas dadas hay gastos extra:ordinarioa y transitorioe,
. ..
~
.
,r 'i,,,,,¡,~
'
sirve de muchb el cuaderno en
1'
cues1Mm, de donde pasarán
'
los apuntes á un libro general,
en el que figuren los totales
; ,¡i'
1/
mensuales que arr.oje el cuaderno.
'
;·.4 11! ¡
En una casa bien ordenada, corresponde á Ja mujer el
manejo y la distribución del
dinero destinado á los gastos interiores, y claro es que
nQs expreeawoa en esta forma, Sll;poniendo:que la mujer,
por virtud de su conducta,
•
se hace acreedora á merecer la
confianza de su marido. En
este caso, no hay duda que el
Esp.1l!da del traje para "Five o'cloek tea."
acierto y la buena distribu •
ción serán los resultados que
«Ahí donde falta todo1 la naturaleza se encarga de suse obtengan en beneficio de la familia y del decoro del
plirlo todo: tiene la yedra para las ruinas y el amor para
hogar.
los hombres. ,)
.

.

Cuerpo pa·ra tra~e de casa.

l\Ii mujer, mi hija, mi cuñada, mis hijoE", mis criados
y yo también, lea servimos. Comen carne y beben vino 1

dos grandes neceaid.ades para la infancia. Después de lo
cual, juegan; van á la escuela.
En una palabra ....... pero me parece que he dicho bastante para hacer comprender que esta idea, la introducción de las familias pobres en las familiás menos pobree,
introducción á nivel y piso llano, protegida_por hombres
mejores que, por el corazon de las mujeres sobre todo, no
puede ser mala, la creo práctica y pi-úpia para dar bue·
nos frutos, y hablo de ella á fin de que Jos que puedan y
quieran la imiten.
.
.
Esto no es limosna, es.fraternidad! Esta penetración de
las familias indigentes en las nuestr3fl, nos aprovecha,
como á ellas; es un principio de solidaridad, pune en acción y movimiento y hace marchar, por decirlo así, de·
lante de nosotros, la santa fórmula democrática: LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD, Es la comunión de nue,-tro¿ hermanos más felices. Aprendamcs á servirles y ellos
aprenderán á amarnos.
·

VrcroR Huoo.

Amemos, bella señorita: abramos nuestro espíritu al
amplio cielo y al excelente sol; hay muchas mariposru!,
flores que vuelan, en loa jardines1 y la buena maga que
-60 lliLma la Moda, derrocha fantasías para la estación.
Ahora le ha dado por los •Hjeroe caprichos. Hay un flgul'in para tertulia que verá usted en la primera plana de
-eete pliego, que parece hecho como el cisne de Rubén
l&gt;arío:
De luz alba, de seda y de sueiro ...... .. .
Bien sé, blanca amiga mía, que para vos pasarían ine.percibidas todas las pompas pcimaverales, sin Jaa pom{l&amp;a 6 los caprichos de la moda. Salir al campo, bien
-eettí.. pero f:aJir con un hermoso traje de mu-de lina de actualísimo modelo!
De otra suerte .. ....

En las 11roitoerias y Boticas.
AGENCll.-APARTAllll POOAL 183.--IIEXICO

sana los humores molestos. é impide
la. calda. del cabello. Cuando el
cabello se pone s eco, claro, marchito

IGII que en su juven tud tuvieron esta. enfermedad y van á. ("asar se. pues pued en tras·
mitir el virus sifilitico y ~ ~os que l_lan tomado mercurio pues elimrna. ese pehgroso
mineral.

{t

SE EIIYIAN fOUETOS GRlTIS.

Conserva la cabeza libre de casp3-

ó gris, le dev uelve el color original

y su contextura, estimulando nn

nue vo y vigoroso crecimiento. Do-.
quiera se emplea el Yigordel Cabello
del Dr. Ayer, suplanta todas las·
demás preparaciones y pasa á.ser el
favorito de, las señoras y caballeros..

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer .
PREPARADO POR

Dr. J. B. AYER y Ca., Lowell, Mus., [.l. A.

Con 1nvers1ones garantizadas.

Medallas de Oro en las Principalea
Es.posiciones Universales.

Sociedad Anon irna.
CAPITAL SOCIAL, $100,000.

Presidente: Serapión Fernández,

~LA FRATERNAL-~
:ompañía de Seguros de Vida y Accidentes.

Gerente: Dionisio Montes de Oca.

r-

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico .

&gt;

..e

::1111

-.

.t.o

•
..,•

•r:I

.

'X

ti'

es

...1

...§1

:s

-

OA.PITAI, $5.000,000
fllpoiecu amortizables en vemtlcb!!!I afios con annalldad.es de 9 por 100, pagadens por tr1meelra
.tecm&amp;D.do el Banco su préstamo en Bonoa Hipotecarlo•• con interés de 6 por 100, y siendo po'81ie
,! ro para el deudor redJmlrel Saldo del capHal en cualquier tlempo y con Bonoa Hlpotec•rloa.
RespeTilOBaJIJente se llama la aiención del pt1bllco hacia la Importancia de estos Bonoa. No ezlnt
•• pe¡
m.6 ■ aes" ro porque eew. garanliizado con primera hipoteca', con.st1tnida sobre propledadee nl09:
oor
doble Y•lor de ■ q uél.
Kl Banco factll1&amp;r4 toda Clase de informes escrUos. relat1voa A las diversas operaciones de IRl innllllll

FRATERNIDAD

qaJ.en lo sollcUe en8U8oflcmaa.

od

.-- .•• - -•
• ...
•:1
;! -• .•
-

JOU:

so,.,.

o
:s 111
s: o

.

.. ,3

,Q

s:: •
.:
s:: es
• p

n

PI

;: es

p

o-

s:: ..

-.

• o

es '"'
p.

C&amp;Jero,

DB TnBs.A, Y MmANDA.

Jo.&amp;.QUIN n•

Tiu:rn.._.

.,,

APARTADO POSTAL, 269.
Una variante del anterior

TELEFONO. NIJII. SS.

OP'I ~IRAS KN XL NUK'Vú EDIIl'ICIO DEL BANOO· EQUINA DB CADBNA Y COLEGIO D• llrI1'AS

y

d

El
:s

A

p

-

El
:s

11
~

~

••
CIUDAD DE MEXICO

o

11&gt;•
o d

-o

PresJdente,

A

A,

o
c. 11&amp;

p.

p

Giros por Cable,
Depósitos,
Descuento•,
Cobros de letro..s,Cupone&amp;.z_etc., CatU.blos sobre el E:x:t;ra.D,Jere
Car'tas Circulares de Cré&lt;U.to, Créd.ttos PU cuenta oorrtente..

•
:a

-. --• -•
n
p
n
o

r:I

lianco Internacional é Hipotecario de México. ,. •ca. •
'

,......
,..r-

-4
PI
PI ::1111

es
G-

"=A="=A="=A=='"=A=
He establecido desde hace algün tiempo, en mi casa de
Guernesey, una pequei'ía institución de tratern:dad práctica que quisiera anmentar y sobre todo propagar. Es una
cosa tan pequefia (lue puedo hablar de Pita. Es una comida semanal de niños indigentes. Cada semana algunas
madres pobres llevan. sus hijos 4 comer á mi casa. Al
principio tuvo ocho, luego quince, hoy tengo veintidós.
Los niños comen juntos, están confundidos, católicos,
-protestantes, ingleses, franceses, irlandeses, sin distinción de religión ó de nacíón. Los invito al goce y á la
risa y les digo: ¡Sed Hbre,! Comienzan y acaban la col'l'i•
da con una alabanza 4 Dioe, sencilla y fuera de tóda fórmula religiosa.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

LA CAJA DE AHORROS.

"La Caia de Ahorros con Inversiones garantizadas" expide Póliza.a de cien, de
quinientos y de mü pesos, cobrando mensualmente treinta centavos por las de $100¡
un pello por laa de $500 y dos pesos por las de $1,000.
Con tan pequefiaa exhibiciones esta benéfica Compafl.ía, favorece por medio de
sus Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en toda.a las clases sociales, lo qoe
proporciona asegurar una fuerte suma de dinero, p!U'a recibir la de ;.La caja de ali.o~
rros" á determinado r,eriodo de tiempo1 ó á.ntes, aegún aua estipulaciones.
ºLa caja de ahorros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de ah&lt;&gt;rrar, y ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequenas inveraionee, pueda obtener una ,ran utilidad.
Para (?omprar la.a Pólizas de 1 L&amp; eaja de ahorros." ocúrrase á. la Oficina PrinoJpal, calle de VERGARA. NUM. 12, por medio de loa Agentes de la Compati.ía, &amp;-bidamente autorizados.

/

La mejor preparaci6n para conservar,.
restaurar y embellecer el c:ibello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.

En todas las Droguerias de Mexíco.

Úl,&amp;~t.

•••

No contiene mercurio
La. sifilia mia rebeld e cede p ronto bail?_ la
enérgicaacció11 det ""Ol ugn a • y a :.m los 111nos
que heredaron ta.u t errible enfermeda.d se
curan.
.

Digestivo Mojarrieta.

t1':' '

I

Purifica. la. Sangre
Es el mejor r emedi o conocido pa ra curar
pronta yradica.lmente las enfermedades que
prot'.eden de la. impureza. d e la sangre,

Oficinas de LA FRATERNAL:

IIIIIEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal750.-IIUICO

�Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(talle ae la Gllcalcerla número !Z'l,

li,ntre las callos ael I ae OOavo v Plateros.

A.NTES EN LA LA. 2CIS CA.LLE DEL

~

DE MAYO NUM. 4..

•

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad "M OSLER"
C&lt;&gt;NTRA ROBO Y

C&lt;&gt;NTRA INCENDIO.

8Hritorwa Planos, Escritorios de Cortina, Carpetas altas para tenedor de libros, Sillones giratorios. de tornillo y resorte en 9ran variedcul
Archiveros, Prensas para copiar, libreros 9iratorios,
Libreros con cristales, Ajuares de cuero para despachos, Máuuinas para escrilJ,ir y demá,s muebles para ofici,nas.

TOBOI.

IIIEXICO, ARRIL II DE 18cn,

N'VftER0I5

La máquina para escribir ••Esmith-Premier.••
UNJCO AGNTE EN LA REPUBLICA PARA LAS CELEBRES BICICLETAS "CLEVELAND."

El más c~mpleto surtido de accesorios para Bicicletas.

PATE EPILATOIRE DUSSER

dntrnye hasta las RAl~FS el ~l!LL9 riel rostro de las· damas (Bnha. Bigote, ttc.), da
run;,•1rn peligro para el cut 11. SO Años de Exlto. y millal'f's de testimo11io1 ¡:arantiun la elkada
de esta preparacion. (Se ,ende en caJu, pva ta barba, y en 1/2 caJu pan el bigote ligero). Pan
los bruos, empliese el P I.LJ.. t' U :tE. DUSBER. 1.rue J .• J .-Rouaaeau, Paria.

'"·"·ft·n·rJJ'4:N·M··M.,..N
..~...&amp;Jllt,.AJ&amp;a-f

GRAN CRISTALERIA

GRAN PREMIO, EXPOSICION UNIVERSAL PARIS 18C9

CALLE ALOAIOER1A NUMERO 210.---APARTADO 503.

. ::E-:Cigie:n.e de la Cabeza

la mas alta recompensa otorgada á la Perfumeria

\

EXTRACTO
VEGETAL
DE ROSAS Y DE VIOLETAS

ED.PINAUD

Vajillas psra mesa. JoPgo¡¡ de Cristal. Joegm1 lavamanos. Cuchillería y efectos pla-

teadot1. Lámparas de todos et1tilos y para todot1 usos.

Inmensa variedad de efectos de lujo.

8$

\

preparado con yemas de huevos.

La casa que tiene el surtido más compl~to y variado y vende más barato.

..

'\

FERFUMISTA-QUIMICO

PARll:;- 37, Boulevard

de Strasbourq,

37-PARIS

Se reciben novedades continuamente~

1

•

35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
del periódico La Eacuela de Medicina

AGENTES GENERALES

Fíjen,e en la SILLA
UE VOLTEO, la única biciclet1. que
tiene esta venta¡·•
la VICTORIA, a
más cómoda, hermosa y fuerte.
Las bicicletas

e,

VICTOR Y VICTORIA

tienen más reformas modernas y e::r.cluei vas que ningunas otras.
Pídanse catálagoe
y pormenores,
Trachsel y Cia.&gt;
Unicos ~ente6 para la Repilblica.
Apartado 349 Calle de Gante núm 8 1ur.uoe

Su co1UJullorio está :slluadü en la primera de la Pila Seca, número 8, JI

,,EL MUNDO''
REMATE
DE

t!&gt;O l;!icicle!as
Para h•c•r lwia•r t loa
NUEVOS MODELOS

DE 1807.

Se /tace el
20 POR CIENTO

introducirá próximamente grandes reformas.
Por hoy hacemos notar á nuestros lectores que el número actual lleva una página musical y algunas consagradas á las últimas
fantasías de la moda.

DE DESCUENTO

'-~ oUTINE"""'i'..1~~~~~:arad•••lilalll.

Por toda venta al contado.

y

O PORTUNIDA. D.

Hnmber, Stearus, Turist, Wiuchester,
Re~ord.
Máquinas usadas casi regaladas.
Pidan•• ceül.o . ..._, •r,4elqa •

HILARIO MEENEN,
Avenida Jridres no 6. México.

ADHEIIENTE.
INVISIBLE
falo j11omp,uad1 1• la •zpq1fti61J U1Jir1111,l dt 1181.

CH. FAV, Perfumista, 9, Ruede la Paix, Paris

Reservado.

(Suardar,e d• /H lmltaoionei y F1/11tfcacio11~. -

J'.6lllll0.A. JCSl'ZCLU. 4t

Sent.noi.l de 8 dt Mayo d• fa75).

.uzrr.i.s 4• '1'00.A.l)OB pan :I'.A.SZO 'F

CREMA CAMELIA, CBEIIA EMPEIIA TIJIZ.

POL fOS pan

'l'Z.A.'1'30

e111p0lvar loa eabelloa. Blondo, blanco.
IOJ'O 1 &amp;LA#CO en cbllpetu.
oro, plata 1 diamante.
1
ROJO ffQETAL en polYo,
ILA#CO -• ,EltU en poi Yo, blanco, riseo, lllcW.
ú,tcES ea pedalea para ennegr"IIW' veai.lN y oeJu,. ,ollADA ROJA para loa labloa, en lk)tu 1 en rollol.
lot ~ o s .. CH. PAY .. NOINAh'ut tft et ...... entaro•• ,, e&lt;'IU ~ k&gt;t Pri~llfllel PM'hl•bltd 'Drtpllta.

l
\

\

de este periódico en Centro América, Sres. J. M. Lardizábal y Compañia, Guatem3-la.
Estiin autorizados pa1 a arreglar contratos para anuncios y suecripciones.

da C011sultas tod08 los dfas, menDll los de fltl!i.a, de , d. 6 de la tarde.

\\

\.

1

$i'm\ii;5•"+w,w:oe'lll!.oW'~·••wie,•~"'
C.rta intereaante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

\

&amp;l

"0eraaaero Netrato ae ,9esucristo.

(P.ropledad artisttoa del Seilor Fr11a.01eoo Dustam.ante.)-;\·ea.seelarticulorelatlvo.)

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92240">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92242">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92243">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92244">
              <text>14</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92245">
              <text>Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92246">
              <text>4</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92263">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92241">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 14, Abril 4</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92247">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92248">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92249">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92250">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92251">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92252">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92253">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92254">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92255">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92256">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92257">
                <text>1897-04-04</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92258">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92259">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92260">
                <text>2017473</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92261">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92262">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92264">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92265">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92266">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="995">
        <name>Abono para cultivo</name>
      </tag>
      <tag tagId="990">
        <name>Damas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="994">
        <name>La cuestión cretense</name>
      </tag>
      <tag tagId="998">
        <name>Lagrimas del centauro</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
      <tag tagId="996">
        <name>Música en Londres</name>
      </tag>
      <tag tagId="999">
        <name>Trajes</name>
      </tag>
      <tag tagId="997">
        <name>Un jugador</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3536" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2178">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3536/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._13._Marzo_28..pdf</src>
        <authentication>97d0115fc295bf22198f520de6a0b3e4</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117358">
                    <text>. LA MAQUINA DE COSER
S/N PEDAL"

11

Su mecanismo motor es sumamente sencillo y de facil maueje.
N-No más enfnmedades de Is cintura.

TOMO I.

INDISPENSABLE PARA LAS SE:NORAS

$scenas m~¡licanas.

La máq11i1-:i.a de Coser

"SIN PEDAL"
ES COMODA, SENCILLA Y EFICAZ

!Jn,cos Agentes: VALENTIN ELC0R0 Y COMPAÑIA
APARTADO NUMERO 161.
l!l1 próximo sorteo, oon pnmlo
mayor de

•

_ _......
~..s,...:::=,
;·--

"$10,000

AL PUERTO DE VERACRUZ

. . ""r!ftoaré. en el Pabellón llllo"11 1aa tres de la tarda, el Jue••

~~

~

~

25 de Marzo de 1897.

=-

n

1.1..

2a . ._Monteril!a y G'.apuchinas.

.,,

U/

~ o el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada

CI)

~GRANDES ALMACENES DE ROPA Y NOVEDADES~ o

o

CI)

o

..: ESPLENDIDO SURTIUO DE NOVEDADES PARA. LA bEllANA
o
U/
SANTA Y ESTACION

un.o, divididos en vigé11imo•
4• • 10 centavos.

$ 28,000.

Fondo:

MEXICO.

üLI.I

DI:

Di.

Visiten. nuestros aparadores.

++e+ UH+

PREMIOS:

Premlode..•.• 10.000.... s 10.ooo
.,
,.
•• 1 ,000, ..... 1 .ooo
1
, •• .. .. 6ºº· --•n e
1

,.

,,

.,

200. ...••

10
•s

..

,.

,.

40.......
20 ......,

2

,.
,.

1.oe

,.
••

..

800

.,

.,
"

..

••

100......

so......

: PIDAN MUESTRAS Y LISTAS DE PRECIOS+++~

88
ªºº

2

2

1 .ooo

2.000

to...... 2,000

2 A pronma.cionca de A $ 1 00;
11Da antenor y otra postenor a1
n6mero prcl.D..lado con los •...••
$10.000 .................... $
ll Aproximaciones de li $50; una
anterior y otra postt:rior al número premiado con lo•
$ 1.000...................... .

l

"-. ouTINE

'\. .P
V

Pol,odeArros, especial preparado 1:1111 Btu1otG

HIGIE,.. C ,,
AD,.ERENTE,
INVISIBLE
jala, i!J~t:omptntada 11, la ~zpo:it:!611 gnivemd d.t 1889.

C ~ . FA V• PHfLmista, 9, Ruede la Paix, Peris
{Guardarre de /as fmit'lc1on1&gt;s y Fal!1ffoa.c1ones, - S1mtencM de 8 de Mayo dt 1875).

100

845 Pnm.ios 4uc hacen un total de S 17 • 700

FilRICA ESPECIAL de AF,i;IT-S de TOCA:00:B. P••~ PASEO y TZATll:0
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en chnµeUII,
ROJO VEGETAL en potvo.
LÁPICES especln!ea para ennegrecer peatallaa y ceja,.

111 próximo sorteo, con premio
mayor de

-$60,000

POLVOSpara ewpohar loa cnb..itos, Bloudo, blnnco'I
oro. ph1ta y ,fü,mante,

BLANCO de PERLA en polvo, blanco, róseo, Rache1.
POMADA ROJA para loa labios; en bote1 y en rollos.

Los P•odnctos de CH. FAY se encuentran en¡,\ Murido entero. en cua de los Princlpales P"'tfumlstas y Droguista,

.., 'ftriftoaré. en el Pabelloo Morlaoe,
6 1aa 11 a. m., el Juevea

LA SEÑORA MARIO, cortadora del Palacio de
Hierro, tiene el honor de anunciará las damas de esta ca•

8

DE ABRIL DE 1898..

REMATE
DE

11&gt;0 raiciclo{as

pla.n BJZU.18Dte:
N,HO BILLETES.
FONDO: S 320,IIL
.,.,O el

P•r• hacer lu¡ar l los
NUEVOS MODELOS

PRECIO DE LOS erLLETESi \....
Enteros: • 4.00.-Medlo9: S

DE 1897.

~.oo.

dida.

Cuartos: $ 1.00.
Décimos: 40 oen.t&amp;.
Vlséslmoe: 20 ceJ1ta.

PRE!IIIOS:

e 80.000
d·e .••••.• , 20,000

Premio m.J_yor de-..........

Premio pr1l"'cipal
1
1 Premio principal de .••... ,. 10,000

&amp; Premios de$ 1·,000...•.. _.

JO Premios de ..

ff Premios de,.

oo Premios de,.
90 Premios de.,
eo ~remlos de ..

5-00 ........

200........

S,ffl
5,0 O
5,

100 •••••. ,, 10,
40 ....... .,, 10,
20 ...... .., ••
00 PT~ios de • 60, aprorim•óeee•
al )Jf~mio de 1 00.000. ........... .9 9.000
100 Prtanto1 dt • 4\'.J aproximado..
al pre01io de Sio,OOl. ••••••• :··•· 4..000

t

100 Premios de• 20,·1.t,n,"1:droae1onu

·
al prcmi" de I lOJXn.-;;;--.bl'.;.:.:_t 2.00Q
799 Terminales CN' 120. qut" se:«.18=!!linartn ;,or _ll'• ffi O)üaa.,,. ~
f.ras del billete que obtensa d
premio mayor de 160,(00 ....... : f S:.9H

fe8

Terminales de

1

20, que se dctt.r·

mtnario por tu dos Gltim.as~
fns del billete que obtenp el

premio prinoipa.l de t ~- --t J a.eN
. . 781 ....... ........ a ,1111 ..... • . , ._ _

=

..-Todo, 101 sorteos estAn bajo la ~
penonales dtl Sr, D. ApolinarCaadlla.
tor cid Gobierno,~ de • empl.u4e A la
Gal.eral de la Narih.
(i.

otlcln&amp;A:

r

San Franclaoo n11m. :uL
U. BASSBTTI, Oerenta..

pita!, que acaba de separarse del establecimiento men•
cionado y que ha montado su casa de modas en San Juan
de Letrán número l,½, donde se pone á sus órdenes. Sus
favorecedoras encontrarán géneros para confecciones,
del mejor gusto y de última actualidad, sombreros y do•
nas conforme á los mejores modelos; corsés sobre me•

Se hace et
20 POR CIENTO
SD El

Por toda venta al contado.

OPORTUNIDAD.

Humber, Stearns, Turist, Winchrster,
Record.

La Compañia de Construcciones y préstamos
en México.
1~ DE S ~ FRANCISCO N! 1ll.
!parlado N! 84 B.
Lic. EuILio VELASCO, PB:iraIDXNTB.
JHON R. DAVIS, VICEPB"EaIDENTB.
JULIO Lnu.NTOUB, Tll:SOBBRO.

PIDASE PROSPECTO N! 6.

Mác¡uínas usa das casi regaladas.
Pidan•• catáioeo• y precio••

HILARIO MEENEN,

Aveni dR judru no 6. Ml~ico.

Suponiendo que las presupuesto accionea monten á
1100.00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admi·
alón y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 ó aea 18 1 /9 p8.

RESERVAro

~--~n sermón

ae

&lt;ruaresma .

(.Dibujo de José M. V111asana.)

�DOMINGO 2S DE MARZO DE 1897

EL MUNDO
" E L :ltlUNDO"

Semanario Ilustrado.
TelUono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Relliacción, debe ser tlirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subscripción á El MUNDO mle $1.25 centavos al
mt,s, y ae cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada pnblicamón.
Todo pago debe ser prec;isamente adelantado.
RÉGll:ITRADO COMO ARTÍCULO nE SEGTJJl,"TIA CLASE.

11:u füpúblirn ,!ll111¡,ir ~e O::cntro-,lmérirn.
El jueves de la pasada semana fué recibido oficialmente por el sei'ior Pre!!idente de 109 Estados U nidos 1\Iexicanos, el señ.or Yúdice, Ministro plenipotenciario de la
República Mayor de Centro-America.-Forman esta República, según pacto suscrito en Amapala por sus resp""Ctivos gobernantes, los Estados de Honduras, Nicaragua
y Salvador1 que han dado el primer paso positivo en pro
de la unificación centro-americana, viejo pensamiento
que antaf.'io ha eervido de ensefta á palpitantes y eangrientas luchae.
Alguna vez ha hablado el M1u,do de la unión centroamericana, y expuesto los obetáculos que, á nuei:tro jui ·
cío, se oponen á. la realización de la idea. Los pueblos
jóvenes de esa parte del Continente han permanecido
largos afias en una suerte de antagonismo latente, en una
actitud recelosa, que han estorbado todas las iniciativas
encaminadas á este objeto, ya procedieran de las lucu
braciones del legjslador ó del estadista, ó bienemanarau
de los actos más incisivos y precipitados del hombre de
combate.-Para destruir esta mala inteligencia; para extirpar estos fermentos y ,limpiar el horizonte de nubes,
se ha trabajado activamente y el pacto de Ama.pala se
nos presenta como un hecho realizado.
Es posible-queremos persuadirnos de la solidez de este reciente lazo-que la República Mayor de Centro-América constituya el germen de la futura unión de aquellos
E~tados¡ pero al mismo tiempo que expresamos estos deseo!!, nos llegan de Guatemala noticias que se apartan
mucho del program'.l que debe servir de mira, según presumimos, á. la definith·a agrupación á.e aquellas Repúblicas.
Parece, en efecto, que Guatemala está siendo objeto
por parte de sus vecinos, de una política poco franca, ondulante y movediza, que pocu prepara á la tan decantada unión. En el fondo, la lucha es tan sorda pero tan
febril como en todos los tiempos lo ha sido. Dentru de
estos términos, el pacto d~ Amapalaacaso no esté llamado
á resolver por el momf&gt;nto, el problema, tantas veces iniciado como fracasad•l, de la unific.1ción de aquellos Es·
tados.
De todos ipodm, y encerradu:i en la. correcta neutralidad que caracteriza á la política de :.'IUxico, en sus relaciones con las demás naciones, sólo nos resta reconocer
el nµevo Estado que acaba da ser acreditado ante nues •
tra República, como la expresión de la voluntad de tres
naciones, con las que siempr~ hemos sos~enido buenas
relaciones, y reconocídas como independ~entes.

Una proµaganila µrourd¡11sa.
No hace todavia muchos días un periúJico de eeta Capital publicó un articulo humorístico, destinado á. burlarse, con mayor ó menor donaire, de Ja activa propagauda que don Carlo3 Gris está l lt1vauJo á. cab ), de bueno,,
años á. esta parte, en favor de la. agricultura naciuuat.
Swcede ti veces que el periodista militante, (alto de inforruaciunes, toma de los t.:abellos el primer motico que se le
presenta para cubrir la. labor del dJa, á vuela pluma· y con
la premura impuesta p,.,r el cajista, que va arr,ancando
cuartilla á cuartilla de la mano.
La verdad es que la tarea emprendida por el sefior
Gris es de aquellas que no merecen iranias. Su entusias-

.roo no podrfa cauf:arnos risa, porque ha servido, cuando
menos, para poner de relieve hechas que intereea conocer. De su pluma, nervioea y ágil, ha ido ealiendo la Re•
pública como una rica materia prima sin explotar, que
Fe ofrece á los Qombres de capital y de trabajo, como un
excelente mercado propicio á. todas las activida~es.
Esto es menospiuJorescO que una polémica sobre laposibilidad 6 no posibilidad de la prodúcci6n de la arUtocra.cia en México; pero mucho más substancioso para los intereses nacionales.
A ocaeiones, e! Sr, Gris desdende basta el fondo de
nu ..stras desdichas económicas y sociales, y sus palabras,
de una amarga sincPridad 1 cortan como un puñal damasqnino.~El nos ha ht&gt;cho saber .que un ca.balto americano
gana m&amp;- que un_iorn.aforo en México; yél también quien
ha puesto ante nuestra vista el desgarrador espectfoulo
de la -'1equú:t de nuestras tierras con frase punzanteé incisiva.
Nó¡ el Sr.. Gris no es un ilmm, que traqsforma los rebaBos de ovejas en valerosos ejércitos, ni los molinos de
viento en gigantes descomunales: nuestras miserias y
nuestros prejuicios, nuef'tras falt.as y nuestras depresiones quedan fotografiadas en las páginas que con singular
constancia esparce á los cuatro vientos de la publicidad.
En cambio ¡cuánto debemos á este propag,mdista infatigable de nuestras grandes emp,resas futuras! ¡Qué
servicios los que ha prestado al ensanche de nuestra riqueza pública!
A un reduciendo las proporciones de sus pro.spectus á.
los términos que hubieran de desear cuatro jfaneurs timoratos de la calle de Plateroec, siempre se habrá hecho
acreedor á su saldo, que debemos satisfacerie:en gratitud
los mexicanos, por la persistente cam,paña en favor del
desarrollo de las energías nacionales.

li)alftictt Q&amp;enerttl.
RESUMEN,-EI concierto europeo y la cuestión de
Oriente.-Apariencias y realidades.-EI bloqueo de
Creta y la paz universal.-Los d1sidentes.-La opi
nión pública y los gobiernos.-Una cesión conseguida y otra anhelada.-Conclusión.
4

Si fue¡a real y positivo el cacareado concierto de las
potencias, en la actual situación de Europa, pendiente la
paz de un arrebat,o de los soldados griegos en las fronteras de Macedonia, ó de un arranque de los soldados turcos en los lindes de Tesalia; si no fuera mentida. esa aparente unión con que han acudido al acuitado Imperio oto·
mano, amenazado de muerte por su corrupción y herido
en la mitad de su poder por los atrevimientos del rey
Jorge 1 no presenciaríamos ese ensoberbecimiento de ·que
acaba de dar muestras el Sultán al dirigirse oficialmente
á sus agentes y altos funcionarios, declarando que la preEent-e actitud de laec naciones cristianas en favor suyo, se
debe á. la gestión muslímica y de ningún modo á la magnanimidad de los aliado~, y que contando como cuenta á
discreción con los ejércitos de las potencias y sus formi•
dables escuadras, -'-Y le faltó agregar sus inagotables tesoros,-puede dictar cualquier medida restrictiva para sofocar lai protestas y oposiciones que se levanten contra su
soberana voluntad.
Si el Califa de Jo3 Creyentes hubiera visto la decantada
unidad de acción en lm gobiernos, para exigir1e rt&gt;sponsabilidades por los asesinatos y matanzas de cristianos que
una y otra vez han ensangrentado el suelo de Turquía,
y para compelerlo CQn violencia á cumplir las promesas que dictara el miedo y rechazara su perfidia, no veriamos hoy sancionada la iniquidad de atizar indirectamente la barbarie de los hijos de Mahoma contra los in.
defensas cristianos del Asia Menor, considerando rebeldes y contumaces ii todos los que aspiren á ejercitar los derechos de adorará su Dios y practicar su culto seglln el
dictado de su conciencia, cí todos los que suefien con el
aire santo de la libertad y sus tranquilos goces.
Pero á todo eso da lugar esa protección decidida que
han desplegado los gobiernos ú. favor del turco, por sostener la i11tegridad de sus dominios; á eso conduce la
pret.ensión de mantener incólume el tratado de Berlín,
ya roto y maltrecho ~r"los búlgaros, cuando encendieron la insurrección de los rumeliOLas orientales, q11e ·al
fin quedaron unidos á los súbclitos de aquel príncipe caballeresco que se llamó d.lejamlro de B.1ttenberg: á eso da
ocasión la cruzada anticristiana no predicada por un Pe-

dro el Ermi tafio, desnudo y hambriento, para reecatar
el sepulcro de Cristo, sinl) impuesta en palacios y gabi•
netes por omnipotenlie monarca que no talen~ que, un
pueblo vigoroso y heróico por razón de raza y tradicionee, se lance sin su consentimiento á la revindic:ación de
sus tradiciones y de su . raza; eso resulta, en fin, de la
preponderancia de los emperadores moscovita y germánico que han hecho prevalecer sus designios en el concejo de las naciones, para oponerse en nombre de la fuerza
contra las aflpiraciones de los op1 imidos, para declarar
inhábiles á los cretenses para obtener su anhelada inde•
pendencia.

•••
Afortunadamente para la causa helénica, que es la causa de los pueblos, esa soberbia dd t=ult,ín ha despertado
de su le~areo á los embajadores que parecían absortos en
la contemplación de en obra admirublr&gt;. No se señalan,
ni como promesa mentida, castigos merecidos á los instigadores de horribles recien tt&gt;s matanzas en el Asia Menor; no se encuentra la rnmis iún que era de desearse de
parte de la Sublime Puerta á las &lt;lecisiones de las potencias que la defienden en inandita uni6n; no se echa de
ver más que el llamamiento de tropas, la acumulación
de materiales de guerra, la agi tacióu fobril que precede
á los grandes sacudimiento~ internacionales, y todo ese
aparato bélico y esa. manifo:;tación de fuerza 1 en mPdio
de apuros financieros y lamentables penurias, son
contra Grecia, soif1, desamparnda, que se lanzó á la peligrosa aventura de socorrer pneb!os á ella unidos por comunidad de intereses y de Mpiraciones.
Por eso ya se habla de &lt;li visinnei entre las potencias
que han establecido el bloque,1 J.e Creta. Si fueron precisas largas y acaloradas discc1sifmes para decidirs6 á esa
intervención armada, si expiró u.ia y otra vez el plazo
fijado para esa ostentación .i~ fuerza, anlies de llegar á. un
acuerdo, para. cortar á los insurrectos cretenses y á los
soldados del rey Jorge toda. co1uu11ieación con el gobier.
no de Atenas, no es fácil que tan pront~ se consiga ese
acuerdo para aislará Grecia de toda comunicación con el
mundo, con el bloqueo de sus puertos principales.
Cierto que se ven 06ciale.:3 alemanes mezclados en el
ejército turco, dirijiendo las maniobras y levantando for•
tificaciones; es verdad que mucho se ha hablado de que
las huestes innúmeras de Nicol1s H, que en Plewna y
Andrinópolis, hace veinte arios, humillaron las armas
musulmant:s, están dispuestos ahora á defenderá sus jurados y legendarios enemigos¡ pero también dabe notarse, que la opinión pública en Inglaterra, en Francia y en
el reino de Italia va 1:1centuándose cada vez más en favor
de los griegos, y al fin tendrán que ceder los gobieri'1os á.
su imprescindible presión.

•••

Se teme que el mismo día en que se declare el bloqueo de los puertos de Greda, no será. posible detener ,t
los soldados helenoi:z, que con el arma al brazo, sólo esperan esa señal para· cruzar la frontera y lanzarse contra.
sus aborrecidoe enemigos.
Y detenido el rey Jorge en los movimientos de su ma~
rina 1 único modo con que podría obten13r alguna ventaja
sobre el turco, ¿permanecer,t Europa, indiferente y sorda, ante los clamores del diminuto reino que puede ~er
aplastado porlosejér. i&amp;.os del pértid0 Aodul-Hamid?Ella,
que hizo brotar un pueblo libre al estruendo del cañón
que tronó en Navarino ¿permitirá que ese pueblo se hunda en las sombras de la derrota? Prevalecerá hasta el fin
la iniquidad sobre la jm1ticia?
Nó, ya se habla de discensiones en el seno mismo de la
escuadras que bloquean la Isla de Creta, y mientras no
se decida su marcha hacia las aguas del Pireo, será tiempo todavía de prevenir la catástrofe, que comenzaría -por
la humillación del débil, pero que también podria termi••
nar con la explosión terrible del universal conflicto tan
temido de todos, como de ninguno deseado.

•*•

Como palpitante prueba de la inconsistencia de ese
concierto de las grandes nacionalidades, puede presentarce la anunciada cesión que ha hecho Italia en favor
de la Gran Bretafia, de una isla pequeña situada frente á
las costas de Túnez, no lejos de la rnberbias ruinas de
Cartage, á cambío de un abrupto peñón, perdido en las
aguas del :l\Iar Rojo, no lejos de Ja colonia de Erythrea.
En otras circunstancias que no íueran las presentee,
casi :paEaría inadvertido semejante cambio; pero hay que

DOMINGO 28 DE MARZO DE 18!&gt;1

•

EL MUNDO

notar que, cuando Ingl~terra quiere adueflarse del Mediterráneo con esa nueva esta:!ión naval, y completar la
,cadena con que ha de ceñir las costas meridionales de
Europa, extendiéndoee de Gibraltar á. Chipre, pasando
por la Isla de Malta, Rusia también pretende un puerto
en las costas del Archipiélago, á cambio de la protección
que por sí y por medio de las tJtras potencias ha impartido al vacilante Imperio turco.
Y el gran Imperio marítimo que se siente amenazadJ
en la India por el camino de Afganistán, y en sus influencias del remoto Oriente por el camino de Corea, se previene de ese modo, uniéndose con Italia, para entorpecer los movimientos de la escuadra francesa que parecía
señora del Mediterráneo.
Francia no puede consentir en la proyectada cesi6n 1
aunque viera á su potente aliad.a Rusia alcanzar el puesto que ambiciona en la península de Athos, y ha de oponerse por ende á. que se lleve á. cabo ...... Hablen despufs los optimistae d~ conciertos y uniones, y desentrafien si pueden estos misterios de la diplomacia.
X.X.X.
25 de Marzo de 1897.
El Señor Obispo de Vucatán.

Cclebrabáee en la catedral de Mérida, la fiesta de San
Bernabé, patrono &lt;le la ciudad. El templo e~taba severo
y ricamente adornado; en el altar mayor lucfan millares
de lámparas y cirios en medio de los cuales brillaban los
diamantes y esmeraldas de la custodia. Uajo el dosel rojo, presidía la solemnidad, el santo obispo Gala, rodeado
del Cabildo, y en el coro, entonaban los cánticos de la
misa, angelicales señoritas. El diácono cantó la última
palabra del Evangelio, cerró él libro, sentáronse los oficiantes y de su puesto en el cabildo, se levantó el canónigo más joven, deslumbrante el rostro con la más dulce
sonriea, que acompafiad.g de algunos acólitos se dirigió
al púlpito. A su paso, los asistentes cuchicheaba.o:
-E:1 el Padre Carrillo.
Así hube de conocerá. quien por sus obras históricas,
bacía mucho tiempo profesaba gran predilección.
Me fijé mucho en aquel semblante, no sé Ei para descubrir en su mirada, al autor de la historia antigua en Yucatány det,\Velina,» pero, la verdad, el sermón no me dejó
tiempo para continuar et examen. Tantas vulgaridades
había eácuchado de labios de oradores sagrados, que,
deede luego, el exordio de aquella originalísima plática,
cautivó mi atención.
No recuerdo uno solo de los maravillosos conceptos,
mas nunca podrán borrari:e de mi memoria, los cuadros
magníficos, pintados con toda la hrz y el colorido de una
fraee extremadamente sencilla, que destacó más que en
mi imaginación, ante mis ojos la batalla de Thó~, desastrosa para los valerosos mayas súblitos de Nachi CJcom, y
la fundación de Mérida por Don Francisco de l\fontejo
hijo del Adelantado.
A nadie podía cab~r du fa en ello: quien así trataba
acerca de la historia yucateca, ~abía consagrado muchos
años á. su estudio. Erl el mismo qne guardaba documentos importantísimos, Códice Chumayl, que servirán pa
ra rehacer los tiempos primitivos de América. Bien reve•
laba aquel canónigo joven, dt:, sonrisa tan dulce, que merecía las distinciones de sociedades científicas extranjeras, nombrindolo miembro suyo honoralio.
Han- tramcurrido muchos afios y aun me parece estar
viendo al sacerdote de rr·stro cobrizo, color de la raza
maya, vestido de sotana y humilde sobrepelliz, con el
bonete en la mano, y aún me parece estar oyendo aquellas palabras que tanto conm'ovían á sus oyentee.
:i\Lí.s tarde, el Seilor Obispo Uila lo designó para coadjutor euyo, y el Papa León X.Ul lo nombró obispo inpat·
tibwt lle Lero, isla del mar Egeo, con derecho de futura
suce~ión, en la diócesis de Yucatán.

timo. Señor Carrillo y Aneo"ª• Obispo de Vucatán.
Muerto la semana anterior.

El nuevo obispo se dedicó á c;1rregir abusos y á revivir la disciplina eclesiástica. entre sus diocesanos Nun·
ca desmayó su energía; en un priucipio, la ge:nte rica,
acostumbrada á domrnar eacerdotes, sintióse herida
por aquella dignidad en tl cumplimiento del deber, y los
sacerdotes-entre ellos algunos antiguos compañ.eros de
cabildo del nuevo obispo-protestaron dejando caer sobre él, tilde de orgulloso y amigq de los honores mun•
danos.
Nada importó aquella tempeeta1 formidable que
amenazaba, al Obispo de Yucat.á.n. Acudía diligente
al remedio de las neceiidades de su obispado y reprimía con severidad los abusos y defectos de sus subalter·
noe. Fué un modelo más de la entereza maya, resignada
en el sufrimiento y templada hasta el apogeo de su grandeza.
Como prelado, trabajaba por un fin: la organización da,.
su di6cesi 1 y :í los pocos ai\os, volvió á ésta la paz deseada.

•*•

No, por eso, olvidó el Sr. Carrillo y Ancona sus traba·
jos de historiador. Diversa!'! obras nacierondP. su pluma,
que si no encantan por su estilo, ofrecen grande utilidad
1í. la ciencia y han prestado algunos servicios á la patria.
Puede citarse su oplÍPculo acerca de Isla Arenas, cuya
propiedad disputaba el Gobierno americano al de México. La obra del Sr. Carrillo esclareció la cuestión, y en
las razones aducidas por el obispo yucateco, fundase el
Gobierno deftléxicJ para reclamar la propiedad de laisla .
Finalmente, ésta fué devuelta por el Gobierno de los
Est.a1fos l; nidoe.
Poco antes de morir, sostuvo con el Lic. D. Juan F.
Molina Solis una polémica acerca de punt0s muy interesantes d1:, la historia y ucateca. La. colección de es:os artículos hoy en prema, compondrá el apéndice á su bis•
toria antigua de la peninsula.
Coro') prelado, dirigió cerca de treinta cartas pastorales á s11.3 diocesanos y áiniciativa euya fuécreada recientemente la diócesi de Campeche.

•*•

En lo privado, el Sr. O.rrillo y Ancona, se distinguió
por su amabilidad. To&lt;lo el que eolioitaba de él algún
servicio que no amenguara el cumplimiento de en deber,
salía del Palacio episcopal de Mérida, complacido.
No ob;;itanteel haber tenido que corregir graves defectne, p:na iius inferiores 1 fné afable y bondadoso.
Por tan altos méritos, Yucatán, acompafia conrternado el cadáver del sábio prelado, basta verlo deeaparecer
en la. tumba.

•••
El 15 de Febrero de 1~7, murió el Santo Obispo Uala,
y ocupó su lugar el Sellor (.'artillo y Ancoua. Aquel babia empleado su tiempo en implorar la gracia divina para. regir el obispado; pa'3Ó 1 pues, sobre lus malcJ,ades humanas y sobre ei alborotado mar de los abusos clericales 1
ein voner los ojos en unos ni en otros. El virtuosísimo
varón, creyéndese tremendo pecador, juzgaba :í los demás
con suma benevolencia y no pocos sacerdotes yucatecos
campaban por sus respetos, en sus parroquias.

Páginas de Cuaresma.
Recuerdos de Sevilla en el tiempo Santo.

EEa ciudad de Guadalquivir bullía ardorosa y sonriente corco una nifia feliz y candorosa que aspira el aire saturado con los suaves perfumes de la primavera.
El cielo despejado y brillante, aquel cielo tan genuinamente andaluz, de un azul ein igual, que sirve de majestuoso dosel al espléndido rey Q.el día, enviaba sus plá.ci-

195

dos luminares á. la tierra y se miraba en el río como en
espejo divino que retrata á. la vez en eus cristales el conjunto de bellezas, entre cuyo exorno sobresalen, como
las primeras figuras de un cuadro, la grave. eilueta de la
Torre del Oro, los maravillosos jardines de las Delicias Y
el suntuoso palacio de San Telmo.
Con el beso del sol enjugaban las flores sus lágrimas
de la noche.
Las auras furtivas lleTaban doquier eñ sus ocultos repliegues la esencia de los azahares embalsamando el ambiente, y los armoniosos trinos de las aves llenaban el
espacio de alegres y deleitosas melodías.
Era una mañana de esas que son una fortuna para el
que ama y un coi{suelo para el que llora.
El sacro tiempo de Cuaresma y en particular el de la
Semana Santa en que conmemora la Igleeia Católica el
sublime drama de la Redención verificado en el Calvario, imprime en los pueblos cristianos un sello de tan
singular tristeza, que infiltra el espíritu y predispone el
á.nimo de los seres sensibles y religiosos á la contemplación de los ·altos misterios y de las grandezas de la su pre~
roa obra del Salvador.
Pero donde más especialmente se observa la influencia
de esta época, donde puede decirse que se acentúa más,
es en la capital de Andalucía, pues se respira allí en esos
días una atmósfera tal de midticismo que parece no sólo
visible á la retina, sino hasta qut, se huele como aroma
divino, y que se palpa en todo lo que revela la mano de
la creación.
El semblante de los sevillanos, siempre afable y risueño se reviste en estos días de una doble aureola, de infinila dicha, de santoorgullo 1 de noble eatisfaccióu, porque
pasa por ellos el culto rendido á. sus hermosas imágenes
que ostentan rodeadas de un caudal de oro y pedrería,
caqsando la admiración de propios y extraños, es la mayor felicidad.
Yo no podría. decir cuál de aquellas archicofradías,
compuestas en su mayor parte del comercio y de todas
las clases de la sociedad, se distingue más por su celo y
devoción, y por su afan de superar á todas en fausto y
en riqueza; pero es lo cierto que los venturosoa hijos de
aquel suelo privilegiad,o pueden estar envanecidos de su
Semana 8anta, la m1is famosa dei 1\Iundo, la más bella y
esplendorosa. maravilla de los hombres y asombro del
universo.
Multittid de seres que se agitaban sin ces'lr como s1,1ce·
de siempre en testas días sin noches para el descanso,
ouesto qu~ en su ardiente entusiasmo religioso posponen
el suefio á la idea de acudir presurosos á presenciar el
desfile de las cofradías de madrugada con el mililmo devoto fervor que lo presencian.todos iGs añoe, recorrían las
calles de la bética c!udad, afluyendo en mayor número
por las que se dirigen á la )facarena.
Deseosa de presenciar una vez más el férvidú rego,
cijo, Ja indescriptible alegría de los vecinos de aquel célebre barrio, al regreso al templo de su renembrada
cofradia, me confundí con la muchedumbre, y empuia·
da por aquella oleada humana, más bien que conducida
por mis pief, llegué á. duras penas á. colocarme en sitio
á propósito, desde donde pudiera satisfacer el anhelo de
mi curiosidad.
Tras un rat,o de espera, el movimiento de la gente, que
en cortos instantes aglomeróse hacia la izquierda, for•
mando una apretada masa de carne viviente con vaivenes de mar alborotado y murmullos de viento tempestuoso, á la vez que las voces de los que conquistaron ma·
yores alturas encaramándose en los trboles y sobre un
trozo de mur.:&gt;, teEtigo de viejos recuerdos, que aun no
había demolido la piqueta del progreso, gritando con
placenteros ecos ,i¡ya viene! ¡ya viene!" me dieron á entender que Ja procesión se aproximaba por aquel lado.
L'l masd- de carne se hizo menos movible y más coro•
pacta.
Empiná.ndome cuanto pude sobre las puntas de mis
pies, rúiré por entre las cabezas que habla delante de mí
y me dispuse á no perder ni un detalle del sagrado espectáculo.
Dos indivi&lt;lno~ rle la benemérita Guardia civil, haciendo caiacolear los caballos, q11e ~ a aldndose de patas traserns con grave peligro de atropellar :í lo.:! curiosoi más
cercanos, bien aoJ.ai~d, &lt;le la1l l cnrn'&gt;cn airoso balanceo,
iban despejando el camino y ab1 iendo ancha calle para
el paso de la cofradía,

�EL MUNDO

196

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

La cruz divina, símbolo de la sublime
epopeya de todo un Dios eacrificado por el
hombre, precediendo al ceremonial, pasó
infundiendo el respeto y la veneración ~n
hombres y mujeres, que inclinaban las
unas con humildad la frente y se descubrían los otros con verdadera devoción.
Numerosa fila de penitentes, deslizándose á derecha é izciuierda como fantd.sticas
visiones, durante largo rato pasaron arrastramlo la casi interminable cola de su túnica blanca como vestidura de cisne¡ de
igual color elevábase sobre sus cabezas el
capirote piramidal, cubriendo el rostro que
sólo se a.divinaba á través de los dos agujeros por donde ·asomaban los ojos cual chis·
l)as de fuego, única señal de vida que al
parecer animaba la marcha siempre igual y
acompasada de aquellos autómatas sin
otro movimiento. De sus hombros penQ.fa
,el gran esca pul ario de seda verde, insignia
de la advocación de la Santísima Vil'gen
que adoran los macarenos, y sobre una cadera apoyaban con 1rnmo firme, ein demostrar vacilación ni cansancio el encendido
cirio monumental.

DAMAS MEXICANAS

f
1

Los hermanos mayores, recogid:1 la cola
en un brazo y sostenic&gt;ndo con la otra roano

la bruiiida vara de plata, iban y venían por
,el centro cuidando del orden y la debida
-eompostura de la hermandad.

.

El primer paso, grande, suntuoso, mag
nífico de riqueza y esplendidez, apareció
por fin á mi anhelante vista, y todas las mi·
radas, como la mía, fijas en aquel punto sig·
nificaron su piadosa admiración. Representaba La .~enlencia de CriIJto, aquella esce·
na indescriptible en la que Jesús, humilde y resignado como un cordero bendito,
después de habeF escuchado la injusta y
calumniosa acusación del tirano Pontífice
Caifásee conducidoá. presencia de Pilatos,
Gobernador de la Judea, quien compren·
c.lie:ado la inocencia del reo y no bailando
culpa que justifique el castigo, vacila un
momento, pero al fin lávase las manos, creyendo de este modo limpiar su couciencia
de aq11.el crimen afrentoso y confirma la
sentencia.

Señora Luz González Cosío de López.

