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                    <text>RF\_y_í\rJ7
. lºN
-

'

Registrado como artlcalo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914

Segaada Epoc;a.

Vlern~s 6de Noviembre de 1914.

Tomo l. -Núm. 38.

El Ultimo libro de Juan B. Delgado
Teogo por el poeta de cAlma Verdea·
la&gt; aoa aotigoa, seria y profunda estima·
cióo literatia, y he visto coo satisfacci6o
verdadera qoe so obra serena, hech&amp; de
ecuanimidad y de eqoilibrio, y animada de
aoa sinceridad perfecta, va atrayendo más
cada dla las miradas esqoivas del público
y colocando al autor eo el lugar de honor
qae le corresponde eo nuestro flamante
parnaso mexicano. Y si he meocíooado la
sinceridad de so obra, es porque yo la
coosidero coodici6o absoluta de uo verda•
dero artista que sabe pooer eo lo que crea
la oota de sa espíritu y el sello iocoofao•
dible de so viai6o interior. Sio ello, la
obra de arte se reduce a oo simple juego
de pirotecnia mental moy otro de la luz
más o meaos deslombraotl', pero eterno,
que es la obra divina del poeta.
Uo critico sagaz y de babiHsima ploma
di¡o, hace diez o doce años, que Delgado
ctieoe, como lo tieoe Otboo, como lo tuvo
ooestro malogrado Maoael M . Goozález,
el seotimieoto del paisaje, la íotoici6ñ d•
lo que da carácter y vida a oo logar,&gt; y
ya aotes había dicho: cEJ señor Delgado
oo es ooo de ellOs micrc,grafistas que se
preocupan por describir los ardores de la
siesta mieotr.s so alma permanece más
helada que oo carámbano; ama la natura•
leza, la estudia, la comprende y sabe sor•
prenderla eo los momentos eo que se eo
lrtga al observai:or que la busca coo ver•
dadero y hoodo cariño.&gt; Este juicio sobre
Doo Jo10 B. Delgado, escrito aotes deque
la personalidad del poeta apareciera bito
definida {no obstante qoe se hizo a raíz de
fa poblicacióo de so poema e Natura&gt;) di•
ce coo toda ex•clitod cuáles seo las leo•
deocias y cuáles las aptitudes de nuestro
escritor. Los veioticioco sonetos que for•
mao el presPote voltímeo oo soo otra cosa
que imoresiooes del terruño trasladadas
al papel por oo artista A mochos les pa
recerá qae es poca cosa todo aquello qne
él pinh y que él tradace ea versos impe,
cables v eo acabados sonetos: el valle oa•
tal, la ribera eocaotada, la presa y el al,
cor, la hacienda y la cañ~da. También
Vauvenargoes decía de Lafootaioe: eco
ha escrito oi eo oo género bastante ooble
oi lo bastante ooblemeot~.&gt; y era aoe por
boca rle Vauveoargoes h,blaba tc,do el siglo XVIII que en su preciosidad artificio•
~a oo potlía llel(ar al poeta de Jo oatural y
de lo bum1ao. La ciudad ari,tocrática del

arte eo el siglo ~VIII, admilía ~J:tllU eo
su !eno a los animales y excl111a de ella
casi por completo, a la oatoral~za, al mar
y~ las montañas&gt; ...• ¿Qoá importa la bu'?1l~ad del asao!o cuando en la obra art1stica se eocaeotra ínltgra el alma del
poe_ta? _
El senor Delgado oo solamecte es un

poeta sincero y ■oble, sioo que ha dado
~oosta~te~. pruebas de ooa gran probidad
literaria. El trabaja pacientemente pale
a ccnciercia ns obras, labora p~r aoa •
leogaa p~ra, •.onora y limpia; ea casi, cui,
oc trad1c1onal en matnia de fcrma, ¡;no la·
ch~ por Jo perfecto y lo impecable y logra
de1ar sos versos acuciosamente trabajadcs.
como por maoos de orfebre.
E~HIQUE GO~ZALEZ MARTINEZ.

Anuestros lettores

oo o

"ARTE y LETRAS" \'aldrii
25 &amp;entavos

Responsorio

No ob■tante lo■ grande■ e•fuer­
zo■ que hemo ■ venido haciendo

para evitar el tener que aumentar el precio a nuestro semanario por las clrcun•tancias económicas porque atravesamos, nos
vemos en la necesidad imDerio■a
de hacerlo por la fuerza misma
de esas circunatancias. Todos los
materiales que empleamos, o las
materia ■ prima■ de ello ■, papel,
tinta, barnice■, zinc, placa■, útiles de fotog,afia, etc., ■ on importado ■ del extranjero y pagados
por no■ otro■ en oro, y el cambio,
como e■ sabido, ha alcanzado en
los últimos tiempo■ un tipo mayor de 600 porcientoynoobstante ello, sólo aumentamos a nuestro antiguo precio un veinte por
ciento. Todos los periódicos de
México se han vl ■to en el caaode
aumentar igualmente ■ u precio,
(hasta un sesenta y seis por ciento los diario ■), y lo único que no ■
■ati■face en el pa■o que damo ■
es que no■ otroshemos sido losúl·
timos en darlo en la menor escala
posible.
Estamos seguros que nuestro■
lectores apreciarán la Justificación de esta medida y continuarán prestándonos su apoyo.

Cía. Per:, dí,tica Mexicana.

AL PADRE HUGO.
tOh Poeta cuyo verso
De vasto ritmo y diverso,
Torn,nte de oro rlisperso
Ha inundado el Uoiversol
10b lírico Sembrador
Dll ideu, cultivador
De los cármenes eo flor
De nuestro reino ioteriorl

Que sobre lo septicorde
Lira de variado acorde,
L"\ ingratitud oo desborde
Su olvido inmisericorde.
Y que, cual óptimo bien,
Diademeo tu cana sien
Rosas del divino Edéo
Siglos y siglos. Améo.
·¿

de Xoviembre de 19u.

París, Panteón de los Grandes He mbres.
JUA :-. B. DELGADO .

�"EL RETRATO"
Carta a una amiga
han alarmado, mi querida Clara, me di• en otro párrafo!

ces: e-1Amiga m!a, siento q:ie mi felici, c,--Mira el retrato, porque mi marido no
dad se derrumba, que voy a perder a mi está presente, ¡claro es que si él estavie-

•

marido, y que voy a ser muy desgraciada&gt; ra .... !&gt;
La sonrisa da satisfacción que el recibo
¡Tontina!¿ Para qué está un retrato en un
de tu carta hizo 11.somar a mis labios, se salón o en un gabinete, si no es para que lo
trueca en un ~sto de inquietud, y con el miren Jo mismo;propios que extraños? Ade·
corazón afligido sigo leyendo:
má~, confiesa que el retrato de to Armando
e-Margarita, mi amiga de la infancia, e~ a:lmirable .¡Tienen tanta expresión esos
la qne ha vivido siempre cerca de mí, la OJOS obs 7uros qne la miran a una esté don
que Rabes quiero tanto, es la que me can· de.estuviere., •• la.frente aparece tan des·
sa este pesar horrible.&gt;
pe¡ada, tan tranqn1la,, .. la boca coa so
Mil ideas crnzao rápidas por mi mente; sonrisa medio burlona, medio _sarcástica,
ya te veo, mi linda Clara, de esposa rr ár• eSlá ~on tal verdad.·••• .sn a:htnd es tao
tir, de engañada .... de at,andonsda tal senc11la, tan elegante, tan na_tnral, sentado
vez .. .. Se me seca la boca, mi mano se en una bntaca .._.. 1vamns.1 s1 _parece que
enfría y, cada vez más angustiada, ccnti- al entrar al gabinete va a salir a nuestro
nl1o la lectura:
eacnen~rol. ..... ¿Y porque lo ven, porque
e -~argarita viene con mucha frecurn• lo adm1~an, te _encelas y trat~s c~o dureza
cia a casa; nunca quiere que salgamcs de a tu me1or amiga? E~~ adm1rac16n po~ la
mi gabinete, dice que le encanta, por tan• fotograf!a, es, eftoy cierta, ¡::or el arhsta
tas cosas bonitas, como ctengo ahf&gt; .... ¡fí- que supo poner en so ~bra t~nta verdad,
jate bien! c¡qae tengo ahf!&gt; Y siempre que O tan. agrada~le _eogano! S1 fuera por
dice esto mira con soma atencióo,coo una tu mando, lo m1rana. a él, y en lugar de
fijeza que me enciende Ja sangre, el re• encerurse en to 1ab1nete, prccora!f~ es·
trato de mi marido. ¿Comprendes? . . .... &gt; t~r en el salón contemplando el ong1n?I!
¡Ni una p:1labra, te Jo asPgurol
Piensa, y verás como no carezco de
&lt;-Ayer por la tarde estaba en mi gabi• ra16n. · · ·.
.
.
nete, leía una preciosa novela que me
No sé s1 sabrás_ que en ciertos esplr!tus
trajo Armando, cuando escocho la voz de hay nna tendencia c~uel que los d~m•n~,
Margarita qne, desde foera, me pregunta q~e los hace snc?mb1r por cualquier 01•
si puede pasar. No sé por qué ea vez de m1ed.ad ~a sonrisa de fulano, los pone
abrirle con Ja alegría de antes, Ti el re· oerv1osos, la mane~a de sal~dar de meotrato y peusé que aquella visita no era gano, los.hace sufrir; los OJOS de ~at~n?,
eya&gt; para mí. Abrí; entró Margarita, venia los obsesioo~o ••••Y lo que al pnnc1~10
un poco agitada, muy contenta, mocho, los 1610 es cnesllón de temperamento oerv10ojos le brillaban y parecía que relao, es• s~, suele ~cabar con su . ruón
con so
taban sos mejillas sonMsadas, y con una v!dal • • • · 1Qué sa~emos s1 1~ sonrisa eme•
sencilla ctoilttte&gt; la ví más linda que non• dio burlona, medio sarcásh_ca&gt; qn_e apa,
ca . . ... . 1Si vieras que bonita estaba!. . . . r~c• en el retrat_o de t~ ~ando, ha 1mp_re,
Me cubrió de besos y después miró, 0 s1onado el es?íntn frag1l . de Margarita!
mejor dicho contempló el retrato de Ar- 1Es tan nerviosa, tao sensible!. ...... , ..
mando con una expresión, ... Nos a como• i Acuérdate que terminó con nao de sus
damos, (yo la ofrecí una butaca en la cual novios, porque asaba la corbata con un
quedaba de es:ialdas a la ·fotograffa,) y ando es:rueso&gt; .... ecursi&gt;, . . . eantiestétiempezamos a charlar de cosas indiferen• co&gt; .... (palabras de ella) ¡Hay seres vfr.tes. De pronto, riendo y cogiéndome las tim~s de sus nervioal
manos, me dijo: C-IQnién habla de de•
Voy a ~arte no consejo. mi querida
cirnos Clarita, cuando te casaste, que yo Clarita Guarda en el fondo de no arma·
al fin y al cabo vendría a ser .... lvamoi ! rio el retrato admirable de tn maridt. o,
¡como tl1I&gt; y levantándose de so asien• cuando menos, si no quieres deiar de con,
to, miró sonriendo el retrato de mi mari• templar tan bella fotografía, cúbrela pia•
do. !Comprendes? ...... &gt;.
d_os~mente con un lienzo, cuando Marga•
-IYa, ya voy compreod1endo!
rita n otras personas del sexo débil "'ªYªº
e-No recuerdo qué dije a Margarita, a charlar contigo a tu lindo gabinete ....
algo muy doro, muy desagradable debió Asf tú e&amp;tarás tranqoiía y los nervios de
haber sido, porque se despidió de mi y Margarita no sufrirán.!
tendiéndome la mano me dijo, entre eofa•
!Dios míol Si Armando supiera e&amp;ta
dada y risueña: &lt;-,Mañana vendré a ver• nnt'va locura de su Clara., .. !cómo se iba
te; hoy está~ nerviosa y ya te conozco en a reir de ti, v conmi~o. porqnl', ¡perc"6ese estado Yo, en cambio, estoy muy con· nenme tus cjmti6cados Ct'lo,&gt; me bP nfdo,
ten ta. ¡ Adiós!&gt; y se marchó; yo me qned,S y me río roo toda mi alma al leer tn caraqul sola, llorando y mirando angustiada tal .... !Dichoso retrate!
el retrato de Armando .... &gt;
1Válgame Diosl Has tratado duramente
Cariñosamentl'.
a la pobre Margarita, porque mira con
frecuencia cmnv sospechosa&gt; el retrato de
LUISA.
tu marido .... ¡Vamos, vamos Clarita, oo
seas local. ... ¡oué tiene eso de particular,
Dios mío? .... Y como si al escribir tu car,
(Martes)

º.

Posdata:
Acabo de recibir la visita de Margarita,
i Le ha correspondido a Roberto, el her.
mano de tu Armando Quiere a su novio·
como tú puedes querer a tu marido. Me
ha dicho con una ingenuidad encantadora:
&lt;Me gasta contemplar el retrato de Ar·
mando que Clara tiene en su gabinete,
porque se parece t~nto, tanto a mi Rober·
to, que se me figura que es él! .... IAh,
por cierto qnehov que ful a ver a Clara por
la mañana, pasé un mal rato ..... , ¡Ha
vuelto el retrato a la pared!.., ... ¿ Pe r
qué sería eso? ... .
IIPero Clara .... Clarita ...... !!
MIMI DERBA.
Octubre de 1914.

,

Brasas que el soplo de la ira enciende
Del gran testuz entre la felpa de oro,
Lacen los ojos de soberbio toro
(Jne en la pampa su mirada extiende.
La tierra toda dominar pretende
En homenaje a su imperial decoro;
Su voz, con ecos de clarín sonoro
Bronca y marcial por el espacio asciende.

o o o

Las primeras palabras de tu carta me ta adivinaras mi pregunta, me contestas

El último Gombate

Ha salvado sos predios; peregrino
De apartada dehesa, en so camino
Todo despierta so furor salvaje;
Y en mitad de la angosta carrilera
Ve surgir ante él, por vez primera,
Un tren en los confines del paisaje.

Ese adagio tristí,imo y arcano
Dulcifica mi espíritu dolieott',
Como si presintiera por mi frente
La inef:ible caricia de to mano.

l:lien haces en odiai me;
Hice mal, lo ccmprtndo,
Y al decirlo me asalta
Rttrcspcctivo v,rtigo:

Si dispuso el dolor, con golpe fiero,
Llenar de sombras la existencia mfa;
Ya se levanta lumioosc., el dfa

Pensé en tas quince años,
Pensé en el noble viejo
Que me llamaba amigo
Y me jazgaba bueno;

Y florece otra vez el limonero.
No te 1lejes del piano toda,fa ....
Puede el último amor ser el primero!
ANDRES MATA.

ooo

EL ENCUENTRO

n
Con impulso de roca descuajada,
Monstruo veloz que al galopar jadea,
Avanza el tren; por ti efpacio ondea
Su trágica melena alborotada.

De la vttntta iglesia caitellaa
Por la puerta escondida tras la tjiva,
Entra~te aquella vez moy p,osativa
Mientras 11amaba a muerto la campana.

En so marcha tenaz, desenfrenada,
Su férrea trompa iocl!nase y rastrea;
Es un lebrel cigaote que olfatea
La fuga de una liebre en la llanada

Y al regresar del templo esa mañ.r:a,
Sope que una sonrisa fugitiva
Potde al lirio tornar en rosa eeqoiva,
Y a la nieve poner color de grana.

Fiero prorrumpe en ll'.speros silvidcs
Cuando el toro aparece en lontananza;
El bruto le responde con bramidos:

Nos hallamos de ¡,ronto en la escalera
Qae baja desde el atrio huta el rttiro;
Mi rostro se tornó como la cera.

Y al ver la mole que hacia él avanza,
Prep:l.raae a embestirla, rec&lt;'gidos
Sos nervios con indómita pujenta !

Tu pecho se agitó bajo el respiro,
Y ccn una mirada mensajera
Nos lo dijimos todo en no suspiro

Crn:i:ó por mi memoria
Un terrible recuerdo,
Y antes que ser infame
Quise pasar por necio.
Pero hoy todo ha cambiac'o,
Pero hoy todo es diverso:
Eres rica, eres libre,
Llnas un nombre egregio,
Te alaban los mái altos,
Te admiran los discretos
Aunque de tf refieran
Escandalosos cuentos:
Y ya que a tos rencores
Tregua diste no moinento,
Y que ha poco al mirarme
Sonreiste de nnevo,
Apóyate en mi brazo,
Te lo diré en secreto ..•.
Lo q ne dejé en las ramas
No recojo del suelo.

ESTANCIAS

INDICADOR

"ARTE Y LETRAS

H

Se publica todos los viernes por la

Cia. Perlodistlca Mexltana, s. A.
Jefe de Redacción,
PORFIRIO HERNANDEZ.
Administrador,
ALBERTO GONZALEZ.
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Mex 20-85Neri.-Eric. 1-4-51.
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Subscripción, trimestre...•..• 3.25
con excepc:ión de Estados Unidos y Cn·
ba, en donde regirá el mismo precio
que para la República,
Toda correspondecia y valores debe
remitirse directamente a la Compañf:I
Periodística Mexicana, S. A.

III
Ya llega; los puñales de so frente
Vibra feroz, y en loca arremetida,
Láozase contra el monstruo que trepida,
Y llena de clamores el ambiente.
Suena un choque brutal, cheque e~tri•
(dente
De huesos rotos en atrtz calda;
Vacila el tren con honda sacudida,
Sos carros se entrechocan rudamente.
Reina un instante de pavor profundo
Dentro de aquella máquina bravía;
Se alza no clamor humano gemebacdo
Pero prosigue el tren; junto a la vía,
Sangriento, destrozado, moribar:do,
Yace el broto de olfmpica osadia!
ALFREDO GOMEZ JAIME.
o o o

Ruego

D O 0

EN SECRETO
Y todo era propicie ....
Confiaou y silencio,
Más que nada, tú misma
Quemándote en deseos;
Con las manos crispadas,
Los ojos entreabiertos,
Los labios encendidos
Mojados por mis besos; •
En ardorosa angustia
Alzándose tu pecho,
Plétora de suspiros
Oprimiéndote el cuello,

NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.

No •• devuelven original•••

No te alejes del pfano todavía.
Alado brote del marfil del piano,
Bajo el lirio fragante de tu mano,
T.• tiern• y •mnrn~a ffll'lr('lí•.

•

MANUEL UGARTE. •

Y palpitando entera
Bajo el traje suelto
Qae en curva.a tentadoras
Mo-lrl •h~ tn ruerrr- ....

Este es el muro, y en la vt ntana
· ~}ue tiene no marco de eoredade1a,
Dejé mis versos una mafü,na,
Una mañana de primavera.
Dejé mis •ersos en que decfa
Con frase ingenua coitas de ame res;
Dejé mis versos que al otro dla
Su blanca mano pagó con flores.
Este es el huerto, y en la arboleda,
Eo el recodo de aquel sendero,
Ella me dijo con voz muy queda:
cfl1 no comprendes lo que te quiero&gt;
Jnn,o a las tapias de aquel molino,
Bajo la sombra de aquellas vides,
Cuando el carruaje tomó el camino
Gritó llorando: c¡Qne no me olvide;!&gt;
. ~odo es lo mismo: ventana y yedra,
S1hos umbrosos, fresco emparrado
Gala de no moro ?e tosca piedra;
Y aunque es lo mismo, todo ha cambiado
No hay en la casa Eéres queridcs·
Entre las ramas hay otraa flores; '
Hay nuevas hojas y nuevos nidos,
Y en nuestra• almas nuevos amores,

FR ANcrsro A DE ICA 7, A

�Los Cuentos del Día

r
,

El último beso
La pobre madre acababa de colocar, re•
gada con sn1 lágrimas, noa flor entre las
manos heladas y amarillas de su hijito
muerto.
Coa ao velo de fiohimos, blancos eoca·
je1, habla cobie1 to la caoa, tálamo mortacrio de aquel áogel de su amor.
De pie, ante él, contemplaba con larga,
iotellll&amp; mirada el peqoeiio cadáver como
si quisiera darle nueva vida coa el calor
de sus miradas amorosas y tristes.
A sa lado velase uo atadd de exí¡aas
dimeasiones, forrado en blanco raso, con
estrellas doradas por adorno.
Oyóse, de pronto, acerdodose el melan·
cólico ctilfo, tillo&gt; de aoa campaoilla de
plata.
Y la pobre madre, fijaodo con terror los
ojos en la cana, exclamó: c¡Ya es la hora!&gt;
Y sollozando, mirando hacia el cielo
coa amor, murmuró: cJAdió., hijo mlol&gt;
Moduló aoa plegaria y levantó el cadá,
ver.
Lo■ r{gidos brazos del oiiio, por extraño
movimiento se levaotaron tambiéo, y l.is
manecitae eatrelaudas cayeron d .. l{Olpe,
sin soltar la flor, sobre la boca fría dtl
muerto.
Socó como an b so.
Y al dep:&gt;sitar el cuerpo inanimado de
su hijo eo el peqaeño ati.6d, salió de alli
yolaodo ana mariposa, que rozó c»n sos
alas los labios de la madre
¿ Foé esa mariposa la flor a la que le
diera nn alma' aquel beso; o faé el alma
del nifio que, coovertila en aaa flor coo
alas, bascara aquella escala de amor para
volar al cielo?

h,y ao trozo en ella que pudiese aprove•
ch irse para cortar uoas sandalias.
-lY sos orej1s-exclamó ao cuartoasquerosas y llenas de sangre?
-Habrá sido ahorcado por lad1óo-aña,
dió otro.
Jesds les escuchó, y echaodo una mi·
rada de compasión sobre el animal in•
mando:
-Sus dientes son más blancos y bermo•
sos que las perlas-dijo.
Entonces el pueblo, admirado, •olvióse
hacia Él, exclamando:
-lQaiéo ea éste? ¿Será Jestls de Naza•
reth? 1'1 sólo pod{a eocootl"lr alguna cosa
de qué condolerse y basta algo que alabar
ea an nerro muerto....
,
Y cada ano avergonzado, siguió su ca·
mino iaclioaodo la c•btza ante el H,jo
del Hombre.
LEON TOLSTOI.

más preciada ofrecda, sobre su íreote
inteligente y peosadoral
«¡Hombre que iovocaselmisteriol¿Quiéo
eres?&gt;. ~
,.....«Yo, madre poderosa, dije tembleodo
estremecido, soy uoo de los séres pequeñitos que anda troptzaudo scbre ta manto
de Luz y Verdad Busco el esplendor!&gt;
-&lt;iPerse.era y lo eocoutrarásl&gt;
Y me eocootré de nuevo eo la solemoe
noche a .la que uo dosel de mjllones de
soles teodian los astrcs!

Registraclo coll'o arlícalo de 2~ clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda Epoca. Vlernr.s 6dr. Noviembre de 1914. Tomo l. Núm. 38.

, FRANCISCO SOSA Y AVILA .

o o o

Casos y Cosas

En el silencio de la noche

El doctor R llega a aoa casa donde es•
tá convidado a comer media hora mb lar•
de de la SE ñalada.
-SefíoreS-dice a los comensales-per•
La ooch, en la barranca handf~ su ne·
dcoeo attedes; pero be teoidc que hacer
gro manto y su silencio ~olemoe ea las al·
Dila dificilísima operación a aoa cliente
taras, lo iaterrampfa d81de el fondo del m{11.
abismo, escalooaodo sus asooaocias eo el
Uno de los presentes pnguota.
caer de las aguas y en los escarpes de !a
-cY 1 qaá hora es el eotierro de esa
oeRra montaña, as{ como bajo las altas 1:6·
de, graciada, doctor?
vedas de frondas, el ldgabre y serpentino
rfo qne en el dia plateaba a intervalos en
el último ph,oo del paisaje.
o o o
Recogiendo mi espirita eo mí mismo,
consideré aquellas tinieblas profundas, eo
cuya masa se movlan chispas inciertas de
Uo individuo dice a uo ami10 SU}O re•
luz , que recorrian ondulantes las hebra, ciéo casa do:
de aaa inmensa c-.bellera removida en el
-lTieoe celos tu majn?
amor y fre~cara de la bri! a que descendia
-La palabra celo1-cootesta el interpe•
F. N. PASOS.
lado-no es adecuada, parseo oueslro'fiadel cielo.
Jamás suspiro más apasionado conmovió je de bodas oi aun me permitió admirar
a un am1nte; mi alma iocooscieote ~e vol· el paisaje.
vi6 admirada y al concierto de todcs los
himnos qa! hacf"..11 reteftlblal' el aire y el
o o o
suelo en el sileocio melancólicamente
El
muerto
alambrado y cantado, se mezcló mi voz.
¡'1:adre oaturalru, tu arrollo es hermaEn una tertulia presentaron a un caba,
so e inmortal; b•sas y aduermes; dejas
llero
que se vanaRloriaba de leer el por•
caer
a
tas
hijos
en
to
seno
con
cuidados
Jes11 llegó una tarde a la puerta d 1 una
villa e hito adelanhrse a sos "discíoalos exqahitos qile'son a la vez caricia y de- veDir de las perscoas eo la palma de la
para preparar la cena. El, impelido al bien leite; aqui Yeodrá el viajero en adelante a mac:o.
Uo~ recién casada le pngllota:
y a Ja cuidad, ioter,nóse por las calles peasar y meditar; sabrá Jo que es grande
- /Cdntos hijos tendré,
y sublime y podrá, envuel!o en el efluvio
h ,sta la Dlaza del Mercado.
-Dos-contesta el adhiioo.
Ali( vió en un rincón alguou personas de tu innegable amor y caricia, elevar su
-lY yo?-le prtgaota un caballuo.
agrupadas que contemplaban uo objeto eo alma sensible y peasadora a lo infioitol
·
¡Soy, dijo ella. porque hablt al pensa- · -e Usted? Uno.
el suelo, y acercóie para ver qué cosa poEl caballero era el marido de la recién
miento de los hombres que la admiran;
dia llamarles la ateocióo.
.
.
Era un perro muerto, atada al cuello la soy so tem(llo. y en él teci~o a ~odos sos cuada.
cuerda . que babia debido servir · para creveo tes, desde el más chico al mlls grao•
arrastrarle por el lodo. Jamás cosa más del Mis graneros oo se agotan, todos mis
o o o
vil, mis repugnante, más impura, se había senos son fecundos; transformo nnas cosas
en las otras, y por,u eslaboaamiento y su•
ofrecido a los ojos de los hombres.
Eo aoa escuela de majeru:
Y \odbl los qae ~staban en el grupo jan• cesión, sube aoa corriente etérea purifi•
-Diga asted, s,ñorila: ¿cuáles fueren
cada, divina, hasta el Creador. Yo, astot6,
lo a la carroñ•, miraban con asco ..
-Esto ecnpoozofia el aire-dijo uuo de formo la Vida, y el hombre su Peosamieu, las conquistas de Alejandro Magno?
La interpelada tart,mndea:
to eo~raodecido e iamaculado. Caandolos
los pres~ntes, tapándose la nariz,
-lLas cooqaistas? De 1, vida privada
--l Cdnto tiempo ad a-dijo otro- este dos terminamos nuestra obra, la fundimos
en uo grande amor y sabidar{a y se la de Alejandro Magno oo sé oi aoa pala•
animal putrefacto estorbará en la vfa 1
-\fi · d 11 pi 1-iijo uu !tercero;-oo ofrecemos a Dios que la coloca, como la bra.

perro

REVISTA DE EX FEDERALES-Oficials tx-fedtralEs pasando revista el miércolfs préximo pa iadr - Elu10
ne! Juan Merigo que pasó revista a les rnldacos del Ejlicito ex·federal.- Fcts. G;;1d1 ño

�•

Fiesta Infantil en hon.o r del señor Carranza

de nifios de las escuelas pú
blicas que llevaron flores y
coronas a la tumba del már•

ManifestaGión ante la tumba
del señor Madero

Los señores Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Félix F. Palavicini, encargado de la Secretaría de Instrucción Ptíblica, dnrante la fiesta da.da en 1!' Escuela
Normal para Profesoras el domingo pasado.~Grnpo de párvulos jugando a &lt;Doña Blanca&gt; en el
patio de la escuela.-Los niños después de la repartición de dulces.-Regalando jugnetes a los
a1umnos de los ki ndergartens.

En el p~tio de la Escuela Normal para Profeso·
ras se verificó, el último
dia del mes plóximo pasa·
do, una fiesta infantil de
fin de año, que fué dedi•
cada al Sr. D. Vennstiaoo
Carranza por la directora
del plantel, señorita profesora María Arias. A las
once de la mañana llegó
el Primer Jefe del Ejérci·
t.o Constitucionalista,acom·
pañado del señor Palav_i•
cini y del Subsecretario
de Relaciones Exteriores,
qnienes foeron cumpli·
mentados por el personal
de la escuela y por más de
mil niños pertenecientes•
los diferentes kindergar•
tens del Distrito Federal.
La fiesta terminó a medio d!a., despnés de haber
hecllo éstos algunas eTolu·
ciones y recibido. sus pre•
mios en dulces y ¡ngnetes.

tir. Durante el acto, hablaren
el periodista Rafael Marti ·

El viernes 30 de octubre,
fné aniversario del natalicio

nez, qne foé orador oficial,
las señoritas prcfeseras Eva
Muñoz Silva y Aurora Ursda,

del señor don Francisco l.
Madero. Esto dió motivo a
que el club femenil &lt;Leal•
h.d,&gt; dirigido por la señorita

y los niños Amador Goozález,

Cristina Domíoguez ,y Sole,

profesora Marfa Arias 1:!er,
nal, organizara u1a grao ma,

dad Uraga. Después, la señorita Carmen Serdán, acompa,
ñada de la comisión qne Tino

nifestación en honor del expresidento muerto, que sé lle•

especialmente de Puebla, en
nombre del gobernador, co-

vó a cabo en el Panteón
Francés, donde se encuentra
la tumba de aquél. A las on•
ce de la mañana partió del
zócalo nna gran . cantidad de
trenes conduciendo a los ma•
nifestantes, entre les cuales
se encontraban gran cantidad

locó sobre el sepulcro uca
Comisión que vino especialmente de Puebla, en nombre dt 1
Sr. Gdor. Gral. Francisco Coss, a la manifes tación iofan
til qne se dió en honor del Apóstol Madero, con motivo de
ser el aniversario de sn natalicio, el viernes de la se•
mana pasada.-Hermosa corona ofrendada por nn
club femenil.-Busto del Sr. Madero qne ha sido
colocado sobre la lápida mortuoria en el Panteón
Francés.-Fots. Garduño.

lápida de mármol blanco con
una inscripción alusiva al acto, con lo cual termina la ceremonia y los manifestantes
se retiraron peco despu~s de
la una de la tarde,

�NOTAS DE ACTUALIDAD
La prema ha dado
1:ueoh. ya de la dispo
sicióo emanada de 1
Ejecutivo rtferecte a
la ,xclaustracióo de
las monjas y oosc.tros
hemos publicado eo este semanario algunas
fotografías de Jo, prin•
cipales conventos de la
capital que hao sido

Salida de tropas para Puebla
Durante la presente
semana han estado
embarcándose p a r a
los diferentes Estados
de la República las
fuerzas constitucionalistas que estaban de
guarnición en la capital, obedeciendo a órdenes espP.ciales de la
Secretaría de Guerra.
N u es t r a fotografía
mue~tra algunas de
dichas tropas, pocos
momentos ,rntec; de
~alir de la E stación
del Ferrocarril Mexicano, rumbo a la ciudad de los ángeles.

1

intervenidos por el g0bieroo. Todos estos edi
ficios, al ser desocupa·
dos por el elemento re·
ligicso, van siendo en·
tregados a las foerza_s
coostitaciooalistas que
los utilizan como cuar•
teles eo vista de la es•
casez de edificios oaciooales para alejar a
lastropu.
Hace poco se ordenó la inmediata de!ocupacióo del conTeoto de la Coocpeción

del cual publicamos dos foto,
graffas eo la presente plana y
onde se encontraban varios frai•
les y moojes que fueron expul•
sados desde luego.

Scita. Juana Murguía, hermana del C. Gobernador y Comaod~ot~ Militar dd E~t.do de Mei..;co, que organizó una
kermesse de caridad el 25 de los corrientes en Tuluca.- Sr. Gral Salvador Al.,arado, nombrado Coman•
dante Militar de la Plaza, después de haber llegado del E.sta&lt;lo de Sonora, donde se encontraba
entre los reos poUticos de Maytoreoa - Capilla y biblioteca del convento de la Concepción,
que ha sido ocnpado por las fuerzas coostituciooalistas, despaéa de desalojar a los
mon jes, de acuerdo con el decreto dicted, por el EjecutiYo,
Fots. Lapercio.

Soldados del Ejército Constitucionalista e01buc.iadose pua a ciudad de Puebla el miércoles de esta ~ell?-ana_.-Tropas en
la estación de Baennista.-Autemóviles del Primer Jefe del :Ejército y de so Estado Mayor, que bao sido env1adosa _!'uebla
Fots. Gardnno,

�l
VELADA EN LA ASOGIAClON CRISTIANA DE JOVENES
En tlsalón de ac•
tos de la Aiociacióa
Cristiana de Jóve•
oes, se verificó, la
noche del fábado
próxim:&gt; pasado, unó
elegante fiesta ioau·
gur;,.I por la Socie•
dad clrfanuel José
Othoo.&gt;

t

Exposición de labores en la Escuela de la Corregidora de Querétaro
t

m,onales; Concepción Casi, ñ~da, de en·
cajes; María López, de bordados; Marga•
rita Q oiotana, de flores, y E·nestina Me•
dina , de economla doméstica y tinlore·
rfa.

La exposición permaneció abierta basta
el domingo 19 de Noviembre, ~n qoe se ha
empezado a seleccionar los mejores Ira ba•
ios para presentarlos en la E xposición fo,
rlostrial que se eocuentra en el Pabellón
Esp• ñol.

A,istieron más de
convida dos y o,)
programa formula•
do de antemano se
desarrolló a gusto
de la concurren·
600

cia.
Eotre las perso·
nas que cootribuye·
roo a dar má.s real ·
ce a la fiesta, ano
t• mos a los señores
R. af a e 1 Briceñ.:i,
l:!:z •quiel Sierra,

Ma.aael M. Bermejo, Carlos G:ircfa y
Angel R, Esqnivel, en I a ejecndóa de
música selecta; señores Severo Ama·
dor, que dijo el dircurso inaugural
Enrique C. Olivera, Enrique M. Cnrtios
Marcelino Dávlllos y la señorita profesora
Consuelo Escobar, en otras manifestaciones
de arte.
Aún cuando el señor Félix F. Palavicini
e~cargado de la Secretaría de Iastrncció~
P ública fué invitado de honor, s~ excusó a
tiempo, enviando en su lugar a ~o alto em•
pleado de su cargo.
M!e~bros pertf'aecieotes a la Soci~dad &lt;Manuel Jesé Othon,&gt; que
a11~h~ron el sábado a la velada ioaogural que se dió ea la Asociación
Cr11t1aoa de Jóvenes.-Mesa Directiva de . la Sociedad.- EI maestro
Ponce y el barítono E1quivel, que tomaron parte ea el programa de la
velada.-Fots. Gardul5o.

La fiesta que ¡,rincipió a las ocho y media
p. m. terminó ya cerca de las once de la no•
che, hora 110 qne los concurrentes abandona•
roa el ,alón de a.:tos, sumamente complaci•
dos.
·

El 31 d, Octubre próximo pa•
sado, en la mañana, fué ioaogn•
r;,.da solemnemente, por la 1ns·
per.tora de labores caonale;, se
ñ,r.ta Ro,a B issó, y por b di·
rectora del establecimiento, señ:,ra Margarita Coss. viuda de
Montenegro, la exposición de la·
bores en la Escuela Superior lo,
dustrial cLa Corregidora de
Q•1eréta.ro&gt;. Los mejores traba·
j ,~ d" las alumoas, durante el
presente año escolar, fueron ex·
puestos a la vista del público, el
cual eligió a las profesoras de
dicho plantel y a las jóvenes
alumnas qne han sacado gran
provecho, bajo la dirección de
la señora viada de Montenegro.
Los di versos salones de la expo•
5ición, qae representaban las di·
versas clases de la escuela, lla·
m"ron la atención de la concn•
rreocia sobre el bnen cuidado y
limpieza con qne estaban pre·
sent.ldos. Pudimos apreciar los
esfuerzos de las seño ritas profe·
soras Amalia O3orio, de cocina
y repostería; Luz Sakar, Ester
Castañeda, Remedios Artaod y
señ'.&gt;ra Jhonsoo, de sombreros;
Elena Araocibu, Cecilia Boladu
J Jhon Echagoyan, de trab?jos

La fospectora de E~cuelas, Srita , Bassó, inaugurando la exposición de labores en la
Escuela de la Corregidora de QJerétaro, la semana pasada.-Departamentode tra•
jes.-Clase de cocina.,....Las alumnas vestidas de japooesas durante la exposición de
cocina.-Exaibición de ropa blanca.-Fots. Lupercio.

�El 2 de Noviembre ·de 1914.-Visitando las Necrópolis de la Capital

-

Moy poco concurridos se vieren los cementetics de la
meuópoli el 2 de Noviembre. Las calamidades de la gue ·
rra y la aflictiva situación económica porque atraves. mos,
hizo que el día de difuntos pasara casi desapercibido para
los habitantes de México, no como otras ocasicnes en q~ ,
el sentimentalismo popular se desborda hacia los panteo•
n,s de DJlores Goadalupe, Francés, etc., terminando no
pocas veces con verdaderas zarabandas, más dignas de un
16 de S3ptiembre qQe no de un día consagrado a los
mQettos. Sin embargo, desde dos o tres dias ai.tes empezó
a poblars, el zócalo de coronas y fl.:ires de)odas clases y
e!l la Alam,d1 se establecieron las barracas tradicionalts
']lle fueron visitadas y aún lo están siendo por una verda-

d ira. clravana de paseantés. En los pánteooes, las tumbas
de algunos personajes histórícos 'y políticcs se vieroo bas•
tanta concurridas por el pueblo y cubiertos de flores. Tal
aconteció con la tumba del Sr. D. Francisco I. Madero,
que desapareció bajo las numerosas ofrendas florales lle•
vadas por sus deudos, amigos, corporaciones políticas, ele•
mento oficial, etc. T 4mbién fo e ron visitadas las tumbas de
J11•11 de Dios Pdn, S,basti.ín Lerdo de Tejada, el maestro
F ouroier y otros. L'ls panteones más concurridos fueron
el Francé~ y el de Dolores, sobre todo el primero, de la
1 a las 3 de la tarde. El de Dolores, que es el panteón dti
11 clase pobre, se llegó a animar después de medio dia, en
q 13 loi tren,s empezaron a llegu atestados de visitantes.

Rimas

A las tumbas olvid.das,

Y en su seno, las estrellas

Vierten lágrimas de pi.ita.
¡Llanto hermoso d~ los cielo~!
(Dulce ofrenda perfumada!
(Las estrellas y las flores
Son piadosas, soo humanas(

¡Con qoé triste clamoreo
Toca a muerto la carnpaoa,
Como eterna ddspedida
O adiós último de un alma!

!Cuántas flores brotarían
En mi alma desolada,
Si las lágrimas que vierte
Ay, en flores se trocara o 1

Macho tiempo ha que, invisiWe,
Una fúnebre campana,
Sin descanso toca a muerto
En el fondo de mi alma.
II
Mayo alegre trae flores

Estas vistas tomadas por nuestro fotógrafo en los diversos panteones dd la metrópoli, el 2 de Noviembre próximo pasado, .demuestran el poco entusi¡¡smo que mosrró
el pueblo el dfa de difuntos para recordar y visitar a sus muertos.-En primer t~rmino, de iz,1uie!da a derecha, se encuen!ran algunos de los panteones, F raocés, Do~o•
res y Tepeyac.-U'na que otra viuda llevando coronas a su e~poso muerto, o gentes del pueblo qa¡o adornando pobremente •las tumbas de sus deudos.-Fcts. Gard11 no.

...

V. ACOSTA.

�.,l-

Inauguración de una
placa conmemorativa en Atzcapotzalco

~-

Carreras de blclcletas en el bosque de Chapultepec

D

d
il·

Orga oiz1das por varios clnbs ciclistas dela capital, se dec•
tuó el luoes, 2 de noviembre, uo concurso de carreras eo bi•
cicleta en él bosque de Chapulteptc. Un numeroEo póblico,
formado en su mayor parte por jóvenes amantes del Eport y
algunas Hñoritas de la capital, preseoció las carreras que re·
soltaron bastante ioteresaotes por la ha bilidad que desplfga•
roo los que tomaron parte eo ellas. En primer término se
efectuó uoa carrera de fnerza de 2 0 11;illas dedistaocia, ea la

Hace algaoos años

que las autoridades de

al
a·
Q•

ii•
jo
ca
ID

DO
00D

Atzcapotzalco dispusieroo cambiar el nombre aotiguo de la villa
por el di &lt;Atzcapotzal•
co de Porfirio Díaz&gt;,

to•
la

dende e:t. ba ioHal..da
la aoterior.
El domiogo de la semaoa pasada ~e llevó a
Cá bo uoa altgre fiesta
en el jardín Hidalgo,
con e bjeto de deseo•
brir la nueva placa a
quenosreferimos A~is•
tiercn varias perscoas
de la capital y de la
miima poblaci6o, ha•
biéodcse c,gaoizado,
adt mis, onas carreras
de biciclttas y de ca•
ballos, de las cuales
&lt;frecemos algnoas fo,
tografías tomadas por
ouestro eoviado espe·
cial.

colocando al efecto coa

placa ea el jardín Hidalgo que perpetuara
dicho nombre.
Sin embargo, los habitaotes de la pobla•
cióo no h10 podido
acostumbrarse a lla•
marle as! y hao stgui•
do desigdodole como
aotiguamente. En vista
de esto, el nuevo Ayuo,
tamiento, de acuerdo
con el Prefecto Politico, acordó cambiar el
nombre oficial al pue•
blo que, desde ahora,
se llamarii no miis &lt;Via
Jla de Atzcapotzalco&gt;,
para lo cnal se mandó
colocar una nueva pla•
ca en el mismo lugar

1

'

Ciclistas qne tomaron parte eo las carreras de Atzcapotzalco, duraote la fiesta Jle~ada a cabo el
domiogo coo motivo de la ioauguracióo de uoa placa.- Momeot~ de descnbnr la placa
por medio de la cual se quita el nombre de Porfirio Díaz a la Villa de Atzcapotzalco.
Charros que tomaron parte en las carreras para amenizar la fiesta.
Fots. Gardufio.

cual salió vencedor el Sil ·
ñor Ernesto Gondlez que
recibió el primer premio
del campQOnato, coosisteo•
te en una copa de plata
maciza. El segundo Jugar
tocó al señor Jorge Mora•
les, ambos pertenecientes
al club ciclista ~Libertad&gt;
La siguieote carrera, de
doce millas, fué ganada
por los st ñores Miguel
Flores y Francisco Barre•
to, que llegaron en primero y en seguodo tármioo,
respectivamente. Eo la tercera carrera, de seis mi•
llas, resultaron vencedores los señores Jorge Morales y Ezequiel Rivera, y,
por último, se ef¡¡ctuó uoa
carrera para aficionados,
a distancia de tres millas,
eo la cual obtuvieron veot~ ja los jóvenes Juveocio
Mootemayor, Alfredo De•
var y Octavio Gómez, que
recibieron su premio co•
rrespoodieote. La coocu,
rreocia se retiró del lugar
Sr. Ernesto Gonz.ilez, que obtuvo el primer premio en la carrera de fuerza de veinte millas, cerca de a medio dia, sio
efectuada el lunes en el bosque de Cbapultepec. -Corredores que tomaron parte en dicha ca, tener que lamentar niogu•
rrera.-Friecionando a un cmedio muerto&gt; durante la corrida.- Los ciclistas, en el momento na desgracia por parte del
público ni de los ciclis•
de salir.-Fots. Gardufio,
tas.

y
l.

�sionamiento justos, fin latiguillc s
ni tontainas cursis, eftilo Cuca
Castillo. Y claro está que nada
se aventura al asegurar que, no
digo iguahrla en la bondad de
su labor, pero ni siquiera imitar•
la.han logrado en todos los tea·
Iros de la metrópoli . Y e,o que,
por su ñgnra, ha de esforzarse
más en darnos la semejanza con
D iia InM, tal como nos la hace

COLON.-D. Juan Tenorio, el de carne y hueso, que s
fivió, amó, riñó y conquistó por tierras hispanas y otros
reino&amp;, bien apellidándose como el de Zorrilla, ya Mañara
o Mendoza o Carvajal; .. . .. . D. Juan, digo, de haber vivi•
....-

do cuando él, D. Miguel Mañoz, en nada tendría que tlldarle, oi como amigo ni como enemigo, en c_uanto a natn,
ral gallardía, desenfadado ademlin, prestaoc1a caballerea·
ca, audaz porte y voz grave, insinuante y autoritaria, stgún
los lances Viéranse ambos, D. Miguel y O Juan, al
mirarse frente a frente, de igualtraza que si se con·
templaran al espejo: iguales.
Con todo lo dicho, me ahorro decir de D. Miguel
muchas y buenas cosas a propósito de la interpreta·
ción que hizo del D. Juan. Palacios, de D. Luis, tu·
vo ge~tos que. por su expresiva euclitud c_on las ~-i•
tuaciones, merecen ser anotados y aplaudidos D110
briosameote y se mostró como propiedad artística
en todas las escenas, ataviado con el decoro do tan
priccipal caballero. Cuca Castillo, de Doiia kés, no
pudo agradarnos porque, emoricoliodc!e_ y asostáodose con ex :eso y, por otra parte, recitando con
sonsonete, da la impres:óo de la farsa que represen•
ta, oo la artística simulación de la
re lidad.
PEPITO

.Teatrales
los Tenorios
MEXICANO.
El Tenorio mejor servido de la capital, sin
duda alguna.
Decoración flamante, pintada con propia•
dad y buen gusto por el competente escenó•
grafo señor Jané; vtstuario lujorn y en carácter de época, sobre
todo, al que vimos a
Don Juan, sin que
se quedara atrlis el
~e Don Luis; muy
atendidos todo, los
cl~talles de la esceQa en todos los ac
toi y un conjunto
u1ístico de veras
ph1usible. Se esme
rd la Empresa, a fe,
y el &lt;respetable&gt;
acQdió, llenándole
~I ieatro.
Mutio, de D J11an,
djjo su largo papel
e JO - precipitacióo.
como el que se losa
be demasiado, lo
cual resulta iacoo,
venlente; mas lo di•
jo coo claridad, tuvo
algunos arranques
y 111 público tuvo a
Qjeo aplaudirle Pa·
ru, de D. Luis, a
cambio de otros de•
!t,ctos, posee buenas
¡:oodiciooes natura·
)J~, como son figura
y voz de caballero
gallard-&gt;, merced a
Teatro Lírico.-&lt;La Señorita Capricho&gt;. Escenas del 39 y 29 actJ. - Fots. Sara.
lo cual le vino de
perilla el tipo. Lo interpretó discretamente. Cervantes,
ver el libro. En resúmen: excelente preseotacióc. mucho
Coss, Rugama y Muiioz-Comeodador, D. Diego, Ciutti y
aplausos y no pocos centradones&gt;.
Bntarelli- bien caracterizados, cumpliendo con sos res,
Que (digamos, parodiando)
pectivos papeles, y los demá5 artistas en sus puestos.
Para lo último, de propósito, dejamos a Prudencia Gri•
&lt;Para el tiempo en que se vive
fell, que fungió de Doiia Inés con la ingenuidad y el apa•
es ya cosa extraordinaria&gt;.

Teatro Mexica no - cDon Juan Tenoric&gt;. La Segarn y la Grifell en los papeles de Doña loés y Brígída-Mutio y
Cervaotes en el 49 acto -Teo1tro Colón. &lt;Don Juan Tenorio&gt;, Escena del Desaflo,por Muñoz y Palacios. Fnts. Sara.

�La heroica defensa

de Amberes

o0
3

o

,,,
CD

En losalrededores de la ciudad. A lo lejos
se ve t'I humo de las granadas alema•
oas estallaodo deotro de la plaza.

Defeosas coostrnídas e n las calles del

puerto que no faercn usadas debido a
lasúbita retirada de la gu 1raición.

a.
ca
....

~

"::1a.
-°'

IU

o-·
e

a.
ID
a.

O"

-

ca

CD
ID

N,fíds y

mujeres boyen del teatro del
eombate pára oo perecer bajo las te•
rribles gr.ruadas de los mo·rteros.

Salvando a los pobladores indefeosos
durante el bombardeo.

,,.. ...

,,~-- .,,.

a.
ca

..,..

..,·~..,

,;:

4

•

.

3►

..,,,

cr

n

CI

..

....

,)

s;-~---.J

El fuego empieza a envolver la ciudad.Grupo de vehículos atropelláodo~e
cerca de la Catedral, al huir

Los habitantes del puerto en el muelle,
embarcándose para Holanda, poco
antes de empezar el bombardeo.

�MODAS
LA VERDADERA
ENCANTADORA
Hay alguoas mujeres, más de lo que
se 6g.irao alguoos,
mujeres de tale o te&gt; y
de bueo sentido,
que sabeo ordeoar
su vida con juicio,
conservaodo a la
oar la apari ~ocia
d d elegaotesfútiles,
eotenmeote preo·
cuoadas rff! sus pla•
ceres y de su co·
qudt-'na. A é,ta,
o uia hay que en•
señ irles, les enviamos úni e ame n te
nuestro má; sincero
puabiéo; pero se
Ir.tia dJ convertir a
nuestros principios
de orden y de eco,
nomía las cabezas
d " '"~ jóvenes mal
eqoilibradas, q o e N
eotrao eo el muo· ti#
do coa todo géae ,\
ro de ,.,piraciones
más o menos vaoidosas,qoe creeo que
todo les es debido,
que oo admiteo que
se resista a uoo &lt;ti,
sus deseos. qne pa,
ra obtener uoaalha•
j" deseada o para
igualar a sus riv;i •
les eo elegaocia se
coodeoan a sufrir
v~rdtderas priva,
ciones que compar•
ten coa sos hijo~.
La coquete1íalh1•
vad.t ba~h tal puo•
to, es .un vicio ver·
dadero, cootra el
cual toda mujer de•
be protest;ir, si no
quiere exponerse a
mil sinsabores, que
p'ldrian alterar, no
sólo la paz de su io•
terior, sioo tambiéo
so belleza.
E{ectivame o te,
oara conservar la
bslleza. hace falta,
aote todo, la paz ,.
del alma, la serenidad del corazóo,
uoa vida exeota de
cuidados, que pro, duceo el insomnio,
arrogan la freote,
cootraeo la boca y
ad1laotao por tanto,
la edad.

Para las damas
.

Muy radicales soo los cambios para la puerta o Yentaoa del dormitorio abierta oard F. Keeae Hirsbberg, amigo de Mr.
aoevatemporada. El jubóaajastadooaemi- de par en par, cuidando de qae DO baya Gillilan, afirma asa vez qae •• dificah
ajustado de 1880 y las variu tdaicas rasas corrieate algDDa.
tad ao existe y qae hacer o, apreciar aa
lisas plegadas. cill:ular coa tablas a IJ&gt;s Desterrar por completo el agaa calie11· chiste ao depeade sino de la dilpo1ici6a
lados, abiertas o 1botooada1 ea el frente, te. Al levantarse aoos baen01 chapuzones de los músculos faciales. Para llegar, dice,
son las mayores novedades Ka vez de bu• de a1111 fdia, seruidoa de friccioaes co11 al elemento verdaderamente faadameatal
llooes y polizóu, abo,a se ofrecen Uoeu agua de Coloaia y el guante de crin para de la emocióa qtte prodacea las ~7 varie•
sencillas, hombros estrechos, talle bajo, qae aobreveoga la reaccióa.
dades de la gracia, buta tomar ua aOme•
maogu ajustadas a todo sa largo, f•ldaa
La garganta se llevará siempre dHCD· ro de aaa revista jocosa y dárselo a leer
de m:b vaelo y muchos de los frunces más bierta. Nada de pieles, boas o estolu qae a diversas persoau, coa la condicióa de
eo boga ea el segando imperio fraacM. rodeea el cuello y qae, bajo pret11xto de qae cada aoa vaya expresando los eeati•
Como ya dije otra vez, existea indicado- protegerlo, lo dejan valaerable ala menor mieot01 qae los chucarrillos le proda•
aes hacia la criooli11a, pero de lu cuales accióa del calor o del frfo'.
' ceo.
'
an debemos preocuparnos, paee estey se•
Si se esti ea aa recinto caldeado, como Sia ,eotrar a discutir el procedimieato
gura que volverá a ser aceptada.
1111 salón o teatro, cuidar de quitarse el y sa valor ci1Dtffico, veamos 101 resalta•
Los vestidos para el principio de la tem• abri¡o pan que a la salida se paeda te• dos obteaidos por el doctor Hirabberg, qae
porada tieoea macho del estilo corte aas• aistir mejor el cambio dt1 temperatura.
co111alt6 a machos lodividu01 sobre aa di•
tre, asándose como tela preferida el ruo
El proteger la cariz y la lloca ea fuente bajo aparecido ID la revista cLife&gt;, de
11,gro o el terciopelo de este mismo color, se,ara de resfrfos.
Nueva York. El dibujo, que se titulaba
y como adorno se llevan macho los tejidos
Hay qae upirar 1ia temor al aire qae, c!l optimista&gt;, repreaeataba a ao caballeorieotales ea sedas y metales.
le.j01 de eafermaraoa, toaifica y fortalece ro coa la corbata deshecha, el cuello des·
Casi todos los traju de dfa se aaaa alio- 101 palmoau.
prendido y el cabello eo d810rdeo, que H
ra coa flores artificiales, lu caaln com•
Todos estos caidad01 qae a primera vil• lenotabºa pe11011meote del suelo al ple de
pletao de aoa macera verdaderamente ta parecea excui\fOI y qae ea realidad 110 aoa escalera. Debajo del dibujo se lefa:
noble, estas elegantes ctoiletteP, tao ae• aoa aiao la falta de ellos, observados es• cOh, biea. De todos modos yo iba aba•
cesarias eo el guardarropa de toda mujer crDpalosameate dimiaayea esa cootinai- jar&gt;.
elegante. Tambi6a estoavestidoa aqoe me dad de eafermedades palmooaru qaetao• - Segó.o el doctor Hirshberg, eeto fa6
refiero, y qae se bao asado daraate mucho toa estragos hacea 111 la jave11t11d de am• coo1iderado por todos como sumamente
ti,mpo coo aoa infinidad de blusas ea to- boa sexos.
gracioso, daado cada 0110 la nzóa por qa6
dos los estilos y eo todas lu telas, bao co•
Si el resfrfo ya uti adqairido, conno, le 1111recfa uf De las respaestu nea el
meando a reemplazarlas por chalecos be• llrt upirar, lo mú a meaado qae sea po• sabio en coaclusióa qae, eo el fondo, todo
cbos, ID 1a mayor parte, de encajes may sible, uaa espoaja empapada en 1gaa hir- lo qae produce las emocioaes a¡rapada■
finos y cerrados por hebillas o botones, viendo qae contenga aa chorro de amo- balo los nombres de cbomoar&gt; y piedad
siendo los más apreciados para 111te caso afaco.
caasao ea realidad y, ante todo, movimiea•
los de porcelana antigua o piedras,
Una fusión de lfquea malvavisco y azd• tos musculares. Estos movimientos proda•
car, aliviari el ardor de 1arganta.
ceo, asa"''• los e,tados coaocidos como
CORDELIA.
Si bay dolores eo el pecho, o espalda, efecto del chiste.
fricciones coa tremeatiaa, ea seguida de
Prueba de esto es el hecho de qae 1-•
lu cuales se aplicarán fraaelaa -rociadas persooaa qae sufrea de parálisis ea l01
con agua a la mayor temperatura qae pae· mdscalos faciales, no paedea apreciar ua
da resistir el enfermo.
retra6caoo o a11a frase jocosa. Ciertos ia•
Loé balios de pies, coa mostaza, 110 100 clese~, lo mismo qae aquellos i11dividao1
perjadicialea, pero &amp;ampo:io cooveaieotes. qae bao sufrido alguna quemadura o aa
Todos estos r:1edicame11t01 deberiaapli· golpe fuerte eo los mdsculos de la boca
carse por la aocbe, procaraado 110 gaar• 0 de lu mejillas, oo pueden ver la gracia
dar eama durante el perfodo ail•ido del de aoa salida ingeniosa.
El invierno es la estación mú propicia resfrfo y salir a ,as ocapacioaes bahitaa• cXa ªº" palabra-coocla_ye el sabiopara los resfrfos
les. _
..
caaot~ mú grosero e3 el chiste tanto m,1
Los siotomu de esta casi enfermedad
Un paseo a aa bo19ae o 11t10 donde ha, vola1D111oso i:s el mdscnlo que rfe o qae
s,o may caracterfsticor, dolor de cabeza, - ya árboles 111 las m':1or11 horas de sol,. de produce 1~ risa. Aua el hombre de la más•
escalofrlos, ardor de guiaata, dificultad 12 a 3 de la tarde, s1a exceso _de abrigo, cara.de hierro pued': gozar una extrava•
al respirar, por la obstracci6a de las fo• acabar, de completar la cunc160.
gancia que higa gracia a uo cabal1011&gt;
sas nasales y estornudos coottaaos.
~l resfrfo, tratado de ~ta macera, oo
Lo que el valgo llama resfrfo de cabe· rH11te caarenta_y och~ laoru yel ':º.fermo
za, ■e limita a estos dos dltimos sf11tomas, queda r~a~lectdo Y '!ª esa deb1hdad o
o o o
loa mú molestos, pues afectan tambiéa I desfallec1m1eoto qae s1gae a los dfa1 pasa•
los ojos y a los ofdos.
dos ea cama.
El resfrfo de pec:bo ataca a los broa,
qaios, la tos se presenta iamediatameote
y, en la mayorfa de los CUOI, hay ao poco
!.o el comedor de ao hotel II oye el 11
trépito de la rotara de ao cristal
de fiebre que no pasa de 38c;,
El amo ule precipitado y pregunta:
Aúu cuando casi todos los médicos acoa•
seji.n goardar cama, está probado qae es• '
·
-Qué es eso, Jos67
-Nada, qae se ha caldo a11a botella coa
te medio curativo oo es eficaz, pues el res,
suerte, porque oo se ha partido mú qae
frfo se estaciona y degeoera eo bronquitis
eo do• pedazos.
al menor descuido.
El doctor Limek, especialista ea eofer•
Mr. Stricklaod Gillilan u,gara qoe lo
- l Y a eso llamas suerte?
medades del polmóa, se ba preocupado más fiilcil del mundo es escribir aa chiste.
-Sf, ■eñor: porque si se hubiera roto
macho de la curación de los resfrfos y sa Todo lo qae hay qae hacer es sentarse, to• 111 peduDS chicos me hubiera roto ea pem6todo seesillfsimo, ha dado re1oltado1 mar la pluma y escribir. Sólo qae hay qae dazos chicos me hubiera costado macho
sorprendentes.
oeaaar eo el chiste antes. He ahf doade se trabajo recogerlos, y asi ea 011 momento
Como medidas preventivas acoaseja el pre■eata la dificultad.
he coacloido.
dormir, aao en pleno invierno, con la
Ua sabio 11orteamerica110, el doctor Leo•

Lo que dice el médico

, fos
Ef ebfste y 1os musen

Trajes ~deroier cri&gt; de la moda londinec;$e,

�EL JUGLAR
Apareció de p_ronto, surgiendo de una
de lu hondonadas que formaba el pinar.
Conchita y Maria lanzaron uu grito.
Los hombr111 !lf' volvieron asustados
Era un mc,cetón moreno y harapiento.
Tenía los ojos 10mbrfo1 y 1onre(a de un
modo felino, mostrando la blancura de los
dientes. Entre h6ngaro y gitano, su atavío
no inspiraba la menor confianza.

un periódico y se puso a leer con manifies• de ello, que la priccesa Alicia teoía en
ta contrariedad. Don Pablo seguía son- más estima el medallón que el retrato, y
riendo.
así fué que, al perderlo, agitó todo el reino
- Uo término medio, amigo. Cuente as• con sus lameotaciooes y juramentos. Las
ted una historia de amor que sea divertida. tropas de la prioceaa asaltaron las casas,
El vagabundo frunció las cejas Hombre invadieron los palacidt, batieron los bo!del Sor, el amor oo era nunca para él aa ques y ai\o hubieren de morir varios bcm,
entretenimiento. Pero en fin ..... .
bresque. cegados por la ccdicia, se ofre•
Todos callaron.
cieron a bajar al foodo dd mar en busca
Abajo, al otro lado [del bosque, sonaba de la joya maravillosa.
la roda cadencia del mar. Un vientecillo
o oo
Pero la joya manvillcsa no pareció. La
suave vibraba ea lu erizadas ramas d• los noche entreg.. ba al día la desesperada
pinos.
Don Pablo, el padre de las muchachas,
princesa anegada en llanto, rasgadas sus
y Antonio, el novio de CoDchita, le despi•
vestiduras y mis hermosa que nunca por
o
o
o
dieron.
la fiebre y la cólera, que la teolan sin sne•
-No hay nada .... Dios le socorra.
ño y siu gasto siquiera para la crueldad.
«Ea nombre de la Virgen, dueña y se·
El •agabundo seguía sonriendo.
Al fin, una mañana, salieron cien pregoñora dl!II mundo, que donde estai sa nom•
-Yo no pido limosna.
neros a recorrer la cindad anunciando que
bre
todo
estai
bendito,
y
el
mal,
como
un
Al decirlo movió negativamente la cabe·
la priocesa otorgarla un beso de sus labios
11. Sas cabellos, nrgros , largos, le uota• lobo retrocede.... Han de saber, mis se•
ñores, que en otro tiempo, no conocido si• y mil monedas de su tesoro a la persona
ron el ro,tro.
que entregase el medallón.
.1Ahl ..•• Peidone enlences, ai!adió don no por 101 libro, sabios y las consejas que
Traoscnrrieron dos días, tres días, cinco,
se dicen junto al faego para espantar el
Pablo.
un mes .... y el medallón no pareció.
-Yo vendo mis cancione1. Vendo mis sueño de los rapaces y despertar el amor
de las mozas, hubo nea princesa •....• &gt;
Por segunda vez salieron doscieotos pre·
leyendas.
Calló de pronto, entornó los pairpados y genero, a recorrer la ciudad, annnciaodo
Le miraron asombrados los cuatro. Eran
bien extralias tales palabras, y mis f xtra• quedó suspei:;so, como busclindole una que la priocesa otorgaría su mano y su co•
ño ai\n aquel hijo del Sur, bljo las bruma1 aventura a aquella princesa. Se couocfa en rona al hombre que la entregase el me,
la 9oz lenta, en la dicción, sobrado clara dallóo.
de Asturia1, en lo alto de un pinar.
Transcurrieron un mer, dos meses y el
-Vamos, al. ... Romances de crímenes, y rítmica, que así empezabai. todas sus his·
medallón no pareció •... Entonces la prin•
dijo al ñnal Antonio. No queremos, buen torias.
-Pero habéis de saber ustedes que esta cesa comprendió que no era la codicia lo
hombre.
El ngabando voh•ió a monr enérgica• princesa no era de esu que se bacenamar que obligaba a retener el medallón otulto,
mente la cabeza. Sus melenas, ntgras y de los pueblos por su corazón, sino de 101 y por tercera vez salieron trescientos pre·
empolndas por el polvo de muchos cami- hombres por su belleza.
gooercs a recorrer la ciudad, anunciando
Herm'lsa como un ejército atravesando que la princesa diezmaría a todos los bom·
aos, •olvieron a notarle el rostro moreno.
-No son romances de cdmeoes .•.. Yo el campo de batalla al galope de sus cor- bres de su rei00-meoos a los de su ejércuento historias de amor, de guerreros..... celes, imponía re1peto coa sólo nrla. Pe• cito naturalmente-si no la presentaban
Leyendas d1otros tiempos. No van escri· ro tenía el alma tan dura como el pórfido en el término de ocho días el medallón,
tu en papeles, sino corren de boca en bo· y los mairmole1 de su palacio y el bronce pudiendo conservar el retnto de la reina
ca entr1 los mios .... Yo las llevo aqar en de los caliones que la defendían contra el Macrioa si asf lo teofan por conveniente.
la frente y, a nces, aquí en el corazón... enemigo.
La misma tarde del primer día, solicitó
De nación a nación se hablaba de tanta ser recibido por 111. prince!a Alicia uo camPero estas del corazón cnestan m,s que
hermosura y de tanta crueldad. Y en el pesino, diciFDdo que llevaba el medallón,
las otras.
Hablaba lento y dtmico, con nna altiva mismo camino se eneontraban el lujosos~• sólo el medallón.
serenidad de poeta Erguido como estaba quito de los príncipes extranjeros que ve,
Era no hombre alto y recio, a11oque los
a contra sol, su silueta se obscurecía y re- oían a pedir su mano y los grupos de al• años encorvaron su cuerpo como los vien•
cortaba netamentd. Detrb :le él y ln lo deanos que bofan después de ver arrasa• tos un ilrbol de gran altura Tenia los ojos
dos sus campos y destruidas sus viviendas
hondo, 111 oía rugir el mar Cantlibrico.
dulces y la boca desdtñcsa, pero el rostro
por la cólera de la princesa.
-Es curioso, murmuró Concbita.
deforme y se vestia con harapos A I verse
Asf
las
cosaw,
y
puesto
que
en
la
vida
Maria Luisa, ya perdido el miedo, se
frente a la priocesa Alicia, se arrcdilló y
hay
algo,
ademais
del
dolor
y
delamor,qoe
Yt.lvió a recostar en el brazo, medio bon•
le entregó el medallón, sólo el medallón,
dido en el suelo terreuoso, cubierto de las no respeta los cuerpos s■dorosos de los coo sus diez perlas, con sos di, z brillaotu
siervos ni las coronas de los príccipes,qui•
púas obscuras de los pinos.
y sus diez rubfes.
-Si quiereo, puedo contarles aJguoa so este algo, que es la casualidad, que la
Pasado el primer momento de alegria,
historia. Si no, queden ceo Dios y sean fe• princesa pe1 diese un medallón que valfa la princesa le interrogó:
miles de miles de n,ooedas de oro, Era el
lices.
-lTe eoteraate que babfa pre metido un
Antonio respiró tranquilo al ..er que po, tal medallón obra de los m3jores artífices beso de mis labios y mil monedas de mi ·
dia reanudar la charla coa la novia; pero del reino. Formaibanlo diez perlas, diez tescro?
brillantes y diez rubíes, que todos cuantos
la novia llamó al vagabundo.
-Sí, princesa.
-IPts, baen hcmbreJ .... No se vaya tan lo vefao quedaban absortos de tal mara,
-lTe enteraste que había prcmetido mi
villa,
En
el
centro
del
medallón
la
prinpronto, quédese y cuáotenos algo.
mano y mi corona?
Marfa Luis:i. asintió, batiendo palmas. cesa llevaba el retrato de su madre.mujer
-Si,princesa.
Don Pablo sonreía Antonio se encogió de de tan portentosa hermosura como de Do•
bles y buenos 1eotimientos. Matóla el pe•
-EDtooces ¿por qué lo has desdefiado
hombros.
sar de ver a su hija hermosa como ella, pe· todo y sólo entrtgas este medallón coaodo
-Son ganas de oir tonterías.
promeli diezmar a todos los bcmbres de
Pero ya el juglar 111 sentaba sobre el ro distinta de ella 1n el corazón.
El pueblo y la nobleza consenaban el mi reino?
suele obscuro y blando di, las piiaa de los
-Porque ebh promesa era la única que
pioos y se disponía a contar una hi■toria. culto a la reina Macrina, y solo este culto
Tardaron en ponene de acuerdo, Con• soatenfa a la princesa Alicia en el palacio hobiérais cumplido, stñora .... y, además,
de
pórfido
y
de
mairmol,
que
miraba,
a
no
chita la querla de amor y triste; María
porque oo exigiais esta vez lo que yo l'D
Luisa, de guerra y divertida, como de pa- lado, al mar profundo y vefa, ¡:or el otro, mis estima tengo: el retrato de vuestra
salir el sol todas las ma6aoas.
yasos golpeándose en el circo
madre, a quien amé defde ltjof, con el
o o o
-Decide h1, papai, acudieron ambas a
amor de una planta bomilde al ~ol dema•
doa Pablo, porque Antonio babia sacado
Decían, los qoe bito enterado! estab~o siado 11110.

.

o o o

,
fata es la historia de la prince1ita Alicia, hermosa y cruel, que vivió ea otro
tiempo, no conocido de nosotros mais que
por los libros y las consejas qui se dlcbn
junto al fuego para espantar el sueño de
los rapaces y despertar 11 amor en las mo•

zas.
El juglar enmudeció. En sus labios ngaba una sutil sonrisa. Tenia la mirada
extaitica y ab~orta eu la evocación legen·
daria.
Había caído el sol ea el fondo del mar
y el air, fresco de la noche estremecfa los
pinos.
Don Pablo Je dió unas monedas al vaga•
bando, y el vagabundo, echando sobre la
espalda el zurróo, desapareció, huodiéndose en la negrura del bosque.
Largo tiempo permanecieron silencio·
sos don Pablo y María Luisa Concbita y
~\ntonio habían reaondado so charl&amp;.
De pronto María Loisa lanzó uu grito:
-IAyl IMi bolso!
Todos acudieron. El bolso de María
Luisa había desaparecido. Buscaron in·
útilmente entre las púas blandas y quema•
das del suelo. Un mismo peosamiento tuvieron todos, pero sólo Aotooio se atrevió
a formularlo.
-1Ha sido el vagabundo! 1Por vida
de ...... 1
- l Llevaba mucho dinero 1-pre¡¡uotó
don Pablo.
-No, no llegaba a cinco pesetas ..... .
,\ iemás, un pañuelo y un espejito, No va•
lian nada.
·
Don Pablo se encogió de hombros.
-!Vaya, bendito de Dios el Joglar! Mu•

danzas de los tiempos. Antes los jaglares
No ha muerto el feudalismo; cada po•
robaban el corazón de las liadas castell1.nas, a quienes contaban historias de amor. deroso tiene una clienttla ¡,or .SI domes•
Ahora se conforman coa robarles el bolso
ticada y por él ddendida,-BARRES.
del dinero .... Nos vamos civilizando.
Las dos muchachas sonrieron, pero Ma,
ria Luisa s1 puso repentinamente triste re•
cordaodo los ojos sombrloa del jnclar.
JOSE FRANCES.

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1

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 38, Noviembre 6</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado oomo articulo de

z• cluo, el 26 de Febrero de 1914.

SetHdl EpOGI. Viernes 30 de OGtubre de 1914.

Tomo l. •Núm. 37.

LA Dlf ICULTAD DE SER LEIDO
Todo nue\lo escritor, al principiar su ca· los que más valen, y no es sino basta des•
Y allf estilo difícil. Si frente anosotro1
rrera, tropieza con aaa gran diñcaltad: la paés de muerto o basta al cabo de los tenemos an nuevo libro de un autor dea·
dificultad de ser leido. Parece qae a naes• años, cuando loa graudes genios llegan a conocido, es seguro que lo paspoodremos
tro alrededor no hubiera sioo una capa de ser comprendidos.
a caalqaier otro conocido y lo t'.lnico qae
plomo, ta qae hay necesidad de romper
Cada novel autor, necesita laborar in• nos hace dirigir l él nuestra vista ea la
para sacar a flote nuestra personalidad To• teoaamente dnraote mucho tiempo, )abo· curiosidad. Si no fuera la curiosidad, es
do conspira a deprimir al principiante. Na- rar sin iaterrapcióa y sin desmayu. Has· seguro que nanea leeríamos a los priaci•
die quiere leer aaa ñrma desconocida. Es ta qae ha gastado casi todas"sas fuerzas en piantes. La gloria entra por la curiosidad.
uecesario abrir■e paso poco a poco basta aquella labor, es caaado empieza a cose· Leemos lo nuevo por bu1carle algo malo
llegar a colocar sa firma al lado de los char el fruto de 50 trabajo. Mientras tan· qae criticar. Y como llevamos desde
• ccoasagrados&gt;. Hasta entonces es llegada to, está expuesto a desanimarse si 00 to, antes el prejuicio, resalta que mny proDto
la hora de domriT;-mientrn tanto,no. Muy ma en cuenta el modo de ser del espíritu encontramos lo malo, en tanto que paaamos
a menudo nos sucede encontraraos con humano. Lo mismo sucede en todo. El ar• sobre 1? bueno sin mi1arlo siquiera.. ,
que no autor qae nos deleita mucho, ba• lista, el literato, el gobernante, el empleaLa d1ficoltad de ser .leido es uno de los
bla escrito cosas mejores antes, cuando do etc. nada más que en 00 sentido dife• ob_st;lcnlos-y_a lo he d1cho,-con que el es·
nosotros no noa dignábamos leer liquiera
't '
critor DO\lel llene que tropezar. Si sabe
.
Vemos una p ágioa
• d e Vfc tor H n- reo e.
. . 1as 1nja•
·
su f irma.
mostrar en tereza, s1. sab e res1st1r
go, por ejemplo, y a ao. lado de ella otra
La dificultad de ser leido que sieote el rias qae ~ lanzao contra él por el áaico
qae, a pesar de no pertenecer a Víctor escritor, la siente el comerciante para que crimen de llevar un nombre anónimo· si
Hago, puede estar mejor escrita y mejor se aprecie la calidad de sus mercadedas, sabe luchar sin descanso y de noa ma~era
pensada. En primer lagar leemos aqdlla, la siente el humilde empleado para que se decidida hasta el fin, Yerá corooada sa
y aún cuando leamos esta otra también, aprecie su buena voluntad en el trabajo, obra, tarde o temprano. Eotonces podrá
nunca nos parece mejor. Y 1i esto lo hace· la siente el gobernante para que se apre· dormir sobre los laureles y descansar. No
moa los qua DO nos dejamos llenr por la cie su labor. Todos tienen qae sosteoer todos tuvieron la dicha de nacer llamán,
corriente de lu comaaes creencia.a !cómo uoa lacha tit:l.nica, desde el priocipio de dose Alejandro Dumas o Edmundo de
será pan aqaellc,1 que DO piensan con ~n su obra, para poder ser comprendidos co, Rostaod, de padres que habían conquiitacabeZ1, como aacede con la mayoría!
mo ellos creea que deben serlo. Los que do la gloria a brazo partido. Esos tie·
El literate llOVel tropieza desde luego estamos acostumbrados a ver un alfarero neo ya el camino hecho. Los demás no. A
con este serio obstáculo y muchas veces h1cer buenas vasijas de barro, no pode• un escritor desconocido no le queda sino
se queda en la obscuridad al estrellarse mos convencernos tao f:l.cilmeote de que escribir desesperadamente, arrojar !obre
coatra
haya otro alfarero, a quien ao conocemos, la tumba ignara sos palabras, ses peosa•
¿De qué depende esto? De la tendencia que pueda hacerlas iguales o mejores. Y mieotos,como el rosal que tira ses rosas a
natural de nne1tr1&gt; e1pfrita a marchar lo peor es que, aunque éste venia hacia la cara del caminante qae no lo \le. Pen•
siempre por los abiertos cauces. Saber nosotroa y nos enseñe su trabajo y 110s sar y escribir sin fijarse si alguien nos atis,
leer y saber comprender es tan difícil, pruebe su boodad, no lo compreodemos ba. Algún día habrá quien se fijará en nos•
que necesitamos macho tiempo para em• inmediatamente. La mente se resiste a pe• otros v muy pronto creceráo los admirado,
pezar a comprender el peosamieDto e1cri• netrar lo que no nos entra a fuerza de res. Despaé~, el mismo medio que nos ha
to de los üemás. Cuando lo hemos com• cincel.
sido tao hostil, lucha por nosotros. Asf es
prendido, nos acostumbramos a él y de■•
El joven no comprende tan fácilmente nuestro espíritu; necesita que Jo sacudan
• deñamos desde lnec~ em¡&gt;render ana nne• la lógica de la vida. El principiante se y lo despierten i:,ara salir de su letargo
va labor para comprender a los descono• pregunta asombrado: ¿ Cómo ea que a Fn• A~f es la Humanidad y así somos todos.'
cidos. Hasta cierto punto, esto no es mi■ lano se le aprecia má.s, siendo que su la• Poetas: a todo aquel que os tire uoa pie,
que una defensa de noestN naturaleza bor es inferior a la mfa?¿Cómo es que yo, dra, tiradle no soneto o una rosa que es lo
contra la hostilidad del •medio.• Nuestras en vez ie ser tomado en cuenta, soy des, mismo; de esa maoera lo avergonzaréis y
facultades no podrían estar contfnuameo, preciado, cuando tengo la firme seguridad y eo vez de volver a hostigaros, seguirá 10
te en estado de tensión; hay necesidad de de que lo que bago es digno de apreciol camino peosati"o como los discípulos de
descanso para la mente como paraelcner- ¿Por qué-dice el escritor-a mí 00 se me Jesús después de cada parábola.
po. Ya hemos dicho, en otra pute, que pa· lee como al señor X, que, sin negarle ta,
Lo que importa es ser leído. Mientras
ra poder leer se necesita comprender, y lento, es uo escritor tan mediai.o como lo somos, trabajemos coo ahinco, sio tomar
para poder comoren.der es necesario cpen• cualquiera de nosotros?
eo cneota la iadifereocia de la mayor fa.
sar&gt; lo que se lée S1 todos los nuevos aa•
Despub vendrá la admiración y entonces
tores lograran que el público se interesara
Uo principiante decía a un editor de Ji. todos se inclinan asombrados murmuran•
por comprenderlos, es seguro que el nlor bros: ele traigo esto para que lo lea, pero do: coo lo sabía.&gt; ....
dé cada cual saltarla a la viat!l desde lne• tíaicameote para que lo lea. Léame usted
PORFIRIO HERNANDEZ.
go y no resultaría-como resulta may a y basta eotonces me juzga. Lo que me im•
México, 1914.
menudo-qae los menosinsigniúeantn son porta es que me lea. Se to suplico.&gt;

,1.

�El automóvil y el arado romano
Unos seil.ores-o seiiorito1,oo los, bien,
aunque el seflorito no •s sioo la crfa c'lel
señorón,----qae viajaban en automóvil, yo
creo que para no enterarse de las tierras
ambientes en aquel brutal eognllimiento
de legau; anos señorones de esos que no
huyendo de todas partes e insultando con
el polvo de las carreteras a los pobres camioaotes pedestres, tuvieron que detener·
se a la vera de unos barbechos por no s~
qué contratiempo que Je ocurrió a la má•
quina del artefacto. (Esto tiene sa nombre
tícnico, los~; pero no sé bien cuiil es ni
me importa). Y como no tenían otra cosa
que hacer, se pusieron a mirar al campo,
y ano, que sabía. aJ¡o má.1 que los otros,
descubrió que na labriego que por all(
cerca labraba unas tierras, lo bacfa con
arado romano. c¡Así estamos!, e:r:clam6,
¡pobre F..spañal&gt; Y mientras el chofer
arreglaba el desperfecto, discorrieron vagamente sus amos sobre el atraso d1 nues•
tra agricultura y el •spírito rutinario de
nuestros labradores, acabando por conn•
oir en que Jo que aqo( hace falta es polí•
tica hidriolica, obras pública ■ e instrucción técnica, mocha instrucción técnica.
Lo qn• no se le ocurrió pensar a oingu·
no de aquellos señorones o señoritos, es si
no hay una cierta sutil contraposición en•
tre el automóvil y el a.rada también automóvil, o por lo rneuos el de vertedera o
disco. Claro está que no es esto condenar
el artefacto que sirvo para que maten su
aburrimiento algunos privilegiadoa. ¡Dios
me libre de ello! Es más ulo; sé muy bien
que los adelantos tlcnicos a que da lugar
el automovilismo redundan en beneficio
también de la maquinaria agrícola. Lo que
quiero decir es otra cosa. Lo que quiero
decir es que a aquellos señoritos o señorones, no se les acorrió pensar si para que
nuestra agricoltura prospere y nuestros
labradores, que a6.n tienen que U!ar el ara·
do romano, llejen de usarlo,no será preci1
so que aqoeltos grandes terratenientes, m:t.s
o menos latifundiarios, qae gastan tres an,
tomó•iles, se contenten con dos o acaso
con uno. Y tampoco se les ocurrió pensar
que de poco sine que se bagan pantano!
y canales qoe rieguen tierras antes oo reiadas, y ei aunque se coo1iguiera que llo•
viese m:t.s, si oo había de Jloyer para todos
y sí solo para los amos. Porque si se lleca
a aumentar el riego de noestras tierras, se
corre el riesgo de que con eilo suban aún
m:t.s tu rentas que rinden a sus propieta•
rios .a unos propietariosquenodittinl'uen
el trigo de la cebada ni les imoorta di1tin·
guirlos-; pero no por eso mejore gran co•
sa su cultivo. Y el labrador, que ube que
el aumento de valor que pueda reportar a.
las tierras que labra. con mejor o mayor
riego, merced a un pantano o a un canal,
se lo llevart la renta, maldito si se preocn•
pa gran cosa de comprar un a.rada de ó.lti,
mo modelo. Había de comprarlo,en rigor,
con el dinero que se va ea el automóvil
supernumerario o excesivo.
No se lea ocurrió pensar a. los del tuto·
móvil si el problema no es más de economía que de técnica ~gdcola, o ano. si sien•
do, como en realidad es, de las dos cosas,
no deoende mú bien ésta, la técnica, de
aqul!:lla, de la economía distributín, que
no a la inversa.

Estoy ha.rto de ver coleccionadore1 de
propiedades agrarias que cuando han acnmolado un nuevo capital coa eJ sobrante
iile Ja5, rentas qae perciben, lejos de emplearlo eo me1orar aqaellu propiedades o
~n sumioistrar a los que las labran, con sa
10teré,, !claro estf!, medios para que las
labren mejor, lo dedican a comprar una
propiedad nueva. Lo cual les tiene su
cuenta. Una cuenta antisecial, y a. la la.rga,
creo que nociva hasta para aus propio, io•
tereses: pero es que nuestros rranOes pro•
pietarios terratenientes no se cuidan gran
cosa del bien general ni tienen para el sa•
yo propio la vista de la~o alcance. Todo
lo sopeditao • que ao mermen 10s rentas.
Hubo una gran casa española, una de
las más opulentas de nuestra rr•adezailgrandezal!-, que se arruinó, arrui ■ aodo
en su ruina a muchos pobres, pequeñas fa•
milias de modestfsimos hijos de su trab,jo
que acudieron a da1cribir Ju cobligaciones&gt; de aquella casa ejemplar. Y del jefe
de aquella ca.sa, del ostentosa doque, que
tal recuerdo dejó a su patria, 1e cuenta
que llamó una nz a un hábil administra•
dor para qu• pnsiese en orden su descirdenada hacienda, y al ver qae el honrado
tl!:coico admioistrati•o le propon(&amp; cerce•
nar 101 gasto• y reprimir dispendios, le
desp&amp;Cb6. Y mis de ana vez he o(do a al•
cún gran propietario o industrial, cuando
por cualqniu moti•o ha Yisto mermados
sus ingreses, decir: c¡Habri que ver de
qué otro modo se saca eso!&gt; Por lo que oo
pasan es porque no•• saque, porque le dé
el tres o el dos por ciento lo qae le daba
el cuatro o el ciocc,, y porque se teogan
qoe reducir a una vida mts modesta. Ni
esto, en lo humano, puede pedfneles que
lo bagan d• propio impulso. En cambio,
debe el Estado obligarles a ello.

que teacan ono, a un modesto cochecito.
Porque aunque en otra forma que sucedió
con la casa ducal a que aludía, boy se
arraiaaa familias modestas para maateoer
la ■ cobli1aciooe1&gt; ie ciertas casas.
Y no puede decirse que el capital de 1s1
tu cuas, como aocedo con el de ciertos
grandes industriales y n11ociutes, se em·
plee en el fomento de la riqueza pública,
lo caal ju1ti6carfa en algún modo el tsdndalo d• la renta.
No, no H emplea oi siquiera en la mejora de la agricultura milma de que esu
reatas •e sacan.
La principal ocupación de los crandes
de España y su cong6neres, parece ser el
csport&gt; en sos nriasformas. Hasta que un
día se le ocurra ponerse a jugar al pueblo,
que encuentre cada nz: m1001 asequible
y cada vez: mú negro y m:t.1 duro •I pan
de la emigración, y el dta que el pu•blo
de los campos, que tiene que atenerse al
arado romano para que baya 0001 cuaotcs
automó•iles mú, H le harte de atealer a
coblicaciones:t ajena ■ y empiece a jugar
de .eras. no va a sercbico el deporte. ¡Ese
sí será polo o 1olfo, o lo que faerel Acaso
una cacería!

Conozco quien sostiene- que la función
del tributo público es ta oto o más que sub•
venir a. tos gastos p6blicos del Estado, pro,
vocar una más joata redistribución de Ja
riqueza, templando uf las injusticias de la.
suerte y del estado económico-1ocial bajo
el que viYimos, y que, por 1o tanto, lejos
de estudiar primero a qué necesidades y
conveoieociu p~blicas hay que atender
oara, seiún eJlu, fijar los impuestos, se de·
be escudriñar qué riquezas desigualmente
repartida.a hay imponibles, grabarlas y 'fer
lueco en qui!: 60 útil puede emplearse lo
que sf!I perciba. Y no me parece la con
tan disparatada ni morbo menos. Cierto e1
que, conforme pasan los años, voy haciéndome un estadista (llda vez mú decidido.

Jefe de Redacción,

El Ruiseñor Gantaba....

La vida esti cantando duera,
La vida dice: cveo acb.
En el jard{a hay un olor de primavera,
Himnos de zumbo, en el viejo colmenar&gt;.

De lo que estoy profundamente connncido es de que el problema agrario de E1paña se tiene que arreciar más desde el
ministerio de Hacienda que no desde el de
Fomento. Y no qoiero decir con esto qoe
sea suministrando aqnél a éste más rrcnr•
sos que hoy le sumioistra,auaqoe esto pne• .
da ser necesario, no. Es qne hay que fiar
en la acción del impuesto como tal impuesto.
Acaso los malees de onestro campo no
empezarán a ponerse en camino d• remedio hasta qae los sefl.oroae1 emigrado1e1osto es, causantes de la 1mirra.ci6n de los
pobres-que tengan más de tres ai::ttomó'f'i•
les, se vean reducidos a dos o a uno, y los

El ruiseñor cantaba. La noche era divina,
Toda cendal de nieve, toda cristal azul;
Y en •1 jardín de plata. la hospedadora encina
Alzaba ante la sombra so c6pula de lu1.

Y yo le digo: cdel paisaje
Conoz:éo el alma colosal
Y sé fondirme en las plegarias del boscaje
Y en los milagros de la. luz: crepuscular&gt;.

El ruise!ior cantaba. Y en na ambiente extá.tico
Dormfaa. 111 praderas. Cantaba el ruiseñor;
Y el viento flébil. alitendido y aromático,
Soplaba el adorable cantar, de flor ea flor.

De algúa oculto manaotial;

Y abrió su aeno el dta .... y el ruiseñor cantaba
Soñando en el ooctar■ o misterio de cristal.

Vino la 1ie1ta dlida; la tarde pensatin
Vino; la necbe necra, sus lumbres ap•gó,
Y el ruiseñor cantaba, como si la votiYa
Ltmpara de la luna colgue de na crespón.
Estío, otoño, 1nvierno, primavera .... Y el canto
Surgía de las verdea entrañas de jard(n,
Alegre o melancóíico-ora risa ora llantoInacabable y dnico, magnífico y sia. fin.

•

El ruiseñor se había vuelto loco; se había
Embriagado de luna, de suefi.o y de pasión,
Y cantaba, canta.b1 ....
(Como la poesía
Que llevo en el obscaro jardla del corazón).

ARTE Y LETRAS,.
o o o

Se publica todos los viernes por I•

Cia. rerlodisllca Mexicana, s. A.

La GanGión de la vida

PORFIRIO HERNANDEZ.
Administrador,
ALBERTO GONZALEZ.

A Lui, G. Urbiaa,

OFICINAS:
3• Rinconada de San Diego 41.
T■ l•fonoe:

Me:r:. 20-85Neri.-Eric. 1,4-51
Aparta.do postal ,.5 bis.
MEXICO, D. F.

PRECIOS
Ejemplares soellos ........ , . . . 20 es
Subscripción, trimestre ........ 2.50
Extranjero, trimestre........... 5.00
coa excepeido de Estados Unidos y Ca•
ba, en donde regir4 el mismo precio
que para la República,
Toda correspondecia y vaJores debe
remitirse directamente a ta Compdfa
Periodística Mexicana, S A.

NO GIRAMOS
TODO PEDIDO DEBERA VltNIR
CON SU IMPORTE.

No •• ,evuelven orlglnal••·

En la garganta de algón ave he sido nota
Y basta perfume en los eflu•ios del rrsal&gt;,
«Mas en mis reiuos subjetivos
Do sólo yo si!: penetrar,
Se agita un alma. coo 101 goces exclusivos,
Su impulso propio y :tu dolor particulaT.&gt;

E. GONZALEZ MARTINEZ

o o o

Pobres los suiGidas ...

LUIS G. URBINA .

INDICADOR
II

cYa me he sentido ser la gota

Y repintó las cnmbres la aorora ardiente J flua
Y levantó la alondra su trino matinal,

MIGUEL DE UNAMUNO.

----------------

Hombres y cosas .... El espíritu del mundo
Alza en las sombras de la muerte su fanal&gt;.

La vida está cantandoafoera,
La •ida dice: cnn ac4&gt; .
En el jardín hay on olor de primavera,
Himnos de nmbos en •1 viejo colmeoar.
La vida. dice: ceo el boscaje
P.t1.lpita el rima universal&gt;
Ven a fa.ndirte •n lu plegarias del paisaje
Y en el policromo esplendor crepuscular&gt;.
Huye el enjambre 401 semeja
Nube que flota, viene y va.
La vida dice: coo tia y un alma en ca.da abeja,
Mas tiene un alma el 1oaoro colmenar.
Llevando a cuestas su fatiga,
La hormiga cruza 11 arenal.
La •ida dice: cao hay un alma eo cada hormi!•:
El hormiguero tiene ao alma espiritual&gt;.
La vida. dice : ceo el protuado
Abismo, todo rodart,

En las horas negras de melancolía,
Da luchas intensas y tedio sombrío,
A la mente viene pr•cesión de espectros
Lívidos, exangües, tristes y fatfdicos ....
Vienen a contarnos sus horas horribles
De ;,.ogostia y martirio:
Sus luch11 a solas, su dolor sin aombre ....
Vienen a mostrarnos el ignoto abismo,
Que no mide Dadie,
Donde a tanto! séres conduce el de.tino.
Vienen imploraodo compasión tardía
A sus victimarios, a sus jueces vivos.
Y entonces el alma qui sufre, comprende
Lo grande y lo horrendo, lo atroz y lo íntimo
Del info rtunio
De esos infelices que van al soicidit';
De esos que apurao del dolor el colmo;
Qae faltos de apoyo.de hermanos y amires,
Vieron por doquiera
Cerrado el camino;
Que de la ininfinita cratitud bomana
Bebieron el cAli• amargo y maldito;
Que de sos virtudes, combates y esfuerzos,
Tuvieron en paco calumnia y olvido ....
Y entonces el alma qoe aafre, se llena de lástima
Y reclama coa hondo, doliente suspiro:
JPobres los soicida.s a quienes el mondo
Laod en el abismo,
E implacable laeeo, aun del camposanto
Loa rechaza altivo!
iPobres los suicidas porque se olvidaron
Del único amigo
De los desvalidos y d• los que sufren:
Del qne, c0mpasivo,
Coa. 10 cruz a cuestas, de eterno descanso
Les marca el camino!
1Pobres 101 suicidaa porq ■e te ol•idaron
JOh, Rey de dolores! ¡oh, M:t.rtirl loh, Cristo!

ADOLFO LEON GOMEZ.

�PROSA SELECTA
Rosas del cementerio
Tenemos
su
Receta
Si nosotros hemos hecho para Ud.
algonoa lentes o aoteojos, bien sea con
receta de algán eapecialilta • receta·
dos por nuestro oculista, guardamos
siempre en nuestros archiv:11 una copia
de la receta, la cual nos indica la gra•·
duacióo de los cristales, as! como
también la clase de armazón, tamaño,
ajaste, etc.
Cemprender, Ud. luego las veotaju
y la coaveoiencia de este ,istema. Y
001 permitimos ailadir aquf que 110 co•
bramemos por el examen de los ojos
qoe hace nuestro oculista, y que guan•
tizamos plenamente nuestras recetas en
cuinto a la mú abeolata co:rtccfóa
que se puede conseguir por medio de
los instrumentos y la ciencia modernos.

La Casa Calpini
Esq, Ave. Sao Francisco y tercera
Motolinfa, México, D. F,
(No tenemos sucursal ni agente viajero).

•

EL JUGADOR

El pueblo alemáo, que tiene un buen
Era la media noche caaudo abandonó
o6mero de palabras y frases bellu para la mea de juego. Instintivamente tomó el
las cosas tristes de esta vida, ha sabido po• camino de su casa. Su cabeza ardla.
uer su perfume y su gracia a aaa rrao me, Aplastaba su cerebro ao puo eoo1 me.
lancolfa, dando el nombre de rosas de ce•
Y peusó •. , ...
meoterio a eaas pobres rosas que brotan
PeDBó ea su familia: ea su muj,rcita
ea el bli,.oco mate y débil de las mejillas que a esa hora, debla esperarlo temblao•
de los tlsicos.
do de frío y de zozobra, al lado de la cu,
AJ empezar estos dlas de llavia y de oa de su hijo durmiendo.
fdo suave y fino, llenos ya los árboles de
¿Qoé le dirfa?
la tristeza de sus bojas amarillas, esa frue
El cielo cubierto de estrellas resplaode•
blanca y rosa brota de mis labios y se cfa indiferente sobre su frente pálida.
pierde, despds de llorar ngamente en la
D" vez en cuando un trasoochi.dor coa
peoumbra del alma • .•... Vao volviendo el cuello del gabán subido hasta las ore•
det campo y del mar los que faeroo por jas, marchando de prisa, pasaba por su la•
amapolas y por algas para su sangre. y do miráodol:&gt; coa descooáaoza.
,
viene sin más salud que la nostalgia del
Y el miserable •olvla la cara con miedo
campo y del mar, débiles, sio sol, sio pri• de ser conocido, de que leyeran en 111 roa,
mavera, sólo con unas pabres rosas de ce• tro la infamia cometidL
mentt1rio en lu mejillas.
Llegó.
Y son hombres, y son mujerff-majeres
Con mauo coovalla metió la mano eo la
de iovieroo,-y son niños rubios, blancos, cerradura y tembló al escachar el ruido
muy blancos, cui de cera, casi de muerte, de 101 goznes que gemfao.
ambarinos, transparentes, con sangre sin
La voz del remordimiento gritó en ese
color, con ojos inmensos cargados de a■a instante en sa conciencia.
tristeza que rfe a la fuerza y de unas lal•
Sintió no pañal qae le destrozaba las
grima~ que no q:iieren brotar y están siem· entrañaa.
pre ea las pestañu. Asf estos oiilos lloran
- l Eres td?
por enalqaier cosa.
Y dos braaos le estrecharon, y anos la•
Tengo un recuerdo en mi alma, un re, bios le besaron en los labios.
cuerdo amargo y melaac61ico; pero con -JMiral es aoa cosa horrible.
voces y risu y rosas en su bruma aombrla.
Estaba pensando en que lo habías per•
Era uu tarde tibia y llena por todas par• dido todo, en que no tenfamos ya donde
tes de color de rosa; el mar dormfa cerca, colocar la cana de nuestro hijo.
soilado, y loa pinos de la costa se doraban
-JQa6 toaterfal ¿verdad? Y ella le de·
al rethjo ustorio del sol.
cfa todo aquello con los ojos clavados ea
Entre los pinos \iabla carreras y gritos, sus ojos; aprehfodole las manos, dicho■a
y vestidos blancos: y al foado de una casa de tenerlo a su lado.
grand, mostraba esta palabra ea lo alto: -Y ¿si fuera cierto?
cS1natorium.&gt; Y eran los niños dslcoe, tos Le dijo ea toao fria, seco, con el tono
pobres· oillos que se iban a morir; loa que del que conociendo lll falta, pretende e,i,
abrfao los ojos sólo para cerrarlos en las tar su castigo, haciendo sentir la 111perio•
cobijita1 blancas, sólo para que lloraran ridad de sus esfuerzos materiales.
los viejos carpinteros al 160 del martillo; Quedóse la mojercita con los ojos muy
para los que se hicieron los jazmines y Ju abiertos, casi espantada:
gairnaldu de oro y las cintu celestes.. ..
¿Por qué misterioso presentimiento de•
Pero relan al sol, en el campo, cerca de cfa la verdad su corazón?
los piaos y del mar.
Luego, con aoa mano apoyada en la cu•
Aquellos oilios se morfao, pero se mo• na del ni!io:
rlan ·iendo, junto a las msdrecitas de toca -e Qué importarla?-dijo.
blanca que vienen del cielo. Iban vestidos
Un&amp;. madre siempre eDcuentra con qué
de blanco, y gritaban y corrfan. Luego darle de comer a su hijo:
cuando eatré en la casa de l01 niños tlai• Y habla tal majestad en su actitod, tan
cos, sonrel con verdadera dulzura. Las fiera altivez en su mirada, que el miseraparedes eran blancas también, y la1 cami- ble, careado de rodillas:
tas hechas estaban llenas de jugoetu; y -JPerdónl, gritó deshecho e11 lágrimas.
las oiiias habían dejado acostadas sos mu- Desde ese dia Tomals fué el mejor de los
ñecas, aquellas moliecas que vivirían más esposo, y más honrado de los hombres.
que ellat.
Vencido por la virtud de una madre, de
Aqal, por estas ciudades sucias, llenas la madre de su hijo, no qoiso ser menos
de hombres enfermos. los niños tfsicos pi• qae ella; y obrero infatigable del trabajo,
deo Jim,snas coa sus manos casi invisibles, rehizo, no sin creces, la fortuna que habla
y van caotando o llorando al s6n de cual• perdido.
quier cosa. Y los pobrecitos se mueren ea
LEON TOLSTOI.
la sombra, sin pao, sin juguetes y sin be•
,•
sos. Y esto es cruel, a lo menos; ya que se
han de morir, ¡ por qué no buscarles una
soori11 para caando su boqnita está muer•
ta? Tanta casa de Dios por esas calles, y
niogaoa para los niños tlsicos: esos pobres
niños a quienes su madre sólo ha podido
comprar en la feria de la vida uoas rosa,

Registrado como artículo de

2~

cla•e, el

26

dP Febrero de

19 1 4.

Segunda Epoca. Viernes 30de Octubre de 1914. Tomo l. Núm. 37.

41¡;

de cemeoterio.
JUAN R. RAMIREZ.

El ~118\'.~ cgorjo de notari?s del Dist~ito Federal.-EJ domii:go pasado tuvo lugar ea el salón de la calle de Motolioía
1a e e_cci n e ~uevo cooseJo ~e notano~que deben faociooar eo el Distrito Federal.-Nnestras foto rafias re rest ot20'
en pnmer término. a los ootarios que salieron electos para integrar el consejo. Abajo, los notarios que ~sistieronpa la ¡nota'.

�Los

El viaje del Sr. Carranza a Toluca
Acompai'iado de
su Estado Mo1.yor y
de algunos amigas
personales, hizo una
visita a la ciudad dJ
Toluca, el domiogo
pasado, el Sr. Don
Veoustiano Carran•
za, Primer Jefe de
la Revolución y en
cargado del Poder
Ejecutivo de la Re •
pública. La comiti·
va presidencial par
tió de esta ciudad, el
25 de l:iscorrieott&gt;s,
a las ocho y media
de la mañ1oa, ha·
bieodo estado a des·
pedirlos en la esta•
cióo de Colonia los
Sres. Grales Igoa•
cio L. Pesqueira,
Oficial Mayor encargado de la S!cretaría de Guerra,
y Pablo Goozález,
Jefe de la División
delNoreste;Iog Fé•
lix F. Palavicioi,
encargado de la Se•
cretuía de Iustroc·
cióo Pública y Be•
llas Artes, Sr. Al•
fredo Breceda y
numerosos jefes del
Ejército. Durante
todo el trayecto a la
capital del Estado
de México, el señor
Curaoza fué objeto
de entusiastas ma,
nifestaciooes desim
p:tt{a por parte del
pueblo y del elemen,
to oficial. El tren es
pecial llrgó a Tolu·
ca a la una y diez

delegados ante Zapata

de la tarde del mis·
mo día. El goberna·
dor, 1eñor e:eoeral
Morg:ifa, el Secretario de Gobierno, el
Oficial Mayor, el di,
rector de Iostroccióo Pública, presi•
de o te municipal,
coos1 jaluy profe10•
rPs, salieron a reci·
birlo, a más de in•
fioidad de personas
que aclamaron a la
Hevolución en la
persona de so j , fe.
Este, def poés de re,
correr todos los de·
p;trtamer trs dtl Pa,
lacio de Gobierno,
fué invitado a un
suntuoso baoqorte
en el hotel c5an'Car,
los&gt;, donde habló el
Sr. Arnolfo Goozá,
h•z, Secrt&gt;lario de
Gobierno del Estado, ofreciendo la
comida a nombre del
C. Gobernador. Por
la noche bobo una
k,rmesse eo los por•
tale!, en honor del
ilustre huésped y a
beorficio de los me•
ot&gt;sterosos Más tar•
de se verificó ooa
grao manifestación
en que tcmaroo par·
te el cuerpo de bom•
beros, los empleados
de la Cervecerfa,
alumnos de la Escoe
la Correcciooa I y
grao parte del ptlbli·
co. sil'odo vitoreado
el Primer Jefe.

El Sr. D. V dau,tiaoo Carranza, Prim er J.:fe del Ej!rcito Constitnciooalista, rodeado de su Estado Mayor y de all(uoos amiitns,
asa llegi.da a la ciudad de Toluca -Visitando una escuela primaria.-Sres. Iog. Félix F . Palavicioi y Alfredo Breceda, Ofi·
cial Mayor encargado del Ministerio de Iostruccióa Pública y Secretario Particular del señor Carranza, respectivamente.
El Primer Jefe y la comitiva en la estación de «Dos Ríos&gt;.-Fots. Mendoza.

En esta interesante fo~ografia se ve al_ Gral. Zatiata acompai'lado de los Gralt~. Aogtles, Boe!¡¡a y Contruas que,
ddegados de la Cooveoc1óo de AguascahtottS, fueron al Sur a illvitar al Ejército Libertador a concurrir a la citada
lConveoción.-F ot H. J. Gutiérrez, propiedad asegurada,

--

�Fiesta deportiva en la Escuela de Agricultura

Nuevos uniformes de la Guardia Presidencial
Tambiéo veocie•
roo los j6veoes
G. Casas, J. Ho•
yo, Alejaod ro
Aotooa y Emilio
Rascón, e o e 1
box, carrera de
relevos, parale·
las y carreras de
ciotas, respecti·
vameote.
Al 6oal,se or•
gaoiz6 ao baile
l'Dtre los asisteo•
tes de ambos
si xos, qae resal•
16 bastante aoi·
mado y cootriboy6 eo grao
parte a dar real
ce a tao simp.f•
.i~a fiesta.

cho cuerpo de los demás
El lunes, 28 lle los corrientes, se verificó por las
principales calles de la

que compooeo· el Ejército
Revoluciooai io. Toda la
'
tropa y oficialidad
•es de

metrópoli el desfile del
caerpo militar denomioa-

caballería, estaodo forma·
da por lo más florido del
elemento constitucicoalis•
ta que acompañó al SE ñor
Carraoza a través de la
República, durante la lar,

do cGuaraias del Primer
Jefe del Ejército Consti•
tucionalista&gt;, con oca!i6o
Uoa hermosa fiesta deportiva se celebró el domiogo pasado
por la tarde, eo la Escuela de Agricaltora eo hooor del st ñor
Juan de Dios Boj6rquez, subdirector del establecimieoto. Hu•
bo concursos de basse-ball, box, carreras a pie, ejercicios de
fuerza, carreras de ciotas y otros deportes, eo los cuales la·
cieron con éxito sos habilidades los j6veoes!alomoos. Todos
los n6.meros señalados eo el pro¡trama fueron desar~ollados a
gasto del p6.blico, sobresaliendo en la partida:de basse-ball
los señores Flores, Mootes, Sanabria y Cosme Leal, del club
&lt;Agricultura&gt; que luchó contra el &lt;Williams&gt; con una ventaja
eo la aootaci6n de 1 a o.

de haber sido estrenados
ese día los nuevos uoifor,
mes que aprobó el Sr. Don
Veoustiaoo Carranra. Es•

Grupo de coocurrentesa la fiesta.-Alumoos que tomaron
parte en las carreras de a pie. -Las tribunas durante el
concorso.-Una partida de blSse-ball.
Fot. Garduño.

•

ga campaña empreodida_
por su Jefe contra el go,
bieroo del general Huer-

tos uniformes llevan divi•
sas azdl y blanco, y est.fn

ta. El púb!ico'que presen·
ció el desfile desde la ca•

hechos de una tela gris
que da on sugestivo con•
traste al vestido y ¡:ermile

lle y balcones de las casas,
aplaudió a los bizarros mi·

piitioguir ftcil111ente a di,

La &lt;Guardia del Primer Jefe del Ejército Coostituciooalista&gt;
desfilaodo al costado norte del Palacio Nacional.-EI cuerpo
de baoda,-La oficialidad de la5 Guardias, duraote el desfile,

Fot,. Gardul!o,

litares y vitoreó al Ejérci•
to Coustitucionalista,

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En nuestro núrnao
anterior, dimos la
nota referente al
viaje que hizo a
Cuarnanca lacomi
sión nombrada por la Con•
vención de Aguascalientes
a que mandara su repre·
1en1ación a la junta de ge•
nerales, que est:!. efdctu:!.n•
dese en aquella ciudad.
H'&gt;y pablicamos varias fo·
tografias tomadas por
nae~tro eoviado especial,
en I..s caales se puede
juzgar la armoofa y buenas
intenciones qae exi~teu
entre el Jefe de la Divi,
sión del Sor, Emiliaao
Z ,pata, y la Convención.
El ~eneral Aogeles y de•
m:!., comisionados, faercn
atendidos muy amable·
mente por los jefes saria•
nos y el general Zapata,
di,poniendo
inmediatamente enviar a la Conven•
ción a 26 representantes
con v.&gt;z y voto para que
acordtran el mejor medio
de resolver las dificult'\•
des que han surgido entre
los principales elemeotos
revolucionarios.
La comisión, presidida
por el general Angeles.re•
gresó-a esta capital el tier•
nea tlltimo, siguiendo de
paso para Aguascalien-

tes.

La comi,ión, presidida por el general Aogeles, en Hui1zilac Al centro, el general zapatista
Francisco V. Pacbeco.-Los generales F1gueroa y Cosío Rebelo, que recibieron a la comisión
a su rtgreso a esta capital-Los hermanos Magaña, envfados por Zapata a b, Convención de
Agoascalientes, con el capit:!.n 19 José Luis Canessi, al llegar a México.
Fots. H . J. Guti6rrez y Gardaiio.

�UNA VISITA AL DETECTIVE OMAR
El nombre del famoso detective OMAR ha sonado tanto en es:os últimos tiempos y de manera tao eocomiá~tica para sos éxitos
policiacos que &lt;Arte y Letras&gt; se ha visto en el caso óe h:Lcerle
aoa visita, enviándole al efecto a ano de sos redactare~ y al fo,
lril!rafo de la casa.
Y cuéotanos nue~tro compañero de labores que no faé poca la
resistencia que haba de vencer para soltar la lengua a cOmar&gt; y
~ue éste hablara de sus trabajo~. de sus htigas y de sus triunfes
¡abl y de sus fracasos también, porque no tiene empacho en declarar que algunas veces, poquísimas en verdad, algún pillo se
le h1 ido de las manos.
La institución polici 11 establecida por &lt;0 nar,&gt; contrariamente a Jo que pudiera creerse, no está
oasada en la especulación financiera, ni, por consiguiente, en el engaño, E'S más bien obra y
resultado de las grandísimas aficiones que desde joven sintiera cOma1&gt; por la iuvesti¡¡ación científica para el descubri,
niento de criminales, inspirada quizá en la lectura de obras de EmilioGilboriau, Lecocq, Goróo y Cooan Doyle ..... .
- l Cuál es el éxito más importante,-le pregootam.is-que ha tenido usted dltimamente?
-Para mf, ninguno es más ni menos importante, mis éxitc~, mirados dHde un punto de vista meramente personal, tie·
1en una importancia que se oculta ll(eneralmente al público; yo gozo tanto encontrando una agoj\ perdida, como un mi ·
Ión de pesos y quizá más con lo primero si me cfrece mayo, es dificultaiies y mayor lucha con el medio.
&lt;Usted no sabe, nos dijo, la alegría que experimenta un detective al detcubrir lo que ·se busca, por pequt ño que sea.
?ero quiero referirle lo que podrfallamarse un buen éxito para el cliente:
&lt;Hice algunos meses, se extraviaron unos niños perteneciente, a una conocida familia de esta capital. La madre estaba
3eresperada y habiendo agotado todos los medios para encontrarlos: denuncias a la autoridad, recomendaciones, grati5&lt;aciones, etc., ae llegó n mr toda llorosa y me rogó que hiciera lo posible por ballar a sas niños. Con los escasos datos

Un ángulo del salón di lnspectores.-E! detect:ve
"Ornar" en su despachJ central de teléfonos.-Tren
de automóviles, carruaie' · t' '·'etas para el servldo,-Los hermanos "G
raje de mecánicos.
-"Ornar" jr. camlnand~ ,. ,•• • ,aqulnlsta en un ferrocarrll.- " Omar" maJ'.ltJando su auto favorlto.-EI
detective en traje de calle,-0n ,ngulo del vestuario,

que la señora me dió y los que p ud-, recojer en su casa, me
dirigí en busca de ellos, y después de algunas peregrinaciones por diferentes puntos de la República, logrésaber que es·
taban secuestrados en una fábrica, entre los Estados de Hi·
dalgo y Veracruz. Sería largo contar a usted todos los peli •
gros en que me vi envuelto antes de recaperarlos, pues se nos
tomó como espfas a mí y al mozo que me acompañ:iba, al grado de que éste, después de captur.,do por los rebeldes, fué
mutilado bárbaramente casi a mi vista; yo me encontraba su,
mergido en las aguas de una zanja cercana a la fábrica y en
tal sitio permanecí diez y seis horas ... . . .
Otro caso reciente y que todo el mundo conoce, es el des•
cubri:niento del sitio en que se encontraban los restos del di•
potado don Serapio Rendón. La preasa ha pxagerado sus elo•
gios para mi labor; pero debo confesar a usted que estoy sat
tisfecho; ere! fracasar en este asunto por la vaguedad de los datos en que basé mis investigaciones y, sin embargo, Ob·
tuve un éxito lisonjern; ustedes mismos publicaron fotografías de este asunto.&gt;
El robo de alhajas a la señora de Aldasoro, el secuestro y robo de la señora Díaz y otros muchos interesantes ephº"
dios de su atrayente labor de detective, nos refirió el señor &lt;Omar;&gt; pero nos reservamos par::. otra ocasión relatar a
nuestros lectores algo más sobre el asnoto Por ahora nos concretamos a exponer que cada: asunto de que &lt;O:nar&gt; se hac1;1
cargo tiene un expediente de datos y observaciones y que cada expediente es revisado a diario por cOmar,&gt; quien dirige
lbs trabajos de todos los inspectores que le ayudan.
El mejor de sus colaboradores es su hermano, a quien llaman cariñosamente Ornar Jr., esjoven, valiente, intuitivo y,
como cO.nar,&gt; afable y locuaz; nadie reconocerla en ellos, disfrazados de mecánicos, a los cultos caballeros que asisten a
nuestros buenos salones y frecuentan los mejores centros sociales.
Los empleados de cOmar&gt; son, más que empleados, amigos, tienen, como su jefe,grandes aficiones por la polic{a, dedl •
canse con él, a la gimnasia y al estadio y en brevuerán poseedores de casas habitaciones, puescOmar&gt; les ha obsequia•
do terrenos y les compra materiales aon las gratificaciones que en sus triunfos él mismo les asigna.

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s.!.bado pasado, con cHamlet.&gt; La obra mooumental del insigne Shakes·
peare fué Henda a la escena con decoro arlístico, en cuanto a su repre,
seotacióo se refiere, y con plausible acierto por parte de D. Miguel que
logró lucirse en la i ,terpretación del complejo pers.ioaje. La obra fué es·
treno para el citaao artbta A pesar de llevar 24 años de far.!.odula y de
haber hecho algaoos miles de comedias de todos los tiempos y de todas las
tendencias, no se ha~ía decidido con el enigmático cHamlet,&gt; pensando,
con razón, que se ndcesita talento escénico, estudio y experiencia para acometer tal empresa. Condiciones éstas que no le faltan a D. Miguel. Y salió
airoso. En el segundo y tercer acto. sobre todo, so actitud, sa ademán, so
eotooacióo, ya pansa Ja, cortante, indecisa; ora atropellada, Yiolenta, sar•
cástica, venenosa ... . diónos la sensación del atormentado prfocipe, eocar•
oacióo de la Duda.
.
Palacios, de rey, bien caracterizado y acertado en la expresión y eo la
diccióo; Taboada, Je Laertes, nos agradó por sa brfo, clara entonación y
aplomo; Catalá, qu~ hacia el padre de Ofelia, acertado; mal, moy mal·Herr,ero cuando recita-ooa carretilla-; mejor que él, bastante mejor, la
Uthoff, que siquiera dice claro y no se atropella; tan
mal como Herrero en los verso1, la Otazo, de reina,
vJlgar y afectada, con ademanes y expresiones que
olfan a postizo, a Jo que es falso y está mal aprendido
y comprendido. Ademá,, oo hay derecho para quP,
después de tantos años de teatro, se proouocie chase&gt;
cves,&gt; etc. Es lo meaos que se le puede exigir a no có•
n,ico. cOfelia&gt;-Coca Castillo-se nos preseotó eo las
primeras escenas demasiado emociooada, jrgaodo los
ojos asustada, marcando demasiado los movimieotos
diactólicos y sistólicos del pecho, dt !Dasiai:!o . oervic!a,
con los dedos retorcidos cual sarm1eotos, siempre a
ruoto de eotcroecerse, de gimotur. Lat~o, &lt;D la uce·
na en que siembra con
·&lt;.;._
flores las tablas, cOfe•
'lia,&gt; o sea Cuqaita,
prepara su mutis há·
bilmeote, falseaodo el
tipo. En efecto,se mues·
tra quejosa en demasia,

Teatrales

~=====================~
MEXICAL"IO.-cDIONISIA &gt;

Alejandro Domas, hijo, afor(aoado autor de cDicni1ia,&gt;
sabia, indudablemente, ioterHar al público. Y las a1mas
que empleaba eran de buena lid: facilidad y elegancia en
el di.!.logo, y emoción, calor de humanidad scbre todo y
aote todo.
Jugar ceo las pasiooes, ser vencido o triaDfador; y, en
todo caso, bailarse eovoelto en ese manto de Yida con el
que todos oos cubrimos, bien qoe de muy diversos modcs,
coostitoye ooestra historia ac.!. eo la Tierra.
cDionisia,&gt; eo sus inteosas esceoas, nos presenta a cicco
o seis interesantes muñecos de caroe y hueso, que ccgidos

Tdatro Colón.-Moñoz eo el papel de cUamlet.&gt;
-Uaa escena del famoso drama de Shakes·
peare.-Teatro Ideal.-cBohemia &gt; Ultima escena, la muerte de Mimí.
Fots. S 1ra.

eo la i_ed p1sional, muéveose, tropiézanse, célaose y áman•
s~ a g61pes de corazón. EL carácter de cDiooisia&gt; está muy
b1eu presentado; no es menos digoo de alabanza Martaotra bella mujer que también ama y también sufre- · el
caballero Brissot, noble ex-militar, trazado de maoo m~es•
tra,J el conde A~drés de Bunades, juvenil, fogoso, sim•
p.!.tico y noble Tipos todos presentados con talento litera,
rio y movidos coa envidiable acierto teatral.
Prudencia Grifell estuvo seocillameote admirable, so-

hre todo, en las últimas escenas del cuarto acto. Notable,
eo verdad, c~aodo expresa pasiooes emocionada, lo mismo
que caaodo, ugeoua como una zagala de quince; ños, oos
relata un cueoto de amor. Mercedes Navarro, de cMarta,&gt;
nos demostró sos excelentes coodiciooes para encarnar
dimas elegaotes y pasionales. Posee emoción modales dis•
tioga_idos, pronunciación dulce y clara, y sa b~ vestirse con
propiedad.
Coss se encargó de I ex-militar, acer(aodo eo todas las
escenas, poes sopo revestirse de la simpática modalidad
que informa tal papel.
Ricardo. Mutio, de conde_Beroades, oo se quedó atrás;
compreod1ó y representó b1eo su tipo, y los demás artistas
se mar.tuvieroo discretos, contriboyendo decorosamente al

T~itro M~xica.ao.-Coss eo cDionisia,&gt; obra teatral
e.trenada el sábado.-La Grifell, Ricardo Mutio
y Cos3, eo el terc,r acto de cDiooisia.&gt;-Tea•
tro Lírico.-Amparo Romo eo &lt;La Prin•
ces1 de los B alkaoes.&gt;
Fots. Sa.ra y Garduño.

füoojero éxito alcanzado por la ccmedia. El telóo hobo de
ldvaotarse muchas veces.
La obra filé decorada y vestida como Dios manda.
COLON. -cHAMLET.&gt;

El cabJ.llero D Miguel Muiioz se beoeñció la oocbe del

y rápidamente, de golpe, atenta al público, Cuqoita du,
aparece carcajeando con hipo, histérir.ameote, locamente,
Y cOfelia&gt; oo es uoa loca, bieo claro está en el libro: es
aoa &lt;ida,&gt; cayo desvarío oo ofrece incoherencias en sos
divagaciooes. 'i sobre todo, que no hay tales carcajadas en
niognua trad11ccióo, oi encajan en el láogaido tir,o de la
joveo &lt;Ofelia.&gt;
¡Qaé afán, señor, de enmendar la placa a les autores!
Los demás artistas que tomaron parte en la representa•
cióo ...• adelaote. Lo que sí oos satisface hacer constar es
el éxito doble-de taquilla y artístico-alcanzado por el
·señor Muñoz. Bien se Jo merece.
PEPITO.

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ESCENAS

DE

LA

GUERRA

EUROPEA

Máquinas de g uerra p~ rtenpciente~ al Ejárcito Alemán. U a gran proy~ctor eléctrico, tirado por un automóvil, que sirve para descubrir al enemigo de noche.-Uno de los
Cilñones de sitio que pesan cien toneladas, dividido en secciones para poder si,r transportado al lugar de las operaciones.

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Tumbas marcadas con la bandera alemana.-Orando ante la tumba de un 1old1do muerto y enterrado ..n el campo de batalla.

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La Exposición en la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres

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Departamento de flo•
res y ropa blanca.-Cov
ciaa, repostería, do Ices.
Objetos de lojo fabrica,
dos por las alumnas.Sr. Iog. D Juan Mateos,
qoe ha sido nombrado
Subdirector de la Es•
coel,1 Nacional Prepa·
ratoria la semana pasada.- Alumno Ruperto
L . Saldierna, de la Es•
cnela "Leopoldo Río de
El Iones 28 del presente se efec·
la Loza," qne ha obte· tuó una brillante exposición en la
nido el"PrimerPremio Escuela de Artes y Oficios para Mu,
Republicano. "
jeres, situada en la calle de Necati•
tláo. Tomaron p ~rte en ella las
F ots. Garduño.
alumnas de las clases referentes a

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la confección de sombrerof, modas,
flores, modelados, dibujo, Lle , prtseotaodo moy buenos trabajos que
merecieron la aprobación del oumt ·
roso público qne concurrió a pre·
sP.nciarla. La clue de Economía
Domé,tica, sobre todo, se distioguié
por el ddelacto a que han lltgado
1,s jóvenes que allí se educPn, y co·
mo prueba de la pericia de é, tas, los
concurrentei fueron obsequiadc! ccn
oua co'Tlida bocha en la misma eFcoela Representó al encarg•do dt 1
Ministerio de Io~tr ucción Pública,
el Sr. Santi•go R Sierra, jefe de la
Sección de Normales y Especiales
de la Secretaría, el coa I fnlici 16 a
las alumnas y a la sobdirectora, se•
ñorita Loreto T . Mtño1, qne ccn
t ,nto acierto ha prestado 10 coocur•
so para el éxito del es,
tablecimieoto La txpo•
sición estuvo abierta
hasta dos días después,
htbiéndose selecciona•
do los mejores trabajos
pva presentarlos en la

expo~icióo de labores escolares qae se encae1.tra en el Pabellón E•pañol. Esta escnela,qoe fué fundada el año 1871 y refarmada en 1907, h~ dado muy buenos resaltados en años an•
teriores y es de esperarse qoe cada año nosmnestre algo nuevo, un adelanto en la "ciencia de la casa," poes es lo que ne•
cesitan nuestras mujeres mexicanas, tao aptas para el servicio
doméstico cuando se les enseña e ineptas -en la mayoría de les
casos cuando se c,ían al amparo de la familia, sin aprender
siquiera a cuidar a on enfermo. Las alumnas deben tener ona
edad especial, entre los 1 2 y 15 años, generalmente, para ser
aceptadas, pues antes no es conveniente y, después, la mojer
empieza ya a divagarse demasiado para que pueda someterse
a los preceptos de ona escuela como la de "Ar tas y Oficios."
Suponemos que allí también se enseña algo de ciencia, moral
y, sobre todo, arte,qoe es lo que hace falta a nuestros hogans.
Generalmente la educación no es completa y ona niña qoe
sabe mucho de cocina, es incapaz de enseñar las primeras le·
tras a no niño o de atenderlo en so meaoredad. Norotro~, por
nuestra parte, aplaudimos los esfuerzos hechcs en dicho centro educativo y solamente deploramos qne nuestra capital, tao
grande como es, no posea más escuelas similares.

La EleganGla Yel
Tra1e
Jamás la ele~aoc ia
ha ido tao lt¡os co•
mo en la actualidad,
y con tal de que la
crinolina no vuelva
a invadirnos, jamás
el vestido ha sido
tan bien llevado.
Mientras que el
delantero de la fa(.
da diboja la gracio•
sa elipse de la mujer, por detrás el
arte de la costara
se desarrolla en va•
pgrosos ropajes, en
pliegues sumamente
aoi:los, en elegantes recogidos; y en
el bajo, alrededor
de las colas, lqué
graciosa mezcolanza de plegadcs y ri·
zadosl
Saber dar a todo
este conjunto nn
movimiento elegan•
te, coqueto y ma·
jestnoso; dar a 1
cuerpo ooa corree•
ción, una perfec•
ción es c u lt o r a 1,
amoldar la forma,
dejando, sin embar•
go, amplio campo
al 1nci1niento de las
ricas telas, de los
magnificos bor~a•
do• y pasaman~ 1as,
l no es ir !ªº lPjos
como se puede en
el arte de vestirse?
Actualmente hay
en México un cú•
mero in.finito; pero
hay que tratar de
de •cubrir ese artirta que coj, la fiso
oomía toda de vues·
tra persona, qu11
posea en alto grado
el sentimiento de la
armonía de los co,
lQTes, qoe tenga nn
arte correcto e iDé•
' dito, que tenga el
genio de los adornos, qoe los ejecut e
con cuidado, con
on primor perfecto,
y, por último, y sobre todo que com•
pren:i.. el cuer¡:o.
E • cu Hpo, esa e s la gran dificultad.
Mir..d a vuestro alrededor. lNo esmoy
raro ver no cuerpo sin defectos? Al·
guuos modistos, sin emba~go, llegan a
la perfección ; s,ben 001r la pureza

París Modas &lt;:le la guerra&gt; estreo3das últimamente.
del dibujo, la noble sencillez a todrs
los primúres ael adorno; saben dar ceo
los colores que sientan a vuestra eccarnación y la forma exacta qoe ccn·
viene a voestrotipo.

¿Tenéis uo tipo gracioso ? Pues ne•
cesitáis trajes ligeros, vaporoscs l U~
tipo noble? Poes eoto,nces es el vestl·
do de hermosas líneas, sencillas, on•
deantes, sin ofectación.

�Festival en el Kf-ndergarten HD'Amicis"
El jueves, 22 del preseote, se verificaroo
los ejercicios de clau•
sora eo el Kiudergar•
teo cEdmundo D'Amicis&gt; de esta capital,
Coo tal motivo, hubo
una fiesta infantil oriauizada por 11 directora del establecimitu•
to, Luz Magaña, y por
las profesoras que bao
colaborado cou ella dura o te el presente año
escolar. El fe!tival, dado eu el mismo recinto
de la escuela, rescltó
simpático e interesante,
como tiene que ser to, 1

Guerra a las arrugas

rociadla de c,ino blanco&gt; con a7ada de aa dras dalet1, 120 gramos. Fdodue esto al
pal•erindor. Recibid este npor sobre la bailo di Maria.
cara, , practicad estas operaciooes dos ve•
o o o
ces durante tr11 dlas 11g11id01.

Para concluir: aaa receta plebeya, la
mú sencilla y, tal vez, la mejor: lávese el
Timid.ts, d,bnes al principio, las arra· cPomada del li1lo _XIV,.-Endureced rostro con una infnsióo de cúcaras d11
van de1lid.ndn1e aoa a 1101 sobre ti 1els bDIYOI fre,cos: qo1tadle1 loa cas.caro, membrillo en ao poco de asuardiente.
rabillo de ¡01 ojos.
ots, poned en su lagar, y en partes 1guaLa primera no trae coosecaeociu, ea la lea, cmlrr111, cuiicucaode&gt;. _Esta mezcla
segunda apenu param01 ateoci6o; pero n colocad, sobre no plato, delante ~el
Menú de hoy
a la tercera la belleza laoia 110 grito de fuego. Reaaltarll. aoa paata, a la que aoa•
alarma.
'
•
diréis 30 gra~ de buena cgrua de pu~rElte trfo, en efecto, anuncia el cortejo co&gt;. Uatad la piel con ~to por lu ~•na•
infinito de todu aquellas qaeir,a eatable· aa,, y, caaodo esté bien teca, limp1adla
Sopa de cebolla.
clbdose poco a poco sobre la frute, bajo c:oidadosameote.
Areaqaes fritos.
l01 ojo, y el mentón, alrededor de la boca
Chuletas de teraera coa salla picaote.
o o o
Liebre asada.-Papas en salsa.
y del cuello.
•
Bocadillos ea salpicón.
Epoca triste, preitatimieato de la prcx1•
Fruta del tiempo,
midad de na poder enemigo que hiere to cLocióa del 1igloXVIIl -Mézclense 15
la sombra y que contiaaari, huta el fin, gramos de ctiatara de benjuf&gt; 'f 30 gramos
Gelatinas de naranja.
su labor deltractora.
de ccaldo de vaca&gt; 1ia hierbas ni ul. Ea
Todu las mujeres maldicen de las arra• esta m11c:la II e111papanln compreau que
o o o
gu que hieren aquello 11141 precioso para se aplicarll.a durante la noche.
ellu que 11 belleza: la fanohld
La edad no II la re1poeable úoica.
Frecaeatemeate lai eafermedade• dan a
MODERNAS:
la piel del semblante eau odiosas arra111
que, m iterialmeote, son producid•• por la
desaparición del tejido adipoeo ■abc:atll.•
Lociaa11 contra Ju arro¡a1:
Taata importancia •• dió en Grecia a
neo· y por falta de elutlci4ad ea la epil01 perfumes, que ya sabeo osuides cuAI
dermis.
Alcohol, n gram01, y claras de huevo, era el mejor obsequio q11e, los l){,tentados
1..u mueca■, lu carcajadu y lu c61eru, 15 gramos. Apll:¡aese durante la noche. dedicaban a sus 1omeosales: 1oltar lindas
ma, repetidu, producen arrugas. Tampllomas bañadas en exquisitas • esencias
bién lu motiva una •ida aobreaattada, fe
o o o
· para que, vowido a todo volar, por la 11·
canda en •igiliu, a1f como ti 1110 de colo•
la donde se celebraba la fiesta, hubiera
retes, coqueterfa io6til casi siempre Y qae
Alcohol, 12 gramos; beojuf, 2 1ram01; rico olor para todo y para todos; pues 101
marchita pronto el semblante.
.
storax, 2 gramos; b'1aamo de Iadia, s gotas. animalitos veniaa a resaltar ctros tantos
Autlogos estragos e llllln otru v&amp;r111 Colóquense de s a 6 gota, d11 esta mezcla p,rfamadores.
enfermedad11, especialmente la. aaemia. en na nlO de agua. Lano, por la anche,
También el duque de Borgoña, Felipe
Hay pieles mú o meo01 acce■iblea a este al aC01tar011, y fricciooaoa al dfa siguiente el cBueno&gt; tuvo un dla la ocurrencia de
peligro.
colocar en la mesa, coa ocasi6o, asimismo,
con
fresca.
de futa010 banquete, la primorosa estatua
de un niño que prodigaba la exquisita
esencia de rosas.
Famosos perfumistas faeroo to Roma y
Hervid a11ua de cebada, aliadid •'11'ªªª'
1otu de btlnmo de la Meca y 1.1itadlo Grecia, los Nicero Cosmos, Folia (Qna
mocho para qae II mezcle bito el agoa. maje"r,) y otros. Eran oi mú oi meno,, lo
Aut11 de lavara, coa 11te preparado, sal· que son ahora Guerlaio, Labio, la señora.
picaos cuidadosam ,ate con a1aa llovediza. Chaohron y maesas mú.
La■ beldades de Jejaoos tiempos se te·
lilao el cabello de azul. Detalle que DO!I
oo o
rebasó Flaabe, tea su cSalambó &gt; ¡La rei·
. .na de Saba iba tao ufana coo el pelo asfl
ANTIGUAS: '
Solfato de alamioio, 4 gramos; agua de
.Esther, antes de conocer a A~uero, ~aroaaa, 200 gramos: leche de almendras, es• s6 seis m~s !mpapada _e_a aceite ~e _mir·
cPomada de la Edad M:edia&gt;.-Coged peu, 50 1 ramos.
na, y otros se11 (qné anito) en d1st1ntos
jogo de ccebolla de tirios blancos&gt; y caiel
perfumes .
.
de Narbo&gt;aa&gt;, 6o gramos de cada aoo: cce•
El propio Paracelso rneló_ a D1ao! de
O O O
ra blanca&gt; fundida, 30 aramos; con esto 1e
Potiers ~I secreto de los me¡ores afeites.
forma aaa pomada con la que 01 emba. La rtlD~ ba~el de Ioglaterra fué eota·
d raar.fü el temblante tedas las noches.
Polvos de semillas de ~alabua, 6o gra• 11u1a partidaria de los guantea perfuma•
mus; semillu de melóa, 6o gramos; ,emi• dos. De los glorosos cshets&gt; y de cautos
e OO
na, de cobombro, 6o 1ramos. Añll.due a artificios de la &lt;toilette&gt; se iovra.tarco. E
esto crema 11pe11, dilafda con leche per- ide6ae para ella la cbola de perfume&gt; que
posee el Moseo d~ Kiugstoo. Otra chola&gt;
cSecreto de la Edad Media&gt;.-Earojt• famada coa tintara de benjul.
de 11tas existe en la colección de Adolfo
ced,aoa pala; echad ■obre ella cpolvoa de
Recbsclulds y tambi{o ea la de Klotz hay
000
mirra&gt; y recibid !I hom!&gt; sobre ti rostro,
una.
cabriéodo01 al m1Smo tiempo la caben
coa una toalla para impedir que 11 humo Mantequilla de cacao, too 1ramo1; cera · Quiús Maria de Médicis hubiera odiado
meaos las rosas y au fragaoci11. Dir.en que
11 disipe. Repetid esta operación tres ,e- •ir11a, 3.º 1ramo1: blanco d~ balleoa, 125
ces coo1eca'tive1 Después, calentad la pala 1raaoe: Jugo de cebolla de ha! 120 gram'&gt;a: se desmayaba de rabia sólo coo nr uoa
de aqdllu.
0111vameote, Cuando e11é bie■ calieote, agaa •• r01111, 50 gnnnos; aceite de almea•
o o o

i••

concurrencia podo ad ·
mirar, además, en el
Salón de Exposicióo,
las habilidades de los
alumoos más adelanta•
dos, ejecutados princi·
palmente en la clase
de Trabajo Manual.
En resúmeo, el resultado faé bastaote satisfactorio, tanto para las
maestras del establecimiento como para los
padres de familia, a
quienes van desde las
columoas de e,te se•
maoario nuestros parabienes.

do aquello que se reñe,
ra a la niñez. Niogúu
nombre más apropiado
para un &lt;jardín de la
iofaucia&gt;, que el que
lleva el ceotro aludido.
Mieotras dedilabau a
nuestra vista aquella
tropa alada de cabecitas rubias, sonrientes,
felices. en el principio
de la existencia, no pu,
dimos dejar de recor,
dar al gran soñador la•
tino.a Edmuudo D'Ami·
cis, cuyo estro pcético
eucontró tantas fmo•
cienes dulces en la ni·
ñPz que caotar y cuya
gran obra literaria
descansa sobre la vida
de los niños
Lo! pupilos, divididos en 11ru pos, segó o
su adelanto, ejecutaron
algunas evoluciones y
prácticas apropiadas a
su edad. El tercer Rra•
do presentó ante el ju,
rado varios juegos del
sistema Froebel; y la

Para las Damas

Los perfumes

•So•

ººº

Recetas prácticas

ª

Niños del Kindergarten &lt;D'Amicisi,, dando de cotuc:ralaspalomas.-Uo batallón infantil.
Clase de agricultura.

�•

A O o ·N I A

Historia de un espíritu
-lQa.iere asted verlo ?•...
Yo querfa verlo. Sí . • . . Yo querfa. contemplar por 6Jtima vez el raro 1e1to de
aquel artista que iban a fusilar.
La oconía de aa hombre de talf'nto es
au beJlo e■pect,calo que adlopuedea com•
prender los poetas, los pijuo1, 101 perroa
J las mujeres.
-l~aiere usted vei-lo?
-Si; quiero Yerlo.
Y lo vL .. , ¿ Por qu~ lo vH El no esta·
ba 10 el foodo de uoa pequeña pi111 . Era
la capilla. -

I!
1

Les babia visto juntos muchas veces y
siempre me iD■ pir•roo esa. curiosidad que
enciende la iDtaicióo de los grandes secre•
tos.
É l, blandeogoe y ahilado, coa los débi•
les hombros muy altos, el tórax deprimido,
la mirada cobarde de los eofermos de la
médula, y la frente incierta y ancustio!a
de Jos tontos, sobre qui,nes la imbecilidad
ha descargado 10 primer mazaao. Su mi•
ra.d&amp; era fria ; su ademiion dumañados,
sus pieraas caminaban coa paso incierto,
cual si avanzasen por uo terreno húmedo.
Élla, so mujer, era alta y hermosa, coa
esa hermosura mate y febril de los tempe,
ramentos ardientes; el talle lar10 y esbel•
to, y el semblante vivificado por la ex.pre•
sión inolvidable de su, ojos: ojos de calen•
tariento, coa mucho ae1ro y mucha luz 10
la pupila.. . . . .
Al principio puecióme iovero1fmil que
aquel mache tan débil fuese dueño de
hembra tao poderosa: después fuf may
amigo de los dos: ál Jocró conmoverme con
10 melancólico empaque de oiño enfermo;
élfa, por el contrario, me sugestionó coa
■os apasionamieatos y sus criminales ardo•
res de hermosa bestia encelada: terrible
como Paodora, y cemo ella, fuerte y adorabie.

e■ sin duda porq111 nadie comprende Jo torcíase como 110 toro, cl!lmo u111 pez ... . Su1

qa, nleo oi lo que sigoi6oao. Lo mismo
1acede ea el mundo. EJ mando dejad. de
ser una tienda de novedades, d• belluas
de joyas, coa.ad, Jo1 hombra■ cooozca.n to:
do lo que él eo1ierra .. .. .. Cansado, pues,
de la •ida rutinaria, de la vida vagabunda
y 1iempre igual, quise elenrme por eoci•
ma de mi propio espirita. Quise hacer al go
~uno. Algo digno de mi ■iglo. Aleo est'·
hco. Algo bello . . ... Qaise aeotir e interpretar seo1aciooe.s mejor11. Nuevas ••.. ,.
Qui11 gour miaterios invisibles. Peca·
dos . .. .
-Pero. ¿y el :::rimen?
-Bueno. A eso voy . ... No dica el cri•
meo. Di1a el experimento de ua alma ra,
biosa que re•ieata de sed y que ae muere
de bambre .. .... 1M1 matan aada mli, que
por eso!
-ICómo?

bue101 recbioaban, crugíao, crepitaban ..
Cada die, horas le daba un trozo de pan
Y aa trago de arua coa el objeto de que
no 1e m ■ riera . Yo querfa llevar ,u flacura
a ao grado extremo, aio que su vidase apa•
gara. Con ao látigo apresuraba el ufla•
quecimieato de ese cuerpo marchito. El
negro quería rritar. Pero, lcómo ? tY el
docer? !Dónde tenla la lengna ?-. ... Créa•
me ; era una escena hermosa. Muy hetmo•
sa .... Cuando pasaran ocho días, la esre•
sa mota de mi modelo embl10queci6. Fué
aoa tragedia silenciosa. Los dientes, peco
a t,oco se Je fueron cayendo. Los ojos se
le escaparon uaa pulgada de las órbitas.
La columot1. nrtebraJ se le torció. La boca. actrcósele al eatómago .... Al d~dmo
día mi moclelo ya iba siendo aceptable .. . .
Preparé mi1 pinceles. Coloquime a la es1
pectativa. Esperando . . . . Aguarda.oda el
suprem o in1taot1. Agaardaodo la mueca
trágica . Ansiando la 1061.da flacura. El
be!lo gesto .fioal, .... . Caaodo se le cayó
eJ último dienta di la primera piocela•
da ... ... Era deaoche •.... . De imprc;vilo,
como uaa fatalidad, uo rayo de Juoa vistió
de blanca lui eJ c:ad.íver del ne¡rc ... . . ,
JMaldición! Uo cad.iver coo mortaja de
plata, no podía servir para mi caadro . .. .
No pude ha: erlo ...... Me tomaron preso ••... . Ahora me no a matar coo ocho
tiros IQaé muerte tao vulgar ! 1Qd ver•
go ■ zosa muerte! . . .. Yo merezco se-r aju ■tkiado coa la muerte del or gro . .. . .. Asl,
eo m! prop!a asocia. ea mi propia flacura,
ea m1 propio dolor, hallaría fuerzas su6•
cieotes para copiar el alma ne ■ rasténica
y maldita de mi geoeracióo ....
Después sooaroa los ocho tiror ... .

Una pieza muy triste, muy vacfa, muy
obscura, con au altar ea el f:Dgulo y un
cura ea el otro.
Al entrar, el penado nos miró cruel•
meat, coa la d ■ lzura de sas ojos de santo,
Me mird cruelmente . .. . Tal HI con dt·
masiada crueldad. Qai14 con exceso de
angustia.,,. Ea 1ileacio, le estruhé am•
bu manos. ¿Por qu,1 Yo no ~ - Pero, ea
o • o
1ileacio, le estrecU ambas manos ....
Era uo hombre joven. Pintor d, telu
-Sf. tostar, en el Retiro, cerca de Jo,
famosas, célebres, discutidas, expulsadas morallooes, mi talltr de pintor. Solicité,
de todos los concursos Tenia treinta aiios. en todas las forma.s, modelos de seres bam•
Y tH eacaso moa.t6nde Yida le pesaba tao• bri,otos Des61aroo mocho,. Eran bom,
to como so iotelicencia, infectada da mi hres, mujeres, ■iiios. El aexo ,rame iodi•
crobios de genio. Adiviaillbua que el dolor feraate . La edad también. Yo exigía úoi•
y el placer le habían traosfermado el rot• came■te qae fueran flacos. Y negros. Muy
tr• ea aoa extraña múcara de pena. Sus negros .... . . Pero no encontraba. Todc1
ojo■, llenos da bondad, J 10 boca Jleoa da los modelos que H me ofrecieron eraa
amargara, u aofa.a to la complicida• da opulentos de carne. De carne rabia, fres•
■ na sonrisa inmóvil. lamóvil soorin que ca, bl,aca, a p,sa.r de que algunos no poparecfa de muerto.
1elao nada m41 qaa el pellejo • .. , . . Yo
Cu111do sapo qai~o era, no me conoció, quería ao cad.iver Yivieota. Yo bu1caba
Hablamo ■ de cosas frfu y de cosas dlidas• un espectro. O algo más: yo deseaba la
Los utros aos hicieron decir cosa ■ triYia• sombra de uoa sombra. . ... .. Quería comlH ... . Yo hablé del sol. Y ,1. a propd1ito poner mi último cuadro. Mi cuadro esto•
del 101, quejó111 de los mucho■ ratone ■ que pendo. Póstumo t Sdt• asted lo que yo
lo maltrataban en aquella habitación tao quería pintar ? Yo qnería piolar en alma
tenebrosa. , .. . . De repente, sin que 10 Je colectiva. Un alma atormentada, infeliz,
J. J. DE SO!ZA REILL Y,
bobie ■e preguntado aada, díjome:
repleta de flaquezas, plagada de temblore1,
_¿Sabe u.st1d por qa, me matao1
henchida de vejeces, llena de obscarida•
~o sentí uo placar iameaao. Mi tempa• de!, Para eso aecesítaba ao cuerpo bastan•
rameoto- mi temperamento autil, tao rt.ft- te &amp;orrible, bastante macabro, bastante
nado por las crueles aspereaa1d1 los hom• artí1tico, qui me sirviera de modelo. y vi ,
brea, y tao pulido por el dalce contacto oieron muchos. Muchos. Sólo que oineuoo
de 101 aoimales.-gon coa lo imprevisto. era bueno. La procesión de esqaeJeto1 da•
Tengo médula de Sao Aotooio. Aca&amp;o des• ró vario■ días. Por mi taller puaron todas
cieodo de algúa. leóoafricaoo,traosforma• tu flacura!, todas laa escualidec111, todu
do por Merlín ea hombre.
la■ carnea reseca, de l01 cooveotilloa, de
_¿Sabe asted por qd me matan?
101 callejooe,, d1 les hospitales, delos ma•
Etttooces, el ueaino, es■ pobre arti■ ta oicomios. Pero no veofa al modelo e1pera1
moderno, cuyos ~1adros fueron sie ■ pre do . • . Por ti.o, aaa tarde concebí uo pro•
Ora, manso animal, inmóvil miras,
geniales porque tuvieron macho de locura; yecto eocaotador. Lo cooc1bf ante no ooe•
ese valiente pintor de naas, de visiones, vo modelo recocido en la calle. Era uo Cual fijo bloque, el campo floreciente ;
de espfrita; ese desdichado reo que iban oe1ro. Un viejo vagabundo. Uo ba.bitaote Ora al pesado yugo das la frente
Y a la labor del hombre iel conspiras.
1. fusilar. me contó ao salvaje ensueño de de los arra bles. Un pastor de estrellas. Era
pesadilla, de delirio, de lebre, de histe, un nerro. Uo negro mudo y flaco Muy
:ti te aguija, él te punza, y t6 a su!! iras
rismo. Uno de esas eosoeñ01 que su1Jea flaco. Espootosameate tlaco Flaqufsimo. ..
tener las mujeres hermosa.a cuando, en Ja1 Pero no tao flaco como yo lo precisaba. Los ojos revol,ieodo mansamente,
aocbts de ·• eraao, duermen ■obre el lado Sin embario, me qaed, con él. . .. ¿He di1 Respoades ea silencio . ¡Qb, buey paciente 1
izquierdo de su pecho, coa el seno opri- che a usted que era modo ?Sf. . .. Mudo.. . Pu a na ti~mpo y vigor al alma inspiras.
mido y el coraaóo acalambrado .. ..
Le faltaba la leocoa. Huta la rafa •. .. Un
To an cha negra nariz húmedo aliento
Y me oarrd la historia de su pobre alma c.iacer. ¿Compreode? .. . ... Era un negro
tisica. Alma oervio1a, epil,ptica, loca .. .. delicieso. Ni siquiera podía gritar ..... ~ .!xbala: tu mu¡ir oodeAndo lento
Oid:
1!!1iueoo. Acepté al oegre. Lo un, al fondo Ea los 1ereoos .imbitos se pierde ;
-Nanea seotigrao apego a la •ida. Vi• del taller. jauto al 1allinero. Lo até coa
Y ea ~I g'lauco criatal de tu pos,ih ,
vir me pareci6 siempre la toot1rfa meo01 faerte1 sogu a un poste de ñandubay. Ce,
6til al bombre . . . •. . Me pareció la virtud rr, tollas las puertas .. .. Preparé mi uba• Grave y dalce, refltijase tranquila
meoo1oecesaria. No obstante, yo estaba Uete, mi ■ pinceles, en 60-. Y metentffreo- La a:iuda solrdad del campo nrde.
obli~ado a Yi•ir para comprecder la iouti • te al mude . Frente al horripilado. Y.o es•
lidad de J~ existencia. ViYí. Trabaj~. Hice petaba . . .. . _.Y esperé uf dos largo• ellas.
)OSE CARDUCCL
cuadros. S, eJJ01 1oci errao aJgd.o mérito, Tres--dfa1. Cuatro. Cinco , .. ,El 1,grci .re•
•

oo o
-No, ao le quiero, me dijo coa voz vi·
brante de rencor: aJguao1 dfas después de
casarnos, ya no la quería. Es iosi10Hiuo1
te, es débil, enalgar . . .. y mi temperameo·
to salvaje de artista odia lo pequeiio. Yo
anhelaba por e!po!o un Naoa-Saib, ao uo
bahitante del Liliput .... . .
Me habla recibido ea el despacho para
que mi presencia oo pudiese parecer ,os,
pecbo1&amp; a nadie, y des1le ti 1itio ea que
me hallaba nfa perfectamente su rostro
p.ilido, ilnmioado por la 101 del quinqué
colocado sohre la me1a.
Yo e1taba ■ eotado en UD 1i1160 ; ,na de•
lante de mf d1vortodom1 coa sus rasgados
ojazos negros en los que bullía el turbu•
lento silabario de 101 amores ardientes.
-Le odio continuó; asa lado siento frío,
ese fria repulsivo qua ia1pino les aaima•
les ao6bios; y cuando 101 labios m• besan
o sos maaos yerta■ me acarician, mi caer•
po se estrem1c1 como 1i ■obre él H deali·
use uo caracol .. . .
Y tras un momento de tileocio, agrecó ;
-DI ¿me crees .. . ?
Habfa tanta ansiedad ea su ioterrcgación, que depuse toda re11rva .
-Sf, te creo, dije, porque necesito creer•

1 Señor

te para viYir. Naceaito saber que eres mfa
ea cuerpo y alma, que •ive ■ para mf, que
te engalanas tanto para ¡aatarme mú, que
sey al amante de tus pesadillas .. •.
Eotooces, ■ueestionada por las zozobras
que ea ■ i corazón producían los tormeo,
tos del tuyo, se maaife1tó tal cual era, re·
vehlodom1 el grao secreto, el misterio cri•
miual de 10 existencia de dJDjer casada; y
lo dijo de pri1a y con extraño■ barboteos,
como ■ i una mano invisible le apretase
fuertemente el coalla.
-Qaiero ser tuya completamente, prosi•
guió, y para ello necesito en,iadar; y, cr,e•
me . .. . eoviodar4 mcy proa to.
Y como yo hiciese ao 1esto de horror,
nclam6 sonrieado coa su espaoto11 ri11a
adorable de 1ir11oa:
-No te .figures que aoy ua&amp; de 1u1 cri •
minale1 adocenadas que emplean el cuchi•
llo o el veoeno. 1Nuocal !Yo no soy vulgo \
El beleño por mf empleado no pa1de npre•
sarae 10 nio1una fórmula quíaaic1 ; r■ intangible. El morir.í y morid. entre mi ■ bra•
101. con sos y ■ rtos labio ■ apoyados sobre
los mfos, bendiciéndome. ¡Morir.i de amor!
Todaa Jaa .oocb11, aunque no quiera, le sir•
vo aoa ba1toa do1is de dulce noeno • . .. y
ten ,or seguro qne del tremendo drama no
quedar in rastros ... ,

ofiGial:
Somos @l!!pecíaliataa

en la coofeccióo

de

Uniformes
militares

El.Buey

Tambi,a coafeccio·
namos tr&amp;jH para

Para asuntos difíciles:
Nosotros. Cada negocio
es un lelli éxito.

•

R
Detective
OMH -2a.- Dolores.
~,~

caballero■.

N U.estro lem-a. e1:

Puntualldád

"LaQasa
InternaGional"
Mexicana
3ra. ealle de Tacaba u
tdEXICO .

�•
A'!i habló ell3, la .i.dorabl1 fiera, sabre hicir:lnea. En oaanto Ut¡an el ve-rano tria pie1, Luego, sacando un cuchillo, la dijo
cuyo seno iba quedando exaoglle ~ael a bajlíos, h:1ege, si lograba restablecer an qu iba a de101Jarla viva.
Sin ceder a las aúo1icas y a los Jla1'tos
trágico polichinela del matrimonio., ..
pocit los ducal1bros de sG salad. empren
desesperados de la infiel eapo11, el muido,
derfa alg1fo negocio.
o o o
,.....¿ Y esas :expediciones, las harú con furioso, fuese a la cocina, trayendo la pie•
,51la1
dra para afilar el arma.
Otro día convené coc él. ...
- .¿ Cómo oo, repuso, 1i élla es mi cielo
:Esta operación la realizó ante los c.jos
Tao débil, tao lacio, con sus labios ané· y mi tierra .... todo!
de su mujer aterrada.
micos, so mirada io.cierta y su cr.ioeo desAquellos diálogos oo han podido borrar•
Luego Je clavó el cuchillo 1n la frente,
se de mi memoria, La temible catá.strofe rasgi■ do)e la piel.
dibujado de idiota, Me habló de ella.
-Me quiere mocho, dijo;durante eJ día, oo ha ocurrido aún, pero puede suceder
La majer caJ6 de&amp;vanecida, v{ctima del
en coanto estamos solos, acude a sentarse hoy. mañana, ... cnalquier dia. Él decae dolor intensísimo experimeotado.
sobre mis rodilla1, me estrecha la cabeza visiblemeote: sos piernasª" arrastran por
Acto nguido la arrastró huta el patio
entre sus manos, me adormece con las pa, el suelo; sus ojos se cierran, la fiebre e:r.tre• para continuar allí los tormentos.
labras má9 saaV"es, me besuquea los labios. mecía su, labios descolorido! • .•. Élla, en
Pero a los gritos de la víctima, acudie!Oh, uooa besos muy fuertes, muy durade- cambio, es la hembra alta y poder01a de ron los Hcino,, los cuales se apoderaron
ros, que si bien me hacen muy feliJ, tam• siempre, coa sn rostro marfileño y lbl ojos del panadero y criminal.
bién me causan iofiDito daño, ... 1
fulgnnntu de loca: nanta le deja y a to•
La pobre mujer estaba tgonizando.
Por la.s noches su cari~o se exacerba. du parte~ le lleva trabado del bra,o.
más aún. Ahora, como estoy tan d11icado,
Es inútil renlarle a &amp;I el secreto; la
no salgo casi nunca. Ademis, si alguna seotea.cia qne le condena a morir es irre·
ODD
vez me acomete el antojo.de ir alca!é, élla vocable: sin élla, le ma.tada la. pesadumbre;
me lo qoita de la caben. Poes hien, illa con ~na, le matar.i el deleite ....
es la que me da el brazo para ir desde el
Que siga, pues, as{
comedor al dormitorio, qoien me desnuda,
iEs tan dulce morir soiiaado .... 1
qaieo me tibia el lecho acostándose antes
qoe yo ...• Y ya ensabanados, Jcon qu, es•
EDUARDO ZAMACOIS,
mero me abriga y sube el embozo, ecb4.ndome los brazos al cuello y cosiéndose con•
migo como una niña miedosa . . .... 1 IAyl
¿Qué quieres? Reconozco qae estos exce•
Montar en an caballo de vapor.
!06 de cariño me son perjudiciales, pero
élla me quiere tanto que no sabe reprimir·
se, y yo tampoco acierto a regatearle mi
o o o
amor ....
La. YOZ doliente de aquella pobre ,tctima
H\\Cer u ■ sombrero para una cabe1a
explicando y disculpando las craeldades
En la ciudad de Mako, en Hungría , se de ajos.
de sa verduco, era altamente conmove•
ha desarro11ado noa brutal tragedia con•
dor•
yogal.
_y tú, ¿la quieres? pregunté.
El panadero liuatyuk,babieodosorprea•
O D O
,-.¿YO? ¡Call toda -mi lllma! No tengo dido a su mujer ee un caso de a.dalterio,
padres, ni hijos: no tengo más que a ~lla, co1i6 ooa.pJa.acba e hirió gravemente a su
Si élla me faltase, me moriría ....
riva.l.
Pegar nn botón con la aguja de nu
Luego habló de sus proyectos.de s~ ·am•
DMpu&amp;s ató a su mujer las manos y los puerco.

COLMOS

La Venganza

IQaé opio, ni qué batchis, ni qué nada!
11

Supertores"
DE "EL BUEN TONO,'"

,

E10 si es ccanela pura&gt;
Los mejores cigarros del muado

¡¡¡Re ... Mahomalll

�</text>
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                <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 37, Octubre 30</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Recistr&amp;do como a.rtfcalo de 2• clue, el 26 de Febrero de 1914

5eg11d1 EpOGI. Viernes 23 de Octubre de 1914.

Toat l. ·NIÍII. 36.

Las Tres Hermanas
•

us qae se escudan tras no frac elegaute
Esta ma.iiaoa de iovieroo ha evocado en y unos guaates verdes, que cubren de4o■
mi el recuerdo de uo pasado lejano . La de m.rqds ... . .. Sos mejillas, coloreadas
oeblioa, como un denso tul, flota !obre la por el frío de esta_ m~ñana de iovier~o,
~rao avenida que cruiao apresuradamen- ap~esuran 111 palp1tac1ooes de aoa herida
te los trao1euotes, esquivando el golpe de abierta que mana sangre ..... . vuelven a
los curom1tos y de los automóviles. Pasan despertar l01_sooidos qae _dormfao eo las
l01 obreros, ioclioado• bajo el peso del tecla1 po1'or1eota1 d1 ao piano, huérfano
trabajo, mucullaodo un pan duro y abolo• de la seda de unas maoos . ...
o.i.adose •Ja rotda chaqueta a media calle;
Y ba pau.do ut, coo laiageouidad de la
pau.o los tenderos, apresurados, deploran•
do el tiempo perdido en desayunarse; pasan las cottareritas, las empleadu de las
oficinas públicas, las .¡ue aún luchan a
brazo partido c,;oo la existencia, sin decidirse a calzar la chinela infamante. Pa11aa
los nodedores de leche coa sas pesado•
vebtculos . ...
(Qaé blao.co e!tá el cementerio
Pero, detrú de todos, pasan tres Jón·
Tendido entre la maleza!
aes bellas, eo. la primavera de ta vida. Son
¿ Por quá será que el misterio
tres herm&amp;nas lA dóode irán? La prime·
Tiene color de pureza?
ra, quidsla hermana.mayor, recoge su
1Qué verde el campo parece
f&amp;Jda con ari11tocracia ; es una mojer
Tendido all.f. ea lootaaaual . . .... .
que nbe ya del gran mundo ; ha estado
l Y por qd lo que florece
eo los bailes de la alta ■ociedad y sabe
Tiene color de esperan u?
desdeñar con io6oita crueldad el galanteo
El panteón junto a la ermita,
simaltá.oeo!de cuatro pisaverdn qae le
Con 10 lánguida hermosura,
asedian en un extremo del salón. No 11e
Parece uoa boja marchita
arredra ante un grupo de daodys que ac.,..
Catda eo plena verdua.
chao los escarceos de su falda, junto al
Y como nota de borrar,
pie, coa miradas libidinosas. No ?e iomu•
Y d1 lógubre alborozo,
ta por nada; basta mirar la seguridad de
.El nombre de eoterrador
su paso, marcado gentilmente sobre la ace,
Lo lleva uo alegre mo10 ;
ra. La otra, m.f.s joven, e, una flor que
empiea:a a ajarse. Dobló el sendero de la
Y el mozo que abriendo a tajo
1dolesctncia muy temprano y despreció la
Las tumbu, entierra muertos,
,ida infecunda de lo■ salones para fundar
No cree que a ■ tén abajo
un bogar. En sus pupilas ya no,eve aquel
Los cadánres despiertos ... .
brillo juvenil de la pasión insatisfecha, si•
Los fue1os fatuos le mira.o ;
oo no bril1o más suave, maternal. Si tras•
Et mu1tio ciprés Je llama;
puáramos el agak profaoda. de 101 oj01 y
Las sombraa en torno giran;
penetráramos• la, últimas capa• iiel cere,
Y él trabaja, y rfe, y ama.
bro, en el rincón del pensamiento, conEl de Ju tumbas se olvida
templartamos la 6gura plácida de uo niiio
Para pen1ar ea 110 suerte
que jueg1 con sns piececito■ y soorie ao.
Y su lucha por la. vida
gelicalmeote. Es bella, mis bella qn• sus
Es Ja Jncba por la muerte ,
hermanas y sin duda por eso fué la. prefeLos muertos Je esta.u mirando,
rida del Amor.
Le llama. el vieotoque 111mba.;
La otra . .. . ¡abl , la otra, me recuerda a
¡Pero él sigue traba.jaodo
una no•i• de la iof&amp;ocia. Ha pu.arlo freo•
Y se sigue alimeatándo
te a mf. dejando abierta una herida que
Con el polvo de la tumba!
yo creí cerrada para siempre . Tiene un
1Qu~ blanco e.sti el cementerio
cuerpo gricil. flexible, qae empieza a con•
Tendido
eo.tre la maleza!
tornearse en las primera• maoifestaciooes
¿Por qui nri qoe el misterio
de la. feminilidad . Es una niña, mú bien
Tieae color de pureza ?
que una mujer. No se ima(Íaa siquiera la.
tempestad de deseos que n desencade·¡osE SANTOS CHOCANO.
nando a su paso, ni sabe de las acecb11.o•

El Cementerio

inocencia, sin notar un rostro que palide•
ce de pronto.
Ha pasado, sin pensar, de stguro. en 00
deseo imposible que se hunde cada vu
m.f.s en eJ pantano de una vida obscura 1
estéril; sin aeotir el escosar de una gar
gaota que se esfuerza para oo Janur 0 ~
grito; sio mirar el ricto doloroso de anos
labios que H contraen bajo el marfil de
l~s dientes; sin pensar en la tristtza ¡,.fi..
n1ta de no amor q.1e ao se dijo ot1oca y
que mañana, de1pds de bajar coomico a
la tumba, habd. de resucitar en los pétalos
d~ ooa flor, como eo el :verso de Stecbettl .• .•. .

Hoy, mientras pasan frente a mf Ju tres
hermanas, entre un re.celo de 11té y oo
perfume de •ioletas desmayadas sobre 10s
corpi ños, be •oelto a oir eo el silencio de
un pasado remoto, la risa de cristal de uoa
oiñ&amp; qa~ ahora ha_ dejado de serlo para
converhrse en mo1er. He vuelto a ver, en
el rostro de la mis pequeña, las facciones
que eo mis noches de insomnio trat, to
nao de confundir. que en las horas de
(ast!dio oo ba!l podido des,.oecer lo! ba,
sos impuros 01 los rostros marchitos por Ja
or1ta , oi el cariño 6ocido de los brazos al•
quilados . • ..
. Y adentro, eo el fondo de mi coocieo•
c1a, una sombra que rehoye, la impotencia
del oo ser, y un presente que se alarga
aogo1tá.ndose cada vez más, erizado de'
fracasos y de desilu1ioa.e,. Me he visto só-lo, a.vaozando por el d,sierto, entre ta in•
mensidad de arena, sin encontrar una pah
mera amiga bajo cuya ■ ombra descansar
mientra■ a lo lejos, el polvo del viento
cude ta cabellera del sol .. ... .

aa:

o o o

Despds, lu tres hermanas puaron juo•
to a mí, en esta mañana. de invierno, IJtt•
viadose con ellas el aliento tibio de Ja
primavera. Mientras se alejaban, entre el
tumulto de la .ta, me ·pareció que detrú
no quedaba mú que el ciuzo frfo, 101 co•
ruanes duros como uoa piedn, lat almas
tortuosa, que urden la telaraña del muo•
do. Puaroo ante m1,'como 111 heraldo de la
vida por entre el mar de Ja muerte . , . .
!A dóodo iria1 ......

PORFIRIO Hl!RNANDEZ.

�Los ConGursos del Observatorio de París
Como todos los años, los concursos del famoso tenor. Beltrami iogres6 en el Con• tiago se divorciab&amp;n, artí1ticamente ha•
Cooservatorio de Parí• han lanzado ahora serntorio, cursó am el canto y de allí ■a• blando, y u de temer que la contrata re·
a todos los peligros de la TI.da artística a lió laureado. Aquel caso es difícil, ai no 1ulte nula.
unos cuantos jóvenes entusiastas de so ar• imposible, qne se repita, por una razón
La inestabilidad esencial de las cosas
te, y más entusiastas at1o de la 1lofia y del faodameatal: auastrosa1pirante1 a actores humanas e1 mú visible en la■ co8U de
dinero que ese art e puede producirles. Lo no pueden encontrar ea el Conservatorio nuestro teatro qae en todas las d1mú.
mismo; poco mis o meaos, ha hecho anea- nada que no puedan darlu Ju compañías
Y esta es la diferencia fundamental en•
tro Conservatorio, y 'luizi oo buelca uña• en que antes de ir a la e1caela nacional tre los frutos d• oae1tro Cooservatorio y
lar los peligros que a nuestros jóvenes ilu· pudieran haber trabajado, y siendo aaf, no l01 del Conservatorio de Patfa; alU todo es
sos, de uno y otro lado del Pirineo, aguar• hay rar.ón ninguna para que pierdan unos estable, definitivo, sólido ; hay no teatro
dan en sus carreras respectivas, y mostrar cuantos años, pocos abara, por virtud de nacional y noa multitud de escenas que ,
hasta qué punto puede ser, dentro de esos la reforma que bi10 en el plan de e,tudios 1io sarlo, lo parecen ; aqaf no hay teatro
mismos peligros, distinta la suerte de ano, P'eroaodo Mea.don ; pero atguoos 1iempre oficia·l, y en cuanto a loa demli1, ya nos ad•
y otros.
que, perdidos para la vida teatral, despd1 virtió Galdós oportunamente que en la.-¡.
Por de pronto, ya es muy distinta. su con· no se recobran ficilmeate.
da espa ñola todo es pro•isional o interino.
dición . Los alumnos del Conservatorio de
Los franceses, ea cambio, buscan y en• y mientras oo s.tlgamos de ese estado, ao
París no soo, como los de nuestro Conser- cueotran en s11 Conservatorio algo más tendremos Conservatorio, ni Arte escénico,
vatorio, mocbacha■ y muchachos incautos que las lecciones de su■ maestros, de&amp;de ni otra porción de cosas que or¡s estio
que van de su hogar a las aulas, sin mis luego la consideración social que aupone siendo aún m,s necesarias.
baga.je que una preparaci6n primaria. muy no primer premio en aquellas tierras, y
deftcieote, uo desconocimiento absoluto de lnfgo porque eso no basta, y en algún caso
ALEJA NDRO Ml&lt;;)UIS.
la vida y un exceso formidable de ilnsio• ha coadoc:ido a ,o poseedor al mo,trador
nes ; soo, por el contrario, actores becbos de uoa tienda de ultramarinos, en lugar
ya, demasiado hechos, si hemos de creer a de conducirlo a los altares de Ta.lía; con•
los crfticos que reseñan las tareas del con• tratos ventajosos, oo sólo por la semuneracurso e~o eil mismo interé&amp; que la mts fa• cióo del trabajo, sino por los escenarios
masa de las cprimiéres&gt;, y que este año, an que permiten presentarse.
como todos, desde ha ce algG.n tiempo, hao
Ahora mismo, cuatro de los primeros
encontrado en los futuros geDios de la e•· premic..1 del año han sido "contratados por
INDICADOR
cena demuiado dominio de lascplanchea&gt;, el director de la &lt;Comedia Fraoceaa&gt;;ban
demasiado &lt;metier&gt; y no ta oto fruto de la. logrado, pues, el mú alto honor a que poe ,
labor escolar.
de aspirar un actor francés. y ooa posición
Esos alumoo1, antes de iogresa.r en el social que quid abandonen, qoe abandc•
Conservatorio. ha.o trabajado macho en el nado segur,meote muy pronto, 1io per• Se publica todos los viernes por la
teatro, y algunos en teatros importantes y juicio de anhelarla nuevamente deapués.
Cia.
A.
eco papeles grandes; no son, pues, oovi· si tienen alas para volar con vuelo pr..:ipio
cios, y sabeo del teatro y de la vida lo ne- por el mondo escénico; pere qoe por el
cesario para salir del Cooserntorio lo su- momento será para el105 una solución soJefe de Redacción,
ficientemente documeotadoucercadecnál ñada de gloria. y de dinero. Losdemis lle•
PORFIRIO HERNAN DEZ.
puede ser su destino en el mundo y lle los varán en so premio una garaatfa para ha•
riesgos que hao de correr. Este año, por llar contratas y, a.demú, la Subsecretaría
ejemplo, uno de los primer05 premios de da Be1las Artes tiene boeo cuidado de in·
Administrador 1
tragedia, :M. Yonel, tiene ya una. larga bis• vitar, muy en primer término.a los coocurALBERTO GON ZALEZ.
toria arUstica, y hasta es posible qoe le sos de declamación, como a 101 de ópera y
hayamos visto los madrileños, aunque en ópera c6mi · •• a los directores de teatro,
efigie. m.is de una vez, porque ba trabaja• de París J de provincias qoe1 gracias a
OFICINAS :
do mucho en l:;.s sociedades de c61ms&gt; ci• esas invitaciones, conocen a. los ouavos ar•
3f
Rinconada
de Sao Diego 41.
nematogrificos. Como él, todos sus campa• tista! y pueden formar sos compañias fon•
ñeros sabeo ya. a lo qoe sabe y loqu• caes• diodose en ase conocimiento.
Teléfono•:
ta el pan del teatro .
Aquí no pueda hacene nada semejante:
En esa situación, infinitamente mis fa- un premio del Coosenatorio carece en
Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51
vera.ble que la de nuestros laureados, casi absoluto de valor para los directores de
Apartado postal 45 bis.
nioguao de los cuales pisó jnm'á.s un teatro, compañfas, y mis a.úo, para los empresani como &amp;¡orante, aates de hacer su con, rios, y el artista que se encuentra. 10 pos•·
MEXICO, D. F .
curso y ganar en él, m.i, o menos brillan• sióo de él. no se libra por eso de recorrer
temeote, un premio. Ceo ilusiones los frao· el mismo lar¡:o y peoo9f1imo calvario que
ceses J los españoles, porque es' coodicióa hao de subir penosamente 101 que van al
del artista teaerlas, hay entre unos y otros teatro directamente, sin mediación de aio,
una diferencia eseocial ; las ilusiooes de gana. escuela.. Es radsimo que los directo• Ejemplares sueltos . . . . .. . . . . . . 2 0 ca
nuestros &lt;cooservatoristas&gt; son ilusiones res de compaftfas ui!itan a los concursos, Subscripción, trimestre .. . .. . . . 2.50
v(rgeoes, alocadas, sin freno ; las ilo:.iooes J cuando asisten por ca.sualidad o porque Extranjero, trimestre.... ....... 5.00
de los laurea.dos franceses han sufrido ya fueron requeridos como jorados,jamf.s en• con excepr.ióo de Estados Unidos y Ca•
los golpes de la realidad ; forzosamente caeot ~ao la estrella con que sueñan y no ba, en donde regir.i el mismo precio
bao de tener lu alas mis cortas, y esta sienten por eso deseos de contratar a los que para la Repíiblica,
condición ha de hacer que vuelen menos laureados.
Todl correspoodecia y valores deba
fuertemente hacia el desengaño.
Hay excepciones, sio. embargo, pero e•·
¿Serfa posible que aquf. como alU, los té riles. Este a6.o minno. el Coose"atorio remitirse directamente a la Compañía
acto1'es fuesen al Conservatorio después de Madrid ha producido, si hem01 de creer Periodística Mexicana, S . A.
de algunos años de prictica teatral? Sega- a los crtticos qae Jo bao oído-aquí no es
NO GIRAMOS
rameote no. Sólo recuerdo un caao, que costambre que la Subsecretarfa de Bellas
se dió hace. ya muchos •ños, y oo he -.-isto Artes ni la direcci6D del Conservatorio
repetirse despa~s. y fd de un ca:atante, inviten a todos como en Francia-una grao TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
no de un actor cde verso&gt;, un tenor de actriz: en el jurado estaban Nitns Su4rez:
r:auaela que habta cantado mucho y en y Pepe Santia.go, directores de compal5.fa,
No •• llovuelven arlginalee.
buenos teatros, compartieodoloslixitos mel que la contrataron inmediatamente; pero
jores con Berges ea la buena época de· l para qué? AJ dfa siguiente Nieves y Saa-

"ARTE Y LETRAS "

Periodística Mexicana, s.

Melancolía de Otoño
ASantiago Ruslñol

T11 silueta beaUfica destaca
So inmaterllidad fuera del mando,
Y b&amp;f en ~u acento esa dolzura opaca
Que 1deahza la voz del moribundo.
Cuando triste soories en tu encierro,
De luto nuestro espirita sa viste
Como para asistir a a.lg6a entierro,
Y anhelos de renr el labio siente,
Paes tienes ese encanto dulce y triste
De lo que muere prematuramente.

Otoño melancólico nos cita

V

A escuchar de la fuente el ritoroelo.
Ua ron! sobre un banco se marcni¡a
Y una nube desbójue en el cielo.
Crujen bajo los pies las sacu hojas
Y los árboles son oro que arde,
E-a.tre las 11:.mas tdmulas y rojas
De la remota hoguera de la tarde .

Mi cora.zóu pre1ieote la amergura
De aaa pana recóndita y futura,
Al escuchn 101 tri11tes ritoraelos

Ta larga cabellera laminosa

Q~• el sol ~•polvorea de reflejos
T1ene la aristocracia prestigiosa
Do los tisó.s y los damascos viejos.
Y tus manos que juntas palidecen
BJ.jo la luoa, ostenta.a el eocaato
De esos lirios de nieve qua florecen
Entre el pulgar y el indice de un santo.

La Ciudad EnGantada
La Ciudad de Puerto Rico
Noble ciudad, no en vaoo sacudida
Por Ja emoción de· uo mar fosfore,ceote
Qae, así tendida, al mi,geo de la vida '
Sueñu romaotizaodo tu presente :
'
Noble ciudad, qae, ea un ambiente blando
Como de mansa J celestial locura,
Pasas dfas y noches de-sbojando
La flor de una esperacza sin ventura ;
.1.iobla ciudad, que angustias la mirada
Hac!ia el, ayer febril y a.venturero,
Como atisbando, ea tu ilusión, la espada
Y la cr~1 de un antiguo Caballero:

Tienes la altiva aristocracia de esas
No vaoameate, en el reposo grave
Orcallosas y pálida ■ princesas
De tus noches, las olas me hao contado
Que digno de su amor no encuentran nada, Cómo a ti llegan, en la misma nave,
De la faeate que tiembla entre aeblioas
Un trovador, un monje y un soldado.
Mientras tui taeños buyea oor los cielos '
Y antes de profanar su catamiento
Ea uaa dispersión de colondrinas.
Deshejaa su belleza inmaculada
Espada, cnz y lira, a en titmpo mi!mo,
Eo las ob1curas celdas de un convento.
Prometen a tu amor un mejor dfa :
Así es tu tropical romanticismo
11
Mitad ardor, mitad melancolía. '...
VI
Las nubes al pasar lenta!, arrojan
Pasó por tos pupilas como un vuelo
Sombras sobre el •erdor de las umbrfas...
A las húmedas briw ,. de1h 'Jjaa
De aves que emigran, y sentiste sola
Bajo el fastidio fúlgido del cielo
Los rosales de tus melancolías.
La atracción fascinante de la ola.
Eo~r• el npor de lág:rimu del lago
El mar ante tus plantas parecía
Agoniza la lu.z, como un suspiro
Llamarte con sus trémulos suspires
Y diluyen los cielos ea un vago '
Y a tu eterna tristeza le ofreda '
Verdor tle transparencias de zafiro.
Su lecho de corales y zafiros.
Aoh1I&amp; el corazón al1ún reposo,
Cerrast• a.l po"enir los ojos bellos
Y nuestra boca, a.marga de tri,teza
•
Besar los labios de ao recuerdo quÍer9 .... Y te laozute sobre la onda fría
Que alzó en tu honor ua. c.lntico I0Jl0to.
¡Sentarnos ea un baaco muy mugoso
E inclinar con las manos Ja cabeza,
'
Para llorar por algo que se muen!

Y al flotar distendidos hll cabellos
Semejaron aa soJ qu.1 se poafa
Lleoaodo el mar de cíccalos de oro.

VII

Mientras muere la tarde se oye al vienta
Entre las r~maa lúgubres quejarse,
Tu perfil se destaca sobre el fondo
De todas las tristeza, lle la vida
Como el adiós desesparado y lento
Coa la altivez huraña y dolorida
De dos que no quisieran separarse.
De los que pietisao alto y sienten hondo .
La_ brisa en un suspiro se dilata .. . .
Ya ni llorar to corazón espera.
La Tlda entera el un inmenso lloro . . .
De to llanto secároase la1 fuentes
Llora la tarde l.icrimas de plata
Y estás, mi amor.tao muerta, que n'o sieotds
Y vierte el bosque lágrim-as de oro.
Caer sobre tus parpados la cera.
Un húmedo dolor el parque llena ... .
Nos ha.bla. de la muerte una campana;
Y a tus plantas marcbrtase un retoDo,

Tienen tus rubios rizos ese incierto
Oro apagado del cabello muerto,
Y tu"s pupilas la angustiosa calma

Mientras, ceñida al cael1o de mi pena
Oigo gemir a tu tristeza, hermana
•
D-, este va~o crepásculo de etolio.

De una ventana 1ótica 7 vacía,
iY es to alma i'an triste que podrfa
Ser la hermana gemela de mi aJma !

IV

Rasgado el gris difuso de la IJUYia,
Su plegaria de azul al cielo eleva
T a despeinada cabecita rubia ....
Llae-.-e ea tus ojos y en tu alma uina.

F. VILLAESPESA.

o o o

Puede seguir Romeo eo los balcones
De JaHeta viviendo poei,ía .. ... .
La alondra no ha trinado en mis canciones·
Ya trinad'. . ... .. -tNo es tiempo todavía! ·
l Por qué sentir resignación ni encono ?
Tu sigao duerme, pero esti seguro,
Como u ■ florón sobre el dosel de un trono
O como una paaoglia cootra un muro.

_Noble ciudad, que yaces euca.ntada:
Firme c~n el vigor de una promesa,
Uo Castillo ante el mar cuida tu entrada
Como uo dragón guardiindeunaprincesa.
Entre- tu encanto silencioso
Que el temblor de la luna 10vuelve enc ha(les,
¿No or es ¡ritos qu• tur~an tu reposo ?
i.No ves sombras que inquietan tus c1istales?
¿Qué te expresa el palmar que urde eo
(sus froadas
Escuadrones da espectros imponentes 1
( Y qué te dice el"Jlaoto de tas ondas
Cuando llen1- los ojos de tus puentes? .. ..
Yo sé que volnr.in las colondrioas
De ta lidsmo 1 a repetir sus notas
Y a anidar en las grietas de las ruinas
En qae hoy se abruman tus murallas rotas ....
Y yo sé que en tu mar tiembla un balido
Que e, a.ogustiado afá.n de an derrotero:
Cada copo de espuma retorcido
Es ta.) vea: un vellón de tu cordero .. . .
Cordero de Sa-o Juan. Onda en vellones
Plata, luoa, candor melaocolfa. . . .
,
IOb ciudad eucantada qae te impones
Entre una musical cristalerfa !
Jnfgo de 101 y luna en un diamante
Yo te qoise perpetuar eo uoa
'
Copa labrada por un sol vibrante
O ea un biombo bordado por la l•oa ....
JOSE SANTOS CHO CANQi

�Defensa de la Poesía. por Schelley(t)

11

Tenemos
su
Receta
Si nosotros hemos, hecho para. Ud.
algooos.leqtes o anteojos, bien
con
receta de algún especialista o receta•
d01 por oaestro oculista, guardamos
sie1Pfte en nuestros arcbiv.:i ■ una copia
de- la recet•. la cual no■ indica la gra•
daación de los cristales, uf como
también h clase de a.rmazóa, tamaño,
ajaste, etc.
Cemprendent Ud. lo,go las ventajas
y la.conveniencia de este ~istema. Y
nos permitimos añadir aquf que no co•
bramemos por el examen de los ojos
·que hace nuestro oculista, y que garantizamos plenamente nuestras receta• en
cuanto a la mú absoluta correccíón
que se puede conseguir por medio de
los iDstromentos y la ciencia modernos.

