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                    <text>a~trtélClOf)

Ftí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 25 DE DICIEMBRE DE 1893 _,. _ _ _ _ __

NúM. 626

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

SITUACION APURADA. grupo escultórico de Eusebio Arnau

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cías, como por ejemplo en Ginebra, donde se ha
construido un palacio para la Física y la Química.
Texto. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - El 111aes·
Y aquí cuando este movimiento del «especialis/ro de escuela, por Angel R. Chaves. -Narraciones. E l tío
mo,» que pudiera decirse se acentúa en todas las
Zampona, por J. B. ~nseñat. - N ueJ/ros grabados. -Peque
17as historias. La ca/1111mia, por Enriqueta Lozano de Vil·
naciones cultas; aquf, repito, se disponen á tirar cerches - S KCCI ÓN c1ENTIFICA: Proytólo de palacio atreo.
ca
de dos millones de reales en la aglomeración dé
Grabados. · Situación ap11rada, grupo de E. Arnau. E sestudios en un solo edificio, dejándonos de paso sin
perando que pase, fotografia. Los panales de ]mis, cuadro
uno de los más hermosos edificios de España.
&lt;le Pnupión. - Vistas de Sa11ta11der. -El 1J/ti1110 grito del Redentor, cuadro de J. Brunet- Leo11es en' acecho, grupo de J.
Pero lo verdaderamente vergonzoso, lo que no tiene
Vastagh - Un t rovador valenciano. A ldeana leonesa, cuadr1Js
disculpa
de ningún género, es que la idea de desmode J. Agrasot. '.. La torre colosal &lt;le Wembley y la torre Eil·
char
la
universidad
de Santiago haya partido de hifel. - Proyecto de palacio aéreo. - Un paso difícil, dibujo de
jos de Santiago mismo que, por el alto puesto que
C. Arregui.
en la ci~ncia y en la poHtica ocupan, debieran estar
exentos de ciertas mezquindades, porque la destruc·
CRÓNICA DE ARTE
ción de la obra de Manchado obedece exclusivamente á rencillas políticas de localidad. ¿No parece esto
No hay mal que cien años dure, ni Academia de
increíble? Pues desgraciadamente nada más cierto.
Bellas Artes española que no resuelva los asuntos
En tiempos de la situación conservadora propuso
que se le propongan. Sus sudorcillos les costó, pero
el rector y aprobó el claustro que los ochenta mil
al fin y al cabo salieron del apuro los señores inmorduros que como fundación particular tenía sobrantes
tales de Ja calle de Alcalá.
la universidad gallega se empleasen en construir un
Seguramente que á los lectores de LA ILUSTRA·
edificio ad hoc para la facultad de Ciencias, edificio
CIÓNARTÍSTICA se les habrá olvidado el «asunto» de
que sería de estilo del Renacimiento de la época de
que hablo. ¡Es claro! Después de dos meses, larguitos
los Reyes Católicos, y que formaría el cuarto frente de
de talle, que hace que comenzó la vista de este cula monumental plaza, llamada del Hospital, de la
rioso é interesantísimo pleito, no es de extrañar que
ciudad del Apóstol. Cuando este proyecto, que resno se acuerden de lo que se resolvía en tal litigio.
Y vamos ahora con la segunda ¡,arte de esta Cróni- pondía á las necesidades de la enseñanza moderna y
Pues, sí, señores; la Academia de Bellas Artes de ca¡ parte dolorosa, porque en ella voy á tratar de otro respetaba como era debido al arte, estaba á punto
San Fernando emitió ya su parecer respecto de los cielito grave, perpetrado ya por la Academia de San de ponerse por obra, acaeció el cambio político que
proyectos arquitectónicos y escultóricos presentados Fernando. Se trata de un crimen de leso arte, con- trajo al actual gabinete, fué nombrado otro rector
al concurso, que para elevar en Covadonga una esta- sentido, como he dicho, por la Academia y á punto afecto á ciertas personalidades y el citado proyecto
tua y monumento á Pelayo había abierto la Diputa- de ser perpretado de hecho por personalidades que fué anulado por este otro de que vengo hablando.
Como quien manda, manda, y cartuchera en el cación provincial de Oviedo. ¿Qué parecer fué el emi- debieran no llevar sus enconos y rivalidades polítitido? Ecco t'l segretlo.
cas hasta hacer que paguen los vidrios rotos los mo ñón, se envió este proyecto de crimen artístico á la
Visitaba Posada Herrera cierta iglesia de Roma, y numentos arquitectónicos de España.
Academia de Bellas Artes de San Fernando, para que
hacía su visita tarareando un aire de zarzuela muy en
Lo que se pretende es alzarle un segundo piso al emitiese dictamen (aprobase, es Jo mismo) sobre la heboga por aquellos días (allá por el año de 1844 ó magnífico edificio de la universidad de Santiago de rejía; y en efecto, con tanto celo estudió esta corpora1846), cuando acertó á pasar muy cerca del futuro Galicia para instalar en él la facultad de ciencias.
ción el asunto, que, según malas lenguas, el académico
presidente del gabinete izquierdista un purpurado; y
La universidad de Santiago es el eiemplar más arquitecto ponente afirma en su ponencia que puede
como éste le llamase la atención respecto de la irre- bello del gusto neo-greco del pasado siglo que cuen- desmocharse el edificio por ser barroco, etc. Si esto
verencia con que hacía su visita, el solitario de Lla- ta España. Erigido, como digo, este elegante y so- no es cierto - y tengo para mí que Jo es, pues la pernes le contestó, mientras sonreía socarronamente: berbio edificio :í. fines del siglo xvm coa arreglo :í. sona á quien se lo he oído me merece gran confianlos planos y bajo la dirección del arquitecto Man- za, - estoy pronto á rectificar; pero dudo mucho que
« Estoy en el secreto.»
También por aquí estamos en el secreto de la reso- chado, discípulo predilecto del insigne Villanueva, á llegue la ocasión, porque significaría que á la Acadelución académica. Y esta resolución se parece á la quien sorbiera los sesos en fuerza de adaptarse su mia se le importa tanto de la integridad de nuestros
que Alejandro dió al célebre nudo de Gordio; por- gusto estético; por sus proporciones, por el respeto monumentos y de los fueros de la belleza como á la
que si no es cortar por lo sano declarar que las obras con que ha sido tratado el orden jónico á que perte- luna de que los perros le ladren. Más vale, pUt:s, por
de artistas como Marinas, Alcoverro, Gandarias, nece, por las belllsimas colosales esculturas, obras honra de los inmortales del arte, que se dé como váliQuerol, Parera, Alsina, Folgueras, etc., y las de ar- estimables del escultor Ferreiro, émulo de Sarcillo, da la especie de que emitieron dictamen sin enterarquitectos tan notables como los citados escultores por el magnífico salón biblioteca, que hace dudar si se de nada.
no llenaba ninguna las condiciones exigidas en la por su magnitud y proporciones es digno de compeEs de esperar, sin embargo, que no se lleve á cabo el
tir con el de la Vaticana; en fin, porque es este edifi- proyecto. Creo que si no estamos dejados de la mano
convocatoria, que venga Dios y lo vea.
Ya en la última Crónica exponía los motivos que cio en sola su parte arquitectónica una verdadera y de Dios, alguna casualidad, algo inesperado, venga
obligaron á la Academia á resolver el asunto tan fue. acabada obra de arte, lo que la Academia autorizó á dar al traste con este proyecto que significa una verra de justicia, y por lo tanto no volveré á exponerlos; reviste todos los caracteres de una herejía, más que güenza nacional. Porque de realizarse, dadas las conpero sí diré algo que me baila en el cuerpo y que de una herejía, de un crimen artístico.
diciones meteorológicas de Santiago de Galicia, desFigúrense ustedes un edificio en cuya fachada prin- de ahora pueden considerarse perdidos gran parte
me parece digno de ser tenido en cuenta por alguien.
Se trata de un caso de lesa moralidad La Acade cipal se alza un pórtico formado por cuatro grandes de la magnífica colección cristalográfica que posee la
mia de San Fernando por boca de algunos de sus columnas jónicas con sus capiteles de lo más puro universidad y que perteneció al abate Hauy; el gaindividuos dijo, cuando se conoció el texto de la del estilo, columnas que van desde la gran escalina· binete de Zoología, con más de 2.340 objetos; la coconvocatoria, que era imposible resolver nada, dada ta de acceso al edificio hasta la parte superior de éste, lección de antigüedades, entre las que hay objetos
la obscura redacción de los términos en que aquélla y cargan un ático de hermosas proporciones y severa de arte, arqueológicos, ídolos, sepulcros, etc.; el gabiestaba concebida; pues ni por lo que á las atribucio- línea; que sobre el ángulo superior del ático se eleva nete de Física, con 800 máquinas y aparatos, y para
nes que á la Academia se le concedían, ni por lo que colosal estatua de .llfinerva, armada de punta en blan- no mentar más, la biblioteca, que contiene cerca de
á la parte técnica atañía, la citada convocatoria era co, y que en los ángulos inferiores del frontón cuatro 50. ooo volúmenes y una riquísima colección de maviable. ¿Cómo, pues, aceptó el cargo de emitir dicta- geniecillos también colosales sostienen coronas y atri· nuscritos, entre los que se cuentan una Biblia del
men en un asunto que apriori juzgaba de este modo? butos de las ciencias. Figúrense además que los cuer- siglo x y el libro de rezo de Fernando I de Castilla
¿Por qué defendiendo, como debía defender, los in- pos que forman los ángulos del edificio ligeramente (año 1055).
tereses del arte, que son al propio tiempo los de los salientes, aun cuando menos que el pórtico, están liTodo esto se está hacinando en sótanos y lugares
artistas, no invitó á la Diputación provincial de Ovie- mitados por hermosas pilastras coronadas por capi- parecidos, donde la humedad, los ratones y la polilla
do á que redactase de un modo preciso y claro la teles iguales á los de las columnas del pórtico; que se encargarán de destruirlo, mientras tanto los homconvocatoria? Pues qué, ¿no es un caso de moralidad, aquéllos se apoyan sobre un ancho y elevado zócalo bres destruyen á su vez un monumento de primer
de responsabilidad moral, encogerse de hombros, que al igual del friso corre á lo !argo del edificio, y orden, y desaparece una de las obras más hermosas
dejando que los artistas malgastasen tiempo y dine- tendrán mis lectores una ligerísima idea de lo que es de la escultura regional, la obra de Ferreiro, la estaro en concurrir á un certamen, considerado desde el exterior de la universidad compostelana, á la que tua de Minerva que corona el frontón y que ha veniun princi~io por los académicos como imposible de dentro de breves días se Je despojara del ático de las do presidiendo las enseñanzas que durante una cen•
esculturas, del pórtico, de sus proporciones, para con- turia se dieron á miles de estudiantes que han sido
rea izar en las condiciones dichas?
Pero no es á la Academia de San Fernando :í. quien vertirlo en un caserón vulgar.
honra y prez de la compostelana escuela.
Y Jo más censurable, es que llevando al edificio
únicamente coge de lleno este caso de lesa moralidad, caso que va repitiéndose con bastante frecuen• de la universidad la facultad de Ciencias (ú otra
R. BALSA DE LA VEGA
cía en esta tierra, que parece dejada de la mano de cualquiera, que para el caso es lo mismo) se comete .......,.,... ,,••••••,.,...,,.,,.,~..,,.,,.,,1•,,..,1•,.••••••·••,1•••·••1•,,•,,,.•, .•, ..,,.,,.••, .•.••,r....,,.,,..., ..•..., .. ,••,
Dios en todo y para todo. También la Diputación un hecho de atavismo estupendo en materias de enEL MAESTRO DE ESCUELA
de Oviedo es responsable, en otro sentido, de ese señanza, que pone, desde el ministro de Fomento
mismo delito. Si quería dar á un hijo de la tierra hasta el rector de la universidad compostelana y á
(EPISODIO DEL A~ O 9)
motivo para que, como escultor, luciese sus aptitu- cuantos intervinieron é intervienen en el asunto, en
el
ridículo
mayor.
des en una obra de empeño, pudo haberlo hecho.
I
Sabido es que las nuevas corrientes de la enseñanMucho más noble, mucho más leal, mucho menos
Lo recuerdo como si lo estuviera viendo ahora.
censurable hubiera sido ese proceder, que no el de za superior, y especialmente de la científica por su
redactar una convocatoria que se presta á veinte in- complej'o y cada día más amplio conocimiento y es· Con aquel casacón color de ala dt: mosca, corto de
terpretaciones distintas, dejando as( un portillo abier- tudio, requieren espacio y aislamiento. Y tan es esto talle, largo y amplio de faldas¡ con aquel gorro de alto siempre por donde escurrir el bulto y hacer al cabo cierto y tan se ha aceptado como una necesidad esto, godón del que se escapaban dos mechoncillos de
que en Inglaterra, en Suiza, en Alemania é Italia y cabello gris; con aquel calzón corto tan falto de pelo
Jo que queda, lo que pudo hacer.
No sabemos todavía Jo que acordará la corpora- en el mismo Portugal se construyen separadas del como sobrado de lustre; con aquellas medias acribición provincial asturiana en vis_ta del fallo, ó mejor edificio matriz que pudiera llamarse al de la univer- lladas de cicatrices, que tanto hacían resaltar la invedicho dictamen de la Academia de San Fernando; sidad, otros edificios, no ya para instalar la enseñan- rosímil delgadez de sus piernas, como lo desmesurapero dícese que ya desistió de hacer el monumento. za de facultades, sino simplemente para la de Cien- do de unos zapatos de cordobán pretenciosamente
SUMARIO

Si esto es asf, la formalidad de aquella corporación
no queda muy bien parada que digamos. Si no es
esto verdad, y convoca á nuevo concurso, lo hecho
será siempre censurable; s1 se determina á darle la
ejecución de la obra al escultor asturiano aludido, el
caso de responsabilidad moral podría convertirse en
un caso de responsabilidad material. Y desde el punto de vista artístico la provincia podría exigirle también resppnsabilidad; pues es de suponer que el proteccionis/110 regional no alcance hasta el extremo de
dar medio millón de reales por una obra de arte que
no tiene aprobación oficial ni del público, y sí sólo
de algupos amigGs y admiradores•del artista asturiano. Y cohste que réconozco en 6sle es··ultor condiciones y mérito salientes; peto' este mérito y estas condiciones no los ha revelado ciertamente ahora. La
justicia reclama que así se haga constar. Ni como dibujado, ni como interpretado el Cllrácter legendario
de Pelayo, ni como estudio de indumentaria el modelo para la estatua del vencedor en Covadonga, exhibida por el escultor de quien hablo, era aceptable.
Corta y pesada la figura, falta de movimiento, vistiendo armadura y calzando calzado de época muy
posterior al siglo vm, este modelo no podía parangonarse con el que tenía Spes Patria por lema.

NúMERO 626

NúMERO

626

LA

adornados de relucientes hebillas de cobre; y
sobre todo aquella nariz
aguileña, aq u e I rostro
desmesuradamente largo y puntiagudo y aquellas manos sarmentosas
y des~ed_idas, de seguro
que s1 mis entonces escasísimos conocimien.
tos literarios me lo hubieran permitido no
hubiera podido rr:irarle una sola vez· sin que
viniera á la mi memoria el recuerdo de aquel
dómine Cabra, que con
tan gallarda donosura
pinta Quevedo en su
obra titulada Vida del
Gran Taca,io.
En cuanto á la escuela tampoco la olvidaré
mientras viva. Dos largas filas de bancos simétricamente colocados
ante dos mesas de las
mismas dimensiones
que ellos, y exornados
de raídos cartapacios de
badana y de amarillentas muestras de correctísima escritura; cuatro
descomunales cartelones conteniendo las
veintisiete letras del alfabeto, unos ejercicios
de sílabas y las tablas
de sumar_ y multiplicar,
y una tanma en la que
á guisa de trono se levantaba el vetusto sillón
del maestro, de uno de
cuyos brazos pendfan la
aterradora palmeta y las i
temidas disciplinas: ta- !_
les eran los enseres más
notables de aquel que
pudiera llamarse empo-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1

.
==:
-

~

..,,,.,

\~

l

KSPKRAK DO

QUI•: r.\ SE,

fotogrnífa de Mr. Lee La Trobc Bntcman

rio del saber y fuente
de toda cultura en el
modesto lugar en que
me cupo en suerte nacer.
Sin embargo, durante
los muchos ratos de abu·
rrimiento que pasaba
sentado en aquellos duros, pero honrados ban· 1
cos, no era nada de aquello lo que fijaba mi atenci ón. Ni siquiera los
puntitos achocolatados
que, sin duda para probar su puntual aplicaeón y asistencia, dejaban todos los veranos
las moscas en las mal
enlucidas paredes, ni
menos aún los manojillos de hierbas medicinales que pendían de las
ennegrecidas vigas de la
techumbre atraían mis
distraídas miradas.
Lo que, sin saber por
qué, contemplaba horas
y horas, hasta que la caña del preceptor venía
á sacarme de mi arrobamiento, era un cuadro
que, bajo un doselillo
de seda desteñido, pendía de un clavo sobre el
sillón presidencial.
La particularidad de
aquel mediano grabado,
que á lo que discurro
debía ser un retrato de
Carlos IV, era que precisamente sobre el rostro d el bondadoso monarca se había pegado
recientemente un papelillo en que se leían estas palabras, escritas en
rasgueada cursiva: Vale
por Don Femando VII,
.N.

s.

LOS PAÑALES DE JESÓS,

cuadro de Paupi6n _(Salón de los Campos EHs;os, 18?3)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 626

Los ruid0s que entonces se oían no podían conAllí la vida se deslizaba con tan desesperante mo- ovejas, que de esto no estoy muy seguro, nada menos fundirse con otros. Primero las ruedas de la artillería
notonía que no notábamos más diferencia entre· un que á general de los reales ejércitos de entonces, la sacando de su lugar los guijarros del camino; después
día y otro que la mayor ó menor proximidad del do- puerta de la escuela se abrió de golpe, dejando paso el trote, y más tarde el piafar de los caballos, y por
mingo, aquellas veinticuatro horas felices en que no á la ilustre personalidad del tío Cornejo, viejecillo último, el acompasado son de los ferrados zapatos de
quedaba un nido en los árboles ni una zarzamora en que desempeñaba las dobles funciones de ministro la infantería hundiéndose en el fango y quebrando el
de justicia y de secretario-amanuense de la primera
los setos.
hielo de los arroyos, llegaron á nosotros tan distintaA la misma hor:i. entrábamos en la escuela, forma- autoridad local, que dicho sea de paso, por no saber mente que ya no hubo lugar á la duda. Entonces sí
dos en correcta fila, repitiendo con soñolienta cantu- firmar, autorizaba con una cruz cuantas disposiciones que con razón podía decirse: / Ya están ahí!
ría la oración dominical; á la misma hora cantaban á emanaban de su poder.
Media hora después, con efecto, la división fran- ¿Qué ocurre?, preguntó el maestro comprendiencoro los pequeñuelos el a, e, i, o, u; á la misma hora
cesa
entraba en el pueblo.
nos entregábamos los mayores á la difícil tarea de do que de algo grave se trataba.
La resolución del alcalde no podía haber sido más
Que
tenemos
á
los
franceses
á
dos
jornadas
de
trazar palotes y rasguear curvas; y sin discrepar en
acertada. Aun contando con grandes recursos, resistir
un minuto siquiera, dábamos nuestras lecciones de aquí, contestó el alguacil lanzando chispas de sus á tan imponentes fuerzas hubíera sido tan temerario
catecismo, gramática y aritmética, y después de besar ojillos pardos, y que el señor alcalde, que está re- como inútil. Aquel era un verdadero ejército que ciurespetuosamente la mano del maestro sa~amos á"la uniendo en su casa á las personas más notables del dades bien defendidas no hubieran podido rechazar.
calle como bandada de pájaros, á la que compasiva pueblo, me encarga le avise. Conque ahora mismo,
Prueba de ello fué que las boletas de alojamiento
ó impremeditada mano hubiera abierto la puerta de que para luego es tarde.
sólo alcanzaron á jefes y oficiales. La tropa no tuvo
Y
sin
aguardar
contestacióR,
giró
sobre
los
talones
la jaula.
'
otro recurso que acampar en las eras.
El más perfecto de los cronómetros modernos no añadiendo:
I ,os vectnos todos aceptaron con la resignación de
De
aquí
á
después,
que
en
otra
parte
hago
falta.
hubiera podido sostener competencia de regularidad
la
impotencia á sus huéspedes. Estos, que debían veEl preceptor tampoco se tomó el trabajo de res·
con aquel vetusto artificio, en el que la rueda á que
nir
rendidos de una gran marcha, sólo pensaron en
estaban subordinadas las demás de la ·máquina pare- ponderle. De un salto se lanzó del sillón, y sin decir- descansar. El último que quedó en la plaza fué el genos
siquiera
si
tardaría
ó
no,
se
precipitó
á
la
calle
cía incapaz de descomponers~.
neral que mandaba la división, rodeado de su estado
Sin darnos cuenta de ello, para nosotros el maes- con una ligereza que no hubiéramos sospechado en mayor y de una numerosa escolta.
tro era un astro que tenía marcadas con tanta preci- sus largos años.
Por un azar de la suerte, á aquel veterano de las
Excuso decir que un momento después en la essión en la órbita que describía las horas de su orto y
guerras
de la República le tocó alojarse en la escuede su ocaso, que más natural hubiéramos encontrado cuela reinaba tal baraúnda y gritería, que no se hu- la, y á ella se dirigió precedido de unos cuantos solque el sol se detuviera en mitad de su curso que no biera dicho sino que todos los ejtrcitos de Napoleón
dados.
que él descuidara un solo segundo el más insignifi- se habían apoderado ya de aquel olvidado rincón de
Cuando llegaron á la irregular plazoleta en que
nuestra
patria.
cante detalle de sus trascendentales funciones.
ésta se levantaba, sobre la puerta, que estaba cerrada
Sin embargo, la prueba de que la infalibilidad no
á piedra y lodo, hubo necesidad de descargar el peexiste en lo humano, es que de repente todo camsado aldabón.
bió. El que siempre había tenido puestos sentidos y
Por el pronto nadie contestó; pero apenas se haDe
allí
á
una
hora
el
maestro
entraba
de
nuevo
en
potencias en que nada discrepara un punto, se olvidó
bían apagado los ecos producidos por el ferrado marla
escuela,
y
contra
lo
que
todos
temíamos,
ni
se
completamente del cumplimiento de sus deberes.
tillo, una de las ventanas giró premiosamente sobre
Aquel infatigable puntero que no dejaba un solo fijó en las huellas de nuestros pasados excesos.
sus goznes, una voz ronca y destemplada gritó: ¡ Viva
Su
rostro
lívido
y
desencajado
estaba
surcado
por
día de marcar vocales y consonantes, durmió largas
Fernando VIII, y una nutrida descarga hizo estremelas
lágrimas;
su
paso
inseguro
y
vacilante
delataba
la
semanas el sueño de los justos en apartado rincón;
cer los ecos de las solitarias calles.
las planas quedaron sin corregir; las faltas de asis- fiebre que le consumía; sólo sus ojos, á que parecía
Después todo volvió á quedar en silencio, y los
haber
acudido
toda
su
fuerza
vital,
llameaban
á
im•
tencia pasaron inadvertidas; la ominosa y orejuda
franceses, dejando en el campo un muerto y dos ó tres
pulsos
de
una
cólera
tan
impotente
como
mal
re·
cabeza de burro se cubrió de polvo, y hasta en la parheridos, juzgaron prudente emprender la retirada.
te cóncava de la palmeta comenzó á tejer tranquila- primida.
¿Quién sabía lo que pudiera ocultarse en aquel al
¡Hijos
míos,
sollozó
dejándose
caer
en
un
banmente una araña su sutilísima tela.
parecer débil reducto?
co,
por
primera
vez
mi
voz
ha
sido
desoída!
El
pueEn fin, á tal estado habían llegado las cosas, que
blo
se
rinde
sin
lucha.
Mañana
en
nuestros
honraya no era extraño que alguna precoz inteligencia de
V
aquel plantel de sabios de cinco á doce años mur- dos hogares habrá puesto su aborrecida planta el inmurara de tiempo en tiempo á nuestro oído, con una vasor. Ya no hay escuela. Sois libres.
Pocos minutos después una compacta columna
Y al decir esto ocultó el rostro entre las manos
vocecilla entre condolida y misteriosa:
avanzaba hacia la escuela, que se mantenía en su pricon
tan
profundo
dolor,
que
ninguno
se
atrevió
á
- No cabe duda, el señor maestro ha perdido la
mitiva é impenetrable hostilidad. Por dos veces la
moverse.
cabeza.
Después volvió á alzar aquella frente venerable misma intimación volvió á repetirse, y por dos veces
que quizá por primera vez en nuestra vida veíamos con el mismo grito y con la misma descarga contesIl
despojada del inseparable gorro de algodón; irguió el taron desde dentro.
Entonces los sitiadores rompieron á su vez el fueenjuto
cuerpo que en aquel momento tenía toda la
Cuando esto sucedía acababa de dar comienzo el
majestuosa altivez de las estatuas de la antigüedad, y go. Las balas al embotarse en la argamasa de que
año de 1809.
estaban formados los muros, parecían caer sobre una
Poco más de seis meses iban transcurridos desde tendiendo la mano sobre nuestras cabezas con lamatumba. Ni un gemido, ni un grito de esperanza ó de
jestad
de
un
pontífice,
pronunció
estas
palabras:
que la nación entera había declarado la guerra á
desaliento se oía en el interior.
Por
si
no
nos
volvemos
á
ver
aquí
abajo,
no
olNapoleón, y cinco mal contados desde que nuestro
¿Habrían huído los sitiados? ¿Habrían renunciado
pueblo, imitando el ejemplo de todos los de España, vidéis nunca que el que ha sacrificado su vida por á defenderse? Nadie se atrevió á decirlo. Lo cierto
inculcaros
sus
escasas
luces,
os
bendecirá
siempre
había lanzado el reto en una proclama, de la que aún
era que, como no hay peligro que imponga tanto coconservo copia, y que, como redactada que estaba desde allá arriba como lo hace ahora.
mo aquel que no se conoce, nadie osaba avanzar.
Acto
seguido
nos
señaló
la
puerta.
Todos
sentipor el digno maestro, era un verdadero modelo de
Por fin, un granadero, más decidido que los otros,
mos
fervientes
deseos·
de
besar
aquella
mano;
pero
la retórica ampulosa y altisonante que tenían en
llegó hasta la puerta y la sacudió violentamente con
ninguno
de
nosotros
se
atrevió
á
llegar
á
él.
moda por aquellos días los más encopetados precep•
De mí sé decir que nunca, ni aun en los días en la culata de su fusil. Esta era tan débil que al seguntistas.
que
la vergüenza del castigo me bacía huir de las mi- do golpe cayó convertida en astillas.
El efecto de ella fué que tanta prisa se dió la genAl verlo los más próximos se adelantaron resueltate moza á abandonar sus hogares para incorporarse á radas de mis compañeros, salí tan triste como aque·
mente con ánimo de penetrar en aquel amenazador
lla
mañana
de
una
escuela
en
la
que
al
cabo
y
al
fin
los irregulares ejércitos que se estaban formando, que
recinto; pero á los primeros pasos retrocedieron. Pimucha parte de ella alcanzó á regar con su sangre había pasado las horas más felices de mi niñez.
sar aquellos ámbitos hubiera equivalido á poner la
los primeros laureles conquistados por nuestras arplanta sobre el encendido cráter de un volcán.
IV
mas, muriendo como buenos en la gloriosa jornada
A los pocos momentos, de la escuela no quedaba
de Bailén.
más .que un informe montón de escombros. Cuando
Aquella
noche
nadie
en
el
pueblo
durmió.
Lo
misSi la escasa atención que nuestra edad prestaba á
se apoderaron de ellos los invasores sólo encontraron
los trascendentales sucesos que se. estaban desarro- mo los chiquillos que los viejos, lo mismo las mujelos cadáveres de seis ancianos. Aquel era todo el
res
que
los
hombres,
asomando
tímidamente
la
ca·
llando en nuestra patria nos hubiera permitido fijarejército que había logrado reunir durante la pasada
beza
por
las
ventanas
espiábamos
en
la
sombra
todo
nos en detalles, ya entonces hubiéramos notado innoche el que me enseñó á conocer las letras del alfaequívocas muestras de intranquilidad y azoramiento ruido; ora el fatídico y lejano aullar de los perros,
beto.
ora
el
lúgubre
aleteo
de
las
lechuzas
buscando
aceien nuestro venerado preceptor.
te
en
las
lámparas
de
la
iglesia,
nos
hacían
exclamar
Una ile ellas fué, que olvidado sin duda de que no
VI
estaban nuestros cerebros preparados para tan fuer- con desaliento: / Ya están ahí!
Por las desiertas calles no circulaba nadie.
tes alimentos, dióse á narrar y comentar con tan deCuando algunas horas después, ya todo calmado,
Sólo de tiempo en tiempo, una como á modo de
nodado ahinco los grandes hechos de la historia, que
pude, burlando la vigilancia de mi padre, llegar acomnegra
fantasma
cruzaba
con
vacilante
paso
el
arroyo
en breve tiempo y á fuerza de repetirnos los nombres
pañado de otros chiquillos de mi edad al teatro de
de Sagunto y Numancia, de Leonidas y Epaminon- y se detenía delante de una puerta á que llamaba
aquel inimitable acto de heroísmo aún alcancé á ver
con
timidez.
A
poco
volvía
á
salir
y
continuaba
su
das, convirtió nuestras infantiles cabezas en verdadelos inanimados despojos del que ~antas veces había
peregrinación.
ras ollas de grillos.
contemplado
sentado en el vetusto sillón y coronado
Algunos
al
verla
cerraban
con
supersticioso
miedo
Sin embargo, como nada estaba más lejos de nuespor aquel cuadro en que se leía el Vale por Fernanlas
ventanas.
Otros,
más
valerosos,
aguardaban
á
que
tro ánimo que enlazar sucesos al parecer tan heterodo VII.
géneos, forzoso fué que algo más á nuestro alcance un rayo de luna la iluminara de lleno, y decían enEl incendio y las ruinas parecían haber respetado
tonces
con
extrañeza:
acaeciera para que al fin, desgarrado el velo, viéramos
la venerable figura del preceptor. Mientras los cuerEs
el
maestro.
claro en la pretendida obsesión mental de nuestro
Después ya nadie volvía á ocuparse de aquel inci- pos de sus compañeros yacían carbonizados por las
Mentor.
dente.
Lo que preocupaba á todos era la llegada de llamas ó destrozados por el hundimiento en él no
El caso fué que una mañana en que estábamos em~abía ~ejado la muerte otra huella que el ~egro agulos
franceses.
bebidos oyendo la relación de las estupendas haza¡ero abierto en su pecho por una bala.
Por
fin
los
primeros
albores
de
la
mañana
convirñas de un tal Viriato, que allá en los tiempos del rey
Muchos años han pasado desde aquel día, y su
que rabió había llegado de pastor de cabras ó de tieron los vagos temores en desconsoladora realidad.

�LA

NúMERO 626

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 626
Ha venido

a

mucho
la enfermita y simpatizaba con el músico
que con tanta predilección la distinguía. Vicenta se
espontaneó con el tío Zampoña.
Refirióle que la madre de Trini habitaba un entresuelo en el número 15 triplicado de la calle de Gé-

te de su esposa, cayó en una -gran postración, que
imagen, tal como la vi por última vez, la tengo consamenazó convertirse en seria enfermedad. El médico
tantemente ante mis ojos. Entonces no pude com·
le aconsejó un viaje para distraerse. Su oficio de heprenderlo, pero después he creído muchas veces que
rrero .no se prestaba á buscar recursos viajando. Conaquellos labios contraídos por la muerte nos estaban
tratóse, no obstante, á bordo de uno de los grandes nova. Era una mujer hermosa, muy ligera de cascos,
dando la última y más provechosa de sus lecciones.
Indudablemente desde más allá de esta vida pere- vapores de la Transatlántica, que salió por aquellos con coqueterías de niña, á quien fastidiaba tener una
días del puerto de Barcelona para la capital del ar- hija tan alta que la hada vieja cuando aún quería
cedera nos estaba diciendo: «Siempre que el extranpasar por muy joven. Por esto nunca salia con ella,
jero intente apoderarse del más humilde rincón de chipiélago filipino.
Margarita quedó al cuidado de una tia anciana,
y daba pruebas de no quererla mucho.
nuestro suelo, imitad mi ejemplo. Cuando no se puecuyas necesidades ayudaba á cubrir con su salario de
Trini vivía con la doncella y pasaba muchos días
de vencer, se muere.»
oficiala planchadora. ¡Qué temporada tan angustiosa sin verá su madre; era enclenque, delicada, cariñosa,
ANGEL R. CHAVES
pasó entonces la muchacha, temblando á un tiempo impresionable, y sufría mucho de verse privada del
por su padre, por ,u prometido y por el fruto de sus
..... ,.,,.,•,,t,,,•••••••••••••••••'•J••••••••.,••••••••••l'u'••''" •• ••'••''"',,~,,•,,•,,,,,.,,,,,,,,,,.,.,•,,1,,,,.,,,.,,.
amor materno.
amores que llevaba en su seno!
- ¿Y su padre?, preguntó el anciano.
El amante no había de volver. Pereció en un nauNARRACIONES
-Nunca oí mentarlo en la casa, contestó Vicenta.
fragio en el Canal de la Mancha.
Y añadió acentuando sus palabras con una maliciosa
EL TÍO ZAMPOÑA
Antonio volvió á los seis meses, muy avejentado y sonrisa: Si la señora ha sido siempre tan casquivana
más
abatido que antes de su partida. Al abrazar á su y ligera, puede que ni aun sepa quién es el padre de
Todo el que, el pasado invierno, transitó alguna
vez, de una á cuatro de la tarde, por la plaza de la hija, le pareció que se la habían cambiado. Vióla tan la criatura.
El tío Zampoña siguió más triste que antes el caIndependencia, en la muy heroica villa de Madrid, pálida, tan débil, tan triste, que presintió una nueva
encontróse, sin duda, con un pobre viejo, alto y tie- desgracia. Observóla con atención y no tardó en com- mino de su casa, mientras la doncella se alejaba por
so como un poste, de largos bigotes, blancos como prender su estado.
Recoletos en un coche del tranvía.
A la idea de su nombre deshonrado y de su hija
Al día siguiente cambió de ruta para irá la Puerta
su recio cabello encrespado, de apergaminado rostro y aire marcial, que ora en la Puerta del Retiro, seducida, el antiguo soldado montó en cólera, y pro- de Alcalá, pues pasó por la calle de Génova y se deora en una de las esquinas de la Puerta de Alcalá, se rrumpiendo en imprecaciones y amenazas, exigió el tuvo en frente de la casa número 1 5 triplicado, espe·
estaba todos los días, á las horas de más tránsito, to- nombre del seductor para obligarlo á reparar su fal- randa ver entrar ó salir Vicenta, á quien deseaba
cando aires marciales con el instrumento cuyo nom- ta. Cuando supo que el culpable había mu~rto, des- preguntar cómo seguía la enfermita.
Después de un cuarto de hora de espera, _r~trocebre le pusieron por apodo los bebés que iban y ve- cargó su cólera sobre Margarita. Ciego de furor, la
expulsó de su casa y la maldijo.
dió de pronto, como espantado por alguna v1S1ón.
nían de aquel parque.
La muchacha huyó sollozando como una loca.
A pesar de su aspecto rudo y mirada triste, los ni- Antonio,
La madre de Trini salia en coche.
acometido de una fiebre intensa, fué lleños solían pararse á escuchar los aires del músico caEl viejo vaciló, apoyándose en la pared para so•llejero, y pedían á sus acompañantes una perrita pa· vado al hospi:al, donde estuvo ocho días entre la vida y tenerse, al ver que aquella joven señora, ricamente
la !Iluerte. La naturaleza, ayudada de la ciencia, venció ataviada y tendida en una victoria, era Margarita, su
ra dársela al tío Zampoña.
Al verse rodeado de cabecitas angelicales, el po- al mal. Después que el enfer.mo hubo recibido el al- propia bija, en busca de la cual había peregrinado
bre viejo se transformaba completamente. Su sem- ta, se encontró en la calle sin fuerzas para trabajar y siete años, viviendo de limosnas y sufriendo toda clablante adquiría una dulzura infinita, que él comuni- sin recursos para vivir.
de penalidades.
Su primer cuidado fué correr en busca de su hija, se Cuando
caba entonces á su instrumento, arrancándole notas
Antonio volvió de su estupor, el coche
impregnadas de melancolía, y sus ojos se extasiaban para llevarle su perdón; pero en vano recorrió toda doblaba ya la esquina de la calle de Argensola. Encontemplando aquellas caritas risueñas, achicadas la ciudad. Sus pesquisas resultaron infructuosas. No tonces sintió que un pesar inmenso le invadía el copudiendo resignarse á perder para siempre á su hija
por abundantes bucles y anchos sombreros.
razón.
El tío Zampoña debía vivir solo, porque nadie le desventurada, resolvió recorrer toda Cataluña, y aun
Si mucho había sufrido imaginándose á su Margatoda España si era preciso, hasta encontrarla. La po- rita, ora arrostrando una vida angustio5a, ora sucumacompañaba, ni cuando venía por la nueva calle de
bre debía haberse refugiado en algún rincón del mun- biendo al hambre y la miseria, más sufría ahora, al
Alfonso XII á tomar posesión de su punto estraté·
do
para ocultar su vergüenza.
gico, rti cuando su silueta desaparecía entre las neverla prostituida en los cenagales del lujo, quizá sin
¿Pero con qué recursos iba á realizar tan aventu- un piadoso recuerdo para su anciano padre, sin un
blinas de la tarde por la ancha calle de Alcalá, la
.rada peregrinación? El afligido padre acordóse entonpoco de amor para su desventurada hija.
hora en que se encendían los faroles.
ces de una vieja zampoña que había tocado hábilConsideraba á su público infantil como una espe¡Desalmada! Merecía que él la esperase allí mismo
mente en sus mocedades y que yacía olvidada en el
cie de familia. Desde el bebé que andaba apenas,
para echarle en cara su conducta y maldecirla otra vez.
Pero no. ¡Sabe Dios quién había sido el principal
hasta la mocita que ya mostraba las primeras coque- fondo de un arcón, en la buharda que había ocupado
causante de su desgracia! Él, su propio padre, la hatería.s de mujer, todos le eran conocidos. Y aquella Margarita.
, Los entumecidos dedos del anciano obedecíañ con
bía precipitado quizá en el vicio y la deshonra al
gente menuda, lujosamente vestida y llamada en su
dificultad á su tenaz empeño; pero á fuerza de ejerci- arrojarla de su casa. Cierto es que al día siguiente
mayoría á ostentar aristocráticos nombres
herecio, el improvisado músico dominó pronto su instru- estaba arrepentido de su dureza, dispuesto á trocar
dar títulos y fortunas, devolvían al pobre viejo sus
mento, en el cual tocaba de preferencia las marchas en bendiciones su maldición paterna; cierto que en
cariñosas sonrisas.
y pasos dobles que atln recordaba de haberlas oído
Entre sus dadivosos clientes, el tío Zampoña sen·
vez de volver por el perdón y el amor que la aguarejecutar
con frecuencia á las músicas militares du- daban, la rebelde desapareció, sin cuidarse nunca
tía una predilección manifiesta por una rubita de
más del viejo autor de sus días; pero el pobre homojos negros, rostro pálido y aire melancólico. La ri· rante la heroica campaña de Africa.
Tocando la zampoña recorrió de pueblo en pueblo,
queza del traje contrastaba con el triste aspecto de
bre pensaba que si en vez de expulsar á Margarita le
de aldea en aldea, de masía en masía, las cuatro prohubiese prodigado los consuelos y auxilios que su esla niña.
Trini, que éste era su nombre, tenía siete años; vincias catalanas; luego todo el reino de Aragón, y tado requería, hubiera sido probablemente una buedespués gran parte de la Nueva Castilla, subviniendo
edad en que todo se ve de color de rosa, en que la dihija y una excelente madre.
á
las necesidades de su mísera existencia con las li- na Ahora
cha anida en el corazón y la risa brota de los labios.
se explicaba el secreto de su predilección
mosnas que iba recogiendo. Mas de seis años duraSin embargo, Trini no reía jamás. En su rostro
por Trini, y consideraba á la niña como un pedazo
ron aquellas tristes excursiones, y no son para dichas de su alma. Puesto que estorbaba algo á la madre, se
enfermizo parecían haber dejado huella las decepciolas penalidades y angustias que tuvo que soportar el
la pediría para cuidarla. ¡Cuán felices podrían ser sus
nes prematuras.
¡Pobre niña! Al verla, el viejo experimentaba una infortunado viejo.
Por último, los azares de su vida errante le condu- últimos días viviendo en compañia de su nieta!
En estas y otras reflexiones se hallaba sumido el
emoción profunda, como si un lazo misterioso unie• jeron el pasado otoño á la coronada villa; y habiendo
se su alma á la de aquella lánguida criatura, de la
tío Zampoña, cuando sintió que le tiraban de la man·
observado que, á ciertas horas de la tarde, todo Maga de su burda chaqueta. Volvióse y se encontró con
cual hasta el apellido ignoraba.
drid desfilaba diariamente por la calle de Alcalá, yenTrini le recordaba las facciones de una hija suya,
do y viniendo del Retiro, Antonio se apostó, á las Vicenta, que le dijo alarmada:
- Le be visto á usted por el balcón y he pensado
cuya pérdida lloraba sin consuelo.
mismas horas, en la plaza de la Independencia, por
El tío Zampoña no había vivido siempre solo.
que venia á buscar noticias de Trini ... ¡La pobrecita
donde se le figuraba que un día ú otro acertaría á paHubo un tiempo en que era el más feliz de los homestá muy mala!
sar, como todo el mundo, su amante hija.
El anciano dió un grito de dolorosa sorpresa.
bres al lado de una amante esposa y una tierna hija.
Agotadas sus fuerzas, el pobre anciano tomó á Ma- Tiene mucha fiebre, añadió la muchacha. El
Mas ¡ay!, cuán lejos estaba aquella ventura, que el drid como término de su abrumadora peregrinación.
pobre anciano recordaba siempre con lágrimas en los
médico
da pocas esperanzas.
Alquiló una miserable buhardilla en la calle de la
- ¿Y su madre no permanece á su lado? ¿Y su
ojos.
Primavera, donde dormía sobre un jergón puesto en
Su verdadero nombre era Antonio Manso. Hijo el suelo, y comía abundantes potajes que se guisaba él madre se va de paseo?
- La señora dice que el ver enfermos le hace daño.
de honrados menestrales de Barcelona, pagó á la pa· mismo. Recorría todas las mañanas un barrio distin- Vamos á ver Trini. Acompáñeme usted, dijo
tria su tributo de sangre haciendo la campaña de to sin pordiosear, esperando siempre encontrará MarAfrica con los voluntarios catalanes. Firmada la paz garita, y regresaba cerca de las doce á su cuchitril, el viejo suplicando con lágrimas en los ojos. No tecon el emperador de Marruecos; Antonio se casó en con las provisiones de boca que había hecho en cual- ma usted que la riñan. Tengo derecho para cuidar á

a

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

a

coqueta quiso compartir con el abuelo
el cuidado de atender á Trini; y ésta

ver á usted, señori•
ta, porque ha sabido
que estaba enferma.
- ¡Cuánto me alegro! Pero ¿no rn á
tocar?
- Sin permiso del

experimentó una inmensa alegría al ver
que recuperaba el ca-

riño de su madre

médico, no conviene.

que creyó haber pe,'.
d1do para siempre.
En menos de una

El viejo experi-

mentaba una emoción tan profunda
que no podía articular ni una sola palabra. Por último prorrumpió en sollozos
Ycogió á la niña una
mano que llenó de
besos y de lágrimas.

semana el amor de
aquellos seres queridos operó el milagro
de salvar á la enfermita, cuya convale·

cencia activó el abue•
lo amenizándola con
frecuentes solos de

La escena fué conmovedora.

zampoña.

J.

Luego la enfermi-

ta insistió con tanto
empeño en que el
hombre tocara la
zampoña, que el po-

Situación apura-

instrumentista
tuvo que acceder á
sus instancias y eje-

d!!, grupo escultó-

rico de Eusebio
Arnau. - La escultura
al igual ele la pinturn y d;
tocias las manifestaciones
artísticas. hállanse en un

período sensiblemente de
Si en otrai.
épocas tuvo admirables
intérpretes la escuela rea·
lista en nuestro país,pres•
to desaparecieron sus en•
seíian~s, olvidáronse las
evolución.

EL ÓLTIMO GRITO DEL REO!STOR,

el médico y encontró una ligera remisión en la fiebre. Su pronósbco fué ya menos pesimista. Lejos de
des_a~robar aquel extraño musiqueo, autorizó su repet1c1ón p_ara cuando lo desease la enferma.
Margarita tuvo un fuerte ataque de nervios al en-

cuadro de Ju:m Brunct (Sal6n de los e

ampos

El"

contrarse ,i su padre en casa. Al v;rse luego perdonada por él, le de¡ó que cmdase a la niña, satisfecha de encontrar á alguien en quien declinar toda la
responsab1hdad. :anta por amor propio cuanto por
efecto de aquel e¡emplo de amorosa solicitud, Ja gran

a

a

ya

a

su ciudad natal con una virtuosa obrera, de la cual
mi nieta ...
mercado.
tuvo á los tres años una niña, que bautizaron con el quier
~ ¿Su nieta?
Por la tarde se armaba de su zampoña y se diri-

- Sí; yo soy el abuelo de Trini. Su madre es mi
nombre de Margarita, y que, á la edad de Trini, era gía por las calles de Atocha y de Alfonso XII al sialta y pálida y tenía el pelo rubio y los ojos negros tio en que hemos trabado conocimiento con él, bajo hija. Ya Je contaré á usted esa triste historia. Vamos.
Vicenta condujo al viejo á la cabecera de la en·
cbmo ella.
nuevo apodo.
[ermita.
Esta deliraba y de sus labios se escapaba
Margarita fué creciendo, y á los diez y ocho años su Hada
ocho días que no había visto pasar á su
eb una real moza. Iba á carnrse con un marino, cuan- amiguita Trini, circunstancia que le llenaba &lt;le in- confusamente el nombre de su madre. Antonio la
d,o murió su madre. Con tal motivo se retrasó la boda. quietud, cuando el tío Zampoña, yéndose de retira- contemplaba en silencio, presa de terrible congoja.
El novio iba á embarcarse para América. Afligida, da, encontró cerca dé lá Cibeles f la · doncella que Lá niña salió un momento de su sopor y abrió los
anegada en llanto, la enamorada joven no supo negar solía acompañarla. Revistióse de valor y preguntó á ojos.
-¡El .tío Zampoña!, exclamó con un gesto de ale·
á su prometido esposo la prueba de amor que le pe- la muchacha con mucho interés por la niña.
gría.
¡Qué bueno! Viene á tocar porque no hemos
día. El muchacho partió prometiéndole un pronto
Trini estaba enferma. El viejo recibió la noticia
regreso y una felicidad eterna.
con profunda pena. La doncella era afable, quería podido ir i oírle; ¿verdad, Vicenta?
Antonio Manso, hondamente afectado por la muer-

ENSEÑAT

NUESTROS GRASADOS

bre

cutó un paso doble
de su repertorio bélico.
Trini se fué reani•
mando con Ja visita
cariñosa y con la música marcial de su
viejo a_migo. Llegó

B.

......... •-..•~••., •u•-.,. . ., ... ,•,,••••• .. ••••"

LEOSKS EN ACECHO, grupo escullórico de Jorge Vastagh

•

iseos de Pms, 1893)

tido clasicismo invadió el arte y la liter:t~rraas ml-[aestras y un me.n·
1
¡¡ ¡
· oy nuestros :trt1s·
, y en !e.e os os escultores, hanse fijado en el moderno con·
cepto
art1st1co
sustentado
en
Francia
y
en
!•·
. bl es prod ·
t6·
,
•~ acl mira
f ucctoneshescu l neas que han brotado del cincel de los artistas
ranceses an recogido nuevos elementos. De ahf que las obras
de la nueva. gencraci6n, de los j6venes escultores, llamen justata.,

�"

�LA

NÚMERO 626

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sante contraste que presentan los vetustos edificio, que se ~sien·
tan en la cima de rocoso cerro y las modernas construcciones,
los muelles que avanzan sobre las marismas, el hacinamiento
de los palos y jarcias de las embarcaciones surtas en su puerto
y su movimiento especial, esa vida que se advierte en todas las
grandes poblaciones comerciales, que revelan desde luego la
vitalidad y la riqueza de los pueblos.
.
Todavía presenta Santander huellas de su pasado glorioso,
todavía obsérvase algo que evoca el recuerdo de ~u pr?speridad
romana y justifica el nombre de Puerto de la Victoria, con el
que le denominaron las legiones vencedoras de los cánt~bros.
Como todas las antiguas ciudades peninsulares, registra en
su historia páginas gloriosas y días de a~argura, Yª. tomando
activa parte en las grandes empresas nacionales ó siendo teatro de sangrientas contiendas. En 1068 el rey D. Sancho II
concedióle algunos privilegios; en 1200 fué repoblada por Al-

LA

NúMERO 626

te Francia y nuestras hermanas las repúblicas ame~icanas,
en donde han hallado eco los lamentos de la que pudiéramos
llamar reina del C11ntábrico. Hoy, gracias á la galantería del
excelente fotógrafo santanderino D. Pas~ual {! rtasun, podemos publicar algunas vistas de la desgraciada cmdad antes de
ocurrir tan lamentable catásfrofe. Po_r ellas, aquellos que _no
c0nozcan la que ha llegado á convertirse enyunto de r~umón
durante la estación balnearia, podrán apreciar los atracllvos Y
bellezas que encierra.

•• *
El último grito del Redentor, cuadro de Ju~n
Brunet. - Tiene este cuadro, apart~ de otros muchos ~éntos
técnicos el de expresar un asunto mil veces tratado ba¡o una
forma c~mpletamente nueva: al lanzar Jesús el último grito,
de;encadénase el huracán que con horrible furia tronc~a árboles, levanta piedras, derriba las cruces_ e_n donde expiraban. el
bueno y el mal ladrón y pone en prec1pllada fuga á lo~ leg10•
narios romanos y al bárbaro populacho que presenciaba la
muerte del Salvador. Sólo en medio de aquel cuadro de destrucción y espanto yérguense en toda _su majestad la figura del
Crucificado dirigiendo al cielo su mirada postrera, y la de su
Divina Madre traspasada el alma de dolor_y ~ontempland~ en
éxtasis al Hijo amado que muere por red1m1r á la humamdad
pecadora, después de ha?er perdonado á sus verdugos. As! ha
concebido Brunei la sublime escena del Gólgota, y su cuadro,
trazado con vigorosa pinc~l:tda, ha ~~reciclo los aplausos de la
crítica y de cuantos han v1S1tado el ultimo Salón de los Campos
Elíseos de Par!s.

•
••
Leones en acecho, grupo escultórico de Jor·
ge Vastagh. - No cabria aplicará est_e grupo _la frase _de
Luis I de Baviera, que dirigiéndose en cierta ocasión á vanos
escultores muniquenses les dijo con socarronerfa: «Vuestros
leones parecen mansos perros de aguas.&gt; No; los leo~es de
Vastagh son verdaderos leones, y en sus caras, en ;us actitudes,
en las contracciones de sus músculos se ve la hermosa fiera que
ha merecido el nombre de rey del desierto. Y esta natur~·
lidad es tanto más difícil de conseguir tratándose de estos am·
males, por la imposibilidad de in-pirarse en modelos vivos y
aun de acudir á la fotografía instantánea, que no hallaría ~eguramente ocasión de sorprender un grupo como el que el ¡oven
escultor húngaro ha modelado. Vastagh ha dado, por consiguiente, en su obra una prueba elocuente de lo que pueden el
estudio, la observación de algunos detalles suel.tos y el talento
del artista que se diría dotado de una doble vista para llegar
por el conocimiento de elementos escasos al de un todo que
sus ojos no han podido contemplar.

,_

- Anoche entre dos luces le vi acompañando á una dama que no era su esposa, estoy seguro de ello

PEQUEÑAS HISTORIAS

•••
Un trovador valenciano.-Aldeana leonesa,
cuadros de Joaquín Agrasot.-Ventajosamenteconocido de nuestros lectores el nombre del distinguido pintor valenciano Joaquín Agrasot, algunas de cuyas composiciones nos
ha cabido la honra de publicar, nos abstenemos de repetir el concepto que nos merece como artista, con mayor motivo cuando
sus méritos col6canle entre los que sostienen á gran altura el
buen nombre de la escuela española. Llamamos, pues, únicamente la atención hacia los dos notables cuadros que publicamos, trasunto fiel de dos tipos de opuestas regiones península•
res; la garrida aldeana leonesa, compañera de aquella que alcanzó para Agrasot un premio en la penúltima Exposición
Nacional, y el trovador valenciano, copia de uno de esos huertanos, en cuyas venas circula todavfa la ardiente sangre morisca
que no han modificado ni los cruzamientos de la raza conquistadora ni el poderoso alambique de los siglos.

•• •

La torre colosal que se está construyendo en el parque de Wemblcy, en Londres (349'6 metros),
comparada con la torre Eiffel de París (296'1 metros)
fonso VIII, quien le otorgó un fuero particular; y en 1248 or·
ganizóse y armóse la Ao~a q~e apr~,t6 San Fern~ndo para expugnar á Sevilla. Su historia cm! pudo cambiar cuando en
1465 D. Enrique IV concedió la silla al marqués de Santillana;
pero sus habitantes neuáronse á reconocer este señorío y al cabo de porfiadas y Iucti~osas contiendas vol vieron á ponerse, en
1467, bajo la autoridad real. En 1497 desembarcó doña M_ar•
•
garita de Austria, y en 1522 el emperador Carlos V c~andovmo
* •
á tomar posesión de la corona de España. En 1544 v1ó Santan·
Esperando que pase, fotografía d_~ Mr, Lee La Trobe der salir de su puerto la poderosa flota, compuesta de cuarenta
Bateman. - Si al pie de este grabado no d1¡era el ep!grafe gue buques, que al mando del famoso caudillo D. Alvaro de Bazán
es una simple fotografía, tomaríalo cualquiera por reprod~c~1ón batió y clispers6 en pocos días á la e~cuadra francesa que ope•
de un cuadro de singular belleza, tanto arte y tanto sen~1m1en· raba en las costas d~ Galicia. En 1753 declaróse á Santander
to hay en ese busto de la jove_n que.apostada en el alféizar de como puerto habilitado para el tráfico de América, y dos años
la ventana parece que espera 1mpac1ente la llegada del !e~ que- más tarde el bondadoso Fernando VI otorgó á la villa el titulo
rido. Bien puede, pues, calificarse de notable obra ~rustica. la de ciudad Durante la guerra ele la Independencia sufrió Sanque ha sabido arrancar de la cámara obscura el aficionado m- tander calamidades sin cuento, entre las que merecen citarse
glés Mr. Lee La Trobe Bateman.
por su magnitud el horroro_so saqueo cometido en 18o8 por las
vandalicas huestes del mariscal Soult.
Los alrededores de Santander son en extremo agradables,
* *
especialmente la próxima montaña desde donde se domina la
Los pañales de Jesús, cuadro de Pau:pi6n - El ria el muelle de los Naos y el castillo de San Felipe. El paseo
lienzo del distinguido pintor francés que reproducimos es de dei Sardinero conduce al establecimiento balneario y al faro,
los que agradan á todo el mundo por su sencillez y por la poe- así como á la primera y segunda alameda, embellecida esta úls!a m!stica que su autor ha sa_bido der!amar so?!e est~ delicacon una fuente monumental
da composición. ¡Cuán tranquilo el sueno del Nmo Jesus, cuán tima
El monumento más importante de Santander ~s la catedral,
bella la figura de la Virgen, cuánta placidez en todo el cuadro 1 de e;tilo gótico, que ha sido desfigurada por recientes reparaDifícil es acertar á componer con menos elell)entos un asu~to
que cautive y deleite como Los pafia/es de Jems: en toda la pin- ciones.
En la plaza de la Dársena se alza un bello monumento erigi·
tura se adivina el alma del poeta y en sus menores detalles se do á la memoria de Velarde, muerto en Madrid en 1808.
revela el talento del artista.
Parte de la población ha desaparecido recientemente por
efecto de la explosi6n de las cajas de dinamita que se hallaban
•
estibadas en la bodega del vapor Cabo l,fachicl1aco. En uno de
••
los anteriores números dimos á conocer á nuestros lectores, por
Vistas de Santander, de fotografías de Pascual Ur- medio de numerosos grabadds, la imt5ortancia del desastré que
tasun. - Agradable es ciertamente el aspecto que ofrec~ San· lamenta, no sólo España, sino todas las naciones, especialmentander al viajero, que al primer golpe de vista abarca el mtere-

mente la atenci6n; atentos al concepto y gallardos en la ejecución, ábrense camir.o, atraen al público y sientan sobre s6li~a
base el moderno edificio de nuestra escultura. Entre los mas
discretos de la falange figura Eusebio Arnau, cuyas apti~udes
avaloradas por su laboriosidad prometen lisonjero porvemr.

855

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Torre colosal que se está construyendo en
Londres, comparada con la torre Eiffel. - En el parque londinense de Wembley, situado al Noroeste de la metrópoli in·
glesa, entre Neasden y Harroso, se estáconstruyendouna torre
colosal, cuya altura, una vez terminada, excederá en 53 metros
y medio á la torre Eiffel de París. Como ésta, se utilizará aquel
gigante de hierro para objetos recreativos y cient!ficos, pues en
sus plataformas habrá salones de concierto, restaurants, tiendas, etc., y en su cúspide se instalarán un observatorio y una
gran lámpara eléctrica que iluminará con su potente foco la to·
rre y sus alrededores.
Esta torre, CU)'a primera plataforma está ya terminada, que·
dará concluida durante el año 1894.
Los montantes de la torre descansan cada uno sobre unos
cimientos de extraordinaria solidez y de 24 metros de profundidad.
La base tiene 27'8 metros de lado y la primera plataforma
18'6: está situada ésta á 54 metros de altura, la segunda á 170
y la tercera á 288'8.
El peso total de la torre es de 7. 500 toneladas y su coste
de cinco millones de pesetas.

•••
Un paso difícil, dibujo de Carlos Arregui. - Sen•
cilio, quizás trivial, resulta el asunto que ha inspirado á Carlos
Ar~egu\ el bonito dibujo que reproducimos; mas á pesar de ello,
reviste mterés y produce agradable efecto. Dos niños de una aldea conducen un corderito á la inmediata pradera, teatro cotidiano de sus infantiles juegos; siendo preciso, para acortar el camino, atravesar un rústico puente formado por el tronco de un
árbol. Al llegar á su mitad, el cordero inclinóse para coger los
brotes de una apetitosa planta, causando la consiguiente zozobra de los niños, que tiran con todas sus fuerzas de la cuerda
con que lo sujetan, temerosos de que caiga en el arroyo. e:sta
es la escena que, presenciada en la sierra por el Sr. Arregui
durante. s~ última excursión veraniega, inspiróle tan simpática
compos1c1ón.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de Paria y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el me.lor de todos los tónicos y reconstitu~entes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
teniendo además la superioridad sobre los ferruginosos de no fatigar nunca. el estómago.

LA CALUMN!A
La Providencia se vale mil veces de los instrumen-

tos más pequeños para llevará cabo los fines más
altos; utiliza la .mano del pobre para sembrar la caridad en el corazón del rico; hace brotar de una imperceptible semilla el arbusto y la flor, y pone entre los
dedos del escritor honrado, del esc~itor que no tiene
más ciencia que su fe cristiana, la pluma para que
'señale los vicios que dominan á nuestra sociedad, y
que como cáncer horrible la envenenan y la destruyen.
¡Dichoso el que, al recibir del cielo esta noble misión, sabe cumplirla dignamente! ¡Dichoso el que al
ilegar al fin de la carrera de su vida puede levantar la
mirada al cielo y exclamar con un acento del alma:
- No he conseguido un lauro, no he conquistado
un renombre; pero he logrado evitar un daño, arrancar una lágrima de ternura, 6, hacer germinar un buen
pensamiento. Esto no da una corona, pero ofrece la
dulce satisfacción de sentir la conciencia tranquila.
¡Combatir los errores, enaltecer la virtud y consolar 'á los desgraciados!.. ¿Qué mayor gloria?¡ Demostrar
el camino del bien, arrancar del corazón el principio
·ael mal!.. ¿Qué mejor triunfo?¡ Hacer brotar en las p~pilas una gota de llanto arrancada por el arrr~pen~tmiento!.. ¿Qué más hermosa palma, qué premio mas
verdadero?
¡Oh! ¡Dichosos, repito, dichosos mil veces los que
emplean dignamente la. ciencia y el genio que reci,bieron de los cielos!
Una de las culpas, una de las. faltas más trascen·
dentales y más comunes de la humanidad, es 1~ murmuración, es la calumnia.
.. _
Hay quien al hablar, y por el solo placer de ser_o!do
con atención no vacila en descubrir un secreto importante; hay'quien por el a(án de decir un chiste, no
retrocede ante el temor de manc:;har una honr~; hay,
en fin, quien por d anhelo de aparecer. más sabi~,
más perfecto ó más justo que los demás, hace púbhcos los errores ó los defectos ajenos, exagerándolos
,siem?re, inventán,dolos muchas veces, sin pensar en
los males y las desdichas que con esto pueden acarrear.
.
," ¡Y cuán horribles suelen ser!
He aquí un drama espantoso, fruto de la c~stu~bre de hablar sin meditar la frase, ,de usar sm miramiento alguno la crítica sangrienta y la sátira
mordaz.

Perr\ándo de Qtiirós eta tlh jovetl de ingenio, pero
no de talento profundo.
Sus amigos, sin "émbargo, se empeñaron en asegurar que valía mucho, y á él no le costó gran trabajo
el creerlo así.
Todo cuanto nos halaga es siempre bien acogido
por nuestra vanidad, y Fernando juzgó' muy sinceros
y aun muy justos aquellos elogios.
Le invitaron á tomar parte en la conTección de un
periódico ilustrado, aunque no serio; uno qe esos
diarios' que se llaman humorísticos, y que viven en la
corte sostenidos sólo por la crítica y por la ·sátira
puniante: Fernando aceptó, lleno de sueños y dé ilusiones. Sin embargo, exigió á sus compañeros que le
dejasen ocultar su nombre bajo uµ seudónimo.
Y no era esto, no, que él temiera las consecuencias
que pudieran atraerle alguna palabra inconveniente
ó alguna alusión demasiado iltrevida_. Era porque
tenía un padre rígido ha~ta la exageración en asuntos de lealtad y en cuestiones de honra, y Fernando,
á pesar de todo, respetaba y temía extraordinariamente á su padre.
.
.
Hacía en el club, en el casino y en la redacción
alarde de su emancipación y de su independencia, y
miraba á cada momento y á hurtadillas su reloj para
no faltar á la hora que le tenían señalada para recogerse en el hogar doméstico.
¡Era tan niño Fernando! Apenas contaba los veinte años.
Además, tenía una madre tan buena, tan dulce, tan
amorosa que hubiera sido una crueldad darla el más
leve pesar.
¡Su madre! ¡Cuánto le amaba, y qué indulgente era
para sus travesuras y sus calaveradas!
Esto le hacía mirarla como á una hermana casi, y
tener con ella una dulcísima confianza.
Porque Gabriela era joven tÓdavía; y erá hermosa
y llena de .bondad.
Se había casado, casi niña, con el coronel D. Luis
de Quirós, que era casi anciano al relizar esta unión,
y esto había hecho que á su amante cariño de la esposa, se mezclase algo del temor y el respeto de una
hija.
,
Había sido siempre un dechado de virtud y un
modelo de santas madres.
En cuanto al coronel, era un cumplido caballero,
fino, instruído, generoso con todos.
Sólo podía acusársele de dos defectos: el primero

era el de un carácter violento é irascible en demasía;
el segundo, el de ser un celoso tan suspicaz como injusto.
Nunca, sin embargo, había salido una queja de los
labios de Gabriela. Su inalterable dulzura toleraba
siempre los arrebatos y los caprichos de su esposo,
dispuesta siempre á perdonarle.
Mientras Fernando fÚé 'niño, nada turbó la paz de
su alma. Retirado en el fortdo de su' hogar, sin asistir
jamás á fiestas ni paseos, evitaba con el mayor cuidado todo aquello que pudiera disgustar á D. Luis ó
excitar su enojo y sus celos, y obedeciendo su voluntad, con su amor, su indulgencia y su pureza, sólo
se ocupaba en hacerle dichoso.
Cúando su hijo fué ya hombre, todo cambió y su
vida empezó á ser una agonía continua.
El joven, corno dijimos al empezar, era, no malo,
pero sí ligero y calavera y gastoso.
La pobre mujer, colocada entre el padre rígido y
el hijo disipado, vivía de continuo pidiendo tolerancia al uno, prudencia al otro, sin que ninguno de los
dos escuchase sus ruegos.
Todos sus pequeños ahorros, tono cuanto á fuerza
de economías podía reunir, pasaba á poder de Fernando, y era malversado en un ·solo día, cual se deshace en la mano de un calenturiento un ligero copo
de nieve.
Gabriela se esforzaba en vano en afrontar aquella
situación q~e empeoraba de día en dla, puesto que
cada vez eran mayores los gastos y las exigencias de
Fernando.
Un solo amigo franco y leal era el que visitaba la
casa de Quirós y el que adivinaba los sufrimientos
de la pobre mujer, sin que jamás se hubiera escapa•
do de los labios de ésta una palabra que se les diese
á conocer.
Este amigo, compañero de armas de D. Luis y al
que éste miraba como un hermano, era el comandante Carlos Mendoza y Esquive!.
Más joven que Qt.iirós, frecuentaba el mundo
más que éste y tenía noticia de la conducta de Fernando. ' ·
'
Más de una vez, autorizado por la amistad que Je
ligaba con el padre, había amonestado al hijo, re .
prendiéndole suavemente por sus locuras y extravíos.
Todo aquel que nos dice la verdad, si esta verdad
es amarga, se convierte en nuestro enemigo.

�NúMERO
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

·NÚMERO

626

626

- Figúrate tú: un moralista el más _severo, un cen-¡Yo!
Esto sucedió en esta ocasión.
sor el más rígido, un hombre que siempre te está
Más
que
otros.
El joven empezó á mirar con hostilidad á aquel
echando en cara tus ligerezas y tus ...
- ¡Dilos!
hombre que le amaba sinceramente, pero que quería
- Pero ¿de quién se trata?
.
.
- Tu padre tiene un buen sueldo.
apartarle de la senda del mal. .
. ,
- ¡Toma! ¿De quién ha de ser? Del m!rans1gente
-¡Sí!
La diferencia de opiniones políticas contnbma tamy virtuoso D. Carlos de Mendoza, del amigote de tu
bién á aumentar la especie de aversión que Fernando
padre, del que siempre te está amonestando, y...
sentía por Mendoza.
.
. .
- Pero ¿qué ha hecho?
,
El periódico en que escribía el ¡oven era un d1ano
- Anoche entre dos luces le vi acompañando a
de ideas avanzadas: uno de esos papeles que se esuna dama, que no era su esposa: ¡estoy seguro de
criben con hiel, y en el que se atacan sin piedad las
ello!
personas y las instituciones y l_as leyes, desdoro de la
-¿Seguro?
prensa y ultraje del buen sentido.
- ·Yo Jo creo! Su mujer es bajita y gruesa, y ésta
Pero estaba redactado por jóvenes más ligeros que
era alta y esbelta. Además _iba ~ubierta con u~ velo,
culpables, más atolondrados y enloquecid_os que may con tal aire de temor y m1steno que llamó m1_ atenlos: se ocupaban principalmente de la sátua y de la
ción; y como nada tenía que hac~r, les ~eguí pnmero
broma, y cuanto más
de lejos y después á muy corta d1stanc1a. _
punzante y más amar- ¿Y qué?, preguntó Fernando con extraneza Y cuga, mejor creían cumriosidad.,
l)lir su frívola é insen·
- Pues que entraron ambos ~n ~na calle poco con;ata misión.
currida· que el comandante miró a todos lados Y coEn cuanto Carlos
mo bu~cando el número de una casa que le costó
Mendoza, todo leal•
trabajo encontrar, y que al cabo dijo á su compañera
tad, todo honradez, no
en voz baja:
podía estar conforme
- ¡Aquí es!
con aquellas ideas.
Ella pareció vacilar, y murmuró con un acento que
sonaba á temor:
Un día, y por su
- ¡Oh, si alguien nos viese; si se supiera!..
desgracia, Fernando
No pude oir más, porque entraron en la casa desfué conducido á uno
apareciendo los dos de ~i vista. .
de esos lugares en
Fernando soltó una ruidosa carca1ada y repuso desdonde se juega á los
pués:
de azar; donde se
- Mas ¿cómo pudiste escuchar todo eso?
arriesga en una carta
- Porque ambos iban tan preocupados y tan de
prisa, que no pudieron reparar en que yo les seguía
á dos pasos.
- ¡Conque D. Carlos también anda en_aventuras
amorosas y en trapicheos! ¡Y luego es tan intolerante
con los demás!
- ¡Y critica tan duramente á los que no piensan
como él!
- ¡Y dice que en nuestro partido sólo hay desmoralización y libertinaje!
- ¡Bueno sería probar que no se compone el suyo
- Pues bien: sobre
él habrá quien te faci- de santos!
- ¡Eso sería lógico! Ellos nos atacan, nos hacen
lite cuanto necesites.
la guerra por todos los medios, y el desquite es per-¿A mí?
- ¡Yo lo creo! ¡Ofre· mitido. Es justo, pues, que nos defendamos.
- ¡Oh! La igualdad, la franca verdad ... ¡Ese es
ciendo un buen rédito!..
- ¡Mi padre! ¿Sabes t? lo seve~o que nuestro lema!
- Y ¿cómo lo haremos?
es? ¿Sabes de lo que sena capaz s1...
- Pues muy sencillo: ¡quien tal hizo, ~ue tal pa- De pagar tus deudas á tod~ prisa,
mucho más si cree comprometido su gue! Quien anda en picos pardos, que pierda su canombre por ellas. ¡Créeme y no seas reta de hipócrita virtud.
- ¡Bien dicho!
. .
necio! Los padres lo hacen todo. por
Ali( estaban sus padres. ¡El uno muerto,
- ¡Si supieras qué sermones ta~ 111d1gestos y tan
los hijos. Además, ¿quién te ha dicho
la otra desmayada!
que el tuyo tenga que enterarse? Hay agresivos he escuchado de sus labios! Ahora me las
prestamistas muy complacientes con l?s va á pagar todas juntas. La broma va á ser p~sada.
Verás qué gacetilla escribo sobre esto. No diré su
una fortuna entera· donde el oro rueda, yendo á hijos de buenas familias, sobre todo con los que tie- nombre, ¡eso no! Con las iniciales bast~. Un poco de
nen
un
padre
como
el
coronel
Quirós,
cuyo
pundocaer mil veces en eÍ abismo del vicio y de la_ ma~a fe.
chispa y mucha intención para refenr el _hecho y...
Aquella atmósfera caldeada por las resp1:a~10nes nor y cuyo nombre son tan conocidos, pues están
- Pero sin aclarar nada y dejando traslucir mucho.
anhelantes, por el hálito abrasado d~ la ~mb1c1ón de seguros de cobrar á la primera amenaza de escán- ¡Eso es! Cubriendo las ideas con velo...
unos, de la avaricia de otros, de la mqmetud d~ to- dalo.
- Pero tan transparente que todo el mundo las
Pero
yo
no
sé
...
dos; aquel rumor de exclam~c~ones mal ~ontemdas,_
comprenda.
Encontrarás
uno
muy
fácilmente.
Si
quieres
abode alegrías rápidas, de maldiciones y gueJas ocultas,
- ¡Crítica chispeante!
de las manos que se c~ispan, de las u_nas que desga- ra mismo.. .
- ¡Crítica mordaz!
Mas
...
¿Y
luego?
rran el traje, de los dientes que cruJen al chocarse
- Verás qué ridículo cae sobre él.
Luego
...
luego
...
Supón
que
conforme
la
suerte
con rabia, del dinero que se cuenta, ?el papel i:none- Si pudiéramos averiguar el nombre de ella...
te
ha
sido
hoy
adv~rsa,
te
fuera
favorable
otro
día.
da que se desdobla; toda est~ confusión de pasiones,
- ¡Chico! ¡Una señora!
Pagabas,
y
en
paz.
de sentimientos y deseos, agitándose en torn~ &lt;:1e él,
- ¿Señora y va á citas secretas? ¡Bah! Pero en fin,
La
cuestión
fué
discutida
largo
rato,
y
al
fin
...
al
trastornaron de tal modo al joven, que le h1c1eron
fin como las circunstancias eran apremiantes, quedó guardando las formas y poniend~ también sólo la
contagiarse con la locura de los demás.
.
primera letra del nombre y el apellido, y esto por una
'
aprobada
por Fernando.
Jugó y jugó fuerte.
.
·
sola vez, de una manera recatada y como por. un
En
cuanto
á
la
realización
del
proyecto,
aunque
Ganó en un principio; vanó después, y al fin tr~s
descuido, nadie nos podrá censurar de poco deltcadifícil,
no
fué
imposible.
de crueles alternativas perdió cuanto llevaba. ¡Perdió
Hay un genio... el genio del mal sin dud~, qu: dis- dos ni...
mucho más! ¡Quedó adeudando sobre su palabra unos
- Si tienes empeño en ello...
frazado con la máscara de la usura, ayuda a los Jóvemil duros próximamente!
- ¡Oh! Me alegraría sólo por dar una lección al
nes
que
se
van
á
perder.
.
· Las deudas del ¡·uego son sagradas! ¡Son deudas
tal
Mendoza.
El negocio se hizo, y como la poca edad es tan mede1honor! ¡Extraño honor el que se empena
por el
Yo quizá pueda averiguarlo.
flexiva
y
confiada,
Fernando,
después
de
pagar
su
• • 1
VICIO.
• •
-¡Tú!
..
deuda
de
caballero,
se
quedó
tranquilo,
y
á
los
pocos
Pero ello es que era preciso pagar al día siguiente,
- ¡Nunca faltan medios... , á nosotros los penod1s
días
estaba
tan
alegre
y
risueño
como
siei:npre,
olviy que Fernando, al salir de allí, estaba desesperado,
tas se nos ocultan pocas cosas! Tenemos ya tarlt
dando lo pasado y confiando en lo porvemr.
no sabía qué hacer.
. .
práctica en...
Uno de sus amigos notó su agit~c1ón y le_ pregun- Pues mira, encárgate de ello.
Gran
noticia,
chico,
decía
una
tarde
un
amigo
tó la causa. La juventud es expansiva, y el Joven se
- ¡Al momenfo! ¡Estas cosas, en caliente!
de Fernando, entrando en la redacción.
lo dijo todo.
- Espera un poco, y verás lo que escribo.
El hijo del coronel Quirós escribía en algunas cuar- Y ¿qué piensas hac~r?
.
Y Fernando con mano rápida empezó á llenar altillas
las
noticias
y
las
gacetillas
de
la
semana,
de
cu- ¡No sé!, contestó sombríamente: en último caso,
gunas cuartillas.
ya confección estaba encargado.
.
matarme.
¡Ni la intención, ni la malicia, ni la hiel faltaban
¿Una
noticia?,
preguntó
con
el
afán
de
qmen
es¡Matarse! ¡Triste recurso de los impíos!
.
en
ellas por cierto!
¡Pobre Gabriela! ¡Pobres de las madres que tienen pera saber algo nuevo.
Los dos amigos se vieron mucho.
Sí;
y
tú
que
pones
al
corriente
de
la
cróni~a
hijos incrédulos y materialistas!
.
El reporfer había estado sublime de causticidad
- ¡Bah!, le contestó el amigo: para eso siempre escandalosa á todos nuestros lectores, te alegraras y de ingenio.
de
saberla,
sobre
todo
por
la
persona
de
quien
se
hay tiempo; pero antes se buscan recursos.
¡Desdichado!
trata.
- ¡No los tengo!
Explícame
...
- Tú tienes medios ...

El compañero de Fernando se dispuso á salir para
cumplir su cometido.
Antes le había dicho éste:
-Aquí se queda el original, y si logras saber el
nombre de ella lo indicas, como te he dicho,
-Bien.
- Y te encargas de corregir la prueba, pues yo no
podré volver esta noche. Mi padre está un poco delicado y no qztiero recogerme tarde.
- Pierde cuidado. Yo también tengo empeño en
que este número llame la atención y excite la curiosidad de los suscriptores; es el último de este mes, y...
- ¡El último del mes! Pues ¿á cuántos estamos
hoy?, preguntó Fernando, palideciendo ligeramente.
- A 30 de marzo, según reza el calendario.
El joven no respondió: algo como un golpe eléctrico le había hecho estremecer.
En su locura se había olvidado de aquella fecha.
Tomó maquinalmente su sombrero, y salió diciendo solamente:
-¡Adiós!
-Adiós, contestó su amigo, sin notar aquella rápida emoción; y vete tranquilo, que yo me encargo
de todo esto.
Fernando no le oía ya: había abmdonado aquel
sitio, preocupado y pensativo.
¡El 30 de marzo! Al otro día cumplía el primer
plazo que el gabelista le había puesto para cobrar la
mitad del dinero tomado tres meses antes, y si no le
entregaba aquella cantidad iría á exigir á su padre
que lo pagase por él.
- ¡Es preciso evitarlo!, dijo Fernando. Es preciso
impedirlo, y para ello no tengo más que dos caminos: ir esta noche á probar fortuna; y si nada consigo,
ver mañana á ese hombre y rogarle que me conceda
una prórroga.
Para la mayor claridad de nuestro relato nos es
preciso retroceder algunos días.
Por una de esas casualidades tan frecuentes en la
vida, Carlos de Mendoza supo la pérdida que algún
tiempo antes había sufrido el hijo de Quirós y el
préstamo llevado á cabo para pagarla; supo también
las condiciones con que aquel negocio se había efectuado, y comprendiendo la gravedad de aquel hecho
y las consecuencias que podía traer á sus amigos,
juzgó necesario darle alguna solución antes que llegara á hacerse público.
Pensó primero ponerlo en conocimiento de don
Luis y que él resolviera; pero el anciano acababa de
salir de una enfermedad terrible, una enfermedad del
corazón, y el médico había dicho que cualquier emoción violenta le podría matar, como mata el rayo.
La irrascibilidad de su carácter era conocida de
Mendoza, y éste temió un arrebato, cuyo resultado
podía ser una catástrofe.
Se decidió, pues, á hablar de ello á Gabriela.
¡Las madres hallan siempre recursos salvadores
cuando se trata de sus hijos!
Un día en que se hallaba sola, le dijo toda la verdad.
El espanto y el dolor de la pobre mujer fueron indecibles.
¿Qué hacer? ¿Qué partido adoptar?
Decírselo á su esposo era quizá matarle, ó exponerle á que matase á Fernando.
Gabriela conocía á D. Luis, y sabía su estado.
¡Hay caracteres cuya violencia es la desgracia de
cuantos viven á su alrededor!
¡El miedo que inspiran retrae y paraliza á los seres
que tienen cerca, y excluyen la confianza, el tranquilo razonar, la dulce expansión!
El alma de la triste Gabriela había estado siempre
reconcentrada en sí misma, aterrada de continuo
ante un grito, ante una mirada de su esposo.
En aquel momento también era doble su temor.
Quir6s no podía resistir ninguna gran contrariedad.
¡El doctor lo había declarado así!
Cuánto lloró, cuánto sufrió aquella infeliz, es imposible adivinarlo.
Mendoza veía su aflicción, sin· hallar medio de
consolarla.
Él no era rico, y no podía ofrecer el dinero necesario para solventar aquella deuda. ¡Ella no lo hubiera admitido tampoco!
La agonía y la angustia de la madre de Fernando
no tenían remedio.
De pronto una idea acudió á su mente.
Ella poseía algunos diamantes, alhajas de familia,
¡recuerdos de ·su m3.dre!
- ¡Oh, si ese hombre quisiera esas joyas en cambio del pagaré que le ha firmado mi hijo!, exclamó
dirigiéndose á D. Carlos. Valen mucho más, pero yo
se las daría muy contenta, si...
- Es posible, contestó Mendoza. Si puede ganar
más en ello, aceptará sin duda: esos usureros... Pero
¿usted?..

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

857

- Y ¿qué importa perder esos brillantes, si salvo
- ¿Adónde estuviste anteanoche? ¿Adónde y con
el buen nombre de mi hijo, si evito un disgusto á mi quién saliste de casa? ¡Habla, habla pronto, ó si no!..
esposo?
La pobre mujer se sintió morir.
- Entonces...
Creyó que su esposo sabía la culpa de Fernando;
- ¡Iré á verle, á suplicarle de rodillas que acceda! creyó que no ignoraba lo que ella hahía hecho sin
¿Sabe usted quién es? ¿Sabe usted adónde vive?
consultarle, y temiendo la explosión de aquella có- Sí, señora; pero ... ¡ir usted! Hay mil peligros en lera, exclamó, sin pensar en que era inocente:
ello. Además, ese hombre abusaría de su inexperien- ¡Perdón para él! ¡Perdón para mí!
cia y su generosidad de usted, viéndola sola.
La desdichada, anhelando conjurar aquella tem- ¡Dios mío! Y ¿qué haré? ¡Si usted pudiera venir pestad acababa de desatarla, horrible y violenta, sotambién!..
bre su cabeza.
Mendoza vaciló.
Aquel perdón, pedido en semejante momento, trasComprendió al fin que no podía abandonará aque- tornó el cerebro de Quirós. Vió en él la confesión de
lla madre desventurada, tan poco acostumbrada á una infidelidad conyugal, y lanzándose con furia sosemejante clase de asuntos, y contestó sencillamente: bre su esposa:
- Quiero á Luis como al mejor de mis amigos y
- ¡No hay perdón!, gritó sacudiéndola con fuerza
á usted como á una hermana. Estoy á sus órdenes, brutal. ¡No hay perdón para las infames adúlteras!
Gabriela.
Gabriela no pudo formular una frase, ahogada por
- Pues bien: hoy mismo iremos. ¿No dice usted la sorpresa, por el espanto, por la indignación.
que el plazo cumple dentro de dos días?
- ¡No ha y perdón!, proseguía delirante Quirós. ¡No
- Exactamente.
hay perdón, miserable, y vas á morir en mis manos,
- Ya ve, pues, que no hay tiempo que perder.
sin tener quien te libre de mi venganza!
- Así lo creo ...
Y frenético, ciego, loco enteramente, arrojó lejos
- Para evitar que Luis advierta mi salida iremos de sí á la pobre mujer, que fué á caer sobre un mueal anochecer. Todos los días duerme una hora des- ble, hiriéndose en la frente con la violencia de la
pués de comer, y en ese tiempo ...
caída.
- Vendré por usted.
Al verla en el suelo bañada en sangre, al mirar
- ¡Oh, gracias! Le deberé el haberme ayudado á aquel rostro pálido como el de un cadáver, algo que
conservar la paz de este hogar, porque me aterra el no sabemos definir pasó en el alma del coronel.
pensar lo que podría suceder si mi esposo supiese
Un dolor agudo, desgarrando su pecho, le hizo lleque Fernando...
var ambas manos al corazón, y lanzar un ¡ay! ahogaConvenidos en esto, Mendoza se alejó y Gabriela do y convulso.
quedó más calmada, aunque siempre inquieta y aturDespués ... una oleada de sangre brotó de sus ladida.
bios, y vacilando bajo el peso de su cuerpo cerró los
Era la vez primera que tenía un secreto para su ojos y se dejó caer desvanecido sobre un sofá.
esposo: era la vez primera que hacía algo sin consulEl pronóstico de los médicos se cumplía.
tarlo con él.
La ruptura de una arteria muy inmediata al coraPero ¡ay, que aquella reserva era muy motivada zón había producido aquella horrorosa hemorragia.
en tal ocasión!
La puerta de la habitación se abrió bruscamente
¿Tendremos que decir que la dama del velo á en aquel instante, y Carlos de Mendoza apareció en
quien acompañaba Mendoza era la madre de Fer- el dintel,
nando? ¿Tendremos que decir que
la casa donde les vieron entrar era
la del gabelista á quien iba á entregar sus joyas y sus alhajas para
remediar la falta de aquel desgraciado? Creernos que no, porque ya,
y sin trabajo, deben haberlo adivinado nuestros lectores.
Eran las diez de la mañana ya:
Fernando no había vuelto á s.u casa desde el día anterior.
Aquella ausencia pasó inadvertida para el coronel á causa de su
enfermedad, y Gabriela, que había
logrado, á costa de una gran pérdida, rescatar el pagaré de su hijo, se
sentía más tranquila por este lado,
pero sufría una nueva angustia con
aquella tardanza desusada.
D. Luis, que se levantaba tarde
por su estado de convaleciente,
acaba de dejar el lecho, y sentándose en .una butaca pidió al criado los periódicos de la mañana.
El coronel los repasaba con indiferencia.
De pronto sus cejas se fruncieron; lanzó una terrible imprecación, y pasando una mano por la
frente exclamó, con un acento en
que temblaban la cólera y el
asombro:
- ¿Qué es esto?
Entre sus dedos crispados tenía
un papel, que no podía leer con la
rapidez que deseaba, á causa del
temblor nervioso que agitaba su
mano.
- ¡Oh!, gritó después de un segundo y después de haber vuelto
á mirar de nuevo. ¡Esto está muy
claro! ¡Se trata de mí!.. ¡Si fuera
verdad! ¡Si ambos me hubiesen
engañado!
Y dejando el asiento que ocupaba, y tamhaleándose como un
'·l
hombre ebrio, llegó á la puerta de
la habitación y gritó con todas sus
- ¡Tú! ¿Sabes lo que has hecho?
fuerzas:
- ¡Gabriela!
La esposa amante acudió presurosa á aquel llaTambién venía pálido, contraído: también traía
mamiento; pero antes que hubiera p:&gt;dido hacerse en la mano el infame papel que había causado aquecargo de la situación, sinti6 la mano de don Luis lla ruina.
oprimiendo' su brazo, y oyó su voz que ronca y alteAl entrar, ai ver aquel cuadro lo comprendió todo.
rada la preguntaba:
Gabriela con la frente herida, con el semblante

�LA

NúMERO 626

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

desfigurado, procuró levantarse.y corr_ió hacia su ~s- torre Eiffel, con la rueda de Ferris de la última Exposo, dejándose caer de nuevo a los pies de D. Luis. posición de Chicago, y tal sucede con el proyectado
- ¡Socorro! ¡Un médico!, exclamó con afán, ex- palacio aéreo de la Exposición que en el próximo año
tendiendo las manos hacia Mendoza. ¿No ve usted ha de celebrarse en Amberes.
El proyecto de este palacio es atrevido y no menos
que se muere?
- Pero... ¿esa herida?...
\'
- ¡No piense usted ahora en mí; en él, en él solamente!
.
Mendoza, aturdido, lleno de indignación, pero queriendo ante todo salvar á Quirós, llamó á los criados
para que acudiesen á socorrer á sus se~ores, y corrió
en busca del primer médico que encontrase.
En medio de la escalera se encontró á Fernando.
¡En aquel momento acababa de salir de una casa
de juego!
,.
•·
•
Venia alegre y decidor, porque babia.ganado una 1
gruesa suma.
, ,.
Al ver á D. Carlos, en cuyo semblante pálido se
pintaba una violenta contrariedad, la:nzó ·una c_ar~aja&lt;la y exclamó:
- ¡Hola, hala! Se conoce que ha leído usted mi...
¡Buena fi)ípica le he dado!
- ¡Fernando!
.
- ¡Conque usted también en galanteos! ¡Ja, ja!
¡Todo se sabe! No tollle usted á mal Jo pu_blicado:
está escrito con mucha intención, ¿verdad? Pero es
una broma, una broma en castigo de los s'ermones
que...
,
- ¡Desdichado! ¡Pero has sido tú! ¡Tú!
- No lo niego, dijo el joven, que, no esperaba que
Mendoza tomase el lance tan en serio.
· - ¡Tú! ¿Sabes lo que has hecho?
- Probarle á usted que todos tenemos :Rº! qué
callar, y que nada se le escapí1, á un reporter,hsto y
activo.
,
.
- ¡Miserable! ¡Has deshonrado á tu madre, yacabas de matar á tu padre también!
·
Fernando lanzó un grito: subió las escaleras de
dos en do~, y penetró en la estancia que Mendoza
acababa de abandonar.
Allí estaban sus padres. ¡El uno muerto, la otra
desmayada!
El periódico satírico, el festivo diario se hallaba
caído entre ambos, y aún conservaba las señales de
la presión nerviosa de la mano del coronel.

N úMERO 626

de una sociedad por acciones para explotar el invento con un capital no más de ~00.000 francos.
,
La construcción del palacio aéreo es sumamente
interesante: en ella sólo entran materiales ligeros pero
resistentes y flexibles, com&lt;;&gt; tubos rayados de acero

LA ILUSTRACIÓN

en dirección diagonal van á parar á la tierra en don, fuertemente amarrados; de este 'modo se
de estan
evitan las grandes oscilaciones que un fuerte viento
imprimiría al aparato. Para lograr desde este punto
de vista mayor seguridad, también la barra horizon·
tal que sostiene el palacio está amarrada por medio
de cables.
En los casos de desperfectos imprevistos, el aparat? puede ser ?escendido en media hora. El globo
resiste una presión de 100 kilogramos y aun más, de
manera que puede resistir un verdadero huracán.
Los dos ascensores, capaces para 10 ó 15 personas

ARTÍSTICA

cada uno, que establecen la comunicación entre la
tierra y el palacio aéreo pueden hacer un viaje cada
seis minutos y son del mismo material ligero que el
edificio; suben y bajan por su propio contrapeso y se
deslizan entre dobles cables de 25.000 kilogramos de
resistencia, á pesar de lo cual y :¡,ara evitar cualquier
accidente se han adoptado ingeniosos sistemas que
permiten inmovilizar instantáneamente el aparato.
Cada una de las partes componentes del globo se
llena por medio de un tubo que está en comunicación con el aparato de gas. Cualquiera reparación en
una de ellas es sumamente sencilla, pues sólo cuatro

-

..................
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contra las diversas
Afecciones del Corazon,

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Empo~reclmiento de la Sangre,
Debilidad, etc.
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Hydropesias,
Toses nerviosas;
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iO o~ntimo ■ de pes eta la
entrega de i8 página■

'

·

•

COL ICOS
♦
IRRITACIONES

l8l3

1878

18i8

DISPEPSIAS
GASTRITIS - OASTRALOIAI
DIOEBTION LENTAS Y PINO■AI
1PALTA DE APETITO

Erijam flU
cajlU de hoja de /ala

• OflOI H IOJU)IHI Da L&amp; DIHITIOII

Una cocharada

RIIIR• • de PEPSIIU IOUDAULT

11.UO LA

por la manana

en la cuarta parte

de uo vaao
deagua 6deleche

En todu
la•

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LA CAJA: 1FR. 30

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~ lu emlnenciaa médicas preuüaD que esl&amp; UOCJ&amp;CJou de l&amp; (Janae, el Hierre Ja
•••- couaUtuye el repara4or ma» en,mrtco que ee conoce para curar • la C/Qró,u1 la
.lnemla, las .lle111t~ dolorolal, el' Jlmpobrectmvnto y la ..weractoñ 44 la Sangre
el ill(JI"'""'°' lJI Á{eccfOf!a e,cro(luollU y -~tlt4l, ele. El l'i■• Pel'l'■ct■•--

dé

ea, en efecto, el único que reune lodo Jo que enwna y !ort&amp;lece loa organoe
tuerzas ó tn!un&lt;le a la ll&amp;DII'e
empo.uremda y descolort&lt;1&amp; : el Yl{lor, la Coloracioft y la 8rter"'4 MIIU,
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todos los médicos para la curac1on de las qastrltis gastraljlas dolo:ea
fu retortl{ones de estómag_o, estreñimientos r~beldes, para facilitar
los1:it::ito~. 1 para regularizar todas las funciones del estómago 1 de

Perao1u •u coDOCe■ lu

Proyecto de palacio aéreo para la Exposición de Amberes de 1894

SECCI ÓN CIENTiFICA

En esta época de las ideas críticas y claras en que
reina la razón práctica exenta de toda fantasfa, ha
desaparecido casi por completo la creencia en los milagros, y eso que en esta época del vapor y de la electricidad es cuando los mayores milagros se realizan.
A pesar de cuanto hasta ahora se -ha hecho, surgen de cuando en cuando proyectos y creaciones de
inteligencias privilegiadas que despiertan asom~ro y
admiración aun entre las gentes menos impresionables. Generalmente en· cuanto se anuncia 1:111 proyecto que se sale de los límites de lo ordinario, la mayoría de las gentes ó no Je dan crédito ó jo acogen
con escéptica desconfianza, y sólo cuando aquél es y~
una realidad los pesimistas se inclinan ante la evidencia y reconocen l!l poder del espíritu creador,
Tal sucedió con el globo cautivo Giffard, conja

e

D1pd1tto ,n todas tas Farmacia,

ENRJQUETA LOZANO DE VILCHES

1894

UIIPIJl,Lll)()8TEZ8AUO

Soberano remedio para rápida curacioa de las Afecciones del pecho,
Catarroa,llal de garganta, Bronquitis. Resfriados, RomadiJ.-oa,
de los Reumatismos• Dolores
Lumbagos, etc., 30 años del mejo;
6xito atestiguan la eftcacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

deHIB'rro de
ragea,Sa1Lutato
au

(Ilustraciones de J. Cabrinety)

PARA LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE AMBERES DE

UIT .lllriHÍLIQUI -

LECHE ANTEF1:L

¡Oh, cuando delante de nosotros se pronuncie un
nombre entre frases equívocas; cuando una de esas
sonrisas, aceradas como la hoja de un puñal y seguida de una palabra intencionada se ?f:ezca á nu~stras miradas, apartémonos de aquel s1t10, cuyo aue
está envenenado por el aliento de la calumnia; por la
calumnia que mata de una manera infame, á traición
y por la espalda! De la calumnia, crimen horrible
para el cual ni el código, ni las leyes de los hombres
han señalado castigo, pero que lo tendrá sin duda un
día, impuesto por un juez más recto, por un tribunal
más inapelable, ¡por el tribunal de Dios!
'

PROYECTO DE PALACIO AÉREO

~

.........

Gabriela ignoró siempre quién había sido el autor
de aquellos malditos renglones que habían arrojado
una mancha en su pura frente, y que habían sido la
causa de la muerte de Quirós.
Mendoza tuvo lástima de la pobre madre, y no
quiso desgarrar aún más su corazón.
En cuanto á Fernando, estuvo muchos días entre
la vida y la muerte. Después... después los cuidados
de su madre le salvaron, y ¡vivió para arrepentirse,
para expiar su culpa, para saber lo que el remordimiento desgarra el corazón del calumniador! .

"•t••••••1•,,••,1•,1••,t•11•••" •l"••••,1•11••• "•l'••••,1•••"•l''•"•l"•," •l'••••,1•, ,•, ,1•, 1••:l'ol''•'' •l"•."•l"••"•I' ••...,•''

bastan para sostener el globo, los cables y el palacio
con 150 personas dentro.
El peso total del palacio aéreo con 150 personas
dentro es de 35.620 kilogramos, y la fuerza ascensional del gas de 59.262: la superficie total es de 9.311
metros cuadrados, y la cabida de 74.079 metros cúbicos. Se necesitan 86.460 metros cuadrados de seda.
El palacio aéreo servirá en primer término naturalmenté de reclamo para la Exposición, pero también
s'e utilizará de él la ciencia, pues en él podrán hacerse interesantes observaciones astronómicas y meteorológicas, estudios sobre la gravedad, etc.

atrevida es su ejecución, necesitándose toda la energía y todos los esfuerzos de un hombre ~e ~oderosa
inteligencia para poner en obra tamana tdea. El
autQr del proyecto de palacio aéreo, el ingeniero de
Bruselas M. Tobiansky, pertenece á esa clase de seres privilegiados á quienes por su genio y p_or su espíritu emprendedor está reservado un gl?noso porvenir. Más de cuatro años hace que el inventor se
ocupa en ese proyecto, y á pesar de los_ obs~áculos
con que ha tenido que luchar ha rroseg111do sm de~mayar nunca sus estudios y expe.nmentos aero~áut1cos y técnicos, y después de haber pesado teónca y
prácticamente el pro y el contra y de haber hecho to•
das las comprobaciones necesarias1 plenamente ,CGnvencido dii la seguridad,y posibilidad ·d~ ejecución
de su invento ofreció su proyecto al comité de la Exppsición de Amberes, el ;cual' nombró una co'misión
científica para que lo exan_lÍn~ra y estudiara._ El _resultado' de este examen y estudio ful.la constituoó:o

y de aluminio.y otros por el estilo. Eorros de seda
china y tejidos de alambre dan al armazón un.aspecto compacto tjue' le ha&lt;;e semejar.á un edificio en toda forma y permiten la libre circulación deI vien~o.,
El suelo mismo del palacio aéreo, 51ue tiene Jº metros de largo por .7 de ancho, es de caña y bambü.
El globo que sostiene esté palacio se compone de
dos hemisferios y cuatro cilindros y es de·seda china
doble impermeable: cada una de estas partes tiene.
una cabida de 15.000 metros cúbicos aproximada·
mente y forman tbd\ls juntas un solo globo. Un recio
'tejido de seda que encierra los seis globos da al con-.
junto del aparato forma de un cuerpo homogéneo y
sostiene ei;i su parte inferior un tubo de acero horizontal de resistencia, al cual va suspendido el palacio,
por medio de cinco cuerdas, cada una con ·una fuer·
za ·de resistencia de 2 5.000 kilogramos.
La parte superior del globo está cubierta con una.
;red de seda de la que parten 16 cables de acero -que.,

DE PARIS

ao titubeaa ea purgarse, cuando lo
aecesitan. No temen el asco ni el causanci o, porque, i;ontra lo que sucede con
los demas purgaates, este no obra bien
sinocuandosetomaconbuenosalimentos
ybebidasfortilicaates,cualelvino,elcal6,
el ti§. Cada cual escoge, para purgarae, la
hora y la comida gue mas le convtenea,
segun
ocupac1onM. Como el causu
c10 que la porga oca,fona queda completamenteanuladoporelelectodela
bueaaalimen&amp;acioaempleada,uno
se decide f4cilmente II volver
4fµQpesarcuantasveces
sea aecesario.

su,

Querido •n,-rmo. -Floso Yd. • mi lirt a erpe,,.noia,

• hat• u10 de nuestro, GRANOS de SALUD puu ella,
le ourar!n dé
, on1t1paclbn, le darAn a{Atito .I t

'º

'.'.'.'.a~l•t'.:r'. .'.11~-~A~"'.:'::'"~,áV
~d~._!_ ___

,,,d•~•o~i,~,,~An~•'~
•~.ue:ñ~o:'.1~'_:
ªtlllMPre rl• un~ bu4'n.t ""'"
:_uaho1
año•.•t11rf,11f1ndo

al B

JARAB E

•
roInuro de p ot as10
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

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V EL0 U TI NE. ,F
Ch. l'ay,
El mejor y mas célebre polvo de tocador

.

_

por

perfumista

9, Ruede la Pm, p ARIS

�860

NÚMERO 626

LA ILUSTRACIÓN ARTÍ~TICA

ux

PASO DIFfcIL,

dibujo de Carlos Arregui

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTísTIOA diríjanse para. informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Oauma.rtin,
núm. 61, París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

............................

ENFERMEDADES

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GOTA
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del~
!!!!!!!!!!!!!!~~REUMATISMOS:

GARGANTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA
PASTILLAS y POLVOS

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B«,,-,adn• contra laa .l.toooiow dal Elt6mago, Falta de Apetito, Dlg..UO- labortooiu, Aoedtaa, V6mlto■, Eruo&amp;oe, 1_ C61iooe¡
regularlsan laa Funolone■ de: ne ■ IG• 'I
d• loe lnuetlnoe.
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desde su prlnclplo por los í&gt;ro!esores
L_!Lénnec, Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagración del tiempo: en el
ano 1829 ontuvo el prlvlleglo de lnvenetón. VERDADERO CONFITE PECTDRAl, CO,!l base
cte goma y d~ anabotes, conviene, son re todo 11. las personas Clellcactas· como
lllUJeres "f nlnos. su gusto excelente no perjudica en moCLo alguno 11. su tncaela
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mamenle a¡radable es eoberuio co tra l&amp;
7 Co,sr,al4ctncúu contra Ju IHarretf: lu .l"""'4 y
Cuando se trala de despertar e1 1

en

comDOlfdon de eete poiente
per
De un rusto auel -'J'::m"11to, en Ju CalffltllNI

Ju1o ~ ~

-•'•••la.

81,.,!!..otllaquo Y loe ,ntut,no,.
- - onee,.reparar las tuenu,
~ e ~ l)rOTO-

111~~-::.

emtquecer la sangre, entonar e1 orrantamo

aae

cad&amp;s por 101 calores, llO 118 conoce nada
,P()'I' m4,vor. • Paril_, en casa de l. FEllllt, Farmaceut1co, 109, rae R;_..._,._

aa VBMDB BN

a-~.,.,...,.

TODAS LAS PIIJMOIPALU ~ -..uwu.11o

EXIJASE 11:m.,1:' ARO UD
Quedan reservados los derechos de propiedad arl!stica y literaria
IMP, DB MONTANBJl Y SIMÓM

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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Ftí~t1ea
A~o XII

- - - - - - -... BARCELONA 18 DE DICIEMBRE DE r893 ...__ _ _ _ _ __

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

LA ADORAOION DE LOS REYES MAGOS, copia del celebrado cuadro de Alberto Durero
pintado en el niio 1509 y existente en In Galerfn de los Uffizi, 1le Florencia

�810

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 625

ría pidió á San José licencia para disponer fajos y criaturas del Angélico parecen traer desde un mundo
superior, al cual acaban de abandonar en su arribo
mantillas en que abrigó á su hijuelo. Tela de lino hi- á este nuestro mundo. Los ángeles de Credi tienen
lada por sus propias manos y urdida le valió para alas, pero semejantes á las de muchas aves que no
primer pañal; tela de lana ligera y suave le sirvió para
la primer mantilla. TeJ·ióle más tarde adrede para él vuelan, y á quienes tan sólo sirven para un paso más
aligero por la tierra. Plumas, aureolas, túnicas no bastúnica inconsútil. Y no se contentan los escritores tan á darles aires místicos. Aquellas figuras tan sólo
ortodoxos con saber la materia de que se componían recuerdan y significan la incom parable adolescencia
los vestiditos de J csús, también saben el color, blandel Renacimiento florentino, que reza en la cuna de
d
b ·é
b
·
fl
co Y mora o; tam I n sa en que previno José ores Jesús, pero enardecida por el mosto de Chio, escanYhierbas Y otros aromas, de los cuales María compu- ciado en copas áureas cinceladas por escultores muy
so agua olorosa, y rociando los fajos, doblólos, aliñó- semejantes á los antiguos de Grecia en la hermosura
los, los guardó en una caja, donde los llevó después
·
• B Jé y b
'
b
d
· perfecta y en el cincelado increíble. Aunque muy
consigo a e n. sa en mas, sa en que, etermt- helénico, cual todos estos artistas que han volado
nado el día de su partida para cumplir el edicto entre los crepúsculos vespertinos del siglo xv y las
- N11estros grabados.
de A ugusto, con diligencia salió José por Nazarelh alboradas hermosísimas del siglo xv1, descúbrese
Grabados. - La Adoradilii de los Reyes 1lfa,:Js, cuadro de en busca de cualquier animalejo sobre que llevar á muy pronto que Lorenzo Credi pertenece al periodo
Alberto Durero. -Ale¡orla de Nocheóue11a, dibujada por Ape- su esposa, y le costó mucho traba1·o encontrarlo por
henchido por la predicación de Savonarola, en el cual
les Mestres, y trei11ta y cinco grabados más, alusivos á la festividad de Nochebuena y Pas{llas de Navidad en los diferen- el número de gentes idas á cumplir el edicto. Y sa- parecía renovarse y rejuvenecerse la vieja religión cates países y comarcas á que se refieren los artículos del texto. ben que, tras varias diligencias y penosos cuidados, tólica. Tanto es así, que &lt;lió á la hoguera, tras un
- A/11/ey HaSStÍII, emperador de 11/arruuos. - A"aóilas del ;,,. José dió con pobre jumentillo, sobre cuyo lomo cosermón exaltad(simo de aquel extraordinario monje,
terwr amdiendo m auxilio de los rije,1os. - /eje de tribu Jocó á Maria 1·untamente con aguaderas y zurrones,
sus obras profanas. Pero como fuese piadosa la noble
árabe.
.....................................................................,................................................... en que iban panes, frutas y peces, ordinario manjar Adoración de los Pastores, preservóla el autor de
de que se nutrían y regalaban. Y aun dicen más, aun
dicen que, tras cinco jornadas, llegaron á Belén, sá- aquellos extravíos, guardándonosla para que pudiéseLA NATIVIDAD DEL SE~OR
bado, en punto de las cuatro de su tarde, hora en mos admirar en sus religiosas figuras la fresca e ncarnación de los tiernos cuerpos y el gesto de candor
Los dos evangelistas narradores de la Natividad que, por el solsticio de invierno, el sol se despide y que brilla en los divinos rostros. ¡Cuántos cuadros
de Cristo son Mateo y Lucas. El primero la mencio- se avecina la noche. Y siguiendo en su narración de igual asunto podríamos recordar ahora! La verna tan sólo al comienzo de su capítulo II, diciendo: cuentan cómo no hallaron los esposos posada, pues dadera nota de la maravillosa escena corresponde al
«Y como naciese Jesús en Belén de Judea, por los nadie quiso abrigarlos; cómo, á virtud y por obra de Correggio. No busquéis la perfección clásica de Radías del rey Herodes, he aquí que unos magos vinieron todo esto, se refugiaron en la cueva de Belén; cómo fael en sus cuadros; pero quizás hay mayor suavidad
del Oriente á Jerusalén. Y preguntaron: «¿Dónde se esta cueva miraba segura:nente hacia el Norte; cómo y melodfa. Este artista representa como nadie los
halla el rey de los judíos que ha nacido? Su estrella José limpió el suelo y los rincones de la cueva en afectos de ternura y delicadeza. Sobre todo, parece
se ha visto en Oriente y nosotros llegamos á reve- gran trecho; pues corridos los ángeles de verlo en tal haberse inspirado en el Verbo alejandrino, y visto
renciarle. »Al oir esto el rey Herodes, turbóse mucho faena, descendieron ali( hasta barrerla y desempedrar- cómo ese Verbo significa en esencia y resumen una
y con él toda Jerusalén. Convocados á este respecto la por completo.
luz de la luz. Correggio irradia el éter ariano, aquel
los príncipes de los sacerdotes, así como los escribas
El grande arte, sobre todo la pintura, ha exaltado éter, alma de los dioses indo•europeos, en sus comdel pueblo, preguntóles dónde había de nacer Jesús. el nacimiento de Cristo. Pocas escenas de la religión posiciones todas. Nadie ha pintado como él ese resY le dijeron:« En Belén de Judea, porque así está es- cristiana pueden ofrecer al pintor asunto de suyo tan plandor de lo supraesencial, en que van á dorarse las
crito por el Profeta. Y tú, Belén, de tierra de Judea, artístico y conmovedor. Así los mayores, entre aque· estrellas y á vestirse los ángeles. La irradiación eténo eres pequeña entre los príncipes de Judá, porque !los que más descollaran en las artes del dibujo, no rea que todo lo esclarece con el calor divino que to·
de ti saldrá un guiador que sostenga y dirija mi pue- dudaron en trasladar á paredes, tablas, lienzos, este do lo vivifica sugiérenle sus más religiosas y místicas
blo Israel.&gt; Entonces Herodes, reuniendo en secre- idilio religioso. Los ángeles en el cielo y los pastores inspiraciones. Por eso es el pintor de San Juan, del
to á los magos, sacó de ellos el tiempo en que les en la tierra; el Niño Dios, desnudo sobre las amari- evangelista que ha divinizado el Verbo, y el pintor
apareciera la estrella, y enviándolos á Belén, dijo: !las pajas; la mula y el buey, que á una, con los hu- de los ángeles, que llevan en sus ojos el amor á todo
dd allá y preguntad con diligencia por el niño. Y mos de sus alientos, lo abrigan; el varón justo, reprelo criado y sobre sus alas el arquetipo de todos los
después que lo halléis, avisádmelo, para que yo taro- sentado por José, ya viejo; el éxtasis de la madre, seres. Hay en Rafael más arte, hay en Vinci mayor
bién vaya y lo adore.&gt; Y ellos, oído al rey, se partie- absorta en ver y contemplar al tierno recién nacido· ciencia; pero no hay en otro pintor alguno adivinaron. Y la estrella, vista en Oriente, les dirigía y guiaba los cánticos de gloria resonantes en las alturas y mez: ciones como las suyas de lo que significan, así el sol
en todo el camino, hasta que, llegados á su término, ciados con los rabeles y las zampoñas pastoriles; las
espiritual como el sol material, as( el Verbo divino
se posó donde Jesús estaba. Y notada la detención estrellas luciendo con luz más viva, como si acaba- como el éter increado, en que han bebido las cosas
de tal estrella, holgáronse con verdadero intensísimo ran de brillar en los espacios inmaculados y no hu- su etérea substancia y las ideas su divina esencia. El
gozo. Y entrando en la casa, vieron al niño con su biesen recibido el hálito de nuestras culpas en sus vulgo llama La 1Vocl1e al cuadro maravilloso del mumadre María.» Hasta aquí San Mateo. Veamos á San espléndidas esferas; todos estos asuntos y todos seo de Dresde, donde Correggio traza el Nacimiento
Lucas ahora. «.Y aconteció en aquellos días que sa- estos objetos á maravilla en sus combinaciones se de Jesús. Y le llama La Noche porque todo está obs•
liera edicto, por Augusto César ordenado, mandando prestan para el arte cristiano por excelencia, cual curo y tenebroso allí, menos lo alumbrado por la mísempadronar á todos los hombres. Tal empadrona- se prestaban los viejos dioses clásicos en su trantica luz desprendida suave y armoniosa del Niño
miento se cumplió cuando gobernaba Cirenio la Si- quila serenidad para el arte por excelencia hele- Dios reclinado sobre la paja. Imaginaos que de pronria. E iba cada cual á empadronarse por este su- no. Un verdadero pintor florentino ha trazado esto vierais en profunda obscuridad la Vía Láctea, con
perior mandato en la respectiva ciudad. Y subió te bello argumento en cuadro que guardan las galesus
fajas de mundos y semilleros de soles; pues tal
José de Galilea, de la ciudad de Nazareth, á Ju- I rías de Florencia. El escenario resulta en tal obra efecto produce aquella luz divina y sobrenatural, redea, á la ciudad de David, que se llama Belén, esencialmente italianizado, mejor dicho, de pura y anverberada por tan hermoso cuadro. No hay allí nada
por cuanto pertenecía, según su estirpe, á la casa tigua Toscana. Las montañas extendidas en las dos
terrestre ni aun celestial. Todo el resplandor es de
y familia de David, para empadronarse con María, orillas del Amo, que semejan pirámides orientales é una idealidad adivinada por internas intuiciones.
su mujer, su desposada, la cual Maria estaba encin- intercolumnios griegos, con los hermosísimos valles
Apenas descubre uno a!H á J esús. Pero los rayos que
ta. Y aconteció que, hallándose allí, vinieron aquellos etruscos de severa vegetación y de colinas armoniodifunde iluminan con luz de sol á los pastores, codías, en los cuales debió parir ella. Y parió á su hijo sas, componen todo su fondo. En segundo término mo iluminan con luz de pensamiento á los ángeles,
primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en álzase lo que podríamos llamar campesino sombrajo: verificándose por milagrosas revelaciones del arte la
un pesebre, porque no había para ellos lugar en el una choza meridional, á todos los vientos abierta,
compenetración milagrosa entre la naturaleza humamesón. Y rondaban pastores por la misma tierra, ve• como se necesitan en los territorios de nuestras her- na y la naturaleza divina en la persona de Cristo,
lando de noche sobre su ganado. Y vino del cielo un mosas regiones, tan estrechamente unidas con el
compenetración que no ha podido explicarnos la
ángel d el Señor sobre todos ellos, y el éter celeste hombre. Aquel suelo no se parece de ningún modo
ciencia, siquier se vea y adivine por la fe. A cuadro
los circundó con su resplandor, y tuvieron gran mie- al árido y abrasado suelo de Palestina. Fresco césped,
tan sobrenatural poco añadirá nuestro Murillo en su
do. Mas díjoles el ángel: «.No temáis, porque aquí, cubierto por gayas flores, con especialidad por bien
adoración de los Pastores. El sevillano excelso, cuanahora, os doy nuevas de mucho regocijo para todo el olientes lirios, lo alfombran. En tan mullido y verde
do no traza las concepciones etéreas, que parecen
pueblo. Haos nacido en la ciudad de David hoy un tapiz, bien puede reposar el Niño Dios, con su auhechura de sus arrobamientos y deliquios personales;
Salvador, que es Cristo. Y se os revelará esto por seña- reola de luz increada en la frente y sus brazos y sus
cuando no copia un éxtasis monástico, en cuya exles. Hallaréis al niño envuelto en pañal y echado en piececillos levantados al cielo en guisa de voladoras
presión rivaliza con el mismo Zurbarán, adolece de
pesebre.» Y súbito fué con el ángel una muchedum- alas. A la izquierda tres pastores, que representan la
tendencias prosaicas y positivistas, como cualquier
bre de los ejércitos celestiales, quienes alababan al juventud, la edad madura, la vejez, contemplan á una,
literato y pintor, aquejado, por desgracia, de nuestro
Criador y decían: «.Gloria en las alturas á Dios, y en en éxtasis, el cuerpecillo, donde se compendian la
ponzoñoso realismo. Para penetrarse de tal verdad,
la tierra paz á los hombres de buena voluntad. » Y divina misericordia y la humana redención. A la deno hay como ver la Sacra Familia del Pajarito. Bancomo los ángeles volvieran al cielo, dijéronse unos á recha Maria, como fuera de sí por completo, enajeco y formón de San José; devanadera y ovillo de Maotros los pastores: «.Pasemos, pues, hasta Belén, y nada en arrobamiento y deliquio superiores á todo lo
ría; jilguero llevado por Jesús en la manecita; perriveamos esto que nos ha sucedido, manifestado ya imaginable por nuestra fantasía, en arrobamiento y
llo de lanas á los pies de éste; los objetos y las figupor el Señor.» Y hallaron á María y á José con el niño deliquio propios de las madres. José, menos intereras copian y reproducen el interior de una casa vulacostado en el pesebre. Y, al verle, notificaron lo que sado en la escena, con reposo digno de cualquier esgar, pintada maravillosamente, pero de un realismo
les revelaran de él; y todos los que oyeron, se mara- tatua clásica, en edad que no puede atraer á las mucuasi flamenco. E igual sucede, lo mismo, en el c uavillaron de cuanto los pastores decían. Mas María jeres ya, muy anciano, diciendo as( que ha nacido, no
dro de su adoración pastoril. Maria, muy hermosa,
guardábalo en su corazón. Y se volvieron los pasto- 1 para generar á Cristo, para sostenerlo y alimentarlo,
pero muy doméstica, de ojos andaluces, de traje obsres loando y glorificando á Dios, por haber pasado representa bien diversos afectos de los representados
curo sevillano, alza con verdadera sencillez el pañal
como se lo anunciaron á ellos.» Hasta aquí los San- por María, y significa una como externa protección y
tos Evangelios.
defensa del tierno Niño y de la débil mujer. Compiten en que descansa jugueteando su Hijo. Las dos gallinas del anciano pastor puesto de hinojos, vestido
La vieja literatura, preciada de ortodoxa, no se á una con la belleza de María la belleza de los ángede burda lana y abrigado por tosco pellico, viven,
contenta con esta narración de la Natividad del Se- ¡ les puestos á sus costados. Hay cuatro, dos niños cocomo quien las lleva, el cual no muestra idealidad
ñor, en cuya doble autenticidad hay que librar todo mo de siete años, dos jóvenes como de catorce. Nin1
alguna. I ,a vieja, con su cesta llena de huevos al b ralo sabido respecto de tal hecho. Así refiere que Ma- guno tiene aquel místico resplandor que las aladas

SUMARIO
Texto. - La Natividad del Seflor, por Emilio Castelar. - la
Nodzeóuena e11 ,lfa lrid. por Carlos Frontaura; m Afallor.-a,
por Juan B. Enseñat; m Atvia/11Cla, por Salvador Rueda; á
bordo, por Federico Montaldo; m el mar, por A ; en Ca/ida,
por Emilia Pardo Bauin. - El mes de Di. itmhre m la a11ti•
gw1 Lima, por Ricardo Palma. - Las Pas{llas de Nt1vidad e,,
Cata/11fla, por J. Coroleu. - P,muias y Navidad ( Costumbres
de la ciudad de Aflxico), por Alberto Lecluch. - Noc/1elmma
óaturra, por Luis Royo Villanova. - La Nocliebueua e11 Clti•
le, por Nadie; m el ,ampanwzto, por Francisco Barado; m
C11óa, por Felipe López de Briiías; m Puerto Rico, por ~fa.
nuel Fernández Juncos; m Valmaa, por Luis de Val; en
Guatemala, por X.; m Buenos Aires, por Enrique Coll; en
G11ip1Juoa, por Antonio Peña y Goiíi. - Adve, twda. - Cró•
11ita de la ca111pa11a, por José Ibáñez ~farln. - Los S11asos de
Afe/illa. Crónica de la guerra, por )l. Martínez Barrionuevo.

1 11

ALEGOR1A DE NOCHEBUENA, dibujada por Apeles Mestres

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

812

NÚMERO 625

lo necesario, y hay, por consiguiente, un dcscq~ilibrio económico general. El gobierno nos ha venido
dando el ejemplo, y lo hemos seguido con la mayor
solicitud muchos años. Hay mucha diferencia entre
aquellos tiempos en que sólo había un coche para todos los ministros, que iba á buscar primero á uno y
luegoáotro y á otro después para llevarlos al ministerio
ó devolverlos á sus casas, y estos felicísimos tiempos
en que tienen coche pagado por el Estado los ministros, los subsecretarios, otros altos funcionarios y
hasta los chicos secretarios del Congreso. En el material de las oficinas se gastaba con mucha parsimonia; ahora ese material importa una cantidad fabulosa, y hasta los escribientillos escriben cartas á su novia en papel con membrete del Ministerio ó de la
dependencia en que sirven.
Todo el mundo, en la clase media, que suele ser
la más tronada, usa la moqueta para cubrir el piso y
desecha la estera de cordelillo, que en otros tiempos
III
cubría el pavimento de casas muy principales. Con
¡Qué Nochebuenas tan animadas y alegres las de el sistema novísimo de pagar á plazos semanales los
otro tiempo! Todo el mundo cenaba fuerte, todo muebles, las camas y otros muchos efectos, todo el
el mundo menos los que no tenían qué cenar, que mundo adquiere lo que no podría adquirir pagándoalgunos se verían en este apretado caso; pero ahora, lo al contado; verdad es que lo paga más caro, y alahora se queda mucha, pero mucha gente sin cenar, gunos pobretes que antes de haber satisfecho el imy este año más que el pasado, y probablemente el porte completo dejan de pagar, por no poder, una ó
año que viene más que en el presente, porque cada dos mensualidades, con la misma facilidad con que
compraron á plazos las cosas se quedan sin ellas, y,
año estamos más tronados.
El ministro de Hacienda con sus reformas ha de- naturalmente, sin el dinero que aprontaron. Yo tenía
jado sin cena en esta Nochebuena y en otras muchas un amigo que decía á los que íbamos á su casa:
malas noches á muchísima gente. La negra cesantía, «Todos estos muebles que ven ustedes aquí los he
sin derechos pasivos, ha desmantelado muchos hoga- pagado á más precio que los hubiera pagado ~1anzares y anticipado un aguinaldo de hambre á los pe- nedo. »Y preguntándole cómo podía ser eso, replicaqueñuelos que antes alimentaban sus padres con el ba: «Porque los he comprado á plazos.)
Todo el mundo está apurado en el presente moauxilio de Santa Nómina bendita. Desde que se plan·
teó el Presupuesto vigente viven condenados á ganarse mento histórico; á todo el mundo le preocupa más
la vida como puedan y sepan muchos padres de fa. el hoy que el mañana, porque se vi,·e al día, se vive
milia, de los que no se meten con la Bella chiquita, como se puede ó como no se puede, y el mes último
que sólo sabían ganársela extractando expedientes y del año es ya para pocos el mes del balance satisfacsirviendo al Estado, que es á las veces el amo más torio, del regalado gusto de haber ganado y ahorrado
ingrato y cruel, especialmente con los que mejor le más que los años anteriores; es, por lo contrario, el
mes de la bolsa vacía, de la desesperación, del eshan servido.
Las beneméritas clases pasivas, ese batallón sagra- pantoso déficit, de las exigencias y las amenazas de
do de vetustas viudas, de huérfanas doloridas, dolo· los acreedores.
Y como vivimos de esta suerte hace años, y cada
ridas por la orfandad y la forzosa soltería, pues en
casándose ya no les da el Estado el alpiste; de gue· vez con más agravantes circunstancias, la Nochebuerreros retirados con sus averías, de reumáticos jubila· na nos coge de un humor tan negro, exceptuando á
dos, de exclaustrados que no se curan jamás de la nos- los que han sido agraciados en el sorteo de la lotería
talgia del convento... , sufren este año en sus haberes del día anterior, que ni ganas de cenar nos quedan,
mayor descuento que antes, con lo que no tendrán y eso teniendo algún dinero, aunque poco.
Por consiguiente, ya no puede asegurarse como
los pasivos una Nochebuena alegre, y seguramente se
verán obligados á prescindir del clásico besugo, tan en otro tiempo que la simbólica fiesta de la Nochepopular y estimado entre las gentes modestas, para buena se celebra en todos los hogares de .Madrid y
quienes el salmón es un pescado fabuloso ...
junta á todas las familias para regocijo de los niños
Los contribuyentes hállanse también de bonito hu- y de los viejos, de los que acaban de entrar en la
mor; trabajan para el fisco, que con los peores modos vida y de los que van acercándose á la eternidad.
se lleva cuanto ganan, y si se quejan de que no les ¡Dichoso hógar aquel en que el amor reune en Noqueda una peseta, no faltará periódico ministerial que chebuena á los abuelos orgullosos de sus hijos, á los
les acuse de ser unos egoístas y no tener patriotismo hijos idólatras de sus padres, á los nietos felicísimos
ni vergüenza~ A tales tiempos de libertad hemos lle- que no ven nunca nubes en la frente de los que les
gado, que no la tiene uno siquiera para poner el gri- dieron el ser, y crecen en medio de la alegría más
to en el cielo cuando le sacan las tiras del pellejo.
pura, viendo siempre sonrisas, oyendo siempre fra.
Unicamente los empleados en activo podrán este ses de carifío y desconociendo las siniestras sombras
año festejar la Nochebuena y la conservación de su de la discordia en la familia!..
empleo, por si en el próximo no tienen ocasión de reLa Nochebuena es ya poco bulliciosa en Madrid.
gocijo porque los hayan enviado ya al panteón de En alguna calleja se oye el desagradable ruido que
los cesantes. Los desmoches sucesivos que vienen hacen unos chicos dando golpes sobre una lata que
presenciando desde el año anterior son un preceden- contuvo petróleo; en alguna otra se oyen canciones
te poco tranquilizador para los servidores del Estado. sin poesía con acompañamiento de zambomba y sarEste año, como todos, nos ofrecerán Lhardy y otros tén, y en las prevenciones de policía duermen la
restaurauteurs en sus escaparates el espectáculo luc- mona unos cuantos desventurados que se gastaron
tuoso y apetitoso de los faisanes, los pavos y los capo- en vino los pocos céntimos que constituían su fortunes cebados, los embutidos más elegantes, si en esto na. Los vendedores de la plaza Mayor quéjanst tode los embutidos puede haber elegancia, y en fin, dos los años de vender menos que vendían antes, y
una diversidad rublime de manjares traídos de todas los que en los portales de Santa Cruz ofrecen á los
las partes del mundo; pero la burguesía pasará de chicos los nacimientos de corcho con las figurillas de
largo, que no están los tiempos para regalarse el es- barro laméntanse de que ya no hay gusto para comtómago propio con tan exquisitas cosas, y menos aún prará los pequeñuelos portales de Belén, reyes mapara regalarlas á los demás. Solamente algún que gos, pastores con ofrendas y demás piezas escultóriotro grande de España, los ministros, los altos em- cas alusivas á la Nochebuena. No hay, en efecto,
pleados que sean poco previsores, tal cual vengadora gusto ni dinero tampoco.
pródiga de lo ajeno... y de lo propio, el primer tenor
En suma, la fiesta de la Nochebuena en Madrid
del Real y los embajadores de las grandes potencias ha quedado reducida á unos cuantos banquetes en
podrán gastar el dinero en comer lo que en aquellos casas aristocráticas, á las cenas de las familias bien
escaparates se ofrece á quien lo tiene de sobra. Los avenidas, que todavía hay, gracias á Dios, familias
burgueses regularmente acomodados tendrán que unidas que siguen la tradicional costumbre de celebrar
contentarse este año con el desmedrado pavo ca- la memorable fecha del nacimiento de Nuestro Rellejero, sospechoso de viruelas, con las sardinas de dentor, y á las destempladas aguardentosas voces de
Castro Urdiales y las nueces y castañas con que se los infelices que entretienen el frío y el hambre canentretiene á los· chicos y se les compensa la falta de tando coplillas y arm:mdo ruido bajo la vigilancia
cosa de más substancia, ... y los pobres ... ¡cuántos de los guardias de seguridad que están de servicio.
verán la procesión de las ánimas!. ..
Donde no hay harina todo es mohina, y hace ya
El hábito del ahorro se pierde en nuestro país, co- tiempo que este axioma es de gran actualidad en
mo se han perdido tantas buenas costumbres. Todo Madrid y en toda España.
el mundo, lo mismo el que tiene mucho que quien
tiene poco, gasta en lo superfluo acaso más que en
C.\ RI.OS FR0:-1T,\ UR,\

cómicas ... , había mejor humor y más dinero. Y lo
que es en Nochebuena, pocos eran los que no tenían
algo con que celebrarla.
Claro que entonces se mataba algún que otro loco, algún que otro desesperado, produciendo la des·
gracia, por poco frecuente, escándalo y consternación,
compadeciendo todo el mundo al suicida; entonces
también hallaban el incauto y el vicioso casas de juego, pero contadas y ocultas; por las mujeres arruiná·
banse los que no sabían dominar sus pasiones, que
siempre hubo sobre la tierra hombres dtijlados, como
ahora se dice; y había, en fin, maridos extraviados y
esposas enteramente perdidas; pero semejantes ejemplos citábanse como casos extraordinarios, y hablaban
las gentes misteriosamente de estas debilidades hu·
manas que ahora á nadie asombran, como que con
EmLIO CASTELAR
......,..............................,.....•.............,........ ,,...................., ..,........................,.............,. ellas estamos enteramente familiarizados.

zo, vuelve de cualquier corral andaluz, como vuelve
de un aprisco cualquiera el mozo reteniendo al cordero que se adelanta para lamer al Niño. La figura
más idealizada en este cuadro de Murillo es la figura
de San José, quien representa y simboliza la madurez de nuestra vida cuando la inteligencia y el corazón llegan á su completa plenitud. Pero sea de todo
esto cuanto se quiera, no dudéis de que jamás la historia verá sobrepujadas las artes pictóricas cristianas,
como jamás ha visto sobrepujadas las artes escultóri·
cas helenas. Todos estos cuadros han idealizado el
nacimiento de la criatura humana en este nuestro
bajo y triste mundo, que celebramos por estos días
y encarecemos en la festividad poética de la Natividad del Señor.

LA NOCHEBUENA EN M.\DRID

I

1

1 '

No se ha perdido todavía, y hay que desear que
no se pierda y creer que no se perderá en Madrid la cristiana costumbre de celebrar las familias
la fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo; pero, aunque duela, es preciso reconocer que
existe gran diferencia entre lo que era antes y lo que
es ahora la Nochebuena.
Hemos progresado mucho, no se puede negar, en
lo material; pero en lo moral hemos perdido bastante, y por esto hay ahora muchos hogares fríos, tristes;
mucha aparente riqueza y mucha espantosa miseria;
muchas desapoderadas ambiciones y muchas terribles caídas; mucha farsa y poco dinero; y sin embargo, todos los días son días de fiesta en Madrid, que
es el pueblo más pobre y más divertido del Universo.
La Noche buena ha sido siempre la fiesta del hogar, la fiesta de los vie¡os y de los niños, esencialmente. Para aquéllos era la noche de los recuerdos dicho.sos de la juventud y de la edad madura; para los
niños la noche de las puras y candorosas alegrías,
de las inocentes risueñas esperanzas, de las leyendas
maravillosas. Ahora van ya quedando pocos de aquellos viejos sanos de alma y cuerpo que, después de
una labor honrada de largos años, tenían con que vivir y se holgaban de verse en la Nochebuena rodeados de la familia que habían formado cristianamente... Los viejos de nuestros días ni tienen salud, ni
humor, ni dioero; los consume el tedio, los postra la
diabetes, los empobrece el casino y se los come la
usura. Sus hijos y sus yernos campan por sus respetos, meten la cabeza donde pueden, en el Congreso,
si tienen esa suerte, y hacen la oposición á sus padres,
á sus abuelos y al lucero del alba. Y en cuanto á los
niños... ¿dónde están los niños?.. Ya no hay más niños que los que están en mantillas. Los otros, los
que van á la escuela, más que con el Juanito y el
Amigo de los miios se deleitan leyendo en El Liberal
el proceso de la Bella chiquita y riéndose de los padres de f amilzii.
La Nochebuena era la fiesta de los pobres, de los
pobres resignados á la pobreza y al trabajo. Había
también alegría en el hogar del pobre, que tenía el
corazón libre de la envidia, esa ponzoña &lt;1e nuestros
tiempos. Poseía el pobre la noción cristiana de la
igualdad, que no es como ahora quieren sus falsos
redentores que la entienda. Sus necesidades no eran
tantas como ahora; no se las había creado, y por consiguiente no sufría el tormento de no poder satisfacerlas. En sus tristezas le consolaba la fe, el supremo bien
que ahora se le arrebata desapiadadamente al pobre,
dándole en cambio aspiraciones imposibles que son
para él un tormento cruel y para la sociedad una
terrible amenaza perturbadora..

II
En aquellos tiempos, que ya son remotos, cuando
no ocurría, como ahora en Madrid, todos los días
un suicidio por lo menos; cuando- el juego de la
pelota era sencil amente ejercicio de chicos y no iban
á presenciarlo las damas y los caballeros, ni servía
de pretexto al más escandaloso de los juegos; cuan·
do no había en las calles principales y en los círculos de la gente más empinada timbas donde los incautos y los viciosos dejaran el dinero, privando así de
todo recurso á sus familias; cuando sólo tenían carruaje los que lo podían pagar holgadamente; cuando eran pocos los que ponían casa y coche á las mujerzuelas, y aquellos pocos se guardaban muy bien
de hacer alarde de su debilidad; cuando la gente se
regocijaba grandemente en el teatro, aunque no le
sirviesen á diario, como ahora, el adulterio en todo
drama y las desvergüenzas en casi todas las obras

LA NOCHEBUENA EN MADRID1 dibujo de Manuel Dominguez, grabado por Sadurni

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

625

- ¡Santas y buenas!, contestaron á un mismo tiem- pasar aquí, en vuestra compañía, esta maldita Nochebuena?
marido y mujer.
LA NOCHEBUENA EN MALLORCA
- Pero D. Arnaldo, ¿y la Misa del Gallo?, se atre·
- Vengo de lejos; estoy muy cansado; la noche es
obscura y fría ... lle visto luz y he pensado que me vió á objetar Magdalena.
EL ÁNGEL Y EL DIABLO
- No iréis por esta vez. ¿Qué falta os hace ir á oír
convendría descansar un rato y pedir informes sobre
cantuseos ridículos?
Entre los suculentos platos literarios con que, en el camino, pues sentiría extraviarme.
- Todo buen cristiano, objetó Pedro, está obliga- ¡Bien venido seáis! Disponed de nosotros y de
celebración de la gran fiesta del hogar, se obsequia
á las personas mayores en el presente número de LA cuanto hay en esta casa. ¿En qué podemos serviros? do á asistir á las solemnidades con que la Iglesia
- Vuestra bondad me confunde. Sólo quisiera un honra al hijo de Dios. Quiero ir á la Misa del Gallo
!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA, justo es que se sirva á la
gente menuda alguna ligera golosina, como este cuen- pedazo de pan y una escudilla de agua, y descansar y me acompañarán mi mujer y mis hijos.
- ¡Miserable, replicarme á mí!.. Repito que no
un poco.
to que para ella he aderezado.
iréis. ¿Has olvidado que tengo en Racafons una enA principios del siglo xv1, la pintoresca villa de
- Sentaos y seréis servido.
El paje tomó asiento en uno de los bancos del ho- cina donde he mandado ahorcar á más de una doceSóller, situada en el fondo de un ameno valle, entre
altas montañas de la cordillera Norte de Mallorca, se gar. Magdalena le puso al lado la cesta del pan, un na de rebeldes que desobedecieron mis órdenes?
Al recuerdo de la famosa encina, Pedro se estrecomponía de posadas de payés, abiertas los días festi- plato de aceitunas y medio queso. En tanto, Pedro le
meció
de espanto. Pero recobrando en seguida su
sirvió
una
botella
de
vino,
diciéndole:
vos y cerradas el resto de la semana; de cuatro tien- Con este frío y de viaje, no conviene beber valor, replicó al terrible caballero de este modo:
das de mercería y comestibles, y de unas cuantas ca- Haréis,! señor, lo que os plazca; pero nosotros
sas de menestrales, principalmente cardadores y te- agua.
iremos
á la Misa del G~llo.
Y
añadió
al
fuego
un
par
de
troncos
de
_
olivo,
que
jedores de lino crudo y lana del país. La población
El de Rocafons se puso en pie de un salto, echanse hallaba desparramada por alquerías y cortijos, por ardieron en seguida en viva llama.
El paje sólo tomó un bocado de pan con unas po- do chispas por los ojos; desenvainó la espada y se
granjas y casas de montaña.
Una de las vertientes más pobladas del valle era cas aceitunas y un sorbo de vino. Luego hizo sentar echó á fondo contra Pedro con intención de pasarlo
la conocida con el nombre de Las Moneadas. Acá y sobre sus rodillas á la pequeña Antonia, que se ha- de parte á parte.
Pero con la rapidez del pensamiento, se interpuso
allá se veían rústicos caseríos con cisterna y horno bía acercado á él llena de curiosidad y asombro, y
de pan cocer; buenas viñas en escalonados bancales, empezó á contarle cuentos que le dieron mucho gus- el paje exclamando:
- ¡Atrás, Lucifer!
y de sol á sol se mezclaban con el alegre y variado to. Gabriel, que se había sentado á los pies del viajeDesenvainó un puñal que llevaba sujeto á su cincanto de los pájaros las pausadas canturías de los la- ro, en el extremo de un grueso tizón, le escuchaba
to de oro, cogióle por la reluciente y afilada hoja y
también con la boca abierta.
bradores.
- Dime, tú, ¿eres buen muchacho?, le preguntó el presentó á la vista del caballero la empuñadura, que
Día 24 de diciembre _d e, 517, una hora después de
anochecer, se calentaban bajo la campana de la chi- paje, después de concluído un cuento lleno de inte- tenía la forma de una cruz.
Inmediatamente se alzó del suelo una gran llamamenea y ante un hermoso fuego de troncos de olivo, rés y de buenos consejos para los niños.
- Que lo digan mis padres, contestó con ingenua rada que envolvió al del traje negro, y él y el paje
en el espacioso hogar de una de aquellas casas de
desaparecieron un instante entre una espesa columna
campo, el honor Pedro Garau, su mujer, llamada gracia Gabrielíto.
- Tus padres se ríen ... Se me figura que están con- de humo que subió por la chimenea.
Magdalena, y dos hijos de ambos: Gabriel, que había
Cuando el humo se hubo disipado, el negro persode hacer su primera comunión en la primera Pascua tentos de ti. ¿Has de ir esta noche á la Misa del
naje había desaparecido y el paje se había transforGallo?
Florida, y Antonia, que tenía ocho años.
- No, señor. Mi padre dice que me cansaría mu- mado en un ángel de hermosas alas de oro.
Pedro frisaría en los cuarenta. Era alto y fornido
Pedro, su mujer y los niños se hincaron de rodide espaldas, de rostro moreno, vivo de potencias y cho, y mi madre teme que me constipe. Pero me gusllas, llenos de admiración.
taría ir.
noble de corazón.
El ángel les mandó levantarse y les dijo:
- ¡Y á mí también!, exclamó Antonia. Dicen que
- ¡Demasiado noble!, solía decir Magdalena, que
- Buenos cristianos, id á la Misa del Gallo y roven
al
Niño
Jesús
en
un
pesebre,
muchos
corderos
no le consideraba bastante rico para ser tan genecon sus pastores, y San José, y la Virgen, y un buey gad á Dios con devoción. Es cierta la noticia que
roso.
hoy os han dado de la muerte de D. Arnaldo de RoNo se quejaban de su desprendimiento los verda- y una mula. ¡Qué bonito debe ser!
- Pues voy á suplicar á vuestros padres que os cafons. Aquel déspota inhumano expía hace tiempo
deros pobres de la comarca, ni los de puntos más lejanos, que le hallaban siempre con la mano abierta y dejen ir. ¿No es verdad, dijo dirigiéndose á éstos, sus iniquidades en eternos suplicios. Hoy Lucifer ha
tomado su forma para impedir que fueseis á celebrar
que vais á darles ese gusto?
dispuesto á hacer un favor.
el nacimiento del Niño Jesús, venido al mundo para
- ¿Contáis ir vos?, preguntó Pedro.
Por esto, cuando Pedro bajaba á la villa los dodestruir el poder del espíritu infernal. Tranquili ·
- Yo no falto nunca.
mingos para oir misa y hacer provisiones', era un
zaos; el valor y la fe de que habéis dado prueba, os
- Pues les llevaremos, ya que así lo deseáis.
placer ver cómo todo el mundo le saludaba, cual si
Los niños iban á saltar de alegría, cuando les pa- han salvado para siempre. Id á la Misa de Navidad
pasase un gran señor.
Digo mal, porque al gran señor, el muy noble don rálizó un tremendo golpe dado en la puerta y una y veréis después que hasta en la tierra recompensa
Dios las virtudes, y muy particularmente la caridad,
Arnaldo de Rocafons, que dominaba como un reye- voz estentórea que gritaba:
- ¡Mil rayos! ¡Abrid... abrid pronto, que á mí no esa virtud por excelencia que tenéis arraigada en vueszuelo absoluto á la población rural de aquella parte
tro corazón.
de Sóller, no le saludaban las gentes sino á disgusto se me tiene á la inclemencia como á un perro!
Esto dicho, el ángel desapareció.
Y se oyeron más recios golpes, acompañados de
y temblando.
Las campanas anunciaban con sus resonantes ecos
Precisamente hablaban de él en el hogar de Pedro otros gritos y blasfemias.
Magdalena se persignó y su marido fué á abrir la la hora de ir al templo.
Garau.
Una comparsa de vecinos que iba reclutando genpuerta.
- ¿Decías, pues, Magdalena?..
Un hombre vestido de negro, con botas altas y es- te para irá la Misa nocturna, hizo irrupción en la ca·
- Que la mujer de Miguel del Salt ha estado aquí
pada al cinto, entró echando maldiciones y tirándose sa. Pedro recomendó á su mujer y á sus hijos que no
y me ha contado muchas cosas de Rocafons.
dijeran una palabra de cuanto acababan de presen•
Rocafons era la residencia señorial de D. Arnaldo: de los pelos de una luenga barba roja.
- ¡Voto á Barrabás! ¡Qué noche para un largo via- ciar, pues era exponerse, sin provecho alguno, á que
un castillo roqueño situado en uno- de los picachos
de la escarpada costa, cerca de lo que es hoy Balitx je! ¿Dónde he venido yo, á parar? ¡Ea! Una rama al les tomaran por visionarios ó trapaceros.
fuego, y sacad lo mejor que tengáis para cenar.
La comparsa, engruesada con Garau y su familia,
d' Amunt.
.
Pedro y Magdalena estaban como petrificados. Los emprendió la marcha hacia el pueblo, precedida de
- Hablemos bajo, que no nos oigan de fuera, añaniños se habían cubierto el rostro con las manos, dos mozalbetes que alumbraban con antorchas hechas
dió la mujer de Pedro.
con mazas de estopa impregnadas de resina.
No era fácil que nadie les oyese, porque la noche acurrucándose junto al paje.
- ¿No habéis oído?, gritó el recién llegado. MiradEl templo se llenó de fieles y la Misa revistió la
era fría y obscura, y la casa más próxima estaba á un
tiro de ballesta. ¿Quién diablos iba á andar por allí á me bien. ¿No me conocéis? ¡Ja, ja, ja! Yo soy D. Ar- solemnidad de costumbre. Lo que más interesó á
naldo de Rocafons.
.
Gabriel y Antonia fueron el canto de la Sibila, los vitales horas?
Y el caballero del negro traje prorrumpió en una llancicos y la cueva de Belén, en que se representa- Miguel del Salt llegó ayer y vino solo. Ya sabes
que había ido á la guerra con D. Arnaldo, y recor- carcajada tan estridente, que hizo temblar de miedo ban al vivo los principales episodios del nacimiento
darás la alegría que causó á todo el mundo el ver á Pedro y á su mujer, quienes no se explicaban cómo de Jesús.
A la salida de la iglesia volvió á reunirse la misma •
partir al Sr. de Rocafons. ¡Era _tan malo! .Pues bien: veían en carne y hueso á aquel maldito D. Arnaldo,
de cuya muerte habían hablado precisamente aquella comparsa, la cual hizo más de una estación para acepya no le volveremos á ver.
.
misma noche. ¿Y lo de venir de lejos á tales horas, tar un bocado en casa de unos parientes, donde se
- ¡Diantre! ¿Pues qué le ha pasado?
sin caballo ni escudero?
remataba la Nochebuena improvisando glosas con
- Que ha muerto en tierra de moros.
Pedro echó una rama al fuego y Magdalena sirvió acompañamiento de guitarra y rociando con vino
- No es que yo quiera mal á su ánima ... ¡Ojalá
Dios la haya perdonado: Pero juraría que á estas ho- á su terrible huésped las provisiones que le queda- blanco de cosecha propia la tradicional coca de Naviras, D. Arnaldo está en compañía del demonio, de ban. En pocos minutos, D. Arnaldo se lo tragó todo. dad, costumbre que aún sigue inalterable entre los
Levantóse de la mesa refunfuñando y fué á sentarse campesinos de toda la isla.
quien debía ser próximo pariente.
Apenas había pronunciado Pedro estas palabras, en un banco del hogar. Hasta entonces no reparó en
De regreso á su casa, Pedro y Magdalena enconcuando se oyó un aldabonazo en la puerta y una voz el paje.
traron una borrica en la cuadra, una docena de ove- ¿Quién eres tú?, le preguntó haciendo un horri- jas en el aprisco, seis graneros llenos de trigo, abundelicada que decía:
- Hermanos, abrid, por caridad, á un pobre via- ble gesto.
dantes provisiones de toda clase en la despensa, las
- Soy paje de un señor tan humilde como pode- arcas llenas de ropa blanca y dos talegas de onzas de
jero que viene rendido de cansancio.
- ¡Virgen Santa!, exclamó temblando Magdalena. roso.
oro en el pequeño armario del dinero.
- ¿Qué señor es ese?
Ga~riel y Antonia hallaron una cesta repleta de
¿Quién será?
- No puedo decirlo, porque viajo de incógnito.
- ¡Abre!, dijo Pedro. No está la noche á propósibarqmllos y turrones, y un Nacimiento muy bonito
El de la barba roja le volvió las espaldas malhu- en un hueco de la escalera.
to para que tengamos aguardando á la puerta al que
morado y preguntó á Pedro:
nos pide refugio.
Las talegas de onzas no duraron muchos años.
- ¿Y tú, qué dices de mi visita? ¿No te figurabas Poco á poco, todo aquel dinero se fué en limosnas.
Magdalena abrió el postigo y se encontró en presencia de un paje, de simpática figura, joven, rubio, que yo llegase algún día á honrar tu casa?
Lo cual no impidió que aquellas buenas gentes vivie-No, señor, contestó Pedro con temblorosa y sen holgadas y felices el resto de sus días.
ricamente vestido.
- ¡Buenas noches!, dijo, entrando, con voz dulce apagada voz.
- ¿Y qué dirás cuando sepas que estoy resuelto á
y aire risueño.
JUAN B. ENSEÑAT

�816

NúMERO 625

LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

LA

NOCHEBUENA EN ANDALUCÍA
EL BAILE DE LOS ABUELO S

dibujo de J. García Ramos

EL BAILE DE LOS ABUELOS

. Más ligera esa copla; dad dobles golpes
en la piel del pandero, tersa y tirante;
·describa la mudanza curvas y brincos;
esos pies más veloces; ¡aire y más aire!
Está la rancia abuela bailando alegre
la danza en que lucieron sus mocedades,
Y.acuerda los tapices frescos de Goya
con la arcaica mantilla y el corto traje.
De su boca, hecha pliegues, abre la risa
•las mandíbulas mondas en dos mitades,
y con los largos dedos castañetea
ceñida á la cadencia de dos compases.
Formando vivo corro gozan los nietos
ante aquella figura de otras edades,
á quien la santa dicha que el cuadro llena
quita un siglo de encima para que baile.
En rápido desfile ve con la mente
de sus años floridos el loco enjambre,
y oye con la memoria las serenatas
que daban á sus rejas tiernos galanes.
Al ir girando inquieta, grita un acento:
«¡Que el abuelo haga bríos y la acompañe!»
Y el abuelo, un caduco león vencido
por cien años de luchas y de pesares,
adelanta hacia el centro con la sonrisa
inocente de un niño sobre el semblante,
yergue la curva espalda dando á su cuerpo
de un currutaco el porte fino y amable,
y encajando en la danza por la juntura
matemática y justa de dos compases,
adorable y gracioso, la vuelta imita
que va dando su esposa para liarle.
¡Qué menudos punteos! ¡Qué primorosas
idas hacia los lados y hacia adelante!
Bailan el baile clásico, la dan1,a pura
que ya la gente joven bailar no sabe.

Su ritmo acompasado recuerda el ntmo
de un español y viejo noble romance,
y está pidiendo el lienzo de un cuadro antiguo
la castiza finura de sus modales.
El concurso admirado bate las palmas
y andaluzas hipérboles mezcla en el baile,
y al ver danzar dos siglos, uno ante el otro,
le embarga un sentimiento profundo y grande.
Más ligera esa copla; dad dobles golpes
en la piel del pandero, tersa y tirante;
describa la mudanza curvas y brincos;
esos pies más veloces; ¡aire y más aire!
((ZAMBOMBEO»

Una zambomba de Vélez
con un carrizo de á vara
y la piel bajo el carrizo
abierta y atirantada,
toca una linda mozuela
mojando la mano en agua,
mientras resuena la fiesta
donde se bebe y se canta
En la punta del carrizo,
atado con cinta grana,
un grupo de cascabeles
escandaliza la sala,
y al runrún de la zambomba,
coro de voces borrachas
cantan así, mientras truenan
en el aire las sonajas:
«En el Portal de Belén
entró un gitano con gracia,
y logró robar la mula
que al Niño Dios calentaba.))
- ¡Eh, patrona! - grita un mozo
á la que fríe la masa ¿qué hacen ahí ezoz guñueloz
que naide les ve la cara?

Pa que'. oz coma er que quiera
prepongo una coza, vaya.
(Expectación en la gente
un punto el bullicio para,
y oír con ansia se espera
lo que propone el que habla.)
- Prepongo que en dende ahí
toz 1oz guñueloz que zargan,
ze echen á roá po er zuela
pa que haiga jorgorio y gata.
- Quítate de ahí cernícalo,
miá que te doy con la tranca.
- Poz que venga el aguardiente
pa remojá la garganta.
- Echa una copla primero,
no ze bebe zin ganarla.
- Zi tengo de puro zeca
la zaliva jecha gacha;
zi paece mi lengua, vamo,
un refilo, po lo áspera.
¡Quema jogo; venga vino!
- ¡Mardita zea tu eztampa!
Toma la boteya y bebe;
toma y bebe, pero canta.
- Venga; no decirme na
jazta que ar zuela me caiga.
- ¡Giien gaznate!
- ¡Giien embúo!
- ¡Gran tonel!
- ¡Zoberbia panza!
- ¡Eh, que te duermez bebiendo!
- Home, ziquiera dezcanza.
- Que vaz á enterrá la copla
en medio de eza riada.
- ¡Riada! Eze ez er diluvio
univerzá.
- ¡Basta, basta!
Y quitando la botella
de manos del que la agarra,
y limpiándose el borracho

�LA

818

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

que absorto ante lo que ve...
no sabe lo que se dice.
De buena gana rezara:
«Sevillana dulce y cara,
yo creo en tu faz morena,
y·á tu verita pasara
bailando la Nochebuena.»
Al pandero escandaloso
de metálicos ru'idos,
une el templo prodigioso
del órgano melodioso
los aflautados sonidos.
Por las naves misteriosas
va la gente de ansia llena
viendo caras primorosas
como se ven las hermosas
en una alegre verbena.
Un chiste arrojado al paso,
un requiebro á una mujer
de fino cutis de raso,
oye el que cruza al acaso
y sonríe sin querer.
Que el carácter andaluz
dondequiera que se halle
hace á la pena la cruz,
y en el templo y en la calle
va derramando la luz.

625

625

NúMERO

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

819

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MÚSICAS LEJANAS . ..

LA MISA DEL GALLO EN SEVILLA,

con el puño de la manga,
entonó este villancico
al rumor de.las sonajas:
«En er Portal de Belén
entró juyendo una rata,
y er Niiio corriendo de eya
ze metió en una canazta. »
- ¡Malazombra!
- ¡Tragavino!
-¡Azaúra!
- ¡Tarambaina!
Y la zambomba de Vélez
con su carrizo de á cuarta
y la piel bajo el carrizo
abierta y atirantada,
moviendo sus cascabeles
escandaliza la sala
y ameniza con su estruendo
la escena de gente baja.

LA CENA ARISTOCRÁTICA

Está el salón cuajado de regias hermosuras
y está ornada la mesa con platos y con flores,
y en los espejos amplios que prende~ las molduras
la escena reproduce su lujo y sus pnmores.
Envueltas las arañas en fulgurantes nimbos,
bañan la fiesta rica cual de otra Babilonia,
y entreabre á sus reflejos sus pálidos corimbos
la hortensia, puesta al lado de cálida begonia.
Chocan en desafío cuchillos y cucharas
y aumentan los rumores ardientes de la orgía,
pasa la loca risa brillando por las caras
y un piano cerca esparce su alegre melodía.
Vienen en finas fuentes aves de azul plumaje,
guisadas con tal arte que admira los sentidos,
palomas de albas plumas lo mismo que un encaje,
faisanes esplendentes de mágicos vestidos.
Desfilan por la mesa los peces matizados
en salsas en que agota la mente su inventiva,
ostras en sus estuches de concha nacarados,
langostas cuya forma parece que está viva.
En los cristales leves los vinos burbujean,
Jerez, Montilla, Málaga, derraman sus aromas,
y en ellos los matices diversos centellean
que tienen colibríes, quetzales y palomas.
Lanza el champán sus salvas, y con rumor sonoro
da en la ensanchada copa que á un cáliz se parece,
y de ella rebosando los átomos de oro
forma colgante randa donde la luz se mece.

dibujo de

J. García Ramos

En tanto las hermosas recógense los trajes,
se aprestan las parejas al baile bullicioso,
y en un salón que luce grandiosos cortinajes
el piano las enlaza con ritmo cadencioso.
Girando en torbellino desfilan abrazadas
al son de un vals brillante que excita á la locura,
y copian sus figuras las lunas azogadas
como un fingido baile de lujo y de hermosura.
Las rosas en los senos se agitan temblorosas
y en los alientos beben el soplo de las brisas,
flotan las cabelleras deshechas y sedosas
y estalla entre los labios el coro de las risas.
En tanto á los balcones llamando la alborada
echa su luz de pascua sobre la mustia escena,
y escribe con su dedo de lumbre arrebolada:
«¡Pasó con sus locuras la alegre Nochebuena!»