El aµcho y bien decorado paso, f!obre el cual se dibuja maravillosos relieves de oro, que desde la cabeza caía por
con tanta verdad dicho solemne acto de la Pasión del detrás de las andas hasta tocar en el suelo.
Los fulgores divinos en que venía envuelta la Reina
Señor, pasó roza.ndo con la gente el rico paño de terciopelo que prendido en derredor bajo el tailado zócalo do- celestial como si la gloria fuese en torn•) de Ella, y la exrado ocultaba á los ojos curiosos las toscas figuras de los presión de profunda ternura, de eanto amor, de infinita
forzudos hijos de Santiago, quienes dirigidos por un in- · misericordia que briUaba en sus ojos, hizo exclamar á
teligente capataz y vertiendo copiosss gotas de sudor ca- todos en regocijado grito y en coro improvisado un ¡viminaban sin ver, pero con suave y recto andar, soste- va la Virgen de la Esperanza! qs.e resonó en el espacio
niendo sobre sus cabezas aquel enorme peso que hacia llevando sus ecos por los aires, prolongados sonidos artemblará veces las bombas de cristal de los artísticos moniosos cual si ~l arpa sagrada de David hubiera vibracandelabros, cuyas luces, desvanecido su brillo al resplan- do desde la altura al sentir en sus cuerdas aquel sonorodor del sol, se movían como si fueran lenguas de oro ha· so acorde de inefable gozo. Repetidos acentos de júbílo,
de ti~rno amor filial haCia aquella Madre generosa, de
blando en mudo lenguaje con el cielo.
Vistosa escolta de soldados romanos de á. pie y de á ca- quien todo se espera, lanzaban doquier entusiasmadoe,
inclinando la rodilla reverente cuando un acontecimien•
ballo siguió detrás, al mandO de un Teniente y de un Ca•
pitán, espada en mano, luciendo con aire marcial la lu· to inesperado vino á trocar en pena las muestras de conjosa ropilla de terciopelo bordada de oro, el plumero da tento de aquel pueblo fervoroso.
Un hombre que entregado de contínuo á. frecuentes li&lt;Costosas plumas que ondean sobre el bl'iUante casco de
baciones se hallaba entonces en un lastimoso periodo de
acero, dando á. la trigueñ.a faz de aqullos hombres, que
embriaguez, asomó en aquel solemne instante á la puerlevantan la frente poseídos de noble orgullp, verdadero
ta de ia taberna, donde celebraba. á su modo la santidad
aspecto de guerreros.
del día, y Eintiéndose contagiado de la alegria general,
Nuevo desfile de penitentes llevó otra vez nuestra ima- .dando-desaforados vítores á la Virgen, levantó la mano
ginación hacia fantásticos ideales, queri~ndo en vano dere;cha, en la que aún conservaba el vaso del vino, y
descubrir con el pensamiento la velada fisonomía donde sin darse cuenta de lo que hacía lo arrojó á la santa. faz
radicaban los expresivos ojos que sólo dejaban ver los de la imagen divina, qne al furioso golpe se de'iconcbó,
nazarenos.
sin que por eso cambiara su dulce expresión de Madre
La proximidad del clero, los himnos religiosos y el hu- amaitte y generosa, dispuesta siempre á proteger y permo perfumado del incienso fué indicio de que la Madre
donar hasta á sus más ingratos hijos, ¡Sublime demosde Dios se acercaba, y la más pura alegría se dibujó en tración de humildad y de amor digna de la bendita Malos semblantas. Era Ella, en verdad. Las cinceladas andre de Aquél que siendo Poderoso murió por los pecadodas de plata con pabellones de tisú, que sostenían á la res enclavado en un madero!
hermosísima virgen de la Esperanza entre profusas luces
El asombro, la indigna~ión de los que presenciaron
y ramos de flores, aquella imagen purísima, patrona adotan inaudito, tan abominable hecho, no tuvo igual. La
rad.a de la Macarena, apareció engalanada· con sus más
multitud se revolvió rugiente como fiera herida 6 como
hija qué defiende á su madre, y arrojándose sobre el impreciosas galas y con el espléndido ma.nio bordado con

pfo con enconada ira, lo hubiera exterminado en~breve, castigando por su mano el
sacrilegio, si los agentes de la autoridad no
ee hubie1an apresurado á detener al malvado, ó más bien al pobre loco, que con
cara de idiota, mirabaá los que le atacaban,
sin rechazar la agresión, como estupefacto,
6 comprendiendo quizá la profanación que
acababa de cometer en un arrebato de delirante entuslasmo.
El remolino de gente siguió agitado, tumultuoso, amenazante, lanzando con murmullo sordo terribles sentencias sobre el
culpable, mientras éste era conducido á la
prevención.
Del sitio opuesto al del suceso, una voz
varonil, freeca, sonora, como chorro de
agua cayendo sobre el marmol de una
fuente, cantó una pop11lar eaeta dedeEagravio á la Virgen, y-de nuevo un coro de voces gritó por doquier: u¡Viva nuestra Bfiiora de la Esperanza!n repitiendo los sentidos
cantares y los fervientes vivas basta la misma puerta del hermoeo templo de San Gil,
término de la procesión.
Al penetrar la sagrada imágen en su casa, vuelta de cara al pueblo, pareció echar
una tierna mirada de despedida á eus hijos queridos, envuelta en lágrimas de pie·
dad y de perdón para el desdichado, y entre las l'uidosas aclamaciones del pueblo,
las melodiosas notas de los instrumentos de
cuerda, los salmos que entonaban los sacerdotee, vaporosas nubes de incienso, soplos
de auras, fragancia de flores y rayos de luz,
reflejos celestiales, fueron introduciendo
suavemente á. laVirgenpor la nave central
de la iglesia donde los católicos hijos de
aquel barrio han sabido erigirle un trono
resplandeciente sobre los puros cim,ientos
de su jnfinito amor.
Algunos años después de aquel á que me
refiero, volví á ver en la sin par y poética
villa de Sevilla, las cofradías de madrugada en una de Jas principales calles de la
carrera yal pasar la de San Gil, tuve el placer de admirar nuevamente la bellísima
escultura restaurada de la Virgen de la Esperanza, llamandopoderosaroente mi atención un hombre que, detrás del paso, descalzo y aherreojado con grillos y cadenae,
caminaba dificultosamente, con los ojos bajos y la frente
inclinada, en actitud humilde, revelando en su aspecto
y por el silencioso movimiento de sus labios, que iba entregado á. mental oración, en cumplimiento de algún sosolemne voto, yendo sin duda, por ominosa culpa, poseído de la más profµnda y s~ncera contrición.
Aquel hombre era el mismo que en años anteriores
cometiera el sacrilegio referido en un momento de ciegá
excitación, y habiéndole encausado y juzgado severamente la justicia ~e la tierra por tan nefando crimen,
cumplía la merecida pena impuesta á su delito, con el
arrepentimiento en el alma y las lágrimas en los OJOS.
CAROLJXA

DE

SoTO

Y

CoRao.

OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA''

ENMEXICO.

México, ~iarzq 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director gener.i.l de ''La }1utua.''
-Presente.
Muy Señor mio:
Hoy be recibido de uLa Mutua,iJ Compañía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia·
gay en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (1O,000.00)'.liez mil pesos importe de 11;-p_óliza número
571,958, bajo 1a cual estuvo asegura.do Dll finado esposo
el 8r. D. Federico Sl4nche.
Además me ha sido e1ltrega'la la suma de $2,082.40,
importe d~ la devolución íntegra de todos los premÍOH
que mí citado esposo pagó á. la Compañia desde hace
cuatro años que t:!Olicit.ó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obstante que mi repetido esposo falleció en Francia.
á fines del afio próximo paeado, la Compañia, con todo
empefio, se ocupó de la tramitación de los. documentos.
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las esr.ipulaciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, eeñor Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de ud. affma., S. S.
como albacea de la testamentaría de mijinado esposo el
Sr. D. Federi~ Sanche.-Aeise SancM.

EL CARNAVAL EN MERIDA

COMO NACIO El CARNAVAL

El eterno enemigo del hombrP
y amigo eterno:de la mujer, el diablo, sintió una vez hastío de t:1Lt
persona.
Ser un fantasma incorpóreo,
siempre acompailando á la tmn1;1 •
nidad como una sombra, en e1H
dichas ó pesare~, no le resultaU;~
al cabo un juego mu.y divertid".
Quiso, puPe, ser hombre p1, 1·
unos dias. Quiso tener corazón
y labioei. Labi1 s· para beber la
embriaguez; coni.zón paraform: r
un acorde divino con el corazóu
de una mujer amada.
Como mozo que libre se lanza :i
la vida, el diablo agotó en poca-1
horas todos los placeres. Amú,
bebió, jug'6, riñó. Fué un Do 1
Juan, un Falst-aff, nn Monte Crhto, un Estudiante de Salamanca.
Andaba beodo por las calle¡.:.
A la locura había robado todos
sus cascabeles.
Era en Febrero. A un cielo llu•
vioso correspondía un sudo co11
fango.
El diablo cayó. Cayó Qe cara
sobre el lodo.
Probó el polvo amasado con la~
lágrimas de las nubes y las baja,cosas del mundo, é hizo una
mueca.
Una mueca de burla,dedesver·
güenza y de as..:o.
Y al estampar allí su rostro era
puloso, quedó hecho el molde de
una :fisonomía de Carnaval.
Nació la primer careta.
JOSÉ DE 81.LE'j,

197

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

1

~:i .

.

'

/\

PAGINAS ESCOGIDAS
La cuestión social y la ciencia.

La humanidad progresa por el
trabajo: el trabajn ea el eterw,

obrero de la civilización; cuanto
es llega á ser por una acción actir1t
ti trabajadora, tres palabras qu~
encierran la misma idea: todo sér
humano que merezca el .nombre
de tal, será obtero de algo, grande
6 pequeño, modestoó sublime, segúnseasu fuerza creadora ó transformadora. Y no sólo el sér humano, cuanto existe, desde las
grandes masas astron.ómicss:hast a
los últimos átomos, se afanaen
un trabajoJcontínuo é inacabable.
Verdades son éstas que nadie
niega y que han descendido á la.
categoría de vulgarísimas.
Pero esta palabra trabajo se entiende de diversas maneras, y de
Sociedad ••La Uníón.''-Carro ''El Mundo.••-S~ñorita Clementina
torcer su sentido, de adulterar su
esencia, de estrechar su círculo propio, pueden nacer en modo el q1te escribe, el qne medita 1 el que discurre, el
que r.... vnt.&gt;ivP iJt!a~ en el h11etN de 1:111 cr.i.neo: r¡uerna,uw
la esfera social enemigos y odios tan injustos como fum·s·
rn&gt;a.terialnwntE', m:b~ qm• sn carne y i:iu i;;angre, centenares
tos. Todo trubajo es noble. respetable, fecundo, santo
pudiéramos decir, si nos dejásemos arrebatar por místi- rte celdillas ~,-i..,P~¡ y ambas combustiones-h1. del traba·
cas exaltaciones; pero entiéndase bien: todo tr,d,nj,,; nJ jiidor v h1 dt-l hombre de est11dio ó de \e1ra11-se mi•fcn.
,tp/ mit11fl.•1 m,,,rtn, porreltlíduosquímicos y por consnmo de
éste en particular: no aquél y los demás desprecia.blt-t!,
energ1a 1ni1Y.rial, cuando sólo bajo el punto de vista ffsi·
aborrecibles y engañosos: todos por igual.
Trabajo es consumir una parte de la vida para alcanzar cu se corn,idnan.
Pero he aqní nna circunstancia notable, nna armnnfa
más vida, ya para sf, ya para los suyos, para la patria 6
para la humanidad, para la generación presente ó para sociii.l. q11e entre aparentes discordias. luchaq y conflic•
las generaciones futurae. Poco importa la forma en que tos d"lscubre el pensador. A saber: qne el trabajo del que
eeto se realice: las exterioridades del trabajo constituyen con el cerebro y con las idt"as r.rabaja, s-iem¡.ire es en be·
neficio del qne trabaja con en fuerza muscular. Sin
su característica, son sus determinaciones particulares.
'l'rabajo es el del pobre bracero que remueve tierra para el pensamiéotn, sin el estudio, sin consumir el sistema
nervioso, ni ha.y progreso, ni ha.y invenciones, ni la inla P.:x:planación de una obra pública; el del cavador, que
hunde su azada entre terruílos; el del minero, que se dustria contaría hoy tantas y tantas maravillas como
hunde todo él en las profundidades de la negra galerla; cuenta; ni habría ferrocarriles, ni miiquinas de vapor, ni
pero trabajo es también el del sabio, que recogiendo toda electricidad, ni teléfono; ni nuestra vida fuera cadi vez
su fuerza nerviosa en el cerebro, penetra en los misterios más amplia, ni el problema social fuera cada vez menrn~
del Cosmos; el del inventor, que tras noche y noche de difícil: no ya resolverlo ni plantearlo fuera posible. Ni
desvelo, fabrica un cuerpo férreo para meter en él una sospecharía el obrero que su suerte puede mejorarse, ni
funza naturai, el del poeta, que consume su inspiración por meJorarla.seafanaria, ni podría comunicar siquiera con
sus hermanos para hacerles participes de sus angustias y
buscando harmonías y belleza.e en mundos invjs1bles.
No es el único trahajo el del esfuerzo muscular: trabajo es de su~ sufrimientos.
Cada cual aislado, metido ensu mina, sudando sobre el
también el de la vibración del sistema nervioso y eL del
surco de sn campo, aferrado á su telar, ó estremeciéndo-cerebro sobre todo; y como en las condiciones humanas se
bajo el látigo de su amo en _el Asia, en Grecia, en Roá. todo pensamiento acompaf'ia un desgaste de substancia
-encefálica, como el sistema nervioso y su gran centro su- ma, penearía tan sólo en el dolor del momento ó en el
de la noche próxima, como suprema esperanza.
perior e'" el organismo en que las ideas traba.jan, resulta descanzo
Sf; el trabajo del pensamient.o ha sido y es et r.-rJ.efUQr,
,con evidencia matemá.tica que trabaja et que pieri,aa como
trabaja el que cava, el que asierra, el que cepilla, el que humanamente hablando, del trabajo manual. Millones
de manojos de nervios y millones de cerebros se han qu,ecoloca ladrillos, el que arranca bloquee de carbón bajo ,n
d I q,,,.mi,e ,m~iite durante sig'io'-1 v siglos para redimir
tierra, el que eropufia la cafia del timón 6 la palanca de
millones y millones de múeculns, de millones y millones
la locomotora. No trabaja metafóricamente, idealmente,
trabaja con trabajo maú:riAil, dando al progreso y á. la ci- de pobres seres de sus toscos y afana.dos esfuerzos.
¿De qué modo? Dígalo la ciencia con sus grandes leyes,
vilización pedazos de su organismo, consumiendo su máquina humana, sudando en el foco de la substancia gris que nunca son estériles para la práctica. Díganlo los incomo suda el obrero por la piel, agotando sus fuerzas físi- ventores con sus maravillosa¡ creaciones. Dígalo la incas, cayendo rendido por la noche para no dormir quizá, dustria con sus prodigiosos artificios. Dígalo nuestro sique la vibración del músculo descansa, pero la vibración glo, que empieza con fo ..midables y á veces sangrientos
cerebral sigue tercaagotandoenergias, espantando el E'Ue• gritos de libertad y va acabando con himnos de triunfo
ño reparador y consumiendo todo el capital de la vida. al vapor y al fluido eléctrico. Pero digámoslo aún en fórEl r.rabajo físico es siempre, hablando en ·términos ge- mulas menos vagas, más exactas y más comprensibles.
nerales, una combtWi6n; quema el pobre obrero su carne En el mundo inorgánico, el trabajo es el resultado de la
acción de unaf11,t;Tza á lo largo de un camino, venciendo una
y su sangre cuando dobla el cuerpo y empuja contra el
obstá.culo la azada 6 el zapapico; pero trabaja del mismo reBi..qtencia; se mide por kilogramos y metros~ su unidad

el L-ilngrá,,utro , 6 el cab«Uo dP
,·aµvr que son 75 l..-i.lográmetroB. Y
t-oda la in,m,tria mataw.t con su
,·ariedad infinita, con su maravillosa f'~plendidez, no encierra
otra unidad ni ij~ compone de otra
cosa; resistencrns vencidas por fB·
fuerzos á lo largo de caminos ó
rendidos en kilómetros, 6 recog1dos en vaivén, ó contorneados t-n
círculo. Todoobreroen la última
capa social, en la más ínfima, más
desdichada, y por lo tanto más
digna de compasión, todo obrero
que no dispone más que de i::n
fuerza fisica, que no ha recibido
educación, ni tiene conocimien·
tos más 6 menos extensos que bagan productivo su trabajo por el
trabajo de la idea, trabaja de este
modo; vencecon el esfuerzo de la
azada la resistencia del surco á lo
largo del surco mismo: vence con
el choque de la piqueta la resist.en ·
cia del mineral á lo largo del filón:
vence apo, ando la pala del ren,o
contra t:-1 ·agua la reeietencia el~
}¡-u:1 olas, y cuenta que aqu'.L ya h~
civilización (hombres que disenrrinon) le ha dado una palanca.
Pero no sólo en el roJseroobrt'ro, en el i::abio más profundo, t-n
el artista más sublime, en el i11 •
ventor como en el empreeario, en
toda la escala humana de la acti•
vidad y ton el fondo del organh:JUO, el trabajo maieri.al es el rni::swo en su esencia: lo mismo trabaja el mll.i::culo que la celdilla gris,
que la subs:.ancia blanca, el cora·
zón que el pulmón: siempre I a
una fuerza venciendo una resistencia, ~iempre el trabajo rot"C:'L·
¡'
nico bajo forwa de calor ó dt- electricidad, ó de acción química
En el cerebro que piensa, como
en el peón que acarrea ladrillo~.
bajo el puruode lista del consumo
de energías y de Ta. fatiga uiateria 1, no hav más que hlográm,tro,"j ó en Hls equi\'alentes calorífico!&gt;, eléctricos, magnéticos 6 quí111icos. Al trabajar se consumen
kilográmefi•o.~ en las evc,lucit.,nes
cerebrales qee vibran, como en
la locomotora que salva abismoP,
taladra montes y contornea curvas.
No odie el obrero al que trabaja con el pensamiento en cualquiera de las esferas sociales, qt:e
identicos son y son herroanosan. e
la ley et e roa del trabajo; y kil&lt; grámetros con1:umen uno~ y otrcei,
y pedazos de sus organismos ~e
queman, y dfa por Uía van coi enmiendo aquél y éste su E'xistencia
González.
en la misma obra de redencióu.
¿Pero qué es el trabajo humano, cuál es la ley de sus
evoluciones? La ciencia, mejor dicho, todas las ciencias
combinaO.as nos lo hacen ver y nos lo demuestran con
demostraciones infalibles.
Cit.mbiar kilográmetro ~or kilográmetro; t1na ttni.dad de
trabajo muscular ó nervioso por otra 1midad: un pedru.o
dP 1•1:da por otra tanta 1Jida, e-:,tO seria casi la inmovilidad.
la negación de todo progrei::o, el encharcamiento peren·
ne en las primeras charcas que dejó el diluvio al retirarse: sería el es&amp;ad'l salvaje á. perpetuidad y sería al fin,
la destrucción y la muerte: allí no habría problema so·
cial, allí todos seríamos iguales: todos á ras de tierra en
el bosque 6 en la caverna.
No; la humanidad progresa, porque no cambia 11n trabnjo por otro trabajo ig,«ll, sino por otro TRABAJO MAYOR:
ahí está. su ganan.da, ¡esa palabra tan odiada! ahí está su
ir.ter~e, su beneficte:, su triunfo, su gloria y su porvenir.
A fuerza de ganancias hemos progresado y somos lo que
somos.
El sabio, que consumiendo y quemando masa encefá•
lica, como tantas veces he dicho, y desarrollando kilográmetros químicos en las profundidades de su cráneo,
descubre una ley, una fuerza, una energia, ¡&gt;ongo por
caso el vapor, la electricidad, el modo de utilizar los rayos solares,. ó la p alpitacióa de la marea; ese sabio, repito, por unos c11antos kilográmetros que consume encuentra potencias infinitas para la humanidad y para el
obrero mismo; y en ese cambio de lo menos por lo m.ás,
de un consumo deenergia nervioso por un aprovechamiento de millones y millones de caballos de vapor, está
cifrado el maravilloso progreso material del siglo XIX y
el acrecentamiento de la riqueza humana. Así se emancipa el trabajo muscular de las clases inferiores, poniendo á su servicio el trabajo (\e la nar.ureleza inorgá.nica y
las grandes fuerzas que antes seconsumian estérilmente
para la civilización. Asi el obrero se va elevando en el
orden de la inteligencia y va poco á. poco mejorando su
suerte. Antes sólo trabajaban sus musculas, ahora entra
á la parte su cerebro, y con mover una palanca en la lo•
comotora ó con abrir una válvula de paso, hace trabajar
á miles de kilográ.metros, que es como si sus músculos
se hubiesen centuplicad.o mil veces y fuesen los de un
titán.
Pues bien: estas ganancias de fuerza motriz; esta suma
de beneficios que resultan al cambiar una pequeña parte
de energía orgánica y un pequef'i.o coneumo 1 (pi:!queflo
f:'F

1

�,g8

DOMINGO 28 DE MARZO DE 08g7

EL MUNDO

relativamente) de vida por una cantidad enorme de energia inorgánica; estas fuerzas natura)es, vapor electri,..idad. 1 calórico, acción quí.
mica 6 luz, fuerzas antes ociosas y que el genio del hombre ha !'rranc:id_o de su bolganza,
para hacerlas trabaJar en miles de rnúquinl:l~
aparatos é, invenciones, en férreas cárcelt&gt;s ¿
sobre carriles metá.lícos 6 eo hilos de hi1;:rro·
todas estas energias acumuladas 1 vuelvo áde~
cirio, constituyen 6 pueden cons tituir, si locamente no se consumen, f'l cupitat de las mo
dernas sociedades. Y he pronunciado la pala-

EL CARNAVAL EN MERIDA

bra temerosa.
.iCó~o ha d~ ser el &lt;&lt;?pitat1 ni el ru6netruo,

m el tirano, º! el vampiro, s1 es n1 el 6r,11m .f,'.del traba¡o y de la producrión el único
redentor ?el obrero y del hombre!
¡Ah! ¡S1 de la noche ú la mafia.na. por arre
de 1:11agia ee du1;&gt;lica!:Pn, ee triplicaSt-n t•JtlOS low
('ttp1talea de la tierra, cómo se duplicaría y triphcarfa el bienestar del obrero!
¡ Esta sí que sería la inmediata solución del
problema social: los salarios al toe la reducción
de horas, la instrucción del obre¡o su deseanª&lt;?, veJez tranqu~la, su vida ~oraÍ más y mi.is
dilatad~ por ~onzontes hoy inaccesibles!
Ah! e1 C(!Trl~sen 1 como dice el gran maesLro,
no dos cap1tal1stas tras un obrero 1 eino ui11lt
ó lrn11la Ira,. ti 1Uimo ei.m para q ue llevasen
una carretilla de tierra, cómo entonces el hu·
mi_lde veón impo,~drí.a la lry, no por su fuerza
física 6 por la rntervención abrnrda de otras
fuer2as que el Estado le prestase, eino por la
fuerza de eu derecho y por ley de naturaleza'
¡Por fuerza y ley incontrastables!
·
:"''in _el capital, nada: la muer1e, el hambre, la
!D1eena para todos: _todos igualeF, pero con la
igualdad de las pocilgas 6 de los cementerios.
Con laabu11•ltntciu d1: capital, todo: el bienestar y la esperanza; que aun las mismas des·
igualdades serían gérmenes de pr11greeo. Yale más la deeigualtlad de dit.: mem,s más ó menos entre muchas t0rres1 que la igualdad niveladora que se tienda mezquim1.111em~ sobre
un rastro de hon11igas.
Y ~ien, aólo la ciencia y sus aplicaciones
prácticas, !ID.lo el trabajo inteligente, realizan
estoe procltg1oe; no en un día t0do pero cada
día algo m,is.
'
1!8bájese, puee, en' ~solver, dentro de lo
pos_ible, el probl~ma social 6 en facilitar su eo•
luc~ón: esto es Justo n~ble y simplitico, pero
enuéndaee que la eoluc1ón más eficaz consiste
en aumentar el ~pital:Porel trabajo, y entiéndase q11e el trabaJo m!is fecundo es el de la inteli~encia
El mundo antiguo esclavizó al hombre: esclavicemo~
hoy loe elementos: cada masa de vapor que se encierre
en m_ia caldera, cada corriente eléctrica que se lance por
ua hilo, cada ray~ de sol que ee aprisione, redimirá. cíen
obreros. Pero ¿quien eabe? Acaso es ley histórica que el
pueblo escogido odie siempre al redentor.

8tl'O

JosE Ecm:oARAY.

--~---=-----

DOMINGO 21 DE MARZO DE 18g7

EL MUNDO

Y _sin embargo, en medio de tanta desolación~
brillaba una esperanza de vida, uoa aspiración
de amor, una de eeaa floree que entre las junturas de los sepulcros brotan. Veíase en eepacioso salón a.na joven que se probaba blanca
corona de azahar. Era la corona de desposada
que tenía apercibida para la noche siguiente
noche de sus bodas. Apenas contaba veiuteaño~
Largos rizos rubios caían como rayos de luz sobre sus espaldas. Brillaban como un cielo seren_o su Aazules ojos teilidos de melancólica felicidad. Al través de su tez veíase circular la
sangre. Era tan npuesta 1 tan alta y tan elegante, que bien podia parecer, por lo ancho de su
frente, por lo esít'rico de su cabeza, por el profundo azul de sus ojos, por su nariz aguileHa
sus pronunciados labios, su erguido cuello Y
( su maJestuoso continente, la estátua que re•
presentaba el genio de su patria, que representaba á Polonia. Yo tengo para mí que esos
pueblos esclavos. desolados, suelen dar en el
tormento hermosas hijas al mundo nacidas
d~ la~ m~s sublimes inspiraciones, d~ laa insp1racl0nes del dolor. ¿:-.;o os acordáis de aqueJlw; hermosísimas hijas de Israel que tatHan
sus harpas bajo los sauces de B11bilonia que
conf?ndfan sus lágrimas con las aguas d~l extranJero río, y que deea.rmnban con su hermo•
aura á los perseguidores de su pueblo?

V.
Aquel arrobamiento es interrnmpido, sin embargo, por el anciano, que entra y ex•
clama:
1,Amar, amar cuando Polonia está en tierra. cubiertn de ceniza y desangre, amar es un
crímen. ¿No oís las hienas que machacan entre eus dientes los últimos resloe deLcadJ!,,•er? ¡Y sois felicee! Mirad. wirad, y se descubría el pecho; una, dos, tres, cuatro,_cinco, ee1a
cicatrices. Por ahr he vertido 1:,angre de mis venae. Por ahí han soltado pedazoo de micorazón. lle en·canecido en Sibcria, me he encurvado bajo el pee-o_ de mis cadenas. Ya n~ ten•
go fuerzM para vivir aun tengo fuerzas para aborrecer. Paloma puede levan1aree. S1 hoy
es el ludibrio del m,;ndo, mafianaser.i el angel exterminador de loe tiranos. Ladislao, ve
á morirá Polonia. Milrfa, envíale á. la muerte. Vuestro primer beso de amor será. maldecido, porque podrá dar de sí el alma de un esclavo. Si mañana \:~rsovia no se levanta de
nuevo t\ pelear pasado mafiana irl!is atados codo con codo á Siberia. Que vuestro pecho
eea todo odio, &lt;Íne vueiltros brazoil eean lanzas, que vuestro aliento sea fue.go; porque yo,.
anciano, yo que he caido cien vece!! en los campos de batalla, -voy á monr por fin sobre
el seno de la pat1ia esclava.u
Y el anciano quiso erguir1:,e y echará. correr como un joven, pero sus piernas flaquenron, y cayó de rodillas ante el cuadro de la Virgen. En tal eazón óyese una griteria con·
íusa de rít'(l Polcnda, y el ruido de una descarga cerra.da.
VI.
El joyen Ladislao señaló al anciano, !!eñaló al cielo y estrechó fuertemente contra su
corazón á. liaría.
-¿Te va.e? preguntó la jo,·en.
-1\,le voy, María, me llama la patria.
-Es el ruido del viento, dijo María.
-Nó, es ruido del comba1e, le replicó Ladislao.
-Por piedad ¿y nuestro amor?
-¡Nuestro amor! ¿pues qué, preguntó el joven, nnetitro amor no había de durar sino
lo que dure la vida?
-LMaHana! dijo María, ¡man.anal
-J:1,;l corazón me dice, exclam~ Ladislao, «el corazún me dice que mafia seria mía.,

l[

"Liceo de Mérida."-Carro

Juatlcia.••

11

DE EMILIO CASTELAR

I
El cielo llovía nieve sobre Varsovia en triste noche
Parecía ~jer un sudario para cubrir aquel cadaver. Tod.¿
Jo que rema en el tE&gt;pulcro, reinaba alli: frio, silencio,
soledad. Por sus calles abandonadas l)M&amp;ban de vez en
cuando, caballer~s en pequcilos caballos, loe tártarot!
como aves de rap1fia, que se lanzaban en aquella huesa.

L:1 joven dejó su corona de azahar, deepuée
de baberse cerciorado al espejo de que le sentaba bien y corrió :í. una ventana como para
mirar si alguno que esperaba venía ya. En
aquel instante vi6 pasar envuelto eotre las ráfagas del viento1 entre los remolinoe de la nieve, un pelotón d~ cosacos que juraban y mal~
decían de Polonia. netiróse la joven horrorizada, y maquinalmente f'e sentó al piano, dejó cae(dcFe~perada la cabeza sobre el pecho y
recorrió con rns dedos las tecla1:. El instrumento produjo una melodía profundamenW
triste, una de esa.a melodías que son el lloro
de Loda una generación, la agonía del alma
de todo un pueblo. Inmediatamente apareció
en la puerta µn ~nciano encorvado y vacilante, q1w pronunció con horror estas palabra.a:
-({¿Qué haces? ¿no sabes que ese cántico de
nuestros padres, t'Uede costarnos la vida?11
-Es verdad, abuelo, repuso la joven es
verdad; no tenemos patria.
'
- Yo creo- que sí, dijo el anciano¡ yo creo
q_ue este pueblo, apedreado ayer como San
Esteban, poctrido ayer como Lázaro, aún tiene esperanza.
-¿Dónde está?
-En Dios, dijo el anciano.
-¿Y cuándo nos oirá?
-Cuando le hayamos deearm11do con el martirio.
-¡A1ín mú mártires! exclamó la joven con acento de.
ganador. Dos grues&amp;d lágrimas, do~ lágimas se extendieron por so rostro, como dos amargos rioe de dolores. El
anciano bajó la voz, y dijo:

lágrimas; no veía la tierra desde el cielo de eu amor, compeudiado eu los azulee ojos de
su amaute, donde se había reconcentrado toda su alma.
¡Cuár felices aquellos momentos! El jovC'n acariciaba la i•lea de su bondad, como el
logro de iodos sus deseos, cowo el término de una ambición que había llenado t-Oda su vida. Amó á aquella mujer desde niño, desde qne los primeros sentimienr.os brotaron de su
alma. Mil obstáculos inseparables, mil contmriedades le bablao co1111Jatido. Hu amor inmenso le llamaba á. Maria 1 y el dest.ioo le apartaba de María. Porfia, después de luchar
y reluchar, después de consumir anos enteros en una desesperación inmensa se encontraba
en vísperas de su boda. Contaba con impaciencia los minutos que faltaban para Bt'ilarcon
un juramento eterno la alianza de dos corazones nacidos el nno para el orro, digo.os de
confundirse en una sola vida. La aspiración de su ser, t\ los :t! anos, cuando toda la imaginación es calor, toda la inteligencia luz, todo el sentimiento pa~ión, todas las am bicier
nea amor, era ¡oh! era unirse con la mujer de sus ensueños. No mira el Fat(&gt;lite al plane•
ta, el planeta al sol, el ruisenor :l su nido, el arroyo al cielo, ni el cie!o á. 1?ios, como aquel
amante miraba á su amada. No sabría vo, pobre narrador de esta b1stor1a, no sabría decir cuanto le decia, repetir sus palabraei entrecortadas. Aun no ba nacido pintor que baya
TPtratado el fondo de uoos ojos enamoradoF. Aun no ha nacido mósico que ha.ya trascrito
la nota de un sm:piro.de amor. ¿Dónde está el escritor capaz de repetir las palabras deun
pecbo:enamoradv? ~Lis fácil es repetir el rumor inmenso que levantan á las alturas las
olas del Oceano. El corazón henchido de smor es el universo. De amor, de esperanza, de
felicidad estaba henchido el corazón del joven Ladielao. Los dos habfanolvidado el mundo. ¿Qué valía para ellos la patria, cuando el imán de su amor les alzaba al cielo?

♦

El carnaval en Mérida.-Scftorita Lucrecla Caatellanoa, en traje de fantaaía.

-Aún tenemos ee,peranzas, si pensamos sólo en guPrras.
¿Qné amor ea posible cuando abrazas un cadáwr? ¿Para qué engendrar cuando engendras nn esclavo? Maldito el corazón que á. su amortgofst.a sacrifica el amor á la patriu;
-maldito el seno que f'ngendra hijos para qne los devore t-1 tirano. Te probabas \u velo dti
,dee~ada. ¡Infeliz! Ltis hijas de Polonia han nacido en un sudario. Su. cuna es un sepulcro. ¿Qué será e11 lecho nupcial? Y desapareció el anchrno.

rn

Después de oír estas palabras, quedóae María como muda, pasmada. Sin embargo, á
los pocos minuto1ee recobró un tanto y eedirigio á un cuadro de la Virgen que en el tes·tero .del salón brillaba. Madre mía, dijo doblando laa rudillas, Madre mía, óyeme. EL na-yegante, cuando las nubes borran las estrellas, cuando el viento levanta las olas, cuando
-el hurac!n. ruge, te invoca y le oyes, y el cielo vuelve á. lucir sus estrellas, y el mar e.E&gt;
duerme como un nii'io, y el buracán ae convierte en brisa, y las velas se rizan como las
alas de u1.1aave, y el barco llega al puerto. ¿Por qué, por qué no has de socorrerá. un pue•
blo qua ee ahoga en un mar de sangre? Nuestras casas son panteones; nuestros lechos sepulcros; los al~res de sus iglesias. pesebres de los caballos tártaros¡ Sus hijos, en su furor, despojados. Este pueblo ee hunde, se sumerge en un mar de hiel; cuando le falta la
voz, levanta á Sí en demanda de auxilios sus mauos c.lrdenas y ensangren1adas. Ya hPmoa sufrido la crucifixión. Ya hemos dormido largamente el suei'!.o de la muerte al piti
de nuestro calvario. ;,No ha de llegar Ja horade resurrecei6n para este .Grist1 de los
pueblos?
La Of'D:Ción fué interrumpida por la presencia de un jnven, que á. pe39r de troer eu
.gorra de pieles y su capotón cubierto de nieve, su,iaba.. J.lufa se levantó y corrió á. su
encuentro. Es imposible q1,1e pudiera haber en toda Polonia una pareja más hermosa. Lo!i
dos jó\·enes, loA dos rubio1,1, los des altos, loe dos de azules ojos, de blanca tez, los dos pa. recidos, con. la diferencia que (,1 tenía toda la fuen;a, tod1\ la austera hermosura del va·
rón, y ella toda la gracia, toda la delicadeza, toda 1-' hermosura de lo que llama Goethe
el idtal femeninn.
Juutáron!!t-1 sus manos, sus ojos, su alient?, sus almas. Reinó por algunos instantes
ese silen~io infinito que ninguna frase humana podnl. expresar, ese silencio religioso qut,
ha sido siempre la sublime elocuencia del au,or. Si aqnel éxtasis se hubiera prolongado
en t.oda la.di1atación de los tiempos, sería la biemwenturunza celeste. Esta. tl~ctricidad
de dos miradas que se juntan en un deseo, ese choque de dos almas que se confunden eu
una idea, eFa armllnia de dos corazones que laten unísono1,1, e~e aroma de dos suspiros que
se comprende:u,, e-a unión de dos vidas indisolublemente ligadas como el alma y el cuerpo, co~•O t-1 OJO y la retina, como el pecho y la reflpiración. ¡ah! ~::so E.&lt;; EL AMon. ¿Por qué
no decirlo? l!;/ anwr,, siemprt egtlí.,.fn,· sirmprP rl!! el r_r¡,1LJ&gt;l11() ,m,,l,1111: dr lajurn1lt1d, la conceu•traci6n '.'!! W; t:i,fa en s~ mi-11ma, romo JJOrafonnar .f11erza y difutam· y e.rtt:ndt:r.~ en mtet.'08 ureA.
Co,no d1JO h más ,,ulillnu rfr ln1t 1,oi&gt;tafil mod1TMt1 ( Victor H ngo ), td amor e1t el eg9i.Jlmo dt do,.
Para él no AA.Y e,,. mu, t/u,/111Jn d1, arrobamÍ.f:',,tu w patria ui Juww.ni,J:.111; no hlly má, que tl mUmo: toda!,« tu1Taes el espucio que el ser amado habita y toda ta huma1ád1td eslá m ei sér amadt
-compe-r«tu.i,ta.
Y 1?,é aquí por qué Maria lo olvidó todo en aquel momento: las palabras del anciano,
,las tristezas de su corazóu, la patria desolada, los aullidos de los cosacos, s1J oración¡ SUB
Grupo de Meatiua.

Srñorit.as Mercrdes-y-Elena Pon ce Vales.
¡De fotografia tomada en los salones de "La t'ni6n.")

�aoo
En tanto se oyó una desear·
ga .más enea ... . . .
-¡Ladielao! exclamó María,
por Dios ..... .
La joven no Fe ntrevía sí de·
cir)e que no partina ...... Pero
añadía pars engafiarfe á. si mis-

•

EL MUNDO

EL OARN AVAL EN MERIDA

ma: 11LadiF1\ao, es el viento ...
-N6, dijo el jovenj esel alma
de la patria.
-Adiós: mafia.na de todos
modos, exclamó Maria, será.
nuestra boda.
El joven se lanzó á. la calle,
y María fue á caer al lado de
RU abnelo, ante la imagen de la
Virgen.
VII.
Un día entero de combate.
La sangre ha corrido durante largas horas. Los hijos de
Polonia han peleado de nuevc-.
Toilos los hombreR se han lan·
zado al campo. TOdas las mnjPres á los altares. María reza v
llora. Del fondo del abismo de
su desesperación sóh ee levanta
lma plegaria. Sucede nna nuPva noche El ruido de combllte
ha eesttdo. El éxito no e11 d'ldoso. Polonia lucha ~&amp;.bierdo
que cae· Un silencio inmenflo
reina !!obre lacindsd.-Aqnellri.
debía. ser la noche de la boda de
María. Su corona de azahar E"R·
tá allí¡ el velo está allf; pero su
amante no está. María le llama
y no responde. LI\ joven deP,raría ¡,Dónde ha Pido el comb1te? Fuera de sí, loca, se sifle la
corona. se prende el velo ~' se
apeT"cibe á irse.
¿Dónde está Ladislao? pregnnta á. su abuelo que yace espirante al pie de la YirgPn, espiranlie de dolor y de f1,tiga.
-¡Felices los que mueren con
el Seíior! contesta d anciano.
María lo comprende. La noche es obscura, la nieve cae. La
joven vestida de blanco, envuelta en Pl velo, sola, entra en el
torbellino del viento, parece la
f'statua de un Pepulcro que anda, ó el alma de una virgen que
vllelve del cielo.
Sus eienes laWn, su corazón
lat.e, como si se dirigiera á su
tálamo nupcial. Va á las afueras de Varflovia, al lugar del
combate. Regia, ra con &amp;ua manos anhelosa los montones de
muertos. Lafl sombras son tan
esoesas que no puede distinguir
los rostros.
En esto se oye un gemido,
que es el último gemido de una
Bando ''Liceo'' -Carro ''La Mutua. ''-Familia Jappan.
vida que se apaga.
Rs él, grita, es él.
Lnego, de lejos, cuando los hélices se han puesto á nleUn rayo de luna rompe las nubeP. 1'-lllrfa rec·0noce E"l
rostro de Ladí1:1lao, lívido, teñido por las !:!t,111b1w de la tear ya con cierto vigor, hemos visto alzarse en el muemuerte. Pone la mano sobre su corazón; 110 late-•pone lle y en la borda del buque un diluvio de pañ\w-lofl blirncos como si los viajeros y sus amigos de lacoi:.ta hubieran
el oído sobre su pecho; no respir-J.
~Has m11erto, dice sin lanzar un !ay! En efta noche puesto á secar la ropa íntima de sns tristezaEI, mojada
por el llanto de las despedidas, colgándola al vif&gt;nt.o, que
debi'us recibir mi primPT beso de amor.
se lleva más tardeó miis temprano, hacia el olvido todos
Y clavó sus labios ardientes sobre los frío" lahios del
cl\dávP.r. Sorvió ensu beso la muerte. Al dta Pig,lit'nte loA dolores y todas las satisfacciones de la vida.
Los viajeios novicios, apenas el bnque ha salido, se han
llevaban en carros al cementerio los cadá\"f'rl-'S dt' los in
puesto á t-scribir sus impresiones de viaje, como si notus11rrectoi:i 1 y entre ellos el cadáver de una joveu humosí·
vif'ra n m:ís tiempo.
sima envuelta en su velo de desposad·\,
Las niujne!'I se muestran más avanzadas én el desem·
¿Sabian los sepultureros ei secreto u~ aquella muerte?
pe,ño de esta grave blrea y redactan con una letra varo-No losé.
nil de e!ólcnela n, rte americana, en sendos cuadernos ú
Ignoro, pues, si los dos cadáveres se juntaron en la
ojas volantes, las ideas penmnbradas de su imaginación
misma huesa.
flnt.ante.
.
EMrLIO CASTF.L.',R
NoeotroP, cada día, cnando el mar no está enteramente desagradable, lo que le ocurre pocas veces en esta sec{'ión de sus domi nio!ó!, nos sentamos á mirar su mafia onLO QUE DICEN LAS OLAS
duhmte PncrPspada, teílida y rumoroea, como e,I follage
ile los árboles movido por el viento, escuchando ln qne
¡Adiós, Norte-America! ¡Adiós por siempre tal ve1!
¡Adiós, selvas embalsamadas y fredcos valleE, como di- dif'm laHolns, Pegún la inolvidable expresión de 'Dickens.
¡Lo que die-en )ns nla11!
cen en Aida!
1:':l as tambiPi:i 1:mentan sns penurias y angustiaF; re 1a¡Adiós, ternplos de piedra consagrados ,¡ la inclm,tria!
tan sn eterno vmJe por loR ,,qarell, por los ríos. por las
¡Adiós, ferrocarriles vertiginosos, ascem1,,rps volM.nteP
nnbes. por la cun1bre de la'd montañas por los despefia•
ríos encauzados y ~os ein iguales en el ornado!
'
'
'
¡Adiós, sublime N1ágara 1 estruendosa reliquia de la tie· dero"' y los arrf"&lt;'ifPi"'. •
A2itadas. anhelante@, f&gt;nloquecjdas, corren como el
rra., joya de América! No me olvidaré de tí mientras en•
hnm~re, buecandn sn nivel sin Pncontrarlo jamáP, y van
tre la mz por mis ojos y pueda reproducir tu imagen,
mientras mis oídos no se cierren á los rumores y Hmidos dt&gt;sat.rnadM, un día al Nort.P, otro al Sudó en cua.lqnier
rumbro, alzando flU cabeza blanca de canas para mirar en
de este mundo, mientras corra la sangre p'lr mi cerebro,
friccionando mi pensamiento: mientras h1.ta mi corazón el horizonte fli la jn-rnada tiene término.
Y Fe atropellan desatadat:i, trf'pándotiP. sobre sus veciy no cese mi aliento!
El «Britania,11 de la flota \Vhite Star, sigue nadando á nas, inútil, estérilmentf&gt;, hundiéndolas bajo su peso, en
tanto que otras E-e levantan, y otras y otraq crPcen más
razón de quince millas por h•ra.
adelantP. siempre más adelante en el infinito océano reHsic rnatro días que nos hemos embarcado en Nueva
moviendo sus lomos hinchados y huyendo en curva; inY,11 k, t'II ua muelle cubierto de gente.
Ha ha:,bido despedidas tiernas, abrazos, lágrimas, pala- dolentes ó e!ilp11mosas de cólera, hasta perderse en una
•
bras canñosas, expresando el deeeo de feliz viaje frases confusión inacabable.
ah~das por la emoción y variadas escenas, en' que lo
Las olas cantan en tono mortificante la leyenda de
l)()ético y In doloroeo de los últimos momentos previos á nuestros pesares, retirando nuestra mente á los lejanos
la separación, fe mezclaba con la excitación apurada del tiempos de ¡a infancia, cuando una madre desvelada
viajero, el transporte de los bagagee y los cuidados de mecía nuestra cuna; ó á lo menos, remotos del romance
todos por atender á sus sentimientos, á su parsgu38 á de nuestra vida, cuando la voz temerosa del amor &lt;'.0rressus saludos, á su capa de goma, á. eus lágrimas y á ~ua pondido, murmuraba sus caricias en nuestros oídos.
maletas.
Traeli los acentos de la :patria abandoDada, de la amis0

DOMINGII 28 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN

tart i nc:egura, dtl desengaflo in-

iuerecido, y se alejan llevándose nuestros suepiros y dejándonos en el pecho la amargura
de sus entrañas saladas.
AlJá lejos, las esperanzas como las aves blancas de los roa
res, aparecen en el tul de la ee ·
puma: avanzan, se aetrcan y
cuando les abrimos los braios
para estrecharlas contra nuestro corazon, la onda se desvanece y las burbujas de au penarho vuelan en invisible atmós·
fera hacia los cielos.
La hi ...toria de nue@tra vida,
con todos sus recuerdos confu·
sos, anacrónicos, flota en las
mont-a.ñas que el viento levanta,
ee hunde en :os valles fugaées
qae ellas forman, vuelve á subir en las olas siguientes y en""lviéndose ea SUR ondulacio11es, se aparta y se oscurece, engendra~d_o una vaga sensación
de mart1r10, de remordimiento
y de dnda respecto al mérito de
nnestros actos parndos ó al
acierto J.e nuf'stra conducta en
la sucesión de los añ.os.
-¿Púrquéno fuí más bueno?
s~ pregtmta el esphitu atribulado.-¿Por qué no fuiste? interrogan las olas á. su turno, y
nadan·f o sobre sus flancos se
e.~capan palmoteando con sus
,·értices quebrados como bur•
l indose de nueetra miseria.
La sensación del ritmo vital
!'"e embota; las faculfadesembargadas por la suma de reminiscencia!, languidecen, y una melanc?hca y sua~e aspiración á
morirse, se extiende como un
sudario sobre el alma.
i Un Eepulcro en el mar insondable, la caída Ein salvación
sin amparo, la muerte sin re~
medio, con el consuelo de la
imposibiliElad ralculada contra
la cual toda lucha ea una quimera ......... ! son las dos ideas
indecisas, deslustradas 1 semidormidas que el cerebro fomenta, mientrai: las olas paean golpea~do los costados del b~que,
q,ue Juegan con su peso y se retiran, encarg:a ndo á ot1 as olas
su tarea. ¡lJu sepulcro en el
mar!
L'38 olas mrnerían mucho
tiempo nuestro CU"rpo; sí, tiempo mucho prolongando el simu·
lacro de la vid11, con su eterno
movimiento y la soledad de ]a,.
tumba en un cementerio c11alqniera habría defaparecido con
todos sus hono!es, rt&gt;emplaza·
da por el capncho bullicioso
de las aguas, en el mnndo infinito de la atmóafera líquida. Vtlrde ó azul, co11 esmeraldas ó zafiros db;ueltosl
Las ol»s dicen entre tanto: Así tus pesarei,; y tus ~nsueñ11s, negro8 ó te!l-idos por la luz de t.m-1 ilusiones, eerán
llPvados por 1-'l tiempo y sembrados en ... ¡ camino de la
vida, como migajas de tus oídos ó tn• amores, cuando la
ed:-id mar.!hando sobre tu cuerpo, llegu1.: á 1::uíriar tu ce•
n.-bro y á helar tu corazón.
:Un estrem~cimiento nos d~spierta en medio de la ho•
rrtble fantae1a¡ las olas contrnúan su viajl:' interminable
ca11tando t:u solemne romanza_con acent s do!oridos, y
entrd me tonos; el ?fdo sobrescitado percibe los nombres
de las pen:C?oas aloJadas en nuestro corazón. las melodías
que apren~1mos _en tal 6 cual época de la vida, los pedazos de frase_ can_flosa, los reproches, las diFcusiones y,
por fin, el silencto que resulta del ruido uniforme cuandü el cerebro 1;1e cansa yel SUAño empieza á batir sm~alas
El viento silba en el cordaje del buquP y arrebatand~
en 1a boca de las !.:himineas el humo nelio denso como
nube de tormenta, como aliento letal lo ll~va desmi-&gt;nu·
zándolo entre sus dedos para dejarlo c~er en copos lenta
p_erezosamente,_disolviéndolo en los confines de la vietB
sin conservar DI el fantasma de su existencia.
Lo€1 mares entonan á la Vf'Z alegres sonatati como mú•
si~:1 ?e bailes al~e!'-noA, y la aspiración á vivi'r renace.¡\ 1vu en el bulhc10 del mundo. allá en las grandes ciu•
d3:dt'S !lt'naS de intrigas y de conflictos que acortan dism!nuyen y destruyen e; tiempo, envolviénddo P;. los,
plieguP~_d,: su_ Pf:rmaaente variedad basta dejarlo invisi~lel-¡'\ 1v1r s111t1éndolo todo, como un curioso de las pat-1onei:i; dando valor á lo que no lo tieue ó quitándolo á
las grayes y trasced~ntales cnestionesl-¡Vivir caminando hacia la tnmba sm sospechar su proximidae, y dPjarse sor prender eu medio de la d~preocupación atolondrada, @rn saber po_r dónd_e se va DI por dónde se ha ido, como !as olas ee:g':1n el ';lento ó el calor de las corrientes
mai:masl-¡y1v1r sufriendo Jas torturas como juguetes
del rn!o_rtumo y tomando como hambrientos un pedazo
deiehc1dad descomp.uei:t.a,.para.ro.etla.hasta el.hueso sin
dejarle un átomo de carne!. ..
Las olas pasan por debajo del buque encorvando la es•
palda y levantándolo en alto para mostrarlo cabeceando
6 rielando sobre la superficie rugosa del Océano. El ma:restá áspero, según la expresión de á bordo, y yo me reti•
ro cansado de haber hablado tanto con sus olas'f
ÜSCAR WtLDE,

EL MUNDO

00"-INGO 28 de MARZO de ,897

201

====~~===========================~==================~=-~
MERIDA-Sociec:lad "La Uni6n."'--:-Carro "Mariposa."

El, CAR.NAVAi, EN MER.IDA
LOS MESTIZOS.

i

,&lt;

4

"'

✓

.,
"·
\~
• •

•

.,

~

,,'

•

a

:,
.;•¡

.

'
,

'

I" • ,1

•

,,

""•
'

En Yucatán la clase popular está. formada generalmente por los descendientes más cercanos á. los mayas,
que llevan el nombre de meztizns. De esta clase se componen diversos gremios de trabajadores que, perseverantes en :ms oficios, sin grandes exigencias sociales á que
atender, logran reunir modestos capitale!!, á veces acre•
centadoe basta sumas considernbles.
Miembros de la clase llamada mrzli.za en aquel Estado,
han sido hombre!-! distinizuidos por RU talento y su virJ
tud, como el Sr. Obispo Carrillo y Ancona, muerto en la
semana pasada. La cualidad del \'alor ha enaltt:'cido.-también á la clase popular .yucateca, en las luchas sangrientas que tristemente conmovieran al Estado.
El pueblo de Yucatán llama sobre todo la atención de
los extranjeros, por su aseo. Raro es el E&gt;jemplar, tan
abupdante en la República, del hombre que inspira compas~6n á la vez que repugnancia, por su traje sucio y harapiento,
Las mujeres llevan el pelo graciosamente peinado en
forma de lazo, que atan en medio con una cinta; usan_
camisa de lino blanco, sin mangas, con escote cuadrado
y bordada al rededor del escote y de la falda, con vistosos hilos de diversos colores; esta cami:m se llama /u¡ri/.¡
y saya también de lino blanco, bordada, lo mismo que el
lu"pil, en el borde; se cubre la parte escotada del traje,
con un rebozo de lienzo ó de seda.
En la parte delantera, llevan crur.adas las extremidadea del rebozo, una de las cuales. eostienen con la mano
izquierda en nn cuadril, dejando la derecha libre. Ostentan en el cuello gruesas cadenas do oro v de-corales, y
en las orejas pendientee de oro y corales 6 perlnQ,
Los hombres usan camisa de lino blanco, de pechera
bordada ¡,rimorosament(, y con botonadura de oro y piedras prec1oeas; ancho pantalón blanco y sombrero de pa.·
jilla. Llevan la camisa fuera del pantalón y van calzado~
con cacleH de charol.
Los mestízos han formado dos grandes agrupaciones para celebrar las tiestas de Carnaval. Estas asociaciones se
lla~an uPaz y Unión)) y nRecreativa Popular,n que están
regidas por juntas directivas electas entre los socios.
No contando con edificios propio;, las dos sociedades
toman anticipadamente en alquiler las mejores casas de

Batalla de Flores.-Carro "Pandero .. "-(Prim:r Premio. )-Famili, Ponce Cámara.

�,
DOMINGO 28 de MARZO de 1897

EL MUNDO

202

DOMINGO 28 de MARZO de 18117

EL MUMDO

EL CARNAVAL EN MERIDA

la ciudad, las adornan lujosamente y las convierten en
,espaciosos salones para los bailes. Esta és la única diversión que organizan las sociedades de mestizos y á las cuales
asisten siempre mtis de cuatrocientas parejas.
Las orquestas para los bailes de nieshzl)8 son iguales á.
las que tocan en los salones del «Liceo y de t&lt;L'l Unión.•
A veceE" los 'llUstiws celebran bailes de máscaras y de
trajes de fantasía, pero no tienen el atractivo de los ordinarios que ofrecen aspecto encantado, pues en estos so·
bresale la deslumbrante blanr.nra de los trajes y de las gasas y demás adornos de los salones.
En estas di versiones rnn d~ notarse el orden y los distinguidos modales de la clase popular yucateca, siempre
correcta y respetuosa. La fraternidad es su mejo1 distin.ti vo.
Durante los bailes de carnaval no acontece el menor
escándalo; las comisiones oara. cuidar el orden resultan
inútiles pues, en todo el tiempo que dura su encargo, no
tienen que intervenir una sola vez para evitar la mlis leTe discordia.
Los me8lizo., tratan á eus damas, con respetuosa galantería. Incapaces son de atreverse á pronunciar dela•te
de ellas, uua palabra descom\&gt;uesta, porque sería delito
gravísimo, imperdonable; qmen lo comete lleva, para
siempre, el estigma de mal caballero, y no vuelve á ser
aceptado en reunión a,guna.
Los extranjeros son acogidos con la más exquisita franqueza. Cuando un extranjero visita aquellos salones, los
miembros de 1a junta directiva lo reciben y acompañan
satisfaciendo todas sus curiosas preguntas¡ lo 9bsequian
finamente y al retirarse le hacen presen~s sus demostrac!ones de gratitud por haberlos visitado.
Por un sentimiento de dignidad que los enaltece, nunca invitan á tomar parte directa en sus reuniones á
quienes no visten el traje de elloe. Tampoco pretenden
participar de las diversiones que organizan las otras sociedades. El suyo es un carnaval aparte.