,ea

La• Casa Cal pi ni
Esq, Ave. San Francisco y tercera
Motoliofa, México, D. F,
{No teoemo1 sucartal nia¡enteviajerc).

•

I.-Las fu.ocioats de la facultad p°'tic• entre su, sugestiooes por medio de la mez·
son dobles: por la una, ella crea uaevos cla de convencioaale1 e:r.presiooes; necesi·
materiales de erudición, potencia y d1lei• dad 1olamente impaesta por la limitación
te; y por la otra. 1areadra ea el alma el de la misma poética facultad; porque Mil•
deseo de reproducirlos y arreglarlos ae 1 ton concibió su cParaíso Perdido&gt; como
gón cierto ritmo y orden, que pueden lla• un todo antes que lo ejecutase por partes,
mane lo bello y lo bueno.
pues él nos dice que cJa Masa le dictó Sil
El culto de la poe1ía nanea debe ser impremeditada caoción&gt;. Y sea esto una
más apetecido que oo aqoellos períodos réplica a aquellos que alegaren los cin·
en que por un exceso de erolsmo y codi· cuenta y seis varientes del primer verso
cioso cálculo, ti acdmulo de los materia• de cOrlando Furioso&gt;. Composiciones tales de la vida externa e:r.cede a la caoti· les son a la poes(a lo que el mosiico a la
dad del poder de asimilarlo• a las leyes. pintura. Este instinto e intuición de la fainternas de la naturaleza humana. pues coitad po~1ica es todavía más obsenable
eotonce1 el cuupo se ha hecho •emuiado en las artes -plásti1111 y pictóricas. Uoa be1
pesado para el sér que le anima.
lla estatua o un eran cuadro, surgen de la
II.-La poesta es, verdaderamente, algo facultad del artbta como án niño del ,ien•
divino. Ella es, a la ns, el centro y la tre de su madre, 1 la inteligencia que dicircanfenncia de la erudición; ella e ■ la rige la mano.•n la forma::ión es incapaz
que comprénde toda cfa:ocia, y a la que to• de dane cuenta del origen, las gradaciones
da ciencia debe ser referida. Ella es, al a los medios del procedimiento. La iDspi,
ipismo tiempo, 11 ratz y la flor de todos Jos racióo es aquí todo.
otros sistemas de ideas; ella es la fuente
lll -La poesta es la historia de los su·
de todo y la qae a todo embellece, y la premos y a:uis felices momentos de los es•
que. si es agostada. pierde el fruto y la H· piritas más felices y superiores. Nosotros
milla, y pualiza en el est~ril mundo el ali· recibimos fugaces visitas de ideas y senti·
mento y sucesión de los reooeYos del ir· mieotos, a nces asociados a lagar o persa·
bol de la Yida. Ella es el perfecto terreno na, y a veces concerniendo solamente a
y la 8or de todas las cosa,, y es como el nuestro propio espirita, las que alzánde1e
color y olor de la rosa a la textura de los de improviso y partiendo sin despedida, se
elementos qae la compoa.1n, y como la for· van, elevadas y agradables, siempre m.is
ma y esplendor de inmarcesible beJleza a allí de toda expresión; de modo que, aun
los secretos de la anatomía y de la corrup 1 en el anhelo o el pesar que ellas allí nos
cióo.
dejan, no p•eden menos de sernos gratr.s,
¿Qaé sedan la virtud. el amor, el patrio• participantes como somos de la naturaleza
tismo, la amistad; qué el especttculo del de su objeto Ello es como si fuese la ioespl~ndido universo qoe habitamos; qué terpenetracióo de una oatoraleza mb di1
ouestrds consuelos de este lado de la tum· viaa ea aue1tro propio sér, pero cuyos pa•
ba y qué aaesiras aspiracioaes mis allt sos son como los del viento sobre el mar,
de ella, si la pbfsfa no uceodiera a rraer• qne la snbsiguieote calma borr1, y cuyas
nos luz y calor de aquellas eternas regio· huellas quedan solamente ea la removida
nes a doode la facultad del cálculo con arena que le pavimenta. 1!:stos, y los co•
alas de buba no puede remontarse? La rrespoadieates modos de ser,se u.perimeo•
poesía oo es como la razón, una facultad tao priocipalmeote por aquellos de mílsu•
que puede ejercerse segón las determioa 1 quisita sen~ibili1fad y mú brillante imagi•
ciones de la voluntad ~adie puedé decir nación, y el estado del ánimo producido
cyo qniero hacer una composición poé, por ellos está en oposición con ledo bajo
tica&gt;. El poeta más grand• no puede aáo deseo El ent ■ siasmo de )a virtud, del
decirlo, porque el alma eo creación poéii, amor, del patri:&gt;tis.mo .Y la amistad, está.
ca, es como una brasa de poco brillo que esencialmente vinculado coa tales emoalguna invisible influencia, como una r.i• cienes
faga de viento, la aviva y la enciende eo
fo¡az brilla.a.tez. Esta facultad creadora
o o o
nace del interior, como el color de una
flor qne se desvan1ce y cambia a medida
qae se desarrolla, y la parte consciente de
Los poetas no estáa solamente sujetos a
nuestra naturaleza es iocapu de piooosti• estas experiencias CO!llO espfritus de la m~
car ni sa ad...-eoimiento ni 1u partida. Si refinada orgaoiución, sioo que puedtP
esta iofloencia pudiera.ser durable eo su dar colorido a todo Jo que combinan con
original faena y pureu., ¡~posible serla los fugaces colores de este mundo etéreo.
predecir la ,t:raodeza de sus resaltados; Una palabra, o'o toque, una figura en la
pero cuando la composición comienza, la representación de una escena o una pa•
iospiracióo declina, y la mis brillaotepoe• 1ión, tocart la encantada cuerda, y reaoi•
sla que el mando ba visto, es probablemen• mut, en aquellos que hao experimentado
te oca débil sombra de la coocepGit'in ori• siempre estas emociones, la dormida, la
ljl'.ina.l del poeta. Yo apelo a los mis gran• fría, la sepultada imagen del pasado. De
des poetas de la actualidad. para que di• esta maoera la poesía i:omortaliia 1 todo
g'lo si no es un error asenrar que lú m~s lo lll.i.s bello y superior en el mondo; fija
graodes páginas de la poesía son produei• las fugitivas aparirncias que con frecueo•
das por el trabajo y el estudio.
cia. visitan l;.s internulacioaes de la vida,
El trabajo y la ncoosideración, reco- y cubriéndolas con la indumentaria del
menda-dos por los crfticos. pueden sigoifi- lenguaje, las envia a la _humanidad, IJevan•
car no más, jostameote interpretados, que do gratas noticias de dnlce parentesco a
ona cuidadosa observación de los inspira- aquellos con quienes susbermana■ habitao,
dos momentos, y una conexión artificial desde las profundidades del espíritu hacia
el mundo exterior.
La podsia nos rescata de la pirdida de
(1) Percy Bys,be Sbelley, poeta ioglé,
las visitas de la divinidad del hombre
oacido eo 1792 y muerto eo 1822.

R&lt;:'gistrado como artículo de

Seuunda Epoca.

2i

cla~e, el 26 de Febrero de 191 4 ~

Viernes 23 de OGtubre de 1914. Tomo l. Núm. 36.

Personajes políticos de actu~lidad,-Seño~ general don Felipe Angelrs. que ha llegado a esta Capital procedente del
Norte, con ob1eto de entrev1slar al general Zapata, y general don Lucio Blanco Jefe de
la caballería constitucionalista.-Fots Garduño.
'

�Monumento a Francisco Ferrer Guardia
9

l

Uo hermoso hecho qne
prueba de uoa maoeu
iocootrastable el altrnis·
mo de la mujer mexicaoa
y so gran corazóo, ha te•
nido lagar en la iostitn·
ción de la Cruz Roja de
esta capital.

El médico declaró qoe
era necesario qoe algaieo,
en baeo estado de salud,
cediera oo pedazo de so
piel para iogertarla ea el
caerpo del enfermo,

Fué entonces cnaodo la
señora María Pinillos de
Raogel, apreciable dama

justicia que se lleY6 a
cabo en los fosos del
castillo de Mootjuicb;
y decimos iojnsticia
porqne bien sabido es
que onoca se le llegó
a probar de ona mane•
ra cierta qae habiera
tomado parte en las es•
cenas de la Semana
Trágica, 4Ún cuando
ya las autoridades tenían algaoos aotecedeotes de él.
Ferrer Guardia so•
bió al oatlbnlo con Uüa
serenidad rxcepcional,
y en el momento de ser
fnsilado, gritó coo nna
admirable presencia de
ánimo: ¡Viva la Escne•
la Moderna! Hoy, su
figura 111 ha connrtido en no dmbolo para
el socialismo.

o o o

No son poco, los mo•
nnmeotn1 qoe se le hao
levautado en Europa y
en América. Nuestras
fotograflas muestran el
qae los obreros mexi•
canos acaban de levan•
tarle eo la Casa del
Obrero Mundial.

Este sólo hecho, qne ha
cansado honda impresión
en la sociedad me xicana,
basta i,ara colocar muy
alto el humaoitarismo de
la señora de Raogel y de•
muestra, al meocs, qne,
aó.o en medio de todas
nuestras de~gracias, aún
en medio de la fiebre nti•
litaria qne nos ionde, la
mojer mexicana ha sabido
conservar so pristica pu·
:eza de principios, so
amor al desnlido y so
conmiseración por los débiles.

U o eofermo falmioado
en el petho e~tab1 a puo·
to de perecer.

Aó.o cuando lo qae se
pedía era ooa caridad, lo
difícil estaba en eocon•
trar esa persona tao de•
masiado caritativa qoe de,
cidiera &amp;1Crificar sa salud
en bien de no {)obre hom,
bre del pueblo.

Montjoich? Despnés
de la semana trágica de Barceloo11. en
que la revolución
obrera estovo a pan·
to de invadir a toda
España, las autori ·
dades de la penlnsn•
la llevaron a cabo
no rnidoso proceso,
en el cnal resultaron
cnlpables varios
miembros del partí•
do socialista- anar•
quista, y eotre ellos
el leader del partido
barcelonés, Fraocis•
co Ferrer Gnardia,
acosado de agitador.
El pneblo ~pañol
y el de muchas na•
ciones de Earopa
protestaron. En
Francia se llegó has•
ta apedrear a la em•
bajada española, do·
1 ante una monstruo·
sa
manifestación
obrera por las calles
de Parfs en gol'\ se
llevabao grandes es•
tandartes que de•
clao: cOn fusile in
Mootj aicb&gt;. Pero
Ferrer Gnardia fat
sometido a no con•
sejo de gnerra y ~.
te lo coodeaó a
mnerte, acto de io,

qne~:do:ade hace algún
tiempo presta so concurso
gratnito en la Crnz Roja,
dispuso ceder un pedazo
rle la piel de so brazo, lo
cual se hizo inmediata•
mente, soportando élla con
resignación las dolorosas
coosecnencias.

CARIDAD

l Qniéo 001&amp; i.cner•

da delajnsticiado de

Momento de quitar la piel qae cedió la señora Pinillcs
de Raore} para iogertarla a no viejo enfermo de la
Cruz ~OJa.-Eldelegado de la Crnz Roja Española,
senor Baldomero Meoéodez Acebal, coode•
coraodo a la seiiora de Raogel eo oom•
bre de dicha institnci6ohumaoitaria,
Fots. Gardn!o,

Con tal motivo, se dice
que la señora de Raogtl,
para qnien va nuestro
aplauso desde las humilde, columnas de este se•
manario, será nombrada
presidenta de la Cruz Ro•
ja.

•
A1pecto de 1' ceremonia de la inaugaracióa al mJnomeoto de Farrer Gaardia, eo la Casa d.,1 Obrero Mnodial.-Los oradores
comisionados por cada uno de los sindicltos de la Casa dc,I Obrero Mundial. al pie de la estatua, después de la ceremonia
de ioangnraci6o -Fots. Gardaño.

�Ha muerto el 'último Gonstituyente.

Matrimonios Distinguidos

capital y causó la natural
sensacióo, pues con Gómez
Farfas, se extiogue la geoe•

o

ración que legó a México las
leyes, sobre cuya base desean·
sa el actual gobieroo.
Ha muerto el liceociado
F arías en los precisos mo•

Desde hace varias semaoas,
la preosa de la capital se ha
vc:nido ocopando del último

meotos en que su patria pasa
por ooa de las crisis má.s

de los constituyentes y que
firmaron la carta fuodamen•
tal del 57, señor licenciado
don Benito Gómez Farias,

graodes que se puedan rtgis•
trar en nuestra historia. Qui•
zá. fué lo que abrevió su
muerte. D3 ledos medos, nos•
otros los mexicaoo1, debe,

quieo, debido a su avanzada
edad y a una penosa enfer•

mos hoorar su memoria y ve•
nerar so recuerdo, hoy que
ha pasado a formar parte en

medad que contrajo hace al•
gúa tiempn, se encontraba en
estado agóoico. El anciaco
coostituyeote falleció, al fin,
el luoes 1I del presente, ro•
deado de su apreciable familia y de sus principales amigos. La noticia se difuodió
inmediatamente por toda la

lii

la coostelación de oue!tros
hombres que han sabido prac,
ticar el verdadero coito a la
Patria.
Señor·Don Benito Gómez Fufas fallecido el
Iones último.

1

t

Sr Mayor Fraocisco M. Flores y Sra. Lcak Derb!z, qoe c:iatrajeroa mltrimonio eo la Capilla dd Sagrado
Corazón de Jesús el último juevts.

Cámara mortuoria.

La comitiva que acompañó su1 restos, llegando al panteón.

Sr, Manuel Lozano y Sra. Berta Blanca Malda, que celebraron au casamiento el 11ltimo día 19.

�Revista de Voluntarios en el Ejertito ConstituGionalista
1 •

l
Los volantarios qae se encaentran ea el caartt 1 del Frontó::i Nacional, dedilando duracte la revista de la semana pas~da,

Odciales :lel Ejército Coastitacionalista revisando la tropa voluntaria en el coarte! del Frontón Nacioaal.-Fots. Gardafio,

Grupo de reos políticos en la Penitenci·.ria central, que bao sido remitidos a Naevo Luedo, por orden del Pcimu Jefe de
la R,volución, de acuerdo con la Convención de A1tua!c.. lientes.

El sabado 17
del presente, por
la t.;rde, se efec
tuó el Consejo de
Gaerra decreta•
do por la Comandancia Militar de
la Plaza para juzgar a los reos fe·
licistas Salvador
Fregoso, ex-sab·
teniente de 101
Guardias de
Cbapultepec; Ri·
cardo Barrera,
cabo de operarios
de !a Ciudadela,
y Leobardo Val•
tierra, ex-cadete

Capitlin del ejército federal, acusado ante el Consejo de Gaerra,-Los señores Fragoso, Barrera y Valtierra, en el momento de ser sentenciados
a maerte.-Personas qae formaron el Coasejo de Gaerra.
Fots. Garduil'.o.

de la Escuela de
Aspiranies de
Tlálpam, por haber infringido la
fracción 2'!- de 1
artículo 39 de 1a
ley de 25 de ene·
ro de 1862, o
inejor dicho, por
rebelión armada
ea contra del go,
bierno coastituf1
do. Dichos señores faeron acusa•
dos p o r haber
tomado parte en
el cuartelazo de
la Ciudadela.

�Los exámenes de fin de año en la Escuela de Bellas Artes

i

D 11i il AJ 1ilar, d l 1~ chn 11! pr Jfeior G ,d nia~.-L1s prJfesores de lil Escaela de Bellas Artas, señores de h. Torc•, GJdovias y Herráa.-María Elisa Leal, alamaa de la clase del señor Rosas.-Alamaos del profesor Germfa Gedovias
que tomuoa parte ea el coacarso.-Primer premio de la cJase del señor Herráa.-EJ doctor Atl, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes.-Fots. Garduño.

�La

destrucción de la Catedral de Rhelms

..
•

·f'.
..•.,l.-,!l.. •"
&lt;
.l

. .

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..,, .., . - ·

·~ -· ·- '~·.
4

La destrucción de la Catedral de Rheims

~

.-

.,,,,

.

' J.

.

.

.• .

.

/

Vista parcial de la famosa catedral ~ótica.-Una imagen
de Cristo, deteriorada por las metrallas alemanas'

Un daño irreparable.-Veotaoa de la catedral aga,
jereada completamente por las balas alemanas.

En el interior de la catedral.-Efecto producido por
1101 granada al estallar e11 un departamento interior,

Una de las calles adjuntas a la catedral que más
111frieroo durante el bombardeo.

...
,&lt;;;,~

.

"~

.......

F -'Chada de la hermosa catedral de Rbeima, cuya destrucción ha causado la indignación del mundo arfütico.
Estado en que quedó dicho templo, que sirvió antaño para coronar a los reyes fraocece1, dupués
del ataque a la ciudad por las tropas germanas.
Nada ha hecho tan patente la sin
razón de la goerra como la destrucción
de la catedral gótica de Rheims, qoe
desde hace varios si1los ha constitotdo
uno de los monomeatos mú graodio,oa d1 aa g~nero en el mondo ,otero.

El hecho ha causado estupefacción y
provocado no pocas protestas contra el
ejército alemán de parte de Francia.
Se dice qoe pocos días antes de principiar el bombardeo de la ciudad de
Rheims, ano de los hijos del Kaiser

dijo a las autoridades de la ciudad que
la mejor prueba de que no estaba dis·
puesto a perjudicar tan hermosa obra
de arte, en. que deseaba fueran tras•
lada dos a ella los heridos alemanes que
estaban 1n poder del ejercito francés!

�todos los estados de alma que en la obra sacuden a la rencorosa
En la escena con Coss, cuando Je relata el encuentro con Bernar•
do, en el bosque de manzanos, so rostro, su voz y sos manos, en ar•
tística armonía, se dispusieron encantadoramente para exprHar, con
el mimoso rubor del caso, el más bello relato de los tres acles.
Coss, de tío Antonio, pueril y festivo, muy acertado; Mercedes
Navarro, de Jnlia, expresando bien, con intención, muy en carácter;
discretos Mntio, Cervantes y Parra, sin que nos olvidemcs de Matil·
de del Pozo.
La comedia nos fné servida, en cuanto a decorado y vestuario,
con la propiedad y buen gusto que acredita a la emprua.
COLON. - cD. JUAN DE CARILLA NA&gt;
Un primor de forma y mucho mar de fondo. D. Ja~o de Carilla~•
es un hidalgo español, cortés en las razones, comedido en sus dis
corsos, breve y terminante en sus mandatos y gran adorador del bello
sexo.

Es un amador, no ama,
dor apasionado, no sensual
y matachín a lo D. Joa11
-y él se encarga de detirlo -sino un artista, a su
modo, que busca en todas
las mujeres algo-lo que
sea -de la Belleza, su ideal
en la vida.
-cNo hay mujer a quien
yo haya amado que no de•
jarasu huella en mf&gt; -con•
Ji.esa el sensible fidalgo.
Y pasa el primer acto
entre marmoraciones y
presuociooes de escaleras
abajo; quiero decir, entre
criados; y luego llega D.
Jaan, elegante, grave, es,
bello y recio, a pesar de
su, cincuenta Llega, y nos
vamos enterando de que
hay nua dama de por me•
dio a la cual cocquistar.
En el serondo acto, D.
JDan tiene una escena con
su tia Clarita--la viuda re•
puj,d l que solamente amó
a su marido -que nos re,
cordó a D. Qaijote tenien·
do que habérselas con ama
y sobrina. Después de este
admirable diálogo entre
ambos-no se compren·
den-entra el marido de
la asedLada y se desarrolla

\

TEATRALES
MEXICANO.-cLA RENCOROSA&gt;

1
}

Amor y celos se debilteo en esta comedia en
tres actos, original del ilustre don José
Echego1ray; obra pasional en que Pilar-la
rencorosa- ha de vivir en guardia y sufrir
mucho ante el temor de que la altiva Julia Je
arrebate su hombre, el Eduardo alocado, que
se precipita en brazos de la rencorosa, ca·
sáadose coo ella, quizá para ol .. idar a Julia,
a la cnal, en sus arreb1tos juveniles, a ioter·
miteocias, como si dijéramos, amó o creyó

',\ ii\

amar . . ..

Conserva el marido sus cartas, guardadas
cui'1adosamente. Cartas de amor, perfumadas
y efusivas, escritas para él por la linda mano
de Julia.
Y ante el mueblecito que guarda tales confesiones de amor, Eduardo, ya casado con
Pilar. pasa horas y horas, pensafrro, evoca•
dor, las manos en la frente, triste la mirada,
la actitud desmayante, laxa ..••
La' obra tiene interés; bay pasión en ~as
personajes, movimiento acertado y, sobre todo, no diálogo soelto, natural y literario,como
de esperar era siendo de don José.
Prudencia, encarnando la rencorosa, tuvo
sencillamente un acierto más: sus facnltades
expresivas, en este papel ae Pilar, iban soce·
sivamente, y por modo admirable, marcando
en sa rostro, en su actitud :y en su acento,

Ct

~.

TEATRO ARBEU.-cEl Trasnochador&gt;, vaudeville estrenado
en esta semana.-TEATRO LIRICO.-cVenus Sal6o&gt;.TEATRO MEXICANO.-La G rifell, en una escena

Teillro Mexicano.-Una escena é!e la obra estrenada
el sábado: cRencorosa&gt;. -Prudencia Grifell
y Mutio en una ese 10a de cZazá~. -

de cLa Rancoro,a&gt;.

Teatro Lírico. Amparo Romo en la
Fots. Sara,

opereta cMoset&amp;&gt;.--..Fots. Sara.

una escena digna de Velázqnez y de Cervantes.
Mis, ¡oh, burla terrible
del Destino! La bella es•
quiva que habíase atrevido
a escribir a D. Jnan, lla·
mándole D. Juan de Seca·
ao, ia él, regadiopor exce•
lencial es .. su hija.¿ Com•
prendéis el mazazo tremendo que con esta noticia
le asestó, en plena noca,
el visitante 1
Y p , Juan, vacilante,
recuerda, recuerda episodios amorosos ... . sus di·
chas, sus frenesís en brazos tembladores y jonio a
oocas febriles, mirándose
en ojos:abrasaotes . ... Faé
menos de un minuto lo qae
tardó en pasar por su meo·
te la bella cabalga!, de
sus conquistas ... .
Después, todo se hundió.
Había querido cortejar a
so hija, y so hija se había
burlado . . .... ¡La única!
Por eso, para eso era sa
hija.
Y D. Jaan se va del pue•
blo, se va lejos, para no

volver, roto, anonadado,
hosco ..... .
Se va .... ¿qaé ha de es·
perar 1 Se va. Y cu el te•
Ión, en tanto tía y ama de
llaves, sin compasión, sin
entender, ignorantes de
todo, valgares, cuerdas, es•
túpidas, atrofiadas por el
sentido común, e'x claman,
cruzando las manos y mi•
raudo al techo.
ILoco,loco; más loco que
naoca ! Un primor de obra,
que pasó sin pena ni glo•
ria, porque no es manjar
para el paladar de todos,
ni mucho menos.
Taboada, el inteligente
artista encargado de ser•
virla al público, se esmeró
en montarla y vestirla con
propied.d, lográndolo; y,
auooue,-como casi siempre sucede e.a
los estrenos a los cómicos,-falto del
aplomo y seguridad que ha de t•ner,
se~~ramente, a las dos o tres represen•
tac100es, so labor,en conjunto, fuéacar•
tadd, dándonos la impresión del caballero majo D. Juan de Carillana,
cSediento enamorado de lo Bello
que en este mondo, en la mujl!r se ex·
(presa&gt;,
como diJo el poeta.
ARBEU.-~AIDA&gt;.
Fiambre, porque ya nos la habían ser·
vido, y no hay derecho, habiendo otras
obras tan buenas y menos conocidas.
Lo que no hay en la Compañía del ~e.•
ñor Sigaldif- hay que, d, cuando en
vrz, decir la verdad, para qoe oo se
crean algooos que nos chapamos el de•
do- -son los elementos con discreción
suficiente para interpretar óperas tal
como soeoa. Hablamos en puridad ar•
tfstica : fuera de la García Blanco que,
sin ser una notabilidad, ,s una soprai:lo
lírica muy aceptable, y de Adda Nava•
rrete, a la que también oímos co11 agra•
do, los demás artistas-para labor de
ópera, repetimos,-no valen . . .. ¡No va•
l111nl
PEPITO.

�LA OBRA DE LA GUERRA
~

~

#-.

.

MODAS

.

"''

........

SOISSONS -B5cena de muerte y desolacl.ón en una calle dedruida -BAHCY.-Hombres y caballos abandonados
tn el campo del ccmbate.

El cuidado de la
boca y el de la
cabellera

AISNE.
Soldados germanos que quedaron muertos en las calles durante el primer asalto a la ciudad.

Pueblos, hombres, ciudades, todo deslra•
yó a su paso la ráfaga de la guerra. Las
campiñis florecientes se c~ovirtier~n de
la noch, a lA m,ñ¡oa ea eriales desiertos
por donde va1¡ el fantasma d,1 hambre.
La obra de la civiliución que ha costado
siglos en erigirse, no tarda un minuto en
ser derruida. Parece que en Earopa,como
en la mddicióo bíblica, está condenada a
no quedar piedra sobre J)iedra. Hoy los
hogares están tristes y desolados Una bandada de buitres se cierne sobre los campos
de batalla, en tanto que abajo los hombres,
SOISSONS.-Puenle volado por los en medio de esta gigantesca lucha que lo• TERMONDE.-Lo único que resta de
do lo arrasa. no escachan más qoe el eco
una torre destruida.
alemanes.
del cañón ....

Los ácidos son los
enemigos más temi•
bles del esmalte Lo
blanquean indudablemente, pero lo
destruyen.
Casi todos los productos
o elíxires de los perfomis,
tas o dentistas poco con•
cieozudos, contienen prin·
cipios ácidos.
Los elixires tienen una
adición ligera de ácido c[•
trico, y los polvos contie,
nen tartratos ácidos de po,
tasa o de sosa.
Hay otro peligro sobre
el cual quiero llamar par•
ticularmente la alencióa
de mis h ,rmosas lectoras:
a veces ocurre que la saliva se pone espontánea•
mente ácida, y puede alte,
rar y basta destruir el es,
malte de los dientes.
Le ■ aconsejo, pues, que
bagan de cuando en cuando !!Ita experiencia: colo·
car papel azul tornasolado
entre los labios o debajo
de la lengua; si el papel

se pone rojo es que
la saliva es ácida;
si el color no cam•
bia, es que es alcali,
na.

Ea caso de aci•
dez, hay que reco•
rrir icmtdiatamtote
al uso de los alcalinos.
El bicarbonatode
sosa está indicado.
Fuera de esto, los
dentrlfico&amp; deben
ser neutros o alca•
linos, para reparar el pe
ligro.
El jabón, un buen ja1
bón, es uno de los mejo•
res.
o o o

Ultimes modelos de scmbreros y trajes de invierno.

No tengo por qat§ hacer
resaltar el encanto que
presta una negra y abandante cabellera. Lo repito
aqu[: cu,ntos cuidados se
tomen por embellecerla,
d:arle valor, rejuvenecerla,
y hasta si se quiere aumen•
tar el volumen, ai es nece•
sario, los admito, pues
considero que la cabellera
es, aole todo, un tocado, y
que este tocado debe ser
elegante y conforme con
con el color y la expresión
de la cara.

�Para las Damas

Sr. GJozález Ca.savaotes, ouevo Aclmioistrzdor
de la Lotería Nacional.

Sr. Gral. Rafael Bueloa y Teoiecte Coronel Castillo Tapia.

f

Conserva de cal.abaza
Acaba de tener lu¡¡ar en Parfs la exposi· protección y apoyo, le gustará mú que uca
ción de trajes de invier110, , . aunque los mujer f11erte y alegre.
modelos no fueron tao oamerosos cómo los Es una de sos debilidades: sentir su coaño• anteriores, por la guerra que desgra• razón tiranizado por un 1ér débil, sin peo·
ctadamente innde casi toda Europa, los sar que no hay nada más peligroso par~ au
La calabaza ha de dejarse sin cuello y
pocos 111odelos que he presentaron han sido 1ndependeocia .::om!) esas déspotas débiles debe estar bien limpia por dentro y fuera
y
encantadoras.
de ao guito yerdaderamente notable. Uoo
Se corta en rebanadas a lo largo y se es•
de los que llamó más la atención estaba Esa tristeza, esa melancolla, empieza calda con agua bien caliente por espaciu
por
despertar
su
curiosidad.
¿Cdl
seri
hecho de volantes de encaje de Inglaterra,
de ocho o nueve dfas, una vez al dla. Dts•
sobre una túaica de seda blanca,sujeto"por el motivo de su tristeza? ¿Qné decepción pués se cuece un poco en una caldera y se
hebillas de piedras cStraus&gt; y bordeados amorosa causa esa melancolla? En todo pooo en una tabla dos dlas· a la sombra
de piel de Armiño, combioada con piel de caso, necesita que se la consuele, está pi· para que se seque, enjugando, ademis,
Chinchilla. Realmeote nuaca hemos visto diéndolo:
¡Cuántas mujeres saben perfectamente con un pafio cada pedazo. Lufgo se po,
cosa más eocantadora y de múgusto, pues
hacer
vibrar en el hombre, que la mayor nen los pedazos en un perol, con miel has•
o.oto por la novedad como por su perfecta
ta h. mitad revolviéndoles para que ene•
confeccióa fué admirado por millares de parte del tiempo sólo es un niño grande, aan poco, ~ fin de que la miel no se endu•
mujeres elegantes, que pronto veremos con la cuerda del enternecimiento! Las hay rezca, y despaés se dejan aSJ otros cuatro
entre nos()tru muy hibiles que saben ma•
ctoilettes&gt; semejantes.
días, meciéndolas tres veces cada dla Lue•
Otro de los encantadores modelos que ravillosameote ser melancólicas con aires go se quita aquella miel y se pone a cocer
fué presentado y que también tuvo mucho d6 desengr.ñadas.
No digo que sea pura comedia de su la calabaza como cosa de tres minutos,
gasto, fué aao de terciopelo rojo con ador,
echindole las mismas especiesq ue a la con•
nos de tafetio de peqoeños caadros.ne• parte; pero hermosas desecgafiadas, tienen
iros y blancos, siendo éste en estilo semi• una propensión a la tristeza, o indepen· serva de melón.
sastre y que Jo completaba un cllaleco de dientemente de su manera de ser, tienen
en su rostro ciertas lineas, ciertos gestos
estilo cLavalliere&gt;.
Ahora, como verán mis queridas lecto· en los labios que expresan la melancolla,
Conejo GOn salsa bldRCa
ras, para todo se asan las pieles, desde las como otras expresan la alegria.
Ademú, hay adornos o trajes qne acen•
mú finas hasta la, más comuoes;peroenlo
qae mis se emplean es en los sombreros, túan estas expresionea o estas actitudes; las
pues todoslosqoe se hao presentado tienen telas de colores matizados, el malva,el he·
Despu,s de haber triocaado un contjo
aunque sea una pequeña parte de piel, liotropo pfüdo, el verde tiel'llo, el azul
como para las fórmulas precedentes, pasad
siendo la más aceptada y la mis elegante obscuro.
Si es lie día, una claridad dulce tamiza• les pedaz08 por la manteca a fin de fortifi·
la Marta azul.
Una de las grandes novedades son las da por r.ortina1 triples, en un gabinete en carios sin qne tomen color. Dejadlos escu•
hebilla~ hechas de piel, combinadas con que reina un silencio de iglesia, y en gran• rrir y enfriar luego-, para mechar en se•
acero o piedras de colores, pues hacen des jarrones, especie de vasos místicos, flo, guida con tocino todas sus partes cárccs¡s.
que los zapatos cambien on poco de estilo res exhalando 61 último suspiro con un Meted de nuevo los pedazos de conejo en
la cazuela con uoa cucharada de harina y
como de forma, pues a las hebillas a que perfume de ensueño exquisito.
Si es de noche, una claridad discreta, un puñado de yerbas fioas. Mojadlo todo
me refiero, son gentralmeote de nn tamaño
ceo un vaso de vino blánco y un poco de
muy exagerado y di al -zapato la aparien· atenuada por las pantallas de encajes.
Por último, vestidos de seda rabi• con caldo; cuando el cooejo esté medio·cocido,
cía de la época antigua, resultando suma·
mente eleg.i.ote y nuevo; pero de un valor lisos malva o azul muy pálido o de color añadidle" algunas cebollas y setas cortadas
gris; hay en el gris tintes de una de\icade· en pedazos, y terminad la cocción a fuedemasiado alto.
Los guantes que se llevarán más en la aa asombrosa.
go lento. Cuando todo esté bien cocido, pa•
Tollo lo que rodea a nuestra bella y tris• sad la salsa, de$ecgrasadla y liadla con dos
próxima estación creo 'que serán los de
piel Suecia, pues hasta al:ora es de los que te melancólica debe s.r de noa elegancia yemas de huevo; vertedla por encima del
más se han surtido las damas elegantes y dulce, particularme.Jte distinguida: distin· cooejo colocado en una fuente, y exprimid
a mí me parece que tienen razón, y como guida en sa· peinado sencillo , no rizado, en ello el iumo de un limón en el momeo•
dicha piel se adapta tao bien a la mano, en sus me.ieos de cabeza algo inclinados, to de servir. Para este plato, es preciso
en sus posturas llenas de seriedad, en su que el conejo sea joven.
es mú eleginte y más flexible.
En cuanto a abrigos las r.apas serán las sonrisa que nanea debe estallar, en aus
maneras llenas de cansancio, como si no
mú aceptadas.
pudiera sufrir el peso .de la vida. Habla
COR DELIA.
con gesto pausado, con dulce voz, con mis•
terioso acento.
Conejo en la sartén a la Milrlnesr.a

La mujer melancólica

Freid en la sartén 125 gramos de tocino
cortado en pedacitos; añadidles los pedazos de un conejo trinchado como para una
pepitoria, polTorei.ndo, abundantemente
,
con harina cada pedizd-.ntes de meterlo
Tómense nueces pequeñas en so tiempo, en la sartén: ·Cuand¡:r Ta carne esté sufi•
que es por San Juan, qulteseles la ciscara . cientemente frita, moja di a con una taza de
y háganse a cada una cinco o seis a¡¡uje• caldo y dos vasos de vino tinto. Añadid un
ros, poniéndolas loego en agoa durante buen sazooamiento de sal y pimienta, y
ocho o qumce dfas, para después enjugar• nnas veinte setas; cuando el conejo esté
las muy sutilmente y cocerlas con miel o casi del todo cocido, completad el adobo
azúcar lo mismo que las naranjas,sólo qne con una docena de cebollitas. Hacedlo co•
se ha de ir afiac!iendo un poco do miel, cer todo a gran fuego para reducir la sal•
porque se consume mocho. Cuando se les sa, que no ba do ser muy abondante. La
echen las . especies, téngase presente que cocción del conejo en la sartén, a la mari•
se ha de ecllar poco clavo, porque si no nesca, no ha de durar mucho m'5 tiempo
la.e nueces se ponen amargas.
que la del conejo al minuto.

Consérva de nueces moscadas

Partida de la Comisión nombrada por la Convención de Aguascalieotes para parlamentar con el Jde de la División
del Sur, general Emiliano Zipata.-Fots. Garduño.

Ciertas mujeres gustan por la expresión
melancólica del rostro. Una joven melan,
cólica despierta la curiosidad de los cora•
zooes tiernos. Y entre los hombres hay mu·
cbos qne son susceptibles de ser conmovi·
dos profundamente por esta clase desensi·
bilidad.
El hombre tiene afición a proteger; te•
me, sobremanera, la dominación femenina;
ve en ello, y es un absurdo, un ataque a
su virilidad, como si en resúmen no fuera
él siempre el dominado.
A pesar de todo, ta mujer algo triste,
enfermiza si cabe, que parece implorar

'

�Fragmento

UNOS VERSOS RAROS DE HUGO

'

11

La dislaceradora, la taladraote idea de alma. clavada en la in•isible aparición. Al
la muerte, la fatal evideocia de un ñu se• fic., nos dijo &lt;Adiós,&gt; y la mesa no se mo· mas sli taq:ibi~o que el alma sus alas ha de
(ballar ,
guro, h1 preoc upado siempre a los hom• vi6 m~.&gt;
bres de 1rao altura espiritual.
Os aupongo iniciados ea estas prlctic11 Cuando la voi: solemne del poeta-dios
El amor y la muerte son los iomenu■
que
representan los primero ■ balbuceos hubo cesado, se hizo uo enorme aileqcio.
enigmas, las dos eternidades misteriosas del ocaltismo.
De1p1161 comenzó la comaoicacióo tiptoló•
que H preseotan a nueatra ru óo menguaEn las experiencias tiptológicas, los ofi• gica, J, segán die, Denis, c:.ao ■e puede
da, perdida por la vida como en un la.be•
ciantes se sinen de un abecedario que coi leer esta respuesta sio sentirse impresio•
rinto de espejos.
locao encima de la mesa.
nado por su ir,nica grandeza:&gt;
He aquí la causa d, que los hombres
Esta va marcando con golpe■, bieo en el
má1 ilustres, los espfritus raros de la Humanidad, se hayan hundido en la selva sa• suelo, o sobre el tablero algunas veces, las La sombra del sepulcro a Víctor Hugo
letras que qoiere dictar.
grada de la oculta sapiencia, selva virgiEspíritu que quieres saber nuestro se,
As( se construyen palabras y fechas, con
nal llena de másicas macas 7 de maravi(creta,
un perfecto sentido y a veces en uo estillosos resplandores. .
lo elevado.
que ea sas tinieblas abtl! la aatorcha rtEs como una ventana entornada, detris
(rrenal,
Los creyentes afirman que el •elador
de la cual tal vez exieta an iofioito de
que a tieotas y furtivo pretendes, iodiscre•
nrdad, y el alma, sedienta de belleza, de magoetizad, sirve de comuoicación a los
(to,
bondad. de ideal, llega &amp; ascmarse a ella espfrilas d, los de■eocaroados. Tal vez .. , fon:ar la iamensa tumba, la puerta fane•
De la Iadia ■i&amp;Ccada, del Oriente mila,
con divinos temblores de emoción.
(ral.
llecan basta nosotros esos ritos ex•
El padre Hugo había sacudido su mole• groso
Retorna a h1 silencio y apaga tus caodetraños.
na de león romántico; su voz de apóstol
(la,,
Muchas almas ■e han hac.dido en estas
babia clamado por las libertades pó.blicas,
encantadas fontanas de sortilegio· machas retoraa hacia la noche profunda en donde
y a la su6o purgaba sus nobles rebeldías
bocas febriles hui abrevado en ~sas ma.
(velas,
desterrado en Jersey.
de1ando algaoas vece■ sa densa obscuriPor las noches solfa acompafiar a ta fai ias linfas; mucbas papilas h1n c~gado por
.
(dad :
, milia Hago, la señora Girardio, iniciada los resplandores de la suprema Yerdad.
A la puerta del grao mi11terfo esti como 1101 OJOS terrenales, aó.o YiT01, aún abier,
en los misterios del más allá.
Esta señora convenció al autor de cLa ao dragón fabuloso, coo el dedo en el la• ao leen por encima. del hombro de(tos,
Jos
leyenda de loa 1iglot1,&gt; para que consulta- bio, la lúgubre Locura, 1 ¿qui,o ■abe la
muertos
palabra verdadera? ¿Qni~n posee la cJue
se a las mHa1 giratorias.
la augusta eternidad!
Se reunían eu el despacho del poeta, en milagrosa del terrible secreto? Yo oo sé
(Esta bella traducción
oad1,
no
he
visto
nada;
pero
me
parecen
torno de un velador; formando con las maal castellano, es debida al
completamente re1petabl11 esas ansias de
nos la alucinante cadena magnética.
poeta alicantino Salvador
Macho se ha hablado de estas litur~ias verdad y de infinito de taotaa pobre■ al•
Sellé,.)
rar11.s, casi siempre ea un seotido burlón, mas, hambrientas de luz y caminando a
Víct~r ~ogo cre)ó siempre que en 111
por gentes inferiores, sin ninguna inquie- tienta1 por e,te cio pace&gt; horrible de sombras y de errorea.
comno1cac1ones había au entidad extratad espiritual.
A pes.ar de 101 orientaciones espititua• ña, DD&amp; inteligencia. ajena a los circunsYo os afirmo que es una práctica qae
llega a praocupar a. los entendimiento, l!•~as, VJct~r Hugo sentía un poco de bos, tantes.
Muchos han sido lo■ grandes escritoru
que poseen el dóa de poder volar sobre hhdad hacia esa clase de experieacia■, y
este triste y absurdo espectáculo de la Ti• ~anea unfa 1u1 manos a 11 cadena magd- con •.stas preocupaciooes: Edgatd Poe era
hca.
ocolt11ta; las personas oo iniciadas ea e■os
da diaria.
Uaa noche la entidad e■piritual dictó el derroteros., no pnedea. comprender la. grao•
Cuando la Girardio partió de Jersey,
Hu10 siguió llamando a los amigO! deste· uembre de Moliére e invitó a Hago a ma- den estéuca y la emoción, ni apenas el
nifestar en verso sas deseo■•
sentido de &lt;Ligera&gt; y de cLa verdad del
rrados en las regiones astrales,
El p~•~a confesó que no sabia improvi• caso d~ Mr, Valdemar,&gt; esos do1 cuentos
Camilo Flammarioa ha publicado ea
c:Los aules poJrticos y literarios,&gt; de 7 de sar J p1d1ó que II aplazase la set1i6n para marniJl01os de aquel altísimo espíritu que
oía voces del cielo, de la tierra y también
Mayo de 1889, algunos fra1mento1 d~ las el dfa siguiente.
Cuando la noche ,eñalada Jleg6, Víctor del infierno.
conversaciones que el gran poeta sostUTO
Hago, cel emperador de la barba florida &gt; Alfredo de ldnaset, Gay de Maapassaot
con las voces d, lo ultrabomaoo.
' Hofmao, Mozart y Beetbo,en, han coofe:
Solía acompañarles Augusto Vacque- leyó las siguientes estrofas:
rio.
sado sus iaveati1aciones en esa esfera cien1
Ved un fragmento de su obra &lt;Las mi•
U_6ca, i~juatameote desdeñada por la cienVíctor
Hugo
a
gajas de la hi1toria,&gt; qae copia el docto y
cia oficial.
admirable Leoo Deois, en su libro c:En lo
10h, tú, que la manopla de Sbakespeare
Chopfo tenía visiones que le helaban dt
iov11ible:&gt;
(recogiste, ter cor! irualmeate que Haydn y Ghik.
cUna noche, la mesa deletreó el nombre qa, cerca de su Otelo tu Alcestes escol• Gau!h1er y !O! hermanos Goncourt, bao
de uoa muerta, viva ea el corazón de todos
(piste eacrtto admirables pácinas espiritnalialos oresentes. AIU no cabía descoofiaa:r:a;
tu.
sombrío de pasión!
nadie hubiera tenido valor de hacer, ea
Tal ve:a:, fuerzas mentales iocooscieotes
presencia nuestra, un tablado de a11oeJ1a
Oh, sol que resplandeces ea doble t!pa- fenómenos de1coaocidos de psicoJcgf1 '
rumba. May difícil era admitir ooa mixtii
(cio y vuelo tealmeote foflueocia del otrc mnodo •
ficacióo ¡pero una infamia! .... Francisco poet&amp; desde el Louvre y arcángel en el ¿Quién sabe? Yo sólo me he propuesto di;
Hago interrogó a la hermana muerta, que
(cielo, vulgar esta adcdota inquietante y dar a
saJ{a de la !.amba pua consolarle en el tu espléndida visita honra mi maosióo.
canecer esos versos, casi inéditos de Vfc.
destierro; la madre lloraba; una i ■ defioi•
tor J:Iago, escrito, en tan extrañas circuos1
ble emoción oprimía nue,itro pecho. Yo
l Me tenderás arriba tu hospitalaria ma- t¡oc1as.
sentía indistintamente la preseocia de
(no?
Respecto a la contestación de c:La som•
aquélla que había sido arrebatada por le• Qae caven en el césped mi fosa; 1¡0 peo- bra del ~epo_lcro,&gt; ~•da podemos afirmar
rrible vendanl. ¿Dónde estaba? ¿Era fe• .
.
,
(sar, en cooc1an~1a. ~Qa1éo es ca¡:,az: derel!lpon•
liz? lNos conservaba su cariño? Ella con• IID miedo la contemplo; la tumba 00 e, , der a _esta 1nq111etaote Interrogación que
testaba a las pregootas o decía que le es(arcano se exhende en la vida de los hombres entiba prohibido responder. La a.ocho pasa· Yo ~ que en ella encuentra prisido el cuer: trt dos eni1mas alucia;..ntes?
ba y 001otros permaoecfsmos allí con el
(po vano;
EMILIO CARRERE,

llfollére

'

prodigio, el moate de lu A.¡ailas aag ■ 1tu, somafi 200,000. Ioglaterra contar ía eco
perfilaba su silueta armonion y blanca, el 48,000, de los cuales 18,000 en Londres•
cCapitolio.&gt; Y, a su sombra, bajo los tro· Francia, 32,000; Alemania, 26 oco; Italia ;
feos de Marias, los mármoles peutilicos 24,000; Ru!ia, 20,oco; Austria, 13,000; Bél,
de CMtor y Pólax, parecían acariciar la gica, 12,000; Eepaña, 8,000, y las restantes
inquietad celosa de la loba Jatíoa que, a naciones earope ■ s juntas 10,000. !.n cam(De el Alma de loa Lirios)
sos pies, traza círculos condotricos H su bio, segón el cParfs Medical~, lo, médicos
jaula, y cuyas ubres salnj11 no hallan ya europeos no serian más que 160,000, con
bocas de conquistadores que las expriman, la proporción más alta en Io glaterra , doo1
extrr.yeado de ellas el líquido bravío qne d" corresponden 7 por eada 10,000 babi·
Y Rom1 me poseyó
La 1raolSibila, domioadora de las almas, da el frenesí heroico de la 1Ioria y de la taotes.
Seguirían Italia, Francia y Al,mani11,,
abruó mi : ora zóo contra sus senos de muerte .
Mis all4, sobre el moote Caprino, los con 5 médico ■ por cada 10,000 hab i, aote■ .
pied ra, J sus labios de mármol me bes1•
Entre toda■ las ciudades earopeas, Bro•
roa, coa. a.a grao beso maternal, que en, cipreces del palacio CafareJli parecían
graadeció mi espirito al igaal de 101 1ran, ocultar eo la negrura de sus ramaje,, el selaa ■ ería la más satura da de médicos, te•
des predestiuados, que allí sintieron el abismo de la •Roca Tarpeya,&gt; en r.uyo oieodo 24 por cada 10.000 habitantes. Sin
e1tremecimieoto de laa revelacio.aee, agi• vórtice se inclina la sc.,mbra heroica de embar¡o, la revista italiana, cEI Pe.asa•
miento Médico&gt;, contesta la autenticidad
tarlos como aua fiebre, en en seln de Manlio.
La luna uceadfa lent,meate, y la sam• de esta última cifra, puesto que obsenacmilagros, bajo los ojos taciturnos de la
bra se denanecia, diluyéndose en una lac, do sencillamente el registro de losmédicos
grao loba de piedra.
de la provincia de Pavía, advierte que ba y
Y, 111 alma de Silencio y de Soledad, pe · tescencia de ópalos,
La Jni blanca, lfvida, coa una rara co- eo esa ciudad 107 mt!dicos, a más de mu•
aetr6 eo mf.
loración azulol!la iba penetrando poco a chos qne oo figuran todnia porque oo se
¡Oh, el alma prodigiosa de las roioasl
poco ea las ruinas, despertándolas, acarj• han inscrito. Ahora bien, Pavía cuenta
Lu ruinas tienen an alma.
ciáodolas, be1.iod0la■, eovol•iéndolas sua· apenas con 39,000 habitantes, Jo que de•
Las ruinas hablan.
nmente hasta destacarlas a medias, y ea· muestra que no es Bruselas la ciudad más
Lu ruinu cantan.
¿Quién ao ~a oíd~ en Roma el canto de tooces, el c:Forom&gt; apareció a mis ojos Hturada de médicos de Europa.
aquel coro de sirenas petri6 :adas, cayos como una ciudad lacustre a mitad sepnl•
Hnos de mármol se aban &amp;11.n henchidos tad:a ea las agaas.
ds volnptaoaidades y por cuyos labios de 1 Caando la Ju ■ a dominó por completo el
piedra 1e escapa aó.n el himno io")lvida- horizonte, el cuadro se hi10 blaaco, de
Agencia de Matrimonios
ao blanco teoue, como un 1110 de argento,
ble de la belleia inmortal?
Las armonías vivu, sutiles, delicadas. lleno de islotes lapiz:láia1i.
Y, el inmenso b01que de mirmoles, iJu,
de esas sirenas del mar del olvido y de la
muerte, llegan al alma coa ao poder so, minado dt11úbito, parecía aoimarq como
Un pastor protestante de Ll') adres ba u ·
brebumaao, de Arte, de Eosaefto J de Vi- un jardín prodigioso en que caotara la tablecido en so parroquia DDR 1gencia de
Aurora.
!'ión.
matrimonios, que asegura haber producido
El pórtico de &lt;Dii Cooceotes,&gt; las tres muy buenos resaltados darante el primer
Nunca olvidar, mi primera visión del
&lt;Forum,&gt; la visión silenciosa J terrible, celumon del &lt;Templo de Vespasiano,&gt; año de so funcionamiento. Llen el reveque se alzó ante mí surgiendo del nlle quedaron all;l tejo■, solos, bandidos en la rendo Mr. Gnndryno rrgistro de señoritas
mnerto, ea. la h1gubn quietad del cielo y penumbra, como grandes baitreJ pensati• que desean casane, y las pone en contacto
TOS a la orilla de aquella mar de luz: tr■ n· con hombres que tienen las mismas inten·
de la tierra .
Bajo 110 firmamento de palideces anlo• qnila y serena, qne no alcanzaba a besar ciooes. Asegura el pastor que ha recibido
su, que se diría hecho de turquesas e.afer• coa sus olas resplandecientes los restos de solicitudes de jóvenes que deseao ser ios1
mas, donde los astros muy lejanos simula- c.iEde!! Concordire,&gt; que mostraban sus critas y que vino en Ca1ifor.ai1, la ludia,
ban ópalos de preugios, lises heráldicos buamentos de mármol matil ■ dos por la el Africa deJ Sar y Australia.
de muerte, la grao selva de mármoleupa• mano de los siglos;
Vagamente, lentamente, con impresiooes
reció a mis 010s, surgiendo de la penumbra como la inmensa osi6cació_o de uo y fluctuaciones de miraje como buques da
Chinas de alivio
sueño de espanto, la cristalización predi~ nua flota misteriosa, ardid01 por no inceo•
riosa de una profesía de desastres , la pe, dio, iban apareciendo los templos inmentrificacióo sd.bita de las estrofa■ dispersas sos, la cbasílica Constaotioa,&gt; la cba!flica
de no poema daotesco, sobre el cual hu- Julia,&gt; la c:Cas.i de las Vestale•t&gt; haciendo
Ha.y actu1lmeote en noiursidades ame•
biera plegado sus alas de bronce el genio huecos en la sombra a lo lugo de la cVía
apocalfptico de la grandeza y de la muer- Sacrat&gt; basta la cVía Triunfal&gt; y el &lt;Pa• ricanas cuatro se ñoritas chinas estudiando
lacio de CWr,&gt; mú alll del cual y en un la carrera de m~dico, debiéndose elto 1
te .
La l ■ oa en creciente-, brillaba allá muy oaeYo esplendor de folgo raciones, se ofre- los Hfnerzos de Yamel Kio, Ja primera
lejos, como un e!cudo roto por la luza cían a los ojos atónitos los arcos de Septi• mojer que se dedicó en China al ejercicio
de un curiacio, 7 como enclavada en la mio Severo y el de Con1tantino, y m.tis de dicha profesión.
cumbre del Sabino, todo baftado en laces allá, aislado ea su soledad, como una muvioletu, como el catsfalco de au obitpo, da evocacióa a la faena y a la gloria, Ja
sumfa el p1isaje en uoa. sombra prof■ nda, ruina del &lt;Anfiteatro Flavius.&gt; como la
Campanas submarinas
sobre la cual, grandes cla.ridadea astrales gran galera de los siglos, volcada sobre
se extendían, como estandartes lomioosos las playas de la Historia.
Asf, como los restos de ua combate de
en el silencio, como bandera.a blancas,
baoderas de paz, sobre nna tumba de hé, cfclopea, asf 18 alzaban la, raioas, 110
Como resultado de una serie de pruebas
aquel mar de heliotropo, que la caricia de llevadas a cabo coA el m.ás lisonjero ~xito ,
roes.
Del cArco de Titos&gt; al cTabulariam:t la laoa sembraba de rosas de oro.
la compañía alemana de navegación c:North
era ooo como estancamiento de tinieblas,
Germaio Lloyd&gt; ha tomado el acuerdo de
del cual, acl y allá, surgían blancuras im• • · · • • • • • • • • • • • • • • • • • ... • .. • .. •
equipar coo campaaas subma.rinas, similapreTistas, como fraR:mentos de cestalactf•
res a las de los barcos-fa.ros, que actualtas,&gt; o cuerpos de águilas blaacas, sobre
VARGAS VILA.
mente está construyendo.
alto, mástiles inmóviles: Eran la cColomLa nota. que ha de derivarse de esas
aa Jaoiana,&gt; el &lt;Templo de Vesta,&gt; 111 tru
o o o
campanas es la de que los vapores con ellas
columnas erectas del &lt;Templo de Marte.&gt;
equipados recibirán , no sólo las señales de
Se dir(a la arboladura de una flota fanlas estaciones ordinarias de prevención de
Los médicos en Europa
tosmal encallada en uo mar de sombras.
peligro, sino que tamb ién podrán enviar
Y, costas silenciosas de este océano en
señales soaora1, de manera que en el caso
quietad, a un lado, ea las faldas del monte
de que dicho barco ■e ec.cueotre- ea peli•
Celio.·como'el esqueleto de una dudad dor•
gro, en medio de una gran niebla, por
mida en la muerte de Ja noche, después de
Los periódicos de medicina no están de ejemplo, puede ser locali11da su posiéión
un combate naval, aliaba 1111 mole aegra , acuerdo sobre el a.6mtto de los mldicos. fácilmente y encontrado porcnalqnier otro
inmensa y rugosa: el cColiseo :t Y, al otro, La cVida Sanitaria&gt; afirma que en Euro- barco que esté eqnipado con un aparato
osbre el monte visitado por el rayo y el pa los m~dicos qua ejerceo. la profesión submarino receptor de los sonidos.

�LOS PUEBLOS NUEVOS

El gobierno a.astraliaoo ofreció un pre·
mio en 19 11, mediante Concurso interna•
cional para la creación de la capital fede·
ral de sus Estado!i. El primer premio, que
cotts1ste en la &amp;Uma de 4~ 1,0 francos, aca•
ba de concederse al proyecto de Mr. Ou·
fi n, arquitecto de Chicago.
El artista, en su trabajo, h1. sabido sacar
an partido provechoso y estético, juatamen·
te, del lagar en que debed. edificarse la
oueYa orbe. So ep:1plazamiento se encaeo•
tra. a una distaocia de 480 kilómetros de
Melburoe y a 27.5 de Sydoey, sobre los
rfos Moloogo y Cotter, en el Distrito de
N neva Gales del Sur, que ofreció el terre,
DO a la confederación.
Rl terreno iocluye uoa superficie total
de i 5 kilómetros caadrados, y es muy irre,
guiar y accidentado.
El proyecto del arquitecto laureado, su•
pone una ciudad de 75 ooo habjtaotes e
incluye tres centros principales en que se
congreg;iráo los negocios guberoameoteles,
los mooic1pales y los comerciales. En de1
rredor de MIOS centros se Pgruparán ,:1 ba ,
rrio de las residencias, el de las fábricas
y el de los obreros de las a[ueras Todos
105 barrios est.fn dispuestos en forma de
estrella, alrededor de la grao plaza ctotral, donde se lenntaráo monumentos de
estilo y se reunirán por amplias ávenidas
con arbolado
El barrio del gobierno, situado en lo a.l•

lo de una colina, es aislado, pero de UciJ
acceii;o ; estui rodeado de parques. Dos No dar lo que se puede, es ser culpable
De robo y de maldad;
1agos artificiales, aoidos por amplio canal,
completado el ornato de la ciudad ■ oví · El que no tiene nada. el miserable,
Tiene siempre derecho a la piedad!
sima.

l\! , R BLA NCO•BELMONTE,

ooo

Ladrones
De Ylctor Hugo
Piedad para el ladrón a quien castiga
La justicia ... . 1Piedadl
Si el pobre roba al rico, al que meadiga
A veces despojamos con crueldad,
Una moneda al mar Jand ayer tarde,
Y al lanzarla peosi
Qnfl pude permitirme tal alarde ;
Pu eso la lancé.
Ladrón! Ladr6ol- me dijo el peosamieoto
A la orina del mar;
Al desnudo, al enfermo y al h ■ mbrienh&gt;,
Por ignorancia acabas de robar.
Ladrón es el que guarda su tesoro
Con mezquina ambición;
Y el que derrbcb&amp; pródigo au oro,
También como el avaro es un ladróo

Señor ofiGial:
Somos especialistas
eo la confección

de

Uniformes
militares
También coofeccio·

Para asuntos dlííclles:
Nosotros. Cada negocio
es.un feliz éxito.

na.mas trajes para
caba.lleroa.

Nuestro lema es:

Puntualidad

DeteGtive
. 2a. Dolores.

OMAR

"La International"
Casá Mexicana
3ra. calle de Taco.ha r 2.
MEX!CO .

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Segunda Epou. Viernes 16 de OGtubre de 1914. Tomo l. Nám. 35.

LA

LECTURA

Callq11isn, lectora es bo.ena ; lo quo im• remos ni u111 p .d lbr1.. TJ:lo lo baremo! preferido publicar Jo que escribieron bu,
porta e, ub~r aprovecbula, uber com• p:, r escrito, p:,rqu h1bremos llegado a an ta después de muertos. Tal el Dante el
prender Un sabio griego ilecfa hace m,s extremo tal, qa, nadie no, creeri 0 ¡ Jo, cual no pudiendo mentir en 10 obra' in•
de dos mil años: cno eacaeotro modo me· Baeaos Días.
mortal, cL"' Divina Comedia&gt; y no pa•
jor d, divertirm! Qlle ley dodo. Si el autor
Los hipócritas, 101 perverso,, tos P'rfi. dieodo decir la nr4ad, porque ~ste era
es al(úa imb6cil, go10 h,yeodo su, tonte• dos, tienen tal miedo a la pdabra escrita entonces no crimen qne ae pagaba coa Ja
rías, ,i alg6.a sa.bio, con mucha m.is razón · que si at1aao de e1los 01 insulta, bastar, moerte,.prefiri6 escribir su libro para la
aprovecho sus eoseñaozu &gt;
con que le digiis qae escriba aquello para po~teridad. Tal Jean Mtzlier, 11 cura h1•
reJe de Ardeuaes, cuyos libros io4ditos al
Y ea verdad, se pu,deo aprovechar bas1 que se calle.
ta los disparates de ao loe:,. No hay mejor
Todo lo qu~, dede_elpriacipiodel muo- decir de Voltaire, debieran ser el verda,
1.migo que el libro. Ja.mú nos arrepeafr do, se h, escnto, es 11ocero, claro y 61il, dero catecismo de la religión.
remos de su am istad, p::irque sabemos que La verd~d salta. a primera •ista, ya eavuel• La ploma purifica todo lo que ■e escri•
oaoca nos traiciona oi se burla de oues• ta ea la 1roafa, ya en la lujuria, ya ea la be, el papel lo eterniza Lo escrito oo ••
tras coo6ieocias, oi apuenta 1er lo que metáfora. El escritor tnal ioteacioaado pierde jamú. Y el que quiera saber, que
no es. ¡Qjl.lll faerao los bomlues como loa que qaiere decir al1oqaeooestide acaer- lea: los aoalfabetos que han perdido toda
librosl Seguramente que la Hamaaidad no do coa lo qae piensa, Je resalta. una aett, e.speraon de aprender a leer y 101 qae, 1
HtoTier• ha atrasada. El hombre que no fora; al que quiere decir . al10 m.ís de lo pesar de saber leer, h1yao perdido toda
ube leer, hag.i cuenta que no ve, porque que pi~nsa, le resulta una injuria que lo esperaoza. de comprender, debían suici•
ai hay algo boeoo para lo que puedan ser• desp~estigia. El escritor no puede ai podrá dane. Porque lo daico bueoo que &amp;abemoa
virnos los dos ojos de la cara, es para leer. m,at1r jamll,. De ahf que algonos hayan es lo qne 001 ha entrado por los ojos y Jo
q_u• h_emos ~prend!do por nuestra ezpe•
Desde 11 momento que una persona emt1eoc1a o me1or deb1era decirte que Jo 6ai•
pieza a comprender lo que 1.§e, ya paede
co baeoo que sabemos ea lo que nos ha
ir dejando a na lado a todos los maestro,,
eoseüado la experiencia, pues la lectura
por may buenos qae sean. Para mf, sabré
D!l e, otea cosa qoe eiperieocia escrita.
decir que una piÍJiaa de un buen libro me
Un bombee que ao sabe leer eatli exha enseñado m;ls que tre:icientas leccioaes
pue1to a .se~ engañado por todos y a ir
y nn afta de experieacia. Y es que el peo
dao:lo trasp,,, por el maodo, como 1i fue,
1amieoto, al pasar por el vértice de Ja
ra. un ciego. La obscuridad a 10 alrededor
ploma. tiene algo que Jo depura, qoe
es completa.
lo notifica. Lo qoe estll escrito no puede
Pero oo •e necesita.solamente saber leer
jamlls eogiñarnos, porque la mala ioten,
Debemos hace, una obse,va•
literalmente, tino nber ccompreoder &gt;
cióo salta a primera vista y nos obliga a
p-:meraos ea caardia. No asf la palabra, el ción a nuestro ■ lectores so~re 1 ■ Leamos coalqaier cosa, pero Jea.moa Entre
cverbam&gt; que llamaban los antiguos ro- cla ■ e de papel del pre ■ente r,ú. m.i.1 di1paratada sea mejor, entre m41 sa•
bia mejor Lo peligroso est4 ea no saber
m1.no1. La palabra hablada n acompañamero1 el ' cual no pudo salir tal comprender y tergiversar el aeotido de lo
da de tales modulaciones de \fOZ y de tales
artificios mímicos, que estamos expuestos como lo dese,b ■ mo ■, por haber• escrito. Mas como ea el mundo hay tanta,
cosas malas y tantas bueaa1 escritas, debe1
a ctda momento a caer ea la trampa por
muy ad vertidos t.'loe va.yamos por el cami• se agotado completamente, en la mo1 hacer lo posible por escoger 101 tx·
no. Ds ah( qae todo aquel que escribe, en fabrica de "San Rafael," las iremos, pero no los t~rmiaos medios, por•
que 100 los m;is malos, O se lee uo libro
vista de la imposibilidad de mentir, se
YuelH sincero por la fuerza. Si no Jo hace exi ■ tencia ■ que no ■ v ■ nlan si,. demasiado malo o na libro demasiado bue•
asf, peor para él ; no adelantad nada ea viendo para formar loa ant■ riore,
Soo los que mú eoseftao.
101 propósitos Cuando un polftico o na
1abio se decide a publicar uo libro, dea- núme,.os d ■ HARTE Y LETRAS."
PORFIRIO HERNADEZ
puis de haber sido aa charlatio incorreM,xico.
El público lector sabrá disp ■ n ■ ar
gible, puede muy t&gt;ieo decirse a 1f mismo
que ha Ilegtdo al fia la hora de . la aioce• 'I suplir con ■ u buena voluntad
Instrumento de antlglledad remota
ridad. Cuando una per10aa quiere eoga- cualquier deficiencia que se prefl1fa01, ae guard_a muy bien de eséribir
Hay imtrumeot01 antiqu!simo1, 1ieado
nada de Jo que nos dice verbaln:ieote. Y ■ ente1 debido a la atual criaia del
sin duda el mil c■rioso el csopbar,&gt; que
por eso es que.siempre que baj óecesidad papel, tomando en cuenta nues.
~e toca ea laa 1ioagogas en ciertas ,casio,
de au¡ur&amp;r un contrato, uo dato biat6rico
oea.
o c1eotffico, una CC!.M_que es: cierta o que troli aafue,zn 'Por ao■tenu SiemEl c,ophar,&gt;aombre qae quiere decir
tiene Jas probabilidad11 41 Hrlo. 11 11cri• pre a 1 ■ misma altura nuestro•••
cbrjllaote,&gt; por 1&amp; brillantez y 11udes&amp;
be. ;Por qoé ser41
del aooido, H hace abara 1eaeralmeDt1
mana,10.
j.oti1aameñte se hacfa mecos aso de la
coa -el c11er_ao de na carnero.
palabra escrita que hoy. Es porqúe &amp;11tiLA RÉOACCIOl'f.
Ea idiatfco, aegOo se &amp;secura, a la trom,
$ll&amp;mente bah{, a,enos bipoCresía que abo•
pota que floro~i6 011 el ..ti,uo templo do
ra. Deatro de mil &amp;!los quid ya 110 habJa1
'Israel.

IMPORTANTE

ªº·

�Yo be visto eo aoa -,ida anterior loaojos .
alucinadores, la frente pensativa y la boca
ob,eaiooante de esa cabeza. que rememora
la de Giocood&amp; eo el lieo10 milagroao de
Leooardo de Vinci.
He visto y amado, en un mondo remoto,
esa ingenua 1racia sideral, qne parece •e•
He ddaJo el estudio de la dulce len1ua nir de un intenso espirito o de un peosa•
inglesa, que babfa comenzado coa ardor, miento de mdsica y d6 sueño.
para pensar en Cristo. Desde hace al1nn01
Una melaacoUa Jnoar ,aga por las fac•
dias mi atención se ha visto 1olicitada por cionea, de una pareza infantil y encantauna de la■ numero1&amp;1 estampa■ pe1ad11 a dora, que acaricia y deslumbra; y que ha•
mi ruiooso biombo. Representa la dura ce meditar en cosas extreñaa y confnsu:
crucifixión del galilea estupendo. Brota en un palacio de mármol nrd11 a la orilla
,·iva del enflaquecido cuerpo la un1re· re• de un lago; en una i■la de rosas y corales
deotora, y la amoro1&amp; faz, enmarcada en en an sereno mar de zafiro: en una ro
uoa rubia barba, parece ungida de sneni• mansa de pesadumbre; en no beao impal·
dad celeste. Abajo dos herm0101 áo1ele1 pable; en un dolor sin t,rmiool
oran y miran el clno que II ceba ea 101 1Qu, de pálidas quimeras y de soñacio•
pies cándidos, Una mantilla alba le veda aes azules laan asaltado mi faotasla, miran•
el sexo, el viriien sexo que ao mancillaren do eate retrato maravilloso de la mágica
jamáa lujuria■ impura■; Y por el labio cas· majer que se atrnesó en mi senda, cuto parece maoar el perdóo a los enemigos, bri6ndola de clnelra de sangre, de jara•
a la innoble turba que le injuria, qne le magos y de asfcdelosl De la mujer de son•
ensaliva el rostro, que le 11ota, que le ase• risa leve;a quien dije adiós en una tarde
sioa coa las aceradas la111as. ¡Pobre már• lejana, de silencio y nostalgia, coy• tri■te·
tirl ¡Pobre iluso de Gali11al ViYiste de za, como un ■edimento amargo, resurge
quimera, te nutriste de vano suei'.io. Por- adn de mi corazón ••••••
que quimera y sueño vano son ta padre
Miro de auno los dndidos ojcs fuciceleste y el dele itos? mundo que ponías oantes, y recuerdo su mirar dulclsimo y 111
aote los ojos de tu■ ■eguidores cll.ndidos. matiz exótico. y pienso en las sirenas y en
Porque quimera y sueño •ano seo también los abi■mos, en las sedas o,grn y ea el
los mila1ros resonantes con que drslorn· brillo de los metaln. y !OO esa■ popilts
brabas a las multitudes en ta loco éxodo Umpido■ espejes de leyenda, en donde vf
de redención. Hey el hombre, harto de refleJada, en horas de dada y de pena, mi
ciencia, harto de 6losoffas, no sólo se rie alma tri■t• y ardiente.
de tu grao taumaturgia sino que te oiega
Ojos amados por mis ojos, llenos de frías
la e1.istencia. Ere• un mito, no dalce fao, 1.1.,rrimas y de viiioaes profnodas eo las
tasma, un héroe de leyenda. Massi es cier• cálidas horas de amor, que todavfa me ha•
ta que has existido, nada hiciste, Señor, cea estremecer . . ..••. ;:. Estrellas adora,
por Ja homaoidad dolorid&amp;. Tu calvario ht du qne enana noche fdoebre iJomiaarco
sido in6til. To sermóo de la montalia se mi destino y que 19 apa,raroa Jentameate,
ha perdido en el ncfo, dejando apenas no impncnáedome de su tri■tesa y de 50 Jom·
e.:o doliente. Satanás, más fuerte que td, bre inolvidable.
se ha ■eñoreado ya de las almas Y el pecaOjos pardos O Jrises; dulce■ y peligrcsc~;
do florece en toda la extención del globo. castos como dos flores; fieros como des ro
Tú soñaste con un reinado de amor y man· ñales; -,oJuptoosos crmo lts besos; vPgos
sednmbre; pero Losbel tentador ha sem• como les eoirmasl 101 he amado tanto que
br■do odio y soberbia en la conciencia de todavía 01 siento relampignar eo mi es•
los kombres. Tú dijiste: &lt;La vida terrena pirita como do■ fatale■ diamantes oegro■ l
es~ lleoa de desdicha; 0 eo el ~e?o de
1Qaisi1ra veros cerrados para sitmpre,
m1 Pa~re celeste ballar~•s la fehcidad .Y anidas Jas sedas obscura, de las pesta!l,~.
la ¡lona&gt; Y S•tán ha dicho: &lt;Aqnl_a~aJo .bajo los lutos de las cPjH, frfos de0tro del
está to?º· Poneos beodos c~a la fehc1d1d féretro •.• . para que nioeúo hombre gende Ja_he~ra, q~e lo de arriba H sólo no• raya o.¡¡uca de vuestrA 1111 divioa. y que•
mentira 1ofanhl.&gt;
.
dara vuestra gloria brillando doic1111ente
Y el hombre, en cuya carne habita el dentro de ai alma!
móostruo de la perveni6o, ha seguido los
y asf resplandecerfa mil,g10san:e11te mi
rojos evaogeli01 del B1jflimol
maodo i0terlor con esa■ d01 pálidas loee•
citaa de ultratumba, con el falgor tacitur•
SALATIEL ROSALES.
00 ~e IH co11s paaadas yde loustros muer·
tosl

CRISTO

s6!

FROI.LAN TURCIOS.

11

Ante un--retrato

•

He visto vivir a 110 hombre
Con el puñal al costadr,
Sio decir i~m,s el oombre
l)~ aquella que loba matado.

l
• I

Antes de tu llegar mi Yida era
Lo mismo que un detierto .... No tenla
.En so inquietud inmensa el al11a mla
Ni no logar, oi no am,r, oi una quimera.

Rápida como un rrfüjo,
Dos veces YI el alma, do■:
Cuando murió ti pobre viejo,
Cuando ella me dijo adiós

Estaba loco por hallarte .... espera,
A cada paso la Iluaión decía ;
Y mucho te esper,, huta que ao di•
Te sorprendl del mar en la riber;i.

Temblé una vu,-eo la ujl,
A la er.trada de la viiia,Coaodo l• b,rbara abeja
Picó eo la frente a ir.i oiia.

Luego eo la sombra de tus o)os mago■
Dulcificó su pena y sus aciagos
Días de tedio el corazóo altivo ....

Gocé una vn de tal soerte
Qoe g~cé cual ouoca:-cu~odo
La seotPocia de mi mue1te
Leyó el alcaide llorando.

Y

t••.

H¡y algo misterioió ,¡ ebigmAtico ,~ e~•
i-01\ro de un.óvalo tn. 1!11110. Se. dirlt la
fiz de una es6qie amóros&amp;,·· C!Jyo .1ecieto
pr()fucdo se perdet.i eo.'l&amp; muerte . y que
tos hombres e11 vaóo illtiliilarú descifrar.
Su expresión es UD reltmpaco e,pirifui.l
que 110 se apara jamás eo el. reéuerdó oi
ea el aíma subyugados" por su' elieiot9 sobrehumaoo.
~

JOSE MARTI.
o o o

INDICADOR

HARTE y LETRAS ,,
Se publica tod06 los vieroes por la

Cia. rerlodisttca Mexicana, S. A.
Jefe de Redacción,
PORFIRIO HERNANDEZ
Administrador,
ALBERTO GONZALEZ.
OFICINAS:
3t Rinconada de Sao Diego 41 .
Teléfono■ :

Ejemplares sueltos . . . . .. . . . . . • 20 es
Subscripcióo, trimestre.. , .•••. 2.50
E1.tranjero, trimestre........... 5.00 ·
c011 excepc:ióo de EstadosUoidoa y Cu• ,
' ba, ea donde regirá el mismo precio
que pata la Repdblica,
·

. · . _CON

s~ IMPO~TE:

V

• ~. No·•· devuelven o,I,1naI. .:

Nevado eo rosas y sonoro· eo fuentes
Hiciste aydr, de In belleza alarde,
Bajo el claror de las mai'.iaoas rientes
Y a las luces eofermas de la tarde.
Y bey no te queda ■adal...Las viajeras
Brisas te haceo 1oilar con primaveras
Qae no llegaa a ti, jardla sin flores ....
Yerto jardln que mi alegria estancas;
Ya nanea volverán los ruiseñores,
Tus d!as de amor, oi 111 mujeres blancas!
NAPOLEON ACEVEDO.
o o o

Y la blHcara de aus carnea frfas
Cobre con la tibieza de la grana
Recuerdo el deuyuoo eo loa camiocs,
Uo canto que cantó una cafetera
Eo 101 llanos azules de los pioos,
Y el asceoso por una cordillera
Hasta tocar aa hirsota cabellera
Que eriz1ba el melhóo de 1us encinos.
RAFAEL AREVALO MARTINEZ

o oo

El árbol
En el alrool de fruto m · colfico y suave, '
El alm, mla, no tiempo gustó probar las mieles
Eo el 4rbol ■olfa cantar de noche el ave
·
Negra de fos iosti0tos p rotenos y croe Jea.

De arrastrar mi cadeua de cautivo ....

Al borde del abismo

Ful tu esclavo y tu dutño; en la durua
Fragante de tu seno de matrooa,
Era uoa 10orme y prodigiosa grieta
Qae el bruno toqae de un lunar blasona,
Doade, inclioado al borde extraordinario,
Descansó muchas YICU mi cabeza.
Dibujaba na picacho mileoario
El horror de su trigica silueta.
Bajo la faena de mi cnerpo presa,
(Si algo te ofeodo al recordar, perdona)
Asomado al abismo con la ioquieta
Taviate altaneda de Amazona
Obsesión df' no delirio visionario,
Y florides melindres de Princesa.
Huadl mi peosa.mieoto solitario
En las eotrañas vivas del planeta.
Hoy que tu aoor aate mi amor escóndes
Y q11e nada a mi stiplica respondes,
Hoy piaan que aq11el rudo paooram¡
Porque mi súplica eternal fastidia.
Es el completo sfmbolo del drama
Que nos unió en efímero idealismo,
ltl alm1 sin fort1111a que te adora,
Cuaado a ta gracia altiva 1ubyugado,
Llena de no mal irremediable, llora
Era mi amor el trágico inclinado
D,Hcoa,oladameote tu perfidia ....
Al borde inalterable de tu abismo.
Ill

Mex 20-85Neri.-1Mc. 14-51.
Apart~do postal 45 bis,

Olvidado Jardfo, jardlo sin flores,
Les duros lomos de tus vieju b.locas
Asilaron ayer, en dlas de amores,
Divioos cuerpos de mujeres bla■cas.

despaés, junto a tu alma pura,

II

•Tod¡ conespoodecia. y valores dPbe·,
El origen de la exclamación: 1h11rrál es
eslavo; 1ignlfiea~·1al paraíso!, y·ni ea !¡be temitine directa~ente a la Colllp•ilfa
eq e~ u.dor de la lucb4 les co1J2'b4tien~es •. Periodlstlea Mexicana, S A-.
lanzaban eate grito como los turcos el a,
NO GIRAMOS
lAI"• animados por la idea de. uila ioiDe•
diata recompe11aa que les hace olvidar la TODO PE'I&gt;IDO DEFIERA VENil
tierr&amp; '/ despr@e"1r li. 111uerte. Tambi,o
los aot1g11oa eref&amp;O que caaodo se moría
i,ar11 ~l'fffl; ff te~,: gau,~--e1-ete1o. •

má■

Me pareció mu, dulce la amargura

PRECIOS

. ·:-·.ORIGEN -DE UNA rALABRA

Jardín del Olvido

A Rosa

Alas oacer v{ en 101 h:imbros
De las mojeres berm01a1:
Y ulir de los escombros
Volando las mariposas.

MEXICO, D ·.F.

-----::-

Los nuevos poetas

CINCO ESTROFAS

Es iodtil que sueñe con tu ,uelta
Y CJn la 1loria del amor perdido;
¡ En los brazos traidores del Olvido
Quedó mi pobre juventud envuelta!
Por t{ el torrente de su llanto suelta
El corazóo malignamente herido,
Qne ea la amable tibieza detu oído
Tembló de amo1 1obre ta carne esbelta.

Ci~rto d~a le dije con la palabra grue
D, m1 canción desombra:Oh p.l.jaro, quebuelts
Cantar desde estas ramasl acaso tú la clave
Coooces que acibara la aleitrla co; bieles1.&gt;
El ave negra dijo: &lt;Muere el fruto maduro
Que ea amargo y es dulce. Eo dolor y alegrfa
Sólo debe importarte este .bien: la Belleza!~
0

Calló el u~,invisi'&gt;le eotre el ramaje obscuro
-Por 1.ashn1as del .l.rbol floreciente corda
La sav1&amp; poderosa de la Naturaleza.
RAFAEL LASSO DE LA VEGA

..

ooo

Riega lirios y rosas

ERNESTO PARRES,
México, de 1914.
o o o

IMPRESIONES

Señor, aquella berma na que tú me di,t~ una
Mafü1..oa se altjó de mi lado, y ape11as
'
Me YtPron sus pupilas dulces como Ja Luna,
Y apeoas besé el raso de su ■ manos moreoas.
Y no.' é a qué boriz:~•le vao sus pasos y el triste
Terciopelo de sus 0¡01 . ¡Fue roo tao bueaas
Las sonrisas de aquella que en mi senda pobiste
Y sus miudas como las tuyas, nazarenas!
'

Vierte el azul sereno de tus ojos divinos
Sobre el hendo misterio de sus nuevos caminos·
Y en esta noche de nostalgia y llanto
Hirg1 lirios y rosas por doode ha de puar. '
St hace más fiero y boodo mi qaebrat1te,
Hoe1e a mañana. Uo toqae de campana
Y no pan de angustias y d~ ioquietude ■ muer• Me recuerda las tibias sacristlas
Eo,uélvela en el oro de cariño y dora
(do; Y evoco mucbas cosas, muchos dlu • ...
'Sas nuevas ilusiooes con 110 beso de au ron, ·
Pero ya oc la pongas eo mi seoda jamás. '
Y el icnal de Maria Dolornt,
Recuerdo al despertar a la trmpraoa
El alma tengo atravesada, Ro"~a.
Hora 10 que se levanta la mañloa
Por no haz de puñales: tu recuerdo . ...
De pie sobre las altas lejaofaa
RODRIGO TORRES HERNANDEZ.

�En México, desde el año de 1848, se ha reconocido una sola casa
de Optica.

Cierto que se han visto , est ..blecerse de vez en cuando

otras casas de corta vida y de m~ o menos confianza, pero el _pí1blico
siempre vuelve, después de haberse convencido de la poca ga1antía
que hay en otras partes, a LA CASA C.-\LPINI, S. A.
&lt;La Más Antigua de México, y La Más :Moderna.»

Registrado como artfcalo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda Epor,a.

Viernes 16 de Ottubre de t91t

Tomo 1.-Núm. 35

A cargo de un oculista que se cuenta entre los especialistas de la Ca¡:iital, nuestro departamento Optico no tiene rirnl en México. siendo do. tado demodernos instrumentos y accesorios para el exámen de la vista.

LA ADMINISTRACION PROVISIONAL DE JUSTICIA

Garantizamos todo nuestro trabajo, tanto en la calidad y correcci6n de los cristales como en la clase de metal empleada en los armazones.
Tenemos ahora un rico surtido de anteojos para teatro, prismáMejor uo usar aateojoa que usarlo■
mal adaptados.

ticos, de marfil legítimo y de care~· en calidad finísima y de mucho
lujo.

LA CASA- í'CALPINI/' S. A.
ESQ. AVE. SN. FRANCISCO Y 3ª MOTOLl:\'IA.
NOTENEMOS~UCURSALES
NI AGENTESVIAJE~OSI

LA SUEGRA DE EUROPA

A la reina Lai1&amp; de Diaamarca se la
llama cla suegra de Europa &gt; Es que eatal
emparentada coa nrias Corte■ y aa pa•
reatesco es cpolltico&gt; ea la mayorfa de los
ca101.

Ahora 1101 dice el cG111loia&gt; que cla sae·
1ra de Earopu habla previsto la actual
lacha aaogrieata de lo■ Bdkaaes. Cuaodo
ea 1879 lo■ btilgaros ■e vieroa eo la oece•
aidad de escoger uo prfoclpe, eotre los
caadidatos se eocoutraba el prfacipe Vla·
dimiro de Dinamarca, que tenla eotoaces
21 alios La -,lecci6a recay6 ea el prloci•
pe Alejandro de B.11tember1, quien .&amp; los
7 aft01 y ao ob!taate la •lctoria loi¡rada
■obre 101 ■ervios, fué obligado a abdicar.
El gobierno btilgaro ofreció eatooces,
da aaevo, el trooo al prlocip• daoé,; pero
la reina Luisa se opaso termioaut1meate,
cootestaodo a lo■ e09iados bálgaros:
-Ni el re, oi yo permitiremos jamás a
aantro hijo qae acepte la corona de Bol•
garia: la aaciooalidad y 101 intereses de
los griegos y de 101 btilgaro■ sou demasia•
do diametralmente opue,tos para que se.i
posible ao acuerdo perdurable. Mis dos
bij01, el rey de Grecia y el prfacipe de
Bulgaria, podrfaose ver obligados algtio
ella, a 4eclararse la guerra.
Huta diez meses·despaé■ los del,gado■
ao se decidieron por el prlocipe Feroao•
do, que eotoaces era au modesto oficia tillo
amtriaco. Y ■e ve que la previsión de la
reiaa Laisa ao fa.S exagerada.

la 6pera salvadora

Eotre las nr:edades graodes de araliu,
hay aoa que 11asta eo demaafa de 101 bue•
vos de loa paljaros-moscas y que es uo ase•
sioo de los mú repagoaotes.
Est.i araña, de tamailo bien graode, espfa las vueltas que dao les pajarillos para
construir sos o idos, busca entre las ramu
el sitio doode se eocueotrao, y si todula
ªº es la época de la puesta, tieode uo ca•
ble entre ea propio oido Y el de los coli•
brfes.
.
Cnaado la hembnta ha p11esto, la re•
pogoaote araila se presenta y mata • la
pob~e madrt',
cuc de que defiecd. su
prole.

George Beroad Sbaw, ea au reciente
,iaj,s a Halia, se eocootró coa vario■ com•
patriotas io1lese1 ea ao restaurant milaoés
doode oo II hablaba fllÚ que el italiaoo,
idioma completameote desconocido para
el literato y todos aas compañeros.
Llegado el 111omeato de pagar, rogaren
los iogleses, persuadido■ de que Beraard
Shaw hablaba a muuilla la lengua de
D,10te, que explicase al camarero qae ha
bfa de hacer notas iodividoale1 para cobrar la comida
El literato oo quiso dar a ccoc,cer sa
igooraacia y. buscando de las frases de
ó~era que conoce uoa que pudiera salnr·
le, se acordó de e11a de &lt;Los Hugouotes&gt;:
«Ogooao per se, per tolli il citl&gt;.
BIENVENIDA
Gueata el mi,mo Sbaw qae declamó el
verso coa .S1ito triunfal Et cmaitre d'ho
ttl,&gt; que esperaba para &lt;la coeota,&gt; seo
ri ado, se apresuró a dar la suya a cada
1100, y loa compaltirtas de Sbaw quedaren -1 Oye!? La lluvia cae; tengo frlol
persuadidos de que .SSte hablaba petfecta- La noche tiembla; el cieno hace ped ,zcs
meote el Italiano
Las ramas de los bl,olet; el rlo
Muge rabioso: estrécbame ea toá brazos·
Posa to labio ,o el semblante mio;
'
¿Y, oo me quieres? Abre, lteogo frío!
-1Te esperaba; baa tardado; tteogo sue(ilol
Sufro; la vida rae atormenta; aguda ■
Me hioca las afias coo brutal ,mpeilo
La zarpa del dolor; mú tú me escudas:
E1Jtra, ¡oli Muerte adoradal Sé mi dae6o·
Existeo aralias de tal talla, qae 110 sola· Quiero dormir contigo; ¡teogo sueftol
'
meote peqaeilos ioaectos, 1ioo que p,jarcs
JULIO FLOREZ.
y ratouea caen eo 1a red y pereceo.

'º

Arañas grandes

El sefior licenciado doo Manuel Escudero y Verda o OJic'al M
uaevo■ jaece!, despué; de tomarles ·1~ p'roie;ta deªfeºy\elo~•argadoúldt~I
Desplacb~ de Justicia, rodeado de los
v1 ru,s 1mo a as c1uco de la tarde.

�Convención

De izquierda a derecha: Generalts Natera, Villarreal y Rotles, qae forman la mtsa dire~tiva de la Convención.

Al salir de la primera junta: G~nerales Obregón, Gntiérrez, Natera, Itarbe, Garcia, Aragón Y Hay.

de Aguascalientes
'

Ui. aspecto del salón donde están verificándose las conferencias.

El presidente de la Convención, General Villarreal, empañando la bandera en el momento de jurar..
(Fotografías cedidas galantemente por el señor José Ugarte )

�La Huelga de los Motoristas y Conductores de Tranvías

l.

La Romería del Domingo en el Tívoli

La Iospección General de P.:i·
licia organizó el domingo pasa
do, con el fin de arbitrar fondos
para las viudas y huérfanos de la
revolución, una alegre romeda
ea el Tivoli del Eliseo.
La fiesta faé una verdadera
nota de alegria y de júbilo, en
que tomaron parte no sólo varios
elementos del ejército y de a_uestra sociedad capitalina, sino la
simplitica colonia aragonesa, que
contribuyó con taot:&gt; gusto cuan·
to que ese día era el de su pa•
trona, la Virgen del Pilar. Hubo
de todo: baturros, vistiendo sus
trajes tlpicos, danzantes de la
jota, castañuelas, gaitas, jarabes
tapatfos, bailes nacionales, etc.
Varia.s bandas del ejército, colo•
cadas en diferentes pabellooes,
cootriboyeron a dar realce a la
fiesta con sus valses y daozooes
que tanto gu~tan a nuestra clase
b,ja También hubo coocarsos
de bailadores profesionales y de
aficionados, habiendo sido adjudicados varios premios a los ven•
cedores.
B1ilando la jota.-Jóveoes de la colonia aragonesa que prestaron su concurso
Entre estos pudimos notar bai•
para la romerfa del domingo pasado.-Chulos y baturros en un
!adores dignos- de especial meo·
puesto del Tivolf.
ción y verdaderamente sentimos
no poder consignar los nombres
de los principales parejas qne
descollaron por sn gracia.; pero se pne• la romeria, y es de esperarse que, debi· cantidad de viudas y de huérfanos,
de asegurar que entre ellas se presea• do al buen éxito obtenido, se habra'. re• que han quedado desamparados des•
ta.ron verdaderas ootablidades.
colectado una regular suma que ser- pués de la convulsión social que M4!xi•
Ya muy avanzada la noche concluyó vid para aliviar en parte a la gran co ha experimentado.

El pó.blico en el Zócalo echa de menos el servicio de tranvías y se resuelve a utilizar los carromatos.-Mesa Directiva del
Sindicato de Obreros en la Casa del Obrero Mundial.-Un orador ea el mitin celebrado por los huelguistas el domingo ·
último.-Los cocheros dispuestcs a secundar la huelgi..-Comisióo de ccbauffeur~&gt; én la Casa del Obrero Mundial.

�La inhumatión de los restos del Litentiado Serapio Rendon

Sr. Dr Manuel Navarro,
Director General del ooevo Hospital
Militar.

P,dio coo la f 1m.Jsa faeote del &lt;Jockey Club&gt;,

El aristocrático centro deportivo de•
nominado &lt;Jock"Y Club&gt;, cuyos salones
albergaron a todo lo másccbic&gt;de nuestra sociedad, ha pasado a la historia.
Hoy oo queda más que el hermoso edi•
ficio, conocido comúnmente coo el

El &lt;Jock~y Club&gt; foé fondado por
nombre de &lt;Casa de los azulejos&gt;, coovertido eo hospital militar por ordeo varios j6ven ,s aristócratas el año de
1883. pua dar impulso al deporte hípi·
del gobierno.
El Primer Jefe de la Revoluci6a, Sr. co, coo oo capital de sesenta mil pe•
Venustiaoo Carranza, ordeo6 trasladar sos.
Son mucb:i.s las leyeo:ias que corren
allf, después de acoodiciooar el local ,
a to:los los jefes y oficiales del ejército sobre el origeo d ~¡ edificio, que es uno
que todavía no hao curado de sus be· de los pocos restos de la colonia espa,
ridas recibidas en campaña. Los moe• ñola que queda.o en la calle de San
bles luj osos hau sido retirados de los Francisco. HJy, en vez de la músi ca
salones que aotes sirvieron para jugar de la orquesta y la alegria de las grao•
y dar recepciones suntuosas. Uoicamen• des fiestas que se dabao allí, habrá de
te h 1 qu~dado la biblioteca y la pelu· escuclurse eo adel,lDte los lamentos de
qoerfa, habiéndose coovertido los de· los eohrmos. D irnos algunas vistas to•
más departamentos en salas destinadas m,das dd hermoso edificio de que r,os
a lo~ enfermos
ocup1mos.

11
J

Vista de la fachad, que da

11,

la calle de S 10 Fraocis :o.-L1s sillas r.onvertid1s en enf~rmerias•-Fots Garduño.

P~r~ooas_ que_ co_ncurrieron al entierro -J~ez tercero de ins~rucci6n militar, licenciado Góm ez Gallar do y el Agente del
M10.1ste~10 Publico. Eo el centro, el detech_ve &lt;(?mar&gt; que d!6 con los res~cs del liceociado Rendón, después de m11 chas in•
vesllgac1ooes.-Eotraodo al paoteón.-El hceoc1ado don L111s Manuel Ro¡as, que proouoci6 un di1c11no alusiv o al acto.
Fots. Garduño.

�La admlnlstracloh provisl0nal de Justicia

Por primera vez, después de
la entrada de las fuerzas cons,
titucionalistas a la capital, se or·
gini1a debidameute la Admiois•
tración de Justicia, aúo cuacdo
con el cará.cter de provisional.
La toma de posesión de los nue·
vos ja~ces y la protesta de ley
se verificó a tu cinco de la tar,
de del día viornes próximo pa·
sado, eo presencia del seiior 06,
cial Mayor. encargado del Des•
pacbo de Justicia, Lic. D. Ma,
nuel Escudero y Verdogo, quien
pronunció uo discurso después del acto.
.El licenciado Verdugo prometió en dicho discaro observar la mayor neutralidad en la admini.;tración de la Justicia, sia tomar en cu,nta distinciones ni
privilegios do ninguaa clase, para lo

c::ial llamó la ateación de to:ios tos cir•
constantes.
Nuestro grabado muestra en primer
término a los jueces del ramo civil,
Sres. Lics. Salvador del V.i.lle, Arturo
Sales Diaz, Maouel E. Mercado y

Francisco de P. Olvera, seota·
dos. De pie está.o los jaeces me•
nores licenciado Mariaoo Do•
m!ogaez, Luis Pintado, Edmun•
do E. liJeatello, Rafael Millá.n
y Alva, Enrique de la Garza,
Adolfo Celada, Fadrique Feroá.odez, José Gooz,1lez Má.rqaez
y licenciado Gómez Mendoza,
jaez segando auxiliar.
Ea segundo térmioo se en·
caentran los jaeces del ramo pe•
nal.
En los medallones, los sefiores
liceoci.idos Maoael Escudero y
Verdugo, Jaan N. Frías, Procurador
geoeral de J asticia éste ú !timo.
Abajo, publicamos el retrato del
Sr. D José Maria Bass6 Méodez,
jaez primero de Iostroccióo, ea su des•
pacho.

ARTE FOTOGRAFICC-Estadio 1v1r E )fetbado

�LOS NUEVOS FUNCIONARIOS

·
PE\-Un cam esioo regalaodo frutas a los soldados del ejército _belga.-Par!s s~. forti6ca. N!Jestra
LA GU&amp;RRA.
EORIos
O a 1re
· d edores d~ la capital francesa
ea prev1s160 de un ataqne
fotografía
maestra
d que h· ,n empezado a ser foru6cados
•
e1 enemigo.

L ·c ~, 0 che&amp; ¡.,01116a nuevo Sfcretario de Gobierno.- Sr J. M. Rollan, Oficial Mayor del Mioisteriode Ccmunicacioaes! ·•
Lic. Aurelio Maclu, Oficial Mayor del Gobierno.

L

A BATALLA MA5 GRANDE DE LA HISTORIA -Un puente sobre el Marne, destruido por los iogenieros franceses
pira datener el annce de los alemanes, durante la gran batalla dd Maroe.

Dr Krnm Heller, acmbrado Inspector General de las Escuelas Militares.-Capitia COllstitucioaalista que escai;:ó milagro,
1ameote a la muerte después de habersido fcsilado.-Sr. D. Gustavo Espinosa Mireles, Srio. particular del Sr. Carraoza.
Es una historia que
parece cuento. El capi•
táa del i,járcito coasti·
tuciooalista, cuya foto.
grafla reproducimos ea
esta págiaa,faé fusilado
hace alguac ■ meses ea
la plaza de toro■, por el
Gral. Martelo Caraveo,
de~pués de haber sido
capturado por las tropas
federales ea ua comba•
te. Se formó el cuadro
con nueve soldadoF, se
dió la orden de ~uego
y el ajusticiado cayó al
suelo al recibir nueve
proyectiles ea el pecho,

,---------------~---~~"""'!'----r
•ll!lllll!llla~

•

El Sr. GJberaador, Gral. Heriberto Jara, preseat:iado a los em•
pleados al nuevo Secretario y al Oficial Mayor de Gobierno.

Después 1e le dió el tiro
de gracia y los 1oldados
se retiraron, dejando el
cuerpo a merced del
enterrador. Como logró
escapar a la muerte el
capitán eo cuestión, oo
lo sabemos, pero el hecho es que actaalmeate
ha sido eocootrado sano
y salvo, como puede
mostrarlo nuestra fotografía. El hecho, aún
euaado oo es único,
pues ya se han dado ca•
sos semejantes, ha cau•
sado honda sensacióu
en el público,

LOS AM&amp;RICA~OS SALEN DE EUROPA -El crucero norteamericano &lt;T•,maessee&gt;, saliendo _del Havre coa los Inris·
· que r egresana su pds·- Ciuiadaoos belitas
tu yanquis
. que vaa en· bu,ca
· de ¡un fpasaporte1para em1grar a Ioglaterra, des
pués de la casi total ocnplc160 d, su terntono por as nerzas a emacas.

ua, c&amp;lle de Ja ciudad de Visé (Bélgica):lestra!da por la artillería germana.-U.3 gran cuadro de Rabeas, &lt;La Asoación
de la Virgen&gt;, sacado de la catedral de Amberes para salvarlo de los cañone~ alemanes.

�Notas Gráficas de la Guerra Europea Las fortlflcaciones de
Francia
Como dique a la invui611germ1foica, Fran
cia trató de cerrar la
frontera alemana, des·
maotelada después de
1870, con los nuevos
llm1te1 del reducido
territorio, con cuatro
órdene~ de contención;
fuertes-barreras, avan•
zadas de la plimera Jí.
nea, que en la zona de
iavuión atalayen los
movimientos del histórico enemigo y sean
guarda de los ferroca•
rriles, principales ar•
teriu del avance. Son
estos fuertes: cMa11011·
viller,&gt; vigía de la. llnea
Par r s--E st ras b argo;
cPont-Saiat- Viacent,&gt;
en la confluencia del
Moselle y del Madon;
cFroaard,&gt; atalaya del
fe~rocarril de :Metz, y
cMontmedy, ponto de
Cañones alemanes, capturados por el primer batallón del regimiento cLincola &gt;
obstrucción en la Irnea
de Thionv11le a Sedán.
La primera linea de defensas d:sta dan en ella rehacerse y preparar la
Verdua-Toal y Espinal-Belfort for·
algo de la frontera política; aunque los concentración cfensiva; y Juego, por su man dos ngiones de fortificación con·
franceses a ella y a la segunda linea situación geográfica, por so importancia tinaada. En la primera, los fuertes de
las llaman la doble barrera de hierro, política o tica o por su riqueza, se h..11 cMont-Saint-Michel,&gt; que pnede esti•
10 misión sólo es contener al enemigo,
fortificado, aisl..damente, poblaciones marse por ciudadela de Toul; cLocey,&gt;
detenerlo en so impetuosidad, para con ccmo Lila, Paris y Lyon.
que bate el boquete Troudes y la W::Je•
ese margen de resi,tencia terminar a
Desde "Méziéres a Lomot se extiende vre; &lt;Eronves&gt; y &lt;Dcmgermain,&gt; a am•
so amparo la movilización y la concen· la frontera Nordeste, con las fortifica- bos lados del boquete de Fcu¡¡; &lt;Ble·
t,ación, y por ende, reglar los ataques ciones en primera lfnea: desde &lt;Ver- no:i,&gt; que bate la carretera de Vanccdel invasor, 110 exponiéndose a un ata- dan,&gt; ciudad amurallada sobre el Mosa bars, y el grapo de &lt;Villey-le-S.a&gt; y
que general, sino a una lacha en cier• con fuertes avanzados, a «Toal,&gt; sobre cGoadrev1lle, que enfila Ju salidas del
tos puntos poco numerosos y Uciles da el Mosela, en la Hnea Paris-Estrasbar· bosqaa de Haye y el cano del Mosela.
guardar.
go, y desde «Epinal,&gt; magnifico campo
Desde Verdon hasta el promontorio
Detrás se precisa, en hipótesis dtfen• atrincherado de carácter ofensivo más de Hattonchatel. las coliDu del Mesa
siva, una segunda línea que, en caso de que defensivo, a cBelfort, extrema dé- forman un macizo cubierto de bosques,
derrota de las huestes francesas, pae• recha de la primera linea.
con lrs fuertes de cGeDicourt&gt; y &lt;Tro•
yon,&gt; «Campo de los
Romanos,&gt; «Paroches &gt;
&lt;Liouville,&gt; &lt;Gironvi·
lle&gt; y &lt;Jouy sons le•
Cotes&gt; y las baterías
de cPagoy-la-Blanché•
Col~&gt; y Baarlemont &gt;
l!:n la región Epinal•
Belfort, los principales
fuertes son: cD, goeville,&gt; «Longchamps,&gt;
&lt;Ra:rimoot,&gt; cLa Mou•
che,&gt; &lt;Uxegney,&gt; &lt;Gi•
ramourt.&gt; &lt;Roulon&gt; y
cBambois &gt; Del campo
atrincherado de Bel•
fort, forman parte además de cRoppe,&gt; «Sal•
bert&gt; y cMont,&gt; cVau·
dais,&gt; &lt;Chaax,&gt; «Mont•
Bart• y la ciudadela de
Montbeliard. Lasobras
del boquete de Lomont
cierran la frontera.
En seguoda linea,
los campos atrincherados son los de: «La Fe•
ré,&gt; en la confluencia
ddl Oise y dei Seine;
cLaon,&gt; entre el Lette
.-' :, ,¡ u Has i 1gl ,5el tom iodo na refrigerio en el campo enemigo.
y el Ardon.

Las tropas del Kaiser en la Guerra

EN TRIUNFO: marchando hacia París, dnrante la primera invasión en que estuvieron a ponto de tomar
la capital francesa.

DE PASO: Soldados capturados por las tropas belgas, marchando por las calles de Amberes, al ir a embarcarse
para I r glaterra.

DESPUE5 DE LA GRAN BATALLA: Prisioneros capturados durante la batalla del Maroe.-Heridos ea la Cruz
Blanca Neutral de Maastricbt, (Holaada.)

�LA SEMANA

TEATROS DE

pueden nacer excelente labor y uutr nu lllOJ buena tem•
porada. Cavero, Gil Rey, Tirado, Pe¡fn Pastor, Mart!nll,
el teaor, y quizá alg6n otro.
Sabucos que la empresa anunciar;!. próximamente algún
utreno.
PEPITO.
MEXCCANO
&lt;'LAZA&gt;
La ya conocida alta
comedia en cinco ac,
tos, de Berton y Simón,
titulada cZu4.&gt; fu é
puesta, la ooche del
sábado, en el escenario
del teatro «Mexicano&gt;
El tipo de &lt;Zszá&gt;
de,de Juego interesa
Es una artista inculta
que procede por sen•
ti miento; ingenna, bros•
ca, pasional. seductora
Pasa el hombre, un
ho¡¡¡bre, su hombre; y
élla desenfadada, recta, sio recelos ni hipo•
cresias, va hacia él,
agarrotándole con rns
hermosos brazos desnudos.
-!Ya te tengo y será, mio por siempre!,
grita a sa oido, triun·
fadora y feliz.
Y él sonde, asiotien·
do, dejándose querer.
Mas resalta que él,
Mimi
vulgar hombre de negocios qne en cada
amor sólo halla nna
aventura agrad'lble, pero pa~ajera, hl
como la satisf ,ccióc de un corretage
en los momentos de recibirlo, no comprende qne a sn lado, en sus brazos, a
sus pies, sobre sa petho cerrado a toda
poesía,élla, &lt;Zuá,&gt; le brinda un amor
~rande y hondo en su ingenuidad ...
Y se va lejos, ea tanto ella desespera.
A•¡os tres años de ausencia, Dnfres•
en se pre■enta nuevamente ante &lt;Za•
zá &gt; Y el infeliz pretende reanudar las

lente en actitudes, expresión y entonación. Ricardo Mutio. de Dufresne,
realizó asimismo un acer,
tado trabajo, tenienlio con
ella, en el primero y cuarto acto, escenas muy bien
ioterprttadas. La presen•
tación, como ~iempre ceo·
rre ea e~te coliseo, apro•
piada y elegante.

LIRICO.-OPERETA
&lt;AMPARO ROMO&gt;

El croni~ta dudaba del
éxito de &lt;Amparo Romo:&gt;
del ,xifo de taqnilla, pues
descontado queda que, como artista cantante, la Ro·
mo constitoye de por sf
un éxito. Y dudábamos del
éxito de la Empresa.dado
Tr..ATHO MEXICANO
el número de&lt;aspec1áculos
que exi~ten ea Ja capital;
Derba. y la Navarro en una escena de &lt;Zazá.&gt;
la situación dificil porque
(Fot. Lara).
pasamos; la falta, ahora,
d~ tranvías. que tanto di,
ficulta la circulación, y, por añadidudulces escenas de un amor ido, de un
ra, la temporada vode•ilesca, hecha en
a'!lor que no snpo comprender, tomán·
el teatro por Grazzi. Todo lo cual nos
d&gt;le por aventura MlS éll'\, con son•
hacia peosar en no m11.I negocio para
risa harto triste por lo qne evoca., mue,
Amparo. Pues bien, todo Jo contrario.
va silenciosamente su rubia cabeza:
El &lt;respetable,&gt; desde la noche de la
-Imposible ya, amigo mio.
preseotacióo, dió por colarse en el teaL-¡ interpretación fué esmerada; totro, Jlenáaóolo..
dos los artistas que tomaron parte en
Y es que la Romo, sohre ser artista
la obra se portaron discretameatA, y en
gracjosa, elegante y de Fimpatía ma·
cuanto a Prudencia Grifell, de &lt;Zazá,&gt;
nifiesta, canta.
su labor fué, ea todos lor actos, exce-

Caota 111ucho, y r u voz agrada.ble,
limpia, clara en la entonación, fluye de sn
garg~ota con sonoridades verdaderamente
apreciables. La hemos oído en &lt;Molinos
de Vien,o&gt; y confesamos, porque es de
justicia, que superó, con mucho, a cuantas
esperaozas teníamos los que venimos
aplaudiendo su labor desde hace años.

o o o
La comoa!ifa tiene algnnos elementos
qae, con seguridad, al lado de la Romo,

TEATRO LIRICO. &lt;Casta Susana,&gt;-Debut de la Compañia Romo.
Fots. Sara y Gardufio.

�PARA LAS DAMAS

~\111111111111111 llll lll lllllllllllllllllfflllllllllHlllll lllll lll llllllllft~

~

MODAS

~

~/111111111111111111111111111111ll11111111111111111111 llllll111111111111111 l~
1

ULTIMOS FIGURINES PARISIENSES
Traje amarillo canario con cinturón de Liberty azul.-Vestido de seda, recubierto de chaotilly y cercado con adornos de
.
seda negra.

,

TEATROS

PR[NC[PAL. -NADA ...
Al final da la estación, caaodo los sello· br~tal a la fisooomia. Se ha innntade un
res modistos, estos tiranos de la moda, ya peine muy fino para ponerlu en orden.
hablan dejido de _pen~r en el Oto~o para
Las cejas fiau, •~qatadas, c~mo pint4- Iban, la semana pasada, a estrenar cL •
engolfarse en lu 1deac1ones fantút1cas del das, dan al rostro aire de seren111ad.
H'ja del Mar&gt; en el teatro dil génoro chi•
Iavierno Han aparecido no II sabe por
La, cejas e1casas, poco pobladas, que c:· mu por raa:ones que ignoramos, no ae
qd motivo .Y tal -rez por el mo-rimiento forman naa linea roj.a ~obre loa. ojos, son u~ el 's;1.bado si noches después, fuera
qae ba h1b1do en toda Europa o po! alga• ana verdadera dugracia. Paede 1ntentane ~el tiem
ara y ae el cronista restiie.
na mezcla lle razas unos han aparecido ~e• qne crezcan lav;l.ndol'9 con petróleo todas
Creen!: ~ae ~ 19 eacapar;I. 1 la pene•
qae!l.01 animalitos con uaa piel tao precio- las mañanas El cortarles las pantu tam• tracióa de los empresarios la falta qae les
sa qae se hin 1p!e1nra~o todo• los pele~e- bi"1 puede producir su crecil!llento.
est'- haciendo 110a primera tiple, cde -rer·
ros a preparar dichas pieles y tt!nerlas hs- A pesar de m1 horror por lu plotaru, dad &gt; no de las últimamente improvisadas
tas para la próxima estación, se1aro1 de iodicar~. ■i se quiere prol~ogar l~• cejas, por'ruóo de escasez. Porque con Chole
que baña DIia gran fortuna, tanto p~r so aa medio completamente 1nofen51vo; una 81 poco y francameote la Asperó no es·
noyedail, com? por 10 raro col~r. Dichos disolacióo de tinta china en agaa de ro• t4 toda.vía' ara prime;os papeles, ai lo
anu~ales con111ten en ana e1pec1e d~ pe• sas E,ta receta es un s11creto de har6n.
estar'- nanea~ a oaestro juicio, por falta de
quenas martu, anu de color rosa P'-l!do Y
tablu incomprensión art[stica y figura.
otras completamente aeg:as; ntaa últimas,
Con ~uecu, aires jitanescos y pies ligeroF,
como son lu mú. raras, han !legado a al•
00 basta. Se precisan, ademú, buenas ea•
c~ozar aa.01 prec101 tan cree1d01 _qae vatendederas, algo de -,01 agradable, un po•
nas amencanas pagaron por el ¡aeg• de
quito de Htilo y moverse y expreRar con
est01a Y man~uito 5,~') franc~ y lt&amp;~ra•
Pelos de la nariz
,1 acierto qae el papel demande. Todo lo
mente est~ hudu p1ele■ se1uir;l.n subien
demú 500 improvisaciones malas to per•
do de yrecio.
.
.
juicio del crupetabl1&gt; p,gaoo.
En lo que ahora están pon1endo sas c1n·
co sentidos los gra■des modistos es en los
traj~s estilo salltre , los qae estarán m;l.s
en voga 11rlin lo, de pañ0-r110 aegro, con
Las aarices maaculinu est;l.n muchalecos de tafet;l.u bordadoe en Mtilo To- chu veces adornadas U?) de pelos en
ledano, qae, aunque resultaa muy car.os, 10 extremidad. No hay mal ninguno en
son tan elegantes y le dan tanto atracti•o arrancar esta vegetación d11&amp;gradable pcr ARBEU -cMADA'.llfE BUTTl!RFLY&gt;
al vestido, que vale la pena hacer este 111• medio de la pequeña pinaa depilatoria.
to por tener el gasto de llevar una elegau•
Pero el procedimiento pudiera aer da,
thima ctoilette&gt;.
ñoso para los pelos qae nacen fuera de la
nariz, porque la inflamación causada al
extratrloe con lu piazas, o al eliminarlos
CORDELIA. con depilatorios, pcdriao comprometer la Digamos, siquiera sea en estilo telegrifico, algo de cMadame Batterfly,&gt; puesta
forma y hasta la existencia del importante en el escenario del Arbea la tarde del
órg1110 olfativo. En tal caso, hay que limi· domingo pasado.
tarse a cortar loa pelos importutes.
El argn11ento, por so trágica sencilles,
es conmovedor; la música, del maestro
Puecini, exquisita, sino tan in~pirada co·
Las pestañas
mo la que escribió para cBohemiu y cMa•
non Lescaul;&gt; la iaterpretacióa, en su coo•
junto, aceptable; en primerlaimo l1Jgar,
La Rinoplastia
Angeles García Blanco, de Señorita Mi.•
riposa, obtuvo un tri anfo por so delicada
labor de arte escénico y porque cantando,
en el se,ando y tercer acto, arrancó ov,1.·
Para ser hermosas, para proteger bien
los ojo1, las putañas debe1? eer lar1u Y es•
ciones.
La extensión de an •oz, 10 limpidez y
pesas. Asi, ademú, dalcdicau mucho la
lista ciencia, que coaacierne a la nariz, su perfecta vocalización, hacen de Auge•
mirada.
·Dic11u qae hay an, 'Pomada ~ra qae ha hecho tales progresos, quose puede con les ana sopraÓo Urica de macho mérito.
crezcan las pestañas, la pomada tnkógeoa, ella modificar, cambiar la forma de la na• Macario de la Torre (Pinkerton) que de,
butó con esta obra, posee agradable estilo;
A!ganas mnjer11 se hacen cortar las extre• riz.
midades de las p,stañas para qae crez· L'31 procedimientos para ello pertene- pero su voz, de ,oca eJ&lt;lensión, adolt ce de
cen
al
campo
de
la
Medicina.
ce011olamiento.&gt; Torres Ovando, badtono.
can y se espesen
.
El frotarse los ojos produce la calda de Sin embargo, indicar, a las personas que y Adriana Delgado, meno-soprano, como
las pe1tañas. No aconsejo a nadie qn• se padezcan de aua 1rae1&amp; nariz, el medio artista, si; pero como cantantes ....
las pinte, a pesar del encanto qae ~to pae· de disminuir sus proporcioun. Basta lle· Panciera, bajo, exagerado, y sos colegas
de dar a los c,j01, porque todo afeite cerr:a var qaendos (sin cristales) por la noche y Saldaña y Altamirano, pasables no más.
.
La orquesta muy deficiente; faltaban
del órgano mú precioso, la vista, H dos por el dia , ~iempre que ae e■t&amp; _solo.
Si la nariz eat;I. un poco torcida, •eav1a, violines, un clarinete y algón otro io1tru•
vsces perjadicial
da, debe,, sodrsela tirando de ella siem• mento, tanto mú de lamentar eo esta obra,
pre del lado de qua ae denla, hasta que caanto es sabido por los aficionados qne
coa el tiempo quede enderezada.
Paccini, al instrumentar la obra, marcó
partes especiales.
Biea el maestro Buratti, qae, a pesar Ele
estas deficiencias, defeadió honrosamente
Las cejas
su orquestal faeaa.
En fio ....
PEPITO.

En esta sección nos proponemos pre·
sentar a nuestras lectoras los figurines
m;l.s recientemente llegados a nuestro
pais, con el fin de tenerlas al corriente

de todos los últimos adelantos de la
Moda.
Dedicaremos a ella todo el espacio
que nos permita la información gráfica

41ue en estos momentos es tao intensa,
y pueden estar seguras de que en ella
siempre encontrarán la última,pala,bra
de la Moda,

Las ceju eomuailadas dan cierto tono

�La inolvidable.
lle detu•e en aquel ignorado lagarejo
porque el ambiente qae alll II reapiraba,
impregnado utaba de peaetraate olor de
ayu madaru y de innumerable■ roau, y
era dalce como la miel y ligero como el
respirar de an aiño; porque la soledad de
aqaellu montañu Yioletu, de aquel mar
nacarado, turbada sólo por algunos rebaños
y aYeatureru velu latinu, me pareció
propicia para los largos, para los vagos en•
,aeños de no de■tierro •oluntario, para
ana convalescencia de alma, cuyu herí
das lentamente cicatriaan; porque luma·
jere1 ante la fuente ali[, H hablaban con
v01 lenta y grave, de cosas lecendarias, y
portaban con bellos g11to1 ,as dotaros
barnizados.
La hoateria tenla el upacto sonriente,
E!Dparrado1 tapiaaban 1n fHhada ornada,
ea claros frucoa y ■eacillos, según el cuto itf.hco Plat4no, la cabñaa coa ■u fr11•
ca sombra. La rndeza de lasHbanaa, com•
pensada estaba con el aroma delicioso de
lavanda y de iris qne de ellusurgfa, y coa
sa blancura inmaculada.
LH alecres canciones de las sirvientu
la hacia semejante a una jaula llena de
pájaros. Mi• nntanu se abrían sobre las
m ,1amórfo1is, sobre la fiesta da claridadea,
sobre el misterio de la azul inmensidad.
Tuve alll dlas cuya volaptaosidad, caya
quietad infinita no sabría expresar; y tue
como an ,obreaalto de despertar, cnando
una mañana el h01telern me advirtió qae
ano cte los criado• de Sa Excalancia, el
Ptlacipe ds Cittafolice, me traía carta.
Aquella vacilación da mi rep,so me caa1ó
un mAlestar: tentado eatave a abrir la cubierta, sellada con cera, y dejar ■iu res•
paesto1 aqa,lla carta. Laego, por curiosidad como por temor de puar carca de un
naevo plac,r siu 1astarlo, o de alguna mi•
seria homana sin ali,iarla, lof estas fra•
ses que, a pe1ar mfo, me coomoviaron:
ce:; ,ñ -m, e3c ribfa el prfncipe..-hoy
es que sé por los ramores, que teogo el
placer de poseer casi en mis domi"ios, a
un francés, ple:ls que de Parf1. Bendigo
e■ta bu ,aa f:&gt; rtana y es a1rad1ceré el q ne
ossirváis c~a::ederm, una hora de entre•
•i1ta, o -lo qae seda mejor,-que aceptéis
hoy el comj)artir la mesa frugal de un so,
literio, de un soñ,dor, de un triste. Ya vei,
qae no escljo a traición, y que desde el
primer m'lmsato os doy completas ■e!iu
de mi ser. Agregaré qae uoa negativa
vaestra uivaría mi melaocoUa.11
Hice eo11111cbar mi silla de posta, y ho·
ru después, cuando el canto de las ciga•
rras se mezclaba a las doce campanadas
del medio:lfa, tembloteadas por uo vetas·
to reloj, me sentaba a la mesa de aqai,l
eni¡mático e improvisado compañero de

,r

1afrimienta1.
Teafa el aspecto g11taclo de los j6Haas
que abatidos Dor uo golpe demasiado ra·
do, ~rrastran la cadena de ua dolor inol·
vidable. Sus grandes ojos, apacados, hacían
p,a,ar en eus cwrcu estanca.das qae lu•
cea en las tristezu de las laudas. Ptofuu•
das arrncas hendían ID amplia frente. Sa
boca ya no se plegaba a la sonrisa, lllS lar•
111 manos, pálidas, teofao perpetuo te.a•

blor y parecían ao tener vigor ni aún pa• ven de ese cuadro creado para so belle
ra 1ostener el .aso. Noté, asimi!mo, la 11· za.
tadiada eltgaocia de 1u vestir, el boaqaet
En fin: sobre ana de las e!tllfas, en me•
prendido en botonera, la finura de 1a dio de ua altar de flores diaticguf un re•
tra;e.
trato de mujer. Reconocf la bella caben
Durante el almuerzo, rociado por un vi• reYoltosa de Sonyette d'Orgy, aquella ca•
nillo blaudo coa reflejos de topacios y 1a• prichosa cuya risa layl ya .ao canta; Sobor de yesca, el príncipe faé encantador, nyette d'Orgy, que fatigo1da de rozarse
espiritual, amable, burló su pobreza y 11 siempre con los mismos imbéciles, de oo
retiro al qua lo condenabanlaspa■adas lo· poder experimentar ana nueva emocióo,
caras, y me interrogó como ao viajero que da oo ser sino an jucaete de amor, se ma•
lleca de lejanos pafses.
tó el pando año como una griseta sentiMas yo sentía qae no me daba a cono· mental.
cer el fondo de sa pen■amiento; que tenla El prfncipe II acercó a mf pálido y
otras confid1nci11 que bacerme: que esa tembloroso.
nocación de la vida pasada 1n este divino -La conocéis, coo es a!f? morraa,ó.
Parf1, que es la Meca de 101 ansiosos de ¿Coaocéis a mi Sonyette? (Ob! decidme os
la vida pauda en e■ e divino Parla, que es lo suplico, ¿qué II de ella? ....
la Meca de 101 uli~ de sea■aciouea y Comprendí qae debla mentir y le resde los voluptuosos, ocultaba ana historia pondf;
·
qao él oo osaba y deseaba narrarme.
-No conezco a Madama d Or1y sino
El dfa traosdorrió ao nnos diálocos, y de •ista, y no podrl'IL daros de ella la me·
caando el sol declio6, cuando las grandes nor noticia ....
montañu extendieron au sombra, el prfn·
Con lágrima, en 101 ojos me codesó 10
cipe me coodojo a ao jardln donde se aogo ■tia, su amor. La habla encontrado
arrullaban palomu y saltaban rumorosos ea Venecia, daraote uo otofio. Se hablan
magnifico, aartidores Me detuve sorprea- adorado con todas su■ fuerns, con toda
dido al puar por un bosquecillo de cipre· sa alma; con e■a demencia, e■a exaltación
111; 11cach~ba en la vibrante dulzura del que los neuróticos ponen en sus pasajeras
crepd■ calo aa concierto de harpas, •ioli· faotatfas de amor y de caro• Apasionada,
011, flaatu, qae palpitaba a lo tejo■, y di· extasiada, ella consioti6 en sPgairlo hasta
rfase que anuociatia aoa fie■ta ralanta
ese rincón da la naturaleza perdido lejos
-Et, exclamó el prfocipe ante mi asom· de todo, y a él se dió en medio da esa de•
bro, aoa pe4uefia orquesta qae caardo pa· coracióo que le agradaba, eomo si jamás
ra distraerme en mi desgracia. Ahora eje- se hubiera dado a otro hombre. Pero, ad
catan una gnota....
qae él, perdido su albedrfo, tratara de des ·
Dimos anos pasos má1, y como agotado, posarla, Sooyette despertó, y recobrar,do
pr01iiui6:
sa aplomo, le respondió coa una carcaja·
--Eo •erdad, mi querido huésped, no da. Una noche cambiaron los beso■ de
01 he ensefiado mi ■eguudo pabellón, el adiós; besos en medio a los cuales se que·
qa, se alza a orillas del agua ¿Os agrada- rrla morir cuando se ama, y haciéndose
ria verlo?
fuertes para no llenarlos de llanto, se pro•
-SI, ciertameate; cont11té.
metieron ouevos mañaoas de alegrías y de
Seguimos otra uenida, al cabo do la Hnh1ras Desde entonces el prfocipe traos•
caal habla una puertHilla, que el prfacipe formó el delicioso templo en un relicario
abrió todo tembloroso. Ea un parafso de de amor, y 1I Sooyette hubiese tenido el
plantas rara■, tras de ana cortina de folla• capricllo de yolnr, babrla creido, al ver·
J~• plenos de flores de violento perfume, lo, qae jamás lo abandonó. A 111 mismas
apareció aua especie de templo p,gaoo horas, los mismos conciertos, las mismas
con columnas de mármol blanco, coa te• flores preferidas sobre las consolas y las
rrazu cubiertas de laureles rosu, coa ••· rinconeras; 101 mi1m01 perfumes en las
calioatu de ■uaves rampu qae desceodlaa casoletas de cobre dorados con galantes
hasta el mar, acariciadas por lu olas pe· emblemas Todo lo qae le quedaba de su
rez0111.
fortuna, el iuconselable lo empleaba ea
En un bo1qaecillo, los inYisibles mbicos aquel paraíso, en aquel santuario, en el
coatiauab1a su tierna y deliciosa siofoofa. calto do su ilusión, de sa miraje; en el pa•
Con voz sombrfa, extraña, por la qae pa• ,ro de los harpistas, de los violines, de !u
saba como ao sollozo aho¡¡do, el prfn 1ipe flautas que, eo 101 momentos de snsueño,
exclamó:
·
durante el alba y el crrpúsculo, evocaba
-iAh, sefiorl nd ana casa en la que el fantasma de la cinnamorata.&gt;
fof demasiado feliz.
Y en tanto que en la nocht! sembrada
Se descubrió como si bubier• penetrado de lociolas, galopaban los caballos con
en una uuerada necrópolis, y penetramos grae ruido de herraje, yo contemplaba tris•
temente ol cielo y me preguntaba si nis·
10 aqu~l adorable retiro.
tirfa entre te,,da■ esr.s estrellas un pala de
Al mirarlo tao adornado por maravillo- ensueño donde las alma■ elegidas, las al·
sos ramilletes, tao bañ,do de la 1oz, tao mas fieles, las almas creadas para el eter•
tentador, tuve la brasea sugestión de que 00 amor, cesasen de sofrir, tuviesen su
aoa bella reclusa de amor, una adorada recompensa, conociesen la delicia sopre·
sustraída a las rairadu con celoso cuida•
do, iba a daslumbraro01 coa celoso cuida- ma. · · · · ·
do, iba a deslumbrarnos coa 1a gracia
RENE MAIZRROL.
ideal, iba a sar¡ir lánguida y radioea y jo•

El señor Roque ."El JustiGiero"
Oraci..s a esta ovejuaa resigoacióo, 1°• ciarse a la ucala, fuese ccmo fuese. Si
Araoda continuaban siendo duaf!os y tira- ello pudiera vtnia sin Yiolrociu, mejor. A
nos de la hacienda y de la honra de los no 1ar posible, ya la obligarla a caer en
Don Ismael Aranda y Suáre1 Goozález, demll.s. Porque esta era otra. Las más ga· el capo.
anciano de altivo porte y aristocrlitico ade• rridas mozas de la ciudad hablan sido re•
Lo malo era que la Hastiaoa estaba moy
mf.a, hace ofii:ios en la provincia da X de creo de 101 amos. .Bien lo recordaban ellas, arisca.
grao señor. Vive en una ca10na señorial desde la viejecita más Yiejacita del !arar,
Uaa vez qae an Sfñoritf■-el hijo dtl
de N, ciudad de cinco mil habitantes, y 1n qae babia sido allll. en sas baanos tiempos m~dic0-qniao tocarle le■ pee hes a la al
varias leguas a la retlonda pocos palmos barngaoa del primer marq1é1, ha5ta la deaoita, dióle un potletuo en mitad de la
hay de terreno qao no 14;an de sa propio• mozaoca más ro111aote de ahora, a qniao cara.
dad.
el varón de 101 ninticiuco a!l.01, el dltimo
Asf, como a los demás, como si misma
Por méritos de herencia es cacique m,xi• vástago de la familia, habla roto el •elo mente se tratara de uno de aq aellcs la,
mo dal partido y nadie sin su cooseoti• de la virginidad no hacia machos días. Ya briegas brutos y zafios.
miento pondrá mano en a■unto que al go• lo recordaban ellas caaodo en la ancha
Y el sefforitfe se lo babia agaant~do,
bierno de la ciudad afecte. Hombres Y plaza ■e reuofao a maldecir de quienes las como ■e lo babia aguantado Riquelme, el
mujeres mdveose a su capricbc, como ai hablan deshonrado.
hijo de la aeñll Remediot, la huevera, o
en vez de personas de carne y hueso fne,
P,ra noas habla sido la desrracia de to- Juaoóu, el hijo del &amp;efior Lui,, el del cor•
ran muñecos de c11r16n y trapo. &lt;El amo&gt; óa la vida. ¡Coáotas hubieron de parar a -1ijo,., ...
¡0 llamao todos, J' el amo es, en efecto. So mujere1 p6blicas, perdida la honra y la es,
padre fd di potado per N Lo foé tambi~n timaeióo I Otras, más afortuoadu. lorraroa
11
1a abuelo, a qoien, por no sé qd negocio bueoo1 maridos, casi 1iempre11roporciooa•
en que hubo de tomar parte, diéroole tftu• dos por los amos. La qae cootinua,br ca,
Con 111 dataro de agua a la cintara ,ie•
lo de marqués.
yendo ea gracia de los amos ya podfa estar oe por la carretera la bija del viejo R.,.
Don Ismael fné cacique de la eiudad contenta. Nanea la faltaba an mozallóo qua.
•
desde an dia que su padre, que ya estaba coa quien unirse para siempre, después El último vástago de los Aranda, qoe
anciano y dolorido, le dijo, al mismo tiera• qoe el cura les echara la bendición Pero la ba. visto venir, sale a su eocueatro.
po que con la mano derecha señalaba el otru, ni esto siquiera. Satisfrcho el capri• _ ¡Hola, mach1r:bal ¿ Dó11de vas táo &lt;!e
ancho campo que a su coatemplacióo ■e cho y cometido el crimen, a la calle. Ya mafiana?-dice al pasar.
ofrecfa:
sabfan ellos qae el crimen babia de que,
La aldeaaita baja la •iHa, ruborosa.
cAbf te queda eso. Feado mío ba sido dar impune. Por algo esan los amo,, ¡qué !Dichoso encuontrol-¡_ifosa-Cco g1mo
por algún tiempo. Yo ya voy para viejo Y diantre!
pasarla de largo, sin dar los bueno, días
tú est:is ea condiciones de manejarlo. Qoe
Una de las •íctimas de los Aranda faé siquiera. Pero es el amo y pudiera eofa,
sepas hacerlo como lo be hecho yo, es lo Roque, que babia ido al matrimonio ea• darse.
que deseo&gt;.
11añado, como van las reses al matadero. -A los güt1nos días, don I■maelito-res..Desde entonces fné dueño de. la provio• s1 majer, antes da ser soya, fd del amo. ponde, y prosi1ue sa marcha.
cia, y como sus ilustres ascendteotes ma- Bien ¡0 auriguó deapaés. Pero habla ju- - l Pon¡aé tanta prisa, mujer?cNo qaii•
oejó a sa capricho hombres Y mujeres. De rado cobránela. &lt;Tarde o temprano-de• res que hablemos un ratito?
sa matrimonie., celebrado p_oco despu~s. cfa,-yo me vengaré Es uoa cueata qae Bastiana con gnto le cooteltaría qr.e
tuvo dos hijos. Maria Victoria, muerta a tenemos que liquidar la casa de los Aran• uo, que maldita la falta que le hace b, b lar
poco de nacer, e hmael, qae. hoy es. moro da y ralcasa&gt;.
con él; pero es el amo y ...... qué rell'e•
de anos veinticinco añoa, recién sahdo de
Báatiana es la única bija. de Roqae. Es diol
la Universidad de Madrid coa tftulo de una aldeana de buen ver, de cutis rosado -Nada más que anas miajilas sí que
abo1ado bajo el brazo.
. .
y amplia■ cad~ras. Va a cumplir. los die• puedo detenerme, 1eñor,-cootesta_.
Como Don Ismael ya va para .,,~¡o, pron· ciséis afios y 1te111 toda la fr1gaoc1&amp; de las -Pues escacha uoa cosa-com,eoza ya
to su hijo le substituirá en el gobierno del frutas prontas a madura~
el hijo del cacique:-dime eco franqueza,
feudo.
•
Lo■ mozos la certejan, pero ella tioae sin qoe te dé vergüenza: ¿no tieoea ncvio
A'!{ va pasan~o de generación. en .cene• para todos an repalgo de desprecio. Es todavla?
ración la pose11ón d~ aquel terr1tor10; Ya mav arisca ea cuar.to a ooviazros se trata. Bastiaaa, roja como uaa amapola, pro•
se ha dicho que nad11 movfa. ~razo Dl 1•·
CouHffUI la honradez de Ba,tiana pa. testa:
vantaba grito siu el coosenhmieoto de lo1 ra y Um,la como cristal jamú empaliado• -No diga eso, señor. Ea aoa todáYla
cam01&gt;.
.
Orgullosos de la mocita astin 101 eogeo· uoa chicuela para noviazgos.
Los infelices labriegos rinden pleiteda dradore1. Raqae, ■a padre, bebe los vien• -e Pues qué edad tienes, eotoaces?
ea la f•milia de los Aranda ª los aotlpOI t01 por aquella bija. eavidia de las maje· -Dieciséis cumplo para Octubre.
aetlores feudales. Alga nas •eces, cazarra- rea y cortejo de Jn1 galanes.
-cY dices que eres un&amp; chicaela? ¿ Pues
ment•, silenc!osamente, protestaban de
Pr 11 do anda abara or ne ha cref· cuándo piensa■ eoaraorarte?
aquella esclavitud, que no tenía raz~n n!D• do
señor D. hm~eli1o, e I áltimo -IQué II yol Cuando vea ao hombre
guoa de ser. ¿Por qué tanta obed11oc1a?
•
d
bl
.
que me guste
,
t
·1
·6 ? , A q é tanta descead1ente e Ia 00 e casa, mira coa
·
'd
,
¿Por _qac tao a ~•s goac1 n &lt;
u
b
-lY ese hombre no ha 1parec1 o a{a,
Ojoa a la Butiaoa. Sio dnda el se•
1ujec1óo al capricho de los Araodas? cEs _ªº!los
.1..
-Todavfa no, sellor don Ismael.
queoosomo1todo1bijo1deDios? Perola nonto cre~qtae.,.tav~asersayaHc~fº 1
-lY si faera yo? DI, aiochacb•,¿te
protesta brotaba a flor de los labios sin lle• demás! 1D1,aln r~, esos qae oo. ª11 an • "Ustarfa quererme a mf? ¿Qcieres que sea,
• •
matar o a ., primero para que e o sace• "
.
gar ª extenonzarse.
diera Mientras Di01 le conservara la fuer• mos D~V1os?
.
.
Alma do estas t11Atatlva1 de rebeldla. era za de· 101 puños O él llevara 10 t.nl!n cu• · ,Balhaoa ie. pone ma~ sena y Steote qu&lt;J
R'&gt;que, b-,mbre de unos cuarenta y ~1nco chillo carnicero 10 la cintara, oadie que le pe11&amp; haber acompañado a doo Ismael.
aflos, recio de cu~rpo, de rostro curtido y 00 fuera por camiács lrgales había de da• I;,uego: resuelta, como pensando que aún
moreno .corno la tierra, sa madre. P~ro fiar la pureu de sa Butiaoa. lPueJ si ar• tien~ h~m_po. para de~bacer el error coipe
nunca faltaba un compa!iero de faen_a, lo doico que le quedaba! Si griciai I ella tado, coge el úo~ro y dice:
manso y ca!l~do, ~e. esos que llev:i,n •~ la podfa lev.antar la cabeza muy alto, como el -Baeao, doo Ismael. Yo me •ay, qaa
sangre el v1c10 su1c1da de~ la r~SJCQ•c16ai. qae 11!'9, Ul todo el loiar.
teo¡o prisa y asted tiene gaaas de bro•
que le volviera a la r.ealldad coa estaf pa•
. .
ma
labras:
- ·· •,
N'o íe equivocaba Roqae. Don Ismaeli- ~
,
, d'
.
-Déjate de rebsldá,; R'oqae; .t, ~os&amp; to·liaefa tiempo que andaba i:,reocopadoeai
ero el fQtaro marqa s no Ht ispues
viene de moy aotigao; oo somoa oosotro, 11er la manera de poseer a la B11tiaaa. De to • deja!I• marchar.
o'ldie para reformar ol mundo~ 104.a:i~'o""s todo sa cercado era la fruta qae m,s.at,e• Entre sus mao0t1 c?ge 1!'- cintura dt!
b'lll. de ser siempre los amos de lospobtes, tecfa. Y siendo iayo el Cf'rcado, lDO 1bt a Bastlaca ,Y la atrae baciá as1. L. aldeana
dijera!&amp; q12e dijeres ..-:,.,.,.... •· · ·-···--,,robarlaT"·Elo 1f qtle- 110. Habfa qae ageo• da un grito y dice:

l

'

.,::Cqur:el

t

1

�-No me toque-, sefior, q•ts puedeqaeno
arrepate que es usted el amo.
Pero Ismael no atiende las protestas de
Id. zagala y hace ademán de besar
cara
rosada y fresca.
-Ben to tambi~o, tontuela,-dice.
La aldeana &amp;e defiende bravamente.
Todo el pudor de so sencillez se rebela
contra. las pretensiones de so. amo. Ya no
es el amo. Ya s61o es no ladrón de so boa•
ra. La honra &amp;ay que defenderla sea como
sea, con arañazos, con golpes, con ::hinidos de fiera herida.
Por cansa de la locha, la aldeana y el
cacique vaa II rodar por el suelo. Loa gdtos de -11la se oyen en el espacio imploran·
do socorro y caridad ... , .

,u

momeato no le hubiera aaa11tado taato al
■ ldeano. Ya mú tranquilo, repu!o .
-Dios te lo.,pagne .. , .-Y con los ojos
llenos de Jigrimas y el alma rebounte de
impaciencia, marcb6 carretera adelan,
te ....

-!Suelta, b,rbarol-JMira que soy tu
amo-gritaba el hijo del cacique, cuando
Roque se abala ■ z6 sobre ~1 sujetindolo
por el cueJlo.
-Lo ha sido usted hasta ahora. Pero
me parece que no lo va a hacn más. Se
lo asesoro, don Ismael Como roque qae
me llaman, que va usted a pagar caro Jo
que preteodía hacer con mi bija,
llI
Y cogiendo el cuchilJo que siempre te·
nfa eo :1a cintara como fiel compafiero,
prooto a defenderle siempre de los hom·oasde uo cortijo cercano, hin otdo los bres y las fieras. a.sest6 no rudo golpe eo
gritos de la Butiana. Pronto fué no mo1 la nuca del amo. que cayó al suelo retor•
aall6n, fuerte como el roble al encuentro ciéodoce en un doloroso espasmo agóoi,
del señor Roque, a ooticiarle lo que so· co ....
cedta.
Lo.eco, cogieodo de la maoo a la Bas
-Uo bOJmbre y una mujer parecen estu tiaoa, que lloraba como aoa desesperada,
reg,ñ1odo cerca de .la carretera. De lejos hoy6 carretera adelante a:ritaodo para qne
no ,e poede distio¡uir quiénes soo; pero lo oyeran basta los ptjaros que se arrulla,
por los gritos que da ~tia parece mismaª bao en lo alto:
meo.te só hij&amp;, señor Roque ...... Por eso
foé el veo ir JO a decírselo. . .
,.....Ya lle liquidado la cuenta que te oía
Un rayo qo.e hubiera cafdo en aquel con los Ara.oda. Esto se acab6. La raza

1 Señor
Interesa a Usted
Sea cual fuere su posición, su profesión o
sexo, comunicarse con el detective Ornar de•
bidamente autorizado, si le han robado, si ha
extraviado algún objeto, si desea descubrir al
autor de un anónimo, si necesita saber con el
más extremado secreto, la conducta de alguna
persona, su solvencia o su domicilio; si desea
resguardar eficazmente sus intereses o bien si
necesita encomendar cualquier comisión que
reclame sag«cidad y verdadero secreto y actividad.

maldita que nos explotaba acaba de deEa.·
parecer para 1i1mpre. No más Ancda, oo
más amos ...... Al fin bao encontraJo la
jasticia que merecían ....

Los aldeanos, cuando supieron la baza•
ña del at.iior Roque, se al,graron Y deséle
entonces posiernn a su libertador el 10·
brenembre de e Justiciero.&gt; Como rinde
la muchedumbre homenaje de admiración
a. lo!_ b,roes que mueren en la guerra, ní
riadieroo bom101je de gratitud aquellos
trabajadores del campo a I ctrmp1 iie1 e que
Jes había libertado. El señor Rcqoe fo~ a
presidio. En un pnal, ltjo1 de ,u pah,
purga 1u hazaña. Piro sus hermano, la,
briegas lo bao glorifindo El ncmbre del
señor Roque el cJu1ticiero» se ba perpe•
toado en 1&amp; memoria de los c1mpe,í1
nos ••••••

AURELIO CAPOTE CARBALLO.

oficial:
Somos especiali:!1tas
en la confección

de

Uniformes
militares
Tambi,n coofeccio•
namos trajes pata

Doy referencias inmediatas de la Banca,
el alto Comercio, Industriales, Profesionales
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Dirección: Apartado postal 2045. Teléfonos:
Ericsson 8852, Mexicana 1300 Neri.
Recibo órdenes a toda hora del día y de la nocbe.

caballeros.

Na estro lema ea:

Puntualidad

"La Internacional"
Ca~ta Mexicana
3ra. ca.lle de tac11ba. u.
MEXICO.

�</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como artícalo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda EpOGa.

Sábado 3de Octubre de 1914.

Tomo 1.-Núm. 33.

..

VENDEDORA DE PERIODICOS EN PARIS, por Antolne Thivet.

�VE-R SOS

(

-Oiga usted! ...... Quiero leerle unos versos ...... ; malos, es verdad, pero quiero leérselos. ¿Qué cosa buena se nos puede pedir a nosotros los impresores? :No nos queda tiempo ..... .
Además ...... ¿ Escucha usted?
-Sí : con gusto, léalos; ya sabe que a mí no
me desagrada lo que usted escribe.
Y aquel hombre, cuyas manos callosas parecen hechas pira maneiar cualquier otra cosa que
no sea la pluma, desenvuelve un papel cruzado
por todas partes de líneas a manera de estrofas.
Son yersos malos, como él mismo lo dice, malí-·
simas, que encierran temas sentimentales ya muy
trillados; versos que e~harían abaio la reputación
de cualquier poeta, por muy célebre que fuera;
versos que no tienen de tales más que el sonsonete de la consonante.
Y sin embargo ...... no hay por qué burlarse.
¿ Acaso un obrero no siente tan hondamente cerno cualquier poeta? Es cierto que habla en sus
versos de decepciones amorosas, pero ya sé que
es el tema de la mayoría. Habla de una puesta
de sol, ¿cuántos líricos se han dado a conocer
hablando de una puesta de sol? Estos habrán
leído mucho, habrán recibido una educación refinada y por eso saben interpretar mejor sus sentimientos. Y eso, mismos que se dicen sentimentales habrán pasado muchas veces indiferentes
ante una rosa, que este hombre vulgar aparentemente, que no tiene pretensiones de poeta, admira y ante la cual se detiene embelesado.
¿ Despreciaré los lirismos falsos de un versero
como este que me aburre con sus lecturas? El,
que consume sus· energías imprimiendo diariamente producciones mediocres, no tiene quien le
edite las suyas, ni siquiera a quien leérselas. Sus
amigos se burlan de él. Nadie lo toma en serio.
Al llegar a su casa se ve en la necesidad de esesconder las cuartillas escritas porque su mujer
no se di vierta a su costa.
Y sin embargo-vuelvo a pensar-ese hombre
habla con más sinceridad, es más sensible a la
belleza que muchos otros empeñados en figurar
en el campo de. las letras a golpe de martillo. Por
ahí andan muchos escritores y poetas &lt;a fuerza,&gt;
que porque gozan de una buena posición social
o de una profesión lucrativa, se creen con suficiente derecho para meternos por los ojos suc;
producciones que nadie leería si se les diera el
lugar que merecen.
Nunca suelo llorar el tiempo perdido, a excepción de cuando me ve::i obligado a leer una de
esas poesía~ forjadas a palos, como las frutas que
se maduran artificialmente Entonces me pregunto si al fin y al cabo la poesía 110 es más que un
pasatiempo como el ajedrez o el boliche.' i'CuanJ:io todos pueden hacer versos!
. ~· ··
Petronro, en el momento de morir escribe a Nerón:
«Te lo perdono todo, menos que me hayas

MALOS
obligado a ':llabar tus ridículos versos.&gt; Y algo
parecido sucede muy a menudo con algunos poetas de guante blanco y de levita: se les puede
perdonar la levita y el guante blanco, pero no
que sean tan malos.
Ese pobre impresor me lee sus poesías con fogosidad, como si estuviera declamando frente a
un público que lo.escucha entusiasmado. Adopta
una actitud cómica y me dirige de vez en cuando
miradas de soslayo, para observar el efecto en
mí producido. Y pienso que él no escribe por
dar~e tono ni en espera de alabanzas. Lo hace
por una verdadera necesidad psicológica. Leyó
aigún tomo de versos- por ahf, lo releyó y después de mucho llegó a comprender que no eran
otra cosa que estados de alma trasladados al papel. Y pensó en imitar al aut0r desconocido. ¿ Por
qué no había él también de escribir versos? Si
aquel era un medio de desahogar el sentimiento ..... .
Y ese hombre cumple su misión en la vida con
mucho más méritos que cualquiera de nosotros.
Si algunos nacieron sólo para cantar o trabajar, él puede hacer la~ dos cosas a un mismo
tiempo: canta y trabaja. ¿ Es al~ún hombre que
se adelantó a su época? ¿ O el precursor de un
futuro no lejano? Quizás habla por su boca al
hombre de la Edad de Piedra junto al hombre de
esta época de la electricidad: el hombre del año
2000 en quien se fundirá todas las tendencias del
pasado y de]· porvenir ....
Y yo continúo dialogando conmigo mismo, entretanto que mi amigo sigue declamando con vehemencia. Repaso el pentagrama del pensamiento y encadeno una serie de ideas hasta formar
una verdadera profesión de fé poética. Muchas
cosas que antes no comprendiera. ahora las veo
tan claras como la luz del día. Durante mucho
tiempo las cosas parecen incomprensibles hasta
que, de pronto, hay una mano que nos entreabre
la puerta de lo incognosibli:., algo así, como si se
levantase una cortina frente a un ojo que permanece en la obscuridad, dejándola entrever la luz
del sol, reflejada sobre una colina.
-iAhora lo comprendo todo, todo!
:'\oto que me he distraíao demasiado, desvariando. Poco a poco he dejado de pensar en los
versos del impresor para meditar en otros asuntos. Mi hombre, que con fa última exclamación
comprende que estoy pensando en cualquier otra
cosa menos en él, se detiene, me mira compungido. avergonzado. Cree que me estoy burlando,
y poniendo una cara de arrepentido. exclnta:
- Qué! ¿ no le parecen mis versos?
-Sí, hombre; sí. Estoy oyendo. Siga Ud.: Es
que yo soy así. ....
PORFIRIO HERNANDEZ.

LA EXCLAUSTRACION
DE LAS MONJAS

Cooveoto de la 3a. calle de S. Lorenzo
No. 74. de donde bao sido expulsadas
por orden del Gobierno Coostituciooatista varias monjas qnfl faeroo eocon•
tradas alli.-Refectorio,- Corredor -Ca,
pilla. Comisario de la 3a. Demarcación
que procedió a desocupar el edificio.

�[@r

•

~=====================================
''Lámparas en agonía"
Eo una edición que no es, a mi jui•
cio, ánfora propia para guardar el romántico zumo de las vides de don Luis
G. Urbina, oigo la vibración otoñal de
un alma ingénua, bañada por los ful·
gores de puestas de sol, mientras el
oleo sagrado psalmodia un requiem de
luz que tiembla en lámparas agonizantes.
El egregio poeta de &lt;Los Senderos
O~ultos&gt; dice, al concluir el prólogo:
cLa deuda que J,. critica mexicana tiene pendiente con Ucbina,queda.sin salo
dar.&gt; Y esto, después de haber afirmado que no será él quien avalore la obra
de su bien amado amigo; pero, no obs•
tante ellp, en las palabras luminares
ltrlllarán quienes lean &lt;Lámparas en
agonía&gt;, importantes observaciones del
prologuista, y apreciaciones justas que
serán más tarde estimadas en su alto
valor.
El robusto cmo de Manuel Jo&amp;é
Othón, el historiado vitral de Rafael
López. las brasas del incensario de Ama·
do Nervo, la llama que alimenta nna
inefable &lt;codicia. interior&gt; en González
M&amp;rtínez, las claridades del fastuoso
candelabro de siete brazos de Díaz
Mirón, dan luz en el mismo recioto: y
en esta sinfonía del fuego espiritual de
los poetas mexicanos brilla dulcemente
la votiva lámpara del maestro Urbina
qne de la alcuza de la existencia tomó
a.:eile nuevo para un reciente esplendor.
La magnificencia de la primera com•
posición-en el libro de qne hablotiene realmente la riqueza ue un Pór,
tico Antiguo.
Yo que sí creo en lo fructuoso de la
selección fragmentaria en los florile•
gios, para dar idea del mérito de una
obra poética en su integridad, copio de
los versos iniciales del libro lo que va
enseguida:
&lt;Limpia el amatista de mi óesaliento,
Bruñe de mis iras el rubí sangriento;
A mis dolorosas lágrimas secretas,
Como a los diamantes, les pule facetas;
Hace filigranas y monta en suspiros
De mi último ensueñ• los claros zafiros,
B incrusta en el onix de mi desconsuelo
La esmeralda anémica del postrer anhe·
(lo&gt;.
Y la labor del poeta puede haber una
explicación, en el mandato que aparece tres ocasiones en la misma primera
composición:
e Acero es el arte; oro la palabra;
Labra, F antasla, labra, labra, labra ....&gt;
D espués: desdé el jardín de plata, en

la noche divina, en la aurora ardientt',
del día en la siesta cálida., y cuando
nuevamente la noche sus lumbres apa·
gó; en estío, otoño, invierno, primavera , El Ruiseñor Cantaba ....
&lt;El ruise ñor se había vuelto loco; se
(había
Enl&gt;riag1do d, luna, de sueño y de pa,
(sión,
Y cantaba, cantaba! ..... .
( Como la. poesía
Que llevo en el oscuro jardin del cora,
(zón.&gt;)
Es la poesía de Ucbioa: así canta;
mas sin la in ~onsciencia amable del
alado cantor en éxtasis de armonía. Por•
que el dolor que hiere lo hace cantar,
el mal q ae daña lo hace cantar, la ju,
ventud que huye para siempre lo hace
cantar.
Sea para otros, hábiles margioalisias,
la tarea da extraer del cofre arcaico
qne es este libro, los primores, las joyas
de dicción, los felic3s hallazgos lexico•
gráficos. Ea mi peregrinación por las
páginas de &lt;Lámparas en agonía,&gt; hoy,
sólo he buscado el alma. del poeta. Na•
da más
He oido que dice:
&lt;Fnf como tantos: audaz e ilnso
V:Jy por el mundo sin desengaños,
Sin ilusiones, sin h,s extra ños
Romanticismos de la ternura;
Porque mis cuerdos cuarenta años
&lt;No me permiten esa locura.&gt;
cN ada me queda, nada. ¿Que me impor-

(ta alma mía
Que hoy la gloria me llame y el amor
(me sonría,
Si he perdido el t.esoro de la infiel ju(ventud ?&gt;

Pero mny adentro, muy solo, muy mío,
Un pesar causado se me vuelve hastío
Y un último anhelo se me extingue aprisa&gt;
palabras que integran la descripción de
la personalidad del poeh, con este gri•
to de infinita angustia:
c¡Resucítame-oh madrel-la t'speranza
Que murió de esperar! ..•.
o o o
A creerle a Urbina, este libro sería
la floración mustia. de un árbol decré•
pito: en la &lt;Elegía Infantil&gt; dice: &lt;es·
tán cansadas todas mis ideas, y desfa•
llecidos todos mis anhelos&gt;; pero aun•
que quizá lo segundo es verdad, lo
primero es venturosamente falso. Y a!í
podrán comprobarlo quienes lean.
Aun en las oraciones por las esperanzas que naufragaron hay vigor; y
copiosa coloración en paisajes dolien ·
tes como el de la Vespertina XII.
En la poesfa cA Felicidad&gt; leo es·
trotas como éstas:
&lt;Porque faiste blancura de mi oscuro
(destino,
Y, aun hiriéndome el alma con un nue·
(vo dolor,
Al pasar me dejaste perfamado el ca•
(mino
Y endulzada la boc;:. con uu beso de
(amor . . .• &gt;
Et caetera .• , ..•
cVan, por eso, estas hojas a tus ma.•
(nos de santa,
Este libro es abeja que te ofrece su miel ;
Es el verso glorioso como uu ave, que
(canta

A la fresca penumbra del soñado laurel&gt;
Y en la Serena.ta de Antaño, ·como
en Serenidad y en la Vespertina XI, la
tristeza y el hondo desconsuelo interior
Y en &lt;La muchacha a misa va,&gt; agre, manan en un chorro de cristal leve y
manco, pero i1isa.do y trémulo.
ga:
Sobre &lt;Pnestas de Sol&gt; tiene este
&lt;El esquilón del templo llama impa·
(ciente a misa ; volumen un mérito: aquel por el cual
la obra de arte no hace pensar en el
Y ella va . ... mas de pronto se detiene
(indecisa; esfuerzo que para crearla realizó el
B.ljo un árbol la aguarda su galán, su artista.
(poeta.
o o o
En la oscilante verdura de los árboo oo
les próximos a mi ventana, miro algu&lt;Símbolo de mi alma a quien una son• nos toques amarillentos q ue presienten
(risa a Octubre, y para olvidar el presagio
De amor, detuvo siempre que, devota e del inminente triunfo invernal, recor(inquieta, dando la. última &lt;arenga lírica&gt;, vuelvo
Fué camino del templo para oir una los ojos hacia el &lt;limpio, radiante,
(misal&gt; profundo, se.reno, misericordioso cielo
P rosigo reuniendo los rasgos de la. de la Patria •
melodiosa antobiografía y anoto:
JO SE D . FRIAS.
c ... .. . Me río
Porque es uoa forma del pudor la risa ; México, 15 de Septiembre MCMXIV.

E NIGMA.-D,bujo por Carlos D. Neve.

El espíritu de justicia
-==============:=:::,
Un rey justo, que estab a en el trance
de morir sin herederos, decidió legar
su reino al más josto de sus súbditos.
Con cnyo fin hizo llamar a todos los
hombres del reino para examinarlos,
sabiendo que las muieres soa incom·
patibles con la justicia.
Pero es ésta un bien tan difir.il de
encontrar sobre la tierra, que los días
y los súbditos pasaban sin que el rey
bailase el heredero de su reino. Persis,
tía no ob itante, en ello; pues, ¿cuál
bien semejante al de un josto mandatario, podfa aquel monarca legar a los
hombres?
Al fin de la :irdua selección, quedaron
tres candidatos apenas. Dos que habían
bablailo bien, y uno que no ha•
bía hablado. Porque el rey respetaba
el silencio, que como una mina precio•
sa suele encerrar el oro de la cordura.
. Y la cordura decía el rey, es uaa forma
de j osti cía.
¡Cuántos habían hablado del asunto
con el rey! Todos decían ser jnstos, pe·
ro no eran sino vanidosos que se admi·
raban Pretendían que la justicia coa·
sistiera.en no acomodo del mundo a
sus conceptos.

Por último, vino el primero de los
tres que restaban, y solicitado para que
hiciera nn resúmen de sus ideas, dijo.
- Señor, he sido juez. Apliqué la ley
con inflexibilidad y sin pasiones. Cre•
yendo que encerraba la sabiduría de
vuestra majestad y de su pueblo, cons·
tituirme en instrnmento suyo. No h-,
faltado una sola vez a la ley. Mi con•
cepto de la jnsticia es la estricta. de la.
ley, sin una debilidad, sin una pasión.
.El rey dijo:
-Es claro tu concepto de la justicia.
Y habló el segundo de los hombres
restantes.

-Señor, be sido pobre y rico . En
todo tiempo hice el bien a los amigos
como a los adversarios. A los que labraron mi fortuna como a los que consumaron mi ruina. Pude causar daño a
mis enemigos y les hice f uores. Domé
mis impulsos de veogaoza en bien de
todos Para mí la jasticia consiste en ha•
cer el bien á aquellos cuyo mal nos
complacería. Justo es aquel que domina. su egoísmo.
Y el rey sentenc ió:
-Has procedido confo rme a tu concepto de justicia.

El tercer hombre, el silencioso, dijo:
- Señor yo no tengo conceptos. Pero
he aqní lo qne me sucedió una vez.
Yendo camino del hospital, llegué a una
población dooda tenía. un conocido. Es•
taba fatigado, hambriento. Pedíle al•
bergue y me lo negó. Cuando arribé al
hospital, encontré otro conocido que
salía ya, dado de alta. Llevaba como
bagaje dos mudas de ropa y le dije:
- T ú que estás sauo ya, hallarás tra•
bajo. Yo e~toy enfermo y no tengo sino
ha.rapos. Haz el favor de darme uno de
tus tra jes. Y él convino en ello. Años
después, áquellos dos hombres fueron
condenados por un consejo de guerra
al ostracismo. Yo mandaba en jefe y
podfa acotdarles el indulto que ambos
me pidieron por conducto de sus fa.mi•
lias y d ~ mis amigos. Dejé c umplirse la
sentencia del que me negó albergue y
agracié al otro. Esto es todo.
Entonces el rey tendió su mano al
narrador. Un rayo óe alegria hermoseó
sus barbas ancianas. Y volvién dose hacia los ministros congregados dictami•
nó:
- He aquí el hombre justo.
LEOPOLDO LUGQNES ,

�EL APOTEOSIS DE VICTOR HUGO EN GUERNESEY
Cuatro días mis tar·
de, al alba, Víctor Rugo se embarcaba con
sn hijo Francisco en
&lt;El Despatth,&gt; vapor
que hacía el trayecto
de las islas con Ioglate·
rra. Al fin de una hora,
el navio se detuvo ante
Saint-Pierre. la capital
de Guernesey, escogi•
da por el grande hombre para ser la primera etapa de su nuevo

Uo periódico frao•
cés, cEI Hombre,&gt; que
apareció en 1855 en
J erst y, publicó en su
número de 10 de oc•
tubre una &lt;Carta a la
Reina de Inglaterra,&gt;
en el curso de la cual
Félix Pyat se burlaba
de la Soberana, en términos muy poco respetuosos, acerca de su
visita a N ipoleón III
La lealista población

V. Hago, eo 1836. de un retrato de
Loui1 Boulal'ger.
~el

Jaliette Drouet, novia de Hugc.

de la isla se di~gnstó y reclamó, con lasu•
presión del perió:iico, la inmediata expul
sión del redactor en jefe, del adminis•
trador y del vendedor. Víctor Hugo in,
tervino. Lanzó el 17 de octubre una
protesta que fué fijada en Saint-Helier,
la capital de la Isla, y en la cual recia•
maba la libertad para los proscriptos.
La respuesta de las autoridades no se
hizo esperar largo tiemro. El sábado
27 de octobre, a las diez de la mañana,
tres notables se prestotaron en cMarme-Terrace,&gt; solicitando hablar con
Víctor Hugo y rns dos hijos. A quién
tengo el honor de hablar? Preguntó el
poeta al primero de los tres-Soy el
condest•ble de Saint-Clemeot, stñor
V!ctor Hugo. Su excelencia el gober•
nador de Jersey me ha encargado decir
a usted que en virtad de noa decisión
de la Corona de Ioglaterra no podrá
permanecer en la isla y que debe usted
Los amores de Victor Hugo.-Casa
abandonarla. de aqnf al 2 de novirmbre • en Metz donde vivió la antigua novia
próxitno.-Esti bien, señor, ae limitó a del poeta.-Claire Pradier, bija de Ju•
liette Di:ouet.
responder el poeta,

destierro. El ...bra de Saint-Pierre
era muy poco profunda para reci•
bir los barcos de fuerte tonelaje, y una
barca de pescadores tuvo que recibir a
bordo a los viajeros, Descender allf,
no faé mis que un juego para el poeta
y su hijo; pero habían llevado consigo
una pesada maleta repleta de manas•
critos preciosos. Los anos estab,a concluidos y los otros solamente bosquejados. Estaban alli; &lt;Las Contemplacio•
nes,&gt; &lt;Los Miserables,&gt; &lt;Las Pequeiia,
Epopeyas,&gt; &lt;DioE,&gt;cEl Fin de Sataoás,&gt;
&lt;El Teatro en Libertad,&gt; cLos Dramas
de lo Invisible&gt; ele ...... La mar estaba
ruda, y como un juguete de nifio, la
barca daozaba sobre las olas. Ansiosos
los dos prosctipte,s se interrogaban, no
osando dar la orden de botar los eqai•
pajes, cuando los marioero~, presuro·
101, pasiercn fi• de una manera bruta~
a sus deseos. Tomando la maleta a bra•
zo, ta laozaroo sin conciencia sobre las
olas encarnizadas. ,con el mismo dea•
dén con que bubierau arrojado un far,

de prooto molesto a esas gentes, muy
quisquillosas en materia religiosa y de
las mis ligadas al régimen moaárquico,
asi como a las vitjas ideas feudales.
La Gaceta local oo habló de prooto
de él, mis tarde se ~xcnió ccn sus lec•
tores de tener que citar frecueottmen•
te el nombre de Víctor Hugo a causa
de los aconlecimieotos políticos. Fué
hasta marzo del año siguiente, a prop6·
to de la publicación de &lt;Las Contem•
placiooes,&gt; cuaodo los periódicos se
decidieron a saladar la llegada del
poeta, &lt;del ilustre escritor que Guer•
cHauteville-House,&gt; donde vivió Victcr nesey tiene el honor de poseer hoy,
Hairo durante su destierro en Gunoe- ~racias a la locura de nuestros herma•
sey.-V1ctor Hago, ea tr.ije de cas~.
oos de Jdrsey .&gt;
El poeta se asombró de la frialdad e
do de algodón o naa banasta de tortu• indifereocia de los habitantes de Guer·
ga. La maleta osciló, indecisa, slbre nesey. Sintió despecho de no deslom•
el agua movrdiza; después, blanca de brar a ese pueblo flemático, de oo oca·
espama, vioo a checar en el fondo dtl par la curiosidad de esos rudos aoglobote. Die.1 mioutos después, la barca normanolos que sen gentes de taota san•
que coudocia al poeta, los frutos de su gre fria y calma como sus primos de
genio y de su fortuna, aboraaba en Francia. Adivioando que no se acerca•
Saint-Pierre. Se instaló en la calle riao, él fué hacia ellos. Arregló los pre
Hiuteville oúmero 2 0, donde may en liminares y, el día de su saoto, 26 de
breve se le reuoió su familia. Y, sopor• julio de 1856, pronunció an brindis en
taodo el destierro con aoa varonil in- ~a patria adoptiva, lo que le proporcio•
diferencia, esforzándose por olvidar oó la ocafión de burlarse de Jersey,
Paris del que coofesi. ba no tener nece- acerca de la cual teoi_a deseos de ven•
sidad, volvió a Empezar, iofatigable, su gzoza. &lt;Gaernrsey, drcía, es superior
inmensa labor. Los goernesianos de a Jersey por las bellezas tie la Natura•
1855, caya isla, perdida en las bramas leza. Los gernesiancs son n:ás atentos,
de la mar, estaba predestinada, como mis inteligentes, inis civilizados. Tie•
Saeta Elena, a c1brigar un grande in- nen además, rl seotido de la jasticia.
fortooio, no suponiendo aún, que un Guernesey verá un día a Jersey desde
día sos rocas servirían de pedestal l(IO• Jo alto de su graodeia cuando los tra,
rioso a la estatua del más genial, del bajos en curso h1yan termiuado y el
poeta mis grande los tiempos moder· puerto se baya concluído.&gt;
Algnncs meses después, daba, ioédi•
nos.
La llegada de Hago fué de pronto to, al periodista mis discreto de la Ga,
con,iderada por ellos, como un obse- ceta una parte de &lt;Las Co11templacio•
quio importuoo de la hh. rival. Este de, nes,&gt; intitulada cEI Maestro de Estumócrata, este hijo de Voltaire apareció dios:&gt;

N &gt; le atormentéis, sufrl', ....
Pero no era por la literatara por lo
que el nombre de Hugo debla ccnmcver a los Guernesianos y cooquistar el
derecho de cita en las columoas de su
diario; fué por la bon da d. Y ese dia,
el nombre de su mujer fué unido al suyo. Los beneficios del poeta y de Mme.
Hugo, qaien &lt;aunque extranjera amaba
a Gaernesey&gt;, se grabaron en el re•
cuerdo y en el corazón de los iosalares
pobres aotes de que los magoificos versos de &lt;La Leyenda de los Siglos&gt; bu·
biesen florecido su frágil ml'motia.
Puesto en acecho por las gentes de
Saint-Pierre, no siotiéodose aun al abri,
go de las persecaciones del gcbieroo
britático que pactaba cntoocts con
Napoleón &lt;d pfqueiio&gt;, Vittor Hogo,
ya muy atraído a la rcca normanda que
iospiraba su genio y vihra ba en él, re·
solvió de pronto teoer un hcgar, un
&lt;home&gt; verdadero, qa e amuebla,ia y
'1ecoraria srgún sus gastos. Además, no
desesperaba de ver la calda del Imperio, no disimulando que su espera po,
d1ía ser larga. Yvolveraeolrara Fran·
cia aotes de esa f1 cha que él se hóbia
fijado.
Y si sólo uoo qaedaba, ese sería él 1
El momento no era propicio ? El éxi•
to de las &lt;Contemplaciones&gt;, que aca,
bao de a¡.,arecer, puso en manos del
poeta ana suma bastaote importante.
El 18 de Mayo de 1856, se hizo propie·
tario de aoa casa sitaada en la calle
misma donde vivía.
Hecha la adquisición Victor Hcgo
puso manés a la e bra. Era preciso trans•
formar esta casa &lt;la casa frecuentada,&gt;
como la llamaban los indígenas, y hacer •
uoa habitacióo original, una morada a
la vez artística y confortable.
Durante tres años, el poeta, que se
babia hecho cb;láo, escnltor, carpiote·
ro, mcdeló el ioterior segl1n sos gostos,
peinaba, cepillaba, clavaba sia dEscanso, marcando todo eco un sello especial,
cuidando cada detalle del meoajeccmo
cuidaba cada uno de sos verses, danc'o
a cada pie za el brillo de una oda y
queriendo qae su hogar fuera un poe·
ma, Después de todo, cHautevilleHouse&gt;, no es quizá~ el menor éxito de
sus obras.
.
Los pisos altos to eran meaos suotac•
sos que el bajo qae cooteoia un vestí·
bulo, el comedor, la sala de billar y an
saloocito. El primero qae comprendia
los departamentos de Mme. Hogo, de
so hija Adela y sus hijos estaba obstruí•
do con los objetos más raros y ricos :

�tapicerías hechas pará la reina Cristi•
na, telas bordidas de plata y oro; el segando se compoofa de ooa galerla de
roble, el gabinete de recepción de Víc·
tor Hugo y una alccba reservada a Ga•
ribaldi; ~1 tercer pi, o pertenecía lodo
entero al poeta: era su retiro íotimo.
Se subía por una escalera estrecha y el
tojo se componía de un mirador y dos
pequtñis alcobas, la una para dormir,
sobriamente amueblada, una cama baja,
casi al ras d,1 entarimado, una mesa de
arco y un espejo, la otra guarnecida
con un diván donde se leía o reposaba.
D~b:i.o las dos sobre el mirador. Allí. se
estaba en plena luz. El techo y las pa•
red~s eran de vidrio, y, cuando Vícbr
H~gJ estata d~ pie ante la mesita sobre
h cu,1 e1cribía, semej,ba estar snspeo•
Paul Meurice y Aoguste Vaquerie,amigos del pceta,
di to datre ~1 ci~lo y el ruu. G,oioete
en ~us vtsttas a &lt;H ,utevtlle-HJuse.&gt;
d~ ,r ,-.., ,jo ú ,i : , par .. ur. ooeu úat co
cuyos éxus1s 1baa más allá. di: todos los
su regreso a Francia y donde escribió allí la grao sombra siempre viviente.
pensamientos humaaosl
Gaernesey h a adoptado muerto al
Es ali' donde, tod,s los días, en todos sus libros más hermosos quizás: &lt;L: s
los tiempos, el estio bajo el Sol y el in· trabajadores de la mar&gt;, &lt;El hombre huésped que desdeñó un poco ee su vi•
vieron cerca de su estufa de porcelana que ríe&gt;, &lt;La leyenda de los siglos&gt; y da. ... . •.
La inauguración de la estatua de Hu·
que corooab1 una estatua de Venus, &lt;Los miserables&gt;, esta novela lírica y
go en las alturas de Pleiomoot, en esa
apoyado sobre su grao pupitre de roble, humana que es la cima de su obra.
Fué en Hauteville-House donde de• campiña donde el paseo es un deleite,
vestido con su larga bata roja, Víctor
fioitivameote
conquistó la inmortalidad. será el &lt;coronamiento de esa lenta adHago trabaj1ba basta el fia de su des•
También los hijos de los Gueroesia~ miracióo, tanto mil.s sólida y durable,
tierra, sin darse otros momentos de
descanso, que aquellos que consagraba nos de 1855 y de 186o bao querido res• como lo hao dicho tao bien Leo Ciare•
tie, cuanto má~ tiempo ha transcurrido
a sus amigo,, a su fami lia y a los oiiios catar el error de sus antepasados. Están
para nacer&gt;.
orgullosos
de
poseer
la
ca~a
donde
tao•
pobres que h1bía adoptado.
Fué en esa habitación, donde vino a tas obras geniales h ,o nacido; están
instalarse definitivamente hacia fines orgallosos d~ guiar al respetuoso perrALBERT HOU LGARD.
de 1856, que no debía. abandonar balta grioo de las letri.s qae va a consultar

El Museo Nacional Je Mé•
xico se h 1 eoric¡uocido con
tres nuevas joyas arqueológi·
cas, cedidas galantemente a
dicho centro científico por el
s, ñor Antonio León - Noes,
tras fotol(rafías servirán para
dar una idea de la importan•
cia de esos re~tos monolíticos, perteeecieotes a la aoti•
gua civi lizac· 60 azteca.

La printesa ensangren-

tada
t.

.,

J

1

&lt;Esa Sara Pérez tenla los ojos más
hermosos que en este muooo se pueden
soñu: ojos de agua verde con destellos
de oro, !03 ojos que a usted le gastan,
los ojos de Aotiooo. En Rom1 esos ojos
la hubieran hecho concubina de Adriano. En Madrid la convirtieron en prio·
cesa de Eboli, metiéndola todas las
noches en la alcoba del rey; pero esas
grandes pupilas de esmeralda y sus
transparencias, inspiraban horribles ce·
los a Felipe II, y la princesa que se

aburría en el fúnebre palacio y con las
conversaciones más fúnebre. aún de
su rey, tuv·o un día la desdichada idea
de fijar sus adorables ojos en el mar•
qués de Posa.
Salia de los oficios, estaba en el um•
bral de la capilla, y la princesa creía
estar sola con su camarera mayor; la
vigilancia de las cogullas le hizo trai,
cióo.
Felipe se enteró, y por la ooche en
la intimidad de la alcoba, y durante una
explicación violenta y ooa borrascosa lucha, el H'lsburgo, posefdo de
una rabia febril, derribó por tierra t.
la favorita y le arrancó el ojo de una
dentellada.
Fué la princesa ensangrentada; her•
maso título para un cuento cruel. ViIlers de l'lsle Adam lo olvidó para'.uno de

los suyos. La de Eboli quedó
tuerta, la amiga real tuvo des•
de entonces no agujero abier·
to eo medio de la cara. Felipe 11 que teoía a la judía me·
tida en la sangre, conservó
a su lado a la princesa. La
indemnizó con algunos títulos
y con el gobierno de algunas
provincias; pero el pesar de la
verde pupila que había estro•
peado le i aspiró la idea de incrustar
en la órbita sangrienta y vacfa una so•
b~rbia esmeralda engastada en plata
y a la que los cirujanos de eotonces
dieron apariencia de mirada. Lot ocu•
listas bao becbo muchos progrtsos du•
pnés. La de Eboli ya muy impresio•
nada por la pérdida de su ojo, murió al
poco tiempo a coosecueocia de la ope•
ración. Fné a reuoirse con su ojo a la
tumba.
Todo era bárbaro bajo esii Felipe II,
el modo de amar y los ciruj¡oos.
Felipe II, amante iocoosolable, di6
orden para que arrancasen la esmera!•
da del rostro de la muerta y la hizo
montar en una sortija; la llevaba siem•
ore, no se la Guitaba ni para dormir,
y cuando murió, dicen qne tenla la
Iá,rima verde en el anular de la mano
derecha.-JEA'K LO~RAIN.

�l"111111111111111111111111e111111111111111111111111111111

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Prosa Selecta

1
•

~/llllll'llllllllllllllllllellllllllllllllllllllllllllltllllllllllllllllllU11111111111111111111111111111111e111111111111111111111111l~

EL TIRSO
A FRANTZ LISTZ.

lQaé es 1111 tirso? Según el sentido
moral y poético, es 1111 emblema sacer·
dotal ea mano de lo~ sacerdotes o de
las sacerdotisas que celebran la divioi·
dad q,i que son 101 intérpretes y sier•
vos. Pero físicamente oo es má.s que
uoa varilla, simplemente una varilla,
pértiga de lúpulo, tutor de vid, seca, do·
ra y recta.
Ea torno de esta varilla, en caprichosas revueltas, juegan y loquean ta•
llos y fl nes, aquellos sinuosos y fogiti,
vos, éstas inclinadas como campanas y
copas vueltas Y 110a sorprendente glo•
ri.. brota de aquella complejidad de
laces y colores, chillones o tieroos. l No
se dirfa que la línea curva y la espiral
haceo la corte a la línea recta y bailan
en torno de la misma ea muda admira·
cióo? lNo se ~irfa que todas aquellas
corolas delicadas, todos aquellos cáli ·
ces, explosiones de aromas y de colo•
res, ejacotau no mfstico faodaogo ea
torno de lá varilla hierática? ¿Y qoiéo
es, sin embargo, el mortal impradeote
capaz de decidir si las flores y los pám·
paoos bao sido hechos para la varilla, o
si la varilla oo es más que uo pretexto
para mostrar la belleza dt1 les pámpa•
nos y las flores? El tirso es la represen•
tacióa de la sorpreodeote cualidad de
usted, maestro potente y veoerado,
querido Bacante de la Belleza miste•
riosa y apasionada Nunca oiogooa
niofa ex~sperada por el invencible Ba·
co sacudió su tirso sobre las cabezas
de sus compañeras enloquecidas con
taota energía y capricho como agita us·
ted so g.eoio sobre los corazones de sus
hermanos. La varilla es su volootad de
U5ted, recta, firme e inquebrantable;
las flores so11 el paseo de su faotasía en
toroo de su voluotad; es el elemento
femeaioo ejecutando en torno del ma,
cho sos prestigiosas piruetas Líoea
recta y lfoea arabesca, ioteocióo y ex•
presión, riiide1 de la voluotad. sinuosidad de la palabra, unidad del fin. va,
riedad de 111edios, amalgama omoipo,
tente e iodivisi?ll: del genio, ¿qué aoá.•

lisis tendrá. el detestable valor de d:vi,
diros y separaros?
Querido Lizt: a travésde las brumas,
del otro lado de los rfos, por encima
de las ciudades donde los pianos can·
tao su gloria, donde la imprenta tradu·
ce su sabidurfa, en cualquier logar
donde se encuentre usted, en losespleo•
dores de la vida eterna o en las brumas de los países soñadores que coasuela Cambroous, improvisando campos de delectación o de dolor inefable,
o confiaodo al papel sus meditaciones
abstrusas, cbaotre de la Voluptuosidad
y de la Aogustia eternas, filósofo, poeta
y artista, lsalúdole a usted en la inmortalidad!
CARLOS BA.UDELAIRE.
o o o

Las Lutiérnagas de Canaam
L1s primeras luciérnagas comeoza.•
bao en el seno del bo~que a hacer co·
rrer sos lá.mparas divinas .... Allá. arri·
ba, las estrellas diminutas y sucesivas
comenzaban tambiéo a iluminar ..... .
Las luciérnaias iban multiplicándose
dentro de la floresta, e iosensiblemeote
brotaban silenciosas e innumerables
en los troncos de los á.rboles, como si,
sus rafees floreciesen cerno pantc.s !ominosos ...... La de~graciada, abatida
por uo grao entorpecimiento, quedó
como adormecida por el sueño ... . Se·
rea,baose aquellas primeras ansias de
la naturaleza al peoetrar eo el miste·
rio de la noche. Cuanto de vago e in•
d istioto habfa en el dibujo de las cosas,
traosformábase en lfmpida nitidez.
L1s montañas se tranquilizabao eo la
inmovilidad perpetua; los árboles es·
parcidos en la llanura perdfan su as•
pecto de fantasmas coofusos ...... En
el aire luminoso todo reconquistaba la
fi;ooomfa imposible. Lar luciérnagas no
volaban ya, y a millares y millares cu•
btllo los troncos que cbispeaban eoiar•
zados con topacios y diamantes Aqne,
llo era una iluminacióo deslumbradora

y gloriosa dentro de la selva tropical, y
los fuegos de las luciéro? gas esparcía o
allf una claridad verde, sobre la que
pasaban ondas amarillas, aoaraojadas o
suavemeote azules.
La figura de los á.rboles se dibujaba
envuelta en una fosforescencia zodia·
cal. Y las luciérnagas se ioc1ustabao
eu las hojas y aquí, allá, y má.s lejos,
mezcladas con los puntos obscuros, eran
esmeraldas, zafircs, to~acics, robles,
amatistas, y las demá.s piedras que guar•
dao partículas de los colores divinos y
eternos Aote el poder de aquella laz,
el mundo era de uo silencio religioso,
ya no se oía el augurio de los pájaros
di' la muerte; el vieoto qoe agita y per·
turba, había callado .... Por todas partes la bie~hechora traoquilidad de
lur ...... Maria fué rodeada por las lu·
ciérnagas que iban a cubrir el pie del
á.rbol en que se había dormido. Su inmovilidad era absoluta, y así recibió en
uo halo dorado la diadema triuofal: e
ioterrumpieodo la ccmbinación luminosa del bosque, la carne de la mujer
desmayada, transparente, era 110 ópalo
engastado en el seno verde de una esmeralda. Luego, luciérnagas iuoumei
rabies la cubrieron, los andrajos des•
aparecieron bajo una profusión infinita de pedrería, y la de•graciada, vesti·
da de luces, durmiendo imperturbable,
como tocada por una muerte divina,
parecía partir pr.ra una fiesta faotá.sti•
c1 eo ~l cielo, para uo desposorio con
la divinidad .... Y las luciérnagas des•
ceodfan ea mayor ot1mero hasta ella,
como !:!.grimas de los astros. Sobre la
cabeza dorada brillaban reflejos azulados, violáceos, y a poco, brazos, manos,
cuello, cabellera, lodo quedaba eovuel·
to eo la hoguera de fuego inocente. Y
otras, y otras, y otras luciérnagas acu·
díao, como si la floresta entera se des·
hiciese en una pulverización de 1oz,
cayendo sobre el cuerpo de María has·
ta sepultarlo en 110a mágica tumba. Hu·
bo 110 momento en que la joven, in•
quieta, alzó suavemente la cabeza y
abrió los ojos que se deslumbnroo Las
luciérnagas, e~paotadas, irradiaban re,
!:impagos de colores ...... Maria pensó
que el sueño la había conducido al
abismo dorado de uoa Estrella. y volvió
a caer dormida en la faz iluminada de
la tierra.
GRACA ARANHA.