EN L.\ '.\!ISA DEL GALLO

Quien quiera ver cosa buena
á través de una mantilla
y que le deje la pena,
que oiga misa en Nochebuena
en el templo de Sevilla.
Haga mucha devoción
y refrene los sentidos,
que hay ojos de tal pasión
que se clavan decididos
en mitad del corazón.
Y puede ocurrir tal vez
que al postrarse ánte el altar
quien á su Dios rinda prez,
no pueda el ojo quitar
de las rosas de una tez.
Mucha cara de azucena,
mucha moza de Triana,
del centro y la Macarena,
cobija en la Nochebuena
la santa iglesia cristiana.
Y en medio de tal enredo,
no hay en el templo sonoro
quien consiga estarse quedo,
ni quien rece un solo credo
sin exclamar: «¡Yo te adoro!»
¿Cómo ha de estar el creyente
al lado de una capilla
humillado y reverente,
si tiene la gloria enfrente
envuelta en una mantilla?
Dice el pobre yo pequé
y al Hijo de Dios bendice;
mas no lo dice con fe,

Ya se van las comparsas, ya van cantando
el postrer villancico de Nochebuena;
¡ay de aquellos que el goce de otra esperando,
les sorprenda viniendo de luto llena!
Habrá en la mesa un sitio triste y desierto
donde falte la copa de la alegría,
y sonará á campana que toca á muerto
el choque de los vasos entre la orgía.
:Músicas que á lo lejos aún resonáis
con vaguedad de ensueño que halaga y hiere,
y que entre vuestras notas algo lleváis
de eso que siente el alma por lo que muere:
parad ante las rejas sólo un instante
y gozad de la dicha las frescas rosas;
¡quizás cuando de nuevo paséis delante
no hallaréis tras los hierros á las hermosas!
Lanzad nuevas canciones de Nochebuena
que oigan los corazones estremecidos,
porque ya estaréis mudas mientras la pena,
como mientras la lluvia callan los nidos.
La juventud alegre tiene cien alas
para cruzar sus cielos deslumbradores,
y hay que atar de sus cintas, lazos y galas
el carro rubicundo de los amores.
Parad ante su gloria, músicas bellas;
aún rutila el lucero de la mañana,
y cual notas de un himno van las estrellas,
mariposas azules, en caravana.
«¡Amad - decid- la risa, las ilusiones,
las tradiciones santas y seculares,
las guitarras que llevan en sus bordones
del pueblo los anhelos hechos cantares!»
No os vayáis, leves sones que el aire mece,
borrando en nuestro pecho las alegrías ...
ya Sirio baja al monte, y es que fenece
esta noche de vagas melancolías.
¿En qué hogar, cuando vuelva, no habrá canciones
ni vibrarán los himnos que antes sonaron?
¿En qué liras humanas, los corazones,
no cantarán las cuerdas que antes cantaron?

¡Oh madre que en tus brazos tenerme ansías!,
contigo tendrá músicas mi Nochebuena;
¡pues con que tú me mires y te sonrías,
mi alma de artista canta, vibra, resuena!

LA NOCHEBUENA Á BORDO,

LA NOCHEBUENA

A BORDO

(noci::TO MARÍTIMO)

Bien se dejaba ver que aquella noche ocurría algo
extraordinario y grato á bordo del magnífico transatlántico de unas 13.000 toneladas de desplazamiento
que surcaba las aguas de alta mar con una velocidad
de 23 millas por hora ( 1). Revelábase la «satisfacción interior» que allí reinaba en el lucir de las portillas de luz de cámaras y camarotes, que en largas
filas brillaban sobre el negro fondo del imponente
casco, y en el ir y venir continuos que podía observarse á través de ellas; cuando de ordinario y átales
horas, las más de las luces de á bordo estaban apagadas, y todo el mundo, menos el personal de vigilancia, recluido en los camarotes y durmiendo.
Arriba, en la cubierta alta, el servicio continuaba
como siempre: el oficial de cuarto hacía su guardia
paseándose por el puente, situado á 18 metros de
altura sobre la línea de flotación; iba el hombre arrebujado en su capotón de mar, obscuro y recio, con
los brazos cruzados sobre el pecho y las manos metidas en las amplias mangas; la gorra de hule encasquetada basta tocar por los lados y por detrás el levantado cuello del abrigo, y mostrando los pies por
debajo de éste, que pies habría de seguro dentro de
aquellas dos enormes botas de agua macizas y pesadas que se arrastraban soboe el enjaretado á impulsos de una marcha acompasada y lenta: de cuando
en cuando penetraba el hombre en la caseta que
promediaba el puente; echaba una mirada á la carta
de marear extendida y sujeta allí en una mesilla,
bajo los rayos vivos de un farol de ojo de buey; arrojaba un gruñido, muestra de satisfacción probablemente, y en seguida volvía á emprender sus idas y
venidas por el puente, con la mismas gentileza y donosura que emplean los osos para revolverse en sus
jaulas, y hasta parecido á ellos por su aspecto.
Por encima de él, á 30 metros sobre la superficie
del mar, los serviolas, pegados á las luces de situación, y los vigías, inmóviles también en su caseta, dominando un horizonte de 15 millas de extensión, luchaban con el sueño, la humedad y el frío, despabilándose y como resucitando cada diez minutos para
atronar el espacio con sus alertas; y por debajo los
hombres del timón, cogidos á la rueda, seguían silen( 1) Todos los datos numéricos contenidos en el presente

boceto son verdaderos y están tomados del L11ca11ia y del Campam'a, los dos últimos transatlánticos mandados construir por
la compañía Cunard para la línea de Liverpool á Nueva York.

SALVADOR RUEDA

(N. del A.) -

dibujo á la pluma de Nicanor Vázquez

ciosos como autómatas hercúleos las indicaciones
que con manoteos expresivos y frases breves les dirigía el timonel, cuya mirada no se apartaba ni un
instante de la temblona aguja de bitácora.
La densa niebla que envolvía al buque dejábase
rasgar como con pena por éste, lagrimeando y enganchándose en pegajosos girones á sus palos, formando como una pantalla impenetrable ante los potentes haces fotoeléctricos de sus faroles reglamentarios, cuyos reflejos . blancos, rojos y verdes, mezclábanse con ella en confusos torbellinos, parecidos á
los de fuentes luminosas ó danzas serpentinas; ardiendo luego en explosiones de luz, surcadas de fugaces chispas, encima de las dos anchurosas chimeneas, análogas á cráteres, y estremeciéndose por último con renitencias de masa elástica, cuando el
grito estridente de la sirena vigilante hendía los aires
cada cuatro minutos.
Abajo, en lo más profundo del buque, en el infierno de las máquinas, todo continuaba también como
en los demás días del viaje. El maquinista de servicio, de pie en su balconcillo, fijos los ojos en el manómetro situado junto al reloj, empuñada la inquieta
palanca del regulador, atento al timbre y á la bocina
de comunicación con el puente, levantaba la voz de
vez en cuando hasta dominar el estrépito horroroso,
formulando una orden concisa y rápida que era obedecida al punto por una legión de condenados, pues
tal parecían los fogoneros, medio desnudos, sudosos
y anhelantes que, ó bien abrían los 102 candentes
hornos, con tremendo chocar de portezuelas, para
rellenarlos de carbón en paladas monstruosas (como
que iban á alimentar 30.000 caballos), ó para rascar
las parrillas con gruesos y largos ganchos, ó bien se
lanzaban como monos gigantescos á lubrificar, llenándolas de aceite y sebo, todas las conyunturas de
aquellas poderosas máquinas, las que llevaban el movimiento, imprimiéndoles una velocidad de más de
200 revóluciones por minuto, á las dos grandes hélices de tres alas que impulsaban el buque.
Y .sin embargo, á pesar de la inmensa responsabilidad abrumadora que pesaba arriba sobre el hombre
del puente; á pesar del trabajo penosísimo que gravitaba en el principal encargado de la máquina; á
pesar de la ruda labor que tenían que soportar los
auxiliares de uno y otro; á pesar de los veinte hermosos botes de salvamento, preparados siempre y listos
para m\tigar l?s horrores de un naufragio, y á pesar
de la mebla remante, que es el enemigo más temiole
que tiene hoy la navegación, el magnífico transatlántico estaba de fiesta: una fecha, el 24 de diciembre,

se había impuesto por un día á los severos reglamentos de á bordo, á las costumbres ordenadas y
metódicas que rigen en esos pueblos flotantes, y en
éste se celebraba la tradicional Nochebuena, con los
recursos disponibles, ni más ni menos que en cualquier otra ciudad.
Que ciudad y populosa (por más señas) era ya el
buque aquél. Ciudad amurallada con costados de
acero que ocupaba una extensión de unos 1 90 me
tros de largo por 20 próximamente de anchura máxima y sobre otros 20 de altura habitable, vivían en su
seno más de 3.000 personas, di!itribuídas en autoridades y clases sociales; lo mismo que en los pueblos
de tierra firme... sólo que mejor Cuatrocientos quince individuos constituían el personal que pudiéramos
llamar administrativo; de ellos, sesenta y uno, con
el capitán y los oficiales, formaban los altos cuerpos
consultivos y ejecutivos; ciento noventa y cinco, desde el ingeniero jefe hasta el último fogonero, iban
afectos á las múltiples máquinas, y ciento cincuenta
y nueve, entre los que se contaban el cocinero primero con sus pinches numerosos, criados y camareros, asumían los servicios de policía urbana y sus
anexos.
El resto de los habitantes, ó sea la población civil,
constaba de seiscientos pasajeros de 1.ª clase, la
aristocracia, los privilegiados que bebían champagne
pagándolo aparte en las comidas, y jugaban las libras
esterlinas, prodigándolas en apuestas y otros mil pasatiempos; cuatrocientos de 2.a, que representaban
la burguesía ó clase media acomodada, procurando
siempre estirar un presupuesto inflexible, pero tratando á la vez de imitar en todo á los primeros, aun
á costa de los más ridículos esfuerzos, y de unos mil
de 3.ª, emigrantes en su mayoría, familias enteras,
pobres y miserables, que buscaban en la expatriación
un modus vivendi~· el pueblo soberano que miraba
hacia popa con ojos de envidiosa codicia y que por
las tardes. amenizaba la travesía armando bailes y
canturreos allá á proa, recogiendo monedas de la
aristocracia y aplausos de la clase media. ¡Como en
la vida!, que díria de Maupassant.
Todos, sin embargo, en la noche de que hablamos,
coincidían en un pensamiento único y todos procuraban divertirse celebrando á la par la Nochebuena.
Cuatro días de navegación habían curado ya á todos
del mareo y establecido cierta inmidad entre los pasajeros de las distintas clases y de éstas entre sí; todos ellos se conocían, de vista por lo menos. El capitán, viejo lobo de mar, confirmación viviente de
aquella frase feliz según la cual ((no es el corazón la

�820

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

entra1ia destinada por Dios á la elaboración del pensamiento,» 5entía hondo, pero pensaba, naturalmente, poco y mal; en nombre de la compañía ofreció
un extraordinario á los pasajeros de 1.a, y un árbol
de Navidad, cargado de golosinas y juguetes, para
los niños de 1.ª y 2.ª A los ce y• los hubiera partido
un rayo, bien á pesar del capitán, si un ingeniero
eminente, cargado de hi•os, que iba en 2 .ª, no hubiera propuesto algo en su favor, y si un tocinero retirado, ahito de millones, que iba en 1.ª con la aristocracia, no hubiera secundado la idea, comprometién-

&lt;lose á sufragar los gastos. Para tod0s hubo, pues,
fiesta y jolgorio, aunque es preciso decir que :\llÍ, como en todas partes, los que más se divirtieron y gozaron más en la improvisada fiesta fueron los infelices de 3.ª, el pueblo soberano.
Aquella noche sonaron las diez impunemente, y las
luces de á bordo, que á esa hora se apagaban de ordinario, siguieron brillando hasta muy tarde; las
1.350 lámparas eléctricas con que contaba el buque
permanecieron encendidas, y bien puede asegurarse
que sus 22.000 bujías no alumbraron hasta cerca
de la amanecida más que caras felices y
satisfechas; el fluido eléctrico recorría,
mas apresurado, si cabe, que de costumbre, las 50 millas de alambre conductor
de que podía disponer á bordo para llevar más pronto á todas partes la alegría
de sus luces, desde los dos potentes dinamos que funcionaban en el sollado hasta
el último rincón del animado departamen
to de 3.ª
Pero no todos gozaban, no; sería un
error creerlo: cuando el grandioso salón
de J.ª con suc; dorados techos de cuatro
metros de altura estaba más concurrido
y resplandeciente, llenas sus cuatro largas mesas de alegres comensales, un señor de barba blanca, pero fuerte él y vigoroso todavía, antiguo oficial de marina
que viajaba solo, no dejaba de pensar,
cabizbajo y preocupado, en la triste Nochebuena que se pasa en los buques de
guerra, donde cada tripulante está aislado
con sus recuerdos, sin que puedan distraerle de ellos ni los cantos regionales á
que se entregan por grupos los marineros
españoles hasta las doce, ni las alegres
dianas y repiques que á esa hora suenan
en los buques militares extranjeros. Al
observar la preocupación que se reflejaba
en el rostro del viejo, un joven, vecino
suyo de mesa, le interrogó acerca de su
extraña actitud, que contrastaba tanto
con la de los demás, obteniendo esta respuesta, resumen y compendio de la l{oclzebuena á bordo:
«Amigo mío, la Nochebuena es una
fiesta genuinamente familiar, y sólo rodeado cada cual de su familia y en casita ts
como puede disfrutarla bien.»
FEDERICO l\ÍOXTALDO

LA_NOCHEBUENA EN EL MAR, dibujo de F. Lindner

NUMERO 625

LA NOCHEDUEN.'\ EN EL l\Ii\R
«¿Me pedís que os cuente algo de mi ,·ida de marino? - nos decía cierta Nochebuena mi abuelo, mientras mi padre descansaba al amor de la lumbre de
sus diurnas faenas y mi madre daba la tfüima mano
á la cena que, á juzgar por los olorcitos que de la
cocina hasta nosotros llegaban, prometía exceder á
la de los días ordinarios. - Voy á satisfacer vuestra curiosidad; que también á mí me gusta remozarme refiriendo añejas historias. Mas así como otras veces he
interesado vuestra imaginación haciéndoos suspirar
por los países lejanos cuyas maravillas os describía,
hoy quiero haceros sentir todo lo que para el ausente de ella vale la familia, ese conjunto de amores
á cuyo calor el hogar más µobre, la aldea más humilde, el país más triste puéblanse de encantos que lejos de él en vano trataréis de encontrar en el palacio
más suntuoso, en la ciudad más rica en el más sorprendente paisaje que pudo fabricar el hombre ó
crear la naturaleza.
))Y, pues, en Noche buena estamos, dejadme que recuerde otras dos Nochebuenas, la primera y la última que pasé en el mar. Son dos notas tristes que aun
hoy, al acudirá mi memoria me conmueven; pero la
tri5teza que su recuerdo en mf produce desvanécese
al verme rodeado de todos vosotros, pedazos de mi
alma, que con vuestros cuidados y vuestras caricias
alegráis los últimos días de este pobre viejo, cuya
existencia camina rápidamente hacia su ocaso. »
Y enjugándose una lágrima, comenzó el abuelo su
relato en estos términos:
«Tenía doce años cuando me embarqué como grumete en el bergantín San A11to11io. El mar ejercía sobre mí irresistible influjo: junto á él había nacido, y
jugando en sus orillas ó bañándome entre sus olas
pasé los primeros tiempos de mi niñez. Llegada la
hora de escoger una profesión, opté por la de marino.
»Ni contento ni pesaroso iba á separarme de mis
padres: apenábame, por un lado, dejarlos; pero por
otro me alegraba la idea de comenzar mi \'ida de
hombre, y de comenzarla en el mar, que tanto me
atwiía. Pocos momentos antes de embarcarme miré
á nuestra casita, que muy cerca de la playa se lc\·antaba, y miré al barco que airosamente se mecía á pocas brazas de la costa, y ¿por qué negarlo?, fué mayor
en mí el ansia de verme instalado en el buque que la
pena por alejarme de mi hogar.
»Sentía verdadera vocación por el oficio.
&gt;Hicieron desde el bergantín la última señal: mi
padre, esforzándose por aparentar una impasibilidad
que desmentían sus ojos húmedos y su voz temblorosa, abrazóme fuertemente y apenas pudo recomendarme que me portara siempre como un
hombre honrado; mi madre cubrióme de besos;
pasóme al cuello un escapulario de la Virgen de
los Desamparados, y anegada en llanto encargóme
que me acordara mucho
de ellos y que le rezara
á La que nunca deja de
velar por sus hijos.
»De haberse prolorgado mucho a']uella escena
hubiera acabado con mi
fortaleza, haciendo as!
más dolorosa la despeJ ida; por fortuna el marinero que debía acompañarme hízome entrar con él
en el bote que nos con·
dujo al bergantín: poco
después, el San Antonio,
desplegadas al viento sus
velas, fué alejándose de
la costa, que no tardó en
desaparecer por completo
de nuestra vista.
»Pasaron días y días,
y la \'ida de á bordo me
entusiasmaba cada vez
más; y eso que la labor
era dura, el descanso poco y la comida menos
que mediana. Distinguióme el capitán desde el
primer momento, y con
las suyas captémc en seguida las simpatías l de
toda la tripulación. Me
acordaba de los míos,
¡vaya si me acordaba!, de

LA NOCHEBUENA EN EL MAR, cuadro de Eliseo Meifréo, reproducido directamente por Thomas

�822
mi madre sobre todo; pero su recuerdo apenas si
me entristeció al principio, y al fin acabé por familiarizarme con la ausencia.
»Una noche - llevábamos tres semanas de navegación - observé en el barco mayor animación que de
ordinario: hacíanse en él preparativos como para una
gran fiesta, y los marineros subían de la bodega cargados de botellas y de cajas que iban depositando
sobre la mesa de la cámara. A las diez llamónos allí
á todos el capitán, y á su invitación cajas y botellas
fuéronse vaciando como por encanto. Aquel inusitado acontecimiento excitó mi curiosidad, y no pudiendo al fin contenerme preguntéle á uno de los que á
mi lado estaban á santo de qué nos obsequiaban con
tan abundante festín. «¡Cómo! - me contestó el marinero á quien me había dirigido. - ¿No sabes que es
Nochebuena?»
»Quedéme confuso al oir esta resp\lesta, y poco á
poco una melancolía indefinible se apoderó de todo
mi ser: la palabra Nochebuena traía á mi memoria recuerdos que hasta entonces no se habían despertado.
Sentíme solo en medio de toda aquetla gente cuya
alegría me hacía daño, y faltándome aire que respirar
en la cámara, apresuradamente subí á cubierta. La
noche era hermosa, el mar estaba tranquilo y nuestro
barco se deslizaba suavemente por la superficie del
agua, en cuyo fondo reflejábanse titilando-al movimiento de las olas los infinitos astros que brillaban en el
firmamento. Apoyéme en la borda y clavé mis ojos en
el horizonte, buscando entre aqueUas sombras lo que
evocaba mi deseo; pero nada descubría: el mar y el
cielo uníanse en una línea indefinida que mi vista no
podía atravesar.
))¡Tal vez desde más alto!, me dije, y trepando por
las movedizas escalas situéme en la cofa y seguí escudriñando la inmensidad del Océano. De pronto fingióme la imaginación allá lejos, muy lejos, una luz:
sí, aquella era, allí estaba el faro que se alzaba cerca
de mi pueblo; siguiendo el camino de la costa se llegaba á mi playa; junto á la playa estaba mi casa, y en
la casa mi padre entreteniendo á mis hermanitos con
la historia de Belén y de los pastores, mientras esperaban que mi madre sacara del horno la dorada torta
con que solía obsequiarnos en la Nochebuena.
»Ante aquel cuadro que veía con los ojos del alma;
ante el dolor que, producido por mi ausencia, adivinaba en el corazón de mis padres, no pude reprimir
los sollozos ni contener mis lágrimas; y mientras llegaban á mis oídos los gritos y la algazara de los que
abajo celebraban el nacimiento del Niño Jesús, hinquéme de rodillas, saqué el escapulario de mi pecho
y exclamé besando fervorosamente aquella imagen y
puesto en los q,ifos mi pensamiento: «¡Virgen de los
Desamparados, que pronto los vea!»
»¡Qué triste fué para mí aquella Nochebuena, la
primera que pasaba en el mar!
»Transcurrieron muchos años: iba ya para viejo y
no podía quejarme de la suerte. La fortuna me había
favorecido, y gracias á mi trabajo y á mi economía
contaba con lo necesario para vivir tranquilamente el
tiempo que de vida me quedara. Era segundo de la
fragata Esperanza, y con aquel viaje terminaba mi
existencia de marino.
Hacía una semana que habíamos salido de Valparaíso con rumbo á España, y llevábamos dos días de
temporal que con grandes dificultades veníamos sorteando. En la noche del tercero el mar tomó un aspecto imponente: nos envolvía una cerrazón completa; las olas barrían la cubierta del buque como fiera
que husmea y lame su presa antes de devorarla, y el
viento arrancaba de las jarcias lúgubres gemidos y hacía crujir la obra muerta con ruidos siniestros. La
Esperanza defendíase, sin embargo, heroicamente; y
si un instante se hundía en abismos que parecían sin
fondo, era para surgir al poco rato en la cima de encrespados montes de agua que la alzaban á vertiginosas alturas. Como irritado por tamaña resistencia,
arreció el temporal en sus furiosas acometidas, y nuestro barco sin gobierno comenzó á ceder. De pronto
abrióse en la fragata una vía de agua que era inútil
empeño querer atajar, y perdidas ya todas las esperanzas dispusimos los botes, y huyendo de una muerte
pronta y segura buscamos el} aquellas frágiles embarcaciones una salvación remota, casi imposible.
»Pero antes de abandonar el buque, el capitán,
cumpliendo su último deber, metió en una botella,
que echó al.agua, un papel en que con mano insegura trazara estas palabras: «Fragata Esperanza, de
Santander, á pique: tripulación se embarca en botes.
¡Dios nos proteja! En alta mar, en la Nochebuena
de 185 ... »
»¡Otra vez aquella fecha que en medio del Océano
me recordaba el apacible cuadro de mi hogar! Mis
padres habían muerto, pero en la casita que se alzaba
en la lejana playa esperábanme entonces mis hijos y

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un nietecito, tú, Pedro, que habías nacido después
de· mi partida. ¡Cuántos besos te di con el alma en
aquella horrible noche! ¡Cómo le pedí á la Virgen
que me concediera la dicha de verte!
»Y la Virgen me escuchó.
»¿A qué describiros las horas de mortal angustia
que en el bote pasamos? Cien veces sentimos la muerte junto á nosotros, y otras tantas un milagro nos
arrancó de sus manos. Amaneció al fin y con el nuevo día amainó el temporal: la Provid;ncia puso en
nuestro camino un vapor francés, que nos recogió,
como poco antes había recogido á nuestros compañeros de las otras embarcaciones, y á, todos nos dejó en
el primer puerto de escala. Al cabo de algunos días
veíame otra vez entre)os míos, de quienes no he vuelto á separarme y á cuyo lado espero morir si el cielo
me otorga esa gracia única que ya he de pedirle.»
Era yo muy niño cuando mi abuelo nos refirió estos dos episodios de su vida de marino, pero todavía
conservo grabada en mi alma la impresión que me
produjeron y la alegría que reinó durante la cena que
puso término á la velada: parecíanos á todos que
nunca nos habíamos querido como aquella noche.
Desde entonces, cuando llega la Nochebuena y en
fiesta íntima de familia conmemoramos el nacimiento del Niño Dios, al sentirme envuelto en aquel ambiente de felicidad y de cariño, no puedo menos de
consagrar un piadoso recuerdo á los pobres niños
que en aquellas horas cruzan los mares lejos de sus
padres y á los infelices que tal vez en aquellos momentos luchan en medio del Océano con la muerte
y en un grito de suprema angustia envían el último
adiós á sus hijos. - A.
v..,..,~.............._................,......,........................................................,..................

LA NOCHEBUENA EN GALICIA
Es la Navidad la fiesta católica por excelencia, la
fiesta universal que estremece de alegría los ámbitos
del mundo: sin embargo, cada región le imprime su
carácter propio, adoptándola á su peculiar manera de
concebir la idea religiosa. Yo os diré cuáles son en
mi tierra los regocijos y las nostalgias de la gran noche; cómo se siente y cómo se celebra ese momento
divino, que por medio del radiante arco iris de la esperanza une la tierra árida y fría al cielo azul turquí
tachonado de magníficas estrellas.
No busquemos la fiesta de Navidad en casa del
pudiente. La riqueza es cosmopolita y enemiga jurada de las dulces tradiciones y las viejas costumbres:
el'lujo es monótono, igual á sí mismo en todas las
comarcas del planeta. Para la cena de Navidad, lo
mismo en Vigo que en París, el rico abre la ostra salobre y hace saltar el corcho del Champagne bullidor. En la morada del rico apenas distinguiríais la
Nochebuena de cualquiera otra noche del año, si los
niños no reclamasen, ya el extranjerizo árbol de Navidad, ya el clásico, neto y castizo belén.
¡Los niños! Son los verdaderos tradicionalistas; son
los únicos que aún conservan y cultivan el recuerdo
de la más alta fecha que registra la historia. Gracias
á los niños, no han olvidado enteramente las personas mayores que hace diez y nueve siglos vino al
mundo, en un establo, El que nos había de redimir,
muriendo muerte de cruz.
¡Los niños! Ellos se han reservado el privilegio de
poner en escena el hermoso drama plástico del ad venimiento de Cristo á la tierra. Siempre que se acerca
la Navidad, puéblase mi imaginación de reminiscencias de la niñez de mis hijos. Me veo comprando el
belén en la plazuela de Santa Cruz, escogiendo figura
por figura, buscando los reyes más barbudos y de
túnica más rozagante, las más gentiles zagalejas, los
dromedarios más reverendos y los cabritillos más
blancos, y eligiendo después un magnífico portal y
una imponente lejanía de palacios y torres de cartón
que contrastase bien con la sierra cubierta de escarcha y el profundo valle en cuyas grutas oraban los
pastores. Me veo desempaquetando en Marineda
aquella carga parecida al retablo de Maese Pedro, y
revistiendo de follaje la habitación donde queríamos
ofrecer el belén á la admiración de la chiquillería.
Y el fresco musgo de la Granja de Meirás imitó praderas, y los pedazos de una luna de espejo remedaron el serpear del río caudaloso, y gasas de suaves
colores fingieron horizontes celestes, y la estrellita,
puesta muy en alto, lo iluminó todo con fantástico
esplendor ... ¡Mil veces feliz edad la que se alumbra
con una estrella de talco y ve el cielo en unos pliegues de tul!
En el campo no se arma el belén: el lujo de los juguetes es desconocido para los niños pobres. Los muchachos de la aldea, en estos días del año, lo que
hacen es ir de puerta en puerta entonando con voz
plañidera y acento nasal los villancicos de A11i11M10.

I

625

Y á las puertas de las chozas - las puertas más fáciles
de abrir para el que pide - se asoman buenas mujeres,
vejezuelas compasivas de esas que reservan siem~re
á las criaturas una sonrisa y un sentencioso conseJo;
y en los raídos y abollados hongos ó en las miserables boinillas - porque la rica ~ graciosa 111011/eira ya
cayó en desuso - llueve la espiga de maíz, el pedazo de borona, el puñado de habichuelas ó castañas, ó
el torrezno rancio. Colecta humilde, sabrosa para los
pedigüeños. Con ella se refocilarán en esos días que
así celebra el mi1lonario co·mo el mendigo. En Galicia, lo mismo que en el resto de España, el pueblo
los solemniza; pero seamos sinceros ante todo y observemos que esta gente inmutable, por la cual diríase
que resbala sin profundizar la corriente de. lo.s siglos,
lo que conmemora no es tanto la fecha cristiana del
Nada!, como la renovación del año, la crisis de la
madre naturaleza, que una vez más resucita triunfadora. Este período en que la tierra, sacudiendo el letargo invernal, siente los primeros latidos de los gérmenes que pronto romperán el surco, es el que el
aldeano celebra, es la primera fiesta heliástica del
año, sólo comparable á la de las lustraciones, la de
San Juan - día en que, á la madrugada, el sol baila de
júbilo en el firmamento.
Guiado por la confusa pero tenaz memoria del atavismo, el aldeano, en los últimos días del año, que
para nosotros evocan el culto del Redentor espiritual, evoca á su vez las enseñanzas de los primitivos
institutores religiosos que tuvo Galicia - los druidas.
- En esta fecha era cuando los hombres del árbol cortaban de la sagrada encina, con hoz de oro, el gui ó
muérdago, á la claridad del plenilunio; y el teatro de
la escena era el bosque mismo, la horrenda selva, el
lubrego, porque el celta no erigía templos, siendo para
él la naturaleza toda inmenso altar. - En esta fecha
s~ cumplían los más solemnes ritos de aquella religión naturalista y panteísta que á duras penas y superficialmente desarraigaron los valerosos apóstoles
cristianos.
Entrad en la cocina que sirve de salón al labriego,
y donde se reune y agrupa la familia al calor del hogar. Bien pronto advertiréis que, bajo el nombre de
Navidad, lo que allí se está celebrando no es sino la
druídica fiesta del fuego. Esa llama alta y viva, que
dibuja sobre las paredes amasadas con pedruscos y cal
de sapo las siluetas de los que rodean el lar, procede del
gran tizón de Año Nuevo, del leño inmenso destinado á arder ocho días, y que á pesar de la olvidada ó
ignorada prohibición de los Concilios, se enciende y
cuida como cuidaban el fuego sagrado las vestales.
Por nada del mundo renunciarían á encender el leño
simbólico, pues sus vagas supersticiones de palingenesia y su firme creencia en la inmortalidad del alma
les impulsan á preparar el foco en que han de calentarse los espíritus de los antepasados, que vienen
del otro mundo ateridos por el hielo de la eterna
sombra. El leño misterioso de Navidad no se enciende sólo para los vivos: los muertos acuden á participar de su calor. Por eso cuentan que ante el sacro
fuego - ante la resplandeciente y terrible faz de Agni, numen del hombre primitivo, conjurador de la
frialdad de las edades paleolíticas, - el campesino gallego no se atreve á cometer impureza alguna, y la
mujer, requestada por el marido al pie del hogar, recházale con energía exclamando: «¡Que nos ve la
lumbre!»
No impide, sin embargo, el respeto al fuego que
en la cocina, durante la noche de Navidad, se cante,
se ría, se beban largos tragos de picante y fresco mosto, y se saboreen entre festiva cháchara los harinosos
zonchos ó castañas que en bien abrigada olla se cocieron con su piel. El viejo .de los donaires cuenta
historias de gorja, anécdotas en que la malicia y la
ingenuidad se dan la mano; los rapaces galantean
muy de cerca á las rapazas; los muchachos ya se caen
dormidos, como cae del árbol la pera en sazón; el ciego de la viola entona con voz aguardentosa el villancico ó narra el secular romance; los casados hablan
del tiempo y de la cosecha - los dos tópicos del
agricultor, - y mientras tanto, una mujer, de edad madura, de curtido rostro, la dueña de la casa, permanece silenciosa y hasta se diría que la luz de la ahumada candileja y el ardiente reflejo del tizón hacen
rielar una lágrima en sus ojos ... Es que piensa en sus
dos hijos menores, los que emigraron en tiempos difíciles, yéndose allá, muy lejos, á no sé qué mortífera
comarca brasileña; y como ni una carta, ni una noticia ha recibido en cinco años, la madre, en esta noche, en medio de esta jovial algazara, discurre si
aquellos dos pedazos de sus entrañas, tan mozos, tan
colorados, tan rubios como eran habrán venido en
espíritu, desde el reino de las ti~ieblas, á calentarse
en el fuego santo.
Eim.JA PARDO BAZÁN

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�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

625

NóMERO 625

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA NOCHEBUENA EN LIMA

dibujo ele J. Cabrinety, según croquis remitido por D. Ricardo Palma, de Lima

buena, por lo menos un par de horitas: de siete á nue- nas casas un pequeño proscenio, sobre el que se n
ve. Esas misas sí que eran cosa rica, y no insulsas el establo de Belén con todos los personajes de q1
como las de hogaño. Ya en la Misa de Gallo no hay habla la bíblica leyenda. Figurillas de pasta 6 1i,:1
E~ LA ANTIGUA Ll~IA
pitos, canarios, flautines, zampoñas, matracas, bandu- dera, más ó menos graciosas, compleme;1taba11 LI
rrias, zambombas, canticio ni bailoteo; ni los mucha- cuadro.
I
Todo el mundo, desde las siete hasta las once de
chos rebuznan, ni cantan como gallo, ni ladran como
Allá en los tiempos del rey, la conclusión de año perro, ni mugen como buey, ni maullan como gato, la noche, entraba en el salón donde se exhibía el di
era, en la ciudad fundada por Pizarro, de lo bueno ni nada, ni nada de lo que los viejos alcanzamos to- vino misterio con entera llaneza. Cada nacimiento era
davía, en el primer tercio de la república, como páli- más visitado y comentado que ministro nuevo.
lo mejor. Mes íntegro de jaraneta y bebendurria.
Cuando llegaban personas amigas de la fan:ilia
Raro era el barrio en que el 8 de diciembre no se da reminiscencia del pasado colonial.
propietaria del nacimiento se las agasajaba con u n
celebrara, en algunas casas de la circunscripción, con
vaso de aloja, chicha morada ú otras frescas horchat:i~
lo que nuestras bisabuelas llamaban altar de PurísiIII
bautizadas con el nada limpio nombre de orines de,
ma. Armábase éste en el salón principal, y desde las
Mi'io.
siete de la noche los amigos y amigas invitados emEn no pocas casas, después de las once, cu:in&lt;lo
La Nochebuena, con su Misa de Gallo, era el no
pezaban á llegar.
quedaban sólo los vecinos y amigos de confo11za,
Principiábase por un rosario de cinco misterios hay más allá del criollismo.
Desde las cinco de la tarde del 24 de diciembre, se armaba una de golpe al parche y fuego á la b1a.
acompañado de cánticos á la Virgen, seguía una plática devota pronunciada por fraile de campanillas co· los cuatro lados de la plaza Mayor ostentaban mesi- Se bebía y cuequeaba en grande.
El más famoso de los nacimientos de Lima r ra el
mensa! de la familia, y dábase remate á la función tas en las que se vendía flores, dulces, conservas juque
se exhibía en el convento de los padres beh.:1hmiguetes,
pastas,
licores
y
cuanto
de
apetitoso
y
111a11d11religiosa con villancicos alegres bien cantados, al
tas ó barbones. Y era famoso por la abundancia de
compás de clavicordio y violín, por las criadas de la cable plugo á Dios crear.
A las doce sólo el populacho quedaba en la plaza, muñecos automáticos y por los villancicos e, ., que.
casa, á las que se asociaban otras de la vecindad.
multiplicando
las libaciones. La aristocracia y la clase festejaban al Divino Infante.
Después de las diez de la noche, hora en que se
Pero como todo tiene fin sobre la tierra, t 1 6 de.
despedían los convidados de etiqueta, principiaba lo media se encaminaban á los templos, donde las pallas
enero, día de los Reyes Magos, se cerraban le s ;~aci
bueno y lo sabroso. Jarana en regla. Las parejas se cantaban en el atrio villancicos como este:
mientos. De suyo se deja adivinar que aquelb I oche
sucedían bailando delante del altar el ondzí, el paspié,
el jolgorio era mayúsculo.
la pieza inglesa y demás bailes de sociedad por enArre, horriquilo,
vamos á Belén,
tonces á la moda.
que ha nacido un niño
Por supuesto que las copas menudeaban, y ya despara nuestro bien.
pués de media noche se trataba á la Purísima con
Arre, borriquito,
toda confianza; pues, dejándose de bailecitos sosos y
vamos á Belén;
que mañana es fiesta,
ceremoniosos, entraba fa voluptuosa zamacueca con
pasado también.
mucho de arpa y cajón.
.
Y el altar de Purísima duraba tres noches, que
A la Misa de Gallo seguía, en las casas, opípara
eran tres noches de jaleo, en las que so capa de devoción había para las almas mucho, muchísimo de cena, en la que el tamal era plato obligatorio. Y como
no era higiénico echarse en brazos de Morfeo tras
perdición.
una comilona bien mascada y mejor humedecida con
buen tinto de Cataluña, enérgico Jerez, delicioso MáII
laga y alborotador quitapesares ( vulgo, legítimo aguar.
diente de Pisco, de Motocachi ó de Locumba), im....-:J._
. !l.
Desde el 15 de diciembre comenzaban las matina- provisábase en familia un bailecito al que los primeles misas de aguinaldo, en las que todo era animación ros rayos del sol ponían remate.
~-~
En cuanto al pueblo, para no ser menos que la
y alegría. ¡Qué muchacheo tan de rechtpete el que en
gente
de
posición,
armaba
jarana
hasta
el
alba
alreesas mañanas se congregaba en las iglesias para tendedor de la ~ila de la plaza. Allí las parejas se descotación y pecadero del prójimo enamoradizo!
Una orquesta criolla, con cantores y cantoras de yuntaban bailando zamacueca; pero zamacueca bola hebra, hacía oir todos los airecitos populares en rrascosa, de esa que hace resucitar muertos.
Y hasta diciembre del otro año, en que, ¡;ara dif-.
boga, como hoy lo están el trío de los Ratas ó la canrenciar, se repetían las mismas fiestas sin la meno,
ción de la Menegilda. Lo religioso y sagrado no exIV
variante.
cluía á lo mundanal ó profano
Al final de la misa un grupo de pallas bailaba caRICARDO P·,¡ :.IA
Como los altares de Purísima, eran los nacimientos
chua y el maist"llo, cantando coplas no siempre muy
motivo
de
fiesta
doméstica.
ortodoxas.
Desde el primer día de Pascua armáhase en alguUna misa de aguinaldo duraba, como la de NocheLima, octubre de 1893
EL MES DE DICIEMBRE

LAS PASCUAS DE NAVIDAD
EN CATALUÑA

Las he pasado algunos años en las melancólicas regiones del Norte, lejos del esplendoroso cielo de España, y en medio de aquella brumosa atmósfera comprendí y sentí la amarga significación de la palabra
a11oranza, que han tomado del catalán algunos eximios escritores castellanos.
Parece que la mano de un invisible enemigo va
echando gota á gota en nuestro corazón una cruel
ponzoña que le oprime y tortura, en tanto que el frío
va calándose por todos los poros del cuerpo y el alma
des~allece como ateriéndose al soplo glacial de la soledad que la rodea. Es una ansia febril por recobrar
una dicha desvanecida; es un martirio indecible engendrado por el acerbo convencimiento de que no es
dable alcanzar aquel bien tan ardorosamente apetecido. Eramos muchos los que, espantados por la perspectiva de semejante suplicio, emigrábamos volando
como las golondrinas en busca del sol que dora y calienta las ale.~res playas del Mediterráneo. A medida
que nos íbamos aproximando á
las venturosas regiones del Mediodía, todos repetíamos con enternecimiento aquel cantarcico
popular que en invierno entonan
los niños de las montañas catalanas: - sol, so/et, - vinem á veure; - sol, solet, - vinem á veure, que tinch fret (Sol, solito, ven á
verme; sol, solito, ven á verme,
que tengo frío).
Al atravesar las gargantas de
los Pirineos, que nos parecían
las puertas del paraíso, comprendíamos también toda
la filosofía de un refrán que en otros tiempos nos pareció vulgar é insignificante: Per Nada! cada ove/la
en son corral (Por Navidad cada oveja en su corral).

En efecto,
este adagio
recuerda una
de las costumbres más
características de la tierra catalana,
porque la fiesta de Navidad es una fiesta esencialmente patriarcal.
Un amigo mío, capitán
de buque, me dijo un día:
- Si me contaran que se
ha deseubierto un Robinsón en una isla desierta,
apostaría doble contra sencillo á que había de ser
catalán. Tan acostumbrado estoy á encontrarme con paisanos de usted en
todas partes.
Pues todos esos hombres diseminados por la haz
de la tierra se sienten acometidos aquellos días de
una verdadera nostalgia, echando de menos el calor
y la poesía del hogar paterno. La fiestas de Carnaval
las pasan tan alegremente en Venecia, en Roma, ó
en Nueva Orleans como pudieran hacerlo en su patria; pero las de Navidad, no. Así son muchos los que,
hallándose en el extranjero, hacen todos los esfuerzos
imaginables para pasar esos días al lado de su familia.
Su reunión, en día tan señalado, es de rúbrica. Las
aulas de las universidades están cerradas, los colegiales también tienen vacaciones, los comerciantes y los
industriales suspenden sus tareas. Nada impide la
congregación de todos los individuos de la familia en
torno de la mesa presi.dida por el abuelo.
¡Cómo se nota la falta de los ausentes! El militar
que se halla de guarnición en una remota provincia,

el marino que está viajando por lejanas regiones, pueden estar seguros de que su recuerdo enturbiará el
gozo de aquella fiesta íntima.
E~t~ banquete familiar también tiene su aspecto
trad1c1onal en cuanto al menú ó lista de los platos
que en él deben servirse, pues algunos dé ellos son
de absoluta necesidad para que la fiesta no pierda su
carácter, amoldado á una costumbre inmemorial.
Tal es, por ejemplo, y en primer término, el pavo
asado y relleno de tocino, manzanas, ciruelas ú otros
ingredientes, á gusto del consumidor; porque en este
punto se deja mucha latitud al criterio individual.
Hay casas en donde se convierte la panza del enorme volátil en una verdadera enciclopedia.
Algunos innovadores, más amigos de los buenos
bocados que de las tradiciones culinarias, han osado
reemplazar el clásico pavo con el faisán trufado. Es
un acto evidentemente revolucionario; pero no cabe
negar que representa un gran progreso.

�LA

826
En mi niñez no se comían turrones .ni barquillos
sino durante las fiestas de Navidad y en las de la Circuncisión del Señor y la Epifanía. Para esos días se
guardaba también el vino añejo reservado para las
grandes ocasiones, el vino de derriére les fagots, como
dicen nuestros vecinos los franceses.
Todo esto ha cambiado. No falta quien pretende

La comida de familia

NúMERO 625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO

LA

625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El día de Santo Tomás empiezan en Barcelona las renombradas ferias, en las cuales se
proveen los pesebristas_ de los admi~ículos necesarios para la formación del nac1m1ento.
Allí pueden estudiarse las diversas evoluciones del nacimiento, porque al lado de los acueductos romanos y los villorrios orientales de
corcho correctamente fabricados, asoman las
masías catalanas de cartón, y junto á los hebreos irreprochablemente caracterizados, las tí
picas barretinas, aquellos cerdos con patas de
alambre que parecen empeñados en lucir su
gordura tendiéndo~e patas a_rriba ~ otras típicas
ingenuidades propias de la mfanc1a del arte pesebrista.
Otra de las costumbres típicas del día y la
víspera de Navidad es la de las rifas callejeras,
en las cuales se sortean gallos, conejos y platos
de dulces. En los cafés-restaurants se _rifan pavos y botellas de vino generoso. Esto
fué causa, no ha muchos años, de que
un periodista francés dijese con la ligereza que á nuestros vecinos caracteriza:
«En Barcelona juégase descaradamente
á la ruleta en mitad del día, y es de ver
cómo acuden á ella las señoras al salir
de misa, llevando todavía en la mano el
devocionario.» A esto llaman ellos escribir Impresiones de viaje, y de este modo aprende el pueblo francés las cos-

que es un mal. Hay muchos modos de ser
sibarita. Según esta teoría el colmo de la
felicidad, para un gastrón~mo, sería comer
bacalao todos los días de trabajo á fin de
encontrar más sabrosa la carne que comiera
el domingo.
'
Mi amigo Oller ha descrito con sumo
gracejo en su Febre d'or uno de esos característicos ágapes familiares.
'.
Es preciso haber estado en Barcelona la noche de
,,,. .. .
.,,.
l~ víspera de Navidad para hacerse cargo del prodiA la Misa del Gallo
•• '.:::!;
'
gioso consumo que ocasionan de toda suerte de comestibles. Corno éstos rebosan materialmente de los
~
mercados, los vendedores se desparraman á centena- raro contraste con la deslumbradora luz de los apara- •,
res por las ~lazas y los paseos adyacentes pregonando tos eléctricos.
Pero no sé nada que traspase el corazón como el
á voz en gnto sus mercancfas.
Legiones de aldeanos acuden de todas las comar- espectáculo de la miseria turbando con una nota lúgubre la regocijada armonía de ese cuadro que recuerda los banquetes homéricos, las mesas francas de
la Edad media y el despilfarro gastronómico de las
bodas de Camacho. ¡Qué triste ver al mendigo tender
su demacrada mano tiritando de frío bajo sus mugrientos harapos, cuando el mundo cristiano se apresta á celebrar con tanta alegría el nacimiento de Aquel
que se sacrificó para redimirnos á todos y dignificar
á los desheredados!
Al dar la última campanada de las doce empieza
en todas las ciudades, villas y aldeas la típica Misa
del Gallo. No hay organista que en tal coyuntura no
'
haga ostentación de su genio y destreza improvisando
Rifa callejera
aires pastoriles con acompañamiento de gaitas y zam¿.;_;-;'
poñas y gorjeos de pájaros. A la verdad no fuera
~
Camino de la ciudad
justo calificar de caprichosas estas habilidades, con tumbres de las naciones extranjeras, juzgando actos
las cuales luce el artista su pericia y el instrumento sin conocimiento de causa y criticando costumbres
cas de Cataluña trayendo de sus villorrios y caseríos su abundancia de registros, pues no sin razón se toca con censurable ligereza.
grandes manadas de pavos, gallinas y patos, innume- la música pastoril cuando recuerda la Iglesia el naciNo deja de ser curioso el gran papel que desemrables conejos, liebres y perdices y enormes provisio- miento de un Dios que quiso nacer en un pesebre y peña el gallo en todas estas manifestaciones de júbilo
nes de manzanas, ciruelas, pasas, melones y otras rodeado de pastores. Pero en las poblaciones que se religioso; fenómeno que induce al espíritu menos
pican de cultas no sale tan bien librado el buen sen- dado á investigaciones arqueológicas á sospechar que
tido artístico de la audacia de los organistas que pro- por algo debe entrar en ello el simbolismo. En efecfanan la majestad del templo haciendo resonar bajo to, en las literaturas orientales el canto del gallo ahusus bóvedas las sensuales melodías de las óperas en yenta á las malignas potestades nocturnas, despierta
boga.
á la aurora y hace levantar á los hombres.
Dice la Academia, á propósito de la palabra NaciDu Cange, en su admirable Glossarium, nos cuenta
miento, que significa entre otras cosas la «representa- que Prudencio, poeta latino natural de Calahorra, que
ción del de Nuestro Señor Jesucristo en el portal de floreció á mediados del siglo rv, jugando del vocablo
Belén; la cual suele hacerse formando un portalito y con las voces crista - cresta, - cristeus, cristiger y crisadornándolo con las imágenes de los que se hallaron tatus, compara á Nuestro Señor Jesucristo con el gaen él y con las figuras correspondientes á este miste- llo rogándole que arroje al sueño, que rompa las cario.&gt; En Cataluña hay una grande afición á estas re- denas de la noche, destruya el pecado y nos redima
presentaciones, que muchas veces dan lugar á los de las tinieblas en que vivimos envueltos, trayéndomás candorosos anacronismos. He visto muchos na- nos la luz del nuevo día.
cimientos en los cuales los pastores catalanes, vesti¿Es admisible la explicación? Someto el caso al
dos á la usanza de nuestro siglo, matan el tiempo dictamen de los folk-loristas. •
conversando con los legionarios romanos. Por cierto
J. CoROLEU
que en uno de esos pesebres - como se les llama
(Ilustuciones de J. L. l'ELLTCER)
en ca.talán - lo hacían debajo de un puente colgante.
Los moros se paseaban por aquellas soledades cual si
ya fueran dueños de la Palestina. Los edificios eran
todos de arquitectura genuinamente catalana, á excepción del lugar del nacimiento, que era, no un pesebre, como lo quiere la tradición, sino un templo
Nota lúgubre de Nochebuena
gótico arruinado.
Hoy se hacen los nacimientos con más pretensiofrutas, amén de los quesos y salchichones de sus res- nes artísticas: los edificios, las figuras y los vegetales
tienen el color local adecuado al asunto y se fabrican
pectivas comarcas.
En verdad es un cuadro por todo extremo anima- con esmero. En cambio, la vanidad ha sustituído en
do. y con sus puntos y ribetes de fantástico el de la muchas partes al espíritu religioso que impulsaba á
bulliciosa muchedumbre que va formando corros en muchas familias á cantar devotos villancicos ante el
torno de aquellos rústicos cuyas fogatas hacen un grupo de la Sagrada Familia.

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LA PLAZA DE ARMAS EN LA CIUDAD DE MÉXICO E~ LOS DIAS QUE PRECEDEN Á LA NAVIDAD,

ginum, á lo que el coro contestaba con el repetido:
Ora pro nobis, Ora pro nobis.
(COSTUMBRES DE LA CIUDAD DE MÉXICO)
Luego, algunos que llevaban bujías de colores para
alumbrar á los peregrinos entraron en el comedor; y
Sentada frente al piano Pleyel, Lola y sus cuatro los otros, los que cargaban con los santos, quedáronse
amigas ensayaban la tarde de un día 18 de diciem- en la pieza contigua para pedir la posada, cantando
bre las letanías de la Virgen Madre.
los siguientes versos frente á la puerta cerrada:
Aquella noche iba á ser la tercera de posadas; le
«Quién les da posada á estos peregrinos
tocaba á Lola, es decir, al coronel, padre de la joven
qúe vienen cansados de andar los caminos.))
morena que se hallaba sentada frente al piano y que
Los del comedor contestaron con otros, negando
se había empeñado en lucirse en el canto. Las dos
primeras noches las posadas fueron de muchachos, y la posada; pero á instancias de los primeros, los sesolamente los niños y niñas, hjjos del coronel dieron gundos ceden, se abre la puerta, se vitorea á los sanlucimiento á la posada. Las dos noches anteriores tos peregrinos y se les coloca en su altar. Después
los muchachos habían cantado el Sancta María y el los muchachos se fueron vendando los ojos uno á uno
Virgo Virginum, llevando en procesión tres escultu · hasta que el más afortunado rompió la piñata, y toras en cera, defectuosas y pequeñas, que representa- dos en grupo se arrojaron al suelo á recoger las fruban al patriarca castísirno vestido con túnica verde y tas que caían del cántaro. Por último repartiéronse
amarilla capa, á su santa esposa sentada sobre un as- entre los invitados los cestitos de papel con confites,
no y á un ángel que lo conducía. Aquel grupo en ce- y á las diez todos dormían en la casa del coronel.
Así como la primera fué también la segunda nora lo compraron los hermanos menores de la primogénita del coronel el 16 de diciembre por la tarde, che; pero á la tercera, Lola, entusiasmada, se encarga
en una de tantas barracas como se levantan todos los de dar mayor brillo á las posadas. Como ella era la
años en los días que preceden al de Navidad en de- hija primogénita y casi la madre de aquella familia,
rredor de la plaza principal de la ciudad de México. pues el coronel había enviudado desde hacía largo
En una de esas barracas, formadas con madera y lo- tiempo, era su consentida, y fácilmente obtuvo de su
na muy blanca, se compraron también las ramas fres- padre que hubiese baile desde esa tercera noche, ó
cas de ciprés y el heno para adornar el altar que ser- lo que es lo mismo, que las posadas fuesen formales,
virá á los santos peregrinos durante los nueve días de para lo cual vendrían todas sus amigas. Por eso la
posadas, así corno los confitillos para llenar los dimi- tarde del 18 de diciembre ensayaba frente al piano
nutos cestos de papel con que el dueño de la casa las letanías de María Santísima. Sobre la mesa del
comedor había botellas de coñac, jerez y charnpagne
obsequiara á los invitados.
Además de los confitillos, los cestos de papel, los de la Viuda, una lata de te para los ponches y trescacahuates y los texocotes, los muchachos compraron cientos pasteles encargados á una pastelería francesa.
Cuando se levantaron de frente al piano, Lola prola piñata, que consistía en un cántaro cubierto con
papel de colores y figurando una bruja montada so- puso á sus amigas ir á la plaza principal para combre una escoba. Con las frutas llenóse la piñata, y prar la colación, esto es, los cacahuates, los texocotes y
antes de las siete de la noche los hermanos de Lola los confitillos, que se repartirían después de la posacolgaron el cántaro-bruja en la entrada del comedor, da. El amarillento sol de diciembre había desaparey se comenzó la posada con el rezo del rosario, cido bajo la línea de montañas que circunda el valle
al terminar el cual, los muchachos de la casa y los mexicano, y el cielo transparente del invierno en las
invitados recorrieron los corredores y el interior de zonas templadas comenzaba á obscurecerse ya, cuanla morada del coronel, llevando en andas á los pere- do la joven morena y sus amigas llegaron á la plaza
grinos y cantando: Sancta María, Santa Virgo Vir- Mayor. Los argentados fulgores de los focos eléctriPOSADAS Y NAVIDAD

dibujo de L. Izaguirre

cos y las lámparas amarillentas de las barracas alumbraban el gozo de aquella multitud compacta y complexa que se paseaba por entre los puestos de frutas y
juguetes. Los vendedores voceaban á gritos su mercancía; en las barracas se distinguía la colación formando pirámides blancas y rosadas; en el suelo había
también pirámides de naranjas, texocotes y otras frutas de la estación, y frente á esas pirámides, fogatas
de madera resinosa ... La tercera noche de posadas
se rezó y cantó rápidamente, y rápidamente también
se pidió la posada; pero en cambio desde las diez de
la noche hasta la una de la madrugada se bailó con
entusiasmo.
Al despedirse los invitados, se repartieron entre
ellos los gastos de las seis noches restantes; cada
amigo se hizo cargo de una, y se convino en que la
Nochebuena le tocara al coronel y que se bailara hasta el amanecer.
Ya desde la cuarta noche, casi todas las muchachas tenían su oso, es decir, su galán que las cortejaba, y durante el vértigo de los valses, en el balanceamiento de los schotisch ó en el voluptuoso descanso
de las danzas, ellos se inclinaban á los oídos de ellas,
que se sonrojaban ó sonreían.
Llegó el 24 de diciembre, y desde por la tarde
Lola estuvo disponiendo los mariscos y la ensalada
para la cena de media noche. Antes del obscurecer,
ella, sus hermanos y sus sirvientas salieron á comprar las piiíatas y la colación. Aquella tarde la plaza
principal de México con sus puestos y su inmenso
gentío exhalaba alegría extrema.
Dos horas antes de media noche, la campana mayor de la iglesia catedral y las de muchos templos
llamaban á Misa del Gallo; por las calles, innumerables grupos de trasnochadores bebían y cantaban
al son de sus guitarras; en derredor de la plaza mayor seguía el bullicio atronador de compradores y de
vendimieros.
Entretanto en la casa del coronel terminába11se
los preparativos para la cena y para el nacimiento.
En el fondo del salón habían colocado los muchachos una mesa, y con cajas de cartón formaron una
gradería que cubrieron de heno: allí iba á estar el

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

625

- El señor alcalde - dice un mozo - ha recibido
lo que brota del corazón, que está más hondo de lo
un cajón de bizcochos de Calatayud,· y dice que todo
que parece.
será para nosotros.
- ¿Todo? ¿Hasta las tablas?
Me alejo, pues, de la orilla del Ebro en la seguri·
- Hasta las tablas pa quemarlas en la hoguera de
dad de que en cualquiera de los confines de las tres
provincias aragonesas hallaremos una NaYidad que Noche Giiena.
- ¿Y qué más ha traído el ordinario de Zaragoza?
nos desquite al lector y á mí de las molestias del viaje.
- ¡Qué más!, ¡qué más! Pa los ricachos de la plaza
Podrá ser en el somontano de Huesca, ó bien faldas
arriba del Pirineo, en algún pueblecillo de los que vi- ha traído tres cajones de higos de Fraga, que me
gilan la marcha tortuosa y flamígera del Gállego y del río yo.
- Y esos, ¿nos los comeremos ú qué?
Aragón, los astutos ríos que nacidos en la monta.fia
- Pues, ¿qué ha de hacer? Masiau que me entero
evitan bajar en línea recta para no despeñarse y trazan mil revueltas, espirales y rúbricas, llevando un yo dónde tienen laminerías, y dónde no las tienerl, pa
camino más seguro, aun á trueque de hacerlo más que aquella noche vayamos donde haiga y tomemos
largo. Podrá ser que nos internemos en la sierra de el camino que más nos cumpla.
Y en efecto, el día 24 apenas empieza á caer la
Albarracín ó en cualquier otro abrupto paisaje turolense donde las avaras rocas guardan vírgenes rique- tarde se reune toda la matraquería con mucha gana
zas mineras, aún no explotadas ni visitadas siquiera de comer y con mucho hueco en la faja para guarpor el ferrocarril; acaso tomando el Moncayo por fa. darle cosas á la parienta ó al cortejo. Requieren las
ro de nuestro viaje, me marche con el lector hacia vihuelas, las guitarras y los requintos; se embozan en
Cinco Villas, ó bien recordando los jugosos melocoto- las mantas, cuya inútil capucha forma un pico allá
nes encaminemos nuestros pasos por la ribera del cerca del suelo, y en un santiamén salen á la calle y
Jalón, de ese río mal genio como todos los chiquiti- «encienden vivas» á las guitarras, como ellos dicen.
En todas las casas ricas aguardan la invasión y tienes, tan pronto imperceptible como un hilo, tan pronto inmenso como una sábana de tres telas. El sitio es nen las colaciones preparadas; la sopa de ajo muy
lo de menos; romero más ó menos en el fogón, ma- hervida y con mucho huevo; el blanco y ternfsimo
yor ó menor holgura en los calzones, el hogar arago- cardo, que es la verdura de Navidad, como la espinaca
nés siempre es el mismo, ya esté en la raya de Fran- es verdura de la Cuaresma; las botellas de licor en
cia, ya en los límites de Castcllón, ya en los confines cuyo vientre flota el anís en rama; las frutas secas dide Soria, ya en las cercanías de Sigüenza. En todos seminadas á granel por mesas y bancos, y como cennos recibirán con la guitarra tañida con más ó me- tinelas del banquete los rechonchos botos apoyados
nos brío, en todos beberemos la copa de aguardiente en la pared, porque el vino sin duda no les permite
con guindas ó el vino seco negro y espeso como san- mantenerse derechos.
ALBERTO LEDUCH
De casa en casa y de colación en colación recogre enferma, en todos tendremos el plato de los
pastores de Navidad, las migas muy aceitosas, muy rren los mozos todas las calles del pueblo y todas las
pellizcadas y muy relucientes, porque en Aragón no fases de la alegría. En el hogar de algún ricacho no
NOCHEBUENA BATURRA
se comprende á los pastores de Belén más que co- deja de encontrarse el nacimiento, fabricado á costa
miendo migas; y para algo se ahorra el aceite del de mucha paciencia, de no poco papel de estraza y de
Así como en los rebordes de la tartera se encuen- candil y se sustituye la luz mortecina de la pringosa más engrudo que paciencia y papel de estraza. Está
tra solidificado en amarillenta membrana todo lo mecha de algodón por la astilla resinosa que arde colocado sobre una mesa de aplanchar y en el fondo
más substancioso del caldo y en la pared interior de con vivísimos resplandores llorando lágrimas pegajo- de una alcoba que sirve de escenario. Se ven muchas
un vaso de leche se halla lo más nutritivo, sólido y sas y por el incendio de los bojes que al chamuscarse montañas, riscos y picachos como cumple á la topocondensado de la nata, cuando se trata de usos po- bajo la gran campana llenan la cocina de chispas bu- grafía popular de los santos lugares; el nacimiento es
pulares y de costumbres típicas de una región, ha- lliciosas, de toda una magia de luces, de alegre y con- de suyo cosa intrincada, laberíntica y de no pocos
bréis de buscarlos en su periferia, en las paredes de tinuo castañeteo producido por el estallar de las fuer- alti-bajos. El portal de Belén, un portal aislado por
donde no se entra á parte alguna, cobija al Niño
la provincia, en los rebordes del partido, en esos tes y menudas hojas.
pueblecillos obscuros y apartados, en los cuales por
Dios, á la Virgen y á San José, sin olvidará la mula
carecerse de medios de comunicación, todavía se coEl encebado de los pavos y de los capones. la fa- y al buey consabidos. Más lejos comen migas unos
me, se bebe, se viste y se calza como hace cien años, bricación casera del turrón y las faenas de la recolec- pastores, vigilados desde lo alto por. un ángel .que va
al revés de las grandes capitales, donde á la continua ción de oliva anuncian las fiestas de Navidad, casi á caerse en medio de la cazuela; los Reyes Magos base siente la influencia de la corte, como la corte á su tanto como el bloque del calendario americano que jan con sus camellos por puntiagudos riscos, difíciles
vez se nota influfda por las modas y corrientes del colgado en la pared va perdiendo sus últimas hojas de atravesar hasta para las cabras; arriba y abajo co«cerebro del mundo.»
y los rigores de la estación con sus crudfsimas madru- rren fuentes que ya no pueden ser más cristalinas
Yo, el más zaragozica de los zaragozanos, el deste- gadas que llenan de rosadas el campo y espolvorean porque no les falta ni el azogue; pastoras, soldados,
rrado que con más nostalgia piensa en la capilla de los árboles de blancos y poco durables dorondones. campesinos y otros actores que no hablan se dirigen
la Virgen, en las ondas del Ebro y hasta en las ven¡Cuán divertida para los chicos la hora de la comi- hacia el portal llevando á cuestas corderillos, gallos
toleras de la .Afuy Benéfica, me guardaré muy bien, da de los pavos! Además de la suculenta pastura, del y bultos sospechosos; y presidiendo esta general motratándose de pintar costumbres típicas y regionales, panizo y de todos los despojos de la cocina, se les vilización de toda la Judea, la estrella de talco, la imde llamar en mi auxilio á las dos ó tres musas que hace tra,gar nueces enteras abriéndoles con trabajo el prescindible estrella que con su opacidad forzosa y
podrían ayudarme desde las orillas del Ebro, ni de pico y pasándoselas á fuerza de dedos por el gargan- su rabo larguísimo, más que estrella gloriosa de Besacar á colación el Coso ni la calle de Predicadores. chón; cuando tienen repleto el buche se les emborra- lén parece un cometa de mala sombra.
No; en Zaragoza no hay calzones cortos ni cache- cha con ron para que tengan la carne blanda, y enrulos pintarrajeados ni fajas moradas, cuyas múlti- tonces es cosa de verles con la cresta y el moco pleYa han recreado su vista los rondadores, ya se han
ples vueltas hacen vientre empreñado del vientre más tóricos de sangre, enarcando el lomo hasta tomar puesto de turrón «hasta tocárselo con el dedo,» covaronil; allí se ha perdido la indumentaria aragonesa su cuerpo forma esférica, haciendo la rueda con el mo dicen allá, y ya la trabajosa lengua no acierta á
y elfolk-lore regional; sólo queda el corazón muy gran- obscuro abanico de su cola y lanzando ese zumbido repetir las coplas, ni los dedos temblones pueden hede, muy hermoso y muy guardado para no usarlo sólo comparable á la escapada general de una banda- rir h destemplada ;_:&gt;rima del guitarro.
más que cuando hace falta; la altivez de la raza, aque- da de gorriones.
Las campanas de la iglesia voltean llamando á los
lla altivez de nuestros abuelos que apoyándose en la
Desde el corral donde comen y se atracan los pa- fieles; se aproxima la hora de la Misa del Gallo; el
Firma, en la Jl,fanifestación y en el Justiciazgo se opo- vos, entra la chiquillería en la cocina. Allá sobre las Niño Jesús se yergue sobre el altar mayor, rodeado
nían á los reyes, cuando los reyes no respetaban tra- gigantescas estrévedes fijas en el rescoldo y en la brasa de brillante aureola, y las flautas del órgano preludian
ba ni cortapisa alguna; el valor heroico y silencioso de los tizones se alza el caldero monumental, sólo la misa de los pajaritos, mientras el turíbulo lleno de
de los sitios, del cinco de marzo, de la epidemia co- empleado para calentar el agua de la colada y para incienso inunda las naves de perfumadas nubecillas.
lérica; valor este último que movió al gobierno á cocer la pasta del mondongo. Ahora aparece lleno de
La gente rica tiene su puesto en el presbiterio; los
premiar en masa á todo Zaragoza colgando del escu- mieles, de piñones y de almendras que cuajan poco pobres se codean y empujan en todos los ámbitos del
do municipal la gran cruz de Beneficencia, honrosa á poco hasta formar, según el grado de cocción y la templo; los chiquillos hacen sonar sus botijitos llenos
y leve carga, que por honrosa y leve aguanta tan só- calidad de las materias primeras, lo mismo el sucu- de agua imitando el piar de los gorriones; todo es
lo el león rampante de nuestro escudo. Y como ex- lento mazapán que nada tiene que envidiar al de To- alegría, júbilo y contento en la casa del Señor, mienpresión del alma recatada y pudorosa, también que- ledo, que el sabroso turrón de tabla que hace cogerá tras afuera todo es obscuridad, ventisca y frío.
da allí el acento aragonés profundo, bajo, cavernoso los chicos su primer dolor de muelas y hace perder
como el vibrar de los bordones en nuestras guitarras, á los viejos el último colmillo de sus encías.
Nacido el Niño Dios, la iglesia se va quedando
brusco y duro porque no se amolda ni se tuerce, lleEn el campo, mientras se sacude á los olivos con sola, las calles desiertas y el pueblo tranquilo; retfno de aristas¡ pero ¡bah! sin tantas aristas, esquinas largas varas y se llega á las ramas últimas, gracias á la ranse los mozos á empezar sobre el lecho la difícil
y puntas, ¿deslumbraría tanto el brillante? Además elevada máquina del camajuste, el pueblo entero pre- digestión de tanto comistrajo; duérmense los niños
que el habla aragonesa, si en el hombre parece tos- para las rondas, las canciones, las demandas, los ob- empuñando aún el silbato ó la pandereta, y los priquedad, en la mujer es yema del corazón y hondo sequios de Navidad. No hay sufragio universal ni re- meros albores del día dejan ver sobre la espadaña,
quejido del alma; jamás los tonos atiplados ni los presentación del pueblo tan auténtica y completa co- sobre el tejado, sobre los arbotantes y contrafuertes
acentos melifluos expresarán las grandes pasiones; mo esa complejísima reunión de la gente baja al pie de la iglesia del pueblo, sábanas blanquísimas de nienunca el clarinete ni el violín darán las notas huma- de los troncos retorcidos y polvorientos del olivar. ve, encajes helados que se dejan caer en hebras estanas y sentidas del violoncello y del oboe; en momen- Hombres y mujeres, niños y ancianos, todo el mundo lácticas, albos perfiles que matan la dureza de los estos supremos de ansiedad como en momentos supre- acude á la recolección; la bandada popular cae sobre quinazos, por todo el edificio.blancura de ropa nueva
mos de dicha, no se buscan halagos del oído, sino las olivas como antes cayeron las bandadas de tordos. y calados níveos de mantillas jamás soñadas, toda la
consuelos que bajen hasta el alma, y sólo el acento
De noche se arreglan las guitarras, se confeccionan canastilla del niño recién nacido que los ángeles volde la mujer aragonesa con sus palabras prolongadas las zambombas atando con liza un pergamino á la caron sin duda sobre los tejadillos del humilde temy sus sonidos finales inacabables tiene el grueso es- boca del puchero, se discurren las cantas de jota y se plo cristiano.
pesor, la seriedad hermosa, la hondura insondable de habla de los obsequios que prepara la gente rica.
Luis Rorn V1LLANOVA

11ari111ie11to, exhalando aroma de ramas frescas y de
musgo, ostentando en la grada más alta un portal de
cartón, bajo el que se hallarían arrodillados los padres excelsos del Niño Redentor. A las once y media
se sirvió la cena y con ella la tradicional ensalada
teñida de rojo con el zumo de la remolacha. Cuando
sonó la media noche se arrulló al Niño Dios y se le
colocó en el 11ari111iento.
A la una de la madrugada comenzó el baile. Lolita y su oso, lo mismo que sus amigas y sus galanes,
se tuteaban ya, y se citaban para el baile de compadres el próximo 6 de enero, baile en el cual la suerte
designará por compadres á aquellos mismos que habían formado parejas amorosas durante las posadas.
Cuando llegó la luz de Navidad, ellos, abrigados
hasta el cuello, ofrecieron sus brazos á ellas, que escondían sus interesantes cabecitas entre la nutria de
los mantones y pelerinas; los hombres estaban soñolientos, pálidos; las jóvenes, con las mejillas coloreadas por la fatiga del baile y las brillantes pupilas hundidas entre sombras negruzcas, salieron apoyadas en
los brazos de sus acompañantes para seguir después
su peregrinación en la vida, quizá muy larga, quizá
cortísima.
Y mientras los grupos de jóvenes de ambos sexos
se alejaban de la casa del.coronel, el tardío sol amarillento de diciembre comenzaba á lanzar perezosamente sus resplandores desde el espléndido y eterno
azul del cielo mexicano... , ¡eterno, sí!, porque hasta
en los días más crudos del invierno la ciudad de
México conserva visible su colosal cinturón de montañas azules y su esplendente firmamento azul también.

¡,A NOCHEBUENA EN ARAGON, dibujo de Vicente Cuta.nda., graba.do por Sa.durni

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ART1STICA

625

NÚMERO

625

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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LA ZAMACURCA

LA NOCHEBUENA EN CHILE
AYER Y HOY

«Estamos á 24 de diciembre. Toda la ciudad de
Santiago se encuentra en movimiento.
»El señorío hace sus preparativos; se come más
temprano, y las muchachas han permanecido sin vestirse ni lavarse hasta las cuatro de la tarde. Muchas
de ellas, en papillotes y desceñidas las batas, atraviesan de carrera los patios y corredores de las casas
para evitar alguna mirada furtiva que pueda hallarlas
menos comme il faut que de costumbre.
»El medio pelo está más animado, más gozoso; se
han hecho grandes aprestos para la trasnochada.
»Las hijas han pedido vestidos nuevos á sus madres,
y éstas han sacado los cortes al fiado, obligándose á
dar un tanto todos los meses. Por de contado, una
semana antes de que Cristo venga al mundo, no hay
una pollita de esas de calle atravesada ó de casita
chica que no haya trabajado cosiendo ó bordando
hasta el amanecer.
»La gracia, dicen las madres de estas palomitas,
está en que las niñas puedan lucir sus vestidos nuevos en la Cañada (Alameda) y que nosotras podamos
también sacar algo que nadie nos haya visto.
»Son las ocho de la noche.
»La Cañada presenta el alegre aspecto de una inmensa feria.
&gt;&gt;En una extensión de por lo menos tres millas, limitada al Oriente por el convento del Carmen alto y
al Poniente por la estación de los ferrocarriles, bulle
una compacta muchedumbre, compuesta de todas las
clases y jerarquías sociales. En las dos calles laterales de este grandioso paseo se extiende una cintura
de puestos, ventas, ventorrillos y ramadas, que harían
creer al curioso que toda una población ahuyentada
de sus hogares por algún terremoto ú otra parecida
calamidad, había escogido aquel sitio como lugar
preferente para sus tiendas.
»En cada puesto ondea al viento una bandera: el tri·
color nacional está obligado á proteger siempre el ar·
pa y la vihuela en dondequiera que hagan resonar
sus ar□onías. Viandas de todo género, licores, frutas,
empanadas, dulces, flores, ramitos de albahaca, olli·
tas de las monjas, horchata con malicia (aguardiente),
juguetes y cuanto inventó la gula chilena de más
apetitoso para los blindados estómagos del pueblo
soberano, forman la nomenclatura del comercio de
Nochebuena.
»Una población de quince á veinte mil almas flota
á su alrededor, zumbando, como las abejas en enjam-

(de una fotografia remitida por D. Benito Garcla Valdivie~o, de Valparalso)

bre, en torno de ese lecho de dudoso perfume en
que cada sentido tiene su representante y cada vicio
su expresión elocuente.
«¡Sandillas güenas, fresquitas las sandillas!» - «¡A
lorchat bien helaa!» - «¡Que se acaban lás empanaí·
tas, calientitas, de durce y con pasas!» - «¡Al durce,
al durce!,» gritan á voz en cuello los vendedores.
- »¡Ay, hijita!, dice á su hija una rolliza mamá de
pañuelo amarillo, y con un barniz de crema en la cara que la hace parecer un mascarón de proa; coma·
mos una sandillita, porque estoy que ya reviento de
ganas de dar gracias á Dios con una buena rebanaa.
»Una oleada de gente, oleada de pueblo soberano,
que despide el olor nauseabundo propio de las muchedumbres y lanza los gritos de esa hidra de cien
cabezas llamada alegría popular, nos separa de la matrona untada de crema.
»Acerquémonos á las ramadas, vulgo chinganas,
donde se oye el animado tamboreo acompañando á
la vihuela y al arpa.
»A su alrededor aumentan los gritos: «¡Ponch en
leche bien helao!» - «¡Calientito el chocolate, niñas!»
- «¡Que se acaban los duraznos, mi arma!» Una vieja con un par de muchachas del medio pelo colgadas
de la pretina y seguida de otros tantos míticos (cursi),
pasa en ese momento cerca de nosntros pechando
con el empuje de un toro, y entra en una ramada
donde zapatea una pareja enardecida con los cantos
voluptuosos y atronadores de la zamacueca.
»Al entrar en la ramada, los dos siúticos corren á
ofrecer ponche en leche á las chiquillas, y éstas, sin
hacerse mucho de rogar, beben en un enorme vaso
llamado potril/o, que por lo menos cincuenta habían
llevado ya á la boca.
»Apenas concluyen los danzantes, toma uno de los
siúticos de la mano á la mejor parecida de las niñas,
y se coloca á su frente en el centro de la cancha, con
pañuelo empuñado. A los pocos segundos principia
la zamacueca con un coro de palmoteos, risotadas,
gritos y tamboreos.
»Al llegar al tondondoré, la concurrencia no puede
permanecer en sus asientos. Todos de pie, unos con la
mano sobre la cadera, otros con un vaso de ponche
y haciendo guaraguns, parecen querer lanzarse sobre
la niña y quitársela al futre, el cual escobillando y za•
pateando con una agilidad asombrosa, defiende á su
compañera haciéndola la rueda con hartas guaras.
«¡Arrúgala, negro!» - &lt;&lt;¡Cómetela, diablo!» - &lt;&lt;¡Estrújala, hijito!,» aullan los mirones que forman un
grupo compacto á la entrada de la ramada, y la niña
y el mozo aleonados con los gritos, se arrugan,· se estrujan y se hacen l111incha, hasta que por fin, hincan-

do el;utre la rodilla en tierra, cae exclamando: «¡Ay
juna, de cinco tres!,» con lo que se repite el otro pie,
continuando hasta el amanecer el zapateo, las tonadas, los vivas, el licor y las pechas de los que entran
á renovar las hazañas de sus antecesores.
»Tal es la Nochebuena y tal la zamacueca, bailada
por la gente de baja clase. Este baile, gracioso de
por sí cuando es ejecutado con moderación, degenera en una torpe payasada cuando los danzantes pertenecen á la última clase del pueblo y los anima más
de lo necesario la chicha y el ponche.
»La zamacueca reune al encanto de sus giros la
gracia más refinada en las ondulaciones del cuerpo
y el manejo del pañuelo. Este es el baile de que, sin
duda, puede sacar más partido un cuerpo airoso, y como la chilena lo tiene, y mucho, resulta que la zama·
cueca es la danza que más entusiasma á los extranjeros que lo ven por vez primera, acostumbrados como
están, en sus respectivos países, á ver bailar por el
pueblo los mismos estirados bailes de los salones.»
Esto era hasta ayer la N ochebuena en Santiago, según nos la describe D. Recaredo Tornero en el art(·
culo que dejamos transcrito, y que corre inserto en
el Chile Ilustrado.
Hoy esta fiesta ha perdido notablemente en animación y entusiasmo. Los palacios que pueblan en toda
su extensión la Alameda de Santiago, hacen ya imposible el establecimiento de aquellas ramadas en que se
bailaba tan ruidosamente la popular zamacueca. Las
ventas de refrescos y dijes de Navidad y el tradicional embanderamiento del gran paseo santiagués es lo
único que nos queda de aquellos tiempos.
Una parte, no muy numerosa, de la alta sociedad
acude aquella noche á pasear algunos instantes por
la Alameda. A las diez de la noche ya todas esas familias se han retirado, y desde esa hora hasta el amanecer la suntuosa avenida es frecuentada únicamente por el medio pelo, la clase baja y algunos trasnochadores enamoradizos, que prefieren las Venus pedestres que por ella pululan, á las discretas y recata·
das señoritas de los salones.
En las habitaciones de la buena sociedad la velada no se prolonga más allá de la media noche. Por
el contrario, la clase media rara vez apaga las luces
de las suyas antes de que la claridad del alba las haga innecesarias.
La beata y demás gente de iglesia celebra también
esa noche concurriendo á la clásica Misa del Gallo,
que á las doce se celebra en casi todos los templos.
Esto es todo lo que nos queda de aquella en otro
tiempo tan celebrada Nochebuena. -NADIE.

LA NOCHEBUENA EN EL CAMPAMENTO
(Ilustraciones del malogrado Julio Gros)

- De cuantas noches he_ pasado en los, cam_Pamentos, dijo sentenciosamente el capitán Unceta, estas fueron siempre las. mas tristes. Y cuenta, añadió después de ligera
p~usa, que algunas celebré en operac10nes, ~percibida el arma y poco distante el enemigo; mas con ser todas ellas poco gratas, ninguna tan melancólica como la presente.
Vea usted los rostros de esos muchachos. Ni un canto ni un bailoteo ni una mala
borrachera; la e~fermería está que rebosa, el servicio ¡bruma á los útiles, y al paso
que vamos, te~uéndome esto~ que los Reyes Magos van á encontrarnos metidos en
la barraca. ¡Valiente noche, alferez Campuzano!
- ¡Paciencia, mucha pacien_cia, _mi capitán!, contestó un alferecillo delgadito y enteco que! env~el~? en ,holgadís1mo impermeable, escuchaba las palabras de su inmediato supenor. $1 d1Jera a usted que estoy en mejor disposición de ánimo faltaría á la
verdad. El recuerdo de lo que dejé allá en la península me trae de mal humor. La
po,ca_co~fianza que tengo en esa propuesta me pone nervioso. Cada día me parece
mas mc1t!rta la esperanza de que esta guerra de Cuba acabe en bien, si es que acaba ó
no concluyen con nosotros las balas ó las enfermedades.
- Esto es lo menos malo que puede acontecernos. Cuando se ve un día y otro día
f~ente ~ frente muerte, concluye uno por familiarizarse con ella. Y ¡qué cara tan pésima tiene la... (y lo soltó redondo). ¿Se acuerda usted del sargento que enterramos
ayer? ¡Pobre muchacho! El no creía morirse, mejor dicho él no auería· pero en
cuanto vió llegar al pater... , vaya, vale más no acordarse; el r~stro de' aqu~l hombre
se me quedó grab~do en el alma. Y es lo que digo yo: venga enhorabuena la baja,
pero venga en~olviendo una bala, que así es como deben morir los soldados; porque
esperarla tendido en un camastro ó en una hamaca, contar los minutos que nos faltan
ó q~e nos sobran ... , vamos, que eso es muy duro y que yo no me conformo; quiero
d_ec1r en suma, que me suble~o y que me llevan los mil demonios. Pues ... otra parecida nos esp~ra con ese desdtcha?o de la 4.", que está ya si las lía ó no las lía. Ya
uste sabe quién; véalo y dígame s1 la cosa es para gastarlas muy alegres. ¡ Camarada,
vaya una noche!
- ¿Se refiere usted al carlista deportado?
- Al _mismo; y por cierto que me causó gran conmiseración saber que ese infeliz
fué teniente ~n las filas de D. Carlos. Bien se ve, por el respeto que le tienen los de
su procedencia, que es persona de calidad y que ha ejercido mando entre ellos. Así
me l? as~guró ~ías pasados. un soldadito de la compañia, y esta es otra razón para que
me inspire lástima. ¡Qué diablos! Esas son opiniones y gustos de los hombres... ¿No
es verdad, mi alférez?
- Pues que Dios le conceda lo que mejor le convenga, contestó Campuzano, y á
nosotros la propuesta aprobada y algunos tarritos de Ginebra para ir tirando como se
pueda. Por de pronto voy á llamará Sánchez para que nos prepare algo con que cele-

iª

...

.Y soñando en esll1s eosas el ex teniente deapert6 tendido en el lecho del dolor,
envuelto en la semiobscuridad de la misérrima estancia

�LA

NúMERO 625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

r-· :

'

ta doce, entre ellos Larramendi, el ex teniente de
D. Carlos. Todos ellos son
mocetones altos y de buena
musculatura, aunque demacrados y enflaquecidos por
distintas enfermedades. El
pasaje de los más por aquella barraca suele ser corto.
Larramendi tiene marcado
el vencimiento de una letra
girada á muy corto plazo son frases del doctor; - pero
el desdichado vive con el
espíritu muy lejos de aquel
mísero rincón. El ángel del
sueño se adelantó al ángel
de la muerte. Y el ex teniente alienta con el pensamiento puesto en otra noche de
alegre recordación.
Fué allá en el Norte; fué
en una No che buena no

LA ILUSTRACIÓN

833

ARTÍSTICA

aquella hora de soledad y de tristezas, en aquellos
momentos de aislamiento, al evocar este recuerdo
terrible congoja apoderábase de su espíritu.
'
Una violenta sacudida le despertó. A su lado estaba el capitán Unceta.
- ¡Arriba, muchacho! ¿Qué diablo está usted hablando de la patria? La patria está aquí, donde estamos nosotros, donde está la bandera. Por ella combatimos y morimos. Y ¿hay algo más hermoso? Y ¿cree
usted que pueden olvidarnos jamás los que quedaron
alla en España? Pues mire, aunque así fuese, valdría lo
mismo, porque aquí no queda otro recurso que luchar, que _combatirá la desesperada; y la lucha, el
combate, siempre engrandecen al hombre. Conque
¡pecho al agua! Qujero decir que apure usted esta
medicina y... ¡a la salud de la novia, si es que alguna
dejó usted por allá!
Los ojos del enfermo brillaron con los más vivos
fulgores, como si en ellos se hubiesen concentrado
todas las energías de aquel pobre cuerpo· pero éste
no hizo movimiento alguno.
'
Tocólo el capitan y echó de ver en él una frialdad
marmórea; examinólo el doctor y se limitó á decir:
- Más necesi~do está del pater que del médico ...
Que llamen al primero cuanto antes. Vive todavía,
pero ya perdió sus facultades. Cosa de minutos.
Y así era en efecto; el alma había emprendido ya
el viaje á través del Océano del infinito, mientras en
el cue,rpo luchaban aún l~s ~!timas energías vitales.
El angel de la muerte s1gmó al ángel del sueño.

brar esta santa noche, y por ahora
dése usted un latigazo del tinto
para ir haciendo boca... ¡Ea! ¡A la
salud de usted, mi capitán!
- Pues á la de usted y por muchas Navidades, mi alférez.

•

NúMERO 625

¡Quién pudiera pintar las bellezas de la noche cubana!.. Y era
aquella una de las más hermosas
que contemplaron humanos ojos.
La manigua poblada de rumores,
el ambiente lleno de armonías, el
firmamento cuajádo de estrellas,
el aire impregnado de perfumes;
¡No se lo &lt;leda á usted, mi querido alférez!
luz melancólica en los espacios,
obscuridad en la tierra; la misteriosa labor de la vida continuada en la sombra; el him- tan triste ni tan silenciosa como esta, aunque pasada
no eterno del amor subiendo constante á los cielos... sobre el duro suelo; mas ¡ay! que aquel suelo era el
Nadie diría que en la espesura se hallaran en vela muy querido de la madre patria. Ardían alegres las
centenares de hombres, acurrucados unos entre las hogueras y en torno de ellas cantaban y reían los solmatas, de pie otros junto á las barracas del campa- dados, corría la bota y pasaba de mano en mano la camento. Ni los delata el quién vive de los centinelas ni labaza. «¡Ea, muchachos, esta es la última!, gritaban
los denuncian los fuegos del vivac. Ni un canto, ni los oficiales de D. Carlos. El año que viene, el rey en
la señal mas insignificante de vida. Es la consigna, Madrid y vosotros en casa. Buen ánimo, que la cauconsigna que también se cumple en aquella noche sa es justa y Dios nos ampara ... &gt;&gt; Y los soldados enque el mundo cristiano celebra con alegría ruidosa tusiasmados vitoreaban á sus jefes, y el alegre cony que trae á la mente los recuerdos más placenteros. cierto de gritos y canturías subía á los cielos entre el
Pero sobre el campamento pesa un manto de tris- humo de las hogueras. Las penas, ¡al saco con ellas!
teza. La fiebre, el escorbuto, la disentería han causa- La vida ... ¡el Corazón de Jesús la protegerá! Los pado muchas bajas; y los que todavía alientan, después dres y los hijos, ¡no los abandonara el rey! Otra acode larguísimas jornadas hechas hajo los rayos de un metida y el ejército real cruzaría el Ebro y avanzaría
sol abrasador, cruzando ciénagas y arroyos, sabanas hasta Madrid, llevando por delante a los liberales en
y manigua, mustios y cabizbajos no parecen acordar- completa derrota ... Luego...
Y soñando en estas cosas el ex teniente despertó
se de que, según reza el cantar, aquélla no es noclze de
dormir. Algunos de estos soldados son nuevos en las tendido en el lecho del dolor, envuelto en la semifatigas de la guerra americana, totalmente distinta de obscuridad de la misérrima estancia.
Sf, esta era la realidad, la triste realidad de una
las peninsulares, porque en ella la lucha ha de sostenerse con igual ó mayor tesón contra el clima que guerra cuyas vicisitudes le habían colocado en el núcontra el enemigo, enemigo éste traidor porque espera mero de los vencidos y de los prisioneros deportados.
en acecho, emboscado, favorecido por el terreno, con- Recordaba confusamente la derrota, aquellas horas
trariedades y azotes a los cuales hay que añadir la falta de lucha en que su batallón defendió á fuego y bade recursos y á veces largos períodos de total aisla- yoneta las alturas de Lumbierri, los camaradas arrebamiento: causas todas que pesan terriblemente en el tados por el remolino de la pelea; luego la posición
ánimo del recién llegado. ¿Cómo extrañar, pues, que envuelta, la compañía prisionera, las tristezas del ven·
el número de enfermos sea en el campamento tan cimiento, los días melancólicos pasados en el &lt;lepó·
crecido, si la columna lleva penosos días de opera- sito, y, por último, la deportación, el alejamiento
ciones con gente nueva y en la zona mas mortífera quizás definitivo de la patria...
¿Morir? Poco le importaba á él esa cosa, si no
de la isla?
Allá están echados sobre los humildes lechos de triunfaba la causa ... Aunque ... sí; le importaba algo
la enfermería los míseros enfermos. La 4.ª tiene has- morir lejos de la patria y lejos de sus amores. Y en

A la luz opaca de la aurora, despertó la gente y
volvió á reinar la vida en el campamento.
- ¡Vaya una noche, camarada!, gritó el alférez Campuzano al encontrarse de manos á boca con su capitán. Esta es la hora en que pensando en si hoy recibiríamos el correo, apenas si he podido conciliar el
sueño. ¡~i por lo menos viniera aprobada la propuesta! Considere usted el caso. Dos cruces rojas, tres
menci?nes honor!ficas, grado y sobregrado... y confiese s1 tengo motivos más que suficientes para impacientarme. Pero... así y todo, vale más no hacerse
il~sione~. ~o, no lo conseguiré. Estoy seguro de que algun env1d1oso df' la Plana Mayor me birla ese empleo.
- Pues ¿creería usted q:ie á mí me ocurre lo propio y que también pasé la madrugada pensando en
el asunto? Le confieso que un desengaño sería cosa
g~a~e, y ere? por lo mismo que para prepararse á rec1b1rlo debiéramos saludar el día con unas ginebritas. Luego tomará usted el parte, á bien que puedo
desde ahora adelantarle una novedad, el fallecimiento de ese muchacho de la 4.ª ¡Pobre Larramendi!
Su agonía será el recuerdo más saliente de esta Nochebuena.
- Dios me los procure mejores de este día, exclamó Campu~ano poniendo los ojos en el cielo. ¡Por
lo menos, s1 la propuesta hubiese cuajado!..
Y con efecto, al promediar el día el cartero del
regimie~to hiz~ entrega al jefe del mismo de un abultado phego, pliego que encerraba la noticia de un
~nje de prisioneros celebrado en la península, en
virtud del ~ual Larramendi y sus camaradas debían
ser ~onduc1dos nuevamente á la patria y al campo
carlista, y que contenía también la no menos sensacional de haberse concedido otra mención lzonoríjica
al capitán Unceta y al alférez Campuzano.
- ¡No se lo decía á usted, mi querido alférez!, exclamó con tono dolorido el capitán. A tal día tal no¡Qu_e le vayan al pobre Larramendi con la noticia. ¡Valientes jugarretas tiene la fortuna!

CAMINO DE LA ,GLESIA

terior á la guerra y el porqué en la actualidad - y no
siendo en los campos del interior - se viva, se edifique, se vista y se eduque en todas las poblaciones de
la isla según la norma europea.
La esclavitud - esa llaga aün sangrienta del buen
tiempo antiguo - era factor importantísimo, pincelada
genérica en todos los cuadros de nuestra vida íntima;
y en fiestas como Noclzebuena y Reyes, la nota dominante en el tono, la figura principal en el lienzo. - La
esclavitud ha desaparecido - ¡loado sea Dios! - y con
ella los rasgos salientes d_e cuasi todas las escenas cubanas, en que el esclavo desempeñaba papel capital y
característico, como podrá apreciarse en el curso de
este ligerísimo artículo.

LA NOCHEBUENA EN CUBA

c?~·

FRA~CISCO BARADO

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¡.l

(1840), dibujo de J. L. rellicer

En todos los países americanos, especialmente en
los de origen latino, conserva la festividad de Nochebuena un sello propio, peculiarísimo, que permite al
escritor de costumbres - por poco observador que
sea - describirla con fidelidad y sin esfuerzo alguno
de imaginación; tan fácilmente como copia el-pintor
la fruta del tiempo ó el plumaje del ave, en sus bodegones y estudios de naturaleza muerta, contando con
la inmutabilidad del color y de la forma, en sus invariables modelos.
Mas para encontrar la típica, la genuina Noclzebuena de Cuba, habría que remontarse á la época
cuasi primitiva de 184 o á 18 50, en que la antigua sociedad cubana poseía hábitos y fisonomía propios:
impónese el seguirla en sus diversas vicisitudes hasta
1872, en que el rigor de la guerra alejó del país á cuasi todas las familias de abolengo criollo y trajo grandes masas de inmigrantes eµropeos, importadores de
diversiones, cantos populares, fiestas religiosas y usos
peculiares á cada región de donde procedían, y que
infiltrándose en el modo de ser local, fueron borrando los caracteres originales de nuestras costumbres,
hasta el punto de que hoy puede asegurarse que ya
no existe en Cuba la Nochebuena cubana.
¿Exageración? - De ninguna manera. - La guerra
de los diez años fué para la metrópoli algo así como
la reconquista del país, y explícase de este modo la
desaparición de todo lo tradicionalmente cubano, an-

del detalle; pero importa al espíritu de este tra bajo
acentuar con insistencia el menú siempre idéntico de
la cena criolla de Navidad, en la cual sucedía rara
vez que_ se introdujese algún postre exótico, y donde
lo comente era que después de los platos de cocina
y antes del café se sirviese a los comensales b1111ue1os
de catibia ó de 111ala11ga, rociados con almíbar ó con
melado de caña.
Los proletarios, las familias pobres, cenaban poco
más ó menos lo mismo; sustituyendo al lujoso pavo
algún par de pollos, y al imposible lechón entero algunos cuartos de asado, adquiridos en las tabernas,
figones y tahonas que especulaban con su venta.
La gente alegre y la del bronce, curiales y covachuelistas, tenorios y pendencieros, quedabanse de
propósito fuera de puertas, y buscaban alguna taberna, figón ó casa desalquilada en los ejidos y barrios
desiertos, y allí, a puerta cerrada, se entregaban al
placer de una cena borrascosa, en cuyo menú resultaban también indispensables los fríjoles negros y la ensalada de lechugas.
Los esclavos cenaban en las cocinas las sobras de
los amos; y los mancebos y dependientes del comercio, en tahonas, ferreterías, campecherias y en toda
otra tienda de cierta importancia, no hadan la comida el día 24 de diciembre. Sus principales y capataces obsequiábanles con una opípara cena, que regularmente traía por consecuencia la aplicación de
calas, purgas, eméticos y otras drogas; plus inesperado
de los tragones y de los ahítos.
En los cuarteles y destacamentos repartíase á la
tropa ~on el ~ancho de la tarde doble ración de pan
y de vmo, y a _los presos en el antiguo Consulado y
en l~s correcc10nes y fortalezas hacíaseles igual obseqmo.
Cuanto á las monjas y frailes, aquello era un diluvio de regalos.
Los fieles católicos habaneros cumplían con celo
el precepto de pagar diezmos y primicias á la iglesia
de Dios, y los pobrecitos frailes y las tristes monjas
no tenían manos ni cuevas ni sótanos bastantes para
rec?ger y guardar lechones cebados, aves, huevos,
aceite, frutas, menestras y hortalizas, que en arrias
sucesivas llegaban á las puertas de los conventos enviadas desde el campo por los devotos pudiente;.

Allá muy lejos - hace medio siglo - la Hahana de
piedra y la Habana viviente eran ciudad y vecindario muy distintos de los de ahora.
Las casas se construían á prueba de bomba, gruesas
y gachas para resistirá los huracanes, y las que tenían
más de un piso - á no ser algún palacio - no alcanzaban en sus balcones mayor altura que la de un
moderno entresuelo. - Se almorzaba á las nueve, se
comía á las tres, se merendaba á las cinco y se cenaba á las ocho. Con tal régimen de vida, ¿se concibe
que nuestros abuelos celebrasen la Nochebuena cenando á la media noche? No por cierto. Al toque de
queda, en las iglesias, y en los cuarteles y prevencicnes, cerrábanse las puertas de la ciudad; recogíanse
los tranquilos ciudadanos, y los parrandistas y trasnochadores (siempre los hubo en todas partes) veíanse obligados á esperar el día en las afueras, sorteando
el paso de las rondas, hasta que eUoque de diana
les permitía volver á intramuros.
Las familias opulentas marchaban al cafetal, al
ingenio ó á la estancia desde el día 8 de diciembre y
regresaban á la capital después de R eyes.
Las de la clase media observaban la vigilia de Navidad cenando á las nueve y esperando en vela los
repiques de la media noche del 8 de diciembre, con
los cuales anuncian todas las parroquias á la vez el
misterio de la Concepción. Rezaban entonces una corona (siete Ave Marías) é íbanse a dormir.
A esa piadosa velada se la llamaba entonces Noclzebuena chiquita.
El 24 de diciembre, los que sin ser ricos gozaban
de algún desahogo de posición, invitaban á sus amis- . No he de pasará describir la antigua cena de los
tades a cenar el clásico lechón tostado, el pavo asado neos, en el cafetal ó en el ingenio, sin anotar el deó relleno, arroz en ?lanco, fríjoles negros, ensalada talle capital de la Nochebuena cubana: la Misa del
de lechugas y rabamtos. Perdóneseme lo minucioso Gallo.

�NúMERO

LA 1tüstkAétÓN ARTÍSTICA
El 8 de diciembre comienzan las misas de Ag1dnaldo, y la Misa del Gallo es la última de aquéllas.
En los pueblos del campo acudían los guajiros con
fotulos y guamos (1 ), y al principio y fin de las misas
de aguinaldo mezclaban el ronco sonido de sus bo-

capaz de degradarse voluntariamente, - nuestra juventud de hoy, repito, se confunde con aquella hez, la
imita, la envalentona y la sobrepuja en groseras audacias, en chistes soeces, en irreverencias salvajes, que
han traído por lógico resultado el que sean ya conta-

milia del amo. Despedíales éste cuando el ruido le
molestaba, y retirados los esclavos en su barracón
continuaba el tango y baile (3) durante el resto del
día y de la noche, después de celebrar su cena, cuyos
elementos se proporcionaban ellos mismos con las
crías y siembras de sus conucos.
Cuanto á los amos, celebraban también la Nochebuena en la casa de vivienda, acompañados á la mesa por el cura 6 el médico del pueblo 6 el c~pitán del
partido, y terminada la cena, bien se organizaba ~na
timba entre los concurrentes mayores de edad, ó bien
salían todos á caballo á visitar las sitierías ó tejares
anexos al ingenio, gozando allí del espectáculo que
también se ha perdido ya en las costumbres cubanas:
el guateque de los guajiros.

***

Tal era el aspecto genuino de la fiesta de Navidad
en la antigua sociedad cubana. Desde el año de 1850
á la fecha ha sufrido distintas modificaciones.
Derribadas las murallas y organizado un buen
cuerpo de policía, permitióse á los negros el pasear
por las calles agrupados en cabildos y al son de sus
tambores y músicas. Prostituyeron esa concesión los
1ia1iigos criollos, que señalaban cada Nochebuena
con riñas y asesinatos. Prohibióse la salida de estos
juegos ó comparsas perturbadoras; pero los iia1iigos
organizaron claves, disfrazando su música, y comparsas de mundeles que burlaban la prohibición gubernativa, porque no llevaban los trajes de aquéllos y
) .
pasaban como rumbas ó mayombes inofensivos. Pero
vino la guerra. En los primeros años se impidió toda
clase de aglomeración de gente; decayó la costumbre
sustituída por otras, y los pocos antiguos moradores
LA FIESTA DE NOCHEBUENA EN EL CAFETAL
que permanecieron en la Habana durante el sangriendibujo de J. L. Pellicer
to período, pudieron observar cómo á los cabildos
africanos sucedió el carro de sidra con gaita y tamboril; cómo se reunían alrededor del pedestal vacío
cinas con el alegre repique de las campanas, los can- das las parroquias que se deciden á celebrar la Misa desde el 68 hasta el 75, en el parque de la Habana,
tos del coro y las salmodias del sacerdote; pero en la del Gallo, temerosos sus jefes de los escándalos y des- multitud regocijada de astures y gallegos entonando
los ixuxtÍs y los cantos de su país, y cómo á la cena
Misa del Gallo, que se efectuaba á la media noche del órdenes que han promovido los jovencitos ...
criolla se mezclaban manjares de todas procedencias
24 de diciembre, unlase a los estruendosos fotutos
nacionales y extranjeras. Así la Nochebuena actual
el canto agudo del gallo, imitado con la voz por los
en
Cuba es ni más ni menos que la de cualquiera
campesinos y repetido con algarabía infernal por
Trasladábase la familia á la finca, estancia, ingenio nación civilizada, con una agravante universal: aquí
cuantos concurrían :í la iglesia y por los gallos auenviamos ya de regalo á los amigos en los alrededoó cafetal en los primeros días de diciembre.
ténticos en los gallineros del caserío.
res de Pascua tarjetas de Christhma, como los ingleLos
amos,
más
para
satisfacer
su
vanidad,
contemSegún me explicaba mi abuelo, diósele tal nombre
á la misa nocturna porque se esperaba á que el gallo plándose señores de tantas vidas esclavas, que para ses y yankees; poissons de Paques, como los franceses;
cantase á media noche, para comenzar á dejar misa acallar los gritos de su conciencia, iban por sí mismos cocas y monas, como los catalanes y mallorquines; toá repartir el aguinaldo á los pobres negros, que reci- rres de huevos, como los belgas .. . En las casas de la
en los campanarios de las iglesias.
Tal costumbre no tomó incremento en la Habana bían á la familia con toda clase de manifestaciones clase media se pone la mesa corno para un banquete,
hasta los años de 48 al 50, época en que bien servi- de júbilo, no sólo por imposición de su ignominia, sino y resulta cursi el plato de fríjoles; en las tertulias de
das de alumbrado público y de serenos las calles de porque, á las veces, el niño 6 la señorita tomaban los ricos se da el beso debajo del muérdago como en
la capital, podían arriesgarse las familias á transitar afecto á algún criollito de la dotación, á tal ó cual la antigua Germanía, y en la moderna metrópoli neopor ellas, mientras que en tiempos anteriores, la da- criada de la casa de vivienda, ó bien el amo era yorquina y hasta en los hogares de los antiguos esma ó el señor que deseaba asistir al templo tenían quien se fijaba en la buena presencia de algún escla- clavos - hoy ciudadanos cultos - se levanta el árbol
que hacerse acompañar de uno 6 más criados provis- vo ágil y robusto, que resultaría un brillante calesero, de Navidad sostenido por un «Noel» intruso, impory esta predilección solía servir corno casualidad re- tado de las manufacturas de Europa, para borrar y
tos de faroles para alumbrar el camino.
En lo antigao era, pues, raro que asistiese á la fies- dentora de los rudos trabajos del ingenio á los escla- hacer desaparecer nuestras tradiciones y costumbres.
¡Ah!.. En Yano buscará el criollo del año 1 894
ta de media noche persona alguna de viso; en cam- vos que venían luego con los amos á la Habana,
algo que le recuerde el aspecto de un zaguán hababio los jóvenes de vida alegre y las mozas de picos cuando éstos abandonaban la finca.
El día de Navidad se repartía á los negros su esqzd- nero en noche de Navidad treinta años atrás. Los
pardos concurrían sin falta á la tumultuosa misa, imitando hasta enronquecer el grito del vigilante centi- fación: un gorro de lana y un sombrero de empleita, amos, de tertulia en el estrado; la mesa, dispuesta en
un chaquetón de barragán, una frazada, una camisa la saleta del fondo esperando la hora de la cena; y
nela del gallinero.
Terminada la misa salfan en parrandas y cantando y un pantalón de rusia ó ca1iamazo á los varones. los· criados, agrupados en la puerta de la calle escuboleros, pasacalles y canciones, acompañados por al- La frazada y chaquetón, un pañuelo de bayajá y otro chando distraídos los ecos de la sala, y puestas sus
gún diestro y mimado tocador de guitarra; mas tén- de percal estampado, camisón y saya de rusia á las almas en sus oídos para apurar la salvaje armonía de
gase presente que estas alegres comparsas se organi- hembras. A los criollitos sólo se les repartía cami- una marímbula que toca con discreto temor el viejo
zabanji,era de puertas, y aun así, hurtaban el encuen- sones largos y gorros de lana. Ni zapatos, ni almoha- esclavo calesero, fumando su cachimba de barro y
tro con alguna patrulla, porque los cabos de ronda das, ni catre ... ¡Y esto se daba dos veces al año á los medio dormido sobre el quicio de piedra de la por(de los cuaJes son, en lo moderno, fea caricatura los que amasaban con su sudor y su sangre la riqueza, en tada!..
alcaldes de barrio) no se paraban en pelillos y envia- ocasiones fabulosa, de los amos del ingenio!
FELIPE LÓPEZ DE BRIÑAS
Verdad es que también había amos espléndidos
ban á dormir sobre las duras tarimas de la prevención á los contraventores del bando d'e buen gobierno. que añadían á la esquijación cachimbas de barro para
Tales fueron las costumbres hasta que estalló la los hombres, collares de cuentas y abalorios para las
guerra. Desde el año 68 al 78, la inquietud y la zozo- mujeres y cucharas de palo, platos y jarros de hoja~¾ rr·,,,,:,.
,
.
;,1{ ,,
bra, el miedo á las explosiones de la pasión política lata para toda la dotación de la finca.
j
Repartida la ropa, desfilaban ante el señor los esexcitada, los atropellos históricos y sangrientos de la
soldadesca, la emigración al extianjero debilitaron clavos, á quienes se daba el aguinaldo en dinero, se,
esta arraigada costumbre cubana, que reapareció pros- gún su categoría: los carreteros, carpinteros, lwrme':t
tituida y escandalosamente desfigurada en el año 1878 ros ( 2 ), los ayudantes de máquina, los contra mayorales
,.
y los fornalleros eran los preferidos: recibían como
en que terminó la lucha separatista.
Y afírmolo así, porque desde entonces á la fecha aguinaldo desde una onza hasta un doblón. Las paF,;j
v;,
concurre á la Misa del Gallo un público abigarrado ridas, las enfermeras, las viejas inútiles que cuidaban
~~de borrachos, mujerzuelas y gente sucia en tal mayo- y criaban á los criollitos tenían también preeminen;,-,
ría, que obscurece el ligerísimo sabor local que pu- cia y recibían mayor cantidad que las otras esclavas
diera gustarse todavía observando á las muy contadas empleadas en el campo. El resto de la dotación reciy piadosas familias que asisten al templo como para bía de aguinaldo uno ó dos pesos en plata.
Terminada la distribución del dinero, se les daba
que no se borren para siempre las antiguas tradicio~ .,,,_-~1,,
el día á los negros, que inmediatamente corrían al
nes cubanas.
__:::i.-____:,_
Y para colmo gran parte de nuestra juventud dora- barracón, sacaban sus atronantes tambores y bailaban
da, separándose por completo del tipo legendario del su tango delante de la casa de vivienda, vitoreando
caballero cubano - culto y generoso, cortés y bonda- en sus cantos á cada uno de los miembros de la fadoso hasta la familiaridad con los inferiores, pero in-

/4,.

,

(2)

(1) Bocinas hechas con el caracol nombrado cobo.

En aquella época elaborábase el azúcar en pa11es, y el

hormero constituía un cargo importante.

LA

625

I

(3) Los negros criollos nacidos en el ingenio bautizaron ese
baile congo, herencia de sus padres, con el nombre de yuca.

LA NOCHEBUENA EN PUERTO RICO
No he de meterme ahora en dibujos de moralista
para determinar si la Nochebuena de nuestros padres
era más morigerada y juiciosa que la nuestra, ó si resultaba, por consiguiente, más conforme con el suceso admirable y trascendental que en ella se conmemora. Quédese esta labor para los filósofos sin apetito y sin olfato que conserven la serenidad y el aplomo que nos faltan á nosotros, los pecadores, en cuanto empieza á declinar diciembre y percibirnos en los
hogares el olor de la canela y el retintín acompasado
del almirez.
Lo más que se nos puede pedir en estos días es
que pintemos el caso, como diría mi ilustre y bondadoso amigo D. José M.ª de Pereda.
Daré, pues, principio á mi trabajo con algunas pinceladas, y al final de ellas, si el tiempo lo permite,
empezará la meditación.

metálica produciendo un ruido infernal. Cantábamos
algunas coplas alusivas al arroz con dulce, al nacimiento de Jestís y al baile que se preparaba. Si no
advertíamos en seguida por el movimiento de los
platos ni por el olor á especias la proximidad del obsequio, añadíamos, como á modo de indirecta, la siguiente copla:

¡Cómo me entusiasmaban las trullas de Navidad
en los primeros años de mi residencia en este país!
Era yo entonces un arrapiezo de catorce abriles, que
no tenía ojos más que para contemplar la maravillosa variedad y hermosura de estas campiñas tropicales, ni oídos más que para recrearme en la charla hiperbólica y picaresca de los jíbaros (1), en su música
insinuante y en la chistosa y disparatada inventiva
de su cantar.
Habituado al paisaje montañoso y sombrío de 1::t
región más septentrional de España y al carácter
un tanto retraído y metódico de sus moradores,

835

I LUSTRACIÓN ARTÍSTÍCA

etnógrafos del po:venir. La civilizáción antigua tenía
su principal manifestación en la indumentaria, en los
juegos olímpicos, en la arquitectura, en la poesía y
en el saber de legisladores y filósofos; pero la comida y la bebida dejaban mucho que desear. Nadie da-

Vengaºel aguinaldo
si nos lo has de dar,
que la noche es corta
y hay mucho que andar.

Después de hacer el
consiguiente estrago en
el arroz con perico~y de
bailar en danza íntima
por espacio de una ó
dos horas, nos daban
ron á los hombres y mistela 6 agualoja á las
mujeres, y nos despedíamos para asaltar
nuevas casas y dejar
aquélla expedita á
las demás trullas del
vecindario, que no
tardarían en llegar
allí en busca del
aguinaldo.

CARAVANA DE NOCHEBUENA, dibujo de Cuchy

I'

Y así se pasaba la Nochebuena en los
campos de Puerto Rico, noche en que
nadie dormía, y al cabo de la cual quedaban cojos los clziringos, roncas las cantadoras y trasnochados y completamente
molidos todos los habitantes de la comarca.

***

me impresionaban muy vivamente el delicioso panorama de los campos de Puerto Rico y la espontaneidad
característica de estos isleños, que conservan todavía
muchas costumbres pintorescas del pueblo andaluz.
¡Qué noches de Navidad he pasado en su compañia! Desde la víspera tenía ya preparado mi chiringo,
especie de caballejo vivaracho, mig11on, casi ratonil,
pero dotado de gran resistencia y de admirable agilidad para subir vericuetos y andar muy rápidamente
por cualquier vereda peligrosa.
Nada de silla, gualdrapa ni otros arreos monumentales de la equitación. Ajustaba sobre los lomos del
caballito una rodilla de hollejo de plátanos, colocaba
encima un aparejo de juncos, fresco y leve, y sobre
estas dos armaduras un par de banastillas de mimbres, que rematan en cincho por la parte inferior,
para asegurar bien la montura al cuerpo del animal.
Entre esas banastillas se sienta el jinete, dejando
colgar un pie por cada lado del pescuezo del chiringo, y en el sobrante del aparejo, hacia las ancas, se acomoda además una jibarita cantadora y
bailadora, porque era de ley que en estas caravanas de Nochebuena se cabalgase por partida doble. Así, en numeroso grupo, emprendíamos la marcha desde el obscurecer, en busca de casas de labriegos acomodados, en donde bailar, cantar y comer
arroz con perico, manjar indispensable de Nochebuena y Reyes, aderezado con jengibre, leche de coco y
melaza, amén de algunos polvos de canela, clavillos
de especia ó granos de anís.
En la primera casa que encontrábamos se daba el
toque de asalto con el tiple, las vihuelas y los giiicharos, especie de calabazas huecas con rayas en. el
exterior, por encima de las cuales se pasa una vanlla
(r) Campesinos portorriqueños sin instrucción.

Hoy he vuelto á la campiña después de un_a ausencia de veinticinco años, y observo con tnsteza
que van perdiendo mucho de su ani!llación y colorido propios aquellas cost~mb_res pa~narcales.
•
El jíbaro, tan comumcat1vo y Jaranero en anos
atrás, se trueca visiblemente en receloso y tristón.
La propiedad rural se va concentrando en poder de
magnates que ni ~iquiera viven en sus fincas, y los
pobres campesinos se van reduciendo casi todos á la
mísera condición de proletarios. Con la pequeña propiedad rústica va desapareciendo también el chiringo,
que fué por largo tiempo como el apéndicé indispensable del alegre morador de nuestras campiñas. Ahora la noche de Navidad suele ser para ellos tan triste
como las demás noches del año, si es que no les entristece más aúrr el recuerdo de las pasadas alegrías,
y no repiten, apenados de verse á pie, los conocidos
versos del jíbaro:
«¡Todos &lt;liban á caballo,
y el que menos diba en yegua!)

La Nochebuena en los grandes centros urbanos
de Puerto Rico y entre gentes acomodadas no presenta rasgos característicos muy notables que merezcan una especial descripción. Empezó por parecerse
á la Navidad clásica de nuestros padres en la península española, de donde se importó la costumbre, y
ahora se va pareciendo á la de todos los pueblos cultos de la cristiandad, en el refinamiento gastronómico y en la tendencia más ó menos acentuada hacia
el exceso en el comer y el beber.
La cultura y el cosmopolitismo del paladar es un
hecho muy curioso que ejercitará largamente á los

ría hoy un maravedí por aquel famoso vino de Chipre y aquella ponderada ambrosía que llegó á ser el
trago predilecto de los dioses. El vino era de uva,
eso sí; pero Pasteur no había descubierto atín la teoría de los fermentos, y la tránsformación alcohólica
se operaba en tinajones inmu~dos, de una manera
irregular y desaseada. Se bebía en vasos de metal, en
tazas de barro y hasta en cuernos, para que no se
echase de ver que era sucio y falto de transparencia.
Causa horror el pensar hasta dónde hubiera ido la
incontinencia de Baco, si hubiese podido beber en
cristales de Bohemia el chispeante vino de Champagne, el manzanilla de Sanlúcar ó el amontillado de
Jerez.
La comida era todavía peor, por lo grosera y repulsivo
.
.de su apariencia;
. . sería jugosa y alimenticia'
s1 se qmere; pero no mc1tante y tentadora en el aspecto ni en el olor. Y no hablemos ya de la edad
Antigua ni de la Media: ayer mismo, corno quien
dice, se festejó como á un héroe y hasta se le dió un
título de nobleza al inventor de la sopa de ajo.
Todavía no hace dos lustros que aquí, en Puerto
Rico, se conformaban los más exigentes gastr6nomos
con cenar en Nochebuena algún cochinillo asado, si

�LA

Ahora ¡bendito Dios! ya ni los más modestos pa- perseverancia en las mandíbulas y la fe en el cielo ...
ladares se conforman con las frituras de antaño, y de la boca.
Y como la costumbre se generaliza y se acentúa
los pasteles se han relegado casi por completo á la
más y más á medida que transcurre
el tiempo, no será extraño que en
los futuros almanaques lleguemos á
ver anunciada esta conmemoración
en la forma siguiente:
Diciembre, 24, etc. Día de fiesta
y noche de vigilia con abstinencia ...
de templanza y formaltdad. Se abre
la boca y se cierran los Tribunales.
MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS
.,'•.J•v•••••-,•••l'•••••"~••••••l'••''•''••••••'•••••••..••••• .. •••••••••.t•u•••''"'

LA NOCílEBUENA EN VALENCIA
(EN EL PISO PRn!ERO,
EN EL TEMPLO Y EN EL DESVÁN)

I

LA SRRE~ATA,

dibujo de Cuchy

repostería política. Todos aspiramos á comer, en estos días por lo menos, jamones de York, embutidos
de Bolonia, queso de Roquefort 6 de Mont d'Or, higos de Smirna, dátiles berberiscos, mazapán toledano, pastas de Astorga, tocino del cielo, cabello de
ángel y vino de la tierra de María Santísima.
El hecho es que el paladar y el estómago se van
refinando cada día más, y siguiendo así no estará
muy lejos el tiempo en que la nueva generación se
burle y hasta se avergüence de lo que comíamos nos·
otros, creyendo comer algo bueno, en celebración del
nacimiento de Jesús.

*

**
Y terminaré aquí con algunos buñuelos de filoso·
fía gastronómica, para que haya de todo en este revoltillo portorriqueño de Navidad.
Nunca he podido explicarme por qué la Noche·
buena ha de ser noche de locuras y de excesos, y có·
mo para celebrar el nacimiento del Redentor, que
siempre recomendó el ayuno y la continencia, hemos
de echar la casa por la ventana, comer más de lo regular y á deshora, y convertir, por último, una conmemoración cristiana en verdadera bacanal.
¡La Navidad y el pavo! He aquí dos palabras bien
distintas, que casi se repelen en fuerza del antítesis,
y sin embargo, acuden hoy, unidas, á la mente de
todo fiel cristiano, por una extraña asociación de
ideas. Lo cierto es que nos conjuramos precisamente en este santo día contra esos animales, y á la voz
de que ha nacido el Mesías, hacemos con los inocentes pavos lo mismo que mandó hacer el rey Herodes
con los niños inocentes.

La intención será todo lo buena que se quiera,
111a z"l peccato é grosso, como decía cierto clérigo ita·
li:rno.
Por dondequiera que se mire) nuestra Navidad resulta una fiesta predominantemente pagana.
Puede decirse que esa noche todos lleYamos la

, NÚMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La Manuela, una pobre mujer
que vivía en el porch-e (1), por caridad del amo de la finca, llamaba
tímidamente y pedía con llanto
en los ojos que no chillasen
tanto los rapaces, pues su hija,
la única que tenía, estaba mala ... , ¡muy mala!.., y aquellas
músicas y aquellos gritos infantiles destrozaban su cráneo.
- Descanse usted, Manuela,
callarán - contestó la señora
del primer primer piso, y dando un pedazo de torta fina á
éste, otro de casca al de más
allá y de turrón á quien lo
quiso, les ordenó que se largaran al patio á tocar los condenados instrumentos; allí no los
oiría la enferma.
Un regimiento de soldados
no hubiera movido más estruendo que aquellos diablejos movieron al bajar la escalera de dos en dos peldaños y
hasta de tramo en tramo ...
Unos chillaban, otros reían.
El hijo mayor de la casa, un
guapo mozo, y su tía, una respetable cuarentona, entraron
en el piso quejándose de los
codazos y trompicones recibidos en la Plaza R edona, á la cual designan los valencianos con el nombre de Clot... «Aquello era un hormiguero de gente..., no se podía dar un paso... Las
vendedoras de aves, sentadas en el suelo, en una si·
lla ó en los bancos de la plaza, gritaban como energúmenos y pedían un dineral por una gallina tísica.
- Y á propósito de tísicas - dijo la tía contando sus
lamentaciones, - ¿cómo está la chica de Manuela?..
¿Peor?.. ¡Válgame Dios!.. Esa muchacha no hará muchas Navidades.»
El sobrino de la buena señora palideció un poco
al escuchar aquella predicción... Se retorció distraídamente las dudosas guías de su incipiente mostacho,
y aprovechando la libertad en que le dejaban todos
los de la casa entró en su cuarto, sentóse ante la mesa, apoyó los codos en ella y la frente en las palmas
de las manos, y dejó escapar un suspiro de aflicción,
profundo, angustioso, uno de esos suspiros que se
exhalan una sola vez en la vida.
. Entretanto, la madre lo disponía todo para cenar,
la tía mandaba al horno por la calabaza, pues dejara
de ser Nochebuena para un valenciano si calabaza no
comiese, y las criadas pelaban el pavo en la cocina
contando cuentos ó canturreando villancicos.
Poco rato después llegó el jefe de la casa, que en
vano trataba de ocultar bajo la capa la provisión de
castañas tostadas, bellotas é infinidad de golosinas
que compró para los chicos, quienes al verlo entrar
en el patio subieron con él... Oyóse una voz que dijo:
«¡A la mesa!,» y todos acudieron, menos Rafael, el
hijo mayor, cuya madre tuvo que irá buscarlo á su
cuarto. Cuando volvió con él pudieron notar los demás que la pobre señora estaba algo seria y que su
hijo tenía los ojos enrojecidos y pálido el semblante...
Lá familia interrogó al joven, y él, dejando asomará
sus labios una sonrisa forr.ada, contestó:
- ¿Creeréis que me había dormido?

625

modo que en otras capitales; pero en ninguna con
tan franca alegría como ali~, sin duda porque s~s hijos son de carácter expansivo, y como ellos mismos
dicen, festero. La cena es de ayuno y muy pocos se
permiten empezar el pavo aquella noche... Lo que
nadie olvida es la carabasa al forn, la enorme calabazona que, partida en dos mitades, es co~ida en el
horno sobre una hoja de lata y sabe á mieles y gloria... Los ricos y la clase media la mandan cocer para
ellos, los pobres la compran cocida ya, bien en la
plaza ó á la carabasera que va por las c~lles voc~ando
su mercancía, la cual vende en pequenas porc10nes,
á rajas, como en Madrid y en Barcelona venden los
melones... Las familias se unen para pasar la noche
jugando á juegos de prendas, cantando, ·bailan~o y
riendo alegremente hasta que suenan en el reloJ los
tres cuartos para las doce, hora de acudir á la Misa

del Gal!.
La multitud invade las iglesias .. Por lo regular, cada cual va á la más cercana, y bien se comprende, por
los sencillos trajes de muchas señoras, que si van á
misa aquella noche es debido á que al otro día precisa mangonear mucho en la cocina y no queda tiempo para salir de casa... Mas, á pesar de la algazara,
enemiga de la devoción, con que acude la gente joven,
y á pesar de que algunos gastan pesadas bromas, por
ejemplo, echar tinta en la pila del agua bendita para
que los feligreses se pinten dedos y cara, aún hay
quien asiste á la Misa del Gallo porque halla en ello
uno de los goces más puros del alma... Aquella noche
el organista procura lucirse, y es cosa de creerse transportado á los cielos cuando por aquellas bocas de
metal salta un torrente de notas que repercuten en
las capillas y flotan y vibran en los ámbitos del templo. Uno de esos suaves sostenidos en que la voz va
adelgazándose poco á poco y suena al fin como un
eco de algo que se aleja ó de algo que se extingue,
embarga y suspende el ánimo; y cuando ese mismo
hilo de voz toma cuerpo otra vez y exhala una de esas
modulaciones que semejan un sollozo tierno y conmovedor, como de alma enamorada que vagase triste
y sin norte por el espacio, las lágrimas acuden á los
ojos, el corazón se dilata y los labios formulan una
oración.
Para sentir tan tiernas emociones acude bastante
gente á la Misa del Gallo; pero son los más aquellos
que se permiten la licencia de hablar en voz alta; son
los más aquellos que van á ver los rostros divinos
de las hijas de aquella mi adorada Valencia, paradisíaco verjel, cuyas flores tienen el perfume de los suspiros de las bellas y del cual dijo nuestro inolvidable
Zorrilla que es

«...

la florida puerta del cielo,
el balcón por donde abre la aurora el día.&gt;

Al salir de la Misa del Gallo y dentro atín del templo
algún individuo lanza sonoro quiquiriquí... Tal cual
grupo de jóvenes alegres se aleja cantando villancicos y lo que no lo son ... Los muchachos dan de mano á las zambombas y panderetas, y no faltan tampoco quienes, acreditando en mal hora que los hijos
de aquella bendita tierra tienen la sangre ardiente y
el genio pronto, ven amanecer el dh de Navidad en
la casa de socorro ó en las Torres de Serranos ( 1 ).

III

Rafael salió de casa con su familia á las once y
media para dirigirse á San Martín, iglesia en la cual,
según consejo de un amigo inteligente en música,
debían oir la Misa del Gallo.,. El joven confesó, una
vez en la calle, que tenía hecha formal promesa á
unos amigos de reunirse con ellos en la catedral...
Sus padres diéronle permiso para ir á cumplir su palabra, y el joven, dando media vuelta, tomó... no el
camino de la catedral, sino el de su propio domicilio. Entró en el patio de éste, subió precipitadamente la escalera, llegó á la puerta del desván y se detuvo... A través de las rendijas salían los débiles destellos de una luz... En aquellas alturas no se escuchaba
el más leve rumor de la algazara propia de tal noche...
Rafael miró al interior del mísero cuartucho por el
ojo de la cerradura... y un calofrío estremeció su ser...
En aquella estancia no había más muebles que dos
sillas, una mesa, una máquina de coser, un cesto con
ropa y la cama, y en aquella cama... un ángel, sf, un
ángel de cabellos blondos y rizados, un ángel cuyo
rostro estaba pálido como blanco lirio marchito, y
cuyos labios, entreabiertos y secos como los de un
sediento, se contraían de vez en vez dolorosamente ...
Aquella infeliz joven apenas contaría diez y ocho
años ... Sus grandes ojazos azules, todos pupila, fijaII
ban su calenturienta mirada de triste expresión en
La Nochebuena se celebra en Valencia del mismo una estampa de la Virgen... A intervalos una toseci-

(1)

Desván.

(1)

La cárcel.

, EL MERCADO

LA NOCHEBUENA EN V ALENOIA, dibujo de Germán Gómez

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LA !WCHBBUENA BN GUATEMALA, dibujo del artista guatemalteco D. Manuel Rh•era Cabezas

lla débil..., tan débil que casi no parecía tos, destrozaba su pecho, y entonces la madre de la pobre niña
apresurábase á incorporarla en el lecho, á estrecharle
las manos... , ¡á besarla en la frente, mientras el llanto
rodaba por sus mejillas!.. ¡Pobre mujer!.. Considerad:
¡No tenía otra cosa en el mundo que aquel ángel tan
puro como el sueño de una Virgen!
Rafael seguía junto á la puerta, inmóvil, con la mirada fija en el lecho y conteniendo la respirae::ión, temeroso sin duda rle ser oído... ¡Dos semanas llevaba
haciendo lo mismo cada noche! Cuando todos dormían en su casa, él se entregaba á aquella dolorosa
contemplación; y al regresar á su cuarto, iba con el
semblante lleno de lágrimas y cubierto de mortal palidez... ¿Por qué no entraba en el desván? Porque
tenía conciencia, porque era preciso contener los im. pulsos del corazón ... El había visto á aquella desgraciada bajar y subir por la escalera, la había saludado... , se habían sonreído... y nada... nada más. Después la soñó... Después la quiso con toda su alma;
pero ella está ya enferma, y él, que tanto la quería,
calló su amor, comprendiendo que la joven iba á
morir pronto, ¡muy pronto!, víctima de aquella condenada máquina, de la falta de alimentación y de los
sufrimientos morales que minaban más y más su pobre naturaleza ... ¿Qué podía hacer él? Nada. ¿Qué
podia ofrecerle? Nada ... ¡Oh, si se hubiera atrevido
á hablar con su padre de aquel fuego que sentía ... ,
de aquel amor!.. Pero era inútil intentarlo; lo sabía
muy bien, y por eso callaba... , ¡callaba, esperando
entre mortales angustias el triste fin de la desventurada niña!
Aquella noche estaba peor que nunca... Su madre
vertía triste lloro y ella la acariciaba, mirando al cielo, como si dijera: «¡Allá nos encontraremos, m:1dre
mía!» Un golpe de tos sofocó á la enferma, hizo
ésta un esfuerzo para decir algo, se llevó las manos
al pecho y algunas gotas de sangre mancharon sus
labios. Después... ¡silencio sepulcral!.. La anciana
sollozaba, estrechando á su hija fuertemente. ¡Ah!
¡Cuando al fin la soltó, aquel cuerpo virginal desprendióse inerte de sus brazos!..
- ¡Socorro!.. ¡Vecinos!.. ¡Hija mía!.. ¡Se muere mi
hija!, exclamó la pobre mujer... Y corrió á la puerta,
la abrió temblando, dió un paso... y se detuvo sorprendida... El señorito del segundo piso, apoyado en
la pared, sollozaba dolorosamente, teniendo el pañuelo entre los labios y vertiendo un raudal de llanto.

- ¡Rafael!, exclamó la anciana.
- ¡Angela amada!, murmuró el joven con infinita
amargura.
E instintivamente aquellos dos seres, heridos por
una misma desgracia, se abrazaron con efusión, á
tiempo que subía por la escalera la familia de Rafael
caturreando á coro y entre alegres risas:
«Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad ... »

- ¡Noche... buena!, murmuró Rafael entre sollozos.
¡Ah! Noche de llanto es esta, cuyo recuerdo jamás
se borrará de mi mente... ¡Pobre Angela! .. ¡Pobre
amor mío!
Luis DE VAL
,............, •••• ,•• ,.•,..,¡.,,... ,.•••••••••.••,.,,......,••••••••••••.•. ,..........., •••••• ,•• ,............,.........,.•••••••.••

LA NOCHEBUENA EN GUATEMALA
Guatemala, como todas las ciudades y pueblos de
América y de Europa, celebra la Nochebuena con
festejos y jolgorios que pueden considerarse como de
carácter cosmopolita y con fiestas y ceremonias de
color puramente local.
¿A qué hablar de los primeros si en todas partes
se parecen? Con decir que se come y se bebe y se
baila y se trasnocha para asistir á la Misa del Gallo
queda consignado cuanto sobre esto decirse pueda.
Veamos, pues, lo que es genuinamente guatemalteco, describamos, bien que á grandes rasgos, las costumbres verdaderamente indígenas, empezando por
los nacimientos, en los cuales hay mucho de lo que
en ellos vemos en todas partes, pero algo también
que es característico de Guatemala.
En conjunto, un nacimiento es en Guatemala lo
mismo que en otras localidades: un retablo que representa un paisaje más 6 menos auténtico de Judea
con sus montañas y su riachuelo que desemboca en
modesto lago, sus pastores y sus rebaños, todo sirviendo de marco y de accesorios al nacimiento propiamente dicho, 6 sea al rústico portal donde se ve
al Salvador acostado sobre humildes pajas, teniendo
á su lado á José y á María y detrás al buey y á la
mula tradicionales. Las figuras son buenas esculturas
de madera, si se trata de un retablo de casa grande;
pero si es de gente pobre 6 del pueblo, son de barro
ó de trapo, trabajadas con suma habilidad por los
indígenas de la antigua Guatemala,

La particularidad de los nacimientos guatemaltecos
está en primer lugar en el modo de adornarlos con
hojas de pacaya, rosarios de manzanillas, racimos de
naranjas, guiscoyoles y otras frutas del país, y en segundo y principal término en el afán que muestran
sus confeccionadores por representar en ellos escenas y personajes modernos y por ridiculizar las costumbres y la vida política del país, exponiendo á las
sátiras de los que los visitan á los altos empleados y
aun á los ministros de la nación.
El acaio de novena, 6 en otros términos el sarao,
la tumbarria 6 el rumbo, es la fiesta que se celebra
el último dfa del novenario del Niño Dios. Nueve
días pasan los concurrentes rezando devotamente el
rosario y la novena, y en el último, después de concluirse los rezos, los dueños de la casa suelen obsequiar á sus contertulios con barquillos, agua de canela, horchata y otros refrescos. Terminado el piscolabis, empuña la guitarra algún tocador, y acompañado de muchachos que tocan pitos de agua, tambores,
triángulos y chinchines, puntea un son á cuyo compás
bailan un zapateado las menga/as y los de chaqueta
y á veces también las de túnico y los de levita.
Las posadas son procesiones que durante nueve
días se celebran á las siete de la noche en la Parroquia Vieja: la Virgen y San José son conducidos en
andas, acompañados de alumbradores y gentes devotas que cantan coplas sagradas alusivas al nacimiento del Mesías. Cada día van á distinta casa á pedir
posada, y después de ceremonias tiernas y sencillas la
casa se abre y allí pasan la noclze los m1ores, como dicen los chapines. El último día, 6 sea el 24 de diciembre, la procesión se dirige al templo de la Parroquia
Vieja, cuya plaza presenta alegre y pintoresco aspecto por la gran concurrencia que allí acude y por los
puestos de batidos, tamales, buñuelos y otras chucherías que en ella se levantan. Esa noche la procesión
entra á las doce, hora en que comienza la popular
Misa del Gallo.
Dos palabras, para terminar, sobre las sarabandas:
éstas son orquestas de indios, compuestas por lo general de arpas y violines con que los naturales tocan
melancólicas piezas indígenas, casi siempre á las
puertas de los templos.
He aquí descrita la parte típica de la Nochebuena
en Guatemala, que fielmente ha reproducido en su
dibujo el muy distinguido artista guatemalteco señor Rivera. - X.

1.A NOCIIKBUt:-.A EN BUENOS AIRES, dibujo de Vaamonde

LA NOCHEBUENA EN BUENOS AIRES
Esta noche es Nochebuena
y no es noche de dormir ...

Y ¡cómo ha de ser noche de dormir!.. El termómetro marca la friolera de 30° (temperatura capaz de
dar calor á cualquier fiesta) y el enjambre de bichos
de todos tamaños, ya grandes y pesados, ya esbeltos
y de brillantes colores, un verdadero museo viviente
molesto y animado, presagia tormenta, y la presagia
de un modo atroz: ora sentando sus reales en la humeante sopa; ora llenando las blancas cuartillas que
la pluma ha de arar para abrir el surco que requieren
las ideas al ser trasladadas al papel; ora, y ahí se ceban y mue{en, pegándose al tubo del quinqué casero,
ó dejando más inservibles que de costumbre los faroles del alumbrado público; ora, en fin, zumbando,
picando y ensañándose con nuestra epidermis ... ¡Qué
noche!.. ¡Nochebuena!
Así lo ordena el calendario, así lo consagra la tradición, y obedeciendo á uno y á otra decimos &lt;thoy
es la Nochebuena,» pero no lo notamos.
Y es que Buenos Aires no la celebra con el estruendo que la celebran Madrid, Sevilla, Barcelona,
etc. Al arrancar la hoja del almanaque de pared, y al
ver suplantado por un 24 el 23 que arrojamos indiferentemente á la papelera, el corazón nos da un vuelco,
y es que al arrancar la hoja nos entregamos de lleno
á los recuerdos y comparamos.
Nada de oir retumbar en nuestros oídos el :;um
:;um de las zambombas, el repiqueteo de las castañuelas, el rasgueo de guitarras y bandurrias, el bullicio aquel tan característico en Nochebuena, tan único
y tan español. ..
El poco bullicio que notamos en Buenos Aires es
hijo indudablemente del cosmopolitismo. No hay
uniformidad en la manera de celebrar fechas.
Junto al aparatoso árbol de Navidad, que en tal 6
cual fiesta social atrae la atención del mundo elegante y de sus pequeñuelos, y en la casa del lado, si á
mano viene, encontramos una familia modesta, española, inglesa 6 francesa, que celebra á su manera, al
estilo de su país y sin exterioridad alguna, la memorable y tradicional fiesta. Pero todo queda en casa;
nada de ruidosas exterioridades. A lo sumo, la Misa
dd Gallo, con mucha suntuosidad y tanta algazara

como falta de fervor. Después ... nada. Desiertas las
calles, animados algunos hogares. Allá en los suburh~o_s (en las orillas, decimos en esta tierra) alguna
v1e1a, apegada á las costumbres de antaño, celebra
sigilosamente y para solaz de sus relaciones la iluminación de un nacimiento. Y ahí está lo típico, lo raramente típico, lo que desaparece y lo que, repito, sólo
alguna vieja china conserva incólume á pesar de la
avalancha de gringos innovadores que cada día cambian las costumbres que fueron ...
El nacimiento es algo imposible de definir y analizar. Una mesa cubierta con blanco (6 verde, no importa, y mejor si es verde) mantel. A un lado una

maceta; y ya tenemos un bosque. Más allá un San
José, una vaca, una cuna y un Niño Jesús. Verde
musgo cubre el piso que es atropellado sin piedad por
un gaucho recortado de una caja de fósforos ... Unos
hilos no invisibles sujetan á la altura del cieJo unas
nubes de algodón en rama, .. . y así por el estilo.
El cuadro no puede ser más pintoresco, ni tener
más color.
Bien que por lo general, la ya inverosímil heroína
del nacimiento que hemos descrito es de color cobrizo ó negro retinto. El nacimiento se remoja por
parte de los concurrentes con caña 6 ginebra. ¿Gui-

tarras?.. No faltan, y por ende no escasean 111ito11gas,
tristes y otros sentidos cantos populares.
Y á pro.Pósito de ginebra, bebidas y comestibles.
Los mercados funcionan toda la noche, lo propio que
los despachos de bebidas, unos y otros adornados
con verde follaje y alumbrados á la veneciana... Lo
que es en cuanto á comer y beber, puede decirse que
se come y se bebe mucho. Claro que los que hacen
una recorrida salen luego por esas calles cantando y
vociferando... Pero son pocos; el calc;¡r asfixiante quita ánimos al más pintado.
•
A las tres de la madrugada el movimiento es nulo.
Anímanse los restaurants con las parejas ó pandillas que en coche descubierto han ido á Palermo, el
hermoso paseo y jardín, á respirar y á tomar refrescos, y... nada, absolutamente nada más.
La Nochebuena es una de tantas noches. Si quitamos la Misa del Gallo, el ya rarísimo nacimiento y
el mayor consumo de comestibles y bebidas, no encontramos nada que llame públicamente la atención.
Los poetas sentimentales no nos pueden hablar de
niñas muertas de frío y de hambre. El calor por una
parte, y por otra la abundancia, 6 á falta de ésta el
desprendimiento natural de esta tierra, hacen desaparecer los cuadros tétricos de la vista del espectador.
A lo sumo hallamos en los diarios alguna noticia
concebida en estos términos: &lt;tAyer el termómetro
marcó 30º... »
¡Buena lVóchebuena.1
Y vaya este boceto á codearse con otros más animados y descritos por mejor pluma, y resultará pobre
é insignificante...
Correrá parejas con la noche del 24 en Buenos
Aires.
ENRIQUE CoLL

.......,....................................,......,......, .......,......,...........,....,.,......,......,......,..,.,.,.........•.•..,,
LA NOCHEBUENA EN GUIPÚZCOA
A mi amigo el ilustre vascófilo
D. Antonio Arzac.

Guipuzcoano de la clase de ridículos por los tiempos (]Ue corren y nos corroen, vivo hace treinta años
en Madrid, con el pensamiento fijo en San Sebastián, mi pueblo, sumido en los horrores de una nostalgia que sólo un trabajo incesante mitiga durante

�LA
el invierno, y desaparece por completo en el verano,
cuando dejo la corte y sus penumbras y respiro el
aire libre en mi ciudad natal.
Pero hay en todo el año una noche para mí famosa y temible; noche en que la nostalgia me ataca despiadadamente y me destroza el alma y el espíritu;
noche en que, á pesar de hallarme rodeado del afecto de todos, los míos, tengo que rendirme á discreción, inepto para luchar contra recuerdos que constituyen obsesión implacable y dolorosa.
Esa noche es la del 24 de diciembre, la Nochebuena. El ruido de tambores, rabeles y zambombas
que atruena las calles y plazas de Madrid; la feria de
la plaza Mayor y de Santa Cruz, con su pantagruelesco mercado y sus clásicas panderetas; el bullir de
los grandes, el correr y gritar de los chicos; todo ese
clamoreo informe de muchedumbre alegre y satisfecha que corre á buscar indigestiones para con memo•
rar la Natividad de Jesús, me recuerda mi país, mi
pueblo, mi gente.
Y en medio de la animación popular me encuentro más aislado; el estrépito de la multitud me suena
á hueco, y la algazara de una ciudad, el· jolgorio de
un pueblo ebrio de alegría, vienen á ensanchar cruelmente el vacío de mi corazón.
Entonces me repliego sobre mí mismo, me autosugestiono, y mi único consuelo es llamar á la loca
de la casa, la cual acude en mi auxilio, me arranca
de la corte y, en alas de la fantasía, me traslada inmediatamente á San Sebastián.

Nú~IERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

625

La cuestación dió magníficos resultados, y aquel
año la Nochebuena fué en verdad onentzaroa (la mejor noche), puesto que se honró al Salvador de los
hombres practicando una de las virtudes más sublimes recomendadas por El en sus predicaciones: la
Caridad.
La Nochebuena, en suma, patrimonio ayer de todos, es actualmente en San Sebastián, como en todas
las capitales y poblaciones de alguna importancia,
diversión de niños, y representa para ellos la figura
brillante de un espléndido cotillón.
Y hasta el aldeano, á quien las vías de comunicación y los clamores de la prensa mantienen en comercio constante con todo el país, ha perdido mucho de la leyenda que le rodeaba como una aureola
de inmaculada honradez y de patriarcales costumbres, y se acerca cada vez más al tipo humano que
Zola ha pintado con tan terribles colores en La Terre.
Por eso, cuando llega en Madrid la noche del 24
Echiontako echekoandriak
de diciembre, mi nostalgia se aviva con el recuerdo
Ama Virgiña diruri.
del Olentzaro begui gorri, y me aferro tanto más á ese
(La señora de esta casa se parece á la Virgen.)
recuerdo, cuanto que el gran Olentzaro hace hoy reir
Pero si cualquier desplante del grupo se ha opues- á los niños y despertaba en mí, hace cuarenta años,
to á la prodigalidad de la echekoandre, entonces los emociones indefinibles que el transcurso del tiempo
no ha podido ni podrá nunca borrar.
caseros aullan:

Son los aldeanos, los caseros, como allí los llamamos todos. Vienen envueltos en sendos kapuzayes,
hopalandas de paño burdo que caen hasta las rodillas y se sujetan á la cintura con una cuerda.
Un inmenso capuchón tapa la cara y deja solamente al descubierto los ojos, que brillan á la tenue
luz del farol, como fulgura de noche la mirada de los
lobos.
Y los caseros cantan, siempre en vascuence y con
voces que se arrastran con deliciosas vocalizaciones,
aires vascos de un sabor áspero y especial, sin ritmo,
ni compás, ni armonía; melodías de imposible anotación que traen el frío ambiente del campo, y se exhalan de la garganta ruda del aldeano, esparciendo aromas de planta silvestre arrancada á la dormida vegetación.
Si el aguinaldo cae, la turba canta agradecida una
canción que termina así:

Echiontako echekoandriak
Diabru zarra diruri.
( La señora de esta casa parece un diablo viejo.)

Este final, en caso de negativa de aguinaldo, es el
de rúbrica; pero raras veces lo emplean los indignados caseros, sino que hay que taparse los oídos para
no escuchar los horrores que salen de aquellos labios
Acaba de anochecer: los pescadores, los únicos contra la señora de la casa, contra la eclzekoandre.
A las nueve y media ó las diez, engullido el besuausentes sempiternos, los de la diaria preocupación,
han vuelto de la pesca del besugo y se hallan en sus go, los nacimientos se apagan, dejando oir el murmullo del agua que corre por los diminutos arrohogares del barrio de la Jarana.
La población - la antigua, la de las murallas - pa- yuelos.
Si la noche es de calma, la ciudad duerme sin que
rece yerta de frío. No suenan zambombas ni da dense perciba su respiración. Si la noche es de viento, el
tera el chirrido de los rabeles, como en Madrid.
De vez en cuando se divisan pequeños grupos que vendaval zigzaguea por las angostas calles, mugiendo
van y vienen por las calles y desaparecen en un por- tristemente, como perro que olfatea la muerte con
tal. Y las sonajas de la panderas suenan pia11ísi11101 y lúgubres ladridos.
Todo el mundo á la cama. Los grandes reposan,
la luz de los faroles baila fantásticamente en las acelos niños sueñan. ¿Con quién? Con Olentzaro begui
ras y en el arroyo.
Las familias cenan alrededor de la mesa, donde el gorri (Olentzaro el de los ojos encarnados).
¿Quién es este fantástico personaje?
besugo hace el principal gasto. De pronto llaman á la
¿Arranca de alguna leyenda?
puerta, ábrese ésta de par en par y la claridad de un
Nada de eso; ni leyenda ni personaje.
farol enorme alumbra uno de los grupos que poco
Olentzaro es corrupción de onentzaroa (la mejor
há transitaba por las heladas calles.
noche), que Larramendi traduce Nox Nativitatis
- ¡Aguilando!, clama una voz.
Y acto continuo, la voz canta, acompañada en uní- Domini, de lo cual se deduce que el vocablo compuesto significa la Nochebuena.
sono por las demás del grupo.
¿Y begui gorri? No es fácil hallar la relación exacCantan en vascuence aires de circunstancias, en
ta
que pueda existir entre unos ojos colorados y la
tiempo de Zortziko, lento y solemne, que acentúa la
clásica noche de Navidad.
pandera marcando el ritmo con vigor.
¿Serán la antonomasia del besugo por los ojos enA veces la canción tiene un estribillo, caso en el
cual la soprano del grupo entona el aria, en cuyo fi. carnados del sabroso pez?
Una lógica asociación de ideas habrá unido tal
na! se desploma el coro con entusiastas acentos. Todo ello termina con un ¡aguilando/ feroz, gritado por vez los susodichos ojos á la noche de onentzaro, convirtiendo ésta en olentzaro y á éste en personaje de
toda la masa. •
En general, la gente del muelle y los niños y niñas, fantasía, con el aditamento de la vista roja.
Sea de ello lo que quiera, el caso es que Olentzaro
estos tíltimos formando siempre grupos aparte, se
lanzan al idioma castellano, vocalizando desatinada- begui gorri existe en la mente de los chicos cuando
mente y estropeando la prosodia, con la siguiente llega la noche de Navidad, y que esa denominación
sintetiza elocuentemente la naturaleza, el carácter
canción:
indígena de la Nochebuena en la capital de GuiEsta noche es Nochebuena
ptízcoa.

Andantino molto espressivo. ,.--..__
CANTO.

y nt'lef

nn.c/111 de

d11r.. mi.i . i . ,.r

!/ ,í lo., dn.

l

Y no es noclzé de dormi-i-i-ir

Lá Virgen ésta de pa-a-arto
Y á las dosé ha de parí-ir.
Y dijo Melchor:
T oquen, toquen los istrnme11sillos
¡Qué alegre es el mundo,
Canásido Dios!

Nada puede dar idea de la belleza de esta melodía
popular (que reproducimos al final del artículo), impregnada de una dulzura y de una sencillez admirables, y que se canta acompañada únicamente por
la pandera acentuando la corchea y las dos negras del
compás.

La noche avanza lentamente. Los grupos de mujeres, de niñas y de niños han verificado sus rondas,
han penetrado en las casas donde hay nacimientos,
los han visto y se han llevado gozosos el clásico
aguilando, como ellos dicen anagramatizando el sustantivo español.
Y la voz de ¡aguilando! resuena otra vez, entonada ahora con acento ordinario y robustísimos pulmones.
Abrese de nuevo la puerta y, á la luz del farol, se
divisa nuevo grupo compacto, oscuro, sombrío, que
adquiere en las penumbras del descansillo de la escalera caracteres de tétrica aparición.

Saliendo de la ciudad y entrando en el campo, la
celebración de la Nochebuena se reduce á la cena
tradicional con que los caseros rompen la monotonía
del manjar diario, cantando además las alabanzas de
Cristo, en aires populares originalísimos, que repercuten en las fragosidades de los montes y cuyo origen se pierde en la oscuridad impenetrable del folklore éuskaro.
No sé hasta qué punto se conservan en los caseríos
. le. gru .,et mu11.do (}uel,~ n,,. si.do Dios/
de Guipúzcoa las tradiciones de la Nochebuena. La
capital las ha perdido completamente al ensancharse y tomar el aristocrático color que hoy le distingue,
como corte veraniega, entre todas las de España.
Hoy la Nochebuena se reduce á ostentar las familias pudientes que tienen niños en casa magníficos
nacimientos,en los cuales se gasta un dineral.
Mientras los rabeles, los tambores, las panderas y
Hay pequeñas orquestas que recorren las calles y
postulan pro domo sua, muy diferentes á la que en las zambombas escandalizan á todo Madrid en la
1865 se formó con jóvenes distinguidos de San Se- Nochebuena, yo me sentaré al piano y cantaré con
bastián con el objeto de reunir fondos para ayudar lágrimas en los ojos:
á Santander, donde el cólera hacía estragos.
Y dijo Melchor:
Endosaron entonces los citados jóvenes el kapuToquen, toquen los istnmzensillos
¡Qué alegre es el mundo
zay de los caseros y recorrieron la población y visitaCa11ásido Dios!..
ron las casas, cantando y pidiendo una limosna para
ANTONIO PEÑA v GoÑI
las familias que el cólera había dejado en la miseria.

l

NúMERO

625

CRÓNICA DE LA CAMPA~A
Horcas Coloradas, 7 diciembre 1893

Acampados en este valle estrecho, arrullados por
el mar, que nos habla de la Patria, y en lo alto, las
crestas del Gurugú, que nos pregonan la existencia
de razas batalladoras y fieras, la vida se desliza aquí
con unas energías y un contento por todo extremo
agradables.
Intuitivamente, el soldado aprecia y saborea esos
dos grandes sentimientos y esos nobles impulsos.
Ante mis ojos se extiende el campamento: cabalmente los batallones que se ocultan bajo las tiendas
del frente pertenecen al cuerpo de ejército de Cataluña, Cazadores de Figueras y de Barcelona; regimientos de Albuera, de Luchana, de San Quintín y
de Asia: en la cresta están los valencianos, Mallorca:
al frente los madrileños, Canarias y Wad-Ras; y á la
derecha los andaluces y castellanos, Pavía, Toledo,
Cuba y Cataluña.
Por todas partes ecos de la madre tierra, nombres
gloriosos, cánticos del fiero catalán, del tozudo y noble aragonés, del burlesco madrileño, del andaluz
decidor y alegre ... ¡Qué hermoso es vivir en el riñón
de la raza, palpitando con sus arranques y teniendo
delante y á la espalda los ideales de la tradición y los
impulsos del hogar santo!
Hasta ahora no se ha disparado un tiro por el ejército que rige el insigne Martínez Campos. Se construye el fuerte de Sidi-Auriach, afianzando así el derecho de España; se espera al brazo el arma, para
representar la fuerza y la prudencia de la patria, y
todo el mundo, desde el recluta al generalísimo, tiene
fe en la causa, conciencia de su valía, coraje y perspicacia suficientes, lo mismo para acometer si se nos
agravia, que para castigar ó permanecer quedos si
así se dispone.
Los moros andan retraídos; unos dicen que se ocupan en las faenas de sementera, otros aseguran que
nos temen. El hecho es que sólo se ven, desde la
meseta de Sidi-Auriach, cruzar de Frajana á Mazuza1 arreando el pequeño asno, en bandolera el fusil,
esbeltos, majestuosos, despreocupados, como si nada
hubiese ocurrido los días 2, 27 y 28 de octubre.
Espa,ioles estar farrucos; moritos querer paz. Esto
dicen ahora; hace r 5 días decían, gritando desde los
bordes del foso de nuestros fuertes: Cabo de guardia
salir, que morito ser farruco y espaiiol estar gallina.
Con estas frases en la mente, frases que si bien se
mira sintetizan la conducta anterior y presente de
esos bárbaros rifeños, todo el mundo se pregunta: si
no se les castiga y nuestro ejército regresa á España
sin haber hecho patente su bizarría, ¿volverán esos
salvajes á sus fierezas y mañas de antaño?