Las oosas pesadas tienen sus espectros como _los hombres muert,os. -1'. Ji'e1tu.l.
E l pensamiento es un poder y el talento una libertad.
- Vict.or Hugo.
El dolor es el artista:de los artistas.-Chstelar.
Demasiado paraiso el amor no llega á quererlo.- V-w4.or Hv.go.

&gt;

S o c ie.dad " la Uni ó n."- Ca rr o Chi n .::sc o.

,

-· •

. '.'le:~

., ........
..

~~-

•11....._

;-\~'(." - 'f!¡ -

.·
•

&lt;

.

- •

;;-~~--,
~~-• .·\' .·:r--:;&lt;'

.....\~i";:~•;,:_tr·•....
...
...

/_;;, ...... ·•:·

~-·

..-.~

'f..~

,

·'
• . ..
t, •

,, '
: ... f"'•

.;r,.,,r. -~• ..4 _..,
~. 1 '., ...... _
l·t,

•4,. ,,:; ),,

v.

-·

.:.·· .•
.,

,,..,.,. .

• '¡

' •

~ ••

ll\l(,?,
' ',

.. l• ...

'

'
h

..

''
\1

..

.-.

' :t ~..~);'t.

/ •J

'

.'i\i, .

'

,.

,

.

.

~

. &gt;.
1

.
.

1

\}

lblonumento á lblaría Gferesa, en °0iena.
Tomado dircctame"le por el artista fotógrafo mexicano Señor Gu111ermo V.alleto, en la capital de Austria.
Sociedad

11

La Unl6n. '"-Carro alegórico

0

La Fuente. º'-Señoritas PIiar Cámara y Maria c~ntón Horta. (VI ala delantera.)

203

�204

EL MUNDO

CUENTO SANTO

C &gt;no !os apóstole~ eran pobres y r6.Sticos y de cora•
zón s~ncillo y humilde, Jesús, su divino Maestro se
fºJ?aba cond■.uamente en instruirlos y prepararlos'con
ecc1on~. prácticas, á su alcance y el del pueblo 8 J
m1s16n de predicar el Evangelio de Dios á
~n~

'lis

f;!.º

Un día caminaba Jesús ~orlas riberas del Jord,tn en
C?tnpatlía de sos amados discípulos Simón y ,Júdas Iscar1ote. Do~ hombres trabajaban en una heredad inmediata al cam.100, uno de ellos hermoso y el otro mu feo
am~os homb~s saludaron muy corteses y afect~osos' ~
"je~us.l sus discípulns. Jesús y Simón devolvieron el san o u. 1os dos con el mismo amor á uno que á otro· mas
!1º aaí Judas que apenas contestó al saludo ~el bo~bre
ieo, Y por el contrario, contestó muy afectuosamente al
saludo del •hom_bre hermoso. :Sot() Jesús esta diferencia
Y así que ~e aleJaron un poco de loa trabajadores pre•
gunt6 á Ju das:
.-Júdas, ¿por qué has saludado con más amor al homb 1e hermoso que al hombre feo?
. ~Maestro contestó Júdas: el
vtaJero que e-ncuent.raen su camiQo un pedazo de oro y un pedazo
de pedernal ¿cómo ha de estimar
en ta•to el pedernal como el oro?
!esús calló, sonriendo á J údas
tns~mente y él y sus discípulos
continuaron el camino.
Como hacia mucho calor y la
jo~nada ita siendo larga Ydesabrida, sentáronse bajo unos árboles á cuyo pie .brotaba una free•
ca Y. cristalina fuente, en que se
refrigeraron así que habían des•
cansado un poco.
Bntreteníase .Jesús conforme
platicaban, en golpear con su bá«;:ulo un ribazo que daba sobre la
tuente, cuando deeprendiéndose
un gran c(,sped, aparecieron so·
bre la tierra removida, un pedazo
de oro y un pedazo de pedernal.
.J údas lanzó un grito de sorpresa. y alegría al ver el oro y se in•
chnó á cogerle.
-Deten~, amado .T údas, que
soy yo quien ha descubierto ese
pedazo de oro y ese pedazo de pe·
dernal, y el pedernal y el oro
son mfoa y no vuestros.
-Cierto, señor, contestó Simón, sin vacilar.
-Cierto, dijo también Judas
como de mala gana.
,Jesús tomó :el oro y el pedernal1 y después de cerciorarse de
que oro puro era el primero y pie~
d~ el segundo, extendió hacia el
Oriente sus brazos, suspendiendo
e?, !a diestra el pedernal y en la
s~mestra el oro, y dijo á sus dísc1pulos:
-Quiero hacer&lt;,s dueflos de este ha~lazgo. Tomad li un tiempo
de m1 mano lo que más os plazca: uno el pedazode oro y otro el
pedazo de pedernal
Yal decir Jesús ésto Simón'"
,Jud~s se lanzaron á u-d tiempo á
Fu diestra y á su siniestra para
coger, Simón el pedazo de pedernal y ?udas el pedazo de oro.
,Jesus calló, sonriendo triste~ente á Judas, y con alegria á
Sunón y k&gt;s tres continuaron por
las desiertas orillas del Jordán.
_)laestro, dijo Ju das, el sol declina ~a 1 y apenas hemos tomado
hoy alimento alguno.
-;-Cierto, contestó Jesus. Adqmere, amado Judas, con un poco del oro que lleva.e, alguna vianda con que nos remediemos loe
tre!l.
.Ju~s miró á_ todas partee, y
no ,·1endo por mnguna mas que
calladas eoled!ldes, :eplicó:
-1\laestro, 1mpos1ble es hallar
en estos desiertos quien nos la
,·enda.
,Jes~s sonrió á Judas tristemente, v dilo á Simón·
g-"s1¡:ón, pescador eras en el mar de Gali lt-a
·
tm n comprendió lo que el ruaest.ro de b
cáddose ~ Jordún 1 arrojó á la corriente un s::z~~l~ ~i~~
ca o a 1 e.a.bromo en una cuerda y poco d
é
arrastrando con el un pe
'
d
espu s 1a retiró
J ,
s· ó
. z muy gran e.
aiu~s~z~anb.e~i:~~~eron plácidamente al ver fuera del
-¿De qué nos sirve ese pez, les dijo Judas si no te .
rnos fuego para asarle?
,
ne
.Jesús Simón callaron; pero Simón tomó un oco d

f

l~?:ft j~~~~:/c~nu!\ :~~~~ 1d~~~ºbá~~~ e:apr:::ª~
ebn°)udi6, pocoddespués el pez tomaba el colÓr ali oroeS:.
re as ascuu e una alegre bogue
h
P!]ésd Jedsúa Y los dis~ípulos continu~bin ns°u ':'!i~o~e¡'!:
via os e. 1as angu~tms del hambre.
1
p_art1~edvolv1leron con cuidad.o entre los pliegues de
a umca, u as a pedazo de oro Y Rimón el da d
peder~al, Y JPsús mirándolos alter~ativame~: ~ºn ·Ó
con tristeza á Judas y con alegría á. Simó
'
rt
Cuando llegó la noche que era bsc
n.
el pecadoi Jeeús dijo á s~s discip~lost-a, obscura como