G3oeral Francisco Coss, GJb3rnador y Comaadaate _M_ilitar del Estado de Puebla, acompañido de la_ señori_ta Carmen Cer•
dá.n, G,oeral Gilberto Cámacho y grapo áe damas q~e. v_101er?u de Puebla para tomar part~ en la ~a01fes~ac1ón al Aposto!
Madero, ea el Panteón Francés, orgai,izada por el d1v1s100;.no ~~blo Gonzá.lez.-Celebrac1ón del ao1v,rs_ano de la c_oosuma,
cióo de nuestra independencia. Grupo de concurrentes al acto of1c1al, en el Parque de San Feroaudo, el d1a 30 de Septtembre.

�En la pila.

Entrad1 a un palacio de la Colonia.

A través de México
En la Colonía Roma

11

Son las cuatro de la tarde, Hay sol,
mucho sol y el asfalto pulido casi refie·
ja los rayos. Un olor a jazmines y a
violetas llega hasta nosotros desde los
parquesitos que rodean las mansiones
señoriales. Las calles solitarias, sic ese
trajin de las avenidas céntricas que
muea el cerebro. No pasa nadie; solo
de vez en cuando la bocina de algún
automóvil nos hace desviarnos de nucs•
tro camino. Vamos por la Avenida de
Orizaba y por un momento nos bacemos la ilusión de que no estamos en
México, sino en alguna ciudad lejana,
de es:.s de que nos bablan los viajero~,
a orillas del Rhin o del D1oabio. Una
fila de árboles de fresno adorna las
avenidas y la serie de postes de hierro
que sostienen los focos eléctricos da
cierta melancol!a especial a ese rincón
de belleza, una melancolía producida
por la linea recta. Iastiativamellte, res·
piramos con fnerza. e hinchamos nues
tros pulmones con el aire paro de la
atmósfera Dcspoés de pasar por Hombres Ilustres, dond., cada p1so está n-ar·
cado por ura vacilación ante la idea
de ser aplastado por un automóvil o
una carreta, entre aquella atmósfera
caligiaosa, llena de todos los malos olo•
re1 del mundo, sórdida con sus coa,.
tracciones pesadas del tiempo de la
colonia y alineadas simétricamente c 0 ,

mo en una ciudad mercantil, sentimos
como qae senos quita•an peso de encim ~ al penetrar a este arrabal aristocrá•
tico, donde se resume Jo más elrgante
que pueda tener México, en compañía
de la Colonia Juárez La limpieza, la
estética, la arquitectura moderna, im,
peran en todo, desJe el prime= edificio
basta el último. ¡Aquí oo ha y pobres!
Los desheredadcs están lejos; se quedan
ea la Colonia de la Bolsa o en la Tlax•
pana, en cualquier parte que no sea
aquí. La Colonia Roma parece decir•
nos, como Petronio a los romanos:
¡Apártate, pueblo. que hueles mall
H \Y c1stillos feudales qee son mo·
di::roos, sin dejar dd ser foud;.le.s; man·
siooEs regias, a cuya puerta nos parece
ver algún príncipe que besa la mano
ceremoniosamente a la prioce~a; mora,
dis que di no ser de a Jgúo millonario
eoriquecido ea el agio o ea la osura,
creerí ,mos· que pertenecen al Páj uo
Azul de los poetas; jardines impecables
rtoode oo nos atreveríamns a poner el
pie sic colocarnos la sandalia; calzadas
que pareceo guardar aún las huellas
de alguna emperatriz; pórticos que es•
táo pidiendo a gritos la barba de Maxi•
miliaoo Y entre todo esto, no silencio

Vista üci nao de los edificios qu,ctuoJan la plaza.-Un &lt;chalet&gt;
de la Colonia Remar plaza de Orizaba. •

sepulcral, uu poético silencio que nos
obl:ga a detenernos un momento para
preguntar si nos hemos equivocado. De
vez en cuaodo se abre alguna ventana,
enmarcada por aoa guirnalda de Na,
poleooes rojos y asoma la faz alguna
joven rubia, que nos mira con extrañe·
za, como preguntando: la qué viene esa
1eote por aq oí?
Y cierra la vent.ina coa ese deseofa·
do que sólo se puede permitir a las mu•
jeres demasiado bellas y demasiado ri·
cas a uo mismo tiempo.
Lejos, se oye el mormullo de la ciudad que trabaja; los silbidos de los tre·
nes que pasan rápidameotfl hacia la es·
!ación de Baenavista o de Colonia. Si
nos empináramos frente a algún pala•
cio de estos, para ver el interior al Ira•
vé, de alguna ventana semiabierta, mi•
raríamos verdaderos primores de orna•
meotación; muebles de lujo con cada
uno de los cuales nos bastaria para
amasar una fortuna.
-lVerdad que hay mucha poesía en
un millón de pesos 1
,.....Seguramente que la hay, pero mien·
tras ese millón de pe~os nos sirva para
lev'lotar uo palacio como estos. Cuando
se piensa en todas las cosas malas que
se {)Uedeo hacer con un millón, oo creemos que exista en él poe~ía, pero cuan,
do nos deteoem;s frente a algún chalet
de la Colonia Roma y nos imaginamos
siquiera Jo a gasto qae podríamos vivir
allí, el confort qne nos podría propor•
ciooar, entonces ... .. .
Todo el que mira uo nido de estos,
que parece arrancado il las delicias del
Paraíso, piensa instintivamente en un
hogar feliz. No hay soltero. por muy mi ,
sógioo que sea, que no quiera casarse,
si se le pudiera ceder la casa con todo
y algnna de las jóvenes rubias que vi•
ven allí adentro.
Y sin embargo, eso pensamos los que
oo vemos las cosas más que por fuera.

l Q .iiéa s1be cuantas tem;iestades se es•
tarán desencad~nando en estos momeo ·
tos por dentro? Olios, envidias; maridos
engañados, abnelos impertioeotes, tíos
implacables, odios de hermano, envi·
dias de la casa vecina . ... Tal vez mu·
chis familias de las que viven allf son
meaos felices que otras que tienen por
único reciato un chiribitil, en algún
entresuelo o en algún sótano.
Llegamos a la plaza de Oriz..ba, cir·
cuida por palacetes elegantes y bnlli
ciosa con las carcajadas de los niños y
las risas de los snrtidores. Las primeras
hojas de los árboles empiezan a caer
lentamente, coa la proximidad del in·
vierno, y al ser arrastradas por el vieo·
to, forman remolinos que se pierden a
lo lejos.
Un viento del noroeste nos azota el
rostro, trayéodooos, a la vez, ecos de
campanas lejanas que tañen melancólicamente ... Los niños siguen jugando y
riendo como en día de fiesta . Para elles
no significan cada las bojas muertas
que arrastran por el suelo, ni la moer·
te de la primavera, oi la muerte de las
ilusiones y la fuga de las esperan,
zas ...... Pero ya llegará el día en que
sientan el dolor de meditar y de peo
su como nosotros en cosas imposibles
o o o
Más tarde, regresamos, bajo la qu ietud de esta tarde invernal, con las pn•
pilas llenas de tuz y en la mente oo sé
qué visiones de jardines encantados y
de castillos señoriales y de princesas
enamoradas . .... .
PETRONIO.
Ilustraciones de Tostado.

�~~

J El úniGo amante
&amp;~=======
¡SI, me equivoqué! ¡Sí, he bla~ftmadol El amor uiste. Tieroo y violento,
casto y perverso, alegre y desesperado,
caricia y combate, caodor y crápula,
risa y sollozo, el amor demasiado ex•
quisito para no espantar a Beatriz ni aVirginia, ni demasiado formidable pa•
ra satisfacer a Mesalina y Sisnia, el
amor verdadero, completo, perfecto,
qne es a un tiempo mismo todo el bien
como todo el mal, ese existe. No tiene
sino falsas ternuras, falsos juramentos,
falsas· delicias El hombre es capaz, en
efecto, de convertirse en nna especie
de Dios: el amante. Yo, yo en fio, he
sido amada!
Tímido como un niño y bueuo como
una madre, más furioso que un mari•
nero beodo y más criminalmente sutil
que na prlncipe joven y melancólico,
con todas las ingenuidades, ceo todas
las adhesiones, con todos los frenesles,
con todos los artificios, un hombre me
ha encantado, mecido, cansado, conde·
nado y sólo por su cau!a hay a veces
en mis ojos esa mirada de éxtasis que
desafía al Paraíso.&gt;
Carolina Fontéje era quien nos de,
cia esto; la poetisa ilustre y bella. Con·
tinúo hablando febril aún, por el tra·
bajo del dla, ritmada la voz por el re,
cuerdo de los versos.
~, Conocéis mi casa de ladrillos ro•
sas en Villenenve· Saint Georges y mi
jardín que trepa por la colina? Una tar•
de qne estaba, completamente sola en
un banco de la avenida, oyenco morir
el ruido de los nidos, de las hojas, de
la lenta corriente a lo lejos, tras una
agita:ión de ramas rotas y desde lo al·
to de una tapia, cayó frente a mi un
bombr~. A penas caldo, se puso en pie,
mirándome de hito en bito, ¡Oh, y qué
aire tan feroz! Enmarañado, la barba
crecida y ruda, sin sombrero, en man•
gas de camisa. Algún vagabundo, un
ladrón sin duda.
Pero por la flama extraviada de sus
ojos, por la púrpura sangrienta de so
boca, era bello; no tuvo tiempodeasus-

tarme a tal grado me fascinó desde
luego. Con las manos perdidamente ex•
tendidas, como quien va a alcaour por
fin un tesoro largamente ansiado, me
hablaba con balbuceos, con soplos de
ternura y de cólera a un tiempo. Todo
cuanto la palabra humana, entrecorta·
da por los sollozos, puede expresar de
amor humilde y amenazador deseo, de
respeto infinito y de insolente furor,
tanto decía. Suplicaba y ordenaba. El
rnego que exige, el ultraje que pide
perdón. Yo no sé qué tenia de adora•
ción, violando. Y sobre todo, mi ¡;uer,
po sentia, como un fluido de manos im,
puestas, la voluntad furiosa y dulce de
sus miradas, y sentia también que non·
ca habla sido ni amada oi deseada con
tan brutales arranques y tan delicadas
sumisiones. De donde quiera que ven•
gas, sé la bienvenida, ¡oh alegria!
Abro mi ventana a los rayos de to·
das las estrellas, a los perfumes de to•
das las flores y a los relámpagos tam•
bién de todas las tempestades. No debe
arrojarse a la dicha, ese buá;ped tan
raro, porque entra derribando la puer·
ta.
Sin una frase, tendi mis manos hacia
las manos del desconocido, tierno y terrible ; mi corazón de~falleció en lán·
guidez deliciosa, mientras él balbocia.
con la frente sobre mis rodillas, sn amor
y su gratitod.
¡Oh, felices diasque siguieron a las noches culpables! ¿De d6nde venia? ¿Par;. qué preguntárselo? A mi habla llegado y eso sólo me importaba. ,Qoiéo
era? Lo sabía moy bien: era mi aman·
te.
Le debl todos los espantos, todas las
lágrimas y tedas las rnnrisas Extenuada
aún por las ferocidades de sus expresiones, me llevaba todos los días por
los campos, por los bosques, a lo largo
del río: sn brazo que me babia magu•
liado, tenla al enlazar mi talle, terno•
ras de cuna, su voz, antes fercz, con
grit.:i de bestia brava, era más ligera y
más dulce que la canción del ave qoe

despierta. Los des éramcs muy 0100s,
él SLbre todo. Nonadas encantadoras
me delcitab.i.n haciéndome reir. Tenía
sobresaltos de alegría al ver una lagar•
tija huyenoo bajo el herbaje; la prne·
guía ayodándose con las manos pa,a
correr, como 110 gato caza un r;tóo.
Anoqoe supiese muchas cosas (debla
haber leido mucho y soñado despué,)
mostrab1 ~iogolares igncrancias en algunos instantes; desconocía el nombre
de flores muy comunes .. er.. necesario
decirselo y explica:le en qne época del
año aparecian y en que pah abunda•
bao.
A propósito de mil cosas bacía otras
tantas preguntas.
Yo, para enseñar ese niño grande,
para hacerle repetir las palabras que
no comprendla de pronto, tomaba el
aire severo :le una institutriz n gañona.
¡Oh, las lecciones adorablllsl Preferla
que fuese menos sabio que yo, que escuchase con el rostro azorado de un•
colegial que se sorprende.
Me sentaba a veces en una gran pie·
dra y mientras que le hablaba matero
nalmente, un poco pedante, él, de ro•
dillas, sus ojos levantados hacia mi, me
abanicaba los labios coa una rama
florida, al mismo tiempo que soplaba
mi rostro pan arrojar decla el mny loco, la sombra temblorosa~de las hojas y
de las flores.
Pero de improviso, a.parecía en sns
pupilas una alegria altanera. El niño
se tornaba bJmbre y el hombre héroe.
Con líricos énfasis y con gestos de glo,
ria cant.i.bi sus sueños. Para que yo
esto villra radiosa de orgnllo, quería
todas los honores y todos los tri uníos.
El s?ría, él era un pr!ncipe victorioso
ante quien temblaban los ejércitos o el
sublime poeta que esperaban los Capi·
tolios.
Evocab1 los palacios de fiesta, pleno
de banderas conquistadas, las plazas
públicas de las que se levantan lasacla,
maciones de las mnltituties. Con el

orgullo en el corazón, yo lo seguía en
la migia de sus gloriosas quimeras!
Hicimos un viaje, no importa si a
caballo o a pie, por las montañas, con•
fiando nuestro amor al acaso de los
sueños de albergne o de las siestas bajo nna piedra a pico. Yo soy audaz, él
fné temerario.
Solos, bastón herrado en mano, esca•
lábamos la inmovilidad convulsionada
de las rocas, o nos deslizábamos por las
verdes y mr;jadas pendientes. Cuando
despué; de haber atravesado les glacial
les, cuya nieve crepitante esconde lagartijas, alcanzábamos alguna cima, él,
en pie, soberbio, en la vasta llanura del
azul, me estrechaba, jadeante ectre sus
brazos, y me besaba los labiós en pleco
cielo!
B1jamos alguna yez a las ciudades.
Entonces espantaba. Le atacaban celos
furiosos. Porque un hombre volvla e1
rostro para mirarme, porque nn tran·

seunte rozaba mi traje, sus ojos de5pe·
dian fümas y rechinaba los dientes con
rabia.
Entonces me llevaba, me escondia
me encerraba. Yo _he conocido, horri~
bles y exquhitos, los espantos de ser
insultada, de ser golpeada por el que
s.i adora, por el que con sangre en los
ojos y espuma en los labios, os arrodi,
lla bajo la amenaza de su puño, y va a
matar tal vez, a menos que no bese per·
didamente con besos que son mordi·
das.
Pero los arranques más desenfrena·
dos-loh, muy queridos, muy ducesltenian por mañanas humildes arrepen•
timientcs, devociones tiernas; reclamaba castigos, rxigía penitencias; un pe·
regrino culpable acle la santa que per•
dona, eso era él y para evitarme una
lágrima, para da1me una sonrisa más
alegre, hubiera ¡frontado la más cruel
de las muertes. Una vez desde lo alto
de un puente, miraba las agnas blancas

y verdes del torrente que espumaban
entre las rocas; al soplo de la calda cayó una flor de mi corpiño y se arrojó
al abismo y con la fr~nte desgarrada
por las piedras me la trajo tinta en la
sangre de sns manos.
Tres meses más tarde, una mañana,
(estábamos en Villeneuve,Saint Geor
ges) mi sirvienta entró azorada, con
ademanes que derriban muebles, a la
pieza en que dormíamos ya.
Los gendarmes que estaban ab.jo
buscaban a un fugitivo.
Al que yo debla conocer el amor ver.
dadero. completo, absoluto, el amant,
tierno y violento y perverso, it&gt;genuo y
m1goánimo, el amante bravo y celcio y
adicto hasta morir, el amante perfecto,
el 6nico amante digno de ese nombre,
si, el úoico ¡ay! era un loco escapado
del asilo de Cbarentóo.
CATULLE MENDES.

A LAURA
Laura, Laura, soy yo. Mi triste acento
Vaya est~ vez a lastimar to oído
Eco desgarrador, hondo lamento
Del amor y el placer desvanecido.
Laura, Laura, soy yo. Y el alma mía,
Tras el bien ideal siempre corriendo,
Con su nunca eogañada simpata
Que aun te acuerdas de mí me está cliciendo.
Qne si amor suele unir los corazones
Con guirnaldas que el céfiro arrebata,
Tambiln tiene cadenas de eslabones
Que la tumb1 quizás no los desata.
Yo arrastro esa cadena. Y tú, que·un día
A cuya última luz morir debimos,
Tu alma sinti6 lo que sintió la mía
Y on alma sola para amar tuvimof;
Cuando anheles la dicha, cuando hastiada
De tanto bien como halagó tu vida,
V nelvas la planta atrás, por la encantada
Región feliz do la ilusi6n querida;
Por mustias que halles las antiguas prendas
L1s flores muertas, los verdores secos,

A mi te llevarán todas las sendas
Y de mi te hablarán todos los ecos.
Mas no, no, que sty yo. Laura, es el niño
Timido, silencioso, enamora do,
Que llevaba en su pecho tu cariño
Como esenr.ia purísima encerrado.
Es aquel niño que en el lento fuego
De ignorada pasión se consumía,
Y alucinado y delirante y ciPgn,
Adoraco imposible te veía;
Que en su misma ilusión embebecido,
Sin osar hasta tí tender su vuelo,
Como en las alas de su amor silbido,
De tu divino amor se halló en el cielo;
Aquél que tu alma dergarró mil veces
Con celos, con rigores, con agravios,
Que apuró la pasión hasta las heces
Pendiente de tos ojos y tus la bies.
Laura,¿ Lo escucharás? 1Cuác torecuerdo
A tu existencia y tu hermosura unido!
1En cuáles mundos de ilusión me pierdo
De tu nombre no más, Laura, al sonido!
GABRIEL GARCIA TASSARA.

�•

Teatro Mexicano.-Dos escenas del drama &lt;Demi•Monde,&gt;
estrenado últimamente.
Fots. Sara.

( Teatrales ]
MEXICANO.-&lt;FERNANDA &gt;

&lt;Fernanda&gt; es una interesante comedia en cuatro actos dé V. Sardou,
tradacida esmeradamente al castellano
-por Planas y Tuero. Es obra que delei·
ta desde las primer.s escenas, cuando
aparece la infeliz joven después de ha·
ber querido suicidarse, arrojindose ba•
jo las ruedas de un coche. Mis su destino no era ese: salvada por Clotilde,
que se convierte en su protectora al
enterarse de su infortunio, logra esca·
parse de las garras de su seductor-un
tahur desalmado-para caer sollozante
y redimida en los brazos que le tieade
su slivadora. Pero un hombre se cruza
en el camino: es el amante tornadizo
de ClotildQ, que lle_gando a fijarse en

la singular dulzura de &lt;Fernanda,&gt; la
recogida, se enamora de tal modo. que
a pesar del confljcto de celos que esta·
lla sobre su cabeza, se decide a casar·
se. Sufre y se desespera Clotilde, al
verse burlada y abandonada; no sufre
m,nos Fernanda, que se ve odiada de
su salvadora. Jora venganza Clotilde;
Andrés jora casarse con Fernanda, pe·
se al mundo entero; la infeliz, sintién•
dose vencida por el amor, siente la
vergüenza de su deshonra, y coufi;indo•
se eu su protectora-que es su mortal
enemiga: hembra celosa-le da una
carta para que se la entregue a él. Y
aquí apunta la venganza de la despe•
chada. Mas la Providencia vela; no se
consuma la villanía, pues al final, gracias a Pomerol, el servicial y buen ami•
go que salva, todo se arregla bien para
Fernanda y Andrés, que se uoen felices ante la desesperación de Clotilde,
la ex-amante que al fin perdona y com·
prende . .... .
Mercedes Navarro, caracterizada de
Fernanda, tuvo uno de esos aciertos
que afirman la personalidad artística.
El delicado sentimiento, la expresión
de dolor, de gratitud y luego de amor

que va reflejando en su rostro a medi·
da que los episodios se suceden; lo
mismo que la juvenil emoción con que
transparenta los estados de su alma,
sopo interpretarles la Navarro con jns·
teza, con talento, con verdadero arte.
Fué Fernanda durante los cuatro actos,
sintiendo y pensando como ella, gracias
a su completa comprensión del papel.
Prudencia Grifell- Clotilde- notable
en sus celos y en su desesperación: ha•
bla con los ojos esta artista; y Coss y
Mntio muy acertados. Los demis ayo·
daroo , con su discreción, al éxito de la
obra, la cual fué vestida y decorada
con el esmero y buen gusto a que nos
tiene acostumbrados la Empresa del
Mexicaoo.
PEPITO.

Teatro Col6n.-&lt;La Corte de Napole6~&gt;-Muñoz y la Villegas. Esceoa del mismo drama-featro Lírico. Beneficio
de Tamés cCoraha y C1a &gt; Esceria final del 29 acto El beneficiado y Galé - Fots. Sara.

�S:&gt;ldados del Ejército Territorial de Iaglaterra d,scansando confortablemtote eo sas ccbaise loogae1,&gt; antes
d, entrar al combate.-Soldados ioglese1 haciendo ejercicios.

I

Morteros en tiempo de pu, dnrante una fiesta. Compárense con loa qne osaron los alemanu para la tom&amp;
de Lieja.-Una mina de tierra, en el momento de estallar, por medio de electricidad.

DE LA GUERRA EUROPEA.-El Saper-dreadaoaght &lt;Moaarcb&gt; de la marioa inglesa, entrando al Támesis.-Car·
caodo ao transporte coa maniciooes del almacéa de pólvora eo Hyde Park, Londres.-&lt;Adiós &gt; Escena ea la estación
de Waterloo.-Un centinela eo las afueras del edificio &lt;Somerset House,&gt; Londres.-Vista de Namar y del Valle del
Mease, doode se haa librado grandes combates entre belgas y alemane$.

..

Ua hospital iciprovisadopara los b,ridos de la guerra, ea W1nchester.-C~balleros locdiaeases, prestando
el servicio d11 policfa

�"

El retrato de la amada

iNO ME DESPERTEIS!
Siento a veces grave
Desfallecimiento;
Mas .~igne tranqailo su hilo el pensamiento,
Como el lento y suave discnrso de un ave
Qne se va quedando dormida en el viento ....

(TRADUCCION DE VALENCI A)

Ni arrullo de palma ni hervor de diatriba,
Conmueven la calma
Coa que voy, a solas, viendo, desde arriba,
La sombra qne entonces proyectaba mi alma,
Cual ve su reflejo la nube que flota
Sobre una
Laguna
B iñada de lona
Remota .. .. . .

¡Oh pintor excelente;
del arte dueño en la florida Rodasl
Para que pintes a mi ninfa ausente
vengo a contarte sos bellezas todas.
Sus fértiles cabellos
imiten los plnmones de las aves,
y si la cera lo consiente, en ellos
de esencias pon los hálitos ~iiaves;

Hay ou narcisismo,
Uno a mi manera socratico goce,
Ea irse encontrando dentro de sí mismo
Minas submarinas que nadie conoce;
y h1y un gran orgullo (yo sé lo qoe valgo)
En sentirme dotño de una sola idea,
De un amor, de un sueño, de un dolor, de algo .. . .
y esconderlo para que nadie lo veal

Bajü la oseara mancha
de la melena undivaia y dispersa,
en grácil lfnea, de so frente ensancha
el ara eb6.rnea, laminosa y tersa ;
Porque la curva ceja
no se junte a so hermana ni se aparte
hnyendo esquiva so gen_ti! pareja,
con albo punto sus dom1n1os parte;

Ni pidan que ~ime, ni. teman q~e calle:.
.
Déjenme tranquilo sego1r con el hilo de m1 pensamiento ..
Ya vendrá el rnomeato locuaz de que estalle
Mi volcán en llamas de rosas al viento(

L'l lumbre de sns ojos
lnz de carbones encendidos sea:
imita los de Palas sin enojos
y el húmedo mirar de Citerea;

Desfallezcfl y callo
Mi melancolía;
Pero, en mi orgulloso silencio, batallo ... •
Y, así, la victoria será toda mial
Mis versos dispersos
Cual plomas llenaron las líricas salas;
Pero aunque a los aires echara mis versos,
IQoedáronme siempre muy firmes las alas!

Deshoja ea leve taza
de leche campesina, frescas rosas,
y mojado el pincel, su nariz traza
y de su faz las tintas ruborosas;

JOSE SANTOS CHOCANO.
o o o

En su boca menuda
finja reclamos tu inspirado toque;
incite al beso con palabra muda,
y a desliar sus pétalos provoque;

A G. de la Prada

D e la garganta en torno
las Gracias joguetonas revolando,
escuden con sus alas el contorno
del móvil cuello repulido y blando.

Roja de claveles, rer.ordute quiero,
Tocadi la testa por negra mantilla,
No sé si en oa árabe patio de Sevilla
O ea algún ntr1to de Julio Romero.

La princesa Jacques de Brogelie ea traje de escenario.

Entre las tinieblas tu mirada brilla
Coa el ioq nietaote fulgor de un acero
Y tu talle ágil y to pie ligero
Riman los compases de una segoidilh.

De su carne divina
.
mnéstrenos to· pincel blanco destello,
que el ojo tras la pdrpura adivina
el ágil talle iom~culado y bello

Engañas con cantos los hondos pesares
Qoe lloran sin lágrimas tus ojos de foee:o,
Un sueño imposible perturba to calma.
y aboga tus sonrisas . ... Y son tus cantares
Los (tltimos trinos del ruiseñor ciego
JQué enjaulado muere dentro de tu alma 1
F . VILLAESPESA.

Amor mi labio sella . . ... .
E,cucha la esperanza que me enciende:
¡ya ven mi, ojos la sin par doncella
que de tu claro lienzo se despreodel
ANACREONTE.

'-,...

' - .......,

___

________......

__.

Páginas femeninas
Al final de la estación cuando los se·
ñores modistos, estos tiranos iracnndos
de la moda ya h1bíao dejado de pensar
en el verano pira eogotfarse en las
ideaciones fantá,ticas d~ invierno, vino
la trágic... catástrofe con su gesto iracnndo a poner tristes todos los patrió·
tices cerebros teniendo q ae hacer un
verdadero esfoerzo pua olvidar por uu

momento los desgracias de su patria y hin preseut1do ea estilo Luis XV h3 •
poder cumplir coa el compromiso que cbos de terciopelo muselina eu colores
han contraído con el sexo femeoioo pa- pálidos y fl,reados coa menudas fines
ra hacer sus encantadoras creaciones estampadas como violetas, rositas, clapara la próxima estación.
veles y miosotib. Estos trajes siempre
Después de mucho pensar han pre· van adornados de finos encajes h1cien•
sentado varios y lindos modelos de los do el corpiñ o de tela lisa tanto para
cuales hasta ahora las damas elegantes formar el contraste, como para darle
oo se han resuelto a escoger ningnna el estilo de la época.
forma ni ninguna tela, pnes todas son
tao liudas y distinguidas que las han
CORDELIA.
puesto ea una verdadera disyuntiva que
basta ahora no han podido resolver,pero creo que a Jo que más se inclinan es
a aceptar los vestidos drapeados que

�En México, desde el año de 1848, se ha reconocido una sola casa
de Optica.

Cierto que se han visto est...blecerse de yez en cuando

otras casas de corta vida y de más o menos confianza, pero el público
siempre vuelve, desoués de haberse convencido de la poca gai antía
que hay en otras partes, a LA CASA CALPl:\l, S. ,\.
&lt;La Más Antigua de México, y La l\Jás Moderna.&gt;
A cargo de un oculista que se cuenta entre los especialistas de la Capital, nuestro departamento Opti~o no tiene rival en México, siendo dotado demodemos instrumentos y accesorios para el exámen de la vista.
Garantizamos todo nuestro trabajo, tanto en la cali&lt;iad y corrección de los cristales como en la clase de metal empleada en los armazones.
Tenemos ahora un rico surtido de anteojos para teatro, prismáticos, de marfil legítimo y de carey en calidad finísima y de mucho
lujo .

•

LA CASA "CALPINI." S. A.
;

ESQ . A\"E. SN. FRANCISCO Y 3;¡. MOTOLI\'L\.

Cltima creación.-Trajes de Paseo.

NO TENEMOS ::,UCURSALES
NI AGENTESVIAJE~OSl

�El origen de las modas
Fraocisco I , el pomposo rey de Frao•
cia, se p,rodajo en cierta ocasión uoa
herida ea la cabeza y se vió obligado a
cortars6 a rape el hermoso pelo que te,
oía, cea rabí&gt;.
Al día sigaieote, para imitarlo y sin
haber recibido coscorróo alguao, toda
la Corte mascalioa apareció mocha, y
durante ua cuarto de siglo, en todo el
mando civilizado fué moda llevar la
cabeza pelada
Pero llegó al trooo francés Luis XIII,
que empezó desde moy joven a perder
el pelo, y a los veiotic10co años, por un
tesoro, no se le encontraba no cabello
eo la cabeza.
¿ Para qué están los peluqueros in ¡e•
niosos y de inventiva ?..•.
Uao de ellos aplicó una soberbia pe•
luca a la testa real, monda y lirood•,
para q ue al poco tiempo toda la Corte
apareciese empelacada y la moda se
hiciese universal. segúc aates se hizo la
de ir rapado.
¿ Paes y las &lt;moscas&gt; o laaares posti•
z~s que embellecían a las elegaotooas
del siglo XVIII ?.. . .. .
La daqaesa de Mootmerillon tuvo un
graaito que afeaba su preciosa y bien
coloreada o coloreteada mejilla.
Para h:tcerlo desaparecer aplicó una
oocbe sobre el graoo ana gotita de un
famosisimo uo~üeoto negro.
/
A la ma ñaoa siguiente se olvidó ~e
lavarse la cara. olvido en que iocurriao
a menado las damas de aqu~lla época .
La C=lmarera, descaidada o maliciosa,
la peinó y la a rn gló, sin tocar para na·
da a la maocbita negra, con la cu•l la /
daquesa hizo sn aparición en la Corte
y como la Moo tmerillón tenía fama de
ser la majer má ~ elegaote de su tiea,po,
todas las damas la imitaron, preseotán, L ....= ::!:::::i:::;..__________________;::,____.:__~
dose ea sociedad con uao o varios pun•
Ultimas creaciones de la moda en artículos de lo jo.
tos negros sobre las mejillas.

Señor ofiGial:
s~mos especialistas en la
confección de

Uniformes militares
También confeccionamos trajes para
caballero~.
N uestro lema es:

Puntualidad

"La International"
Casa Mexicana
y a . calle de T ...cuba
MEXICO.

12 .

�</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R~istrado como artículo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda EpOGa. Sábado 26 de Septiembre de 1914.

Tomo 1.-Nóm. 32.

UNA BELLA POBLANA. - Srita . América Beltri.

�Periódicos viejos
En los más apartados y obscuros rincones de
la Biblioteca duermen los periódicos viejos. Nadie los toca, salvo algún anticuario o leguleyo
que se a,oma cada cuatro años, con las lentes
calada,; sobre la nariz, a desempolvar papeles en
busca de una fecha. De no ser ellos, ¿quién repasaría esas páginas amarillentas que encierran
hechos y acontecimientos fuera de oportunidad?
La labor del periódico diario, así como es de intensa y frívola a un mismo tiempo, logrando despertar el interés del público por algunas horas
~s obra muerta al día siguiente. Un acontecimiento obscurece a otro y así sucesivamente.
Un crimen sensacional logra extremecer los nervios a un millón de per;onas; ese día el periódico
no se lée, se devora con la vista. Después, en las
colecciones de la biblioteca, no hay una sola persona de todo ese millón que se tome el costo de
repasar siquiera el título.
Ese es el destino del periódico diario, parecido al destino del pan, que una vez engullido no
vuelve a servir para nada y hay que buscar la
manera de agenciarse otro. Y sin embargo, iqué
poderoso impulso el de la prensa! Se ha dicho
que es una palanca poderosa que levanta de una
vez y exhibe ante los ojos del mundo los vicios,
las flaquez~s, las virtudes de los hombres. De
ahí que su labor no sea ni pueda ser estéril, aunque sí la del periodista. La labor de éste es puramente anónima; agota todas sus energías en
ella para procurarse únicamente lo necesario para no morirse de hambre. En cambio, el autor
que publica un libro, sabe muy bien que su obra
lleva un nombre, que las páginas de ese libro no
servirán, dós días después de publicado, para envol ver una longaniza o para alimentar el fuego
de una estufa, puesto que al lector le cuesta algún dinero que no se puede tirar por la ventana.
La biblioteca es la única aya cariñosa del periódico, la única que no lo desdeña jamás y que
más aprecio tiene por él entre más viejo es. De
no ser la biblioteca, cuyas colecciones guardan
desde el último periodicucho trimensual hasta el
gran diario de veinte páginas, no encontraríamos
cuatro o, cinco días después, un número atrasado
en ninguna parte, ni en la misma redacción muchas veces. Y pensar que cualquiera de esas hojas que están sirviendo para defender de las mos·

J!J

casa un terrón de azucar, guarda más enseñanzas que muchos libros!
El periódico es ave de paso que lleva enredada en cada ala una página perdida de la historia.
Su fragilidad, su ligereza para tratarlo todo, desde una vulgar nota de policía hasta un conflicto
internacional, le hace más temible que un arm-1.
de dos filos, por ·acostumbrarse a decirlo todo con
el mismo lenguaje. El tirano que no vacila ante los
ejércitos o ante la iracundia de su pueblo, tiembla
solamente ante la idea de que en algún rincón de su
reino pueda existir una imprenta libre; el criminal que no se inmuta a11te los estertores de ~u
víctima, se incorpora de pronto en su lecho, enciende luz y abre convulsivamente las páginas
de un periódico para convencerse una vez más
de que las señ~s no corresponden a su filiación .
Pero el peligro se desvanece pronto; después
de veinticuatro horas, el periódico pasa a la colección, de donde no vuelve a salir.
o o o
Gusto de registrar los anaqueles de las bibliotecas para desenterrar periódicos viejos y repasar esas líneas amarillas convertidas en ceniza,
después de haber sido latigazos de fuego, carbón
encendido en el vértice de una pluma. Gozo leyendo notas de sociedad , bodas alegres de una
pareja que ahora peina canas y que sabe de nietos. Me río de las promesas exaltadas de un político ultra-radical, que ahora duerme la siesta sobre sus millones, producto de la buena fe del pueblo. Héroes de un día, cuyas proezas se obscurecieron muy pronto; infamias de caballeros que
hoy no saben de miedo ni de tacha; gestos catonianos de aquellos que se han convertido en turiferarios incondicionales; comentarios desacertados
que hoy nos parecen ridículos; primeros tanteos
de grafómanos que han resultado siendo gloria
de las letras nacionales; en fin, cuantas cosas que
olvida pronto nuestra piadosa memoria y que el
periódico no olvida jamás.
Ah, los periódicos viejos! Allí duermen su sueño, ininterrumpido, en las estanterías obscuras de
las bibliotecas. :\'ada dicen, pero todo lo saben.
Cuando se les pregunte, pueden responder a
todo.

¡

1

PORFIRIO HERNA TDEZ.

MEXlCO ARTISTICO Y MONUMENTAL.-Parroqaia de Metepec (cerca de Toluca.)

�(

Resumen de la Semana
EGOS

de la manifestatión en honor del señor Madero

El señor don Veoustiaoo Carranza; a su derecha el general Pa•
blo Goozález, rodeado del público y de varios jefes revolucionarios al llegar al Panteón Francés, ¡¡ dende fué a colocar una corona eo nombre del Poder Ejecutivo y del Ejército, sobre la tum•
ba del señor don Francisco l. Madero. La llegada del señor Ca•
rraza al panteón aludido provocó grandes muestras de simpatía
por parte del pueblo ali! reunido.
o o o
EN CAMINO DEL PANTEON

Una de las coronas más grandes que se depositó en la tumba del
señor Madero, llevada por varios ccmisionadosdel«Expnss Ccos·
tituciooalista,&gt; a la cabeza del cortejo que se organizó eo la Es•
tatua de Carlos IV y que llegó al panteón cerca del medio día.
o

'O

Notas de Actualidad
ECOS DE LAS FIESTAS PATRIAS

El Sr. Gral. Lucio Blanco, Jefe de la caballer1a constituciona·
ista, ea el Palacio Nacional, la noche del r5 de Ssptiecnbre.
o o o
EL GABINETE DEL SR. CARRANZA

D.i pie: Sres Iog. Blnillas, encugado del Ministerio de Comu·
nicaciooes; lag. Félix F , Pal¡ivicini, de Instrucción Pdblica; Iog.
Pastor Rouaix, de Focne'oto; Gral. Jacinto Treviño, de Guerra.Sentados, a la derecha del Sr. Carranza, Lic. Isidro Fabela, de
R~laciooes; Eliseo Arredondo, de Gobernación; a la izquierda,
Felícitos Villarreal, de Hacienda, y Lic. Manuel Escudero Verdago, Oficial M1yor,encargado d,1 D.i1p1ch, ds Ju;ticia.
o o o
EN CHAPULTEPEC

o

EN EL RECINTO DEL PANTEON

L:is maf'lifestaotesagrnpándose para oír el discurso del orador
don Jesús Urueta. El señor Urueta, que con bellas palabras emal,
zó la memoria del ex-presidente martir, terminó so discurrn eco
estas palabras: «Señores Jefes de la Revolución: Poned v~estra
oreja y vuestro corazón sobre ese sepulcro; y que el espíutu de
Madero se comunique con vuestro e5plrito para que aprovechéis
su propio ejemplo y eoseñaoza. ¡El murió como bueno: vivid vo•
sotros como justicieros!&gt; Al concluir foé calurosamente aplaudido
por los circunstantes.

c o o
EN EL PANTEON

Otro aspecto de la concurrencia, rodeando a los oradores. En
nuestra fotografía aparece el Mayor don Vieeote F . Escobedo, de
espaldas, el cual leyó ooa composición pcética dedicada a 13: me•
moria de don Francisco I. Madero. Hablaron después el teniente
coronel Guillermo Castillo Tapia, teniente coronel Marciano y
varias damas, dos de las cuales lo hicieron en veno. Cerca de las
dos de la tarde se retiró la concurrencia, entre qoieoes figura bao
acompañando al señor Carranza, varios miembros de la familia
Serdáo.
o o o
LA HUELGA DE LOS SASTRES

El Sindicato de Sastres, de la Casa del Obrero Moodial,ha dis•
puesto declarar la huelga general basta que se reformen las tari•
fas de sueldo conforme a la categorla de cada establecimiento y
de los trajes confeccionados. También enviaron uo memorial al
señor Gobernador del Distrito poniéndole en conocimiento las ra,
zooes que tuvieron para exigir el ao_meoto de pago. Se cree_q~e
los dueños de sastrería se verán obhgadcs a acctder a las pehc10·
nes del Sindicato de Sa~tres.

Llegada del Sr. D. Venustiaoo Carranza, primer jefe de la Revolución, lttgaodo a la tribuna monumental de CbapultepEc, el
16 de Septiembre, acompañado del Gral. Pablo Gonrález y de los
encargados de las Secretarías de Instrucción Pública, Gobernación, Justicia, Fomento y C()municaciooes. También iban el Gral.
Fr1ustro, Procurador de Justicia Militar, y del Comaiidaote de la
Plaza, Gral. Dávila Sáochez. L1 ceremonia oficial terminó a las
1 r de la mañana.
o o o
CARRERAS EN EL HIPODROrllO
DE LA CONDESA

L3 Junta Patriótica Privada de la 4'-' Demarcación organizó
el domingo pasado un concurso de carreras en el Hipódromo de
la Condesa que tuvo muy buen éxito. Todas las pruebas fueron
muy interesantes y la concurrencia fué muy numerosa. Entre las
carreras de caballos, hobo dos planas de 300 metros para charros.
Vencieron en la primera el Sr. Pablo Velázquez yt:n la segunda
el Sr. Miguel Paedal, que hizo el recorrido en veinte segundos
tres qoiotos. Hubo también carreras a pie y en bicicleta, distinguiéndose como vencedores Jesús Gutiérrez y Ernesto Goozález,
respectivamente. Los Sres. Fernando Hernáodez, Mateo Peréz,
Rafael Rojas, Carlos Moreno, Fernando Gaismáo obtuvieron pre•
mios.
o o o
BANQUETE A LOS POBRES

En el antiguo rastro de la ciudad se dió el miércoles r6 del pre,
seote un banquete a los pobres el cual fué atendido por bellas da•
mas, quienes se ofrecieron ama blemeote para repartir las vian•
das puestas a su di~posición por la Junta Patriótica de la 4~ De
marcación. El antiguo Rastro, situado en la plazuela de San Locas, foé decorado cou festones de pino y con haces de banderas
para tal objeto. Tres fueron las mesas en las que se sirvió la co,
mida a los obsequiados: y entre las damas que las atendieron vi•
mos a las señoras de Gálvez y Barberi; señoritas Javien. B. Eche•
verrfa, Esperanza, Maria y Refugio Sodi; Josefina Echeverría,
Magdalena Corté~, María Luisa y Luz Ross, Aurora Gutiérrez,
Goillermioa y Adela Barberi, Natalia Aragóo, Ana María Muro y
Beatriz Gnal,qne fueron ayudadas por los seño,res comisario y
sobcomisario de la demarcación y los principales miembro, de la
Jonia Patriótica.

�Através de MexiGo
LOS DESOCUPADOS
-Precioso tema-me decid mi com•
pañero el fotógrafo.
,......Magoifico, eocantador y, sobre
todo fecnndo. ¡Hay tontas cosas que dew
cir sobre los cdesocupées&gt; -ccmo di·
ría un mal estudiante de franrssl Y
mocho más ahora qne abuodan. Váyase
Ud. ahí por la Alameda o por el Z6ca·
lo v se dará gusto.
En efecto no
crea el lector
que se trata de «atorrantes&gt; como en
la Argeotina o de cgneux&gt; como en
París, a de ctramps&gt; como en los Es•
tados Uoidos, No; son otra clase de desocupados mucho más pacíficosque los
terribles ctramps&gt; y que no tienen na•
da que se les pneda echar en cara, co·
mo no sea el .-,ermaoecer día y noche
sentados en las bancas del Zócalo o ba•
jo las froodas de nnestro hermoso pa·
seo cLa Alamtda&gt;. Yo me inclino a
creer que estos que nosotros llamamos
desocupados, no son tales Son hombres
qoe permaneceo quietos aparentemen•
te, casi a media siesta, pero pensando
en la fragilidad de las cosas humanas
y en la iomortalidad de la pereza. Mu,
chos serán poetas, otros ñl6sofos ....
- l Filósofos?
-Si, señor. Hav ñlósofos y de los
buenos. ¿Crée Ud. que una persoo:&gt; que
permanece en actitud hierática duran•
te más de cuatro horas, sin decir esta
bocil es mía, no piensa prcfundamente?
No hay nada más difícil qu, estar
desocupado-me decia hace poco un
amigo que, por los síntomas exteriores,
era un verdadero «atorrante&gt;
-Aunque usted se ria. Es un arte
para el cual no todos nacemos con ap•
titudes y en el cual on todos podemos
descollar con nntaja. Mire Ud. solo en
esa baoca hay más de tres que son unos
verdaderos artistas Por ejemplo, aqnel

Los desocupados de &lt;La Alameda.&gt;
gordo que se rtcoesta muellemente Es
un verdadero mae!tro; el otro no es
más que un aficionado, un camatenr&gt;,
sin duda algún empleado cesante que
no ba encontrado trabajo.
_¿Luego hay persooas que no están
aquí por falta de trabajo sino por amor
al arte? interrumpí.
_ Naturalmente, hay arthtas qnc se•
rían capaces de todo, hasta de morine

d ! b 1mbre, coa tal de dedica.rse pura·
m~nte a la perfecci6o de su ideal,
-lY cuál cree Ud. qne sea el ideal
de un desocupado ? No puede ser otro
que ocuparse,
, ¡Ca, no stñorl Hay una volnptuo·
sidad especial que nos innnda el c°:er•
po cnai:do nos reccstamos en una bao•
ca de esas y sabemos mny birn que po·
demos permanecer indefinidamente,
sin tener que coosultar el reloj para
cada: No sabe Ud, lo qne es leer el pe·
riódico, mientras un limpia,botas ncs
lustra el calzado y nosotros :ipoyamos
la rabadilla sobre un atravesaño.
Y francamente, no es la primera vez

Pasau las horas y no saben ni cuando.
que al pasar por algún sitio público y
contemplar una fila de desocupados que
permanecen h:&gt;ras y horas sin iomutar·
se, fumando o charlando, seotimos ver,
dadera envidia de los que para ga oar
los garbanzos nos vemJs obligados a co·
rrer desde las seis de la mañana
h 1sta las seis de la tarde.
¿Cómo vive esa gente? Por lo me·
n:is no se les ve la cara de rentis•
tas porque éstos mái comunmeote
permilnecen en los centros de recreo o en so casa. E~ nna secta es
pecial comJ decía hace poco, que
merece por lo mismo un nombre
especial. Cada paseo tiene los su
yos propios, inconfundibles. Todo
el que va al Zóc1lo encuentra en
sus mismos puestos y a la misma ho•
ra las msmts personas. Cada banca
tiene sus eisocapados y cada des•
ocupado tiene su banca. Como un
dato curioso añadiremos que es la
gente más alentada del mando por
la simple razón del medio. IY es
clarol ¿Cómo va a gozar de la mis·
mi salu:l una persona que perma·
nece a tod 1 h:ira !ornando oxigeno
y otra que pasa la mayor parte de
su vida en la atmósfera viciada de
uua fábrica o de un almacén?
o o o

Es de mu}.'. buen gusto echar una sie~ta después del medio dia.

En todas partes del mundo existen
desocupados. Ea México no esca•
sean, principalmente en estos últi·
mos dias, Pero aparte de eso, no hay
duda fque es una clase de indivi•
daos • dignos de estudiarse.
Da en quet pensar cnando se

cootempla a una persona tle esas que
todo lo toman en serio, que viven en es,
tado de sobreexcitación y de fiebre sin
pararse un momento, luchando a brazo
partido con la txistetJcia, al lado de
otra qne se sieota plácidamente, sin

~

preocupaciones de ninguna clase, a ver
p1sar la vida como quien mira llcver.
Es huta entonces cuando uno se dice:
¿ para qué correr? ¿ para qué preocupara
se? ¿ para que tomar tao en serio la
"'ida? Si todos, con difereotes caracte·
res e inc lioaciones diferentes hacemos
lo mi,mo y concloímos lo mismo en qué
se diferencia de un desoc upado de es•
tos una persona que vive continuamen•
te en acci óo? El mundo marcha solo.
siü que nadie lo empuje; la Naturale•
za marcha sola, sin qoe nadie le ayude,
Nacemos sin que nadie nos lo partici•
pe ni nos pida permiso para darnos la
vida y morimos sin que nadie nos ad·
vierta la proximidad de la muerte ni
nos pida excusas por nada No se sabe
si el camino que estamos abriendo con
tanto afáo y que esperamos que con·
duz ca a li!. cumbre. nos conduce al a bis•
mo; y,asi nuestra propia mano, labra su
perdición. Ansia de subir, dolor de no
llegar, presentimientos del futuro, son
cosas que no pasan por el cerebro de
los desocupados. ¿Entonces para qué
preocnparse?
PETRONIO.
Ilu ,!raciones de To;tado.

�El Tzar de Rusia en el Campo de Maniobras

El

Ejército Alemán

El Tzar, Jefe Sapremo del Ejército y Pcotffice de la ngi6n ortodr xa bendicit cdo a sus tropar.

SJldados de caballufa perteoecieotu al famorn Rfgimiento cHúsares Imperialu&gt;.

Pssando revista a la caba)Jeiía en el campo de maniobras, tres dh.s antu de estallar la guerra,

Un destacamento avanzado de iofaoterfa, atriocher2do en los alrededores de Toul.

�t,I La muñeca negra q
f1
ts
Da puntillas, de puntillas, para no
despertar a Piedad, entran en el cuar,
to de dormir el padre y la madre.
Vienen riéndose, como dos mucha·
chones
El padre viene detrás, como si fnen
a tropezar con todo.
La madre no tropieza porque conoce
el camino.
¡Trabaja mucho el padre para com•
prar todo lo de la casa, y no puede ver
a su hija cuando quiere!
A veces, allá en el trabajo, se ríe so·
Jo o se pone da repente como triste, o
se le ve en la cara como una luz: J es
que está pensando ea su hija; se le cae
la pluma de la mano cuando piensa así,
pero en seguida empieza a escribir, y
escribe tan de prisa, tan de prisa, qne
es como si la pluma faera volando. Y
le hace muchos rasgcs a la letra, y las
oes le salen grandes como un sol, y las
ges largas como un sable, y las eles es·
tán d,bajo de la línea, como si se fne,
rana clavar en el papel, y las eses caen
al fin de la palabra, como una boj a de
palma: ¡tiene que ver lo que escribe el
pidre cuando ha pensado mocho en la
uiñal
El dice qne siempre que le llega por
la ventana el olor de las flores del jar•
dín, piensa en ella.
O a veces, cuando está trabajando
cosas de números o poniendo un libro
sueco en español, la ve venir, venir des•
pacio, como en una nube, y se le sienta
al lado, le quita la ploma, para que repose un poco, le da un beso en la fren•
te, le tira de la barba rubia, le esconde
el tintero: es sueño no más, no más que
sueño, como esos que se tienen sin dor•
mir, en que ve nao vestidos muy boni·
tos, o un caballo vivo de cola muy lar,
ga, o un cochecito con cuatro chivos
blancos, o una sortija con la piedra
azul: sueño es no más, pero dice el pa•
padre que es como si lo hubiera visto,
y que después tiene má5 fnerza y escti•
be mejor
Y la niña se va, se va despacio por
el aire, que parece de luz todo: se va
como una nube.
Hoy el padre no trabajó mocho, por•
que tuvo que ir a una tienda: la qué
iría el padre a una tienda? y dicen qu'l
por la puerta de atrás entró una caja
grande; ¿qué vendrá en la caja? tasa•
ber lo que vendrá! mañana hace ocho
años que nació Piedad.
La criada fué al jardín, y se piochó
el dedo' por cierto, por querer ccger,
para un ramo que hizo, una flor muy
bermo!a.
La madre a todo dice que sí. y se
puso el vestido nuevo, y le abrió la jau·
la al canario ..
El cocinero está haciendo un pastel,

y recortando en figura de flores los nabos y las zanahorias, y le devolvió a la
lavandera el gorro, porque tenía una
mancha que no se veía apenas, pero,
&lt;ihoy, hoy, señora lavandera, el gorro
ha de estar sin mancha!&gt; Pied1d no sa•
bía, no sabía. Ella si vió que la casa
estaba como el primer día de sol cuan•
do se va ya la nieve, y les salen las ho•
jas a los árboles.
Todos sus juguetes se los dieron ague•
!la noche, todos.
Y el padre llegó muy temprano del
trabajo, a tiempo de ver a su hij• dor·
mida.
La madre lo abrazó cuando lo vió
entrar: ty lo abrazó de veras! Mañana
cumple Piedad ocho años.
o o o
El cuarto está a media luz como la
di, las estrellas, que viene de la lámpa·
ra de velar, con su bombillo de color
de ópalo,
Pero se ve, hundida en la almohada,
la cabecita rubia.
Por la ventana entra la brisa, y parece que juegan, las mariposas que no
se ven, con el cabello dorado.
Le da en el cabello la luz. Y la madre y el padre vienen andando, de puntillas. tAI suelo, el tocador de jugar!
¡Este padre ciego, que tropieza con to•
do! Pero la niña no se ha despertado.
La luz le da en la mano, ahora; parece
una rosa la mano.
A la cama no se puede llegar,porque
están alrededor todos los juguetes, en
mesas y sillas.
En una silla está el baúl que le man•
dó en pa~cuas la abuela, lleno de almendras y de mazap;.nes: boca- abajo
está el baúl, como si lo hubieran saco·
dido. a ver si caía alguna almendra de
un rincón, o si andaban escondidas por
la cerradora algunas mig~jas de mazapán; jeso es, de seguro, que las muñe,
cas tenían hambre!
En otra silla está la loza, macha lo·
za y muy fiaa, y en cada plato una fruta pintada; no plato tiene una cereza,
y otro un higo, y otro una uva : da en el
plato ahora la luz, en el plato del higo,
y se ven como chispas de e~trella: / có·
mo habrá venid, esta estrella a los pla·
tos? &lt;JEI azúcar!&gt; dice el pícaro padre.
&lt;!Eso es, de seguro!&gt; dice la madre:
&lt;ieso es que estuvieron las muñecas go•
losas comiéndose el azúcar!&gt;
El costurero está en otra silla, y muy
abierto, como de qoien ha trabajado de
verdad; el dedal está machucado !de
hato coser! cortó la modista mucho,
porque del calicó que le dió la madre
no quedaba más que un redondel con
el borde de picos, y el suelo está por
allí lleno de recortes, que le salieron
mal a la modista, y alli tstá la cham•

bra empezada a coser, con la aguja cla,
vada, junto a una gota de sangrs. Pero
la sala, y el gran juego, está en el velador, al lado de la cama.
El rincón, allá contra la pared, es el
cuarh&gt; de dormir de las moñequitas de
loza, con su cama de la madre, de col•
cha de flores: y al lado una muñeca de
traje rosado, en una silla roja; el toca•
dor está entre la cama y la cuna, con
sn muñequita de trapo, tapada hasta la
nariz, y el mosquitero encima: la mesa
del tocador es una cajita de cartón cas•
taño, y el espejo es de los buenos, de
los que vende la señora pobre de la
dulcerfa, a dos por un centavo. La sala
está en lo de adelaate del velador, y
tiene en medio una mesa, con el pie
hecho de un carretel de hilo, y lo de
arriba de una concha de nácar, con una
jarra mexicana en medio, de las que
traen los muñecos aguadores de Méxi•
co: y al rededor unos papelitos doblados que son los libros. El piano es de
madera con las teclas pintadas; y no
tiene banqueta de tornillo, que eso es
poco lujo, sino una de espaldar, hecha
de la caja de una sortija, con In de abajo forrado de azul; y la tapa cosida por
un lado, para la espalda, y forrada de
rosa; y encima un encaje.
H ay visitas, por supuesto, y son de
pelo de veras, con ropones de seda lila
de cuartos blancos, y zapatos dorados:
y se sientan sin doblarse, con los pies
en el asiento: y la señora mayor, la que
trae gorra color de oro y est:i en el so·
fá, tiene su levanta pies, porque del so•
fá se resbala, y el levanta pies es una
cajita de paja japonesa, puesta bocaabajo; en un sillón blanco están sentadas juntas, con los brazos muy tiesos,
dos hermanas de loza.
Hay no cu'ldro en la sala. que tiene
por detrás, para que no se caiga, un
pomo de olores y es una niña de rebo•
zo colorado, q ne trae en los brazos un
cordero.
En el pilar de la cama, del lado del
velador, está una medalla de bronce, de
nna fiesta que hubo, cc,n las cintas francesas: en su gran moña de los tres colores está adornando la sala el meda•
llón, con el retrato de un francés muy
hermoso que vino de Francia a pelear
porque los hombres faeron libres, y
otro retrato del que inventó el pararra•
yos, con la cara de abuelo que tenia
cuando pasó el mar para pedir a los
reyes de Europa que lo ayudaran a ha•
cer libre a su tierra: esa es la sala y el
gran juego de Piedad.
Y en la almohada, durmiendo en su
brazo, y con la boca desteñida de los
besos, está su muñeca negra.
Los pájaros del jardín la despertaron por la ma ñanita.

Parece que se saludan los pájaros y

la convidan a volar.
Un pájaro llama, y otro pájaro res
pende.
En la casa hay algo, porque los pájaros se ponen así cuando el cocinero
anda por la cocina sali endo y entrando
c•n el delantal voláouole por las piernas, y la olla de plata en las dos manos,
oliendo a leche quemada y a vino dol•
ce.
En la casa hay algo; porque si no,
1para qué está ahi, al pie de la cama,
so vestidito nuevo, el vestido color de
perla, y la cinta lila que compraron
ayer, y las medias de encaje? cYo te
digo, Leonor, que aquí pasa algo. Dí,
melo tú, Leonor, tú que estuviste ayer
en el cuarto de mamá, cuando yo fuí a
pa1eo. JMamá mala, que no te dejó ir
conmigo, porque dice que te he puesto
muy fea con tantos besos, y que n.'l tie•
nes pelo porque te he peinado mu
chol
La verdad, Leonor : tú no tienes mucho pelo; pero yo te q uiero así, sin pe·
lo, Leonor; tus ojos son los que quiero
yo, porque :on los ojos me dices que
me quieres: te quiero mucho porque no
te quieren: ja ver! ¡sentada aqui en mis
rodilla~, que te quiero peinar! las ni ñas
buenas se peinan en cuanto se levaotan ;
¡a ver los zapatos, que ese lazo no está
bien hecho! y los dieotes, déjame ver
los dieotes: las uñas: !Leonor. esas uñas
no están limpias! Vamos, Leonor, dfme
la verdad: oye, oye a los pájaros que
parece que tienen baile: díme, Leonor,
¿qué pasa en esta casa ?&gt; Y a Piedad
se le cayó el peine de la mano, cuando
le tenía ya una trenza hecha a Leooor;
y la otra estaba toda alborotada. Lo
que pasaba allí lo veía ella. Por la puer·
ta venía la procesión.
La primera era con el delantal de
rizos de los dias de fiesta, y la cofia de
servir la mesa en los días de visita:
traía el chocolate, el chocolate con crema, lo mismo que el dia de año nuevo,
y los panes dulces en unas cestas de
plata: luego venía la madre, con un
ramo de flores blancas y azules: Ini una
flo r colorada en el ramo, oi una flor
amarilla! y luego venía la lavandera,
con el gorro blanco que el cocinero no
se quiso poner, y un estandarte que el
cocinero le hizo, con un diario y nn
bastón: y decía en el estandarte, deba,
jo de una corona de pen~amien1os :c1Hoy
cumple Piedad ocho años!&gt; Y la besa•
ron y la vistieron con el traje color de
perla, y la llevaron , con el estandarte
detrás, a la sala de los libros de su padre, que tenía muy peinada su barba
rubia , como si la hubieran peinado muy
despacio, y redondeándole las puntas, y
poniendo cada hebra en su lugar.
A cada momento se asomaba a la
puerta, a ver si Piedad venía: escribía
y se ponla a silbar; abría un libro y se
quedaba mirando a un retrato, a un re,
trato que tenía siempre en su mesa, y
era como Piedad, una Piedad de vestido
largo. Y cuando se oyó ruido de pasos,
y un vocerrón .que venía tocando música en un cucurucho de papel /quién
sabe lo que sacó de una caja grande?
y se fué a la puerta con una mano eo

la espalda: y con el otro brazo cargó a biese llevado el agua el ramo de nome·
su hija. Luego dijo que sintió como olvides.
que en el pecho se le abría una flor y
o o o
como qae sentía en la cabeza un palacio con colgaduras azules de flecos de
-!Pero, criada, llévame pronto!&gt;oro, y mucha gente con alas: luego dijo
todo eso, l)~ro entonces, nada se le oyó &lt;/ Piedad, qué es eso de criada ? !Tú
decir. Hasta que Piedad dió un salto nunca le dices criada así, como para
en sus brazos, y se le quiso subir por el cfenderlal&gt;-&gt;No, mam:f, no: es que ten·
hombro, porque en un espejo había vis· go mucho su, ño: estoy muerta de sueto lo que llevaba en la otra maco el ño: Mira: me parece que es un monte
padre: &lt;iEs como el sol el pelo, mamá, la barba de papá; y el pastel de la me·
lo mismo que el sol! Jya lo vi, ya. lo vi, sa me da vueltas, vueltas al rededor, y
tiene el vestido rosado! tdíle que me la se están riendo de mí las banderitas: y
dé, mamá: si es de peto verde, de peto me parece que están bailando en el
de tercie-pelo! Jcomo las mías son las aire las flores de la zanahoria: estoy
medias, de encaje como las mías!&gt; Y el mue1ta de sueño: ¡adiós, mi madre!
padre se sentó con ella en el sillón, y ma ñ1na me levanto muy tempranito ; tú,
le puso en los brazos la muñeca de se, papá, me despiertas aotes de salir: yo
te quiero ver siempre antes de que te
da y porcelana.
Echó a correr Piedad, como si bar- vayas a trabajar: ¡oh, las zanahorias!
case a alguien. &lt;IY yo me quedo hoy ¡estoy muerta de so,eño l ¡Ay, mamá, no
en casa por mi niña&gt;, le dijo su padre, me mates el ramo! ¡mira, ya me matas&lt;y mi niña me deja solo?&gt; Ella escondió te el ramo! ¡mira, ya me mataste mi
la cabecita en el pecho de su padre flor l&gt;-«Conque se enoja mi h ija por·
bueno. Y en mucho. macho tiempo, no que le doy un abrazo ?&gt;,.-«iPégamio, mi
la levantó, aunque Jde veras! le picaba mamá! !papá, pégame tú! es que tengo
mucho sutño&gt;.
la barba,
Y Piedad salió de la sala de los libros, con la criada que le llevaba la
o o o
muñeca de seda. &lt;IQné de prisa va la
niña, que se va a caer! /Quién espera a
Hobo paseo por el jardín, y el al- la niña?&gt;- iQaién sabe quien me espe•
muerzo con un \"iuo de espuma debajo ra l&gt; Y no habló con la criada; no le
de la parra, y el padre estaba muy con•
dijo que le contase el cueoto de la ni•
versador, cogiéndole a cada momento ña jorobadita que se volvió flor: un jula mano a su mamá, y la madre estaba guete no más le pidió, y lo puso a los
como más alta, y hablaba poco, y era pies de la cama; y le acarició a la criacomo música todo lo que hablaba. Pie• da la mano, y se quedó dormida : En•
dad le llevó al cocinero una dalia roja, cendió la criada la lámpara de velar,
y se la prendió en el pecho del delan- con su bombillo de ópalo: salió de pon•
tal: y a la lavandera le hizo una corona tillas: cerró la puerta con mucho cui•
de claveles: y a la criada le llenó los dado. Y en cuaoto estuvo cerrada la
bolsillos de flores de naraojo, y le puso puerta, relucieron dos ojitos en el boren el pelo una flor, con sos dos hojas de de la sábana: se alzó de repente la
verdes. Y luego, con mucho cuidado, cubierta rubia: de rodillas en la cama,
hizo un ramo de nomeolvides. &lt;I Para le dió toda la luz a la lámpa ra de vequién es ese ramo, P iedad ?&gt; &lt;No sé, no lar: y se echó sobre el juguete que pu•
sé para quiéo es! Jqnién sabe si es para so a los pies, sobre la mu ñeca negra.
alguieo I&gt; Y lo puso a la orilla de la La besó, la abrazó, se la apretó contra
acequia, donde corría como un cristal el corazón &lt;Ven , pobrecita, ven: que
el agoa. Uo secreto le dijo a su madre, esos malos te dejaron aquí sola: tú no
y lufgo le dijo: «¡Déjame irl&gt; Pero le estás fea, no, aunque no teogas más
dijo &lt;caprichosa&gt; su madre: &lt;/y tu mu- que una trenza: la fea es esa, la que
ñeca de seda, no te gu,ta? mirale la ca• han traído hoy, la de los ojos que no
ra, que es muy linda : y no le bas vi!to hab\ao: díme, Leonor, dime, tú pensas•
los ojos azules&gt;
te en mí ? mira el ramo que te traje, un
Piedad sí se los babia visto; y la tuvo ramo de nomeolvides, de los más lindos
sentada en la mesa después de comer, del jardín: ¡así, en el pecho!- !esta es
mirándola sin reírse; y la tuvo enseñan· mi muñeca linda! ¿y no has llorado ? ¡te
do a andar en el jardín. Los ojos era dejaron tan sola! Jno me mires a!Í, porlo que le miraba ella: y le tocaba en el que voy a llorar yo! Jno, t ú no tienes
lado del corazón: &lt;!Pero, muñec", há- frío! 1aqui conmigo, en mi almohada
blame!&gt; Y la muñeca de seda no le ha- verás cómo te calientas! IYme quitaron
blaba, &lt;I Con que no te ha gustado la para que no me hiciera daño, el dulce
muñeca qne te compré, con sus medias que te traia l ¡asi, asi, bien arropadita!
de encaje y su cara de porcelana y su Ja ver, mi beso, antes de dormirte!
pelo fino?&gt; &lt;I Sí, mi papá, si me ha gus- ¡ahora, la lámpara baja! !y a dormir,
tado mucho. Vamos, señora muñeca, va- abrazadas las dos! Ite quiero, porque
mos a pasear. Usted querrá coches y no te qieren !&gt;
lacayos, y querrá dulce de casta ñas, se,
ñora muñeca. Vamos, vamos a pasear.&gt;
JOSE MAHT I.
Pero en cuanto estuvo Piedad donde no
la veían, dP.jó a la muñeca en un tronco,
de cara contra el árbol. Y se ~entó sola,
a pensar, sin levantar la cabeza, con la
cara entre las dos manecitas. De pronto
echó a correr, de miedo de que se ha•

�D'Annunzio Cin~l11atografista

~I

Gabriel D' Annunzio, el gran
escritor y poeta italiano es el primer dramaturgo que utiliza el cinematógrafo como un medio de
expresión artística.
Después de haber sido periodista. novelista, poeta, ha logrado concebir el gran drama-film
&lt;Cabiria&gt; que ha costado dos
años de trabajo y más de ...... .
~i250,ooo.
D'Annunzio predice un brillante futuro a la cinematografía. y
crée que su obra está llamada a
emancipar el moderno teatro, tan
calumniado v despreciado por muchas person~s que no comprenden
todo el porvenir que encierra.
o o o

El Ginematógrafo
No hay quien no conozca esos. apa•
ratos mecánicos en los cuales, 1ntro·
duciendo una moneda de un centavo,
vemos desfilar delante de nuestros ojos
una serie de escenas animadas, obteoi•
das por medio de una banda de foto·
grafías, que- dando vueltas rápidamente
alrededor de un círculo, dan la impre•
sión del movimiento. La primera de
estas máquinas fué EXhibida en Cbica•
go durante el año 1893, y es debida a
la invención de Ediwo, el gran &lt;m~gc &gt;
americano, como le llaman sus compatriotas. E ste fué el punto de partida del
cinematógrafo, cuyos result.dos del:.ían
más tarde maravillar al mundo entero.
Poco tiempo después Edison pet fec•
cionó esta invención proyectando las
fotografías a través de uoa linterna,
dando la ilusión del movimiento scbre
ona especie de telón blanco.
La idea P.ncootró en seguida imita·
dares, tanto ea América como en Euro·
pa, y el resultado no se hizo es_perar
mucho tiempo. Eo 1895 , por primera
vez en un teatro, apareciero.1 las esce,
nas con movimiento, y el mismo año
unos franceses trataron de dar una re·
presentación de cierta duración .
Sin embargo los esfuerzos hechos pa·
ra du repre~eotaciones continuada~.
durante los añcs 1897, 1898 y 1899, no
dieron gran resultado. La luz de la
linterna de proyección relampagueaba
c::intinuamente sin producir figuras cla•

coa.,curridos. Algu·
nos de esos cinemas
son unasverdaderas
barracas, cuya ex•
plotación se ha comenzado con un pe•
queñísimo capital, 1
pero no son raros
los que necesitan
1 0 0 0,000 de fran•
cos para levantar uo
cinematógrafo de
)ojo en una gran
capital.
No menos notable ha sido el des·
arrollo adquirido ea
h explotación del
cinematógrafo.
Once años ha da•
rado el proceso pa·
ra establecer el de·
recho de invención
de Edison.
Uno de sus com·
patdotas, un tal
Green, reclamaba la
patente de inventor
"'\•
de Jasmtquinas, de
La erupción del
las cuales hemos
hecho mención al
principio de este ar•
tículo pero al fin, el Tribunal de
Apela'ción de los Estados Unidos ~a
dado razón, definitivamente al grao 10•
ventor.
Si calculan entre 50 a 75.00::1 francos
semanales, los ingresos que Edison re·
tira de la explotación de su patente.

Monte Etaa que d~st_royó la casa de Balto,
padre de Gabma.
e o o
Losh.':iricaotes ds películas han crea•
do una nueva industria interesantísi_ma,
de la que el público no está a.l cernen·
te ni se imagina la importar.c1a.
Se trata de las representacio:ies de

Hannibal.- Personaje del gran drama
cinematcgráfico cGabiria &gt;

Cabiria es protegida por Sv¡;hoohba, desptés de haber escapado a una m~er•
te segura en el templo de Moloch, ayudada eficazmente por su fi,J esc lava
Maciste.
ras, y el ruido era parecido al de un
ciotor de automóvil fuera de aso Poco
a poco, esos defectos fueron ccrrigiéndose, y las proyecciones llrgaron a ser
uo entretenimiento popular.
· El éxito completo llegó a realizarse
durante el año 1908. Al año siguiente

funcionaron ya en New York roo 000
cioematógrafos visitados por 3 000,000
de personas, e~timándose a 187 millones
de francos las somas €astadas en en•
tradas.
El cinematógrafo ha reemplazado
al teatro, viéndose aquéllos mucho m.is

Maciste, el esclavo de Fulovis Axilla.
Maciste intimando al bodeguero Badastoret.,.....Del drama Gabiria de G1.briel
D'Annunzio.
los cuadros, obras, etc., delante del apa,
rato fotográfico.
Para este fin, los fabricantes poseen
v1stísimos locales, donde se encuentran
los diferentes talleres y en donde se
han hacho construír escenarios tan im·

portantes coco los de los teatros de las
grandes capitales.
No se puede dar uao cuenta de la
importancia que esta industria ha to·
mado. sino visitando esas fábricas don•
de los escenarios son de colosales di·
mensiones.
C,uarenta y dos aparatos eléctricos,
de uoa fuerza de !h ooo bujías, sirven
para procurar la luz necesaria a este
escenario.
Para las escenas acuáticas se hdn he·
cho constrnir unas piscinas de dimen•
siones enormes.
Las decoraciones están pintadas en
blanco, negro y gris solamente, para
obtener las fotografías bien claras Con•
tiguo al escenario se encnentran los
cuartos de los artista.s, y más lejos los
talleres, donde no batallón de mujeres
trabajan ea la fabricación de películas.
La venta anual de éstas se eleva en los
Estados Un idos a la cifra colosal de
9 ooo ooo de dólares.
El guardarropa contiene un verda •
dero museo de armadoras y trajes an•
tiguos para las representaciones bis•
tóricas . En uo rincón del inmenso es•
eenario, media docena de obreros con
sus aoaratos y lámparas se ocupan en
cinematografiar una tierna esc ena de

�El buen tirano

amor, mientras que
más lejos, una or•
quesb yloscorosim•
presionan para un
fonógrafo una esce,
na de una ópera,
que deberá aliarse
al cinematógrafo.

Na fa mejor, dijo
el rey de Prusia en
no discnrso proouo·
ciaclo a la Academia
de B~rlfo, que el
gobierno arbitrario
bajo príocipes justos, humaocs y viro
tuosos.

Los actores son
verdaderos profesio•
oales,y las represen•
taciooes se b 1ceo
con tanto cuidado
como si fuera delao•
te de no pdbtico exi·
gente.
H 1y acróbatas con·
tratados para la re·
p ceseotacióo da es·
ce o as fantásticas,
mcoo caerse de una
gran altura, etc. A
veces se llegan a encontrar en escena
basta noaceotena de
actores: Por ejemplo
la película represen•
taodo la ejecución
de Cbarlotte Corday
se hizo, llegando a
reunir e o escena El incendio de la flota romana por medio de una combinación de
espejos qne inventó Arquimides.-Pasaje de la obra cine·
más de cien perso•
matográfica de G1briel D' Annuozio Cabiría.
oajes, y sin descui•
dar todos los deta•
han 11egado a alquilar durante el tiemHes de un grao cuadro histórico.
Las escenas que generalmente inte- po necesuio, a la~ compañías, la vfa
resan más al pdblico, son las que se su· férrea con todos sus equipos, pagando
ceden al aire libre, en los campos, en por ello sumas muy elevadas.
También se representan escenas de
las montañas, etc.
Para poder obtener cuadros y esce• batallas célebres, y en el sitio alegido,
nas cuya acción se pase en los caminos desde por la mañana muy temprano,
de hierro, los fabricantes de peliculas un equipo de fotógrafos toma sus posi• 1

Un hbricaote de Cbicago, para ob•
tener ona pelicnla representando una
aventara de caza en Africa, tuvo que
hacer matar unos leones, y para obtener la escena propuesta, el costo aseen•
dió a la suma respetable de 50.000
francos.

cienes para preparar birn el cua·
dro, y durante horas y horas arre
glan con grao cuidado todos lo
det a11es, con objeto de dar a la es·
cena toda la realidad de una ver•
dadera guerra.
o o o

Karthalo, el Gran Sacerdote del tem•
plo de Moloch.

Para una industria tao impar·
taote como ha llfgado a rer la de
la fabricación de pel!culas, nin,
gún pafs está lejos, oiogúo tra•
bajo es ímprobo, ningún gasto f s
excesivo, con tal de satidacer la
sed de novedades que ;e ampara
del público.

Más aún costaron las pelicula ■ de las
cazas de cRoosevelt&gt; en Africa.
La &lt;mise en scent &gt; de cLa Vida de
Jesuc ri sto&gt; costó igualmente la suma
de 50.0 00 francos.
Esta película es muy larga y contiene
39 escenas diferentes, baio cuatro títu•

los: el nacimiento, la infancia, los mi•
!agros y la muerte.
El fabricaote lleva ya vendidas por
valor de, 75.000 francos, la mayor parte
a sociedades religiosas.
Generalmente, el precio de venta de
las peliculas no es elevado.
Cada fotograffa tiene 2 centímetros
de ancho por 7 de alto, y contiene de
14 a 16 ooo fo1 ograffas por película, éstas prsao por la linterna a la velocidad
de 60 a 75 por minuto.

Y eres tú, Helvecio, el que cita en
églog&lt;1 esta máxima de un tiraool El
gobierno arbitrario de no prfocipe justo e ilustrado es siempre malo. Sus
virtudes son peligrosas y más seguras
pira las se'1uccioces: acostumbran in•
sensiblemente a no pueblo a amar, res·
petar a su sucesor coalquiera que él
sea, malo y est6pido. Quita al pueblo el
derecho de deliberar, de querer o no
querer, de oponerse aún a su voluntad,
cuando ordeoa el bien; no obstaote es•
te derecho de oposición tan insensato
como es, es sagrado; sin lo cual los individuos parecerán un rebaño, del que
se despreciará la reclamación, bajo
pretexto de que se le conduce a un
buen pasto. Gobernando según su vo•
!untad el tiraoo comete el mayor de los
crímenes. ¿Qué es lo que caracteriza al
déspota? ¿es 1a bondad o la maldad?
De oiogúo modo: estas dos naciones no
entran solamente en su definición. Es
la extensión y no el uso de la autoridad
que él se arroga. Una de las más grao•
des desg:acias que pueden llegar a una
nación serán dos o tres reinados de un
poderlo justo, dulce, ilustrado, pero ar·
bitrario: los pueblos serán coaducidos
por la felicidad al olvido completo de
sus privilegios, a la perfecta esclavitud.
No sé si alguna vez un tirano y sus hijos han advertido lo formidable de esta
polftica; pero no dudo absolutamente
de que no la rechazarían. Desgraciado
;,.que! individuo en el cual se han aniquilado todos los celos sobre su liber•
tad, a un por las vías más loables en
apariencia. L,as cuales serán funestas
para el porvenir. Es de esta manera
como se cae en no sueño demasiado
dulce, pero que es sueño de muerte,
durante el cual el sentimiento patrióti·
co se extingue y ~e llega a ser extraño
al gobierno del Estado. Suponed a los
ingleses dominados seguidamente por
tres babeles, y los ingleses serán los úl•
timos esclavos de Europa.

DIDEROT.
(Refutación a la obra de Helvecio
intitulada: cEI Hombre&gt;

En la Cervari (Italia): por Francois Scbommer. Salón de Parfs 1913•

Bárbaros y civilizados
Ha bastado un cuarto de siglo para
transformar la política del mundo en
todos los mares y en todas las tierras,
sin que las razas atrasadas parezcan
haber bailado en las declaraciones de
la filosofía moderna un beneficio esti•
mable,
La esclavitud está abolida; pero Jc,s
hombres nacidos sobre el suelo primi•
tivo que civilizan los blancos, son despojados de su patrimonio por la fuerza,
caaodo no basta el engaño; y el alcohol
inoculado en sus venas por los hábiles
medios de la expansión colonial, co
rrompe su sangre.
Huye el canibalismo ante los solda•
dos y colonos, pero estos despedazan la
carne humana y violan los principios
ae humanidad que más tarde ellos mislD;ºS restablecen para su beneficio pro•
pta.
Tildan de bárbaras a las pobladas
que arrojan a los invasores las flechas
envenenadas, a pesar de que los fon·
cionario~ brutales y sospechosos se van
a establecer entre los salvajes con balas
dum-dum, opio y mentiras.

La iuftuencia de la idolatría sencilla
Y cru_el cae _vencida, pero el dogmatis•

m? 1otra~s1_gente amuralla el peosa•
m1e~to, d1v1de . las conciencias y las
persigue con hipócritas recursos En
fi?, los civilizados dan a los bárba;os el
e¡emplo de sus luchas fratricidas por
la posesión de un poco de oro o de poder.
En resumen, si la lucha por la vida
se enmascara, es en todo caso por la
fuerza como nuestra raza derrama por
t'!~os los coutin?ntes el chorro de sus
b1¡os y de sus vicios.
La moral de las conciencias moderoiz~das, sumisa~ a las leyes de la evoluc16n que gob1eru el Universo ab•
solverá las expropiaciones guiadas' por
un fin generoso y que conducen a un
prrgreso repartido; pero el hombre
blanco solo opone a la barbarie natu,
ral de sus semejij otes- negros, cobrizos
o amarillos-los vicios complejos de
9~e p~~ece, la ambición, la intriga, la
1n¡usttc1a y el egoísmo que descubren a
la bertia oculta bajo todas las pieles
humanas.
ALBER TO I ,
Príncipe de Mónaco.

�protagonista. Cien mujeres jó•
veoes y bellas, que se hnbie·
rao dedicado a manejar una
lavandería y que lutgo acom•
pañaran al Ejército en cali•
dad de cantineras para venir
a dar en duquesas. Jóvenes,
bellas y, por ende, francesas,
¿apnrrearfan los muebles y
taconearían militarmente, estrujando y tirando las pren·
das de vestir? Huelga la res•
puesta: grotescas, nunca; cohibidas, torpes-pero cdelica•
damente&gt; torpes-si lo esta•
rfan,
Taboada, caracterizando su
aristocr.itico papel, nos pare,

.'

ció bien; un tanto ex?gerado, cayendo
en lo cómico, nos pareció Palacios, in•
terpretando a Fonché, y ro cuanto a los
demás nada que les sea agradable po•
demos decir-les.
Deseamos al caballero don Miguel,
porque se Jo merece, mayor acierto en
los estrenos futuros.
PEPITO.

TEATRALES
COLON. -cMADAME SANS GENE.&gt;
El éxito que obtuvo en el teatro Colón esta conocida e interesante comedia de Sardou, utuvo en proporción a lo deficiente del vestuario y decorado. No le convino segurameo•
te a la Empresa gastarse algunos miles ante el temor de que
quizá la obra no diera lo bastante para cubrir-y para sobre·
cubrir, que es a lo que se aspira-los gastos no desprcciablu
que requiere el aparato de la obra.
La Fábregas, no hace muchos años tod.. vía, en el tHlro
Mexicano, representó con tanto gusto y elfgancia esta comedia, que al presente, en el teatro Colón, demostraron muy po·
co tacto poniendo esla obra de prisa y corriendo, sin esme•
rarse en vestirla, decorarla y ensayarla como se merece.
Lo cual dió por resultado el poco éxito que obtuvo.
El caballero don Miguel, de Napoleón, nada hizo de oola·
ble, manteniéndose en uo11 discrECión que en él-dada sus
cualidades artfsticas-es reprobable: re!poosabilidad a medida de capacidad. De capacidad intelectual, se entiende,
Maria Luisa le dió por interpretar grotescamente el papel
de la Madame, amenizándolo con braceo gimnástico, recio
taconeo, ataques a los muebles, inclinaciones ridfcnlas y otra
porción de detalles que a ella sin dt1da le parecieron de per·
las para hacer reir; pero que, desde el punto de vista artfs•
tico, merecen severa censura.
La Villegas, como mt1jer, ya que no cea.o actriz, tirne que
TEATRO ALCAÍAR.- Fondón a beneficio del monumento saber, por intuición ptopia del sexo, lo que harian, en cien
~I Sr. Madero. Fot. Lupercio.
casos análogos, cien mujeres metidas en el pellejo de la

TEATRO MEXI~ ANO.-EI estreno del sábado.- Fots. Lupercio.

�Sociedad de artístas Franceses

Filosofícula
El pájaro azul

Hablao las leyendas de oo maravi•
lioso pájaro azul que oadie habfa visto
oi oadie podía ver. Por lo cual el joveo
quimérico, que cambiaba por queso y
miel plantas a los pastores, decidió ir
a verlo.
Sin sorpresa oio,iuoa, lo cual prueba
su independencia de carácter, vió al
pájaro no bieo hubo entrado eo la selva. Y era de una belleza come en vaoo
hubiera ioteotado describirla t 1 len•
guaje mortal, y como sólo habría po•
dido sngerirla el encanto de la músi•
ca.
El joven era pronto en sus resolu •
ciones, y disparó al pájaro uoa flecha
Pero marró la puntería y el pájaro voló
a otra rama.
De árbol en árbol, durante uo tiem•
po que oo habría podido precisar, el
joveo persiguió al pájaro hasta salir de
la selva.
Eotouces notó que eoteodía el len,
guaje del bosque. Comunicó sin asombro con los árboles y con las bestias Ji.

bres.

-A dónde 9ás, joveo, decíanle los
cedros.
Y las fieras:
-Joven, a dónde vas?
Y él respondía:
-Voy persiguiendo al pájaro azul,
que oadie ha visto ni puede ver.
Así entró eo la región de las p rade·
ras.
El pájaro, al principio pequeño como uoa curroca, tenía ya el tamaño de
uo faisán. Una especie de largo relám·
pago azu 1 sobre las praderas.
Y cuando salieron de allá,-a los
días?, a los meses?, a los años,? .... el
perseguidor ootó que entendía el leo• •
guaje de las hierbas y de las aguas.
-A dónde vas, hombre insensato ?,
tlecían las voces.
Y él respondió b que ciebía respoo•

der.

Entonces, persiguiendo siempre al
pájaro, que había adquirido la magni•
tud de uo pavo real eo el inalcanzable
deslumbramiento de un incendio de
oro azul, entró en la región de las are•
nas.

· Y cuando salieron de allá, el pere•
grioo advirtió que entendía el lenguaje
de las rocas y de las arenas.
- A dónde vas, oh vagabundo de la
.cabd:ra gris?, decian las voces.
Y él respondió como debía.
Por último, siempre volando el pája•
ro, siempre andando el hombre, flecha
tras flecha eotrarqo a la región de las
montañas.

Las voces de las nieves y de los abis•
mos preguntaban:

La campaoa de alarma suena .. ... . por Eugenio Bonel.

-A dónde v...~, temerario aociaoo ?
Y él las entendía bien.
El pájaro habíase vuelto enorme co,
mo el ave Rock de los caeotos. Saltaba
de peña en peña, y á cada vuelo, su
sombra azol cubría la montaña.
Por último llegó al pico más alto.
Levaotose en el aire, a tiempo que lle•
gaba el perseguidor, desmesurado como
uo oavío.
Y cuando aquel ah:ó la cabeza para
lanzar el último dardo, las alas estu·
pendas tocaron los dos horizontes.
Entonces el hombre vaciló deslum•
brado. Ea torno suyo reinaba uoa io•
mensidad azul.
Abajo y arriba era lo mismo. Ya nada veía. Habíase vuelto ciego de azul
sobre las cumbres inaccesibles, .

Pocos días después, dos pastores que
buscaban por las breñas montañeras el
rebaño extraviado, hallaron un hombre
ciego y muy viejo cuya voz sorprenden·
te cantaba con el lenguaje de los ár•
boles y de las bestias, de las hierbas y
de las agua~. de las rocas y de las are•
oas, de las nieves v de los abismos.
Ioterrogado, sólo contestó esta insensatez:
-Me extravié persiguiendo un pája•
ro azul, que tenía deotro de la cabeza.
Lleváronle a Esmirna, donde dejó
posteridad.
Ernest Dersnrmot: La Primavera.

Geo Roussell: El Desayuno.
LEOPOLDO LUGONES.

Salón de París 1n13.

�ll t !11 UIII 1111111111 llll ll ll llll 111111I ti11 111

111111111111 f/~

111

PROSA MODERNISTA :
I

11

EL FENO~ENO FUTURO

E STREMECIMIENTO DE
INVIERNO

Ua cielo pálido sobre el muodo qoe,
d,crépito, se extingue, a puoto, acaso,
e,tá d, p1rtir cou las nubes: los aodra•
jos de gastada púrpura de los ponieo•
tes, d,stíñ,ose en oo rio que se duerme
en el borizoote som,rgido en falgores
y agoa. Hastlaose los árboles y, b1jo su
follaje albeado (por el polvo del tiem,
po, aotes que por el de los caminos)
álzase la maosióo de looa del Expositor
de la, Cosas P.i.sadas: muchos reverbe•
ros recogen el crepósculo y avivan las
fauces de uo1 desventurada multitud,
veocidil por h enfermedad inmortal y
el pec1do de los siglos, de hombres ca•
be sus raines cómplices, preñadas de
los frutos miserables con los que ha de
perecer la tierra. En el silencio intrau•
quilo de tohs las miradils soplic,ote~,
de lejos, al sol que bajo el agua se buo·
de con la desesperanza de un grito. ved
el sencillo pregón: cN:oguoa enseña os
bilce gracia del espectáculo interior,
porque ya oo hay pintor capaz de figo·
~afio en ooa sombra triste. Traigo, vi•
va (y presernda a travéi de los años
por la ciencia sob3uua) uoa mujer de
otro tiempo Saerte de locura, origin1l
e iogeouil, uo éxtasis de oro, Jqué se yol
pn ella nombrado su cabellera, pliégue cno la gracia de _las estofas aire•
(Jedor de uu rostro esclarecido por la
desnudez saograote de los labios. En
loitar del vestido vaoo, tiene oocuerpo;
y los oj?s Ia piedras raras parecidos ! oo
valeo la mirada que brota de so carne
feliz: pechos erguidos, como si llenos
estuviesen de leche perpetua, con las
puntas al cielo; pieroas lisas que guar•
dan la sal de la mar primera. Recor•
dando a sus pobres mujeres, calvas, en·
fermizas y lleoas de horror, los mari,
dos empúj:i.ose; ellas tambiéo, por cu•
riosidad, melancólicas, quieren ver
Cuando todos hayan contemplado a
la ooble criatura, vestigio de al¡un1
época ya maldita, unos indiferentes.
porque no habrán tenido fuerza para
compreoder; lutimado~ otros, con las
pupilas húmedas de lágrimas resigna·
das, se mirat áo ; en tanto que los po~tas
de este tiempo, siotiendo reioflamarse
sus ojos extintos, se encamioarán hacia
so lámpara, borracho un instante su
cerebro de una gloria coofusa, obsesio·
nados por el Ritmo y en el olvido de
existir en uoa edad que sobrevive a la
befüza.

Este reloj de Sajonia, que se atrasa
y que da las trece entre sos flores y sus
dioses, ¿de qoiéo ba sido? Piensa que
vino de Sajonia por las largas diligeocias de antaño.
(Singulares sombras penden en los
vidrios gastados).
Y tú, luna de Venecia, profaoda como fría fuente eo una orilla de desdoradas moldaras, ¿quiéo se ha mirado
en ella? JAhl estoy seguro de qoe más
de uoa mujer ha bañado en esta agua
el pecado de sa belleza; y acaso verla
u_o fantasma desou:io si mirase largo
!lempo.
-Eres malo y dices muchas cosas que
no están bien ....
(Veo telas de araña eo lo alto de las
grandes ventanas).
Noestro arcón también es muy viejo:
mira cómo esa lumbre enrojece su ma•
dera triste; las cortinas empalidecidas
tienen su edad, y la tapicerla de los si•
llooes desveocijados. y los aotigoos gra•
bados de las paredes, y todas nuestras
vejeces. ¿No te parece que hasta los
b,og llfs y el pájaro azal hao destefiido
coD el tiempo ?
(No pienses 110 las telas de araña que
tiemblan en lo alto de las grandes ven·
taou)
T" gasta todo esto, y h J ahí por qoé
pu,do vivir a tu lado. 1No has deseado,
hermana mía, la del mirar de antaño,
que eo uoo de mis poJmas apareciesen
estas palabras: ch. gracia de las cosas
marchitas?&gt; Los objetos ouevos te desplacen: también a tf te d3n miedo con
sa atrevimiento chillóo, y sentirás la
necesidad de ga~tulos, lo q ae es harto
difícil de hacer para los que no gastan
de la acción
Ve.i, cierra tu viejo almao'lque ale·
má.o, que estás leyendo con ateoción,
aunque se public ira hace más de cien
años y los reyes qae aauocia h1yao to,
dos muerto, y, tendi:lo s,bre la alfom·
br, antigua con la cabeza apoy.ida entre sus rodillas caritativas en tu traje
descolorido, oh, niñ a ten calma, te ha·
blaré horas y horas; ya oo hay campos

y las calles estáo vaclas; te hablaré de
nuestros mueble, .. . . ¿ Estás distraída?
(Esas telas de araña tiritan en lo alto
de las grandes veotaoas)

m

w-·

• LIENZOS MATRI TENSES

••

LA PIPA
Ayer be eacootrado mi pipa, soñando
u 1a larga velada de trabajo, de hermo•
so trabajo de invierno. Arrojados los
cigurillos con todas las alegrlas infan,
tiles d, veraoo, en el pasado que ilumi·
nao la, hojas uoles de sol, las muselinas, y vuelta a coger mi grave pipa por
uo bombre serio que quiere fumar lar,
go tiempo sin molestarse, coa el fin de
trabaju mej,r; pero no esperaba lasor•
presa que me preparaba esta desdrñada; apenas hubo ncado de ella la pri•
mera bocanada, olvidé mis grandes li·
oros qoe están por hacer : maravillado,
eaternecido, respiré el invierno pasado
que volvla. No babía tocado a mi fiel
amiga desde mi voelta de Frl'ncia, y
todo Londres, tal como le viví, por com·
pleto para mf, solo hace un año, se me
ha aparecido ; primero esas amadas nie·
bias que arropan nuestros cerebros y
tienen, allá abajo, un olor suyo, cuando
penetran b1jo la ventana. Mi tabaco
olla a una habitacióo obscura. con mue•
bles de cuero espolvoreados por el poi
vo del carbón, sobre los cuales re des•
pereziba el flaco gato oegro; las gran·
des chimeneas y la sirviente con los
brazos rojos ecbando carbón, y el nido
de esos carbones cayendo del cabo de
lata a la canastilla de hierro. por la
m 1ñ ,na -cuando el cutero daba el doble al iabooazo solemoe que me hacia
vivir! he voelto a ver por la veotana
esos árboles eofermos del csqoare&gt; de•
sierto-be visto la alta mar, tan a me•
nudo atravesada este invieroo, tiritando
sobre la cubierta del csteamer&gt;, mojada
de broma y ot-gra de horno, con mi po•
bre muy ama:la errante, en traje de
viajera, uoa larga falda gris, color de
polvo de los caminos, un abrigo que se
pegaba, húmedo, a sos hombres frfos,
uno de esos sombreros de paja sin pin·
ma J c1si sin cintas, que las se ñoras ri•
cu tiran al llegu. tao despedazados
estáo por el aire del mar, y que las po·
bres muy amadas vuelven a adornar
para muchas tempGradas atio . En torno
a su cuello se arrollaba el terrible pa
ñaelo que agill uuo al decirse adiós
para siempre.

·····"'

••

La Plaza Mayor

Solar de los bigardos y la pobretería
Plantel ~e las busconas y de los gallof~ros
Que reviven un clásico lieozo de picardía
En el abig urado rincón de Cuchilleros.

!Dulce hoca imposible, cuya sombra persigo
Hoy! a través de todo lo que martiriza;
Lab~os que_ co~rnlaron mi sufrir enemigo
Labios cantahvos que partieror. coomigo
El pan de sos palabras y el agaa de su risal
El pan de sus palabras; redentoras, divinas.
Iogeouas, sus palabras_faeroo tan milag1osas,
Que al eotE d9:r su f_ác1l vellón en mis espinas,
Brotaba en mis espinas on milagro de rosas.

Todos y,¡ceo fundidos eo dolientes montones
Oyeo~o_a una rame~a quo eotooa aoa canción;'
Hay s101estros mendigos y harapientos ladrones
Y atezados magnates de cayado y zurróo,

El agua de su _risa : jamás en boca humana
Ha de tener la :isa tocos más siogulares;
hra tao !rgeo 10a, tao musical, tan pura,
ll~e,_ al 01rla, me bacía pensar en la campaoa,
D1m1outa y ale-gre que toca en los alta ns
Y que rie de júbilo cuando consagra el cura.

Eo l.i plaza Mayor, a las horas oocturoas,
s.e oye no coro de lentas saetas tacitoroas,
~egras coplas que lloran el dolor de ta vida
Caoalla y de la carne placentera y podrida.

Dormida para siempre, tras el último rezo
Aquell9: boca santa que me tornara fuerte, '
Y me digo-en los cardos de la existencia presoEra bueoa .. . . la muerte se la lle"ó por eso
Era mfa .... por eso se la llevó la muerte. '

JCaoc_ió~ de la canall•I Negros ojos de crimen
Y de lu1una, bocas que blasfeman y gimen·
Musa ~e esas letrilla■ hoodas y desoladas ·
Qae dicen de los besos y de las pnñaladas

Triste canción añeja, triste canción veoida
De!de la paz alegre de las horas que fueron
H9:sta las a~ritudes preseotes de mi vida ;
Triste caoc1ó0, en tiempos lejanos aprendida
Por el alma, en los únicos labios que me quisieron

Coplas de la canalla, que tienen las aogostias
Y el dolor de la carne que de!garra un pañal
Que añoran en _la_s bocas despintadas y mustias
Y sabeo a pres1d10 y huelen a hospital.
JOjos de la CRoalla que solo veo lo feo
Q ae duermeo en los quicios a la luz de la lona
Ojos de los exhombres que fulgen de deseo
Aote uoa mujer bella y un golpe de fortona !
De las c~pas rafdas y los mantos mugrieotos
Sargeo pálidas manos, secas como sarmientos
MAoos de mendigos. manos dte las rameras '
Qae acarician y roban y plañen limosneras

••

•

E l alma mía piensa:
&lt;Yo conozco esa triste canción que van cantando&gt;
Y el alma mfa evoca
Uo recuerdo moy frágil, que viene desd, cuando
Para mi, desgranaba canciones aoa boca.
'

Los hijos de Pablillos bilvaoao la trapaza
De so "ida aodarifga, mudable y peregrina.
Y antre los soportales se recorta la traza
Barlesca de aoa elegante ninfa de Celestina.

•••

entonces

De

-~

Hospital de los buscones y la trubaoería
Platoel de los magnates y de los gollotero~
Que revi veo un clásico lieozo de picardía
En el abigarrado riocóo de Cucbilleros.
Amanece: En la plan melaocólica y vieja
Se abre la poerla de uo hosco cafetfo.
Los miserables doermeo . Sólo se oye la qoe ja
De una foeote que llora en medio de un jardlo.
EMILIO CARRER E.

En ta~ Hricas_ o_ndas, que son como las oodas,
De un _no pro~1g1oso, de un rfo pe,fumado,
Con mis ~osuenos hondos y mis tristezas hondas
En on va1vé_o tranquilo, de mi playa desierta '
Me voy hacia el pasado ..... .
Me voy hacia el pasado, por besar a mi muerta.
F . MARTINE Z RIVAS.
o o o

El

••
•
.1

retrato

DE BAUDELAIRE
Trocaron en ceoiza la ~ t e y los dolores,
La Iaz goe a nuestras almas pre~tó su fuf go sa010·
De aqaella bo~a en llamas, prisión de mis aa:ores •
De aquellos OJOS que me dijeron taotol
'
De aqoellos blanco~ besos, más dulces que las flott•
De.§aquellos goces lnhm?s que hicieron ooestro eocaot'c:
Q
Dª qoeda?._. • . ¡,obre niña, pobre alma! les borrares
e on croquis a tre, lápices, de palidez y espanto
Qoe,_como~º• deshace sos formas, solitario
y a quien el hempo-viejo de paño saogaioario
Flagela con sus alas para torearlo escoria ... . •
Ob bárbaro asesino del Arte y de la Vida
No ~atarás el alma donde quedó escolpida •
La virgen que hizo un fümpo mis dicba~ y mi gloria!
GUILLERMO VALEN CIA.

STEPHA~E MALLAR ME.

•

•

••••••••

•

J•

-~

�pirte, qoe e3tos volantes no van monta,
dos sobre el mi1mo forreaux; se cosen
sobre uo.a especie de tdoica muy lige·
ra, diáfana, c isi iovi!ible. L?s volantes
de tul de m lilas irregulares y finas,
bordados de grandes flores y arabescos,
son los que presentan mejor efecto;
confeccionándose asimismo estos volan•
tes en encaje Malioe de L yóo, rebor·
d ,do a mano, y en aplicaciones de ga·
sa sobre un fondo dt! tul imitando el
estilo de los bordados antiguos. Alguoos
efectos de traospa.reocia obtenidos por
. m,dio de e,tos volil0tes son verdadera,
mente iogeoiosos: así por ejemplo. be
aqoi no fourreaux caya. parte superior
es de tafetáo blaoco, el bajo de raso
negro. Tres volaotes de tal borda.do
forman la túoica.; tao solo el primer vo·
la.ate va sobre el glacé blanco traospa·
reatando ya so borbe inferior el raso
negro. Cuerpo de igaal to! sobre viso
blanco, con cuello y puños de raso negro que vienen a dolcificar volantitos
plegados en lencerfa.
CORDELIA.

Páginas fe meninas
Si el grao P cix 00 es ya como a.ate ·
riormeote la fiesta de clausura de la
sociedad parisioa, constituye siempre
nno de los días de mayor exhibición en
cuanto a la Moda femenina se refiera ;
en tribunas y paseos véase mujeres de
refioada elegancia y preciosos trajes
entremezclalios-derto es-con sobrias
toilettes y ridículos arreglos, éstos más
numarosos que aquellas, pues la exage·
racióo d~ las modas actuales condoce
fácilmente a esas siluetas excéotricas
tan bien trazadas pllr los caricaturistas
y que excitarán nuestra hilaridad y
nuestro asombro dentro de unos años,
cuando h.s contemplemos con la fria!·
dad de lo pasado. La Moda necesita no
serlo ya para ser j ozgada.
De esas lastimosas exageraciones oo
be d e hablar aquí. L'l reacccióo hacia
las líneas y colores mb correctos se
acentú1 afortunadamente cada día y
describiré algnaas de un gasto más se•
guro, fáciles de llevar en soirées, ga.r•
den- ;iarties, comidas y reuniones oto,

T ,aj e de calle.

Pronto com3nzará la estacióm de los
baños de mar, que se recomiendan pa,
ra multitud de afecciones y cuyos efec·

Las bandas tienen
el inconveniente de
necesitar raya , cuya
confección repetida
a diario eo el mismo
sitio apresura la cai ·
da de los cabellos,
fatiga e inflama el
cuero cabelludo.

tal de que se lleven oportunamente.
Un rostro redondo será favorecido
por la disposición de los cabellos abut1•
ca.dos o en aureola.
A un rostro largo, sientan mejor las
baodu y finalmente a una cara ovalada
favorece el peinado griego, ej decir inclinado detrás de la cabeza.

Todos los peinados son bonitos, con

tos sedativos y tóJicJs soo diga:» de
notar,
Ss emplean con éxito contra el lia•
fatismo y las escrófolas.
1!:n ciertas ga,tralgías despiertan la
actividad de los órganos digestivos y
cc,ntribuyen a la curacióo de enferm , .
da.des rebeldes a las medici.nas ordinarias.
Se acoosejau estos baños de prefe·
rencia en los comienzos del verano y
del otoño, porque es cuando el agaa los diez Y ocho años poco más
está menos fría; las personas fuertes 0 m.3o,s adopta el moño, es
pueden tomar el baño al levantarse y daicir, los ctbellos retorcid Js
lás débiles esperar el mediodía.
sobre la cabeza, llen la caTodas aquellas personas a las que b 3llera, ya ea casco levaohdo
por cualquiera circuostaocia no les sea CJn una nube de rizos perdi;
posible ir a la orilla del mar, pueden dos por la frente, ya ea b1n,
prepararse uo baño muy saludable en das ond_uladas que ocalsa casa poniendo al agaa sal y alcohol. ha las nenes y las orej t s.
Inmediatamente después del baño se
debe reposar ; pero pasados algnaos mi·
nutos, hay que h icer ejercicio basta
seotir~e que se entra en calor. De esta
minera se evitarán mucbis eofermeda•
des y se coosernráo las personas jóve•
nes por mochos años.

Traje de casa.
ñ ,les. E itas e,tán confeccionadas coa
telas ligeras, tul liso o bordado, encaje,
velo, muselioa de seda o crespón de
China.
Los más lindos de esos trajes aliaban
volantes o túoicas de tul o gasa a llls
foorreaux de tafetáo, y esta unión de
uo género de seda con otro de hilo o
algodóo qoe hubiera chocado hace alguoos meses, resultaba de encantador
efecto por su novedad y por el cooj u oto
d , los ,:;oloridos combinados. Uoo de
estos fourreax era blanco d, tela, otro
negro, otros rosados. amarillos, rosa de
B rngda; los volantes adornaban esas
faldas estrechas; volantes festoneados
en ondas, agudas y peqoeñ,s, volantes
de ondulacióo amplia y redondeada,
volantes bordados por roches o por bo•
nillonoés, otros muy grandes termioáo·
dese con pequeño volantito, otros-to·
davfa, adornados con un borde de pin·
mas de avestruz, estrecho y rizado. La
mayoria de esos volantes comieoz"o a
alguna distancia de la ciotura, por de·
bajo de las C&lt;Lderas y se separan más o
menos.
Cualquiera que sea el número de los
volantes y so aocbura, el último termi•
na siempre a una regalar altura del
suelo, que permita ver bien la estrecha
funda del traje. Hay que notar por otra

Los baños

o o o

El GUidado de los
Gabellos

P recioso sombrero de verano.
Traje de recepción.

Aparte de algunas variedades de detalles, la mujer de hoy, que a partir de
Traje de calle.

~

�Mejor no asar anteojos que usar los
mal adaptados.

- En 1Iéxico, desde el año de 1848, se ha reconocido una sola casa
de Optica.

Cierto que se han visto esté&gt;.blecerse de vez en cuando

otras carns de corta vida y de más o menos confianza, pero el público

1·

siempre vuelve, después de ~aberse convencido de la poca garantía
que hay en otras partes, a LA CASA CALPINI, S. A.
4:La Más Antigua de México, y La Más Moderna.&gt;
A cargo de un oculista que s~ cuenta entre los especialistas de la Capita!, nuestro departamento Optico no tiene rival en México, siendo dotado demodemos instrumentos y accesorios para el exámen de la vista.
Garantizamos todo nuestro trabajo, tanto en la calidad y corrección de los cristales ce mo en la clase de metal empleada en los armazones.

LA CASA "GALPINI," S. A.
ESQ. AVE. SN. FRA~CISCO Y 3~ MOTOLI~IA.

NO TENEMOS :,UCURSALES
NI AGENTES VIAJEROS!

1

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R,g1str.tdo como d.Ctículo de 2f clase, el 26 de Febrero ele 1914

Segunda Epota.

Sábado 11 de Julio de 1914.

ARMIDA, BELLEZA MAZATLECA .

Temo 1.-Núm. 21 .

�INDICADOR

"Arte y Letras "
Se publica todos los s:!.b:.dos por la

Cia. Perlodíst!Ga MexlGana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41 .
Teléfono■ :

Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO, D. F .
PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . . .. . . . . • . 20 es·
Subscripción, trimestre..••. .. . 2.50
Extranjero, trimestre........... 5.00
qon excepr,ión de Estados Unidos y Cu•
qa, en donde regir:!. el mismo precio
ene para la República,
NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven originales.

LA MARCA
Hace pocos domingos asistí en
una hacienda a la marca del ganado con los caracteres con vencionales que el dueño ha adoptado para distinguir e. sus reses de
las del vecino.
La operación se hace por medio de fierros que tienen la marca distintiva unos, y otros una
numeración progresiva; estos fierros se calientan en un hornillo
portatil, y una mano, no siempre experta, los aplica sobre la
piel de los animales. De esta manera se quema el pelo hasta que
la raíz y la marca queda indeleble . La res marcada ruge al sentir el fuego, hace a lgunas cabriolas en señal de protesta y acaba
al fi 1 por conformarse con su
dolor y con tener que llevar esa
marca de propiedad para toda su
vida.
Esta operación me recordó
otra, muy semejante, que practicaban nuestros humanitarios
conquistadores con el ganado humano que declaraban de su propiedad. Según las prácticas reales, los conquistadores que h~b ieran hecho prisioneros de gue~'

rra a indios hallados con las armas en la mano, tenían el derecho de tomarlos como escla vos y
marcarlos con fierro caliente, co~
una G. que se ponía en uno de
sus carrillos. El pobre indio, a
quien ya se había negado todo
derecho al uso de razón, debe
haber recibido esta nueva afrenta como la reciben las reses: debe haber rugido de dolor y de
vergüenza, y, dominado por la
consideración de su desdicha,
que ya presentía eterna, habrá
tenido que resignarse con llevar
por toda la vida la marca de propiedad, por el solo delito de haber nacido en esta tierra y querer defender sus derechos de
gente.
Y estas dos operaciones las recordé ahora al leer en los periódicos diarios la noticia de que se
ha decidido que los asilados en
la casa de Cuna dejen de llevar
el nombre de &lt;Lorenzana&gt; que
había sido hasta hov como el estigma que marcaba· a los pobres
niños que no tienen más culpa
que ser hijos de padres desnaturalizados que se ruborizan por
haber cumplido, de cualquier
manera que sea, con el más grande de los preceptos que impone
la naturaleza a todos los seres
engendrados por otros.
¿ Qué culpa tienen los seres generados contra leyes, las más
veces ficticias, de una sociedad
exigente y timorata? Si se pudiera señalar con un estigma
afrentoso a los padres de esos
pobres seres, se haría muy bien;
pero l por qué condenar a una
marca indeleble a inocentes que
por nada ni para nada han tenido p;;.rte en el crimen que se ha
cometido con ellos? Ya es demasiada la pena a que los han sometido sus padres al negarles el
derecho de disfrutar de todos los
cariños y de todos los halagos
que deben formar la maternidad,
para que se les señale todavía
con un nombre afrentoso. Al salir de la casa de Cuna uno de
esos desgraciados niños todos di,
rían &lt;allí va un &lt;Lorenzana&gt; y
con esa palabra señalarían a uno
que es huérfano por la voluntad
de los mismos que debían haberlo amparado; un niño a quien su

padre negó un nombre y que ha
tenido que mendigarlo de la caridad pública.
Y bien está que la caridad le
dé algo que sustituya lo que le
han negado sus padres, pero al
dárselo debe procurar q•1e él mismo lo ignore.
Sabemos que no fué el Obispo
L orenzana, sino su sucesor quien
pidió que los niños llevaran el
nombre del fundador de la casa :
así es que no se puede aplicar al
caritativo sacerdote lo que vam(?S a decir acerca de la caridad
ostentosa; tanto menos si se tiene en consideración que al hacerlo se tuvo en cuenta la necesidad de cumplir un requisito de
las leyes de la época, pero de
cualquier manera, el hecho de
exigir que los niños lleven el
nombre del fundador de la institución :;e parece mucho a esas
manifestaciones de caridad hechas con el solo objeto de que se
muestre el nombre de qu ien las
hace.
E n infinidad de templos de la
capital se han hecho reformas a!
decorado, se han mejorado o se
ha intentado mejorar,-en lama•
yoría de las veces con resultados
desastrosos,-pero, para llevar
a cabo esos adefesios ha habido
necesidad de halagar la vanidad
de los ricos que han exigido
que se ponga su nombre en todas
y cada una de las piezas para
cuya compra han contribuido.
Después de que los señores rico:; han asegurado su celebridad
por medio de esos donativos escandalosos se habrán quedado
tan tranquilos, con la seguridad
de haber comprado con tales actos boleto de primera fila en los
escaños del cielo.
Y no es de ese modo I como se
llega ni a la celebridad' ni mucho
menos al cielo ideal del reconocimiento de la humaóidad; vale
más el agradecimiento íntimo de
un corazón favorecido que el
nombre del altruista y humanit ario que se consigue a fuerza de
publicar boletir1es dando cuenta
de los caudales que se han gastado en bien ( ?) de la humanidad.

J. 1\1. c.
FOTOGRAFIA ARTISTICA.-DJ~ etsndios de Muiiana.

�r El fascinadori
~

El.-Cuareota y tres años, coo un fí·
sico admirablemente conservado por
la bigieoe, eo el fondo bastante lasti•
mado eo su vitalidad, apesar de su apa·
rieocia de juventud maravillosa ; de dis·
tiocióo y elegancia refinadas y coa uoa
mirada y uoa sonrisa eo las que se oot-. esa seducción eocaotadora del hom·
bre que conoce el don del deseo, y a
quien todas las mujeres han mimado.
Por su brillante carrera ha llegado a
ser un diplomático de primera que ha
dejado en todas partes del mundo, en
los sitios muadaoos, huellas amorosas.
Ella.- Veioticaatro años; más que
llermosa atractiva por la fineza deliciosa de su cua aureolada con cabellos
rubios, y por la dulzura particular de
sus ajos. Con una ioteligeocia moy amplia, muy encima de todas las mezquindades y las &lt;sooherias.&gt; Sufrió, co•
mo las demás, y a pesar de su resisten•
cia, la ioflueocia del fascinador. Su
gran fortuna le permitió hacer su ma·
rido de .iquel hombre nacido amante,
sobre todo.
El matrimonio, que fué casi uo acon•
tecimiento interoacional, se efectuó ha·
ce un:1. semana, y hace dos días que
llegaron a Palermo.
Uoa mañana a las nueve, en traje de
primavera, impecable en su toilette,
penetra en el cuarto de su esposa, quien
está sentada delante de su espejo mi•
raodo oerviosameote la bahía lleca de
sol y de a-.ul.
Ella, se vuelve, contenta. - l Cómo, es
usted? l Y no viene usted en seguida?
El, detenido e o la puerta.-0s admi.
rol Me bailo bajo el encanto de uaa visión! Vuestra cara, nimbada de luz, co•
mo encuadrado en la ventana abierta,
con ese fondo de mar, es delicioso!
Ella, c:&gt;o coquetería.-Es decir que
es más delicioso para ver que para ... .
besar?
El, va hacia ella y la besa entre los
cabellos.-Ahora b~,ol
Ella.-Sabe usted dominar muy bien
sus tentaciones!

Por Miguel Provlns.

~

t

El,-AI contrario, las satisfago todas
unas después de las otras .... No pierdo
uu solo placer!
Ella.-Ya sé que es usted maestro en
el arte de decirme casas del iciosas ....
Pero la verdad es que son ya cerca de
las diez, y no parecía usted darse mu•
cha prisa .... .
El - No podía entrar a la presencia
de usted sin ..... •
Ella.-..... . Sin estar eoterameote
arreglado, verdad?
1
Y por qué! ¿Acaso se necesitan tao·
tas ceremonias para amarse ? (Soorieo•
te.) Me parece que yo podríol pasarme
muy bien sin las ceremonia~-- de proto·
colo!
,
El.-lY cómo se atreve usted , queri•
da, reprocharme ese matiz respetuoso
que le doy a mi amor por usted?

Ella.- lY oo ha P,UEsto usted el mis
mo matiz en el amor de ...... las otras?
EI.-SL Justamente!
E lla.-Yo no sé! Hay eu el amor, tan
nuevo para mí, coa moltitud de cosas
de las que oo me doy cuenta exa: ta to·
davía . .. ... Sin embargo, se me figura
que la otra manera de usted debería
ser mejor.
El, evita la respuesta bei áodola en 1 1
cuello.-Loca 1
E11a, amable y atractiva.-Siéotese
usted un rato cerca de mí para que
charlemos. Hace doce horas que no ha·
bfa tenido el gusto de ver a bsted. ¿Por
qué no quiere usted, amigo a quien ado·
ro, c~~cederme lo que tanto le be pe·
dido ?"
El.-l Lo del cuarto?. . . .. .
Ella.-Sí, eso. ¿Es admisible que es·

posos que apenas tienen ocho días de
El, levanta ligeramente los hombros
casados duerman en piezas separadas y va a recibir de manos de un criado
como si fueran soberanos?
ta:volumioosa correspondencia que trae.
El -Si me impongo este sacrificio, a -Vaya! Aquí hay algo para distraer!..
pesar de mis apetitos, es, ccmo ya lo
Ella.-JHorror, cuanto correoll
dije, porque tecgo temores para el por·
El.-Es que todo esto nos ha seguido
venir.
desde París.
Ella -Vaya, cuando se tiene apetito
Ella, hojeando distraídamente en el
por algo, lo primero que se hace es sa· mootón.- l Nada para mf? Ah, si, una
tisfacerlo, sin pensar en el porvenir; y carta de mamá. (La abre) Pobre mamá.
aún ese porvenir, qué tiene de aterra• Qaiere que le diga, por telégra fo, si soy
dor? teme usted que nos falte lo or cd• feliz.
sario? en cuanto a mi, puedo asegurar
El la atrae dulcemente hacia sí y la
hace desfallecer casi bajo un beso sa·
que ... .. .
EL- Siempre se dice lo mismo! Pero biameote colocado.
Ella, cooquistada.- Cómo es usted
puedo asegurar, a mi vez, que para ha•
cer durar nuestra felicidad, que deseo malo! Me pone eo seguida la respuesta
en los labios. (Vuelve al mootóode cariotermioable, es mejor asíl
Ella.- Usted ti,oe experiencia, srgu• tas) Qoiero saber lo que hay alli deo·
rameote, pero yo estoy segura de que tro ...... es mi derecho ... . . . (Exami•
no me cansaría nunca de estar a su la•
do .. •• . ¿Dónde ve usted los ioconve•
oieotes de tal intimidad?
EL-En la costumbre!
Ella.-La ccstumbre de las buenas
cosas oo es d,sagradablel Y, hablando
de otra cosa, hay algo más que me pa•
rece moy dulce y agradable y que sin
embargo me rehusa usted obstioada•
mente: hablarnos de ctú&gt; en logar de
este &lt;asted&gt; oficial que me produce el
efecto de uoa corriente fría entre ooso•
trosl
El.-Crea usted que esta es una
excelente pre caución, para que el &lt;tú&gt;
nos parezca aún más delicioso en cier•
tos momentos.
Ella, suspiraodo.-Pero, !Dios mío!
¡Cuántas coosideracicoesl tcuáotas pre•
cauciones! l Es acaso el amor una tela
tao rara para que baya que escatimar•
la hasta ese puot&lt;;&gt;? Es curioso, j1más
me lo figuré asfl Yo me figuraba , por el
cootrario, que era uo campo primave· naodo} Letras de mujer ...... ¿qué los
ral esmaltado de flores, en el que po- hombres no le escriben a usted nuo·
dría recrearme sin precauciones, como ca? ..... .
EL-Muy poco!
uo pollioito que se harta de yerba fres•
ca! ¿Se ríe usted? Ya lo veo que oo es
Ella.-Sobre de todas las formas, la•
así, puesto que a pesar de la inmeosi· cres de todos los tonos, timbres de todos
dad del campo, usted cataloga cada los países., .... y UDol iofioi~ad de perbrizna de ternura, como en los cursos fumes ... . . .
de hervorizacióo 1
El (un poco picado).-Es usted muy
(Se lleva algunas cartas a la nariz ).
divertida.
Ella.-Sí, soy muy divertida, pero usEl.-lTrebol? ¿Verbena ? ¿Orquídea?
te:i eo me conoce oadal
Ella.-Apuesto que más parece ioEI.-Y qué sucedería eo vuestro fa, cien~o. (Abre la primera que encuenmoso campo si un día se cortara toda tra): c¿Es que los recuerdos son más
la y.erba?
suaves que uo matiz de pastel ? A pesar
Ella.-Sucederfa lo que sucede en de todo le deseo que sea feliz .... • . Fircaso sem aj ante: con el calor y con el mado: Gbyka&gt;. lQué e, esto?
sol brota de ouevol
El.-Una joven rusa, de uoa gran fa,

milia, que conoc( en San Petersburgo·
Ella.-l A quien hÍl:o usted la corte?
El.- No, qoizás ella se lo baya figo,
rado porque me mostré amable .. . .. .
Pero le aseguro a usted que no es nada
grave.
Ella. (Coge otra carta).-&lt;Un último
beso a un eosuE ño que conservo! R. M.
Stockolmo . . . . . . Esta oo parece ha her
sido sólo uo efecto de la imaginación.
(El hace uo gesto). No trate usted de
defenderse. (Abre otra carta). ciré hoy
a misa a rogar por usted . . . ... y perdo,
nar&gt;. (Conmovida) 14 de Marzo!. ... . .
El día de ouestra boda! tperdonarl. .. .
Parece que entre usted y esta mujer ha
habido ?.. . .. .
E l.-¿Y va usted a creer todo Jo que
me escriban ?,, • . .. Ni siquiera está firmada!
E11a.- Si está ..... . Gladys. (Lo mi•
ra ) Y usted sabe muy bien quien es! . .
No mienta usted.
El.-lY qué le importa a usted ?
Ella.- Qaiero saber!. .•...
El -Una americana, la mujer de uo
cónsul que conocí eo Wasbicgtoo. (Quiere detenerla) Pero, ¿para qué va usted
a continuar?
Ella.-Ahora me interesal ..•.. Me
ioS truyol. ·· · • ,(Abre otra carta). Abl
Esta se muestra complacida! &lt;Mis de,
seos más sinceros&gt;. F irmada: &lt;Una
aventura de Venecia&gt;. (Lee otra ) Esta
e5tá muy segura de sí misma: cNo temo
las comparaciooes.-Amalia . . . .. . &gt; y
eS tª me parece muy alegre ; &lt;Todo lle,
ga, querido mfo, ya lo ves, basta tú te
casas.-F. B~rdeaux&gt;.
EL-Pero eso es absurdo ...... Ya
quiero que lea usted más! .. . .

00

Ella,-Déjeme usted . .... . Allí está
uo sobre verde que me tienta. (Mira la
estampilla). Ceilán, vamos! ¡basta de
Asia! (~ae) &lt;Amigo mío, recuerda usted aquella ooche pasada a bordo del
yate de Mr. Gray, en la que me decía
usted al separarse de mf, ¡05 versos de
Musset:
&lt;Y el olvido viene al corazón como
(el sueño a los ojos.
&lt;Usted ve que mi corazón no duerme
todavía, puesto que pienso eo solicitar•
le&gt;. (Estruja la carta) Esto es verdade·
ramente delicado.
El. -He hecho muy mal con permitiros leer!•••· •.
Ella.- Sin embargo, no parece usted
muy contrariado!

�El, trata de impedir qno tome más
cartas.-No .... ya es bastaotel
Ella.-Porqne las otras debeo ser se·
mejaotes, verdad? Déjeme usted ver 111
menos· de donde vienen! (Mira los sobres sin abrirlos) Bruselas, Viena, El
Cairo, Túnez, Nueva York, Montevideo •..... Pero aquí está representado
el muodo entero. El horario de vuestros trenes de placer!
El.-,!Se siente asted disgustada/
Ella.-No veo la razón para que es•
tuviera extremadamente alegre .•..•.
iAbl ¡una de París!
EI.-No la lea usted!
Ella.-lPor qué? ¿Reconoce usted la
letra ? Pero si es que está dirigida a
mí .... Mire usted!
EI.-Alguoa imprudencia anónima)
Ella, la abre,-Vamos a ver! &lt;Señora,
no lego el gusto de conocerla y por lo
tanto no hay por qne le desee oiog6n
mal; por lo tanto quiero darle no con·
sejo. El hombre con qnieo se casa ns•
ted gusta mucho de jugar con el corazón .... de los demás, y raras veces retrocede ante un capricho o una fantasía cuando las juzga originales. Podía
teoer el de llamar a los hijos de usted,
si los tiene, Pedro o J uan ... . No lo ha•
ga asted. El hombre querido es de tal
manera ligero que olvidaría despues si
los había tenido con asted ...• o con
migo.&gt; (Muy afechda.) Tenía asted ra•
zóo, más valia que no hubiera leído!
EL-Pero, ¿cómo? usted va a creer
tso?
Ella, severamente.-¿ Podría darme
usted su palabra de que esta carta es
una mentira? (El calla) ¿No? Ya lo ve
nstedl
EL-Permítame usted al menos una
explicación ..... .
Ella.-Explicar, ¿qué? No hay más
explicación sino decir que esto es ver,

dad o no Jo es. Y además, no me expli•
que usted nada! No me hable usted
másl Llévese asted todas sus cartas....
Le juro que no desearé ounca volver,
las a verl
EL-(Muy disgustado, y queriendo
aparecer afectuoso)-Compreodo que
se sienta usted herida, lastimada! Ha
ha habido de mi parte uoa tontera que
no me perdonaré jamás, hubiera debi•
do opooerme, resistir •... Pero permí·
lame ustP.d decirle que no podía con•
servarme enteramente para la mujer
con quien debía casarme, y a quien no
conocía! ..... .
Ella.-Pero entre conservarse ente•
ramente a una mujer y amarla en las
cinco partes del mundo, hay una dife•
reacia mny grande, y hay sitio para
practicar algunas prudencias y releo•
ciooes. ya que se muestra usted tao
putidario de ellas ahora!
EL-Pero, en fin, no me puede usted
acusar de traidor! UJted es bastante in•
teligeote y estaba advertida para comprender que yo tendría alguna novela
por ahí!
Ella,-Alg11oas novelas, no seria del
todo malo; pero toda una biblioteca!
EL-Se imagina asted que yo oo soy
capaz de amar? P11es se eq11ivoca. Es
precisamente lo contrario .. . . Yo sabré
amar a usted mucho mejor que esos
jóvenes cáodidos o d,masiado fogosos,
yo sabré, yo se amar!
Ella.-Lo &lt;sabe&gt; usted quizás demasiado
El --Os jaro que tendré por usted a
quien be escogido, que es la elegida,
las ternuras más delicadas, las ateo•
ciooe~ más cariñosas: no habrá una so,
la sensación o uoa sola caricia que no
gu,te con asted, y le juro q ne es usted
:lueña de mi corazón, por completo(
Por qué le reproch 1 su ciencia, si va a
emplearla en su favor?

Ella, oerviosa.-Le reprocho haber
hojeado mucho para adqoirir esa cien•
cia! El corazón de asted es sin duda
una cosa mny bonita ...... un juguete
mny raro.: ...• pero con esa pátina pu•
lida y brillante que tienen los objetos
qne hao sido tocados por mochas manos! Es como el marmol del Santo Se·
pulcro de Jernsalem, gastada por los
fieles!. ..... Y parece que oo le dis•
gusta a usted mucho que le hable en
esta forma.
El , ¿Pero es eso posible?
Ella.-Abl ya comienzo a conocer su
sonrisa! Complicada, sabia, como todo
lo que forma vuestro arte! Una sonrisa
llena de vanidad.
EL-Pero es qne usted analiza demasiadol lDóode ha aprendido usted todo
eso?
Ella, leotameote.-Esta mañana, mi,
raodo a usted.
El, molesto.-Me escapo!. ... Tanto
más, cnaoto qne es muy tarde .... y us
ted tod1vía. no está arreglada .... Apresúrese ustetll Mire ese sol qne nos es•
pera. Toda esa naturaleza maravillosa
coo sos árboles de primavera, sus flores, sus campos!. .... .

Escenas del j a ego de basehall del domiogo último eotre
los teams &lt;Natiooal Clothiog&gt;
e &lt;Iodiao &gt;

Ella, irónica.-.... A dónde iremos
a herborizar ...... &lt;Recnerdo de noa
mañana de Palermo&gt; &lt;Sicilia&gt; •.... .
El.-No quiere apuecer lastimado
aparenta reirse y se marcha enviaodo
un beso coo la pnota de los dedos.Hista dentro de uo iostantel ..... .
t
Ella, con una lágrim1 en la punta de
las pestañas, mirando hacia la pnerta
que se acababa de cerrar.-Vaya,booito paSldo con el que me casé! ..... .
Traducido de los Diálogos de Amor,
especialmente para &lt;Arte y Letras.&gt;

.,.s\ÑC/',

YU'I\Y

,

Una Postal
A la Srita. Cata lioa Peredo.
Tú eres asi como pensé encontrarte
¡Tao pálida! Tao triste! La honda pena
Una mueca eo tu rostro puso. Qoé arte!
Para decir: Mirad esta alma bueoa.

•

Y yo, poeta cantor de las tristezas,
Hoy canto para ti, virgen sombria,
Pues como tú, las pálidas bellezas
Me causais una extraña simpatia.
BENJAMIN ORTIZ
Tlálpan, Junio de 19r 4

�venir de la fotografía cinemática quizá
sea más grande que el de las demás ar,
tes, porgue goza de un campo de ac·
cíón ilimitado. Eo tanto que el teatro
no va más allá de las bambalinas, el
cioematógrafo tiene por escenario a to•
da la Naturaleza, con sus rfos, sus va,
lles, sus mootañas.
De pocos días a esta parte, se nota ya
el progres1 del artt: a que nos referí•
mos. Su evolución es muy rápida y tie·
nt1 un desarrollo paralelo al de las demás artes; con la diferencia de que allí
se pasa del idealismo puro al realismo
en pocas semanas. Hoy ya no vemos
aquellas fanta:;magoríasque proyectal;a
la máquina hace apenas cinco años. Ya
· no hay hadas vaporosas que bailan en
el vacío ni moostruosasarañasque tien•
deo sus redes "Dtre el pavor ;le los es·
pectadores. Hoy se presentan obras más
humanas, más reales.

El Teatro Negro
Si Edmuodo D'Amicis permitióse
llamar al traovía &lt;L"i Carrozza di Tut•
ti&gt;,¿ qué iocooveoieote existe-me pre•
gunto yo-para que al Cinem~tógrafo
le pJogamos uo apo:lo, por e1emplo:
&lt;El T datro de Todos ?&gt; E,te sería el
seguodo bautizo que recibe, porque deb~mos recordu q11e hace algú-n tiempo
s, le ocurrió a A11tonio Zozaya llamar·
le &lt;El Tdatro Negro&gt;, nombre iojusto,
a mi puecer. Un piano destemplado,
cuatro sillas desvencijadas, no público
enmudecido y uoa película que gira
rápidamente, desarrollándose entre uo
silencio aterrador-dice poco más o
menos Zozaya,-Eso es todo
Sin detenerme a considerar el peli•
gro que entraña para el Teatro el auge
progresivo de la cioematografía, daé
por qoé no siento por ella el mismo de~•
precio que el ilustt'e autor de &lt;El L1·
bro d&lt;ll Saber Doliente&gt;.
Allá el Te1tro; él sabrá cómo defen·
der sus dominios de este nuevo intruso. ·
.
Rémy de Gourmimt no piensa como
Zoz 1ya. El grao crítico fran cés decfa,
hace poco, en el &lt;Mercare de Fraoct&gt;:
Me gusta el cinematógrafo. Satisface
mi curiosidad. Con él doy la vuelta al
mondo y me deteogo donde quiero, en
Tokio, en Siogapur. Ayer me presenta·
ba las montañas Rocosas, las caídds del
Z,mbeza: el viento encorvaba los pinos;
el agua se lanz,ba al abismo. Sd veía
la vida. En el Zambeza, un pobre arbusto, que habla crecido al borde de la
catarata, sacudido por el esfuerzo de
un remolino, se agitaba constantemente
y ese temblor, venido de tan lejos a pre·

o o o

Hombre al agua.
sentarse ante mí, me causaba yo no sé
qué emoción&gt;,
El cinematógrafo triunfa, a pesar de
la tenaz guerra que le hao hecho algo·
nos escritores. Ni el mismo fooógrafo
ha fi-lo tan calumniado. Se alt:g'\ que
nuoca pasa de ser trivial, con lo qne
no hace más que pervertir el gasto estético. Pero hay que tomar ea cuenta
sus escasos .ños de vida. /Quién ase!(U•
ra que dentro de diez o veinte añcs
e,te arte no llt&gt;gue a ser tan complica•
do, tan profundo ccmo la novtla y el

drama? 1 Por qué rlel mismo modo que
tenemos hoy grandes novelistas y dram1turgos, no tend rtimos mañana g randes
&lt;cinematografistas?&gt; Ya eo Enropa se
principia a solicitar la colaboración de
los ooveliitas y dramaturgos para la
coofección de magnificas películas.
También se extraen argumeotos de las
obras más conocidas. Alfred Capus y
ctros muchos literatos de París, empie•
zan a ejercitar su intelecto en el nuevo
arte.
Agreguemos, a todo esto, que el por·

La Cinematografía es un poderoso
arte moralizador, cuando es explotado
por empresas escrupulosas, y ademá~,
existe en cada país una legislación que
prohibe la proyección de vistas obsenas
e inmorales. Las obras más grandes de
la literatura están al alcance de la masa
popular que, de otro modo, nunca se
hubiera deleitado con ellas directamen·
te en el libro o en el teatro. Esa preci•
sión de detalles revelados por la pelícu•
la, constituye un elemento nuevo, muy
poderoso, tanto o más que la prensa.
Por la pantalla vemos desfilar íntegras
las costumbres más extrañas, los paisajes más lejanos: en una palabra, se vive
en pocos minutos toda la vida de los
países, desconocidos para la generali•
dad de nosotros.
Contra todas esas ventajas, no puede
ocultarse que peligra la moral, cuando
se abusa demasiado cte temas sacados
del adulterio o de la vida desenfrenada
de las grandes ciudades europeas. Pero
quizá de eso mismo surja una nueva
moral, una moral spenceriana que se

I
.

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Trágico fin de un combate na\•al.

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--✓.

D.is cadáveres en un h:droplano.

Dolorosa escena dd naufcogio.

Combate en el Tamesí.

�ARTE
ej~rcite haciendo ver prematuramer.te
a nuestras futuras esposas las consecuencias fatales de sus delices.
Fuera de este punto de vista, el cinematógrafo es un maestro insuperable
en ciencias y en artes. Nos da expe·
riencia del aire liquido, diversos experimentos cientificos; nos presenta detalles ornamentales, decoraciones artísti ·
cas, que en otras con~iciones no pueden
contemplarse sino a costa de mucho dinero y mucho tiempo.
Mediante la máquina operadora nos
es dado conservar la actitud, los ge~tos,
hasta los má.s insignificantes detalles de
los hechos históricos de nuestra época.
¿Quién no se ha conmovido aote la ac ,
titud de diez mil huelguistas en la re•
mota Colooia del Cabo, en Africa, o
ante la severidad de un desfile regio
en las cortes europeas? cEl cinematógrafo-dice Gourmont-me dió dates
sobre Marruecos, que nunca hubiera
encontrado en los relatos confusos de
los viajeros. Vi desfilar el ejército, la
artilleria del Sultán y comprendí la estupidez de los hombres públicos que
Una caída con
tomaban a serio la potencia de ese fan•
toche. Era una lección visual y sólo esa
mite el menor ruido. Si la vista sale
puede· contar&gt;.
Ninguna fotografía extá.tica, ni el defectuosa, no pataleo formidable bas·
cuadro del má.s renombrado pintor, po• ta para que sea enderesada al instante.
drá.n representar una persona o un pai, Se somete el público a sí mismo a una
saje mejor que el cinematógro. l Por disciplina muy provechosa. Allí nos
qué? Porque éste ha logrado lo que acostumbramos todos, quiera que no, a
nunca lograron las demás artistas: dar guardar orden y compostnra, por muy
movimient:&gt;, dar vida a la representa- inquietos qne seamos.
Todo ~e comprende sin dificultad ;
ción. El paisaje má.s mediano puede
despertar nuestra admiración con sos nadie se qneda a la luna de Valencia
juncos tembladores, sus arroyos, que ca• por muy complicada que sea la repre•
si se oyen, murmurar, con el movimien· seotación. De ahí que el público desde•
ñe el teatro, el cual no siempre le sato rítmico de las hojas de sus árboles.
tisface el gusto y la bolsa, al mismo
tiempo. Además, se prefiere ver traba·
o o o
jar a los grandes artistas mundiales en
Las últimas producciones de las casas la pantalla que no a los aficionados y a
italianas, que han superado a sus riva• los cvaudevillistas&gt; en el escenario.
Hay actores que llegan a interesar
lis francesas, en la magnificencia del
l1n vivamente al «respetable&gt;, que se
espectáculo, han resucitado, en estos
últimos dias, una época de la historia oyen de parte de éste, dar consejos muque parecía enterrada bajo las cenizas chas veces, en voz alta. La mímica se
de Pompeya y Herculano Hac; resuci- desarrolla admirablementd, Los comen·
. tado a la Edad Media, con todo su es- tarios que se suceden a vuestro lado,
p leador, su boato, con sos caballeros y no pueden ser má.s divertidos:
-Muy bien que lo hayan dejado en
sos damas empiogorotr.das; toda esa pá•
la calle- dice una señora que eslá. con
gioa de la historia que no conocíamos
má.s que por referencias. Hemos visto su esposo--¿ Por qué abandonó a su mudesfilar la civilización de la Roma de jer?
-Así acaban todas-dice no señor
Tarquina y también la de la Roma de•
que está. con su familia.-De nada le
cadente.
sirvió engañar a su marido.
Nuestros nietos no tendrá.o que recuLas lágrimas ruedan por los rostros
rrir a las bibliotecas en demanda de
de las muchachas. Las madres enseñan
datos para saber nuestras costumbres;
les bastará. desempolvar las películas a sus hijos las consecuencias de no ser
obedientes. Algnoas mujeres se t¡_uamoarchivadas por sus antecesores.
ran de los actores y viceversa, ( es decir,
El cCine&gt; ha logrado, además, fijar los hombres de las actrices) Estos son
la atención del público de no modo qne amores que no conoció ni Platón ni sus
nunca alcazó el teatro. El escándalo discipulos, pero qne-a fe mla-debie,
permanente de éste, el cuchicheo ine- ron conocerlos. Cuando aparecen los
vitable, desaparecen ante las hazañas actores preferidos, se escuchan los ca•
fuoambulescas decKri Kri&gt; o de cMax lurosos aplausos de la concurrencia co•
Linder;&gt; un silencio profundo preside mo si se presentaran ante ella de carne
el llanto de una esposa er.gañada y de y hueso.
un hijo abandonado por sus padrfs Si
Por último, no queremos referirnos a
hay algún nene que chilla, el siseo se
la
protección que presta el cinematóencarga de ponerlo en orden; la madre
izrafo al amor, con la obscuridad ... .. .
o la niñera buscan el modo de callarlo
Parece que esa es l'l mejor ventaj~ .. ..
a toé!a costa, porque el público no per-

motocicleta.
Pero no todo ha de ser alabanzas
para onestro arte, También éste suele
caer eo el rutinario de cajón. En las
películas cómicas hay siempre alguna
su~gra que corre desaforadamente, per·
segnida por noa docena de yernos qae
enarbolan palos. escobas, sacos de ha·
rina, etc. A la turba de perseguidores
se van agregrndo todos aqnellos qua se
consideran ofendidos con el paso. La
pobre snegra rueda por una escalera
y cae sobre uo pescador-engreído en
su oficio-el cual roeda a su vez a la
agua junto coa los perseguidores. Un
pintor coge su cuadro -hasliado de tan•
to regateo-y se Jo ensambla por lo
cuello al cliente o al primer criado
que aparece tras la puerla. Las vistas
serias terminan si,mpre con una tanda
de abra z1s y besos que ponen en esta•
do de sobreex :itacióo a la concurrencia.
En México, d~bido a la mucha competencia qne se hacen las muchas empres1s existentes, los boletos de cCine&gt;
han descendido a precios irri mrios (1 5,
10 y hasta 5 centavos) Los teatros se
ven en la necesidad de seguir la co·
rrieote general y bajan su tarifa, iotro·
dnciendo, al mismo tiempo, la epao talla
ceniza&gt; en sus escenarios, gne de lo
contrario no contarían con un solo espectador. Sin gran desembolso, las fa,
milias pobres y numeroias encneotran
su segnra diversión; y basta los hombres
serios, que se tildan de poco frívolos y
de filó,ofos, se dan sos asomadas, de vez
en cuando. Nadie se escapa, y be ahí
porque a mí se me antoja que el cine•
matógrafo es al teatro de todos, y quizá
del porvenir.
¿Habrá llegado el momento en qui'
podamos decir como Víctor Hugo: cesto
matará. a aquello ?&gt; Quiénsab,1 Sería y:¡
mucho decir. Mientras tanta, espere•
mos .. . .. .
PORFIRIO HERNANDEZ.
México, Julio, 1914.

MODERNO MEXICANO

�fr

BOCETOS YCUADROS

Federico Gamboa.-Su novela última: "La Llaga."

(IMPRESIONES RAPIDAS.)

qu, de escribirlo tengo en un fututo oo
remoto I y, por tanto, propóogome úoi•
camente describir el impresiooalismo
que &lt;La Llaga&gt; me causó, cuando por
sus páginas, pletóricas de viva realidad
y también a lasvegadas de un &lt;poquito
de ensueño;&gt; páginas impregnadas de
un añejo sabor clásico en la narración
florida que va diceccionaodo entre sus co·

JQaé cambio tan rápido de emociones,
experimentó mi espirito! Después de la
dulce melancolía que me produjo la
lectura del bello drama de Francisco
Villaespesa &lt;Doña María de Padilla,&gt;
posesionase de mi cyo,&gt; la profunda e
ioteosa melancolía de la vida desnuda
y mísera en que por desgarrador ana·
tema o ancestral dolencia se debate
nuestra raza: e~a que Federico Gam•
boa, analiza con minuciosidades de
profundo disecciooista de almas.
Porque la última novela del señor
Gamboa, de ese justo varó o que, como
Luis G. Urbioa, dijome eo la mañana,
«sigue el saoto apostolado de uo socia,
Jismo religioso,&gt; es nuestro ambiente
social exhibido aote el mundo, con sus
noblezas e iografüudes, con ros dolores
y sus vicios, con su grandeza de tradi•
ción y su ancestral mise1ia. Porque cLa
Llaga&gt; se presenta a nuestros ojos en
so pleno desarrollo y eo el imperante
triunfo de corroecióo de seres. sin re•
medio y sin fórmula aún para encontrar el agua lustral que la cure y cica•
trice:
Obra nacional II intensa, de proble,
mas que aún nuestros contados sociólo•
gos, apenas si se dignan dilucidar, es
esta novela de Gamboa intensamente
bella, como ~iempre es la verdad que
fulgnra a nuestra vista, como una an, lores claros y precisos, nuestra alma na·
lorcha de fe y de paz. ¡Como mi espí· cional-lay, tan llagada y tan do' idalritu se ha torturado al ver con &lt;sus pasé mis ojos. Tiembla mi esphitu en
ojos,&gt; el desfile de todos esos vicios que la inmensidad de la obra, ante el sufrir
ha sabido el autor, hacer des5lar en su de Eulalia, melancólicamente asaltado
obra que como él dice en la dedicato· por los recuerdos de su juventud y sus
ria"ces uo caeoto que quizá sea ver• ,éxitos, allá cuando en Chapultepec,dad, y que por serlo resalta triste, co• 'llidd de águilas donde el voelo ensayan
mo es triste la mayoría de las verdades&gt; los cadetes, tal y cual si fueran pollueNo me es chble, en una crónica se• los del 'ave regia que adoroa nuestro
maoal, hacer un minucioso análisis p~i• pendón glorioso-con su estancia en el
cológico de obra de tal valfa,-aoálisis Colegio Militar, ib« arraocando lauros

a la gloria; tiembla mi espirito-porque
vibra ante el sentimiento de la verdad
y del dolor-cuando al protagonista de
la obra hiere el añorar de su crimen,
eo el nocturno callar, mientras la es·
posa duerme y basta el relax-testigo
de so hazaña-turba la quietud de los
momentos con su mooótooo y continuo
tic- tac, tie-tac ..... .

ojos ávidcs, va desarrollácdo~e con la
solemne realidad de lo que en la vida
acaece con la frecuencia de te do lo
malo que corroé a las sociedades todas,
desde que-y aquí copio de la ne.vela
el decir de D, Martiniano-cesta nues·
Ira inmensa criminalidad bered~da y
en aumento, que por la incuria de esos
sordos y de eses ciegos, por su palabre.
ría hueca, por so concupiscencia y sed
de locro, a cada instante estalla en ciudades y sierras, en pe blados y desier·
tos, en todo este país vasto y sin venia·
ra que podía ser patria, y es apenas
aduar primitivo y salvaje; la inmensa
criminalidad nacional, en alarmante
progresión inatajada con peligro cierto
de que el mejor dia se cocvierhl en no
gran incendio pavoroso que lo arrase
todo : el ayer, el hoy y el mañana, los
seres y las cosas, las conciencias y las
almas ..... .
Todas las descripciones que de Ulúa
y la vida en él llevada por los reclusos,
está admirablemente trazada por la ma•
no maestra de Gal'lboa, guiada por la
profonda observación que lo inspira.
Desde el parto de la &lt;Fandora&gt;, en la
galera, hasta el paisaje del baño de
&lt;juanes&gt; y &lt;rayados&gt;; desde el duro
trajln de éstos, basta la escena macabra
de los fumadores de la marihuana.
Y la primera parte del libro, termina coi la libertad de Eolalio ...•

oo o
¿Despues?
La locha por la vida; el afán incac-

sable por llegar a la tracquila paz, que
tanto en el vivir se anhela ; la regene·
ración pcr el traba jo y el ahorro, y al
fin, la anión con algo semejante a la fe•
licidad y que Gamboa simboliza en
Nieves.
Y la obra de este noble e,critor, que
sigue &lt;el santo apostolado de un socia·
lismo religioso&gt;, (Luis G. Urbina, bame
dicho esta mañana, hablando de Gam,
boa) termina con este pasaje bellíiimo
y simbólico:
&lt;Victima de la sociedad y de la vida,
Enlalio apoyó su cabeza eo el hombro
de Nieves y con mal reprimidossollozos
le murmuró apuntando al cortejo inter·
minable:
-iLa llaga!
Sobreexaltada, Nieves se olvidó de
que Eulalia al odia a la llaga naciooal;
y pensando única meo te en la llaga de
él, la que el presidio abriera en sus car•
oes, le repuso acariciándolo:
- Esa llaga be de curarla yo, te lo
prometo!. .....
Eulalia a su vez, olvidado de su llaga
individual, pensando !ólo en la otra
di6 a la amorosa respuesta, interpretación de prcíesia y símbolo. ¡Sí! La llaga corarlala, porque pronto serla madre,
porque ya en sus entrañas palpitale la
sangre nueva que babia de realizar la
palingenesia portentosa.
Y sin importarle que pudieran verlo,
en intimo cont2cto con el pueblo irredimido, de espaldas al esqueleto del tea·
tro en construccióo- la menstruosa flor

de engaño-que, vistiéndose de mármoles y jaspes se al zaba ea el corazón de
la vetusta ciudad virreinal, devota y
castamente, a la 1oz del Sol, Eulalia se
inclinó ..... .

Y lo mismo que si besara una santa
promesa, por encima de sos ropas besó
el vientre de Nieves&gt;.
Y esta obra, acabada en Brujas, fren•
te al Lago de Amor, es la que mi atención ocupa ahora, y que, eo un mañana
no lejano, pienso analizar cuidadosa y
buenamente.

En tanto, ante mi espíritu torturarlo
por la intensa dramaticidad de esta obra
&lt;que parece cuento&gt;, veo sorgir, imponente y magestoosa, la figura de Fede•
rico Gamboa, nimbada por la aureola
de su serenidad inquebrantable y, an·
tójaseme, como la de Emilio Zolá, levantándose grandiosamente el estruen•
do del himno del Odio qne, al decir
ateniense de Jesús Uroeta, el odio es la
cólera suprema del amor ....
!Salve, Maestro! Tu alma de apóstol,
perdoraria como uoa luz inacabable
que marque los senderos ocultos del
bien, a las generaciones que te sobreYivanl
JULIO A. MU ÑIZ.

7 de Julio, 19r 4.

\

Y estas remembranzas, dulces y dolo•
rosas, acaécenle, allá, en el antro del
presidio de Ulúa, dende so condena
porga lentamente, lentamente, consu·
miéndose por el tiempo y el dolor. Y
cuando libre del castillo maldito, en la
modesta habitación de un hotel barato
iovádelo el temor al ver la crispatura
de sus manos, tal y cual la tuvieran la
noche de so crimen, me asalta una va,
ga reminiscencia poeniana, por lo terrible de la escena que ante nuestros

Grupo de niños que fueron c:&gt;osagrados al Corazón de Jesús eo solemoe ceremonia el domiogo pasado en C,tedral.

�f1 Los Salonfls de París l
~~===============SI=L=U=E=T=A==S=D=E===A=R=T=IS=T:=A=S=============Jrjj
En estos días vernales y floridos Pa·
rís inaugura sus E xposiciones.
Aquel simbólico adolescente de Vi·
llette que, vestido como un personaje de
\V atteau, iba repintando de verde las
ram1s de los arbustos, puede descansar
de su tarea y orientarse de paso estéti•
cameute, entrando a cualquiera de es,
tas exposiciones.
Sin contar las particulares o perso•
nales o de grupos colectivos de escasa
importancia, en París se celebran actualmente cinco grandes Exposiciones:
la Nacional, la de Artistas Franceses,

la de Humori~tas, la de Independientes
y la de Arte Decorativo inglés.
Da todas ellas nos iremos ocupando
rncesivameote.
Los dos ,salones,&gt; respondiendo a
sus sendas tra:liciooes, representan to·
dos los aspectos sanos del arte cootem•
poráaeo, desde las rebeldías lógicas,
fundamentadas en sólidas bases técoi·
cas, hasta las viejas tendencias de los
artistas que florecieran a últimos del
siglo XIX .
Antes de hablar de las obras, meociooemos algunos de los expositores, esbo•

cernos algunas rápidas siluetas de las
figuras más importantes.

LOS PRESIDENTES
A no ser por este hecho de presidir
el uno la Sociedad Nacional y el otro
la de Artistds Franceses, no hablaría•
mos de Roll y de Mercié.
Ambos tienen una personalidad me•
diocre demasiado definida dentro de la
iosigoificaocia amaoerad:i..
M. Roll preside la Sociedad Nacio·
nal y presenta en eJla los dos p 1oeles
laterales del enorme cplafood,&gt; pintado

&lt;Rayo de sol,&gt; por J. A. Muenier.
para el cPetit Palai,.&gt; El año anterior
presentó la parte central, que represen·
tab4 la cApote6sis de la República,&gt; y
medía 7 metros por 15. Estos panelas
laterales son cada uno de 7 metros 50
centímetros por 4. Como véis la obra es
gigantesco de tamaño. De tamaño nada
más, porque el señor Roll dista mucho
de ser un ptoelista como Alberto Bes·
nard, por ejemplo.
Tampoco e) señor Mercié, presidente
de la S,ciedad de Artistas Franceses,
es un artista vigorosameute definido. E.s
p' ntor y escultor. Los escultores que
Las oraciones, cuadro de E . Ma xeoce.

ti~neo mal~ lengua _dicen que pinta muy
bien; los pintores dicen Jo contrario, en
justa reciprocidad. El arte de Antonfo
Mercié es relamido, de un academicismo cooveocional y burgués. Autor de
lJ3 monumentos a Meissonier, a Gouood,
a Coubert y a Masset, es, también, el
escultor oficial&gt; de &lt;Los Anales&gt; la re·
viita académica de Adolfo Bris;oo.

LEON BONNAT
Es tal vez el más viejo de los pintores franceses. T ieoe ochenta y uo años
y todavía trabaja en su estudio y coocu,
rre a las Exposiciones desde 1859. Por
su vid~. por su arte hao pasado los más
distintos episodios y las más opuestas
teode~cias sin alterar su temperamento
y su pintura.
Logró reunir una riquísima colección
de obras artísticas antiguas y la regaló
a Bayona, su ciudad natal, donde se

�Suicida ....
A mi querido y atlmirado amigo Ma•
La Fiesta de la Marquesa, por Abel Trucllet.

Retrato de M. Barrés, por I. Zuloaga
conserva en no Museo que lleva su
nombre.
El último cuadro de Bonnat, es un
retrato de Iogrés. Bonnat copia al gran
pintor de un daguerreotipo que los años
han ido borrando.
Finalmente, Bonnat tiene para ooso•
tros los es·pañoles un recuerdo romáoti·
co. Vivió en Madrid cuando je.veo y
fué discípulo de Federico de Madrazo.
Todo esto tan lejano, tan hundido ya
eo sombra, nimba ahora de respeto la
figura del anciano artista ....

AMAN-JEAN

Como Gaston La Touche, muerto re•
cieotemente, Francisco Aman-Jean es
un l11mi11ista. Pero mientras Gaston La
Touche amaba las armonías y los ritmos de la luz sobre parques, jardines y
fuentes de la naturaleza, en fin, civilizada, Aman- jean ama ese mismo ritmo
armónico en las figuras de mujer.
Na cido al arte en pleno impresioois•
mo, discípulo de Lelunaon, Aman-Jean
sopo destacarse bien pronto por una

intensa y penetrante dulzura melaocó·
lica que ponía en todas sus obras.
Actualmente cultiva el pastel con
preferencia a todos los demás prece•
dimieotos pictóri'cos. En su envío de
este año, que es no panel decorativo de
asunto mitológico titulado ~Toi, valet
de Amphitryoo ?&gt; resalta esa caracte1ística finura, ese ambiente ~uldsimo y
sutil, ese ritmo plácido y bello de los
cuadros del grao pastelista. Pocos pintores de mujeres podrán decir como él
que no falsea, adulando, la feminidad,
sino qoe la d,pora, la quintaesencia con
la gracia armoniosa del estilo y del color.

nuel M. Ponce.
Para &lt;Arte y Letras&gt;.
Llegué a su camarín ... ! abrí la puerta ...
En la alfombra escarlata se moría ...... 1
Era uoa ((or tronchada mustia y yer ta!
Y en la fa z dolorosa de la muerta,
Había un pliegue angustioso de ironía,..

Me acerqué lentamente, apesarado...
Rindiéndole mi culto y mi respeto ... . .. 1
Y quise uoa vez más, acongc,jado
Besar aquella frente en que ha quedado,
La huella misteriosa de un secreto...
o oo
Ahí estaba .. Jmagoífica y hermosa . . !
Como una imagen de beldad tronchada ... !
Y en su fragante piel color de rosa ,
Resbalaba la 1oz pura y radiosa...
Qoe por el marco del balcón entraba... !
oo o
Y se mató por mí .. ¡torpe querella ... !
Volcáaica pasión jamás vencida... !
Ella fué eo mi existir faro y e!trella ... l
Y buena o mala, dejó una huella,
Que para siempre amargará mi vida.

¿Por qué no snpe comprender su anhelo
Y ataj u el fantástico espejismo...
De ese amor que juzgué dicha y consuelo
Sin mirar que más bien era un abismo... ?

Marinos en el muelle, por L. Simón.

IAh ... ! mísero de mi...necio y osado,.. I
Mancillé la virtud de una azucena.
Y el destino implacable me ha burlado,
Pues sin piedad tan solo me ha entregado
Ese cadaver que mi error condena.
-Hesé su mustia frente entristecida,
Iomaculada, blanquecina, yerta....
Le dí mi dolorosa de.!pedida...
Pues ya se iba el aliento, la vida,
Entre les labios de la herida abierta ...

e o o
Cootrastabio, la alfombra de escarlata ...
Con el hilo de sargre empurpurada ...
El velador, la lámpara de plata ....
El peinador que en blondas se desata ...
Y la bella cabeza despeinada ...

o o o
Be&amp;é su frente por la vez postrera.
Quise cerrar sus ojos con mis labios,
Aborrecí indiguado esa quimera... !
Y me h astió la engañosa primavera
De ese amor iafernal hecho desvíos.

o o o
!Que triste camarín .. Pálida y yerta,
Lentamente mi nena se morfa... !
IQue diáfano era el rostro de la muerta 1
Le dí mi tíltimo adiós ... ¡cerré la puerta ....
Y me alejé llorando... Amanecí;l... l
México, Jucio

22

de 1914,

MANUEL TOR RES T ORIJA.

�&lt;?=~

•

CRONICA AZUL
Granizando

Especial para cArte y Letras.&gt;
¡Oh! el granizo blanco
Que por los jardines
Dulcemente está,
De los qne se han ido
Son almas que vuelven
Tan solo a llorar.
Primero un viento muy fuerte y nu•
barrones negros, muy negros que anuo•
cían una gran tempestad, despues la
lluvia a semejanza de tormenta de al·
mas y más tarde, la caída de granizo
que poco a poco va cubriendo la tierra
y que, comosudariode eucarlstica blancura escoge para envolver en su rega·
zo el lugar más hermoso de la Ciudad :
1Chapultepec!. . ....
Y allí está ese sitio encantador que
conoce todos los secretos de los idilios
que ha presenciado, vestido galana·
mente con el albo traje que la Natura•
leza le ha obsequiado: alli está magestuoso y sereno el milenario bosque, mu•
do testigo del amor de nuestros abue•
los; el que guarda en el corazón de sus
ahuehuetes fechas memorables de di,
cha y de ventura; el que alberga en sus
potentes muros, balas enemigas, o vam•
piros encarnizados sedientos de sangre
de niños héroes y en su gloriosa tumba
almas inEautiles que gritan a todo el

que se les acerca: &lt;Así se muere por
la Patria&gt; ...... SI, allí está Chaoulte•
pee, vestido galanamente de blanco e
invitando a la meditación y al recaer·
do.
Uno que otro paseante se atreve ,.
penetra-r por sus poéticas calzadas, temeroso de profanar con su pie la blancura que las viste: ni una pareja de ena,
morados se mira, los que aman no gus·
tan del f río y est'os pasean en las tar•
des azules e violeta. El silencio es solo
interrumpido por el cacto triste de al·
gún pajarillo o por la charla misteriosa
de los genios que ali! habitan.
Siempre me ha parecido Chapulle•
pee el más hermoso sitio de México, pe•
ro, amiga mía, si tuviste la oportunidad
de contemplarle con su albo traje, con·
fiésame qne su belleza superaba a la
de otro~ días.
1Qué bello es el granizo! Y si el que
cae a los jardines de nnestras almas es
el recuerdo de aquellos que se bao ale•
jado para siempre o el espíritu de los
seres queridos que vuelven tan solo a
llorar lágrimas congeladas, sobre la
tumba que nuestra ingratitud les ha
abierto, qne llueva mucho granizo y
que caiga nieve, mucha nievo sobre
nuestros corazones pan que de ese mo ·
do se hag lD insensible, a nuevos afee·

tos; y si esa nieve blanca que cae sobre
nuestras cabezas ha tenido su origen
en los recuerdos hondos de una dicha
perdida qce no volveremos a encontrar,
amiga mía, recuerda siempre, recuer•
da mucho, soporta con resignación ese
hielo, esa nieve que cae en forma de
granizo y ese frío glacial que nos visi·
ta en pleca estación de estío y que
hiere crcehneote el corazón y di con•
migo:
(ÑUSAl31 O MlXTECO)

Con vuestro permiso
(TRADUCC IO;,,;.)

tOhl el granizo blanco
Que por los jardines
Dulceceote está.
De los que se hao ido
Son almas que vuelven
T ao solo a llorar ..... .
• o o
¡Oh! el granizo blanco
Que a nnestra cabeza
Dulcemente va
Son recuerdos hondos
De las dichas muertas
Que no volverán.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

H.-Híka Iza núni shiyon dcób?
M.-Te ñutoto kini salú.
-Náka yu shico kioiodolú?
-Shiko kúé kioi dilú.
-Náka yu bitu kiui dolú?
-Bata Nonduba kioi dilú ?
-Náka yu tnaoi kíciodolú?
-Toaoi Huendio, kioi dilú.
-Náka yu só kíoi kíoidilú ?
-Só te Nonduba, kíoidilú.
-Náka yuodé kíoiodolú?
-Débe Yodóko, kíoidilú.
M.-Náka yu súooh, kínindolutú?
H,-Súoo yu ita kioiodilú.
-Náka yu shíoi kíoiodolú ?
-Nih Teodlnu, kíoiodilu?
-Náh yuodíja, kioiodolú ?
-Dija Nooduba kíoiodilú.

M.-Quiero mis eo~guas finas
Como aquellas de Ñutoto.
II-Y el huipil, alma de mi alma,
De qué clase y con qué adornos ?
-El huipil. .. .. . con cintas bellas,
Amorcito, quiero sólo.
-Y la faja que prefieres?
-De Nooduba es mi alboroto.
- Y el zoyate, de qué clase ?
-El de Huendío es hermoso.
~ Y del rebozo, qué dices?
-El de Nonduba yo escojo.
-Y el tlacoyal, amor mío?
--El tlacoyal de Yodoko.
M.-Pero ahora dime t6;
¿Q ué camisa es tu alboroto?
- La camisa de Nonduba
Con sus flores y retoños,
:--.. Y el sombrero qoe te gusta?
,....El de Tendíou y no otro.
-Y por fin: el huarachito
Que a mi amor le dAja absorto?
Ahl mi bien; el de Nooduba,
Porque es el mejor de todos!
ABRAHAM CASTELLANOS.

NOTAS:
I,-~utoto-Magdaleoa Peñascos, &lt;ñú&gt;, pueblo y cto,
to&gt; peña. Pueblo dP.l distrito de Tlaxiaco, Oax,
IL-Nooduba o '.Ñundua. es el nombre de Oaxaca en
mixteco. c~u&gt;, pueblo y cdua&gt;, huaje.
III.-Zoyate, palma. Por exteocióo se aplica a la fa.
ja de palma que se pone bajo el ceñidor de las indias.
IV.-Huendío, pueblo del distrito de Tlaxiaco donde
hacen hermosas fajas.

(Dibujo de Juan de Dios Arrellano j
V.-T~acoyal. .. . Vistosos cordones de algodón o de lana que sirven para hacer el tocado.
VI.-Yodoko, es el nombre de Coixtlahuaca. &lt;Yodo&gt;
o &lt;yoso&gt;, llanura y ckó&gt;, culebra. Llanura de las cule•
bras.
VII.- Tendíou, Tlaxiaco, que significa Vista Hermosa.

�TEATRALES
Vive Dios! que fuera menester tizona de cnmplidos gavilanes, boja ancha
y toledana, y aun florentina daga, para
acuchillar, y no en retorcida callejuela,
al amarillento parpadear de las aceito•
sas candilejas de algún Cristo de Alma·
zarróo coronado de espinas por manos
de cualquier piadosa Doña Aldooza;
tao grande cuidadosa de su fe como po•
co recatada en sus liviandades de moza
galante o de partido; siempre al acecho
de cualquier roja banda de Capitáo flamenco, tras el falso hermetismo de las
maderas de los castellanos fierros de la
reja frontera al agónico Nazareno; y
muy curada de espanto en lo de escuchar impávida el récio ccbís,&gt; ccbás,&gt;
de los aceros suprema razón en la cjus,
ta&gt; del enamorado afáo de la posesión
de sos blondos encantos; que su hermosa cabellera rubicunda menester es el
conseguilla en ro bias equivalencias de
buenas doblas, de esas que tan bien
guardadas se bailan en los viejos barros
de tímidos gi:ianjeros de Flandes, ..... .
para acometer bravamente, a esa mes·
nada de pecheros, (léase malos cómicos) tropa del seor Don Diego Acuña
de Carvajal y Muñoz.
Pero, ¡ayl que en estos modernos y
prosaicos tiempos, en los qoe toda inca•
modidad y villanía tienen so natural y
cómodo asiento, bastára a mi entender,
con on par de buenas ametralladoras
qoe segarán, en flor, ,atrevimiento, desahogo, y crimen de leso-Arte, tanto!
No, en &lt;Flandes oo se ha puesto el
sol,&gt; que donde se ha pnesto, y bien
puesto, ha sido, en el escenario del cCo,
Ión&gt; para mengua del Arte, y rubor y
confusión eternos de los buenos bidal•
gos aficionados a las dulcísimas cosquillas de los bermosfaimos versos y obra,

del excelso, genial e imponderable ca,
ballero Don Eduardo de Marqninal
(Aquí una reverencia profundísima.)
!Ah! !Ohl !Ahl ....
Viérais á Doña Aldonza Villegas, la
de los labios de púrpura y garganta de
cristal, destrozar el grandilocuente ro·
manee de la &lt;ventana,&gt; y sospecharais
que no hay nada mejor de acabad con
ellos; oyérais aquel &lt;pandemonium,&gt; de
villanos ensoberbecidos (exclayo a Oje•
da, más que discreto) y os cayérais del
rúcio, renegando basta de nuestra mis·
ma madre que para eso os llevara en la
catedral augusta de su vientre siete o
nueve meses; contemplarais, entristecí·
dos la &lt;toilette casera&gt; de Dora Vila, y
allí fuera Troya, en lo de contristaras
el ánimo profundamente; y si a modo
de cimera o remate de visiones tao espantosas, qoe yo me atreviera a califi
caróslas de apocalípticas, bubiéseis asis•
tido a toda la farsa, estad seguros; en
ánimos y ganas bubiéseis entrado de
arrancar la flamígera antorcha de Albertino (bastante mal) y con ella en las
pecadoras manos, en la flor hobiérais
dado, de convertir en monstruosa epi·
ra&gt; gloriosa, a la turbamulta ignara y
procaz digna del auto de fe, como pur,
gador de desacato y hereg!a tales: que
jayl por mucho menos el Rey Nuestro
Señor Don Felipe, tuesta el pellejo en
la Plaza Mayor, a muchísimas gentes,
si tan herejes, algo menos contorna•
cesl
A bien que mi señor (cuyas maoos
beso con todo respeto,) Don Diego, pro·
testase del castigo y aunque en gracia
a sus altos merecimientos y singulares
dones, no hubiese &lt;pira;&gt; bien pudiera
este alto señor y cumplido caballero,
emplear, en ratos de ocio y fogoso es·

parcimieoto, aquella su tizona que rinde, en mala hora, al Archiduque en
adiestrar a cintarazo limpio, a tao iodis·
ciplioada tropa! ..... .
Y si su bidalgufa, en punto a aplicar
rudo castigo a las problemáticas damas
de la compañía, vacila, saque corrP.a de los vetustos cueros de su flamenca estancia y propíaelas, blandamente, eo sitios o lugares que por iiU
blandura se recomienden, santo y ben•
dito oogüento de sana correa; qoe al fin
de boeo &lt;cuero&gt; oo ha de decirse, en
jamás de los jamases, puede bailarse
mala correa, por más que el de Flandes, oo se allegue, oi con mucho, al
nuestro de Córdoba.
Y coa esto, bago punto, qoe bien se
me alcanza hayan de entenderme aqae·
!los y aqaellas, a quienes va endereza•
do este billete, hijo natural y legítimo
de un segundón de Castilla, que no ha•
biendo podido, por su mala ventura y
peor estrella, ir nanea a Flandes, dué•
lecle empero los huesos y se le coatris•
ta el ánima de contemplar en tierras de
Nueva-España, como pecheros y villa,
nos sin crianza artística alguna, calumnian y vilipeadian cosas digaas de te,
nerse en el mayor acatamiento y res·
peto, como reliqaia de monje francisca·
no, muerto en olor ...... de santidad.
Y a: vos, hidalgo Don Diego, el del co·
Jeto de ante y descomunal tizona; a vos
que sabéis decir y dirigir tan bien; a
vos que con la orgallosa pluma del
vuestro chambergo nos traéis una ráfa·
ga envuelta en él pura y santa, de la
parda tierra nuestra ...... Dios dé a
vuesa merced, salud y mercedes, tantas
como para sí desea,
DON NADIE.

&lt;En Flai:d.s se ha putsto el Sol.&gt; obra de presentacióc de la Compañía Muñoz.

�Páginas

D.Js esceoas de &lt;Mué rete y verás,&gt; último estreoo del &lt;Lírico.&gt;

Femeninas

Uo célebre modi5to ha
intentado ona evolución
de la moda a las faldas anchas, y acaba de crear lo
qoe él llama trajes para
baile.
Tienen éstos toda la an·
chora necesaria para dar
a los movimientos la gra •
cia y gallardía qo, ona
falda estrecha para liza.
Hasta la rodilla, esas falo
das conservan la misma si·
Joeta qoe las otras, son
más bien estrechas ana al
nivel de la rodilla, pero se
apartan en seguida en una
forma á la qoe estábamos
¡.,or mocho tiempo desacos,
tombrados. Esta anchura
parte generalmente de los
lados, mientras permanece
plana por delante y por
detrás; obtiénese este efec•
to ya por el corte redon,
deado del bajo de 1a falda,
análogo al corte en forma
de pantalla de los volan•
tes, en forma antes usados,
ya confeccionando sobre
cada lado tres, cinco o sie·
te soufletts que forman canales. Otra, veces las fa),
das holgadas pan danzar
vénse apretadas por deba,
jo de la rodilla sobre am,
bos lados, por algunos pliegues o frunces, qoe colocan
toda la anchura del bajo
de la falda a la derecha e
izquierda quedando así sio
voelo el dorso y el delao,
tero.
En alguoos modelos la
falda se abre por delante
pero en Jugar de deseo·
brir una estrecha funda,
deja pasar volantes plisados qoe se abren a cada
movimieoto.
Esta teotativ.&amp; podría
muy bien ser on camioo
hacia una silueta distinta
por completo de la silueta
presente.
Notemos también como
un segundo paRo hacia esa
evolución de la moda, esas
largas túnicas plegadas,
ampllas y largas, lanzadas
por gran número de mo,
elisios y qoe parecen ha•
be'r sido creadas para acos•
tumbrarnos a un cambio
comp)eto; descienden has ·
ta 1 2 o '! 5 centímetros del
soeln y si se quiere aper•
cibir entre sus ondulaciones la falda estrechbima
que las completa, necesa,
rin es colocarse a alguna

distancia, de cerca, el fon•
rreao desaparece v ocupa
tao secundario lugar, pa·
rece teoer tao poca impar•
taocia bajo los amplios
pliegues que Jo cubren,
que no me extrañaría se
proloogarao en breve esos
pliegues y esa amplitud
hasta el suelo, y se suprimiera el fourreau.
Las túnicas plegadas fa.
vorecen la figura con i¡ran
veotaja a las tlinicas froo•
cidas. Pliegues plaoos o
redondos, pliegues plan•
chados .º hechos a máquina
o seoc1llameote cosidos a
mano en jaretas, todo se
emplea indistintamente y
esta facilidad de disponer
los pliegues do mil maneras diferentes permite
adaptar esas túnicas de on
modo adecuado a la persona a quien se viste.
De mayor novedad y Jin,
dísimo como efecto, es Ja
mod.:. de esa especie de
corba!as, compuestas por
una c1uta que rodea el cuello Y formaodo corola al
rostro juveoil una hilera
de larga~ plumillas de aves·
troz, rizadas solamente en
su parte baja viniendo a
producir sobre los hom•
bros el efecto de uoa collerette. En cuanto a boas
Ja última novedad es eÍ
boa escocés de plumas de
avestraz; en los tonos ver,
des Y azules, mezclados
c?n ligeras plumillas, he
vJSto comhioaciooes chics
y. distioguidas; el boa me,
dio largo va recogido a la
altura del busto por grande lazada de glacé azul.
El marabo:i se emplea
mucho Par a bordar las
echarpes de gasa, de seda
bordada o de encaje · con,
f~ccióoanse esas ech'arpes
sin la meoor dificoltad;
puesto que estáo hechos
con una banda recta de 2
a 3 metros de largo y de
so a 75 centímetros de acebo, cuidaodo sólo de re,
dondear las puntas.
H~ a9uí al_guoa idea pa•
ra mis 1Dgen1osas lectoras:
uoa baoda de ChantiJJy
oegro puesta sobre un viso
naranja Y bordeada con
marabou topo; para forro
una sedita ligera del mismo tono que la pluma.

COR DELIA,

J-o 61timo en co1sa de los grandes modistos. Modelo de &lt;El Paje,&gt;

�Manto y traje de seda visto coa tarde de viento eo Auteuil, Modelo de la sedería &lt;El Paje.&gt;
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�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R~gistrado como anícnlo de

Segunda Epo&amp;a.

2~

clase, el

26

de Febrero ele 1914

Sábado 4 de Julio de 1914.

AMOR FRATERNAL.

Tomo 1.-Núm. 20.

Fot. Col. Ozuna .

�INDI CADOR

"Arte y Letras "
Se publica todos los sáb«dos por la

Cía. PeriodístiGa MexiGana, s. A.
DIRECTOR:

J.

M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3\l Rincon'lda de San Diego 4r.
Teléfonos :

Mex. 20-85Neri.-Eric. r4- 5r.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO , D. F.
PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . ... . . . . . . 20 es·
Subscripción, trimestre.. ...... 2.50
Extranjero, tr imestre. ....... . . 5.00
qon excepr.ión de Estados Unidos y Cn·
qa, en donde regirá el mismo precio
cue para la República,
NO GIRAMOS

TODO ' PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven origin ales.

La Bestia
La virgen duerme en su lecho:
la silenciosa estancia apenas resuena con la suave respiración
del seno aun mal formado, la
tranquilidad que comunican al
sueño la ausencia d~ todo peligro
y el cansanc o del día pasado en
el cumplimiento del trabaj~so
deber se retratan en la normal idad de las líneas del semblante
y en la natural soltura de aquel
cuerpo, débi! ovillo que parece
va a deshacerse al contacto de
las puntas de los dedos de un niño.
Repentinamente rompe la tranqu ilidad de la estancia un sutil
ruido. Por la puerta, abierta con
toda clase de precauciones, aparecen dos ojos y con ellos una
cabeza; por el brillo, los ojos parecen de un tigre o de una pantera; por lo escondido del movimiento parece ejecutado por una
culebra. Pero no es lo uno ni lo
otro, es algo peor: un hombre,
el a nimal que es capaz de todas
las ferocidades de los primeros y
todas las rastrerías de la última .
Cuando se ha asegurado de

que la doncella está sola, penetra resueltamente y se dirige al
lecho. Todos los instintos brutales que un falso barniz de civilización hahía tenido adormecidos
dentro de aquel hombre se despiertan y siente la necesidad de
hacerse dueño, de un solo golpe,
de aquella virginidad que parece tan débilmente defendida.
Un salto :de panterao un rastrear de culebra le lleva hasta el
objeto deseado, y . contra lo que
se esperaba, encuentra una tenaz
resistencia. Aquel débil ovillo
q ue parecía iba a abrirse al contacto de los dedos de un niño se
anuda y defiende el tesoro que
g uarda cou una tenacidad de acero y con una resistencia de bronce.
L a resistencia enardece al energúmeno y la lucha empieza, desigua l, desesperada. La joven no
cuenta más que con la fuerza que
le da el temor de perder lo que
aprecia más que a su propia vida; está casi de~nuda, un momento an tes dormía y no tiene
nada que la proteja. En cambio,
é l tiene pensado de antemano lo
que ha de hacer; sus músculos de
hombre rudo están templados por
el brutal deseo; tiene medidas
las posibilidades y todos los obstáculos que se le pueden presentar; ha pensado en perfecta vigi1ia en lo que intenta hacer y, para el caso de una resistencia tenaz está di~puesto hasta el homicidi o. para el cual lleva ar mas ,·
resolución.
·
Con esos elementos se empeña
la lucha. En medio del silencio
impuesto por la mordaza los dos
cuerpos se unen, se rechazan, se
estrujan, se huyen o se acometen,
según el caso, y la tenacidad heroica por una parte, y la terquedad de la bestia por la otra, hacen du~oso por algún tiempo el
éxito de aquel combate.
El enardecimien to del hombre
instintivo aumenta por instantes:
la resistencia lo lleva hasta el
paroxismo y, cuando ve que todos sus esfuerzos se estrellan ante una resistencia que nunca sospechó en aquel cuerpo de virgen
nubil, de músculos suaves y aun
mal modelados; cuando comprende que no ha de triunfar en aque-

lla lucha inícua decide terminar
de una vez y de terrible puñalada acaba con la vida de la niña
que al morir debe haber sentido
algo semejante al fulgor que di cen miraban los mártires primeros del cristianismo al sentir.,e
en las fa uces de las fieras del circo máximo de Roma.
El momento que siguió a la
feroz decapitación de la virgen
debe hab~r sido el de mavor 1,ensación para el asesino: si conserva algo de sentimientos humanos
debe haber quedado espantado
ante su obra de destrucción: los
nervios, después de la ruda tarea, deben haber quedado laxos
y el animal, fatigado por su mis
mo trabajo debe haber sentido
el horror de la propia felicidad
destruída: la laxitud de los deseos no sati fechos y el peso enorme de Ta cul pabilidad del homicidio: quizás aun haya llegado a
sentir el desprecio que debe inspirar a todo sér el triunfo en una
lucha tan desigual y tan injusta.
Después se fué, desapareció, y
quizá; no se le vuelva a ver. Si
es pantera se habrá refugiado en
las cavernas: si es tigre, volverá
a espiar en alguna encrucijada
para privar de la vida a otro ser:
si es culel,ra, rastreará pcr debajo de la hojarasca seca para enredarse en otro cuer~o virgen
que duerma con la tranquilidad
que da la ausencia de peligro, y
si es hombre y está dotado de
tocios los vicios de los tres animales, entonces quién sabe donde irá. ~o será remoto que se
esconda bajo la hojarasca de u n
proceso y vaya ante un jurado
para que lo devuelva al seno de
la sociedad, donde procu'rará vivir ejerciendo las malas artes de
las fie ras con la rastrera astucia
de la serpiente.
] . 1\1. c.

MEXICO ARTISTICO Y MONUMENTAL.

o o o

Templo de Santa Clara, Querétaro.

�~---=--~
Buenas amiguitas
Por Henry Lavedan, de la Academia Francesa.