LA

lLUSTMClÓN ARTÍSTICA

nados torreones. Desde cerca el ánimo se entristece
recordando las vidas sacrificadas por las balas de
esos montaraces enemigos. Delante de la puerta del
fuerte, dos crucecitas de palo marcan las sepulturas
de dos valientes: en el foso, en una sola tumba, yacen otros ocho valerosos soldados... Frente á la
puerta, cerca de la garita, el sitio donde cayó el infeliz general Margallo; en todas partes recuerdos
luctuosos, remembranzas de duelo y de amargura.
Tuve el gusto de contar los blancos hechos en el
lienzo del fuerte principal, trozo comprendido entre
la puerta y el torreón NO. Pasan de 50 los impactos que se observan. En una puerta chapada que se
sacó de sus goznes para que tapara una tronera durante la mañana del 28, se ven 18 balazos; en los
lienzos laterales, en las almenas, en los bordes del
foso, se observan también huellas del certero fuego.
Un soldado, testigo y copartícipe en los sucesos,
me decía que el fuego salía de las cañadas vecinas,
sin que apenas se viesen los moros. Solamente se vió
un grupo de unos 500 que tuvo la osadía de coronar
la cresta de la Cañada de la Muerte, como se llama á
la más inmediata á Cabrerizas Altas.
La tribulación de los primeros instantes pudo engendrar exageraciones en cuanto al número é importancia del enemigo, que ha señoreado nuestro campo durante un mes. Pero de cualquier modo, fuerza
es convenir, luego de ver el terreno, que el tiro de
aquellos fieros andrajosos era certerísimo, á mansalva y admirablemente aprovechado.

día 2 de octubre? ¿Acaso hemos hecho otra cosa
que gritar y bullir, ni más ni menos que las kabilas
cuando van á lanzarse al combate, sin obtener nada
provechoso? Solamente que las kabilas cuando entonan su tremenda algarabía es para animarse mutuamente á la pelea, y nosotros hemos gritado hasta
aquí por el capricho deleitoso de ejercitar nuestra
laringe. ¡Ni nos hacen caso, ni nos acordamos nosotros á la media hora de lo que motivó nuestros gritos!
El sultán sigue tan perdido como desde el comienzo de la campaña: no toméis esa expresión como
ofensiva para el tgregio monarca; no es un perdido
ni mucho menos; que sin saber dónde él está hemos
podido inquirir, sin embargo, que su fortuna es de
quinientos millones de pesetas, ni un ochavo moruno

El hermano del sultán continúa en Frajana dedicado á su tarea de apaciguar rifeños, valiéndose del
eterno procedimiento marroquí de «divide y vencerás.»
Desde este ejército nada sabemos de notas diplomáticas, ni de cabildeos ni monsergas de canciMU LEY HASSÁN, emperador de Marruecos
llería.
Dibujo que il~stra un trabajo recientemente publicado
Por eso mientras las operaciones no comiencen, si
por el africanista Gerardo Rohlf
es que comienzan, me dedicaré á trazar cuadros de
esta hermosa vida militar, cien veces más bizarra y
de más robustos tonos que la vida militar de guarni- más ni menos; no, lo que quería decir es que no pación.
rece, que sigue entre cortinas, y aquí las cortinas son
Mohamed
Torres y Araaf, detrás de los cuales el
JOSÉ lBAÑEZ MARÍN
emperador se ríe con toda su alma de las notas y reclamaciones diplomáticas.
LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DEL~ GUERRA

VI

Si de lo que se ha escrito del asunto de Melilla
durante las últimas dos semanas, procura alguien extraer la esencia imparcial y severamente, se hallará
la triste corroboración de todas las amarguras que ya
apunté en mis anteriores crónicas: esta crónica no
La vida se desliza aquí con la normalidad que os- puede ser 1arga de ningún modo; sería un calvario
tenta siempre un ejército organizado. Cerca de 20.000 lleno de cruces, y cada cruz la conmemoración de alhombres, agrupados en la zona comprendida entre el go que no nos honre.
Polígono y la plaza, trabajan, se adiestran y realizan
¿Qué se puede decir? Que las tropas continúan en
las funciones todas de la profesión.
Las brigadas que no están de facción en Sidi- Melilla tranquilamente, que siguen las obras del SidiAuriach, tiran al blanco ó hacen instrucción como Auriach, que se simulan batallas en el campamento,
ya que no las hay de veras, y que estas luchas de
si estuvieran en Carabanchel.
El servicio se realiza con los rigores que se exige mentirijillas son para obtener más tarde el resultado
al frente del enemigo. Todo el mundo, desde el ge- práctico de que en alguna ocasión las tropas, si hay
neral en jefe al soldado, viven bajo la tienda, comen lucha de verdad, se vean en apuro doloroso por fallo que hay, beben lo que pueden, y sólo tienen aco- ta de municionec;... Y no continuaré comentando espio abundantísimo de buen humor, de entusiasmo y to, porque me pudieran contestar al instante que ese
caso es imposible que llegue, contándose como se
de orgullo.
Cuando al caer la tarde regresan las tropas al cam- cuenta con la previsión y pericia del gobierno, y me
pamento y comienzan á iluminarse los conos de lo- recordarían las pruebas que ya dió de saber evitar los
na, que semejan luciérnagas de opacos resplandores, conflictos previniéndolos oportunamente.
La gran epopeya - no sé qué otro nombre darle
se ve bajo las tiendas, á unos escribir, á otros limpiar sus arreos, á los de más allá bailotear al son de que resulte de más resonancia - ha sido el ultimáuna vihuela, cantar en coro á los otros, y en todas tum que se remitió á Mohamed Torres por Martínez
Campos, en que se le exigían no sé qué número de
partes poesía, jácara, animación y estruendo.
Nadie diría que aquella gente ha comido frugal- cosas: una fuerte indemnización, el castigo inmediato
mente, ha dormido en suelo duro y humedecido por de los rifeños promovedores de la guerra, la entrega
de trece mil fusiles que se suponen en poder de las
la lluvia, ha trabajado durante diez horas seguidas.
Y es que, sin género de duda, el vigor y el aliento kabilas y la rectificación de la zona neutral, donde
de la raza existen en su total integridad, sobre todo en lo sucesivo no podrá levantarse edificación algucuando se les sabe despertar con nna aspiración no- na. Hubo un consejo importante, donde los minisble, con un ideal de raza, con un arranque de eno- tros opinaron: ¡Nada, duro y á ellos como no accejo patrio, como supone y entraña el problema plan- dan á lo que se les pide! En realidad, si todo eso
teado por los bárbaros del Rif sobre las mesetas de pudiéramos obtener de las kabilas y del emperador
Sidi-Auriach y al pie del fuerte de Cabrerizas Altas. podría España darse por satisfecha, aunque á regañadientes, y pelillos á la mar; quedando alerta, muy
alerta en lo sucesivo para tomar desquite serio en la
primer coyuntura. Pero ¿será cierto que se han pediAyer tarde fuí á ver el famoso fuerte, teatro de los do al emperador y á las kabilas tales bellezas? Siemtristes sucesos acaecidos durante los días 27 y 28 del pre habrá que descontar mucho. ¿Qué razones hay
para creer que sea ésta una verdad, cuando ni una
pasado.
Desde lejos blanquean y resplandecen sus alme- sola verdad se ha visto ni se ha probado desde el

Cuando conviene á la política del sultán, sus dos
representantes se apresuran á decir que tienen poderes omnímodos para resolver aquello de que se trate; recordaréis los poderes amplios de que venía revestido el príncipe Araaf, y sin duda habréis ofdo decir en muchas ocasiones que el ministro del emperador en Tánger los tenía igualmente. ¿No era justo
creer que entre el ministro y el príncipe ¡:odría haberse resuelto todo? Hubo ilusos que abrigaron esa
esperanza. El príncipe Araaf sacudió de sí el ultimátum come, una avispa de aguijón venenoso se le envió á Mohamed Torres en el Isla de L uzó~, y el Isla
de Luzón ha sido la pesadilla de los españoles durante
los días que empleó en irá Tánger y en volver: cuando esto escribo aseguran los telegramas que el Isla
de Luzón acaba de anclar en aguas de Melilla y que
debe traer pliegos de Mohamed Torres. Nada se sabe de los pliegos; lo que se sabe positivo es que
Mobamed Torres dice que no tiene poderes para resolver el asunto. Como Araaf.
Tres días han pasado desde que escribí lo anterior·
quise darme esta tregua á ver si un acontecimient~
imprevisto ponía en mi pluma otras vibraciones, glosas de otros tonos más alegres. No, los aires que han
venido no son los mejores para España, enfermo que
necesita brisas puras; pero como de una ó de otra
manera, sin respirar no se puede vivir, tiene que contentarse con esos; son aires de paz. No nos metamos
por Dios, en seguir punto por punto los trabajos la:
boriosos de los ministros para llegar á esta gran hora
de nuestra dicha. Alegrémonos, mejor es así. Las condiciones de paz no pueden ser más halagüeñas para
nosotros... Como no se saben fijamente, cada ciudadano español puede imaginárselas á su gusto, y era lo
que afi~maban los optimistas: que todos quedaríamos satisfechos. Hay una condición importante, la
que.trata de la zona neutral. Respeto á la propiedad
rústica. roturada, á los edificios consentidos y á la
mezqmta como l~gar sagrado. Importancia, sí la tiene; pero por lo visto es para ellos. Termino este párrafo haciendo constar la sorpresa que ha producido,
lo rronto que Mohamed Torres y el príncipe Araaf
tuvieron poderes para la conclusión de este tratado.
Se recordará que tres días antes carecían de ellos.
Sea como sea, lo consolador es que el ejército

�LA l LUSTRAClÓN ARTÍSTICA

vuelve· vuelve sin disparar un solo tiro,
á lo q;e se presume. ¿Qué importa si vuelve tan honrado y tan valeroso como se
fué? Si algo turbio resultara de todo esto,
¿qué culpa tendrían esos miles de. ho~bres disciplinados y fuertes, ese eJérc1~0
que tantas paginas de luz y sangre deJó
escritas en los anales españoles con las
puntas de sus bayonetas? ¿Repetiré lo qu_e
dije ya otras veces? El soldado es lo úm·
co que en España hay que no degeneró;
el soldado es la flor única que conserva
su perfume, entre aquellas hermosas flores ya marchitas de nuestras grandezas
muertas, el soldado es la vieja y pura reliquia que España guarda como memoria
de lo que fué.
El ejército vuelve; vuelve quizás de mal
humor porque no pudo por su propia mano vengar las víctimas. l.a nación quizá se
recoja en un sentimiento de pena callada, acompañando así al ejército en su &lt;lis-.
gusto; pero no todo es sombrío, no todo
huraño; hay una multitud santa y amable
que sonríe y tiembla ... ¡Las madres y las
novias! Fueron las primeras en lanzar :\
la lucha á los hombres de su amor por un
sentimiento de dignidad patri'6tico, y se·
rán las primeras en ir á recibirlos por otro
sentimiento: el de las almas dignas qu,
han cumplido un deber y obtienen el pa
go en supremos goces ...
Para disipar ideas tristes contra esos
aires que á España envuelven; para poner
en el corazón otro sentimiento y en el espíritu otras alas que nos aparten de hu·
manos errores y nos conduzcan por contados segundos á sanas esferas, hay que
pensar en el espectáculo de aquel altar
erigido en una colina junto á las hordas
del Rif, en aquellos veinte mil hombres
que rinden sus armas sumisos al levantar-

se la Hostia y en aquel sol que cae sobre
todos como bendición sublime, arrancando destellos al dorado cáliz, donde la sangre de Jesús palpita, destellos que parecen de lágrimas de Dios por aquella otra
sangre de nuestros soldados, vertida por
infieles en donde mismo el altar se levantó.
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TIPO DE UN BERBERISCO,

cabeza de estudio de w. Genz

N ú ~IE.KO 62 s

N UME.Kü 625

Tocan diana: el soldado asoma soñoliento á la abertura de su tienda, regocí·
jasele el corazón: el cielo le sonríe al~gre,
el sol le inunda amoroso, su sangre cucula rápida: el campamento va animándose,
se mueve todo, todo brilla, la confusión
aumenta, el espectácu.lo es pintoresco,
brillante; ya están vestidos, forman: .¡ved
ahí á los soldados españoles! La patna se
conmueve de orgullo contemplándolos;
pero la patria suspira también al pcnsa·
miento de que esa juventud no se engalane con preseas de enemigo, de q~e
esas energías no se aprovech~n. La patn~
dice que una guerra le costana mucho dinero y muchos hombres; pero dice también que esa guerra sería, de seguro, poderoso reconstituyente para nuestra sangre que se vicia, para nuestros tegu~e.n'i:
tos que se aflojan, para nuestro raqmt1s·
'\ mo en fin, que no sabe nadie adónde nos
lle~ará; no son estos aires belicosos, no:
es patología pura.
Solemne misa en la que innumerables
bocas de cañones están dispuestas á mantener la palabra de Dios; en la que un
ejército fuerte ansía conmovido una se~al
de despecho, siquiera, en la aborrecida
chusma, para pasar el límite y ocupar rá·
pidamente pueblos y ciuda?es. ¡Segundo
grandioso en que la Hostia se levanta,
en que músicas baten himnos, en que las
frentes humíllanse y en que los pechos
se hinchan de una savia poderosa que

LA

aligera la respiración y humedece los ojos, y hasta las
puntas de las bayonetas parecen temblar, al rendir
armas, señalando á la vez como dedos rígidos los
campos salvajes adonde quisieran ir con ese taber·
náculo ante el cual se postran, con esa Hostia que
se levanta y con ese sacerdote que oficia.
No hay guerra; el ejército vuelve si no surgen
complicaciones que nadie se figura; lo dije: de las
madres y de las novias es el regocijo. ¡Cuánta alegría
las que pensaron en una triste Nochebuena de lágrimas é inquietudes! Habrá bailes en el hogar, jubileo
de cantos, retozos y entremeses de historias de campamento. La madre confortará plácidamente sus
ateridas manos junto al enrojecido tronco; la novia
bailará en la fiesta, luciendo sus mejores galas, palpitante el corazón por el honesto placer y abrasadas
las mejillas como las ascuas del fogón en que la
madre conforte sus ateridos músculos. Noble hija del
pueblo, ¡cuántas h.oras de labor penosa te habrá costado el rico pañolón que esa noche de alegría cubra
tus hombros! Cuando te cases, esa prenda estará en
tu boda; cuando nazca tu primer hijo, esa prenda será la primera también que se luzca; si el hijo de tus
e ntrañas muere, será la colgadura que la sala del
muertecito adorne entre un brillante granel de rosas
amarillas; cuando tu marido esté sin trabajo, ese pañuelo irá al Monte de Piedad y le habrás besado an-

l LU::i'l l(ACION

tes y le habrás bañado con puras lágrimas de recuerdos dulces. Tú eres honrada y noble; tú eres pura y
fuerte; tú te educas en el bien verdadero; tú te preparas en la gran escuela del trabajo y las resignaciones para dar después á la nación los hijos que luchan
por ella y la salvan y la glorifican ... ¡ Ríe ahora!
Alégrate de la vuelta del soldado; goza con el perfume de su gracia y de tu amor; aprovecha tu juven·
tud, que luego confortarás tu cuerpo aterido junto
al tronco abrasado como tus mejillas lo están ahora;
que todo eso es el arco de flores por donde entras en
tu vida de casada. ¡Oh tristezas! ¡Oh amarguras! Allí
vendrán los sufrimientos, allí las lágrimas, allí el suplicio; pero te mostrarás allí con todas tus grandezas
y todas tus dignidades, sobreponiéndote con serenidad de gloria que ni tú misma comprendes, á los insultos tal vez de un marido grosero, á las miserias de
una enfermedad, á las agonías de un trabajo continuo y á la gran hecatombe, por último, de ver cómo
te quitan, para que muera quizás en la guerra, al hijo
adorado que rasgó tus carnes al surgir á la vida y
que se nutrió con la savia de tu pecho sano y robusto.
Las madres y las novias sonríen; consuélenos esto
de la inquietud que puede causarnos el desenlace
que el asunto de Melilla va á tener. El príncipe se
ofrece en rehenes, y se compromete á prender á los
que él dice ser los verdaderos culpables del conflicto
actual, no á los que los españoles puedan designar

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como á tales; á Maimón porque sabe que se halla
fuera del alcance de su mano, no á Alí el Rubio, ni
al santón de la Puntilla, verdaderos causantes de la
guerra. Y aun en esto muéstrase cicatero el hermano
de S. M. Sherefiana, pues no dice que entregará los
culpables á España para que por nuestra mano los
castiguemos, sino que quiere enviarlos á Tánger para
que allí los castiguen (?) las autoridades imperiales.
El emperador escribe á la reina respetuoso mensaje
prometiendo con mucha seriedad un castigo terrible
para las kabilas revoltosas, las conferencias de Araaf
y Martínez Campos menudean que es una bendición,
los moros entran ya en el campamento, las relaciones comerciales se reanudan, Castelar felicita á Sagasta, Moret está contentísimo y esto acaba así sin
que sepan los ministros cómo, sin que lo sepa Espa·
ña, _sin que lo sepa nadie, y yo acabo también sin acabar, á la manera que el asunto de Melilla, diciéndote,
lector benévolo, en el rinconcito de esta última plana guardado aquí expresamente para la última hora,
que esta hora no puede ser más triste. Y si he de
coger la pluma de nuevo, ¡quiera Dios que no sea
para contarte lástimas, como hasta aquí lo hice por
este luto nacional, sino para que se bañe en agua de
rosas con nuestros corazones, entonando á la vez un
himno glorioso á la España invicta!

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�LA

NúMERO

I LUST RACIÓN A RTÍSTICA

625

plomacia europea, especialmentepor la inglesa y la francesa, aquélla
con la vista fija en Tánger, ésta
codiciando la anexión del oasis ne
Tuat ásus posesiones africanas. En
cuanto á España, la proximidad de
los súbditos marroquíes á nuestras
plazas de In costa de A frica ha sido
causa de frecuentes conflictos entre
la diplomacia española y la del sul•
tán, y fuerza es confesar que si en
los tratados hemos salido vencedores, en la práctica no hemos obtenido las ventajas que teníamos dere•
cho á esperar.
El actual conflicto de Melilln
está probando una vez más cuán
difícil es entenderse por las vías di,
plomáticas con el emperador de
Marruecos, ante cuyas ernsivas, ex•
pedientes dilatorios y promesas
más 6 menos sinceras se estrellan
todas las reclamaciones de nuestro
ministro de Estado. Buenas palabras no les faltan á Muley Hassán
6 á sus representantes; en cuanto
á buenas obras, ya es otrn cosa.

NUESTROS GRABADOS
El actual sultán de Marruecos,
Muley Hassán, es uno de los hijos
menores de su antecesor Sidi lila·
homed, á quien sucedió en 25 de
septiembre de 1873; y aunque no
estaba indicado para soberano, las
intrigas del harén le valieron el tro•
no que debla ocupar su hermano
Sidi Hamed.
Muley Hassán cuenta cuarenta
años y es de hermosa presencia:
Edmundo de Amicis, que en 1876
estuvo en Fez con la embajada ita•
liana, se deshace en alabanzas del
Apolo negro, como él le llama; en
cambio Luis Pietsch, que algunos
años después .1compañó al embaja•
dor alemán Dr. Weber, dice ha·
blando del sultán: cNo he visto en
modo alguno confirmada la descripción del poético cronista de la
embajada italiana Sr. de Amicis,
que quiso ver en aquel hombre grave, enfermizo y cansado el ideal de
la varonil belleza que pueda soñar
una odalisca.&gt;
Los principales viajeros describen á Muley Hassán diciendo que
es de arrogante figura y que su rostro moreno con barba negra no carece de belleza, un tanto apagada
por la expresión de tristeza y de
sufr imiento que nunca desaparece
de su cara.
Muley Hassán no es mejor ni
peor que los que le han precedido,
está muy pagado de si mismo y
convencido de ser muy superior á
sus súbditos como descendiente que
es de Mahoma.
A sus súbditos les trata como
siervos, por no decir como escla•
\'OS: los saquea cuanto puede, los
mata por cualquier pretexto, y en
sus arbitrariedades sólo le contiene
algo la presencia de los embajado•
res de las potencias europeas.
Durante su reinado han ocurrido
graves revueltas en sus dominios,
que ha sofocado siempre por los
más bárbaros procedimientos, y con
frecuencia tiene que emprender viajes por sus estados para reducir á
las tribus rebeldes y percibir exorbitantes impuestos.
El sultán de Marruecos se encuentra siempre acosado por la di-

.

••
Las hogueras que por espacio de
algunas noches brillaron en las cumbres del Gurugú, durante la pre•
sente campaña de Melila, constituyen un sistema de señales que, reproducidas de monte en montt',
significaban la demanda de auxilios
que los rifeños dirigían á las kabilas del interior: este sistema muy
en boga entre los pueblos salvajes
ó poco civilizados, suele producir
resultados sorprendentes, pues ca~i
nunca dejan de acudir en ayuda de
sus hermanos aquellos cuya coope•
ración se solicita. Nuestro grabado
representa un grupo de marroqules
que perfectamente armados y equipados para la lucha dirfgense en veloz carrera á compartir con los rifeños las vicisitudes de la guerra.

•••

UN JEFE DE TRIBU ÁRABE

(de una fotografla)

Los otros dos grab.'ldos son un
tipo de berberisco y el retrato de un
jefe de tribu árabe, y acerca de elks
nada hemos de decir, porque har•
to conocidas son las cualidades de
esta raza que aún conserva algunos
rasgos de su antigua valla.

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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 625, Diciembre 18</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>. ~trtélC10t)

Ftí~tietx.
A&amp;o XII

BARCELONA u DE DICIEMBRE DE 1893

NÚM. 624

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el tomo primero de la obra de D. Ricardo Palma.
TRADICIONES PERUANAS, con ilustraciones de Nicanor Vázquez

•

EXCMO. SR. D. ARSENIO MARTÍNEZ CAMPOS, general en jete dei ejército de Africa
(De foto¡rafia de D. J. Marti)

�LA li:.ustRActóN ARTísTtcA

794
SUMARIO

Texto. - Los S11cesos de Meli/la. Crónica de la guerra, por M.
Mart!nez Barrionuevo. - Gibraltar, por X. - D. Gil Escardillo, diputado á Cortes por Cabezabaja, _por C. Frontal\r~. Nmstros grabados. - La Pola (conclus16n), novela ongmal
por Eva Canel, con ilustraciones de J. Cabrinety. - El servicio de Correos en China. - Libros recibidos.

Grabados . -Excmo. Sr. D. Anenio Martfmz Campos, general en jefe del ejército de A/rica. -D ..Mig11el Martínez
Campos, D. Rafael Moreno, y D. Laureano del Busto, ayudantes del general en jefe del ejército de Africa. - Fuerte de
Rostrogordo. Kabilas del Rif - Vistas de Gibraltar, dos grupos con seis grabados. - /eje de la ambulancia enviada á Melil/a por la Cntz Roja de ltfadrid. - Un día de audiencia, co•
pía del cuadro de J. Jiménez Aranda. - Los tenientes 11enera/es Sres. D.José Chinchilla y 011ate y D. F. Primo de Rivera.
- El general de división Excmo. Sr. D. Manuel Macias. Sres. jefes y oficiales del regimiento de i11fa11terla de Toledo
111/111. 35. -El 11ü10Ra11I Fausto Capabla11ca, notable ajedrecista.
"••••••••••••••,t•,,•, ,t•,,•,,",l '• •••,1"11••••• .. •••"•l'••••,¡•1, ••,1'••" •••••••,1•,,•,,1•1,•1,r•,, •, ,r•,,•,,,,,¡•1,••,/'1,'•,1,

LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE U

GUERRA

V

Martíoez Campos llegó á Melilla después de aquella serie de ovaciones· obtenidas en su marcha, sin
que se interrumpiesen un solo instante, desde Madrid

d~jo la noticia de ser nombrado el general para el
ejército de Melilla.
Después de esto y aparte del entusiasmo de todas
las poblaciones de España, que no cesa, levantándose más á cada segundo - con la despedida de los
soldados al campo de operaciones, - después y aparte de esto, digo, nada ocurre en algunos días que
merezca notarse; hay que poner en duda, como siempre, tod·a esa acumulación de telegramas, gacetillas y
artículos, de que es imposible hacerse eco por temor
de que después haya uno ayudado á propalar perjudiciales y estrambóticas fantasías; lo que hay seguro
es que Martínez Campos conferenció inmediatamente
con el príncipe Araaf; que mantuvo éste sus súplicas
de que los moros continuasen en su comercio con Me·
lilla y sus afirmaciones de que trabajaba para la sumisión completa de algunos rifeños intransigentes, que
son los que soliviantan y enardecen á los demás; que
Martfnez Campos se negó á todo de una manera rotunda, como lo hizo Macias desde el principio; que
concedió el general un plazo de veinticuatro horas al
príncipe para que se internase en· el interior, ó se
amparara en nuestro campo, porque él empezaría inmediatamente de cumplido el plazo las operaciones
para el avance; que cumplido el plazo las operaciones dieron comienzo con gran expectación y ansiedad de todo el mundo, sin que liasta ahora se sepa,
aunque ya se sabrá de seguro cuando estas líneas se
publiquen, si Araaf se quedó en el Rifó pasó á nuestro campo... Y con todo esto, se ha sabido á la vez
que un penado maltrató torpemente á un moro adicto nuestro; que se le formó sumaria al punto y que
fué fusilado; de aquí resultó la orden de que se desarmase á la partida de la muerte, la más hermosa disposición que Martínez Campos pudo tomar desde su
corta estancia en Melilla, por aquello que dije en la
anterior crónica, de la tristeza que, sin ahondar mucho, produce en el corazón el pensamiento de que
los héroes de la campaña del Rif fueran unos presidiarios. De formarse la partida, lo mismo se hubiera
podido formar con hombres del ejército. El ejército
disciplinado y noble es el que debe pelear por la patria; los presidiarios, á presidio.

Sidi-Mohamet Torres envía una circular al cuerpo
diplomático; recomienda con mucho miedo gran circunspección para que se evite en lo posible que los
D. MIGUEL MARTlNEZ CAMPOS
súbditos de las respectivas naciones puedan dar ocaayudante del general en jefe del ejército ele Africa
sión á encuentros con los naturales del país; en otro
(de fotografia de J. Mari!)
lado se asegura terminantemente que el emperador
no tiene ganas de hacer sacrificios para castigar á los
al africano suelo; lo febril, lo inmenso, lo sobrenatu- rifeños; que esperá con el mayor reposo á que ios
ral de la expectación fué en Málaga; allí, donde todos
los espíritus parecían cansados de aquella tensión
perenne de cada día, de cada noche, de cada minuto; allí, donde se creyera que ya no había pechos
para aclamar, ni manos para aplaudir, ni ojos que llorasen, ni flores en los huertos para arrojarlas á las
tropas que iban á la guerra; allí, donde creíase imposible que hubiese ya nada de esto, en fuerza de lo
que ya se aplaudió, de lo que ya se lloró y de las flores que llenaron ya las calles como alfombra blanda
tendida para el soldado español, hubo más aplausos,
más vivas, más lágrimas y más flores que nunca: fué
un delirio, un frenesí; el corazón desbordábase con
aquel torrente de llamas de las imaginaciones andaluzas, aquel sol plácido de noviembre, aquellas
caricias bienhechoras del aire que gime y aquel eterno color azul de las alturas. En los círculos, en las

D. RAFA&amp;L MORE);O

ayudante del general en jefe del ejército de Africa
(ele fotografía de J. Mart!)

calles, en el hogar, en los bálcones, en las ventanas aquellas ventanas clásicas de tiestecillos, entre cuyas
hojas infíltrase el relámpago de los ojos de la malagueña, - en todas partes y en todos los tonos se
lanzó la misma nota: la del placer infinito que pro-

NúMERO 624

LA
quedan en la llanura. Todo el mundo está dispuesto,
con raciones dobles, material de sanidad y cuanto se
necesita, en fin, para emprender un combate largo y
decidido. En la orden del día, en que el general Martínez Campos explicaba la colocación de las fuerzas,
añadió sabios consejos de táctica, manifestando que
si hubiera lucha no creía preciso recordar á los jefes
y oficiales que con el ejemplo se hace valeroso el soldado; que ninguna fracción podía retirarse de su
puesto sin orden de su inmediato jefe; que aun en este
caso remotísimo, haríase el movimiento escalonado,
sin perder la unión y la disciplina; que en el movimiento de avance se tendría cuidado grandísimo de
no adelantar más de lo que se ordenó para que no quedasen retrasados los sostenes; que no se haría fuego
sin que lo mandaran los oficiales; que se procurara,
siempre que fuese posible, recoger las cápsulas par~
que el enemigo no las utilizase; que cuando los accidentes del terreno lo permitieran, se cubriesen los tiradores y los sostenes, procurando dirigir los ataques
de flanco á las trincheras, y combinando el fuego con
los ataques de frente; que la línea avanzada de guerrillas debía ser á rntervalos grandes y haciendo fuego los mejores tiradores, hasta que descubierto el
enemigo, se tomaran otras medidas, y en fin, que
confiaba, caso de que se rompiese el fuego, en que
los soldados españoles cumplirían la misión honrosa
que les confió la patria, que les estaba contemplando.
Así comenzaron el día 30 las obras del fuerte SidiAuriach. El fuego no se rompió.
A las cuatro de la tarde se suspenden las obras; ordena Martinez Campos la retirada; ni un solo hombre queda para impedir que los trabajos sean destruídos si los moros se oponen á ello, y es la prueba á
que Martínez Campos somete los deseos de paz de
los moros. La noche transcurre con una tranquilidad
de limbo: al amanecer se nota con cierta admiración
que las obras ejecutadas el día antes no han sido destruidas ... ¿Habrá que traer documentos que comprueben lo que voy á decir ahora? En el corazón de
muchos de aquellos hombres ... , de la mayoría... , de
todos, para decirlo de una vez, ¿no hubo un latido
más fuerte, de ira quizás..., ¡quién sabe si de dolor!,
porque las obras hechas el día antes se encontraron
intactas? Aquellos soldados españoles que han paseado toda la nación para llegar á Melilla; que en todas
partes fueron acogidos como salvadores; que en todas partes ofrecieron pelear por el honor de España
hasta morir; que en todas las almas encontraron admiración, patriotismo, caricias para animarles á la
pelea y ovaciones prematuras por las victorias que
habían de ganar seguramente; aquellos soldados, desde el primero hasta el último, ¿no se habrán encogido de hombros, pensando con iras calladas que el
desenlace no tiene relación, por su pequeñez, con
aquello avasallador y grande, de las lágrimas del hijo
de cuyos brazos le arrancaron, de la desesperación
silenciosa de la mujer amada que le vió partir, de los
gritos delirantes de las multitudes al despedirles y de
las flores que á su paso les pusieron como alfombra?..

lLUStRAClÓN ARTÍST1CA

795

á cavila~iones, buscando 1a explicación
de la actitud pacífica de los rifeños: «que
no s~ tiene l_a seguridad de que obedez,o~,1
ca dicha actitud al influjo del príncipe
moro; que no se sabe qué ideas son las
'!'
de las kabilas, ni lo que piensa el sultán ·
que el ~ultán hacía levas de tropas par¡
combatir no se sabía á quién; luego que
el _sultán despidió á sus tropas, pr~eba
evidente de que el mismo comino le importaban los rifeños que los españoles;
que se ven hogueras de noche en las
montañas vecinas, sin que se atine á sa- .
ber si esas hogueras son para llamar á a.l 1\
7J . •
los rifeños contra los españoles, ó para di:
que ayuden á Muley Araaf,» y por to~~
das partes, en fin, obscuro siempre to----do. Lo de Melilla siempre será lo que
ha s!do desde que empezó eso: será agua
turbia.
Lo que hay que creer como más acer' __-;- ----- ~·-: . . . ~:~~~~-~ .... :--=: : ·
tado! como producto de una lógica que
- ~
......
no tiene vuelta es, que los rifeños están
-""':-- -----.. ,_
pacíficos á la vista de los 25. 000 españo~
les que ven allí cerquita, á sus mismas
LA GUERRA DE A FRICA, -FUERTE DE ROSTROGORDO (copia de una fotografía remitida por s. Muchart, de Málaga)
n~rices, aunque muy pacíficos también,
ciertamente; vengan promesas de las
k_:bilas, vengan_ juramentos del bajá de que el ca- Rubio, excitando á la de Benisicar á renovar la lunno que nos tienen no ha de perecer nunca; ven- cha para impedir que las obras se efectúen; la espe- tra la vida de lo~ parlam~ntarios ó les insulten, y :i
g~n saludos embusteros, frases dulzonas de ase- ranza de que el baJá del campo de Mazuza y Frajana los que rebasen sm permiso la primera línea de los
sinos cobardes, que acarician con la mano izquier- pueda contener esos nuevos impulsos hostiles· los te- fuertes; con todas estas noticias, que no quitan ni
da, llevando en la derecha el puñal oculto á la es- legramas de casi todas las provincias afirman'do que a~ment~n la gravedad de la cuestióll magna, cierro
palda; sí, venga todo, humillaciones· rastrerlas1 pro- no queda ~atisf~cba la opinión con el envío de 2 5. ooo m1 crónica. _En~retanto empieza ya á hablarse de la
pósitos de amistad que no se rompa; venga todo, h_ombres a Mehlla para construir un fortín; la nega- vuelta del eJérc1to; ese no es motivo para que dejen
que ~uando los españoles hayan desaparecido, vendrá ción absoluta de los rumores espeluznantes que se de estar llegando t~opas. aún al campo de operaciotamb1é,n la sorpresa ~e noche á la guardia raquítica levantaron ~ef~rentes al río del Oro; que Martínez nes. Una observación: s1 para salvará la patria, que
que al~1 quede,_ ve~dra la matanza, vendrá el degüello, Campos resmt1ó de su herida; el próximo envío al ~s cosa ~an urgente, empleó el ejército en llegará Mevendra la mut1lac1ón y la profanación de los cadáve- sultá~, cuanf~ se halle en 1Warruecos, de nuevos agen- hila el tiempo_ que se sabe, es posible que al regresar
res Yvendrá por último la risotada horrenda del rife- tes d1plomat1cos; la n~eva ruptura del cable, y el emplee más tiempo aún. Cuando la cola del último
ño con las convulsiones de su risa aterradora de bur- b_ando, en fin, que publicó el general en jefe del ejér- batallón esté en su cuartel, es posible que las kabilas
hay~n v_uelto á ~u tema... Sería preciso entonces que
las sobre las breñas y entre los jarales del Gurugú.
cito, en que se amenaza con pena de la vida á los el eJérc1to _volviese, y España, nueva Penélope, pa. Con lo d; haberse celebrado á petición de los ar- q_ue no e~treguen las armas y municiones que tengan
tilleros e! d1a de Santa Bárbara una misa que se cele- sm permiso de la autoridad, á los que retarden la ~~ríase la vida en el mayor éxtasis, tejiendo y deste~ra con imponente solemnidad; con saberse que con- ll_egada de los confide_n~es, á los que publiquen noti- Jlendo su tela; sólo que la mujer de Ulises se tomó
tmúan las obras de Sidi Auriach sin que nadie se cias que produ~~an ttb1ez~ en las tropas, á los que estos trabajos para salvar su honra, y no se sabe tooponga á ello; con las noticias de la agitación que propaguen noticias también sobre la situación del davía para qué se los está tomando España.
produjeron en las kabilas Maymó Mohatar y Alf ejército ó los planes de guerra, á los que atenten conM. MARTÍNEZ BARRIONUEVO

-4

-

---

~ ·=7:·.
~

~ ~----=-¡-:;--~

::---:---:----;--:;~;;-;==:----:e-=----=-:--:----:-:--=-----

f~-

No, nada quiero añadir por mi cuenta, hagamos
crónica: desde el instante en que se ve que ni un
solo tiro se dispara para la construcción del fuerte
Sidi Auriach, aplácanse los delirios que produjo el
nombramiento de Martínez Campos para general en
jefe del ejército de operaciones en Africa; opínase
que la satisfacción producida por el nombramiento
no ha d~do lugar á compr~nder bien la manera coD, LAUREANO DEL IlUSTO
mo se hizo; la reacción no puede ser más desconsoayudante del general en jefe del ejército de Africa
ladora; en cuatro días solamente cambia la faz por
(de fotograf/a de J. Martí)
completo... ¡T-riste condición nuestra la de levantar
un ídolo para cortar sus manos á continuación y escastiguen los españoles, como lo hace Francia con cupir á sus ojos, sin causa realmente grande para lelos argelinos cuando precisa .. . Por lo demás; la acti- vantarlo y sin motivos tampoco que justifiquen destud de los moros hasta hoy no puede ser más seráfi- pués la caída!
ca, y hay en el mismo campo español quien cree que
Sigue la construcción del fuerte; pero con gran disse construirá el fuerte Auriach sin que sea preciso gusto de Martínez Campos; resulta hoy, como de cossostener combate alguno. Martínez Campos no cesa tumbre en las cosas de España, que el emplazamiento
mientras tanto en sus aprestos; prepárase todo, y el día del fuerte. en aquel sitio es un disparate; que no de·
30 empiezan las obras, colocando antes las tropas bía construirse allí; que el sitio no reune condiciones:
de este modo: una guerrilla delante del fuerte, pero Martínez Campos afirma que el fuerte se hará de todas
sin traspasar el límite de nuestro campo; una compa- maneras, pero no porque sea necesario, sino por deñía de ingenieros está en el lugar mismo en que el coro español; por esto mismo no será fuerte, ni nada;
fuerte ha de ser emplazado, para que reanuden las será algo construido allí para que los rifeños vean que
obras; á esta compañía de ingenieros le ayudan cien se construyó; tenemos, en fin, que el fuerte de verdad
penados; una brigada, la del general Ortega, colócase hay que construirlo en otra parte. Una idea aterradoen las avanzadas del fuerte de Camellos; refuerza la ra: ¿no será esa la satisfacción que á los rifeños se
brigada una batería de .montaña; otra brigada, la de da para que no hagan armas contra nosotros, quiMonroy, está dispuesta entre los fuertes de Cabrerizas, tando ocasión á la tremenda cólera que se levantaría
protegiendo con esta colocación la margen derecha en t?da Espaiía como simoun inmenso que todo lo
del río del Oro; el reducto X está defendi&lt;lo por una- barnese ya de una yez? No, no seamos pesimistas;
batería, y tres piezas de Santiago hay en los tres re- eso_ fuer~ ya nuestro último dolor, nuestra vergüenza
ductos Y; la brigada del general Ribera, que cumple última; abrase el alma, sonría el cielo 1 llegue la luz é
la orden del día, está de reserva en Camellos, y los inúndenos...
regimientos de la Constitución, Canarias y Santiago
Pero lo admirable es que haya quien se entregue
LA GUERRA DE AFRICA. - KABILAS DEL RIF, de un croquis enviado del teatro de

la guerra

�NúMERO 624
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍS1ICA

NúMERO 624
son las tres filas abiertas
en el espesor mismo de
la montaña: la más alta
domina el mar desde una
elevación de más de 200
metros. El valor de estas
baterías es muy dudoso,
pues el humo no permitiría hacerlas funcionar
mucho tiempo y la conmoción de los disparos
quebrantaría el peñasco:
por esto sin duda no se
las utiliza para las salvas.
Pero de todos modos,

Los dientes de la vieja,
como se las llama, producen profunda impresión vistas desde el pie
del acantilado.
La vida en Gibraltar
no es muy alegre; el terreno y las casas son medidos á los habitantes
con gran parsimonia; el
régimen administrativo
es el de estado de sitio
permanente. Al ponerse
el sol ciérranse todas las
puertas, las patrullas circulan por las calles y nadie puede andar por éstas sin autorización. Sin

GIBRALTAR
Los sucesos de Melilla llaman la atención de
Europa sobre este importante rincón del Mediterráneo. Trátase no sólo de la continuación de la
lucha varias veces secular entre la civilización y el
fanatismo establecido en nuestras puertas, sino
que también de no dejar que las llaves del Mediterráneo caigan en manos demasiado poderosas.
Los ingleses poseen Gibraltar; durante muchos
años, en tiempo de la marina de vela, esta situación les permitía cerrar el camino á una potencia
enemiga que no habría podido sin grandes peligros aventurarse en el estrecho; pero en la actualidad, aunque Gibraltar continúa siendo una fortaleza inexpugnable, su importancia estratégica es
muy escasa, pues ni la playa domina el paso del
estrecho ni podría proteger más que medianamente una escuadra amiga atacada por fuerzas superiores: además su territorio es demasiado pequeño
para contener un ejército de campo atrincherado.
A decir verdad, Gibraltar no es ya más que un depósito de carbón muy fortificado, al par que un
gran centro de contrabando que Inglaterra tolera
en detrimento de España.
Concibese, sin embargo, que ese conjunto de
fortificaciones sería formidable si se le podía completar con algunos puntos bien escogidos en la
otra costa del estrecho, y en ello no deja de pensar un momento la diplomacia inglesa. ¡Vigilen, pues, los interesados!
Gibraltar es de un aspecto pintoresco é imponente á la vez: la vista
que publicamos está tomada desde la frontera española, á la cual está
unido el Peñón por un istmo estrecho que constituye la zona neutral y
cuya anchura disminuye por la acción de las corrientes marinas, pudiendo predecirse que Gibraltar acabará por estar separado del continente si
no se toman medidas para evitarlo.
Tiene la ciudad 24.000 habitantes, entre
ellos 6.000 de guarnición: la población es
en su mayoría española, pero cuenta además muchos marroquíes, judíos y otras
gentes del Mediterráneo. El clima es bastante desagradable, caluroso y febril: las
montañas que rodean Gibraltar detienen los
vientos del Este, que sólo llevan allí brumas.
persistentes.
La verdadera curiosidad de Gibraltar son
las fortificaciones: las baterías rasantes que
se extienden desde el puerto al extremo Sur
forman una línea abaluartada con cañones
de regular calibre y protegida por un dique
á flor de agua que á unos 1 oo metros corre paralelo á ella. Hay también una serie
de baterías blindadas y acasamatadas con
piezas de 38 toneladas y más que manio·
bran por medio de máquinas hidráulicas
enterradas á gran profundidad. Al . pie del
paseo llamado la Alameda, un cañón de
l, El Peñ6n, visto desde la frontera espa~ola. - 2, La ciudad vista descle et muelle. - 3, Los cliques sttmergitlos
100 toneladas domina la mayor parte de la
bahía. Pero las baterías más interesantes
delante de las baterías rasantes,

J.

.. t-

Baterías denominadas Los dientts de la vie•'a

embargo, de algunos años á esta parte, esta prohibición no es tan absoluta, y en
la Alameda se encuentra gente hasta hora muy avanzada de la noche.
Las calles de Gibraltar, con muy pocas excepciones, son estrechas, tortuosas
y sombrías, verdaderas callejuelas que recuerdan los tiempos de la dominación
árabe, y· entre sus principales edificios sólo hay uno de mérito artístico, la igle-

Paseo y batería de la Alameda. -

2.

Las ba\crias subterráneas

sia del Corazón de Jesús, de construcción reciente; de los
demás, poco notables desde el punto de vista del arte,
merecen ser mencionados la Bolsa, el palacio del gobernador, la iglesia mayor, Santa María la Coronada, la iglesia protestante de la Santísima Trinidad, los hospitales
ciYil y naval, y sobre todo la Biblioteca militar, situada en
la plaza de Artilleros, que posee 40.000 volúmenes, un
gran servicio telegráfico y una imprenta donde se imprime la Crónica, periódico oficial.
Fuera de la Puerta Nueva, hacia el Sur, encuéntrase
una gran explanada que sirve de campo de maniobras y
en uno de cuyos extremos hay un hermoso circo teatro:
hay también por aquella parte bonitos y hermosos paseos,
donde se levantan las estatuas de lord Elliot y de lord
Wéllington.
La ciudad está surtida de agua por un hermoso acueducto y por gran número de cisternas que aprovechan las
filtraciones del monte y las aguas llovedizas; además se
construyó hace poco en la falda del monte una cisterna
colosal de cabida incalculable.
U na de las particularidades que ofrece el Peñón de Gibraltar es la de ser en la actualidad el único punto del
continente europeo en donde todavía se encuentran monos en estado salvaje y pertenecientes á la misma especie
!:,
que los que hay en Marruecos: su número ha ido, sin embargo, disminuyendo continuamente, y hoy en día apenas
si queda allí un centenar de ellos. Estos cuadrumano:; son
inofensivos y además están muy protegidos por los reglamentos de policía, que por cierto no pecan de blandos en este punto; s0n de
regular tamaño y en los hermosos días cálidos se les ve trepar ágilmente por
las montañas. Son bastante sociables y no huyen á la vista de los curiosos que
se acercan á contemplarlos: estos curiosos son casi exclusivamente extranjeros,
pues los habitantes de Gibraltar hacen poco caso de esos animales. - X.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

624
NúMERO

ponía Gamazo, y que Montero Ríos le sonreía, y que conocer. Por lo pronto, querida prima, tú que eres
D. GIL ESCARDILLO
el ministro de la Guerra le había ofrecido poner en morena, vas á ser blanca y rubia. Precisamente conDIPUTADO Á CORTES POR CAilEZABAJA
Cabezabaja un depósito de caballos sementales, lo servo de mis tiempos de teatro tinturas que le costaque dada grande importancia á la localidad, y en fin, ron un sentido á mi difunto, con las que te convertiPor supuesto, que doña Nicolasa no es de las mu- que no tenía un momento para nada, pues le había ré en un momento en una Ofelia. Tú no sabrás quién
jeres crédulas que tienen fe en sus maridos. Precisa- nombrado de casi todas las comisiones, empeñándo- era Ofelia ... Una inocente, que no se parecía á ti ni
mente su cualidad característica es la suspicacia, y se los ministros en que persona de sus luces les ayu- mí. Vestirás alguno de mis trajes, que ahí los tengo
su vanidad consiste en proclamar que á ella no se la dara á sacará flote la nave del Estado, que los píca- apolillándose, un traje de seda color granate, que japega ningún chato. Y como su marido es chato, de ros conservadores habían dejado casi embarrancada. más ha podido soñar tu marido que vería á su mujer
aquí que todo el mundo en el pueblo haya creído «Del Congreso á la fonda y de la fonda al Congreso, de tal guisa aderezada. Hija, no extrañes en mi lensiempre que la frase de doña Nicolasa es una alu- esta es mi vida, decía el solapado representante del guaje el empleo de ciertas palabras que no se oirán
sión delicada y un aviso discreto á aquel caballero. país; y gracias que tengo buena naturaleza, porque en Cabezabaja. Son resabios de aquel dichoso tiempo en que yo cantaba los versos de Camprodón. ¿DiPorque el marido de doña Nicolasa es todo un caba- otro caería malo.&gt;
llero, y así lo dice él á boca llena siempre que hay
Al principio escribía todos los días á su Nicolasa; ces que tu marido vive en una fonda?
oportunidad, ó aunque no la haya. Es D. Gil Escar- después tres veces á la semana, luego dos, y llegó
-Sí.
- ¿Sabrás el número del cuarto?
dillo, el afortunado esposo de doña Nicolasa, la per- semana en que no recibió más que una tarjeta possona más significada é importante de la villa de Ca- tal, en que decía D. Gil: e.Querida Nicolasa: Estoy
- El 13.
- Pues al 14 ó al 15, ó al más inmediato que se
bezabaja, que lo es de distrito electoral, jefe del par- buenísimo, pero esto no es vivir; estoy ocupadísimo.
tido liberal del mismo distrito, y diputado á Cortes No me dejan un momento. Un día de estos empeza- encuentre vamos á vivir nosotras. Para saber lo que
por primera vez en la presente legislatura. Hace años ré á hablar. No tengo más remedio. Los ministros hace tu marido lo mejor es vivir junto á él.
Doña Nicolasa se prestó gustosa á cuanto quisiera
que hubiera podido obtener esta honrosa embestidu- que me-rodean y están esperando que acabe estas
nz, como él ha escrito en una alocución de gracias á cortas líneas te saludan y te besan los pies. Tuyo, hacer su prima. Dos horas después, blanca, rubia,
vestida con su falda granate y su cuerpo azul, encelos electores en Cabezabaja; pero su mujer no quería Gilito. »
separarse de él, ó mejor dicho, que él se separara de
El mismo día que doña Nicolasa recibió esta tar- rrado el talle en un corsé de cien ballenas, que era
ella, no por otra cosa sino porque temía que D. Gil jeta postal llegó á Cabezabaja, de regreso de Madrid, una obra de arte, colocados admirablemente suplese extraviase en la corte, con lo que habría sufrido el procurador Cañizo, que fué por la tarde con su mentos de algodón en el pecho y las caderas, doña
mucho la buena señora en su vanidad ... Esta vez ce- hermana á visitar á doña Nicolasa. Cañizo no es muy Nicolasa:Se miró al espejo y no se conoció .. Pero se
dió la celosa esposa y dejó que sacaran de las urnas devoto de D. Gil, pero su hermana es íntima de do- gustó... , ¡como que parecía tener veinte años menos!
á su marido, por varias razones: la primera porque ña Nicolasa, y aquél hace por ella el sacrificio de vi- Completó su disfraz un espléndido sombrero copiocon esta elección quedaba perfectamente consolidado sitar la casa del cacique. Todos' preguntáronle noti- samente adornado de plumas y pájaros, como jamás
se había conocido semejante en el pueblo, y una
el prestigio político de la familia, y después porque cias de lo que había visto notable en Madrid.
- Pues lo más notable que hay ahora en Madrid manteleta de seda, cuajada de encajes y abalorio, en
ya se había calmado mucho la fiebre amorosa que le
conjunto un traje de gran fantasía, según dijo la Mondevoraba en otros tiempos, y últimamente porque ~s la Bella chiquita, dijo.
- ¿Qué chiquita es esa?, preguntó doña Nicolasa. tilla. Ésta se vistió sencilla y modestamente como
Escardillo desde que ha dado en padecer diviesos
no está el hombre para aventuras, ni es de creer que
- Una francesa muy bien formada, que canta y correspondía al papel que se proponía representar de
señorita de compañía de la condesa, porque doña
dama alguna caiga en la pecaminosa tentación de baila por lo escandaloso...
Nicolasa sería condesa de los Tilos. La cómica sacó
- ¡Jesús! ¿Y la gente va á verla?..
disputar á la propietaria del sujeto las preferencias
de semejante estafermo.
- Todo el mundo. Yo fu( dos veces, y las dos-en- dos saquitos de mano, donde puso algunos objetos,
y á las doce en punto llegaban en un coche á la fonVínose, pues, D. Gil á Madrid á jurar el cargo, contré allí á D. Gil con otros diputados. y se instaló en una fonda principal, porque lo prime- ¿D. Gil?.. ¿Mi marido?.. ¡Imposible!.. Tomaría da en que se hospedaba el diputado por Cabezabaja.
Pidieron habitación, y dijo la Montilla al encargaro que le prohibió su mujer fué que se alojara en nin- usted á otro por él. ..
- Señora, ¿cree usted que no conozco yo á don do de la fonda:
guna de las llamadas casas de huéspedes, porque en
- Una habitación que no sea el número 13. La
estas casas bien sabía ella que había patronas, y en- Gil?.. También le he visto en Fiesta alegre.
-¿Dónde?..
condesa tiene mucho miedo á ese número.
tre éstas, sin querer agraviar á la clase, algunas solían
- En el juego de pelota ...
- Daré á la señora el 14, que ha quedado vacante.
ser, por varios conceptos, un gran peligro para sus
- ¡Ave María! ¿Mi marido jugando á la pelota?..
- No estará al lado del 13, porque á la señora
huéspedes. Y precisamente, en Cabezabaja vivía do- No, á la pelota precisamente no jugabl, pero condesa acaso no le gustará la aproximación. ¿Verña Gertrudis Lomo y Lomo, que hacía seis años no
dad, señora?..
sabía si su marido era muerto ó vivo, porque el tal, apostaba y vi que perdía ...
- ¿Que perdía?..
- Es la habitación inmediata, dijo el hombre.
buen apunte, tuvo que irá Madrid á asuntos propios,
- Sí, señora; no tiene nada de particular. En todo
- Bueno, dijo doña Nicolasa; no siendo el 13, lo
y se hospedó en casa de una viuda, que recibía huésdemás no me importa.
pedes por conocimiento, y por no pagar contribución, juego unos ganan y otros pierden ...
La hermana de Cañizo, conociendo que doña NiY las dos se instalaron en el 14, que tiene una
y de la noche á la mañana desaparecieron de Madrid
la viuda y el marido de doña Gertrudis, con rumbo colasa estaba á punto de estallar, &lt;lió por terminada puerta de comunicación con el 13.
- ¿Almorzará la señora condesa?, preguntó el
á Buenos Aires, desde donde escribió aquél á un la visita, y se llevó al imprudente procurador.
·
Doña Nicolasa no sabía lo que le pasaba. La idea hombre.
amigo para que tranquilizara á la esposa abandona- Ya lo creo, contestó la Montilla, y yo también
da. Este ejemplo lo tienen muy presente las casadas de que su marido se había desatado en Madrid la
de Cabezabaja, y siempre que el marido de alguna atormentaba cruelmente, y discurría cómo tomaría almuerzo.
- Pues ya se va á servir el almuerzo.
viene á Madrid le dicen á su mujer las amigas: «No venganza del grandísimo tuno. Era preciso cogerle
Fuése el hombre, y las dos primas oyeron que llavaya á hacer el tuyo lo que hizo el de la pobre doña in f raganti.
Al anochecer ya tenía formado su plan. Cogió al- maba en el 13 y la voz de bronce y desagradable de
Gertrudis.» Verdad es que este marido prófugo, sobre ser más joven· que D. Gil, no vino con la embes- guna ropa, haciendo con ella un lío; dijo á los cria- D. Gil, que decía:
- ¡Adelante!
tidura de diputado; que en este caso, ya habría sido dos que se iba á pasar unos días con su cuñada en
más cauto; porque, lo que decía doña Nicolasa, un Cabezalta, que era la estación inmediata del ferro- D. Gil, á almorzar, díjole el de la fonda.
diputado no puede hacer ciertas cosas, y aunque no carril, y se fué á esperar el tren. Tomó billete para
-Allá voy. ¿Han venido huéspedes al cuarto ese?,
quiera, ha de ser forzosamente una persona de mucha dicho pueblo, pero al llegar á la otra estación lo to- preguntó D. Gil.
seriedad, de mucho respeto, de mucho señorío y de mó para Madrid.
- Son huéspedas, una condesa y su doncella.
muchisma vergüenza, y ha de andar con pies de plo- ¡Sopla! ¿Condesas tenemos?, exclamó D. Gil.
II
mo para que no se diga, porque toda la nación tiene
D. Gil quedó solo y tarareaba la marcha de Cáen él los ojos fijos, frase tomada del manifiesto de
diz, pero súbitamente calló. En el cuarto inmediato
En el camino, ya que no podía dormir, acabó de hablaban alto. Escuchó.
D. Gil á los electores, en demanda de sufragios, escrito por el secretario del ayuntamiento, hechura de redondear su proyecto.
- Señora, decía la Montilla á su prima, ya sabe
En la estación de Madrid tomó un coche y se hizo usted lo que le ha recomendado el Sr. conde, que se
D. Gil (el ayuntamiento y el secretario).
Teniendo esta elevada idea de las funciones á que llevar á casa de la Montilla, una prima de doña Nico- divierta usted, que vaya á los teatros, al juego de pehabía sido llamado su marido, q'uedó algo más tran- lasa que ha sido cantante de zarzuela y ya no canta lota, á ver á la Bella chiquita en el Circo, á paseo, á
quila doña Nicolasa, ya que no quiso traerla consigo, por haber perdido la voz, y vive retirada, comiéndose todas partes, porque lo que usted necesita es mucha
porque, es claro, mientras estuvieran las Cortes abier- una rentita regular que hizo en el teatro, porque su distracción para curarse la anemia. Ahora vamos á
tas, para nada podía contar con él, pues tan impor- marido (q. e. p. d.) y ella fueron siempre muy econó- almorzar. En esta fonda, que nos ha recomendado el
tante cargo le absorbería todo el tiempo, y además micos y arreglados. Siempre habían estado en buenas Sr. conde, se come muy bien, segun dice ... Conque
había que considerar también que un hombre como relaciones las dos primas. La Montilla había sido muy á comer bien, y á divertirse en estos días que vamos
él, de tan pocas necesidades, gastaría muy poco en traviesa, y de ella esperaba la diputada que inventase á estar en Madrid, esperando al Sr. conde.
Madrid, y viniendo.ella, el gasto hubiera sido mucho alguna astucia con que sorprender al marido extraNo oyó D. Gil la contestación de la condesa, pero
mayor, y aunque tenían buena fortuna, ni á él ni á viado, pues no podía menos de estarlo, si era cierto oyó abrir la puerta del 14, y en el mismo punto abrió
ella les gustaba derrochar el dinero. Ya tendría oca- que Cañizo le había visto en el Circo y en el Juego é! la ~uya con el propósito de salir á la galería al prosión de lucirse doña Nicolasa si, como esperaba don de pelota.
pio tiempo que la condesa y ver qué tal pinta tenía
No se equivocó doña Nicolasa; su prima, que la esta dama anémica que pasó por delante de él lleGil, porque se lo había prometido el jefe del partido,
le nombraban gobernador de la provincia, que tenía recibió cariñosamente, tomó á su cargo, en cuanto vando á su izquierda á la camarera. D. Gil hizo una
empeño en serlo para que se las pagasen todas juntas supo los resquemores que traía, el empeño de buscar profunda reverencia á la condesa, y llegando á la eslos enemigos políticos; y para conseg4ir este resulta- traza con que averiguar y seguir los pasos del pre- calera se adelantó, y con la mayor cortesanía.le ofredo era preciso que él mismo ejerciera la autoridad, sunto infiel. Éste no la conocería ya; sólo una vez la ció el brazo, diciendo:
pues los gobernadores que enviaba el gobierno, aun- había visto, hacía diez años, y fué en el teatro, estan- Si me dispensa usted el honor de aceptar mi
que le reconocían por cacique indiscutible é insufri- do ella vestida de recluta en la zarzuela Catalina. Era brazo hasta el comedor...
"
ble, no tenían todo el empuje que él deseaba para imposible que la conociese.
Doña Nicolasa dudó un punto si aceptaría el bra- Si estuviéramos en Carnaval, dijo la ex actriz, la zo de su marido ó le cruzaría la cara con el enorme
quedar bien servido en sus justas venganzas.
Con tan buenos propósitos vino D. Gil á la corte, careta nos serviría grandemente, haciendo fácil nuestro ~ban_ico; pe:o ~u prima la miró, y la airada esposa
y escribió á su mujer todos los días ponderando la empeño; pero no importa. Yo te aseguro que hemos dommó su 111d1gnación y aceptó el apoyo que le ofrea'll!lbilidad de D. Práxedes y la buena cara que le de ponernos muy cerca de tu marido y no te ha de cía el galante diputado, que en llegando al comedor

624 .

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

799

volvió á saludarla finamente y fué á ocupar su asien- tenía yo jaqueca para el resto de mi vida... Y tampo•
- ¡Todo acabó entre nosotros!.. Yo no quería creer
to á la cabecera de la mesa. Era ya el huéspeq rn4~ QO 113 mandar~ !!~te rptrato de la individua qu13 com- que tuviera usted tan poca vergüenza, y he yenido á
antiguo y la presidía.
pré anoche por dos pesetas.
aonvoncerme. Convencida ya, me vuelvo á Cabeza.
Por cierto que doña Nicolasa no pudo menos de
- ¡A ver, á ver!..
baja...
asombrarse de que en tan poco tiempo, en do¡ meY el retrato pasó de mano en mano hasta llegar á
- ¡Por Dios, Nicolarn!., murmuró corrido y conses, su marido hubiera
fuso el gran cacique.
experimentado tan no- ¡Nada, hemos contable mudanza. Nunca
cluído!
le había visto ella tan
Y le volvió la espalarriscado y tan fino, ni
da; pero D. Gil la sitampoco tan bien vesguió, y entre éste y la
tido y llevando la ropa
Montilla hiciéronla encon tanto garbo y gentrar en el cuarto nútil desembarazo. Aquel
mero 13. Las explicachaleco blanco primociones de D. Gil fuerosamente planchado,
ron largas y expresivas.
aquel cuello de camisa
Dice la Montilla que
con los picos doblados,
hasta lloró...
aquella corbata sujeta
El caso es que doña
con una sortijilla en
Nicolasa continúa en
que relucía una piedra
Madrid y vh·e con su
que sin duda era premarido en un cuartito
ciosa, el pelo peinado
amueblado de la plaza
y abierta la raya en mede Oriente, donde fredio del cráneo, la cara
cuentemente come con
pulcramente afeitada, y
el matrimonio la traen fin, el aire desenfaviesa Montilla. Esta ha
dado y resuelto de su
logrado poner en paz á
persona daban al dipuD. Gil y á doña Nitado un aspecto comcolasa.
pletamente nuevo á los
Pero como el lance
ojos de doña Nicolasa.
de la fonda se ha sabiEl, en su casa de Cabedo, y hasta los periódizabaja, tan arisco y pocos lo han contado,
co expansivo, en la fonbien que callando los
da de Madrid bromeanombres,
en el Conba y reía, hablando con
greso
toda
la mayoría
los demás huéspedes,
llama
al
diputado
por
entre los cuales había
Cabezabaja el marido
otros dos diputados de
de la condesa Nicolasa.
la mayoría que se sentaban á derecha é izC. FRONTAURA
quierda del presidente.
- Tarde nos retiramos anoche, D. Gil,
NOESTR.OS 61\ABADOS
díjole uno de los c9legas. . Le oí á usted toExcmo. Sr. D. Arser en la galería... , sesenio Martmez Camrían las tres de esta mapos. - La biografla de este
ilustre caudillo es, por de·
drugada... Yo no podía
cirio así, la historia militar
dormir.
de España de cuarenta años
- Sí, ayer hice todo
á esta parte: en Africa en
el día la vida del hom1859 y 186o; en México en
1862; en Cuba desde 1869
bre malo, contestó don
á 1872; en Cataluña y en
Gil muy jovial.
Valencia en 1873; e n el
- ¿Jugó usted y perNorte en 1874, otra vez en
dió?..
Cataluña en 1875 y en el
Norte en 1876 y en Cuba
-Algo hubo de eso...
hasta 1879, dondequiera
- Si no fuera usted
que ha habido enemigos de
calaverón y hubiera ido
la patria que combatir, allí
como nosotros á oir á
ha estado Martínez Campos
Gamazo.. ; pero no paluchando contra los marro·
qules, contra los carlistas,
reció usted por el Concontra los cantonales, congreso.
LA GUERRA DE ÁFRICA. - JEFES DE LA AMBULANCIA RNVIADA Á MELILLA POR LA CRUZ ROJA DE MADRID
tra los insurrectos, siempre
- Estuve en Fiesta
bravo como el primero de
(De fotografía de S. Mucb~rt, de Málaga)
alegre toda la tarde, y
los valientes, siempre sobrio
como el último de los sol·
me costó veintitantos
Enumerar sus hauduros que me hizo perder el chiquito de Andoaín... las de d?ña Nicolasa, que, poniéndose en pie, rasgó ñas mientras sirvi6 á las 6rdenes dedados.
jefes superiores es tarea
Desde allí fuí al Casino, donde nos reunimos á co- con ra~1a la fotografía! hizo de ella menudos peda- punto menos que imposible; señalar sus éxitos como general,
mer y á quitar el pellejo á Gamazo algunos diputa- zos, y sm que la Montilla la pudiera detener fué por muy difícil: con decir que acab6 con el carlismo en Cataluña y
las provincias septentrionales, con el cantonalismo en Vados vinícolas, quiero decir interesados en ...
detrás de las sillas que rodeaban la mesa hasta la ca- en
lencia y con la insurrección separatista en Cuba, queda probado
- Ya, ya entendemos.
becera, ocupada por el diputado, y se los tiró á la cara. que tiene sobrados títulos al agradecimiento de la patria y al
-Amigo, en el Casino se come bien, pero bien.
- ¿Qué es esto, condesa?.. , preguntó sorprendido respeto de cuantos de buenos españoles se precian.
¡Qué sopa de rabo de buey! ¡Y qué langosta con el legislador.
Iniciada la actual campaña ele Melilla, la nación en masa le
seíial6 como el general que alll debla acudir á salvar el honor
mayonesa!.. Y un vino de Jerez que quita las penas.
La Montilla, que había seguido á doña Nicolasa
de nuestra bandera. Las circunstancias han he•
- Y luego irían ustedes á la reunión de la comisión la recogió en sus brazos, porque la pobre esposa cayó comprometido
cho basta ahora que su acción se limitase á la construcción del
de los vinos en el Congreso...
con un síncope cuando iba á increpar al marido.
fuerte de Sidi Auriach, y aun cuando esto á muchos les parece
- Yo, no; encargué á Pitos que dijera que me adTodos acudieron á la paciente; sentáronla en un poco, bastante es si se tiene en cuenta la oposición que á esta
hería á lo que se acordase, y me fu( al Circo á ver á sillón; hiciéronla aire; le quitaron el sombrerón que obra hicieron los rifeños, los cuales juraban morir antes que
consentirla. Mas si algún día la lucha se empeña, el valor y la
la Bella chiquita.
había conservado puesto, y trataron por todos lo~ me- pericia de Martlnez Campos y el prestigio de que goza en el
- ¡Por la tarde el Chiquito, y por la noche la Chi- dios conocidos de hacerla recobrar el sentido.
ejército son prenda segura de la victoria de nuestras armas.
quita! D. Gil, le veo á usted en camino de perdición.
D. Arsenio Martlnez Campos es capitán gener¡il de ejército,
- ¿Quién es esta señora?.. , preguntó á D. Gil uno
posee la gran cruz de San Fernando, la de San Hermenegildo
Y D. Gil se reía como un bobalicón.
de los diputados.
y la del Mérito Militar por servicios de guerra, la de la Torre
- Es la tercera vez que veo á la Bella chiq11ita, y
- Es una condesa que ocupa desde esta mañana y de la Espada de Portugal y la de Leopoldo de Austria; es calo que siento es que le van á prohibir bailar por el el cuarto in~ediato al mío ... No la conozco, sólo sé ballero del T oisón de Oro y Gran Cordón de la Legión de IIoescándalo que arma el público.
que es condesa, que está anémica, que ha venido á nor y tres veces bene¡nérito de la patria. Procede del :urna de
- Yo no la he visto.
Madrid á divertirse y que dentro de unos días ven- Estado Mayor, de cuya escuela ha sido profesor varias veces,
y cuenta actualmente cuarenta y un años de servicio y sesenta
- Ni yo.
drá" su marido el conde...
y tres de edad.
- Pues aconsejo á ustedes que la vean.
En este punto, doña Nicolasa abrió los ojos, se Con el del general en jefe del ejército de Africa publicamos
- ¿Es muy niña?..
puso en pie, y abriéndose paso se abalanzó á D. Gil los retratos de sus ayudantes el comandante de infanterla D. Rafael Moreno y los primeros tenientes de caballerla D. Miguel
- No, señor, veinte años y pico ... ; pero una mujer y cogiéndole de las solapas del chaleco le gritó:
Martlnez Campos, marqués de Batzán, título que recuerda uno de
superior... , de la que no se ve así como se quiera.
- ¡Infame, infame!
los más gloriosos hechos de armas de su padre, y D. Laureano
- D. Gil no contará esas impresiones á su señora,
- ¡Nicolasa!.. , exclamó con espanto el represen- del Busto,
me parece.
tante de Cabezabaja.
- ¡Ja, ja! Dios me libre. Si ella supiera quién es
guerra de Africa. - El fuerte de Rostrogor- ¡La condesa Nicolasa!.., dijo uno de los diputa- doLa
(de una fotografía). - Está situado este fuerte al Noroeste
la Bella chiquita y que he ido á verla tres veces, ya dos, sin poder contener la risa.
de ~felilla, :i una distancia de 3. 500 metros de la plaza y sobre

�UN DÍA DE AUDIENCI A, COPIA DEL CUADRO DE J. JrnÉNEZ ARANDA, GRABADO POR

J.

V. VALLA

�802
un:i altura de 124 metros: como uno de los más a van•
zados sobre los límites del campo tiene gran valor estratégico; pero por lo mismo que se halla muy lejos de
la plaza, su situaci6n es expuesta y puede llegar á ser
en algunos casos verdaderamente comprometida, como
sucedi6 en los Ílltimos días de octubre y primeros de
noviembre, durante los cuales hubo que trabar serios
combates para lograr su ·aprovisionamiento. Rostrogordo fué construido según el proyecto y bajo la di•
recci6n de D. Eligio Souza, siendo gobernador de
Melilla el general Mirelis.
Kabilas del Rif, de un croquis. - El rifeño, con la característica trenza que á modo de coleta ad0rna su cabeza afeitada en el resto, tiene gene·
ralmente una vida sedentaria, es de constituci6n vigorosa, trabaja con algún esmero sus tierras, y aunque
inquieto y soberbio procura siempre esquivar el peligro y no comprometer su hacienda cuando perseguido
por la voracidad de sus kalds tiene necesidad de defenderla. La ruda independencia de que alardean esos
moros fronterizos de nuestras posesiones de Africa ha
producido varias salvajes agresiones de su parte, como
la que ha dado lugar á la actual campaña. El rifeño,
sin desdeñar la lucha frente á frente cuando el odio
de raza 6 el fanatismo r.!ligioso le impulsa, prefiere la
guerra de traiciones, sorpresas y emboscadas, pa~a la
cual sabe aprovechar como pocos el menor accidente'
favorable del terreno; se muestra cruel con el vencido,
y en sus instintos sanguinarios no respeta ni siquiera
á los muertos, cuyos cuerpos mutila con horrible en·
sañamiento.
Tal es el pueblo con quien tantas veces hemos lu ·
chado y que en la actualirlad obliga á España á mantener en la plaza de Melilla un numeroso ejército, si
no para vengar por ahora sus anteriores desmanes,
para evitar nuevas tropelías.
La guerra de Africa. -Jefes de la ambulancia enviada á Malilla por la Cruz
Roja de Madrid. - Cierto es que los ejércitos
modernos cuentan hoy con elementos de que careciecieron los que existieron hace cuarenta años, y que co•
EL
mo factor importantísimo, al movilizarse, van acom•
pañados de brigadas sanitarias, provistas de cuanto
la ciencia aconseja para socorrer á los heridos en el
campo de bat:illa. La experiencia, sin embargo, ha probado que
la asistencia oficial, 6 sea la adscrita á los cuerpos armados, no
podía llenar, en determinados casos, cumplidamente su sagrado cometido, dando con ello lugar á que la iniciativa particu·
lar aportara su auxilio para aminorar en lo posible !:is desgracias
que ocasione la guerra. En Suiza germin6 la idea, que fué acogida fervorosamente por todos los que imadas de cristianos

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO

NúMERO

624

gimiento con pari6tico entusiasmo, demostrando con
ello el interés que en todos despierta la guerra y el
cariño que merecen los valientes oficia.les y soldados,
que en cumplimiento de su deber no titubean en derramar su sangre y exponerse á mil peligros por defender los derechos de la patria.
¡ Dios haga que puedan regresar c~n l_os laureles de
la victoria, alcanzada con pocos sacnfic1os !

NOVELA OR!Gli\AL POR EVA CANEL,

~

ILUSTRACIONES DE J. CABRINETY

Calló solamente el nombre de su protector y el de rencia la joven á las frases de amor que Luis le había
su prima, pues que ambos figuraban en la interesan- escrito por la mañana. Le repetía que debtttaba, le
te biografía; y como se llamaba Leopolda Suárez, la rogaba que fuese á oirla y que llevase á su esposa.
Este ruego hizo á Luis muy mal efecto. «Busca un
sociedad madrileña se dió á buscar una dama encopeescudo
contra sí misma y contra mí; quiere evitar
t,1da que llevase aquel apellido; no pudo dar con ella.
¡Qué grande vió Luis á Po· que yo entre en su cuarto, pensó. Pues bien: procurala en aquella franqueza y en ré que vaya Camila. Desde la muerte de nuestro hijo
la reserva que usaba con el no hemos vuelto al Real; yo no tendría tampoco prenombre de la prima infame! texto para ir sin ella. ¿Querrá?»
Luis pensaba todo esto yendo á su casa á la hora
Madrid entero estaba intriga·
do. No era el menos contento de comer, preocupado con las emociones de aquel
Roncalito. «¡La Pola, hombre; día y prometiéndose rondar aquella noche el hotel
la galleguita, se decía, haber en donde se hospedaba Pola para estar cerca de la
llegado tan alto! Ya será me- criatura idolatrada.
La señora de Altuna le había dicho que respetase
nos montaraz, ya sabrá apre·
ciar lo que vale un muchacho el capricho de Polita. «Si le veo antes de mi estreno
aristócrata que viste frac co- y si visito antes también la tumba de mi madre, no
rrectamente; le pediré perdón respondo de mi éxito; debo cumplir primero con mi
por las inconveniencias de obligación,» dijera la joven.
No sabía Luis cómo entablar con su mujer la conaquella noche, y la trataré con
los mayores respetos... Las versación sobre el acontecimiento lírico que para la
muchachas así.... salidas de la noche siguiente se preparaba; temía venderse, y temía
nada, son muy dadas á que las que la suspicacia de•Camila,siempre maliciosa y distraten como á grandes se- puesta á juzgar mal,cayese en la cuenta de que tenía
demasiad◊ interés por oir á la Pola.
ñoras.»
Cuando Luis torturaba la inventiva para hablar de
Se anunció la llegada de
Pola; la empresa y algunos lo que tanto le preocupaba, se estremeció como si lo
abonados, tan curiosos como hubiesen pinchado; su mujer le preguntaba un tanto
desocupados, fueron á la esta- confusa si iría al estreno de la célebre artista.
- ¿Por qué me lo preguntas?
ción á esperarla. El efecto que
-No: por nada. ¡Como viene precedida de tanta
su presencia produjo fué desastroso; los retratos la favore- fama! ..
- Sí; dicen que es sorprendente.
cían muchísimo; tenía bonitos
-Por eso.
ojos, negros y grandes; nariz
- ¿Quieres que vayamos?
correcta, cejas arqueadas, boca
- Yo no tengo interés: ya sabes que m1 animo no
chiquita, dientes diminutos,
pelo castaño y sedoso; pero volverá á estar jamás dispuesto á diversiones; pero
¡era tan poquita cosa, tan me- si por mi causa has de dejar tú de ir, iremos.
- Pues iremos; esta misma noche voy á comprar
nuda, tan delgadita, y tenía
una mirada tan triste y apaga- el palco.
- Es inútil, no hay ninguno; pero estuve hoy en
da, que no correspondía la
mujer á lo que ,se decía de la casa de la marquesa del Arroyo y me invitó para el
cantante! Los abonados le pu- suyo; con mandarle un recado diciéndole que acepsieron un pero enorme: con tamos...
La del Arroyo era la madre de Roncalito, y Luis
aquella expresión seráfica y
aquella humildad no se iba á odiaba al muchacho hasta el punto de necesitar contenerse para no pegarle cuando le echaba la vista enninguna parte.
En fin, allá verían si habían cima. Sin embargo, aceptó.
- El hijo de la marquesa conoce á esa cantante,
de aplaudir ó de silbar.
dijo Camila con indiferencia, y asegura que es verdad
Pola
paseó
la
mirada
por
el
Pero Luis, á la vista de su niña querida, de su amor celestial, se arroj6 sobre ella ...
andén; hubiera querido que cuanto dice la biografía; lo que no sabe es el nombre
Luis faltase á su juramento; de su protector.
- ¿Y sabe el de su prima?, preguntó Luis para di¿Soy yo culpable si el amor me abrasa y si loco me casi le reprochó el cumplimiento estricto de su paladejo arrastrar por una pasión que del más puro afec- bra; quiso hospedarse Pola en un hotel, y en todo simular su turbación.
- Creo que no, replicó Camila, no hemos hablato ha nacido? No iré á Lisboa, no iré; pero ella ven- el trayecto desde la estación á la Puerta del Sol no
drá, yo quiero que venga; lo quiero: Si me ama como dejó de mirar por la ventanilla del carruaje; pero no do de esto.
Si Luis hubiera mirado á su esposa, advirtiera en
yo la amo, ¿qué nos importa el mundo ni los seres que vió á Luis.
¡Cómo le latía el corazón! Escribió inmediatamen- ella alguna turbación; pero harto preocupado con la
lo pueblan? Sin ella no quiero la vida, no la necesito.»
Recibió Pola una contrata en blanco de la empre- te una carta; era para él; le decía que había llegado, que él sentía, continuó comiendo y mirando al plato
sa del Real de Madrid. Sus luchas fueron terribles; que debutaría á la noche siguiente, y que al otro día para mejor disimular.
No se habló más; enviaron la contestación á la
aceptó por fin, pero exigiendo debutar un día señala- estaría en su gabinetito á las dos de la tarde; no iría
do del mes de enero y con Lucía. La empresa asintió más temprano para que no dejase Luis de almorzar marquesa, y quedó convenido que asistirían al estrecon su familia. Ni una palabra de amor, ni una. Pa- no de la Pola.
sin vacilar.
Luis creyó morir de placer cuando recibió la noti- checo no había ido de ocultis á la estación, ni había
cia; pero Pola exigía que no la viese hasta después visto á Pola; pero estaba en la casa de la calle de
de su debttt,· al día siguiente del estreno se traslada- San Miguel cuando llegó á ella la señora de Altuna;
El teatro Real lucía sus mejores galas.
ría del hotel á su casita, ya que la conservaba, y allí también él tenía esperanzas de que Pola no pudiese
Temprano se había dado cita la concurrencia, y anse verían; antes, de ninguna manera; si Luis no pro- resistir al deseo de ver su gabinetito.
Luis abrazó y besó á la excelente señora. Tantas tes de comenzar la ópera, ya la brillante sala estaba
metía y juraba cumplir esto, rompería el contrato
eran las preguntas que le hacía, tan pronto exigía las llena. Había intranquilidad en los ánimos, desasosiego
que acababa de firmar.
respuestas, que no había medio de entenderse; pero en el pensamiento, y todo el mundo aguardaba con
Pero Luis lo prometía todo por volver á verla.
lo
supo todo, todo; que Pola no vivía más que para impaciencia jamás sentida en tales casos.
No faltaban dos meses para lograr esta dicha, y le
¡La Po/a! Este nombre corría de boca en boca: los
él y que vivía muriendo porque le adoraba, y sabía
parecía que estaba tan lejos ...
que la habían oído ensayar aquella mañana, no puNunca sus impaciencias ni sus desasosiegos fueran que su dicha era imposible de realizar.
«¡Oh! No, no es imposible, pensó Luis; yo te pro· dieron formar idea, porque no había hecho otra cosa,
iguales.
La empresa del Real lanzó al público el nombre baré hasta la evidencia que los lazos del alma los for- como quien dice, que escuchar la orquesta y conocer
de la celebridad; había contratado á la Pola; una es- ma Dios, y que ninguno hay más santo ni más gran- á sus compañeros. La empresa mostrábase reservada;
el director de orquesta encogía los hombro~, arqueatrella que no cumpliera los diez y nueve años. Pidie- de que el del amor.»
Contestó á Pola: «Respiro el aire que tú respiras; b1 las cejas )1 extendía el labio inferior; los primeros
ron datos biográficos y la artista los envió cumplidos:
nada quiso ocultar; relató su vida entera sin reservas, estoy cerca de ti; siento los latidos de tu corazón; me violines respondían con un «veremos» á quien los
desde que sus recuerdos aparecían en el pueblecillo miro en tus ojos; ya soy feliz, Pola;» y no pudo es- interrogaba, y los abonados que la conocían personalde la provincia de León, que recordaba siempre, has- cribir más. La señora de Al tuna le prometió volver en mente asegurab1n que como mujer no valía un cota su debut en Milán con el B arbero de Sroilla. la tlrde con otra carta y volvió. En ella no hacía refe- mino. Pero,en fin, la fama era extraordinaria.

«Me ama todavía y me ama como yo la amo, decía
Pacheco. ¿Por qué no he de esperar ahora la dicha?
Ya sabe que no soy libre, que no puedo darle mi
nombre; sabe también que he cumplido mis deberes
de caballero, mis obligaciones de hombre honrado,.,

•

EL GE1'RRAL DE DIVISIÓN EXCMO. SR. 11. MANUEL MAc!AS
jefe del Estado Mayor general del ejército de Africa

803

(CONCLUSIÓN)

El teniente general Excmo. Sr. D.F. Primo de Rivera. - El general Primo de Rivera es uno de los oficiales ge·
n_erales de más brillante historia del ejército español. Peleando
siempre por el honor de nuestra bandera conquist6 sus grados
Yalcanz6 inmarcesibles laureles: un solo hecho de armas de los
muchos por él realizados basta para probar sus méritos, la batalla de Montejurra y la consiguiente toma de la plaza de Estella en febrero de I 876. Allí se cubri6 de gloria y demostr6
ser tan ~ábil estratégico como valiente soldado el que hoy man•
d_a el pnmer cuerpo de ejército de Africa y que por aquella ac·
c16n de guerra alcanz6 el título de marqués de Estella.

El general de división Excmo. Sr. D. Manuel
EL TENIENTE GENl!.RAL EXt ~IO. SR. D. F. PRIMO DE RIVERA
comandante general del primer cuerpo del ejército de .-\frica Macias (de una fotografía) . -Tiene el general Macias una
brillantísima hoja de servicios, llena de hechos notables por él
realizados en Santo Domingo, en la guerra carlista y en Cuba:
sentimientos, se hallan dispuestos á practicar las santas doctri- terminada esta última, en la que alcanz6 el grado de brigadier
nas del Crucificado. Ejércitos de paz, compuestos de médicos, y l¡i gran cruz del Mérito Militar, desempeñó tres años el cargo
practicantes, camilleros y de esas heroínas que conocemos con de comandante de i\Ielilla. A poco de iniciarse los actuales sula denominaci6n de Hermanas de la Caridad, constituyen la fa. cesos fué nuevamente enviado con igual carácter á aquella plalange de la Cruz Roja, destinada al socorro de heridos en cam· za, y hoy es jefe del Estado Mayor general del ejército allí en
palía. En España hállase la sociedad perfectamente organizada, operaciones. Los importantes trabajos de atrincheramiento por
conforme lo demuestran las expediciones de material sanitario él llevados á cabo en el campo de Melilla durante su corto manremitidas á Melilla desde varias provincias y el personal que do último han merecido grandes elogios del general Martlnez
se ha trasladado á la plaza africana. Madrid remiti6 un servicio Campos, quien, gracias en buena parle á ellos, ha podido co·
completo de Sanidad Militar compuesto de camillas, colchones, menzar inmediatamente .después de su llegada la construcción
mar.las, sábanp.s, catres, muletas, botiquines, etc. El alto per· del fuerte Sidi Auriach.
sonal de la ambulancia constitufanlo el Rdo. D. Mariano AnSres. Jefes y Oficiales del regimiento de infantonino Herrero; el Excmo. Sr. marqués de Casa Pacheco, vice·
presidente de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja; D. Juan tería de Toledo núm. 35 á su salida de Granada para
Cortellini, tesorero; D. Ram6n Garcfa Rodrigo Nocedal, y los Jl~elilla {ele fotografía de los Sres. Señán y González'. - A la
doctores D. Ricardo Moragas y Ucelay, D. Víctor Gutiérrez galantería de nuestros buenos amigos los excelentes fot6grafos
Romillo y D. Manuel Rodríguez. El personal subalterno hálla- granadinos Sres. Señán y González debemos la fotografia que
se form:ido por un oficial de secretaría y un escribiente, cinco reproduce nuestro grabado representando á los señores jefes y
practicantes de cirugfa, dos de medicina, uno de farmacia, un oficiales del regimiento de Toledo, agrupados en el histórico
jeíe de camilleros, un carrero, un corneta, un ordenanza y vein- palio de los leones de la Alhambra, momentos antes de abandonar la que fué capital de los monarcas nazaritas, para unirse
ticinco camilleros.
¡Bien haya tan laudable instituci6n y bien hayan los que al segundo cuerpo de ejército de operaciones en Melilla. Graab:indonln su bienestar exponiéndose á las contingencias de nada, al igual de las demás ciudades andaluzas, despidi6 al re-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA POLA

El niño Raul Fausto Capablanca, notable ajedrecista (de una fotog1afta). - Naci6
Raul Fausto Capablanca en el Campamento del Principe (Habana) en 19 de noviembre de 1888. Un día
en que su padre, primer teniente de caballería, se lamentaba de la ausencia ele su jefe, el general Loño,
con quien salia jugar al ajedrez, díjole el pequeñuelo:
4.Yo me he aprendido las jugadas del general, y si tú
quieres perder ahora, juega conmigo.» Comenzaron la
partida y á los pocos minutos el chiquillo captur6 á su
padre casi todas las piezas y le oblig6 á rendirse.
Desde entonces el niño Raul es la admiraci6n de los
concurrentes al Club de ajedrecistas de la Habana,
en donde juega solamente los domingos porque su padre, con muy buen acuerdo, no le permite jugar sino
de tarde en tarde á fin d:! que no se fatigue su infantil imaginaci6n, y eso que, según frase del presidente
de aquella sociedad, «parece que los cálculos no le
cuestan esíuerzo alguno, como si no tuviera que trabajar con el cerebro, sino s6lo con la vista y con las
manos.»
El juego de Raul, más que profundo y reposado es
rápido y brillante y ameniz:ido con frases picantes, con
las cuales fustiga á sus adversarios derrotados. Para
jugar el incipiente Ruy L6pez se arrodilla en una si·
lla, se apoya en el tablero con los brazos cruzados, y
como un Petit Caporal mandando en jefe, tan pronto
como su contrario juega le dice con inimitable gracia
á cualquiera de los espectadores para que le ayude á
ejecutar sus movimientos las jugadas que hay que hacer, y cuando el enemigo se le rinde se baja de la silla,
h:ice en el suelo algunas piruetas y se vuelve á sentar
esperando nue,·os desafíos.
TENIENTE GENERAL EXCMO. SR, D. JOSk: CIIINCIIILLA Y OÑATE
¿C6mo ha podido comprender ese niño los principios de tan complicado juego sin que nadie se los hacomandante general del segundo cuerpo del ejército de Africa
ya enseñado y s6lo viendo jugar en silrncio á su padre
y á otras personas? El caso es realmente fenomenal y
una campaña,·animados s6lo del deseo de socorrer á sus seme- constituye una de e~as maravillas que de cuando en cuaudo de·
jantes!
notan la existencia de un genio privilegiado
Raul es el clzampion de los ajedrecistas infantiles, pues no se
Un día de audiencia,· cuadro de José Jiménez slbe que nadie á su edad haya podido comprender y ejecutar
Aranda. - Bien conocido ele nuestros lectores es el nombre los planes de la ciencia de Steinitz.
d~ este pintor ilustre, muchas de cuyas obras han sido reprodu c1das en las páginas de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA dándo·
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, ·
nos.repetidas ocasiones para ensalzar justamente sus !;lentos y adoptado en los Hospitales de París y que presdecir lo que representa este artista en la historia contemporánea criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
del arle español. Su cuadro Un dla de a11die11cia es como una y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sint~sis de s_us aptitudes artísticas en el género que con predi- sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
lecc16n culuva: en él se revela el conocedor de los tipos y cos- Es el meior de todos los tónicos y reconstituh)mbres de nuestros antepasados á principios de este siglo; el yentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
pmtor enamorado d~ aquella indumentari:i pintoresca como po- teniendo además la superioridad sobre los fec~s, y como pocas nea en.colores vivos y matices delic:idos; el rruginosos de uo f13,tig-ar n\lnca el estómago.
d1bu¡~nte correcto que cU1da con solícito esmero de la forma;
el artista asombrado ante la grandiosidad y belleza de nuestros
monumentos arquite~t6nicos; ~l maestro, en suma, que siente
hondamente la emoc16n estética y para quien no tiene secretos
el arte de expresarla plásticamente.

:E,Jl teniente general Excmo. Sr. D. José Chinchilla. - Comenzó su carrera militar el actual comandante del
segundo cuerpo de ejército de A frica en 1852, y después de hab~r tomado parte importante en las jornadas de Madrid de jumo de 1856, pas6 ~ Cuba con el general Serrano en 1857, en
1860 á Santo Domingo y en 1862 á México. En 1864 volvi6 á
Sa1:t~ ~omingo, regres6 á España al terminar aquella guerra, y
al m:c1arse la lucha separatista volvi6 á Cuba y de regreso á
Espana combati6 valerosamente contra los carlistas en el Nor·
te. Es teniente general desde 1884; ha sido capitán general ae
.i\rag6n en 1884, de Canarias en 1885 y de Cuba en 1889 y ministro de la Guerra en 1888. Al ser recientemente destinarlo á
Africa desempeñaba la jefatura del cuarto cuerpo de ejército.

LA

624

�LA
Los reyes y las infantas ocupaban su palco también antes que comenzase 1:i. función; el entusiasmo
era grandísimo.
No habla sido Camita de las últimas en llegar, y
entró en el palco antes que la del Arroyo. Luis estaba pálido, desencajado; no sabía lo que pasaba por
él; no había podido comer, el estómago rechazaba
todo alimento, tal era la revolución que traía el regulador de su organismo. El corazón se le había repartido por todo el pecho, los oídos le zumbaban, las
piernas parecían de trapo y el brazo apenas podía sostener el de su mujer. Hubiera querido Luis que ya
estuviesen los marqueses en el teatro; temía encontrarse solo con Camita cuando apareciese Pola; temblaba como el criminal novel, cogido in fraganti. ¿V si
no podía contenerse y delante de su mujer se vendía?
Estar allí, allí, tan cerca de ella y no entrar á verla, á
estrecharla, á impedir que saliese al público... Luis
se arrepintió por vez primera de haber enviado á Italia á su protegida; él tenía la culpa de que toda aquella gente fuese á juzgar á Pola, á censurarla ó aplaudirla, á lo que fuese, pero siempre á ocuparse de ella,
de ella, que estaría temblando como él temblaba...
Pola debía estar sufriendo horriblemente, pero él sufría muchísimo más; hubo momentos en que se le
turbó la vista y creyó desvanecerse; jamás se había
violentado tanto; nunca tuviera necesidad de hacer
mayores esfuerzos con haber hecho muchos en el espacio de dos años. Camila parecía también impaciente y preocupada.
El primer acorde de la orquesta produjo en Luis
una violenta conmoción; ahogó un grito y apretó el
corazón temeroso de que saltase hecho pedazos: en
ese momento entraron los marqueses del Arroyo y su
hijo; con el movimiento de entradas y saludos pudo
reaccionarse Luis un tanto.
Roncalito y el marqués insistían para que Pacheco
aceptase un puesto visible, pero se negó pretextando
que se encontraba atrás mucho mejor. Ni sabía lo
que pasaba por él, ni lo que sentía, ni lo que deseaba; apenas veía, y cuando sintió la voz de Lucía y el
murmullo del público,se levantó sin poder contenerse; la voz había llamado á su alma con un repique alborotador; el recuerdo de aquella noche de luna, de
aquel S11lve dimora tan dulce y arrobador, vino á salvarle de no cometer una imprudencia: vió á Pola sentada en el banco de piedra del paseo á su lado, abandonándole la mano y cerrando los ojos; era completa la itusión. Pero ésta dmó poco: no pudo conformarse y miró, miró ansiosamente, miró con amor infinito á su niñll, á su pequeña encantadora: era ella,
era la misma, con su aspecto enfermizo y triste; ¡pero
qué voz!, ¡qué voz del empíreo era la suya! El público
estaba electrizado y estalló en un aplauso. Roncalito
se puso de pie, alzó los brazos y aplaudía adelantando el cuerpo sobre la cabeza de su padre.
-¡Brava! ¡Bravísima!
Pola paseó la mirada por la sala, inclinó primero
el busto haciendo una reverencia á los reyes que la
aplaudían con entusi~smo y saludó después al público. Luis creyó que las miradas de Pola le buscaban:
no hizo nada para que le viese, pero tampoco se ocultó; quedó inmóvil, pálido y con los ojos fijos en la
criatura idolatrada. ¡Qué bella era! ¡Qué hermosura
tan dulce y tan expresiva la suya!
Al terminar el acto, volvió á levantarse el telón
para que saliese la Pola; el público estaba contentísimo ·y se prometía un concertante y un rondó excepcionales.
Luis no pudo moverse del palco, pero Roncalito
salió disparado; iba corriendo á saludar á la diva,
eran antiguos conocidos y amigos. Pacheco le hubiera ahogado de buena gana por embustero y por malvado; recordaba lo que le había contado Pola.
La marquesa declaró que le gustaba mucho la artista; era fuertemente simpática aquella carita de muñeca linda, y aquellos ojos y aquel cuerpo endeble
prevenían en favor de sus condiciones morales.
Camita apenas hablaba: parecía preocupadísima.
La platea de la marquesa estaba situada C&lt;!SÍ enfrt:nte
del palco regio, y la de Pacheco no quitaba ojo á los
reyts cuando aplaudieran con muestras de simpatía
hacia la cantante; cualquiera diría que sentía envidia
de ésta.
Roncalito volvió mohíno: la Pola no había querido
recibirle, es· decir, no podía recibirá nadie; así lo dijera su dama de compañía, una señora que se daba
tono de reina destronada.
- ¿No tiene madre?, preguntó Camita echándose
los gemelos á la cara, por lo cual no pudieron advertir que se turbaba para preguntarlo.
- ¿Pues no ha leído usted su biografía?, saltó Roncalito dándose humos de muy enterado.
- ¡Ah! Sí, es verdad.
- Se la encontró muerta de hambre y de frío una
noche que volvía de pedir limosna. ¿Y querrán uste-

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

des creer que siento así como remordimiento? ¿Que
de qué? Pues de no haberla socorrido, porque aquella noche bajaba yo del Veloz y la encontré en el
portal... y... vamos, que fuimos crueles con la pobre
muchacha. ¡Quién había de pensar!
Luis miró á Roncalito con ira.
- Yo quería hablarle esta noche para pedirle perdón y ofrecerle mis respetos; pero si no se la puede
ver... lo dejaremos para otra noche: en el otro intermedio volveré... ¡Quién sabe si el protector anónimo
la prohibe que reciba visitas! Será un viejo verde,
egoistón, que todo lo quiere para sí.
Pacheco hubiera pulverizado á Roncalito.
El segundo acto mantuvo latente el entusiasmo del
público. El heredero del marquesado del Arroyo se
deshacía las manos aplaudiendo rabiosamente, hasta
llamar la atención de los artistas, que miraron al joven y cuchichearon entre sí; la diva dirigió también
la vista al palco, y por un instante sintió que le faltaban los alientos; fijó sus ojos grandes y negros en
Camita de un modo amenazador, y Camita bajó los
suyos como si aquellos ojos le hubiesen clavado dos
puñales.
Luis vió á Pola fijarse con insistencia en su mujer
y creyó qué ya la conocía.
- ¿Será casualidad ó habrá preguntado?.., se dijo.
De lo que estoy seguro es de que no me ha visto á
mí. ¡La miró tanto á ella y con una expresión!.. Creo
que la miraba con odio... ¡Odio, no! Los ángeles no
pueden sentirlo por nadie y menos por una mujer
que de nada es culpable
- Me ha reconocido, dijo Roncalito lleno de orgullo, se ha fijado en mí: le han llamado mis aplausos la atención.
- ¡Qué necio!, pensó Luis.
- ¡Allá voy otra vez!
Y Roncalito salió del palco atropellando sillas.
¡Qué ganas se le pasaron á Luis de darle un achuchón!
- ¿Por qué no vienes, Luisillo?
- No te:igo ganas de moverme.
- Estás electrizado, ¿verdad?
-Sí.
- La cosa no es para menos, chico; el fin del
mundo en Lucías, lo nunca visto. ¡Cómo saldrá ese
rondó!
Antes de un cuarto de hora ya estaba Roncalito
de vuelta; pero qué satisfacción; qué alegría le retozaba por todo el cuerpo.
- La he visto, he hablado con ella; me colé con
el empresario, que entraba con un gentilhombre. Sus
majestades la han felicitado con mucho cariño, y es
una buena chica. ¡Queréis creer que al recibir el recado de los reyes se echó á llorar!..
Luis levantó los ojos al palco regio; si hubiera
podido estrechar contra su corazón á los soberanos
los hubiera estrechado con gratitud sin límites.
- Pues, entré, dijo Roncalito, hablando atropelladamente; fuí á besarle la mano, pero se conoce que
todavía no está hecha á galanterías, y se retiró. La
dama de compañía, que parece un rey de armas, estaba allí tiesa y espetada, como si fuera su madre;
contesta ella á todo y mete su cucharada; habla más
que la Pola. Le pedí perdón por aquella tontería y
me dijo que no quería recordarla. ¿No les dije á ustedes antes que había reparado en mí? ¡Vaya! Pues
me preguntó quién era usted, Camilita.
Luis tembló y Camita se puso pálida.
- Lo raro es que la conoce, porque le dije: la señora de Pacheco, Camita Flórez. «Sí, me contestó,
Suárez Flórez.» Ya ve usted, yo no lo sabía; siempre
he oído decir FJórez Flórez, y...
Un rayo que hubiera caído á los pies de Luis no
le hubiera hecho peor impresión. Recordó detalles;
el origen de su suegro, la provincia donde había nacido aquél, la estancia en Cuba; todo, en fin, y vió
claro, muy claro: su mujer era la prima de Pola, era
la criatura infame que no había tenido compasión de
su tía ni de una niña huérfana.
Entretanto Camila balbuceaba un «no sé,» Luis la
miraba de un modo tan despreciativo que Camita
sintió el peso del desprecio, y por vez primera en la
vida se vió pequeña, humillada ante la grandeza de
su prima, y lo que era peor, ante su propio marido.
Aquella mirada se lo decía todo, y hubiera querido
estar en su casa á solas con Luis para mostrarse arrepentida; pero estaba allí y era necesario disimular,
fingir, torturarse y luchar consigo misma. ¡Qué maldita ocurrencia la suya! No había podido resistirá la
tentación de oir cantar á su prima. ¡Quién había de
pensar que la viese, ni que aquel mentecato hiciese
tonterías por hablar á la cantante!..
Luis sufría horriblemente. ¡Pensar que una mujer
sin corazón era la madre de su hijo; pensar que lle•
vaba su nombre!.. La hubo creído pequeña, fría, indiferente, orgullosa... , pero infame no la hubiera con-

NúMERO 624
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siderado jamás... , y lo era, sí que lo ~ra; si no amor,
le había tenido consideración y atenc10nes, pero desde aquel instante había concluido todo entre ellos;
ni los lazos del afecto de familia podían quedar. ¡Desprecio, sólo desprecio le inspiraba aquella mujer á
quien la sociedad citaba como modelo de virtudes
caseras! ¡Oh! La Providencia tenía castigos espeluznantes, ocultos entre los inescrutables códigos de su
justicia; la dama, la gran señora, la orgullosa que había desoído la voz de la sangre, la que hacía alardes
de caridad y virtudes, arrojaba de su casa á dos infelices parientes que le pedían protección y amparo,
tan sólo por no confesar que había pobres en su familia. El pensamiento de Luis voló al cielo buscando
á su hijo. Decía todo el mundo que había sacado
Luisito el carácter de su padre y Juanito el de la madre: Juanito vivía; Luis había muerto. ¿Sería posible
que estuviese él condenado á vivir entre una esposa
y un hijo de alma raquítica? Le quedaba Pota, Pota
que lo amaba como los ángeles aman á Dios; ya no
había obstáculos entre ellos ni consideraciones de familia que se opusiesen á la dicha de ambos; cuando
supiese que aquella prima odiada por ella era su esposa, cuando le recordase que había dicho en un
momento de arrebato que hubiera sido capaz de robarle su marido para vengarse de ella; entonces, sí;
entonces no habría dique en la moral social ni en el
sentimiento para contener la pasión desbordada.
- Todavía he de volver á la carga, dijo Roncalito,
á ver si logro introducirme de nuevo, y le preguntaré,
si es que á usted le interesa...
- No, replicó Camila, pudiendo á duras penas disimular. ¡Quién sabe!.. En el extranjero acaso...
Luis la hubiera ahogado. Ni entonces quería confesar que era su prima. Se había hecho pública su
perversidad con la biografía de la Pola; la sociedad
buscaba entre sus mujeres distinguidas una que fuese
capaz de tal villanía, y Camila menos que nadie podía ser desposeída de la aureola de virtud que la circundaba. No había de ser ella la que lo dijese. Con
cuánto placer hubiera gritado Luis: &lt;¡Yo soy, yo soy
su protector!»
Llegó el momento supremo para Lucía, el rondó;
ninguna artista podía vanagloriarse de obtener un
aplauso con sólo presentarse en la escena, flotante la
enmarañada cabellera y envuelta en blancos ropajes.
No era la Lucía de siempre con su bata de nansuk
elegante y correcta, su pelo tendido y alisado y su
brazo coquetamente desnudo, apareciendo incitante
debajo de la manga perdida. Era la loca tranquila, la
demente por amor, que imprimía á su albo traje en
los pliegues y los recogidos el sello de la demencia.
La cabellera espléndida y sedosa de Pola caía enmarañada con arte, desbordándose por el pecho después
de cubrirle la espalda; sus ojos parecían más grandes y tenían fosforescencias incompatibles con la locura; sin embargo, nadie al contemplarlos podía dudar que veía la pupila de una loca reflejando las perturbaciones del cerebro.
Cantó Polita, y el público llegó al delirio; señoras
y caballeros de pie aplaudiendo, agitando los pañuelos, arrojándole flores arrancadas á gentiles cabezas y
á escotes pronunciados y prodigándole delirantes adjetivos, todo formaba un espectáculo único en los
fastos líricos de la corte de España.
Pola miró al palco en donde había visto á su prima; quiso hacerle sentir el peso de su triunfo, anonadarla con su gloria; pero entonces, entonces se presentó á sus ojos la figura del hombre amado, que sin
reservas y sin ocultarse la contemplaba extasiado, inmóvil y pálido como un cadáver.
- ¡Luis! ¡Luis!, gritó el alma de Pola, y cayó sin
sentido como cae el cuerpo muerto, que dijo Dante.
La presencia de Luis en aquel palco y su repentina vista acabaron con sus fuerzas físicas.
Bajó el telón rápidamente; la confusión fué grandísima, espantosa; todos corrían á enterarse presurosos del estado de la diva; nadie podía entenderse,
hablaban á gritos, comentaban el accidente, inventaban causas; en una palabra, parecía que la voz de
«fuego» hubiera sonado en la sala llevando el espanto á los espectadores.
A la caída de Pola, respondió un grito horrible de
Luis. «¡Pola! ¡Pota de mi alma!,» dijo, y salió del pai.
co, frenético, sin sombrero, sin abrigo y sin pararse en
medir las consecuencias de tan imprudentes palabras.
El espanto de Camita, de los marqueses y de Roncalito fué grande. Nadie se atrevía á romper el silencio; semejante revelación era terrible. Ronc-alito salió
detrás de Pacheco: no podía conformarse con la pasividad de su papel.
Llegó Luis á la puerta del cuarto de Pola atropellando á todo el mundo, abriéndose paso á puñetazos. Los que le conocían supusiéronle con la razóa
extraviada; los que no sabían quién era le creyeron
médico.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

805

- Sí, contestó la niña. Ya puedo morir.
Una muralla humana defendía la puerta; Luis hu- Está bien.
- ¿Morir?, no, amor mío: vivir para mí; para mí,
Joaquín salió y Camila se arrojó llorando en aquel
biera saltado por encima de todos.
La señora de Altuna, que oyó su voz, gritó desde sofá donde otra noche clavara las uñas. Luchaba en- que te adoro.
El doctor prohibió toda conversación y se retiró,
dentro: «¡D. Luis, D. Luis!» La multitud, respetando tre los celos rabiosos que la atormentaban y su digaquel enigma para mejor tener después la satisfac- nidad ofendida y su orgullo pisoteado. ¡Jamás, jamás prometiendo volver á las diez de la mañana.
Volvió con efecto, pero aseguró que á pesar de la
ción de descifrarlo, abrió paso al loco que se preci- perdonaría á su marido aquella infamia, aunque se lo
pitó en el saloncito, sobre cuyo diván descansaba el suplicase en la hora de la muerte! ¿Iría á sorprender- mejoría que creían observar, Pola estaba peor, mucuerpo inmóvil de Pola.
los, á insultarlos, á confundirlos con su presencia?.. cho peor. La fiebre había aumentado y no había me- Otro ataque como el de Milán, dijo llorando la ¿Y su decoro de gran señora y su nombre de pruden- dio de hacerla callar á la niña, por más que se la recomendase el silencio.
desolada señora abrazando á Luis.
te y altiva?..
Quería charlar con Luis. ¡Tenía tantas cosas que
Cuando Luis, loco de dolor, entró en el carruaje
Pero éste, á la vista de su niña querida, de su amor
decirle!..
celestial, se arrojó sobre ella, besándola y prodigán- que á la puerta del vestuario del Real aguardaba á
Hablaba de su triunfo, de los que obtendría, del
dole las caricias más tiernas.
Pola, estrechando el cuerpecillo inmóvil de ésta, dió
- Es su protector, su segundo padre, dijo en alta la orden de irá la calle de San Miguel; allí, á su mausoleo que levantarla á su madre, de las limosnas
voz la compañera de la diva, creyendo necesaria tal casa; tal vez su cama le vuelva la vida; quizás aque- que enviaría á los necesitados de su pueblo, y todo
ganado por ella, por ella...
,
,
.
explicación.
llas paredes reanimen su corazón y su cerebro.
- ¡No, Pola mía! No cantaras mas; yo no qmero,
El méd4:o de la empresa estaba tomando disposiEl coche partió á escape, después de recibir órdenes el cochero, por la calle de San Miguel, triste y ¿oyes?, no quiero; soy rico, muy rico...
ciones.
- Pero tienes esposa, tienes ... tienes un hijo.
- Ante todo sacarla de aquí, doctor, dijo Pacheco. en semiobscuridad: no transitaba nadie á semejantes
- Mi hijo... Sí, mi hijo... , pero mi esposa no es
- Aguardemos á que vuelva en sí primero.
horas.
- No, no. Véngase usted con nosotros á casa; la
El sereno se aproximó al ver parar un carruaje digna de que yo la quiera.
- ¿Te es infiel?
llevaremos; su abrigo, dijo Luis, venga su abrigo.
particular; abrió la puerta, y la señora de Altuna se
-No.
La señora de Altuna descolgó una capa de pieles, precipitó en el portal, subiendo á tientas la escalera
- Entonces no es indigna de tu cariño, Luis.
recogió sus hermosos cabellos dentro de una cofia y y cayendo y hocicando en todos los escalones. Lla- ¿Pero no sabes quién es mi esposa? ¿No lo
mó con furia y repetidas veces; entretanto Luis, alumla envolvió abrigándola mucho.
Luis tomó en brazos á Pola como si fuese una plu- brado por el sereno y seguido del médico, subía len- sabes?
Pola dió un grito; lo recordaba todo; había visto
ma. Los curiosos apiñados á la puerta del cuarto le tamente con su preciosa carga.
abrieron paso, y Roncalito sorprendido de tamaña
La criada de Pola se levantó despavorida; la con- en el mismo palco á Luis y á Camila. Se incorporó
confianza dijo en alta voz:
fusión fué grandísima. Inmediatamente se pusieron en un acceso de fiebre y quiso levantarse delirando
- ¡Pero Luis, pero Luis! ¡Camita te espera, hombre! sábanas á la cama, y antes de cinco minutos estaba y llamando á voces á su madre.
- ¡Madre mía, madre idolatrada! ¡Dios es justo, y
- Dila que se marche; ahí tendrá su coche; yo voy Pola descansando en aquel lecho, del cual no había
él
te
ha vengado, castigándola en lo más grande, en
con mi hija adoptiva.
dejado de acordarse ninguna noche desde que saliera
lo más doloroso, en el amor!
.
- ¡Tú, tú eres el que!..
de Madrid.
Después de la explosión nerviosa que la revelación
- Yo, yo soy el que...
El médico recetó, el sereno fué á la botica, la porRoncalito no quiso escuchar más y volvió corrien- tera y el portero bajaron despavoridos al primer aviso produjo en Pola, cayó sobre las almohadas desfalledo al palco.
de su sobrina, y ésta encendió la chimenea para tem- cida. «¡Luis, Luis!, decía con voz apagada; perdónala ... y ámala ... ¡Pobre mujer, pobre mujer! La
- ¿Sabe usted por qué la Pola me preguntaba por plar el gabinete y comunicar calor al dormitorio.
Luis no se apartaba de la cabecera de Pola, lla- muerte de su hijo basta para purificarla.
usted, Camila?
- ¡Pola, criatura celestial! ¿Y eres tú la que me pi- No, dijo temblando y creyendo que se había mándola y acariciándola como había llamado y acades que la ame?
descubierto su parentesco.
riciado á su Luisito cuando temía perderle.
- Sí, yo. En cuanto me ponga bien marcharé de
- Pues, porque... porque... Luis es su protector: el
A pesar de los medicamentos, no cedió el síncope
que le dió la carrera... el incógnito interesante y sim- hasta las cinco de la mañana. Cuando Pola levantó Madrid, Luis; no debemos estar cerca. ¿Verdad que
pático de la biografía; sólo nos falta saber quién es la los párpados vió á Luis á su lado, á Luis que deli- no debemos? ¿Me olvidarás? Yo quiero que me olviprima ... No tenga usted celos, Camilita, porque se- rante la llamacya, estremecido de alegría porque ya des; si yo me muero de amor no hago daño á n_adi~;
ría... vamos, sería... no sé cómo decirlo... cambiarla á se miraba en sus ojos. Una sonrisa divina contrajo pero tú, sí; tú no te perteneces; eres de ... , de m1 pnusted por una chiquilla espurriada... No lo creo.
los labios pálidos de Polita.
.-. ma. Yo la he perdonado; Luis perdónala tú también.
Camila no escuchaba.
- ¿Pero no viene á buscarme?, ¿no viene?
- ¡Quia! Si la lleva en brazos desmayada para el
hotel, y va como salió de aquí, de frac y sin sombrero.
- Pero me ha dejado en el teatro por acompañar
á... esa...
- Dijo que se fuese usted, que ahí tendría el
coche.
Camila rugió de ira: la marquesa se ofreció á llevarla en el suyo; Camila no quiso aceptar.
- No necesito á nadie, dijo, gracias; saldré con
ustedes, y nadie sabrá...
Con efecto, salieron juntos. El marqués dejó á la
de Pacheco dentro de su coche, y ésta llegó á casa
llorando de rabia. Desnudóse rasgando los vestidos,
y ni de dar un beso á su hijo se acordó ~qu~lla noch~.
Aguardó levantada hasta la mañana s1gmente. Lms
no llegaba; por la mañana envió á Joaquín al hotel
donde la Pola se hospedaba, y volvió éste diciendo
que la cantante había sido conducida á una casa particular.
Camila esperó inútilmente. En todo el ~ía no pareció Luis ni envió un mal recado. También aquella
noche la pasó en vela, aunque acostada.
Al tercer día de ansiedades y zozobras disponíase
á jugar el todo por el todo averiguando el paradero
de Pola, segura de que con ella estaba su marido. Los
periódicos no le decían nada nuevo; lo que ella ~abía; lo que en el teatro había pasado, pero nada mas;
la diva había sido casi secuestrada por su protector.
No se hacían más comentarios románticos y pintorescos, ni otra cosa que pudiera sacarla de las ansiedade_s
en que estaba. ¡Oh! ¡Bien se había vengado aque!la chiquilla· bien la humillaba robándole su esposo a la faz
del m'undo! No creía en las casualidades; Pola lo habría buscado, acaso su madre, y lo habrían enloquecido con intenciones aviesas; le deseaba la muerte,
sí, se la deseaba con toda su alma. ¡Infame! Razón
había tenido en no recibirlas ni protegerlas. No pasaba de ser una aventurera, una perdida ...
Joaquín pidió permiso para hablar á la señora.
Quería comunicarle que el señor acababa de llamarlo
La marquesa se ofreci6 á llevarla en su coche
por medio de una tarjeta y salía en aquel momento
obedeciendo las órdenes.
- No vaya usted; que venga él.
Fué necesario incomodarse con Pola para que ca- Luis, dijo débilmente, lo t'am&lt;J, y Vb1vi6 á cerrar
- la señora comprenderá que no puedo excullase. El médico dijo que estaba peor y que no había
los
ojos.
sarme.
- ¡Pola, Pola de mi vida! Pequeña hermosa, ¿te esperanza: duraría pocos días; la materia había su- ¿Y dónde está?
acuerdas,
te acuerdas de cuando te llamaba mi pe- cumbido al espíritu; allí no existía ya más que un
- En la calle de San Miguel, núm.... El señor no
alma potente, grande, inmensa¡ pero la cárcel que
queña?
me ordena guardar el secreto.

�LA
aquel gigante encerraba era incapaz de sostener su
peso, el espíritu de Pola no se avenía con semejante
cuerpecito.
Al cuarto día de fiebre, rebelde á todo tratamiento, dijo el médico:
- Esto se apaga. Le quedan pocas horas de vida.
Luis creyó volverse loco yse abalanzó sobre la cama.
- ¿Qué tienes, Luis? ¿Lloras porque pienso cantar
en San Carlos de Nápoles? ¡Nápoles! ¡Qué bello es
Nápolesl ¡Si supieras cuánto he pensado en ti paseando por aquella campiña! ¡Qué derroche de luz y de
colores ha echado la naturaleza sobre aquel pueblo!
¡Qué mareo de bellezas, qué borrachera de poesía!
Allí he sufrido mucho, muchísimo; todas eran para
mí noches de luna. ¡Noches de luna! ¿Te acuerdas de
las noches de luna, Luis? La luna de la Castellana,
la luna del campo. ¿No es verdad que hay dos lunas
en el firmamento? Dos, sí. La que vemos cuando somos felices y la que nos alumbra cuando somos desgraciados. Luis, Luis, ¿crees ahora que se enlazan
allá... en un astro... las almas de los que se han amado en la tierra?
·
- Sf, Pola, sí; creo todo lo que tú crees y amo lo
que tú amas.
- Pues ama á Camila.
- La odio porque tú la odias.
~ ¿Yo? ¡Dios mío! ¿Quién te ha dicho eso? ¿Odiárla? ¡A una mujer desgraciada... , á mi prima!.. Mírame, Luis, yo soy Pola, y Pola no es mala ni rencorosa, ¿verdad? Polita no sabe ser esas cosas feas ...
Oyeme atento, muy atento. He leído, no sé en qué
libro, que cuando Dios da permiso á un alma para
que volando, volando, baje á la tierra, á esconderse
en el huequecito invisible de nuestro ser material,
suelta detrás de aquélla, otra igualita, hermana gemela, tanto que se las tendría por dos mitades de un
todo si fuese posible observarlas. Como de la gloria
no han salido juntas, ni sabe la que salió primero
que ha de salir la segunda en seguimiento suyo,
vuela, vuela por los espacios hasta que encuentra
el refugio que le ha destinado el que lo dispone
todo; la otra, cansada de correr y de revolotear, fatigada y triste por no haber encontrado á su compañera, se guarece en el primer cuerpo que le depara la
suerte; á la primera la coloca Dios, á la segunda la
fatalidad. El a1ma que salió del cielo después que la
tuya fué la mía: ha vagado errante por la superficie de
la tierra sin encontrará su hermana; pero cumpliendo
la ley del gran legislador, llegó á reunirse con ella;
¿mas cuándo? Después de haber corrido y luchado
tanto, que rendida por la fatiga, cae exánime, sin fuerzas para continuar el camino... Y vuelve al cielo, Luis,
vuelve al cielo, de donde ojalá no hubiera salido.
- ¡No; no puede ser, Pola, no puede ser; tu alma
no se apartará de la mía! ..
- Allá... allá nos veremos.
- ¡No! ¡Aquí, aquí, Pola de mi vida, no me dejes,
no· me abandones, llévame contigo!..
Ocho días hacía que Luis no se apartaba de Pola.
Estaba ésta sentenciada á quedarse muerta como
un pajarito, sin espasmos, sin contorsiones, sin agonía; la enferma asombraba á los médicos; no creían
que pudiese vivir tanto. La calentura, que no había
cedido un momento, desapareció; parecía más animada y no tenía fiebre; pero las fuerzas decayeron inmediatamente; los ojos se apagaban, se le afilaba la
nariz, arañaba las sábanas con sus deditos descarnados y entreabría los labios que se iban obscureciendo con un borde ftínebre. De las extremidades de la
enferma huía el calor, para refugiarse en su pecho,
último baluarte de la vida, y el médico ordenó que
se la frotase con Jerez ó con ron muy buenos.
- Se va, Luis, se va.
- ¿Quién, vida mía?
- Mi alma del lado de la tuya.
- ¡Pola! ¡Pola de mi vida, no me digas que te vas
y que yo me quedo!
- Tú te quedas, sí, te quedas ... para tu esposa,
para tu hijo... , para los pobres..., para las hijas desgraciadas que en noches crudas te pidan pan para su
madre... Todo lo que poseo es para la señora de Altana, ¿sabes? También mi casita, continuó Pola con
voz apagada, mi nido de venturas... Que viva aquí...
Tú vendrás alguna vez..., alguna...
Ruido de voces que acaloradamente discutían en
el recibimiento llegó hasta el lecho de la moribunda.
Era que Camila, fuera ya de sf, no pudiendo soportar por más tiempo lo que suponía ultraje nunca
visto ni hecho á mujer alguna, se había decidido á
despreciar las conveniencias sociales y se presentaba
á sorprender á los amantes, acompañada del juez y
testigos para entablar una demanda de divorcio.
La señora de Altuna se oponía á que entrase na·
die en el dormitorio de la moribunda; pero Camila,
inexorable, terrible en su odio contra los infames, insistió á pesar de oir que Pola estaba expirando.

NúMERO 624

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La autoridad se impuso: cuando Luis, atraído por

las voces y reconociendo la de su esposa, cruzaba el
gabinete para salir á la sala, iba dispuesto á no consentir que Camila pasase adelante: la conocía bien y
sabía que el despecho, sólo el despecho la condujera
á casa de su prima.
Pero su sorpresa hubo de trocarse en espanto: la
presencia de aquellos caballeros que acompañaban á
Camila fué una herida más que su esposa le infería:
un nuevo insulto al ángel que expiraba, un odioso
atropello de aquella mujer sin corazón.
Al saber de lo que se trataba, le asaltaron impulsos de ahogar á su mujer; pero se contuvo mirándola
con expresión de infinito desdén.
Pola quiso hacer un esfuerzo para incorporarse y
la fué imposible. Oía, sin embargo, y lo comprendió
todo. Era el último dolor que la fatalidad le depara·
ba antes de abandonar este valle de lágrima5.
- Señor Juez, dijo Luis con acento alterado, estoy
al lado de un ángel moribundo, que sobre merecerme
el cariño de la hija más amada, es prima carnal de
mi esposa.
Si los ojos de Camila hubieran sido basiliscos pulverizasen á Luis en aquel instante.
- ¡Luis!.. ¡Camila!.. , dijo Pola con voz apagada.
Venid...
Luis corrió al lado de la moribunda. Camila quedó inmóvil; la voz que la llamaba no le pareció de la
tierra, y el recuerdo de Lucía, cantada con gemidos
celestiales por aquella niña expirante, pasó por su
mente suavizando las asperezas de su situación.
- Señora, acérquese usted, le dijo el juez con acen ·
to imperioso. Su prima moribunda la ha llamado.

Maquinalmente dió Camila unos pasos y quedó á
los pies de la cama con el rostro ceñudo por las violencias de su carácter y quizás pesarosa de su última
y más grande imprudencia.
Pola se moría, se morfa por segundos.
- ¡Luis, perdón para... mi prima!..
- ¡Pola de mi vida, calla; no pidas perdón para ella!
- ¡Camila!.. ¡Camila!, balbuceó Pola. ¡Perdóname tú!..
- ¿A ti? ¿A ti?, gritó Luis. ¡A ti, alma pura y siri
mancha! ¡A ti, ángel entre las mujeres! ¡Ella! ¡Ella es
la que ha de pedírtelo por esta nueva infa~ia que
comete contigo!
Camila continuaba ceñuda mirando alternativamente á uno y á otro sin pronunciar palabra, pero
abrasándose quizás por vez primera en celos grandísimos y nobles.
Ella jamás había visto á su marido tan amante,
tan apasionado, tan loco, tan delirante; besaba la cabeza, las manos y el rostro de Pola, con transporte,
con locura; debía amarla con pasión infinita, sobrenatural. Camila sintió envidia de Pola: ella, la mujer
elegante y hermosa, llena de vida y rodeada de los
placeres que la riqueza proporciona, envidiaba á la
cantante moribunda, al esqueleto animado por un
soplo de vida que se acababa, se acababa...
- ¡Luis... perdón ... pa... ra ella!.. ¡No me ol... Camila ... no me olvidéis!
Se oyó un grito horrible, un grito que arrancó otro
de dolor á la garganta de la esposa humillada.
Era Luis que se abrazaba frenético y desesperado
al cuerpo inmóvil de la Pola.
EvA CANEL

LA I LUSTRACIÓN

NúMERO 624
EL SERVICIO DE CORREOS EN CHINA

Ahora que el gobierno chino ha anunciado una
reforma en el sistema postal del Imperio, creemos
interesante dar sobre el sistema hasta hoy vigente
algunos detalles que contiene una memoria del cónsul de los Estados Unidos en Fu-Cheú.
Empresas particulares han establecido desde hace
mucho tiempo las comunicaciones postales entre las
distint-as provincias imperiales por medio de las tiendas de cartas: para este servicio no se emplea otro
sello que el del dueño de la tienda. Los edictos del
emperador y otros mensajes oficiales son transportados por corredores que andan hasta 250 millas diarias, y en los distritos en que se emplean caballos ó
mulos cada jefe de estación ha de tener ro ó 20 de
éstos.
Este sistema, parecido al E xpress de!ivery ameri-

807

ARTÍSTICA

cano, además de cartas transmite pequeños paquetes
y asegura contra las pérdidas, para lo cual el expedidor muestra el contenido de la carta ó paquete al
dueño de la tienda, el cual lo registra, cierra y sella.
Los gastos de transporte de los valores varía según
la cuantía de éstos, y la tasa de las cartas según la
distancia. El dueño de la tienda da un recibo al expedidor, siendo desde entonces responsable de la
carta ó paquete. Como estas tiendas son de e~presas particulares hay entre ellas gran competencia en
beneficio del público. En algunas provincias los dos
tercios del precio de transmisión los paga el remitente y el resto el destinatario. En Sang-Hai hay unas
200 tiendas de cartas, cuyos empleados -recorren las
casas e11 busca de clientes.
En el Norte de China, donde abundan los caballos, los portadores de cartas van montados: cada un?
de éstos lleva de 70 á 80 libras de cartas y anda a

razón de cinco millas por hora, cambiando de caballo
en cada estación hasta que. llega al límite de su trayecto, en donde entrega su carga á otio mensajero y
éste á su vez á otro y así sucesivamente. El servicio
no se suspende por causa del mal tieqipo. En los trayectos de poca ·importancia, en el centro y en el Sur
de la China, los mensajeros van á pie; y para evitar
que sean atacados por los ladrones de caminos, elida
distrito paga una cantidad fija á éstos, quienes, en
cambio, no sólo respetan á los mensajeros, sino que,
además, impiden por todos los medios posibles que
otros ladrones los ataquen.
En China hay dos clases de sellos: uno, introducido por Sir Roberto Hart, sólo se emplea en las aduanas chinas; el otro es un sello local, empleado en
Shang-Hai por una compañía extranjera.
(De la Revue Fra11paise)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núm. 61, Pa.ris.- La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet Y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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J

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,.~:,:'!!ªco":i::·la Grag aas alLactato de Hierro de
Anemia, Oloroals,
__,....11111 u la luan.
Debllldad, etc.

GELIS &amp;CONTÉ
J pro&amp;adu por 1, Jc1d1ml1 de 1iedlclua de Par/1.

. y eraga■ de queHEIDIUTICD
el ... PODEr~ot:i.na
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son los elementos que entran en la oomDOlllclon de este potente
lep&amp;rador de las fuerzas v114,les, de este l•í1.i■e-ce p•r eaee(eaeia. De un iUBlo aumamente a¡radable, es soberano contra la J.nemta y el .41JOC(lmlfflto, en las caientuNI
y COlloalleencúU1 contra las Diarrea, y las J.feccwnu del ll1to,nago 1 loe ,ntemno,.
Cuando se trata de despertar el apeUto, asegurar 118 dige&amp;Uones1 rep&amp;n1r las tuerzu,
enriquecer la BaDgl'e, entonar el o~mo y precaver la anemia J J.as eptdemtu provocadas por los calores, no se conoce nada 111npertor al Yhl• de
de .t.re111L
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l:IS VBMDB BN TODAS L&amp;S PlUMQlP.u.ai

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1 0
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por Ch. J'ay' perfumista
9, Bue de la Pm, P ARIS

�LA

808

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mente las materias de que trata: son éstas El Mogrehel· Aská (noticias geográficas y etnográficas sobre
Marruecos), el islamismo, las instituciones sociales
que consagra el islamismo, la tiranla y la anarquía
en Marruecos, y Marruecos ante Europa Todos estos
puntos están tratados con gran conocimiento de causa
y elevado criterio, sobre todo el últim?! en que se es·
tudia en todos sus aspectos nuestra m1S1Ón en el Norte de Africa. Este libro, al que acompaña un mapa
de España, del imperio marroquí y de Melilla y s.u
campo, ha .sido impreso por la casa Henrich y C.•, de
esta ciudad, y se vende á 4 pesetas.

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POR AUTORES Ó EDITORES
LA EsrMlA MODERNA. - E l último número de
esta importante revista publica notables originales de
Barbey d' Aurevilly, Daudet, Banville, Richepln,
Caro, Sainte Beuve, E. de la Barra, Tarde, Taine,
Musset, Castelar y Vi llegas. - Dirección y Adminis·
tracion, Cuesta de Santo Domingo, n(1m. 16, princi·
pal. Madrid.

• •*

•••

ESTUDIOS DE HIGIENE GRNERAL, - Contiene este
libro interesantes trabajos de los célebres médicos
Hirsch, Koch y Wurzburg, de Berlln, y Sto,kvis, de
Amsterdam, compilados y traducidos por F. Murillo
Palacios, miembro efectivo de la Sociedad Quirúrgica
alemana. La importancia de las materias justíflcase
sólo con el titulo, y los nombres citados son la mejor
garantla de la compttencia con que están tratadas. Véndese á 3 pesetas el ejemplar en las principales
librerlas.

Los FUSILES MODERNOS EN AusTRIA·HUNGRÍA,

por D. José Boado y Castro. - Al punto á que han
llegado las cosas con el estado de paz armada en que
Europa se encuentra, es de grandísima utilidad el libro que nos ocupa. Austria ha dado uno de los pa•
sos más importantes en las cuestiones de armamento de repetición, y el estudio del S r. Boado es de lo
más completo é interesante que pueda de~earse, des·
prendiéndose de él provecbc.sas enseñanzas mere~edoras de que sean utilizadas en nuestra patria á fin qe
que m, nos veamos en la precisión de recurm al ex•
tranjero, contando como contamos con elementos que
bien aprovechados bastarían para satisfacer todas las
necesidades nacionales. Los apéndices que lleva la
obra sobre fusiles y carabinas de cuartel, pólvora sin
humo y municionamiento, son importante complemento del libro, que interesa, no sólo al militar y a l
armero, sino que también á las personas aienas á la
milicia. La obra tiene abundantes grabados intercalados en el texto y cinco láminas en colores y se vende
en las principales librerías á 6' 50 pesetas.

•••
L AS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS, po~ Herbert
Spmcer. - Es ésta una de las más importantes obras
del autor de La Justicia, y aunque todo el libro es de
gran trascendencia social, sobresalen en él los capi·
tul os referentes á la idea religiosa, al sacerdocio, á las
jerarquías eclesiásticas, á la· Iglesia y el Estado, á la
influencia moral de los sacerdotes, al pasado y porve·
nir de las instituciones eclesiásticas y al pasado y por·
venir de la religión. Este libro, que está traducido
por el catedrático de la Universidad de Oviedo señor
Posada, se vende en las principales li brerlas al precio
de 6 pesetas.

•
••

•••
MARRUECOS, por Ma1111t/ 0/ivi!. - Pocos libros
habrá de tanta actualidad como éste, que formando
parte de la colección Aspiraciones nacio11ales de Espa·
fla, ha publicado el Sr. Olivié, de algunas de cuyas
obras nos hemos ocupado otras veces con el elogio
que se merecen La falta de espacio nos impide hacer
un juicio de Marruecos y nos obliga á indicar simple·

EL NIRO RAUL FAUSTO CAPABLANCA, notable ajedrecista (de fotografía)

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
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blicado el tomo segundo de las obras del notable filósofo ele la orden de menores en la república del Ecuador Fray Vicente Solano: contiene notables estudios
sobre física é historia natural y sobre política nacional y ex.iranjera , varios escritos literarios (prosa y
poesfa) y algunos artlculos de polémica religiosa, política y literaria. E l libro ha sido impreso l!n el establecimiento tipográfico de La Honniga de Oro, en
esta ciudad.
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ll'á....,aacla, VALLE DE BI.YOLJ.0 lóO, .PA.BJ.t,¡1 11 ••• toau" ,a,..l!'a,·mac lm,
El .TARA.BE DE BRLANTrecomendacto desde su principio por 10s profesores
Laennec, Théna rd, Guersant, ele.; na recibido la consagración del tiempo: en el

aiiu f8:!9olltuvo el privilegio de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababoles, conviene, sobre touo a tas personas detu:aoas, como
mUjeres y nl iios. s u gusto exce1enle no perjudica en modo alguno á su encacla
l_ contra IOS RESFRI IDOS y todas las lllFLlll~CIONES del PECHO y de !OS JIITESTINOS. _...¡

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ai el cau•
rancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
1ino cuando se toma con buenos alimentolf
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cali,
el U. Cada cnal escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
segua sus ocupac1one1. Como el causu
c10 que la purga ocaafoaa queda completamente anulado porel electodela
buena alimea&amp;acioa empleada,uao
as decide tdcilmeate 4 volver
4 pqpesar cuauia, veces
,ea aeceaario.

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,,,

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lledallu •• 1&amp;1 BxpHlolou1 l■ten&amp;aloaalt1 ••

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
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itrtélC10f)

11tí~t1e~
A:&amp;o XII

BARCELONA 4 DE DICIEMBRE DE 1893

NÚM. 623

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

MUERTE DEL BEDUINO, cuadro de C. R. Huber

�•

NúMERO 6~3

LA ltusttuctó!f ARrfs1'tcA

me ha subyugado. Comparé, y entre lo pasajero y 1o 6 el que representa hechos heroicos, ó tiende á mos•
extraordinario, como es la guerra, y lo perenne y lo tramos una fase cualquiera de los grandes problemas
Con el pr6ximo número repartiremos á los señores suscripto· eternamente bello, como es la Naturaleza, no vacilé de la vida moderna?
res de la Biblioteca Universal el primer tomo de TRADICIONES
A este país de los pinos no Ilegán los chasquidos
un instante.
PERUANAS, ilus\rado por D. Nicanor Vázquez.
de la mina que el egoísmo, las ambiciones y las fór«De mis soledades vengo,
mulas positivistas de la sociedad moderna abrieron, á
A mis soledades voy.¡¡
SUMARIO
la par de los negros abismos donde la hulla torna de
¡Oh! No hay duda, no; la vista de esos paisajes su color, el corazón y los deseos redentores del ~ineTexto. - verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. -Al
me
recordó otros; y ya que el recuerdo viene á mí, ro; ni llegan tampoco los lamentos del burg~és que
borde de la tumba, por M. Ossorio y Bernard. - Los sttcesos
como
si quisiera obligarme á no ceder en el empeño rendido por el titánico esfuerzo hecho para asirse del
de Melilla. Crónica de la guerra, ¡)Or M. Martínez Barrionuevo. - Tánger, por X. -Nttestros grabados. - La Pola (con- de mostrar - siquiera sea por medio de la palabra es- único cabello de la fortun:1, rueda exánime, agotada
tinuación), novela original por Eva Canel, con ilustraciones crita - lo cierto de la tendencia nueva del arte, por la vida del espíritu, deshecho el cuerpo, aniquilado
de J. Cabrinely. ..: SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Los baflos del Pe• su belleza perdurable, por ser en la gran madre don- por la atmósfera mortífera que flota en estas grandes
11ón en México. - El Jttdlo errante en la Salpetriere. - Foto· de reside toda inspiración y todo amor, ahora ofrez- capitales, en estos circos, al parecer sin fieras, pero
grafla en colores.
co en estas columnas á la consideración de cuantos de donde todos salen heridos, mortalmente los más.
Al seno de estos vallecillos, guardados por espesos
Grabados. - Muerte del beduino, cuadro de C. R. Huber. - me lean y como contraste de los cuadros guerreros pinares, los que con las agudas lajas del monte les
que
intenté
dibujar
en
otra
ocasión
y
de
las
sensacioTipos árabes, tres dibujos de José Benlliure. -En el Pare
ocultan del resto del mundo, el arte como el artista
Mo11rea11, cuadro &lt;le Ramiro Lorenzale. - Nttevo puente sobre. nes estéticas que aquéllos producen, otro cuadro disdebe venir á buscar vida, color, línea firme y robusel Vístula, en Fordon,y m interior, dos grabados, de fotogra- tinto y otras sensaciones.
ta. Al seno de estos vallecillos no pueden ir la moliAhí
va
el
cuadro.
fia. - Tipo moro, M1isico árabe y Una mezquita en Uazán,
Allá, siguiendo la carretera de la costa, los pinares cie, la moda, el agiotismo, la cortesana, el político, el
dibujos de G. Montbard. -Jlfártires cristianos en el circo,
cuadro de G. Mantegazza. - .Desterrados á Siberia, cuadro coronan las montañas, bordan las laderas, sombrean novelista de la neurosis, el pintor de las llagas de las
de W. Schereschewski. - Mecquita de Tánger,. - Bailarina los torrentes; y los pinos, desplegados en batalla co- lacras sociales, el pintor de la materia, de esa mate·
berberisca en ttn campamento de askaris. - Baterla de la citi· mo soldados gigantes de colosal ejército, parecen re- ria envuelta en sedas y con adobos de menjurjes olodadela de Tánger. - El capitán D. Frands,:o A1'tza, jefe de gistrar sombríos toda la extensión del turbulento mar. rosos y podredumbres de orgía. La moda, porque desla sección de penados guerrilleros m Melilla. - Estableci- El ruido rle las pisadas del campesino se pierde en- garrarían sus trajes el punzante tojo y la áspera peña;
miento de aguas minerales del Peñón, en México (de fotogra- tre el bramar del Oeéano y el zumbido melancólico la molicie, porque no podría caminar al borde del
fía). - Figs. I y 2. Teófilo M. y Moser B ... , llamado Moisés,
de las ojivales copas de los árboles de oro. La hoja precipicio y pisando el quebrado sendero; el agiotista,
israelitas, neurópatas viajeros. - La eswadra inglesa del Jlfe·
seca
de éstos tapiza el suelo, despidiendo aromático porque se creería muerto para el fraude; el político,
diterráneo.
resinoso olor; el tojo con sus flores amarillas y sus porque de maestro de conmover las masas én el copunzantes y espinosas ramas crece á la protectora mité y en el Congreso, se encontraría pequeño ante
VERDADES Y MENTIRAS
sombra de aquellos árboles; las peñas se miran cu- la oratoria sin palabras de la Naturaleza, oratoria que
biertas por el aterciopelado liquen y por entre las res- así conmueve las entrañas del sabio como las del niPor ley natural, el hombre, aun aquel que con ma- quebrajaduras de las peñas asoman sus corolas los ño; el novelista de la neurosis, porque el mar le escupiría al rostro la vida que él no siente en sus veyor aplomo juzgue y estudie las cosas todas que ten- diminutos y poéticos Forget me not.
gan excepcional interés; aun aquel que más fríamenLa brisa marina, moviendo blandamente las copas nas ni presiente en la de sus modelos, y el pino le hate pueda apreciar y discutir de hechos que tengan el de los pinos, les hace remedar largo y monótono can- blaría en lenguaje para él desconocido; el pintor,
privilegio de exaltar el ánimo, no tan sólo del indi- to onomatopeyo; y al fondo de la barranquera por don- porque no adivinaría la profunda verdad de tanta y
viduo, sino el de la colectividad; aun aquel, en fin, de se desliza humilde y silencioso el riachuelo, llega severa ~moción estética como encierran el turbulento
cuyo temperamento se someta á los fríos mandatos grave y melancólico aquel murmurio solemne, casi mar, el río montañés que escapa receloso como 111011tade la razón, y anulando los impulsos del sentimiento, humano, interrumpido de cuando en cuando por el 1iés legUi1110 por 110 ver gente, el estrecho valle, el empiense, sienta y obre con arreglo á la lógica del de- encontronazo de las olas con los escollos que del pinado monte.
Toda esta filosofía, todo este valor estético, toda
terminismo más inflexible, aun ese mismo hombre no monte avanzan á su encuentro; encontronazo que repuede sustraerse al cabo y en determinados instan- tumba en todo el valle que allá abajo, muy abajo, esta belleza plástica existen en el cuadro del género
bucólico. En la reproducción pictórica de uno de esos
tes á la sugestión de ciertas ideas, como contras- verdea.
te de otras, cuyos caracteres se definen ó dibujan
Nada más abrupto, nada más rudo y grandioso grandes episodios de la guerra, el artista traslada al
por sentimiento é inconscientemente en nuestro co- que este paisaje que intento describir. Decidme si tal lienzo un movimiento exaltadísimo - hasta rebasar en
paisaje no tiene la belleza subyugadora que puede ocasiones las lindes marcadas por la naturaleza á la
razón.
Y digo esto recordando cómo en mis anteriores ejercer sobre nuestro espíritu influencia moral capaz razón - de un sentimiento grande, pero definido, conartículos, sugestionado por los acontecimientos de ex- de llevarnos al más alto grado de sensibilidad para creto; en la reproducción del cuadro arriba descrito,
cepcional importancia que se están desarrollando en la especulacióJl ética. Y ,sin embargo, á estas líneas el pintor debe fijar en el lienzo con parecido grande
las líneas no advertidas en el paisaje, en el mar, en
Marruecos, y que llevan cam_ino de conducirnos á hay que unir el color, cuyo encanto es indefinible.
Allí está el pinar, el pinar azul cuando el sol des- la figura campesina, más que por el artista mismo;
extremos temidos hace tiempo por las naciones todas
de Europa, me he ocupado en definir á la ligera el aparece tras de la inquieta línea del Océano y de los líneas que son al cuadro bucólico lo que al militar
valor filosófico y estético de un género pictórico, hoy valles se eleva la bruma, finísima, refrescante, que el movimiento pasional, el espíritu dramático; lo que
cultivado con gran cariño en los mismos pueblos acompaña al crepúsculo vespertino; el pinar negro, al histórico la compenetración psicológica de los perdonde se ha iniciado la evolución mística del arte; y cuando desde el cenit los rayos solares le hieren per- sonajes y del ambiente; lo que al de género el anácomo en este instante, por ministerio de esa ley natu- pendicularmente y por los claros de los troncos de lisis íntimo y delicado del motivo social que lo insral del contraste y obedeciendo también al cabo á la los pinos se mira el luminoso color cobalto del mar, pire.
influencia de lo que es inmamente en mi carácter, sirviendo de fondo al bosque gótico y sombrío siemPara mí tengo por cosa-cierta que esa interpretaesto es, oponer hechos á hechos, casos á casos, efec- pre; el pinar gris, cuando la niebla, á la carrera, sal- ción del sentimiento místico que produce en el artistos á ·efectos, y sobre todo el deseo de no encerrar vando con silencioso vuelo picachos y altas crestas ta la contemplación de la Naturaleza, es cosa de por
estos artículos dentro de límites de un solo punto de abate al cabo el fantástico volar para envolver en sus sí tan abstacta, tan difícil de concretar con el pincel,
vista, me obliga á, enfrente de una idea sustentada, impalpables gasas húmedas las aldeíllas del valle, le cuanto más dulce y serena y profundamente moral es.
oponer otra diametralmente opuesta; pues entiendo oculta ofreciéndolo á nuestra vista como inmaterial De ese encanto que se ve y se adivina á un tiempo en
que solamente del estudio de las distintas manifesta- y fantástico coro de monjes encapuchados; el pinar el espectáculo de la Naturaleza, brota viril, pero temciones del sentimiento por medio del arte puede al- á trozos de plata, á trechos negruzco, cuando la luna plada, la emoción estética, invadiendo el ánimo como
de enero le baña con los rayos de su luz fría y blan- las brumas el valle; así como mirando la función de
canzarse á columbrar la verdad.
·
Después de todo, las tensiones psico-físicas á que ca, cual la del globo esmerilado que encierra la lumi- guerra, esa emoción se produce en grado superlativo,
nos obligan estos grandes extraordinarios casos que naria que alumbrará el final del siglo x1x; el pinar pero obligando al espíritu y á los sentidos á una tenforman época en la historia de los pueblos, no pue- verde, cuando la tramontana invernal obscurece ó si~n terrible. Y sin embargo, por tan distintos caden resistirse á una misma intensidad mucho tiempo. quema la hoja del álamo y arranca la del manzano y mmos y con tan diferentes motivos viene el arte á
Ni la vida de un pueblo y desarrollo de esta vida del chopo y la hierba del prado se torna del color cumplir una misma misión y á producir un mismo
efecto.
pueden suspenderse por motivo alguno, aun cuando de la tierra.
¿Fáltale á este paisaje algo que le saque de su eseste motivo sea, como al "presente en España, una
Hablo de la misión del arte, y cualquiera creerá
guerra. Que por virtud también de las energías que tática y le muestre á los ojos del artista, más que co- q~e me refiero á algo utilitario, aun cuando esta utilidespierta tal contingencia, las ideas, aun aquellas que mo sujeto, como escenario donde se exhiban el amor, dad sea, como entienden ciertas escuelas filosóficas
parecen más distanciadas de lo apuntado, adquieren la familia, los estremecimientos de la pasión?.. Colo- puramente pedagógica. No, ciertamente. Ya he dich~
más vigor, más persistencia, por la fuerza de su vir- cadle el tipo que le corresponde. Allá va la mocita, alguna vez y en este lugar mismo que el arte no puetualidad. Y especialmente las ideas que en busca de con su pañuelo de brillantes colores anudado sobre de, no debe ser e.og~atizante ni pedagogo; sería limilo eterno, de lo inmutable, como son la belleza y la la cabeza y envolviendo las largas trenzas, el brazo tar la esfera del sentimiento, de la inspiración, de la
verdad, se agitan y manifiestan al sentimiento por desnudo, el rastrillo de madera al hombro y la soga v~rdad, de lo.~ello. !-,o que hay es que el arte, ejermedio del arte, esas prosiguen en su desenvolvimien- de juncos en la mano, ceñido el talle por justillo prie- c1e~do como e1erce mfluencia innegable sobre el esto y alcanzan su plenitud, quizás más rápidamente, to y sobre él corto pañuelo de talle estampado, los píritu, sobre nuestra sensibilidad nerviosa, sobre nuescuando por una causa extraordinaria la actividad de pies desnudos y canturriando la canción de sus abue- tro _temperamento en cuanta parte éste tiene de psicolos. Allá está en lo más áspero del pinar el mozo ro- lóg1~0, y como el objeto de aquella entidad es el de
un pueblo se acrecienta.
He aquí la razón que invoco para hablar hoy, des- busto, inmediato á él la carreta á que están uncidos realizar lo be~lo, y lo b~llo está en la verdad, y la verpués de mis anteriores artículos, de la e~olución mís- los ~ansas ~ueyes, hoz en mano talando el tojo, re- dad por sí ~1sma es siempre noble y única, y la más
tica del arte, cada día más acentuada, como he dicho cogiendo lena seca, cargando el carro y desaparecien- alta expres1ó~ de lo que no es sino lo que es, claraal comenzar este escrito, en las naciones donde el es- do al cabo en el hondo camino del monte. Allá está... mente se_ advierte cómo su influjo en el hombre ha
Qué quieren mis lectores; yo encuentro en este de revestir un carácter eminentemente relativo por lo
píritu guerrero predomina. Me pareció oportuno volver á discurrir respecto de la nueva escuela estética, paisaje, hondamente místico, realismo hasta no po- que atañe al sentimiento.
porque he visto hace unos días varios cuadros ingle- der más, motivo grande para, si de filosofar se trataY es indudable que, aun en el temperamento más
ses, donde esa escuela, mejor dicho, ese sentimiento se, decir algo que contrastase con la filosofía de los rebelde para e_l &amp;ustar de las emoci_gnes templadas y
contemplativo que hoyinvoca el artista moderno al otros géneros pictóricos. Pues qué, ¿no tiene tanta puram~nte su1_etivas del arte, éste ejerce influencia
estudiar la Naturaleza, se advierte con tal fuerza que importancia y valor moral como el cuadro histórico moral maprec1able, y le lleva á sentir la misma emo-

NúMERO

6~3

LA

•
do excepcionalmente extraño en aquella desgracia;
el casi completo abandono en que mi pobre amigo
había fallecido, contando con familia numerosa; el
abultado sobre que poco antes de fallecer me había
confiado, con el expreso encargo de que no lo abriera hasta después de su entierro; la recomendación de
que su cadáver permaneciera tres días en el depósito
y sin recibir sepultura, y la suplica de que yo le visitara en cada uno de los tres dfas.
¡Pobre Pablo! Siempre había sido maniático y extravagante; pero como ·esto no era un obstáculo para
dejar de cumplir sus últimas voluntades, durante tres
días le había visitado en el depósito de cadáveres, y
una vez transcurrido el plazo habíase dado cristiana
tierra á su cuerpo, con asistencia únicamente del capellán del cementerio y de mí. Allá quedaba en la
zona de la izquierda del triste recinto, que lentamente va recibiendo á cuantos han representado algún
papel más ó menos importante en la comedia de la
vida humana.
Una vez en casa abrí el sobre, y en cinco pliegos
de papel de cartas pude leer la siguiente narración
que, cambiando nombres, me parece prudente dar á
la estampa.
Tiene la palabra mi amigo.

ADVERTENCIA

'

779

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

I

Tiro ÁRABE, dibujo de José Benlliu;e

ción y los mismos movimientos psíquicos que siente
y gusta el temperamento opuesto, el de quien percibe
los más pequeños y delicados motivos estéticos. Por
eso el cuadro donde se representa el drama con todo
sus incidentes y caracteres y el que representa un motivo como el que ofrecer pueda el bosque en el melancólico otoño ó la costa en el rudo invernal, concurren á un mismo fin y ejercen una misma influencia,
bien sobre un temperamento, bien sobre otro.
Por eso he mirado con asombro á cuanto, así por
lo que se refiere á la forma, al modo plástico, como
por lo que afecta al motivo, al concepto inspirador,
han pretendido defender una escuela y no admitir como bueno aquello que no haya sancionado la rutina.

Precisamente si el arle ha de ser, como es, grande,
infinito, á la absoluta libertad lo ha de deber. Lo bello y lo verdadero nó distingue el vicio de la virtud,
ni lo ortodoxo de lo heterodoxo. Un pintor moralista
tiene del arte una idea tan mezquina como de la eternidad el humano.

R.

BALSA DE LA VEGA

AL BORDE DE LA TUMBA
Tristemente impresionado regresaba á Madrid desde el cementerio municipal del Este, dejando en él,
durmiendo su sueño postrero, á mi amigo de la infancia el ilustre abogado Pablo Díez. Todo había si-

EN

EL

(PARC MONCEAU,~ cuadro de Ramiro Lorenzale

En el mes de mayo último, hallándome á primera
hora de la tarde paseando en el Retiro, caí á tierra
con un síncope, que hizo suponer á muchos de los
transeuntes, según supe más tarde, que había perdido la vida en él. Me es imposible en estos momentos
pre~isar detalles del suceso: sólo recuerdo que perdí
la vista, que me zumbaron fuertemente los oídos y
que sentí un hormigueo extraordinario en el brazo
izquierdo y pierna del mismo lado. Todo esto debió
de ser cuestión de segundos, pues inmediatamente
perdí toda noción de la vida.
·
¿Cuánto duró este fenómeno morboso?
Lo ignoro ... Ni siquiera he querido preguntarlo.
. Cuando pude darme cuenta de que aún vivía, lo
hice con verdadero espanto. Me hallaba vestido y sobre mi lecho; pero imposibilitado de todo movimiento. Mis ojos veían, pero debían estar inmóviles· los
sonidos fueron llegando á mi oído, primero muy vagos, después más acentuados y precisos. Quise gritar
y no obedeció mi lengua; quise tirar del llamador de
la campanilla y mi brazo permaneció inerte y falto de
toda acción. Intenté incorporarme; quise llamar á mi
mujer y á mis hijas, y comprendí que era imposible.
¿Sería aquello la muerte? ¿Sería !!na agonía de que
no me daba cuenta?
... Lo único positivo era que mi cuerpo estaba co·
mo clavado al lecho, que yo no sufría dolores, y que
lenta y gradualmente parecía volver á la existencia,
aunque sin habla y sin movimiento, como ya he dicho.
Un reposado rumor de voces llamó muy luego mi

�780

•

•

LA

atención: los que lo producían hallábanse en mi ga·
binete, que comunicaba con mi alcoba; pero sólo uno
de ellos me era conocido: el doctor Esquivias, mi
médico, que ocupaba el sillón de junto á mi mesa;
otros dos individuos ocupaban butacas.
- Es natural, decía el doctor: las pobres familias
en estos casos se aferran á la más remota esperanza,
y de aquí el haberles hecho venir, cuando todos estamos de más.
- Menos un forense, objetó sentenciosamente otro
de los interlocutores.
- Y el resultado estaba previsto, siguió diciendo
el doctor Esquivias; la lesión pulmonar complicada
con los fenómenos cardíacos; una notoria insuficiencia mitral. .. El pobre D. Pablo ha arrastrado una vida ficticia, y lo verdaderamente milagroso es que no
haya muerto antes.
- Gracias al celo y á los conocimientos de usted,
dijo el otro individuo que hasta entonces había permanecido callado.
- Al celo, concedo; pero en cuanto á los conocimientos, la presencia de un especialista como usted
se imponía en esta casa, y cien veces había recomendado que llamaran á usted.
- Y ¿deja bienes de fortuna?, preguntó el otro.
- Ignoro ese punto, respondió mi médico, aunque
supongo que sí, porque sil bufete de abogado era
reputadísimo. Siempre me abonó religiosamente mi
asistencia, y ahora su viuda hará lo propio con la cuentecita que la presentaré, incluyendo la consulta de
ustedes, si les parece.
- Es natural: la pobre señora no estará ahora para
nada.
- Despídanos_usted de ella, amigo Esquivias, pues
tengo que marchar.
¿Pesa mucho el trabajo?
- No tanto corno sería de desear. Voy á ver cómo
sigue de su jaqueca la generala Egea.
- Pues yo, dijo el otro, me voy á casa de la baronesa del Campo.
- ¿Está enferma?
-Como ella quisiéramos estar ... Voy á convencer al barón de que es de todo punto necesario para
la enfermedad que supone padecer su esposa, que la
lleve, ó mejor aún, que la deje ir este verano á Cauterets. Aquellas aguas producen también un efecto
mágico á un amigo de los barones.
- Este es el mundo ...
El doctor Esquivias tocó un timbre y se presentó
mi criado, mi fiel Bautista, con abrigos y sombreros.
Después las voces fueron alejándose...
¡No me habían dirigido aquellos hombres una sola
mirada!

II
En cambio y apenas salieron de mi despacho los
doctores, entraron un momento varios amigos de la
casa, clientes, vecinos y algunas mujeres, entre ellas
mi mujer y mis dos hijas.
- Yo continuaba viéndolo y escuchándolo todo;
pero inmóvil, mudo, yerto.
- Le ha matado el exceso de trabajo, decía mi esposa, y su empeño por lucirá las chicas, con el carruaje á diario, el turno en el Real, los trajes de París y los viajes de verano.
¡Mi mujer acusándome... , suponiéndome autor de
sus despilfarros y del de mis hijas!.. Hasta puntualizaba su acusación, diciendo lo del abono al teatro Real,
que yo había combatido siempre, teniendo al cabo
que transigir en aras de la paz doméstica.
- ¡Y ya se acabó todo!, añadió la mayor de mis
hijas.
- Ya sólo podemos pensar en los lutos, agregó la
pequeña.
·
- Con lo cual estará usted preciosa, le dijo en un
aparte un gomoso, que aunque había frecuentado
mucho la-calle, ignoraba yo que subiera á mi casa.
- Y en el entierro, dijo mi mujer. Aunque nos
quedemos sin un real, quiero que el pobre lleve la
gran carroza de la funeraria y media plana en La Co-

rrespondencz"a.
- Hay que buscar la lista de las señas, interrumpió mi hija mayor.
- La tendrán los pasantes en su despacho.
- Pues hay que dar con ella, dijo una señora mayor, á la que siempre había consagrado involuntaria
antipatía. Ya que la desgracia es irremediable, hay
que cumplir con todas las relaciones y: pensar en el
mundo, puesto que en él habéis de vivir.
Y mis dos hijas, ligeras corno si se tratara de acu·
dir á una fiesta, se alejaron casi corriendo y seguidas
del mozalbete que utilizaba para sus requiebros amatorios aquellos tristes instantes. Algunos los siguieron
y otros se quedaron hablando en voz baja.
- ¡Ea!, dijo entonces la señora mayor: no se apure

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

usted, que un esposo como D. Pablo lo mismo da
tenerle en el cementerio que en casa. Si usted quiere
haré que los periódicos de mañana publiquen un
gran elogio del difunto, que esto contribuirá á que
asista más gente al entierro, y de paso avisaré á la
funeraria... Están ustedes con mucha calma. Cuando
murió mi difunto, lo tenía yo todo tan preparado
que creo que no había exhalado aún el último suspiro y ya estaba como un príncipe metidito en su caja
y en la cama imperial...
Cada vez que recuerdo aquellas conversaciones,
me produce tan terrible efecto que ignoro cómo pude sobrevivir á ellas. Pero así estaba escrito; y yo seguía inmóvil, cadavérico, viéndolo todo con espanta·
dos ojos, oyéndolo todo y sin poder hablar ni dar señales de mí.