t~

DOMINGO 28 DE MARZO DE ,197

. -Necesitamos luz y descanso para continuar nuestra
EL CERDO Y LA ABEJA
Jornada. Luz nos la dar.i el nuevo día, sueilo y deecan •
sho ntaos dar.id este bosque. Descansemos y durmamos aquí
as. que espunte el alba.
A uno de melena.
Dicho esto, Jesús y eus discípulos se acostaron sobre el
olroso cé~ped, Y momento@ después Jesús y Simón dor·
Atardecía. El poeta, aentado en una banca de piedra.
m an apaClble~ente, pero Judas velaba temeroso de ue dei bosque, se puso á monologar de la siguien~ manera·
d upedazrante eldsueno algun malhechor llegase y le arreba~e
~ volveré á pintar cuadros tan bellos como E'H~ u~
e1
.º e oro que poseía.
á desplegar ante mis ojos el crepúscu\ ... ¿c'J.né
Bramidos de fieras comenzaron á oír.se á lo lejos cada uu I a. encuentran los lectores con ver los paisaJt·s ue
vez~ acercaban, se acercaban más. Jesús Simó'
bi°eqbeJo con mano de artista? Ya es tiempo de r:t&gt;iub~·ar
contrnuaban ap~ciblemente dormidos, ni 1ls oían~' q~ a go ueno en las almas. De hoy más mis ve1'808 t:nce~udas, :J,Ulcont1nuaba despierto y cada vez más ate'rrid.o
fábr1n un folldo de sana moral. Me dedicaré á escribir
, eto,ped r
sus compaileros y les hizo notar el peligro qu:
._u as. ¡Este género de literatura es tan provechoso' El
a.
os amenazaba.
nmo ~ la vez qu~ @e divierte con la charla gracio1m' de
tod-A¡ado J udas, le dijo Jesús. la luz inspira terror á los 1m:les, tet1ene con facilidad la moraleja que como
os os ma 1os, y por eso huyen de ella. Ad uiere con senu 1a. 1enhechora cae en @u corazonoito para p~ducir
1
d~rpo~~d~e:ib~rqnuosedllelvasl?-n poco de luz, cuio resplan- cop ~ 1 t!e~po frutos riquíeimos.
~
. . e pe 1gro que temes.
d ~ncipiaré, pues, por atacar la pereza que es el origen
-d.éfaest r0..., rephc.) Judas, ¿quién en esta soledad ha de
e ntos males y el m.is repugnante de los vicios. Haven •rme 1ar
blaré del cerdo, por más q ne ya casi todos loa fabulistas
lo hayan tomado cnmo prototipo
DAMAS GUAT:EMALT:ECAS
de la tlojera.
¿Qué otro animal simboliza la
ett:rna pultronerla?...... Y bien
luego que establezca unsimil per~
focto t11tre el cerdo que yace en
el fango y el hombre perezoso que
se revuelca en el lodo de los vi cios, ¿á quién tomaré como emblema de constante laboriosidad?
Indudablemente á la abeja
Y oyendo tal nombre una de
las mil que se ve1an en la cercana
ttoresta, y que, acurrucada en el
caliz de un lirio, había escuchado
atentamente al poeta, no pudo
contenerse, y abriendo las t-emblo~osas alitas de gusa, hendió
el aire con la velocidad de una
tlec!~a y fu(\ colérica, á. clavar su
agw¡ón en la nariz amoratadadel
boberuio sofiador.
Ay! ...... dijo este-dando una
fuerte palmada á la. abeja, que
rodó como una ebna sobre el
cesped. ¿Porqué me hieres?
-Purque iudigna oirte hablar
en contra de· la perezu y á favor
del.trabajo. Bien se te pudiera
aphcar á tí lo que á cierto tunan·
te: 11Predica1 pero no aplica.» Tú
que dtbes ocuparte en remediar
las necesidades de tu familia¿por
qué no trabajas? ¿Piensas acaso
que e!:c~ibir versos es oc~pació~
pr_oducu_va? Te e;11ga1las, amigo
mio. Ocupate de t1 mismo y deJa
á los ~em,ís á. quienes p~c.endes
c~rn&gt;g1r. Observa una vida labor10sa y activa, y así serás un li•
bro abierto para los holgazanes.
Es ~al vis~ que prediques y no
nphques. , amos, remienda tu
levita raida y mugrosa, y que te
c?rten la melena que cae en lac1os mechones sobre tus hombros.
T.la pasado la época del roman•
uc1smo. Anda, recortate esas
ufiaa que parecen garfios acerados, y busca de taller en taller
t-n qne ocupartl-', para que alimentes á tus hijos ...... á esos po·
Llres niños, que muchas veces
cumo los de la leyenda alemana'
hambrientos y cansados de llora;
se van queda11do dormidOtl al son
del arpa ..... .
D~ @úbito ,;e oyó á lo lejos el
sou';&gt;ro retmtm de una campani•
ta t1pluda que llamaba al enjambre¡ 1a luna asomó en el horizonte la mitad de Au disco como un
t.rozo de cristal opaco, y la abeja
cortando bruscnmer,te el hilo de
sus conse,o!§ y Hin decir 11adioe,1
tuese perdiendo como punto ne~
gro en un claro del bosque.
El poeta, nervioso v febril tornó
á eu hogar, y echando en ~co roSeñora Carlota H. O. de Kelly. (Escritora.)
to las palabras de la heridora se
te
puso li escribir, á la parpadeanhi!1"eªnúds caellló; k&lt;&gt;rnanl do á reclinarse en el césped y Simón
1
.
o peuerna , encendió una ho
' 6
' eerd.1. d.e uu fa;0lillo, la fábula que debía titular l(EI
. ? ~ la AbeJa."! cuando C..rncluyó su obra repet.fa con
~~r;ej :~n!~:t!:ªtefieras sa_alejába;u;~~~~t~á:s
del~c;r~nanto provecho sacarán de aquÍ los perezochores le robasen su:~~-º e que vm1endo los malhe- S?S· mientras él reía, loco de triunfo, su esposa en un
rrn(6n de la buhardilla, decía al pequefiito con 'materna ternnra:-no llores, hijo mio, ya no llores 1 tan luego
como amanezca iré á conseguirte el pan que me pides.
JUAN B. DELGADO.
J A~1 contm~aron larg() tiempo y por diversas ~omarcas
Marzo de l 897.
e•bus ydsus_d1s~ípulo~, Jesús ensefiando Y amando á. los
po res e c1enc1a y ricos de
ó s· ó
piedra que daba luz J d
n, un n llevando la
h~ta que Jlegó un dfu e~ ª ~~ J~~Ó;ueposo_lo ddaba pes&lt;?,
4 .
miento la pied
,
meo o por c1de esto llamó~qd 11evatóba S11n6n, á quién en memoria
. dr ect·
es e en nce3 Pedro, que quiere decir
~~~ ~iav~~~i¡1 p!9ran PJnerta para entrar en el cielo,
viendo
ro, Y udas Pe ahorcó de un sáuce
abrir 1a'r~eu:~~~d~i'&lt;int~;~ para hacer llaves con qu~
Tan grande ea tu virtud que est.oy seguro
que es verdad lo que dicen muchas gentes
A. DE TPUEB.-\..
qne ~ fnerza de eer puro
'
Bt:: mueren cou tu aliento las serpientes.
CurroA.lloa.

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1891

ENGAÑO SUBLIME-Por roaríal;escot.
NUM:ERO3.

eD:t:{t

~J

i:º1~

~i~:~iI~~~}\~~g}~2~:~~~t:~!:1~ 1:ú!n;
coraz

209

de emoción entrar en su cuarto, 1:1 creyó en una de eens
escenas de celos áque estaba acostumbrado; lo creyó miis
aún, cuando con mano temblorosa le mostró ella la carta. Resolvióse él á llevar la cosa en paciencia y salir del
paso con algún engaño ó con al~una broma. •Acaso sea.
preciso un regalo, grui\ía él entre dientes. Ah! cuestan
caro las mujeres legítimas cuando tienen el impudor de
mezclarse en la conducta de sus maridos.•
Desplegó el papel, silbando un airecillo......... •
-¡Qm! es esto! ¡qué es esto! exclamó con una voz tonante. Qué es lo que nos cuenta ese viejo Joco? ¡Yolverae
,í. casar! ¡ah! ...... pero yo me opongo á ello! Esto no es
leal, eeto es un abuso de confianza, una picardía, una.
burla. ¿Qué no ea bes tú que rehizo el contrato de matri·
monio, no d1lndote más que tu legítimn, loa cuatroci~ntos mil francos de tu madre y unos miserables quinien•
tos mil francos m:b? El se guardó todo el resto, los gruesos millones. ;Y ahora se casa con otra? ¡Yiejo pillo! ¡y
no dice con quil~n! ¡Xo oea decirlo ......... con una'. ........ .
Ajü la carta oon cóler.1; pe.ro cuando iba. :1 arrojarla al
fuego, algunas líneas de finísima letra apar1.:cieron ,¡ sus
ojoe. Xi ella ni él, en su tnrbaci()n, las habían notado.
El voh-iü á tomar el papel y leyó:
~:.fi querida Yalería:
"Soy muy feliz en convertirme en madre \"'Uestra, por
que tt•ngo por el Sr. )lartín tanto r~~peto como cariíio.
11Dignaos recibir y mostrará vuestro marido la seguridad de los eentimientQs que no tengo nect&gt;sidad alguna.
de banco.
de expreearos y de los cuales no de~o sino daro:: una.
¿Pero dónde? ¿cí1mo? ...... Por más bue•
na voluntad qne él tuviese no podíndar• prueba.
••Bt:LTH.\X.\ )lERlADEl".
le expliwciones ahí, en la playa ..... .
¡Oh!
esta
vez
no
fué
un
grito
sino un rugido de Leodi-Es indiepen8Uble que vaya u~ted á mi
casa.
ce. Sus dientes se apretaron, sus pulios se crisparon y le
~- Ella. mo,·ió su linda cabeza, un poco vino un remordimiento feroz de no haber¿e desembaraperpleja, pero rápidamente tomó una de zado de ella de no haberla arrojado al mar de un punt:i.1
decisión.
pie1 como á. unrL besi.ia venenoi:ia~ cu:.1ndo se había ella.
-)li padre iní. á darle á usted las graacostado en la are11a eeper,rndo la muerte.
cias, sefl.or y me conducid t\ casa de usted
ttYo me yengar~.•
á la hora que usted me indique.
»Yo me vengaré," había dicho, Recordaba él la cruel
De-ede aquel día el eeñor )Iartín cesó
burla con que había recibido.P.sta amem\za ...... ¡Pardiez?
de deplorar la aueencia de Yaleria.
y ee vengaba de una manera. mús segum que si hubiese
•·········································· ···············
hecho fracasar su matrimonio. Perdida. Yalerin, él haEl sott.1r Alltrlt11 a ln llniora Le6dice Mnr-""' :,._
bría. bmcudo otra novia. Cuando un mucllacho guapo seti,1.
resuelve á ca!-arse con una mujer fea, siempre halla. mal"i:lla Jfartín, en Ktroitk.
nera de venderse á. buen precio.·
cc!\Ii querida bija:
~
.:_-:cs.
Pero la fortuna coll.lprometida no se vuelve :.í hallar.
(lLa
presente
carta
te
llevará
una
impor~-4~~Los
)Iartín de P:lrís disimulaban desde hacía algún tiem·
tante noticia y no quiero dudar de que tu
po
eus
embarazos por (alta de dinero; con la dote de Yamarido y tú la acogeréis como buenos hijos respetuosos
Con gran asombro del sei\or Martín, no era de un per·
leria se había podido pagar las deudas, lernntar la casa.
de mis voluntades.
mi.so de caza de lo que Beltrana iba á hablarle. Había
11!\Iira tu, mi vida era demasiado trist-e¡ me eentía de- por algún tiempo, ju~tamente el necesario para aguardar
leído ella acaso en sus ojos su horror á las mujeres ociola herencia de )fortín de llrest. Pero casado Martín de
masiado solo, muy abandonado. N.o te bogo reprocbefl,
sas? Lo qne solicitó fué trabajo, el medio de ganarse Valeria no se los bago li tu marido; pero es un hecho que BreE:t, los millones y la herencia, todo desaparecía, todo
1
honradamente la vida y lo hizo con bermosl'@imas palani uno ni otro cumplisteis vuestras promesas: él, de po· iba á ser preea de aquella linda muchacha que 1:abia aliar
bra.a: "El trabajo, dijo, es la verdadera nobleza y debe
nerse al frente de mi casa de Brest; tú, de pasar el estío tan bien f:U venganza á sus intereees.
uno estar orgulloso d~l dinero ganado con probidad.»
¿Qué podía hacer él ahora? ...... Las súplicas de Yaleen mi villa.
Al escucharla sintió@e él halagado en su orgullo pleberia,
sus amenazas, sus revelaciones misma!&gt; permanecían
«La. pequeña permanencia, tan precipitada que hiciEte
yo, el mas susceptible, el más exigente de todos los or@in
resultado.
¡Ah! ya bnbía visto él esos amores, sabia.
aquí en la primavem última, me probó de tnbra que yo
gullor. Hablaba con una voz clara, met.ilica, un poco ás
que ninguna locura juvenil puedecomparárs~les, yademtís
había acariciado una quimera. En fin, ,~alerin, no quie•
pera, que vibraba de nna manera extra.na.
ro recriminarte; os perdono con todo mi corazún v11tctro recordaba el magnífico poder de sus ojo~, al cual él mi3Para responder á. su confianza, él le dió algunos but&gt;nos abandono, dirfamás bien, ynestrn. ingratitud. Un l'tngel mo habfa tenido tauta pena de Sltstraer.:;e, al que ncaeo
consejos. Caminaban el uno cerca del otro; él, excami- del cielo se ha dignado encargarse de consolarme. Ella habría cedido sin la triple coraza de aY,iricia, de egoisrno,.
nando concienzudamente lodas )as p,,siciones que conquiere reemplnzar á. la ,·ez á la hija olvidadiza y á la san- de libertinaje de que se envolvía. ¿~o era acaso ci~ti\J
vienen á una. mujer, ella escuchándole con una respetuota eepoE!a que el cielo roe arrebatú; me daau juventud, su que le había turbado más aquella blanca muchacha di,
ojos leonados que todas las cortesanas de París? ¡Cuánto
sa deferencia, sin nada de domesticidad porque, en priafecto y su abnegación.
tiempo había recordado á la joven, de una tan extraña
mer lugar, su padre no la hubiera permitido y él, el Se(lEelaremos unidos dentro de ocho día~.
nor )lartín, no la hubiera aceptado tampoco. Qué diablo!
, «No os pido, hijos míos, que asistsis á mi matrimonio, belleza, en su rebelión feroz, tan a.pa~iouada, en sus súesa joven que le cónsu1taba tan ingeuuam1:nte se con- qut&gt;, por otra parte, se efectuaci en la más eetricta intimi- plicas! ¡Cuántas veces la había vuelto á. ver prosternada.
vert(a á sus ojos en lo que es la cliente para el abogado,
dad; pero me apresuro á ai\adir que mi casa es siempre á sus piee, 6 acostada sobre la arena y envuelta en sus
vest.idos negros! ¡Cuántas penas había. tenido para olvi•
en lo que es la pupila para el tutor. El debía velar por la vutstra y que seréis bien venidos.
darla! ¡Olvidarla! ...... En aquellos moment.o3 se confesasus intereses. Por encima de las domésticas están las insTu padre que te quiere:
baque no la había olvidado un solo instante.
titutrices, las damas de compañía! Hum! hum! La miro·
Martín y Com¡m,""iiu.u
ba más atentamente y la eucontraba mncho más linda
..\.mor, fortuna, toda se le escapaba. Era inútil la lucha.
YI
para esas situaciones inciertas, tan expuest.as á la tenta
Beltrana debía estar bien segura de su victoriapnesto que
Cuando Valeria hubo acabado la lectura de esta carta
ción y al insult.0. Poco á p..,co, el interés que resentía se
había permitido á. M. Martín que les escribiese, puesarrojó un grito y toda temblorosa, la llevó á eu marido.
transformaba. No se trataba de una clie11te, ni aún de
to qua habfa unido á su carta aquellas_lineas que resana•
¿Como iba él á acoger semejante revelación? Apenas
una pupila; era de su propia hija, de otra Yaleria, pero
ban como un desafío. 11¡Qué necedad he hecbo-repetíasi ella notó que el nombre de la futura 1;-sposa había eido
reconocida, y para la cual no podía meno:! que tener una
quemando las cartas de que ella fué tan pródiga! Sí, ¿pe·
omitido. Este nombre le importaba poco, por lo demás:
ro quién podria preverloentonces? ...... Soy yo quienaho•
viva eolicitud.
en tal momento permanecía aterrorizada por el te·
Como el Sr. Martín sedetuvieeegeeticulando, animán·
ni. estoy sin pruebas y ella la que sobrenada.
mor del descontento de Leodice. Yiéndola toda pálida
dose; amontonando argumentos sobre las objeciones, ella
pidió tímidamente el permiso de ex•
preur sus desem: Habfa una carrera n&lt;.tablemente independiente-, interesante,
útil, bella entre todas, y como él la inte•
rrogase con la mirada, e la atiadi6.
-El comercie,, la indm~tria, esa, grandes emprerns en que el nombre de «::\Iartín11 brilla con resplandor tan vivo.
Obtener que le fuese confiada la teneduría de libros de la casa, tal era el sueno
que habia forjado y para la realización
del cual, después ds muchas vacilaciones,
se atrevió tí. solicitar su apoyo.
El movía la cabeza, con un aire de
aprobación. Aun cuando las mujeres fueeco rara vez emplendti.s para esta tarea,
era posible que ella la obtuviese, grocias ,í
una recomendación eficaz ...... Solo que la
teneduria de libros e-s una ciencia: ¿conocía ella la part.et/·cnica? Francamente,
confesó Beltrana la insuficiencia de su eaber. ¡Ah! si pudiese obtener algunos consejos, algunas leccione~!
Había fijado en 1~l eus ojos suplicantes,
cnyo fluido la envolvió del todo ..... .
Pues bien, sí, yn que ella lo deseaba,
le eneeñaría la contabilidad de las cama

~

~ ~~r~}t

�EL MUNDO

20

VaJeña esperaba temblando que él hablase. Leodice
tuvo una irónica y maligna sonrisa:
-E-;:Cribidle, querida mfa á vuestro padre; aseguradla
los votos que bago pa,ra que la peste lo mate y el diablo
se lleve á la fiera intrigante que va á arruinarno~.
Y cm&amp;o.do ella salía la siguió con una perversa mirada
y alladio:
-En. eui,.nto á tí1 chiquilla, si crees que en lo de adelante voy á molestarme ..... .
Ya solo, púsose á recorrer con paso nervioso el elegante gabinete de trabajo, donde casi no trabajaba.
Se dettvo ante un bureaudeébano con ricos ornamen·
tos de cobre, hizo jugar un resorte, y abrió el cajón secreto donde - por- medida de precaución guardaba su correspondencia amorosa; pero en vano examinó uno á uno
loa billetes:multicolores y perfumados: "No hay nada de
ella, dijo-ya lo sabía; yo no daba importancia alguna á
sus cartas, las deegarra.ba á medida que las recibfa. Ella
tenía la manía epistolar; era inútil que yose lo prohibiese. Endiabladamente compr9metedora para mí esta correspondenoia, por estar casi á la vista de Valeria, hoy
se vuelve preciosa, de tal suerte que darfa lo que me pidiesen por uno de tales autógrafos.,1
Brutalmente, arroió de nuevo en el cajón los pobres
billetes llenos de ternezas. 11¡Ni una prueba!. .... . ni una
prueba!i1 ..... .
¡Dd: pronto, su frente· se despejó! ¿Ni una prueba?
¡Quién sabe! u¡Ahl Beltrana, la hermoea1 acaso babeis
cantado victoria demasiadoprontoln Después entre dientes, añadió: «Esa circunstancia siempre me ha parecido
e:rlraña: Sommeres está aqui, él debe saber ... apretándole
él di['! todo. ¡Ah! Martín de Brest, esperad un poco1 yo
os haré pagar vuestra imprudencia y la linda suegra que
me dais!n

•
••

Un domingo de Febrero, al salir de misa mayor la sefiora FvuTneron, se detuvo cerca de la fuente del agua
bendita. distribuyendo ligeros saludos y ligeras sonrisas
á todos los que pasaban. Por fin aparecieron las señoritas de Lezines, que, como de costumbre, habían prolongado sas oraciones ... ... ... Apenas las tres mujeres bubieronsa.lido de la iglesia, Jacobo de Sommeres que perdía
el tiempo en el atrio, se aproximó á ellas. Fué acogido
con una frialdad un poco altiva por las dos Lezines1 que
no le per,lonaban su pereza.
La Sra. Fourneron le censuraba también por otros motivos. «¿Practica?u Era la primera pregunfa que hacían
las madres prudentes cuando ella proponía un candidato á b mano de una heredera.
No; esa mala persona dé.Jacobo no practicaba; porque
en buena conciencia no se puede llamar practicante á un
hombre que no llega á la iglesia sino en el momento del
Iie mi..Ba est, y cuya total devoción se limita á. distraer á
las piadosas devotas que salen de la santa casa.
No; J"a.cobo no practicaba; siempre é inut1lmente le
había censurado esto; pero en aquel momento otra cosa
la preocupaba.
-Ya sabeis mis pobres amigos, dijo, esto no va bien.
Elena no ha podido levantarse ayer; ha tenido dos síncopes y si yo no hubiese estado ahí.. ...... .
Ciertamente, noticias tales eran tristes y ninguno se
hubiese atrevido á poner en duda la veracidad de las palabras de la. compasiva y excelente tía Fourneron; sin
embargo, el sonido de su voz era alegr.e ¡Bah! quién censura á.un médico porque se enriquece en tiempo de epidemia; á un abogado porque se regocija cuando los hijos
de un mismo padre se arrojan como lobos rapaces sobre la herencia paterna1 ensefiá.ndose los dientes? ¿ Por
qué, pues, mostrarse más severo con aquella mujer solícita?
Ella continuó:
Si, doa síncopes! El doctor no es~á tranquilizado del
todo.
Yo le hablé aparOO cuando salió de la pieza y no me
disimuló que la situación es de las más serias. nAh! querida señor&amp; Fournerón, me dijo, qué dicha para Duvernoy la de tener á usted cerca de él en estos crueles momentos.
Que sería d~ él sin la admirable abnegación de usted?&gt;,
Las señoritas de Lezínes hicieron un gesto; á pesar de
su caridad bien conocida no gustaban de escuchar largo
tiempo los elogios que se discernía su tía Fournerón.
Jacobo fué quien exclamó:

-Como! como! la pobre prima Elena .... . es posible
que se halle tan mal? eHo me upena mucho; experimento por ello un real pel:lar. La he visto bien poco desde
hace dos afios; ha habido entre nosotros un poco de resfrío con motivo de una historia de su hermano Felipe ...
y á propósito de Felipe, me parece que va á Volver; su
tiempo de mar debe haber espirad.o.
-Si, muy pronto, dijo la Eefiora Fourner6n 1 y Dios
quiera que eucuentre aún á su htrrnana!
-Tienen el uno por el otro una ternura profunda, replicó Jacobo; serfa ese un desgarrador y triste retorno.
Pero, porqué diablo ee ha rehusado ella obstinadamente
á abandonar Pontarliery, á pa!,lar en el medio día la mala
estación, como el doctor le aconsejaba?
-Por qué? pronunció sentenciosamenteAglaé con una
indiferencia fatalista, yo encuentro que tiene razón: aquí
ó ah1 se cura una cuando Dios quiere.
-Pero Dios no siempre está dispuesto á hacer milagros; hay un proverbio que dice: uAyúdate, que el cielo
te ayudarán
- Yo estimo que Fernando ha errado mucho en no llevarla á fuerza.
Todos por lo demás estuvieron de acuerdo en censurar
la debilidad de Fernando: se dejaba domiuar por su bija
y no tenía más cuidado que el de satisiacer á aquella nifía chiqueada.
-Apuestoá que no ha pDrtido, dijo Jacobo, por que Lila quería hacer bolas de nieve, y no hay nieve en el Medio dfa.
-Es cierto1 añadió la mayor de las Lezines, la sefiorita Eulalia, que la debilidad de nuestra prima por esa niña, sobrepaea á todos los límites permitidos. Sabe usted
que me han contado? .Antes de ayer á las cuatro, Lila
entró con su padre á casa del pastelero para comer una
golosina. Yo censuro, bien entendido, esa moda de hacer come, pasteles á los niños, en •v b de un panecillo; lo
cual sería más higienico; pero no es eso todo. A traves
del aparador de la casa, Lila, percibió tres pobrecillos
que la miraban con ojos ávidos. Y declaró perentoriamente que no comería su pastel si no se les daba también
á ellos. Fernando cede al de&amp;eo de su hija; más be aquí
que otros pobrecillos llegan, y otros aún. Era Ja hora de
la 3alida de la escuela: todos los niños de Pontarlier se
encontraroll bien pronto reunidos ante la pastelería. Lila distribuye los pasteles, despues las crema.e, después
los.merengues, después los bizcochos¡ por fin les llegó su
turn9 á los pasteles grandes, que fué preciso cortar en
trozos para todos aquellos pícaros golosos. Resultó que
en la noche, cuando yo iba á buscar para Aglae y para
mi una rosquilla de ciruelas, ya no había nada! Ah! ella
les llevará muy lejos si continúan educándola así!
....--Aglae es su madrina, dijo la tía Fourneron; debería
hacerle algunas observaciones.
-Lo he intentado, dijo agriamente Aglae, pero he sido
muy mal acogida. Elena me ha respondido que era tan
feliz con la gran ternura de su marido para su hija, que
me suplicaba instantemente que no hiciese sobre el asunto observación alguna. 'Verdaderamente yo no la entiendo.
No, no la comprendían ni Aglaé de Lezines .ni la tía
Fourneron tampoco, ni Jacobo de Sommeres y E!in embargo, era él, si hubiera estado dotado de penetración,
sobre todo, si hubiera recordado algunas de sus propias
palabras, era él quien habría debido comprender á Elena, compadecerla y no herirla. Pero esas palabras las
había arrojado al viento, con su imprudente ligereza,
sin inquietarse del terreno en el cual caían. Y habían
caido sobre un alma doliente, debilitada por la enfermedad, pronta á la duda, á la inquietud, á la desconfianza.
Se habían incrustado, habían echado raíces, habían ere·
cido 1 se habían convertido en esa cosa contra la cual no
pueden luchar ni_Ia raz6n1 ni la voluntad, ni el buen een •
tido: se habian trocado en idea fija. La idea fija! ese
mónstruo de alas negras que os obsesiona durante el
día con su incesante presencia, que se acuesta por la noche á. vuestro lado, que os despierta durante la noche,
que agita vuestros sueños y que por la mañana está ahí,
ante vosotros, desde que abrís los ojos; mónstruo tanto
más cruel, cuanto que frecuentemente estáis sin armas
para luchar contra él, que no osa confesar sus ataques y
disimula las heridas que os hace.
¡Ah! si Elena hubiese osado arrojarse en los brazos de
su ma1ido y decirle: ¡1Júrame que no lamentas nada de

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1'97

ese pasado maldito que yo ignoro, pero que excecro; JUrame que te encuentras más feliz en nuestra vida tranquila de provincia, que en aquella loca existencia pari•
sienee; en fin, júrame que si muero no darás otra madre
á nuestra hija.
Pero no osaba decirle esto aun cuando :fijase alguna
vez en.él sus grandes ojos de fiebre, aun cuandofreenen•
temente las frases de súplica temblasen en sus labi()I!,.
¡Decírselo! ......... y si iba, con esta imprudencia á evocar
el espectro del pasado y quien sabe si á hacerlo renacer! ....... .
Comprendía vagamente lo que es para el hombre,
y sobre todo para el artista, la atracción &amp;el froto
prohibido. Era preciso callar1 alejando de él el peligro y
la tentación. De suerte que rehusó obstinadamente abandonar Pontarlier por una de las ciudades del.Mediodía.
que el doctor aconsejaba. Quién sabe si Fernando se encontraría. en Niza, en Pau, en Kyeres, alguna de las intrigantes de otro tiempo, de las que tanta pena le había costado separarlo? Quién sabe si viéndola tan enfer•
ma, no entraría en el corazón de esas ambiciosas una
atroz esperanza? Qué podía hacer una mujer condenada
lo más frecuentemente :.t la reclusión en su cuarto, á la
inmovilidad en su sillón? ~o, no! era preciso permanecer en Pontarlier1 donde ningún peligro podía aparecer,
donde la liga de familia era una salvaguardia, donde podía ella contar con la vigilancia severa de Jas Lezinee,.
con las amonestaciones de la tía Fourneron y aun con el
socorro de Jacobo de Sommeres·. Y además, y sobre todo, era preciso atar estrechamente el padre á la hija. Es~
te fué "Su trabajo de cada hora 1 su estudio de todos los
instantes.
Desde que Lila pudo hablar, el nombre de 1&lt;papái, fué el
que balbuceó; desde que sus bracitos pudieron enlazar,
se suspendió zalamera, al cuello de su padre; fué á él á
quien dió todos sus besos, á sus rodillas fué á donde se
encaramó; después, más tarde, fué_á él á.-quien dirigiólaa
mil peticiones infantiles, á el á quien demandó juguetes.
Se hubiese dicho que la madre no existía; de tal suerte
la pobre Elena ponia su cuidado en desaparecer, tanta astucia empleaba en 1a importante conquista de ese corazón de hombre, por una nin.a. Ella, tan recta, tan franca, se echó á mentir, moetrá.ndose herida, y á veces celosa de las preferencias de la chiquilla. .Al mismo tiempo
se volvía severa, para que Lila fuese á quejarse á su padre y sintiese él 1a necesidad de defenderla, de amarla y
de protegerla.
Esta táctica tuvo pleno éxito: jamás un cortesano apareció más orgulloso de los favores de su reina ni más deseoso de ejecutar sus voluntades. ,valter Raleigh, uñ día
arrojó su capa á los pies de Ieabel; pero el Señor Duvernoy arrojaba todos los días á los pies de su pequeñuela
ea corazón entero.
VIH.
El aviso El Alci6n acababa de entrará la rada de Brest.
Sobre el muelle de arribo, la multitud se oprimía: una
zambra, un tumulto, gritos de alegría y de impaciencia,
resonaban donde quiera; las mujeres agitaban sus pafiuelos, los hombres sus sombreros¡ algunos se callaban, oprimidos por la emoción ó por la angustia; familias enteras
estaban ahí: viejos padres de cabellos blancos y chicuelos en los brazos de sus madres. Impacientábanse, irritábanse de la lentitud del desembarque y por fin estallaron aclamaciones y hubo abrazos y transportes de embriaguez y de amor.
Nadie ero.pero 1 se cuidaba de un grupo de jóvenes oficiales de marina que pasaban silenciosos, con esa emoción del primer regreso á. la patria.
Muy cerca, muy cerca, quizá en la extremidad de
Francia, pero Francia es tan pequeña cuando se acaba
de dar la vuelta al mundo; muy cerca1 pues, una hermana, una madre, una novia, los esperaban.
Dirigíanse hácia el Correo, y algunos salían con las
roanos llenas de cartas: esos eran los felices; otros expedían alegres telegramas y luego íbanse á. cenar juntos, y
como había baile en el almirantazgo 1 y se encontraron
cada uno con su invitación, la aceptaron. Hacía tanto
tiempo que no habían baih,do en Francia! Y sentían en
el corazón tanto bienestar y tanta alegría!
Felipe no fué de aquellos que salieron del Correo con
las manos llenas de cartas; ninguna misiva lo esperaba.
uElena no sabe mi llegada, se decía1 ¿por qué he de in-

DOMINGO 28 DE MARZO CE 1Ssn

21

EL MUNDO

quietarme? Es una coea sin importancia. Se pierden
tantas cartas ankis dad.legar :i nuestras manos!. ... .. .. .
Tc?legra.6'1, sin emb.irgo, y con una angustia que no
era duefio de dominar, esperó la respuesta. D~ suerte
que no cedía á. las instancias de su camarada :Merville y
rehusó ir al baile. Se sentía con el corazón muy oprimido ........ .
Merville se obstinó:
-Qué diablo de Aubian! sois peor que una sensitiva;
como vos, yo tampoco tengo carta, razón de más para
distraernos. Os llevo de grado ó por fuerza: entendeis.1
Cedió, como cedía casi siempre, cuando la cosa no vaHa la pena de una discusión. Después de todo, era cierto
.que valía más tratar de distraerse; era cierto también
que parecía una sensitiva. 1(Jacobo Sommeres hubiera
dicho uuna mujercilla,,¡ pensaba él, y le reprocharía :i
Elena haberme educado mal!,,

Los jóvenes oficiales danzaron hasta en la mañana,
ébrios de aquellas lucee, de aquellas flores, de aquellas
elegancias; despuée, pasada la cena1 se reunieron en el
hueco de una ventana y pusiéronse á conversar alegremente.
-¿Habeis visto, preguntó uno con tono desbordante
de entusiasmo, ha.beis visto en el gran salón á. una mujer con traje de satín verde claro? ¡QJ.é cabellos! qué
hombros! qué ojos!
-Cómo no la habíamos de ver! dijo un aspirante de
marina; no nos hemos vuelto ciegos al dejar el Alción, y
se necesitaría serlo para n@ notarla, tanto Illás, cuanto
que resplandecia también con todos los fuegos de sus
espléndidos brillantes. ¿Es soltera1 casada 6 viuda?
-Si es soltera, yo me caso con ella; si es casada me 1a
robo; si es viud::i., la. consuelo; declaró con fatuidad un
jovencito, á quien los vapor~s del champagne se le su·
bían 1t la cabeza.
-Es casada; pero si te la robas te roba.ria.s también al
marido, por que no la abandona y permanece clavaUü ai
respaldo de su sillón.
-Uíf que posma.
-Hablad con m{LB reepeto amigo mío, ese posma es
ocho ó diez veces millonario, es uno de los 1 icos armadores de B res t.
-Psh ...... !
-Y su historia es divertida, con un sabor particular
que la distingue del matrimonio corriente por dinero. En
ta11to que vosotros correis los marea, yo aprendo his·
torias.
-Entonces comienza tu relato.
-Chut! escuchad la historia de la mujer vestida de
satin verde pálido.
Había una vez un bellaco que hacia Ia corte á dos muchachas: la una bella y pobre, la otra fea y rica.
- Y se casó con la fea, ó el mundo ha cambiado mucho
deede que navegamos.
-Sí, peroqu6pensais vosotros de la abandonada?
-11.Ariaoo refería 8us penas á la roca .11
-Eso es clásico, eso lo aprendimos en el colegio: se
pr-atende que es uno de los más hermosos versos de Racine.
-En efecto, empezó así ií lo que se dice, solo que Ariana no tardó en advertir, que las rocas son:confidentes fastidiosos y monótonos. Un día, vió sobre la playa á un
hombre bajo y grueso, de sesenta primaveras, que la miraba.
- Y ella le contó sus penas?
-No, creo que no; la verdad es que no se sabe lo que
le contó¡ pero se dice que el ingenio acá.de á las jovenes,
sobre todo á. las jovenes pobres. Era una linda venganza la que el cielo le enviaba: ese sexagenario millonario,
era nada menos que el padre de su rival.
- Y se casó con él?
-Si, se casó, en tanto que el bellaco paseaba á su feota
por A.lemania é Italia. Ya adivinareis su chasco; parece
que amenazó á. su suegro con su maldición
-Y el suegro se dejó maldecir?
-Creo que sí¡ está loco de amor y la mujer es demasiado bella, convendreis en ello, para explicar todas las
locuras.
-Y n• se ha arrepentido el viejo de su imprudente
temeridad.? Ah! señores, señores, me hactiis ruborizar ........ .

-Ruborízate cuanto quieras1 Merville, ese traje de sa•
tío verde, es capaz de todo. En cuanto á arrepentirse
de su elección, el buen hombre no pjensa en ello¡ es tan
feliz como puede serlo un mortal. Cree en ella con firme
confianza que nada puede quebrantar. E3os rumorcillos
que yo os he traído, pura invención acaso que un yerno
cupido, frustrado en sus esperanzas, lanzó á. los vientos,
han llegado á sus oídos. Y piensas tú que lea prestó la
menor atención?. Arrepentirse! Oh! gran Dios! Puede
uno arrepentirse cuando tiene en su casa un tesoro de
gracia, de bondad y de sabiduría?
-Palabra de honor: estás enamorado?
-Sf, estoy enamorado, y no pienso en negarlo. Muchos otros se hallan en el mismo caso. Adonde nos lle~
vará esto? Ella rehusa ver, rehusa danzar1 rehusa plat~car y rehusa coquetear; permanece impenetrable en eu
reserva. Pero chut! ahí viene.
Una mujer de una belleza soberan.a, entraba al saloncito. Andaba con un movimiento lento y gallardo y mantenía elevada, en una actitud altiva, rn hermosa cabeza
rubia, co:ronada por resplandeciente diadema de brillantes. Avanzaba, hendiendo la multitud, en tanto que un
murmullo admirativo se elevaba ante sus pasos. Suma•
rido, metido en un traje negro, la acompañaba.
-Hum! dijo el oficial letrado1 se diría una sirena ..... .
remolcando á un cachalote.
Y hubo en ,m rededor risas sofocadas.
-Hablais demasiado alto, dijo uno, podrían oíros.
En aquel momento, en efecto, la joven pasaba ant,e el
grupo de oficiales. Al rumor de sus voces se volvió hacia
ellos y repentinamente la altiva indiferencia de Ru mirada se trocó en un extremo espanto. Ellos la vieron cambiar de aspecto, palidecer y temblar. Pero por un esfuerzo de voluntad prosiguió su marcha alejándose del brazo
de su marido.
-Que s_iga.ifica eso? exclamó el aspirante cuando ella
hubo desaparecido. Si hubiésemos tenido la cabeza de
Meduza á nue.Etras espald.s.s 1 no habría testificado más

~-,- -Y ,~.i:ftJ:l.

. .~_f:ii!:
horror y espanto. Quien de nosotros, seiiores, ha producido ese terrible efecto?
-Es de Anbian, dijo el barón de :Merville; ella no podía desprender de él sus miradas. ¿Acaso la conocéis Felipe?
-De Aubiá.n, replicó el aspirante1 esta es una traiciónt
¡Cómo! nos ha beis dejarlo vociferar tanto sin ad ve 1 tirnos
de vuestro .... de vuestro ...... cómo diría yo? de vueetra
intimidad con la hermosa Beltrana Martín?
-¿Habéis dicho Beltrana Martín?
-Vamos de Aubian, no bagais comedias, no neguei•s,
vuestra emoción os traiciona. Debíais confiaros á vuestros arnigos.
-Xada tengo que confiar señores; no cononzco á esta
mujer. Y afiado que no he oido las tristes historias á que
haceis alusión. No escuchaba, estoy demasiado preocupado y demasiado triste esta noche.
-Entonces, dijo el aspirante, después de un silencio,
si no la conoceis 1 os ha hecho mal de ojo ...... Las sirenas
son capaces de esto.- Debeis huir, mi pobre amigo; no
queda otro remedio.
-Huiré en efecto, respondió. Tan luego como esté
franco 1 partiré para las montañas del Doubs y pasaré con
mi hermana mis vacaciones.
-Yo, dijo, el baron de M~rville, voy á verá mi m1.dre; no quise anunciarme.i quiero SJrprenderla; pobre
mujer, será tan feliz al verme!
·
liAmE LElscoo:.
( C.mtinua, á)

�Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(Zalle ae la Glcalceria número 2'1',

$ntT• las calles ael II ae OOavo v }'lateros,

A.NTES EN LA. L A

aes

CALLE DEL "

DE HA.YO NUM .....

TORO I.

Surtido completo de las afamadas cajas de seguridad ''MOSLER"
CONTRA ROBO Y

ftEXICO, A.DRIL 4 DE I897,

CONTRA INCENDIO .

..lt.orit01'Ío$ Planos, Escritorios de Gortina, Carpetali altali para tenedor de libros, SiUones giratorios de tornillo y resorte en gran v ~

$scenas me2ticanas.

Archiveros, Prensali para copwr, lwreros giratorios,
Libreros con cristales, Ajuares de cuero para despachos, Máuui= para escrwir y demás muebles para ofici=.
La máquina para escribir «Esmith-Premier."
l'NJC-0 AGNTE EN LA REPUBLICA PARA LAS CELEBRES BICICLETAS "CLEVELAND."

El más CCJr-npleto surtido de accesorios para Bicicletas.

PATE EPILATOIRE DUSSER
t'íjpn¡;¡p, n la SILLA
UE \'0LTt0, la ú
11ica bicicleta qut

tit-ne PPta ''Pntaja

es la Yll'TORIA, le

más cómoda, hern,osa y fut.&gt;rte.
Las biciclPtae

YICTOR Y VICTORIA

tieneD más reformas modernas y exclusivas queningu•
nas otras.
Pídanse catá.lagoE
y pormenores,
Trachsel y Cia.,
U nicos A;ent.Ps pa
rala Rerublica.
Apartado 349 Calle de Gantft núm 8

dtslnlye hii.&lt;U Ju RAICES el VELLO del roslro de In d.amu (Barba, Bigote. tt.c.). si.
nin¡..'llu peh;ro para el cufü. 50 Año• de Éxlto.ymillart'S de tt-sümonio1praotiun ia e ~
de est.i preDMacion. ¡Se nnde en cajas, para ta barba. J en 1/2 oaJu pan el bi¡;ole ligero). Pan
101 brazos, emplee&amp;ecl P.l.L.l. f'U~A"• .D"CJ'SSER.1,rueJ.•.J••Rou•aeau,Parla.

•

ED.PINAUD

PARlS - 37, Bould de Strasbourg - PARIS

SALES AMERICANAS

ura 6 mezclada con agua, d.isi

NUEVAS SALES COLORADAS
Perfume vivificante, excelente contra las
fatigas y dolores de cabeza.
Perfuma y purifica las habitaciones.

AS, LENTEJAS, TEZ.ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES
•
&amp;
~ el oútl•

deAtBERCHIGO, YERBA SECA. HELIOrROPQ. IRIS, JAZMIN, lA'IANOA, t

.MKXtce

,,,.,.-~,~~~~~~~.Alill't.lllt:néoeé:aeM,.!Gb'1GltMdte... ,~.,,

j

CAL~

t

~L~~A

s~~JAL~~!~o ,oa. l

~-,~··~~~~~!~~~~~,¡,-~ .. ~- 1t

Vajillas para mf'Ra. Ju,gos de CriRtal. Juegn11 lavamanos. Cnebilleria y efectos pla•
teado!J. Lámparas de todos eistllus y para tode~ osos.

REMATE
DE

l&lt;!iO iiciclolas
Para hacer luaar l loa
NUEVOS MODELOS

DE 1807'.

Se hace el
20 POR CIENTO
DE DESCUENTO

Inmensa variedad de tfectos de lujo.
~ Se reciben novedades continuamente~

p

Por toda venta al contado.

,tl,""41M11""....&gt;U'~w-r•oo~.., • .,.w;e,,~w-,,i•irww•w:!jpw·w·wl1111•1111'w1$1W•"'

'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

Lms

MA:-.JARRÉ..~.

LA CERVEZA FERRUGINA,
BXCONSTITUYE.,.."iTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA•

Be recomienda á los anémícoe, á lae jóvenes c1or6,icu.
y á. las personas debilitadas por una prolongada perma
nencia en las ~iones cálida!:! y ma:.SS;;ias.
De venta en casa de loa Sres. E. Dutour y Comp., .A.gen
Ha Generales; en el establecimiento de la Sra. Viuda dt
Genio y Comp., ~ de Plateros número 3, y en &amp;od.oe Jo,
l)r incipales establecimienk&gt;s.

OPORTUNJ.DA.D.

Humber, Stearns, Tnrist, Wiuchester,
Record.
Pidan•• c•liro1oa y prccloa i

HILAR/O MEENEN,

Avenida Juárez no 6. México.

AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92213">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92215">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92216">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92217">
              <text>13</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92218">
              <text>Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92219">
              <text>28</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92236">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92214">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 13, Marzo 28</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92220">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92221">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92222">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92223">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92224">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92225">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92226">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92227">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92228">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92229">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92230">
                <text>1897-03-28</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92231">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92232">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92233">
                <text>2017472</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92234">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92235">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92237">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92238">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92239">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="991">
        <name>Carnaval</name>
      </tag>
      <tag tagId="993">
        <name>Cuento santo</name>
      </tag>
      <tag tagId="962">
        <name>Damas guatemaltecas</name>
      </tag>
      <tag tagId="990">
        <name>Damas mexicanas</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="992">
        <name>Los mestizos</name>
      </tag>
      <tag tagId="989">
        <name>Obispo de Yucatán</name>
      </tag>
      <tag tagId="988">
        <name>Señor Carrillo y Ancona</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3535" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2177">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3535/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._12._Marzo_21..pdf</src>
        <authentication>40f0b9603f6d5e8f39d941cc6114a235</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117357">
                    <text>EL MUNDO

-

=

DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

~ = = = = -===-

í!a nota ae la moaa.
-==='="~---===~-=-=-==-- -

~

_T_o
_ n=o_I_.~ = - = - = - = = - = = . . ;M=EXICO, M A ~ " ~ • 8 ~

=-

.

~

/fJ
~-

~

-

1

~

v¡

L--

.

ollo

ú

..

\I

~
..,&gt;

.

,l.

j

'

I

-.

'1

.,..,-v:

.
,,' .

}¡:

..

-

:J,.·

~

~

. -,,_
✓-.....

¡

-. -Y';--- .

-

"-t.- '-

~ r¡/#:1~-wt "f//?'-

~

capota parisienses.

/

-

~

...,·

1J'v

~atalla
$ombrero

... •

ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

•

N(Jlllft, RO

J:IO

�EL MUNDO

"EI, MlJNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
HJl:xrco

Toda la correspondencia que se relacione con la R&amp;,.
4acci6n, debe ser dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ee cobra. por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

.

Todo pa¡:o debe aer precisamente adelantado.
RtGiln'RA.DO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE•

Matas tbitarialts.
por qué uiue d "rl]antage."
Un grupo de personas resueltas h.a querido penetrar
en ese pudridero que mancha la prensa de todos los paf•
aes y que se llama cha,itage. Se ha pretendido realizar lo
que designó un colega con la !rase: la dMinfecci6n dtl perwdilmw, analizando actos y desentrañando hechos de
dudosa moral id.ad social. La tarea es más trabajosa de
lo que á primera vista parece, porque el mal tiene raiees
muy hondas, porque la plant.a se nutre del jugo extraído
de la tierra que la rodea.
El clu:,,ntagista, pícaro .fir. de siglo, que ha cambi rulo la
capa raída de Guzmán de Alfarache por el traje de etiqueta del caballero de los salones, y la rapiere de Satabadil por la pluma del publicista, encuentra en nuestro
medio un apoyo real, una base sólida, un escudo que lo
ampara y lo hace invulnerable, en la complacencia social, en la falta absoluta de va'torcivil para afrontar con
energía las vociferaciones de estos asltantes de la honra,
tolerados y sostenidos por las víctimas.
Esta tolerancia se traduce en una viabilidad positiva
de semejantes industriales, que encuentran mercado á.
propósito para colocar sus productos averiados. Si el
hombre amenazado con el escándalo tuviera suficiente
corazón para afrontar el siniestro golpe del flamante
bandolero; si se alzara á. un nivel superior, penetrándoee
bien de que dentro de los términos de ciertos pactos, tan
graves resultan para la moralidad social las proposiciones
del asaltante como la aceptación de estas proposiciones
por parte del asaltado, estos microbios perecerían.
La energía personal mexicana se derrocha en acciones
violentas, en actos impulsivos, pero nunca en actitudes
serenas y reposadas, jamás en tranquilos estadgs de conciencia, inspirados en el cumplimiento de un deber.-El
chantagista puede explotar canallescamente á hombres
manchados, puede fustigará impuros, puede acometer á
bribones; pero el hombre honrado que se deja envolver
y e:irtrangnlar en esa red infamante, y cei'iir su cuello por
eee dogal, es responsable de contribuir á la explotación
cín:cay desvergonzada de todos suscoasociados.
Es preciso fortificar ciertos músculos, vigorizar ciertas
fibras. inyectar energías en nuestra voluntad, siempre dispuesta á desfallecer en actos de suprema defensa social.
¡ Los hombres honrados que cgntribuyen al sostenimiento de los picaros, no cumplen con su deber!

Qfnfermebllbes sociales.
Juzgan algunos que el publicista está obligado á cerrar
los ojos, mostr.indoae ciego voluntario, á todo lo que no
es agradable. Imaginan que la prensa y el libro están
destinados á engañará. losespfritus con el polvillo de oro
de la mentira y las elocuentes estrofas de la adulación rimada.
Par.i estos criterios, tener la osad la de enfrentarse con
una dolencia social y escu:lrifiarla, y diagnósticarla, constituye un delito; en la conciencia humana, hidrópica de
saber, debe perpatnar.!e el error, antes de sembrar la
alarma y mantener en constante jnfancia á los cerebros,

arrojando sobre ellos pufiadoe de tinieblas y suaves pét.aloe de ro!!as.
lY nó! El publicismo moderno se dfatingue precisamente por su gran tarea de analizar enfermedades orgánicas, de desentrañar miserias, de destruir prejuicios, de
preparni: el porvenir con el estudio concienzudo y valeroso de los hechos. La ciencia, la gran impa~ible., como la
llamó Goethe, se difunde democráticamente entre las
multitudes1 revelándolas sus prolcngadas anemias1 descubriendo sus violentas convulsiones, dando á conocer al
hombre donde los idealistas y los cortesanos habían colocado al ángel.-No es preciso que una verdad i:ea agradable, ha dicho el ilustre Taine;¡ba..sta conque sea verdad/
Pero se nos dice, hacéis un mal á Ja sociedad en que vivís, haciendola saber de quá masa está fabricada. ¿'Mal
se llama sacará los hombres del error, ensefiarles sus vicios, sus defectos? Creemos nosotros que antes por lo
contrario, hay en la sinceridad de estas revelaciones una
gran ensef'ianza moral, un principio de alta conveniencia colectiva y de higiene social. Los pueblos se redimen de sus vicios por la ciencia, y hacer de ésta
una eterna cortesana, mercenaria que respeta todas
las cobardías y se inclina humildemente ante todos loB
caprichos, es desconocerla, prostituirla.
Pero todavía es más monstruvso el criterio que sostiene
que la exhibición de estas enfermedades desprestigia á.
los gobiernos. ¿Qué culpa tienen Josgobiernol!I de los productos morbosos de un estado social? Si el hijo de un alcohólico y una histérica tiene noventa probabilidades contra cien de ser candidato á. un delito, ¿se puede arrojar
el cargo al poder público de esta ley fatalmente necesaria,
y fuera de los límites posibles del Estado?
El Estado no dispone de las facultades extraordinarias de convertír el agua en vino y la concieñcia del culpable en el santuario de una virgen. La obertura del
Tannhauser no obtendrá gran éxito en una tribu de canf bales; nunca serán culpables los ejecutantes sino el auditorio.
Todo lo demá.s son extravagancias impropias de escritores serios, y que.tienen en algo sus deberes de educar
al público.

Jalftica &lt;l&amp;tntral.
RESUMEN.-La Cámara francesa en la Cuestión de
Oriente.-La última esperanza • .-......Aislamiento de
Grecia.-EI acuerdo de las potencias. -Aun no es
tiempo.-Concluslón.

Nube negra y sombría se cierne aún en el azui. cielo de
la divina Hélade. L1s grandes potencias ea ro peas en su
incesante afán de mantener la paz, y desoyendo los clamores de los infelices cretenses que rechazan la autonomía ofrecida, y anhelan sólo formar parte de la nación
helénica, han decretado oponerse por medio de la violencia á. las aspiraciones del rey Jorge, que ya soñaba en
la incorporación de la isla de Creta á sus Estados.
La actitud de la Ciimara Francesa adhiriéndose, de
buen grado, á la política &amp;.el gabinete que preside M. Mélline, y ahogando el sentimiento público que se inclina
en sus arrebatos romancescos á todo lo que es noble, á
todo lo que es grande, y rinde el tributo de su admiración
y ofrece el homenaje de sus simpatías á. los que luchan
en Creta por la santa causa de la libertad, ha venido á
desvanecer las ilusiones de los helenos que esperaban
encontrar si nó apoyo decidido en el pueblo francés y
material auxilio en el Gobierno de la República, por lo
menos una resistencia á los designios de los poderosos,
que indirectamente sirviera á la cansa del débil, á la aspiración justa del oprimido.

• •*
Según las manifest.aciones ruidosas á favor de Grecia
en las calles de París, según la opinión de buena parte de
la prensa, más dispuestJ á celebrar la desmembración de
Turquía y á. salud.ar al rey Jorge como paladín de la
idea cristiana, que á secundar las exigencias del emperador Guillermo, más que ninguno empeñado en reprimirá c&amp;f'ionazos lo que se h.a dado en llamar temeraria
aventura del gobierno griego: había motivos para creer
que la Cámara ::re interpusiera entre las potencias decididas á hacer valer la omnipotencia de sus re.soluciones, y

DDMINGD

21

DE: MARZO DE

1897

DD ■ INGD 21

los míseros súbditos del Sultán que han pretendido desJigarse de su -ominoso yugo, buscando el abrigo y acogiéndose al amparo de la madre común de los helenos.
No ha sido así: cualesquiera que sean las simpatías que-personalmente abriguen los diputados franceses por 1acausa de Creta, que es la causa delajusticia y de la libertad, han
debido sofocarlas y afirmar con su voto el lugar que Francia ha obtenido en el concierto de las naciones. Han debido pesar en su conciencia, no tanto las consideraciones
de amor á. la noble aspiración de los cretenses y al heroísmo de los griegos, que quedan abandonados á sus propias
fuerzas y expuestos á las iras fanáticas del Sultán y á la.
feroz barbarie de los musulmanes, como las conveniencias políticas generales, la necesidad de conservar un
puesto de honor en el trabajoso equilibrio europeo, y la
esperanza de atraer en favor de la República esa unidad
que no debe romper, cuando se trate de la evacuación
del Egipto, hoy sujeto á. la tutela britá.nica.
Parece que el sentimiento público se ha sacrificado en
aras de la alianza franco-rusa; no hay tal: si algún sacrificio se ha hecho, ha 8ido en aras del buen nombre y del'
prestigio de la nación francesa, llamada á desempeñar misión muy alta en no lejano porvenir.
Por lo domis 1 al garantizai: la autonomía de la revuelta isla, al comprometerse á su pronta paciflcacióñ, y al
desprenderla del dominio directo de la Sublime Puerta,
creen las potencias y con ellas Mr. Hanoteaux, ministro,
de relaciones de Francia, que se atiende lo bastante al
clamor de los pueblos, hartos ya de la dominación muslímica.

X.X.X.
Marzo 18 de 1897.

EL MUNDO

EL DOCTOR JUAN B. HIJAR Y HARD

( Apuntes para un estudio.)

Acaba de morir en esta ciudad uno de esos hombres
ameritados, á quien su excesiva modestia no dejó bri •
llar tanto como merecía, en las esferas altas de la política, de las ciencias, de las letras y de la diplomacia.
Me refiero al Dr. D. Jnan Bautista Hijar y Haro, nacid•)
-en Guadalajara el 24 de Febrero de 1830, muerto en México el 5 del actual.
Condiscípulo de Don Ignacio L. Vallatta, &lt;}.el general
Ignacio R. Ala.torre, del Lic. D. Emeterio Robles Gil,
fué, como estudiante, de los más notables en el Seminario de Guadalajara. Cursó con brillantez la medicina,
siendo uno de sus maestros más amados, el Dr. Clement.
En cuanto obtuvo el título, dió la cátedra de terapéutica
en el Instituto de Ciencias, é impulsado por sns convic·
ciones, salió á. campaña. como Jefe del Óuerpo médico
militar, á las órdenes del general D. Santos Dt:gollado.
La gravedad y muerte de Agustín Degollado, hijo del ge·
neral, le retuvieron en Morelia, en los días en que sus
compafieros fueron fusilados en Tacubaya (Abril de
18-59.)
Este triste suceso y el fusilamiellto de su íntimo amigo Herrera y Cairo, le infundieron más brío para combatir, en unión del señor su padre, en deíensa de las leyes de Reforma.
Su caracter bondadoso, su lealtad á. toda prueba, le
conqu.istaron amigos, como el heróico general Antonio
Rosales y el mártir Leandro Valle, que cargó su camilla
en Zapotlán, cuando Hijar y Haro, atacado por Daniel
Gómez, cayó del caballo con la pierna rota en cuatro pedazos.
Siendo muy joven el general Corona, trató y estimó á
Hijar y con él se fué á Espafia, llevándolo de Primer
Secretario, al reanudarse nuestras relaciones con la antigua madre patria, en 1874.
En Madrid fué donde conocí al Dr. Hijar. Tratábanlo
con cariño y con respeto los literatos de más nombre, y
yo, escuché la lectura de su poema 11Roberto y Laura,,i
en la casa de D. Pedro A. de Alarcón, la noche en que
allí se oyó por vez primera al gran tenorJulián Gayarre.
Manuel del Palacio leyó el poema. de Hijar que fué saludado con sinceros aplaueoe. Al conocer en Espai'la la
obra 1(Historia del Ejército de Oriente,u que escribió por
encargo del Sr. Juárez, y en la cual están descritas todas
las campañas del general Corona, se le nombró ccmiembro
honorario de la Real Academia de le Ilistoria," como se
le nombró también por sus diversos escritos 1&lt;miembro
honorario de la Asociación de Escritores y Artistas españoles,)) que presideNúfl.ez de Arce.
Intimo amigo del general D. Antonio Ros de Olano,
de D. Ventura Ruiz de Aguilera, de Castelar que lo distinguía constantemente, de Grillo, etc., asistfaá las veladas literarias, y sus versos cautivaban á. los más selectos
auditorios.

'***
Pero si la Europa juzga cumplidas sus obligaciones yllenada su misión, en pro de los esclavos cristianos que se·
debaten en convulsión treménda, por darse en Creta el
gobierno que ambicionan; el Rey, el gobierno y el pueblo de Grecia, inspirados por un solo aliento, empujados por la misma idea, y aguijoneados por el mismo deseo.
no se someten ni quieren inclinarse ante los designios
del más fuerte.
Retirarán su escuadra de las aguas cretenses. p:Jrque
sería inútil la resistencia y est.éril, ante los formidables.
buques que allí han amontonado los defensores del Sultán; pero las tropas que hace un mes alientan á. losrebeldes en el interior de la Isla, y que al mando del CJronel
Vassos han tomado posesión del territorio en nombre de~
su soberano 1 esas quedar.in en su puesto, y sólo cederáfu
el paso á. los soldados extranjeros áquienesdesafi~n á singular combate.
Ya se rumora seriamente el rompimiento abierto entre
Grecia y Turquía; ya ee anuncia esta resolución como la.
única que ha de dará Grecia libertad de acción, y que
espera la exima de la tutela que sobre ella han preten-dido ejercer los poderosos. Va.no intento: Europa que en
aras de la paz ha sacrificado sus tradiciones, y, aunque so-lo en apariencia, ha organizado una cruzada en contra
de los campeones de la fé cristiana y en defensa de la
oprobiosa Media-Luna; Europa quedió vida á Bulgaria,
á. Servia y á la misma Grecia, segregando después la Bosnia y la Herzegovina del patrimonio de los Califas, no
permitirá. que Greciaquede envuelta en una guerra que
tan costosa fué á. Rusia en 1877; no tolerará que, después
de sus gestiones y el unánime acuerdo que ahora reina,
se perturbe la mentida tranqu.ilidai de las naciones, por
la aventura peligrosa de un rey que quiere apresurar con,
sus escasos elementos, y aun á. pesar de los apuros financieros de su tesoro, la caída del secular imperio otomano,
cuando todavía los augustos sobenmos que lo asisten en,
su lecho mortuorio no han azordado en sus altos é ines.
eruta.bles designios, administrarle la extremaunción:
Y habrán de ceder ante la fuerza, habrán de calmar~
sus ímpetus los impacientes. Hoy es la autonomía de
Creta¡ mañana ser,t su anexión. Todavía no está maduro el plan que ha de hacer efectiva la cláusula más importante en el testamento de Pedro el Grande¡ el águila...
moscovita aun no se decide á extender sus robustas ala&amp;t
sobre la baailica de la Santa Sabiduría.

DE MARZD DE 1897

Educado con exquisita delicadeza, era de los que ae
captaban un amigo desde el instante en que lo saludan y
que logran con la buena forma seducir á los más tenaces
adversarios.
Hijar fné Miembro de la Real Academia de Medicina
de Roma, y Delegado de México en el Congreso de Americanistas de :Madrid (1881 ), de Higiene y Demografía de
Ginebra (1882), Penitenciario de Roma (1888) y Conferencia Sanitaria de Roma (1885 ).

•

En la época en que estnvo en lt.alia como Encargado
de Negocios, recibió muestras de consideración de la Reina Margarita, y presentes afectuosos del Rey Humberto .
Veinte anos sirvió sin descanso, en nuestras Legaciones y cuando regresó á la patria fué electo, primero Vice
Presidente y después presidente del Senado.
Como poeta, sus versos son dulcísimos, tiernos y delicados. PerteneciAndo á la escuela subjetiva¡ cantor de