&amp;~=======~
Juaoa.-Claro, además, tiene barba.
Paulina.- Para los dos.
Paolina.-Eso es lo mejor que tiene.
Juana.-Es lo mismo que yo pienRizada, preciosa la tal barba. Parece
so. Y eso es Jo que me da cólera!
Paulina.-Tienes unas ideas famosas. astrakfo de manguito.
Jua.oa.-Crin de asiento de sillón.
l Qué se te da que Torigny se case o
¿Sabes lo que dicen?
deje de casarse? ¿ Acaso te gusta?
Paulina.-No. Dime pronto.
Juana.-cA mí? !Dios míol Pero, ldóu,
Juana.-Que se pone bigodls por la
En casa de los Bresseuil, a las seis de tienes la cabeza?
P aulina.-iDigol Hace un momento noche para ri zársela..
de la tarde. En un amplio gabinete' de
Paulina.-Debe verse precioso. La
dec!as
de tal modo: el bello Torigoy! . .
tocador en donde se pnede uno mirar
Mme. Cbainon,-Y la señorita no es noche de bodas Francisca. tendrá un
en tedas direcciones y en todas las pos•
turas por la abundancia de espejos; la única. Muchas damas a quienes pei- bello eipectáculo.
Mme. Cbaiaon.-Mis señoritas, son
Juana está peinada estilo Ofelia, con no no hablan de él sino en los mismos
los cabellos me iclados de llore~. y ba- términos. iAb! conozco a mochas que ustedes terribles.
Paulinn.-Pero eso sí, baila de una
bia y gesticula con gran animación. van a saltar cuando se deo cuenta de
este matrimonio.
manera deliciosa.
Mme. Chainon, está acabando de polPaulioa.-Allá ellas. A mí no me pa•
vear a Paulina para la comida de cea·
Juana.-No tan mal. Pero le gusta
bezas&gt; que se prepara en la casa. Pau• rece bello el jovencito. Muy lejos de mucho oirse valsar, se eterniza, baila
eso.
lina está peinada estilo Luis XVI.
coa dema~iada suavidad, muy en reden•
Juana.-Ni yo. Si lo que dije antes do, muy acaramelado. Me gusta m.ís al·
fué en tono de ironía. Hay qoe ver que goieu menos perfecto, pero más neres bajito.
vioso.
Paulioa.-De talla media.
Juana.-Te digo que es verdad. To•
Paulina.-El hecho es que con su au•
Juana.-Bueoo, ni chico ni grande. recia de director de cotillón me parece
rigoy, el pequeño Torigny, el hermoso,
el t'.inico, se casa con Francisca, con No se sabe. A mi eso me disgusta muy ridículo.
mucho. Me agrada que sea una o otra
nuestra amiga Francisca de Cyran.
Juana.-Dí de una vez que es un
cosa.
Paulina.-1Nol
&lt;gamo&gt;.
Paulina.-lDJn Quijot~, o Tom Pou·
Juana.-Tiene chi~te que neme quie•
Paulioa.-lJnanal
ce?
ras creer.
Paulina -Me das risa.
Mme. Chainon.- Si se mueve usted
de ese modo, señorita, voy a echarle a
perder los bucles.
Juana.-Te digo que lo sé por mi primo que es amigo íotimo de Torigoy. Es
un matrimonio hecho, archihecho.
Paulina.-Rehecho.
Juana.-Oyeme en vez de estar bus·
cando la manera d" hacer maks juegos
de ?ªlabras Ya le dió su anillo. Ya ve rás que las cosas adelantan. Un rubí
grande como mi puño.
Paulin1a.-lNada más? Tn puño no
me parece enorme!
Joana.-Como puño no es muy gran,
de, pero como rubí, ya te parecería famoso.
Paulina.-(Buenol ¿Qué quieres que
te diga? Jan to peor si es cierto.
Juana.-lTanto peor para quien, se,
gúo tú?

o

JUANA L1rnARQUIS, 18 años.
PAULJNA BRESSEUIL, 20 años.
FRANCISCA DE CYRAN, 20 años.
MME. CttAINON , peinadora.

•

Mme. Cbainon.-iOh, señori1al Una
persona tan bien educada.
Juana -lQué? Es acaso una mala pa•
labra? ¿Tiene algún sentido inconve•
niente?
Paulina.-No. Perr- ... .. .
Mme. Cbainon.-No t:s exactamente
conveniente,
Juana.-Mi hermano la usa a cada
rato.
Mme. Cbainon.-Su hermano de urted es un hombre, y además militar.
Juana.,-Ya sé qne se les permiten
muchas cosas. Retiro la palabra gamo.
No por eso ha de ser F rancisca más
feliz . Pero la verdad es qne atarse por
un rubí no vale la pena, no me parece
bien pagado.
Paulina.-La verdad es que no los
veo muy casados.
Jaana.-No til'cen nada de común,
ningún gusto, absolntamente nada. No
creas qucl ella se divierta todos los
días.
Paulina.-Y eso sin trner en caeota
que le legará sFguramente.
Juana.-Me abres nuevos horizontes.
Le pt&gt;gará, estoy segura de que le ha
de pegar.
Paulina.-Es muy violento. Un mal
carácter en el fondo. Egoísta, sombrío,
siempre ensimismado. Es un señorito
negro y lustroso; tiene las mismas cualidades de sn barba.
Juana.-lPobre Francisca ! ¿Si la pre,
vioiéramos?
Paulina. -Ern es muy delicado.
Juana.-Sí, tienes ra zón. Si tiene que
sufrir, vale más, aun en sn propio inte·
rés, no impedírsPlo.
Paulina.-Pronto ha de darse cuenta
de que ha hecho un disparate. ¿ Para
qué anticipárselo?
Mme Chainon - Mis stñoritas obran
muy cuerdamente. No hay que poner
nunca el dedo entre el matrimonio y la
corteza. Ya nuestro peinado empieza a
verse. (Le pasa. un espejo de mano.)
Juana.-lQuieres que te diga todavía
otra cosa de Torigny?
Paulina.-Sí, ya qce lo tentmos en•
tre manos.
Juana.-Bueno, pues tiene dientes
postizos.
Paulina. -lNo todos?
Juana.-No, ocho o diez. Los que se
Vt&gt;n más. Lo~ más bonitos.
Paulina.-! Oh 1
Juana.-Y parece que lleva corsé pa~
ra sostenerse el busto, poi:que sin él se

caería. l No te has fijado en su espalda ?
Paulina.-Yo nunca me fijo en la es·
palda de los señores.
Juana.-Pues ellos se fijan bien en
las nuestras. Está abultada. Antes de
dos años será jorobado. Uno de los más
hermosos jorobados de París.
Mme. Cbaioon ,-La señorita Juana
exajera. Quien la oyera creería, en pri·
mer h-gar que es malvada, y lurgo, que
babia por despecho.
Juana.-lDe,pecbo de qué?
Mme. Chainon.-De ver qne T origny
se casa.....
Juana.-Esa sí que es buena! Tiene
usted algnnas cosas que no pasan.
Mme. Cbainon.-O más bien, de ver
que ~e casa Francisca de Cyran ... .. .
Paulina, picada -Es verdatl que
F rancisca es menor que norntras, y bu,
biera podido bien esperar a que esto•
viéramos casadas.
Juana.-¿Y eso qué prueba ? Que es
fácil de contentar ya que se echa en la
boca del primero que pasa, eso es todo.
Si usted se figura que a mi me importa
algo el que Francisca se case y que sea
esposa de todos los Torigoys de la tierra, ,e equivoca redondamente, mi señora Cbainoo.

Paulina.-lY a mi? Me esenterÁmente igual.
Jaana.-Lo que hemos dicho es solo
por interés de la pobre de Francisca
que es nuestra buena amiga.
Paulina.-Va a hacer un disparate, y
eso nos da tristeza. No hay que ir más
lejos.
Juana.- Claro que no. Y no es muy
violenta para arrrglarse, Franci~ca.
Pa ulina.-l Está invitada?
Juana.- Srguro. Si ella no estuviera
invitada, ¿qniéo querías que estnviera ?
Mme. Cbainon.-,!Qué cabeza traerá ?
Jnana.-Satisfech.. y encantada, ¿cuál
otia ?
·
Mme. Chainoo.-..No es eso. ¿Cómo
vendrí arr~glada?
Paulina.~Campesina Napolitana.
Juana -Muy banal.
Paulina.-Lo qne le sienta mejor.
( Llama~ a la puerta. t Adentro.
Francisca de Cyran, entra contentí·
sima.-Yo soy, buenos días; buenas tan
des. Qué gnapas están! ¿Cómo les ha
ido desde anteayer?
Panlina.- Siempre lo mi~mo. Y tú ?
F rancisca.-Yo ..... .
Juana.-Puedes hablar delante de la

�aeiora Chaiooo, la primera peinadora
de París. La tumba de los secretos.
Mme. Chainon, amable.-Señorita...
(Sonríe a Francisca.)
Juana.-Háblanos de tus alegrías de
novia. Cuéntanos tus bouquets, tus regalos. ¿Eres feliz? l Te sientes desvaae•
cida de alegría? Taato mejor para ti,
aprovéchate.
Paulina.-Sf, eso es lo que deciamos:
«Nuestra buena Francisca. No es ex·
traño que le haya llegado la felicidad,
porque bien la merece!&gt;
Juana.-Ya sabes que te queremos
bien.
Paulina.-Así es que no te apenes...
E3ta1Ía ea tu amor, puedes radiar im·
pú:iicamente. Torigay es uno de los
hombres más bellos de París, y tienes
razón que te sobra para estar orgullosa
de él.
Mme. Chainon, con malicia.-Puedo
asegurar a usted que hay más de una
persona que la envidia.
Pauliaá.-Esn no nos concierne, pe•
ro Mme. Cbaiaon tiene razón.
Francisca.-1Buenol ¿Ya acabaron
de anonadarme? Pues bien, mírenme
ahora de frente. l Parezco contenta?
Pautiaa.-Más que contenta. Traes•
figurada.
Juana.-l&lt;adiante.
Francisca.-lY saben por qué? Porque todo está terminado.
Paulina.-l Cómo?
Juana.-lCómo dices?
Francisca.-Todo está terminado, al
foso.
Juana.-lYa oo te casas?
Fraocisca.-No.
Paulina.-lY el anillo?
Juana.-lY el rubí?
Francisca -Los be devuelto. Desde
anoche.
Ju1oa, triste.-iOhl ¡Pobre chiquita
míal
Paulina.-Pero qué es lo que nos
cuentas!

Juana.-Eo el fondo debes sentirlo
en el corazón.
Francisca,r Absolutamente.
Paulina.--Eso se dice. Pero interior•
mente debes sentirte triste, es muy na•
tura!.
Francisca.-Les aseguro que oo.
J uana.,-Lo adorabas.
Francisca -Todavía no.
Juana.-Tanto peor. Lo merecía.
Pauliaa.,-No te encontrarás pronto
un partido semejante.
Juana.-Reunía todo.
Panlina.-El físico.
J uana.-El lado moral.
Paulina.-La inteligencia.
Juana.-El corazón.
Pauliaa.-L'l posición.
Juana.-La fortuna.
Pauliua.-Todo.
Francisca, estalla -!Me están aste•
des fastidiando!
P ..uliaa.-Ya lo ves, aos injurias, Es
la mejor prueba de que te sientes hu•
milla:ia.
Juaua.-.Yo te disculpo. Ea tu lugar
yo me sentiría archihumillada.
Fraacisca.~lPero de qué?
J uana.-l Cómo de qué? De haber sido plantada de esa manera la víspera
de la boda.
Francisca,-Pero si yo faí quien lo
rechazó, tonta, Yo fuí quien lo envié a
paseo. Pero! Por quién me toman aste·
des dos?
Juana.-En ese caso, no lo entiendo.
Paulina -Nos damos por vencidas.
Francisca.-Pues es muy sencillo. Ya
no me guita, me convencí de que aun·
ca ~eria respetuoso y le he despedido
sin liquidación. De manera que si las
tienta ahora ....
Juana - Ohl querida!
Pdulina.-Vas demasiado lejos.
Francisca.-Puesto que lo encuentran
ustedes tan perfecto, tan superior, pu'!s
bien, pueden ustedes tomar mi lugar si
les gusta.

Paulina.-No lQ creas.
Francisca.-Como quieran. Y cuenten
con que las conozco bien, queriditas.
Las conozco a fondo!
Juana -lDeveras, chiquita?
Francisca -No soy yo quien se sien·
te humillada, sino ustedes.
Paulina.- l Nosotrasl Vayal
Juana. -l Y por qué? ¡Buen Jesús!

o

Francisca.-Por que ustedes están lo·
ca~ por Torigoy.
Juaoa.-¿Locas por él? Hace un momento que lo destrozábamos; antes de
que tú entraras.
Francisca.-Justamente.-Les da rabia que me baya pedido prefiriéndo•
me a ustedes, y aun ahora, están furi•
bun.iasde ver que yo lo baya despedi·
do con tanta tranquilidad. ¿Es cierto?
Vamos a ver (a la señora Chainon) usted, señora, que parece llena de experiencia l no tengo razón 1 ¿ No responde
usted 1. .'••
Paulina.-No se atrevería.
Mme. Cbainon.-(a Francisca)-Tie•
ne usted su napolitana inclinada hacia
la izquierda, permita que se la arre·
gle.
Jaana.-Diga usted, por el contrario,
que nosotras tenemos razón, señora, y
que esta Francisca es una chismosa.
Paulina.-Dígalo usted

•

il

Francisca.-No Jo diga usted.
Mme. Cbainon. - Les responderé
cuando estén casadas y vaya a peinar a
sus hijas. Mientras tanto, si estuviera
en su lugar votaría por un abrazo muy
estrecho.
Francisca.-Tiene usted razón, voto
por el abrazo ( Las tres sueltan uaa car•
cajada) Somos unas tontas!
(Traducido especialmente para &lt;Arte y
Letras.

Escenas de la fiesta deportiva organizada por el Club cldeal&gt; y efectuada el domic;go pasadg e11 los terre,
nos que el mismo Club posée eQ la &lt;;:olooia de Santo Tom~~-

�fi,_,_1¡jf-===--===---=::::=.;_""":::::::-~===--===---====--===--====-====-~==-=~

»

Dos GrepúsGulos

«

~-==--==---==-~-===---=-~-===::--===--=====~-====~
Para ARTE Y LET RAS

por los tapiales coronando las ventanas
y las puertas. Todo el canastillo de F lo•
ra, que Primavera ha volcado sobre el
c..mpo!. .....
Medio e~condidas entre el verde pálido de )05 limoneros reposan las blancas
casitas con sns techos de encarnadas
tejas, salen por sos chimeneas leves hi•
litios de humo gris que se desvanecen
en el aire, por el que cruzan band1das
de gorriones y bajo los aleros de sus
tejados hacen las golondrinas alegre al·
garabia.
Lanzando mugidos y lentamente, con
c 1denrioso paso que hace sonar a com,
pás los cencerros, las vacas caminan a
la ordeña hundiendo la húmeda nariz
en la fresca yerb1 que bordea el cami•

T ras los montes que a lo lejos se mi,
rao azulosos, envueltos en la neblina
que sube del valle, asoma la primera
luz de la mañana que parece, al ten·
derse por el cielo un rosado tul aban·
donado por los ángeles en el confin del
espacio, un rosado tul orlado de bl~ncos encajes-las nubecillas que flotan
en los picachos de la sierra. Cerca di'!
occidente aun va la luna caminando en DO.
la l'xtensióo azul, moribunda, como lárn ·
Eotre tanto, ya el sol ha inundado de
para de alabastro que ha consumido &gt;ª h: z lll cielo, ya sus tibios rayos doran
sn perfumado aceite.
la b-laoca torre de la iglesia desde la
Envuelto en las últ i111as sombras co• que 11am, a misa la pequeña campana,
mieza el bosque a salir de su silenciosa y en la dulce quietud matutina, entre
quietud; bajo los altos fresnos y las cei- !.Js mil rumores del campo, la brisa lle·
bas, la fuente brota y su transparente va el argentino son.
hilo de agua saliendo de entre las rocas,
corriendo sobre su lecho de musgo,
modula más alegre y sonora su cristalina canción. De las ramas de los ártoles
se escapan rumores de alas y gorjeos:
son los pequeños habitantes de los oi·
dos, que despiertan en sus áureos pa,
lacios.
En el llano, entre el oro suave de los
Ha pasado el astro- rey; sus rubios
trigales y el verde esmeralda de las
milpas que mecen al soplo de las auras cabellos todavía flotan en el espacio,
los largos listones de su ropaje, se oye con la cauda de su ipanto regio teñido
la triste queja de las tórtolas y en las en Tyro, a la orilla del mar, y el po,
copas de los floridos naranjos que em• niente está anega do en púrpura y en
balsaman el ambiente con el delicado oro. Arriba, hacia el cenit se cubre el
.aroma de los azahares, parejas de pa· cielo de rosa y luego de violeta que se
desvanece en el azul turqui:sa del
lomas se arrullan enamoradas.
Lanza su canto el gallo anunciando oriente.
En el pantano, entre los carrizales y
el día como alegre clarín y pronto el
mismo cauto le responde desde cada los juocos, sobre las a!(nas inmóviles
que reflejan los colores del cielo, patos
rincón del valle.
Uo. téoue vientecillo mece blaoiJa· v zarcetas oadau entre las anchas bomente las flores que entreabriendo sus jas de las plantas acuáticas, lanzando
capullos de seda, salpicados de rocío, gritos y hundiendo hasta el fondo la ca·
cubren las cercas y los huertos y suben beza y el cuello verdioscuro~.

El espeso follaje óe los árboles em•
pieza a tomar un tinte amarillento, em·
piezan a caer las hojas y a desnudarse
las ramas, de las que cuelgan los b)an,
ces penachos del heoo, que pronto agitará furioso el viento de Otoño.
Tieoe uo color rojizo el musgo que
tapiza las piedras y viste los troocos;
en el suelo que amarillea resaltan las
oscuras manchas de las turbias agoas y
el festón de verdura que las circunda.
Poco a poco, dulce calma invade el
campo. Vieoen con el aire los últimos
rumores del día; entre el ramaje el ale•
gre murmullo de los pájaros que llegan
al niño para dormir con la cabecita ba·
jo el ala; a dist~ocia, los '&gt;aliclos de las
ovejas que vuelveo al redil, el canto
pP.rdido de algúo labra&lt;'lor que acaba su
tarea y el toque del Aogelos que da la
campana y sub~ majestuorn y grave.
Tras las ruioas del castillo que levaota sus agrietados mures corooados de
hiedra y jaramago sobre la agreste pe•
ña, brilla el lucero de la tarde y sobre
el viejo torreón que se derrumba los
murciélagos giran en rápidos giros.
Ya se deslíe el carmin del cielo; sua•
ve melancolía envuelve a la tierra que
se adormece e a brazos del sileocio que
llega con la noche. Las sombras cuel•
gao ya sus opacos vetos en las faldas de
los montes lejanos, bajo las tupidas ar·
boledas y sobre el pantano, tendiéndo·
las al fin por la llanura.
T éoue claridad de ópalo ilumina el
oriente y sobre las negras copas de Jos
árboles, asciende f'n el cielo color de
zafiro en que se prenden las estrellas,
el 2lobo pálido de la luna llena. Suave
baja su luz; se filtran sus rayos entre las
hojas hasta el musgo que cubre los troo·
ces, tesbalando por el césped; atravie·
sao las cañas, besan el agua tranquila
y peoetran a las derruidas salas del
viejo castillo, habitado sólo por duecdes
y leyendas.
MARIA L. TAPIA.

Pensativa
¿En qué piensa ? F ugaz melaocolfa
Refleja su pupila s~ñadora,
Vdo azul de quimera y de poesía
Nimba de luz su faz eocaotadora.
1Piensa qJizá en la dicha íugitiva
Qoe el libro en su memoria ha despertado
¿O recuerda que su alma está cautiva
Mientras toca su pecho enamorado?

¿ Uoa duda tenaz? ¿ Amor pndido?
1 El dulce aespertar de una ., ñoranza?
1La p.igioa dolieote del olvido

O la página azo! de la esperanza?
No se sabe; de su iotimo Hcreto
Nada dicen sus ojos rn5adore~.
Nada dice su l~bio, que iodiscreto
Q uisiera descubrir sus iiosabon s.
El crepúsculo muerl', y en la estancia
De la pálida virgen s, ñadora .
Uoa rosa Exhala su fragancia,
Envuelta en la tristeza de la hora .... . .
México, junio de 1914.

PABLO M. SOSA,

�ARTE MODERNO MEXICANO.

El cadaver del general don Manuel M. Zozaya, conducido por las calles de G11adalajara rombo a la estación
del ferrocarril para ser conducido a la ci11dad de México.

Visiones de la Galle
En el tranvía
Edmuodo d' Amicis, el de las frases
blancas e ingéooas como el alma de un
oi6o, llamó al tranvía-ea uno de sus

más grandes aciertos-&lt;La Carrozza di todos los prEjoicios estúpidos de casta.
Tutti.&gt; ¿Qué más habría tenido que La socied.. d de ouestros días tiende a
agregar? L'.1 Carroza de Todos. He ahi estrechar cada vez coa vínculos más
en un sólo nombre encerradas todas las fuertes sus diversos elementos, cuya
consideraciones que pueden hacerse armonía final oo esté quizá muy lejos.
sobre uno de los inventos modernos más ¡Qué diferencia de aquella épJca eo
fecundos. El tranvía es un símbolo eo que los aristócratas de sangre azul con·
este siglo de la electricidad y de la vi· sideraban como una ofensa la simple
da intensa; un paso gigantesco dado ha· mirada de uo plebeyo, a ésta en que el
cia la democratización completa de las más linajudo se6or de Ja comarca se ve
naciones, que oo lograron la guillotina en la necesidad de disputar un asiento en
ni los relámpagos del 93. Ya entreveo el tranvía al obrero más humilde del
desde ahora el molde ea que deberán pueblo!
El aspecto de una ciudad cambia
fundirse más tarde-como en un sólo
bronce-todos los privilegios de secta y completamente desde el momento eo

Fiesta efectuada en G:iadalajara para festejar el octavo aniversario del periódico &lt;Kaskabel,&gt; que dirige el
popular periodista Beojamio Padilla -..Fots. Farías,
Estudio al carbón, por Alberto Garduño.

�balde: los conductores están ojo al Cris,
to.)
Para comprender la fuerza de la oe•
cesidad que ha creado en México este
vehiculo, basta dirigir la vista a uo treo
cualquiera, perteneciente a lis líneas
que salen fuera de la ciudad; Va ates·
taE1o de pasajeros,
Merced a esta facilidad de comanicacióo con las ciudades vecinas, las le•
gumbres llegan con abundancia de todo
el Di ;tri to Federal y son vendidas a
precios módicos en los mercados ceo,
trales. Este es no comercio que explota
en su mayor parte la clase indígeoa. Al
mismo tiempo muchas familias trasladan
su bogar a los pueblos cercaoos, fuera
de la atmósfera viciada.
De esa manera el tranvía suprime las
distancias ea la ciudad del mismo mo•
dQ que el ferrocarril y el vapor supri•
meo las montañas y los mares entre los
países distantes. En todos los momeo tos
de nuestra vida ejerce su iofluencia el
armatoste eo cuestión. Se parece a los
curas. Es la única comparacióo que le
encuentro (Tom,o nota del chiste los
almanaques). En las altas horas de la ne•
che, el oído se acostumbra de tal modo
a ese murmullo que produce, parecido
al de un rfo lejano, que es impmible
dormir sin él.
D~ día el espectáculo que oroporcio•
na el tranvía es magnífico. En las es•
quioas de parada se estacionan constan·
temente muchas personas que esperan.
Algunos desocupados no esperan ningún
co:he ni a nadie. E~tán allí bajo ese
pretexto, coo el objeto de mirar las
p~otorrillas a las muchachas que subPn.
¡Gracioso espectáculo. en verdad! Hay
indivi foos que pierden la mayor parte
de su tiempo viendo pantorrillas. No se
distraen más que para com¡lr y regresan a su puesto. He de advertir a cnis
lectoras que no pretendo hacer revel~ciones en lo tocante a este asunto. Uni •
cameote escribo lo que observo, y entre
mis observaciones ocupan lugar prefe,
rente las costumbres. pero esto no es
óbice para que de vez eo cuando diri·
ja algunas miradas de soslayo a las pan·
to1 rillas, sobre todo cuando son maci·
ns. Ya ese lo saben las mujeres y oo
habrán esperado a que yo se los diga.
(¿Verdad?)
-lY en el interior?
-iOh! en el interior es otra cosa. El
interior de un tranvía es un verdadero
teatro y de los más divertido3. Se cose·
chao obras de géoero chico, óperas y
dram1s b1stante serios. Sobid al primer

que se tienden los rieles sobre la calle.
Se vuelve más fecundo el trabajo de
sus habitantes; se hace más precisa la
división del tiempo y má~ cordiales las
relaciones de una persona a otra. El
paseo a las afueras se vulgariza entre
las clases que carecen de grandes re·
cursos i Cualquiera paga seis centavos
por respirar el aire puro de los cam•
pos!
No hay duda que el tranvía vino a
dar el último golpe a la inmovilidad de
la Edad Media, La etiqueta sufrió tam·
bién su tiro de gracia. ¿Dónde está
aquella ceremoniosidad de los caballeros anhguos y aque11as mil genuflexio·
ces y caravanas frente a las pesadas
narrozas da Francia, que tiraban ocho
corceles sujetos de la brida por otros
tantos lacayos? Adentro iba un personaje misterioso. cuvo nombre nadie sa•
bía, sino mirando el escudo de armas,
sigoo de so rancia noble za Nada queda
ya. Voló a la eternidad el espíritu de
la Edad Media y so cadáver-si no os
ofende la metáfora-fué lleva:lo a en·
terrar eo un tranvía!
E~ imposible figurarse una ciudad
moderna, de más de cien mil almas, sin
la comod.idad oue presta esta máquina
prodigiosa. Quitadla por un día y cam•
biaréis al momento el aspecto de las
calles y de las plazas públicas, Al ba·
llicio sucederá no silencio colooi~l y a
la buena marcha de los negocios ordi,
oarios, la desorganización completa en
todo sentido,
Al referiroos a México-y esto no
es oiogún réclame para la compañia
canadiense,....oo podemos menos qu~
alabu el servicio de tranvías, que sape,a al de muchas ciudades europeas y
norteamericanas. L '\ topografía del te·
rreao favorece en alto grado ta re~u laridad de la marcha, pues los vehfoulos
ruedan como sobre una mesa. El carro
oo se mueve casi y de ahí que los ac.ciaoos y los niños concluyan siempre
por dormirse.
Hay algo más digno de observarse
en México, respPcto alasuoto que moti·
va estas líneas En aiol(una otra ciudad
como ésta se abu~a hoto del tranvía.
La comodidad que prestan para viaju
es preferible aún a la que prestan los
coches de alquiler. Todas las personas
que b:lll viajado fuera de la República
pueden comprobarlo. Nadie quiere
transitar dos o tres cuadras sin subir a
la cCarrozza di Tutti&gt; (Se entiende
cuando están los seis centavos a maoo,
porque de lo CO[ltrario oo se viaj~ de

'
,,.

En honor de dos Héroes.

México, Julio de 1914.

,..

·~

.

carro que pasa. Tomad asiento. ¿Ya?
Bieo; eofreote se os coloca un viejo
gordo que no cabe en su puesto, al lado
de un jovencito flaco y pálido, que no
haya donde poner la cara. Pronto su•
ben más transeuntes. Ya no hay asien·
tos desocupados. Un tuoante que llega
tarde se ve en la necesidad de agarrar•
se-para no caer-de las correas de
seguridad, fijas a un atravesaño &lt;ad
hoc&gt;. De prooto viene uo s1cudimieoto
brusco y el tunante, aprovecha la ocasióo para sentarse sobre los muslos de
una hembra aoch1 y rosagante, la coal
no se da por aludida.
-Dispense asted, señorita.
-De oada, señor. El tren se mueve
demasiado, ¿ no es eso?
-Ya lo creo. Maldita Compañía que
no manda reparar bieo las líneas y tie·
ne ano que ir trotaodo. ¡Cómo se ex·
plata al público! ¿verdad?
Más adelante, un pisaverde tacaño
que babia escatimado su asiento a las
señoras que van de pie, salta como un
resorte al cotar que entra una simp:!ti,
C'l jovencita, seguida de so· madre.quien
lan za miradas furibundas a todos los
hombres.
-Señorit1, puede usted sentarse aquí.
-iAb! muchas gracias. No cabemos
las dos. Siéntate tú, mamá. Y usted se
queda de pie?
-iOh! Yo oo me caosojamás, con tal
que usted vaya a gasto. Además ..... .
No tiene tiempo de concluir la frase:
U.1 estremecimieoto ha recorrido el
tren. ¿Qué pasa? Toda la gente se levanta. Hay una señora que alarga su
cuello desmesurado pcr sobre las esp~l•
das da un hércules de feria . Un señor
hosco y huraño que va en primera fila
ha dado an bofetón en pleoo rostro a
un joven de bigote rubio que se permi•
tió ¡¡:alantear a su señora.
El patán se queda muy fresco y e l
&lt;don Ju'lo&gt; improvisado se di,pooe de·
volver la iojuria, cuando aparece el
gendarme. El :isuoto se arregla en po•
cas palabras. Todos se sientan. Se rea•
nadan las pláticas interrupidas. El treo
avanza, mientras tanto, sin de~viarse
una sola linea de la vía trazada a cor•
del, y sin pedir permiso a nadie. Y lay
de aquel que se atraviese ea mala h'&gt;·
ra! Ahí va por las calles todo un ejér·
cito de lisiados, que iofuode respeto a
los iocaatosl
PORFIRIO HERNANDEZ.

.!JI

.

'

í'

,::

'
'

.,.

Zicatecas, la ciudad tomada por los revolucionarios Calles de la Caja y del Teatro.

Portales &lt;Cadete Uribe&gt; y &lt;Capitán Azueta&gt; de Tulaocio J c ~onmemor~ci6n hech~ en honor de los dos bravos marino~ ~u~~t plac;s fueron descubi_ertas el once de Juoio en la
S aes-V6&lt;:10os prom1ae11tes de Talanciogo qu, asiitieroo a I3os en eracru~ comba~1endo cootra las tropas yanoto orgao1zador de la comisión.
Clomemorac,óa.-S,n!&gt;r don Ezequiel Oropeza y

�~

Las carreras del lunes

CRONICA AZUL
..

JULIO
Especial para ARTE\'. LETRAS.

Llega envuelto en gasas sutiles de co•
lor azul y en perfumes de uardo y ma•
dreselva.
Semeja un bot6o de rosa eotreabier,
to que espera la caricia de uoa maoo
blaoca y sm,ve y llora, llora desde su
principio hasta el último iostaote de su
vida porque sabe que esa maoo cariñosa del tiempo, lo destrozará con impie·
dad.
Eotre sus pliegues y perfumes trae
parte de esa estaci6o estival que nos deleita y como Abril tieoe taotas es¡,eran•
zas como flores que embalsaman.
iQué bello es Julio, cara amiga! ....
Tú que tienes la felicidad de esperar
el retorno del amado ¿oo imaginas que
en este mes verás cumplido tu deseo ? Yo
siempre he pensado que eo Julio regre•

san los ausentes, que las ila~iooes dormidas despiertan ante la magoificeocia
que ofrece la Natura y que los sueños
azules de las almas vivas cual la tuya se
toroao en realidades.
¡Qué bello es J alio!. .....
Trae i:legdas para los que gozan y
consuelos para los qu, sufren; fuego pa•
ra las almas ardientes y frío, mucho
frío para las almas muerta~ ; recuerdrs
y e~peraozas para los que aman y olvido cruel, muy cruel para los prede!ti•
oados al sufrimiento y al dolor. Tieoe
días muy hermosos de Ptimavera eo
pleoo Estío, pero también los tieoe. io·
vernale~; sin embasgo, es uno d1 los
meses más hermosos del año. Eo sos
días llovioscs semeja dulce llanto, en
sus dias sin sol uoa queja muy honda
escapada de lo íotimo de un corazón
que busca eco en otro corazón semejante y en sos días de frío un d,lorpro•
fuodo que no tiene nombre.
Sus mañanas apacibles parecen al·
mas que aman en secreto y apasionadamente, sus tardes sin sol tristezas iofi ·
nitas que oo pueden describirse y sos
noches lloviosas llanto de alma~, con•

cierto de quejas y sollozos prolongados
de los que sufren y no pueden decirlo.
¡Qué bello es J ulio!
Amiga mía, si eres feliz porque amas,
tieoes fe, crees y esperas el retorno del
amado, si esta es la época del año q oe
ansiosa y anhelante esperab1s porque
trae para tí alegrías iofioitas, recuerdos
muy dulces, terouras y caricias en sus
perfumes de oardo y madreselva y sue,
ñas azules, muy ,1zules como el c ielo
que nos mira, vuelve la vista pcr un so•
lo momento a los que sufren amargo ·
ras inteosa~. a los que lloran, a los qu~
sue ñao y en vano esperan el retorno
del amado que se alejó para siempre,
vuelve por un solo instante la vi -ta a
esos corazones. en las mó ñanas apacibles, en la, tardes sin sol, y eo las no·
ches lluviosas del mes de JuliJ deja que
tus lágri-nas se confuodan con el llaoto
de esas almas ignoradas, mientras se esc•1cha a lo lejos el concierto de quejas,
los suspiros muy hoodos y los sollaz, s
proloogados de los que sufren yno poe•
den decirlo.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

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Corredores que tomaron parte en la primera carrera del campecnato de resistencia efecluada el lunes último.

Un Guento blanGo
Z1catecas.-Jardío Hidalgo,

Moría la tarde, los pálides rayos del
mortecino sol que tramoptaba, bañaban
las blancas nubecillas y el azul del cielo
con luengos chorros de polvo de oro.

El horizoote era como una inmensa
fraoja de color violeta que se iba dila,
yeodo ha.s ta convertirse en carmesí.
Violeta y yo, desde la ventana de mi
cuarto contemplábamos anonadados
extáticos, el paisaje vesperal lleoo d~
iofioita belleza y de inmensa poesía.
De pronto, ella rompió el sileocio, y
con acariciadora voz ; me Jijo:-cNárrame uo cuento de hadas, un cuento

azul, uoo de esos coeotos que hila la
rueca de to imaginación ; un cuento,
donde gallardos trovadores al pie de
feudal castillo. cantan al son de sus Jaú ·
des, dulces endechas y tiernos madri•
gales, a las melancólicas castellanas d e
cabellos de oro y ojos de turquesa que
reclinadas en el marco de vetusta' ven'.
lana escachan pensativas y sonríen•
tes •..... Nárrame un cuento azul,

�Aparté los ojos del
divioo crepúsculo .....
c¿Uo cuento de trovadores que caotao apa
siooados a hermosas
castellanas que los escuchao arrobadas? ¿No
te he contado ya tactos?
respoodí ..... . .Voy a
narrarte mejor no coeo·
to blanco, que mi ma•
dre oarromealgooa vez
cuaodo era pequeñín y
escuchaba atento, acurrucado eo su regazo.
Un cueota b!aoco .....
escacha:
&lt;Erase q ne se era,
uo iomeoso jardín lle•
oo de flores, donde ouo •
ca el iovieroo eo sus
rigores las flores mar•
chitó: J noto a un lago
que había eo aquel jardío, iumeuso lago de
cristalioas aguas de dia•
maote, doode eo las
ooches, al quebrar la
luoa sus argeotados ra•
yos eo las codas, eoto·
oabao sus cáoticos de
amores lasoodioas, coa
voz de ruiseñores, uoa
hada hermosa, el hada
de las rosas, plaotó no
rosal que floreció al
iostaote, la rosa más
hermosa y más fragante qoe ouuca eo el jaraío hubiera abierto a
los besos del sol y de
la brisa sus pétalos de
raso.
Muy prooto otra ha
da vioo, y el verde ta•
llo de uo hermoso lirio
ju oto al rosal plaotó, y
a los pocos iostaotes,
del verde tallo, no blao·
co lirio, dulce y geotil
brotó.
Y vió a la rosa como
saogre roja; de ella se
eoamoró; y doblao~o
amoroso su corola, de
L::is reyes de Dinamarca en Londres -Desembarqoe de SS. MM. Crislian y
este modo le habló:
Alejaodrioa, acompañados por el Pcíocipe de Gales.
«Divioa rosa eoceodida como los ra• eJhlanquíiimo seno de alguoa -tama de de sus labios más rojos y más hermosos,
yos del sol, que saliste tao hermosa de honor; así os ruego, s, ñor Lirio, vues·
las maoos del Señor, que al abrirse tu tr 0 ,perfume goardéis para alguoa pas· que aquellos rosados pétalos de aquella
flor, que, orgullosa poco hacía lo descorola tao puros rayos laozó, que uoa torcilla que os corte, y en mi boaor oo
deñó, sintió eotreabrirse su alma a uo
pobre mariposa que h;i.bía veoido a ad• lo queméis&gt;.
ouevo divioo amor, y sobre los rojos la•
mirarte, se cegó.-A tí ofrezco, hermcLlegó la noche, la brisa, sus caricias bíos su dulce aroma dejó. La niofa ensa rosa mi iocoomesurable amor; yo prodigó, las oo~as blanc_as d_el lago se
tonces sooriente eotre las ondas se huo·
goardaré mi perfume para quemarlo eo abrieron, y rubia y geohl s..ltó de entre
dió, estrechando dulcemente y iobre su
tu hooor &gt; &lt;Yo te amo, fragaote rosa, te ellas la hermosa ondioa, que era la reicorazóo al blanco y hermoso lirio que
ofrezco mi corazóo.&gt; •.....
na del !ago; y aspiraodo con delicia el la rosa desdeñó.
Eotooces, la roja rosa, altanera y or- perfume de la atmósfera recorrió coa
Los pétalcs de la rosa, de despecho y
gullosa sobre so tallo se irguió, y con la mirada del jardío las bellas flores; de dolor toroároose al punto pálidos y
mohío desdeñoso así al lirio cootestó:
miró la rosa; soorió, y eocorvando su so corola inclioó sobre su delgadotallo,
&lt;Sio que vos me lo dijérais, que era cintura de forma de lira griega, el per• y ouoca el clavel llegó que la rosa ha•
hermosa sabía yo, más oo os quiero, fume de la rosa quiso aspirar, mas eo bía esperado, y al fin ..... .la rosa muque yo espero ver a mis plantas reo, vaoo; la rosa oo perfumaba. Volvió la rió&gt; ..... .
dido algún clavel u otra flor menos cabeza al puoto y sus ojos se encentra•
Ahí tienes am.; da mia,el cueoto blan•
pálida que vos, y eo caso que oo vicie• roo coa el blaoquísimo lirio que triste co que alguna vez mi madre me conta,
seo iré a adornar uo jarrón etrusco, y mustio yacía, e ioclioándose soorien- ba cuando era yo pfqueñío y me acu•
gótico o griego de algún suntuoso sa- te, en sos maoos dulcemeote tomó el rrucaba eo su regazo para oírlo.
lón; ahí me veré admirada por mil ojos lirio y lo besó.
¿Te gustó el cuento blaoco?
femeniles y después iré a dormir sobre
Entooces, el blaoco lirio, al cootaclo
MAN UEL G ONZALO PACHECO,

.. . ...

,

-.

Lamentatión de
Primavera
(¡Oh. el matiz de tu eorn€ ño
Líricameote azul!
¡Como el abril risueño,
Manso-como la luz l)I.-SU CANCIO:N.
Dame la divina rofa
De tu lírico rosal ,
Para la azul mariposa
De alas de frágil crbtal.
Suene tu siringa de oro
Coa aceoto funeral
Que ya mi canto sonoro
bs un lame oto in vernal.
Murió mi vida en la rama
Como el ruiseñor que ama
La. clara noche lunar ....
( Rima hermano, el verso de oro
Porque su arrullo sonoro
Má~ dulce hará mi expirar!)
Y verso de oro y de rosa
Vertidos eo tu cai:ción
Haráo la muerte, dichosa,
A mi triste corazóol ......
(Oh, el matiz de tu eosutño
Líl'icamente a zull
iComo el Abril risueño,
Manso como la luz! )
o o o
II.-MI CANCION

•

Los I eyes daoeses ll•g\ndo en los carruajes de Estado al circo ...
de Oxford.

iOh, mi canción
Brota da eterna meo te
De mi corazón!
Hija eternal de mi otoñal tristeza
-Vaga, como el rumor de blaoca eipumaTu, que adoras a la naturaleza.
Vuela, y su corazón, besa y perfuma
Que él co::-ao Goethe al escribirpresieote

•

r4

'1
Banquete ofrecido a los reyes daneses por el Ayuctamiento
de Londres.

Que a bu espfrilu ioquieta, de la pluma
Et correr, cuaodo traza dulcemeo te
El azul peosamieoto que lo abruma.
¡Oh, mi caoción
Brotada eternameote
De mi corazón!
En música coovíertete y levanta
Tu melódico soo de poesla
A él que siempre llora y siempre caota
A la melancolía . .... .
Abrete eo rosas líricas de eosueño,
Caocióo, que abaodooarme oo quisiste
Tó roale a él su porveoir risueño
Mientras yo sigo mi sendero !tiste.
Que él como Goe1he, al escribir presiente
Que a su es¡;iritu inquieta, de la pluma
Al correr cuaodo traza dulcemente
El azul peosamieoto que lo ab1uma.
!Oh, mi C.inción
Brotada eteroameote
De mi corazóol
o o o
lll.-ENVIO.
Dame de tu resal todas las rosas
Que al expirar la tarde recogiste ... .
Suelta a volar tus égkgas hermosas
Sobre el azul de mi esperanza triste.
Y eo mis ioquietas ooches dolorosas
Consuela mi pesar, tú que tuvhte
C laridades de amor, eo las brumofas
Sendas de olvido por do ayer sf goiste.
iDivioo se ñador ; glorioio eftbo
De ateoieoses decir~s .... 70 te llevo
E o el saotuario de mi corazóo,
Porque teodÍ!te a mi dolor tu maoo
Y coor,igo adoraste la ilusión, .....
iOh po•ta, sociólc-go y hermano
Del azul derramado en mi caocióo l
{iOh, el matíz d e tu ensue ño
Líricameote azull
¡Como el Abril. risut ño,
Manso como la luzl)
JUL IO A. MU1i!Iz.

�El callaver del general Zozaya conducido al panteón Francés de esta ciudad.-El Ministro de la Guerra
pre!idiendo el duelo,-Fots. Lupercio,

Tropas chinas que persiguen a &lt;Lobo Blanco,&gt; bandido que ba tenido el privilegio de conmover a toda la flamante
república china.

�Decididamente, Maureote ha clavado
la rueda de la tornadiza Fortuna.
Dios se lo aumente!

o o o
EKpectación !
E.oorme, si lector, ante la próxi,
m1 campaña del ios;goe Muñoz.

ra, que menester &lt;cultivallo&gt; y domarle
a fin de que la potranca no amenace
al cielo, a la tierra y al abismo con sus
peregrinas coces!
María Luisa, bromas a no lado , tiene
talento: si rebaja su or¡¡:ollo a la altora
de so aplicación y se deja embridar por
no actor del fuste de Moñoz, tal vez
pasemos, andando el tiempo, y con él

Iremos a Flandes, vive Dios!
&lt; .... de amores y aventuras en pósl
Es decir tendremos &lt;pápa&gt; si es
que no se le atraviesa en la nacarina garganta a María Luisa Réjaoe,
eso de su fama americana, verd 1de·
ra &lt;blaque&gt; que debemos a las plateadas barb1s de Paco el de las
ídems.
Por de pronto, según chismes de
b1stidores, a la infeliz eminencia no
le lltga la camisa al cuerpo (recuerda sin duda las desastrosas escenas
de &lt;Un drama nuevo&gt;) de pensar en
parlamentes que ni el de Hayti.
Buena ocasión de justificar, en
buena lid, aquello de que María
Guerrero, &lt;allí&gt;, y María Lui,a
&lt;aqoí&gt;.
El laurel, excelente para el &lt;cagón&gt;, sólo se gana librando deseo•
muoales batallas.
Y no b1sta el talento natural.ce rril como potro libre en la prade•

Teatrales
El estreno de la de•
licada comedia del gran
Pierre Wolf &lt;El Secreto del Polichinela&gt;
en el Mexicano, coosti·
tuyó el sábado un ver·
&lt;ladero acontecimiento
teatral de primera y le ·
gítima magnitud.
A ello contribuyó, y
no poco. la presentación de&lt;Mimí&gt; de quien
se temía diera el mag,
no salto (de la zarzuela, a la comedia) sin
tropezar con uo solo
acierto.
No fué así, afortooa·
dameote para el Arte,
pues si bien la iosegu•
ridad natural propia de
traosic ióo tao brusca,
atenuó en algo las singulares facultades de la
bella Mim!, demostró
ésta, en cambio, poseer
talento y facultades.
Debidamen.te cultivi•

das, las coalidades de
Mimí, mujer inteligentísima, según dicen,
pueden llevarla a elevado sitial en el Reino
de la Bambalina que
es, a la verdad, el rei•
no de los justos.
La interpretación de
&lt;El Secreto de Poli•
chinela&gt;, sencillamente
ópima.
Muy bien Cos, en su
papel de viejo que dijo
con justeza, intención
y ternura,
Magistral Prudencia,
muy mona con su peluca de abuela.
Singular mujer, iote·
resante aún en pleno
ocaso ( de guardarropía)
por supuestnl
Mutio y Gil Rey muy
bien.
El resto incluyendo
a la Mootiel, que es
muy guapa y tiene un
pie deli cioso, cumplió.
Ah! y mon!simo el niño
Truacol
Nuestras fdlicitaciones, más cordiales a la
señora Taquilla.

Dos fotografías de la función a beneficio de T irado en el Welton, tomadas
por el inteligente aficionado señor Feroáodez.

María, naturalmente, p:ir eso de la
&lt;eminencia verdld&gt; en futuro no lejano.
Estudie y tome azahar ...... para los
nervios, la artista mrxicaoa y ...... veremos!
En cuaoto a Mañoz, Je esperamos
respetu:isa y admirativameote.

�u

,,za AJ!

Panorama de la ciudad de Zacatecas destruida por los revolucionarios.

VEN ...
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Todos los días por la mañana,
H ermosas flores cortando fuí;
Y a 1 acercarme a tu ventana,
Sollozó tri~te la flor lozaoa
Por que estás lejos, niña de mí!
Da aquel frondoso rosal oiveado
Las flores secas temblando estáo,
Porque hace tiempo lo has olvidado;
Y todas ellas se hao marchitado
Como al impuho del huracán.
Aquella hamaca suave y sencilla,
Mucho suspira por tí también:
Te añora tanto la pobrecilla .. . .
Quiere que vuelvas cerca la orilla
Para arrullarte con ~n vaivén!

..

El claro lago de plata lleno,
Cuando la luna vá a reflejar,
Busca la nave, triste y sereno;
Aquella barca, en cavo seno
Jb3mos solos a navegar.
!Niofa adorada! ¡Musa querida!
Todo te espera con mucho amor;
Si tu oo vienef, mi pobre vida
Llena de peca, muy aflijida,
Caerá marchita como la flor!

Sr. Lic. A2p3, dhtiognido veracruzioo, muerto rr-

FRAN CISCO GARNIC.\ DEL TORO.

\

Jardín principal de la plaza de Zacatecas.

cientemente.

Páginas

Femeninas

El color que más domi•
na ahora es el tango, pero
afortnnadamente hay tan,
go y tango, el que se baila
finamente en nnestros más
aristocráticos salones re,
cnerda bien poco al dan•
zado en los cafés concier·
tos y sncede lo mismo con
el color al qne le presta
su nombre. Del tango claro al tango oscnro existe
uoa verdadera escala rica
y variada.
Si una lectora es rubia
como los trigos, o su cabe•
llo es de un castaño dulce
y armónico le sentará per•
fectamente el traj~ de no
tono ctaogo claro&gt; completado por una doble túoica
de encajes. La morena por
el contrario, deberá esco,
ger so vestido en los tonos
anaranjados y cobrizos y
colocará bajo los encajes
del cuepro una gasa o tal
del mismo color, que teñi•
rá ligeramente el blanco
del encaje.
Nos preguntamos por
qné la tiránica moda había relegado al olvido por
tan gran espacio de tiem·
po a los cintnrones. En
cambio en la presente tem1
porada han venido a coas,
titnir ano de los más im·
portantes detalles de la in·
damentaria femenina. Sin
embargo, la cnestión de
los cinturones no es tan
sencilla como a primera
vista parece, pnes confec·
ci6nase hoy día, en verdad
complicada. Y así un traje
relativamente sencillo pne•
de realizarse considera,
blemente un cintnrón for·
mado de tiras de azabache y celnloyde o en tren•
cillas de seda vegetal, bri•
llantes y flexibles, atadas
como las antignas ballade•
ras. Estos cintnrones tienen
unos dos metros de largo y
Ju grandes modistas las
colocan de cien maneras,
a coa! más ingeniosas, he
aquí dos ejemplos: Sobre
no traje de granadina azul
una de esas trenzas negras,
plegadas a pliegnes pla•
nos, está colocada como un
vo!r.nte al borde de la tú•
nica y a manera de pequeños faldones q.el cuerpo, resultaba de un efecto
nnevo y eneantador.
El segando sobre traje
sastre de glacé tabaco, cu•
ya chaqneta tiene la for•

ma de una americana con
largo faldón fruncido; la
trencilla, de ignal tono
qne el vestido, pasa dos
veces encima del talle co,
mo alto corselete.
En cuanto a los cintnro•
nes, qae son independien•
tes, se combinan de todas
clases: rayados, escoceses,
de fay, de otomán, de tafetán. Los lazos grandes y
planos. continúan muy eo
boga; pero aconsejo a las
señoras un poco gruesas
que los coloquen preferen•
temente atrás, y no sobre
el estómago lo cnal eogorv
da siempre.
Sobre los trajes de glacé negro, los cintnrones
colgantes de perlas y de
azabache negrQ son de un
gasto refinado, pndiendo
realizarlos también con
p'!rlas de oro y strass.
Elegantísimo así mismo
los siempre lindos trajes
blanco y negros el cinto·
rón fdrmado con perlas
blancas.
El único inconveniente
qne representan estos nnevos cinturones es so precio q ne relativamente re·
salta algo elevado. pero
hay que pensar qne ellos
solos pueden constituir to,
do el adorno del traje.
Próximamente daré detalles sobre las naevas fer·
mas del sombrero,
CORDELIA.
o o o

LA HIGIENE DE LA
MANO

fraje de calle o paseo. Modelo parisiense, de la sederia
cEI Paje.&gt;

Para tener las manos fi.
nas y bien cuidadas se de·
be adoptar el sistema que
voy a explicar; lavárselas
siempre con agua no poco caliente empleando con
preferencia el jabón de al·
mendras, de lechuga o de
glicerina.
Siempre que se laven
las manos y para dormir
se deben quitar los anillos
pues de otra manera la
mano se deforma comple•
!amente.

•

•

�1

.; 1

Elegante traje de calle co seda floreada. Modelo de la sedería &lt;El Paje.&gt;
Lo último que se ha visto eo el &lt;Bois de Boulogne.&gt; Modelo de &lt;El Paje&gt;

�La Paz InternaGional
En su número del próximo Lunes

La Ilustración
Semanal
publicará la única fotografía de la ímportante sesión
en que se firmó el protocolo de Paz con los Estados
Unidos.

Búsquela Usted
•
.I

COMPAÑIA PERIODISTICA MEXICANA, S. A.
APARTADO 45 BIS.

Dos caprichos originales de la me.da de Paris. Modelo de &lt;El Paje.&gt;

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s~harmoniza con d aromaddcigarro
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Alfonso XIII

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Compro, Vendo y Ca'llbio

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dando a ganar dinero a
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Infórmese Ud. cómo!

"Al Todo de Ocasión."
JOSE ALVAREZ.

1

S. Francisco 37. México.

1

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como articulo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda Epoca.

Sábado 27 de Junio de 1914.

Tomo 1.-Núm. 19.

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los sáb...dos por la

Cía. rcriodístita Mexltana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GRREIITE:

MlGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3' Riocouada de Sao Diego 41.
Teléfonos:
Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.

Apartado postal 45 bis.
MEXICO, D. F.
PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs.
Subscripción, trimestre ........ 2.50
Extranjero, trimestre... .. ...... 5.00
con e:r.cepr,ión de Estados Unidos y Co•
ba, eo donde regirá el mismo precio
que para la República,
· NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven originales .
•
I

ALVUELO
Parece que está a la orden d~l
día eso de entre¡¡;ar el alma al
Cr~ador en pleno pavimento, después
de un descenso rápido desI
de la mayor elevación que se encuentra a mano.
Una joven se deja caer desde
el tercer piso de un cajón de ropa; otra de una ventana del palacio de correos; la tercera del
se¡to piso de la &lt;fatídica casa
roja,&gt; según los señores reporteros; y la cuarta desde la parte
más alta de la rampa de Chapultepec, No pienso imitar a ninguna de ellas, pero me parece que
la última es la que tuvq.~Jllejor
gusto, sobre todo si tenemos en
consideración que es quien menos probabilidades tiene de acercarse a la muerte: entre el prosaico pavimento del patio de asfalto o la banqueta de cemento
y los agrestes picachos del montículo del Chapulín valen más los
últimos, y, ya lo dijimos, matan
menos.
Por supuesto que todas las señoritas han dejado ~us cartas
más o menos mal escritas, las

cuales, si en el caso de muerte
suelen ser trágicas, cuando la
muerte no sobreviene son soberanamente ridículas. Tenemos la
seguridad de que si se muestra
a la señorita seudo-suicida de
Chapultepec el fragmento de su
carta que publicaron los periódicos. queda curada de sus intenciones auto-homicidas: lástima que a las que se mueren no
se les pueda hacer lo mismo; sería uno de los mejores castigos.
Pero no todo ha sido vuelos en
esta furia por aband-:rnar la vida;
para variar, una joven se su icidó con bicloruro de mercurio, y,
para variar también. no dejó escrita la consabida carta: siquiera esta se puso menos en ridículo: sus gestos solo habrán sido
entretenimiento de loscamilleros
y muerteros de hosp.ital, que son
gente muy poco respetuosa, sobre todo cuando se trata de los
que desertan tan voluntariamente de una vida que, por más que
se diga, tiene muchas razones de
ser.
Ya estov viendo rostros huraños que s~ enfrentan conmigo y
me dicen que no hay derecho para burlarse de la muerte ni de la
miseria; pero a los propietarios
de esos rostros les diré que el
suicidio no es la muerte natural
y augusta, y que no hay miseria
ninguna que autorice al hombre
a destruir una obra que ni siquiera ha llegado a comprender.
,Quién es el que ha resuelto
la difícil ecuación humana? Con
qué derecho se resuelve de una
manera tan brutal un problema
que los hombres más sabios del
mundo no han llegado siquiera a
plantear de modo satisfactorio.
El día que el hombre sepa lo
que es, por qué es y .cómo es,
podrá dedicarse a estudiar la
mejor manera de encontrar la resultante del enorme conjunto de
fuerzas que hacen al individuo;
pero mientras que esto no pase,
y probablemente no pasará nunca, no tenemos derecho para negar a la natura·leza su predominio absoluto en materia de destrucción.
Ya sea que consideremos esas
fuerzas como un destello de la
divinidad; ya que sean solamen-

te producto de una fu nción de la
naturaleza, ni los naturalistas
ni los deístas nos pueden dar la
razón para aniquilar al individuo
resultante de ese conjunto, y el
hombre seguirá siendo una entidad moral indestructible, y el yo
individual no tendrá derechopara arrancarse de una vida que es
algo, para anonadarse y descender del carácter de yo pensante
al de montón de escombros inertes.
Y el deseo de destrucción llevado hasta la propia persona es
un síntcma funestísimo de inmoralidad; la destrucción, cuando
no se impone por un deber de saneamiento, indica instintos perversos y no puede haber perversidad más grande que la destrucción llevada hasta el colmo de
olvidar que se atenta contra sí
mismo.
Si desde el punto de vi,ta social el suicidio es ridículo, desde
el punto de mira moral es un crimen de lesa razón. No hay derecho, repetiremos cien veces para huir ante dificultades que, como ocurridas dentro de la naturaleza, son naturales.
Hay quienes admiran a los suicidas porque dicen que es un acto de supremo valor enfrentarse
con la muerte. pero esto tampoco es cierto; losquese enfrentan
con la enorme interrogación de
la cesación de la vida animal lo
hacen porque ignoran lo que puede ser esa desaparición material;
no han meditado jamás en lo que
significa esa destrucción del cuerpo, y el que no ha sabido meditar sobre punto tan serio carece
absolutamente de sentido moral.
No son los terrores del infierno, no es el miedo al mundo astral de los espiritistas, es algo
más alto; es la obligación que
tienen todos los seres de dedicar
to&lt;:los los momentos de la vida
natural a estudiar el enorme problema vital para poder mirarlo
con mayor seren idad; con má-,
alteza de miras, y el que deserta
antes de haber tratado de adicionar su grano de arena a los de
los demás hombres se ha negado
a cumplir con el deber más alto
que le impone el acto de nacer.

J. M. C.

Paisajes

.

mexicanos

CercaDfas de S.tDta Ro~a, al pié de la serranía del Ajuscc, D. F.-Fcts. Melbado.

�rr==========---==--==--==--==--==--==--==---==----==----==-~--==--1

ll
,1

La barrica de amontillado

Yo había soportado las mil iojusficias
de Fortuoato de la mejor maoera , pero
cuaodo llegó al iasulto. juré veagarme.
Ustedes que coooceo la oaturale1a de
mi &lt;carácter, oo irán a supooer, me figuro, que haya proferido la meaorame·
oaza. Tarde o temprano me veogatía,
ese era punto resuelto; pero precisa·
meate el hecho de que mi resolución
era défioitiva desea ria ba la idea de to•
do peligro po~ible. Necesitaba, oo solo
castigar, siao castigar impuaemeLte. No
se corrije un mal cuaodo la corrección
puede volverse de alguoa manera contri el corrector. Ni lo es tampoco caao•
do el qué se veoga ao se da a coaocer
al que ha hecho el daño.

.

11

~

tad; su cabeza estaba cubierta con un
gorro puntiagudo cor. campaoillas. Ex·
perimenté tacto placer en encootrarlo
que no podía acabar de estrecharle la
mano.
Le dije; &lt;Mi querido Fortunatol Qué
placer de encontrarle •.... Qoé buen
aspecto tiene usted eI día de hoy! Ahí
tiene usted: Acabo de recibir una ba•

cio de Amontillado sin consultar antes
a usted. Temía no encontrarle y de~•
perdiciar una buena oca!ióo.
-IAmontilladol
- Tengo desconfianza ..... .
-1 Amontillado!
-Y quisiera asegurarme.
-IAmootillado!
-Como usted parece tener alguca

rrica de vino que me dan por Amontillado y yo siento desconfianza • ..... &gt;
-lCómo? dijo él. ¿Amontillado? l ona
pipa? No es posible. !Y en pleno carnaval!
- Tengo desconfianza, respondí; y
be tenido la inocentada de pagar pre•

invitación, pienso ir a casa de Lucbesi.
Si hay alguien que tei::ga gusto crítico
es él. El me dirá •.. . ..

Hay que teaer preseote que, ai por
uaa palabra, oi por acto, ni siquiera por
un gesto, había dado motivo a Fortuaato
para c;ludar de mi b:ieoa disposicióo res•
pecto a él. Coatia ué, como de costum,
bre, recibiéodolo con la mejor de mi~
soarisas. él oo sos pee baba que &lt;ahora&gt;
esta soarisa respoodla a mis peusamiea•
tos acerca de su destruccióa.
Este Fortuoato tenía un punto débil,
si bien es cierto que en cualquier otro
respecto era no hombre ao sólo respe,
table, sino temible. Se vanagloriaba de
ser un buen conocedor en materia de
vioos. Pocos italianos tieaeo eI seoti do
crítico de los bueoos coaocedores. La
mayorfa de ellos acomodan su gusto a
la hora y a la ocasióa, adulación de su
parte a Jo¡ milloaarios ingleses y aus•
triacas. En materia de piatura y de pie
dras preciosas, Fortunato era un ha•
blador como todos sus compatriotas,
pero en cuestión · de vinos sí era leal.
Y a este respecto yo me encontraba po•
co más o menos en el mismo caso que
él; yo también era un buen conocedor
de caldos italianos y los compraba am•
pliameote cuando podía hacerlo.
Al oscurecer de una ncche, ea medio de las faertes locoras del carnaval,
encontré a este buen amigo. Me recibió con una cordialidad excesiva, por,
que había bebido mucho. El periltán
estaba disfrazado. Llevaba un traje
ajustado y partidQ de color por la miOtros dos paisajes de los alrededores de Santa Rosa.

-Locbesi no es capaz de diferen,
ciar entre un Jerez y un Amontillado.
- Sin embargo, hay necios que pre-

�tenden que pu'.lde cam¡ietir en cu,stión
de gustos con usted.
-Vaya! vamos.
-lA dónde?
-A sus bodegas.
-No, amigo mio. No quiero abusar
de su bondad. Veo que está usted invi·
tado . Lucbesi .. . .. .
-No tengo ninguna invitación. Va•
mos.
,....No, amigo mio. No será por la in•
vitación, pero tiene usted un catarro
formidable. Los sótanos son muy búme•
dos, de una humedad insoportable. Los
techos están cubiertos de salitre .. ••
- Vamos aun cuando sea así. Mi catarro no vale nada. ¡Amontillado! Habráj abusado de usted .... . . Y Lucbesi
oo es capaz de distinguir no Amontilla•
do de uo Jerez.
Al decir esto, Fortunato se apoderó
de mi brazo. Me puse una máscara ne•
gra, me envolví en mi capa y me dejé
conducir h3.cia mi palacio.
No había oiogún criado en mi casa,
se habían marchado a divertirse con el
carnaval. Les babia dicho que no re•
gresiri l sino basta la mañana y :pensé
que esto era bastante para que se m~r•
charao todos tan luego como yo bub1t1•
ra vuelto la espald3..
Tomé dos teas de una araña, ofrecí
una de el11s a Fortunato y lo llevé con
mil salamerías a través de noa infinidad
de cuartos basta la bóveda que coo:lu·
ci I a los sótanos. D~scendi por una es·
calera de caracol, encargi.odo a mi ami
go que tuviera cuidado al seguir mis
pasos. Llegamos al fin al pie de los es·
calones y nos encontramos los dos sobre
el suelo húmedo de las bodegas de los
Montresors.
La marcha de mi amigo era insegura,
y a caia paso sonaban las campanillas
de su gorro.
,....¿La pipa? pregutó.
-Está más adelante, respondí. Pero
mire usted ese tejido blanco que cintila
eo las paredes de la cueva.
Se volvió hacia mi y me miró eo los
ojos ceo sus papilas vidriosas de las
que corrían las lágrimas de la embria•
guez.
- l El salitre? preguntó al fin.
-El salitre, respondí yo. ¿ Cuánto
tiem;&gt;o hace que tiene usted esa tos?
La mism1 tos irnpijió al pobre hombre c:mtestarme durante alguo rato.
-No es nada.
-Venga usted, dije eo tono resuelto;
vamos a regresar. Su salud es antes que
tod(!, Usted es rico, respetado, admira·

do, amado; usted es feliz .... como yo
lo fuí eo otro tiempo. Un hombre como
usted dejaría uo grao vacío detrás de
sí. Vamos a regresar; se enfermaría us·
ted y yo oo quiero tener esa responsa,
bilidad. Además. allí_ está Lucbesi pa•
ra .....•
-B.1sta, me interrumpió él; esta tos
oo es nada. No es eso lo que me habría
de matar. No pienso morir de cata•
rro.
-Es verdad, es verdad, repliqué, y
además;yo oo he tenido la intención de
alarmarle sin razóo ;pero debería usted
tomar toda clase de precauciones Uo
trago de este Medoc le protejerá contra
la humedad.
Al decir esto rompí el cuello de noa
bctella que se hallaba en fila con mu•
chas iguales, acostada eo el suelo.

-Beba usted, le dije ofreciéndole la
b:itella.
Levantó los labios al mismo tiempo
que me bacía uo saludo familiar, lo
cual hizo sonar las campanillas del go•
rro.
-Bebo, dijo, por los muertos que
descansan a nuestro derredor!
_y yo por la larga vida de usted!
Me tomó nuevamente del brazo y
continuamos nuestro camino.
- Estas bóvedas son amplias, dijo él.
-Los Montresor, respoodi, eran una
familia grande y numerosa.

-Ya oo recuerdo cuáles son sus ar•
mas ?
-Un ancho pie de oro, sobre campo
de azur: el pie aplasta a una serpiente
rampante cuyos dientes se implantan
en el talón.
-lY la divisa?
-&lt;Nemo me impune lacesit. (x)
-1Bravol
El vino chispeaba en sos ojos y las
campanillas tintineaban. Yo mismo me
sentía excitado por el Medoc. Habíamos
pasado a través de muros de osamentas
en los que las barricas se mezclaban
con los fémures en lo más profundo de
las cataccmb1s. Hice un nuevo alto, y
esta vez me permití tomar a Fortuoato
por uo brazo, arriba del codo.
- El salitre) dije, aumenta de ooa
manera alarmante. Cuelga como espu·
ma a lo largo de las bóvedas. Nos bailamos debajo del río. Las gotas de hume·
dad se filtran a través de las osamentas
Venga usted, regresaremos antes de que
sea demasiado tarde. Su tos ..... .
-No es nada. Continuemos. Pero sí
sería bueno otra copa de Medoc.
R Jmpi el cuello a otra botella y se la
ofrecí. La vació de un sorbo. Sus ojos
brillaban ardientemente. Sonrió y lanzó
la botella por el aire haciendo una seña
cuyo sigaificado no comprendí.
Lo miré con sorpresa. Repitió la señii, una seña grotesca.
- lNo comprende usted?
-No, respondí.
-Eatooces no es usted de la logia.
-lCó:no?
-No es usted de la masooeria ....
-Sí, hombre, sil .•... .
-Usted ma~óo? no es posiblll, .....
-Yo masón.
-Alguna seña.
-Aqui está, respondí, enseñándole
una cuchara de albañil que saqué de
debajo de mi capa. (2)
-Usted se burla, dijo, retrocediendo
algunos pasos. Pero vamos al Amonti•
liado.
-Amén, dije, poniendo de nuevo el
utensilio b1jo la capa y ofreciéndole mi
brazo.
Se apoyó pes1dameote. Continuamos

( 1) Nadie me humilla impunemente.
(2) En inglés lo mismo que en fran•
cés, se puede hacer uo juego de pala•
bras que en español oo resulta, porque
albañil y masón se designan con la mis,
ma palab¡a. (N. del T ).

nuestro camino en busca &lt;le! Amooti•
liado. Pasamos por debajo de una serie
de arcos; descendimos, caminamos más,
luego volvimos a descender para llegar
al fin a una cripta cuyo aire estaba tau
viciado que bacía enrojecer la fhma de
nuestras teas en vez de avivatla.
En la parte más profunda de la crip·
ta se hallaba otra menos espaciosa. Los
moros estaban tapindos de huesos que
subían hasta la bóveda por arriba de
nuestras cabezas como eo las catacum·
bas de Paris. Tres de los muros estaban
tapizados de esta manera, eo cuanto al
cuarto los huesos habían sido despreo·
didos y estaban dísemioados por el sue,
lo formando un montón de altura con•
siderable. En el muro desnudo de sus
ornamentos ootamos otro reducto iote•
rior de una profundidad de cuatro pies
por tres de ancho y como seis o siete
de alto. No parecía destinado a ningún
oso especial; era simplemente el in•
tervalo entre dos de los colosales pilares que sostenían la bóveda de las ca•
!acombas, cerrado en el fondo por uno
de los moros que las limitaban.
En vano quiso Fortooato investigar
lo que babia dentro con la débil luz de
su antorcha. La luz, debilitada por la
pesadez del aire no nos lo permitía.
-Adelante, le dije, aquí es donde está el Amontillado. Y Luchesi ..... .
,....Es un iguoraote, interrumpió mi
compañero que caminaba difícilmente,
y de quien oo me separaba oo solo paso.
En un instante llegó al fondo del re·
ducto, y al encontrar la roca que le cerraba el paso permaneció estúpidamen·
te perdido. Un momento después estaba
encadenado al granito. Había fijos en
el muro dos garfios de hierro separa•
dos como dos pies e.o el seatido bori·
zootal.
A uno de ellos estaba ádherida una
cadena y al otro un ~andado. Colocar
la cad,oa alrededor del cuerpodeFor•
tuoato y cerrar al caodido fué asunto
de pocos instantes. Estaba demasiado
ebrio para oponer resistencia. Quité la
llave y retrocedi algunos pas\)s fuera
del recinto.
-Pase usted su mano por la pared,
dije, oo dejará de sentir el salitre. La
verdad, esto está muy húmedo. Por la
última vez, permítame usted &lt;suplicar•
le&gt; que regresemos. ¿No? en ese caso
me veré en la dolorosa necesidad de
dejarlo. Pero antes debo prodigarle to•
das las atenciones que están en mi ma•
no.
-El Amontillado, dijo mi amigo, qoe

aun no se reponía de su admiración.
-Es cierto, el Amontillado! ..... .
Al decir esta, palabras me arrojé so·
bre el montón de huesos que había a la
entrada y lo hice a un lado. Pronto des·
cubrí piedras de construcción y arg1masa. Con estos materiales, y ayudado
de mi cuchara, me dediqué activameo•
te a tapiar el reducto.
Apenas babia colocado la primera
hilada de piedra cuando me di cuenta
de que la embri1guez de Fortuaato se
babia disipado en parle. La primera
~eñal de ello fué un grito sordo y su•
plicaote que venia del fondo del reduc•
to. &lt;No era el grito de un hombre
ebrio&gt;. Después hubo un largo silencio.
Puse una segunda hilada, luego uua ter·
cera, y ooa cuarta; y entonces oí sacudir la cadena furiosamente.
El ruido continuó por algunos mino•
tos durante los cuales, para complacer,
me más, sospeodf el trabajo y me senté
sobre el montón de huesos. Cuando el
ruido calmó, tomé de ooevo mi cuchara
y continué la colocacióa de hiladas de
piedra, puse la quinta, y la sexta y la
séptima; el muro me llegaba a l.. altura
del pecho. Suspecdf de nuevo el traba•
jo y poniendo las teas sobre la parte
construída dirigí algunos rayos hacia el
sitio donde se bailaba el hombre eoce•
rrado.
Una sucesión de gritos agudos y penetrantes que salieron de la garganta
de la figur_a i:ioc1deoada me hicieron
retroceder. Vacilé por algunos instan•
tes-me estremecí. Sa:qoé de la funda
mi espa:lío y me pose a tirar mandobles

al interior del reducto. Pero un instante d, refhxióo me tranquilizó. Apoyé
la mano en la sólida construcción de
las catacumbas y me sentí calmado. Me
aproximé al moro, respondí a les aullido~ que salían de la cueva; les hice
eco y ano llegué a dominarlos en volu,
meo y en voz. Neoesitaba esto para que
callara mi hablador.
Era la media noche, y mi trabajo casi estaba terminado. Había colocado la
octwa, la novena y la décima hilada, y
llevaba parte de la décima primera y
última; no me faltaba más que una pie•
dra y su argamasa. Levanté la piedra y
la puse cerca de su sitio. Pero entonces
salió del reduc!o una risa contenida que
me puso los cabellos de punta. Después
oí una voz compasiva qoe me costó tra,
bajo reconocer como la del noble For•
tuoato.
La voz decía:
-Jal Ja! Es buena realmente. Una
excelente broma! Ya la alabaremos como merece en el palacio,-ja! ja! el fa,
moso vino.
-El Amontillado, dije.
-Jal ja! sí, el Amootilh1dol Pero ¿no
se hará tarde? l Qué no nos esperan en
el palacio la señora, Fortunato y los demás ? Vámonos.
-ISi, vámonos!
-&lt;!Por amor de Dios, Mootresorl&gt;
-Sí, por amor :le Dios.
En vano esperé respuesta a estas palabras. Introduje una de las teas por la
abertura y la dejé caer dentro. Por to•
da respuesta obtuve un tintineo de las
campanillas. Sentí on dolor en el corazóo, seguramente era debido a la hu·
medad de las catacu~bas. Me apresuré
1\ terminar mi trabajo. Puse la última
piedra en su lugar y la fijé con su mezcla. Contra mi muro coloqué de ooevo
su adorno de osamentas; hace medio
siglo que nadie lo toca.
•
&lt;!lo pace requiescatl&gt;
EDGARD ALLAN POE.
Traducido de los Cuentos Extraordi•
oarios, especialmente para ARTE Y
LETRAS.

�Visiones de la Galle
-

----.

Los mendigos

DI OH
I
El.-Náka yuyutno béhe tilú 1
Ella. Subí tnuyuku bébe tilú.
- lNáka yu ita tibi titú 1
-Ita markoke (1) tibi tilú.
- Náka yundute tibi tilú 1
-Dute ñutoto híchi tilú .
-lNaka yundnte híitilú 1
-Yuyundayabí híitilú.
-Náka yu ichi kíkatilú?
-Ichi ni knchi kíkaiitú
Káhi kanañe kíkatillú 1
Tirumi, tirumi, hikltilú.
II
Hikondul zazuba, yosá indiroy.
Zazuba, zazuba yosá ind_iroy,
~ amaka. ita tibi yosá ind1roy,
Ita tikuába ni tibi indiroy.
Ñana itandóko tibi indiroy,
Hikondo zazuba yosá indiroy,
1ilana kandute, dute nuyabi,
Slana klndute, híchindiroy.
Yute ñntoto, híchindircy;
Hikondu zazuba, yosá indiroy,
Hikondn', zazuba, yosá indiroy,
Saromi, saromi, yosá indiroy.
( 1 ) Markoke, mixtequismo, albaricoque.

El colibrí
TRADUCCION DEL MlXTECO
I
El-lDónde está tu nidito, hermosa niña
De estos huertos de amor ?
.
E lla.-Allá sobre las ramas del sabino
E5 donde vivo yo!
.
.
- Cuál es la flor que chupas, bien de m1 al(ma,
C uál esa bella flor 1
-Es la flor del albérchigo ron:lo
Adonde libo yo!
_ y el agua en que te bañas,¿dónde brota ?
¿En que lugar de ilusión 1
- Es el agaa purísima que nace
Abajo del peñón.
•
_y del agua que bebes, amor mio ?
-Es el agua que al sol
Se mira que del cielo se desprende
Sobre el maguey en _flor! .
.
_y el camino que sigues? dime, dime,

No lo ocultes, amor!
- E l camino que sigJ, ¡oh adorado!
E5e camino .. . . .. ¡no!
Sólo sabe que cruzo suavemente
En mi vuelo veloz,
Zumbando por el aire cuando bu~ co
El cáliz de una flor !
II
El -Escucha: Yo giro y ardiend? en amor,
Verásme violento y alegre doquier,
Buscando en el prado ¡oh niña adorada!
En flores de anona, la más rica miell
C hupar en el cáliz de bella azucena,
Beber en la penca del verde maguey,
Bañarme en el agua más fresca .Y m~ pura,
El agua de peña que brota a mis pie~.
Mis pasos no huyas: y h":re'?os c9oteotos
Saromi, saromi! volando !11• bien,_
Haciendo mil voeltas y giros al aire,
Cerniendo las alas por este vergel 1
ABRAHAM CASTELLANOS.
Ilustraciones de José Tovar.

Estos mendigos de México evocan eo
mí todo uo mundo de visiones fantásti,
cas. Arrastran lamentablemente sos
miembros mutilados por las calles, en,
tre la barahunda de transeuntes, mostrando la desnudez de sus carnes-que
reseca el viento-con una impudicia y
uu cinismo iucoocebibles. Algunos rep·
tao sobre el asfalto como verdaderas
larvas, acechando en la cara del primero que pasa el menor rasgo de con·

G1lería de Pintores modernos mexicanos, inaugurada el
mhmo día.
ble. Pero no termina con eso el espectácnlo: Ahí va un tullido que cabalga
sobre un hombre, a manera de rana.
E sto me recuerda el cuecto árabe
aquél, del cojo montado sobre el tnerto.
¿No os evocan esas fignras toda una
fantasruagorfa de seres extraño~ ? ¿ La
piedad que producen, no se mezcla en
vuestra mente con algo de horroroso?
Un amigo mío me hizo una vez esta
confesión:
- Yo jamás he dado un solo centavo
a los mendigos.
- 1Cómo!¿ es posible ?- repliqué asom•
brado.
-Así como suena. Y no lo hago por
avaricia, sino·por miedo. Ca:la vez que
Galería de Místicos, de la Escuela
de Bellas Artes inaugurada el
domingo últjmo.
miseración. Sus ojos despiden una mi•
rada profunda, trágica ; una mirada in·
cisiva que obliga a jlpartar el rostro
con vergüenza o a exprimir la escarcela para depositar en sus manos callosas
una limosna. Otros permanec1m extáticos, clavados en les recovecos de los
grandes edificios con la imperturbabi,
lidad de un fakir o de una estatua. Ciegos hay que fijan sus dos cuencas salpi•
cadas d~ sangre, agua jinosas, sobre el
misterio de no sé qué mundo interior y
dialogan con lo incognosible. A la vuel•
ta de un_a esqnioa tropezáis con un pe,
dazo de hombre que ambula sobre una
carretilla de mano: parece una araña
monstruosa. Más adelante , una anciana
extiende lo que Je resta de sus brazos
-dos muñones tallados en carne vivay os los mete por los ojos, mientras un
enano, patizambo, se cuelga a vuestros
pies y balbucea una oración ininteligi-

Galería de escultura.

�,

.

A la mus1ea
~o hombre de esos se acerca a mí, tiem ·
blo de pies a cabeza. ¿Será miedo o
repogoaocia?

proso de Aosta de Javier de Maislrti,
han encontrado la verdadera clave de
la existencia y no se preocupan sino de
cultivar su jardín interior.

o o o

o oo

La psicologla del mendigo es digoa
de estudiarse. Debe ser interesante y
única porque es la psicología d11l que
esoera siempre.
• El mendigo sabe esperar como oirgúo
otro sér vivo. Espera con más filosofía
que los filósofos, éscodado tras la capa•
razóo de iomoodicia. A través de los
huapos, a través de la lepra se vislum,
bra un ensueño blanco de esperanza ...
E~os ojo, estáo llenos de optimismo. Se
parecen a los ojos de los perros ..... .
Fijao~ bien! ..... .
¡Qué grao imaginación debe desarro·
liarse en la mente de los pordioseros
cuando, hincados medio a medio de la
calle o de la acera, esperan durante
horas interminables el tintineo del e.en•
tavo que rueil:1 dentro la copa de uo
sombrero! ¡Cuántas ~eosaciooes perdí· ..
das para nosotros, pobres mendigantes
de ilosioo~s y esperaniasl
Por eso los sueños de los meodi¡¡os
soo blancos ...... moyblaocos ...... No
conocen la pesadilla 'pOrque no queda
lagu eo el cerebro para ella. Son los
únicos satisfechos de la vida; los qoe
no conocen el dolor. No sé. hasta abo~
ra, del suicidio de un mendigo.
l!n ellos la quej-l se convierte t'D sal•
mo de gloria; el tiempo que tarda en
fruición del espíritu: cuanto m:ls espe·
rao más gozan .•....
Como en el evangelio, ellos serlin los
primeros en el Reino de Dios, aún
coaodo ahora soo los primeros en el
Reino de la Tierra. Hermanos del Le•

..

En el mundo de los limosneros-lo
be dicho-se encuentran todos losseres
de la Creación. Todas las plantas, to·
das las piedras, todos los animales, y
entre estos últimos todos los poetas, sa•
bios, filósofos, prlilcipes, etc.
¿Q11eréis ver a Job? Ali! viflne ..... .
Lo reconozco por el&lt;pellejo purulento&gt;
que destila ochenta siglos de paciencia.
Detrás viene Diógenes, nada más qoe
sin tonel porque la &lt;civilización&gt; se lo
ha destruido. ¿Dndáis? Ved aquel viejo
de la calle de Santo Domingo. Como
el disclpulo de Aotístenes, rechaza la
limosna d~ los poderosos, cuando es in·
significante, pero cuando no, la prefie•
re a cualqoier rayo de sol. Después mi·
ra con fiereza al donante avaro, como
recordando los versos de Campoamor:
Y al partir con mutuo agravio,
¡miserablel-dice el sabioy el Rey dice (Miserable!
Después de ese Diógenes coo camisa
va San Lázaro, arrastrando su carroña
com\l el caracol arrastra su concha.
A1opta uoa resignación y humildad es·
tudiadas. Baja la cal:,eza y alarga el
sombrero, mirando de reojo para des•
cansar en los cortos intervalos que la
vía es!Á libre!
(Ahl ¿y aquella anciana de Hombres
Ilustres? No hay en todo México desde
Peralvillo basta la Tlaxpaoa quien oo
la cooozca. Noventa años de voluptuo•

sidad la han reducido a su última ex·
presión. Impotente para las grandes pe•
roratas de sus compañeros, no hace más
que alargar su mano sarmentosa y mu·
sita apenas: idaaamel Acurrucada en
los días de frlo en un ángulo del edifi•
cio de Correos, Ei parece un costal de
huesos-baciéodole mucho favor!
Pero todos los limosneros de la Ca1
pita! no valen Jo que pesa aquél de la
calJe de Sao Francisco. Es, ha com•
prendido a fondo el alma impresiona·
ble dtl pueblo, con má, ciencia que los
teóricos de academia. El no muestra su
cuerpo al desnudo, ni enseña sus Hagas.
No llora a los traoseuntes ni se arrastra
por el arrovo. Pero se rodea de gran
aparato. Hincado en las esquinas, a la
hora en que más se atropeJJan los paseantes de la aristocr.hica avPnida, pa,
rece más bien un rey qut espera la
bendición. Delaote coloca on platilJo
muy limpio, muy reluciente, cuidaodo
de no retirar de él sino las monedas de
escaso valor. A su lado duerme un pe•
rrillo blaoco, sujeto por uoa cadenita
a un botón de su chaqoeta. La gente
que p3sa derrama lágrimas rle piedad
sólo al verlo-ya se sabe que la llistima
es contagiosa. -Todos sienten una con•
miseración sin límites en presencia de
aquel hombre. Entretaoto, sobre el pla·
tillo llueven los centavos y los décimos
qui" da gusto. Llueven tantos, que al·
¡¡unos golfos, aguijoneados por la feroz
Carpanta que se ha de$atado en estos
' días, lo miran con eovidia, como di·
ciendo:
-!Si todos pudiéramos ser mendi,
gosl
PORFIRIO HERNANDEZ.

Q

Musa radiosa: te adoro; pulsa tu el•
tara de oro, puebla tus selvas sonoras
d_e faunos y aves canoras, preludia en
ritmos cefíreos tus sinfónicos rumores,
traspórtame a tus empíreo3 de melódi,
co, fnlgores. . . . .
!Música! musa armooiosa bada, be•
chicera, diosa......
'

Y? te amo, musa divina, niofa, sllfide,
ond1~a; _tu ~mor es ideal y etéreo, como
un m1ra¡e sidéreo, y tus líricos acentos
S?n dulces, arrobadores, sublimes, mol•
hcolores, raudos, cadenciosos, lP.n•
tos ......
FERNANDO DURAN.
Te adoro, sirena uodosa: en tu fuen•
te rumorosa bebo dulzuras y amores
en tus jardioes florecen los ensueño~
y las flores de ideales que no fene ceo.
Cuando de amores murmuras me
abaodono a tos ternuras, cuando tu co.
ro ~s d~ gloria vibra en himoos de vic•
toria, s1 relatas epopeyas tu verbo es
belJo y brill,10te, si ritmas con melope·
yas te sigue el alma anhelante; si béli,
cos son tus sones ensaochas los coraza•
oes, si láoguidas son tus ootasetérea en
Las olas procelosas, de crestas espu•
la brisa flotas ..... .
mo~s, abate_n sus fra gores y suaves se
Animan tus alegrlas, arrebatan tus desliza~, al 1ovadir la pla" con ondas
grandezas, encantan tus melodías y coo• que se 1rizan ..... .
mueven tus tristezas ..... .
Allá, en lontaoaoza, ·cual frágil espeEre~ vi~gen que suspiras, besas, ele, raoza, surcando bravos mares, de dodas
vas e 10sp1ras•.... .
Y pesares, destácase ligera, como ave

Los suspiros

marinera qae roza con sus alas el limbar de las olas, h, barca pescadora oim•
bada co_n aureolas de fulgor crepuscular, de infladas y albas velas dejando
sus estelas opalinas wbre el mar.
Y sólo en su barquilla, de airosa y
brava quilla, bogando en uo océano de
suaves peosamientos, llevado de sos gi•
ros, ~uspira el m~rinero, huyendo con
los vientos sus cálidos ~uspiros.
Y _al. eoterarse el viento del h Jodo
senhm1ento que engendró los suspiros
que vuelan en sus alas, abatió su ven,
dahal, en eólicas escalas, sobre uoa isla
de coral.
. Y alll, en l?s corales de esa isla de
ideales, perdida en mar ignoto de fondo
de zafiros, dejó el vieoto engarzados eu
u?a madreperla los cálidcs suspiros p.:ir
é1 arrebatados .. ... .
0

FERNANDO D UR AN.

México, Junio de 1914.

,

Consuélate

Y en el amor universal te inflamas,
Y ocultas tul dolores y tus cuitas;
Y del consuelo el bálsamo derramas
Tú, que tantos coosuelos necesitas,
o o o

De Rimas del Alma.
¿Qué vives tú sio luz ?...Y, quién lo piensa ?
Quién te juzga sumido en noche umbrl:i,
Cuanclo falgura en ti con llama intensa
Tu alma que resplandece como el dial
o o o
Dios, que te tiene amor, cerró tus ojos
Para que lleno de dolor no vier~,
Como es el mundo, páramo de abrojos ....
Que cruzan los reptiles y la~ fieras.
oo o
Sereno así, sin ambiciones locas
De la existencia en el amargo viaje,
Si bailas doro y prosaico lo que tocas
Tú le prestas poético ropaje.

,

Más no todo en la vida correspoode
El mal que da ña, al dolo que consume,
Seres violetas hay que el muodo esconde
Y vi1Jrten mil oleadas de perfume.

o o o
Entre ellos vives tú .... de ellos arrancas
El gozo puro que tu pecho siente;
Mientras bandadas de ilusiones blancas
Aletean en torno de tu frente.

o oo
Sigue así. ... que raudales de ventura
Te acaricien con gratos embelesos,
Y te brinde el bogar paz y ternura
Y las mosas ...• sus lauros y sus bfsos.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

La señorita El vira Garduño y el se ñor don Maorique .Quijano,
saliendo
del templo' de 1a sao ta
.
.
contra Ido matnmon10 el viernes pasado.

ve1acruz d espués de h

b
a er

�r0f
»-

~

11granas -del Agua

F
.
~1·•·
-

•

Eo tarjetas po1tales, eo fotografías,
eo cuadros y eo libros hemos admirado
los famosos juegos de agua de las fueo·
tes del palacio de Versalles; sabemos
qu!l en ~iertos días del año se abren las
llaves de las fuentes del parque i:x '
real y que los parisieoses haceo la pe•
regrioacióo para ir a cootemplar lao
bellezas acuáticas.
Pero en cambio igooramos que cada
jueves y cada domiogo podemos admi·
rar eo ouestra alameda juegos de agua,
si no tao _graodes como los de Versalles,
sí tao bellos como lo3 de allá, y sin ne•
cesidad de viajar arriba de cinco minu·
tos eu tranvía o diez a pie.
La fuente central de ouestraalameda
no tiene nada que envidiar a los jurgos
de agua de ninguna parte del muodo, Y
las cuatro menores son bellísimas.
La g ran cúpula de agua que forman
los chorros combinados de la fuente
central es uo modelo arquitectónico eo
su género : los cuatro surtidores centra·
les, sobresaliendo de los chorros que en
circulo brotan a su erredor, y estos a
su vez domiuaodo sobre los chorros que
de la orilla van al centro formao un
conjunto difícilmente superable.
La Venus en medio de su canastill&lt;e
de hilillos de plata parece surgir una
vez más de las aguas del océaoo. Y la
graciosa muchacba que deja caer p~r
eotre sus dedos las finas gotas de rocio
en medio de cuatro rnrtidores es uoo
de los adornos más belios que se pue•
den imaginar para uo parqoe.
Coo uo ligdro esfueno de la voluo·
tad y,de la imagioacióo, la fantasía pue·
de ver perlas, diamantes, toda clase de
piedcr.s preciosas en medio de los cho·
rros que descomponen la luz del sol to·
mando todos los tintes del iris.
Como si se tratara de la fuente de
los g oomos de la preciosa leyenda de
Becquer, parece que las ag uas de _la
alameda proceden del centro de la he•

t

rra doode lo, eoaoos h3o acumulado
tl)dOs los tesoros que se pierden eo la
tierra, y que esa.s aguas, al ~!ir arras•
trao con ~llas partículas de oro y de
piedras preciosas para teotar la codicia
de ouestras eleg:intes en lq~ días de pa•
seo, por más que oo seaoJ Ja~ perscnas
elrgaotes quienes más se fijen en los
primores de las fuentes.

Y los que no, fijamos, los p:&gt;co, que
creelllos oir en el chorro del agua U 'l
mensaje de t ranquilidad o de vida; los
que sabemos que las corrieotes de los
arroyos traeo entre ellds las palabras
de la oatoraleza toda, ya oo necesita•
mos oír el aristocrático mensaje de las
aguas caoalizadas. estamos acostumbrados a cooversar coo el agua en medio

de los campos; en las presas y compuer•
tas, en los arroyos y estaoques.
Pero los que no hayan recreado sus
cídos coo el cbarlar incansable de las
corrieotes del . campo harían bieo eo
acudir al lhmado académico del agua
de las fuentes de la alameda, mientras
pueden ir a París a ver los juegos de
ag:ia de Versalles, que son más grandes
pero oo más bellos; quizás de esta ma•
nera llegueo algúo dfa a saber lo mu•
cho que diceo los arroyes y los ríos, los
estanques y las comruertas cuaodo de·
jan escapa r el agua.
GRILLO.

�La tarde eo su rojo celaje fugaz
Que caelvan may presto los idos y viejos
Recaerdos de coaas qae yacen eo paz.

MIMI

~

()::, o
S,:,bre el azul caoa¡;é
De la perfumada estancia
Mimí se muere l De qué? ....
Es u oa flor sio fragaocia,
Sio ilusiones' ~io fé.

En taoto se quejeo la íoeote y el rio:
Las frondas murmureo palabras de amor
Se lleoe de estrellas el cielo sombrlo,
Y cierre muy lento so cáliz la flor ....

11

Q

o o o
o o o

Uo rayo de sol pooieote
Ioceodia la estancia queda;
Como uo amante imprudeote
Que se acaricia eo la seda
l.Je aquella estancia dolieote.
Sr. Benjamín O,ti:i;.

ll

LAS GRANDES GALERIAS DEL MUNDO
La Asociación de Arte de Glasgow

L'.\ muda tristeza de mlstico aceoto,
Q uesieotas en to alma, si pieosaseo mf,
Es rima del poeta, que en alas del vieoto,
Nostálgica y hooda llegaodo va a ti.

oo o
Miml se muere de olvido.
De fastidio y de pesar,
So espíritu s11 ha dormido
Después de tao to soñar,
En ua letargo atrevido.

o o o

Unico amor!

o o o
Por deotro Mimí se muere
Sobre el azul canapé,
Por fuera Mayo que hiere
A Natura con so fe
Para que lavida impere.

o o o
Por deotro la peoa austera
De una alma bue:ia que espira,
Por fuera la Primavera
Como uoa hermosa mentira
Eo uo muodo de quimera.

...... ······ ······ ..... .............. .
De todo, eo torno; se ve,
Amor, eosueño, fragaocia . ...
Miml se muere sin fé
Eo la perfumada eftaocia,
Sobre el azul caoapé,

o o o

Armonías
La mística rima de pálido aceoto
Que acuda al reclamo que le ha mi afáo,
Y que ella te lleve eo alas del vieolo,
M urmulloEde be tos que a tí raudos van.
o o o

Tú y yo nos conocimos, oo sé cuando,
Sólo sé que mi amor nació eo las grises
Tristezas de uoa tarde, eo que velando
Uo crepúsculo rosa los matices
De un cielo todo azul, tú ibas llorando
Tus muertas y pasadas alegrías,
Y yo triste de tristes emociones
Uoí tus peoas a las peoas mías;
E otoo ces olvidastes tus pasiones
Y uo enjambre de hermosas ilusiones
Hizo huir nuestras noodas nostalgias .

. .......... .......... ........ ... ······
Hao pasado ya muchas primaveras
Y el viento se ha llevado muchas fr1Jodas,
Y a nuestra alma aún no llegan las primeras

D~cepciones, contándonos quimeras
De hondos pesards y tristezas hondas,
Y o noca lltgaráo ; eo las brumorns
Opacas e indecisas lejanías
Del porvenir de noestro amor, hay cosas
Q ue oi eo amargos ni en mejores dias
~as formas vagas, traicionaotes frias
Se han de dejar de ver, sino piadosas,
Como vírgenes llenas de tristezas,
Las brisas del invieroo de la vida
A ooestras almas dejarán ilesas
De todo mal; entonces atrevida
La oieve blanqueará nuestras cabezas.
BENJAMIN ORTJZ.

Tlalpam

La mística rima, es triste gemido;
f Arrollo armonioso de grata expresión;
Por eso ella ~ólo habrá comprendido
Las hondas nostálgias de mi corazón.

o o o
Y a la hora eo que triste, se esfum~ a lo te·¡os
cGleofalloch,&gt; paisaje de Willialll Youog.

�~

~·======T===eat====rª=~I
es======:..:i

Bine6cio dela Cruz Blanca en elLíricJ. -&lt;Uaa uoche
de amor interrumpida.&gt;-Artist¡i.s que tomaron
parte en la función.-Fots. Lupercio,

&lt;El adios de la tarde,&gt; por Col{ n Hunter.-&lt;Campamento de gitanos,&gt; por A arown.

La semana teatral, ha ofrecido una languidez digna de
las peores épocas, como si a la furia de estrenos sucediera
ahora, cierto marasmo precursor de grandes catástrofes. (Vulgo disolución de compañía).
El Mexicano, portaestandarte del Arte, háse conteotado con
&lt;reprisar&gt;, &lt;reprisar&gt;, nada más.
Digamos de paso, que la compañia se ha reforzado coo. el
exbarítooo señor Gil Rey, y la escultural y marmórea lite·
rata- sentimeotal, señorita Mimi Derba, verdadero monumento
...... plástico!
Suponemos en camino alguoa, o algunas obras despam•
panizantes (o de -Madrid), destinada:s a hacer· que nos de•
rrita mos de deleite artístico.
Vaya, y por adelantado, nuestra más sincera félicit:lción a
don Joaquín Cos.

�Tres escenas de cEl Misterio,&gt; representado por aficionados en el Centro Catalán el domingo pasado.
Y conste, que uo aprobamos la con•
docta del cervantino cronista Miranda,
al sacudir el polvo al eminente actor,
en terreno eminentemente personal o
&lt;prívate&gt;.
Como actor, el señor Cos (don Joa·
quín) está sujeto a la pública censura
de su trabajo o arte, pero como hombre
es muy dueño de gastarse el &lt;genieci·
to&gt; que le venga en gana.
Es no &lt;Carreña&gt; a la inversa.
¿Tiene él la colpa?
Nol
Sumen ustedes amarguras sin cuento,
disgustos de todo género, quince años
(15!) de incesante labor artistica y apu•
ros pecuniarios, y no les extrañará que
al más pintado se le caiga la bondad al
hígado!

cEl amor en traje de baño&gt; vaudeville arreglado por Rivero y e~treoado con éxito lisonjero en el Lirico.-Fot Lupercio.

Nosotros que hemos atacado, y ruda•
mente, al distinguido actor, disculpamos
so mal humor consuetudinario, y única,
mente procuramos ponernos a respeta·
ble distancia de sos perniciosos efec,
tos.
Por lo menos Cos, tiene un-, cualidad
apreciable; la franqueza!

Y eso, ya es mucho!
o o o
El festival del Lírico a beneficio de
la Cruz Blanca Neutral, resultó lucido.
Excelentes artistas mexicanos, y la
adorable Castillito, pusieron iocoodi·
ciooalmeote so talento al servicio del
dolor y sufrimiento humanos.
Ba.rreiro, el popular Barreiro, estuvo
delicioso en &lt;Los Corridos&gt; en cuya interpretación tanto él, como la encanta·
dora &lt;ingéooa&gt;, cosecharon aplau~os a
granel.
El último estreno, &lt;El Amor en traje
de Baño&gt;, hizo reir grandemente al público, lo que prueba que Don Nadie, es
todavía mucho más imbécil, de lo que
sos admiradores suponen.
La traducción &lt;salpicada de chistes&gt;
digna del pelagatos Martín Gala, joven
aprovechado aunque con dientes de le·
che.
&lt;Ello Inés, se alaba ...... &gt;
Porque al fin, aquí donde impera el
bombo persooalisimo y doméstico,sobre

todo a la hora de comer, fuera gollería
no incensarse a si mismos! ..... .
Forma por lo menos mucho más ori•
gioal y práctica, que la puesta en idem
por el grupo de eminencias inéditas que
juegan al inofensivo jaego de titalarse
artistas, escritores, periodistas, filósofos,
pensadores, etc ...... entre ellos mis•
mosl
-Adiós, Séneca!
-Que lo pases bien, Lord Byróol
,-Preparas algo?
-Si, una tragedia griega., y tú?
-Yo, un cvaudeville&gt; traducido del
chino!
Y pensar que en México, los literata,
zas, no conocen el café con media tos·
tada!
Tienen paesta la proa a Silvayn, por•
que aquí las letras y el talento tienen
derecho, sí, señor, a los &lt;bisteques&gt; del
Priocipall
DON NADIE.

�Páginas

TEATRO INGLES

femeninas

PIGMALEON
Mr. Buoard Shaw, el céle•
bre autor ioglés, acaba de lla·
mar ouevameote la ateocióo
del público coo uoa obra de
eotreteoimieoto qoe él iotitu•
la cPigmaleoo &gt;
L1. trama de la comedia se
basa eo la idea que tieoe uo
profesor de idiomas de que
todc el muodo se poede traos·
formar por medio del cooocimieoto de la gramática. frah de probar so 1.firoacióo
coo uoa muchacha florista que
veode su mercaocfa ea el atrio
de la catedral de Sao Pablo,
y, apareotemeote logra su ioteoto, pues
hace de Eliza Doolitle toda uoa dama,
por sos ropas y aspecto exterior, pero
basta ooa preguota hecha a la dama de
ouevo cuño para demostrar que oo ha
dejado de ser la misma veodedora de
flores de la catedral de Sao Pabl?·.
El pretexto de la obra está d1v1oameote desarrollado y da oport?o~dad
al autor para demostrar sus coooc1m1e~tos eo el idoma ioglés, el cual maoeJa
a maravilla duraote la obra.
El persooaje priocip~l de \a obra oo
es precisameote la florista, s100 so padre, uo limpiador de basuras, que taro·

Q

El limpiador, El corooel, Pig•
maleoo, El limpiador, traos•
formado.
biéo se tramforma al mismo
tiempa que so hija, pero eo
él la traosforC'lacióo es meaos
efectiva, y a cada momeoto
da muestras de oo hallarse eo
su medio; estos equívocos soo
el cclou&gt; de la obra que ha
sido muy comeotada, taoto eo
Ioglaterra, como eo otra3 par.
tes de Europa doode ha sido
represeotada.

.1

Eliza Doolitle, traosformada.

Mr. Beroard Shaw, autor de la obra.

Eliza Doolitle, antes de la traosformacióo.

No cabe ya dadarlo. El
glacé se ha impuesto sobre
todos los otros géoeros, y
coo él se bao copiado to•
dos los modelos de trajes
seocillos y matioales, ves,
tidos elega.ote,, trajes para
comidas, para bailes y gar·
deo par lys, chaquetillas
cortas y coqaetooes abri,
gos amplios que vieoeo a
recordar el maoto de la
célebre Manoo; sombrercs
écharpes, lodo en fio, se
coofecciooa ea tafetán.
Claro está que para que
un mismo género se preste
a usos tao diversos, fácil es
imaginar que hao sabido
darle mil aspectos distio•
tos; véase glacés cuyos co•
loridos son tao variados
como los del paño y los
crespones de seda; glacés
toroasol mil rayas tafetanes
coa flores estampadas, bor•
dadas una variedad, tan
grande como bella.
Antes de hablar de los
elegantes modelos, quiero
hacer coos¡u cuán eu bo,
g• está el tafetán negro;
sobre diez vestidos de gla•
cé hay seis de glacé Df gro
y por cierto no resollan
mooótonos; sos tónicas,
sos cinturas y sos adornos
pootn ea ellos la nota ori·
gioal y alegre.
Mochos véase combina·
dos con lo! plegado o fron•
cido, con bordados de co·
lor y con glacé escocés.
La mayor- parte de los
trajes de tafetán se componen. primero, del eslre•
cho fourreaux,sobre el que
colocan tónicas volaotes,
draperías recogidos, ele.,
pero eo bastaotes modelos;
estos fourreaux están pli,
sados,sioqoepor esoabol·
tea más que los otros; sus
pliegues son pequeños y
plaoos, pliegues redoodos
muy estrechos, de no ceo•
tí metro y medio, y tao bien
disciplinados y planos, que
no es posible saber si estáo
cocidos o si !asedaba sido
anteriormeote plegada a
máquina; tan solo en el ba•
to, tres o cuatro centíme•
jros del suelo, se abren Ji.
geramente al compás del
andar.
Algooos vestidos elegao•
tes tienen volantes siméJricameote dispuestos en

toroo del fourreaux, cooservaodo siempre la siloe•
ta moderna de que hablé.
Los volantes cosidos a cier·
ta distaocia uoos de otros,
cooviérteose en más volu·
miooso al oivel de las ca•
deras y dismiooyen su vue•
lo y a veces tambiéo su
altura a medida que son
colocados más hacia bajo
de la falda.
Si estos soo de tul, coló·
canse fruocidos o plegados;
los volaotes de tul negro
me bao parecido más va•
porosos, más )iodos y meaos frágiles que los otros.
Algo nos se adoroan con uo
cordóo de azabache, que
viene a tapar so pegadora
con el fourreaux. Los bajos
de estos volantes de tul se
adoroan con oo dobladillo,
con bies de raso o con an•
chas ondas recortadas.
Dejo para mi próxima
crónica hablar de las bol•
sas qoe debeo acompañar
estas elegaotes toilettes así
como una porcióo de novedades parisioM que por
su gusto y comodidad dt:,
ben agradar muchísimo.
CORDELIA.

Sombrillas enanas

Uoa deliciosa combioacióo de encaje. Modelo de )a sede1ía
&lt;El Paje.&gt;

Las lectoras recordarán
que hace dosañosempeza•
roo a osarse uoas sómbri·
llas muy chiquitas, cuya
moda pasó como un relámpago, porque fueroo
ecotadas las señoras que
las recibieroo con gusto,
alegando que eran iocó•
modas de llevar y poco
prácticas para salir a pie.
Hoy vuelven a presea•
tarse las meocionadassom•
brillas, reducidas al tama•
ño de un abaoico graode.
El paño de quince centí•
metros de largo, se des•
pliega al abrir la sombrilla, para poderla llevar sin
levaotar el brazo, y la parte destinada a resguardarnos del sol se dobla por
medio de un muelle, con•
virtiéndola en pequejia
paotalla.

�e¡

Traje de paseo o sport, Modelo parisiense, propiedad de la sederia &lt;El P.ije.&gt;

Elegante toilette de paseo, en gasa floreada sobre razo obscuro. Modelo de Ja sedería &lt;El P ..je.&gt;

�/, Paraguas verdaderamente Impermeables
,(

Fuertes, elegantes y ligeros.
Para caballero .

I
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tema cVelox&gt;.. . ........ .. ..... $3 oo
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seda, sistema cVelox&gt;... . . . . . . . $4 50
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1

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como articnlo do 2' clase, el 26 d" Febrero rte 1914

Segunda Epo&amp;a.

Sábado 20 de Junio de 1914.

Tomo 1.-Núm. 18.

\

' COLOMA, BELLEZA DE LEON.-Fot. Ojeda Leroy.
SRITA. SANTA

�nuestro precioso valle se veían ble para el engrandecimiento cocon todos sus. d.e.talles a través lectivo.
El sueño de la Patria grande
de aquella atmósfera en la que
no se advertía un solo vapor de nacida de sus hijos buenos, que
tanto ha obsecado mis ojos en
Se publica todos los sáb;,.dos por la ai;ua; el aire estaba limpio y
estos
últímos días, reraació ante
transparente y las montañas no
Cía. rerlodíst!Ga Mexi&lt;;ana, S. A.
los
campos
verdes y relucientes,
tenían ese tinte azuloso que tanDIRECTOR:
to gust.. a los pintores de am- ante los brotes enér¡!icos de los
árboles jóvenes, ante aquellas
J. M. COE LLAR.
biente.
flores
que tienen ahora más de
El suelo, a pesar de su pobre•
GERENTE:
za de agua mostraba una exu- perfume que de color.
MIGUEL LANGARICA.
Y el Verano ardoroso de las
berancia propia de los buenos
OFICINAS:
pasiones
en que se halla nuestro
3' Rinconada de San Diego 41.
,, años; por todas partes la yerba
Teléfonos:
invadía lo qu~:en el Invierno fué país me pareció la promesa de
Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
claros y el pasto verde, de un un Otoño opíparo en frutos, un
Apartado postal 45 bis.
verde oscuro, casi no dejaba ver Otoño en que la mies dorada se
MEXICO, D. F.
un palmo de tierra libre. El sol cortará con el mismo acero con
hacía bri"Jlar aquella verdura con que se ha combatido en los camPRECIOS
un brillo que no lastimaba a los pos de batidla; en el que los homEjemplares sueltos . . . . .. . • . . . . 20 cs.
ojos,
y al sentir las gotas de su- bres, descalzos de los coturnos
Subscripción, trimestre ... •... 2.50
dor resbalar por las espaldas re- de guerra, pisarán en los lagares
Extraoj~ro, trimestre... .• ..... 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cn· cordé la escena de Barba-Azul la uva negra y harán escurrir el
ba, en donde regirá el mismo precio en que la esposa pregunta: &lt;Ana,
vino rojo que, como sangre nueque para la República,
hermana mía, no ves nada?&gt; y va v rica teñirá los campos de
NO GIRAMOS
la hermana contestaba: &lt;Sí veo un ~ojo alegre y risueño para
TODO PEDIDO DEBERA VENIR el sol que a rde y la yerba que borrar las manchas rojas que
gembraron la muerte en la estaCON SU IMPORTE.
verdeguea&gt;.
No se devuelven originales.
ción calurosa.
A eso se reducía todo el paisa•
Así cuando llegue el invierno:
je ante mis ojo~: sol ardiendo cuando haya que escribir la hisarriba y yerba verdegueando toria de nuestro suelo como de
abajo, y entre el sol y la yerba un país que fué, se hablará de
las montañas amarillentas en las un pueblo que ha pasado por el
cimas y verdes abajo.
siclo evolutivo que impone la naiCómo sentí envidia ante la turaleza a todos los seres animamanifestación de tanta esplendi- ies y animados.
dez! cómo me dolió el pensar que
Se hablará de un origen emPara los que v1v1mos en el en muchas partes de nuestro Mé- brionario, de una Primavera incampo, por gusto y por cariño a xico los c~mpos no muestran ni fantil y florida, de un Verano caél, los últimos días del mes de quizás mostrarán por rnucho tiem- luroso, vehemente y apasionado;
Junio tienen un encanto espe- po esa yerba verdegueante bajo de un Otoño rico en frutos y de
la caricia del sol ardiente.
un Invierno apacible y tranquilo
cial.
Y este año parece que el Vera•
Pero el entusiasmo del trabajo en que nuestra patria irá a la
no se prepara hermoso como no fecundador de la tierra; l;is co- tumba con la concienciadel deber
lo habíamos visto hace mucho rrientes de sabia que me figura- cumplido.
ti~mpo.
¿Será verdad esto? ¿Estará
ba corriendo bajo mis pies; la
Siguiendo el proverbio que di- enorme riqueza de la madre uni- cerca el término de la estación de
ce que:
versal ofreciéndose 1 ma vez más los acaloramientos estivales? Sia la justa envidia de sus hijos, go esperándolo así. Todavía soy
Las aguas por San Juan
me infundió nuevo valor y nue- optimista; todavía creo en la bonQuitan el v100 y oo dan el pao,
vos alientos; el aspecto de aque- dad de los hombres come reprellas flores que han cambiado mu- sentantes de la raza más alta en
•
después de los torrenciales agua- cho del color que tuvieron en la escala de la animalidad.
ceros de los días pasados con pe- Abril por el delicioso perfume de
J. l\J. c.
d rizca y todo, han sucedido días Junio. la oblación que la tierra
calurosos, resecos, en los que la parecía ofrecer al cielo me llelengua se pega al paladar y el naron nuevamente de confianza
en la bondad de los hombres que,
agua adquiere todo su valor.
Ayer, el primero de los dfas aunque separados del justo ca&lt;más largos&gt; del año, salí a ver mino por un extravío, han de
cómo entraba el Estío; eran las ,,aber volver a la única vía del
tres de la tarde y el sol parecía poder y del en¡!randecimiento
de fuego; los cerros que rodean individual, elemento indispensaINDICADOR

'' Arte y Letras "

"El sol que arde y la
yerba que verdeguea"

ARTE FOTuGRAFICO.-Dos crepúsculos eo las cercanías ele Saltillo, véase a la vuelta.

�CrepusGular

Tu recuerdo inefable me perfuma
Y mi espfritn llena de embeleso.

Es el instante, rabia soñadora,
Se oculta el sol tras de la parda cresta De olvidar el dtlor que nos ..brama
Y en su lecho de blanca! muselinas
Y fundir nuestras almas en nn beto.
Que simulan las pálidas neblinas,
La tarde blandamente se recuesta.
Vierte la lana so fulgor de plata
Ra~gando de las nubes el encaje.
Exhala sos aromas la floresta;
El ruiseñor oculto en el boscaje,
El arroyuelo de aguas cristalinas
Las perlas de su cántico desata.
Finge refr. Canciones argentinas
Desgranan los zenzootles en orquesta
En el lago trangniln se retrata
De les sauces llorones el follaje •
En la dulce quietad embriagadora,

Y ante la perspectiva del paisaje,
En éxtasis el alma se dilata,
Tiembla mi corazón enamorado
Cuando miro en tu rostro albi,rosaio
Brillar tus ojos como dos puñales.
¿Hay en ellos amor, indiferencia
O desdéu ? No )o sé; pias mi existencia
Alumbran con sus luces aurorales,
PEDRO PON CE DE LEON.

o oo

MARA VILLAS DEL ARTE CHINO.-La &lt;Puerta del Dragón.&gt; Uno de los gigantescos guardianes
tallados en la roca.
Dos estudios de nubes en el crepúsculo de la misma procedencia de las anteriores.

�UNA MARAVILLA DEL ARTE CHINO
=::::::::::::::=================:::::::::::::::~
Las esculturas de Loung-Men
Ea el preciso corazón del país miste•
rioso del oriente, a las arillas del río
Yi se leYaota, o mejor dicho: ~e ahueca
entre las rocas una ciudad muerta q1Je
debe haber existido hace naos doce si·
glos; era esta una ciudad sagrada dedi·
cada enteramente al culto de los dioses
budistas que en otro tiempo tenían una
ic.fiaidad de templos. Esta ciudad per·
mioeció ignorada aun para los mismos
chinos durante muchos siglos, y apenas
Ri se hace mención de ella eu algunos
libros de misioneros de la edad media
Hubiera seguido ignorada a no ser por·
q u, la casualidad _llevó a ella a los in·
geuieros eu copeos que se ocupan de los
trazos y construcción de la línea de fe·
rrocarril que ha de unir la troncal de
P~kiu- Haukeu con la ciudad de Ho•
uau- Fu. :Así es que la invasión de lo~
civilizadores europeos es Jo que ha be•
cho que se conozca esta preciosidad
del arte oriental que, seguramente, uo
tiene igual eu su estilo eu todo el muo•
d'&gt;.
El sitio se conoce con el nombre de
Louug-Meu, que significa: la Puerta
del Dragón. Este nombre está basado
ea una leyenda muy curiosa; en la que
se mezcla lo real coa la fantasía más
amplia.

La pagod.. di} Koan-Ti-Miao ea el c1miuo de la Puerta del Dragón.
El río Yi, a cuyas orillas se levanta
la ciudad, era según los cronistas del
imperio. un afluente del río Amarillo o
rio sagrado de la China, cuyas frecuen·
tes inundaciones causaron graves males
a la región. Los chinos, hábiles eu la
construcción de canales, pensaron eu
la posibilidad de disminuir las aguas
del río abriéndole un túnel, y el empe•
rador Yu emprenaió la colosal tuea en
la cual se vió ayudado, segúu la leyenda, por un dragón que dejó sus huellas
en la entrada del gran . canal.
Por el siglo sétimo de nuestra era,
se vino a establecer en Louug-Men una
colonia de artistas guiados por el mis•
mo ideal artístico-religioso, y a ellos se
debe la idea de adornar el sitio con
esculturas y relieves cuya maguitod
asombra, pues apenas se concibe que
seres humanos hayan sido capaces de
llevar a cabo una obra tan colosal.
De!de la orilla opuesta del Yi se ve
un muro inmenso lleno de perforacio•
nes rodeadas o adornadas con grandes
pórticos y escalinatas adornadas con ar•
te exquisito.

La escala de rocas esca !pidas de la
Puerta del Dragón a la orilla
del rfo Yi.

Las rocas están ahuecadas y eu su
interior hay una enorme cantidad de
templos dentro de los cuales se han con•

tado basta ocho mil esculturas; desde
el pequeño idolito que tienta la enrio·
sidad y la rapiña de los coleccionado·
res, basta el enorme budha de veinte o
más metros de altura. La mayoría de
las esculturas son de carácter sagrado,
excepto algunos que según la autoridad
del orientalista señor de Cbavannes,
representan a los donadores, quienes
se pudieron permitir ese lujo; estos re·
lieves son preciosos documentos para
la historia de la indumentaria china.
En el camino que conduce a la Puer·
ta del Dragón se levanta otro precioso
documento que habla muy alto del de·
sarrollo del arte religioso en China; es
la pagoda de Koan-Ti-Miao elevada a
la memoria del general Koan-Ti que
fl 1reció bajo la segunda dio astía de los
Han entre el año 50 y 250 de la era
cristiana, según la mitología popular
china es el gran justiciero.
Nos permitimos el placer de ofrecer
a nuestros lectores alguaas fotografías
que dan idea de la magaificeacia de
estos monumeotos del arte oriental del
que tan poco queda acle los avances de
la civilización occideotal que todo lo
destruye.
MEXICO ARTISTICO Y MONUMENTAL-Altar ~burrigueresco de lá clpilla del Colegio d'3 las Vizcaínas
en la ciudad de México.

�~ El teniente de navio Jolifo de Rbe
había regresado, después de su residen·
cía en Coochinchina, en un estado muy
h.meotable, y cuando después de tres
meses de enfermedad en casa de so fa,
milia en Tureoa, entró en convalecen,
cia y pudo dar sus cien pasos por la te·
rraza en compañía de su madre y de so
hermana que lo coidaban con tanta de•
voción, elToven experimentaba a menu•
do aún, ante el soplo frío del Otoño es·
tremecimieotos moy inquietantes.
-Vaya usted a pasar el invierno a
p .10, lo aconsejó el médico •.. . Clim~
suave, caliente, calmante y sedal!•
vo por excelencia .. . . Es lo que le con·
viene ....y dentro de tres meses regre·
sará a la casa de tu madre convertido
en un robusto mozc.
Por eso es que amediadosdel mes de
NoYiembre, de codos en el alfeizar de
so ventana en el hotel de Garderes, Ju,
tiáo de Rhe contemplaba el soblime
paisaje de los Pirineos fumando los ~eliciosos cigarros de la coovalecenc1a,
tan ásperos al gosto, qoe le recordaban
los qoe en otro tiempo babia quemado
a escondidas bajo el poente del cBor·
da y que le daban la sensación de los
diez y siete años.
_ Vaya! Vaya! con este Pau .. , .está
lleno de muchachas lindas, observó el
joven la primera. vez que fué a escu•
char ta música a la plaza Real Y a pa•
sear a ta toz del sol delante de la esta•
toa estilo trovador del buen Rey Enri•
que.
y aunque 00 fuera ni un lib!rtioo ni
un fatuo, el marino, poseido por un
boen apetito de ta vida, se poso su ca·
chucha de uniforme número uno Y su
levita de tres galones nuevos, ,:n la que
brillaba la roseta de la Legión de Ho•
oor que le h1.bía sido impuest1. por su
madre en el lecho y que estovo a puo·
to de no lucir m1.s que sobre su fére•
tro.
Sin embargo, ¡qué contento se sentía
de haber venido a P,rnl Era exquisito
el dulce sol qu~ cal!eota sin abrasar, el
cielo azul y el amplio paisaje; el lejano
anfiteatro de colinas, y, allá lejos, ague•

~

.

llas cimas nevadas confnndiéodo;e con
el cielo.
Era muy divertido circular en medio
de la moltitod cosmopolita, entre las be·
Uas extranjeras y oír sos voces hablan•
do en todos los idiomas del mundo mez•
ciarse como el ruido de ooa enorme
pajarera. Iododablemente babia algo
nos encuentros desagradables, como el
el de un joven inglés, tísico en el ú !timo grado, que un criado llevaba empu•
jando en un cochecito, enterrado en
medio de mantas y cobertores, con ojos
de pescado cocido 1 con no protector
de tafetán negro sobre la boca. Su as•
pecto daba fria, pero despué, del pri·
mer movimiento de compasión-el hom•
brees muy egoistal-Julián pensaba en
que él también babia dado miedo coan•
do desembarcó en Tolón, flaco como
un esqueleto, y que ahora estaba com·
pletamente curado.
Y, respirando el aire a plenos pul•
manes, estremeciéndose en medio de
su bienestar, recibía la caricia del sol
en la espalda, y se sentía feliz de vivir
en el mundo: daba piezas de plata a
• tos •mendigos; cruzaba sos miradas con
tas de las bellas señoritas que hallaba a
su paso y se divertía grandemente con
el grupo de muchachas americanas,

vestidas de blanco con guantes y medias
negras, que bailaban cogidas de la ma·
mo al rededor de un árbol de la plaza
Real al son de la música militar que
tocaba en el kiosko.
o o o
Buena disposición para enamorarse
¿verdad? Por lo tanto no hay que sor,
prenderse de que el feliz coovalecien•
te recibiera el rayo on día que vió a (a
señorita Olg1 B1barine, la muchacha
más hermosa de la colonia rusa, des·
ceoder de su caballo a la puerta del
hotel Gassioo, donde vivia con so ma·
dre.
Eran las cinco de la tarde aproxima·
dameote y regresaba de una caza a la
zorra. Los cinco o seis adoradores que
seguían con sus cas...cas rojas echaron
rápidamente pie a tierra y se e5troja•
ron para disputarse el honor de tenerle
el estribo. Ella se dejó caer en los
brazos del que estaba más cerca y en
se6 uida, golpeando con la contera de
su fuete sobre uoa mesa, se hizo
servir una taza de leche -111e apuró de
un sorbo.
Aparecía muy bella; de pie con su
cuerpo moldeado estrechamer.te por la
amazona negra; sus cabellos color de
cobre escapando locamente en creo•
chas flojas por debajo del sombrero de
hombre y riendo alegremente, con la
taza entre sos dos manos y como em•
briagada por la bebida fre~ca. Su boca
o;teotaba como adorno no par de biga•
tes de crema y en su cabellera parecfa
anidar el sol poniente que rodeaba su
cara de un balo de polvo de oro.
Repentinamente se puso seria, dejó la
tan sobre la mesa e hizo un saludo
d ~s:ieñoso a todos con la cabeza antes

'

1

de entrar en su bote! con aire imperi1l
golpeando su falda con el fuete.
Tres días después, Juliáo deRhe,·que
había pasado su tiempo diciendo a todas
sus amist1d~s: c¿Quiéo es ? estoy loco
por ella. La adoro . ... &gt; era presentado,
caso na'd a difícil, en la casa de las se•
ñoras BJbarioe y formaba parte del
escuadrón de adoradores de la bella
rusa.
Pero, ¿es que realmente era rusa
aquella creatura que desde el priocipio
de la temporada invernal no se cansaba
de galopar todo el día y valsar toda la
noche ? Sí, por lo que hacía a su padre
putativo, el primer marido de la seña•
ra, el conde Babarioe.
Pero todo el mando sabía muy bien
que la madre se había divorciado precisamente en la época en que oacfa la
niña y que la señora Babarine, que era
hija de un banquero de Nueva York:
Mr. Jacobsoo, había tenido rel.iciooes
casi públicas con un príncipe del nor·
te, no Cristiao o un O,car cualquiera,
relaciones de las que muy probable•
mente babia nacido Oiga. ¿Tenía acaso
una nacionalidad aquella niña que ha,
bía sido educada en uaa &lt;oursery&gt; de
Escocia, en un cooveóto de Nápoles,
en un pensionado de moajas de Gioe•
bra; que había dormido la tMcera par•
te de las noches de su vida en les coji•
nes de los carros dormitorios y· que veía
pasar en sos recuerdos como en un es•
teroscopio, los establecimientos de aguas.
los baños de mar, las tstaciooes iover,
nales y otros sitios :le cita de la arista,
cracia donde su madre, persona muy
bella, a pesar de su edad, paseaba sus
fastidios de coqueta desde hacía quince
años? Ay! no tenía patria aquella joven
que, al lado de pudores de niña, teaía
atrevimientos de hombre y que decía,
burlfodose de si misma:
-Yo no soy de Londres, ni de París,
ni de Viena, ni de Sao Petersburgo ....
Soy de &lt;table d 'bote&gt;'
¿Tenía acaso una familia ? Tampoco.
Su verdadero padre, el t,ristiao o el
O;car, al que no dejaba de aludir la
señora B1buine, había muerto hacía
mochos años, y en coaoto el conde roso, su padre segúo la lty, no se ocupa•
ba nuoca de ella. Arruinado enteramente, no tenía otro medio de subsis·
teocia que la peo ta de su fusil; magoí•
fico tirador, viajaba toda Europa ganan•
do todos los premios de tiro de Pichón
que se disputaban en el conticeote e
islas, como un Medias-de-Cuero de la
civilizacióo moderna. En cuanto a la

coodes1., a pesar de ciertas crisis de
enternecimiento maternal, en las que
nadie creía, estaba dotada de ano de
esos egoísmos perfectos, esféricos, que,
no tienen sitio vulnerable, y durante
una fiebre tifoidea que estuvo a punto
de costar la vida a Oiga a la edad de
ocho años, la señora Babarioe, que cui•
daba asiduamente a su hija en presea•
cia de todo mundo, no hubiera olvidado por nada toda, las noches ponerse
sus guantes engrasados que le conserva•
bao las manos tao blancas.
J ulián de }{he aprendió todas estas
cosas c 11ando formó parte de la corte
de admiradores de Oiga y se puso a
amar desesperadamente a la seductora
niña que se dejaba mirar en los ojos,
y que, el día que le fué presentado el
teniente de navío, le dijo, encendiendo
no cigarrillo:
-Ali! ¿es usted el que está tan ena·
morado de mí? ... . .. Buenos días, se•
ñor.
Despuls le estrechó la mano tosca•
mente como cualquier hombre.
El honrado y bravo muioo se poso a
amarla tanto má~ cuanto que no tardó
en comprenderla y compadecerla. El
no se equivocó; Oiga era caprichosa,

mal educada, pero sin coquetería, y su
alma era valerosa y franca. ¿Quién sa•
be? Quizás sintiera toda la vanidad de
su vida de placeres. Lo cierto es que
joigaba muy severamente al grupo de
admiradores que caracoleaban a caba•
llo al rededor de ella en el día y que
en la noche se hacfan inscribir en su
carnet de baile. Todos la deseaban, pe•
ro ninguno la estimaba, porque ninguno de ellos se habla decidido aun a so•
licitarla en matrimonio. Asi es que los
trataba duramente y los llamaba al res•
peto debido, siempre que se permitfao
hablar demasiado cerca de su cuello en
el torbellino del vals, o se permitían
oprimir demasiado tiempo la mano que
los tendía amistosamente.
J uliáo, a quien la delicadeza de so
corazóa dóba penetración de espirita
,-a menudo los más tímidossoo los qoe
mejor conocen-descubrió el tesoro de
lealtad que habla en esta oiiia, tao des•
graciada en el fo~do. La amaba sin
duda por so belleza y sentía que perdia
la cabeza coaodo, en un descanso del
baile, la sentía apoyada en su brazo, en
su esplendor de rubia de ojos negros,
con un tinte de rosa después de la tem ·
pestad, y hablándole con abandono,

�lil hembre modesto, casi un burgués!....
embri~gáodole con sos ojos de estrella contempló en silencio durante algun,,s
Ante sus ojos me rebajada. Ahl debo
y so aliento de violeta. Pero la amaba instantes, sin emoción aparente.
inspirarle disgusto y yo me doy ver•
-No,
dijo
ella
al
fin,
no!
.
.....
Y
sin
también, y sobre todo, por sus pesares
güeozal No proteste .... Ustt&gt;d oo qne·
tan orgullosamente ocultos, y expefr embargo, usted es el primero que me rría llevar ante su madre como novia,
mentaba un dolor en el corazón cuando ama y que me lo dice en esa forma. Pe·
como esposa, a la mujer en cuyo cera•
sorprendía la sombrfa mirada que Oiga ro por eso es precisamente por lo que
z'ó o se ha depositado tanto lodo .... Y
dirigía a su madre durante los tés de· reboso ..... .
-Oiga!. . . ... exclamó Juliáo con la además, yo no soy más que un ob•
cuatro a seis de la ta~de cuando la se•
jeto costoso de lujo, del que no tiene
voz alterada.
fiora Babarioe trataba de ocultar los
-Escúcheme usted, continuó ella io• usted necesidad y que no le haría fe•
estragos de la vejez eu su
., rostro y ha·. terrompiéodole, y comprend11 por qué liz .... Por otra parte, no le amo, no
biaba de la m~oera me.nos velada pos1• le digo que no .... Es porque no me sien· amo a nadie; el amor es una de las co•
ble &lt;le sus conquistas en las cortes del to di~na de usted y le haría d~graciasas que se me ha.o prohibido ... . Adiós
Norte de Europa.
do, Recuerda usted aquella carta de su señor de Rhe, levántese usted y már,
¡Casarse con ella! Sf, sacarla de ese hermana que se quejó de haber per:li·
chese sin decir palabra, se lo suplico....
medio lleno de peligr~s,_ lle~arla a la ' do? ...... Pues bien, aquí la dejó usted
Solo quiero que me deje la garra de
casa de su madre, que era una _santa y yo la recogí; la he leído .. . ... So her,
león. Me recordará a un joven honrado
mujer, hacerla respirar la atmóifera mana respondía a la confidencia que
con quien me he conducido como uoa
pura y fortaleciente de una verdadera usted le había hecho respecto a sosseo·
niña honrada .... No me diga usted más
familia; en una palabr?,, salvarla! No ti mientes hacia mi ... •.. sentimientos
y separémonos para siempre... Adiós.
pensaba más que en esto! Creía veces qoe yo he adivinado desde ·hace mucho
Tres años después el transporte de
que Olg1 adivinaba sus deseos y. en )os' tiempo . . .... Ella se alegraba. como ni•
vapor cDu Cuedic&gt;, que regresaba del
tes, cuando ella trataba a sus adorado• . ña sencilla y virtuosa que es, pero en
Senegal, acababa de hacer escala en
res con su franqueza de muchacho, al términos que me bao hecho comprender
las Canarias para tomar el correo, y
presentar lá taza de té al marino, é,te la profunda. y espantosa diferencia que
continuaba su camino en una noche de
creía ver en el fondo de aquellos ojos, existe entre una verdadera niña y yo!. .
mal tiempo, cuando el cootramaéstie
algo como una luz dulce y lejana que leyendo esa carta, llena de detalles ínti•
entró en la sala de los oficiales y depo•
parecía responder .a su compasión ge· mes y conmovedores, he visto tambié:i
sitó sobre la mesa uo paquete de perió•
nerosa y a su ternura infinita.
lo que es su familia, casa vieja de gen• dices.
-Sí, señorita. mi permiso de coova• tes boora.das a la que no debe hacer
Juliáa de Rhe desdobló una hoja de
leceocia termina deoti:o de ocho días, entrar usted más que una mujer honrada. información, procedente de París 7 con
Mañana saldré de Pau, iré _a pasar al· Bendiga a Dios, señor de · Rhe por fecha de tres semanas antes; leyó bajo
guoos días al lado de mi hermana en haberle concedido una madre con ca· el título de «Alojamientos&gt;, las siguieo•
Tureoa y en seguida partiré rumbo a bellos grises en quien puede usted peo• tes lioeas:
Brest con el carácter dei.yuda de cam· sar sin sentir nada que no sea delicio•
&lt;S. M. el rey de Suabia, que viaja,
po del prefecto marítimo, y, dentro de sameote dulce y que se funde en su co• como se sabe, en el más riguroso iocóg•
u.; año o diez y ocho meses me haré de razón .... Yo también tengo una madre, nito, bajo el nombre de coodti de Augs·
nuevo a la mar.
yo también .... Pero me he visto en la burg, se halla desde ayer entre noso·
Estaban solos en un rincón de la sa·
precisión de juzgarla . ... Usted no la tres.
la de lectura del hotel, de pie delante
&lt;Al desembarcar el rey se produjo un
conoce más que por sus impertinentes,
de una ventana abierta, ante el cielo
enojoso
incidente en la estación. La
pero yo la conozco mejor. . . . Si usted
de la noche en el que palpitaban milla•
pidiera mi mano, la rehusaría porque baronesa de Hall que acompañada de
rres de estrellas.
su madre, la condesa de Babarioe, via•
-Adiós, pues, y buen viaje, respoo• usted es de nobleza inferior y porque ja con S. M., perdió una joya de poco
dió Oiga con su voz franca y segura. su fortuna es mediana •...
&lt;Mi madre ha decidido que yo no valor, pero a la cual parece tener grao
Pero quiero pedirle una cosa, señor de
haré un matrimonio si no es en gran• estimación. Es una garra de león mon·
Rhe ...... E~a garra de león montada
de, o de otro modo ella se encargará de tada en no círculo de oro.
sobre un círculo de oro que lleva usted
&lt;La señora de Hall ha ofrecido una
hallarme otra cosa .... Ay! tecgo dema•
como colgante ...... Lá quiero ..... .
prima
de dos mil francos a quien le en•
siada experiencia para una niña de diez
Es seguramente de un león que mató
trt&gt;goe este objeto&gt;.
y nueve años!. ... Es horrible ¿verdad?
usted en Africa en otro tiempo, no es
-Juliáo, cuidado! ...... va uste:1 a1
Pero es cierto. He aquí por qué pasaasfl .... Yo soy noa especie de fiera ... .
olvidar
su coarto de guardia.
mos el invierno pasado en Niza, el es·
Ese juguete me conviene ....•. Démelo
-Gracias, contestó Juliáo como sisa·
tio ea Sheweeicgue, y por qué estamos
usted, lo guudaré como un recuerdo.
ahora en Paul Por eso es por lo que Jiera de un sueño.
J111iáo desprendió el pequeño colgao·
Esa noche, el timonel, que estaba so•
viajamos coa petacas de un lado a otro
lo en la pasadera dt;l· puente, vió al ofi·
te y lo puso en manos de la joven, pero
de Europa, comemos en mesa de hotel
cial de guardia llevar el pañuelo a la
repentinamente le tomó la mano entre
y dormimos en camas de posada.
las suyas y le dijo ardientemente y en
«Mi madre fué casi princesa real, cara con frecoeocia, por más que el
voz baja:
comprende usted, y desde la edad de viento no soplara muy fuerte y la brn•
-La amo, Oiga! Quiere usted ser mi
quince años me ha hecho comprender ma no llegara hasta aquel sitio.
FRANCOIS COPPÉE.
espos"'?
Oiga retiró dulcemente su maoo,coo- que yo debo de ser archid11qoesa, lo
De la Academia Francesa.
(Traducido especialmente para AR·
servaodo la garra.deleóo~después,_cru· menos,_a.UDqoe se.a poJ la; mano iz•
záudose de brazos delante de Juliáo lo qoierda ..•. Un matrimonio con un gen· TE Y LETRAS).

a

Mascarones al bat.-Team Sao Pedro, v~ocedor.:--Team Masca.rones, vencido en el juego de basse ball tfectuado el
dom1ogo último en terrenos del segundo,

.El muertero
Para ARTE Y LETRAS.
Una figura de hombre pequeño, de
tez amarillenta y con un cráneo grande,
abultado, tal parecfa la recopilación de
todos los cráneos que habla tenido en,
tre sus manos, también amarillentas so•
cias y teñidas de rojo, con el rojo Íaca
de la sangre humana cuando seca.
En su cara, en aquel rostro de facciones toscas, inalterable al sufrimieo•
tº y familiarizado a estar con los muer·
to&amp;, veíanse como complemento, una

nariz chata, respicgada y puntiaguda y
u_oos ojillos negros y vivaces, muy movibles que estaba.u ya acostumbrados a
ver entrañas humanas.
Aqual hombre, insignificante para
quien no lo conociera, pero grande a
pesar de la pequeñez de su cuerpo, era
el muertero, así, desdeñosameote, el
mnertero a secas, el muertero de un
hospital de sangre. La primera vez que
lo conocí, estaba allí, ea el anfiteatro
en su siti.:l, en su cuarto de labor, co~
sus muertos sobre las frias planchas
todo ensangrentado y risueño.
'
En una de- las mesas de disección es,
taba el cadáver de una mujer. ¿Bella?

iQuiéo 'sabe! Su cráneo estaba perfectamente aserrado y la parte que colga•
ba del cuero cabelludo, ostentaba como
una flama de oro, unos cabellos rubios.
El cuerpo era bien formado. El na·
cimiento de los senos, las amplias cade,
ras, ~a pantorrilla torneada y un pie pequeno, estaba.o alli, rlesoudos y rfgido~.
Aquel cuerpo escultural había sido
ya estudiado, las toscas costuras del ab,
áómeo se velan, las entrañas habían sido manejadas por las manos de los prac•
ticaotes, por las de los médicos, por el
muertero. Todos ellos sin piedad, segur•meote, habían cogido el corazón de
aquella mujer y Jo· bab{ao oprimido en•

�'

..

·0EL SALON DE PARIS

tre sus manos: aquel corazón que supo
latir, aquel corazón que palpitó tras
aquellas pómas que ayer fueron rosas,
y ahora están pálidas, con las palideces
de los cirios.
No muy lejos de aquel cuerpo de
mujer cadáver, el muertero tiene otros
cadáveres, allí se mira horriblemente
descuartizado, sangrando por las cavi·
dades, el cadáver de un hombre; un
rostro moreno y tosco, con el snpremo
gesto de la agonía, está allí, rfgido tam•
bién; con las, pupilas empañadas, con
los nervios crispados y dejando ver en
!U rostro una sonrisa, la sonrisa irónica
de la muerte al salir de aquella mate•
ria corrompida.
El cadáver de la mujer era el de una
neurótica, se había suicidado, el motivo
nadie lo sabia, ella, al arrancar la vida
de su cuerpo quería sepultarse con su
secreto.

El cadáver de rostro moreno, de fac•
ciones duras y amenazadoras era el de
uu hombre a quien mano artera había
suprimido de una puñalada. Para esos
dos cadáveres el muertero, con sus oji·
llos negros y vivaces estaba allí, los
cuitlaba, los veía, y tal parecia que en
su familiaridad con los muertos sostenía
macabras conversaciones con ellos.
El muertero veía el rostro mutilado
de aquella mujer, se fijaba en la .rubia
cabellera que como bandera ffotante
pendía del cuero cabelludo y un gesto
de aquel hombre pequeño, era todo un
poema de amor a los muertos, a los
muertos que eran suyos, a los muertos
que recibían de aquella mano amari·
llenta, sucia y llena de sangre de color
de laca, la í\ltima caricia antes de ir a
la fosa donde el amigo o pariente arrojarían la última puñada de tierr,a.

¿Las muertas del anfiteatro er~o las
novias del muertero ?
IIQuién sabe ll Yo así lo creo, aquel
hombre pequeño de cuerpo, que vivía
entre sus muertos, tenía seguramente
sus novias en aquellos cadá veres, cuán·
tas se llevarían el postrer beso de aquel
iofelfz, cuántas en su rostro mutilado
por la sierra o el bisturí, ilevarían la
suprema caricia del muertero.
A ese hombre de cráneo abultado,
que tal parece la recopilación de los
cráneos de sus muertos, lo veo constan·
temeote, lo admiro más y más cuando
sus oji11os se fijan en mí, siento ealos•
frío, tal parece que un cadáver anima•
do, con sus manos ensangrentadas, me
saluda.
Yo venero al muertero del hospital
de sangre, siento cariño para aquel
hombre y cuando me alejo de so lado,
me voy pensando que lo dejo en su
cuarto de labor, en su anfiteatro, con
sos muertos, acariciando a sos novias
pálida3 y haciendo la postrer caricia a
los cadáveres que van al foso abierto a
dormir el sueño eterno del que no des•
pert:\ráo nunca.
N. GUILLERMO ME LLADO.

Retrato de la señorita T . Renouard
por A. de la Gándara, del Salón de París.

. ¡

Retrato de la niña Maud B. por Bfrtieri,
del.Salón de París.

• Momento Feliz,&gt; cuadro d~ L,v; ~trauss, d , 1 S ,!óu d ~ los Artistas F ,aocases en e.l presente año.

Y2Mr

,,
Momentoa de la &lt;ponle&gt; inaugural de tiro de Pichón en el nuevo stand de la Sociedad Nacional de Tiro, en
Sao Lázaro.- F ots. Lnpercio.

�***********************************
Extinguir con }as lágrimas mi profando quebranto;· '
Mas, fné en vano, mi pecho sollozar no podía . ... . .

... . . . ... ... .... ... .. .. . . . . ... .. .. .. . ... . . .. ... .. .
El graznar fugitivo de nn lúgubre mochuelo
Interrumpió el sllencio, cual del dolor el grito,
Y oí vago, muy vago, como el rumor de un vuelo,
El vuelo misterioso de una alma al infinito .. . .. .
Después... Las horas lentas de infinita tristeza,
Envuelta en la penumbra la cámara mortuoria,

Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Yacía su cadáver sobre la roja alfombra,
Envuelto de la muerte en la inmortal belleza,
En la estancia callada el reino de la sombra
Hacía más profunda la angnstia y la tristeza.
La palidez marmórea de su cuello emergía,
Como un lirio muy blanco, de si: negro vestido,
Y una mano crisp&lt;1da sobre el pecho yacía,
Cou el ansia infinita del dolor comprimido.
En desorden los bucles, la blonda cabellera
El óvalo de armiño de la frente ocultaba,
Y un ramo de violetas-coqneterfa postreraSobre la sien marchita suave fragancia daba,

-

' "~--=~~~
.
•
•

·,•

Los cirios alumbrando su fúnebre belleza,
Y muy lejos, muy lejos, mi dicha transitoria
_ Sobre el pálido rostro, en los ojos dormidos
Donde estaba ya muerto de la vida el destello,
Y en los labios marchitos, en los labios querido~.
Ya la trágica muerte habfa puesto su sello ••. . ..
La miré largamente,_con vidriosa mirada,
Agita en el pecho mi corazón latía,
Y creí que en mi mente de dolor fatigada,
Soplo cruel de locura mi razón envolvía.
Sobre el cuerpo ya inerte abatí mis dolores,
La estreché totre mis brazos con teroura infinita,
Y mis trémulos labios, apar!ando las flores,
Beso ardiente le dieron en la sien ya marchita.
Q uise abogar mis tristezas en la fuente del llanto,
Dar consuelo a mi mente que estallar parecía,

....... ... .... ... ....... ... .. .......... .,..
t ••• •• •• •••• •••••• • • • • • • ••••••••••••••••••••••••••

En las noches de luna de misteriosa calma,
En el silencio augusto en que duerme la vida ,
Despiertan los recuerdos y llegan basta mi alma
Los pálidos espectros que el corazón no olvida.
Como en la noche tr~gica del pavoroso duelo,
Veo otra ve1 el cadáver sobre la roja alfombra,
Oigo el graznar medroso del lúgubte mochuelr,
y en la callada estancia, del reino de la sombra,
Oigo murmullo vago como el ru111or de un vuelo,
y una voz femenina que muy quedo me nombra . . ... .
México, marzo de 1914.
PABLO M. SOSA.

�mientos artisticos, su natural pacífico,
sucumbian entre las desca_rgas de fusi•
les, entre el traqueteo de la metralfa
no qoedaba de él más que el guerrero,
moría el artista. Ohl y ¡cuán guerrero
eral ¡\r no había de serial ¿ Cómo peri
manecer impasible si allí enfrente es•
taban ellos, los intrusos, los pérfidos mi•
Janes, 103 perros famélicos, mostrando
sus garras avarientas, enseñando sus
afiladas dentaduras, los que qoerfao
hacerle esclavo a él que nació en un
país de águilas amantes de cernirse en
los azules espacios de la libertad?
¡No sucedería tal! y de allí .su bélico
coraje, su indomable saña, su temeri·
dad oeleando .... y ya desalojada su al,
ma de las mortales ligaduras por alguna
bala enemiga, su coerpo quedaría en
tierra, como un obstácolo al avance dFI
invasor, como ooa sublime protesta ante
el inicuo crímeo, so sangre clamar!.:
venganza .... y mancharía las manos del
extranjero; ..•... pero cesa.Ja la lucha,
las bocas de los cañones ya no escupían
sus materias destructoras, silenciosos
quedaban los fusiles, la atmósfera se
hacía más tráslucida al disiparse el hu•
mo de la pólvora, los estragos del combate saltaban a la vista; cuerpos moti•
lados por efecto de las metrallas, cuer·
pos aprisionando algo de vida, deteniendo a una alma que más pertenecía
al mundo de los inmortales que a esta
triste tierra de miseria y ruindades • . , .

~-----==========::::::::::~

El Sueño del . Soldado

I
¡Cuánta Litiga la de aquel día! mu,
cho camino recorrido a pie por cuestas
empinadas, entre zarzas traidor_as que
laceraban los pies, bajo un cielo de
tuego .. y la sed, la sed espantosa, tortu.
rando horriblemente, "nsañándose con·
tra aquel puñado de abnegados patrio·
tas celosos de guardar la tierruca que
en 'precioso legado recibieran de sus
abuelos, los de las grandes hazañas y
e.ipartanos heroismos. 1
¡Ya podían venir los aventureros, los
h-ilcones negros, ávidos de los tesoros
con que el cielo tuvo a bien enriquecer
la patria. ¡Ya podfan venir seguros de
encontrar una roca granítica en cada
pe~ho, un fuerte inexpugnable en toda
voluntad.
y los valientesavannban por los d~s·
6.ladero~. el eco repercutía el mar~1al
andar de sos cansados pies, coofuod1do

Soldado griego de infantería de línea.

El rey Constantino de Grecia ante sus soldados.
con el metálico roce de las armas. Las bri·
sas de la tarde eran un calmante a so
sed, el sol marchando pomposo a su le·
cho de púrpura recamado de oro les
·aba so último ardoroso beso. De ,la
eDVI
frente de los guerreros gota a gota ca1a
el sudor; sus vestido~ se adherfan ~ los
d loridos miembros, las vendas inga·
b:n en las llagas curadas de p~isa, ha·
bía quien no goteaba sudor; sino que
es:nrr(a sangre.
,
Los estómagos mal alimentados ped1an
de comer, la ración del día estovo es•
'iveres enviados por• los com•
C lSa, los V
,
patriotas bs robó el enemigo, d_ec1a
vencerles por hambre ¡iohmial ¡qu1me•
ral los padres fueron dignos r!e los
abuelos, los hijos superarían a ambos
¡nada les vencería! ¿ La muerte ..•... ?
ni esta p:irque les abría las puertas de
la i umortalidad y de la gloria.
¡Altol-dijo el jefe-y los p1sos ce·
saron, en seguida dió órden de acampar,
fusiles, mochilas y demás útiles queda•
roo en tierra. los soldados formaron
grupos; sentados a pierna suelta, re•
costados en las piedras, circularon al•
gunos cigarros encentra dos••Lent re,ª 1as

El reY Constantino de Grecia.-Pablicamos este retrato y las ilustrar.iones de la
pi 1na frontera ea razóa de las noticias cablegráfic1s que h1bhn de la ac•
titad bélica de Greci1 que pr.obablemente hará renacer la guerra en los B:ilkaoes.
eso¡sas prov1S1ooes, Jquieo alargó un
frasco de aguardiente que remojó los
Secos libios! ¡quién con sencilla frater,
nidad compartía alguna h.ta de jamón,
liltimo resto de sus comestibl~s parti•
cularesl y los más comían poco bebían
menos y bromeab..n mucho; sólo un jo•
\·en de lánguido mirar seguía con en,
soñamiento el cintilar el lucero ves·
pertioo y a hurtadillas sacaba su carte•
ra y besab:i dos retratos: ¡su madre! Jsu
novia .... 1
I[

Soldado típico sel ejército griego

L1s nocturnas sombras empezaban su
daaza, primer.o en las hondonadas, des•
pués escalaron las faldas de los montes,
desapuecieroa grietas y picachos a su

paso, y al no coronaron las cimas ex·
tendiendo
en torno su negro
imperio.
.
{
En el campamento los hombres dor•
mían a excepción de los ce11tinelas en·
cargados de la guardia, las fogatas
lanzaban reflejos macabros.
El jovdn de láogoido mirar no le to•
cab1 hacer cuarto de centioela, pero
no conciliaba el sueño. Este joven se
¡Jamaba Earique y se había afiliado a
un cuerpo de voluntarios.
A la hora del c,mbate no pensaba en
idea distinta, DO tenía otra mira más
que pelear y venc,r, la rabia de matar,
de aniquilar a los contrarios se le en•
traba de lleno en todo el cuerpo, la
s~cgre le incitaba, perdía sus aficiones
estéticas, su espíritu inclinado a refina•

Se levantaba el campo, se sumaban
las bajas. !Cuántos compañeros durmiendo en los brazos de la muerte! Se
emprendía la retirada; el ruido de los
pasos marcados, el cboqne de las armas,
Pl silencio en filn ....
Y entonces Enrique tornaba a ser el
sentimental artista. Todas las Jibras de
su ser estremecíaose al recuerdo de su
hogar, a la memoria de sus amores.
Muy lejos la viejecita llorando al hi·
jo, muy lejos la novia espe~aodo al
atnaote ¿qué habría sido de ellas?
Y creía verlas y sentía necesidad de
estar a su lado.
La despedida .•.. iMadrel-la dijose arrojó en sus brazos, y pasaron los
instantes mudos, el dolor ahogó las pa•
labras, lágri:nas brotaron de los ojos y
corrieron confundidas, y la madre ab·
negada, sublime, venciendo a la nato•
raleza, con temblorosa mano bendijo al
futuro soldado y lo cedió .... a la otra
Madre común; a la Patria, .••«por ella
y para ella.&gt;
y

�nuedo •••. Habla una bandera enemiga
qoe ondeaba merced al•viento, lucieo,
do sus aborrecidos colores.
Enrique soñaba desde que fué a la
guerra conquistar tal trofeo. Ciegameo·
te se abalanzó basta ella, sin mirar ene•
migas oi atender el peligro, hecho uo
león pasó por entre los contrarios de•
rribando cabezas con su filosa espa•
da.
Ya estaba al alcance de su mano, ya
la desprendía de su asta y con furor la
escupla delante de sus enemigos ...• al,
guieo le dió uo golpe eo el costado de·
recbo, pues sintió uo grao dolor .....•
pero junto de 1U estaba la oiñ!l de los
ojos negros, su encantadora morenita,
prodigiodole afectuosos d1idados, feli·
citándole por su valor y le enseñó la
bandera arrebatada al e$lemigo que
guardarlan siempre, y ~iotid el roce de
sus labios tibio y suave .... muy pronto
desapareció todo esto, vió sombras, para
después entrever la luz de la luna; m,s
agudo le picó el dolor del ~tado, se
llevo la mano y la retiró baftada en
sangre y en ese momento alct.pzó la
imaginación toda su lucidez •..... sin·
tió lo que nunca volverla a sentir; la
muerte, buscó la cartera y apenas tuvo
tiempo de llevarla basta los labic.s, ea·
tos dejaron escapar el nombre de Dios
y el último soplo de la existencia ...•
Cuando a la luz de la aurora pudo el
batallón darse cuenta de las bajas oca·
sionada.s por el a.salto dado entre las
sombras, se encontró al joven soldado
Enrique muerto por una bala que le
babia atravesado el pecho y pasó a str
uno de tantos héroes anónicios .. . .
DOMINGO GARCIA DE LEON•
(cAogelina Domo di Gorce.&gt;)

Gte. Junio i c -1 914.

(Teatrales J
cA buen Joez .... &gt; cLa Hiedra,&gt; cet
sic ceteris,&gt; han sostenido el cartel de
la ex- bombonera de Virginia Fábregas,
dorante la última:semana.
Grave duelo y no menor quebranto,
ha sufrido la discreta ctrouppe&gt; artísti·
ca de aquel «corral&gt; con la separación
de la adorable ingenua señorita Casti•
lle, y de su señora mamá, artista suma•
mente apreciable.
Con ésto, y con el próximo arribo de
Muñoz, corre Carente (15 años de in•
cesante labor artística) grande riesgo de
no tener pasajeros que transportar por
la Estigia de su infernal dirección.
A bien que «duelos coa pau&gt; ..... .
sean menos, no por ello se amengua el
peligro inminentísimo de la desaparición de una compañia monopolizadora
del Arte, en México.
Porque, si como se rumora, la grao
Prudencia hace cmútis&gt; también, adiós
mi dineral
Lo cierto es que el público mansa•
rrón y de excelente boca. h;!.se fatigado
de comedias y quién sabe si, también,
de comediantes!
De todos modos, .:uando la historia
se escriba (por algúQ Tapsias, mi.e111bro
del Instituto Mexicano de excavac10•
aes históricas) dirá: ¡Cumplieron como
buenos! .... (excepto Casi)
o o o
En el Lírico y el Colón sigue el Vaudeville haciendo las delicias del bono,
rabie que muestra franca predileccióo
hacia el primero.
Bureiro, el inimitagle ·B arreiro, ha
tenido el privilegio exclusivo de hacer
desar~ugar el_entrecejo del púb1ico:9ue,
premia su cv1s&gt; demostrándole carinosa
acogida.
·
1

Como viajará el rey _d e Ioglat_e rra en el futuro, fanta~ía publicada en Ingla•
'
terra con motivo del reciente ~iaje del rey Jorge V a Paris.
Después, al pie de la veotaua ..... .
oprimiendo suavemente las manecitas
de la virgen, ensueño de sus amo·
res. • . . . haciendo esfuerzos sobre hu·
,nanas para contener las lágrimas, por
aparecer el fuerte •..•.. los instantes de
partir ya coitos, muycortos,aprox1mándose el último . . .. los labios no atrevién
dese a pronunciar la palabra que los
separa:la, pero ambos lo comprenden . ..... e instintivamente sus bocas
se buscaron y cambiaron el primer be•
so que basta 1,ntonces se dieran en to•
do el tiempo de sus amores .. . . un beso
Jargo, uo beso no de placer •• • • . . una

prueba de supremo cariño, uo cariño
que mira '.un porvenir brumoso, cual
nave que se hace a la vela y endereza
su proa hacia mares alborotado!, ¿Vol,
verla? ¡quién sabe!
III
La luna disipó las sombras, su luz
proyectó imágenes extravagante!.
Enrique abrumado por las añoranzas
rio conciliaba el sueño;
Sin embargo pudo más el cansancio
y los ojos se cerraron al mundo vivien•
te .... y el combate era encarnizado,
por ambas partes se luchaba con d11·

Sr. Lic. Rogerio Meraz Riveroque aca·
ha de obtener su titulo despues de .
uo brillante exámen pro•
·
fesional,

Tres escenas de cEI Galliue·ro&gt; por la compañía del Colón.

•

�·BOCETOS
CLOTILDE VILLEGAS LEAL

El martes se estrenó «Marido
ijooorario&gt; (cMoosieur Zero&gt;)
franco éxito, favorablemente aco·
gido por el público, que no se
dignó tomar en cuenta la autori·
zada opinión del pelagatos Mar•
do Gala.
Comprendemos que plumas tao
autorizadas como las de cMonse·
ñor,&gt; cFlorisel,&gt; cTristáo,&gt; Ve,
lasco y aún la del mismo «Cha·
maco Loogoria,&gt; se dediquen a
las delicias de la crónica tea·
tral, pero. francamente, (oese a
la subversión del medio) no se
nos alcanzan las «gracias&gt; de los
iodumeotados literarios, que al
abrigo de la osadía que ~iempre
proporciona la ignorancia, her·
mana gemela de la santa envidia,
hacen o pretenden hacer, peroe•
tas, en letras de molde.
Hizo su aparicioo el cvodevi•
le,&gt; y al punto, porción de meo·
tecatos recordando a Oleodorff,
supusieron tarea facilísima eso
de «traducir &gt;
Y Don Nadie, excelso Palmis•
ta, (dan fe) ilustre desconocido,
perfecto imbécil, con 17 años
(dos más que Cos) de vida lite•
raria a cuestas, y algunas obri•
llas infumables como «Nieve
sobre volcanes,&gt; pongo por ca•
so, se lanza a la palestra, y
«usurpa,&gt; esa es la frase, por no

emplear el término «despojo,&gt;
la empresa a ingenios e~clareci·
dos y gloriosos capaces de dar
leccioot s a Moliere o a Raci·
ne.
¿No es esto atroz?
¡Abl Don Nadie, )infeliz! al
que tantas tempestades hao azo•
lado, conoce demasiado t:l co,
razón humaoo, para cuidarse
del destemplado graznido de las
ranas en la charca! ....
Si hay en México, más plumas
que....••.•. en un gallinero!
DON NADIE.

Como contaminado de la monotonía
gris de· esta tediosa tarde dominical;
como huyendo de ese malestar insopor·
table que invade a veces los espíritus,
me recojo en la quietud de mi sencillo
estudio; entre mis libros y memorias
viejas, sueño y escribo; recuerdo y me•
.dito en el ayer lejano. TJoa colección
de versos juveniles que hablan de &amp;mor,
yacen esparcidc,s sobre mi mesa de tra,
bajo; éllos con so honda y sutil melao •
eolia me han evocado cosas que fueron,
ilusiones que se desvanecen, tristezas
ayer soñadas y hoy convertidas en
amargas realidades .... Como que esta
colección de versos, manuscritos algo,
nos, los de allí pasados en máquina,
4stos, recortados de las páginas de tal
o cual revista han sido escritos por una
compañera y hermana; por ooa mujer
soñadora en pfeoo triunfo de idealismo
y de bondad; bao sido escritos amoro•
sameote por Clotilde Villegas Lealuna poefüa que ya va siendo conocida
del público, por la publicación de sus
escritos amenos.
Esta joven poetisa, esta amiga de mi
juventud y de mis sueños ha ;.bstraidt&gt;
mi espíritu con sus lindos versos-poe•
sfa frágil como el cristal del «tiesto ro•
to&gt; de que Jully Prodbomme nos babla..y aquf (agregaría yo, deja escapar una
onda de seotimeotalbmo exquisito; de
ternura, de amor.)
Exclama en estos versoscDel Cemen·
terio,&gt; que me recuerdan a María En•
riqu·eta:

terna!; estamos eo la cátedra de D. Ma•
nuel Sáncbez Mt:rmol. Somos de cuatro
o seis alumnos, Manuel Cbávez, Clotil·
de Villegas, Miguel Martíoez, Eusebio
, de la Cueva y yo ...• Nos habla el maes•
tro, de Góogora; leemos después, prosa
o verso, según han tenido a bien deparárnoslo las hermanas de Apolo .... Clotilde lee unos versos muy originales por
la infinita melancolía que en ella vibra
como la eterna amargura del libro de
D'Aonuozio en el alma de las Vírgenes
de las Rocas. Previa felicitación del
maestro y compañeros, di a la aotora
de esa poesía la humilde rosa de mi ad·
miraoión que desde entonces florece en
mi espíritu cadoi vez que leo algo de
esa poetisa especial y erótica que ha
logrado como Scharazado, divagar mi
pensamiento con las sonoras alucina•
ciones de su fantasfa, sueltas a volar so•
bre el azul de la mariposa de sus ver•

sos o el cáliz sonrosado de sus cuentos
infantiles.
ll O

o

La interrogo en mi espfritu
- l Quiénes han sido tos maestros, bue•

na hermana?
Y en el recuerdo me contesta:
-«El dicharachero aquel, pequeñín
e ingenioso,&gt; bueno como el pan, afa·
ble como un cura de aldea; risueño co•
mo un colegial alegre&gt; ' (que ha dicho
en cordial elegía Urbioa) ese ioolvida•
ble cMicrós&gt; ....
«Otros de mis nobles educadores,
fueroo-tó. lo sabes, los tuyos-el cvie ,
jecito cantor de las clogénuas&gt; D.
F rancisco M. de Olaguíbel, Balbioo
Dávalos y el Lic. Sáocbez Mármol &gt;
Y medito, en cómo ha evolnciooado
el espirito de esta poetisa dilecta, bajo

-«l De dónde vienes ..•. que has be·
(cho,
di, qué te pasa, por Dios?
-Yo veogo del cementerio,
del cementerio de Amor;
fui a enterrar un imposible
y con él mi corazón,
-¿ Y, te espanta tu locura
y te aterra tu dolor .... ?
- Sí, me P.spaota esta locura
y me aterra este dolor ..... .
porque solo he destrozado
con quererte ...• el corazón!

¿Daspués de leer estos versos no l!IS
queda el espíritu como envuelto en un
perfame de gardenias .. .. ?
O O ll

Escenas de «El Pretendiente,&gt; estreno del
sábado en el Principal.
Fots. Lupercio.

Es la hora melancólica, que dijera
Federico Gamboa.
Surge el recuerdo en mi imaginación
y me hace tornar al pasado.
Estamos en la Escuela Preparatoria,
en la clase de aquel viejecito amable y
bueno, charlador incansable a vecest
irónico en el decir, pero siempre fra,

Srita. Clotilde Villegas Leal, con cuya colaboración nos honramos.

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 18, Junio 20</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Registrado como articulo de 2' clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda EpoGa.

Sábado 13 de Junio de 1914.

Tomo !.-Núm. 17.

1

SRlTA. RUTH PEZA, bellez" durangueña.

�l~DICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los sáb;,.dos por la

Cía. Periodística Mexicana, S. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41.
Teléfonos:

Mcx. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
Apartado postal 45 b is.
MEXICO, D. F.
PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . ... . . • . .. 20 es
Subscripción, trimestre .. ...• . 2 50
Extraojero, trimestre .......... 5.00
con excepción de Estados Uoidos y Cuba, en donde regirá el mismo precio
que para la ;República,
NO GIRAMOS
TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No s e devuelven originales.

Enseñanza Libre
El problema sometido en días
pasados a la Representación Nacional, que ella ha esquivado
~ejando las cosas tal como estaban, es de alta, de muy alta trascendencia en lo que respecta a la
educación nacional y al porven ir
(\e 'lá• Patria, considerada como
una agrupación de hombres conscientes.
Se ha dicho hasta el fastidio
que nosotros no merecemos la
amplísima constitución que nos,
dieron los legisladores de 1857n
y en el fondo de esta afirmació
hay una gran verdad; el pueblº
de México, y por ello entiéndase
todas las clases sociales, padece
de una carencia absoluta de edu·
cación, y un pueblo mal educa·
do no puede hacer uso deb idamente ..de una ley escrita para
uno consciente v ecuánime.
Y si la masa de la nación mexicana estaba mal preparada para el ejercicio de la constitución
en e l año 57 del siglo pasado,

podemos afirmar que cada día
está menos apto para su observanci~; de aquí el que no haya
habido todavía un solo caso en
que se pueda aplicar esa ley a la
reglamentación de nuestras costumbres, y que, en cada caso aislado haya habido necesidad de
reforzar o adicionar la ley para
adaptarla a las ci rcunstancias.
Los oposicionistas sistemáticos
han acusado a los gobiernos de
reformar la Constitución para
acomodarla a sus gustos, pero no
han querido confesar los soñadores que ese pueblo utópico que
ellos han soñado y para el que
se hizo nuestra Carta Magna todavía no vive, no digamos en
México. sino quizás en ninguna
parte de la tierra.
Concretándonos al caso que
motiva estas líneas, nos hallamos
con un artículo constitucional
que dice que todo mundo es
libre para ejercer el oficio o profesión que más le convenga, sin
más limitación que la utópica de
no menoscabar los intereses de
un tercero.
¿y es posible que un pueblo
que cree en brujas y en naguales,
en el mal de ojo y en los rnrtilegios; que concibe como hecho
cierto que un niño de madera,
(eo y mal hecho eche a caminar
el día que mejor le parece y que
atribuye poderes curativos o administrativos a todos los santos
del cielo, así se les ocupe en el
asunto menos limpio del mundo;
es posible que un pueblo así tenga derecho para ejercer el oficio
o profesión que mejor le parezca?
Y no se crea que son culpables
de esto exclusivamente los honorables constituyentes; ellos hicieron una constitución a reserva
de que se usara después de haber educado al pueblo para su
observancia; tras de la carta fundamental y como corolario de
ella se hicieron las leyes de Reforma, pero el miedo atávico y
el fanatismo étnico no ha dejado
a los gobiernos ocuparse en debida forma de la educación nacional.
Concretando: ¿ puede deducirse de lo dicho que no es buena
la enseñanza libre y que se debe

borrar el artículo tercero constitucional? !.'Jo.
La libertad de enseñanza, como la libertad de criterio es y
debe ser una de las bases más
seguras del desarrollo y engrandecimiento de un pueblo; no hay
temor de que las sectas se apoderen de la enseñanza y se sirvan de ella a su antojo, porque
lo mismo que puede ejercer el
profesorado el católico intransigente, lo puede hacer el mahometano o el budista; lo mismo el
libre pensador que el hombre de
criterio más estrecho; todo será
una lucha en la aue, como en todas las de la vida, vencerá el
que sea más apto y esté mejor
organizado.
L uego lo que se necesita es
organización y aptitud; si se teme no poseer esas facuJtades,
que se diga, pero que no se culpe a los sectarios de querer apoderarse de la dirección de los
asuntos, porque dejando en libertad a unos y a otros no hav
lugar a temer más que de parte
de los que se sientan débiles.
Las escuelas libres de todo el
mundo, como opositores del rigorismo universitario, han dado los
genios más grandes de la tierra;
la autoridad profesional de Volta, oponiéndose a los preciosos
experimentos de Galvani, hizo
que los estudios sobre la electricidad se estancaran durante más
de un siglo, y la Academia de
Ciencias de París está haciendo
un grave mal con su sectario desdén hacia los trabajos sobre plasmogenia que tan gloriosamente
persigue nuestro compatriota el
profesor Herrera.
La ciencia no tiene patria, nacionalidad, ni clima; no puede
estar sujeta a ninguna restricción
y si hay un pueblo q ue no sea
capaz de hacer un uso discrecional de esta enorme potencia del
alma humana, hay que poner a
ese pueblo en estado ele aptitud
y de capacidad y no negarle un
derecho que es innegable a todo
ser que nace dentro de la humanidad.

J.

M.C.

Arte Moderno Mexicano

Retrato de la Señorita Carmen Fonserrada , al carbón, por Francisco Romano G.

�LAS ·c ENIZAS
Por MIGUEL PROVINS.

~~=============~~
Un interior de casa de viejos hurgue•
ses cmuy a su gusto,&gt; que cooservao su
]ojo uo poco pasado de moda, pero coi•
dadosamente m;i.oteoido desde los cua·
renta años.
Son las ocbo.,....-Después de la comida,
(Costumbres europeas. N. del T.) en
medio de uoa digestión apacible y en
on.l oocbe tranquila, el señor y la st ño·
ra de Palaisot, teniendo en medio de
ellos la lámpara de familia, cubierta coa
una gruesa pantalla, se iostalao muelle·
meote en dos sill;is a los lados de la cbi•
meoe• . ·

que ser 16gico con su propio sistema;
si te vinieran a demostrar que te be engañado miserablemente, no deberías
resentir la menor emoción ¿No es asf?
EL-Es verdad.
Ella.-, Piensas realmeote eso ?
EL-Si.
Ella.-después de una pausa.-Me
das un verdadero gusto.
El.-¿Por qué?
Ella.-Porque voy al fin a poder Ji,
brarme de ni secreto que me obsecio·
na y me entristece con frecuencia, auoque se baile ya muy lejos en la cadena
de mi vida.
El, dejando su cigarro.-,Qué secreo?

El, palidece súbitamente.-. Ab l. ...
(Balbucieote) E¡. ver .. .. Tú has po•
di . . . . Tu me ba~ogañado ... ,a mí?....
Tú me has? .... No, vaya, eso es uua lo·
cura, no es posible!
Ella, algo ioquieta.-Vayal., .. ahora
te vas a conmover basta ese punto?
El, con la voz estrangulada -No es•
toy conmovido, , .. "bs.olntamente1••••
eetoy admirado, eso es todo .... sorpreo•
dido .... Trato solamente de informarme .... de discutir. En que época se
produjo el. ... el. ... ese olvido?
Ella-En 1873El -Un iostaote de vértigo, de loen,
ra, verdad? ¿ Y por una sola vez?
Ella, a media voz -No.

Ella.-Dcs veces por semana, en la
noche, tu presidías la «Obra de las
obreras arrepentidas;&gt; entonces, está,
bamos Sfguros en la casa de., ..
El.-Sio contar con los banquetes
mensuales, ¿verdad?
Ella.-Esos días fbamos al restaurant; eran verdaderas fiestas 1
El, exasperado. - iBribona l. ,., abl
bribona!. ... Pero eso ni siquiera es
imaginable en tf., . , en tf a quien yo
he amado tanto, a quien be sido fiel. ..
porque be ten ido la inoceotada de serte fiel ; be tenido esa imbecilidad. ,.,
¡Idiota!
Ella -Pero es ioseosato ponerte en
ese estado! .... Si hubiera sabido!.., ..
me afirmas que se puede decir tcdo, y
después., ..

o o o
Ella, viendo que su marido toma un
cigarro puro.-Cómo, Eduardo, vas a
fumar?¿ No sabes que te lo ha prohibi·
do el médico? ... ,
El.- No me ha impedido fumar un
cigarrito de cuando en cuando, siempre
que sintiera yo gaoa. Y ahora la sieoto.
No sé si será la comida que estaba exce•
lente, la crema de almendras, muy delicada, o el dedo de vino de Burdeos
que tomé, pero experimento esta oocbe
una especie de beatitud. , .. Estoy coo•
teoto de la vidal Vaya, mientras que tú
te dedicas a hacer tu tapicería, déjame
encender un cigarrito .... Una vez na·
da más. Se siente tan bien estar aquí
tao tranquilos .... siguiendo el humo y
soñando un poco! ....
Ella, sentándose.-Va!. ... para noso,
tros los viejos el sueño no sirve más que
para sentir pesares.
EL-Pues a mi no me lo parece. El
pesar se siente cuando hay impedimen•
to u obstáculo para llevar a cabo algo•
na cosa para la que se siente uno ple·
namente facultado de acción o de de•
seo. Pero a la edad en que esas faculta·
des se han embotado, el pesar desaparece, dejando su lugar a una impresión
infinitamente más dulce, al recuerdo,el recuerdo iodulgente que hace apare•
cer las cosas pasadas como tamisadas
por un prisma, con colores de espejismo.

probable que si no hubiera muerto, eso
d uraría ano, a pesar de tus cabellos
blancos, eh?
Ella.- Oh!. ...
El.-lY por qué no? Puesto que du,
raote diez y siete años se burlaron de
mí. delante de mí. .. , en mi casal. ..•
No c;omprendo .... Ustedes no estaban
nunca solos.,, ,¿Dónde?.,,. Cómo? ....

Ella., ¿Y los pesares, los cuidadcs ...
tod;i.s las amarguras sufridas?
EI.-Todo eso se esfuma en la leja·
ola del borizoote, y ya casi no tiene
agudez.
Ella.- Ob ! ya casi no tiene agudez 1...
Se podría ir muy lejl.s con tu siste•
mal
EI.-Se va basta la indolgencia fl·
oal .... y esa es la verdad. Llegados ca•
si al fin de la existencia, se la abarca
toda en una mirada .. , . se la juzga . . . , y
me parece que se la perdona! L2s pa·
sienes, las inquietudes de que se ba
sentido uno torturado aparecen tao íov
fimasl No se comprende ante su mioúscu,
Jo resto de cenizas los inmensos in•
cendios de otros tiempos!
Ella.-EntonceJ tú ctees que a oues,
tra edad las cenizas están realmeote
frías, , .. , , , . y sin un despertar posible?
EI.-Absolotameote.
E lla - l La insensibilidad completa
por el pasado?
EL-Completa! Pero )oque verdaderamente hace la felicidad de la vejez/
es la quietud del puerto con la satis·

faccióo de bailarse iotaclo después de
ta otos uau fragios evitados.
Ella.-cY si hubiera habido naufra·
gio sin que se supiera?
El.-cCómo?
Ella.-Sí, oo ergaño, supón, una fa),
ta del domioio pasional, que hubiera si·
do bastante grave para reproducir un
drama en la época de los incendios. En
ese caso, tú estimas que llegando a sa·
ber esta ..... peripet,ia en la época de
hs ceoizas, la revelación no debería
producir oiogúo tfecto?
El.-Nioguoo.
Ella.-Dices eso eo geoeral.,,,., pa•
ra fundar uoa bella teoría!
EL-Pero no, absolutamente, esa es
mi convicción, ...... cooviccióo resul·
taote del estado filosófico al cual bao
llegado mis setenta y cinco años
Ella.-Entooces, si se te viniera a
decir de mí cualquier co3a, ¿permaoe,
cerías perfectamente tranquilo?
EL-No se trata de eso ...... ¿Cómo
quieres que tratáodose de ti?.,,,
Ella.-Pero, justamente, estás persua·
dido de que yo be sido siempre una
cm'jer honrada y fiel. Pues bien, hay

Ella.-Pues bien, yo te be mentido,
te be engañado, no be sido la mu jer
impecable que te imaginabas; no be si•
do la Nicolasa exclosivam~ote amante,
para quien tu creía~ ser el 6oico, esa
N icolasa de quien tu te sentías celoso
cuando a alguien le parecía hermosa.
El, queda aoonadado por un momento, después lanza una carcajada.-Es
bueoa!.... muy buena! .... te has qu ?•
rido burlar de mis teorías, y has hecho
bien, pero esa no prende!
Ella.-Es que te afirmo ... ,
El, sigue rieodo.-No, es ioúti l!. .. La
trama ha sido muy buena!
Ella, con gravedad.-Sobre la cabeza
de nuestro bijo, te juro que es verdad!

El, cada vez más afectado.-,Con
frecueoci,a ? (Ella oo responde.) ¿ Una
relación?
Ella.- Sí.
El.-l C uánto tiempo duró? .. , . Qui,¡,
ro saberlo todo ... , me siento muy
tranquilo. ¿Cuáoto ?. . .. Algo nas semanas ... , Meses?, . ... .
Ella, con los ojos bajos.-Diez y sie•
te a ños.
E l, de pié, furi oso.-Pero con quién?
Dios mío!
Ella,~ Morín, tu amigo Morín tu socio ... , que compartió nuestra vida a
diario .,,, ..
El.-..Y a quien yo enriquecí además!
Morin . ... Diez y siete años! .... Y es

El, signieodo el hilo de sus ideas.Cada día de mi vida me sentía feliz de
tenerte a mi lado, de peosar que las
tentaciones no podían tener oinguua
ioflueocia sobre tí en razón de nuestro
afecto, de nlfestro amor .... porque yo
parecía ser tu religióo, tu culto! ....
!Qué iofernal comEdial Y ano ahora, si
yo me sentía fe liz en mi vejez, si tenía
la e~túpida ilusión de tomar mi confian·
za por insensibilidad, es porque me ha•
bía acostumbrado a las inconscientes
alegrías emanadas de tí, de nuestra in•
timidad, de la comparacióo con los que
nos rodean, a los que veía yo más mal,
tratados por las pruebas de la vida, la
imposibilidad de concebir que tales pe•
sares nos pudieran alcaozar; y todo eso
lo has destrnído ... , demolido, ensucia,
do! ... . si n dejar un solo recuerdo in,
tacto! . . .. una sola quimera para con,
sc.larme!. .. . Oh! miserable! mise . . . .
( Cae desvanecido en su sillón.)
Ella, confundida, corre hacia él Eh! mira, Eduardo!. .. , Eduardo!., ..

Amigo mfo l
Espera algunos segundos, presa de
una ansiedad loca, sio saber que hacer,
no quiere llamar ; después nota que
vuelve la respiración del desvanecido y
entreabre los ojos; ella le prodiga pala•
bras afectuosas y caricias.

�El, con voz ronca, apenas perceptible ,-Cuanto mal me has hecho! ..... .
Ella, aparte.-Bah! ensayaré ..... .
cuando son jóvenes, suele dar resultado.
(En voz alta). Pero si no e~ verdad ....
mi pobre amigo .... no es verdad!
El, recobrando el aliento.-lQuti es
lo que no es verdad? ...... ¿Qué1
Ella.-Que yo te haya engañado.
EL-Pero entonces!. ..... Has jurado ..... .
Ella.-Sf, y he hecho muy mal. • . ...
pero ya estoy bastante castigada ..... .
me has dado tanto miedo! .... pero de•
cías tan convencido que sabrlas sin inmutarte las peores cosas de mi, que me
sentí herida, lastimada!. ... Cedi al de·
seo de vengarme y be ido muy lejos ....
quizás demasiado lejos! ...... No me dí
cuenta ...... te pido perdóo 1
El, volviendo la cabeza hacia ella ¿Y si ahora es cuando mientes?
Ella.-No, te lo aseguro, mírame bien,
lee en mis oj?s, como en otro tiempo,
cuando ·querfa saber algo ••• , . tú de.
cías que con estos ojos nºo se podía men•
tir ...... No ha de ser enla vejez cuan·
do hayan aprendido! Pero ¿acaso es
verosímil lo que te acabo de contar?
¿ Crees reálmente que yo báya amado a
Mario que no tenia· ninguna de tos cua.
lidades de razón, de iniciativa ...... de
inteligencia. profesional ...... que era
una especie de artista mEdioloco? ¿Aca·
so recuerdas el mínimo hecho que pue•
de siquiera autorizar una suposición 1...
Cuando murió Morín, ni siquiera quis:i
ir a su entierro! Vaya! Es una fábula
que ni siquiera se puede fener en piel..
tú mismo ~ientes que esto no ha sido
serio. (Nota que·ya está persuadido) Va·

ya niño grande a quien hay que mirar
como a un chiquillo! ...... Cree a tu
buena y vieja mujer, que no ha deja.do
de amarte un solo instante 1
El, atrayéndola y colocando un beso,
casi con pasión, en sus cabellos.,-Sí, te
creo, quiero creerte!
Ella..-Es tonto causarnos pesares!. ..
Todavia estoy pálida y temblorosa! ....
¿Quieres tomar algo?
El ..-No, me siento mejor, mucho me•
jor, siento la vida que vuelve. Es como
cuando se ha pasado nn gran peligro....
se respira. poco a poco, lentamente(
Ella.-Si quisieras ir a acostarte un
poco en tu cama? ...... descansar un
rato 1
EL- Ahora no ....... dentro de un
momento! ...... Quédate aquí, acérca,

te... . . muy cerca ...... quiero sentir•
te ...... hablarte ...... Dame tu mano.
Ella lo ha.ce apoyár la cabeza sobre
el respaldo del sillón y le toma las dos
manos.
Ella.-lAsí está bien?
El -Sí, muy bien.
Ella.-l Ya no piens'..ls más?
El -Pienso en los disparates que di•
je después de la comida. Jamás, jamás
se llega a la insensibilidad!
El!a.-Sin embargo, el estado filosó•
fico; la indulgencia final?
EI.-Ab I sí, buena farsa! ...... La facultad de sufrir no muere más que con
el individuo. Y, además, aún en los
cuerpos más gastados; b ·.sta en los límites extremos, ha.y cosas que resisten
a pesar de todo: el corazón, la ilu•
sión .. . .. ,
Ella, dulcemente.-Y .. , .. ,la vani,
dddl. ... . . (Maternal.) Vaya, es bastante, no hables más ...• reponte por com•
pletol (Al ver que su cara se contrae
un poco) ¿Te sientes mal 1
EI.-Si, un poco todavia, pero no se·
rá. nada ...... Voy a dormir.
Después de algunos minutos de silen·
, cio, cuando él está dormido, ella lo mi•
ra, siente una sonrisa a flor de labios.casi una sonrisa de juventud maliciosa,
resbalando por entre las arrngas,-des•
pués se dice a sí misma:

Espantoso desastre marítimo
La historia de los de·
sastres navales se acaba
de enriquecer con el
que se considera como
. el má.s grande en so
género; en el mes de
abril último naufragó
en las costas de, Labra•
dar el barco ballenero
&lt;Soothern Groas&gt; lle·
de ellos murieron de
frío o de hambre; asi
es que el buque salva•
dar, el &lt;Bellaventure,&gt;
cuando llegó al Labra~
dor llevaba. .. bordo un
cargamerlto de cerca
de doscieutcs muertos
y casi otros tantos be,
ridos.