623

- ¡Luz!.. ¡Luz!.. ¡El señor ha resucitado! •
· ¿&lt;;:o~pre~de~ ahor~, a.migo mío, por qué he querido que seas cumplidor de mi última voluntad?
¿Comprendes los tormentos que habrán acibarado
mi vida desde el suceso referido, mi alejamiento casi
completo del mundo, mi repulsión á la familia, la
despedida de casa de mi pasante Martfnez y d~ ~
criado Bautista, mi quiebra con el doctor Esqu1VLas
y mi deseo de que mi cuerpo estuviera tres días sin
enterrar?
¡Ah! Qué bien lo dijo un famoso autor cómico:
cPara aprender á vivir

no hay cosa como morir ...
y resucitar después.&gt;

M.

OSSORIO Y BERNARD

III
El tiempo corría entretanto: el péndulo del reloj
me lo advertía incesantemente, y en mi despacho
hablaban en voz baja.
Pero no eran la señora mayor, ni mis hijas, ni los
vecinos, ni el pollo almibarado: eran mi mujer y mi
primer pasante Martínez, á quien yo había sacado de
la nada, asociándole á mi bufete, y en quien siempre
depositara omnímoda confianza. Hablaban en voz
baja; pero mi oído, más fino que nunca, percibía todas sus palabras. Estaban distantes, pero mi vista se-.
guía todos sus movimientos. El, sentado junto á mi
mesa de despacho, iba abriendo uno tras otro todos
sus cajones, y examinando ligeramente sobres, apuntaciones y legajos: ella, de pie é inclinada sobre el
respaldo, le hacía insinuaciones y advertencias.
- Es inútil, decía mi esposa; creo que lo del testamento no pasó de proyecto. ¡Era tan descuidado!..
- En último resultado, observaba él, todo se reduce á un sencillísimo ab intestato, gracias á las niñas; pero prosigamos buscando...
- No, no te molestes.
&lt;&lt;¡No te molestes!..» Creí haber entendido mal; no
era posible que mi mujer emplease una fórmula de
confianza á que yo no me había atrevido nunca.
- Bueno; ya buscaremos más despacio, porque no
sólo es el testamento lo necesario. Hay que reunir
todos los resguardos y garantías de su fortuna; hay
qué hacer un inventario de sus créditos y de sus débitos, para asegurar tu porvenir y el de tus hijas. Pero no te apresures, que para eso estoy yo aquí y para
algo fuí depositario siempre de la mayor confianza de
Pablo.
Así..., Pablo á secas.
Mi esposa, sin duda por el buen parecer, se llevó
el pañuelo á los ojos.
- Tienes que armarte de fortaleza, le decía Martínez, pues estos trances siempre son muy amargos.
Pero yo velaré por vosotras, salvaré vuestra fortuna
y seguiré en el bufete para el despacho de todos los
asuntos pendientes.
- Sí..., sí... ¡Pero me quedo sin marido!
Entonces pasó una cosa horrible y que recuerdo
con espanto. Martínez, agarrando á mi esposa por la
cintura, la impulsó suavemente hacia sí, fijó sus ojos
en los de aquella mujer y dijo en voz baja... , muy
baja:
- ¿Sin marido?.. Eso será porque lo quieras así.
Una nube, no sé si de sangre ó de llanto, nubló mi
vista, y volví á quedar sumido en la obscuridad.
IV
Cuando de nuevo distinguí los objetos, no estaban
allí mi mujer ni mi primer pasante.
En cambio entraba y salía en el gabinete mi fiel
criado Bautista. Una vez, después de observar por
junto á la puerta de entrada, se arrimó á mí, llevando un. traje negro que depositó á mi lado, registró
los bolsillos de mi chaleco é hizo pasará los del suyo
varias monedas de oro y plata, que llevaba yo encima; me sacó del bolsillo interior de la levita la cartera y extrajo de ella varios billetes de Banco que guardó arrugados en el bolsillo del pantalón; y en tanto
que penetraban en mi despacho varios hombres conduciendo una caja de cinc, dosel, túmulo y cirios,
Bautista colocó un quinqué sobre mi mesa de noche
y empezó á darme rudas sacudidas para aligerarme
de las ropas que llevaba, murmurando entre dientes:
- Preparemos el pelele.
Ignoro si fué el terror, la soberbia ó los movimientos que sufría mi cuerpo lo que produjo la reacción:
el caso es que mi lengua pudo articular angustiosa•
mente: «¡No! ¡No!,» en tanto que una de mis manos
derribaba el quinqué puesto á su alcance y la otra
se aferraba á los cabellos del criado, mientras éste y
los dependientes de la funeraria, poseídos también
de espanto, gritaban:

LOS SUCESOS . DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

IV
Más importante que todo en esta cuestión, más
triste, más profundo, porque se nos ha metido en las
entrañas y en los huesos como dolor gangrenoso, es
la nota de haber sido llamadas las reservas inútilmente
y sin previsión de ninguna clase, para que al llegar esos
hombres á su destino contaran al punto con los elementos de vida necesarios. Con la inquietud, con la prevención que hay en España contra todo lo que los
ministros puedan hacer y que de los ministros venga, un motivo que en otras ocasiones y con otro gobierno pasaría como inadvertencia remediable, ahora
es fundamento para que el clamor se escuche en toda España corno un alarido indignado de protesta ...
¡Qué frío hacía! El aire azotaba los rostros; desde el
interior templado del gabinete, ¡qué bien contemplábanse al través del cristal las caras ateridas de los transeuntes! Las hojas de los árboles, como lluvia de partículas de oro oxidado, caían con lentitud extendiéndose porlas ramblas en alfombra amarilla; el cielo cubrió sus hermosuras con siniestra máscara de piorno,
y por esa alfombra y bajo ese cielo y con aquel aire
helado que encogía los músculos hicieron su entrada
en Barcelona los hombres de las reservas, á cuerpo,
con blusilla los más, encorvados por el frío, metida
la cabeza en los hombros, las manos en el pecho, en
los bolsillos, ó cruzándose de brazos para darles calor entre éstos y el pecho. Así los vi pasar á sus cuarteles, adusta la cara, los ojos fijos y el pensamiento
distante. ¡Ni esos rostros plácidos, ni esas risas bulliciosas, ni esa despreocupación y atolondramiento fe.
liz del soldado español!· Nada. Unicamente faltábales
la cuerda para que aquellos hombres hubiesen parecido presidiarios.
¡La partida, más dolorosa y más cruel que el arribo! ¡Oh contraste! Brisa templada besa los rostros;
desapareció la alfombra de tonos amarillos; el cielo
no tiene la máscara siniestra; lo único pavoroso que
se nota en aquel cuadro de hermosuras, que el sol
ilumina fríamente, es la despedida hecha á aquellos
hombres por la multitud que lo invade todo; porque
no es la despedida que se hizo á los soldados del
Menorquín, el Turia y el M,evo Mahonés: eran libres
allf todos los hombres, y dispuestos á pelear por su
patria; hombres de patriotismo son también ahora,
pero dejan casi todos al partir un hogar deshecho, una
mujer que gime, hijos que tendrán hambre ... No, no
es el viva patriótico lo que llena ahorá_los aires y los
corazones; es el grito lastimero de la mujer desesperada y el llanto del niño - florecilla triste, á quien se
arranca del tronco robusto que, quizás, en adelante
no le nutra ya con su savia ni su hálito caliente.
En aquella despedida todo aplaudió; en esta todo
llora.
Para los ilusos, para los optimistas, la desilusión
no puede ser más triste; en vano queremos poner la
gasa dorada de nuestra imaginación delante del hondo abismo que abre á nuestros pies su gigantesca
boca; en vano queremos poner más oro en ese tul
con esperanzas inverosímiles; mas ó menos dorado,
el tul siempre se transparenta y la boca del abismo
está allí; que lo diga, si no, el gobierno actual y la gestión de ese gobierno, no en el asunto de Melilla precisamente, sino en cualquiera de los detalles, por ínfimo que sea, de ese mismo asunto, desde el primer
tiro disparado por las tropas españolas, hasta el momento solemne de la conferencia de Macías y Muley
Araaf. Todavía se ha tenido bastante ilusión para dar
importancia á esa confrrencia y esperar ansiosos su
resultado, debiéndose comprender de nuevo que na•
da útil, nada positivo, nada verosímilmente hacedero
se podría alcanzar de esa entrevista. .Al aludir al mi-

INTllRIOR DEL NUEVO PQENTll SOBRE EL VÍSTULA, EN FORDON,

Dibujo de Passos, tomado de una fotografía

•

NUEVO PUENTE SOBRE EL VÍSTULA, EN FORDON

(de una fotografia de

o. Ewald, de Bromberg)

�•

'

nisterio actual, no es precisamente porque á él deba
achacársele el pecado; con otro ministerio cualquiera
ocurriría lo mismo: fusionistas, conservadores, republicanos, todos, hay que decirlo de u\la vez: no son
los ministerios, no son las instituciones, es la nación
II1isma. ¿Acaso los ministerios no salen de España?
¿No somos tan españoles como los ministros? No es
España nación para nada útil ni práctico; una enfermedad nos pierde, la apatía; es la gangrena que come nuestro corazón, estamos en la agonía; teníamos fuerzas, gran robustez; por eso, la agonía es larga' y dura siglos; pero la gangrena
nos matará, todo lo acusa; la historia de Melilla
desde que es plaza española, ¿qué es sino una
formidable y aterradora
muestra de nuestro carácter viciado, de nuestro encogimiento paulatino, de nuestra decadencia, de nuestra se·
quedad, sustentada sola- .
mente con rancios orgullos que nos impiden ver
con sus ofu~acion~
nuestra silueta raquítica,
recortándose con sus
protuberancias defor- ,
mes en la luz esplendorosa de la verdad?
Observadlo y hallaréis
que por apatías pasadas
fué preciso comenzar
esa guerra vergonzosa,
donde sólo se habló de
castigos enérgicos para
los del Rif, siendo nosotros hasta ahora los
castigados únicamente;
por apatía fueron asesinados, mutilados, profanados nuestros hombres; :..
por apatía murió el 28
de octubre aquel general de quien parece que
todo el mundo se olvidó; por apatía se derramó tanta sangre hasta
hoy en los campos del
Rif, y por apatía no sabe el gobierno lo que
hacer, ni sabe cerebro
humano por mucha
magnitud que tenga, no
ya predecir, hoy 25 de
noviembre, en que este
párrafo se escribe, lo
que resultará de ese engendro repugnante que
se llama asunto del Rif,
sino de llevarlo á camino fácil para la resolución que menos nos
avergüence. No hay
hombres; las energías se gastaron; aquellas grandes
aptitudes de nuestros políticos y nuestros guerreros
de ayer, últimas muestras de nuestra savia perdida,
no existen ... ¡Altivos troncos que derribó el hachazo
de la, muerte, sin dejar un solo brote que hoy pueda
darnos su aroma y fortalecernos coq el apoyo de su
brazo robusto! Los grandes héroes de la guerra del 60:
los Prim, los O'Donnell, los Olanos; aquella pléyade
de guerreros invictos han sido hasta ahora, en_la guerra
de hoy, un capitán de guerrilleros y unos pobres presidiarios. Honor al capitán Ariza y á los suyos; pero España no necesita allí cazadores de fieras, necesita generales sabios y de corazón que lleven á nuestros hom
bres á la victoria, fortificando así sus espíritus abatidos con la inercia en que viven y la humillación de
un agravio que necesitan lavar.
Pero voy á lo trivial, á lo artificioso, á lo de siempre, á la gangrena. Verificase la entrevista del gobernador de la plaza y Muley Araaf; al fin los ministros
tienen datos muy interesantes sobre ella; son las doce
en punto de la mañana; es la hora de la entrevista;
rerifícase en el campamento de instrucción; se presenta el príncipe; le precede el bajá del campo y le
escolta un cuerpo de infantería y caballería; el gobernador de la plaza se adelanta y saluda á Araaf; el regimiento de Santiago forma en línea y hace los honores; las brigadas forman también, pero cada una en

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el mismo terreno en que acampa, para evitar confusión. ¡Qué lindo cuadro! ¡Cuán vistoso! Los cascos
brillan, los banderines flotan ... Pero lo más bello será
oir al príncipe: el príncipe habla; habla para entonar
la cantilena de siempre: que el sultán es un amigo
del alma de los españoles; que el sultán va á morirse
de pena si los españoles no queremos ser sus amigos;
que el derecho de España es justo; que nadie debe prchibir que edifiquemos cuanto nos parezca en territo-

'
:~~--

·-- ______
&gt;

~

-

.,.,._...

,......-::_:----.. -:::.~ , __

TIPO ÁRABE,

-

dibujo de José Benlliure

rio español; que se dará á las kabilas tremendo castigo; pero... pero que pide un plazo para que pueda el
sultán llegar á Fez á fin de alejar las kabilas del interior: insiste mucho;· Macías, en nombre del gobierno, niega; no hay plazo que valga; ni un minuto
de detención se dará á los trabajos, ni al envío de
tropas á Melilla, si nos conviene. Araaf insiste aún y
pide más todavía; pide que los rifeños puedan entrar
en la plaza; que reanuden sus negociaciones comerciales; que comience de este modo la dulcificación
de asperezas; Macías niégase también, aprieta el príncipe en sus peticiones, ofrece rehenes, ofrece cortar
mil cabezas como corte de cuentas, y Macías continúa en su enérgica actitud, de que impone al gobierno; el gobierno dice á Macías inmediatamente
que aprueba su conducta, y en nombre del gobierno
también hace saber Macías al príncipe que España
mantiene la reclamación, exigiendo el estricto y rápido cumplimiento del artículo 7. 0 del tratado de
Vad-Ras; España, en fin, dice al príncipe, que declina
sobre el imperio de Marruecos toda clase de responsabilidades, y que no es ya con las hordas del Rif
con quien ha de entenderse, sino con Marruecos
mismo. Resumen : que Araaf se aleja de nuestro
campo, encogiéndose de hombros ó poco menos, como dando á entender que hizo todo lo que pudo, y
que no puede él con las kabilas, ni cree que pueda
el sultán tampoco.
.._

NúMERO

623

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

623

Presintiéndose por la opinión el resultado de la fa·
mosa conferencia, á nadie extraña; pero se quería la
confirmación oficial para ver entonces la actitud del
gobierno, la efervescencia y expectación empiezan otra
vez, alienta un poco la esperanza de que s~pamos ser
dignos ante esa nube del asunto del R1f que ~os
amaga para inutilizamos por siempre en el sentido
moral, ó para que nos permita levantar la cabeza sin
rubor, probando que somos españoles aún; el corazón
alienta de nuevo, el espíritu flota otra vez en claros
mundos de gloria ... ; pero, ¿á qué negarlo?, flota con
un miedo horrible de caerá lo mejor y despeñarse,
embadurnando con la inmundicia del fondo sus alas
blancas.
Esa actitud del gobierno, esas manifestaciones
enérgicas al sultán, ¿son reales? ¿Son de buena fe?
¿No es una campanada patriótica que da el gobi_erno
con intención de vivir aún, mientras nuestros sentidos,
ganosos de fantasías, se adormecen á su arrullo otra
vez, y se anegan embelesados en sus halagadoras vibraciones? No, no es posible; seamos pesimistas, pero
no por sistema; seámoslo por prevención y para que
el golpe, de donde viniere, nos coja avisados. Vale
más creer, que Jo que ya dije de nuestro raquitismo
y nuestra miseria; convicción dolorosa que está en el
alma de todos, aunque todos por debilidad queramos
desprendernos de ellos en vez de buscar ávidamente la medicina que no, cure; que esa convicción
- digo - por Jo mismo de ser tan triste, tan fría, tan
cruel, lleve al gobierno á una reacción restauradora y
saludable ... Corto de raíz porque conviene más no pensar en eso, y continúo anotando los puntos más salientes que arroja
la crónica de estos días.
En toda España se comenta la contestación del gobierno á Muley Araaf; en
ese mismo consejo en que se acuerda la
contestación, despuntan como de costumbre las dos notas más opuestas que en el
gabinete hay: López Domínguez pide acción inmediata, radical, furiosa ; afirma
que en Melilla esperan
órdenes 16.000 soldados y que están 8.000
dispuestos en Andalucía
para marchar al punto.
Moret todo lo opuesto:
pide mucha quietud, pide mucha calma: ¿esperará Moret el resultado
~ de otras habilísimas negociaciones, que pudiera haber entablado ya?
¡Qué inquietud, qué pavura nos acomete á tal
pensamiento!
Entretanto la crisis
ministerial parece innegable; toda la prensa
clama; los momentos
son críticos; los cabildeos, las conferencias,
las interviews, la comidilla, en fin, la eterna
comidilla de siempre va
adquiriendo un olor especialísimo de manjar
suculento. Se habla de la dimisión de Moret, de la
del ministro de la Guerra; éste jura y perjura que á
Melilla ó á su casa. Háblase también de un gobier·
no nacional; ... pero cuando más segura se cree la
marcha de López Domfnguez al campo de operaciones; cuando está en el ánimo de todos que López
Domínguez conservará, sin embargo, la cartera, encar~ándose interinamente del despacho el general
Senñá, se sabe de pronto que Moret no dimite, que á
López Domínguez se le ha convencido y que se nombra á Martínez Campos general en jefe del ejército
de operaciones en Africa. La Gaceta publica el nombramiento, y se oye un clamor universal de aplauso;
ya hay un hombre independiente y enérgico acaudillando las tropas españolas, y á este hombre por mil
circunstancias, conocidas de todos, se guardarán muy
bien nuestros gobernantes de traer y llevar sin motivos serios y gravemente fundamentados.
La creencia es unánime: con Martínez Campos en
Melilla, ó se avanza de una vez arrostrándolo todo, ó
de una vez se concluye, acabando al fin, sea como
fuere y cuanto más pronto mejor, con estas agonías é
incertidumhres dolorosas.
El tiempo era malo en Melilla; mejora mucho; los
temporales se aplacan; parece que todo se alegra; hay
gran actividad y animación con la esperanza de próximas é import~ntes operaciones. Macfas manda al
campo enemigo á un moro, ardiente partidario de

TIPO ÁRABE,

dibujo de José Benlliure

España. Este moro regresa y dice que los rifeños están atrincherados desde el cabo de Tres Forcas hasta
la frontera argelina; dice también _que_ los moros no
sufrieron grandes pérdidas, y esto msp1ra_dolor y coraje á los españoles que anhelan represabas como se
anhela el bien único. La nota alegre repercut~ ~es,pués en el campo con más tensión; es para rec1b1r a
los nuevos regimientos que llegan; Muley ~r~af escribe entretanto á Macías reiterándole su pet1c1ón de
que permita la en~rada á mer';aderes rifeños, se le
nieo-a otra vez y mientras, Martmez Campos se _pone
en ~amin~ y ~e sabe que el ejército de operaciones
se formara as1:
.
General en jefe, capitán general D. Arsemo Martínez de Campos.
.
.
];&gt;rimer cuerpo: Comandante en Jefe, temen te general D. José Chinchilla.
.
.
Segundo cuerpo: Comandante en Jefe, temente general marqués de Estella.
,
General jefe de Estado ~ayor, general Mac1~s.
Segundo jefe el general de bngada D. José Bascaran.
Cuartel g;neral: J efe, ge~eral de brigada D. An~~l
Aznar¡ y estarán ali{ también los generales de d1v1-

otros tendríamos
resultados más positivos. ¿Por qué
no dejarlos que se
destrocen? Toda la
sangre que ellos
viertan será sangre
preciosa ahorrada
á nuestro ejército.
Pero es imposible continuar; concluyo esta crónica
en medio de la gran
expectación de los
españoles; cuando
con más bríos vuelven al corazón las
esperanzas; cuando
la ilusión abre de
nuevo y de par en
UNA MEZQUITA EN UAZÁN, dibujo ele G. Montbard
par sus puertas de
oro en los hombres
,
sencillos y de buena fe; cuando s~ discuten con mas allí bastantes judíos y algunos europeos, los más de
calor las determinaciones del gobierno; cuando Mar- éstos atraídos por el benigno clima de que en aquetínez Campos llega á ~elilla, desp~és de una marcha llas costas se disfruta.
Para los europeos Tánger tiene muchos atractivos,
triunfal y de una ovación en cada cmdad y en cada al·
dea del trayecto; cuando empieza á construirse el re- pues aparte de la novedad que pa~a los de nuestro
ducto que originó el combat~ del _2 7, en el que traba- continente ofrecen el lugar, sus habitantes y los usos
jan cien penados y muchos mgemeros; _cuando por el y costumbres de éstos, la col~nia e~tranjera cele~ra
excurs10sultán se hacen apresuradamente requisas de tropas, frecuentes reuniones' y organiza animadas
.
sin que se sepa si son para combatirá las ~abilas ó nes á los pintorescos alrededores é mtere_santes pará los españoles, y cuando todo el mundo piensa, en tidas de caza en los extensos bosques vecmos.
El artista encuentra en la capital marroquí asuntos
fin, que el nombramient~ de Martínez _Campos para
general en jefe del ejército de operaciones sera un inagotables para obtener maravi_llosos efect?s de luz
agua poderosa que queme todo lo gangrenado y y de color y copiar hermosos tipos de muieres, toahonde la quemadura hasta llegar á los huesos, con mando por modelo, ya que son ~as más abordables,
las bailarinas berberiscas, que ejecutan sus_ danzas en
tal de que resulte completa la cauterización.
el interior de la ciudad ó delante de las tiendas que
M. MARTÍNEZ BARR!ONUEVO
algunos indígenas y askaris tienen levantadas en sus
_,•,,/ •~•••''•l'••••,l• .. ••••• .. ••,t••••••l•,,•,,1•.,•••f••••••t•u•••••• ..••••••l'••••••••••••l••••••l•••••• .. ••••••••1••••••1•,•••
cercanías. - X.
TÁNGER

TIPO MORO,

dibujo de G. Monlbard

sión Berriz y Salcedo; los de _?rigad3: Ortega, Monroy, Castillejo, Ribera, Echague, Molms y otros que
no han sido nombrados aún.
Como comprobación de la fuerza moral y del po·
der grandísimo que el envia~o del emperador de Marruecos ejerce sobre las kab1la~, y con e~to,. el emperador mismo, viene una súplica del pnnc1pe Araaf
para que se Je permita guarecer~e en el c~mpo español contra las iras rifeñas; el pnmer ~ov1m1ento d~
los gobernantes y de España es el de siempre, el qmjotesco, el hidalgo, el de ampararle; pero es una torpeza; como hidalguía, sí; como razón de Estado, º?i
dejando al príncipe á su buena ó mafa for_tuna, mas
pronto se entendería el sultán con las kab1las Ynos-

(1)

Los ingleses, que poseyeron esa plaza desde 1662
á 1664, conservaron en ella despu_és de esta fe~ha gran
influencia que poco á poco ha sido sobrepujada por
la de Francia. Tánger es, por decirlo así, el centr? ~~
comunicación entre Marruecos y los Estados clVlhzados de Europa, todos los cuales tienen allí sus cónsules ó sus residentes. El gobernador de Tánger y de
su provincia es el ministro de Negocios Exteriores
del sultán de Marruecos, y de aquí la importancia
que tiene desde el _punto de vista internaciona_l la
ciudad. Extiéndese ésta formando anfiteatro Junto á la bahía de su nombre, hállase rodeada de una
muralla en bastante mal estado y está dominada por
la ciudadela y defendida su rada por una serie de
baterías escalonadas. Sus calles, como las de todas
las ciudades árabes, son irregulares, estrechas y sucias, y tiene varias y hermosas m_ezquitas, un co~vento de franciscanos con una capilla, que es el único templo católico de todo el imperio; varias sinagogas, y algunos hoteles ~urop~os. T~nger cuenta 20.~oo
habitantes, en su casi totahdad arabes: hay también
( 1) Véanse los grabados de la pág. 786.

MÚSICO ÁRABE,

dibujo de G. Montbard

�MARTIRES CRISTIANOS EN EL CIRCO, cuadro de J . Mantegazza

DESTERRADOS A SIBERIA, cuadro de W. Schereschewski

'

�LA I LUSTRACIÓN

786

NúMERO 623

ARTÍSTICA

su familia. Laborioso y entusiasta por el ~rte,
que con provecho ~ultiva., es, quizás, demasmdo
exigente para consigo m1sm_o, ya que demuestr_a
especial empeño en vencer d1ficultad_es y no exhibe ó enajena sus obras hasta que, si no com_pla·
cido de su labor, hállase satisfecha su sevendad
artística.
•
.
Toven todavía, ha sabido ya distinguirse, as\
en· la pintura de género corno en la de costurn·
bres ó genuinamente española, y cuenta en su
carrera artística algunos triunfos logrados en
los certámenes y exposiciones.
..
El cuadro que reproducirnos, adquu!do_ re·
cientemente por un acaudalado colecc1omsta,
es una be!Hsirna producción, _recuer~o de su
estancia en la capital de la vecma nación.

mento en que será despedazado su cuerpo y su alma podrá vo .
lar al fin libre al seno del Señor.

El capitán Ariza. -Algo ha dicho de este valie~te gue·
rrillero nuestro querido colaborador Sr. Ma~tínez B_arnonuevo
en sus Crónicas de /aguerra, y si en esta sección hubiéramos de

Puente sobre el Vístula, en Fordon. - Este puente, recientemente inaugurado
en la provincia de Posen, es, como_ puente de
ferrocarril, el más largo de Alemama y uno de
los más largos de Europa: tiene 1.31.5 metros,
ha costado 10 millones de pesetas y se ha construido en dos años y medio. Consta de 18 arcos los cinco del r\o de 100 metros de ancho Y
los' otros de 62. La construcción superior del
puente es de hierro fundido, hnbi~ndose empleado 11 millones de kilogramos de este metal. Las vías están
colocadas entre los montantes: la distancia entre éstos es de 10 metros, de
Tos cuales aquéllas ocupan 4' 15 Y el
.,
camino para tranvías y otros vehí~ulos 6'50. Entre las vías y este carnmo
se alza una veria de 2'50 metros de
altura. En la parte de afuera de los
montantes hay á cada lado del puen·
te un camino de 1'50 metros de ancho para peatones. El autor del proyecto de este puente y director de_la
construcción de hierro es el ingemcro Merthens, de Bromberg, muy renombrarlo en Alemania por otros
trabajos análogos.

-·~
,,

--

""'-

~!\~~~&lt;--- Mezquita de Tánger

NUESTROS GRABADOS
Muerte del beduino, cua,dro _de ~ - ~:, Huber.

- El desierto es su elemento; alh nació, alh vivio errante,
allí muere abandonado el beduino. Su existencia más tiene de
la de la fiera que de la del hombre: come cuando puede y lo
que puede; montado en su _escuálido caball~, que corre como el
viento, y armado de la espmgarda ó del fusil, cada u~o de cu·
yos tiros cuesta una vida, recorre la arenosa }'. ardiente llanura acechando el paso de una caravana para satisfacer e~ ella
sus rapaces y sanguinarios instintos Un encuentro desgraciado,
el hambre ó la sed acaban con él, y su cuerpo .111\ queda á ~~rced de algún ave de rapiña ó de una fiera que i:ior tales sltl~s
se aventure. El cuadro de Hub11 aterra en medio de su sen~1Jlez: un cadáver tendido sobre la arena, un cahallo que relmcha tristemente junto al que fué su dueño y una nube ele po)vo
que el viento levanta en aquella caldeada at~ósfera han sido
para el notable pintor alemán elementos suficientes para com·
pone~ una obra de efecto sorprendente.

Tipos árabes, ~i"~ujos d~ José Ben~liure. -¿A

qué elogiar una vez mas a nuestro ilustre compatnota D. José
Benlliure? La honra que nos dispensa colaborando frecuente·
mente en LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA nos ha dado á menudo
ocasiones para hablar de su vida y d_e s~s obras y para ensal~r
sus méritos cual se merecen. Los d1bu¡os que hoy reproducimos hizolos Beolliure durante un viaje que ha poco realizó á
Africa, y bien claro se advierte la impresión de) natural en esos
tipos árabes llenos de vida y trazados con un vigor y una seguridad' que desde luego revelan la mano de un maestro.

La mezquita. de uafán.
Tipo moro. Un músico árabe, dibujos de Montbard. Ua:t.án, la ciudad santa, se halla situada en la vertiente septentrional
del Sebú, á mitad del camino entre
este río y Alcázar-Kebir, en una comarca fértil, poblada de
olivos y de encinas. El scherif de Ua·
zán es el santón más importante de todo el Magre b, como descendiente directo ele Mahoma, y su influencia hubiera
podido superar á la del mismo emp~rador, el cual no es considerado como
verdadero soberano sino después de haber recibido de él el debido homenaje.
La mezquita que se alza·sobre la tumba del santo fundador de la "ciudad fué
construída por Muley Abdallah; su es·
belto alminar está cubierto de precio·
sas porcelanas, y en su interior se encierran innumerables riquezas y una
magnífica colección de manuscritos árabes. El tipo moro y el músico árabe
que publicamos son dos bellos ejempla- ·
res de la raza que puebla la ciudad de
U azán y sus alrededores.

EL CAPITÁN D. FRANCISCO ARIZA
jefe de la sección de penados guerrilleros en Melilla

referir hazañas de su accident~da vida milit~r faltarfanos espa·
cio, aunque no relatásemos smo una pequena parte d_e ~llas.
Nació D. Francisco Ariza Gómez e~ Antequera el 23 de ¡un_10 d~
1846, y en 1868 ingresó en el ejército, marcba~d? en segmda a
Cuba y conquistándose bien pronto en aquella d1fic1l y empeñada
campaña inmarcesibles laureles ,P?r sus actos de valor temerario y por sus atrevidos cu~nto ha~1les golpes de mano. Apenas
iniciada la guerra de Mehlla, Ama! 9ue se encontraba.en Barcelona en situación de reserva, p1d1~ y obtuvo per~1so para
marcharse á Africa, en donde ha ,orga~izado una guerrilla de pe·
nados que; conducirlos por él, a nadie temen, á_ todo ~e atreven y luchan corno fieras contra las fiera~, opomendo ~ la emboscada el acecho, á la traición la astucia, al despre~10 de la
vida la más absoluta indiferencia an_te la muerte. ;Anza Y ~us
guerrilleros se han coronado de glona y han merec1d_o que España entera les admire, siendo de esperar que el gob1_erno, haciéndose intérprete de los unánimes deseos de la nación, otor.

Mártires cristianos en el
circo, cuadro de J . Mantegazza. -Aunque la_ esce_na que este

lienzo representa ha sido cien veces r_e·
producida, Mantegnzza, á fuer ele artista de buena cepa, ha sabido hacer, no
un simple cuadro más sobre el mismo
tema, sino una obra notabilísima, en:Ja
que sobre el abocetado fondo de la ~ul·
titud apiñada en las ~adas del cuco
destaca un grupo bell!simo, de gran
Batería de la ciudadela de Tánger
En el Pare Mon9eau, cuadro de Ra~iro Lo- efecto dramático por el contraste entre
renzale. - Hijo y discípulo Ramiro ~r~nzale del respetabl_e la exaltación religiosa del hombre que
gará Ja debida recompensa á esos héroes concediendo a! uno
D. Claudio Lorenzale que tanto ha s1gmficado en el renaci· parece querer detener á las fieras enseñándoles la ~ruz Y el el premio que dentro de su carrera le corresponda Y haciendo
arrobamiento
místico
de
la
joven
que
aguarda
tranqmla
el
momiento artístico en nu~stra región, continúa las tradiciones de
uso de la gracia de indulto para esos penados que al da~ su san·
gre por la patria redimen de la manera más h~rmosa, s1 no to·
das, por lo menos una gran parte de sus antenores culpas.

Pacheco no las dejó hasta que el tren hubo partido

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

Desterrados á Siberia, cuadro, de W. Schere~
chewski. - El triste convoy ha llegado a una d~ sus ~t~pas,
en lóbregos calabozos, confundidos ~ombres y _mu¡eres, v1e¡os Y
niños tratar. de de.cansar de las fatigas de la ¡ornada. Los más
en va~o buscan reposo: la conciencia de su horrible suerte puede en ellos más que el cansancio .Y )os manti~ne en vela; 2ºs
menos, vencidos por el desfallecimiento, se rm?en al s~eno.
Con el alba los presos continuarán su marcha, y pisando meves,
azotados por el viento, calacios por las lluvias, atenaos de frlo
y de hambre pasarán d!as y semanas y meses hasta llegar a) fin
de su viaje, á las estepas de Siberia, ese infierno de los vivos
donde un Dante podrla escribir con letras de sangre otro i Lasciate ogni speranza/ más terrible aún que el que puso el poeta
florentino á la puerta del infierno de los m~ertos.
. .
Scherechewski es polaco, reside en Mumch, .Y en sus prm~1pales lienzos reproduce los horrores del despotismo moscovita
con un vigor dramático y una valentía artlsllca que demuestran
que sirven de guía á su pincel el genio de un maestro y el co·
razón de un filántropo.
·

La escuadra inglesa del Mediterráneo. - Para
contrarrestar en cierto modo la presencia de la escuadra rusa
en Tolón, Inglaterra dispuso que la escuadra inglesa del Merliterráneo, al mando de lord Seymour, visitase el puerto de
Spezzia. Nuestro grabado reproduce esta escuadra antes &lt;le
que se le diera la orden de reunirse en Gibraltar con la del Canal con el objeto sin duda de estar en observación de lo que
pueda ocurrir en la costa de Marruecos con motivo de los su·
cesos de Melilla.

J.

CABRINETY

(CONTINUACIÓN)

- Esta contestación, que equivalía á un poema de
amor, no alteró en nada la última resolución de Luis.
Durante el desmayo de Pola se había jurado ser
fuerte y lo sería; aquella locura debía pasar, volvería
á ser el padre, discurriría, maduraría el proyecto de
enviar á Italia á su protegida, y pondría fin á los peligros que les cercaban; la salvaría torturando su corazón; á ella podrían consolarla el arte, los aplausos,
la gloria; él se consumiría en las soledades de su hogar, tan frío, tan humano, y en aquel gabinetito que
quedaría impregnado del perfume celestial de Pola;
porque tl piso segundo de la calle de San Miguel,
amueblado por él, precipitadamente primero y con
refinamientos delicados después, se conservaría tal y
conforme estaba; sería su refugio. Allí escribiría á
Pola, allí leerla sus cartas, allí soñaría con ella, allí
podría idolatrada sin reservas.
Ocho días habían transcurrido desde Ja noche
inolvidable para ambos; ni una palabra que la recor-

dase pronunciaran en este tiempo; los paseos nocturnos habían continuado sin embargo. Pola no quería
preguntar qué secreto le guardaba Luis; sabía que la
amaba; también él sabía que lo amaba ella. La diferencia de posición indudablemente á los dos los sacrificaba; tendría padres; h:lbía dicho que era muy
rico; ella fuera corista, fuera mendiga ... ¿cómo podía
soñar en que la admitiesen en su seno? Quería ser
artista, una estrella del canto. Quería conquistar nombre refulgente, porque sentía dentro de sí el soplo
divino del arte y las ambiciones del genio. «¡Quién
sabe, se dijo: aristócrata del talento, quizás pueda
igualarme á los que seguramente hoy me despreciasen!»
Luis no tenía la culpa; Luis no veía el pasado, ya
se lo había dicho, y sufría mucho, sí que sufría; era
necesario ayudarle, y ella tan débil, tan niña, tan desgraciada daría muestras de un valor á toda prueba.
- Y bien, Pola, dijo Luis haciendo un esfuerzo so-

bre sí mismo. ¿Sabes que he pensado mucho en ti?
- Lo creo, respondió la joven esforzándose por
disimular que sufría horriblemente.
No le cabía duda; se trataba de su carrera.
- Pues he pensado en tu viaje á Italia, y ya tengo
persona de confianza que te acompañe.
- ¿Ya?, preguntó Polita de una manera inexplicable.
- Sí; es una señora distinguidísima, de austeras virtudes y muy instruida, nadie más á propósito: ¡N'o sabes qué contento estoy por haber encontrado tan á
satisfacción mía lo que me preocupaba en extremo!
Ha viajado mucho con su difunto esposo, un pedagogo ilustre, y es sola, habla francés, habla italiano y
es muy cariüosa. ¿Qué tal?
- ¡Bien!, respondió Polita con tristeza.
- Mañana vendrá por la tarde; aquí estaré yo: le he
dicho que soy tutor tuyo, y no he mentido: ya tiene
instrucciones sobre el género de vida que yo quiero

�788

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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que hagas, y llevará cartas para los maestros que de- tió el traqueteo del convoy, hasta que no perdió de siera comunicárselo antes para no tenerlo impaciente
ben perfeccionar tu educación lírica: poco nos falta, vista á su protector, hasta que no se rompieron una por el éxito. Dos horas tardó Luis en hacerse cargo
pues, que ultimar; tu equipaje y el suyo.
por una todas las fibras de su ser, no pudo derramar de todo· bien es verdad que empleó una contemplando retrato. Hablaba con la criada como si haPala se iba poniendo lívida: la vida tranquila, la una lágrima.
dicha presente iba á terminar pronto, muy pronto:
- ¡Llore usted, hija mía! Llore usted mucho so- blase con una amiga, le comunicaba todo, le traducía
perdería -de vista aquella casita, aquel gabinete tan bre mi pecho: yo seré su madre cariñosa, dijo la viuda los sueltos, besaba la fotografía. ¡Qué linda,, g.ué linmono, en el cual era feliz estudiando y esperando de Al tuna, que así se llamaba la compañera de Poli ta. da estaba su Pala, su Palita! Era hermos1s1ma; lo
á Luis: ya no volvería á pisar la sala en donde el caLuis volvió á la calle de San Miguel sin detenerse: veía en la cartulina y no lo había observado en el
dáver de su madre yaciera por algunas horas ... Nece- subió de dos en dos los escalones, llamó con furia y original; no había mujer más encantadora en el munsitaba · valor, mucho valor, y lo tendría. ¡Vaya si lo entró sin hacer caso de la criada, que todavía estaba do. Parecía una muñeca vestida de máscara; pero
tendría!
sollozando por su señorita: entró en el gabinete, se ¡qué muñeca más perfecta, más seductora! ¿Era de su
A expensas de su salud y de su vida hizo un es- precipitó en el dormitorio y se arrojó sobre la cama Pala aquella carita picaresca? Era su niña, su angelifuerzo.
de Pala, ocultando el rostro entre aquellas almohadas to aquel que los periódicos llamaban «diablillo anda- ¡Cuánto sufre!, pensó Pac_heco, y soy yo el que que conservab.an el perfume de sus cabellos y las luz.» Estaba transformada. ¡Qué bella, qué bella le
parecía!
la martiriza; ¡yo que diera mi vida por su felicidad y emanaciones de su aliento.
La prensa de Milán apuraba el lenguaje de las alapor sus alegrías! Si supiera que soy casado su~riría
- Señorito, señorito, ¡por Dios!, dijo la muchacha,
banzas: ruiseñor era un adjetivo pálido, sin color y
más atín; perdería toda esperanza y se dejaría morir: ¡ya volverá, ya la veremos!
la conozco bien ... Es necesario que viva, que viva
Pacheco lloró, lloró mucho sobre el lecho que le sin expresión, comparado con lo que la Po/a merecía:
la Pola le llamaban.
para el arte, ya que no puede vivir para mí.
recordaba al ángel adorado.
Palita explicaba á Luis su éxito. «Sólo tú me fal- ¿Sabes en lo que estoy pensando?, preguntó Pala
Eran cerca de las nueve cuando llegó á su casa:
acercándose más á Luis y tomándol~ una mano: en necesitó hacer sobrehumanos esfuerzos para conte- tabas,» decía.
Había estudiado primero el Barbero por caprique seré reina de la escena, en que se cumplirán las nerse: apenas comió, y apenas pudo fijar su atención
cho de su maestro y lo había cantado tres noches
profecías de mis maestros, pero se cumplirán sobre- en la deliciosa charla de los niños.
pujando sus predicciones: siento como nunca fiebre
Se levantó de la mesa para encerrarse en sus habi- grati~. Ahora estudiaba Lucia, la cantaría también,
y así sucesivamente hasta hacer un repertorio de las
de grandezas, de brillo de sol, de vida exterior; nece- taciones.
sito que me aplaudan, que me consideren, que me
Camila, á quien no pasó inadvertido el malestar de óperas que más le gustasen. Una vez hecho y cuando
adoren y que me envidien.
Luis, hízose la desentendida y no le preguntó si es- en toda Europa se hablase de ella y se la desease,
- ¿Todo eso necesitas? ¿Para olvidarte acaso de mí? taba enfermo: para ella era indudable que dejaba algo saldría de Milán contratada; hasta entonces no.
La satisfacción, la íntima felicidad que presumía
- ¡No! Para que te envidien á ti. También pienso en Madrid y que sentía marcharse.
en mi prima: ¿quieres. creerlo? Desde que hemos toAl siguiente día parecía Pacheco más animado. había de tener al recibir aquellas noticias quisiera que
mado esta resolución he vuelto á recordarla, y sueño Salió por la tarde, fué á visitar el nido en donde re- la sintiese en aquel día tan señalado para ambos, y por
con vengarme de ella. ¿Te asombras, verdad? ¡Ven- fugiaba su alma enferma, entregó dinero á la criada, eso la retrasara; le pedía perdón por tamaño egoísgarme yo que no siento odios por nadie! Pues por mi le dió órdenes y se despidió hasta dentro de dos mo. No le hablaba de sus ansias de verle; no le decía
que lo adoraba. Jamás tocaba este punto, como no lo
prima sí que los siento: podría perdonarle mis sufri- meses.
tocaba Luis en sus cartas; pero en cambio la señora
mientos, mis humillaciones; pero las humillaciones y
- ¿Irá usted á verá la señorita?
los sufrimientos de mi madre no tienen perdón; no
- No. Hasta que ella venga á Madrid no la veré. de Altuna era más explícita; le participaba que había
puede haberlo en el corazón de una buena hija.
Las cartas de Pala debían ir á la calle de San Mi- llorado mucho la noche del debut después de la fun- ¡Despréciala!
guel. La muchacha recibió un ciento de sobres con ción, y que dijera: «¿De qué me sirve la gloria, si no
- Antes podía, ahora no puedo. El des~o de en- sus correspondientes sellos para que las encerrase de le veo?»
Luis no podía salir de aquel gabinetito. Allí gozagrandecerme va unido al deseo de humillarla. Perdó- nuevo y las reexpidiese á San Sebastián sin perder
ba, allí era feliz y presumía que le esperaban fuera
name, Luis; creo que sería capaz de enloquecerá su correo.
esposo si llegase á poner en mí los ojos. ¡Oh! Hacerla
Los ocho días que tardó Luis en saber de Pala los desencantos de la realidad.
La vida de su hogar no era íntima; no podía viopasar las torturas que sufrió mi madre, es lo que me fueron terribles. ¡Por fin, habían llegado bien; estaban
lentarse más de lo que se violentaba, pero tampoco
preocupa desde hace ocho días.
instaladas, lindamente instaladas en Milán!
Y era cierto. Se había refugiado Pala en el odio
Luis pidió la dirección á San Sebastián; el retraso era tan tirante como había sido. Acompañaba á su
que sentía hacia la hija de su tío para distraer el dolor que las cartas sufrían yendo á Madrid era para él esposa al Real, á bailes y á reuniones, y nada más;
de una separación cruel; la esperanza de ser admira- mortificante por demás.
cuando estaban solos, ninguno de los dos hablaba; él
da, de valer ella más, pobre huerfanita, que la dama
Pasó el verano pendiente del correo, esperando no sabía qué decir; ella esperaba que le dirigiese la
rica y fastuosa, mitigaba en parte el dolor que le ate- impaciente, contando los días, las horas y los minu- palabra.
naceaba el alma.
tos y desesperándose y telegrafiando inmediatamente
Camila era lo que se llama una mujer hermosa y
- No digas eso, Pala: tú no eres capaz de engañar si una carta no llegaba el día que debió llegar. A los solicitada por los que encuentran muy sabrosa la fruá nadie, ni de fingir amor, y menos por venganza: no pocos de establecerse en Milán comenzó Pala sus ta del cercado ajeno. Pacheco lo sabía; sin embargo,
confundas los resentimientos justísimos que sientes lecciones; tenía mucha prisa y no quería perder el estaba tranquilo; conocía á su mujer y hubiera juracon el odio, que no cabe en tu pecho: si mañana tu tiempo. El maestro, ~ quien la voz de la españolita do que el orgullo de Camila era el más fiel guardador
prima te pidiese pan á ti que no lo has recibido de había llenado de admiración, estaba asombrado de de su honra. Antes de conocer á Pala reconocía que
su mano, ten la seguridad de que no la imitarías.
los progresos de su discípula; era un genio musical, su mujer era un adorno que podía satisfacer el amor
Los preparativos de viaje adelantaban-en casa de era un prodigio de agilidad y un portento de com- propio de cualquiera; después de aspirar el perfume
Pacheco: Camila andaba tevuelta con modistas, som- prensión; en una palabra, era el arte mismo aquella delicado de la violeta humilde, le pareció insoportabrereras, zapateros y comerciantes de novedades; esto criatura que acababa de cumplir los diez y siete años. ble la camelia altiva.
la distraía de sus malos humores, pero no la impulAsí se lo escribió la señora de Altuna á Luis, sin
Contento, contentísimo llegó Pacheco á su casa.
saba á ser amable ni á doblegarse á su marido. «Estoy que Pala lo supiese. También le comunicaba, .según Había puesto en el correo la contestación á la carta
herida, pensaba, y debe ser él quien pida miseri- las instrucciones que de él había recibido, que la sa- que tan feliz le había hecho; no pudiera contenerse
cordia.»
lud de la niña era delicada; decía que nada la dolía, y hablara en ella de amor, de ilusiones, de belleza,
Pero Luis no la pedía ni parecía preocuparse de pero según opinión de ella sufría muchísimo moral- de flores, de pájaros, de querubines y de cuantas colos desplantes de su mujer. Era el mismo para sus mente Pocas veces sonreía; besaba con transporte las sas poéticas á su mente acudieran. No pudo calcular
hijos, para sus servidores, para todo el mundo; pero cartas de él y la suplicaba luego que á nadie s.e lo el daño que con aquellas frases había de causar en
algo invencible,algo inexplicable le apartaba cada vez dijese. Paseaba poco; sus estudios y la corresponden- las heridas de Pala. Sólo pensaba en la contestación.
más de Camila. Los defectos de ésta se atropellaban cia con su protector eran la preocupación constante ¿Por qué la vista de aquel retrato le había excitado
por salir á la superficie; las comparaciones no cesaban de su existencia; no vivía para nada más sino para los nervios hasta el punto de hacerle quebrantar sus
de mostrarse implacables con los deberes y en lucha volver á Madrid con un nombre célebre.
juramentos? No lo sabía, no podía explicárselo. ¿Le
abierta reñidísima con éstos. El alma de Camila era
La familia de Pacheco regresó á la corte en el mes parecía otra Palita? ¿Era ya más mujer y menos ánenemiga de la suya; la de Pala su gemela, su igual; y de octubre. Apenas llegó Luis á su casa salió de nue- gel? ¿Hubiera dejado de respetarla si á su lado la tusin embargo, ¡era preciso huir de la hermana querida vo para visitar la de Pala: todo estaba limpio y en viese? ¡Quién sabe!
para vivir encadenado á la hermanastra odiosa!
orden como si allí viviese ella; la muchacha era exceLa idea de que había debutado, de que había reíSus hijos, ' sus hijitos inocentes remachaban la ca- lente y Pacheco la quería mucho; al verla no pudo do y jugado en la escena y de que el tenor, en forma
dena, sus deberes de hombre honrado, la idea de que menos de abrazarla con alegría; creyó que iba á ver de Almaviva, la había estrechado entre sus brazos,
ninguna falta imperdonable podía reprochar á Ca- á Pala, á encontrarla en su gabinete. ¡Qué desencan- le hacía morir de celos; pero también le impulsaba á
mila; pero... si otra mujer que no fuese tan pura ni to y qué pena!
mirarla bajo otro aspecto más terrenal y menos cetan ideal como Pala le inspirase aquella pasión, ¿huTodos los días de aquel invierno fué Pacheco á la leste. Mientras había permanecido en su casita, recorbiera sido.tan mirado y tan fiel cumplidor de sus debe- calle de San Miguel, allí pasaba la tarde y á veces daba la misma Pala de antes de partir; una vez en la
res? ¡Otra mujer! ¿Cuál? ¡Ninguna! ¿Acaso había fijado algunas horas de la noche; allí recibía las cartas, allí calle, una vez á solas con su cerebro saturado de Rojamás el pepsamiento dos días en una misma? ¿Aca- las contestaba, allí soñaba despierto y allí veía flotar sina y viéndola por el prisma de los sueltos que haso había sabido lo que era amor hasta que había co- la imagen de Pala, embriagándole con sus palabras bía leído, era la mujer, r.ra la artista, era la prima
nocido á la oiña desvalida?
de agradecimiento y con sus sonrisas de amor.
donna picaresca tan celebrada.
El viaje estaba fijado: Luis no quería dejar á Pala
Un día del mes de enero, aquel en que precisaLo primero que le comunicó Joaquín al entrar en
en Madrid, quería enviarla delante, prefería ser él mente hacía un año que Luis volvía á su casa des- el despacho fué que Luisito, el niño mayor, estaba
quien la viese partir, quien sufriese las torturas ma- pués de haber perdido cinco mil pesetas, último di- enfermo. A media tarde lo habían acostado; el médiyores.
nero que jugara, fué como de costumbre más preocu- co no había hecho más que recetar; tenía mucha fieLa víspera del día que debía salir Luis con su fa. pado, más triste. Los recuerdos eran vivos y por lo bre y no se podía diagnosticar así de repente.
milia para San Sebastián salió Palita para Italia con tanto crueles.
Luis corrió á verle; allí estaba la madre muy afligisu dama de cómpañía. Pacheco no las dejó hasta
¿Se acordaría Pala de aquella fecha? ¡Vaya si se da; no se puso menos el padre. Casi se reprochó su
que el tren hubo partido: ¡aquel tren que se llevaba acordaba! Allí tenía un paquete, un paquete grande y conducta; había estado ausente entretanto su hijo
su vida!
abultado. Era una carta de muchos plieguec-illos, sufría.
Pala no pudo llorar: estaba desencajada, tenía fie- un retrato en el traje de Rosina del Barbero, y muEn toda la noche no se apartaron ni Luis ni Cabre y temblaba como había temblado tiritando de chos recortes de periódicos. ¡El asombro! ¡Lo nunca mila de la cabecera de la camita. El dolor los estrefrío en la desmantelada buhardilla. Hasta que no sin- visto! Pala había debutado hacía quince días; no qui- chaba; algunas veces acariciaba Pacheco á su esposa'

¡¡

NúMERO

623

para infundirle alientos, asegurándole que no sería
nada.
Al día siguiente declaró el médico que se trataba
de una pulmonía. Los padres dieron al niño por
~uerto, viendo la cara que ponía el doctor para deculo.
Luis ~o pensó_y_a en Pala, ni en ir á recoger sus
cartas, m en escnb1rle. Su hijo se moría, su hijo del
alma, un hermoso ángel de nueve años que era la dicha del ~10gar. Camila. e~taba desolada; la pena le
hacía olvidar sus resentimientos, deponer su carácter
y refugiarse en su marido. Éste la recibía en sus brazos con a~or, con !ransportes delirantes de pena y
de compasión; la cmdaba como al enfermito la mi'
maba como a, él y no recordaba que tuviese defectos
ni mal humor, ni pequeñez de sentimientos ni qu~
fuese egoísta ni destemplada. Era la madre de aquel
pedazo de sus entrañas, era la compañera de su vida,
era carne de su carne y sangre de su sangre. Le dolí~ á él lo que á ella le dolía, sufrían ambos por la
misma ca~sa; ya no había diferencias, ni aparecían
las mezqumdades de espíritu, ni se advertía la falta
de inteligencia, ni existían defectos de ninguna clase.
~abía_ quedado la madre, la madre de los hijos propios circundada con la aureola del sufrimiento.
A los cuatro días el niño era cadáver; el dolor de
los padres no tuvo límites; la razón de Camila estuvo
en ~eligro, y Luis creyó también volverse loco· mas
sobreponiendo sus penas al dolor que le atena~eaba
el alma, dedicó todos sus esfuerzos á consolar á Camila y á cuidar al pequeño Juanito, único amor que
les quedaba. Volvieron para los esposos los días
amantes de su tranquilo matrimonio, más amantes
aún, porque Luis no se apartaba ahora de su mujer
y no la dejaba sola un momento para que no se entregase _al dolor. Hacía un mes que no pensaba en
Pala, m en sus cartas, ni en ir á la calle de San Miguel, ni en nada que no fuese el hijo muerto y el dolor de la madre.
Los periódicos ~acaran á Luis de su letargo. Daban cuenta, traduciendo de los periódicos italianos
del éxito colosal, nunca visto, alcanzado por una com~
patriota en Milán. Jamás habían oído los milaneses
una Lucia mejor cantada; el aria de la locura fuera
un prodigio de agilidad, de floreos divinos, de trinos
celestiales, de picados limpísimos y de realismo espeluznante. Las gentes se atropellaban al escenario para
ver á la cantante, una jovencita interesantísima, creyen~o _que la locura no_ era fingida y que aquellos
mov1m1entos, aquellas miradas incoloras y vagas, que
revelaban un trastorno momentáneo del cerebro, eran
efecto de repentina demencia. La eximia artista había sido presa de un accidente que la tuviera tres
horas insensible, sin darse cuenta de nada de lo que
á su alrededor pasaba, y volviera á la vida cuando
los médicos desesperaban de salvarla. La Pala, que
así se llamaba el nuevo astro, continuaba en estado
relativamente satisfactorio, aunque muy delicada.
Para Luis fué una revelación la noticia· había llegado á olvidarse casi por c_ompleto de su' protegida.
- ¡Pobre niña!, se dijo; y felizmente no le habrán
faltado recursos; si no, ¡qué hubiera sido de ella! Esta
tarde recogeré sus cartas y la escribiré; pero ahora
ahora mismo voy á poner un telegrama urgente. ¿Có~
mo estará? Creerá que la he olvidado, que la abandono ...
Escribió precipitadamente y 1lamó á Joaquín.
- Toma, le dijo, sin perder momento pon ese parte urgente; corre.
El ayuda de cámara obedeció incontinenti y antes
de dos minutos estaba en la calle.
/Lifcíal, ¡cantara Lucía/ ¡Qué interesante habría
estado Pala con su ropaje blanco y su cabello suelto! ¡Qué bien sentaría á su ~emblante dulce y triste
el dolor de la víctima desposada!
Cuando el ayuda de cámara volvió del telégrafo,
estaba Luis todavía en la misma postura que se había quedado, con los codos sobre la mesa y la frente
apoyada en ambas manos.
La presencia de Joaquín le hizo lanzar un grito;
recordó el contenido del telegrama, recordó lo que
había escrito. ¡Qué horrible pena iba á causar á Pala
con su revelación! ¿Qué diría al recibir aquellas noticias?
«Enfermedad y muerte de mi hijo tuviéronme
medio loco; no te olvido: hoy escribo.» Esto pusiera
Luis sin darse cuenta, atento solamente á la verdad,
y esto transmitiría el hilo eléctrko. ¡Qué imprudencia!
¡Po~re Pala! Comprendería que era casado: podría
explicarse su conducta con ella. ¿Sabría apreciarla?
Ya no le quedaría duda de que la amaba de veras.
¿Qué diría? ¿Querría contestarle?
Aquella tarde fué á la casita de Pala: encontró á
la criada asustadísima, porque suponía que alguna
desgracia ocurriera al señorito. Cartas de su protegida y de la señora de Altuna, telegramas, todo lo en-

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contró Luis en el gabinete. ¡Cómo le reprochó su si- Madrid, y si voy, ¡cuán penoso me sería entrar en
lencio leyendo aquellos amargos renglones impreg- aquel gabinete en donde pasé los mejores días de
nados de lágrimas! También se había dirigido Palita mi vida!»
á la muchacha y ésta le contestara que nada sabía
Pacheco creyó morir de pena. ¡Vender sus muedel señorito.
bles! .. ¿Deshacerse de aquel nido en donde encerraba
Luis escribió una carta muy larga: hacía referencia su dicha? No: no lo haría entretanto no tuviese otro
á la noticia telegráfica de la mañana, y explicaba to- recuerdo más vivo de ella.
do: su amor, su respeto, su situación...
·
En Nápoles hizo Pala furor como en Milán; de
. Ja~ás enamorado alguno supo expresar mejor lapa,. allí pasó á Roma, de Roma á Turín y de Turín i
sión sm esperanza y la lucha del corazón entre el amor Florencia.
y los deberes de alta moral; su sacrificio era inmenso·
En este punto se agravaron sus males, y un médico
el mundo no hubiera sabido
'
apreciarlo; pero apreciándolo
ella ...
Después de escrita esta
confesión sentíase Luis más
tranquilo; arregló cuentas con
la criada, fué á tomar una letra de cinco mil francos sobre
Milán, la metió dentro de-la
carta, y una vez puesta en el
correo volvió á casa; era la
vez primera después de la
muerte de su hijo que se apartaba de Camila. Para ésta no
pasó inadvertida la salida de
aquella tarde y Luis comprendió que su mujer estaba disgustada; volverían á las tiranteces antiguas si él no procuraba regularizar su vida haciendo que ella la regularizase; pero Camila,acostumbrada
de nuevo á ser la preocupación constante de su marido,
ya no cedería de grado su imperio soberano.
Conforme pasaban los días,
volvía la figura de Pala á enseñorearse nuevamente del cerebro de Luis.
Creyó éste que contestaría
la niña al telegrama y esperó
inútilmente con impaciencia
difícil de ocultar.
Durante dos ó tres días fué
por mañana y tarde á la calle
de San Miguel. Camita tornaba á ponerse furiosa: diariamente también se reanudaban
los llantos por el hijo adorado; el desamor de que acusaba á su marido y las faltas de
consideración que según su
criterio cometía con ella, acababan por una explosión de
lágrimas que dedicaba á Luisito: el amor de la madre se
desbordaba más cuanto más
sentía que el de la esposa iba
siendo otra vez relegado.
Por fin llegó la contestación
á la carta de Pala; había tarAlgunas veces acariciaba Pacheco á su esposa pata infundirle alientos ...
dado tres días en contestar,
por ocupaciones, decía ella,
pero la señora de Altuna comunicaba Luis que español le recomendó que volviese á España. El nompor enfermedad; la salud de la señorita era delicadf- bre de Pala era ya un amuleto para las empresas y
sima, pues la noche que había cantado Lucía ya la todas solicitaban á la cantante.
'
dieran por muerta.
Acababa el ver~no, y aquel otoño debía cumplir
Pala no contaba nada á su protector: le hablaba sí Pala su compromiso de cantar en Londres: Luis esde sus ilusiones artísticas, de sus triunfo5 y de todo taba en San Sebastián luchando entre sus deberes recon in~iferencia: «Si hubiera sabido que eras casado, cargados por las exigencias de Camila y su anhelo de
no hubiese aceptado tu protección sin el consenti- ver á Pala, su desesperación porque no la veía.
miento de tu esposa: háblale de mí y dile que com- ¡A España! Todavía no, dijo Pala; iré cuando
parto con ella el agradecimiento que te guardo.» Esto me sienta mejor.
decía Pota C?n:1º si su alma no se hubiese roto en peAludía la niña á sus males del alma.
dazos al escnb1rlo. Hablábale de la muerte del niño
Fué, pues, á Londres y firmó ali! su contrato para
muy condolida, y le aseguraba que si la vida de ella Lisboa.
pudiera de~olver la suya al angelito, la diese sin tituLa señora de Altuna temía mucho el mareo y ponía
bear y sonnendo.
reparos á embarcarse; pero Pala dijo que romperla
Luis leyó esta carta llorando; las frases de Pola su contrato antes que pasar por España. No hubo
eran su martirio, su tortura; eran la última esperan- remedio, y ¡dichosa terquedad!, pues que el viaje por
za: ya lo sabía todo; ya le olvidaría; quizás escuchase mar sentó admirablemente á la joven, que recobró
de otros hombres frases amorosas, y las escuchase casi por completo su salud.
'
para no pensar en él, para olvidarle. Olvidarle no:
En noviembre llegó á la capital lusitana· cuando
Pala no era de las que olvidan. ¡Le recomendaba que Luis supo que la tenía tan cerca tembló de ~moción:
hablase de ella á Camila! ¡Pobre niña! Juzgaba el al- verla, verla era el afán de su alma: «¡verla y morir desma de las otras mujeres por la suya. ¡Oh! ¡Si Camila pués!,» decía, golpeándose el corazón.
hubiese tenido su almaL
La escribió pidiéndole consejo para ir á Lisboa, y
_La carrera de Pala estaba terminada y firmó su Pala contestó que no, que no fuese: «déjame vivir alpnmera contrata para Nápoles. Aquel día escribió á gún tiempo más,» decía.
Luis:
'
Este grito escapado del alma después de nueve
. «No me env~es más dinero, decía; pronto seré meses que ni una palabra revelaba que Pola continea; ya gano mas de lo que necesito para mí y para nuase adorando á su protector, fué un puñal de dos
esta segunda madre que me ha deparado el cielo: filos para Luis.
vende mis muebles, Luis; tal vez no vaya jamás á
( Co11ti11ttará)

a

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

6~3

to, zapatero de oficio, «que asis~ió á la muerte de Je•
sucristo y que desde entonces vive.» Sea lo que fuere
de estos orígenes, los historiadores están conformes
en presentar al Judío errante andando á 1~ ventura,
atravesando rápidamente ciudades, apareciendo tan
pronto en Hamburgo, como en Moscou, como en
París, pero siempre con el mismo aspecto. Los autores de estampas están también de acuerdo al representar los retratos siempre según el mismo modelo:
un tipo judío envuelto en luenga capa, con barba y
cabello rizados, de mirada lánguida, cejas tristemente
contraídas, etc.
Evidentemente los historiadores y los grabadores
no se han puesto de acuerdo de un extremo á otro de
Europa para hablar del Judío errante ó retratarlo:
éste ha existido realmente, y los que de él hacen mencióu obran de buena fe. ¿Cómo, pues, ajustar la uniformidad de las descripciones, esa vida y esa marcha
eternas con los datos de la ciencia? Según M. ~eige,
ha habido varios judíos errantes que han sido ton_iados
por un solo y mismo individuo, porque todos tienen
siempre el mismo aspecto general: estos individuos
eran judíos neurópatas dominados por la necesidad
de viajar y á menudo procedentes de un mismo origen. Es más, enfermos de estos los hay aún y algunos
han podido verse en la Salpetriere, adonde los atraía
la reputación universal de M. Charcot. Basta obser•
varios aun superficialmente y hacerles referir su historia para ver en cada uno de ellos al mismísimo Judío errante.
Entre los casos recogidos por M. Meige citaremos
el de Moser B... , llamado Moisés, de treinta y ocho
años de edad, judío polaco nacido en Varsovia (figura 2 ). De niño fué recogido por la autoridad militar
Establecimiento de aguas minerales del Peñón, en México (de una fotografía)
rusa y puesto en una escuela especial, en donde recibió cierta instrucción. Instigado por sus superiores
En el centro de una de sus galerías hay una gran para que abjurara de la religión judía, luchó durante
sanitarias, aunque lo contrario crean algunos euro•
peos. Reina alli el clima de la zona intertropical, una fuente de aguas minerales potables, coronada por un largo tiempo antes de decidirse á renegar de la fe de
primavera eterna, con un cielo límpido y una atmós· ídolo gigantesco, copia exacta de uno de esos monofera que constituye un elemento de inmunidad contra litos aztecas que de cuando en cuando descubren los
esa gran enemiga de la vida humana, la tuberculosis. excavadores en el Anahuac.
El grabado que publicamos, tomándolo de una fo.
Hace algún tiempo un médico francée, M. Jourdanet, en su libro Mixico y la A111¿rica tropical afir- tograffa, reproduce el establecimiento de baños meximó que el aire de las alturas mexicanas es mucho canos del Peñón.
QUEVEDO
mejor contra la tuberculosis que todas las linfas conocidas, inclusa la de Koch.
Recientemente en el Congreso médico celebrado
en Berlfn un profesor mexicano, el Dr. Liceaga, prel&lt;'.L JUDÍO ERRANTE EN LA SALPETRIERE
sentó una memoria sobre la benignidad atmosférica
de la cordillera mexicana con relación á la tubercuHay siempre algo de verdad en las leyendas, aun
losis. Apoyándose en datos estadísticos irrecusables,
el Dr. Liceaga hace especial mención de las populo- en las más embrolladas: tal sucede, por ejemplo, con
sas ciudades de Zacatecas, Oaxaca, etc., en donde la la tan conocida del Judío errante, que puede explicartuberculosis pulmonar es desconocida ó poco menos, se invocando los ejemplos tomados de la neuropatoy señala otras, como la capital, México, en donde la logía. Sobre este asunto acaba de publicar el Dr. Entuberculosis se desarrolla en proporción notablemente rique Meige un trabajo en extremo curioso que vamos
inferior á la que se observa en las ciudades europeas. á extractar.
Conocido es el origen de la historia del eterno viaEn resumen, de la citada memoria se desprende el
hecho importante de que el aire de todas las pobla- jero, Cartófilo, Ahasvero, Isaac Laquedem, según los
ciones de la meseta central ejerce saludable influen- países. Cartófilo parece ser que era portero del pretocia sobre los tuberculosos procedentes, sea del extran- rio de Poncio Pilatos, y cuando Jesucristo transpuso
jero, sea de las tierras bajas de México, que si no se el umbral de la puerta díjole, dándole un puñetazo:
curan por completo experimentan allí notable alivio. «¡Anda, Jesús, anda más de prisa! ¿Por qué te dePero la meseta central, ó sea el valle de México, tienes?» Jesüs, volviéndose á él, le replicó: «Síanademás de estación sanitaria para los tuberculosos es daré; pero tú esperarás mi segunda venida y anda•
una estación balnearia de primer orden. A ~uatro ki- rás sin cesar.» Según otra versión, Ahasvero es un
lómetros de la ciudad de México brotan las aguas del hombre alto, de luenga cabellera, judío de nacimien- Fig. 2 . Moser B... llamado Moisés, israelita, neurópata viajero
manantial del Peñón, que han sido clasificadas entre
las bicarbonatadas mixtas y que tienen gran analogía
sus mayores, y sintiendo que no tardaría en sucumbir
con las de Royat y Mont-Dore. Cerca de la fuente
huyó de pronto y salió de Rusia. Tenía entonces
álzase la pequeña montaña roque~a, Cerro del Peñó~,
quince ó diez y seis años y no sabía oficio alguno, y
y al otro lado, al pie de éste, extiéndese la superficie
desde aquel momento empezó á ir errante de país en
tranquila del lago Texcoco..
.
país sin objeto determinado. En Budapest se casó y
Las aguas del Peñón eran ya ·muy co_no~(das de
permaneció algún tiempo en aquella capital, en donlos antiguos aztecas, de ese pueblo pnm1t1vo del
de tuvo tres hijos; pero esta parada era demasiado
Anahuac que bordaba una leyenda sobre cada maralarga para él, y la necesidad de viajar le atormentaba
villa terrestre y que también inventó una p~ra ~que!
incesantemente, hasta que se llevó á su familia á Je•
manantial suponiendo que brotó en el sitio mismo
rusalén y allí la abandonó para recorrer el mundo.
en donde cayó mortalmente herido, durante una baCada cinco años hacía una visita á los suyos, perma•
talla, un famoso guerrero. Este origen sobrenatural
necia al lado de éstos unos días y emprendía de nue·
respondía á las virtudes curativas que aquellas gentes
vo
la marcha hacia nuevas tierras. En cuanto á la ra·
atribuían á las aguas del Peñón, de las que s~ s_ervían
zón
que de continuo le obligaba á cambiar de lugar,
en pociones y fricciones contra sus i¡&gt;adec1m1en_to~.
«era
- dice - el deseo de encontrar un remedio al
Los conquistadores españoles establec1~ron allí piscimal
que
sufría desde la edad de veinticinco años,
nas y fuentes, y por medio de excavac1~nes y pozos
que
no
me
daba tregua ni reposo y acerca del que
artesianos alumbraron nuevos manantiales al lado
he consultado con todos los especialistas del mundo.»
del primero.
.
De esta suerte ha recorrido Polonia, Alemania, AusRecientemente, gracias á la iniciativa de un emitria, Bélgica, Inglaterra, etc., hasta que la nombradía
nente hombre de Estado mexicano, D. Manuel Rode la Salpetiere atrajo á Moisés á París en 1892: allí
mero Rubio, se ha levantado en el sitio donde brota
se presentó vestido con un levitón negro, viejo y reel manantial un magnífico establecimien~o que r~smendado, recordando su aspecto al de los judíos poponde á las modernas exigencias de la h1droterap1a:
lacos.
Su rostro flaco y demacrado desaparecía bajo
es un gran edificio de dos pisos, en donde se encuenuna
barba
larga é inculta y una cabellera grasienta;
tran al lado de las salas y gabinetes balnearios otras
su
frente,
alta,
estaba surcada por profundas arrugas;
tantas habitacioues confortables, fonda, restaurant, sasus
espesas
cejas
se juntaban sobre la nariz formando
Fig.
1. Teófi!o M... israelita, neurópata viajero
lones de reuniones, de billar y de lectura; en una pa-

la1:Jra, todas las dependencias juntas de un balneario y
de un casino europeo. Galerías hermosamente decoradas de estilo azteca, bañeras inundadas por suave
LOS BAÑOS DEL PEÑÓN EN MÉXICO
penumbra, piscinas y sudatorios construidos y adorLas montañas mexicanas, las vastas mesetas de la nados según el gusto clásico inspirado en el recuerdo
Sierra Madre, en donde están situadas las principales de las termas de Pompeya y de Roma: he aquí lo que
ciudades de México, reunen excelentes condiciones encuentra allí el visitante.
SECCIÓN CIENTÍFICA

LA ILUSTRACIÓN
dos pliegues muy marcados que daban á su Asonorrt{a
una expresión atenta y dolorosa; su nariz aguileña
caía sobre unos labios gruesos y estaba separada de
las mejillas por profundas arrugas. Conocía el inglés,
el turco, el ruso y el hebreó, pero hablaba principalmente el alemán. Al encontrarse en presencia del
doctor Charcot refirióle la larga historia de sus sufrimientos y leyóle una lista detallada de los síntomas
que sentía. A veces describía sus padecimientos con
entusiasmo, luego se enternecía de pronto y se ponía
á lloriquear. Si se le proponía un tratamiento escuchaba con atención, y después se sonreía, movía la
cabeza con ademán de incredulidad y decía que cuanto había probado había sido siempre inútil. Moisés
estuvo un año en París sometido á un tratamiento
eléctrico; pero viendo que no se remediaba gran cosa,
partió de allí en busca de una curación que no había
de encontrar.
Lo mismo le sucedió á Teófilo M., de Wilna, de
cuarenta y dos años (fig. r): empezó á viajar joven;
frecuentó los hospitales de Rusia, Alemania, Austria,
Inglaterra, y sólo estuvo algunas horas en la Salpetriere.
La historia de otros enfermos es la misma que las
de estos dos. Comparando los neurópatas viajeros en·
tre sí y con el Judío errante, llama desde luego la
atención el origen idéntico de todos ellos, que parecen haber salido del mismo punto, situado en los confines de Alemania, Polonia y Austria. Todos son políglotas, pero hablan preferentemente el alemán; el Judío
errante h~blaba también el idioma de cada país; todos

791

ARTfsttcA

sistema para obtener fotografías en colores, habiendo
presentado en una de las últimas reuh1ones de la So•
ciedad francesa de Física las últimas pruebas hechas
según su procedimiento por M. Lumie'ré. Consistieron éstas en paisajes admirablemente reproducidos y
en los primeros retratos en color obtenidos del natural, entre ellos el de un oficial de ejército cuyos galones y botones del uniforme tenían reflejos metálicos
y el de un químico rodeado de bocales llenos de' soluciones de variados colores. En esos clisés las carnes
y los diversos tonos aparecen con una pureza y riqueza de matices admirables.
Estos resultados son notables, pero no pasan por
ahora de experimentos de laboratorio: el método no
está todavía bastante perfeccionado para la práctica
ordinaria, porque las actuales preparaciones sensibles
son poco permanentes y produc;:en resultados muy
desiguales, sin que se sepa aún la causa de tales anomalías.
Téngase, además , en cuenta que la fotografía
de los color.es obtenida por el método interferencia!
no se presta ni probablemente se prestará nunca á la
reproducción en papel. Los colores se obtienen sobre
cristal y sólo son visibles cuando la placa está en una
posición conveniente con relación á los ojos de los
que la miran. De modo que hay que mirar el clisé
por reflejo, y si se quiere enseñar la imagen colorada
***
FOTOGRAFÍA EN COLORES
á varias personas á la vez, es preciso proyectarla en
la obscuridad por medio de un aparato reflector luSegún vemos en un periódico francés, el profesor minoso que produzca el mismo efecto que una linterG. Lippmann ha realizado nuevos progresos en su na mágica.

sorJ judlos y dentro de sí sienten el impulso que les
hace viajar casi siempre sin causa aparente, á menu•
do para consultar un médico nuevo. Viven de limosnas y de lo que les dan sus compatriotas de cada
país; como el Judío errante, visten muy pobremente
y llevan una gran capa ó una levita larga hasta los
pies; son casi siempre hombres de treinta á cuarenta
años que representan muchos más por las arrugas que
surcan su rostro; llevan la barba larga é inculta, que
es quizás el signo característico en ellos. La fisonomía de todos los neurópatas viajeros expresa sufrimiento, cansancio, desesperación: la cara flaca, los
pómulos salientes, las mejillas hundidas y las arrugas de la frente son cosas que se encuentran en to·
dos esos enfermos y en los retratos.
Desde el punto de vista patológico, los neurópatas
viajeros son, ante todo, extenuados, nerviosos, neurast¿nicos, y presentan todos los caracteres físicos y psíquicos de éstos y algunas veces también la historia.
El Judío errante no parece tampoco que gozara de
un gran equilibrio nervioso, porque siempre que pudo hablar con alguien se dió á conocer como perseguido.
ENRIQUE CouP1N
(De La Natt,re)

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\ ...,

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:ieceai&amp;all, No temen eJ 11co 111 ,1 c1u•
•anclo, porque, contra lo que ,ucede coo
lf?I dema1 purgante,, e1te no obra bieo
,mo cuando ,e toma con bueno, alunento,
1 bebi da, fonilicante,, cual el vmo, el catl,
el U. Cada cual e,coge, para purgaz:11, la
.llora 7 la comida iue m11 l e convienen,
se911n ,u, ocupac1one1. Como el cau,u
c10 que la purga ocasiona queda completamenle anuladopor el efectode la
buena alimentacion empleada,WJO
•• decide fllciJmente II volver
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1867

1872

18i3

1876

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I S IKPL14 COII' IL M4T0I. i:ltTO IK L.i.l

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�792

62 3

N ú MERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

r

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>U~ÍrtélC10t)

Ftí~t1ea
BARCELONA 27 DE NOVIEMBRE DE 1893

Aílo XII

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SANTANDER-PLAZA DE VELARDE, CALLE DE LA RIBERA Y MUELLE DE CALDERON

NÚM. 622

�LA
ADVERTENCIA
No habiéndose podido terminar dentro del plazo que tenla·
mos calculado lo, grabados que han de ilustrar el tomo prime•
ro de las TR,.OICIONRS PERUANAS, hemos tenido que demorar
el reparto del mismo á los señores suscriptores de la Biblioteca
Universal, quienes lo recibirán con uno de los próximos números.
....••J•,.•••'••••••J•u•••'•••••.l•,1••••••l'••"•l'•••••1•,,•,,1,.,•,,1•••••••••1•••"•l'••••,J•.,••,J•o•••l•u•,,r,,1••••••J'••

· SUMARIO
Texto. - Los sucesos de Melil/a. - La catástrofe de Santander.
- La mfljer del Sr. López. - El cigarro kaba110. - ¡ Til/11 .. .
toló11/.. - Miscelánea. -SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Varios. .c. Libros recibidos.
Grabados. - La catástrofe de Santa11áery el vapor &lt;Cabo Afa·
cllickaco'b, doce grabados que representan varias vistas de plazas, calles y edificios. - El general de brigada D. Higinio
Ribera. - Barce/011a. Embarque de tropas para Afelilla. - Orquesta eléctrica. - Figs. 1 y 2 . El queso monstruoso en la Ex·
posición de Chicago.

LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

III .
No, señores: ahora resulta que no es tampoco un
hijo del sultán el que viene sobre las kabilas; es un
tío; este tío maldecira a los rifeños como no cesen
en sus hostilidades contra los españoles; pero lo más
probable es que no llegue, ó que llegue cuando nuestras tropas hayan dado ya cuenta de los bandidos
del Rif; y eso que, ya lo veis, los pobres soldados de
España, obedeciendo órdenes superiores, hacen todo
lo posible también por estarse quietos, mientras el
enviado del sultán, hijo, hermano, tío ó lo que sea,
no arroje su maldición sobre los rebeldes. Tendremos, á lo último, que el ministro de Estado habrá
de cesar en esas astutas y asombrosas negociaciones
diplomáticas que en bien de España sostiene, dejando á nuestras tropas que las concluyan de por sí lo
más pronto y lo más honrosamente posible. Después,
cuando todo acabe, que llegue en buen hora ó no
llegue el hermano, el hijo ó el tío. Este personaje
recuerda al matón andaluz que siempre llegaba tarde
al lugar del peligro: en cierta ocasión hubo una gran
sarracina entre unos andaluces, y era esperado para
terminarla por su influjo y su poder de bravo; llegó
cuando los andaluces de la pelea estaban ya por el
suelo; uno, medio expirando, dijo señalándole:
- Ya salió el arco iris.
El matón le preguntó, resoplando fuerte:
- ¿Y por qué me ice ja mí e~o?
- Porque el arco iris no sale nunca, sino después
de pasada la tormenta.
Pues bien: ese tío que viene con la maldición será el
arco iris del cielo tormentoso del Rif. Mientras tanto,
el pueblo se consuela con sus vivas á España, y despi·
de a los batallones con entusiasmo delirante, que no
logra apagar la misma decepción que sufre al ver que
los batallones no hacen nada en Melilla. En Málaga
es donde toman más relieve esas escenas, con una
de las cuales bastaría para estudiar la idiosincrasia de
un país. Los malagueños con muy poco se exaltan.
Figuraos lo que será cuando existen para exaltarse
motivos suficientes. Allí es donde las despedidas á
los soldados adquieren proporciones más dramáticas, más pintorescas, más conmovedoras. Como se
está más cerca del Rif, los moros parecen más grandes, su intención más mala) su catadura más horrible y la situación de nuestros soldados más peligrosa: en cada puerta de casa, en cada banco de plazuela, en cada esquina de calle, hallaréis una moza de
corazón luctuoso que enjuga las lágrimas con un pico
del delantal, y estrechando la mano del hombre, le
pide entre sollozos que al pelear con el moro no deje
de la memoria á la pobrecita madre, ni á la Santísima
Virgen, que le dará su amparo. e.Con lo de Melilla me escriben desde allí, - hemos enloquecido; todos
los días entran y salen tropas, las campanas repiques y
más repiques desde por la mañana hasta la noche, y
d'e noche es un jubileo de luminarias, de colgaduras,
de gritos de alegria: te digo que todo el mundo está loco de entusiasmo; será que yo no lo entiendo, pero se
, me figura que, cuando los pobrecillos del ejército vuelvan - los que logren volver - vendrían perfectamente
las manifestaciones de ahora; el corazón se encoge y
la garganta se aprieta, al pensamiento de que toda
esa alegría es porque van esos pobrecitos soldados á
que los maten.» No, no mil veces; sería otra fatalidad
más que los soldados españoles no fuesen despedidos con esas grandes notas de entusiasmo y esas
lágrimas de afecto y esa ovación constante. Ellos
se van y llevan en su sangre, en su corazón, en su
memoria, en su ser todo, el dulce arrullo de aquella
gran ola de entusiasmo y alegría que los envolvió, y es
lo que les mantiene en la pelea, lo que mitiga su hambre, lo que apaga su sed; es todo eso, que unido con

•

NúMERO 622

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

su carácter, con su despreocupación y con su nerviosidad asombrosa, consiguió en todas las épocas al soldado español el renombre que hoy tiene aún. El
soldado es lo único que en España hay que no degeneró; el soldado es la flor única que conserva su perfume entre aquellas hermosas flores ya marchitas de
nuestras grandezas muertas; el soldado es la noble
reliquia que tenemos para recordar lo que fuimos;
el soldado, aparte de su bravura, su sumisión y su
carácter sufrido, es generoso y sabe agradecer; no
acertará quizá á explicarse sus sentimientos, pero
sabe que existen y lo sabemos nosotros; esas despedidas ruidosas, con iluminaciones, con colgaduras,
con regalos, con repiques de campanas, con gritos
delirantes y con lágrimas de emoción, es lo que hará
de cada chiquillo de esos un héroe en la pelea; el
que deja novia, padres ó hermanos, vence ó muere
con aquellas queridas y fantásticas figuras flotando
en su espíritu; pero hay otra cosa que le ayuda á
vencer ó á morir con nobleza; otra cosa que, aunque
lo creáis imposible, vale tanto ó más que la novia, el
padre ó el hermano; es aquel aliento misterioso de
abrasador perfume que lo acariciaba al partir á la
pelea, es el recuerdo de aquella ola gigante que lo
envolvía con espuma de flores y zumbido de aplausos y vivas; todo esto, es la patria; la patria con esas
grandes muestras le dice al soldado: confí.o en 11; y
el soldado responde muriendo por la patria, como
hijo que defiende el honor y la gloria de su madre.
Despidamos á las tropas entusiasta mente, sí; démosle los aromas c:je nuestra alma; démosle los alientos
de nuestra vida en el adiós majestuoso; ondeemos
banderas; que pasen, en fin, por ese gran arco de
triunfo que España les ponga como pórtico de luces,
para entrar en el Rif; que si el soldado muere, morirá dichoso recordando á España, y si es vencedor
tendrá en esas ovaciones un bello anticipo de las
que le correspondan al volver.
También aquí hemos despedido á la tropa; también aquí se presenciaron escenas que conmovían:
recuerdo aquella mañana de brumas, aquel piso húmedo, aquel cielo, como una gran sábana gris, con
manchones acá y acullá, donde parecían clavarse
las agujas de las torres, como estalagmitas que escalaron las nubes: al puerto, á los muelles, á los baleones, á las azoteas agolpábase la multitud conmovida
y ansiosa. El Turia, el Menorquín y el Nuevo Mahonés eran los puntos de concentración de todas las
miradas: el imán irresistible que las atraía: en las fa.
chadas del paseo de Colón advertíase una pintoresca y extravagante mezcolanza de colores; la multitud
aglomerábase allí en azoteas, balcones y ventanas
como imponente ola que hizo brecha con su empuje en el muro que la contenía; el mar saltaba también
en olas formidables sobre el muelle del Este, tendiéndose después en inmenso tejido de espumas, hasta
morir en las aguas tranquilas del puerto; los barcos
izaban todos sus banderas, é infinidad de embarcaciones atestadas de gente mecíanse alrededor de los
buques como diminutas palomillas grises que fueran
á posarse en sus cascos.
Llegó la hora: sólo vi partir á uno de los buques,
al Nuevo Jl,fahonés. Los que partían estaban contentos; los que nos quedábamos, tristes; no sé qué hay
de misterioso y grande en esa satisfacción de los que
van á la muerte tal vez, y la melancolía de los que se
quedan, sin abrigar por la muerte temor alguno. El
vapor silba, el barco leva anclas, los pechos se conmueven, las banderas ondean y crujen con el viento
como si adquiriesen tensión nerviosa, porque las hebras de su tejido se convirtieron de pronto en fibras
hu:nanas. Se oyen aplausos, vivas, gran clamoreo, frases que la emoción entrecorta, y al-moverse el buque
en aquellas aguas serenas, hasta las olas acarician su
casco, con silencioso beso de hembra enamorada,
para darle también su despedida.
El buque va alejándose; oficiales y soldados saludan y vitorean á España y á Barcelona; el entusiasmo aumenta entre los que se van, y un silencio
respetuoso domina á los que se quedan. ¿Podrá
creerse que ese silencio es frialdad? No. Se engaña si
alguno cree que los catalanes sienten ó aman menos
que los castellanos ó los andaluces; la humanidad en
todas partes es la misma; no consiste en el senti~i~nto, consiste en la m~ner~ de expresarlo; un me:
nd1onal_ no am~ menos m mas que uno del Norte, m
se apas1on~ mas ó meno~ tampoco; lo' que hay es
que no exhibe éste su pasión, que es reservado, que
se recon centra en sí: el hombre del Norte hace otra
vida de su amor? 1~ amolda á _la suya y se identifica
con ella: el mend10nal necesita cantar sus amores
para que ~us melo~ías lleguen al corazón de los otros
y sean fehces también con ellas: el del Norte no, ese
oculta su amor en el fondo de su ~echo y lo guarda
de todo el mundo; el otro goza mas con que gocen

los que Je rodean compre~dién~ole; éste goza más
cuando más fundido y oculto tiene su amor en la
urna de su pecho ...
Con estas reflexiones levanto la cabeza; el buque,
al que seguíamos en un pequeño barco, está ya distante· va convirtiéndose en una mancha obscura, como ¡quellas que salpican el ciel~; pero. todavía se
distinguen allá unos alegres puntitos ro1os; so~ los
pantalones de la tropa aglomerada sobre c~b1erta;
esos puntitos rojos llegan hasta mí como relampago
de la franca alegría con que el sol_dado español va ~1
combate· esa alegría que nunca pierde y que constituye la ~ota más sublime de su v~lor...
.
Miro hacia Barcelona... ¡Qué tnste todo! La cmdad
se envuelve en un sudario de brumas; sus edificios,
sus torres se ven allá de un modo confuso, v:igo, inexplicable como en el calor y el entusiasmo de una
gran fiest~ de amores distinguiríase la visión de la
muerte...
¿Qué hay en Melilla entretanto? ¿Cuál es su situación? La crónica de la semana con respecto á la
guerra ha de ser brevísima; en el campamento se reunen constantemente batallones y batallones; la animación aumenta; sigue cañoneándose al campo enemigo; siguen los combates parcial_es, en que. los soldados demuestran su poder y arro10; se ven e1emplos
de patriotismo y generosidad; organízase una partida
de presidiarios para la caza del rifeño, como las que
se organizan para la caza del lobo, que más que lobos son los salvajes del Rif; esta partida la manda
un hombre cuyo valor asombra, es el capitán Ariza,
que deja casa, familia, amigos y comodidades de la
fortuna, y deja su cargo en el ejército par~ ir voluntariamente á la guerra; se le concede capitanear una
partida de cuarenta penados, los entusiasma con su
tranquilo valor, los electriza con ejemplos de una
temeridad que enloquece, y los miserables penados
se cubren de gloria un momento y otro. ¡Qué oleadas de bienestar se meten en mis pulmones y en mi
sangre al deciros que el capitál'\ Ariza es malagueño!
Con las temeridades de Ariza; con la bravura de
los penados que le siguen; con la presencia en el
campamento español del moro Hacb, adicto á España como el más exaltado de nuestros patriotas; con
el fin desastroso del cantinero de uno de los fuertes;
con la historia de los convoyes que salen de la plaza
y son hostilizados por los moros; con el sigilo traicionero de esa chusma hediond:i del Rif, que va cautelosamente en mitad de la noche á soltar descargas
cerradas al mismo Melilla, retirándose después como
espectros terroríficos que se desvanecen en la sombra, dejando en el corazón la sorpresa y el coraje
que no puede estallar sobre ellos; con la muerte de
otro penado valeroso á quien acribillan las balas rífeñas por haberse comprometido él á ir solo con encargos distintos á los fuertes, encargos que cumplió
como promesas de religión antes de morir; con las
nuevas hazañas del capitán A riza y sus hombres; con
el entusiasmo que produce en el ejército la pública
felicitación que el general l\Iacías hace á los penados
y á su capitán: con la sensación de orgullo que nos
causa el saber que los rifeños han concluido por apodará los hombres de Ariza la partida de la muerte;
con la admiración que sienten españoles y rifeños
ante la singularidad extraña de que en la partida de
la muerte, á pesar de los estragos que produce y de
los actos, no ya de valor, sino de temeridad que ejecuta, no haya habido ninguna baja; con el malestar
sordo que hay en los combatientes de las primeras
jornadas, porque no hubo justicia, á lo que se dice, en
las recompensas; con la continuación de las pesquisas por la guardia civil en el asunto del contrabando
de armas, que tomó aspecto grave por las muchas
personas, de arraigo algunas en el mismo ejército,
que se susurra están comprometidas; con esto, en
fin, y la balumba inmensa de telegramas que se publican para ser desmentidos y de sueltos y artículos
que no sabemos adónde van ni de donde vienen, comidilla revuelta y vuelta á revolver, que á los de otra
nación cualquiera volvería locos, pero que á los españoles nos restaura y da bríos, por eso de que nos
hemos alimentado en todas ocasiones con comidillas;
con todo esto está distrayéndose la opinión durante la semana, mientras en Madrid los ministros
~iscuten á todas horas si debe ir López Domínguez
a Melilla ó no debe ir, y mientras López Domínguez
continúa diciendo que irá á Melilla ó se irá á su casa
y lo tiene todo preparado para ir y se asegura ya
que irá.
. ~ay que dejar aparte los aguijonazos de las opos1c1ones y de los enemigos del ministro de la Guerra
por la mira más ó menos personal que en est~
asunto lleve, y de que no debieran hacer armas jamás los que e_studian con imparcialidad este asunto,
porque en último caso, tan español como cualquier

I
¡

LA ! LUSTRACI ÓN

NúMERO 622

ARTÍSTICA

LA MUJER DEL SR. LÓPEZ
español es el ministro·de la Guerra, y tanto derecho
LA CATÁSTROFE DE SANTANDER
tiene como cualquier español á que se le crea _honrado
ANÉCDOTA CONTE~IPORÁNEA
La fecha del 3 de noviembre de 1893 será de rey amante de su patria; dejando aparte, digo, esos
I
aguijonazos y esas inculpaciones, atmósfe:a de que cordación terrible cuanto imperecedera para Santanlos hombres de espíritu sereno deben hmr para no der y para toda España: la catástrofe ocurrida aqueEl Sr. López, ó de López, que de ambas maneras
lla tarde en la hermosa ciudad montañesa llenará una
de las paginas más tristes de la historia de nuestras solían nombrarlo, era un pobre cesante de Loterfas,
no tan gracioso como el que sacaron á escena, con
calamidades nacionales.
A las dos de la tarde del citado día inicióse un in- muy buena sombra, por cierto, Estremera y Chapí
cendio á bordo del vapor Cabo Machichaco de la casa en el líndísimo juguete MIÍsica Clásica; pero casi tan
!barra y C.ª, de Sevilla, que llevaba entre otra car- necesitado como aquél y tan ganoso de ser repuesto
ga más de 1.600 c:ijas de dinamita, de 35 kilogramos como son casi todos los cesantes de Loterías... y de
cada una; acudieron á él las autoridades de la pobla- cualquier otro ramo de Hacienda.
Precisamente por trabajar para su reposición vino
ción y millares de curiosos llenaron el muelle de Maliaño, junto al cual estaba atracado el buque,_y los de- á Madrid, desde no sé dónde, el supradicho Sr. de
más muelles y sitios próximos. Cuantos trabajos se hi- López, á quien acompañó su mujer, una buena señocieron para atajar el fuego resultaron inútiles, en vista ra, muy entrada en años y muy metida en carnes,
de lo cual pensóse en echar el barco á pique, abrién- que no quería separarse de su marido ni en la prósdose para ello boquetes en los costados. Eran poco pera ni en la adversa fortuna.
Ya sabían ellos que había de costarles Dios y
menos de las cinco de la tarde c uando sonó una detonación horrenda: el buque CaboMaclziclzaco acaba- ayuda conseguir la anhelada reposición; pero como
ba de hacer explosión sembrando de cadáveres el López no había hecho en su vida otra cosa, ni servía
muelle y llevando la ruina, la muerte y la desolación para nada que no fuese acudir con puntuali_dad á la
oficina y trabajar á conciencia en su negociado, deSANTANDER. - RL VAPOR (CABO MACHICHACO) QU I!',CR
á todos los ámbitos de la ciudad.
MINUTOS ANTRS DE LA EXPLOSIÓN (de fotograffa de
¿Qué sucedió en aquellos momentos? Nadie es ca- cidieron sacrificar algunos ahorrillos que constituían
D. Pablo Duomarco, remitida por D. Pascual Urtasun)
paz de describirlo. Los testigos presenciales hablan el gato de la señora; y una vez en Madrid, se instade un estampido horrísono; de una tromba de agua de laron en humildísima casa de huéspedes y comenzó
.
.
inficionarse con ella, se convendrá á última hora en millones de toneladas, que inunda el muelle en una López su campaña.
¡Y
qué
mal
cariz
presentó
el
pleito
desde
un
pnnextensión
de
600
metros
tierra
adentro
y
que
arrasque es á López Domíngue~ á quien debem~s _llev~r
en palmas, porque es el único hombre del mm1~teno tra luego al mar un montón inmenso de carne huma- cipio! Muy difícilmente logró López_hablar dos ó tres
que la guerra quiere, y con la guerra el suspirado na; de una lluvia de proyectiles, algunos de muchos veces con el jefe del personal; al director lo saludó
instante de satisfacción desagraviadora; bien enten- kilogramos de peso, que siembran la muerte por los un día y al ministro ni siquiera pudo verlo de lejos,
dido que, al hablar de la guerr~, no se trat~ de con- sitios más apartados del de la catástrofe; de cuerpos aquello era para desesperarse. Pasaban días, pasaban
quistas, sino de un solo y formidable empuje en que mutilados que yacen exánimes; de heridos que se re- semanas, pasaban meses y las economías de la mujer
tomase la nación represalias, aunque sean crueles, para tuercen en las convulsiones de la agonía, lanzando de López mermaban á ojos vistas. Todas las tardes;
que sirvan al par de castigo severo al enemigo traidor horribles ayes; de gentes que huyen aterrorizadas; de mientras el infeliz pretendiente y su compañera sosotras que acuden en auxilio de los que en el muelle tenían heroica lucha con los garbanzos,peqzm1itos,pero
que siempre nos acecha.
quedan; de muchas que corren alocadas buscando duros, que les servía la patrona desp_iadada, con~aba
He de decir ahora para satisfacción cumplida que entre los vivos ó entre los muertos personas queridas. López á la mujer de López los desaires del oficial y
Y para colmo de tantos horrores, la explosión del las sobarbadas de los porteros, y ella decía á su mariel mensajero del sultán llegó; pero el mensajero al
fin no fué un tío, fue un hermano, y el sultán lo esco- buque produce el incendio de algunas casas de la ca- do que los ahorros de la hucha se agotarían muy pron.
gió tuerto para más de~oro; s_e llama M~ley Araaf. lle de Méndez Núñez, una de las principales de la to y que era necesario activar el sitio.
Este
cambio
de
impresiones,
como
ahora
decimos,
ciudad,
y
en
pocos
instantes
arde
toda
la
manzana
y
Las carantoñas y las manifestaciones que h1zo el buen
señor antes de llegar á Melilla no tienen núme- viénense abajo magníficos edificios, dejando en la era realmente muy poco agradable, y terminada la coro ... Macías le advierte con mucha lisura que se- más completa ruina á muchos que hasta entonces lación y concluído el relato de los sucesos del día,
acostábase la señora, que procuraba olvidar sus perá cañoneado también cuando venga si los moros como ricos se consideraban.
De la catástrofe han resultado más de 600 muer- nas y sus zozobras durmiendo, y daba cuatro chupano suspenden las hostilidades y si no presenta él
bandera blanca; se hace así; las hostilidades se sus- tos y millares de heridos: las pérdidas materiales pro- das á su pitillo el pobre López, mientras se distrafa
penden, Muley Araaf es recibido con gran ostenta- ducidas por la explosión y por el incendio son incal- leyendo en un libraco antiguo, colección de chistes
y cuentos, agudezas y epigramas, que para solaz y esción las tropas españolas se forman, Macías sale á su culables.
parcimiento del ánimo había pedido prestado á un su
Entre
los
muertos
se
cuentan
las
primeras
autorienc~entro por la puerta del Mantelete, ~compáñale
compañero de oficina.
brillantísima escolta, compuesta de secciones de to- dades de Santander.
Aburrido, desesperado estaba López cierta noche
LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA, al reproducir hoy en
das las armas, se saludan Muley Araaf y Macías, da
y
casi
resuelto á darse por vencido y á tornar á su
sus
páginas
algunos
detalles
de
la
catástrofe,
se
asoprincipio la conferencia, los soldados españoles están
ansiosos de saber lo que resulte por el temor de que cia de todo corazón al dolor inmenso que tan honda- pueblo, donde si no tenía qué comer, tampoco sería
el hazmerreir de porteros mal educados y de zafios orsea una paz que no les permita honr~so desquite, y mente aflige á los santanderinos.
denanzas, cuando hojeando la colección tropezaron
los ministros esperan anhelantes también lo que MaLos grabados que publicamos son copias de foto- sus ojos con el siguiente epigrama, muy conocido y
cías diga para discutir sobre la marcha la determinagrafías que nos han sido remitidas por D. Antonio muy antiguo, pero que López no había leído nunca:
ción que ha de tomarse.
López Domínguez no está conforme con eso, no se Berdegué, comisionado por esta casa editorial, don
¡Un ascenso ha conseguido
ª"iene á razón ninguna, declara que todo eso es ver- J. P. de Barbáchano y D. Vicente Rodríguez de Soel marido de Librada,
güenza, afirma que no co~cederá ni un minuto de to, nuestros corresponsales en Santander, y por don
sin que el hombre haya tenido
aplazamiento en las operaciones y que no hay modo Pascual Urtasun, fotógrafo de aquella ciudad, á
que moverse para nada.
¡Ella si que se ha movido!
de un arreglo pacífico, y da al general de la plaza quienes damos nuestras más expresivas gracias. - X.
órdenes terminantísimas de que no acepte tregua alguna en las hostilidades d~l campo ~i
Muley Araaf las pide. Por esta act1tud del ministro de la Guerra y por la de Sagasta, qu~ se
plañe lastimeramente porque cese el con_flicto
de Melilla, haciendo todas las concesiones
,.
que se necesiten con tal de que no se gaste
más dinero se comprenden las profundas divergencias que hay en el gobierno y lo fatal
y terrible que pueden ser para nosotros.

***

No cerraré mi crónica sin decir antes que
en medio de la ansiedad de todo el mundo por
saber lo que de la conferencia de Macías y Mu·
ley Araaf resulte, ha caído como un raro un
telegrama gravísimo_; asegura que se umeron
gran número de.kab1las, que se han presentado amenazadoramente en toda la cuenca del
río del Oro, que la situación del ejército español es apuradísima y que no se pueden enviar auxilios por falta de buques.
La ansiedad que hay por saber 1~ que resulte de la conferencia y la espectac1ón pr~funda producida por ese despacho han po?1• .
de solamente hacer olvidar un poco 1~ 1Ta
que se levantó en los corazones co~ las 1er~miadas del Sr. presidente del Co~se10 de ministros. El pueblo tspañol no quiere guerra;
pero quiere paz honrosa.

M.

l\fARTÍNEZ BARRIONUE\'O

SANTAND&amp;R, - CASAS DE LA CALLE DE MÉNOEZ NÓÑEZ POR LA PART&amp; QUR DA AL MUELLE DE MALIAÑO
(de fotogrnfla de D, Anicelo González, remitida por D. V. Rodrlgue1. de Soto)

�LA

NúMERO 622
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

~a lect~r3: del epigrama fué para López una revelación... Sintió, al leerlo, algo parecido á lo que debió
de sentir el matemático griego cuando saltó del baño
gritando ¡Eureka, Eurekal López no saltó del baño,
entre otras razones porque no estaba bañándose ni
en la casa de pupilos se gastaban esos lujos· López
no salió gritando por la calle «¡lo encontré, encon-

1d

nero reci?ido para la matrícula, ya lo que le producían los. Ii_bros de texto mal vendidos al primer librero de v1eJO del convento de la Trinidad .. . (que ya
no era convento). _Pero, aun con eso, el pobre López
no _tuvo nunca m había esperanza de que tuviese
capital para sostener mucho tiempo á la Morenita
con todo el lujo y todo el aparato que su argumento

SANTAN DER. - INTERIOR DEL DEPÓSITO DE LA COMPAÑÍA ARRE NDATARIA DE TABACOS

(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)

tré!..» pero ~í despertó á su cónyuge, la cual dormía
~uy tr~nqmlamen~e, y le dijo: «Me parece que he
d1scurndo un medio de conseguir que me repongan.
Será necesario que sacrifiquemos alguros duros· pero
de todas maneras estamos sacrificándonos.)) L~ mujer de López, que no discutía jamás con su marido
pero que había oído decir siempre que en este Ma~
drid todo ~uesta_ dinero, halló muy razonable lo que
López dec1a; se incorporó un momento, y de deba¡o
de su almohada sacó un envoltorio de trapos, cuyo
núcle?, _que tardó bastante en aparecer, lo
const1tma un calcetín, donde la pobre señora
guardaba sus capitales. Marido y mujer hicieron arqueo, del cual resultó que poseían sesenta duros y algunos céntimos de peseta, á lo
cual habla que agregar, en el activo, el importe de una semana de pupilaje que por adelantado habían satisfecho aquella mañana misma,
y ~e lo que había que considerar como pasivo,
treinta pesetas, que era preciso tener aparte
para comprar los billetes de tercera cuando regresaran al hogar doméstico.
López calculó que cuarenta duros bastarían
para realizar el proyecto que había concebido; los tomó, devolvió el resto á su mujer,
que tornó á esconderlo entre infinitas vueltas
y revueltas del envoltorio. López salió inmediatamente de la casa de huéspedes, y su mujer,
desp~és de colocar del mejor modo posible
debaJO de la almohada el lío,· reanudó con la
mayor tranquilidad su interrumpido sueño..

requería. 'Las relaciones de la traviesa muchacha con
López, aunque muy cariñosas_ y muy íntimas, duraron poco ... Ambos comprendieron que no era posible prolongarlas durante largo tiempo, y se separaron_, de común acuerdo, pero quedando muy buenos
amigos.
La Morenita había prosperado; todavía estaba de
muy buen ver; pero ya se la nombraba Juana la Morena entre las gentes alegres de cascos. De lo próspero de su fortuna había enterado ella misma á Ló-

NúMERO

612

ta duros del tesoro conyugal, salió de la vivienda que
él y su esposa usufructuaban.
Todo se lo habría esperado Juana la Morena menos recibir á deshora de noche aquella visita de su
antiguo amigo, á quien, sin embargo, acogió muy
afectuosamente y con grandes y sinceras manifesta·
ciones de alegría.
- ¿Qué traes por aquf, picaronazo?, le preguntó riéndose cuando lo vió entrar en la sala.
Vamos, prosiguió diciéndole, siéntate á mi
lado, tunante, como te sentabas hace veinte
años en aquella salita de nuestro entresuelo de
la calle de la Biblioteca; y dime lo que te sucede... porque tú no has venido aquí á humo
de pajas.
- Ganas tenía de verte, contestó López,
eso es la verdad; y aunque algo hablamos la
otra mañana en la Puerta del Sol no me hubiera ido tranquilo al pueblo si~ echar un
párrafo contigo para recordar nuestra aventurilla de antaño... ¡Y cuidado si estás guapota! ... No pasan años por ti.
,- ¡Bah, bah, bah!.. Que no me tomes tú el
pelo ahora... A perro viejo no hay tus tus... Si
te traes algo, me lo dices sin tantos requilorios ni tanto jarabe de pico...
- Pues bien: quiero que me bagas un favor.
- ¡Acabáramos!.. Así se dice... Echa por
esa boca, y si puedo... está hecho.
- Sí_ puedes, y ~demás, para ayudarte á poder traigo yo aqm cuarenta chuchos que voy á
darte ahora mismo.
- No son malas ayudas; pero paga adelanta,da es paga_ gra~ios_a. Guarda por ahora el parne, que gracias a D10s, no lo necesito, y sepamos de qué se trata, que ya me has metido en
curiosidad.
López, acercándose más todavía ájztana la
Morena, explicó al oído de su amiga lo que
se proponía. De perlas hubieron de parecer á
Juana las explicaciones, porque las acogió
con · repetidos movimientos de cabeza señal~s evidentes de asentimiento, y las int~rrum.
pió más de una vez con ruidosas carcajadasCuando López hubo concluído de hablar y hubo
ces~do de reir Juana, ésta, recobrando oportunamente
el aire grave de quien trata un negocio serio, dijo:
- Me parece bien, m~y requetebién lo que piensas,
Y creo que podré servirte. Yo misma no; estoy ya
m~y /ondosa y muy estropeada... y además en Madn~ me conoce todo el mundo; ... pero hay aquí una
Lohlla, andaluza ella, y con una carita de santa, que
parece talmente que nunca ha roto en su vida un
plato, y con más malicia y más gracia que pueda ha-

II
,.

López había cursado en Madrid algunos
años de la Facultad de Derecho; no concluyó
la carrera, eso no; ni se examinó siquiera de la
asi&amp;n~tura de Derecho Rómano; pero fué estudiante, y como estudiante vivió en Madrid,
cuando mozo.'.. , que también López había sido
mozo, y algo calaverilla y bastante mujeriego,
antes de ser empleado de Loterías.
~n su vida de devaneos estudiantiles y de
bailes en Capellanes conoció á una muchacha
muy graciosa y de muchísima travesura á
SANTANDER, - CALLE DR MÉNDl!Z NÚÑEZ POR LA PARTE QUE DA AL M-UELLE. DE MAL!AÑO (de ,,otogra fi1a de A . G onzález)
. sus compañeras de taller como también
'
qmen
los estudiantes de entonces, ;ntre lós cuales
tenía mucho partido la chica aludida apodaban la pez una mañana, en que dirigiéndose el ceSahte al mi- ber en un serrdnatio co11ciliat. Voy á llamarla; la enMorenita_.
'
nisterio de Hacienda, se encontró, de manos á boca teramos del asunto; le das los_ cuarenta chulés, y me
Algunas locuras había hecho López por la More· en la_Puerta del Sol con su antigua amiga.
' d~¡~ cortar la mano derecha s1 no desempeña la conita y más de un disgusto y más de dos hubo de dar
Y Justamente á casa de ésta se encaminó el buen m!s1,ón mejor que nadie, .. porque tiene una labia y
á los padres gastando en convidarla á cenar, ya el di- López, cuando1 despuée de habet totnado los cuaren- un angel que se lleva de calle á las gentes.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La señora de López nunca supo que el subsecregunos años vino usted á gestionar su reposición. Ahora tario, que tan fino le pareció, la había confundido
soy subsecretario. Con tantos con una amigota de Juana la Morena.
cambios como han ocurrido
Ahora no vayan ustedes á decirme que si López
en estos tiempos, he logrado
ascender. ¿Usted habrá veni- fué marido un poco imprudente; que si el ministro
fué hombre un mucho incauto; que Quintales fué
do con la señora?
mal fisonomista, y que si torna y que si vuelve, y que
-Sí, señor.
- ¡Cuánto tiempo hace que nada de esto es verosímil. .. porque mutatis mutandis
no tengo el gusto de verla! Y (y desde luego cambiando los nombres) lo he referies una excelente persona, y do tal y cual me refirió el hecho mi querido y buen
¡qué humor el suyo! Siempre amigo Pepe Zahonero. El cual conoció personalmentan de broma ... sin pasar los te al subsecretario, y á la señora de López, y á López,
límites de lo lícito, por su y hasta por referencia, según tengo entendido, á la
puesto. No deje usted de dar· Morenita.
A. SÁNCHEZ PÉREZ
le recuerdos míos.
- Lo haré así y los estima- ,..,,,•.,.,,,••••••f•,1•••"•l'••"•l'••"•'''•"•1•,,•,,,,,,.,,,,,,,,,,••••••r,,•••1•••''•'•••·••1•,r,,,.,1••••••r.,•••1•u•••t\
rá mucho.
EL CIGARRO HABANO
- Y á propósito... ¿cuánto
tiempo se propone usted pa·
Frustrada por completo la sorpresa que con más
sar aquí?
temeridad
que buen tino intentara el coronel R* con
- Acaso pasaré cuatro ó
sus escasas tropas, rechazadas éstas por un enemigo
seis días.
- Entonces ¿aún estará us- superior en fuerzas y bien parapetado, convirtióse
ted entre nosotros el miér- luego la retirada en fuga á campo abierto, y los soldados cristinos apelaron al único recurso que tenían,
coles?
fiando la salvación á la ligereza y acosados de cerca
-Tal creo.
- Pues véngase al ministe- por los carlistas.
- Puesto que todo el mundo corre ... ¡á correr! ... ,
rio ese día; pasa por allí la cabalgata y verá cosa digna de se dijo el capitán Montoro, que había sido el primero
verse. No deje de llevar á la en el ataque y el último en volver las espaldas.
Y después de romper de un pistoletazo la cabeza
señora; le gustará... á ella
que es tan alegre y tan ani- de un absolutista que se aproximaba en exceso, empezó á saltar como un gamo.
mada ...
Pero á los pocos salto~ tuvo que pararse en seco.
Efectivamente, López
acompañando á su esposa fué Cinco ó seis carlistas que parecían salidos por escoal ministerio; la mujer estuvo tillón le cerraban el paso, intimándole se rindiera. El
como una reina (según ella fugitivo, á cuyos oídos debía de sonar mal el requedecía), en el mejor sitio del rimiento, intentó aún replicar á cuchillada limpia;
mejor balcón, donde lo vió to- pero antes de que pudiera él darse cuenta, salió despedido de su diestra el sable que empuñaba, al choSANTANDER, - ENTRADA DE LA CALLE Dlt MÉNDEZ N ÚÑ KZ
do perfectamente.
Pérez de Quintales colum- que de otro acero vigoroso: desarmado, indefenso, el
(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)
bró desde lejos á su protegi- oficial bajó la cabeza, mordiéndose rabioso los labios
do,
y
se
fué
á
él
en
derechura;
cogióle cordialmente y murmurando una maldición.
Y diciendo y haciendo, mandó que compareciese
Veinte minutos después, custodiado por un alférez
Lolilla, que en efecto parecía una colegiala inocento- la mano y gritó:
y
algunos
soldados, penetraba en un caserón donde
¡Amigo
López,
cuánto
le
agradezco
que
haya
vena y candorosa: sonreía con timidez; miraba con dultenía
la
división
carlista sus cuarteles. Apenas había
nido!
¿Está
con
usted
la
señora?
zura, hablaba suavemente.
andado
cuatro
pasos
por· el interior de una tan in- Sí. Ahí la han colocado.
- Aquí tienes á tu mujer, dijo al verla enttarJuana
mensa
como
destartalada
sala, cuando se halló frente
Voy
á
saludarla.
Hágame
usted
el
favor
de
prela Morena á su amigo López: mira, Lola, el señor es
á
frente
al
coronel
Gomerano,
un hombre joven, de
sentarme
por
si
ella
no
se
acuerda.
tu marido, dijo á la recién llegada; y hecha tan conmarcial
aspecto,
que
retrocedió
al ver ante sí á
López lo hizo así; y en efecto, la señora no se acorcisa presentación, el pretendiente explicó á Lolilla el
Montoro.
daba
de
Pérez
Quintales
(á
quien
nunca
había
visto)
proyecto á cuya realización debía contribuir, y Lola,
- ¡Cómo!, exclamó entre asombrado y dolorido.
que era muy aficionada á cosas de teatro y á repre- y Pérez Quintales tampoco se acordaba de la señora
¿Eres
tú, Camilo?
sentar comedias, acogió la idea con entusiasmo y de López (con la que no había hablado en su vida);
El
mismo que viste y calza. ¿Qué tal vamos,
ninguno
de
los
dos
se
atrevió,
sin
embargo,
á
decir
lo
ofreció desempeñar bien su papel.
Para ello, sin embargo, después de recibir los cua- que pensaba ... Cruzáronse entre el uno y la otra al- Marcial amigo?
- ¡Ira de Dios! ¿Por qué te has dejado coger?, progunas palabras insignificantes, y Pérez puso muy
renta duros, pidió instrucciones.
siguió
el coronel con violencia.
.
pronto
término
á
situación
tan
embarazosa.
- Me parece, contestó López, que no las necesitas.
- ¡Vaya una pregunta y vaya un modo de recibir
Cuando Pérez se alejaba, á pasos precipitados, del
Estas doscientas pesetas· te las doy para que me sirvas. Como bagas eso, quedarás con la intención libre balcón, alguien le oyó murmurar: «Pero ¡Dios mío, á los amigos!.. Si te crees que ha sido por mi gusto...
- ¡Desgraciado! Más te valiera hacerte matar en el
para servirte á ti misma ó hacer lo que mejor te pa- cómo se ha desfigurado en tan pocos años!.. Verdad
es que la vida que traía; ... pero nada, parece otra.» campo de batalla antes que...
rezca oportuno.
Muy pocos días después, la señora de
López, conseguida ya la reposición (con
ascenso) del cesante de Loterías, abandonaba la casa de huéspedes en que tanto
había padecido, y emprendía muy satisfecha el viaje de regreso á la casa pairal, largo tiempo abandonada.

III
Han transcurrido siete años.
López se halla accidentalmente en Madrid adonde ha sido llamado por el jefe
para una comisión del servicio.
U na tarde, al pasar por la calle de Preciados, oye á un caballero que desde el
carruaje le grita:
- ¡Eh, López, López, señor de López!
Detiénese López, el carruaje se detiene
también, el caballero que lo ocupa desciende y se va derecho hacia López con
los brazos abiertos.
- ¿Usted por aquí, Amigo 1.ópez?¡Cuánto tiempo sin verlo!.. ¿Qué es de su vida?
- Pues, ya ve usted, lo de siempre... ,
contesta López, sin saber cómo decir á su
interlocutor que no lo conoce.
Este lo adivina y se apresura á gritar,
riéndose y abrazándolo cada vez con más
fuerza:
- ¿Usted ya no se acuerda de mí?
- Realmente, no caigo.
- Soy Pérez, Pérez de Quintales, el jefe
del personal de Hacienda, cuando hace al-

SANTANDER. - AUDIE~CIA

y

CASAS CONTIG UAS

(de fotografia de D. Aniceto González, remitida por D.

J.

P. de Barbáchano)

�766

LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

622

- ¡Oiga! ¿Te propones acaso hacerme meter cuatro
- Tome usted, capitán; de veras siento no poder
balas en el cuerpo?.. ¿Te callas?.. Habla, chico, no te ofrecerle un buen habano, pero en campaña se fuma pantosamente, pero logró reponerse al punto, é inclinándose con extremada cortesía dijo:
apures... Si tengo que morir, moriré y sin pestañear. lo que se puede.
- Un millón de gracias, mi general.
Gomerano, emocionado, se mordía los labios; lueBrincó de repente Montoro sobre su silla ... Tomó
- Supongo, replicó éste, que ahora estará usted
go, balbuceando, en frases entrecortadas indicó á su el cigarro, lo dejó sobre la mesa, y volviéndose hacia
dispuesto
á...
antiguo compañero de armas la terrible verdad. Aque- el coronel le preguntó con acento ligeramente tem¿A
morir?,
continuó el capitán con altanería y
lla misma mañana, al salir del pueblo el general jefe bloroso:
terminando
la
frase
del caudillo carlista, sí, señor.
de las fuerzas de D. Carlos, le había comunicado la
- Dime, Marcial, ¿tienes un buen tabaco habano?, Pero supongo también que V. E. me dejará fumar
terminante orden: «Todo oficial cristino que cayera ¿una breva legítima del Rey?
antes mi habano; de lo contrario no me explicaría el
prisionero, fusilado. » ¡Y el destino, el maldito desti- No; aquí no gastamos más que puros france- obsequio.
no quería que el único oficial prisionero, tras el frus- ses... , y gracias. Estoy seguro que ninguno de estos
- Fume usted, capitán; esperaremos.
trado ataque de una columna liberal, fuese precisa- señores podría brindarte un cigarro decente.
Durante
media hora reinó en la sala un silencio
mente Camilo Montoro! Antes que la guerra estallaTodos los oficiales movieron negativamente la ca- de muerte que nadie se atrevía á interrumpir. Monse, Montoro y Gomerano habían servido juntos co- beza, mirando al cristino, cuyos ojos brillaron de una
mo subtenientes en el mismo regimiento; después, manera extraña. Respiró con fuerza, y dirigiéndose toro, impávido, desdeñoso, haciendo gala ante aquellos adversarios de su causa y de su vida, que le concuando la sangrienta contienda dividió á los españo- de nuevo á Gomerano exclamó:
templaban con mal oculta admiración, de un valor
les en dos bandos encarnizados, Marcial se fué con
- En este caso, chico, te vas á ver en un compro·
el pretendiente, en cuyas filas alcanzó el grado de miso. Lo siento por ti; pero si no me das un cigarro sin debilidades, aspiraba tranquilamente el humo del
coronel. Camilo era capitán tan sólo cuando la ca- habano, una breva legítima, te encontrarás en la ab- exquisito habano y seguía con la vista las blancas essualidad los puso nuevamente en contacto. No había soluta imposibilidad de fusilarme. o, no estoy loco, pirales que subían hasta el techo después de flotar
existido nunca, á la verdad, entre los dos oficiales, añadió observando las miradas de los presentes y como leves y aromáticas nubecillas. Los dos tercios
cuando el servicio del rey Fernando VII les uniese el gesto de Gomerano. ¿Te acuerdas del último par- del largo veguero estaban ya consumidos, cuando el
aún bajo la misma bandera, una amistad entrañable. tido de pelota que jugamos cinco años atrás en Pam- fumador se puso en pie para dirigirse á D. Rafael y
Diferencias de carácter y sobre todo de opi11iones plona? ¿Recuerdas que te gané? ¿Recuerdas que el decirle sonriendo:
- General, este cigarro es riquísimo, pero dema •
políticas separáronles desde los primeros tiempos; precio de la apuesta fué un cigarro habano? Pues
pero ¡qué mucho!, al fin y al cabo habían sido com- bien: este cigarro habano no lo he fumado todavía: siado largo y no quiero abusar de la amabilidad de
pañeros de armas, leales y corteses: eso de fusilar á me lo debes; por consiguiente paga... antes de fusi V. E. ni robarle un tiempo precioso. Señores, cuando ustedes gusten ...
un antiguo camarada no podía menos de parecer co- !arrue.
Al mismo tiempo tiraba la punta del cigarro, que
sa muy dura al coronel Gomerano. Pero ¿qué remeSoltaron la risa los oficiales; tan buen humor en con gran sorpresa de todos recogió el general para
dio quedaba?.. Las leyes inflexibles de la guerra, de aquellos momentos les hechizaba. Gomerano sonrió
alargarlo á ~fontoro, mientras con su acento impasila ordenanza... de... de... la necesidad de represalias... , á su vez y dijo:
ble le decía:
·
el... Y Marcial, acongojado, buscaba fórmulas y palia- Sí; recuerdo todo eso... , cre0 que no nos habíaNo
tire
usted
esta colilla, capitán; sería una intivos, razonando con frase torpe, no sabiendo cómo mos vuelto á ver desde entonces...
gratitud... Conserve usted mientras viva los restos de
hacer comprenderá su prisionero la oportunidad de
- ¡Oh! o tomes la cosa á broma; paréceme que un cigarro al que debe usted la vida y la libertad.
que se dejase fusilar.
mi situación es bastante seria para andar con chan- . . . . . .. .
. .
. .
- ¡Cómo ha de ser!, replicó el reo haciendo un es- zas. Las deudas de juego son deudas de honor, y el
Y ahí tiene el lector explicado por qué en la capifuerzo sobrehumano para aparentar serenidad y para honor no te permite fusilarme sin haber pagado antes.
lla de la Virgen del Salto hay, entre varios exvotos,
sonreir. Y añadió tras breve pausa. ¿A qué hora?
El joven se había puesto en pie y hablaba con
Marcial volvió á vacilar y á balbucear. Luego in- acento tan grave y vibrante, eran su rostro y su ade- un relicario de plata, larguirucho, al través de cuyo
dicó á medias palabras, que las tropas acantonadas mán tan enérgicos y tan solemnes, que los oficiales cristal se ve una colilla de puro.
debían abandonar el pueblo al rayar el alba, y que cesaron de reir y un silencio profundo reinó en la
por lo tanto era &lt;conveniente» que todo quedase vasta sala. El mismo Comerano, inmutado, permaneJ uA~ Buscó~
.................,,.,,........,.•• ,/',....................,•• ,,•• ,.,,,,,¡•,.•,,,•••.•,,.,,••,,•• ,••,,....................... ,••.••,,.
despachado antes de emprender la marcha.
ció un minuto inmóvil. Luego, con gesto severo y
Camilo se puso pálido. ¡Al rayar el alba!.. Había triste, dejó caer estas palabras:
EL GENERAL DE BRIGADA
cerrado la noche por completo; corrían entonces los
- Camilo, se va haciendo tarde; es hora ya de que
últimos días de junio, ¡y se levanta tan tempranito la pienses en asuntos más serios y trascendentales para
D. IIIGIXIO DE RIBERA
aurora en este mes!
tu alma.
Vivo está todavía el recuerdo de la entusiasta des- Supongo, articuló el joven, que no se me rehu- ¡Poco á poco!, replicó violentamente el capitán; pedida que el pueblo de Barcelona tributó á los basarán los auxilios de la religión.
no eludas la cuestión y acuérdate ante todo, si eres
- Claro que no, replicó vivamente Gomerano; es- caballero, de lo que significa un compromiso de ho- tallones que constituyen la brigada del general Ribetamos precisamente en la casa rectoral y el padre Lo- nor y de lo que vale una palabra empeñada. Las ra. El ayuntamiento en pleno y la población en masa
acudió á los muelles para obsequiar y aplaudirá los
bo es un excelente sujeto.
apuestas que se pierden se pagan: que se trate de un
- Y supongo también que antes se me dará de millón, que se trate de un cigarro lo mismo da. ¡Se- valientes soldados, jefes y oficiales que abandonaban
cenar.
cuanto podía serles más querido para defender en
ñores!, añadió volviéndose hacia la oficialidad que
- Sin duda... , ya lo creo. Cenarás con nosotros..., escuchaba silenciosa y palpitante; ¡señores!, sois mis tierra africana los derechos de la patria. Todos parsi te parece bien, exclamó Marcial encantado de que adversarios, sois mis enemigos, sois los enemigos de tieron animados de levantados propósitos, en todos
podía observarse igual entusiasmo, dispuestos á deel prisionero tomase las cosas con tanta filosofía.
mi reina y de mi bandera, pero sois todos hombres
- Me parece de perlas. No me gusta estar solo en de honor y á vosotros os hago jueces y árbitros de mostrar en los combates cuán justificado fué el cariñoso saludo de la ciudad de los condes.
la mesa. Deseo que me trates hien ... Ya ves.. , será la cuestión: decidid en conciencia.
No cabe dudar que en Melilla cumplirán como
mi última comida... Recuerda que soy goloso y además
- ¡A fe mía!, dijo impetuosamente un jovencito
que á los condenados á muerte no se les niega nada. que llevaba uno de los apellidos más ilustres de Es- buenos, con mayor motivo si se tiene en cuenta el
- Quedarás complacido. Lozano, dígale á la seño- paña, juro por mi nombre que el capitán está en su prestigio y las dotes militares que tanto distinguen al
caudillo, al jefe superior que ha de dirigirlos en el
ra Mónica que se esmere y que nos dé lo mejor que derecho.
combate.
El_ historia~ del general Ribera es garantía
haya en el corral y en la despensa del señor cura.
- Creo lo mismo, opinó sentenciosamente el code
que
la
primera brigada· del 4.0 cuerpo de ejército
mandante veterano.
dejará
bien
sentado su pabellón en los campos de
Y los demás, levantándose de sus asientos uno Melilla.
*
tras otro, confirmaron el fallo.
**
D. I_Iiginio de Ri~era t;studió en el colegio de To- Pero ¿y mi deber, mi consigna?, gritó Gomerano
ledo, siendo promovido a alférez con destino al baUna hora más tarde, el capitán Montoro, sentado exasperado.
á la derecha del coronel, cenaba en compañía de la
- ¿A mí qué me importa tu consigna? Cúmplela; tallón de cazadores de Ara piles en r. 0 de enero
oficialidad carlista. Los comensales no podían menos pero antes cumple conmigo. Mi derecho es preferen- de 1861. En el siguiente año de 1862 fué tras'adado
al de Ciudad Rodrigo, y en el de 1865 nom brósele
de sorprenderse y de admirar la pasmosa serenidad te al tuyo.
del mozo que con un pie ya en el sepulcro manejaba
- ¿Pero de dónde demonios quieres que saque yo ayudante del general Rubín, capitán general de Granada, en cual cargo cesó en 1866 para ocupar su
tan gallardamente el tenedor y parecía olvidar por tu habano?
completo el tremendo epílogo que debía tener aquel
- Esto no es cuenta mía. El deudor es quien ha puesto en el citado ba~allón de Ciudad Rodrigo, tobanquete. Un sincero interés se pintaba en las mira- de proporcionarse los medios de pagar, no el acree- mando parte en la acción de Llinás de Marcuello, y
por este hecho de armas fué ascendido al empleo de
das de todos, y aquellos hombres avezados á afrontar dor. Quiero mi habano: arréglate tú como puedas.
teniente en 1867.
la muerte á diario se sentían el pecho oprimido ante
La atención de los circunstantes estaba tan absorla proximidad de la muerte ajena.
En 1868 fué destinado al batallón cazadores de
bida, que ninguno paró mientes en un nuevo persoEntretanto la noche adelantaba ... Camilo, char- naje que desde algunos minutos era mudo testigo de Barbast~o, que se hall~ba de guarnición en Málaga,
lando por los codos, bebiendo á más y mejor, procu- aquella extraña escena. Envuelto en un holgado man- encontrandose en vanos combates librados por las
raba mantener con una excitación febril aquel valor to militar, cubierta la cabeza por una boina de la que trop~s con_los republi:anos, ascendiendo á capitán
alegre, brillante, que quería desplegar hasta el último pendía rica borla de oro, plantado junto al umbral de en ~•~ho auo por méritos de guerra, con destino al
momento. Platicaba sonriente con unos y con otros, la puerta escuchaba inmóvil. Por último se adelantó regnmento de Saboya. En 187 2 fué trasladado al de
refería lances de guerra, anécdotas, chascarrillos ... , y hasta el sitio donde estaban sentados los dos princi- América, en el que empezó la campaña contra los
la noche seguía su curso.
pales actores del lance, y la luz de los candiles ilumi- carlistas, formando part~ de las _columnas de Mola y
Martínez, 1\facías, Gam1r! Baldnch, Cabrinety y MerHacíase tarde: Gomerano, que no imaginara que nó su semblante atezado, severo.
la cena se prolongase tanto, había consultado más de
- ¡D. Rafael!, murmuraron los oficiales levantán- cado, hast~ q~e ~o~ motivo de los sucesos promoviuna vez su reloj á escondidas; y nervioso, abstraído, dose á un tiempo y guardando una actitud respe- dos por la_ rnd1sc1phna del ejército pidió el reemplano osaba, empero, insinuar á su convidado la opor- tuosa.
zo para Vigo, su pueblo natal, en donde permaneció
t1uudad de levantarse de la mesa y de preparar el
- Coronel, dijo el recién llegado con acento hreve, hasta 1874, en cual fecha volvió á incorporarse al
alma para cuidados más serios y apremiantes. Dos frío, cumpla usted la palabra dada; ahí tiene un ha- ejército activo, sirviendo á las órdenes del gerteral
D. Pedro Esteban, tomando parte en gran número
ordenanzas acababan de servir el café, y un viejo bano legítimo; déselo usted á este caballero.
de
hechos de armas, entre ellos el de Prats de Llusacomandante, sacando una mugrienta petaca, ofrecía
Y su diestra alargaba á Gomerano un magnífico
un cigarro á Montoro, diciéndole con voz bronca cigarro, que Marcial tomó haciendo un saludo mili- nés! _toma de Olot por el &amp;e?eral Martfnez Campos,
que procuraba hacer cariñosa:
tar y entregó á Montoro. Este había palidecido es- y s1t10 y toma de Cantav1e1a. Por los méritos contraídos en estas acciones fué ascendido á comandan-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 622

te, teniente coronel y grado de coronel,
confiriéndosele el mando del batallón de
la reserva núm. 3~, cuya organización llevó á cabo. En 1876 fué ascendido por el
rey D. Alfonso XII á coronel, confiándosele el mando del batallón cazadores
de Alfonso XII.
Desde 1884 á 1891 desempeñó el cargo de comandante militar de la_rlaza de
Puigcerdá, hasta que fué ascen?1do á general de brigada en 5 de noviembre de
189 1. Mayor espa~io del que podemos
disponer sería preciso para enumerar lo_s
eminentes servicios que prestó á la heroica villa durante el largo período que desempeñó la comandancia general, ya que
entre ellos figuran importantísimas mejoras de beneficiosos resultados para aquella población. Puigcerdá ha sabido demostrar en cuánto estima los esfuerzos y
la afición que por ella siente el general
Ribera nombrándole su hijo adoptivo y
ofreciendo el raro hecho de haber llevado á cabo una suscripción verdaderamente popular para ofrecerle un bastón de
mando, en la que tomaron parte todas las
clases sociales, contribuyendo el obrero
con su modesto óbolo.
Tal es el general D. Higinio de Ribera, con cuya amistad nos honramos, al
que dedicamos estas líneas y publicamos su retrato como muestra del cariño
y consideración que nos m~rece tan ?ravo y distinguido militar, haciendo fervien
tes votos para que él y la brigada á sus
órdenes regresen pronto_á nu~stra ~iudad
con los laureles de la v1ctona y sm que
su regreso haga derramar lágrimas por
los que no puedan ya volrer al hogar de
la familia. - X.

r

¡TILÍN ... TOLÓN!..
- Me pide~, hija mfa, un consejo, d_ijo
el cura de \'illavieja, y bien sabe D10s
que no sé qué aconsejarte.
- Padre, añadió Rosa, la muchacha

EL GRNKRAL DE BRIGADA D. HIGINIO DE RIBERA

jefe de la brigada que salió de Barcelona para Melilla el dla 14 del actual
(de fotografia de A. y E. F. dits Napoleón)

BARCELO NA. - E "'IBARQUE DE TROPAS rARA Ml!.I.ILLA (de fotografía de Xatart)

más bonita del pueblo, ya sabe usted que
Pacorro es todo un hombre de bien ..
- Sí, hija mfa, pe~o ¿q~é quieres que
te diga? Eso del matrimonio es muy grave asunto, y yo, la verdad, no me atrevo
á decirte nada. Pacorro es, en efecto,
todo un buen muchacho, pero el diab_lo
las enreda; la vida de casado es muy distinta á la que hace ah?ra, será p~ra él
una vida nueva; todo tiene sus quiebras
en este mundo, y el que ahora ts un mozo enamorado puede luego volverse un
marido gruñón é insop?rtabl~··· ~ada,
nada; no quiero cargar m1 co11~1enc!a con
la responsabilidad ~e u? matrimonio q~e
lo mismo puede sahr bien que mal... No
faltaría luego quien me echara la culpa...
- ¡Padre!, suplicó la muc~a~~- Esto es muy delicado, ms1suó el cura· consulta con tu madre, nadie mejor
q~e ella podrá leer en el porvenir de su
hija: el corazón de una madre no se engaña nunca.
.
- No me atrevo... , antes quiero que su
111ercé, tan bueno, tan amable, me aconseje y me guíe.
- o puedo, no debo... Además, ¿tú le
quieres?
- Con toda el alma, padre.
- Pues entonces, ¿á qué aconsejarte?
Sería en vano; de todas mane~, á_ los
quince abriles, y enamorada ~or anad1dura, siempre harás lo que meJor te venga
en ganas...
-No, padre...
.
- Pues entonces, nada de consCJOS: no
seré yo quien ejerza presión en ~se corazón de oro; pero oye una conseJa, y luego que la hayas oído, quédate con lamoral del cuento.
- Pues ya escucho, padre.
Y el bueno del sacerdote, sacando el
pañuelo de hierbas y limpiándose el sudor que corría por su e~paciosa frente, se
sentó en el banco de piedra, en que Rosa se arrellanaba, en el poyo de la puerta
de la iglesia. ¡Qué grupo más encantador

�SANTANDER, - CALL¡t DE MtNDEZ NÚÑEi

$¡\NTANDt;R. - CALLE DE illÉNDEZ N ÓÑEZ

SANTANDER , - EL VAPOR (CAllO MACHICHACO:&gt; VISTA TOMADA POR L A POPA DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN

(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)

SANTA~DER , - EL VAPOR ((CABO MACHICHACO:) VISTA TOMADA POR LA PROA DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN

(de fotografla de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)
SANTANDER. - CALLE DE CALDERÓN DE LA BARCA: EDIFICIO DE LA c'aMPAÑIA SINGER y AUDIENCIA

(de fotografias de D. L. Linacero remitidas por D. Antonio Berdegué)

�770
y más sencillo formaban la joven y el anciano! Si aquello 'no era una confesión, bien sabe Dios que el grupo
del clérigo y ia aldeana era tan hermoso como severo
y tan natural como agradable.
H e aquí cómo comenzó el cura:
«En un pueblecito que antes había muy cerca de
aquí y cuyo nombre no hace á mi relato, habitaba
una hermosísima zagala, de gracias muchas, de años
muy pocos y de nombre Rita. Vivía con su madre en
uno de los cortijos del tío Lucas, y aunque una y otra
no gozaban de vida muy desahogada - que jamás fué
de labradores el ser felices por completo, - nunca les
faltaba en el camaranchón tocino añejo, vino de dos
años y hogaza de dos libras. Rita era la moza más
garrida del contorno en diez leguas á la redonda; los
zagales iban de los pueblos comarcanos tan sólo para
verla, y en verdad que la chica lo merecía. ¡Con qué
dosenvoltura llevaba la mantellina en día de fiesta;
con qué sal bailaba en la plaza al son del tamboril;
cómo repicaba las castañuelas, y con qué gracia salía
de la iglesia, llevándose detrás todo el cortejo de los
chicos solteros de la aldea! Alguna vez su presencia
en la iglesia distrajo de la meditación religiosa á algún muchacho, y más de una vez el mozo que ayudaba á misa, por mirar á la joven de hito en hito, confundió un «kirie~ con un «ora pro nobis» y se ganó
un regaño del páter por volver la cara adonde estaba
la zagala.))
El padre hizo una pausa y continuó:
«El tío Lucas tenía un hijo, alto como una palmera y fuerte como un roble; orgulloso como hijo del
ricacho, tenía en cambio un corazón como un bendito y un gusto refinado como un sibarita. Una tarde de baile en el ayuntamiento, el mozo declaró á
Rita sus amorosas ansias con toda la rudeza de que
es capaz un aldeano, pero con toda la sinceridad de
quien no sabe mentir y con toda la fogosidad de una
pasión cierta. Rita, que ya sentía simpatías por el
mozo y que tampoco andaba muy fuerte en tiquismiquis de palabrería, accedió al punto á las pretensiones del muchacho, sin reparar, en su inocencia, que
aquel á quien entregaba el corazón era el hijo de su
amo, el heredero del primer contribuyente de la aldehuela, el primogénito del tío Lucas. Desde aquel día
los novios, en la creencia de todos los enamorados,
que piensan que todo lo iguala y lo vence el amor,
los dos muchachos dieron principio á unas relaciones
amorosas que sólo advirtió D. Casto, que así era como llamaban al padre cura del lugar; después las su·
po la madre de Rita, más tarde el tío Lucas, que puso el grito en el cielo, y luego los treinta vecinos de
la aldea, que se dieron á murmurar como otras tantas
comadres resentidas.
» Un día, al ponerse el sol, llegó Rita á casa del señor cura, á la sazón en que éste se hallaba rezando
las oraciones. «Vengo, le dijo la muchacha, á que
usted me aconseje qué es lo que debo hacer; el tío
Lucas y mi madre dicen que ó me caso en seguida
con Luis ó que se han acabado las relaciones, que ya
van para largo. Luis consiente en que nos casemos;
de mí depende tan sólo... , ¿qué hago?» El bueno de
D. Casto se vió tan perplejo como yo, ahora que tú
me pides también el consejo; la muchacha llorosa y
su9licante le apremiaba como tú á mí, y ya iba haciéndose monótono el silencio, cuando D. Casto, subiéndose á la frente las antiparras, dijo: «Hace tiempo, hija mía, que vengo observando tus amores y
conozco tu corazón mejor que el mío; pero el caso
te aseguro que es de conciencia .. . Tú quieres mucho
á Luis, ¿verdad?.. Pues mira, cuando mañana suene
el toque de oraciones en la iglesia, pon el oído atento á las campanas; reza, reza mucho y procura enterarte de lo que dicen ...» «Pero, padre, preguntó
Rita, ¿las campanas hablan?» «Sí, hija mía; escúchalas mañana ... Si las campanas dicen ¡tilín, tilin!, cásate con tu novio, no dudes _u n instante, es que dicen que sí; pero si oyes, por el contrario, que las
campanas dejan oir ásperamente su ¡tolón, tolón!, no
cedas, es que dicen que no con energía, y es que debes romper tus relaciones con el hijo de Lucas y dar
al olvido estos amores.» Al siguiente día, á eso de
las seis, cuando ya el sol empezaba á colorear de
rojo la campiña, Rita oraba fervorosamente en la
iglesia, ante aquella imagen que la vió bautizar, y
cuando el crepúsculo obscureció la aldea, y las tinieblas se hicieron más densas, y sólo turbó la tranquilidad del templo el chisporrotear de alguna lámpara
de aceite que se apagaba en alguna hornacina, las
campanas principiaron á sonar. El toque de ánimas
se escuchó sonoro retumbando en la bóveda, Rita
puso toda su atención en los oídos, sintió como si el
corazón le latiera más fuerte y la sangre se le subiera
al cerebro, escuchó, y ¡oh, alegría!, las campanas decían claramente ¡tilín ... tilín.'.. ; no cabía duda, eran
ellas que decían dulcemente que sí, que sí ... en sus
lenguas de bronce. A los pocos días Rita se unió en

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lazo indisoluble con el hijo del ricacho; á la boda
asistió el padre cura como era natural, y cuando, acabado el baile, Rita se acercó al padre diciéndole gozosa: «Las campanas dijeron que sí,» contestó el cura
$Onriendo tristemente: «Las campanas siempre han
dicho lo mismo; estabas enamorada de Luis, y aunque hubieran dicho ¡tolón! en el más bronco de sus
tonos, el deseo las hubiera hecho sonar en tus oídos
con el más argentino y agudo ¡tilín!»
Al llegar aquí, Rosa clavó sus negros ojos en el
cura, y con gran interés, reflejando la curiosidad en
su linda cara, preguntó:
- Señor padre, ¿y fueron felices Rita y Luis?
A lo que contestó el cura levantándose del poyo
de piedra:
- No, hija mía; yo también había oído el toque
de oraciones y las campanas habían dicho ¡tolón ...

tolón! ..
P.

G ÓMEZ CANDELA

Bellas Artes. - El dentista norteamericano residente en
París Dr. Evans, el mismo que en 4 de septiembre de 1870
acogió en su casa á la destronada emperatriz Eugenia y la ayudó á huirá Inglaterra, ha hecho donación á un comité de com·
patriotas suyos que cuida del alojamiento de las muchas artis·
tas que de los Estados Unidos acuden á la capital de Francia,
de un magnífico edificio situado en el arrabal de Passy, en el
cual serán admitidas 50 pensionistas. La casa tenclrá, además
de las habitaciones, salones de reuniones, de conversación y de
lectura y un gran jard(n. Las pensionistas podrán seguir sus estudios en los talleres y cátedras de París que tengan por con·
veniente.
- El arquitecto A. Messel, de Berlín, ha terminado el pro·
yecto de Museo que ha de erigirse en la ciudad de Darmstadt;
el -edificio será del mismo estilo del Renacimiento, algo barroco,
del palacio-residencia del gran duque;y su construcción costará
1.775.0&lt;X&gt; pesetas.
- La memoria oficial de los Museos de Be~Hn correspondiente al segundo trimestre del presente año da cuenta de muchas
y muy valiosas adquisiciones. La Galeria de Pinturas se ha en·
riquecido con dos obras de gran mérito: una figurita de mujer,
de Alberto Durero, del periodo de su segunda estancia en Venecia, que ha sido comprada en Londres y que es una obra
maestra de clibujo, modelado y finura de color. y La muerte de
Maria, precioso cuadro regalado por el Sr. Wemher, alemán
residente en Londres, de la antigua escuela flamenca, que unos
atribuyen á Durero y otros á Schongauer y que según parece
formaba parle de la galería Sciarra, de Roma. En punto á es·
culturas se han adquirido: un relieve de sepulcro ático que representa á un niño con un pájaro en la mano; otro relieve de
Donatcllo, Lajlagelació11 dejesucristo; cuatro relieves de altar,
de Daucher; una Adoración de los Reyes, de un ilustre escultor
augsburgués; un altar procedente de Hesse, y un retablo suabio
del siglo xvt. A la colección de esculturas han sido regalados
además varios objetos procedentes de la venta Spitzer celebrada no ha mucho en París, trabajos en marfil, en boj, en piedra
y en bronce de la Edad media y varias tablas de Donatello,
Riccio y otros. Para el Monetario se ha comprado la colección
de Dannenberg, compuesta de 5.0&lt;X&gt; piezas, muchas rarísimas
y muy artísticas. También se han hecho importantes adquisiciones para el Gabinete de Grabados, para el Antiquarium y para
la sección egipcia. Con destino á la Galería Nacional se han
comprado en 18.430 pesetas dos cuadros de Wisniewski y uno
de Scheurenberg, y en 2 844 tres dibujos de Menzel y varios de
Neher y Wernher.
- En Londres se han celebraclo recientemente varias exposiciones artísticas parciales. En la de la Real Sociedad de Artistas británicos han llamado la atención un grandioso paisaje, de
composición sencilla, pero de mucho efecto, de J. Ollson; otro,
de graneles dimensiones también, de Adán E. Proctor, que es
un hermoso estudio del natural; un grupo de mujeres en el
mercado de Dordrecht, de G. C. Haite; 11n niño, de Sherwood
Hunter; un gracioso ¡i,icio de París, de R. Machel; dos acuarelas, de Wyke Bayhss, presidente de la Sociedad, que repre·
sentan la iglesia de Fra Angélico en Fiesole y una basilica de
Roma, y otras varias obras de F. Cavley Robinson, R. Morley,
A. W. Strutt, Corbould, Carlton Smith Lomax, Almond y algunos más.
En la Galería Burlington, Mr. Carlos Sainton ha expuesto
una colección de primorosos dibujos hechos por el procedimiento de punta de plata, que consiste en dibujar con un estilete ele plata sobre una plancha esmaltada y que estuvo muy en
boga en los siglos xv y xvr. Los dibujos de Mr. Sainton se distinguen por su finura y precisión de líneas.
En la Galería Tooht se han exhibido magníficos cuadros de
Carlos Muller (Un patio del palacio de los dux de Venecia y
una fiesta veneciana, La Scalpa ), de Linell (Paisaje de otoño)
Jhon Gilbert (Guerreros medioevales atravesando un bosque):
Bquguereau !Ofrenda al Amor, que figuró en el último Salón
de l:'aris), Dagnan Bouveret (En el bosque, que tanto llamó la
atención en el Salón del Campo de Marte de Paris, de este
año), Logsdail (El Banco de Inglaterra, lleno de vida y movimiento), Deutsch (Escena oriental), Alma Tadema (Rivales sin
saberlo), Kiesel (una cabeza de muchacha lindísima) y Favretto (un grupo de jóvenes venecianas•.
- En la {1ltima Exposición internacional de Bellas Artes celebrada en Munich ha obtenido un~ medalla de segunda clase
el celebrado pintor español Luis Alvarez
- De la Galeria de Pinturas de Wiesbaden ha sido robado un
cuadro de Kronberger de 21 centímetros de alto por 16 de ancho: titúlase Crónica alegre y representa á un anciano monje
leyendo.

NúMEI&lt;.O 622
palatino Federico I y Clara Dettin; la música es muy agradable sobre todo la del segundo acto, que produce gran efecto.
~ En Cracovia se ha inaugurado recientemente el teatro Nacional Polaco, que es un magní6co edificio.
- En el teatro Alfieri, de Turín, se ha estrenado con entusiasta éxito un drama de Camilo Antona Traversi, titulado
Danza macabra.
- En el teatro de la Corte, de Munich, y en el de la Ciudad,
de Colonia, se ha representado por pr!mera ~ez en ambos la
ópera de Mascagni I Rantz_au, con mediano é~1to. .
Gounod dejó por termmar una ópera Maitre Pze,-re, cuyo
libreto de Luis Agallet, tiene por argumento los amores de
Abela;clo y Eloísa. Dicese que Colonne, el antiguo director de
la Gran Opera, qu~ ~e propone c~nstruir un nuevo te;itro Lírico, trata de adqum_r aquella partitur~, ~n la que, _segun parece hay gran inspiración y mucho senum1ento mistico.
'_ Massanet ha terminado una Ópera en un acto, Le partrait
de Ma11011 que se representará en la Opera Cómica de París
y actualm;nte está trabajando en una 6pera titulada La Nava·
rraise y destinada al Covent Garden, de I;ondres.
-En Milán se ha estrenado con gran éxito la ópera de Leoncavallo I l',fedid, primera parte de la trilogia que está compo·
niendo y que completarán César Borg·ia y Savo11arola. Aunque
la nueva ópera contiene toda ella grandes bellezas musicales,
sobresale el acto tercero, que fué estrepitosamente aplaudido.
Par{s. - En la Renaissance ha sido un acontecimiento el estreno de Les Rois, drama en cuatro actos que Jules Lemaitre
ha tomado de su novela del mismo nombre: de argumento interesante desarrollado en escenas de gran vigor dramático, espe·
cialme~le en los actos segun&lt;lo y cuarto, y admirablemente escrito, Les Rois ha sido considerada como ohra maestra. En su
desempeño ha estado á gran altura Sarah Bernhardt. En los
Bouffes Parisiens ha tenido muy buen éx ito la opereta en tres
actos l',fam'ulle Carabin: el libro, de F. Carre, recuerda en algunas escenas la Vie de Boheme, de Murger: la música, de Pessard, es inspirada, graciosa y está muy bien instr\1mentada. En
el teatro Libre se ha estrenado un interesan1e drama, Uue faillite, adaptación del de Bjoernstierne Bjoerson: tal autor, compatriota de Ibsen, es en el teatro todo lo contrario de éste; es
simplemente autor dramático, no poeta reformador, y su filosofia es menos elevada, pero más clara y más real que la del autor
de Pere Gy11t. En los Bo".lffes du Nord ha tenido gran éxito Un
emzemi du peuple, que ha puesto en escena la sociedad L'Oeuvre y que es sin disputa una de las me~ores ob_ras de Ibsen. En
el Palais Royal se ha estrenado con éxito mediano una entretenida comedia de Meilhac y Saint Albin, titulada Leurs Gigolet·
tes. En el teatro Cluny se ha estrenado con buen éxito una
revista de espectáculo, AJ,./ la pare... la pau ... la pau, de Miller y Gandillot.
1',fadrid. - En el Real se ha cantado con mediano éxito la
ópera Fidelio, de Bee~hoven, habiéndose aplaudido s~lamente
la sinfonía y el prelud10 del tercer acto; con escaso éxHo tam·
bién se ha cantado La bella fanciulla di Perth, de Bizet. La
tiple señora Gargano, que ya cantó en aquel coliseo el año pasado ha obtenido en L11ccia un triunfo que con ella ha com·
partido Marconi. En la Comedia se ha estrenado con gran
aplauso la comedia de Enrique Gaspar, Huelga de hijos, que
estrenó el último verano en esta ciudad el Sr. Mario: se ha
estrenado también un gracioso juguete en un acto de Eduardo
Lustonó, .Manzanos y guindos. En Lara se han estrenado con
buen éxito dos juguetes en un acto, El bra::o derecho, de Amiches y Lucio, y Et bastón, primera obra de Luciano Boada.
En el teatro Moderno continúa trabajando con excelentes resultados la compañía Emr¡,anuel-Reiter, de quienes hace grandes elogios la prensa madrileña.
Barcelona. - En el teatro de la Granvía se han estrenado un
interesante melodrama, El bisabuelo ó la familia Fa1wel, arreglo de D. Eduardo Vida! y Valenciano, y La Nana, parodia de
Mariana, de D. Manuel Rovira. En Romea se ha estrenado
con excelente éxito un drama en tres actos de D. Francisco J.
Godo, titulado La 11-fare de D eu del l',Jo11t.

.,,

'\,.,~
:X

,,.-,,

... se fueron por aquellas soledades altas de la corte, charlando mucho, mucho...