sus propios sentimientos; admirador de la naturaleza ea
1odas sus grandiosas manifestaciones; tienen sus rimas
todos los encantos de una imaginación cread.ora y de una
sensibilidad incomparable.
Como médico le vi hacer curaciones sorprendentes; había llegado á establecer un trat.amiento para la curación
de los cálculos biliosos y otro para combatir la ataxia lo•
comotriz. Sus estudios sobre la lactancia aon de interés
muy grande.
Fué un hombre muy honrado y muy sano de espíritu,
Idólatra de sus hijos, puso todo empefio en educarlos é

JUAN B. HIJAR Y HARO
( De retrato pintado por su hijo el Sr. Alfredo Híjar.)

ilustrarlos, y logró ver realizadas sus esperanzas, pues
ellos corresponden con su talento y sus méritos á. los afanes de su padre. No son estos apuntes un estudio sobre
la personalidad de Hijar y Haro.-l!e reservo á. escribir
algo má!'I detenido y más en forma.-El dolor que me
causa su muerte no me permite todavía estndiar las tases
de su vida. Acabo de acompañarlo á. su última morada,
donde un buen amigo, Don Juan J?uentesSolís, hizo breve pero sentida sinopsis de lo que f~é Hijar para su pa·
tria.
¡Duerma en paz el noble amigo! ¡Duerma tranquilo el
que siempre guardó en su corazón las excelencias sublimes del sentimiento!
Hijar y Baro no deja un enemigo¡ practicó el bien,
honró á. su patria, sirvió de mil modos á. sus amigos y ha
legado una memoria sin tacha á cuantos le conocieron y
trataron .
Yivió como sacerdote del bien y murió com&lt;• un justo,
-Poco antes de cerrar para siempre sus ojos,-ya privados de luz por una ceguera inesperada que abatió su espíritu y entristeció su suerte-todavía recitaba alguna ertrofa de la alegria, que escribió para un poeta.
Hijar y Haro cruzó la tierra sonriendo y consolando.
Ya entró á ese reino en que solo la Historia perturba el
sueno cou sus aplausos ó sus anatemas. ¡Dichoso él que
solo encomios recibe con las coronas que cubren su
tumba!
JuAN DE Dios PEZA.
Marzo de 97.
PAGINAS ESCOGIDAS
DEL LIBRO

un

DESIERTO" DE PIERRE LOTI

Domingo 25 de Febrero.
Al espléndido amanecer; nuestro campo se despierta,
se estremece, se repliega para la partida. Sobre las rocas
que formaban muralla detrás de nosotros, se mantiene
la luna blanca que con su llpagada pupila en el cielo azul
nos ve partir.
Al punto, basta el mediodía quemante, las soledades está.n sembradas de guijarros negros, como espolvoreados
de carbón, y estos guijarros relumbran, brillan bajo el ardiente sol dando una ilusión de humedad á los sedientos
que pasan. Durante horas enteras,.desfilan las negras
soledades, llenas de espejeos¡ en algunos lug&amp;rt:s loe salitres y las eflorescencias de sales forman vetead('B grises. Nada canh, nada vuela, nada se mueve: Pero el silencio inmenso, está martillado á la sordina por el andar
incesante y monótono de nuestros lentos camellos.
A medida que se atraviesa una región menos muerta, al
borde G.e alguna cosa que debe ser el lecho deseado de algún torrente, crecen incoloros tamarindos, y pálidas florecitas blancas y hasta dos altas palmeras. Unagolondri-

'79

na gris croza con vuelo azorado, y Jas moscas de nuevo
ee posan en los ojosJlorosos de nuestros camellos! 1.."'nensayo de vida. Y dos grandes pájaros negros, los señores
del lugar despliegan sus alas arrojando su grito en el silencio.
Nuestros beduinos de escolta al ver las palmera!'i olfatean que hay agua bajo su delgada sombra y conducen á.
las bestias. En efecto, en una hoquedad de art::na, hay
una poca de agua y los camellos con gruñidos de alegría,
se aproximan, é intentan sumergir dos ó tresá un tiempo
sus hocicos mezclando sus largos cuellos extendidos.
Después el desierto comienza de nuevo, más seco y m,í.s
estéril. Nos alejamos siempre del Mar Rojo, desaparecido desde ayer, internándonos en las comarcas montaiiosas del interior. Cuántos valles lúgubres y grandes circos desolados atravesamos todavía antes del reposo de
la tarde! Nuestros camellos siguen siempre con el mismo .
balanceo rítmico que adormece, siguen casi por sí solos
las imperceptibles sendas del desierto, que han seguido
ó trazado durante innúmeras edades bestias semejantes
de las que descienden, en esa misma dirección, la t"tnica
un poco frecuentada de la arabia sinai"tica.
Hacia la tarde, pasan tres mujeree impenetrablemente
veladas sobae camellos jóvenes de hocico al aire. Un momento después, un muchacho bronceado, que parece inquieto de su huida, sigue la misma dirección que ellas en
la soledad donde nuestros ojos las han perdido. Su camello adornado con bordados, tiene franjas y borlas que flotan al viento en su carrera.
En torne nuestro, ámedidaque el sol se aleja, las montaiias se elevan y los valles se ahondan. Las montañas
son de arena de arcilla y de piedras blancas: aglomeraciones de materias vírgenes acumuladas al azar de las
formaciones geológicas, jamás movidas por el hombre1 y
lentamente deslavadas por la lluvia, lentamente caldeadas por los soles desde el principio del mundo. Afectan
las más extraHas formas y se diría que una. mano ha tenido cuidado de colocarlas, de agrnparlas, con aspecto
casi idéntico, durante una legua son 1:eries de conos sobrepuestos, escalados como con una intención de simetría, después las puntas se apJAnan y se convieTten en
series de mesetas cíclopes, en seguide se ven los domos
y las cúpulas como restos de ciudades fósiles. Y se permanece confuso ante lo rebuscado é inútil de esas formas de las coeas, mientras que todo desfila en el silencio de la muerte, bajo la misma luz implacable, con las
mismas partículas brillantes de moca de que esttt sembrado el desierto, en esos lugarEIB, como un monte de parada. A ratos uno de loscamelleros canta y su voz nos eaca de una somnolencia ó de un sueiio. Su canto es más
bien una serie de gritos de llamada, infinitamente tristee, en los que el nombre de Allah suena sin cesar y despierta en las paredes de los valles, claros ecos, sonoridades casi espantables que dominan.
En la tarde, á la hora en que la magia del poniente
desciende nada más para nosotros en el desierto, acampamos en un gran circo melancólico y todavía sin nombre, y todo él de arsilla grisásea rodeada de una muralla
de rocas gigantes.
El lugar carece de agua¡ pero para dos ó tres días todavía, tenemos con la del Nilo yel cheík, nuestro guía,
promete acamparnos mañana cerca de una. fuente
Tan luego como se mont.an nuestras tiendas, los camellos, desembarazados de su pesada carga se dispersan por
el camino en busca de raras retamas y nuestros árabes de
briznas secas para hacer fuegos, semejantes entonces, á
brujos de luengos trajes, recojiendo yerbas, al caer la tarde, para los maleficios. Y durante una noche, nuestra
pequef!.a ciudad nómade lleva la ilusión de la vida á. ese
lngar perdido donde no volvera jamás y donde mañana
reinará el silencio de la muerte.
Hay una desolación más y más grandiosa, en ese lugar, á medida .que el sol se abate y se apaga. Circoinmen•
so rodeado como de desplomes de ciudades¡ cosas caóticas derribadas, exfoliadas, ahondadas por fisuras y cavernas. Y todo ell,i como nuestras camellos, C(\mo nuestros
Beduinoa, como el suelo y como todo. es de esos tonos
grises, cenicientos 6 moreno ardientes que forman el foneterno, el fondo neutro y por lo mismo intensamente c1í.·
lido, sobre el cual el desierto arroja y despliega todas sus
fanstasmagorías de luz.
He aquí la hora del poniente, la hora mágica; sobre
las cimas lejana.e aparecen, en furtivos minutos, las violetas incadescentes, y los rojos de brasa; todo parece despedir fuego.

•

�O-OMINGO

EL MUNDO

180

DE MARZO DE 1197

escarpaduras, hacia arriba, y mirándome con el cuello
tendido, con aire de íntimo conocimiento; nuestros dromedarios que reflexionan sin dnda, en el medio de bajar
hasta el agua apetecida, y que gozan también quizá, á. su
manera., de la mañana suave.

Entre tanto el sol se ha ocult.ado, pero aunque todo se
en:.ombrece un fuego latente, un fuego que tarda en apaga1 se, incuba aún largamente bajo esos morenos y esos
grises que son los verdaderos colores de las cosas. Después, pasa un estremecimiento y súbitamente el frío desciende, el inevitable frío de la tarde en el desierto.
encendido en cielo inmenso, y nuestros beduinos, como
de costumbre, se han sentado formando rueda en torno
de sus luminarias de ramas-siluetas negras sobre llamaradas amarillas-doce de ellos r,e desprenden, vienen á
colocarse ante las tiendas, rodeando á uno que toca gaita,
y comienzan á cantar en-coro. Y segtin la cadencia lenta
qne el gaitero les marca, balancean la cabeza. El aire es
,·iejo y lúgubre, tal sin duda, como se oía eu el desierto
cuando Moisétr pasó. Más triste que el silencio es la música beduina que se elev:a, inesperadamente, gemebunda
y que parece perderse enel aire, no habituado al ruido,
ávido del sonido, como esas arenas están ávidas de rocío.
Jueves 8 de Marzo.
¡Oh, el Oned-el-Aln, el valle de la fuente! ¿Con qué palabras, con qué imágenes de frescura tomadas de los poe•
tas del antiguo Oriente, pintar ese Edén escondido en los
granitos del desierto!

A NUESTROS LECTORES

Con nuestro próx:imo número repartiremos el-tercer tomo oe nu¡,¡¡tra B,bliot"ca MiriWh,1,ro, correspondiente á Mar•
zo, é incluiremos aderD;ás, un suplemento relativo al Car·
naval en Mérida, para el cual tenemos aún hermosos
grabados.
E1, ::\-luNDO prepara una notable reforma.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

ENME:XICO.

\

•

1

El carnaval en Mérida
Qriental.''-Señorita Clementina González.
(De fotografia tomada en 10.&lt;l salones de ·'La Unión.")

rocas á plomo se deslizan y vienen á danzará trechos en
el hilo del agua remOvida.

•••

En una hoya profunda de paredes puliJas, que parece
algún sarc6[ago ct~ rt!y, suspendo mi paseo para bañar•
me;"Cntoncesal levantar lo~ ojos, apercibo graudes bt'S·
tias de asp~cto antidiluviano inclinadas al borde de las

'

'

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director general de "La Mutua.''
-l'rest&gt;nte.
Muy Señor mio:
Hoy he rt&gt;cibído de uLa ?t-Iutua,n Compai'íía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia•
gay t&gt;n Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)iiez mil pesos imporlie dela póliza número
071,958, bajo 1a cual estuvo asegurado mi finado esposo
til :Sr. D. Ftiderico S;:1nche.
Además, me ha sido eutrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos los premio1::1
que mí citado esposo pagó á. la Compañía desde ha.e.e
cnatro años que bOlicitó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obs1ante que mi repetido esposo falleció en Francia
á fines del afio próximo paeado, la Compafiia con todo
empeño, se ocupó de la tramitación de los documentos
para comprobar el íal!ecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las estipulaciones contt'nidas en la citada póliza.
Puede uet~d, Eeiior Director, si así lo deseare, dar pu blicidad á la presente, y me repito de usted afma., S. S.
corno albacea de la testawentaría de mi finado esposo el
Sr. D. F~derico Sanche.-AlU!e Sand1e.

,8,

EL MUNDO

DOMINGO a1 DE MARZO DE 1&amp;91

El. CARNA.V AL EN MERIDA

meóte sucede en Yucatán, merced á. largos añoa de tra•
bajo. Componen, en su mayoría, eEta sociedad, hacen- f
dados, banqueros, J;lropietarios, etc,. etc.
«El Liceo de Menda.u reune en su seno á los que, con
el fruto de afanes pasados, colaboran-en la obra del adelanto social.
f
Estas dos grandes agrupaciones son las que organizan
principalmente las fiestas carnavalescas que tanto llaman !,
la atención de los hijos de otros Estados de la República, y l'
de los extranjeros. Cada una, está presidida por u!'a
junta directiva que nombra comisiones entre los asoc1ados, para las fiestas.
El Carnaval está formado de varias festividades. Du ~
rante esos cuatro días recorren las calles, comparsos de
baile que toman tantos nombI'es como l!On los bailes que
ejecutan: negros, i,uJ.ioll, jú:aras, cinw, etc., etc. Estas coro·

1

"LA UNION" Y "EL LICEO"

•

•
Hay una paz especial, una*incomparable
paz de oasis
no profanado, que por todos lados rodea y protege el
desierto muerto. Y pasamos ahí sin prisa nuestras horas de espera.
Un solo momento de agitación en el día, á propósito
de una serpiente de gran tamafio, que se ha mostrado en
una palmera. Nuestros beduinos que la han visto de manera distinta que nosot,os, afirman que tenia dos cabe•
zas, que por consiguiente era Barkil, rey de las serpientt,s y que es necesario matarla. Y hacen una batida inútil á pedradas en las bellas palmas entrelazadas.
PIERRE L&lt;:rrr.

•
••
Cuando la noche ha llegado,
cuando las estrellas se han

Es la mañana, la mañana luminosa y yo exploro al·
ocaso el oasis encantador donde nuestra. pequeñ.a ciudad
de tela blanca va á permanecer uno ó dos días. En lo
mús hondo del valle corre un agua viva y clara en estanques de granito que tienen el pulimento del marmol trabajado y que no tienen ni una planta, ni una alga y cu·
yo fondo se transparenta como el de las piscinas artificiales para laa abluciones de los sultanes ó de las huríes.
Corre esa agua rara, esa agua preciosa, ya disimulada en
los últimos repliegues rosa de los estanques, ya esparciéndose en charcos arenosos donde crecen tamarindos y
soberbias palmeras desplegadas en penachos azules.
Se admira al pasar cada une de esos salvajes jardines.
Dei:.pués el rinconcito paradisiaco, repentinamente des~
aparece tras cielos bloca de granito enormes y no se ve
durante• algún tiempo más que laa piedras pulidas donde
el agua se encierra, hasta el momento en que el milagro
recomienza en alguna vuelta y otra hondonada encantada sobreviene. El cielo, naturalmeute es de una limpi•
dez de cristal, como debe serlo un cielo del Edé-n, y los
I),íjaros cantan en las palmas, las libélulas tiemblan posadas en los juncos y los reflejos solares á pesar de las

21

La fiesta de los yucatecos es el carnaval. Durante cua~tro días, en aquel lejano Estado, nadie se ocupa en otra
•cosa que en disfrazarse, en bailar y en el adornr- de los
cafros. Por eso el carnaval de Mérida goza de fama en
toda la República.
El Carnaval es el traje riquísimo que, durante cuatro
días del año, viste la capital yucateca. El traje cuesta
más de cien mil pesos, pero los hijos se proporcionan, en•
tre alegrías y entusiasmos inenarrables, la satisfacción
de contemplar embellecida á la madre amorosisima.
Poca.a fiestas se celebran como ese carnaval. Aquel es
un desbordamiento de alegría, un derroche de color y
armonía_, una hermosa competencia de ingenio y arte,
que absorbe durante cuatro días, el espíritu del pueblo
yucateco.
Asi las familias distinguidas como laa de clases populares, loa consagrados á la ciencia como los humildes arte·
sanos, en esos cuatro días, ee dedican exclusivamente al
placer. El carnaval es el descanso de un aiio de fatigosas
tarear:i.
En Mérida, capital del Estado de Yucatán, las :fiestas
alcanzan rarlsima animación, y en ellas se invierten su~
mas considerables. Toda la sociedad meridana contribuye para dar lucimiento á. aquellas extrañ.as 11olemniductes
en honor de ~fomo.
Desfilan en prodigiosa procesión, todas las manifestaciones del entusiasmo: aquellos son los días de locura de
una gente cuerda en exceso. El serio jurisconsulto lo
mismo que el travieso estudiantillo, la alegre niña, sonrisa de los cielos, y la reina del hogar, el pobre y el rico,
el viejo y el niño eligen un disfraz y salen á la calle t n
jubiloso coro, }?ara no volverá. sus cuidados, sino cuando
ya el sol del miércoles de ceniza avanza lleno de brillanteces, hacia el punto más alto del firmamento perennemente azul.
Y en medio de esa alegría, en los mayores transportes
del entusiasmo, no se registra una sola rifia, ni amarga
el placer un leve disgusto; todos, con las manos estrechadas, como en un grau coro, bailan al rededor del
dios ti.lomo, para tornar al día siguiente, á. donde los reclama la prosperidad de 18 patria.
Dias son, los de carnaval, de reposo para un hervidero
humano que fecunda con el sudor de su frente, la esterelidad de aquella región, y que ha logrado convertirla en
poderosa madre.
Piira organizar las fiestas existen dos sociedades ~La
Unión» y «Liceo de Mérida,)) formadas por las clases distinguidas por sus profesiones y por su riqueza.
1(La Uniónn está compuesta en su mayoria, por esa
clase social. que, careciendo de dones de fortuna. busca
en el estudio y en el trabajo diario, con los medios de
vivir, la satisfacción de haber cumplido con el deber. De
esta sociedad forman parte, abogados, médicos, escritores,
ingenieros, estudiantes, propietarios de talleres, etc. etc.
Reune en su seno, á los que con sus personales esfuer.zos, contribuyen á la properidad del Estado.
11Liceo de Mérida,n ea una sociedad formada por la cla,.se distinguida por su riqueza, adquirida, como general -

(Signe en 1a página lSJ.)

El carnaval en Mérida.-Batalla deflores.-Carro de ' 1 La Paloma''-NiñosAncona y Cámara.
( 2? Premio. )

"
~,.,.,,
,,
-

'

/ ,~

L

Sociedad ula Unión."-Pensam1ento.-Srita. Francisca Cámara B.
Batalla de flores.-Carro 1 ◄ Maripos-a."-3er. premio. (Familia Cireval.)

�EL MUNDO

182

DOMINGO

21

DE MARZO DE •B97

El Carnaval en Mérida.

DOMINGO H DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

EL CARNAVAL EN MElRIDA

~'

~ ..

:.r·

HLiceo de Mérida" .-Carro Japonés.-Familia Martinez de Arredondo.

las Ondinas. Sociedad "la Uflión ... -Señoritas Mercedes Peon Cisneros, Amira y Elia Evía, Elia Peón Cisneros y Celia Ruíz.

Salones de~la Sociedad de mestizos "Recreativa Pol'lular."
Templo OricnUI.-Carro alegorico de la Sociedad "la Unión."-Sritas Ger1.rudls Baquciro, Clotllde Baqueiro, Sara Tenorio y Raquel Prieto.

�DOMINGO

l&lt;L MUNDO

~cuajes de la ,6udad, ~radoe ·
p()i;..t,roncgR val_iosfsime~. ~n

•

OE

MllRZO DE 1lc17

F.L MUNDO

l&gt;OMINGO a, DE MARZO DIE ,t1,7

de flo ra , diversión que, desde
hace algunos años, urgWJiza el
«Liceo de ~érida.»-Un jurado nombrado por esta eociedad premia los tres mejores
carros que se lucen durante
el paseo. Ea la fiesta del carnaval, de mayor costo, pues se
gastan en organizarla wás de
veinte y cinco mil pesos.
De las sociedades de mest.izol!, asf como de sus di -versiones, nos ocuparemos en
el próximo número de este
semanario que dará. el domingo, un suplemento en que ee
publiC3riin losdem,s grabados
del (;arna.val de Mérida.

parsaa van á las casas á bailar y eon recibidas a llí aleg~'\. mente. En la:i i.ar.iUd1 de Véfl•
•i fican pst!a1..1s cdrt1Wva1escos, .,:. f
se _lucen los ~ ,61egantfJI""ca-..
la nOcffi.'é';" se venfican ba1\eeen
el L ~ o y en La Uni6n.
EnSre estos bailes, son dig
nos de menciona.rae, el del
sábado que celebra Et Lv:eo,
el del domingo que se verica
en L"' U,üon y loa del mart,eE
en ambae Sociedades.
El baile del S.i.bado es comunment.e de S.raje1 de {anta.•
sía. Damas y caballeros asis•
len disfrazados con ,vestidoe
costoeíeimos y caprichosos,
que dan aspecto verdader;1mente encantador al b.iile. El
bailedeldomingo, que ci:lebrs
uLa Uni6n11, es, sin duda, el
mlis concurrido d~ los q ,,e se
Terifican en l\fárida: los arnplioe salones de aquella sociedad quedan llenos de gente;
ee diticulta á lu p.t.rej.Li el
baile, pero éste es notable no
sólo por el número de c mcu•
rrente.s, aino tambien p,1r St:;
entusiasmo. L1a del mime
eon los m ·i s animados del carnaval; generalmente en uEI
Lioeo- terminan á la.e cuat.ro
y en "La Uni6n,1 á la.e seis de
la mai'iana. '
Td.mbién son diver~iones del
carll&amp;val los hawt?H, pa~eos
con que se da principio á hu
6.~st.as. En esM)S paseos, se lu•
cen primorosos carroa alegó·
rico&amp;, ct&gt;m!) verá. el lect.or, en
lOiJ grabados qué publicamos.
D-JS aon lo3 t&gt;aw:tos, uno· del
uLiceo» y ot.r1 de la 11Unión,•
ambas sociedades costean loe
carroe, que conducen hermo•
BM .aetioritas.
Por últ.imo, el marte.a, en la
mafiana, se verifica la batalla

2,

/\
Fragmento.
......... Todos nos forma moa
una ilusión del mundo, Uusión
poét.ica, sentimental, risueila,
melancólica, desagradable 6
trii;te, según el pro{)ic, temperament.o. Y el escntor no tie•
ne otra misión sino reprodu•
cir fielmente esta ilusión con
todos los procedimient.os de
arte que ha aprendido y de
loa que puede disponer.
Ilusión de lo hermoso que
es una convención humana!
Ilusión de lo feo que es una
o~inión que ee modifica! Ilusión de lo verdadero tJUe jamás es inmutable! Ilusión de
lo innoble que at.rae á t.antos
sé.res! Losgrandesar•t.in.asaon
los que impenen á la humanidad su ilusión particular.
ÜUY DE MAUPASSANT.

El carnaval en Mé:rlda.-Grupo ntervezaa.

$1 Domingo en la (alameia.
{Dlbyjo d•J. lla Vlll ■■ ana. ]

"Liceo de Mérida" .-Carro

11

Llra" .-SrlU. González.

�186

EL MUNDO

CUENTOS CRIMINALES.
BLANCO Y ROJO.

Alfonso Castro, escribía por última vez en su prisión.
He aquí el interesante manuscrito:
De los labios rojizos de un hombre de ley, un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada1 ha caido lenta, pesada, mi sentencia de muerte.
En otros tiempos, cuando la enfermedad ó el fastidio
me tiraban en la cama, he pasado algunass horas pregun•
tándome ociosamente cual 1:ería mi fin; mis ojos se abrían
C?º toda la penetración que me era posible darles, queriendo romper lo impenetrable, excudrii'iar y distinguir
11.lgo del momento definitivo que lo futuro me reservaba.
La~ dos muertes que yo veia como más probables eran
ó b~en un duelo buscado estúpidamente, 6 bien una bala
alaJada en ~l craneo por mi propia mano. La justicia,
mas precavida y dudando tal vez de mi buena punteria,
ha venido ,i. evitarme ese trabajo: en vez de una bala,
será.o cinco.
Durante el proceso-ruidoso y concurrido como no lo
fué nunca un estreno-apenas si he procurado defenderme: He oido vociferar, c~amn venganza en nombre de la
sociedad yen nombre deeUa; mi abogado, á quien apenas
conozco, 1;1n defensor de oficio, hacía lo imposible µar
probar m1 locura, 6 cuando menos atribuir mi acto á un
momento de enagenación mental. Creo que ante lo imprevisto &lt;;le mi caso, los mP.dicos hubieran podido declarar en m1 favor, pues efectivamente, en la conciencia de
esas gentes se neceeita estar irremediablemente loco para
cometer un crimen como el que he cometido. Mis jurados quedaban estupefactos cuando con gran pompa de
p_alabras. y e";ceso de negro y rojo, e1 agente del ministe•
no púbhco pmtaba los falsos sufrimientos de la victima
y lo monstruoi;io de mis sentimientos; verd~d es que entre ellos había un dueño de dulcería, uno de tienda de
a~a!rotes y u1;1 prestamista¡ el ser juzgado por estos ind1 v1duos ha sido una de las mayores ironías que el destino me reserraba
Cüando se habló de locura y mis antepasados d~sfilaron evocados por la gangosa voz del defensor, yo, me levaoté para protestar, repitiendolee que, mi razón completamente lúcida de suy0 , lo estaba particularmente en
el momento del crimen y puesto que no trato de excusar~e-añ~dí- r. claramente he confesado mi crimen y sus
móyiles, mút1l me parece emplear mezquinos subter·
fug1os.
Pasar por un asesino vulgar ó por un loco, era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba
defenderme.
Mi abogado, quien tampoco comprendía que un reo no
se PrE:Bt.ara á su propia ~alv?-Ción, no sa~ía lo que pensar
de m1. Durante las audiencias, al ver mi sangre fría, tac~ada 4e c~nismo por los periodistas, y mi poco, ó más
bit!n, mngun empeño en ayudarle, me tenía por el tipo
acabado del insensato¡ á solas conmigo 1 cuando en mi
celda me oía razonar y discutir sobre mi caso, me tenía
por cuerdo. ¿Por qué decidirse pues?
. Ahora bien, lo que ni jueces ni abogados han comprendido, lo que en su profunda ignorancia del ser humano y
sus aberraciones no han acertado á penetrar y atribu•
yen á. exceso de perversidad, decretando mi fin como el
de un animal dafiino; eso quiero dilucidarlo yo, expliri.rmelo, estudiarme, y ponerme frente á frente de
mí .~ismo como ante un juez, hoy que la erronea
Justicia humana para nada tiene que intervenir en mis
asuntos.
Un loco, evidentemente no lo soy. Pienso, discurro y'
obro como el más común de los mortales, mejor muchas
veces. Ser un enfermo, no lo niego, un enfermo pero un
-enfermo de refinamientos1 un Eediento de sens.icic,r.es
nuev~H!.

OOMl111GO

Cuando pienso en mi crimen, veo que necesariamente
debía yo llegar á él; era. un predestinado; estaba marca.do
para. seguir esa ruta, no en las mismas condiciones que
la mayoria, pero mas. evidentemente quizás. Enumerar
todas las crisis y todas las transformaciones de alma por
las que he pasado antes de llegar al extremo de mi camino, seria· muy dilatado, sin embargo, ciertos hechos
algunos accidentes de mi vida, hay que contarlos neceeariamente-, puesto que no son sioo los p:reoursores, el pedestal que se levantaba poco á poco, para colocar el más
grande de todoe, el más completo, el ultimo.
Naci inquieto, de una inquietudalarmante,con avidez
de ver todo, de conocer todo y de todo saciarme. Crecí
entregado á la fantasía de mi capricho que en mis primeros años me llevó á, la lectura, á la que golosamente me
entregué devorando hojas. rellenando mi cerebro de
ideas opuestas, verdaderas ó falsas, razonables ó absur·
das, dejando que dentro de mi se mezclaran á su antojo
tan disímbolos manjares.
Me complacian sin embargo los libros extraños, los
enfennisos, libros de una Literatura viciada, ansiosa de
novedad y de más allá, libros que me turbaban y que
helando mi corazón, marchitando mis sentimientos, halagaban mi imaginación y despertaban mis senti~os á.
goces raras veces naturales. Mi espíritu, sin idea fija que
le sirviera de aliento para la existencia, sin convicción
ninguna, no sabía nunca adonde ir, vagaba constante•
mente haciendo variar mis pensamientos á la primera
impresión. En realidad, en mt jamás hubo energía ni
voluntad, no hubo sino eso: impresiones.
Llegué á. comprenderlo y procuré buscarlas, encontrar•
las, en todas partes y á cualquier precio, como busca el
morfinomaniaco, la morfina, y el alcohol el borracho; fué
mi vicio y fué mi placer.
Como era natural cada vez íuísiendo más dificil en mis
elecciones y cada vez tenía que encontrar impresiones
más rebu.scadas; á meses de orgía desenfrenada, de fiebre
de placer, meses durante los cuales me consumía en las
locuras más imbéciles y más arriesgadas, se suced(an semanas de cGmpleta continenc!a y reposo; huía de mis
camaradas de desorden, venían depresiones morales,
que en mis desvaríos y en mi eterna peregrinación en
pos de sensaciones, me arrojaban á las plantas de una
im~n y me hacían matar mis días escuchando repiques,
genndos de ói'ganos y murmullos de oraciones, con tan
mala suerte, que siempre, cuando más grande era mi fervor y más creía estar cerca de la felicidad, una frase ridícula oída en un sermón, el rostro hipócrita, bestial•
mente irrisorio de una beata ó los defectos artísticos de
una pintura, me expulsaban de ahí, lanzándome en busca
de otra cosa.
Mi imaginación no podía estar quieta nunca, iba y venía disparatando, buscando siempre algo más, incansable.
Fueron caprichos amoroso~._..,. .. sin amor; pasiones que
pretendía tener, cuya pequems1ma llama frataba inútilmente de inflamar. La sequedad de mi corazón era notable; yo no sentía afecto por nada ni por nadie: me exaltaba, me esforzaba en amar con locura, en sentir pasar por
mi frente algo de ese di vino aUento que tan felices ha hecho á los grandes enamorados....... yo estaba imposibilitado de conocer eso; con esfuerzos me acordaba al mes
de la mujer á quien jurara amor eteroo y nunca pude
echar de menos durante media hora á la que me afanaba
por amar.
Quise refugiarme en el arte, estudiar y vibrar ante las
grandes concepciones, sentir el estremecimiento creador
del Poeta, el Músico ó el Pintor, pero incapaz de un tra•
bajo ~ostenido, iba de la Pintura á la Música, de la Música á la Eseultllra y de la Escultura á la Poesía, sin loorar
encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud 'que
como inquebrantable círculo, me envolvía.
'
Además, yo era ambicioso y algo conocedor, había estudiado á fondo los grandes maestros, habla vivido una época entera en los museos má.s célebres y la comparación
eD;tre los grandes y mi pequeñez me asqueaba de mí
mismo.
Erré en fin, entre todo aquello que pod.ia producirme
una impresión, no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos.
Las mujeres no podían soportarme tres días por mis
exigencias, los amigos, excepto unos cuantos, tan enfermos como yo, me hufatl temerosos de ser envueltos en el
torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba á
mi paso.
Los asesinos célebres. los aérea horripilantes, los diá.•
bólicos, me seducían. Yo soñaba con personajes como los
de Poe, como los de Barbey d' A.urevilly; me regocijaba
con los cuentos de este maestro y particularmente con
aquel en donde dos esposos que riñen, se arrojan á la cara., se abofetean con el corazón sangriento aún del hijo ·
pensaba en los seres 9-ue Baudelaire hubiera podtd¿
crear; los buscaba comphcados como los de Bourget y refinados como los de d' Annunzio.
En tal estado, nervioso y excitable como nunca un
día, en un prado, ví por primera vez á una mujer ~Ita
algo delgada, de andar muy lánguido y con la palidez d¿
una margarita. En sus ojos había un poder dominante
que envolvía y subyugaba. Procuré conocerla y trabar
amistad con ella, lo que no me fué difícil. La traté llegué
á interesl\rme por ella como no me había interesado has•
ta entonces por mujer alguna. Había en ella y en todo
cuanto la rodeaba algo tan raro, tan misterioso que
nolpodía explicar ni comprender, y que me aterroriza a
al tiempo que me atraía; era la sola mujer ante la cual me
sintiera temblar; la angustia, la opreeión que yo sentía
cuando sus ojos se clavaban en mí, no lo había conocido
basta entonces.
Su voz me rncabs. fuer&amp; de mí, tenía tonos únicos indefinibles y á veces-era también un&amp; adoradora. de Baudelaire-cuando recitaba)os versos del más inquietante
de todos los Poetas, yo sentía un soplo helado pasar por
todo mi cuerpo; eiriste una estrofa que nunca, nunca po·
dré olvidar y siempre resonará, salmodiando:

¡;o

Et comme dautrcs par la tendr.:ss",

21

DE MAPZO DE •807

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

sur ta vi.e .et sur ta jeuneBSe
moi, je i:euz regner par l' e.ffroi.
De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos.
versos, que cuando las balas desgarren mi cuerpo, dominan~o el clamor.de la detonación, gritaran imponiéndose•
y remando efectivamente en mí, por el espanto.
Su casa estaba toda en harmonía con ella; ningún ruido, el rumor más leve era prontamente extinguido, las
alfombras ablandaban los pasos r las puertas no crujían..
nunca. La rodeaban objetos valiosos, libros precisamente encuadernados, imágenes rusas en las que las vestidura~ ~ran de _metal dorado; pinturas arcaicas, angeles -primitivos ó bien del más acabado modernismo ma(t'istralescopias de Dante Gabriel Rossetti, Burne, Jon~s y fiokleln •
sobre las mesas, ligeras1 delgadas, ocupa,ndo muy poc;
lugar, vasos de esmalte ó con Bacantes esculpidas en las
redondeces del marmol y sobresaliendo, rompiendo la
h_armonía, gestos macabros, expresiones de pesadilla, trágicos ademanes de marfiles ó mascarones japoneses.
Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro 1
baj? 1;1n busto del !nonarca de Bayreuth, todas sus obras: e l
fugitivo Lohengrm, el errante Tanhii.user las '\\Talkirias-.
libertadoras, los irónicos Maestros Canto~s la idílica la
sublime epopeya de Tristán é Iseult, las tinieblas del drepúeculo de los Dioses, y el esplendor del Oro del Rhin.
~a nacionalidad de la que podía considerar como mi
a1~11ga,~e era perfectamente desconocida y á pesar demis habdes preg!,lntas, nun~a logré averiguarla; hablaba
correctamente, s~n acento ninguno, el español, cantaba el
Alemán y el Italiano Cf)ffiO una Florentina ó una hija de
Hannover; su lengua favorita era el francés y su tipo se•
prestaba á todas las suposiciones: unas veces la creía Hú ngara, ;polonesa otras, Eslava algunas; Francesa 6 alemana eviden_temente no lo era; para ser hija de la Rt-pública, Imper10 del Arte contemporáneo, le faltaba espíritu,
locuacidad, le faltaba el sello que difiere á la FranCl.'sade
cualquiera otra mujer haciéndola enteramente pPnonal,
imposible de ocultarse; para lo alemán le faltaban los
modales pesados, ligeramente bruscos, la sonrisa exclusiva, la sencillez y la expresióri de hablar que c.1racteri•
zan á las rubias hijas del dorado Rhin. Yo no sabía puesque pensar: italiana 6 española¡ tampoco lo era para ser
Jo plimero ten'ia demasiado gusto artístico, para lo seg1;1n&lt;;to le fal~ba vivacidad1 fuego en los ojos y t&gt;n los mov1m1ento:1, ntmos y calor en la voz: las austriaca.i, son
una mezcla~~ Francesa y ~lemana! mur poco graciosas
para ser parisienses, demasiado delicadas para ser Berlinesas óHannoveri'anasóHamburgesas, siendo la mujeralemana generalmente la misma en todas parte:&gt;.
No p_udien?-? sacar ~da en claro, me conformé y -per•
manee• en mi 1gnoranc1a.
Un día, después que la música de Wagner hubo caído
severa, sugestiva, torturante sobre nosotros; fatigada, lánguida como nunca, se extendió sobre un diván. Sus bra•
zos -pálidos, aon palideces de lmaa, llevabao atados unoSlargos lazos rojos que despues de envolver el puño caian
como dos aochoa hilos de sangre.
Y una idea fantástica cruzó por mi cabeza. Vi á esa.
mujer blanc&amp;, desnuda, extendiaa en ese mismo diván;
la vi plástica, pictórica, escultural, un himno de la forma~· la vi ir palideciendo lenta, muy lentamente, el fue•
go de su mirada vacilando en los ojos ...... y la idea del
crímen surgió.
En la noche no pude expurgarla un momento, no pensé en las consecuencias y la palabra crimPn la tuve por
completo olvidada-en todo caso, el temor nunca mehubiera detenido-Para mf, aquello no era sino un goce
supremo, un exquisi.tismo como nunca me lo había pa•
gado; pertinaz, imborrable; me aparecía en la obscuridad,
blanca, desnuda, plástica, un himno de la forma; veía
sobre el Paros de su cuerpo, al extremo de lo azulado de
las venas, un ancho hilo saliendo, un arroyuelo rojo, de
un rojo cada vez má.s vivo, de un rojo más vivo, más.
cruel, mientras más tenue y más suave era la palidez de
las carnes.
Coo la idea fija ya de realizar mi deseo, la inicié en los
goces del eter; la ví cadavérica, sintiéndose inmediatamente ligen, volatilizada, no teniendo dentro de si más,.
que una pequeña luz de vida, refugiada en el cerebro,
ilumin.i.ndo el pensamiento, haciéndole ver todo y sobre
todo discernir con gran superioridad, dándole la clarivi•
dencia.
U na tarde, cuando dormía sin sentirse criatura humana, cuando dominada por profundo sueño paseaba en
algún «Paraiso artificial,~ mi bisturi fflBgÓ rápidamentelos pufios, la sangre afluyó tiñen-lo las ropas que torpemente le arrancaba, y la extendí por éompleto en el
di van.
.
La sangre brotaba por palpitaciones, corría manchando la mano, goteando de loa cinco dedos como de cinco•
heridas, rápida, •egruzca.
Yo la veía vaciarse, las venas se azuleaban, se aclara•
ban, eran abandonadas por el carmín¡ sus labios sobre•
todo, se tornaban en lívidos, mientras la sangre seguía
corriendo y extendiéndose como un tapiz. Ella palidecía, palidecía como yo lo había soñado, tan tenue, tan
suavemente como cruel era la herida del rojo vencedor.
Abrió los ojos, por su cuerpo pasó una convulsión, me
miró, algo ::itrav-esó en su mirada como una luz que seextingue y las palpitaciones de la· sangre terminaron.
Sus ojos me miraban fijo~, sus labios blancos parecían
decir por última vez:
Sur ta vie et sur ta jeunes.&lt;1e,
mol, je veux regner parl'ellroi.

Y yo quedaba inmóvil, extasiado ante aquella palidez,.
ante aquella sinfonia en Blanco y Rojo.
Marzo de 1897.
BERNARDO CouTO CASTILLO •.

~=..=.!=--=.!=--=.!=He amado á esa mujer de tal manra,
que no me volví loco, porque lo era,
CAMPO.!.MOR..

EL MUNDO

ee tímidas; no platicaron de
perifollos ó gansadas amorosa.a ni insinual'on en la con·
venación palabras de esas
que obligan á un señor de•
cent.e á las corteeanfas que
más mortificarle -pueden.
Sea que la indiferencia de
las hembras lastimara el vi•
drioso orgullo de aquel efebo
que como Hilas estuvo á.
punto de ser raptado por ]as
ninfas 6 que derechamente
se sintiese enamorado, ello
íué, que cierta noche, contemplando el hermes de la luna
y el chispear de los luceros,
juró á las dos criaturas una
pasión volcánica y trágica, á.
la que eUas, ignorantes de la
perfidia del amador, prometieron corresponder con
todas las fórmulas que en tales casos son de uso corriente y comón.
\,,
Aunque las muchachas por
1
su fisico eran más gemelas
que_ los Dióscuros, moralmente sus instintos estaban
siempre en contraposición;
Sabina era impetuosa y capaz de todas las locuras de
una impulsiva, Mercedes, por
el contrario, tenía la santa
bondad de las almas impecables y en su sensitivo corazón
solo germinaba una exigencia sublime: amar.
Sus temperamentos repre•
sentando fuerzas é ímpetus disimbolos, estaban subyngadoa á. la voluntad veleidosa del aturdido por las ligas
de una pasión de igual intensidad aunque revelada de
maneras muy diversas.
La psicología del ánimo de Fabián era curiosa y complicada.
Cuando palpitaron en sus órganos loe histerismos
de la pubertad, sus más próximos amigos y parientes llegaron á. creer de buena fé que estaba loco, tantas y tan
gordas fueron sus extravagancias.
En ese lapso de la vida en que la juventud echa á. vuelo susclamoreantes campanas y la hembra resurge ante
el adolescente con todos los satanismos del pecado, por
que pecadores son sus ojos, y pecadores sus labios y pecadoras sus formas, Fabián codició furiosamente á todas
las(pensativas que supieron dejar en su memoria la coruscante huella de una mirada de diablesa.
Se enamoró sucesivamente de una cirquera con formas
de una exuberancia calipi,gia, de alguna gazmoña amiga de su madre, de una tía monja, de la esposa de m
profesor de lógica, de su madrina de confirmación y
probablemente hasta de la portera de su casa.
Como se comprenderá, en bicho de tan peregrinos an•
tecedentes_, una afeccion como la que conturbó á las jóvenes, tema que prosperar causando sus qou.secuentes
extragos.
Tan extraña aventura hacía trastabillear al desdichado Fabfan sobre una interminable hilera de horcas cau.,
dinas,
Torturado su ingenioi logrópormuchotiem{)Oquenin~
guna de las novias sospechara la infame traic16n de que
estaban siendo vfctimasi pero como por el inexorable fatalismo que determina e destino de los vivos, todas las
tragedias de la existencia, tienen ineludiblemente que
desenmarañarse alguna vez, llegó el día en que las burladas supieran hasta en sus más mínimos detalles todas
las maquinaciones del infame,
Su estupefacción fué mayor que la del santísimo Job
cuando el angel agorero fué á. notificarle las tremendas
nuevas.
Dejándose arrebatar por los furores del momento, juraron tomar terrible venganza del perverso.
Sabina, haciendo belicosos ademanes y arrastrada por
sus melodramáticos instintos. llegó á pensar en venenos
y puñales. Mercedee, después de mucho cavilar, quedóse
como entontecida en un aletargamiento de marmota.
Ya atenuado el colérico paroxismo, las dos lloraron
copioE:atnente y abrazadas cayeron de hinojos ante la
:M:adona, encareciéndole como buenas cristianas que
arrancara. de su pecho aquel maldito hechizo que amenazaba perturbar por siempre la paz filial de sus afectos.
Vaciaron la conciencia en la rejilla del confesonario,
refiriendo todos sus escrúpulos y cuitas al padre cura, y
procurando en un severo examen expiritual que ningún
repliegue de sus almas pasarli desapercibido á la investí•
gación saludable del mentor; éste, que era un viejecillo
experimentado .y muy sabio, después de oír atentamente
la novela, dijo á. sus adorables penitentes: Huir 10uy
lejos.

-

CONFI.ICTO GR.A.VE

Que un hombre se apasione tontamente de dos muje·

res¡ aunque parezca escandaloso, es tan natural como que

á una dama le ocurra exactamente lo propio por tres varones.
Comunmente esos amadores en plural procuran dis·
culpar su felonía alegando el recurso de los contrastes:
rubia y morena, esbelta y rolliza, tonta y vivaz, pobre y
rica.
Fabián no disponía de esa formulilla que solapada•
mente puede atenuar la infidelidad, porque las dos muchachas por quienes el hipaba, se parecían una á la otra
como dos gotas de roc(o.
Tenían casi la misma edad, pensaban idénticamente,
fueron educadas en un solo colegio, la dote de ambas al•
canzaba cifra igual, dormían en la misma alcoba, leían
juntas sus novelas, y, estupendo fenómeno entre dos· rivales, 83 amaban francamente y con ternura.
Eran hermanas.
Sin saberlo, Fabiá.n, había acreditado una reputadón
de hombre siogular sin que sus humorismos y genialidades fuesen por fortuna capaces de encaminarle á. la casa de Orates.
No era el más jaquetón de los galanes de su barrio, ni
perpetraba el~ías, ni encres.paba su cabello á. lo Musset,
ni vestía deaahñadamente, m dr.saUnaba en disertaciones eacabrosaa delante de las sefloras, hablando de escepticismo y desengaños para hacerse el interesante; nada
de eso; su fama de hombre excéntrico la debía más á un
exceso de cordura que á un principio de demencia, por•
que, aunque el concepto resulte paradójico, nadie negará.
que ante el criterio de la social comunidad es más fácil
. ganarse el título de loco siendo cuerdo, que el de cuerdo
siendo loco.
Las mamás con hijas cotizablee en el mercado matrimonial, le hablaban melosamente y elogiaban su figura
é indumentaria rifléndole porque no hacía visitas.
Muchas sefioritas vestidas á la última moda, sabedoras
de que ese joven no feo y de aspecto bonachon poseía
una fortuna muy bien saneada, declararon en Estado de
asedio su sencilloéinofensi vo corazón, el cual, (según dicho de ventrudas y casamenteras matronas} no había
pertenecido á ninguna beldad.
Un caballero rico y no muy sandio que conser11aba á
los veinticinco años una alma vir~en y un capital al que
no habían abierto brecha los caprichos de una figuranta,
era en verdad presa tentadora.
Por esa única y exclusiva razón el pacífico y buen ma•
yorazgo se vió atacado ruda y encarmr.adamente por una
aguerrida artilleria de miradas suplicantes.
Tuvo que aplicar frascos de vinagre y sales amoniaca•
les á la picaresca naricillade mur.has desmayadas; soportó aparentando propicio talante, infinitas historias sentimentales; es:::uchó resignado los aullidos de muchos pianos desafinados y fué por luengos meees halagado hasta
el fastidio por una parvada de solteras que le buscaban
como las palomas ~olosas el granero.
Ante su impasibilad las chicuelas sin dote propalaron
que no tenía sentimientos; otras, monstruosamente feas,
murmuraban que era un presuntuoso; las gotosas abuelas lo calumniaron san~ientamente y hasta los maridos
pe buena fe se permitieron desacreditarlo en los salones.
Por mucho tiempo el inocente Fabián sufrió con estoicismo de espartano la nubada de iracundias que como
castigo del cielo llovía soore su cabeza, preguntándose
en el colmo del asombro, cual pudiera ser la causa de
aquella mal-querencia que las amables señoritas se em•
peñaban en manifestarle.
En el más amargo período de su desgracia fué casual•
mente present.ado á. Sabina y á Mercedes, doncellas huer•
fanas, de humilde posición, bonitas, inteligentes y hon•
radas; caso raro, aquellas nifiae, no adularon al prócer;
récibieronle· con exp1ntanea camaradería, sin mostrar-

Cuando se aleja la blonda soñadora dejando plantado
á un amante que sufre, es porque el olvido, ese pájaro
siniestro, ha proyectado la sombra de sus alas invadiendo con sus duelosJlaaurora de un amorefimero.
El ave nómade, canta un día, abriga su fragil nido en
el alero, arruUa á. Filomela una estación, y luego, al t;o..
ser el bóreas asmático y senil, escapa alijera á la tierra
que florea para perderse en las caliginosas lejanías em~lvando su plumaje con chispas de las fraguas del sol.
Al instante en que el fastuoso Febo chorreaba oro roo•
!ido en el abismo de la sombra, lle!N Fabian á. la casa de
sus amigas con un ramillete de vio1etas en cada mano y
dos cartuchos de bombones en las faltriqueras de un casacón con pretensiones de chupa que usaba sólo en sus
grandes aventuras.
Llamó di:Jcretamente.

Como no le contestaran, colóse á 108 aposentos de rondón y después de minuciosa inspección acabó por con•
vencerse de que la jaula estaba vacía y las alondras habían volado!. .. .. .
Entonces alejóse llorando de aquel lugar donde había
sido dichoso tantas veces,
Las torres dPsgañitaban sus b ..onces celebrando las
exequias del fastuoso Febo y la tristeza indefinible del
crepúsculo llenaba el espaPio, como ansiosa de impregnar su melancolía en las almas de los tristes.
Crno B. CJ:.:BA..J,Los.
M:arzo 12 de 1897

ALBUM
Para buscar los versos que ha de darte
Mi alma conmovida,
Necesito leer hoja por hoja,
El misterioso libro de mi vida.
Y es verdad, en sus páginas hay versos,
Pero versos qub lloran ...
Lirios que mueren, aves que se alejan,
Y lágrimas de amor que se evaporan.
¿A. qué llevarte al triste cementerio
Que duerme en el olvido? ...
No quiero que te siga el ave negra
Que en mi cerebro colocó au nido!

Tú eres feliz ... y yo por otra senda
De la vida me pierdo ....
Te dejo, entre las hojas de tu albnm
La única flor que guardó:-mi recuerdo!
México, Marzo de 1897.

JOSÉ l\f. B-cemLL~.

OFRENDA

Los balcones ojivales de un convento carmelita,
Perpetúan en sus marcos, cual prodigio de cristal,
La litúrgica vidriera que á un maestro mosaíta
Encargó un prior de Hipona por decreto rectoral.
Un infolio venerable, en romance franco anuncia
Que sus goznes y sus llaves, mara.villa de cincel,
Fueron la obra legendaria de un orfebre de Maguncia
Que emigró al país de Hungría, bajo el reino de Isabel.
Cuando el sol gasta su aljaba en los ónices del coro,
Asemeja la vidriera zodiacal constelación,
Sumergida en el encanto de un crepósculo de oro
Que realza sus matices de jacinto y corindón:
Bajo el beso de mil lirios-un floral beso de eedaCifie el Niño Dios un nimbo de un reflejo aurisolar;
St1"j pañales son de un lino tan hermoso, que remeda
El vellón de bella espuma que en las a1J.cas tiene el mar.

Y María-Oh alegría, oh ambrosía, oh melodfa!Más sograda que los óleos de la unción del rey Saúl,
En eu manto azul, glaciado de menuda pedrería,
Está envuelta, como el sueño de algún astro en lago azul.
José vela en los portales con su vara de azucenas
Y su manto de gran púrpura como un viejo emperador¡
A sus piés están ardiendo suaves mirras agarenas
En brasero que ea la boca de un dorado aligator.
Suaves miras que extrajeron de un jardín de mil corolas,
Los tres magos orientales cuya pompa ee toda real:
Bajo u,, cetro de oro fino resplandecen sus estolas
Y sus mitras eminentes, de un prestigio arzobispal.
Respirando un vapor de oro por sus túmidas narices,
Descendió el Toro celeste que preside al sol de Abril;
Lleva atados en sus cuernos por guirnalda cuatro lisea,
Y Is estrella Sahil luce enclavada en su perfil.
Y la mística paloma, en un claro azul distinta,
Lleva en el pico una cinta de grana. como pendón;
&amp;nta D§i Genitrix, dice en la grana de la cinta,
Decorada como el regio pectoral de Saloruón.
Sobre el rústico pesebre de las altas glorias, llega,
-Resonante de alabanzas su magnífico claríny á la puerta del pesebre como un cisue astral despliega
Sus dos alas, cual dos liras, un inmenso serafin.
Cuando el diácono salmodia, secundado del arpista,
La3 perínclitas secuencias ante el negro facistol,
Y en los dedos abaciales centelléa la amatista,
Y la carne de las hostias resplandece como un sol,
La vidriera de colores estremécese en su hueco,
Conmovida como al paso de un armado palafrén,
Y parece que resuenan en el ámbito del eco,
Las cuarenta mil campanas de una ideal Jerusalén.
LEoPOlJJO LUGONE-;.

Febrero de 1897.

�DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

gL MUNDO

,89

•

..,

KL DANTE EN MEXJCO.-El enemigo del Exito.

EL DANTIC EN MEXICO.-Pena ae los poetas chirles.

EL DANTE EN MEXICO

cijada? Es el emblema de la Injuria, del ódio, de la ca•
res de madrigales para al bum, cantores incondicionales
lumnia. que persigue siempre á los hábiles. Lo tenemos de las Fléridss de vecindad ...... Sus gemidos destrozaban
aqní por sugestivo.
el tímpano y su gesticulación era digna de Don Gerardo,
VIAJE DE UN REPORTER.
En efecto, vi á una especie de San son de membranosas
( el del aao) en Jorge el Armador ......... .
alas de murcié1ago, viendo de reojo hacia un punto igno•
Cuando más absorto eEtaba en mi contemplación, senrado,
tí que una mano férrea me cogía por las solapas de la
(co;-.c1.uYE.)
La noche caia pesadamente y los reverberos del gas y
americana y exclamaba:
las lámparas eléctricas. abrían sus pupilas rojizas ó lívi·
-Usted se qued:-trá aqui; usted merece el suplicio; por
-¿ Y qué dirá '.lSted en México de su visita dantesca? das con guiños misteriosos. Desde la plataforma culmi- que ha cometido también el feo pecado de los versos. Va
nante en que se encontraban las oficinas privadas de Sa- usted á ser izado inmediatamente. A ver-añadió la voz
me pre_gunt6 Satanás entre sorbo y sorbo de Soconusco.
tanás, el panoroma de las regiones infernales era prodi- dirigiéndose á un diablete-una cuerda y un Pegazo de
-Escribiré un folleto.
gioso por sus efectos de sombra y luz. Recortaban por los que herramos esta mafi.ana para el amigo Cumplido!
-Oreo más oportuno que haga usted su relato en los
todas partes el espacio, crestones irrtgulares, semejanUn extremecimiento espantoso me conmovió todo; dí
periódioos.
. -E~tán muy ocupados en decirse majaderías, amigo tes á las agujas de una catedral gótica y á los cuales se un grito ...... me restregué los ojos: un empleado del Feprendían fantásticamente los focos de lu~, regando fulrrocarril Interoceánico me sacudía gritándome: u¡Pachumío.
·
Ha mucho tienipo que nuestro ~e~iodismo sigue é_se ca- gores que se abismaban al fin en el espesor de las tinie- ca ......... hemos llegadoln ...... Mi pesadilla se desvanecía á
bias. El silencio era completo, salvo lol'! gemidos escapa- lo lejos; venían rumores alegres de fuera y sobresaha en
mino, imaginándose en su estult1c1a que al púbhco le
importan un comino sus pleitos de comadres. El periódi- dos de algunos réprobos á quienes se aplicaban los tor- tre todoe el grito ríspido de un papelero que gritaba:
11El¡ Globo de acentavo! La verdad sobre el asunto de
có mexiciino ha ganado en noticierismo extranjero: esta- mentos más disímbolos de noche y de día. Respirábase
mos hoy al ianto de la cuestión de Creta ó de la Ineu · una atmósfera de misterio á pesar del exceso de tempe- Don Emilio Ordóñez,1 ........ .
¡Omnia somnum est/. ..... pero este merecía ser cierto!
rrección cubana. con notable oportunismo, pero ha per- ratura y era agradable permanecer en contemplación.
Satanás, abito de chocolate con bizcochos, se habladorFIN
dido en seriedad. El periódico honrado, decenttl y severo, se ve acosado perpetuamente por la jauría famélic.a de mido en una silla ...... dormía todo ..... .
Yo pensaba:
]as bojas de comisaría y de escándalo, y, 6 se mantiene
1tQué rnmensa distancia hay, de la tremenda trilogía
sereno en su ~mesto b3&lt;:iendo _oíd~s ~e m~rcader á l?s insultos, panilocualneces1ta pac1enc1arndec1ble,6desc1ende dantesta á este pseudo averno donde hasta el crírnen se
al asqueroso campo donde SPS contrarios almacenan lodo ve empequeñecido! En nuestro siglo ni el mal siquiera
es grande; todo se baila afectado por la pequeñez de los
de combate, para lo cual necesitaría una desvergüenza
que .desnaturaliza. por completo su finalidad y sus ten- espíritus y por la mezquindad de los caracteres. Nosotros
que hemos hecho parodias de todo: de cris~ianismo y de
dencias.
-¿Pero cuá.l es el fin de esas hojas tabernarias que se política, merecemos un infierno así, risible en su vulgaritiad.n
dedican al insulto verduleresco?
Aquí llegaba, cuando hirió mis oídos un ruido acompa-¿El fin? Lo nauseabundo no ha tenid0 jamás otro
4.ue ensuciar; cuál es el fin de l~ burbuja que surge del sado y seco con el cual alternaban gemidos y frases pla•
cieno? ... ...... Oiga usted. en l\Iéx1co hay una cosa que no ílideras.
Como tales rumores parecían proceder de parajes cerse perdona jamás: ser habil. Si funda usted una empresa
y dedica á ella todas sus energías y todos sus eleroen~e; canos, me aventuré en dirección á. ellos y pronto me en•
si se aplica á. ella oon todos sus empeños y la estudia y contré en una especie ae taller mecánico alumbrado a gi-Orno, de cuyo techo formado por la pared superior de una
la discute y al fin, merced á su trabajo, á su paciencia y
á la constante efectividad de los recursos empleados la ve especie de gruta, pendían, afianzados por las arcas, varios
coronada por el éxito, los que se consagran á labores si- individuos, sujetos al más extraño de los suplicios ...... .. .
milares le odiará.n á. usted con toda su alma. No entabla- Alineados perfectamente sobre una plataforma de rerán una lucha leal, no implantarán mejoras para sostener sortes, habla innúmeros caballos de hierro, los cuales gi~
con ventaja la concurrencia á que se les fuerza. No com- rando sobre sí mismos, aplicaban, con sus gigantescas pesufü1.s herradas, coces concienzudas en salva sea la parprarán máquinas ......... sencillamente dirán insultos y
estos irán ea cresaendo proporcionalmente al éxito de te ...... á quien diréis! ¡ A los poetas chirles!
EL DANTE EN MEXICO.~El despertar.
A lo que entendí, aquellos caballos férreos eran caricausted. La envidia y la impotencia son dos grandes eleturas de Pegazo, de Pegazo airado, que al fin se venga
mentos de nuestro c9,rácter.
No temas de mi amor nada imprudente;
Llega una empresa americana al país; gasta aquí cau- de quienes con burda espuela atormentaron sus ijares.
solo se ama á las santas santamente.
dales para crear una industria, lo improvisa todo, y los Ahi estaban los poetas populares, que juzgaren morada
capitalista&amp; impbt.entes y anaideáticos, se encogen de hom- idónea de la musa el sardinel de una pulquería y la mebros con desdén, primero y después, lanzan sobre los em · sa de un figón; los que disfrazaron al ideal, de charro
Sf como el héroe de la Mancha, antaño
prendedores toda-la andanada de sus vituperios. No era ó de china poblana. Ah( estaban los poetas inspirados,
realice por tu amor grandes hazañas,
lógico, equitativo y justo que combatieran con mejoras los que sin decir agua va, soltaban cada alud de versos
hoy sentado á la sombra de un castaño,
sentimentales y se jactaban de su facilidad de parir poey no con insultos? ?ero ......... oosi va. il mondo.
pensando mucho en ti, como castaaas.
¡El éxito, murmuró Satanás pensativo-el éxito! ........ . mas, como si el verso se midiese por kilos y bastase -rara
¿Ve ust.ed á aquel coloso que ahí cerca, vigila una encru- ser artista la buena voluntad¡ ahí padecían los surc1doCAMPOAMOR.

ENGANO SUBLIME-PJri'.b}aríai!esco!.
NUMERO 2.

Villa Martín, 10 de Septiembre.
Mi querida hermanita:

«Heme a&lt;1uí instalado en Villa Martín y recibi Jo con
los brazos abiertos por mis huéspedes.
uSon muy sencillos y muy buenos; tan sencillos y tan
buenos que me ban enamorado: el padre, el rico arma-dor, grueso, bajo, vestido de una hola.panda desteñida,
&lt;le u11 gran sombrero de plantador, tiene mis bien la apa!°iencia de nn jardinero que de un millonario. Su hija se
le parece desgraciadament.e: tan gruesa, tan baja y tan
-rubicunda como él_; y casi tan mal vestida.

...

l

uLa casa es sencilla; unavastahabitacióndecampo, sin
lujo, pero confortable.
~ Desde en la mafia na asisto á. la llegadq, de los padres,
de los tío!:1 1 de los primos, de toda la familia, en número
,..estringido, por lo d~más: dos viejos señores con sus mujeres; el uno, Martín de Rochelle, de los trigales, seg(m
me han dicho; el otro Martín de Tarascón, de las aceiteT.as; uaa !:olterona flaca, p:ilida, de aspecto asustado, á la
-cu:ll se llama la tia Eudoxia; y una prima viuda, laSeilora
Cleoméne Martín de Marselh1. El padre de Leodice, Mar--tín de París, como lo llaman, no llegará. hasta estf\ noche,
para la firma del contrato.
,,Además de los miembros dt- la familia !!e recibirá maliana, para el momento solemne, gentes de la vecindad,
relaciones y amigos.
,,He acabado por comprender por qué Leodice Martín
parecía tan feliz de que yo aceptara su in~itación. Evi,dentemente no podiaestarorgulloso de presentará alguien