-Decididamente, aún a los cien años,
aún en la otra vida, &lt;no se debe decir·
lo nunca.&gt;

Las fotografías que
acompañan estas lineas,
tomadas de nuestro
canje

(Traducido de los &lt;Diálogo~ de

europeo,

Amor,&gt; especialmente para &lt;Arte y Le,

nitud del desastre.

tras.&gt;)

,,,
La multitud esperando noticias de los náufragos,
vaudo a bordo ciento
setenta y cinco pescadores.

1 Los tripulantes del
buque ballenero también &lt;Newfoundlaod,&gt;
que trataron de auxi•
liar a los ná.ufragos,
. fu ero n sorprendidos
por una tempestad de
I

dan

idea de la enorme mag•

nieve, y setenta y siete

Desembarque de muertos y supervivientes de la catástrofe,

�fr

VOTO INFANTIL
ll:=================================
Fragmeoto.
Soo la~ ooce y media de la mañaoa.
1Qué dia tan hermoso, uo dia prima·
vera!.
Eotra la luz a torrentes; y a les oi•
ños, lleoos de impacieocia por salir,
trabajao coo ioositada aplicacióo. Al
otro día es dia de fiesta, dia de Sao José, y la hermosa campana del viejo
templo de San Francisco repica alegre•
mente aooociaodo la solemoidad.
Doo Antooio ha recorrido ya todos
los bancos, todas las filas, como él dice;
y mieotras los oiños copiao las iovaria·
bles muestras que diceo y,oo se caos!tD·
de repetir: Palo Alto, Cerro Gordo,
Veracruz, Padieroa, Churubusco, etc.,
etc., o Texas, Nuevo México, Alta Califoroia, etc , etc., el ioválido maestro
lee su libro favorito, uo libro muy re·
leido y resobado, teota cióo eterna de
los chiquillos, que tiene estampas liodi•
simas de guerra y soldados y al prioci·
pio, freote a la portada, un Napoleon a

caballo, pasando los Alpes, que es uoa
dicha el verle.
Arriba del asiento del señor Doo An·
tonio, una Guadalopana con su lampa·
rita delante; a la derecha, contra la pa·
red, el pizarróo y al otro lado un mapa
de México.
Algunas veces preguntaban los oi•
ños;
-Señor maestro; ¿por qué ha piota,
do usted de negro esa parte de los Es'
tados Uoidos que linda con nuestra
República?
-lPor qué? respoode el anciaoo, ha,
ciendo oo·gesto yatusáodose el JJObla•
do y eocaoe&lt;.:ido bigote, uo verdadero
bi¡!ote de gránadero. ¿Por qué? ¿No os
lo be dicho ya, a tí y a todos? ¡Ah! Por•
que esas tierras. que estáo siempre de
duelo, fueron ioicuameote arrancadas
a la patria; están bajo el extranjero dominio . ... .. ¿Ya lo oiste? ¿Ya lo oyeron
todos? ¿Ya? Pues no lo olviden y ¡a su
logar todo el mundo!

Leía el veterano, los niños trabajaban
alegremente; y quien a la sazóo pasara,
no creerla que estabao a las puertas de
una escuela,
En la última mesa de la tercera cla•
se, oo jovencito, de modesto traje, viva•
racho y bien tratadito, de ojos inquietos
y despejada y noble frente,acaso perio•
dista dentro de algunos años, deja la
pluma, se eotreabre la blusa y cautelo•
sameote saca un rollo de papel, on pe·
riódico. Sobre las rodillas, protegido
por la mesa, desdobla el papel, lo pone
luego sobre el cuaderno de escritora y
sigaieodo el ejemplo del señor Don An•
tooio se ech .. a leer.
-lQoé es eso, Eorique?-exclama el
veterano-lLioda manera de perder el
tiempo! ¡Booitol ¡Pareces un diputado
que se entera de los ~ucesos del dial
Veo acá, trae ese papelote!
¡Amiguito! 1Qué es eso! IA la plél•
na! ¡A la plaoal Aquí no se vieoe a leer
periódicos .••... aqui no queremos po·

Clausura de la primera exposición escolar d·e B~llas Arte&amp;. El secretario del ramo
•
. y ¡os expos1-1ores premiados.

La granizada del último sáb.ado.-Casa 001Dercial iovadida por el pedrizco.

líti~os sioo muchachos aplicados al es•
tud10 . .. . . .
Eorique tornó a su asiento. Don Aotooio arrojó el diario desdeñosameote y
vo_lvi~ a su lectora, Repasaba, por la
m1lés~ma vez, el desastre de Waterloo.
~¡ 1!1-válido, movido por irresistible
cur10s1dad, dejó la cesarea historia· se
p~so de pie y tomó el periódico Exteo·
d1óle sobre la mesa y fué recorriendo
los oombres de cada artículo. Alguoo
de e_llos le interesó, sin duda, porque
rechoándose sobre la mesa se puso a
leer_ con graode ~teocióo y a poco se
le v1ó pooerse pálido y luego rojo como
la gr;,.o:1. Algo murmuraba, alguoa ex·
cla~ac1óo se le escapó. Los niños se
dec1ao: ¿Qué le pasa al señor maestro:
No pudo el bueo aociaoo; e irguiéo,
dose coo ooble altivez, daodo un golpe
eo la mesa, tao fuerte que alguoos ¡¡_
bros cayeroo al suelo, gritó: ....
-iSileociol !Ateocióul
Con trabajo domioó rn emocióo el
ve!er~o?; Y por fio, con trémula voz
pr1oc1p1ó a hablar:
. -Hijos míos: Yo nunca leo los perió•
gicos; 00 gusto de ellos, prefiero los liro_s; pero acabo de ver en este diario
que trajo ~o~ique ooa ·noticia que me
llenó de 1od1goacióo. ¿Sabéis lo que
pasa l. ¿No? Pues voy a decíroslo, algo
que !lene que disgustar a todo mexica-

no qne ame a so patria, como yo la
amo, como os he dicho qoe debéis
amarla. •... Oídme con atención, os lo
ruego, tened presente qne ya sois uoos
ho~brecitos, anos hombrucos que debéis ser formales. Oídme, yo os lo pido.
Con. acento conmovido, lleno de ex,
presión narró clara y exactamente las
desventaras 'de la patria, durante la
guerra con los Estados Unidos; lam'e'lit6
los desastres; celebró el valor de los
defensores del pueblo natal, caotó,digámosl? asf porque_ canto parecia la
eloc~eoc1a del noble 10válido.-himnos
gloriosos a los héroes de esa guerra, a
los br~vos paladioes que lidiaron con•
tra el 10vasor; tuvo rasgos sublimes al
hablar de los &lt;muchachitos&gt; de Cha·
pultepec, qne se portaroo a!H como
un'ls héroes; y terminó maldiciendo de
q~ieoes sin razón ni motivo, por codi,
c1a de mercaderes, invadieron el terri•
torio mexicano y arrebataron a sus hi•
jos aquellas regiones que en el mapa
de la escoela apareciao pintadas de
negro,
-Pues bieo,-prosignió encendido
centelleante la mirada,-eo esa guerr~
el enemigo nos quitó algunas banderas
nosotros también se las quitamos! y ali,.•
l~s hao tenido co~o un trofeo de glo~
na ••. . .. ¿De gloria? ¡Gloria es vencer

~1 fnertel ¡Gloria es triunfar de igual a
.igual en 011a guerra justa! Y ahora, abo•
ra, llamándose amigos, qoiereo devol•
vernos esas banderas, tintas aún en la
sangre de nuestros soldados. No seria
yo quien si estuviera ea servicio iria
con gustg a recibirlas .... Muchos hay
que no lo qoieren. ¡Yo soy de esos! y
vos~tros, vosotros hijos míos, decidme,
decidme: ¿queréis qne México reciba
esas banderas?
En una exclamación uoi.oime eotu•
s~asta, ardiente, que parecia u; anuo·
c10 de fatnras glorias, la turba infantil
contestó al ponto:
INol
IBien!- exclamó el veteraoo,-1Asi
os quiero!

Y scllozaote, bañado en lágrimas,
llorando como no niño; pero radiante
de_alegría el rostro, se dejó caer en el
asiento, murmurando:
-Salgan .... ; . salgan ...... ya dieron
las doce . •.... Enrique: toma to pe rió•
dico.
·, 1
RAFAEL D:0LGADO.

�Sueño de una noche
invernal
A Emília Ruiz del Castillo.
Del libro en preparacióo,
&lt;Las Joyas de uoa Muerta.&gt;
I. PRELUDIO CREPUSCULAR
Por el camino gris y polvoriento
De mi existencia lírica y sombría
Torno al atardecer, con la Ironía
Que enmascara al Dolor y al sufrimi~oto.
Uo poco, si, eme duele el pensam1eolo&gt;
Que alberga uoa tenaz melancolía,
Mas consuela mi pena, la E.legía
Que musitar dentro del alma, siento.
Llegué a la puerta de mi hogar, y Febe
Que en el tranquilo azul resplandecía
Entre nubes de púrpura y de nieve,
Mostrome las escenas de otro día,
y al contemplarlas hoy, tan sólo mueve
A mis labios, la plácida Ironía... !
II. INVITACION AL VALS.
Dadme el brazo, risueña señorita;
Céfiro mece lá apacible fronda
Y es la tristeza de mi ser tan honda,
Que el llanto de mis ojos precipita.
Dadme el brazo; que amante vals imita
Rumor de besos sobre testa blonda;
Balada ,i,zul de náyade en la onda
Donde el rayo lunar canta y dormita.
Serena luce en el zafir la luna
y el blanco cisne por la azul laguna
Nadando presuroso el agua agita ....
¡Y es la tristeza de mi ser tan nonda
Que contárosla quiero. señorita,
De Selene a la luz , bajo la fronda!
III. REVEUSE
Ga.rruladora linfa serpentea
Por las cóncavas cuencas de gra.nito,
Su canción entonando al infinito
Donde Venus brillante_parpadea.
En mi mundo interior forja la idea
El verso que en mis cán~igas repi~o,
Verso de amor cuyo estm!ente grito
Es de mi olvido la mejor presea.
y vaga pn torno de la azul mirada
De la bella y romántica enlutada
Como un hálito azul de poesía,
El viejo y seductor ro!llaoticismo-:
Que en mi pecho ~urgiendo del ab1sm?
La dice que la quiere todavía ...•
IV. A UNOS OJOS
Cintando el'vals, deleita nuestro oido
y al áznl, sus acentos, raudo Jaeza
Mientras-pálido y triste-en lo~tanacza
Uo lucero ·de nácar se ha prendido. ·
Todas las penas del amor, olvido
y mi alma a comprender su amor no alcanza
Al mirar que renace la _espe:acza .
En vuestros ojos, que m1 sueno han s1d~...
¡Ojós divinos de p_upifas bellas .
.
Que extasiado por siempre me ba1s tenido,
Haced que nunca reflejando en éllos.
Este instante de a.morque hoy be obtenido,
Cual reflejan las pálidas estrellas
Sus luces·, en el lago adormecido. ~ . . 1
..V. ULTIMOS ECOS
Termina el vals, y vnestro dulce aliento
Como aroma en el éter se diluye.
La dicha de uo momento, se destruye

Como un celaje que desgarra el viento Al veros, en mi Joco pensamiento.
Surge el ensntiño que el amor construye
Mientras la nota de vibrar concluye
E n la eterna quietud del firmamento . ...
Tengo un terrible instante de martirio ..
Al contemplar que no ósculo se posa
En la alba rosa que os peÚ.l!_lna _e~ seno.
Más feliz que su amor, es su aehno,
Por que el beso desciende a la graciosa
Divina mano de blancor sereno!
VI. DESPUES DEL VALS
Hoy, un murmullo arrullador y suave
Del vals de amor que en mis oídos suena
Como cauto atrayente de Sirena
Que interrumpe el si lencio de mi nave.
Debe ser el recuerdo que me acahe
De auyentar Jo profuodo de mi_ peca ...
¡Y ese doliente arrullo me enaieca
Como el acento music.:11 del ave!
Sobre la b1nca del jardin reposo
Con dulce decaimiento voluptuoso
Que el paganismo a recordar invita,
Y vue,tros ojos bago en dos luceros
De t&gt;rillactez romántica e infinita
Alumbrando mis sueños lastimeros!
VIL A UNA AMIGA LEJANA
Mi verso es ccal la brisa que se atreve
A acariciar tu impenetrable oido
.
Con la historia de amor que se ha per dido
Tras el encanto de una noche breve.
(Y a esta artista geotil quiero que IJeve
El eco de un amor no interrumpido
Ni por el canto eterno de tu olvido
Mucho más cruel que la implacable nieve)
Pero al fio, este canto me importuna
Si al hablar de tu olvido no te nombro ...
Afnera esplende la apacible luna
E in:iiferente tú, de mi destino
y sin mostrar en to semblante asombro
Te alejas entre el polvo del camiccl
VIII. ULTIMA SERENATA.
¡Parte novia gentil a otras regiones
En donde Apolo ritmará tu vida,
Como rimé cuando te hallé dormida
El sueño de tus blancas ilusiones!
¡Serenatas de amor! Dulces canciones,
Llevadle mi postrera despedida_ .
Como a un niuerto las castas orac1oces
· Le llevan los que lloran su partida.

La DonGella y el
Trovador
En un pais lejano, siglos ha, vivía una
doncella dulce y gentil, cuya feudal
mansión estaba construida sobre una
roca de granito al margen de un anchuroso rio, de aguas azules, como rau•
dal de turquesas, durante el día y de
superficie argentada al aparecer la luna
tras las montañas de esmeralda que cir,
candaban el exhúbero valle.
Al atardecer, cuando el sol desapa·
recia en un Jecho de rosas celestes, y
la vespertina estrella cintilaba con
parpadeos d_e c!rio, una góndola. como
un cisne sohtano, descendía al 1mpul•
so de la corriente basta el pi e de la te·
rraza del castillo, rodeada por uoa ba·
lanstrada de mármol.
El gondolero bucdia su largo remo
en las arenas y el esquife se detenía en
los remansos del rio, mientras los tintes
del creplÍsculo palidecían y la luna
ocupaba su trono sidéreo ante su innú ·
mera corte de estrellas.
De pie en la proa, un trovador pre·
ludiaba una canción de amor, y las no•
tas como perlas líricas, se engarzaban
en cada jugueteo de ~os céfiros y ea
cada suspiro de las brisas.
Desde la balaustrada de mármol, en•
tre las blancas aureolas del plenilunio,
la doncella escuchaba las sentidas fra •
ses para ella rimadas y sus suaves fac•

Srita. Carmen Bolaños y stñor Nic...cor Arbide. San Cosme, 6
de junio de 1914.

ciones se iluminaban con el brillo de
sus ojos y el perfecto dibujo de su son,
risa, siempre la misma y siempre dife•
rente, mientras el trovador, arraucando
al laud su más delicada nota, repetía;
te amo, te amo ....
Y entónces la doncella decíale sua·
vemente: también yo te amo a tf ....
Y abríanse a la luna los cálices de
las flores, las brisas suspirantes besan a
los céfiros, y las aguas del río refl♦ja•
bao en su fondo, como en un espejo de
bruñida plata, el paso de algún pájaro
exótico que en nocturuo vuelo tornaba
a sus florestas.
El gondolero desprendía el remo• de
las are.Jas e imprimiéndole un movi•
miento regular y oscilatorio, remontaba
la plácida corriente, mientras inmóvil,
con la cabeza desci,bierta y los ojos fi·
jos en la terraza del castillo, el trova·
dor veía un pañuelo blanco agitarse a
la exangüe luz de la luna, como un
vuelo de paloma herida ....

...... ........... ... ................ ..

Mi cantar suspi1ó. La última nota
De viejas y románticas querellas
Vjbró gimiente de mi lira rota
Y, la novia gentil de manos bellas
Siguió su senda a la región ignota
Bajo el e ocanto azul de las estrellas ... ,
IX ENVIO.
E~te poema de pasión te envía
¡Oh Maga de la escena! el pensamiento
De ~n pobre trovador a qu!e~ un día
Acarició el Amor y el Senhm1ecto.
Cuando vayas del Teatro a tu aposento
Lleco de dulce calma y poesía,
Recita mi cantar; esta elegía
Que Hora los amores de un ~omento. .'
Yo· torno al Hospital do mi alma esconda,
.. Curando otro dolor, el que lá agit'a ..•.
· (Un·ruiseñor, en la apacible fronda
Cantando su baláda, ya dllrmita
Y es la tristeza de mi ser tan honda
Que decírosla quiero, Señorita ... . )
JULIO A. MU~IZ.

F ERNANDO DURAN.

Si ita. Guadalupe Alcalá y señor Lic. Altomo M. Siller, Sta. Brígida, 4 de Ju•
nio de 1914,

�l3

VISIONES DEL ARRABAL

Una atmósfera gris, dudosa, se extieo,
de sobre el caserío y envuelve por todas
partes el dédalo de callejuelas ilumina•
das débilmente por los últimos rayos del
crepúsculo. Hemos llegado al límite de
la ciudad que separa Jo alegre de lo
triste, lo risueño de lo sombrío. Aqui
termina el mármol y empieu la podrP.•
dumbre. Atrás quedaron los palacetes
eleg:10tes, los ar!tocráticos chalets y
las anchas avenidas asfaltadas. Por de,
laote están los callejones tortuosos,
obscuros, plagados de baches hediondos,
obstruidos por amontonamientos de ca·
charros y fierros viejos. Es el arrabal,
que sirve de lecho al pauperismo y que
forma la resaca social, el detritus que
la grao metrópoli arroja .;omo un dese•
cho sobre la llanura polvorienta y calcinada del valle.
Estos andurriales alientan una pobla·
cióo heterogénea que vive en uoa mise•
ria y una obscuridad espantosas. Es•
trechado como en un reducto por las
exigencias de las clases superiores,
coaodo estas se sienten incómodas por
el empuje de la oleada humana que in•
vade incesantemente la capital de todas
partes de la República, el arrabal es

despojado de sos casas bomildes y de
sus angostos pasajes; sus pobladores,
arrinconados, como cosa inservible, se
refugian en los extremos de la nueva
COLONIA y forman otro suburbio. La
piqueta demoledora nivela en pocas se·
manas toda la barriiid,,. y traza el plano
sobre el cual se elevan después los her·
mosos BUILDINGS, cuya soberbia
parece humillar a los penates de la ciu•
dad antigua.
oo o
Entre los moradores del arrabal pre•
domina en alto grado la clase iodígena
Es un espectáculo doloros9. El indio
abandona sus campos de maíz y sus ca•
bañas de paja por venir a la metró•
poli, donde le e,pera una atmósfera
viciada que lo asestDa lentamente, una
sociedad que lo desprecia. Pero prefie•
re alimentarse con ranas y yerbajos o
desperdicios que se le arrojan, antes
que retornar a la montaña. Prefiere el
aire miasmático de la ciudad al aire
poro de los campos.
De vez en cuando, de entre ese baci•

namieoto de andrajos, salen rostros que
dejan entrever una belleza extraordi•
oaria, ultrajada por la miseria. Cerca
de mí pasa una joven de ojos azules y
cabello rubio. Lleva en sus brazos un
rapazuelo devanado en trapos viejos;
detrás correo dos niños desnudes, mugrientos, tao alegres como si estovierao
bien comidos y mejor abrigados. No ha
traspasado los veinte años y ya su rostro
está marchito; la palidez extrema de
las mejillas le da un tinte melancólico
que la asemeja a una virgen dentro de
un ataúd. Pero el sPllo de la adolescen•
cía ha desaparecido bajo la hosquedad
de las arrugas. Me acerco y le hablo
con esa familiaridad a que nos autoriza
nuestra condición aparente. Un sobretodo raído y un sombrero de paja bas•
tao para presomir. Y si a esto se agrt,ga
la locuacidad de estas gentes que se
c.lesviveo por entablar plática con todo
el mundo, ya tenemos diez minutos gastados en una &lt;causerie&gt;.
Y me cuesta la historia de siempre.
La eterna historia de las familias aban•
donadas. Su padre era empleado de go•
bieroo, lo que les permitía llevar una
vida medianamente decente. Pero vino

De algunas de esas colmenas huma•
nas salen hilos Je agua verdosa que..-an
a agrandar el caudal de la corriente
máxima que pasa por la calle.
La inferioridad de las construcciones
es más notable a medida que se interna
uno en el suburbio y se aleja del ceo•
tro. Las últimas casas, situadas sobre el
valle, a orillas de los canales y en lo
que se denomina &lt;goteras&gt;, no son sino
o o o
especie de cubos de tierra de dos me,
Sigo mi camino por entre pasadizos tros de alto, cuando más, ennegrecidos
cada vez más estrechos y más socios. por el humo que se desprende del ho•
Los edificios se apiñan unos contra gar, Estos cubos de tierra arcillosa esotros cual queriendo ayudarse mutua• tán desparrama dos sin orden alguno
mente para no caer. Hay casa que en sobre la llanura. Carecen de puertas y
sus tres pisos aloja a más de cien per• de techo artesonado. En el interior no
hay muebles y cuando existen se con•
!Ollas, sin tomar en cuenta los pe:ros,
gatos, muraoos y demás bichos del Ar, fondeo unos con otros. Mesas, sillas,
todo es uno. Un sistema de la·
ca de Noé. Cada Jora, sentada sobre cam.i.s,
una estaca fija a la pared. vocifera de· tas viejas y de ladrillos cocidos al sol,
sesperadameote y mete CJás ruido que impide la filtración de las gotas de agua
tres mujeres juntas. Pero sobre todo en tiempo de lluvia. Allí dentro viven
eso está la falta de higiene; y sobre to~ ocho y diez miembros de familia en
do, aún, la falta de sol. La higiene su• una promiscuidad salvaje y primitiva.
Y pensar que las cla~es acomodadas
combe desde el umbral de la puerta,
mejor dicho desde la calle, basta el úl· hasta ignoran la existencia de tanto
desheredado! Y si no la ignoran, por lo
timo intersticio del mueblaje.

la guerra y sus hermanos murieron en
ella. Su padre fué destituido y eocar,
celado; su madre cayó enferma. Des·
pués vino la desgracia de cuerpo en·
tero.
c¡Ah, si usted nos hubiera conocido
antes!
Y ·agrega: &lt;lNo podría usted favore·
cernos con una limosna, señor?

.,,... .. ., .,..

000

Yo he recorrido-en horas de tedio
y pesadumbre-estos arrabales de Mé·
xico, dignos de la pluma de Emilio Zo·
lá o de la paleta de un pintor flamenco.
1Ah, las noches de una de estas calles,
en que el pólvo blanco de la luna desciende lentamente sobre ese montón de
miseria, haciendo surgir todo un poema
de melaocolia estival, mientras hambriento, flaco y medio muerto de frío,
un perro ladra desde el quicio de una
puertal
¡Cuánta poesia y cuánta podredum•
brel
PORFIRIO HERNANDEZ.
México, Junio de 19r4.

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NUESTRO PAIS.-Paisaje de las cercanías de Chorubusco, D. F.

menos, cierran ,los ojos• del corazón y
pasan por delante de estas chozas mi·
sérrimas, arrastrando con los automóvi·
les todo su lujo que descansa sobre el
lodo sangriento de cien generaciones
despojadas .

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Reparto de pinole y otros come~tibles efectuado el domingo último por damas caritativas en los cuar•
teles de la capital.

�Fragmentos de una historia recogida en
Ginebra
A la disticguida se•
ñora Paz de Haro de
Palomo, con mi admi•
ración por su labor
en la Crnz Roja.

Como quien vuelve de un profundo
letargo, como quien despierta del sue·
ño de la catalepsia, recuerdo ahora ana
historia qne me contó mi madre al ca·
Jor de la lumbre en el Invierno. Histo•
ria que me cautivó entonces porque la
oi de unos labios que no sabían mentir,
y que me seduce ahora porque el traes•
curso de los años le ha dado no sé qué
misteriosa fuerza de poder.
(Oh! dulce y buena madre mfa, que
duermes bajo los sauces y descansas
bajo la sombra de los cipreses del ce,
menterio. !Quien fuera aquellas :florecillas qne cobijan amorosas tu sepnlcrol
(Quien fuera aquella vieja campana de
la iglesita a donde me llevaste a misa
de la mano muchas veces, para servirle
a to tumba de eterno centinela.....¡Quien
fuera al menos aquel sepultnrero que
abrió to fosa, para levantar la tierra y
besar la orna que te guarda para siem·
pre ...... !
Pero te llevo conmigo a todas horas
y te miro r.on los ojos del alma que son
ries amorosa cuando ves que tu hija,
cumple como tú el deber de relatar
aquella historia que debe pasar de ge·
aeración en generación hasta la poste·
ridad de los sigÍos.
Mi recuerdo se aviva en este instan·
te y te miro con aquella hermosa aureo•
la de luz que circundó tu semblante.
para darle a to palabra la fuerza de
una parábola divina. Permite ¡oh ma•
dre mfal qne descienda basta mí aqoells elocuencia sencilla e ingenia terno·
ra de tu alma, para qne la historia que
voy a' reproducir, comunique a mi pluma algo al menos de lo veraz y dulce
que tenia en tus labios cuando la reco•
gi de ellos.
He aqui la historia si mi memoria no
me traiciona.
El amor, ese angel bialado y ciego,
babia enlazado dos almas que debian
marchar por el sendero de lafelicidad;
y en aquella casita llena de amor que
bendecían las aves con sus trinos y las
flores con su aroma, trans::urrieron las
horas mas felii;,~s para aquella V.,!!Dturo•
sa pareja; ella siempre amorosa y siem•
pre tierna, él solícito y amante a todas

horas y como único testigo de tanta
bienandanza, la diosa de la dicha que
sonreia dulcemente .... . .
Pero ¿fué el destino, el hado cruel o
la desgracia, que cansada de ver tanta
ventora quiso cortar el lazo de la dicha que unia esos corazones? ¡Quién sa·
bel Pero es cierto que la tranquilidad
fué huyendo poco a poco para ceder su
poe~to a la descooftanza y la dnda; qne
las juntas y las asambleas reclamaban
más tiempo la presencia del marido;
qtie crecían las cnentas del joyero sin
que aumebtaran las alhajas del cofreci•
llo de novios .... . . qóe la ausencia del
hogar por &lt;la.'\ exigencias&gt; de los nego•
cios se prolongaban tanto, que ella,
temblando de dolor y de miedo, recibió
sola al primogénito de sos entrañas, que
venia al mundo para acompañarla en
so infortunio y consolarle en su aisla·
miento; que mochas Yeces una caricia
fué compensada con una respuesta brus•
ca; que las noches de inquietud y so•
bresalto en medio de la tormenta que
azotaba los cris!ales de la ventana se
hacian interminables y qo, en la semi·
obscuridad de la alcoba, aparecía en el
alero del relox la tortolita triste, par:.
recordarle a la madrugada la miseria
del engaño ... . . .
Pero como la perfidia se trueca fácilmente en verdugo y en tirano, y for•
ja fantasias a su manera para tronchar
la virtud, el incauto marido culpaba a
su mujer por deslealtades imaginarias y
necias.
A veces la acusaba por la coquetería
del hogar que sería para agradar a un
extraño; a veces porque babia regresa•
do tarde o salido sin su consentimiento,
otras porque dentro de ~u bolsa de ma·
no babia encontrado una cofia blanca
que no tenía para él explicación algo•
na, y no pocas la riñó porque trascen•
día a un olor de yodoformo, que, ade,
más de lastimar la afinidad de sus sen•
tidos. levantaba en su cerebro de loco
quién sab3 cuántas consideraciones absurdas ...•
Y la pobre mujer que había sacrificado su juventud y so hermosura con
santa resignación, se conformaba con
implorar del cielo la justa misericor·
dia, y re,)etía: &lt;SE~ OR, YO SE QUE
TU NO QUIER ES QUE MUERA EL
PECADOR; SINO QUE SE CONVIER·
TA Y VIVA .. .... &gt;
Pero los celos llegaban sin cesar con
todo su cortejo de diatribas, caía impetuosa la cascada de palabras ofensivas;
las suposiciones equivocadas y rudas
llovian sin cesar, y sobre el rico cana•
pé se desplomaba una mujer sollozan•
do de amargura, mientras en su imagi·
nación se desmoronaba el palacio de su
felicidad en minas, mientra~ volaba el
cadáver de su cariño mnerto, mientras
sentía cubrir su frente por el manto ro·
jo de la vergüenza •... . .
Y entretanto, el marido buscaba en
el vértigo nauseabundo de los placeres
mundanos, la felicidad que implacable

y artero había asesinado sin piedad por
si mismo.

La marGha fúnebre

o o o
La tarde había cerrado su corola; el
sol se iba ocultando detrás de las mon•
tañas; descendió la noche envolviendo
piadosa con so sudario negro, la desnu•
dez impúdica d'.l las pasiones falsas .• • :
Cortando las tinieblas de la noche,
corda un auto desenfrenado y loco por
la amplia carretera, dejaba tras si en·
tre el humo y el polvo del ambiente,
una sombra de miedo, como si llevara
el esqueleto de la muerte arrastrando a
remolque •• • . 1 Al fin se fué a estrellar
contra el añoso tronco deun encino vo •
)ando la máqnina en pedazos y arrojan•
do a dos cuerpos a distancia.
Después, sobre la humilde cama de
un hospital de sangre, yace una mujer
desfallecida por la hemorragia de sos
heridas, y en la sala contigua, un distinguido joven qne mutilado volverá a
la vida....
'
¿Quién es- aquella enfermera que no
tiene más insignia ni más titulo que una
Cruz Roja en el pecho?
Quién sabel Pero me parece mirarla
con sos delicadas manos humedecer los
labios amoratados por la fiebre de
aquella moribunda, colgar a la cabece•
ra de so cama un crucifijo, arrancar de
su cuello uoa medalla para dejar que
la bese aquella mujer incógnita que
podía ser una madre y un• esposa fe•
liz, y encomendar so alma a Dios, mien•
tras el sacerdote le da la extremaun•
ción.
Y el herido aquel que recogió la am·
bolancia de la Cruz Roja aquella mis·
ma noche, que inconsciente fué lleva,
do hasta el puesto de socorros y aten·
dido y vigilado por otras mnjeres igual•
mente piadosas, contempla ahora ab·
sorto en el reflejo de los cristales de la
ventana, toda la escena de la sala con·
tigoa y su conciencia implacable le
grita que aquella mejer que es la madre
de so hijo, que es la misma a quien ha
vitupereado coo suposiciones horren,
das, que es ~quella a quien acosó de
adúltera porque llevaba en sus manos
ese olor sacro que da la caridad en for•
ma de medicina, que es una santa mu •
jer a qnien debla llegar doblado de ro·
dillas para implorar su oerdón, y hasta
quien llegó más tarde lleno de atrición
profunda por haberle ofendido, y dis•
puesto a la contrición para lavar so
culpa . . ..... .

e
Era Elena una de esas jóvenes almas
que saben conservar su iogsnuidad has•
ta el instante supremo en que sienten
el vértigo del amor ; mas en cuanto es•
cachan las voces primeras de este lenguaje de misterio, se convierten en b0tones hermosos prestos a abrirse en pé·
talo1 lucientes al soplo de esa ténoe
. brisa universal; sus encantos la p,redis·
pusieron al alquilón de amor qne le sobrevendria: era una de esas manzanas
prohibidas que apenas hao adquirido la
pelusilla de la fruta nueva y ya se an·
toja devorarlas con avidtiz; poseí.i ade·
más una regular fortuna, porque acaba•
ba de recibir so familia una ber~ncia
cuantiosa legada por un tío suyo moer•
to en Monterrey. Y si no hubiera sido
por el cuidado que de ella tenía u.na
severa aya encargada de vigilarla. ioevitablemaote que a las primeras ten(ativas de un petulante enamorador, hu•

hiera sido envuelta en el turbión de
sus conquistas.
A los quince años era una valiosa
joya en el albaj ero del amor y una es•
trella esplendente en el cielo de la
hermosura regional; demostraba singu•
lar talento en el arte de la música; y
cuando más lucía la aureola de su be•
lleza, sintió por vez primera el deliran•
te espasmo del amor; entonces ... .. . . .
sus rizos rubios ostentaban con fulgores
de oro viejo los quebrados matices de
sus ondas y sos ojos &lt;celestemente azo•
les&gt; fosforecían en lumbre de romanti·
cismo; su cuerpecillo frágil se sacodia
con nerviosidades de histérica enamo•
rada y su alma temblaba convulsiva•
mente bajo las impresiones de una emo·
ción nueva.
o o o
La familia de Elena pasaba largas
temporadas en S1n Joan, y ali! fué en•
viado Eduardo Gaillén a hacer sus
prácticas de iogenieria; muy en breve
simpatizó con la sociedad de esa pinto•
resca población, pues no tenia ese pe•

dant-e-sco caracter y esa locoaciqad ex•
trema de los que han frecuentado altos
círculos en las grandes capitales; antes
bien era un modesto joven de impecable corrección en sus modales. Tampo•
co era de ese temple enamoradisimo y
donjuanesco de los que han hecho del
amor un arte, y las relaciones que más
tarde mantovo con Elena tenían por
base la sinceridad de un sentimiento
profundamente verdadero.
Mas los amoríos de Eduardo y Elena
n:&gt; prosperaron: la convicción que ella
tenía de so hermosura, el elogio conti ·
nuo de1 grupo de amigas que siempre
rodea a las moj eres hermosas y adine•
radas y las presunciones propias de la
edad trajeron a su alma la apacibilidad
desesperante de una indiferencia pos·
tálgica ... .
Hechas las prácticas de reglamento,
partió Eduardo a presentar so exámen
profesional, y después de haberlo sus·
tentado con grao lucimiento recibió el
titulo de iogeniero.
o o o

OBDULB..

-

11

JOYAS DEL ARTE :ESCULTORICO.-Tomba del cardenal Ricbelieu en la Sorbona, Paris.
.. ::

�El pals entero era víctima de la re·
voluci-On que cada dfa ensancbaba la
órbita de sus estragos causando desas•
tres apenas creibles; y como era muy
deficiente el personal militar, Eduardo
fué comisionado por el Gobierno para
dirigir en una peligrosa zona de combate la reparación ele construcciones
importantes que hablan sido destrofdas
por los enemigos. Bien bnbiera podido
no aceptar la comisión, pero además del
deseo que tenla de alcanzar adelantos
profesionales, quiso aprovechar esa
oportunidad para corresponder con su
buena disposición a los servicios de ayu·
da que el Gobierno le habla prestado
para llevar a buen término sns estu•
dios.
Apenas dispuso del tiempo necesario
para regresar a San Juan rápidamente
y en una silenciosa tarde de1 mes de
Abril se despidió de Elena. Y se marchó en ese mes en que las frondas sue•
nan con acordes musicales, cuando el
cielo lace la ternura de su diafanfa y
el crepúsculo su sonrisa, cuando la pri·
mavera se muestra con nuevos matices
y florecen los rosales del amor en los
huertos exuberantes de las almas evo•
catrices de emociones v1e1as, en ese
mes en que se abre el estuche de las

ilusiones y se ostentan las:gemas lucien·
tes del ensueño, cuando hay ramos de
flores perfumadas en el seno impoluto
de las vírgenes y un raudal de cantares
harmoniosos en la lira vibrante de los
poetas . .... .

oo o
Las primeras cartas a Elena eran de
un romanticismo v~bemente, después
revelaban una tristeza y un desencanto
intensos. La campaña fué sangrienta; y
se anunció en la zona donde se hallaba
Eduardo una serie de combates que se
consideraban determinadores del triun•
fo o desastre de la causa defendida.
Conocedor Eduardo del peligro en que
se encontraba escribió por vez última
a Elena. He aquí su epístola:

o o o

APERiURA

DEL

HOTEL

11

C OS M OS"

Un domingo por la tarde platicaba
Elena con varias amigas y una de ellas
de una manera inconsciente tomó &lt;El
Imparcial&gt; del dla y empezó a leer la
&lt;Reseña del último combate librado
en ...• . . &gt; donde se refería la muerte
del ingeniero Eduardo Guillén; y al escuchar la corta narración, Elena, para
hacer patente su dolor, se lanzó al pia·
no exclamando:-lharemos los honores
al muertol. ..... y la chopiniana mar•
cha fúnebre en vez de oirse con su
melancólica ternura, salió transforma•
da en un agudo grito de ironla ....
JOSE AGUILAR MAYA.
Junio de 1914.

&lt;Elena:
El riesgo que mi vida corre es cada
día más inminente, y sólo te ruego que
te compadezcas un pocó de mí. La
muerte no me causa más tristeza que la
de dejar de vivir sin tu amor. No te
culpo a ti sino a mi suerte que me man·
da al sepulcro con el alma hecha gíro•
nes».:

•

FOTOGRAFIA ARTISTICA.-Alrededores de Cueroavaca por José C. Tovar.

Fachada.-Famoir.-Vestibulo y elevaüor.-Dos habitacione
T
gunas fotograflas del hotel &lt;Cosmos&gt; (antiguo cNew Porters&gt;) s.- .ede:os el g~to de ofrecer a n?estrcs le~tores alela, El elegante eshblecimiento que está situado eu la r~ c~ul~op;e ª1 del senor Iog. don Franc1s~o Cortina Gar•
talmente y ofrece todas las comodidades de un h t 1 fl
e an _uan de Letrán No. r2, ha sido reformado to,
cf e es I o eu:opeo, pudiendo asegurar$@ que es el primero de Méxi•
eo.-e on ort, elegancia y excelente ªerviciQ,

�Retuerdos de Torreon a
VeraGruz
21 DE ABRIL DE 1914
Lei mañana era bella y decidimos dar
un paseo por el mar.
L,ocho Zamudio, en su bote &lt;Amé·
rica,&gt; número 288, remando •igorosa•
mente, nos condujo fuera de la bahía.
Cercanos a la bocana del puerto, ao•
ciaban el &lt;Florida&gt; y el carbonero
cOntario.&gt;
Parte de la tripulación del buque de
guerra yanqui, tomaba su baño matinal,
arrojándose al mar desde la cubierta,
ejecutando cclavados&gt;y oadi.odoy zam•
bolléudose con alegría de mocozuel9s.
Dimos una vuelta al rededor del gi,
gante, para contemplar sos largos y ou •
merosos cañones y lentamente regresa,
mos al malecón, después de hiber ad•
mirado al &lt;Cirios V,&gt; español y al
cExess,&gt; inglés.
Pagamos a Leocho lo que le corres·
poodía desde las spis ha,ta las nueve
de la mañana, a razón de dos pesos la
hora, según convenio.
En segoid1 fuimos al Café Diligeo•
cías a tomar un frogll desiyono y me·
dia hJra después alegremente nos ba·
ñábamos en la playa, en compañía de
lio:lisimos pilmitos, l!'loy ageoos a los
terribles acontecimientos quti iban a
desarrollars,, en los cuales peligrarla
nuestra existencia.
&lt;Los americanos, con bandera de
guerra, están desembarcando en los
muelles,&gt; gritó no individuo y todos los
bañistas nos apresuramos a ponernos
en salvo.

Mi amigo y compañero de viaje, Ao• •
tooio Sfochez del Moral y yo, nos di·
rigimos al mercado de mariscos, situado en la cille de Laodero y Cos y alll
nos encontramos con grupos h'!terogé•
neos que proferfan frases de indigna,
cióu y se movían en diferentes direc·
ciooes.
Vengan acá catedes,&gt; vengan acá, nos
gritaba un jarocho, a quien la ira con,
vertía en una fiera enjaulada, con per,
dón de él que tenía carácter jocundo.
¿Qué pasa? le interrogábamos mien•
tras él nos cogía del brazo y en volan•
das nos introducía al &lt;Patio&gt; del jar•
dío.
lQtié ha de pasaa, compadree.que loo
gringos ...... (aqo! una frase que hace
rubJriz:i.r en los primeros capítulos del
Quijote) que los gringos se &lt;etáo&gt; metiendo, retoño.
El jarocho, que no era otro que nues•
tro marchante de los ostiones, sacó dos
rifles de marca antigua y entregó a
Sáochez del Moral, una pistola de calibre 38, algo oxidada y a mí uno de los
rifles que denotaba haber prestado mu•
cho servicio aunque quizá no en acción
de guerra.
Silimos de la casa del mucbante de
los ostiones, en compañía de éste que
se constituyó en nuestro capitán, a reoniroos con los compatriotas que ya te·
oían a raya a los invasores.
Nuestra dotación de parque era muy
exígua. noestras armas poco seguras y
no obstante qoe en mis tiempos de es•
colar era moy afecto a la can de co•
nejos, en la actualidad padezco de
miopía, y adem;h jamás babia estado P.o
ninguna función de armas, asf es que
no dejé de sentir cierta temblorioa que
procuraba disimular.
Prurumpp ...• sonó una descarga cer,
ca de nosotros, ¡viva México!

¡Viva México! gritamos nosotros per•
dieodo toda noció:i.
·
Mi amigo Sáocbez del Moral, que es
cubano y chapar rito, con vivacidad des·
cargaba su pistola parapetado detrás de
una esquina, estimulándonos con los
gritos de tviva México!
Se acabó el parque; los yanquis vo•
ciferabao cerca de nosotros y no hubo
más remedio que &lt;evacuar&gt; la posi•
cióo.
Nos introdujimos rápidamente a un
&lt;Patio,&gt; escondimos las arma, en uu la·
gar apropiado, y del cual ouocasaldráo,
y esperamos el resultado.
Este no tardó en presentarse en figo·
ra de un oficial y diez o docecprimos,&gt;
quienes después de intimar rendición a
todos los babitiotes de la vecindad,
apuutáodoles con los cSpriogfields,&gt;
procedieron a catear, revisando basta
los cachivaches.
Poco satisfechos del registro, los
yanquis, escogieron a los que tes pare·
cieron sospechosos, tocándome en suer•
te a m{, y nos condujeron a los cobertizos de la aduana, donde permaoeci·
mos basta el dfa 23 en que dizque por
magnanimidad, nos pusieron en líber•
tad los invasores.
Mi amigo el cubaoito se embarcó pa·
ra la Habana; de nuestro marchante de
los ostiones ignoro el paradero y yo re•
gresé a esta Capital para contarles en
estos desaliñados renglones, a mis amigos que me hicieron muerto, lo que me
pasó durante mi paseo a la 4 vi;ces he•
róica Veracruz.

..

"EL TRABAJO" CANTADO POR UN ESCULTOR

PEDRO PONCE DE LEON.

La cosecba.-La industria - El sembrador.-El cargador.-El segador.-El majador.-La mioa.-El Puerto.
Escultur¡¡s de Coostaotin Mtuoier para el monumento al trabajo en l,ovaioa.
Ciclistas qoe tomara¡¡ parte en la excursiQo a Texcoco efectuada ~1 domingo úllimo.

�rTeatrales J

cUoa coche de amor ioterrumiJida,&gt; por la compañía del L1rico.

Es la obra del excelso Marguioa, es•
treoada el sábado ea el Mexicaoo algo
tao superior que el crooista, abrumado,
se detiene respetuoso a modo de ere•
yente fervoroso en el dintel del tem·
plo.
Marquina, Eduardo Marquina, auto~
de cVendimióo&gt; ha planteado magis·
tralmente en «La Hiedra&gt; la fase más
espinosa del problema sexual resuelta
en prodigiosas síntesis (que no otra co•
sa rnn sus personajes) digoas de Ibsen,
Somdermao, o de su tocayo Eduardo
Rod
Sencillez de leoguaje, casi familiar;
un argumento humanisimo; ambiente
hasta mascarse, he ahí los mimbres em·
pleados por el geoial y altísimo poeta
para regalar a la escena española una
de las producciones más sólidas y defi·
nitivas del teatro español contemporá,
neo.
Renovador Marquina, síntesis a su
vez, del poderoso cielo de traosición
literaria que se inicia en España nada
de extraño tiene que su teatro no sea
asimilado, asi de pronto.
Pero día llegará, quizá no leJano, en
que altos y chicos, igoaros y sabihondos.
rindan el mereciáo homenaje a esta
nueva modalidad de su preclaro inge·
nio.
Plumas, harto mejor cortadas que la
mía, bánse ocupado en el periódico de

cLa Presidenta&gt; vaudeville estrenado el sábado en el Colón.

�_ _ rAhl Se¡¡mos justos!
En cuanto a peluca, pintura, etc .... estuvo el «Isidro&gt; perfectamente
caracterizado.
De no haber hablado ...... Una verdadera «creación!&gt;
o oo
El Lírico sigue siendo el favorito del público empeñad~ en reir (hace
bien) en lugar de llorar,
El cvaudeville&gt; impera, reina y produce.
Bien es verdad que la loable labor de los hermanos Michel, digna
de todo elogio, contribuye al éxito, ya que suavizando asperez~ aleja
de los originales todo cuanto pudiera oler a gracia chocarrera o pro•
caz.
!Excelente género pira los hipocondriacos!
DON NADIE.

11 Páginas Feffieni-nas
Páginas femeninas
La moda actual está llena de varie•
dades y encantos tanto por la diversi•
dad de telas como por los diferentes
modelos nuevos.
En estos momentos bay una verdade•
ra locura por las túnicas largas y anchas
que han sido la última creación. Estos
trajes están confeccionados de una ma•
nera muy sencilla y elegante, pues so,
bre una falda estrecha se coloca la tú,
nica a una altura de 30 centímetros de
la parte baja de la falda y la túnica
puede hacerse completamente plisada
y el talle en forma lo cual da una serie
de pliegues en la parte inferior del cor·
piño bajando los pliegues rectos en las
caderas. Alguoas veces se llevan dos
túnicas sobrepuestas con bandas y plie•

gues planchados, y estos son muy con·
yenientes para los trajes ligeros.
Los trajes drapeados en las caderas
es ,1 acontecimiento del día y no es si•
no una reminiscencia de la silueta que
vimos en 1880, pero siempre adaptadas
al modernismo actual y algunas damas
bien formadas llevan estos trajes sin
corsé produciendo un efecto sumamente chic.
Los volantes sobrepuestos, los talles
en forma y los pliegues planchados son
los adornos que reinan ahora, así es
que podemos escoger lo que más con·
venga a nuestra figura sin exagerar las
locuril.s de la moda, pues convertiríamos
la creación más chic en prenda de muy
mal gusto.
Yo he visto copias de lindos modelos
que habiendo sido exagerados han re·
soltado verdaderamente lamentables.
La capa ha venido de nuevo a la mo•
da ganando día a día má~ popularidad

y la cual han acogido las damas elegan•
tes con verdadero encanto.
En la presente estación. los tisús, el
pekin a rayas, el escosés de seda, el
crespón de algodón floreada_ y liso, la
tela de seda floreada, el shanting raya·
do son las telas de moda.
'•

Los trajes de shanting suave ,\dorna·
do de pasamanería y botones dan un
aspecto muy agradable
'
Lo que es verdaderamente enc~ta·
dor son los sombreros que se llevan 1.ac ·
tualmente como el sombrero Luis x_vr
adornados de flores y largas bridas l;le
cinta de terciopelo negro Para estos
sombreros se deben escoger flores del
campo por ser las que van mejor con
el estilo y época del sombrero el cual
se adapta muy bien a las personas de
facciones finas y con el peinado actual
hace resaltar las lineas de la nuca y el

---

la discutida obra áe Marquina, acusando de inmoralidad a Marquina.
Salvando el respeto que me merecen, diría yo a «Monseñor&gt; por
ejemplo, que inmoral es cEdipo&gt; y mucho más aún Shot, sin que a
nadie se le haya ocurrido hasta ahora discutir na el :Génesis ni todo el
horror «sublime&gt; de la tragedia clásica que al fin y a la postre no es
sino la Madre de la enfermiza psicologia moderna, cobarde v morbosa,
que incapaz de realizarla, por eso y nad_a más que por eso la repudia
y la rechaza.
Dos palabras sobre la interpretación.
Prudencia, maravmosa; Mutio muy bien; la Castillo, requetebien;
el modesto y trabajador Rugama digno de sinceros plácemes; bien
Gil. .. , v el perinclito y nunca hien ponderado director, actor, empresario, Cascarrabias y monopolizador del favor público (según él, Dios
se lo conserve) durante quince años de incesante trabajo muy p,ir en•
cima de la crítica de periodistas follones, malandrines, cbantagistas,
(que no han podido sacarle ni un maravedi) a los que desprecia, con
toda su alma .... muy mal. rematadamente mal.
Chocarrero, epiléptico de puro temblón el clsidro&gt; de Cos, r ecor•
daba como una g',lt¡l de aceite .... , . a otra gota de aceite, a aquellos
infelices «hidros&gt; victimas del conocido «timo del perdigón.&gt;
Y qué otra co.sa. ha . hecbo don Joaquin, en tan~dila1ªda existencia
cart!stica?&gt;
Dar &lt;perdigones artfsticos a cambio de auténticos ochavos.&gt;
Prostituir, artistica, comercial, e industrialmente el teatro español
en México.
Y lo que es peor, no consentir a ningún precio ni la sospecha del
teatro &lt;mexicano&gt; en México:

Personajes de &lt;La Presidenta,&gt; caracteri,
zados por la compañia d1ll Colón.

Ei1 la {iesta del Corpus, cuadro de la Srta. L.

l,.

Bresli,.u, presentado en el salón de París del presente apo.

�TRAJE PARA PASEO.-Modelo parisieose propiectad de la sedeña &lt;El Paje.&gt; '

Algo de Jo que se vió en Aateoil este año, el dictado caprichoso de. París. Modelo de la sederfa &lt;El Paje,&gt;

�mezcla la barioa, y cuando es·
tá espumosa se v!erte la ere·
ma sobre la bar10a; una vez
tersa y algo espesada, se
agregan los camarones y los
demás ingredientes, y al final
la yema desleída en uo poco de leche; se sirven sobre
rebanadas de pan tostado.

cuello dándoles una
finura extraordioa,

ria.

Los peinados actuales hacen mucho
favor a todas las fi.
sooomías; si la que
to osa y tiene los ca•
bellos rizados oa•
turalmeote, puede
considerarse peina·
da; pero si al con•
trario por c;.usa de
fatigas flsicas o mo·
rales el cabello ha
perdido su vital_idad,
puede recurrir a
tos postizos que hoy
se hacen tan per•
fectos, y que si es•
táo biei, colocados
todo el mundo los
creerá natural.

SECCION

DE

CORR e'.S·

PONDENCIACON LAS
LECTORAS DE
cARTE Y LE·
TRA!:&gt;&gt;

SUBSCRIPTORA, pide uo meo1í
sencillo. Eo el número anterior de AR•
TE y LETRAS habrá halladouo,:,,que
quizá sea demasiado sencillo par~ lo
que desea, bien que eo la actualidad
no se acostumbren ya los banquete,
gargaotoescos. En otra sección de este
número bailará otro menú que tal vez
le sea más útil.

UN MENU

Consomé.
Macarrones a la italiana.
Camarones eo crema.
Pato a la Bruoswick.
Espárragos con mayonesa.
Filete en asado.
Petits pois.
Frutas de la estación.
Mermelada de piña.
Demi-tasse.

CAMARONES EN CREMA

Para un litro de camarones en Jata,
una cuchada de mantequilla, media de
harina, una taza de ere~ de leche _es•
caldada y una yema batid~; sal papr1ka
y unas gotas de salsa Pernos. Se funde
la mantequilla sobre fuego maow, se le

MARIA DE LOS ANGELES, una
orizabeña de hermoso pelo, me confieia
que en un acto de aturdimiento s~ ba
cortado el pelo, y ahora está muy tr!ste.
Amiguita mía, es preciso tener pac1eocia y aguardar a que su cabello cre_zca,
no trate usted de suplirlo con postizos,
porque se estropeará el que le queda.
Cuide usted de lavarse la cabeza dos o
tres veces al mes y de cepillar bien su
pelo todas las noches. Como e? la a~•
tualidad está de moda para las ¡ovenc1•
tas el pelo a la Velázquez, quiz~ pueda
usted llevarlo así. Y expeneoc1a para
oo volver a cometer imprudencias en
un momento de arrebato. Procure do•
minar su carácter; esos aturdimientos
son ...•.. perdone usted la palab~a, too•
tos· ,;e perjudica usted a sf misma, y
sin' &lt;inda alguna mortifica con ellos a
las personas de su familia.

POEMA fRAGIL
Ilusión de lo frágil y risueño
Lleno de melancólico abandono;
Ver y sentir que desmayadamente
Todo parece hundido en un ensueño
Maravilloso, delicado, riente.

ALHAJAS

Ensueño de una alcoba silenciosa
Donde la aristocrática pereza
Hace languidecer nuestra deseosa
Mirada, llena del azul prodigio
De opulencia, de gracia, de belleza,
Todo mirarlo como pedrería
Engarzada en fantásticos joyeles;
Estar herido por deseos crueles
Que nos hondeo eo la melancolía
De los recuerdos Je otras horas, fieles
A las ensoñaciones de poesía
Llenas de puras y fraeaotes mieles.

Compro, Vendo y Ca'llbio
dando a ganar dinero a
mis clientes.

Infórmese Ud. cómo!

"Al Todo de Ocasión."

Ilo~ióo de lo frágil, cómo ansía
Mi febril y flotante fantasía
Ver y sentir el alma de las cosas;
Y por verlo y sentirlo, qué darla!

JOSE ALVAREZ.
S. Francisco 37. México.

JESUS S. SOTO

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En los días calurosos del verano necesita usted una camisa apropiada.

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ARTE Y LETRAS Y
LA ILUSTRACION SEMANAL.

\

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como artícttlo de 2~ clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda EpoGa.

"

Sábado 6de Junio de 1914.

Tomo !.-Núm. 16.

�INDICADOR

horrible tensión en que los ha fratricidas, no será la que ha ins ·
tenido el ruido lejano de la fusi- pirado los odios de partidarismo:
lería, el retumbar del cañón y las será la que pide, la que exige que
Se publica todos los sáb;,.dos por la reproducciones de escenas lamen- todos jnntos trabajemos por su
tables en las páginas de los pe- elevación, como pueblo conscienCia. rerlodíst!Ga MexiGaná, A.
riódicos.
te de los altos destinos a que nos
Si durante tres años, ya lar- tiene llamados la fortuna de haDIRECTOR:
gos hemos vivido entre sangre, ber nacido en un país nuevo, so•
J. M. COELLAR.
ruinas, incendios y desolación, bre un suelo rico, en un contiGERENTE:
¿ por qué no hemos de tener de- nente que tiene todavía una soMIGUEL LANGARICA.
recho a vivir en un sueño an ti- berbia historia por hacer.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41.
cipado de paz y de tranquilidad?
Y no hay que temer a los veTeléfonos:
Los encabezados de los perió- cinos; el hombre honrado y consMex. 20-85Neri .-Eric. 14-51.
dicos siguen diciendo que las ciente no debe sentir temores:
Apartado postal 45 bis.
conferencias de paz van por buen una vez que hayamos prescindiMEXICO, D. F .
camino, aun se ha dicho que ter- do de nuestras debilidades no
minaron, y que en ellas SP. ha tenemos por qué temer al fuerte,
PRECIOS
llegado a la completa pacificación los hombres honrados, lo mismo
Ejempl;lres sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs. nacional, interna y externa, deque se ha dicho de las mujeres,
Snbscripción, trimestre ... ... . . 2.50
jando incólume el honor de la no tienen historia y cuando quieExtranjero,"lrimestre ........ . .. 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cn· Patria. Y si tal cosa es cierta, si ren tenerla, deben fijarse en los
ba, en donde regirá el mismo precio el ensueño acariciado por tanto males para curarlos y en los bieque para la República,
tiempo tiene visos de estar cer- nes para cumplirlos; sólo así es
NO GIRAMOS
cano, ¿por qué no hemos de per- como se debe pensar en ocupar
TODO PEDIDO DEBERA VENIR mitirnos el inefable placer de un sitio en la historia de los homCON SU IMPORTE.
anticiparnos a lo que pronto pa• bres honrados y conscientes.
No se devuelven originales.
rece que será un hecho?
Así esperamos que será nuesNos figuramos vivir las precio- tra nueva vida; después de la hosas e,cenas que evoca Zolá en rrible pesadilla de tres años tesu «Fecundidad.&gt; La deliciosa nemos derecho a esperar un refantasía del «Chantebled&gt; se nos surgimiento g-eneral, tenemo,; deantoja un hecho consumado, y recho a pensar en una ascención
Acabamos optimistas las líneas consumado en nuestro país; y de. t't&gt;dos v de cada uno de nosotrazadas para el número anterior, Mateo, Mariana, la siembra, y °'1r'bs hacia un ideal de patria
y el impulso que nos dió l¡;, fuer- la madre alimentando la tierra grande y fuerte por el esfuerzo
za del elemento oficial combina- al pie de la encina, nos partee de todos hacia el bien.
Eso es lo que nos ha hecho soda con la de los cablegramas de que van a ser hechos comunes y
corrientes
entre
nosotros
el
año
ñar
el impulso que las noticias
la prensa diaria sigue encaminos han dado hacia arriba; henándonos hacia arriba por el ca- entrante.
Todo el acero de las espadas; mos IJegado muy alto; quizás
mino ,de los buenos deseos.
la
herrumbre de los fusiles y la demasiado alto. pero ha sido soParece que el contagio optimadera
de los armamentos se bre las alas &lt;le! genio de la buemista se ha convertido en enfermedad, que amenaza con hacerse han convertido en instrumentos na voluntad. Durante nuestro
crónica. ¿y por qué no? Quién de labranza; todos los campos de sueño nos ha parecido volar con
nos veda el soñar en favor de la República están surcados por alas de acero movidas por resoresta nuestra dolorida patria. ferrocarriles y por caminos ve- tes de voluntades, animadas por
cuando todo parece querernos cinales que sirven para el trans- el amor de la verdadera patria.
convencer de que al fin ha llega- porte de los productos naturales, Si nos hemos equivocado, si no
do la hora de que los fusiles se y nuestra patria, rica y fecunda, se rea.liza lo que hemos visto, en
conviertan en arados, los cam- comprendida al fin por este po- medio de nuestro dolor nos quepos de batalla en tablas de labor bre pueblo que nunca ha sabido dará el consuelo de haber sido
v la sang-re que riega ahora la donde vive, sonríe contenta so- capaces de soñar tal ensueño.
tierra se cambie por ríos de agua bre el trabajo de sus hijos que al
fecundante y en canales de irri- fin han aprendido a conocerla y
J. M.C.
a saber quien es ella: la patria
gación.
Por qué no hemos de soñar en buena que, como madre, cuida '"
algo alto y bueno ya que nues- sostiene a sus hijos, y que, com~
tros cerebros han pasado años madre también. necesita del tradelirando y estremeciéndose en bajo de sus hijos para vivir hon11111111
medio de visiones de sangre y rada, grande y próspera.
desolación y que nuestros nervios
No será ya la patria que exige
están cansados en fuerza de la la vida de sus hijos en combates

"Arte y Letras "

La Cruz Roja en León

s.

•

OPTIMISMO

Damas distioguidas de ta sociedad leonesa, practicando bajo la dirección de los facultativos de _la Cruz Roja.
Fots, O¡eda Leroy.

�---.:::::::::(¡

- F RO G(r)

ror EDGARD ALLAN POE.

&amp;~==========~~~=--~
Nunca he visto a una persona ccás vi•
vamente apasionada que ese rey por los
placeres de la farsa. Pareda oo vivir
más que para hacer farsas. Contar una
historia de ese ¡iénero, y contarla bien,
era el medio má~ srguro para disfrutar
de su favor. De aquí venía que sus mi·
nistros eran notables por sus talentos
en lo que atañe a farsas. fados eran
copias vivas de Su Majestad, tacto por
su amplitud, su corpulencia y su grasa,
como por sus cualidacles inimitables de
personajes graciosos. El que el hombre
se baga grasoso a fuerza de farsas, o
que la grasa predisponl(a a la farsa, es
algo que nunca he podido averi¡iuar ;
pero lo erecto &amp;S que un gracio5o flaco
es erara avis in tenis&gt;.
Por lo que respecta a los rtfinamien •
tos, no se cuidaba mucho de ellos. En
materia de farsas era partidario de la
&lt;amplitud&gt;, y si S3 contentaba con la
cloogitud&gt;, era pn amor al arte. Las
finezis le fatigaban. Era de manera tal
que prefería el cGargantua&gt; de Rabelais al &lt;Zadig&gt; de VoJtaire, y, rnbre to•
do, las farsas en acción eran mu.:ho más
de su ~grado que las de palabra.
En la época en que ocurrió mi histo•
ria, los bufones de profesión no habían
pasado de moda en las cortes.
Muchas grandes &lt;potencias&gt; del con·
tiuente tenían aun sus e loco~&gt;, que lle•
vaban vestidos abigarrados, que debían
estar listos para suministrar, al momeo·
to, ocurrencias picantes a cambio de
miR:ójas dej.idas ca,r de la mesa real.
Nuestro rey, y esto no hay ni que decirlo, tenía su loco. Hay que confesar
que tenía buena necesidad de algo lo•
cuaz, aun cuaoclo no fuera más quepara hacer contrapeso a la sólida pruden·
cia de aquellos siete sabios que campo•
oían su ministerio, y eso sin tenerle en
cuenta a él mismo.
Y su bco, su bufón profesional, no
solamente na un loco. Su valor se tri•
plicaba ante los ojos del monarca por
la consideración de que era enano y
cojo. En aquella época de los enanos
eran tan comunes en las cortes reales
como los bufones, y muchos mooarcas
no hubieran sabido cómo pasar los oías
-esos días que en las cortes son mucho
más largos que en cualquier otra parte.si no hubieran tenido a la vez un bufón
que los hiciera reir, y un enano de
quien reírse Pero, Gomo ya lo hice notar, sucede que, de noventa y nueve ve•
ces sobre cien, los bufones son adipo·
sos, redondos y chaparros, así es que
P.ra una verdadera felicidad para nues·
(1) Sapo Saltador.

tro rey tener en Hop· Frog (a,f se llamaba el bufón) un triple tesoro en una
sola persona.
Presumo que este 0ombre de HopFrog no babia sido p0esto al enano por
los qoe le llevaron a la pila bautismal,
y que le había sido conferido por un
voto unánime de todo el ministerio en
razón de que no podía marchar como
todo mundo. Realmente, Hop Frcg oo
podía moverse más que por medio de
una marcha interjeccional-algo ínter·
medio entre el salto y la cootorsiónmovimieuto que era para el rey manan•
tial i0agotable de alt'grfa, y, natura)!
mente, fuente de amor propio, pues, (a
pesar de la e0ormidad de su panza y la
bufonelÍa de su rostro), este monarca
era considerado por toda so ccrte como
hombre de perfecta coostracción
Pero si Hop•Frog, con sos piernas
de gaucho no podía caminar ~i00 con
grandes trabajos en un camino o sobre
el piso de un cuarto, parecía que la na·
turaleza hubiera querido compensar la
imperfecci6n de sus miembros inferio·
res con unos brazos cuya prodigiosa po•
tencia muscular le permitía llevar a ca•
bo juegos de u0a admirable destreza
luego que tenía enfrente árboles, caer·
das o cualquier cosa por la que se pa·
diera trepar. En esta clase de ejercicios
se asemejaba más a la ardilla o al me·
nito que al sapo.
No podré decir con precisión de qué
pais era originario Hop Frog. Debe ha·
ber sido de alg0na rt'¡:ióa bárbara yde la
que nadie babfa oído hablar, situada a
una gran dista0cia de la C'lrte de nues,
tro rey, Hop·Frog y una niñita, apenas
menos enana que él, pero divioameote
proporcionada y que bailaba a maravi•
lla, habían sido arrancados de sos moradas respectivas en las pt·ovincias limi·
trofes y enviaJos al rey, a titulo de ob•
sequio, por uno de sus generales, hijo
de la victoria.
Dadas estas ci rcuo~tancias, no habría
que admirarse de la intimidad de rela•
ciooes que se eft:lbleció entre los dos
prisioneros, y de hecho se hicieron ami ·
gos jurados en un momento. Hop Frog,
que no gozaba de gran crédito, a pesar
de sos juegos y bufonadas, no estaba en
estado de hacer grandes servicios a Tri,
pelta; pero ella, en razón de so gracia
y de su exquisita belleza era unánimemente admirada y consentida; por lo
tanto tenfa gran influencia, y no dejaba
de utilizarla, siempre que podía, en fa·
vor de Hop Frog.
En no sé qué gran ocasión, el rey decidió hacer un baile de máscaras y
siempre-qne se orgmz~ba 11na masca•

rada o cosa asi e0 la corh, no se deja•
ba de recurrir a los talentos de Hop•
Frog y de Tripetta. Hop Frog sobre•
todo, se mostraba de nna inventiva tal,
cada vez que se trataba de organizar
espectáculc,s o de idear perso0ajes ioé•
dilos y componer trajes para bailes de
fantasía, que de ninguna manera se podfa olviddr so colaboración.
La noche desigoa:la para la fieita ha,
bfa llegado. Bajo los cuidados de Tri,
pella se babi-t preparado una sala suntuosa, con todos los detalles nrcesarios
para realzar el brillo de una mascarad'!.. Toda la corte estaba ansiosa espe·
rando. Por lo que hace a los trajes y
los personajes, , e comprende que se ba,
bia dejado eu libertad de el,gir a cada
000. Muchas personas h~bían escogido
sus personajes con semanas o meses de
anticipación y no babia vacilaciones a
ese respecto, excepto en lo que concer•
nía al rey y a sos siete ministros. ¿ Por
qué vacilaban? No sabré decirlo Qoi•
zás haya sido una verdadera broma de
parte de ellos. Pero lo más probable es
que la grasa baya retardado la concep·
ción de las ideas. Lo cierto es que el
tiempo pasaba, y que, en último Jecurso, tuvieron que recorrir, como siem,
pre, a Hop-Frog y a Tripetta.
Cuando los dos chiquillos llegaron,
cumpliendo con el llamado del rey, lo
encontraron sentado bebiendo vino en
compañía de sus siete ministros; pero
el monarca parecía estar de muy mal
humor. !::&gt;abía que Hop Frog detestaba
el vino, porque el vino excitaba al po,
bre enano hasta la locura. y la locura
00 tiene nada de agradable Pero el rey
gustaba de las farsas groseras, y para
darse gusto bada beber a Hop Frog,
para &lt;ponerlo alegre&gt;, como decia.
-Ven acá, Hop·Frog, dijo, en el mo•
meato en que el bufón y su amiga en,
traban en la sala: trágate esta rasada a
la s~lod de tus amigos aosentes (aquí el
bufón suspiró); y pon tu imaginació0 a
mi servicio. Necesitamos personajes de
carácter, viejo, ah¡o inédito y que salga
de lo ordinario. Y.. estamos caosadosde
la monotonía de PSOS bailes. Ven a be,
ber, el vino te ac !arará las ideas.
Hop·Frog, se esforzó, st'gún su ces•
tambre en re~ponder con alguna agu•
deza a las salidas del rey, pero foé al,
go superior a sus fuerzas. Sucedió que
era el aniversario de su nacimiento, y
la orden de beber a la salud de csus
amigos ansentes&gt; le hizo subir las Já•
grimas a los ojlls. Esas lágrimas cayeron
amargas y pesadas et1 la copa que reci,
bia humildemente de la mano del ti•
ran·o.

-Ha! ahl ahl dijo éste en medio de
una carcajada, mientras que el enano
vaciaba la copa con repognarcia. Ya
vas viendo los eftctos del buen vino.
'Les ojos te brillan.
¡ Pobre diablol sos ojos chispeaban
más que brillar, porque los tfertos del
vino en su cerebro eran tan poderosos
como instantáneos. Colocó oerviosamen·
te la copa sobre la mesa y pas, ó por
sobre todos los que le veían una mirada
de loco. Todos parecian muy divertidos
con la gracia del rey.
-Y ahora, a nuestros nfgocios, dijo
el primer ministro que era un personaje
muy importante y muy gordo.
-Si, dijo el rey. Vamos, Hop-Frog,
ven a ayudarnos. Personaj~s de carác·
ter, chiquillo. Todos necesitamos cea•
rácteu. Ha! ah! abl Y como esto parecía. querer ser un buen juego de pala•
bras, todos corearon la risa.
Hop-Frog rió también pero débil·
mente y como quien no se da cuenta de
lo que pasa a su lado.
-JVamos! dije el rey, no tienes nada
que sugerirnos?
-Estoy bu~cando algo inédito, res•
pondió el enano con aire distraído, pues
estaba completamente pes dido por el
vino.
-!Estás buscandol gritó el tirano con
ferocidad Qué es lo que quieresdeci, ?
Abl ya comprendo, te sientes snmergi
do y nece~itas más vino para ayudarte.
¡Vayal bebe. Y llenando una gran copa
se la ofreció al cojo, qnien se contentó
con mirarla como si no tuviera fuerzas
para más.
- Bebe, te digo, gritó el mónstruo, 0
por todos los diablos! ..... .
El enano seguía vacilando: El rey se
p11so rojo de rabia. Los cortesanos rtiao
con afectación. Tripetta, pálida como
un muerto se adelantó hacia el solio
del rey, y cayendo de rodillas le suplí•
có que dispensara a su amigo.
..
El rey fijó sus ojos sobre ella, v1s1•
blemente estupefacto ante tamaña au·
dacia. Parecía como que no sabía qué
hacer o qué decir, ni cómo ballar una
expresión adecuada para su: indigna·
ción, Al fin, sin pronunciar una síl~ba,
la rechazó con violencia y le arrojó a
la cara el contenido de la copa. La pe·
bre caiquilla se levantó Jo mt&gt;jor 9ue
podo, y sin siquiera lanzar un suspuo,
fué a colocarse a su sitio a los pies de
la mesa.
Dor;.nte un medi(l minuto se hizo un
profondo silencio; se hubiera oído caer
una hoja de papel. Este silencio fué in•
terrumpido por un rechinar sordo, pe,
ro rudo y prolongado, que parecia salir a la vez de los cuatro rincones de
, la sala,
-Quél quél Por qué haces ese ruido?
preguntó el rey volviéndose furioso ha·
cia el enar.o.
Este parecía aliviado por completo
de su embriaguez, y miraba al tiraao
cara a cara con un aire de seguridad.
Dijo:
-Yo? Yo? Cómo babia de ser yo?
-El sonido pareció venir de fuera,
observó uno de los cortesanos. Me figo•
ro que sería el papagayo que afilaba su
pico contra las rejas de su jaula.

-Es verdad, respondió el monarca
como muy aliviado por la ayi:da de na
sugestióo; pero yo hubiera jurado por
mi honor que había sido ese miserable
el que había rechinado los dientes.
En seguida el enano se echó a reir
(el rey era un gran reidor y no se mo·
)estaba de que nadie riera,) e hizo ver
una fila de dientes largos, poderosos y
del aspecto .más horrible. Se declaró
lisio para. beber todo el vino que qui
sieran El monarca se calmó y HopFrr g, después de apurar otra copa de
vino sin parecer incomodado, se entre·
gó con calor a los preparativos del
baile.
-No sabré exolicar cómo se produjo
esta asociación de ideas, hizo notar ccn
gran placidez, y como ii nunca hubiera
probado vino en su vida, pero &lt;justa·
mente después&gt; de que Vue!tra Majes·
tad hubo hecho eso, y mientras que el
papagayo bacía el roído extraño que se
O)Ó del otro lado de la ventana , recor,
dé una excelente diversión, un juego
de mi tierra que nosotros intercalamos
con frecuencia en las mascaradas, pero
que aqui resultará inédlto. Desgraciadamente necesitarla para él una comP"rsa de ocho personas, y ••.•••

-Y bien! pero, semos ocho, gritó el
rey, orgulloso de la sutileza con I" cual
había notado esa coincidencia. Somos
ocho, exactamente,-yo y mis siete mi·
nistros Veamos! cuál es ,sa diversión ?
-La llamamos, respondió el cojo,
&lt;los ocho orangutanes encadenados,&gt; y
es un juego del mejor gusto coando es•
tá bién representado.
-Ese ea negocio nuestro, dijo el rey
levantando y bajanao los párpados.
-Lo hermoso del juego está en el
espanto q ae pro:luce entre las muje•
res.
- Justo! rió el rey coreado por sus
ministros.
-Yo me encargo de vestirlos de
orai,gutaoe~. y puedrn confiar en mi
habilidad a ese respecto. La semtjanza
será tan perfec ta que todas las másca,
ras los tomarán por verdaderas bestias,
y natural mente quedarán tan sorpren·
didos como aterrar-izados.
- Eso es algo exquisito! exclamó el
rey. Hop-Frcg, me siento capaz de ha•
certe hombre.
-Las cadenas se ponen con el obje·
to de aumentar a la confusión con su
ruido. Aparecerán ustedes como si hu-bieran escapado de su guardián. V•ues•

�•

Ira Majestad no puede tener idea del
efecto que producen en una mascara•
da ocho oraogutanes encadenados que
la mayoría de los asistentes creen que
son verdaderos orangutanes, y que ha•
cen irrupción, con gritos sal~ajes en
medio de uua sociedad de hombres y
mujeres vestidos con trajes elegantes y
suntuosos. El contraste es inimitable.
-Es necesario qne eso sea, dijo el
rey, y, como se hacia tarde, se levantó
el Consejo precipitadamente para pro•
ceder a la ejecución del proyecto de
Hop- Frog.
So manera de equipar el grupo de
orangotaues era muy samario, pero su•
ficiente para el objeto que se proponía.
El rey y sos ministros fueron eoce·
rrados, en primer lugar, en camisas y
calzones de punto moy ajustados; des•
poés fueron untados con alquitrán. En
este momento de la o¡:,eración alguien
sugitió la idea de ser;irse de plumas;
pero fué descartada desde luego por el
enano, quien no tuvo grandes dificulta•
des para convencer a los ocho qoe el
pelo del oraugutáo se puede imitar mu•
cho mejor con hilo de liuo. En conse •
cuencia se aplicó una capa de lino so•
bre el alquitrán. Se procuré en segoida
una larga cadena, la coa! fué pasada al
rededor del cuerpo del rey, y atada;
después al rededor del cuerpo de uno
de los ministros, y atada; y así socesi·
vameote, basta que estovieron atados
los ocho. Coando se terminaron estos
preparativos, los perseo 1jes se retira·
ron uno de otros lo qoe más pudieron,
formando un circulo con la cadena, y
para dar a la cosa una apariencia más
oatoral; HoP-Frog cruzó el resto de la
cadena de manera qoe formara dos diá,
metros crozados de ese circulo, como
baceu los cazadores de chimpancés eu
el Africa.
El gran salón en que se daba la mas•
carada era uua pieza circular moy alta, y que no recibia la luz del sol más
que por una abertura en el techo. Por
la noche (la pieza estaba dedicada es·
pecialmente a fiestas de noche) se ilo·
minaba principalmente por medio de
una grao araña suspendida con una ca•
deoa a la abertura superior, y que se
elevaba o desceodia por medio de un
gran contrapeso; pero para no perjudi,
car el efecto decorativo de la pieza,
este contrapeso estaba fuera de la c6·
pola y por sobre el techo.
Los arreglos de la pieza habían sido
encargados a Tripetta, pero en algunos
detalles se babia gaiado por la opinión
de su amigo el enano, Así es qoe se ha•
bía qoitauo la araña eo esta ocasión;
las gotas de cera que no hubieran po·
dido evitarse en vista del calor qne ha•
ría, segoramente habían de manchar
los suetuosos trajes de los convidado~ a
quienes la abondancia de personas en
la sala obligaría a estar en el centro de
ella Se instalaron candelabros suple,
·mentarios en varios sitios, de manera
de no molestar a la multitod, y en la
mano derecha de cada una de las cin•
coeota o sesenta cariátides que había
se poso ona tea de la que se despren•
dian deliciosos perfumes.
Siguiendo el consejo de Hop-Frog,

los ocho orangutanes habían de esperar
pacientemente ·ha3fa la media noche,
para qoe la sala estuviera enteramente
llena de máscaras, antes de hacer so
aparición. Apenas hubo dado el reloj
la 6ltima campanada se precipitaron, o
por mejor decir rodaron mezclados por
la sala; poes, embarazados como esta•
bao con las cadenas, algunos cayeron y
todos vacilaron coando menos al entrar,
Como se babia esperado, un boen
n6mero de invitados tomaron aaquellas
creaturas de aspecto tan feroz, por ver•
daderas bestias de al¡¡ona especie, si nó
precisamente por orangotanes. Muchas
mujeres se desmayaron de espanto y si
el rey no hubiera tomado la precaución
de prohibir la portacióo de armas de
todas clases, la haoda hubiera pagado
coa su sangre aquella broma. Se inició
un movimiento general hacia las puer,
tas, pero el rey babia ordenado la clan·
sora de todas, inmediatamente después
de su entrada, y el enano ordenó que
se pusieran en sos manos todas las lla·
ves.
Mientras que el tomulto llegaba al
colmo, y cada quien procoraba su pro•
pia seguridad, pues realmente había
peligro en razón del desorden causado,
5e hubiera podido. ver la cadena que
servia para suspender la araña, que ba·
jaba lentamente, con su gancho eo la
puuta, hasta detenerse a ooos tres pies
de altura del suelo.
Pronto el rey y sos siete acompañan•
tes, después de haber recorrido toda la
sala, se hallarou en el centro de ella, y,
oatoralmeote, en contacto con la cade•
na. Coaodo los vió en este sitio el eoa•
no, que no se les había separado, les
advirtió que no temieran nada de la
sensación que iban a recibir; en segui•
da enganchó la cadena de la araña en
el crucero de la cadena que ataba a los
monos, mientras que noa mano invisi,
ble hacia sobir la cadena y en la punta
de ella el racimo de oraogotanes qoe
se encontraron suspendidos en el aire,
cara a cara.
En este tiempo, las máscaras se ha,
bían repuesto de su terror primitivo y
empezaban a tomar la cosa como una
farsa muy bien urdida; por lo tanto soltaron una gran carcajada cuando vie·
roo a los orangutanes suspendidos en
esta forma.
-Téoganmelosl gritó Hop - Frog,
cuya voz chillona dominó todos los rni•
dos. Téngaomelos que creo conocerlos.

Y si puedo examinarlos a mi gusto, voy
a decirles qoienes son!
Al decir esto ie abrió paso por entre
la multitud y llegó hasta nna de las ca,
riátides; tomó la tea que tenía ésta en
la mano y regresó al centro del salón;
subió de no salto por sobre la cabeza
del rey, y de allí trepó algunos pies por
la cideoa, bajó la antorcha, como para
iluminar a los orangutanes, y dijo: &lt;Ya
voy a decirles quienes sonl&gt;
Entonces, mientras que todo el man,
do se retorcía de risa, el enano lanzó
un silbido agudo, y a esta señal la ca·
deoa subió como treinta pies levantando a los orangutanes y dejándolos sus•
pendidos entre la cópula y el suelo.
Hop- Frog, que seguía conservando la
misma posición con respecto a ello~,
parecía no haber sentido nada, y cootinua ba bajando su tea como para exa•
minarlos.
Todos los asistentes se sorprendieron
de tal manera por esta repentina aseen•
ción que se produjo un silencio mortal.
Fué interrompido por no rechinar de
dientes igaal al que se oyó cuando el
rey arrojó el contenido de la copa a la
cara de Tripetta, pero esta vez no cabi3
dada; el ruido era producido por el
enano. Sus mandíbulas estaban apreta•
das y de su boca salía espuma, mientras
que sus ojos veían con rabia el racimo
de hombres disfrazados.
-Ah! Ah I dijo al fin el bufón furioso!
Ahora ya empiezo a ver quienes son
esas gentes. Y como para ver mejor,
acercó la tea al rey y a su vestido al•
qoitraoado; el alquitrán se inflamó y
las llamas envolvieron en un instante a
todo el grapo debido a la ioflamabilidad del alquitrán y del lino. En menos
de medio minuto todos los monos ar·
dían de una manera horrible en medio
de los gritos de la multitud que los
veía desde abajo sin poder aoxiliarlos
de ningana manera.
Las flamas aumentaban con violencia,
forzaron al bufón a trepar por la cade,
na y al ver este movimiento se produjo
un silencio entre las máscaras. El ena•
no lo aprovechó para dAcir:
-Ahora ya veo distintamente qoie,
nes son estas máscaras. Es un gran rey
y sus siete consejeros privados, un rey
que no se avergonzaba de golpear a
una niñita indefensa, y sus siete consejeros que le elogiaban su croeldad. En
cuanto a mf soy Hop Frog el bufón, y
esta es mi última bufonada.
Gracias a la combustibilidad de los
elementos empleados, cuando el enano
concluyó este discurso su obra de ven•
gaoza estaba terminada; los ocho caer·
pos colgaban carbonizados de la cade·
na; masa negra e informe. El cojo arre·
jó su tea y trepó con gran agilidad has·
ta la cúpula y desapareció por la aber•
tura.
Se supone que Tripetta, colocada sobre el techo de la sala, Je babia ayuda•
do y que huyeron juntos a so país, pues
oo se les volvió a ver más.
(Traducido de los Cuentos Extraordinarios, especialmente para &lt;Arte
i.etras.&gt;)

r

'

Ddcayuno ofrecido a los niños del colegio de los Sagrados Corazones, después de la comunión general efectuada
el domingo pasado en el templo de Loreto.

Voto infantil
Fr; gm, oto
Allá por el barrio de los Desampara·
dos, frente a la &lt;Tienda del Fénix,&gt; en
una vetusta casa de vecindad, a la en•
trada, en el departamento de la izquier·
da ..... .
Si algún día acertáis a pasar por esa
calle torcida y mal empedrada, siempre
lodosa y llena de fango por el desbor·
dado arroyo, en cuyas márgenes herbo
sas vagan hasta media docena de patos
caseros, fijad vuestra aeención en una
puerta baja y angosta, sobre la cual, en
no cuadrito azul, algo más grande que
una pizarra, dice: &lt;Escuela Particular
para niños&gt; . . .... Alli vive el viejo sol·

dado, en una pobre habitación que le
cuesta cinco duros al mes. Es poco;
otro cualqaiera darla más; pero el propietario, que lo estima y considera, se
la da en ese precio, a coodició:i de que
cuide de los eotraotes y salientes, co·
bre alquileres y se entienda con los in·
quilioos, los cuales le dao mucho Ira·
bajo, unos por malos paga~ores, los
otros por pendencieros y afic1ooados a
la caña. Pero Don Antonio, con sus se•
tenta años y todo, es hombre deh;mple;
y cuidadito! con él oo hay que jugar.
Cuatro piezas tiene el departamento:
en una, la mayor, está la escoela, una
escnelita de barrio, acreditada y concorrida, donde jueves y sábado_se esto·
día el Ripalda, se reza el resano y ....
se canta el Himno Nacional, la herma•
sa canción de la patria mexicana, que

hace latir los corazones; la s;guiente es
la recámara de la jorobadita, la nieta
del inválido, uoa infeliz muchacha tan
deforme como hacendosa; la otra sirve
de alcoba a Don Antonio; y eo la 6ltima tienen la cocina muy arreglada y
limpia, con su brasero de Neccxtla, con
su armario lleno de platos y tazas de
mil colores y con las paredes cubiertas
de cacharros: una multitud de cazuelas
y ca zuelitas simétricamente colocadas,
desde la colosal en que allá por la segunda decena de junio cond imenta la
gibosa un mole de guajolote de recho•
pete, hasta lo más min6sculo de la al•
farería arribeña, jarritas, torteritas, pu·
cheros muy cocos, como para uso de
lilipntieoses, mil chucherlas baratas de
barro de la Puebla, que la pobre cor ·
covada se ha complacido en coleccionar.

�los solares que ocupó en el siglo X IV
la vivienda de Samoel Leví, tesorero
que fué t}el Rey D. Pedro I, a quien la
Historia ha dado el calificativo del
&lt;C ruel.&gt;
La leyenda ha aoidado en las cuevas
que actualmente existen descubiertasgracias a la tenacidad, inteligencia y
P.spa ñolismo del Marqués de la Vfga
Ioclán,-donde Leví, opulento judío,
guardaba inmensos tesoros.
En aquella época, el hebreo gozaba
de ¡¡ran valimento cerca de D. Pedro I,
e iofl ayó poderosamente en favor de
sus hermauos de raza.
No lejos del palacio que ocupaba el
priv11.do, edificóse por orden suya la Si·
oal(oga del T ráosito , hacia los años de
1360 a 66, b3jo la dirección del arquitecto, judío tambiéo, Meir Abdeli.
&lt;Los bieoes que teofa en Toledoescribe D. Rafae1 Domeoech en sus interesantes notas acerca de &lt;La casa del
Greco&gt;-erao de 170.000 doblas, 4 ooo
marcos de plata, I25 arcas repletas de
paño de oro y seda, grao cantidad de
joyas y So esclavos, &lt;moros, moras y
moreznos.&gt;
La leyenda-esa princesa solitaria
qui, vaga entre las ruinas, y canta q ue ·
do b1jo la claridad azul de la looacootinuó visitando el palacio y las cue,

Cámua mortuoria dtl poeta Rafael Delgado en Ocizaba.
Aqaellas buenas gentes viviao a cos·
ta de muchos trabajos y la escuela fué
para ellos una tabla de salvación. Don
Antonio disfrutaba de una pensión del
Gobierno, mal pagada, es cierto, y que
apenas le bastaba para comer sota, ca·
bailo y rey ; pero, en fin, algo era. Y a
fe que Don Antonio se la merecia. Estovo en el sitio de Veracruz, con la
Guardia Nacional de Pluviosilla. luego
fué canjeado según los términos de la
capitulación; y ardiendo en odio contra
el invasor, corrió a la Capital, se alistó
en uu cuerpo que probablemente en•
traria pronto en campaña, se batió co·
mo un valiente en Padierna; y en Cho·
rubusco, después de ver su bandera en
manos de un soldado de Pillow, una bala de cañón le llevó el brazo izquierdo.
¡Vaya si tenia derecho a la pensión!
Allá por los años de 65 y 66, falto de
recursos, abrumado de deudas y con su
nieta en erma, en una palabra, pere·
cieodo de hambre, aceptó del Gobierno imperial un empleo insignificante, el
de portero de una oficina o algo así,
por lo cual, cuando se restableció la
República, el guardia nac ional de Pluviosilla, el batallador de Padieroa, el
mutilado de Churubusco, el bravo soldado que sólo simpatizó con el Imperio
por cuanto éste contrariaba los intereses y desigoios del yanqui . ... fué acusado ..... . de .. .... ¡traidor a la patria!
Iodignóse al saberlo, bufó, maldijo y
no volvió a decir palabra acerca de su
pensión. Colocóse en una hacienda de
gaarda melado; y de allí volv'.ó enfer·
mo de calentaras malignas.
Cierta vez, hice diez añ os, alguno le

El poeta Rafael Delgado muerto
recientemente.

tus servicios son desconocidos o echa•
dos en el olvido, mientras !antos que
lncierou uniformes imperiales y comie,
roo y bebieron a la mesa del Archidu,
que y recibieron de él cruc~s y grados
medran y están en el candelero, ni soli·
cites mercedes ni demandes favores,
que eso seria como si fueras a pedir
limosna a quien tiene el deber de no
dejar que te mneras de hambre. Así
acuérdate de que en tus ve,des años
tuviste algunas letras; recuerdas que si
los bigardooes de tu compañía nunca
pudieron subírsete a las barbas, bien
podrás habértelas con dos docenas de
chiquillos; a bien que si un día se te
pronuncian, ya lo sabes, con la Ordenanza basta y sobra. No, Antonio; no,
señor sargento del Mixto de Santa-Ana,
no hay que pedir favor ni qae rendirle
a nadie, vale más que te metas a maes•
tro de ,iscuela.
Y dicho y hecho. Allí le tienen uste•
des en so escuelita del barrio de los
Desamparados. ¡y vaya si se cumple
allí con la Ordeuaozal
RAFAEL DELGADO.

dijo que insistiera, que no seria difícil
que Je volvieran la pensión; con buenas recomendaciones la c:&gt;sa era sega•
ra ....
-\No en mis diasl-exclamó y habló
de otro asunto.
Pero los tiempos buenos no venian.
Un dia se dijo:
Antonio, bien visto no tienes derecho
a nada; no peleaste por interés de unos
cuantos duros, en defensa de tu Patria
iojustamente atacada; asf, pue$to que

Oriz1ba, Marzo de 1892 .

Donenik::&gt; Teotocopuli, &lt;El Greco.&gt;

El terGer tentenario del
GreGO
El mundo del arle acaba de conmemorar el tercer centenario de la muer•
te del gran piotor Dcmeniko Teotocó·
puli, conocido generalmente con el
nombre de &lt;El Greco.&gt;
La escuela espa ñola se envanece con
la idea de oue el Greco le pertenece,
pero aunque es cierto que el grao pin·
tor trabajó en España y esa nacióc
guarda los recuerdos materiales del
hombre; su geoio es universal, ya que
los españoles son los que más hao reprochado a Teotocópuli su modo de ser
y aúo hao llegado a clasificarlo como a
un desequilibrado.
Sin embargo, al llegar la fecha de la
conmemoración, la ciudad de Toledo la
conmemoró debidamente.
En esa ciudad existe la casa en que
murió el célebre pintor. convertida abo
ra eo museo; acerca de ella tenemos
los siguientes datos.
Elévabe la actual casa del Greco ri:¡

~El entierro del conde de Orgáz,&gt; reputado com o el mejor
cuadro de El Greco.

�vas de Leví. Ec él vivió D. Enriqne de Aragón, célebre poeta,
más conocido por el 'Marqués de
Villena, muy aficionado' a · las
ciencias naturales, . físicas y qoí·
micas, cuyas obras perecieron,
por superior mandato, abrasadas,
en razón a qot: eran &lt;de artes
mágicas e non cumplideras de
leer.&gt;
Allí, en los subterráneos donde
el judío Samuel apihra el oro y
las ricas mercancías que.como la
seda, daban a la antigua Toleito·
la con la industria de la espade•
ría alto y merecido renombre,
dídese que el Marqués, sabio y
poeta, se dedicaba al tenebroso
arte de la nigromancia, y al no
menos satánico de la alquimia.
Aunque la leyenda continuaba
floreciendo con los jaramagos y
las margaritas, el tiempo derrum•
bó muros, tapió cuevas, y sólo
quedaron en pie algunas vivien•
das.
A una de ellas, cierto día del
año de 1584 o 1585, vino a instalar ~u morada un pintor, ya co,
nocido eó Toledo, que había
nacido, según se contaba, en la
isla de Candía, vasalla de la po•
derosa república de Venecia.
Llevaba residiendo varios años en la
&lt;Roma española&gt; y era, corno decimos,
famoso ya, uo sólo por sus cuadros
-alguno de los cu;.les, como el &lt;San
Mauricio&gt;, concitó el enojo de Felipe II,- sino por sos pleitos con el Ca•
bildo de la Catedral toledana, amén de
sus &lt;extravagancias&gt; pictóricas y per·
sonales.
El orgullo de¼ gran artista candiota
produjo asombro indescriptible, de lo

J
Vestíbulo de la casa del Greco en Toledo.
que da fe las siguientes palabras del
contemporáneo Jusepe Martfnez:
&lt;Entró en esta ciudad con grande
crédito, en tal manera, que dió a enten•
der no había cosa en el mundo má, su•
perior que sus obras; y de verdad hizo
algunas co_sas dignas de mucha estimación, que se puede poner en el número
de los famosos pintores; fué de extra,
vagante condición; como su pintura, oo
se sabe hiciese por concierto cosa algu·

_..,....._....,pr-

..

fachada de lll Cl\Sª de El Greco.

na de sus obras, porque decía que oo
hab~a precio para pagarlas. y así a sus
d ue~os se las daba por empeño, v sus
duenos, con mucho gusto, le daban lo
que les pedía&gt;.
&lt;Ganó muchos ducados, m~s los gas•
taba en demasiada ostentación de su
casa, hasta tener músicos asalariados
p~r.a cuando comía gozar de -toda deli·
c1a ...... &gt;
En tal vivienda dícese que Domeoiko
Theotocópuli pintó su famo•
so lienzo cEI entierro del
Conde de Orgaz&gt;,D. Gonzalo
Roiz de Toledo, fundador ae
la iglesia de Santo Tomé,
docde ~e halla tan encarecida
obra,
Por ella se abonó al artis·
ta la suma de 24 900 reales, y
fué pintada por eocarl(o del
cura párroco D. Andrés Nú·
ñez de Madrid, sacerdote qoe
aparece retratado en primer
término, con larga sobrepelliz
y un libro abierto, en la
mano.
En la misma casa, el dí.. 7
de Abril de 1614, falleció el
&lt;Greco&gt;,quesi bien tuvo ene•
migas- merced reservada a
los geniales-dejó infinidad
de amigos y algunos fervoro•
sos discipulos, entre ellos el
retratista Luis Tri~táo.

Las ruinas del Desierto vistas desde el campanario,

En el viejo convento
Cuatro kilómetros de ascensión por
una suave pendiente, en medio del bos·

que tupido (para noestras piernas eso
es bien poco), admirando las esplendí·
deces del suelo privilegiado de nuestro
valle, nos llevaron a un claro en medio
del cual se levantan las ruioas del con·
veoto que en otro tiempo fué retiro y
castigo de los frailes de Sao Fraocis·
co.
La placidez del sitio, la hermosa so•
!edad del bosque, el convencional si·
le9cio que forman los mil ruidos de la
selva, todo convida a la meditacién y al
aislamiento; si hubiera necesidad de
probar el dominio del alma hamaca
que tuvieron siempre los frailes basta•
ría la elección de este sitio para dejar

convencido a cualquiera; se necesita
tener el espíritu muerto o muy tardo
para no ~eotir la invitación al recogí•
miento y la contemplación.
Desde que se penetra por el amplio
portalón, a pesar de los desacatos de la
escuela fonstal a la ruina, se siente un
gran deseo de asistir a una aparición;
se des~a que alguno de los frailes que
en aquel recinto pasaron las horas agi·
tadas de su castigo nos venga a dar
cuenta de sus impresiones; nos lleve de
la mano p:ir claustros, capillas y subte•
rránecs relatando sos éxtasis, sus tenla•
ciooes, sus penitencias y su.;; descansos.
El fraile atribulado en el mundo por
las tentaciones del demonio y recluído
por orden superior en aquel tranquilo
retiro debe haber conservado en su bo·
ca el dulce sabor de la carne, rosada
apenas con los labios, ya st&gt;a del cuer•
po. ya del espíritu; las pasiones deben
haber sostenido una luch 1 tremenda

con la austeridad, e iofioidad de veces
se habrá repetido bajo aquellas bóvedas, eo los amplios jardines, 10 las huer•
tas y en los claustros la primorosa fao•
tasía de Flauvert con el santo ermita·
ño de la Tebaida,

¿Cuántas reinas de Saba ha bráo pa•
sado con su ·cortejo de onagros y de es,
claves frente a los ojos atónitos de los
enclaustrados? ¿Coáotas veces los here·
siarcas babráo mostrado a los flacos en
la fe las ardientes visiones de uoode
salieron sus escuelas y sos iglesias;
caáotas veces las bóvedas de los claus•
tros habrán resooado con los gritos del
despertar aogustiorn del fraile que ha
conversado durante horas non Apolooio?
Cada uno de los riocouesobscuros de
los claustros parecen sitios apropiados
para contener a un diablo acurrucado,
y los claros de luz que se destacan en•
cuadrados por las puertas o las venta·

�te sieoteo domioados por la sereDidad
del logar.
Eatooces, cuando se puede prescindir
de las tentaciones sufridas por los. queentraban al castigo, arrancados de la
vida del mundo, se empieza a vivir la
vida de los frailes que, como el visitan·
te, bao sentido ya los nervios apacigua·
dos por la solemaidad del recinto y ban
recordado las obligaciones de ses vo•
tos.
Y es cuando eslá bien bajar a los sub,
terráDeos, aquellos corredores cuyas
paredes se salpicaron coo la saDgre de
los peoitentes; aquellos riocooes en los
que parecen aoi:lar los suspiros arrancados de los pechos de los frailes coaD·

L1 huerta del Convento desde el cuar •
to de los secretos.-Paente sobre
el río en pleno bosque.
nas se nos antojan haber servido de
marco a los ritos del Piton como nos
los describe el antor de l:t Tentación.
De eDtre aquellas yerbas que forman
matorral se siente que la serpiente se
desenrosca y va pasando por sobre los
brazos de los creyentes, que colocan
suavemente sus labios sobre la piel del
animal que se enredó entre las espinas
de la corona de Cristo en la Cruz para
poder estar más alto que É l, según sus
adeptos. Parece oirse los cantos que
arrullan al Pitón, se recorre la leyenda
maravillosa de la serpiente, vencedora
en el Paraíso, veDCedora de Moisés,
v&lt;1ncedora en todas partes, y fascinados
por el cuadro luminoso sólo se sale de
ese sueño cuando el frío del claustro
hiela el sudor en la frente y los nervios

El claustro pequeño a la entra:la del
Cooveoto.-Uoo de los claustrcs
cerrados.-Estatua del patrón
del Convento.
do el azote los ha llevado basta el éx·
tasis del agotamieoto. Aquí se acaban
de domiDar los nervios, y cuando se
vuelve a la luz ~e ve cruzar por el pa·
tia la silueta del fraile que va con paso
ludo y mesurado al oficio de maitioes,
reconfortado, tranquilo y sereno sin temor a la tentación y listo para volver a
la vida del mundo y ohsi,rvar la ejem•
piar conducta de los escogidos de Dios
para su servicio.
En la iglesia del convento los frailes
están en el oficio; en la med ia noche ;
las doce campanadas cortan las oracio•
nes y todos se retiran, pero hay un
&lt;Fray Martío&gt; que ha sentido el paso
de la visión. No es cap1z de revolucio·

nar a la iglesia y no protesta, pero per·
mauece bajo la nave; ora, invoca, pri•
mero al Bien y luego al Mal, y cuando
se conveoce de que DO viene ni uno Di
otro, cae, al sonar las tres de la maña,
na, como el Beato Calazaos diciendo:
Nada, nadie, ay de mfl siento en la
(boc1
El amargo sabor de la agonía.
l
L1 visión cae, se devaoece y tenemos
que salir de allf peDsaudo que nuestro
deseo se ha realizado y que el espíritu
inmenso del convento nos ba llevado de
la mano a averiguar alguDosde sus mis•
terios.
GRILLO

�:.

Afinidades
-Ay, bella oifia, ¡qué caosado estoy!
-lHas camioado mucho, buen mu·
chacho?
-Taoto, que siento desfallecer.
-Se te conoce, en efecto. ¿No quie·
res agua de mi cantarito?
.--Ya que eres tan bondadosa, chi,
quilla, la acepto con todo gusto ..... .
Bendito sea Dios ...... ¡qué agua tan
frescal
,-Muy fresca.
-Oye, niña, ¿tú vives cerca de este
lugar?
·
-Eo aquella casita que apenas se
distingue, tan triste y tan pobre ....
-Y, ¿vienes aqui todas las tardes?
- Todas.
-'ro oo recuerdo haberte visto du•
rante el tiempo que teogo de traositar
estos lugares.
-Ni yo.
-Y .... ¿cómo te ll&amp;mas?
-Marieta, y .... ¿tú?
-Arnaldo.
-Ah, bonito oombre.
-No tanto como el tuyo.
-lCómo el mio? Pero, ¿qué tiene de
bonito el· mio? Ma .. ri .. e .. ta. ¡Pbs!
muy simple.
-Será para tí, pero a mi oído es tan
dulce como tu felicidad.
- l Cómo mi felicidad, has dicho?
-St ¿acaso no eres feliz?
-!Ob, qué facil es eog•ñarsel Podrá
ser feliz quieu jamás sintió los delicados besos de una madre? .... ¿Podrá ser
feliz quien vive de la caridad de algu,
nas gentes; en este triste retiro, donde
no llegan esos goces de que disfruta la
juveotud veoturosa? .... ¿ Podrá ser fe,
liz quien ha soñado con tiernas cari·
cias y a quien nunca se le ha dado, ni
de limosna, un poco de cariño?
-..Efectivamente, Marieta, que quien
tiene tales sufrimieotos no puede ser
feliz.
-Tú si lo serás, Arnaldo, casi lo adi•
vino.
-También tú te ~qnivoc¡¡s. La fe)i,
cidad me abandonó muy temprano.
Despu~~ que _mi padre murió. sieodo yo
pequentto, m1 madre y yo nos fuimos a
u_n pueblecillo donde vivían uno~ pa•
rientes suyos. Allí crecí y fuí feliz. Era
t~n buena mi madre, Marieta; me que•
na tanto .. .. Pero un dia elh enfermó·
arrojaba sangre por la boca y se exte:
nuaba "' toda prisa; yo me espantaba
más que me entristecía, y de un mo..
menlo a otro la dejé de ver. Todos mis
parientes vestían de negro y me decían
que no llorara, que mi madre había sa•
lido de aquel lugar, pero que no tardaría en volver, y me regalaban dulces y
muñecos. Veiote años han pasado y mi
madre no ha vuelto. 100 ha vuelto! Ma•
riela. ni volverá jamás.
-Po~recito Arnaldo; no llores, seca
tu~ lágrimas; mira que padecemos ..1
mismo dolor; seremos dos buenos ami.
guitos: tú vendrás aquí todas las tardes
a platicar y estos huérfanos endulzarán
sus amarguras con palabras de consue•
1~ y pensando que un día irán a reu•
01rse con sos padres para siempre.

Una ventana en el Convento dl'l D!sierto.
- -Sí, Marieta, eres muy buena y tus
palabras alivian mi espíritu enfermo,
yo vendré aquí cuantas veces quieras,
y te qnerré tanto, tanto, como quise a
mi madre en aquellos lejanos días de
mi niñez.
-No sé por qué, y siendo la primera
vez que ces tratamos, he sentido por tí
uo cariño muy grande, un cariño .... no
sé cómo explicarlo, así. . . . como yo lo
había presentido alguna vez.
-De igual manera he sentido que~
1 erte. 1Será que el dolor acerca más los
corazones que la felicidad?
-Tal debe ser.
,.--¿Asi se querrían nuestros padres,
Marieta?
- A5Í deben haberse querido, Arna!•
do.
-Pues entonces, querrámonos como
ellos y bendigamos estos dulces momeo,
tos en que ha sonado para nosotros la
hora del amor.
-!Bendito sea el amor!
-D~me tu maco. Marieta,y deja que
la opnma may fuerte contra mi pecho.

Teatrales

Deja ·que en tu frente blanca te imprima un Leso; beso puro, suave, ardieute,
como aquellos que mi madre me daba.
-Sí, Arnaldo. besa mi frente donde
guardaré por siempre la memoria de
este día.
- l Vendrás todas las tardes a este
mismo lugar?
-No faltaré ninguna. Despidámonos
por hoy, que ya el sol se ha puesto, y
teogo que retornar a aquella c·&lt;.Sita que
se ve allá, tan pobre y tan triste, pero
que boy la llenaré de alegría.la llenaré
de felicidad.
-Adiós, lvfarieta.
-Adiós ....
-No olvides que Arualdo te ama ce
todo corazón.
R AFAEL R OORIGUEZ Y ARANDA.

Orizaba, Veracruz.
Dos escenas de &lt;Cbop!p,&gt; vaudeville de presentación de
la compañía del &lt;Colón.&gt;

. cMat~imonio Interino&gt;, . el inimitable arreglo del in·
signe Vital Aza, ha sostenido el cartel del Mexicano ca·
si toda la semana.
El sábado fué también el famoso &lt;Hueso del Gorila&gt;,
excelente adaptación dramática del compañero don
Luis de Larroder.
La obra inspirada en un cuento inglés de corte Ed•
gay Poe, es de intenso vigor dramático y llegó al pú·
bhco que aplaudió a Larroder coo teda justicia.
Como presumíamos el hueso se le atragaotó a don
Joaquín,que nos recordó, por el gesto y ademán, a un
bu~o en el fondo del abismo, tratando de esquivar cual·
quier pavoroso encnentro.
En cambio Prudencia tuvo acentos conmovedores
con que expresar su terrible angustia de madre ado·
lorida por la trituración implacable del hijo. Recomen·
damos a la Ciudad de Londres el figurín inglés &lt;que
saca&gt; Parra en la citada obra.
1Peluca y patillas adorables!
En Londres (West-End) no se dan iguales ni si•
quiera parecidis.

�El bien perdido

Fotografía artistica

Cuento oriental.
El errante iluso, de hirsuta ca bellera,
de cuerpo desmedrado, como una som.
bra, comprimidos los labios, como los
anhelos de su corazón, brillantes las
pupilas, como insectos de luz en pos de
amores, buscaba la piedra de toque que
todo trocara eo oro.
Ante él rumoraba el inmenso océano.
Las leoguadas olas hablaban de teso·
ros ocultos, burlándose de la ignoran·
cia que oo las iolerpretaba.
Había espirado en su mente la obse·
sióo de la esperanza, pero el iluso no
descaos1ba porque su vida se resumía
en su afán ......
¡Como el oleaje que asalta al cielo
sin alcanzar el arcano ...... 1
iComo los astros en sus órbitas sin
arribar a una meta ..... . !

De esta suerte, en la desierta playa,
el iluso vagaba buscando la piedra de
toque deseada.
Un día uo pescador se le acercó in·
qui riendo:
-Dime, ¿cómo hubiste esa cadena
de oro que te ciñe?
Maravillóse el iluso: la cadena forja•
da en hierro se babia trccado en oro.. .
oo era alucinación; pero el cambio se
había efectuado sin darse él cuenta.

Verdad es que eo el reparto figura como con deseo•
oocido, 40 años&gt;.
Y claro es, resultó &lt;desconocido e iocognosible.
oo o
En cuanto a cMatrimooio Interino&gt; séaoos lícito señ ,lar algunas de sus bellezas de interpretación.
Prudencia hecha una monada de gracia e ingenuidad.
Con el cye~sey&gt; y la corta faldilla de alpinista, estaba
seocillameote &lt;comestible&gt;.
Con decir que eo punto a plasticidad eclipsaba a
la Navarro!
Porque a la verdad, uno de los iofilos misterios que
oo ha logrado descifrar el cronista es el de acabar de
entender cómo co 1 esos corsés de ahora (vá'llos, tao
eXlgeradillos), pueda la señora Navarro escalar cum•
bres alpinas y coquetear con Pitolet, verdadera ave
fría, iodigao de tales encantos aprisionados deliciosamente b,jo aquel sujestivo y ventilado traje.
Pero al fin como eo el teatro ctutto e cooveocionale&gt;
se explica.
Muy bien Paoard-Mutio en su erole&gt; graciosfsimo, que
supo bordar con naturalidad y justeza.
¡Lástima de actor!
Con buena dirección, eo ambiente propicio Mutio
podrla hacer mucho, pero mucho bueno.

Se golpeó la. frente desolado. l Cuán·
do, cuándo había sido, sio saberlo, due·
ño de su ideal 1
Su macia era recoger guijarros y so·
narlos contra la cadena, desechándolos
si oo obtenía una áurea vibración.
Y así había poseído y desdeñado la
piedra de toque ..... .
El sol naufragaba al occidente, el
cielo era de oro.

El cuarteto de bobemios de la Flohemia, por la
compañía de opera del Arbeu.-Mimí,
Srta. Pizoroi (debutante) y
Rodolfo, Arbeu.

•

El iluso volvió sobre sus pasos, bus,
cando nuevamente su tesoro; sus eoer ·
gías vitales le abandonaban, su cuerpo
Sd curvaba y su corazón meogüaba su
ritmo ..... .

F ERN ANDO DURAN.
Tipo tapat!o por J. M, Lup. de Guadálajara,

DON NADIE.

�MIMI
PARA ELLA.
Reclina ayui en mis hombres tu rubia cabecita,
¡Ohl virgen de mis sueños, ¡Oh! blanca priocesita
Que llegas a mi lado brindándome tu amor,
Y entre palabras tiernas y entre sospiros leves ....
Me dices que me quieres, que me amas, mucho, mucho,
Y así pasan las horas en que tranquilo escucho
Tu tierna vocecita que imita a un querubín.
Yo tejeré en tus rizos la red de mis amores,
(Oh! blanca priocesita, iohl flor entre las flores,
¡Ohl virgen soñadora, ¡ohl pálida Mimí.
Descansa, no te apene, que estemos largo rato,
Uniendo nuestras almas en no scñado amor;
Si sufres, te coosoelo, si me amas, te idolatro;
Y entre suspiro y llanto amémooos lo! dos.
Amémooos, me dijo: y eotooc,s en ,u ro.tro,
El velo de la muerte de palidez cubrió,
Y así sobre mi~ hombros, la blanca priocesita,
Me dijo suspirando: &lt;te quiero mucho, mucho,&gt;
M ieotras la blanca luna su rostro il\r:nioó.
N GUILLERMO MELLADO.

VOZ

NOTA DE SPORT

N anea m,is"coo mis besos e) marfil de ta cuello,
Divinamente hermoso, temblando cubriré,
Ni la casc«da de ébano de tu suave cabello,
Ni alumbrando mis noches con su casto desttllo
Tus soñadores ojos junto a mí miraré.
Oh! Ilusión, te has marchado... Como dulce romanza
Que se muere a lo lejos, entre no suave capúz,
Te has perdido ea la sombra de mi última esperanza,
Y la noche del alma coa so clámide avanza
Y no brillan los astros como perlss de Ormuz.
Solo y triste ... y la senda fatigosa se alarga.,,,
Dónde están tus palabras de coosutlo, Ilusión ?
Oh! qué vida tao triste y qué hiel tao amarga,
Cual se iaclia¡¡ el espíritu con la mísera carga
De pesares que lleva sobre si el corazón.
Nunca más... es la frase que a distinguirse alcanza,
-Negadora terrible-Nunca más te veré ....
Con la Ilusión se aleja mi postrera e~perauza
No me darán tus ojos su luz de bienandanza.
Ni tu~ man1Js de lirio con pasióo besaré
JESUS ROMERO FLORES.
M ichoacáo, 1914.

o o o

o o o

En

Ni en la senda torcida que sl!rpea en la llanura,
Junto al recodo de árboles que forman espesura
Te hablará en su lenguaje de amor mi corazón.

baja

P .. r .. &lt;Arte y Letras.&gt;

No me digas que no, que no me quieres,
Que no has de ser la vida de mi vida,
Q11e no has de consolarme en mis tristezas
Ni habrás de acariciarme en mis fatigas.
l Cómo voy a querer que 110 me quieras ?
l Cómo voy a querer que no me digas:

Tuyos son mis sospiros, m;s ensueños,
Mis lab~os y la luz,de mis pupilas ?
Será mi amor para tu alma on beso,
Una cinta de luz que tú bendigas;
Una estrofa sonora, si me amas
Una celajería, si me miras.
No me digas que no; que para nada
Piensas en mí cuando el siosoote trina,
Cuando las flores abren sns corolas,
La fuente ríe, y la luna brilla.
Y si allá, en el fondo de to pecho,
En lo más escondido y egoista,
No guardas para mí ni una esperanza,
Ni una nota de amor para mi lira;
Si no has de amarme como yo te amo,
Si no has de ser la vida de mi vida,
Entonces, !Av! olvídame, sí, olvídame ....
Pero, niña, ¡por Dios! no me lo digas.
ROSENDO SALAZAR,

o o o

Nun0a más • • •
Para &lt;Arte y Letras&gt;
&lt;Never more.&gt;
Pee.
Nunca más en las tardes que el celaje empurpura
Gozarán mis anhelos tu celeste visión,

Crepúsculo
P ..ra &lt;Arte y Letras&gt;

A Marcos Jiméaez.
1A pesar de los años soy el mismo ?
El mismo p1ra ti virgen querida,
Para nada he cambiado ante el abismo
Que separó tu vida de mi vida.
Y después de la ausencia, larga, austera,
De ooevo vuelvo al pueblo ea donde habla
Para mi alma una fe de primavera
Y una sed insaciable de alegría.

Todo está igual. Ufano el caserío
Se mira entre el verdor de las praderas
Y a mi cerebro taciturno y frío
Siento acudir un mundo de quimeras.
Todo está igual. La fuente y las verdosas
Murmuradoras frondas de las palmas,
Está igual todo el mundo de las cosas
[ólo h1 cambiado el mundo ea nuestras almas.
Todo está igual como ea mejores años
Cuando era yo un galán y tú una mllza,
Pero ya ves, los beodos desengaños
Hao hecho de nosotros otra cosa.
¿Dónde está tu hermosura amada buena ?
¿ Dónde está tu esbeltez de palma enhiesta?
El tiempo me lo dice coa !(rao pena:
¡Tantos años de '\Useocial Es su respuesta.
Todo está igual : Las frondas y el ambiente,
La iglesi:i del lugar y el caserío;
En nuestras almas sólo se presiente
La mano despiadada del hastío .
Y anta la augu~ta realida d sombrí.. ,
Eomedio de un crepúsculo rojizo,
Se apodera de mí la nostalgia
De una ilusión que abandonarme quiso,

BENJ AMIN ORTIZ.

•
Escenas del torneo inaugural de teonis en los terrenos de la &lt;Cima,&gt; Mil\coac.

�Bocetos
Cristina Garza Leal.
A su belleza poco vulgar, aduna un
temperamento artístico potente y ya
bastante definido, para que se la pueda
incluir en el número de los virtuosos, a

Jismo cristalizado en esos &lt;Nocturnos&gt;
melancólicos que arroban el espíritu.
Y alcanza todavía su genio a los mú·
sicos modernos; a esos complicados espíritus productores de bellas sutilezas,
que se llaman Borodino, Strauss (de
quien Cristina, toca admirablemente el
&lt;Danubio Azul&gt;) y Claodio A. Debossy,
amén de nuestros exquisitos compatrio•
tas Ricardo Castro,Elorduy, Villaoueva,
Manuel M. Ponce y su joven maestro
Carlos del Castillo, que en el último
concierto de Invierno, el 4 de Febr,iro
de este año, la preseotó al público ca•
pitolino, en la Casa Alemac;a de Mú•
sica,
Su presentación en unión de Teresa
Rodríguez, tuvo todos los honores del
triunfo expontáoeo, cuando en unión

del Profesor del Castillo, ejecutaron en
Concierto en Re menor para tres pía•
nos y cuartelo de arco, de J S. Bact,;
cuarteto, sabia y delicadamente dirigido
por Julián Carrrillo.
Y ¿qué más pudiera agregarse de la
señorita Garza Leal en esta crónica
efímera, escrita al calor de los recuer•
dos de veladas llenas de poesía ?
Sólo puedo repetir que en Cristioa
existe el hondo sentimiento del estudio
al Arte que cultiva y que le ha llevado
a ocupar un sitio ya envidiable entre
nuestro medio de privilegiados; entre
esos que de un momento a otro, veremos escalar la Glcria ya convertidos en
una hal; gUeñ'l. realidad.
JULIO A MU~IZ.

Yo siento al estribir. ... e

A veces, ~l no canta lo que lloro;

1
)

Yo siento al escribir, amada mía
Algo exterior qnd ~e introduce y canta
En mi espíritu joven .... La harmonía,
Como un himno eo mi pecho se levanta...
Todo lo que a mi espíritu rodea
-!Hasta el alma dormida de las co~aslSe penetra en mi ser, forma la idea
Y la convierte en explosión de rosas ....
Mis versos y mis cautos son dolores
De este mundo exterior. El los inspira
Y ellos van reflejando sus colores
Al brotar del cordaje de mi lira.
Es un espejo de cristal sonoro
Este reino interior del pensamiento:
(r) c~mo nna nota a P.sh composición tomo este
pensar de un uotabl~ estudio de A?1ado. Ne~vo,
referente a &lt;Lo iucouc1eute de la creación literaria:&gt;
&lt;Grao número de altos poetas -dice Amado Nervo-hao
confesado el caracter impersonal de su inspirac ión.
Alfredo de Musset dice: cOo ne travaille pas, on écou,
te c'est comme un icouou qui vous parle a l'oreille."
Y Lamartiue, &lt;Ce n'est pas moi qui peuse, ce soot mes
idées qui p,iosent pour moi &gt;
Y nuestro exquisito Gutiérrez Nájera, expresó con
delicado acierto:
Yo no escribo mi~ versos; c;o los creo;
Viven dentro de mí; vienen de fuera;
A ese, travieso, lo formó un deseo;
A aquel lleno de luz, la Primaveral&gt;
N. del A.

A veces él no dice lo que siento ....

....................... .................. .
Quisiera, dulce amada, tus garzules
Trenzas acariciar, por si mi lira
Al sentir su contacto, al fin suspira
Lo que suspira mi pasión. ¿O azotes
Cautos lejanos otro ser me inspira?
JULIO A. MU~IZ,
9 de Mayo de 1914.
o o o

De

Coa un libro de versos en la mano
Y muchas esperanzas en la mente,
Me arrullo con las voces del torrente
Viendo morir el sol en lo lejano.
Y entonces tu recuerdo es un temprana
Lirio sin maocba que amorosamente
Refresca los ardores de mi frente
Como la lluvia al suelo, en el verano.
Es honda la tristeza del paisaje,
Visten los campos su otoñal ropaje
De bojas de oro que solloz~o penas ....
Las luces de la tarde al fin expiran,
Y me miran los astros, como miran
Los ojos puros de las almas boeuas.
SALVADOR ESCUDERO.
Guadalajara.

quienes el triunfo ya ha sonreído, y el
estruendo del aplauso ha premiado sus
desvelos junto al sonoro piano &lt;que cbvoró la preciada existencia del polaco
melancólico&gt;.
Cristina GarZ3 Leal en pleno triunfo
de su juventud ha vislumbrado la Glo•
ria del Arte a la que con paso firme
llegará, no muy lejos, porque para pe ·
netrar a ese recinto privilegiado, bien
le sobran cualidades, por cierto, acree•
doras a la alabanza más sincera.
Quien a diario tenga oportunidad de
tratarla en su pequeño y coqueto estudio de Santa María de la Rivera, podrá
convencerse de que esta nueva ungida
del Arte, le ha consagrado el tesoro de
su existencia, para arrancarle, en cambio, uno que otro laurel para exboroar
sus sienes ...... Y en ese estudio pláci·
do y riente la he visto en los divioc,s
crepúsculos de invierno soñar eliotenso
sueño de la Belleza, en una de sus más
puras maoifestacioues: la música, que
suele-según el poeta-expresar todas
las emociones del espíritu humano.
Alli la he visto tran~figurada, departir con el genio que sus manos maravi·
llosas, evocan del marfil del piano; Bach
es su predilecto; Liszt, le encanta por
su túoica admirable; el divino Beetbo,
veo por la grandeza de sus concepcio,
aes y Chopin por su hondo seu~imenta,

NUPCIAL.- Srita. Ampllro Avilés y Sr. don Alfcosc Moralrs G.-Fot Melhado.