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Ossip Ivanovitch Kablitz, escritor ruso más conocido bajo el
seudónimo de Inoff
Mauricio Manuel Lansyer, notable marinista y paisajista
francés.
Gustavo Mutzel, famoso pintor de animales berlinés y excelente dibujante.
Mr. Carter H . Harrison, alcalde de Chicago.
Carlos llodmer, paisajista, litógrafo y grabador suizo, uno de
los últimos sobrevivientes de la escuela de Barbizon.
Pedro Eugenio Emilio Hebert, escultor francés, autor de
multitud de esculturas alegóricas y de bustos retratos.
Le Fort, vicepresidente de la Academia de Medicina de París, uno de los primeros cirujanos de Francia y de los más es·
timados catedráticos de la Universidad parisiense.
Juan Matejko, el primero de los pintores polacos contempo·
ráneos, ex director de la Academia de Bellas Artes de Kracovia, la mayoria de cuyos cuadros reproducen hechos de la historia de Polonia.
Eduardo Schleich, paisajista muniquense.
Pedro Iljitsch Tschaikowsky, uno de los más notables compositores rusos y de los que más han atendido en sus obras al demento nacional: entre sus principales obras se cuentan las óperas l',fazeppa y Eugenio Onegui11e, los bailes Sneegourotchka y
Casse-Noisette y el poema sinfónico La Tempestad.
Sir Andrew Clark, famoso médico inglés, presidente del Colegio de Médicos de Londres.
Pedro Laffitte, profesor de Historia general de las Ciencias
en el Colegio de Francia, uno de los discípulos predilectos de
~~~slo Comte y de los más entusiastas propagandistas del pos111v1smo.
G. Mutzel, notable pintor de animales y dibujante berlinés,
especialmente conocido por haber ilustrado la popular Vida de
los animales, de Brehem.
Pedro M. Tirard, uno de los políticos franceses contempor~neos más importantes: fué ministro de Agricultura y Comercio en 1879 y en 1882 y de Hacienda en 1882 y 1889 y presi·
dente del Consejo de Ministros en 1887 y 1889.

- -----

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
aqoptado en ,lOfi! Hospitales de París .Y que prescnben los medicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosad.o y aterciopelado que tanto se de.sea.
Teatros. - En el teatro de la Corte, de Weimar, se ha estre- Es el IDElJ.Or de todos los tónicos y reconstitunado una ópera en tres actos de Meyer Olbersleben, titulada yentes. No produce estreñimiento, ni diarrea
Clara Dettin: el libreto tiene por asunto los amores del conde teniendo además la superioridad sobre los fe~
rrugínosos de no fatigar nunca el estómago.

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

J.

CABRINETY

..

(CONTINUACIÓN)

Luis no se acostó: á las nueve era el entierro de la
señora de Suárez y no podía faltar. ¿Quién, si no, acompañaría el cadáver de la infeliz hasta la última morada?
A las ocho de la mañana salió, cuando su esposa,
que no se había levantado, lo suponía descansando, y
á las doce volvió, después de haber cumplido con exceso los deberes que su alma noble y su filantropía
le habían impuesto.
Comprendió que con la nueva salida matutina había perdido en el buen humor de su esposa cuanto
con acompañarla hasta las seis de la mañana ganara;
pero ¿qué hacerle?
La discusión fué agria: Luis salió de casa enojado
y volvió á la hora de comer: comió sin dirigirá Camila ni la mirada ni la palabra, y ésta, haciendo alarde
de su mal humor, desfogábalo con los criados. Sabía
lo mucho que á su marido mortificaba que riñese á
Joaquín, y la emprendió con él hasta el punto de llamarle bruto. J oaquín se puso lívido, pero no replicó:
mediaba su amo, al cual adoraba, y ningún concepto
proferido por la señora podía herir al fiel sirviente.
Ante tamaña injusticia estalló la cólera de Luis
que, olvidándose de sí mismo, lanzó contra su mujer
algunos insultos. A Camila le dió un ataque de nervios y fué preciso llamar al médico de nuevo. El doctor encontró á la señora de Pacheco bufando, pateando y retorciendo los brazos.

- ¡Suéltenla! ¡Suéltenla!
- ¡Doctor, dijo Luis asustado, que se deshace la
cabeza!
- ¡Suéltenla digo! Eso no es nada.
- ¡Sí; no es nada!, saltó Camita furiosa: para usted
no es nada lo que yo tengo.
. - ¿Eh? ¿Qué tal?, dijo el doctor, que era un viejecito cargado de rectitud y de ciencia.
Pacheco miró á su mujer y al doctor sin atreverse
á confesar que había sido burlado: acostaron á la enferma, y Luis pasó la tarde y la noche midiendo por
pasos el dormitorio de su mujer ó sentado á la cabecera de su cama.
¡Pobre Polita! No había vuelto á verla después de
enterrar á su madre ¿Qué diría? Extrañaría su conducta y que no fuese á verla en todo el día: era natural. A los diez y seis años se encontraba sola huérfana
sin nadie ... ~in nadie ,no, porque lo tení; á él, ¡á él
que estaba dispuesto a ser su padre! ¿Por qué le int~resaba tanto aquella niña? No lo sabía; cuanto hiciese por ella le parecía obligatorio: haber desoído
su llanto la noche que le pidiera limosna teníalo
Luis por una falta que era preciso expiar. P~r él había ido al portal del Veloz, por él recibiera los insultos de Roncalito, por él había encontrado á su madre muerta ... ¡El alma de Luis era tan grande que
hasta las culpas de la fatalidad cargaba sobre sí!
Ha pasado un mes y Polita no es la misma niña

de traje raído y velo pardo que asistía á las clases del
Conservatorio y cantaba en el coro de un mal teatro
para ganar seis reales: es una mujercita modesta sencilla, formalita y triste, porque el recuerdo de s~ madre no la abandona un solo instante; su bienestar le
parece un~ mueca de la suerte: ¡Disfrutarlo ella y no
hab~rlo d1s~rutado su madre! Ningún dolor retrospectivo pudiera atormentarla más que el recuerdo
de las necesidades de_ aquella santa mujer, cuyo paso
por el mundo había sido una tortura continuada. Vivía tranquila con aquella criada, sobrina de la portera
que era buena muchacha y disponía las cosas de cas~
con la experiencia de que Pola carecía.
Todas las tardes la visitaba su bienhechor. ¡Cuánt? lo ~~ería Pola y con q_ué afán aguardaba sus dianas VISltas! Estaba poco tiempo con ella, el necesario
para ocuparse de lo que la interesaba; nada más.
A los ocho días de muerta su madre le había dicho:
- ¿Está usted en disposición de hacer algo? ¿Se
aburre de la nueva existencia?
- ¡Oh, sí!, contestara Pola. Quiero trabaja;: ya sé
que no puede durar esta vida.
. ~l día siguiente un profesor y una profesora rec1b1eron el encargo de instruir á Polita.
. Aquel trab~jo era para la huérfana la mayor de las
dichas: ¡estudiar, aprender, saber tanto como había
sabido su padre!.. Bellas aspiraciones que jamás creyó poder realizar.

�LA

77 2

NúMERO 622

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA

NúMERO 622
. Luis Pacheco no volvió al Veloz y dejó de ser so- de que visito á una hija enferma, desgraciada ... Descio; había echado s?bre su caja una obligación sagra- cuide usted: sabré contenerme para evitarle otro mal
da, Y aunque sus nquezas le permitían estos y otros rato.
- ¡No, por Dios, no! Si no es mal rato; si es la diactos de filantropía, su conciencia, exigente por demás, no le consentía hacerlos extrayendo cantidades cha que me ahoga, la felicidad que me oprime el pe•
del fo?do co11_1ún,_ ~e lo que á sus hijos pertenecía. cho.. .
Desde aquel día presentaba Pola su tersa frente á
«Castiga~é mis v1c1os, decía, y saldré ganando. No
prestaré a esos zánganos que suponen engañarme con los labios de Luis, y éste los estampaba en ella con
promesas de devolución: evitaré los compromisos de dulzura infinita.
El mes de mayo llegó á Madrid con su cortejo de
JU7go, Y todo ga~to_ que sea personal, exclusivamente
~ 1º'. q~eda supnm1do para dedicarlo á mi hija adop- lilas, pájaros, fiestas, sol y gorjeos de golondrinas.
ti_va. ? 1 la ~-~c1edad podrá reprocharme ni mi con- Las noches eran tibias, perfumadas y poéticas para
c1enc1a argutrme. »
las almas que vienen á la tierra envueltas en un ji¿Por ql!é no_ había dicho Luis á Poli ta quién era? rón arrancado á los ropajes del arte.
Luis soñó una noche que Pola ya no salía por la
~0 s~bna explicárselo. De cuanto le pasaba con aquea cn~tura no podía darse cuenta. Todo lo hada in- tarde y que era él, él quien la daba el brazo para perconscientemente: p ensaba en ella de día de noche derse juntos e n los altos de la Castellana y en la ronen todas
par tes Y a' todas horas; pero siempre
'
.
al foco' da de Recoletos. A la noche siguiente puso su sueño
1umm?so de su imaginación asomaba la silueta de la en práctica; la sacó él á paseo y se fueron por aque:nendiga Y la figura extenuada de la niña harapienta llas soledades altas de la corte, charlando mucho,
en:~ada e~ aquella_buhardilla horribl_e.
' mucho; contentísima ella, feliz y dichoso él, sin amJovencita del piso segundo vestida con senci- bicionar más, sin mayores deseos, sin fiebres y sin'
·
lla ~a~a de paño negro, peinad~ con modestia ele- inquietudes.
Habló tanto Polita, que Luis quedó asombrado de
~an isima Y sentada al lado de la chimenea, no duraa en _sus recuerdos más que el tiempo que tardaba lo que sabía aquella muñeca. ¡Vaya unos problemas
intrincados de mundología en que se enfrascaba la
en baJar la escalera de su casa y salir á la calle.
1~ no_ sabía que Luis era casado ni dónde vivía: muchacha!
1e
- Pero diga usted, Polita, ¿le han enseñado eso los
dicho que se llamaba Luis García y no había
;enu o: García Pacheco era el apellido de su pa- profesores?
- Los profesores no enseñan estas cosas; las ensere; ¡pero decía tan pequeña cosa el primero' que
~o tardó en desaparecer para ocultarse detrás a·~ una ñan las madres.
- ¿Luego la de usted era ilustrada?
' no muchas veces estampada por el banquero Pact"heco
- En mi país decían que tenía tanto talento como
ó · S u h""
IJO, que por Pacheco era conocido, contim~.d con la 11_1isma costumbre, y solamente en su mi papá; y mi papá tenía mucho, no crea usted: ¡ja~ar I a de bautismo figuraban unidos los dos apelli- más había perdido un pleito!
Desde aquella noche apenas una dejó Luis de pa•
~s paternos. Nada había contado Luis á su protegi a, que por otra parte no mostraba afán por cono- sear con Pola. Su mujer se retiraba tarde del paseo
~er deta~les. Su única curiosidad consistía en preten- vespertino con sus hijos y ya no salía. Verdad que
/r1 averiguar qué había hecho ella para merecer la tampoco él la decía que saliese, cosa que mortificaba
ic 1ª que disfrutaba y hasta cuándo debía durar pues muchísimo á Camila, revelándolo en sus reticencias
y en sus desplantes de mal humor. Como esto ocuque no 9-uerla serle tan gravosa.
'
p DéJese usted de esas cosas, le contestó un día rría casi diariamente, había llegado á ser demasiado
a:c ;co, Y ,tenga la seguridad de que no quito á na- tirante la vida de los esposos. Si un día se levantaba
1 que a usted dedico· estoy pagado con las no- Camila de buen humor, gracias al talento, á la bontas de s ~s maestros: á este' paso llegará usted á ser dad y al cariño que su marido le consagraba á pesar
una sab1a.
de sus defectos, duraban poco los rayos de alegría;
P0 ita sonnó por vez primer.r desde que había la cosa más pequeña volvía á exasperarla en cuanto
{ufdado huérfana, pero sonrió con expresión celes- creía que le habían faltado nimios detalles en la conia /- seráfica, que hizo temblar á Luis: creyó que el sideración y los mimos que ambicionaba.
- Yo podía disculpar sus pequeñeces y sus defec~s) ntu de u? querubín había contraído el rostro de
tos si el amor los dictase, pensaba Luis; pero es el
para deJar paso á un efluvio celeste.
esde aquella tarde varió en la cámara obscura de egoísmo, la vanidad, el deseo de ser la primera. ¡Dios
su cerebro la primitiva plancha, en la cual guardaba mío, qué alma tan chiquita en un cuerpo tan hermoso
como el ~varo su tesoro, el rostro afligido de la hija y qué alma tan grande en el cuerpecito menudo y enacurruca a ~ los pies de su madre muerta.
deble de Polita!
¿Hubiera hecho un cambio Luis á serle posible?
la ~~mc°s dic ho_ que había transcurrido un mes y que
u r ana dedicaba las horas del día á los estudios ¿Aceptaría la transfusión de almas si se la propusiesen?
1~?ores que le señalaban sus maestros. Si á Pola le
Seguramente no: á Camila no la comprendía duld u ~se? preguntado cuánto tiempo hacía que suma- ce, delicada, poética ni grande, como no comprendía
1ª mut'rto, contestase que el día anterior; pero á Pola hermosa, alta, esbelta, en medio de un salón
_re
SI a 1gmen le ,asegurase que solamente un mes bada del gran mundo repartiendo sonrisas fingidas ni haque tr~taba_a D. ~uis y que gozaba de aquella vida blando mal del prójimo. Pola, envidiosa y pequeña
tranqmla, sm vacilar lo hubiese negado, jurando que de espíritu, no era Pola: Camila, magnánima, exenta
había~ pasado lo menos dos años.
de celos raqulticos y de ridiculeces, no hubiera sido
Lms creyó que á Pola le convenía hacer ejercicio Camila. Esta era la compañera, la madre de sus hi1 rrotendó que sal iese algunas tardes con la mu- jos, la reina de su hogar, la que llevaba su nombre y
Yha
~
pasear por las afueras, donde tomase sol y tenía derecho á sus consideraciones; pero ¡cuántos
u iese mucha gente. Pola se resistía.
años había vivido huérfano de alma, sin otra que res- ¿Por qué?, 1~ preguntó Pacheco.
pondiese á la suya, sin saber cómo se identificaban
Después de titubear un poco, respondió con el dos seres en un solo ser moral, ni cómo se amaba, ni
acento más amante y candoroso del mundo:
cómo se sufría, ni cómo se gozaba adorando á un
- Podrque me privaría de pasar ese tiempo al lado imposible, pues que imposible le parecía á Luis que
d e uste .
jamás Pola pudiese ser suya!
. !-,uis hubiera besado paternalmente á la cariñosa
Y era verdad, él amaba á la niña; la amaba, sí, aunnma·, per o 1a 1ºdea de asustarla de que pudiese supo- que continuaba ignorando si era fea ó bonita, no se
ner en él pensamientos intere;ados le contuvo
daba cuenta. Cuantas veces intentaba recordar sus
- Vtednd ré más tarde, le dijo: de ~.i nco á siete. ¿Es- facciones, tantas se le representaba sonriendo como
tá us e conforme?
aquella tarde que la llamara sabia, y no veía má•.
- ~í, señor; saldré para darle gusto, pero volveré Una expresión celestial, un rostro de ángel; la imagipront1to.
nación se mostraba rebelde á invocarla de otra maE~to dicho con entusiasmo, con impulsos de abra- nera. La mendiga y la huérfana hablan desaparecido
zar ª, su protector y contemplándole con el cariño para quedar medio borrosas en el reflector de los retu:ª su madre pudiera haber contemplado, hizo que cuerdos.
ms, cerrando los ojos y cogiendo entre .sus manos
Los paseos nocturnos llegaron á ser para Luis la
engua~tadas la cabeza de Pola, estampase un beso mayor necesidad de su vida. La estación avanzaba, y
e?iassud rent:, á c uyo choque brotó el llanto de las pu- como su esposa y sus hijos salían tarde y no regresap d e :a Joven y comenzó á sollozar con esos aho- ban hasta las ocho de la noche, ya no pensaba Cagos. e Pacer que ni se explican ni se comprenden· mila en volverá salir; pero pensaba, y acaso con dose sienten y basta.
' bles intenciones, en el viaje veraniego y en adelantar
¡acheco hizo esfuerzos por saber qué había moti- éste lo más posible. Su marido estaba preocupado,
va 0 ;quella explosión de dolor.
bien lo veía. No era el mismo. No la contemplaba,
- erdóneme usted: me acuerdo de mamá y de no le prodigaba mimos y atenciones¡ salía sin ella, no
PªP\,&lt;le los d~s: ¡pobres!, ¡pobres!..
la invitaba á pasear con él ni nada que fuese end - ~ he tenido la culpa, Polita: usted es la que ha co~trarse _juntos y solos. Era ~ecesario salir de M~f per on~rme; pero en algunos momentos se com- dnd y salir cuanto antes. La vida de verano era mas
p eta en m1 mente la ilusión de que soy su padre y unida, más íntima, y quizás algunos meses de agru-

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parse en torno de su esposa y sus hijos volviesen á
Luis á las antiguas costumbres.
Camita sufría como ella era capaz de sufrir: rabiosamente, herida en el amor propio; y desdeñando, á
cambio de creerse desdeñada. Abordó la cuestión de
viaje: dijo que los niños necesitaban salir de Madrid
cuanto antes, y Pacheco dejó á su mujer la elección
del punto adonde debían dirigirse.
Insinuó algo que á Camila llenó de asombro, haciéndola saltar de cólera: ¡quería que fuesen solos y
quedarse él pretextando negocios!.. Luis presintió
sobre su hogar la más grande de las tempestades y
volvió- sobre sus palabras.
- Iremos adonde quieras y cuando quieras, dijo.
Yo estaré dispuesto cuando tú lo estés.
Aquella noche sentía Luis mayor necesidad de ver
á Pola. Tenía prisa, estaba desasosegado, le parecía
que iba á perderla para siempre y no pudo regularizar los latidos de su corazón hasta no encontrarse á
su lado y oir su voz y estampar el beso fraternal sobre su frente pura y sin mancha.
Pola estaba contenta como nunca. La vida tranquila y regalada había operado un cambio grandísimo en su carácter. Era siempre la niña de aspecto
enfermizo y melancólico, pero también era la joven
de inteligencia formada, de soltura en el decir, de
madurez en el pensar y de sublimidades poéticas en
el sentimiento. Estudiaba y leía mucho, muchísimo.
Las labores de mano eran su martirio. «Bordando
no se ocupa la imaginación,» había dicho un día á
su profesora. « Hagamos un cambio, enséñeme usted
francés solamente.» Quedó así acordado, y á los tres
meses sostenía Pola sus conversaciones en el idioma
de Racine con la profesora. Quería guardar el secreto á su protector.
- Cuando pueda hablar de corrido con él, lo sabrá. Hasta entonces, no, decía.
La noche en que Luis se hallaba preocupado por
la proximidad del viaje era la elegida por Polita para
sorprenderle con sus progresos de idiomas. En el
Conservatorio había comenzado el italiano, que le era
facilísimo, aunque suponía haber olvidado algo; pero
aun así podría lucirse con Luis, que se alegraría, se
pondría muy contento, como siempre que le enseñaba las notas de los maestros: más, mucho más.
Pola había querido interrogar á su corazón alguna
vez sobre los lazos que le unían al bondadoso amigo.
Por poco que supiese, no dejaba de comprender las
pasiones á que el hombre está sujeto: á ella le habían
hablado cínicamente, le habían hecho infames proposiciones que rechazara llorando: suponerla capaz de
semejantes cosas, era juzgarla como no merecía ser
juzgada. Y más que á ella insultaban á su madre tales
proposiciones. Los hombres que la veían entre bastidores cuidando á su hija, protegiéndola con su mirada
y escudándola con su virtud, ¿no comprenderían que
era una señora honrada, la viuda de un abogado ilustre?.. Polita creía que todo el mundo debía conocerles en el rostro que eran diferentes á otras madres y
á otras hijas. Sabía que la protección de los hombres
á las muchachas era pocas veces desinteresada, así lo
había comprendido en su carrera de miseria; sabía
que con la honra se comercia, porque hay muchos
que la compran y algunas que la venden; pero que á
ella la tomasen por una de éstas, le apenaba el ánimo
y le había hecho derramar lágrimas abundantes.
¡Luis! Luis sí que era bueno, sí que era noble: él
no la quería con bastardas intenciones; procuraba hacerle creer que sentía por ella el cariño de un padre ...
¡De un padre! ¡Qué padre tan joven, tan guapo y tan
elegante! Pues ella no hubiese querido ser su hija: no,
no; siendo su hija no lo querría tanto: ¿Acaso había
querido á su padre como quería á Luis? ¡A Luis! Ya
le llamaba por su nombre á secas; él lo había querido
rogándoselo con insistencia, y la verdad era que desde la noche que se aboliera el don tenía más confianza con su protector.
¿La quería éste como lo quería ella? Sí: no cabía
duda: sólo queriéndola mucho se podía hacer lo que
Luis hacía con ella y por ella. ¿Pensaría quizás en que
fuese su esposa? ¿Sería el primero acaso? ¡Oh! Esta
dicha no le cabría en el pecho: hubiera sido tan grande, tan grande, que no creía poder resistirla si llegaba
el caso.
Paseaban por lo alto del hipódromo charlando,
ch~rlando; unas veces en francés, otras en castellano:
Luis se había sorprendido muchísimo y agradablemente, como pensara Pola. ¡Qué abrazo tan estrecho
había ganado con sus progresos! Luis la encontraba
e~ca_ntadora y distinguidísima hablando francés. ¡Qué
d~cc1ón tan correcta! ¡Qué pronunciación tan suave!
S1 parecía una miss londinense empleando el idioma
galo.
Bajaron á la Castellana y tomaron asiento en un
banco del paseo: la noche convidaba á los goces del
alma: la luna estaba en su apogeo, el firmamento ta-

I

chonado de estrellas, el ambiente perfumado, la atmósfera seca y el paraje poéticamente solitario... Luis
había llegado á olvidarse de lo que tanto le preocupaba, del veraneo.
- Polita, dijo Pacheco acariciando una mano de
la niña y mir~ndose en sus ojos, ¿no le llama á usted
nada la atención cuando conversamos en francés?
-No, señor.
- Pues nos hablamos de ttí.
- ¿Sí?, preguntó asustada y poniéndose encarnada
Polita.
- Fíjese usted.
- ¡Oh! Por mi parte ya pondré cuidado para evitarlo.
- ¡No, Pola! ¿Acaso teme usted algo porque nos
tuteemos? ¿No le he dicho usted que soy su padre?
Hablémonos de tú, Polita: muchas hijas usan con sus
padres esta confianza.
- Yo la usaba con los míos.
- Ent?nces, ¿por qué yo he de ser menos? ¿No
me ha dicho usted antes que tanto como su padre
me quiere?
·
- Sí, sí, tanto; ¡acaso más!
- Gracias, hqa mía, gracias: queda pues convenido,
¿eh? ¡Me tutearas! ¡Nos tutearemos!
- ¡Sí!, respondió Pota con voz que salió de sus
labios envutlta en perfumes del alma.
- Comencemos pue3: vamos á ver dime algo·
. ¿No ves que aguardo impaciente?
'
pronto, pront1to.
.. No'
seas cruel, Pola: ¿por qué callas ahora?
- No sé qué decir.
- Con ha~er añadido un pronombre, ya me hubiese~ ~echo fehz: ¡tú, tan gramática, tan juguetona con
el 1d1oma!.. H áblame, Pola· pero háblame mucho muchísimo.
'
'
- ¿Pero qué diré?
. - ¿Ves? No me quieres como á tu padre; si me quisieras ~e complacerías en una cosa tan pequeña, tan
pequen na...
- ¡Sí que te quiero, sí; no te incomodes!
Luis lanzó un grito ahogado, y abrazó á Pola estrechándola fuertemente: no podía soltarla, no sabía
cómo_ enlazara los brazos en su espalda: era tan feliz,
tan dichoso, que la vida se le escapaba en el aliento,
Y el corazón quería saltar hecho pedazos sintiendo
,
'
que era caree\ estrecha la cavidad del pecho.
. Un imperceptible grito de Pola operó rápida reacción en Pacheco; la estaba haciendo daño; él con su
musculatura robusta con sus brazos de gimnasta no
podía menos de tri turar aquel cuerpecito delgado que
parecía quebrarse al contacto del viento.
Luis soltó á Pola diciendo:
- ¡Soy un bárbaro!
Ambos callaron; ninguno de los dos se atrevía á
romoer el silencio.
_-¡Luis!, dijo ella por fin.
- i Pola!, respondió él, como si aquella voz le desper·
tase de un sueño.
- ¿Crees tú que las almas de los que mueren van
vivir á un astro?
- ¿Quién te ha dicho eso?
- ¿Pues yo no leo?
- ¿Pero quién te ha proporcionado esos libros?
- La profesora.
- No; no creo esas cosas.
-¡Qué pena!
-¿Por qué?
- Yo quisiera que las creyeras.
- ¿Que tú lo quisieras? ¿Y por qué motivo?
- Porque si yo me muriese tendrías esperanzas de
volver á verme y sabrías que yo te esperaba en Venus ó en Saturno... no, no, en Venus; es más bonito.
- ¿Y por ·qué te has de morir tú primero, hija mía?
¿Por qué no he de ser yo?
- ¿Tú? ¿Tú?, preguntó Polita con asombro y rodeando la cintura de Luis como si quisiera librarle
de la muerte.
- Vaya, vaya; ninguno de los dos. ¡Valiente tontería!
- Pero dime: ¿crees que podremos estar juntos en
la otra vida?
- ¿Quieres que te engañe?
- No, no; eso es un pecado; no se miente.
- ¡Pues no lo creo!
- Entonces ... si me quieres como yo á ti debes
sufrir mucho con la idea de perderme.
- ¿Perderte?
Esta vez fué Luis el que pretendió salvar á Pola
de un peligro imaginario.
¡Perderla! ¡Qué cruel era esto! Y no había otro re·
medio; sus deberes de padre, de esposo y de caballe·
r~ le obli&amp;aban á ... De caballero, sí: á poco que aquella
vida contmuase, él no podría evitar una explosión de
amor. Pola le amaba, lo conocía: había amor en sus
ojos, amor en sus palabras, amor en sus pensamientos... Y él ... él la idolatraba; y de aquel amor puro,

a

a

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

773

céfiro suave, corriente formada por un divino soplo, la trataba? ¡Oh! ¿Y cuándo le proponía que continua·
podía dimanar el vendaba!, la tormenta, el simoun se su carrera? Después de hacerla ver el cielo, des·
aterrador y envolvente.
pués de acostumbrarla á vivir retirada, dichosa por
¡Jamás! Primero la muerte que deshojar la prístina estar oculta á miradas cínicas y feliz por verle él
flor de su pureza. ¡Cometer una cobardía, una infa- sólo, ¡á él, en quien había reunido todos los amores
mia!, porque ambas cosas fuese abusar de la situa- de la tierra y todas las ilusiones del cielo! ¡ Morir!
ción y de la inocencia de Pola, ¡oh, no! Luis, que se ¡Qué bello, qué dulce hubiera sido morir el día antesublevaba contra las miserias sociales ¿había de aca- rior, llorada por Luis y llevándose al mundo del no
bar por ser miserable? El que reprochaba á su propia ser material la idea de reunirse con él alla., en uno de
esposa la pequeñez de sentimientos, ¿había de rebajar- aquellos puntos luminosos que poblaban el firmase hasta ser más pequeño que nadie?
mento!
Callaba, sufría y pensaba. Pola soñaba en aquellos
- ¿Callas, Pola? ¡No me contestas! ¿No quieres
instantes, á juzgar por su mirada fija en el astro de la contestarme? Dime, ¿qué piensas?
noche y por la seráfica expresión de su rostro.
- ~Qué pienso? No pienso nada. Es decir, pienso
- Salve dimora casia e pura, cantó de pronto con q_ue tiene ~sted razón, que debo estudiar, que es preciso cambiar de vida.
voz dulcísima y potente.
Luis se puso de pie como si una corrien°te eléctri- ¡Pola, te lo suplico! Háblame como antes; no
ca le hubiese levantado, y cayó de
rodillas delante de Pola, escondiendo el rostro entre los pliegues de su
falda.
- ¡Pola! ¡Pola! ¡Criatura celestial!,
gritó. ¡Sálvame!
Y rompió llorar como un niño.
Aquel llanto partía el corazón de la
joven, pero los ojos de ésta permanecían secos. ¿Por qué lloraba Lois?
¿Por qué lloraba? ¿Por qué le pedía
á ella, á ella, huérfana infeliz, que lo
salvase? ¿Qué misterio encerraban sus
palabras y qué nueva desgracia le
amenazaba? ¿Algún recuerdo? ¡Tal
vez! ¿Traería á su memoria aquel canto un dolor antes sufrido ó una dicha
pasada?
Pola no tuvo valor para interrumpir á Luis: apretó su cabeza, acarició
sus cabellos y le llamó:
- ¡Luis! ¡Luis! ¡Papá mío!
Pachecó levantó entonces la frente y alzó los ojos hasta encontrar los
de Pola.
- ¡Hija mía, sí, hija mía!
La niña enjugó las mejillas de su
protector y estampó en ellas un beso
filial.
-¿Ha pasado eso, verdad?, preguntó. Pues siéntate tranquilo y dime
Desde aquel día presentaba Pota su tersa frente á los labios de Luis
qué recuerdo trajo mi canto á tu peny éste los estampaba en ella con dulzura infinita
'
samiento y qué pena se ha renovado
en tu corazón.
Pola sufría horriblemente con aspecto de tranqui- me desgarres el alma y compadécete de mis sufrila indiferencia.
mientos. ¿Me juzgas mal, verdad?
Para ella era seguro que aquel Salve dimora había
- Yo no puedo juzgar mal á mi padre, al que me
ha sacado de la miseria, al que ha dado sepultura
evocado recuerdos tristes á su amigo del alma.
- Habla, Luis; dime qué te he recordado sin digna á mi madre del alma; pero comprendo que
debe ser así. Es necesario que trabaje, que gane la
querer.
subsistencia...
-Nada.
- ¡Calla! No sigas. ¡Me supones tan pequeño, tan
-¿Nada?
mezquino, tan raquítico!.. ¿Y eres tú la niña de alma
-Te lo juro.
- ¿Qué tienes entonces?
gigante, la mujer de espíritu elevado, la que no com- No puedo explicarlo: al oir tu voz, que yo no prende miserias ni pequeñeces, la que tan mal me
había oído, sentí pena, alegria, ilusiones, desencan- juzga? No, Pola, yo no necesito que ganes la suhsistos ... todo lo que se puede sentir gozando y sufrien · tencia. Soy rico, muy rico, nunca te lo he dicho dedo al propio tiempo. Jamás se me había ocurrido masiado rico. Si deseo que acabes tu carrera ~o es
oir-te cantar; es más, he llegado á olvidar que estudia- por el interés material que pueda reportarte, es para
~as; p~r~ mí has nacido en la noche triste que te vi regularizar tu vida, para que tenga tu alma la válvula
sm ad1vmarte; me pareces tan mía, tan hija de mis de seguridad que necesita: el arte y la escena harán
afectos, de mi cariño y de mis obras, que no recuer- que no estalle hidrópica de pasión y de sentimiento.
do ni quiero recordar lo que de tu vida pasada me Porque tú me amas, ¿verdad, Pola? Me amas como
has contado. Tu voz, tu voz dulcísima me ha des· los ángeles deben amar, como yo te amo, como yo te
pertado de un letargo indigno de mí, de un sueño adoro, Pola, como te idolatro.
egofs~ y me ha reprochado duramente lo poco que
El corazón de la niña no pudo resistir más. Lanzó
por t1 hago.
un ¡ay!, un ¡ay! ahogado, desplomando el busto so- ¡Luis, por Dios! ¿Lo poco que por mí haces?
b_re Luis, que la sujetó rodeá~dole la cintura y reco- Sí, muy poco. Encerrarte, tenerte oculta, cortar giendo en el pecho su cabecita. Lo menos diez mila brillante carrera de tu vida.
n~tos tardó Pola. en darse cuenta de sí: Luis le pro- No quiero nada, nada; mis afanes de saber, mis digaba palabras tiernas y se reprochaba la imprudensueños de gloria, mis ambiciones a rtísticas han muer- cia de su amor, la fogosidad con que le había hablato; quizás también he perdido la voz.
do,_ todo. se lo reprochaba para castigar su infamia;
Luis estaba resuelto: el llanto había descargado su su 1_nfam1a, ~f; porque lo fuera dejarse vencer por la
pecho; la tensión de los nervios cediera de pronto, y pasión y olvidar sus honrados propósitos.
el cerebro, enseñoreado de su ser moral, dominaba al
Es_t~ pensaba Luis y esto constituía su principal
sentimiento; la sangre circulaba sin apresuramientos martmo.
y el organismo laxado descansaba después de una sa~
Polita volvió en sí paulatinamente. Contestaba por
cudida mortal.
señas á las preguntas de Pacheco, y por fin habló
- ¡Pola, hija mía!, dijo pasados los momentos de pero tan débilmente que apenas se despegaban su~
vacilación, debes continuar tu carrera pero no aquí· labios.
en Italia.
'
'
No llegó á reanimarse completamente; pero en
La niña sintió un dolor tan agudo en el alma que cuanto tuvo fuerzas para caminar, tomó el brazo de
creyó morir y no pudo articular palabra. La ec'haba Luis y se pusieron en marcha.
de su lado, quería alejarla, le pesaba... Era natural:
- Nos meteremos en el primer coche que enconya le parecía á ella demasiada felicidad y demasiados tremos, dijo Pacheco.
- ¡No, no, que llegaríamos antes!
s~cri~cios por ~arte de él. ¡Lejos! ¡lejos! ¿Y podría vivir l,eJOS del tímco s~r que tenía en la tierra, del que
babia reemplazado a su madre, del que como á hija
(Continuará)

a

a

�774

NúMERO 622

L A ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

ORQUESTA ELÉCTRICA

1.

775
UN CAÑON TORPEDO SUBMARINO

Fig.

2.

El queso monstruoso de 10 .000 kilogramos, en la
Exposici6n de Chicago (de una fotografía)

ciudades de la Gran Bretaña y de Irlanda. ¡Pasear
por las ciudades de la Irlanda pobre y famélica tal
prodigio alimenticio! ¡Qué crueldad!, J;s preciso ser
inglés para concebir tal idea.
Si el bueno del queso canadiense se acuerda durante su proyectada excursión de su origen francés,
se secará de vergüenza.
MAX DE NANSOUTY

Entre los buques de guerra que el gobierno brasileño ha comprado recientemente en los Estados
Unidos figura el Destroyer, que ha sido construido
seg1ín los planos del famoso capitán Ericson.
La particularidad que distingue á este buque
es un cañón submarino colocado en la proa, que
puede lanzar un proyectil torpedo á unos 100 metros de distancia: el cañón está situado á unos tres
metros debajo de la superficie del agua; se carga
por la culata, y por medio de una serie de palancas la válvula que hay colocada en la boca se
abre automáticamente y se cierra del mismo modo después que ha sido lanzado el proyectil. Este
es un torpedo de acero de 9 metros de longitud
y contiene en su cámara anterior una carga de 14
kilogramos de algodón pólvora que hace explosión en el punto de choque.
El Destroyer, que tiene 39 metros de longitud,
es de hierro, y su proa y su popa tienen la misma
forma, de suerte que puede moverse con igual
velocidad en ambos sentidos: está protegido por
un doble puente blindado, y el espacio entre ambos puentes, ó sea en una altura de 90 centímetros, está lleno de corcho y de sacos de aire.
Una especie de coraza de 60 centímetros de
espesor, colocada en la proa en ángulo de 35 grados, está sostenida por 1 '50 metros de armadura
y asegura la protección de la tripulación y de las
máquinas, poniéndolas á cubierto de los disparos
del adversario.
En su posición de combate el Destroyer sólo expone fuera del agua unos pocos cen tímetros de superficie, de suerte que presenta muy escaso blanco á los
proyectiles enemigos. El cañón submarino se dispara
por medio de un circuito eléctrico que pasa por la
torre vigía, situada detrás de la armadura y desde la
cual se puede cerrar el circuito.
(De La Nature)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA dirijanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue 0aumarttn,
núm. 61, Paris. - Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. 0 alvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

~
-

,

L.llT AIITtHtLIQOI -

LECHE ANTEFt L

Transporte del queso monstruoso del Canadá ( Mammot/1 cheese) / d~_su carromato por la vía férrea
á la Exposici6n de Chicago, - Llegada con la charanga ele Pensrlvama (de una fotografia)

Sea ptlr talta de tiempo 6 ¡:Jor escásez de invéntiva,
es lo cierto que los organizadores de la Exposición
de Chicago nada han hecho que merezca ser recordado con el carácter antes indicado.
La concepción más sorprendente en este orden de
ideas ha sido la rueda de Ferris que reprodujimos y
describimos en el número 608 de LA ILUSTRACIÓN
ARTÍSTICA. Fuera de este clou curioso, pero de interés
secundario desde el punto de vista práctico, pueden
sin embargo citarse algunas exposiciones especiales
que han presentado un carácter original. A título de
tal citaremos el queso monstruoso canadiense que
representan nuestros dibujos, copias de fotografías.
El queso monstruoso, el Canadian Mite como lo
llamaron sus expositores, simboliza la actividad y la
potencia de la industria lechera en el Canadá: en esta
rama de la industria agrícola no había de tener competencias, como lo prueba el hecho de que de las
135 medallas y diplomas otorgados á la industria
quesera, se ha llevado 126.
El queso monstruoso viene á ser como el monumen•
to conmemorativo de este triunfo: tiene 1 '80 metros
de altura, 8'50 de circunferencia y pesa unos 10. 000
kilogramos; para la fabricación de una pieza de tal
magnitud se habrá necesitado toda la leche que en
un día hayan dado , 0 . 000 vacas.
Confeccionado en la Dominion Experimental Dat··
ry Stahon, Pertlt Ontan'o, el Canadian Mite ha puesto á contribución para hacer su entrada en el mundo once queserías de los alrededores durante algún
tiempo y ha sido comprimido en un molde cilíndrico
de_ acero que conservó durante la exposición á fin de
evitar que se deformara por los lados: las dos bases
qued~ban, sin embargo, al descubierto. Dos gorrones
permiten moverlo de arriba á abajo cada seis semanas, cambiándolo de posición, operación indispensable para que pueda conservarse aquel queso colosal.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, RomadiJ.os,
de los -Reumatismos, Dolores,
L ~agos, etc., 30 años del mejor

JARABE

éxito a testiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

.

Bromuro
de
Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

• RRUOAI PIIEOCICEi

•

D1p6slto 1n tottas tas Farmacias

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\&lt;&gt;dos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlas, dolorea
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestlon y para regularizar todas las funciones del estólfia¡o 1 de
.los in~stinos.

a1

,.,. ............. üe,e
1, LEIITEJAI, TEZ AIO
1.t.RPUl.1.IDOB, TEZ M1U1.

~PEL WL

Jarahe Laroze

Orquesta eléctrica de J. B. Schalkenbach

podido admirar allí la grandiosidad de los edlficids y
los progresos de la industria norteamericana, pero
no han encontrado el asunto nuevo, inédito, sorprendente por su concepción ó por su ejecución, que se
ha dado en llamar el clou de las Exposiciones uni*
versales. En París, en 1867, el clou fué la forma del
**
palacio que realizaba con raro acierto la clasificación
EL QUESO MONSTR UOSO DE LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
económica del ilustre Le Play; en 1878 el Palacio
Los visitantes de la Exposición de Chicago han del Trocadero; en 1889 la torre Eiffel.

Fig.

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Para transportarlo á la Exposición ha. sido preciso construirle un carro especial que no sin gran•
des trabajos lo condujo á Chicago, en donde fué
recibido por la charanga de Pensilvania. La fi.
gura 1 representa la ceremonia de la llegada del
queso á la Exposición. por ferrocarril. En el primer vagón hay el armatoste que ha servido para sostener durante la World 's hiir la instalación quesera canadiense; el segundo sostiene el
queso encerrado en su vaina de acero. La figura
2 reproduce el aspecto del queso expuesto en Chicago.
En el sitio que allí ocupó fué preciso apuntalar el subsuelo, pues su primer acto, digno de
un gigante de tal calibre, fué hundir el pavimento.
El jurado de la sección de Agricultura, procediendo con un rigor que tanta grandeza hace
aparecer aún más severo, no quiso creer bajo sola palabra en las cualidades que la Domim'on Experimental Dat'ry Stah'on atribuía á su obra; así
es que se practicó una sondeadura en los flancos
del monstruo hasta una profundidad de 70 centímetros, y los peritos cataron concienzudamente
aquel producto que, á lo que parece, encontra•
ron exquisito, juzgándolo digno de la más alta
distinción.
Todo parecía indicar que aquel coloso sería la
pieza de resistencia de algún banquete pantagruélico de clausura de la World 's Fair: esa ágape
hubiera dejado en el espíritu de los invitados,
además de la admiración producida por el tour de
force industrial, aquel especial agradecimiento, á veces sincero, que aquende el Atlántico se denomina
«el agradecimiento del estómago.))
Pero un inglés acechaba el famoso queso con aquel
espfoitu de lucro que caracteriza al anglo sajón, y apenas cerrada la Exposición colombiana, el Barnum se
propone pasear su presa sólidamente encadenada sobre su famoso armatoste á través de las principales

SECCIÓN CIENTÍFICA

La electrotécnica celebra actualmente un
gran triunfo con la orquesta eléctrica inventada por J. B. Schalkenbach, que excita la
admiración de cuantos visitan el Palacio
de Cristal de Leipzig, en donde funciona.
Este invento parece realizar uno de los
cuentos fantásticos de Hoffmann, y en verdad que el que oye las combinaciones de
sonidos que por todos lados se producen
merced á la erectricidad, se cree transportado al país de las maravillas. El inventor
maneja aquel instrumento de una manera
admirable, sacando de él efectos realistas
de mil formas á cual más bella y sorprendente y sonidos dulcísimos y llenos de sentimiento.
La forma del instrumento es la de un
gran pianino ó armónium con dos teclados
sobrepuestos, por medio .d e los cuales y
merced á un ingeniosísimo sistema de tubos se producen todos los sonidos. A derecha é izquierda de la parte superior del instrumento central hay unas aberturas de cobre en forma de tubos por donde se escapan los sonidos. El instrumento está en comunicación por medio de alambres eléctricos con un gran número de instrumentos
secundarios distribuídos por todo el local,
tales como el xilofón, el tambor, el trino de
los pájaros, el tamtam, etc., bastando oprimir un botón de marfil de los que se ven
sobre los teclados para que funcione el registro que se quiera, y de la voluntad del
ejecutante depende extasiar á los oyentes
con algún idilio acompañado del dulce vibrar de las campanitas, ó entusiasmarles
con algún himno bélico con sus cañonazos
y disparos de fusilería, y todo ello sin más
que doblar la muñeca, la rodilla ó el pie.
E l pedal es de gran importancia para el
aumento de sonoridad y los efectos de vibración.
Aunque la orquesta eléctrica sirve principalmente para la música de gran efecto que
pudiéramos llamar• sensacional, puede ser
también utilizada para eJecutar música seria: lo que _sí requiere indispen~ab!emente
es un gran local.
El inventor de este instrumento, alemán
de origén, aunque la suerte le llevó en edad
temprana á Inglaterra y á Francia, un~ á
sus grandes aptitudes · musicales va~tos conocimiéntos electrotécnicos: esa umón de
dos cualidades que rara vez suelen encontrarse juntas en una misma persona, es indispensable también en el que quiera tocar con éxito la orquesta eléctrica, pues sólo así conseguirá los
necesarios efectos.
(De la lllustriel'fe Zeitzmg)

NúMERO 622

~

Al?J:OL
delos O'.. JORET 8 HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore, , ret,1101, I UP,..
f/41'dlrtu .
Pero con frecuencia ea falsificado. El APIOL
verdaderoL.únlco eficaz,es el de los tnven-

1/one, de l11 Bpooaa, aal como lu

to,.es, los uli• .JORET-y BOllOLLE.
MEDAL1.AS E,p .. Unlr'"LONDRE8166Z- PA R/81689

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsion es y toa de los niños durante la denticion; en una palabra, todaa
las afecciones nerviosas.
_
.•

,.,.. BIUUT, m, m l1AJ,oll, PUJS

Fábriu, Espediciones: J.-P. LAROZE

! , roe des Lions-St-Panl, i París.
Deposito en todas las principales Boticas y Dr og11er iaa
contra las diversas

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llDido a los '1'6nicoa maa reparadoru.

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c,aan. mEaa• Y. •llD&amp; 1 Diez anoa de ex:tto continuado y las a1lrmactonea de
todas las eminenciaa médicaa preub&amp;D que esta aaociaclon de la Clal'lle• el Bierro y la
conaUtuye el reparador mas enerl!ico que se conoce para curar : la Cwrólíí, la
lMmta, las Memt1""41Mf1U dolorolal, el Jlmpobredmtfflto y lá ..tlttracwtJ de la Sangre,
el Jlaqr"tumo, ld.8 J f~
ucro{Ulola, Y u cor&amp;utfcal, etc. &amp; l'iae Perrast■H• de
&amp;reull ea en efecto, el único que reune W&lt;lo lo que entona y torta.Ieee los organoa,
regulartsa' coordena y aumenta considerablemente l u tuerzu 6 tntunde a la ~
empobrecida y descolorida : el Y(qor, la COlof'IJCWII y la .BMrqla "'' "'·
Por M'I/Of' e11 Paria, en euade J. FEW,f armat.enlieo, tot, rue Richeliea, Sucesor de AROUD.

••1-

•

Sil VDDS BN TOO.lll U.S PalMCIP.u.&amp;'l BOTl&lt;aS

•EXIJASE .i~º~ AROUD
1

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Hydropesias,
Toses nerviÓsas;
B ronquitis, Asma, etc,

Fe;~~1!o~~~ª~/:i:~s la Grageas al Lactato de Hierro de
Empobrecimiento de la Sangre,
GELIS&amp;CONT.É
etc.
Anemia, C lorosis,
Debilidad,

Er11

Aprobadas por la Academia de Med1c/aa de Parls.

.90t1'""'ª
y Grageasde
••

HEIIIOSTATICDel mas PODEROSO

que se conoce, en pocion ó
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- • • - --••••- - ••-•-•••• fácil el labor del pa1·to y

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.
E
R
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destruye ·ba.sta fas RAICE'-S el VELLO del roslr? de las dam~s (D~rba, Blg_ott, etc.), S!D
ningun pehgro para el cutis. SO Años de Éltlto ,ym1llam de l&lt;'sumomo1garant1za_o la eflcam
de esta preparacioo, (Se vende en oaju, ~ la barba, y en 1/2 oaJu para el b1go1e hg,ero). Para
los Lrazos, empléese el P l L l f U IUJJ, D'O'SSER, 1, rue J ..J ,•Rou1&amp;ea1 : Para.

�LA

ILUSTRACIÓN

NúMERO 62 1

ARTÍSTfCA

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

f)or autores ó editores
GRAMÁTICA DE LA LENGUA CASTE•
LLANA, AMPLIACIÓN SINTÁCTICA, por

R. Mo,mer y Sa11s. - El distinguido ca·
tedratico de la Escuela Nacional de Bue•
nos Aires, continuando su Grat11ática de
1. º y 2, 0 a11o, ha publicado la Ampliación
sintáctica correspondiente al tercer año,
en la que lo mismo en la teoría que en
los ejercicios prácticos demuestra su autor cuán á fondo conoce el idioma caste·
llano y el estudio que ha hecho de los
clásicos españoles. El libro ha sido pu•
blicado en Buenos Aires.
RAJOLINS, per A11to11i Careta y Vida!.
- La Biblioteca Popular Catalana ha pu·
blicado su sexto volumen, que contiene
seis bellísimas narraciones del conocido
escritor Sr. Careta y Vida!, casi todas
ellas justamente premiadas en públicos
certámenes. Véndese á 50 céntimos de
peseta en las principales librerías y en la
Dirección, Montaner, 10, Barcelona.
LA ODISEA DE PABLO MORPHY EN
LA HABANA,
Andrls Clemente Váz-

por

quez. - Bien conocido es entre los ajedre•
cistas el nombre de Pablo Morphy, quien
después de varios triunfos obtenidos en el
noble juego en las principales ciudades
americanas, estuvo en la Habana en 1~62
y 1864, venciendo á cuantos con él lucha·
ron y admirando á todos los aficionados
por su sin par maestría. D. Andrés Clemente Vázquez, cónsul general de Méxi·
co en la Isla de Cuba, ha reunido en un
interesante folleto, que ha publicado la
Biblioteca de El Fígaro, los artículos que
la prensa habanera le dedicó y las principales partidas por Morphy jugadas.

SANTANDltR. - DEPÓSITO DE LA COMPAÑÍA ARRENDATARIA DE TABACOS

(de fotografía de D. L. Linacero remitida por D. Antonio Berdegué)

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Erlflr"' ti rotulo a frma di J. FAYA/10.
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Exijase la firma y el sello
de garantia.

4empHarcuaacuv,cu

GRANO DE LINO TARIN

DE

Con iodu.ro

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco al el canrancio, porque, contra lo que mcede con
los demas purgantes, este no obra bien
1ino cuando se toma con buenosalimento•
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el calá,
el U. Cada cual escoge, para purga,:se, la
hora y la comida gue mas le conviene.a,
segun sus ocupac1011e1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada, UJJO
se decide !4cilmente 4 volver

COLICOS
IRRITACIONES
ENFERMEDADES
DEL HIGADO
Y DE LA VEJIGA

PARIS

E:rijarte /a,
caja, de ko¡a de lata

••

.'

Una

cucharada

por la manana
y otra por la tardo
'.!',1 OD la cuarta parto
~. ••
do UD vaao
En toda, deagna6delecbo
/01

J•rmatia,

U CAJA: 1íft.30

40, rue Bonaparte, 40

Pepsina Boudault
Aprobada por la ACADEIU DE IEDICIU

PREMIO DELINSTITUTO Al D' CORVISART, EN 1856
lltlod11l11 en 111 B1poalclonu lnternaolonalu de

Pn!S - LTOI - TIEU - PlllLiDELPIU - PillS
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DISPEP81A8
0A8TRITIS - 0A8TRAL01A8
DIQESTION LENTAS Y PEN08MI
PALTA DE APETITO
'W OT&amp;OI OIIOaDSftll DI LA DIIIITJDII

IIUO LA FORU DB

ELIIIR. • de PEPSIR.l IOUDAULT
VINO • • de PEPSUU IOUDAULT
POLVOS, 4e PEPSIN1 IOUDAULT
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ffl 1&lt;1.1 prlnc{Pf'Üf (4""4cf&lt;lt,

CARNE y QUINA

11 Allmento mas reparador, unido al T6Dico maa ener¡ico.

VINO AROU oCON QUINA

T CON TODOS LOS PJlIMCIPIOS fflJTBlTIVOS SOLtJBLBS DB U CARNE
c,.-a.'nl: 1 QIJIIH I son los elementos que entran en la compostclon de este potente

reparador de las tuerzas 'rita.les, de esie foni8ea■MI par eaeele■ei11, De un gusto sumamente agradable, es BOberano contra la ,tnem'4 1 el Apocamknto, en las Calenturo,
1 COltoaücfflCÜU1 contra las D1aN'eaa y las , t f ~ del B1tomaqo y los 111te6"no,.
Cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las dlgeat.lones, reparar las ruems,
~ecer la sangre, entonar el organismo y precuer la anemia y las eptdemtu pro,oClldai por los calores, no se conoce nada superior al Yt■• de
de &amp;reatL
,P(ff' ffl411tw. ell Pari~ en casa de 1. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, SIICIIOI ddJ\OtJD.
tlS \'BMDB BN TODAS LAS PIWfCIPALU BoTICU.

••in•

EXIJASE eli:or.:, ARDUO

Querido enflrmo. -F/111 Vd. I mi /arta uper/enora,
• h&amp;ga u10 de nuestro, 9RAN0Sde SALUD. pu.. t/111!
'e ourarln de 10 con1t11110Tbn, le darin apetito .f i
dtro/rerln el 1ueño , /a a/ttrra. - A11 ririrl Vd,
111uoho1 añoa, 1111rrurando 111m11re d• una buena ,alud.

Quedan reservados los derechos de propiedad arústica y literaria
IMP, DR MONTANER Y SIMÓK

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~tte,tt
A&amp;o XII

BARCELONA

20

DE NOVIEMBRE DE 1893

~OROS DE REY, reproducción de 1-\D d\b\ljo de l!l. li,

NÚM. 6:21

�LA
Sumario. -T&amp;XTO. - Cr6nica de arte. - Orillas del Deva. Los sucesos de Melilla. - Lo eterno. - La Pola (novela). Nuestros grabados. - Libros recibidos.
GR'.1-BADOS. 7 Moros de rey. - En el Front6n barcelonés y su
vista exterior. - Marruecos. Captura de un criminal. - Melilla: La alcazaba, Puerta de entrada, El mercado las &lt;i:Barrac_as.» - D. Manuel Ortega Sánchez Muñoz. - Vista de Mehlla. - La danza del otoño. - Mari Guari, espía moro. - A bordo del «Conde ele Venaclito. »- ~felilla. El Mantelete.
~,••,1•,,·,,,••••••,.,,.,,,,,,.,,.,,,.,,...............,... ,1.,,.,,,.,••,,,.,,.,,,.,,.1,1•,,•,,1•,,·,,1•,,·,,,,,,.,,,.,,.,,,.,r,,-

CRÓNICA DE ARTE
No sabe todavía la Academia de San Fernando
qué hacer con los proyectos del monumento que
habrá de erigirse en Covadonga en honor de Pelayo.
Voi!d l' embarras du choix, como diría cualquier
acadé~i:o de la sección de Escultura: por un lado, el
resentimiento que contra la Diputación de Oviedo
guarda la alta corporación académica con motivo de
haber prescindido la primera de los consejos de la
segunda para la redacción del pliego de condiciones
del concurso; por otro lado, la falta de claridad de
que adolece la citada convocatoria, que se presta á
dudas é interpretaciones varias; por otro, las presiones que de Asturias han caído sobre algunos de los
individuos_ de la de San Fernan~o; por otro, las recomendaciones de aquí; por otro, cierto deseo de hacer justicia que anima á una parte de la Academia ...
en fin, un atolladero casi tan grande como el en que
~stá met!do el Sr. Moret, ministro por partida doble,
a propósito de sus reformas de la enseñanza y las negociaciones con el sultán de Marruecos.
Verdaderamente que, á no estar las gentes demasiado preocupadas con tantas catástrofes como en el
transcurso de una semana han llovido sobre esta
desgraciada nación y fija la mirada de todo el mundo en ese conflicto hispano-marroquí, el concurso •citado, abierto por la Diputación provincial de Oviedo, habría dado de sí algún que otro escándalo provo;ado algún que ot:o interesantísimo diálogo (ademas de mteresante edificante) entre expositores, jueces, prensa y diputados provinciales ovetenses.
Un mes, largo de talle, hace que los inmortales de
la calle de Alcalá (secciones de Arquitectura y Escultura) se han dedicado á estudiar los proyectos presentados á concurso. En todo este tiempo no han podido, por lo visto, formar juicio concreto alguno, á pe·
sar de que no son más de diez los trabajos que se
disputan el premio y de que pueden descontarse de
la labor de comparación lo menos seis. Tanta par·
simonía llama la atención de los pocos que siguen
atentamente el curso de este parto laboriosísimo, y
que temen, no sé si con razón ó sin P.lla, que al fin y
al cabo ó salgan la justicia y por lo tanto el arte un
tanto descalabrados, ó cortando por lo sano y para
huirle el bulto á recomendaciones de peso, declaren
los señores como la convocatoria está mal redactada
y que no pueden desempeñar su cometido.
Lo cierto es que, excepción hecha del modelo cuyo lema es Spes Patrir.e y de los bocetos de las estatuas señaladas con los de Initium y Pro Patria, los
demás proyectos, así escultóricos como arquitectónicos, son otras tantas lamentables equivocaciones sufridas por distinguidos artistas. Los mismos que modelaron - con verdadero cariño, con demasiado cariño - las estatuas citadas se equivocaron de medio á
medio, así en lo de interpretar el tipo legendario y
eminentemente simbólico de Pelayo, como en lo que
respecta á la indumentaria. Y no digo nada de los
arquitectos: alguno hay que exigiendo la convocatoria que la traza del pedestal tuviese carácter puramente románico ó visigótico (siglo vm), da como
bueno un castillo del siglo x1v, con sus correspondientes cubos y torreoncillos adosados en los ángulos del cuerpo central..
Cierto que así el autor de I nitium como el de Pro
Patria se corrieron hasta el siglo xm (cinco siglos
más del pactado) en busca de mandobles con los que
el buen Pelayo no soñó jamás, y que_en los trajes de
aquella misma centuria buscaron uno á propósito
para vestir al vencedor de las huestes de Darío; pero
en cambio de tales desaciertos, se advierte el conocimiento técnico del arte. Paños, carnes y armas están
construídos con amor en estos bocetos.
Pero nada más tienen de notable. Preocupáronse
los escultores de copiar el modelo, y olvidaron lo princip1l, adivinar el símbolo; y como quiera que el símbolo en este caso concreto es la síntesis de una raza,
de una fe y de la patria, tal y como la comprendían
una época y una sociedad de las cuales, si desde un
punto de vista tenemos datos bastantes para su definición, desde otros apenas hemos logrado columbrar
después de minuciosos trabajos de investigación histórica nada concreto, resulta que, á pesar de las condiciones plásticas que avaloran los dos modelos citados, éstos no responden al concepto que de la figura
de Pelayo han podido formarse á una el historiador
y la imaginación popular.

r

NúMERO

lLUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

621

No le demos vueltas; la representación pictórica ó de ojos hundidos y sirviéndole de pabellón espesas
escultórica del príncipe visigótico, aventurero, noble cejas, la barba larga; en lugar de este tipo modeló
romano ( rumí como lo señalan los cronistas árabes) otro que ni es clásico ni realista.
En lo tocante á la parte arquitectónica de este proó condottiero, que allá en las abruptas montañas de
Asturias supo cortar la serie de victorias de las ar- yecto: tengo para mí que es el único también que
mas musulmanas, no puede ser la de un héroe de llena' todas las condiciones exigidas en la convocatotantos como registran los anales de la historia de ria, además es el que puede considerarse como
nuestra reconquista. Y no ciertamente porque sus obra completamente original.
Mientras, como he dicho, todos ó casi todos los
hechos de armas hayan tenido mayor importancia
material que los de J ai::ne el Conquistador, de Alfon- arquitectos que á este certamen concurren han busso VIII ó de Rodrigo Díaz de Vivar, pues en verdad cado con empeño el detalle decorativo olvidando la
de cosas, las victorias de Pelayo no rebasan los lindes línea, el autor ó autores del pedestal de Spes Patria!
de lo pequeño, sino porque significan el primer jalón no han perdido de vista punto tan interesante como
puesto en la obra de la liberación de la patria, no tan el del mayor rigorismo histórico, y al propio tiempo
sólo materialmente, al arrojar la morisma de un pe- supieron encontrar un motivo nuevo, no visto, cosa
dazo de territorio ibero, ofreciendo así lugar y asilo que no acontece muy á menudo.
seguros á los españoles, sino también y muy especialEste monumento es cuadrangular y el primer cuermente por el efecto moral producido en los abatidos po está flanqueado por torrecillas también cuadradas
ánimos de los expoliados.
y almenadas, que le imprimen gran apariencia de soTodo esto debieron tener presente y con todo esto lidez y fortaleza. Sobre este primer cuerpo ó basadebieron contar los escultores que conéurren al con- mento se levanta otro con columnas, y los frentes de
curso, para dar forma con el barro á la figura de Pe- éstas se hallan interrumpidos por un saliente en el
layo; y porque el boceto Spes Patrice se acerca más qusl_se ve una hornacina.
que los restantes al concepto que por la reunión de
En el frente principal mírase la estatua de la Victodas estas circunstancias, en su mayor parte psico- toria; en los laterales van dos bajos relieves conmemológicas, parecen determinar al héroe de Covadonga, rativos de la batalla de Covadonga y de la proclamay que le colocan á medias entre el mito y lo real, es ción de Pelayo, y en el hueco alzado se pondrá una
por lo que, sin vacilar, le considero como el único inscripción.
boceto acertado, que sin que alcance desde ningún
Este segundo cuerpo sirve á su vez de basamento
punto de vista lo extraordinario de la obra del genio, á una pirámide truncada, que es un cuerpo de tranno por eso cede á la del talento más reflexivo y emi- sición entre el robusto central y el capitel sobre que
nentemente artístico.
descansa la estatua. El capitel se compone de un
Aparece la estatua ó boceto señalada con el lema friso que corre por debajo de una serie de ménsulas
dicho Spes Patrir.e en actitud serena y arrogante á la ó canecillos que forman la cabeza coronada por espar. Con la mano izquierda levanta sobre su cabeza cudos.
la Cruz de la Victoria que, según la tradición, la reVistazo rápido fué el que pude echar á los demás
cibió Pelayo del cielo; con la derecha empuña la cor- proyectos arquitectónicos en los primeros días de su
ta espada heredada por los visigodos del soldado ro- exposición; más tarde los he visto detenidamente; en
mano'. El plinto sobre que se yergue la figura simula ambas visitas solamente el de Spes Patnr.e atrajo desun trozo de quebrado monte, y Pelayo, cual si quisie- de luego mi atención. Arquitecto y escultor han marra escalar la cima de la montaña donde se libra el chado de perfecto acuerdo. Pedestal y estatua for- ·
combate, para desde allí dominar por entero aquel man un monumento histórico, artístico y estéticamenlugar en el cual se decide por medio de las armas de te homogéneo.
los destinos de la patria, y animar, mostrando el lábaro santo y su propio valor, á sus huestes, asienta el
Moreno Carbonero, el autor de tantos cuadros de
pie derecho en alto pedrusco, mientras de los abier- género admirables, acaba de pintar otro, digno de
tos labios parece escaparse el grito de guerra ó la pri- sus anteriores. Moreno Carbonero es un admirador
mer palabra de triunfo. La redonda capa flota al de Cervantes y de su obra inmortal. Ya cuando aún
viento, y bajo la coraza de cuero y escamas de metal no tenía veinte años pintó un cuadro que fué premia- coraza semejante á la loriga romana - se adivina la do, si no me equivoco, con medalla de segunda clafuerte musculatura del héroe. Cúbrele la cabeza un se; este cuadro, exhibido en la Exposición nacional
casco cónico de cuero, cruzado por fajas metálicas, y de Bellas Artes de 1878, representaba el donoso epide las abarcas suben trenzadas largas correas que de- sodio del carro de las cortes de la muerte, vulgarfienden la robusta pierna, firme de traza y de correcto mente conocido por el lance de D. Quijote con los
dibujo.
.
cómicos. Desde aquella Exposición á la fecha el autor
La parte flaca de esta figura es el rostro. Todavía de La conversión del duque de Gandia no cesó de ins·
no se han desligado, por lo menos una gran parte de pirarse en Cervantes, alternando con las páginas de
nuestros escultores, de ciertos convencionalismos Gil Bias y con alguna de cierta novela del insigne
académicos en lo tocante al gusto estético con refe- muerto Alarcón.
rencia al realismo. El rostro de la estatua de PeEl cuadro que en la actualidad tiene expuesto en
layo es, en esta de que me ocupo, un rostro que ca- el estudio de su amigo y colega Sr. Maureta reprerece por completo de los rasgos que determinan ó senta el episodio ó la famosa y nunca bien pondedistinguen á una raza. Cualquiera que tenga una me- rada aventura con que topó el no menos impondediana educación artística habrá visto cien rostros co- rable D. Quijote, yendo de carretera con su buen
mo este del boceto Spes Patrüe. Así puede ser la cara escudero (no recuerdo en este momento hacia qué ludel soldado de Marathón, como la del Apolo de Bel- gar); aventura en que hubo de librar descomunal combedere, como la de J úpiter. Por·exceso de respeto al bate con aquel fiero vizcaíno que llevaba presas en
tradicional tipo masculino que creó el griego, adoptó su carroza á sus amas, en compañía de unos frailes,
el romano, interpretó el renacimiento, disfrazó el neo- que á las primeras de cambio ó de mandobles tomaclasicismo y las Academias tradujeron tomándolo del ron las de Villadiego á lomos de sus orejudas cabaldisfraz último, todavía hay artistas que (al fin y al gaduras.
cabo educados en ese medio escolástico de nuestra
En la Crónica próxima me ocuparé de este lienzo
enseñanza artística) si aceptan como bueno el realis- bellísimo, en el cual Moreno Carbonero hizo verdamo, es en cuanto no rompe determinadas fórmulas deros primores, jugando con la luz del sol y con la
que para la interpretación y expresión de la belleza pasmosa habilidad de su ejecución y buen gusto. Y
aprendieron de sus rancios maestros. Así, por ejem- para esa misma Crónica dejo también el hablar algo
plo, las líneas del rostro, el movimiento de los bra- de algo que he visto remitido desde el Rif por varios
zos y de las piernas, el plegar de los paños, etc., no laureados pintores que á allí se han ido en busca de
pueden ser otros que los que señalan aquellas máxi- algo nuevo, que si tienen empeño en buscar seguramas recogidas en un libro por un famoso profesor de mente encontrarán.
la Escuela superior de Pintura, Escultura y Grabado
R. BALSA DE LA V EGA
(dicho profesor ha fallecido ya). Una de las máximas ,.•.,.,,.,."••····•·1••··•·1••··········•''"*'•"••····•.,•············,·•·"••································•·"••·••"••···"
decía: «Cuando avance la pierna derecha, debe retiORILLAS DEL DEVA
rarse á la vida privada el brazo del mismo lado,» etcétera, etc.
CARTAS Á LA SEÑORITA DOÑA EMMA DE MADRAZO
Pues bien: el autor del boceto señalado con el
( Co11clusió11)
lema Spes Patrice, si supo olvidar en otras obras, coII
mo en esta misma, esas doctrinas de peregrina hermosura por su alto y amplio concepto, no por eso ha
Fns del Val, 4 de septiembre
mostrado que el olvido ha sido total, ni que su eduSi mal no recuerdo, amiga mía, interrumpí ayer mi
cación estética, á pesar de que tiene vistas al realis- carta en el momento de llegar á Deva y en aquel en
mo, es todo lo firme y segura que debiera ser. Huyó que la cesta nos dejaba al pie del miramar.
de trazar la fisonomía ruda, salvaje y enérgicamente
La marea era viva. Todo cuanto es playa los demás
altiva que caracteriza la raza gótica, porque le pare- días, aparecía entonces sumergido en el agua que
ció fea la verdad. Le pareció feo un rostro de pómu- avanzaba en fl~jo inundante, y que, al encontrarse
los pronunciados, de nariz corta, de labios gruesos, con un paso abierto entre dos montes, se abalanza á

NúMERO 621

LA

147

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y

Vista exterior del Front6n Barcelonés, proyectado y construido por el arquitecto D. Enrique Sagnier y Villavechia

cendieron á fijarse en la aturbonada congerie de rocas que se agrupaban á nuestros pies, caótico roquedal por entre el que se introducía la mar rugiente
batiéndolo sin descanso. Veíamos llegar olas gigantes
como montañas verdinegras, que· avanzaban hacia
nosotros, y que, al estrellarse en las peñas, cubriéndolas de espuma, nos enviaban á todos cuantos estábamos en lo alto, con la purísima esencia de su llovizna, los acres perfumes de la mar brava.
Tras de nosotros se abría en suave pendiente la
carretera de Francia, cruzada á cada paso por esas
chillantes y musicales carretas de bueyes, que son especialidad de las comarcas euskaras, y por las airosas
cestas y lujosos landós en que las elegantes damas y
familias residentes por temporada en Deva van á sus
romerías de placer ó á sus paseos y excursiones de
holganza.
La carretera sigue costeando el monte que adelanta
su cabo mar adentro, frente á otro monte y cabo que
avanzan por la izquierda con la otra carretera que
lleva á Motrico, el monte tricua, ó sea el del erizo, en
cuya falda viven los más duros marinos y los más valientes hombres de mar de aquellas costas; y á Lequeitio, la de tradicionales costumbres, orgullosa con
su famoso palacio de Baroa, que hoy poseen los catalanes condes de Torregrosa, y con el petulante lema
de su escudo en que se proclama gallardamente, aunque en latín, y como si tal cosa, debeladora de reyes,
subyugadora de monstruos horrendos, y poderosa así
por la mar como por tierra. ( Reges debelavit, horrende

c&lt;Etis subjecit, maris terrisque potens.)
remontar el Deva, convirtiéndole por larga pieza en
un gran brazo de mar, como si pretendiera hacer navegable aquel río, que ya hubo de serlo algún día
hasta llegar á Alzola, si no se engaña en su decir la
gente.
Y no debe engañarse, creo. Así debió de ser, ya
que á corta distancia de Deva, en el caserío de Salsiola, que otros llaman Sociola, todavía existen les
restos de un bastimento que se dice haber sido astillero, y guarda este nombre; y en la misma Alzola,
todos pueden ver un grandioso edificio, que parece
fué antigua aduana, con arcos que apoyan sobre las
peñas más hondas sus robustas pilastras, en las cuales
aún se ven las anillas de hierro allí colocadas para
amarre de las barcas.
No podíamos apartar nuestras miradas de aquel
maravilloso panorama abierto á nuestros ojos.
Frente á nosotros el mar; el mar Cantábrico en toda su infinidad; el mar verde, como le llamaron los
poetas; el mar plomizo, como tal vez debiera llamarse;
plomizo como el cielo euskaro, que es, por ley general, un cielo triste y nebuloso, bien distinto por cierto
de aquel cielo esplendoroso y limpio de mis orillas
mediterráneas espejándose en la mar azul de los latinos.
A lo lejos se veían llegar flotas de barcas pescadoras que venían á buscar el puerto, como vuelos de
pájaros que tornan para su nido. ¡Qué efecto nos ha-

cían á Magín Morera y á mí aquellas barcas con su
vela cuadrada, tan distinta de nuestra airosa vela latina, que así se hizo sin duda, con su forma de ala
de golondrina, para que la lancha pescadora del Mediterráneo pudiera volar mejor! Porque nuestras lanchas mediterráneas, mi querida Emma, no lo dude
usted, tienen alas y vuelan.
Morera, ya usted lo sabe, es un poeta catalán que
vive á temporadas en las costas cantábricas, donde
compuso un ramillete de hermosas poesías que titula
Lequeitianas, destinadas cuando se publiquen á revelar su inspiración y su genio.
Al ver acercarse aquellas barcas, Morera y yo, debe
usted recordarlo, pues que en aquel momento nos
dispensaba el honor de atender á nuestra plática, discurríamos acerca de lo que pensaría una pobre vela
latina transportada de repente y como. por encanto
á estos mares, en medio de tanta vela cuadrada. «¡Ah!, le dirían éstas sin duda. Tú debes ser del país
de las• golondrinas. ¿A qué viniste aquí, donde hay
luces y mares y espacios que no son tuyos? ¡Vuélvete,
pobrecita vela, vuélvete; que ni estas aguas ni estas
costas ni estos cielos se hicieron para ti!» Y la vela
se volvería entonces tristemente, recogiendo su ala
de golondrina, pobrecita y sola, á buscar el país del
sol y los esplendores de la mar latina.
Cuando nuestros ojos se fatigaron á fuerza de perderse en lo infinible y de sondear lo insondable, des-

EN EL ••RONTÓN BARCELONÉS,

dibujo de J, Cabrinety

Es admirable aspecto el de estos dos gigantes montes asentados sobre peñas y roquedales, que avanza
cada uno por su lado, hacia la derecha el uno y hacia
la izquierda el otro, dividiéndose en dos cabos, que
creo se llaman de Machichaco y de la H iguera, y
abriéndose para dar paso al mar, que entra en aquella concha á recibir el tributo del Deva y besar sumiso las plantas de la hermosa villa del mismo nombre,
extendida por la falda del monte Anduz con todo el
lujo y belleza de sus hoteles y villas; con sus características casetas de baños en la playa; con sus señoriales caseríos que.se encaraman por el monte para darse
el honcr de levantar encastillados miramares en luengos y sombrosos parques; con su iglesia del siglo xv,
que tiene un claustro, singular por su ojivas, y un pórtico de templo, más singular todavía, por cierta piedra
que puede encerrar un misterio; con su azoradora
vía férrea de muñecas, y su tercera carretera y su río
que ambos remontan á Vergara la del abrazo y la del
Cristo de Montañés, á Plasencia la del hierro y de los
cañones, á Alzola la de aguas salutíferas, á Eibar la
de las incrustaciones de oro y plata, y á la hechizadora Bilbao, poderosa y potentísima rival de Barcelona.
Y á propósito de Eibar. ¿Recuerda usted también
la tarde que allí fuimos en excursión con el coronel
Miret y el barón de Terrateig, que acababa de llegar
y nos traía con él los recuerdos y efluvios de aquella

�LA
embelesante Valencia, siempre aromatizada por las
flores de sus jardines y los cantos de sus poetas? Fuimos á visitar á Plácido Zuloaga. ¡Qué bella casa la
suya, con aquellos escudos en la imafronte, como dirían los eruditos, en su frontón ó en su fachada, según
decimos los mortales; con su primoroso balcón de
esquina, su majestuosa escalera, sus espaciosos salones y sus seducientes vistas al río y al monte! ¡Qué
hermosa casa, y en ella qué tesoro! No me refiero á
los artísticos objetos de incrustación que tanta fama
y gloria dieron á Zuloaga, sino á las obras de arte que
éste tiene en su casa, lienzos, tablas y cobres de pintores célebres, vidrios de Venecia, ricos esmaltes, arquillas de la Edad Media, muebles y objetos de todas
épocas, preciosidades sin cuento y sin cuenta; todo
lo que nos enseñó con amabilidad exquisita, junto
con preciosos cuadros de su hijo el pintor, destinado
indudablemente á ser una gloria en las huestes de la
moderna escuela impresionista.
Salimos de Deva á la caída de la tarde y á la hora
misteriosa del crepúsculo vespertino. Si con buen pie
habíamos entrado en la risueña villa del MonrealAnduz, con mejor fortuna salimos, ya que una casualidad feliz nos hizo tropezar con el duque de Rivas,
llegado allí aquella misma tarde. Pude con este motivo abrazarle, y tuve en ello gran placer; que, sobre
ser todo un c;aballero,_ es un alma noble, 1m talento
superior y un poeta eximio, continuador del camino
de gloria trazado á la familia por el autor inmortal del

Don Alvaro.
Ya sabe usted con qué pena nos alejamos de
Deva sin dar un abrazo á nuestro excelente amigo el
marqués de Valmar, ni tener tiempo de visitar su
casa palacio, de que usted roe contó maravillas. Pero
no dejaré de hacerlo otro año, si Dios me otorga este
placer. Es deuda de honor en mí la de pagar este homenaje al ilustre patriarca que es modelo de hidalgos, espejo de literatos y envidia de laboriosos.
Era ya tarde. Era la hora aquella en que el delicioso Héspero, como dice nuestro dulce Meléndez,
cual precursor de la noche,
por el Occidente sale.

Nuestros compañeros de viaje apremiaban, y dimos
la vuelta para el balneario de Alzola, pasando otra
vez por aquellas orillas que, si son encantadoras llenas de color, de luz y de vida, á la hora del sol, no
lo son menos ciertamente á la hora del crepúsculo
vespertino, cuando avanzan las sombras de la noche
y se llenan aquellos bosques de misterios y aquellas
hondonadas de visiones. La luna enviaba un rayo de
moribunda luz á aquellas soledades de nunca turbado silencio, hasta que vino á romperlo el silbato de
la locomotora, que silbando y rugiendo pasó por
junto á nosotros como alma que lleva el diablo envuelta en nubes de humo y de fuego.
Junto á Salsiola nos enseñaron un monasterio
abandonado y en ruina, que proyectaba su descarnada silueta á la luz de la luna por entre los árboles. Es
un sitio romántico, allá en lo profundo á orillas del
río, lugar triste y solitario rodeado de sombras y misterios, al que la obscuridad de la noche daba más
atractivo y más carácter.
- Es un sitio adrede para leyendas, dije. Por fuerza debe tenerla.
Y la tiene, según luego me la contaron.
Por cierto que no es una de esas leyendas ñoñas
y sin miga, como tantas otras. No: tiene vida, tiene
color, tiene luz, tiene drama, con algo de la de Hero
y Leandro en sus comienzos y con mucho de Dante
en sus finales.
Voy á narrársela á usted ... si acierto, que lo dudo.
Para contar, para referir esta leyenda, que yo titularía
Elfarol del pecado si me atrevi_ese á escribirla, se necesitaría algo de aquel quid que pocos tienen .. _ y
que también es conveniente que tengan pocos.
No pudiendo, pues, hacerlo como quisiera, me limitaré á contársela á usted como sepa y puedo, breve
y sencillamente, para que, á falta de mayor mérito,
tenga el de su sobriedad al menos.
Comenzaremos por titularla Elfarol delpecado. Ya
que no se escribe C(?mO debiera, conviene nominarla;
que en el título, ó yo me engaño mucho, está lo más
señalado.
En el monasterio de Salsiola, y en época de su esplendor, vivía un monje que andaba siempre solo y
retraído. Había sido en el mundo noble hidalgo, capitán de caballos intrépido y gallardo, galanteador
afortunado. Cuitas de amores ó reveses de fortuna le
llevaron á buscar la paz del claustro, que no halló
por cierto en el solitario monasterio. La frialdad del
hábito no apagó las pasiones que en él ardían. basoledad, el rezo, la penitencia, no fueron flagelación,
sino yesca de pecado y espuela de apetito para su alma, que cuanto más opresa se hallaba, más salteada

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

se sentía por ansias de lanzarse á mayores y más
arrebatados vuelos.
No hay que averiguar cómo principiaron sus amores con la dama de Orizábal.
Desde las ventanas de su celda veía á lo lejos la
torre cuadrada de la casa señorial donde moraba su
amada.
Sólo muy de tarde en tarde podían verse y hablarse los dos amantes, y siempre en el secreto de la noche, rodeados de tinieblas y peligros; que era el marido de la dama tan celoso de su mujer, como guardador de su honra.
Cuando el Sr. de Orizábal se ausentaba de su casa,
empujado por sus goces ó requerido por deberes, la
dama encendía un farol en lo alto de la torre, señuelo pecador que llamaba aI monje, atrayéndole áclandestinas y adúlteras citas.
Por las noches en que el farol aparecía en la almena de la torre cuadrada, el monje, sosegado el convento, salía misteriosamente de su celda, y, encelado,
á obscuras y á tientas como quien va á hurto de amores, sin otra luz que aquella que en su corazón ardía,
remontaba la pedregosa orilla del Deva hasta alcanzar un sitio donde era fácil vadear el río, á la otra
banda del cual se alzaba la casa de Orizábal. Muchas
noches ocurría tener que pasar el río á nado; y sólo
salvándole de esta suerte, era como llegaba á los brazos de la dama de Orizábal, lo mismo precisamente
que Leandro á los de su Hero.
Cierta noche, y á hora desacostumbrada, apareció
el farol del pecado llamando al monJe. No esperaba
éste la cita. Túvola dos noches antes, y no era de
creer que el Sr. de Orizábal, llegado precisamente el
día anterior, hubiese vuelto á marchar al siguiente;
pero, aunque extrañado y con la alarma del recelo,
acudió con presura. Salió del monasterio, furtivamente como siempre, cuidando de no turbar el sosiego de
la santa casa; escaló las rocas; se deslizó por entre los
peñascales con peligrosas prisas que eran diligencias
de su ansiedad, y viendo brillar el farol con luz amorosa, luz que hubo de parecerle más viva que nunca,
tan viva cual oudiera ser la de su deseo, vadeó sin
dificultad el rí~, que aquella noche no venía crecido,
como si quisiera facilitarle el paso, y llegó á la contraria orilla. Pero no acudió á recibirle allí su amada,
solícita y diligente como las demás noches. Quien estaba allí era el esposo ofendido, al frente de un grupo de asalariados servidores, los cuales cayeron sobre
el monje sin ventura, cortándole á cercén la cabeza,
que entregaron á su señor, y despidiendo por ¡as peñas el descabezado tronco.
Dueño ya de aquel sangriento trofeo el Sr. de Orizábal, fuése sosegadamente para su esposa, que á recaudo tenía desde que hubo descubierto el misterio
de sus amores y la clave de sus citas; y dando orden
para maniatarla, prendió á su cinto, á guisa de escarcela, la cabeza del amante, y mandó en seguida
que mujer y cabeza se depositaran en el lecho, que
fué tálamo de su adulterio, y se emparedasen en la
torre, que fué sepulcro de su honra. En seguida abandonó para siempre aquella casa, cuyo sitio y cuyas
ruinas aún conservan hoy el nombre de Torre de la

emparedada.
Así acabaron aquellos amores, y así los tristes
amantes.
Pero aún vive el monje descabezado; aún vive, ya
que no por misericordia, por milagro de Dios. Se
cuenta que de entonces acá, todas las noches, promediada la media, que es la hora del castigo, así en
aquelias noches de tranquilidad y luna como en aquellas de obscuridad y tormenta, todas, sin faltar una
sola, se ve vagar al monje por las orillas del Deva,
vestido con su hábito penitente, pero descabezado y
llevando en la diestra el mismo farol de la torre que
le llamaba á sus criminosas citas, condenado por voluntad divina á no tener paz ni reposo en su sepulcro
hasta encontrar su cabeza, que eterpamente busca,
eternamente en vano, alumbrando siempre sus pasos
y pesquisas con el farol del pecado.·
Y esta es la leyenda del monje de Salsiola, mi amiga Emma. Esta es; y ya con ella doy_fin á esta segunda y larga carta, que ha debido hallar difusa y somnífera sin duda. Dichosa ella, y más yo, señora mía,
si por suerte no comunicó á usted el sueño que al
mío robé yo para escribirla.
-VÍCTOR BALAGUER
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LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

I
Pedro Estopiñán, por cuenta del duque de Medinasidonia, de quien es teniente, se apodera de Me•
lilla en 1446; un siglo después la inco~pora Felipe II

NúMERO

621

al Estado; en 1631 la sorprenden ,los moros y cuesta
mucho recuperarla; medio destrmda por los temblores de tierra en 1669, agobiada por el hambre, acosada á la vez por los moros, se abandona el fuerte de
Santo Tomás. En el olvido, sin defensa, con sólo algunos hombres que viven y sucumben como mártires,
en 1678 se abandona otro fuerte, el de San Lorenzo;
un año después, el de San Franci~co. Al fuerte de Santiago lo sitian poco más t~rde miles de moros; los españoles del fuerte se resisten, hacen en la chusma
gran mortandad, pasan much?s días, nadie acude en
su auxilio tienen hambre, tienen sed, pero luchan
aún. Desf~llecen ... y luchan ... van á morir... Para que
después de muertos el fuerte no sea tomado, deliberan· pronto viene la conclusión; es unánime; volar el f~erte; lo hacen así, vuela el fuerte, y los españoles heéhos pedazos, hallan su sepultura bajo aque'
..
!los queridos pedruscos que enr0Jec1eron poco ancon su sangre. ¡Fecha gloriosa... 14 de septiembre
de 1679!
Continúa Melilla en miserable abandono; sin embargo, las escasísimas guarniciones de todas las épocas la defienden como el hombre á la mujer adorada.
Melilla, pues, vive por casualidad milagrosa en poder
nuestro. En 1694 la sitia Muley I smaíl; la rechazan
los sitiados, la bloquea Ismaíl durante mucho tiempo, y la abandona al fin, convencido de la imposibilidad de vencer con su gran ejército al puñado miserable de españoles que la plaza defienden. En 1697, otra
fecha de gloria, los moros asaltan la plaza y son rechazados; en 1715 sufre otro cerco riguroso que dura mucho. Viene un tratado de paz que los moros no cumplen. En 1794, un formidable ejército, con Sidi-Mohamet-ben-Abdalá á la cabeza, sitia nuevamente á Melilla: consta la guarnición de ochocientos hombres escasos; resisten cuatro meses; Mohamet retirase al fin convencido también de la inutilidad de su tarea; hay
otros convenios, de que las kabilas se mofan, y la plaza continúa en el mismo estado de abandono; mientras deja una y cien veces lavada la honra española,
mientras mueren de hambre sin dejar de combatir,
mientras Europa está en espectación ante la heroicidad de aquel puñado de hombres, España se acuerda
de Melilla; España la halaga y la bendice; después,
las guarniciones continúan en el ofvido y es necesario otro nuevo monte de cadáveres españoles mutilados, destrozados, profanados, para que España vuelva á pensar en Melilla... España no; sus gobiernos.
Así continúa hasta 1840: la plaza está sin víveres,
como siempre; los presidiarios sublévanse; los rifeños
embisten con verdadera furia y degüellan las guardias;
la guarnición hace salidas que asombran, sublimes
en realidad, arrancando á los pechos españoles lágrimas de dolor y orgullo... ¡Estéril todo!
Sigue la campaña del 60, que alcanza ya á nuestros padres; donde nuestros padres luchan como leones; donde el ejército español, cubriéndose de gloria
y admirando á las potencias extranjeras, obtiene un
inmenso lauro por cada batalla sostenida ... ¡Vergüenza y duelo! Campaña más gloriosa, sí, pero más estéril que ninguna.
Viene el tratado de Vad-Ras; por este tratado España tiene derecho á un pequeño territorio comprendido entre Melilla, dentro de un semicírculo y el radio que se desarrolle por el alcance de un cañón de
16: resulta el radio de unos 3.000 metros, unas 1.600
hectáreas. Los españoles, como siempre, no cuidan
de ocupar esa tierra. En 1870 azota el paludismo á
la población; originase por la humedad del río del
Oro, cuyo cauce corre lamiendo la muralla; decídese
desviar el cauce unos doscientos metros y es preciso
un cuerpo de ejército para obligar á las kabilas á que
nos permitan hacer estas obras en territorio español.
Pasa ot_ra vez la nube. Nuevos y vergonzosos olvidos
de Mel_11la. Con la guerra civil es olvidada ya del todo, y viven sus escasas fuerzas con escaramuzas siempre, con sangre siempre y con maldiciones de mádres
infortunadas qu,e lloran á sus hijos, maldiciones y
sangre que caeran sobre la cabeza de nuestros gobiernos. En 1884 se ocurre al fin edificar en el cerro de
San Lorenzo el primer fuerte, por el plan de defensa
de Roldán Vizcaíno; sigue después el de los Camellos, detrás el de Cabrerizas Bajas y á seguida el de
Rostrogordo, que toca, como el de Cabrerizas Altas,
el límite español por la parte derecha del río del Oro.
~ste_ plan, aprobado por el gobierno, debe tener á la
1zqmerda y por la parte que da al Gurugú otros fuertes, de los que sólo se construyó el de los Camellos.
Estará uno próximo á la casa de la marina sobre la
playa d~ l_os C~rabos; otro, ya en el límite ;spañol, y
el de_ S1d1-,Aunach- origen de la guerra del Rif, qu~ tie_ne a la derecha la Alcazaba y la Mezquita, y á
la 1zqmerda el poblado y la' huerta de la Mezquita,
Lle&amp;am~s, pues, c?n sólo una breve idea general de
la historia de Mehlla desde su ocupación por los es•
pañoles, á la fecha triste del a de octubre.

�750

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 621

para abrir surco y obte_ner la atezados y feroces rostros, como viscosidades pestiverdad, en e5e monte mcon- lentes de la tierra.
mensurable de telegramas, noLlega Macías al mismo ti~mpo de ~orir Mar~allo;
tas oficiosas, gacetillas, artícu- toma posesión, dispone algunas medidas de ac1erto
los y sueltos publicados, repro- arroja á los moros de la Adu~na del Rey, expulsa a1
ducidos, estirados y vueltos á los judíos ordena la construcción de barracones para
reproducir, que llevan la con- las tropas'. .. De repente publica el g?bierno u~ exfusión al cerebro más firme. traordinario de la Gaceta contando a los espanoles
Del 2 al 27 de octubre no ocu- que nuestras tropas han obtenido un for~idable triu~1rre nada. Margallo se mues- fo. La noticia produce un efecto mágico; la alegria
tra indeciso; se le vitupera su enloquece las almas; en ·toda la nación hay manifesindecisión... ¿Y por qué? Mar- taciones de entusiasmo; el júbilo se desborda de los
gallo no hace otra cosa que pechos... Los moros han sido atacados por nuestras
reflejar la incertidumbre de tropas· no pueden resistir las formidables cargas á la
sus superiores. ¿Por qué se ha bayon~ta del batallón disciplinario, huyen hasta el
de pedir á un subalterno, por Gurugú; el «Conde de Venadito,» &lt;&lt;La N_:1manci~,»
serenidad y firmeza que tenga, «Alfonso XII» y el «Isla de Cuba» los canonean maquello de que carece el supe~ cesantemente, haciendo en las masas de moros morrior á cuyas órdenes está? S1 tandad horrible... El general Macías pone telegramas
se inculpa hoy á un muerto al gobierno, manifestándole que el campo español
sin defensa, para eludir, quizá está limpio de moros; toda la prensa lo confirma; todo
MELILLA, - LA ALCAZABA (de una fotografía)
quien le inculpe, responsabili- el mundo está convencido de que es así; cada pecho
dades pavorosas, téngase en español es una gloria abierta de par en par á la espe.
cuenta que el muerto no ha- ranza de que todo concluya con satisfacción y orgullo
ll
·
1 blará para defenderse. Se destituye al general Margallo, se nombra á otro, llegan las jornadas del 27 y nuestro... ¡Ay! Pero por esas puertas de la gloria que
El general Margallo manda la plaza; su historia es 28, Marg~llo se h~ce ~atar p~r _la vergüen~ de que se abren de par en par en los pechos españoles, mélimpia· todo el ·mundo asegura que es un hombre de ha de salir de Mehlla sm prest1g10, y he aqm, por las tese como un cuchillo, en vez de la esperanza, la triste
honor,' y él lo prueba. Lo primero que se hace para vicisitudes de la suerte, un hombre popular, desa~re- convicción de que los moros son dueños de parte de
las obras del fuerte Sidi-Auriach es un barraconci- &lt;litado y muerto en sólo algunos días ... Desacred1ta- nuestro campo, de que nos hostilizan desde nuestras
llo donde guardar las hetrincheras y de que están en la persuasión, de que
rramientas. Durante la nonuestros fuertes seran suyos.
che lo destruyen los rifeños.
El abatimiento que esto
Margallo, que ha presentido
produce se acentúa con la
lo que ocurrirá, pide á Maalegría del ministerio. El midrid gente. El general abunnisterio
parece muy dichoso
da en razones para temer, ..,
porque espera una nota del
no sólo porque lo reconoce
sultán.
así su experiencia de soldaEl sultán á todo esto es un
do, sino porque se le advierpersonaje que no habla; está
te por las kabilas que no
entre bastidores: como el espermitirán allí construcción
cenario tiene tanto fondo alguna; es tierra sagrada patodo Marruecos, - resulta que
ra ellos por estar próxima á
el
sultán no parece en parte
la Mezquita. Los españoles
alguna; tardeó temprano tieno hacen caso, y dan princine que parecer, pero no sapio á las obras, que son desbemos si su presencia servitruídas también; la mañana
rá para el desenlace del dradel 2, á trabajar de nuevo.
ma, ó para que se meta ya
Hay cuarenta hombres en el
en
acción verdaderamente y
fuerte, que son envueltos y
que todo lo ocurrido se guararrollados por los moros.
de corno prólogo...
Empieza la guerra.
Pero no. ¿A qué engolfarEl escaso número de espanos en pesimismos? Las troñoles no puede resistir á la ·
pas de Melilla pueden ya lleferoz muchedumbre, y tamvar convoyes sin que los mopoc~ puede retirarse por lo
ros las hostilicen; en el cammismo; Margallo envía rápo reina tranquilidad seráfipidamente setecientos homca; el sultán sólo está á dos
bres del batallón disciplinajornadas, y de un instante á
rio y regimiento de Africa:
otro ha de llegar para que
la lucha es inmensa; la retiratodo quede arreglado amigada es verifica con doce esMELILLA. - PUERTA DE ENTRADA (de una fotografía)
blemente, y el gobierno españoles muertos y multitud
pañol
tendrá la fortuna de
de heridos. Los presidiarios que trabajan en el fuerte
haber conseguido con su hapelean con las armas inútiles ya de esos heridos y do, no ... Supo morir ... España le llora y le venera. bilidad y con su prudencia
que no estalle una conCon Margallo caen multitud de inocentes que no
esos muertos españoles, que podrán ser bajas en
flagración en toda Europa.
han
tenido
la
culpa
de
la
desesperación
de
su
genecampaña por el honor y engrandecimiento de su naEfectivamente, el sultán no ha llegado, pero el goción, pero que serán solamente víctimas infelices de ral, ni de los errores de los gobernantes; nuevas febierno
recibe una nota del sultán... El sultán se dischas
dolorosas
y
sublimes
en
que
el
español
combate
otra guerra vergonzosa y sin fruto. En este día, de
pone
á
castigar á las kabilas ... El sultán se duele
pecho
á
pecho
contra
un
enemigo
á
quien
por
su
recordación infausta, los españoles combaten y muemucho
y
no hace más que sufrir por la agresión heren como la historia atestiguó durante siglos y siglos; gran número le es imposible vencer; sin embargo, no
desalienta,
sufre
hambres
y
cha
á
los
españoles;
á nosotros, á un pueblo tan amilevantándose cada uno un pedestal, que las mujeres
lucha
aún
sin
que
la
sangre
españolas desde las penumbras de sus templos y desde sus tristes hogares silenciosos adornarán con preciosa que derrama pueda
siemprevivas de su corazón, y cada español regará fructificar en bie'.l del país
amado; como siempre, los hecon lágrimas de fuego.
Los combates parciales de este día de dolor y or- chos heroicos se multiplican;
gullo para la nación española, en que grupos de dos el oficial pelea bravamente y
ó tres soldados españoles se defienden contra apiña- sucumbe; los soldados mueren
dos remolinos de la rencorosa y salvaje chusma delRif, abrazándose en fiera acometib:istarían para que otra cualquier nación se concep- da á los que les asedian: adotuara la primera del mundo. ¡Y qué! Los soldados se lescentes, niños casi en su maretiran en espera de unos refuerzos que no van, y los yoría, se lanzan nuestros solmoros se posesionan del campo español. Las imagi- dados como fieras, luchan conaciones se exaltan, el humo de los cerebros meridio- mo cíclopes y caen ·como héroes; retíranse al fin ante la
nales llega á las nubes; pero la plaza de Melilla coninmensa
superioridad del nútinúa sin gente y sin provisiones, y los moros atrinmero.
La
noticia se extiende
cherándose en el campo español y mofándose de
como
nube
luctuosa; en toMelilla y de España. La movilización de tropas, sin
da
España
se
oye un alarido
embargo, es inmensa; á contar los batallones y regide
dolor,
y
las
hordas del Rif
mientos que van al Rif, según los telegramas y las
cantan
ferozmente
su victoria
gacetillas de los periódicos, no habría volúmenes sufien
nuestro
campo,
extendiéncientes para extender su nomenclatura, pero en Medose
y
rastreando
por las
lilla cuando esto ocurre no habrá ni 6.000 soldados.
hondonadas y por los cerros,
Necesitase ahora un afilado pensamiento de acero
con sus chilabas sucias y sus

''

NúMERO 621

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

75 1

moros que ansían la
go del sultán; el sulpaz como la salv~tán quiere conservar
ción, ni contestan _sinuestro cariño; el sulquiera; que da prmtán está frenético de
cipio el cañoneo otra
coraje y corre contra
vez, y que debe colas kabilas ... Pero el
rrer prisa; q~e en el
sultán, que ha tardainterior del Rif seprodo mes y medio en
clama /aguerra y que
dar señales de vida,
los moros dicen que
ahora estará, de segu110 quieren más b~taro, otro mes y medio
llas, porque sus trigos
representando el pano florecen; que el
pel dt que hace alsultán vieneáMelilla,
guna cosa, sin que
pero que no ~iene el
sepa nadie á qué atesultán, que viene ~n
nerse tampoco.
hijo suyo; que no vieCon estas noticias
ne un hijo suyo, pero
coincide la suspenque manda caballería
sión de hostilidades
mora• esta caballería
de los moros; se achano e~ caballería, se
ca por unos á carendesmiente por comcia de municiones;
pleto; son cien emipor los más, á la
muerte de Alí el Mosarios que mand~ el
reno y otros morazos
sultán á las kab1las
para pedirles por fade influencia que los
mantenían en su covor que cesen en sus
raje contra los espahostilidades contra
ñoles: en conclusión,
los españoles. A seesto aumenta la aleguida se sabe que el
gría de los ministros,
sultán sigue en Tafiporque lo achacan al
lete ... Se habla de
temor que los producontrabandos, de ance la próxima llegada
gustias, de bajezas; se
del sultán. Y así es;
habla también de otra
el buen hombre debe
victoria obtenida por
estar muy próximo;
España· sobre l?s. rilas kabilas deben esfeños; pero 1~ op11116n
tar ya muy asustaduda y nadie se endas, y la no ta del
tusiasma, por temor
sultán, que se conde que no vaya á ser
ceptuó como un gran
como aquella en que
éxito debió ser sin
el campo español
duda' muy satisfactoquedó limpio d~ moria, porque el gene;~¡
ros, y por esa mcerMacías pide much1s1tidum bre y malest~r
mo material y refuerque producen ~otlzos· los fuertes todos
cias tan contradicto.
y las embarcaciones
rias; pues á la par
españolas cañon~an
que se sabe que n?
sin parar al enemigo,
se dispara un solo tiy el ministro de la
ro, y que los moros
Guerra se apresura á
están pacíficos y con
mandar soldados,
nadie se meten, se
hasta el punto de hasabe también que
ber salido de Barcedisparan una descarlona en un día solaga contra Macias,
mente más de dos
salvándose el general
mil hombres. ¡Gran
por milagro, y que no
Dios!.. ¿Qué hubiera
cesa el cañoneo soocurrido, caso de no
bre el enemigo. El
ser satisfactoria la
gobierno calla y h:i.:... · · •
·
.é • d
dones en Melilla
respuesta del sultán?..
ce mal; la prensa di, EL ORTEGA SÁNCHEZ MUÑOZ, jefe de la primera brigada del segundo cuerpo d_e eJ rc1to e opera
Adelante: no es una
DON MANU
{de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madnd)
ciéndolo todo, lo que
crítica esta, es una
es y lo que no es, hacrónica: la hora del
.
ce peor, y continúan
iuicio no llegó aún; pero sin uno querer,. se deslizan los; inmediatamente se sabe que no lo están; ?e recibiéndose noticias sin _tregua, de aquí, de all_í, de
al volar de la pluma pequeños comentarios que sal- pronto que piden una tregua, que se la da Macias todas partes, que se d_esr~nenten todas en el mismo
tan del corazón como gotas de sangre.
. de venticuatro horas para que cesen de una vez en día en el mismo periódico qu~ la_s da.
Se tienen noticias de que los moros están tranqm- sus hostilidades, que se cumple el plazo, y que los
Ryesumen.. la situación es la s1gmente:
· el sultán re)

MELllLA, -MERCADO EXTERIOR CONOCIDO POR LAS «DARRACM)) {de una fotografia)
VISTA DE MELILLA DESDE EL FUERTE DE SA N LORENZO y DEL FUERTE VICTORIA GRANDE {d e una fotografía)

�LA DANZA DEL OTORO,

COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE GABRIEL MAX

�LA

754
mitió su segunda nota: el gobierno está intranquilo
porque en ella nada se habla de indemnización: no
hay confianza m~ldita en lo _que el sultán dice, y se
piensa ganar el tiempo perdido en espera de esa c~&gt;n•
testación, lanzando inmediatamente sobre las kab1las
un numeroso cuerpo de ejército que las confunda y
aplaste de una vez;- ¡hora solemne por la cual suspiran todos los españoles!
.
¿Llegará?.. Trece mil hombres hay en Mehlla; en
Andalucía, cuatro brigadas, hasta el comple.m~nto de
los veinte mil, para marchar al punto; el mm1stro de
la Guerra dice que va á Melilla ó deja de ser minis·

¡Espías y carceleros!.. ¿De qué han de servirle al
que siente una pasión tan grande como la que poco
á poco fué apoderándose de todo mi ser?..
¡Carceleros y espías!.. ¿Qué pueden importarle al
que amando con verdadera locura, vence las dificultad~s que se le presentan y en cada nuevo obstáculo
cobra fuerzas para proseguir la lucha con más fe,
con más entusiasmo?..
Todos los días, cuando el cielo empezaba á cubrirse de sombras de trecho en trecho iluminadas
por el tenue fulgo~ de las estrellas, dirigíam~ á la casa que ella habitaba en las afueras de la capital, don-

Ml!LILLA. _ MARI GUARI, ESPÍA MORO HECHO PRISIONRRO

tro. De esto han resultado graves disidencias: unos
ministros se oponen, otros le ayudan, y López Domínguez continúa preparándolo_ tod? para.su marcha
á Melilla sin hacer caso de nadie. S1 va, s1 las operaciones que han de seguir revisten la grandeza de un
verdadero acontecimiento para España, _LA l LUS·
TRACIÓN ARTÍSTICA estará allí, y estas cró01cas se escribirán sobre el mismo campo de operaciones. ¡Ojalá
no se necesite! ¡Ojalá concluya todo, como. tal v~z
suceda, prontamente, con algún .honor y sm mas
sangre perdida! Porque es una tnste ver~ad; empeñados ya en la lucha acariciaría la victona nuestros
pechos con su ardie~te soplo; nos embriagaría, nos
cubriría de flores; pero de esos laureles, de _esas flores mismas brotarán después los empréstitos, las
contribucio~es, el hambre, la miseria, la ruina total
en fin serpiente que asoma la cabeza silbando para
ahoga~ de una vez entre sus anillos á este pueblo
valeroso y sin fortuna.
M. MARTÍNEZ BARRIONUEVO
.i•••••,1•••·••1•,,·••"••••,1•,,•,,,., 1.,,..,,.•••••••• ,.,,,,,,., ... ,,.,,,.,,.,.,,,,., •• ,,,., ,.,,, ........ ,,.,,,.,,.. ,,., ... ,,.,,,.,

LO ETERNO

I

NúMERO 621

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ausencia olvidara por comple~o aquel amor que tan
dulces horas me había proporc1onado, pero sí que seguramente el recuerdo de la mujer amada permanecía
aletargado en mi pecho, cuando, de_ vuelta o~ra vez
en la corte, supe que la mujer obJ~to de m1 amor
continuaba, como en tiempos anteriores, reclusa en
la misma casita blanca de las afueras.
Como por encanto surgió an!e mi vista todo aquel
pasado de dicha y placer, hac1~ndome pensar, con
miedo al principio, con resolución después, los medios de que pudiera valerme Pª:ª reanudar las antiguas relaciones con aquella virtud de la que sólo

Nos queríamos con tal locura, que únicamente la
intensidad de nuestro cariño podía darnos fuerzas para vencer los obstáculos que á todas horas se opo·
nían á nuestra felicidad.
Guardada ella como favorita de caprichoso sultán, y rodeada de espías y carceleros que la _seguían
á todas partes investigando sus actos y estudiando el
II
sentido de sus palabras, veía transcurrir los días eternamente iguales, tristes y aburridos, cuando ~uesExigencias de la lucha por ~a vida o~ligáronme á
tras diarias entrevistas fueron á romper aquella msopartir lejos, muy lejos de la_cap1tal. No d1réque en la
portable monotonía.

habían triunfado mis palabras ardientes y mis apasionadas caricias.
·
Y hablando solo, pretendiendo disculpará mis propios ojos la conducta desJeal y desagradecida que durante mi ausencia hube de observar con aquella mujer que me adoraba, emprendí el camino tantas veces
recorrido, dirigiendo mis pasos á la casita tantas veces
visitada.
,
Nunca se me hizo tan largo el trayecto... Andaba
y andaba ... y al propio tiempo iba preparando una
especie de discurso que pensaba decirla de rodillas
á sus pies y cubriendo de besos sus manos para conseguir el perdón de mi falta ... Sentía que mi antiguo
amor resucitaba con nuevas fuerzas y prometía agotar
con ella toda mi elocuencia á fin de convencerla de
que mis juramentos serían eternos ... ¡Cuesta tan poco
engañar á las mujeres desengañadas!..
Ya, por último, divisé la casita... Todo en ella estaba igual... El muro, los árboles, las enredederas...
Acercábame con cuidado poniendo en práctica las
mismas precauciones de antaño...
Escalé el muro, atravesé los matorrales, y en la
precipitación por llegar pronto no reparé que arañaba
~i rostro, desgarraba mis ropas y ensangrentaba mis
manos... ¿Qui! importaba? ¡Era feliz, feliz por volverla
1
a' ver...
Y avanzaba emocionado, palpitante, sediento de
amor...
De repente, me detuve asombrado... Ella, miadorada, esta_ba ~llí, en !;!l mismo balcón de siempre, ligeramente mclmada con un dedo pu~sto sobre los labios, diciendo quedo, muy quedo, á un individuo ¡que no era yo! - y que en aquel momento escalaba
la tapia:
- ¡Chist..! ¡Cuidado, por Dios! ¡Que no te oigan!
JosÉ JUAN CADENAS

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

755

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES

DE

J. CABRINETY

(CONTINUACIÓN)

- ¿Saldrá el señor á pie con este frío?
- Sí, tengo que hacer una cosa urgente.
Joaquín se sorprendió de veras de aquella salida:
era la vez primera que su amo salía á tales horas, por
un quehacer urgente. ¿Qué podía ser que no lo mandaba á él, para quien al parecer no tenía secretos?
- También tú tienes que salir, dijo Pacheco des-

{de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madrid)

de tenía la seguridad de hallarla esperándome, siempre amante, siempre cariñosa.
.
Llegaba, por fin, á divisar los muros de la cas1~a, y
entonces comenzaban los cuidados para no ser visto,
las precauciones para no ser conocido... Tendido S?·
bre la hierba arrastrábame hasta encontrar la tapia
que escalaba penosamente,~ después, andando _sobre
las puntas de los pies y poniendo el mayor cmdado
para no hacer el más leve ruido al atravesar los ma·
torrales acercábame á la casa donde en uno de los
' del. primer piso estaba ella, ligeramente
.
.mbalcones
clinada, diciéndome con un dedo puesto sobre los
labios y quedo, muy quedo: .
.
- ¡Chist!.. ¡Cuidado, por Dios!.. ¡Que no te oigan!
Y trepando al balcón, penetraba en la éstancia,
sudoroso, jadeante, como un salteador .~ulgar, con
las botas llenas de barro, el traje hecho Jirones y las
manos ensangrentadas, ar~:jándom~ _en los brazos
de mi amada, que con ;armosa sohc1,tud ponía e?
orpen mis ropas, prodigandome las mas dulces caricias los cuidados más afectuosos.
¡Cuánto amor derrochábamos en aquellas horas
que transcurrían con velocidad pasmosa! ,
¡Qué de juramentos y promesfs nos hac1_amos, hasta que allá, á la madrugada, ve1ame precisado .á salir de allí con las mismas exageradas precauc10nes
que había tenido necesi~ad de_ po,ner ·en práctica al
entrar á fin de no ser visto m 01do, en tanto que
ella, ~irándome dulcemente, me hacía la eterna recomendación, diciéndome con un dedo puesto sobre
los labios y quedo, muy que~o:
.
- ¡Chist! ¡Cuidado, por D10s! .. ¡Que no te oigan!

LA

NúMERO .621

A buen paso se encaminó á la calle de Alcalá, y una señorona que gasta coche. Esta mañana le dije
cuando hubo llegado á la esquina de la del Caballero yo á Polita: ¿por qué no manda usted un recado á
de Gracia se detuvo reflexionando. ¿Entraría por la de casa de su prima? ¿No le había de dar á usted silas Torres? ¿Subiría la de San Miguel? Después de quiera para enterrar á su tía? Y me contestó que ni
titubear un momento, decidióse por esta última, re- siquiera sabía dónde vivía ahora; pero aunque lo sucordando las advertencias de su ayuda de cámara.
piese, que no hubiera mandado. ~ice que las ha visto
Como á la mitad de la calle vió un corro de muje- alguna vez yendo ella muy repantigada en el cocne y
res del pueblo delante de una puer- que ha vuelto la cabeza. «Ya que ha muerto mi madre
ta que daba entrada á un zaguán de hambre sin recibir de ella un socorro, no quiero
de buen aspecto; discutían accio- que reciba la sepultura,» me dijo; y tiene razón, señonando con las desenvueltas mane- rito. ¡Qué perras son algunas mujeres! .Aquí es, dijo
ras del pueblo bajo madrileño. La la portera parándose y cesando de hablar, cosa que
que hablaba con más calor, llevan- no había hecho desde que la interrogara Luis.
do la voz cantante, era una mujer
- Llame usted, y si no quiere usted entrar no
entrada en años, frescota y armada entre.
de escoba, sobre la cual apoyaba
- No, señor, no entro ahora, porque tengo sola
el lado izquierdo.
la portería; á ver si viene mi marido y se puede arre- Este es el mundo, hijas: unos glar esto.
tanto y otros tan poco, decía co!l
- Cuando venga su marido hágale usted subir, y
tono sentencioso.
tome usted por haberse molestado.
Luis, que oyó estas palabras en
Pacheco dió á la portera dos duros, y ésta, desheel momento de pasar, sintió la cu- cha en ofrecimientos y cumplidos, arqueaba el cuerpo
riosidad de preguntar lo que se tra- cuanto le era posible. Tardaban en abrir la puerta y
taba.
la buena mujer llamó de nuevo.
- Ustedes dispensen, dijo acer- No faltaba sino que 1~ hubiese sucedido algo á
cándose y llevando la mano al som- la chica...
brero, cosa que le granjeó desde
Pero la puerta se abrió, apareciendo en el dintel
luego las simpatías de la mujer de una joven pálida, demacrada, abrigada apenas con
la escoba. ¿Ha ocurrido algo~por una toquilla rota, el cabello en desorden y los ojos
aquí?
encarnados de llorar.
- Poca cosa, señorito; pero si
- ¿Es el señor forense?, preguntó.
usted fuese de la autoridad, me
- No, hijita no, contestó la portera, es un caballealegraría que se enterase.
ro de la autoridad, muy caritativo y bueno, que entra
- Sí lo soy, contestó Pacheco por las puertas de su casa como si entrase Dios.
agarrándose á la inocente mentira
Luis ~gradeció la presentación entusiasta y_ since... liada tres segundos que reflexionaba sin pensar en la joven
que le sugirió la mujer.
ra que la portera hacía de su persona, y pasó sm pro- Pues ya verá usted: en una nunciar palabra: había reconocido la voz de la menpués de un rato; te dejaré cinco mil pesetas para guardil/,i VlVla una pobre mujer, gallega, con una diga y un agudísimo dolor le partía el alma. ¿Por qué
que las entregues al conserje del Veloz de mi parte: hija que estudia para cantan/a y cantaba no sé dón- no la escuchara la noche anterior?..
ya sabe á quién las ha de entregar.
de: mientras la chica ganaba algo y la madre cosía
Sin preocuparse de la joven dió dos pasos adentro
Joaquín adivinó que su amo había juga~o y per- en las casas iban bien; pero hace seis meses que la y tropezaron sus ojos con un cuadro imposible de
dido aquella cantidad: sufrió como si le hubiesen pobre mujer dejó de trabajar por enfermedad, y con describir: en el suelo, sobre un jergón de paja, yacía
asestado un golpe en el corazón, pero no dijo una pa- seis reales que daban á la muchacha, pues diga usted, el cadáver de aquelladesventurada mujer, muerta de
labra.
¿qué se puede hacer? Se fué poniendo cada vez más hambre, de frío y de dolor la noche antes. En una
- Yo voy á una aventura, Joaquín: ¿qué te parece? malita la madre: ¡claro!, el médico de la casa de soco- taza desportillada, mediada de agua con una capa de
- No será mala cuando va el señor.
rro venía cuando venía, y las medicinas no llegal:Jan aceite, ardía, chisporroteando ya, una mariposa cuya
- Pues guárdame el secreto, porque te la voy á nunca, y el pan estaba en la tahona, y la carne en la luz falta de brillo daba de lleno en la fisonomía de
contar. Anoche cuando yo bajaba la calle de Alcalá carnicería: el caso es que la pobre mujer fué de peor la muerta, aumentando lo amarillento del rostro deme salió al encuentro una mujer, que debía ser joven, á peor, y la hija lleva dos meses sin cantar y se han macrado por el hambre y por los sufrimientos. En
y con voz entrecortada por los sollozos me pidió una quedado hasta sin cama. Anoche cuando me retiré
un barreño, también desportillado, había blanca celimosna para su madre: no hice caso, suponiéndola yo, que soy la portera p:na servir á usted y á Dios,
niza y dos pucheros de barro sin tapas; aquella ceniuna de tantas cómicas de la miseria, y seguí sin con- entré á verlas y todavía les dí un poco de caldo, por- za sin fuego atería el ánimo tanto como la tempetestarla ni mirarla; pero cerca ya de la Cibeles reflexio- que me parecía que en todo el día no habían proba- ratura de la buhardilla atería los miembros; dos siné: volví atrás y no pude encontrarla: te juro que do gracia del Señor: yo no sé qué pasaría después,
llas bajas sin respaldos, con la paja de los asientos
he pasado la noche desasosegado y hasta he soñado porque me fuí á mi cuarto, y á eso de fas cinco de la
erizada;
un baúl de cuero, antiguo y despellejado, y
con ella el poco tiempo que he dormido.
mañana oí voces; se levantó mi hombre, y total que una percha de hierro de cuyos dos únicos ganchos
- Ya me figuraba yo que las aventuras del señor no sabemos por qué ni por qué no, y Dios me libre de pendían unas prendas de ropa que debían haber sido
tenían que ser de esta clase.
malos pensamientos, pero la chica había salido des- negras, era el único ajuar de la miserable vivienda,
- Pues mira, se me ha metido en la cabeza que pués de cerrada la puerta de la calle y cuando volvió por la cual no se podía caminar de pie sin encorvar
aquella infeliz no era una farsante ni una perdida: es- encontró á su madre muerta.
la espalda.
toy intrigado y revolveré Roma con Santiago para enLuis Pacheco se estremeció: sintió que le oprimían
Los nobles sentimientos de Luis se rebelaron concontrarla.
el corazón, y dijo precipitadamente:
tra
tan espantosa burla de la muerte. ¿Qué podían
- Me parece difícil.
- ¿Quiere usted enseñarme la buhardilla en que haber hecho aquella niña y aquella anciana para ser
- Voy creyendo que sirvo para juez de instrucción, sirve esa desgraciada criatura?
víctimas de un destino cruel?
porque se me han ocurrido grandes medios: recorrer
- Sí, señor, con mucho gusto: mire usted, señoriHacía tres segundos que reflexionaba sin pensar
todas las casas de pobre apariencia que haya en las to, aquí hemos hecho todo lo que hemos podido, le
en la joven: volvió la cabeza y la encontró á su escercanías de San José. Si la pobre era lo que yo me ~irnos algo de nuestra pobreza para amortajarla y palda mirando fijamente el cadáver de su madre y
figuro, una infeliz vergonzante, á tales horas no debía ahora anda mi marido corriendo los pasns para que derramando lágrimas silenciosas que hilo á hilo rodaestar lejos de su casa.
.
se la pueda enterrar, porque como no hay certifica- ban por sus mejillas.
- El señor tiene razón, y por ese medio tal vez la do de médico ni cosa que lo valga... ¡Ay, señorito!
- ¡Pobre niña!, dijo con ternísimo acento Luis.
encuentre: acuérdese el señor que en las calles de ¡Qué cosas se ven con eso de la caridad! Muchos No llore usted más: sólo siento no haber llegado á
San Miguel y la Reina hay algunas casas de aparien- miles y mucha bambolla. Esta pobre chica acu- tiempo para evitar la muerte de su madre si era pocia humilde ...
dió á la parroquia, acudió á las juntas y á cuanto sible: no se aflija usted, juro no abandonarla y servir
- Tienes mucha razón. Prepara la ropa en el toca- hay que acudir. ¡Que si quieres! En unas le pedían la á usted de padre.
dor: la señora no pensará nada bueno de esta salida cédula, en otras la papeleta de comunión, en otras la
La joven levantó los ojos electrizada por aquellas
después de haber venido tan tarde; pero ¡bah!, ya se partida de bautismo ... Mire usted que si esa chica se palabras que le parecían bajadas del cielo, y los fijó
le pasará el enojo.
ha perdido por dar pan á su madre, no tiene ella la cul- con tal expresión de gratitud en la Providencia que
- ¿Por qué no se lo cuenta el señor?
.
. pa; sobre la conciencia de otros va. Creo que no han en figura de un apuesto caballero se le presentaba,
- Dios me libre: creería que llevo malas mtenc10- sido unas cualesquiera, y ya se las conoce que han que Luis en un exceso de paternal solicitud atrajo á
nes ó se burlaría de mí: no quiero que sepa nada.
tenido principios, porque Polita es, no despreciando la niña hacia sí, abrazándola para envolverla con su
Luis Pacheco se vistió, saludó á su mujer, que le á nadie, una chica muy lista y muy buena. Me contó capa.
contestó mal humorada, besó y acarició mucho á sus un día la .señora Rosa, que tenía aquí una sobrina
- Está usted yerta, ¡pobre criatura! En cuanto llehijos y salió dejando á Camita confusa por aquel des- que está riquísima; pero la maldecida no las socorría gue el portero le daré mis órdenes, y pronto tendrán
usado madrugón.
ni quería verlas, porque lo tenía ámenos: creo que es usted y el cadáver de su madre todo lo que necesi-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO 621

- Sí, necesito que vaya usted inmediatamente á Cuando pude desasirme de las garr~s de aquellos
una funeraria y que vengan para encargarse de todo lobos eché á correr por la calle de Peligros. Un ser~lo concerniente al entierro de la señora de Suárez, no me detuvo, le dije que me perseguían, qu~ hab1a
que ahora resulta viuda de un íntimo amigo y pro- ido á pedir limosna, y e~ hombre, compadecido de
mis lágrimas, me acampanó hasta la calle del Clave_!.
tector mío; ya ve usted si estoy obligado.
Pola miraba con asombro al caballero descono- En el final de la de Peligros todavía llegaban á mis
oídos las voces de aquellos perversos q~e desde la
cido.
esquina de Fornos gritaban entre carcaJ_ad~s y pa- Se hará lo que usted mande, señorito.
- ¿No habría en la casa un vecino compasivo que labrotas: «¡Gallega! ¡Galleguita!» En m1 ,v1?a. he
- En mi país algunos panentes, en Madnd no, nos permitiese trasladar el cadáver de e~ta señora Y sufrido más, caballero. Cuando llegué ª':lm a tienque recogiese hasta mañana á esta _señonta?
. tas porque no tenía fósforos par~ subir la escaseñor.
- A la señorita... sí, señor, dijo el portero sm lera cuando llamé á mamá inútilmente, cuando
- Entonces me ha engañado la portera cuando
'
retrocedí asustada porque sent1' su cueratreverse
á llamar Pola á secas, como siempre, á una al tocarla
me ha dicho que una prima...
po
yerto,
el primer impulso que sentí fué de ~le- Yo no cuento á esa para nada ni quiero recor- joven protegida por caballero de semej~nte aparie_n·
gría:
había
sufr~do la horrible pena, de verme salir á
darla: la perdono por haberse avergonzado de nues- cía; pero el¡cadáver... , aguarde usted... , s1. no lo supieimplorar
la
candad, pero no sabna, que me habían
ra
el
casero
...
Hay
un
segundo
desalqmlado
...
y
es
tra pobreza, pero no quiero ni pensar que existe. _Mi
insultado tratándome como á la mas degradada de
pobre madre vino á Madrid confiada en la protec1ón muy bonito...
- ¿Un segundo?, lo tomo ahora mismo. ¿Cuánto las mujeres; esto hubiera sido mil veces más cruel
que pudiera prestarle la hija de su cuñado, y sufrió
para ella.
,
..
.
:vale?
atroz desengaño: era tan mala como mi tío, que ja- ¡Miserables! ¡Me las pagaran!, d1JO Luis en un
- Doce duros al mes; pero hay que pagar mes
más tuvo para nosotros una peseta: mi prima recibió
, arranque de nobilísima indignación!
á mi madre con el mayor orgullo: le daba un duro adelantado y mes en fianza. ·
- ¿Se puede, señorito?, preguntó la. portera em_pu- Está bien: veinticuatro duros; pues vaya usted a
que mi madre no aceptó, y le _dijo que no podía atenjando
apenas la puerta que abierta deiara su mando.
derla sino ocultamente, porque no quería que su es- casa del casero, haga usted el recibo y de allí á la
¡Adelante!,
contestó Pacheco.
funeraria
para
que
arreglen
abajo
la
sala
donde
se
ha
poso pudiese echarle en cara que tenía parientes po- Estoy á su disposición, señorito: ya he puesto
bres. La idea de que su marido se enterase la subleva- de colocar el cadáver.
.
Y sacando una cartera de piel de cocodrilo, tomó una sustituta en la portería.
ba. Cuando mi madre rechazó el duro le llamó poEs
necesario
que
entretanto
arreglan
el_p1so
se·
de
ella
ciento
cincuenta
pesetas
en
dos
billetes
y
se
bre orgullosa, y la: infeliz salió de allí ahogándose de
gundo, busque usted brasero y que proporc1o~e uspena. Yo había quedado en nuestro pueblo con unos las entregó al portero.
- Le sobran á usted seis duros para que coja us- ted un mantón á esta señorita para que se abngue y
parientes: mi madre se puso entonces á servir para
que le mande usted traer un chocolate un café
ted
un coche, y disponga usted de lo que sobre.
reunir lo necesario y traerme á su lado: á los seis
El portero estuvo á punto de caer de espaldas; no bien caliente· yo necesito marchar, enviaré unos
meses me reuní con ella. También yo entré como
niñera en una casa, los señores me querían mucho; sabía lo que le pasaba: la muerte de la señora ~osa muebles para' que arreglen de pronto una _habitasin embargo, no podían tenerme: yo no hacía más les traía la felicidad á todos. ¡Seis duros, y dos a su ción en donde la señorita Pola pueda estar bien; los
que vengan con los muebles ya tendrán ~rdenes mías.
que llorar, y mi pobre madre, que sufría horrible- mujer ocho ... , y esto para empezar!
¿Tiene
gabinete el piso que hemos alqmlado?
Señorito,
dijo
el
portero
regresando
desd_e
la
mente cuando le decían que me pasaba el día sollo- Sí, señor, y muy hermoso con alcoba grande, la
zando, decidió poner un cuartito y que trabajásemos puerta, aunque sea mucho atrevimiento, ¿su gracia de
sala también tiene alcoba, y el comedor otra, y una
en casa ó que aprendiese yo un oficio. Ni las pri- usted para hacer el recibo?
para muchacha en el pasillo, y cocina con su despenPacheco
titubeó
un
momento,
y
resueltamente
vaciones ni las necesidades me hacían mella, visa: el cuarto es claro y alegre como un~ bendición
vía con mi madre, no se rebelaba mi espíritu contra dijo, moviendo la cabeza:
de Dios: estará allí Po ... la stñorita Polita como en
Hágalo
usted
á
nombre
de
la
señorita
Leopolda
la triste condición de sirviente y era feliz cantando
el
cielo, y si quiere muchacha tengo yo una sobrina
Suárez.
como un pájaro desde que me levantaba hasta que
que, aurtque me esté mal el decirlo, no hay otra más
- Está muy bien.
me acostaba. Hubo de gustarle mi voz á un profe- ¡Ah! Y dígale usted á su mujer que busque una honrada en todo Madrid.
sor de canto que vivía en la misma casa, y aconsejó
- Bueno; sí, señora; pues si usted responde de ella
á mi madre que· me matriculase en el Conservatorio, persona á quien dejar en la portería y que suba.
- En seguida, señorito: hasta luego.
la tomará.
prediciéndole para nosotros un porvenir brillante; mi
- ¿Que si respondo? Como de mí misma.
.
Apenas hubo salido el portero, cuando Poi~ se
madre comprendió las razones del buen señor; pero
- Bien: pues ahora vea usted si alguna vecma
no podíamos disponer del dinero de la matrícula; arrodilló á los pies de Luis, abrazándole las rodillas
quiere hacer compañía á esta señorita mientras usapenas ganábamos lo suficiente para no morirnos de y sollozando:
ted vuelve con el café, el mantón y el brasero: de
¿Qué
hemos
hecho
nosotras
para
merecer
tanhambre. El maestro entonces habló á los vecinos, y
entre todos me proporcionaron cinco duros para ma- to bien?, preguntaba la infeliz. ¡Madre, madre de ninguna manera la dejen ustedes sola: no la propongo
trícula y métodos. Hace de esto cuatro años, cuatro mi alma!, prosiguió arrojándose sobre el cadáver, salir de aquí, porque no creo que consienta en dejar
años que hemos sufrido toda clase de privaciones: ¿por qué no vives ahora?, ¿por qué no se abren tus el cadáver de su madre.
- ¡Mamá mía de mi vida!, gritó Pola arrojándose
me contraté en un teatro como corista, pues era im- ojos para ver á nuestro bienhechor?, ¿por qué tus laposible que viviésemos con lo que mi madre ganaba bios no pueden decirle aquel «Dios se lo pague» otra vez sobre el miserable jergón.
- Polita, ofrézcame µsted no abandonarse al dolor,
cosiendo; pero hemos llegado á este extremo á causa con que recibías las limosnas que nos hacían? ¡Qué
y si no me lo cumple será prueba de que le importa
de la enfermedad de mamá y de no tener yo trabajo: tarde ha llegado ésta para ti!
Luis sintió una punzada en el corazón.
poco disgustarme.
tampoco he podido matricularme en este curso.
Las amargas frases de Pola le hacían recordar su
- ¡Oh, no; no lo crea usted: yo haré cuanto usted
- ¿No tiene usted padre, por lo que se desprende?
- Murió cuando apenas contaba yo tres años: era indiferencia, de la cual nada podía consolarlo desde quiera que haga! ¡Pero mi madre, mi madre!
A las doce en punto entraba Luis Pacheco en un
abogado allá en el pueblo: mamá tenía de su dote que sabía lo terrible de aquella desventura.
- Pola, serénese usted; se lo suplico y perdóneme almacén de muebles, compraba un ajuar modesto Y
unas tierras y una casita que se consumieron después
unas alfombras á medio uso, y lo mandaba todo con
de muerto papá, y entonces fué cuando la infeliz de- que yo sea culpable de parte de su desgracia.
- ¿Usted?
gran premura con órdenes concluyentes y daba una
terminó venir á Madrid. -E l padre de mi prima era
- ¡Yo, sí! Anoche ... (Luis no sabía cómo decirlo buena propina á los mozos. Hecho todo, tomó en la
hermano del mío; pero no queriéndose conformar
con la modesta posición de mis abuelos, unos seño- para no ruborizará la joven; ella no le había conta- Puerta del Sol un tranvía, y á la una entraba en su
res arruinados, marchó á las Américas, en donde do detalles menudos, y por consiguiente aquél tam- casa, donde se le esperaba para almorzar, con el propósito de volver inmediatamente á la calle de San
hizo gran fortuna. A papá lo estudiaron, pero no le poco), anoche salió usted ...
- Sí, s-eñor: á las cuatro de la mañana, desesperada, Miguel para arreglar con los dependientes de la fudieron otra cosa, y mi hermano jamás le hizo caso ni
volvió á pensar en el pueblo ni en la familia. Cuando loca de dolor, mi madre se moría, yo tenía esperanza neraria la clase de entierro que debía hacerse á la
papá murió le escribió mi madre y no obtuvo res- de traer algo para hacerle un caldo en cuanto ama- señora de Suárez.
Los niños charlaron durante el almuerzo haciendo
puesta: la pobre creyó que la hija de semejante hom- neciese ... Pero...
- Yo fuí el que desoyó la súplica de usted junto á olvidará su padre las impresiones de aquella mañabre podía ser mejor, pero se llevó chasco.
.
- ¿Cómo se apellida usted, Pola?, preguntó Luis, San José.
na; pero Camila, que exageraba el amor á sus hijos,
-¿Usted?
creyendo sacar por el apellido de lá joven el de su
procuraba mostrarse despegada como nunca con su
- Yo, sí, que arrepentido volví desde la Cibeles á marido.
infame tío.
buscarla, aunque imHilmente.
¡Después de acostarse la noche anterior dejándola
- Suárez.
- Eché á correr por la calle de Alcalá arriba pen- levantada y nerviosa, haber salido temprano sin darNada le dijo á Luis este vulgarísimo patronímico,
por lo cual abandonó la idea de averiguar más. ¿Y sando en los que debían salir del casino y del Ve- le explicaciones, y volver tan indiferente, sin hacer
qué le importaban? Eran unos perversos de los cua- loz: me metí en el portal de éste y aguardé á que cosa por desenojarla!, era tan nuevo para Camila y
bajase alguien.¡ Bajaron!; pero por mi desgracia ÍUE• hería de modo tal su orgulloso puntillo, que~sin pen~:ir
les no debían ocuparse.
-- 1
• Bueno bueno Polita! Prométame usted no afli- ron dos infames, uno de los cuales me era conoci- en el espectáculo que estaba dando delante de los
,
do, porque siempre le veía entre bastidores cuando yo criados, hablaba con sus hijos de una manera iró,,igirse: ya le 'he dicho' que yo seré su pad re. ¡Cuanto
estaba en el coro de Eslava.
ca y poco conveniente para que Luis dejase de viotarda el portero!
- ¿Cómo se llamaba?
leotarse.
...,. Váyase usted: no lo espere...
- No sé: mis compañeras le llamaban Roncalito.
- Si no siento que tarde por mí, lo siento por
- Saldremos, hijos míos, saldremos, decía la madre;
- Le conozco, es un necio.
no nece~itamos compañía de nadie, y esta noche
usted.
- Es más, es un malvado: yo tenía la cara medio tampoco iré al teatro; me quedaré con vosotros, que
En aquel momento llamaron á la puerta.
- ¡Ahí debe estar!; dijo Pola desenvolviéndose de cubierta y no pararon hasta que á la fuerza me la no soy yo de las que prefieren las distracciones á la
descubrieron: ni mis lágrimas ni mis sollozos les compañía de sus hijos.
la capa y corriendo á abrir.
.
Luis y Polita habían estado de pie todo el tiempo conmovieron. Roncalito al verme dijo: «Pues si es la
- Cualquiera diría que desde que eres madre no
sin hacer caso de las dos sillitas desvencijadas: el galleguita,» así me llamaban en Eslava sin saber por has ido á. ninguna parte.
portero, que no era otro el que llamaba, entró gorra qué, pues yo siempre dije que no soy gallega, y aque- No faltaba otra cosa sino que pretendieses tamen mano, como que ya le había dicho su mujer con llos dos muchachos sin corazón me insultaron, supo- bién tenerme encerrada. ¡Claro, de ese modo estarías
niendo que iba á engañarlos, y Roncalito se vengó más en libertad!
qué clase de persona tenía que habérselas.
- Felices, señorito: ya me ha dicho la mujer que de mí pagándome el desprecio con que respondí á
- ¡Pero si yo no quiero la libertad, mu·er!
ruines proposiciones que hace un año me ha hecho.
- ¡Podías tener más!
,
me mandaba usted subir.

tan. ¿Es usted gallega, según me ha dicho la portera?
- De la provincia de León, rayando con Galicia.
-También me ha dicho que es usted corista y que
se llama usted Polita.
- Me llamo Leopolda; pero siempre me han llamado Pola y Palita: soy corista por ganar algo, pero
estudio canto en el Conservatorio.
- ¿Y no tiene usted familia en Madrid ni en su

~w

.

.

?

NúMERO 621
-¿No salimos juntos todas las noches? ¿No te
acompaño á bailes, teatros y diversiones?
- ¿Había de ir sola?
- No digo eso, pero repito que al oírte pudiera
creerse que estás día y noche con tus hijos en brazos.
- ¿No los saco á paseo todas las tardes? ¿No los
velo y me quedo en casa cuando están enfermos?
- Sí, como todas las madres.
- ¡Como todas no! Demasiado sabes que yo no
admito en eso comparaciones con ninguna.
- ¿Qué supones que ha hecho mi madre conmigo
cuando era niño?
- ¡Me parece que es muy distinto!
- ¿Por qué? ¿Porque mi madre pertenecía á otra
clase? No es una razón: yo quisiera que.todas las mujeres supiesen educar como educaba mi madre y tuviesen tan despejada la inteligencia y tan elevado el
espíritu.
- ¡Las elevaciones de siempre!
- Bien, bien, hijita: la cosa no merece la pena de
discutir en ese tono: parece que me estás riñendo.
- ¿Riñéndote á ti? ¡Como si tú aguantases riñas
mías!
- Ni tuyas ni de nadie.
- ¿Quién sabe?
- ¡Camila!, dijo Luis secamente.
Calló ella y solamente los niños continuaron charlando.
Cuando hubo terminado el almuerzo se levantó
Luis; acarició á sus hijos, recomendándoles alegremente que se apeasen en el Retiro y que corriesen
mucho por las avenidas, y salió del comedor sin decir
á Camila una palabra.
Se encaminó á su despacho, encendió un puro y
comenzó á pasearse distraído.
Su mujer estaba furiosa. Bien lo veía: aparentaba
enojos porque se había retirado tarde, y no era aquello solo, otras veces ocurriera la mismo y el enojo
no resistiera al almuerzo siguiente: él solía darle bromas, y ella cedía dejándose embromar. Pero que
aquella mañana hubiese salido y que él no procurase como otras veces contentarla, eran cosas que en
el carácter de Camila debían hacer estragos: ella,
acostumbrada á los mimos y siendo esclava de la
adulación y de las contemplaciones, debía sentir accesos de furor rabioso. Pues no pensaba ceder: no
eran aquéllas maneras de tratarla: estaba muy mal
acostumbrada: tenía buenas cualidades, no se las
negaba, sabía apreciarlas; pero ¿eran acaso suficientes para labrar la felicidad de un hombre? ¡Que
era virtuosa! Virtuosa á la manera que ella entendía la virtud; siendo fiel á su esposo, besuqueando á
sus hijos y sacándolos á paseo ella misma, cosa que
también tenía Camila por virtud; pero la verdadera
virtud, la que estribaba en las facultades del alma, ó
en los productos de la inteligencia, la que hacía
el bien por el bien y odiaba el mal instintivamente, la que en forma de abnegación llegaba hasta el
sacrificio sin esperanza de recompensa..., ¡ésta no la
conocía su mujer! Harto lo deploraba, harto dolor le
producía tal convencimiento. ¡Virtud, virtud! ¡Mujer
virtuosa, Pola! Esa era la verdadera virtud, la de aquella criatura privilegiada, hecha á imagen y semejanza
de Dios, que la había formado. No sabía si era bonita, no sabía si era fea, no podía decir cómo tenía los
ojos ni de qué color eran sus cabellos; pero no dudaba de encontrarla bonita cual ninguna el día que se
propusiese mirarla. ¡Pobre Pola! ¿Cómo estaría? Iba
de nuevo: con aquel mismo traje y con la capa, como
que no pensaba salir de la casa mortuoria. ¡Cuánto
se alegraba que su mujer estuviese de monos y dijera
que no saldría en la noche! ¡Mejor! Así podría él
acompañar á la pobre niña; le obligada á acostarse,
que buena falta le hacía. ¡Infeliz, cómo había dormido
en aquel jergón!..
Pacheco llamó, y acudió joaquín sin hacerse esperar.
-¿Fuiste al Veloz?
- Sí, señor.
- Entregaste al conserje las cinco mil pesetas sin
dificultad ninguna, ¿verdad?
-Sí, señor.
- Bueno; pues voy á salir otra vez.
- ¿El señor no quiere vestirse?
- No; ¡ah!, y no tengas hoy prisa para salir de clase, porque tampoco me vestiré esta noche ... Te asombrará, ¿eh?
-No, señor.
- Eres demasiado prudente, Joaquín, dijo Luis
sonriendo.
- ¿El señor sale de capa ó de abrigo?
- De capa.
Joaquín fué á esperar á su amo en el recibimiento.
Pacheco se dirigió á las habitaciones de su mujer,
besó á los niños con las caricias y las alegrías de
siempre y salió diciendo á Camila:

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1

757

- Hasta luego.
¿Entraría en el cuarto de su mujer? Sí, como otras
- Hasta luego, contestó ella con indiferencia.
noches, sin variar de costumbre; no dijese que él daba
Pero apenas hubo desaparecido su esposo, se arro- pie para que ella se enojase. Motivos tenía para mosjó sobre el sofá y comenzó á morder el pañuelo, á trarse muy serio ... pero ¿qué hacerle? No alcanzaromper los encajes que adornaban su elegantísima ba ·más Camila: tenía la desgracia de carecer de tabata y clavar las uñas en el raso del asiento.
lento y ...
Nadie, al verla una hora después paseando en caLlegó Pacheco á su casa: cuando Joaquín abrió la
rruaje con sus hijos, hubiera dicho que aquella mu- puerta, preguntó Luis inmediatamente como si tejer se había puesto sesenta minutos antes como una miese una desgracia:
pantera hostigada por domador temerario.
- ¿Hay novedad?
Luis salvó en pocos minutos la distancia que me- La señora se acostó con dolor de cabeza.
dia desde el paseo de Recoletos á la calle de San
- ¿Está enferma?
Miguel. Cuando llegó subían muebles todavía; pero
- Su doncella no me ha dicho más.
ya estaban alfombrados el gabinete y la alcoba, por
Soltó Luis la capa y el sombrero y se encaminó al
lo cual quedaron inmediatamente arreglados y la dormitorio de su mujer: creyó percibir quejidos y se
cama hecha. El gabinetito tenía chimenea, y la por- detuvo. Sí, Camila se quejaba. ¡Pobrecilla! Acercóse
tera, que había mandado á llamar á la sobrina y que- á la cama y la preguntó que tenía; tres veces le fué
ría pasar por mujer previsora, hiciera subir leña y había encendido algunos troncos, por lo cual estaba el
gabinete más que templado.
El dependiente de la funeraria
aguardaba órdenes. Luis encargó
un entierro modesto, pero con nicho á perpetuidad; y cuando el comerciante lügubre salió para volver
seguidamente con los palitroques,
los paños, los cirios y el ¡¡taúd, Pacheco subió á la buhardilla para sacar á Palita de allí.
Al ver á su protector se iluminó
el rostro de la joven: ya estaba cambiada: habían recogido sus cabellos
en rodete sujeto sobre la nuca y la
envolvieron en un pañolón negro
de ocho puntas.
- Bajemos, Pola: véngase usted á
su nuevo cuarto.
- ¡Mi madre!, contestó sollozando, ¡cuando mi madre!
- ¡Bueno: pues cuando su madre!
Todo se hizo rápidamente y antes de obscurecer había logrado
Luis á fuerza de suplicas y de ruegos que Palita se metiese en cama
¡Qué impresión la de la pobre niña,
al sepultar su cuerpecito entre sábanas limpias y hundir el muelle
colchón, que parecía mecerla convidándola al sueño con sus movimientos! ¡De todo se ocupó Luis! De
que buscasen una modista para que
hiciese los lutos, una bata lo primero, y de encargarle al propio tiempo
que comprase un pequeño ajuar de
ropas blancas: un equipo modesti- ... nadie, al verla una hora después paseando en carruaje con sus hijos, hubiera
dicho que aquella mujer se hubiese puesto poco antes como una pantera...
to, lo que convenía á una huérfana
pobre.
Pola lloraba con doble pena, cuanto más sentía el preciso repetir la pregunta para que contestase la
calor de aquella éama deliciosa como jamás la hubie- primera. 1
ra tenido: las del pueblo no valían nada, y eso que
- ¿Qué tienes, hijita?
las había echado muy de menos, buenas y limpias, sí;
- La cabeza me duele.
¡pero tan blanda, tan blanda!..
- ¿Pero te duele mucho?
La hija cariñosa hubiera ocupado contenta el le- ¡Me muero!
cho mortuorio que ocupaba su madre porque ésta
- ¡Jesús, hija, no digas eso!
sintiese aquel calor, aquel bienestar, aquella dicha .. .
- Sí; poco me ha faltado para volverme loca: sola,
Luis fué al Veloz y desde allí envió un recado á sin madre y sin saber dónde estabas para llamarte.
su casa avisando que no iría á comer por estar al lado
- Pues ya me tienes aquí: ¿quieres que venga el
de un amigo enfermo. Quería evitar nueva discu- médico?
sión que le impidiese salir en la noche. Encargó dos
- ¡Bueno!
cubiertos en una fonda y se quedó al lado de la caJoaquín fué á llamar al doctor, y antes de una
ma de Pola para obligarla á que ella comiese.
hora decía éste que no encontraba nada de particuNunca Pacheco había comido más á gusto, á pe- lar á la interesante enfermita: un poco nerviosa ...
sar de la incomodidad de un velador que servía de tonterías; con tila y azahar, listos.
mesa y que se tambaleaba, obligándole á ser esclavo
Camila se puso furiosa. Asegurar que no tenía
de sus defectuosas patas. Las . palabras de aquella nada equivalía á llamarle mimosa y á decir que se
criatura angelical, sus frases de agradecimiento, dul- quejaba de vicio; ¡ella, que sufría muchas veces sin
ces como las de una Purísima, el asombro que reve- que nadie lo supiese por no dar disgustos ni apurar
laba por una dicha tan grande como inesperada, á su marido!.. ¿Cómo habría vuelto del paseo para haeran otras tantas nuevas impresiones que absorbían berse metido en cama sin acompañar á sus hijos en
el alma de Luis, envolviéndole suavemente en la at- la mesa?.. ¡Malísima, sí, señor, malísima!
mósfera soñada por él y ansiada para complemento
El doctor sonrió con el enojo de Camila, y al salir
de su vida.
dijo á Luis:
A las diez de la noche dormía Palita, rendida por
- Eso no es más que un poquito de genio.
el cansancio y por dolor. Luis recomendaba el si•
No le parecía lo mismo á Pacheco: sería efecto del
lencio á todo el mundo; parecía que cuidase á una mal carácter, sería lo que fuese; ¡pero cuando Cami•
hija enferma: á la una no se había despertado; estaba la no había comido con sus hijos!.. ella tenía razón;
en lo más profundo del suéño. Luis sentía cierta im- debía de haber estado muy mal. Tendría otros defecpaciencia; no sabía lo que ocurrir pudiera en su casa tos, no lo negaba ... ¿pero quejarse de vicio ni hacer
y comenzaba á desasosegarse. Dejó órdenes á los farsas?..
que velaban el cadáver y también á la portera y á la
Luis pasó el resto de la noche al lado de su mujer
sobrina, recomendándoles mucho que no dejasen le- hasta las seis de la mañana, en que ella, asegurando
vantar á la señorita hasta que llegase él por la maña- qrie se encontraba perfectamente, le rogó que se rena, y marchó sintiendo dejar á la joven, pero impa- tirase.
ciente por el recibimiento que le aguardaba en su
propia casa.
( Co11tín11ará)

er

�LA
NUESTROS GRABADOS

-.,,.___,_

Moros de rey, dibujo de

NúMERO 621

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-

E. H. - Los moros de rey ó mejasnias constituyen en Marruecos el arma á cuyo cargo se ha•
lla el servicio que entre nosotros
desempeñan la guardia civil y
las fuerzas de seguridad: cada
gobernador de ciudad, kabila ó
aduar cuenta con el nÍlmero que
cree necesario para hacer que su
autoridad sea respetada; pero los
indómitos s{1bditos del sultán se
ríen de los tales moros, que bien
puede decirse que de nada sirven, como desgraciadamente para
nosotros se ha demostrado varias
veces en nuestras posesiones del
N c,rte de Africa, en donde los
rifeños, á pesar de ellos, han dirigido contra nuestras plazas bru·
tales atentados que aquéllos no
han podid.o nunca evitar ni re·
primir.

Frontón barcelonés,
proyecto de D. E nrique
Sagnier y Villavecbia:-

tros primeros autores: algunos
han figurado también en LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, yac·
tualmente en la sección de novela
ilustrada pueden admirar nuestros lectores sus elegantes y correctas composiciones. Cabrinety
atiende tanto al conjunto cuanto
á los detalles más insignificantes, y estudia concienzudamente
el original que ha de ilustrar,
apodérase del modo de ser flsi·
co y moral de los personajes, de·
dica especial atención á los luga•
res, y asi resultan sus ilustraciones verdaderos cuadros llenos de
verdad y de vida. El delicad_o
dibujo suyo que hoy reproduc1·
mos demuestra cuánto domina
el natural, cuán bien sabe esco·
ger las notas de impresión y cuán
correctamente las traduce en Ji.
neas, contornos y sombras, en
los que domina un sello de dis·
tinción que sólo logran dará sus
obras los verdaderos artistas que
sienten sinceramente la emoción
de lo bello.

Marruecos, Captura de
No es el juego de pelota djverun criminal, dibujo de
sión moderna ni originaria de la
Ralph Peacock. - La admiregión vasca. Los griegos y roma·
nistración de la justicia en manos diéronle excepcional impor·
teria de delitos reviste en Matancia, y en todas las provincias
rruecos formas terribles: los proespañolas gustaron sus habitancedimientos son sumarísimos y
tes de este agradable pasatiemlos castigos horrorosos, y en caso
po, por el que sintieron espede no ser cogido el autor de un
cial predilección algunos de nuesMELILLA, -Á BORDO DKL &lt;CONDE DE VENADJTO&gt; (de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madrid)
crimen son responsables por él
tros monarcas, entre ellos Feli·
los individuos de su familia, los
pe el Hermoso, quien contra·
deudos y aun los amigos. Toda
jo en un partido de pelota la pulmonía de que falleció No y ricamente decorados. Un amplio corredor pone en comuni- esta ferocidad se refleja en el precioso dibujo de Peacock: el
e?, pues, este juego originari~ de la región vasca; pues si bien es cación con la &lt;'ancha y la gran escalera de honor. Desde la ro- criminal y los que lo custodian revelan en sus rostros y en sus
cierto que durante mu~hos anos sólo en aquel país entregában- tonda se comunica también con el (ajé restaurant, de 22 me- ademanes, el uno todo el terror que es capaz de sentir el alma
se á este saludable ejercicio, conocióse también en las demás tros de largo por 12 de ancho. El Frontón propiamente dicho de un fatalista al pensar en la horrible pena que le espera, y los
peninsulares. Circunscrita modernamente la diversión á las hállase formado por dos paredes: el frontis, de más de rn me- otros el furor que anima á los pueblos salvajes cuando hallan
provincias del Norte, ha ido extendiéndose y contagiando pau- tros de altura, de mármol, y la pared izquierda, de piedra esco- ocasión de saciar en alguna victima, inocente ó.culpable, sus
latinamente á las inmediatas hasta llegar al centro Madrid en gida. El juego tiene 68 metros de largo, dividido en 17 cuadros, sanguinarios instintos.
·
donde existen hoy tres ó cuatro frontones. Sorp:endía p~es de cuatro metros cada uno. El pavimento 6 cancha, de II meq~e en nuestra ciudad no_ se hub!ese restabl~cido este q~e pu'. tros y 10 centímetros de ancho, es de piedra artificial. La arena
La danza del otoño, cuadro de Gabriel Max.
diéramos llamar legendario P,asat1ernpo, y quizás hubieran trans- ó sea el espacio entre la caucha y las sillas de los espectadores - Este cuadro, como otros muchos del famoso pintor austriaco,
cur~ido algunos años ~ás li no haber partido la iniciativa de mide seis y medio metros en los dos primeros cuadros y se en- es una pintura eminentemente alegórica: representa las tristevanos acaudalados aficionados, quienes confiaron el estudio del sancha hasta Il en los últimos. Hay cinco filas de sillas de can- zas otoñales expresadas por el tono general de la composición
pro~ecto y co~siguiente eje~ución al. inteligente arquitecto don cha resguardadas por elegante baranda de hierro. Los tendidos y por el contraste entre la melancólica figura de la enlutada
Enrique Sagmer, que ha sabido dar cima ásu trabajo levantando dividense ei:i tres secciones, distinguiéndose por los colores rojo, dama y las que cogidas de la mano y formando rueda se entreun edificio modelo entre los de su clase y verdaderamente be- blanco y gns. La galería paseo, palcos y paraíso son de hierro gan á una danza que sólo tiene de tal el movimiento rítmico,
llo en su construcción. Hállase éste emplazado entre las calles con esbeltas columnas y jácenas, bellamente decoradas. En eÍ pero no la animación que suele ser compañera obligada del baide la Diputación, Sicilia y Cerdeña, ocupando un aérea de más resto del edificio existen las oficinas, salas de descanso, cuartos le. Max es uno de los pintores poetas por excelencia y tiene
de 4.000 metros cuadrados, circuido por una bonita verja de para pelotaris, enfermería, baños, etc., etc.
como pocos el poder de impresionar á los que sus obras conhierro, que limita asimismo los jardines que rodean las constemplan, haciéndoles sentir lo que él siente, comunicándoles
trucciones. A unos 20 metros de la puerta de ingreso levántase
En
el
frontón,
dibujo
de
José
Cabrinety.
El las emociones de su alma; es decir, consiguiendo el efecto que
una elegante y grandiosa rotonda, que constituye el salón,1:es- nombre de Cabrinety es bien conocido en el mundo artístico sólo es dado alcanzar al genio que á su sentimiento artístico
tíbulo, ?e 16 me.Iros ~e diámetro, en la pl~nta baja, y otro sa- por ir unido al de innumerables y preciosos dibujos que han
une un dominio completo de la técnica del arte, cualidades que
lón de iguales d11nens1ones en el plano principal, ambos bella ilustrado interesantes libros, muy especialmente novelas de nuesreune en alto grado este célebre pintor austriaco.

LA

.N úr.tEI{O 6~ I
Los sucesos de Malilla. - Vistas de Melilla. - Esta
plaza está situada al Norte de Marruecos frente á la costa de Almería; es el mayor de los presidios menores que tiene España en
la costa septentrional africana, y la ciudad y una parte de sus
fortificaciones ocupan una península que por un istmo de rocas
se une al Continente, en el cual se hallan las fortificaciones que
constituyen los recintos segundo y tercero, las cuales ocupan
mucho mayor espacio que toda la penlnsula: por la parte de
mar hay la caleta llamada del Galápago, al Norte; una caletilla con playa y el muelle de la Marina, al Sur; y otro muelle
llamado de la Florentina, al Este. Los fondeaderos de Melilla
tienen mallsimas condiciones: así el destinado para barcos chi •
cos como el que sirve para anclar los buques de gran calado están expuestos á los tiros de los rifeños, como ha podido comprobarse por desgracia en recientes desembarques de tropas. La
población es triste y sus calles irregulares y todas en cuesta;
sus edificios principales son la iglesia, el gobierno militar, el
parque y el hospital. La vega de Melilla se dilata al Sur y al
Oeste de los recintos exteriores y está fecundizada por el rlo de
Oro, de curso muy limitado, pues no alcanza más que un desarrollo de 20 kilómetros: la cuenca de este r!o está rodeada en
forma de herradura por una serie de montes que la envuelven
completamente, constituyendo una barrera s61o franqueable por
la parle oriental al pie del cerro más elevadó de la cordillera,
que es el Gurugíi.
En el campo exterior de Melilla hay construidos actualmente
los fuertes de San Lorenzo, situado á 500 metros de la plaza,
Camellos á 1.200, Cabrerizas Bajas á 1.200, Cabrerizas Altas
á 2.000 y Rostrogordo á 2 . 300.
A igual distancia que este último, pero en el lado opuesto
mirando desde Melilla, debe establecerse el de Sidi-Auriach,
cuya construcción, comenzada por el general Margallo, ha siclo
cac~a de la actual lucha, pues los rifeños quieren impedirá todo
trance que tal fuerte se levante, porque desde él se domina la
rneiquita d.: su nombre y el cementerio.
El !{e/lera/ de bngada D . Manuel Ortega Sánchez llfufloz. -

Nació el Sr, Ortega en Puebla de Almuradiel (Toledo) en 8 de
marzo de 1840; entró en el colegio de Infantería á los diez y
seis años y salió de él en 186o. Ascendió á capitán en 1866 por
su comportamiento en los sucesos de junio: ganó sus grados
hasta el de teniente coronel en sus campañas de 1872 á 1876
contra los republicanos en Andalucía y contra los carlistas en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la Mancha y en las Provincias Vascongadas. En 1887 íué ascendido á coronel por antigiiedad y en 1892 promovido al ge•
neralato.
Desde que se embarcó en Málaga para Melilla el día 16 de
octubre último ha tomado parte principalísirna en las operaciones de la campaña del Rif, y á él y á las tropas que con tanto
valor como pericia dirige dehióse el triunfo del día 30, en que
consigJió aprovisionar y con ello salvar de una ruina inminente á la guarnición de Cabrerizas Altas y á los corresponsales de
varios periódicos en el fuerte sitiados. En el parte oficial de
aquel combate dice el general Macias, comandante de la plaza,
dirigiéndose al ministro de la Guerra: «Recomiendo eficazmente á V. E. al general Ortega por el feliz éxito de esta arriesgada operación.&gt; Este es el mejor elogio que puede hacerse de
tan bizarro militar.
Mari Guari, espía moro hecho prisionero. - En uno de los
combates de los primeros días de noviembre fué hecho prisionero el espla moro Mari Guari: habla éste bastante correctamente el español y se dice hijo de español y mora. No es de los
más fanáticos en religión ni de los más encarnizados enemigos
de España; entiende que los rifeños no saben en la que se han
metido, pero que una vez puestos en la lucha la sostendrán mientras les quede un cartucho. Está muy agradecido al capitán de
nuestro ejército Sr. Mazuza, que en ocasión reciente le salvó
la vida. El día 6 Mari Guari fué llamado por el general Macias,
y después de hablar largamente con éste y con el brigadier Ortega, fué conducido al camino de Cal)1ellos, desde donde dirigióse solo adonde estaban algunos rifeños y con ellos se encaminó hacia Sidi Auriach. Al día siguiente volvió al campo español, trayendo noticias de los moros que, segíin él, se mostraban dispuestos á cesar en la guerra: la salida del convoy que el
día 9 aprovisionó á los fuertes sin ser hostilizado, pareció confirmar estas buenas intenciones; pero posteriormente los rifeños
han disparado de nuevo contra los nuestros, y es de presumir
que seguirán disparando hasta que llegue el instante del gran
escarmiento, que segíin parece no se hará esperar mucho.

759
haber dado la señal de una lucha difícil, pero necesaria; llena de
sacrificios, pero al fin de la cual ha de brillar más limpio qu~
nunca el nombre de la patria. El Conde de Vmadito quedó terminado en Cartagena en 1891 y está perfectamente artillado,
llevando, entre otras piezas, varias ametralladoras y un cañón
Hontoria de tiro rápido.
Manda el Conde de Venadito el distinguido oficial de nuestra
armada Sr. Díaz Moreu, que en las actuales circunstancias se ha
hecho' digno de los mayores elogios, corno cuantos á sus órdenes
han contribuído al buen éxito de las operaciones emprendidas.
Después del cañoneo del día 21, todos los corresponsales residentes en Melilla dirigieron al comandante del Co11de de Venadito el siguiente mensaje de felicitación: «A V. E. nos dirigimos para telicitarle. A la marina española y á V. E. su valeroso y digno representante le ha cabido la honra de ser el primero en romper el fuego contra las kabilas del Rif que mataron á nuestros soldados y que mancillaron nuestra bandera.
¡ Viva España! ¡Viva la marina española! Loor al comandante
del Venadito, á su oficialidad y á su marinería, Hoy es el primer día que alentamos, que sentimos orgullo de llamarnos españoles, que vindicamos nuestra afrenta.&gt;