á un.:1. familia tan sencilla, tan bur~ueea, tan vulgar; con•
migo, esto nada sigficaba puesto que soy un humilde
-oficial de marina que seir.í mariana.·

uVerdad es, por otra parte, que en medio de todas es.as
buenas gentes, deSentona un poco m.i amigo- Leodice; bs
domina y las deslumbra.
uNo exageró el amor admirllti,·o que su futura siente
por él; eso se ve y por instantes la transfigura. Sí, por
instan~, esa muchacha fea se vueh·e casi linda, cuando
mira á su primo. Me recuerda á aquella heroína. de la
vieja comedia de Bllzac que leí en tu casa. el ·afio p.tsado:
Eugenia Grandet.
nLa explicación de este matrimonio es sobrado natnral:
Martín de Brest es rico y Mart\n de Paris no lo es. El
matrimonio de dinero, ese mercado de que 1\n hombre de
corazón debía enMjecer, se ha vuelto en nuestro siglo
muy frecuente.
«No ha dejado Leodice de admirarme mucho ahora por
su agitación, por su inquietud, ·por una nerviosidad ·qne
verdaderamente las circunstancias no explican; e-e l1ubiese dicho que esperaba, que temía alguna cosa; iba, Yenía,
salía, volvía á. entrar, se extremecfa al menor rni&lt;lo, se
sobresaltaba, respondía de una manera enrevesada á
las preguntas que se le hacían¡ en fin, tenía el aire de un
hombre que está fuera de sr.
(c¿Qué es lo que puede trastornarle así, Dios mío, en
una unión tan aareciatle donde todo marcha á la medida de sus sórdidos deseos?
(&lt;He acabado por suponer que teme acaso el instante
del contrato.
11Una ~()sa mis importante para mí fué la aparición de
la sei\orita de honor á la cual fuí presentado hoy.
uSe llama Beltrana Meriadec: dos ]indos nombres, no
es verdad? Pues bien, la mujer que los lleva es cien veces
más linda que esos dos nomb~s. Fina y blanca, de cabellos de oro rizo de un mara'1"illoeo mafo;, de ojos leonados, un poco fieros, uu p•JCO s.1h·aJea, de boca pi'que-

ña, de labios delgados; pero esa Qpca de labios deJgadosp
reeponderá tan Jacónicamente como Jacques lo ha predicho ó se hllmanizará con largas frases? Verdaderamente yo no sé nada; basta el momento presente no he oido
aún @u voz.
uCou una muda inclinación de cabeza me ha respondido, cuando su amiga me presentó á ella. No estoy ni aun
seguro de que se haya dignado mirarme. Después las jó•
vene.;i se retiraron al fondo del salón á. cuchichee.rae prolongadas y misteriosas confidencias.
uLa vi e.ita de la seflorita Beltrana fué corta, como te lo
dec!a; uua aparición, pero que aparición!. ..
·•Después de su partida busqué á Leodice, que se en•
contraba ausente del salón. Quería tener algunos infor
mes respecto á esa linda señorit;a de honor. Al pronun
ciar su nombre, el me mostró la extraña fisonomía que
ya otra vez le había notado.
-1Cl.}mo! Beltrana ha venido! Y que se ha hechú? Qué
ha dicho?
-«Ha conversado largo tiempo con la seiiorita Ya~
leria.
-11Con,yereado largo tiempo ...
ciBru.ecamente, sin escucharme más, sin atender (¡ mÍ:i
preguntas, se alejó de ahí.
&lt;•Por la noche solamente, á la hora de la comida, hablú
,~aleria de la visitante: es una awiga de infancia, casi su
mejor amiga, aún cuando sus relaciones hayan sido interrumpidas durante muchos años.
Beltrana es hija de un oficial retirado, tin viejo capitán;
habita coa su padre una casa aislada, nole1osdeKeroeók.
La.e dos amigas casi no se separaban cuando eran nifias;
después ,·ino la sep:i.raci0n debido .i. la entr.i.dá de Beltrana en una de esas cae-as de educación, donde las hijas de
oficiRlt!S son gratuitaweute educadas.

�EL MUNDO
«La sefiorita 1'fartín, habla de en amig:\ con ternur.1.
Pobre Beltra.na.! Su vida ea tan triste! me ha dicho! Por
~so he querido que asi&amp;tiese á mi matrimonio. He tenido
la rnerte de no tener primas¡ he podido pues escoger á.
mi señorita de honor.
uHe insistido para que Leódice nos trajese á. uno de sus
amigos y le agradezco á usted, señor. que haya venido.
Esta reunión de familia que le parecerá. á. usted tan fastidiosa, es una fiesta para ella que se divierte t.an poco.
Yo querría verla tan íehz!
uY bien, deci1id1m,,.nte h'ly instantea en que Valeria
no es del tolo fea: a.on los instantes en que la bondad de
su corazón raifa en sus ojos.
uSeñor:i Elena, si la longitud de esta carta os sorprende, voy á da.ros su explicación: os escribo en mi cuarto,
despues de comer, en tanto que todos los de la cw;a están
ab3ortos en la lectura del contrato.
uHe visto claramente que la presencia de un extrafio,
tan extraño coi:no yo, no era deseada. A la primer ·
palabra deexc\18a discreúa qb.e'pronuncié, Leodice excla•
m) con precipit1ción:
-11Cilm1 no, mi querido de Aubian, tiene usted cinco
veces razón para sustraerse á esta fastidiosa tarea que yo
me veo forzado á. tolerar. L:1, lectura de un contrato es
abrum \lora! E3cribJ. u~t.el su~ cartas; si puedo escaparme á tiempo iré á decirle buenas noches. Acuéstese usted
temprano: la jornada de mañana. será ruda.
uY ahora son las- nueve; naia ro.is tengo que contarte
y nime atrapa el sueño.
uVol,;er al salón seda penoso. En estos momentos, al
atravesar el corredor, he oído voces que parecían discutir.
nBah! voy á pasear á la playa; no creo que el Sr. Leodice piense en venir á n;i.eterme á mi cama. La noche es
soberbia, no hay luna, pero sí muchas estrellas. Allá,
lej0s, la mar canta; quiero irá escucharla.
uBllenas noches una vez más, mi hermana querida; beso tus dulces ojos, estrecho la roano de FernandQ, beso
los lindos pies de Su Alteza mi adorada Lila.
Felipe))

Brest, 11 de S!&gt;rt.

uElena, querida hermana m(a1 mi conciencia viviente,
te escribo bajo el imperio de una gran emoción, te es~
cribo para ver claro en mí.
,1He hecho bien en no asistir á este matrimonio? He
hecho bien en partir?
c,Cuando tu respuesta me llegue ya no tendre resolu
ciónque tomar, pero querría oir, como cuando era un chicuelo, que me dijeses:
11Has hlcho muy bien, has hecho muy bien Felipe, estoy contenta de ti.
1(Ohl son peregrinos los amigos de Jacobo de Sommeres!

11Y ve como se conducen loa hombres que se jactan de
ser vividores, y cómo tenía yo razón en no sentir confianza en este ...... Q1 1é miserable!
nOye lo que ha pasado:
,cSegún te escribía, salí de mi pieza, me deslicé fuera
de mi casa, atraves¿ el parque y me diriji al mar.
uEn aquella noche toda iluminada de estrellas, experi·
mentaba una sensación de ensueño al pasearme solo,
completamente solo con el oceano, á lo largo.de aquella •
playa desierta.
uCreo que anduve largo tiempo sin darme cuenta de la
distancia recorrida. Por fin, resintiendo un poco de lasi•
tu 1, me eche á tierra, sobre la arena, al pie de una de
esae grandes piedras druídicas de que está salpicada la
Bretaña.
uY la mar cantaba allá lejos, ante mí, comenzando á.
ascentler y rompiéndo3e en la playa.
11Yo la escuchaba embelesado: ningún concierto humano es tan bello como esa gran voz de la mar y he aquí
por qué, no escuchando mas que á. ella, no viendo más
que á ella, olvila.ba yo la hora, ab3orto en esa contem•
plnrión infinita.
"L 11 ¡vHo rápido, precipitad.0 1 nervioso, me despertó de
mi ensul!iiO. L!egabl un hombre. En el mismo instante
una mujer envuelta en el manto de las campesinas breto•
nas, pasó ante mí como un relámpago, gritando:
-nPor fin, por fin!

uEn la obscuridad de aquella noche sin luna, no me había. percibido.
1,Quiso arrojarse en los brazos de Leódice, y con un·
gesto brusco él la rechazó.
-nNo haga usted necedadee, dijo; ya es demasiado haberme hecho venir. Qué es lo que quiere usted por fin?
(&lt;Ella dijo:
-&lt;\Quiero saber si me ama usted aún. Quiero suplicar
á usted que renuncie áe se matrimonio ahora que aún es
tiempo. Quiero decirle á usted que eso sería mi m-uerte.
Quiero suplicarle. rogarle, arrojarme á sus piée; tenga us•
ted piedad de mí, Leódicel
uSe arrodilló.
-i&lt;Vamos, dij1&gt; él, levántese usted, basta de melodra•
roa. Usted sabe bien que la amo siempre, puesto que es•
toy aquí, áriesgo; sí, á riesgo de descomponerlo todo si
alguno nos hubiese segui io. Sea usted siquiera razonable¡ este matrimonio á mí tampoco me diviert.e. E3 una
calamidad! pero una calamidad necesaria. Ya le he dado á usted las razones, yo creia que como muchacha
sensata me había usted comprendido. L'l casa Martín de
París no es muy sólida; tiene ne,esidad de andamios y
esos andamios puede proprocionárselos la casa :Martín d·e
Brest,. Yo me sacrifico, mi pobre niña. pero nada cam•
biar.í. en nuestro amor; por que ya.comprenderás que no es
la gruesa peonía de Valeria la que puede reemplazará
una rosa de Bengala como tú.
i&lt;Ellase había levantado, y el quiso abrazarla; pero
ella se echo hacia atrás y con 1;1na voz feroz exclamó:
-&lt;cMe habeis prometido que os casariais conmigo, me
Jo habeis jurado¡ de otra suerte no me habría entregado
á vos, no habría yo cedido¡ lo. habeis jurado y ahora ...... .
-..:No pudo continuar.
{{El dijo con un tono ligero:
-1(Y ahora me caso con otra. E3to prueba la verJad del
proverbio: uEl hombre propone y Dios dispog.e¡o Dios lo
ha dispuesto de otra suerte; vamos, lfüd razonable; me caso,
~to ee indispensable, pero en el estío próximo volveré
y juro que entonces el Cromleck, testigo de todas nuestras citas ..... .
~nCallaos1 callaos, dijo ella con una voz á.8pera, no ju·
reis ya y escuchad á vuestra vez mi juramento: Si rechazais mi suplica, me vengaré; he esperado hasta última
hora; pero entanto que viva, ese matrimQnío no se realizará:
1cY con los dientes apretados, repitió:
-u:\fe vengaré, me vengaré!
((El dijo con un tono de burla cruel:
-l(Ea la escena clá.sica, ya la conozco.
ttY declamó con enfasis:
Lt• va á los 1)if3 de los aftam1,
El c:oraz6n. q•~ me ahandona ¡
AntU1, apr&amp;1Urak, m'Ús f.em.e

HuUar ahí denwvo á Flermiona.

uDespués afíadió:
-11Que hará:Hermiona, oh mi hermosa? No me disgustaría saberlo. Hoinbre prevenido vale por dos.
uSin hacer caso de la ironía.1 sin indignarSe por la bur•
la, llena toda de su colera y de su pasión, respondió
ella:
ctlre á buscará Valeria, le diré qne no la amais, que
la ridiculizais con el sobrenombre ~e peonía, que os ca~
sais con ella únicamente por que ~s rica, que la abando•
nareis y la•engañareis.
-{(Babi Bah! Valeria es una buena muchacha; me
adora y me perdonará, a1;1n cuando yo fuese cien veces
má.s criminal; hay en su alma plácida demasiado de amor
y de indulgencia para absolverme de todos Ls delitos del
infierno.
uPues bien, me dirijiré á M. Martín; el no es un vivi·
dar, él es tm hombre honrado; y cuando sepa las promesas que me habeis hecho, losjuramentesqne hemos cambiado, cuando comprenda que su hija no puede ser feliz
con vos .......
uSe interrumpió haciendo una mueca.
---1eY que pruebas dareis de esta acusación á ese hom•
bre honrado! Nuestras citas? ¿Han tenido testigos?
¿No, verdad? Nuestras precauciones estaban bien tomadas; por prudencia, me cuidé de todo. Tenéis cuando
menos algunas líneas de mi letra?
i&lt;Ella respondió sordamente:
-uDa snerte que por eso no babeis respondido á mis

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1!97

cartas! Por eso :fingiais temer comprometerme! lo que t,e...
miaisera poner una arma entre mis manos!
-u¡Pardiez!.Un sabio ha dicho: uD_¡dme tres líneas de
escritura de un hombre y yo le hará ahorcar.u No quiero
que me ahorquen, no quiero que me arruinen, no quiero
que me casen á pesar mío.
-ce¡ Pues bien! dijo ella violentamente, diré todo á mi
padre¡ él os matad.
&lt;1E3ta última amenaza me pareció que producía sobrn
el espíritu_ de M. Martín más impresión que todas las
otras. P~rrnaneció un momento silencioso y respondió
con un tono. más dulce:
-!cVamos, no digas locuras; no se mata á nn hombre
tan impunemente como á una liebre: hay trabajos forzados y también gujllotina ...... Sobre todo, cuando no se
tiene prneba alguna, entiendes bien? prueba alguna ..... .
uDespués con voz temblorosa:
11Hagamos las vaces, querida mía, abracémonos, despidámonoe, como buenQS amigos, porque la luna se levanta y yo no quiero ser percibi(!o. No te digo adios, sino
hasta luego.
uE\la no respondió al principio1 después, sollozando,
exclamó:
•
u-No; no, no os perdono. Comprendo ahora de sobra
como ha beis jugado Conmigo. Tenéis razón; ninguna
venganza me es posible; pero cu11.n fo menos puedo morir
dejándoos un eterno remordimiento.
ciCon un vaso desigual, paso de loca, la ví dirigirse al
mar.
t1En un segundo, me puse de pie sofocando un grito de
terror.
u¿Cómo no me vió Leodice? ¿C.lmo no me oyó? Estaba
demasiado absorto; pero yo no quería intervenir con tor•
_peza y 110 podía soportar que la dejase morir. La seguí
con una n::iirada de terrible angustia.
11Ella no se precipitó en las olas; sea que en el momen•
to supremo su valor hubiese flaqueado, sea que tuviese
aun un resto de es~ranza, se dejó caer sobre la arena ante
el mar que ascendía. Y ahí envuelta en sus paños negros,
parecía solo una de e30s pobres leñ.os que el océano va á.
arebatar;
uEl tiempo huía: una ola más alta y la imprud1=mte se
perdía para siempre. Yo busqué con los ojos á Leodire;
ah! e3ta vez tnve un eublevaJ?lientQ de cólera: el cobarde
huía. No vacilé, me lancé. hacia la pobre niña, la tom&amp;
en mis b:razos y la retiré de ahí.
11Ella dejó oir un grito de alegría:
-»¡Oh! me amas siempre, puesto que no quieres dejar•
me morir.
KSu error fué de corta duración. Murmuro:
-1tNO es él, ¡oh Dios mfo! ¡no ea él!
»Después se dejó caer de nuevo en tierra, se ocultó la.
cabeza con eu manto negro y se echó á. llorar amargamente.
u¿Qué podía yo hacer? Ella no me preguntaba ni aun pa•
recfa inquietarse de mi presencia.
uA la claridad de la luna, durante el minuto en que, tomándome por Leodice, había levantado su rostro haciai.
mí, un rostro radiante de felicidad, conocí á Beltrana ~ieriadec, la amiga de Valeria1 la señ.orita de honor que meestaba d~tinada.
1tLloraba con la cabeza entre las manos. Yo la dejé llorar, comprendiendo que en sus lágrimas, su enérgica có•
lera zozobraría, que no tendría ya fuerzas para comenzar·
de nuevo lo que había intentado hacer; en una palabra,.
que no se mataría.
uNo cambiamos una frase más; al fin se levantó con
el.,rostro oculto en un pliegue de aa manto¡ solo sus ojos,
aparecían, soberbios, ardiendo con un brillo sombJio. J\Ie·
míró Ia,gamente sin decir uoa palabra, y se alejó.
u~fo se dirij ía ya hacia el mar y no ia seguí.
uAquí es, herm~na querida, donde surge el caso de
conciencia. ¿Qué debía yo hacer?

DOMINGO

20

EL MUNDO

DE MARZO DE 1897

•

uNo podía conservar ilusiones respecto álos sentimientos de honor de Leodice¡ pero revelará. M. Martín la indignidad de su futuro yerno, era una tarea ingrata q1ie
me asustaba.
«En el fondo de mi alma se levantaba un sentimientc&gt;
muy preciso: una repug~ancia á. asistir á ese ma~rimo1 i ""
que me parecía odioso; yo quería- evitará. la desventu ·
rada muchacha el suplicio de mi presencia, ahora que sabia su secreto. C..Jmplde~ía á Valería, compadecía a.
"Beltrana y execraba á. L'~o::lice.

•

•

_..,..,..
..

~~

,. .

;·!'""

•

n:No reflexioné largo tiempo: No es acaso una dicha pa.ra loe que deben ser hombres de acción no perderse en
las vacilacienes del pensamiento? Volví á. mi pieza, arreglé mi petaca y salí á las primeras luces del alba.
11Dejé sobre mi mesa una palabra de excusa para M.
Martín. Pretextaba indisposición súbita que me forzaba
á.partir.
n¡Qué habrán pensado? ¡No lo sé! poco me importa! .. _
¿Pero tú', hermana, que piensas de tu hermano? ¿He hecho demasiado ó he hecho poco? ¿No me. he lavado las
manos como Pila.to? O bien, al desertar, he faltado á las
leyes más elementales de la hospitalidad y de la política?
c&lt;Espero impacientemente ~u respuesta.
FELIPE,»

•••
La Sra. Elena Duverrwy al Sr. Felipe Aubian,

uMi querido hermanito:
uTodos IQ.e dicen injuriBP; que te he educado mal, que
he hecho de tí una mujercilla, una señorita. Jacobo de
Sommeree, á quien he puesto al tanto de tu carta, da libre curso á. su indignación! Te trata de cándido, de boba-

licón; él estaba lejoe de esperar qué un oficial de marina
tu viese, para ciertos asuntos, severidades de capuchino.
Afiade que hay pocos hombres que no hayan tenido que
experimentar, en vísperas de matrimonio, semejantes
asaltos; que sólo loa simples se dejan coger, y que Leo•
dice no es }ID simple.
({Debo afiadir que no h~ encontrado en Fernando el sólido apoyo que esperaba; sin explicarse con la cínica brutalidad de Jacobo,.insinúa que hubiera eido preferible
no entrometerse en este asunto y asistir al matrimonio
com9 si nada se hubiera vieto¡ estima que el deber de un
testigo, de un gar~on á' Jwnneur, de un invitado, es
volverse ciego y sordo. Te censura que bayas ido á. va·
gabundear ( esas son sus expresiones) durante la noche.
Jmnás sabe uno-dice-á qué descubrimientos se expo~
ne. He aquí la moral de los hombres, mi querido niño, y
de los mejores, porque éstos son gentes honradas. ¿Ha
brá. necesidad de decirte que no es la mía y que he sentido una profunda tristeza escuchándolos?
1eYo comprendo y apruebo el sentimiento que te hizo
huir de esa casa y la aprensión -de tener que estrechar
aún la mano de ese- miserable. Porque pa,t:a
pa?a.. íní,

es un miserable, aun cuando siga siendo á los ojos de lo
otros un hombre galante.
uSolamente un temor me tortura, Felipe; Jacobo pre•
tende que las cosas no quedarán así, que tu brusca partida ha sido una afrenta, que la esquela dejada á M. Martín es insuficiente, que en el caso procede una explicación;
en fin, que para evitar las consecuencias de tu incivilidad, habrá que ~scribirle una carta de excusa.
~ 1(Esta carta, Felipe, yo sé bien que no la escribirás, y
no quiero imponértel.!I.; pero tengo la angustia en el corazón, porque nuestro primo ha afiaiido que ese miserable es un matón, un espadachín, un cliente de los salones de armas.
11¡Oh, mi Felipe, cuá.nto temolcuánmalos son los hom•
bree y cuánto te amo!
Tu hermana-ELENA.

4

tí7"

Felipe de .Au-bian á la Sra. Elena Duverrwy.

•

uMi pobre hermanita, tranquilízate. Por terrible quesea ese matasiete con la espada ó con la pistola, ya habrla encontrado alguno para que le respondiese; pero no-

�•11•

EL MUNDO

DOMINGO

21

DE MARZO DE 111!)7
DOIIINGO

J)iensa casi en provocarme en duelo. La noche de su ina•
trimonto. partió para Italia y cuando regrese, hermanita,
habrá entre nosotros el Mediterr1.íneo, el mar Rojo y el
Océano Indico. Acaba de llegar la orden de marcha. Hete pues contenta ( cuando menos asilo e~pero); partimos
para los marea de la China y no pienso que el feroz Leo·
&amp;ce vaya á perseguirme hasta allá.
1&lt;Doa años de ausencia, querida, extinguenmuchoaren•corea, calman muchas cóleras. Yo supongo que jamás me
demandará ni razón ni explicación.
1(Lo que si es grave y triste, es que no podré irá abra.zarte y decirte adios: Pontarlier está tan lejos y tenemos
tan poco tiempo!
"Cuida mucho tu salud, hermanita querida: las últimas cartas de la tía Fourneron me inquietaron un poco.
Dice que _tienes mal aspecto, aun cuando te obstinas en
no quejarte.
,1Bien sé que la buena tfa, en su fiebre de solicitud desea vernos á todos enfermos, á fin de tener el placer de
,cuidarnos y la gloria de salvarnos. Bien sé que tú mé
afirmarás que ·nunca has estado mejor; ¿pero esto es verdad?
u:\Ii Elena querida, no tener más que una hermana en
el mundo y pmtir tan léjos de ella, tan lejos que se necesitan meees para que sus cartas nos lleguen! Cuando
piem:o eu esto me dan ganas de desertar ó presentar mi
dimis!ún.
&lt;i¡Que Dios te guarde, Elena!
uTu hermano que solo á tí ama.
Felipe.n
P. S.-Li á Jacobo mi pena por haber correspondirlo
tan mal á sus esperanzas; dile que si los oficiales no son
,capuchinos tampoco son tigreé y que por miserable que
pueda ser una mujer, no se complacen en verla torturar.
u)Iira tú, hermana. Yo no aceptaría ni una broma, ni
una censura á este respecto. Yo no doy sino á ti sola el
derecho, 9"e juzgar de mi conducta y de normarla.
III.
Cuando la Sra. Duvernoy recibió esta carta, no pudo
,coñtener las lágrimas. Oprimiala la angustia, Felipe iba
á partir siu que ella lo hubiese vuelto á ver; no lo vería
jamás!. .....
Pero no eran los azares del mar lo que más temía; tam•
poco que no volviese,, E!ino no estar en el mundo cuando
-su vuelta. Se sentía gravemente enferma.
Lo que ni Fernando ni Jocobo de Sommeres, ni el me•
dico tal vez observaban: el debilitamiento paulatino y gradual de la joven, la tia Fourneron no había dejado de
percibirlo. Asediaba á Elena á preguntas, la vigilaba
desde la mañana bata la noche, entrando á su cuarto con·
todos los pretextos, miníndola hasta. el fondo de los ojos,
de tal suerle que acabó por comunicarle su convicción,
quitándole también esos bienes supremos que hacen retrocederá Ja muerte y frecuentemente vuel,·en la salud:
la esperanza y la ilusión. Elena1 sin embargo deeeaba
sanar: se aferraba á la vida con la enérgica voluntad de
no abandonará. los que amaba, á Fernando, á Felipe, y,
sobre todo, á. su pequeña Lila.
Desde la discusión con Jacobo 3 propósito del matrimonio de Leodice, ese deseo de vivir estaba acompafi.ado de una inquietud moral. Llevado por la necesidad
de convencer, de tener razón,. de.guardar para sí la última palabra, Jacobo le Labía chcho con su franqueza
brutal: &lt;1¡Pardiez, prima Elena, si los hombres se anduviesen por las raQlas pam romper con su pasado y enviar
.al diablo á las intrigantes, no se casarían jamás. Pregunt.1.d algo de eso á vuestro marido.u Ella había vuelto
hacia Duvemoy sus ojos interrogadores y lo vió vacilante, turbado hasta el fondo del alma.· Herida en su pudor de mujer honrada, se abstuvo de pregunta!, pero la
duda se le qp.edó en el alma.
Algunos dia.e después, Jacobo totn6 bruscamente á la
carga; esta. ve.z llevaba excusas:
-Estoy desolado por lo que he dioho, mi pob_re prima;
Fernando me ha hecho una algarada; que queréis, yo
creí que eetábais al corriente: ¡eso era t{ln público! Todos
fos artistas pasan por lo mismo, no hay que admirarse.
Fernando ea muy bueno, pero muy débil. ;Las mujeres
lo dominan 1 Ah! y no fué facil e~capar de esa. Sabéis el
medio que yo empleé? Me puae en competencia. Yo era.
más joven, más rico, demasiado guapo y decidido• á per•
manecer célibe. La tía Fourneron no había emprendido
aún mi conversión; agotaba las armas de su arsenal con-

tra vuestro marido. Ella fué la que inventó la maquia- aguas. A fuerza de instancias, logró el pobre hombre que
vélica combinación que logró hacer de Fernando el más" I..eodice paniera solo¡ mas fueron tantas y tales las muesfeliz de los maridos. Ya veis, pues, que hay que eer in- tras de desolación de Valeria, que un día, haciénd0se un
duJgente con mi amigo :Martín. En ese duelo que se . supremo esfuerzo, la dijo:
libra siempre entre el hombre y las mujeres, ellas tienen
- Vete, vete á. buscarlo, puesto que no amas má.s que á.
por armas sus astucias, sus comedias, sus tragedias tam- él en el mundo:
bién. El hombre no tiene más que su egoii:mo. ¡MalaElla se levantó de un salto y le echó los brazos al
ventura para~ debil! Fernando era un dtbil; me tuno cuello:
que vuestro FeliIJe no sea un débil también.
-Gracias, padre, gracias; cuán bueno eres permitiénElla mostró una hermorn eonrisa de confi.,ama:
dome abreviar mi permanencia aquí! Mira, estny tan in-Oh, no! Felipe es tan :firme como bueno, honrado y quieta, soy tan deegraciada cuando no le veo .............. .
leal.
Y partió alegremente al otro día.
Y cedió la disc.usión, mas cuando Jacobo se hubo ido,
ei enfriamiento perduraba.
En su hermosa mansión ,acfa, }l. 1\Jartfn meditaba
Conque era pues un débil el hombre á quien ee había
tristemente.
unido! A. pesar del grande afecto que le prnfeEaba, no po·
¡Qué largos son esos días de Otoño! 1\Us largas aún
día impediree juzgar severamente algunas denotas: la
imposibilidad en que él estaba, por ejemplo, de defen- eeas tristes tardes pasadas en un rincón y ante el fuego,
der sus intereses, prefiriendo dejaree perjudicará entrar solitario! Los negocios no le interesaban ya: ¿para qué
·en pugna. Débil, no por cobardía, no por bondad, eino ganar dinero para los ingratos? Por sus labios vagaba
por una especie de pereza; de t9l suerte, que las tareas esa'terrible palabra que resume la nada de todos los es.fuerzas, la locura de todos los sueños: "¿l'ara qué, para
penosas venían siempre sobre ella.
Y ahora en la penumbra de su alcoba, en Ja triE.teza qué?n repetía amargamente. Ante él pasaba su vida, una
vida laborimm: cuidados, vfgilias, actividad incesante,
del crepúsculo, con las dos manos cruzadas sobre las roalgunas veces horribles temores que hacen correr un sudillas, pensaba: Que sería de su pobre Lila si ella moria? Vanamente trataba de reaccionar contra la impre- dor frío por las sienes.
No se erigen las fortunas sin una lucha tenaz! Y.el.resión producida por las revelaciones de-Jocobo: recordaba
sultado de tantos e!.Euerzos era la soledad y el abandono!
frases, palabras pronunciadas otrz.s vecés ante ella, eufeUn padre es tan p6ca coea para el hijo, en tanto que el
mismos, sonrisas veladas. Entonces no había comprenhijo es todo en la vida del padre! El también había sido
dido, ahora comprendía.
un hijo ingrato; queria hacer fortuna. Esta idea fija haLo que experimentaba no eran celos retrospectivos 1 era
bla paralizado, absorvido todos los sentimientos de sU
aprensión; no por ella que acaso iba á morir, sino por la
corazón. El primer escalón que le había permitido alhuerfanita que le sobreviviría. Se dejaría sorprender
canzar la meta, fué el matrimonio: los cincuenta mil
por los artificios de algún intrigante eEe hombre de coescudos
de su mujer le permitieron emprendar en algu ·
razón debil cuando ella no estuviese ya ahí? Oh! 1á! era
nos negocios. Su mujer se asoció a él y al morir, dejándopreciso vivir! Lo necesitaba, lo quería.
Llamado el viejo médico, Ee sorprendió de encontrarla le una hija, contempló orgullosa la prosperidad de la
•
tan nerviosa. Advirtió los desordenados latidos del co- casa.
y todo para qué? ......... si ahora no había una ternura
razón y la irregularidad de los pulsos. Ordenó numerofemenina que calentase el frío de su vejez ........ .
sos medicamentos, todos los vinos generosoe, todos los
En este momento flotó ante sus ojos una esbelta Y
el!xires, todos los fortificantes, todos los anti-neurastéblanca figura. Hacia muchos días que la encontraba en
nicos.
la playa. Estaba sentada sobre una gran pieda y contemElla obedeció dócilmenw.
plaba el océano. Como no amaba á los perezosos, la·había
El médico da el remedio, más Dios solo da la curación.
mirado al principio con una extremada desaprobación.
IV.
nEaesa haragana de Beltrana Meriadec,,1 babia murmu•
En tanto que Felipe de Aubian bogaba, á plenas velas rado. Pero los ojos que encontraron los suyos, no deja hacia el Japón; en tanto que •Leodice paseaba· chabaca- ron de turbarle. Eran unos ojos leonados, de un brillo
namente por lila playas del Adriático á la pobre fea de sombrío y de potente seducción.
Valeria; en tanto que Elena miraba tristemente irse su
El no era experto en belleza femenina: verdes ó azules,
vida, Martín de Brest se fastidiaba.
obscuros ó negros, los ojos de las mujeres no le preGcupa·
Desde· el matrimonio de su hijo erapresadeesamelan- ban jamás; pero el recuerdo da aquellos le persiguió tan ·
colía que todos los padres han experimentado, tristeza to y tan bien, que al día siguiente volvió á la playa, pre•
caueada por la últiina decepción de la vida: la ingratitud sa de un deseo un poco maquinal, como si hubiere ido
del hijo. De un cara1:ter dulce, apacible, amaba la casa,• en pos de un resto de navío ó de un objeto curioso é inla vida de familia: Valeria, al partir, dejaba nn vacío in- teresante. Los ojos estaban aún fijos en el mismo sitio,
capaz de ~lenarse. Mientras duró el invierno, soportó va- siempre ociosos. perdidos en la inmensidad. Creyó ver
lientemente la separación; estaba en Brest, sus negocios
lucir eb. ellos una lágrima. Después, vol vi6 todos los días
lo distraian, además. las cartas de su hija le llegaban im- al mismo paraje, sin razón, sin esperanza. En su vida,
pregnadas todas de gozo; estaban fechadas en Niza, en destituida ya de toda finalidad, este encuentro silencioso
Florencia, en Roma, en Venecia, y por último en Nápo- se conVirtió en un hábito y en un placer.
les. Aquello era para la muchacha que jamás habia abanY he aquf que solo en su gabinete se echó á sofí.ar co~
donado la Bretaña, una maravilla, una embriaguez. El aquella muchacha, deopués de haber pensado, quien sabe
se asociaba á. esta ventura, pero experimentaba un poco por que extraiia asociación de iJeas, en una pobre sir·
de celos. ¿Por qué no era á él, á él solo, á quien debfa vienta á. quien sinceramente había amado: María ·9omesta felicidad? ¿Por qué habían permanecido el uno y la bier, abandonada cruelmt&gt;nte antes de su matrimonio,
otra pegados á esa casa de comercio, t ne.errados en los sin preocuparse de lo que sería de ella. No habfa cohe•
EOmbríos departamentos, en los escritorios polvosos? Ah!. sión posible entre los dos recuerdos yein embargo el uno.
era preciso ganar millones, y ahora otro los gastaba ale- sucedía taimadamente al otro.
gremen~. Sentía para su yerno una especie de rencor,
U11 día, en el momento en que su paseo le llevaba de··
ese rencor que inspiran los ladrones hábiles. Si cuando lante de Beltrana, ella se levantó y se acercó á él. El se
menos al ·robar la caja fuerte no se hubiese llevado el co - detuvo, más intimidado que sorprendido. "No era amigo
razón de la muchacha!
de platicar con las muchachas hermosas, pues· jamás haPasó el invierno y la primavera vino. Se había conve- bía tenido el hábito de esas conversaciones; pero tamponido antes del matrimonio que los jóvenes pasarían el co había querido alejarse ein oirla. Iba sin duda á soliestío en Kereck y que Leodice, al ojo de su suegro, se ini- citar para su paire, ese viejo cazador furtivo del capitán
ciaría en el funcionamiento de la casa de Brest cuya di· Meriadec, algúu permiso de ca al eu sus bosques reserrección debía representar. ((Así casi no nos abandonare• vados.
mos, tío Nart.ín,n había dicho, y paro liando una palabra
( Continuará. )
célebre: ((Ñada ha cambiado en vuestra vida, no tendréis
sino un hijo más.n Previa esta seguridad ee concluyó el
matrimonio, más al ~greso de los novios Leodice habló
de los negocios de Paria, de la necesidad de un viaje á
Alemania, y de la exigencia para su salud, de tomar

21

DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

LA MODA

'Traje parisiense para niña.

•

�l&lt;J.. MUNDO

11'.A.MODA.

DOMINGO n DE MARZO DE 1897

En pocos afioa, todas las Eefio~ distinguidas iban como
la Empt-rat.riz Eugenia, co11
la cabeza alta, los ojos mir-,mdo vagameute1 el talle ondulante ......... y hasta Jos ca~llos adop·aron uniforme...... .
En 185h llega el apogeo de
su triunfo; tiene ya uu hij1 ;
t-8 t-n la nueva sociedad la expresión suprema de la finura fra¡1c-..sa. No tiene ni las
incohl'rencias de Josefina, ni
l»s indiferencias de Maria Lui~
sa, ni las tristezas de la du.
qut&gt;1:1a de Angulema, ni las
t urbul,enrh1s de 11ifia mimada
de ta duqueea de Bnry. Sin
embargo, de todas ha toma.
do algo: la ~ensibilidad. la
d n lwra, la protección á )fls
pt&gt;qut&gt;ños, el gl,SIº por lo inédito y por los rdiaamientos,
la pJegante distracción.
E11 la uwecolan:rn de la corte
Fe afirma indh•cutiblemente é
impone á las útras damas lo
que ella ha entendido, eetudiado y colocado en su verda•
dt&gt;ro punto. Si la observamos
t&gt;n su estricto papel de muj, r
á :u motlo, la consideración
reina por cu:to superior en el
C(,nocimieµto de los matices,
de tal modo, que cosas exLravagnntcs ó ínfimas wciben de
ella una precisión más acá de
lo cual todo es tonto y más·allá
todo es ridículo. La vemos
muy á menudo en sus habit.'lcjones, en rápidas posturas,
sorpre-ndida en tr&gt;ilettea que
una nonada h0ría grotescas y
que son, sin embargo, encan•
tadoras. Bajo un horrible
sombrero plano, que Je impLnen los modistos¡ con un traje
liso cerrado en las mangas,
cerrarlo en el talJe, y deFgrit.ciadamente inflado por abujo,
t&gt;El 1 seguramente, la Emperc:1.tr iz 1 y para convencerse de
ello, basta compararla con las
otras damas.
Cuando viste con las galas
de las grandes recepciones,
como por ejemplo, la de JoeembaJadores de Pereia (en
Enero), ni la misma María.
Antonieta hubiera tenido aspecto más distinguido. Llevaba nna corona de flores y
pPndfa de sus hombros amplísimo manto. En pie, al ladodel Emperador, son refa á. aq uellos enviados de las m·il g ii11tAnoche1S, que comervan en la ca•
beza su gorro de astrakán, y
sin embargo, e~tán como cortadosdelante de ella.

DOS HERMOSOS MODELOS

Ahora. ninguna dama encopeklda, ninguna reiua de la
hermosura puede considerarse
satisfecha s1 no tiene má! que
en modista, eu -eastre. Y ea
que el traje femenino, en lo
relativo á la elección dt:' género@, y aun comunmente en
su factura, se masculiniza ii
grandes :pasos. Salvo en abrigos y aplicaciones de tr-djes de
gran soirée, están nuesi raR da·
mas muy lejos ya de los buenos tiempos que precedieron
á laaetualetapa del figurín.
Las complicac1ones desaparecen inseni:iblemente, aunque
no lo co~toeo de las telas, y
dia llegará, ei el capricho r~ menino no opta por los t:xtremos, en que la tisonoaüa dolninante de la moda sea de
11na augueta eencillt'z.
De uno ó de otro modo,
quien mantiene el cetro de la
actua1idad y la fantasía en
cuestión de trajt:e ferrt(&gt;ninos,
es ortb ,el Parisie,i ee. ,v&lt;•rtb,
el único, el inimitable "\Vorth,
cuyo cerebro e~tá t&gt;D teni:ión
perpetua, para c:n&gt;ar cada día,
cada hora, el guifiapo de actualidad que r~inará en París
elcual reina á su vez sobre
toda la tier1 a.
El hermo1,íeimo traje de
casa que ilustra estas líneas,
acaba de salir de su establecimiento y ha obtenido prediJeccit1nee stfialadas. Hay
quien lo repptael clt,-J ,,'reuvr~
''" la sea:ion. NosCJtros ni quitamos ni ponemos rey, limitándonos á dt'jar al buen gueto de nuestras lectoras la
aprobación más ó menos in·
condicional de ese figurín y
Oel no menos bello para niña,
que aparece en visible parte de ebte pliego y que f'S factura de la propia presLigiada
cuaa.
La entrada definitiva del verano promete primores, de
que nuestras lindas abonadas
&lt;starJn al tanto con la debida
0 portunidad.

,v

LAS MODASDEAYER
El segundo Imperio

El se~undo imperio, aparte
ele su rnterés puramente historico, tiene para los espanoles
otra eepeciEi de interés. Una
1·
de las figuras más ilustres de
aquel tiempo fué la condesa
de Teba, de la cual dice Bouchot que no ha habido personaje de drama t,an conmoveOrí¡en del nombre de al¡unas
&lt;lnr ni tan doloroso.
florea.
·
De este modo retrata el autor de d,es eléga1,c,-si1 á la
Aseguran algunos que rriEmperat1 iz 1 cuando la augus11antl'mo, ee compone de dPS
ta s~fiora fué á ocupar el
palabras ~rit&gt;gas que signitl•
trono de !&lt;'rancia.
can 1&lt;flor de oro,n nombre que
1,Era entonces encantadora:
se Je puso por el color de aleus rubios cabellos, casi dogunas de sus variedades; y
1·a&lt;los, formaban dos grandes
otros sostienen que crisanteondas en las siene~, imitando
mo significa uflor de Crieto,1&gt;
el peinado de las antiguas mi·
alusión a que en e) Oriente
lanePas. Su rostro era owlaflorece por la Noche Buf'na.
do, de una gran pureza de líEl nombre de la roisa se deJM&gt;as y un poco corta la barriva del latín y ea casi igual
billa, la nariz correcta. aren todos los idiomas.
qaeadas las largas pestaí'ias,
~""
r,
.Jr1tflrn11a se deriva de] grieoj08 'Ot!netrantes y muy jun- ~:-...
-·~·•·•~...~..... _. ::...;:~~~
---"'"'~""""""t':t:r,;~~"~~"~,,..~-~="'"'-'~*"'-~"~•"
go y significa &lt;{flor del viento,ll
tos. Sn perfil semejábaee al de
nombre que alude al hecho de
los ant.iguoscamafeos, sin ninTraje parlsienae par.a casa, del establecimiento de Worth.
que esta planta vive en lugagún defecto de los que Maria
res expuestos á. los vieutoe.
Antonieta en~ontraba al suyo. La boca era grande, por- c,i,n la esposa de Luis X VI. No se citan a1111 fraaes, la RPgÚ'? la Mitolog(a la anémona nació de la sang~ de1
que su sonnsa dejaba ver lindísimos dientes. De dio- Emperatri?. no trata de hablar pan. la po&lt;1.teridad, pero ¡sa- A loms; pero otros sostienen que brotó de las lágrimas•
► ª era eu cuello y sus hombros y en talle ondulante y
lu&lt;la tan bien, en P:u sonriiia tan dPliciosa! ... ... ....... .
de Vénua, qne lloraba la muerte de un amante.
&lt;leigado,. penetraba en los req~iebres de la falda, como
Uno de suq primerop; éxitos fné dos meses despnés de
El jacintn también tomó siu nombre de la Mitokgía.
en ?tro t1empo_e!_emba1Jenado corpiño de la Reina Mar- su boda, en el baile del Cnerpo legh,tativo. Allí afrontó
griega: refiere Ovidio que Jacinto, un muchacho muy
ganta. en .su mm_ua.que. Las manos y los piés mostra- 11:allardament.e mil miradas qne expiaban señales de des- hermoso, fué hijo de un rey de Esparta y favorito d"'
ban lo ar1stocrát1co de su raza, pies de mufieca y manos fallecimiento. Todosaqnellos cortesanos inclinados ante Apolo. Zéfiro, envidioso de la amistad que unía á. Jacinlargas y afiladas.
ella trataban de encoatrar algnna incorrecci6n para pn- to y á. Apolo desvío la direc~ión de un tejo que tiró és~
te iugando, Yel tejo fué á herir á Jacinto, que ca_\·Ó
tiempo ~~.-¡~·y~·~¡··~·1··~·~·c1,~~--~._:;~je·~t~;;~~·d~ blicarlaen seguida. La emperatriz pasó por delante de
ellos, alta la frent,e, sin vacilación algnna, expresando muerto. Apolo convirtió el cuerpo de su favorito en la.
las Princesas, una manera de andar propia de ella ]a ptrfectamente todo lo que era propio de su rango, y ol• flor que lleva au nombre.
f.rl!nte alta y cierto ~racioso y distinguido movimien~- ... vidándolo cuando era conveniente.
Mirtfl significa perfume. Creen algunos que este nom~n los primeros tiempos de eu matrimonio se le perElla impuso 1~ moda en el vestir Apenas la Empera~ bre le fué dado á. la flor que lo lleva, en honor de J!irty11.,
mite ser bella y presentarse en las las recepciones en Au triz Eugenia hubo resucitado los ahnecadore!ó!, ninguna poetisa griega que vivió en el ei~lo V antea. de Cristo y
pomifical de soberana. Sentíase en París cierto orgullo Soberana dejó de adoptarlos. Del mismo modo Josefina de quien recibió Píndaro sua primeras lecciones de p0t~e poner en parangón aquella bellezl\ altanera y román- impuso á la Reina Luisa de Pn19ia los t-alles altos y los sía. F..n tiempo d" Plnt.~rco existían aún algunos poeml.iB
tica con otras bellezas célebres. Se reconoce su distinción mantos de corte. Bien pronto fueron admiradas las acti- de Mirlys pero hoy todos se han oerdido.
1
y Stl!\ digno11 modales La corte ePta encantada de su tudes de la Emperatti1,, la manera de saluilar á la Tf'don•
graci~, c,1m&lt;H&gt;n otro tiAmpo los petirnetree de )a&lt;i Tulle- da con cierta inclinación de cabf.:rn,, Fu modo de andar y
nas ó U.el uP.tláis R•Jyalu lo estaban de ln r1 i \"¡ •1 , :i!l ~t ri ;l • h:1.~ta la clo:&gt;nericia •nn 11 ,Je ~11 sonrisa y de su mirada.

-··p:;~·-;;¡~el

11

f

ALMACENES
DE

EL PA·L ACIO DE HIERRO.
.
Los más grandes Almacenes de la Repúbli"ca. Muy acredi"tados por tener
,.~-

~

~~TODAS SUS ifERCANCIAS ~!ARCADAS CON NU~IEROcl CONOCIDOS~~
Y POR VEN"DER TODOS SUS EFECTOS MUY BARAFOS Y A PRECIOS INVARIABLEMENTE FIJOS,

Sistema reconocido como el que más j avor1 ce á los compradores.
Lealtad, Honradex y Eficacia, esn11estro Jema .

----f&lt;Altas novedades para la Semana Santa&gt;\--v ESTACION DE VERANO.
Telas finas de algodón.
.

Museline Alexandrie, gran var!ed~d de dibu1os. •, .$
Nans,JU~ en todos colore~ Y d1buJOS. • • • • • · - · · · · · · n
Plum.et1s broc_he, clase fma .. • • • • • - • • • • · - · · · · · · · ·11
Zep~1r fantas1a t:n todos colores.•••••••·•·······.,.
BattstabrocheclRseextra muyeleganteparnb.lusas"

Se acaban de re"cibir grandts novedades
telas finas de algodón.

.,.,.......,,...,,....,..,,.,.._.,..88

p,,11&lt;-•tt~.--•!i!I]

•

Telas de lana y de lana y seda.

Telas de seda.
~~

0.• 5
~Pongé quadrille pura seda .•. _.....•.•. _..... _... $
0.30 g&amp;.--\ !paca Glacé para vestidos J20 centímetros de ancho$ 1.75 Venicienne género de seda para blu-sas novedad .. 11
5
D.4
GJacé, clase exLra-fina, género de gran no]Gaze Miroir, 120 centímetros dea.ncho ... ~ ..... _.·u
0. 60
vedad ................................. _...... 11 2.00 Glacé Pekin pura seda, gran novedad .•.... ·...... 0
l.OO Lainage Luxembourg, rica tela de lana y seda 120
Damas Peki~, alta novedad,pura seda ...' .... ..... .,
eltº centimetros de ancho ... . ....................... •11 4.501faffetas Regence,género de seda muy elegante 1 úl-

IBarege

~ Grandes_novedades en telas de lana y seda

.,...,..~.,.....,,.,...,"-1"':.!Jpm·a tra,¡es de calle.

1.50
2.00
3·00
2.00
3.0D

ma moda.············º"······"···············.,. 3·75

_..8"11".,..,,...,,...'V'.,...'lll'"

Gran surtido. de géneros negros
de pura seda.
Broches, Moii-é, Peau de Soie, 8atinl)uchesse, Faifle Fraucaise, Radtzimir, Piqué, Surah, Crepons, etc, etc. desde 2 pesos hasta 7 pesos metro.
CONFECIONES Y SOMBREROS ULTIMOS MODELOS.
CAMISAS Y CORBATAS- GRAN VARIEDAD
DE ESTILOS CAMISAS SOBRE MEDIDAPróximos á recibir el completo &lt;le nuestro surtido de verano, para darlo lÍ co-

nocer (i nuestros favorecedores, haremQs una exposición extraordinaria que oportunamente anunciaremos.

-:: -,.. •. - ~

~

Interesante á las personas q"Ue Tiven fuera de esta capital.
Enviamos á las famihas que vivan fuera de esta capital las muestras que nos pidan.-Todo pedido
de un valor de $50 OJ cuando menos, y cuyo peso no exceda de 15 kilos será remitido á su destino
FRANCO DE PORTE, siempre que para el lug3:r de residencia del comprador exista Ferrocarril 6 Express.-Todos los pedidos que nos dmjan deberárl ser pag-ados al contado.-Para mayor comodidad
,,,.. de las personas que así lo desearen y con el fin de facilitarles el pago de sus pedidos, enviaremos éstos
=&gt;"
acompañados dt! la factura correspondiente, cuyo valor deberá ser pagado al Express al entregar el
··
bulto.

M.osler, Bowen y Cook, Sucesor.
!Zalle ae la GUca!cor!a número !2'1',
ANTES .EN LA.

infre las calles ae! 6'ile m!ayo I! Plctleros.

LA 2:cl CALLE DEL &amp; DE HA.YO NVIW. 4..

Surtido completo de las afam.a.das c11J11s de segur-idad ,. MOSLE R"
C&lt;&gt;NTRA ROBO-'Y CONTRA INCENDI.O.

Etoritorio, Planos, Escritorios de Cortina, Carpetas altas para tenedor de libros, Si,lwne8 giratorios de wrnill&lt;&gt; y reoort,e en !}f'an wriedacl
Archiveros, Prensas para copiar, lwreros giratQrios,
Lwreros con cristales, Ajuares de cuero para de&amp;'paclws, Máquinas para escribvr y demás muebles para ofannas.
La máq urna para escribir ••Esniith-Preniier."
UNH O AGNTE EN LA REPUBLICA PARA LAS CELEBRES BICICLETAS "CLEVELA.ND."

El más cc..,rnpleto surtido de accesorios para Blclcletas.
FiJ•••een la SILLA

IJE VOLTEO, la ó
nica bicicleta qu,
tiene f'Bta ventajt.
es la VICTORIA, Is
más cómoda, hermoea y fuerte.
La&amp;' bicicletas
VICTOR Y VICTOIIIJ

tienen más refor•
mas modernas y ex
clueivae queningo
nas otras.
Pídanse catálag0t
Y pormenores, . 1
Trachsel y Cia. ,
Unicoe A.gentei; pa 1
rala República.

A.panado 349 Calle de Ganlenúm 8 """"""

1

Reservado.
Vajillas,..,._-. Ja,go,¡ de Cristal J■e,;•• _Iavaaanos. CochUlerfa y efectos pl~•
- . Lámparas de todos ..tilos y paro todo• uso,.

Inmensa variedad de ~fectos de Injo.

J11$

tt

Se~::e.:~::~;~

�. LA MAQUINA DE COSER
S/N PEDAL"

11

Su mecanismo motor es sumamente sencillo y de facil maueje.
N-No más enfnmedades de Is cintura.

TOMO I.

INDISPENSABLE PARA LAS SE:NORAS

$scenas m~¡licanas.

La máq11i1-:i.a de Coser

"SIN PEDAL"
ES COMODA, SENCILLA Y EFICAZ

!Jn,cos Agentes: VALENTIN ELC0R0 Y COMPAÑIA
APARTADO NUMERO 161.
l!l1 próximo sorteo, oon pnmlo
mayor de

•

_ _......
~..s,...:::=,
;·--

"$10,000

AL PUERTO DE VERACRUZ

. . ""r!ftoaré. en el Pabellón llllo"11 1aa tres de la tarda, el Jue••

~~

~

~

25 de Marzo de 1897.

=-

n

1.1..

2a . ._Monteril!a y G'.apuchinas.

.,,

U/

~ o el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada

CI)

~GRANDES ALMACENES DE ROPA Y NOVEDADES~ o

o

CI)

o

..: ESPLENDIDO SURTIUO DE NOVEDADES PARA. LA bEllANA
o
U/
SANTA Y ESTACION

un.o, divididos en vigé11imo•
4• • 10 centavos.

$ 28,000.

Fondo:

MEXICO.

üLI.I

DI:

Di.

Visiten. nuestros aparadores.

++e+ UH+

PREMIOS:

Premlode..•.• 10.000.... s 10.ooo
.,
,.
•• 1 ,000, ..... 1 .ooo
1
, •• .. .. 6ºº· --•n e
1

,.

,,

.,

200. ...••

10
•s

..

,.

,.

40.......
20 ......,

2

,.
,.

1.oe

,.
••

..

800

.,

.,
"

..

••

100......

so......

: PIDAN MUESTRAS Y LISTAS DE PRECIOS+++~

88
ªºº

2

2

1 .ooo

2.000

to...... 2,000

2 A pronma.cionca de A $ 1 00;
11Da antenor y otra postenor a1
n6mero prcl.D..lado con los •...••
$10.000 .................... $
ll Aproximaciones de li $50; una
anterior y otra postt:rior al número premiado con lo•
$ 1.000...................... .

l

"-. ouTINE

'\. .P
V

Pol,odeArros, especial preparado 1:1111 Btu1otG

HIGIE,.. C ,,
AD,.ERENTE,
INVISIBLE
jala, i!J~t:omptntada 11, la ~zpo:it:!611 gnivemd d.t 1889.

C ~ . FA V• PHfLmista, 9, Ruede la Paix, Peris
{Guardarre de /as fmit'lc1on1&gt;s y Fal!1ffoa.c1ones, - S1mtencM de 8 de Mayo dt 1875).

100

845 Pnm.ios 4uc hacen un total de S 17 • 700

FilRICA ESPECIAL de AF,i;IT-S de TOCA:00:B. P••~ PASEO y TZATll:0
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en chnµeUII,
ROJO VEGETAL en potvo.
LÁPICES especln!ea para ennegrecer peatallaa y ceja,.

111 próximo sorteo, con premio
mayor de

-$60,000

POLVOSpara ewpohar loa cnb..itos, Bloudo, blnnco'I
oro. ph1ta y ,fü,mante,

BLANCO de PERLA en polvo, blanco, róseo, Rache1.
POMADA ROJA para loa labios; en bote1 y en rollos.

Los P•odnctos de CH. FAY se encuentran en¡,\ Murido entero. en cua de los Princlpales P"'tfumlstas y Droguista,

.., 'ftriftoaré. en el Pabelloo Morlaoe,
6 1aa 11 a. m., el Juevea

LA SEÑORA MARIO, cortadora del Palacio de
Hierro, tiene el honor de anunciará las damas de esta ca•

8

DE ABRIL DE 1898..

REMATE
DE

11&gt;0 raiciclo{as

pla.n BJZU.18Dte:
N,HO BILLETES.
FONDO: S 320,IIL
.,.,O el

P•r• hacer lu¡ar l los
NUEVOS MODELOS

PRECIO DE LOS erLLETESi \....
Enteros: • 4.00.-Medlo9: S

DE 1897.

~.oo.

dida.

Cuartos: $ 1.00.
Décimos: 40 oen.t&amp;.
Vlséslmoe: 20 ceJ1ta.

PRE!IIIOS:

e 80.000
d·e .••••.• , 20,000

Premio m.J_yor de-..........

Premio pr1l"'cipal
1
1 Premio principal de .••... ,. 10,000

&amp; Premios de$ 1·,000...•.. _.

JO Premios de ..

ff Premios de,.

oo Premios de,.
90 Premios de.,
eo ~remlos de ..

5-00 ........

200........

S,ffl
5,0 O
5,

100 •••••. ,, 10,
40 ....... .,, 10,
20 ...... .., ••
00 PT~ios de • 60, aprorim•óeee•
al )Jf~mio de 1 00.000. ........... .9 9.000
100 Prtanto1 dt • 4\'.J aproximado..
al pre01io de Sio,OOl. ••••••• :··•· 4..000

t

100 Premios de• 20,·1.t,n,"1:droae1onu

·
al prcmi" de I lOJXn.-;;;--.bl'.;.:.:_t 2.00Q
799 Terminales CN' 120. qut" se:«.18=!!linartn ;,or _ll'• ffi O)üaa.,,. ~
f.ras del billete que obtensa d
premio mayor de 160,(00 ....... : f S:.9H

fe8

Terminales de

1

20, que se dctt.r·

mtnario por tu dos Gltim.as~
fns del billete que obtenp el

premio prinoipa.l de t ~- --t J a.eN
. . 781 ....... ........ a ,1111 ..... • . , ._ _

=

..-Todo, 101 sorteos estAn bajo la ~
penonales dtl Sr, D. ApolinarCaadlla.
tor cid Gobierno,~ de • empl.u4e A la
Gal.eral de la Narih.
(i.

otlcln&amp;A:

r

San Franclaoo n11m. :uL
U. BASSBTTI, Oerenta..

pita!, que acaba de separarse del establecimiento men•
cionado y que ha montado su casa de modas en San Juan
de Letrán número l,½, donde se pone á sus órdenes. Sus
favorecedoras encontrarán géneros para confecciones,
del mejor gusto y de última actualidad, sombreros y do•
nas conforme á los mejores modelos; corsés sobre me•

Se hace et
20 POR CIENTO
SD El

Por toda venta al contado.

OPORTUNIDAD.

Humber, Stearns, Turist, Winchrster,
Record.

La Compañia de Construcciones y préstamos
en México.
1~ DE S ~ FRANCISCO N! 1ll.
!parlado N! 84 B.
Lic. EuILio VELASCO, PB:iraIDXNTB.
JHON R. DAVIS, VICEPB"EaIDENTB.
JULIO Lnu.NTOUB, Tll:SOBBRO.

PIDASE PROSPECTO N! 6.

Mác¡uínas usa das casi regaladas.
Pidan•• catáioeo• y precio••

HILARIO MEENEN,

Aveni dR judru no 6. Ml~ico.

Suponiendo que las presupuesto accionea monten á
1100.00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admi·
alón y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 ó aea 18 1 /9 p8.

RESERVAro

~--~n sermón

ae

&lt;ruaresma .

(.Dibujo de José M. V111asana.)

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92186">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92188">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92189">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92190">
              <text>12</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92191">
              <text>Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92192">
              <text>21</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92209">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92187">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 12, Marzo 21</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92193">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92194">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92195">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92196">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92197">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92198">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92199">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92200">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92201">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92202">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92203">
                <text>1897-03-21</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92204">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92205">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92206">
                <text>2017471</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92207">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92208">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92210">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92211">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92212">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="985">
        <name>Carnaval en Mérida</name>
      </tag>
      <tag tagId="982">
        <name>Chantaje</name>
      </tag>
      <tag tagId="987">
        <name>Conflicto grave</name>
      </tag>
      <tag tagId="986">
        <name>Cuentos criminales</name>
      </tag>
      <tag tagId="936">
        <name>El Dante en México</name>
      </tag>
      <tag tagId="983">
        <name>Enfermedades sociales</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="984">
        <name>Juan B. Hijar y Haro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3534" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2176">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3534/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._11._Marzo_14..pdf</src>
        <authentication>db16e385dd97d7ee9f0a3d3d044e787d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117356">
                    <text>Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

'
~

-- ~

.,~•7!
~

-

j.- - - ..lil

f'-•

'

:;,o - = T O MO 1_._ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _,;;M;:;;E;_;X;;;,;ICO , MARZ O I4 J!E -&gt;:897.

-~~

rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio nüm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXJOO

Toda la correspondencia que se relacione con la Rehcción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf"ael Reyes Spindota.
Toda la correspohdencia que se relacione con la edición
debe eer diri~da. al

Gerente, Lle. Fausto Moguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.2~ centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 00 centavos.
A visos: á. razón ele $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser preeisamente adelantado.
Rt&lt;JISTRADO 00\10 ARTÍCULO DE SEGU?.'DA CLASE.

Qfota~hitirn sinir5tra.
Se está comentando por laprer sa a·aria un horripilante
hecho social: el ahmento del homicidio en la ciudad df'!
Yéxico. Las estadísticas que con este motivo se han pu•
blicado, demuestran de un modo indifcutible que la ca•
pital de la República ea una de las poblaciones más cri•
minales del mundo. La relación entre la criminalidad
homicida de París y la de México, es de u1to á trrir1A1, ]!
seis. Esta relación es enorme y debe sériamente preocu•
parnos.
El profesor Sighele de la Uuiversidad de Piza ha da·
do á la estampa un instructiv.,, trabajo sobre la crimiDA ·
lidad de Artena, aldea italiana, considerada como una
gusanera de delincuentes. En comparación con la.:i demás
comarcas de Italia, Artena arroja. en efecto. un notable
coeficiente de criminalidad. Aeaí, mientras todo el reino
da un término medio annal de R38 homicidios por cada
100,000 habitantes, la aldea citada no proporciona menos

l

_J·
Señor Cipríano Gu errero.
(üandidato al Gobierno de Durango.)

de 52.50 por cada 100.000. Esta cifra parece al Profesor
Sighele en extremo alarmante y llama la atención sobre
esta localidad infesta.da por el delito.
Y bien, este promedio resulta insignificante junto al
contingente que el homicidio nos ofrece en el Distrito
Federal, en donde el término medio es de ciento ocho por
cada grupo de 100.000 habitantes. Cómo llamaría el Profosor Sighele á este grupo humanoJ cuya delicia parece
ser degollarse concienzudamente?
Cuando una sociedad arroja perfiles tan negros, es que
el mal se encuentra dentro de los elementos que la constituyen, que corre por su red arterial, qoo punza dolorosamente en cada celdilla del organismo. La extirpación
del cancer no se logra entonces con una ley, ni las convulsiones sociales desaparecen con un decreto; enton•
ces hay que mirar más hondo, que escudrifiar más profundamente, sirviéndose de los hechos para hacer una
desoladora inferencia. Y los hechos está.u allí á nuestra
disposición, como materia prima, palpitante y terrible,
de un a.te ato análisis.
Precisamente en los momentos en qne se debatía este
obscuro problema del homicídio, la prensa. de información nos ha.cía saber que en una de las calles de la capi•
tal un de!:conocido asesinaba bárbaramente á un transeunte, porque éste le había negado un cigarro. ¿No es
esta una re velación aterradora de un estado social?
Un pensador ilustre ha dicho que el delincuente no es
sino el instrumento de un crimen preparado por la

sociedad. En el fondo de ella están loa fermentos de esta
descomposición. La parte sana y útil, representada por
el Estado, ha salido al encuentro de esta oleada negra, Y
ha necho lo que en todas las naciones del mundo: se
considera eficaz para redimir conciencias: abrir escuelas Y
favorecer el desarrollo de los elemeutos económicos. En
esta acción combinada está la solución de la siniestra dolencia cayo diagnóstico nos ha revelado la estadística.

QH compaiirrismo rn la prrnsa.
SP ha invocado constantemente en las discusiones pf'I·
riodísticas, comp(l11erisrrw. Esta hf'lrmosa palabra ba sido
rimada por los gacetilleros novicios y ha servido de escudo á. un grupo de vividores que se han aprovechado de
la prensa para sus fines particulares.
En virtud de este principio, existe en el periodismo
una solidaridad obligatoria, una responsabilidad mt'ítua,
una mosoneria neceearia, que estrecha á todas las con•
ciencias-la del hombre honrado como la del cowloti.ero
del periodismo-á vestir una túnica de Neso, de la qne
nadie que eegrime una pluma podría desprenderse sin
arrancarse pedazos de su propia carne.
Esta te.aria es insostenible: el compuñerismo, tal como eae
pret.ende reclamar de la prensa, ese compañ.. rurm.,-, fundado en culpables amistades, en tolerancias vergonzosas, en
sumisiones abyecta!'!, no existe en ningua profeeión, en
gremio alguno, y más se asemeja-dentro del criterio que
lo sostiene-á nna complicidad repugnante que á un sen·
ti miento basado en la franca y lib~ investigación de los·
actos, que debe normar las relaciones entre los hombres
honrados.
Diremos más todavía: mientras existan en la prensa nacional periodistas que se sirvan del vehículo de la hoja
impresa para denigrar á. otros periodistas, el decantfl.do
compañmsmo constituye un sarcasmo irrisorio que dudamos mucho que sea aceptado por los escarnecidos.