tarde

Interior de sacristfa.-Fotograffa de arte por José C. Tovar,

�Páginas Femeninas
,

La nueva silueta
femenina

~

-.
~~~¡;,~~
e.r--.J~U~~uli

El señor director del Couservatorio_Nacion~l de Música, el subdirector y demás personas que tomaron parte
en la velada que el plantel mas1cal dedicó a los alamuos de la Escaela Naval y del Colegio Militar.

ALEGRIA
Marta, mi buena amiga:
Me be propuesto contarle a asted
cuar.to de culmioaute ocurra en mi alma desamparada y triste, porque ¡mire!
no tengo a nadie que escuche mis in·
contables penas ni mis eflmeros goces;
porque en este mundo despiadado y
crael, necesitamos los hombres, para
poder sobrellevar nuestros dolores, de
la ayada de uoa mujer compasiva y
buena que nos oiga llorar y con no:o,
tros llore, que nos vea reír y con noso•
tros ría. Sé que usted es tierna y bon•
dadosa, y por eso, yo, atrevidamente,
sin coosultarle, la he elegido para mi
confidente ...... lQuiere usted serlo?
¿quiere usted ser la que siu burlarse
de mis amarguras, me escuche ::ompa•
sivameute, cariñosamente, como uua
madre eqcucha a su hijo? ..... . ¿Quiere
usted, Marta, ser mi madre-la perdí
hace ya tau tos años que apenas me acner·
do a qué sabe ese divino afectol-quie•
re usted, repito, hacer las veces de
quien me arrulló eu su seno, d11 quien,
ocultando sus lágrimas me mostraba sus
risas para spliviantar la pesadumbre de
mi sufrir, de quien con sus caricias y
maternales sonrisas aumentaba mi coc;tento? .... ¿Que es usted muy joven? ¡y
qué importa si tiene corazón!. ... ¿Quiere ser mi madre? .... ¿Sí? ...... ¡Tengo
tanta hambre de afecto 1•••• Pues bien,

!madre mía! lo que ahora tengo que
contarte eR algo muy alegre, algo tan
alegre que me parece que se escapa de
mi ser en forma de luz y que romo los
santos tengo un resplandor sobre mi ca·
beza,
Mira, madre, fuí a la casa de unos
amigos míos y los dejé sorprendidos por
mi locuacidad: hablaba sin parar, ale·
gremente, hablaba de todo, de política,
de arte, de filosofía, de historia, de adi,
vinación, de nnmismática, de espantos,
de equitación, de poesía y ¡uf! de quién
sabe cuántas cosas más; lo que sí sé de
fijo es que mi alegría era grande, impetuosa, desbordante, y que, además de
hacerme hablar como un condenado,
me obligaba a dar palmaditas en las
espaldas de mis amigos y augurarles
buena suerte a todos:
Tú, Ricardo, serás un maguffico cirujano ...... ¡qué uó ui qué nól si lo es·
toy viendo en tus manos que son ágiies
y sabias ...... Tft, Juan Manuel, un geuerala zo colmado de victorias y de gloria ...... Tú, Rafael. serás gerente de
una poderosa com¡:¡añía ....•. Tú, Arta·
ro, encontrarás pronto acomodo con
magnífico sueldo. . . . . Tú, Guillermo,
serás poeta de fama mundial ytú, Luis,
hombre de fortuna .. . . Y como un dios
bueno derramé ventura a diestro y siniestro; hubiera deseado que mis palabras en oro se trasmutasen para hacer
uo reparto equitativo y ver realmente
dichosos a mis amigos, pero ¡como e~o

es_ uo impo~ible! no lo deseé. Sentía que
m1 rostro estaba empurpurado y que
un calor grato y fuerte acariciaba todo
mi cuerpo y que los latidos de mi cora•
zón eran fceocueutes y que un deseo
enorme de cantar me asediaba. Mi ale•
gría necesitaba muchos derivativos y
parte de ella se escapó por una de mis
piernas que se movía couvulsivamente
sobre la otra que inmóvil y sufrida no
protestaba. Mis amigos, alarmados por
esa alegría casi patológica, preguutáron•
me la causa de ella, y yo, entrecerrando los ojos y moviendo uegaíivamente
el índice les dí a entender que nadie
lo sabría; pero ellos ante mi negativa se
crecieron y me agobiaron de p_reguutas:
¿Te has sacado la lotetia? ¿ Has heredado? l Has resuelto algún abstruso problema filosófico? ¿Te han nombrado
Director de la Universidad Nacional?
¿Vas a dar la vuelta. al mundo? ¿Qué
te pasa, hombre, dí ? ...... Y yo sonriente y burlón, nada decía. ¿Para qué decirles que estaba alEgre porque La ví
en la tarde, y que Le hablé y que Ella
al saludarme me miró y estrechó mi
mano ?
Al cerrar la puerta del &lt;hall&gt; oí que
alguien dijo humorísticamente: Fernan,
do lo que t iene es que está chiflado!.. ~
Y uua granizada de sonoras risas envol•
vió la satírica explicación. Ya en la calle escuché aún, clara, distinta, fresca
y contagiosa la solitaria carcajada de
Rafael, el Gerente. Su rendido amigo.
Fernando-MIGUEL A. CEVALLOS.

La última &lt;línea&gt; es algo pasmosa,
pero también es excesivamente atractiv
va,
€sto es particularmente cierto de los
trajes para calle, que están compuestos
de una falda muy corta y ajustada, una
túnica larga y suelta, y un bolero sin
forma.
Esta descripción parece excéntrica,
pero en realidad, estos trajes tie11en un
eucauto sutil, son esencialmente c:chic &gt;
Las parisienses han cedido al encau•
to de la túnica ultra- larga, que da la
impresión de una falda sumamente corta ; es!¡. curiosa túnica se lleva sobre
una falda que semeja uu refajo, de tal
modo estrecha y sujeta al cuerpo que
podría confundirse con un ... . pauta·
Ión.

Y para que este estilo de traje sea
aúu más peculiar, la parte superior del
cuerpo está cubierto por uu bolero suelto, sin forma, o por una pelerina larga,
circular.
En todos los restaurantes elegantes y
de moda y en las exhibiciones se ve es·
te traje llevado por mujeres jóvenes y
bonitas, y en todas tiene un 1::ncanto es•
pecial.
Es 10oecesario decir q ne esta clase
de traje sólo puede llevarlo con éxito
la mujer esbelta y joven.
De ordinario la idea de capa está
asociada con la matrona; pero ay de la
mujer de edad incierta que se atreve a
llevar las pelerioas y túuicasque actnal•
mente hacen furor en París.
Entre los numerosos trajes c,~hic&gt;
que se veían en las carreras, había nno
lindísimo; la falda, sumamente estrecha,
fS d-:i taffeta negro con tornasol azul
turquesa, así como la túnica, sumamen·
te plegada, y el ~:quillo, muy corto eu
el delantero y cortado en pico a la es·
palda, es de seda li5tada en negro y
azul, sobre la falda y bajando a la ca•
dera, hay una banda de !afeita negro
c11vos extremos llegan al borde de la
túnica.
El saco se abre sobre uu corpiño de
crespón ecrn, y el mismo crespón for·
ma cuello médicis sólo a la espalda.
La atención se fijó en este traje, por•
que el modelo original faé creado es•
pecialmeute para Gabrielle Robinne,
de la Comédie Francaise, pero la tela
era tafetta rosa con tornasol verde y
plata y el saquillo era de seda listada
de -verde y rosa, bordeadas de plata.
Tanto la actriz como la dama que
llevaba el traje descrito, se ceñian la
garganta con una cintillla de terciopelo

Originales dibujos y composiciones eu telas para muebles.
negro, una moda que es muy graciosa y hermosas, de un solo color o de va
rios.
favorece mucho a todas.
Mochas de las blusas nuevas y corpi•
ños de seda traen esta banda junto con
el escote en V.
Las bandas se emplean par'. confinar
SORBETE DE LIMON
los plisados y ruches de encaje u muselina.
Iogredientes: Un litro de leche, meEl tafetán liso y escocés también tiedio kilo de azúcar, tres limones muy
ne mucha aceptación.
Uu modelo muy elegante tiene la fal• grandes, tres huevos. Se pone la leche
da ajustada y el corpiño hecbo de taf• con el azúcar y la ralla de dos limones,
feta liso, verde Irlanda, con vivos en al btño maría; cuando está a punto de
hervir, se retira del fuego, y se deja
las costuras de color morado.
enfriar completamente; se cuela v se
El capote o esclavina, más corto en
el delantero que a la espalda, pues cae pone dentro de la nevera; uua vez que
más abajo de la rodilla, es de taffeta el hielo machacado y la sal están pues·
tos en el depósito, se hace girar la neescocés a grandes cuadros verdes y mo- vera quince minutos; se abre, y se vierrados con listas negras; el capucho es
ten dentro las claras batidas y el jugo
de satín negro y uua ancha franja del
de los limones; se cubre nuevamente y
satín adorna la capa en todo su derre•
se sigue moviendo basta cuajar perdor; tiene aberturas en los costados pa•
fectamente .
ra pasar los brazos, y se sujeta con uo
alamar de cordón de seda verde.
DELIA.
Otros modelos de capas no tienen
aberturas para las manga l y se lleva u
echadas hacia atrás, sajelas por cordones de seda, rematados por borlas muy

�1t

J&gt;recbso traje. propio para paseo matinal, mcdelo de la sedería &lt;El Paje :t
P ara pasear pOr el bosqoe, modelo $'narisiéo, propiedad de la sedería &lt;El Paje.&gt;

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seharm~n1za con cl aromaddcigarro
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�</text>
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                <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 16, Junio 6</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R 1¡:istrado r:omo articulo de 2• clase, e l 26 dA F ebrero rle 19t4.

Segunda Epoca.

Sábado 30 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 15.

EL MEDICO DE LA CASA . -Colección "Amphosuco. "

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los sáb..dos por la

Cía. PcrlodístlGa McxlGaná, S. A.
DIRECTOR:

J. M. CO~LLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41.
Teléfonos: •

Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO, D. F.

PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . ... • . . . . . 20 es·
Sabscripcióo, trimestre ........ 2.50
Extraojero, trimestre ....... .'... 5.00
coo excepción de Estados Unidos y Cuba, en donde regirá el mismo precio
qne para la República,
NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven originales.

¿Qué sabe usted?....
Desde el día veinte del quemañana termina, flota en el aire de
nuestra tnetrópoli un ambiente
de interrogación que no se sacia
a ninguna hora. Tanto de día
como de noche nuestro cielo
muestra, como cauda de enorme
cometa, un inmenso signo de interrogación cuyo punto parece
formado por la estrtlla de la esperanza nacional.
Desde que en Canadá se está
decidiendo nuestra su':!rte como
nación consciente y libre; desde
que los tres representantes de
nuestro pueblo. en cuyas manos
se depositó la vida de la pó.tria ,
están tratando con los delegados
americanos por la valiosa v alta
mediación de nuestros her~anos
de la América del Sur, una ansiedad tremenda tiene suspenso
e indeciso al espíritu popular.
Y de todas las bocas brota la
fatal pregunta; se empieza por
interrogar al periódico matutino,
con la esperanza de que al fin
diga algo, y cuando se obtiene

la sempiterna respuesta: &lt;Las
conferencias siguen por buen camino;&gt; involuntariamente viene
a la boca la interrogación y a la
primer persona a quien se encuentra se le pregunta: e¿ Q ué
sabe usted? .... &gt;
El interrogado empieza por
negar; nada sabe, pero el deseo
de parecer bien informado, por
una parte. y la incomodidad que
produce el flotar en el medio de
duda ambiente, obligan a decir
a 1go; cuando realmente se ha oído decir alguna cosa, por inverosímil y disparatada que sea, rn
dice; si no se tienen elementos
informativos del exterior, se forja una noticia con dícer!ls y se
lanza a la circulación, sin pudor
ninguno, aunque se sepa que se
adquiere la paternidad de algo
monstruoso.
Y el que por la mañana empezó a consultar el periódico con la
esperatiza de saber algo, a medio
día, si ha caminado un poco por
las calles, sabe más de lo que
hubiera querido. El primer interrogado le ha dicho algo que el
segundo ha destruído con una
noticia que por ser más absurda,
le merece la primacía. Generalmente sucede que el que solicita
informes acepta los que están de
acuerdo con sus propias ideas y
desecha todo lo que se oponga
con ellas; de ese modo antes del
mediodía, en los mentideros de
las once ya se han formado bandos que sostienen noticias opuestas y a cual más absurdas.
El resultado de esto es el que
haya interrogado durante lamañana y haya recogido las vers iones en c irculación, si es hourado, tendrá que confesar que todavía no sabe nada, y seguirá
preguntando ¿ qué sabe usted? ...
Y en la tarde tampoco sabrá
nada; al desorden de las contradicciones matinales se vienen a
juntar las dificultades digestivas
bajo un sol abrazador; la cabeza
se convierte en un nido de ideas
que se retuercen, se juntan y se
separan como serpientes dentro
de un canasto; si las convicciones o las conveniencias individuales dominan por un momento
se levanta dominadora la idea
que más conviene, pero en segui-

da por esa debilidad de caracter
propia de nosotros o por la excitación nerviosa del momento, se
teme, se pierde la serenidad; las
ideas contrarias se enderezan
amenazadoras y el hombre se
siente anonadado por un terror
instintivo; entonces, ya sea para
hallar un consuelo a esta dolorosa situación de espíritu, ya sea
con la sana intención de rectificar el criterio, se echa a la ca)le
el indeciso, y, como por lamañana, al primer transeunte que
halla con cara bondadosa y espíritu expansivo le pregunta an1
sioso: ¿qué sabe usted?
Mientras tanto, la prensa diaria aconseja el optimismo, el cu~ 1
parece reinar en los círculos oficiales; después del
título vistoso
.
¡
en q~e s~ anuncia oue las conf~renc1as siguen por buen camino
viene un segundo título que no~
anuncia que el Primer Magistr,ado de la Nación, o los señor~s
delegados, o los mediadores, se
muestran optimistas acerca del
resultado de su misión pacifista.
Y hay otro índice, que estimamos como más seguro: el índice
de las finanzas que son el verdadero índice del bienestar humano porque, dolosamente, es cie~to aquello de que: &lt;donde no hav
harina hay mohina&gt;, y ese índice nos hace tender al optimismo.
Casi todos los días tenemos noticias de alzas de los valores
mexicanos en los mercado.-; de
Londres o de París, lo cual nos
asegura que pronto habrá harina
para que desaparezca la mohina
Y si la prensa nos aconseja. qu~
seamos optimistas; si en los elementos oficiales se sienten también el optimismo y si los juristas dicen que en caso de duda
hay que escoger la hipótesis más
consoladora, dejémonos llevar
también de la corriente óptima·
será una ilusión más que acari~
ciaremos por algunos días con
los mejores deseos de que se realice cuanto antes.

1.

•

l

J. M.C.
11111111

Militarización administrativa.-Ea:pleados ?e las secretarlas_ de_ Relaciones
Presidente de la Repubhca.

y Gobernacióo, revisados por el
-

�~

TEATRALES

yó a gran altura {valga el éliché) coro•
nando sus &lt;palabras&gt; con un mntis que
el público Jes claro! no sopo comprender, y vamos con el &lt;tertio&gt; y último
acto.

~

Alegato y nada más alegato, defde
que se descorre la cortina precipitase
en él de tal modo la acción, que vemos
sin el menor asombro &lt;tirarse&gt; . . .... al
lago (segundo término izquierda del
espectador ) a doña Prudencia que mal,
dilo lo que abriga con tal determinación.

~====================---==--===-===-==========~Jf}::::::;..JrJ
El estreno de &lt;Lazo Odioso&gt; en el
Mexicano hizo saborear a nuestro pú•
blico las delicias de una obra de tésis
(apasionado alegato en pró del divorcio) en la que la té cnica y factura se
han sacrificado al asunto y ello, de mo•
do impla cable.
Es, a no dudarlo, Novelli un gran
pensador pero hay qne convenir que los
traductores señores Troceo y Alcázar,
podfan haber espigado algo mejor en
el floreciente campo del teatro ital iano
contemporáneo, el más completo y avan•
zado a juicio del reseñador.
El señor Alcázar, literatizó en exce,
so el diálogo omi)iendo los imprescindi·
bles 4.bocadillos,&gt; destinados a aligerarlo, ofreciendo así el conjunto un ama·
zacotamieoto pasable en la lectora, pe,
ro imposible en escena. !Defecto iogé•
nito en quien oo conoce el teatro!
El diálogo escélito es al2:o muy dis·
tinto al familiar, callejero, o de novela,
y constituye, precisamente, el más pre,
ciado resorte dificil de dominar.
El primer acto de &lt;Lazo Odioso&gt; de
una exposición líogoida y cansada, sin
más figura de relleno que el anticuario
destrozido por Rivas, da ñn con un
cescenón&gt; entre los prota gonistas, esce•
na cuyas innegables bellezas de pensa•
miento se pierden por entrelaioaguao•
table pesadez del diálogo intermioa,
ble.
Pero, Job! inconsciencia adcrable de
un público más inconsciente todavial
El honorable que cha entrado,&gt; como se dice en &lt;argat&gt; de bastidores, no
se dió por aludido y aharrotó. por com·
pleto, el elegante coliseo feudo del
afortunado e industrial don Joaquín
Coss.
Nadie entendía una palabra, pero la
escena y toilettes agradaron: al fin Ar·
te, también.
El segundo (escenas finales) llegó al
público oca vez desaparecida la tésis
para dar franca entrada a la ráfaga de
pasión que anima a los protagonistas
Gdfell y Mutio que estuvieron seccillamente admirables.
Y asómbrese el lector!
Don Joaqufn {Tullio Mala somma) en
so &lt;~óle&gt; dificil!!imo y complicado ra-

I

Quizás porque no la vemos ser ex,•
traída, ceo la cabellera flotante como
Ofelia y la seda escorr ida pegada al
torso, tampoco nos conmueve ni pisca
tao tri~te fin.
Ni a ella creo yo le conmo\"erá &lt;tan•
tico&gt; so kilométrico papel.
En fin, una desdicha de las muchas
con que se &lt;delecta&gt; obsequiarnos e1
dilec lísimo Don Joaquín, q ne en esto de
adaptaciones, traduccion¿s y refundi•
ciones tiene buena mano.

&lt;Lazo odioso&gt; en el Mexicano.-Fots Lopercio.

Enrique Catalá, del teatro Lfrico, en &lt;No tiene usted nada
que declarar.&gt;,-Fot. Lupercio.

�S.3 anuncia un &lt;culebrón&gt; titulado
&lt;El hu~so del GJrila&gt; de Don Luis de
Larroder, el atildad!&gt; y querido &lt;croni•
queur&gt; muy amigo nuestro.
Esto del &lt;culebrón&gt; es dicho del t.i.m·
bién atildido traspunte del Mexicano,
porque bueno es que sepa el lector,
que en aquel &lt;corral&gt; en materia artfstica &lt;hay opiniones&gt; contrarias casi
siempre a la excelsa batuta que el cota,
rro di rige (¿ acertadamente ?)
Le queda un hábil recurso a D. Luis
an!e e;tas insolencias intimas: el de en,
derezar el indice y el meñique (bajan•
do el restó de los dedos de la diestra) y
exclimar a pulmón batiente: ¡Lagarto!
1Lagarto!. .....
Y con ésto y con que se le atragante
el hueso a Don Joaquin . . ..•.
Porque al &lt;honorable&gt; ...... más va,
le no tomarlt• en cuenta!
DON NADIE.

º'' g¡¡t

Dos escenas de c:Lazo Odioso&gt; por la compañía del Mexicano.-Fots. Lupercio.
NUPCIAL.-Sc. duo Lui; Oj ed.i. Leroy y señora María Teresa Trucy Aubert de Leroy.

L eón, 14 de Mayo de r9r4.

�íf

l1
~ maravillosa historia del SiredeNide~
Ofrecfmos a auestros
lectores este preciorn
cueato debido a la pluma de Jean Variot, el
celebrado autor alsacia•
no, desigoado por la Academia Francesa para el
gran premio de literatu•
ra en el presente año.
Servíos escuchar la historia de un
cierto conde de Nideck, el cual, hallán•
dose cerca de sos dineros, como se dice
comuomente, se negaba a casar a su hi·
ja Teodolioda con el señor de Dettlin•
gen, para n_o tener que darle dote.
ALGUNAS CONSIDERACIONES
Se puede clasificar a los padres en
dos categorías. En la primera colocaremos a los que atormenta el aguijón
de los celos.
Póogaose ustedes ea su lugar.
Tienen ustedes coa niña, la escuchan
respirar cuando duerme, la veo crecer.
Que se pone enferma? Ya están ustedes
sin saliva. Que se siente bien y es ad,
mirada por todos? El corazón se os in•
fla y parecen ustedes un pavo real luciendo orgullosos su abanico. Ella os
hace compañía; os cuida con toda asi·
duidad; os seotis nadar en medio de la
beatitud. Pero un buen día, aparece
un guapo joven que suspira ruidosa•
mente Junto de ella. Tiene todas las
audacias. No vacila en hacerse subir
las lágtimas a los ojos para enternecer
a lo que más arnais en el muodo. Y bay
que tener en cuenta qu~ la belleza de
ese joven es muy discutible. Seguramente que a su edad ustedes tenían un
aspecto mucho más gallardo. Esto no
impide que todo lo que más amais en el
mando se tome en día de su brazo,
marche rumbo al altar (donde se dicen
palabras irreparables), y parta sin si•
quiera volver la cara dejaodoos como
a una vieja bestia inútil. ¿ Verdad que
es muy deplorable?
Ea la segunda categoría colocaremos
a los que atormenta el aguijón de la
Avaricia.
Pónganse ustedes en su lugar.
Se dan ustedes a todos los males para
tener una fortuna asegurada. Pasan
días y noches haciendo adiciooes, divisiones, sustracciones y multiplicaciones,
hasta que adquieren una gran fuerza
como calculistas.
Se privan hasta de las cosas más úti•
les para no desperdiciar lo que han
juo_tado con tantos desvelos; prestan ns•

tedes dinero a los que lo solicitao,a eco
dición de obtener on provecho seguro
(único caso en el que hacen un favor
a un prójimo,) ejercen ustedes pre~ión
a coociencia rnbre los que pueden pro•
porciooarles alguna vea taja, y hacen
otras mil pequeñas combinaciones de
las que prefiero no hablar. Pero llrga
un joven que ronda a vuestra hija.
Tiene todas las audacias. No vacila ro
hacerse ioformar acerca del dinero
guardado en los fótaoos, debajo de mu~
chas baratijas. La niña, on poco cansa•
da de la vida que lleva a vuestro lado,
se deja prendar de los encantos de
quien le ha de arrancar de una vida
poco agradable. Y ustedes se ven en la
necesidad de sangrarse de las cuatro
venas y dar so dinero a ano a quien ao
coaocían seis meses antes y que ni siquiera ha de agradecer todos vuestros
sacrificios!
¿Verdad que es cosa muy lamenta·
ble?
ALGUNAS PALABRAS ACERCA
DEL SIRE DE·NIDECK.
Iocontestablemeote, el conde forma•
ba parte de la segunda categoría. El
pobre y buen hom't&gt;re-sea dicho sin
la menor intención de ofenderle,- te·
oía on carácter iosoportable. Hay que
confesar que esta familia de los Nideck,
que tuvo entre sos antepasados Jobos y
lobas, carecía enterameate de alegría,
de atractivo y de cortesía-cosas que
son muy necesarias, como todo el muo·
do sabe, para la~ buenas relaciooes en•
tre las gentes.
Coostanterueote estaba poseído del
terror de que se fueran a d:scobrir sus
escondrijos. En la o:,che erra.ba por
bosques y selvas; con las oiias rascaba
la tierra para desenterrar las piezas de
oro y plata, y contarlas a la luz de la
luoa; si sosp€cha ba que se le había
perdido uoa, bacía oír un aullido moaótooo y sio fio; eotooces los campesi·
aes ioquielos, se volvían y Sil revolvían
en sos lechos, y oo podían áormir ....
Lo que sí daba de la mejor gana eran
boeoas palabras. Laozaba muy propia•
men¡e no discurso, segúo las reglas del
arte, con exordio, desarrollo y coaclusión, aconsejando que se fuera a pedir
prestado &amp;. cualquier parte para pagar·
le lo que se le debía; explicaba que era
un pobre hombre sin recursos y sin fe,
licidad sobre la tierra; comprometía al
deudor a devolverle tres veces lo que
le babia prestado, bajo pena de verse
golpeado, perseguido, colgado por de•

bajo de los brazos y con los pies que·
mados con leña verde.
So servidumbre se componía de anos
ciocnEnta miserables, largos, pálidos,
cou los dientes huecos y la nariz gan·
chuda.
Por esos tiempos fué cuando se des,
cubrió que el hombre tiene treinta y
dos costillas; fué ooa verdadera revo•
loción en el mundo de la ciencia.
Si pasamos al persooal militar del
coode, hay que decir que sos soldados
hacían, dentro de la armadura, el ruido
de en arvejón dentro de un caldero.
Ea cuanto a sos perrcs, se nutrían
de lo que podían, especialmeote de los
guijarros de los caminos, de manera
que estaban delgados como ramas en
iovieroo, marchaban con los pieroas
débiles, las orejas y la leo,¡ua colgantes,
los ojos tristes,-y como humillados de
servir a un amo tao miserable.
No quiero hablaros del castillo: es no
asunto demasiado aflictivo. Solo diré
que los vientos se daban cita en él para
hacer volar las telas de arañas que peo,
díao de los techos.
CONTRASTE CONSOLADOR
El viejo cueotistd (a quien debo el
relato de esta aventara) que en tiempo
de rni juventud relataba sin descanso
las crónicas aotiguas de la región, y
que ahora está muy serio debajo de so
epitafio gris, acostumbraba decirme:
&lt;Amigo mio, cuando bag1s cu eoto~, más
tarde, no digas: &lt;Esta princesa&gt; o según el caso, &lt;esta burguesa era de gran
belleza. Tenía la cabellera rabia y los
njos azules.&gt; Sería ooa grao insolencia,
porque si tu lector tiene nea marcada
preferencia por las que tienen cabellos
negros y ojos del mismo color, no de·
jará de decir: &lt;Vaya uo autor iosoleo·
te que encuentra bella a uoa mujer ru•
bia &gt; Cerrará tu libro difgostado, y oc
recomendará su lectora a los amigos.
Creeme. Nunca tomes partido en una
cuestióo tan delicada.&gt;
Cooformáodome coo tao sabias pala·
bras, sólo diré que Teo&lt;lolioda era uoa
rersooa eocantatlora, amable desde !o•
dos los puntos de vista, y aumentaré,
para complaceros, que se asemejaba «:o·
terarneotd a vuestro primer amor.
Eo cuanto al señor de Dettliogeo, he
aquí lo qoe hay que decir. Era herma·
so, gra ode, fuerte, distioguido, valeroso,
magaáoimo, geoerofo, temerario, fiel,
inteligente, bueno, paciente, eoérgico,
dulce, abierto a h,s artes y a las cien•
cías naturales, muy competente en ma•

terias históricas, hablaba con profuodi•
dad de las cuestiones filosóficas y I ocabacon perfección ta oto en la dola de
la pieroa como en la del amor.
Ya compreoden ustedes por qué coi
seres tan perfectos quisieron unir , u,
días; y aquí es dood/J comieaza laa,co •
tura.
PRIMER EPISQJ)IO .
La situación es de las más seocillas:
por un lado alguien dotado de tc_dos _los
defectos; por el otro dos persooa¡es 11m·
páticos, dotados de todas las cual id: d~s,
n saber: Teodolioda y el señor de Det·
tliogeo, los cuales se daban citas por la
noche ......
Úoa escala, disimulada duraote el día
eotre el follaje y que se aplicaba e ou·
tra el muro en cuanto lltgaba la ~om·
bra, servía al exceleote joven para su•
bir hasta la veotana, provista, como las
de las prisiones, de barrotes de hit rro.
Allí, basta que llegaba la aurora, se ~otrtteoí 10 en charlar sin descaoso y ¡•más carecían de asuntos en sus coover·
saciooes, las cuales oo daré a cooocer,
porque la discreción es la más graode
dd las virtudes.
(Aquí teogo que suplicar :¡ ustedes
que roe dispensen de haber hecho figu•
rar esta ventana inevitablr; pero con•
veodráo coomigo en que no puede haber escena romáotica sin este detalle,
de otro modo se habría roto la tradi ·
cióo. Y aun tengo que suplicar que se
me perdone :le no haber hecho figurar
tambiéo un rayo de luna ).
Cootiooemos.
E~tas cooversaciooes teoíao el iocoo·
veoiente de eternizarse, por lo tacto,
na día sucedió una dei gracia.
Poco antes de la meaia noche, cuan•
do el coode de Nideck se preparalla a
partir rumbo al Schoeebetg, doode te·
oía más de dos mil doblones debajo de
una roca, le pareció oir murrnul!os de
mal agli ~ro o, si lo prefieren ustedes,
uoa especie de sosurro que venía de la
coroisa y que no dejó d~ ioquietarle.
Ltvaotó la nariz y reprimió un ~u•
gido; huyó sobre la poeta de los pies
para no hacer gemir a la arena, des~en·
dió al foso, tomó la escala, la sacudió Y
la hizo caer mieotras que el pobre ga•
lacte, sorprendido en medio de sus sos·
piros, ~e cogía de los barrot~s, coo la_s
macos crispadas y con las piernas ba1·
laudo eo el vacío de una manera dese·
ladera, con grao de,esperacióo de la
pobre Teodolioda que se arrodilló y se
puso a l'orar con la cara escoodida en•
tre las manos.

cual es contra la ley de las gerarquías,
y le dijo: , .
.
.
.
&lt;Señor, 01go aba¡o, eo la tierra, a m1
saogre que se lamenta ¿Quisiera usted
auxiliarla en recuerdo de las bellas ba·
tallas que llevé a cabo por el santo sepo lcro 1&gt;
y el Señor lo envió con San Martío.
Hay que saber que San Martío es de
una habilidad y de uoa iogeoiosidad
dignas de la mayor admiracióo.
Nadie como él para componer una
SEGUNDO EPISODIO
puerta, o romperla (según la divina
Pero be aquí que detrás de la ~rao voluntad ); nadie mejor que él para esbóveda del firmameot o había un alluelo currir plomo en la cerradura de un he·
de los Dettliogen goe se había hecho rege que oo puede ya eotrar a su casa
cortar cabeza, pies y brazos ante los y se ve obligado a dormir sobrP la oie•
muros de Jerusalem y que por ello vi- ve; nadie mejor que él para fijar una
vía ea el Paralso, reino de los elegidos, cruz de oro en la puerta de los buenos
ricos que, cuando llega el invierno,
con todos los buenos militares.
Como sabía que vale más dirigirse a comparten con los pobres su cama y so
Dios que a los santos, se prosteroó a los vino caliente,
Así es que San Martín, con la berra•
pies del Señor, sin hacerse anunciar, Jo

mienta sobre la espalda, descendió rom,
bo a Nideck. Sin ser visto, y con una
h11bilidad extraordinaria, se cogió a las
piedras de la muralla y fijó sólidamrote
en el muro una tabla lo cual permitió
seotarse en seguida al atribulado Det·
tliogen y reponerse de una sposacióo
pecosa.
Teogao ustedes en cuenta que no se
podía hacer descender al pobre joven,
ni por medios milagrosos, porque, tao
lurgo como cayó la escala, el conde
ahulló a so guardia, dió orden de que
se le trajera una silla sobre la cual se
sentó cómodamente, e hizo rodear de
seis canallas, armados de picas. el sitio
preciso donde debía caer su eoemigo.
Esperó, devorado_ por la mayor de
las impaciencias.
Esperó ooa hora, dos horas, después
tres, luego cuatro y en seguida cinco,
después apareció la lo z del día y Det•
tliogen seguía muy tranquilo, arriba,

�muy cómodamente, y parecía reirse de
la sitnaci6n.
Entonces Nideck se di6 cuenta del
ridículo. Creyó que un poder diab61i·
co se cernía sobre su morada y sintió
un poco de frío en la espalda, casi co·
mo el que se siente con la fiebre ma·
ligna, y que hace eo un momento de
uo hombre uo racimo seco como oega•
tiva. de avaro, pálido como razooamieo•
to de cuistre; sombrío como la soledad
de uo egoísta!
Se levantó, dió algunos paso~ coo la
esperanza de mejorarse; pero su cuerpo se hallaba helado como el de uo
muerto, sus cabellos de punta y sus ojos
sio luz de vida.
Ordenó que se ensillara su caballo,
el que daba lástima de ver, taoto así lo
atenaceaba el b1mbre. Se llamó al grao
montero y a los perros y Monseñor, pa·
ra cura1se, partió a la caza coo uo as•
pecto triste, no sin haber ordenado f!Ue
se vigilara sobre Dettliogeo y sobre
Teodolinda. que estabaeocerrada eo un
cuarto lejano.
Dos meses más tarde, aún no había
rrgresado. Eo el castillo reinaba el si·
leocio, interrumpido solamente cada
hora por los gritos de los ceotioelas.
De tiempo en tiempo los vientos
de las montañas llevaban hasta él el so
oido de las trompetas y el gemido de
los antecesores.
Dettlingeo, sobre su tabla,seguÍl res[ril.ndose, espiado desde abajo por
aquellos bárbaros que oo hubieran de,
jade de traspasarlo si se dejaba descolgar. Ya se comprenderé. que oo se le
babia dado oiogún alimento, a pesar de
las súplicas de Teodolioda que trataba
de corromper .. los guardas y giDar a

l~s gentes del 12oeblo en favor de su
causa.
Pero el cielo velaba.
Por aquellos tiempos se produjo ooa
lluvia torrencial. Dettliogeo bebía. las
gotas en la palma de su mano, y por
eso es por lo que se sabe, de foeote se·
gura, que hay personas capaces de vi,
v1r de amor coo un poco de agua clara.

TERCER EPISODIO
El sire de Nideck se paseaba por sus
dominios coa los ojos inquietos, el alma
eo peoa, y con tan mala cara que sus
gentes se santignaban a su paso y decian: «Gloria a vos nuestro señor y
ai:no &gt;
Avanzaba precedido por ~us geoles,
y era cosa triste aquel cortejo de cria·
rlos y de perros que caminaban sileo•
ciosos y sio detenerse como si fueran a
un entierro.
No se encontraba alma viviente por
los caminos; oo babia caza ni de pelo
oi de pluma; oi no solo pajarillo en las
ramas de los árboles; el viento mismo
parecía. hallarse ausente; las selvas es·
tabao mudas y la ;lluvia que cala sio
cesar cabria todo de uoa bruma gris.
Uo día, sin embargo, Nideck tuvo un
encuen•ro. Vi6 venir hacia él a un
hombre d, muy pobre apariencia, mon•
tado sobre un asno.
cMi bello señor, dijo el desconocido,
teogo ooa cosa que pediros.&gt;
cNo traigo dinero,&gt; contestó el conde
apresuradamente.
cNo es dinero lo que teogo quP. soli·
citar de Vuestro Honor, sino uoa seo·
cilla iodicaci6o.&gt;

&lt;En ese caso, diga lo que quiera!&gt;
&lt;Quisiera usted decirme si hay mu,
cho que andar de aquí al castillo del
coode de Nideck?&gt;
Al oír estas palabras, el señor se lle•
06 de prudencia, porque el que empie•
za por pedir poco acaba pidiendo mucho. Juzg6 prudente hacer el sabio y
dijo:
cEl conde de Nideck está de viaje
desde hace t!os meses y nadie le ha
vuelto a ver por aquí.&gt;
-Qué lástima, dijo el otro, tenía yo
que comunicarle algo de parte de per·
sooa de grao coosideraci6o ..... .
La c uriosidad se apoderó del conde,
que se estremeció de impaciencia sobre
la silla.
-lDe uoa persona de grao cooside,
ración?
-Sí, Vuestro Honor.
-Pudiera usted decirme de parte de
quien?
-Imposible, Vuestro Honor.
He aquí uo hombre que empieza a
interesarme; hay que ser amable con él
hasta doode sea posible ...... se aconsejó el conde a sí mismo e invitó a su
nuevo conocimiento a caminar junto
COD él.
El asno iba march10do muy calmosa,
mente, haciendo sonar sus suecos y di·
cieodo que csí&gt; con la cabeza.
Debo decir aquí que el asno es uo
animal particularmente respetable . Se
le acusa de ser caprichoso, pero ¿quién
oo lo es eo este mundo? Y ¿acaso los
que le deoigrao soo superiores a él des ·
de el puoto de vista. intelectual ?-Sé
que algunas veces canta sin que se le
haya pedido, y qoe so voz, no poco fal•
sa, carece de esa humooía, de esa me•

¡,

l.
Ji

J,AS CATARATAS DEL NIAGAR A. -La caída del la.do americano; l~s rápidas, abaj~ de la. calda; dos preciosas
vistas de los alrededores de la ciudad donde se discute el porvenir nac1onal.

�dida, de ese registro que hacen que se
escuche con placer a algunos pájaros,
el ruiseñor, por ejemplo, ese indispen
s ,ble adminículo de los trozos románticos de poesía! Pero acaso creen ustedes
que la voz de los hombres es má~
agradable cuando hablan todos a la
vez y ninguno se oye?-Sí, hay que res·
petar mucho al asno que es un resigna·
do, un humilde y un sabio, que s! con·
tenla con cardos y ortigas, porque sa·
be que si se atreviera a echarse sobre
un poco de hierba lo molerían a pa•
los ...... Está lleno de devoción, trabajador, cluro para el mal y, sobre todo
-y esto no hay que perderlo de vista.llevó a I bcen Daos sobre sus lomos.
El compañero de Nideck caminaba
en silencio; y el conde se decía para
sus :&lt;dentros:
&lt;Temo parecer mal educado interrogándole ...... Q ué situación más peno·
sal&gt;
Al r. v !saron un bosq uesito, pasaron
junto de un estanque, descansaron un
rato y siguieron su camino. La marcha.
se hizo más lenta, de repente pareció
:,l conde que el asno se babia puesto
pálido.
Se p ,só el pañuelo por la freo te para
limp iarse el sudor, se limpió los ojos y
miró fijamente. Una lucesita redonda,
como placa de oro, se veía entre las.
orejas del iljlimal, y dejaba huellas de
estrellas de, plata a su paso. El manto
del viajero, que era de tela muy tosca,
pareció iluminarse en un momento. To•
do su cuerpo se convirtió en una luz
incomparable, y sus ojos, de una admi,
rabie b-elleza, miraban tristemente, pev
ro él ,caminaba como si estuviera en la
g 1oria.
Entonces Nideck comprend:ó que el
que se le había aparecido tan humi.lde•
mente era nada menos que Monseñor
J sacristo
Descendió del caballo, cayó de cara
~obre el suelo y se poso a llorar. Y Cristo le dijo:
-Conde de Nideck, ¿por qué lloras?
-Por mis pecados, Señor .. . .. .
- Arrepiéntete y serás perdonado.
Tus padres murieron por mi santo se·
pulcro, bien puedo perdonar a su hijo.
r-AY, señor, ¿acaso seré digno de ser
perdonado?
-Pero es posible, Nideck, que hayas
leí'.!o tan mal lo que dicen los santcs
Evangelios ? no sabes que habrá más
alegría ea el cielo cuando se salve un
pecador arrepentido que cuando vayan
noventa y nueve justos que no hayan
tP.oiuo necesidad de hacer penitencia?
Has reunido hasta aquí 010 a manos
lleoas, ahora eres el hombre más rico
que vive en el mundo. Pero creeme,
deshácete de los bienes del mando y
déjaselos a alguien más joven que tú
- Señor, seréis obedecido)
-Adiós, Nideck, acuérdate de nues
tro encuentro cuando sientas-que te persagu-in las malas ideas.
El conde se levantó y vió a sus gentes
que le rodeaba o lleoas de estupor. El
agua seguía cayendo y oo quedaba na·
da de la aparición, él preguntó:
-lNo vieron ustedes nada?
-No, Monseñor.

-Sin embargo, el Salvador estuvo
aquí hace unos segundos.
Los criados hicieron gestos significa•
tivos, como si dijeran:
&lt;El señor conde está completamente
loco&gt;.
CONCLUSION
A mata caballo, Nideck regresó a su
casa, y moa teros, criados y peones le seguían escurriendo agua y con las piernas flácid iS.
-Traig~n la escala, gritó coa la me ·
jor voz que pudo. Tráiganla prootol
-Hum) se dijo el capitán de losguar,
días, quienes dormían a más y mej1r,
pnrqoe: el que duerme come.
-Les digo qoe traigan la escala, la
apoyen contra el rouro e inviten al se,
ñor Dettliogeo a que baje.
Como se dijo, asf foé hecho.
Pero el astuto joven se rehusó a ba·
ju. Tanta amabilidad le puecía sos·
pechosa.
Veoid acá, chiquito, decía el Nideck,
sonriendo y lleno de las mejores iuteo·
ciooes.
-Muchísimas gracias, respondió el
otro, muy cortesmeore y mirando al va·
cío. Me eocueotro aquí muy bien
-Os nseguro que no tenéis nada que
temer! Os deseo todo bien.
-Pcecisamente eso es lo que me io•
quieta. ,--; . ; .
- Quiero casaros .... . .
-Yo me casaré solo!
-No sois amable ..... .
-Yo creo que sí!
-Debeis sufrir de los riñones ..... .
-lYo? absolutamente!
-Tendré que cantaros: cHermoso
jJvcn, déjate enternecer&gt;
-Si gustais ..... .
Y permaneció tranquilamente sobre
su tabla.
Entonces el conde maodó llamar a
Teodolioda que lloraba a ríos.
Llegó, y viendo a su galante en se·
garidad coa:ido ella creía que ya había
de estar muerto y enterrado, se puso a
caotar . ..... y desde ese día, cuando un
rayo de sol atraviesa las oubes en me•
dio de la lluvia y '17iene a ilumioar los
campos húmedos. se dice que es la hija
de Nideck qoe ríe ea medio de sus lá•
grimas.
Cuando vió esto Dettliogen oo vaciló
ya, y tanto m;',s coaoto que el conde, a
falta de argumentos, se había traofpor·
tado a una de las salas altas, había
abierto las vidrieras y hacía caer li~go·
tes de oro a manos llenas para hacer
ver que se había convertido en un hom•
bre q oe tira el dinero por la ventana,
Los criados se repartieron canastos pa·
ra juntar el oro, y todavía hubo perso•
nas que criticaron diciendo que era uo
grave mal que un príncipe fuera causa
de que sus hombres combatieran por
puñados de oro E~tos mismos eran los
que criticaban al conde el acumular
tesoros y no compartirlos coa nadie. No
s-e puede tener contentas a · las personas.
La mejor prueba que se puede dar
de la. iacreible generosidad del sire de
Nideck es la descripción de la cernirla
que siguió a la fiesta de la boda. Ya
comprenderán ustedes que oo voy a

fa~tidiarles con la descripción de la
fiesta, qoe fué uo poco larga y fastidio·
sa. Tampoco hablaré de la alegría de
los desposados, porque esa ya se com•
prende! Hablaré y ea detalle, de la co,
mida.
Había cuarenta y nueve mesas, de
doce varas de la•go por seis de an•
cbo
El primP.r servicio se componía: Pri·
mero, de un pastel con tres perdices vivas, cabritos rellenos de a vas y. una so,
pa de hoevo; segundo, de una grao ca•
beza de sollo coa un lirio blanco en la
boca, símbolo de la pureza de la desposada; un sollo trufado y pedazos de
res coa rábano; tercero, una torta que
teofa como adorno a los señores Adan
y Eva, en traje de Corte por razones
de pudor.
Ea el intermedio, unos meoestreles,
traídos exprofeso, ejecutaron una pieza
de música, que enterneció notablemen•
te al auditorio.
El segundo servicio se compuso: Pri·
mero, de una torre que dejaba salir por
sus claraboyas vino blanco y pescaditos,
y una carpa ea salsa; segundo, una ca•
beza de puerco. dorada al horno, chtr·
erute y patas de cabrito; tercero, un
carnero completo que escurrfa vino
tinto por una herida del cuello, a modo
de sangre y. un salmón frio
En el intermedio bailaron los menes·
treles.
Tercer servicio: En primer lugar un
pastel, y plato de caza en salsa; segun•
do, una casa de pastelería, cangrejos y
lechoocitos; mermelada de huevo; ter·
cero, un águila dorada, llena de gelati·
na, torta de maozauas y sorbete dP pescados.
Para el banquete fueron muertos: seis
bueyes, diez y ocho terneras, ochenta
carneros, cien cabritos, ciento cincuen•
ta capones, doscientas gallinas, sesenta
perdices, cien lechoncitos.
Se compró: tres mil hoevos, uo millar
de libras de manteca, catorce toneles
de vino, y, por flo, cien sacos de hari·
na.
¿Qoé piensan ustedes de semejante
comida? l No sienten que se les viene el
agua a la boca? l Se atreverían a dada r
de la magnificencia del conde y de la
solidez de nuestros estómagos?
Sepan ustedes, de una vez para todas,
que tenemos muy buenas leyendas gas,
tronómicas; todo lo digerimos, excepto
ciertos procedimientos de algunas per•
socas. Podría hacer muchas considera•
ciooes a este respecto, pero oo creo
que sea aquí su lugar. Además, podríá
suceder que me encolerizara y dijera
alganas malas palabras, las cuales oo
creo que seotarian bien en esta bidtol
ria, que espero habrán encontrado ustedes recreativa.
JEAN VARIOT.
Traducida especialmente para &lt;Arte
y Letras.&gt;
LOS PREMIOS EN LA EXPOSICiON ESCOLAR DE BELLAS ARTES.-Saturniao Herr~o, primer premio
de Pintura, y su cuadro &lt;El Jarabe.&gt;-El jurado calificador. Fots. Luperc10.

�Canto V del &lt;Infierno&gt; de la Divina Comedia, jarrón por Tovar.-José C. Tovar, primer premio de esc~ltura de·
corativa.-Trinidad Alvarado, segundo premio.-Beethoven, obra de Alvarado. Fots. Luperc10.

Escoltara de Asúns~lo, primer premio.-,Cabeza por Urbina.- Urbina, segu~d-, premio,-&lt;La Lira rota,&gt; por Co•
rrea Toca.-Correa Toca, tercer premio.

�Visiones de la Alameda
M•ñana tibia de junio. Eo el parque
se agolpa uoa multitud ,.!J-igarrada que
discurre por las avenidas sombreadas.
Es domingo, como si dijéramos el día
mit, mediocre de la semana. Parejas
elegiotes de aristocrática presencia al·
teroao despreocupadamente coo las
onreras almidonadas y los vendedores

ambiente puro, impregnado de olor a
rosas frescas: huele a Naturaleza.
De los costados de la plaza llega uo
mormullo producido por les trenes·
eléctricos al entrecLocar sus poderosas
muelles de acero contri. loE rieles de la
vía. Más lejos, las trompetas de los
taxímetros ponen pavor eo las piernas
nerviosas de los transeuotes.
Yo, entre tanto, medito, eo silencio,
cuánta belleza encierra este pedazo de
campoenclavadoen el corazóode la ur
be clamorosa y febril. La poesía de es·

Francisco dii la Torre
de dibujo.

29

premio

rros cómo se entusiasman y se revuel·
can sobre la grama. Aquí vienen los
enamorados a buscu la complicidad de
las sombras para entregarse a sus expansiones románticas; viene la masa del
pueblo tras la música. Algunos vienen ...... porque no tienen a donde ir
ni nada que hacer. El alma vulgar no
busca sino no fin utilitario y real Los
niños y los perros acuden por una ne•
cesidad espiritual, porque adoran la
belleza &lt;en sl.&gt;
o oo
A mí se me antoja la Alameda un
pedazo del Atica, incrustado en el cuerpo de esta Babilonia moderna. El aura
que mueve blandamente las copas de
los álamos centenarios me ha pareci:io
qae viene desde Grecia. Los bronces
de esas estátnas están destilando ooa
severidad helénica desde sus pátinas
verdosas. El mármol que circunda la
figura del Grao P.i.tricio 5iente la nos-

Dibujo de Fraocisco Goitia. 1er. premio.
de cachivaches. Por entre callejuelas
florecidas de claveles y margaritas pu•
lula aoa chiquillería de todas clases y
tamaños que grita y patea desatoradamente. Los vendedores de perió:licos,
sucios y harapieotcs, pregonan coo chi•
llidos penetrantes so mercancía: 1El
Imparciaaaall Cómpreme El Imparcial,
jefe!
Algunos ancianos toman el sol, secta•
dos en los bancos de piedra, mientras
coo ambas manos acarician la barba
blanca e impecable. Se respira uo

te jardín, digno de que paseen ¡::or él
los discipulos de Academo, y que en
tiempos ya muy remotos vió desfilar por
sos calles a toda la ocbleza ce,looial, es
algo que no comprende la turba-mu Ita
que lo invade cada jueves o domingo,
coa el fio de pasar el rato y oír música.
Uoicameote la comprenden los niños
y los perros ...... y .acaso también los
poetas......Ellos oo pueden permaoe•
cer indiferentes en presencia de tanta
belleza. Ved los niños cómo saltan y
correo llenos de regocijo; ved los pe-

Miguel Angel Feroáodez, primer
premio de pintura de·
corativa.

Estatua de Cbatham, el abogado de la paz entre Ioglaterra y los Estados Unidos, que se inaogarará en Wasbiogto¡¡
en celebración del primer centeoario de la paz entre los dos pafses.

�talgia del Pentélico o acaso de las can·

ter,s de Corinto ••....
Es aqul donde pueden serenarse por
un momento nuestros nervios y múscu·
los enervados en las peripecias de una
lncba incesante y roda contra nuestra
condioión de hombres. Puede contem·
pla,rse desde aquf, como de una torre
de marfil el campo de la locha donde
se debaten por un grano de arena las
larvas de la sociedad.
No sé qué atracción singular ejerce
sobre mí este rincón de belleza. Con,
templo esos macizos de violetas y estas
fuentes que arrojan a loaltosn chorro de
perlas como queriendo agujerear el azul
de cielo y me ha p:,recido que rfen, sin
d uda para darme un nuevo concepto de
la vida, 11na nueva clave que invierte
los valores entendidos del espíritu Mi•
ro los añosos troncos, en los que tras de
cada arruga se oculta un año, demos•
trando que la lucha en la existencia no
es estéril; me extasfo frente a los tOECOS
jarrones de piedra, tras de los cuales
me 'ha pareci:'lo ' ver asomar riente, la
faz de algún Eátiro, q11izá de Pan ... •
PORFIRIO HERNANDEZ.
México, Jnrio 19r4.

Para tí

El beso

Para tí que eres una figulina
De Tanagra, por grácil y armoniosa,
Y que unes a to gracia de menina
Un encanto primaveral de rosa;

-Si la pasión q11e te devora es pura
Y quieres acarrearme algún consuelo,
Deja besar tus labios, g11ardo celo,
Y tras el beso encontraré ventora.

Para ti que denuncias tu presencia
Cón el vago rumor de tus chapines
Y viertes de t11 espíritu la esencia
Al cruzar por mis líricos jardines;

Y sospiró la niña con ternura,
Y sus ojos volvi6 para otro cielo;
De la inocencia descorriendo el velo
A so ama11te entugose con dulzura ... .

Para ti q11e deEpiertas en mi alma
Goces alternos de i aquietad y calma :
Labro la estrofa como labra en oro

Su obra, el joyero, con afán discreto,
Y la co11s.;gro para to decoro
Hecha canto de amor en 110 seudo.

Y elgalán imprimió coa embeleso
El óEculo divinó que anhelaba;
y al sentir de lo humano aquel Exceso
Otro beso pidió porque esperaba
Q ue la niña le otorgara el beso .•.•
Más con placer sintió GUe lo b&lt;saba .•..

RAFAEL DURAND, Jr.

C. M.E.

ll lllllllll lll llll llll lll llll 1111111111111111111

FOTOGRAFIA ARTISTICA.-Madre e hija.
El cuerpo de li\ Escuela de Comercio haciendo ejercicios militares el domingo pas ado.

�r;r
Infausto día ...

De "Ron deles enamorados"

Sintiendo engrandecido de orgullo el corazón:
¡Acaso tras so féretro iremos yo y mis bijas
Ornando 1;oestro luto el sacro resplandor!
Orizaba, abril

1Palab1asl ¿Dónde bollarlas si es pálido el lenguaje,
Si el verbo ya no tiene su mágico esplendor,
Si tris'.e el pensamiento se queda entumecido
Cayendo en la penumbra de un trágico estupor?
La angustia, si, la aogustia, desbórdase del alma,
La oegr'l pesadumbre invade el corazóo,
La cólera inaudita abrasa las entrañas ....
Tortura h . conciencia la amarg1 bumilbcióo!
El Sátrapa altanero decreta nuestra ruina,
Invade nuestr'l suelo, mancilla nuestro honor:
El prócer ambicioso, oos manda sus sicarios
Que escupan nuestra frente caqada de baldón.
tOb Patria de mis padres! tOh cuna de mis hijos!
iOb tierra ese) 1recida de Hidalgo y Cuauhttmocl
¡Tú, madre de mil héroes que ilustran nuestra historia,
No debes ser esclava! ¡No debesserlol. ... tNol
Tu suelo, mancillado ¡;or plantas extranjeras
Lavar debe con sangre vergüenza tan atroi:
Tus hijos ya Ee apre5tan para la &lt;guerra santa&gt; ....
Comience, pues, 11 lucha, y que decida Dios!
Las madres de e~ta 1ierra, cual nuevas espartanas
Daremos noe!tros hijos sin queja ni emccióo;
P.indremos en la diestra dtl ca1 o adolnc, ate
Caldeado por nue:tra ira, el rayo vengador!
Icemos Ira~ su huella, temblando las entrañas,
A restañar 5U sangre, y el vívido Jiror
Tiñendo nuestras manos, se lavará con llanto
De orgullo y de tri~teza, de cólera y dolor!

.

.................................................

Yo tecgo entre mis joyas, mis tres adolescente6:
Son carne de mi carne. Mis bijcs, .... mi ilusión!
Nutridos de amor patrio, se aprest.. o a vengarte
Y a detener el paso del pérfido Iavasor.
Por un divino impulso los tres eo holocausto
A la hora del peligro se ofrecen como on don,
A'lí cristalizando el generoso anhelo
De oo padre, cuyas leyes deifican el honor.
Y el que ofrecí en tus aras, el caro primogénito
Que ausente de sus !::res a tí se consagró,
Está frente al peligro. . . . ly fué de los primeros! ....
Q11izá pronto la gloria le dé su galardóol
Son tres, mas si tuviera aúo más, t, los daría

22

de r9r4 .

Amada mía, se acerca la pelea,
La tempestad de amor ya se avecina
Y una barca veloz nos encamina
Hacia el revoeito mar de Citerea.

oo o

LOS BESOS DE MI AMOR

El oceano orgulloso serpentea,
Listo a admirar tu gracia femeoioa.
En tanto que un bajel nos encamina
Al venturoso mar de Citerea.

¿En dónde habr«o de herirte? !Oh carne de mi carne 1
Prtg uoto cootemplaD&lt;'o al hijo de mi amor:
¿ Será en el grácil pecho, será en la joven frente,
En qué parte del cuerpo? .... Será en el corazón?
Eo dónde el enemigo pondrá la artera bala?
La pérfid1 granada, ¿en dónde hará txplosióo ?
La espada penetrante ¿ dónde te hará la herida,
Del cuerpo donde puse los besos de mi amor?

Tus mants que eo un tiempo formaban mi; deiicia~,
Tus labios que me di~ron sus hálitos de flor.
Tos ojos inocentes que tiernos me miraban,
Tus ojos que pedían cariño y protección,
Tu voz que balbu :ieote formara un bello día
Las sílabas primeras de un oombrP. encantador,
De aquel que tú me diste, que tacto apeteciera
Y que era a mis pesares feliz compepsación;
Mil veces contemplándote soñé en vagos peligros
Lleuándt te de besos .... sentí en el corazón
Un apretado nudo de cruel presentimiento
Y te estreché a mi seno llorando de dolor!
Mis ojos·recorrieroo tu débil coerpecito,
Temtilé por tu inocellcia, pidiendo sólo a Dios
Q ae siempre te guardara de tJdos los pel igros
Y que te hiciea &lt;bueno&gt; cual te soñara yo.

Creciste, y a la hora de la tremenda prueba
To patria necesita lu brazo y tu valor;
-Marcha hijo de mi vida! Defiéod ,la, y Dios salve
El cuerpo donde puse cLos besos de mi amor.&gt;

t

Y si en la tempestad que se avecioa
Sin desastres se pasa la marea,
Ostentarás lo gracia femeoioa
Que acusa en su vigor sangre latina
En el feliz edén de Citerea.
o o o
Fué a la luz de la tarde que moría,
Miré hacia atrás y solamente pudo
Mi vista descubrir tu balcón mudo,
Cubierto de fatal melancolía.
Y ya presto a parlir, tan fólo oía
El rumor de tu charla , como escudo
Impenetrable a la melancolía
De tu balcón entristecido y mudo.
Luego me llegan brisas de alegría,
Me llama el corazón, y al grito acudo,
Mas sólo miro imperturbable, mudo
Tu balcón simulando un gran escudo
A la luz de la tarde que moría.
o o o
Volverá el abril con sos ngias galas,
Vendrá primavera con su viento suave
Y al vergel floriJo del amor el ave
De nuestra 2 lma triste teoderá sus alas.
Flor del Jesencar.to que perfume exhalas,
Cese ya tu aroma y el Jlaoto se acabe,
Porque primavera con su viento suave
Hará que otras flores ostenten sus g 1Jas.

CLE~ENCIA ISAURA.

F. R. de O.
Orizaba, 25 de Abril de 1914.

Alegría muy pronto con su paso grave
De nuevo coritenta vclverá a las salas
De ilu!iooes bellas, y el viento sü ave
De la primavera de lucientes galas
Tocará muy pronto distintas escalas...

DIALOGANDO
Para &lt;Arte y Ldras &gt;
-Sabes-me dijo el alma-mi alma es una locaQue las entrañas puras del azul cristal de roca
Ocultamente guardan los mágicos vislumbres•
De los más bellos ojos y las más vivas lombres
Siderales?
Y yo la dije:-Alma, no sé nada;
Pero si es qo"! has mirado los ojos de mi amada,
Com.:irenderás que todo lo que su rayo toca
Se vuelve más lúmineo que tu cristal de roca.
füa luz que te envuelve, sus pupilas la han dado
Tantas veces cuantas sus ojos has besailo
Por medio de un suspiro, aroma, brifa o verso
Que al tornarse en estrella, quedó igual y diverso.
Tal dije a mi alma-la pebre es una locaE ignora desde entonces que haya cristal de roca.

UN ECO LEJANO.....
Para el exquisito Artista Enrique G. Martínez.
La tarde muy blanca y el rojo pooieote
Se hao desposado,
Y un eco ltjaoo, lejano y ¡:aosado
E strella en la roca, mirífico y riente
El verso de nupcias que el mar ha cantado.
Un hondo poema se pierde en el prado
Se hao extinguido
Las dolces canciones que bajan del nido.
Y un eco lejano, lejano y pausado
Estrella l!n la cepa del árbol florido
Los viejos sollozos del mdl recordado.
La boda ea el cielo, la muerte en el frío
Valle ca liado:
¡Dos cesas distintas que me bao eofermadc!
Y un eco lejano, lejan o y muy pío
Me dice que salga del antro scmbrío
IY mire las cosas del cielo e~trella dol
Y alígero brota, cadente y alado
Creyente grito
Q ue rnbe deseoso del bien infinito.
Y uc eco lejano, lejano y pausado
Es,rella en el viejo cantil de granito
Las viejas canciones que el mar ha cantado
MIGUEL OTHON ROBLEDO

JOSE AGUILAR MAYA .

1t5t

l.

j

�Páginas Femeninas
~

Hay considerable variación eo las te•
las qoe se emplean para las blusas eo
esta estacióa. Es raro emplear una sola
tela, pues están muy de moda toda cla•
se :le combinaciones pasmosas; y en lo
que respecta al corte, el estilo cbasqae&gt;
ha vuelto al reinado y mochas de las
blµsa1 que se hacen para las matronas
jóvenes son más bi en túnicas qoeblusas
propiamente dichas.
El estilo de la blusa difiere según la
ocasión eo qoe se ha de llevar; para la
mañana, las blusas coa cuello en V soo
de moda ; las blosas hechas de tafeta o
crespón liso, están adornadas coa uo
cuello de colores vivos, de diferentes
cortes, marino, redondo, eo picos.
Todos estos cuellos caen sobre los
hombros dejando libre la garganta. Ya
oo se veo )03 coellos altos, molestos y
aoti- bigiéoicos, y el cuello que más se
les aproxima, es el formado por los pli•
sados y ruches, so jetos al frente con cio·
tas de terciopelo negro.
Para llevar por la mañana, está muy
de moda el organdí plisado coo manga
larga; aooque no es tao práctico para
el oso ordinario, pero que es, sio embargo, popular. Las blusas para Juocb
• y para comida soo io6oitameote más
variadas y adornadas, y coo frecuencia
se emplea eo so confección tela moy
costosa. Se hacen de manga larga y
corta, y para las damas que están decididas eo favor ele la manga corta, es
muy satisfactorio saber que están de
moda asf.
La verdad es que nada es tao agra•
dable como ver oo brazo torneado, son·
rosado, termiaado por una mano cuida•
da, emergiendo de un plisado blaoco o
de color.
Las blasas que se relacionan bien coo
la falda están siendo mas popalares ca·
da día.
U oa blusa e oca atadora, es de fino
punto negro bordado de azabache. El
cinturón de ciolil de seda negra muy
ancha, ca.e al frente formando tablero,
y da al traje el aire de ser de uoa sola
pieza.

Otra blusa elegantísima es de cbiffoo
gris hamo coo cuello japonés de taffeta
pespunteado; el chiffóo está drapeado
a uo lado, permitiendo ver eo la ciotu,
ra oo pequeño chaleco del mismo taf·
feta blanco coo botones de jade. Las
manga~ muy saeltas y largas, terminan
en puños grandes del taffeta.
La mayoría de las lindas blusas que
hoy se admiran, están hechas en esúlo
sobrepelliz, con caoesús de encaje fino
o batista, que a veces forma chaleco.
La blasa kimono de ahora, difiere en
estilo de la del año pasado, debido a
que la de ahora se acorta de modo dis•
_ Capilla ardiente del ilustre dibujante sir Huber, v_on Herkomer, i~ustrador de perió~icos i;Dgleses, muerto
recientemente. cLa capilla de Charter,&gt; cuadro de sir Herkomer existente en la galena nacional de Lóndres.

¡.-; :-f fi- ~ m-r .,.,_

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Elegante modelo de cortinaje y materiales propios para su fabricación.
tinto: las mangas se r.orta.n de ooa pieza, con otra pieza debajo del brazo y
eu el hombro, de manera que tienen la
apuiencia correcta bombacha, y sin
embargo, oo hacen tiro cuando se le·
vaota el brazo, cosa que ocurría con la
blusa kimono original.
Cualquiera que sea el tipo de la blu·
sa, el efecto debe ser siempre el de las
líneas drapea.ates desde el hombro, y la
extremada amplitud eo la cintura. Mu·
chas de las mangas modernas caen por
completo desde el hombro eliminando
toda línea ajustada desde el busto hasta
la rodilla. Este efecto presenta el traje
algo al estilo de ua globo entre los hom•
bros y las rodillas, mientras que de la
rodilla para abajo, el efecto es ajustado
y esbelto.
DELI,\.

POSTRE DE NUEZ
Ingredientes: litro y medio de leche,
ciento veiote gramos de nuez molida,
azúcar al gusto. Se endulza la leche y
se pone a hervir; caando comienza a
espesar, se le agrega la nuez, desleída
eo uo poco de leche fría; se deja hervir
basta que tome puoto de cuchara, se re•
tira del fuego, se dP.ja enfriar y se vier·
te eo un plato de cristal; se adorna con
medias nueces, pasas y rajillasde limón
cubierto.
DELIA

11111111

�~o las carreras de Loagchamps.-Elegacte modelo acabado de llfgar de París, propied_ad de la se:Jetfa cEJ Paje.J
El último c.tpricbo de los mod,stos de Par!s.-Modelo de la sederfa cEl Paje.&gt;

�EL CUIDADO DE LAS CEJAS

La ceja es uno de los priocipales
adornos del rostro.
Una ceja bien delioeada, da realce al
ojo, y parece aumentar la expresi6o.
Para tener booitas cejas, es necesa.,
rio cnidarlas.
Las cejas demasiado espesas, puedeo
modificarse por medio de la electricidad, hacieodo que un aplicador campe·
tente extraiga afganos de les cabellitos
que las forman.
Todas las malianas conv iene cepillar
las cejas hacieodo uso de un cepillo
blaado impregoado en agua alcoholiz1•
da o gli::ninada, comenzando siempre
por el extremo cercaoo a la nariz, y
terminando en la sieo. El movimiento
debe ser suave y lento.
Esto seocillo medio rfgulariza el
brote de las cejas y además alej1 la
alopecia superciliar,

Para los fisonomistas, las cejas son de
un valor positivo. Si son arqueadas,
indican una naturaleza sensible; $i po·
co pobladas, demuestran falta de vita.
lidad; mientras que las cejas espesas o
tapidas, denotan ana coostituci6n ro•
busta.
Las cejas finas y muy separadas de la
nariz significan indolencia, falta de
perseverancia.
La ceja demasiado arqueada iodica
temperamento melancólico, y muy caídas, carácter dulce.
Las cejas unidas sobre la nariz de,
notan carácter celoso y descoofiado.

ALHAJAS
Compro, Vendo y Ca'llbio
dando a ganar dinero a
mis clientes.
Infórmese Ud. cómo!

lra;íl

"Al Todo de Ocasión."
JOSE ALVAREZ.

1S. Francisco 37.' ~é~ico.

¡·Caballero,!
lt!Jil Il©)§ &lt;dlfi@§ ccaillllllll°©)OO~ &lt;dl®Il v~ll°&amp;i!Jil@ IJll(W$~ii~ai \U&lt;dl. \l!lllllm ccm!Jilil~ aljp)ll°©)jp)Üai&lt;dl@.
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•

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como articulo de 2~ clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda Epota.

,.

Sábado 23 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 14.

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los s.S.b..dos por h.

Cia. Periodíst!Ga MexlGana, s. A.
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Apartado postal 45 bis.
MEXICO, D. F.

Hambre! ....
Al discutirse en la Cámara de
Diputados el proyecto de reformas a las leyes sobre impuestos
prediales, el licenciado Mediz
Bolio subió a la tribuna para
hablar en pró del proyecto discutido, y, entre otras cosas dijo
una inmensa verdad: que nuestro pueblo tiene hambre.
Y s.e quedó corto el tribuno,
debió haber dicho que nuestro
pueblo sufre todas las hambres;
seguramente que esto fué lo que
quiso decir: el hambre abarcando
sus infinitas formas; el hambre
del cuerpo y el de1 alma; el deseQ insaciado de alimentos para
el espíritu y el cuerpo; la necesidad de nutrir uno y otro para
poder salir del marasmo en que
le ha tenido su suerte desde que
salió del fantástico Aztlán, de
donde probabl~mente no debió
haber salido nunca.
Cuando en estas columnas hable de la tristeza étnica de nues•
tro continente, un hijo de la raza, un poeta y un observador
me decía que además de las razones que aducía yo para explicar esa tristeza había la razón
primordial del hambre; la mala
alimentación de nuestro indio
que nunca ha sabido lo que significa tener el cuerpo sano y bien
alimentado para poder di~rutar
de un espíritu tranquilo y dispuesto a gozar de la vida con la
noción completa de lo que ella
es y lo que significa.
Y )'.ª que Carlos Wil,d . Ospina
y el J1cenciado-- Mediz ·Bolio es-

tán de acuerdo en que el mal
primordial de nuestra raza estriba en el hambre, creemos justo
aver iguar algo acerca de esa
hambre.
Indudablemente que el origen
del hambre estomacal de nuestra
raza lo hemos de buscar como
decía antes, en la larga ; penosa peregrinación de nuestros antepasados desde el Az, lán de la
fábula hasta esta desolada meseta del Valle de México.
Deben haber sido muy malas
las condiciones en que vivían los
aztecas en su país autóctono
cuando decidieron buscar cualquier cosa que valiera algo más.
El enorme viaje a través de los
desiertos de lo que es hoy los
Estados Unidos; Sonora Chihuahua, el Salado o el Bolsón
de Mapimí, acostumbraron a los
viajeros a los horrores de la sequía y foeron su mejor escuela
para dejar de comer.
Cuando aparecieron a su vista los lagos de la meseta central
deben haber esperado salir de
su hambre forzada, pero el agua
de los lagos era salada y en ella
apenas s i podían vivir animales
rudimentarios con los que tuvieron que conformarse; de allí v iene la privanza de que aún gozan
el juil, el ajolote, el acosil y el
aguautle, y en el reino vegetal
el epazote, el culantro y una infinidad de manjares cuyo uso
sólo explica el hambre étnica de
nuestra pobre raza indígena.
Cuando el agua dejó libre una
pequeña superficie de tierra o
cuando el esfuerzo de los indios
creó el maravilloso «poder&gt; que
se llama chinampa, se conocieron algunas yerbas más comestibles y los cerros produjeron el
maguey y con él ese manjar que
aún goza de grandes privilegios:
el gusano del maguev.
Durante la conquista el e~pañol no se preocupó para nada por
mejorar la alimentación del indio, porque de haberlo li.echo lo
hubiera igualado con el conquistador; y en los ciento y tantos
años de vida independiente tampoco se ha hecho nada por mejorar al peón, ya que mejorándolo
hubiera dejado de ser peón.
Y así es como el hambre que

o

sufrió el pobre indio al venir de
su tierra acá la sigue sufriendo
y la seguirá mientras que no baya quien fije su atención en este
probl:ma q_ue es el capital para
el meJoram1ento de nuestra afligida raza.
Con el hambre intelectual h.a
suced ido algo peor: el indio n:l
tenía hambre de esa antes de la
conquista; la civilización indígena era seguramente más amplia
~n muchos respectos que la que
importó e l europeo; en astronomía, en artes decorativas, en indumentaria y en infinidad de manifestaciones la cultura indígena
de México era superior a la del
español, y si con el tiempo la
c_ultura hispánica fué muy superior a lo que pudieron hacer los
indios, fué porque a éstos se les
prohibió el progreso y porque rn
mató su civilización apenas tomada la ciudad de Tenoxtitlán.
Desde entonces el indio no ha
tenido derecho para aprender
nada; se les instruyó en el formulismo de una rel igión que nunca han comprendido; se les hizo
creer que en el padre Ripalda estaba toda la sabiduría del mun·
do, y sus espíritus que no podían
aceptar tal aseveración porque
sabían que existía algo más alto
tuvieron que doblegarse ante l;
f~erza d~l conquistador que los
hizo olvidar lo que sabían para
no enseñarles nada en su lugar.
De esta manera. tanto el alma
como el cuerpo del indio quedaron ayunos; no saben alimentars~ en ningú~ sentido porque no
t ienen autorización para ello, rn
sabe 9ue el día que esa raza pueda alimentarse y estudiar sabrá
ser la dueña de su país, y se tiene miedo de este hecho desde la
dominación colonial.
Y por eso va a la revolución
y por eso saquea y mata cuando'
se cansa de sufrir, y por éso será
meritori'a toda labor que tienda
a enseñarlo a alimentar su cuerpo y su espíritu.
Mientras esto no suceda se.
'
gu1remos viéndolo
pasar como
,
'
dec1a en otra vez, con el alma marchita y el pensamiento triste,
que no se compadece el hambre
con la alegría y la lozanía.

J.

M.C.

GLORIFICACION DEL HEROISMO -Funerales del heróico capitfo Azueta, muerto a consecuencia de las heridas
que recibió combatiendo contra el yaokee en Veracruz.-El cadaver del héroe expuesto en su capilla ardiente.

�•

r

Los uniformes

..,

~=========================r=or=G=EO=R=GE=S=º'=ES=PA=RB=ES==.
Se babia adoptado en el ejército una
frase para designar a las tropas desarre~
gladas: «MALFORJAoos como los dragones de Villeguen&gt;.
Estos soldados formaban tres oompa·
ñías francas. Cada una de ellas tenla
ciento cincuenta hombres, como sigu'e:
un capitán comandante, no capitán re•
formado, un primer teniente, un segun·
do, cinco tenientes reformados, tres ma•
riscales de alojamientos, seis brigadie•
res, ciento cuarenta dragones y dos tam•
bores; y entre todas daban cnatrocien•
tas cincuenta buenas cabezas que gns·
taban de galopar rombo a la muerte.
Pero so manera de vestir disgustaba
mocho a los gtinerales, a los oficiales y
aun a los soldados mismos. En logar de
ir señidos con sos jostacoerpos rojos,
los hombres montaban a caballo con
uniformes flotantes; no abotonaban sus
casacas mú que en las bolsas, y aun
babia algunos que llevaban so elegancia basta el punto de ostentar vistosa•
mente so ropa interior, preciosamente
arreglada. Estas compañias tenían un
aspecto propio, caracteristico. Todo en
ellos era elegante, coqueto, a la vez
atrevido y gracioso; lodooodolante, flo•
tante. En lugar de jerga roja sos man tos eran de Romorantin, y en todos los
detalles sus uniformes eran mú cuida,
dos: en los galones, en las bojas de las
espadas, hasta en los botone! que eran
de plata labrada y montada sobre ma•
dera.
Este cuerpo de dragones &amp;éaboba de
hacer la campaña de Bohemia. Se le
babia visto, al rededor de Chevert,ame,
nazaodo al enemigo por encima de las
murallas de Praga. Después de la terrible carga de Dettiogen, Noailles ha•
bia revisado sus filas, babia sonrefdo a
los dragones, nno por uno, y los había
acariciado la barba como si fueran se,
ñori tas. Casi• todos estaban heridos,
ollao a ámbar y a sangre-y cuando el
mariscal se mostró satisfecho y les ex·
presó su deseo de recompensarlos por
sos servicios, ellos, desdeñosos del dine•
ro, se levantaron sobre las si1llas de sos

caballos y con un solo grito pidieron
vino.
-Para eso se entenderán con mi mayordomo, dijo el mariscal al comandan•
te; haréis beber a vuestros hombres mis
tres barricas de Astí.
Después, golpeándole en el hombro,
le preguntó:
-lY tú qué quieres:
Iba a contestar el dragón cuando apa,
reció el rey con su Estado Mayor.
-Sire,-dijo el mariscal, la jornada no
me fué feliz, pero pido que sea favorable para .. .. . .
-El &lt;coqueto&gt; Villegueo, dijo el rey.
Quería interrogarle, pero repentina•
mente detuvo su caballo; revisó al dra,
góo de los pies a la cabeza y no dijo
nada. M. de Villegoeo comprendió y
guardó sus encajes debajo del unifor•
me .. . . . .
- Quiero el Estado, por regimientos,
de mis oficiales muertos o heridos.
Se lo presentó. Lo recorrió rápida·

mente y después se puso ~ inspeccionar
de nuevo a Villegueo. El comandante,
sin decir nada, abotonó su cuello ... .. .
,-Descuidado, dijo el rey.
Olvidando toda justicia habló dura·
mente.
-A ver vuesta espada.
M. de Villeguen la mostró, el rey la
sacó de la funda.
-La hoja no tiene treinta y una pul•
gadas..• . . . Sin embargo, os felicito por
el valor que habéis mcstrado esta ma•
ñaoa.
-Veo, dijo melancólicamente el sol•
dado, que Su Majestad sigue mostrán,
dose riguroso conmigo en lo que res•
pecta a armas y uniformes,
-Sf, dijo vivamente el rey. Sois ccom,
pañia franca&gt;. Hay que obedecer los
reglamentos! No me gustan esos uoifo11
mes chillantes, vuestros soldados pare,
cen más bien danzarines. Hay que vol·
ver a la ordenanza, o de lo contrario
licenciaré a vuestros hombres y os enw

viaré a vuestras tierras de Aojou. Esto
no es más que una advertencia al sol·
dado, el gentilhombre es digno de toda
mi estimación. Os cito para días mejo,
res, señor.
Villegnen inclinó t.. cabeza, hizo girar a su caballo y penetró en el cam pamento seguido por sus trescientos
hombres. Sentía cólera terrible en el
corazón, pero no dijo nada, y veinticuatro horas después signió peleando.
A partir de ese día no se oyó hablar
mis que de él en Fontaioebleau y en
Versailles. Todos los corrws que lltga•
ban al rey hablaban de la gloria de Vi•
lltgueo. Parecía que una tempestad
empajaba a sus hombres al futgo, de
combate en combate, de ciuda d en ciu·
dad, y parecla que sus caballos tenian
alas! Por todas partes donde reventaban
las bombas se veia a los guapos drago•
aes. No se veia por todas partes más
que a ellos.
Se les creía muertos y aparecfan re·
peotioameotel Se les vió romper las
cadenas del puente levadizo de Meoin,
lanzarse ~obre los holandeses, tomar la
plaza, saltar sobre Ypres; acelerar el
sitio de esta plaza para poder marchar
contra Friburgo sin haber siquiera des•
bridado los caballos, deshacerse de los
que le estorbaban el camino, caer sobre la plaza, tomarla y jugar '. a los da•
dos en ella; levantarse al ruido de las
trompetas, con la pipa en la boca, ecsaogreotados, pero sonrientes, volver a
montar a caballo para cargar a las ór•

•

denes de Estrées, contra los ingleses eo
Footenoy, y más tarde, en Lawfeld,
adelantarse a la carga de Cravates, has•
ta que al ño, tras seis añes de combates,
y no quedando mú que quicce hom•
bres de las tres compañías, se les vió
sentarse gloriosos pero abatidos scbre
las murallas de Bergop-Zoom, una vez
qne se babia formado la paz, y pedir
descanso a rn vez ....
-1Nol De piel dijo M. ;de Villegueo,
Antes de separarnos vamos a ver al
rey.
Todos se levantaron sin esperanza,
con las miradas parecian decir:
-lAl rey? ¿Y para qué? Nunca nos
ha querido por lo cuidado de nuestros
uniformes.
Villegoen los miró atentamente •. . .
Estaban ledos desgarrados, cubiertos
de polvo. Sobre sus ropas, blancas en
otro tiempo, había sangre de Lawfeld
de diez meses antes.
-En pie, a pesar de todo, camara•
das! quiero presectaros acte él en traje
de gala. Ese será vuestro último uci,
forme.
Nadie comprendió de qué se trataba,
pero estaban acostumbrados a obede•
cer, y nadie se desobedeció. Fatigosamente, armados con sus lanzas,' se die•
ron apenas el tiempo de beber un trago
y montaron nuevamente a caballo; partieron y entraron a Versailles al sonar
el toque de alba un martes por la ma,
ñana.
El rey estaba en el palacio.

'

M. de Villegoen hizo desmontar a sus
dragones fuera de la ciudad, los alojó y
pidió audiencia para el dia siguiente.
El rey le recibió a las diez de la ma•
ñana; se hallaba prevenido, le acaba~
ban de rizar el cabello.
,....¿ Están vuestros soldados en el pa•
tio ?
-En el patio de honor, Sire,
El señor de Argeoson que entraba en
esos momentos, dijo en voz baja a Vi•
lleguen: «Temed la cólera del rey,
acabo de ver a vuestros hombres, son
una mascarada.&gt;
,-Habéis visto mal, señor ministro,
contestó el jefe de los dragones.
El rey se levantó y dijo:
-Señores, que se me siga, vamos a
ver a esos preciosos dragones, tan coquetos.
La Pompadour, advertida ae lo que
pasaba, descendió con sus damas de
compañía.
A las diez y diez minutos, la multi•
tud se precipitó por las puertas. En me•
dio del patio se vió a quince dragones
en fila, frente al rey, montados, iomó•
viles, coo la espada en la mano, y ves•
tidos con trajes tan: extraordinarios que
en todos se notó un estremecimiento.
- l Qué es esto? preguntó el rey.
Y se detuvo, pálido y pensativo.
-Tenéis mucho ingenio señor de Villeguen. En esta vez no es habéis con·
formado con hacer que se desabotonen
las casacas y que se echen al viento los
listones, sino que habéis inventado uni•
formes que nunca han existido.
- Sed benévolo, Magestad, han cos•
tado la vida de cuatrocientos soldados.
El rey golpeó el suelo con el pie. Los
quince hombres oo se movieron.
Aparecian enormes ante el sol de la
mañaoa, vestidos con sus uniformes fan•
tásticos que el sol hacia brillar. No babia eotre ellos oicguna armonía. Los
dos primeros eran negros con palabras
estrañas bordadas con oro en la espal•
da; el quinto parecía de nieve, y los
otros, terribles, pintados de púrpura y
azul, mostraban en el pecho dibujos
bárbaros cifras, estrellas y pájaros erizados de plumas raras. La corte, in•
quieta, se aproximó a aquellos fantas,
mas con pasos menudos . . ..
-Sire, susurró la Pompadour, estos
hombres sufren. Hay algunos que se
desangran. ¿De dónde vienen ? Ved al
segundo . . ... . el sexto . . . .. . están vesti•
dos de seda. Vaya qoa idea; hacedles
partir •. . .

�•
Trescientos rostros se movían esto,
pefactos al rededor de los caballos. El
rey se exaltó al fin:
- Hablad, señor de Villegueo. Ex•
plicadme ese nuevo caprichol Esns sol•
dados .... eson trajes de carnaval des•
conocidos ... , .. ¿De dónde pr~cedeo
esos uoiformrs? .. ... .
Apenas hal:..1d pronui:iciado estas pa•
labras, cuando se vió que los hombres
se inclioaban ,todos a la vez .... Treinta
pupilas se fijaron en el rey como para
absorver su enojo, y el conde de Ville•
guen, quitándose el sombrero, saludó y
dijo:
-Sírvase :I; eiestra Magestad perdonar
una vez más esta infracción a su regla·
mento. E~tos uniformes, Sire, &lt;son de
pabellones enemigos.&gt;
(Trad~cido e~pecialmente para &lt;At;·
te y Letras&gt;)

.,

.

~(¡

La fábula no moraliza

.r

)}

•

.

.

Para ARTE

Y LETRAS.·

l\

&amp;~=================~~
Respetuosamente dedico
este ensayo al Sr. Dr. Al
fonso Pruneda, de quien
conservo gratos recuerdos.

do la fábula de &lt;El niño y- el Cohete&gt;
de D. José Rosas.
Dice así:
A un cohete que rápido cr;ubía&gt;
Un niño le decía:
-Tu &lt;luz&gt; envidio y sin C'e;ar quisiera,
Volando como tú, cruzar la esfera.
Entonces el cohete, con cariño,
Le dijo:-¡Pobre niño!
No envidies mi &lt;esplendor.&gt; mi gloria
(es humo.

Ensay_o crítico
La fábula es un género de composi,
ción literaria que por medio de ficciones, difande la moralidad. En la fábula
los actores s)!11 personas, animales y
aun cosas ioa !S:!madas. Esta es la definí•
cióo, que en ,~as pala~ras, dan los r¡,
tór~cos.
Sentado esto, cumple analizar qué
clases de personas la fábula moraliza y
como lo hace. Omitimos a.la gente cul•
ta (que suponemos ya moralizada) y só·
lo nos referio m a los niños JI los anal•

fabetas a quienes es menester enseñar,
por medio de la ficción, la verdadera
senda _d e la vida.
Para darnos cabal ideal de si la fáv
bula eo~ereza los pasos de los niños y
de las gentes ignorantes hacia el no
muy frecuentado camino del bien, eché•
mos una mirada atenta ~obre la natura•
leza íntima de la fábula.
Es ésta una metáfora; pero continua,
da, no compendiosa como la verdadera
metáfora; él fabulista traduce sus ideas

en un lenguaje simbólico, pintoresco,
en el cual cada palabra pierde su sig,
niticado primitivo y toma otro que n!&gt;
se encuentra en ningún diccionario; el
fabulista diafaniza el sigoifica&lt;;lq prís,i
tino de la palabrc o frase que us-a para
ver por trasfloracióo de ellas, las suü~
les se¡nejanzas que encuentra ~u espíritu entre lo que de~igoa tal o cual
dicción y la ideal moral que trata de
comunicar.
Tomemos un caso concreto estudian

Qué no ves que &lt;brillando&gt; c=ie consumo?
Es m~jor eo la senda que cruzamos
Nunca en el fausto oi en la gloria vernos:
Que si ardientes el brillo ambicionamos.
Nuestro propio esplendor puede perder(oos,
NOTAS DE SPORT.-Momeotosde los campeonatos de teoois y golf ju·
gados el domingo último ea el &lt;Reforma~ Atletic &lt;::lub.&gt;-Simpfüco gro•
po de chiquillos que recogen las pelotas perdidas.

Desde luego encootramoa los siguien•
tes slmbolos;

�, •••.. csubía &gt; Subir; el significado
neto de esta palabra es la 1sceoción de
cualquier cuerpo sobre el nivel del
suelo: pero cuando algún Miembro de
la sociedad, ya sea por rns méritos, o ya
por tener demasiado flexible el espina•
zo, ocupa un coospícuo empleo, se dice
tambi~o eo sentido metafórico que ha
csubido,&gt; por destacarse su personali·
dad, como acontece con los cohetes que
trepan las alturas sir. alas, sio pies, ni
otras máquinas.
e Luz,&gt; voz que significa lo que vo•
sotros y nosotros bien sabemos, f.S decir,
lo contrario de las tioitblas, lo que oos
hace gozar del espectáculo de las monta·
ñas.del cielo, de los jardines, del rostro
de nuestras amadas .... ; la luz procede
del sol, de las vibraciones elécti ic~s.
de la combustión del humilde pábilo
de uoa vela. etc. Eo esta sección com•
prendo también los vocablos cesplendor&gt; y cbrillo,&gt; que oo defioo por
ahorrar tiempo. He aquí, pues. el sig·
ai6cado primordial de esa palabra; y
ahora, imaginad un cohete enseñoreado
del espacio, pero sin luz, sin esplendor,
sin brillo, y comprenderéis sin dificnl·
tad que, no obstante su peregrina posición e.o será percibido fácilmPnte. Ade·
má•, la luz es bell:t V por ende, admirada y ~iempre elrgi•da. Tanto cuanto
hemos dicho aplicadlo metafóricamente,
al hombre que se eleva, y veréis que el
fausto con que vive equivale a la luz,
al brillo y al esplendor del cohete.

cHumo.&gt; H.sta palabra exprefa las
partículas de la substancia . que en el
fenómeno químico de la combostióo,
oo se han oxidado ccmpletameote; pero
el vulgo por uoa fimilitud grcsera de~
signa coo este mismo vocablo lo que oo
fir ve, lo inútil, y de aquí que, por se·
mejaoza, aplique ésta misma palabra a
cualquier acción humana infructuosa;
también se designa con éste término oe
gacióo.
Hecho el análisis de las palabras
mencionadas arriba, vemos que eo to•
das ellas se ha modificado el significado
primitivo para tener después otro abs·
tracto. Ahora prt gueto, ¿la mente del
oiiio y la del hombre ignorante, están
suficientemente evolociooadas para per·
cibir los significados posteriores y le·
jaoos de hs palabras que el fabulista
emplea?
Pasemos a la consideración de las
palabras cfausto&gt; y cgloria.&gt;
&lt;Gloria.&gt; Palabra abstracta que oi el
niño, oi el burdo comprenden, a oo ser
que interpreten por ella el lugar a donde van a disfrutar de inmarcesible di·
cha los que fueron buenos eo este va·
lle de lágrimas.
Fausto. Otra palabra a que oo llega la
comprensión de los niños oi de los ili·
teratos. Bien pueden tomarla por el
nombre individual de algún hermano,
amigo o pariente suyos.
B1ste de análisis. y preguntemos: 1Q ué

queda eotooces en la mente del niño y
del igooraote, def pnés de haber leído
la fábula de &lt;El Niño y el Cohete?&gt; Un
absurdo que les divierte: la mera contemplación de un niño que coovena
con un cohete.
Hecho el estadio precedente habrá
alguien que nos diga que la fábula lo·
J¡ra morali zar ? No; la fábula no mora•
liza; y no se crea que d~cimos esto porqoe la fábula sea inmoral, sino porque
los medies que emplea no son idóneos.
Se nos objetará, sin embargo, qoe si
los niños no entienden la fábula, no por
eso debemos proscribirla, qoe las imá·
genes que encierra son las;emillas que,
eoterradls en lo profundo de su conciencia iofantil, espigarán mañana, os,
tentando el exqnhito fruto de la mora,
lidad.
Acepto provisionalmente como buena
e~ta objeción y argny" : 1Mientras frac·
tifica la semilla de la fábula, que hace
el niño? /oo tiene acaso deberes que
cumplir en la exigua sociedad del ho·
gar y eo la de la escuela? Si tiene de·
beres que cumplir, antes que hacerle
perder el tiempo leyendo fábulas, que
se le iocnlqoe la verdad. sencilla, directamente, por medio del ejemplo y
de la palabra, o haciendo qoe lea cueo•
tos moral es de autores selectos.
::,¡ alguno dudara aún de que la fábula no es entendida a pesar de su a pa,
rente sencillez, ni por los niños, oi por
los analfabeta•, 1por qué los fabulistas

NUESTRO PAi S. -Dos hermosas fotografías de. l~s. calles de Cuernavaca, tomadas por el artista José C . Tovar.

�oo pueden prescicdir de la moraleja
final dé cada apólogo?
No; la fábula oo m.,raliza, porque ¿a
quién moraliza? Los niños y los igooraotes no están eo aptitud de compren•
derla, y, los hombres cultos ya estáo
moralizados, porlo menos teóricamente.
Eo cooclusióo diremos que si la fá·
bula oo moraliza, a pesar de sn noble
ioteooióo, oo por eso huelga en el mun·
do literario.
El hombre culto después de sns labores serias, después Ge la sujeción meló·
dica y tirat te de sus facultades meo ta·
lfs. siepte la necesidad, de que sus peo•
samieolos fluyan sio dique alguno, y
por eso, entre otras diversiones, se em•
barca eo la meotira-la fábula-para
bogar caprichosamente en torno de la
verdad.
MIGUEL A. CEVALLOS.
Tacubay,a. Mayo de 1914.

Fragmentos de una

Los momentos de las carreras de
bicicletas efectuadas el domingo pasa,
do en el hipodrómo de la Condesa a
iniciativa del Club Ciclista de la P re•
paratoria.

Carta

El beso de Cleopatra

Para &lt;ARTE Y LETRAS&gt;

....... .................. . .........
1

..

..... ··•·· ....... .............. .... .
...... &lt;Alma mía: Estaba prefa de
Sir Edward Carsoo, en la gran maoifestación en Londres para prctestar
una mortal melancolia cuando llegó a
cootra la coerción de Ulster.
mis manos tu hermosa carta, traida a
mi por una alma más hermosa todavía.
es, mi cielo, que yo vivo del azul y de
Te ví aparecer aote mi. como asoma la las flores ¡Hermoso Mayo! mes de arru·
la luz que coroca tu frente, como uo
llos
y
de
noches
nupciales
....
aurora empapada de rocio, con to alien
Por eso me siento yo volver a la vida, nimbo de gloria; de la luz que soorie
to di\&gt;ino de fragante persume. Las ro·
como
vuelven los campos agostados a en la aurora de tus ardientes pupilas,
sas ccloran tus mejillas y tu casta son•
los
dulces
besos de la joven primavera. donde parece que se deshojan los cla·
risa ahuyenta amorosameole las nubes
veles de mis ensueños.
de mi frente y esparce por doquiera la Y es que tú eres para mi la más ideal
Las flores son buenas amigas; ellas
luz de la gloria, la esperanza de la vida. de las virgenes amadas por el sol; la
nos refieren historias interesantes de
que
yo
sueño,
de
los
ojos
azules,-color
¿Qué es lo que tiene tu palabra, que
sus tri~tes amores; nos cueotan los ma•
me aoonaJa y hace que corra por mis del cielo de mi patria adorada;-la de
ravilksos secretos del rocio y del per·
venas un flu ído magnético, y sieoto en los pies breves, finos y nerviorns, pisan·
fume; nos hablan de cómo, al expirar
do
alfombras
de
rosas
y
azucenas;
la
mi la capacidad de amar como en los
boquita roja, que yo bern en mis sueños ellas, sus almas se transforman en be•
primeros días?
llas mariposas de luz, y cómo el sol es
Tu alma y la mía, se besaron a uo de amore~, roja y voluptuosa como ve•
la alegria del mucdo y tú, el amor y el
dada
poma
de
viejo
Edén
que
cantan
tiempo, por eso se quisieron y se des•
pensamiento de mi vida.
las
prístinas
de
orientales
leyendas.
Y
posaron ........ Estamos e11 el mes de

Y todo esto es, porque tú, con .tus eo•
cantos, despertaste eo mi la pas!ón de
la vida, inspirándome una segunda pri·
mavera de ilusiones hermosas y cisne·
ñas todas.
Tú has pnlsado la lira de mis sentimientos; me despertaste . ....•
Para mi, eres sonido, voz de lo invisible, de lo remoto; luz esplendorosa
que ahuyenta mis sombras; maoanti1l
de alegría y de colores, el amor gran•
de, vencedor del olvido, vencedor de lo
imposible&gt; .. ....................... .

Pálida y trémula ·leyó :ella aquella
carta, testimonio fiel de una pasión que
había inspirado, sin que su corazón lo,
grara corresponder en lo más mioimo a

un amor tao lleco de promesas, que ha.
ríao de ella la más feliz de las muje•
res .... -Le quiero, como se quiere a
un hermano, pero, ¡ay de míl oo le
amo, ni le amaré jamás ...• En cambio,
si esa carta oo fuera de él; si me la hu·
biose escrito aquel otro, aquel que está
lejos, que no piensa en mi, que no me
ama .... iah, entonces sería yo la más
venturo!a de las mujeres ....
Las lágrimas que abaodantes brota•
ron de sus ojos, cayeron sobre el papel,
besándolo dulcemente y un nombre se
escapó de sus labios; un ncmbre, toda
una historia de dolores y decepciones ....

LUIS G. CABALLEl&lt;O.

Rodeando con su brazo la escultura
De la divina reioa que adoraba,
Marco Antonio, de hinojos, cootemplaba
De Cleopatra la mágica hermosura.
A su oido mil frases de ternura
El altivo guerrero recitaba,
Y la orgullosa egipcia lo escuchaba,
Admirando su estética figura.
Poco a peco sus cnerpcs se juntaren
Extremecidos de placer, jadeanlPs,
•
Sus ojos con deldte se cerraron;
Sus labios se chocaron anhelar.tes,
Y, como roble que derriba el rayo, .
El gran Triuov1to se trocó visallo.
Guaoajuato.
Luis G . F. MARTINE Z,

�ALMA FUERTE
p.,ra &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Teñia el sol con reflejos de.s,a ogre el
horizonte, en cil que las bajas .n:u);,es
recogían el ro,ai pálido de los ~µ!timos
rayos.
.
Frente a los altos balcones d\ll ,con•
fortable chalet que, a semejanz&amp; de an·
tiguo castillo feudal, coronan to¿récillas con almenas y troneras, la os.cura
masa df'l bosque levantaba altísima_,b a·
rrera, En el hreve espacio Jiore, el rojo
cable del trolley, recog!a y reflejaba.el
incansable y acerado destello de ambos
rieles Frío y triste resultaba, y más
aún por contraste con el bellísimo bos·
que, el camino de la muerte poore, que
pierde sus cQrvas impecables eotre los
altcs pinos de Dolores.

..... ·· ····· . ... ······ ... ··· ·····.
Las diez. A10.gda de fiesta en el cha•
let. Los claros focos eléctric011,arrojan,
do sn lnz por los amplios ventanales,
recortaban eo la masa del bosque cua•
dros de claridad. Clamoreó ronca la
bocina del primer automóvil-negro
brillante-que se detuvo con chirriar
de muelles soore la blanca arena del
jardín, ante la portada. Sus fanales
marcaron dos estelas luminosas, que
en lineas convergentes, arrancaron a la
lejana curva de la vía nuevos destellos
de a&lt;:ero. Tras el Farkard negro bri•
liante, un Fiat gris perla y bien Juego
un Mercedes gualda, y Juego más, de
todas formas y e~tilos, que alineados al
costado del chalet1 simularon fantástica
formación dEi dtlopes de encendidas
pupilas.
En el amplid salón de colgaduras ale·
gres y sillería Luis XV-rosa y or0-el
ambiente tenía fragancia de violetas. El
último vals de moda desenvolvía una
cadencia suave. Las parejas, en un con•
traste de claro-oscuro por los negros
fracs y las blancas sedas, marcaban sa•
bia mente el ritmo del bostón. A la puer·
ta, inmóvil y e,guido, el lacayo fijaba
sus ojos de obsidiana-raza de Anáhuac
-en la frontera entrada del bestibulo• .

········ .....·········· ....... ······
Triunfaba Silvia ea el salón. Bien
era ella la reioa de la fiesta en qu.e
babíanla presentado como prometida de
Luis Haul, y bien mostraba él en su
rostro, de nerviosa seriedad en la ocasión, el orgullo de la novia, bella, joven
y rica. Cerró alegre acorde el más mo•
deroisimo y aristocrático taogo y huye•
ron Silvia y Luis Raul del bochorno del

baile, al cercano balcón, con frente al
b~sque. Fuera, el tibio ambiente otoñal
olió a musgo y heno. De brazos sobre
el antepecho, los dos callaron largo rato El frescor de la tempranísirna hora
descoloraba paulatinamente sus rostros,
encendidos por el baile.
, -Rá.pido pasa el tiempo, Nena. ¿Te
acuerdas?
-1 Cómo olvidarlo? Y ya ves qué
buenos son mis padres al consentir en
esta fiesta, aniversario de aquella otra
noche en que me dijiste que me que·
rías.
-No Jo creíste entonces, como abo~
ra.
-Entonces .... oó, no podía creerlo.
Te conocía tan poco, Luis, que tuve
miedo. Decían que eras tan alegre ccn
las mu chachas, tan galante ...•
- IY oo lo soy ahora?
-Sí; pero ahora no es lo mismo.
Porque aprendí a saberte baeno y leal
en el fondo, pude quererte tanto. Por·
que has 's ido bueno conmigo; tan bueno
que acaso no paeda pagártelo.
-Pnes mira, Nena; en esta coche en
que ya todos saben nuestro cariño, y en
qne nuestros amigos, que son nueitro
muodo, sancionan nuestro amor, b:en
fácil te es pagarme, no Jo que tú has
creído mis bondades; lo que ha sido mi
cariño.
-IY cómo, Luis?
El cariñoso diá.lcgo había acercado
los rostros. Nervioso,y algo brusco, Luis
Raúl al cír la última frase. tomó entre
sus manos la cabeza de Silvia, y en un
bern lento y callado, bebió la miel de
sus labios.
- iTe quiero mucho, mi Luis. te q u ie·
ro mucho!. ...•
· Rumor creciente volviólos .l. la yida.
Por la vía de Dolores, avanzaba lento
uo cortejo de muerte; nocturno el en·
tierro quizá en previsión de terribles
contagios. Pobre el aspecto. La carroza
negra y pequeña, tirada por mulas, mos
traba poqn(simas flor~s. Se~uían tres
viejos cochecillos, támbién de mulas.
Nada más. La curiosidad detuvo a Silt
via y Luis Raul, y el tri~te desfile, al
perderse en la curva, arrancó de sus
labios un suspiro.

....................................
Violeoto y bárbaro asalto de uo gru•
pe de bandoleros, obligó a Luis Raúl,
tres días m.l,s tarde, a no menos violen,
to viaje a su hacienda &lt;Tres Marías&gt;
en Morelos. Encontróla poco menos qne
arrasada y después de dictar las más
necesarias disposiciones, pretendió re·
gresar a la Ca~ital, pero fuele imposible. El tráfico había sirlo intet1umpido
y los caminos, pletóricos de bandidos,

hacían más que difícil una travesía en
automóvil o a caballo. Había que te•
mer las proezas de aquel pecnaje, su~
blevado al grito de saqueo y matanza.
Un hacendado joven y rico, resultaba
magnifica presa,
Desesperantes para Luis Raul los
nueve días pasados en la hacienda, a pro·
vechó el primer tren militar qne para
la Capital salió. Lento y receloso el
viaje ante el temor de algún asalto,
vióse Luis Raúl por fin en México, a
las 4.30 de la tarde.
o o o
Raro presentimieoto y ansia enorme
de ver a Silvia, lo hicieron pasar sobre
sus hábitos de hombre elegante, y saJtó,
llegado a su casa, sobre el potente au·
tomóvil (!De partió rá.pido por la Re,
forma, camino del chalet. Cortaba el
aire frío sn rostro y levantaba el ala
del suave fieltro de oscura seda. Llega·
do a Chapultepec, atrave~ó el bosque,
desembocó al Cambio de Dolores y
adelante una calle, viró a la derecha.
Patinaron las llantas del coche frente a
la portada Abierta ésta, Luis Raúl pe·
netró al jardío. Todo quieto. En el ai•
re había olor de rosas frescas y cera
blanca. Por una puerta al fondo, sen·
tada sobre el peldaño. única a la vista
uoa mujer lloraba, Por la mente de
Luis Raúl, pasó fogaz la visión de un
blanco sudario. Pero ¿quién ?....
--tQué sucede?,-inquirió violento a
la mujer.
Esta no alzó la vista, no supo a quien
hablaba, pero respondió llorosa:
-Pobre señorita Silvia ...... ya se la
llevan...... .
Luis Raul comprendió. El súbito re•
cuerdo del extremo de un entierro, al
cruzar rápido la calzada que une laR
de Reforma y Tacubaya, Je encajó basta el alma una pregunta: ¿Por qué iba
aquel entierro rumbo a Méxiéo?,
La horrible certidumbre lo impulsó
hacia fuera. Giró el &lt;starter&gt; del coche,
marcó la palanca Sf'camente tres velo·
cidades y el ronco grito de la bocina
rasgó el silencio. Atrá.s el cambio de
Dolores, Chapultepec y el Parque Lu•
na, en loca carrera por la vieja calzada
de Tacubaya, a la altura de Insurgentes distinguió el cortejo. Adelante Luis
Raul, presto dió alcance al último tren,
mas tuvo que acortar la velocidad. La
calle, transitada, impedía la rá'pida mar·
cha.
Blanca y amplia la carroza eléctrica,
simulaba una explosión de flores, tam•
bién blancas. Seguíanla hasta di7z tre•
nes, con negras colgaduras. Llegado a
la garita, volteó el cortejo, enfilando la

GALEA IA ARTISTICA,-&lt;La virgen con los donadores,&gt; por Van Dyck.

�calzada- de la 'r'iedad. La gente, curio•
sa ante la magnificencia del entierro,
cerraba casi una valla policroma. Se•
rias las mujeres y descubiertos los hombres en todos sos respetos a la muerte,
no supieron del poderoso automóvil que
a sus espaldas detuvo brusco so mar·
cha. Suelto el .-olante y en la mano el
suave fieltro, mis por instintivo impul·
so que por conciencia, Luis Raul con•
templó estúpido el desfile. Inmensa co·
rona, sobre un costado del féretro, mos•
traba en su listón malva dos palabras
bien claras: &lt;A Silvia&gt;. Tembló Luis
Raul en su alma toda y en su cuerpo.
Aquellas palabras eran como la clari•
dad de un sol: A Silvia. Pero no com,
prendía el cerebro de Lnis Raul aquel
coojneto. Igaoraba el terrible contagio
de aquel otro cor.tejo de muerte, uaa
noche de fiesta. El sólo sabía iy cuánto
le costaba entenderlo! que allí iba &lt;su
Silvia?,
Satisfecho el afán de su curiosidad,
la gente extrañó aquel joven pálido y
aquel automóvil quieto en medio de la
calle.
Ya en su casa nuevamente, Luis Raul
buscó el Imparcial. Allí estaba bien
claro, en la diaria gacetilla de &lt;Socia•
les y Personales&gt;:
&lt;Esta madrugada falleció en su resi•
dencia, victima de violenta enfermedad,
la bella y distinguida señorita Silvia
San Miguel, a la edad de veintitrés
años. El sepelio se efectuará hoy, a las
5 p. m, en el Panteón Francés.&gt;

Leído y releído e1 párrafo, la cara· de
Luis Raul mostró una espantosa sere·
nidad.

Se abrió el amplio portón de la ele·
gante casa en la Colonia Roma y sor·
gió el &lt;Protos&gt;, largo y bajo, todo él de
color claro. Firme al volante, Luis
Raul partió a paso moderado. La Reforma, Chapultepec y Tacubaya queda•
ron atrás ~in voltear la cara, siempre
adelante los ojos, fijos en el camino. El
sabía por donde iba, rumbo a Cuerna·
vac¡a, pero acaso no sabía el térmico
del viaje. El aire friolenta de Otoña le
daba ánimo. Li.s 2.15 aseguró en su re•
lox. Bien había andado ya. Sobre el pri •
mer atajo viró a la izqnierdd. 1Dónde?
Ni él mismo lo sabía, pero peosaba:
e Las almas débiles se matan en la som,
bra .•.... 1por q né las al mas fuertes no
han de dejarse matar, de cara al sol?&gt;
Repentinamente, desigual andanada
de tiros, disparados tras hilera de es·
cnetos chaparros, torció brusco el co,
che, a la aogosta zanja del éamino. Un
reducido grupo de bandoleros corrió
hacia Luis Raul, que se levantaba ile•
so Alguien trató de disparar, mas otro
lo contuvo.
-No lo dobles tan pronto. Aguárdate
qne baile un poco.

Codo con codo marchó Luis Raul en·
tre di grupo. Tampoco ahora sabía don·
de iba. Pensaba en Silvia; acaso era el
cismo viaje. (Lo deseaba tanto! Llega·
dos a un pinar, desnudáronlo. Alguien,
el que antes había hablado, aprestó una
cuerda, pero otro se opuso:
-Eso tarda, mejor su · ración de plomo.
Se oyó nueva irregular descarga y el
grupo se alejó. Un último hombre miró
lijo y escupió una blasfemia. Sobre el
árido suelo, el cuerpo de Luis Raul
quedó doblado, más alta la cabeza ru·
bia contra el ár!;ol y los ojos abiertos.

Teñía la puesta del sol, por un claro
con reflejos de sangre el horizonte. So·
bre el largo camino, el &lt;Proto~&gt; bajo y
brillante, destacaba el reflejo de oro de
sus fanales. De pie sobre el más alto
respaldo, un pájaro negro improvisaba
albergue para la noche.
JUAN M. DURAN C.
Tacubaya, Mayo de 1914.

..

l r

Marinos l,e,idos abordo del "Morelo~," que se curan en el palacio de Guardiola convutido en htspital de J;i. Cruz Roja.

¡\RTE MODERNO MEXICANO -Cabeza de eetudio por Eduardo Solares.

�LOSBURRITOS TARDOS
Los burritos tardos subeo la montaña
Trabajosamente, por la senda agreste ...
La mansa alegría matinal los bafia
Y sobre ellos cae la grao paz celeste.
Vao cargados de haces de espigas bermejas
Qoe su aroma esparcen eo el aire frt:sco ..
Y de las Clovibles y graodes orejas
Marca sus andares el ritmo burlesco.

To1inda boca de color de rosa,
Y es el contorno de tu cara hermosa
Muestra admirable de escultora humaoa,

Fotografía artística

o o o
Eu tus seoos turgentes y ~asnales
Y ea tas fúlgidas formas divioales,
Brotan flores de m:igica tre~cura.
o o o
Y es el iri~ que calm.i mis antojo~,
Uo destello de amor y de veotara
Qoe brilla eo el abismo de tus ojos.

Son fnertes y dulces. Sos graves pupilas
Supieron del fnego de sacras leyendas,
Cuando con pisadas lentas y traoqoilas
Hollaron las rosas de bíbiicas senda.

HEINALDO ESPARZA MARTINEZ.

El azote ioooble sobre el maoso lomo
Les dió los secretos de una antigua ciencia,
Por eso en sus ojos hay como un asomo
De melancolía, perdón y paciencia.

Tus ojos

Ellos desconoceo el Mal y la vaoa
Iaquietud que angustia las almas iociertas.
Viven so existencia matioaly hermana
De las vidas claras cual sendas abiertas.
Porque est:i el sentido de su muo do ioteoso
Eu la yerba humilde y en el limpio río,
Eu la veota, en donde les espera el pienso,
Y ea la tade vaga sobre el caserío ....
Aman el pesebre, y alli, cachazudos,
Gozan sos descanzoi con blanda pereza.
Y si sus ins!iotos se muestrao desoudos
Es porque sos almas son todas pureza.
Hermaoos, les dice la Filosofía.
Elegidos, dice, materoal, la tierra.
Sio embargo toda so sabiduría
Sólo eo su prístina soncillez se eocierra ..
Bajo la mañana, los burritos mansos
Vau llevando a cuestas si: carga florida.
Y eu sos ojos dolces,coal hoodos remaows,
Tiene claridades iomeosas de la Vida!
CARLOS WYLD O3PINA.

o o o

HOJA DE ALBUM
Para &lt;Arte y Litras &gt;
Eo ta cuello de virgeo soberaoa
Y eo tu espalda purísima de diosa,
Vierte rizos de seda deliciosa
Tu rica cabellera de obsidiana.
o o o
Plácido ambieote de perfame mana.

_,

o oo

A PIEDAD,
Oh tu mirada de pasión! .. Tu triste
Mirada de mujer que ama y espera!
Desengaño de todo cuanto existe,
Desilusióo fatal de uua quimera.
Mirada indefinible. misteriosa,
Qae sueña auu con uo ideal marchito!
Ojos que piensan siempre eo otra cosa!. ..
Ojos que mirao siempre al iu6oitol. ..
Ojo5 color de mar, donde idealiza
L;i. 1oz sus resplandores misteriosos!
T ranquilos como lagos de Suiza,
Rebeldes como mares procelosos(
Cómo hablan de tristezas tus pupila~.
Como hablan de venturas oo olvidadas,
Tristezas eaigm:iticas, traoquilas,
Venturas ruelaocólicas, pasadas! ...
Como sigue a soñando eteroameote
Con ua amor ideal eo sus pasiones!
Cómo irradian gloriosa y tri11temeote
En uo deshojamieato de ilusioaesl
Oh tas papilas garzas, donde quema
Sn lumbre uo sol de l:ioguida belleia,
Que hablan mudas y graves de uo poema
D~ !:!.grimas, de amor y de tristeza! ..
Tieoeo ellas misterios igoorados,
Fulguraciooes r:ipidas, ioqu_ietas,
Destellos melaocólicos, callados,
Vagaedades eróticas, secretas,
Yo adoro esos tus ojos, doode miro
La causa de tus penas intranquilas
Y el naufragio de todas tos pasiones.
Y engarzada eo el oro de uo suspiro
La esmeralda a buscar de tos pupilas,
Va la perla sutil de mi~ canciones.
F . FUENTES Jr.

�{0f ======c====uA:=::=-RT:=::=-ILL====AS====D-===-E-E-_N_S_U_E-Ñº-===--====~-~,.._
~

JJg
EL ARRIVISMO

No es ciertamente en esta ocasión,
cuando la crónica tratará de buscar
una impresión definida, precisa, que
pueda ser clara potencia de expresión,
de diafanidad emotiva, de algo que se
ha &lt;vivido,&gt; por decirlo así, en una ho•
ra fugaz que no se repite, pero que ha
dejado ciertas emociones en el espíritu,
al contemplar un uuevo espectáculo.
La' cr6uica que hace vibrar los amo,
res líricos, los sentimientos fugaces, las
C05'\S tenues, las frases purificadas o los
perfumes vagos, se a parta de todo ello,
y encierra en esta vez, una esencia de
amargura, unas gotas de sangre purísi,
ma que ciertos espíritus dolorosos, bao
dejado en la~ zarzas del camino, como
rubíes alados que muestran en sus fa,
cetas el color de la herida que los
produjo! ....
Y es el tema de esta crónica, aquél,
que en el círculo diario donde se habla
de literatura y se gustan unas &lt;cuarti·
llas&gt; como panales de ensueño, disr.útese a menudo, en formas muy diver•
sas, pero que dejan siempre entre ver
el triste estado de nuestro medio, ya
sea artístico o literario.
Y la causa de esa degeneración, de
que tanto se babia y que ha aumentado
día a día, de vatios años a esta parte y
que nos hace palpar el sudario de algo
que ya ha muerto, es muy sencilla, pe•
ro poco conocida. Se llama el carrivis•
mo&gt; ....
El carriviimo&gt; puede considerarse
como una enfermedad que amenaza de
contíouo a todos los &lt;iniciados&gt; ya sea
en la literatura o en el arte, y que mata entre nosotros muchas esperanzas en
flor, dejando desnudas de ilusiones las
almas juveniles que en su deseo de alcanzar la celebridad tratan de &lt;llegar&gt;
sin perseverancia y energía ....
El &lt;arrivismo&gt; hace desaparecer en
poco tiempo el poder lírico del artista,
que piensa ei:: el priocipio de sus en,
sueños, ser un fidalgo con derecho a ,
recorrer el mundo en una perpétua
conquista, entre sonrisas de mujer y
sonrisas de champaña!
Y digan si 06 todos los jóvenes &lt;ioi,
ciados,&gt; victimas del &lt;arrivismo&gt; si alguna vez no se han sentido como el
príncipe blanco de los cuentos de Orieo·
te, como un libertador de cautivas, ccmo un galante amador de primorosas
reinas adorables! •.....
Y es por esto, qoe sus espíritus moldeados en un ambiente de leyen da, co•
mo pertinaces sonámbulos de la vida,
creen haber roto el círculo de la fa.

randulesca bampooía de estos malaveo•
tarados ti,mpos.
Pero veamos ahora, cuando más tar·
de viene la dolorosa realidad, y eoton•
ces, aquello, paralsos artificiales, sólo
quedao como paréntesis lumioosos en
las págioas amarillentas de una vida de
ensueños, y las rojas flores de las qoi•
mera~ se encuentran marchitas y aoó,
cimas. Y entonces es cuando se acercan
al borde del abismo y asustados gritan
¡col ante la danza astral de sus paopias
vidas!
Y aquél joven poeta o artista que so•
ñó conquistar las cumbres de la inmortalidad, se encuentra vencido, sin idea·
les, obligado a resignarse y a pedir por
su labor unas cuantas monedas que de,
jan relegado ca su arte&gt; a uua baja industria .
Pero apartándonos de estas reflexiones fijémonos, aunque sea ligeramente,
en uno de esos cgropos&gt; que forman
parte de lo que se podría llamar, por
un momento, la juventud artística y
literaria de México.
Qué podría decirse del &lt;grupo&gt; de
autores mexicanos? ... . La contestación
no es nada difícil y cualquiera diría:
Es un grupo de resignados y vencidos o
por mejor decir de &lt;hombres sin ideal
o lo que es peor, de hombres que tienen el dioero por todo ideal.&gt; Sus obras
;~más hechas para el Arte, sino para
determinada clase de público, son flo
res de un día, porgue están escritas sin
tomarse tiempo para hacer una compo,
sicióo maestra Eotre los autores mexi·
canos hay algunos que no carecen de
talento, pero descorazonados demasiado
pronto, muchas veces por la indiferen•
cia del público para con sus obras, escriben por un mero entretenimiento o
para buscar el &lt;éxito,&gt; el éxito que
produce dioero, Su estado de ánimo ha
decaído poco a poco, y al igual que su
taleoto, se ha gastado, se ha atrofiado,
por decirlo así, en un trabajo verdaderamente fnoesto.
Y aquí caben muy bien. al t,ablar so•
bre este &lt;grupo&gt; las justísimas quejas
de Aotoioe sobre el teatro francés:
c¿D6ode estáis, mis viejos compañe•
ros? l Por qué e o volvéis a mí con vues,
tros maotos agujereados y vufstros ros,
tros quijotescos? Os burltbais de la mi•
seria, no conocíais el color del dinero,
pero bajo vuestros trajes de mendigos
teulais ojos de emperadores. ¡Días her•
mosos! La gloria es eso . ... Es oecera,
rio trabajar por la ~loria, no esperar
nada y darlo todo. Es tonto, pero ¡es
muy hermoso!&gt;
Ahora hablemos también ligeramente
sobre aquél otro &lt;grupo&gt; que ya no
busca ansioso con el pincel encontrar la
gracia del colorido, la animación y el

sentimiento de las figuras, la palpitante
vivacidad de la luz qoe pueda quedar
en el lienzo con ~os matices de oro.
Y este es otro de los &lt;grupos&gt; que al
hallarse amenazado por el &lt;arrivismo&gt;
Jo está por el orphismo, el cubismo y la
lí!lima y extravagante modalidad mor•
bosa, la pintura &lt;siucromista&gt; que bace
desnudos en amatillo y- paisajes viole,
tas.
.... &lt;Para encontrar algún vago pre•
cedente de la pintura csiocromista&gt;dicf! un notable escritor- -habrá que ir
a un manicomio y buscar entre las pin,
turas disparatadas, la del más loco de
los aficionados.&gt;
Y en últimas exposiciones abiertas en
México, se bao visto multitud de piotu·
ras &lt;siocromista!&gt; y también se bao
contemplado lienzos ton dibujos he•
chos, con más a menos habilidad caligráfica. Y así ha muerto el amor ilimi,
tadc que se tenía a la gama de esos co•
lores que eternizaron los grandes maes•
tro~.
Pero también de e!e &lt;grupo&gt;, si ha
de decirse verdad, hao surgido verda•
deros artistas, que al verse amenazados
por el carrivismo&gt; y siotieodo que
nuestro medio es tao rehacio para con
el numen que ioteota ampliar el vuelo.
no queriendo ser elemento de las manifestaciones morbosas ya citadas, nos
bao abandonado, porque de dilatarse
un poco más se hubieran visto forzados
a pintar letras o carteles viilaoos. Y es
natural, esos verdader'ls artistas huyen
ante el fantasma. y buscan mucha luz
para no enfermarse de una vida otoñada
de brumas.
Otras muchas consideraciones podrían
hacerse en este sentido, pero no es ese
el objeto que se persigue, sino el de de,
mostrar que el carrivismo&gt; también ha
logrado la degeneración de este &lt;grupo&gt;.
Y ahora, si se hablara del &lt;grupo de
literatos&gt;, de aquellos que escriben pa
ra el público, tendría mucho que de•
cirse, porgue en él el &lt;arrivismo&gt; cuen •
ta con mayor número de victimas, que
hao sentido el histerismo lloroso de
aquellas flores, que no tuvieron el tri un·
fo de uoa hora sobre el pecho temblo•
roso de una virgen!
Bien, aquí podremcs terminar estas
&lt;breves lineas&gt; que rólo tuvieron por
objeto demostrar lá existencia del carri·
vismo&gt; en nuestro medio artístico y Ji·
terario y no el de hacer una crítica en
forma, porque esto no serla posible para quien escribe, que dolorosamente, y
muy a su pesar, confiesa, que él también
es un &lt;arribista&gt;.!.....

Una casa del pueblo de Noachiac, :lestruida por el movimiet to del terremoto.

Una montaña que
.
camma
Los hJbitaotes de Correze, Francia,
no tienen necesidad de ir a la montaña,
porque la montaña ha decidido bac_erles una visita; en efecto, una elev:1c_1ón
que se encueotra cerca de Noah1ac.
cuyo pico dominante es el puy de Coux
se ha puesto a caminar con g rao espan·

to de los habitantes de las regiones ve•
cioas.
Se sabe que cuando las arcillas su~·
yacentes se deslíen en una grao canll •
dad de agua los terrenos que se hallan
sobre ellas o se deprimen, cuando la
capa de a rcil!as s? hall~ en un pla_no
vertical, o se deshz,n s1 el plan~ es 10•
clinado Esto es lo que ha sucedido con
la montaña en cuestión.
Durante el iovierdo pasado se empe•
zaro u a oot:u moYimieotos sobterraoeos
a los que no se dió importancia . por
creerlos debidos a causas plut601cas,
pero al terminar las lluvias invernales

la desorgaoiz.1ci60 de las tierras con•
tiouó y se empezaron a hac~r grietas y
hundimientos en toda la reg160.
Los caminos se han desviado; los dos
se han secado y todo presenta los efec•
tos de una dislocación que amenaza
coo un serio cataclismo en época no
muy remota
Hasta ahora las pérdidas sólo bao si•
do de iotetereses, pero si continua el
movimiento del suelo no será difici 1
que siegue vidas humanas como hades·
truido y¿ considerables intereses.

• 1

ARMANDO VARGAS.
El camino de Meyssac, disgregado por la catástrofe.

�•

~-T-eatrfl1es
•=========-•==========--j

En pleno cvaudeville!&gt;
&lt;Mi papá&gt; de Aroicbes y García Alvarez, en el Mexicano y
&lt;Una noche de amor interrumpida&gt; en el Lírico, hao hecho
las delicias del honorable durante t.:ida la semana.
Menester es confesar que la comedia, en cuatro áctos, ere•
prisada&gt; en el Mexicano no carece de situaciones, y que den•
tro del ~éoero consigue el objeto propuesto: hacer pasar un
rato alegre al espectador.
La interpretación bastante ajustada contribuyo al deleite,
distinguiéndose don Joaquín que nos sirvió un papá apócrifo
graciosfsimo y sin bufonadas de mal gusto.
Lástima grande de que Mari-Pepa ( Ma gdalena Navarro)
que, por lo demás dice admirablemente, posea aquella &lt;obesi•
dad botijeril&gt; tan mal casada con un rostro no mal parecido
pero cuyo &lt;ángel&gt; eclipsa el exceso de tejido adiposo.
En escena oo hay derecho a la exhibición de &lt;fenómenos&gt;
por respetables que se les antojen a sus amigos o favorecedores.
El público &lt;pagano&gt; tiene el de reclamar figuras atrayentes,
bellas, tlegaotes, encanto y deleite de los ojos que a eso se lle·
g t a los ccotrales&gt; en demanda de regocijo o emoción que, es
sabido, p_or los ojos se entran.
'
PoJqoe ~ ra fealdades más o menos soportables, en escena
sobran las tan digna cuanto honrosamente representadas por
el &lt;sexo feo&gt; del Mexicano.

&lt;Una noche de amor interrumpida&gt;, &lt;vaudeville&gt; representado con éxito por la compañía del Lírico.

cUna noche de amer interrumpida&gt; en el Lírico,

�•

Pero en el femenino, repetimos, es de
vigor que se reponga el ganado.
La priocipalísima condición de una
actriz es que ésta sea guapa; todo lo
más c:guapa&gt; posible.
Y si es reqoeteguapa, muchísimo me·
jor.
o oo
En la compañia del Lírico, y sentimos no diferir de opinión con nuestros colegas, fuera de Barreiro, (tiene
mucha c:vi,,&gt; pero de buena ley el
simpático actor) aquello resulta un pandemonium c:vodivelesco&gt; (como ahora
se escribe) que resulta mejor no c:me·
oeallo.&gt;
Y lo peor no es eso, sino que según
parece, el aprovechtdo c:parisiéo &gt; se
propone con la despiadada ayuda de
Michel, a dispararnos tocla uoa cloaca
máxima de ...... parisbas, mal traducidas.
1Pués, señor, ésto más! Era lo único
que nos faltaba.
Decididamente va a resultar pre(eri·
ble ir al c:Colón&gt; a oír cómo destroza
un vals la c:arcaica&gt; c:~orrooga,&gt; pasan•
do por los ojos verdes algo de la c:va•
leosianeta&gt; y las contorsiones epiléptico- artístico-medulares, de Tirado (que
no debiera tir-ar tanto) a presenciar orfandad y horror tanto!
o o o
!Caballé ...... ros!
Pues, y el Principal? Ahí lo tienen
ustedes c:vivito&gt; y coleando a pesar de
la deserción de Maria, ninfa Egeria de
aquel teatro, por obra y gracia de sus
admiradores &lt;plásticos,&gt; (que es el col•

mo de la admiración: algo as! como admirar la juventud, gracia y soberana
belleza de Carlota.)
Muy simpática, muy _b ueua, hooradísima, (lo mejor que ,iene) convenido.
Pero ·en cuanto a garganta, facultades,
dicción, talento, y .... el resto .... ?
No exagerar • .... . 1
DON NADIE.

Setene
A . .....

La luna! la luna!
Sus crenchas de plata,
Preciosa desata
Por montes de tal;
Rodaja del cielo
Q ue asciende divina,
La faz caistalioa
Clavada en lo azul . ...

o oo
Ya alumbra los valles
Tu luz ..rgeotada
O caes retratada
Al fondo del mar,
Sus aguas diluyen
Tur albos reflejos
Y besas de lejcs
La flor de azahar ..... .

Tu miras la choza
Del pobre labriego
Que en grato sociego
Reposa su afán;
Y prendes tur rayos
De luz ea las frentes,
Cual febles torrentes
Q ue sueños nos dan ....
o o o
Domina la noche.
La torre esta oscura;
Tu aromas la pura
Y lánguida faz;
Alumbras las cruces
Del mustio simborrio
Y el blanco villorrio
Do reina la paz ..... .
oo o
Reciben tus chales
Los altos balcones,
Los negros torreones,
Allá en la ciudad;
Protejes idilios
Reclamos de amores
Trajedias, dolores,
Perjurios, maldad ....
o o o
Y as! vas surcando
La comba del cielo ....
La noche es el velo
Que rasgas veloz;
Y siglos y siglos
Domiua tu lumbre
Cual astro en la cumbre
Dd solio de Diosl
F. CASTILLO.

Las sedas, los colores y
los brochados en los
chalecos femeninos
Esta moda, que comenzó porno timi•
do ensayo, se ha convertido en una ver·
dadera locura, y así ocurre que de todas las faotasias que las mujeres acep·
tao, para olvidarlas poco después, ésta
es la única que hasta ahora subsiste,
triunfando de la inconstancia, y exteo•
diéodose y generalizándose más en ca•
da día.
Chalecos sin mangas, hechos espe•
cialmeote para servir de complemento
a las levitas y a las blusas: chalecos con
mangas, preparados para llevarse sobre
las blusas, y ano mejor para hacer ve•
ces de tales; y en fin, petos y pecheras
que, formando parte de las blusas y de
los cuerpos mismos, dan la ilusión del
chaleco cuando éste no existe: tales son
las manifestaciones de esta moda imperiosa, cuyo dominio se ejerce indistintamente sobre todas las c:toilettes.&gt;
A veces, cortado conforme al patrón
de los chalecos de hombre usados para
el traje de frac, el chaleco femenino se
hace de tela o de paño blancos, con
bolsillos de no solo botón, con cuello
Robespierre muy alto y vuelto, y con
solapas muy anchas formando escote
muy pronunciado.
En otras ocasiones, laforma,parecida
a la anterior en cuanto al corte, se di•
fereocia de ella en que va cruzada; en
que las solapas, muy vueltas quedan en
hueco; y en que el úoico bolsillo que
lleva, de costado, se adorna con el col•
gante de uoa c:chatelaioe&gt; antigua, de
cuyo extremo pende un sello de coroa·
lioa.
Con 1:ste último modelo se lleva una
fina camisa de hombre, con cuello de
puntas vu·eltas, y pequeña corbata ne·
gra.
Algunos modelps, cuyo principal oh•
jeto es el prestar a la blusa una nota de
color muy variada, están formados por

VERACRUZ.-Uoo de los hidroplanos yaokees, maniobrando al norte del puerto, fuera del mdecón.

..

La última creación pari~ieose.
una cintura c:drapée&gt; que cubre el
arranque de la falda, y que sube muy
alto sobre el pecho.
En este ftltimo caso, se emplean de
preferencia las sedas brochadas o bor•
dadas con oro o plata, que se CO!llbioan
admirablemente con los vestidos negros
u obscuros.
Muy lindo también, como adorno in•
terior de no vestido, es el chaleco hecho
con un Bashlick turco, , de mil colores,
ph,gado y cruzado, terminado en dos
lazos que caen a lo largo de la falda
luego de aoudar3e de costado.
Se ha hecho toda una serie de cha-

leeos, cuyos modelos son copia aproximada de los que forman parte de algunos vestidos de provincias francesas.o
extranjeras.
En este estilo, el chaleco carece de
mangas, lleva por delaote pequeños
faldones cortos, y se completa con una
cintura de seda lisa, de color diferente
del del chaJeco.
J
,
Este se lleva sobre una ~blusa de tgl
blanco, con mangas largas, cuyo cuellg,
alto por detrás, lleva por delante vµel•
tas terminadas en punta.
Una seda ligera, a rayas verdes y
blancas, cortada en forma de chaleco

�de hombre, coo bocamaogas muy anchas guarnecidas de c5ku0gs,&gt; hará tao
efecto inmejorable sobre uoa batistª
muy fioa, fruncida, con volante de en·
caje en torno de la embocadura.
Esta combinación acompañará muy
bieo a uo ctailleur&gt; corto, lo mismo que
a un vestido cuya túnica sea diferente
de la falda.
Uoa novedad de grao efecto está
coostitoída por el chaleco hecho con
cuadros de bordado japonés, yuxta,
puestos uoos junto a otros.
Tal modelo se lleva solamente para
guarnecer el frente de la blusa o del
cuerpo, entre las solap¡¡s de la levita o
los bordes de la túnica.
Otro modelo, dispuesto también para
ser entrevisto tan sólo como el anterior,
es el siguiente: nn chaleco formadopcr
dos grandes cuadros de cguipure,&gt;snje•
tos a los hombros por medio de tiraotes
de enero negro, que hacen juego con un
cinturón abrochado con ana hebilla de
acero.
Las puntas del chaleco forman faldo·
oes por delante, sobre las caderas.

J. R. F.

qneña lección acerca del cuidado de
las uñas.
Comencemos por la enumeración de
aquellos instrumentos y de aquellos
pro:luctos con los cuales hemos de coo•
lar.
En primer térmico, hablemos de un
mueble nuevo: la mesa para las uñas.
Esta mesa es uoa miniatura, y en sus
cajones diminutos se guardan todos los
objetos que componen el ajuar.
Algunas coquetas cuelgan de la pa•
red, en su tocador, un saquito de seda
a.doroado con cintas y encajes, y en es,
te saquito colocan todos los accesorios
necesarios para el cuidado de las uñas.
Cuando estos accesorios son vistosos
de plata repujada, por ejemplo-es me•
jor colocarlos sobre el tocador, bien a
la vista.
Se necesita, en primer lu¡¡ar, uoa tijera en forma de podadera, para cor,
tar las uñas; otra tijera muy fina y de
forma curva se emplea, para cortar las
pielecillas que se levantan; luego se ha·
ce uso de la lima y del pulidor. En el
momento de arreglarse las uñas, hay
que tener dispuestos dos pequeños reci·
pientes: uno lleno de agua caliente, y
otro que ha de contener jabóo. Además,
son necesarios no tarro de aceite ero•
~at&gt;, una caja de polvos especiales y un
lienzo muy fino que puede ser un pa·
ñuelo de batista muy usado.
Se comienza por cortar las uñas con
la pinza- tijera. Después se liman los
bordes de las secciones, hasta qui: quedan perfectamente lisos e iguales. En
tercer lugar, y por medio del lieozo fi.
no, se extiende sobre las uñas una capa
de aceite crosat&gt;, frotando la uña de

()

' ~ ~'

.

.

Las uñas
El cuidado de las uñas exige muchas
y muy delicadas operaciocas, cuyo con-

~ r&amp;&lt;t~

~j-:í.;:)'

~h

- - o.

~

l

Traje de calle o pas, o.

arriba a abajo, es decir, en el sentido
de la raíz al borde. Luego, con el ex·
tremo redondeado, de la lima de con•
cha o de marfil (nunca de acero) se va
rechazando cnidadosamente el reborde
de piel que cubre la base de la uña,
con objeto de llegar a formar, con di•
cha piel, un borde perfectamente re·
doodeado.
Terminado el trabajo precedente, y
para limpiar la uña de aceite, se la frota con el lienzo empapado en agua ca•
liente y untado de jabón. Después, s11
seca cuidadosamente la uña.
Las uñas bien cortadas han de que•
dar largas, y formar en su dibujo total
un óvalo alargado y perfecto.

Los últimos caprichos que la moda puislense ha enviado a Mootecarlo
y la Costa Atol.

El totador de
la parisiense

.

junto constituye noa verdadera cien·
cia.
Verdad es que si el aprendizaje de
esta ciencia nos enoja, podemos reca•
rrir al auxilio de una manicura, pero
aparte de q ne esto significa no gasto
importante, no en lodos lo( lugares
se dispone de tal asistencia.
Por lo tanto, 00 estará de más el que
ofrezcamos a nuestras lectoras una pe

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Infórmese Ud. cómo!
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Si el horizonte está limpio de nubes
y oc hace viento, o si lo hay es norte,
es señal cierta de buen tiempo.

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E l cambio frecuente del viento es
anoncio de una borrasca.
o o o

o o o
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Tallas

Años

~.

Precios

30 . . . . . . 7 a 8 ...... $ 1000
3l . . . . . ,8a 9 ......
IIOO
34 . . . . . . I0 a II. . . . . .
12 t O
36 ...... II R l l . . . . . . 13 00

38 ..... . 14a15 . . . . . .

1400

~r. 430 B.

Saco cruzado, de dos botooes, forma ele·
gantísima. Pantalón b:&gt;mbacbo eco puños y
hebillas.
Tallas

Años

Preci es

30 ...... 7 a 8 ...... $ 950
3l ...... 8 a 9 ...... 1050
34 . . . . . . I0 a I I

Il 50

36 ...... II a

50
1350

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38 ..... . 14a15 . . ....

Au Carnaval de Venise

'1/
11

Esquina I a. Santo D:&gt;miogo y 3,. Donceles.

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\ _ _ _ N'. 4l8.

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México D. F.

Nv

430

B.

Hemesas por Express y Correo.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Rdgistrado como articulo de 2' clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda Epoca.

Sábado 16 de Mayo de 1914.

TIPO~ NACIONALES.

Tomo l. -Núm. 13.

�INDICADOR

'' Arte y Letras "
Se publica todos lo; s.ib;,,dos por 1,

Cía. Periodística Mexicana, s. A.
DIRECTOR:

J. M.

COELLAR.

GERENTE:

MlGUEL LANGARICA.
OFI CINAS:
3~ Riocooada de San Diego 41.

Teléfonos:
Mcx. 20-85Neri.-Eric. 14-51 .
A;,a rtado postal 45 bis.
MEXICO, D. F.

Los Delegados
Partieron, se marcharo~ llevando la representación de todo
un pueblo que ansiosamente desea el preciado don de la paz, del
que se ha visto privado durante
cerca de cuatro años.
Representantes de un anhelo.
depositarios del símbolo de una
nación. lian sido colocados en el
puesto más alto a donde puede
llevar la voluntad colectiva; van
en busca de la paz. el supremo
deseo, pero al mismo tiempo llevan encomendado el honor nacional, el cual han de depositar
en el 'santuario patrio en el mismo estado de pureza en que se
les entr.egó. Si bien es cierto que
deseamos ardientemente la tranquilidad pública y el restablecimiento del orden, también lo es
que estos bellos ideales se han
de realizar sin haber mancillado
para nada la blanca túnica con
que el alma del pueblo se muestra revestida en las ocasiones solemnes.
Tal es el difícil dilema que la
Patria ha impuesto a los ilustres
ciudadanos que partieron pocos
días ha, rumbo al "Norte para trazar con sus codelegados las condiciones en que se ha de fundar
un tratado de µaz y amistad, que
tiene todos los visos de ser duradero, entre nuestro país y los poderosos y a la par ambiciosos vecinos que por desgracia nos deparó la suerte.
Por una parte oirán los gritos

desolados de los combatientes en
los campos de baralla; el inmenso clamor de cuarenta meses de
lucha fratricida que se escapa de
los campos empapados en sangre,
la cual corre en ríos brotando de
la tierra del mismo modo que dicen los creyentes que brotaba al
c::mjuro del Sumo Pontífice la
sangre de los mártires cristianos
cuando tomaba entre sus blancas
manos un puño de arena del circo de Roma.
Al salir del paí~, al considérarlo de lejos tendrán que ver que
de esos campos regados con sangre no puede brotar ninguna buena semtlla, lo que el arado fecundó durante treinta años, la
espada lo ha esterilizado en poco
más de treinta meses; donde antes se cogía hermosa cosecha de
·trigo ahora solo hay cadáveres
colgando de trecho en trecho a
árboles que están tan muertos
como los cuerpos que sostienen ·
los ferrocariles que en otro!&gt; tiem~
pos servían para llevar los sacos
rebozantes de maíz, llevan ahora soldados que van a la guerra
dejando hogares y familias v regresan trayéndolos heridos o
muertos.
La maldad de los hijos indignos de la Patria ha hecho todo
esto, y ahora es cuando el invasor extrangero quierP. interven ir
en nuestros asuntos nacionales,
con intención .que solo la historia puede calificar. Si los males
de la guerra intestina han sido
horribles, es probable que los de
la internacional lo sean más; espanta figurarse lo que suc(lderá.
Ante este cuadro los señores
delegados tendrán que pensar en
que el deseo nacional de paz y
de tranquilidad es muy justo; ya
se ha luchado mucho; la Patria
está casi agotada; su enorme vitalidad ha sido puesta a una prueba tremenda, es muy justo que
los soldados vuelvan a empuñar
el arado y dejen la espada; la paz
es una inmensa necesidad nacional.
Pero después de reflexionar en
todos estos horrores los señores
delegados verán aparecer una
forma blanca que les hará vol.
ver del país de los sueños do.
loro.sos para ir al de los heroicos.

«Yo soy, les dirá, el alma nacional, la blancura de mi túnica no
debe ser maculada ni con !asombra de una mancha porque, como
dice Soroastro, mi amor es como
un globo del que salen tempestades cuando se le hace una picadura; mi túnica ha sido puesta a
vuestro cuidado, estais obligados
a responder de su perfecta pureza el día que entreguéis de nuevo el precioso depósito que se os
ha confiado.&gt;

Doble ultraje nacional

Y entonces empezará la lucha·
las miserias y horrores prolonJ
gándose hasta e[ infinito por una
parte; las viudas, los huérfanos
y los cadáveres llamando a las
puertas de la compasión humana·
de los delegados, que al fin son'
hombres, y por otra parte el pueblo exigiendo que no se lastime·
en lo mínimo el altivo caracter
de su espíritu; que se le devuel ..
va incólume -;u honor.
Pocas veces creemos q ue se haya conferido misión más difícil
a un terceto de hombres; es cierto que el terceto es digno de la
misión conferida; ya Jo dijo el
Senado: "enviamos tres sabios y
tres hombres honrados," pero
aun así, deben tener momentos
en que se sentirán agobiados bajo e_l peso de la enorme respon sabtl,dad que se ha colocado sobre sus hombros.
Si s¡¡ len a van tes de ella, si regTesan a la Patria. como lo
esperam os. después de haber
asegurado la paz y trayendo incólume el honor de la enseña naciona l, habrá que erigirles un
monumento y si no es compatible una cosa con la otra y en su
conciencia está que es necesaria
la continuación de la lucha para
garantizar la blancura de la túnica del alma del pueblo, no hay
que perder los ánimos : la patria
les vivirá siempre reconocida por
su buena voluntad v si el sacrificio se impone, e~viará a sus
hijos a los campos de batalla para conquistar con su sangre Jo
que no se haya conseguido por
medio de la justicia y la razón.

J.

M. C.

ritari_nos invasores emplazando ametr~lladoras coo~ra los mexicanos sobre nuestro propio territorio.-Profaoa•
c160 del moonmento del Benemérito de América por hs metrallas del invasor. Fot. y clisé La Ilus, Sem.

�EL PEON CAMINERO
ror FRANCOIS corrEE, de la Academia francesa.

Su Magestad la reina de Bohemia,para los cuentistas ba~r~ siei:npre _uo
r eino de Bobemia,-v1a1a baJO el 10cógoito más estricto y más modesto,
con el nombre de condesa de SieteCastillos, y acompañada solamente por
la vieja baronesa de Georgeotbal, su
lectora, y el general Horscbowitz, su
caballero de honor.
A pesar de las estufas y las pieles, ha
hecho frío comtaotemeote en el depar,
tameoto reservado, y cuaodo la reioa,
caosada de su oovela inglesa o impa·
ciente de ver hacer calceta al general,
porqne el general hace calceta, desea·
ba contemplar por un momento e_l ca_m,
po cubierto d-e niev_e, ~en!a que hm~1ar
con su pañuelo el v1dno del ventao1ll0
cubierto de algas formadas por la con,
deosaci6n del vapor de agua. Realme_o·
te es un capricho singu'lar, y muy d1g•
no de una cabeza de veinte años, :1
qu, ba tenído Su Mag7st~d de pa!tar
rumbo a París en pleno 10v1erno, e 1r a
ver a su madre, la reina de,Moravia, que
había de ir a visitarla en la Primav:ra
siguiente A pesar de esto ha querido
pooerse en camino c~o una temperatu,
ra de diez grados ba¡o cero; la baroo_e·
s:i. tuvo que sacudir sus viejos reumahs•
mos, y el general, dese~perado, a~;iodo,
o6 un hermoso cubrep1és que te11a pa,
ra su bija política, y tuvo que coofor·
marse con llevar, para los ocios del ca•
mino, a penas lo basta~t~ para t~jer un.U:
medias de lana. El viaJe ha sido rudo,
toda Europa está cubierta de nieve, y
se acaba de atravesar la mitad de ella
con mucbot retardos y dificultades, por
ferrocarriles cuyo servicio está dernr•
gaoizado por el rigor de_ la esta~i~o.
l'or fin se acerca el término del v1a¡e;
se cenó en la estación de Macon, y aun
que esa noche también las estufas es·
táo casi frías y fuera revolotean blaucos
copos de nieve, la baronesa y e 1 gP.oe·
ral se han dormido bajo las mantas y
Jas pieles y sueñan, cada uno en su rio•
eón, con su próxima llegada a Par~s
donde la buena señora podrá cun:phr
con una antigua devoción y el general
irá en llegando, a uo expendio de la•
na~ de la calle de Sa int Honoré, único
donde podrá reponer . su estambre ver·
de gastado eo el camino.
La reina no duerme.
Febricitante y calosfriada bajo su
pe.lliza _de piel de zorro azul, con el
codo apoyado en el brazo del sillón y
la mano crispada entre el desorden ~e
sus magníficos cabellos color de paJa
que se e~capai:i de su coque!º ~tal_Pack&gt;
de viaje, sueña, con los o¡os abiertos,
escuchando las vagas y lejanas músicas

que las orejas fatigadas de los viajeros
creen percibir entre el ruido del galo·
pe de hierro del expreso. Por medio
del recuerdo pasa revista a toda su vi,
da y la pobre reina concluye que es
muy desgraciada .

o o o
Se ve otra vez como cuando era uua
princesita con las manos rojas y el pe·
cho liso, junto a su hermanita gemela,
a la que se ca~6 por allá en el Norte,
su hermanita a quien tanto quería, y
que se le asemejaba tanto. que, cuando
llevaban trajes iguales, había necesidad
de ponHles en la cabeza listones de
diferente color para distinguirlas. Era
antes de que la revolución hubiera derribado el trono de sus padres, y recordaba con gusto la atmósfera de la
corte de Olmutz porque en ella la eti,

queta se hallaba moderada por la bonhomia; era ea los tiempos en que su
padre el rey Luis V, que había muerto
ea el destierro, la llevaba de la mano
por en medio del parque para qoe tamara el café con leche en compañía de
su hermanita, a las cuatro de la tarde,
en un chalet de estilo chino invadido
por las viñas, de donde se veía el curso
del río y el aofiteatro de las moct, ñas
enrojecidas por el Otoño.
Después recordaba su matrimonio y
el grao baile de presentación, en aque•
lla hermosa noche de julio en la que
oía sobir el murmullo de la moltitud
que aodaba por las calles de los jardines inundados de luz ¡Cómo temblaba
cuando la dejuon sola con el joven
rey eo el invernadero! Sin embargo, lo
amaba ya, lo había amado desde la pri·
mera mirada, cuando se había adelao·
tado con el sombrero eo la mano, coo
uu aire tao elegante y distinguido, lle·

vando su uniforme azul lleno de dia•
mantes y haciendo sonar a cada paso
sus espuelas de oro. Después del primer
vals, Ottokar le había tomado el brazo
y acariciando su largo bigote negro, la
había llevado al invernadero, donde la
hizo sentarse al pie de una gran pal•
mera y después, sentándose a su lado,
le había tomado la mano con toda ama,
bilidad, y le había preguntado: e¿Princesa, quisiera usted hacerme el honor
de ser mi esposa 1&gt; Entonces ella había
bajado los ojos, se había ruborizado y,
conteniendo con una mano los latidos
de su corazón, contestó: &lt;Sí, sire,&gt;
mientras que los violines de los músi•
cos tziganos atacaban todos a la vez la
prime1a nota de la mar eha !cheque, ese
canto sublime d11 entusiasmo y de triun·
fo.
¡Ay! cuán pronto se había disipado
toda esa felicidad I Seis meses de enga,
ño y de ilusión, seis meses apenas, y
después, un día, poco aocEs del nacimiento de su hijo, una casualidad bru•
tal le hacía ver que estaba equivocada,
que el rey oo la amaba ni la había ama·
do nunca, y que el día siguieote de su
matrimonio había ceoado en casa de
Gazella, la primera bailarina del teatro
de Praga. Y eso no era todo! Supo tam•
biéu que ella era la úoica persona que
todavía la víspera ignor..ha la unión
del rev coo la condesa de Pzibrano, de
la que tenía tres hijos; a quien oo ba·
bía abandonado nunca aúo ea medio de
sus otros mil caprichos, y a quien babia
tenido la audacia de nombrar primera
dama de honor de h reina. El amor de
esta m11ri6 de golpe, ese amor tímido y
delicado qoe nunca se atrevió a confe•
sar a su esposo y que ahora comparaba
a un pájaro prisionero que ella mi~ma esto es por lo que, a veces, cuando se
había muerto entre sus manos un día sentía sucumbir al pesar y al fastidio,
por haberlo estrechado demasiado fuer, obtenía del rey licencia para ir a visi,
te en uo movimiento nervioso produci• tara la reina de Moravia que se halla•
do por el ruido hecho al romperse un ba refugiada en Francia; se escapaba,
se evadía como de una prisión, sola,
jarrón de porcelana.
iSu hijo! Seguramente, ella tenía on porque la tradición se oponía a que el
hijo y lo amaba ; pero cosa horrible! a príncipe heredero viajan sin su padre,
menudo, sentada cerca de la cuna do• y corría a arrojarse con los bra zos
abiertos al cuello de su madre, para
rada y timbrada con la corona Real, en
la que dormía su pequeño Ladislao, la llorar coo todas sos lágrimas.
reina-había sentido pasar por su cora•
Ea esta vez había partido re¡:entioa•
z6u como una corriente de hielo al mi• mente, sin pedir permiso, y después de
rar ese niño engendrado por un hombre
haber dado un beso en la lreote de La•
que la babia ultrajado atroz y cínica• dislao que dormía; porque estaba ya
mente. Además, nunca podía tenerlo loca de dolor y de vergüenza. La vida
enteramente para ell"; para ella sola. desordenada del rey era cada día más
No sucedía como en la casa de sus bue• pública; tenía matrimonios y familias en
nos padres, a los que una nueva revo, todas las ciudades de Bohemia y en to,
lución acababa de enviar muy lejos, y dos los sitios de can. Por todas partes
en aquella fastuosa corte de Bohemia se ríe de él y se cantan coplas por las
todo se llevaba a cabo bajo las reglas calles de Praga en las que se pregunta
más estrictas del ceremonial. Todo un satíricamente qué se hará con esa raza
enjambre de dueñas y de nodrizas se•
espúrea, y si, como en los tiem¡:os de
cas, damas viejas de aire señorial, re• Augusto el Fuerte, Ottokar hará con to•
voloteaba al rededor de la cuna Real, dos sus bastardos un escuadrón de guar•
y cuando la reina se acercaba para indias he honor. Para subvenir a los gasformarse de su hijo le decían eco ,toda tos de esta pululaci6o, el rey sacaba
solemoidad: &lt;Su Alteza tosió un poco
dinero de todo, agotaba y llenaba de
anoche ••.... Los dientes hacen sufrir deudas al Estado. El comercio de con•
a su Alteza •..... &gt; y le parecía que los decoraciones era escandaloso, y se cita,
alientos de estas mujeres soplaban sobre ba a un sastre de Viena que se había
su corazón de madre para helarlo y hecho rico vendiendo, por qoinientos
apagarlo.
florines, a los amantes de cruces extrau·
Ah! la pobre reina no podía más, la jeras, casacas negras en cuyas bolsas y
vida era demasiado mala para ella. Por ojales se encontraban los diplomas y

los distintivos de la orden más iluitre
de Bohemia, de una orden militar que
data de la guerra de Treint~ Años.
o oo
¿Q ué pa~a? El tren retard~ su marcha, se detiene. /Qué significa este alto
eo pleno campo raso y a media oocbe1
El general y la baronesa despierta o muy
iuquietos, y el Có ballero de honor, después de abrir la ventanilla, se asomó
para investigar, En el mismo instante
que la linterna del convoy iluminaba
la cara de gato enojado y la gorra de
nutria del general.
- lQué sucede? ¿A qué se debe esta
detenci6o1 pregonla el viejo Horscho•
witz.
-Lo que sucede, señor, es que va•
mos a tener que detenernos aquí por
espacio de ona hora cuando mecos . ...
Hay dos pies de nieve y es imposible
avanzar 1.... Los parisienses oo podráu
tomar mañana café con leche.
-Pero, cómo1 Tendremos que pasar
aquí una hora, y coo este tiempo!. .. ,
Sabe usted que las estufas están frías....
- l Qué quiere usted, señor ?.... Se
acaba de telegrafiar a Tonnere pidiendo una cuadrilla de barrenderos . • ....
Pero repito que tendremos cuando menos para una hora.
Y el hombre se alejó con su linterna,
del lado de la locomotora.
-Esto es abomioablel Vuestra Ma-

�jestad se va a acatarrar! sollozó la ba·
ronesa.
-Efectivamente, siento frío, dijo la
reina estremeciéndose.
El general comprendió que era el
momento de mostrarse heroico; salta
fuera del carro, se mete en la nieve
hasta las rodillas y alcanza al hombre
de la lioteroa. Le habla en voz baja.
-Aun cuaodo fuera el Gran Mogol,
no puedo hacer nada, respondió el em·
pleado. Sin embargo, nos hallamosfren•
te a la casa de un peón caminero; debe
haber lumbre, v si la &amp;eñora quiere b1•
jar ?... Eh! Sabartier?....
Se acerca otro hombre coo lioteroa.
,-Vaya a ver si el peóotieoe lumbre
en su casa.
Afortunadamente si hay. El general
se siente má.s feliz que si hubiera ga·
nado ooa batalla o terminado la última
tira de tejido de su famoso cubrepies.
Regresó al compartimento de la Reina,
dió parte del resultado de sos gestiones,
y, uo iastaote después, los tres viajeros
sacudían la nieve de sus zapatos delante de la chimenea del enarto del peón,
quien acababa de hacerlos entrar y, sin
quitarse su piel de cabra, se arrodilla
para echar leña.
o o o
La reina, sentada delante de la ale•
gre flama, ha arrojado su pelliza sobre
el respaldo de la silla de paja; ha qui·
tado sos largos gnaotes de Suecia y se
calienta las maoos mirando a su aire•
dedor.
Se baila en un cuarto de campe~ioo.
El suelo es el mismo del campo lleoo
de hollaocos y promioeocias; de los mu•
ros peod~o ramos de cebollas y de ajos;
atriba de la chimenea está suspendido
con dos clavos un viejo fusil de saltea·
dor, y sobre la mesa b'ay algooos trastos coo flores. El general no hizo muy
boeoa cara cuando vió en la pared el
retrato de Epioal; uoo de M. Thiers, y
Guibaldi con su blusa roja. Pero lo
que más ha llamado la ateocióo de la
reiua es, cerca del lecho y medio escondida por cortinas de tela rayada,
uoa cuoa de madera de la que acaba
de salir el gemido de uo niño que des•
pierta ;

En seguida el pe_ón se olvida del fue·
go, se dirige a la cuoa y la mece suavemente.
-Duerme, chiquita, duerme. No es
nada. Soo amigos de papá.
El hombre parece uo bueo padre,
coo su calva de San Pedro, so bigote
de viejo soldado y sus dos arrugas gran·
des y tristes en las mejilla~.
-lEs hijita de usted? pregunta la
reioa coo interés.
-Si señora, es mi Cecilia ... . El mes
que eotra cumplirá tres años.
-Pero .••. y su madre ?..•. interroga
Su Magestad con algooas vacilaciones.
El hombre mueve la cabeza sin res•
pooder. ¿Es usted viudo ?
El hombre vuelve a negar. Eotooces
la reioa, conmovida, se acerca a la cu·
na y mira a Cecilia que ha vuelto a
dormirse, apretando entre sus maoos
uo perrito de cartón.
-Pobre oiñital susurra.
-Verdad, señora, dice el peón coo
voz apagadd, ¿no es verdad que se oe•
cesita teoer muy poco corazón para
abaodooar a uoa hijita a esta edad?
Que me haya abaodooado a mí, es casi
justo, yo tengo la culpa por haberme
casado con una mujer mucho másjoveo
que yo y por haberla dejado ir libre·
meote a la ciudad doode ha hecho amis·
tades ioconveoieotes .... Pero abando•
nar a este amorcitol Verdad que es uoa
iafamia! Eo fio .... teodré que educarla
yo solo! .•.. Es difícil en razóo del ser·
vicio ... •Eo las noches me veo obligado
a abaodooarla con frecuencia, lbraodo
y gimiendo, cuaodo oigo el ruido del
treo .... Pero eo el día la llevo coomig1;
ya está muy aguerrida, oo tieo!l miedo
al ferrccarril. ... Mire usu d, aytir la
llevab1 en mi braz::, izquierdo mientras
q ne coo el derecho presentaba mi fa·
nal ; pues ni siquiera se estremeció al
paso del rápidb .... Lo que me causa.
más molP.stias es tener que coserle sus
cofias y sus vestidos . ... Por fortuna fuí
cabo de suavos eo otro tiempo y coooz•
co uo poco el hilo y las agujas.
-Pero, bneo hombre, continúa la
reioa, ese es no trabajo demasiado difí ·
cit. .. . Oiga usted deseo ayudarle ....
Debe haber eo los pueblos de los aire·
dedores, y aúo aquí mismo, personas
caritatilas que quieran encargarse de

cuidar a su cbiqoita . .-~. Si es cuestiótt
de dioero .....•
El peón movió nuavamente la .cabeza
en señal de oegacióo.
-No, mi buena señora, oo. Yo no
soy orgulloso y aceptaré de muy buena
gana lo que se quiera hacer por Ceci•
lia ...... pero no me separaré de ella
por oada, ni uua hora.
- Pero ¿por qué?
_¿ Por qué ? Porque yo no me fío de
nadie sino de mí mismo para hacer de
esta oiña lo que no ha sabido ser su
madre ...... uoa mujer honrada! Pero,
perdón, señora, l quisiera usted teoer la
bondad de arrullar uo poco a Cecilia? ...... Me necesitan eo la vía.
o o o
l Llegará a saberse alguna vez lo que
pensó la reioa de Bohemia durante
aquella hora que pasó arrullando a la
bija de un peón caminero, mientras que
el general y la baronesa se fastidiaban
jo oto a la lumbre ? Coaodo el jefe del
tren abrió la puerta y gritó: &lt;Señoras y
caballeros, el tren va a cootiooar .... al
treo&gt;! la reina depositó en la cuoa de
la pequeña Cecilia su portamonedas
lleno de oro y el ramo de violetas que
llevaba a la cintura, y eo seguida subió
de ouevo al vagón.
Pero Su Majestad oo p isó más que
dos días en París; regresó en seguida a
Praga, y oo se ausenta de allí casi para
nada, consagrada po1 completo a la edu·
cación de su hijo. Las institutrices y
dueñas que se encargaban del cuidado
del niño disfrutan ahora de verdaderas
~ioecuras. Si cuaodo el pequeño Ladis•
lao crezca hay aún reyes eo Europa,
será lo que no ha sabido ser su padre:
un bueo rey. A la edad de cioco años
ya es muy popular, y cuaodo viaja con
su madre eo los bueoos ferrocarriles de
Bohemia, que camioao a paso de ómni•
bus, y ve por la veotaqilla a uo guar•
davía que lleva eo brazos a su hijo y
hace señas con su faoal; a uoa indica,
ca cjón de la. reioa, le envía no beso con
h puota de sos deditos.

Chapultepee,

(Traducido especialmente para &lt;Arte
y Letras,).

Tres aspectos de la peregrioacióo que ful el domio·
go a la Villa a implorar la mediación divioa
para el arreglo de nue~tras dificultades
nac\onales.-Fots. Lnpercio.

_Bajo la sombra del boscaje espeso,
mirando la postal que adjoota eovío,
!Cómo he pensado en tí, dulce amor mío
coo profundas nostalgias de tu beso.
'
... . Eo la cima, el Castillo ... . y en la falda
prad~s que adornan coruscaotes flores.
Avec1lias que caotao sus amores
eotre las ramas verdes de esmeralda.
Cisnes gallardos de oevada pluma
c~rtao el lago que los vientos rizan.
Ligeras lanchas por doquier deslizan
dejando estelas de argentada espuma.
&lt;Por qué no estás aqoí para que a solas
en _nuestro eSGOife, al golpe de los remos,
uo1das nuestras voces entonemos
románticas y bellas barcarolas?
PEDRO PONCE DE LEON

�Cuartillas de Ensueño

del coito de lo bello, la que nos recuer,
da la dulce superfluidad de la contem•
plación artística, la que nos hace pen·
sar en elegantes imágenes y en emocio·
nes profundas.
Es )acrónica • .. . .... ....
Pero no, no proseguiré en esta forma,
COMO PREAMBULO
abandonaré la legión de fras1:s que se
levantan en mi memoria con arrogan,
cías conquistadoras, más vivas aún que
la mano ardiente que ahora c~cribe es•
E s la crónica una rica joya arranca• tas líneas.
d a dd prefacio monumental, jaspe y
He pensado largamente, y confieso,
oro, qae sirve de pórtico a esa rara pa• be sentido temor de escribir semana l•
goda de las letras levantada por e~cri· mente en esta página, porque creo que
1ores de genio . . .... 1
mis esfuerzcs uo corresponderán jsmás
E s la crónica como la abeja de oro a la radiante y bella idea que persi·
que sintetiza el recuerdo y que fabrica go.
sus panales en la, grietas de los tem•
¡Cuando se arrastra la vista por el
plos derruidos, en las viejas a !menas cieno entre miserias no tiene el pensa•
que empurpuró la sangre de los hé roes; miento fuerzas para levantarse al C iew
e a los vetostos palacios donde estalló la lo !
cólera de los reyes, o se alzaron al cie)Qué dificil y caosadn es meditar en
lo, como lirios eucarísticos blancas ma,
estos días de pasión y desenfreno, sobre
nos de princesas.
algo fir!Ile, constante, no mudable coEs la crónica a semE'janza de rico
mo esa alegria falsa que cro za muchas
cofre de sándalo que periumara de con·
tíouo la vida social, " una Esfioge de veces por las calles!
Contemplad ese cuadro de mudo do•
pórfido tallada al Sol por un geni.. 1 eslor en los c.i.mpos, en los que se levancultor galante y cortesano . . ... 1
Es la crónica como la yedra que ta la tosca imágen de la Rebelión y se
tiende brocados sobre las úlceras del ;,.nuacia con sos resplandores rojizos la
tiempo. y c•1bre los hombros seniles de guerra santa, como visiones trágicas, de
las rotas murallas, o las altas ojivas da sangre y exterminio, et1 tanto que los
siete pecados capitales recorren la ciu•
los claustros solitarios, en donde vaga
el recuerdo de albas tocas y rostros pá• dad y se confunden con la turba doliente y agitada, como una carnavalina
)idos de Vírgenes.
Es J,. crónica en este siglo de oro y comparsa en son de bullicio descarado
de la prosa, cuando el materialismo se y ruin.
impone quedando agonizante el Cisne
Y sin embargo, en este torbellino que
del Ideal, la panacea del goce estético destruye y aniqail~ . hay bechos q11e nos
en nuestra alma dolorida, la que babia vencen y nos subyugan, y que merecen

eot,ar en el marco de terciopelo y orn
de la crónita.
Y a veces, ¡quién sabe! esos aconte·
cimientos que nos conmueven, son les
más sencillos, los que logran toda nuesw
tra atención, y que más tarde son ungi ·
dos por el aroma de una tierna poesía.
Y es por eso, ante el contraste de es·
tas ideas, por-Jo que se irguió en mí la
resoh:ción de escribir estas humildes
crónicas, no estilo brillante y perfuma•
do como yo quisiera, sino tan solo bus·
cando sif mpre, poner de pie y en so
ju, ta oerspectiva a la sincerid~d.
Y bien, ya que brever:1eote be ex·
puesto el por qué ha nacido en mí esa
resolución, cabe aquf, para terminar
este preámbulo, aquella frase del gran
bohemio Alejandro S 1wa : &lt;Yo ten¡¡o
calor de soles en mi pecho, oara los
que aman lo bello y lo azul, mucho
azul, enormidades cerúleas, para los
ingenuos que me ayudan y acomodan su
vid" a las mutaciones de mi alma ... . &gt;
Es la crónica ... . . .
ARM ANDO VAHGAS .

0000

L ?s señores Lics. Rabasa, E lg uero y Rodríguez, delegados por México a las conferencias de Ni.;ga ra Falls, momentos
antes de embarcarse en la estación del ferroc u ril Mexica~o.

DE V~R~CRUZ. -Oficiales mexicanos y ameri canos en Te jería, puotn hasta donde llega )a vía del Ferrocarril Mexi•
cano. -El ultimo reducto de las tropas federales a las órdenes _del general Mass.-Muertos eacontrados en las afueras de
Veracruz.-Fots. y clisé de La llus. St:m.

�CONFIDENCIA
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Marta:
A usted he considerado siempre como a la mejor de mis amigas, como ....
¡A que nól dirá su corazón por lo bajo,
a que otras antes que yo le han suscita·
do más simpatía, a que ...... ¡Nó siga
usted Marta, no siga levantándome fa!•
sosl ¿qué sabe usted de las Intimas pre·
.ferencias de mi alma, qué sabe usted
de lo que he ·acariciado aqu! dentro,
muy adentro de mi ser?
Créame; usted ha sido y es mi mejor
a miga y comn tal, reciba esta confiden·
cia para que me cure, o al menos, para
que mitigue mi pena con alguna de sus

encantadoras sonrisas o alguna de sus
miradas terriblemente bellas .....
Usted me habrá observado triste ; pe·
ro no siempre be sido triste, no siempre
be mirado d mundo con ojos llenos de
lágrimas: no siempre he sonreído con
esa sonrisa que parece mueca fnnera•
ria; no siempre be dicho: la qué vivir
más! ¡oh, cuánto tarda la muerte! ¡si yo
tuviera valor para aniquilarme, para
arrojar el harapo de mi existencia a la
voracidad de los gusanos!. .....
Yo era alegre, Marta, y mi risa era
fresca y ~spontánea como agna de manantial, y mi risa era un canto que ha•
cía florecer la alegría en el alma de mis
amigos; yo era alegre como las aves,
como los campos, como el cielo azul.. .
¡Quién lo diría! Ahora soy tan triste,

que jamás podrán adivinar en mi paso
tardo y cansado ese mi antiguo andar
pre!to y locnelo; ahora soy tan triste
que nadie podrá descubrir en la flaci·
des de mis actitudes, el secreto encan•
to de vivir que antaño tonificaba mi
cnerpo haciéndolo enhiesto y hasta her•
moso; ahora soy tan triste que de mi se
desprende como una atmósfera de sue•
ño y pesimismo, y cuantos a mi se acer·
can huyen como asfixiados de mi triste·
za y lmíreme usted, Marta, qué sólo me
quedo con mis penares! ..... .
Y no crea usted que no lucho la! con•
trariol Lucho desesperadamente por
ser transparente y bullicioso como el
agua que se desgrana en argentinas so,
noridades al chocar contra el mármol
de ancha fuente; pero, l qué quiere us·

Miembros prominentes de la Cruz Roja de Aguascalientes, reorganizada recientemente.-Fct R Rojas.

Sr. Lic R 1món Sánchez Gutiérrez, que
contraerá matrimonio próximamente.
ted? mi esfuerzo es vano y no veo sino
niebla, niebla que me enturbia el horizonte de mi existir, que me vela los co•
lores de las flores, que me ahoga hasta
las melodías inimitables de los pájaros
que cruzan por el aire repitiendo csu
nombre&gt;
Marta, Marta, ¿ por qué estaré tan
triste? ¿por qué? ..... .
lNo se lo dice usted a nadie? Iguar·
dará este secreto? ...... ¿Sí? ...... Yo
creo estar triste (¡ no se lo diga a na,
diel) porque ...... porque ¡estoy ena~
morado!. ..... ¡enamorado como un lo•
col y tanto, que las horas se me pasan
pensando en ella, pensando en ella ¡tan
hermosa! ¡tan hermosa!
!Oh, si usted la conociera, compren~
dería la razón de mi mal y me perdo•
naría tanta locura .... (¡Cómo no había
de perdonarme si es usted tan compren•
siva y tao buena!) Mire, Marta, se la
voy a describir en unas cuánhs Hneas.
Dasde luego, toda ella es un primor:
donde quiera que se posen mis ojos en•
cuentran, regocijados, una hermosura,
Y con lentitud avara y deleitosa se po·
nen a recorrer la extensión florida de
su cuerpo menudo y repleto de gracia.
Primero, mis ojos van a los suyos obscu •
ros, abrillantados, y con alegrías celes·
tes sumerjo mi alma enamorada en las
profuudidades de sus papilas y siento

como un goce venido de lo alto y siento
que la vida es intensamente bella; luego, despaciosamente, se Extiende el mi
rar de mis ojo~,.....con fruición de contacto sedeño-sobre su rostro oval y
marfilino donde se desparrama un flui·
do de rosas que se acumula y estanca
en sus mejillas carnosas, donde la ne·
grura de su pdo oculta la frente que se
asoma por los huecos del fleco celoso,
donde unos labios delgados, húmedos y
rojos, rojos como rubíes, prometen un
parafso de agudos y dolorosos deleites;
después, ansiosos de embeleso, van mis
ojos a acariciar las morbideces castas
de su ,eno y las curvas que en jufgo de
belleza reptan por la gentileza de so
cuerpo ...... ¡Oh el prodigio de sus ma·
nos gordezuelas y suaves hechas para
ahuyentar los más tercos dolores que
como moscas nos asedian en esta viJa
miserable! ...... ¡Oh la arquitectura de
sus brazos hechos para encadenar con
eterna y dulce presión el busto del
amante desfallecido y tembloroso de
pasión y de felicidad! ..... .
Mis ojos, infatigables, repiten venturosos, una y otra vez, ciento de veces,
miles de veces, el divino viaje por la
extensión florida de su cuerpo menudo
y repleto de gracias, .... .
1Cómo son eternos mis goces efíme•
ros, cómo son '!ternos!. ..... Contem•
plarla, es para mí un día de fiesta, y
sólo de imaginar que voy a estar cerca
de E)la, siento que mi corazón corre y
brinca y palmotea y grita como chiqui·
llo que sabe lo van a llevar a paseo. La
distancia, por corta que sea, se me an•
toja enorme, y aunque un solo minuto
me falte para verla pienso en lo infinito
del tiempo ......
/Ya comprende Ud. ahora por qué
estoy 12 n enamorado~ Tal vez; pero
quizá no se explique la razón de mi
tristeza, porque, después de todo, no
todos los enamorados son tan tristes co·
mo yo. Estoy triste, porque adivino,
porque &lt;siento&gt; que estoy muy distante
de su alma, que, no obstante mi trato
con ella, y mi amor que como un aro·
ma de mí se desprende- invisible-me
desprecia y . . . ¡que sufro mucho, Mar·
h, mucho, mucho! ..... .
¿No dirá Ud. a nadi, la causa de mi
tristeza? ..... .
¡Gracias, gracias!. . ..
Yo no sé por qué siento algún con•
suelo al saber que Ud. únicamente co·
noce el motivo de mi incurable murria;
me parece como si algúu rayito de sol
iluminara mi conciencia, como si ..... .

¡vamos! que me siento mejor al conht
mi mal a la mejor de mis amigas.
¿Me sonreirá Ud. cuando me vea ? ..
1Me verá Ud. con alguna de sus mira·
das terriblemente bellas? ....
Su rendido amigo, FERNANDO
MIGUEL A. CEVALLOS.

Crepuscular
Para &lt;Arte y Letr s &gt;
Eo la bruma del ocaso
Apelo se reclina soñoliento,
y despliega el crepúsculo sangriento
su primorosa túnica de raso.
Albas nubes que flotau al acaso
empañan el azul del firmamento,
y la caricia plácida del viento
va rizando las frondas a su paso.
Tras el bosc:ije túrbido que ondea
se dibujan las torres de la aldea
entre gasas de nubes vagarosas.
Y en el pardo y vetusto campanario
resuenan ingnietantes y llorosas
las esquilas que llaman al rosario.
REINALDO E SPARZA MARTINEZ.
Enero XIV.

Srita. Guadalupe Iglesias y Carrera,
que contraert matrimonio
próximamente.

�Las últimas obras

de Angel Zárraga

El Aviador.

S.n Jorge.

(CONCLUYE)
En su &lt;Ilhuicamina», en su
«David&gt;, en su &lt;San Jorge&gt;, tan
fresco, tan puro, y en su &lt;El Pájaro&gt; ha resuelto, con holgura
artística, un proulema de movi miento, que se hace vivo por un
juego de líneas, cuyo desarrollo
se cumple en perfecto orden lógi-

co, dentro de un gusto caracterizado por su sello de serenidad .
No hay violencias de color ni estridencias de dihujo. El dibujo
es siempre sabio, harmónico y ceñido, como un razonamiento de
rohu~ta mente. Si del cubismo toma Zárraga las preocupaciones
de plan y el estudio de volúmenes, más bien como finalidad es-

tética que por pura especulación
cerebral, una idea concreta preside en larealización de sus obras:
éstas nacen previamente concebidas, no como resultado de tanteos de espíritus sin luz. En &lt;Ilhuicamina&gt;, por la misma opacidad de tonos térreos, como si fueran huérfanos de sol, resplandece
el sentido legendario de la raza

mexicana. Algo de remoto, con
ser muy moderno a lun tiempo,
palpita allí. Representa un motivo decorativo con gran fuerza
de vitalidad, y con clara, muy
clara significación simbólica. Zárraga cumple el milagro de transportarse y transportarnos a un
pasado de fabuloso heroísmo. Lo
cumple, además, con una fuerte

penetración de su raza, y como
ningún artista moderno lo ha logrado; puede decirse de él que
ahora, en verdad, delinea y orien.
ta su personalidad. Con un dihujo ágil, con un pincel ágil camina derechamente por los planes
atmosféricos en &lt;El Pájaro&gt; ese
aviador que produce, estédca y
físicamente, la sensación del ale-

teo. Lo mismo puede decirse de
su «David&gt; y de su «San Jorge&gt;,
uno con su verde, otro con su
amarillo, ambos admirables de
concepción y de ejecución. Zárraga, pues, triunfa en toda la línea
en esa obra de decoración exterior.

�Vida Naciooal.- Aspectos de la temporada de pesca eo el lago de Chapala,

¡mpresiooes fotográficas tomadas eo

5U

recieote viaje, por el artista doo Gerónia:o Heroá11dtz,

�IHeroismo!
Episodios Nacionales

No había avaozado veiote pasos cuao•
eo un oficial de la marica yaokee Id
salió al encueotro, y con frases poco
galantes le hizo una declaración de
amor.
Ella trató de t:sqoivar aquel inesperado encuentro, pero él la detuvo con
fiereza e indigoado preteodió apode•
rarse de ella a viv~ fuerza.
En aquellos momentos y como eovia•
do por la Provideocia, acertó a pasar

Daoiel, guapo y foroido mozo de unos
veinte años, primo de Matilde, y des·
pués de sostener una lucha breve pero
reñida (con aquel aventurero) logró
apoderarse de su prima y salvarla de
las garras del pirata que trataba -de ul·
trajarla.
Uoa vez que se deshizo de su adver·
sario, acompañó a Matilde hasta su ca·
sa y ella, poseida de gran temor, juró
oo volver a salir de su n-orada, para

P.. ra &lt;Arte y Letras.&gt;

Era el crepúsculo de la tarde. El sol,
velado por ligeras oubecillas que vola•
bao impulsadas por un suave oorte,
apeoas dejaba ver de vtz en cuando su
riorada cabeller~. y sus rayos encendí•
dos caldeaban aún el ambiente de aque•
lla tarde triste y sereoa.
El iovasor yaokee, posesiooado ya d~l
puerto, babia fijado ya sus tieodas por
doquiera, y la ciudad seml¡jaba un
eoorme campamento dispuesto al com·
bate al primer toque de corneta.
Matilde, la dulce Matilde, que pasa•
ba largas horas del día clavada eo su
labor, bordando primores para sosteoerse y sosteoér a so hermaoa mayor,
que bacía largos años se eocootraba pa·
ralítica, en aquellos momentos salla de
su humilde morada,llevaodo coosigo su
l~bor ya terminada, para coovertirla eo
el pao cuotidiaoo que debía alimeotar
a aquellos dos seres desberedadcs de
la fortuoa.
Matilde oo era bella, pero su pálido
semblaote y sus negros ojos, que eoce·
rrabao uoa in6oita melaocolia, la ha,
cían ioteresaote en grado sumo. Sn
cuerpo, ligero y esbelto, se cimbraba
como frágil palmera y sus menudos pie·
ct:cillos, al andar, apenas rozaban el
pavimeoto.

..

1 vitarse eocueotros tan desagradables.
Pero el tenaz oficial no ha·
b!a dado por termioada su
conquista, y se oropuso seguir
a Jo lejos a Matilde, hasta ase,
guaarse bien de su domicilio.
No quiso, sin embargo, insistir
aquel mismo día en sus dia·
bólicos 6oes. Dejó pasar tres
o cuatro, a fio de iospirar a
su víctima mayor coo6aoza.
Una noche en que la iofe•
liz Matilde vióse precisada a
salir para entregar algúo tra•
bajo, el imbécil oficial, que
espiaba desde ooa esquina,
oo bien la hubo divisado. se
avalaozó sobre ella y asiéo·
dola del talle la tomó en sus
brazos coo el 60 de llevarla
consigo, pero ella, con rara
habilidad, logró deshacerse
de su verdugo, en un moví•
miento que lo hizo rodar por
tierra.

o o o

NUESTRO PAIS,-Vista5 del puerto de Eoseoad.i. en la Baja Califoro ia.
Sritas alumnas de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, recibiendo eost:?aozas para eufermeras; fabricación de veodas

Por seguoda vez habíao
fracasado los places del iofe,
liz yaokee, pero su seguoda
derrota habíalo exaltado más
aúo, y se propuso perseguir
a Matilde basta lograr su ob·
jeto.
Matilde, eotre tanto, hallá•
base acongojada sio saber
como evadir la persecución
de aquel pirata, que por el
solo hecho de formar parle
del ejército iovasor, cau!ábale
profaoda repugoaoci'a. Esta,
ba, sin embargo, resuelta a uo

�El libro de Ana

suprem, sacrificio antes que eatreguse
en manos de ..quel aventurero.
No había transcurrido una semana,
cuando el cuitado oficial, dispuesto a
jugar su IÍltima caria, se dir'igió a una
taberna; ingirió gran cantidad de wis•
key, y mascando una pastilla de inmun•
do tabaco de Virginia, se encamióó ha•
cia la morada de Matilde, resnelto a
apoderarse de ella, viva o muerta.
Bajo el influjo del alcohol, ll(gó ja•
deante al pie del balcón; llamó a la
puerta, y Matilde, que ignoraba quien
pudiera ser aquel noctnrno visitante
abrió, encontrándose con gran sorpresa
soya, frente a frente con su tenaz: per•
segnidor. Este, al verla pálida. e iomó·
vil, traspmo al dintel de la puerta; la
cerró de nuevo y con aire de triunfo
se avalanzó sobre ella, estrechándola
entre sos brazos. Esta vez lo consiguió
sin esfuerzo al6 uno, pues la infeliz Ma·
tilde, fuera de si, no pudo oponer resistencia alguna a los esfuerzos varoniles
de so invasor.
El yankee, en un arrebato de locura
alcohólica, atrájola hacia él, y dándola
un beso en los labios, con su boca io•
monda, dijola con furia:
-Ohl ha llegado el momento de que
seas mía.... .
Este fué el grito supremo que desper•
16 a Matilde de su profundo letargo. No
bien hubo escuchado aquellas frases, se
deshizo de los brazos de so verdugo y
enfrentándose con él, le dijo:
-Sí, seré tuya dentro de unos instan•
tes. Espérame aquí mismo-y veloz co•
mo un rayo voló hacia la alcoba en don·
de yacía so hermana inmóvil, testigo de
la anterior escena.
-Hermana míar la dijo-ha llegado
el supremo momento de morir. Mura·
mos, sí, antes que entregarnos en manos
del pirata yankee, que viene a arrao•
carnes nuestra honra, IÍnico tesoro que
poseemos-y tomando coa mano trému·
la un frasco que encontró a su alcance,
vertiólo en un vaso, dió a beber a su
hermana parte del contenido y ella es,
caoció el resto, cayendo ea seguida a los
pies de aquella, livida, fría, desencaja•
da, pero sin haberse entregado al bru•
tal invasor . .... .
LU[S G. CABALLERO.
o o o

A VICTORIA ROLDAN.

I[

Tarde triste, sol de invierno,
noche negra, pena, olvido,
todo eso llevo escondido
dentro de mi corazón.

Para " Arte y Letras."
I

Es este libro amable de recuerdos lejanos
hecho para posarse entre tus blancas manos;
para que en él, tus ojos-dos estrellas dormidasrecorran estas páginas que tienen de dos vidas
encerrados los ecos de un amor muy humano,
cual caracol que guarda los ecos del Océano ....
Este libro amable, la canción que ritmamos
Ana y yo. Sus estrofas a recordarlas vamos
•a media voz, mny qnedo .... con timidez cobarde,
cuando apaciblemente agonice la tarde;
cuando en tu casto seno se desmayen las flores
y tos divinos ojos irrradien resplandores,
y la rosa escarlata de tu boca E&gt;ncendida
comulgue con mi boca el beso de la vida
que diviniza el alma y pone el calosfrío
eo tu cuerpo demármolyderosalbieomíol
o o o
E.o el jardín florido, en el jardín silente
&lt;nieotras musita una égloga virgiliana, la fuente,
en el banco de piedra, bajo la verde fronda,
leeremos estos versos de ternura tao honda,
de ternura iofloita, de amorosos dese.ayos;
de voluptuosas mlÍsicas, de iooceociasde Mayo,
de quejas al oído, y de besos alados
y suspiros muy tristes, en los pechos ahogados .. ..
Los leeremos muy quedo; con timidez r.obarde
cuando apaciblemente agonice la tarde;
cuando en tu seno pose mi cabeza, y concluya
tu beso, con la frase sonora de c¡Soy tuya ... . !!&gt;
o o o
Y Aoa-lpobre muertal-a cuyo nombre labro
de tristeza y de amor,-crnzará por el libro
amable y misterioso, de recuerdos lejanos.
hecho para el enea.oto divino &lt;le tus manos .... 1
JULIO A, MU~IZ.

Después de tanto caminar, y tanto
hablar de cosas tristes y sencillas,
llegamos a un humilde camposanto
de estrechas y polvosas callecillas,
-No te llenes de pena ni de espanto
si miras mucaas flores amarillas,
Me dijo, conteniéodosele el llanto
que ya surcaba raudo sus mejillas.
¿O no te gusta visitar no día
como éste la mansión pálida y fría
docde reposa la materia inerte ?....
Añadió con acento lastimero,
y penetramos ambos, yo el primero,
al tenebroso campo de la muerte
I[

El sol brillaba aún. Aves cansad1s
a pasar empezaban ate1 idas
sobre aquellas paredes empolvad;is
y aquellas ramazones retorcidas.
Un fuerte olor a tumbas destapadas
llenaba aquel recinto, adonde heridas
hao ido tantas gentes enluta das
de ojos llorosos y alm1s entumidas,
Ni un canto, ni un rumor, ai uaa que•
(rella
que llegara a turbar la calma aquella
donde gemí también para mi d !ño,

(Del libro en preparación: &lt;Las joyas de uaa Muer·
pue,s nunca. como entonces, ea un grito
ele horror, hube acusado al iafiaito
de un hondo malyuograndedeseagaño.

11)

Yo no sé!

RIMAS DEL ALMA
Para "Arte y Letras."
I
Eres ave, nube, brisa,
girón de cielo, fragancia
de flor,
eres hálito de amor
· o gorjee de una sonrisa.
De tu imágeu imprecisa
guardué la vaga idea,
y ojalá que siempre sea
tan mío tu corazón,
como la maña.na aquella
en que de tu imágen bella
quedó prendado mi amor!

TríptiGO del dolor

Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Fotografía artlstica.-El :uño y el perro por E, Navarro.

Más ... ,Ai tus ojos me miran
la dicha vuelve a mi sér,
y coa fuego del querer
en que tu alma fulgura,
Tarde alegre, noche blanca,
oración piadosa y franca
es mi amada linda y pura!
III
¿Qué bicistes del alma mía
qoe a la tuya voló un día
sedienta de tu ternura?

Di ¿la guardas todavla.?
~ ya

le distes lá ventora?
Vivir sin alma no es vida
y de la mía dolorida
ya no sé,
porque la tengo perdida
desde el día en que te adoré,
Eres mi cielo, mi fé,
mi asperaoza mi fortuna,
pero &amp;.lma .... no sé por qué
yo ya no tengo ni oguoa 1
CARLOS MEDELLIN.

Acaso eres estrella de la noche enlutada? ..... .
Acaso eres perfume oculto de violeta? ..... .
Acaso eres la musa de exótica mirada,
que despertó en mi alma las ansias de poeta ?....
Eres acaso el ritmo de estrofa modelada
por las orquestaciones de la noche secreta? ..... .
Acaso eres flameante fulguración de bada,
que domeñar pudiste la furia de un atleta? ....
Yo no sé lo que eres! Solo ré que en la viila
eojagaste las lágrimas de una ilusión perdida
y a mi cansado n\Ímen le volviste la calma.
Sólo sé que tu nombre es para mi una nota
de armónicos arpegios que en mis tristezas brota
de las arcaicas cuerdas temblantes de mi alma.

III
. -Te a¡(rad ieste logar ?-balbutió apenas.
No; la dije... y deshojó afanosa
una porción de castas azucenas
sobre el reciente mármol de uaa fo ia.
Despüés... no supe más ,. sentía en mis
(venas
uoa presión intensa y dolorosa ....
Ella estaba magnifica en sos penas
y, más que una mujer, era uca diosa ..
mas uoa diosa errante y defgr2ei . da,
y por eso maldije la morada
donde repoaa la materia iner te ....
Arriba, en el cenit, fulgía uo lucero ..
y abandonamos ambos, yo el primero,
el tenebroso campo de la muerte.

AGUSTIN LOPEZ ARCINIEGA.
Gua.dalajara, Marzo de 1914.

ROSEN DO~SALAZAH,

�do corazón de la mujer.
Costumbrista, observador
cruel más bien, Beoaveote
en el foodo amoral se limi•
ta a desgranar alguoospeosamieotos magistrales co·
mo Buckingbam perlas ao•
te ~u dama real y .... el
conflicto sill(ue adelante
con la cobarde concesión
(al público) de no deseo·
lace tierno que nunca ofre,
ce la vida,
Y es que Beoaveote en
el fondo, no es más que
un irónico genial: como
todos los genios.
Por otra parte al públi ·
coa lacmasa&gt; y el público
es en todos lados cmnltitud&gt;, le desagrada la Ver·
dad.
Y sin embargo qué incalcu la ble renovación y es•
fuerzo el de ese teatro
que ha hecho más por el
nivel cultural de Españ t,
que toda la vida moderna
que resbalara sobre en~
durante ceoturias enteras,
como cae el agua por el
plumaje, impermeable dd
cisne •.... .
Y ¡obl orodigiol
El mexicano público oyó
complacido: escuchar a
Beoaveote en América, es
casi un !íotoma.
_ Bien baya el gran espa•
no!.

Teatrales j
La reprise de &lt;Rosas de Otoño&gt; en e1 Mexicano, ha cla·
vado la rueda del creciente y merecido favor que dispensa
el &lt;horoorable&gt; a tao hermoso coliseo.
Verdad es. que la compañía entera. se desvive y afana
por merecerlo.
e Rosas de Otoño&gt; obra beoaveotiaoa, hasta el hueso, lle·
gó hasta al idem de nuestro público, y la razón es obvia.
El medio en que se desarrolla: burgués basta dejárselo
de sobra.
A pesar de rus defectos (sobra de exposicióo, alguna lao·
g uidez, y demasiada preparación para llfgar a las escenas
culmioaotes del terce r acto) es &lt;Rosas de Otoño&gt; a juicio
ñel crooista una de las más atinadas creaciones de Don
J1cioto.
Sobre tofo en psi_cología mujeril ; por más que el ca•
rácter de &lt;Carmen&gt; no sea todo lo verdadero que fuera
de desear.
Ed cambie• cuantas, y cuantas, abnegadas &lt;Isabeles&gt;,
no hemos conocido todos?
El grao comedi5~rafo, no apunta (y hace bien) oioguoa solución al grao problema sexual alrededor del que
gira en mariposeo amoroso Gonzalo, clavando las garras
de mi inconsciencia, enteramente mascolioa, PO el delica-

o o o

Transformaciones y caracterizaciones de Ricardo
Mutio, el popular actor del teatro Mexicaoo.

La interpretación de e Ro·
sas de Otoño&gt; fué exceleo•
te.
Hasta Parra, asómbren•
se ustedes, basta Alfonso
Parra, libre del alborotado &lt;tupé,&gt; ostentó un pei•

Nuestra_ compatriota, la actriz Virginia Fábregas, que estre•
nará próxtmameote &lt;Ramón Lull,&gt; drama escrito especialmente
para ella por D. Joaquín Diceota.

nado &lt;chic&gt; (raya en medio) desenvolviendo con
bastante callare&gt; dentro
del correcto frac.
Emilia Castillo, &lt;super&gt;
en su soberbio papel de
fierecilla celosa.
Laura, Matilde Cires
S á n c be z , enteramente
&lt;convaleciente&gt; de su pre·
cioso papel hecho a tira•
buzón.
Luisa Amparo de la Gar•
za ...... hecha una &lt;gar•
za&gt; huida y sin plomas.
Josefina, muy guapa,
(muy exagerada la ctoille·
te) y discreta en el desem •
peño de su papel.
De P rudencia, ¿qué de•
cir?
Tierna, bumzo~ima, inspirada y genial bordó su
&lt;role&gt; con la maestría y
grao . coocieocia artistica
de qne ella sólo es capaz.
Mntio, la discreción be,
cha carne, afortuoadisimo y sobrio, &lt;realizó&gt; un
Goozalo que para sí lo
q uisieran muchos actores
ultramarioos de esos qne
solo por serlo, se les auto·
ja ha ya de revereociárse·
les como eminencias.
Muy bien don Joaqnín
en el mutis del tercer ac•
to.
En soma, uoa grao obra
excelente interpretación,
rrgnlar &lt;mise en sceoe,&gt;
y ctre mile&gt; peseta (por lo
menos) en la florecieo te
taquilla maureotania.
¿Y luego se dirá qne el
arte no da nada?
No tanto, caballero, no
taoto . . .. . .
DON NADIE.

�"Ramón Lull"
Fragmento de la leyenda dramática, en verso,
original de D. Joaquín Dicenta, que
estrenará Virginia Fábregas.

ESCENA Vill
Catalina,-La infanta de Arag6n.-Estrella.-DamaJ.Martín de Proveoza.-Bereoguer-Reoato.Músicos.-Poetas,-Pajes.-Lull y
Arnaldo en el fondo,
Marlin de Provenza (adelaotáodose hasta la infanta).
Ea nombre de todos por ser más anciano,
noble hija de reyes, te beso la mano.
Fuera ajeno al coro de estas juventudes,
si no me enviase la Provenza mía,
para ser heraldo de su poesfa.

con rns temblantes dedos, un bardo provenzal.
(Martín de proveoza baja las gradas y se reune
a los lrovad?res,)
B~reoguer ¡Viva nuestra reina! Ante ella pechemos.
(Damas, caballeros y también la infanta se inclinan ante Ca!illioa que permanece de pie jonio al
trono.)
lofanta. Ante la presencia suya consagremos
al arte y oigamos la voz del poeta
que en lides de ingenio vencer ha sabido.
Catalina Poeta, tus versos aguarda mi oldo.
A él subirá mi alma, y en él asomada
seguirá la estrofa por tu voz r imad1.
¿Dónde está el poeta?
(Ramón Lull av.aoza desde el fondo seguido de
Arnaldo.)
Lull.

Aquí está, señora.
(Arnaldo se reune a los caballeros y trovadores.
Lull queda solo eo el centro del e~cenarh )
JOAQUIN DICENTA.

lofaota. (Cogiendo por la mano a Catalina y subiendo
con ella al trono donde las siguen las damas que•
daudo al pie del estrado los hombres).
•
Ven conmigo al trono, ocúpalo y sea
el bardo, a quien nieve del tiempo pl..tea
la freute, que Apolo ciñó con laureles,
quien ponga en tus sienes guirnaldas de flores
y te aoja por reina del reino de amores.
( Martín de Provenza sube al trono y cogiendo di,
uu cauastíllo de flores, que sostendrá una de las
damas, una guirnalda de rosa se acerca a Catalina)
Martfn de Proveoza (a C4talioa),
No, los hombres, el cielo, donándote hermosura
te ciñen la corona de reina de la fiesta ;
'
de acciaoidad por fuero, me toca la ventura
de ser yo quien la deje sobre tus sienes puesl3.
Trovando amor y gloria viví mis juventudes.
Oyó los cantos míos la tierra provenzal.
Canté de los guerreros la gloria y las virtudes.
Canté por la belleza sagrad;i. e inmortal.
Mis aureos cabellos eo plata se trocaron.
Perdió mi vieja lira su placentero sou.
Mi voz ha enronquecido, mis ojos se nubluon.
Pobre y cansada llega a ti mi inspiración.
Pero aun hay en mi lira uu último sonido,
y~ traerlo llego, reina, a tus divinos pies.
M1 culto es la belleza. Buscándola he veuido
del provenzal terruño, al reino aragonés,
En tí la encuentro. Vive radiante en In pupila:
sonrfe entre los arcos bermejos de tu boca;
eo los huecos rosáseos de tu nariz titila;
el soberano trazo de In perfil la evoca.
Transpira entre las ondas que forma tu cabello;
se afirma en el arranque fid id de tu cintura·
asciende por tu espalda, resbala por tu cuelÍo
emerge del dil:.ujo total de tu figura.
reina eres de la fiesta. En ti, bellen tiene
sacerdotiza angosta, emblema corporal.
Esclavo de su culto, a proclamarlo viene
en tierra aragonesa. uo bardo provenzal.
Sean mis torpes manos quien ciñan la guirnalda
de perfumadas rosas, a tu nevada sien
(colocando la goirnalda ea la cabeza de Catalina )
Caigan ea dulce Jlovia sus hojas por to espalda,
y en nombre mio un beso, sobre tu frente den.
Reina eres de la fiesta. Con tu beldad, pregona
de la Belleza el coito sublime e inmortal.
Reina eres de la fiesta. Ciñóte la corona

Joaquín Diceota con sn bija rnen~r.

~Páginas Femeninas~
Las verdaderas elegantes adoran cier.
ta atmósfera de intangibilidad exclusiva
para sus trajes. Lo consideran como
prerrogativa femenina, y quizá por es•
ta razón tienen actualmente tal demao•
da los encajes finísimos y las chiffooes
sutiles. Por consiguiente es imposible
hablar de modas primaverales o vera•
niegas sin ocuparse considerablemente
de los detalles relativos a encajes.
Se ven en los almacenes los más de·
Iiciosos estilos, y al alcance de todas las
fortunas.
Los nuevos estilos de enea je son aun
más atractivos por haberlos en combi·
naciones de blanco y negro. Esta es la
combinación primaveral. Con excepción
de los encajes gruesos de Cluoy y de
malla, que se emplean pa•
ra los fondos elegantes, la
mayoría de los encajes pa·
ra toda cla~e de oso son
maravlliosamente sntiles y
finos, bien que el encaje
de macramé en su forma
pesada y sólida se usa con
grao é1ito combinada con
telas de lino y rátioa.
Hay una variada serie
de encajes en efectos sombreados, a precios mode•
rados. Son exquisitas imi·
taciones de los encajes
florentinos y holandeses, y
el valenciano sombreado
está teniendo gran acep·
!ación débido a la facili·
dad con que se lava y plan·
cha sin perder su hermo·
sura.
El encaje irlandés apaw
rece adornando las cha•
quetillas cortas de paseo
hechas de golfina y de
otras variedades de terciopelo de afgodóo·. El limpio
tono blanco de este encaje
es de mucho efecto sobre las telas de
oclores vivos.
Como es de esperarse, se ve el enea•
je combinado en variados efectos coa
el popular tafetta. lJn liado traje de
tafetta color orquidea, tiene el corpiño
de exqui~ito encaje de malinas hecho
en estilo kimono, con las mangas cortas,
brotando, por decirlo asf, de un plisado
del tafelta que sube de la cintura. Plisado del !afeita termina las mangas y
circunda el escote. La falda, con bu•
.fante, lleva, saliendo de este, un volan·
te del mi~mo.encaje. Un plisado mnv
fino bordea la orilla inferior de la fal•
da. .
Otro traje ,xquisito está hecho de luí•
sioa blanca. La falda está hecha en dos

Grupo de elegantes modelos de blusas, propios para la estación.
partes, que cruzan sobre cada cadera,
drapeándose y formando abertura en el
borde inferior, tanto al frente como a
la espalda. Sobre esta falda cae una so·
brefalda de loisioa blanca floreada, que
forma pufs a los costados, terminados
por borlas de seda de ce.lores. El cor•
piño, de luisina blanca, lleva un bolero
muy escotado y sujeto en la cintura, de
la luisina floreada, con cuello médicis
de encaje fino, que también adorna los
puños en plisado sujeto en el centro c9n
no cordón de seda de colores formando
alamar sobre el codo.·
Los botones que actualmente se emplean taoto para ·adoroar los trajes, son,
en los modelos originales, de formas ex•
trañas y atractivas: los hay semejaudo

una sección de pistacho, con el brillo
y tersura de este bombón. Otros tienen
forma de cápsula y algunos semejan un
pequeño cartucho. Para la mujer que
tiene uo poco de habilidad y paciencia,
es muy fácil imitar estas diversas for·
mas, tomando como base algún botón
corriente y cubriéndolo coa miga de
pan en la forma requerida, forrándolo
después con tela apropiada.
Hay botones importados que son ver•
daderas joyas de arte: cameos, mioiato·
ras pintadas a mano, y porcdaoas ex·
qnisitas, que forman un precioso ador·
no para tos traj(as de reunión o soirée.
DELIA.

�BORDADOS EN TUL
Ea la actual temporada es•
táo de moda los bordados de
lana, y especialmente ios d.e
lana fina, llamada de los Gobelioos, que se fabrica en to•
da clase de colores, y coa la
q oe se obtieoeo preciosos
trabajos.
Hay uoa clase de bordado
especial que se hace sobre tul
encaje comprado a la pieza,
rebordaodo _luego en colores
todos- los dibujos.
Después se aplica este bor•
dado sobre el vestido, y como
apenas se percibe la delicada
trama del tul, parece que el
bordado está hecho directamente sobre el tejido.
Se entiende que ha de apli·
A los_ lados, dos preciosos modelos para
carse tul•encaje negro sobre
tra¡e de recepción; al centro la últi,
los tejidos oscuros, y tul blan•
ma creación para traje de calle.
co sobre los tejidos blancos o
de color muy claro.
Los encajes usados cuyos dibujos muy separados naos de otros, y muy es
sean bonitos, podrán ser utilizados para paciados sobre el tul.
este empleo.
Ea tal caso, se recortan, se bordan, y
A veces, los dibujos del encaje están se aplican luego como adorno sobre

vueltas de cuello, orlas de
embocadura, etc.
Estos tules-encajes tienen
la ventaja de ofrecer al bor,
dado uo dibujo ya trazado,
que es facilísimo seguir. coloreándolo y eoriqueciéodolo
coa sedas o con lanas de co• ·
lores.
Pueden también emplearse
para este bordado hilos de oro
o de plata, y has¡ hilos de
perlas.
Como es sabido, para el
adorno de los vestidos, la mo•
da requiere el contraste de
los colores violentos.
Si hemos de conformarnos
al gusto actual, nos es preciso
inspirarnos en los bordados
persas y búlgaros: azul y rojo
exóticos, alternando con ama·
rillo canario, y el azul y el
violeta mezclados y fundidos
que producen matices sor•
preodeotes.
He aquí uo medio muy sen,
cillo de hacer liadas cosas.
Se eligen bonitos dibujos y colores
bien graduados, en telas de Jony; luego
se recortan cuidadosamente dichos di·
bajos, y se agrupan con gusto y arte sq•

Un retroceso de la moaa.- Modelos de
vestidos que recuerdan los de la
mitad del siglo pasado, y que,
sin embargo son la última
creación.

bre el tejido que .se quiere adornar,
bordando después.
Nada es tao fácil como el arreglar
estos dibujos recortados.
Para estudiar la composición, se fijan
los recortes primero con alfileres, y una
vez que se logra la combinacion definí·
tiva, dichos recortes se. cosen. Hecho

esto, se procede al bordado, labor que
es sencillfsima, y se obtiene sin dificnl•
tad un precioso adorno.
Se borda coa todos los matices de
que se dispone, cubriendo toda la ere•
tona o la gasa de manera que sólo que•
de a la vista el bordado, que así sobre~
sale ea relieve.
Puede emplearse para estas labores
oo sólo la lana, sino también la seda de
Argel. coa lo que el bordado resulta
mucho más rico.
También pueden emplearse los algodones lavables, de color, o los algodones
que imitan seda.
Con objeto de lograr una graduación
de matices, se emplean, por ejemplo,
dos o tres tonalidades distintas del rosa,
para bordar noa de estas flores; dos o
tres matices del verde, para las hojas; y
nao o dos matices de color madera, pa.,
ra los tallos.
Si los colores de la tela o de la g~

demasiado pálidos, pueden refor,
z:" se un poco al bordar.
Lo esencial es observar. bien la gra•
dua.c ióo de los matices.
En cnaiito a las hojas y a los tallos
muy p,, qneños, que por serlo no se pue•
g~q roc:orc;i.r, hágase un trazado a lápiz
s 0 11

�rle ellos, y búrdese a cootiouacióo sobre dicho trazado,
Para esto, oo es necesario, saber dibujar,
Se adorna na almohadón generalmente coo uo haz de flores colocado
eo el centro, un poco inclinado al biés.
Las flores más grandes se agrupan for·
mando la base del adorno; las flores
más delicadas y las hojas se distribuyen
haciendo el dibujo cada vez más leve
a medida que se llega al vértice supe•
rior del haz.
Si se trata de uo tapiz, el adorno
más importante corresponderá al centro,
y los áogalos se ocuparán con adornos
secundarios que bagan juPgo e.in el
central.
Una corona de flores es siempre un
lindo adorno decorativo.
Para adornar un vestido o un chale·
co se prefieren las florecillas impresa3,
que luego de recortadas se colocan simétricamente, ooas al lado de otras,
formando uo galón bqrdado.
Todos los dibujos de arte nuevo se
prestan a esta clase de ornamenta·
cióu.

UN MENU

.

·--,

1

Sopa de coles.
Sopa seca de arroz.
Pollo con aceitunas.
Torta de sesos.
Espárragos en salsa blanca.
Frutas surtidas.
Postre de nuez.
Café demi- tasse.

Es

POLLO CON ACEifUNA'i

Verdaderamente

Partido el pollo eo trozos, se fríe en
mantequilla con rebanadas de jamón;
cuando está bien frito, se saca de la ca•
cerola y en la mism:i. mantequilla eo
ésta, se dora uaa poca de harina, agregando luego uoa taza de buen caldo, s:i.l
pimienta y perejil
Cuando eJta salsa está hirviendo, se
vuelve lll pollo a la cacerola, a que
hierva con la salsa naos cuantos minutos, y luego se coloca eo la fuente, coo
la saha y agregando media taza de acei·
tunas deshuesadas S, sirve coo reba•
nadas de pan tostado.

Interesante
El lujoso folleto que ha impreso la Cía. Mexicana de Petróleo

DELIA.

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¡Ríase usted de las lluvias!

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>RlY CR~7 ~=l·
R,gistrado corno a.r•iculo de 2~ clase, el 26 de Febrero ile 1914.

Segunda Epoca.

Sábado 9 de Mayo de 1914.

Torno 1.-Núm. 12.

SRITA. AMERICA BELTRI.-BELLEZA POBLANA.

Fot. Rodríguez Avalos,

�INDICADOR

"Arte y Letras "
Se publica todos los sábados por la

Cía. reriodístlta Mexitana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de Sao Diego 41.
Telé fonos:

Mex. 20-85 Neri.-Eric. 14-51.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO , D. F.

El 5 de Mayo
Cuando los veintiún golpes del
cañón me despertaron al amanecer y recordé que la historia nos
enseña que en igual fecha las armas de la P.atria se cubrieron de
gloria al rechazar el avance de
tropas extraryjeras que venían a
invadir nuestro territorio, inconscientemente me llené de ilusiones
sobre el orgullo patrio; la épica
leyenda de la gloriosa batalla,
con todos sus detalles reales, y
con los fantásticos que el amor
del pueblo le ha prestado, pasó
por mi memoria como una ráfaga de viento acariciador que hizo vibrar todas y cada una de
las celdillas cerebrales animán dolas del movimiento ardoroso
que inflama y fortalece en las
ocasiones solemnes en que se halla en peligro la vida personal o
la nacional; soñé que el eco de
esos veintiún cañonazos había
despertado un sentimiento igual
en todos los habitantes de nuestra República, y, volviendo los
ojos al pasado recordé los versos
del himno patrio que dicen:
Si el recuerdo ñe a~tiguas h~.zañas
De tus hijos ioflama la meute . .. .

Animado de estos pensamientos salí a la calle; esperaba hallar algún movimiento denunciador del estado de ánimo de mis
compatriotas, pero no ví nada;
los tranvías llevaban banderas
como en los buenos ti empos, pero en los edificios apenas si t&gt;ndeaba una que otra. como si tuvieran vergüenza de exhibirse;
en algunos como en la secretaría
de Relaciones, la enseña nacio-

na! se había detenido a la mitad
del asta, más semejaba señal de
duelo que recordación de una
gloria nacional.
Por sobre toda la ciudad parecía tendido un velo de crespón,
como si la bandera cuya asta se
ha plantado en nuestro primer
puerto flotara sobre todo el país,
y como si el cielo de nuestro brillante mes de Mayo se viera a
través de un tejido de barras y
de estrellas que en vez de animar el espíritu como las que han
brillado en otros años en nuestro
cielo, llenaran de luto el alma
popular.
Todo daba señales de un pesar
grandísimo, muy explicable en
las dolorosas circunstancias porq,,e atraviesa la Patria; pero junto a ese pesar se notaba un hálito de indolei;icia que no se compadece con lo que pronostica el
canto nacional. Las antiguas hazañas parecen dormir en el olvido, y si alguien recordó que era
«5 de Mayo&gt; no fué seguramente
para sentir el alma inflamada.
La contemplación de esto me
hizo preg untarme: ¿será posible
que no vuelvan a ornar la frente
patria los laureles de que babia
la estrofa? ¿ Cuánto tiempo permitiremos que nuestro cielo siga
viéndose a través de la bandera
que tiene plantada su asta en
nuestro primer puerto?
Algo me contestaron los periódicos del día: «El Supremo
Gobierno ha nombrado delegados para la convención pacifista
que se reunirá en Canadá.&gt; En
manos de esos delegados la Patria ha depositado su honor; ellos
tendrán que responder ante la
historia de lo que hagan de él.
El «conflicto&gt; se resolverá en
una conferencia de paz que se
efectuará en la pintoresca ciudad de Niágara Falls. en territorio del dominio de Canadá.
Indudablemente que esta solución está más de acuerdo con
les adelantos de la civilización
mundial, pero ¿se podrá decir lo
mismo por lo que hace al corage
naciqnal? ¿ habrían permanecido
lluestros abuelos que combatieron en 62 tan tranquilos como
nosotros esperando los resultados de las conferencias mientras
que los marino, extranjeros v i-

ven confortablemente en nuestro
territorio?
Fundados en lo que relata la
historia nos permitimos creer que
no. En 1862 se reunía el pueblo
por las calles; se cantaban
cantos patrióticos; se procuraba hostilizar al enemigo de
cuantos modos se podía y , sin
desdecir del decoro de una nación civilizada, se mostraba el
corage que hacía vibrar el alma
del pueblo que ni por un solo
momento se sintió conforme con
que el francés se considerara
dueño ni siquiera del terreno que
necesitaba para poner los pies.
Ahora no es lo mismo; la ciudad está triste, pero resignada;
después de algunos excesos en
los que hubo mucho de brutalidad, ha renacido la calma, y pa•
rece que hemos olvidado que en
los edificios de la ciudad de Veracruz ondea un pabellón que
no es el nuestro.
¿ Se deberá esto acaso a mayor
cordura de nuestro pueblo? ¿ no
será desgraciadamente una muestra de debilitamiento del espíritu público? ¿ es posible que las
calamidades que han afligido a
nuestro pobre México durante
tres años hayan decepcionado
hasta ese punto a nuestros hombres?
Preguntas son estas de muy
difícil contestación. Nada podemos decir de cierto, en el terreno de los hechos consumados,
porque estamos muy cerca de
ellos y su misma proximidad nos
ofusca la razón y no podemos
juzgarlos serenamente.
Ante la imposibilidad de contestar tenemos que conformarnos
con hacer votos porque el alma
nacional no haya muerto ni esté
atrofiada; esperamos un resurgi miento de los hechos que dieron
gloria a la patria en su lucha contra los invasores franceses; de
esa manera podremos ofrecer a
la Patria los dos versos siguientes de la estrofa aludida:
Los laureles del triuofo tu frente
Volverán iomortales a orear

J.

M.C.

• e1 2 d eI actu aI ea el Colegio Militar
pasaoJo revista
Los valientes cadetes de la Escoa1a N ava1 de Verac.ruz
de Chap~ltepec.

Gracias
Para cArte y Letras.&gt;
Pasaste a mi lado, y h soberbia visión
de tu cuerpo iluminó mi alma; fui5te
como una btisa de primavera que cru·
zó por el verjel de mis ilusiones sem•
braodo de pétalos los senderos y espar,
cieodo aromas de las flores y trinos de
las enramadas; fuiste rayo de sol abri·
leño que me hizo recordar el cielo

premo. Fué uaa visión rápida, pero tu
imagen quedó ea mi mente llenáodola

ensueño..... pero has traído a mi alma
los efluvios de pasadas primaveras,
has puesto ea mis labios las plegarias

de claridad; brotaron a mis labios las
estrofas que creía idas al soplo del

de amor que aprendí coa la fé de una
adoleceocia dulce y lejana; l qué im,

desengaño; volví a sentir ea tumulto el
miedo de perder una ilusión, el ansia
de verla colmada, la duda, la esperan•
za engañosa y hasta el glacial cooveo•
cimiento de mi iosigoificancia. Pasaste,

porta que me hayas dejado más triste·
zas? Me has hecho soñar: te lo agra•

azul, donde brilla la luz coa amor su•

perdióse la silueta, pero tu recuerdo
me hizo soñar algunas horas; después,

dezco!

OCTAVIO.
México.

y

la amarga realidad ha ahuyeotadQ mi,

,r

�EL C I E O O

~
~

1

ror MIGUEL rRIVI~~

&lt;JO

~

U oa pequeña ciucilad del Oeste a la
que el clima brumoso de Bretaña. ha
dado ese aspecto lamentable de las co•
sas sobre las que llueve siempre. En
una de las callejas estrechas de la ciu ·
dad-calles so111b1ías en las que los ra•
ros transeúntes se deslizan como som•
bras sobre el pavimento calafateado con
lodo- una modesta vivienda: la dt 1 pro·
fesor Lebret y su esposa.
Hacia algunos años que la llegada de
este matrimonio misterioso al puebleci,
llo, ávido de chismes, causó gran sensa·
ción. ¿De dónde venían estas gentes? ..
El, un guapo hombre, coa los cabellos
casi blancos a pesar de que apenas con·
taba cuarenta años; que, según se de•
cía, había ocupado una buena posición
y que, después, habiendo cegado repen·
tinamente a causa de un accidente, se
veía obligado a aceptar una plaza de
profesor de ciencias en el colegio libre
de X . ..... Ella aun joven y hermosa,
pero con un encanto doloroso, con el
rostro adelgazado y las sienes surcadas
por arrugas apenas perceptibles y con
unos ojos de azul pálido, impreciso, que
tiene como el vago reflejo de tristezas
que no se quiere confesar.
Se instalaron y habhn vivido sin os·

•

tentación, sin visitar a nadie, pagando
su vida; el &lt;chisme&gt; falto de material,
murió dejando e n las almas de la buena
sociedad un sentimiento de egoismo in•
diferente, ya que esa sociedad no tenia
nada que esperar de aquella pareja y
que la misma sociedad juzgaba sin la
mínima simpatía a aquel ciego, de dig·
nidad altiva, que oo pedía más que tra,
bajo, y a aquella mujer que renunciaba
a todo sio quejarse, cuidaba a su mari·
do, le ayudaba, se dedicaba a áridos
estudios para preparar las lecciones del
profesor ciego y corregir con él las co•
pias de los disc! pulos.
E n la casa de los Lebrel, un jueves
por la tarde, dfa de asueto en el cole•
gio.
Lebrel, a su esposa.-, Podremos salir?
Germana -No, llueve! ...... (Con to•
no de pesar ): Cómo llovió ayer . .... .
cómo lloverá mañana ...... nunca hay
sol en este pueblo!
Lebret.-,Estás triste?
Germana.-Por el mal tiempo...... .
Lebret, acercándose.-,A causa de
nuestra vida, sobre todo? .... . •
Germana.-No, te lo aseguro .. •.
Lebret.-Sí, lo adivino, lo veo ..... .

Germana, dulcemente.-No puede;
v~rlo ..... .
Lebret.-Ayl por los ojos ·no; pero si
la luz no ll!!ga a nuestros cerebros de
ciegos, las otras percepciones llegan mil
veces más agudas a nuestras almas que
velan en la noche y a las que nada pue·
de distraer de su análisis. Vemos por
los sentidos las vibraciones por esa es·
pecie de magnetismo que se desprende
de los seres-y sobre todo de los seres
a quienes se ama- y que hace que se
lea en ellos apenas formado un pensa·
miento, aun sin verlos! ..... .
Germana. vivamente -Te aseguro ..
Lebret, interrumpiéndola.-Ob! no
asegures oadal Por qué defenderte de
tu tristeza? T ienes miedo de que sea
un reproche; pero yo la comprendo
perfectamente! En esta ciudad absurda,
en esta vivienda ridícula, llevas una vi·
da de en claust rada, junto a mí que
te impongo la resignación de cada día,
casi la pobreza, en vez de la alegría,
del lujo que debo a tu juventud y a tu
belleza! .. . .. .
Germana.-En otro tiempo me las
diste!. ..... ,Eres acaso responsable de
la fatalidad? ...... ,Es culpa tuya? ... .
Lebret -Siempre es culpa de un hom•
bre no dar a una mujer lo que tiene de,
recho de esperar de él.
Germana.-, Por qué me dices eso?...
No creo haberlo merecido!
Lebret.-Si lo digo contra de mí,
porque me lo reprocho; porque cada
vez qt:e las circunstancias te obligan
a un nuevo sacrificio, sacrificio de
bienestar, de amor propio, de placer;
sacrificio de libertad; cuando te obligas
a compartir mi trabajo conmigo, yo me
acaso ante mi mismo!
Germaoa.-Puesto que me siento fe ,
liz haciendo todo eso.
Lebret.-, Feliz ... . .Sí, ya lo sé.....
Eres bastante buena para poner es:i
palabra sobre todas tus dedicaciones
para conmigo! .... Y la acepto porque
es dulce; tú, quizás creas en ella por,
que te sostiene .... Pero en el fondo, a
pesar de todo, a pesar de tí misma,
existe la angustia de la vida fallida y de
la felicidad imposible! Sí. ..... sí . . .. . .
eso es lo que adivino en nna palabra;
en una entonación como las de hace
un momento, y por eso es por lo que
debería desaparecer si oo fuera un
egoísta!. ...
Germana, acercándose a él apasiona•
p.amente.-Andrésl
Lebret.-Síl una vez que yo partiera,
tú podrías rehacer tu porvenir. Yo
siento que tú permaneces hermosa ... ..
te amarían! Pero uo tengo valor para

ello! (en voz baja) .. .• t&gt;orque yo tam•
bién te amo! ...... porque soy realmen·
te egoísta, y un egcísta que DO se atnve
a confesarte una cosa vergoozosa ....
Germana, sorprendida. - eQué cesa ?..... .
Lebret (más bajo aúo).-Qae a menudo .... yo, yo soy fel iz ! Sí, mi pobre
Germana, es verdad, y es odioso! ..... .
Me siento feliz de verte forzada a fer
tan exclusivamente mía, feliz de esta
intimidad de claustro en donde me en·
vuelve tu afecto, tus cuidados, esta ah
raósfera tibia de solicitud exclusiva! En
esos momentos, cuando puedo no pen·
sar en tí, lo que te cuesta esta mons·
truosa volnptumidad, he llegado a ben•
decir el accidente que cerró el mundo
detrás de nosotros! .... ¿Sabemos acaso
lo que hubiera sucedido si hubiéramos
permanecido allí? Esto e~ lo que me
digo cuando llego a olvidarme de :í.. ..
Ya ves que no es bueno . ..... Pero ya
que te lo be confesado ...... (le busca
una mano) Perdóname! ... .
Germana, sonrieo.t~, materoal.-,De
qué te be de perdooar1 De una decla·
ración de amor?..... .
Lebret.-Amor de mí mismo!
Germana,melancólica.- El amor, con•
siste siempre en amarse en otro!
LebrEt, muy conmovido.-Pero no en
la mujer.
Germana, (coomo'l&gt;ida también, le
mira y ve lágrimas en sus ojos)-Va•
mos, qué pasa en esos pobres ojos? ....
Lebrel-Aún mnertos, los ojos llo·
ran! ..... (Dominándose) Cuando píen·
so que en otro tiempo era tenido por
estéptico. ¡Vaya!
Germana (Va a buscar la mesa de
trabajo.)-..El escepticismo es la divisa
de los jóvenes •.....
Lebrel, soñador.-O el pudor de la
suerte!,-.... Vaya!.. .. •.. Quieres traba·
jar?..... .
Germana.-Pnesto q ue no podemos
salir; será trabajo adelantado para ma·
ñana. (Lleva las copias de los discípu,
los). ¿ Te acuerdas del enunciado de la
composición de aver? Sí! Entonces yo
te leeré los ejercicios como de costum,
bre . . .... tú me dirás lis notas ..... .
Se iustalan: Ella lleva a cabo, sin
impacientarse, la fastidioEa lectura de
todas las copias de la clase; él, indicando en voz alta las correcciones o los
elogios que se merecen. Repentinamen·

te la criada anuncia que el señor Dar•
vault desea ver a la señora.
Lebret.-El señor Darváult? .... No
le conozco! (A Germana). , Qué será lo
que te quiere? . ... E11; fin, recíbele. (Se
levanta.) Me voy a m1 enarto a _pe~sar
en mi lección de mañana (Gu1 ánoose
por los muebles, llega a la puerta.. A;llí
~e vuelve y en medio de. una son usa
dice:) Una visita desconoc ida en X .. ..
es casi una aventura!
Germana permanece sola, vagament~
inquieta; llama para hacer entrar al v1·
sitante.
Germana (vivamente sorprendida al
reconocerle).-Señor Savillel

Saville, inclinándose profundamente.
-Señora.
Germana-, Por qué esa mentira?
Saville.-Porque si hubiera dicho mi
nombre, no se me hubiera recibiqo.
(Adivinando un movimiento que ella
hace. ) Oh! le suplico que permijnezca
un momento, no llame a nadie! Está ns•
ted bastante segura de mi respeto para
no tener nada que temer. Es una cir•
cunstancia tan extraña volver a encontrarla en esta ciudad a donde vengo ¡:or
c~snalidad y donde no sabía que estu•
viera usted! .... Ayer me pareció verla ...... Me informé .•.•. . Me han di,
cho algo de la historia de usted y no be
podido resistir el deseo de verla . .•. de
habl¡rle ... ... Hace doce años que no
lo ba'bía hecho, y entonces aún era ns•
IE d la &lt;señorita Germana!&gt; ,Qué tiene
de reprensible mi acto de hoy? ,Es aca,
so una culpa la fidelidad del recuerdo?
Germana.-Es cierto ...... (Con sen·
cillez.) Siéntese usted!
Saville.-Me han conta'1o cosas ioan·
ditas!. .... . , Es verdad que Lebrel ha
quedado enteramente ciego?
Germana •r Sí, a cansa de un acci•
deute en su laboratorio eléctrico ... . . .
Saville.- Y habrá tenido que abando•
narlo?
Germana. - N atnralmente . . , . no se
coose1va un engrane que no sirve. Des,
pués, la emwesa, que había pasado a
otras manos, feneció, y toda noeEtra fortuna con ella . Nos vimos en la necesi,

�dad de buscar un modo de ganar el pan
y hemos tenido la fortuna de encontrar
lo apenas suficiente en una plaza del
colegio de X.
Saville.-l Profesan ustedes las cien•
cias? .... Y digo ustedes porque se me
ha dicho que los dos .•....
Germana.-Sí, indudablemente, me
be dedicado a ello para hacer el !raba,
jo material que mi marido no puede ha•
cer ..•.
Saville -iEs admirable!
Germana.-No, no es más que solida•
ridad conyugal,
Saville.-U;ted dice eso con toda na·
turalidadl. ·... Qué mhterios del destino
y qué lotería, eh!. ..... Cuando pienso
eo nuestra entrevista de hace doce
años! ...... Entonces los padre! de us·
ted se empeñaban en darle el buen nú•
mero imponiéodole al politécnico, al
iogeniero, el dios de los sueños capita·
listas, y despidiendo al emborronador
Saville, un piotor ...... un artista! ... .
como le llamaban desdeñosameete! ... .
( Con embHaz,.) El ingeniero se ha ro·
to las alas ...... y el artista ... .
Germana un poco lastim•da - .... Se
ha hecpo cJiebre, lo sé. Pero oo repro•
cho nada a mis padres poesto que ere•
)eron hacerm~ un bien
Saville, vivameote.-No es hacer un
l:ien a un hijo obligarlo a casarse con·
tra su inclinación, contra sus preseoti·
mientes-porque usted los teofa,-contra su corazón.
Germana.-¿Contra su corazóc?
Saviile.-¿No es verdad que usted
prefería a uno de los dos hombres 9ue
la amabin?
Germana. -Nu nea. he dicho a cual!
Saville.-Me había usted permitido
el a:iiviaarlo muy claramente, si es que
s n ciertos los recuerdos de que Mblá·
bamos hace un momento. Además, los
acontecimientos me han dado la ra zón,
puesto que usted no es feliz.
Germana -Se equivcc3 usted ente•
ramente.
Savtlle -Ohi no hay razón para esa
descoofianza para conmigo. Concédame
nsted al menos la franqueza que debe
á un amigo. Tal como la conocí a usted,
estoy seguro de que no es ...... de que
no &lt;puede ~er&gt; feliz!
G3rmaba, con seriedad-Ya no soy
como usted me conoció, y;por estraño
que ellp le parezca, le certifico gbe mi
vida de aboca me produce una gran fe.'
licidad.
Saville -La voiuptuosid;l.'d 'dd ;acrificiol. ... no h f elicidad! .....En fin,
veamos! usted no amaba a Lebrel cuan·
do. se caió con él? ....
Germ3na, con fraoqueza.-Es ver•
dad.
Slllille-P ues bien! si no lo amaba
usted cu~ndo le proJigaba todas las satisf icciones del lujo y la comodidad, por
las que babía contraído matrimonio con
él, ahora que oo le da más ' que priva,
ciones, no puede usted amarle.
G~rmaoa, ser.amente.-Si ..... .
SiVille.-VamQs!. .. . oo hay amor ...
G'e rma aa.-Le repito que sí ....
Saville.-,Ahl entonces ya comprendo ..... ·. ese amor especial de las her·
manas de la Caridad, de los cuidadores

de enfermos, de todos los resignados:
eso es lo que me decía! El corazón f.,.
menino,. superior eo eso-es no órgano
de varios compartimentos: el del afee•
to, el de la compasión, el de la devo•
ción, el de la pasión, etc., cuando el
corazón ss mueve, la mujer, que ignora
de donde procede la erupción, llama a
todo amorl Dicen cam&lt;J!&gt; ...... Y ese
&lt;amo&gt; es como un alivio, una caricia!
Germana.-No he dado a usted per,
miso . .... .
Saville -Perdone usted si pienso de•
masiado vivamente, pero, después de
todo, cono hace doce años yo ful la
victima,~y no me he cu rado de ellocreo que me está permitido protestar e
indignarme aote la inutilidad desusa·
crificio y del mio! ...... Y bien .. .. no,
citm veces nol usted no siente amor
verdadero poderoso; amor de carne y
de corazón que trastorna a los seres
hasta las fibras más profundas ...... el
qae hibía usted empezado a sentir por
mí. ..... y, vamos, el qne se de~p1e1ta
tal vez en usted eo e~tos momentos eo
que recuerda! ..... .
Germana, muy turbada y dtf~odién,
dose.,....Le suplico . . .. . .
Saville.-Está en sus ojos ... . !Í •.•.