Alojami~nto de tropas. - No está la plaza de Melilla dispuesta para alo3ar muchas más tropas de las que suelen constituir
su guarnición; así es que el alojamiento de Jas fuerzas enviadas
Pª!ª S?st~ner la presente carn~aña ha sido uno de los problemas
mas d1fíc1les que alll ha tenido que resolverse, habiendo sido
preciso desalojar entré otros el barrio del Polígono de ordinario ocupado por una población, hebrea en su mayor parte
que se dedica al comercio al por menor.
'
El barrio del Mantelete. - Se levanta entre las murallas y la
puerta exterior de la plaza: en él hay varios pabellones militares para oficiales, tiendas de judíos, cafés moros, casetas para
la consignación de vapores, el mercado de Melilla y la Aduana.
En la actualidad el Mantelete ha perdido el aspecto característico que le daba 1~ abigarrada población de cristianos, judíos y
moros por haber sido expulsados de él los Ílltimos.

A bordo del Conde de Venadito. - El día 21 de octubre último
el Co11de de Venadito hizo el primer disparo contra las kabilas,
Todos los grabados que publicamos referentes á los sucesos
volviendo por el honor ultrajado de nuestra bandera. El entu- de Melilla, excepto las vistas de la plaza, están tomados de fo.
siasmo que tal hecho produjo fuégrande, no sólo en Melilla, sino tograflas sacadas por la ambulancia que en el teatro de la gue•
en toda España, que saludó una vez más á nuestra marina por rra ha establecido el fotógrafo de Madrid Sr. Company.

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Ftí~t1ea
AÑO XII

B ARCELONA 13 DE NOVIEMB RE DE 1893

PUERTA EN EL PATIO DE LOS NARANJOS DE LA CATEDRAL DE SEVILLA,

dibujo á la pluma de Manuel García Rodríguez

N ÚM. 620

�730

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

Sumario. -TEXTO. - Murmuraciones europeas. - Orillas del monarca se atrevió á cortarle con su espada el paso,
Deva. -La tierra de los gitanos. - Miscelánea. - Nuestros gray la maravilla de Munda se renueva con creces en la
bados. - La Pola (novela). - Sección cientltica.
GRABADOS. - Puerta en el patio de los Naranjos. Sevilla. - victoria de Bailén, donde recibe aquél un primer golGrito de guerra. - Gitanos. - Marcha al través del desierto. - pe que precedió y anunció el golpe último en WaterMonumento erigido en Trenton. - Máquina de vapor domés- loo. No tiene Bismarck nube ninguna en el cielo de
tica. - Un recluta por fuerza.
.,......,......, ...........................,......,......,......,..,......,............... ............,......,..,...,......,,., ....... su poder, cuando tropieza por descuido en el arrecife
de las Carolinas. Así por nuestra indómita voluntad
MURMURACIONES EUROPEAS
hemos representado con Séneca el estoicismo, con
POR DON EMILIO CASTELAR
Lucano la epopeya del vencido, con los teólogos del
Aunque adrede apartáramos los ojos de Africa para Renacimiento la causa del humano arbitrio contra
convertirlos á cualquier otro punto ú objeto, no po- la gracia luterana, con Cervantes la protesta de todo
dríamos, por el imperio que con sus fascinaciones hoy lo ideal contra todas las realidades impuras, con Calejerce sobre nosotros esta parte del mundo. Ya se ve: derón aquella interior actividad que lucha en los intenemos allí empeñado en lucha desigu_a l y terrible fiernos mismos con el diablo y le dice cuando quiere
lo mejor de nuestra sangre y vida, el ejército español, vencerla éste con esfuerzo: «No fuera libre albedrío
tan audaz en sus acometidas corno sufrido en sus re- si se dejara forzar.» Si pudiera dudarse, ahí está el
sistencias, valeroso hasta la temeridad en el arranque descubrimiento y apropiación de América.
y en el empuje, resignado hasta el martirio en todos
La actual campaña de Africa ofrecerá, por la conlos trabajos y en todas las adversidades. No conozco formación del suelo y por la índole del pueblo, allí,
marcialidad como la nuestra en gente ninguna. Cuan- dificultades infinitas. Comenzad por que aparece cosa
do topáis en vuestros viajes con un soldado alemán, del todo imposible vivir, como suelen hacer los ejér:
veis en seguida cuanto por ajustarlo al tipo de su cla- citos sobre el país, riscoso de suyo y estéril, en que
se han hecho la ciencia y el estudio, sobreponiendo apenas hay otra cosecha sino los chumbos, y que pide
una segunda naturaleza bélica, resistente y fuerte, so- hasta en los viajes más cortos una copiosa provisión
bre su propia naturaleza germánica, bonachona y dul- móvil y ambulante de todo lo necesario á la más vulce. No así en España. Vestís á un muchachuelo de gar y rudimentaria subsistencia. Hoy mismo no se
soldado y parece haber vivido en la milicia desde sus puede ir de Argel á Fez sino con una escolta semeprimeros días y nacido militar hecho y derecho. Esta jante á un ejército, aunque sólo se bordea el Rif,
indómita complexión española, de un individualismo impenetrable casi á los viajeros. Pero ¿qué digo á los
tan ajeno á toda disciplina y obediencia, posee flexi- viajeros? El mismo emperador de Fez y las mismas
bilidad tan maravillosa, que á la menor imposición tropas regulares ó moros de Rey, cual se llaman en
de conciencia se acomoda con lo pedido por el de- la lengua nuestra, no pueden someter aquella~ rebelber, trocándose por esta virtud suya sin esfuerzo y des tribus ó kabilas que componen verdaderas comcon espontaneidad, siempre que de lo militar se trata, pañías guerreras casi nómadas y del todo insumisas,
el imberbe recluta en veterano perfecto á los pocos las cuales meten á sus pequeñuelos y mujeres en madías de cuartel y ejercicio. No necesitábamos que nos drigueras semejantes á las del topo y se meten ellos
instruyera la expt:riencia en aquello contenido dentro en cavernas semejantes á las del tigre. Así un empede nosotros y que constituye ::uestro moral patrimo- rador de Marruecos tiene que pasar la vida combanio; pero si la pena causada en todo ánimo patriota tiendo con aquellos mismos á quienes llama vasallos,
por este adverso caso del choque tremendo en Meli- y conquistando por el hierro y el fuego, por el comIla, choque tan inesperado é importuno como terri- bate perpetuo y el exterminio radical, las mismas
ble, puede mitigarse con algo, es con la consideración tierras que ha recibido en herencia. El emperador
de que ahora corno siempre ha mostrado el ejército Ismael, quien recuperó Tánger de los ingleses y ensu antiguo valor, que lo coloca sobre todos los ejérci- tabló relaciones diplomáticas con Luis XIV, una estos del mundo, y la nación esta identidad fundamen- pecie de Pedro el Grande ·marroquí, durmió trece
tal de todos sus hijos en las mismas ideas y en los años vestido y con armas. El último sultán Sidi-Momismos propósitos, cual si tuvieran un alma sola; hammed, á quien los franceses vencieron en Isly,
identidad por la cual nos hemos salvado de cien con- nosqtros en Tetuán, debió tales sendas derrotas más
flictos y conseguido vencer á la fatalidad y al destino, que á la voluntad é iniciativa de los cristianos, á las
grabando los blasones y timbres del imperio español resistencias é indocilidades é insumisión de sus gende los arenales de Marruecos á las maniguas de Cuba. tes. Nunca se han posesionado los emperadores por
Por eso nuestra patria se aparece á los ojos de to- completo del berberisco. Cada villorrio de éstos apadas las generaciones como el suelo donde con mayor rece como un atrincheramiento y cada hogar de sus
espontaneidad y con mayor arraigo se ha criado la respectivos jefes corno una fortaleza. Tienen presteza
más enérgica entre todas nuestras facultades psíqui- y nerviosidad de gamos, furor y crueldades de tigres.
cas, la humana voluntad. Y querer no es cosa tan ba- Las gumías y los rifles hállanse tan apegados á ellos
ladí como á primera vista parece: con frecuencia como á los leones sus garras y como á los jabalíes sus
grande sustituye y aun aventaja en mucho al pensar. colmillos. Se parecen menos al tigre que ,los árabes,
Uno de los más extravagantes, pero de los más pro- por más fr3:ncos; pero entre todas las tribus guerrefundos entre aquellos eximios pensadores alemanes ras del planeta no se conoce ninguna tan irascible.
que han ilustrado el siglo corriente, murió quejándo- Al ladrón le cortan la mano derecha y el pie izquierse de la gran deficiencia de voluntad por él experi- do si el robo es de poca consideración, y le traspasan
mentada en su raza, metafísica, religiosa, mística, los ojos con un hierro candente si es considerable. La
pero poca volente y activa. Nosotros los españoles no venganza y el desquite personales con todos los hocaeremos en semejante neurosis que Schopenhaiier rrores de la ley del Talión reinan allí sin restricciones
lamentaba en los germanos. ¡Ah! Nosotros aborrece- y sin límites. Todo jefe de tribu presenta el cuerpo
mos y amamos. Así no puede nunca decirse de acribillado de cicatrices por haberle malherido en
nuestra España que pertenece al número de nacio- cien ocasiones diversas el filo de la gumía esgrimida
nes conocidas por cortesanas de la fortuna próspera y la bala del rifle disparada por aquellos mismos que
y de la victoria material. Había César vencido á Pom- le aclamaran y le siguieran en mil combates. Por el
peyo, desarmado á Bruto, puesto al estoico Catón en agua se derrama en aquellos riscos y desiertos beretrance de matarse par~ salvar la gloria de su nombre beres tanta sangre que podrían llenarse y henchirse
inmortal con el culto á la República patricia; y mu- las disputadas cisternas. ¡Cuán avizores los ojos para
dos el Oriente con el Occidente, á merced y arbitrio columbrar el enemigo lejano; cuán abiertos los oídos
del dictador todopoderoso, los republicanos andalu- para percibir cualquier hostil rumor; cuán husmeadoces, los tíltimos republicanos, diéronle tal susto en ras las narices de todo rostro adverso conocido por
sus campos, que dijo hasta el fin de su vida César: el olfateo con la infalibilidad del instinto! Cuando
«En todas partes he peleado por la victoria, en Mun- disparan los capitanes de aquellas compañías los dos
da por la vida.}) Somete á su yugo Augusto el pla- tiros litúrgicos, equivalentes al toque de rebato nuesneta conocido entonces; vence desde su cómplice y tro, aunque se hallen solos, congregan en seguida tanémulo Antonio hasta los vengadores de Catón, corno to número de soldados, idos al usual y antiguo llamaCasio; arranca la maravillosa lengua de Marco Tulio miento, que parecen habitadas las entrañas del subá la tribuna; y mientras toda la tierra se prosterna en suelo y resucitados los muertos.
su presencia, una tribu de Cantabria en el apartaPero ¡ah! la vecindad de tales gentes al Estrecho
miento de sus montañas le impide cerrar el templo gaditano, quizás el sitio más importante de toda la
de Jano y hace morder el polvo á las legiones de tierra, por abrir á los pueblos del Atlántico las vías
Agripa. Levanta y reconstruye Carlomagno el Impe- del Mediterráneo y á los pueblos del Mediterráneo
rio romano con la sumisión universal de nuestro con- las vías del Atlántico, les asigna un papel tan extraortinente, y unos pocos navarros esparcidos por los dinario en los conflictos europeos, que á cada paso
desfiladeros separatorios de Francia y España le se os presentan como los protagonistas de la historia
aplastan el mayor de sus doce caudillos bajo los ris- contemporánea, cual hoy lo son á todas luces. Así no
cos de Roncesvalles. Hechiza y encanta con su pres- hay cuestión alguna en Europa, ni la cuestión de
tancia y su benevolencia nativas Francisco I en Eu- Oriente, que alcance la gravedad inmensa del probleropa desde los sultanes hasta los papas, y España di- ma berberisco, la cuestión de Occidente. Inmóviles
sipa tal encanto en Pavía. Napoleón parece invenci- en su tradicional barbarie; refractarios á los progreble hasta el punto de que ningún general y ningún sos industriales y científicos; resueltos á que la vid "P

,.

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culta en ellos no penetre, ni los despierte la máquina
de vapor con sus silbidos, ni l?s ilumine y esclarezc~
el reflector eléctrico que convierte las centellas homicidas, el relámpago y el trueno, en benéficos rayos de
luz vivificante, podrían, si los dejásemos de la m~no,
volver á los tiempos de nuestras madres, á los tiempos de nuestra infancia, cuando no podían arriesgarse las mozas y los mozos levantinos por las pl~yas de
su encantado mar azu],'temerosos de que surgiera en
sus carabas el pirata y los llevase á las mazmorras y
á los harenes del más deshonroso y rudo cautiverio.
Dejar la guarda del hercúleo canal y del extremo de
nuestros viejos continentes y del espacio comprendi•
do entre la boca del Moluya y la boca del Mediterráneo y del camino hacia las dos Américas en ma·
nos tan audaces y aviesas como !as marroquíes, ¡ay!
tiene inconvenientes tales, que nos obliga y constriñe
al cumplimiento de una finalidad tan humanitaria
como refrenar los crueles instintos de semejantes fieras y someterlos por fuerza y por necesidad al yugo
de la civilización y sumergirlos en el movimiento de
todos los progresos. Y para ilustrar el espacio com·
prendido entre los dos mares y el Atlas, que llamamos imperio de Marruecos, no hay nación alguna en
el mundo con las aptitudes, con las cualidades, con
la indisputable idoneidad nativa del pueblo español,
destinado á ello por el espiritu suyo, por el tiempo
en que ha vivido, por el espacio donde se -dilata, por
Dios y su Providencia.
Así, pues, ya que un unánime consentimiento de
todos los pueblos desinteresados y una herencia de
glorias y recuerdos inmortales y unos decretos tan categóricos é imperiosos como los que formulan la Geografía y la Historia en el asunto del predominio natural de los pueblos cultos sobre los pueblos atrasados, deciernen Marruecos á nuestra protección, debernos estar todos los españoles á una convenidos por
tácito pacto en no forzar los hechos hasta encontrarnos plenamente seguros del debido logro de nuestras
seculares aspiraciones, que nos exigen robustez en el
cuerpo, suma de fuerzas, concierto en hacienda y en
administración, desahogo económico, disciplina social, regreso de nuestras perturbaciones tradicionales
al orden indispensable para todo continuado esfuer·
zo y para toda gran empresa. Mirémonos en el espejo de lo acaecido á Italia últimamente. Quizás Túnez
le hubiera sido reservado por Europa, si no se impacienta en el deseo vivo de la consecución del codiciado logro y no sacude con sus propias manos un
árbol del cual no debía probar la fruta. El problema
de Marruecos, planteado por nosotros á deshora, puede producir la guerra europea; y la guerra europea
puede traernos, si por modo indirecto y como de
soslayo entráramos en ella, tremendas responsabilidades. Ya sabemos que una gran parte de la opinión
inglesa pide la restitución de Tánger, adquirida para
la península por Alfonso de Portugal el Africano y
regalada por los traidores Braganzas á los Estuardos
restaurados en odio á España, como si fuera todavía
una parte integrante de Inglaterra, cuando la perdieron hace dos siglos, y que otra gran parte de la opinión francesa pide toda la banda oriental del Mogreb confinante con Argelia; por lo cual nosotros debemos mantener la estabilidad de tal territorio bajo
su actual emperador y sostener el fiel en la balanza
con ánimo de que no comience un reparto, en el cual,
saliendo bien librados, podíamos obtener una por·
ción, tocándonos, como nos toca, el todo, que alean·
zaremos con un poco no más de habilidad, espera y
paciencia. Interésanos después de haber desconcertado á Bismarck en el asunto de las Carolinas con
tanto acierto como fortuna, no hacer ahora el juego
de Bismarck, indisponiendo á Francia con Inglate·
rra, para que, triunfe quien triunfe, quede todo el
continente, bien á merced y arbitrio de Alemania,
bien á merced y arbitrio de Rusia. Bismarck sueña
con indisponer á Inglaterra y Francia por Tánger,
cual indispuso á Italia y Francia por Túnez. Y así
como cuando tuvo poder llevó los hechos por ese camino, ahora que sólo tiene influencia lleva por ese
camino las indicaciones. Y contra nuestros intereses
designa el objetivo de Tánger á Inglaterra, y contra
nuestros intereses designa el objetivo de Touat y de
Fidjid á Francia, para que choquen allf con estrépito, y dado ya este ·choque tenga que arrastrará Italia Inglaterra en su auxilio, é I talia tenga que arrastrar los dos Imperios de la triple alianza. He ahí el
abismo que oculta en su seno la pavorosa cuestión
de Occidente. Hay que bordearlo á toda prisa, quedándonos en nuestra saludable neutralidad y reteniendo el Estado marroquí en su statu quo habitual.
Castiguemos con un gran escarmiento á los moros
del Rif, escarmiento tan rápido como ejemplar, y
volvamos, después de satisfechos, al hogar donde nos
llaman el culto á nuestra joven libertad y el cuidado
de nuestra convaleciente Hacienda. Así sea. - E. C.

GRITO DE GUERRA, dibujo de R. Caton Woodville

�LA

73 2
ORILLAS DEL DEVA
CARTAS

Á LA SEÑORITA DOÑA EMMA DE MADRAZO

I
Fres del Val, 3 de septiembre de 1893.

¿Lo recuerda usted, mi gentil amiga, ma gento damo, como dicen los trovadores provenzales? ¿Recuerda usted aquellas excursiones, tan deliciosas, y para
mí tan inolvidables, por las cercanías de la solitaria
Alzola? ¿Recuerda usted, sobre todo, la última, la que
realizamos hace apenas cuatro días?
Por mi parte, declaro que no puedo, ni debo, olvidar el encanto de los días que juntos hemos pasado
en Alzola, con esos excelentes compañeros y esa sociedad selecta congregada cada tarde á la sombra del
suntuoso platanar, que tan gallardamente se eleva
ante las puertas del balneario. No puedo tampoco,
ni quiero, olvidar nuestras excursiones á la pintoresca Elgóibar, á Plasencia y su magnífica fábrica de armas, á Eibar glorificada por su opulenta industria, á
Motrico, la patria del inmortal Churruca, á Marquina
con la solemne y misteriosa Salve cantada por sus
monjes de rozagantes capas blancas, y á todos esos
otros lugares deliciosos, que tanto hubieron de impresionarme y tan halagaqores recuerdos me dejaron.
La verdad es, amiga mía, que siento añoranza de
ellos... y también de usted. Precisamente, por serme
tan gratos, son de mí más añorados. Y permítame
que se lo diga con este vocablo catalán tan determinadamente explícito y tan propio, del que hacen uso
provechoso Emilio Castelar y Marcelino Menéndez
Pelayo, sin embargo de no ser admitido aún por la
Academia, y que su esclarecido padre de usttd, nuestro sabio compañero de ella, nos ayudará de seguro
á recibir y á fijar algún día en el Diccionario de la
lengua.
Y al llegar aquí, pues que acabo de citar á su señor padre, no debo pasar adelante sin consagrarle un
recuerdo. Hemos hablado de él repetidas veces, y usted sabe por consiguiente hasta qué punto le estimo
y respeto, como á todos los Madrazo, que es una verdadera dinastía de príncipes del arte y de la ciencia.
Desaparecieron ya los hombres de la Víeille Garde,
como decía Napoleón en uno de sus más supremos
instantes de prueba. Quedan ya muy pocos. Por fortuna Pedro Madrazo es uno de éstos. En tiempos
que hoy son verdaderamente prehistóricos, más que
por lo lejanos por lo olvidados, contribuyó al renacimiento literario, científico y político de nuestra España querida, junto con aquella hueste y aquellos
hombres de fe, de virtud, de ideal y de patriotismo,
á quienes tanto parecen desdeñar hoy muchos que
sin ellos no hubieran existido. No soy yo de éstos.
Nunca comulgué con la ingratitud y la injusticia. Por
esto consagro siempre en mis pobres escritos un tributo de honor á los que fueron, y hoy, en la personalidad ilustre de su padre de usted, un saludo de respeto á los que son.
Y dicho ya esto, vuelvo á mi punto de partida.
Decía, ó iba á decir, que vine aquí, á estas tierras de
la noble Burgos, y á las ruinas de Fres del Val, donde me hospedo, en compañía de todos aquellos recuerdos de Alzola y con la añoranza de ellos. Y
como considero que uno de mis primeros deberes es
el de escribir á usted, así lo cumplo, ante todo, al
llegar á mi primer sitio de descanso, fechando mi
carta en este monumental claustro del siglo xv, que
me recuerda el de Poblet, y que su actual propietaria,
nuefüa excelente amiga la marquesa de Villanueva y
Geltrú, está inclinada á restaurar y mantener por hidalgo empeño de patriotismo y para timbre y honor
del arte y de la historia.
Escribiendo á usted, amiga mía, $e me imagina que
prosigo conversaciones interrumpidas con la gentil
dama, que á los atractivos de sus gracias y bondades
de su corazón une las altezas del alma y los vuelos
del ingenio, amable compañera de nuestras excursiones y centro y vida de aquellos corros que al comienzo de cada tarde se forman en el platanar de
Alzola, donde, precisamente á esta hora en que pongo estas líneas, se departe tan agradablemente, con
tanto derroche de ingenio y tanto primor de discreteo.
Así, pues, ma genio damo, y siguiendo nuestras interrumpidas conversaciones, ¿recuerda usted nuestra
excursión de hace cuatro días?
Ibamos costeando las orillas del peñascoso Deva,
de ese río que en lugar de recibir su nombre al nacer
~o recibe al morir, como sucede precisamente á. lo~
mmortalés. ¡Qué or_illas más deliciosas, ¿verdad? A
cada paso, bosquecillos de olorosos manzanos con
sus copas cuajadas de rubicundas ó amarilleadas
pomasj á cada revuelta, casitas, chozas, ermitas ó caseríos, que parecen tener algo de invenible por lo
que tienen de ocultos y perdidos en aquellas profun-

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

didades de castañares y robledales de inculta espesura; y siempre, á cada momento, profusamente tendidos por todo lo largo del camino, hermosos grupos, ó mejor tupidos macizos de helechos, que parecen puestos adrede para saludar al viajero con sus
bordadas y columpiantes ramas, á manera de penacho
de sueltas y onduladoras plumas.
Ya recordará usted como, al terminar nuestro almuerzo en Alzola, decidimos de repente irnos á la
cercana villa de Deva, para asistir al espectáculo de
la marea viva, la pleamar, que según opinión de gente entendida, debía ocurrir á las cuatro de la tarde
de aquel mismo día, 29 de agosto. Salimos de Alzola
en animada caravana y en ligeras cestas, todas con su
entoldado zarzo, por aquella hermosa carretera donde
se va como por un paseo, gracias á recibir especial y
constante cuidoj con lo cual ni su firme se quiebra,
ni sus guijos se hacen polvo, ni su polvo barros. Así
son generalmente, según pude observar, todas esas
provincias vascas. Forman verdadero contraste con
las otras carreteras de las demás provincias, singularmente de la mía, señaladas por su descuido, é impracticables por su polvo, sus barros y sus baches.
Al llegará Deva, de quien toma nombre el río al
morir en los brazos de la mar, asistimos á un grandioso espectáculo. El río, ó quizá, para decirlo con
más propiedad, la ría, estaba imponente y soberbia.
El agua llegaba ya á su mayor altura, cubriendo casi
los ojos del puente que une las dos orillas. Aquel entonces opulento Deva, que pocas horas antes era sólo
un arroyo, cuyo cauce, más que lecho del agua, parecía
serlo de una C?-ntera por el gran número de peñas
que en él se aglomeran y atumultúan; aquel antes
mísero Deva se nos presentaba á la sazón lleno de agua
de borde á borde, de mar á mar, como con orientalista frase dicen los del país, solapando todo lo que
enseña los demás días, sin asomar ni el borde de un
canto, y pareciendo, al contrario, que todas aquellas
peñas amontonadas en su fondo se habían trocado
por arte de magia en ligeras y flotantes barquichuelas
que surcaban su límpida planicie.
Cortando las rizadas aguas, en que llegaban á notarse los vuelcos del oleaje, se veían barcas, esquifes
y góndolas, entre ellas la llamada Amparo, de nuestros buenos amigos los marqueses de Valmar, con sus
arreos, dorados y molduras de góndola veneciana, todas empavesadas con banderolas ó estandartes, gallardetes ó señeras, y en todas ellas hermosas muchachas
con elegantes trajes de frescos y vivos colores, bateleras improvisadas, que con el arresto de la mocedad
y la codicia del placer, volaban de una en otra orilla,
juguetonas, arriscadas, indiferentes al peligro y atentas solamente al goce.
La carretera que cruzamos sigue las ondulaciones
del río, y á su vez las ondulaciones de la carretera
son seguidas por el tren, que recientemente inaugurado, viene á enturbiar con la peste de su humo la
nitidez de aquella atmósfera perfumada, y á despertar con sus silbidos de fiera y sus rugidos de monstruo los ecos dormidos de las montañas. Es realmente curioso ver lagartear por entre riscos al rampante
tren de vía estrecha, que allí, movedizo y culebreante, perdido entre aquellos peñascos, sorteando abismos, ~scalando cuestas, describiendo curvas y desprendiéndose fragorosamente por atrevidas pendientes, parece, visto de lejos, un juguetón tren de muñecas, uno de esos diminutos caminos de hierro que
mueven•á su placer los niños por las pulidas superficies de planchas metálicas. Y sin embargo, es aquella
una vía férrea que asombra, y que, más que asombra
espanta. Prescinde muchas veces de túneles par~
darse el placer de proyectar arriscadas curvas al aire
libre, bordeando profundas simas, como quien ama
el peligro, sin pensar que es frecuente en quien lo
ama perecer en él.
~odrá s~r lo que decía nuestro ilustre amigo Gabnel Rodnguez, que tanto respeto me infunde por
s~ sólida instrucción y por sus vastos talentos, y también por la firmeza y el valor heroico con que se
a~art? un día del campo político, donde hubiera podido intentarlo todo y serlo todo. Podrá ser, repito,
y será, lo que nos decía Gabriel Rodríguez de que
es~ vía férrea es_tan p~rfecta coI?o puede s;r la que
mas, y que _no tiene m ,mayor m menor peligro que
otra cualqmera. Será as1, no lo dudoj pero ¿quién le
pone puertas al campo?, ¿quién á la fantasía? ¿quién
al miedo?
'
El que viaja en este tren, llamado recientemente
con mucha oportunidad por un distinguido redactor
de El Imparcial el tren de los suicidas, va con el
alma pendiente de un hilo, sobre todo en el trozo de
vía que enlaza á_Zumárraga con Vergara. El tren pasa
allí roz~ndo a~)lsmos que da espanto mirar; baja, ó
por meJor ?ecn, se despeña por pendientes ·que aterran j describe curvas que azoran por lo inverosímiles, .. No·es un viaje, no; es un sobresalto.

Y de tal suerte debe ser así, que yo recuerdo per·
fectamente que, al encontrarme con usted en Alzola,
y al preguntarle: «¿Vino usted en el tren por vez primera?,» se apresuró usted misma á contestar, como
saliendo al paso á mi pensamiento: «No, señor, no;
por última.»
Atravesamos la villa de Deva por junto á su alameda, al trote de los caballos y al volar de la cesta,
yendo directamente al sitio que llaman el mirador ó
la miranda. Es un punto, una lengua de tierra que
avanza, como si quisiera arrojarse al mar, situada en
el primer recodo ó sea el primer arranque de la carretera que conduce á Zarauz y á San Sebastián. Hay
en aquel sitio un antepecho de defensa, y fronteros
á él, de cara al infinito, unos bancos allí puestos para
brindar á los transeuntes asiento, descanso y espectáculo. ¡Qué hermoso, ¿verdad?, qué hermoso y qué
soberbio miramar!
Ya una vez allí...
Pero observo que mi carta va tomando proporciones desusadas, y no es justo robar á usted tanto tiempo con la lectura de esta larga epístola, monopoli- ,
zando su atención que pueden reclamar mejores y
más útiles ocupaciones.
Concluyo aquí mi carta de hoy, prometiéndome terminar cuanto he de decir en la que le escribiré mañana.
VÍCTOR BAI ACUER

( Co11cl11irá)

.,.....,..,.,,....,......,..............................,.,.......,....., ..,,......,......,......,............,,.............

LA TIERRA DE LOS GITANOS
(Condusión)

III
Pocos días después estábamos en Hungría, donde
comenzamos por visitar un pueblecillo que, según nos
dijeron,era el tipo de todos los del país. La calle principal, muy extensa, estaba flanqueada por casitas muy
blancas; á lo largo de una especie de muelle elevábanse varias líneas de mástiles; y más allá, en una
arboleda, que prestaba sombra á dos tranquilos estanq~es, vimos. el primer campamento húngaro. De
!as tiendas salieron hombres que vestían como los
campesinos, mujeres andrajosas con los pies descalzos, y niños desnudos y algunos muy negros. De buena gana nos habríamos acercado; pero hacía horas
que recorríamos en bicicleta los senderos arenosos
que en la baja Hungría llaman carreteras, y estábamos rendidos.
Llegados á Raab, era tal nuestra fatiga que apenas
podíamos tenernos en pie, y así es que desQués de
cenar preferimos acostarnos á dar una vuelti por la
ciudad. Ni siquiera pregunté si se hallaban en ella
los gitanos que veníamos á buscar desde Londres,
pues en aquel momento no hubiera dado un paso
para ver á ninguno. Sin embargo, apenas conciliábamos el primer sueño, oímos en medio del silencio de
la noche una especie de suave melodía en la que
r!!cono~, una de la~ czardas que tanto' me agradaron siempre. Los eJecutantes eran unos gitanos que
se hallaban c~rca de nuestro alojamiento, y su músi_ca duró tres o cuatro horas. En aquella primera noque pasaba en Hungría, agradóme mucho oir
sm ver; y parecíame soñar, sabiendo que estábamos
realmente en la tierra de los gitanos.
A la mañana siguiente alquilamos un bote en Grau,
la Roma d_e Hungría, pues nos proponíamos hacer
una excursión por el Danubio. Ibamos sentados sob~e cubierta; de pron't o oí un sonido semejante á un
tnste l~mentoj al _volver la cabeza observé que era
producido por el violín de un pequeño gitano, sentado en un montón de cajones de una embarcación inmediata, que no dejó de tocar su instrumento hasta
que el sol se ocultó tras las colinas y hasta que un
fuerte resplandor nos señaló Budapest destacándose
en las tinieblas. Cuan?º llegamos al hotel de Hungría,
otra vez oímos la música, pero mucho más ruidosa: los
gitano~ estaban en el comedor, que en realidad era
el pat10, adornado con mucho verde y abundantes
flore~; de modo que parecía un jardín, iluminado por
farolitos de color y lleno de brillantes uniformes de
los oficiales húngaros y los elegantes trajes de las
bellezas del país.
Los músicos, que habían dejado de tocar mientras
nos sentábamos, inclináronse alrededor de una mesita
mientras que el directo_r, sacando una ba~deja, pasó
de mesa en mesa, sonnendo y saludando a cada mome~to. ¡El verdadero gitano, que no quiere servirá
nadie, y_que solamente toca por gusto, pedía limosna!
Terminada la colecta volvieron á tocar· pero la
música comprada por algunas monedas no 'tenía encanto para mí, pareciéndome lánguida y sin expresión, y salí desilusionada de allí.
En las dos semanas siguientes mi desencanto fué
en a~mento. ~uestro imaginario Budapest, con sus
palacios de marmol y su aspecto oriental, parecía una

c?e

NúMERO 620

LA

733

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cas, cuando el
sonido de una
música nos atrajo otra vez al
punto de partida. Ocho ó diez
restoranes que
por la mañana
estaban cerrados hallábanse
ahora abiertos,
y de ellos sallan
sonidos agudos
y ruidosos á veces. Varios servios tocaban
allí un pequeño
y curioso instrumento, que
tanto tenía de
mandolina como de violín, y
entre ellos vimos gitanos que
se habían mezclado ·con la
mu ltitud sin
que los viésemos, sin duda
porque vestían
un traje que no
Gitanos de regreso de la feria
llamaba apenas
la atención.
verdadera Chicago, con bulevares, luz eléctrica y máEntramos en una de las tiendas, y en ella vimos
quinas. Desde nuestra ventana el aspecto era mucho algunos gitanos que por su rostro atezado y su miramás agradable, sobre todo en las primeras horas del da tenían un aspecto más salvaje que cuantos había
día, cuando el sol iluminaba las colinas
de Buda y los postigos verdes del palacio real.
En cuanto á los habitantes, correspondían por su aspecto á la ciudad.
Los hombres vestían correctamente
según la moda inglesa, y las mujeres
ostentaban las de París.
Ni en Francia ni en Italia vive la
gente tan al aire libre como en Hungría, y así es que cuando los nuevos
amigos que teníamos en Budapest nos
dijeron que los gitanos tocaban en el
Margaretheninsel, isla del Danubio,
nos embarcamos en el pequeño vapor
que presta el servicio y allí nos dirigimos. Hasta la hora del crepúsculo nos
entretuvimos recorriendo los jardines
llenos de flores y visitando todo lo
más notable. La orquesta de gitanos
estaba ya preparada, y en ella vi algunos individuos que parecían judíos, notando también que pasaban la bandeLa feria &lt;le los gitanos
ja más á menudo que en Hungría ó en
el café de la Opera.
Otra tarde fuimos al jardín de Volks, y era tan conocido hasta entonces; dos ó tres eran tan amariintenso el calor de aquel mes de septiembre que ape- llos como los indos, y en sus ojos observé el verdanas se podía andar, por lo cual franqueamos en un dero brillo característico en los individuos de la raza,
antiguo ómnibus la extensa calle de Andrassy, donde así como lo eran también sus facciones. El jefe de la
no hay dos casas parecidas, según dicen los ciudada- cuadrilla estaba evidentemente embriaganos jactanciosos. Aunque el sol estaba muy alto aún, do. Al vernos entrar hizo señal para tocar
la música había comenzado ya, y entre los gitanos vi una czarda, pero la música que nos dieron
también esta vez muchos judíos. Antes de que aca- fué tan desagradable como el aspecto de
básemos de tomar nuestro helado nos presentaron la los ejecutantes.
.
bandeja dos veces.
En nuestras correrías nocturnas por las
Por más que aquellos músicos tocasen al aire libre, calles oíamos á veces tocar en algunos
noté la falta de ritmo y decadencia que me habían restoranes ó casas de bebida de poca imhecho soñar en los humildes jardines Manerchor; y portancia; pero nunca entramos en ningupor otra parte los gitano5 que estaba viendo, con sus no de ellos, sabiendo muy bien que llalevitas negras y feo traje, parecíanme más bien cria- maríamos la atención. De muy buena gana dábamos limosna á los gitanos errandos con librea.
Poco después de nuestra visita al jardín de Volks tes que á veces nos salían al encuentro
oímos hablar de la feria anual de Budapest, á la cual en el camino, los más de ellos muchachos
acuden familias enteras de gitanos que hacen el viaje ó niños muy graciososj pero no así á los
desde los Kárpatos solamente para irá vender cucha- que pretendían ser músicos, cuando en
ras de madera y platos ó vasijas. Todo el terreno realidad no eran más que mendigos.
Lo mismo nos sucedía cuando visitádestinado á la feria estaba ocupado por tiendas de
campaña y barracas, y allí pululaban los campesinos bamos los pueblecillos de los alrededores;
húngaros con su acostumbrado traje, chaquetón ador- allí veíamos siempre campesinos bailando
nado con botones de plata y botas de montar; mien- las czardas; mas apenas echaban de ver
tras que las mujeres llevaban varias faldas sobrepues- los gitanos nuestra presencia, dejaban de
tas, el cabello engalanado con cintas de vivos colo- tocar para pedir.
Un día fuimos á comer al brillante pares y calzado con grandes tacones, pero contábanse
no pocas que iban descalzas. Vimos allí eslovacos de tio del hotel, y cuando llegamos todo eslas montañas con el cabello enmarañado y largo y taba lleno de gente y la música había cosus chaquetas de piel de carnero; judíos polacos con menzado ya. No sé sifué una ilusión mía,
mucha grasa encima; agentes de policía, y servios mas parecióme que los violines y los címque vestían en parte al estilo turco. En fin, de todo balos emitían allí sus ve"rdaderos sonidos,
había allí menos gitanosj no encontré ni uno solo.
produciendo una música verdaderamente
Habíamos pasado algún tiempo entre las barra- característica.

Racz Pal era el director de orquesta. Dijéronme
que era uno de los treinta y tres hijos del más famoso gitano del mismo nombre.
Apenas hacía cinco minutos que estábamos sentados, cuando Racz Pal comprendió que su música nos
producía impresión; y es que los gitanos estudian á
sus oyentes hace tantas generaciones, que comprenden por instinto cuándo producen efecto en quien
los escucha. Nos observó silenciosamente, y llegado
el momento de presentarse con la bandeja, que no se
hizo esperar mucho, preguntáronnos qué deseábamos
que tocase. Por primera vez quise hablar en su dialecto al gitano, aunque sólo dije dos ó tres palabras
en romaní; pero me contestó en correcto inglés con
expresión muy digna; y cuando volvió á ocupar su
puesto, los ejecutantes no tocaron más que czardas,
valses y overturas, como los que habíamos oído en
Manerchor y en Belmont.
La música no se interrumpía más que cuando
Racz Pal se acercaba para preguntarnos qué más quería:nos oir, y confieso que la escuché con el mayor
gusto, porque evocaba
en mi espíritu muchos
recuerdos.
Un día de aquella
misma semana, J... había salido para evacuar
algún asunto y yo estaba comiendo sola en
un aposento junto al
patio grande, cuando
de pronto oí pasos, y
Racz Pal, con su bandeja en mano, apareció
en el umbral dela puerta. Dejó aquélla en una
silla, acercóse á mí y
comenzó á hablarme
en romaní con tanta
rapidez, que no pude
comprender bien todas
sus palabras.
-¿Conque usted
habla romaní?, pregun~le.
- Sí, señora, contestó; no hablo otra cosa
con mi gente, y por
dondequiera que usted
viaje, en ]a llanura y Mujer y niño gitanos de la tribu
en Transilvania, oirá
de los Giorgos
nuestro idioma.
Después de esta conversación J. .. y yo pensamos
que sería lo más acertado aprovechar el resto del mes
de septiembre para continuar nuestra correría, y resolvimos emprender la marcha el lunes siguiente.
El día de la víspera fuímos al sitio llamado «Quinta de Blocksberg,» en donde se celebraba el aniversario de un santo muy popular.
No éramos allí los únicos extranjeros; también había algunos americanos que, así como nosotros, debieron conservar un buen recuerdo de aquella fiesta.
Después de cenar resonó en la puerta la música de
los gitanos, que acababan de llegar bien preparados
con sus violines y címbalos.

Pareja de novios gitanos

�734

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 620

pica, donde magyar bonachón, nos presentó al punto diversos
sólo perma- manjares para que eligiésemos lo que quisiéramos
necimos el comer; al mismo tiempo oímos hablar algunas palarato preciso bras en romaní; y cuando encendieron las luces, mi
para ver las vista se fijó al punto en varios violines que estaban
mujeres ex- sobre la mesa, alrededor de la cual hallábanse sentrañas con tadas cinco ó seis personas de atezado rostro. Eran
el rostro ca- gitanos; pero como no tocaban y estábamos rendisi tapado, al dos, poco después nos retiramos á descansar.
estilo orienAl otro día emprendimos la marcha en dirección
tal,y más ex- al valle, siguiendo la línea del río, dejando atrás nutraños aún, merosos campesinos que iban á las minas de oro, y
1os h o m- algunos carros ocupados por wallachs, que como nosbres, con otros se dirigían á Nagy Banya.
sus altos
En este último punto era día de mercado, y la plagorros de za estaba completamente llena de hombres, que con
piel de car- sus chaquetones de piel de carnero ofrecían un sinnero, que gular golpe de vista entre los numerosos bueyes blanestaban es- cos conducidos allí para la venta. Siempre nos maraperando en villaba en aquellas ferias la extravagante diversidad
la estación de trajes, que diferían tan sólo según la ciudad ó puey ofrecían blo de donde los campesinos procedían. Después de
un conjun- estar en aquel ruidoso mercado de Nagy Banya, fué
to singular. para nosotros singular contraste entrar en una casa
A la si- donde vimos bosquejos de Rembrandt, dibujos de
guiente ma- Víctor Hugo, elegantes tapicerías, libros de los más
ñana vimos modernos y personas vestidas á la última moda de
por todas Londres y París. El dueño de la casa era un bravo
partes altas patriota del año 48, hombre de cabello blanco, que
Gitanos dirigiéndose al !Ilercado
montañas, se enorgullecía de haber tomado parte. en todas las
que pare- batallas libradas en Europa en favor de la libertad;
Cuando pasamos al jardín, vimos que estaba ilu- cían cerrarnos el paso. Jamás olvidaré nuestra llega- magyar de corazón, frunció el ceño cuando le hablaminado con farolillos de colores, pendientes del ra- da á Máramaros Szeget, á la pálida luz de la aurora: mos en alemán; pero nos manifestó sus simpatías
maje de los árboles. Los gitanos fueron á situarse en un centenar de hombres ó más, semejantes á otros apenas dejamos este idioma por el francés.
el terrado para tocar las czardas, y un momento des- tantos salvajes, con larpués comenzaron á llegar muchas parejas de baila- gas melenas de cabello
rinas.
lacio y muy andrajosos,
Como yo había dirigido algunas palabras en su dia- saltaron del tren, y á una
lecto al director de la orquesta, éste se me presentó voz de mando formárondurante el primer descanso y díjome que en obse- se en línea, marchando
quio mío tocaría un tac/to Romaní gilli'. verdader~ después de dos en dos
canción gitana. La oí con la mayor atenc?ón, y admi- con paso militar hacia
rórue por lo apasionada y vigorosa. Dicen que los la ciudad. Nosotros los
gitanos no tienen música propia; mas declaro que ja- seguimos en nuestras bimás he oído canción tan extraña ni de tan salvaje cicletas, juntamente con
carácter como el gilli.
• una escolta de judíos
Los primeros albores de la aurora anunciaban ya polacos. Al llegar á la
el próximo día, y aún duraba el baile, que se prolon- plaza vimos otros mugó hasta que los rayos del sol iluminaron las aguas chos hombres formados
del Danubio.
en filas, silenciosos y taAquella fué nuestra última noche en Budapest, la citurnos, y cada cual con
noche en que vimos realizados nuestros sueños; mas una hoz al hombro. Yo
aún no existía allí el gitano perfecto¡ en adelante sa- me pregunté si aquello
bríamos que no se le debía buscar en las ciudades, sería el principio de alsino en su propia casa, es decir, en los caminos ó ca- guna rebelión de camrreteras.
pesinos en aquel remoto
rincón de la Hungría del
IV
Noroeste. Pero no, los
hombres de las guadaEn un día caluroso y bajo un ciclo ardiente sin ñas eran labradores, que
nubes comenzó nuestro viaje en el tren, lleno de via- aguardaban allí con la
jeros que hablaban alemán, húngaro ó una lengua esperanza de que alguno
Labradores gitanos esperando contrata
desconocida. ·
les contratara.
Durante toda la tarde estuvimos cruzando una vas·
A la mañana siguiente emprendimos la marcha tan
Con placer recuerdo los días que pasé en N agy
ta llanura sin árboles, y al anochecer llegamos á De- temprano, que solamente los segadores nos vieron saBanya, pues ¡i.llí estuve como en un paraíso. Por las
breczin, pequeña ciudad húngara verdaderameQte tí- l-ir. Durante la primera parte del viaje cruzamos por
tardes paseábamos en jardines llenos de flores, desde
varios pue- donde se veían las distantes montañas· á caballo re,
'
blecillos, comamos
el fresco valle donde se encuentran
las midonde nos nas de oro, y en el pequeño parque nos reuníamos
admiró la c?n la familia del patriota, que me colmaba de atenrobustez de c10nes. No hay nada en el mundo comparable con
las muje- la bondad húngara, y los nuevos amigos que teníares, muchas mos allí creían siempre no haber hecho lo suficiente
de las cua- para complacernos.
les, lucienEl _d~eño puso á nuestra disposición un carruaje
do delanta- para ir a ver las chozas de gitanos que había en los
les de cha- arr~bales del pueblo, y ya desde lejos divisamos las
rros colo- espirales de azulado humo que me eran tan familiares, ocupá- res desde que estuve en Camden. Nunca olvidaré el
banse en grupo que vimos delante de una choza, alrededor de
sacar agua una olla pendiente de unas estacas sobre el fuego.
de los po- U na mujer joven, verdaderamente hermosa, con la
zos. con sus dentadura blanca como la nieve, tenía un niño en la
jarros de falda,_ Y en torno suyo había otros tres, muy morenos
estilo grie- ta~b1én y desnu?os; á pocos pasos, un hombre joven,
go. Al ano- casi negro, pasea base de un lado á otro. Al divisarnos
checer nos uno_ de los niños, púsose en pie de un salto y corrió
detuvimos h~c1a un campo de trigo para ocultarse entre las esen Telso pigas.
Banya, alo1:quellas chozas no eran tiendas de gitanos, pues
jándonos teman par~des y tech~s de argamasa, y sus habitanen la única tes, por _mas que estuvieran desnudos corno salvajes
posada que del des!ert~, habían renunciado para siempre á la
allí se en- dulce vida libre de los que no reconocen ningún
cuentra. El hombre _Por amo y ha~í~ muchos años que se habían
U na visita á los gitanos
dueño·, un
establecido en el dommio de un gran señor, que les

LA

NúMERO 620

U na choza de cañas de maíz

permitía estar allí, exigiendo en cambio un día de trabajo por semana á cada cual.
Al fin abandonarnos Nagy Banya y nos dirigirnos
Dees: por el camino sólo encontrarnos un vagón
donde iban dos gitanos con dos muchachos, lo cual
me extrañó, porque yo esperaba encontrar cada paso en los caminos de Hungría alguna caravana, y no
gitanos sueltos viajando en vehículos. Aquellos fueron los únicos que vimos en la parte N arte de Transilvania.
Cuando pregunté la causa de esto en hs ciudades
por donde pasamos, nos dijeron que era muy raro en
verdad que los gitanos viajasen desde un punto
otro pues las leyes locales contra ellos en cada depart;rnento eran severas. Ya no son esos gitanos libres como al ave en el aire, sino como el pájaro en
su jaula.
Nos causaba honda pena ver á las mujeres cavando en los campos ó en los caminos, y á las niñas,
con sus delicadas facciones y sus pañuelos á la cabeza, guisa de turbante, acudir corriend_o ~ara vernos
pasar. En cuanto
los hombres, casi siempre los
encontrábamos trabajando en servicio de algún labrador.
Cuando nos internamos más en el país supimos
que no se celebraba feria ni mercado sin que acudieran los gitanos. Allí estaban los hombres con sus cestas y cepillos para la venta; rara vez con caballos;
mientras que las mujeres, provistas de sus palas y cubos, esperaban á que alguien solicitara sus servicios.
Por lo demás, nunca nos engañábamos en cuanto
al tipo: aunque esos bohemios vistiesen el traje de
labrador, presentaban caracteres que nos revelaban
con seguridad al gitano de raza. Sin embargo, esto
no impedía que fuesen poco menos que animales.
Durante horas enteras veíaseles sentados al sol, con
las rodillas abrazadas, esperando á que «cayese algo
que hacer;» y cuando J ... ofrecía tabaco cualquiera de aquellos hombres, no siempre se movía para
acercarse á recibirlo. Más á menudo, cual si temiesen
que se les molestara para algo, echaban á correr con
la rapidez de un ciervo; y no se debía esperar darles
alcance, pues parece que tienen alas en los pies.
No hay ciudad ni pueblo que no tenga su barrio
de gitanos, y en todas partes me llamó la atención el
inerrable instinto que los conduce á elegir siempre

a

a

a

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

735

los s1t10s más amenos y Este llegamos casi á la Moldavia. Siguiendo el curso
poéticos para establecer del Maros vimos otra vez gitanos en los caminos y
su vivienda ó acampar.
entre las grandes rocas y en cuevas subterráneas, don· Al fin de nuestra prime- de viven salra semana de viaje llega- vajes y sin
mos á Bestercze, pequeña música. Desciudad sajona que está ca- pués penetrasi en el Bukovina. Aquí mos en el
exploramos todos los alre- mismo coradedores con la esperanza zón de Szede encontrar al verdadero klerland, vigitano de pura raza en al- si tan do sugún camino; y gracias á cesivamente
nuestras bicicletas, nos ale- Maros Vajábamos á veces mucho, sarhely, Szevisitando pueblos de nom- kely, Udvabres extravagantes, muy le- rhely, Czik,
janos de las vías férreas; S z erda y
pero en todas nuestras ex- Sepsi Szent
cursiones no encontramos Gyor gyo,
más que el pastor, con su esas ci udarostro casi negro, y gen- des de nomdarmes armados de sus ca- bres terribles,
rabinas.
donde los
Un día tuvimos la suer- hombres se
te de encontrar un pueblo jactan de ser
Guía de Dées
habitado sólo por gitanos. Volvíamos del Bukovina, hijos de los
y al franquear una depresión de terreno en la falda de más antiguos
la montaña, vimos en una solitaria colinilla un grupo hunos, de aquellos que siguieron al feroz Atila en sus
de chozas. Ningtín sendero encontrarnos para llegar salvajes correrías, á los cuales se recuerda al fijar
allí; pero esto no nos impidió llegar. Al principio no nuestra vista en su penetrante mirada.
vimos á _nadie¡ pero muy pronto comenzaron á preUn domingo, á últimos de septiembre, vimos en
sentarse hombres, mujeres y niños andrajosos y de un remoto pueblo de montaña unos wallachs que
mísero aspecto. El techo de sus chozas se componía bailaban cerca de la iglesia al compás de la mtísica
de ramaje
de árboles,
que aún conservaba sus
flores silvestres. Los
hombres,
muy desaseados, llevaban la camisaabierta,
dejando ver
el pecho; las
mujeres iban
descalzas,
aunque tenían el cuello adornado
con collares
de monedas
de plata del
siglo último,
y los niños,
según costumbre, andaban por
allí desnudos: todos
los hombres,
Una familia de gitanos en marcha
algunos de
ellos muy semejantes á bandidos, llevaban puñales en el cintu- de dos gitanos que vestían de campesinos. Las mujerón; de modo que si hubiesen querido nos habrían res se distinguían por sus delantales de col~res charobado hasta la camisa, porque estábamos indefensos rros y sus collares de abalorios; llevaban en el cabey completamente en su poder; mas nos recibieron co- llo muchas cintas, y todos los hombres se habían enmo amigos, con una cortesía que nos admiró.
galanado con una flor colocada sobre las orejas; en
Todos esos gitanos pertenecen á una clase diferen- el sombrero lucían plumas de gallo, y en las botas
te de la de aquellos que frecuentan los mercados y campanillas que resonaban á cada movimiento.
visten como los campesinos;
Pasamos todo un día en Maros Vasarhely en comy para señalar la distinción, pañía del Dr. Herrmann, que nos ofreció acompahacía largo tiempo que se ñarnos para visitar las chozas de gitanos de la monhabían cortado sus rizos, re- taña. Se nos trató con mucha deferencia, y nuestra
nunciando á sus botones de visita á dicho pueblo no dejó de ser provechosa.
plata, y esforzándose para teAllí tuvimos ocasión de ir la feria de caballos y
ner el aspecto de un húnga- ganado, donde los gitanos abundaban. Por la tarde
ro ó wallach de la ciudad. recorrimos los extensos prados, y en la orilla del río
Con los primeros que ha- pude ver al fin verdaderas tiendas de gitanos, alredeblarnos fuimos los mejores dor de las cuales jugaban varias niñas en quienes obamigos apenas pronuncié dos servé el sello característico de la raza. Más allá de las
palabras en su dialecto.
tiendas veíanse caballos, vacas y cerdos, pues aq ueNi en Bestercze ni cerca llos gitanos- se habían hecho labradores; uno de ellos
de este punto había verdade- me enseñó su ganado, y preguntóme por los gitanos
ros gitanos, y de consiguien- de nuestro país. Recuerdo muy bien el detalle, porte era inútil permanecer allí, que aquel hombre fué el único que manifestó interés
donde no encontrarnos más por la gente de su raza.
que pobreza y miseria en
Con el mes de octubre se comienzan á ver esas feaquella solitaria colinilla de rias en todas las ciudades y pueblos, y muchas mala montaña.
ñanas nos despertaron vendedores y compradores
Otra vez emprendi mos con el ruido que hacían debajo de nuestras ventanas.
nuestra peregrinación, cru- ET\ los pueblos más pequeños, de los cuales visitazando llanuras y montañas, mos algunos, todo era confusión y alegría durante
y dirigiéndonos hacia el los días de feria.

a

a

Labriegos gitanos

�~ ~ J \ J t ) \ \ '{,

.

'

-.

•

.

L.-,...,'

MARCHA AL TRAVÉS DEL DESIERTO,

DIBUJO DE

R. CATON

WOODVILLE

�LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 620

Octubre es el mes de la vendimia en los extensos es la exposición de las obras últimamente expuestas en este loMonumento erigido en memoria de la bataviñedos del Este de Transilvania, que nosotros visi- cal. U na colección de escenas familiares y estudios, ejecutados lla de Trenton en la ciudad de este nombre. soltura, agradables por su coloración é impregnados de ver· La batalla de Trenton (26 de diciembre de 1776) fué una de
tamos en los días más brillantes de aquel mes, sabo- con
dad, del pintor Gómez Soler, llama con justicia la atención ge· las más importantes libradas contra los ingleses, y la victoria
reando de continuo las ricas uvas que allí se encuen- neral, pues realmente revela en su autor un progreso. Regu· allí conseguida por Wáshington una de las más brillantes de
tran. Solamente para formar idea de los trabajos y lar número de cabezas de estudio de Brull, con indecisión y va- aquella guerra. El Estado de Nueva Jersey, deseando conmeoperaciones que co? tal mot_ivo se pract!can llegamos guedad alguna, pero bien aceptables otras por su expresión y morar aquel trascendental suceso, ha erigido en su capital,
Torras y Farell ha presentado diversos retratos en claro- Trenton, un monumento cuyo modelo reproducimos, proyectahasta la pequeña cmdad saJona de Muhlbach, con color.
obscuro, de buen dibujo y buena entonación; uno de ellos, el
sus antiguas y ruin?sas m~rall~s y su magnífic? tem- del a11~atezer Sr. Nicolau, bien resuelto por su actitud natural y
plo fortificado. Alh también vimos una cuadrilla de expres.1ón.
La industria artistica se ha representado por una cuna de
gitanos músicos que tocaban todas las tardes y hade Rafael Costa, decorada con pinturas y ligeros toques
bían llegado de lejanos pueblos. Los tziganes eran caoba,
de oro; decoración apropiada al estilo 1·ococo, á que pertenece
numerosos, y casi todos labrad?res acomodados.
este mueble, nueva muestra de que el arte va infiltrándose en
Dos días después nos hallabamos en Kolszvar, los trabajos de nuestros industriales.
paseando otra vez entre los viñedos y comiendo uvas.
T eatros. - En Roma y en Turín se ha representado el dra·
Habíamos llegado á este pueblo como extranjeros,
ma de Tolstoi El poder de las tinieblas: los dos primeros actos
pero se nos recibió como amigos, teniendo el gusto de fueron fríamente acogidos, pero el resto de la obra entusiasmó
que nos acompañaran toda una mañana el maestro · al público. Según parece, se trata de un drama horripilante,
de escuela y el cura. No nos faltaron allí tampoco gi- «monstruosamente terrible ó locamente sublime }) al decir de un
'
tanos y czardas á la hora de comer, y al mismo tiem- periódico italiano.
- En el teatro Real de la Opera, de Berlín, se han estrenado
po recreábamos la vista en la sinuosa corriente del dos óperas en un acto, Grürgoire, de Ignacio Brull, y Jl.fm·a, de
Szamos y en las nebulosas montañas por donde ha- F. Hummel; una y otra fueron muy aplaudidas. JI.fara es del
género de Cavalleria rustica11a; el libro, de A. Delmar, es albíamos cruzado desde nuestra salida de Torda.
Con los mismos amigos fuimos á ·cenar á la ciu- tamente dramático y la m{1sica pertenece al estilo wagneriano.
En el teatro de la Ciudad, de Leipzig, se ha representado
dad y después se presentó Pongratz con sus músi- con- muy
buen éxito la ópera en dos actos de Juan B. Pergolecos/ Pongratz, á quien se invita á las fiestas .de los se La serva j)adrona, escrita hace r62 años.
reyes y emperadores, y que ahora, desde la muerte
- En la Arena Nacional, de Florencia, se está representando
gran éxito una versión italiana de la popular zarzuela La
de Racz Pal es el más famoso director de orquesta con
Gran V/a.
gitano que 'se conoce en toda Hungría. Nos hizo el .- En el teatro de l_a Corte, de Dresde, se ha dado con gran
honor de acercarse á nuestra mesa y «tocar al oído,» éxito una representación del drama Mahoma, de Voltaire, tray en su música hallé algo de eso que hace soñar, evo- ducción de Goethe.
Londres. - Se han estrenado con éxito: en el teatro Daly una
cando recuerdos del pasado.
comedia
de gran espectáculo en tres actos, arreglo del alemán
Al salir de la fiesta, una hora antes de amanecer, por Blumenth~l
y Kadenburg, titulada The Ort'ent exprés; y en
vimos varios jóvenes que, con el sombrero echado la Opera Cómica, la Sociedad del Teatro Independiente un
hacia atrás dirigíanse á sus casas cantando las czar- mel?drama histórico titulado A Questiórz of memory, de dos
das con qde los gitanos habían sazonado el vino. El escntores que ocultan sus nombres bajo el seudónimo de MiField, cuyo argumento está basado en un episodio de la
sereno con su chaquetón de piel, hacía su ronda chael
revolución de los húngaros contra Austria en 1848. Después
aún, golpeando el suelo ~on el chuzo á cada paso. del melodrama, los artistas de la Sociedad representaron en
Esto fué lo último que vimos en Kolszvar, donde francés el precioso drama en un acto, de Francisco Coppée, Le
Patu.
todo nos pareció muy característico.
París. - Se han estrenado con éxito: en el Chatelet la coLa noche era muy fría, y al amanecer vimos todas media
de magia en tres actos y veinte cuadros, de gran especlas montañas inmediatas cubiertas de 'nieve. Había táculo, Chat dtt Diable, de Nuiter y Treffen, música de Offencomenzado el invierno, y al menos por aquel año de- bach, que no se había representado aún en Francia á pesar de
\
bíamos renunciar á las excursiones por los caminos. haber sido escrita hace veinticinco ó treinta años para Inglate·
l\fo~elo del m?numento erigid? en Trenton (Nueva Jersey,
en donde ha tenido siempre un éxito extraordinario· y en
Estados Unidos) en memona de la batalla alli librada
Cerca de Kolszvar tomamos el tren para Budapest. rra,
Gymna~e la comedia en un prólogo y tres actos de SarcÍou y
por Wáshington contra los ingleses en 1776.
No habíamos encontrado el verdadero gitano de Moure~u, llfadame Sa11s Cene, que es la historia anecdótica de
pura raza como no fuera un hombre viejo con quien la manscala Lefebvre: la obra es interesante con escenas magispor Juan H . Duncan. Consiste en una columna dórica de
hablamo; en Burzenland. Nos dijeron que era el tralmente desarrolladas y efectos dramáticos de primer orden y do
granito, de r 35 pies de alto, coronada por una estatua de bronestá admirablemente escrita.
único que había quedado en Transilvania, donde toMadrid. - En el teatro Real se ha estrenado con poco éxito ce colosal de Wáshington, ejecutada por el escultor W. }{.
dos los hombres de esa raza se hacen )abrador_es, de- la ópera del maestro Puccini llfanón lescaz1t, bien instrumen- O'Donoran; en las cuatro caras del pedestal hay otros tantos
gradándose rápid~mente hasta c~nvert1rse en siervos. tada, pero pobre de inspiración; en su desempeño obtuvieron bajos relieves representando distintos incidentes de la batalla.
Nuestro gitano hbre como el ciervo en el bosque, muchos aplausos la señora Darclée, el tenor Sr. Cremonini y la Un ascensor eléctrico permite subir por el interior de la columna hasta llegar á la estatua, desde donde se disfruta una vista
como el pez en el ag_ua y como el ave ~n los aires, se orquesta, muy bien dirigida por el maestro Goula. En el Es- magnifica.
pañ?I ha comenzado sus tareas la compañia que dirigen los coha extinguido para siempre _en H~ngna. En nuestr? ~oc1dos actores Sres. Mata y Bueno. En el teatro Moderno (anpaís se había realizado meJor el ideal _que con_ceb~- !ig1'.a Alhambra) ha debutado con muy buen éxito la compañía . Grito de_guerra - A; través del desierto, dibud? ~- _C. V[oodville. -Como pocos artistas trata el
mos: Davy Wharton en Camden, Rudi en los Jardi- 1tahana del Sr. Emannuel y señorita Reiter que últimamente Jos
célebre._d1bu¡ante mglés_ WO?dville los asuntos que tienen por
estuvo
e~
el
Pri!1cipal
de
Barcelona.
En
Ap~lo
se
ha
estrenado
nes de Manerchor, y no Pongratz en Kolszvar,
con mediano éxito una zarzuela en un acto, Los descamisados persona¡es y por escénanos tipos y lugares del continente afriGoghi en Bestercze y Racz Pal en Budapest, eran el de
L6~e1. Silva y Arniches y música de Chueca: el libro, aun'. c~no. Hay en todas sus co_mposiciones tales vigor y fuego y
tacho Romaniy chals.
'
.
.
que chistoso, no ofrece interés alguno, y la música, con ser del vida, que sólo alcanza e_l lápiz cuand? el que lo maneja siente
de veras el tema que qmere reproducir por haber estudiado á
Algunas veces nos preguntamos s1 nosotros mismos popular é inspirado maestro, no pasa de regular.
Barcelona. - En el Tívoli ha comenzado sus representaciones fond? sobr~ el terreno las figuras, los paisajes, las costumbres,
no somos los únicos seres humanos que pueden conuna compañia cómico-lírica que está representando con buen la existencia toda del ?afs adonde. quiere transportar al que
siderarse libres como el ciervo en el bosque, como éxito
la popular zarzuela ele gran espectáculo en tres actos de contemple su obra. El arabe de Gnto de guerra que detiene al
el pez en el río y como el ave en los aires.
Ramos Carrión y música de Fernández Caballero El siglo que fogoso cor«:_el para excitar.con sus gritos y con sus ademanes á

NúMERO 6 20

L A ILUST RACIÓN ARTÍSTICA

.

I SABEL ROBINS PENNELL

MISCELÁNEA
Bellas Artes, - El jurado constituí?º en Budapest para
premiar el mejor boceto de monumento a Andrassy ha otorga·
do el primer premio al famoso escultor húngaro Jorge Zala, el
segundo al célebre escultor alemán Gustavo Eberlein. El proyecto de Zala representa á Andrassy sobre un pedestal de cua·
tro metros de alto, de estilo del Ren~cimiento, en el ~ual. hay
dos figuras alegóricas, la Paz y la Riqueza, y dos relieves que
reproducen uno la fiesta de la paz ce Berlín (copia del cuadro
de Wernerl y otro el ac\o
la coronación:. ~l boceto, de Eber•
Jein es de gran efecto plashco, pero poco ongmal: en el Andrassy va montado sobre un caballo que una hermosa matrona
conduce :le la mano.
_En.la Galería Nacional de Berlín se han expuesto las obras
por Ja misma adquiridas_ en el presente año, entre las cuales hay
paisajes, marinas y animales de Gude, Saltzmann, Frenzel,
Spanzenberg y Dettma~n, de Berl!n; Ye_rnberg:, Herzog y _Muhlin- de Dusseldorf· We1shaupt, V-. englem y D1ll, de Munich, y
ad;m:ís retratos d~ Hoffmann, de Fallersleben y del egiptólogo
Lepsius, pintados respectivamente por Hensele~ y _Biermann.
- En la Exposición ,celebrada por lo,s ~eces1omstas de ~ unich, que se cerró el d1a 22 de octubre ultimo, se han vendido
obras por 125.000 pesetas, ó sea el 12 por roo del valor de las
enviadas para la venta. El producto de las entradas asegu~a el
pago ofrecido de la par!e. de deud_a contrafda para con~trmr el
nuevo palacio de exposiciones edificado en aquella capital por
cuenta de la asociación.
_ La Galería Nacional de Londres ha adquirido el famoso
cuadro de H ogarth, El tribunal del jefe de la escuadra.
_ En Mulhausen (Alemania) el profesor Wagner está trabajando en la restauración d_e las _antiguas pinturas de la Casa
Consistorial, figuras alegóncas J?llltadas sobre un fondo de ladrillos encarnados, que han servido de modelo para el adorno
de una de las fachadas que hasta ahora habían estado sin decorar.
Barcelona. - Salón Parés. - Interesante, numerosa y variada

?e

viene. En el Circo Barcelonés se ha estrenado co~ aplauso una los companeros que le sigu~~ y el árido paisaje que sirve de
graciosa zarzuel~ ~n un acto, U11a ópera en A z11queca, letra del fo!1do al hermoso grup~ del ¡mete y_del caballo; la infeliz pare¡a de A través del desierto que camma recelosa de las dos fie·
Sr. Granés y mus1ca de García Vilamala.
ras que pare~en acechar el_ 1;11omento oportuno de lanzarse so- La inauguración del Liceo ha sido este año una noche de bre ella y la mmensa plamc1e sin un árbol, sin una mata, calhorrores y de luto para nue$tra ciudad. En la crónica corres· deada por u? sol que. cae á plomo, que penosamente cruzan
pondiente de El Salón de la Moda, que acompaña á este núme- aquellos desd1cha,do~, tienen, amén de la intachable corrección
ro, se describe detalladamente la espantosa catástrofe que ma- con que lodo _est'.1- e¡e~utado, tal fuerza de expresión, que miran·
nos tan criminales como cobardes produjeron en nuestro her· do los dos d1buJos siéntense calofríos ante la idea del salvaje ·
moso_ c?liseo. Omitimos, pues, ocuparnos de ella para evitar furor de aquel guerrero y al pensar en los horrores de esta marrepe~IClones, y. hacemos nuestros los conceptos que en dicha c~a, á cuyas penalidades quizás pondrá término una muerte ho·
crónica se consignan, de dolor al recuerdo de las víctimas de rnble entre las garras de los fieros animales.
compasión para sus familias, de execración para los aut~res
Un recluta por fuerz_a, dibujo de J. H Rode tan vil atentado.
be~s. - Aun9ue al protagonista de esta escena, maldita la
gracia_que debió h,ac~rle vers_e co~vertido en recluta por fuerza,
Necrología - Han fallecido recientemente:
Carlos Bell Birch, conocido escultor inglés y hábil dibujante no deJa de ser com1ca la situación de este infeliz entr• un
esc~adr?n de caballería _á todo correr, rodeado de soldadot que
sobre madera y sobre piedra.
Jo~é Hellmesberg:er,_ ~irecto~ de orquesta de la Opera Real se nen a mai:idíbul~ bat1ente ~e su facha y de su azoramiento.
en Viena, notable v10hmsta, d1rector del Conservatorio de la Y el s_uccso llene aun mas gracia por ser el dibujo, según el autor
del mismo afirma, copia del natural y tomado de un croquis
Sociedad de Filarmónicos de la capital de Austria.
...,....,.,.... ,,,,.,.,,,......,..,......•......,....,........,......,...........,.,....,.,..,......,......,......,..,...,.,;.,....,. sa~d,o durante las t'tlti~as maniobras efectuadas en Inglaterra.
Qu1zas el buen señor, _Picado de curiosidad, quiso ver demasiado de cerca la_s evolu~1~nes del ejército, y su caballo, recordanNUESTROS GRABADOS
do tal vez antiguos hab1t~s, se lanzó en medio de sus compañer~s Y coi:i ell?s empr~nd1ó veloz carrera; quizás se trata de alPuerta en el patio de los. Naranjos de la ca- gun PTOJ?letano rur~I o médico de pueblo que yendo á visitar
tedra_! de Se"."illa, dibujo á la pluma de Manuel su_s
propiedades ó a sus enfermos se vió sorprendido en su caG_~rc1a _R odr¡guez. - A la galantería del distinguido paisa¡1~ta sev1ll_ano debemos el notable dibujo que publicamos, mmo por aquella avalancha de jinetes, y quieras que no, para
copia de l_a rnteresante puerta que da acceso al poético patio de no ser ar_r?llado, hubo de volver grupas y acomodar su paso al
los Naran¡os de la catedral de Sevilla. Nuestros lectores conocen d~ \os m1htares. De todos modos, su situación nada tiene de en•
ya, por haber fig_urado las reproducciones en LA ILUSTRACIÓN vidiable, Y á buen seguro que si el caso es, como dicen histórico, el pobre hombre no se habrá repuesto todavía del ~ustoque
~RTiSTICA, van~s obras del Sr. García Rodríguez, que tan se
llevara.
¡usta ~orno merecida fama ha sabido conquistarse en el género
especial que con tanto aprovechamiento cultiva. Nuestro amiRecomendamos el verdadero Hierro Bravais
go forma parte de esa pléyade de artislas que en la bella ciudad
andaluza t_an alto conservan el b~1en ?Ombre de la escuela que aqiptado en ,1013 Hospitales de París y que pres~
en en. l_os medicos, contra la Anemia Clorosis
tant'.1- glor)a logró para el arte p1ctónco español, ofreciendo la Y Debilidad; dand9 á la piel del bello sexo el
part1culanda~, en el período de su moderno renacimiento, que sonrosad_o y aterciopelado que tanto se desea
todos los artistas residentes en la que fué sede de San Isidoro Es el me1or de todos los tónicos y reconstitu~
son pintores genuina1)1e?te españoles, ya que reproducen los tien_tesd. No dprodáuce estreñimiento ni diarrea
pos, costumbres y paisa¡es de aquella región,
emen o a em s la !:JUPerioridad sobre los fe~
rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

f

\ .

- Ustedes dispensen, dijo Luis acercándose y llevando la mano al sombrero.. ,

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

- ¡Hasta mañana, caballeros!
- ¿Te marchas ya?
- Sí.
- ¿Has perdido?
- ¿Perdido? No. Digo: creo que sí.
- No será mucho cuando no sabes cuánto.
- ¿Mucho? No: no debe ser mucho; unas cinco
mil pesetas, me parece..
- ¡Cinco mil pesetas! ¿Y lo dices tan fresco?
- Pues qué quieres, ¿que lo diga sudando?
- Ya sé que no es para ti gran cosa esa cantidad;
pero al fin son cinco mil pesetas,. ¡mil duros!
- Igual á veinte mil reales; estoy enterado; vaya,
adiós, Roncalito: me caigo de sueño; me he aburrido
en la ópera; me he aburrido jugando, y si me descuido bostezo hablando contigo.
·
-¿Y Camila?
- Debe estar durmiendo; son las cuatro, y no es
hora me parece, de estar rezando el rosario.
-'Hombre, no digo tanto; podía estar en un baile.
- Pues no está. Adiós.
- Adiós, Luis. Que duermas bien.
Este corto diálogo fué sostenido por do, hombres
en un salón del Veloz Club.

J.

CABRINETY

Contaría el uno treinta y cinco años, era lo que en
el lenguaje vulgar llamaríar.nos buen mozo, y revelaba en su porte, en la distinción de sus maneras y en
la elegancia de su persona pertenecer á la clase más
elevada de la ¡;ociedad masculina.
Su interlocutor, un chiquillo espigado, un mozalbete de bigotillo chino temeroso de cubrir completamente el labio, y patillitas avaras, tacañas, rehacías
en crecer; pero todo lustroso, abrillantado, rizadito y
cuidado como planta exótica en invernáculo de floricultor.
Era Delfín Roncal hijo primogénito del marqués
del Arroyo, tonto de capirote, aficionado á las bellas
artes, según decía, galanteador de tiples de ópera y
de coristas de zarzuela cuando el Real se~cerraba,
conquistador de camareras de establecimiento balneario y hazmerreír de señoritas poco aficionadas á
los titis.
Tenía veinte años y representaba diez y seis: nadie
llevaba una moda arttes que Roncalito, ninguno le
aventajaba en la variedad y surtido del guardarropa,
y pocos podrían decir que fuesen sus papás tan complacientes como lo era el marqués para pagar ·cuentas: en cambio Roncalito no contaba ni podía con-

739
tar con mayor cantidad en met~lico que cinco duros cada
d~mingo, por lo cual lo de las
galanterías de prima-donnas
era un exceso infantil de poca
trascendencia.
El buen mozo á quien Ron. calito llamara Luis salió del
Veloz después de haberse
dejado poner un gabán de ricas pieles y de subirse el cuello hasta cubrir las orejas:
cuando puso el pie en la acera de la calle de Alcalá sintió
un escalofrío; estaba helando
como hiela en Madrid una noche serena del mes de enero.
Tomó hacia la izquierda y
siguió por la calle abajo en
dirección al Prado.
Cerca de la iglesia de San
José distinguió un bulto: era
una ·mujer que al verle se dirigió á él resueltamente:
- Caballero, le dij9 sollozando, una limosna para mi
madre que se muere.
El clzebman continuó su ca·
mino sin dar señales de haber visto á la mendiga, y la había oído sin embargo. Pero
¿quién hacía caso? Las muchachas perdidas, las viejas viciosas y los chiquillos desarrapados que todas las noches le
salían al paso le dieron ya muchas desazones. Le habían
contado lástimas, penas horribles, miserias espeluzn¡mtes y
se conmoviera algunas veces
hasta el punto de tomar las señas de sui; domicilios, después
de socorrerlos con largueza, para buscarles acomodo y remediar sus necesidades; pero ni
uno le dijera jamás la verdad.
¿Cómo había de hacer caso?
Estaba dispuesto á no dejarse
engañar más, así lo había juradÓ la última vez. Pero aquella
voz que entre sollozos pedía
una limosna para su madre le
había llegado al corazón, hiriendo las fibras del sentimiento: era un acento dulce, desgarrador... Sí, como se lo habían parecido otros... No, no:
sonara diferente en sus oídos.
¿Cómo había podido dejar de
atenderle?.. Volvería atrás; sí,
volvería: si le engañaban una
vez más, bien: ¿qué más daba?;
pero no podría pasar la noche
tranquilo recordando aquella
voz y aquellos sollozos.
Sin reflexionar más, dió la
vuelta cuando estaba ya cerca
de la fuente Cibeles, y á paso
largo llegó hasta la calle del
Caballero de Gracia sin divisar á nadie; miró hacia la calle
de las Torres, dobló la esquina
de la casa conocida con el fúnebre nombre del
«ataúd,» y por más que miró á uno y otro lado no vió
un alma viviente. Sufrió con esto una contrariedad
grandísima; pero un tanto consolado con la idea de
haber puesto de su parte los medios para encontrar
de la mendiga, tomó de nuevo su camino, pensando
en quién sería aquella joven desventurada, pues joven debía ser á juzgar por el metal de su voz.
A la entrada del paseo de Recoletos encontró al
sereno, que indudablemente lo esperaba, pues al verle
se puso en movimiento, adelantándose á recibirlo.
- Buenas noches, señorito.
- Buenas noches, Tomás: ¿No ha venido por aquí
una joven que pide limosna para su madre?
- B iénenle tantas, señorito... Buenas pécoras están.
¿Pues non decía el señorito que no lo enja11arían? Han
de enjañarlo mientras viva, porque tiene muy blandas
las entretelas del corazón.
- Pero dime, ¿ha venido alguna esta noche?
- Esta noche, esta noche... ; pues mire, esta noche
paréceme que goben no ha venido ninjuna; vino la
pelada, una pedijua11era que cuenta cada noche una
cosa más triste... Yo téngole ofrecido darle un jolpe
con el chuzo que le parta en dos la cabeza.

�740
- Pero ¿no podría usted buscarme una que estaba
hace un momento junto á S~n José?..
- ¡Tu, tu, tu, tu! ¡Échele Ún ja!go/ ¡Sabe Dios por
onde andará. Iría de retirada; á estas horas ya no se
detienen !'Í1ucho. No piense en ella, porque sería algún peine como las otras.
El caballero caminaba á buen paso, seguido del
sereno, y llegaron á una elegante casa del paseo de
Recoletos; abrió el orensano la puerta y penetraron
ambos en un portal espacioso, con estatuas y escalera de mármol, bombas esmeriladas en brazos de gas
y puertas de cristales de colores.
Como persona que conoce á ciegas el terreno, echó
delante el buen mozo, sin cuidarse de la mortecina
luz que irradiaba el empañado cristal del farolillo que
pendía del chuzo, y Tomás siguiéndole diligente llegó
tras él hasta el primer piso, en donde se abrió la
puerta antes que fuese preciso tirar del llamador.
- ¡Adiós, Tomás!
- Descansar, señorito, respondió el sereno dando
la vuelta y bajando la escalera con más calma que la
había subido.
Luis Pacheco era el dueño de la casa magnífica
en que acabamos de entrar y habitante en el piso
principal: no tiene título ni lo necesita; pero es rico,
riquísimo, gracias á las aficiones acaparadoras de su
padre, un banquero . de la clase de barrenderos de
tienda de la calle Imperial, ascendido por matrimonio con la hija del principal y consagrado millonario
por el especialísimo tacto en los negocios y por amis-

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 620

boda con inusitada pompa y salieron los novios para
Nadie aseguraba que tuviese otros entretenimienel extranjero: pasaron en Suiza, Francia, Italia, Aus- tos; ni producía escándalos, ni persona alguna hubietria y Rusia la primavera y el verano, pero regresaron ra podido acusarle de faltar á la fe jurada en los alprecipitadamente á Madrid en el otoño para recibir tares.
el último aliento del Sr. Flórez, que murió dejando á
Si algo pudiese haber, era tan íntimo, tan recatado
su hija, única también, unos trescientos mil duros, que no _lastimaba el decoro de la esposa, ni ofendía
después de liquidar todo como Dios mandaba.
á la sociedad con el mal ejemplo.
Los padres de Luis quisieron que el matrimonio
Luis entró en su tocador, se dejó quitar el abrigo
viviese con ellos, y aunque no gustaba mucho Ca- y el frac por el ayuda de cámara, se puso un elegante
mila de austeridades y sencilleces á las cuales era su batín de paño gris adornado con pasamanería azul y
suegra muy dada, tuvo que conformarse, ya porque se encaminó al dormitorio de su esposa por un pasino creyera oportuno rebelarse contra lo que su mari- llo corto que comunicaba con el tocador de Camila.
do aceptaba gustoso, ya porque su carácter frío y reEn esta pieza había una luz con bombita color de
servado no le permitiese hacer otra cosa.
rosa que daba aspecto fantástico: del mismo color esSeis años vivieron los viejos Pacheco después de taban las paredes tapizadas. Pasó sin detenerse á un
casarse su hijo, y cuando el marido cerró los ojos, antedormitorio, y allí, despacio, como quien no quieun año y medio después que su mujer, entró Luis en re despertar á una persona dormida, entreabrió las
posesión de su capital que, según supo al poco tiem- cortinas para aplicar el oído: escuchó un momento
po de hacerse cargo de todo, triplicaba el de su y le pareció por la respiración de su esposa que ésta
mujer.
dormí(l profundamente; quiso volverse para no moEdificaron la casa del paseo de Recoletos, reser- lestarla y tropezó con una silla.
v~nd?se el primer piso, amueblado con lujo extraorCamila, que tenía el sueño ligero, despertó al oir el
dmano, y comenzaron una vida nueva, sin hacer ruido y dijo un tanto sobresaltada:
mermas en el total y solamente o-astando la renta que
-¡Luis!
daba lo suficiente para vivir con°esplendidez. El ~om- Sí, hija, soy yo: sentí que dormías y no quería
bre de Luis Pacheco, aunque apreciado y conocido molestarte.
en los círculos elegantes, no sonó con aureola de
- ¡Sí, buen dormir te dé Dios! Luisito ha tosido
f~usto hasta que murió el banquero; en cambio na- toda la noche y me he levantado lo menos diez veces.
die sabía que diese limosnas ni tuviese la monoma- Pero, hija, ¿por qué no se queda una doncella en
nía filantrópica de su padre, por más que á cencerros el cuarto de los niños? ¿Qué necesidad tienes tú de
tapados debía hacer mucho bien, levantarte para nada?
por cuanto se susurraba algo. El
- Ya sabes que eso no puede ser: yo no soy como
sereno estaba enterado de lo que otras madres, que pueden estarse muy tranquilas
le había ocurrido con algunos men- mientras sus hijos andan en poder de criadas: ¿cuándigos; á él mismo le había dado más do has visto tú que yo haga tal cosa?
de mil reales para gastos de una
- No digo eso, hijita; pero cuando no es más que
pulmonía, y entre la servidumbre, un simple catarrito...
los porteros y los vecinos se sabía
- Pues ni eso. ¿Qué hora es?
que hacía caridades en grande; pe- Si te lo digo, me llamarás perdido y otras linro como no le gustaba que se di- dezas.
vulgase, todo Dios lo repetía como
- ¿Es muy tarde entonces?
secreto de oreja.
- Cerca de las cuatro y media.
La señora era de la escuela de
- ¿Pues de dónde vienes á estas horas?
su suegro: bombo y platillos; si no,
-Del Veioz.
no había limosnas. Este y otros de- O de donde te dé la gana: no sé para qué te prefectos que Luis encontraba á su gunto. ¡Vaya una hora de retirarse! Entretanto el pamujer hacían que no hubiese entre dre se divierte, la madre pasando malas noches con
ellos fusión de almas; él no la con- sus hijos.
trariaba, la quería, la respetaba por
- Debes suponer que no se me podía ocurrir tal
sus buenas condiciones de esposa cosa habiéndoos dejado perfectamente.
y madre, pero sentía un vacío gran- ¡Perfectamente y sabes que no he ido al Real
dísimo á su lado cuando se daba porque estaba Luisito malo!
- Caballero, una limosna para mi madre, que se muere
.
cuenta de que aquella mujer no
- ¡Malo! Cualquiera diría que me he idc yo desentía hondo ni pensaba alto.
jándolQ enfermo: me dijiste que estaba resfriado y
tades ocultas con cierto ministro de Hacienda, del
Frecuentaban la sociedad, los teatros y los paseos· nada más.
cual había sido Pacheco, padre, agente de Bolsa sin p~ro el comedor de L~is Pacheco no se exponía Í
- Bueno, bueno; si yo no digo nada, si no me quetítulo oficial ni papeles sospechosos.
miradas profanas. Cam1la era muy aficionada á las
. Cuant~_el padre tuviera de avaro teníalo de esplén- diversiones de fuera de casa, pero odiaba molestarse jo porque hayas ido sin mí, si yo sé que las madres
dido el h1Jo; el banquero Pacheco no hacía limosnas en_la suya, y por una aberración de su espíritu mez- que sabemos serlo tenemos deberes que vosotros no
sin bombo y platillos; si se trataba de suscripciones qumo sentía que la gente y el bullicio natural en conocéis: en fin, hijo, diviértete cuanto puedas, que á
públicas eran sus 'mil duretes los primeros, pero que banquetes y reuniones desluciesen los muebles es- mí me tiene sin cuidado; estoy satisfecha con el amor
no se le ocurriese á nadie pedirle para una caridad trop~ase~ las alfomb~as y desarreglasen lo que bajo de mis hijos; si no los tuviese á ellos, acaso me importase más; pero teniéndolos ...
vergonzante, como él llamaba á las que no salían en su d1recc1ón estaba siempre tan arregladito.
Camila temblaba de rabia; hubiera querido saltar
los periódicos; se sulfuraba, trataba de sablistas á los
Porque Camita, cosa rara en hija única de hombre
de
la cama y arañar á su marido por lo que ella suque recurrían á su caja atraídos por los encomiásti- rico, tenía pequeñeces de cursi á pesar de su natural
cos sueltos de los periódicos, y pateando de coraje elegante y de haber sido educada por una madre ponía falta de consideración á sus sacrificios de maechaba malpareciendo al que osaba molestarle. Su muy puesta en puntos. Era orgullosa en sumo grado dre; pero se contuvo, creyendo mortificar más á Luis
hijo era todo lo contrario, tirando en esto un poco y _t~mía en tanto su virtud y su buen nombre, que s; con el desprecio que con los gritos.
- Es decir, dijo éste molestado con las últimas framás á la madre, excelente mujer que jamás pudo dma fuesen las demás mujeres malas esposas y peocreer que era exce!entísti11a se,iora porque su marido res madres. Si alguno de sus dos hijos estaba enfer- ?es de su mujer, que yo no te importo y que te da
lo fuese, merced á la gran cruz de Isabel la Católica. mo, y Camila, c~mpliendo ~on deberes sagrados, pa- igual que sea bueno ó que sea malo.
- ¡Igual!
Sólo una vez apáreció el nombre de doña Jesusa saba la noche velandolo, hacia resaltar el sacrificio y el
.
¡Está bien!
Sánchez de Pacheco en los papeles públicos y con la amor maternal, asegurando que ella, sólo ella era caLuis_ se encaminó al dormitorio de los niños, que
excelencia en letras gordas: la pobre señora acababa paz de tales abnegaciones.
comumcaba con el de Camila, los bes6 con cuidado
de morir y no podía protestar de una cosa que siemOrdenó el médico que un verano fuesen las criapre había prohibido, temiendo á las burlas de sus an- turas á la montaña de Santander, pero á una aldea para no despertarlos y volvió á salir pasando por detiguos vecinos de la calle Imperial. Su hijo hubiera para hacer la vida campestre, y Camila no encontra- lante de su mujer sin darle las buenas noches. En el
respetado la voluntad de la madre hasta después de ba palabras con que encomiarse. ¡Ir ella á semejar.te tocador se detuvo un instante: creyó que lo llamaría:
muerta, pero el marido y la nuera encastilláronse en desierto! ¡Dejar San Sebastián y dejar Biarritz! .. Eso no fué así, pero oyó un ruido grande como de un
que fuesen las papeletas de defunción redactadas con no lo hacía ninguna madre, sino Camila F!órez de mueble que se cae y supuso que se había levantado
y había tirado alguno con ira.
las generales de la ley y como á la familia convenía. Pacheco.
_Quiso e~t~rarse de lo que había sido y volvió atrás:
A los veinticinco años casara Pacheco á Luis, su
No dejar sus hijos con amas ni con niñeras llehijo único, con una joven de veinte, guapa de veras, varlos ella misma á paseo, también eran virtude~ su- miró co? d~s1mulo separando apenas el portier, y como
el dorm1tono estaba iluminado con un globo azul que
rica también y con saneada dote ganada por su pa- yas, exclusivamente suyas.
alumbraba pálidamente la estancia, vió á Camila sendre, ~n leo:iés enriquecido en Cuba y trasladado á
Y el caso era que su marido estaba penetrado de
tada_ e? u~a marquesita y poniéndose las medias con
Madn~ en clase de banquero y negociante.
estas verdades y admiraba á Camila en su aspecto de prec1p1tac1ón.
Camila Flórez había sentido alegría verdadera al madre sublime. También él creía que era sola, que
«¡Pobrecilla, pensó, casi tiene razón! Yo estuve en
saber el marido que la destinaban, y Luis Pacheco no había otra, y vivía supeditado á la voluntad de la
declarara gustarle la novia y estar satisfecho con la mujer virtuosa; pero aparte de aquella admiración la ópera, y aunque me he aburrido, á ella no le conselección de su padre.
ta: entre.tanto, cumplía sola los deberes que debíamos
nada q uedaba para su mujer en el corazón de Luis.
compartir; después fuí al Veloz para perder mil duUna muchacha de las circunstancias de Camila
Cuando nosotros le encontramos, él mismo lo ha
Flórez no podía menos de ser pretendida por mu- dicho, acababa de perder cinco mil pesetas en el ros ... Debo ~~trar, debo desenojarla.»
- Pero, h1J1ta, ¿qué haces? ¿Te estás vistiendo?
c?~s, y siendo Luis el preferido, claro estaba que re- juego; no era jugador, pero una ó dos veces al mes
-Sí.
ctb1a Pacheco una honra que no por ser merecida solía dejarse comprometer por matar el aburrimien- ¿Adónde vas?
podía dejar de ser apreciada.
to, sólo por eso; jamás ganaba; ya sabía que no le era
-A
ninguna parte; pero si vuelve á toser el niño
La pareja que hacían era envidiable. Se celebró la favorable la fortuna.
ya estoy vestida.
·
'

•NúMERO 620
- Vamos, no seas tonta y
acuéstate; ahora mismo voy á
llamar para que venga Manuela y ...
- ¡No quiero á nadie!
- Pues me quedaré yo.
- ¡A buena hora! Tampoco
te necesito.
- ¡Camila, no me contestes
así, porque yo no te hablo en
ese tono! Ya te he dicho otras
veces qne me disgustan mucho
las altanerías.
- ¿Pues en qué tono quieres
que te hable? ¡Pretenderás que
te mime todavía!
- No pretendo nada sino
que me trates como yo te estoy tratando.
- No faltaría más sino que
me tratases mal.
- Si continúas así, me obligarás á ello á pesar mío.
Camila se levantó violentamente, y entrando en el cuarto de sus hijos dijo con altanería:
- ¡Después de venir á las
cuatro y media, insultarme!
Luis se contuvo á pesar de
sentir impulsos de entrar tras
ella para preguntarle quién insultaba á quién, y sin hablar
otra palabra se dirigió á su
cuarto, en donde el ayuda de
cámara le esperaba para desnudarle: prestamente lo hizo,
y al poco rato se retiraba el
sirviente dejándole acostado.
Pacheco se revolvía en la
cama sin poder pegar los ojos:
aquel disgustillo con su mujer, que no por ser igual á
otros dejaba de molestarle, teníalo por castigo de la Providencia: había desoído la voz
lastimera de una desdichada
que pedía pan para su madre,
y tenía Luis eso por suficiente
motivo para ser casti gado.
¡Quién sería aquella infeliz!
¡Dónde viviría! Hubiera dado
otros mil duros sobre los perdidos por saber de ella: de todos modos, no debía vivir lejos
de San José. Si la necesidad y
la desesperación habían lanzado á la mendiga á la calle, no
se habría alejado mucho de su
casa y menos á tales horas. Al
día siguiente se proponía recorrer todas las casas de apariencia pobre de las cercanías de
la iglesia. Sí, lo haría: el éxito
era dudoso, pero buscaría
hasta convencerse de que no se albergaba por allí.
A ver si podía dormir con esta idea. Estaba nervioso, recordando á Camila y sus desplantes. ¿Qué
haría? ¿Se habría vuelto á la cama? Seguramente.
¡Claro! Como que no tenía necesidad de estar levantada ... Si no se había acostado, peor para ella: él no
tenía la culpa, conque ... Eran las seis cuando Luis
Pacheco pudo conciliar el sueño: á las siete soñaba
con una joven demacrada, harapienta y llorosa, que
le pedía limosna: él la estrechaba entre sus brazos
para consolarla y dar calor á sus miembros ateridos.
A las nueve se despertó sobresaltado: Camila daba
voces y Luis tiró del cordón de la campanilla.
El ayuda de cámara, interrogado por su amo, dijo
que la señora reñía con toda la servidumb.re.
- ¿Pero el niño está peor?
- Está muy bien: levantado y jugando.
- ¿Qué pasa entonces?
- No puedo decir al señor: un mal día para nosotros: la señora tropieza hoy con todo lo que no. es de
su agrado.
·
- Los nervios, ¿eh?
Joaquín, el ayuda de cámara,call~:era un mu_c~ac~o
muy prudente y bien ~duc~do, h1JO de fam1ha ~1stinguida que había vemdo a menos y que no pu?1endo seguir una carrera costeada por su madre vmda,
estudiaba la de Aduanas, gracias á las horas que con
gusto le dejaba libres su amo. Trata1?a éste en l_a intimidad á Joaquín poco menos que s1f?eran de igual
clase: hablábale algunas veces de política, muchas de
los cantantes del Real ó de las obras estrenadas, y solía

LA

741

ILUSTRAClÓN ARTÍSTICA

- Pero, hijita, ¿qué haces? ¿Te estás vistiendo?

mandarlo al teatro, con lo cual daba muestras de saber
apreciar cuánto valía aquel joven que á costa de tantos
sacrificios seguía una carrera y enviaba á su madre la
mayor parte de 11u salario. Joaquín sentía adoración
por su amo: hubiera dada la vida por él si necesario
fuese; y aunque respetaba á la señora y la querfa_por ser
quien era, seguramente que ni un mes la hubiese resistido si á su servicio le destinasen. Era buena, 5Í: no
se la podía llamar mala; tenía cualidades no comunes
á las mujeres de su posición general, pero le faltaba
algo también para Joaquín, y aunque Dios le librase
de comunicárselo á nadie, comprendía que le faltaba
grandeza de alma, aquel pensar alto que su propio
marido echaba de menos. Cuanto bueno hacía era
cacareado por ella á falta de otras personas que lo
cacareasen. No dejaba de ser orgullosa, altiva y egoísta para las contemplaciones y los halagos.
Nada, absolutamente nada había podido inculcarle
su marido de aquellas emanaciones generosas que de
sus acciones y de su sentir se desprendían.
- Conque la señora se ha levantado con nervios,
¿no es eso, Joaquín?
E l muchacho sonrió respetuosamente mirando al
señor, pero no contestó nada.
- No; si puedes decirme lo que te parece: vamos,
¿qué crees tú que tiene?
- Al parecer ha dormido mal: se ha levantado á
las siete, y como no acostumbra madrugar no se
encuentra bien: eso he supuesto yo.
- Eres un caballero en toda la extensión de la palabra, querido Joaquín: criterios y corazones como el

tuyo son los que yo busco. Seguramente has sido
uno de los maltratados por los nervios de la señora,
y la disculpas sin embargo. ¡Si todos tuviesen la grandeza de tu alma!..
- La señora no se ha metido conmigo.
~No te creo: reñir á los demás y dejarte á ti ... no
puede ser. ¿Acaso no conoces tú y no conozco yo que
te tiene entre ojos?.. Dice que yo te quiero mucho y
no le falta razón; ¿pero por qué ha de ser esto motivo
para que ella no te quiera? Estas, estas pequeñeces
son las que amargan mi vida.
- La señora quiere mucho al señor, y yo disculpo
el egoísmo que se basa en el amor.
·
- T ú lo disculpas todo, porque tienes criterio y espíritu elevado, y cuanto más me convenzo de ello más
te quiero. Si en lugar de ser un hombre, querido Joaquín, fueses una mujer, ¡pobre Camila, pobres de mis
hijos y pobre de mí!
- Y o le ruego al se!\or que no diga eso y menos
que lo piense: la señora es buena, virtuosa, le ama,
adora á sus hijos ...
- Sí, sí, tienes razón, posee esas cualidades; pero
¡ay, J oaquín!, en ella no son virtudes.
Pacheco calló arrugando el ceño, y el ayuda de cámara se entretuvo arreglando algunas cositas para
hacer tiempo antes de preguntar:
-¿No quiere el señor dormir otra horita? ¿No le
parece temprano para levantarse? .
- No: me voy vestir: prepárame traje de mañana
y capa.
( Co11ti111tará)

a

�74 2

LA

NÚMERO 620

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

proporción inversa á la presión de la caldera, y cuanºELEVAGIÓN DE UNA CHIMENEA
do se llega á la presión máxima el regulador de vaSIN APAGAR LOS FUEGOS Y SIN PREVIO ANDAMIAJE
por puede hasta suprimir por completo la llegada de
MÁQUINA DE VAPOR DOMéSTICA, DE PETRÓLEO
éste, resultando de aquí que la presión sigue siendo
Hace poco se ha llevado á cabo en Nancy, en los
Lo~ I?ºt?res de petróleo tienen la gran ventaja de ~on~tante y que no hay que temer explosión ni gasto talleres de hilado y tejido de los hijos de Manuel
no exigir smo un combustible de fácil adquisición 1~útil d~ combustible. Un pequeño depósito de esen- Lang, en Bonsecours, una operación muy curiosa y
y d~ uso cómodo; pero en su funcionamiento presen- cia H sirve para alimentar una mecha de alumbrado, digna de ser consignada.
· Una chimenea de treinta metros de altura no tenía
tiro bastante para las calderas de vapor cuya fuerza
se había duplicado para tener una fuerza motriz más
considerable; era, pues, preciso ó bien construir una
nueva chimenea al lado de la antigua ó parar la fabricación durante ocho días para aumentar la altura de
la existente en unos diez metros. Una y otra solución
debían ser muy onerosas y no se sabía á cuál inclinarse, cuando un ingeniero dió á conocer á los propietarios de la fábrica el sistema sumamente práctico
que para esta clase de trabajos empleaba un contratista alemán, Augusto Bartling, de Bernburg (Anhalt),
sistema que vamos á explicar.
Ayudado por un compañero, el señor Bartling empieza por aplicar contra las paredes y sobre la cornisa del basamento ó zócalo de la chimenea una primera escalera que fija allí introduciendo entre dos ó
tres junturas de ladrillos tres garfios de hierro encorvados, uno en la base, otro en el centro de la la escalera y el tercero en el último escalón: sobre este último garfio apoya una nueva escalera que fija en las
paredes de la chimenea, como la anterior, por medio
de algunos ganchos de hierro hundidos por debajo
de un peldaño en una juntura del enladrillado, y así
sucesivamente. Cuando este andamiaje de escalera
llega á lo alto de la chimenea, establecen en él una
Fig. I. Vista en conjunto del motor doméstico que pone en movimiento una máquina dinamo Rechniewski.
Detalles de la caldera calentada con petróleo
polea simplemente fijada en una escuadra de madera
que se clava al extremo de la última escalera: esta potan ciertas dificultades y bajo otros conceptos ade- en lf cual se inflama el petróleo pulverizado á medida lea sirve para subir materiales.
Pero antes de elevar la chimenea es preciso quitarmás dejan también que desear.
que es proyectado en el hogar.
Un inve~tor americano, Mr. Rochester, ha procu- . El agua de alimentación llega á la caldera por me- le la cornisa en que termina, trabajo que en un día
rado combmar un motor en el cual se utilizan las ~10 de una pequeña bomba movida por el mismo realizan aquellos dos bombres. Para ello preparan de
propiedades del vapor de agua y las ventajas del pe• arbol del motor: esta bomba, que no se ve en nuestróleo como combustible, y ha construído un pequeño tro gra?ado, empuja el agua hacia un calentador de
moto~ d_oméstico que la figura r reproduce y cuya serpentma G, alrededor del cual circula el vapor de
descnpc1ón vamos á hacer.
escape antes ~e salir fuera. Un _flotador F (fig. 2 ) reEl aparato, en su conjunto, consta de una caldera gula automáticamente por medio de una transmisión
y de un motor: nuestro dibujo reproduce el volan- 1~ llegada de) agua,. de manera que se mantenga
te J del motor accionando directamente por fricción siempre el mismo mvel en la caldera. El agua así
y mediante una correa intercalada K una dinamo calentada_p~sa á la base del hogar por un conducto
Rechniewski de escasa potencia. La caldera está for- que se d1stmgue en la figura 1. El vapor al salir de
mada por una serie de elementos tubulares de acero la caldera llega por un tubo de admisión I al mosobrepuestos, como se ve en la figura D del detalle, t?r. F ( fig. r ), ~l c~al está ~onstruído según los prinuno de cuyos elementos reproduce la figura E. Todos c1p10s de la maq~ma Westmghouse y es de dos ciline_stos tu,bos están unidos entre sí y en la parte infe- dros, de e~ecto simple. En el bastidor de la máquina
nor esta el mechero. La caldera va provista de una hay una camara cerrada en la cual las bielas se su?obl~ c_ubierta par~ evita~ las pérdidas de calor por mer~en á cada vuelta en el aceite. El volante J va
mad1ac1ón, y una cupula situada en la parte superior provisto de un re_g~lador de. fuerza centrífuga que
de la misma permite recoger el vapor seco.
obra ~obre la a~m1s1ón y que impide todo escape de
Et combustible está constituído por aceite de pe- velocidad :mpenor al 2 por roo.
tróleo que llega á la mecha por un tubo B de un deEl consumo medio de combustible de estos motopósito colocado cerca de la caldera: este petróleo es r~s es, según los d~!os !acilitados po~ los depositapulverizado por medio de un chorro de vapor toma- nos que la compama tiene en Francia los señores
do en la parte superior de la caldera. En cada uno Rogers Y Boulte, de 1'70 litros por caballo-hora y
de los conductos de vapor y de petróleo hay regula- como el petróleo que se usa vale unos 30 francos '10s
roo kilogramos, el precio de cada caballo-hora no
excede de cuarenta céntimos. Las potencias de los
motores varían de 0'5 á 4 caballos y la velocidad angular varía entre 500 y 350 vueltas en el modelo
de 0'5 ~aballos y de 300 á 500 en el de 4. Los pesos
del conJunto son respectivamente de 80 y 500 kilogramos para esas dos potencias límites. El mismo
motor puede funcionar con gas á razón de 1'5 metros cúbicos por caballo-hora.
Finalmente hay que tener en cuenta que este motor_ no produ~e. pol~o, ni ceniza, ni humo y que requiere poca v1gilanc1a.
Trabajos de elevación de una chimenea de fábrica
Creemos que ~s!a m~quina de vapor doméstica
podrá prest~r serv1c10s siempre que se necesite una antemano semicírculos de hierro que se aparean de
f~erza motnz de poca potencia, económica y prác- dos en dos por medio de pernos, formando de esta
tica. Este motor es muy usado en los Estados Uni- s~erte cor?nas del mismo diámetro que la chimenea;
dos para los trab~jos de granjas, para los pequeños fiJan el pn_mer círculo debajo de la primera moldura
alu~brados eléctncos, en los talleres de aserrar, en de la cormsa y suspenden de él varios garfios encorlas imprentas y aun entre los carniceros que mue- vados en forma de S y en éstos escuadras de madera
ven c~n él las grandes _cuchillas de cortar carne. Las sobre las cuales colocan simplemente una tabla de
lechenas lo usan también para poner en movimiento dos en dos escuadras alrededor de la chimenea: estas
las man_te_queras y los drogueros para hacer funcionar tablas· se unen _por medio de algunos clavos. El gralo~ ~oltmllos de café. Muchos de estos industriales bado que pubh~amos, tomado de una fotografía, da á
ut1hzan el v~por de escape para varias calefacciones. C?mprender. meJor que cualquier explicación lo atreHay también un modelo especial de cambio de v~do Ysencillo de ~se andamiaje, en el que no hay
marcha que se presta perfectamente á la navegación m un_a cuerda que SITVa de baranda y subidos en el
Fig. z. Div~rsos reguladores. AB, regulador de llegada de
de recr~o y ~ue puede funcionar á gran velocidad sin cual aquellos dos hombres armados con la piqueta
petróleo; ECO, regulador de llegada de vapor; FGH,
comunica~ a la lancha ninguna trepidación.
flotador regulador de llegada del agua de alimentación.
van s~parando las capas de ladrillo y cogiendo los
, La presión calculada es de 5'5 kilogramos por cen- materiales arrancados los arrojan al espacio. Es un
timetro cuadra.do, pero en _caso necesario puede llegar espectáculo aterrador.
dores de membran,a metálica cuyos detalles indica la hasta 9 y ro kilogramos sm peligro alguno.
na vez derruí~o de este modo el capitel de la
figura 2: estos reguladores obran sobre una membra•
c~1menea fué preciso comenzar la elevación de la
na que abre ó cierra el conducto de llegada en una
J. L AFARGUE
misma. La polea fijada en lo alto de la última escaleSECCIÓN CIENTiFICA

Y

LA

NúMERO 6 20

ra sirvió para subir el mortero y los ladrillos: un albañil por aquellos dos trabajadores contratado hacía
maniobrar la cabria de abajo, cargaba los cubos y los
subía. Era entonces curioso ver á los dos hombres de
pie delante del orificio de aquella chimenea, que no
cesab:, de vomitar gases y humos, echando tranquilamente paletadas de mortero sobre la hilada de ladrillos ya colocada, poniendo otra encima y dando continuamente vueltas alrededor de su frágil andamio.
Cuando hubieron elevado de este modo su construcción en 1'50 metros, fijaron sobre esta parte fresca
todavía un nuevo cinturón de hierro fuertemente
apretado por medio de tuercas, y suspendían de él,
como en el primero, garfios en S para apoyar nuevamente una por una las escuadras de debajo de ellos
y elevar su andamio.
Y cada día la altura.de la chimenea aumentaba de
un metro á 1'50. Ocho días después la obra quedaba
terminada, el pararrayos otra vez en su sitio, el andamio desmontado y las escaleras de acceso retiradas.
Esta chimenea es la primera construída en Francia
según este sistema, pero en Alemania y en Alsacia
hay muchas, entre ellas las de las fábricas de productos químicos de Thann y de la Compañía del gas de
Mulhouse.

A

BERGERET

(De La Nat11re)

743

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CULTIVO DE LA COCA

Desde que se ha aislado el alcaloide de la coca
( Erytl1roxilon Coca) y que la medicina utiliza su
acción anestésica sobre las mucosas, ha aumentado
mucho el pedido de esa substancia, y de aquí que el
cultivo del arbusto se extienda rápidamente en muchos grados de latitud á lo largo de los Andes, desde
Nueva Granada hasta Bolivia.
El verdadero indigenato de la coca no se determinó hasta que aclaró la cuestión A. de Candolle, quien
en su Origen de las plantas cultiva.das demuestra que
aquella planta es indígenea de Nueva Granada y del
Perú.
El método generalmente seguido, desde que en
las Cordilleras se vuelve á explotar la coca, que ya
se explotaba en el Perú en tiempo de los incas, apenas difiere de los antiguos procedimientos. Aunque
el arbusto es originario de tierra calt"ente, la altura
más favorable para el cultivo del mismo es la de 1 .ooo
á 2.000 metros. La multiplicación se hace por medio
de granos que se siembran en agosto en pequeñas
cajas, y en el verano siguiente los plantones son trasladados á los bancales, espaciándolos de metro en
metro, expuestos al sol y á su tiempo binados y sachados. El suelo ha sido previamente cavado, pero
no abonado, y cuando los arbustos están agotados
son sustituídos por otros. Según la fertilidad del

suelo, los arbustos alcanzan una altura normal de
uno á dos metros, muy inferior á la que tienen en
estado silvestre, pero se limita así para conservar la
cosecha de hojas. La recolección la hacen mujeres
que proceden á ella tres veces al año, á principios
de enero, por San Juan y por Todos los Santos,
arrancando las hojas una á una, excepto las del extremo de las ramas. Las mejores hojas son de un color
verde obscuro y tienen dos surcos longitudinales en
el limbo de cada lado del nervio mediano que distinguen la verdadera coca de las demás especies del
género Eryt/1roxilón. Las hojas son luego extendi"das sobre una era de piedras que formen una superficie muy unida y expuestas al sol: allí se secan colocándolas en capas delgadas y volviéndolas de cuando
en cuando con un rastrillo; para esta operación bastan tres 6 cuatro horas. El tiempo brumoso y húme- ·
do perjudica á la mercancía. Una vez secas las hojas
son comprimidas en prensas de madera, como paquetes de tabaco, y se forman con ellas balas de 2 5 libras
dos de las cuales unidas constituyerr un tambor. En
esta forma la mercancía es expedida á la costa, envuelta en encerados si el tiempo está lluvioso, y desde allí remitida á Europa para ser entregada al comercio.

E.

ANDRÉ

(De La Revue horticole)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
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Jo, demu purgan&amp;e,, eate no obra bien
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>~t11&amp;C10t)

Ftí~t1ea
A:Ro XII

BARCELONA 6 DE NOVIEMBRE DE 1893

NÚM. 619

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

!.,OS NOVIOS POR LA GATERA, dibujo de J . García Ramos

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. El convite de D. Celestino, por Luís Taboada. - Francisco Sck1Jbert, compositor awtriaco, por Juan Fastenrath. - La
tierra de los gitanos, por Isabel Robíns Pennell. - Misceláuea. - Nuestros grabados. - Una francesa m el polo Norte
(conclusíén). - SECCIÓN CIENTJFJCA. - Nuevo sistema parn
prevenir las colisiones de trenes .fSistema Pellat. - E111igracio11es de peces.

Grabados. - Los novios por la gatera, dibujo de J. García
Ramos. - A lollSo Berruguete, Cristóbal Colón, estatuas de
José Alcoverro. - Dos dibujos referentes á la Exposición de
Ckicago. - Siete grabados que ilustran el artículo La tierra
de los gitanos. - Gitana granadina, dibujo de Isidoro Marín.
- Un novillero desdichado, dibujo de Carlos Arregui. -Don
Juan Carda llfarga/lo, general de brigada, muerto en el
campo de l\Ielilla en 28 de octubre ~!timo. -Figuras 1, 2,
y 3- Aparato registrador de la marcha de los trenes, sistema
Pellat. - Granada. Vendedores de carbón, dibujo de Isidoro
Marín.
·

VERDADES Y MENTIRAS
Hablemos de arte, aun cuando los momentos actuales no sean propicios á esta conversación.
Hablemos de arte, pero no de arte realizado con
el pincel 6 el cincel, en el libro, ó con el compás.
Hablemos de ese arte cuyos motivos dramáticos
todavía no han conmovido á nuestros artistas, y que
tanto valor ético y estético tienen; hablemos de esa
gran tragedia cuyo prólogo se ha puesto ya en escena
en Melilla.
El pintor, como el escritor, son los artistas que están en condiciones superiores sobre los demás, dados los medios de expresión de que disponen, para
lo"rar por entero con la obra de carácter militar uno
d; los fines del arte. El literato puede arrancar lágrimas 6 exclamaciones de entusiasmo describiendo
el héroe, la heroicidad, el conjunto. El pintor puede
llevar al espectador hasta obsesionarle de tal modo,
que éste se crea en mitad del campo de batalla.
Desde el punto de vista ético, es inmensa la. i~_portancia de la obra de arte de este género. A la vmhdad
que despierta el heroísmo co)e~tivo? in?ividual; á la
influencia que ejerce en el animo, inclinándole á la
piedad, el relato 6 la represe~tación plástica de un
episodio sangriento; á la emoción profunda que producen en un pueblo las vicisitudes de una g~erra,
debe unirse ese espíritu de a\truísmo que se cierne,
aun en medio de los apasionamientos despertados
por la lucha sobre la humanidad culta. Y en la obra
de arte en ~l cuadro que representa uno cualquiera
tle esos' momentos sublimes y dramáticos á un tiempo,
se advierten todos esos sentimientos de admiración del
valor, de piedad, de entusiasmo,. de odio,. de amor á
los suyos, producie_ndo_ este conJunto ~e ideas y se~rnciones, por el artista impresas en el lienzo, ademas
de la emoción estética en grado máximo, un efecto
moral de grandeza inconmensurable, aun en aquellas
inteligencias que menos preparadas se ?allen para
percibir el valor del concepto de una entidad moral.
No lo dudemos, la pintura del género llamado militar, muy especialmente la que rep~esenta episo,dios
de guerra, tiene ~n poder de ob_sesión superior a casi todos los &lt;lemas géneros de pintura.
Y si dejando á un lado su importancia ética, miramos la pintura de episodios guerreros desde el punto
de vista de la belleza plástica, es indudable que ésta
se produce con majestad avasalladora. ~igurémonos
un campo de batalla en ~\ momento mismo en gu~
los dos ejércitos que Ta nñen se encuentran dec1d1dos á vencer. Allá, una masa de caballería que avanza sobre el llano, en rápida carrera, sable en alto y
que como violenta ráfaga de huracán invade todo
hasta tropezar con las puntas de las bayonetas de los
infantes enemigos, que en compactos cuadros, una
rodilla en tierra, ven teñirse de sangre la triaungular
hoja de acero al hundirse en el pecho del caballo detenido así en su vertiginoso _galopar. Mas allá, mezclados hombres y caballos, se agitan entre nubes de
humo y polvo. En lo alto de la loma, l!i trinchera 6
el reducto vomitando llamaradas, de cuyo seno parte
la metralla que abre claros enormes en la compacta
columna de los regimientos que á la carrera suben
el repecho. Aquí, el ayudante de órdenes tendido sobre el cuello de su caballo que vuela más que corre.
Allí, la batería que se atasca y los artilleros que empujan unos las ruedas, otros que descargan sobre los
lomos de los mulos sendos latigazos. Ya es el jinete
que abre de pronto los brazos soltando las bridas y
el punzante sable 6 la tercerola, y cae rodando de la

silla, mientras la cabalgadura, loca de espanto, desbocada, se interna en la campaña; ya es un puñado de
hombres quienes saltando por los cuerpos de sus
compañeros, desgarradas lai¡ ropas, ensangrentados,
la faz descompuesta, los ojos saliéndoseles de las órbitas, huyen despavoridos á campo traviesa. Todos estos episodios, todos estos tipos, todos esos sentimientos expresados, ya colectiva, bien individualmente, tienen sobrada importancia como hechos y como revelación de estados pasionales y patológicos que solamente se advierten en el caso concreto de una guerra.
Precisamente en estos momentos estoy recordando
la impresión estética que me produjeron dos cuadros
de asuntos militares, Saludo á los !zendos, de Cossaks,
y R ecuerdos de mi niiiez, de Neuville.
¡Oh! ¿Cómo no ha de producir emoción inmensa el
cuadro de Cossaks, Recuerdos de mi niüez, si reune,
á las bellezas de una plástica admirable, las de una
escena dramática en alto grado, cuya contemplación evoca al par de recuerdos de los infortu_n)os sin
igual de un pueblo despedazado por la amb1c16n d~
tres potencias, cobardes para ser grandes, un sentimiento infinito de piedad? ¿Quién no siente, frente á
ese cuadro y más siendo latino, como la vergüenza
de no haber podido evitar la espantosa catástrofe de
Polonia nosotros, los pueblos que ~n el Mediodía de
Europa' habíamos ejercido tanta influencia intelectual en el resto del mundo civilizado? ¿Quién no siente el vértigo del terror, viendo cómo aquella abalancha de cosacos, látigo y sable en mano, recorre las calles de la capital de Polonia, cargando sobre el ~ueblo indefenso? ¿Quién no se conmueve ante la vista
de aquella jovencit_a de singu!ar belleza, que ?~ye
despavorida defendiendo el delicado rostro del lat1go
del cosaco 6 ante el rasgo de valor de aquel caballero que se l~nza entre los cascos de los caballos á salvar á una niña que ha caído arrollada por los que huyen? En Saludo á los heridos, de Neuville, la emoción es
de otro grado, y si menos dramática que la que produce el cuadro de Cossaks, más consoladora á pesar
del motivo que inspiró al célebre pintor francés su
obra. Allí están los vencedores á caballo, no arrogantes, no con el empaque y a_ltivez del guerrero,
sino con la nobleza y la compasión y el respeto que
para los fuertes de espíritu tiene la desgracia.. Los
heridos y prisioneros al propio tiempo, vienen en pelotón, rotos, demacrados, apretando todavía los dientes con rabia, no humillados, y pasan por delante de
los vencedores que en fila, el kepis en la mano el general, y la plana mayor levantando la mano derecha
hasta la altura de la frente, hacen el saludo de ordenanza. El valor, el amor de la patria, el respeto mutuo que ha impuesto un alto sentimiento de humanidad, ese altruísmo que, producto de la especulación
ética de la moderna cultura, está en nosotros, los hijos de este siglo, modificando nuestro modo de ser
social, todo esto se advierte en este cuadro como componente estético, avalorado por la belleza plástica.
Y esta belleza, que es grande en la pintura militar,
donde el tipo, la arrogancia, la expresión, el color,
las agrupaciones, todo es de suyo eminentemente plástico, lo es mucho más por la condición dramática, determinada, perfectamente definida de los motivos.
Pero nuestros artistas todavía no han sentido esa
necesidad de vigorizar, de robustecer el espíritu con
la vista de esas grandes exaltaciones de un sentimiento inmaculado, y el lápiz trazando esas escenas llenas de virilidad, de color, de luz. La campaña del
Rif se presta como ninguna otra para que el colorista, para que el pintor que busca la representación
de pasiones y afectos claramente expresados en el
rostro y en el movimiento general, le gros motive, á
que somos tan aficionados los españoles, haga de
Melilla, y quizás de Marruecos, muy pronto, escuela
y estudio de un género aquí no cultivado. Yo quisiera que este género implantase en España. Y lo quisiera porque donde hay virilidades y entusiasmos y
energías, siquiera sean belicosas, hay también üda
espiritual, cultura, y la lucha por la existencia puede
realizarse en condiciones que aseguren el éxito.
Pero esta indiferencia del artista español (no como
español, entendámonos) esta indiferencia, digo, del artista español ante cuadros y asuntos tan llenos de vida,
tan pasionales, tan hondamente filosóficos, que tanta influencia podrían ejercer en pro del movimiento
artístico de España, puesto que, además de abrir un
nuevo camino en el arte patrio, mejor dicho, de ampliar su campo, podrían quizás ser un motivo de educación artística, por cuanto por razón de los asuntos,
apropiados al carácter meridional impresionable de
nuestro pueblo; creo que serían entendidos y apreciados; esta indiferencia, repito, pone de relieve una
verdad dicha por mí hace años en periódicos y revistas
y que no por amarga es menos cierta. Nuestros pintores, con condiciones naturales para el manejo de la
paleta, para el dominio de la parte técnica de la pin-

NÚMERO 619

tura como no tienen ni los mismos pintores italianos,' carer;:en de personalid~d p_ropia ni saliente ni de
ninguna especie, salvo media docena de maestros que
viven fuera de España y que alcanzaron aquella épo- 1
ca en que la independencia p!ctórica de 1~ escuela
española la defendían Rosales, Fort~ny, Domingo, et~.
Hoy hemos vuelto á los años aquellos en que se libraban batallas entre románticos y clásicos, por que
en Francia lidiaban los Ingres y los Delacroix, no
ciertamente porque aquí nuestros artistas hubiesen
alcanzado esos exquisitismos estéticos y plásticos, además de los 'filosóficos que en la nación vecina obligaban á luchar. Hoy, como entonces, las teorías de
la estética moderna, las tendencias de las filosofías
místicas, como las de escuelas socialistas, como
las doctrinas del naturalismo literario y las del materialismo científico, no penetran en los talleres de
nuestros pintores) estatuarios. Hoy, como enton~es,
si algún movimiento, como, por ejemplo, el bu~ól;co,
se advierte en nuestro arte y alguna tendencia a lo
místico le halaga, es pura y simplemente porque la
mancha, la silueta, el compuesto, los tipos 6 accesorios
se prestan á los alardes de la paleta, y al propio tiempo no exigen gran dominio de la línea 6 de la forma.
Hoy, como entonces, el artista español no se ha detenido á pensar, ni durante un cuarto de hora, el
porqué de esas evoluciones estéticas, el porqué de
esas tendencias nuevas de las escuelas artísticas. Carece de iniciativa propia; por eso no va á Melilla ni
uno solo. Por eso el arte de la pintura militar, que
requiere gran cantidad de sentimiento, de energías
espirituales, de carácter, en fin; que requiere ser sentido en grado máximo por cuanto ha de ser personalísimo, puesto que de otro modo es vulgar, y tan insoportable como el género flamenco de aquí, no tiene
en España representación alguna, excepción hecha de
dos pintores.
Para el cuadro histórico tan cultivado entre nosotros, basta una página de Mariana ó de Lafuente, de
Thierry 6 de Winkelman, de Lasrrant 6 de Macaulay, y los colores de la indumentaria; para la de género, un mantón de Manila y una guitarra; para la de
costumbres, dos vestidos de faya y un sombrero de
paja de señora; pero para la pintura militar hay que
tener fusiles y cañones y caballos, y sobre todo haber vivido en campaña 6 en el cuartel. Es decir, hay
que trabajar, no solamente con el lápiz, sino con el
alma y aspirar aquel ambiente ...
Bien sabe Dios cuánto deploro los grandes terremotos sociales, que sumen en la miseria, en el dolor,
en el seno de la muerte, cientos y cientos de familias;
bien sabe Dios cuán aficionado he sido y sigo siendo
al arte que tiene la Naturaleza por maestra é inspiradora; bien saben las gentes cuánto me extasío admirando la producción artística que evoca dulces y hondos pensamientos, ideas templadas y elevadas, que
provoca á la meditación, que me envuelve en suave
manto de melancolía; pero no por eso dejo de creer necesidad imperiosa el despertar de energías, de ideales
que borran 6 tratan de borrar los egoísmos groseros
de un humanitarismo inconcebible, y de esta creencia mía nace la convicción, por otra parte certificada
con la realidad de los hechos, de que la pintura del
género militar tiene una importancia enorme, no tan
sólo por su belleza propia, sino también porque al
existir, allí donde se produce se advierte un ambiente de actividad, de cultura y de energías que son precisas para que los pueblos hoy puedan vivir la vida
moderna.

R.

BALSA DE LA V EGA

.• ,,.,,.,,,.,,.....,1·•··•·1•,, .. ,1.,,••,,.,,.,,,.,•••.•• ,,.,.••, •.•..•• ,.• ,.,,,.,,•••, .•..••,., •. ,...,,......,••.•. ,,.,... ,1-,,•···

EL CONVITE DE D. CELESTINO
Hombre más cariñoso que D. Celestino no le hay
en el mundo. A mí me quiere de un modo extraordinario, y siempre que me ve, lo primero que hace es
tenderme los brazos y estrecharme contra su corazón.
Su señora es también muy amable y expresiva,
porque dice que ella quiere á los amigos de su marido como á cosa propia y que su casa está siempre á
mi disposición.
He oído decir que D. Celestino ha hecho su fortuna prestando al 36 por r oo; pero á mí no me consta, y sobre todo, conmigo se manifiesta siempre espontáneo y jovial. Ahora se empeña en que yo pase
el verano en su pueblo, donde tiene una casa de campo preciosa, según dice.
- Sí, hombre, véngase usted con nosotros á Villamendrugo. Ya Yerá usted qué país aquél tan delicioso. Por dondequiera que dirija usted la mirada, no
verá más que verde.
- Yo he pensado ir á Portugal, le contesto.
- Portugal, Portugal. Ya quisiera Portugal tener
las truchas de Villamendrugo. ¡Qué truchas! ¿Pues y

LA

NúMERO 619

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

A tanto insistir, me decido por veranear en _Yillam~ndrugo co~i?~ªdm\ ge!lte_
_ Sí voy diciendo por el camino en dirección á nu casa. Eser! ir eJ 1acief
do el c'ontrato. Así como así, D. Celestino m~ as;~ura que en Villa_men rugo d~
pasaré perfectamente... ¡Qué matrimonio tan s1mpat1co! ¡Y qué empeno ~J suy~o
que vaya á parar á su casa! ¡Pocos amigos habrá como éstos! N~nca ~rei que ón n
Celestino me tuviese tanta simpatía, pero se conoce que me quiere e coraz ...
Nada, nada; desisto de mi viaje á P?rtuga~.
.
, · f; milia Esta se
En esto lle 0 á mi casa, donde comunico la reso1uc16n a mi a. , ·
.
sorprende y p~otesta, porque ya lo tiene todo preparado para el viaJe al vecmo
rei¡~tes de convencer á mi esposa, ten&amp;o ne~esid~d de librar una batalla,
_ Sabe Dio~ cómo será ese pueblo, dice m1 muJer.
b
_ Precioso. D. Celestino me asegura que lo pasarem_os perfectamente. Y so re
todo hazte cargo de que nos vamos á ahorrar mucho dmero.
.
E~ esto los niños empiezan á llorar porque creen que ~ei:nos renunc1~dt t~l
viaje. Yo procuro convencerles, pero c~mo ?º se callan me 1rnto_y l~s peg
•
dos uno por uno y correlativamente. M1 muJer me lla~a. verdugo, mi_suegra, 9ue
es ~na especie de hiena macho, _viene hacia mí esgnm1endo los punos Y qmere
pegarme. Yo me hago fuerte y gnto:
y
- Es inútil la oposición. Iremos á Villamendrugo de grado 6 por fuerza. b 0 no
desairo á D. Celestino por nada de este mundo. ¡No faltaba m~s! Un ho_~ re como él, que nos abre su €asa y nos ofrece manutención, comodidad y carmo acendnii·sin reservas mentales y miradas iracu~das, de mi ~uegra, convenim~s. to~o~
al fin en que hay que cambiar de ruta y escn bo a un am1~0 de P~rtugal d1cién o
le ue disponga de la casa. El amigo conte~ta muy_ ofe!1d1do echa~~ome en cara
mi~alta de formalidad y exigiéndome una mdemmzación en metal_1co porq~e el
dueño de la finca asegura que ha perdido, por
~ausa, o~ro alquiler _ventaJ0S~.
Tengo que calmar la justa indignación de mi amigo enviándole el dmero Y pidiéndole perdón por añadidura.
.
f·
_ ¡Bah!, me digo á solas. D~ tod~s.suertes el veraneo ~e va á sahr por una nolera. D. Celestino pone á mi d1spos1ci6n su casa y su cocma. •• ,
.
_ No esperamos más que la resolución ele ustedes para echar a andar, me dice
D. Celestino al día siguiente.

:ni

ALONSO BERRUGUl!.TE, estatua de José Alcoverro

los tomates? ¿Y el queso? ¿Y las judías blancas? Aquello es manteca
pura.
.
- Sí, añade la señora, lo que debe usted hacer es venirse con nosotros á Villamendrugo. ¡Si viera usted qué casa tenemos!
- Sería abusar...
- ¡Qué disparate! Nos ha~fa usted u~ fa~or inmenso. Ya sabe usted
cómo es Celestino; en tomandole afic16~ a una persona, no ~escansa
si no la tiene siempre á su lado. Es lo único que nos fal_ta_ en V11lam~ndrugo: un amigo de verdad, con quien jugar una part1~1ta de tresillo
y echar un párrafo; porque allí la gente es un poco ansca. _Ya u~t~d
á saludar á uno, y le suelta una coz. El ~ño pasado nos pusimos a JU·
gar al tute con el secre_tario del ~yu~tam1ento, y só}o porque le gan~mos tres reales y med10 nos quiso tirar las fichas a la cara ... CelestI.no, enséñale la pantorrilla á este caballero.
- ¿Para qué?, pregunto yo alar~ad?·
.
_
- Para que le vea usted una c1ca_tnz que tiene, contesta la senara.
Se la hizo el teniente akalde de Villamendrugo, con el lacón de la
bota, al ver que Celestino le había retirado el salud_o.
. .
D. Celestino se remangó el pa_ntalón para ens~narme la c1catnz y
pude convencerme de que el teniente alcalde deb1a de ser un solemM ~~

.

- Conque ¿contamos co~ ~s~ed?, me dice D. Celestino.
- Ya tengo dispuesto mi v1aJe á Po~tugal, le con_testo.
- Pues aprovecha usted los prep¡irativos para venirse con nosotros.
- Pei'o,..
d
í ·¡·
_ Nada nada· usted se viene á Villamendrugo con to a su ami 1a.
- Va u~ted á'ver la casa que tenemos. Es lindísima, dice la esposa
de D. Celestino.
_ El caso es que ya he escrito á Portugal y me han tomado caso,
replico yo.
.
_ Pues vuelve usted á escribi&lt;:diciendo que se la alquilen á otro.
No ha de faltar quien la tome.

CRISTÓBAL COLÓN, estatua de José Alcoverro

�716

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

619

-¿Cómo?
- ¡Y qué alcachofas!
cincuenta años, dice en sus memorias respecto á
- Quiero que hagamos el viaje juntos. Por consiSchúbert: «Su condición era verdaderamente abru- Estoy deseando conocerle, dije yo.
guiente, usted dirá cuándo nos ponemos en camino.
- Le gustará á usted mucho, aseguró la esposa de madora.No encontraba ningún editor que se hubiese
atrevido á ofrecerle la suma más pequeña por sus her- Mi señora tiene todavía que terminar algunos D. Celestino.
detalles, contesto.
- ¿En Villamendrugo hay mar?, preguntó uno de m9sas creaciones. El que fué tan rico en melodías no
tenía bastante dinero para alquilar un piano. Pero las
- Pues dígale usted que los aligere todo lo posible, mis niños.
porque el día 6 hay fiesta en Villamendrugo y sería
- No; pero tenemos una charca muy hermosa, con- dificultades de su condición no disminuyeron su
amor á la música. Debía de cantar, pues el canto era
una lástima que no la viéramos.
testó D. Celestino.
- Nada, nada; diré á mi mujer que arregle las co- Ya verán ustedes qué casa tenemos, dijo la es- su vida. Fué siempre alegre, y por espacio de muchos
años fué el huésped de su antiguo amigo en la común
posa. Es un palacio.
sas lo antes posible.
cena alegre que se prolongaba con frecuencia más allá
- Es lo mejor. Ya verá usted, ya verá usted qué
- ¡Ay, qué gusto!, gritó mi niño el menor.
verano vamos á pasar.
- Y van á estar ustedes muy bien, siguió dicien- de media noche. A veces pasaba la noche en mi
- Lo único que sentiré será que los niños les oca- do la esposa de D. Celestino. Hay una fonda muy cuarto durmiendo siempre bien y teniendo las gafas
sobre sus ojos hasta en su sueño. Al día siguiente,
buena ...
sionen alguna molestia.
- ¿A nosotros? ¿Por qué?
Mi mujer, mi suegra y yo nos miramos con asombro. apenas había vestido su ropa de levantar, componía
- Sí, dijo D. Celestino. Lo más que les costará á las canciones más bellas.»
- ¡Como ustedes no han tenido nunca familia!
En cuanto á su aspecto, su amigo el pintor Mau- Está usted muy equivocado, dice la señora,de ustedes el pupilaje serán unas tres ó cuatro pesetas
ricio Schwind decía de él que semejaba un cochero
D. Celestino. Yo tuve un niño que se nos crió muy por persona.
corpulento. No importa; mientras siguiendo á los imhermoso; pero una noche lo dejamos al sereno, por
- (¡¡ !!)
LUIS TABOADA
pulsos de su genio componía sus melodías que broun olvido, y á la mañana siguiente nos lo encontrataron de una siembra de lágrimas, era ardiente y se
mos tieso encima de una cesta.
(Prohibida la reproducción.)
- ¡Pobrecito!
&lt;t,•,,,.,,.,,,.,,.,., ••,......,.,,•.,,.............,••,•••,.,,.,, .. ,1.,,..,,•••••,1.,,.,,,.,,............,,.,,,.,,.•,,••••••,.,1.,,. parecía á una sonámbula.
Llamaremos el saludo de un genio á otro estas fra- ¡Ay! No puede usted figurarse el disgusto que
ses de Roberto Schumann: «Si la fecundidad es la ·
yo tuve. Después nos nació otro, pero cuando iba á
FRANCISCO SCHUBERT
señal más característica del genio, Francisco Scluíbert
cumplir ocho días se nos volvió loco.
CO~IPOSITOR AUSTRIACO
figura entre los más grandes. Había un tiempo en que
- ¡Qué cosa tan rara!
- Había usted de verle llevándose las manitas á
Ningún gran poeta se ha sumergido tanto en los yo no quería hablar de Schúéert, no atreviéndome á
la cabeza y dando chillidos como un ratón. ¡Dios nos misterios de la música como el austriaco Grillpárzer, contar de él sino por la noche á los á rboles y á las
hizo mil favores con llevárselo!
el amante de la soledad y de la severidad, que bus- estrellas. ¿Quién no se extasía? Encantado de ese nue- Pues los míos son bastante traviesos.
caba en los sonidos el olvido de la miseria humana. vo ingenio cuya riqueza me parecía ilimitada, sordo
- ¿Y eso qué importa? En Villamendrugo tienen Ha puesto en música hasta una canción de Reine, la respecto á todo lo que podría hablar contra él, no penbastante campo donde correr.
que empieza: Du scluenes Fischermcedclien (Graciosa saba sino en él. Schúbert será siempre el favorito de
Cuando dije á mi esposa que era preciso activar pescadorcilla). El, cuyos versos no tienen la sonori- la juventud: tiene lo que ésta quiere, un corazón
los preparativos del viaje, comenzó á gruñir.
dad de las canciones de Goethe ni de las de R eine, abundante, pensamientos atrevidos; le cuenta histo- ¿Cómo quieres que acabe en pocos días todo lo en las cuales asoma ya el botón de la melodía, cele- rias románticas de caballeros, niñas y aventuras; tiene
que tengo que hacer?, me dijo furiosa.
braba la música como la más libre de las artes, como también chiste y humor, pero no demasiado para
- Pues toma una costurera, para que te ayude.
la que habla un lenguaje no comprendido por los perjudicar al temple fundame ntal, á la disposición
Vino, en efecto, la costurera, y entre ella, mi mujer esbirros, como al querube que no pueden prender los blanda. Da alas á la fantasía del que toca ó canta sus
composiciones. Comparado con Beethoven es un niño
y mi mamá política dejaron las cosas arregladas en guardias.
cuatro ó cinco días. •
En los bosques de Viena recogió Grillpárzer sus que juega entre gigantes. Pero comparado con los
- ¡Ea! Ya nos podemos marchar cuando quieras, pensamientos y Schúbert sus melodías en que resuena demás es el músico más atrevido y más independienme dijo mi esposa.
todo lo profundo que conmueve el ánimo de un vie- te. Tiene sonidos para los sentimientos más finos. Su
Fuí á verá D. Celestino, á quien encontré en la ca- nés, el calor y el gracejo de su sentimiento, su ligereza música es tan variada como las aspiraciones humama, con un pañuelo atado á la cabeza y otro sujetán- y su alegría. Sclníbert idealizó el sentir de su ciudad nas. Cuanto mira con los ojos y toca con la mano, lo
dole la nariz.
natal haciéndolo el bien común del pueblo alemán y convierte en música; de piedras que arroja, como
- ¿Qué es esto?, pregunté sorprendido.
un tesoro del mundo. El es el Cid de la música, pues Deucalión y Pyrrha, brotan figuras humanas. Era el
- ¿No sabe usted lo que le ha pasado?, exclamó cuando muerto celebraba sus mayores triunfos, cre- más egregio después de Beethoven. La bondad de sus
su esposa. Pues que anoche se cayó de la cama y ciendo su grandeza de año en año. Parecía que soñaba obras puede consolarnos de la muerte prematura de
rompió con la cabeza el vaso de noche. ¡Si viera us- y que se le escuchaba hablar en sus sueños. Cada ese primogénito de Beethoven. Ha alcanzado más
ted cómo tiene la nariz! Parece un repollo.
año salieron de su tumba voces dulcísimas hablán- que nadie en tiempo tan breve. Con faz serena pudo
- ¡Qué desgracia!
donos de obras desconocidas del maestro vienés, cu- arrostrar la muerte, y si en su tumba se lee que se
- Mucha, dijo D. Celestino con voz doliente. Hoy yos sonoros labios, cuando aún vivía, habían buscado enterraba con él «una posesión hermosa, pero aún
han tenido que darme el chocolate con una caña, por- en vano oídos abiertos. En frente del sordo titán que más hermosas esperanzas,&gt;&gt; nosotros no queremos penque tengo toda la boca dolorida.
se llamaba Beethoven era Schúbert casi un mudo, cu- sar agradecidos sino en aquélla. Hizo bastante, y ha
- ¿De suerte que ya no nos podemos marchar?
briendo aquél con su voz poderosa el son más suave de ser celebrado quien cumplió tanto.»
- Sabe Dios cuándo estaré en disposición de po- de éste, que de Beethoven había recibido el nombre
La claridad cristalina de sus composiciones nos
nerme en camino.
y santo de su creación, pareciéndose al joven pájaro recuerda la quietud serena de los antiguos, pero su
Y pasaron ocho días, durante los cuales mi mujer que, sintiéndose como asombrado por el don de can- esencia y su carácter hacen de él un genuino romány mi suegra me armaban un escándalo diario.
tar que despertóse en él, ensaya quedo su canción tico que con mano segura dominaba toda la escala
- ¿Y para esto hemos estado dándole á la aguja hasta que con la costumbre de escuchar crezca su de los sentimientos desde la sonrisa de la alegría hasuna semana entera?, gritaba la madre de mis hijos. aliento y su esfuerzo de trinar. Una composición de ta la explos~n de la desesperación. Su esfera era la
¡Ay qué maldito viaje!
Beethoven hizo época en la carrera artística de Schú- canción artí~a, que comparada con la canción po- Yo no tengo la culpa.
bert. Al escuchar el ciclo de canciones titulado: A la pular, esa se~lla flor silvestre que nos saluda en
- Tú y nadie más que tú, gritaba mi suegra. Aho- · amiga leJana, que salió en 1816 y en el que se des- medio de hier~ olorosas al borde de una fuente ó
ra te ha dado por D. Celestino y en lo que menos plegó una armonía riquísima y hasta entonces desco- á la sombra de á1f¡iles seculares, y que encontramos
piensas es en tu familia. ¡Quiera Dios que este viaje nocida en la canción alemana, se inspiró en aquel en todos los pue~ sobre todo en la nación alemano nos salga caro!
nuevo principio lírico, cuyo centro no es la figuración na, en la italiana y en la española, es la magnífica
- Pero, señora, ¿no comprende usted que hay co- plástica, sino el temple que producía efectos nuevos centifolia ó la camelia que nos encanta en el jardín ó
sas en la vida de las que no podemos prescindir? é inesperados. Así la musa de Schiíbert debió sus cual ramillete aromático en los cabellos de hermosa
D. Celestino se empeña en llevarnos á su casa, y le- creaciones más bellas al genio de Beethoven. Pero mujer.
jos de incomodarnos con él, debemos estar muy agra- éste, que en sus obras dejaba enigmas á la humanidad
Entre sus cien canciones mencionaremos su pridecidos.
que no podía resolver sino el amor y la constancia mera, la que nació en 1815 como fruto delicioso de
- ¡Quiéralo Dios!
de los oyentes, cubrió con su sombra profunda la una sola tarde, esa canción de las canciones, el ErlPor fin D. Celestino se vió libre de inflamaciones figura del joven, y sólo cuando había una pausa en krxnig (rey de los alnos), que estribando en la poesía
y emplastos.
la composición musical después de la muerte de Men- de Goethe contiene los efectos todos de fuerza dra- Conque, ya lo sabe usted, me dijo, mañana sa- delssohn y de Schumann, resonaba más clara la voz mática y de colorido animadísimo que la música polimos para Villamendrugo. Puede usted decirlo en su de Schúbert, así como el ruiseñor que casi olvidaban dría producir en la forma reducida de una canción.
casa.
en medio del bullicio del día levanta su dulce y ar- ¿Quién lo imaginaría? Sólo poco antes de morir sa- Estoy deseando encontrarme allí, añadió la es- monioso canto cuando los otros pájaros ya enmude- boreó Goethe, gracias al arte incomparable de la ilusposa. Ya verá usted qué casa tenemos.
cieron. Y en el autor de canciones incomparables, tre cantante Guillerrl'\ii:ia Schroder-Devrient, las beY llegó el instante supremo de encajonarnos en el cuya juventud caía en la edad de oro de nuestra mú- llezas del Erlkamig de Schúbert. Lo mismo que Goetren.
sica clásica, se conoció un artista que había cultivado the se interesó Beethoven sólo en sus postrimerías
La esposa de D. Celestino y la mía se abrazaron todos los géneros del arte y que, si no tenía la univer- por las composicionefdel modesto músico, exclamanen la estación como si se hubieran criado juntas. Mi salidad de los pensamientos ni la lógica del desarro- do ante esos saludos de la naturaleza, ante esas cansuegra apeló al recurso _de la sonrisa para disimular llo de Beethoven, ostenta en cambio en su .círculo ciones que nos trasladan á la fuente cristalina de los
la fiereza de su carácter, y ambas familias nos instala- más estrecho un juego de colores y de matices infini- bosques: «¡Hay en Sch,íbert una centella divina!))
mos en un coche de primera.
tos, siendo su música el eco que devolvió más herEl mismo Schúbert no recordaba todas sus canEl tren comenzó á rodar, y D. Celestino, colocan- mosas las voces alegres de Viena y las bocinas de su ciones. Cuando un día le presentaron una de éstas
do ambas manos sobre mis rodillas, me dijo cariño- bosque.
pareciéndose á las florecillas que forman el aliento
iamente:
La vida de Sch1íbert Franzl - como lo apellidaban perfumado de las primaveras, preguntó: Schaut's, des
- Vaya, vaya; al fin he realizado mi deseo de lle- sus paisanos - era un martirio. El gran músico cuyas Lid is 11it unebn, von wem ist demi das7 (Esa canrnrme á ustedes á Villamendrugo. ¡Vale más que Por- melodías despiertan nuestro entusiasmo y nos encan- ción no es mala, ¿de quién es?) ¿Quién enumeraría,
tugal! ¡No existe término de comparación! Es un pue- tan ·cual rayos de sol, fué pobre como ·un ruiseñor. pues, todas las canciones notables del maestro vieblo muy sano. ¡Qué repollos aquéllos!
Su amigo más noble, el caballero José de Spaun, que nés? Me limitaré á citar El caminante, los ciclos de las
- ¡Y qué aguas!, dijo la esposa.
como empleado de la Hacienda fué agraciado con poesías de Guillermo Müller, titulados La hermosa
un título de nobleza en recompensa de un servicio de molinera y El viaje de invierno, y el ciclo Canto de
- ¡Y qué truchas!

BXPOSICIÓN UN! VERSAL DE CHICAGO, -

La danza argelina, dibujo de E. Limmer

�LA

viajeros que iban á visitar á la tribu. Algunas veces
veíamos en las calles más populosas algún gitano que
nos sonreía ó en las inmediaciones de la ciudad divisábamos d; pronto una tienda d~ campaña á orillas
del camino y estos encuentros mesperados tenían
para mí tod~ el encanto de lo irnprevist?. En no pocas ocasiones nos alejamos mucho de Filadelfia para
ver una feria de campesinos en cualquiera ciudad de
Nueva Jersey, y recuerdo que en cierta excursión de
este género fuí presentada á los Lovell.
Parecíame á mí entonces que nada podía ser tan
encantador como el género de vida de aquel pueblo
extraño, errante siempre á su antojo, trasladándose
desde los verdes pinares del Maine á los lejanos naranjales del Sud; plantando sus tiendas tan pronto á
la sombra de floridos jardines como en regiones abrasadas por el sol; durmiendo y entreteniéndose con
sus cantos y danzas, y sin pensar en el resto del mundo que se ufana y agita en medio de la miseria. Cuando yo comunicaba estas reflex~ones á ~i tío, reíase d~
la mejor gana y decíame que s1 yo pudiese ver los gitanos húngaros me causarían mayor admiración aún,
porque eran más típicos, más salvajes é independientes, y porque en sus cantos y representaciones se revelaba toda la extraña b~eza y la poesía de su vida.
Cierto domingo por la mañana, cuando pasábamos
por la calle de Chestnut, encontrarnos tres gitanos que
me causaron el mayor asombro: eran de elevada estatura, delgados y musculares, con facciones muy

Una visita á los gitanos

cisne, en el que se encuentran algunas poesías de
Reine, por ejemplo la que empieza Am Meer (En
la mar).
Dicen que halló las poesías de Müller en casa de
un amigo, se llevó el tomo sin que éste lo supiese, y
al día siguiente le sorprendió con el libro y la bellísima música La hermosa molinera.
Además de sus canciones ocupan un puesto privilegiado en nuestra literatura musical algunas composiciones de cámara y su última sinfonía, que llamaremos la décima musa después de las nueve engendradas por Beethoven. Escribió también las óperas Alfonso y Estrella, Fierabrás y la opereta La guerra
doméstica; pero la posteridad le llamará siempre el
gran lírico, pareciéndonos el genio de la primavera
que corona el mundo con botones y flores, dejando
la tormenta y la cosecha á las estaciones que siguen.
En la existencia tranquila de Schzíbert no hay otro
romanticismo más que la pobreza del artista. Vió la

NúMERO 619

ILtJS1'M.CtóN ARTÍSTICA

vario se convirtió, al morir él, en un altar resplandeciente de luces. En un huerto del cementerio central
de Viena tiene un sepulcro privilegiado, un sepulcro
de mérito junto á Beethoven. Y desde 1872 vese la
figura de Schúberten mármol de Carrara en el Stadtpark de Viena en medio de flores. Hermoso es el
monumento que se yergue sobre intangible pedestal
formado por las obras del artista, sus inmortales canciones.
J UAN

f ASTENRATH

LA TIERRA DE LOS GITANOS

I

Hallándome en Filadelfia fu{ á visitar por primera
vez la tierra de los gitanos. En la época á que me
refiero, la mencionada ciudad me parecía muy triste;
mas ahora, después de largos años de ausencia, me
encantan sus elegantes calles, flanqueadas de dos
líneas inmensas de casas de mármol blanco y de ladrillo rojo; las magníficas mansiones coloniales, abandonadas por la moda largo tiempo ha; las antiguas
iglesias, con su reducido cementerio, y los establecimientos públicos, donde se reunen tantos franceses.
Todo esto me seduce ahora, y mi ciudad me parece
más hermosa y pintoresca que muchas de las que
tienen mayor fama en el mundo; si en otro tiempo me
aburrí de ella, como todos los buenos hijos de Filadelfia, fué porque había visto poco. Necesitaba algo
nuevo, algo extraño, algo diferente, que rayase en lo
novelesco; y esta novedad, esta novela, este contraste,
parecióme que los encontraría en los gitanos: yo era
joven, y á mis ojos llevaban en sí todo el reflejo del
Oriente, todo el misterio de lo desconocido.
Llegados los primeros días de la primavera, cuando
los
árboles comenzaban á reverdecer y se oía el aleTipo de gitano mendigo
gre gorjeo de los pajarillos, solíamos dirigirnos con
mi tío Harn Breitrnann y á veces también con J ...,
luz solar en Viena el 31 de enero de 1797, como aficionado como yo á los gitanos, por la calle Ancha
cuarto hijo de un pobre maestro de escuela á quien á los arrabales, porque allí era donde en el sitio llasu esposa Isabel Fitz, que había sido cocinera, parió mado Parque de Oakdale, en parte cerrado por una
catorce hijos. Francisco debió su educación musical línea de frondosos árboles, ten{a establecido su camal regente de coro Miguel Holzer, que dijo de él: pamento la familia de los Castelloes, que viajaba en
«Mi discípulo lo debe todo al buen Dios,» y en 1808 la dirección Norte después de haber pasado el invierentró de alumno en el convento y de niño de coro en no en la Florida. Debo añadir que en ninguna parte,
la capilla imperial de Viena. De 1813 á 1817 ayudó desde uno á otro extremo de Filadelfia, fuimos reciá su padre en su cargo de maestro. En 1818 y 1824 bidos nunca con tanta cordialidad como en aquellas
estaba en la casa de campo del conde de Esterhazy, tiendas de lona pardusca, donde se nos invitaba á
situada en Hungría, donde fué á la vez el maestro y sentarnos sobre una alfombra extendida en el suelo,
el amigo. Como Dante vió su estrella en Beatriz, pues se ha de advertir que los Castelloes eran ricos.
Petrarca en Laura, Miguel Angel en Victoria Colonna Nos servían cerveza en jarros de plata, señalado cada
y Tasso en Leonor, el pobre Schúbert amaba á la jo- cual con diferentes iniciales, y sabían distraernos con
ven condesa Carolina Esterhazy. Pero mientras el la narración de curiosos incidentes; mientras que los
amor á la que era inaccesible á sus deseos fué para niños y los perros se revolcaban sobre las altas hierScht'tbert un sueño, una ilusión, la amistad era para bas, y la cabra favorita entraba en la tienda para resél una realidad, haciéndose el músico, que parecía vi- tregarse contra el anciano jefe de la tribu y los cabavir siempre en una Arcadia poética, en una Atlántida llos pacían bajo los manzanos.
mágica, amar tanto por su alegría, que las tertulias en
Pero en el otoño, cuando el aire era más bien frío
que en sus mocedades tomaban parte muchos otros que fresco, y los campos estaban magníficos con sus
artistas, pintores y poetas, se llamaban fiestas schuber- matices de escarlata y oro, y cubiertos de brillantes
tianas. Murió Francisco en Viena el 19 de noviem- crisantemos, dirigíamos nuestros pasos á Camden,
bre de 1828. Era como si Beethoven, ácuyo entierro á cierta distancia de la ciudad, donde Davy Wbarton
había asistido y en el cual se habfa inspirado su ge- y los Boswells tenían su campamento. También allí
nio, se le hubiese llevado á la tumba. Su obscuro cal- éramos recibidos muy cordialmente, como todos los

agraciadas, como las de las figuras que yo he visto en
muchos antiguos cuadros florentinos; su cabello, largo
y negro, pendía en rizos sobre los hombros; llevaban
gorras negras de piel, una línea de botones de plata
como adorno en en sus chaquetas azules, y al hombro
unos grandes sacos de lona. Mi tío los detuvo para
hablarles: c:ra:! gitanos de Hungría, y cuando sonrieron pude admirar sus blancas dentaduras, así como
el brillo de sus ojos al oir la primera palabra que se
les dirigió en su dialecto.
Pero muy pronto se agolparon alrededor muchos
curiosos que nos molestaban con sus preguntas.
«¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué dicen?» Esto era intolerable, y estrechando las manos de aquella buena gente, nos despedimos.
Así se despertó mi simpatía por los gitanos: después de aquel encuentro comprendí que nunca esta•
ría contenta hasta que hubiera ido á la verdadera

Gitano de pura raza

NúMERO 619

Gitanos al través de los campos

tierra de aquéllos, á Hungría; y cuando volví á ver á
los Castelloes en su tienda del Parque de Oakdale, y
hablé después con Davy \Vharton en los bosques de
las inmediaciones de Camden, eché de menos en ellos
alguna cosa ypensé que habían perdido algo para siempre, aunque sin poder apenas determinar qué sería.
Un año después, cuando
llegó el verano, mi tío emprendió una excursión hacia
el Norte para recorrer los
pinares, y pasó largas horas
en los wigwams indios; míen·
tras que yo me aburría en
mi casa, oyendo continuamente el monótono canto
de los grillos.
Pero una mañana leí en
la columna de anuncios del
Ledger que los gitanos húngaros iban á dar un concier·
to en los jardines de Manerchor, lugar que no frecuentan las personas de la clase
acomodada, porque lo creen
inconveniente. Esto podía
ser en mí una ligereza, pero
poco me importaba que se
criticase, tratándose de ir á
ver los gitanos.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y al frente de sus compañeros, rniróme y
me saludó, siguiendo el ejemplo todos los
ejecutantes.
Entonces comenzó el concierto: yo no
sabía, como sé ahora, que tocaban czardas; pero reéuerdo muy bien que las no·
tas del violín, mezclándose con las del címbalo, expresaban tan pronto la fuerza de
la pasión, la tristeza del alma, el amor ó
la cólera. Aquello tenía un verdadero carácter gitano por la violencia y el frenesí
con que se expresaba: era más de lo que
yo podía haber soñado.
Cuando los gitanos dejaron de tocar
acercáronse á mi mesa, mientras que los
alemanes se mostraban cada vez más sorprendidos. Los músicos comprendían por
mis ojos cuánto placer me había causado oírlos, y esto era suficiente para que
estuviesen contentos. Erame fácil entenderme con las gitanas inglesas, y por ellas
supe, con cierta humillación para mf, que
el gitano húngaro sabe expresarse mejor y
es más instruído que el nuestro. Todas
las palabras que yo pronunciaba en ro·
maní eran QCogidas alegremente. Cierto
individuo habló francés, pero de una manera atroz, y otro se expresó en alemán
nada correcto; un joven de ojos brillantes era quien conocía mejor aquellos idiomas y pudo
comprender todas mis frases.
¿Me tomarían á mí por una mujer de su raza?
Creo que no, pues conocen demasiado bien á su pueblo; en todos ellos hay cierto misterio impenetrable,
y así como los francmasones, tienen una señal mística

II
Era una noche de julio
muy calurosa cuando Ned,
mi hermano, y yo tomamos
el primer tren de la noche
para irá los jardines de Ma·
nerchor. Mi familia quedaba
en la Granja, sentados todos
á la puerta para aspirar la suave brisa que apenas re·
frescaba la sofocante atmósfera. Pronto llegamos á
los jardines: apenas eran las siete y media, y el concierto no comenzaba hasta las ocho, así es que había
muy poca gente sentada á las mesas puestas debajo
de los árboles.
Los camareros nos miraron con cierta curiosidad:
fuimos á sentarnos junto al sitio destinado á los músicos, y no pasó mucho tiempo sin que viéramos llegar dos ó tres de los ejecutantes. No llevaban gorras
de piel ni botones de plata, ni tampoco el cabello rizado; pero no podía dudar de lo que eran. Más mo•
renos y de tez más curtida que las de los Lovell ó las
de los Davy Wharton, reconocí en ellos al punto gitanos, no solamente por el aspecto, sino por sus ojos
y facciones.
El reloj del café marcaba las ocho menos diez; los
camareros, moviéndose al fin con mas actividad, comenzaron ó. pasar y repasar con jarros y vasos de cerveza; los alemanes, asiquos concurrentes al jardín,
ocupaban rápidamente las sillas alrededor de las mesitas, y á los pocos instantes vi que algunos hombres
entraban con varios instrumentos. No había tiempo
que perder, y al punto nos acomodarnos en el mejor
sitio, pues yo no quería perder ni una sola nota de la
música.
Entretanto los músicos tomaban posición preparando sus violines; el director, con el suyo levantado

Una familia de ¡¡itanas

que les sirve parA réC0MCétse. Muy impresionables y
de rápida comprensión, adivinaron, sin embargo, que
yo era su amiga. El jefe, corno para darme una prueba de su deferencia, presentóme á su mujer, que via_t-iba con él; hízola sentar á mi lado, y después, con
la gracia característica de esa gente y según la costumbre húngara, envió á buscar cerveza y chocó su
vaso con el de mi hermano y el mío, ofreciéndonos
su amistad.
Después de esto, el director de la orquesta, Karl