El compaivri8mo se explica entre personas de una mis•
roa condición social, de una misma educación y que se
guarden las mismas consideracion~s. ¿Pero se encuentra
la prensa de México· en estas circunstancias?
Esa marca def(ihrica con que se quiere sellará. todos los
espíritu~, es un yugo oprobioso é intolerable queestiem·
po ya de despedazar.-El tompafferismo .en la prensa representa la peor y más humillante de las tiranías, impuesta por el más tenaz y arraigado de los prejuicios sociales.

DOMINGO ,4 DE MARZO DE 1897

brutal soldadesca romana y dispersados á los cuatro vientos al soplo devastador de los adoradores del Cor.in. Y
vimos renacer sus glorias y brotar aua tradiciones de entre aquel montón de ruinas venerables á la humanidad
entera.
Los bosques sagrados resuenan otra. vez con la risa alegre y juguetQna de ninfas y gnomos de luz, y se deja escuchar el canto no olvidado de Pan y de Dyonisos; las
ondas del Alfeo y las aguas del Eurotas fingen de nuevo
cofl sus arenas de oro y algas movedizas, cuerpos de driadas y formas de silfos; parece que de nuevo los dioses se
mezclan con los mertales y que ·1a tierra inmortal de la
eterna belleza convida á las naciones á beber en el vaso
desbordante de poesía, donde apagaron su sed las generaciones que fueron. Mas ¡ay! que si la madre común de
los helenos que extendió su influencia soberana desde
las remotas playas heladas de la Cólquida hasta las abra
sadas regiones de la Tebaida, y desde las riberas del sagrado Gar ges hasta las rocas abruptas de la fenicia Gadee, pudo cobrar su libertad, aun quedan muchos de sus
hijos gimiendo bajo la coyunda impía que á sangre y fue go les ataron las hordas de Bayareto y las hueetes de Solimán. Todavía entre otros muchos que llevan en su frente la marca imborrable de su divino origen, el pueblo
cretense sufre los vilipendios de la dominación muslímica.
No faltan en.sus anales ni los heroismos de los snlio tas que en la terrible danza ,te lu muerte se arrojan á un
abismo con sus hijos en los brazos por no caer en poder
de los albaneses, ni las hazañas de los canarísque luchan
desesperados por la auhelada libertad.
No faltan en sus esfuerzos sobre humanos hechos glo~
riosos que los acreditan ú. los ojos del mundo que los
contempla absorto, como dignos de su raza de:titanes y
merecedores de la grandeza de su estirpe, vinculada en
la historia de sus insurrecciones. Menos afortunados que
sus predecesores del Atica y del Peloponeso, los creten•
ses han pe learlo sin esperanza y sucumbido en su demanda por·vírtud del que se llama concierto européo.
No lograron nada en la guerra de independencia de ...
1822, que creó la nacionalidad griega; nada en las rnbse•
cuentes insurrecciones y nada con las promesas de las
potencias que aparentan socorrerlos.
Han visto con asombro constituirse los Estados balkánicos, arrebatados al territorio de sus opresores¡ han presenciado una y otra vez el desmembramiento del caduco
Imperio de los Califas, donde cada uno de los poderosos
congregados en la tarea de librar á Europa de ese cuerpo
podrido, infecto y carcomido de gusanos que se llama
4

· {11 i~rn lfürral.
Con motivo de los acontecimientos de Creta, la prensa
ha comenzada á interesarse por la suerte de esta isla que
lucha hace más de setenta ai'ios, por sacudir la dura do•
minación musulmana, y de la prensa ha pasado al pÚ·
blico una corriente de simpatía hacia el territorio rebelde.
Es que en nuestro pafs se manifiesta un movimiento
favorable á las ideas liberales y de independencia, y á
todo pueblo que lucha por soslenerlas. Todavia, es cierto, el verdadero concepto de la libertad no ha llegado ú
penetrar en todas las clases, pero la tendencia existre muy
marcada de uno á. otro extremo del país.
Hemos dicho en más de una ocasión que el pueblo mexicano no se encuentra todavia á la altura de sus intituciones; pero también hemos manifestado que toda ley
tiene un carácter educativo, este caracter ha ido pene•
trando poco á poco en la colectividad. Aún en las clases
inferiores-masa inerte que ha servido de materia de explotación it los viejos odios de los viejos partidos ant&amp;gónicos-se advierte este impulso perceptible cada vez que
se presenta la oportunidad de externar sus opiniones.
La. educación completará y perfeccionará estas ideas
que hoy se agitan informes, pera que acaso en día no lejano tomen una dirección más util y conveniente para la
causa liberal de la República.

cruzada se organiza por loe poderoSOB de la tierra, se concierta una liga despiadada que hace olvidar los místicos
horrores de la Santa Alianza, y no es para socorrer al debil, ni para consolar al opreso pam lo que se congregan
-escuadras, y se levantan ejércitos y se enarbolan estandartes: estremezcámonos de santa indigoaci6n, todo ese
aparato bélico y ese clamoreo es con el objéto de defender al infame Sultán que abito de sangre y de matanza
de cristianos en el Asia menor, en Creta y en las calles
mismas de su imperial ciudad, olvida en las delicias del
Harem, la historia inicua de sus crímenes de lesa civi•
lización.
Las naciones se congregan por medio de sus representantes en las aguas de Canea, pam oponer la égida pro•
tectora de sus acorazados á los golpes que asesta el heroismo helénico al miserable otomano; se juntan en conciliábulos y discuten en confabulaciones, no el modo de
extirpar para siempre de Euroya esa úlcera corrompida
que se llama por un sarcasmo mconcebible la Sombra ík
Dios sobre la tierra, sino la manera de evitar que un rey
digno de los tiempos legendarios, capaz de sostener en
sus robustos brazos la espada de Leónidas ó de blandir
la lanza de Filopemén, se apodere con buen derecho de
esa isla infeliz, que ha manifestado abiertamente el deseo de constituir parte del reino helénico.
Y el Pireo es amenazado con los cafiones de las potencias, y las santas playas de la divina Hélade se miran en
el riesgo de verse profanadas por la planta de loe que se
llaman defensores del helenicismo.
Incomprensibles secretos de la diplomaci:i.! obscurida•
des tenebrosas de los gabinetes. QU1eren la paz, quieren
prolongar con su poder una vida miserable que se acaba;
quieren galvanizar un cadáver que ya apesta. Y como los
Estados balkánícos se aprestan á recoger su parte de bo•
tín, y se temen levantamíéntos en Macedoma, insurrecciones en Albania y rebeldías en Rumelia, esperan, ilusos, conservar una paz que se desvanece, y sostener con
mistificaciones que todos reprueban el artificioso andamiaje en que se asienta la ruin existencia del imperio
otomano.
Asustadizas las potenciss ante la perspectiva de una
guerra universal, menos costosa quiza que la abrumadora paz armada, ponen el veto á la anexión de Creta, y le
oponen como un consuelo mezquino la prornésa de una
autonomía, menos consistente quizá que las reformas tanveces convertidas en humo y pavesas.
No import.a: los que luch9,n por su libertad é independencia, tarde ó temprano alcanzan el anhelado triunfo; y
los cretenses, que hoy parecen los proscritos de Europa
y los cristianos griegos que en sublime arrebato se aprestan á morir por sus hermanos} llegarán á la soñada meta de verse cobijados por el mismo estandarte que el rey
Jorge tremola ya en los &lt;lesfiladeroR de la Tesalia.
El grito del oprimido sube al fin al cielo en contra del
opresor, y los asesinos de Trebizonda ydeEstambul, los
tígres carniceros de sangrientas fauces, hartos de carne
humana en Armenia y en Creta, se verá.n muy pronto
expulsados, no sólo de la patria del justo Minos y del
astuto Dédalo, sino también de toda tierra donde pueda
fructificar la idea grandiosa de la civilización occidental.
Ya es tiempo de borrar esa mancha que salpica de lodo
el mapa de la culta Europa.
X.X.X.
Marzo 11 de 1897'.

'ªª

deveras. Como estaba desnudo, desperté helado, á la
vista de Mongomery, que es una gran ciudad pintorescamente asomada á orillas de una gran barranca en cayo
tondo corre el Alabama.-Costeamos esa barranca, pasamos el río, corrimos á todo correr por entre bosques
que nos hacían suspirar de envidia (¿en la mesa central
hay otro bosque que ese bosque de museo que se llama: el
bosque de Chapult.epec?) atravesamos plantíos de maíz
perfectamente ordenados, saludamos las consabidas casitas de madera pintada y entramos en la estación de
Atlanta.
í***
Malo; el jefe de nuestra caravana, que ve mal, quiso penetrar de prisa en la estación en el ro.omento en que el
guarda vía, que era un agente de policia á la vez, bacía
seña á los traunsentesde que se detuvieran. lo que ni vió ni
podí.a ver nuestro compañero¡ entonces el agente lo empuja bruscamente, el mexicano, como era natural, le dió
un bastonazo é instantaneamente se sintió asido de la
mano y encerrado el puño en una cadeneta de fierro; el
viejo polic~w.1,n estaba furioso y quería llevar á su ofen ·
sor á un puesto de policia. Un amable truchimánqaepor
ahí andaba, explicó al agente que su prisionero no veía
bien y que eramos espaiíoles: nAhl dijeron los ojos del funcionario, con razón entonces; los españoles no saben lo
que es la policía.n Y nos dejó en paz refunfui'iando. El
Estado entre los sajones, dicen los teoristas de derecho
público, no es más que un juez y un gendarme. ¡Pero
qué gendarme!
.
Malo, dijimos al entrar; peor, exclamamos al mata.lar•
nos en el Hotel, abriendo un telegrama del consul mexicano en N. Orleans: dos ó tres horas antes había muerto
el Sr. Romero Rubio.-Grande y dolorosa fué mi sorpre·
sa; pensó en un grupo de cordiales amigos míos que le
eran profundamente adictos; pensé en su familia desolada, pensé en la mujer, noble entre todas, que fué la com•
pañera de su vida y algo así como la inmacuiada vestal
del ara doméstica. El distinguido muerto era mi amigo
también ¿de quién no lo era? Era la amabilidad misma,
la exquisita aunque un poco difusa amabilidad social de
México, traducida en la sonrisa, estereotipada, por decir·
lo así, en sus labios. No, no em un comparsa en la comedia seria de nuestra política, era un actor; la experiencia le había dado, ya en los años maduros, una aptitud
singular para conocer á los hombres, facultad política de
· primer orden. Hombre de ambición y de placer, amaba
la lucha, el combate era para et una voluptuosidad y, á
pesar de es.o, sabía ser tolerante y conciliador, por bene•
valencia y no por miedo, por que ese gran epicure1Sta
era un valiente y si creía poco, creia firmemente. En suma, la historia, que se ocupará de él, la historia en medio
de sus severidades tendrá. en cuenta que Romero Rubio,
fué la personificación de la burguesía mundana de México, con sus defectos y sus cualidad~, sus intrepideces y
sus indolencias, sus comp1acencias y sus audacias, en el
grupo de hombres de temple superior que nos dió la Re ·
forma.-Y pensando en ésto iba yo por las calles de la Ca•
pital del Estado de Georgia, muy alineadas, muy amplias, muy bien servida_s por los tranvi.as, á encomendar
al hilo telegráfico mi péfflme al Presidente y á su familia; y pensando en ésto me dirigí al Hotel en que estaba
alojado mi antiguo y fraternal compañero de colegio Car•
los Diez Gutiérrez.

EN T I E RRA V A NKEE
NOTAS A TOOO VAPOR
A NEW - YORK POR ATLANTA

1!}alítica &lt;Thtneral.
La insurrec ción de Creta y la cuestió n de Orie n te:.

Imposible apartar la vista de ese cuadro de heroísmo
que se desenvuelYe en una isla legendaria, bañada por
las ondas azules del mar del Archipiélago!
Un pueblo pequeño, en cuya ascendencia se cuen•
tan los héroes y los semidioses de la Fábula, pero sobre
el cual han llovido todos los horrores de la implacable
Némesis, se debate en angustia suprema por sacudir el
yugo ominoso que le impusiera en días de duelo, hace
más de dos siglos, la barbarie y el fanatismo de los otomanos. Una y cien veces ese pueblo que parece proscrito
por la deidad crnel que en la teogonía helénica preside
los destinos de los hombres y de los dioses, ha iotent&amp;do romper sus cadenas y arrojarlas al rostro de sus ver•
dugos ó convertirlas en espadas para luchar por su li·
bertad. Todo en vano: su viril esfuerzo se ha estrellado
contra la fuerza inexorable que le han deparado de con·
auno sus crueles señores y sus despiadados amigos.
Pudo la magna Grecia resucitar al estruendo de los ca·
ñones que atronaba.nen Navarino y aparecer ante el mundo transfigurada y soberana al ensalmo mágico de la.
poesia caballeresca• del mártir de Missoloughi; pudo recoger y embrazar el olvidado escudo de Palas Athenea y
ostentarse bajo el pórtico derruido del Pa.rtenón, coronada con las rosa&lt;\ de sus canéforas y la sagrada encina de
los bosques de Dodona; pudimos admirar por la acción
voluntaria y concertada de Rusia, Inglaterra. y Francia
en el primer tercio de la presente centuria. al pueblo inmortal de Salamina y de Platea. regenerado y libre, entrando al ejercicio de sus derechos pulverizados por la

EL MUNDO

DOMIIIGO 14 OE MARZO DE 1897

Do n Francisc o Góm e:z: Palac i o.
(Ce.ndldat.o al Gobierno de Dnrango.)

Turquía, ha ido tomando su parte de botín; han visto desgajarse, la Moldavia y la Valaquia, la Herzegovina y la
Bosnia y hasta la mezquina Rumelia, y ellos no han podido hallar una mano que se tienda en su favor para sacarlos del hondo abismo de la esclavitud.
¡Pobre Creta!
Sus gritos de angustia no han encontrado eco ensu desolación, y Hécub.1 infeliz ha visto degollados en su presencia á sus hijos más queridos, Laoconte maldecido, la
sierpe del fanatismo musulmán, los ha ahogado en sus
apretados anillos ante el ara de sus altares que no había
profanado; y miserable Prometeo, se ve atado con cadePas de diamante á la roca del martirio, mientras el bui•
tre de la tiranía roe sus entrañas que sin cesar renacen,
al influjo mágico de su heroismo inagotable.
Y cuando tras largas lucha~ y tremendos combares, en
que la victoria ha estado más del la'1o del opresor1 tras
prolongadas vigilias en que ha acariciado el suefio rmposible de su libertad, ha hallado en su camino la figur:t
caballeresca del rey Jorge que como el Teseo de Ja antigüedad pret,ende libertar á la nueva Ariadna de las garras
de su señor; que como los heroes medioevales se apoya
no más en Dios y su derecho pani. hacerse el campeón de
los que lloran, de los qne gim 3n y trabajan; una nueva

Apretones de manos, since~os y cariñosos ha1Jta luego11,
campanadas, humo, y vamos ya á todo E-sea.pe; el arco de
la ki,ée se dibuja en la noche por la inmensa guirnalda
de los faros eléctricos que el rio reproduce y deshace en
temblores diamantinos. Losjt:rrl/8 continuan su tráfico y
cuajados de farolillos, parecen góndolas colosales que se
bal!1-ncean ~obre el Mississipi que duerme con una respiración de mño. -Calor sofocante, enfermador africano1 capaz, si durase, de convertirlo á uno en n~· y ese calor
pega?o á las alfombras, á los terciopelos, á ]~ serlas del
glt;eptng car, es desesperante. Salimos al balcón de nuestro
carro q~e era el último de una larga serie y abrimos los
ventamllos: un hombre estaba escondido en la escalerilhl; el conductor nos dijo que estos viajeros clandestinos
suelen establecerse en los techos y aun abajo, en los
trucks de los carros¡ aquel incognito dió un brinco y se
puso en S4lvo en la vfa.-Una nube de polvo arenoso nos
hizo entrar; los dobles cristales de las ventanillas apenas
guarecían el interior del dormitorio: una hora duró aquel
tormento; pudimos entonces observar la negra y espesa
veget~ción que bordaba la vía; todo ello lodoso, pantano•
so, miasmático; el miasma se convirtió en una nubP. de
mosq11itos, peor que las de México; una de esas que envuelven y saturan las casas del noroeste de Tenoxtitlan
en Agosto es una bendición, comparada con la que estaba llevando á. cabo la succión de nuestra sangre y de
nuestro sueño; esta nube deJmoecos era bíblica. Pasó-todo pasa-sólo el calor reinaba en la tierra· sólo la luna.
-en el cielo. -Cruzamos por lagunas ó estua;ios que bgrdan esta comarca bajísima sobre largos puentes de esta•
cas que, en el agua inmóvil, parecían cepillos colocados
por las cerdas sobre una mesa de acero. Más allá de Mobila ( en donde hay un colegio de jesuitas en que se han
-educado en }a. virtud tantos jóvenes mexicanos, como
Pe~e Echeverría). me invadió 110 el sueño, sino una es•
pec1e de sopor fatigoso de que me sacó la algarabía infer•
nal de u.na murga de diablos, en forma de ciudadanos
negros ~ ci1;1dadanas negras que_ en la estación H (¿no
era en L1bena?) celebraban el arribo feliz de un candidato para presidente municipal de la ciudad cercana. Bajó
el candidato muy tieso, muy digno, muy necrro• no
aquella escena nome pareció ridícula· en ml&amp;O'Oitia (est&amp;~
ba muriéndome de cal or ) sorprendí s~ fado trágico y dantesco, y esa pesadilla n p ri1ri me trajo el suefio, un sueño

•
••

Estas ciudades americanas, que come, Atlanta, tienen
apenas medio siglo de vida, empezaron por unas cuantas habitaciones de palo, pero luego en su nucleo van ad quiriendo robustez y el palo es reemplazado por la piedra
y surgen á compás del desenvolvimiento de los recursos
agrícolas de la comarca ó de la situación topográfi~a de
la población, en la encrucijada de varias vías naturales
( ambas cosas se realizan en Atlanta) los grandes edifi•
cios, el capitolio de piedra blanca1 la Universidad de
granito y ladrillo, el hotel monumental de ocho ó diez
pisos con grandes fachadas decoradas de columnas ciclópicas, y revestidos de sillares perfectamente tallados é
imperfectamente pulimentados, (lo que suele ser feo, pero fuerte y da, por ende, una especie de formidable mas•
culinidad á las construcciones) hoteles en cuyos- halls
vastísimos y confortables se da cita, para conversar, to •
da la sociedad de negocios de la ciudad, entre el Rata.u·
ram y el bar; las calles se alinean, iguales unas á otras
por las casas que las bordean, por los coches que las surcan, por la gente que las transita compuesta de seres que
se muevan velozmente como á impulsos de un mecanisinterior, que llevan en el rostro marcada la seriedad,
la preocupación, el ensimismamiento de quien está á pique de perder la fortuna ó la vida si llega cuando la manecilla del reloj haya pasado de un punto fatal. Yme ex•
plica el sillón americano, ese sillón de cuero ó de rotín
compuesto de pequeños lechos para las piernas, para las
nalgas, para las espaldas, para los brazos, para el cuello,
para los zapato!:!, para los sombreros;. esos sillones de que
no quisieramo~ los gordos levantarnos nunca, sillones
ideales, digo, reales, con la más cómoda de las realidades, y que permiten á ese terrible judío errante de su
casa, que se llama el pueblo americano, descansar tanto
en cinco minutos, como un emperador asirio descansaba
en una noche.
*·. *
. Para irá la Exposición-tiene Atlanta su exposición na•
cional, que no es una feria del mundo como la de Chica•
go, porque Atlanta tendrá doscientos mil habitantes
cuando Chicago tenga dos millones, lo que no tardará
mucho, pero que sí será muy concurrida-para irá. la Exposición. decía yo, hay q11e recorrer seisó siete kilóme tros, por un terreno en parte ondulante y quebrado. Se
llega, se paga yse entra por un torno que gira con sólo
que el que se coloque en una de sus secciones eche á.
andar. A un lado de la entrada un boceto de barracas y
sobre una estaca un letrero: m u:ica.,, viUage-:muy bien,
ahí habr.í dentro de unos días mole y tortillas y tamales
que algllnos vankees diC'='U que son muy de su gusto;
sospecho que é:.to es mera urbanidad internacional.

m•

-En In cuenca de un laguito artificial rodeado de fina
arena y de un cesped bien peinado -Y joyante como
una franja de seda verde, se levantan los edificios de la
Exposición, unos caei al nive~ del agua, otros en la
falda de las pequeñas lomas mrcunstantes. Todo muy
bien dispuesto, con cierto 1ujo de arena fina en las
calzadas, y de faroles elegant.es y de bancos muy cómodos y de platabanda.a d~ flores y de arbolillos
muy lustrosos y frescos. Visitamos el departamento
de labore.a de mujeres (más inferior á. lo que a9.ui
puede presentan:e ) y los de muebles, de carruaJee,
de maquinaria; el palacio de la electricidad, el pabellón
chino, el japonés, etc. De todo esto tenemos muestras en
las tiendas americanas de México¡ la exposición nuestra
aun no estaba organizada, pero estaba en muy buenas
manos. Sentados al borde de la rampa que rodea por un
lado el lago y sube al departamento del gobierno fede~
ral está.u l~s edificios de algunos,E~tados: algo semejante
á 1~ que las fotografías de la feria de Chicago nos dieron
á conocer.
Bajamos al lago, formado por dos vasos elegantes uni ·
dos bajo un p11entecillo de buen gusto¡ .uno de l.os dos va•
sos tiene en el centro una fuente con vistosos Juegos de
agua.-Unas chalupas de nogal, barnizadas como un
mueble de salón, y movidas eléctricamente, giran en de·
rredor de aquel doble estanque conduciendo viajeros¡ entramos en una de ellas y pasamos un rato delicioso; todos los edificios de la exposición se veían en derredor,
con sus fachadas pintorescas y J?resuntuosas, desde el
templo de las Bellas artes allá arnba, con eus inmensas
escalinatas y sus pórticos griegos de yeso, basta la falsa.
porcelana del kiosko chino. Allá al frente la mar y todos
los baques de guerra de los Estados Unido!:', sombríos,
torvos, con sus torres de hierro y sus cañones gigantescos y sus torpederos á uno y otro lado, 6 sus mallas &lt;le
hierro tendidas en derredor, para cortar el paso á los tor·
pedos enemigos. Sí, ...... sí, ... ...todo eso estaba allí, pero
pintado en unos enormes tablones que prolongaban la
perspectiva del lago y que remataban la exposíción en
algo así como un mirífico anuncio de circo.
En nuestro paseo tuvimos el gusto de recoger á bordo
al Gobe}rnador de San Luis Potosí, apuesto y campecha·
no como siempre, que, acompañado de algunos amigos y
de los comisarios de la Exposición, visitaba los edificios.
Pronto lo perdimos; una chalupa en qne navegaban al·
gunas elegantes y amables señoras de Atlanta nos abordó y en un santiamen lo hicieron trasbordarse á su b~rquilla, y á fuerza de amabilidades y sonrisas lo retuvieron cautivo, en compañ.ía de un intérprete, hombre muy
acrradable por cierto. Díaz Gutiérrez quiso arrastrarme
cÚnsigo, pero resuelto como estaba tt pou.r ca.us,. á. no
ocuparme en la gente, sino en el país, me resistí y le
dije wtfos.
La iluminación del lago, de los edificios, de los árboles,
fué un espectáculo encantador de veras; todo Sd refleJaba en el agua, que parecía hervir en diamantes y zafirus,
y las notas de las músicas instaladas aqui y allá, convertían aquellas multiplicadas sensacion1::s, _en cierta ine•
fable emoción de placer y melancolía.

•
••

Volvimos en la mañana siguiente, deseá.)Jamos ver el
departamento de Bellas artes. Desde la monumental escalinata que parecía tajada en ,la rbisrba colina con sus
magníficas balaustradas, sus está.tuM de piedra artificial;
desde el pórtico de simili•mármol que la corona, se do·
mina todo el contorno de la exposición¡ mO.cha luz, gran
cielo de día de fiesta aereo, los celajes como velos de tul
transparente y sin color. Detrá.s del p6rtico un vestíbulo;
es el salón de e~cultura. Muy bien. Los dos marinos gigantescoe, eebeltos y arrogantes que llamaron la atención en Chica~o, ahí están, en yeso. Admiramos un bus to de viejo, mmucioso, pero concienzudo y real á maravilla; Ull Falstaff de barro, soberbio de veras, tratado á.
grande1:1 planos, en la manera franca y atrevida de nuestro Jesús Contreras, y guardande en la pasta cocida la
huella cla1a del l!lic y del dedo inodelador.-En derredor
del salón de escultura, los salones de pintura; primorosas acuarelas, dibujos que, vistos de prisa, parecen muy
buenos y algunas espléndidas telas; muchas de estilo
primitivo, pero involuntariamente modernizado y ama·
nerado por ende; en suma el artificial pre-rafaelismo de
la escuela inglesa, que causa la impresión de un arte falso, pero seductor como ninguno.
No sólo los imita:dores del semi-bisantinisme de los primitiv,s están aquí representados, hay también impresionistas; de ellos son estas pequeñ.as telas, sin dibujo y
sin colorido, tratadas por 111edio de un pincel cargado con
todos los colores de la caja, que manchan Pin orden aparente; pero vistas de lejos y en cierto ángulo, hacen esta•
llar ante los ojos un conjunto de objetos que procuran la
sensación misma de la unidad ó hacen creer en ella; esto
no es pintura, es prestidigitación óptica al oleo. ¡Cosa
singular! Ví allí unos paisajes de árboles morados sobre
estanques blancos en que nadaban flores azules, que era
lo más irreal que puede concebirse; aquello parecia un
paisaje de ensueño, pero hacía sofiar. Sin embargo, ha ·
bía pintura de veras, en esa improvisada pinacoteca. Un
bautizo de San Juan de Faircbild pasmoso de relieve y
de verdad, aunque de colorido convencional;estonosparece al menos á los que estamos acostumbrados á una luz
muy cálida, pero menos matizad.ora que la de las regiones
frías v húmedas. Una danza de nifiosde Mad. DénvoutBretou. pintada (corno todo lo de esta bija de un gran ar
tista) con la intención de traducir la realidad y no de
parafrasearla; aquellas cabecitas de oro y rosa en relación
con el tono verde del prado, producen un efecto sabroso
de plenitud, de vida y de verdad. U na gran tela firmada
¡oh! ¡extrañeza! Madeleine Lemaire; ignoraba que la in•
comparable acuarelieta de L'abbé Co,,~tantin pintara al
aceite c-on tanto brío. Aunque bien visto, el cuadro resul ·
ta por la suave trasparencia de las tintas, algo así oomo
una tela pintada al oleo. con procedimientos de acuarela.
Es nna Ofelia, en escorzo, con la cabeza en el primer
plano y en el último los desnudos pies de campesina fia•
ca, que viene Tesbalando en su marco de yerbas locas
4

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 18g7

y de flores multicolores, por una corriente d.i!ifana y negra, el rfo de la muerte. La impresión total es embargadora; intensa la sinfonla del colorido, aunque compue1::ta.
con pocas notas de la. gama cromática, pero esas notas r~corre n todos los tonos, desde el alto hasta el Velado y sordo; y aunque la tonalidad es azulosa, no resulta fría; la
muerta vive. ¿Pero es de Lemaireel cuadro? Muchos bobos, yo de ellos, contemplan largamente· un cuadro de
Checa: [',,a "Mau1na11uia. Nosécuantasobjeciones pueden
haceroe al colorido, al dibujo, á la arqueología &amp;el compositor, aunque ya hoy puede restaurarse sin un sólo
anacronismo una galera y un ciréo romano, desde la estola de las vei!tales hasta las acróstolas de los barcos en lucha sobre el improvisado lago. Lo que sé es que toda
aquella masa enormesti movía, Insolas, las velas, los combatieotes feroces, los espectadores más feroces que los
combatientes, todo, pero todo como presa de un vértigo
convulsivo. t-,o!o el tmpuatrn- está inmovil, impasible,
inconmovible como una institución, fastidiado como un
dios. lTn hallazgo este contraste.
-Se nos va el tiempo, apenas tenemos el neces'U'Íu para lh•gar al hotel, tomar algo y marchar.
-Pero hay mucho que ver aquí todavía .......
- Bueno, pues nos alcanzar:ts en .\'ueva York.-Partí.

DAMAS

LA CUESTION CRETENSE.

: En _eetos momentos, el mundo entero tiene fijos sus
d1lata~os por el aso~bro, e_n la cien vaces gloriosa
y legendana ma~re Grema, y as1ete con doloroso interés
á un drama her01co cuyos actores puede1.1 sucumbir de
un momento á otro bajo la aplastante omnipotencia de
los colosos europeos.
.
La historia de este drama es tan 6Cncilla como conmovedora: Hace runchos anos que un hermoso país de va.
l_i~ntes, )a iela de Creta, cuyo mapa damos en otro lugar,
.gune baJo. el poder a~olutista de los turcos. La tiranía
de la media luna ha sido ahí, tan ominosa é insoporta·
ble á las veces que eee pueblo se ha levantado en armas
-contra sos opresores y entonces las escenas terribles
de asesina~os y matanzas _cometido@ por éetos, ha cla~ado· al c1e_lo._ Las _poten.mas europeas que anhelan hace
tiempo suprmm al 1mpt'rio otomano del mapa de Europa, no tanto para volver por los fueros de la civilizncion
y de la humanidad ultrnjadas1 sino para repartirse fos giro~es de _esa tierr~ vasta y hermosa, cohibidas pvr su política sutil de gabmete y por la misma promiscuidad de
sus deseos, limitáronse entonces á pedir al saltan las reformas que los creten@es legit1mamente pedían y el soltan las prometió y una paz siempre momentan'ea volvió
OJOS

.,.,_.

f,J' ,, '

'\

,·:r?,~.-

,,

!'-

. ~'·

,..

,.

r-' ~,.: i/:~;:z~~;,

•••

l.

,e:

':t?,'.

~

y

lÁ ,

,}c'-ó¾

~ º - - ~ '' ' ·'}

1

{#

'W:,'

!\l

:¡t;;J~
,·
i

S. M. Jorge 1, Rey de Grecia.

: ~11
\~

"J

.,,,, ,., ·"'' ' '"','. ' . ,,,.¡&gt;'' \

"i

\J

, ,,,¡-.

,:., . /'t,

•••

"

f

.:•.'!~/;':,:'·!
::_r:} :::,1

Amaneció: las poblaciones, la9 ciudades, las estaciones
con sus grandes letreros en los salones de espera: wai.lm!J
room for wlute people, se su'c edfan con cierta rapidez. En
los bOsques, en los campos, en las ciudades, tlorecía el
mu.mcio, la flor postrera de la naturaleza americana, profanándolo todo con sus enormes cartelea abigarrados y
-sus letras hechas para ser leídtis :í seis leguas J.e distancia: /lohh, Ca¡¡toria, 1lluü, 1Yulri11,1, be aqm los ejempla1es
más notables de esta flora de cart.ón pint.ido. ¿SerJ. éste
el objeto último de la actividad dee:,te gran pueblo? In. ventar anuncios, poner anuncios, propagar anuncios. Eso
parece: las ciudades, que son aglomeraciones de paloma•
Seriora Julia Schmidtleln de:Bermejillo. (Fotografia Valleto.)
res, ¿titrnenotro objeto que mostrar anuncios en las veot!mas, en les tej,,dos, en las chim~neas? Un amigo mío,
hombre de empresa, agricultor entendido, premiado en
americano, me decía que muy frecuentemente la inven- muy bien, p:&gt;r.:¡ue las chim~nea:i de las casas no humean,
di versas expo3iciones, y benefactor de los pobres. Resición del anuncio precede á la de la co.m anunciada! ¡-Oh! ni hay g¿.nte-eu las avén idas: es domingo.
L0s barcoi llenau él río, 103 coches eléctricos pasan dió en Estados Unidos, en otro tiempo, siendo miembro
tierra del h•.w ib«.'l, bendita seas!
com) crust:tcaos fant.istic,H por las calles; la impresión de nuestra Legación, y en la capital de la Repúbltca, deEntre treinta anuncios de .,..Vutrina y c~t?ria divisa- de la grandeza de ests.ciudad es formidable, los btokx ro• dicó gran parte de sus energías al periodismo y al magismos esfumado. la !Jiiw~t,i, de la cúpula del C.lpitolio de jizos, se extién:ien ha3ta el horizonte y escalan el cielo.
terio.
""asbington 1 en una niebla tan ténue, que p.irecia un Ctlpulas, torres, chimeneas inveros(milmente altas, de
El sefior G0mez Palacio, tiene en la actualidad cuasimple d&lt;!slustramiento del cristal bruñido del cielo. En fá.bries.3 mudas, r¿.m1tes monumentales, puentes de
renta y cuatro afios.
el fondo de una avenida erig(a el ObelUJCo su piramidión fierro por donde quiera, eso es lo que resalta en aquel
El señor Don Cipriano Guerrero, hermano de la inspi•
de granito. Y seguimos. Una ciudad intensamente coló- océano arquite"ctural. Nue-Mo tren corre furiosamente rada poetisa Dolores Guerrero, e" también hombre de valer
. rada, pero enorme; con grandes manchas verdes de árbo• ·media hor.1, · para en otra estación y Filadelfia sigue, si• y de energía, que ha servido á. la políti..:a de Durango en
les aqui. y allí: dos, trest cinco, ochocientos, mil alina- gue, sin t(;rmtno.
varias épocas, mostrando siempre un nf)ble desinterés y
mient.os de casas coloraaas; las manzanas, diré block1J1 de
Salim()s p )r fin; continúa de un lado de otro la pro- teniendo como solo punto de mira el bien de su pahoy en mis, muy estrechas\,como cajas de puros de 30 6 cesión de pJblaciones y cas.i.s; llegamos Jeuey-City: es tria.
40 varas de alto, p.iradas so .re uno de sus lados peque- la misma ciudaride siempre, lo que hemo3 visto en todas
El señor Guerrero nació en 1844, contando por lo misños, y cuajadas de ventanas de arriba abajo, con sendas partes.
mo en la act.ualidad cincuenta y dos años.
persi¡¡,nas verdes. U nas cuantas puertas de campanarios,
.TomarooS' el.far_l¡, bogamos en dirección de un hacinaAmbos caballeros son muy apreciados de la sociedad
por entre los tejados¡ eso es Baltimore. Hasta luego.
miento indefinido, que llega basta donde llega la vista,
de Dnrango que ha sabido aquilatar sus relevantes mé·
He aquí las selvas de Pcmsilvania; hijas ó nietas de con~trucciones que manchan el cielo puro; todo eso rit.os.
de las que encontró el gran cuákero Guillermo Peno. acaba delante de nó:mtros en una punta; á ella nos vaSon magníficas; aqui la lucha entre el bosque y el ·mos acercando. LQ que nos fija é h1pnotiza, es una cúpuOTRO PAGO DE$ 10,000 DE "LA MUTUA,.
campo cultivado ha terminado por una transacción. la de de cobre dorado. muy alta ¿qué es esto, un templo,
Los árboles, dorados ya por los primeros besos gla• una torre? Es la. cúpula de la caqa del JVorlr.t, roe dijo el
EN TAPACHULA.
ciales de la estación, empiezan á no ser verdes, son amigo que nos había recibido. Y elj,rry atracó en NueRecibí de ciThe Mutual Life Insurance Company of
rojoij y amarillos1 parecen flores inmensas. Un pue- · va York.
,
New York la suma de {$10.00000) diez mil pesos plata
blito pintorescamente desbarrancado allí enfrente de
Jc~To Srn1uu.
del cui"io mexicano én pago total de cuantos derechos se
las riberas del Susquehanna; más allá, á. la dereMarzo de 1897.
derivan de la póliza núm. 566,701 bajo la cual y á. mi facha, las playas de la bahía del llm•re de Gru.cia, lleno de
vor estuvo asegurado mi finado esposo D. Agustín Escogracia, es cierto. Pasamos el rio: debajo de nosotros los
bar. y para la debida constancia, en mi car.í.cter de bevaporcitos surcaban lentos y airosos. Más allá, \\'ehnCANDIDATOS Al GOBIERNO DE DURANGO
neficiara nombrada en la póliza, extiendo el presente reington, una ciudad fiibrica; después Cbester, y desde
cibo en la misma póliza que devuelvo á laCompafiía para
aquí laa lineas férreas, admirableruente construidas, se
multiplican y coll\·ergen hacia una formidable esv.lanaE notro lugar publicamos Jos retratos de los Sef\ores Don s11 rancelación en Tapachula á 15 de Febrero de 1897.C,1ruu11 H,. de Escobar.
da literalmente pavimentada de vías fé rreas, .A..rnba de Francisco Gomez Palacio y Dm Cipriano Guerr~ro, per•
noaotTos pasan otros trenes como sobre teclados de gi- sonalidades ambas muy prePti_g.iadas, á quienes la. opiLuis G. )layen, E~cribano público del Estado Libre y
gantescos pianos; el aliento de las chimeneas, los pitazos, nión pública señala como candidatos al gobierno del EsSobdrano de Chiapas, certLfico que fué puesta en mi pre•
el campaneo incesant.e, forman en nuestro sensorio una tado de Durango.
especie de telón de fondo obscmo, tramado de acero y de
El Seflor Palacio, es hijo de Don Francisco del mismo sencia la firma de la señora Dofla Carmen E. de Escobar,
humo. A.bajo de nosotros hay otra estación mayor y más apellido, Benemérito del Est.ado y que desempefió altos por ella misma.
Tapachula, Febrero 15 de mil ochocientos noventa y
cruzada de líneas férreas! que la que atravesamos.¡ á su puestos en el país. Ha prestado el valioso auxilio de su
nivel se extienden las ca les sin fin de Filadelfia; ae ven. cooperación á la marcha administrativa del Estado¡ es siete.-Luia G. Mayen.

l

165

generoso, estaba que las potencias europeas pondrían nn
veto á Jas iniquidades de los turcos y admitirían la anex•
ción siquiera fuese provisoria de Creta á Grecia¡ pero las
potencias europeas piensan de otra suerte. Ante la cuestib11
capital de su.inestable equilibrio, nada vale Ja agonía de
un pueblo. Ay del que tome la inicia.ti va para desmembrar
á Turquía: el oso rm,.o, el jabalí germano1 Leviatan y el gn•
llo galo, se contemplan y callan. Impedir la acción iuopinada de Grecia era el sólo camino posible y Europa para no perder un problemático pedazo de tierrá. nefanda
en Torstuía, para no dar un choque al edificio de s11 política dificil, hizo camm común con los turcos..... .
Sus buques de guerra arra@arán á Candia y á Canea y
reducirán acasoá pol,·o, la trunca maravilla del Partenon.
Grecia que es el arte, la inteligencia; Grecia que es en estos momentos la humanidad; perecerá acaso, y el rny
Jorge como un nuevo Temírtocles irá á. pedir hospitali
dad á un enemigo lejano, después de haber asistido heroicamente á la agonía de su reino y á la ruina de rn
casa.
Tal sucederá si la decisión inapelable de lae potencias
no varía · mas entretanto, ¡qué sublime tragedia la que Ee
desarrol 1a en las playas doradas, donde habitaron los
dioses y ee hicieron marmol! y cómo levanta ras simpa•
tías del_unive~o, ese hombre que ha dicho á la orgullosa ommpotenc1a europea:

La Heroicidad del debil.

A pique estuvimos de perder el tren, unos entramo~

en unos wagones, en otros los demás¡ nos reunimos pur
fin y partimos hacia la Carolina meridional dejando :í.
Atlanta, la puerta del S,,r, comu la llaman los georgianos.
Con devoradora velocidad ealváb.imos una en pos de otm
las ~linas erizadas de espléndidos bosques de coníferas
que forman aquí las ondulaciones más bajas de los Apalaches y me dormi narcotizado.peramkn sUc11tire lu'M'. Al
despertar poco después, escuchando el ruido de los trenes
que pasaban y pasaban como visiones espectrales de reptiles antediln\'ianos. El rumor de las campanas de las máquinas, llegaba vertiginosa,nente· tocando un doble frenético y en el instante se perdía en un grito trtígico como
si se lo tragara un rezumadero del viento. Aquella rica CO·
marca que alumbraba Ja luna:
eRe nenvf,tr de pluta
t tt el lago de la noche,
había sido testigo de la postrera lucha, de la suprema,
en la guerra de Sece,1;ión. Aquí se babia preparado el dPseulace del drama¡ aquí Sherman después de haber traldo su
ejército desde el valle del Mississipí á. Atlanta por el ca.·
mino de fierro que él mismo const.rufa, había efectuado
• En marcha napoleónica hasta Saranah en la costa del
' Atllmtico y había subido deshaciendo canlinos é incen•
diando poblaciones, para impedirá los separatistas 1ehacerse, basta Richmond, en donde Grant tenía acorralado
al general Lee, como una jauría á un león: llegado Sher·
man, el león tuvo que rendirse. Aquí se jugó en esta formidable campaña el destino de la República americana
y del imperio mexicano. 1,Señores, decía Maximiliano ú
tres 6 cuatro de sus Cone:ejeros de Estado, con el parte de
la toma de Richmond en la mano, el imperio está ven&lt;::ido.»

t EL MUNDO

MEXICANAS

Príncipe Nicolás.

á. loa ánimos después de las t-remendas convulsiones de guerras sin cuartel.
Pero las reformas no vinieron nunca cual
se esperaban y si fueron en auge siempre las
tropelías de los turcos1 hasta hacer imposible la situación de la vejada isla. Esta tornó
á. levantarse en armas enarbolando la bandera de la libertad, y las escenas de terror,
imperan de nuevo en el sangriento campo
donde no sólo se veD.tila la cuestión de nacionalidad. y de autonomía, sino que luchan
á muerte, sm tregua y ain cuartel dos credos religiosos: el .I!;vangelio yel Korá.n, Ctis•
'to _y Mahoma.
Escalaron los insurrectos cretenses sns al•
tas montañas, coronaron sus profundos desfiladeros; sus mujeres y sus hijas desbandaron ·por todas partes, huyendo del al•
fanje sarraceno, deE!piadado y cobarde y no
hubo región del país donde no llamease la
lumbre del vivac, ni recóndita guarida donde no se ocultase uoa familia pere:eguida ó
acechase al enemigo un patriota resuelto.
?ero ¡ay! los insurgentes, los vejados1 los
justos oontendientes del derecho son pocos
ante la formidable avalancha musl1mica
que pasa como las antiguas tropas de elefantea cartagineses, dejando en su camino
arroyos de 11angre y mierubros palpitantes.
Los creten1es, que proclamaban su
anexión á Grecia como único medio de salvación, sucumbían sin remedio, ante la
cautelo1:1a impasibilidad del oso ruso 1 cuya
zarpada poderosa bastaría áaniquilar la.Su·
blimePuerta, ante el Leviatan inglés, sefl.or
de los mares, 11.nte el jabalí alemán de poderosos colmillos y ante el gallo de Galia
de recios espolones ......... .
En tan angustiosas circunstancias dejóse
oir una voz, y ee&amp;. voz no era la del joven
Czar omuipotente, no era la del Kaiser gimnasta y guerrero, ni la cascada de Lord t-:aliabury, ni tampoco Jaque ha cantado Ja
l\laniellesa en las callea de París. Era la
voz de un rey pequeño, humilde y pobre,
que ha poco hacía resurgir el explendor de
las olimpiadas gloriosas en el standium prestigit: do donde sucumbió el guerrero del\Iara•
ton. Bete rey no tiene más que dos millones de ,•aE=alloe y tres hijos heroiCOSj no
posee flotas poderosas ni ejércitos innumeros; pero debil y toda su voz llena de reproches se oyó en el Continente porque h~·

blabaen nombre del derecho y en nombre de la humanidad.
Puesto que un pueblo de heroes sucumbía ante la faz
inconmov1bl~ de la Europa "ivilizada, y puesto que esa
Europa ommpotente, como las vestales senudas inclinaba el dedo ...... permitiendo á. los victimarios musulmanes rematar su obra odiosa, él, el pequen.o, el debil saldría. á. la defensa del ,oprimido.........
'
Y Grecia movilizó sus tropas, alistó su flotilla de torpederos que puso á. las órdenes del príncipe Jorge, y est!ecbando en fraternal abrazo á su hermana opresa, sahó con ella á. la mitad del camino y gritó al muaulman
carnicero y á. la Europa formidable .
¡ Pasa 8i puedes.'
Ro el criterio popular llevado siempre de lo noble. y

Duque de Espart..

-Yo soy más grande que tú, porque
soy noble y buenoT

•••

El Príncipe Jor¡:c.

La familia real de Grecia hacia la que el
mundo enterovuelveahora sus miradas no
es una de las viejas dinastías de Euro~ El
re_y _Jorge I nacido en Copenbague el 24 d(,
Diciembre de 1845, hijo de Christian IX.
rey de Dinamarca, tenía dieciocho afiot
cuando fué llamado, por el voto de la Aaam.
blea Nacional griega, á ocupar el trono dt•
los belenos1 en virtud del protocolo firmad&lt;,
el 5 de Junio en Londres, por las tres gran
des potencias protectoras: Francia, Inglate
rra y RtJ.sia. El 27 de Junio, era declarad.1,
Mayor por la Asamblea Nacional, y comenzó á reinar el 30 de Octubre de 1863.
Había servido antes de su advenimiento
al trono, en eJ regimiento de infanteríaJru.
sa del Neva, del cual es ahora coronel· du
rante eu estancia en San Petersburg~, S&lt;·
e_n amor6 de _la gran duquesa 01~ Constan
tmona, nacida en 1851, y. con la. cual ee casó en 1869EI príncipe here tero nacido de estematri•
monio el 21 de Julio de 18ü8, lleva el nombre y el título de Constantino,duque de JIA3
parta; se casó en Atenas, el 27 de Octubre
d~ 1889, con la pr~nceea Sofía de Prusia, 11actda el 1-1 de JuDJo de 1870 y católica gdega desde el 2 de Mayo de 1891.
De este nacimiento nació el priocipt" Jor
ge (1 O Julio de 1800) en el castillo de Dee,-Jia, cerca de Atenas, propiedad que habite.
actualmente el P.rincipe heredero.
. El segundo hijo del rey de Grecia, príncil&gt;E: Jorge, nacido en Córfú, en 18U9, t s
cap1tá.n de navío en la marina helénica· eu
hermano menor, príncipe Nicolas, n~cido en A:-tenas en 187_2, llev.a en el ejército
las f!1nc1ones de capitán de artillería. La
partida del príncipe Jorge para Creta le ha
da~o de la noche á. la mafiana u■a p&lt;)pular1dad muy grande en su país y diríamos
una celebridad casi universal. '
_H~ aqui la silueta que traza él de un pe•
n6d.1_co europeo:
1
• T1ene veintisiete aHos y es uno
de los
má.s hermosos hombres de la Hélade como l_os guerrerüs antiguos esculpido; en
los fr1sosdel Parthenon.
Grande, sólido, ejercitado en todos los
sports, acaso también en 1¡1, palestra, est.i

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 189T

EL MUNDO

166

DOMINGO 14 DE MARZO DE

,11.0~

Fl. MUNnO

escuad_ras, siguiendo ~ 1-lidra.
y al Mi K adi en su camrno hacia el Sur y operando un nuevo
d€sembarque sea cerca tl.e•
Sphakia, sea en loa alrededores de Se1ino-Kasteli, sitiado,
ya por los cretenses.

dotado de una fuerza:'maravillosa, y los súbiitos de su padre
le llaman con admiración alhle·
ticos.prinkys (el prfncipe atléti•
co. ) No lleva barba para mayor
semejanza con los antiguos; es
robio, de grandes ojos azules
y frecuentemente á su paso
por las calles de Atenas, aparecen discretamente hermosos
ojos negros en las ventanas semi-cerradas.
Marino de corazón, ha seguido los cursos de 1a escuela naval y ha obtenido regularmente sus grados, aunque con rapiqez. Es capitán de fragata,
comandando la primera división de la defenE!a móvil.
El príncipe beredero de Grecia, duque de Esparta, ( el
Dioda(]W!, como ee dice ahí) es
muy amado, muy apreciado
por sus sólidas cualidades; el

actnal de la escena. Los sucesos en que enreda sUBargumentos Sardou, son una imitación exacta de la forma
que los sucesos aná logos siguen en la realidad; pero ~ta
semejanza es sólo en lo superficial, en lo más somero P.e
la forma: la verdad de estas ficciones dram~í.ticas no está
más que en el modo de las apariencias, y aún falta mucho
para que el interés que sólo puede nacer ante la contemplación de la vida humana ·representada, se produza en el ·
público, cansado ya del hermoso juego de las tablas, donde sólo se ofrece al espectador una convencional trabazón
de sucesos que, por artística combinación de fingidascua·
lidades, produce en breve cu!l,dro ·una especie de microcosmos, :representativa de mucha más vida y realidad de
las que cabrían naturalmente en tan estrechos iímites de
espacio y tiempo, si todo aquello sucediera en el mundo
real. Si eEto se nota en el teatro de Sardou, que, en lo
que se refiere á la verosimilidad del movimiento escénico
y de las fonnas de la acción, es quizá el. que más se acerca á las exigencias de la realidad, ¿qué diremos de los demás autores que, dando una importancia, ó exclusiva 6
predominante, á los distintos elementos del drama, ora
al carácter, ora á la elección moral ó la tésis filosófica
y jurídica, tienen tan eecaso esmero al inventar la trama
de su fábula 1 y menos aún al darle la vida, la forma dra•
mática? Dumás, por ejemplo, es hoy el gran lJ).flestro de
cuantos entienden que el teatro puede Ser escuela de tras·
cendentales filosofías. palenque, como el Agora ó el Foro, de cuestiones de Derecho civil ó Economía política.
Para Dumás el argumento es un pretexto para la tesis;
cualquier ocasión, cualquier hora, cualquier sitio le sirven para hacer hablará sus personajes del a,sunto que él
tenía entre ceja y ceja. Cada personaje, por ajeno que su
carácter propio sea á. todo discureo de probanza, va ex•
poniendo algo de lo que el autor piensa acerca del punto
de debat,e que traía preocupado á París por aquel enton·
cee: sea el divorcio, la situación eocial de la mujer extraviada, 6..... .la cuestión de Oriente. Nifios, ancianos, menestrales, pordioseros, cómicos 6 potentados, todo el mundo tiene en los dramas de Dumas algo que decir á la rnciedad para que no sé olvidA: y al efecto, se lo dice siempre con ingeniosa frase, en que la paradoja, la antítesiF!,
la hipérbole 6 el popular retruécano sirven para dorar la
píldora que ha de tragar el respetable público, representante de la sociedad entera cerca de Alejaodro Dumás.
Esta censura que escribió Zola en otros términos, es
justa; y así, el teatro de Dumas se acerca á la .""epresentación de la realidad aún menos que el de Sardou. Los
caracteres, las relaciones de éstos y los móviles porque
obran, están mejor estudiados, con más verdad y máa
profundamente, en el teatro de Dumas que en el de Sardou; pero ese teatro, como tal, como imitación de la vida en forma dramática representable, es más falso que el
de Sardou y más que PI de Scribe: lo convencional entra
por más, la abstracción se proclama, ó tácticamente se reconoce ser legítimo resorte del dramaturgo; el_ artificio
de la acción es más transparente, la ilusión menor, y todo esto hace que ante obras de este género, el público se
crea enfrente de un mundo aparte, que no es el suyo, que
tiene leyes especiales de tiempo, espacio y combinación
de sucesos: leyes que es preciso conocer de antemano pa•
rano pasmarse al ver tanto prodigio de casos fortuítos
que desempeñan providencial destino, y para poder interesarse con la suerte de aquellos comediantes disfrazados de personajes que en realidad no existea en ningu.na
parte. No, no existen, porque conocemos á runchos que
tienen aquel carácter, que obrarían así en tal caso, pero
que se diferencian de todo lo demás, porque éstos son
hombres y aquéllos son personajes de Alejandro Dumás;·
es difícil verlos y no acordarse de la primera página del
drama, que dice: «Personajes ...... Actares (fl.tP han creado

-11,t0a11-

Refraccione8 extraordinarias.
Conocidas con el n~mbre
de Hada Mor&amp;ana.
[l'ta se-=nuesiro grabado.]

M. Forel, el sabio profesor de

Laueanna, ha llamado la atención sobre las diferentes re•
fracciones que se rproducen en
la Puperficie de los Iag:os, y una
de las más extraordinarias de-las cuales, observada desde hace mucho tiempo en el estrecho de Mesina, es conocida.
con el nombre de Hada Mor-

príncipe Jorge es quizá,má.s ·po-

gana.

{)Ular, por sus ímpetus,su buen
humor y su vida externa.u

Está, de una. manera p:eneral, caracterizada por el hecho de que los objetcis situados sobre la ribera opuesta
del lago, parecen siJ;1gularmente estirados en el sentido vertical¡ las rocas, los muros, lascasas, parecen transformadas
en• inmensas construcciones,
de las cuales los itali-anos han
hecho los palacios del Hada·

*

A. las notas* *que damos en
otra parte sobre la insurrección cretense, y á los grabados
de Creta y de Canea, punto de
concf'ntración de las íuerzas
navales y militares puestas en
movimiento, nos. parece útil
flñadir una carta para recordar
Mm'gano.
•
:í nuestros lectores la situación
Los Hada Morgana son1 un fep:eografica y la configur;ición.
nómeno extremadamente inde esa isla.
estable y que no dura, en gene•
Los griegos que hasta aqnf
ral, más que unos cuantos mi~
obedeciendo las sugestiones de
nutos.
Europa, habían prestado á. sus
Cuando cesa, el objeto, cucompatriotas de Creta socorros
yas dimensiones verticales espuramente oficiosos, han entaban tanagrandadas, tomafre•
viado oficialmente dos acorazacuentemente proporciones exdos, el Hidra·y el Psara, seis
tremadamente reducidas. Cotorpederos, una corbeta y cuamo M. Forel lo ha comprobatro trasportes, de los cuales el
do, los Hada Morgana no ocuMi Kadi ha llegado el último á
-pan más que .un segmento-li, las aguas cretenses. Han desmitado y perpetuamente varia-embarcado en la bahía de Koble del horizonte; inuy cerca de
lvmbari y desde el convento de
ello a •Be producen frecuenteGonia, el coronel Yassos ha de
mente refracciones de un orden
cretado en nombre de rey de
completamente diferente. Y&lt;&gt;
Jí)s helenos, la ocupación de la
no los he observado en el lago•
isla, especificando que «proLéman sino en tiempos tranmetía proteger la vida, el hoquilos y cuando la temperatunor y los bienes de todos los
ra del aire es notablemente
habitantes de la isla sin distinmás caliente que la del lago;.
ción de religión.»
marzo, abril y mayo son los;
Francia, Rusia. Inglaterra,
meses en que tales fenómenos
Italia, y Austria Hungría, disson más bellos. Reproducimos
ponen en las proximid'ades de
en el grabado adjunto una foCanea de nueve acorazados,
1,0grafía que fué hecha por los
diez crac.eros y tres torpederos~
Sefinres Picard de la Cllauxssin contar con los refuerzos
de-fonds, á fines de 1890, y que(tUe están enviando.
nos muestra un efecto de miraLa cuestión cretense,-lnsurgentes de Creta haciendo fuego á una columna turcaL~s montañas.
Los periódicos europeos di·
--_..
Je obtenido con una barca socen · que aun cuando se senEl resto de la isla escapa á su acción y el bloqueo total bre el lago Leman. Se notará la desproporción de la8'
tiría uno tentado á creer que el proceder de los griegos
es una locura, quien así pensara.. no conocería la auda· es imposible. Asf, de una parte es probable que los in- velas del verdadero buque y de su imagen. Cuando se tocia prudente de ese pueblo. Todo lo que pueden hacer surgentes tomarán sucesivamente las plazas importantes mó la fotografía, el cielo estaba un poco nublado.
M:uchos eabios, entre los cuales citaré á Humboldt,
las potencias es ocupar las ciudades de la costa _Septen- y arrojarán de eJ-las á las guarniciones turcas. En cuanto
Woltmsnn, Charles, Dufour, han hablado de los Fataa
á la flota griega, bien podría evitar un conflicto con las
-trional, 6 sea la Canea, Retimo, Candfa y Sitio.

estos papeles.u

LEOPOLDO AJ.AS (Clarín.)

La cuestión cretense.-lnsurgentes encendiendo señales en los montes.

,.

,.

,J

1

,,.o.

C.Spatha

't.,;

M

A

R

D

G

E

A

•o

N

D

I

A
., i. A~arv

'

o
Co

-¡

L-:;.
1

•

C=Kouphon f ,

C. ltt.hmos

1

M . E D I T E. R .R A

N

/: O

K.lometre~

""'

Mapa de la Jala de Creta.

Morgana; -pero hasta el presente no se ha dado, que yo
eepa, explicación satisfactoria, porque en el caso en que
el aire ee más caliente que el agua del lago, observamos,
ya loe Hada ;Morgana, ya, y esto es lo más frecuente, el
miraje conocido con el nombre de míraje sobre agua jr'la
y que ha sido muy bien estudiado por Bravais, en este último miraje los objetivos apartados tienen eus dimensiones verticales reducidas. Parece singular que lae mismas
condiciones térmicas pueüan dar nacimiento á dos mirajes diametralmente opueát.os. He aquí cómo creo poder
explicar eeta anomalía aparente.
Observando muchas veces loe Hada Morgauacon una luneta poderoea, he testificado que, como en realidad, los
objetos no ee agrandan eino que se producen muchas imá·
gene~ superpuestas del mismo objeto? que son ya directas,
ya enrevesadas. He contado hasta cmco, como esas imá.genes están en general, muy aproximadas, y aún á veces
tocándoee unas á las o\ras, es muy dificil separarlas á la
simple vieta y producen la ilusión de un objeto agrandado. Algunas veces una parte solamente del objeto, da nacimiento á imágenes múltiples. Aef, yo be vjsto frecuen·
temente barcas con dos espolones: las velas no presentaban nada de extraordinario; algunos instantes después
no quedaba más que un espolón y las velas parecían gigantescas.
Parece resultar de estas observaciones que los Hnda
Morgana no son mas que un miraje de imágenes múltiples.
El análisis metálico puede por lo demus dar cuenta de
los hecho!! observados.
En su noticia sobre el miraje, Bre.vais demuestra laposibilidad de tres \mágen~, enel caso enque~U:Ba--cap&amp;d&amp;
aire caliente vaya á superponerse más ó menos bruscamente á una capa de aire frío y cuando la calma subsecuente de la atmósfera permite á esas dos capas subsistir
algún tiempo en su estado.» Pero eeas son precisamente
las condiciones que se llenan durante la aparición de laa
HadaMorqana, puesto que, como lo he dicho más arriba,
es necesario para que el fenómeno se produzca, que el aire

esté muy tranquilo y notablemente más caliente ~que el
agua. Esta existencia de tres imágenes no es más que UD
caso particularmente simple de las Hada Morgana. Yo he
ensayado explicar el análisis, la producción de cinco imágenes que yo he observado, pero me he detenido por la
complicación de los cálculos.
Bravais muestra también, cómo, en el caso de tres imá~enes, ciertas pQ.rtes solamente de UD objeto, dan lugar á
imágenes múltiples: este fenómeno se-produce igualmente, como se ha visto.
Por último, si se reflexiona que dos capas de aire de
densidades muy diferentes no pueden permanecer largo
tiempo superpuestas, la una á la otra sin mezclarse, se
dará. uno fácilmente cuenta de la instabilidad del fenómeno y se comprenderá por qué los Hada Mvrgana y el
miraje sobre agua fria pueden sucederse tan rápidamente
en la misma región del lago.

PAGINAS DE; AR.TE;
EL TEATRO FRANCES CONTEMPORANEO

SARDOU Y DUMAS

Hay un teatro contemporáneo, el francés, que algo tiene de lo que el nuevo drama necesita; pero que por vicio
inveterado y de herencia en todos los teatros latinos, no
puede, si continúa con los dogmas de su tradición, llegar
á las condiciones necesarias de una obra dramática digna
del tiempo.
En las obras de Sardo u y de Dumá s; se ve la vida

Una barca sobre el lago Léman.-Efecto de espe•
jismo.

�EL MUNDO

pOMINGO ,4 • Ol MAltZO OE •&amp;91

r

DD■ l ■GO

,4 Dt MARZO Dt 111117

BL MUNDO

&amp;n la fuente.

�DO■ l■N

, DOMINGO 14 DE MARZO DE 189?

BL MUNDO

170

in,•eroeimilee y ·decreY.do que einC1lea1a cocodrilos eeco
gfdos entre loe más sensibles del Nilo, airJesen s~ fune ...
ralee y llon.aen en cadencia; un prfnet~ de Hungría