oo los derre! para qué? he visto la chis•
pa y sus párpados al bajarse son tao
elocuentes como la mirada! .... El deseo de todas satisfacciones oo conseguidas, la voluntad de la alegría de vivir
se 1stremecen dentro de nstedl .. . ... las
siento alll!. ..... puede nsted nrgarlo y
hablarme de felicidad ...... sé que oo
la tiene usted .... la naturaleza la ha
traicionado! .. . .
Germaoa.-Y aun cuando fuera a~í...
le he amado .... es posible .... y el es·
tremecimiento es por ustl'dl .... Y des·
pués?
Saville.-Está usted en el derecho de
obedecer esa ióclinación.
Germana - l Abaodooando a mi marido ?
Saville.-Nada le liga aél. . .... ni el
dt ber · maternal, pasto qae no tienen
ustedes hijos. ni el deber con) ueal,
puest'&gt; que la tomó a usted sabiendo que
oo le amaba. Además, oo ha cumplido
sus compromisos.
Germana.-Contra su voluntad ..... .
· Saville.-No importa!. .. . Es11 la de·
sobligal. ... Y sus derechos de crea tura
reaparecen ...... sus derec!-1os a la vida
y a la felicidad! .... No es .más que un:
lazo de cooveocióo que hay que ró&amp;perl .... Germana, :cree usted que es la
casualidad la que me ha puesto ea su
camioo .... o esa fuerza del destioo que
quiere que dos seres se encueotten por
sobre todo y a pesar de todo, cuando
~si lo ha decidido? Es &lt;el otro&gt; quien
ha sido el obstáculo eo la vida de usted ;
yo soy el Sfñalado por el destino. Pues
bieo, yo me apodero de nuevo de ese
destioo; yo lo haré feliz y brillante ... .
todo lleno de adoración y de luz ... . . .
(Ios'nuante) No diga usted que oo al
porvenir que viene a ofrecerse uoa vez
más .... y que, quizás esta misma tarde,
esté cerrado para siempre!. ... Germa•
oal. ...
Germana, perdida.-Odl cállese usted! cállese usted!

Saville, eo loquecido.-No!. ... No l.. .
te amo .. •. te deseo l. .. . Quiero que seas
mi esposa! Dí que si. .. . .•
Germana, se abandona vencida.Sí. ••. (Con voz más débil) Sí. ... (Se
abre la ~uerta del cuarto y ella se hier·
gue súbitamente) Nci, jamás! (Lentameote, con ese paso de ciego que busca
a tientas, Lebrel adelanta algunos pa·
sos mientras que Germana con un gesto
y con un mo9imieoto imperceptible de
los labios, despide a Saville). Márches;}
usted! Váyase usted!
•
Lebrel - l Ya se fué ese señor?
Germana.-Sí amigo mío.
Con un gesto imperioso, ordena a Sa,
ville que salga. Desesperado. él hace
uoa mueca de súplica . .. ... pero com·
prende que todo . ha' terminado ..... .
siente que ella se le escapa; la voluntad
se ha levantado más potente que la car·
oe, y se desliza sin hacer ruido, hacia
la puerta entreabierta.
Lebrel, se acerca a Germaoa.-l Quién
era?
Germana, después de un segundo de
silencio.-SaviJ)e!
Lebrel, presa de una emoción extraordinaria, casi temblando, busca la ma·
oo de su esposa y deposita en ella un
beso prolongado.
Germana, ~orprendida.-l Qoé pasa?
Lebret-Si mt: hubieras mentido ....
me mato!....
.
. Germana.-Luego, ¿ya lo sabías?
Lebrel -Reconocí su voz,
Germana, turbada.- Pero ... . es que
tu ...... no, eo seguida?.... .
Lebrel -Ali!. ... me dí cuenta, oí. ...
tu actitud. (La abraza). Ya vez que
teogo uoa grao suerle con mi eofermedad l
G~rmaoa respotd~ silenciosamente
al abrazo de su esposo, después, coo
tri~teza infinita, va a la mesa de trabajo
y toma de nuevo el montón de papeles
de cálculo -Ibamos eo el problema de
Poc'ichard ....
Lebret.-Cootiouemos en el deber!
Traducido de los &lt;Dialogos de Amor&gt;
especialmente para ARTE Y LETRAS).

En el Tepeyac,
Cumpliendo mi promesa escalo el moole
Donde la Vireeo imprimió su huella
Y transformada en rutiiaote estrella,
Llenó de claridad el horizonte.
&lt;Perdona, Madre. que tu enojo afronte;
Mas, si incrédulo fuí, In luz destella
En mi cerebro y con tu mano bella
Hasta el divino alcázar me remonté.&gt;
&lt;Apiadada escuchaste los dolores
Del indio y convertida en flor temprana,
En su alma derramaste tus olores.
Reina de nuestra Patria Mexicana,
Porque fú eres amor de los amores,
Bajo tu amparo dormiré mañana&gt;
PEDRO PONCE DE LEON.

Manifestación pitriótica de protesta contra la invasi6n america,
na efectuada el domingo pasado ante el mooumeoto de Churubusco.

�INVASORES
'

Artilleros americanos posesionados de la plaza principal de Veracruz.-Fot. y clisé de &lt;La Ilustración Semanal&gt;
El éxito obteoido por nuestro colega
y compañero &lt;La Ilustración Semaoal&gt;
coo su espléndida información acerca
de los dolorosos sucesos relacionados
coo la C!&gt;Cupación de Veracrnz por las
tropas de los Estados '.Unidos, y la cir,
constancia de que la copiosa edición
del citado semanario se agotó a las dos
horas de salido 1 la venta nos hablan

sugerido la idea de solicitar del colega
algo de esa valiosa información, debida
a sos agentes especiales.
Nos acabó de uecidir a ello varias
solicitudes de nuestros lectores que desean conservar las fotografias publica•
das y que no pudieron obtener un nú•
mero de &lt;La Tlustracióo Semanal.&gt;
Mcvidos por estas razones ofrecemos

en este número una abundante y valio·
sa información de los acontecimientos
de Veracruz, debida a nuestro colega y
compañero de trabajos, ya que, como
saben nuestros lectores, nos unen con
él estrechos lazos de amistad y compa·
ñerismo.
Esperamos que nuestros lectores a pre•
ciarán en Jo que vale este esfuerzo he·

J.a ocupación de Veracruz.-Muertos mexicanos a la orilla del muelle, en el fondo se veo los guardiasamericanos.Fot. y clisé de &lt;La Ilustración Semanal.&gt;
cho c:io el objeto de cnmplir la prome•
sa que hic~mos en días pasados acerca
de la reorganización de nuestro serna•
nari:i.

0000

Cierto día de Primavera ...
Para ARTE Y LETRAS.
Por el camino que va a Metz, corría
vertiginosamente un ligero (y por lo
tanto fácil de volcarse), tílburi arras,

trado por fogoso hannoveriano. La ca,
rretera estaba envuelta en densas tinie·
bias. Silencio profundo reinaba, inte·
rrumpido únicamente por el frágil co,
checillo al chocar contra las piedras
del camino y los profundos baches imposibles de ver en esos momentos. No•
bes enormes, en grotescas contorsiones,
amenazaban a cada instante desatar el
acuoso caudal.de que estaban henchidas,

�Marinos americanos con una ameti;.llac"ora, en el portal de Diligencias, Ver.
galopando desordenadamente de aquí a
acullá; hiere oue~tro olfato olor a tie•
rra mojada, probablemente en Metz em·
pezó ya el furios:, vendaba!.
Eumioemos a los viajeros que a se·
mejante hora se atreven a desafiar la
cólera de Neptuno.
Uno de ellos, joven· aúo, permanecía
recostado en el fondo del carruaje, tu,
chando fieramente contra el huracana•
do viento, que pagoab¡¡, por desasir de
sus minos-aseguradas sobre la cabe•
za-la elegaote gorra de colegial que
aún conservaba: de vez en cuando fija·
ba su escudriñadora mirada en el lejano horizonte, iluminado brevemeote por
la cárdeoa luz de los relámpagos, que
por momentos cegaba a los presurosos
viandantes.
El otro era viejo v llevaba puesto el
uniforme de los aurigas loreneses, juraba y perjuraba como buen tentón que
ea el foado era, contra los elementos a
punto de desencadenarse; por nada de
este mondo se hubiera atrevido a salir
a la carretera con tiempo semejante;

p~ro sus escrúpulos fueron vencidos por
el argentino són de una bolsa repleta
de dorados luises. ¿Qué servicio tendría
que prestar a cambio de aquella ven·
truda escarcela? ¿Y a quién? A uo francés! tSauto Dios! El, tau patriota como
cualquier bávaro o prusiano, h 1cerle
un servicio &lt;a uno&gt; de allende el Rhin.
Nunca, antes de muerto. Sin embargo,
oo murió, y el dinero pasó a su poder.
Mas su conciencia se h1llaba maculada;
el &lt;peCddo&gt; babíalo ya cometido; pero
no era tiem 10 de volver atrás.
Azotaba despiadadamente al caballo,
descargando su mal humor sobre su in·
sepirable compañero de al egrías y pe·
nas.
Nuestro joven así que distinguió a
través del agua que comenzaba a caer,
las luces de la ciudad, fué presa de vi•
vísima agitación . ....•
Había conocido en otro tiempo en Li•
lle a una niña flamenca, de ojos soña•
dores, tranquilos como el añil del cielo
en mañana estival; el óvalo de su cara,
casi perfecte, irradiaba castidad, pare•

ojos no erall·como nos dice el poeta: ....
&lt;pozos de aguas profundas y tranqui•
las&gt; •..... no, eran ascuas, car bones en•
cendidos, con ese incierto y vago par•
padear de los fuegos fátuos ....
Su padre, antiguo miembro de la &lt;De•
fensa Nacional&gt; y amigo de Gambetta,
mostraba orgulloso el cordón azul de
oficial de la Legión de Honor, que se
Je había concedido como premio a su
valentía; habíase batido como un león
allí en Metz, peleando bajo las órdenes
del Mariscal Bazaine, cuyo espectro
parecía cernerse aún sobre la Alsacia
y la Lorena como una maldición muda
al prusiano, único culpable de aquellas
desdicha~ ...... Había querido qoe su
hijo tuviese coa educación digna de su
tiempo, por cuya causa le envió a Ox·
ford, de donde regresaba todo un ba·
chiller. El día de su ngreso fué escul•
pido en el libro de Sil vida con letras
dd rro. La felicidad reinaba en casa
del viejo de Ramiére ; ese día se sintió
rejuyeoecer como cuando la desvento•
rada emperatriz Eugenia se digoa ba
hacer méritos de la lealtad del edecán
de ~u augusto esposo ..... .
Cierto día de Primavera del año
19 ..••• fué invitado el joven Marce!
antes de partir rumbo a la Universidad,
a pasar una temporada en cierta al·
ta alquería que el señor Colbert, ex·
prefecto de Lille, poseía en l¡¡ Picardía;
hechos los preparativos de viaje, Marce!

partió rebosando de alegria; esperando
descansar un poco de las fatigas que
consigo trae el estudio; después de un
día de marcha, llegaron a la casa de
campo.... Grata sorpresa le aguarda•
ba; fué recibido por Mimí, la bija del ex·
prefecto señor Colbert, ver a la joven y
enamorarse de ella, fué obra de un ins•
tante; sentíase fascinado por la mirada
apasible y casta deMimí •... La casa es•
taba construída en un claro del encinar
que circundaba la alquería; los góticos
ventanales e~taban guarnecidos por tu·
pidas madreselvas; todo un poema de
piedra estaba escrito en aquella solita·
ria casi:a, que era del más puro estilo
a,quitectóuico de la Edad Media; al
atravesar el encinar, Marce! se atrevió
a dirigir su mirada hacia la hermo~a
Mim{, quien se turbó en extremo al
contemplar en aquella mirada, fiel tra•
sunto de la impresión que en ella mis·
ma sentía germinar; Marce! sorprendió
menos que adivinó esa turbacióo, y al
pensar que quizás oo era desdeñado,
estuvo a punto de lanzar un grito de
alegría. A esta impresión siguió un si,
lencio que ninguno de los dos se atre·
vía a romper. Verdaderamente la si·
tuación era muy embarazosa y Marce!
trató de aprovechar el estado de ánimo
en que se encontraba Mimí.- Al · fin la
joven se decidió . a hablar.. Marce! la
escuchaba absorto, oía su voz como una
música deliciosa, ejerciendo en él esa

atracción irresistible que el amor desa•
rrolla cuando hace presa en corazones
ansiosos de placer y voluptuosidad .•..
Terminó de hablar .... Entonces Mar•
cel no pudiendo o creyendo no soportar
aquel deseo, c;on movimiento imprevis·
to apoderóse de la mano de Miml cubriéndola de apasionados ósculo; . . .. . .
No hizo resistencia; 110 se consideró
capaz de hacerla y entonaron juntos el
himno más sublime que generaciones
pasadas y venideras oyeron y oirán: el
himno al Amor. Todo el seotimieoto de
la ra za que más se ha dislioguido en
eróticas hazañas, se refleja.ha en aquel
cántico divino ; las caooras avecillas
alegres secundaban a los dos enamora·
dos; las más lozanas flores se abrían pa·
radar paso a. la feli z p3reja y el bes•
quecillo todo mostraba sus eocautos a
los que &lt;le tal manera turbaban su re•
poso ..... .
El señor Colbert decidió trasladarse
a Metz, donde a la sazón vivía; por eso
Marce! de regreso de Oxford, vuela en
pos de la felicidad que impaciente la
aguarda al lado de Mimí ..... .
MIGlJEL GUTIERREZ R.
México, Abril 6 de 1914.

Heridos en el Hospital de la Cruz Blanca de Vera.cruz.

Una sala del Hospital de Sao Sebastiáu, Veracruz, donde se atiende
a muchos heridos eo combate.

za; cuando reía, mostraba al descubierto el tesoro de sus labios purpurinos y
unos menudos dientes cual graoos c'le
arroz, hermosos como perlas de Siega,
pur; su esbelto talle se balaoceaba con
los gráciles movimientos de la palmera;
su hermoso pelo, negro y relacieote co,
mo el ala del cuervo caiale sobre el
alabastrino cuello semejando fabulosos
crótalos, y por último , sus piecesitos
aprisionados en diminuto~ cbapinES de
raso, daban la impre~ióu de estar con·
templando una obra de Van Eyck; tal
era la igualdad y puuza de sus líneas;
tal era la arm.ouía que en su coujuoto
reinaba.
El joven que, según reza su acta de
uacimieulo, llamábase Marce\ de Ra
miér_e, era no garrido mozo cuya edad
fluctuaba entre la adolescencia y la ma•
yoría de edad; las blondas gulas de su
naciente mostacho, pugnaban por som·
brear el carnoso labio, apenas si l,ivan·
tado _por voluptuosa contracción; su na•
riz aguileza, signo era de burguesa cu•
na y un grande amor a la molicie; sus

El trasatlántico español &lt;María Cristina,&gt; último que salió de Veracruz antes de la invasión americana,
vista de la proa tomada el dfa de su partida.
Fot Hade~ll.

�í

~~

1

BERTA

'L--~================:::::::::::::::~)
mis enemigos satisfecha su venganza.
¡Pobre Berta! se qut-dará ~in su Octa·
vio; y por sus mejillas ro:laroo dos lá·
grimas, las primeras quizá, desde que
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
era niño.
Los clarines sonaron, y el cuadro co•
menzó a formarse. Las órdenes milita•
Serían las cuatro de la mañana; el
res se sucedían.
viento soplaba fuertemente; los á rboles
-Padre, dijo Octavio a uo sacerdote
del jardío crojíao a su impulso; meno·
qce Je acompaiiaba,-se acerca el su·
da lluvia rozaba los cristales Todos
dormían, menos Berta, que perma.iecía ·premo momento.
-Valor, hijo mío, teocoofiaoza eo el
cie rodillas, inmóvil e nte una imágen de
Eterno Padre. Dios es grande y pode,
la Gaadalupana. De sus ojos ya no bro·
taba el liante·. Sus labios se entreabrían roso.
- No, ya es tarde, Padre, moriré
lentamente: oraba. Su oración era
tranquilo y ,onrieote; solo deploraría
ferviente y salía de Jo más profundo de
q11e l,a causa qoe hoy me lleva al se•
su alma.
El reloj de la vecina iglesia dió las pulcro oo llegue a verse triuofaote y
cinco . Aquel sonido (úneb,e y triste victoriosa.
-Oremos,-dljo el Padre, que, ape
bízola estremecerse.-Lascinco, dijo,sar
de su misión, sintió eo su alma bu·
y elevando sus ojos al cielo exclamó:
¡oh, Dios míol-lserá posible que deo· llir un sentimiento de orgullo-oremos.
tro de una hora mi O~tavio ya oo exis• Para los verdaderos cri!tianos no hay
más Patria que el Cielo.
ta?
Octavio se vistió cuidadosamente.
...
..... ' ........ .... . aguardaba con impaciencia la hora d~
.. .. ... .. ... ···· ··· ................ . salid1. Un toque de corneta hízolo es·
tremecerse.-i Las seisl-dijo, y de su
Esbelto y elegante, de ri zada y rubia pecho se escapó un profundo suspiro.
c~bellera; sus ojos de un verde claro,
Uo piquete de soldados llegó a la
Jaezaban eo torno suyo miradas tristes puerta de la capilla y Octavio salió es,
y vagas. En el altar cbi3porroteabao e-ollado de ella.
dos cirio3, y sobre uo fondo negro des,
El cielo, después de aquella noche
tacábase la plateada figura de Cristo tempestuosa, estaba claro y sereno. Los
crucificado. Octavio no había dormido primeros rayos del sol doraban los pin,
en tcd1 la noche; paseábase lentamente torescos alrededores:de la alegre campi •
por la fúnebre capilla. De pronto se ña. Octavic respiró con satisfacción el
detuvo; un rayo de luz penetró alegre· aire de la mañana. Miró al cielo azul y
mente a través d3 los cristales.-Se tranquilo, la naturaleza toda, permaoe•
acerca la hora,-dijo, y sonrió amarga·· cía impávida ante su muerte, Sos ojos
mente -D~ntro de breve tiempo verán se 6juoo entonces en algo que lucía
A MARIA

··· ·· ····· ·····

a Jo lejos: era la gloriosa enseña tricolor.
La luz del sol, reflejándose eo ella,
hacía resaltar aún más sus r¡!lumbrao•
tes colores.• Flameaba entonces victo·
riosa y como satisfecha de sus postreros
triunfos.
La marcha era lenta; el teniente que
mandaba la escolta detúvose on instan•
te. Un emisario avanzó basta él y en•
trególe en pliego sellado. Era el indul •
to de Octavio. Ya no moriría, no, pero
en cambio, pasaría largos añ.is lejos de
su P~tria, allá, en lo más retirado de
un calabozo húmedo y frío,

.... . ..... ..... . .. ..... .. . . .. .. . . .. .
Serían las cuatro de la mañana; el
viento soplaba fuertemente; los árboles
del jardín se estremecían a su impulso;
menuda lluvi1 rozaba los cristales. Tú•
dos dormían, menos Berta, que, absor,
ta contemplaba a Octavio, quien bacía
algunas horas era ya su esposo amaao,
y que en la blandura del lecho ballába•
se sumido en profundo sueño, deliran,
do con ella, y con su amor, sometido
por tanto tiempo a tao doras pruebas.
Soñando, sí, con aquella obscura pri·
sión en donde pasó los días más amar·
gos de su existencia.
El reloj de la vecina iglesia dió las
cinco.
Octavio abrió los ojos y vió a '.Berta·
a su Berta querida, que amorosa Jo con·
templab1. E3trecbóla apasionadamente
contra su pecho, y díjola al oído, quedo,
muy quedo: ¡Jas cioco, amada mía! a
esta hora espira el plazo fijado ..... .. .
LUIS G. CABALLERO.
México, Mayo de 1914.

LEVEN.DAS ARABES
DE LOS KASIDAS.

A la orilla del río mirabas fijamente,
Flotar, cual si fuera una campánula dorada,
T u deslumbrante túnica que boga eo la corriente.
Dejándote desnuda, divina y desolada.
Yo te grité a lo lejos, de paso: Sé dichosa ...
Mas tú me respondiste con acento sombrío:
-Y cómo, si mi túnica, más bella que ooa rosa,
Ha sido arrebatada por el inquieto río?...
-Tal es- te dije eotooceS-tu juveottd: se aleja
Sin detenerse por su~piro, llanto, queja ....
Escucha, no estés triste. S~ de tus penas hondas,
Observa qué quietudes tao gratas y propicias...
No estés inmóvil.... Vamcs allí, bajo las frondas,
Donde te haré una dulce túnica de caricias.
RAFAEL LOPEZ.

�Las últimas obras

de Angel Zárraga

David.

Moctezuma Ilhuicamina.

En el Salón de Otoño de París, el año pasado, nuestro pintor Angel Zárraga expuso cuatro
grandes medallones decorativos
que él titula &lt;Cielo de la Acción&gt;. Escogió como ti pos representativos cuatro piedras mi liares en la historia de la Acción
humana: Moztezuma Ilhuicamina, flechador del cielo, David de

la leyenda bíblica, San Jorge de
la leyenda cristiana y el Aviador
de la Epopeya moderna.-Estos
cuatro medallones son una evolución en la obra de Zárraga pues
del análisis disciplinado de &lt;Los
Reyes Magos&gt;, &lt;San Sebastián&gt;,
etc. , pasa ahora a una concepción .sintética de la forma y del
movimiento. - Zárraga piensa

que la pintura es arquitectura
antes que nada y ha subordinado su esfuerzo a la realización
de una obra arquitectónica, pues
destina estos cuatro medallones
a la decoración de una fachada.
Nos complacemos en reproducir el
siguiente juicio emitido por una
revista de París a raíz de la exposición de nuec;tro compatriota:

Zárraga, como todo artiita altamente dotado, prueba que tiene dón de transformación; y, si
cambia de oroceder estético, no
es para dar temeroso un paso
atrás, es para volar con brío por
las alturas en que el arte se codea con la razón. Es, en medio
a la dominante delicuescencia,
uno de los pocos artistas que tiene conciencia plena de su arte;

sobre estética conoce las más encumbradas y variadas teorí2s; en
punto a técnica y en punto a escuelas, puede decirse q11e no hay
secretos para él, pues ha llegado
al dominio triunfal ele los más
grandes medios de producción.
Como s u espíritu no es vacuo,
sino que está en constante vigilancia, pueden de él esperarse
grandes cosas, bien que no sean

nimias ni pequeñas las que nos
ha dado hasta aquí,
Nos ha reservado en este salón
una verdader.a serpresa con su serie de cartones decorativos, los
que, si bien no son para decorar
ningún interior no dejan de atraer
la mirada de los selectos espíritus.
( Continuará).

�La voz del Ghampagne
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Yo, dice el champagne, soy la bebida
De los grandes magnates y señores,
De los brindis reales; la elegida
De los altos poetas soñadores,
De este siglo; de los emperadores
Y los reyes del dollar y la banca;
El &lt;clou d'or,&gt; la nota culminante
De los trasnochadores.
Soy topacio diluído en ilusiones
Que llego al corazón y a la cabeza;
Soy dinamo de locas vibraciones
De amor y de ansiedad y de terneza;
Caleidoscopio de espejismo extraño
Al través del cual todas las cosas
Se convierten en joyas, en perfumes,
En caricias y en rosas.
Soy en el &lt;cabaret&gt; y en el casioo
Donde la seda cruje y do se chafa
Terciopelo del traje femenino,
Y el &lt;chartreuse&gt; descansa en la garrafa
De cristal de Bohemia, y va ~in tiiio
Rodando la fortuna en la ruleta,
La que consuela al infeliz qne inmola
Peseta tras peseta.
Yo estoy en todas partes. en la playa
Donde el muodo elegaote hace verano,
Donde la joven &lt;citadina&gt; eosaya
El &lt;flirt&gt; cautivador y el soberano
Y dulce sonreir de sus mi¡adas
Que tienen como el mar sus espejismos
Y: en que a veces el alma emocionada
Y por ~I amor solicito empujada
Encuentra dos abismos.
Estoy también luciendo en las escenas

El deseo de la amada
La Niña de mi amor me dijo un dia
Con su sonrisa franca de alegría:
- «Oyeme, mi poeta: tú, que has sido
Por el ensueño uogido
Y que escancias, al par que la dulzura
En tus versos, la miel de tu ternura,
Deseo que de tu mente soñadora,
Donde existe mi imagi:n triuofadora,
Brote en raudales, puro, cristalino,
Sollozaote de amor, un verso suave
Un madrigal azul, casto, divino,
Que simule caricia o trino de ave
Para mis manos que deshojan tactos
Petalitos de amor en tu camino;
Para mis ojos que, por ti, sus llantos
Riegan tu senda ignoto peregrino&gt; ....
o o o
Tembloroso y sumiso ante el deseo
De la pálida virgen que yo adoro,'
Hice llegar hasta ella el aleteo
Del Ave azul de mis ensueños de oro,
o o o

¡Manos de seda y de flor!
Hoyueladas manos mías,
Que encendéis mis alegrfas
Y que calmáis mi dolor ...... !
Si pudi~ra con amor
Teneros sp)?re mi frente,
¡Con qué pasión tan ardiente
Os cantara eo mis endechas!
Para Íní, babéi~ sido hechas,
Manos de seda y de flor,

¡)~ las ópera,:¡ cómicas, mezclada

r.

Con exquisitas raras cantilenas
De una extraña páreja enamorada.
A veces entre lágrimas y pecas,
~ntre s.uspiros y gratos embelesos
O convertida en fuego entre las venas
De la mujer galante y descocada
Que cotiza sus besos.
Soy bebida elegante, la obligada
En bodas y bautizos y reuoioues;
La que como corriente desbordada
luuudo de placer los corazones.
La que como el Falerno de la Roma
De Claudia, de Nerón y Mesalina,
Las voluut..des más potentes doma
Y entorpece y arruioa.
P. H. RODRIGUEZ.
San Luis Potosi, Abril de 1914.

ooo

¡Ojos _glaucos, adormido~
Ojos serenos y scaves ....
Vuestras miradas son aves
Que vienen de ausentes oidc s.

•

Si no me traéis heridos
Los recuercl.os sacrosantos
De amores d~lces y santos
Llegad, que sois mis antojos,
Y besad mis pobres ojos,
Ojos glaucos, adormidos! ....

J. MARDOQUEO CRUZ.
Primavera de 19r 4, Nogales, Ver.

SUCESOS VARIOS DE ACTUALIDAD.-Cañonero &lt;Guerrero,&gt; de la marina nacional que hundió al cañonero
&lt;Tampico,&gt; cuya tripulación se rebeló contra el gobierno C!lnstituído.-.Señor E. Sherwell, alto empleado de la Secretaría
de fostruccióa Pá blic1 y Bellas Artes, que ha dido conferencias patrióticas.-Gral. Guajardo que opera en el Norte. - Se·
rranos de Oax1ca, listos para la defensa nacional.-&lt;EI Tampico.&gt;

�fff:===========A====L====EG===O===R===I====A===S======~

~

~

En un lago de liofas claras, castillo
airoso sus muros levantaba; las peñas
que su base sustentaban preciados te·
soros escondían de noble metal y peareria. Más no toda la riqueza del castillo tao sólo en esto se estribaba, bos•
ques vírgenes babia de maderas oloro•
sas, rosas de coral, grutas de perlas,
arroyuelos cristalinos que regaban praderas de esmeralda, árboles frutales;
plumajes pintados en las aves, voces de
flan ta en sus gargantas.
Y en la torre más alta del castilloemblema de poder y supremacfa-águi,
la real de torvo pico, de férrea garra,
su touco grito lo lanzaba ••. .. .
Los nobles moradores de la islaguerreros valientes y atrevidos , con de·
nuedo sin igual la defeudía:n- y no·su·
pieron conocer del miedo; temores va·
nos, y no pudieron· los pueblos comar•
canos¡ poner un yugo a su hidaJgnia.

S'r. Li~. D. Enrique Ballesteros electo
segundo vicepresidente de la Cáma·
ra de Diputados durante el
mes de Mayo.

1

1

o o o
1

De oriente llegaron oav1s blancas
surcaodp con sus cascos ¡., ~erso de las
aguas. I:.os nobles_ morador15,s de la isla
creyendo un amigo al g.ue venia, Je
dieron las llaves del castillo, le hicieron subir hasta la torre , dó el águila
graznaba. . . y el huésped se tornó se·
ñor y a el águila aberr,ojó con cruel
cadena y ansioso recorrió todo el cas·
tillo busca.ndo el tesoro de que hablara
la fábula hechicera, ab:ó una hoguera
pues él pensaba arrancar asi el secreto
al guardador del oro y pedreria, y en
medio qel dolor. éstes_aUaba, ca,llaba y
soorefa.

Sr. Lic. D. Francisco Pascual G~rcía
electo presidente de la Cámara
de Diputadas en el presente mes,

Señor don Fernando Gil electo
primer vicepresidente de
la Cámara de Dipu•
tados.

La historia se repite, el fuerte está de pie con sus
preseas, la fama lo divulga por doquiera, yel águila en
su torre, siempre llltiva al buitre su rival,con odio
sin igual, le mira.
La sed insaciable de riquezas devora la entraña del
milano y a la isla-tesoro de bellezas - pretende con·
quistar y a ese fin, sus naves manda que surquen las
aguas de aquel lago....
4.
Al llegar a este punto de la historia al futuro se de¡a
que nos diga la resulta final de aquella hazaña .. .. l ~e•
rán los hijcs de la isla, del alma del fiero tesore~o que
ea medio de la llama sonreía? ¿Serán .... . . -iD1os oo
to quiera! como el otro, traicionero-qne su honor y su
patria la vendía .... ?
1Que el mañana se resuelva favorable! Jqu~ luz~a la
aarora sonrosada y bañe con sus luces el cashllo l s1em,
pre libre, siempre altivo, que el águila impe_rial ' lance
su ¡tri to ...... y antes que el ladrón aborrecido pueda
con su garra el sacro suelo profanar, ¡que caiga la torre y el castillo! ¡que la isla se destruya! que se la tra•
gue el mar.
DOMINGO GARCIADE I.;EON.
(&lt; ~ogeliaa Domo di G:irce&gt;).

Un orador eu el mitin con que celebró el elemento obrero

de la Ciudad la fiesta del trabajo.

o o o

e(

'Por muéhos años:
ág~ila-S;ñora de otros tiempos-gimió en su encierro,
ed tanto que, en los parques del castillo
ostentoso paseaba un león, manchando
eJ lsuelo.
¼. el águila llegó valiente anciano
qn¡itándole sus férreas ligaduras y así
Mons. Manuel Rivera, Obispo de Querétiro muerto el 3 del actcal.
entablaron, el águila y el león, furio•
sas luchas, la una peleaba por lo suyo,
el 1otro luchaba por guardar Jo hallado; tad se defendían. De tales hechos, exis, gigantes, tendió su vuelo hacia el casti·
vehcido el segundo en la contienda, las ten monumentos que viven por la gloria llo, el agoila imperial que le guardaba,
naves se alejaron del castillo, las aguas de los muertos.
rugió de encono, miró con rabia al ene·
se 'tornaron transparentes, de el ave vol•
migo .... y el sol que desde el cielo con
vió su poderío.
su dorada luz bañó el combate. ¡Qué
o o o
cuente cual aconteció, qué diga lo rudo
o o o
del embate!
Mas por desgracia, el que entonces
Al norte de aquella fortaleza, azules
/C uántas veces despuésl-lo cuentan montes encierran el pafs de los gigan· custodiaba los tesoros, no tuvo lo herói·
del castillo los archivos,.-en nocbes ca• tes; bandidos son éstos, muy tenaces y co de su ancestre y haciendo de traidor
llalias, transparentes, la calma del lago de todos los rapaces enemigos con que el vil oficio, abrió el secreto al merce•
se turbaba por lanchas de piratas que cuenta la ista· pro'digiosa, 'se puede ase• nario y así el plagiario cargó sus na,
acudían en busca del tesoro codicia· gurar a dicho cierto que son los .gue le ves . •.. .. ¡no con el botín del triunfa•
do ..... . tantas otras el grupo de va• tienen más anhelo • . •. y en épocas pa, dor .... ¡pues él llevaba el fruto de trai•
lientes, abnegado, con honor, con leal· sadas-no lejanas-el ave falaz de los ción y de pillajes!

o::ireros que asistieron al mitin efectuado el primero del actual, para_ celebrar la fiesta del trabajo.

�~ Teatrales
L

l
•

Flácidas, colgantes, como pegad~s al mástil, fletan las,
en otro tiempo, hinchadas velas del galeón teatral.
En cuanto a los galeotes, dicho sea de paso, no hay
cómitre que les haga reinar a derechas.
Y es que de la fauna humana, animal es el cómic,,
empeñado ~iempre en conspirar contra sus propios (y
aún agenos) iotere~es.
Por mo:½o y manera, que amagados andamos, a lo que
parece, de desastre, o desilusión teatral, de los de óro
dago.
Susúrrase la llegada de Muñoz.
Háblase de defecciones importantísimas.
Colúmbrase campaña artística formidable que trate
de fnodir el hielo de una indiferencia y mal g usto consuetudinarios, en el público, por estragamiento del gu~to
y peor adobo de lo que se le sirve ...... y ¡váya usted a
saber en qué Pararán estas mi~as!
Averígüelo Vargas.
o o o

Escenas y penonajes de cLa Maldita Bebida&gt;, estrenada
en el Colón el sábado,,-Fots. Lupercio.

cLucha de Clases&gt; desdichado engendro echegariano,
del molde antiguo, ha sostenido el cartel del Mexicano
durante la pasada semana.
Comedia vaudivillesca con toques de &lt;moral de guar,
darropía&gt;, ha suscitado (Quién lo creyera! los escrúpulos monjiles de algunos cbabitués&gt;, que allá en la oque,
dad de las telarañas de sus exiguos cerebros. han adju·
dicado al infeliz Don Miguel, más &lt;pesquis&gt; del que es
susceptible.
Sin embargo, &lt;El Orgullo de Albacete&gt; no ha ahr•
mado las pudibundas y remilgadas__conciencias.
-!Misterios de la vida! como dice la Olazo en &lt;Lu,
cha de clases&gt; al sentirse cansada ca pesar&gt; de haber
lle¡¡ado en coche al Convento.
Al llegar a este punto te hago gracia, lector pío, del

atgomento, entre otras razones, porque.se me ha
tachado y con sobrada razóo, de hacerlo ·muy
nial.
Diréte algo, muy poco, de la interpretación.
Parra sigue empeñado en no suprimir, de la
espaciosa frente, el apéndice capilar o escanda·
loso topé que tan mal }e sienta.
Ptadencia Grifell, no sintió, joh tiranía de
las circunstancias! el menor empacho. en vestir el traje
de desposada.
~
El comandante Alfredo Macias-, no consiguió poder
abrocharse (grave falta militar) los corchetes del cuello
de so guerrera, harto conmovida por su contínuo zaran·
deo epiléptico.
En cuanto a la hermosísima señora Mercedes Nava•
rro, empeñada siempre en lucir toilleles sobrado elegantes para el papel que reoresenta, nos sirvió uoa hija
&lt;Sócialista&gt;, un tanto epiléptica lambién, algo gutural,
peto cesonltarat&gt; en cambio.
El traje aquél de albo raso es realmente capaz de al•
terar el orden social. ..... de los espectadores.
Pero lo que dirá ella:
-IQué culpa tengo yo, caballeros, de haber resulta·
do as!. ..... tan &lt;guapa&gt; como Dios me ha hecho?
Lástima de que el Supremo H1cedor, se haya descui•
dado en la garganta, en los brazos, (ademanes) y en al·
gunas otras cosillas más.
Pero no hay derecho a ser exigente ni con la Diviaa
Sabiduría.
Cuando é~ta fabrica una hermosa mujer, jamás se le
ocurre que le dé por resulfar artista.
Pero en cambio con las feas ...... se esmera
Dígalo si n6 María Lnisa Rejane.
Fea, a matar, pero eximia artista en cambio.
Y hasta con el sexo feo ocurre lo propio.
He ahí a Cervantes, que para ccariáticle&gt; no-tenaría
precio y ••••.• es un excelente actor.
El mismo Don Joaquín, puede aspirar, sin mengua ni
desdoro, a un premio de &lt;belleza&gt; masculina y ..... .
ve•y. gran cruz del mérito y constancia artística.
!Una infinidad de años, _perdidos miserablemente,
irremisiblemente perdidos en América!
!Oh dulce y dorada leyenda americana!
Ni a la cgente de corral&gt; respetas; como que to mag,

-

&lt;Lucha de Clases&gt; ea el teatro Mexicano

�Uoa esceoa d'.l la obra de Paol Hervi~u. traducida por Benavente,
cEI destino manda.&gt;
na y envenenada influencia a todos y a
cada uno alcanza! ......
o oo
Los &lt;templos de la tanda,&gt; y sobre
todo el Principal, pletóricos.
Los ojos gachones de Maria, (asi la
llamamos sus latimos) la frialdad marmórea de la melancólica y pésima li•
terata Mimí; (asf la llama todo el mun•
do) y finalmente los trinos y gorjeos de
Carmen Caossade, enamorada del arte
y del chocolate de la Palma, (con ban,
derillas) reciben el aplauso, benepláci·
to, y dineros públicos.
Dios sea loado, y se lo aumente!
En el Colón, Chole capea el temporal, mar gruesa y de fondo con una sirena de ojos verdes tao sabrcsa como
la paella de so tierra: La Iris!
Iris .... .. digno de la más cfermosa&gt;
gata de Angora.
Pero ni por esas!
Verdad que a mi pobre juicio "Tira•
do" se "tira" demasiado a fondo.
De abi que todos llegoeo pronto al
idem.
!Laos Den!
DON NADIE.

TEATROS ESPAÑOLES
El estreno de cEI destino manda,&gt;
con tanta impaciencia esperado, se ve·
rificó el miércoles.
Manteniendo el pabellón por él crea·
dri en la dirección escénica, Fernando
D!az de Meodoza ha realizado una la,
bor digna de los más eotosivtas elogios
al poner en escena la obra de Hervieo.
Como es sabido, ésta tiene dos actos,
y el lugar de la acción es el mismo en
ambos: un castillo francés del siglo XVII,
en el cual habitan sos propietarios ac•
toales, q'1e se han instalado con todas
las comodidades del ccoofort&gt; moderno.
Tiene on chall&gt; de planta rectaogo,
lar, y sus muros, lo mismo que la bóve•
da, dan la impresión exacta de la pie·
dra obscurecida por el tiercpo.

Un cuadro de gran tamaño, que se
destaca en el fondo, es obra del notable
artista Anselmo de Miguel Nieto, y representa a María Guerrero ((a doeña
del castillo en la obra) seotada en un
diván. La pintora es digoa de la artista
retratada y de la fama del pintor. Un
arcón que aparece colocado bajo el
coi..dro es de talla, de época y a utéotico.
Las columnas de la chimenea y el es•
codo que las remata en so parte supe,
rior son de bronce dorado y estilo ba•
rroco.
Lo~ moros dan la sensación de la
verdan; la verja es ooa auténtica puerta de hierro De este modo, el pl1blico
tiene una completa impresión de reali·
dad.
Del centro de la bóveda pende una
araña de madera, esculpida y dorada,
del gasto de la época de Luis XIV, co•
piada de las que se cooservan del fama·
so mueblista francés Andrés Carlos
Boulle, qoe floreció como es sabido a
fines del siglo XVII.
Los muebles son, en su totalidad, muy
de carácter de época; están tallados en
nogal y roble, y tapizados con brochados y terciopelo. En ellos se ha atendido especialmente a qoe sean muy cómodos y coofortables, como corresporde a un castillo tan suntuoso. htbitado
por gente prio,:;ipal.

En el centro de la escena aparece una
mesa grande de artística talla, junto a
la que hay un sillón de alto respaldo.
Bajo la balaustrada de la derecha, on
diván lleno de almohadones de pluma, y
junto a la chimenea, dos grandes cver·
géres&gt; y otra mesa, más pequeña, del
mismo estilo.
En el fondo. el arcón ya mencionado,
y convenientemente distribuidas, variad
sillas.
Co:npletan la decoración tipicos ca,
churos de porcelana, figuras de bren•
ce y ricas alfombras orientale~.
Los trajes hao sido también objeto
de un detallado estudio.
Las paredes del salón del castillo es,
tán e-abiertas de tapices flamencos de 1
siglo XVI, propiedad del duque de Ta•
mames, que los ha cedido galantemente.
Todos los detalles, en fin, son de una
realidad y una riqueza verdaderamente excepcionales.
(De nuestro cacje madrileño.)

María Guerrero y Fercando '.Dfaz de
Mendoza en coa escena de e El Des·
tino Manda.&gt;

Páginas· Femeninas
Los brocados aun los de dibujo más
sencillo son tao ornamentales que requieren poco o ningl1n adorno. Con los
rasos, la combinación más usual es el
chiffóo o encaje muy fino, ya sea du,
quesa, irglés, chantilly o valenciano le•
gitimo.
Se nota que para los trajes de soirées,
la falda, en general, es de brocado o
cualquiera otra de las telas de moda,
d~ tejido espeso, como el satín, el vel•
velino o las tafEltas, miantras que los
corpiños son siempre de las telas trans·
parentes.
Hay tal variedad en tintes nuevos,
que cualquiera mujer puede fácilmeote
hallar el tono más propicio para so co•
lar. Al elegir las telas para nn traje de
soirée, conviene vsrlas bajo la luz arti·
ficial, paes con frecuencia sucede que
un color cambia bajo el efecto de la
luz eléctrica, y en los tonos suaves sue ·
len producirse algunos efectos que no
favorecen.
A pesar del famoso dicho relativo al
color amarillo, este color es uno de los
que más favor hacen, si se sabe elegir
el tono; y para las morenas es de parti·
colar realce.
Actualmente los tonos &lt;tango&gt;, q ne
~utiguamente llamábamos anaranjado.
los coros&gt;, el amarillo melón, etc., son
los predilectos de la moda; combinado
con negro, blanco y aun con ciertos tonos de azul, es de un efecto maravi·
llol'&lt;l.
Un delicioso modelo importado re·
cientemente, tiene la falda de brocado
amarillo oro; el drapeado está arregla·
do en pliegues iguales en torno de la
cintura, formando paniers a los lados y
dejando casi liso el delantero. El cor•
p,ño está hecbo de chiffón blanco sobre
punto grueso trapeado con un dibujo
semejante al del brocado, hecho con se·
da amarilla. Las maogas sumamente
anchas, se recogen ligera¡nente en un
puño pequeñito sobre el codo. El cin•
turón es de terciopelo orqofdea, ciñen•
do la cintura a la espalda y terminando
cruzado, a igual altura del escote y cer
ca de la sisa.
Hay una reproducción de Este mo·
delo, en satín adamascado color violeta,
con cinturón de terciopelo turquesa y
esta combinación es también de herma,
so efecto.

miento&gt; Pero deseo llamar la atención
de mis lectoras, de un modo especial,
al hecho de q ne la gracia del movimien
to es no solaocnte asunto de giros del
cuerpo: es en parte,en gran parte, asun•
to mental.
Los movimientos sin objeto, inciertos,
no son graciosos: son torpes como las
vacilaciones de un ebrio. La libertad
de los movimientos forma parte de la
guci-¡; pero hay qoe mantener el eqni·
librio
La regla de D_,Jsarte, es la siguieote:
Fnerza en el centro, libertad en los ex,
Iremos&gt;. 'í ciertamente no hay otra me,
jor. Es preciso, sin embargo, entender
bien que la &lt;fuerza&gt; no es la &lt;tensión&gt;
o ctiraotez&gt;. No hay nanea una excusa
legítima pa:a la tensión de los múscn•
los.
Con el fin de establecer esta libertad
y fuerza que forman la gracia, y que
una vez adquiridas, influencian todos
los movimientos, es preciso, ante todo,
poner las extremidades en condiciones

tales que respondan prontamente a la
dirección del cerebro.
Es necesario enseñar a los brazos a
moverse teniendo como eje los hombros:
el antebrazo debe moverse consideran!
do como centro el codo; las manos de•
pP.odiendo de la muñeca, y los dedos,
de la mano,
El pie debe aprender a moverse teniendo como centro el tobillo, la parte
baja de la pierna, teniend, como eje la
rodilla, y la parte alta, el maslo.
La cabeza debe aprender a moverse
libremente sobre el eje del c uello, el
torso, sobre las caderas, y no la cintura,
seg\10 es el error com11n.
Para todo esto, es indispensable ha•
cer ejercicios con los brazos y piernas,
para acostombrarlos a moverse fácil,
mente, dependiendo de sus centros indicados. El resultado de todo ello será
la eliminación de un gasto inútil de
energía y vitalidad, que estarán substituidas por la buena dirección de los
movimieotos.

DELIA.

ººº

La poesía del movimiento
Maria Guerrero y Fernaodo Dfaz de Mendoza en uua ,scena del segundo acto
de la obra ~eHervieu.

Todos los movimientos que hacemos
deberían expresar lo que los franceses
describen como cLa poesía del movi•

Vestido de visitas o paseo,

�labores doméstiGas

Echarpe de tul oegro.

Nunca los modelos de zapatos bao
sido tao variados como ahora. Después
de los cotoroos vem?s los zapatos a la
cpoolaioe.&gt;

Guarnición para colocar bajo una
levita.

La enagua desterrada durante cierto
tiempo, vuelve a reaparecer. Pero por
su forma y por su ligereza, apenas si
puede coosiderarse c0mo vestido ver•
dadero de interior.

Adorno para zapatos. Para hacerlo,
se borda con perlas de acero una media
luna de raso o de ti,rciopelo.

Ligas de elástico, cubiertas con liberi
ty fruncido, color caucho.

Ligas de mañana, de seda de color,
adoroado.s con pequeñas rosas de &lt;ta.
ffetas &gt;

f".

.

~~

.
•'

.. .,,:\
'

,,

..

\,,"

Peqoeña casaca de velo oioóo, de
color claro, cortada en forma de kimo•
no muy amplio.

Elegante conjunto de trajes propios para té, recepción o baile.

Ciotura-ebaleco, de piel de Suecia•
natural, orlada con un &lt;liseré&gt; de ca•
britilla negra.

�Asi, por ejemplo, si hay que alcaazar
ua objeto colocado en alto, la energía
necesaria acudirá directamente del hom•
bro a la pnnta de los dedos y no a las
falanjes o al codo. Si hay que voltear
a ver a una persona que esté al lado, la
cabeza girará sola sobre el cuello, en
vez de que todo el cuerpo lo haga sobre
la cintura.
Recordemos, pues: fuerza en el ceo·
tro, libertad en los extremos, y de esta
manera, todos los movimientos tendrán
gracia.
Es preciso evitar las posiciones angulosas; los movimientos duros, bruscos;
un poco de ateoción y práctica, hacen
adquirir la gracia tan deseada, la cpoe·
sía del movimiento&gt;.
DELIA.

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R igistrad:, c oml artículo de

e, Segúnda Epoca.

2~

clase, el

26

de Febrero de 1914.

Sábado 2 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 11.

1.--;~==_.j

LIRIOS. - ESTUDIO ARTISTICO POR HANS.

�•
INDICADOR

.\bundio Martínez. Y no es que
estimemos a Abundio como un
genio musical; estamos conformes en que no inventó teorías
Se publica todos los sáb;,.dos por la
nuevas sobre composición ni soCía. Periodíst!Ga MexiGana, A.
bre armonía; aun es más, creeDIRECTOR:
mos firmemente que no supo haJ. M. COE LLAR.
cer el debido uso de las teorías
Gl!Rl!NT!!:
existentes, pero eso no obsta paMIGUEL LANGARICA.
ra que creamos que ern digno de
OFICINAS:
mejor suerte el hombre que ha3a Riat:oaada de San Diego 41.
bía dedicado la mayor parte de
Te léfonos:
su vida a expresar, en una forMex. 20-85 Neri.-Eric. 14-51.
ma más o menos imperfecta, la
Apartado postal 45 bis.
inspirnción de nuestro pueblo diMEXICO, D. F.
luida en una infinidad de compoPRECIOS
siciones, la mayoría de las cuaEjemplares sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs. les obtuvo gran favor entre el
Subscripción, trimestre .... . . . 2.50
pueblo, lo cual quiere decir que
Extraoj~ro, trimestre..... ..... 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cu- reflejaba el alma de ese pueblo .
ba, ea donde regirá el mismo precio En la misma nota informativa a
que para la República,
que hacemcs referencia más arriNO GIRAMOS
ba, ha_v una listad~ las compoTODO PEDIDO DEBERA VENIR siciones de Martí nez, y seguraCON SU IMPORTE.
mente que no hay una sola de
No se devuelven originales.
ellas que no haya merecido los
honores de una gran popularidad.
Nos hemos figurado un vtaJe
de Abundio por las calles de M éxico en un o de los últimos días
No es nada nuevo ni raro, pe- de su vida. De todos o de la maro no por eso es menos doloroso. yoría de los pianos que existen
Desde que el mundo es mundo en la capital habrá oído brotar
ha sucedido que' el que dedica su fragmentos de sus composiciotiempo a ensueño" más o menos nes, hasta el punto de llegar a la
bellos, a impresiones artísticas ilusión de que sus melod ías flomás o menos altas, arrastra una tan sobre la ciudad como el alma
vida miserable donde aparecen metropolitana; su déb il cerebro,
a veces puntos fugaces en que predispuesto por la enfermedad,
brilla la glor ia por momentos, y habrá soñado en u n río de melomuere olvidado. despreciado y días que, saliendo de su cabeza
vejado. para que, con los años, como manantial se habrá ido exsi la labor es extraordinariamen- tend iend'J por las calles, por las
te alta, se aquilate y se estime plazas, por el aire, hasta formar
en un porvenir demasiado remo- un oceano en el que se han bato para la vida material, y si no ñado las almas que g ustan de la
es titánica, desaparezca en me- inspiración popular . de esa insdio del mar de las medianías piración que retrata nues tro caanónimas.
rácter &lt;le indios conquistados; en
Los soñadores no han sido la que se ve la melancolía de
nu nca hombres acomodados y el Netzahualcoyotl mezclada al sen esfuerzo hecho para elevarse un sualismo de los orientales y a la
poco y elevar al mi:=-mo tiempo indolencia que los españoles reciel medio en que se vive ha sido bieron de su contacto con los hisiempre el más ingrato y el me- jos del profeta.
nos apreciado.
Las danzas lúbricas . 1os val T odo lo anterior nos ha sido ses que quieren ser vieneses y
sugerido por la lectura de la no- que resultan tan mexicanos en el
ta in formativa en que se relata fondo, y esa multit11d de trozos
cómo murió el pobre mus1co po- bailables imitados de todas las
pular que llevó el nombre de músicas del mundo, pero que .

"Arte y Letras"
s.

La caída

tienen siempre el sello de nuestra
alma, habrán tcmado forma de
nuevo dentro de las circunvoluciones cerebrales que les dieron
origtn y , creído de aquella visión; sintiéndose autor de ar¡uella
invasión de harmonías habrá
perdido el sentido el pobre músico para ir a decpertar, o a la
cama de un hospital, o entre las
cuatro paredes que formaban el
tugurio en donde sentía que había de exhalar su último aliento
sin haber recibido de ese mundo
al que tantas melodí:ts había dado, m's que un olvido muy cercano al desorecio.
Y, cuando des'Jués de muchos
de estos desengaño~, se haya encerrado en su pobre cuarto a esperar la muerte, habrá sentido
«en la boca el amargo sabor de
la agonía~, mezclado al no menos amargo de la soledad y la
desesperación.
Al fin murió, nadie supo cómo
ni a qué horas; la portera de la
casa dió parte a la comisa ría, y
ésta se con fermó con hacer constar que se había recogido el cadáver de un individu:&gt; llamado
Abundio Martínez.
Pero hay que ' onfesar que si
su vida fué miserable, en cambio
su entierro fué espléndido; él,
que en vida ha de haber viajado muy pocas veces en un coche de primera clase, muerto fué
conducido en un lujcso carro fúnebre que llevab1. por acompañamiento coches de rrimera en
los que ',ay que advertir que no
iba nadie, porque no hubo un sér
caritativo que supiera que se podía hacer un viaj/.) gratis al panteón de Dolores; el precio de la
fosa en que se le enterró hubiera
bastado para pagar por un año
una habitación menos mala que
en la que acabó sus dias.
Y ese cortejo imponen te y frío,
qne parecía un insulto a la miseria del difunto, pasó por las
calles de la ciudad en medio del
duelo nacfonal por los acontecimientos del día, ~- llevando dentro el duelo también muy grande
de 1 :tima del soñador que tuvo
que mori r p1ra disfrutar de las
e,plendideces de la vida.

J. M.C.

O==========~

-:::--.-:--===--===-===E====L===GA===T===O===NE===G===R

ror Edgard Allan roe.

~::::::::=::::=====~~===========--_-_-_-_-_-_
No espero que se crea Jo que voy a
escribir; la relación que sigue, a pesar
de su carácter familiar, es una de las
más raras y extravagantes y no sólo no
espero que se crea, ni siquiera lo ima·
giao. Sería una locura esperar que se
creyera Jo que mi razón se niega a
creer a pesar del testimonio de mis sen,
tidos. Sin embargo, no estoy loco ni he
soñado. Pero debo morir mañana ,y desde hoy quiero descargar mi conciencia.
Mi objeto es ofrecer al lector, con to•
da franqueza, brevemeote y sin co·
meatario, una sucesión de sencillos
acontecimientos de carácter doméstico.
Por las consecuencias que han tenido,
estos acontecimientos me han aterrori ·
zado, me han torturado, me han aoooadado. Sin embargo, no quiero tratar de
explicarlos. Para mí no han producido
más que horror, quizás más tarde haya
una alta inteligencia capaz de sujetar
mi caso, tan fantástico como es, a re·
glas comunes; una inteligencia más
tranquila, más lógica y. mucbo menos
excitable que la mía, que no vea en las
circun5taocias que relato con horror,
nada más que una sucesión ordisaria
de causas y efectos del orden más nor,
mal.
Desde niño tuve fama por la docilidad y la humanidad de mi carácter. El
exceso &lt;le mi sensibilidad era tan nota, •
ble qne mis compañeros me ponían en
ridículo por él. Sobre todo, tenía un
cariño entrañable por los animales:
eran mis favoritos y mis padres me psr•
mitían la fantasía do, poseer una gran
variedad de ellos. Pasaba la mayor par•
te de mi tiempo en su compañía, y nun•
ca me reputaba tan feliz como cuando
les distribuía comida y caricias. Esta
particularidad de mi carácter se acre,
centó con la edad, y cuando llegué a la
de hombre fué uno de mis priocipales
motivos de placer. A quienes han sentido un cariño entrañable por un perro
fiel e inteligente no necesito explicarles
la naturaleza e intensidad de los place•
res que proporciona un afecto de esta
clase. E t amor a la bestia, formado por

~
&gt;LJ

completo de desinterés y de sacrificio, tiene algo que va directamente al
corazón de quien quiera que haya teni•
do ocasión de experimentar la amistad
mezquioa y la inconstaote fidelidad de
quien no es más que &lt;Hombre:&gt;.

uu ptjscacto rojo, un precioso perro, co·
nejos, un mocito y un &lt;gato:&gt;.
Este últime era un animal de un tamaño y de una belleza muy notables,
enteramente negro y de una inteligen•
cia admirable. Cuando mi mujer habla·

Me casé joven y tuve la felicidad de
encontrar en mi esposa gustos que concordaban con los míos. Al ver mi cari·
ño por los fa-.oritos del hogar, no desperdiciaba ocasión de procurarse los de
tas mejores especies. Teníamos pájaros,

ba de esa inteligencia hacia alusión "
la creencia popular de que en los gatos
negros se esconde el alma de las becbi,
ceras. Esto no lo tomaba ella en serio,
y si hago mención de .esto es porque lo
recuerdo en estos momentos.

•

�•

Plutón-as( se llamaba el gato,-era
mi favorito y mi compañero preferido.
Yo, y sólo yo, era el encargado de dar•
le de comer, y él me seguía por toda la
casa. Pasaba todos los trabajos de
mondo para impedir que me siguiera a
la calle.
Nuestra amistad doró as( por trans·
cuno de muchos años, durante los coa·
les mi carácter caml:ió radicalmente
bajo la iofloencia del demonio de la in•
temperancia, y, lo reconozco :coa vergüeuu, este cambio faé para empeorar.
Cada día me bacía más caprichoso, más
irritable y más indiferente para los sen·
timieotos ajenos. Me abandonaba a iocongroeocias de lenguaje para con mi
mujer. Llegoé hasta las vías de hecho.
Se comprenderá que mis favoritcs ta·
vieron que sufrir también por este cam•
bio de mi carácter. No sólo los despre•
ciaba sino que los maltrataba. Sin em•
bargo, conservaba por Pintón algunas
consideraciones que me impedían tra·
tarlo tan mal. como a los otros, a los ~ue
tiranizaba cruelmente cuando por ca·
sualidad o por afecto se acercaban a
mi. Pero mi mal empeoraba a cadi mo,
mento, porque no hay peor mal que el
Alcoboll-y al fin Plutón mismo, que
ya estaba viejo y por lo tanto de carác
ter menos locuaz, empezó a sentir los
efectos de mi mal humor.
Una noche que llegaba a mi casa, en·
terameote ébrio, después de salir de
una de aquellas indecentes tabernas de
barrio donde me embriagaba por cos·
tumbre, se me metió en lc1. cabeza que
el gato huía de mi presencia. Lo ccgí,
pero por el espanto que le produjo mi
acometida, me hizo un rasguño insigoi·
licante en la mano. Se apoderó de mi
un furor demoniaco, no me di ya cnen·
ta de quien era. Toda mi naturaleza
primitiva desapareció de golpe y un de•
seo-•de maldad, más que diabólico; exas·
perado por el alcohol, puso en vibra•
ción todas las fibras de mi sér. Tomé
un cortaplumas de la balsi, de mi cha•
!eco y lo abrí, cogí a la pebre bestia
por el cuello y, deliberadamente, le hi•
ce saltar no ojo fuera de la órbita! M-e
avergüenzo, siento la fiebre, me estre·
mezco solo ..1 pensar en esta atroci·
dad.
Por la mañana, cuando volví a la ra•
zón, y cuando el sueño hubo pasado
por los humos de mi orgía nocturna
experimenté un sentimiento de horror
que se mezclaba a los remordimientos
por el acto criminal de que me babia
bec:o culpable; pero esto no era más

que un sentimiento superficial e impre•
ciso que no tuvo ninguna resonancia en
el interior de mi alma. Me sumergí
nuevamente en el vicio, y pronto el vi•
no borró todo recuerdo de la acción
cometida.
Mientras tanto, el gato se curaba len•
lamente. Sn órbita privada de ojo pre·
sentaba un aspecto horrible, pero no
parecía sufrir ya. Iba y venia por la
casa como antes, pero, como era de es,
perarse, bula ante mi con un terror
extremado. Yo conservaba ano bastante
de mi antiguo carácter para experimen·
lar algún pesar por la aversión maoi •
fiesta de parte de un ser que me había
mostrado un afecto tao grande. Pero
pronto este sentimiento &amp;e convirtió en

irritación, y sobre esta irritación se
agarró, para hacer mi ruina final ioevi·
table, el espíritu de la &lt;Perversidad&gt;.
Los filósofo~ no cuentan para nada con
este espíritu. Y sin embargo, tao cierto
es que yo existo, como que este espíritu
es uno de los impulsos primordiales del
corazón humano, algo irreductible en
las facultades y sentimientos originales
que imprimen una dirección al carác•
ter del hombre. ¿Quién no se ha sentido cien veces impelido a cometer una
mala acción sólo por ·e1 hecho de que

•

&lt;oo debía&gt; haberla 1;ometido? ¿No te•
nemas una tendencia especial a violar
todo lo que sea Ley, únicamente por el
hecho de que es &lt;Ley ?&gt; füte espíritu
de Perversidad, decía yo, vino a consumar mi ruina. Esa sed inacabable de
hacer el mal sólo por amor al mismo
mal fué lo que me condojo a continuar
mi obra y a llevar a término el mal que
mt1 había propue~to hacer a la pobre
bt:stia. Una mañana, con toda sangre
fria, le pasé un nudo corredizo al cue•
llo y lo colgué a la rama de un árbol;
lo colgué con las lágrimas en los ojos,
sintieo:lo en el corazón los remordi•
mientes más amargos; lo colgué &lt;por•
que&gt; sabia que había tenido un afecto
pua mí, y &lt;porque&gt; sentía que no me
babia dado oingúu motivo de enojo; y
&lt;porque&gt; sabia que obrando así cometía
un pecado mortal que ponía en peligro
ami alma inmortal, basta el punto, si
ello es posible, de colocarla fuera del
alcance de la misericordia iofioita dtl
Dios Todo Misericordioso y Terrible.
La noche que siguió a la comisión de
este acto abominable, desperté a los
gritos de: 1Foegol Las cortioas de mi
cama se habían incendiado. Toda mi
casa ardía. Con grandes trabajos podi•
mos esca¡:ar coo vida yo, mi esposa y
un criado. La destrucción foé comple•
ta; toda mi fortuna en este mondo esta•
ba destruida, y yo me abandoné a la
desesperación.
No soy bastante simple para tratar
de establecer una relación entre este
desastre y la atrocidad que había co·
metido, Pero sigo, en todos sus detalles,
una cadena de hechos, y no quiero dejar pasar un solo eslabón. Al día si•
guieote del incendio visité las ruinas;
todos los muros se habían derrumbado,
excepto uno, que resultó ser una pared
medianera muy delgada, casi en el ceo,
tro de la casa, y donde apoyaba la ca•
be cera de mi cama, La obra~ de cante·
ría babia resistido aquí la acción del
fuego, y lo atribuí a que i.Jabia sido re·
parada recientemente. Al rededor de
este muro se babia agrupado una mal•
titud curiosa que parecía examinar minuciosamente una parte del moro. Las
palabras de &lt;singular,&gt; &lt;extraño!&gt; y
otras expresiones por el estilo hicieron
que a mi vez fijara mi atención. Me
aproximé y ví, como un bajo relieve es•
culpido en la parte blanca de lo pared,
la imagen gigantesca de un gato. Esta
imagen era de una exactitud verdade•
ramente maravillosa. Había una cuerda
en el cuello del animal.

Al darme cuenta de esta aparición
no podía considerarla de etra manera,
-mi sorpresa y mi terror no tuvieron
limites. Pero a la largil la reflexión vino en mi ayuda. Recordé que el gato
babia sido colgado en un jardín que co•
lindaba con la casa. En el momento de
la alarma la multitud invadió este jardín, y algoien, quizás con la idea de
despertarme, echó al gato por la venta,
na. El derrumbe de los otros muros de·
bió haber comprimido a la víctima de
mi crueldad contra la parte reciente•
mente reparada, y la cal bajo la acción
:lel fuego y del amoniaco despedido por
el cadáver debió haber formado la
imagen que se presentaba a mis ojos.
Esta explicación samaria satisfacía
mi razón, aunque no mi conciench, en
lo que se relacionaba con el hecho ad,
mirable que acabo de citar, ~i bien es
cierto que hizo una impresión muy profunda en mi imaginación. Durante más
de un mes no pode deshacerme de esta
imágen fantástica de gato, y durante
ese tiempo se llegó a esbozar en mí un
sentimiento que parecía, pero que no
era remordimiento. Llegué ha~ta sentir
la pérdida de mi animal y buscar en
medio de los innobles sitiof que fre·
coentaba con asiduidad, no gato de la
misma especie y que se pareciera algo
al primero, para reemplazarlo.
Una noche, me hallaba sentado, me·
dio embrutecido, en un togurio infame
cuando me llamó la atencióu ua objeto
colocado en el quicio de la puerta y
cuya presencia no sé por qué no había
advertido antes. Me aproximé y lo toqoé con mi mano. Era un gato negro,
muy grande, tan grande como Platón,
y que se le asemejaba en todo, excepto
en que Pintón no tenía un solo pelo
blanco, y éste tenía una mancha de pelo blanco, de contornos mal definidos
en el pecho.
Cuando lo toqué ronroneó vigorosa•
mente, se frotó contra mi mano y pare,
ció sensible a mis atenciones. Este era
el animal que yo buscaba. Ofrecí inmediatamente al dueño de la taberna
comprárselo, pero este personaje de·
clinó toda consideración a ese respecto
diciendo que no lo conocía ni lo había
visto nunca.
Seguí acariciándolo, y cuando me
dispuse a volver a mi casa el animal
hizo intento de seguirme. Lo dejé obrar,
Y en el camino me b4jaba de cuando
en cuando a acariciarlo. Al llegar a ca•
sa estaba enteramente domesticado, e
hizo buenas relaciones desde luego con
miro ujer.

Por mi parte, no tardé mocho en este gato y Plutón. El lector recordará
sentir antipatía contra él. Era precisa· que aunque de grandes dimensiones, la
mente lo contrario de lo que babia pre• mancha no tenia contornos definidos,
visto; pero no sé cómo sucedió que sus pero lentamente, por grados impercep•
manifestaciones de simpatía hacia mf tibies-y muchas veces traté de recha•
acabaron por disgustarme, obsecada· zar esto como un capricho de mi ima,
mente. Poco a peco estas impresiones gioación-a la larga babia afectado una
de disgusto llegaron basta la amargura forma definida y de dibujo perfecta•
del odio. Evitaba la presencia de la mente distinto. Era la representación
bestia: no cierto sentimiento de ver• de un objeto cuyo nombre no puedo
güenza y el recnerdo de mi acto de mencionar sin estremecerme, y por eso,
crueldad me impedían maltratarla efec• sobre todo por eso, es por lo que odiativameote. Durante algunassemanas me ba y aborrecía aquél mónstroo, del que
abstuve de golpearla y de ejercer vio• me hubiera deshecho de boena volun,
lencia sobre ella en alguna forma, pero tad, &lt;si me hubiera atrevido,&gt; la man•
gradualmente, muy poco a poco, lle~oé cha tenia la forma de no objeto borri
a mirarla con una aversión invencible y ble: de la &lt;horca;&gt; aparato siniestro y
a hoir su presencia como se huye de la horrible de horror y de crimen; de agonía y de muerte!
cercanía de un apestado.
Y ahora en verdad, mi miseria sobre·
Lo que indudablemente agraviaba mi
odio contra el animal era el descubri· pasaba todo lo que la humanidad puede
miento que hice, desde el día de so tolerar de miseria. Y una &lt;bestia brota&gt;
llegada, de que le faltaba, como a Plu, cayo semejante había destruido dtsde·
Ión, no ojo. Para mi mujer, esta cir• ñosamente, nna &lt;bestia bruta&gt; realiz~ba
cuostancia lo hizo aún más estimable;
porque poseía, ya lo he dicho, en el
más alto grado, esa flor de sensibilidad
que en otro tiempo babia sido la cuali•
dad distintiva de mi caracter y la causa
de mis goces más puros y sencillos.
Sin embargo el afecto qne me mos·
traba ese gato parecía acrecentarse en
razón directa de mi odio hacia él. Me
seguía en mis idas y venidas con una
tenacidad de la que no podré dar justa
idea al lector. Cuando yo me sentaba,
él se acurrucaba junto a mi silla o sal•
taba sobre mis rodillas, prodigáod,&gt;me
sos caricias acostumbradas, Cuando me '
ponía en pie para caminar, él se levan·
taba al mismo tiempo y se Interponía Para mí, hombre hecho a la semejanza
ante mí basta el ponto de hacerme va• del Dios Todopoderoso, una enorme su·
cilar algunas veces. o bien se agarraba made horribles sufrimientos, !Ay! ni de
con las uñas a mis vestidos y de esta día.ni de noche sentí ya consuelo ni re
manera trepaba hasta mi pecho. En ta· poso. Durante el día la criatura no me
les momentos sentía el deseo de exter, dejaba un solo momento, y por _la nominarlo en el acto, pero me retenía el che, me despertaba hora por hora, per,
recuerdo lile mi primer crimen, y sobre seguido por ensueños de un terror in•
todo, el terror qne me inspiraba este definible, para sentir en mi rostro el
soplo de aquella cosa, pesadilla vivien•
animal.
te que no podía sacudir, acostada eterEste terror, no era el terror de no namente sobre mi corazón.
mal físico y sin embargo yo DO podría
Bajo el agotamiento de semejantes su•
definirlo de otra manera. Casi me causa frimientos, lo poco bueno que quedaba
robor el confesarlo,- aon ahora que me en mí sucumbió al fin. Los.malos penbaJlo dentro de este calabozo, me rubo, samientos se convirtieron en mi única
rizo de confesar que el terror y el ho- intimidad. La tristeza de mi carácter
rror que me cansaba el animal se ha, se exacerbó hasta llegar al odio genebian agravado por una de las más ton• ral por todos los hombres. y por todas
tas quimeras que se pued.a imaginar. las cosas. Repentinas, frecuentes e in·
Mi mujer me había llamado varias ve• domables, las explosiones de furor a las
ces la atención hacia la mancha blanca qne me entregaba se dirigían a menudo
q,1e formaba la única diferencia entre a mi esposa, que sin quejarse, era mi

�•

víctim1 acJstumbrada y la 1I1ás,-p1cien·
te.
Un día me ijCOIJlpañó • para algúo
asuoto casero a los sótanos de la pobre
casa que naestra extre¡na pobreza nos
obligapa a habitar. El gato me siguió por
los derruidos escalones de · la escalera
que tuvimos que descender y estuvo a
punto de hacerme cae_r de cabeza, lo
que me exasperó sobre manera. Tomé
uoa hacha y olvidando.mi terror iofan·
til quise dar al aoimal un golpe que se
gu ramente habría sido mortal si hubie ·
ra llegado al sitio donde lo dirigí, pero
este golpe fué •desviado por ·la mano de
mi mujer que se interpuso. Esta intervención excitó eo mí una rabia más q ne
demoniaca; lipré mi brazo de su mano1
y le abrí el cráoeo con el hacha. G,ayó
muerta sin exhalar un solo gemido.
Una vez cometido e~te horrible crimeo me puse fríamente a calcular la
mejor manera de esconder el cadáver.
Sabía que no podría hacerlo salir d~ la
casa ni de día ni de noche, sin atraer la
ateocíóo-de los vecinos. Pasaron por
mi cerebro una multitud de proyectos.
Pensé en reducir el cadáver a pequeños
fragmentos y hacerlos desaparecer por
medio del fuego. Después imaginé ca·
var una tumba en el suelo de la cueva.
D ~spués pensé en echar el cadáver al
pno, luego en emp..carlo dentro de
una caja y expedirlo para alguna parte
con todos los requisitos legales. Final·
mente me decidí por lo que me pare•
ció el mejor de todos los expedientes:
emparedar el cadáver en el sótano co,
mo dicen que emparedaban a sus vícti·
mas los monjes de la Edad Media,
El sótano se prestaba admirablemente
pua la realización de mi designio. Los
muros estaban coostruídos sin ningún
cuidado, y acababan de ser cubiertos
de una capa de mezcla que la humedad
del sitio no había dejado secar comple•
tameote. Además, uno de los muros
presentaba on saliente producido por
una falsa chimenea, la cual había sido
~elleoada con ladrillos :para emparejar
con el resto de la pared. Evidentemeo•
te que era muy sencillo quitar algunos
ladrillos de ese sitio, meter el cadáver
en el hueco .Yrestablecer el muro en su
estado primitivo de manera que nadie
se diera cuenta de lo que había pasa•
do.
Mis previsi,9oes se realizaron, quité
los ladrillos, y, después de colocar el
cadáver de pie, lo mantuve en esta po•
sicióo mientras que, sin grao trabajo,
volvía a poner todo en el mismo orden

en que se bailaba • antes del crimen.
Cuando concluí mi labor ví que nada
había cambiado en su aspecto general·
Junté los escombros que habían caído
al ~uelo, miré en rededor con gran sa,
tisfaccióo. y me dije: &lt;Aquí, cuando menos, no he perdido mi trabajo&gt; .
Mi primer movimiento, después de
esto, faé b:iscar a la bestia que habí~
si :lo causa de todo el mal; porque esta,
ba plenamente resuelto a hacerla desa•
parecer. Si la hubiera encontrado en
ese momento no habría vacilado un ios·
taute, p.ero parecia que la bestia se ha•
bía asustado con la explosión de mi có•
lera y que huía aterrorizapa de mi pre·
seocia. No me es posible describir la
profunda, !a bienaventurada (impresión
de alivio que me causó la desaparición ·
de la maldita creatura. En toda la noche no dió señales de vida y, desde el
momento en que la iot~oduje en mi ca•
sa, fué la primera noche que dormí ple•
na y tranquilamente; sí, dormí a pesar
del peso de mi crimen sobre la con·
ciencia.
El segundo y el tercer día pasaron
sin que mi verdngo apareciera. Una vez
más respi~é como hombre libre. Era
evidente que en su terror el móostruo
había huido para siemp.re. ¡No lo vql·
vería a ver! Mi felicidad no tenía lími·
tes! El caráctér cr imioal de mi negra
acción no me molestaba sino muy poco•
Se había h'echo una averiguacióo su•
maria, pero no había dado ningún r e•
sultado, Colisideraba que mi felicidad
estaba asegurada para siempre.
El cuarto, día des,:més del asesioato,
una grao tropa de policía se presentó
en mi casa y errpezó una nueva y mi·
nuciosa percjuisicióo. Yo, como estaba
seguro de que no hallarían nada, no
experimenté el menor embarazo. Los
agentes me pidieron que los acompaña·
ra durante las investigaciones; no dejaron un solo rincón por examinar. Al
fio, descendieron a la cueva por la ter·
cera o cuarta vez. Ni uno solo de mis
músculos se movió. Mi corazón latía
con la misma tranquilidad que el de un
inocente que duerme. Recorría la cue•
va con gran tranquilidad con los brazos
cruzados sobre el pecho. Los policías
se declararon enteramente edificados y
se prepararon a partir. Mi alegría era
demasiado gran:le para poderla conte•
ner. Ardía en deseos qedeciralgo, aun•
que fuera una sola palabra para asegu•
rar mi éxito y confirmar su convicción
acerca de mi inculpabilidad.
&lt;Señores, dije, en los momentos en

que los policías empezaban a snbir la
escalera; estoy muy feliz por haber po•
dido al fin anonadar vuestras sospechas.
Os deseo buena salud y un poco más
de cortesía . . .... Y de paso os haré no·
tar la solid~z de esta casa; vaya una ca·
sa bien constroída ...... (En mi preten•
sióo de hablar con facilidad apenas sa•
bía lo que estaba diciendo). Se puede
decir sin temor de equivocación, q ue es
una casa muy bien construida. Estos
muros ... .. . Con que ostedes se marchan ? . . . ... estos muros están construí·
dos, con uoa grao solidez&gt;. Y, diciendo
esto, por una verdadera locura de au,
dacia, golpeé fuertemeote, con un barIón que llevaba en la mano, en el mis•
mo sitio detrás del cual sabía que esta·
ba emparedado el cadáver de mi querida esposa.
Pero, !quiera Dios protegerme y li•
brarme de las garras del rey de los de•
mooiosl Apenas se hubo acallado el ':lCO
de mis golpes, cuando fué respondido
por una voz de ultra- tumba; por un gemido -sordo y entrecortado al prioci·
pio, como el llanto de un niño, pero
que pronto se convirtió en un grito pe•
netraote y continuo, enteramente anormal y que no tenía nada de humaoo,uo ahullido, un lamento de horror y de
triunfo a la vez, unísono de condenados
mezclando su clamor de agonía al coro
de alegría de los demonios en el seno
de la condenación!
•
Sería una locura tratar de explicar
mis pensamientos de ese instante. Me
fuí de espaldas, vacilante, hasta dar
con el muro opuesto. Los agentes de la
poi icía permanecieron en la escalera
inmóviles, llenos de espanto y de terror.
Un momento después doce brazos sóli·
dos se 'dieron a la tarea de derribar el
muro, que cayó en una sola pieza. El
cadáver, cuya descomposición estaba ya
avanzada, y que se había cubierto de
coábulos de sangi:e, se mostró ante los
espectadores. Sobre su cabeza, con su
hocico rojo enteramente abierto, y con
su ojo único que lanzaba flamas, estaba
colocada la odiosa bestia cuyos artifi ·
c ios me habían empajado al crimen, y
cuya voz denunciadora me entregaba
al carctlero. ÍYo había emparedado al
móostruo en la misma tumba!
(Traducido de los Cuentos Extraer,
dioarios, especialmente para ARTE Y
LETRAS).

NUPCIAL. -Dos fot, grafías dtl dia de bodas del Sr. D Eduardo Islas y la Sri ta. Mariza Spencer. -El artista
Saturnino Herran y la señorita Rosario Arellaoo de Herrao.

· Al fin se cumplía mi deseo de estar a
solas con ella, toda una tard!.
R ué un domingo de Marzo; prett'x·
hodo que iría a hacer una visita salió
d'e 9asa y pronto estuvo a mi lado.
•
Hacia un mes solamente q ue babia
obtenido de sus labios, la ddclaración
de que &lt;;orre~poodía a mi cariño y d~s·
de entonces, le rr gaba que me acompa·
ñara a Chapultepec; quería estar muy
cerca de ella y murmurar a su oído mi
eterna cantinela de amor.
Era hermosa y buena, y al abrir por
fin su corazón a un nuevo ideal forjado
por mi amor, me hizo feliz.

Caminábamos siempre unidos y casi
solos bajo la ombtía de las frondas mile·
narias.
A la orilla de un prado de violetas
aromosas, hallamos un banco de pi€ d ra
y nos sentamos.
La noche se acercab1 con sus som·
bras misteriosas; entonces ella, que por
tanto tiempo padecía en silencio, sacri ·
ficaodo su corazón a tri,tes recuerdos,
abaod,oó entre las mías su mano tem•
blorosa y reclinando en mi hombro su
hermosa cabecita, me dijo que me ama•
ba y qoe era mía .... 1 Vibraba todavía
en sus labios la úllima palabra, cuando
los míos aprisionaron con no beso la leve sonrisa que entreabría su linda bo·
ca! fué un mio beso, rápido y ardiente,
{úé el primero.

Empezaba a ocultarse el sol tras las
montañas cuando llegamos a Chapul
tepec.

Ese mlsmo ,ño, en t i foviaoo, mi
dicha se agotaba por mementos, tal v~c

Dos besos

ya no existía más que- el recuerdo, la
sombra de las tardes, como aquella pa•
¡adas a su lado libando el néctar de su
boca en besos que creíamos iofioitosl
Todo pasó rápid-.meote y ahora los mi,
nutos d e aD gustia eran etnnos.
Ella, la dutña de mi amor, estaba
enferma .... y ~e moría leotameote,con·
sumida por la tisis implacable.
Por la ceoté3ima vez me acerqué a
su albo lecho. Parecia un ángel de bon•
dad y de hermosura.
Moría, y al desprenderse so alma pu·
ra de aquel cuerpo adorable, se apa•
gaba la luz de sus pupila5....... . ... .
Frenético y convulso me arrcjé a sus
brazos y recogí el último aliento de su
vid ~ con un beso iutermioablel
ELIAS F . HURTA DO.

�D'ice la tradición que allá en lejanos tiempos
había dos poderosos imperios cuyos soberanos.
estaban ~igados por los lazos de la amistad.
Uno era' el reino de Tollan y el otro era de los
«ñusabi&gt; o mi x:tecos. El uno, poderoso, hu man itario, ci.vilizado, floreciente de grandeza, altruista por excelencia y benigno de corazón.
El otro, hospi talario, amable, sencillo y candoroso; pero altivo, indómito y salvaje.
Los «ñusabi&gt;, grandes corredores, trepaban
por los riscos de la s ierra v se deslizaban entre
la maleza de los bosques con la misma ligereza
del venado.
·
Su vida era la .caza, peq ueñas industrias, tejido de telas, esteras, recolección de panales v cera. Los mixtecas v ivían con los productos de la
tierra, y el sobrante de su producción lo llevaban
los comerciantes para lejanas tierras.

-

nos envíe los genios de la civilización que desea ...... y que la comisión nombrada de mi reino, que os acompañará hasta Ñ ucoyo, podrá
traerlos con entera confianza.
La comisión tolteca se despidió después de
grandes fiestas hechas en su honor, y la acompañaban un-grupo de «ñusabi&gt;.
Así llegaron los enviados a los pies del re\' de
Tollan, admirando todas las grandezas de un pueblo tan diferente al de ellos. L os nobles «ñusabi&gt; se confundían c::&gt;n lo, tolteca. El vestido de
blanca tela de algodón, a manera de capa, el
«cactli&gt; atado al pie por una correa, y el largo
pelo ligeramente recogido por hilos de algodón;
el carácter huraño y asustadizo, contrastaba con
la elegancia, urbanidad y desembarazo del tolteca. Allá, la montaña, la cueva, el barranco.
Aquí, la ciudad, el palacio, el jardín. Y entre estos dos abismos de la cultura, la buena voluntad
y el cariño sincero.

La nación era grande. Reconocía por centro v
capital a Ñuñú (tierra negra), llamada por lo"s
azteca Tlilantonco. Por el Norte no se conocían
bien los límites, y por el Sur, el mar dijo ihasta
aquí! al poderoso pueblo.

Cierto día, el re y de Tollan entregó a los comisionados una ,.;aja primorosamente labrada con
grecas, y bruñida de oro y plata, de rojo ~ negro, como un presente del rey más poderoso de
la tierra.

El rey de Tollan amaba a este pueblo pacífico
y trabajador justamente comparado con las abejas que se multiplican en sus montes. Pensó en
civilizarlo, y una embajada regia tomó rumbo al
Sur a presentar sus respetos al rey de Ñuñú.
«iPoderoso señor, dijeron los enviados, nos manda nuestro rey a ofreceros su ayuda. Un pueblo
bondadoso y trabajador no debe permanecer en
las selvas. Servíos marchar con nosotros. Tenemos extensos campos y dilatadas tierras donde
podéis vivir civilizando a vuestro pueblo ...... &gt;

«Llevad a vuestro Señor esta ofrenda, dijo el
rey. Adentro van los genios de la civilización.
No debéis abrir la caj'l s ino en presencia de vues tro Señor y seréis felices ... . &gt;

El rey mixteco contestó: «iNo puedo' Mi pue, blo ha nacido de estas peñas y de estos árboles
y no abandonaremoe nunca a· nuestros padres ;,
abuelos. Decid al poderoso señor de «Ñ ucovo&gt; ( r)
que si tan vivamente desea nuestra felici d~d, que
( r ) «Ñucoyo&gt;, es el nombre que actualmente
le dan los «ñusabi&gt; a México; pero su etimología.
dice «ñu&gt;, tierra y «coyo&gt; tn le o enea, tierra de
los tules o Tulan.

L?s comisionados salieron de Ñucoyo; pasaron
al pie _de los volcanes: atravesaron las llanuras
del Sur, llevando en gran cuidado los genios encerrados.
.
Así, llegaron a .las primeras asperosidades del
imperio mixteca, y locos de contento al ver sus
b~rr_ancas, sus ríos, sus peñascos y sus árboles,
s inheron el deseó de ver qué figura tenían los
genios de la civilización. Un día de tantos deliberó la comisión ya cerca del . término d~ su ·
viaje, en los montes de Coixtlahuaca. La tentación verició.
El sol brillaba con toda esplendidez en el azul
del cielo. Las montañas se perdían en el horizonte, y la bri?a soplaba suavemente, mientras
el huexolotl gritaba en las profundidades de la

sierra y el jilguero interrumpía el silencio de la
selva.
La comisión inquieta rodeaba la caja. El más
autorizado levantó la tapa, y cuando todos se
avalanzaron a ver el contenido, retrocedieron
asustados, porque una oleada de mariposas salió
del cofre deslumbrando con sus vívidos colores a
los imprudentes mensajeros.
En vano pretendieron recoger la presa. L as
mariposas .remontaron el vuelo y caminaron al
Sur. Al día siguiente, cuan-do los comisionados
pasaban por los pueblos, bajaban los mixtecas
de la montaña, no repuestos de su sorpresa,
manifestando que los genios alados, al tocar la
tierra, se convirtieron en seres humanos, activos
artífices que empezaron a hacer sus moradas.
Los «hombres-dioses&gt; habían caído en el valle de Yancuitlán v Nochixtlán. Desde e11tonces
dice la leyenda, ~se fué un centro de civiliza~
ción.
H oy mismo, cuando se llega a ese precioso valle, pueden verse los restos de su grandeza.

En las lomas cercanas, pueblos extinguidos
cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Cimientos de casas estucadas, y en las tumbas alhajas de oro y de plata primorosamente
labradas; utensilios ricos, notablemente artísticos, como un recuerdo del poderío, y la inteligencia de un pueblo que pereció sin saberse las
causas. Entretanto los mixtecos, huraños y silvestres, aún cruzan altivos y valientes entre las
zarzas del monte con la ligereza del venado, esperando que la ciencia, salvadora del hombre,
vaya al gún día como las mariposas toltecas a
sembrar la semilla del bien .
ABRAHAM CASTELLANOS.

(Debemos las bellísimas ilustraciones de esta leyenda al
lápiz del inspirado artista don José C. Tovar, quien ha be·
cho una especialidad de h reconstrucción de elementos
decorativos en la época precortesiana en nuestro país.)

�A la Patria Atribulada

~

============lfll

li
~===================::::::::
0 ara h:&gt;orar a los héroes que murieron
Ea m~dio del fra g.:&gt;r de la batalla, •
Dadme la voz de las azules ondas
Que del indiano mar las costas bañan.

Nanea llaméis derrota al heroísmo,
La lo( oo sirve si los ojos faltan.
Y aqoí sól:! llegaron los extra ños
Cuando faltó la pólvora en las armas.

Dadme el ramor del viento que saccde
Los viejos abuebut:tes del Aoáhuac,
Cuando de oqche ea el sagrado bosque
Surg~n los manes de la edad pasa'.la.

Tendió la noche sus heladas sombras
Y sobre el ancho campo de batalla,
Fúcebres asomaron las estrellas
Brillando en el espacio como lágrimas.
Sabemos ya los nombres de los héroes,
Sos nobles hechos nuestra historia guarda
Y su grandiorn ejemplo imitaremos
Si nuestro suelo el invasor profana ....

Desde el león espanto de la selva,
Hasta las cumbres en que duerme el águila,
Del cielo al mar y del hogar al o ido,
En la alcoba lo mismo que en la rama,
La madre llora por el hij o tierno
Que la implacable muerte le arrebata .

No llanto femenil sobre sus tumbas
Los ojos melancólicos derraman,
Laurel y encina cubrirán las losas
Que tantos restos en silencio guardan.

Se enluta el nido caaodo el ave muere,
Al arrancar la perla eraje el nácar
Y cruje cuando el hierro abre la v&gt;lta,
El abrupto peñón en 11 montaña.

Los que vivís aún desde aquel tiempo,
Alzad las frentes sin rubor ni mancha,
Cual los sabioos del sagrado bos1ue
Que al cielo elevan sus brillantes canas.

Desde el espacio a znl al hondo abismo
Que la tiniebla pavorcsa guarda.
Todo en amor palpita y todo sufre,
Todo ante el paso de la muerte calla.

Llevadnos a jurar sobre hs fosas
De los mártires mil de esta jornada,
Llevadnos a jurar con noble aliento,
Que la bandera hermosa y sacrosanta

Estas praderas que coa rayos de oro
El sol de Agosto fecuodaote baña,
Donde el silvestre cardo eriza hojas
Con blancas fl 1res ac!croaodo esmalta;
Estos campos que viste primivera
Coa sus ricos tapices de esmeralda,
Fueren en tiempo de invasión iojusta
Ensangrentados campos de batalla.
Ea ellos como altivos gladiadores
Q11e al ancho estadio coa su arroj1 pasman,
Lucharon desde el niño hasta el anciano
Con fe de Atenas y valor de Esparta.
¡Díganlo aquellos m11ros carcomidos
Q11e el ya desierto monasterio guardan
Y en cuyos tri ,tes largos corredores
Las sombras cruzan de Rincón y Aoayal
Díganlo a todos con idioma augusto
Las negras bocas de arcos y ventanas.
Por las cuales sembrando luto y moerte
Entró la llovía de extranjeras balas.

•

Que e I pueblo esclavo presintió en Dolores
Y el pueblo libre tremoló en Iguala;
Esa bandera con que pudo altivo
Proclamar la República Santa Ana,
Coa la que en Veracruz venció a los galos
Y allí en Tampico derrotó a Barradas;
La bandera preciosa con que Juárez
Salvó la independencia mexicana,
La gloriosa bandera que da sombra
A tantas glorias de la edad pasada;
Llevadnos a jurar que será siempre
G rande, feliz, espléndida, sin mancha,
Lo mismo ante los pueblos de la Europa
Que ante la gr"n familia americana,
Siendo ese juramente en este instante
La oracitn a los muertos por la patria.
JUAN DE DIOS PEZA.
20

de Agosto de

Compo~ición recitada en el
Instituto de San José de Tacubaya en la Jura de Bandera
efectu;ida. el 24 de Ab·il próxi•
mo pasado.

Con sus fuegos de horror,
Mil relámpagos salgan de tu boca
• Ardiendo de furor !
Ya la flor de tus hijos. Patria mía,
Todos ellos sedientos de batalla,
Unos han coronado la moralla,
Otros listos están
Con apuesta y gallarda bizarría
Conteniendo su afán.

Dime, hermcsa, l por qué ta oto ~ns piras?
Sí que tienes razón, grande y sobrada
Para estar en tos lágrimas bañada,
Casi fuera de tí,
Ante el cuadro de horror de tantas iras
Y Joco frenesí.

Ya las filas se encuentran apretadas
Relumbrando en el sol las bayonetas
Y al sonido marcial de las cornetas
Mil centellas se ven,
Llama viva se advierte en las miradas
De las tropa también.

Un torrente de lágrimas crc,cido
De tus niños, tus vírgenes, y ancianos,
Y de saogre amadísim!l de hermanos
Un ria muy veloz
Cada vez más te estrechan, y el zumbido
Es más y más atroz.

Ya se ve ven los millares de dragones
Con la espada desnuda en la derecha
De mirada fero z y satisfecha,
Conteniendo el fervor
De sus nobles y rápidos bridones
Que piafan con ardor.

Y tras este pesar ya iasoportable
Qoe destroza tu pecho en mil pedazos
Viene aquel diz que abriéndote los brazos,
A ofrecer protección
De m!loera insolente y detestable
~elando su ambición,

Ya se encuentra en el campo despl, g~da
La pesada y flamante artillería,
Y millares de carros .noche. y día
Como a uo sólo cuarlel
Coa su carga de parque muy pesada
· Llegan c,n grao tropel.
Otra fila, las ametralladoras,
· Hao formado detrás los batallones
Y otras muchas en medio los caño~es
Sólo esperan tu voz,
Patria joven y hermosa, ¿Por qué lloras?
Ten coofiaozDa en tu ios.

Diz que¡ mucho te aprecial y sólo intenta'
L'l. paz entre tus hijos y tu dicha,
Y que quiere ayudute en tu desdicha
(Fc,mentidol iRapazl
¿Y esa daga dP.snoda y avarienta
Que oculta en sn disfra z?
.Y dejando to llanto de terneza
Enjugaste tus ojos maj~stuosa,
Te pusiste de pie! to vista airosa
A ~u cara se alzó,
Le arrojaste su oferta con firmeza
Y to enojo· estalló,

Ya la fama volando en todo el orbe
Va llevando tus frases de coraje,
Y tu d igna actitud ante el ultraje
Del infame agresor:
Un aplauso notrifo al mundo absorbe
Que encomia. tu valor.
Sí que tienes razóo, y harto sobrada
Para no soportar tanta ironía,
Y salir con resuelta valentía
A su encuentro brutal,
Como leona con hijos y hostigada
Q oe no conoce ignal.
iNo te calles, clarín, alerta toca,
Y haz que vibre en los ámbitos sin cuento,
Y tu lengua cañón, sacuda el viento

1891,

..

La justicia divina está contigo.
E l cariño filial de tantos hijos
Ya lo ves, con su madre son prolijos
Nada temen morir.
Venga, pues; si se atreve, tu enemigo
Q 11e sabrás resistir.
•

Imposible que venga el extranjero
A imponerte sus leyes a que acates
Porque ha.brá de sentir tus acicates,
Y el polvo morderá,
A pesar de su fuerza y su dinero,
Y no, oo vencerá,
iMientras tanto, clarín, alerta toca
Y baste oir en los ámbitos sin cuento,
Y tu lengua, cañón, sacuda el viento
Con sus llamas de horror,
Mil relámpagos salgan de tu boca
Rugiendo de furor!

�:. · 1. - L a es,uadra
americana frente a la bahía de VJra-:ruz.
Tristeza nac1ona
•

Mi Enlutada
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

I.

Perdióse en lontananza, perdióse en·
tre las frondas verdes del parque, entre
las frondas que murmuran amorosas, al
beso purísimo del céfiro . .. .......... .
. . . . perdióse mi enlu~ad~ ..... ,. ... sus
negros ojos ya no me !111ran ......... .
sus labios no me ~onn •n ...... ,Je_rd16·
se la enlutada de mis ensutñvs, m1 mu,
sa querida .. ...... perdióse entre las
frondas del parque ........ • • • • • • • • • •
II.

Daslizábase mi vida tranquila, cu•l
arroyito murmurador por la pradera;
en mi ioosencia creía-que un-futuro ro·
sado me esperaba; dedicábame. a mis
libros queridos. Creía que la q1cha _al·
bergábase en mi alma, no CJn~o~1da
hasta entonces y así, cual _no PªJanll~,
pasáb3:nse mis ~ías, tranquilo m1 esp1 •
ritu, dichosa m1 alma.
_
Al florear de los duraznos, una enlu•
ada apacible presentóse· ante mí, y 1~
amé la amé con el cariño virgen de m1
cor:l'zón, levantéle en mi alma -un altar
donde, sin marmóreo~ pebeteros que ·
quemasen la mirra, el 10c1enso sacro de

mi c.uiñJ la envolvía en gasas téoues y
perfumad~s .. . . ... ........ .le dediqué
mi vida, mi pensam1~nto . ....... ¿Am_á·
bame ella? no lo sé; solo sé que el mis•
terio de su vida hízome amarla, más,
mucho más de día en día. ¿Por qué
presentábase siempre envuelta en pa•
ños negros, cual un sudario de ~uer~a?
¿ Po~ qué sus ojos p_rofundo~ y ~1steno•
sos vagaban sin sahr de! dintel de su_s
párpados? ¿Qué_radicahsmos de su v1•
da convirtieron en enlutada a la que
fuera flor de Primavera? ¿Algún amor
fu gitivo que en áscuas de oro encend_ía
su alma ? Quién sabe, rodeábale el 1;111s·
terio.
Y qnizá por eso, mi alma virgen con•
sagróse a ella .....• para amarla y ha·
cerla dichosa.
Paseaba siempre al atardecer. cuan•
do la quietud de Natura,. in~it~ba a
nuestro espíritu a vagar sohtano entre
las ramas de los árboles y recoger las
quejas silenciosas de las hoja~ o las
quejas susurrantes del c~upa-mnto. Se·
guía.la silencioso, cual s1 fuera su som•
bra, encootrábame imprrgnado de ella,
respiraba su perfume. Otras veces, sus
dec1os de marfil apoyábanse indolentes
en el teclado del piano y éste, muy té·
nues sus quejidos dejaba escapar y
siempre sus sonatas eran aires melan,
cólicos añori.nzas tal vez de amores
pasado;. Y siempre así deslizábanse los
días: ella misteriosa, yo enamorado.
Una mañana la enlutada salió al par··
que, seguila, y cuando abrigab~ la es• :
peranza de que me amase, perd1óse pa·
ra siempre entre el bosqne de -abetos
milenarios .. . . . . . ... , .......... • .. •. •

III.
Ahora, a solas con mi amor vuelvo a
preguntarme-, quién era ?-Misterio.
Los dlas que me quedan, tediosos y
tristes van pasando .... van pasando y las
áscuas doradas de mi cariño, chisporro·
tean monótonas en mi pecho ..... . sólo
su recuerdo me accmpaña. Much&lt;ls ve•
ces salgo al parque y creo, que las ho•
jas murmurantes algo de ella me dirán,
pero quedan silenciosas. Sumido en mi
tristeza regreso, y parece que me lle·
gan las sonatas melancólicas qne añora·
bao amores pasados y vuelvo a mi sue•
ño de amor y la invoco ....... .. ... per·
dió~e para siempre entre los árbo·
les .. .... ...... la. que era mi musa ... .
...... mi amor, mi querer ........ 1
LEANDRO DI O'RENS

.......................... ••' • • ·· ....

Ante la invasión americana.-Manifestacióu de eDfermeras de los ho_spitale~ de la capital. cfreciendo sus _~erv~,
cios para el caso de guerra.-Manifestación de protesta ante el Palacio Nac1cnal.- Cano de la BeDEfitEDC1a Publica en la manifestación.

�ARTE MODERNO MEXICANO

Estudio' a lápiz por Antonio Gómez.

NUEVO ALUMBRADO EN LEON .-La plaia principal desde el pa,lacio.-Calle lateral del jardín.- E l
jardín y ~I kiosko desde_la acera.-Fots. Ojeda Leroy.

�Sr. Lic. Guillermo L. Rossell, recibido
recientemente.

Tentativa Inútil
A la señorita Aoge,
tina López Puga que
me sorprende por las
hermosuras que en sí
:&gt;opta y resume.

Srita. Ana María Rangel, quien cotltr~Prá matri·
mooio próximamente con el distinguido pecio·
éÍista don Antonio Regagnon.

~'--:==============:========:::::')
¿ ~o dónde encontrarla felicidad? Yo
h ha buscado por todas partes y mira,
J olio, mis manos están vacías ..• . . • •.

·············· ·············· ....... .

El periodista do~ Alfonso López
muerto recientemente.

Fuí, por último, en busca de la veo·
tura por la senda del amor, y caminaba
a grandes pasos y aspiraba el aire fres•
co del ensueño con fnerza, voluptuosa·
mente.
Cuando emprendí la jornada, estaba
yo convaleciente de una peligrosa en,
fermedad; y mi presto andar era ridícu·
lo porque flaqueaban a cada instante
mis piernas y caía, inspirando compa·
sión o burla a mis espectadore!. Pero
/qué me importaban mis espectadores,
qué mi debilidad, si Susana me atrdía
con fuerza irresistible, si Susana cons·
tituía la esperanza magna de mi vida?
E indiferente a la compasión, a la bar•
la y a mis dolores, continuaba mi mar•
cha hacia ella, hermosa y tentadora.
Sus miradas, sus actitudes, sus fre·
cuentes asomos al balcón, sus deleitosos
rubores; las frescas flores que colocaba
sobre su pecho, los vestidos que en ca·
ricia de linfa envol vía su cuerpo, todo,

presente en forma de amarga eose·
ñanza.
Yo le ofrecía la flor enorme y fuerte•
mente perfamada de mi cariño y e11a,
simulando acariciarla, la deshojaba po·
coa poco.
. Mil de~alles me informaban de que
Susana no correspondía a la alteza de
mi amor. Cuando volaba para en?ºº'
trarme a so lado, so mamá, sn bonísima
mamá, salía a recibirme y me decía
que Susana se había sentido triste y qne
para divagar so pena había ido con sos
hermanas al cinematógrafo ... . .. (¿ Pues
qué-pensaba yo-mi amor no será &lt;su
ficiente&gt; para curar su pena? ••.. ¿será
mi amor la causa de su pena?) Cuando
íbamos en el tren, e11a en vez de esC!1'
char mi voz y ver mis ojos que anhelan•
tes iban a los suyos, miraba distraída•
menté por la ventanilla, o saludaba con
encantadora sonrisa a un·petrimetre que
se qui~ba el sombrero dejando Yer la
linea que dividía su peinado en dos
bandas negras y lustrosas; cuando nos
encontrábamos en alguna reunión yo
sentía que el alma de mi Susana se iba
de mi lado y aleteabil sobre la frente
de los jóvenes contertulios; cuando le
suplicaba, casi llorando, que no saliera
de su casa porque sentía celo de los
hombres me contesta.ha, haciendo terri·
, ble mobin: c¡Ay, tú ; qué fastidioso
eres&gt;.
Yo no podía terminar estas dolorosas
relaciones; me bacía cada día el propó·
sito de no volver más y, llegada la bo·
ra ....•. 1vamos! sin querer, sin saber
cómo, me encontraba frente a ella ad·
mirando las formas perfectas de su

cuerpo exuberante, los fulgores de sos
ojos grandes, rasgados, bellísimos; el
resplandor de so áurea cabellera q ne
bajaba modosamente por so frente y
ocultaba sus orejas; sos manos blancas,
soav1ss, carnosas y su voz blanda, que•
dil, acariciadora ..... .
Su hermosura y una que otra mirada
suya, una q11e otra palabra de ternura
dichr. por sus labios purpurinos, alguna

que otra caricia de sus manos carnosi•
tas me retenían a su lado hechizado,
rendido.
Susana se dejaba amar, se dejaba. ad·
mirar y se complacía secretamente en
hacerme sufrir; esto me exasperaba lo
indecible, sentía a veces ráfagas de
odio y de rebeldía, sentía. impulsos de
abrÍrle el pecho par. gritarle a su co•
razón que no fuera tan crbel, tan des•
piadado, tan iojosto .• .. ..

todo, me impulsaba fatalmente hacia
e11a, !Qué dulce es ver de lejos las ár •
das montañas, querido Julio! ...
Duraron dos años nuestras relaciones
amorosas y cada día fué trayendo su

E'lligracióo.-Vistas tomadas sobre la cubierta del &lt;María Cristina,&gt; trasatlántico español, último buque que salió
de Veracroz lleno de emigrantei¡ europeos, antes de la ocupación del puerto por las tropas americanas. Fots. Hadsell.
El maestro Rafael Tel10, nombrado sab
director del Coos. N. de Música.

�+.J así, ml amor torturado, martirizado
horriblemente se ingeniaba en vano por
Y hablé coo. Lola cerca de una hora,
suscitar en el alma de. Susana la misma e imprim, al toco de mi voz inflexiones
févida pasión que a mi me consumia.
de interés, de cariño, de ing'énua admiUn dia, estando yo en su casa la mi• ración; hablaba redo para que Susana
raba distraidamente pensando en ella, ªme e~cuchara, para que su orgul-to de
cuando vi vaga'mente, de reojo, uo man- mujer dominadora se inquietara, para
chón amarillo oscuro: era el teléfono. que comprendiera que mi cariño podía
Verlo y escuchar en mis oidos el nom· desvilrse, para que .... ¡vamo.;l Susana
bre de uoa amiga mia y sentir un golpe me amase como yo la amaba, como la
en mi corazón y cruzar por mi mente amo todavía.
la idea de levantarme y tomar la boci•
Cuando hube terminado • de hablar
na, todo foé uno.
con Lola entró Susana, rígida, fria, des•
-lA dónde vas? me- preguntó Susa· pectiva y al verla asi, senti gran mieuo
y comprendi al instante que mi último
na.
-Ya lo ves, voy hablar por teléfo• esfuerzo por conquistar su amor habla
sido estéril, ridiculo, estúpido, y me
no.
-Entonces, con to permiso, m, dijo. mordía nerviosamente la lengua hasta
sangrarla.
y s:ilió de la estancia ... . ..... .
Mira, me dijo Susana con acento que
me dió espanto, mira Arturo, ¿por qué
no tomas tu sombrero y vas a la casa de
esa
señorita para decirle lo que a mis
-[Hablo con usted, Lola ?
tidos no le importan? .••. ¿por qué eres
tao tonto, Arturo? ........ ¡Véte Arturo,
- Ya 1,rnia muchos dtseos de esco•
véte, ya todo terminó eutre nosotros ....
cba.r su voz, auoqoe solo fuera por te,
Y Susana extendía so bra'zo y con su
léfooo.
Indice me señalaba la puerta ... .. . .. . .
¡Me corria Jolio, me corrhl. ... . . 10°b,
-1Cuáoto lo siento! Espero que será
qué rabia, qué vergüenza, qué dolor! ..
úoicamente un resfriado.

,

••••••••• ¡¡ ••••

01 , , , , t , • • , • • • • • • • • •

¿En dónde encontrar la felicidad 1 Yo
la he buscado por todas partes y mirá:,
Julio, mis manos están vacias ..... ¿va·
cías dije 1 me equivoqué: plenas de do·
lor.
o o o
Julio, algo nos días después de esta
confide·ncia, vió a un hombre que avao•
zaba delante de él tambaleante coo las
manos metidas en los bol~illos del pan·
talón; llevaba el sombrero sucio, lleno
de polvo; el saco estaba igualmente
blanco de tierra y al rebasar al hombre
que marchaba trabajosamente, Jolio se
quedó perplejo: era Artero,
MTGUEL A. CEVALLOS.

½N\,5""

El úttimo estreno de la Compa,
ñía &lt;Beristain.&gt;

-•~-=--=--=--=--=--=-======•

Teatrales
L

L ~aemp

\

leados de
. &lt;El Palacio de Hierro&gt; en junta en el Centro
, Asturiano pan disentir la manera de arbitrar•
se recursos.

•
1

I

. Grave pérdida y no mecor de!gracia
para el Arte, implica la desaparición
de Maria Luisa &lt;Rejan!',&gt; del mioúscu•
lo Y &lt;polar&gt; escenario del Ideal.
Victimas de preseotimientos doloro,
sos escribiamos, no. ha mucho. en cier·
ta crónica fallida que no llegó a ver la
luz pública .
. L~ desoladora falta de espacio me
1mp1de hablar de &lt;La Juerg~, de Oliver-Cob?ña, el aplaudido autor de &lt;La
Muralla&gt; (y ya h:i. llovido desde que sn
esposa la estrenó )
. Muy_bieo Catalá, Palacios,.. y el rete,
s1mp~t1co Barreiro.
Mediano el resto (las señoras), como
de co~tombre María Luisa Rejane, y
abom10able la escena.
!Una juerga completa!
La pobre María Luisa padece, desde

--

--- -----

�Malvaloca, verdadera obsesión andaluza.
Y cuidado que a &lt;patosidad,&gt; no )lay
quien ga ne a los andaluces cuando les
da (y les da muy a menudo) por echárselas de graciosos.
Pero en fin álguien, guasooamente,
ha supuesto a la emioeote actriz nacida
en Triaoa0 bautizada en el propio Gaa,
dalquivir, y destetada, coo aguardiente,
en la Veota de Eritaña.
De ahí su acento castizo, su aodar
jacarandoso que envidiarla la más ga·
rrida de las &lt;niñas&gt; de la Fábrica de
Tabacos, y el que la pobrecita no sue·
ñe más que coomacetas de&lt;puros&gt; cla·
veles (regalados por los Qaiotero ~ su
geoial intérprete) panderetas, canas,
aceitunitas sio bueso, y ruedas de sal·
chich6o ...... &gt;
Esto decíamos 1ayl y el público sobe·
raoo hi confirmado nuestro terrorífico
fallo.
&lt;i Malvaloca&gt; ha fallecido!
La rP-pt'esFotación de &lt;Lo Cursi&gt; eo
el Mexitano, ha atraído, durante la se·
mana que acaba de transcurrir, b~en
golpe de público al simpático Mex1ca•
no. Y no quiere decir ello que su iottr·
pretación haya sido esmerada, ni mucho
menos.
.
Es. &lt;Lo Cursi&gt; algo tan fioo, tan de•
licado, y sobre todo tan de la &lt;tierra,&gt;
que huelga suponer m•gno estudio y º?
menor aplicación en los artistas desll·
nadas a encarnar creación de tanta
monta.
Comedia esencialmeote de costom·
bres, requerirla para so cumplida in·
terpretacióo, conocimiento, de parte del
actor, de aquel siogolarísimo ambiente. Entre los asistentes se recordaba con
verdadera fruición a García Adamé, y
demás admirables unidades de la com·
pañía de Balaguer, que nos sirvieran
tan selecto maojar en plato digoo y
apropiado.
¡En verdadera vajilla de labrada
plata!
A bien que, sea justo excluir del re·
paro a Prudencia, siempre genial, qué
decir del resto de los distinguidos acto•
res de &lt;Lo Cursi I&gt;
Nada bueno, por de ecotado. Parra,
presentáodose, el iofeliz, en el segundo
acto con aquel precioso cfluss&gt; negro
&lt;ala de mosca&gt; impropio de uo flirtea·
dor de su fuerza.
¿Pues y el peinado? Ningún &lt;babi•
tué&gt; madrileño, señor Parra, estila ooo
parecido.
En cuanto al simpático Mutio, por
más de que no le esté del tcdo mal el
chaquet &lt;ribeteado&gt;, por qué oo sale de
elegante americana (saco) eo el segundo
y tercer actn 1
La Castillito, super en el diálogo,
también se descuidó algo en la &lt;toi,
Uete&gt;.
Demasiado fantástica, vaporosa, lige,
ramente &lt;cuni&gt; y demasiado preocupa·
da por los falderillos en el primer acto.
Tan excelentes actores y actrices, oo
tienen derecho, bajo la dirección de un
Coss, a desea rriarse.
¿No es verdad?
No hay derecho . .... .
DON NADIE.

POR LOS BULEVARES PARISINOS
Páginas Cómicas
¿Debemos empe2ar esta crónica con
lamentaciones más tristes que las del
propio Jeremías (q. e. p. d.), y sentar
nos emocionados hasta el ponto de des·
preciar como cosa supérflua el sacar,
nos la raya en el pelo I Ioduda blemeote
que sí. ¡El taogo va camioo del destie•
rro, del abandono, de la miseria! ¿Ver·
dad que es cosa de apoyar la cabeza
sobre el hombro de un amigo cariñoso,
y abrir el grifo de las lágrimas? !Con
la alegría que te oía .... basta hacieodo
el paso, cosa que no nos sucede a los
mortales cuaodo lo hacemos! ¿y quién
le ha veocido? ¿quiéo? ...... 1Gente de
parl Es decir ¡noa danza llamada la
&lt;furlana,&gt; danza que oi siquiera se lla·
mala cfurlana de tal!&gt; ¿Cabe mayor

como si estuviera embarcado!
,-/El señor tiene invitación para
nuestro malvavfoco-taogo?
-lEso, qué es?
-Uo verdadero acierto del dueño del
establecimiento. Así como en otras par·
tes hay tés-tango, dioers- tango, y su,
pers-taogo, aquí tenemos mootado un
malvavisco-tango, que es más celebrado que los discursos d&lt;l Briaod. Todo
eofermo curado con las medicioas de
la casa tieoe derecho a asistir,y los que
han escapado de alguna enfermedad
verdaderamente grave, pueden asistir
acompañados de uoa se5ora. Para la
próxima fiesta contamos con la asisten,
cia de un procurador que ha tenido
viruelas, y que hoy está más fuerte que
uoa nueva línea del metropolitano re·
ciéo inaugurada.
Pasaron aquellos ~tiempos, a juzgar
por todos los 10Jicios, y ahora, el que
acude a uoa farmacia en busca de un
remedio, nota que el mancebo le pone
peor cara que si fuese el cobrador de
la cootribncióo.
- l Cree usted que esto le sentará
bieo a la persona que sufre?
-Para eso lo vendemos.
-Es que se trata de uoa señora que,
desde que cayó rodando por uoa esca·
iera, tiene los nervios como uoa madeja
enredada ....
-lY a mí qué me cuenta usted? iQue
se deseorede o que reviente!
¿ Es esto natural? No. Esto es una coo·
secuencia de la desaparición del taogo.
¡Hemos de sufrir todavía tao to, por ha•
ber sido ve oc ido este arte! .. ..

desesperación? Vamos, que es cosa de
tirarst: al suelo y no levantarse de él,
basta que no juren que el taogo será
rehabilitado, o hasta que veoga el por•
tero con una escoba y nos ctaogue&gt; de
escobazos.
o o o
¿ Llegará el momento en que, al caer
la· tarde, se entre en noo de esos esta,
Como nuestro ánimo está completa•
blecimientos en que hasta el propio ge- mente triste por las razones apuntadas,
rente se marcaba uoos cuantos pasos, y apenas si nos queda humor para sabo·
aote la seriedad que allí reine, no hay rear las atracciones teatrales.
más remedio que lanzar un suspiro más
Y es verdaderamente lástim«, porque
grande que la torre de &lt;Notre Dame&gt; jamás ha sido tan profunda la ioiciati,
- l El señor va a tomar té?
va de los autores. Hay, sobre todo, el
-Sí, té ¡ay!
ctroc&gt; de la escalera, que oo parece si,
- l Se encuentra el señor enfermo?
no que se han metido a escribir revistas
- No apreciable camarero, es que me de espectáculo la mayor parte de los
acuerdo de' que aquél era el rincón fa, porteros parisienses.
vorito para mis rxpaosiooes taoguiles.
Actnalmeote, en casi todas las obras
¡Oh, qué ratos aquellos!
que figuran en los carteles hay una es·
-El señor ti ene razóu; desde que oo calera, con sus peldañitos, su tapiz y su
se taoguea aquí, h3sta los camareros
oos eocootramos heridos de melancolía,
y hoy mismo se bao llevado al hospital
a uoo de los pinches, atacado de locura
repentina.
El cliente, recordando las pasadas
alegrías del tango, bebe un sorbito de té
y exclama:
- iSeñorl ¿Por qué hemos de pasar
por tales amarguras? ....
1Qué tiempos aquéllos en que el fu.
ror del tango había batido su pleno, y
no podía uno entrar ni en una botica
sin que hasta el propio mancebo le des•
pachase raíz de lirio, cootooeáoclose

barandilla. Vamos, que es cosa de pre·
guntar a la acomodadora:-Diga usted,
¿es que hay por aquí cuartos desalqui•
lados?
• -1 Por qué lo dice usted?
-!Caramba, por la escalerital LlevJ
vistas siete obras en lo que va del mes,
y ea tod3S ellas figura ese armatoste es·
cénico,
Es que en eso, como en todo, hay mo·
d ,s, y los directores tienen ahora buen
cuidado de reclamar a los autores qt:e
oo olviden este detalle
-Aquí tiene usted una obra que o
mucho me equivoco, o va a hacer correr
a tildo París.
-1 Es algún perro rabioso ?
-No, señor; pero se plantea uo pro•
blema más nuevo que los cascos d3 la
g~odarmería.
- l Tiene escalera?

-Lo que tieoe e; un interés supe·
rior a las acciones de Ulla mioa de oro.
Figúrese usted que se trata de que Mar,
co Antonio, al desembarcar en Egipto,
averigua que una antigua patrona suya,
de Roma, ha puesto casa de huéspedes
allí, y posee una cuenta de lavandera,
que se dejó sin pagar, cuando era sim ·
ple centurión.
-1Tiene escalera?
-Ya comprenderá usted el terrible
apuro en que st&lt; encuecitra el tribuno,
porque ¿cómo preseotarse ante Cleopa•
tra coa semejlote aire de tramposo ? El
problema es terrible y de gran novedad
teatral.
-Pues si no tiene escalera, es inútil.
Al público le da usted ahora uoa obra,
eo la que salen bailando, por ejemplo,
doce senadores, y como no vea en el
escenario más de cuarenta peldaños, se
lhma a eogaño, y es capaz de pegar
hasta al empleado del despacho de bi·
lletes.
Ante semejante conflicto, que no se
puede resolver sino a fuerza de made•
ra, el autor se retira descorazonado, y
diciendo:
-Pues, señor, no voy a tener más re·
medio que cambiar el lugar de acción
eo el segundo acto·, y en vez de que pa•
se en la plaza pública, voy a hacer que
ocurra eo un piso qoioto, donde vive la
ex- patrona de Marco Antonio, y de es•
te modo creo que, a escalera, no m~

va a ganar nadie. Casi estoy tentado de
poner un ascensor egipcio ....
Es inevitale, pues, el eocootrarse en
todas las obras con el mismo efecto es•
cédico.
Lo único que a los autores les queda
por hacer, es ingeniárselas para pre·
sentarlas en la forma más nueva que
puedan hacerlo
Yo sé de un autor, que ha decidido
hacer uoa obra para la Cpmedia Frao·
cesa; y para &lt;epatar&gt; a Mr. Carré,quie·
re encontrar uoa forma de escalera
completamente nueva.
Por lo pronto, todas las mañanas se
endosa un traje derrotado, agarra noa
caja de boja de lata, y comienza a re,
correr inmuebles, haciéndose pasar an ·
te los ojos de los porteros, como t:n
obrero del gas que va a reparar alguna
avería.
-Pero si aquí no hay niaguoa-sue•
len decirle.
-No importa, puede ocurrir el dí,1,
menes pensado, y el director de la
Compañía tendrá un verdadero disgus•
to, si alguna noche los vecinos de esta
casa se quedan sio poder guisar. Voy a
recorrer la escalera.
A lo mejor, está a gatas sobre uno dd
los tramos, cuando acierta a pasar un
vecino que es, precisamente, uo a1'ligo
suyo.
,.-¡Damooiol ¿Usted aquí y con ese
traje?
-!Chist! ¡Por Dios, cállese usted!
-Pdro ¿es que se eocueotra usted en
tao mala sitaacióo, que ha tenido que
m~terse a gasista?
- ¿Quién, yo? No, señor. füto es un
secreto.
~ iAb, pillín! Alguna aveoturillaamo·
rosa
-Sí, eso es, pero no me descubra.
Queda, pues, como uo calavera em,
pedernido, cu1ndo, en realidad, no es
más que un desventurado autor, que
quiere seguir la moda de sacar escale,
ras a escena.
o o o
Eo el fondo, esta cuestión es, como
todas, por ganarse la vida. Los tiempos
son más duros que piedra berroqueña,
y en la lucha del hombre contra el

franco, hay que arreglárselas de modo
que el franco quede vencido, o lo que
es igual, en poder del ciudadano que se
había propuesto conquistarlo.

Iogeniáodoselas, se coo&amp;igue r1:solv1:r
tao complicado problema, y uno de los
más prácticos para ellos es acudir al
dulce sablazo, o lo que es lo mismo, a
entrar a saco en el bolsillo ajeno. ¡Es
incalculable la facilidad con que se pi•
de en París!
Eo esto también se ha progresado,
como en todo, y los que acuden al boh
silla ajeno, no tienen que aparecer más
desastrados que si volvieran de una
campaña de diez años, oi contar que
tienen mujer, siete chicos completa·
meote escrofulosos, y que, ellos mismos
aspiran -a morirse de un momento a
otro, porque se les ha ac3bado el re•
puesto de camisetas q11e tenían. No;
ahora los pobres se revisten de cierta
comodidad, de algo de orgullo, y no va•
cilan en iocrepar al clie nte, si éste du,
da en entregarles su óbolo, como si quisieran decirle:-iHombre, le vemos a
Ud. con una corbata lujosa, y aúo duda
Ud. para entregarnos uoa limosna! ¡Ud.
es no sinvergüeozal
Pensando de este modo, un pobre que
tieoe excelente clientela acaba de mar•
car la verdadera posición de los mendi,
gos Ha sido eo la puerta de la iglesia
de San Agustín, y algunos periódicos lo
han relatado.
Era uo pobre con éxito, como si di•
jéramos, y había aquello de: &lt;Buenos
días, Don Fulano ¿No se acuerda Ud.
de mí, hoy?&gt;
Claro, a Don Fulano le daba ver·
güenza decirle al menesteroso, que le .•
tenía más olvidado que el primer cuello
postizo que se puso, y izas! mete mano
al bolsillo y allá te van algunos céoti•
mos, y así todo el dia.
El hombre, de vez en cuando, fuma•
ba algún pitillo, charlaba otro ratito, y
cuando le parecía conveniente cerraba
el puesto, y se retiraba, coo aire de
característico que está encargado del
papel de Grao Inquisidor.
Pero llegó el frío, el hombre sacó uo
brazo por fuera del embozo una buena
mañana, y di jo :-1 Carape, si q ne debe estar desagradable en la oficioal - y vol•

�viendo a meter el brazo, tuvo uóa idea
luminosa.
Por eso, los habituales clientes del
mendigo, cuando llegaron al atrio de la
iglesia, se encontraron sorprendidos con
la presencia de otro individuo descoco•
cido, que les enseñaba el siguiente car·
te!:
cMis generosos clientes me perdona•
ráo si durante el frío no salgo de casa,
pero pueden entregar sus limosnas a mi
secretario, que es persona de con·
fian za&gt;.
¡Eso es sabet vivir! ¡Un pobre que se
echa secrttariol No cabe duda que lo
merece, y que hasta, si lo hubiese pen•
sado antes, ha debido ir a Niza a pasar
los rigores de la estación, y que allí le
hubieran enviado, en cheque o letra de
fácil cobro, las limosnas acostumbradas.
Es posible que este pobre baga es•
cuela, y que imiten su ejemplo otros
que encuentren el oficio lucrativo y poco molesto, sirviéndose, por ejemplo; del
teléfono, ·para hacer l.i recaudación
diaria.
- iAlló! ¡alió! Wagram, 128-43.
- l Quién llama 1
-Yo, Socuéllamos, es para saber si
va Ud. a enviarme la limosna de cos·
lumbre.
·
· -lNo podría Ud. venir a buscarla?
-Imposible. Tengo cita con dos extranjeros que quieren recorrer todos los
cines de París, pero no por eso descui•
do mis intereses ..... .
-Entonces, ahora le mandaré los die z
céntimos con un criado.
-Tantas gracias, y que Dios se lo
pague.
Esto es comodisimo p'o.ra todos, sobre
todo para el pobre, el cual, exteodien ·
do el negocio, y dando facilidades el
público para la mejor entrega de las
dádivas, hasta puede organizar reunio·
nes eo su casa, al final de las cuales,
las almas generosas Je entregarian aque•
llo que tuvieran voluntad.

.. Fotografía artfstica ~ · ·

cMachin Allez-y participa a sus rela• \
ciones filantrópicas. que se quedará en
su casa todos los miércoles de 5 a 7,
para recibir las limosnas que quieran
llevarle. Habrá tango&gt;.
Los honores de la casa los hará el
mendigo con toda amabilidad, y los ge·
cerosos donantes pasarán un par de ho- .L:::::::::::===:=:.._:::.::...:=:::::::::;~:=::::..:...::::::::::::::.=~-..:...~...::..;.;;:;......!
ras agradabilísimas.
Tipos Nacionales por Antonio GHduño.
_¿Hace mucho tiempo que conoce·
U d. al dneño de la casa?
-!Oh, sil Me pidió limosna p.:&gt;r pri·
mera vez, hace cinco años, en el boulevard Malesherbes
-tSe bacía ya entonces pasar por tí·
sico, o explotaba todavia lo del cáncer
retiraba compadecida, dejando la con· acontecimientos parisinos.
en el estómago?
A última hora se ha dicho, en deter·
-No, era en la época en que se ad· siguiente limosna.
judicaba siete chicos, uno de ellos con
-Adiós, conste que lo be pasado muy minadas esferas, que el frío ya ha pa·
una cabeza que pesaba veinte y dos ki• bien en su casa. Aquí tiene usted para sado, y que no tarciará en veo ir el buen
tiempo.
_
los, con el pelo cortado al rape.
ayuda de un panecillo.
La noticia oo be podido comprobar•
-!Qué hombre más agradable! ..... .
-Muchas gracias.
la, porque en los círculos oficiale~gaar•
, tOb, amabilísimo! No hay modo de
1Así da gusto ser pobre 1
dan absoluta reserva.
negarle un socorro. Yo vengo aquí con
mucho gusto.
o oo
BONNAT.
-Y yo. ¿Q11iere Ud. que bailemos un
taoguito?
La gente, después de bailar, de tomar
Y éstos son, que yo sepa, los últimos
algcoas frioleras y charlar bastante, ~e

Coatioúao teniendo grande acepta·
ción los trajes sastre en terciopelo de
lana, con falda cruzada y ligeramente
drapeada en el borde inferior, sobre la
que cae una túnica recortada en arco
al frente y que extendiéndose un poco
snbce los costados, termina a la espalda
en faldón más o menos largo. Las cha·
quetas, muy cortas, se hacen con la es•
palda recta y fruncida bajo una banda
que adorna todo el bordo; y sobre la
que se ven pequeñas &lt;moscas&gt; bordadas
a sedas de colores que armonicen con
el tono del traje. Las mangas de tres
cuartos, van cerradas eo la parte iote,
rior, con una sola costura.
Para la estación de calor, este mismo
estilo se repite en crespón de lana, en
paño sibelioa muy ligero, de color liso;
y se ve marcada preferencia por el co•
lor turquesa o beige, combinándose di·
chas telas con el mismo tejido a cuadros
de color liso, o mezclados con negro,
Los trajes sastre muy elegantes se
hace~ en otomano de seda· y se nota
que dominan los colores ladrillo y
cbacpaña. También se emplea mucho
el mairé suave, en tonos madera o ne·
gro, adornados coa bordados especia•
les
La moda preconiza cada día más
marci.damente los trajes completos y 1JS
coojuotos de un solo color, y la camisa·
la que tiene qur completar estos trajes
es en lo posible, del tono de la tela; es·
tá mny de moda la c;amisola kimono de
muselina de seda de color, sobre un
fondo blanco.
Pero se observa también que se lleva
mucho, como traje de tarde elegant, a la
vez que práctico, la falda negra con ca•
misola de color claro y vivo: orquídea,
gallo de roca, mandarina, tilo, azul na•
tier, son los colores dominantes, en te·
las como la maravillosa, la muselina de
seda, el liberty el crespón de la china.
La falda se hace de diversos cortes; en
terciopelo negro coa túnica de tul fioa•
men•e rizado; el charmeuse con túnica
plisada que a un lado baja sobre la ca·
dera, y que del otro se alarga gradual•
mente ca}'endo en pico a la altura de
Ja rodilla, en paño de seda con dos tú·

¡
f

.1
El modelo más reciente de París.
nicas cortas figuradas, redondeadas y
cruzadas en el delantero, la de encima
teniendo la orilla marcada por un fleco
de seda, la de abajo terminada simple·
mente en una bastílla pespunteada.
Es muy fácil modificar a voluntad es•
tas faldas y hacerlas más vestidoras,
reemplazando la blusa de color por un
corpiño de tul o de muselina de seda
negra, forrada de blanco, sobre el qoe
van tirantes de terciopelo formando V
y cinturón en negro, o eo color coa•
trastante.
Otra variante también muy linda, es
la de poner, sobre el corpiño blanco
crema u ocre pálido, de linóo bordado

o encaje, tirantes drapeados, de tul oe•
gro con borde de color; el cinturón va
cerrado a la espalda por medio de ana
mariposa de tul y dos gajos del tal caen
sobre la falda, basta el borde inferior.
Entre los modelos más recientes, figu•
ra no traje blanco guarnecido de muse•
lioa de seda &lt;cabeza de negro,&gt; esto es
muy rizada en el teíido, y trajes de raso negro drapeados con túnica de env
caje blanco, o muselina de seda ligera•
mente rosa, bordada completamente con
seda floja en tonos de rosa viejo y ma•
dera; en algunos de éstos, la túnica lle•
va un rizado de taffeta en el borde in,
feria r.

�Un delicioso traje modelo es el si•
guiente: de muselina de seda oro, tiene
el delantero formando delantal por me·
dio de alforzas que terminan a los la·
dos, lo que da una amplitud considera•
ble para el drapeado a la espalda; éste
está arreglado en forma de bufaote. El
corpiño, semiajustado, es de la mi~ma
muselina sobre camisola de tul blanco,
abierta en V en el delantero y la espal•
da, y termiuada por un plisado finísimo
con hebra de seda oro a la orilla. Las
mangas de la camisola llegan sobre la
mano, mientras las del corpiño son de
tres cuartos, drapeadas a ambos lados.
En vez de declinar, parece aumentar
la boga de los bordados brillantes Je
chispillas metálicas, perlas de cristal,
hilo de oro y plata, todos los días se ve
una nueva fantasía decorativa agregada
a éstas. Una de las adiciones más re•
cientes es el bordado de pequeñas per•
las de coral y oro mate, figurando es·
!rellas de mar, cuyo efecto es de grande
magnificencia y de originalidad seduc·
tora.
Los bordados en sedas brillantes, ve•
lados con gasa blanca o negra, son
también de muchísimo efecto, y se pres•
tan para armoniosas combioacic'nes.

Las cosas naturales, sencillas, "simples" prosaicas, "cotidianas" (y comunes
a la mayoría) que forman lo "esencial"
de la vida humana, serán preci~amente
las que vivirán para el perenne elogio.
Las cosas anormales, terribles, solem•
oes, suntuosas, o trágicas, que dejan im·
presiones de vacío, horror y deslumora•
miento, y se diluyen en la circustancia,
esfuman su magnitud, exultación y te·
rrible desorden en nuestra memoria,
tienen voz y gesto heroico ...• en la
epopeya; sí, pero carecen de ese orden
amable, de ese gracioso equilibrio, de
esa armooía y proporción que las ha·
ría dignas de bellas glosas ....
Dejad ¡amigos! lo que está fuera de
la órbita natural de la. emoción; volva·
mos a la suave humildad de las c?sas
pequeñas, ingenuas y continuas; por su
insignificancia y la mía las hice afines,
y, al evocarlas, siento qne tienen, como
las reliquias, un marchito perfume de
santidad ..... .

DELIA.
o o o

Glosa de Primavera

Estola y m.. oguitc, d., zorto, sombrero llhlma cnaci6n.

Es hora de que Sigmundo y Siglinda
entonan en la cabaña su divina canción,
por la puerta que abrióse a la noche,
al bosque y a la "Primavera," llega un
murmullo de amoroso encantamiento...
Olvidemos la melancolía de vivir
¡amigos!: sonde la naturaleza, las pal,
mas del "Hosanna" nos han traído el
solemne "Aleluya" de toda resurrección.
Pero la vida es práctica, igualitaria
vertiginosa. Las rutinas atávicas se agravan de intereses banales, vulgarísimos.
¿No veis que para el ensueño, para el
"ideal" .... ya no hay tiempo? La vida
sigue a toda macha; a su paso caen los
· dioses lares de la tradición, como ído•
los inútiles ya desprestigiados, y un pu,
dor nuevo atenaza el espíritu del siglo
XX: es un pudor orgulloso detodaemoción ingenua.
¡Aparecer sensibles a una leyenda, a
un rito ancestrall Eso .... es retroceder
algunos Iostros.

Hoy, los años sucédeose incoloros; nue;tras tiendas con cosas amables y
son las estaciones puntuales, irreducti, pequeñas.
La glosa inconsciente de los años in,
bles, como los acreedores; el termóme·
tro, el barómetro, la &lt;ordenanza&gt; son fantiles, de la muerta juventud de la
conspicuos hasta en el vivir de los ni· edad intensa, nos es necesaria, y vamos
ños; somos "maniquíes" o "autómatas" a su recuerdo como a no piadoso pe¡qué horrorl Y como "ha muerto el regrinar.
No importa que las futilidades, e1
Cisne," me interrogó: l Qoé se dirán los
hombres del mañana, de su infancia egoísmo, la lucha por el oro, el sedi·
presente? Cuando la dicha sea no be, miento de rebelión contagioso y la uto·
cho pretérito ¿qné memorias dulces po• pía demoledora nos envuelvan en una
red de teorías deprimentes, absurdas,
dráo evocarse?
Será no cortejo borroso de\horas mo- exultantes. Aunque hemos sentido en el
nótonas de rutina, esfuerzo y sujeción; cráneo el golpe de maza de las teorías
una película de sucesos volga~es, ex• disolventes, ae los dogmas utitilitarios
ternos; urdimbre tosca del dolor y del para la conquista del porvenir. si nos
placer; lógica de "díasordiuarios"-co• han amargado con futurh mos e iocog•
mo diría algún espiritualista sotil-días nitas problemáticas, y nos llegó el más
que no llenó cosa grande, honda, ni hondo desengaño, "aún" sabemos de la
bella inquietud espiritual. no agena a
inefable ....
Para la generación que pisa el pro• todo ideal generoso. . . . pero "necesimedio de la vida humana, la montaña tamos" un oasis, un punto de silencio
del recuerdo tiene aún Tabores de se• comprensivo, un amor ...• y una espe•
reoidad gloriosa. Complicados e inge• ranza .... !Amigos! la espe·raoza que
nuos, somos de los que aúo levantamos invoco es :eocilla, puede ser universa).

Dos trajes de modelos muy originales; el primero es de gabardina
fantasía en color verde oscuro y cuello pekine.
El segundo es de crespón de lana rojo.
LJ. puerta del tiempo abrióse -como en
la cabaña de Huoding -y por ella entró la "Primavera;" eso que no alcanza
el "snobismo" indiferente, ni la mas
escéptica despreocupación, es algo
grande y puro como la alegría de los
pequeños y el llanto de los desventura·
dos, es el rito y es la leyenda de toda
edad.
Los días son largos, y están como un·
gidos de un esplendor nuevo; la savia
del mundo hierve regenadora, y nuestra
sangre tiene una sorpresa de energías
vivificantes.
"Florecen los almendros, y nos brin•
dan su hechizo."
Y esa crsi natur.i.l, sencilla, ingenua,
es u 1a ·'efeméride" de emoción s,,
grada.

o o o
¿ Qué glosarán los hombres del ma•
ñana?
Los grandes ioveoios debtructores,

las arduis conquistas científicas, el am•
plio horizont:! del saber que se extenderá sin límites, y toda esa moostruosi
lucha de pasiones, armuón de la vida
social, que sintetiza la historia de los
pueblos ....
¿Habrá algún canto para el "ocio
helénico," un verso para el ideal, y una
rima para la "risa de Grecia," toda
ironía, elegancia y laconismos ....
Tendríamos que dudarlo lógicamen•
te, si uoa necesidad de equilibrio y ar,
mooía universales no volviese por los
fueros de la espiritual justicia.
Yo quiero esperar que siempre haya
un "grupo electo," una aristocracia del
sentimiento que investirá de un sacer•
docio bello a cierto número, y creed
que este será el de los "héroes" que se•
gún Carlyle, tienen una misión provi•
dencial.
En ese grupo, no todo de caudillos,
pero sí de "ejército libre," habrá, como
siembre los hubo, ·'glosadores" de Jo
más bello y imable.

Por encima del hecho están la.s im,
presiones individuales, y ésa.s hacen tau
agudo como definitivo. el "comento"
que en cada uno de nosotros asume el
sentido pleno de la circustaocia.
Mi circunstancia, hoy es .... la Prima,
vera, la juventud del año, como la juventud es primavera de la vida. Ha ce•
sido la ráfaga desipacible de las no·
ches; una claridad rejuvenece el Me•
diterrá ueo, que parecía un mar de pe,
sadilla, todo "norte" y amenazas. Cesó
la marzada heladora; la flauta de Pan
sonó en las palmeras de Levante, que
erguían su nave sobre naranjos en flor
y fruto, porque de Africa viene el so·
plo cálido, y en un vuelo las goloodri •
nas aportan ya la promesa de &lt;buena
estación.
"Son blancos incensarios que modu •
Jan ' 'iHosaooil" Es verdad; los almea•
dros blanquean en las laderas; su "Ho•
sanua" promete un "Aleluya" magoífi,
co .... La tierra renace de un letargo
profundo; en los troncos escuetos hay
mil pétalos de nácar; en la rama esque•
!ética, los tiernos brotes verdeant~s rezuman savia de juventud, y entre las
olorosas matas silvestres hay tiernos ba•
lides de recentales.
CONDESA DEL CASTELLA.

414i

�SOPA PARISIENSE
En caldo del cocido, cuézase medio
kilo de patatas superiores, que después
se machacan y pasan por un colador a
un cazo con una cucharada de harioa
y otra de manteca de vaca que se mez•
el~ bien, añadiendo después y poco a
poco el caldo.
Se deja cocer a fuego lento hasta que
está un poco espeso, y al tiempo de servi r_se, y fuera del fuego, se pone un poquito de manteca de vaca y una yema
de huevo desleída en agua fría. Con
dos o tres patatas, que se habrán dejado aparte, bien machadas con una yema
d~ huevo y una cucharada de leche, se
hacen unas bolitas poco mayores que
avellanas, en las que se introduce un
pedacito de jamón frito Se untan de
harina, se fríen y, bien escurridas, y co,
locadas en la sopera, se vierte sobre
ellas el caldo.

"Alhajas de OGasion"
''La Casa que se ,undó con este nombre."

Compro Caro y Vendo Barato.

Daniel In GI án.
Av. Bolívar 23. (Antes Coliseo

"Arte y Letras" y
"La llustraGión Semanal"
Compro, Vendo y Ca'llbio

INGLATERRA.-Londres J Barrie·
re y Cía. 17, Green Street. Leicester
Square, London W. C.

mis clientes.

ESPA~A.......,Madrid. Vicente Alvar ~z Puesto de periódicos de la Cervecería de Candelas, Puerta del Sol.

ALEMANIA ......,Berlio. R.Estévez de
Perea, Mauerstr, 66 IV W.
Pónganse las patatas a cocer en agua
quíteseles la piel y córtense en dos pe'.
IT ALIA.-Torioo, Nicola Brunotto·
&lt;lazos. Por separado, derrítase un pe• Vía Po aogolo, Piazza Castello.
&lt;lazo de manteca en una cacerola y
cuando est~ derretido añádanse las pa·
CUBA.-Habana. Carlos M. Orteg1
tatas, pere¡1l, cebollas picadas pimienta Zulueta 32, "Maison Dorée."
y sal, ub vaso de caldo y vino. Déjese
PORTUGAL.-Lisboa. Julio César
cocer a fuego lento durante media hora
Vieira da Cruz, P laza de D. Pedro 2 1 ,
y sírvase.

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                  <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado coma artículo de

Segunda Epoca.

2~

clase, el

26

de Febrero de 19r4.

Sábado 25 de Abril de 1914.

Tomo 1.-Núm. 1O.

EN EL CAMPO, FOT. DE ARTE POR MU NANA.

�de ello t ienen los de,;ver~o:1za- c1de11tes a cual ma; iJetios y condos yanques que creyeron em- movedores.
Un anciano, de ochen a años
presa lácil el manchar la playa
de Veracruz con el polvo inmun- de edad, llegó a la oficina el
miércoles llevando de la man" a
Si publica tod'lS los sáb~rios por la do de sus piés.
El alma nacional ha dec;perta- dos mozos de unos vein te y veinCía. rcrlodístlGa McxlGana, A.
do, y, con un solo g ri to ex pre-a ticinco años, respect•viimente.
su odio reconcentrado hacia quie- &lt;Señor, dijo, ya soy muy viejo,
DIRECTOR:
nes han cometido el espantoso tengo ochenta años, y no esto.v
J. M COE L LAR.
crimen de lesa civiliz'lción, de ya capaz de comhatir, pero aquí
GERENTE:
leso sentido moral, de penetrar están mis dos hijos, hágame el
MIGUEL LANGARICA.
en son de guerra al territorio de favor de filiarlos para que sirvan
OF ICINAS:
un país que les ha permitido te- a la Patria.&gt;
U na madre, al ver pasar una
3~ Riocoo'lda de San Diego 41.
ner sus buques dentro de un
manife~t
ación patrióti,·a, eleva
puerto en son de fingida am:sTeléfonos:
en
el
airea
su hijo, de cuatro años
tad .
Mex 20-85 Nd ri.-E ric. 1 4-51.
Y así, las proezas de nuestro de eda,J, dice: ~Lástima hijo qne
Apartado postal 45 b is .
valeroso pueblo nos hacen recor- no ~e:is ?Ún homhre, para que
MEXICO, D. F .
dar ya el hermo!'o verso de V~- vengaras e l ultraje a tu Patria.&gt;
P RECIOS
El pueblo que es capaz de talarde q ue dice, modificado por
Ej~mplares sueltos . . . . . . . . . . . 20 cs.
le,;
::tetas no está muerto, siente
las circunstancias:
Sub~cripción, trimestre .. .. . .. 2 50
en
la,;
venas correr una sangre
E xtranjero, trimestre.. . ....... 5.0 0
viva y ardorosa, y de ninguna
con excepción de Estados Unidos y Cu•
&lt;Cuando en "mexicaoa&gt; tie rra
ba, ea donde regirá el mismo precio
manera sufrirá qne nadie, sea
&lt;Extraños pasos se r,yeroo,
que para la República,
quien sea y tenga la fuerza que
e Hasta las tumbas se 'lbria, o
tenga insulte imounemente la
c G ritaodo veog,oza y guerr a &gt;
NO GIRAMOS
bella patria que nos ha dado el
TO DO P EDIDO DEBERA VE NIR
ser
y de la que debemos mostrarCON SU IM PORTE.
Y ese g rito: Guerra y Vengannos
dignos hijo .
za, resonará en boca de todos los
No se devuelven ~ • iginales.
Y así -;erá, no lo dudemos ni
mexicanos hasta que el e~fuerzo
nacional haya hecho desapare- por un momento, hov más que
cer hasta el recuerdo del inmun- nunca mcstcaremos q ue no es
do insulto de que solo es capaz fal~o el juramento hecho en la
e~a alma ruin, gobernada por última estwfa de nuestro him ~o;
los q ue llevan en lugar de con- 110 en vano invocamos nuestro
ciencia y de corazón u11 saco de ca.,to patrio en estos días por las
calles, en las plazas, en los hocOigo Patria ,u , fl ccióo .... &gt; dólares, y que pasan por toda
indi gnidad y por toda desve r- gares y en todas partes donde
•
güenza
con tal de acrecen tar sus ali,:mra un pecho mexicano.
El horrendo crime1 se ha reaPronto
verá
el
m
undo
entero
lizado!. ... El hipócrita m estro capitales y satisfacer su sórdida que, como lo hemos jurado, ex·
de escuela que. a las órdenes de avaricia .
~o que se ha hecho es garan- halaremos el último alient,i en
la plutocracia yanqui. rigP. los
las ara-; de la Patr ia an tes que
destinos de un puehlo que mere- tía &lt;le lo q ue se hará; los alum- tolerar q ue •e mancille a e.;.L
cería a alguien más g, ande a su nos de la escuela naval de Veranuestra querida Pa· ria.
cabeza, ha tenido la felc.nia de cruz se cuhr ieron de gloria comordenar a sus secuaces que hue- combatiendo al gringo, y, a
J. M C.
llen con sus patas el santo terri- imitación de los gloriosos cadetes
to rio donde duermen las cenizas de Chapul te pee en 1847. han
·de nuestros padres, de nuestros dado a su patria un eterno mutiahuelos, de los fun dadores de vo de orgullo.
El patriota pueblo veracruzanu~stra raza, tanto azteca como
no, regando las calles desu puerlatina .
P ero, afort unadamente. la vi- to con s u sangre, y con la de los
ril idad de que tantas pruebas insoientes invasores ha justificahan dado esos a;,;tecas e iberos do una vez má5 que es dig,o &lt;le
que mezclando sus sangres die- vivir en una ciudad que se llama
ron origen a la nuestra, no se tres veces heróica.
Y, como garantía de que esos
h:i. extinguido en nuestras venas;
el glorioso empuje que creó la ejemplos no han de quedar sin
~oche Triste y el que hizo de- imitadores, en los registros de resesperar por primera vez - el ge- clutamiento se han inscrito más
nio militar de Napoleón viven de vein te mil personas en dos
aún en nosotros y buena prueba días, y a dia rio se registran inl NDICADOH

r;r_

Letras"
s.

♦

Crónica Social

•

Frente al Enemigo

Jnegos del campeonato de teonis
del Reforma Atbletic Club,
efectuados el domingo pasado.
En la elegante iglesia del Buen
Tono.
Flores, muchas flores, y bajo la
amplia bóveda, distinguidfsima con•
correncia apiñándose, barajándose,
entre hondas de perfumado incienso,
y efluvios de esencias parisinas.
Cuchicheos discretos, fuego graneado de sonrisas, murmi:llos admirativos,
saludos, apretones de enguantadas manos, felicitaciooes elegantes; Jagrimitas
que arraaca, más que el dolor, íntimo
e inefable gozo. , .... Y poco después
la aparición trinnfal de la novia, alba
como dulce paloma dispuesta al sacri•
licio, ocultando el leve temblor de sus
labios, bajo leves también, y discretisimos toques de colorete.
Entre la blanca espuma de tules la
novia, cual todas las npvias que el muo,
do han sidp, semeía un hada de ensue•
iio que apenas si envuelve una mujer.
¿Qué pensamientos, en huracanado
tropel asaltarán, en éste instante, el ri•
zado cerebrito de enamorado pajari•
llo . ... ?
Nadie ni el mismo dneiio de ese te·
soro, aprisionado entre blondas, enea•
jes, y gasa, serfa capaz de adivinarlo.
Ambos se hallaban conmovidísimos.

No tiembla menos la robusta mano
entrelazada, del caballero, que la de
so illconsútil damita solloiante.
¿Acaso el dolor es simbólico en las
humanas alegrlas?
Ciertameote: sólo él dolor es, padre
lt gítimo, de nuestras mayores dichas.
Por 'esó, intuitivamente, con esa di •
vioa intuición de la mujer, llora la novia.
P or eso tambié n ligera nube de trfateza oscurece la frente del novio.
. Ya están junto al Ara, celosa guar•
dadora del misterio.
Ahora la orquesta, con hálito munda,
nal, ejecuta selectas y delicadas melodlas, profanas, como con so armonfa
1iuisiera disipar el vaho mfstico de la
religión, sfmbolo de todos dolores, que
parecen anatematizar el amor humano.
Y se casan .. ....
Y desfilan los invitados.
Y queda vacío y penumbroso el tem•

plo, a ·solas con el Ara celosa guardadora del mito religioso ..... .
Y la crónica rotativera, groserota
Y- ramplona, como quien tiene baria
prisa, recoge lacónica la nota si•
guiente.
''El Sr . Dr. Abe) Ortega y la Se•
iiorita J nana Zaballa, se unieron en
matrimonio ayer, en la iglesia del
•·Buen Tono."
Un bello adorno . floral lució el tem·
plo. Distioguida y numerosa concurren•
cia se congregó bajo sus naves.
El matrimonio civil se efectuó aníe
el juez, Sr. Ceballos, a las seis &lt;le la
tarde, en la residencia de la novia. FiFmó el acta como testigos, un grupo de
amigos de consideración de losnovios."
,
Fuera, en la ru~oro~a alegria''de la
asoleada calle celebran también sus do- .
ratlas nupcias la tierra y el cielo: todo i
lo qµe vive y alienta fecundado por el
beso ae lo impalpable y eterno; traducido por el rayo de sol que convierw
eo·polvillo aureo el mismo poivó de la
calle . •....
E L C ABALLERO DEL VERDE GABÁN.

�tación del Señor Presidente de la
\

República, abrió las llaves del agua,
que brotó en hermosos chorros de

DEPORTES

los artísticos juegos dispuestos al
efecto.
El señor ministro de Comunica•

•

ciones, Lic. D. José María Lozano,
p:onunció una patriótica arenga que
llenó de entusiasmo a cuantos la es•
cucharon, como si ya presintieran el
odioso atentado qe que nos iban a
hacer víctimas los odiosos fúbditos
d~I prócer indigno de la Casa Blanca.
Es doloroso que tengamos que unir
a uoa neta de prcgreso y adelanto
nacional el sentimiento doloroso del
infame ultraje de los salvajes dtl
Norte.

Agua en
Guadalupe
Esceoas del concurso de tiro de
fa Asociación Nacional, efec•
tuado en Chapultepec el
domingo último.

Hidalgo
Desde el domingo pasa·

Lo que yo amo
A mi rubia amiguita

r

María González, la
de los ojos negros y
m1.nos impecables.
,PARA ARTE Y LETRAS

Amo la soledad porque allí existe
esa inmensa quietud que tanto ansio
amo el misterio de la tarde triste;
amr, -los cisnes del estanque frío.
Amo la soledad, amo el misteri:J
y esa &amp;anta quietud del ermitaño;
porque llevo en el alma un cementerio
y el coiltacto de los hombres me hace
(daño.
.
'Porque temprano, sin piedad me hiere
la loca humanidad con sus miserias;
me parece· que escucho el miserere
y qn_e siento la m11erte en mi, arterias.
Yo quisiera vivir en las regiones,
donde todo es bondad, doode se quiere;
donde viven de ambr los corazones
y el cariño en los hombres nuoca muere.

Para adorar alser quem~comprenfa
y que' sepa curar mi mll extraño;
y cual beduino levantar mi 'tienda
ansiando la quietad del ermitaño.

do cuenta la ciudad de

Amo la soledad. Porque allí existe
esa gran libertad que tanto ans!o;
cantos de cisnes en la tarde triste
rumor de alas Jel estanqne frío.

el nombre de la Villa, con

Guadalupe Hidalgo, tradi,
cionalmente conocidt con
una importantísima meje,

ra: agua potable de losma•
nantiales de Xochimilco.

ERNESTO PARRES.

El fausto acontecimien•

Hace ya mucho tiempo
que llevo en mi interior todo ese frío
que dejan las angustias
y las pálidas nieves del olvido ..... .
(Hace ya macho tiempo
(Inédita.)
que en esta soledad en donde vivo
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt; se levanta el .peñón de mi triste;_a
donde se estrellan los ensoeño~ míos! .. ,
Vaga tristeza del amor, no vuelvas.
Mi seoda es larga. Por la paz que anhelo
Las nieves del destioo
.
he de olvidar aquel amor marchito.
ror,-.pieron rosas, marchitaron vidas
Si la vida es ingrata,
y apagaron ensueños con so f¡ío.
olvidemos moy prooto lo vivido.
Vaga tristeza del amor, ila' mucho
No fué el dolor estéril. So ira loca
que mi viejo jardío está marchito,
me tornó más sereno y pensativo:
qne mi afáo, como todo lo que es bello, me dió tranquilidad para escudarme
me dió un vago placer en el camino,
}' una dulce canción para el camino.
uria dulce tristeza en mi esp~i:anza
y una grata aosied¡i.d -en mi delirio.
-CESAR CAMACHO.

La CanGión del Camino

to se celebró dignamente.
El señor general den Ra,
m6o Coroca, en represen ·

0

La fuente del jardfn Juárez en la fiesta inaagural.-El estrado.cficial.-U110 Qll !o¡¡ !ieraldos ~ue lleva~o~
¡a J?ue!l! ?!leva IPda la ciudad.

ª

�~
~====~~
Saxe levantó la mano:
-Vamos señores, hay que dar lustra
a vuestros nombres!
Inmediatamente el cuerpo de ejérci•
to partió al son de los pífanos; en las
brillantes filas iban: El Delfin, Luis de
Nasau, Royal Pologne y Booffiers•Va·
llon, un enjambrP de oro entre flamas.
Era al terminar el día, la última car·
ga. Al empuje de los nobles brutos to•
do se doblegó. Pero, allá muy lejos,
donde no se les pedía ver. tras un ma·
ciso de viña, el cuerpo de Infantería
cVieuxfonds,&gt; regimiento famoso p&lt; r
haber sido balaceado por ooa carga del
regimiento Hesse, volvió la cara repen•
tinamente ... .
Entonces el perro de las derrotas,
cSálve,e quien-pueda,&gt; con so feroci,
dad habitual, desbandó las compañías;
rompió las secciones, las escuadras, y,
con las fauces abierlas empezó a cazar
hombres. Todo se convirtió en desorden. Una voz noble gritó en medio de
la confusión:
-!Reunión!
Los oficiales, llevados en medio de
la avalancha, hacían e~fuerzos inútiles
por detenerla; tiraban de las piernas,
de los brazos, arañaban las es;&gt;aldas.
-!Cobardes! eso es huírl
Un caballo sin gioete, laozado en la
multitud, acabó de completar el desor•
den. Por todas partes pasaba el fantasma; sus puños caían sobre todos los
blocs. No se veía más que brazos con•
torcionados, risas feroces! Como vicio•
nes feroces se veían garras amenaza·
dora~. Los bonetes de piel, las pelliz~.
los tricoroios, las ha chas, los fusiles y
las bandoleras volaban por t&gt;I aire en
desorden. Las manos se adelantaban
con ganas de asirse, aún cuando fu era
del viento, para huir má, de prisa!
, Eo un momento el camino se vió lle•
no de sombras; los fugitivos, ea medio
de la polvareda, pasaron ciegos, como
na ganado de becerros locos! Parali•
zado por la rabia, pero frío, con los
ojos fijos, so coronel los veía pasar y
volaba cabezas con naa:puotería asom•

brosa; cuatro eficiales, tan pálidos como él, le pasaban pistolas cargadas y él
disparaba. Era el coronel Vienxfoods,
el que había tocado los costados de la
gloria en Fribnrgo. El regimiento pa•
só a su lado, terrible, sin comover sieqoira a su caballo, volvió un recodo
del camino, notó la presencia de un
gran edificio de donde emanaba un
ambiente de paz y de silencio, e, ins,
tiol'ivamente se entró en él destruyen•
do a so paso puertas, puentes y todo
cuanto le estorbaba. Iomediatamente
cesó todo ruido en el camino .. ,.
El regimiento estaba atrincherado
de[¡tro.

- l Qué hacemos ahora? prt&gt;guotó el
conde. ¿Habrá que entrar?
Un oficial respondió lleno de cóle•
ra;
-Yo sería de opinión, señor coronel,
de que se debería sitiar la casa. Es un
antiguo convento de nrsulinas abando·

nado desde hace cinco años. Nuestros
hombres no tieden víveres, y se verán
obligados a salir. Entrar ahora, sería
tanto como ir a la muerte y sin prove·
cho.
-Entónces?
-Somos nueve. Nos alicearemos cer•
ca de la puerta principal, y cuando los
cobardes salgan en masa mataremos a
los más que podamos.

Los nueve hombres se iostalaroo co .
mo se había dicho, ataron sus caballos
a las columnas del portal y, llenos de
tristeza, se pusieron a contemplar al
ejército congregado prr las trompe·
tas ... .
Eran las cuatro. Las faofarriasebrias
de entusiasmo; los regimientos, pasaban
gritando alegremente, en medio de ca·
ñones y banderas para presentarse ante
el mariscal de s~ xe. Pasaron los regi•
mientas de Belzuoce, los dragones de
B3auffremoot, las compañías de Gra•

aaderos Reales, Todos gritaban al pa•
sar:
-!Hola! coronell
Y a los oficiales:
-He! señores! qué hacen ustedes
allí?
· Los nueve hombres levantaban la ca·
ben, la movían a uno y otro lado, y
la dejaban caer con des'lsperación.
-ICobardesl murmuraba el viejo coronel. Los ce bardes bao hnídol
Continuaba el desfile brillante de las
tropas victoriosas; los oficiales y los sol•
dados se empeñaban en relevarles en
sos puestos o llevarlos con ellos, pero
los oficiales ni siquiera los oían, conti·
nuabao ensimismados en su melanco·
lía; no oían risaf, llamados ni nada.
-Los cobardes! allí están. Pensar
que dos mil hombres bao sido capaces
de huír delante de su coronell Y ma•
ñanal In de Dios! Cuando el mariscal
pregunte ..•. U11 regimiento que lleva
so propio nombre ....
,....Hola, ¿en qué sueña u~ted st ñor
conde ?
El interpelado levantó los ojos y se
halló frente a frente con el marisclll.
Vieuxfonds estuvo a punto de echar·
se a sos rodillas e implorar el perdón
para so regimiento. Pero el marhcal
sonreía:
- Cansado como todo~. Hay que des•
cansar; esa fatiga del soldado es la me·
jor de las fatigas. ¿Y vuestro regimien •
to? No se rne ha dado aún el informd
de la jornada. Espero que Vieuxfonds
se habrá portado bien en este combate.
El conde se irguió, y un mormullo
sordo salió del convento para caersJbre
sus espaldas.
-Señor mariscal, mi regimiento .•..
-Habl_a d más alto, ccnde. Vntstro
regimiento ....
El coronel miró a las ventanas. Tm·
paciente de venga~za, con el corazón
lleno de lodo, se mantuvo erguido, y,
en voz alta, coo la seguridad de ser
oido por todos los soldados, dijo:
-Señor mariscal, teogo la pena d'l
participares un~ noticia que me llena
de ·duelo. Los valientes soldados pcr
quienes os dignáis interesares bao te•
~ido el honor de morir tedas hoy en el
combate por el bien de Su Majestad,
por el viejo renómbre de su valor, y por
la Francia.

se hizo un profundo silencio . . ...• tan
profundo que se oía el chasquido del
fuete del mariscal a uoa le11:ua a la re,
donda. El convento apareció estupefac•
to •. .. Y, bajo los puños de Saxe el ca•
bal:o dió un salto violento!
-lQnédice usted señor conde ? Muer·
tos tcdos?
-Todos.
-Mil quinientos homres?
-Mil quinientos.

vento.
-Regimiento de Alsacia, a mí!

"Alrncia," que se hallaba a unas cien
toe1as, llegó a grao prisa.
,-Tambores, las cajas a la sordina!
El mariscal estaba rejo:
-Oficiales! a vuestros sitios! Qué se
forme cuadro de honor! Los cañones a
los ángulos. Coronel, aquí al centro!
. Vieoxfonds se acercó. Y cuando el
regimiento de Alsacia se halló en for,
mación de parada, el lobo de Sexe
gritó:
-Tambores, a tocar bando!
Un redoble se levantó como un insul•
to ante la fachada del convento.

Cuando hobo terminado de hablar,

fonds, caídos tcdos en la batalla de
Rocoux, Por orden mía sus nombres se·
rán inscritos en lo~ cuarteles de Fran·
cia entera, y, durante un año, a la hcra
que se ponga el sol, los tambores glori·
ficarán sus nombres, como lo hacen hoy.
No queda más recompensa para los
muertos que el recuerdo de los vivos.
Dios los guarde y que la Francia los
admire. Tambores cerrad el bando.
Lo mismo que al principio, el redo•
ble se levantó como un insulto al con·

-En nombre del Rey! Paz y gloria'
a los hombres del regimiento de VieuxA

-A Versa lles, corooel.

Vienxfonds saludó. iióLko, feroz:
-Gracias pcr mis scldados, rr.onseA
ñor.
Temblando, escuchó el galope de les
caballos que se alejaban. El camino re•
cobró s11 tranquilidad, y, sólo los nneve
hombres permanecieron en sus puestos;
la noche empt:zaba a caer ....
Y Vieuxfonds se dijo admirado:
- l Qué esperan?
Rodeado de sus hombres miró al hos·
pital con ascmbro. Los hombres no se
bab,,íán movido ....
Vino la noche.
Ante la última luz de la tarde, Vieux .
foods se irguió nuevamente y se colocó
delante del convento como en actitud

�de desafío. El hospital pareció mirarlo
con ;u~· trcinta-ojos, p;ro-;;o~dijo
permaneció lúgubre y silencioso ..... .
Quieren huir durante la noche, pensó
el coronel. Los bandidos! habrán senti•
do remordimientos! pero aquí estoy y
los vigilo . . ... .
La noche pasó sin que ocurriera na•
da de nuevo.
Entonces, sintiendo vacilar sn razón
se preguntó el coronel si el hospital es:
tarfa vacfo, y cuando hubo luz del_dí~
rodeó el edificio para examinarlo; los
moros estaban intactos, lo~ hombres Je·
nfan que estar dentro.
-Ya tci sabré, permaneceré aquí has,
ta que tengan que salir.
Transcnrrió el dfa caluroso y vino l.i
noche monótona.
Vieuxfonds comió un pedazo de pan
que le trajo un soldado, bebió agua de
una fuente e interrogó al hospital, pero
el hospital guardó su secreto.
-E5 extraordinario, dijo un mayor,
n..da se mueve y, sin _embargo, s, diría
camo que está pasando algo dentro.
El segundo día pasó silencioso y se
unió al primero.
Al caer las sombras el coronel sintió
que se le escapaba la razón. El ayuno,
el espanto, todoº demolía su cerebro. E~,
cuchó, pero no oyó nada. Nada salía
del hospital más que el viento de la na·
da, el suspiro del vacío . ...• •De pronto
sintió que su boca se salaba como el
mar.

;;d~~

No pudo contenerse por más tiempo,
-Quiero, quiero entrar!
Al rui1o de sus pasos respondió algo
en el interior del edificio. Era como
un murmullo sordo de cólera. Vieux
fonds se detuvo repentinamente.
r ¿Qué pasa?
Fuera de sí, en medio de las tinieblas,
hizo un montón de hierba seca y de
paja y le prendió foego delante de la
puerta, y tomando parte de . esa bogue·
ra para alumbrarse co:1 ella, se adelanto por los patids y abrió tod1s las
puertas para facilitar la evasión El •ai:
re penetró por ellas, y, no hallando má5
que la muerte, murió a su vez. Nadie
salió.
.-Ohl dijeron !os nueve hombres a
la vez.
Y se estremecieron.

La aurora del tercer día alumbró el
hospital, pero náda se movió.
-Mañana entraremos, dijo Vieux•
fonds, de tres en fondo y con las espa·
das en la mano.
El medio día. La tarde. La noche.
Sófo se ofa como un rnmor que se iba
debilitando y que morfa.
'
El cuarto,dfa se oyó el mismo ruido.
Pero el coronel se· dijo:
-Seguramente es la sangre que me
fluye a los ofdo.i .... Y nadie se atrevió a entrar.

cuarteles de Francia ..•. y durante un
año, a la caída del sol, los tambores
glorificaban sn memoria.&gt; Lo que salía del hospital ya no era soplo de vida
era viento de muerte, nna multitud que
se pudría. En el interior del edificio
había"ocurrido algo sublime, algo he•
róico en medio de la vergüenza y el re•
mordimiento. Corrfa sangre por los pi•
sos, por las escaleras, y llegaba hásta et
gran patio •••• Y, como Vieuxfonds se
había quedado pensativo en medio del
camino, sin decir una palabra, envnel·

r

Como hermana
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ..... .

El quinto día hubo nuevos murmu,
llos: choques sordos como de fusiles que
caíar, después ..• • nada ... .
Pero el sexto día el viento atravesó
la casa convertida en criba, y un olor
inmenso de cadaver salió del patio. El
hospital olía a cementerio.
•
Enlences los nueve hombres com•
p :endieron . .. . . .
Una admir.ici_ó n muda los hizo acer·
car.;e unos a otros, pálidos de estupor
mientras que en el cuero de sus cabe·
zas su, cabellos se herizaban de horror.
· Recordaron las palabras del mariscal: &lt;sus no ubres serán inscritos en los

to en su entusiasmo, se vió una g(an
sombra que salía del patio del hospital
y que avanzó hacia él. • . .••
Era el alma. del regimiento.
-El mariscal proclamó que estáb1·
mos &lt;muertos,&gt; dijo.
Y, grave, aotes de borrarse para
siempre por el camino, la sombra hiz'l
oír estas palabras de orgnllo:
-Coronel, no nos esperes más.
GEORGES D'ESPAYBES.
&lt;Traducido especialmente
para &lt;Arte y Letras&gt;)

En la quietud de la pradera hay una
Blanca y radiosa claridad de luna
Y el paisaje nocturno es tan risueño
Que con ser realidad parece sueño.
De pronto, en un recodo del camino,
Oímos un cantar .... Parece el trino
De un ave nunca oída,
Un canto de otro mundo y de otra vida ....
¿Oyes ?-me dicP,s-Y a mi rostro juntas
Tus pupilas preñadas de preguntas.
La dulce calma de la noche es tanta
Que se escuchan latir los corazones.
Yo te digo: no temas, hay canciones
Que no sabremos nunca quién las canta ....
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ... • '
Besado por el soplo de la brisa,
El estanque cercano se divisa ..... .
Bañándose en las ondas hay un astro;
Un cisne alarga el cuello lentamente
Como blanca serpiente
Que saliera de un huevo tle alabastro ....
Nfientras miras el agua silenciosa,
Como un vuelo fugaz de mariposa
Sientes sohre la nuca el cosquilleo,
La pasajera onda de un deseo,
El espasmo sutil, el calosfrío
De un beso ardiente cual si fuera mío ....
Alzas a mí tu rostro amedrentado
Y trémula murmuras: ¿me has besado?
Tu breve mano oprime
M.i mano; y yo a tu oído: lsabes? Esos

y hermano
Besos nunca sabrás quien los imprime ...
Acaso, ni siquiera si son besos ....
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ....
En un desfalleciente desvarío,
Tu rostro apoyas en el pecho mío,
Y sientes resbalar sobre tu frente
Un lágrima ardiente ..... .
Me clavas tus pupilas soñadoras
Y tiername.nte me preguntas: ¿lloras? ... .
Secos están mis ojos ... . Hasta el fondo
Puedes mirar en ellos . ... Pero advierte
Que hay lágrimas nocturnas-te respondeQue no .&lt;;abemos nunca quién las vierte .....•
Como hermana y hermano
, Vamos los dos cogidos de la 'llano ..... .

ENRIQUE GúNZALEZ MARTINEZ.
Ilustraciones de Saturnino Herran.

�Se suspende nuestro
Concurso de Belleza
Las aflictivas circunstancias
en que se encuentra nuestra
Patria obligan a tod::&gt; mexicano
a dedicar sus energías a la tarea inmensa de salvar y desagraviar a e~a adorada'Patria.
Por lo tanto, considerando que
nuestro Concurso de Belleza
es extemporáneo en estos momentos, lo suspendemos por
todo el tiempo que duren las
aflictivas circunstancias actuales.
· · Damos las gracias más sinceras y exclusivas a nuestros

fOR EL HONOR DE LA PATRIA. - Maoife~tación pop~lar de protesta contra til ultraje del do 0
a nuestro honor nacional.
g g

lectores por el gran interés
que manifestaron por nuestro
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torneo femenil.

La venganza· del indio
Luis ....
A

DA VID

c. M ARTINEZ.
Mi buen amigo.

Era garrido y robusto. Tenía color
de arena y con pieles de leones forma•
ba sus vestiiiuras. Jamás un grito reper•
cutió más alto que su grito. Era formi·
dable y potente y se llamaba Luis .. . .
Panteista, adoró al sol y creyó en la
Naturaleza. Sobre la más alta y triste
de las rocas ,dijo sus oraciones:
&lt;Sol hermano, tú que con tus rayos
claros de lbz aurina, bañas las matas
de mi huerto y les das vida en los atar·
deceres claros y tranquilos, a los robles
de mis montañas, escúchame:
En mi hu~rto tengo un rosal q11e florecerá mañana, dándome unas rosas
que van a ser más blancas que tu luz,
como los fulgores 'de~ t_a hermana, la
luna; serán ...... como mis corderos.

Nuestra Publicación
Señorita Xocbitl Rios.
Una de las damas que más votos recibió en nuestro Concurso de Belleza.
Cuando tú beses el nuevo dia, se
abrirán ante tí . . .. no me las marchites,
sé benigno con ellas.
Y alzando los brazos, cara al sol y
empuñando las manos amenazantes re·
petía entre sollozos: c¡No me las mar·
chite~!" . . ................. . ........ .

.................. ····· .... . ....... .

........... .... ······· .. ······ .... ..
. . . ... Coronando los rosales como dos
mariposas inmóviles que estuvieran sobre ellas; las rosas reventaron con la
aurora. Con una gota de agua el sol
formó nn bello iris resplaodeciente en
los p~talos de las rosas ...... Después
cuando el s.ol rayaba con su calor abra•
zador sobre la mitad del cielo-azul
como una esmeralda-las gotas juntas
con el iris se evaporaron y las rosas

blancas-como sus corderos-se mar·
chita roo ........................... .

....... .... ...... . ······ ... ... .... .

La afrenta horrible causada a nuestra Patr1·a por el ·mvasor yanqui nos encon tró con lamayoría de los ~lementos de esta edición list_a para publicarla; sin embargo, el movimiento en defensa de la Dignidad Nacional, nos ha privado de algunos de los elementos
, ,
personales que inte-

'

. . ..... ... ······ ...... ··············
Con el carcaj lleno de flechas y ves•
tido con pieles de león, a la más alta
roca de las montañas, dando gritos a
intervalos, jadeante, iluminado por el
sol abrazador del medio día, el indio
Luis trepó. Apenas se le veía. Apareció
en la cumbre, hermoso, de cara al cenit, con los brazos medio abiertos, co•
mo un candor que se alista al vuelo; y
poniendo en la roca la rodilla y levan·
taudo la otra hasta su pecho amenaza,
dor y soberbio, empezó a disparar sus
flechas al sol que lo iluminaba ....... .

graban nuestros talleres y nuestra redacción .
Por estas razones nuestra edición ccnsta mio de Yeinticuatro páginas en vez de las treiot; y
dos acostumbradas.
En lo de adeJante, «Arte y Letras» se propone hacer una reorganización de todos sus elementos, que la ponga en estado de responder a las exigenc;ias del momento y proporcionar información amplia que satisfaga la justa a nsieda d pública.

l •

ERNESTO PARRES,

�ama ré siempre, siempre, Eduardo mfo. Y diciendo esto fijaba sus
hermosos y negros ojos en los apasionádos de su amante, que
atrayéndola a sus brazos le decía: Sí, Edelmira mía, todo Jo sé y
la comprendo; tú me amas, y esa es la úoica ilusión de mi alma
que te adora. Olvida eso8!temores y sé feliz con mis caricias. El
no vendrá, nada. temas a mi lado, que yo te defenderé. En último
caso, moriremos jua'tos, como estamos ahora, y estrechándola coaIra su pecho besaba su frente, loco de amor, ébrio de paiióo.
Largo rato permanecieron ambos amantes en el más completo
silencio. Oyóse el chasquido de un beso y en seguida un ayl desgarrador que partía del lecho, Infame, infame!-gritó una voz
rooca y lleno de ira-cara pagarás tu traicióo. Me has abandonado por este ladrón, Edelmira, pero ¡ah! ya que no eres mía, tam,
p~co serás de ese infame.

VENGANZA....
Para «Arte y Letras.&gt;
A MA RIA
El frfo era intenso y penetrante. E l cielo estaba triste; nubes
plomizas le cubrían, sin que un rayo de sol brillara a través de
su densidad . Las hojas secas de los árboles resbalaban sobre el
camino imp~lsadas por el céfiro de la mañana. Todo era si\en·
cio, interrumpido a vec.;es por el mugir de las reses que, aglome·
radas en el corral, buscaban entre sí el calor que no les brinda•
bala átmósfera. En medio de aquel paisaje estaba situada la hu•
milde casita del montero. Bajo su alero crecían fragantes marga·
rihs, hermosas dalias y altivos tulipanes. Las palomas se besaban
~ilenciosamente y los gorriones trinaban alegres como si implora•
ran del !Ol una caricia. Todo, todo era calma en aquella pobre
choza. Solo allá, eu el interior de ella, gemía sin consuelo, con
la desesperación en el alma, el infeliz Juan. En su pecho se libraba en aquellos momentos una batalla terrible. Lloraba su fe.
licidad perdida; la más abominable de las traiciones; en el fondo de su corazón latía un dolor sin limites. Edelmira, aquella
hermosa mujer de ojos negros como el abismo que se abría entre
ellos; aquella mujer por quien luchó contra el destino; por quien
sufría resignado las crueldades del trabajo, Jo había engañado;
había hecho girones so honor, su fé de hombre honrado. (P obre
Jnanl Ya para él no había encantos; su herida manaba sangre.
En su cerebro germinaba una idea terrible, amenazadora. El se·
ría el rayo que heriría de muerte a la infiel que despiadada le
sumía para'siempre en el mundo de la desgracia. A su oído una
voz repetía teuáz y constante: ¡Venganza, sólo venganza!

-Juan, no)o mates-dijo ella con acento desgarrador y suplicante, pu~sta de hinojos a los pies de su airado e~poso-no lo ma•
tes, que él es mi dicha, mi encanto!
-También tú lo eres mía, mujer ingrata, y él te arrancó de mis
brazos para arrojarte en los suyos. Morirá, sí, morirán los des ...
La mortífera hoja de la daga brilló siniestra,.amenazadora, hun,
diéndose sin piedad en el corazón de Edu~rdo. ¡Dios mío, Dios
mío,-exclamó Edelmira en un arrebato de pasión, ~i,razáodose
al cadáver~ moriré a tu lado, Eduardo mío, sin tí pr.ra nadaquie·
ro la vidal
Un nuevo golpe se siotió.

T EATROS DEL SABADO. -ldeal.-La Joerga o María de las Mercedes. -Fots. Lupercio.

({

El infeliz se revolvía en su estrecho recinto, como león que ru ·
ge enjaulado y que busca alguien en quien hacer una víctima.
La noche tendía ya su manto sobre los campos. Ni una estrella
adornaba el firmamento. El cielo eshba sombrío como las ideas
que se agolpaban acaloradas en la mente de Juan. Veloz, como
el pensamiento, montó en su cal:allo; la hoja de su daga brilló
siniestramente en la obscuridad; sintióse el galope del brioso cor·
cel, y el infeliz Juan desapareció llevando en el alma todo un
mundo de odio y de venganza.

.... .. .. . . .. . . . .. . ... . . . . ... ... ..... . . . . . .. . . . . .....

Juan, loco, con la faz dese,ompuesta y el cabello e n desorden,
sintió su alma borriblementfi torturada, contemplando allí, a sus
pies el cadáver de su esposa. Viendo su venganza realizada, quiso
buír, pero una fuerza misteriosa le impedía la foga. Un frío in·
tenso se apoderó de todo su ser ; una angustia mortal invadió su
alma; abundantes lágrimas brot.ron :le sus ojos y cayendo de rodillas ante el cadáver de la perjura Edelmira, lo atrajo hacia él,
Y bi:sando su ensangretada frente dijo: ¡Muerta, oh Dios mío, qué
triste es la veoganzal
Un rayo de luz penetró en aquella alcoba, transformada en le·
cho mortuorio. Eran las cinco de la mañana. Juan despertó- como
de uoa horrible pesadilla; frotó sus ojos desesperadamente como
para convencerse de la r ealidad de tan terrible drama; se iocor•
poró en el lecho con la faz lívida y desencajada, buscando por to,
das partes los cadáveres de sus víctimas, hasta que pudo conven ,
cerse que todo aquello había sido una pesadilla horrible.

o

Una luz pálida y ténue j,luminaba la elegante alcoba, saturad1
la atmósfera por fragantes lirios y rosas que mustias aprisionaban
hermosos jarrones, Adivinábase alli, la estancia de dos seres ena•
morados. Suspiros y frases entrecortadas por la emoción inte•
rrumpían el silencio:
-Mi Eduardo, mi encanto,-decía Edelmira · estrec!:ando las
. manos de su amante con apasionada efusión-cuánto te amo
Prueba de ello es el abandono de mi hogar, pobre, si, pero bon•
rado. ¿Qué será de mi pobre Juan ? Temo, te lo confieso, a un
arranque de cólera de ese hombre que tanto me amaba, pero
bien sabes tú, amor mfo, que no fué el ideal de mi alma, Yo nunca lo ,amé. Me casé obligada por los consejos de mis_padres, pero
ú fnistes siempre el ser a quien yo amaba cou idolatría y a quien

-!afame-gritó Edelmira, como último esfoerzo de su vida, Jo
has matado a él y ahora me matas a mí, pero óyelo bien, tú te
vengas, y yo lo amo, sí, lo a mo, y a tí te odio, Juan , te odio con todas
las fuerzas de mi alma . . . .. . Su voz se extinguió; era un rugido
de cólera, y una maldición postrera que lanzaba a su desveoturado esposo.

Todo, en efecto, estaba en calma. La 'naturaleza sonreía y el
trino de los pajarillos se escuchaba a través del follaje de los ár •
boles que rodeaban aquella tranquila estancia.

LUIS G. CABALLERO.

"El pobre don Benito.'

eD

el teatro Mexicaoc.

�Para la Defensa Nacional

gato asqueroso como su dueña. !Bendito
sea Dios que nos libró de él 1
Dios, en efecto había puesto térmioo
a las tristezas inc'lmprensibles de Oso.
Un chicuelo llegó dicieodo:
- En el pozo ciego del huerto hay
una cosa blanca, como un conejo!
Fueron a ver. La cocioera, curiosa,
se iocliuó sobre el brocal y miró:
-Debe ser Oso, que ha caído.
-Hay que sacado-obsenó alguieo.
,-No, ya debe de haber muerto.
Se alejaron de allí y nuoca se supo
si aquella cosa blanca era efectivam~n·
te Oso . . ... .
CAR LOS WYLD OSPINA .

EN EL CAMPO
Tarde primaveral. ll;jo la eocioa
refrescamos las frentes sudorosas
después de perseguir las mariposas
que revuelan en torno a la colina.
Luego bebemoa agua cristalina
del riachuelo. Tú coges muchas rosas
y al hallar las más frescas y olorosas
canta tu risa alegre y argentina.
Reg11ame ese mirto que prendiste
en tu pecho, rogué cuando cercano
vimos al pueblo al pie de los alcores.

Partida de automóviles militares para la campaña contra el yanqui.

oso
Los chicuelos de la vecindad le lla
maban el Oso. Era un gatazo blancuz·
co y enorme, de aspecto reposado y de
movimientos llenos de una seguridad
tranquila.
Después de las clásicas aventuras por
azoteas y tapancos, regresó una mañana taciturno y golpeado; y, al verlo cru•
zar lentamente por el patio, gritó la
cocinera.
-Vean el Oso, está cojo.
En efecto: como un soldado qne
arrastrara con orgullo sus heridas, el
Oso, cojeando de una pata trasera, dirigióse sin hacer el menor caso de los
juzgones hacia una ventana, en donde
un ~ontón de trapos viejos formaba
una concavidad que como el lecho de
un mendigo inválido, le servía para to·
mar, en el verano, su matutino baño de
sol.
Desde entonces Oso padeció su lamentable cojera.

Nunca el gatazo traspasó en sus co•
rrerías el lindero de las vecindades: su
universo estaba limitado por las pare~
des de la antigua casa nativa y las azo•
teas vecinas. Su gloria veterana, su
bien conquistada gloria de macho, fué
adquirida valientemente entre sus com,
pañeros de vecindad, por la foerza y
la destreza de las propias zarpas.
Alli donde nació dt bía morir. Tal
como su~ nobles ascendientes. Era hijo
de una famosa gata, propiedad de una
viejecita a quien por caridad, se había
cedido un cuartacbo cercano al huerto.

Oso nació como nace un yerbajo en
el patio. Casi nadie dióse cnenta de
aquella nueva existencia. Sas berma·
nos fueron entregados en agenas manos
aún cuando apenas podían andar. Pero
Oso se salvó en fuerza de ser hosco.
Como si la luz del sol le molestase,
cuando tuvo el suficiente vigor en las
patas para corretear por donde se le
antojase, no salía de los más escaros
rincones del cuartucho; y la dueña
viéndola tan huraño y taciturno, le to•

mó cariño y por lástima lo conservó a
su lado.
Oso crecía. Una tarde subió al muro
limítrofe del huerto y quedó estupefdc,
to de las perspectivas que desde allí se
dominaban, del aire que libre y jugue•
Ión le acariciaba el lomo, de los perfumes de la yerba y los árboles frutales
y de aquella infinita claridad del am ·
biente apacible. Otro día se aventuró
más lejos ....
Después, su vida se dislizó como el
chorro de la fuente del huerto: monó•
tona y tranquila.
Envejeció. Tornóse cojo. Y se hizo
triste. Era de verlo en las tardes claras, mientras la viejecita de cabellos
blancos remendaba sns viejísimos tra,
pos, sentada en una silla de anea a la
puerta del cuartucho, llegarse lenta•
mente, cojeando a tomar lugar en la
canasta de los trapos por remendar.
Oso no tenía en el mundo más amigo
que la viejecita. Y la viejecita no tenía
más compañero que Oso. Se amaban
así como madre e hijo. Cuando ella le
acariciaba, O;o entrecerraba los pár,

Srita. Lily González Rubio, quien coenta con 40 votos
en nuestro concurso de Belleza.
pados voluptuosamente y sus pupilas
enignáticas y verdes como piedras de
hechizo, coustelábause de fu~aces y pe·
queñfsimos puntos de oro, como las
aguas misteriosas al cruzar por el cielo
una lluvia de estrellas errantes.
Se dijera que exislfan raras y pro•
fundas afinidades entre aquel gatazo
viejo y equella viejecita claudicante
cuya inteligencia era la de un niño.
Eran dos pobres seres indefensos y
buenos que el Destino reunió un día.
Ella fué madre y los hijos la abandona,
ron. El fué también padre y los suyos
lo abandonaron, como era natural. ...
Pero ni ella ni él s~ entristecían por
esto. U na intuición oculta, un sentido
lógico y frío 1es hacía saber que su tri•
bato a la Naturaleza estaba pagado y
que la vida ya no esperaba nada de
ellos. Eran despojos, escoria, sobras...
Y vivieron así. La viejecita remendaba
sus trapos y Oso dormía. El sol de su

existencia declinaba lenta y apacible·
mente, como en un largo crepúsculo
del verano, y como el hilo de agua que
mana todavía de la roca exhausta .. . .
Un día, la viejecita no salió a coser
sus trapos a la puerta del cuartccho,
frente al huerto. Y Oso no pudo ir a
ocupar su sitio en la canasta de los tra,
pos por remendar. La puerta del hogar
se conservó cerrada. El gatazo rondó
en silencio, taciturno, arrastrando su
pata enferma, lamentablemente ...... Y
había en aquel animal nostálgico una
inmensa melancolía que pesaba sobre
el corazón. Nadie se fijó en él.
En un ataúd de pino, también por caridad, se fué la dueña la ciudad ve•
tusta y silenciosa en que habitan esque•
lelos las pequeñas casas blancas .... Oso
no podía ir ali í.
Una mañana dijo la cocinera:
-Hace días que ya no se vé a ese

Tómalo, temblorosa me dijiste,
y al tropezar tu mano con mi mano,
tu semblante llenóse de rubores.

EN EL PUEBLO
Noche de luna. Se abre lentamente
la ventana y asomo tras la reja
tu albeante silueta que semeja
el perfil de una reína del Oriente.
t

Me ace~co a donde estás, pausada•
(mente,
y te expongo la causa de mi queja:
la honda inquietud que tu hermosura deja
sobre mi corazón de adolescente.
Sacudes los undívagos cabellos,
avivas de tus ojos los deatellos
y ¡il despegar tus labios tentadores,
me precipito a tí con ansia loca.
Y al oprimir mi boca con tu boca,
se despiertan en tu alma los amores.
PEDRO P ONCE DE L EON.

�Fulano, nos dicen · intempestivameo•
egoismos ha nacido la. Moral.- y del instinto geaési::o ea lucha coa el egóismo te, se murió_aaocbe de uo ataque cu·
ha oacido el Matrimonio Coaveociooal. diaco: ¿Sí? Contestamos. Me está do•
¿Qué es lo que hacen losnovioscuao· liendo esta muela.
do se tratan? Coapagiaar sus caracte·
Así como el más pequeñito cuerpo
res, eso es todo. El delicioso instinto , puesto a corta distancia de nuestra pu•
que une los sexos no quiere esas ante·
pila oculta una mole enorme pero dis·
' salas.
taate,' as! también nuestras más iosig•
Pronto nos acostumbramos al dolor niñcaotes molestias nos impiden ver el
ajeno, pero nunca ai nuestro.
más grand~ dolor que agobie a oue!tco
Sufrimientos propios que han dejado semejante.
su huella ea nuestra mente y una ima•
Sabemc,s compadecer mejor cuando
gioacióa viva, simpática, be aqul los
ningún mal presente nos ·asedja.
elementos de la compadón.

Pensamientos
Yo quisiera v1v1r una vida
honda, oscura; yo quiera tener
ttaa vida semejante a la de
esos bosques ingentes, porque
se bastan a si mismos compla,
ciéodose en su p_ropia bellezi.

El eotu~iasmo patrio.-Orador arengacdo a las multitudes en la esquina de avenida de Sao Francisco.

flores de Gampo
Hood~ coma el mar, escucho
De selvas la voz. Discurre
Y en los ámbitos magaificos se pierde
Como extraño rehihite ua aguilucho.
Entre montones de piedra
Que musgo verdoso muerde
Ea zig- zag incierto, escurre
Ua listón de obscura yedra
Como ua hilo de agua verde,
Paz augusta ea las praderas,
Ea el aite olor a inciensos,
Y entre rocas, aopaleras
Como pólipos inmensos.
El sendero q ue perdura,
F inge huella que grabaron
Las costeras de un encino
Que, desde la selva obscura
Hasta el valle melaucólico arrastraron.
Vedijas aca:rmioadas
Rehusan, &lt;lisemiaadas,
Llegar al sol que aún resiste
Y opulentamente arde ....
Yo estoy muy triste. tao triste
C:;mo tú, di~io~ tarde!. ...

... . . ... ' ......... .. ... ............. .

Penumbra
A la noche obscura y fría
Abro el balcón y eoj:ni freo t ~
Siento que la fantasía
Si escapárase ardería
Cual llamarada fulgente.
Entre penumbras un puente
Como·grillete que ansía
Esclavizar la corriente
Que desgrana su armoa!a
Quieta y misteri0sameote;
Ea la calle una jauda
Sin amos, y ea el ambiente
Pardo vencejo... Sería
Una moldura del puente
Que a la hondonada caía?...
¡Maldito el astro luciente
que alumbra la brega impía _
De dos hermanos! Doliente
Se oye una queja sombri:i.:
-!Oh Patria, la Patria pía!
Y en tul de melancolía
Callada, calladamente
Se arropa el ánima mía! ....

. ... ······ .. .... .... ... ..... ... .. .. .
ABEL C. SALAZAR .

Como el aire, la verdad es de todos y
tenemos derecho de asarla, aoaqoe no
hayamos sído nosotros los afortunados
descubridores.
Eso ya se ha dicho! Es cierto señor
petolalite; pero es muy distinto &lt;decir&gt;
a verdad, a &lt;sentir&gt; la verdad y obrar
paralelamente.
·
Repetimos Jo que otrcs han dicho pa
ra que al atravesar por nuestro estilo
la V,l!rdad sea sentida y la consiieremos
como cosa nuestra y teoga. en coose·
caencia, fuerza propulsora de acto~.
Los peasamieotos son como granos de
sal que d,ben dejarse disolver en la
calma de la meditación
Cuando un hombre de talen•o habla,
los de abajo, no sabeo sino escuchar la
masa de sonoridad que en torrentes se
desborda de esos labios anunciadotts
de la verdad y del misterio.
. Exigid a los escritores originalidad
ea el sentimiento y ea la imaginación,
pero nunca en la inteligencia. Comprrn·
der debe ser para todos los hombres
que piensan una operaciéo plebeya;
seotir, imaginar es una aristccracia.
No porque se concluya pronto ua li•
.):,ro se aprende más.
Las meras lectoras no sJ11, como ge,
neralmeote si, cree, instructivas, puts
no cultivan realmente el espítitu; mu
el exordio de la educación y del saber;
ellas por sí mismas no crean más que
hombres fatuos y mediocres y por aña,
didura habladores impertinentes.
Hay ciertos venenos que hacen creer
a los individuos que los toman que son
poseedores de una fuerza muscular ma•
ravillosa aunque estos sean naos mise·
rabies famélicos. Lo mismo pasa con la
simple lectura. La lectora guia, des·
pierta anhelos de verdadera cultura,
eogeodra sanas resoluciones, pero no
forja el espíritu.
El egoismo es la nebulosa de la in•
conciencia convertida en astros iadivi•
sos que giran eo torno de ese grao as•
tri seotral que se flama Sociedad.
Las almas son como los astros, esféd·
cas, y así como termina el astro ah!
donde termina su curva, así termina el
alma ahí donde termina so egoirn10,
Sentimos pavor cuando al contemplar
la naturaleza humana observamos los
espacios siderales de las almas. Entre
alma y alma hay más distancia que ea·
tre los soles que llenan el infinito.
¿ Por qué se condena tanto el egois·
mo? Por egoismo.
El individuo bumaoo está en pugna
constante contra do'.sgraodesmounstros:
la Especie y la Sociedad, y esta pugna
deriva de uo solo principio: del Egoismo.
Del egoísmo en lucha con los otros

Fotografía Artística

1

Retrato de la señorita Carmen Galindo, en l-hapullepec, estudio por Antonio
Garduño,

�Mochas veces hacemos oo bien para
evitarnos un mal.
1Qué son los celos? La expresión
más dolorosa del egoísmo.
Todos los actos buenos que de los de•
más vengan hacia nosotros los conside·
ramos como debidos, como justos; y to•
dos los actos malos que de nosotros va,
yan a los demás, igualmente, los consi•
deramos como debidos, como justos.
1Acaso no tenemos derecho de vivir?
Con frecuencia oímos decir: &lt;Es un
buen hombre, lo estimo, le be ofrecido
mi amistad&gt; ..... , Y lo verán fenecer
de hambre-si por desgracia cae en la
penuria--eon la mayor sangre fría, ex·
clamando con énfasis dramático: JOb
ciega fortuna, cómo haces padecer a
los buenos! ••....
El dinero representa la vida, con su
feroz abincamiento de persistir; y, be
aquí por qué nos ofrecen todo: amis,
tad, aga!ajos, servicios verbales, aten•
cioues, pero dinero jamás.
"Cuidado! Jcuidadol Es muy peligro•
sala enfermedad que usted padece." ...
1Por qué abrirán tau to los ojos y darán
ioflexiones funerarias a so voz las per·
sonas que así nos hablan? Seguramente
no es para que no bagamos locuras,
pues bien saben que es incurable uues·
tro mal.
·
1Cuando os dan una mala noticia no
observais como un ttmblor alegre y la
voz conpoogida de nuestro oficioso in·
ter locutor?
Cuando nos hablan con mocho cariño
nos extraña tan insólita coodocta y bus·
camos la causa. Y tras largo hueco des·
cubrimos que, o uoa buena digestión o
oca forzada soledad, o la próxima solo•
ción de una dificultad, o las necesida·
des del sexo, u otras necesidades, son el
motivo de esa sonrisa halagadora, del
eupeqoeñecimiento de esos ojos por el
placer, y de la susurrante y acariciado·
ra frase.
Suprimid las necesídades y soprimi ·
réis el amor en todas sus formas.
Nos hacen confidencias nuestros ami·
gos, 06 porque las traigan a nosotros
sino porque ellas vienen a nosotros sin
permisión y contra la voluntad de nues•
tros amigos.
No~otros, a la verdad, no nos expli •
camos por qué dicen que hay maldad y
vicio. Esto aebe referirse, segurmen·
te, a los americanos, puesto que no ha·
mos visto nunca un culpable que no se
crea inocente.
Veiamos una vez una representación
teatral cuando nos vino a las mientes
esta involuntaria preg!)ota: ¿si no bu·
hiera espectadores habtía función?
Y, ahora, al ver la comedia humana nos
preguntamos si las acciones de los hom·
bres no tuvieran público ¿habría Orgullo, Vaoidad. amor a la Gloria?
Si quitáis la vanidad, Jcuántas almas
se ¡¡uedaríau harapientas y tiritantes de
friol
Muchos de nuestros placeres serían
iocolo~o11 a no ser porque la vanidad
les presta su efímero tinte. Más aúo:
muchas veces dolores reales'se convierten en placeres sutiles por 09ra de la
maga vanidad.
No caminamos en la vida con la vista

fija en nuestro fin, sino que intranquilos vemos por todas partes observando
si nuestra marcha, si nuestro cuerpo,
agrada a nuestros espectadores, olvi•
dando que el libre andar es más delei•
toso que cualquiera sonrisa aprobato·
ria.
¿Tenéis dinero?-Bueno, pero He•
néis talento? Dinero sin talento es como
linterna sin luz. 1Objetáis que tenéis
muchísimo dinero? JHombre, y qué im•
porta si con todo el oro del mundo no
se compran los gratuitos placeres del
sabio? Lo más que podéis hacer es re·
llenar vuestro estómago de exquisitos
manjares y calentar vuestro cuerpo con
sedas. 1En qué os aventajáis a los bo·
rregos merinos?
Muchas gentes se enorgullecen de su
orgullo vacuo.
Si queremos formarnos idea de Jo
que realmente es la mujer, hagamos
abstracción de nuestro sentimiento r.mo
roso.
La mujer no puede ser más que "mujer;" todo concurre en ella a la femenidad: desde la forma de su cuerpo
hasta su inteligencia y sentimientos que
no saben girar fácilmente en otra órbita que la del amor.
La madre, ya no es la mujer, es un
ser extraordinario que realiza el predi,
gio de vivir sin vivir en ella.
La mujer como amiga es insigoifi·
cante, como novia muy grande y como
madre, inconmensurable.
Novia, esposa, madre. He aquí los
tre(eslabones que encierran h, vida
entera de la mujer. El primer eslabón
está !Jecho de luz, de armonía, de per•
fume; el segando es de acero y el último de magnanimidad, desinterés y sa•
crificio.
La mujer es perversa: le agrada ha•
cer sufrir, aprovecha las mínimas oca·
sienes para suscitar el celo en el aman·
te y el desabrimiento en su coogéne•
re.
Susana, qué manchada estás, qué en•
flaquecida; dícele Isabel con fingida
pesadumbre, pensando en la frescura
sonrosada de su propio rostro y en la
morbidez envidiable de su propio cuer·
po.
Isaura se toma con abandono del bra·
zo de un su amigo y sonríe mentalmen·
te al imaginar la mueca amarga de sa
novio o pretendiente que camina detrás
de ella acompañando a la madre o a la
hermana.
Nosotros reimos de muy buena gana
caando observamos un rostro de mujer
detrás del albayalde, del polvo, del carbón y del cosm~tico
Raquel dejó de · querer a sa novio
porque asaba calcetines colorados y
porque, desgraciadamente, una vez al
srntarse, dejó ver un remiendo en el
pantalón y un agojerito blanco junto al
remiendo.
, •
JY no obstante, la mujer es capital
en nuestra existencial La vida 'para
sentirla hondamente, es necesario vivir
en la mujer.
:Machas veces el aliento ha decidido
de la suerte ya en pro, ya eu contra de
la persona amada.
Pasada la época de la iogenuidad la

mujer estima a los hombres según so
~aber.
El hombre imagina comhioáciones
que en la naturaleza no existen ni exis•
tirán jamá5, y después, no sabfmos por
qaé raro estrabismo mental, confunde
Jo que piensa con Jo que existe y, he
aqui como él es quien ahonda y agran•
da la herida al creer en la Concordia,
la Paz Universal, el Amor Inextiogoi,
ble, la Pefección y la dicha iomarcesi•
ble.
Todo el esfuerzo de nuestra vida se
dirige a conquistar la ventora sin con•
seguirla; la buscamos por todas partes
y a todas horas; la buscamos en el mullido lecho, en la bien sazonada vianda,
en el vestido abrigador y bello, en la
casa amparadora y de buen gusto, en
la mujer hermosa y baena, el amigo
sincero, en la música creadora de sen•
timieotos nuevos, en í.. poesía-que es
música verbal-y en la filosofía inves·
tigadora portentosa de la verdad. Bus•
camos la ventura siempre: de niños, de
jóvenes, adultos y de viejos; buscamos
la ventura por todas partes y a todas
horas y así buscando no encoot ramos
más que la noche, más que el dolor,
más qae la maerte.\
Nada nos alegra de lo que nos cir•
cunda, somos unos desventurados pri,
sioneros que contemplan con ojos de
amor desde las rejas de lo que tenemos,
los países encantados de Jo lejano.....
Obsesionados por este nuevo miraje nos
levantamos. rompemos frenéticos la ca,
dena, avanzamos resueltamente hacia
donde se empica la misteriosa dicha y
al llegar Jtodo se convierte en aridez y
precipicios! Lo qae aotes era azul, abo·
ra es gris y un gris iotolerable que so·
foca, Jo que aotes se presentaba como
sombras del azul ahora son enormes
bocas que causan vértigo; todo ~ bí se
presenta horrible y desolador; sola meo•
te el lugar qae ha poco abaodooaaios
parece rtflejar la belleza que ncs atra·
jo a e~te engañoso paraje.
Poseer, es prenderse con garfios al
corazón todo lo qae es deseable al hom·
bre, ¡Cómo gime el que perdió su hacienda, su parque, su palacio, sus ca·
ballos, sus mujeres! .•..
Contemplar es rnpoior a poseer,
porque está libre de la pérdida y del
temor.
Siempre creemos muy distante la
muerte Jaún en la agonía!
Morir, ¡qué fácil y qué di[ícil ei;I
¿A dónde se fué la llama qoe hace
un instante con voluble y flexible mo·
vimiento iluminaba nuestro cuarto? Sólo observamos en nuestro torno tinieblas, y a nuestra atenta inquisición vie,
ne la certitumbre de que la lhma no
está en &lt;oingnoa parte &gt; A esto llama•
mos la &lt;muerte&gt; de la llama. ¿Por gcé
se empeñarán ciertos filósofos en que•
rer demostrarnos el absurdo de que
después de muertos vivimos?
Tac:ubaya, abril de 1914.
MIGUEL A. CEVALLOS.
Para &lt;Arte y Letras.&gt;

~

~

~~----======P---===á_g=====in_a====s--====f_e====m_e==="= n a====s====~
1===·

Las telas destinadas a la composición
de las toilettes de soriée son verdade·
ras maravillas; de una ligereza, de una
suavidad ideales, que favorecen delicic•
samente la caída armoniosa de los pliegues y la caricia envolvente de los
drapeadcs, su serloccióo se acrecienta
aun con· toda la mágia deÍ.color, siendo
muy puros los tintes predilectos de la
moda, opulentos y vibrantes, sin caer,
sin embargo, en la violencia y la dure·
za. El oro, la plata, el acero, mezclan
a menudo sus flamas en el iris de las
telas, ya iosinuándose en Ja trama y
formando grupos con ella, o bien deli•
neando sobre el fondo sedorn finos ara•
bescos o suntuosos decora des, pero man,
teniéndose siempre discretos y conser,
vando a su patina las suavidades exqni,
sitas de los antiguos orfebres. En estas
bellas colecciones de telas las preferen•
cias se reparten entre los crepés de
China, unidor, brocbeados o llameados;
el "crespón Falghali".semi transparente
y tan fino como la muselina- cbiffon; el
crespón gofrado Liverty, la Seda "Au'
rora" de reflejos múltiples que remedan
los del alba naciente; los velos estam•
pados con grandes dibujos aterciopela•
dos de colores diversos o del mismo
tono que el foniio unido o llameado; el
satín tornasol, el "Satín Aspbodele," las
muselinas de seda y los toles de todas
clases.
En la serie de ~asas y velos, se baila
una multitud de novedades entre las
que se hacen notar particularmente los
velos dispuestos, es decir, los que tienen
de un lado un decorado más o men~s
importante siguiendo la orilla y que de·
be corre_sponder a la parte baja y fer•
mar cenefa.
Estos tejidos se emplean atravesados
y h altura de la falda se mide a lo an
cho del velo. De aquí resultan infinidad
de convinaciones ex-:¡aisitas cayo efecto
es delicicso; en algnnas de esl3~ telas
el borde está forrado por dibujos a colores variados, cuyos contornos están
todos delineados en oro, y qae se acer·
can y entre-mezclan como Josfragmen•
tos de un mosaico; en otros, el borde
está hecho por un amplio dibujo de oro
plata, en relieve sobre un fondo de

Veit eo de razo füxible; túoica de muselina de seda; cuerpo
adornado coa fncajE; cinturón bordado con perlas.

·

�color distinto-y limitado por dos lineas
de anchos diferentes, Por ejemplo, ea
un velo bl_aoco, el dibujo bordado corre
sobre fondo amarillo coa listas azules
que forman el cuadro. Un velo gris hu,
roo lleva el bordadoa ea hilo metálico so·
bre fondo grosella otro, azul morioo,
tiene la franja verde Imperio brechada
de:oro.

"

A meoudo estos velos son de un sólo
color liso, armonizando deliciosamente
coa los tooos mates del bordado metá•
lico. En este orden, nada hay tau lindo
como los velos ajenjo, limón, rosa, azul
pálido terminados por un borde en oro
o plata llameados. Las muselinas de se•
da estampadas o pioladas hao tenido
también un éxito maravilloso y son de
una delicadeza y frescura exquisitas.
DELIA.

SECCION DE CORRESPONDENCIA
CON LAS LECTORAS DE
&lt;ARTE Y LETRAS.&gt;
Mari Mari es una rubia de cabellos
tao pálidos que desea obscurecetlo~.
Las subtaocias grasosas obscurecen mu•
cho el pelo, así como tónicos que con·
tengan fierro. Pero le daré aquí una
fórmula creo le será útil, obteniendo
con ella ea poco tiempo, el resultado
que desea. En tres litros de agua se po•
neo ciocueota gramos de té verde y
cincueot1. de salvia seca. Se dejan que
estos tés se remojen ua poco, y · luego
fe ponen a hervir hasta que los tres li·
tros queden reducidos a dos, Se cuela
o filtra el cocimiento, y se deja reposar
doce horas, embotellándolo. Para apli•
cario, es preciso que la cabellera esté
perfectamente limpia y desengrasada,
y enteramente seca. Se hace uso de un
cepillo pequeño, humedecido en el co·
cimieoto, y frota odo los gajos de pelo.
Puede hacer estas aplicaciones todas
las noches.
o o o

Lapita se lamenta de que los queace·
ras e 1~ero1 le pooen las maoos ásperas
y desea una fórmula para blanquear•
las y suavizarlas. Una locióo prepara·
da de•la sigaieote manera, le será muy
convenieote:
Acido láctico .......... dos onzas
Glicerina.. . . . . . . . . . . . . una onza
Agua de roza ..... , . . . . . media onza
Se humedece ilo aieozo suave en es·
ta loción, y se pasa1 por las manos va,

Para que los pet.:es se hallen coofor·
tables, necesitan un litro de agria por
cabeza, y es preciso no cambiar la cla•
se de agua; esto es, si están ea agua de
pozo, ponerles agua de pozo cada vez
que se les cambia; si es agua de estanque, renovarla coa ésta ea la pecera.
En el verauo es preciso cambiarles agua
diariamente, ea el invierno basta ha•
cerio cada tres o cuatro días.
Otro punto importante, y que es pre•
ciso no olvidar si se desea qu! los peces
se mantengan en salud, es que no deben
estar en la solana. Muchas perscoas co·
locan la pecera cerca del Ibalcón o de
la ventana, o bien ea el ccrredor, don•
de da de lleno la luz. La luz fuerte es
sumamente perjudicial para los peces.
La pecera debe ser : bastante profunda,
tener algunas piedras que ofrezcan un
refugio a los peces.
Al cambiar el agua en la pecera, es
preciso hacerlo con cuidado, para no
lastimar a los peces; y de vez en cuan•
do, conviene frotar el dorrn y costados
de los peces, metiendo la mano, perfec•
tamente limpia, dentro del agua y p,saodo los dedos coa suavidad por el
cuerpo del pez.
Cuando hay necesidad de sacar los
peces, debe hacerse con cuidado, pues
la salida brusca del agua al aire, les
ocasiona distención de la vejiga, y esto
puede causarles la muerte.
DELIA.

Grupo de tres trajes para calle o paseo, elegantes y prácticos a la vez,
coa sombreros de última moda primaveral.
Traje de recepción de taffdta, que se puede hacer ea colores claros
como azul o salmón.-Hermoso traje de taffeta también coa
adornos de listón ea un matiz más obscuro que la
tela del vestido.-Traje propio para calle
hecho de serge ea colores obscuros

rias veces al día, Por la noche, aplica
ciooes de grasa sobre las manos, perfectamente lavadas, enjugadas y secas, las
suavizarán. Coovieote usar guantes pa•
ra dormir; los de algodóo, bastante
grandes para que no opriman la mano,
son los mejores. Esto evita que la grasa
manche las ~áb,nas y almohadas.

,,,.

DELIA.

El cuidado de los peces de colores
Mucho se ha generalizado ya entre
nosotros la pecera, colocada ea el corredor, ea el recibidor o ea el hall. Pe•
ro coa frecuencia ocurre que los gra,
ciosos pececillos cesan ea sus covimieo•
tos, se van al fondo de la pecera coa el
vientre vuelto hacia arriba, y despué~
de uoas,cuantas convulsiones, mueren.
He aqul algunos consejos relativos a

los cuidados que hay que tener coa ellos,
para evitarles enfermedades y aun la
muerte; los peces de colores atendidos
debidamente, suelen vivir siete y aún
diez años.
Los encargados de los. acuarios no
dan alimento alguno a los peces durante
cuatro meses: de Noviembre a Febrero.
De Marzo a Mayo comienzan a darles
alimento parcamente, y sólo una vez por
semana. Durante el resto del año, los
alimentan cada tres o cuatro dlas.
No conviene darles migas de pan
porque las substancias que entran en su
maoofactura no siempre son· buenas pa·
ra los peces. Lo mejor es darles galleta
desmenuzada, :mosco, yema de huevo cocida y desmenuzada, y un poco de be·
rro picado fino. •
Cuando aparecen manchu en los cos•
!ados y dorso de los peces, hay que su•
primir enteramente el alimento durante

algunos días, hasta que esas manchas
hayan desaparecido; y cuando nuevamente se les suministra comida, reducir
la ración a la mitad o dos terceras partes de la que se les daba cuando se observaron las manchas.
Para qne los peces se mantengan sa•
nos y en condiciones higiénicas es in•
dispensable que tengan suficiente agua,
Cuando la pecera es de pequeiiás di,
meosiones, poco profunda y demasiado
extensa en la superficie, los peces se
enferman, porque la provisión de oxígeno ea el agua es insuficiente si son
muchos para todos. Pasa con ellos exac•
tameote como coa las personas: si hay
muchas aglomeradas en una habitación
estrecha, poco ventilada, sobreviene la
asfixia1,y se dan casos en :,que, si no se
recurre violentamente al aire libre, al•
guoas personas mueren por falta de
aire.

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Capital Social Autorizado: $750.000

Méxic.o, D. F.
Esta Compañía rindió ya su informe
a la Secretaría de Industria y Comercio, la que conte•tó fo siguiente:
ºSección Administrativa. 11 - Hoy
se recibió en esta Sección: y queda
registrado bajo el número 2695 del
libro correspondiente a la Sección
d~ Industrias de esta Secretaría, el
escrito de Ud. fecha 1 &lt;.&gt; del actual, el
cual se ha pasado a esta última oficina, pilra que por ella se comuniqu~ ¡a Ud. oportunamente la resolución que se dicte. &lt;Dé datos de la
Compañía que representa).

México, Abril 3 de 1914.
El Jefe de la Sección.

Al C. Pedro Méndez y Méndez. CIUDAD.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Registrado como artículo de

Segunda tpoGa.

2~

clase, el

26

de Febrero de 1914.

Sábado 1h de Abril de 1914.

Tomo 1.-Núm. 9.

AGUADORAS EN JALAPA, POR TOVAR.

�Seguimos aproximándonos, atraídos
chosas; abajo todo era sombrío, y había
que levantar la cabeza p¡,,ra ver colores por aquella sensación de abismo y dP.
peligro cercano que nos llevó a la plaza
agradables.
Arriba sí había hermosos colores; de Armas, y al terminar la travesía del
cuando después de un derrumbe se al• jardín oímos un ruido acompasado y
sordo precedido por el estridente grito
Se publica todos los sáb«dos por la zab1. la 11am ,ra·da coa nuevo brío, o de uu silbato; eran las bombas que es•
cnaodo por alguna otra circunstanci11
se establecia uoa corriente de aire, de tabao tra\:&gt;ajaudu para tratar de atajar
entre la masa obscura se levantabas la obra de aquel demonio destructor.
unas flam1tas brillantes que iluminaban La desigualdad de la lucha no dejó de
DIRECTOR:
primero aquel caos de fuego, cruzaban darme risa. A la energía avasalladora
J. M . CO ELLAR .
eo seguida el penacho de humo rojo y de las toneladas de combustible presas
después seguían so viaje por el azul del fuego desenfrenado, se oponía la
GERENTE'.
obscuro del cielo hasta que terminaba de unas cuantas rajas de l1iña dentro
MIGUEL LANGARICA.
dti un fogón; hay rato, en que la pe·
so efímera vida de meteoros. Todo el
dantería del hombre es soberanamente
coronamiento
del
edificio
que
se
vela
OFICINAS:
por sobre los rem ,tes de la Diputacióo, ridícula. Unos cuantos seres, heróicos
por la escases de sus elementos, auxil Riacooada de Sao Diego ,p.
estaba convertido en un haz de leognas
da fueg, qo'3 habla destruído y aniqui- liados por unas máquinas muy imper•
Teléfonos:
fectas, trataban de oponer una flama
lado cuanto en otro tiempo tuvo forma
Mcx 20-85 Ndri.-Edc. 14-51.
en aquel sitio Y a la vista de aquello de fogón contra el millar de fl;,mas que,
posesionada~ de todo Ju que fué edifi ·
Apartado postal 45 bis.
tuve la visión del genio del anonad .. cío, se reian de los que intentaban Ju·
micnto
b.tilando
deseofreuadamente
~uMEXICO. D. F.
tre las flamas y ~ozaodo voluptuosameo• char. Es admirahle la labor de los bom,
PRECIOS
te coa el espectáculo desolador de la b,iros, cuando menos por osada. Es he·
róico ir a retar a un coloso cuando no
Ejemplares sueltos . . . . . . . . . . . 20 cs. devastación.
Reflexionando, tuve ~1 fin que admi - se cuenta con nada para luchar contra
Subscripcióo, trime~trti ... -... 2 50
rar; la obra paciente de más de veint➔ él.
Extraojero, trimestre..... ..... 5.00
El genio destructor siguió su obra
con excepción de Estados Unidos y Cu• años de tra b:Ljo, la energía desplegada
ba, en donde regirá el mismo precio por varias generaciones de hombres h!ista que no'.tuvo ya nada que destruir :
para levantar aquel monumento de la cuando apareció la luz de la mañana,
que para la República,
como los dueodes de los cuentos. exteactividad humana, había sido destruído
en poco más de sesenta minutos; real• nuado de fatiga, se retiró a una de las
NO GIRAMOS
mente el genio de la destrucción tenía colinas CP.rcanas y, desde allí, contem·
TODO PEDIDO D!&lt;:BERA VENIR
pió con irónica soarisa el montón de es·
para estar contento de su obra.
CON SU IMPORTE.
Sobrecogidos de estupor empezamos combros que dejó de!pués de su noche
a caminar por la plaza sin poder apar• • de trabajo, ea el sitio en que la pacien•
No se devuelven o•iginales.
tar los ojos de aquella feria de movi• cia y la euergia humanas bat¡ían levan•
mientos y contorsiones que pa.reciao tadu un tialacio a la actividad.
otras tantas risotadas del genio negro
o o o
que presidía la catástrofe
Ea fuerza de mirar. y familiarizado
Ayer vi los escombros; las paredes se
con la idea de que ague llo era real,
sentí despertar dentro de mí el espíritu levantan calcinada~ como especttos de
un cuerpo que fué. Ea mPdio de un
neroniano y empecé a mi vez a recrear,
me ante la horrible belleza de la ho· desorden absoluto los mootooes de es•
combros parecen aún humear; triste·
guera. Hablamos llegado a la acera de
la Catedral y desde allí vefa.mos la si· mente me retiré de allí como quien sale
Cuando al fio penetramos en la plaza lueta de los árboles del jardlo y los re•
de un panteón después de haber hecho
de Armas, pudimos darnos cuenta de la mates y corredores de !;,, Diputación una visita a la tumba de un ser aµlasta•
magnitud del desastre; de lejos habíamos recortarse sobre aqííel fonda que se me do bajo la garra de uno de tacto; moas•
visto una ligera columna de humo, pri~ antojó algo más que un crepúsculo y truos cuyas formas toma el espíritu de
mero, y más tarde algunas chispas esca· algo menos que una aurc.ra.
la nada para entrar en posesión de algo
padas da la hoguera, pero al llegar a
Las sombras pesadas de los árboles que estima que le pertenece.
campo abierto el horror apareció com• se destacaban duras sobre el rojo del
J. M.C.
pleto. Hacía más de una hora que ar,
humo. y los detalles arquitectónicos del
día el Palacio y ya no quedaba en él
palacio municipal, más cercanos al fue·
nada por quemar; desde los cimientos go, se iluminaban suavemente por el
basta lo poco que babia de techumbres, frente y aparecían nimbados por las
todo era presa ele las llamas.
puntas de las flamas como si fueran de•
En el. medio de la bocacalle nos de· talles de una decoración propia para un
tuvo la estupefacción ante la vista de baile fantástico.
El amor persuade, consuela, anima.
aquello. Uo enorme penacho de humo
La movilidad de la fl 1ma, la riqueza
rojo descaosaba sobre algo que pudié· del colorido, el primoroso contraste de s~ posesiona del alma y hace desear t 1
bien por medio del bien.
ramos llamar la danza del fufgo; no
los árboles y los encajes de piedra so•
hacía viento y las flamaJ bailaban solo bre el fondo rojo me tenían hipnotiza·
FENELON.
por su movimiento propio: se recogían do; involuntaridmeute recordé a :Mila
o o o
sobre sí mi•mas y luP.gO se lanzaban al di Co:ira y dije para mis adentros: "La
El amor hace a los hombres generoespacio con furia renovada; alcanzaban fiama é bella."
sos, sinceros y cortesei.
alturas desmesuradas, podían ser lo mis·
De mi éxtasis mólévolo me distrajo
mo veinte que treinta metros o más, pe· la voz de Ella que, , jerciendo una sua•
SAINT PIERRE.
ro eran inmensamente altas.
ve presión scbre mi brazo, me decía:
Su coloración no era brillante, pare Qué horrible ¿verdad?
o o o
cía que estaban veladas por un crespón
Mientras que yo considerab.. el lado
fúnebre ; el color azolado que todas las
Para las mujeresordeuadas, la mayor
flamas tienen en so base estaba substi· bello del espectáculo, Ella poseída de
tnído ea estas por una masa negra como su piedad femenil, seguía pensaodo en dicha es la vida de familia.
el mundo de dolores y tristezas que
de humo pesado; en sus saltos y cantor·
MADAMEDE GIRARDIN.
sienes tomaban las formas má~ capri· significaba el tremendo siniestro.
INDICADOR

"Arte y Letras "
Cía. Perlodístlta Mexitana, s. A.

r;r
'3.-

Crónicéi So,cial -

_La recepción acostumbrada, terceros
~1érco_les del mes, en Cbapultepec; ré
g1a, brillantísima.
1;,a _Pluma de un Muntecristo, resulta.na impotente para reseñar elegancia
Y fa~tuosidad tanta.
. Al ~ié df'l histórico Alcázar, piafar
1mpac1ente de briosos troncos, ronco
lamento del latón de charolados autos
res~all~r de fustas, y mareante este);
de _mcttables Y patricias elegancias, en
tra¡e de suprema etiqueta, sedas y ga·
sas, con honores de nubes, por f'Dtre

las que a trecbos arrojan hiriente y
deslumbrador centellf'o, t:l oro de los
~ordados uniformes diplomáticos y mi·
litares ..... .
Toda la gama en fin, de ese gran
mundo, aristocrático y perturbador,
congregado en torco del sol centro de
su sistema, como 'si ansioso de bañarse
en_s~s rayos, a~ mariposear 'ea torno,
qu1S1_era dar_ f~ dii su brillante, agitada,
febril y cod1c1able existencia ....
"'.'-gregad la_ austera y épica figura del
Primer Ma¡¡tstrado de la Nación; la

bondadosa y elegantísima silueta de su
virtu_osa ~sposa, el aura de gentileza,
gracia y ¡uveutud de sus gentiles hijas,
desvelándose en hacer los honores de
la casa, y tendréis pálido e inexpresivo reflejo de la ,;untuosa fiesta.
Asistentes ... . ?
El carnet del Creuiqueur, registra, de
golpe, todo el México conocido; nadie
f~ltó porque quien. excusaría su asisten·
c1a, esquivando elegancias y honor tan·
tos?
.
La orquesta típica de Lerdo amenizó

La Hoguera

Pensamientos

Btnda_ de los Cuerpo~ Rurales de la Federa&lt;;ión que dió su audición
, tUaugural el sábado pa~ado -Concurre~cia a la audicióo.

la 5 ?irée presidencial, ejecutando los
~ 0!•~os mas jogoscs de su vasto y escogtdis,mo repertdrio, cosechando de paso
t:l apetecible halago del aplaus~ a qu;
tao acostumbrada se halla.
Coa la esplendidez acostumbrada en
la ca$a, _fué obsequiada la selecta ~00 ,
currenc1a con uu suculento luoch- cbam•
pague,_ danzáodose en los salones bas·
tante tiempo, a _los nacionales acordes
de u_ue 5tra patna música tan del gusto
part1cula~ d~ _enamoradas parejas ....
y en medtol de la ·mayor cordialidad
Y,ª~mooía, pletóricos los salones de be·
lhSlmas damas' Y apuestos caballeros
trans_c~rri~n, sin sentirse, las •horas ... .'
P~1v1leg10 exclusivo, de e~tas fiestas
féerica~. •eó las que· pensárlise éonstitu ye la vida, el más agr'áda ble ·y· risueño
de los su, ños.
,, ·
El paisaj_e; notas perdidas; embria,
gador vol ti Je o del vals . . .. el ¡ mismo vi.
gorcso Y perfumado aliento' del Bosque
en la dulcedumbre de _la tar~e exp/rante. .....
,
;
lQuien osára afirmar que~ Ja:vida no
es buena?....
,
_·
¡•·
!Horas imborrable.s; ~qiiát suéños y
ª?helos, mucho más im~orr'ables todav1a •.•• !
. ;' ~a
A la _acostumbrada; d'16{~á yiptiÓ.to )a
re,cepc1ón de Ch¡¡.pult~pec. · ~ ,
fü CABALLERD'.°h~L

VE,~;:

G ABÁ N . .

�Atardecer
El tono gris dt:1 la urde sin SJI se di·
lafa ea mi alma poniendo amugor eo
mis labios. El cielo, coao io11eoso ópa·
lo, velase de vez eo vez con vetas sao•
grieotas generadas por el rayo; las oe•
grazcu oabe,, com:&gt; gigantes etíopes,
escondían e trueno rufiaoescameote:
rachas de aire prendían lameohs ea los
árboles y calofríos ea los cuerpos La
tristeza me rodeaba; salla yo del Hos·
pita!, transido de dolor y cansado de
avalorar snfrimieotos; añorando una
cabell,ra rabia, como espigas qae el sol
orea, y aoa boqnita roja que se juntaba
coa la mía al fru- frú de ua beso .... . .
Recordar es envejecer, y envejecer, co·
mo dijo el poeta, es morir poco a po•
co ....
Iaconscieotemente caminé paso a pa~
so por la calzada de la Piedad, (Oh,
irooia! Llamarse Pied1d y coodocir al
transeunte a la Plaza de Toros, al Hos·
pihl o al Panteón! Con mi libro deb1·
jo del brazo, llegaé a la reja de la Ne,
crópolis. Mi cerebro eutristecido, re•
cordábime las palabras del grao lírico:
"un cielo gris, un horizonte negro y
andar, andar." Llegaé al cementerio;
110 viejecito me dió las buenas tardes,
!pobre hombre!, qaid.s era la propia
maerte con algo de vida, o qaizás la
vida con macho de muerte-.
El terreno "de primera clase" oo me
impresionó: ahí oo encontré el dolor
que se aboga eo una lágrima, sioo la
vaoidid que se petrifica eo el mármol.
Eo "tercera clase," ioteosameote expe•
rimeoté el placer de sufrir, con todas
sas voluptuosidades; aquí no hay lá.pi•
das de piedra blanca, ni colamoas de
óaix, ni tetras de plata, ni filigranas de
Carrara, ni epitafios en verso, ni cru•
ces sostenidas por ángeles qae impoaeo
silencio; h1y tao sólo un mootoocito de
tierra, flores deshojadas y hnmildes; una
croz pintada de negro y una hojalata
ea qae toscamente se v"n escritas la~
siglas del rnaerto, iot,ligib\es nada más
para los d eodos.
Vibra el metal de un'l campana y lle,
gau basta mi sus notas lúgubres y tris·
tes, (;Orno procesión de monjes en co•
rredor conventual; campanadas que son
la repetición monosilábica del fallo del
Destino. Oraciones que mi madrecita
masit6 ea mi oído, creéocias, fe, espe,.
ranza de un más allá, venid a mí. ¿Por
qué no temo a la muerte? Con los ojos
abiertos, may abiertos, busco entre los
cipreses del cementerio a nuestra Se·
ñora la Enlutada, a la fria, a la traidora. a la certera, y no la encuentro; es
natoral: la maene no es má, que 110 ,
cimbio de, actitad, de forma: la muerte
no es más qae uo_desoaoso que su,pao,
de el dolor de una· conciencia y et bu•
llir tormentoso de un cerebro. No com·
prendo por qoé hay que retroceder ao~
te la corta brega con la muerte, cuan
do oÓ se ha retrocedido ante la Juch,
larga y penosa de la vida.
La lluvia destrenza sus hilos perlino,
sobre el cementerio y lot noche, malbu,
morada, pone un paréntesis negro en,
tre la miseria de aquí ab ,jo y las mari
posas de luz de allá. arrib1, Antes de

N U PCIAL. -Sr. D. Nicolás Moraotes Mantilla y Srta. Maris Tella Son Saochez
Mármol de la sociedad de S. Juan Ba.otiata que contrajeron matrimOllio.
s.,.lir del paeteóo, · inclino la cabeza,
musito, por todos aquellos que oo tie•
neo quien les rece, aoa ora cióo mía, no
aprendida eo los devocionarios; jauto
los labios para decir "mamá." y surge
110 beso que cae eo la cabeza de esos
pobres ignorados que, eo la vida, e1t11•
vieron ayuoos de la miel dulcfsima de
los labios maternos, y salgo del pafs de
los muertos.
Ya en el treo, distingo a lo lejos la
ciudad, como un pulpo iomeo99, eriza•

do ¡le chim11oeas, coa tocres cual ten•
tá.culos, con azoteas como escamas, y
recuerdo que ese mónstruo devora minuto a mioqto, hora por hora y dfa por
día, el cúmulo de eoerglas que propor•
ciooa la voluntad y quema las reservas
funoioualeis que nos da la Naturalen.
Atrás, todo es Sllmbra: adelante, todo
es luz. ¿Cuál de las do■ ciudades será
la ciudad de los muertos?
GILB&amp;RTO F. AGUILAR.

LA KERMESSE DEL CENTRO
ASTURIANO

Sritas. Ana Maria y Emyré Pacheco
e_o trajes de af~ican" _Y g,taoa. respPC•
hvameote. Sntas. L1ha Cañt•do y Ea•
carnación L~gaza, p1nro1 y cootrabaodi,ta. La señor'&lt; E•peraoza Alc'•cer
de Capilla pre~ideota de la Cruz Blao,
ca Neutral, en cuyo beneficio fué la
kermesse, y damas que la acompañaron
durante la fiesta. Puesto de postales
eu la kermesse.

�rf EL PEDAZO DE PAN

'~

JI