Sentz, quiso que sus compañeros tocaran algunos
valses y oberturas; y mientras lo hacían, el joven de
ojos brillantes, llamado Rudi, según me dijo, inclinóse hacia mi silla y murmuró en alemán: «Ahora tocan
con los papeles á la vista; pero nosotros nos guiamos
casi siempre por el corazón. »
Las czardas se repitieron después una tras otra, llenando de música y alegría aquel tranquilo rincón de
Filadelfia, y cuanto más tocaban los ejecutantes mayor era su entusiasmo. Sus negros ojos brillaban; tenían el rostro encendido, y cuando se apoderaba de
ellos el frenesí, gritaban al compás del violín, quedando luego como sumidos en un éxtasis.
Aquel concierto fué el principio de una larga serie
de otros á cual más agradables, y no me faltó cuanta
música pudiera desear. Una semana tras otra los gitanos dieron á conocer su repertorio en los Jardines
de Manerchor, sin que yo faltase una sola noche.

Los tales conciertos, contrariamente á lo que yo esperaba, alcanzaron gran éxito; y muy pronto acudió
mucha gente de todo Filadelfia, así como de los arrabales, reuniéndose en Manerchor un público numeroso. Tal vez algunos no iban por el placer de oir la
música, y sí atraídos por la animación que encontraban en aquel sitio; mas como quiera que fuese, la
concurrencia era cada vez más lucida. Desde entonces no fué raro ver en reuniones de buen tono algunos de esos bohemios, fáciles de conocer por sus casacas azules y su calzón encarnado.
·
Transcurrió el mes de julio y también el de agosto; los gitanos se habían contratado para tocar en los
jardines de Manerchor solamente un mes; mas el
pueblo de Filadelfia comenzaba á tomar el gusto á
su música, y en su consecuencia resolvieron dar algunos conciertos más en el Parque de Belmont, sitio
más propio para tales fiestas y más pintoresco por la
vista del río que desde él se disfrutaba.
.
La música de los gitanos parecía allí más apas10·
nada y producía más profunda impresión. Los violines emitían notas más sentidas y plañideras, y los
mismos ejecutantes entusiasrnábanse al parecer cuando cantaban algunas de sus czardas.
En Belmont fui tan obsequiada por los gitanos
como en Manerchor; en los intervalos de descanso
venían á sentarse junto á mí, y á veces paseábamos
juntos por el silencioso parque; de modo que al ~n
se formó entre nosotros un verdadero lazo de amistad. En tales ocasiones hablábanme de la extensa
llanura de Hungría, de los salvajes valles de los Kárpatos, de sus familias y de sus relaciones.
Una noche Rudi me dijo que sus compañeros y él
deseaban que fuese á oirlos á la mañana siguiente,
porque tocarían como nunca lo habían hecho, á fin
de que formase clara idea de
cuanto eran capaces de hacer con sus violines. Añadió
que dentro de una semana
iban á salir de Filadelfia, y
que tal vez pasaría mucho
tiempo sin que volviéramos
á verlos, pues proponíanse
recorrer otras ciudades americanas. Rudi me preguntó
si accedería á sus deseos.
Ya se comprenderá que
contesté afirmativamente,
dada la extraña simpatía que
me inspiraban aquellos bohemios, y que me valió no
pocas censuras, tal vez me·
recidas. El último concierto
debía darse en Manerchor, y
mi amigo J ... me acompañó
á los jardines, donde los gita·
nos me esperaban mucho antes de comenzar la función.
El jefe se adelantó para recibirme y condújome á. la
mesita, que llamaban «mía,»
invitándome á sentarme junto á su mujer.
Los músicos se esmeraron
como nunca; Rudi tenía ra·
zón; hasta entonces no supe
yo cuánto podían expresar
los violines y los címbalos.
Por cierto que aquel día me ocu_rrió una .ª:·entura
que al principio me inquietó; los g1_tanos m1r~ronme
desde que llegué con extraña expresión y sonnén?ose
con aire triunfante, y en su proceder observé cierto
misterio que me hizo entrar en temor! así es que
mientras ejecutaban una de sus czardas mtenté esca-

Tipo de gitano

�GITANA GRANADINA, ,dibujo de Isidoro Marítl

UN NOVILLERO DESDICHADO, dibujo de Carlos Arregui

�722

LA

par de aquel sit_io; _pero la ~sposa del director, que
estl:ba sentada a m1 lado, qmso detenerme y me hizo
decir por uno de sus compañeros, que hablaba inglés,
que no me fuera porque su jefe deseaba comunicarme algo de mucha importancia. Como se comprenderá, esto aumentó mi sobresalto: insistí, pues, en
m~rcharme, pretextando que deseaba aprovechar el
p~1mer tren, y entonces el intérprete me dijo que el
director de la compañía deseaba pedirme aceptara
por esposo á su hermano, hombre muy rico y excelente músico.
Este era el proyecto que había producido en aquella gente el cambio por mí observado. Sabiendo ya
á qué atenerme, contesté que me era imposible aceptar aquella proposición y apresuréme á abandonar el
jardín, sin averiguar cuál de los músicos gitanos era
el que deseaba ser mi marido.
Desde que me ocurrió esta aventura, ya no pensé
má~ que en Hungría, imaginándome que era una especie de paraíso terrestre, donde se vería al verdadero gitano, con su caballo negro, sus botones de plata
en la chaqueta, su violín en la mano, y recorriendo
los bosques ó los poblados.
,
Un año después de los sucesos referidos, J... y yo
nos habíamos casado y viajábamos. No nos detuvimos más que algunos días en Londres; pero bastaron
pa·ra que la casualidad me proporcionase ocasión de
encontrar á uno de mis antiguos conocidos de Manerchor, Jore, &lt;;i~izás mi_ antiguo pretendiente, que
nos saludó y felicitó cordialmente. Al despedirse dímosle una tarjeta, y prometió ir á visitarnos á nuestro hotel; mas no se presentó, y nunca más he vuelto
á ve~ al que quizás, según presunción mía, era el pretendiente que me propusieron sus compatriotas en
Filadelfia.
Tra~scurrieron algunos años, y durante este tiempo tuvimos a!gu~as veces ocasión de ver gitanos hún&amp;aros en los Jardmes de Londres ó en reuniones particulares, y en 1889 encontramos también algunos en
la Exposición de París.
. ~l fin, cier~o ~ía,. repentina é inesperadamente recibimos una mvitación para ir á Hungría: sin pérdida de tiempo, á las pocas horas nos ocupábamos en
hacer nuestros preparativos de viaje, y al día siguiente nos poníamos en camino.
I SABEL ROBINS PENNELL

(Concluirá)

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- En el teatro U nter den Linden, de Berlín, se ha estrenado
con gran aplau~o.una opereta, Sataniel, cuya m{1sica, de A. Ferron, es muy ongmal y de corte elegante y gracioso.
- En ~ar:mstadt se.ha cantado la 6pera de Berlioz Benvenuto Cell!m, que ha sido muy aplaudida.
- El duector del _teatro Central, de Berlín, ha anunciado un
concurs? para premiar una obra dramática popular berlinesa;
el premio es de I. 500 marcos ( I. 87 5 pesetas) y además se asegura al autor de la que resulte premiada la cantidad de 3.000
marcos (3- 750 _pes_eta~) como derechos de representación.
. - Los pre~1os mst1luid?s por el Ministerio de Instrucci6n pública de Itali~ ¡?~ra las meJores obras representadas últimamente en teatros italianos han sido adjudicados en la siguiente forma: 5.000 pesetas á la comedia L a deshonesta, de Ravetta;
3·CJO? á Doctor Müller, de Scalinger; 2.000 á Dura ley, de Travers1, y 2.000 á la comedia en un acto llfisterio, de L6pez.

Necrol~gía. -Han fallecido recientemente:
Mr. David James, célebre actor inglés.
J. Botermans, notable escultor holandés
•
Lu(sa Francois, una de las mejores noveÚstas alemanas.
.Julio K~lka, notable escritor vienés y critico de teatros que
hizo en Viena y fuera de Viena gran propaganda en favor de
las tendencias realistas:
Mr: Ford ~f~dox Browne, ilustre pintor de historia ingléS',
uno d~ los mas importantes defensores y cultivadores del prerafaehsmo moderno, autor de muchos cuadros notabilísimos y
de los preciosos frescos del Town Hall de Manchésler
Sir Guillermo Smith, individuo del Senado de la Universidad de Londres, registrador del Real Fondo Literario, rector
de la Escuela de San Pablo, autor del GranDiccionariodeAntigfiedades griegas y romanas, del Diccionario de biografía y
'.mtolog{a greco-romana, del Diccianario de la Biblia y de otras
importantes obras.
Guillermo Ge_orgy, reputado pintor alemán.
Mr. C. B. Birch, notable escultor inglés, individuo de la
Real Academia de Londres.
A~naldo Carlos Jo_rge de Kameke, ex ministro de la guerra
p~u~ian~, general de mfantería, uno de los militares que más se
d1stmgu1eron en la guerra franco-prusiana.
Ercole Ro~a, ~am?s_o escultor italiano, autor del grupo de los
hermanos Cauoh eng1do en el monte Pincio, en Roma, y del
monumento que se ha de erigir en MiUn á Víctor Manuel.
Carlos Pedroti, célebre compositor italiano, autor de varias
6peras, entre ellas Tutti in maschera, que ha sido representada
en los principales teatros del mundo.
Mario Patricio Mauricio Mac-Mahón, mariscal de Francia,
duque de Magenta, ex presidente de la República, uno de los
gen~rales más ilustres de Francia, cuyo nombre cubrióse &lt;le
glona en las campañas de Crimea y de Italia, en la guerra franco-prusiana y en la de la Comnnme.
Miss E~r(queta Mo~talba, notable escultora inglesa.
Lord Vman, embaJador de Inglaterra en Italia.
Pablo Borgmann, pintor de género y retratista alemán, director de la Escuela de Pintoras de Karlsruhe.
Carlos Pedrolli, compositor italiano, autor de varias 6peras
director de la Escuela superior de Música de Pésaro.
'
Luis Spangenberg, notable paisajista alemán, individuo de
la Academia de Bellas Artes de Berlin.

619

NúMERO

llamado Midway Plaisaace: en el café argelino, al compás de
extraña música, las almeas ejecutan la danza de su país, mez•
cla de movimientos graciosos y elegantes y de dificiles contorsiones. En Argelia las bailarinas pertenecen á la clase más ínfima del pueblo, y desde pequeñas se adiestran en las danzas
del vientre y de las abejas, ea los peligrosos juegos de las espadas y en otros varios ejercicios que algunas veces sorprenden y
otras repugnan; los mahometanos pertenecientes á las clases
elevadas consideran como cosa despreciable el baile, no s61o el
que se ejecuta en público, sino que también el que entre nosotros se llama baile de sociedad.
victi~as de la actual_ campaña de Africa: su valor rayano en
tem~ndad, su noble_ impulso de llevar ayuda á los que en situac16a comprometida se encontraban, su honor excitado por
las ¡ifrentas que á España infirieron las kabilas, su legítimo de-

_,. '1

I ,,

.''-;,~&gt;.

~ ✓ · ·~

~

--

-

DO:'&lt; JUAN GARCÍA MARGALLO

general de brigada, muerto en el campo de Melilla
en 28 de octubre de 1893
seo de castigar á los que tan sin piedad habíaó agredido á sus
soldados, tal vez el propósito de no volverá España sin los
laureles de la victoria, lleváronle en las jornadas de _27 y 28 de
octubre último á los puestos de más peligro para animar coa
su ejemplo á sus tropas.
Encerrado en el fuerte de Cabrerizas Altas durante la noche
del 27 al 28, ea la mañana de este í1ltimo día, viéndose atacado
por los rifeños que por todos lados le cercaban y ante el inminente peligro de que los asaltantes se apoderaran del fuerte, orgaaiz6 una resistencia desesperada y brillante.
&lt;E~ general Margallo - dice el Sr. Morote, corresponsal de
El Liberal, que estuvo en el fuerte .durante aquella jornada está en la explanada del fuerte. No puede concebirse qué valor
de~uest~a ante las balas, que le rodean por todas partes. l m•
pávido, imperturbable, con una temeridad que nos produce escalofríos, da voces de mando, arenga á los soldados, grita á
cu_antos le rodean y alza de cuando en cuando la cabe.za para
mirar serenamente alguna bala que silba cerca de él. En un
!ll0mento en que se vuelve para dar una orden, un proyectil le
alcanza y cae instantáneamente muerto.)
El general D. Juan Garda Margallo naci6 ea Montáñez (C:iceres) en 12 de julio de 1839, foé cadete en 1855 y alférez ea
1858: lom6 parte en la primera guerra de Africa á las órdenes
de O'Donnell y en la última guerra carlista, y obtuvo todos sus
grados, hasta el de coronel, que ?an6 en 1875, por méritos de
guerra. En I 890 fué ascendido a general de brigada y poco
déspues nombrósele gobernador de la plaza de Melilla.
El general Margallo ha muerto heroicamente y su nombre
figurará en los anales de nuestras guerras al lado de todo~
aquellos que al dar sus vidas por la patria se han hecho acreedores á un puesto de honor en las páginas de la gloriosa historia militar de España.

r

J

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUS',I'RACIONES DE ALFREDO PARtS
(CONCLUSIÓN)

El general Margallo. - Ha sido una de las primeras

Los novios por la gatera, dibujo de J G arcía
Be~as 4z:tes. - He aquí algunos datos acerca de la última
gran Expos1c16n de Bellas Artes celebrada en Berlín que en Ra~o~. - El genial pintor sevillano Sr. Garda Ramos, tan
nuestro conc~pto ofrecen interés. Durante los 127 día; en que ventaJosamente conocido por sus lienzos y dibujos de tipos,
ha perman~c1do abierta ha sido visitada por más de 8oo.ooo cuadros y costumbres andaluzas, nos ha ofrecido nueva ocasi6n
pers~nas, cifra que da un promedio diario de 6. 000, y se han para J?Ublicar y dar á conocer una ele sus originales producciov~nd1do en ella 271 obras por valor de 375.000 pesetas. En cam- nes, nea en detalles, bella por su dibujo y sanamente intenciobio no se han despachado todos los billetes de la lotería. Aun nada, porque en las obras de este distinguido artista hay que
~uando no. se ha hecho una liquidaci6n definitiva de gastos é observar, además de su notable ejecución, una nota marcadamgresos, t1énese por seguro que quedará un remanente de 8o mente humorística, pero de un humorismo sano y delicado que
á_ 90.000 pe.setas que se distribuirá por mitad entre la Asocia- aun r~produciendo escena~ y c?stumbres del vulgo, no se'acación de ~rtlstas Berlineses y la Asociaci6n de Individuos de la nalla Jamás, no ofende m lastima. Los novios po,· la gatera es
Academia. Esta última destinará la parte que le corresponda á ~na obra genial, retenida quizás por el artista, y observada con
mterés y con igual deseo reproducida, cual si la hubiese copiala compra de obras en la pr6xima Exposición.
- En el Sai6n Sch~lte, de B~rlin, se han expuesto reciente- do del natural, sorprendiendo á los novios que faltos de comumente obras de los primeros artistas alemanes y extranjeros en• nicaci6a, sin rejas ni ventanas, aprovechan para contar sus amotre las cuales han llamado especialmente la atenci6n cuatro nue- res el agujero practicado para paso de los gatos en la puerta de
Gitanagz:an adina. : Vendedores de carbón, divos cuadros de Pradilla, sobre todo un hermoso paisaje que re- la casa de la gentil sevillana.
bujos de Isidor? Mann. - Varias veces nos hemos ocupapresenta un parque italiano y el boceto de un hermoso techo.
Alonso Berruguete. - Cristóbal Colón esta- do ele las obras del Joven cuanto discreto pintor granadino IsiBarcelona. - Salón , P_arés. - _Variada fu~ la Exposición de
doro Mar!a, dándolas á conocer por medio del grabado á nuesobras _nuevas en esta ultima qumcena: de pmtura un país y dos tu8:8 de J osé_ A_lcoverr o. - En ocasión recie~le, con tros (ectores. Ellas demuestran la valía del artista, revelan su
cuadntos de flores_ de A, Tolosa; una escena un tanto cómica ~ot1vo de )a pubhcac1ón de su bonita estatua ;Al Pardo!, tu- espintu obsef\•ador y retratan con admirable fidelidad los tipos
de Mest~es, un artista en peligro por el paso de una manada de vimos ocasión de hacer constar los méritos y alientos de Alco- Y.costumbres de ~qu_ella regi6n española, en doace todo rebosa
vacas, pm~ad~ con robustez y de aspecto total agradable, por verro1 a(gunas de cuyas obr~ figuran coronando monumen- vida, color mov1m1e~to. Poco, pues, hemos de agregará lo que
la entonación Jugosa y la luz decidida, al contrario del país de tos pubh:os 6 han sido premiadas en Exposiciones. Las que ya hemos d1c~o de Isidoro Marín, debiendo limitarnos á llaTolosa, de t_onahdad fria é indecisa. De Rusiñol, dós estudios ~oy publicamos bastarían por sí solas para testimoniar las cua- mar l_a atención acerca del notable dibujo que representa á
de su excursión á Mal)orca, llenqs de luz, tranquilos y armónicos hd_ades y aptitu~es del ar\ista, pues ambas reproducen el perso- ~na gitana con s~ ruc~o, copiado felizmente entre los que conscomo la_ natu_raleza m1s~a: uno que representa el porche de una naJe 9.ue el ar,t1s1a propusose representar. La de Berruguete, tituyen la población gitana, que se aloja en las cuevas existencasa es mmeJor~ble; simple y de una intensidad luminosa el premiada en publico concurso por la Academia de Bellas Artes tes _en los alrededores de la antigua capital de los moaarcasnafondo, q~e cautiva poderosamente. Del joven artista Sr. Alsi- de San Fernando, e~1belle~e la gran escalinata q:ie da acce- z:mtas. No es menor el mérito del dibujo que reproduce una
n_a, tres lienzos para la decoraci6n de una escalera hábilmente so al sunt~oso palacio destmado á Museos y Bibliotecas, ha
rec~a de burros conduciendo serones de carb6n, nota caracteejecutados, y una marina; una serie de estudios de Carreras poco termmado en la_ coronada villa, y en la segunda ha logra- rística Yque desde luego llama la ateaci6n de los que visitan
do el Sr. Alcoverro mterpretar la venerable y simpática figuace~ladí~imos de color algunos de ellos, como los dos pafses
Granada.
los mtenores en que respecti~amente se reproducen, ¡ma seño- ra ~el gran naveg~nte genovés, á quien los Católicos Reyes
debieron
el
más
bnllanl~
florón
de
su
corona.
ra apoyada á la pared en actitud que revela triste desconsuelo
~n n?viller~ desdichado, dibujo de Carlos
Y ot~a ~entada á un~ ~esita lefend~, y de Cabot Negrevernis,
- D_esdicha fué, sin duda, para el rapaz que su ma. Exposición universal de Chicago. - Instalación de dre ye{~~por ultimo, ~nos pa1saJes, de eJecuc16n algo insegura.
0
ª
ara Jun_to á las. verjas del Buen Retiro jugando al
;uguetes de Sonneqerg. -1:,a danza argelina, dibujos de Lim- tero
En 1~ secc16n de escultura figuraron unas cabezas de estudio
, Y á stacabnllas, olvidado de que ea la escuela recibirla
de Munllo, modeladas con excesiva prolijidad tal vez pero no mer. - Una de las .1~stalac1on~s más curiosas de la secci6n ale- :~~Pt;ec osas enseñanzas. La sorpresa del muchacho arranexentas de buenas cualidades, los retratos de un militar en mana de la Expos1c1ón de Ch1cago es la de juguetes de la ciu, d t e grupo de sus camaradas, la actitud de la madre los
~ad de Sonneberg, que ha he~ho de ~sta industria una es;:,ecia11
~usto, Y d~ una se,ñora s~atada, de cuerpo entero, á poco ta:Oa.
hdad en ~º?º el mundo con?c1da. Oc10so es decir que mientras · e ª es_ Y pormenores, todo ha sido bien interpretado p~r el
no, de uho M~rti, de eJecuci6n sobria y discreta, y una placa la
Expos1c1ón ha permanecido abierta ha sido esa instalación Jyoavleancpomtolr mad~ileño Carlos Arregui, de quien hemos tenido
funerar,:~• fundid~ en bronce en los talleres del Sr, Masriera y
mp
· no menos cl1scre.
I UJ0S
e· acencia
t d de publicar Otros d'b
Compama, obra bien trazada en su conjunto, hechos con esmero el encan.to de l_a gente menuda y aun de las personas mayores, .tarnente _Jecu
ª
os Y concebidos. Arregui ha creído que la me•
pues la_ ;nduslna moderna ha llevado este ramo á un grado de
t?dos los detalles y de aspecto apropiado al objeto á que se desperfecc1on tal, que sus productos entretienen y deleitan tanto á JOr ~nsehnanza P?drfa recibirla de cuanto le rodea y d~ ahí
tm~, otra prueba palpable del renacimiento de las Artes deco· 1 pred'I
.
'
los hombres como á l?s niños. Fíjense nuestros lecto~es en el quedse . aya dedicado con espec1a
I ccc1ón á copiar y rerallvas entre nosotros.
ucir escenas de la v'll
d ¡
~
1
graba?º que re~roducnnos y comprenderán que aquel monl6n pro
"6 y vive
· e1Joven
•
oso Y el madrono• en la que na ·
art'ista. ªElenatural
de obJet_o~ artísticamente combinados haya siclo 1a admiración c1
.
es el meJ·or maestro y si
Arregu1· prosigue
.~ eatr~s. - En el Coliseo de Guatemaln, la compaíi·í~ que de
la send
d'd
,
'
los v1S1tantes de la Gran Feria.
cia á alcanzar el galardó a empren I a podra aspirar con juslidmge el distinguido primer actor Sr. Amato ha puesto en esLa danza a_r~elina es una de las muchas que han podido con- vechar
ed.
n
q~e
se
concede
á
los
que
saben
aprocena con gran éxito la obra de D. J osé Echegaray Mariana.
1
templar los v1s1tanles de la Exposición en el lugar de la misma
y aptit!ci~rs ~on ~u~el~:s~~fá°1[ ~:o~!~i~~~!'.dad las cualidades

y

NúMERO 619

Aquello debió producir muy mal efecto entre los Servan, debió también guardar cama, vencido por el apetito voraz de los osos obligados á tan largo ayuno.
El equinoccio había pasado y el frío continuaba
osos; pero como estos animales tienen fama de pa- exceso de fatiga.
reinando.
Pero
lo
que
más
aflig(a
á
los
testigos
de
aquel
lúcienzudos y filosóficos, se reunieron en consejo, y
El día 2 de abril, los oficiales, por consejo del
doctor Servan, decidieron que se abriesen las escotillas y que, á pesar de que el termómetro marcaba
30 grados bajo cero, se dejasen abiertas durante unos
minutos.
Después de largas discusiones nadie quiso que se
dist~ibuyera el contenido de un último tubo de oxígeno líquido que quedaba.
Entonces, con infinitas precauciones para atenuar la
brusca entrada del frío, pues en el interior del buque
aún había seis grados de calor, se abrieron poco las
portas hasta que la temperatura llegó á cero, para
que no hiciera demasiada impresión la entrada del
aire exterior por las grandes escotillas.
Luego se levantó la tapa de la escotilla mayor, y
en aquel momento un ruido singular que se oyó en
la cubierta del buque llamó la aten~ión de todos.
Pasos pesados, ruido de cuerdas .•que se rompen,
arañazos significativos y crujidos ins6Jitos del maderamen denunciaron la presencia de huéspedes extraños en el barco.
A los primeros rumores que se oyeron, comprendieron ya de qué clase de huéspedes se trataba.
- ¡Los osos!, exclamó con voz fue.rte Guerbraz,
que vigilaba la maniobra de aeración.
Empezaron el sitio de la Estrella Po/a, en toda regla
No tuvo tiempo de decir más. Las maderas de la
tapa crujieron bajo un peso considerable y se hunempezaron el sitio de la Estrell~ Polar en toda gubre drama era la lenta agonía de Tina Le Floc'h. dieron, y por la abertura aparecieron las fauces sanLa pobre nodriza se moría en efecto, y no había sis- guinolentas y los ojos rojos de un oso, en ~nto que
regla.
No era que hubiese ningún peligro para los expe- tema humano de salvarla, ni siquiera de hacer menos una corriente de aire helado hacía violenta irrupción
en flancos del navío.
dicionarios con la presencia de los osos, pero resul- amargos sus últimos momentos.
I
sabel,
aunque
rendida
de
cansancio,
no
abandotaba ésta muy fastidiosa.
.
XVI
Efectivamente, en tanto que aqQel!os vecmos per- naba ni un momento la cabecera de la enferma.
La moribunda no conservaba ninguna esperanza,
manecieron allí, no podía pensarse en las excursiones
BATALLA Y SALVACI ÓN
que imponía la higiene más elemental. Era preci- y tan sólo ·sentía morir sin volver á ver la tierra de
so, pues, desemb~azarse de ellos lo más pronto po- Armor.
La situación era verdaderamente crítica.
La señorita de Keralio renovaba su energía y sus
sible.
Engolosinados por las emanáciooes del steamer,
cuidados
para
prolongar
una
existencia
que
se
acaQuedó decidido que no se vacilaría respecto á los
los terribles plantígrados, sobreponiéndose al cabo
medios que debían emplearse, siendo los mas vio- baba.
Por otra parte, el sitio de los osos había engendra- á su temor y más atrevidos por la ausencia total de
lentos y expeditivos los que por mejores fueron repu·
do
otro riesgo. La atmósfera interior iba haciéndose movimiento, se habían decidido á tentar el abordaje.
tados.
Los sitiados se distribuyeron en tres secciones de irrespirable, y la provisión de oxígeno líquido estaba Habían podido operar sin resistencia, y la abertura
diez hombres cada una, mandadas por el comandan- agotada, pues sólo quedaba un tubo que se guarda- de las escotillas les permitía atacar ahora la tripulaba para un caso extremo y especialmente para uso de ción de la Estrella Polar hasta sus últimas trinte Lacrosse, por d'Ermont y por Hardy.
A cada sección se le señaló un día de guardia y los enfermos. Era urgente airear los camarotes y la cheras.
La gran escotilla, cediendo al enorme peso del oso,
bodega, cosa que no podía hacerse sino abriendo
una función determinada.
Hasta entonces poco se habían inquietado los de con precaución las portas, lo cual no bastaba para había caído sobre el hombro de Guerbraz, que recila Estrella Polar con tan pesada compañía, pero fué- purificar la atmósfera cargada de ácido carbónico. • bió un choque formidable. El hércules bajó la escaleNo eran solamente los gases de la calefacción co- ra con sus compañeros, llevando la alarma al interior
les preciso conceder á los osos mayor atención cuando vieron que el número de animales aumentaba en tidiana los que mantenían esta atmósfera mefítica, del l:iuque. En cuanto al oso, encontrando vacía la
sino principalmente las respiraciones acumuladas y plaza y libre el camino, había avanzado gruñendo
fantásticas proporciones.
Un día, cuando montaba la guardia el teniente
Poi, no pudo por menos de exclamar:
- Vamos, parece que lluevan osos.
- ¿Qué queréis decir con eso?, preguntó el comandante, que había oído la exclamación.
- ¡Diantre!, dijo el joven oficial riendo; vedlo vos
mismo. Ayer había veintidós osos por aquí, y que me
maten si ahora no hay cincuenta.
Al comandante Lacrose bastóle echar una ojeada
alrededor del barco para convencerse de que el teniente no exageraba: por todos lados se veían osos, y
el número de cincuenta, por extraordinario que pareciera, no era en modo alguno exagerado. Esta observación le causó verdadera inquietud.
- Algo extraño debe haber ocurrido en estos parajes, exclamó.
La situación, sin ser verdaderamente crítica, era
algo peligrosa, pues se veía bien claro que, empujados por el hambre, llegaría pronto el momento en
que los osos asaltarían el buque.
En el interior de éste el estado de los enfermos no
mejoraba. Hacia el 15 de marzo un recrudecimiento
del frío obligó á los invernantes á encerrarse de nuevo en el barco: el mercurio se había vuelto á congelar y el hielo del pack, que parecía próximo á romEl animal engolosinado empez6 á devorar el cadáver
pe:se, había recobrado su espesor y consistencia an·
teriores.
Para colmo de desdichas, el escorbuto hizo su apa· provenientes algunas de ellas de P:chos enfermos! y y en el momento en que los hombres reaparecieron
rición entre los hombres válidos de á bordo, y el ci- también las emanaciones de la cocma, cuyos ranc10s con armas, encontrarop el gigantesco animal á la enrujano Le Sieur, el compañero y ayudante del doctor olores apestaban el aire ambiente y debían excitar el trada del &lt;;:orredor.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 619

Inmediatamente, carabinas y revólveres hicieron pantosa catástrofe. Estallaría una explosión formida- sor Una lucha furiosa empezó entonces, pero no fué
fuego, y apenas había dado dos pasos caía muerto.
ble; el hidrógeno, merced á los terribles carburos que larga· no podía serlo. En un abrir y cerrar de ojos
Desgraciadamente, detrás de aquél habían pene- genera, y que se conocen en las minas con el nom- el al~mán fué derribado, desgarrado por las zarpas
trado tres osos más.
bre de grisou, se esparcerfa en torbellinos de llamas del oso y aplastado entre sus poderosos brazos. Y por
Dos de ellos, asustados por las detonaciones, vol- por el interior de la Estrella Polar, destruyéndolo dos veces las fauces repugnantes del plantígrado se
vieron á subir por la escalera más aprisa que baja- todo á su paso y quemando el desgraciado buque y á cerraron sobre la cabeza de Scnecker, que quedó conron; pero el tercero, azorado, equivocó el camino, y cuantos le habitaban.
vertido en una masa informe. El animal, engolosinaen vez de huir hacia la escotilla, se metió en la parte
La horrible alegría del miserable debió ser pareci- do y viendo que encontraba un festín donde sólo
del corredor que daba á los camarotes. Allí era pre- da á la que sienten los demonios mirando las cala- buscaba una puerta de escape, empezó á devorar el
cisamente donde estaban los enfermos.
midades que engendran.
cadáver.
En aquel momento, Isabel, sentada cerca de su
Todo favorecía su proyecto. La tripulación estaba
Pero los gritos de Schnecker se habían oído y todos
nodriza, se esforzaba en consoacudían. Isabe~ generosa como
lar á la pobre mujer. Una piasiempre, fué la primera en acudosa conversación se había endir en socorro del miserable
tablado entre ellas; y la joven,
traidor.
supliendo en cuanto podía los
Había cogido de una mesilla
consuelos de un sacerdote, trade noche un revólver. Armarlo
taba de reconfortar el ánimo de
y salir afuera no había sido para
la bretona.
ella
sino cuestión de un instan- La vida es corta, mi buena
te.
Había
corrido directamente
nodriza; todos un día l1 otro deal camarote de Schnecker; pero,
bemos abandonarla. Afortunapor muy rápida que hubiese sidamente esto es sólo un mundo
do su acción, llegaba tarde.
de paso, y más allá encontraSalYator, el fiel Salvator, hamos la verdadera vida, aquella
bía
comprendido el peligro que
en que el duelo y el sufrimiento
corrían
cuantos le amaban, y de
son desconocidos y donde se
un
solo
brinco, sin medir su vagoza la dicha más pura y la prelor
el
peligro
que afrontaba, se
sencia de las personas que en
había
precipitado
sobre el eneeste mundo hemos querido.
migo
y
le
había
hecho
presa en
Hablando de este modo enjuel cuello. Pero el pobre perro hagaba las lágrimas que corrían
bía presumido demasiado de sus
por los ojos de la pobre mujer,
fuerzas.
Por mucho que fuese su
y la moribunda, consolada, la
valor no podía salir con bien de
miraba sonriendo yle contestaba
su empresa. Así es que el monsasí:
truo lo había aprisionado bajo
- ¡Oh, hijita de mi alma!, desu enorme pata y amenazaba
cía. Siempre contináas siendo
romperle las costillas con su forpara mí Jo . que eras en otro
midable presión. Y aun si Saltiempo, la niña buena y cariñovator se escapó con bien fué desa, temerosa de Dios y que combido á una circunstancia fortuita.
padecía y socorría á los pobres!
El oso, á quien habían distraí •
Siento que bajo tu mano, bajo
do
en su ocupación, que consistus ojos y escuchando tus palatía
en devorar al mise rabie
bras, la muerte será menos dura.
Schnecker, después de haberse
De repente, el ruido de las
levantado un instante, había caídetonaciones hizo estremecer á
do otra vez sobre sus patas, delas dos mujeres.
rribando al perro debajo de él.
Isabel se levantó sobresaltada
Salvator,
aunque medio ahogay corrió á la puerta, que entredo, escapaba por lo menos al
abrió. Retrocedió espantada lanabrazo del pmntígrado. Fué t:l
zando un grito.
momento en que Isabel interviEl oso estaba á dos pasos de
no muy á tiempo. Cuatro veces
ella buscando una salida para
descargó
su revólver sobre el
huir. Al ver la puerta entreabieranimal,
y
cuatro
veces lanzó éste
ta se precipitó.
rugidos de dolor, pues las balas
La señorita de Keralio tuvo
habían penetrado en su cabeza
por fortuna tiempo de cerrarla,
y en su cuello. Desgraciaday palpitando de miedo, se arrimente aquellas heridas, aunque
mó contra ella para contrarresgraves, no lograron sino exaspetar en lo posible el empuje del
rarle más. Se levantó por terceanimal.
ra vez, sacudió el perro y se prePero este choque no se procipitó sobre Isabel.
dujo.
Todo habría acabado para la
¿Había renunciado el oso á su
joven, si en aquel momento
proyecto ó se había marchado?
Guerbraz no hubiese interveniEn tanto que la joven se bado en la lucha enarbolando un
cía esta pregunta, el drama al
,
d'
.
b d 1-.. •
1 b
hacha.
cual ella había escapado se prohabel, aunque ren ida de cnnf:mc101 no a an ona.,.. ni un momento a ca ecera de la enferma
Blandida por aquella mano
seguía en el fondo del pasillo.
de hércules, el arma cortó á cerEn aquel sitio estaba situado el camarote del quí- distribuida en todos los puntos él\ qué éi'A fietesaria
mico Schnecker. El traidor, á pesar de la gracia que su presencia, y la llegada inesperada de los osos ha- cén tlM de las patas del monstruo, y en tanto que
se le había hecho, no había renunciado ni mucho bía hecho que se reunieran todos los hombres en un rugiendo de dolor caía en el suelo, un segundo golpe le hendió el cráneo.
menos á la idea de venganza. Cuando se le hubo di- solo punto.
Aquella vez la enorme bestia cayó para no levancho la medida de que sería objeto en la primera es·
El químico llegó, pues, sin dificultad hasta el de-.
cala que en puerto francés hiciese la Estrella Polar, partamento de los hornos. Estaba vacío. Pero llega- tarse más, tapando bajo su masa el cuerpo destrozado
no vivía sino para satisfacer este deseo de venganza. do allí, advirtió que, por medida de precaución, Hu- del químico.
Entretanto, por la escotilla abierta había penetra«Muerte por muerte, se había dicho, tanto monta berto había separado el tubo de la cámara de dilatamorir en seguida, y así por lo menos escogeré yo el ción. En las cañerías no quedaba, pues, sino el hi- do gran cantidad de aire. Un frío intenso se sentía en
género de muerte, y será tal que destruya conmigo drógeno ya repartido por el recipiente. Para abrir el navío, que media hora antes tenía todavía una athasta el áltimo germen de esta expedición que tanta éste, ó para romper uno de sus conductos, era preci- mósfera tan templada.
Era preciso, pues, encender de nuevo los fuegos.
gloria habría de proporcionar á estos hombres que so operar una presión violenta. Como no tenía ninSe tapó otra vez el peligroso orificio y el gas fué
me han condenado y que yo execro.»
gún instrumento á mano, se fué hacia su camarote
La ocasión acababa de ofrecerse á él para poner cogiendo rápidamente un escoplo y un martillo. De puesto en comunicación con las chimeneas.
Tranquilos ya respecto á los resultados de aquella
en planta su infernal proyecto.
repente un soplo cálido y un ruido sordo hizo que se agresión, los oficiales de la Estrella Polar deliberaSe había dado orden de extinguir los fuegos, pero volviera. Se detuvo lívido, sin voz, y sus cabellos se
ron acerca del partido que debían tomar. El consejo
no debía durar tal extinción mucho rato, sino el ne- erizaron sobre su cráneo.
fué breve y el plan quedó convenido. Ante todo urcesario para renovar la atmósfera del steamer. En
El oso, buscando una salida y no pudiendo forzar
consecuencia, las estufas continuaban en situación la puerta del camarote de Isabel, empujó la del quí- gía desembarazarse del cadáver del animal.
Guerbraz fué también quien se prestó á salir para
de poder volver á encenderse, dejando tiempo sufi- mico. Entró sin resistencia. Entonces pasó una escesaber la situación del exterior.
ciente para renovar el aire. Por lo que hace á los tu- na horrorosa.
Abrió con precaución una de las puertas que dabos, quedarían abiertos continuando su oficio de
El animal, irritado, se levantó sobre las patas tra- ban á la galería de popa. El atrevido gaviero, por una
verter gas en la cámara de dilatación.
seras, llenando el estrecho espacio con su cuerpo.
Bastaba, pues, que Schnecker pudiera llegar allí, Schnecker, asustado, quiso huir, lanzando un grito maniobra hábil, se encaramó sobre cubierta, llevando
abrir las espitas conductoras y acercar una llama á agudo inarticulado. Pero el monstruo, sin duda cre- un revólver y una carabina.
Las noticias que dió fueron satisfactorias.
ellas.para que instantáneamente se produjera una es- yendo que se le atacaba, se convirtió á su vez en agreSorprendidos y asustados por las detonaciones, los

NúMERO 619

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,
osos se habían marchado de un sitio en que tales ruidos y trepidaciones se oían. Sólo quedaban dos sobre
el puente.
.
Huberto, el comandante Lacrosse, los temen~es
Poi y Hardy escoltaron á Guerbraz, y tres detonac10nes estallaron y cayeron al suelo los dos osos. Después de lo cual, los hombres vol~ieron á hacer guardias, pues era preciso que no pudieran los osos hacer
ninguna nueva tentativa.
Terminado el equinoccio, se había entrado en hl
época de día perenne, y exceptuando una media hgm
en que el sol se ocultaba, no había que temer sino el exceso de
luz.
Pero aun cuando esa noche
fuese muy corta, no por ello dejaban de adoptarse medidas de
precaución y se hacían proyecciones eléctricas sobre el campo
de hielo.
Al mismo tiempo los dos cañones-revólveres Hotchkiss fueron puestos en batería y cargados de metralla, y su primera
descarga mató á seis osos entre
las apretadas filas de sus compañeros.
El frío, después de una recrudescencia tan cruel, remitió algunas veces, y el 28 de marzo el
mercurio, bruscamente deshelado, subió, sin pararse, hasta 10
grados.
Al día siguiente, 29, una violenta tempestad del Sud que
llenó los ecos con los crujidos
de los icebergs y los ruidos fúnebres del campo de hielo, duró
largas horas y produjo algunos
desperfectos de poca consideración en el buque.
También entre los varios efectos que causó hubo el de alejar
por algunas horas á los osos.
El día 3 1 pudo juzgarse de
los efectos de la tempestad. La
Estrella Polar, inclinada sobre
su basada, había separado las
armaduras de acero de ésta de
modo que todo su peso cargaba
sobre la quilla: una profunda
grieta se abría delante de su roda y esa circunstancia hacía prever la libertad próxima.
Pero los animales hambrientos reaparecieron y se llegaron
á contar cuarenta otra vez alrededor del buque. Era fácil conjeturar que las fieras no tard~rían en hacer una nueva tentativa de asalto contra el steamer.
Efectivamente, á los dos días
se verificó, y el ataque fué tan
completo y tan unánime .,que
después de haber muerto los
marinos con sus carabinas y cañones-revólveres una docena de
asaltantes, debieron sin embargo aquéllos batirse en retirada
y encerrarse en el interior del
navío. Entretanto había sido preciso echar al campo
de hielo el cadáver de Schnecker. El traidor no había
tenido siquiera los honores de la sepultura y los plantígrados habían devorado sus restos.
A pesar del horror ~e esta escena! n~die hab(a sentido gran conmiseración por ese cnmmal, hendo en
el momento mismo en que se apercibía á perpetrar el
más abominable de los delitos.
Los seis animales muertos habían sido cuidadosamente despeda1.ados, y el proverbio no hay mal que
por bien no venga habías&amp; justificado al pie de la letra pues aquella aventura había proporcionado á los
mdrinos preciosas pieles y una gran cantidad de carne fresca.
Mas era preciso á toda costa acabar con los osos que
quedaban. La idea que había concebido el químico
para la pérdida del navío, Huberto la aprovechó par~
su salvación. Sacrificó para tal objeto un tubo de hidrógeno líquido, y _d~spués de _tomar _co~sejo d~ sus
compañeros, se dec1d1ó que se mcend1ana la cubierta
y que después se apagaría aquel incendio. El medio
era muy sencillo. Los tubos que servían pa_ra repartir interiormente el gas, fueron por unos instantes
puestos en comunicación con el exterior. Se dispuso
c:uanto era necesario para interrumpir la corriente á
la primera señal. Luego todas las espitas fueron

abiertas á la vez y proyectaron 400 metros cúbicos
de gas sobre la cubierta. Bastó introducir ali( la !lama de una estopa colocada al final de un_a pértiga
para provocar la inflamación inmediata del hidrógeno.
Una verdadera tromba de fuego barrió el navío de
proa á popa con una rápida deflagración y con un
ruido formidable.
La arboladura del buque no padeció apenas, y en
qlllQÍQ lq~ q4é&amp;¡:ieqe&amp; de Cijqiertq q4e p,~recían esW :illí muy cómodamente, quema~qs q~ 4n ~QdQ
horroroso por aquel desenc"idenam1ento ge Y'l mfi~r-

El ataque fué tan completo y tan unánime...

no artificial deJ·aron una docena de muertos ó morí' el navío, en tanto que el resto hu1a
, 1anbundos sobre
zando aullidos de dolor y espanto.
Fué el final de aquel largo sitio que había durado
dos semanas. El medio empleado dió además por
su violencia un resultado que no se esperaba. Bajo
aquella temperatura de 1. 700 grados el hielo que rodeaba la Estrella Polar se fundió hasta una profundidad de tres pies, y el buque vió abrirse nuevamente el camino de regreso. Lo que en los días anteriores era una hendedura se convirtió bruscamente
en una ancha faja de agua, y el sol de abril con su
calor más largo y por ende más benéfico aumentó
el efecto producido por aquella violenta cuanto felil
tentativa.
Desde la verga más alta, el vigía avisó que grandes
trozos de campo iban ya á la deriva. Los osos habían
huído· se bajó sobre el hielo y se quitó la armadura
que r~sguardaba el buque, formándole la cuna de
ballestas. El steamer, rompiendo al cabo el hielo, reposó segunda vez en el agua.
En fin el 15 de abril se abrió un canal de agua
ante el b~que. Todo estaba presto para la partida.
La Estrella Polar, después de estar dos días bajo
presión, dió su primera vuelta de hélic~. El espolón
de acero revestido de cobre se hundió como una

cuña entre los bloques disgregados y empezó la batalla contra los témpanos.
No fué, sin embargo, tarea fácil vencer todos los
obstáculos que sin cesar se presentaban delante del
valeroso buque; pero la heroica tripu!ación había
triunfado de dificultades algo más temibles. Un ~rdor invencible la animaba: todos querían volver victoriosamente á. su patria.
.
Cuando, lejos ya de la isla Courbet, se v1ó que l_as
proporciones de ésta disminuían y que ante el taJamqr d~l buque se abría el Océa~o libre, reson~ en el
buque un himno de aleg~1a y de
gracias en honor del J?10s que
de tantos riesgos y peligros había salvado á los que sobrevivían. Durante aquella expedición habían tenido que deplorar
muchas desgracias y hasta hablan conocido la traición; de
cuarenta y tres que habían salido de Cherburgo volvían veintiocho, y aun quizá se perdiera
algún otro compañero, pues había ocho enfermos á bordo; pero la esperanza había naci~o en
todos los corazones al sentir lo:
primeros efluvios de la vieja
Europa que el mar Océano besa y fecundiza.
No había que pensar en volver al cabo Wáshington, sino
en aprovechar las ventajas que
ofrecía una primavera prematura y excepcionalmente cálida;
así es que se abandonó la casa
de madera. Cualquiera expedición futura se tendría por dichosa encontrando ali( un asilo
preparado, con provisiones cuidadosamente encerradas en cajas construídas ad hoc. Además
era preciso asegurar cuanto antes á los enfermos un medio de
mejorar su situación, si es que
era tiempo todavía.
Fué verdaderamente un gran
día aquel en que la Estrella
Polar, después de ~os meses de
una dura rtavegac1ón, echó el
ancla en Cherburgo. Pero ¡ay!,
durante el camino y cuando se
estaba frente de las costas escocesas murió la pobre Tina Le
Floc :h en brazos de su querida
Isabel quien no la abandonó
un m~mento, prodigándole toda
suerte de consuelos.
La joven no podía consolarse
de aquella muerte y llevó luto
por su nodriza, habiendo dispuesto que la enterra~n e~ su
querida tierra de Bretana, tierra
natal en donde había querido
descansar. Muchos días hubieron de transcurrir antes de que
se disipase la nube de tristeza
que cubría _el rostro en~antador
de la señonta de Keraho.
Pero no pudo por menos de
sentirse halagada ante las aclamacion~s delirantes
con que fué acogida en París su presenc!ª·.
Todos los supervivientes de la exped1c!ón fueron
partícipes de su gloria, como lo habían. sido ~e sus
penalidades. El Presidente de la República_ q_mso recibirlos y felicitarlos en el Elíseo. Los_ ~m1_stros y
sociedades científicas les colmaron de d1stmc1ones y
recompensas. Se aplaudió el decreto que confería la
Legión de Honor á la heroica fran~esa, cuyo nom bre
figuró entre los de los Sres. Keraho, Lacrosse, d1Ermont, Poi, Hardy, Servan, Le Sieur y Guer?raz, y se
concedieron medallas de oro conmemorativas á los
demás individuos de la valerosa tripulación.
En el banquete que se les ofreció dijo el Sr. de
Keralio, contestando al mi~istro de Marina:
«Sí, señores, hemos podido alcanzar el polo e,n
honor de Francia; pero hemos hecho :nás todavia
abriendo el camino á otros exploradores.))
Y como el comandante Lacrosse dijera:
- ¡Es lástima que la Estrella Polar no pudiera forzar por sí misma la barrera!
..
- Comandante, replicó Huberto, tranqmhzaos;
nuestro primer esfuerzo ha sido feliz. Cuando queramos empezar de nuevo nuestra prueba, _lo l'taremos
en un navío de hierro que reciba su impulso de
esos medios todopoderosos que la ciencia ha puesto

�LA
en nuestras manos. Aquel día, querido comandante
romperemos con dinamita la muralla de rocas qu~
encierra el polo y plantaremos los colores franceses
en las orillas del lago central que atraviesa el eje del
mundo.
Aquellas palabras de generosa confianza fueron saludadas con generales aclamaciones.
Los exploradores debían después gozar de un reposo que tenían bien ganado. Todos los que habían
tomado parte en aquellas fatigas y trabajos inconceb1bles fueron invitados á las fiestas que no tardaron
en celebrarse en honor del casamiento de Isabel de
Keralio con su primo Huberto d 1Ermont. Aquel día
e( novio pudo poner en la canastilla de su novia el
despacho de capitán de fragata y el que otorgaba á
:&amp;!;arcos d' Ermont, individuo de la Academia de
Ciencias, la roseta de la Legión de Honor.
Y como el matrimonio se celebró durante los primeros días de invierno, se renovaron las maravillas
del cabo Ritter y Fuerte-Esperan~a y de la Estrella
Polar. Los salones de á bordo fueron alumbrados eléctricamente y caldeados por el hidrógeno; se hicieron
excursiones por la rada de Cherburgo, á bordo del
submarino Gracia de Dios, y diez soberbios osos
, blancos, presididos por Guerbraz, fueron á felicitar á
los recién casados en dialecto céltico y franco-canadiense del siglo décimoséptimo. En fin, un castillo

NÚMERO 619

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tren ómnibus ó si dos trenes lanzados en la misma
vía en sentido inverso van á chocar, etc., catástrofes
que puede impedir, puesto que puede avisará los maquinistas de estos trenes.
En efecto, en el centro del intervalo comprendido

está unido al polo positivo de la pila n, que hace funcionar el relevador R y permite comunicar el tambor
U con el riel V. Para todos los pedales sólo hay un
alambre de retorno, utilizado también para el circuito
de la pila, con la que puede comunicar cada conmu-

LA

NúMERO 619

EMIGRACIONES DE PECES

En la memoria anual recientemente publicada por
la Comisión de pesquerías de Escocia hay consigna·
dos datos y experimentos muy interesantes acerca de
las emigraciones de los peces destinados á la alimentación del hombre.
El estudio de las emigraciones de los arenques y
bacalaos, por ejemplo, ha cautivado durante muchos
siglos la atención de los sabios; pero sólo desde hace
cuatro años, es decir, desde que la Comisión de Pesquerías comenzó sus experimentos, ha sido posible
recoger algunos datos exactos sobre esta cuestión.
El procedimiento seguido por los comisarios encargados de las observaciones sobre las emigracione~
de los peces ha sido el siguiente: una vez pescados
los peces se les marcaba con un número de orden, se
les inscribía en un registro y luego se les soltaba,
ofreciéndose una pequeña prima á los pescadores que
habiéndolos luego pescado los llfwaban á la Comisión.
La operación de marcar los peces resultaba muy
complicada. Ensayóse sin resultado el color, adoptóse

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

luego el sistema de marbetes, y únicamente el latón
pareció reunir las condiciones necesarias. Entonces
se fabricaron delgados discos circulares que se ataron
á la cola de los peces por medio de alambres de aluminio; desgraciadamente á la larga el agua del mar
hace muy frágil este metal, por lo que tal procedimiento hubo de ser abandonado. Por último, el método
más reciente y hasta ahora el mejor consiste en fijar
en medio de un anzuelo minúsculo en la parte dorsal
del pez un diminuto marbete de latón oblongo con
un solo número.
Unos cuatro mil peces de más de veinte especies
distintas han sido pescados, marcados é inscritos como hemos dicho y arrojados nuevamente al mar, la
mayoría de ellos en la embocadura del Forth y la bahía de San Andrés. De las 1. z50 platijas inscritas, la
Comisión ha recuperado 103: el tiempo medio entre
el momento en que se las soltó y el en que fueron
pescadas de nuevo fué de 239 días, y la d istancia media recorrida de unos diez kilómetros. De las observaciones hechas sobre las platijas resulta que éstas
tienden á permanecer cerca de las costas, á lo largo
de las cuales se escalonan lentamente, pero siguiendo

una dirección bien definida. De 33 7 limandelas se
recuperaron 11 que habían recorrido una distancia
media de 22 kilómetros y algunas llegado hasta 60:
la duración media de libertad para las limandelas no
fué sino de 178 días, lo cual demuestra que estos peces cambian de lugar con mucha más velocidad que
las platijas, pero sin seguir una dirección particular.
De 196 bacalaos se recogieron 10, algunos de los que,
en 74 días, por término medio habían recorrido 83 kilómetros.
Los comisarios han repescado dos rayas de 71, un
rodaballo de cuatro, un lenguado de 173 y en cambio no han recogido ni un solo salmonete de 69, lo
cual demuestra que estas diversas especies de peces
cambian de residencia muy de prisa ó que emigran
demasiado lejos para que sea posible,lá lo menos por
ahora, seguir y anotar sus evoluciones.
Aunque estos experimentos no han dado hasta
ahora resultados definitivos, es de esperar que con el
tiempo proporcionarán indicaciones preciosas para la
ciencia ictiológica.
(De La NIJl11re)

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue 0auma.rtiu
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

Fig.

I.

Aparato registrador de la marcha de los trenes, sistema Pellat

entre dos pedales hay lo que se llama el aparato de
contacto, que consiste en un tambor metálico de unos
80 centímetros de diámetro y 20 de altura. La locomotora lleva un cepillo metálico de fibras horizontales que en el momento de pasar el tren hace girar el
tambor, el cual está todo él protegido contra la lluvia,
la nieve y el granizo por medio de una caja de hierro
galvanizado: sin embargo, en los dos extremos de un
de fuegos artificiales brilló sobre lá cubierta de la mismo diámetro A y A' (fig. 3) el tambor sale por
Estrella Polar para recordar el famoso incendio que fuera de la caja y estas partes son precisamente las
hicieron preciso los osos.
que toca el cepillo de la locomotora. Como este ce- ¡Bah!, decía Guerbraz, resumiendo la común im- pillo es muy largo (1'30 metros), puede establecer
pr,esión:.aun cuando todo es hiel.o en el polo Norte, una comunicación metálica con el tambor, aun cuanno hace sin embargo frío bastante para helar los co- do las part~s salientes de éste, es decir, las no proterazones de Ja gente honrada.
gidas por la caja, estén cubiertas de nieve, puesto que
hace girar el tambor.
TRADUCCIÓN DE AUGUSTO RIERA
En el puesto-vigía hay dispuestos en fila, como te••••,1•••••.t•., •••••..•••..•l°••"•''••••,r .. •••••u••••••••••"•l'••••,l"••º•l"•,"•l°•••••••••••,t••••••••u••,r, ·• ••" ;'I,"
clas de un piano, conmutadores de desencajamz'ento, cada uno de los cuales lleva dos números, los de los
SECCIÓN CIENTÍFICA
pedales entre los que se encuentra el tambor con el
cual va á entrar en comunicación el conmutador.
NUEVO SISTEMA PARA PREVENIR LAS COLISIONES
Cuando el empleado pone el dedo sobre un conmuDE TRENE S. SISTEMA PELLAT
tador, una pila hace funcionar un revelador de corrienEn estos últimos años han ocurrido muchos acci- tes que pone en comunicación la pila con el tambor
dente's 'ferroviarios, y de ello deduce el público, no de que hemos hablado. El cepillo de la locomotora,
sin razón, que los sistemas actualmente adoptados eléctricamente aislado de la masa metálica general de
presentan defectos, sea teóricos, sea prácticos. Es, la máquina, comunica con uno de los extremos del
pues, de interés dar á conocer un sistema fundado hilo de un electro-imán Hughes cuyo otro extremo coen un principio completamente distinto del que sirve- munica, por medio de una pila montada en la locode base al block system, que es el que hoy en día se motora, con ésta y con el riel. Por consiguiente se
emplea.
tiene un circuito cerrado cuando un tambor está en
.M: Pellat, profesor de Física de la Sorbona (Pa- contacto
con el cepillo de la locomotora: en este morís), ha inventado un conjunto de aparatos que vamos mento desencájase el electro-imán y ese desencajaá describir. La vía está dividida en secciones de 50 á miento pone en acción un silbato de vapor cuyo ruiroo kilómetros, y en medio de cada sección hay un do avisa al maquinista.
puesto-vigía en donde un empleado conoce á cada
Como se ve, el maquinista no tiene que mirar á lo
momento la posición de todos los trenes que circulan lejos las señales ópticas que la niebla, por ejemplo,
en su sección. He aquí cómo puege obtenerse este puede hacer difíciles de ver, sino que es avisado por
resultado.
un sonido agudo que se produce en su misma máquiEn el puesto-vigía, un movimiento de relojería hace na y que no cesa hasta que el mismo maquinista ha
girar un cilindro sobre el cujil pasa una tira de papel vuelto á encajar la armadura del electro-imán: de
impregnada de yoduro potásico: sobre el papel apó- modo que es bien difícil, como se comprenderá, que
yase una aguja de acero que termina en una punta no· haga caso de esta señal.
de platino R (fig. z), la cual está unida por medio de
un alambre á un pedal Q colocado sobre la vía. Por
otra ·parte, el eje E del cilindro está en comunicación
con el polo negativo de una pila P cuyo polo positivo
comunica con la parte inferior del pedal. Cuando pasa
un tren, su peso hace que el pedal baje, con lo que
se cierra el circuito, el yoduro potásico se descompone en el punto en que la aguja toca el papel,y el yodo
puesto en libertad se manifiesta por un punto negro. G
En la longitud de una sección puede disponerse
un pedal á cada kilómetro, y cada uno de estos pedales va unido por medio de un alambre especial á una
aguja del puesto-vigía y todas estas agujas están disFig. 2. Esquema del aparato
puestas á lo largo de una generatriz del cilindro. Cuando un tren oprime á su paso un pedal, la aguja correspondiente que lleva un número, reproducido en
La fi~ura z representa esquemáticamente el conjunel pedal, marca un punto negro sobre el papel yodu- to del sistema Pellat: la aguja J está en comunicación
rado. De suerte que.siempre sabe el empleado sobre con el pedal Q, mientras que el cilindro E está en
qué ·l'eda'l acaba de pasar un tren y ve, por ejemplo, relación con el polo.negativo de la pila P, situada en
si un tren expreso amenaza embestir por detrás á un el puesto-vigía. El conmutador de desencajamiento F

_......,_

tador. Todos los alambres que van desde el registrador á los diversos pedales están contenidos en un ca,
ble subterráneo que tiene aproximadamente un dedo
de grueso y cuya cubierta de plomo sirve de alambre
de retorno.
Desde un puesto-vigía se puede comunicar también
con las estaciones situadas en la sección en donde el
puesto se encuentra. Por medio de otros conmutadores G y del alambre N (fig. 2) puede hacerse fun-

-

,m

Penonu

•uLuconoce• lu

PILDORASt1DEHAUT
DE PAAIS

á empe1arcuanta1 vece,
,ea nece,ario.

1 ■Pdab

eta

1pa,

fllll&amp;

contra. las diversa.s
Afecciones del Corazon,
Hydropeslae,
Toses nerviosas¡
Empleado con el m~jor e:rito Bronquitis, Asma, etc,

J

' GRANO OE LI NOTARIN

,.~";!o!!:azco:::
la Grag easaILaetato de Hierro de
Anemia, Clorosis,
11

n la lanart,
Debilidad, etc.
•

Ea,nncl■llltl

EFL~~~:ggCL\8

o

arabedel;:)igita.lde
LABELONYE

l8TRERIMIENT08, CÓLICOS. -

F~R~ttro~~s
La caja: l fr. so.

GELIS&amp;CONTÉ

Aprobadu por ra Academia de Jtedlctaa de Parir.

HEIDSUTICD al1111 PODERIID
que se conoce, en poclon o
en lnjecclon lpodermica.
Las Gragou hacen mas

LA SAGRADA BIBLIA
, . EDICIÓN ILUSTRADA

6. tO oéntimo• d• peaeta la
entrega de t8 pé.ginaa

fA.cll el labor del par,to y

Medalla de Oro de la S•4 de r1a de Paria dettemn las perdtdasr
LABELONYE y C'•, 99, Calle dlAbouklr, Parla, y en todas las farmacias .

Fig. 3. Tambor que sirve para poner en relación la locomotora con el puesto-vig!a. -A, A'. Los dos extremos del diáme·
tro del tambor que salen fuera de la caja protectora y con los
cuales roza el cepillo metálico que va en la locomotora.

LEÓN DUFOUR

·

B, LENTEJAS, TEZ ABOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasforuticantes, cual el vino, el cal6,
el U. Cada cual escoge, para purgarre, la
hora y la comida iue mas le convienen,
&amp;egun rus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamezlleanuladopor el electo dela
buena alimentacion empleada,uno
ré decide fácilmente II volver

cionar en las estaciones una señal óptica ó acústica
para avisar la proximidad de un tren.
La figura I representa un modelo que ha sido enviado á la Exposición de Chicago: en primer término se
ven los conmutadores mediante los cuales se establece la comunicación con las estaciones, en el segundo
los conmutadores de desencajamiento y en el último
las agujas del aparato registrador. La vía, que no está
figurada en el grabado, tiene una longitud de siete metros y presenta veinticinco pedales, y en ella se mueven
dos pequeñas locomotoras por medio de las cuales
pueden realizarse los varios casos posibles de colisiones de dos trenes.
En resumen·, el sistema de M. Pellat
presenta multitud de particularidades interesantes: en cada momento se conoce
la situación exacta de todos los trenes
que circulan á lo largo de una sección,
y puede establecer una comunicación
inmediata con uno ó varios maquinistas y advertirles, por medio de una señal que necesariamente han de oir porque está situado en la misma máquina,
que hay peligro de colisión y que deben
por lo mismo disminuir su velocidad y
hacerse bien cargo de la situación.
Ningún otro sistema presenta reunida~ todas esas ventajas, y es de esperar, por consig_u1ente, que será ensayado y que la práctica sugerirá
sm duda las modificaciones de detalle que acaben
de perfeccionarlo.

LAIT AlffiPBliLIQIII -

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Ftí~ttetJ.
'

A&amp;o XII

B ARCELONA 30 DE OCTUBRE DE 1893

...,_ _ _ _ _ __

LA PAZ ES LA FUERZA DE UNA NACION, ,mipo escultórico de Gustavo Eberlein

NÚM. 618

�LA

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Texto. - llf11mmracioms mropeas, por Emilio Castelar. Las islas Salomón, por X. - Casto Plasencia, por R. Bal·
sa de la Vega. -Diálogos 111atrile11Ses, por A. Danvila Jaldero. - llfiscelánea. - Nuestros grabados. - [111a fra11cesa en el
polo Norte. - SECCIÓN CIKNTIFICA: llfáq11i11as para volar. Islas que desaparum. - El g-iga11te del Océano. - Libros. ·
Gra~ados. - La paz es la fuerza de 1111a nación, grupo escul•
t6nco de'G. Everlein.- l'n'ste regreso, cuadro de M. Carbonen Selva. - Chicago. Paseo á orillas del Lago, dibujo de E.
Limmer. - Seis grabados del articulo Islas Salomón. - La ale·
grlt:; Eljuego del billar; A legorla de la noche, pinturas deco·
rallvas de Casto Plasencia. - Curiosidad i11fa11til, cuadro de
:i;:. Kallmorgen. - Carlos Go1111od. - Máquinas para volar,
cmco grabados. -La cita, cuadro de H. Lengo.
••••••,1•••••,1•••••.1•.,••,1•,,•,,;,.,•,,1,.,•,,••••'••''•l•••••••'••••••• ..••••'••'••l'"''•'•..••••••l'•••••I'••''•''"''•''"''•'

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Para conocer Africa hasta con estudiar un tipo africano, pues la uniformidad de las instituciones ha
destruido la variedad de los caracteres. La conformidad con las fatalidades históricas, la indiferencia al
mal lejano, la imprevisión ciega llevaron razas tan
fuertes y tan ilustres en otro tiempo, como hoy es
fuerte y es ilustre la raza anglo-sajona en el mundo, á
irremediable decadencia. Acordaos, si no, de los árabes. ¿Quién que los haya seguido en la historia, en la
realidad de ayer, los conocerá al presente, en la realidad de hoy? Conservan todas sus preeminencias
fisiológicas y hasta morales; conservan la elevada estatura, las distinguidas maneras, el temperamento.
nervioso, la grande agilidad maravillosa, la destreza
en cabalgar, el arte en el manejo de las armas, los
ojos profundos, la mirada escudriñadora, los labios
perfectamente dibujados, la frente espaciosa, la nariz
aguileña, la color atezada, la elevación de miras y la
profundidad de sentimientos que los constituyeron en
los más sabios y los más guerreros y los más ricos
entre todos los pueblos, desde el siglo vu hasta
el siglo xm de la moderna historia.
Y sin embargo, esos pueblos han tocado en la última decadencia. Las ciudades que habitan parecen
estercoleros; los templos que consagran parecen vacíos; las playas que dominan parecen despobladas;
su religión se ha convertido en una fuerza mecánica
desprovista de toda idealidad y su ciencia en un fuego fatuo que sólo anuncia la existencia de mondados
huesos esparcidos por solitarios y antiguos campos
de batalla. Donde ponen la planta desaparece la civilización. Bagdad, Damasco, Tiro, Alejandría, Jerusalén, Constantinopla, Atenas, las ciudades más activas
y más gloriosas, dominadas por ellos, han perdido el
don de las altas inspiraciones y se han resignado al
culto de una tradición muerta. Y esos mismos hombres, hoy tan decaídos, en aquella Europa que buscaba la piedra filosofal por la alquimia y la eterna
vida por el misticismo acreditaron los métodos experimentales y rehicieron los intrumentos científicos;
en :nedio de pueblos dedicados á la penitencia y que
sólo esperaban oir la trompeta del Juicio y reunirse
en el valle de Josaphat para lanzar sus almas en la
humareda del planeta reducido á cenizas, llevaban el
astrolabio á los espacios, la balanza' á la química, el
álgebra á las matemáticas-, la hidrostática á la agricultura; y traduciendo á Platón y Aristóteles para los
filósofos, á Hipócrates y Galeno para los naturalistas;
levantando el primer observatorio astronómico en la
Giralda de Sevilla y la primera escuela médica en la
bahía de Salerno; inventando la trigonometría esférica y la agrimensura, el ácido sulfúrico y el ácido nítrico, la refracción de la luz, al mismo tiempo que
sostenían el calor de-la ciencia en nuestros huesos
ateridos y anticipaban la obra del Renacimiento in-·
dispensable á la unidad de nuestra vida, conseguían
que el Universo no quedara huérfano del humano
espíritu, cuyo resplandor se hubiera apagado por completo á los pies de una intolerante teocracia y en las
sombras de una espesa barbarie.
El árabe tiene de suyo inclinación á las meditaciones profundas y afán de comparar las realidades del
mundo y de la vida con la idealidad de su eterno
Dios. Nuestro admirable escritor Pedro Antonio de
Alarcón describe perfectamente en su pintoresca Guerra de A/rica aquellos inmóviles santones de Tetuán, asentados sobre las piedras como las estatuas
sobre los pedestales, que no convertían los ojos á mirar nuestros soldados en sus vistosas revistas, ni aplicaban el oído á escuchar nuestras músicas en sus armoniosas marchas. La idea de Dios inunda su alma,
y en esta inundación todo lo que no sea Dios desaparece. Así no hay dioses ni santos en su religión

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

uniforme. Si acaso entra algo humano, es un profeta
capaz de entrever al Creador con alguna más claridad que el resto de los mortales y de anunciarlo al
mundo con mayor poesía y elocuencia. No les mostréis, pues, cosas bellas con ánimo de conmoverlos,
porque en. su interior compararán nuestras frágiles
creaciones con la hermosura eterna; ni cosas grandes
ó poderoslsimas con ánimo de asombrarlos, porque
para ellos no puede haber poderío como la virtud
creadora que colgara en los espacios la tienda azul
de los cielos y suspendiera en lo infinito, por cadenas
invisibles, las áureas lámparas de las estrellas: toda
sabiduría humana se eclipsa á sus ojos ante la omnisciencia divina, y no merece ni la pena de una velada,
y toda voluntad, por avasalladora, por incontrastable
que sea, se somete á otra voluntad más impetuo,a
que los huracanes juntos y más fuerte que las fuerzas cósmica!, á la omnipotente voluntad de Dios.
Delante de ese ideal nuestras obras artísticas son cadáveres, sombras nuestras ideas, juguete nuestra mecánica, caprichos de niños nuestras libertades de ciudadanos. Contábame un andaluz el viaje que emprendió por España con cierto rico árabe de Tánger.
Mostrábale el surtidor de la Puerta del Sol, y respondía: &lt;Dios es más alto.» Medíale las dimensiones del
Escorial, y le decía: «Dios es más grande.» Llevábalo por las alamedas de Aranjuez, y exclamaba: «Dios
es más hermoso.&gt; Conducíalo al Museo de pinturas,
y pasaba ante los cuadros pensando en la ciega idolatrla que usurpaba tristemente á Dios su facultad de
animar los seres. Desde nuestros teatros hasta nuestros Congresos, todo pasó ante sus ojos, no ya sin
conmoverlo, prro sin impresionarlo siquiera, como
si no pasase. Solamente un dla su sentimiento se
exaltó hasta el delirio. Llegaron á Granada.
Subieron al cerro de la Alhambra. Pasaron las umbrosas alamedas por donde bajan susurrando los claros arroyuelos. Detuvieron un momento la vista en las
torres bermejas doradas por el sol, en los mármoles
del interrumpido palacio imperial, en los bosques del
Monte Sacro, en las quebradas márgenes del áureo
Darro, en los blancos miradores y alminares del Generalife que se destacan sobre el cielo azul, entre
adelfas, cipreses y laureles. Por fin atravesaron la
puerta del árabe alcázar y dieron con el patio de los
Arrayanes. La fisonomla del árabe se contrajo, sus
ojos se obscurecieron y sólo se aumentó su silencio.
De aquella alberca ceñida de mirtos, con sus ajimeces bordados como encaje, sus galerlas ligeras y aéreas, sus aleros incrustados, sus frisos de azulejos, sus
pavimentos de mármol, pasaron al patio de los Leo·
nes, al bosque de ligeras columnas, sostenes de arcos
que parecen prontos á doblarse, como las hojas de
los árboles, al menor soplo del aire que pasa por los
intersticios de su gracioso y transparente alicatado.
El árabe, pálido como la muerte, se apoyó en una
columna para poder continuar en aquella visita. Por
fin, cuando penetró en las. estancias y alzó los ojos á
las bóvedas compuestas de estalactitas empapadas
en colores brillantísimos; y leyó las leyendas místicas
ó guerreras que esmaltan las paredes, semejantes á
visiones orientales; y se detuvo en aquel camarín incomparable que se llama el mirador de Lindaraja, á
través de cuyas celoslas se esparce la esencia del azahar y se oye el rumor de la vega: su emoción iba
rompiendo toda conveniencia y mostrándose en sacudimientos del cuerpo, semejantes á los espasmos
de la epilepsia. Ya en el salón de Embajadores, con
el Darro á una frente y á la otra el patio de los Arrayanes; las paredes de mil matices, adornadas con los
escudos de los reyes; los ajimeces bordados con todos los prodigios de la fantasla asiática; las puertas
recuerdos de los días del esplendor y de la fortuna'
cuando desde las tierras más remotas.venlan unos
recibir luz de tanta ciencia, y otros de tantas artes
placeres y encantos; las bóvedas incrustadas en marfil y oro; las letras, semejantes á las grecas de una tapicería persa, repitiendo entre las hojas de parra y de
mirto y de acanto cincelados los nombres de Dios,
el corazón le saltaba en pedazos, y un inmenso lloro,
un largo sollozo llenó aquellos abandonados espacios
henchidos de invisibles sombras augustas, con el do'.
lor de toda su triste y destronada raza.
Así no debe maravillarnos lo que pasa en Melilla
y dondequiera tropiezan los árabes con algún recuer~o vivo de su perdida soberanía y de su vasto impeno. Compuesta la gente del Magreb por los reflujos
de los árabes hispanos hacia el Africa desde sus paraísos del Andaluz, no pueden jamás conjurar el mesiánico ensueño de un próximo regreso adonde tan
felices fueron y de un recobro súbito de aquellos
esplendores con que brillaban en otro mejor tiempo.
Junto al corazón llevan el alfange ó gumla, y junto á
la gumía del combate perpetuo llevan la llave que
-debe abrirles las puertas de los hogares abandonados
por sus padres en Córdoba y Sevilla y Granada, don-

á

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de todavla suenan las guzlas acompañando con SU$
rasgueos á los romances y difundiendo notas en el
aire tan melancólicas y dulces como el susurro de las
brisas aromadas por los jazmines y como los balanceos del cogollo de las palmas en los altos cielos. Y
como Ceuta, Melilla, los puntos hispánicos de Africa
representan los jalones puestos por nosotros, contrafuertes detentares de la inundación perdurable con
que sueñan aquéllos; de aquí encuentros y conflictos,
también perdurables, que no tendrán más término que
una imposición forzosa en Marruecos del dominio
cristiano como en Egipto, como en Argel, como en
Túnez. Y este dominio pertenece de suyo á las naciones que la Geografía y la Historia designan para
tal fin; por las cuales designaciones nos pertenece á
nosotros el imperio de Marruecos, de cuya integridad
debemos curarnos con celo, hasta que suene la hora
de cumplir y realizar nuestros antiquísimos derechos.
Los recuerdos de Africa en Occidente nos traen á
la memoria recuerdos de Asia, recuerdos de Oriente;
y los recuerdos de Asia y de Oriente nos traen á la
memoria Rusia, invasora cada día mayor del mundo
asiático y protagonista hoy del continente europeo.
Imposible decir cómo los franceses han recibido á la
marina rusa en Tolón y cómo luego han festejado en
París y en toda Francia los queridos huéspedes. Ha
rayado el entusiasmo en delirio y el delirio en frenesí. La nación de los humanos progresos, unida con
el imperio de la inmovilidad, ofrecen un tan extraño
espectáculo que atrae y fija naturalmente la universal
atención como todo cuanto es singularísimo. Ríense
mucho los alemanes de este matrimonio parecido al
de la Serenísima República veneciana con el Gran
Turco; pero fuerza es decirlo, si hay una contradicción patente de Francia con sus ministerios providenciales é históricos, hay otra contradicción mayor
en el pueblo italiano, al aliarse con aquellos bárbaros, como les llamaban ellos á los alemanes, que tuvieron puesto el pie tanto tiempo sobre la garganta
de Italia. Los dos pueblos latinos hánselo arreglado
de modo allá en la sirte de sus emulaciones y rivalidades, que si triunfa uno de los contendientes desaparece Italia, y si triunfa otro de los contendientes
Francia, mientras á los dos monstruosos imperios
que han de luchar tras estos hermanos en guerra
nada puede sobrevenirles, y quedarán íntegros é incólumes en sus respectivos territorios, perdiendo en
el caso más nefasto para ella Prusia su Alsacia y su
Lorena, mientras que nada perderá en caso alguno
Rusia.
Seamos justos. Hubo un momento en el cual
Francia, por todos los pueblos abandonada sin compasión á su infortunio, no tuvo ·más que un amigo en
Europa y en América, el czar Alejandro II. Por ese
apego de los espíritus débiles á la conquista y á la
fuerza, todo el mundo se iba con los alemanes y se
reía de los franceses. Hasta un historiador tan eminente como el anglo-americano Bancroffth, ministro
de los Estados Unidos en Berlín, osó comparar la
confederación germánica,. fundada por la fuerza y la
conquista, con la confederación sajona, fundada por
la libertad y por el derecho. Si Dios no pone tiento
en su pluma, hubiese ido hasta á comparar el férreo
Moltke, de roja sangre manchado, con el dulce Wáshington, esclarecido por las más progresivas y luminosas ideas. Así Víctor Rugo fustigó al historiador
diplomático en fulminantes versos dantescos, clavando su memoria sobre la picota, donde se penan las
g_ra~des ingratitudes colectivas y seculares. Lafayette
s1rv1ó al poeta contra semejante cortesano de Bismarck. Imperaba una tan extraordinaria enemiga contra Francia, que, sin haber pasado un lustro siquiera
de su derrota, Bismarck intentó exterminarla, y se
apercibió á nueva guerra, en fines del setenta y cuatro, para perpetrar esta obra de radical exterminio.
Pero, sabedor de ello Alejandro II, opúsose con todas sus fuerzas, evitando así un atentado que hubiera sido verdadera catástrofe, no sólo del pueblo francés, de toda la humanidad y de toda la tierra. Ahí
está el antecedente verdadero y casi único en torno
del cual, como en torno de un solo núcleo, se ha condensado esta especie de amistad entre Francia y Rusia que precede á las grandes y definitivas alianzas.
Pero, con esto y con todo, había muchos esplritus
superiores, muy resistentes á la inteligencia francorusa, y muy temerosos de que no sirviese ni á la civilización europea, ni á la Francia democrática nunca. Los eslavos de Rusia, ortodoxos, comunistas invasores! siervos, aviénense muy mal con estos pueiilos
progresivos de Francia, que han inscrito en sus pabell?~e.s y ~aba~o _en sus timbres los principios de
1~ c1V1hzac1ón cristiana y que han difundido el aire
vital de nuestro esplritu con su soplo vivificador á
lo~ cuatro puntos del cielo. Luego parecía la cosa
ma~ natural del mundo la compensación de los impenos boreales de la disciplina, de la obediencia, del

NúMERO

618

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

699

los fuertes al sacrificio y al triunfo. No creo
silencio con la fraternidad de los pueblos
que ninguna da las mayores mujeres frande Occidénte, incluso Inglaterra, gloriosos
cesas, cuyas obras han engrandecido las lefundadores de la libertad moderna, que
tras nacionales en este siglo, ni madame
lucen la lengua de fuego del esplritu proStael, musa un día de la escuela constituciogresivo sobre sus cabezas y llevan el Verbo
nal, ni Jorge Sand, musa otro de la escuela
de la civilización universal en sus labios.
democrática, tuvieran jamás como madame
Así Gambetta repugnó siempre todo géneAdam semejante intuición maravillosa, que
ro de alianzas con Rusia y siempre quiso la
no ha quedado allá en lo vago y en lo prointeligencia con Inglaterra. De aquí, de tal
fético y en lo abstracto, no, se ha puesto
predilección suya, el empeño en que tomase
en marcha con una celeridad mayor que
Francia una especie de condominio con Inaquella de la luz, con la celeridad incomglaterra en Egipto. No fué posible, gracias
parable de una idea, y ha reunido Francia
á una oposición implacable del radical Clecon Rusia por una guirnalda de inspirados
menceau. Así, cuando se fueron los ingley profundos pensamientos.
ses á Egipto solos y se levantaron con TúNadie puede, pues, disputar la primacía
nez tan á deshora los franceses, quedó para
de su previsión y de su acierto en adivinar
siempre rota la inteligencia entre los pueel punto adonde han llegado los comunes
blos occidentales. Y el empuje atrás fué tan
afectos entre Francia y Rusia. Pero, conoviolento y llegó tan lejos, que Ferry quiso
ciendo lo que presiente y adivina un cora,retroceder hasta el sueño fantástico de una
zón de mujer, si ama de veras, no debe,
reconciliación estrecha con la invencible
no, extrañarnos, aunque mucho la consideAlemania. Mas el servicio prestado por el
remos y admiremos, esta previsión de mi
czar á Francia y el odio conocido entre
Alemania y Rusia determinó el pensamienadmirable amiga madame Adam. Dejando
aparte su clarlsimo talento, sugeríale tales
to con la voluntad del pueblo francés á esadivinaciones el amor entrañable á su mata grande amistad que ahora se revela con
dre Francia. Imaginaos el regocijo de una
tan ruidosos alardeas.
No llegaréis á creerlo, si os digo que se
y otra. Pero no hay dicha completa. En meantepuso á todos estos hombres de Estado
dio de tales regocijos han muerto dos ilusen previsión una mujer, mi amiga madame
traciones francesas, el mariscal Mac-Mahón
Adam. Cuando nadie creía ni en la posibiy el compositor Gounod. Yo he conocido y
lidad siquiera de aproximación entre una
he tratado al uno y al otro, inspiración éste
República tan avanzada como Francia y
mesurada y reflexión aquél sencilla. Nadie
un Imperio tan absoluto como Rusia, ella
se olvidará nunca de aquello que uno y
creyó y esperó. No hay sino leer la Revista
otro han dejado como estelas de sus almas
fundada por su patriotismo y sostenida por
en los surcos del tiempo y del espacio. Ha
su tenacidad para persuadirse á la creencia
derramado el uno la sangre de sus venas
mía de que vió desde más lejos venir esta
por la patria y el otro regueros de armonías
especie de aurora boreal de los hielos del
como chispas de una luz espiritual, y los
Norte sobre los horizontes de Francia,
dos han ilustrado su tiempo, sin llegar el
perturbando con sus efluvios magnéticos
uno, magüer gran general, á las alturas del
todos los imanes puestos en los diversos
héroe, ni el otro, magüer gran músico, á las
barcos de combate que corrían sobre los TRISTE UCRESO, cuadro de M. Carbónell Selva, premiado con medalla de 2.• clase alturas del genio. El general ha muerto
agitados mares de la política francesa. Coen la Exposición internacional de Bellas Artes de Madrid de 1892
cuando las grandes alianzas establecidas
mo en los tiempos de sus padres galos, á
entre dos pueblos preparaban alimento
quienes debiera la visión profética y el empuje furio- pálldo rayo de la luna 1\ena cernida por los robles, nuevo á su heroísmo, y el artista cuando componía
so, amén del amor exaltado de la patria, Julieta ha dicho los dogmas sacros de la nacional religión en el Requiem destinado á comunicar su alma con la eterLambert, nombre cariñoso de sus gloriosísimos co- fórmulas verdaderamente sibilinas y señalado con ade- nidad, trayéndole las visiones anticipadas de Dios.
mienzos, erguida sobre la piedra del holocausto é manes de una energía furiosa y voces de una. gran iQue duerman uno y otro en eterna pazl
invocando los manes de las generaciones muertas, al elocuencia el camino de los combates por donde van
Madrid 19 de octubre de 1893

RXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - PASEO Á ORILLAS DRL LAGO, dibujo ele E. Limmrr

1

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 618

guros acerca de las tierras que descubrió. Reunidos fabulosas riquezas en oro y perlas que indicaba la
los dos buques, parte de sus tripulaciones exploró La tradición cuanto con la de anticiparse á los alemanes
Las islas que constituyen el archipiélago Salomón Atreguado, las Tres Marías y San Juan, regiones en que expl~raban aquellas islas, estableciendo factorías
están situadas entre los 5º y los 12° de latitud S. al las que la resistencia de los indígenas fué tan grande tan cerca de la costa australiana. En 1883 resolvió
Este de Nueva Guinea y en la parte de la Oceanía á que Mendaña hubo de quemar una de sus poblacio· tomar alguna determinación y ésta fué la de e~viar
nes. Poco después Fernán Mu- una expedición á la parte oriental de Nu_eva Gumea.
ñoz Río, enviado delante por Mientras tanto los alemanes se hablan mstalado en
Mendaña, llevando en su com- una considerable porción NE. de esta isla y algo
pañía al hábil Hernando Galle- después en la mitad del grupo de las islas adyacengo, recorrió de nuevo el archipié- tes de Salomón; y los ingleses, imitándolos, han pueslago á pesar de las hostilidades, to bajo su jurisdicción la otra mitad, como queda dique generalmente sucedían á cho al principio.
Este archipiélago, en su conjunto, comprende unos
una acogida amistosa, y que
fueron funestas á varios espa- 44.000 kilómetros cuadrados, suponiéndose que su
ñoles. Disminuían los víveres; población llega á 17 5.000 habitantes (Reclus). Alguy siendo cada vez menos pro- nas de las islas son montañosas y hay cumbres que
bable y fácil el establecimiento tienen hasta 8.500 pies de elevación. La tierra es gede una colonia, el general con- neralmente fértil, y gracias á las lluvias, la vegetación
sultó á Hernando Gallego so- rica y variada, abundando el cocotero, el árb?l del
bre la oportunidad de conti- pan, el ñame y el sagotal; actualmente se ha mtronuar el viaje, y merced á la pe- ducido la caña de azúcar y el algodón. Según aseguricia del último pudieron to- ran los indígenas, todavía hay monos antropoideos
dos volverá las costas de Amé- en las islas de Malaita, Guadalcanar y San Cristóbal,
rica, no sin peligros ni sin ha- pero ningún zoólogo europeo los ha visto. A excepber sufrido las más crueles pri- ción de los cerdos, los perros, una zarigüeya y un ravaciones.
tón, los extranjeros que visitan esas tierras no han en· El viaje de vuelta hasta Co- contrado mamíferos indígenas. Entre las aves, la palima costó cinco meses de na- loma es la más común y el principal agente de disvegación, y el viaje completo persión de las plantas. Los rep tiles, tan escasamente
Habitantes de San Cristóbal (islas Salomón)
trece meses y once días, pues los representados en la mayor parte de las islas oceáni·
navegantes llegaron al Perú en cas, son bastante numerosos en las Salomón; Yense
que los geógrafos han dado el nombre de Melanesia. marzo de 1568. Pasó Mendaña sin pérdida de tiempo en éstas sobre todo enormes sapos, y cuando el desEn 1886 Alemania se anexionó las del NO. y hace á Lima, pero no consiguió que su viaje despertara en- cubrimiento de Isabel por los españoles, éstos despocos meses Inglaterra ha extendido su protectora- tusiasmo alguno en el Perú, por lo cual, sin duda pa- truyeron templos en que se adoraban sapos y culedo, nombre que hoy ha sustituído á lo que en otro ra no perder todo el fruto de sus trabajos, juzgó con- bras. Los cocodrilos, venerados todavía por los insutiempo se llamaba conquista ó toma de posesión, á veniente, aprovechando la época en que vivía, aficio- lares, son bastante_comunes, lo mismo en el agua rnla parte meridional de dicho archipiélago, que com- nada á tales leyendas, hacer del
prende las cinco grandes islas de San Cristóbal, Me· archipiélago que había visitado
laita, Guadalcanar, Florida é Isabel y de veinte á una descripción semejante á la
treinta más pequeñas, en una de las cuales, Ulana, del imaginario país de El Dorado, pesar de que de dichas
está la misión de la Iglesia anglicana.
Los nomb.res españoles de algunas de estas islas islas sólo conocía, y no de un
revelan desde luego que su descubrimiento se debe modo perfecto, la geografía. Por
á nuestros compatriotas. Y en efecto, en 1567, el esto el archipiélago recibió el
marqués Alvaro Mendaña de Neira recibió del virrey nombre de Salomón, por supodel Perú, Lope García de Castro, la orden de explo- ner, ha dicho un escritor exrar el Océano Pacífico, juntamente con el título de tranjero, que la escuadra del fageneral y dos naves muy mal abastecidas y tripuladas moso rey de los hebreos había
por 12 5 marineros y cuatro pilotos, entre éstos el ido á buscar allí todo el oro
con que adornó el templo de
experto Hernando Gallego.
Al cabo de algunas semanas de feliz navegación, Jerusalén.
La fábula de Mendaña gozó
hallándose á unas 900 leguas del Continente americano, divisó Mendaña una pequeña isla á la que dió del mayor crédito en el siglo
el nombre de Buen Jesús, y habiendo avanzado otras xv11, y á ella alude Gemelli
15 leguas divisó una tierra de mayor extensión que Carreri al citar, con los nomllamó de Santa Isabel. Allí se detuvo, dando comien- bres de Ricca d' Oro y Ricca dt
zo á las primeras relaciones _de los europeos con los Plata, dos islas situadas por
pueblos indígenas de la Polinesia. No tardó en cono- los 34º de latitud N. Las islas
cer que aquellos pueblos, cuyos recursos alimenticios de Salomón, por tanto, poseeeran escasos, practicaban la antropofagia, y si en un doras de soñadas riquezas, moLa aldea de Ugi en las islas Salomón
principio trató con ellos del modo más pacífico, bien tivaron un segundo viaje en el
pronto se rompieron las hostilidades y en la lucha su- que Mendaña debía figurar taro cumbió un polinesio. Sucesivamente visitaron los es- bién como jefe, pero murió en la travesía sin haber lada que en la dulce; se les teme poco, y según creencia popular, únicamente son peligrosos para las mupafioles La Galera, Buendvista, San Dimas, Sezar- podido llegar á ellas.
El derrotero de las islas Salomón quedó ignorado jeres infieles.
¡;a, Guadalcanar, donde perecieron tres de los descuLos isleños son en su mayoría de estatura regular
bridores á manos de los indígenas, y Borcé, llamada y hubieron de transcurrir dos siglos antes que se enSanJorge por los expedicionarios. En tanto que Men- contrara otra vez. Su posición había sido indicada y bien proporcionados; su color es moreno subido
con demasiada vaguedad para y la cabellera abundante y muy crespa. La diferenque fuera posible encaminarse á cia entre la robustez y energía de los habitantes
ellas con seguridad, y la relación de estas iskts es bastante notable, pues al paso que
del piloto Gallego se había con- los de Bougainville, Choiseul y Nueva Georgia son
servado secreta, por temor de débiles y pobres, los de Malaita y Guadalcanar se
que sirviese de guía á los mari- distinguen por su vigor y carácter económico. Según
nos de otras naciones hacia esas parece, desde que están en con tacto más frecuente
islas justamente reivindicadas con los viajeros han abandonado gradualmente la
por España, de suerte que has- práctica del canibalismo, pero hay motivos para creer
ta hace poco tiempo no ha sido que aún está e n uso en las aldeas del interior.
revelada, comentada y traducida.
Los habitantes del archipiélago son por lo general
Por fin, Carteret en 1767, exac- pérfidos y vengativos, según aseguran los ingleses,
tamente dos siglos después del pero añaden que si se les trata bien son servidores
viaje de Mendaña, Bougainville fieles. Profesan la poligamia, y cuando una mujer lle·
al año siguiente, y Surville en ga á la edad nubil, el que la pretende ha de pagar
1769, recorrieron de nuevo los por ella mil dientes de perro que, junto con los de
pasos y estrechos descubiertos vaca marina y barbas de ballena, son la moneda copor el marqués español, pero cre- rriente en el país. La práctica del infanticidio, muy
yendo haber encontrado nuevas común en ciertas islas de la Melanesia, se observa
islas, les dieron una nomencla- también en las Salomón. En Ugi, cerca de la costa
tura diferente. Las investigacio- oriental de San Cristóbal, los padres suelen matar á
nes de Buache y de Fleurieu, en sus hijos recién nacidos; la población se recluta meque se comparaban los itinera- diante la compra de esclavos en la tierra vecina, y
rios de los viajeros, devolvieron en lugar de hijos el anciano tiene por apoyo mozos
Almacenes de comercio en Aotah (islas Salomón)
á los marinos españoles la glo- comprados, que quedan libres en la edad viril.
ria que les correspondía.
Los ~rabados que ilustran este artículo, y que dan
Hace diez años, el gobierno colonial de Queens- exacta ~&lt;lea d~l aspecto de dichos indígenas, están re·
daña, con una de las naves, tocaba en estas islas, el
piloto Hernando Enríquez, con la otra, completaba land (Australia) fijó su atención en el menciona- producidos directamente de fotografías recientemenla exploración del archipiélago; pero no hay datos se- do archipiélago, no tanto con la idea de recoger las te hechas en aquellas islas. - X.

NúMERO

LA

618

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

701

LAS ISLAS SALOMÓN

a

1

lndigenas de las islas Salomón

CASTO PLASENCJA
Veo y oigo el bostezo de muchos al leer el nombre
que va al frente de este artículo. Aquiétense los manes de mi ilustre amigo y maestro. Los nombres de
Rosales y Fortuny no producen tampoco otro efecto
en sus colegas vivos. Y aun así, pueden darse por
satisfechos los tres grandes pintores; no cayó sobre
ellos más que la indiferencia. ¿Quiénes son los que
se acuerdan todavía de Rui-Pérez, de Zamacois, de
Bécquer, de Manzano, del vivo y eximio Mercadé?
No censuro. Es ley social la que se cumple. Mientras el héroe, el sabio ó el artista atiende afanoso á
su misión en la sociedad, coadyuvando con el valor,
con la ciencia ó con el arte á la obra de perfección
soñada por el hombre, la sociedad le halaga, le mima,
le admira, le ciñe fresca corona de laurel; pero transpone ese artista, ese sabio, ese guerrero los umbrales
de la muerte, y primero la indiferencia, después el
olvido, sellan con doble sello la losa sepulcral. La
sociedad necesita fuerzas vivas; la sociedad ha menester ideas, sangre hirviente, nervios y células grises que arrojar al fondo del vaso de la feroz é implacable clepsidra, que debe marcar la hora de nuestra
bienandanza.
Yo miro como venturoso para Plasencia aquel minuto en el cual cesó de latirle el corazón. Sería horrible para mi respetado amigo la muerte á que condena el mundo al ayer vigoroso atleta, hoy valetudinaria ruina humana. El hombre civilizado no es de
mejor condición que el caballo. Viejos ambos, uno
muere como puede; al otro ó lo degüellan para arrancarle la piel y aprovechar su esqueleto, ó le llevan al
monte para que termine allí su vida; en la cuadra
ocuparía un lugar destinado al potro.

Mujeres de Ugi (islas Salomón)

Quedan del sabio, del guerrero, del artista las obras
y las hazañas. Las generaciones se suceden y reciben
de aquellas obras, de aquellos hechos hálito de vida
para poder luchar y vencer. ¿Qué les importa el hombre? La esencia intelectiva es lo que buscan; el vaso
que contenía la esencia nada significa. No se cuidan
de averiguar si al evaporarse aquélla ~e rompió el
continente ó si todavía está intacto. ¿Para qué? Es
menester apagar la sed, y mientras el árbol nos da su
fruto le cuidamos; el árbol deja de producir y el hacha del leñador lo hace astillas. ¿Quién se acuerda
después del árbol? Cuando más, de la sed que nos
mitigó, y aun así el recuerdo acude á la memoria
cuando la sed vuelve á molestarnos.

- á la que es hoy emperatriz de Alemania. «No soy
acuarelista. - Usted lo es todo si quiere,» le contesta
el peticionario. Plasencia remitió á la comisión encargada del A/bum un «tour de force,» El Trovador. Las revistas é ilustraciones alemanas, austriacas
é inglesas reprodujeron la celebrada acuarela. Pietsch,
el célebre crítico berlinés, escribía un artículo en la
Gaceta de Berlín, diciendo que no sabía cómo encomiar obra tan admirable. «Créanme ustedes, no hice
más porque deseaba salir del compromiso,» repetía
Plasencia al oir las traducciones de los encomiásticos ditirambos de la crítica.
Ocurrió en la manera de Plasencia un cambio notable hacia la sinceridad, desde que se dedicó á pintar las escenas de la vida rural, durante sus excursiones veraniegas. Si antes recurría al convencionalismo
obligado, que distingue al pintor mural ó decorativo
y buscaba la línea con sujeción á las enseñanzas de
los grandes maestros en el género, trazando de memoria algunas veces escorzos y aun figuras enteras y forzando las tonalidades y el clarobscuro, así que pintó
los primeros cuadros en Asturias, frente , frente de
la naturaleza, comenzaron á desaparecer los convencionalismos todos, y su Psiquis conducida por los
amores y la Alegría y L a noche y el suetio, últimas
grandes composiciones que trazó, aparecen como modelos de sencillez en los escorzos y en la agrupación
y como insuperables de vigor lumínico, sin que hubiese de recurrirá los obscuros decididos.
· Para su temperamento de colorista sobrio y de dibujante grandioso, las templadas tonalidades de la
región Noroeste de nuestra península, como la robusta y arrogante línea de aquella raza, fueron lo que
el anillo al dedo. Con gran sentido estético, en vano
buscaba Plasencia aquí en la corte, especialmente en
la mujer, proporciones y contornos medianamente
correctos, que le sirvieran para dar forma á su ideal
de la figura humana, por él sentida con la arrogancia
y majestad de un artista heleno en cuyo espíritu latiere enérgico el amplio del concepto estético moderno. Al regresar de Asturias, costábale trabajo enorme

***
Plasencia fué pintor mural, pintor de género, de he·
chos históricos, acuarelista. Cuando le dijeron que su
temperamento artístico no le permitía manejar el pincel de marta en obras donde el detalle exige el mismo
cuidado &lt;}Ue lo demás del cuadro, contestó con la pequeña tablita de costumbre~ rurales asturianas, Eva y
Adán, maravillosa obra llena de verdad, prodigio de
paleta y de observación psíquica, encanto y admiración de propios y extraños. Pinta la cúpula de la capilla de Carlos III de San Francisco el Grande, derrama en aquella colosal composición la luz á torrentes, el sentimiento, la gallardía toda del genio - porque Plasencia era el único artista genial que vivía en
España; - rebosa á Jordán como pintor mural, no rebuscando efectos ni retorciendo figuras como el veneciano; iguala á Goya en brillantez, da con su obra
citada la nota más alta en la pintura decorativa y termina su trabajo en siete meses. Se acercaba el verano
y dispuso la maleta para trasladarse á San Esteban de Pravia,
rincón delicioso de Asturias
adonde el río N alón llega para
fundirse con e l Cantábrico.
«Voy á pintar algo, me dice,
estoy cansado de figuras de
tres metros.»
¿Quién no conoce La fuente
de Roque y Las lavanderas, prodigiosos cuadritos de treinta ó
treinta y cinco centímetros de
lon g itud, pintados durante
aquel verano de 1886? La critica enmudeció. E l maestro le
había probadc que abarcaba
lo colosal y lo microscópico y
que en ambos géneros medía
la talla de los gigantes.
Un d ía, cierta alta personalidad política le pidió una acuarela para el A/bum que la Academia de Jurispru dencia quería
regalar - como en efecto lo hizo

Una muchacha de las islas Salomón

ceñirse á la convencional luz del estudio, á la mezquina línea del modelo, al artificioso medio de rebuscar posturas, posiciones, lo que se llama partí
pris, y al otro de amontonar telas brillantes, plantas
de salón ó trastos de lujo. Desde su cuadro En mi
estudio, pintado por el año de 1 880, hasta el que tituló La Cigarra (ambos lienzos representan dos bellas mujeres, sentadas en un mismo sillón de tijera),
hay la diferencia que separa al artista que pretende
halagar la moda, del que está resuelto á no darle entrada en su estudio. La primera de las figuras dichas
tiene por fondo jarrones, almohadones, armaduras,
telas riquísimas; la segunda solamente luce los hombros desnudos sobre el almohadón del respaldo del
asiento; el fondo es simplemente una tinta obscura.
La naturaleza hizo sobrio y sencillo á Plasencia.
Cuando volvió de la Exposición universal de París de 1889, dijo á varios amigos: «He ido á convencerme de que voy por buen camino; pensé que no

�702

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

d~bía bu~car· la verdad fuera de la naturaleza, y los
pintores rngles~s me lo afirmaron, y gran parte de los
franceses lo. m1si:n?· La pintura, como el arte en general, neces.1ta vmr la mitad del año entre bosques
con los labriegos y al lado del mar con las gaviotas.»

NúMERO

terna~ión .de todos era inmensa. Las lágrimas rodaban s1lenc10sas por los rostros de muchos. Cada grito
de dolor exhalado por el agonizante producía el efecto del ~spanto en cuantos allí estábamos. Todavía
:econoc1ó,. tres ó cuatro horas antes de morir, á su
ilustre amigo el entonces ministro de Estado Sr. Marqu~s de. la Vega de Armijo. Después se apagó su inLas grandes. obras, mejor dicho, las obras maes- tel~g~ncia; ta? sólo el dolor le arrancaba frases, inintras de Plasenc1~ son: la gran pintura mural de la teligibles casi todas. La luz de la aurora principiaba á
cúpula de la cap1ll~ de Carlos III de San Francisco blanqu:ar, transparentándose débilmente á través de
las cortinas de la lucerna del estudio, lJna bujía que
el Grande; Ps1q1m conducida
al Olimpo
por
Mercurio
Ana, .
'
creontzca y Venus aérea, pinturas decorativas propiedad de
los marqueses de Linares· Psiquis conducida por los a11;ores
El juego de billar, el de lo~
dados, La Alegría y La noche
Y el sueüo ( r ), que decoran los
salones del palacio que los señores de Selgas poseen en la
aldea de El Pito, término de
San Esteban de Pravia (Asturias). De los cuadros de costumbres rurales, los verdaderamente insuperables son El
mentidero y La siesta; adquiridos por dos ricos aficionados
de Buenos Aires. De sus acuarelas, E l viejo verde, propiedad
de D. Adolfo Calzado, y la citada El Trovador. Como morfeaux de pintura difíciles de
igualar, recuerdo ahora Cabeza de viejo, que pertenece á
Luis Ocharan, y En oraczon, regalado á Su Santidad
León XIII.
Aden:iás ~e los apuntados,
Plasenc1a pmtó más de diez
gran~es cuadros murales y decorativos y de veintitantos cuadros de género, gran número
de retratos, dibujos, estudios á
l,a acuarela, al carbón, al óleo,
a la aguaza, á la pluma y al
lápiz.
Cuando ideaba alguna de
sus composiciones decorativa~, después de leer con gran
cuidado aquellos pasajes mitológicos que le parecían más
pictóricos, se tumbaba en el
suelo boca arriba, y en un lienzo paralelo á su posición la
h,o~izontal, con el carbón y ~on
lapices al pastel iba trazando
rápidamente las figuras, obligando al modelo, suspendido
d~l techo del estudio por me-

- Lo siento mucho, pero no puedo dársela á usted porque la necesito.
- ¿Para poner los pies?
- Para eso, sí señor.
- Lo primero es ser galante.
- No lo niego, pero estas sillitas me han costado
mucho de adquirir, y después de andar cargado con
ellas ya comprende usted...
- Eso es un abuso, su entrada de usted no le da
derecho más que á un asiento.
- Pues yo me tomo dos.
- Y los demás que se fastidien.
-Eso es.
- Es usted un grosero.
- Y usted un deslenguado.
- ¡Caballero!
- ¡Caballero!
- Yo le diré á usted lo
que... ¡Ah! Allí se desocupan
dos sillas.. . Estas no se me
escapan.

J?;

i~~iii:~;s ;~~f:~~~i~:~~rÁ~~

LA ALEGRIA. -Techo pintado por Casto Pbsencia, existente en el palacio de los Sres. de Selgas

de es.te modo pasaba días enteros, resolviendo todas
las. dificultades hasta las más insignificantes con el
º.bJeto de no preocuparse, al desarrollar la composic1ón, de otra cosa que del dibuJ·o y del color.
.R:cuerdo en este momento -y lo recordaré toda
r
mi vidª-: eI e,ecto
que me causó el boceto de su últit b
d .ó
mo ra ªJº - que eJ por terminar - La noche-y el sue11~.. Soy ~upersticioso, no puedo sustraerme á esta deb1hd~d impropia de un entendimiento medianamente
despierto; así que cuando vi, repito, en aquel boceto
la figura que r~presenta la media noche.sosteniendo
un buho, ~o pude conteIJerme y le diJ·e al maestro:
"" D.: Cas to, barre. usted ese animalucho; es de mal
aguero.)) Plas.encia comenzó á reir, y salió al estudio
d de t b b
, on
ra ªJa an su.s discípulos, compañeros míos,
a darles cuenta de m1 superstición. Las risas duraron
largo .ra,to. Yo me marché hondamente afectado. Algo
present1a que no me atreví á comunicar á nadie. Dos
mese~ de~pués Plasencia caía en cama para no levantarse Jamas.
·
é
h I d
iQ u noc e a el I7 al 18 de mayo de 1890! Los
dos eno:mes s~lones estudios, débilmente iluminados
por vana~ buJfas, estaban llenos de amigos, admirado res Y discÍpuIos de1 maestro. El silencio era imponente. De cuando en cuando algunos redactores
de los periódicos de la corte 'penetraban hasta el
salón e~tudio principal aenterarse del curso de aque!la hornble agonía que en espasmos violentos sacudi'a
la poderosa naturaleza del celebrado artista. La cons(r). Del juego del billar y de las dos í1ltimas pinturas nqul
mencionacl?s damos copia exacta á nuestros suscriptorel; en el
presente numero.

¡ ·
1 ó
a gmen co. oc al acaso debajo de la Victoria alada,
reprodu~c1ón denHbronce de la que se encontró en las
excavac1.ones e erculano,arrojaba al techo la silueta
deidad
de la gloria, la cual con un brazo extendd~1dla
e
0 oir_ece
etern,amente
genio la corona de laurel.
un;sueno parec1a aquellaal figura
aérea, dibujándose
e.n el techo de lona del salón. Todos m1·ramos á un
t1.empo 1a aparici.ón sublime, Y contemplándola estu-

vimos, con los OJOS a~rasados de lágrimas, hasta que
los rayos del ~uevo sol la borraron. En aquel moment~, un .queJ1do del moribundo seguido de pavoroso dsilencw
h bnos hizo comprender que el espír1·tu del
gran e om re había dejado de animar su cuerpo
No sé todavía de .~uién era aquella voz que sonand~
á sollozos nos d1Jo: «¡Señores, D. Casto Plasencia
acaba de dejar de existir!»

*

**

p
¿ ara qué hacer ahora su biografía? Olvidado el
hombre, lo que importa es su obra.
R B
.

ALSA DE LA VEGA

.................,.................................................................................................................
DIÁLOGOS MATRITENSES
1ARDINES DEL DUEN RETIRO. - GRAN CONCIERTO

- Caballero, usted di.spense, esta silla está tomada.
-; ~aballero, usted dispense, es para mi señora que
e~ta sm poderse sentar desde que comenzó la f c1ón.
un

618

- ¿Qué es esto que acaban
de tocar?
- No lo sé, se me ha perdido el programa; pero me parece que debe ser cosa así como una marcha fúnebre dedicada á una suegra.
- ¡Jesús, hijo! Tú siempre
estás pensando en la suegra.
- Claro, como que es lo que
me escuece. Es una calamidad
mayor que la de Consuegra,
que hace tiempo ha caído sobre mí. Pues poquito que me
fríe á mí la sangre tu mamaíta
con sus chismes, sus enredo~
y sus diplomacias. Si tu padre
no fuera tan calzonazos como
es...
1
- Mira, para hablar de esas
cosas, aunque no hubiéramos
salido de casa no habríamos
perdido nada; al contrario, nos
hubiéramos ahorrado algunas
pesetas. Bien dice Petra que
con el marido ni á la gloria.
- Bueno, callaré, pero todo
se andará. Mira, ahora entran
tus papás. Vamos á saludarlos,
así de paso si van á tomar helados puede que nos conviden.

NúMERO 618

7o3

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Vaya, vaya; estás muy satírico esta nochej te
dejo, me voy al Círculo un rato.
- ¿A arreglar el país?
- Otra cursilería; voy á ver si le doy cuatro golpes
á un billetito de cincuenta pesetas.
- Eso sí que es distinguido y fasluonable.

- Pues si es todo un caballero y ya sabe él distinguir. Pues, señor, la verdad es que esto es un paraíso
y no sé como hay quien vive en Madrid y no viene
aquí todas las noches. ¡Pero qué campechano es don
Práxedes! ..

.y,

**
-· ¡Fíjate, Gutiérrez! ¡Qué traje tan rimbombante
lleva la de Gracia y Justicia! ¡Parece una perdiz! ¡Y
qué sombrero tan estrafalario! No será de casa Honorine como el mío.
- Mujer, ¿quieres callar y dejarme oir las Bacantes
que están ejecutando?
- ¿Y qué significa eso de las Bacantes?
- Pues significa unas ... unas... damas romanas que
bailaban con el emperador.
- ¿Con qué emperador?
- Con cualquiera.
- Sería con Julio César.
- Sí, eso debe ser.
- Gutiérrez, ¿has observado lo que ha hecho al pa•
sar la de Verdecilla?
- No, ni me importa.
- Tú siempre estás en Belén; pues le ha dado una
carta á aquel rubito.
-Puede.
- Vaya, si es un escándalo lo mismo que la de
Pérez Calzones; mira que entre ella y el teniente están dando cada escándalo; pues y la viudita de...
Pero qué es eso, ¿te duermes?
- No me duermo, estoy meditando.
- Si casi roncabas.
- No es verdad.
- Mira, allí viene D. Práxedes.
- ¿Dónde, dónde?
- 1~llí; allí! ¿Lo ves?
- S1, SI.
- Siéntate aquí delante, así te verá mejor; á ver si
nos saluda.
·
- ¡Vaya usted con Dios, Sr. D. Práxedes! Beso á
usted la mano. Adiós. Adiós.
- ¡Qué fino es! Te ha llamado Pepe.

- ¡Hola, D. Pantaleón! ¡Qué mala cara tiene usted!
¿Que le duelen las muelas?
- No, señor, lo que me duelen son las dos pesetas que me he gastado para oir un concierto del cual
apenas puedo dar cuenta.
·
- ¿Cómo es eso?
- Figúrese usted que estaba paseando por el Prado, vi entrar la gente y el programa me sedujo. Ya ve
usted: «Serenata en do bemol,» de Mercadante; una
1&lt;Tanda de valses nihilistas,» por Cawasperoff; la
«Cantiga húngara,)) de Rubinstein, y una pieza nueva
de un autor anónimo, titulada «Penelope,» en que
según el programa se oyen los suspiros de los amantes, los ladridos del perro al reconocer á Ulises y
hasta los puntapies de éste á los lipendis que le cortejaban la mujer. Yo, que soy entusiasta por la música clásica descriptiva, tomo ia entrada y me coloco
á distanci.a conveniente, no contando con unas señoras que estaban á mi lado y que no cesaron un momento de hablar de modas, hasta que terminó la primera parte. Cojo la silla y me puse allá lejos, pero
no oía una palabra; sólo porque el director de orquesta movía la batuta comprendí que tocaban la
segunda parte. Desesperado ya, me he colocado aquí
junto al kiosco, lo cual ya comprende usted que es
un disparate... ¡Pero, señor, esto es un escándalo!
Aquí el que viene por amor al arte, dígame usted,
¿dónde se coloca?

de Melilla y estoy ya de moritos y meritas hasta la
coronilla.
- Hombre, ¿y qué se hizo de Jeremías, aquel
compinche tuyo de caballería que tuvo aquella trapatiesta con el gobernador de Granada?..
- ¿Aquel? Retirado anda por ahí, dando lecciones
de esgrima.
- ¡Oh! Aquel era un portento manejando el sable.
- Sin guasa, por supuesto.
-Claro.
- Oye tú que eres abonado á estos jardines, ¿conoces á aquellas dos de traje claro que están allá enfrente... bajo de la acacia?
- Mucho; son gente de historia. La morena del
sombrero rosa. . . . .
- ¡Diablo! ¿Y la otra?..
- La rubia esa dicen que.

- Pues están un par ...
- Esas no vienen al Buen Retiro por ti ni por mí;
esas andan á caza de jóvenes ingenuos y recién heredados y no de capitanes cígarrosos como nosotros.
- ¿Te acuerdas de la niña de la Ronda de San
Pablo? ¡Perico, qué tiempos aquellos de Barcelona!
- La catalanita que has nombrado era una perla.
- Tú debiste casarte con ella.
- ¡Ojalá! Pero ehtonces tenía la cabeza llena de humo y creía que iba á ser general antes de diez años.
- Sí, sí, general. Bien andan las cosas, no se arma
una bronca por un ojo de la cara. Ya debíamos haberle metido mano á Portugal ó á Marruecos, pero
no hay hombres.
- Si se armara algún jaleo revolucionario, pero
gordo, muy gordo.
- Si nadie tiene un real.
- Pues por lo mismo.
- Qué, chico, si ahora las revoluciones son un ne***
gocio como otro cualquiera.
- Pérez va al cuarto de montaña, y Garciota, ¿te
- Pero en fin, tenemos un consuelo.
acuerdas de aquel bárbaro de García?, por fin ascen- ¿Cuál?
dió y ha pescado un buen destino en la Dirección.
- Que van á reformarnos el uniforme.
Por el tío, por supuesto...
- Pues, chico, yo no puedo lograr que me saquen
*

- Chico Gasparito, ¿qué ha~1~t:~: ;n v~;o~ntb~:s: ~:

.
·
vuelta durante este intermed10, que creo que hay algo que te interesa.
- I ré por complacerte únicamente, porque estoy
de lo más aburrido. La verdad es que cuando se
cump1en los veinte ya se fastidia uno de todo.
, - p ues, h"LJ0,b no lo. en,tiendo;. yo soy más vieJ· o que
t
. u y n? me a urro Jamas habiendo mujeres bonitas
Y música como la que tocan esta noche.
- ¡Qué feliz eres! Estoy seguro de que mirando
todas esas horizontales que andan por ahí revoloteando ~e ?rees en el harén del Gran Señor. En
cuanto a m1, lo mismo aquí que en la Castellana ó
·
en eI R ea,J estoy siempre
más abroncado que un inglés, en doming,o. Lue.go esto, desde que hace calor,
t d 1
e~ a . e o mas cursi. Voy á adelantar mi viaje á
Biamtz.
- Déjate de reflexiones, camueso; á ti lo que te
hace falta es ocuparte en algo y abandonar la carrera de va&amp;o, que hace tiempo has abrazado con una
constancia digna de mejor causa.
Ah
·
-:-- i ' mzo caro/ Eso del trabajo es un específico
antJcua~o Y que hoy está muy desacreditado.
- ¡Valgame
Dios, qué niños éstos!
11
· qué mirada tan expresiva me
- 111·ira ]a C. onc]11ta
ha lanzado. S1 está muerta por mis pedazos· lo mismole sucede á la hija del conde del Rastrd. Yo no
sé en qu~ consiste que todas las chicas que valen
algo se fiJan en mí.
- Eso, indica su buen gusto.
:- SI, hombre; si yo tuviera humor tendría más re!ac10nes que. pelos tengo en la cabeza y con lo meJor de Madnd, pero...
- Es cursi eso también Ysin duda por esto te contentas con hacerle el oso á la cocinera de tu casa.
EL JUEGO DEL BILLAR. - Pintura decorativa de Casto Plasencia, existente erl el palacio de los Sres. de Selgas

**

�&lt;;}URIOSIDAD INFANTIL, cuadro de _Federico Kallmorgen

�NÚMERO

LA

706

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Jesús, hija,qué tronado esta hoy esto! ¡Cómo se te ha comenzado con el grandioso éxito de siempre sus concier•
tos en Saint James Hall.
conoce que no aprieta el calor!
Madrid. - Ha comenzado la temporada en el Real, habién- Pues á mí me parece que no esta tan mal.
dose cantado H11go11otes, Gioconda, Lohengrin y Rigo/etto: han
- Claro, para ti en estando ese monigote de Pe- sido muy aplaudidos en la primera y última la señora Darclée
pito, que al verte pone unos ojos que parece un car- y el Sr, Marc;:9ni, en la segund;i, la S~!Í9ííl Bonaplata y lo$ señonero degollado, ya está todo
bien. ¡Qué mal gusto tienen
las niñas de hoy!
- Pero, mamá, si Pepín ...
- Déjate de pepinos y mira
aquellas fachas que vienen hacia aquí. ¡Cosa más cursi!
- Serán provincianas, porque si no, no se comprende.
La del vestido verde parece
una lechuga.
- Mira, mira las de Canariete. ¡Cómo las ha saludado
Jacobol Yo no sé como el general no hace una barbaridad.
- El sombrero de las de
Mirlo-Triste parece un manguito viejo. Y lo sera, porque
hay pocas tan sencillas y de
tan buen gusto como nosotras.
Pero, hija.. , Adelita, ¿qué te
pasa, te da el ataque? ¡Ah, ya,
vamos! Es que Pepín te hace
muecas desde allá enfrente. Si
no fuera porque las entradas
nos las ha regalado Felipe, en
seguida nos· íbamos á casa; pero despídete del Buen Retiro,
porque no volvemos más ... á
no ser que nos regalen otras
entradas.
A.

DANVILA JALDERO

MISCELANEA

NúMERO

618

LA

618

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NUESTROS GRABADOS
L a paz es la fuerza de una nación1 grupo escultórico de Gustavo Eberlein. -Con aestino á la escalera del Museo de Stuttgart ha modelado el escultor Eberlein
dos grupos colosales, uno de los cuales reproducimos y que junto con
otras obras grandiosas del mismo
figuraron en la Exposición de este
año de Berlin. Esta escultura, que
por su grandiosidad asombra, deleita por la vida y el movimiento impresos en cada figura, por su elegancia
de líneas, por la poesia que toda ella
respira y por la ausencia de todo
convencionalismo y de cuanto trascienda á pedantería artística.
Triste regreso, cuadro de

UNA FRANCESA EN EL PO.LO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARJS
(CONTINUACIÓN)

- ¿Qué pensáis hacer?, preguntó con curiosidad
Aquella tierra del polo, aquel islote extraño estaba
situado á unos 400 metros bajo el nivel del mar, éste Isabel.
El joven sonrió y le explicó su plan.
le ceñía con una infranqueable barrera de olas, y más
- Querida Isabel, dijo, me comprenderéis en seallá empezaba otra vez la muralla de rocas, de la
cual quizá sería difícil encontrar el misterioso camino. guida. El agua de este lago es dulce, lo que prueba

M. Carbone n. - Fué el Sr. Carbonell disdpulo de la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad y desde los
primeros tiempos en que se dió á conocer al público con sus lienzos de
costumbres, tipos y paisajes de Cataluña, consiguió con justicia plácemes y elogios. En la última Exposición de Bellas Artes celebrada en
Madrid fué premiado con medalla de
segunda clase por el cuadro Triste
regreso que reproducimos y que es
una nota hondamente sentida y perfectamente ejecutada.
Exposición universal de
Chicago. Paseo á. orillas del
lago, dibujo de E. Limmer.
- Extiéndese este paseo en el parque J ackson á lo largo de todo el
lago y constituye uno de los sitios
más agradables de la Exposición, no
sólo por la deliciosa temperatura de
que en él se disfruta en _los dias ~alurosos, sino por la mullltud de distracciones que al extranjero alll se
ofrecen. Sobre este paseo. da la fa.
chada del Palacio de la Justicia, cuyas colosales proporciones pueden
desde alll apreciarse mejor que desde ningún otro punto: visto desde el
paseo se comprende que quepan
holgadamente 300.000 personas en
aquel edificio, el mayor de cuantos
en el mundo se han construido.

Bellas Artes. - Los hermanos
T retjakoíf han regalado á la ciudad
c!e Moscou una colección artlstica
compuesta de más de r.8oo obras y
Curiosidad infantij, cuadro de Kallmorgen.-Cuanun edificio especial para colocarla
tos cultivan la pintura y armados de
con la condición de que siempre ha
sus trebejos recorren los campos en
de ser gratis la entrada en esa galebusca de asuntos que como en ningur!a. Constará ésta de veintidós salas
na parte les ofrece alli la naturaleza,
en las cuales se instalarán 1.844 obhabrán sido testigos cien veces de esjetos de arte, de ellos I. 756 de artistas rusos clasificados en 1.2,ticuacenas análogas y podrán apreciar, y
con ellos también muchos que sin ser
dros, bocetos y estudios al óleo, 471
dibujos al lápiz, á la pluma, al carpintores han acompañado á alguno
bón y tinta china y acuarelas, y 9 esde éstos en sus excursiones, la verculturas. Entre las obras extranjeras
dad del cuadro de Kallmorgen, céhay 83 cuadros y dibujos de Bonnat,
lebre pintor de Karlsruhe que á peLaurence, Munkacsy, Vautier, Casar de su juventud relativa, pues
lame, Achenbach, Meissonier, 111encuenta treinta y siete años, ha lozel y otros. El pintor ruso \\'egrado alcanzar un puesto eminente
reschtschagin tiene alli 230 obras.
en el arte alemán.
Entre las esculturas hay dos obras
El eminente compositor
de Antokolsky, un Eae homo y el
Carlos Gounod. -¿A qué hacer
Ivdn el Terrible que publicamos en
una necrología del ilustre composiel número 614 de esta ILUSTRACIÓN.
tor recientemente fallecido? ¿A qué
- Por encargo del Ministro de
narrar sus primeros estudios en el
Cultos de Prusia; el profesor Kips,
Conservatorio de París bajo la diconsejero de la fábrica de porcelarección de Halevy, su. estancia en
nas de Charlottemburgo, ha emprenRoma como pensionado, sus primedido en compañia del pintor Achros éxitos en la música religiosa, su
tenhagen un viaje de estudio á Itaviaje á Viena, los grandes triunfos
lia para buscar material artistico pa•
que le valieron algunas de sus ópera cumplir los encargos de objetos
ras, las decepciones sufridas en sus
El ilustre compositor Carlos Gounod, fallecido en Parls el día 18 de octubre de 1893
de arte &lt;le porcelana que el Instituúltimos tiempos? El nombre de Gouto ha recibido con motivo de la Exnpd será siempre una estrella de priposición de Chicago.
- En el cementerio del Pere Lachaise, &lt;le París, se ha i01n- res De Marchi y Menotti, y en la tercera la señora Bonaplata y mera magnitud en el mundo del arte musical, y sus obras vivirán
gurado un bello monumento dedicado á Anatolio de la Forge, el Sr. Marconi; el Sr. Goula cuenta el número de O\'aciones eter,namente: el maestro que deja á la posteridad piezas como
por el de óperas que dirige. En la Comedia se ha estrenado la Serenata de Maria Tudor, óperas como Fausto y File111ó1_i y
obra del escultor Barrias.
con regular éxito una comedia en tres actos de D. Juan José Battcis, oratorios como Redención y Gallia, el que ha sabido
Teatros. - En el teatro Manzoni de Milán se ha estrenado Herranz, titulada El hogar moder1w, obra ll\UY bien escrita, pero enternecernos con notas tan delicadas como las de La marche
con aplauso una ópera del maestro Cayetano Cipollini, titulada de un género algo anticuado. En Lara ha obtenido un nuevo fimebre d' une mariomzette y arrobamos con acentos tan sublitriunfo el reputado escritor D. Antonio Sánchez Pérez con un mes como los del Ave Maria, ha conquistado gloria impereceII picco/o Hayd11.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en el Odeón, Ver• juguete cómico en un acto, Saltos de liebre, de ingenioso enre- dera y se ha hecho digno de la inmortalidad.
ci11getorix, drama en cinco actos y ocho cuadros de Edmundo do, abundante en chistes y escrito en el ,estilo fácil y castizo
La cita, cuadro de Horacio Lengo. - Nació LenCottinet, de carácter patriótico y cuya acción se desenvuelve que es peculiar á su autor.
Barcelona. - Se han estrenado: en El dorado, con un éxito im- go en Málaga, y aficionado desde muy joven á la pintura estuen Roma y en la Galia en tiempo de César; en el Vaudeville,
La Provincia/e, comedia en tres actos de Alexis y Giacosa, en ponderable, la hermosa zarzuela en un acto de D. Miguel Eche• dió con Fernández del Rincón y en 1868 pasó á Paris, en donque se hace una pintura exacta de caracteres y costumbres pro• garay, música del maestro Fernández Caballero, El dilo de La de recibió lecciones del célebre Bonnat, realizando rápidos provinciales; en Folies Dramatiques, Patard, Patard et Comp., gra- Afn"cana, que es una verdadera joya en su género, así por su gresos que le permitieron concurrir :i las Exposiciones de aqueciosa opereta en cuatro actos de Sylvane y Clairville con agra- libro como por sus bellísimos números musicales, entre los que lla capital. Al cabo de algunos años regresó á Madrid, en donde
dable música de Gregh; en el teatro municipal de la Gaité, L es sobresalen un coro y la célebre jota, pieza que produce verda- obtuvo envidiables éxitos: en 1890 puso fin á su vida, dícese
bicytlistes en voyage, vaudeville de gran espectáculo en tres ac- dero entusiasmo; en Novedades, ¡ Dios!, melodrama en tres actos que desesperado porque una enfermedad le priv6 de seguir tratos y siete cuadros, de Chavot y Blondeau, con música arregla- del conocido escritor Sr. Martínez Barrionuevo, de argumento bajando. El número de sus cuadros es incalculable: su especiada por C. Malo y un baile con bonita música de Carmán;·en interesante y muy bien desarrollado, sobrio en efectos y admira- lidad fueron los pájaros y las flores, que pintaba como pocos,
los Bouffes du Nord, la sociedad &lt;L'CEuvre&gt; ha representado "Jn blemente escrito, y Lapubilleta, lindisima comedia en dos actos revelando en la corrección de su dibujo cuánto aprovechara las
drama en cuatro actos de I bsen, Ro111ersholm, traducido por el del laureado poeta Sr. Riera y Bertrán. En el Principal ha ter- enseñanzas del gran maestro francés, y en la riqueza del colorido
conde de Prozor, obra obscura, simbólica, pero que impresiona minado sus representaciones la excelente compañia del notable la influencia de la hermosa tierra en que naciera.
hondamente como todas las del gran dramaturgo noruego; y en actor Sr. Emmanuel, de la que forma parte la célebre actriz seel Teatro Nuevo, la Pretentai11e, pieza de espectáculo en tres ñorita Reiter: entre las obras últimamente puestas en escena
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
citaremos Otello y Ham/et, Dora y Nana, que han \'alido enactos de Perrier y Benedite, música de L. Vasseur.
en los Hospitales de París y que presLondres. - Se han estrenado con éxito: en el Príncipe de Ga- tusiastas ovaciones á los dos citados actores. En el teatro de la adoptado
criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
les A Gaiety Girl, opereta de Hall y Greenbank; en el Lyric Gran Vía funciona una compañía dramática á cuyo frente están y Debilidad; dando á. la piel del bello sexo el
Little Christophe Colu111b11s, opereta ele Sims y Raleigh, con el distinguido actor Sr. Tutau y la aplaudida actriz señora Me- sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
bella música de Caryll; en el Savoy Utopía Limited, ópera có· na; entre las obras representadas ha sido muy aplaudida l'tfa- Es el meior de todos los tónicos y reconstitumica de Sullivan y Gilbert; en el Princess llfiami, ópera arre· ria11a, de D. José Echegaray. En el Circo Ecuestre actúa una yentes. No _produce estreñimiento, ni diarrea,
glada de un melodrama de Buckstone por Hollingshead y Wa· compañia de zarzuela que dirigen los Sres. Guerra y Tormo y teniendo además la superioridad sobre los ferruginosos de no fatigar nunca. el estómago.
rram St. Leger, con bellfsima música de Haydn Parry. Sarasa- que pone en escena obras escogidas.

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D' Ermont vió que se hundía bruscamente en el abismo

El problema era temeroso; pero era preciso resolverlo sin tardanza, y se hizo una primera tentativa,
que consistió en lanzar el submarino en la cintura
misma del islote, y ensayar por medio de la hélice
la subida hasta la cresta de aquel extraño embudo.
El esfuerzo fué infructuoso. El débil barco de aluminio no pudo triunfar de la resistencia de las aguas.
El movimiento giratorio del círculo efectuábase
con igual fuerza á ambos lados de su línea, pero por
el en que estaban los expedicionarios no podía verificarse la inmersión porque se hada preciso remontar
una pendiente de veinte metros sin auxilio de ningún apoyo líquido.
El desencanto de los viajeros fué grande, y durante un momento poco faltó para que se convirtiera en
desesperación.
-¿Estamos, quizá, condenados á permanecer en el
polo?, preguntó Isabel.
Sonreía hablando de esta manera, pero sus palabras demostraban inquietud.
- No, contestó Huberto, que quería tranquilizarla;
saldremos de aquí. ¡Pero cuánto siento no haber traído el globo! La fuerza centrífuga que nos privaba la
entrada en el polo nos hubiera servido perfectamente
para salir de él.
Dos mortales días transcurrieron entre aquella perplejidad y angustia.
Cada día el teniente iba á los bordes del lago é
interrogaba á las sombrías profundidades. Hizo así diversas observaciones que no contribuyeron á tranquilizarle. Los insectos y mariposas que había en la isla
no eran bastante poderosos para haber podido llegar hasta allí desde tierras lejanas, y era preciso, por
lo tanto, que en el mismo islote encontraran su alimento.
Una mañana Huberto advirtió que la fauna de la
isla había aumentado con uno ó dos pájaros nuevos
que pertenecían á la familia del murciélago. Siguiendo el vuelo de uno de ellos, d'Ermont vió que se
hundía bruscamente en el abismo que dejaban al retirarse las aguas del lago. Dedujo de ello que en
aquel agujero debía haber vastas cavidades, tan pronto secas como sumergidas. Había podido comprobar
además que las aguas del lago eran dulces. De allí
á formar el proyecto de salir del polo por el lago no
había más que un paso. Una serie de cálculos que
. resultaron exactos permitieron al joven adquirir la
certeza de que su proyecto era, no solamente razonable, sino de una ejecución relativamente fácil.
En compañía de Guerbraz empezó á trabajar para
realizarlo, y el submarino fué desmontado y transportado á orillas del lago.

que no tiene comunicación con el mar. Tarda doce
horas en llenar una cavidad de 120 metros de profundidad por 100 de ancho; esto demuestra que una inmensa capa de agua subterránea se extiende en los
alrededores del polo, y que por cada lado ha de tener
una salida de más de 60 kilómetros. A cada vuelta que da la tierra, esta agua vuelve á su punto de
partida. Pasa, pues, por todos los puntos cardinales y
colaterales, y por lo mismo por el 41 grado de longitud occidental. Nos bastará, pues, bajar con ella á las
entrañas de la tierra para que esta agua, bajando, nos
lleve hasta el punto externo de su comunicación con
la tierra. Sabemos que la muralla de rocas y el campo de hielo se hallan á una distancia de 40 kilómetros y que la superficie de nuestro islote es un círculo
de 25.000 metros cuadrados. Dejándonos, pues, llevar por una de las ramas de la corriente subterránea, estamos seguros de llegar á un islote cualquiera
del mar libre que se halle en comunicación con el
nuestro por medio de ese corredor subterráneo. La
presencia misma del mar libre, la existencia de esa
prodigiosa fuerza magnética, nos aseguran que esta
hipótesis es cierta.
Hablaba con tal convicción, que la joven la compartió en seguida.
- ¡Bravo!, exclamó, y vaya por el corredor subterráneo.
Había transcurrido el octavo día. Los cálculos de
d'Ermont le hicieron conocer que convenía embarcarse á mediodía en punto.
El submarino fué, pues, botado al agua y su tripulación de tres personas se embarcó inmediatamente.
Como se había previsto, el descenso se verificó circularmente, lo cual permitió inspeccionar las paredes
del abismo.
Hasta 60 metros de profundidad, el lago era un
pozo cilíndrico cuyas paredes lisas y sin grietas parecían ser obra de los hombres.
Pero llegado á aquella profundidad, la enorme chimenea se convertía en una serie de corredores y grutas sin término, parecidos punto por punto á los que
había seguido el submarino á la ida.
Huberto advirtió bien pronto que su cálculo sobre las dimensiones del abismo no era exacto por
lo que se refería al fondo. En efecto, llegado á ciento
veinte metros, distancia en la cual el marino pensaba
encontrar fondo, el buque reposó sobre una inmensa
extensión de agua, bajo una bóveda de rocas brillan·
temente iluminada por efluvios eléctricos; pero la
sonda marcó 240 brazas.
Desde entonces la verdad saltaba á los ojos de
los navegantes. Lo que causaba el desnivel del lago

no era sino la diferencia de altura entre los dos puntos extremos del polo, desnivel debido á la inclinación del eje terrestre. Esto explicaba por qué el pozo
se convertía en lago ó precipicio según las horas.
D'Ermont dejó á la casualidad el cuidado de dirigir el submarino hacia una salida. Hasta aquel momento el barco había flotado sobre la superficie del
Océano subterráneo; pero viendo las vastas dimensiones de la caverna, se cerró la capota, se obturaron
todas las salidas y el Gracia de Dios se hundió otra
vez entre las aguas.
Por fortuna la iluminación interna de aquella gruta y el calor que esparcía el potente foco eléctrico
hacían aquel viaje menos fatigoso y menos peligroso
también que el primero.
Sólo quedaba un temor: el de meterse en un callejón sin salida, donde les dejarían abandonados las
aguas. Pero d'Ermont apresuróse á tranquilizará sus
compañeros contra estas hipótesis quiméricas: la presencia del aire respirable en tales profundidades y aun
cierta brisa tibia que allí se dejaba sentir bastaban para
demostrar hasta la evidencia que en aquellos maravillosos conductos reinaba una corriente de atmósfe•
ra. Además las dimensiones anormales de los mismos probaban que á su vez debían vaciarse en parte
en el momento en que el globo cambiara de posición.
Los tres amigos se unieron en una oración común
al Creador de todas las cosas, y reconfortados por su
plegaria, se hundieron resueltamente en los túneles
subterráneos.
Pero aquella vez, á la sorpresa que sentían se unfa
un sentimiento de espanto legitimado por el encuentro de cosas totalmente imprevistas.
Hasta allí, en efecto, los navegantes sólo habían
tenido que luchar contra los elementos y habían sabido vencer todas las resistencias y esquivar todos
los peligros. Pero ahora, en el seno de aquella obscuridad y de aquellas aguas límpidas, surgían extrañas
apariciones, se movían formas dignas de las más horribles pesadillas, tales como se describen en las leyendas teratológicas.
- ¡Capitán!, exclamó de repente Guerbraz, santiguándose. Mirad qué cosa tan horrible.
Isabel y Huberto se precipitaron simultáneamente
hacia las portas.
Un monstruo acababa de surgir de entre las sombras que proyectaba una columna. Avanzaba, nadando entre dos aguas, al encuentro del submarino. El
cuerpo tenía unos seis metros de longitud, y estaba provisto de aletas, 6 mejor, de patas cortas parecidas á las de los cetáceos, y terminaba en un
cuello muy largo, en cuyo extremo aparecía una cabeza relativamente pequeña y parecida a la de un lagarto. Detrás de aquella muestra extraña de una forma
desaparecida desde hacía millares de siglos, aparecían
otros animales mucho mayores, mezcla híbrida de
ballena y cocodrilo, bestias disformes que tenían las
pupilas cortadas en facetas y dientes de saurios.
D'Ermont no pudo retener un grito de espanto al
mismo tiempo que de sorpresa.
- ¡Misericordia! ¡Es el mundo antediluviano que
resucita!
Y maquinalmente empezó á pronunciar los nombres de aquellos animales, enumerando las especies.
- Aquel, con su cuello de cisne, es el plesiosaurio;
aquellos son ictiosaurios; allá arriba, sobre aquellas
cornisas de roca, ved los megalosaurios; debajo de los
otros hay familias enteras de escualos gigantescos: peces espadas, tiburones, sierras, martillos.
- ¿Qu€ va á ser de nosotros?, exclamó Isabel aterrorizada.
El espectáculo era efectivamente aterrador. El débil barco había entrado en un verdadero nido de
monstruos anteriores á la época cuaternaria. Ellos
habían sobrevivido á las catástrofes del globo y en
las aguas dulces y templadas del centro de la tierra
habían hallado un abrigo contra el enfriamiento de la
superficie. Y la presencia de aquel intruso, de aquel
pez de metal, les había sorprendido primeramente y
les irritó después.
Agrupados á su alrededor, como fomando una liga tácita, servían de escolta al submarino, y era de
temer un ataque simultáneo que hubiera hecho trizas
el Gracia de Dios.

�708
D'Ermont no se turbó y recurrió á un medio bastan te radical.
Juntando en un haz los diversos hilos de la batería
que servían para el alumbrado del buque, puso aquella pila de nuevo género en contacto directo con la
cubierta metálica del submarino, transformándola así
en un carrete de incalculable potencia.
- Agarraos bien, gritó á Isabel y á Guerbraz. Es
probable que recibiremos alguna sacudida.
Apenas había cesado de hablar, cuando media docena de bestias apocalípticas se precipitaron contra
el barco.
El choque fué rudo. Veintidós pares reunidos habían dado al torpedero una fuerza capaz de derribar
un rebaño de bueyes. Los monstruos, que no esperaban aquel choque que por contacto se transmitió
á los otros que les seguían, en un momento se dispersaron y hu ye ron en todas direcciones.
- ¡Ya era tiempo!, afirmó Huberto con un suspiro
de satisfacción. ¡ Dios sea loado! Si ese sistema no
nos hubiera dado buen resultado, no tenía sino otro
que no me inspiraba mucha confianza.
- ¿Cuál?, preguntó Isabel todavía agitada por la
emoción.
- Habría puesto uno de nuestros tubos de hidrógeno líquido en contacto con el agua y lo habría
abierto bruscamente. Esto hubiera producido un descenso tan rápido de temperatura, que hubiese matado á muchos de esos animales qué. han tenido el mal
gusto de sobrevivir al diluvio.
En tanto que aquella conversación proseguía, el
Gracia de Dios se alejaba á toda velocidad de aquellos parajes.
El submarino había encontrado una galería ancha
que siguió en toda su longitud.
Durante cuatro horas navegó de aquella manera
sin tener ningún mal encuentro.
Al fin, por la diminución progresiva de la luz interior, los pasajeros comprendieron que sallan de la
zona magnética, para entrar en la de las tierras menos favorecidas. Se recurrió á los proyectores del
submarino, y uno de los primeros rayos emanados
de aquel potente foco mostró el fondo á menos de
20 brazas.
El buque vació las cajas del agua y subió á la superficie.
Todo cuanto había presentido Huberto d'Ermont
se realizaba.
El submarino flotaba sobre una superficie de agua
dulce de maravillosa limpidez, encerrada en una vasta caverna casi enteramente igual á la del polo. Un
punto claro, pequeño como la luz que pudiera brotar de una lenteja, brillaba hacia el Sud. Guerbraz dirigió el barco hacia aquel punto. Era la abertura de
la gruta. Las aguas del lago formaban allí en verano
una cascada que caía de más de cien metros de altura. Pero en aquel momento el frío había solidificado
el agua y convertido las primeras caídas en ancha
gradinata de cristal. Debajo se extendía el banco de
hielos paleocrísticos que forma el cinturón del polo,
y más abajo estaba el mar libre azotando con sus
olas la base de las rocas.
- ¡Estamos salvados!, exclamó Isabel.
Aun faltaban correr muchos peligros y pasar muchas fatigas; todavía sería preciso sufrir mucho, pero
á lo menos se había alcanzado el fin que se perseguía
y obtenido el resultado deseado.
Unos hombres habían logrado al cabo penetrar
en el polo y volvían de allí trayendo indicaciones y
datos precisos.
Se sabría, de entonces para en adelante, no solamente entre los sabios, sino que lo sabrían también
los menos ilustrados, que el polo Norte es una isla
donde reina una temperatura primaveral, gracias á la
influencia combinada de· los rayos solares y de los
efluvios magnéticos; que aquella isla está bañada por
un mar libre, separado éste á su vez en dos zonas
distintas por una muralla de rocas coronadas de hielos eternos, y que no es imposible descubrir en esta
muralla las grietas que por los estrechos subterráneos ponen en comunicación estos dos círculos concéntricos del océano paleocrístico.
·
Quizá aquel pasaje descubierto permitiría también
que un buque llegara al centro del globo.
Se sabría además que una serie de conductos subterráneos y submarinos ponen en comunicación, no
solamente los dos mares, sino también las tierras árticas y el polo mismo, y que otros viajeros, usando igual
procedimiento, podrían renovar la tentativa que dos
hombres y una mujer acababan de realizar.
Aquellas reflexiones alegraron el ánimo de los viajeros.
- Veamos, dijo Huberto; no hemos terminado todavía nuestra tarea. Es preciso transportar nuestro
buque sobre las rocas, lo cual no dejará de ser un
trabajo fatigoso.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Fué preciso trabajar diez horas en desmontar, transportar y montar de nuevo el submarino.
Lo más penoso fué el transporte de las piezas á
través de los témpanos, sobre los que se resbalaba
de un modo horroroso llevando peso encima. Sin
embargo, al cabo de aquellas diez horas, el submarino se balanceaba apaciblemente sobre el mar libre, y
los tres compañeros, seguros ya de la vuelta, después
de haber fijado sólidamente su embarcación bajo el
abrigo de unas altas rocas, pudieron entregarse á las
dulzuras del sueño.
Antes de hacerlo, Huberto tomó la altura para
saber la posición exacta del túnel subterráneo. Se
hallaba situado á los 41º 48' de longitud occidental
del meridiano de París.
Doce días habían transcurrido desde la marcha de
los atrevidos exploradores, cuando éstos llegaron al
campo donde les esperaban sus amigos. Tres de ellos
únicamente quedaban allL Por prudencia habían tenido que enviar á los otros al vapor, entre ellos al
Sr. de Keralio, á quien había sostenido hasta entonces su energía.
El teniente Poi, el doctor Serván y un marinero
no habían querido abandonar aquel paraje, esperando á Isabel y á sus dos compañeros. El primer ser
que acogió á éstos fué el valiente Salvator. No se le
pudo contener en la orilla, y lanzándose al agua,
nadó hacia el submarino, del cual Isabel le facilitó
el acceso, con el concurso de Guerbraz.
El valiente perro fué pródigo en demostraciones
de alegría, y sus transportes eran extremados, pareciendo que no podía saciarse de mirar á Isabel.
La templada atmósfera del polo se había convertido en un frío intenso, y la vuelta á la isla Courbet
fué muy penosa, pues la temperatura estuvo casi
siempre á 40 grados bajo cero. Pero la dicha de volver á la estación, la satisfacción de haber vencido
todos los obstáculos, sostuvieron el valor y las fuerzas de los exploradores. El 20 de septiembre, después de haberse juntado con un pelotón de socorro
que les enviaba el navío, alcanzaban por fin la Estrella Polar.
¡Ah! Allí les e~peraban.dolorosas noticias.
No solamente supieron la traición ylos proyettos nefastos de1 químico Schnecker, sino también la muerte
de dos marineros del vapor y además supieron que
en el cabo Wáshington también la muerte había aparecido. Por último, Tina Le Floc'h estaba en cama y
el doctor Le Sieur no le daba más que algunos días
de vida.
La segunda invernada de la expedición, á despecho del buen éxito obtenido, se anunciaba bajo fu.
nestos auspicios.
XV
UN SITIO

La situación de los expedicionarios no dejaba nada
que desear.
La Estrella Polar, bien abrigada, no debía temer
ni del empuje del mar ni de las sacudidas del icefield. Sólidamente empotrado en su cuna de acero,
entre dos altas murallas de sienita, sólo debía esperar
la vuelta del buen tiempo para regresar á Francia por
los mares del Sud.
Las provisiones no faltaban . Además de la reserva
de hidrógeno líquido había bastante carbón para la
calefacción diaria. La luz alumbraba también, y si no
había gran provisión de víveres frescos, había buena
cantidad de conservas para salvará todos de las contingencias que pudieran presentarse.
Además los cazadores de la tripulación esperaban
poder matar alguna pieza antes de la llegada de la
temerosa noche polar y aun se habían recibido del
cabo Wáshington noticias satisfactorias acerca de la
presencia de animales tan variados como numerosos
en cuya caza podrían entretenerse los tiradores durante la campaña de otoño.
No había por qué preocuparse por los hombres
que gozaban de buena ~alud.
Desgraciadamente, los ánimos andaban decaídos
por las noticias que acerca de la suerte de sus compañeros de fatigas y de miseria trajera el Sr. de Keralio, y algunos casos de escorbuto que se presentaron, acompañados de disentería, habían acabado con
el buen humor de todos y agotado las fuerzas de los
pobres enfent10s.
Isabel, que desde el primer día se encargó de cuidar del personal, tenía mucho trabajo.
Se multiplicaba, llevando por dondequiera las medicin,as! que aliviaban los males físicos, y la esperanza
y el animo levantado que hacen desaparecer los morales. Pero tenía que emplear toda su fuerza de voluntad para no entristecerse ella misma, sobre todo

NÚMERO 618

cuando recordaba el estado de su pobre nodriza Tina
Le Floc'h.
La pobre bretona estaba condenada y lo sabía, y
sin embargo, no se quejaba de aquella expedición
que había abreviado sus días, que quizá transcurrieran
tranquilos y más largos en su querida Francia. Pero
nunca pronunció una palabra amarga que demostrara que se hallaba convencida de ello, y ahora, desde
que supo que Isabel había vuelto sana y salva, parecía sentir impaciencia de ver á aquella niña que había criado á su seno y á la que había servido casi de
segunda madre.
Arrastraba penosamente su triste existencia entre
los muros de planchas de aquel buque inmóvil, viviendo en aquella atmósfera tan poco favorable á la
respiración, en aquella luz artificial de las lámparas
eléctricas. La noche polar era para ella más terrible
que para todos los demás, y sin embargo la soportaba
sin murmurar.
El invierno era riguroso sin medida. Los grandes
fríos del año precedente quedaban distanciados.
El 20 de noviembre el mercurio se heló dentro del
termómetro, y en 1.º de diciembre llegó su turno á los
alcoholes y ácidos, que se espesaron como jarabes. A
partir de aquel momento, la temperatura se mantuvo
casi siempre á 40 grados bajo cero. En los primeros
días de enero bajó á esos niveles extraordinarios de 50,
52, 54 y 56, en que el frío se muestra implacable y
mata muchas veces como el rayo.
Una rigurosa higiene tuvo que ser ordenada y aplicada. Se prohibió en absoluto salir á los hombres
mientras duraran aquellos fríos.
En vez del carbón ardió desde entonces el hidrógeno en las estufas, y así pudo conservarse una temperatura casi constante de 4 grados.
Por fortuna el invierno, si fué terrible, fué relativamente corto.
El 15 de enero el termómetro subió. bruscamente
al punto de congelación del mercurio, á tiempo que
una presión barométrica anunciaba una tempestad
del Sud que no tardó en llegar y que fué horrorosa,
habiendo .durado tres días.
A pesar de la buena situación en que se hallaba la
Estrella Polar, padeció sin embargo de una manera
indecible por los embates de aquella borrasca, y
hubo momentos en que sus habitantes temieron que
se rompiese la cuna de acero que la sostenía.
U na roca de un peso enorme se desprendió de
las crestas de la muralla, y cayendo á pico privó al
artimón de su cofa y de su verga y hundió la cubierta en la popa. Entre los camarotes que aquel accidente destruyó había los de Isabel y los de su nodriza. Además dos marineros fueron alcanzados por el
bloque. Uno de ellos murió en seguida, y el otro quedó con una pierna rota sucumbiendo luego á consecuencia de la amputación que se consideró indispensable.
Todo aquello era causa de una gran tristeza que
la llegada del sol no disipó.
Cuando llegó febrero, el frío había bajado á 25 y
30 grados. A fin de que no decayeran los ánimos,
el comandante Lacrosse dió orden de emprender de
nuevo las excursiones por el exterior, y un primer pelotón, mandado por el valiente Guerbraz, se dirigió
hacia el cabo Wáshington, donde llegó á los seis días
de una marcha penosísima. Dejó los hombres, y los
que volvieron al steamer trajeron noticias desconsoladoras. El teniente Remois había muerto á consecuencia de una enteritis producida por el frío, y dos
marineros canadienses habían sucumbido también.
En conjunto habían fallecido doce hombres desde
el principio de la expedición. Quedaban todavía
treinta y un hombres y dos mujeres.
Se celebró consejo á bordo de la Estrella Polar
para decidir si era preferible seguir divididos ó bien
juntar de una vez los dos grupos de la expedición,
bien en el cabo Wáshington, bien á bordo del buque.
Este parecer fué el que prevaleció, y en consecuencia se &lt;lió orden á los que estaban más hacia el Sud
de que lo más pronto posible fueran á reunirse en la
isla Courbet con sus compañeros, pues así se podía
cuidar mejor á todos y habría un gasto mucho menor
de combustible.
Se procedió también á juzgar definitivamente al
traidor Schnecker que, reconocido culpable por todos, sólo debió su salvación al buen corazón de Isabel, que se opuso con todas sus fuerzas á que se le
impusiera la merecida pena.
La joven se presentó con las lágrimas en los ojos
ante sus jueces y les dijo:
- Señores, no invocaré para enterneceros sino una
sola consideración. Doce de los nuestros han muerto ya, víctimas de las enfermedades de este clima;
otros morirán probablemente también, y mi corazón
lleva ya luto por un ser que le es muy caro. Os ruego
que no añadáis por la ejecución de una sentencia

NóMERO 618

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

709

Bien pronto no quedó ninguna duda.
Los primeros que llegaron se apresuraron á explicar su situación.
Apenas habían recorrido seis ó siete kilómetros
desde la salida del cabo Wáshington, cuando los perros empezaron á dar muestras de un terror invencible. Los hombres habían querido saber la causa de
aquello y pronto la supieron. A unos centenares de
metros de los trineos había dos osos de talla gigantesca. Contra su costumbre y cobardía, aquellos animales no habían huído; pero los disparos de arma de
fuego lograron que se retirasen.
Aquel primer encuentro se había olvidado casi,
cuando, 10 kilómetros más abajo, habían aparecido
tres nuevos osos.
Estos parecían menos atrevidos, pero más tenaces
que los otros dos, y habían seguido al grupo desde su
encuentro hasta qu~ levantó el campamento.
Por fortuna, aquellos tremendos compañeros de
viaje se recelaban de las armas de fuego y se mantuvieron á respetuosa distancia. Los marineros pasaron
una noche desesperada, y al día siguiente vieron con
gran espanto que en vez de tres osos tenían doce
que les seguían.
En tales condiciones el peligro era extremo, y los
infortunados viajeros comprendían que si no salvaban en una jornada los 70 kilómetros que les separaba de la EJtrella Polar se verían atacados por la
noche.
La.inminencia. del peligro les había dado alas y
habían hecho esfuerzos verdaderamenee sobrehumanos.
Perd las bestias, famélicas y compr~ndiendo que
iba á escapárseles la presa, se habían acercado más y
parecían dispuestas á atacar. Los fugitivos, sin embargo, habían recorrido ya las dos terceras partes del
camino y podían esperar llegar sin grandes dificultades al buque salvador, cuando de repente se presentó una nueva manada de osos.
Entonces tomaron los que huían una resolución
heroica.
Desenganchando los perros de uno de los trineos
dejaron á éste en el camino, teniendo buen cuidado
de poner en descubierto cuanto los osos podían devorar.
Los perros habían sido trasladados al primer trineo,
en el cual se colocaron todos los hombres extenuados por las fatigas de esa marcha forzada, yla expedición había echado literalmente á correr sobre el
pack.
Pero aquello no había dado más que un momento
de tranquilidad á los que huían. Los asaltantes devoraron en un instante cuanto contenía el trineo y continuaron la persecución.
En el momento en que el pelotón de refuerzo acababa de unirse á los pobres emigrantes del cabo
Wáshington, éstos veían ya la vanguardia de sus enemigos.
- Son veinte por lo menos, exclamó el contramaestre Gulvinec, que era el que mandaba el destacamento desde que murió el teniente Remois.
El teniente Hardy, que iba al frente de los hombres que llegaban de refuerzo, dispuso que los fugitivos con el trineo llevasen la delantera, y él se quedó
con sus cinco hombres para cubrir la retirada.
Cuando el primero de los osos llegó á tiro de fusil
le envió una hala que alcanzándole entre las dos paFué preciso trabajar diez horas en desmontar, transportar y montar de nuevo el submarino
letillas le echó á rodar á diez pasos, como herido de
un rayo.
un atentado dirigido contra él por este infame. Pero
El 10 de marzo se oper6 la reunión de los dtl
- ¡Bravo, capitán!, exclamaron sus compañeros
quiero olvidar sus crímenes para no recordar sino los cabo Wáshington con los que estaban á bordo.
entusiasmados por su puntería.
servicios que prestó antes, y que este hombre ha sido
Pero se hizo en tales condiciones, que nadie de
Pero aquella hazaña cinegética distó mucho de tenuestro compañero de sufrimientos y de esfuerzos. los que hicieron aquel viaje debía olvidarlo jamás.
ner ninguna utilidad.
Dadle tiempo de comprender la enormidad de su
Desde que se tomó la decisión, cada día salía de
En un momento los restantes osos destrozaron y
crimen y de arrepentirse de él. .
la Estrella Polar un grupo de seis hombres para ir comieron al muerto, y después, sin remordimientos
Aquellas palabras conmovieron al tribunal.
á recibirá los que venían de la corte groenlandesa. por la brutal acción que habían cometido, continuaSe hizo comparecer al miserable en presencia de Aquellas expediciones ofrecían bastante riesgo, pues ron las huellas de los fugitivos.
un abogado improvisado, y se le dijo que por interce- cada día sufría variación la superficie del pack. A
Pero éstos, ayudados y protegidos por sus camarasión de la señorita Keralio se le otorgaba el beneficio cada paso surgían los mismos peligros de siempre_; das, habían podido ya llegar al buque, y cuando los
de circunstancias atenuantes. En consecuencia, se el Océano, del cual se sentía el bullir debajo de la
le guardarla á bordo hasta la vuelta; pero en cuanto corteza helada, tendría las mismas asechanzas de
se pisara de nuevo el suelo francés, sus jueces de siempre: témpanos que se derrumban, grietas que
ahora le entregarían á los tribunales para que deci- se abren, vías de agua que se declaran, terreno que
se hunde. Además, los invernantes, fundándose en
dieran de su suerte.
Schnecker dió las gracias á su bienhechora; pero las observaciones de Lockvood y Brainard, tenían
se veía en sus palabras menos reconocimiento que sa- derecho á creer que la costa de la Groenlandia ofretisfacción por ver que escapaba á un suplicio inme- cía menos seguridad que la extensión inmensa que
diato. Se le guardó, pues, en su camarote con un luego se transforma en mar.
El 10, el grupo acostumbrado había hecho seis
marinero de guardia, que se relevaba cada dos horas,
pero bien pronto, ante la seguridad de que no podía millas cuando vió el grupo de sus compañeros. Los
fugarse, se le vigiló menos y se acabó por dejarle en doce hombres que lo componían parecía que apresuraban el paso y se les veía correr con toda la velocidad plantígrados alcanzaron corriendo los costados del
libertad dentro del buque.
Entretanto se hacían en éste los últimos preparati- que les permitían sus piernas. No traían sino un tri- buque, se encontraron sólo con el armazón de hierro