acababa, por despecho de ser rehUBad.01 de ccal'l8 con
une; bailarina cuya reputación no era menoa ligen que,
lae guas azul~ y I088daa que flotaban alrededor de ID
cuerpo; por úlmno, doe condes y algunOR viscondee, aetevaronee, nueve chambelanes y cienM&gt; diez y ocho enudianlel ( de derecho, medicina y_ aón de &amp;eologla) oe morían de amor por ella Bin remedio. 1A Bella ~m'iauecia
impaaible ~ d o 4 ID prlncipe encan'8dor, y el viejo rey conlmuaba ganando á an cbambelan •-nnade
aln experimentar la menor oorpreea de eu vena inago'.
lable.

..

•**

la pnnoesa tenla el Mbilo, en laa lardee de enio. de ¡,aeearae en el parque del t..Wlo. Bajo el cielo claro y hor-mlgneante de eolrella•, eradelicioao relardane ul oen,a
de loa parlerrell y de loa ,,bolea.
Y be aquí qne uDa noche, en hmo que lllOOrrfa la ca·
lle principal an llnamen'8 81llll'8Dllda que oo llé eicuchaba piada algnnL vló levan- an'8 ella 1111111101Dbn pisada y luerle.
-Qoi~n eolá ahl'I exclamó L4 B,11111, qalfn e,ü abl?&gt;
. Pero ninguna vos reepondló, la bermooa prinaelll, ein$16 B01amen'8 doo bnzoo vellndoa y potenlel al rededOI
Je en cuello. ·
.Oh! Dioo mio-murmuró; aoy m'!'!""I B, una bealalo
Era en efecto una enorme beatia, de piel -eedoa 1:aaa.... &amp;lrecbaba á la princeoa Bin hllcerle dalló, mente.
•Acaao eo una boMia eDamonda de mí• 'D81116 ¡.,..
dialamenle la pñ noeoa. Y
oe -u:,mquilfs6.
Eo$a ideo en al nada lenla de lllamla, paell!&gt; que Lfli.:.
Batia, deepoéade habAroolooado nnap,1111 ~
'8 aobre kle lahloo de la pri-lemann
-1&amp;1 palabrae llenaa de ..nlido. •Yo ll9rteneJ9o al""animal; no lo probaré pero 101 hombreo 7 todlll!lolll ralillM dipoe de fe oa lo aaegtl?&amp;ñ'!, y
me A!""la, porque yo oa "'I'º como 6ingml
ea

1,,.

T..?::.-

am6Jamú.•
la vos era melodloaa, la Plla--,erftun,-la 7 ~

ye,.'

onrioaa, en lugar de oenfü el maigo brmal
ella el !ria delioaclo. Pero LJ Bella no 11e ~ en
delalle¡ ~DO que oe ain,i6 mi,y_
\ia lan ni nata I formidable hubiera
ID
111 hermooura. bula el JM!n'8 de Ir, e ~
4_ hacerle en ~rmlnoa eipblklaloo, 111111 deá1I tffn ,,...
monada.

• I&amp;

t:he~~.:,;=

14 H

JU. IID!IDO

IIAII&amp; 11&amp; ~

-

alguna .... copiaroe•no babéia vialO,
. como enceale lompo,
en la pupila de una jo,en virgen .
que ea de ..,. padree y 1111 hogar e ~ ?

l
A11' en la AuYemla, oaal oculta enk'e tao nubeo, habla
una chOBa babllada por una mujer y un nlllo de clnoo
alloe.

Rioardd oe llamaba el llillo 7 :'lbrla m mad!e.
.
AmbOB oanofan de lo máo .....-rio; -1-n tao no•
obee abrazado• a!11_11t&amp;loaamen'8: &amp;l frío era lnlenoo 7 no
'8nfaa oon qué ahripqe; '8Dlan hambre r lat fallaba ua
mlaarable ~ de pan, ,
la madN .......,. meclend&lt;&gt; al hijo;
oanlaba oon
TOS doloriaa; ID caldo era UD himno fa.oerario; Ull ¡ayl
ilel alma; Hlenaado por el bambra, el nlllo
ceMlia el canio de la maire; lae &amp;lnlebtao lo
-:ool'flan tocl,,, '/ oa!a 1t. nleft y aullaba el lobo en 811
-madrlguen,.
.
l'u6 eUlempo: la mama. oe lnolluba 1-jo el peao de
· loa 'f el nlllo cftlOfa á eu llldo, como crece la verde
rama ja•lo al oaroomido
lUeízd&lt;&gt; '8nia 111111 lllarmola á la que bab!a enaellado
mil lliaClu 7 11ue ballt.ndo al 16n de-piado orpniJlq, léeprnporol!laaba el a,llleBIO, •
. J.A mildm 111 8.n m11rl6 t el nillo al aolo cogió 811
~ '/ IU IDakatmnlO 1 abandon6 la oaballL
-Yllp,lldo llf)r 1\111 lllOúallali hacía ballar 4 811
711. . .olo UepDa lt. noebe 110 '8Dla m4a leoho
ni m la oarlclauú arrwlo, que el
. - , .:' - '
1tlrqirdelaellerao á lolejoe.

pan&gt;

le

uonco.

e

!!!l~¿,!t'!:

ll.

üinlrDo,
l::t!•Mo
-. i.. ~ nnbea•
~

• ,;e-: batfa 11,ll &amp;fo IDlenoo;

JI~• la ~ 111 rfclda ma-

~• rc:iolpi:.,...,. ~
!In, qae dejaba
« !~ kll lilllmóe._ vlbraa en la

_,¡¡.,...

............, ....,_,.do,
nadie •ifa' el lafalla.,. bambre, tenla
Y oon - n o ~ ~ ua:que dalla, l a ~ -.

,_

t,¡alen'ldc,a aólodad.

¡ilérnaa 7 oay6

n -

¡ ¡anri6a.

....~o,¡-+•········.......................

Y-'°•en"'""'""•""

Si '911881n alma ha podido
an'8lo pu-,,
aenUdo babd tambiéa goce Inefable
á1 no haber periorbado
la oahna de la !neme o,iolalina •
áqnéhrinaabaam~
la aeln OOD &amp;IDO?, ni la pu dÓloe
del corao6n laoamo
de la lnooan'8 joYen, de IDO padra■
O'l"llo noble y de 811 h&lt;&gt;PII encanto!

;.rban como 4 inlrnlo viellanle de

)Jabla111111no 111111~ qne era hermooa como el

4fa;eraUDniábermooaqneeldla, porqueeeleúl\imono
ele caando en cuao4o, de levan- grie
1'_1Rlviolo,_en""'° que la pñD088&amp; oe levanlaba siempre

"'Cptbe

~,-ie.
Ella JWh&gt;ówai.mfa

-.~lle

p o r ~ ' an 'fiejorey,muy perepil&gt;aba.toilu 8118 . - e n ·jugar pokar oon
118-iietan' elle 6111mo no ncilaba en portier • - . - lle cioda oinoo; 111 ee que el viejo rey enoonlraba,
al pobr el dl'l81ildo"de eae Jaegoe y al cbambelao
,1muiQtrl$M!de 8118 fanclonailoe.
B1 lt. pnD088&amp; oe hubiera Gallo , BU real padre para g:ne
~ en médúe8ol6n, babrfa llevado elgrap chúcO;
-111111pr!nceanomenoeaneadaqae bormooaymuy
i tiempo, IOm6 el IIBltiio de dlriglne por 11 milma, ro·
clé6le ele ......,..,1.e loe 1114' U - aprendi6eldibQ\O,
plm6 en pottelana, ejecm6 n i - brillamee y oe con,nr¡¡c, en nn,..... de la •ocali-i6n.
Oaando hubo lllqalrldo $ocl¡ie 1M perfeccioneo, locluai •
....._1Jtm6 '- 111 padli, '1 le babl6 en eo1e 1....,..¡e,
hermooaoomo el ella,- eo cooa.oon..,nlda; '8n·
1111 7D aola mú """lldadee 4"" IOdu tao mocbachu del
reÍÍIO ¡ . - Qa6 ~ bilcar de. ml?•
~ I l'l!lll&lt;liidl6 dllUllidomenle el viejo 1ey.
-Ah! eao eo $oda lo ln'8rean'8 que '8néia quo propynaunet
~I
'-'llell.rilll, I R ~ Oonquo _,,.., eb? y sin ras6nl P!Rll"" no Nn6ia la menor razón para caaarme. Reeponded......
.
-Tengo 111111 ru6n u:celen'8 y eo _ , He llegado ,
kle - • 7 alloe. Tú \ieneo vein'8; eoMi• en la
• edad en que lle tao majeree; yo, _,y en la edad
en qoe nno tao deja; no qalero dejarle 101&amp; y abandonada
• •u eale 11111ndo, e n - que me lamo á conocer el °'ro.
Ene doncella, eree nóbil; no fallan por ahl prlnoipeo he•
n,clerQo; eerú reina; eao 1ormará parle de ,u carrora, y
• no pc,dria rehDBUlo.
·
· ~ n peidón . . - , m e ~ eer reina, peto no ser
la mu¡er de nn rey que me ~ - Aceptaré el malriioónlo IR • preeenla 1-jo un upeclo eeduclOr: lind01
ojoo, labloa llnoa, diacnnce liernoa f elepnle aa¡,ecl&lt;&gt;;
pero oa preTengo que no me casaré 11no en esu condi•
clones; quiero ~ á mi amo.
-BaeD!)J boeno, dijo el viejo rey, obrarás, WanM&gt;j'?;
no has le1ao mncbaa novelas y no semo que hagas nece·
dadee. Pero ai qnieree darme guolO deepacha pronlo. Por
ahora es preciso que te deje; mi cbambebin me eepera
hace \iflmpo y como-~ mú jugador que hU cartas, me te'!10 que haga ~na bilis y se ponga mb amarillo que los

-

.-r

•••

"'"'''·

limones.
Dicho esto, el viejo rey dirigióse á la cámara vecina

y ganó la pan1da.

•
••
Cuando se mpo en el mundo
.que la

prioceea, la que
era llamada L,,•JJdl,a, estaba deeeosa de contraer justas
y RUiituosae nupcia!I, todos lo9 príncipes, duques, seftoree, ee rascaron simultáneamente la oreja derecha, y.

-¿Dó•

fa~-•

,

m

la lnna, oomo ho■$1■ oe eleva en el Orlenlol; la8 llaa, como UCrlmaa oe lllOID8D en el cielo; lao olaa, como
qlieju, eollolim en laa pla,- Y la lnna 11.no 18 eleva, 7
tao el&amp;reltao qm, lloran y !u o1aB que lll8plnln, ¡qaé-°"'I
OOOI 110D, lino Plepriaol
IV
BI e8urió de tao llora■, el mormullo de 101 b,e¡1191¡ el
-DIO de la lira, ta,, ......... del poela, el hamo de loo
t-ioo; In qne -,Ira, IOdo lo que aolto.a y &amp;o•
qae eepera. IOdi&gt; lo qne • nrdad, y ■mor 1 gloria,
•ete111á Dice: todo eol'leprial

:i:

. ..,........
'-~~e~delaba-=t..

......, aol de l a ~ y aajapla¡
elal-1, la~ylatJONU!
~ m lieMDioa f11UtL.
•

¡Ah, q~ rlaa"' . . . . , lllellOlpncJ¡o
la eocie&lt;WI, que-elé.. biqano ~
á MI lalea Ylilnd '1 bOIIQÍ' ~ ·

&gt;odm

El cielo de aquella larde en eapl4ndido, imponen'8: en
el horlaollle llbi:uado de lnmenoo 19Jo. 11e 4iat&gt;lomaban
loe _,,,,broa de un mandq incendiado la Tfapera.
~ lt. noehe, eDlri mil aml¡oo alO&amp;lé de la

ución.

•
••

.

-¡Oh! onánlO ,iempo he ngado lejoe,-é, lncban·
4o con la fatalidad empellada en retardar el ownpli•
mienlO de mi m• ardlen'8 deleo; siempre ta recneido
ha,i4o el ideal, el alma de ooru6n qae le peneoe. Ven, dime que me mnobo, que.,. nadil podri,
IIOllMU"OI en la vida!
~ • - . -'fflima, la rnb)a cabes&amp; '" lnolin6 aobre
mi homht,,¡ deepnéa nn beao de fnego nnl6 n-raa
almaa.
.uf, en dnl- coloqnloe de amor, de promeaaa quo oon_ . lae lipimaa de A:lke, oorrleron tao iw-......
lndndahlamenle, niDgón morlal ha aldo má dlchoao
que :,o en 8IOI JDOlll8llkllp 11Upremoe. Juro que u:la'8 la
felicidad,
.
Quisá el dJa oe ooercabL
-Tengo eed, dije, deoeolOmar abro qne refreaque mi
p,pnla; la lli,bre me lnftde: ...,., , _ ,
•
-¡Aqnl no hay aguo; ftJ&amp; 4 IOlnarla i m oaAI me grl•
'6 nna voa eolenlOrea.
LA PLEGARIA
Abrl 101 ojos proluadamen'8 uutado, 7 vi delan'8 nn
lodivldno lonado en _,..ób611 ,peme íalraba elapel .
lallar...... Era un Gcmfiffl J; ta - ·
•
No aolamen'8 lieae ánplea el cielo,- también hay nn
-yt ,.....nw. ¡Qué , . t,o,,;r ¡,1.11ee
d6•
anplenelooruón;elangeldel ooru6nee la Plepria.
de ei,W?
•
¡Ay! .lOnúlo habla deliiadol
'
11
Al
1&amp;1tr. del Oafé. ml edOl'J!'! IIO;P!!do ~ r "''" ,...,_
Al _ , la larde hay eipllmu que oe quiebran en Ju beu penll6 el ~lúllbrlo y éll en ilerla:
olu. h•r nubea que • dlafar¡lait en el eier y rayo,, 4J18 mó 7 me d4DOllii6 en el l ' i ~
.. - - D e n lo a!IO. F.aaesplllDIII, , .... Dllbee; y
Buenoo dlaL·
9101 rayoa, ¿qué Olra OOOI aon, lino ple¡pmu'I
VtmoalpíJe.

¿Qnlén oaad decir q,w t a , ! , ~
Ml 1188- eepleadQr 1 kl■udll
cubren una al1111&gt; 81J1illadora, lrta,
nido de la tnlei6n J la la,....nt

inurmuramn , coro; "Dlablo!t!• La prinoeaa oonaitufa
nn admirable parlldo; en primer ¼ugar era de una bellesa radianle, de una belleza tal que cerca de ella, d&lt;,llaa y mujeree gaa(llll pu,,ofan ie&amp;B, de \in'8 anémico 7 de
ojoe •In luz; en ,egnndo lnpr ~ temlOrioa tan IOI que la8 ren'81 11.ubi-n bailado para la manulenc16n
de m,1 puebloa; -por 61\imo, era indudable que 811 marido no oe laalidlarla Jamáe. porque lll llllenlO '8nfa doneo
maravilloaoa de am!lea y de riilela; lldemAa &amp;ooala ni•
- brlllanlea y oe excedla 1 11 milma en lt. vocallTolee coneideraeionee explican qae 4 l"Utir de elle
momenlO la _capital del reino de 1A Bdlu vleoe aeud1r
prlncipeo aegllid01 de noollaB · deelumbramee, eelloree
qne conduelan un ,ren labnl~~ ~lanee y emirel - -palladoa de elefan'81 7 de bayaw,rae.
Diéro111e lleelaB estnordlnariu en que ~
lluéepede1 diapu'4ronee el lujo y rivalizaron enlllllgÍ!l!I• ·
cl6n. La prl11C8111 asiRió , ee1o1 rel!GCIJoo oon nna pme,¡1&amp; Indiferencia y cuando 811 padre fe OÚJI~ gue deletml·
naae algo, eeoogiendo en,re tanlOI dioünpidOI oandldalOI, reepondi6:
.
-Me. apena no poder aliu IMiellce""'; pero nin•
gano de 8IOI oe11oree ha eabido ~ Tod/31
·aon genlel 1in lnlerea; 10n nécloa qno cleoeal1 mla ble·
nea y mi corona; no hay uno, lo he comprobado, que me
baya mirado de o,ra manara que como 4 uaa meroancla
de precio. Pl98ero no cuarme 4 oer la oompallera, por
no decir la eeolava, de uno de eaoe rldlcnloo mamarra·
choe. Esperad, mi qnarldo padre, '8ned ~ a ; __,
vendrá el fam010 prlnclpe encanlador; en IOdo caao, para malar el $iempo . y oonoolaroe lendréll litlDlpre , , , _
lro chambelán; acaao eelé, de lanlO -raroo, en a¡onfa,
mu no ba d&amp; eolar difuDlo alln.

encanlada dei·.

Neoeel~ alannoo inllan$91 y annoé luego hacia ella.
-El cielo, la dije, 18 abn, delanle de mil ojoe. ,Porprl·
mera'Y9S.,,.
·
-SI, por primen no, repi\ió levanUndoee y wndl6n·
d&lt;&gt;me oilrlll- la mano de marllf, la eolllllaDOia noa

hLIP■ TuEBA.

LA 81LI.A Y. 1A BESTIA

811

,~

cledoll ~..
lamumoiaq,'8

:icm'lo¡ 11B iuldo

•J6

~

detlenaliilbrelu

tmllfk\

'.eJble•nn llruole¡n-

■ 1 do an llank,,
M.LÍIIIIQIIOD'.nor.

Noo JIIOPODWDOI leáejar el ú!IO faYOnble de nn Jan- de amor. nn S, mil - ~ c o n anhelo ln4nllO.
X. llbacicmes .. l1108dleron oondemuiada lreoaeaeta•
lt. ooa.......&amp;6n ex-1va, onimailfllm•
elevó al
mejor grado deentaef:emo;el pnnnme-,,,;,-denrllami•
~ 4 cada paoo
can:ajadae, pilOI de
lJ:uM;I• a-.,ia: baalamol nn mido do mil demonloo.
Jll e■beoa era DD votoin, la oen$la , pnnlD de eelellar·
enravladOI ......- ~ la lm en lbÍ
.
. -joll ....neotanoo q• piaban en •priobOIIB
NOCloaee; Indo
rico muebla]e del (Jalé :oobNba é1l
derreclor m!o; :,o m181DO -.bfa-nder de mi Ji,reo- •
aal -bllida&lt;L laa plernaa oe i...i.tan , _ _ el pe., de nn can,bro donile aa ogllaba la '8mpeelad.
En M oon la copa rebOBante del oltampallr, en la ma•
no, gril6, miB ami8"I' •Porellal Por la rabia - ·
~ me eaparal• SI, beWmoa lodoa por Alicel ";8"

.=,

•rooaa

es:-

Y mi lD8IIO ~mola llév6 , loa labioll la birvlen'8 bebi-

"':'.;:e'.:;

U DO á uni&gt;, 101 prlnclpee deepechad01, oe ..iraron,
muy hendoa en BU amor propio y enfadad01 de haber becho 1!111'°' considerablee sin el máB ligero pro~o. Su
única ooneolaclón filé, para cada 11no, haber eldo recba- .
rado como IOOOB loo olroe. y no haber vlMO preferencia
por nadie. Ra¡¡reeabaD aviD81'a40B del carácler y la ODI·
nlóD que ahora lenfan de la princeaa, le era,_ mnoho
menoo favorable que el dia de su llegada. AdmirAbanoe
de que eo la hubi- llamado La &amp;114, como si fuele la
10la mnchacha bermoea de la "\ierr&amp;; enimaban 111 talen~
k&gt; vulgar, au conversación sin brillo, aua ap&amp;itodee llricu comunes; no tenla más que 81l8 im,ortan'88 riquezu; ··:«Y, bien1 ···oea 'Iºª
reepeclo 4 eellB la ideo de los prelendienlel DO babia va- di~ un di&amp; ila pnboesa, deopuéa de un dóo amorooo,
riado; persistían en jmgarla con complacencia, y habrian el 1,oven eenor, que acaban de de•P'!larae de eu oabeza experimen'8do un placer sincero en adjudicárselaa.
de,.oeo ytenfa enire 109 mll.llOBSO diafru per!!imado.
La prlnceBI ee burlaba de !u hablillM y rumoreo ma:-i Ah! respondió L'l. Bf!l.li,, decepcionada. Esto ea ho,.•
licioeos aobre en conduela y BU caracter; abfa que ata mble! Mae na hnbiP"' valido ser bestia que flngirlo. Yo-•
d,,maeiado bella y demaaiado buena para hacer la alegría estaba del tod.o decidida á. acordaros mi mano cuando voe
del hombre que amara y eaLe pensamiento baetaba á me o~~Mie vuestra pata. Pero ahora .. , .. .-... Todos mil
mantener en sus labios una eonnsa maraviHosa. Sin em- c~mphm1e!}to8 para vuestra piel, querido mío¡ lo hicí..,
bargo suspiraba un poco, el príncipe encanUdOI' se bacía . tieis muy b1en.1J
esperar demasiado,
Y se faé á encontrar á su padre, que acababa de ganar·
Pasó un ano. IA Bella permanecía insensible; no obs- so o,~ partida de pókar.
tante, un rey de Eitipto acababa de malaf'l!e por amor á
RoHÁN Cooixs.
ella, después de ha~r cometido cierto número de locuras

·;~·;;;¡;;·~--~·;;;;;¿~

·~

(111: Elm.■ DK Voe.)

Yo amo la■ beH■e lloree que DO han .ido
toaallaporlamano
de mdle; 7 me p■re'l8 9ae ee BU eeencia
mnobo má ..,.. oaanclc&gt;
no _,.,..i,,a. Olllénlanoe aáD ergnidaa
· aobnt 811 prODlo tallo.
Dejad tao """"' al ñ,eál f - l e ;
• deDIIO 80 • nido amado,
dejad loe paiarllloa que oe arrollen,
_dejad en pu loe ooraronee oHt&lt;Jo.
¿En alguna ooaal6n no habéie '8Dido
·
COIO0 un eapejo el claro
y profundo raudal de limpia fuente
onyo recodo blando
seln apacible oon amor eombrea?
·
vuee1ra:imagen acaso

~-,hrela mea demirmoL
Vtmonoe, leedije, y ..U .... mi tan.laempaa6 , ,.._
&amp;ar por l'l!ldoneo - - : ..8:ria-; nep.roa ea OOD•
falo uopof no e é - vilioDell Impalpable-. movléndoae ffllipnOIIB; semi alao da ignoloa oomp,ílleroo de la
~ que liaban....,. 7 ltrrOjaban IUllft freeoor oobre
D1l8 · - oálidaL

Jw,Qr.llmiM,

"°"

d a ; ~ ~ t a o ~ el vallo da baoarú rod6 ea
Al!, pnee, onando La. Iksli4 andas ta:oo elaéevlialenwde poa8I' aohre el de ta priJlOl!IIII""
do, La. 1kUa jnzgó lnoponunu enfadmee y ..., •
•
oe deJ6 hacer,,Y onando dlp que oe dej6 ~ . entlendÓ
'l"" oe_1o volvió.
Eale .,. original proalgnió por mnobaa nocbel• La. JI,;
11a eolaba muy enamorado de La B~~faé 'la no le&amp;igo y có:l"'!de eeoenaa
con,
moredorao; 1181111
que el jardín oe casa 4 veoeo oon el
eorral ...... LJ Bella qae babia re¡,huado dellilatloaamen·
'8, loa hombreo 1 eno hom:.:\:¡ lltl!rla muy :oolnnlariamente, LJ Be,oo y á sr•d•dee ..................: ...

1Rle, di-lelir, qne el IDdlldi&gt; ~
noveelllD~déblouey!IÍ'IJ
el blae6n da mil lriun!oec~p,#

• Y OODMIDl'kl l""I!&lt;)' la Jo,en rabia, ¡ la bl.... - uva, ohjelo ele mis euuelloel Oún bella - b a con 811
llojll bala lila, inclinada -,Jm, una peqaella - ,. meditando delanle de tao ))llalnaa del libro predileclO: taeepe1&amp; cabellera dorada, ea¡iarclda por aobre loo hombroo, cn'brla 1aa ■obarblaa lonnaa del pecho; 111 llna upalilla de
Ferry dejaba , la vlBla la media color de carne, que oprimfa lae tomeedaa panlOrrlllae.
.
¡Jamú babia vino nada mú arrebalador· lenla delanla hermoanra •11 lll1KlÍleelaci6n eopléndi&lt;Ía, lenladoral
En mi analedad, dudaba si era ella realmen'8 6 '81 vez
un Ideal, una fanlalla, la exoeloa creac16n de un alma de
poelll! ...... Abl 11,-era ella: yo oa lo ........,.
El ealón eelába bailado de una !ns pálida, oomnolientu1 de, lOB enormea cuadloe ae dMteeeban penonajee 10mhn01 en ademán de eocuchar el diálog&lt;! de amor qno iba
4 empesa!'F· Por una ventana enve&amp;blena, el aire agita,.
ba el cqrmlaje qne el ~jo del frenle repródncla en forma de mODHrno ébno; loa amorcillos del cielo.raeo-me

A UL'l'llaTU■U
lfo e1 m -1ie ala lln, helal1a, lntrfe,
Loqaeme~en\~...-.
8lnci el m i - de ........ dolóteo
Do laaban brazo , biuo -ricia , maene.
Dl01 qnlto 11■11 an v e l o ~
Y enél ~ Uvldoo---,
~ el o a b é ~ ~,:;:¡"" hóu,,,.
Ah! qae oi el hombre Bin dnlclr .muriera

o ..... DO dnloe lecho en n,¡ palaoloa

Tn fu ..1ee1e y m Inmortal a...,;;;¡.:'
la humanidad oe 1Dléldan enlera·
Y la $lern, lin alml\, en IOd
l!ooarl snoda, ababdonada,

Ti

CAB1.o8

1

A.

SAL.lVBIBY,

'°

BeWn! pira el"•mor no hay imposibles.
Lo mleiñó qne las palmu
á vecee nuestnu1 almas
se encarnan , dillanciaa i11crelblea.

•
••
Te morlaa por él, pero ee lo cierlO

·
que pas6 \iempo y liempo, y no te bu moerlO.
OAJl1"0A.110&amp;.

�DOMINGO 14 D"E MARZO D"E 18~7

EL MUNDO

172

EL D.L~TE EN :MEXICO.-Los discurserq,;.

E;[, DANTE; .E;N M.E;XICO

VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTINfA.)

Un tranvía de los ferrocarriles del Distrito me condujo
con parsimonia y seso á las oficinas de Satanás. La Yerdad es que aquel agitado viaje, comiendo en malas fondas--que esto ni en el Infierno mejora-y durmiendo en
lechos más problemáticos que loe de los grandes hoteles
de México, me tenía calenturiento y débil.
Anhelaba un poco de reposo y conversaciones amenas
con el patrón de aquellas regiones, que, á pesar de su aspecto vulgar, debe saber mucho, por viejo si nó por dia·
b10, 6 por diablo si nó por viejo.
-Tan pronto 'de vuelta, Don Matías? Qué ha visto us ted de bueno por ahí?
-Diré á usted, los suplicios que he presenciado tienen
más de cómico que de trágico.
-:--Seguimos en esto el espíritu nacional.
-Cómo el espíritu nacional!
-Es claro, Don Matías, cuándo ha visto usted que los
mexicanos tomen algo á lo serio?
Es un pueblo de Qromistas. Porque no me negará mted
que hasta sus pronunciamientos y cuartelazos han sido
bromas de muy mal gusto ........ . ¿Qué toma á. lo serio eea
gente? vamos á ver: ¿La Religión? Pero si no saben ni
lo que creen, Cumplido. Se va á misa lo mismo que á una
logia masónica, por fantochada, por vanidad ó por costumbre... .... Se habla de política por monomanía y se
trabaja maquinalmente, por necesidad. ¿Dónde están los
hombres de convicción? No me vaya usted á decir que en
el peri(!dismo porque le pongo una lavativa de jabón ..... .
¡E! penod.ismo! ¡Bueno eslá el periodismo!. ..... Se habla
mucho, pero mucho de los grandes problemas sociales. y
e_stos Be: gastan de puro viejos sin que un pseudo-editoriahsta amerte á resolverlos¡ se defienden ideas descabelladas, por capricho, por necedad ...... ni siquiera por rnteré~ propio, porque para el chantage, sépalo, Cumplido de
IDIB entretelas, se necesita talento; se inventan mentiras
burdas, se calumnia neciamente al compañero cuando
gana más, et voila tout. Ese es su periodismo de ustedes ...
¡Y_qué ge1_1te recluta) -.A.~tes se decía: 1cEstudiante perdulano, sacristán 6 boticario, u hoy hasta los sacristanes y
los perpetradores de carmelitanas son periodistas líricoembusteros-mmtimentales ...... Los I\Ue escriben algo que
pueda leerse son pocos y tienen que defenderse de una jau-

EL DANTH: E.r."l" "hIEXICO.-Los licenchulos.

{"Íade sietf:mesinos, que ladran á. to_:lo lo que es levita limpia y sentido comun ...... ¡Uff, amigo, uff!. ... . .
Y Satanás estornudó.
-Yenga usted, continuó, venga usted por aquí cerca y
verá el suplicio á que he condenado á todos los. habladores, á los que gastan la palabra en infiernitos, á los que,
desde una tribuna, desde un periódico ó desde una cáte·
dra, pronuncian apotegmas fantástico@ 6 necedades sentimentales.
Y cogiéndome por el brazo me llevó en un santiamén á. un salón donde muchos individuos alineados
frente á otros tantos fonógrafos de bocina, escuchaban
sin cesar sns propias arengas_.
Allí estaban los patrioteros que excitan al popul~cho
con estúpidas palabr.ts altisonantes, en las fi~stas cívicas;
allí se hallaban los par;amentaris1,a~ en embrió~, q~e P!edican jacobinismos del terror, ahora que las mstituc10·
nes se basan en la conciencia del país y no se bnmbolean
con el airecillo que agita, al pasar, una sotana; ahí
se encontraban los. que tras de ca,fa banq11ete infligen
vilipendios !mngrientos á. la palabra, para adular las orejas de 110 magnate; ahí se veían lo,3 poetas melenudos
que asaltan Jas tribunas para rim~r majaderías. de c:t-jón,
ante una multitud que no sabe m qué es patria, m qué
es libertad ni qué es derecho; allí 1 por último, penaban
los frailes presuntuosos que envo lvieron en. metáforas,
recortaron con Plipses y estiraron con paradoJas, la palabra de verdad, para proporcionar frívolo pasto á esa aristocracia romántica que exige para ir á los templos que
el gendarme retire á la gentuza, porque apesta y lleva
rotos los vestidos ...... allí está.han todos los que han be ·
cho del verbo infiernitos de pólvora y luces de artificio,
cariacontecidos y gestosos, con e~pción de D_o~ Joaquin Redo, que escuchaba con deleite la repet1món de
sus brindis pintorescos, echando sólo de menos los cal•
dos respectivos ..... .
-Venga usted, venga usted, exclamó de 1;1uevo el jefe,
y empujando una puerta, me mostró en la cintura de una
roca, al borde de un precipicio, á una.~ cuantas docenas
de amordazados.
Estos, me dijo, son abogaios, chicaneros y parlanchines, sofistiqueros y ladinos; aquí están todos los que pro•
ba.ron que lo blanco era. negro, los que desde la barra de
la acusación lanzaron anatemas contra reos inocentes por
lucir la fuerza de eu facund(a y la energla de sus após·
trofes; los que desde la barra de la defensa, voc iferaron.
sincf)nvicción en bien de un pillo q11e les pagaba mucho;
los agentes del MinU,terio público queexpect&lt;?r:iro1;1 foimidables requ1s1torias con•
tracien pobres diablos,
con el único fin de que el
Ministro se dijt:se:
-uEste muchacho es
de provechan ...... todos,
en fin, todos los que en
nombre de la elocuencia
y en virtud de la ambición, conculcaron los
fueros del derecho, los
fueros d.el deber, los fueros de la conciencia!

•••
departalD.ento

EL DANTE EN MEXICO.-Los a.utores de medicinas de patente.

De un
inmediato llegaba. á ruí
un rumor como de fuen•
te surtida porgruesa linfa de agua. Satanás leyó
en mi rostro la curiosi dad, ymurmur6:
-Los envenenadores!
Venga usted á verlos.
Y fuimos.
En amplia corriente de
agua se debatían, bañados por grueso chorro
de .... medicinas de patente! los intoxicadores
de la humanidad. Los
médicos de todas las épocas. Del espacio llovían
píldoras, .pastillas, cápsu.-

las, y de un ~ran·canal de hierro, emuleionee, aceites,
ungüentos, vmos, emplastos, cuanto la fantaaia ha inventado para explotar, intoxicámtola impunefllente, á la
humanidad.
Nunca un castigo me parecio má.~ idóneo que aquel,
presa de una exaltación impropia de mi carácter flemático, exclamé:
-Rabiad por los siglos de los siglos!, descomp'lnedores de estóma~oe, altt:radores de bílis, envenenadores de
sangre, casta infame de forjadores de píldoras homicidas y de dinamitas higiénicas que habéis· causado· más
males que la P.i1.z Europea ... Ribiad por siempre!» Trás la
cual antífona, Satanás y yo tomamos una taza de choco-

r

late.

( Continuará.)

ETERNAS.

Quedóse para siempre
vagando mi tristeza
dentro del alma herida
por un dolor aleve:
,
como un huérfano aroma
de virginal pureza,
cual pájaro que agita
sus alas en la nieve.
La musa de mis versos
tornó la faz soro brfa
y altiva desde entonces
mis dudas no consuela:
huyó de mis estrofas
la trémula harmonía
y su himno apasionado
no canta Filomela ..... .
De mis recuerdos gratos
al mágico conjuro,
surgieron de la sombra
mis cándidos amores:
y ví tu rostro de ángel
tan pálido y tan puro,
cubierto por las rosas
de tímidos pudores.
Y al sol de tus pupilas
hermosas y eerenas
que el llanto de la ausencia
tal vez obscureció,
tornóse en blanca aurora
la noche de mis penas,
se fueron los pesares,
mas la tristeza no!

Y ha sido desde entonces
mi ilulce compafiera,
de todos mis ensueños
y mi dolor testigo:
y así dentro del alma
mis novias, cuando muera,
al fondo del sepulcro
podréis bájar conmigo!
J89i.

F. Tiraorna.

Háblame más ...... y más ...... que tus acentos
me saquen de este abismo;
el dia en que no salga de mí mismo
se me van á comer mis pensamientos.
CAMPOAJlOS.

DOMINGO 14 DE MARZO OE 18.a-,

EL MUNDO

'73

-Tenías un complot preparado contra tonce!=, á falta de su persona, tenía nna reserva de buenas
mi, decía, cuando lleno de confianza yo p'.llabr&lt;l..~, de buenos consejos, de afectnnsas demostram(dirigía· á casa de ella para tomar una cione!:',
Ganó una reputación de bondad, de criterio y de pntinocente taza de té.
La Señora Fourneron eRcuchaba levan- dencia· se convirtió enel oráculo de los unof", la pro\"itando los hombros y amenazando con el dencia1de los o·tros y una autoridad para todo?. Pero la
casa que amaba con predilección, la casa donde reinaba
dedtt al recalcitrante.
-Paearás el trago, le decía. De m:is le- como autór.rata, era lade su sobrino Fernando ])uvernoy.
Ahí la hacía de bienhechora. No había casado ella á
jos he llevado á otros al pie del altar.
Fernando? :So fué merced á sus enérgicas reprimendas
Y en voz baja añadía:
-¿No ves ú Fernando lo feliz que vi ve como rompió él con París donde vivía, el diablo sólo sa-,
be cómo? Xo se encontrú, gracias ¡1 ella, á Elena de Aucon su Elena?
-Feliz, feliz, repetía Jacobo; no me bian en su camino?
Elena de Aubian, huérfana, ·educaba. con maternal ;'8r·
opongo á ello, pero recuerde usted que
los hebreos se dejaron de la roano celeste nura á un hermano menor que ella algunos año~; acaso
y echaron de menos las cebollas de Egip- habría rehusado casarse para consagrarse á él, si una ire•
sis.ti ble vocación de marino no se hubiese revelado en el
to.
Entonces la Sel1.ora Fourneron se en· adolescente y si Fernando no la hubiese dicho:
fada.ba no admitiendo que se tuviese la
-Mi casa será siempre la suya si usted me hace }agra•
mellor duda sobre la felicidad de las unio- cia de aceptarla. Felipe encontrará en mí un amigo, un
nes que ella había aconsejado.
verdadero hermano.
Casar á los unos, bautizar á los otros,
Bajo la influencia de la tía Fourneron, deseaba él apaenterrar ú estos, ver nacer á aquelloe,
sionadamente serle agradable á Elena, encontrándola coconstituía para ella un círculo de ocu· mo la encontraba tan linda, con sus ojos de un azul propacionesexquisitas que parientes y amifundo, sus ligeros cabellos de oro pálido, su alta talla gra•
gos estaban obligados á proporcionarle. ciosa y fragil; y sobre todo, tan sencilla, tan dulce, tan reElla escogiá. los lutos y la ropa para el posada, euemiga de lc,s caprichos, de las intrigas y de las
futuro niflo, ella discutía con la comadro- grandes _pasiones.
r a ó con el enterrador, enloquecía á los
Elena vaciló largo tiempo, dudando de sí misma, te•
médicos con interrogaciones múltiples y miendo no saber retener en la tranquila vida del hogar
no había proyecto de matrimonio del cual doméstico á ese parisiense recientemente convertido.
no recibiese la confidencia, ni un enamoPor fin, después de largas indecisiones cedió y no tuvo
rado que no implorase su socorro; sabía motivos para arrepentirce. Era plenamente feliz desde
la cifra de las dotes, la edad de los padres hacía dos años, cuando dió á. luz una niña.
en linea directa y en línea colateral.
El día en cuestión, era, pues, día Ce bautizo.
Cuando desees casarte, acude il la tía
La t'ia Fourneron, resollando recio, atareada, corría de
J'ourneron.
una pieza á la otra, abría los grandes armarios, sacando
Ese incorregible bromista de Jacobo porcelanas de Saxe, les crista.les y la vieja argentería.
parodiaba así los mandamientosdeDios,
Por donde quiera reinaba la agitación, la zambra inhecon gran escándalo de las piadosas se- rente á esa clase de fiestas, pero, en la cámara de la joven
ii.oritas de Lezines¡ pero qué podían las madre, todo estaba tranquilo y silencioso.
bromas 6 las buenas palabras contra una
De codos sobre sus blancas almohadas, mhabaellacon
influencia tan bien establecidai
una ternura infinita al bebé, todo envuelto en linos yenLos bromistas ·estaban con Jacobo, los cajes1 que dormía á puiío cerrado, en su cuna.
serios con la señora. Fourneron. Ella
Por la v·entana abierta, entraban 1a brisa de Abril y los
1
aconsejab3i dirigía y juzgaba én último olotes de la primavera.
Elena aspiraba con ;aelicia ese aire embalsamado. rnn.
caso.
En otro tiempo había sido casada, rica · emoción de alegría inundaba su corazón: ¡Ah! cuán fácil
y joven¡ las bancarrotas se llevaron la for- es·ser feliz y qué dulce es la diéha!
PRIMERA PARTE.
tuna, la enfermedad al marido; los años, la juventud; sóLa sombra de una tristeza pasó por sus ojos: tres meAquella mañana, la Señora Fourneron se sentia extre- lo los gustos por el derroche y el lujo permanecieron. $es transcurridos ya desde el nacimiento de la querida
Esos gustos, ella no podía satisfacerlos sino en casa de pequeñuela y aun permanecfa, ella, ]a madre, condenada
madamente dich0€a .
Hacía que preparasen la mesa para la comida del bau- otro; en casa de otro solamente, volvía á . encontrar las . á la reclusión y al reposo.
comidas suculentas, los caballos, los coches¡ pero para
1 ismo, conferenciaba. con la cocinera, amonestaba á las
La ceremonia del bautizo había debido ser diferida
j\Jvenes sirvientas, dirigía toélas las coeas á su antojo en sentarse á esas mesas ricamente servidas1 para montar para esperar, con la8 vacaciones de Pascua1 la llegada
la casa de su sobrino, el pintor :Fernando Duvernoy.
ií. esos trenes, comprendió bien que necesitaba. e.rea.rae de•
del padrino, ese hermano tan amad!), ese Felípe de Au ·
- j :--;ueetra buena tía Fourneron! ¡ Eea excelente tía
rechos: esos derechos fueron los buenos oficios.
bian, retenido por los estudios de la escuela naval. Oh!
To oficiosidad convirtiúse para ella en una profesión sobre este pullto ella se mostró firme, resistiendo :'i. fas
Fourneron!
Así exclamaban, en un concierto universal de a.laba.n- Iucrati va; se hizo oficiosa como se hace uno abogado ó lobjecíories de a madrina, la Srita. Aglaé de Lezines1 y á
z::i.s, no solamente sobrinoe, sobrinM, primos y primas,
médico.
las observaciones de la tía Fourniron. No, Do cedería;
«Usted no piensa jamás en sí misma, buena tía ]:'ourt-ino los amigos, los enemigos, los extrafioe, la ciudad
era preciso que Felipe sacase de pila á la. preciosa chide Pontarlier toda entera. Porque era de notoreidad pú- nerón; usted se olvida de sí misma por los otros, decían quilla. Además, eeperaba estar de pie, curada¡ esperaba
blica que la Sefiora. Fourneron: se mostraba para tea.os las gentes de corta vista. Modérese usted, porqu.e se seguir á la i'glesia al dulce cortejo y tomar su· parte y s•
Rmigable, oficiosd, maternal, como decía ese pícaro bro- mata.n
sitio en aquella. cara reunión dE:&gt; familia.
Ella.-nó se.moderaba en efecto, sino en las ocaaionee· e:e:
rnista de Jacobo de SommereF, que no le perdonaba que ·
Ahora bien, Felipe había llegado la víspera; el bau~i•
que un pariente pobre la llamaba á su socorro; pero enbubieEe por tres veces pretendido casarlo.

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

174

zo debía celebrarse dentro de algunos instantes, pero la
voluntad del viejo médico la retenía aún en su lecho ó
en su chai.ae-longue,

- :-fo, no, mi querida enferma, seria ut1a imprudencia;
usted no puede aún ni salir ni andar.
Y de aquel arresto inexorable, era de lo que la joven
madre se entristecía.
En aquel momento un golpe muy ligero hirió la puerta. Una voz níaacalina que se suavizaba al suplicar, murmuró:

Tafilbién hizo fracasar la perapiciacia de la señora
Fourneron y realmente creía en su curación próxima, aún
cuil.ndo sus fuerzas tardasen en volver más de 10 que había supuesto.
Un poco de anemia, había dicho el médi.co.
Esta palabra tan dulce de anemia, que oculta cosas tan
graves, adormecía las inquietudes y arrullaban las ilusiones de todos los que la anu:1.ba.
Por fin un día pudo levantarse y apoyada en el brazo
de Felipe dtscender al jardín.

-¿Puedo entrar?
-Sí, sí, dijo ella vivamente, con un rayo de alegría en
los ojos¡ entra, Felipe.
l""n joven de dieciseis años que llevabr el traje de los
educandos de la Escuela naval, penetró al cuarto, de puntillas¡ tenía entre sus brazos un enorme haz de lilas.
-Las he cortado para tí, Elena, ¿las quieres?
Y como se aproximase al lecho, ,ua le tomó la cabeza entre las marn~s, y mirándole hasta el fondo de los
ojos:
-La querrás mucho, le dijo, no es verdad?
-¿A quién? preguntó él sorprendido.
Ella le indicó con un gesto á la niña.
-Ciertamente la amaré, pues que es tu hija y va á ser
mi ahijada. A propósito, ¿qué nombre le pondremos? Te
has decidido por alguno? El tiempo urge. Aglaé, como
tu prima Lezines,_ su santa madrina, ó Fllipina, como yo,
su indigno padrino? ¡Dos nombres muy feos! Pobre chi·
quilla. Un nombre feo es como una etiqueta grosera que
le colocan á uno sobre la frente. Yo amo los nombres de
flores: Rosa1 Margarita; 6 más bien, pues que es bautizada en el tiempo de las lilas, si quieres, Elena, la llama1-emoe Lila.
Ella dijo sonriendo debilmente:
-Lila es lindo¡ ¿pero qué dirá nuestra tia Lezines?
No hay Santa Lila en el Paraíso.
-Bah! Santa .A.glaé y San Felipe bastarán para la protección celeste; déjame llenar con ella mi primer deber
de padrino, que es el de pone1·le en la frente una linda
,etiqueta, elegante y perfumada.
-¿Y la querrás? ¿no serás celoso?
-No seré celoso, aunque bien comprendo que va á robarme una parte de tu cariño; la más grande, la mejor¡
la amaré en tí, te amaré en ella. Bendigo á Dios porque
te envió á esa niñita en el momento en que tu hijo grande va á partir.
Después, viendo el terror maternal que pasaba por los
&lt;&gt;]os de la recien parida1 y reprochándose la emoción que
le causaba:
-Oh! exclamó, esta partida es bien lejana; no pensemos en ella¡ pensemos más bien en hacer aceptar á la
madrina el lindo nombre de Lila.

DOMINGO 14 DE MARZ DE 1897

quienes la ternura fraternal sea la afección dominante:
Elena era de estas.
Ese niño á quien había ,,isto crecer cerca de ella, le era
caro infinitamente, y ahora que se convertía en hombre,
se sentía orgullosa de él, orgullosa de sus brillantes estudios de oficial de marina, de su belleza, de su audacia,
de la franqueza de su mirada, de su conversación alegre.
Le parecía ver revivir {!,l padre tan largo tiempo llorado.
Ciertamente amaba con ternura á su marido que no la
contrariaba jamás y no la comprendía¡ per.o adoraba á.

.,

]
j

)

1,

'
1,

i

!t1l ·
'

,,

~

jo~• -

'

.

~•,

''

'

•

(, '
' ,,

- ,.~ . -" ';.,

'::.· ,·;
' j

•-

.,

'1'

'

'

'

&gt;
'

II
l.l'ué llamada Lila, no en las fuentes bautismales acaso,
-pero en la intimidad del ho~r.
Yanamente la madrina, la señorita de Lezin.e, insistió
para que el nombre de Aglaé fuese preferido¡ todos los
,otros miembros de la familia se ligaron contra ella, sobre todo M. Duvern.oy, que amando como artista todas
las cosas que salieran de lo trivial, pronunció como Ultima rrttio que el nombre de Lila le agradaba.
-Quiero dibujarle-dijo-armas parlantes.
En efecto, cuando se decoró la camarita que la joven
madre llena de gozo organizaba al lado de la suya, para
iustalar al niño, el artista pintó sobre las blancas tapicerías, sobre las maderas, en todas partes, graciosos r~mos
de lilas.
Complacíase en esta tarea de la que Elena se mo!ffra.ba
.reconocida.
El tiempo de las vacaciones pasó para Felipe, ese afio,
&lt;:orno pasan las horas benditas de las cuales se guarda to•
da la vida un recuerdo conmovedor.
Aun cuando la convalescencia de la enferma fuese larga
y algunas veces el viejo doctor tuviese sobre la frente un
pliegue cuidadoso, nadie pensaba en inquietarse. Elena
permanecía sonriente y á las preguntas de su marido y
de su hermano, respondía invariablemente:
-Voy muy bien, ae los aseguro á ustedes; me cuido
por exceso de precaución; siento que cada día vuelven mis
fuerzas; pero como soy muy prudente, no me muevo
aun.
Esto es todo.
Los dos hombres se dejaron engañar.

ces de hacer reventar de envidia á Pantagruel de Gargantua.
«Tu me estimas demasiado, Eegún lo espero mi querido
muchacho, para pensar que es de mis bodas de lo que
se trata. ¡No! ¡No! Yo he tenido la fortuna de despistar
haeta hoy loa satánicos complots de la tía Fourneron.
c,Buenas luchas me ha hecho; el otro día me hizo acorrerla porque había caído de un coche¡ como comprenderás, no cayó sola; iba con ella una viuda encantadora, pero no me rendí¡ el expediente, de verdadera ópera comica, es ya demasiado viejo.
u Yo resisto á. la viuda y resistiré á todas las huríes del
profeta si me piden que las lleve :.t la alcaldía.
11Ese funcionario del Estado civil á quien yo venero
sinceramente, me hace el efecto de un jarro de agua fría
luego que una mujer me habla deél.
uOh! esa _tía Fourneron! La casamentera rabiosa! Dios
padre hará bien en prohibirle la entrada al paraíso, si desea, como se afirma, que los hombres permanezcamos
célibes.
uAsí, pués, no es de mí de quieri se trata, sino de un
amigo mío, llamado Leódice Martín. Se casa en Brest con
una de sus primas; debe poseer tambien alguna tía contra las maniobras de la cual no supo guardarse y me ha
pedido que sea su gar(Jon d'hon_neur.
c,Con una imprudencia indigna de mi edad, instado mucho, he consentido. Parece que ese:: puesto glorioso de
[J(irro1t d'honneur encuentra dificilmente candidatos. El
celibatario se haca raro con esta m.anía que tienen todos
de casarse; con la leche en los labios. Los reiractarios1 los
que desatan todas las redes en que se les envuelve, si no
se en.san con la mano derecha, se casan con la izquierda.
La libertad nada gana con eso. En suma, el infortunado
se encontraba en grande apuro y acudió á mi solicitud.
uEs un gentil muchacl10, muy chic, muy hiyh lije, uno
de mis m,is agradables conocimientos en el mudo parisiense. Yo quería complacerlo, agrad9.rlo, y prometí lo
que quirn.
11;:.;i. mipequeño, prometí:el acontecimiento era aún
muy lejano; se cree neciamente que lo lejano no llegará;
además1 yo soy de aquellos que no detestan los proyectos, que adoran los viajes en perspectiva y que, llegado
el momento ...... En fin, si hay que oír la confesión entera de tu viejo y respetable primo, te diré que tengo en
estos instantes una aventura imprevista cuyas probabilidades no quiero abandonar¡ los aueentes siempre pierden, ya lo sabes.
11Por solícito que sea yo, ya compranderás que no voy á
.atravesar la Francia cuando la caza está abierta, cuando ......... cuando ......... cuando te11go mejores coRas que
hacer aquL ....... ¡demonio!
uPílades. en ocurrencia semejante, no hubiese hecho
por Orestes más de lo que yo hago en este momento; él
le hubiera escrito á su pequeño Felipe:
e&lt;Ocupa mi lugar, esto, casi no te molestará; hazme el
,servicio de acompafiar á la vicaría y al Registro áedeimbécil que se deja casar. Acaso te diviertas, acaso te adjudiquen una seílorita de honor aceptable, que responderá.
modestamente á tus ensayos de conversación: uSí señor¡
no sefior1 0 enrrojeciendo mucho de su atrevimiento. A
tu edad, se debe amar aún á esas pollitas, pero para un
viejo zorro como yo .. ...... . que pobres liebres!
Envíame rápidamente tu consentimiento, espero que
no tendrás el corazón demasiado desnaturalizado para
J"ebul!;ar 1i un pariente apenado, esa prueba de respetuosa
deferencia.
uTe eetrecba la mano.
J AOOBO

Las vacaciones del joven marino iban á espirar¡ unos
días más y se iría¡ dos aflos más que pasaría sobre el buque escuela y luego haría su primer viaje marítimo. Entonces vendrían las largas separaciones y las angustias
mortales!
¡Cómo sentía ella en ese momento toda la magnitud
de eu ternura y el amor-casi como el que profesaba á su
hija, por aquel joven que partía!
Ciertas muj_eres han nacido para ser madres, otras para esposas, otras para ~ante&amp;¡ aquellas sacrifican el hijo al marido; estas el marido al amante. Hay l)OG~ para

Felipe qae la C.&gt;ntrariaba frecuentemente y la comprendía siempre.
El tiempo de la escuela naval transcurrió para Felipe
ain incidentes notables.
Esperaba con impaciencia la orden de su primer em ..
barque, cuando recibió de Jacobo de Sommeres la carta
siguiente:

1,M.i viejo Felipe:
u¿Te agradaría ser gar~ d' honrumrJ ¿Sí?Pues no tienes
más que decir una palabra; te prometo unas bodas capa•

DE SmDlER&amp;s.11

P. S.-A propósito, en tu casa van bien, tu ahijada
balbucea y aun cuando su vocabulario sea reducido1 no
por eso se admira uno menos de la elocuencia de sus día-cursos. Su padre la adora tanto que se vuelve idiota.n
Por el correo siguiente Felipe respondió:
((Mi querido Jacobo:
uEstoy por completo á vuestra disposición y feliz por
presWlr á vuestro amigo el ligerísimo servicio que reclama.is de mf.
11Deseo también prestaros ese servicio á vos personalmente, cuando la hora del \riunfo de la tía Fourneron
haya sonado, y esa hora eonará sin duda alguna.
«En cuanto á las sefloritas de honor que responden enf"Ojeciendo: nsí eeilor, no eeñor,l) censtituyen en la hora

EL MUNDO

presente, como los plesiosaurios antidiluvianos, una especie perdida. Las jóvenes de nuestro tiempo eon sabias y amigas de disertar, capaces de ponernos en aprietos, de los cuales no c;iem pre salimos bien.
«Si yo encuentro en el fondo de la vieja Bretaña á la
ingenua de las antiguas novelas, bendeciré mi buena estrella, y me caearé y ,ros seréis mi gart;on d lzonnmr.
&lt;&lt;Esperando esto, quedo todo vuestro: enviad á vuestro
amigo.. T~ndr..i buena acogida.
FELIPE.&gt;1
La visita de S tn 1\.fut(n no se hizo esperar y la inteligencia fué rápida ent1 e los dos jóvenes.
-Os estoy muy agradecido Señor de A,ubian, del servicio que consentís en prestarme.
Parece que nada vale ese servicio y sin embargo, entre
mis numerosos amigos ninguno ha tenido la abnegación
de venir ú. fastidiarse durante cuatro 6 cinco días.
Los amig._is pariE=ienses, mi querido Seiior de Aubian,
son unos famosos cobardes; si les proponeis que ós sigan
illás allá del café Riche ó el BJsque, desertan. Es cierto
que los amigos de provincia no son más valerosos. Yo tenía la promesa de vuestro primo de Sommeres¡ pero él,
cuando menos, si falta á última hora, proporciona un
reemplazo y yo no pierdo en el cambio. No lamento,
pues, á los malos amigos que me han engañado y mesentiré muy orgullorn de presentaros á mi noviayá.mi futuro suegro. ¿Sabéis que me caso con mi prima? ¡Oh! un
matrimonio de conveniencias de familia: no soy roman·
cesco. Además, conozco á Valeria desde la infancia· ella
es dulce, sencilla, buena bija. Yo no amo á las mujere~
complicadas, y vos? Solo que os pido para todos mucha
indulgencia. ¡Ah, no son brillantes! Han vivido siempre
en provincia. El tío l\-fartín 1 todo ocupado con sus nego~
cios, que á fé mía prosperan ........ .

Ideas a.bsurdas de muchacha.! Desgraciadamente mi
tío, por otros motivos, se ha declarado contm mi. Ama
su i•it[(i y tiene placer en recibir ahí á sus invitadoE.
En suma, querido sefior, si os dignais el lunes próximo tom,ar el camino de fierro y descender en la estación
de San Thegonnec, encontrareis un coche y á vuestro
servidor que os esperarán.
Se levantó y despuee de haber una vez más dado las
gracias á Felipe, un poco más calurosamente ,de lo que
las &lt;"ircunstancias lo exigían, se despidió.
Felipe de Aubian a la Señora Elena D1n•mwy en Pontarlier.
ttMi querida hermanita.
Alea Jacta e1,t, que quiere decir en buen francés que voy
á ser gar,ón d' hann'!ur de un señor á quien no conozco.
ttTu debes tener por Jacobo la explicación de eete
enigma. El me despacha :i uno de sus amigos, un guapo
muchacho de veintiséis aii.os, muy chic, muy elegante,
demasiado elegante y demasiado chic neas: muy adulador también, el cual me abordo, y me habla poco menos
en este lenguaje:
¡ Eh/ Buenos dí.a.s .~n1or Cuervo,
Q11í: guapo e1stá usted.

Qué buen mozo me paree,'.

Yo no tenía en mi pico un queso 1 pero hubiera podido
tenerlo sin inconveniente alguno, porque el diablo ,me
lleve Ei roe dejó hablar una p3labra.
«Vino luego una tentativa para de1:lumbra1me con la
enumeración de sus hermosas relaciones en ese mundc
donde no penetramos nosotros, los pobres as.pirantillos
de marina, destinados á vivir como salvajes en lejanos
países. Yiendo que no me producía deslumbramiento
ni envidia, cambió de gama y entonó un himno en honor
Aquí M. Mar ti n hizo una pausa, se frotó las manos una
de la prosperidad de la casa Martín. "C"n poco más y
contra la otra, hizo sonar su lengun contra sus dientes y ·
me hubiera hecho palpar la cifra de la dote, pero no camiró á su auditor, esperando sorprender en sus ojos alrece de finura y bruscamente se interrumpió.
gun signo de envidia. Pero no vió smo la política resignación dde un hombre que escucha una historia &lt;lema·
siado larga, en la cual no toma gran interés.
-He &lt;libido fastidiaros con todos estos detalles de fami:ia; pero vamos á vivir como amigos, casi como hermanos, durante algunos dias1 y es conveniente que nos
conozcamos bien. Vos, señor de Aubian, vos sois de
aquellos áquienes se adivina de una ojeada¡ la carrera que
habéis abrazado tiene pordivisa: itlfonor, lrabajo, intrepidez.u
Basta vero$ para comprender que no faltareis á:esLadivisa. Pero nosotros, gente de fiinanzas, gente de bolsa,
somos más dificiles de penetrar. He aquí por qué, puesto
que me haceis el honor de asistirá mi matrimonio, procuro explicarme con vos.
Yo soy lo que el mundo llama un buen muchacho, pero soy tambien un hombre honrado en todas las acepciones de la palabra. La mano presta siempre á estrechar la
de un amigo ó á cruzar la espada con un adversario¡ (todos lo saben y me hacen justicia.
Ah! yo he teni~o de esas r.uestiones de amor y de esas
cuestiones de hónor! En fin, todo eso ha pasado, me or•
deno, puesto qus me caso.
Dios mío, es fuerza que os prevenga: Yaleria no es una
hermosa¡ algunos os dirán que yo be sido tentado por los
bellos ojos de su dote, pero me desolaría que me juzgase
mal un hombre por quien tengo tanta simpatía y tanta
estima.

Me caso por dar gusto á mi padre, en primer lugar y
en segundo para estrechar los lazos que unen la casa
l1artín de París á la casa Martín de Brest; pero me caso,
sobre todo, porque Valeria me ama: tiene por mí una
adoración tan vi va, tan profunda, que la pobre muchacha se moriría de seguro si yo la desdeñase. Hablo con
un hombre de honor, vos me comprendéis, caballero.

Y ahora lo he dicho todo. Mi matrimonio se efectuará
dentro de ocho días; se celebrará en el campo, e~ Keroech, donde mi suegro ha hec'1o construir una villa.
Yo hubiera preferid,&gt; á Erest; habría i.iJo mas cómodo
para todo el mundo, no es wrdad? Pero no han querido
ceder á este respecto.
Mi di[unta tía está ooterrada en el cementerio de Keroech y le parece á Yaleria que su madre, desde el fondo
de su tumba. nos bendecirá.

11:~t-~~~1
..,4,

-ª~,

'"':&amp;; -

v
):,-..

uEntonces se mostró buen muchacho, dedic{rndose á.
los intereses de la familia, casándose con una prima por
que tiene por él una vi va afección.
nY bien, que te diré yo, hermana! Ese señor no me
agrada y he lamentado haber consentido en servirle &lt;le
gar,ou d' h011:new·.
uEn fin, acabaré como he comenzado: la suerte esLi
echada., y es demaciado tarde para desdecirme.
1&lt;Pongo á. los pies de mi querida reinecita Lila tocla la
admiración de su padrino:

Felipe.11

( O,,itin'-"'rá)

�EL MUNDO

-

=

DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

~ = = = = -===-

í!a nota ae la moaa.
-==='="~---===~-=-=-==-- -

~

_T_o
_ n=o_I_.~ = - = - = - = = - = = . . ;M=EXICO, M A ~ " ~ • 8 ~

=-

.

~

/fJ
~-

~

-

1

~

v¡

L--

.

ollo

ú

..

\I

~
..,&gt;

.

,l.

j

'

I

-.

'1

.,..,-v:

.
,,' .

}¡:

..

-

:J,.·

~

~

. -,,_
✓-.....

¡

-. -Y';--- .

-

"-t.- '-

~ r¡/#:1~-wt "f//?'-

~

capota parisienses.

/

-

~

...,·

1J'v

~atalla
$ombrero

... •

ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

•

N(Jlllft, RO

J:IO

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92159">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92161">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92162">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92163">
              <text>11</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92164">
              <text>Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92165">
              <text>14</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92182">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92160">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 11, Marzo 14</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92166">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92167">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92168">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92169">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92170">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92171">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92172">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92173">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92174">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92175">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92176">
                <text>1897-03-14</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92177">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92178">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92179">
                <text>2017470</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92180">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92181">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92183">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92184">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92185">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="976">
        <name>Cuestión Cretense</name>
      </tag>
      <tag tagId="936">
        <name>El Dante en México</name>
      </tag>
      <tag tagId="981">
        <name>Engaño sublime</name>
      </tag>
      <tag tagId="978">
        <name>Hada Morgana</name>
      </tag>
      <tag tagId="979">
        <name>Insurgentes</name>
      </tag>
      <tag tagId="977">
        <name>Isla de Creta</name>
      </tag>
      <tag tagId="980">
        <name>La bella y la bestia</name>
      </tag>
      <tag tagId="399">
        <name>Moda</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="3533" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="2175">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3533/El_Mundo._1897._Tomo_1._No._10._Marzo_7..pdf</src>
        <authentication>8691d0717e66316fa7f61e94cd2c0d2d</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="117355">
                    <text>•

l
1

•

ya

•

te
de
fu~

•

ch
bri

1

~-

net
m 0¡

nu1

.,

drá

"

1

!

cila
rrot
lir E

1
1

1

1

esta
viej

y
á la

E

1

nár\
apr

que
ávi1
ran

lai
ced

un
yb

de,

6~
jer

be
o
ª"'

de
qu

bh

pe
y

ra
b
rn

¡. .

t,
t,

a
l

'1
1

..
'

'

•
.

..

•

Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

,

•

•

•

,

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $_1.25 centavos al
mes, y ee cobra -por trimestes adelantados.
NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
Avisos: á razón de $30 plana por cada· publicación.

aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

.

&gt;

'

, ...

~
•
'~

~·.··
"&gt;,.,

·.

'.

Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

,

·'/

/

if~

/'

·r:..:·
) ..

I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

'
~

-- ~

.,~•7!
~

-

j.- - - ..lil

f'-•

'

:;,o - = T O MO 1_._ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _,;;M;:;;E;_;X;;;,;ICO , MARZ O I4 J!E -&gt;:897.

-~~

rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="1">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="1">
                  <text>El Mundo Ilustrado</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="2">
                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92132">
              <text>El Mundo Ilustrado</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92134">
              <text>1897</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92135">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92136">
              <text>10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92137">
              <text>Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92138">
              <text>7</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="92155">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92133">
                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 10, Marzo 7</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92139">
                <text>Semanal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92140">
                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92141">
                <text>Miscelánea</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92142">
                <text>México</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92143">
                <text>México Ciudad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92144">
                <text>Periódicos</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92145">
                <text>Siglo XVIII</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="92146">
                <text>Siglo XIX</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92147">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92148">
                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92149">
                <text>1897-03-07</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92150">
                <text>Periódico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92151">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92152">
                <text>2017469</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92153">
                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92154">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92156">
                <text>México, D.F. (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92157">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="92158">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="975">
        <name>Amor insulso</name>
      </tag>
      <tag tagId="973">
        <name>Arte dramático</name>
      </tag>
      <tag tagId="503">
        <name>Benito Juárez</name>
      </tag>
      <tag tagId="807">
        <name>Doctor Nansen</name>
      </tag>
      <tag tagId="936">
        <name>El Dante en México</name>
      </tag>
      <tag tagId="972">
        <name>Guillermo Prieto</name>
      </tag>
      <tag tagId="971">
        <name>Hilda novela</name>
      </tag>
      <tag tagId="974">
        <name>Plagas de la India</name>
      </tag>
      <tag tagId="808">
        <name>Polo Norte</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
</itemContainer>