~~~D
:::::::====================:==ro=r=fr=an=co=is=C=ap=pé=ed=e==,a=A=ta=de=m=ia=fr::an=ce=_sa= ==J}J
•

El duquesito de Hardimont seencon•
traba en Aix, en Saboya, doodd hacía
tomar las aguas a su yegua "Perrichole''
que se había puesto asmática a consecuencia del "caliente frio" que había
atrapado en el Derby, acababa de al·
morzar cuando, al ver distraídamente
el periódico, se dió cuenta del desastre
de Reichsboffen.
Vació su vaso de chartreuse, puso la
servilleta sobre la mesa del restaurant,
hizo dar a su ayuda de cámara la orden
de a listar las maletas, tomó dos horas
después el expresso para París y corrió
a las oficio~s de reclutamiento para ha•
cerse alistar en un regimiento de linea.
Aun cuando se baya llevado de los
diez y nueve a los veinticinco años una
vida enervante de atolondrado, como
se decía entonces, aun cuando se baya
embrutecido en las caballerizas de las
carreras o en los camerinos de las can•
taotes de última clase, hay circunstancias en las que no se puede olvidar que
Enguerraod de Hardimont morió de la
peste en Tunez el mismo día que San
Luis; que Juan de Hardimont mandó
las Grandes Compañías bajo las bande,
ras de Du Guesclin, y que Francisco
Heori de Hardimoot fué muerto en
una carga en Fontenoy con la "MaisonRouge." Por agotado que '!Stuviera por
sus escandalosos e imbéciles amores con
Locy Violette, la prima-donna del tea·
tro dti las "Desnudeces Parisienses," el
duquesito, al saber que los franceses
habían perdido una batalla en territo•
rio francés, sintió que la sangre le su•
bía al rostro y tuvo la horrible impre·
sión rile una bofetada.
Por esto es por Jo que, en los prime·
ros días del mes de noviembre de 1870,
vuelto a París con su regimiento, que
formaba parte del cuerpo de Vinoy,
Henry de Hardimont, fusilero de la
"tercera" del "segundo" y miembro del
Jockey, estaba de guardia delante del
reducto de Hautes Bruyeres, posición
fortificad1 a gran prisa, y protegida
por el cañón del fuerte de Bicetre.
El sitio era siniestro: un camino eri·

los domingos de otros tiempos. Y, sobre
todo esto un cielo gris de invierno en
el que se paseaban pesadas nubes color
de plomo; un cielo bajo, colérico, odio·

zado de palizadas y lleno de baches
lodosos que atravesaba los campos de
l!ls alrededores de la ciudad, y, a una
orilla de este camino, una taberna aban•
donada; una taberna hecha con toneles,
donde los soldados habían establecido
su puesto. Había habido combate aJ:í
pocos días antes; la metralla habí!' par·

S:&gt;.

A la puerta de la taberna el duque•
sito permanecí a inmóvil con su chase:
pot eu bandolera, su kepi, sobre l·os

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tido eo dos algunos de los arbustos del
camino y todos ellos mostraban en la
corteza la blanca huella del paso de las
balas. El aspecto de la casa causaba
calo~frío; el techo había sido destroza,
do por no obus y los muros, que escu•
rríao vino, parecían untados con san·
gre. Los toneles estaban deshechos; y
las inscripciones cerca de la puerta ,
arañadas por las balas: "Gabinetes de
sociedad, Ajenjo, Vermouth, Vico a
seseoh centavos litro,&gt; que encuadra·
han la fignra de un conejo mnerto so·
bre dos tacos de billar, todo recordaba
eco ironla cruel la alegría popular de

ojos, cpn las manos metidas en las bol·
sas de su pa,ntal_ón . rojo,. y _tir.itando
bajo su piel de ca_rnero. Se ab..odona•
ba a sus sueños sombríos de soldado de•
rrotado, y miraba con ojos perdidos la
línea de estacas que limitaba. el cami•
no perderse en la bruma de la· que sa•
lía de cuando en cuando una nubecilla
de humo blanco procedente de algún
cañón Krupp.
Repentinamente sintió hambre.
Puso una rodilla en tierra y tomó de
su saco, que estaba arrojado por el sne·
Jo, uo pedazo de pan de munición, des·
pués, como hibía perdido su cuchillo.
mordió nuevamente en el mendrugo y
comió poco a poco.
Pero, después de algunos bocados,
no quiso más, el pan estaba duro y te•
nía un sabor amargo. Y pensar que no
volvería a haber pao caliente sino basta
el día siguient!! por 'la mañana, y eso si
. la intendencia lo ordenaba. Vaya que el
oficio era un poco duro algunasveces,y
en esos momentos se le vino a las mien•

tes lo· que él llamaba en otros tiempos
sus almuerzos higiénicos, cuando, al día
siguiente de una cena un poco caluro·
sa, se sentaba contra una de las venta·
nas del piso bajo del café inglés y que
se bacía servir, Dios me valga; lo me•
nos que podía: nea costilla, huevos re•
vueltos con puntas de espárrago ,como
el mesero conocia sus costombres, le
abrfa dulcemente una botella de leovi ·
lle viejo r ecostada mnt.llemente en una
cesta acojinada. Diablo de diablo! Ague·
llos eran buenos tiempos de verd.i.d, y
sentía que 110 llegaría jamás a acostum•
brarse a aquel pan de miseria.
Y, en ~n momento de impaciencia, el
joven arrojó el resto de su mendrugo
al lodo.

me de o nevo a la compañía .. Hace pocos
días que salí de la ambulancia.... .. Me
hirieron en Cbatilloo ... . Ah! eo la am·
bulancia me hallaba muy bien; elenfer·
mero me venía a dar todos los días buen
caldo de caballo...,pero oo tenía más que
un rasguño, curé pronto y el mayor firw
mó mi alta, y tacto peor, .Ramos a re•
ventar de hambre nuevamente ... • Por,
que tú creerás lo que quieras, pero, aquí
donde me ves, he sufrido hambre toda
mi vida.
La palabra era terrible, sobre todo
dicha a un voluptuoso que acababa de
sorprenderse bacía un momento echan·
do de menos la cocina del Café Ioglés,

las que seguramente enoca ha ddo ha•
blar .... Yo me llamo Juan-Victor, así
a secas, porque soy un niño recogido de
la calle, y el único recuerdo agradable
de mi vida es el de los primeros días
de mi infancia, pasados en el hospicio.
En el dormitorio, eo nuestras camas,
teníamos sábanas limpias; jugábamos en
el jardín bajo hermosos árboles, y ha•
bía una hermana de la caridad muy
joven y muy pálida (estaba muriéndose
del pecho) que me tenía una gran pre•
dilección, y con quien me paseaba de
preferencia, a jugar con los otros niños,
pues me hacía cari ños y recostaba
mi cabeza sobre su falda, tocando mi

Y el duque de Hardimoot miró a so ca·
marada con una admiración casi de es·
pacto. El soldado sonrió dolorosamente,
dejando ver sus dientes de lobo, sus
dientes de hambriento que se veían tan
blancos en su cara terrosa, y, como si
hubiera comprendido que se esperaba
de él una confidencia, comenzó:

frente con sus macos flacas y calien·
tes ...... Pero a los doce años, después
de mi primera comuoióo, empezó la te·
rrible miseria! La administración pú·
blica me puso· de aprendiz en casa de
un componedor de sillas del fauburg
Saint- Jacques. Eso no es un oficio, sabe

o o o
En el mismo instante salió no soldado
de la taberna; ~e bajó a recojer el men•
drogo, se retiró algunos pasos, limpió
el p.i.o con la manga y se poso a devo·
rarlo con avidez.
Henry de Hardimont sintió vergüen•
za de so acto y miró con lástima al
pobre diablo que daba pruebas de tao
buen apetito. Era uo muchacho largo y
seco, muy mal proporcionado, con ojos
de febricitante, una barba de hospital y
oca flacura tal que sus omóplatos mar,
caban dos poetas salientes bajo los hom•
bros de su capote.
- l Tienes mucha hambre, camarada?
dijo el dnquesito acercándose al pobre
soldado.
-Ya lo ves, respondió éste con la bo·
ca llena.
-Perdóname. Si hubiera sabido que
podría gustarte mi pan, no lo hubiera
tirado.
-Va! por qué poco te apuras, con•
testó el soldado. No creas que eso me
causa la menor molestia.
-No importa, dijo el gentilhombre,
lo que he hecho no está bien y yo mis,
mo me lo echo eu cara. Pero no quiero
que te quedes con una mala opinión de
mí, y como tengo un poco de cogoac
viejo en mi caramañola ... . que d iablo!
vamos a beberlo juntos.
El bombre ba.bía acabado de comer.
El duque y él bebieron uo trago de
aguardiente y de esta macera se hizo
la amistad.
-lCómo te llamas? preguntó el sol•
dado,
-Hardimoot, contestó el duque, su•
primiendo su título y su preposición
nobiliaria .... ¿Y tú?
- Juan-Víctor .... Acaban de echar•

-Vea usted, dejó de tutear a su camarada, como si adivinara en él a no ser fe•
liz y rico, nos pasearemos uo poco por
el camino para calentarnos los pies, y
mientras le contaré algunas cosas de

usted, es imposible ganar de comer con
él, y la mejor prueba de ello es que la
mayorfa de las vec€s el patrón oo podía emplear como aprendices más que
a los chiquillos salidos del colegio de

�niños-ciegos. Por lo tanto, alH foé don·
de empecé a sentir el !hambre .
El patrón y la patrona, dos viejos Li•
moosioes que murieron asesinados, eran
dos avaros terribles, y el pan de que
se cortaba un pedazo por las mañanas,
permaoec!a encerrado con llave todo
el resto del día. Y por la noche, a la
hora de la cena, había que ver a la pa·
trona cuando servía la sopa, lanzando
un sospiro de dolor a cada cucharada
que sacaba de la cazuela. . . . . . Los
otros dos aprendices, los muchachitos
ciegos eran los menos d:sgraciados,
porque siquiera no veían la mirada de
reproche de aquella malvada mujer
cuando me tendía mi plato ... . .. Y lo
que ed la desgracia, yo tenía un feroz
apetito. No esculpa mía ¿verdad? ...•
Tres años duró mi aprendizaje, en me·
dio de la miseria horrible .. Tres años!
Se podría aprender el oficio en un mes,
pero la administración no puede saber
como se explota a los pobres niños ....
Ahl y ustt d se admira de verme reco·
g~r el pan . d ,1 lodo. Vaya, si estoy
acostumbrado, junté muchos mendrugos
de entre la basura y cuando estaban
demasiado secos los hacía remojar en
mi cubda durante la n.icbe .... Algu•
nas veces tenia mis gangas: piezas de
pan apenas mordidas por una punta que
tiraban chiquillos di· gastados al ir a la
escuela. Hacia mis correrías para ver
lo que me hallaba .... y después cuan•
do terminó el aprendizaje, empezó el
oficio que, como ya dije a usted, no
bastaba para comer.
No pude resignarme y ejercí otros;
ayudé a albañiles, fui mozo de alma·
cén, infinidad de cosas, todo lo que se
putde ser. Un día alcanzaba para medio comer, otro me despedían .... en
una palabra, nunca había bastante para
comer a gusto .... Rayos! cuántas veces
he sentido rabia al pasar frente a las
panaderías! Felizmente para mí, en
esos casos no he olvidado a la buena
hermana de ta caridád que me reco•
mendaba siempre el conservar mi hoo,
radez, me parecía sentir sobre mi cabe•
za el calor de su manita flaca y calen•
turienta ... . En fin, a los diez y ocho
años m~ enrolé .. .. Y ya lo sabe usted,
el soldado tiene apenas lo necesario....
Ahora no habrá ni para el principio;
viene el sitio y el hambre! ...... Ya ve
usted que no exageré hace un rato
cuando le dije que be tenido hambre
toda la vida!

o oo

El duquesito tenía buen corazón y al
escuchar esh terrible queja de uo hom•
bre como él, de un soldado a quien el
uniforme igualaba enteramente con él,
se sintió conmovido. Tuvo la felicidad,
para no turbar su flema de dandy, de
que el aire viniera a orear a tiempo
dos lágrimas que se le asomaron a los
ojos.
-Juan-Víctor, dijo cesando a su vez
de tutear al pobre huérfano, si sobrevi•
vim:is los dos a esta espantosa guerra.
nos veremos de nuevo y espero serle
útil eu algo. Pero por el momento, co•
·mono hay otro panadero en el regi·
miento que el caporal, y como mi ra·
cióo de pan es demasiada para mi poco
apetito queda convenido ¿verdad? di·
vidiremos como buenob cólilpañeros.
Las manos se estrecharon efusiva y
calurosamente, después, oomo estaba al
caer la noche, los dos hombres entra·
ron en la ruina de taberna, donde se
hallaban reunidos hasta .u'tla doceua de
soldados, estaban aGostados sobre paja,
y se durmieron u ne j'tlntoal otro con
un sueño reparador.
Hácia media noche Juan-Victor des·
perló sólo, segnra'mente con hambre. El
viento había banirlo las nubes y )ll lu•
na, penetrando por un agujero del te•
cho, alumbraba.la encantadora cabeza
rabia del duque, aormido como un
Edimion. Juan..'.Víctor s-e le quedó mir-ando, enternecido.por la bélleza de su
camaratla; efába "áú'll .ell so.contempla,
ción cuand-o 'éótró &gt;-el sarg$to y llamó
a los cinco hombres &lt;fue habían de
montar la guá'tilia. El duq:ue era de
ellos, pero no depertó al mencionar su
sombre.
-Hardimont! 'a'rriba! tepitió el sub·
oficial.
-Si no hay inconveniente,misargen·
to, dijo Juan-Víctor, yo montaré su fac,
ción .... está muy dormido. : .. y es no
buen camarada.
-Como quieras.
Una vez que hubieron partido los
cinco -homb1es comenzaron de nuevo
los ronquidos.
Pero, media hora después, se oyeron
en,medio de las tinieblas de la .noche,
disparos seguidos y muy,cercanos. En
un instante se levantó todo el mundo·
los soldados salieron de la taberna,
marchando con precaución y con la ma:

no sobre el llamador del fusil, mirando
a lo lejos por el camino blanqueado
por la luna.
-lQné hora es? preguntó el duque.
Yo estaba de guardia esta noche,
Alguien le respontlió:
-Juao- Victor tomó el lugar de usted.
En ese instante llegó corrie.odo por
el camino nn soldado.
- l Y bien? le preguntaron ..•.
-Los prusianos atacan, hay que retirarnos al reducto ..... .
-l.Y los camaradilS?
,-Vienen •..... Menos el pobre de
Juan- Vict-or ..... .
-lCómo? p-reguotó el duque,
-Le tocó una de las primeras balas
y murió sin decir siquiera: uf!
o o o
Una noche del invierno pasado, co·
mo a las dos de la mañana, el duque
de Hardimont y so compañero el señor
de Saulnes, salían del casino; el duque
había perdido algunos centena.res de
luises y sentía algo de jaqueca.
-Si no le.parece a usted mal, Andrés,
dijo a su compañero, caminaremos a
pie .... Necesito tomar un poco de aire.
- Como usted quiera, respondió el
amigo, por más que el piso está muy
malo.
Despidieron sus coches, levantaron el
cuello de sus gabanes y se dirigieron
rumbo a la Magdalena. Repentinamente el duque hizo rodar un objeto que ha•
bía chocado·con la punta de su bota·
era un pedazo de pan lleno de lodo. '
.6:ntonces, con gran estupefacción del
señor de Saulnes, el duque se inclinó.
recogió el pedazo de pan, lo limpió
cuidadosamente con su pañuelo de batista y lo colocó sobre un banco del bon·
levard donde lo pudiera iluminar la luz
de un farol.
-lQné hace usted ? preguntó el gen·
tilhombre con una carcajada. ¿Está us·
ted loco?
-Es en recuerdo de un pobre hom·
bre que murió por mí, respondió el du•
quP., cuya voztemblaóaligeramente . ...
No se ría usted, querido amigo,me can·
saría usted una contrariedad!
Traducido especialmente para ARTE
Y LETRAS.

Diversas fotografías del cooocido sportman señor don José I oacio L.
.
sus dos triunfos en las carrerasgdel~ cir~~i~~t~~:J~!~'.iiando los coches con que obtuvo

Las Carreras del
Circuito Condesa
Un doble triunfo ' del señor Li- •
mantour.

La. fiesta deportiva que el domingo
~eotó en las tribunas del hipódromo
e ª Condesa a la elite de nuestra ele•

g~ote sociedad fué una grata demostra·
c1ón de dos cosas: del relieve qoe en·
tre nosotros puede aica azar una fie5ta
de _este género desde el punto de vista
social, y de lo macho que puede signi·
ficar desde el deportivo.
Entre los triunfos obtenidos en ella
~erece especial mención el del cono·
c1do sportman don José Ignacio Liman•
tour, quien triunfó por dos veces. Ob,
tuvo el primer premio en la carrera de

coch~s de primera categoda piloteando
un coche. Clement Bayard de ocho caballos; hizo un recorrido de 21 kilóme •
Iros e_n 19 minutos y 16 segundos; el
premio foé la copa ofrecida por el Sr
Marq_ués del ºApartado y dos mil peso~
ofrecidos por el señor don Agustín E
cudero.
SEi otro triunfo fué en Ja carrera de
C?ches de tercera categorfa en la que
piloteó un Packard de 45 caballos, de ,

�-- . -------_-::..-::..-::..-::.-::.

Afectuosamente a la
señorita BlaocaLópez
Puga,

La coocurreocia.-EI palco
de los jueces.- Alguoos
de los carros que toma·
roo parte eo el coocurso.
seis ciliodros. Recorrió 63
kilómetros eo 48 mioutos y
diez y seis seguodos; obtuvo
como premio la copa ofrecida
por el Sr. Presideote de la
República y mil pesos ofrecidos por los organizadores
de las carreras.
Deseamos al

Había eo el pueblo de XXX un jo•
veo que jamás babia amado; el amor lt,
era tan descooocido como desconocido
puede ser para usted, simpática amiga,
el fondo del mar.
Vivía una vida solitaria, quieta, me·
ditativa ; erao sus mayores placeres va·
gar por los campos, leer, escuchar sus-propios peos, mieotos y despreciar las
riq ae zas, honores, dignidades y todo lo
qoe con falso resplaodor deslumbra los
ojos de los bombres.
Deslizábase su vida suave, silenciosa,
gratamente.
Amar. No teoia él otro amor que el
amor a sus moota ñas, a sus fue otes, a
sos flores, a sus aoimales, a so cielo .... ;
pensllba que el amor a la mujer no po•
día equipararse con estos amores tao pu•
ros y a.remados, amores en los que jamás hay enojos y perfidias, celos y sin•
sabores
El amor a la multiforme y siempre
bella naturaleza llenaba su conciencia
pleoamente.
Recato era su nombre ; veslíá siem•
pre de negro (prefería este color a los
demás porqoe es triste, porque aisla,
porque su aosteridad mantenía en tran,
quila y flébil llama sus sentimientos
melancólicos y dulcemente pesarosos);
usaba sombrero de fieltro, negro tam·
biéo y, cortaodo la oegrura del sombrero y del trllje destacábase su rostr o
blanco, ligeramente soorosado, y tras
los traospareotes cristales de sus lentes
veiaose uoos ojos azules de mirar vago
y soñador; tenía la cariz recta, los ta,
bios gruesos, el pdo castaño; se afeita,
ba; era de cuerpo ceoceño y so andar
era leoto, parsimocioso, diríase que te•
mía que la precipitación y el ruido
ahuyentara sus plácidos ensueños. Le
gustaba hablar poco y cuando se encoo•
traba eotre sus cococidos, por inexpli•
cable cootradiccióo, se mo!traba ale,
gre, algunas veces bnllicioso y otras
b~sta vulgar y gro~cro. De aquí que
n1ogaoo lo cooociera, porqµe al que
cooocfan era al Recato hablador, al Re preciado o iosultado, porque no coosi ·
cato gesticulador, al Renato un poco deraba su igual al burlador, al despre·
~bo y otro poco fastidioso. Y coos- ciador, al insultador como oo coosidera·
c1ecte de esta doble personalidad se ba su igual a la hormiga o abeja que le
sentía triste, mohíno; cuando volvía a
picaban cuando absorto y deleitado
su soledad se reprochaba amargameote admiraba sus instintos prodigiosos. Así,
por haberse desviado de la líoea azul cuando observaba que algún odio sti
trazada por su ideal de hombre soña,
desataba cootra él, seotía un extraño
dor y desdeñoso,
placer al contemplnr a su enemigo marRecato no amaba propiamente a los tirizado por su propia fiereza; cómo le

que desear, desde el deporti:..
vo su éxito foé quizás auo
mayor.
Diez y siete carros tomuou
part, en el coocurio, el coal
estuvo lleco de peripecias
emocionaote~. Ya en otra par•
te hablamos de los principa•
les trioofos obtenidos, Y por
lo tanto no lo h;.cemos aquí.
Sólo manifestaremos oues•
tro deseo de que tales füstas
se repitan con la mayor fre ·

distioguido

sportman muchos triunfos co,
mo éste.

cuenda posible, pues son r o·
tas brillaotes que aoimao nues·
tra mooótooa vida de sociedad

Debe sentirse orgulloso &lt;El

y al mismo tiempo e•timulao

Automóvil en México&gt; por el

a ¡05 amantes del der orte que

éxito de las carreras del cir•

bieo lon~cesitao eotreoosotros

coito Condesa; el aspecto de

ya q•ie somos poco ioclioadrs

las tribunas e:a bellísimo; se

gE'neralmeote a los ejercicics

había dadJ cita en ellas toda

físicos que tanto provecho ha·

la sociedad e le gante de nues·

ceo para el de~arrollo y per•

tra metrópoli y juoto a los vis•

fecciooamieoto de la raza bu,

tosos tocados de las damas,
mostrando todos los caprichos

maca

de la moda, se destaca b1n los
correctos de los caballeros,
por ta oto, tambiéo, tod.is los

El culto de lo v~rdadero
está en el foodo ite toda ex,
celencia per,onal.

refioamieotos que se lucen en
la.s tribunas de Opson o en las

carreras del Grand Prix.

y si desde el punto de vista
social la fiesta no dejó cada

hombres, tampoco los odiaba; gustaba
dP su trato pero no de lo que ellos lla•
man &lt;amistad.&gt;
Cococer, amar al hombre como ya
amaba a sas campos era su teodeccia
adquirida por el estudio y la reflexióo.
Y, he aquí por qué Recato, en el fondo,
jamás se enojaba, jamás perdía su olim•
pica calma cuando era burlado o des·

o o o
Arrostrar y sufrir a veces
la muerte para vivir en la
historia es dar tcdi su sangre
por uoa gota de tinta.

'

divertía ver esos ojos inyectados de
sangre, ese rostro coloreado de i;úrpu·
ra estallaote, esas macos convulsas y
ese cuerpo temblorcso. Seotía el mismo
placer que cuando observaba una tem•
pestad y obraba con el colérico del
mismo modo que con la tempestad: se
resguardaba de tal modo qne, sin ser
molestado, pudiera disfrutar del espec-

táculo. Todo era, en fio, para Recato,
un espectáculo: desde la yerba humilde
que crece eo la grieta de escondido
barraoco hasta el hombre, porteotoso e
inimitable qne fabrica locomotoras,
construye palacios, lucha contra la ea•
fe rmedad y la muerte. pesa los astros
mide el iofioito (comprender que el in'.
finito es inconmensurable es un modo
de medirlo,) que canta y filosofa •••.

�No se impaciente, cara amiga, ya ob·
servo que está usted en áscuas por co·
nacer la pasión de Renr.to; perdóname
si fuí largo en la descripción de mi
buen amigo, pero así lo hice con el de •
seo de hacerle ver, por contraste, la
intensidad del amor que tuvo por Lidia,
mujer, segó.n é l me dijo, en sus confi,
dencias, llena de encanto y de ternura
inextinguible.
¿Qué será lo q ue me_pa•
sa, Miguel? me decia, s1en1
to que mi vida se trans·
forma, experimento una
vaga inquietud un sordo
anhelo de ser feliz, mis pa•
seos por el campo ya están
perdiendo su impersonal y
delicado embeleso, y com·
prendo q~e en ellos no está
mi dicha, y sin qoerer, cr,n
un dulce extremecimiento
de todo mi cuerpo, la veo
que avanza hacia mí, do!•
ce y sonriente.
¿Qué sed. lo que me pa·
sa, Miguel ? me repetía, la
azuli1ad del cielo, el per•
fume de la florest a, el can
to de las :aves, el :son de
las campanas, muerden
deliciosamente mi sensibi·
Jidad y sin querer, con un
dulce extremecimiento de
tcdo mi cuerpo la veo que
avanza ~1acia _mí, dulce y
sonriente.
El mundo me parece
nuevo, los hombres mejores
y ella, el sol de ventura
que lo ilumina todo y lo
acaricia todo.
Hoy estuve en so casa
j ugaodo a las cartas y no
cesaba de admirar sus ma·
nos peqceñitl\S y aristocráticas . . . . ¡Si vieras cuán
cortas se me hacen las bo•
ras cuando me eocoeotro
junto a ella contemplando
su cuerpo alto y grácil, su
pecho combado, su cutis
blanco, su cabellera negra,
sus ojos verdes .. ..• . 1Qué
buena siento la vida cuan•
do estoy cerca de Lidia!. .,
Ella sospecha mi amor,
y es tan buena que me mira
con ojos indulgentes; cuan•
do al despedirrce le estre•
cho su mano siento que
por la mia se entra uoa
tibia y suave feli cidad ...•
Y ya en la calle, me per•
sigue el timbre de su voz y la tibieza
de su mano y e l blancor de su piel y
la armooia de su risa misteriosa.
Recato me bacía sus confidencias
cada vez con mayor ardor, con más en•
tusiasmo, con más frecuencia. Me pin·
taba con vívidos colores los estados
múltiples y cambiantes de su alma de
amante bisoño y cándido.
Cruzaba yo una tarde la alameda,
cuando sentí de pronto que una mano
se apoyaba en mi hombro y una voz jubilosa me decía: Miguel, ya soy feli z,

enteramente feliz, y es tanta mi ventura
que mira cómo rebosa de mis oj os, de
m1 rostro, de mi cuerpo; ya no tengo en·
vidia de ese que va en automóvil, ni de
ese otro que lleva banda de General, oi
de ~que) que lo sabe _todo .. .... 100, oo
tengo envidia de oad)e, porque ya so_y
feliz, enteramente fehz. porque ya L1•
dia es mi novia . ... ''Mi novia" !qué her•
masas palabras, verdad ? l dónde encon-

to~y Lidia se estrecbab1n cada día más,
el tiempo y las caricias precipitaban
con irresistible vértigo una alma en la
otra, y esta obra de compenetración
quedó por fin terminada cuando hubo
pasado un año. .
.
.
¡Oh, querida amiga, la vida es mise•
rabie, mil veces miserable)
Parecía que esperaba este instante
de suprema felicidad, para apartar,

- tornaba lejano y su ~ooréir· no sé si re·
signado o despectivo . ... Lidia no tenía
l más qne uo consuelo: su Recalo q ue
jamás se apartaba de ella, que lloraba
como no chiquillo cuando estaba solo,
que se encaraba con la vida y le iote·
rrogaha: ¿Por qué haces padecer a mi
Lidia, por qul me la arreba tas, por qué
la escogiste para tu víctima e~taoclo yo
aquí, por qué no me hieres ahora con
la misma eofe rmP.dad que la atormeo
ta ?...... Y el eco repelía con imitación
de simio el interrcgatorio acusador y
terrible, interrogatorio que delataba uo
crimen.
Lidia se agravaba cada día; difícilmeote, y sólo apoyada del brazo de Re•
' oato, -podía caminar.
-"Recato-le d,jo Lidia on dia,¿ me quieres? n o te da e 1fado si te pido
una cosa ?
-''Dí lo que quieras, Lidia, que es·
toy prool1 a obedecerte.
- "A la noche hay luna .... .. quiero
que me lleves al ja rdío para contarte
muchas cosas ..... .
- " f-ero no ves que le bacedaño,que
estás muy dé bil ?
- , Me quieres, sí o no?
-"iSí que te quiero, vida mía!
- -"Entonces .... ¿me lleva rás .a l Jar,
dío ?......
Llegó la noche, la luoa blanca y pu·
rísima se destacaba redonda en el cielo
azul ; el jardín estaba quieto; diríase que
escuchaba los rumores de la ciudad
cercana; las calzadih s estaban llenas

de misterio y las·bancas se acurrucaba o
eo la sombra-hecha mil pedazos-de
los á rboles si lentes. A lo lejos se oía el
ladrar de los perros, el rumor deslizan•
te de algún tren eléctrico y el tristísimo
silbo de un gendarme.
,.....• Mira cuánta calm a, Recato, hay
en este jardín. ¿Quieres que nos seote•
mos en aque l riocoocito ?" y con paso
lento, muy lento, se eocamioaron al si·
tío desigaado por Lidia. Uoa vez secta·
dos. toreó a decir •'¿no me olvidarás
oo oca? l coo!er varás siempre frescos
esos momentos en que la existencia se
reducía únicamente a tí y a mí, en qne
tú y yo é ramos todo el universo? ¿no me
olvidarás? . . .. . Dí, habh!
A estas palabras siguió un silencio
p re fundo en el que parecían resaltar
los mil murmullos de la noche .Keoato
no habl~ba , oo podía hablar, sentía que
un oudo le oprimía la garganta.
-"l Recordarás ese nuestro pr imer
beso divino que nos dimos en los labios?
¿ recordarás cuando abrazados el uno al
otro no sentíamos valor para despren•
dernos como temerosos de que algo te•
rrible oos pasara estando tan lejos? ¿No
me olvidarás Recato? .... . . !Oh, ruaoto
te amo l. .... . ¿ me querrás aúo después
de muerta?
- "1No repitas eso, L idia ! Y la estre•
cbó fuertemente entre sus brazos, y jun,
tó su cara a la suya pálida yconfundie•
ron sus lágrimas, abuodaotes y a mar •
gas.
- IRenatol I Renatol Q ué dulce calma

Niiia Blanca Rosa Mancera, de di$•
tinguida familia de Orí •
zaba, Ver.

hay en el jar:lío, cuánta placidez eo mi
alma .. . . .. siento que mi virla S'tl alije,
ra ... . q ue el jardín se desvanece, se
aleja, que la luna se vuelve más pt li·
da . . . . ¡Apriétame, apriétame, que siento
que me hundo . ... " Renato, angustiado
y nervioso, no cesaba de oprimirla ere·
yendo salvarla de ese l)recipicio hon,do,
muy hondo, que se llama la mneTte
- "No me olvidará, .... /verd~dl .. . .
Dáme un beso, ... !Me hundo, me buodol ...... )Adiós, Recato! .... .. Y do·
b lando su cabecita , cbocó ligeram~n1e
contra los labios de Reoat, y q uedó
muerta.
La luna, ya en el cenit, ilu'.llioaba e
jardín discretamente, las ramas a l cbo
car pro fo cían uo ruido leve, un ,zri lo
tridulaba triste; a lo lejos, escocbábase
e l ladra r de un perro, el cáotico de no
gallo y el silbo melancólico de un gen•
darme......
·

----

MIGUE L A CEBALLOS.

trar más dulce armonía que enestasdos
palabras: "mi novia?" . . . . . . Y Renato
me hablaba atropelladamente, casi sio
aliento y repitiendo infatigablemente
las dos palabras que le sabían a gloria.
Y desde ese día, Recato andaba más
de prisa, vestía con más cuidado, salu•
daba con más cortesía, y ll"maba cari•
ñosamente a los perros callejeros y daba
limosnas y acariciaba a los niños y me
decía a cada momento que ya era un
gran señor.
Transcurrieron mnchos meses. Rena•

(Ilustraciones de Aolooio Gómez)

desunir lo q ue ya estaba fuercemente
atado coo·lazos de dulcísimo amor.
Lidia, la tierna y encantadora Lidia,
comenzó a enfermar, a languidecer, a
sentir desfallecimientos, vértigos, dolo•
res y un cansancio enervador, y una dificultad, ooa gran dificultad para vivir . . ••. , JCuán honda tristeza ex peri•
mentaba Lidia al sentirse enferma,
coáotas lágrimas mudas derramaba al
comprender que en cada respiro se es·
capaba un poquito de su vida. Lidia
empalidecía, enflaquecía y su mirar se

Nifia Alicia Xocbitl Aguilar, de Mulege, B. C.

'

�Como, fué "El Palacio de Hierro."-Un té en los salones
de recepción.-La fachada.-La misma durante
el ncendio.-Los Sllones de el!_posicióo.
Detalle del e5tado actual de la f., chada de "El Palacio de Hiuro," iuccndi, do el rniérccles pasado.

�JE~¡p:~~TICCil~N
~(C©&gt;!L&amp;li
IDit

E,tudio d.e Manuel _Toledo.- Grupo e~cultórioo
por Asúosolo. \ CarteL de
la t&gt;xposicióo, Herrao y ~e
la Torre.-El secretario
de Bellas Artes y el jura·
do de Admisión en la sesión de elimioacióo. el
miércoles pasado.-Grupo
de los ex¡:ositores.
Retrato de María Mendia de Castelló, por Alfredo Ramos Martlnez. -Los Ciegos por Satl¡rnino Herran.-Paisaje
por Francisco Romaoo.-Tipo nacional por José C. Tova!'

�La Muerte
Entré a la pieza donde
agonizaba la pobro eofe1 •
mita. En aquel aposento
lleno de misterio. se respiraba un ambiente de
tristeza. Los últimos ra,
yos del sol, que se perdía
ya eo su ocaso, filtrándose
a través de un lienzo mal
colocado ·e'o • la única ventana, iban a
juguetear sobre la blanquísima colcha
queJ amanera de sudario cubría aquel
cuerpo casi inerte Entre la penumbra
·se distiogoia su linda carita, cuyos ojos
azules, rodeados por círculos vi_bláceos,
se iban momeotáoeameote extioguien·
do.
Aquella existencia, qoe oo babia sido
más que uo relámpago eo la vida, i9&lt;1
muy pronto a acabarse. Como una 11.i.,'
roa agitada poi' el viento, cintilaba lanzando leves destellos de juventud. Yo,
anonadado ante aquel cuadro, dejé caer
la cabeza entre las manos y me sumer·
gí eo una meditación muy honda y muy
tdste.
La vida, me dije, viene indudable·
mente al ser humano, para que éste
cumpla uua misión: y eutooces, por qué
la muerte traidoramente, uos sorpreude
cuaud;i comeuzamos a vivir? ¿Por qué,
si oos ha sido dada la vida para gozar,
para sufrir, para ser buenos, iostaotá·
oeameote y cuando menos lo espera•
mes, la muerte ccrta despiadadami;ote
de uo sólo golpe nuestras ilusione~. que
como ooa planta iban creciendo y flore•
cieodo, alimentadas por la savia de los
nobles efectos?
Al nacer, e1 destino oos rodea de se·
res queridos; Dios oos da uoa alma pa·
ra adorarlos, y ya que nos hemos acos·
tumbrado al calor de su cariño, la muer•
te implac-able, con súbito impulso nos
precipita a la tumba . . ..
De pronto, un agudo grito me sacó
.de mi letargo. Levanté la cabeza y oo·
lo ví a la enfermita, que con los ojos
muy abiertos y alzando sus delg~dos
brazos al cielo, contemplaba ext•siada
un pu oto que sólo ella veía, un algo
que sólo ella podía comprender.
Después de este breve diálogo que
todo moribundo sostiene con lo deseo•
oocido, ella i:otoroó los ojos y cayó de

espaldas sobre los blancos almohada•
oes
Un momento después, cuatro ciriM,
con sus amarillentas llamas, alumbra·
bao a aquel aogel muerto.
Roda roo dos gruesas lágrimas r or
mis mejillas y ;volví a mis cavilaciones.
Había entrado la uocbe. Todo se ha·
Haba sumido en profundo silencio, que
sólo interrumpía de cuando en cuando
el ladrido lejano de algún perro o el
lúgubre graznido de una ave nocturna .
Hasta mí lleg..ba muy perceptible el
olor de gardenias, las amigas de los
muertos. que seguramente se marchita•
bao también, clavadas a una corona
para formar el último atavió de aquella
criatura que se iba.
, · •A mi alrededor había algunas 1Duje·
res; cada cara de aquellas se vela vela·
da,p9r !a tristeza •y en cada boc;,. se
cooteo!a un gemido que pronto había
de escaparse.
Hacia el fondo de la pieza se desta·
caba con líneas precisdS el mar-ce de
una puerta sobre la clara atmósfera
que comenzaba a iluminar la luna, y
de tiempo en tiempo atravesaba por
allí, como un fantasma, la figura de al•
11úo hombre que se paseaba por el co·
rredor meditando también.
Así pasó toda la noche, basta que el
alba de una mañana triste y apacible,
vino a alumbru aquella estancia donde
había dormido la muerte.
Despué~. cuando el sol estaba ya muy
alto, se inició la salida del cádaver; y
ya instalado el blanco ataúd en la ca,
rrosa blanca t;; mbiéo, partió el cortejo
maje• tuosameote, para llegar a la mo•
rada de los muertes.
iOh muerte implacable, tan vieja co,
mo el mundo y taa nueva siempre, lleva
entre tus brazo.s a los ancianos, pero oo
arranques la vida a esos seres que ape·
nas comienzan a conocerla!. ...
LUISA SIERRA.

,,e
FOTOGRAFIA ARTISTICA.- Cabe2a de estudio por

J. M. Lup. Guadalajara.

�COMPUTO DE VOTOS RECIBIDOS PARA

NUESTRO CONCURSO DE BELLEZA
Lucía Zabaleta . ........ . ..... .. . .
Xoch itl Ríos ...................... .
E lisa Martínez de Ca:;tro.. . . . ..... ."
Consuelo T oma len . .. ... . .......... .
Isabel Rabasa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .
Luz Vizcarra .. ....... . ... ..... .. . .
Guadalupe P ar&lt;!, .... . ..... . ...... .
Dolores Gaxiola. . . . . ....... .. . ..' ..
_Dolores 1turbide .. . .. ... . . . . ... . ... .
Concepción Hubio ....... .. ........ .
Paz García .... . ... .. . .. .
,sara García.. . . . . . . . . . . ......... .
Emma Antillón .... . . . . . ....... . ... .
Victoria lturbide ... ... . .......... . . .
•María de l.i Luz Pérez Gallardo .... .
Catalina P érez Gallardo ...... .. .

Desde la Habana
Para ARTE Y LETRAS.
Para los que alt'jados de la querida
pa~ria vivimos en esta liada auoque ca,
lurosa Perla de las Aoti llas, es a veces
un dulc: coosuelo, uo amable lenitivo
la 'llegada basta nosotros de los que com
p~tieroo oue~tros momentos de vida
ioteosa en la Ciudad de los Palacios,
qqe tantos atractivos tieoe para los que
hao sabido forjarse no ambiente agra,
dable eo donde la alegría deja deslizar
su, cascada ioagoiable de sonrisas.
·Eofrente de mí, en la mesa de café
atiboro~da de vasos y tazas apuradas,
ecitre el reguero de las cenizas del ci ·
garro, es en esta vez, Eduardo Aroza•
mena, el amigo siocero de siempre, el
que me escucha mis remembranzas de
aquella feliz existencia; es el impecable
ar•t ista el que ha traído auoqoe no sea
más que oor 110 minuto, el diario aje•
tr~o de mi vida bohemia, es la patria
la: que llega hasta mi eo su risa fra¡,ca,
eq su cooversacióo aoimftda y ameoa.
Arozameoa viene de Europa. De Pa·
rífl De Londres! De Berlíu! De Bruse•
la,sl De Madri.d! Y viene satisfecho a
juzgar por su i.ofit1gable charla que no
sa¡be cuando teodfá&gt;puoto de rr poso.
,.-Naturalmente que París, será lo
que más te agradó ?
-Paris!-replica el oaoche, abrieodo

3+
30
25
'20
ll)

,~

IÓ
JÓ
J :i

l.j.
l.j.
l.j.

Luz Vieira ............... . ...... . . .
Eulalia García Cuéllar ....... . ..... .
lsabel Corona y Sánchez .l uárez ..... .
Paz Córdoba. . . .................. .
Eulalia López ~e~retc . . . .......... .
Carmen Monteverdc ........ .. ..... .
Concepción Fortuño. . . .... . ...... .
P az Luna Elguero .. ......... . .. . .. .
Car'ota Morán ................... .
.\na Elena Algara ................. .
Elena Plie~o. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
María Maucebo. . . . . . . . . . . . . . . . . .. .
Isabel lbargüengoi tia ..... . ........ .
Libia Zapata .. . ... ........... .... . .
Dolores Arcocha ................ , .. .
Javiera Parada ................. . .. .
Rutb Rabasa ...................... .

mucho sus enormes ojos.-iOh París! ...
Pero no creas, hay de todo Además, se
mieote mucho, aotes de ir a Europa so•
ñamos con faotásticas cosas qoe oueslra
imagioacióo conserva de legendarias fá·
bulas de la ciudad lnz; cocottes, apa·
ches. crímenes, champagoe .... qué sé
yo. Y no, no es eso, París es mucho
más!
E d uardo g~sticula en este iostaote
querieodo expresar sus verdaderas im•
presiooes de la eoorme urbe; pero oo
puede y me cueota muchas cosas Ele
Bruselas, de Berlio, de Loodres y de
la gracia de las ioglesas.
-No son tan sosas, "maoitn," como
oos cuentan. ¡Me dan una rabia esos
embustes! Las inglesas? !Adorables! ¡Pi•
carescasl ¡Atrayeotesl
-Y de Madrid? 1Te gustó Madrid?
-Ya lo creo Estoy eoc•otado; y so·
bre t,do muv agradecido. No podré ol,
vidar j ,más la acogida franca y hospi·
talaria de aquel Madrid! y aquellos au·
torPs! Mira!
Y sacáodolos de oo bohillo abultadí·
simo, me enseña libros dedicados de
Beoavente, Casero, Perrín y ?alacies.
Carta del maestro Looa, recuerdos ca,
riñ01os de Lleó Qué se }Ó! El bolsillo
de Arozameoa es uo a rseoal rle "sou•
veoirs. i Es su vida eo les madrilesl
- l Y" con qoé obras debutaste?
-Con "La Tiraoa," de Martíoez
Sierra. Híce también esa noche " La
Corte de Faraoo" y "La Verbena de la
Paloma" bajo la direccióo del milestro

13
13
13
12

9
9

8
7
:i
4

+
3
3
'2

Bretón. iNuoca olvidaré los aplausos
de ese público cariñoso, quids los más
agradables de mi vida de artista.
-Y ahora? IA México?
-!Qué se yo! Dicen que está aquello
terrible!
-La política, me atrevo a iosinuar.
Las desmedidas ambidooes ....
-Qui1a. La politica . .•. To::ngo uoas
ginas de que esto concluya, Si sopieras
1~ tristeza que da ver la o¡ ioióo, que
por estas cootieodas bermaoas tieoeo
los extranjeros de nuestro querido Mé•
xico.
- lY ... ... ?
Ante esta indiscreción del crooista,
que en su implacable afán de informa·
cióo se atreve a defceoder hasta lo ío·
timo y recóodito del amigo. El oaoche
se pone triste, rn alegría momentáoea y
desborda ote eo que París se agitaba, se
agota y sin querer, su imaginación ba
vuelto a la eterna y dolorosa existencia
del verdadero vivir .... Del amor ..... .
De las mujeres . ...
Quizás dentro de su alma combatan
eocootrados seotimieotos de románticos
cariños y deberes sagradcs.
Respeto su silencio y levaoláodome
lo abrazo estrechamente y eotooces,
abrazando a uo compatriota y a un com.
patriota que es un camarada, me siento
más mexicaoo.
Nuevamente sus ojos recuperan el
brillo de antes. París bulle de nuevo
entre su rorazóo y su cabeza.
CARLOS M. OHTEGA.

~I Carnaval eo Mérida.-Vieodo
pasar
de la Carroza
premio en el eoncurso.r
·
e la comparsa.-Uo
J
L detalle
F
. . Real.' primer
.
,,.a misma carroza,,.- arro e arr6o&gt;- a ortaleza.--Una ori~1nal victoria eoflorada,

�~=============.::===============~

IL

los amantes, y entonces ésta no tiene
más remedio qne hacer creer al testa•
rudo papá que María de las Caodelas
ha tenido un pequeño desliz con su Ro·
meo .... ¡la cólera del papá llega al pa•
roxismo, y en vista de esta circumtancia
coosiente en el casorio; pero héte aquí
que sabe que han tratado de tomarle la
cabellera, y entonce~ se rehusa da nue·
vo, hasta que María de las Candelas,
fastidiada, coosuma de veras el rapto,
huye con su novio, y entonces D. Justo,
aterrado ante la idea de que Asunción
siga las huellas de su hermana, consien·
te en la boda de ésta, y después en la
de la otra; sin contar con la de D. Sao·
tns de la Santera con Doña Salomé,

d

TEATRALES

!Señores! ¡vaya un sábado de verdadera gloria que han tenido los teatros
de esta soberbia "urbe"-latiza!-hoy hace ocho días bien contaditosl eran,
en esa noche del sábado, y conste que no aludo a la obra del gran D Jacin•
to, ríos de gente los que se encaminaban a los sitios donde están ubicados
respectivamente los coliseos de la Capital. ¡Como que los elencos publica·

dos días antes, promdían graodes cosas y g ve•
dades a graoell hasta el Colón anunciaba en sus
multicC1lores carteles que había ll(DOCE SEíil'O·
RES CORISTAS. DOCEIIII y ante semejante no•
vedad el público boqniabierto, exclamando: ¡Do,
cel caray! cuay!"
Y la verdad es que han quedado muy guapamente todos los teatros en esa noche de sus de·
buts .. . . Las obras estuvieron perfectamente ensa·
yadas y sabidas, y sobre todo en los teatros de
drama se notó en seguida que habían tenido tiem·
po sobrado para estudiar papeles y ensayar la
obra que los dos coliseo,-eontinúa la desastrosa
competencia-presentaron al público de la metró•
poli. Pero entremos en materia.
Como llevo dicho, el Mexicano y el Ideal, estre•
naron '!n esa noche "La Fuerz,¡_ del mal" de Li•
nares Rivas. Obra es esta muy inferior de mérito
a otras del mismo celebrado autor, y que no tie·
ne más que el aiálogo qtJe sea digno de elogios,
y eso haciendo punto omiso de ciertos chistes, que
parecen traídos de los cabellos, y de los cuáles el
público se ríe porque no digan. El argumento de
la comedia se puEde resumir en el dicho vulgar
nuestro: "si no por la buena, por la mala" y efec,
tivamente .... Don Justo tiene dos hijas, María de
las Candelas, audaz y arrebatada, y Asunción
tímida y . sumisa; ambas tienen novios, es decir su novio cada una, y las parejas desean co
mo es natural, recibir sobre sus cuellos el
yago matrimonial; pero Don Justo se empe•
rra en que no, y no, a pesar de los ruegos y
las artimañas de Doña Salomé, protectora de

Personajes y escenas de &lt;La Fuerza del Mal&gt; estreno
3el sábado en el Mexicano. Fots. Tostado,

&lt;La Fuerza del Mal&gt; por la compañía del Ideal.
Fots. Tostado.

quien se muere de gubto al ver que su viudedad
va a tener un térmico, aunque no sea precis;imeo•
te un joven quien se la quita. Este es en resumen
el ar_gumento de la obra de Linares Rivas, que,
repelimos, no es de lo mejor que ha producido el
autor de ''El Abol~ogo" y " Como buitres". La
i~terpretacióo, inmejorable, gracias a que hubo
tiempo bastante para estudiar a conciencia la
comedia. La Sra. Grifell nos presentó una Doña
Salomé-soberbia, de cuerpo entero, admirable,
mento comprendida y representada. Emilia del
Castillo y Mercedes Navarro, encantadoras y celebradísimas to sus respectivos papeles de Ma•
ría de las Candelas y Asuu¡:ióo: Emilia Otazo
muy bien C?mo s\empre; Coss muy aplaudido y
con gran vis cómica en su personaje de Don
Sa~tos de la Santera; Cervantes dando un grao
r_eheve a Don Justo, y Ricardo Mutio, compar,
hendo con sus compañeros los aplauscs del pG.blico en su papel de novio.
El Ideal, al poner en escena la misma obra
no caminó con taota fortuna como el Mexicano'
pues la comedia resultó algo deslucida ... ¿ten:
dría algo qué ver en esto, los vientos de fronda
que soplaron sobre el coqueto teatro de Dolores?
vientos de fronda que se llevaron entre sus re•
molioos,-y vaya si se oecesitafuerzal-al insigne
Don Francisco Martíoez de Bajaoda, (a) Bar,

�~~======

~~======
Mi Señor Don Quijote pasa en vela
noche estival, conmigo, en mi aposento,
donde parece que se agita y vuela
como un ave gloriosa, el pensamiento.

Mi Señor Don Quijote, sólo anhela
sus fuerzas reparar, y su armamento,
para ocupar la frágil carabela
que a la orilla del mar se mece suave
-como antes de volar se agih el ave En esta breve estancia se respira
un perfume sutil de paganismo,
y flotan los aceotos de una lira
que ha cantado al placer, cuando suspira
por un viejo y azul romanticismo., , ...

lialoca ?, ..... porque
el activo ex·repre•
sentaote de Maria
Luisa Villegas, no
muestra ya su faz
de cosaco, oi sus
barbas emborrasca•
das, ni su sombrero
sobre uoa oreja, en
el vestíbulo del
"Cosmetic Theatre''
como dirla mi ami·
go el diminuto Sr.
Chamaco Longoria.
Una e~c~na de
B1rbaloca, el terror
y el coco de los
aprecia!&gt;les caballeros los revendedo•
res, se ha retirado, mejor dicho, lo han
retirado. a la vida privada .... privada
de ré clames, de programas, de bojas de
gastos y de listas de nóminas! y eso
cuando se preparaba a darnos a cono•
cer una traducción suya, del francés,
(,!) como nos dijo una noche en. el es•
cenaría del Principal! !pero el Señor,

y a fé que no le cos
tó gran trabsjo te•
nieodo en cuenta
los magníficos ele·
mentas de que abo·
ra puede echar ma•
no. Pau abrir boca,
se puso en escena
la obra "!Si yo fue·
ra rey!" que en dos
actos conoció el pú·
blico, hace ya tiem·
po, en los teatros
Principal y Llrico;
&lt;El Gran ~impático&gt; por la compañia del teatro Colón,
con el arre¡tlo en
Fots. Tostado.
ua acto, quedó la
en sus altos juicios, tuvo misericordia obra perfectamente. y así pudieron los
de nosotros, y no permitió en su gran artistas lucirse en ella. Carmen Caus·
sabiduría, que D. Paco perpetrara un sade se presentó en dicha t bra y las
crimen de lesá literatura, con premedi- ovaciones, los aplausos y las flores,
tación, alevosía y ventaja, y cuyo des· amen de las dianas, no escasearon du·
enlace hubiera sido el de cinco tiros rante la representación.
por el delito de asesinato proditorio!
.
o oo
El Principal triunfó en toda la linea,
ALBERTO MICHEL.

En el hogar el fuego se consume,
mientr35 flota el acento y el perfume
por el pequeño espacio gris .... lastante
de honda meditación. El caballero
que acompañara al débil Rocinante
ha tomado unos libros de mi estante
y leído a D'Annunzio-el hechicero
que en versos de tersura de diamante
ha puesto la tragedia de la vidacomo un rayo de luna
que a través de una gota de rocío
manda su imagen brilladora, en una
hebra de luz, al voluptuoso río ..... .

Y el ilustre manchego, el caminante
eterno de los siglos, aún no alcanza
descifrar el enigma de Violante
ni el postrero y augustioso instante
en que le dice "adiós" a la esperanza.
-(Oh, gran D'Annunzio! exclama. Qué
(torturabas puesto ea tns princesas, en las locas
que miran por la tarde a la llanura
con el alma transida de amargnra,
como águilas enfermas desde rocas .... !
IY no pueden volar! Violante muere
su espíritu embriagando con perfume:

Y, Anatolia que te áma y que te quiere
no te puede s,guir y, se consume,
mientras sus senos vírgenes, de rosas,
como aves prisioneras
sin sentir las caricias voluptuosas
de alegres primaveras,
se ajan al soplo del invierno impío
y, la serpiente azul qne recorriera
aquel nido de amor, hoy tiene frío
Y en el breve pezón de vida pleno
expira entre el encaje del corpiño
sin que su sangre, fecundice el seno,
iSeno henchido y fecundo que debiera
alimentar la boca de algún niño!
!Oh, D'Anounzio, prosigne Don Qnijote,
aunque socorro al pobre desvalido
nunca seré para tu gloria azote,
porque eres grande, y luminoso has sido!
Y has sido luminoso, hasta en la onda
pérfida del dolor, que se resbala
de los labios paganos de Gioconda
hasta el alma de Silvia de Setalla!
!Oh, gran D'Aa nunzio, estela victorioso
ni tome~ en mnJeres los molinos
ni turbes el reposo
de mis pobres y alegres campesinos,
con el oro brillante de tus mieles
y las gotas de sangre de tus vinos
-que profanan la albura en lo~ manteles
No a Giocooda, la Dianti voluptuoss
lleves al pedestal de Dnlcinea;
ni a Francesca De Rímini gloriosa,
ni ª Hipólito, ni a Blanca, ni a Panthea ..
Y has que Alligi de mí, huya ligero,
Y retorne de nuevo la esperanza

porque, Señor, no quiero,
que Alligi se convierta en escudero
usurpando su pnesto a Sancho Panza!
Y, conmovido, Don Quijote, vino
hacia mí, dejando en el libre:,ro
de D'Annunzio las obras. IQue divino
parecióme el andante caballero!
1Qné divino, al mirar en sus pupilas

brillar la incertidumbre,
al dudar, que yo paso las tranquilas
veladas juveniles, a la lumbre
de un constante deseo .. . .. .
al dudar del placer voluptuoso
que me produce, si a D'Annunzio leo
delirio delicioso . . .. !
Que divino el manchego me parece
cuando creélo que mira y se entristece ..
Porqne en mi estancia breve se sus•
(pira
un perfume sutil de paganismo
y, flotan los acentos de una lira
que ha cantado al placer, cuando res(pira
por un viejo y aznl romanticismo.
Por que en mi breve estancia
luce su desnudez la cruenta Dnda,
y, en un lecho de mármol, su fragancia
parece despidir Venus desnuda
hasta el pá fido azul de la distancia.
Mi grata expectación duró un instante
y aún que ha tiempo murióse Rocinante,
vino a mí D Jo Q aij ote, coa la freo te
quizá preñada de un pensar doliente;
tocó mis hombros con oervio,a mano,
con la otra mostró el confín lejano
do aguardaba la frágil carabela
y murmurólle "adiós ....;idiós, pagano;
tú que tienes alas de cóndor, vuela
y lleva hast1 el azul tu pensamiento!"
Y, alejóse después de mi aposento
donde noche estival pasaba en vela ....
De pié lo conlemplé,sólo uu momeo•
(to
sobre la carabela gris. El viento
de aquella embarcación rizó las huellas
y como ave de luz, mi pensamiento
perdióse en el confin, tras las estrellas!
México, s~ptiembre

II

de

1912

JULIO A. MU~lZ

�REMINISCENCIAS
Para ARTE Y LETRAS.
Ea el gris invernal de esta mañana
Mientras la lluvia llora persistente,
Azotando glacial e indiferente
El pálido cristal de mi ventana,
Mientras la queja triste y dolorida
De una lánguida musa callejera
Llega a mí, presagiante y agorera,
Me he puesto a meditar sobre mi vida.
Y en plácida calma silenciosa
De mi alcoba, romántica y sombrosa,
He vuelto a ver mis glorias de otros días,
Y ea su recuerdo, grave y misterioso
He hallado, como bálsamo piadoso
El consuelo de mis melaacoHas.
Oh mi primer amor!. ... Esa discreta
Vírgea de suave y frágil hermosura!
La que ~upo saciar con su ternura
Mis ansias de amador y de poeta!
T enfa los ojos garzos!. ... Los ca bellos
Dorados como campo de trigales,
Cuántas veces mis manos sensuales
Posároase feoriles entre ellos! ....
Cuántas veces, las flores de sus labios
Endulzaron los !olimos resabios
De mi tristeza, lóbrega y sombría,
Cuando al poner su alma candorosa
Ea la esencia de un beso, temblorosa:
No sal:&gt;es cnáoto te amo! .... me decfa.
o o o
En la prisión gloriosa de sus brazos
Halló refugio mi ánima vencida,
Y el rito misterioso de la vida
Supo cumplir, en los ardientes lazos
De mi pa!.ióa selvática y bravía! ....
Flor amante y preciada, que el destino
Puso al borde sin luz de mi camino
Como un consuelo a la tristeza mfa!
Por qué la amé? .... Por triste, por hermosa,
Y luego ... . yo no sé .... la misteriosa
Razón que ea el transcurso de un segundo
Hace a un hombre sentir amor sincero,
Me hizo adorar!.., despreciando al mundo,
Me hizo caer gritándole: Te quiero! . . ..
o o o
Murió de amor sin exhalar un grito
Como un ave herida entre la bruma? ....
Se perdió, como un sueño que se esfuma
Ea un atardecer del infinito ?....

No sé. De mi memoria dolorida
He borrado ese ep!logo doliente,
Y una página blanca, cual su frente,
Es su historia ea el libro de mi vida.
Y en el gris invernal de esta mañana,
Mientras oigo llamar en mi ventana
El grito persistente de la lluvia,
Me he sentido cantor de mis dolores,
Y he escrito la odisea de mis amores
Coa nna virgen misteriosa y rubia! ....
F. DE FUENTES Jr.
México. 1914.

Primavera

•

~

~=-=========Pá====gi===na====s===fem====e="==i===na====s===Jf!J:::....::::;;._r2
La estación será u na estación de taf ·
feta: así lo declaran los corresponsales
parisinos al tratar de las telas que apa,
recen como favoritas de los grandes
modistos.
Pero los nuevos taffetas son sedas
~uaves, finas, que pueden oprimirse
fuertemente, arrugarse con la mano, sin
que sufrar, por semejante tratacieoto,
y ª! verse libi:es, recobran su tersura.

No se ven ya las telas brillantes, tiesas,
de aspecto quebradizo, que antes lleva•
bao ese nombre.
La tela moderna bautizada así, tiene
más bien la apariencia del chiffon en
su aspecto y calidad, y es tan suave y
flexible como el crepé de chine. Lo hay
de color unido, y de fantasía, en listas,
en cambiantes, florP.ado y a cuadros.
En algunas de estas novedades apare•

ceo colores nunca vistos y combinacio
nes de tonos verdaderamente fascina•
doras.
Parece que la tela listada es la que
tiene más aceptación hasta ahora. Hay
taffetas listados en tres o cuatro colores
diferentes, siendo las listas de igual an·
cho, y de ordinario, una de ellas es de
color oscuro y las otras de colores cla·
ros.

Para ARTE Y LETRAS.
A la Sra. Dolores Zald!var de Altamiraao,
Asómate al balcón; ya no hay neblinas;
El invierno pasó coa su dolor;
Están de vuelta ya las golondrinas;
Ya revientan las rojas clavellinas:
Ea el prado hay murmullo~, hay amor.
o o o
Asómate al balcón; que la tristeza
Huya de tí coa emoción feb r!l ..... .
La vida su aostálgia despereza ;
Primavera se llena de belleza
Perfumando el risueño mes de Abril,
o o o
A~ómate al balcón; canta la fuente
Su himno triunfal y arrebatador ;
Muy fresco y oloroso está el ambiente;
Ea el prado, ea el bosque ya se siente;
Un efluvio dti vida y de calor.
o o o
Ya ves como se viste de colores
Naturaleza en su entusiasta afio;
Como vuelven los pájaros canoros;
Como se abren de nuevo tantas flores
Y las brisas de invierno ya no están.
o o o
Ya ves como de fro01fas la enramada
Se viste y al pasar
Por el huerto la brisa perfumada
Los capullos revienta y hay ea cada
Nido murmullos de cantar.
o o o
Que se aleje de tí tanta tristeza;
Asómese al balcón tu ansia febril
Y verá como está Naturaleza:
Se ha vestido coa toda la belleza
Que le ha dado el galante mes de Abril.
BENJAMIN ORTIZ·
México, Abril 3 da 1914.

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• A • ·•
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'

�Sombreros y tocados vistos en
París al principio del
Verano.

En los oscoros, domina ;el verde oscuro tornaslfado de rosa:e1 negro con
tornasol carmesí o azul. Otros tafettas
tienen las listas mateadas muyvagamen•
te, presentando un aspecto curioso y
coando se combinan con encajes finos
o gasas de color, unido el efecto es en•
cantador.
El tafetta se emplea también con telas

gruesas y s~ obtiPnen así
cómbioaciooes muy chic. Un
traje muy e!Pgrnte para ca•
lle, es de sarga y hffela
azul oscuro. La falda de sarga,
tiene ua tableftl de tafetta ed
PI delantero, que es ancho de
diez centímetros ea el bórde
rle la falda, y se enargosta a
terminar ea punta en la cintura. La falda está dra·
peada, plegándose a la espalda. El
saco es soelto, especialmente a la es·
palda, y se pliega en la cintara dentro
de ua cinturón ancho de charol fino, de
color verde vivo. El chaleco, de ra•
tina a cuadros negros y blancos, está
colocado 1obre los delanteros del sacc.,
y a la altura de la cintura tienen un
botón al que se abotona el cinturón. El

chaleco baja cinco centímetros a cada
lado, y el saco lleva faldón cortado en
punta a ambos lados del delantero.
Las mangas estilo kimooo,llegan arri,
ba del codo, y de ellas sale una manga
interior de tafetta muy plegada en la
parte interior del brazo; en la boca,
manga llevan un ruche del mismo la•
fetta. El cuello es vuelto, de lino blan,

Dijes y utensilios de moda:

�co, y terminado en picos sobre los hom,
b:os.
El sombrero que acompaña este traje
está hetho con ala de paja negra muy
ajustada sobre la cabeza, y copa de tafetta negra; dos plumas largas y delga•
das atraviesan la copa a un lado, y están
sujetas al ala con un cabuchóo de cueo•
tas brillantes.
Muchos de los grandes modistos, por
ejemplo, Beer y Callot, están haciendo
toilettes de tafeta en colores liios. adornados con guirnaldas de florecillas de
seda; y estos trajes no son para soirée:
son para tarde: conciertos, tés, gardeoparties, etc.
Un modelo de Callot tiene la falda
de tafetta de color azul mate; la falda,
muy angosta, se abre en los costados y
terminada con un plegado de quince
centímetros de aoc;ho. Abajo de la ro ·
dilla, comienza el adoroo, que es de
guirnaldas pequeñas de flores de colo·
res vivos, sujetas c'oo pequeños moños
de tafetta, al estilo antiguo, esto es, dos
hojas y dos puntas de~flecadas
El corpiño es sumamente suelto, estando abierto eoterameote en el delao•
tero sobre un plisado doble de tul. Las
sisas son del tamaño ordinario y las
mangas aju~tadas, terminan en el codo,
siendo la bocamaoga algo amplia. Un
plisado de ta'fetta la termina. el que de •
ja ver otro interior de tul. El adoroo de
las mangas está hecho de guirnaldas de
florecillas exactamente como las que
adornan la falda. El cinturón es de ta,

fetta, angosto, anudado a la espalda y
cayendo en dos hojas hasta el borde de
la falda, terminadas por un plisado de
la misma tela.
DELIA.

CORRESPONDENCIA CON LAS LECTORAS DE "ARTE YLETRAS''

ALHAJAS
•

Compro, Vendo y Ca'llbio
M-IGNON: Le conviene aplicarse es•
ta loción:

dando a ganar diner-0 a

Oxido de zinc, poro ....... . 1 onza
Glicerina ........ ........ I dracma
Agua de rosas. . . . . . . . . . . . 4 onzas
Esencia de rosas .. . ...... . 15 gotas

mis clientes.

Primero, mezcle usted el zinc con la
glicerina, vertiendo ésta gota a gota y
mezclándola con una espátula; cuando
se ha formado uoa pasta suave, ésta se
diluye un poco con el agua de rosas y
cuando todo esto está bien mezclado, se
agrega la eseocia de rosas. Se agita la
mezcla y se aplica con un lienzo suave.
M Z.: Es mucho más elegante el papel de color unido, con un monograma
sencillo, grabado en tinta de un tono
más obscuro que el papel.

"Alhajas de Ocasion"
''la Clsa que se fundó con este nombre. n

Compro Caro y Vendo Barato.
Infórmese Ud. cómo!

''Al Todo de Ocasión."
JOSE ALVAREZ. · .

Daniel lnGlán.
Av. Bolívar 23. (Antes Coliseo 1)
MEXICO, D. F.

S. Francisco 37. México.

DELIA.

Antes de casarse
abra Ud. los ojos

- - - -- - -

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=

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Capital Social Aut~rizado: $750.000

México. D..F .
1

'

.

'

Esta Compañía rindió ya su informe
a la Secretaría de Industria y Comercio, la que contestó lo siguiente:
"Sección Administrativa." - Hoy
se recibió en esta Sección y queda
registrado bajo eJ número 2695 del
libro correspondiente a la Sección
de Industrias de esta Secretaría, el
escrito de Ud. fecha 1&lt;? del actual, el
cual se ha pasado a esta última oficina, piira que por ella se comuniqu~ a Ud. oportunamente la resolución que se dicte. (Dé datos de la
Compañia que representa).

· ..
_,.

México, Abril 3 de 1914.

El Jefe de la Sección.
Al C. Pedro Méndez y Méndez.
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>R,gistrado como artículo de 2~ clase, e l 26 de Febrero de 1914.

Segunda Epoca.

Sábado 11 de Abril de 1914.

Tomo 1.-Núm. 8.

FOTOGRAFIA DE ARTE , POR HANS .

�,.
lrca de quien tanta resignac1on
los más pequeños serán lo3 que
más méritos tengan· ante su Pa- tu vo en los sufrimientos v de
dre, que está en los cielos; le ve- quien tenÍi'l que cumplir, en -comríamos dulcemente enseñándo- pañía de su madre una labor dicSd publica todos los sábit.dos por la
,._ v
. de la q ue nanos la oración más humana de tada por lo alto
Cía. Periodística Mexicana, A.
t das en su primoroso sermón de die mas que El podía tener coDTR@CTOR'.
la montaña, y en todas partes le nocimiento.
Para que nada falte a la diviM COE LLAR.
hallaríamos mostrando la belleGERENTE'.
na tragedia tenemos el personaza
de
su
alma
buscando
el
mal
MIGUEL LANGARICA.
para aliviarlo, orocurando la je pintoresco y decorativo de l\faOFICINAS:
amistad de los perversos para ría Magdalena, la pecadora a rre 3~ Riucon'lda de Sao Diego 41.
corregirlo~ y revol ucionandcco n pentida que, en nombre de ttda
T e l• fonos:
M~x 20-85 Neri -Eric. 14-51.
su hermoso ejemplo la sociedad la humanidad doliente y temeroApartado post:11 45 bis.
más corrompida que vieron los sa, se arroja a las plantas del Redentor para abjurar de sus culMEXICO, D. F.
,:;iglo~ antiguos.
PRECIOS
A s u la&lt;'o veríamos a su madre, pac; y solicitar el perdón de ell ,s
Ej~mplares sueltos ...... : . . . . 20 cs.
personificación de todas las m&lt;t- del que había ven ido a perdonarSubscripci6o, trim•~tre ....... 2 50
dres, cuidándolo en la infancia, lo todo.
Extranj'!ro, trime&lt;tre..... ..... 5.00
Lo demás no es nada: entre
con excepción d-i Eshdns Uo,dos y Cu• admirándo3e de su soberana sala
multitud rle apóstoles, de faba, en donde regirá el mis'llo precio biduría en su juventud y siguiénque para la República,
riseos,.
de jueces y de pueblo,
dolo de lf'ios en su edad madura
NO GIRAMOS
para asistir p-ofundamente dolo- apemis si se levanta la od10-.a fi.
TODO PEDIDO DEBERA VENIR
rida a su sublime agonía. Sin el gura de la traición, ingrato paCON SU IMPORTE.
personaje de María el drama no pel que se dió a Judas, y entre
No se devuelven or iginales.
estaría comQleto; se necesitaba la masa aoenas descuellan alguq ,1e Cristo viera sufrir acerbamen- nas leyendas bellas como la de
te a su madre y que tuviera qu~ l::i. Verónica; o terriblemente falabandonarla sola en el mund,1 sas como la de Ashaverus que
Pronto hará de ello dos mil para que 110 huuiera dolor, por hace al Redentor un dios ven años. E1 hombre se sacrificaba amargo que fuera, que no hubie- gati\'O y rencoroso.
Y como espectadores a la ve'lpara lavar la culpa de los hom- se probado.
bres; aquel precioso sím bolo de
Y la divina señora, esa llur, que ingr:itos coactores de la trala humanidad que las s:·~rada, pr•mero de pureza v después de gedia vedamos a toda la humaniescrituras h~n oerson:ficarlo coTl dolor tiene que sufrir en su vida dad que, en la mayoría de l0s
el nombre bel\ísimo de .1 esÍls se todos los dolores del matrimonio, casos. no han crmprendido el
dejaba, en medio d su omnipo- los de la maternidad, y los cruen- importante papel aue le toca en
tente p-::der, colc:ar de un made- tos que le habían de valer el tí- la obra. Alguno- hacen de ella
ro para. completar con su muerte tulo de corredentora de la huma- una creación di vina arreglada de
antemano por la suprem::i. sabitoda la escala de lo'- padecimien- nidad.
duría del Eterno, la cual tiene
tos humanos y así purificarlos
Si María es sublime como maforzosamente que aparecer falt0dos con s u divino paso.
dre del Cristo, como símbolo del
seada
en casi todos los actos.
Si tuviér¡¡mos el rlaro espíritu. dolor maternal no ha tenido igual
de observación ,, ordenación de en el mundo. La iglesia la re- Otros creen que no vale l::i. pena
Renán, podríamos carar:teriz;ir presenta con el corazón tra,pa- de tomarse en consideración poruno por uno a los perrnnajes del sado por siete puñales, sig nifi- que no están de acuerdo con los
tremendo drama. dividirlo en su : cando otros tantos dolores¡ noso- cánones de las ciencias n::iturales
escenas y sacar de la divina es- tros quisiéramos ver a e!'e cora· ~- con la observación de los ..;acritura una tragedia: la más gran- zón adolorido ,,imbado por un hios: y aún ha llegado a haber
de de todas las creadas por la sublime resplandor de infinitos quienes nieguen el haber ocurrido
imaginación, rlesde los griegos rayos, reflejo de otros tantos do- el bello dn ma.
Nosotros creernos que ning11na
hasta nuestros días.
lores que lo laceraron s in piede !as tres cosas es justzi; que la
Veríamos en primer lugar :&gt; 1
dad.
humanid&lt;td aún no ha v•sto tocio
Hombre, dotado de todos los poTras de las dos figuras prinri- lo que hay que ver en la pasión
deres de la divinidad: infinitapales de la tragedia vendrían los y muerte del Cristo, y hacemos
mente santo, y omnipotente, despersonajes secundarios: Juan, el votos porque una era de justicia
poseído de todos sus gloriosos
discípulo que quiere aparecer en ~- de razón ponga en su j~sto siatributo, para poder sufrir como
todas partes como el predilecto; tio a la sublime figura del Reden·
todos y cada uno de los hombres
el que pone en boca de Cristo tor que hizo exclamar a alguno
y de ec;ta manera dulcificar e l
palabras que probablemente nun- de los sagrados escritores: "feliz
dolor de la humanidad.
ca dijo; el encargo hecho a Juan culpa que me• eció tener tan ~ranLe veríamos en una d~ las esde cuidar a la div i na madre, dede Redentor."
ce nas má, características del drasentona en el sublime carácter
ma diciendo que los más gran·
.1. i1. c.
del crucificado; no dice bien en
des serán los más pequeños y que
INDICADOR

·' Arte y Letras "
s.

Et· Drama

0

1
MEXICO A RTISTICO y MONUMENTAL • . p utr I a d e1templo
-

aD€XO
- _ al

""'

convenio
de Tepotzotláo • E • de M ex1co.
.
_
Fot. Kahlo.

�PreGioso hallazgo arqueológico
El profesor Wesselowsky, reoombra&lt;io en el mondo
de la arqueología por sus notables descobrimientos, acaba de hacer uoo que bastaría para dar fama a su oom•
bre y sos estudios sobre antigüedades.
En las cercanías de Nicolaief. en pleo:i. estepa del
Sur de Rusia, el paciente profesor acaba de descub rir
la tumba de un rey scyiio que data de lossiglos III o IV
antes de Cristo. Dentro de esta tumba ;e encontraron
primorosos vasos e~culpidos y multitud de objetos de
uso que vienen a ilustrar grandemente a los anticuarios
acerca de las costumbres y ritos funerarios de aquellos
tiempos,
Junto a los vasos, notables por su oroameotacióo y por
Uno de los vasos hallados eo la tumba del rey scytio.

sus raras inscripciones en griego antiguo, hlbía otros
destinados seguramente al servicio del rey eo los man•
dos de ultratumba y que conservabao aun restos de osa·
mentas de animales que, o hai&gt;íao sido puestos vivos pa•
ra que acompañaran a su amo, o muertos para que le
sirvieran de alimento. El descubrimiento del sabio ar•
queólogo ru~o será de gran utilidad para el estudio, no
solo de los ritos funerarios, si no también para el del
desarrollo del arte y las costumbres de la época.
Como se verá por las fotografías que acompañan es•
las líneas, ks relieves de los vasos hallados representan
todos esceo¡¡s de caza o Ju chas entre el hombre y los
animales que le hostilizaban por t:idas partes en aque•
lla lejana época de la humanidad.

ARTE MODERN-0 MEXICANO.-Cabeza a lápiz p)r Alfonso Garduño.
El profesor Wessdowsky en medio de sus ouevos descubrimientos arqueológiccs.

�ff La semana de los tres domingos ~
Por Edgarct Allan Poe.

~!

~~b===========================================2l!J
«Hombre sin corazón, cabeza de mu·
lo, avaro, gotoso, viejo . salvaje!&gt; todo
esto me lo decla para mis adentros "?ºª
tarde en casa de mi tío Droldegou¡oo,
amenazándole con el paño en pensamiento.
Pero ~ólo en peosamieotol Porqu~
debo confesar que babia noa grao d1·
ferencia entre lo qoe decla Y lo qoe
00 tenía valor de decir ; lo que hacia Y
lo que tenia ganas de hacer.
E l viejo lobo de mar se hallaba, c~an•
do abri la pnerta del salón, se?tado ¡un•
to a la chimenea y con los P•~s apoya·
dos en la barandilla de la misma; en
uoa de sus patas delanteras_ tenia un
buen vaso de aporto, y se .aphcaba, con
ardor, a poner en práctica el refrán
que dice:
Llena tu vaso vaciol
Vacia tu vaso lleno!
-Mi querido tio, le dije después de
haber cerrado suavemente la puerta Y
aproximándome con la más compro
metedora de mis sonrisas, ha dado us•
ted siempre pruebas de uua bondad tal ;
de tal iodolgencia .... tanta~ veces .. ••
lautas oca~iooes .. .. ha ma01fes!ado us•
ted su benevolencia para conmigo, qoe
.... estoy seguro, tengo plena coofian•
za en que bastará que yo le recuerde
este ligero oegocito para contar con su
aqniescencia.
-Ejem! hizo. Bravo muchacho!.•••
Y qué más! ... .. ·
•
-Estoy seguro, mi querido tio. (Ast
te lleve el diablo viejo b~bedor) de
que usted oo tiene la iote?c1óo ~e ºP?·
nerse seri•mente .• .. a m1 matrimomo
con Kate. No se trata más que de uoa
broma amable de usted, jal jal jal • · · ·
Hay momentos en que tieo~ usted unas
ocurrencias de mucha gracia!• , · · · · .
-Ja!. .Jal. ... Coa que sil Pues he•
oes razón!
.
-Segoramentel .... S1 eso se cae de
su peso!. ... Ya sabia que todo era una
broma. Vamos a ver, mi querido ~ío,
Kate y yo 00 ambicionamos más sino
que teoga usted la bondad de tomar
una decisión acerca de la ~echa_.••••
ya me entiende usted .... m1 querido tio.
En una palabra, como por qoé é_Poca
le parecerá a usted más conven1eote
que la boda .... sea, se efectúe, en ~n,
ya me entiende usted, ¿verdad querido
tio?
-Conque se efectúe, no? Gandul~ Ya
lo sabrás . ... ya te diré cuando quiero
que ~e efectúe.
-Jal Jal Jal Esta si que es buena.
Ya decía que tiene usted unas ocurren·

cia.s sumamente graciosas! Qué tal~~tol
Pues decia que nuestra única amb1c1óo
por el momento, mi querido tí~, es que
indicara u5ted una fecha precisa•••• - •
- Ah! con que precisa?....
-Sí, mi querido tio, de eso se trata,
si es que no le causa una grave moles·
tia.
Pero, no podrfamos hacer de tal ma·
oera mi querido Bobby, que esta fecha
se q uedllra algo imprecisa?... Para
dentro de un añn .... o cosa asi? .• , . O
es que insistes en tener uoa fecha pre·
ci~a? •.... .
- Pues .... repito que .... sino lefo~ra a ust,d demasiado molesto, yo qo1·
si era de una buena vez. . . . nna fecha
precisa.
-Pues bien, Boby, eres un buen mos·
eón! ..... . Y pnesto que te empeñas en
que dé la fecha con tanta precisión, voy

precipitadamente del cuarto, desesp11•
rado.
o o o

Mi tic- abuelo D roldegoujo~ _era e,l,
tipo del "viejecito "gentleman inglés.
Pero al contrario del héroe d~ la can•
ción, tenia mochos puntos débiles. ~ra
un hombre bajito, bonachón, algo im·
polsivo, con sos puntill?s dt: mal carác·
ter; todo en él era hel!31síérico_: su g:a~
cabeza y su nariz rub1cuo~a 1nclus1ve;
tenía una bolsa bien p~ov1sta y u~ pro
fundo sentimiento de su 1mportanc1a per•
sooal.
.
En el fondo de todo esto br.b1a e1me¡or
corazón del mundo; pero se balla~a ~o·
minado por un espirito de contrad1cc1ón
que le babia valido, para con las per_so·
nas que sólo Je cooocian soperfi_c1al:
mente, la fama de ser un tac1ñoronoso,
como un gran número de excelentes
ersooas, parecia poseid~ ~~ una vertdera macia de "tantahzar (1) a sos
pró}imos, macia que bien podía pasar
por malevolencia cuando no se la exa·
minaba muy de cerca. A todo lo que se
le pedia contestaba, invariablemente,
con un •·oo" categórico. Pero después
de haber hecho pasar las de Calo al
peticionario, acabal:a siempre por arre·
peotirse de so negativa. A todos los ata•
~ques a su bolsa cpooía la defensa más
encarnizada, pero como resumen de
cuenta, cabi siempre se llf ga~a a obte·
oer de él una suma proporc1o~al a la
duración del sitio y a la tenacidad dt1
la defensa. Nadie en el mundo bada la
caridad más liberalmente, pero con me·
nos gracia que él.
Respecto a las bellas artes, y partí•
a darte gusto, aun cuando no sea más colarmente a )as bellas letras, les proque por esb vez.
fesaba un desprecio vigoroso. En esto
imitaba a Casimir Perier, y gozaba mu•
- Oh! mi querido tio. • • • • •
cho con citar su imprudente frase " l P~·
-Silencio, señor (me tragué mi voz). ra qué sirve uo poeta?," la que cons1•
Quiero darte gusto por esta vez. Ten• deraba como el "nec plus ultra" de la
drás mi consentimiento y. las platas sabiduria y de la lógica. Por lo tanto,
-porque 00 hay qne olvidar la pla• mi ioclioacióo por las musas le hacf_a
tasi-Vamos a ver, ¿cuándo s~rá b;.eno folmioarse. Un día que le estaba p_1·
que teogas todo ? Hoy es domingo ¿ver· diendo una nueva edición de Horac10
dad? Bueno, mi stñor, pues ~e casará me dijo que la única traducción acep•
usted -precisamente, me eohende os, table, del "Poeta nascitur non fiat," era:
ted? precisamente "la semana de los "Los poetas nacen para no hacer nada
tres domingos!" Ahora se da ustedcuen· de provecho." Lo que, oatnra!mente,
ta ? Digo qne tendrás a Ka~e y la dote me pnso fuera de mi. So aversión por
la semana de los tres dom1ogos, pero las humanidades se babia anmentado
00 antes; oi un solo dia antes, aunque
me muera, ya me conoces; soy hombre
de palabra¡ _.. ... Con que, que acabe
(l) Véase respecto a esta palabra. la
eso ¡0 más proe to posible!. • • • • •
En cuanto hubo dicho esto, bebió su nota que apareció en el cuento anterior
vaso de oporto, mientras que yo salfa de Poe.
0

considerablemente desde hacia poco a
causa de un incidente que le babia
orientado en dirección a lo que él so•
ponla ser las ciencias naturales Alguien
le babia llamado en la calle tomándole
nada menos que por el doctor Double
L. Dé, el famoso profesor de ffsica ex·
perimental. Desde entonces no se po•
d:a hablar con mi tio de una manera
pacifica, a menos qufl se tratara de algo
relacionado con so nueva macia. Por
lo demás, se burlaba él mismo de esa
manía, como se burlaba de todo. Su po·
lftica era intransigente y sencilla como
los "buenos días " Pensaba con Horsley,
"q'le los hombres no deben ocuparse de
las leyes más qc.e para obedecerlas."
Yo había pasado toda mi vida al lado
del viejo "gentleman." Mis padres, al
morir, me hablan legado a él como un
regalo precioso. Creo que en el fondo
el viejo pirata me queda como si hu•
biera sido su propio hijo, y me amaba
casi tanto como so adorada Kate, pero
esto no obstaba para que me diera una
vida de perros. Del primero al quinto
aiio de mi vida me obsequiaba con unas
buenas nalgueadas periódicamente. Da
mi quinto a mi décimo quinto afio, todos
los dias renovó so promesa de no dej..rme ni un cllelfo de su fortnna. Coa•
vengo en que yo era un mal aditamento
en so casa pero aqu111lo era más bien
cuestión de temperamento o de maoia
Eo Kate yo tenia una amiga fiel, y me
daba cuenta perfecta de lo qne esto me
valla. Era una niña grande, y oo día,
con toda dulzura, me participó que ha•
bla de ser mia, y sn dote con ella, el
dia que hnbiera obteniJo el conseotimieote de mi tio.
!Pobrecita! 110 tenia más que quince
aiios, y, a falta de este cooseotimieoto,
no podia entrar en posesión de so pe·
queño capital sino hasta que cinco in•
terminables estfos "hubieran arrastrado
sus larguras infinitas" ¿Qué hacer en
Mte caso? A los quince años, lo mismo
que a los veintiuno, porque yo ya habla
pasado mi quinta olimpiada, cinco años
o cinco siglos de espera son lo mismo.
En vano sitiamos al buen viejo con
nuestras inoportunidades. Era una "pie·
za de resistencia" como dirían MM.
Ude y Carene, y un sitio como el nues·
tro no hacia más que acrecentar su de•
seo de "taotalizar" a torlo el mondo.
Job mismo se hubiera desesperado de
ver a aquel viejo torturando a los d!ls
pobres ratoocitos que parecíamos noso,
tros. En su foero interior no tenia otra
intención que vernos uoido11. Era un
sueño que habla acariciado toda su vi•
da. De hecho, hubiera , dado diez mil
libras de so bolsa, ( el dinero de Kate
era exclusivamente de ella,) para des·
cubrir la sombra de un pretexto que le
permitiera la realización de nuestros
más caros deseos Pero nosotros habla·
mos tenido la malhadada idea de llevar
la cue!tión al tazpiz, y desde entonces,
lo creo con toda sinceridad, era un be·
cho fuera de sos fnerzas físicas y mora,
les el no oponerse a nutistro matrimo•
nio .
Ya dije que mi tio tenla sus puntos
débiles; pero aún no be hablado de s11
formidable te\tarudez. Seguramente que

no era esta ona de sus debilidades.
Cuando hablo de estas me refiero a una
especie de superstición extraña, uua
superstición de buena cepa de la que
oo podía deshacerse. Era muy ver_sado
en materia de ensneiios, de presagios y
de tonterfas por el esftlo. Era muy pon,
tilloso en cuestiones de honor y se mostraba, como él me babia dicho, hombre
de palabra; pero a so manera. Era ooa
de sus rarezas. Por lo que bacía al "es,
pfritu" de sos promesas, no tenia escrú•
polos en variarlo, pero eo cuanto a "la
pi.labra," la consideraba como algo in•
violable. De este raEgo caracteristico
de su humor se valió Kate, tres serna·
nas despnés de nnestra conversación en
el comedor, para hacerle uoa jugada
de la que no oca la creyó capaz. Y pues•
to que, a la manera de nuestros moder·
nos bardos y trovadores, me be pasado
la mayor parte de mi cuento en prole·
gómeoos e introducciones, y parece que
llevo intención de continuar asi para

EL CAPITAN PRATT.
-Si, be estado aosen1e durante un
año. Un año qne se cumple hoy mismo.
A ver? ... . sil Excelentemente. Hoy es
el diez de octubre. Se acuerda usted,
señor Droldegoujon que hoy hace justa•
mente un año qoe pasé a despedirme
de usted? Y, dicho sea de paso, ~e da la
cooicidencia de -que hoy haga también
un año que partió nuestro amigo el ca,
pitán Smitherton, quien a so vez he estado auseste por un año justo.
SMITHEHTON.
- Si, justo un año .... con muy poca
diferencia. Seguramente que no habrá
ustE d olvidado, señor Droldegoojoo,que
vine en compañia del capitán Pratt a
presentarle mis respetos antes de partir?
ELTIO.
-Sí, sí, .. me acuerdo muy bien .. Real•
mP.ote es raro. Los dos han estado ausentes justamente un año ...... Extraña
coincidencia en verdad .... E sto es lo
que seguramente llamarla el doctor Dou •
ble L Dé un extraordinario concurso de
circunstancias. El doctor Don ..... .
KATE (interrumpiendo)
-Seguramente, papá, la cosa es muy
extra ñal Pero hay que decir que el ca·
pilán Pratt y el capitán Smitbertoo oo
han seguido el mismo itinerario, y esto
constituye noa diferencia, no es asi?
ELTIO.
- Yo no lo sabia, chiqnilla. Y cómo
quieres tú que lo haya sabido( Pero si
rs ese el caso, precisamente eso lo hace
aúo más notable y el doctor Doubl. ...
KATE.

siempre, voy a contar en pocas pala•
bras lo que constituya la parte verda•
derameote interesante de esta historia.
o o o
La ca!ualidad quiso que hubiera en•
tre los amigos de mi tfo, geott:s de mar,
dos personas que acabaoan de pisar
nuevamente el suelo de Inglaterra después de una ausencia de uo año que
hablan pasado, uno y otro, en viajes por
el extranjero
En compañía de estos stñores, y des•
pués de habernos concertado de aote•
mauo, mi prima y yo nos dirigimos a mi
tío un domingo por la tarde, precisa
mente el diez de octubre, tres semanas
justas después de J, conversación a que
be hecho referencia al principio de mi
historia. Durante una media hora, la
conversación rodó sobre diversos asuo,
tos, pero a la postre, la llevamcs a tra•
tar de lo que nos conveofa en la forma
siguiente:

-En efecto, pap.i, el capitán Pratt
tomó por el cabo de Hornos y el capi•
tán Smitherton dobló el cabo de Buena
Ésperaoza.
EL TIO.
- Toma! uno se dirigfa al Oliente,
mientras que el otro iba hacia el Po·
oieote. Y los dos bao dado la vuelta al
mnodo. A este respecto el doctor Dou,
ble L ..... .
Yo (precipitadamente)
- Capiláo Pratt, usted deberla venir
mañana a pasar la tarde con nosotros,
as{ como el capitán Smitbertoo, para
que nos entretuvieran con la relación
de sus viajes, mientras tanto jugaríamcs
una partida de " hist.
PRATT
-De whist, mi gnerido hijo ? Pero
olvida usted que mañana es domingo,
será otro día.

�KATE
-Pero no, cómo puede ser eso. Ro·
berto no está loco! Hoy es el domingo.
EL TIO
-Justamente. Perfectamente.
PRATT
-Pido a todos perdón, pero no hay
que andarme contando bistorias. Yo sé
muy bien que mañana es domingo,
puesto que •.....
S:'dITHERTON (muy sorprendido)
-Ah! pero en qué están nstedes pen•
sando? «Ayer&gt; fué domiago, si no les
parece mal!

será domingo, y también tiene razón,
será domingo. En último análisis todos
tenemos razón, y de esta manera esta•
mos en la semana de los tres domingos.
S MITH ERTON (después de reflexionar
un rato).
-Saben ustedes qne Kate tiene ra·
zóo. Somos un par de viejos bestias.
Aquí tiene usted la explicación señor
Droldegoujon. La tierra, como usted
sabe, tiene 24,000 millas de circunfe•
rencia. El globo terrestre gira al rede•
dor de su eje, y en esta rotación, en es•
ta giración, recorre del Oeste al Este
toda la longitud de esas 241000 millas en
veinticuatro horas justamente. Me va
usted comprendiendo, señor Droldegou·
jón?

SMITEHRTON (en voz muy alta)
-El c1pitá n Pratt, por el contrario,
al alejarse mil millas de aquí se el\•
cuentra con una .hora de atraso; y cuan•
do ha recorrido las veinticuatro mil
millas tiene nn atraso de veinticnatro
horas. Así es que para mi, ayer era do•
mingo; para usted es hoy, y para el capitán Pratt lo será mañana. Y lo mejor
de todo esto es q ne ninguno de los tres
carecemos de razón. Porque no hay ra-

TODOS
-Ayer domingo? Vaya que no sabe
usted lo que dice!

EL TIO.
-Seguramente, el doctor DJubl ....

.EL TIO
-Hoy es domingo, lo repito . Y creo
saber lo. que digo, q~é diablo!
PRATT
-Pues nol Mañana es domingo.
SMITHERTON
-Todos ustedes ustán locos, lo mis,
mo los unos que los otros. Ayer fué do·
mingo, estoy tan cierto de ello como de
estar sentado sobre esta silla.
K ATE (levantándose repentinamente)
-Ya veo, ya me dí cuenta de lo que
sucede, mi querido papá, y estás con·
denado en el asunto que tú sabes Dé·
jame hablar, y voy a explicarlo todo en
un minuto. La cosa es muy sencilla. El
capitán Smitberton pretende que ayer
era domingo, y tiene razón, fué domin·
go. El primo Baby, mi papá y yo, de,
cimos que hoy es domingo, y tenemos
razón, es domingo.
El capitán Prat sostiene que mañana

SMITHERTON (quitáudoleJa palabra).
-Pues bien, señor, es una velocidad
de mil millas por hora. Ahora suponga
usted que mi barco me lleva de aquí a
mil millas al Este. Naturalrr,eote que
be adelantado una hora justa con res•
pecto a la salida del sol en Londres.
Veo el sol salir una hora antes que us•
tedes. Si continúo en la misma dirección
basta recorrer otras mil millas, habré
adelantado dos horas; si recorro otras
mil millas adelanto una hora más y asf
sucesivamente basta haber recorrido las
veinticuatro mil millas, es decir, des·
pnés de haber dado la vuelta al mundo,
regreso al pu.lito de partida y me hallo
con un adelanto de veinticuatro horas
sobre la salida del sol en Londres; es
. decir que tengo un día de adelanto sobre la hora inglesa. Va usted compren·
diendo?

En esta noche clara.

EL TIO
-Pero Dooble L De ..... .

•• •

Del libro "La Siringa de Cristal."
En esta noche clara salgo a los ventanales
de mi alma, bordados con líricos rosales
El cielo es como una primavera florida
y escucho los lejanos rumores de la vida
que flotan sobre el palio de un panorama inmenso
que finge no lazo azul; y mientras tanto, pienso
que el paisaJe ate~ora un ojo y no oído
abiertos hacia todo lo que no es conocido
para el ojo indolente y en visiones profano,
y al oído cerrado a la voi del arcano;
Allá en el horizonte azul la estrella aquella
es pupila que escruta el embrión de otra estrella.

zón cientifica que baga prevalecer la
opinión de uno sobre la de los otros.
EL TIO
- Ay, mi pobre cabeza . . .. Sea! K~te
esto sí que me condena, como tú ,dices.
Yo, ya se sabe, soy hombre de palabra
y como ha llegado la semana de los tres
domingos, te podrás casar con mi bija,
muchacho, el día que quieras. Tresdo•
mingos seguidos. Voy inmediatamente
a ver al doctor Double L De para sa•
ber qué opina sobre el particular.
Traducido de los Cuentos E xtraordi•
narios, especialmente para
«ARTE Y LETRAS.&gt;

que pronto se abrirá; en ~l confío proscrita
es la nube como una cabeza. que medita;
el eco misterioso que se enreda en el flanco
de las cumbres azules, es un timpa.no franco
a todos los rumores, y en la quietud arcana
los rumores devuelve com? boca lejana,
la luna se entristece y enferma. la laguna
debajo del plateado silencio de la luna ....
Por fin, en esta noche cierro los ventanales
de mi alma, bordados de liricos rosales,

y me siento a soñar iluminado por
el blanco plenilunio del paisaje interior.
GREGORIO' LOPEZ Y FUENTE.

Plegaria
Así no ¡;aedo luchar Jes imposible!
los golpes se suceden con presteza; la
copa rebosante de amargura la llevo
h..sta mis labios y me quema, si a su lí·
quido se aumenta alguna gota, no tomo
má~ licor, tiro la copa !
Tao rudo batallar ya no es combate,
que a. tales se llama, cuando miden las
fuerzas por iguales, y en esta. colosal
contienda los fieros enemigos son gigantes, titanes de fuerzas extremadas, que
en número crecido me acometen .... . .
yo, yo Jtan sólol ¡tan herido! me siento
exanAüe.
En esta noche horrible de martirio
más negra que aquella que pintara, sublime, el poeta florentino; en esta tem ·
pestad; bajo este cielo surcado de cár·
denos relámpagos, en medio el mar, la
barquichuela mía sintiendo el oleaje
9ue la azota con ímpetu feroz, con saña
impía, y en vano buscando en lontanan•
za, la luz de un faro, el desttillo fugaz
de alguna estrella ... . . . se muere mi

esperanza~al'negro con•
juro de las sombras, al
impulso fatal del des•
amparo.
Sigue la mar su horrenda furia, la nave
se desgaja, vuelan sos
tablas y son llevadas a
distancia por las olas
que se encrespao y las
tragan; los monstruos
marinos se apresaran
del botín, los restos dis·
persados a devorar con
ansia, ya cez cano su
aliento envenenado me
sofoca; ya desgarran
DOMINGO DE PALMAS. • Pintor..-scasc~ceuas
mis carnes con sus fau•
del primer dia de la Semana Mayor.
ces; ya la débil tabla que me impide
Y yo deseo luchar sin fin, sin tregua .
hundirme en el abismo, se me esc;;.oa; mas siento que las fuerzas se me acaban
JSeñor, Señor, no lo permitas! De esta y no qneriendo sucumbir en la pelea
horrible oh.caridad rasga los velos, que ltEl lo suplic-,, Señor. no lo permitasl 'li
brille la aurora en lontananza, que luz• has de gustar que yo naufrague, dame
ca ante mis ojos, dulce playa, y allí re• una playa en ·que descanse, dame una
posando las fatigas recompondré mi estrell1- que mis pasos marque. f ~
barca, tomando el descanso necesario,
DOMINGO GARCIA DE LEON.
de nuevo lavaré las anclas, pues es ley
(Angelina Domo di Gorce.)
ineludible ir nave,gando.

�Nuestros lectores saben que Sarah
Bernhardt acaba de recibir la cinta ro•
ja de la Legión de Honor; pero la oue·
va legionaria no es solamente una ad·
mirable artista, es también escultora,
sos obras le han dado el más legítimo
éxito; autora dramática, sus piezas han
sido muy aplaudidas, y escritora, he
aquí uno de sus cuentos:

En esta Isla también nombrada "Isla
Bella," los dramas de la mar son fre·
cuentes y terribles. La población dnlce,
encantadora y cortés, se divide en dos
clases muy distintas: los cultivadores y
las pescadores. Los cultivadores reco•
gen el trigo, el maíz, la avena y las pa·
tatas; los otros pescan el atún, la sar·
dina y la langosta. ~i los unos ni ltJs
otros se enriquecen con sus productos,
y la carne es casi desconocida en los
bogares dt cultivadores y pescadores.
Por tanto, la población no es vigorosa;
las mujeres sobre todo son delicadas Y
finas, nariz recta, cuello flexible, mar•
cha orguUosa y lenta, Los hombres son
de taUa mediana, bien proporcionados;
pero no tienen el vigor aparente del
normando.
La población es orgullosa, y no se
ven mendigos, pero lo que más llama
Ja atención es que el rictus de la risa no
toma Jugar en los numerosos pliEgues
de sus rostros. Hombres y mujeres son
tristes y graves, la frente obscurecida
por lYn recuerdo o úna inquietud. Es
que cada uno tiene un padre, hermano
0 hijo en esa mar mala y azul que está
allí .••... allí . ..... por todas partes, al
rededor de la isla, por todas partes
· donde se detiene la mirada. Viven desde ti~mpos infinitos, rodeados por ese
cementerio movier.te, risueño y feroz;
y cuando algunas veces una carcajada
d·e los niños sale de la choza e ilumina
la mirada de la madre que trabaja en
los campos, se vuelve ésta temblorosa,
asustada por el choque sangriento de
lils olas.

Acampada sobre sus delgadas piernas
resguardando sus ojos bajo su mano pa·
ra ver más tiempo a su hermano que
desaparecia a lo lejos por el camino
que desciende al pequeño puerto de
Bordery, una mucbacbilla de trece años,
seria como una matrona, gritaba: "ten
cuidado de no enfriarte! Hasta la vnel•
tal Buena pesca!"
So he,rmano desapareció, y eUa pe·
netró a su casa a fin de preparar todo
para el regres'&gt; de los dos hermanos.
Pues vivían alli, tres huérfanos socorri·
dos por el Estado, que les pasaba una
ligera pensión. La muchacha vestía de
grao luto: el padre y la madre Goue·
naotin hacia dos añosqne babia. muerto:
él en el hospital a consecuencia de una
mordedura de pescado, después de doce
días de sufrimientos horribles, y ella,
tísica, babia seguido a su marido a los
ocho dias. Si, vivían alli los tres hnér•

fanos. El primo~énitn, de dieciocho
años había partido al alba para la pes·
ca de sardinas, el segunuo de quince
años acababa de embarcarse con so pri•
mo Pedro Maria Goueoaotin para la
pesca de la langosta. Tres se embarca·
ron en el botecillo "El hijo del Desier·
to:" Pedro Maria Gonenantin, Eugenio
Gouenaotio, el huérfano, y Miguel Sam·
zun Izada la vela azul pálida, desapa·
reció la embarcación. El cielo estaba
ligerameute brumoso, teñido de gris; el
viento soplaba del Oste; yo miraba sentada sobre las rocas, soñando con los
grandes éxtasis que impone el mar. Gri•
tos lejanos me hicieron volver la cabe·
za ..... .
Una pareja pasaba dando gritos agu·
dos, sentí un gran terror. Me aprestaba
a alejarme de las rocas, cuaode nuevas
q nejas y so1lc,zos de 11iño llegaron hasta
mí. Al levantar la cabeza, en el islote

donde se levanta el faro de los Potros,
del otro lado de la playa, ví a la tía Pe•
11etier, mujer del gnardafaro, que de
rodillas, agitaba so pañuelo pidiendo
socorro. Algunos obreros que trabaja·
ban cerca, contemplaban la escena al
mismo tiempo que yo. En algunos mi·
n•tos todo el mundo estaba en el islote,
a trescientos metros de la tierra, "El
Hijo del tlesierto" babia zozobrado, con
la quilla al aire, las velas bajo las olas,
y, asido a esa (!Dilla, el joven Eugenio
Gonenantio, con el rostro como un lien,
zo, los ojos cerrados, su cabeza aban•
donada a las olas se mecía. de derecha
a izquierda; yo seguía con aognstia las
horribles peripecias de aquel drama.
El niño no padiendo resistir más, iba a
soltarse. A sus lados, Miguel Samzun,
con las manos crispadas en el borde de
la quilla, exhalaba el grito de alarma,
grito de agonía ronco, sofocado por la
mar. que le tapaba la boca con furor,
qaeriendo guardar sus victimas para
e11a; a cien metros de ellos Pedro Ma•
ria con los remos bajo los brazos de•
saparecfa bajo la oleada; pero rabio•
so y fuerte salió a flote dando un grito
de gozo: acababa de ver al tío Pe11etier
el gnardafaro, que, el primero, babia
oido los gritos, y sin perder tiempo, sin

llamar en su ayuda, había lanzado su
bote al agua.
Era preciso rodear el bote.
-Valor! exclamó Miguel Samzun al
pequeño marinero asido de la quilla:
Valor! Allí está el tío Pelletier, el bra·
vo salvador!
Una ola llegó recta, encrestada, ma•
lévola, envolviendo el bote zozobrado.
Cuando la ola bobo pasado, Miguel ir•
guió la cabeza, hizo un impulso con los
pies para levantarse, la qui11a estaba
limpia. La ola cabalgaba ya a lo lejos,
llevándose entre sns pliegues al niño
desvanecido, desapareció en el torbelli·
no de la corriente; las olas dando vnel,
tas en so derredor se lo disputaban en
nna danza loca,espnmeante, alumbrada
por el sol que aparecía entre la bruma.
El tío Pelletier )legaba a la embarca·
cióo después de haber recogido en su
camino a Pedro Maria; gruesas )~grimas
rodaron sobre las mejillas aznlosas del
bravo guardián. Con una infinita dulzu·
ra deseoganchaba los dedos crispados de
de Miguel Samznn. Hacia tres cuartos
de hora que los tres pescadorP.s lucha·
bao en el agua contra la corriente y el
viento soplaba con bastante violencia.
Desenganchados los dedos de Miguel, se

le instaló en la barca de Pedro Maria y
después de convencerse que no podían
e11contrar al pequeño pescador regresa•
ron al faro.
La tía PeUetier tenia ya preparados
lienzos, medias, sayas, zapatos, todo lo
que era necesario para cambiarlos. Mis
sirvientes habían ido a mi casa a pre·
parar vino caliente con un poco de ca,
nela. Cuando Pe11etier aterrorizado,
seguido de los pobres náufragos, tem•
blorosos y desesperados, el piloto le to,
mó de las dos manos:
-Sois un bravo! Sois un bravo! Le
decía, otro salvameatol
-Ah! respondió Pelletier, pálido y
rabioso, mala obra; hay uoo que se ha
perdido!
Y auaque molido y mojado, ayudó a
los dos pescadores que castañeteaban
sus dientes. Miguel Samzun o.o podía
abrir las manos, le permanecían crispa•
das, hinchadas, con la epidermis blanca
y blanda como la piel muerta.

Pedro Maria de mayor edad, y que
había naufragado ya dos veces, volvió
más pronto en sí; miraba la mar rabio•
sameote y le escuché murmurar un ju,
rameoto salvaje; después encontró el

'

�X

La muerte del Redentor

cordón de su relox, lo sacó de la cintu•
ra y llevándolo a su oido dijo:
-Vamos, no se ha parado.•• .Es un
buen relcxl
Una vez vestidos de nuevo Y recoofor·
tados con el vioo calient,., quisieron saber ¡0 que babia sucedido con la em·
barcadión. U" .rubor empurpureó el
ro\tro de Pedro María al saber que el
Piloto AlPjandro, que babia acudido al
lugar del sini~tro, acababa de ponerla
a flote. Las piernas aún vacilantes.'los
cabellos pegados a .las sienes por el mar
y la angustia, el cuerpo sacudido por
los sollozos r.eprimidos al pensar en el
pequeñuelo, subieron a su barca Y par,
tieron con la vela izada rodeando el
islote de los Potros, pasando ante el co·
queto puertecillo: de Deoborck para de·
tenerse en el her.maso puerto de Bordery. Era preciso prevenir .ª la niña
Gouenantin. Yo caminé por berra y lle·

gué al mismo tiempo que ellos. El mur·
mullo doloroso de la humilde multitud,
fué la que previno a aquella criatura.
Salió al dintel de su puerta, con su
traje negro, su ioqnieta cabecita cu·
bierta con una cofia que semejaban
blancas alas; vió, a lo lejos, pescadores,
campesinos que se agrupaban. Murniu·
llos de piedad llegaban hacia ella, los
miraba lejos todavia, les es:uchaba sus
quejosas palabras y las exclamaciones
que el viento se encargaba de llevar.
Impulsada por una fuerza ioconscien•
te, corrió h~cia el descenso del camino
que le ocultaba a los recién llf gados.
El rostro blanco como el mármol, los
ojos abiertos por la angustia, la niña
comprendió todo en seguida. viendo re•
gresar sólos a los dos pescadores. Hu~
yó, dando un grito doloroso:
-Ha muerto! Ha muerto! gritaba a

los invisibles· de la casa. Ha muerto, ha
muerto! gritaba a los retratos de los
desaparecidos. Ha muerto! Ha muerto
sin confesión exclamaba asiéndose a
los pies de la cruz negra pegada al
blanco muro. Ha muerto! Ha muerto!
murmuraba muy bajo, sofocada por los
sollozos, arrodillada en el suelo con la
cabeza oprimida contra la pi.red y los
brazos extendidos hacia el Cristo.
Y la multitnd de pescadores y cam·
pesioos, con el so_mbrero en la mano
permaoecia fuera: sin exhalar una sóla
palabra, no la encontraban para cooso·
!arla. Yo estaba entre ellos y como
ellos.
SARAH BERNARDT ·
(Tn.dujo Enrique Barberi.)
Ilustraciones de Antonio Gómez.

AQUEL Señor que en el profundo cielo L~ tibia sangre y el su_dor gotea,
Derramó sus magníficas estrellas.
El desamparo y la congo1a crece,
Que lanzadas cual rápidas centellas
Y el cuerpo desangrado se estremece:
Pasan gloriosas con iqmenso vuelo:
¡Ay, infeliz de la nación hebrea!
Aquel Señor que sumergió enojado
Los ojos vuelve al enojado cielo,
El Po¡Jocatepetl y el Himalaya,
Los ojos, digo, pues las ~!ancas manos,
Haciendo de la tierra un mar sin playa Traspasadas con clavos 10humanos,
Do el hombre criminal quedó anegado; De moverse no tienen el consuelo.

,

Privado de su bono r y de su gloria,
Hoy deshonrado, pobre y desvalido,
En la cumbre del Gólgota tremendo, Para más agravar su pesadumbre,
Colgado de una Cruz está muriendo Repasa con amuga certidumbre_
.
Del mundo ingrato la tremenda htstona.
En medio de su pueblo enfurecido.
Hostigada la cólera del Padre,
Cual rápida corriente•se desata,
Y en su furio~o vórtice arrebata
Al discipulo, al Hijo y a la Madre.

Y el Dlo3 terrible, cuy" enojo espanta
La tierra, el mar y el anchuroso cielo,
Un solo palmo no encontró de suelo
Eu que apoyar su lastimada planta.

Sin fuerzas y sediento y de3velado,
Entre el tormento que el verdugo
Dios es la burla y risa de la gente;
. (emplea,
A la izquierda y derecha uo deliocueote, Entre la maldición y el aland?,
Jesús en medio a cargo del sold,do.
Murió por fin a su sudor rendido:
¡Ay, infeliz de la nación hebrea!
IAy de mil ¡Cuál estás, qué diferente
Hoy te presentas del que ser solías,
Tiberio en tanto, eo la estruendosa
Cuando allá en el Tabor resplandecías,
(_Roma,
í,uaodo increpabas a la mar hirviente! Entre el oro y la púcpur. del soho,

�- ·Crónica Social . .. ....,

o:
··· ... ~
~

.,•'

El tradicional "chic" imperante en to·
das las fiestas del "Club Farocé~" va a
tener ocasión de manifestarse eo el aoi ·
mado " Cross Couotry" qoe para Pas·
cuas prepara fiesta, a la qoe como es
lógico. bao sido invitadas todas las agrup1ciooes deportivas metropolitanas.
Elegantes amazonas, y apuestos caba,
lleras, lucirán sus gallardías y habilidades b{pic~s, en la emocionante carrera
de espectáculos.
Y un sucoleoto lunch. servido eo cual·
quiera de los pintorescos rinconcitos de
que t'lo pródigos se moestrao en SAo Ao•
gel o Tlalpam, adecuado y poético marco,
de elegancias y bellt,zas, tanto másado·
rabies cuanto más campestres se os•
teoteo, coostitoirá el bucólico corola·
rio de una de las fiestas má~ jostameote
celebradas por nuestros mundanos.

fable "boobeor" de la presencia de no
ángel que, semejante a alegre y jugue•
tóo rayito de sol, viene a co 1roar de sao·
ta y pura a)Pgria, no amor dicbo5o .
Con tao fausto motivo se babia de
cierta e~pléodida fiesta que la foliz y
aristocrática parej'l, habrá de ofrec"r a
sus oomerosas re),.ciootis, con motivo
del inmediato bautizo del beróico bebé,
continuador de la gloriosa tradición fa·
milar, cuyo jefe. el veterano P ,ócer,
dirige hoy los destinos de México.
S• gurameote acudirá toda la "elite"
a aquellos salones, deseosa de rendir
cariñoso bomeo~j•, en la persona del
oietezuelo, al auga•to anciano.
Y en cuanto al abuelo, quien puede
ignorar, que serlo es ser padre dos ve•
ces .... . . ?
o o o

Al orgnllo del alto Capitolio
Juntaba los placeres de Sodoma.

Pero Jesús con íoclita grandeza,
Entre la execración y los dolores,
Roega por sus verdogos. Y º?resore,,
y moere sin orgullo y s10 vileza.

Cómo es que estás, Señor,tan humillado
Tú. cuya airada faz relampaguea,
Ese que ves tao pálido y sin vida,
Qne si tocas un monte, el moote bornea, Desfigorado so semblante bello,
Qne si tocas el mar, boye espantado ?
Con sangre endurecido su cabello .
y abierto el pecho coa profooda henda;
¿Te has olvidado del honor. divino
Qne debe darte el hombre mt~erable
Ese pobre que a foerza de tormento
¿Dónde apagaste el rayo form1dab1 7?
Ha fenecido a fuerza de pesares,
l Dónde dejaste el trueno y torbellino? Val!\ más que la tierra coa sus mares,
Vale más qoe el inmenso firmamento.
Pneblo irfelizl ¿en qué pudo ofenderte
Ese inocente de coogojas lleno?
Vendrá tiempo en que príncipes y ~a•
Ni qué más pudo hacer no Dios tan bueno
(btOS
Qne por amor a tí sufrir la mnerte?
Doblen ante él sumisos la rodilla,
Y desearán con humildad sencilla .
Bebió por tí Ja copa de amargura,
En sus sangrientos pies poner los labios,
Copa terrible que btber deblas,
y al tremendo patíbulo lo eovias
Colocará su trono reluciente
Eo premio de su amor y su ternura.
Más allá de ese cielo diamantino,
y ante su rostro espléndido y divino
¡Espantoso deicidio, que ~orroriza
El querubín humillará su frente.
Al corazón más duro y dehocuentel
De horror se pone pálida la freotel.
A sus pies pasarán con v~elo inmenso
Ye! cabello también de horror se eriza. Los brillantes luceros, a m1llones,
Que humildes le darán adoraciones
Cateo, rasgando con su _propia.. mano Entre el olor y el humo del incienso.
La misma herida que se d1ó en el pecho
De so alma atroz manifestó el despecho
MANUEL CARPIO.
No la virtud beróica de un romano:

o o o
El sootuoso bogar del Teniente Coro•
nel Lois Fuentes. yerno del Primer
Magistrado de la Nación, siente el ioe·

Nota triste ...... nota trágica. ...• 1
Azrael, el Angel de la Muerte, ha
llamado a las puertas de nuestro exce·
lente amigo y compañero, el diputa.do

Las Bodas de Caoaao por el Varooés.

al Coogreso de la Unión, señor Miguel
Ordorica, quien presa de dolor ioa udi·
to, dolor de los dolores, ha visto dPsa•
parecer de su bogar de luchador, ooa
bij•ta adorad.. presa de feroz, cruel, e
iojo~to manotazo de la Parca .... 1
Y de ~ué modo, Santo Dios .... 1
En el alborozado concierto de los
ju•gos infantiles, ra~g'l el aire de im,
proviso un grito d" agoofa, sútil, pene•
traote, ioteoso, único .... 1
Y el dPstrozado cuerpecillo del ao•
gelito, alegria inefable de propios y
extraños, rueda, iomódl. eosaogreotado·
deshecho, sobre las losas de no pa·
tio .... 1
Si la estimación y el afecto de todos
puede, oo cicatrizar porque ello foera
imposible, pero sí y en cierto modo
adulcigar el tremendo dolor humano, y
porqoe oo . ... esencialmente parifica,
dor, llel{oe ésta jo oto con la nuestra,
recta al corazón adolorido. del infeliz
padre cuyo dolor hace sayo,
EL

C ABALLERO DEL V ERDE GABÁN.

�~====U====-n=====Ar===-tis====ta====J_a_lis-===Gi====e
ns====e=~

Parece que Jalisco ha sido sidmpre
tierra privilegiada para que en ella naz·
can artistas; algunos de ellos, consagra•
dos por la fama mundial, han visto sus
nombres y su~ obras reproducidas por
las publicaciones especialistas de los
grandes centros artísticos del mundo;
otros, más modestos, o menos afortuna•
dos, ejercen su acción en esfera más

El taller del artista Juan H. ·Farías, en Guadalaja•
ra.-Retrato del artista.-La Modelo.-Otro
aspecto del taller.

limitada y se conforman con bacer labor
de educación local
trabajando en medio
de las personas que les
han visto nacer y que
les rodean; labor más
circunscrita. pero no
menos meritoria.
Casualmente hemos
tenido noticia de Juan
Farías y de su obra
artística, modestos él
y ella, y nos hemos
apresurado a poner 'a
uno y a la otra en
conocimiento de nues•
tros lectores. Las dotes
artísticas de Farías se
bao consagrado partí•
cularmente a la deco•
ración, ramo en que
son justamente afamados los esfuerzos de
los artistas de Jalisco,
afición que ha produ•
cido algunas obras
geniales, las cuales han
pasado inadvertidas por
falta de quien las dé a
conocer,

Además de su dedicación al
arte ornamental, el señor Far!as
pinta paisaje, Y su tendencia en
e5te sentido está revelad~ en
las fotografíd.s que acompañan
eStas lineas Y que representan
sitios eltgidos por el artista pa,
ra desarrollar su fantasía pictó·
rica.
'Desgraciadaménte 00 pode,
mos dar nioguna muestra de su
técnica, pues no ha llegado a
nuestras manos nioguna obra
suya, y por lo tanto nos tene-

mosque conformar con dar idea
de sus tendencias artísticas,
reveladas por la elección de su s
sitios.

Ellago de Chapala.-Establos de la hacienrla de
"La Concepción." Cbapala, Jal - Camino
del ~gua Azul, cercanías de Guada•
la¡ara.-Embarcadero en el lago
de Cbapala.

�PAGINAS SELECTAS

ENVIDIA

Y

EMULACION

Por José I NGEGN I EROS.

De acuerdo con los distingos enunciad~s,_ los
clásicos aceptan el parentesco entre la env~dia Y
el odio, aunque sin confundir estas d?s. pas1?nes.
Conviene sutilizar el problema, d1st111gu1endo
otras que se le parecen: la emulación y los celos.
La envidia, sin duda, arraiga como ellas en
una tendencia afectiva, pero posee caracter~s pro•
pios que permiten diferenciarla. Se env!d1'.1 lo
que otros ya tienen y se desea_ría tener, s111t1endo que el propio es un deseo sm esperanza; se cela lo que ya se posee y se teme ~rder; se emula
en pos de algo que otros también anhelan, teniendo la posibilidad de alcanzarlo.
Un ejemplo tomado en las fuente~ afectiv~s
más notorias ilustrará mejor la cuestión. Envidiamos la mujer que el prójimo posee y nosotros

deseamos cuando sentimos la imposibilidad de
disputárs~la. Celam~s l'.1 mujer que ~os pertenece cuando sentimos 111c1erta su posesión, Y temem~s que otro pueda compartirla o quitárno_s,la.
Competimos sus favor~s. ~n noble emula~10n,
cuando sentimos la pos1b1hdad de conseguirlos,
en igualdad de condiciones con otro que ~ _ellos
aspira. La envidia nace, pues, d~l sent1m1ento
de inferioridad respecto de su ~bJeto; los cel~s
derivan del sentimiento de posesión comprometido; la emulación surge, del sentimie_nto de p~tencia que acompaña a toda tendencia expansiva de la personalidad.
.
,
Por deformación de la tendencia ego1sta, algunos hombres están naturalmente _in~linados a
envidiar a los que poseen tal ~upenondad, por
ellos codiciada en vano; la env1d1a es tanto ma-

yor, cuanto.más imposible se considera la adquisición del bien codiciado. Es el reverso de la
emulación; ésta es una fuerza propulsora y fe.
cunda, siendo aquélla una rémora que traba y
esteriliza los esfuerzos del envidioso. Bien lo
comprendió el poeta Bartrina en su admirable
quintilla:
&lt;La Envidia y la Emulación
parientes dicen que son;
aunque en todo diferentes,
al fin también son parientes
el diamante y el carbón.»
La emulación es siempre noble; el odio mismo puede serlo algunas veces. La envidia. es una
cobardía propia de los débiles, un odio impotente, una mcapacidad manifiesta de competir o de
odiar.
El talento, la belleza, la energía, quisieran
verse reflejados en todas las cosas, e intensificados en proyecciones innúmeras; la estulticie, la
fealdad y la impotencia, sufren tanto o más por
el bien ageno que por la propia infelicidad. Por

eso, toda superioridad es admirativa, y toda
subyacencia es envidiosa. Admirar es sentirse
crecer en la emulación de los más grandes; un
ideal nos preserva de la envidia.
La emulación presume un afán de equivalencia, implica la posibilidad de un nivelamiento,
saluda a los fuertes que van camino de la gloria,
marchando ella también. Sólo el impotente, con victo y confeso, emponzoña su espíritu mediocre, hostilizando en su marcha a los aue no puede seguir.
·
Toda la psicología de la envidia está sintetizada en una fábula, digna de incluirse en los libros de lectura infantil. Un ventrudo sapo graznaba en su pantano, cuando vió resplandecer en
lo más alto de las toscas a una luciérnaga. Pensó que ningún ser tenía derecho de lucir cuali dades que él mismo no poseería jamás. Mortificado por su propia impotencia, saltó hasta ella
y la cubrió con su vientre helado. La inocente
luciérnaga osó preguntarle : &lt;l'Por qué me tapas?» Y el sapo, congestionado por la envídia,
sólo acertó a interrogar a su vez: «¿ Por qué brillas ?»

�NUESTRO CONCURSO DE BELLEZA
'-

•

Estamos profundamente satisfechos del brillante éxi\o obtenido por nuestro concurso de belleza femeni na. Apenas lleva dos semanas de iniciado y ya han llegado a nuestras oficinas votos
en tal cantidad como nunca lo habíamos esperado.
Ya otra vez, en circunstancias similares, dijimos q ue al iniciar nuestros concursos lo hecemos
confiados en el favor que nos dispensa el público, pero en esta, como en aquella vez, el resultado ha sobrepasado a nuestras esperanzas.
Cumpliendo con las bases de nuestro concurso empezamos a hacer la publicacaci?n ?el cómputo de los votos recibidos, publicación que continuaremos en nuestros nú'Ileros subsiguientes.
T enernos recibidas, igualmente, fotografías enviadas en apoyo de los votos remitidos: no las
publicaJllOS ahora por haber llegado demasiado tarde, pero en nuestro próximo número comenzaremos su publicación. Votos recibidos hasta el día 9 de Abril de 19q..
Señoritas:
Lucía Zabaleta ............. . .... . 45
El isa Martínez de Ca3tro ........... . ..¡.o
Xochitl Ríos ...................... . 38
Consuelo Tomalen ............. . ... . 3ó
Isabel Rabasa ........... .. ......... . 32
Luz Vizcarra .............. . . ..... . 2Ó
Guadalupe P ardo ............ . .... . 25
Dolores Gaxiola. . . . . ............. . 20
Dolores Iturbide .. ..... . ..... . ..... . 19
Concepción Rubio ......... . ....... . 16
16
Paz García . ......... ... . .
Sara García. . . . . . . . . . . . ......... . 16
Emma Antillón .............. . .. . .. . I :iVictoria 1turbide ... , ........... , ... . q
14
María de l;.i Luz Pérez Gallardo .... .
14
Cata! ina Pérez Gallardo ........ .
Luz Vieira .............. . . . ...... . 13
Eulalia García Cuéllar ..... . ....... . 13
Isabel Corona y Sánchez J uárez .... . . II
9
Paz Córdoba. . . ................. . .
9
Eulalia López &gt;legrete ............ . .
8
Concepción Fortuño.. . ........... .
Paz Luna Elguero ........... .. .... .
7
Car 1ota Morán. . . . . . . . . . . . . . . . .... .
5
Ana Elena Algara ................ . .
4
Elena Pliego ............ . ......... .
4
María Mancebo. . . .. . . . . . . . . . . . . . .. .
3
Jsabel Ibargüengoitia . . .... . ...... . .
3
2
Libia Zapata . . ... . .............. . . .
2
Carmen -Monteverde ............... .
l
Dolores Arcocha ........... . .... . .. .
Javiera Parada .................... .
Ruth Rabasa .......... .. .......... .
A continuación repetimos las bases de nuestro concurso:
¡l'!-,-El concurso durará abierto dos meses; es decir, hasta el 31 de mayo de 1914 a las doce
de la noche.
2l'!-.-Todos los lectores de ARTE Y LETRAS podrán enviar, bajo cubierta dirigida a «Concurso de Belleza&gt; de ARTE Y LETRAS, Apartado 45 bis, México, D. F., el nombre de la señorita que en su concepto sea acreedora a un premio por su belleza, acompañando, si lo estima
conveniente, su voto con el retrato de la señorita agraciad-a, el cual se publicará en las páginas
de nuestro semanario que dedicaremos a ello.
3l'!-.-Cada semana se publicará el cómputo de los votos recibidos y las fotogra fías q ue los
acompañen.
.
4l'!-.-ARTE Y LETRAS concederá tres premios cuyo carácter se a~unciará oportunamente.
5l'!-.-El reimltado del concurso se publicará en un número especial de nuestra revista a la
semana siguiente de la clausura..-del concurso.
En nuestras oficinas se resolverá toda duda que ocurra sobre estas bases, así como se darán
todos los informes que se estimen necesari os por nuestros lectores.

Hermosa fiesta Infantil
Las Sritas. profesoras y alum·
nas de la escuela "Mignel Maria
Rico," ubicada en la seganda ca·
lle de Santa Maria de la Ribera,
organizaron en honor de la di·
rectora del plantel. señora Sole•
dad P. Vda. de Gnajudo, una
fiesta que se efectuó en el teatro
Bernardo García,
Las familias de las educandas,
entre las cuales goza de grandes
simpatias la señora directora,
contribuyeron de manera muy
eficaz al lucimiento de la fiesta;
reproducen algunas escenas de
ella las fotografías que aparecen
en esta página, fotografías que
debemos a la amabilidad de nues•
tro inteligente colaborador el se·
iior J. Tagle y Agoilar.

.r_

�- - TEATRALES - A la hora en que comience a circular
nnestco semanario, los teatros de la Me·
trópoli, fregoteada la cara y vestidos de
limpo, se prepararán a recibir a sus
invitados, una vez pasadas las austeri·
dades y las abstinencias de la época
cnaresmal. Están como los que van a
dar una fiesta en sn casa, y desde tero·
prano van, vienen, corren, se multipli·
can, arreglando piezas, limpiando vajillas, sacudiendo muebles, consultando
libros de recetas, recibiendo lo que
mandan de las casas de comercio. Toda
la semana mayor ha habido el gran tra•
jfn en los coliseos .... carpinteros qne
enderezan las maltrechas butacas, pintores que le dan una mano de gato a
paredes y techumbres, tapiceros que
clavan pasillos, maquinistas que arre,
glan su escenario, escenógrafos que
pintan febrilmente las decoraciones del
estreno sabatino, freganderas qu,e "es,
cobetean" el piso de madera de los fo.
ros, artistas que estudian la obra que
deberá presentarse, saEtres y modistas
que cosen trajes y arreglan vestidos ...
en fin, los preparativos consiguientes en
quien desea sobrepnjar a sus adversa·
rios, y quedar en primer lugar en el
mundo de la farándula.

Hasta ahora, se dice que se abrirán
en esta temporada de Pascua, tres tea•
tres de zarznela, el Principal-&lt;a tout
seignenr, tout honnenr!&gt;-el Colón.y el
Hidalgo; dos de drama, el Mexicano y
el Ideal; otros tres teatros de zarzuela.
aunque de segundo ordeo, el Apolo, el
María Guerrero y el Briseño; y ademas,
los incontables salones de Cine, unos
instal'ldos en coliseos en forma, como
el Lírico y el Alcázar, y otros en salas
&lt;ad hoc&gt; como el Salón Rojo, el Cine
Casino, etc., etc ..... .
Las Compañías han sido reforzadas,
y ya los directores de escena estndian
obras y más obras, por más que relati·
vamente sean pocas las que llegan de
España, y más pocas aún las que hay
escritas en el país. De aquellas, sabe•
mes de "La España de pandereta," "La
boda de la farruca," "La hija del guar·
da," "Los dioses del día" y alguna otra
más de las mexicanas, únicamente uoa
que termioa Pepe Elizondo, y dos qne
también termina el que esto escr:bs
. ... y creo que no hay más.

ººº
Los estrenos sabatioos de la semana

pasada, no brillaron tampoco por su
bondad, ni pudieron ser señalados con
piedra blanca. El Mexicano estrenó un
drama en cinco actos titulado " Jernsalem" de Jorge Rivolet, vertido al espa·
ñol por el gran "Peloogo," el excelente "apache" Julio Necoecbea. Es un
drama cuya tesis consiste en un conflic•
to religioso entre un descreído y no
creyente, asueto sobadísimo de por sí,
y que ya no tiene nada de novedoso.
Si a esto se agregan diálogos pesados,
reflexiones filosóficas, y personajes que
más bien pareced títeres, la verdad es
que no comprendemos por qué "el apache" ~e echó a cuestas tan ímprobo tra•
bajo, y menos comprendemos por qué
la dirección artís:ica del Mexicano se
resolvió a poner en escena ese cole•
brón.
Bien es verdad que como era ya la
última semana de cuaresma, se tenía
que salir del paso como se pudiese; y
por eso el Ideal obró muy santamente
no estrenando nada, y pasándosela con
"La Malquerida" y con la inagotable
"Malyaloca" la cual o poco puede el
insigne Barbaloca, o llega al centena,
río, como se dice malamente en lengua.
je teatral. No sabemos aún con qué ce,

!,a compañia de Zarzuela que debutará hoy en el teatro Colón.,-Fot. Lupercio,

'

"Jerusalem," estreno del sábado próximo pasado en el teatro Mexicano. Fots. Lupercio.

�Teatros extraojeros.-fü Sr. Gimber
nat, del teatro Espa ñol, Madrid.

El teatro en. España.- Las Sta•. Bárceoa~ y Pardo y el Sr. Manrique,
en "En Familia."
vedad abrirá de nuevo sus puertas el
coquetón coliseo de la calle de Dolo,
res, oues la verdad es que las últimas
producciones que han llevado a la es·
cena los dos teatros de drama, no son
para dar fama a sus respectivos auto·
res. Ya vetemos qué es lo que prepa·
ran ambos teatros, deseando, eso si. qoe
no vaya a ser otra "Jerusalem," ni otro
"Premio Nobel," pues entonces si que
estaremos divertidos.
El Colón puso en escena una z.arzoe·
lilla titulada "El Expreso de las 10"

que tiene un libro nada más que regu·
lar, pero en cambio se trae uoa música
de Jo peorcito que hemos oido en ese
género. Si a esto se agrega que la di•
reccióo de escena anduvo algo descnidada, lo que es raro tratán1ose de T i•
r;ido, pues siemore se afana porque las
obras se den como manda Dio~. y que
los artistas, con excepción de Soledad
Alvarez y de Romnaldo, andaban de
cabeza, oo es de extrañar que el públi·
co saliese disgustado del estreno, y a fé
que con sobra de razón.

•

•

•
•

También la Comoañía estará refor•
zada para la temporada que hoy empie•
za, aunque hasta ahora, es decir, la fe,
cha en que esta crónica se escribe, no
han aparecido todav!a elencos de ese
teatro, como es costumbre en todos, pa·
ra saber con qué nuevos elementos
cuenta la Empresa, para proseguir su
campaña, coo algún éxito, máxime si se
tiene en consideración la soberbiaCom·
pañ!a que presenta el Principal, y que
como ya dijimos en otra vez, es de lo
mejor que ha habido eo la Capital, en
ese género.
Hoy se presentarán !odos los nuevos
artistas de este último teatro, con "Los
Picaros Celos," "El Gran Simpático,"
"Si yo fuera Rey!" reducida a un acto,
con lo que ganará la obra indudable·
mente, y "La Alegría del Amor." Los
antiguos artistas de la Opereta, van a
abordar otro género muy distinto; pero
tienen en su favor su innf'gable talento,
su grandisima buena voluntad y sobre
todo, la simpatía del público metropo•
litano.
Tenemos la plena seguridad de que
Carmen Caussade y Consuelo Vizcafoo
i;eráo pronto las favoritas del púbico,
Villarreal y Poncho los mimados de los
"morenos," sin que por eso los demás
artistas desmerezcan en el favor de los
habituales concurrentes al clásico coli·
seo de la tanda,
Los deseos del cronista, por todas y
por cada una de las Empresas que van
a actuar en esta temporada, son de que
sos trabajos se traduzcan en nutridos
aplausos de los "diletaotti," en ovacio·
nes al talento y a la belleza, y en una
lluvia de billetes-pues la plata es hoy
algo tao iotaogible como una estrella-que caiga en las taquillas como un roc!o
bie.ohechor cuando de oómin~s se trate.
ALBERTO MlCHEL.

El teatro en España.- Las Stas. Suárez y Palau y el Sr. Santiago, en
"Los]Leales."

Campeonato

de
Criket

Juegos dél domingo

,

último

en terrenos del Reforma
Athletic Club .

"

�¿Es buena-la vida?~-...
Me disponí:t a escribir sentado ante
mi mesa de trabajo, buscaba la corodi •
nación de mis ideas, cuando sentí de
pronto que un dulce sopor se apodera·
ba de mí: el lápiz se me cayó de la
mano, mis ojos al cerrarse vieron em·
pequeñecerse y alejarse los libros que
circundan la mesi, el ladrido de un
gozquecillo cercano que hacfa tiempo
me importunaba se debilitó, y todas mis
seasaciooes se coofuadíao, se mezcla·
bao, se atenuaban deliciosamente ..... .
y al advertir, apenas, desde el fondo de
mi ser, ese suave y profundo abandono, ese resbalar sileacioso hacia la in•
consciencia, musité ¡si así fuera la
muerte! ••.... y quedé dormido.
Soñé.
Me ví pobre y desampara.do en me·
dio de una soledad inmensa, me ví ca·
minando por una carretera. larga., lar·
ga. como el dolor. A las veras del ca·
mino no había ni un sólo árbol, más
allá de las veras, ni una yerbecilla que
rompiera con su verdor el gris cálido
de esa tierra iafecuuda. El camino se
perdía sin esconderse ea el azul de al•
guoa montaña; di camino parecía una
enorme cicatriz en la faz de aquella
llanura corrugada y triste. Arriba, en
los cielos, ni una nube que me prole•

'

giera de}.,Jmplacable ar.daL~L sol ia.•
diferente. •
Me ví caminar, caminar sin tregua en
busca de alguna umbría para refrigerar
mi cuerpo, de alguna fuente para cal•
mar mi sed, y camiaé en vano, y mis
gritos de angustia eran tragados por un
silencio grande y solemne. Ya. desfalle·
cía, ya tomaba trágica resol ucióo, cuan•
do el sortilegio de una voz bordó en el
espacio con intangibles hilos ésta frase
enérgica y llena de esf)eranza: "!Tuer,
ce tu criminal intento, yo te haré fe,
lizl"
Un baño de tibia leche no bubieu
deleitado mi piel como aquella insólita
y risueña frase deleitó mi alma. Busqué
ansioso el nido de aquel pájaro sonoro
y quedé sorprendido al contemplar uaa
diosa de beldad incomparable, una diosa de formas tao bellas como las de la
Venus de Milo; pero su cuerpo era
transparente como el agua y su cabelle·
ra blanca. y undosa como la espuma,
sus galas era.a los siete colores del iris
que en inquieto vaiven anonada.bao el
alma de maravilla, sn voz cristalina be•
saba el oído con beso de seducción y
un perfume de exética y delicada fres·
cura se derramaba en mi alma inouo,
dando todos mis dolores.
"Diosa, quien quiera que seas, excla·
mé, cayendo de rodillas ¡eres tú la que
buscan los hombres con tanto afán y vano
¡¡rdor? ..•..• ¿qué merecimientos tengo
para que te dignes mirarme y pisar mi

~l Santo Entierro por Tizia0Q1

1

sombra?. . . . 1Habla, babia, ya te escu,
cho, ya muero de ansiedad para saber
Ja fntura suerte que me reservas! . ... .
¿Por qué me ves así, por qué soories
así? No sé si tu mirada y tu sonrisa son
de piedad o de burla. ¿ Y te alejas? .. ..
¡No, Diosa, espera, espera, habla pronto
porque ya desfallezco de sublime te·
rror! Díme, ¡vienes a calmar mi sed o
refrescar mi cuerpo, o vienes a coover·
tir este tristísimo erial en florido ver·
geí?, .... ¡Y aún te alejas más? .. •. Y delirante, e1teodieodo mis brazos en el
vacío, me lancé en persecusión de la
bella y etérea fugitiva. Ella se alejaba
sin ruido, deslizándose y mirándome' y
sonriendo de modo extraño. Corrí, co•
desatentadamente hasta que un bache
del camino que me hizo caer y un gni·
jarro que hirió mi frente, hicieron que
me despertara sobresaltado ..... .
El reloj del mercado daba las doce
en son pausado y fúnebre, el silencio
se hizo después cerrado, impenetrable,
la llama de mi candela bailoteaba bur,
looam_ente y la calavera que tengo so·
bre u_n anaquel sonreía, sonreía ..... .
Para ARTE y LETRAS.

Páginas fe meninas
Si dirigimos una mirada a los añoR
pasados. podemo observar que cada es·
tacióo ha ido trayendo más libertad in·
dividua! en materia de moda, habiendo
cada vez mayor variedad donde elegir.
U aa de las partes más interesantes del
traje, es, en la época presente, la falda,
porque sus lineas determinan, natural·
mente, la silueta de la estación. Puede
decirse que hay por lo rpeoos dos tipos

A la Srita. Concepción Yohle,
cariñosamente.
:MIGUEL A. CEVALLOS.

distintcs que hao recibido la aprobación
de la mujer que viste bien. La falda
recta, que es ideal para el traje seoci•
!lo de calle; y la drapeada; ambas están
coosideradas muy elegantes. La falda
de líoeas rectas puede ir adornada con
uoa o dos túnicas que caeo rectas de la
cintura; en tanto que la drapeada está
dibujada con el fin de seguir el "poli•
!óa" que ya asoma, pretendiendo ser
ampliamente reconocido y aceptado.
Por su puesto que en estas dos raodas
prevaleotes tiene mil variaciones y re ·
velan muchos rasgos agradables.
No importa cuán amplia y bufa.ate sea
la falda abajo de la cintura, todo el muo•
do conviene de que al llegar al tobillo,
debe ser estrecha. Sin embargo en al,
guoos modelos, se observa cierto apartamiento de esta regla, por medio del vol•
teo de la bastilla del borde inferior de
la falda.
Una de las más famosas casas impor•
!adoras acaba de recibir dos ricos mo,
delos, que claramente muestran las ten•
deocias de la moda. Uno es de gabar·
dina (una deliciosa tela que acaba de
hacer su aparición y se emplea para los
trajes estilo sastre.) Los pliegues de la
falda, que es estrecha, se recogen a la
espalda, ligeramente; y en la parte superior va una túnica recta, cortada,
abierta al frente. La cháquetilla corta,
cae suelta en torno de la figura, siguieo•
do al frente el misc:io corte de la túoi,
ca y está sujeta sobre el busto por me~
dio de un sólo botón, El cuello es vuel•
to, formando solapa al frente, y prolon·
gaodo ésta hacia la espalda por medio
de un plisado de satín negro. Las man·
gas terminan en puños estilo chevalier,

ligeramente modificado, y los plisados
de tul se extienden sobre la mano, dan,
do un toque vaporoso a todo el coujun·
to. Sobre el cuello del saco aparece el
cuello de finísimo lino de la blusa bor·
dada que acompaña al traje y que pro•
duce el efecto primaveral tan deseado
por la mujer elegante.
El otro modelo muestra de un modo
evidente el encanto de los sacos suel•
tos. Es de duvt tina en un tono de licio•
so de verde cazador. Esta tela se adap•
ta perfectamente para los pliegues y
drapeados qae se recogen agradai,le·
mente l!lO )a cintura. Comenzando en
laS: caderas, y rod6aodo la cintura a la
espalda, hay un volante plisado de tela
dob le sujeto con una cinta de tercio·
pelo negro. La chaquetilla es de man·
gas muy amplias, con sisa desde la cin•
tura, y puños vueltos. El cuello tam·
biéo es vuelto estando abierto ecf' •la
garganta, y hecho de s~ín de UD tono
más claro que el color del traje. Una
faja ancha termina la chaquetilla, saje•
ta coa un gran botón de az~ bache.
El gorro que acompaña este traje es
de salio drapeado, levantándose a un
lado en una inmensa hoja drapt!ada,
formando pliegues artísticos y sin ador·
no de ninguna clase.
000
Una de las novedades de la moda actual ea mantelería, es la ioaovacióo
que algunas casas francesas, especia•
listas en la materia, presentan ~o la ex,
hibicióa de primavera.

Esta exhibición de telas blancas en
París no es una exhibición para desha,
cers_e de su_rtido anticuado a precios re•
duc1dos; s10O que es una maravillosa
exposición de las novedades del año, y
la dama más ele¡¡aote, así como la mu•
jer de medios más reducidos, visitan
esta exposición; la primera, en las casas
exclusivistas, donde se recibe sólo a
determinada clientela; la segunda, en
las casas más populares, con el fin si
no de adquirir, imitar los primores que
observa con detenimiento. Porque Ja
francesa tiene el arte de imitar con te•
las de clase inferior, las maravillosas

1

confec_ciooes hechas en telas riq11ísimas,
y el talento de darles el sello ioimi1able
del chic parisi110.
En esta exhibición de telas blancas y
confecciones exquisita5, se ve la gran
novedad: los manteles y servilletas de
riquísimo lino, adornadas con tul. En la
mantelería se ve el lino liso y el ada·
mascado.
DELIA.

�Ultimas modelos de Sombreros creados en París.
Sombreros y trajes propios para luto,

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Av. Bolívar 23. (Antes Cjllseo 1)

•••

MEXICO , D. F.

De todas las posesiones de valor para
a mujer, el encaje es la má5 difícil de
conservar bieo, particularmente cuan·
do es muy antiguo; y como ea oca5io·
aes es iodispeosable I warlo, conviene
tener uoa idea del mejor modo de ha•
cer esta operación.
El encaje valioso se arruina muchas
veces debido a qoe se le guarda envuel•
to eo papel blanco. El cloruro de cal
qne se usa para blaoqu ,ar el papel es
muy perjudicial, para las telas delica·
das. y el encaje sufre, cu,rndo ha estado
algún tieoioo envuelto en este papel.
[gua! cosa ocurre coo los pañuelos fi.
oos, servilletas, etc. Papel azul oscuro,
o de cualquiera otro color, es el que
debe usarse para envolver encajes o te•
las finas.
Para lavar el encaje, por frágil y de•
licado que sea, sio que desmerezca ni
se rompa, para que quede como nuevo,
~e arrolla coo cuidado y firmeza eo tor•
oo de una tablita blanca suave, sobre
la que se haya colocado un pedazo de

calicot li mpio y lavado, cosido muy
bieo tendido para que no forme arru•
gas. El encaje se auolla sobre el cali•
cot muy parejo y bien restirado.
Cuando se ha enrollado, se cubre con
una tela suave y fuerte, no muy gruesa,
que se asegura con algunas puntadas.
Se coloca la tabla parada, en ooa vasi•
ja que contenga agua jabonosa, y se
frota fnertemeote coa un cepillo Lue,
go se coloca la tabla dentro de la vasi·
ja cerca del fuego durante cinco o seis
minutos. Luego se saca y se envuelve
eo una toballa blanca, dejándola secar
durante algunos días,
El Aocaje negro oo debe frotarse
nunca; cuando se pooe pardo se puede
renovar el color negro homedeciéodolo
coa una solución de amoniaco o ea uoa
mezcla de leche y agua.
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1

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México.

�Vendemos AGGiones de la
Compañia Petrolera Cuauhtemoc, S. A.
Capital Social Autorizado: $750.000
DOMICILIO SOCIAL: MEXICO, D. F.
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Compañía que ofrt:zca mayores ventajas y que presente por venir más halagüeño.
La Compañía Petrolera Cuauhtemoc, S. A., es sin d isputa la preferida, por razones varias, que
pueden reducirse a TRES principales:
Por su pequeño capital (750,000 pesos) que permitirá a sus accioni,,tas percibir dividendos de mucha importancia.
Por sus magníficos lotes de terrenos situados a orillas de l Pánuco, del Estero de Tamacuil y de
La Lag-una de Tamiahua, en la zona más r ica del mundo; siendo por lo tanto facilísimo llevar lamaquinaria pa.r a las perforaciones y entregar la producción al mercado, sin necesidad de construir costusas tuberías (oleoductos) una vez que hayan brotado los pozos.
Por la confianza que merece a los ~ccionistas el Consejo de Administración, formado por peri-onaJidades intachables y de reconocida competencia.
Por todos estos motivos nos permitimos aconsejar al público, que cuanto antes se suscr iban a
las acciones de esta Compañía que todavía se cotizan al precio de

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VOCALES:
Federico Gamboa, Lic. Francisco S. Carvajal, lng. Santiago Méndez y Méndez, Tomás Rivero,
Julio Franck.
COMISARIO: Manuel Auza. ABOGADO CONSULTOR: L ic. Manuel Septién.
V OCALES SUPLENTES:
Lic. Antonio de la Peña y Reyes, Dr. Fernando Zárra1-:a, Lic. Isauro Bustamante, Lutin do Carriles,
Ing. Emilio R. Osorio, lng. Ricardo López Guerrero, I ng. Baltasar Fernández Cué,
COMISARIO SUPLENTE: I g nacio Raudón Asúnsolo.

�</text>
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                <text>Maneras y Costubres</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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