vos, no sólo por la vuelta de la expedición del cabo neo y algunos perros, y fué evidente al cabo de un y sin ningún hombre ni perro que devorar, pues toWáshington, sino también para preparar la marcha. rato que aquellos hombres trataban de escapar á un dos estaban á bordo.
La temperatura, que era más templada¡ el deshielo, peligro inminente.
(Continuará)

justa, pero rigurosa, un medio á aquellos de que la
muerte se sirve para segar nuestras filas. No queráis
manchar de sangre vuestras manos, aunque sea por
un motivo justo. Sé que este hombre es un miserable que ha atentado contra la vida de cada uno de
nosotros y contra la de todos; que, por su crimen,
dos de nuestros valientes marineros yacen envueltos
en blanco sudario en las tierras polares, y que el jefe
de nuestra expedición, mi padre, ha sido víctima de

que había comenzado á trechos para interrumpirse
de nuevo; la persistencia de tempestades que venían
del Sud, todo anunciaba que la primavera sería muy
precoz.
Durante aquel tiempo Huberto d'Ermont, el señor
de Keralio, el doctor Servan, el teniente Hardy é Isabel ocupaban sus ocios en escribir la relación detall~da de aquel viaje sin precedentes y que importancia
tan grande tenía para los hombres de ciencia.

�710

NúMERO 618

. LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plitud en el vuelo libre hasta lograr el vuelo horiISLAS QUE DESAPARECEN
zontal, siquiera por un tiempo dado aprovechando
MÁQUINAS PARA VOLAR
las buenas circunstancias del viento.
Durante los últimos doce años han desaparecido
La principal dificultad del vuelo del hombre ha de la superficie del mar, sin que de ellas quede el
( Co11d11sión)
sido y es el primer impulso del mismo y no la cues- menor vestigio, varias islas pequeñas bien conocidas
Las figuras 51 6 y 7 representan distintas fases del tión de fuerza para mover las alas.
de los marinos que hacen la navegación del Pacífico.
vuelo realizado con mi aparato. Mientras está uno en
Según juicio emitido por una de las primeras autoNadie puede explicar este fenómeno de otro moel aire va cambiando el centro de gravedad, con lo ridades en ciencias físicas y mecánicas, el desarrollo do que por la suposición de que por algunos puntos
de la técnica voladora se ha visto en el fondo del mar ha ido bajando con extraordinaria
su tiempo muy perjudicado. Partien- rapidez, aunque no con tanta violencia que la baja
do de falsas hipótesis y dando al tra- pudiera producir gran agitación en las aguas; pero
bajo de volar mucha más importan- lo cierto es que ya no existen muchos de los islotes
cia de la que en realidad tiene, díjo- más ó menos grande•s que desde hace muchos años
se que las mayores aves de rapiña estaban marcados en las cartas.
habían alcanzado el límite del vuelo,
Uno ó dos buques de guerra enviados á explorar
tanto más cuanto que esos animales, algunos de esos islotes han pasado días y semanas
como exclusivamente carnívoros, son buscándolos sin resultado alguno, por más cálculos
los que mayores aptitudes dinámicas que los oficiales hadan para cerciorarse de que no
poseen; y los que tal afirmaban aña- habían equivocado el rumbo.
dían que, puesto que el hombre pesa
En 1 890 el buque de guerra Egeria fué á visitar
mucho más que el condor, el vuelo unos arrecifes que se sabía existían en alta mar á poca
humano debía ser considerado como distancia de los archipiélagos de Samoa y Tonga, y
un imposible.
que desde hacía muchos años estaban marcados en
Hay que confesar que el tamaño las cartas hidrográficas, pues se trataba de explorarde los individuos que vuelan entraña los con objeto de señalarlos con más precisión. El
ciertas dificultades para el vuelo; pe- barco, después de buscar en vano dichos arrecifes,
ro estas dificultades no consisten en tuvo que volver al pqnto de partida.
el acto material de volar, puesto que
Hace varios meses se anunció la desaparición de
los voladores más corpulentos son una gran masa de tierra larga y estrecha, llamada
.
.
..
los que mejor vuelan en cuanto se
Fig. 5· Máquina para vob.r de Ot6n L1henlbal
encuentran en el aire libre. La difi- «Isla de la Expedición,» conocida de cuantos marinos han viajado por la costa Noroeste de Australia.
cultad para los voladores grandes es- Esta isla era tan grande, que si una convulsión recual se imprime al aparato la dirección que se quie- tá únicamente en el primer impulso. Sabido es que
re. El viento, éomo es natural, desempeña en esto un todas las aves de gran tamaño empiezan su vuelo pentina hubiera sido la causa de la sumersión, el
papel importante y sólo á fuerza de alguna práctica corriendo durante largo rato contra el viento y que fenómeno se habría conocido, porque á la hora de
se consigue calcular todas las contingencias de la co- algunas, como el albatros, no pueden echar á volar la ocurrencia se habrían agitado considerablemente
rriente de aire y gobernar con seguridad el aparato. en terreno llano, sino que para moverse libremente las aguas de todas las costas inmediatas.
Desde hace años, los buques pasaban cerca de esta
A consecuencia de las grandes desigualdaisla muy de tarde en tarde, y por eso la caudes que en su marcha presenta el viento y
sa de su desaparición sólo vino á notarse en
de la considerable tensión de las alas, sucede
r
los primeros meses del pasado año, cuando
á veces que una de éstas se levanta más que
un
buque que anduvo sondando el lugar en
la otra, como lo indica la fig. 8, en la que
que antes estaba la costa, no encontró fondo
el ala izquierda aparece más levantada que
hasta una profundidad de ochocientos pies.
la derecha: en este caso hay que estirar las
De ser ciertas las noticias que se recibierc;n
piernas hacia el lado izquierdo, con lo cual
del archipiélago malayo, el famoso volcán
se lleva á esta dirección el centro de graveAboe ha destruido por completo la isla de
dad, se aumenta el peso del ala izquierda y
Sanguir,
á que servía de corona.
se restablece de esta suerte el equilibrio. Para
En el mes de junio del año pasado, una
facilitar la colocación debida del aparato
de las explosiones del Aboe, que á intervalos
sirven las dos superficies que puestas en la
se llenaba de escombros, fué la causa de su
parte trasera hacen las veces de timón.
completa destrucción. El ruido producido
La fig. 9 demuestra con cuánta facilidad
por la erupción podía oirse con claridad á
puede cogerse el aparato: en éste no va el
una distancia de 500 millas.
hombre sujeto á la máquina y sin embargo la
Toda la parte occidental de la isla queseguridad es completa, pues se apoyan los
dó
enterrada bajo montones de lava; en la
brazos sobre dos almohadillas situadas en el
catástrofe perecieron más de 2,000 personas,
armazón y con las manos se empuña una bay las aguas del mar, en una distancia de varra transversal, quedando el resto del cuerrias millas á la redonda, quedaron cubiertas
po libre para ejecutar toda suerte de movicon una capa de lava.
Fig. 6. ll!áquina para volar de Ot6n Lilienthal
mientos.
No sabemos si las últimas noticias respecLos experimentos que actualmente estoy
to
á la suerte que corri6 la isla Sanguir son
haciendo los realizo en las colinas de Rhinower, en- en el aire han de lanzarse desde una peña ó desde
tre Rathenow y Neustad, cuya altura es de 80 metros. una eminencia cualquiera del terreno. Aquí .parece verídicas, pero los Anales de Geografla de París, una
Estas colinas incultas y que presentan en todas direc · ,que está el límite natural del tamaño de la fauna vo- de las publicaciones más fidedignas entre las que se
ocupan de asuntos geográficos, aseguran que las úlciones un declive de 10 á 15 grados son muy á pro· lante.
timas manifestaciones volcánicas han destruido la isla
pósito para verificar sin peligro pruebas desde granEl hombre puede, empero, montar estaciones des- por completo, a¡ que la de Sanguir ha desaparecido·
des alturas, y desde su cumbre he podido recorrer de las cuales le sea dado lanzarse
volando una distancia de 250 metros.
al espacio y poder mover libre•
Si estas colinas estuvieran en los alrededores de mente su aparato en el aire: par:!.
Berlín, de seguro que se establecería un nuevo sport, ello basta una colina cualquiera
pues de todos los sports hasta ahora conocidos nin- desde cuya cima pueda tomarse
guno produce un movimiento tan agradable como el en cualquiera dirección y sobre
de deslizarse suavemente y sin sacudida alguna por una superficie apropiada impulso
el aire, y aun creo que realizaría un buen negocio el contra el viento.
que montase una instalación en_las inmediaciones de
Quizás el presente trabajo conuna gran capital. Este sería el mejor medio para ha- tribuya á desvanecer anti guas
cer progresar el problema de la navegación aérea, pues preocupaciones y á conquistar
en poco tiempo se dedicarían á este ejercicio una por- nuevos adeptos á la importante
ción de jóvenes que llegarían á dominar el aparato y cuestión de la locomoción aérea á
procurarían, en competencia, hacer cada día nuevos voluntad.
esfuerzos que aumentando la distancia recorrida aporY aun cuando por de pronto el
tarían nuevos elementos para la solución de aquél: sport de cruzar libremente el aire
con ello se irían también perfeccionando los aparatos sólo fuese considerado como un
no solamente en su construcción, sino en los modos ejercicio corporal útil y como un de manejarlos. Lo sucedido con el sport velocipédico 'pasatiempo agradable y en este
permite suponer los resultados que en otro sport se concepto arraigara en las costumobtendrían: compárese lo que hacen los velocipedis- bres, siempre tendríamos que gratas de hoy con lo que algunos años atrás realizaban cias á él habríanse aumentado con
y se verá lo que puede esperarse para la navegación uno muy eficaz los medios hasta
Fig. 7. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal
de esos estímulos y competencias.
hoy empleados para combatir
De generalizarse este sport, pronto á las sencillas ciertas enfermedades, sobre todo
velas se agregarían alas, pues una vez conseguida una aquellas que tienen su origen en la vida antihigiénica
Si esto es as{, parece indicar que la baja del fondo
gran destreza en descender por el aire desde grandes de las modernas ciudades.
del
mar, debida á las erupciones volcánicas continuas,
alturas es fácil mover con los pies ó por cualquier
fenómeno
que no es raro en tales casos, es el factor
ÜTÓN LILIENTHAL
medio mecánico unas alas debidamente conformade la desaparición de Sanguir, pues la isla no pudo
das, de modo que se consiga cada vez mayor am(Del Pro111ethew)
haber volado con la erupción, como lo hizo una gran

NúMERO 618

711

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECC I ÓN CIENTÍFICA

·--

-

..

Fig. 8. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal

Fig. 9. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal

parte de la Krakatoa, sin que se hubiera sabido muy ción de un vapor monstruo, que se llamará El Gipronto en millas de longitud en las costas inme- gante, por la compañía de navegación transatlánt\ca
diatas.
titulada White Star Line. Este Vapor tendrá 700 pies
de longitud, 6 sea tan largo ~~mo lo fué :1 in~til Leviatán, el Great Eastern, repitiéndose la h1stona, aunque en esta segunda edición _se harán l~s g~n~es reEL GIGANTE DEL OCÉANO
formas y mejoras que aconse1a la expenenc1a a costo
de aquel inmenso vapor que !enía muchos de.fe;tos de
Entre las empresas colosales de fin de siglo que se construcción que en El Gtgante se correg1ran. Por
llevan á cabo por las grandes naciones del mundo ejemplo, éste llevará máquinas de 45 . 000 caballos de
civilizado, está en proyecto actualmente la construc- fuerza, mientras que las del Great Eastern sólo te-

nfan 10.000, demasiado puntal y demasiado ancho;
mientras que E l Gigante, con poco m~ ó me~os las
mismas dimensiones, estarán éstas mas hábilmente
distribufdas con arreglo á los modelos más recientes
en el corte de los vapores modernos. En cuanto á su
andar se pretende que haga la travesía entre Nueva
York y Liverpool en cinco ó seis ?ías, ó se_a en la
mitad del tiempo que empleaba el pnmer Leviatán en
hacer la misma travesía; y podrá transportar, además
de la carga, de cuatro á cinco mil pasajeros en cada
viaje.

_....._
-

U IT U(TÉPdLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
pm 1 ■ndall .., 1ru, 1111,a
CAS , LENTEJAS, T EZ ASOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
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o · a consUtuye el reparador mas energtco que se conoce para curar : la Clordsu, la
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acione.s &lt;Solorosas, el Jlmpo~ectmtento y la .J.lteracton de la Sangre,
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1

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·•• ata '",andoa. (St mide o .,aJH,_)!HI la buba, J ea 1/2 11J•• PIR, el blpta llreie}._!:!'
. . . . . .. •,W..el l!UiFOB. J&gt;v■•-·· t, ru♦ l,..J,•l\OUUMU.P..--

�LA

712

1

NúMERO

ILUSTRACI.ÓN 'ARTÍSTICA

618 '

que aun lloran y por mucho tiempo llorarán los amantes
de las letras patrias, escribió el laureado _poeta venezolano D. José Antonio _Calcaño u~ ~ell!s1moyoema en
que se cantan las glonas del gemp 1_n~1gne a ~uy~ memoria está consagrado. Esta compos1c1ón t~n msp1rada
como sentida y bien escrita revela el estudio que el señor Calcaño ha hecho de la obra de Zorrilla y la influencia que la poesía de éste ha ejercido s~bre el auto~: es
además valioso el poema del Sr. Calcano por constituir
un homenaje de América al P?eta español por excel~ncia. Homenaje á Zorrilla ha sido editado por el penódico El Cojo Jt11strado, de Caracas.

COMUNICADO
I

Sr. Director de LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA
Muy Sr. mio y de toda mi consideración: El articulo
publicado con la.firma del Sr. Balsa de la Vega sobre
la Exposición de Chicago y que apareció en el número
613 del periódico de su digno. dirección, me obliga á suplicarle ordene la inserción de las adjuntas líneas que
en contestación al referido es~rito creo necesarias por
ahora.
Seguro de que me complacerá, atendido lo justo de
mi petición, tengo el gusto de ofrecerme de usted affmo.
S. S. q. IJ. s. m.

• •*

JUAN ESPINA

D1scu RSO pronunciado en la sesión inaugural del
Congreso Literario Internacional por el Muy litre. s~ñor D. Manuel Henrich, alcalde de Barcelona, presidente honorario del Congreso, el 24 de septiembre_de
1893. - Bien merece calificarse de notable ~sa oración
con que inauguró sus tareas el Congreso recientemente
celebrado en esta ciudad por la A ssociation J11tematio1lale Artistique et Littéraire: á pesar de su corta extensión, que no podía ser mayor dado el carácte: de la misma y la ocasión en que se pronunciaba, descrfbense_ en
ella .á g~andes rasgos las glori~s de Barcelona, es~ecialmente·en·materias de legislación, y cuanto la capnal ele
Cataluña ha hecho y hace para fomentar el progreso
de nuestra patria.

Sr. D. Rafael Balsa ele la Vega
Muy Sr. mio y de toda mi consideración: A mi regre·
sode Chicago he leido el artículo que usted ha publica·
do en el número 613 de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA
con motivo de lo que en la exposición verificada en
aquella ciudad haya podido suceder en los diversos trabajos á que se prt!sta este género de asuntos.
No me tomaré la molestia de contestará lo que usted
dice, porque nada hay más lejos de lo cierto en esta delicada cuestión. Unicamente diré que este asunto no es
de los que puedan tratarse á la ligera y por medio rle
preguntas y reticencias y mucho menos estampando,
como usted lo hace, en letras de molde nombre, propios de personas respetabilfsimas que se encuentran muy
lejos para poder defenderse.
Dejo, pues, integra á los señores aludidos la defensa,
é integra también la gloria del articulo á los que hayan
podido inspirárselo á usted.
Siga usted, pues, escribiendo largo, tendido y enérgico, que yo, mientras con mi honra no se relacione en Jo
más minimo ni aun siquiera por lo más remoto, he de
~uardar silencio por lo menos hasta que personas enteradas usen de la palabra que yo renuncio pot ahora.
Sin más por hoy queda de usted atento y S. S. q. b.
s. m.
J UAN ESPINA

•••
ELEMRNTS DE GRAMMAIRE FRANCAISE, DEUXIE·
ME couRs, por D. Cayeta110 Caste/lón. - Con este segundo curso queda terminada la obra del ilustrado catedrático del Instituto de Jerez, Sr. Castellón, de cuya
primera paite nos ocupamos oportunam~nte con el elogio que se merecía. Digno de iguales alabanzas es el
segundo curso últimamente publicado, pues en él se explica con claro método todo cuanto con la sintaxis y ortografia se relaciona, haciendo-de fácil comprensión para
los alumnos estas dos partes gramaticales que en todos
los idiomas o(recen grandes dificultades cuando no se
conoce una lengua como el Sr. Castell~n demuesti:a c~nocer la francesa. Cada lección va seguida de un e1erc1cio oral y al final del libro hay una lista de nombres que
cambian de significación cambiando de género, otra
&lt;le los nombres que tienen género distinto en castellano y francés, y un vocabulario. El libro, escrito todo
él en correcto francés y lujosamente encuadernado, se
\'ende á 7 pesetas ejemplar.

• •*
LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORl!S Ó EDITORES
H OMENAJE ,t ZORRILLA, por D. José A11to11io Calca,
flo. -A poco de ocurrida la muerte del inolvidable vate,

LA

CITA, cuadro de Horado Lengo

Las casas extranjeras que_deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTfSTICA di.ríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oalvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

·1

GRANO DE LINO TAR.IN
Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS
PREPARACION
BSPl!CIAL

para combatir
con ,xito

" •.

•

E:rijar,e /a8
cqjll8 de hoja de lata

•

Una cucharada
ESTRENIMIENTOS
•
por la manaoa
COLICOS
# y otra por la tarde
~•-·
•'&lt;" en la cuarta parte
IRRITACIONES
~.., ••
de un vaso
ENFERMEDADES En toda, de agua 6deleche
DEL HIGADO
/a1
Y DE LA VEJIGA farmacia,
LA CAJA : 1FR. 30

•

■ •t•t ■ t ■ t ■ •l~t•t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t•t•t•t•

Lu

Permu que contctn 1u

MEDICACION TÓNICA

PILDORASt~DEHlUT

PILDORAS vJARABE

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el as«:41 ni el causancio, porque, contra lo que sucede c~n
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el calt!,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se17un sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecui de la
"buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente á volver
á empe.rarcuantas veces
sea necesario.

DE

BLANCARD

'-',at.lADES dtJ E81o4t
~

i-+-'

~,,

Pepsina Boudault
jprüada por la AUDEIU DI IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858
lftdallu en la1 hpollclonu lotanaeloa&amp;lu ••

PillS - LTOI - mu - PBIUDELPBU - P.'81S
1187

18'11

1873

1171

lffl

U IIIDUl a,R IL ■nn bJTO D

C.,.

DISPEPSIAS
OA8TltlT18 -OASTRALOÍAS

DIOHTIOJI LINTAS Y PIN08A8
PALTA DE APETITO

¡ ·•

1 OT'&amp;OI l»IIOI.DUH DI U DIIIITI-

BAJO LA. PORlfl DI

ELIXIR, · de PEPSIN.l IOUDAULT
VINO , • de PEPSINA IOUDAULT
POLVOS, de PEPSIN.I. IOUDAULT
P.&amp;BIS, Purma11t COLLAS, 1, rae Da1pm1
• ... 14, """c(pol#, ,.,_...,,

CARNE y QUINA

11 .Alimento mu reparador, llllido al Tónico mu ener¡ico.

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS Pl\JNCIPIOS

CARNE

fflJTJI.ITIVOS SOLtfBLBS DB U

ClAL'H! Y QIJlll'.11 son los elementos que entran en la comll()S!clon de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este fonHle-te por eaeeleaeia. De un gusto su-

mamente agradable, es soberano contra la J.nemta y el J.f)OC(Jmtento, en las Calffltura,
y Convalecencttu1 contra las marrea, y las J.feceú&gt;nes del B1tomauo y los fntemno,.
Cuando se trata de despertar el apetito, asegurar la11 dlgesUones, reparar las tuerzas,
ffll'iquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provoca&amp;&amp; por los calores, no se conoce nada superior al 't'iao de guina de .,1ro11d.
,P(Yf ffl4,V01'. en Paris, en casa de J. FERRt:, Farmaceutico, 10!,.rue Richelieu. Saceaor de.Al\OUD.
8B VBNDB BN TODAS LAS Pllll1CJPA.LKS BOTl&lt;ll&amp;

·

EXIJASE e1i!ºt~ 1 ARDUO

,Querido enfermo. -Frese 'fd. A mi /arfa experlenof1,
Y hlfa u10 de nuestros GRANOS de SALUD. pue, ellll!
le ourarin de 10 eon1t1oaolbn, le dar4n •"9tito , •
dtrol'Or•n el ,ueño y la afefr/1. - A11 rtriri Vd•
muoho, año,, rr,,rrucando 111m¡¡re d1 una buena 1a/ud.

VELO U TI NE FAY 'ºLmp!A.~RSfm!~~R•
Ch. l'ay,
El mejor y mas célebre _polvo de tocador

por

perfumista

9, Ruede la Paa, PARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DB MONTAN&amp;R

Y

SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~t1ea
Al\'O XI I

-------~

BARCELONA 23 DE OCTUBRE DE 1893

.,. _ _ _ _ _ __

NÚM. 617

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

OBRAS MAESTRAS DE L ARTE MODERNO

LA SOPA
Notable cuadro de David NilJ~~

�LA

Texto. - Afur111uracio1us eur.opeas, por Emilio Castelar. -La
Exposición de Chicago. El Uruguay en Chicago, por Eva
Canel. - Clzozas de los indios de Vancouver. El teatro chino,
por A. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - La madre del teniente ( Episodio de A/rica, 186o), por M. Martínez Barrionuevo. - Nuestros grabados. - Una fra1uesa en el
polo Norte (continuación), por Pedro Mael. - S&amp;ccróN CIEN·
TlF1CA: Máquinas para volar, por Otón Lilienthal. - Libros.
Grabados. - Obras maestras del arte modenzo. La sopa, nota·
ble cuadro de David Nillet. - Exposicwn universal de Cltica·
go: Aldea de los indios de f/01uo11ver. El teatro chino, dibujo
de E. Limmer. - Instalación de la Reptiblica Oriental del
Uruguay en el palacio de Agrimltura. - Un telegrama, cua·
dro de L. Max Ehrler. -Alicia, cuadro de Guillermo M.
Chase. - Después de la orgía, cuadro de Swedomsky, graba·
do por R. Bong. - Fig. J. Máquina para volar de Mr. Har·
grave. - Fig. 2. Cilindro de la máquina para volar de Mr.
Hargrave.- Fig. 3. Máquina para volar.movida por el vapor,
de Mr. Hari,ave. -Fig. 4- Experimento con la máquina pa·
ra volar de Othón Lilienthal. - Carlos Maria Ocantos, notable y distinguido novelista bonaerense.
,..,,•..••••• .. •••••••·••""''•''•l"••"•l'••••••••••••••••••,1•.,••,1•,.••,r.,•,,1•,,·,,,.,..,,,.,1",,..,1•,,•••1•,,••••••••••"

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CAST.&amp;LAR

El problema de nuestra regeneración económica. - Necesidad
de consagrar á él todas nuestras fuerzas. - Nuestro destino
en Africa. - Su inevitable cumplimiento. - Su inmanencia en
el tiempo y en el espacio. - Conflicto rle Melilla. - Causas
permanentes del conflicto. - Historia de los hechos. - Necesidad de moderar nuestros ímpetus. - Gloria inmarcesible á los
muertos y para los vi vos. - Conclusión.

Embargados estábamos por el problema de nuestra regeneración económica, tan dificultoso de suyo,
cuando súbitamente salta por un camino erizado de
agudas espinas nueva dificultad : un combate muy
heroico en sí, cual todos los empeñados por el ejér·
cito español, pero un combate desdichadísimo, no
solamente á causa de los muertos que ya h~mos inmolado en él, á causa de los compromisos que engendra en lo presente y del trabajo que para lo futuro apercibe. Así como tenemos en el planeta los iberos una sarta de perlas inapreciables con el collar de
islas tendido sobre los mares, que muestra, hoy aún,
haber sido nosotros los reveladores de su mayor parte á los-viejos pueblos históricos, tenemos en Africa
una línea de posiciones sobre su costa norte y cerca
del maravilloso estrecho nuestro, indicativas del ministerio que cumpliremos allí, pese á quien pese, por
imposición del tiempo y del espacio, tan soberana,
que nadie ·podrá hurtarse á sus mandatos nunca, y
tan cierta, que no podrá menos de cumplirse, sean
cualesquiera las tardanzas en su realización y cumplimiento. Ceuta, Melilla, las Chafarinas, Alhucema
están ahí como fiadoras de nuestras arraigadas esperanzas. Podrá tener el inglés én Marruecos una ó más
factorías; podrá el francés urdir amistades más ó menos sinceras y relaciones más ó menos frecuentes
con el sultán marroquí; podrá el italiano diputar á
las poblaciones costeras del Mogreb lps grupos de ingenieros que ya conocemos y que alguna ilusión de
su patria denuncian; podrá el alemán aquistar una especie de protectorado diplomático, al fin de ir engrandeciendo su hegemonía sobre las potencias, adquirida con sus triunfos guerreros en Francia; pero no
podrá pueblo ni gobierno)/ ninguno romper aquellos
lazos que unen la península de Occidente á su codiciada presa; pues cuando toquen al reparto de
Africa, precisará fundarlo en la Geografía y en la
Historia, en el tiempo y en el espacio invencibles, y
no contra su imperio, teniendo éste, como tiene, por
lo eficaz y fuerte, algo de fatal y de divino. Mas para
ofrecer á Dios, en su providencial obra, toda la cooperación que deba el humano albedrío y su esfuerzo, precisa ¡oh! ser alguien, ser un pueblo respetable
y respetado, con su cuestión política resuelta; con
sus libertades necesarias aseguradas, con sus partidos
todos dentro de la legalidad, con su orden interior
completo; sin esas neurosis producidas por el choque
de una reforma cualquiera con la epidermis de los
intereses particulares; sin esos partidos extremos amenazando, el uno, por nuestra derecha, con la horrible guerra civil, y el otro, por nuestra izquierda, con
el cantón anarquista; sin estos presupuestos en canceroso déficit que nos tienen colgados sobre la bancatrota y el deshonor; sin esos regionalismos, todos de
apariencia y superficie, pero debilitantes, empeñados
bajo mentidos lemas de progreso en hacernos caer
de espaldas sobre los fraccionamientos feudales de la
Edad media; sin esas propensiones al pronunciamiento dentro y á los conflictos fuera, que nos trajeron
aquella sucesión de convulsiones internas, las cuales

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nos han arruinado con sus ]µchas en el Norte y en el
Mediodía, y aquellos embarazos externos, como los
traídos por la guerra con Chile y el Perú, ó por la
reincorporación de Santo Domingo, los cuales sólo
sirvieron para mermar nuestra influencia en América,
donde tiene un hogar nuestra patria, y detener el
ejercicio de aquellos ministerios civilizadores en el
mundo, á que nos obligan y nos impelen el recuerdo
de nuestra gloriosísima historia, siempre admirada
por todos, y el poder de un talismán tan prestigioso
como nuestro esclarecido y respetado nombre, que
llevan impreso en el planeta de un modo indeleble
desde los abismos del mar hasta las estrellas del
cielo.
Mucho enaltece á todos los españoles el amor á
España, que se revela en cada conflicto con Africa,
y el coraje sublime que muestran allí, como en todas
partes, nuestros heroicos y martires soldados. Pero
no imitemos aquello de tanto quiere á sus hijos la
gata que se los come, y no vertamos en suicidas holocaustos inútiles una sangre tan preciosa como la
sangre de nuestro ejército nacional. Toda política en
el continente africano debe reducirse por nuestra
parte á conservar aquello que poseemos y mejorarlo;
pero sin pedir una pulgada de terreno más para nosotros, en el temor natural de levantar una caza que
otros únicamente pueden ahora, en esta coyuntura,
correr y cobrar. Y si no, recojámonos dentro de nosotros mismos y meditemos con verdadera reflexión.
Habíamos concentrado todo el pensamiento y todo
el esfuerzo de la política española en declarar primero los derechos congénitos á nuestra naturaleza y en
organizar después la soberanía nacional para resolver
el problema político. Hecho esto, nos habíamos consagrado luego al aumento de ingresos y á la diminución de gastos, que nos granjease un presupuesto nivelado, capaz de resolver el problema económico.
¡Ah! Con grandes obstáculos tropezaba el problema
político, por la ceguera de nuestros partidos, pero
quedó resuelto el día de la proclamación del sufragio; con grandes obstáculos tropieza el problema económico, pero está en vías de resolverse con que solamente se subordinen todas las cuestiones á la cuestión de Hacienda y todos los servicios se regulen con
aquella modestia exigida por nuestra grande tradicional pobreza. Ser libres, ó dueños de nuestra política
y de nuestra economía, sin tener que mirar á nadie
la cara: he ahí la norma natural á guardar y el objeto
capitalísimo á requerir por un verdadero estadista, si
quiere levantar sus obras con arreglo á los cánones
de la lógica, como levanta el arquitecto sus edificios
con arreglo á los cánones de la mecánica. Por eso,
por la fuerza que los consiguientes extraen de los
antecedentes y de las premisas las consecuencias, al
sufragio universal triunfante siguió el presupuesto de
la paz establecido y planteado por el consentimiento
universal. Y hallándonos en tal situación, á la hora
suprema de un progreso tan extraordinario y de un
logro tan increíble como el haber sometido á la economía la política, ¿no aparecerá como una diversión
peligrosa del objeto común cualquier impremeditado
conflicto? Yo lo temo en grado altísimo; y como lo
temo en grado altísimo, creo deber mío dar el grito
de alarma contra excesos, así de acción como de palabra, cuyos resultados están vistos: suscitar para los
demás una cuestión gravísima, preñada de amenazas,
puesta por el destino á dos dedos del abismo donde
hierven las cóleras continentales, capaz de fulminar
sobre nuestra cabeza una responsabilidad tan grande,
como la que traen aparejadas catástrofes inminentes,
bajo cuya pesadumbre pudiera perderse y concluirse
la civilización europea.
Todo estaba en paz. La nube condensada en Tánger por el partido tory para ganarle la mano al partido v.-igh y vencerlo por alardeos de patriotismo en
las elecciones, habíase disipado con la licencia dada,
tras la victoria del último, por su nuevo ministro lord
Rosebery al célebre Smith, quien tomando al formidable Marruecos por el pobre Zancíbar, donde había
logrado traspasar á Inglaterra el protectorado de Alemania, se partió á Fez en una especie de protectora
embajada, con todo el aparato requerido por lo descabellado del objeto y por lo complicadísimo del argumento, encontrándose la horma de su zapato en
desaires y disgustos y tropelías y burlas, cuyos estragos lo pusieron fuera de quicio, hasta el punto de hacer creer que pondrían fuera de quicio también á su
gobierno, soñando, por tal imprevisión, la hora. de
una cruenta venganza, como la puesta en práctica por
Inglaterra _para desquitarse de las ofensas del rey Teodoro de Abisinia; y con esta venganza coincidiría el
juicio final de Marruecos, y con este juicio final, tan
ocasionado á irreparables catástrofes, la conflagración
europea, que costaría cara, muy cara, de seguro, no
sólo á nuestro continente y á sus Estados, á toda la
tierra y á toda la humanidad. En cuanto se disipó esa

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617

nube, como ant~s de que la nube se form,ara, el~~peño de una buena política española de~1a cons1st1r
en guardar la estabilidad á foda costa, sm poner la
mano sobre un átomo de tierra, para no dar malos y
desastrosos ejemplos. Así decía yo, frente á un discípulo mío, tan querido y admirado como el Sr. Moret, quien había querido poner u~ cabl~ ~llá .en la
isla del Perejil, cuando era en el último mm1s~eno Sagasta ministro de Estado, que lo dejara por Dios, pues
no quería yo nos saliera ese vegetal en la frente. Teníamos, pues, verdadero motivo para creer asegurada
la paz y conservado por todas partes y por todos los
pueblos el statu quo, cuando se desploma sobre nuestras espaldas un tan horrible accidente como esa desgracia de Melilla, en que una vez más hemos demostrado cómo todo lo espontáneo, todo lo genial, todo
lo intuitivo, todo lo indeliberado, todo lo inconsciente, todo lo divino, el coraje, la fuerza, el empuje, la
grande abnegación, el estro para los combates, el
amor al sacri6cio y al martirio aparecen siempre sublimes en nosotros, mientras imposible todo lo reflexivo, todo lo consciente, todo lo meditado; es decir,
Administración y Gobierno.
Mas historiemos los acontecimientos. Nuestras posesiones de Africa no están circuídas por una especie de marca, como la que tienen Argel y Orán; hallándose por necesidad expuestas á los continuos
asaltos de una raza tan guerrera como la raza marroquí, la cual, si no puede pelear con el infiel, ó sea
con el cristiano, pelea entre sí, entre sus familias, como
presa de una inquietud nerviosa, de una inquietud
secular, de una inquietud atávica, patentemente mostrada por ese afán de correr la pólvora en ruidosas
fiestas, y alardear de guerra en espectáculos continuos,
y salir de cabalgatas vertiginosas á las cacerías, y justar en combates de ostentación y de aparato, como
si necesitara ver el relámpago perdurable, oir el trueno siniestro y acerar todos sus miembros y todos sus
nervios y todos sus músculos en luchas perdurables.
¿Qué ha de resultar en tal estado? Un conflicto perpetuo. Ese pueblo guerrero, al ver las insignias y enseñas de una religión y de un imperio contrarios á
su religión y á su imperio sobre puntos que cree
pertenecerle, no se acuerda de ninguna consecuencia,
ni mide ningún obstáculo, ni siente ningún recelo, y
se lanza muy ciego sobre la presa como el milano
sobre la paloma, como el pez grande sobre el pez
chico, como el tigre sobre la jirafa, como las especies
carniceras unas sobre otras con la ineluctable fatalidad impuesta por un instinto invencible, que produce
lo conocido en nuestro moderno lenguaje con el nombre muy acertado de guerra por la vida. Entre nuestras posesiones llenas de cristianos y las marcas circunstantes llenas de moros se suscitarán siempre conflictos que nos exponen á una guerra perdurable. No
tuvo ninguna otra causa la guerra emprendida con
Marruecos bajo la dirección del general O'Donnell:
un ataque de los moros á Ceuta. Así es que, al acabarse la campaña y venirse á términos de paz entre los
combatientes, convínose para evitar nuevos conflictos
en poner amplias marcas alrededor de nuestros fuertes y ciudades, como amortiguantes de los encuentros y de los choques. Pero la imposibilidad de poblar estas marcas por cristianos y la inquietud congénita con el ánimo y el temperamento de los moros
habrán de traer, en inconformidad d e éstos con la diminución de su territorio, conflictos cuyas consecuerrcias se contienen y encierran en este dilema: ó
parciales encuentros de guerrillas continuas, ó nueva
guerra para conseguir mayor y más amplio territorio
en torno de nuestras plazas.
En esta general situación de las posesiones africanas
brota el conflicto presente con las tribus marroquíes
cercanas á nuestros fuertes. Habíamos pactado en el
convenio de Vad-Ras una indemnización para nuestro tesoro, que se nos satisfizo con religiosa escrupulosidad, y una zona en torno de nuestras plazas, que
nunca jamás fué bien establecida y designada, parte
por las muchas largas que á todo nuestras oficinas
dan en su inveterada indolencia, parte por las muchas resistencias que á todo los marroquíes oponen
de suyo en su casi mecánica inercia. Entrado en el
ministerio de la Guerra el general López Domfnguez,
estudió la extensión de tales zonas, y no pudo menos
de advertir como las había disminuído para nosotros
la vieja indiferencia consuetudinaria nuestra y aumentádolas para las kabilas el instinto de aproximación á
las plazas españolas, de continuo sitiadas por sus ensueños fantásticos, pero eternos, de una recuperación
inmediata. Si mis informes no mienten, la zona de
Ceuta, muy disputada siempre por los marroquíes, se
conserva con mayor cuidado que la zona de Melilla,
muy abandonada en los últimos tiempos. Y dado tal
abandono, como en los escollos brota la vegetación
cuando el oleaje salobre se retira, y bajo las exterminadoras lavas el viñedo cuando aquéllas se solidifican

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LA I LUSTRACIÓN

683

ARTÍSTICA

y enfrían, en estas zonas, cirpués de haber pasado tamacunstantes alrededor de las
ña tromba de musulmanas
fortificaciones hispa no-africóleras por cualquier terrecanas, van apareciendo y
no, queda en una desolación
desapareciendo á la descuital éste, que parece han
dada tribus nómadas y adual'J
arruinado los irruptores hasres errantes, demostrativos
ta las ruinas y matado á la
del empuje que tiene y de
muerte misma, si es permitila extensión que toma por
da la hipérbole.
todas partes el florecimiento
No p uede, no, decirse
eterno de la vida. Bajo imadónde ha rayado el heroísperiosas órdenes del minismo de n uestros soldados.
tro de la Guerra, pertenecienLas lenguas humanas no tiete por su historia y por sus
nen voces expresivas de tanservicios militares á una fracta sublimidad. Cuando todo
ción del ejército que hoy pose cerraba para ellos; aquel
dríamos llamar, como se llacielo mahometano, que dimaban en Roma los Esciríais por los ángeles extermipiones, africana, el gobernanadores y apocalípticos del
dor de Melilla comenzó á
Alcorán henchido; la tierra,
extender la neutral zona ensólo apropiada de suyo á las
tre la plaza y sus vecinos,
kabilas, que parecen unas
limpiándola de familias nócon sus horrorosos arenales
madas y estableciendo en el
erizados d e cactos; so el
punto más estratégico de su
asalto del rifeño, anheloso
terminación el fuerte llamade sangre y aullando cual
do de Sidi-Auriach. Esto,
perro
hidrófobo con alaridos
"-· . :_ ..
que hubiera podido intentar; . .:~=--:. - - .... -:.....· - - terribles y combatiendo has.se tras la guerra sin dificultad
ta usar desde las gumías y los
alguna, debía chocar con
rifles á las uñas y los dientes
muchísimos obstáculos en
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -Aldea de los indios de Vancouver
en sus esfuerzos por extermila coyuntura y sazón prenar al contrario; aquellos solsentes, cuando creían los
dados españoles, cada uno
moros baldío ya este canon del tratado y fiaban su sables á nuestra seguridad. No hicieron caso alguno contra ciento lucharon cual si no estuvieran sujetos á
dominio sobre aquel espacio á las prescripciones de de las observaciones los rifeños; y como les falta la muerte y vendieron caras sus vidas en una especie
una larguísima ocupación. Así comenzaron por en- idea clara de haberse obligado á sí mismos con las de sublime suicidio. Se necesita ver un rifeño para
viar un hajá á nuestro gobernador, el heroico gene- obligaciones contraídas por su lejano y nunca bien sentir cómo aborrecen y' matan esas gentes. Fornidos
ral Margallo, en demanda del desistimiento, y con- obedecido sultán, se atrevieron, según habían dicho, y nervudos al mismo tiempo; adobados por las evacluyeron por amenazar, sin empacho ni escrúpulo, á tomarse la justicia por su mano, y comenzaron todos, poraciones del desierto y curtidos por los calores del
el tomarse la justicia por su mano y acudir en tropel sin encomendarse á Dios ni al diablo, sin parar mien- Africa; la gumía sobre su costado y el rifle al ojo
tumultuoso al derribo de las fortificaciones incipien- tes en las consecuencias dañosas, sin sentir ningún como integrantes órganos de su cuerpo; un mechón,
tes. En vano el general demostró la imposibilidad escrúpulo, cerrando con los nuestros en formidable largo como la cola de un caballo, en lo alto de la capara nosotros de mantener á sus anchas las poblacio- ataque de mil contra uno y destruyendo el fuerte· de beza rapadfsima, para que los cojan en la hora de su
nes españolas, sin los desahogos ofrecidos por una Sidi-Auriach por medio de esas irrupciones bárba- muerte por allí los arcángeles y se los lleven al pazona neutral, cuya propiedad se había sancionado por ras, en que los irruptores parecen multiplicarse como raíso de Mahoma; ligera túnica pegada por completo
su propio emperador en solemnes pactos diplomáticos, las langostas en sus devastadoras nubes de asolación á las carnes y que no embaraza ninguno de sus modonde constaba la extensión pactada, dentro de la y como las moscas en los cadáveres amontonados vimientos; la mirada relampagueando iras y el pecho
cual se hallaban las estratégicas defensas, indispen- por las matanzas del combate. Tanto es así que, des- proriuciendo implacables odios, no combaten por lo,

-

BXPOSICIÓN UNIV.&amp;RSAL DE CHICAGO -

El teatro chino, dibujo de E. Limmer

-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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zanse dos pagodas con varios pisos y abigarradas
pinturas. idolos gigantescos, dragones, figuras monstruosas con caras horribles adornan la entrada de
aquel edificio, en cuyo interior hay instalada una casa
de te en donde varios hijos del Celeste Imperio con
sus largas trenzas y bordados trajes sirven la aromática bebida. U na escalera conduce desde allí al primer piso, en el cual está instalado el templo, poblado de centenares de ídolos grotescos colocados en
multitud de altares, envueltos en vestiduras fantásticas y adornados con todos los atributos de su divinidad. En el centro del templo se ve tendido sobre el
suelo un dragón de 50 metros de largo, el animal
emblemático del imperio chino.
Junto al templo está el teatro, reproducción exacta
de los de China, aunque más limpio y más bellamente adornado, en donde un centenar de cómicos, entre ellos muchos actores escogidos entre los más notables de su país, representan el repertorio chino,
que, como se comprenderá, casi nadie entiende, sin
que pueda saberse si se trata de una comedia ó de
una tragedia. Por cierto que al inaugurarse la Exposi·
EVA CANEL
ción comenzó aquella compañía á representar una
obra ... que á fines de septiembre no había concluído
todavía, lo cual, dicho sea de paso, les tiene sin cuidado á los espectadores que llenan todos los días el
CHOZAS DE LOS INDIOS DE VANCOUVER
teatro movidos sólo por la curiosidad de ver en qué
La parte Sudeste del J acson Parck está destinada consiste el arte escénico de los chinos. En el fondo
á las instalaciones antropológicas, y aunque es bas- del escenario, de cara al público, siéntanse seis mútante dudoso que la antropología tenga lugar propio sicos que no cesan de tocar durante toda la función
en una Exposición universal en donde se compara la mientras un actor recita el monólogo del ser y del no
civilización de fines del siglox1x con la cultura del xv, ser, á lo Confucio, ó mientras otros ejecutan sus pande todos modos las grandes y ootabilísimas coleccio- tomimas. En nuestros teatros los músicos no tocan
nes que el Smithsonian I nstitute de Wáshington ha más que cuando el telón está corrido; en cambio enpresentado en un edificio especial son interesantísi- tre los chinos la música empieza cuando el telón se
mas, sobre todo en cuanto las completan las instala- levanta y no cesa hasta que vuelve á bajar.
La decoración es siempre la misma, una mezcla
ciones especiales que alrededor de ese edificio hay
establecidas. A un lado se alzan reproducciones exac- extravagante de interior de casa, de selva y de prado:
tas de las ruinas toltecas de Yucatán, principalmente en el centro de la escena hay seis ó siete cajones de
'••'•.1•,.•1,l•v•o,••u•o,••.;•,.•1,1•,,1,.,•,,o,.,•,,•,,,,,,,,,,,.,•,,J1,,•1,/1.,'••''•l'••••,1•,,•,,1,.,,,,,1,¡•,,•1,1•,,•o.,•,,•
del Uxmal; á otro, y sobre una gran roca artificial, se varios colores que, según se encarga de explicar el
ven los muros de las viviendas troglodíticas del Sur director de escena, representan un palacio, ó una
del Colorado y del Arizona, en las cuales hallaron re- choza, ó un templo, ó una cama, en fin lo que el arLA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
fugio los primitivos habitantes del continente ameri- gumento exija, lo cual no deja de ser muy cómodo
IV. - EL URUGUAY E~ CHICAGO
cano, y entre unas y otras se levantan á orillas del para aquellos escenógrafos. Las sillas, las mesas y
La República Oriental del Uruguay es una de las lago South Pond algunas chozas de los indios de otros muebles los sacan á la escena los trabajadores
más hermosas de la América española y está, feliz- Vancouver. Estos, como los chinooks, lós haydahs, sin curarse de la representación y sin que los actores
mente, de algunos años á la fecha entregada á la paz y los babinehs y otros, se parecen exteriormente mu- dejen por ello de declamar. En cambio los trajes son
al reposo que tantos beneficios reporta á los pueblos cho á los malayos y á los polinesios, existiendo tam- lujosísimos, de seda y otras telas preciosas, llenos de
cultos. Preséntase el Uruguay en este certamen con bién esta semejanza en las costumbres, usos y trajes, bordados, aplicaciones de oro y brocados: completan
sus productos naturales, que son muchos y buenos, lo cual nos permite deducir que, si no una descen- el adorno magníficas joyas, coronas y armas como las
descollando sobre todo las lanas y los cueros, fuente dencia directa, ha habido por lo menos un cruzamiento mejores que puedan ostentar los más famosos actores
principal de su riqueza. Exhibe abundancia de cerea- intenso entre aquellas razas y las de Occidente. Así y actrices europeos.
Los actores recorren la escena moviendo de la :nales, aguardientes, vinos, licores, perfumería, confitería inducen á creerlo las dos docenas de individuos que
y sobre todo galletas y conservas en abundancia, así presididos por Toquasa, la hija del caudillo, habitan ncra más extraña los pies y las manos y procurando
como aceites y legumbres. Como se verá por la foto- aquellas cabañas. Delante de cada una de éstas hay sacar de sus gargantas los más raros sonidos: su pringrafía de su departamento en el palacio de Agricul- un totem, poste heráldico que sólo se encuentra_ entre cipal arte consiste, al parecer, en hacer los gestos más
cultura, Liebig hace una brillante instalación de su los indios del N oroeste y cuya altura varía entre cinco extravagantes. Las actrices son desconocidas en la es«Extracto de carne,» que pone fuera de concurso, y y diez metros, consistente en un tronco de árbol con cena china, pues todos los personajes hembras son
de cuy.o extracto riquísimo hacen caldo que sirven toscas esculturas, que son las armas de los antepasa- representados por homóres que se esfuerzan por imigratis al público en general durante cuatro horas dia- dos de cada familia: estas esculturas representan ca- tar la voz y los ademanes femeninos; y preciso es
rias. La gente se atropella por tomar el líquido repa- ras grotescas y animales raros, están pintadas con co- confesar que logran su empeño de imitar al otro sexo
rador de las fuerzas perdidas con el ajetreo que se lores chillones, especialmente azul y encarnado, y mucho mejor que nuestras actrices cuando han de
son el órgullo de los habitantes de las chozas.
desempeñar papeles varoniles. - A.
traen.
Si penetramos en una de éstas veremos que en el •••••.••, ••.••• ,••••••,., •.•.,••••••,.,,......,.................,•• ,.......... ,...................,,.,,•••, ••••••,••,...1., ...,,......
El Uruguay presenta una grande y hermosa colección de fotografías del hermoso y moderno «Barrio centro de un gran local obscuro arde sobre el suelo
CRÓNICA DE ARTE
Reus,» trabajo ímprobo de un español que llevó sus un fuego cuyo humo lentamente se escapa por el teenergías y su actividad al Plata; que proyectó y llevó cho: en las paredes están las camas dispuestas como
Sustraerse á la influencia que ejercen los aconteciá cabo las obras que perpetúan su nombre, edifican- los camarotes de un buque y delante de las cuales
do una barriada de casas cómodas y sanas para obre- hay tendidas en el suelo pieles de animales; sobre los mientos actuales, especialmente sobre los que viviros, y que desengañado, lleno de amarguras, pobre y cofres toscamente labrados que constituyen el único mos en contacto inmediato con la opinión pública y
mal comprendido por los que sólo le han hecho jus- mobiliario de esas viviendas se ven varios utensilios á cada instante sentimos sus vibraciones con toda su
ticia después de muerto, pasó á mejor vida sin lograr domésticos, cucharas y escudillas de cuerno, sedales intensidad inicial, es punto menos que imposible. Y
con anzuelos de madera, remos, arcos y flechas. Los considero de tal importancia para la vida de la patria
ver terminada su benéfica y magna obra.
También ha mandado la República Oriental foto- vancouverianos, de roja piel y ojos rasgados, perma- lo que acontece en las vecinas costas africanas del
grafías de sus mujeres; de aquellas· mujeres que go- necen agazapados en sus pieles y envueltos en pañue- Mediterráneo, que tan sólo á un esfuerzo supremo de
zan á la par de las limeñas fama universal de hermo- los ó mantas, prendas que sólo se ponen por consi- la voluntad deben mis lectores que me ocupe en resas y distinguidas, y cuyos retratos constituyen el deración á los que en Chicago les visitan, pues en su latar el movimiento artístico verificado en este últipaís no llevan otra cosa que un delantalito que ape- mo mes.
mejor adorno de la instalación.
Hago esta declaración previa, porque antes de ennas
les cubre la cintura. Delante de las cabañas y
Expone asimismo la menor de las hermanas platenses buen material de escuelas, y entre varios tra- amarrados á la orilla del lago mécense en las aguas trar de lleno en el cumplimiento de mi deber de mebajos nn volumen en forma de periódico, impreso y de éste un par de canoas, consistentes en troncos ahue- ro cronista de arte he de decir algo que á las mientes
dibujado por los alumnos de la Escuela de artes y cados por medio del fuego y con altas rodas de for- me viene en este instante, y que tiene por origen la
obsesión de que arriba hago mérito.
oficios, que da clara muestra de los adelantos que mas extrañas.
Una rama de la pintura existe, cultivadísima en
Los
vancouverianos
aliméntanse
especialmente
de
Montevideo ha hecho en este esencialísimo ramo de
la instrucción popular. He visto en esta sección uru- pescado; son grandes marineros y nadadores y no va- Francia, tenida muy en cuenta por los artistas alemacilan en lanzarse al mar con tiempo tempestuoso y nes, ingleses y rusos, que ha producido frutos opimos;
guaya un mapa muy curioso.
alejarse
muchas millas de la costa en sus frágiles em- esta rama de la pintura es la militar.
La parte de la esfera que presenta el continente
Dando de lado á los pintores de otros días, no por
americano está formada con los · nombres de las na- barcaciones.
eso es reducido el número de los que viven y ganan
ciones, las ciudades, los pueblos y los ríos del N uebatallas con sus batallas, tipos y escenas de la vida
EL TEATRO CHINO
vo Mundo, impresos en letra menudísima, pero perde la milicia. Francia es la nación que ofrece mayor
fectamente legible sin ayuda de microscopio ni de
Extraños golpes de gong y un estrépito capaz de contingente de cuadros del género. Desde el año de
lente. Termina este curioso mapa una cabeza de Codestrozar
los oídos más fuertes, producido por varios 1859 al 60 en que Meissonier inauguró, como dice
lón, dibujada sobre la forma de imprimir, con labiografía del descubridor, impresa en lengua italiana: el instrumentos de cuerda y de viento, atraen la aten- el notable escritor Sr. Barado, la serie de sus pintuparecido es exacto á los retratos más vulgares, y que ción del que visita Midway Plaisance hacia un tem- ras que reconstituyen plásticamente una in,teresantípor serlo se nos antojan los auténticos.
· plo chino de admirable aspecto, delante del cual ál• sima parte de la epopeya napoleónica, comenzó de

gros de la guerra, combaten por el exterminio de sus
enemigos, y se gozan como tigres, á quienes en su
crueldad se parecen, matando, no hasta donde pide
la necesidad, matando por el placer t¡ue les procura
la matanza, durante la cual respiran como un edénico aroma el hedor de la caliente recién vertida sangre. Se necesita la fibra española, el parentesco nuestro con tierras parecidas en lo ardientes á la suya, el
menosprecio de la muerte connatural á la raza nuestra, para hacer lo que hiciera el corto destacamento
defensor de la fortaleza en construcción: resistir tanto
tiempo con corto número, intentar después y cumplir
una retirada honrosísima, sumarse luego con los soldados de la guarnición é imponer el necesario respeto á los ciegos, que mataban en su furor con la misma indiferencia con que matan en el mundo la tempestad y la epidemia. D elante de tal holocausto no
tenemos que hacer sino adorará los sacrificados como
se adora en el catolicismo á los santos é inscribirlos
en el calendario de nuestros mártires. Dar lo más preciado que pueda tener el hombre, la vida, necesaria,
no sólo á él mismo, á todos los que le aman y él ama,
por la colectividad que forman sus conciudadanos
allá lejos, ¡oh! es acto tan meritorio, que sólo debe
quedarnos espacio y ánimo para el culto ardoroso de
este milagro moral, presentándolo, no sólo como ejemplo á las jóvenes generaciones herederas del tesoro
acumulado por santos sacrificios, como prueba d e la
vitalidad que late con fuerza en el seno de una raza,
dispuesta siempre al sacrificio por su patria. Tiempo
tendremos de juzgar á quién corresponde la responsabilidad de un hecho, no feliz de suyo, y menos en
estas circunstancias; hoy sólo nos toca recogernos un
momento en el duelo que todos los españoles sentimos, y conmemorar en el culto á los muertos este sacrificio más, presentado por sus heroicos hijos á la
madre España, tan digna del religioso amor que le
han profesado todas las generaciones suyas en toda
la continua sucesión de los tiempos.

La biografía es una curiosidad de mucho gusto,
que revela un tipógrafo excelente: como dibujante y
como geógrafo también puede apostárselas con cualquiera el autor de tal mapa.
En la instalación del Uruguay encontré todo el
afecto de los buenos amigos y toda la distinción de
los caballeros, y no podía ser menos. Cuantos han
venido en la comisión y cuyos nombres no estampo,
porque escribo en viaje y no tengo tarjetas á la vista,
son modelo de caballeros cumplidísimos. Todos ellos,
así como también el cónsul, han mostrado complacencia por que la ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA publicase
vistas de la instalación de su patria.
El delegado general Sr. Gómez Ruano, hombre
distinguidísimo y amable, es uno de los que más legítimas simpatías goza entre sus compañeros. El señor Gómez Ruano pertenece al alto cuerpo docente
de la República Oriental y honra.la Universidad uruguaya por su talento y por su modestia.
¡Justo es que se le haga justicia!

�. 686
nuevo á qtorgársele á esta rama pictórica una importancia grande. Y digo de nuevo porque ya se la habían otorgado David, Gerard, el barón Gross Vernet (estudiado atentamente por Fortuny), pintando

Elpaso de los Alpes, Austerlitz, Eyla1,, Las Pirámides
y otras batallas y combates.
Desde Meissonier, pues, renace con pujanza la pintura militar, y la cultivan con éxito creciente Regnault,
Protais, Philipoteau, Detaille, Neuville, Berne-Bellecour, Lergent y otros en Francia; como en Inglaterra
O'N eil, Hercomer, Morris, Seymour; y Luders Krickel
Lang y varios otros en
Alemania; en Rusia
descuella Wereschagin
con un carácter verdaderamente épico; en España, Cusachs, Unceta
y ayer el maestro Balaca.
Pero observamos un
fenómeno singular que
se produce al resucitar
otra vez la pintura de
costumbres militares y
que merece que se fije
en él la atención de todo el mundo. En las
nac10nes que mayores
energías cuentan, así en
el orden intelectual como en el material, esta
pintura alcanza un auge grande y pudiera decirse que es la que sirve
de contrapeso al movimiento iniciado hacia
las escuelas místicas, las
cuales tienen como característica la contemplación y el reposo. En
Inglaterra Morris pinta;
no el soldado de hoy,
sino el soldado del porvenir en su celebrado
lienzo Sons of the Brave
(Hijos de valientes).
En Alemania, Crofts
hace una obra llena de
interés dramático al pintar para Francia la desastrosa jornada de Sedán y que tituló el artista Grave!otte. En Francia - no mencionando á
Meissonier, que hubo
de limitarse á las guerras de Napoleón - el
muerto N euville traza
una maravilla al delinear las figuras de El tUtimo cartucho. Y en esas
naciones, asiento hoy
de lll, cultura en su más
alto concepto, donde el
altruísmo se manifiesta
con verdadera energía,
así en el derecho político como en las especulacionesdelas modernas
filosofía y ciencias morales, la pintura militar
tiene por derecho propio importancia grande.
Verdaderamente que es digno de ser atendido y
estudiado este fenómeno, con el cual parece indicarnos la realidad lo utópico del sueño de una paz perpetua. No; no es posible, no será posible quizás nunca que se realicen esos idealismos sublimes de la fraternidad universal. La lucha por la vida, así en el individuo como en las naciones, existirá mientras tanto existan éstas y los caracteres étnicos y las tan diversas como desequilibradas fuerzas productoras de
la naturaleza. La lucha es la vida; con la lucha se
manifiestan las energías todas del hombre. La historia nos enseña cómo á las grandes guerras y á las
grandes revoluciones se deben las conquistas del saber; y los pueblos, cómo los individuos, son tanto más
respetados cuanto mayor es el equilibrio entre sus
fuerzas intelectivas y materiales.
Y el arte, cuya misión es la de conmover nuestro
corazón y nuestra alma, ejerce una influencia innega·
ble en el sentimiento humano, elevando su espíritu,
haciéndole vibrar con modulaciones distintas; y claro
está que el amor de la patria, el más sano, el que no
aparece manchado por egoísmo alguno, el más sublime de todos los amores, el que más abnegación pide,
puesto que pide hasta el sacrificio de la vida, se

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mues~ra con .todo su esplendor en la guerra, donde
el artista aspira á grandes bocanadas el hálito dramá·
tico que da vida á ese amor. Por eso, la pintura militar, especialmente cuando reproduce una escena de
sangre, donde cada soldado es un héroe, como que
en aquella escena palpitan al unísono los corazones de
cuantos en ella toman parte, la representación plástica de la colectividad luchando por un sentimiento
produce una doble emoción estética á la que no iguala otra alguna.
Que en España el sentimiento patrio existe vigo-

NúMERO

617

guado que á duras penas logra formar un pequeño
ambiente. Hoy, con. motivo de los acontecimientos
acaecidos en Melilla, se demuestra con demasiada
claridad que si el amor patrio existe vigoroso como
sentimiento, la fría razón nos dice por otro lado cuán
débiles son nuestras, fuerzas. Así, en el organismo
anémico, las ideas son tristes y opacas y en el cerebro no palpitan grandes energías; así, en los pueblos
el marasmo y el escepticismo crecen y los anulan cuando dejan de ser fuertes y viriles; y el arte se manifiesta varonil ó afeminado, épico ó pueril, según el ambiente social en que vive. Por eso carecemos
de pintura militar...

Y dejando ya estas
filosofías, haré crónica.
Los sucesos, así de
política interior como
los internacionales, apenas si dejan lugar á que
la atención se detenga
en el examen y solución
de otros asuntos. El concurso que en estos momentos se está celebrando para escoger el
modelo de la estatua y
monumento que en Covadonga quiere elevar
al re-Pe/ayo la Diputación provincial de Oviedo, apenas si logra atraer
la curiosidad, no ya del
público, sino también
de cuantos viven en las
esferas del arte. Y cuenta que dichos estatua y
monumento significan
en dinero medio millón
de reales, y desde el
punto de vista artístico
un problema históricoestético para cuya resolución han debido re·
volver muchos documentos y meditar muchos días cuan tos artistas concurren al certamen.
Diez son los proyectos y bocetos ó modelos
de estatua que habrán
de ser juzgados por la
Academia de San Fernando. Como una de las
condiciones del concurso exige que sean anónimos los trabajos, solamente he podido averiguar los nombres de
seis escultores, y éstos
son: Querol, Folgueras,
Alcoverro, Marinas, Parera, y Gandarias. Ya
ven los lectores de LA
UN TELEGRAMA,

cuadro de L. Max Ehrler

roso no cabe dudarlo; pero es una energía psíquica á la que no ayudan aquellas otras de la misma índole y mucho menos las materiales. Desgraciadamente nuestro poderío ha menguado ~n razón directa del
impulso que otros pueblos dieron á su cultura. Y esto que parece una paradoja, esto que parece estar en
abierta oposición con los altruismos de la filosofía
moderna, en la cual la ética parece influirla de un
modo casi total; esto, repito, es, en el terreno de la
realidad, un hecho innegable. Allí donde las ciencias,
las artes, la industria, alcanzaron elevado puesto, las
fuerzas materiales .son mayores que en aquellos otros
pueblos donde industria, arte y ciencia viven muriendo y debiendo su existencia al influjo que el dinamismo intelectual ejerce y ejercerá siempre. Por esta razón el arte tiene en la pir.tura militar una rama cuya
misión es noble y levantada, porque despierta y conserva vivo un sentimiento viril, enérgico, y al propio
tiempo hace la causa de la piedad poniendo de relieve todo el épico horror de la guerra.
En España apenas si se cultiva la pintura militar.
Cusachs y U nceta, en segundo término Esteban y
Navarro, son los pintores del género. Pero es que en
España el sentimiento de nuestro poder es tan men-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA que casi todos los ar-

tistas aquí nombrados figuran en la plana mayor
de la escultura es1;&gt;añola contemporánea.
Los jueces de este concurso son las dos secciones
técnicas de arquitectura y escultura de la Academia,
las cuales ya se han reunido para estudiar separadamente las obras. La lucha es grande y la expectación
de los escultores mucho mayor.
Por mi parte poco puedo decir respecto de la bondad de los trabajos expuestos; apenas si he podido
echarles una ojeada rapidísima, pues no solamente
no se han expuesto todavía al público, sino que está
prohibida terminantemente la entrada en el salón
donde las estatuas y proyectos arquitectónicos se hallan colocados. Sin embargo, pude advertir que, respecto de indumentaria, á excepción de uno, todos los
escultores estuvieron desacertados, y algunos desacertadísimos, puesto que se han atrevido hasta con
la cota de malla y el mandoble inclusive. Por lo que
atañe á la interpretación de la legendaria figura del
hé:oe de Covadonga, no he visto tampoco mayor
acierto.
En verdad de hecho, la figura de Pelayo solamente como simbólica puede ser admitida para su realización plástica. Tan borrosa aparece en las crónicas
aun en aquellas más cercanas á la época en que e'

LA

N ÚM.El{O 617
héroe realizó, ayudado por un puñado de montañeses asturianos, ó de wisigóticos refugiados en las inaccesibles quebradas de las montañas de Asturias, el hecho glorioso conocido en la historia con la denon_ünación de «batalla de Covadonga, » que algunos historiadores dudan, si no de la existencia de Pelayo, por
lo menos de que éste fuese un príncipe de la sangre
real de Witiza, llegando hasta poner en tela de juicio
su origen étnico. Agreguemos á este particular que
en el relato de los acontecimientos anteriores y posteriores á la batalla apenas si se destaca la personalidad de Pelayo, así como las
obscuridades que se advierten
en esos mismos relatos, cuando apuntan algo que se relaciona con su carácter privado,
especialmente por lo que se
refiere á la amistad ó amores
de Munuza con su hermana,
hacen de todo punto imposible suponerse el tipo moral
del primer rey de la reconquista. Por esta razón dije más
arriba que solamente como
simbólica puede ser admitida
la figura de Pelayo para darle
forma con el barro.
Ya desde este punto de vista
creo que la estatua debe simbolizar la fuerza y la fe cristiana. Con la lanza y con la
cruz se alcanzaron las más
grandes victorias que registran
los anales de los primeros siglos de nuestra reconquista (y
digo de los primeros siglos,
porque no siempre la cruz y
la lanza, por más que aparezcan juntas, consiguieron algunas de aquellas victorias en
que luchaban unidos el noble
y el prelado). Además de la
fuerza y de la fe, en Pelayo se
simbolizan la rudeza de una
raza altiva y batalladora, indomable, y por último la idea de
la patria. Por e~to creo, al
mirar aquellos modelos, faltos
muchos, como he dicho, de
verdad histórica en la indumentaria, serios y reposados
en la actitud, unos finos y elegantes otros, otros sin carácter moral alguno, éste que
parece un abanderado, aquél
que recuerda vagamente cierta estatua de Carlomagno, el
de más allá á un noble cualquiera del siglo xm, que nuestros escultores si bien prueban una vez más que conocen
los secretos de su arte, no así
que se hayan detenido en el
examen y estudio de la figura
de Pelayo. Un escultor estuvo
acertado, á mi ver, en el movimiento general de la estatua, en el tipo y en la indumentaria (salvo algún detalle), menos en el rostro y
en la expresión. Veremos si la Academia de San
Fernando piensa como yo.

***

685

lLUSTl{AClÓ.N ARTÍSTICA

después de un año transcurrido, si cobrarán su trabajo.

LA MADRE DEL TENIENTE

***

(EPISODIO DE AFRICA, 1860)

Consolémonos pensando que en París va á honrarse al gran pintor español, autor de Las Meninas, al
inmortal Velázquez, erigiéndole una estatua ecuestre.
Un periódico parisiense explica en los términos
siguientes el porqué de representar á caballo don
Diego Velázquez de Silva: «Un diario español- dice
La Li/J~r# - se e¡¡traña de que se haya pensado en

a

Las fechas solemnes de nuestra niñez son lápidas
conmemorativas, cuyos rótulos se hacen más visibles
cuanto más el tiempo transcurre. Conozco lapidas de
esas; algunas hay sobre mi e::orazón ... ¿Os reís de que
mi corazón pueda con tanto peso? No, no puede...
Se me figura ver esas lápida~ dentro de mí, como
una hilera de losas de nichos;
7
hé aquí la inscripción de una
de ellas:
I.º DE ENERO DE 1869

ALICIA,

cuadro de Guillermo M. Chase

representar á Velázquez á caballo.Nada más natural,
y la obra de M. Fremiet será históricamente exacta.
»La estatua será colosal, del tamaño llamado triunfal. Velázquez parece marchar al paso de un robusto
caballo andaluz, con una palma de laurel en la mano. Está admirablemente colocado en la silla. Le cubre la cabeza un amplio sombrero con larga pluma,
de donde se escapa la espesa y crespa cabellera, partida en dos masas iguales que llegan hasta la gola.
Viste la pequeña capa exornada con la cruz de Santiago y puesto el collar: botas ajustadas... Así aparece
en traje de gran ceremonia, como cuando precediend? - en calidad de aposentador mayor - al cortejo real,
hizo su entrada en Fuenterrabía, para presidir los
preparativos de la entrevista allí realizada de Felipe I V
y Luis XIV, en el mes de junio de 1660.
»Lebrún lo pintó en un cuadro de La Conferencia
ya viejo y cercano á la muerte. Pero para la fisonomía del maestro, M. Fremiet tuvo en cuenta un documento más seguro; el admirable retrato que de Velázquez existe en la Pinacoteca de Munich.»

Ayer 12, cuantas gentes paseaban á la caída de la
tarde por el Prado y por la plaza de Madrid ó de la
Cibeles, pudieron contemplar un hecho edificante.
Varios mangueros y empleados del municipio, á cuya
cabeza estaba un capataz, desmontaban por orden
del alcalde de esta muy noble y muy culta villa del
oso y del madroño las estatuas de yeso emplazadas
sobre sus correspondientes pedestales, en la entrada
del citado paseo de1 Prado, que representaban - mal
ó bien, que esto no he de decirlo - á Villanueva,
Lope de Vega, Fernández de Oviedo y Ramírez de
Madrid, conocido por el marido de la Latina, la sabia dama de la reina Católica. Pero lo edificante era
el modo de hacer la operación. Principiaron por el
arquitecto Villanueva. Ata.ronle una maroma á la cintura, le suspendieron en el aire y... se hizo veinte
pedazos; del suelo se recogieron millares de fragmentos. La misma suerte sufrieron las restantes. Los
***
mangueros de la villa se tiraban unos á otros y por
Todavía no sabemos oficialmente á qué atenernos
divertirse, ya la cabeza de Lope de Vega, ya los bra- respecto de los premios de la Exposición de Chicago.
zos de Ramírez de Madrid, bien la pensadora testa
del cronista...
R. BALSA DE LA VEGA
A todas estas, los escultores no saben todavía, y
Madrid 14 de octubre de 1893

Pero bien; no es ese sepulcro el que voy á destapar
ahora; ya lo hice alguna vez,
y recientemente, para escribir
un libro que no se publicó
aún, titulado Guerras Pasadas. Dejo, pues, esa losa y
bajo ella todo aquel concertante fantástico y aterrador de
barricadas, redobles de tambores, gritos de furia, vibrar
de cornetines, descargas de
fusilería, maldiciones, lamentos, cañonazos, edificios que
se derrumban, y todo lo de·
más que la fantasía del lector
quiera añadir sobre una población asaltada por tropas de
su mismo gobierno, y una milicia nacional, frenética, que
lucha con bravura, sin saber
lo que defiende...
Dejo eso, para pensar en la
fecha del día que sigue; la del
1. 0 de Enero trae á mi memoria la del día 2. Los nacionales huían, ó fueron fusilados,
ó estaban en sus casas, fingiéndose inocentes en absoluto de aquello que pasb. La furia de los soldados había ido
extinguiéndose, como el humo de un reguero de pólvora
encendido de pronto. Yo contemplé admirado la alegría y
la animación de estos hombres que, horas antes, lo destruían todo y traspasaban consus bayonetas á cuantas personas encontraron en su camino. Era de noche; la ciudad
estaba á obscuras; los faroles
fueron rotos; las cañerías de
gas obstruyéronse; en algún
ventanucho, ó en el pretil despedazado de algún balc&lt;Sn, ardía una luz tenue que puso
tal ó cual vecino; acá y acullá escuchábase el alerta de
los centinelas, que permanecían inmóviles sobre un re·
dueto ó tras el tabique de un caserón que se derru mbaba.
- Patrona, había dicho un soldado. ¿No habrá por
ahí unos leños que quemar?
No había. Mi madre lo expuso así. E l soldado, sin
ei:ifadarse, dijo:
- Los traeremos entonces.
Salió, siguiéronle algunos, los vi volver al instante...
Traían una cama de matrimonio magnífica, de palo
santo, y las hojas de nogal con bellas incrustaciones
de un armario que allá se iría en valor con la cama.
Mi madre comprendió al momento; la cama y el
armario componían parte de los muebles de una
casa riquísima, de la cual éramos vecinos; intentó mi
madre oponerse con blandura á que se quemasen
maderas tan preciosas; los soldados echáronse á reir;
un sargento dió orden de que se rompiera todo.
Instantes después ardía en el centro de la espaciosa cocina una gran hoguera; los soldados estaban
alrededor calentándose, bebiendo, apostando, inventando acertijos, contando cuentos ó hazañas los
unos de los otros, reconlando escaramuzas... Este
hablaba de su novia, aquél de sus padres, aquel
otro de un hermanito enfermo... La estancia se llenó de humo de los cigarros... Hablaban á la vez,
alegres, dicharacheros, nerviosos, con una gran risa
á lo mejor, con un suspiro enorme más tarde... El
fusil contra la pared, el ros echado airas, el cinturón

�· DESPUllS DE LA ORGÍA,

CUADRO DE

Swwo" sKv,

GRADADO POR

R. BoNC

�690

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

617

Se abrió un poco la puerteciBa. Yo temblaba; la
flojo, desabrochado el peto, la punta del faldón reco- güenza, que quería ganar los galones de verdad, y
señora
empuja con fuerza, y se met~ de pronto; na;
accedió al fin el gobernador, no teniendo otro engida en la cintura.
da se oye... Los minutos me parec1an siglos ... Cr~1
tonces
que
le
inspirase
igual
confianza.
Era
por
la
No sé qué entusiasmos hicieron vibrar mi corazón
que era ya un viejo, cuando escuché otr?. vez las pide niño; contemplaba aquel cuadro con éxtasis, que tarde; partimos; poca gente: el muchacho, cuatro
sadas
menuditas de la señora.
hoy no puedo explicarme tampoco; las lenguas de hombres y yo... Parece que le veo, preguntándome si
- ¿Qué ha pasado?, le pregunto.
quería
seguirle;
el
bigotillo
rubio
se
le
erizaba
como
fuego que se levantaban sobre las grandes astillas
- Venga usted.
.
.
parecíanme de una viveza y de un color sorprenden- á los gatos en pelea, y sus ojos azules movíanse
La
seguí·
llegamos·
el
postigo
abierto;
un gran cantes; no he visto nunca más color de oro ni tonos azu- como centellas locas; no sé qué cosa me entró en la
, de una' viga; su luz d1. fi1cultosa cae lu'
dilón colgado
sangre
al
ver
el
entusiasmo
de
aquel
niño
...
Le
dije
les tan brillantes ni tan bellos, como el oro y el azul
gubremente sobre el cuerpo de Mahomet, l:ndido
de las llamas de aquella hoguera... ¡Bien es verdad que sí; designó á los otros. ¡A caballo! ¡Fuera! ¡Ala!
en tierra con el corazón atravesado de una punalada.
¡Ala!
De
pronto
...
¡Virgen!
Entre
unas
pitas,
una
que tampoco he vuelto á tener ocho años!
detonación; cae el teniente, el caballo escapa, nos- Me asusto, no por el muerto, sino de pensar en la
Un soldado grita de pronto:
- ¡Basta, basta, que el sargento Rodríguez va otros disparamos sobre las pitas, me apeo, quito al brava sangre de aquella mujer.
- Salgamos, digo.
teniente el papel, vamos á las pitas... Un moro muerá hablar!
- Todavía no, responde ella.
Reinó un silencio ... como el de la calle, que es to, otro herido... Al herido lo lleva á Melilla un. solSaca
el puñal de la herida, y cercena de un golpe
cuanto puedo decir. Ni un murmullo... ni una respi- dado nuestro, y yo sigo á galope con los otros. Cumla cabeza del moro; cógela del pelo, la lía en un pa·
plo
el
encargo
del
gobernador,
volvemos,
y
al
llegar
ración ... Oyéronse entonces los alertas de los centineño, salimos, se dirige la señora al moro que aguarlas, como lamentos qqejumbrosos. Creyérase que las á las pitas, voy á buscar el cadáver del pobrecillo del
daba.
campanas de la Trinidad aguardaron esta hora para teniente... ¡Mil demonios! El cuerpo estaba allí... ¡Es- Aquí tienes, le murmura, dándosela.
dar sus sones, tan quejumbrosos como el gemido de taba allí, menos la cabeza! .. La cabeza la enviaron
La
toma el moro y se escabulle sin chistar.
los centinelas... Las llamas pareciéronme más vivas, los moros al gobernador de Melilla, mofándose de él
¿A
quién se la lleva?, pregunto á la señora, muermás ondulosas, más ardientes; su oro más puro, su y del muerto, y encargando al Gobernador que·se la
to
de
espanto.
mandaran
á
su
madre,
como
un
regalo
de
las
kabilas
azul más intenso... ; las sombras de los soldados, proY la señora responde:
yectadas en las paredes de la cocina, grandes mons- del Riff.
-A su madre.
Sin
chistar
oyó
la
señora
lo
que
le
conté,
pero
le
truos amenazando devorarse mutuamente.
corrían
por
la
cara
lagrimones
como
puños.
Mirábamos todos al sargento... Al principio no
M. MARTÍNEZ B ARRIONUEVO
- ¿Está prisionero el moro herido?, me preguntó.
pude ver su cara; envolvíase el hombre soñolienta- Sí, señora.
mente en una rica colcha de damasco, como César
- ¿Le conocería usted si le viera?
envolveríase en su roja púrpura. Aunque muy niño,
NUESTROS GRABADOS
- Sí, señora.
no fué mucha mi precocidad comprendiendo que la
- ¿Quiere usted venir á Melilla?
colcha era de la cama que en aquel instante calentáLa sopa cuadro de David Nillet. - Representa es·
Me
parece que oigo todavía aquella voz de la se- te cuadro un; escena rÍlstica en toda su austera sencillez: la de·
banos á todos.
- Pues señor, dijo el sargento Rodríguez, estoy ñora; parecía la voz de un muerto. Le dije que.sí, coración es fea y triste, los personajes vulgares y en acti1udes
abandonadas,y á pesar de.esto, el conjunto de esta com~sición,
acordándome... Hará ocho años, poco más ó menos, pero que con qué licencia.
- La pediré, me contestó; vuelva usted mañana. que á primera vista parece sin atractivo para los que distraída·
de la última vez que estuve en Málaga... Ahora nos
mente la miran, tiene un sello de sinceridad tal que fascina á
Volví; tenía ya la licencia; aquella misma tarde nos cuantos con atención la contemplan. Y este resultado se debe
han recibido á cañonazos .. . Aquella vez nos recibieron
con vítores y palmas... Ahora ha caído sobre nosotros embarcamos. Al llegar á Melilla se presentó la seño- al mérito de una observación justa y de una ejecución franca,
metralla pura y aceite hirviendo... Aquella vez caían ra al gobernador; pidió ver al moro; se lo concedie- cualidades merced á las que un verdadero artista se impone al
público ~om_unicand~ interés_~ los más vulgares episodios _de la
ramos de flores y oíamos gritos de entusiasmo ... Es ron.
vidaordmana que, sm el auxilio del arte, pasar!an madvert1dos.
¿Es
este?,
me
preguntó
eBa
cuando
le
tuvimos
que ahora hemos venido á pelear contra Málaga, y
Un telegrama, cuadro de L. Max Ehrler. aquella vez desembarcábamos en Málaga de pelear delante.
¡Quién puede adivinar el terrib)e drama cuya {1ltima escena re·
- Sí, señora.
contra el moro.
presenta el hermoso lienzo del notable pintor alemán Max Ehr·
- Déjenos solos.
El sargento calló un instante; su voz había temblaler! El telegrama que pone el colmo á la desesperación de esa
Los dejé.
do ligeramente; mientras hablaba, arrollósele hasta
joven hasta el punto de impulsarle á empuñar el arma con que
¿Qué hablaron la señora y el morito? ¡Quién sabe! ha de terminar sus sufrimientos, quizá le anuncia la muerte del
los hombros la colcha de damasco que le envolvía
casi la cabeza. Apareció una cara varonil, morena, Aquello duró mucho. Cuando acabó de hablar con amante idolatrado, quizás la deshonra del esposo. ¡Quién sabe!
Por si alguno tachase de inverosímil la escena ó de exagerada
curtida, de ojos negros, duros, de pestañas largas, de el moro, pareció más muerta que nunca... ¿Tendría la situación sólo le diremos que hace algunos días en uno de
buenas
aldabas
la
señora,
que
aquella
misma
noche
boca grande, de labios rojos, gruesos, de pelo fino en
los principales hoteles de Madrid ocurrió un hecho idéntico al
quedó el moro en libertad?
que el grabado reproduce, es decir, el suicidio de una hermosa
la cabeza, y crespo, erizado en el bigote.
dama á poco de haber recibido un telegrama en que se le anun·
Cuando el moro se alejó, la señora me dijo:
- En los muelles de Málaga y en las calles próxiciaba, al parecer, la muerte de cierto joven. De la interpreta·
Sargento
Rodríguez,
he
averiguado
quién
disparó
mas había más de sesenta mil criaturas esperánción del asunto, ¿qué podemos decir una vez conocido éste? La
donos; fué un delirio de aclamaciones y vítores; las sobre mi hijo y quién le degolló. No fué el moro que figura de la joven está tan bien sentida, hay tal intensidad en .
murió
en
las
pitas,
no
fué
tampoco
el
que
ha
quedado
calles se cubrían de banderas; los balcones estaban
la expresión de su dolor, tanta desesperación en su actitud que
atestados de niñas bonitas, cada una con su pañuelo libre ahora; el que fué, huyó y está vivo. A éste que su vista emociona profundamente; y cuando un artista sabe emohasta este punto, es que su genio ha sabido dar con un
flotándolo, cada una con su ramo de flores de los hoy libertamos le daré todo cuanto poseo para que ·cionar
tema hondamente humano y su talento ejecutarlo con maestr!a.
haga
lo
que
yo
le
mande;
nos
llevará
primeramente
huertos malagueños; los curas nos bendecían, las campanas repicaban, las madres se arrojaban á nosotros adonde el otro vive... Tengo que hablar con él...
Alicia, cuadro de Guillermo M. Chase. - Mr. Chase es una de las personalidades artísticas más salientes de los
como leonas para abrazarnos y besarnos; el suelo de ¿Quiere usted acompañarme?
Muchachos, yo tenía los pelos de punta; pero la Estados U nidos y de las que más han contribuido al desenvol·
las calles por donde íbamos estaba lleno de juncias y
vi miento del arte moderno en aquel pais. La Liga de Estudiantes
de clavelillos de los montes . .. ¡Bendita sea la Virgen, voz de la mujer me tocaba en la sangre como una de bellas artes de Nueva York, en donde se educan mil alum·
cosa
de
mi
corazón.
«Sí,&gt;&gt;
dije.
qué día aquél! Una muchacha de mantilla negra, hernos, cuéntale entre sus profesores desde 1879, época en que reAquella misma noche salimos; íbamos á caballo, gresó á su patria después de haber estudiado las escuelas euro·
mosa como el cielo, con ojos grandes como el mar,
de cintura finilla como una juncia de aquellas que pi- los dos solos; el moro esperaba... Fué la primera vez peas y especialmente la de Munich, acerca de las cuales posee
conocimientos completos.
sábamos, se vino á mí con un manojito de rosas; yo que un pillo de esos cumplió lo que ofreció, porque
Mr. Chase es individuo de la Academia Nacional y Presiden·
metí las rosas por el tallo en el cañón de mi fusil, y más traicioneros y más malos no los vi nunca... Pero te de la Sociedad de Artistas Americanos, y de su valía como
es
lo
que
pienso.
¡
Mediaban
en
el
asunto
los
monises
artista es clara prueba el retrato de niña que publicamos, en el
perdido el seso por la patria y por los ojos de la niña
cual se advierten todas las buenas cualidades que tanta fama han
morena, sin saber lo que me hice ¡pum! le dí un beso de la señora!
dado á las escuelas alemanas y especialmente á la muniquense,
Caminando ya, me dijo la señora muy bajito:
en un carrillo! Quedé loco de espanto, pero ella gritó:
cuyas enseñanzas tan admirablemente ha sabido aprovechar el
Este
hombre
afirma
que
el
moro
á
quien
bus¡Viva España! ¡Viva la reina! .. Y me puso el otro
autor de Alicia.
camos se llama Mahomet Jara, y que vive con su
carrillo.
Después de la orgía, cuadro de Swedomsky. Yo me alejé llorando, con el · manojo de rosas en madre.
- Pero ¿y si éste mintió? ¿Y si le mató él y no el Entre los más famosos pintores rusos ocupa uno ele los prime·
el cañón de mi fusil, y orgulloso como si llevara con
ros lugares el artista cuyo es el cuadro que reproducimos. La
él toda la sal y todo el garbo de las mujeres anda- otro?
antigüedad con sus pintorescas costumbres le atrae y la granYo pregunté eso y la señora me dijo muy serena: diosidad de las composiciones con sus dificultades parece que
~~
.
- Este no fué; le miré los ojos y no los agachó; le fascina moviéndole á acudir á todos los recursos del arte paAquella misma noche fuí con una carta que medió
un
asesino agacha los ojos si le mira la madre del ra vencer los obstáculos. El asunto del lie¡izo Después de la or·
el gobernador de Melilla para una señora malagueña.
hombre
á quien ha matado ... Además, sólo eran tres: gfa harto se comprende con sólo ver los semblantes macilentos,
Recuerdo que vivía la señora en la Alcazaba ... Gordo
las actitudes de cansancio, consecuencia de la distensión que
Mahomet,
el que murió y éste; el que murió no pudo sucede á tocio exceso: de su ejecución queda dicho todo no más
era lo que en la carta le decía el general á la señora: «Su
hijo único, un cadetillo bravo como una fiera, que en cortarle la cabeza; éste tampoco, pues cayó prisione- que calificándola de digna del ilustre émulo de Makowsky, Sie·
miradzky y demás portaestandartes de la pintura en Rusia.
pocas semanas fué teniente y que estaba ya promovi- ro. Fué Mahomet Jara.
Caminamos
otro
rato;
la
señora
habló
así,
bajito
do para el grado de capitán, fué degollado á traición
D. Carlos María Ocantos, notable novelista
por unos riffeños.)) Me puse más blanco que el pa- siempre:
bonaerense. - El Sr. Ocantos, que figura entre los primeros
- Mahomet, es un cabo de kabilas; anda en con- escritores de la RepÍlblica Argentina, nació en Buenos Aires en
pel, mientras la señora leía... ¡Como que estaba enteferencias
misteriosas con el bajá; se ven de noche en 186o y á los catorce años compuso su primera novela que no
rado de todo! Pero la señora, ni se inmutó siquiera.
llegó á publicarse. Cursó la carrera de derecho, pero compren·
¡Vaya un corazonazo el de estas mujeres, Cristo un chozón oculto entre unas jaras; éste que nos guía diendo que su carácter no era para el foro, dedicóse de lleno á
es
el
medianero
de
los
dos
...
su aficiones literarias. En 1884 ingresó en la carrera diplomáti·
mío!
Nos callamos, porque el moro se detuvo.
ca, habiendo desempeñado desde entonces los cargos de primer
Dobló la carta preguntándome si sabía detalles
- Aquí es, díjola en un español que merecía cuatro secretario de la Legación en Río Janeiro y de la Legación en
de la muerte de su hijo .. . Se los dije ... El gobernaEspaña, donde desempeñó, además, el puesto de Encargado de
.
dor de la plaza tenía que enviar unos pliegos urgen- tiros.
Negocios: quizás por esto son tan vivas las simpatías que siente
- Llama, ordenó la señora.
tes á D. Leopoldo O'Donell... ¡Qué día!.. La plaza
poc la nación española.
Llamó y cuando contestaron dentro, respondió el
Como novelista es quizás el de más alientos que tiene la Rellena de heridos, oficiales y subalternos; el teniente
pública Argentina: ha publicado hasta hoy las novelas siguienArmental, el hijo de la señora malagueña, convalecía moro en su infame lengua:
-Abre, Mahomet Jara, que te busco de parte del tes: León Saldivar, La Crm de la Falta, Qui!t'to, Entre dos
d e una herida en el hombro, por la que le promovieluces y El candidato y, segÍln noticias,' está dando la Ílltima pluron al grado... Se brindó el teniente al gobernador bajá.
mada á otra titulada La Nueva Sajo.
La señora me dijo en tanto:
El Sr. Ocanto~, á pe~ar de su juventud, es más que una es·
para llevar los pliegos; negáronselo, por no estar resYo
entraré
sola;
espéreme
usted
con
ese.
peranza una glona legítima de las letras argentinas,
tablecido del todo; insistió, diciendo que era una ver•••••• , ......,.,,•• ,,.,,.,, .. , 1••, ................. , •• , ••• , •• , •• •••• , ••••••••••••• , •••••• ••••••• ,.,,•• ,,.,,.,,,. ,, ••••••••••• •• , ••••

NúMERO

617

LA

691

!LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

- ¿Dónde estamos?, preguntó Huberto sobrecogi- La busco y no la encuentro, respondió Huberto. luz, y un triple grito de admiración estalló dentro del
do
de una vaga inquietud.
A menos que para explicar esos fenómenos lumínicos submarino.
Como una respuesta á sus palabras, se extinguió
¡Flotamos
en
plena
luz!,
exclamó
la
entusiasmano admitamos la existencia en el polo de un hogar
bruscamente la iluminación. Todo volvió á quedar
extraordinariamente activo, de movimiento, algo así da joven,
entre densas tinieblas. Al mismo tiempo, un rudo
choque hizo gemir la armazón del submarino. El
Gracia de Dios se detuvo por modo súbito.

XIII
EN EL POLO

Reinó un momento de indecible angustia entre los
navegantes.
La violencia de la conmoción había hecho perder
el equilibrio á todos, y sin el socorro de los brazos de
Huberto, Isabel se hubiese estrellado indefectiblemente la cabeza contra las viguetas metálicas del
submarino.
Pero reflexionando un poco, Huberto se explicó
la causa del fenómeno, pues la obscuridad sólo duró
un momento.
En aquella región saturada de fluido, una arista
saliente, una columna, hacían las veces de formidables acumuladores, y el buque, pasando cerca de
uno de ellos, había producido una descarga eléctrica
bastante fuerte para determinar la extinción de todas
las claridades. La extremada penetrabilidad del me•
dio ambiente había sólo salvado al buque de una
destrucción cierta.
Por desgracia, la sacudida había derribado una
parte del edificio y el Gracia de Dios se hallaba ahora en el fondo de un callejón sin salida. Era preciso,
pues, apartarse de allí.
Enfrente de él tenía el submarino un tabique de
enormes bloques que no podía derribar el esfutrzo
de su máquina, pero que un potente explosivo podría
apartar.
I sabel antes que sus compañeros adivinó el sistema y dijo:
- Ha llegado el momento de lanzar un torpedo.
- Había pensado en ello, contestó Huberto; pero
temo recurrir á ese medio extremo.
- ¿Qué teméis, pues? ¿Pensáis que puede hundirse
esta bóveda?
- No, no es esto lo que temo, sino el remolino
formidable que producirá el explosivo en ese espacio
cerrado, pues podríamos ser proyectados contra el
fondo.
·
- ¿Preferís, pues, quedar en este callejón?
- Como no podemos perder tiempo, respondió su
primo, á probar, y ¡que Dios nos tenga de su mano!
El torpedero hizo máquina atrás hasta un espacio
de trescientos metros. La cavidad se prolongaba mucho más hacia adelante debajo de la bóveda: la parte
de la bóbeda submarina en donde se encontraban
los viajeros era un verdadero nicho cuyas dimensio·
nes era imposible calcular á primera vista. Pero desde aquel momento Huberto se sintió tranquilizado,
pues comprendió que bastaría que el submarino re·
trogradara en tanto que avanzaba el torpedo, para
poner al submarino al abrigo de la brusca conmoción
Ali! se encontró junto á su padre inanimado
de las capas de agua.
La maniobra no fué muy larga. El torpedo fué Jan•
Decía verdad.
como una catarata desmedida por la cual caigan mi·
zado por el tubo de proa, y en tanto que adelantaba
Era un verdadero deslumbramiento. Si no se hu- en línea recta y explotaba al tocar á la pared, el bules de millones de metros cúbicos de agua.
- ¿Y esa causa bastaría para explicar todo lo que biesen visto los muros y las columnas que sostenían que retrocedió prudentemente.
aque_l maravilloso edificio, se hubiera creído en pleEl choque del explosivo determinó un remolino
vemos?
- Sin duda, ya que el calor, la luz y la electricidad no cielo, dentro de la aureola misma del sol. A cien formidable y ei submarino fué sacudido durante unos
no son sino modalidades de un mismo principio: el metros encima de sus cabezas, los viajeros veían la momentos como por las olas monstruosas de una
bóveda parecida á un techo de cristal. Los muros y tempestad; pero como el remolino no le empujó conmovimiento.
En aquel punto les interrumpió un grito dado por las columnas se revestían de esplendorosos prismas. tra ninguna de las paredes, pudo al cabo de poco
Guerbraz. El marinero que estaba en la proa con el Zafiros, esmeraldas y amatistas briBa ban aBí, y de rato hacer máquina avante y Huberto vió que el torojo aplicado á los lentes de cristal para vigilar el ca- cuando en cuando parecía verse el centelleo deslum- pedo había abierto camino entre las rocas.
brador de las facetas del diamante. En las profundiResueltamente imprimió al buque la mayor velocimino exclamaba:
dades se veían caer cascadas de piedras preciosas, dad posible, cuidando de no acercarse demasiado á
- ¡Comandante, creo que remontamos!
Huberto se lanzó á su lado y miró. Una claridad ?u~c.a soñada: con _la imag(naci,ón siquiera. El agua, las paredes de aquel túnel prodigioso.
esplendente inundaba el interior del buque, y tan mv1S1ble, hab1a cedido su sitio a la atmósfera de claPero era preciso salir de allí. Consultando su crovivos fueron sus destellos que las lámparas de incan· ridad radiosa.
nómetro, advirtió que hacía dieciocho horas que hadescencia parecieron amarill!::ar y apagarse. El joven,
-:-- ¡Dios mío!, murr1;uró Isa?el dirigiendo una ple- bían abandonado á sus compañeros y diez que navelleno de estupor, corrió al manómetro que indicaba gana al Creador. ¡Cuan admirables y hermosas son gaban sumergidos. A pesar de todas las precauciones
vuestras obras!
tomadas y del oxígeno puro que vertían los tubos, la
la presión.
El agua de aquel sitio tenía una temperatura pri- atmósfera era muy densa ya en el buque. El ácido ·
- No, dijo, no subimos.
Movida por un sentimiento de curiosidad, Isabel mav_eral. Los viajeros tuvieron que despojarse de sus carbónico, según su costumbre, se depositaba en el
descorrió las demás portas que dejaban penetrar la vestidos polares.
fondo, y Huberto lo advirtió bien pronto, pues Guer-

�692

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 617

- ¿Vamos?, preguntó sin pr~ámbulos á su novio. .
- Sí vamos allá contestó nendo Huberto.
Y c~n su índice' mostraba á los ojos maravillados
de su prima una línea blanquecina que apar~cía á
algunos millares de brazas, sobr7 la cual hab1a una.
especie de bruma en forma de amllo.
El buque avanzaba con rapidez. Salta?a, por d~cirlo así, de uno en otro círculo concéntnco, aproximándose á la arista del enorme embudo.
De repente se elevó un clamor áspero y salvaje, y
al propio tiempo la niebla se disipó, dejando ver el
fondo del abismo.
Fué una ojeada sublime, un espectácul_o ú~ico,
como los ojos de los mortales no pueden 1magmar.
El centro del polo era una tierra.
Pero ¡qué tierra y qué centro! ¡El paraíso, arrebatado al primer hombre, estaba allí!
¡Ah, sí! Aquel espectáculo era único. Alrededor de
aq\lella tierra central, el mar elevaba sus olas á guisa
de gigantesca corona y á una altura de 20 metros,
cuya pendiente, lisa por la parte del polo, parecía una
muralla de cristal, sobre la que había una franja de
espuma más blanca que la nieve, que lanzaba á lo
alto brillantes copos de rizada agua.
El submarino, acentuando sus movimientos, llegó
hasta aquella cresta, y los viajeros, maravillados, pudieron saciar sus ojos en la contemplación de aquel
edén.
Parecía que viajasen por las inexploradas regiones
del sueño y que hubiesen pasado á otro mundo.
Debajo de ellos, la tierra polar, vestida de una verdura maravillosa, parecía enorme viviente esmeralda.
Arbustos enanos, pero provistos de espeso follaje,
desplegaban toda la pompa y seducción de una flora
desconocida en los demás puntos del globo.
La atmósfera templada demostraba que reinaba
una primavera eterna sobre aquel punto inmóvil del
globo, donde no soplaba otro viento que el levísimo
producido por el remolino de las aguas, cuya espuma
caía en chispas que ostentaban todos los colores del
iris como cascada continua de brillantes.
Apenas el Gracia de Dios hubo llegado á la cresta,
Los muros y bs columnas se revestían de esplendorosos prismas
cuando, llevado por su propio peso, fué bajando por
la pendiente, hasta que encalló en la fina arena que
adelantaron unos 60 kilómetros, teniendo en cuenta se encerraba enviaba en todas direcciones sus rayos formaba la playa de la tierra polar.
las revueltas del camin0 y los cambios de orientación de un color blanco violáceo.
- ¡Oh!, exclamó Isabel, batiendo palmas. ¡Esto debe
Pero desde el momento en1 que Huberto hubo ser la entrada del paraíso!
que alguna vez se notaron.
Huberto veló solo por la seguridad del buque, co- abierto la capota para dejar penetrar el aire exterior,
- Es verdad, dijo Huberto, y confieso que esto
sa que le produjo triple trabajo, pues además de que en un momento purificó la atmósfera viciada, el trastrueca todas las visiones que del polo me había
atenderá su propia ocupación hubo de hacer las ve· joven tuvo la explicación del fenómenn de la desvia- forjado.
ces de vigía en lugar de Guerbraz y de observar la ción de la aguja que tanto le había asustado.
- ¡Pardiez!, replicó Guerbraz, yo siempre me había
Habían llegado al otro lado del cinturón de hielos imaginado qué el polo debía estar ocupado constanbrújula y los cronómetros, faena que hasta entonces
al que soporta el armazón de rocas polares. El mar temente ó por el mar sin límites ó por un volcán en
corriera á cargo de la señorita de Keralio.
Como medida de precaución encendió bujías á di- en que flotaban, libre completamente en aquel mo- continua erupción.
versas alturas graduadas del buque, para que, al apa- mento, tenía una blancura lechosa. Una extraña agi- Sí, Guerbraz; y los sabios también lo creían y
garse, le dieran previo aviso de la invasión del ácido tación le animaba, en tanto que un ruido sordo, no tenían sus razones para ello. Pero no habían tenido
interrumpido, llegaba al ofdo de los viajeros.
carbónico.
en cuenta el fenómeno de la rotación que nosotros
Encima de ellos, un cielo azul purísimo se dilata- hemos comprobado. Una sola cosa extraño, y no
Tomadas todas estas disposiciones, el teniente de
navío dirigió una afectuosa mirada al valeroso Guer- ba. Tal era su pureza que se advertía la presencia de puedo explicármela.
braz, su atrevido compañero de aventuras, y á aquella las estrellas. Mirando mejor, advirtieron los dos hom- ¿Cuál?, preguntaron sus compañeros.
hermosa y joven criatura que había de ser su esposa bres que el cielo azul formaba un círculo alrededor
- Que en el polo, la noche debe durar exactamenuna vez realizada su peligrosa expedición. Luego se del cual se amontonaban las nubes y las brumas de te seis meses, y no es posible imaginar cómo vive
colocó en el centro del torpedero y le hizo tomar de las regiones de donde venían, y demostrando que toda esa vegetación durante las largas tinieblas.
más allá de los límites de los hielos paleocrísticos, el
nuevo su andar de catorce nudos.
Nadie supo qué contestar. Pero la misma naturaleSin embargo, la inquietud, esa inquietud profunda frí0 volvía por sus derechos.
za se encargaría de explicar aquella extrañeza.
E l submarino continuaba derivando. El ángulo,
que experimenta siempre el varón más fuerte al luEl oficial había notado que en el momento en que
char contra los elementos, se apoderaba de él, y aho- que era de 45º hacía un momento, había llegado á la proa del submarino tocaba á la playa, había brillara, que no tenía que fingir ante sus compañeros, su los 6o0 , prueba segura de que el barco no marchaba do una luz rápida y una sacudida bastante fuerte hafrente se arrugaba y se crispaban sus manos. El se- hacia el polo, sino que seguía una tangente á un últi- bía rechazado el buque hacia el agua.
ñor de Keralio le había hablado de aquel viaje sub- mo círculo polar del cual no podía todavía apreciarse
Pero á la larga y después de una serie de chispas
terráneo, pero nada le había dicho que pudiera ha- la extensión.
que descargaron la electricidad del suelo el débil
La verdad apareció deslumbrante, más de lo que casco de aluminio había acabado por toma; tierra.
cerle prever la duración del mismo, y al oficial le pahabía osado presumir, á los ojos de Huberto.
recía que esa duración se prolongaba demasiado.
Aquella observación había bastado á d'Ermont
- ¡La rotación de la tierra!, exclamó á voz en grito para tomar algunas precauciones.
Aquella submersión prolongada le asustaba.
Aquella bóveda enorme parecía aplastarle con su en tanto que Guerbraz le miraba con estupor sin
Se había dicho que todo el islote hacía oficio de
comprenderle.
pesadez.
una botella de Leyden, y que todo contacto debía
El joven dió algunas explicaciones al marinero.
Durante un momento imaginó que era la inquietud
romper el equilibrio de las fuerzas magnéticas esparEn vez de entrar en lucha directa y además impo- éidas por la superficie.
moral la que le producía tal molestia; pero bien
pronto se dió cuenta de que obedecía á una causa sible contra la fuerza inmensa que movía las olas en
En co?secu~ncia, no qu iso poner el pie sobre
el mismo sentido de la rotación del globo, el buque aquella tierra sm tomar antes las debidas precauciofísica.
La atmósfera se viciaba más y más. Las capas in- atacó la líquida masa al soslayo. Huberto estaba se- nes. Corrió, pues, h~cia proa y tomó una percha, la
feriores, bajo la presión del aire respirable, despedían guro ahora de no ser víctima de un vórtice aspirante; cual debía ay~d~rle a saltar y evitar el choque.
lentamente óxido de carbono. Dos de las bujías encen- pues, al contrario del Maelstrom, aquel remolino lanPronto adv1rt1ó que su teoría era exacta.
didas hacía poco rato se habían apagado ya, y el gas zaba desde el centro á la periferia todos los cuerpos
I sabl;l, que había saltado antes que nadie pudiera
carbónico llegaba á l&lt;J, altura de 'un pie sobre el pavi- que en él flotaban.
presum1rlo, lanzó un grito de terror y cayó derribada
Hacía ya seis horas que dormía Isabel, y su primo, sob'.e. 1~ arena; pero se lernntó en seguida sonriendo,
mento.
Alrededor del buque las agu¡i.s permanecían lumi- juzgando que aquel reposo bastaría á la joven, y no Y dmg1éndose á su primo que llegaba asustado le
'
'
nosas, absolutamente saturadas de electricidad. ¡El queriendo privarla de la magia de aquel espectáculo, dijo:
buque atravesaba una aurora boreal p~rmanente ... y la llamó.
- No os asustéis; ya veis que no he muerto.
La joven lanzó una exclamación admirativa en
líquida!
- Per? habéis ~ome!ido una imprudencia, mi herHuberto miró ansiosamente por la proa y le pare- presencia de aquel espectáculo.
mosa pnma. ¿No habéis advertido que esta tierra esEl problema del cual perseguían la solución, la ha- tá saturada de electricidad?
ció observar una degradación inexplicable de matices. Proyectó mayor cantidad de hidrógeno en el bía recibido durante su sueño. Se había dormido
- No, ciertamente, no lo había advertido; pero
bajo las aguas y despertaba al aire libre y vivificante, ahora que lo hemos experimentado no hablemos más
motor y alcanzó una marcha de diez y seis nudos.
á algunos kilómetros apenas de aquel polo tan anhe- del asunto. Lo mismo da. Pero ¡qué pafs tan lleno de
Pero entonces se produjo un fenómeno singular.
El oficial, que tenía los ojos fijos sobre la brújula, lado.
encantos es el polo!

braz, que se había bajado para recoger un objeto,
fué presa de un síncope, y no se hubiese levantado si
d'Ermont, comprendiendo lo que sucedía, no le hubiese levantado en seguida.
Aprovechó aquel incidente para prevenir al marinero y á su prima del riesgo que corrían bajándose,
y al propio tiempo les indicó que urgía salir de aquel
subterraneo si no se quería agotar la provisión de oxígeno y gastar la que se destinaba para la vuelta.
En su consecuencia aconsejó á I sabel que se fuera
á descansar y á Guerbraz que hiciera lo propio, prometiéndose dejarles que durmieran aquélla seis horas y éste cuatro, pues tenía motivos suficientes para
esperar que en ese tiempo el torpedero terminase su
viaje al través de ese terrible conducto subterráneo.
La marcha del submarino no había sido muy rápida, y durante aquellas horas de inmersión sólo se

advirtió con estupor y espanto que el Gracia de
Dios derivaba en un ángulo de 45 grados.
Casi al mismo tiempo se extinguió por completo
la espléndida iluminación. Huberto proyectó el haz
eléctrico hacia fuera y no advirtió ningún muro, ninguna columna.
- ¿Habremos salido del túnel?, se preguntó.
Para saberlo, no había más que un medio: remontar.
Esto es lo que hizo el joven teniente.
Pero para ello le era preciso el socorro de Guerbraz, pues había que mover las pesadas cadenas que
retenían las tapas de los depósitos de agua. Así lo hicieron, y el buque, libre de lastre, remontó á la superficie lo mismo que una burbuja enorme.
Al mismo tiempo el mar recobraba su iluminación
interna: el inmenso foco eléctrico que en sus abismos

NúMERO 617

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tara un chorro de agua que se elevaba á prodigiosa
altura y caía en cascada finísima que ostentaba todos
los colores del arco iris.
No pudiendo apenas creer todos á sus ojos, apresuraron el paso y llegaron al lago.
Isabel de Keralio tenía razón: el centro del mundo
era un agujero.
XIV
FUERA DEL CE~TRO

Sí, el centro del globo era un agujero, pues cuando
los viajeras llegaron á sus orillas el lago había desaparecido, el surtidor con él, y en su lugar se veía un
espantoso abismo, un agujero de r. ooo á 1. 200 metros de diámetro que tenía las paredes perpendiculares, casi lisas, del cual no se veía el fondo, pero
cuyo vacío horroroso, lleno de vértigos, parecía tapizado de vapores tumultuosos, cuya superficie ondulaba á unos diez metros por debajo de la orilla, sin
llegar á ella jamás. Los tres exploradores tuvieron un
mismo pensamiento y lanzaron un mismo grito.
- Hemos sido juguetes de un sueño ó de un espejismo.
Sin embargo, se detuvieron, pues la fatiga les rendía. Aquella sucesión de maravillas tan raras como
impensadas había mantenido en tensión su espíritu,
y la luz del día, no interrumpida, no les permitió calcular las horas. Cuando Huberto consultó el reloj,
advirtió que habían pasado veintidós horas desde
que estaban en el islote. ¡Veintidós horas: un día y
una noche! La naturaleza reclamó sus derechos y el
sueño rin&lt;lió á todos.
Levantaron la tienda, y como los sacos de pi.el de
bisonte eran inútiles bajo aquella temperatura, no los
abrieron y se echaron vestidos encima de ellos.
Largo y profundo sueño les mantuvo inmóviles
durante muchas horas. Al despertar fué gran.de su
sorpresa cuando vieron que el lago había reaparecido
y que la columna de agua se elevaba como la vispeta
á ciento cincuenta pies de elevación, coronándose de
un penacho de diamantes líquidos.
- ¡Oh! ¡oh!, exclamó d'Ermont. Empiezo á comprender. Esto es una fuente intermitente, una especie
de geyser maravilloso. El agua de donde sale se encuentr~, gracias al movimiento de la tierra, tan pronto encima como debajo del orificio que vemos ahí
c7rca. De ahí la fuga de las aguas y su vuelta periódica cada doce horas. Por lo que hace al surtidor se
debe ciertamente á una presión suplementaria, ; su
gran altura obedece á la pesadez menor que tiene el
aire en el polo que en el ecuador.
Aquella segunda hipótesis podía comprobarse fácilmente, lo que se hizo por medio del barómetro. Para
confirmar la segunda, d'Ermont recurrió á un procedimiento muy sencillo.
Fué á situarse en la extremidad opuesta del lago y
Mirando mejor, advirtieron los dos hombres que el cielo azul formaba un círculo
echó en la superficie una rama de árbol, previamente despojada de sus hojas y á la cual se había atado
- Es verdad, dijo Guerbraz que, saltando á su vez, más que, á pesar de la luz del día, pudieran distin- un trozo de ropa de color.
acababa también de ser derribado.
guirse algunas constelaciones, especialmente la Osa
La rama pareció primeramente que guardaba el si- ¡Vaya!, exclamó d'Ermont sonriendo, no nos fal- mayor.
tio en que la habían tirado.
·
ta sino tomar posesión de nuestro reino.
Fué preciso, pues, recurrir á un medio artificial.
Pero al cabo de cierto tiempo, se alejó insensibleEmpezaron en seguida y examinaron primero la
Puso un palo sobre el buque y sobre él una ban- m:nte del borde y fué hacia el centro del lago, no sicosta.
dera tricolor. Después midiendo idealmente un án- gmendo una recta, sino describiendo una línea curva
Fué aquello una sorpresa continua.
gulo recto se encaminó hacia el vértice del mismo. que le hizo recorrer sucesivamente todos los puntos
Advirtieron la mucha densidad del agua que ceñía
Atravesaron una especie de selva enana. Rabia allí cardinales. Al cabo de seis horas habían desaparecido
la isla como la contraescarpa de un fuerte. Como as- toda suerte de plantas; desde las aromáticas que cre- de nuevo las aguas bajo su capa de vapores. Huberto
pirado por una succión gigantesca, el agua se elevaba cen en los montes de las zonas templadas y frías, has- echó entonces la sonda, que acusó 60 metros de proen una suave pendiente de unos cincuenta metros ta las que se desarrollan en las selvas tropicales. Tan fundidad. Quedaban, pues, seguros de que el fondo
por veinte de altura, formando así con la tierra polar espesa era la vegetación que casi no podían abrirse de las aguas se hallaba á 1 20 metros poco más ó
una verdadera cubeta de la que esta tierra era el camino los viajeros. En cuanto á la fauna, era más rara menos, teniendo en cuenta la diferente altura de las
fondo.
todavía. Aquí y allá revoloteaban algunas mariposas orillas.
Se veía á ésta hundirse y prolongarse por bajo de sobre extrañas flores de orquídeas. Algunos pájaros
A todo esto, había transcurrido ya el quinto día
aquella muralla moviente, de agua tan densa que se semejantes á las golondrinas y al pardillo de las zo- desde que los jóvenes se habían separado de sus
hubiese creído solidificada. Huberto, más y más ex- nas frías daban caza á las mariposas. Lagartijas de compañeros, y era preciso pensar en la vuelta. Hutrañado, trataba de explicarse aquel problema.
rara forma corrían entre las quiebras de aquella tierra, berto repetía, riendo, con una variante, el verso de
No hallaba más que una solución; pero no le satis- que era tan compacta que parecía hecha de panes de La-Fontaine:
facía.
arcilla.
No s6lo debo ,·er, sino salir de aquí.
Pensaba que quizá aquel islote estaba formado por
Pero á medida que avanzaban, sentían los viajeros
un solo bloque granítico sin una grieta ó concavidad. que el terreno bajaba. Decididamente, la rotación
H asta entonces todo había ido perfectamente, y
Sólo así se comprendía que la rotación del globo dejaba sentir sus efectos, no sólo en el mar, sino en hecha excepción de algunos incidentes de detalle,
alrededor de su eje hiciera mantener las aguas muy tierra. El polo, tan lleno de revelaciones sorprendenpor encima del nivel de la tierra y formase de tal mo- tes, aún parecía guardar más.
do aquella muralla mucho más duradera y resistente
- Si continuamos así, dijo alegremente I sabel, el·
que las de granito. Unicamente por la lenta sucesión centro del mundo bien puede ser que sea un agujero.
de miles de siglos podría modificarse aquel estado
- Acertáis, señorita, replicó Guerbraz; mirad hacia
allá.
de cosas que confundía la razón humana.
Pero aquella hipótesis, para aceptarla, debía ser
Acababan de llegar á un punto de la pendiente,
comprobada, y no había medio de hacerlo.
desde el cual la mirada, al través de la verdura, podía
Los tres compañeros ganaron el interior de la isla ver el centro de la isla. Por todos lados bajaban hay se esforzaron en ganar el centro de la misma.
cia el centro suaves pendientes alfombradas de verPero esto era difícil: la aguja imanada no era de dura. En el fondo había un valle circular y en el cenninguna utilidad y no marcaba á derechas, sino que tro del valle un lago de aguas tan puras, tan quietas, habían tenido siempre buena suerte y buen camino.
tomaba cualquier dirección. Tampoco había ninguna tan transparentes, que se le hubiera tomado por una Ahora el problema era de excepcional gravedad.
estrella que pudiese dar indicaciones precisas por masa de plata maciza, si de un mismo centro no bro( Co11ti1111ará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúME.RO

617

tión d~l vuelo humano, s~ contentan con emplear el ahora, á pesar de los muchos experimentos hechos,
poco tiemp~ que sus habituales ocupaciones les de- no han logrado su objeto.
Jan en meditar sobre el trascengental problema y
MÁQUINAS PARA VOLAR
Pero aun suponiendo que esta parte del problema
con gastar sus escasísimos_ recursos en probaturas. se resolviera, es decir, que se lograra encontrar un
El problema de la locomoción aérea á voluntad P~r est~ los progresos reahza~os para conseguir el
medio mecánico seguro de dar al aparato estabilidad
viene preocupando desde hace muchísimo tiempo á mas rápido de todos los medios de locomoción se
propia, es muy probl~mático que aun entonce~ _deslos sabios y aun á muchos que no lo son y que tratan parecen ~or de~gracia á 1~ marcha de la tortuga. En
apareciera todo el peligro que la falta de estabilidad
de conseguir por medios empíricos lo que aquéllos no estos últimos tiempos, sm embargo, el estudio del
entraña· pues entiendo que con el aparato para vohan logrado aún realizar con sus estudios y experi- problema ha tomad? mayor vuelo, y ya se oye decir
lar suc:de lo que con las bicicletas, en las cuales
mentos científicos. Las soluciones que á este proble- con alguna frecuencia que también personas ricas se
sólo se consigue una estabilidad permanente modima se ha querido dar son de dos clases: unas tienden oc~pan del asunto con abnegación y entusiasmo: si- ficando de continuo el centro de gravedad: por haá encontrar la dirección de los globos, otras á facili- gmendo las cosas así, ¿quién sabe si el hombre salu- cerlo así constantemente los pájaros nos parece su
tar al hombre un aparato que le permita tender el dará al nuevo siglo volando?
vuelo tan fácil, seguro y elegante.
vuelo por los espacios aéreos.
Pero dejándonos_ ~e fantasías, digamos algo real y
Del mismo modo un hombre que volase por los
positivo, para lo cual nos ofrece da- aires graduando siempre la posición de su centro de
tos el periódico técnico Engz'tzeering. gravedad podría en muchos casos dirigir con seguriMr. Lawrence Hargrave de Syd- dad su aparato. Ya se comprenderá que el que á taney, que hace tres años publicó en les experimentos se dedica no debe lanzarse desde
aquel periódico dibujos y resultados un principio desde grandes alturas, sino que ha de
de varios modelos de máquinas para proceder gradualmente: es preciso comenzar por tivolar, reproduce ahora en el mismo rarse desde una altura pequeña y llevando alas no
otros aparatos que son impulsados muy grandes; pues de no hacerlo así, ya se encargará
por el aire comprimido y por el va- el viento de demostrar que con él no se juega y que
por. La fig. r reproduce uno de ellos en ciertas circunstancias puede el experimentador ser
compuesto de un juego de alas en 1~ arrebatado á muy altas regiones, de las cuales no desparte delantera y una gran superficie ciende el principiante sin exponerse á g randes pelide velas en la posterior: este modelo, gros. Los experimentadores han de proceder, por conFig. J. Máquina para volar de Mr. Hargrave
que ba recorrido una distancia de siguiente, con gran prudencia, no usando al principio
150 metros, está montado en un tubo alas de más de 8 ó ro metros cuadrados y no lanzánde acero de 50 milímetros de ancho dose á las pruebas con vientos que corran más de
Las pruebas verificadas con los aerostáticos aupor ,dos metros de largo, que contiene aire comprimi- cinco metros por segundo, es decir, efectuándolas
mentan de día en día el caudal de conocimientos
do a .1~ atmósferas. Un pequeño cilindro (fig. 2) de solamente cuando reine lo que se llama ligera brisa.
sobre la física de la atmósfera que tan necesarios son
5? mihmet_ros de diámetro y 30 de altura hace funpara los que persiguen el descubrimiento de la na- cwnar el aire sobre las alas, que tienen 70 centíme- Haciéndolo así puede tomarse más vigoroso impulso
contra el viento y, saltando de una altura de dos ó
vegación aérea.
tros de largo y una superficie de 1.400 centímetros tres metros, recorrer una distancia de 15 á 20 meHoy en día, la mayor parte de los que á tales incuadrados. La superficie de las velas es de dos metros tros.
ventos se dedican consagran su inteligencia y su tracuadrados y el peso total del modelo de r '75 kiloSi se continúan con constancia los ensayos, poco
bajo preferentemente á las máquinas voladoras pro- gramos.
á poco se logrará vencer la resistencia de vientos más
piamente dichas. Los más toman como modelo para
Más favorable se presenta la cuestión de números impetuosos, se podrán emplear alas de 15 metros cuasus experimentos á las aves, al paso que algunos opi- en el aparato de la fig. 3, movido
nan que el vuelo de los insectos es el que mejores por el vapor que se produce en una
enseñanzas puede ofrecer para inventar el vuelo del cal~era de tubo espiral, montada
hombre. Y. no es sólo en el papel en donde se con- honzontalmente y alimentada por
signan los proyectos voladores, sino que no son en una pequeña lámpara de alcohol
escaso número las tentativas prácticas que en mayor que funciona como una lámpara de
ó menor escala se han realizado, y en la actualidad Lo~h. Mr. Hargrave dice que ha
casi todas las naciones se disputan el honor de haber temdo que fabrica r muchas caldeproducido la primera máquina realmente propia para ras antes de haber obtenido una á
volar; lo cual no quiere decir que los Estados, como propósito. La que reproduce el gratales entidades, hayan hecho nada para fomentar la ba~o va envuelta en una capa de
técnica voladora, puesto que todo cuanto hasta ahora amianto y consiste en un tubo de
se ha hecho para llegar al gran descubrimiento del co_bre
cuatro metros de largo por
vuelo del hombre se ha verificado en el terreno pura seis m1hmetros de ancho.
y exclusivamente particular. Los Estados demostraCo~servo aún una caldera para
rán su interés por esta clase de trabajos cuando al- máquma. de volar muy semejante,
Fig. 3. Máquina para volar de Mr. Hargrave
guien haya cruzado por los aires á voluntad, es decir, que fabnqué hace 20 años y que
cuando pasada la hora de los sacrificios llegue la hora ha sido el origen de la caldera de
movida por el vapor
de sacar provecho del descubrimiento.
tu?o en serpentina que luego he fa.
Las pruebas privadas se han realizado en todos bncado para toda clase de usos indrados y será fácil arrojarse á volar desde
tiempos: en un principio hiciéronse en el mayor se- dustriales. También yo creía que la
· mayores alturas, sobre todo teniendo cuidacreto, pues lo menos que se llamaba á los que á tales condición principal de una máquina para volar era
do en buscar un terreno blando y en que el sitio no
aventur-as se lanzaban era visionarios, originales y obtener una caldera ligerísima, y aunque luego mudé sea muy abrupto.
charlatanes; pero desde que la gente se ha ido acos- de opinión y di mayor importancia al verdadero coLos americanos han montado en sus establecitumbrando á los globos henchidos de gas, se ha mo- nocimiento de la presión del aire, los resultados con
miento~ de bañ?s una especie d~ montañas rusas que
dificado el concepto en que se tenía á los que quie- mi caldera conseguidos fueron tan excelentes que
lanzan a los bamstas al agua haciéndoles describir un
ren volar sin gas y sin globlo, y hoy que los trabajos hube de considerar mi fábrica de calderas de seguriarco muy abierto. Con ~ste sport acuático tiene algudad como producto anejo á mis trabajos técnico- na seme1anza nuestro sistema para volar: en vez de
voladores.
1~ montaña rusa, nos servimos del impulso contra el
La cuestión del peso del motor se ha creído resuelta viento, y en cuanto al agua que recibe á aquellos naco_n_ el empleo del aluminio y del magnesio, pero la dadores no la necesitamos, porque nuestro vuelo no
utilidad de estos metales ha sido exagerada: además se parece al de la piedra lanzada, sino al del pájaro
los metales puros pueden utilizarse á lo sumo para el que lentamente desciende hasta el suelo. Además,
armazón, aunque los mejores materiales para las alas nuestr? vuelo, después de alguna práctica, es diez veson la madera y la tela.
ces mas largo que el de las montañas rusas acuáticas
Mr. Hargrave ha utilizado hábilmente todos los ame~icanas y el tiempo en que se mece uno en el aire
recursos y experimentos técnicos, pero sus tentativas es diez veces mayor que el que en el aire permanecen
nos demuestran que si es fácil fabricar motores fuer- los que se lanzan por aquellas montañas.
tes y _ligeros, no está en éstos el punto capital para la
Y cuando, además de esto, se adquiere la habilidad
solución del problema, pues hoy en día la cuestión necesaria para desviarse á voluntad del camino recto
de la fuerz~ ha perdido gran parte de su importancia. ya se tiene la idea completa del vuelo libre. Pero e~
La cuestión del vuelo apenas ofrece en teoría difi- este ~unt_o hay que !ener en cuenta que es condición
cultades esenciales, pero en la práctica surgen obs- esencial Ir descendiendo siempre contra el viento
táculos que el teórico ni siquiera llegó á imaginar:
como lo hacen los pájaros, pues está en la naturalez¡
una de las cuestiones que más presenta es la de la
de las alas el que reciban siempre el aire de frente.
estabilidad, pues por más que las teorías digan y por Cuando se vuela en la misma dirección del viento
más ajustados á los principios científicos que estén es preciso
. moverse con más rapidez que éste, lo cual'
los aparatos, el viento se burla de todo y hace de ésofrece en el descenso el peligro de dar un tumbo matos juguete de sus caprichos.
y~sculo. De suerte que lo -mejor es volar contra el
¿Hay que renunciar, pues, á la esperanza? ¿No exis- viento y contra el viento descender al suelo.
te medio de dar al aparato la estabilidad que indisFig. 2. Cilindro de la máquina para volar de Mr. IIargrave
Tres años hace que me dedico á esos ejercicios, y
pensablemente requiere? Estas preguntas han sido
el constante progreso en el perfeccionamiento de los
contestadas muy contradictoriamente. Algunos creen
de éstos tienen un carácter científico se les mira con q~~ por medios mecánicos puede obtenerse esa esta- aparatos y la mayor seguridad conseguida me han
demostra?o que el camino por mí seguido es el vermayor repecto.
.
bilidad, y una asociación de ingenieros notables de
Generalmente son hombres de escasa fortuna los ~ugsburgo se ha impuesto la tarea de regular mecá- dadero. Sm embargo, es muy práctico aprender bien á
que, en su afán por hacer avanzar un paso á la cues- mcamente el vuelo de los aparatos alados; pero hasta volar con velas, por ser. éste el método de vuelo más
fácil, antes de aventurarse á volar con alas movibles.
SECCIÓN CIENTÍFICA

?;

N ú MERO

LA

617

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

llegar á tierra; y sin embargo, si se quiere
En cuanto á mí, después de haberme lanintentar esta prueba, la máquina en un prinzado muchas veces á volar con vela desde
cipio parece portarse perfectamente, p ero al
pequeñas alturas, poco á poco pude atre·
poco rato las esperanzas se desvanecen y la
verme á arrojarme desde alturas mayores.
realidad se encarga de demostrar que en la
En los alrededores de Berlín hay desgranavegac ión aérea por medio de aparatos vociadamente muy pocas e minencias naturaladores hay q ue tener en cuenta un factor
les ó montículos á propósito para tales tenprincipalísimo, el viento que se encarga de
tativas, por lo cual me v.i obligado á cons··
echar abajo los cálculos mejor hechos y de
truirme un sitio especial desde donde pu·
desacreditar los mecanismos más ingeniod iera cómodamente emprender el vuelo: en
same nte construídos. El viento hace que el
efecto, construí e n la colina de Mayo, junto
á Steglitz, una especie de cobertizo en forma
aparato pierda la libertad de que al pronto
gozara y le lleva y le trae á su capricho,
de torre que me servía de almacén para guardar mis aparatos y desde cuya cubierta semaumentando de un modo prodigioso su velocidad, volviéndolo de arriba abajo y lanbrada de césped emprendía mis ejercicios de
vuelo.
zándolo por último violentamente contra el
Los grabados que reproducen fotografías
suelo, en donde se estrellará y romperá en
instantáneas tomadas por el Sr. Ottomar
mil pedazos el aparato. Y es en vano que se
Anschutz representan uno de mis aparatos
hagan tanteos cambiando el centro de gramás modernos en distintas posiciones duvedad, pues lo que suele conseguirse con
rante el vuelo.
esto es que el aparato, en vez de caer de un
Fig. 4. Experimento con la máquina para volar de Ot6n Lilienthal
La fig . 4 representa el primer salto desde
modo, caiga de otro.
el borde del cobertizo y en él está tomado
En un aparato q ue adoleciera de tales
de frente el aparato, el cual tiene una forma pareci- alguna práctica se puede, saltando desde ella, reco- defectos, sería una verdadera temeridad que el homda á la de las alas de un murciélago extendidas. Las rrer volando libremente una distancia de 50 metros, bre se lanzara al espacio; por lo mismo lo primero ·
alas de aquél pueden plegarse como las de éste, ha- cortando el aire en una inclinación de lo á 15 grados. que en tales máquinas ha de conseguirse ha de ser
Haber conseguido este resultado es indudablemen- una estabilidad completa, una seguridad casi absoluciéndose así más fácil su conservación y transporte.
El armazón del aparato es de madera de sauce y la te un progreso no pequeño, pues ya hemos visto q ue ta de no ser juguete del viento.
tela que lo cubre es de algodón: la superficie total no basta dejarse caer para descender suavemente hasEsa estabilidad creo haberla conseguido con mi
del mismo es de 14 metros cuadrados y su peso de ta el suelo. En efecto, cualquier aparato provisto de aparato, y así lo prueban las fotografías instantáneas
20 kilogramos.
alas mecánicas debería, según las leyes naturales, ir que durante mis experimentos se sacaron.
La altura desde donde el salto se efectúa es de 10 descendiendo sin sacudidas y recorrer de este modo
Ü TÓN LILIENTHAL
metros sobre el terreno q ue rodea el cobertizo, y con y en dirección inclinada un buen espacio antes de
(Comluird)

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contra las diversas
Lu .

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LABELONYE

PILDORlS~~DEHIUT
DI: ~Al'US

110 titubee en purgarse, cu111cf4 lo
necesitan. No temen el asco 11.f el caatancio, porque, contra lo que ncede con
Jo, dema, purgante,, este no obra bien
sino cuando se toma con bueno, alimento,
1 bebidas lortilicante,, cual el vino, el catl,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, l•
hora y la comida !fUIJ mas le convienen,
seunn aus ocapac1oner. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanulado porelelecto de la
buena alimentacion empleada,uno
,e

decide fácilmente lf volver

ll el{Jpe,ar cuanta, v~e•
sea necesario.-·-

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.&amp;nutt

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1872

1873

1876

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EL MUNDO FÍSICO
POR

AMADEO

GUILLEMIN

Los fenómenos naturales que nos sorprenden y admiran despiertan necesariamente el interés de cuantos los
presencian y hacen nacer en ellos el afan por conocer
sus causas y las leyes por que se rigen. C:xponer las
unas y explicar las otras, he aquí el objeto de la obra
del ilustre físico francés M. Guillemin. Pero en libros
de esta índole en que se trata de materias esencialmente científicas, existe una dificultad que no todos los autores saben vencer, ·y es la de poner los conocimientos
al alcance de todas las inteligencias. Vulgarizar la ciencia, hacer que sea patrimonio de todo el mundo, he
aquí la mayor gloria del que habiendo llegado á dominarla siente el deseo de comunicarla á los demás.
Bien puede afirmarse que nadie mejor que Guillemin ha conseguido tan loable objeto: su libro contiene
la última palabra de la ciencia física; nada falta en él
de lo que con los fenómenos de la naturaleza se rela·
ciona, y sin embargo, aun los menos versados en estas
materias comprenden perfectamente lo que en otros libros encontraran ininteligible y ven desvanecerse todas
las dudas que la contemplación de hechos extraños y
sorprendentes hiciera surgir en su mente.
El péndulo, la balanza, la prensa hidráulica, los po·
zos artesianos, las bombas, la navegación aérea y cuan·
to con la gravitación y la gravedad' se relaciona; la acús·
tica, los instrumentos músicos y demás aplicaciones de
la teoria del sonido; la 1uz coa todas sus aplicaciones,
tales como los faros, el microscopio, el telescopio, la
fotografia, el heliograbado, etc.; el calor, el magnetismo y la electricidad, ·con la brí1jula, el telégrafo, el mi·
crófono, el alumbrado eléctrico, la galvanoplastia, los
pararrayos y el teléfono, asi como las máquinas indus·
triales de vapor, los ferrocarriles, la navegación, y fi.
nalmeate la meteorología con sus terribles manifestaciones de las fuerzas de la naturaleza, terremotos, hu·
racanes, erupciones volcánicas, glaciares, tempestades,
corrientes maritimas, etc., tales son las materias de que
la obra se ocupa en la forma más amena que imaginarse
pueda. Y al interés excepcional del texto júntase el que
le prestan los innumerables y preciosos grabados que
lo ilustran y que contribuyen á hacerlo comprensible,
especialmente para la mayoría de los lectores que lejos
de los grandes centros no tienen ocasión de contemplar
esas máquinas, esos novísimos y admirables aparates

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LA SAGRADA BIBLIA
EDICI ÓN ECONÓMI CA ILU STR A D A

EAl!.L6§ MAit!A 6éANT6§
notabie y dlstihguÍtltl fü:M:lisla boiiñerense

LA SAGRADA BIBLIA, por D . Félix Torres Amat. Con razón se llama á la BIBLIA el libro de la humanidad, libro en el cual han estudiado los sabios y se han
inspirado los poetas y los artistas de todas las edades,
libro con cuya lectura los débiles se fortalecen y se con·
suelan los afligidos. La BrnLIA es en el hogar doméstico la presencia del espíritu de Dios el\ el seno de la fami ·
lia. Por esto es el libro único en el número y variedad de
sus reproducciones y por esto realiza una obra meritoria todo el que contribuye á propagarlo, y la realiza en
mayor grado el que publica una nueva edición en condiciones que la hagan más asequible por su precio y
más agrabable á la vista por las condiciones materiales
de la misma.
La edición económica publicada por esta casa edito•
rial llena cumplidamente estos fines; pues á un ínfimo
precio une la cualidad de ir ilustrada con más de mil
grabados y cuarenta láminas sueltas.
Respecto de la ortodoxia de esta edición, la garantiian por completo no sólo el ser debida la traducción al
sabio obispo de Astorga D. Félix Torres Amat, sino
el haber estndo sometida la edición á la censura eclesiástica de persona tan competente é ilustrada como el
Rdo. Doctor D. José Ildefonso Gatell, cura párroco de
la parroquia mayor de Santa Ana. Esta edición lleva
además del texto castellano el texto latino completo.
La Sagrada Biblia, edición económica, forma tres ,·o·
luminosos tomos lujosamente encuadernados, que se
venden al precio de 40 pesetas. También se admiten sus·
cripciones por cuadernos á dos reales uno, repartiéndose gratis las 40 láminas.
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                    <text>aitrtaC100
Ftí~t1ea
A~o XII

_ _ _ _ _ _ _.,_

BARCELONA 16 DE OCTUBRE DE 1893

.,:--:. -

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DUQUE ALEJO

NÚM. 616

.. ~',

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EL GRAN

.,. _ _ __ _ __

'

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A LEJANDROV IT CH

Almirante general, gran maestre de la marina rusa

EL ALMIRANTE AVELANE

Comandante en jefe de la escuadra

EL CAPITÁN DE NAVÍO TCHOUKHNI:,E

Comandante del Pamiat Azova

Los jefes de la escuadra rusa que se encuentra actualmente en el puerto de Tol6n

�LA

Texto. - Verdades y !mentiras, por R. Balsa de la Vega. fa11la de oro (novela rápida), por Alejandro Larrubiera. El arte en T11rquía, por John P. Peters. - Miscelá11ea. f!uestros grabados. - Una francesa en elpolo Norte (continua·
c1ón) por Pedro Mael, con ilustraciones de Alfredo París SKCCION CIENTÍFICA: Los faros flotantes. - La combustión
si1Nim110. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
editores.
Grabados. -E/gran d11que Alejo Aleja11drovitch, el a/mi·
rante Avelane y el capitán de navío Tcho11kh11ine, jefes de la
escuadra rusa que se encuentra actualmente en el puerto de
Tolón. - La carta, cuadro de Jan van Beers. - Retrato de Maria Anto11ieta, pintado por la señora Vigée-Lebrun. - El pintor y arqueólogo turco Hamdy Bey. - El kiosco Chilini en
Comtanti11opla; Sarcófago griego; Sarcófago sirio-griego; El
sarcófago de Alejandro descubierto en Sidón, existentes en el
Museo imperial de Constantinopla. -Las dos novias, ~uadro
de José Weiser. -La boda del torero, cuadro de Salvador
Viniegra. - Fig. 1. Almuerzo en el observatorio del faro flotante Rtf.)'tingm. - Fig. 2. El faro flotante R11ytingm. - San·
ta Teresa de .fesrls, cuadro de Eugenio Gimeno Regnier.

VERDADES Y MENTIRAS
Verdades y mentiras titulo esta sección, en la cual
hace tiempo que vengo exponiendo cuantas de las
primeras y de las segundas creo encontrar en el análisis que mensualmente hago en estas columnas de
las ideas estéticas y de las manifestaciones artísticas
modernas. No sé si cuadrará el título de esta sección
á lo que hoy quiero decir; pero si acaso los asiduos
lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA encontraran que, en efecto, no se compaginan gran cosa el citado epígrafe y lo que por virtud de una especial y
momentánea disposición de mi animo, poco afecto
ciertamente á pasearse por los espacios infinitos de
la fantasía, voy á escribir, desde luego les suplico un
total perdón por el engaño, pues á sabiendas lo come·
to. Por lo tanto, diré lo que el autor de El Diablo
Mundo á sus lectores con motivo de su Canto d Te-.
resa: «Sáltelo el que no quiera leerlo.»

*

* *
Descendí del ómnibus frente á la cátedra abulense,
sería cosa de las diez escasas de la noche. Desapare·
ció el incómodo vehículo por una de las estrechas y
solitarias calles, y al perderse á lo lejos los ecos últi·
mos del gemir de la destartalada diligencia y·de los
cascabeles de los caballos, el silencio se hizo y me
envolvió cual si fuese impalpable sudario.
En el hueco de la puerta del hotel quedé absorto
y como aturdido mirando cómo se perdían en las ne·
gruras del tormentoso cielo las rectas y duras líneas
de la catedral y de las casas solariegas que la rodean.
En mis oídos todavía vibraban, martillándome el cráneo,· los mil ruidos y voces discordantes sin ilación
alguna que ponen fiebre en el alma y en el cuerpo,
en estas capitales modernas, cuando el tañido ronco
de una campana tocando á cubrefuego, cual si fuese
la violenta bocanada de viento huracanado que arrebata las hojas y descaaja la arboleda, así limpió mi
cerebro de confusiones y mis atormentados oídos de
fenómenos acústicos. Medí entonces ·1a grandeza del
solitario reposo en que vive Avila, y á la memoria
me vinieron aquellos versos del Tasso que comienzan:
Ecco fra le tempesteé i fieri venti ...

pues si azarosa fué la vida del autor de L' Aminta,
como la de ca_si todos los grandes poetas y artistas
de aquellos tiempos, no lo es menos la del hijo del
siglo que tiene por campo de su actividad los centros
de la vida de este último tercio de la centuria actual.
Del vértigo pasé en un momento al reposo absoluto. Los muros de las casas repetían el gólpe seco
y rápido de mis.pasos. Recorrí la ciudad de los Ca·
bal/eros en una hora, sin que en el decurso de ella
encontrase una persona. Unicarnente, allá, bajo los
soportales del Mercado grande, la vista de alguno
que otro paseante hacía desvanecerse la idea de que
Avíla estuviera desierta.

Con un cinturón de piedra se rodea la ciudad de
Avila, como si de este modo pretendiera aislarse del
vital aliento de la vida moderna, que para ella fué
aliento mortal. Y así aislada, Avila tiene el encanto
melancólico, más que melancólico, doloroso, con que
se ofrecen á la contemplación del historiador, del
poeta ó del artista, las grandezas que fueron.

1Lus1'RActóN ARrfsrtcA

Recorriendo sus calles, á cada paso se produce en
el ánimo esa sensación triste de que hablo. Ya es la
catedral, por Quadrado adjetivada de belicosa, por su
guerrera arquitectura, y bajo cuyas bóvedas se casó
Juan II de Castilla, y le fué impuesto el hábito de
Santiago al célebre favorito D. Alvaro de Luna, y se
reunieron en distintas ocasiones, ya los nobles que
habían de realizar aquel acto de rebeldía contra Enrique IV - por la historia conocido por la farsa de
Avila, - ya los comuneros cuyas cabezas debían rodar
en ominoso patíbulo; bien la casa-fuente de los Dávilas, con sus blasones esculpidos en granito, ostentando divisas dictadas por el orgullo del poderío alcanzado por sus nobles poseedores; ora la basílica
de San Vicente, levantada, seg·ún tradición, en el
mismo lugar qué el mártir y sus santas hermanas
regaron con su sangre, - basílica que recuerda á Fernando el Santo; - ·bien la formidable puerta del Alcázar, con sus dos cubos de berroqueña y sus no me·
nos formidables matacanes y barbacana; ó la calle
de Pedro Ddvila, ostentando la imponente, severa y
elegante mole de casa solariega llamada de Medinaceli, con su almenada torre; ora el Palacio Polentinos, cuyos puerta y claustro son de exquisito gusto
del italiano renacimiento.
Pero cuando la sensación dolorosa que evoca la
vista de tanto poderío ya desaparecido llega á dominar por completo al visitante, es cuando éste atraviesa las solitarias calles por la noche, á la luz de la
luna. Los edificios desmochados parecen reconstruirse; y si por acaso ve cómo se abre la puerta de alguna vivienda y se desliza á lo largo de la calle y por
la sombra al que acaba de abandonar aquella casa,
perdiéndole de vista al cabo, envuelto en las tinieblas, creyérase todavía en días en que, repleta Avila
de magnates tan levantiscos como enamorados, estaba en el apogeo de su esplendor. La realidad viene
al fin á desvanecer impíamente tan soberano sueño
de artista; y lo desvanece del modo más trágico, más
terrible que imaginarse puede, del mismo modo que
á D. Félix de Montemar sus ansias de enamorado,
mostrándole de la tapada dama la espantosa mueca
de la calavera que aquél soñaba celestial belleza. El
más ligero ruido se le figura al nocturno visitante
crujir de celosía por donde quizás asome la faz la
mujer siempre vista en sueños; y al alzar los ojos pa·
ra columbrarle el rostro, solamente mira los anchos
ventanales, al trav.és de los que se advierte el centellear de las estrellas, y como inundándolos la luna
semejan los ojos sin luz del ciego vueltos al cielo en
un momento de amargura; y aun se creyera á la grieta que del alféizar baja á perderse en el espeso muro
lágrima allí cristalizada.

Para templar las grandes exaltaciones nerviosas,
esos desequilibrios constantes que acometen cuerpo
y espíritu y que al cabo suelen, más á menudo de lo
que creen las gentes, llevar á quien los sufren al manicomio ó al limbo de la imbecilidad y de continuo
á la más desconsoladora de las indiferencias, mal este último de que adolece la generación actual, es un
sedante, un lenitivo la contemplación de ciudades
que, como Avila, á las bellezas artísticas de otros siglos, por otras ideas y sentimientos creadas, une la
mística quietud, el reposo que va aparejado á la resignación y al respetuoso cariño, al recuerdo de glorias, si desvanecidas para siempre, no por eso menos
grandes ni menos honrosas.
Cada edificio, cada estatua, cada almena, cada calle, cada iglesia trae á la memoria hechos, cosas y
personas que significan en la historia política, religiosa, social é intelectual y artística de la patria un paso dado hacia adelante, el jalón de las nuevas insti·
tuciones jurídicas, la iniciación de un nuevo estado
político, la idea de nuevos derechos que columbraron genios ignorados unos, reverenciados otros, combatidos los más. Contemplando ciudades como Avila se advierte cómo llega hasta el fondo del alma brisa consoladora de fe, cómo aquélla se eleva hasta las
regiones donde solamente dominan las fuerzas morales é intelectivas, y cómo acalladas las pasiones que
se despiertan en la lucha diaria por la vida, no por
las ideas, se revela nuestro ser inteligente con relieve
salientfsimo, tocado por las altas virtudes que emanan exclusivamente del yo moral.
Si el creyente se anega en abstracciones del dog·
ma y con fervor cristiano admira extático aquellas
pintadas vidrieras de la catedral, y discurre con religioso recogimiento bajo las altas y ojivales bóvedas,
y siente escalofríos de entusiasmo al escuchar la salmodia litúrgica que repercute en los más obscuros
y apartados ángulos del templo, y se postra de hinojos ante el sepulcro de San Vicente que guarda la románica basílica en honor del mártir elevada, y cree

NúMERO

616

escuchar cómo tañen sus arpas y laúdes los bienaventurados cuando el órgano lanza sus notas, aquel
á quien las creencias religiosas no alcanzaron á dominar lo suficiente para obligarle á hincar la rodilla
ante el santo, ante el sepulcro del mártir, ante la
cruz, no con menos fervor, no con menos entusiasmo y sintiendo también el escalofrío de .lD sublime,
admira, ya las pintadas vidrieras donde en mística
composiciórr reprodujeron los artífices y artistas de
la Edad media y de comienzos del Renacimiento escenas piadosas, ya las altas y elegantes bóvedas que
cruzan sutiles y complicados nervios de piedra, bien
la iconíctica portada de San Vicente, bien la imagen
de San Segundo ó el místico y sombrío carácter de
las románicas iglesias que guarda dentro de sus ciclópeos muros la adusta y solitaria Avila.
Para el que, exento de fe católica y buscando tregua en la lucha diaria, va á ciudades como la de los
Caballeros, con el propósito de espaciar el ánimo,
apartándole momentáneamente del vigilante cuidado
á que está sujeto en esta guerra sin término, donde
no se guerrea con espada y á pecho descubierto y por
abrir paso á grandes ideas, sino con puñal y defendido el estómago con la coraza del egoísmo, es indudable que encontrará en los recuerdos que de otros
siglos existen en aquéllas, motivo sin cuento para que
espíritu é inteligencia, sentimiento y fantasía, remonten el vuelo á las regiones serenas de la Historia, de
la Filosofía, del Arte de la ciencia misma, abarcando
en conjunto el concepto moral de las sociedades cultas. Para el que cree, para el que mira en la lucerna
circular del templo románico ó en sus estrechos ajimeces ó en los agudos ventanales de la iglesia gótica, el ojo parpadeante y temeroso de los profetas, y
allá en el parteluz del pórtico, la severa imagen de
Cristo ó del Eterno, estas ciudades tienen el encanto
de la fascinación.

***
Bellas son las estatuas orantes y yacentes que guardan las iglesias de Avila; pero de las primeras tres no
acertara á decir cuál es la mejor; de las segundas no
hay disputa en declarar soberana á la del príncipe
D. Juan, hijo de los Reyes Católicos, y existente en
la suntuosa iglesia del convento de Santo Tomás, extramuros de la ciudad.
En el mismo templo que el hermano de Juana la
Loca duerme el sueño de la muerte un hombre un
fraile, á quien defienden y censur~n todavía las gentes con ardor; pero he de significar, sin embargo, que
sus mismos hermanos de religión, acaso pretendiendo
tender un espeso velo sobre la memoria del fraile de
que hablo, y quizás pensando en que algún día pueda quedar olvidada su sepultura, taparon con gruesa
tarima la lápida que cubre los huesos del primer inquisidor general, de Torquemada.
Tras la capilla mayor de la catedral hállase el enterramiento del célebre Tostado. De riquísimo ala~astro y de más rica y exquisita talla es el retablo que
sirve de fondo á la sedente estatua del sabio pacientísimo obispo escritor. No sé á punto fijo quién fué
el artista que trazó y esculpió esta obra preciosa que
tanto se parece en lineas y buen gusto á los altares de
San Segundo y Santa Lucía, existentes también en la
catedral, y al ·famoso retablo de alabastro, como los
citados, que es adorno insustituible de la sacristía.
Para mí tengo que los escultores que esculpieron la
efigie del Tostado y los altos y bajos relieves de los
retablos dichos, ó no eran españoles, ó si lo eran habíanse venido de Italia sin parar mientes en ningún
otro arte. Aún recuerdo la figura de un Profeta y un
medallón con tres cabezas de mujer, partes, medallón
y figura del altar de la sacristía, que parecen modelados por discípulos de Miguel Angel y de Rafael. Sobre
todas una de las femeniles testas del medallón parece copia de la cabeza de la Virgen por el de Urbino
pintada en La P erla. Por lo demás, estas obras de
arte del Renacimiento tienen bien poco de místicas.
Pero volviendo á las estatuas sepulcrales, la orante
de San Segundo, ?bra del famoso Berruguete, es verdaderamente admirable. Aparte ya de la amplitud un
tanto b~rroca, pero _de majestuosísima línea y de
traza bnosa, del conJunto de la estatua del moví.
.
'
miento ma1estuoso de toda ella, la cabeza del Santo
no creo que pueda e~culpirse hoy, que tanto se habla
y se vocea el naturalismo.
Y si esta estatua es una de las obras maestras del
egregio discípulo de Miguel Angel, y tal admiración
me causó, las de los esposos Velasques, ampliadores
del templo ,d~l convento de San José, primero que
fundó la m1stica doctora de Avila Santa Teresa, por
su carácter, por su traza, por la corrección exquisita
de sus líneas y por la fidelidad con que parecen estar
retratados ambos ~onsortes, •son otras dos joyas que
deberían reproducirse en yeso y figurar los vaciados

NúMERO 616

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en nuestro ya soberbio museo de reproducciones.
La cabeza del caballero parece
esculpida por un Theothocopul i
escultor. Aquella severidad de Jí.
neas, aquella severísima gravedad de
la aguileña cara; aquel cráneo de
hundidas sienes alzándose sobre la
descomunal y primorosamente rizada gola; aquellas manos descarnadas
y finas, y en la dama (no por cierto
de gran belleza) los amplios pliegues del manto, la exquisita y sencilla disposición de los paños y el
redondo y mórbido •pecho cuyas
blanduras se presienten al través de
la labrada cotilla del justillo, son
cosas todas que asombran, que dejan admirado á quien como yo por
primera vez veía tales joyas de nuestro arte escultórico.
Porque, indudablemente, estas
estatuas están esculpidas en España
y por un artista castellano. Ningún
otro, no ya de extranjera nación, ni
de otra región de la península que
la castellana, podía esculpir y sentir
con tal verdad, con tanto sentido
estético y al propio tiempo del medio natural y de raza, estatuas semejantes. Y contemplando estas obras,
volvíame un ovillo para encontrar la
razón del porqué no se hace por
C]Uien puede y debe hacerlo un amplio y concienzudo estudio de toda
la obra escultórica nacional, en gran
parte desconocida, y se trata de recabar para España el puesto que de
derecho le corresponde en la historia del arte de la estatuaria.
Mimbres y tiempo me faltan; que
de no faltarme tiempo y mimbres y
aun teniendo en cuenta mi insuficiencia, algo intentaría.

- Pero ¿te has vuelto tartaja
hombre?.. .
- No... , no ... Te vas á reir de mí,
y lo que tengo que decirte es mu
formal... ¡Por estas!.. (Aquí un beso
eri el centro de los dos índices unidos en forma de cruz.)
-Habla.
-Ahí va...
Y el muchacho, rojo como la
amapola y cual si la frase que iba á
balbucir encerrase un mundo de angustia y afán amoroso, dijo acercándose aún más á la interlocutora y
así, con los ojos que parecían acariciar á los que le interrogaban, no
muy desdeñosamente:
- ¿Quieres ser mi novia?..
Precedió una pausa. Angeles quedóse mirando de hito en hito al
aprendiz. Reflejó en sus pupilas una
alegría de satisfacción: coloreáronse sus mejillas. Cerraron sus labios
de clavellina la pausa con un «Sí»
que cayó en los oídos de Nicasio
como eco de una nota dulcísima.
¡Por vez primera supuso el rapaz
que el cielo y la tierra sonreíanle su
dicha!..
III

***
Vean ahora mis lectores si me he
mecido mucho tiempo en las regiones de la fantasía. Comencé soñando y concluyo despierto. Creí que
iba á contarles un cuento de caballería,· con castellanas y donceles, y
termino describiendo esta t uas y
monumentos en estilo mondo y lirondo.
R. BALSA DE LA VEGA
• .,.,,,.1,••,1•,1••,r•,1•,,,.,,•• ,.,,.,,,.,,.,, , ••••••,., ••,,,.,,.,,,••••••••••·•••••¡•,,.,

JAULA DE ORO
(NOVELA R.&lt;\PIDA)
La historia que voy á contarte,
vida mía, es una de tantas vulgarfl&gt;imas que tienen su génesis en el
arroyo. Haz porque en el pabellón
de tus oídos no caigan mis palabras
como ecos de una charla más ó menos lírica. Atiende:
I
Nació la heroína en una casa de
los barrios bajos, colmena en que
zumban sus penas y alegrías las más pobres abejas
de la humanidad, gente artesana que vive en las
estrecheces de los cuartuchos que fabricó la avaricia de los ricos... Ya ves que Angeles - se llama así
la protagonista - no nació en un palacio ni mucho
menos. Tuvo por cuna la que sirvió á un sinnúmero
de chicuelos que la precedieron en eso de despertar
al mundo ... Creció la rapaza: fué dueña de contados
j~guetes, do~ ó tres muñecas de trapo, cacharritos,
cmtas y cachivaches mercados en la feria, regalo uuos
de (( manía»y otros de la madrina seilá Rosa, mujer
de rumbo y dueña de una afamada frutería ... Caricias y mimos tuvo la chicuela, que en eso son pródigas las madres. «Papá» y los grandullones de los
hermanos equilibraban las dulzuras con el amargor
del trato suyo: pegaban con ella - la más ingeniosa
de la casa - el mal genio adquirido en la taberna ó
en el taller ... Aprendió la mocosa secretos del vivir
que no son para dichos: la mayoría en el arroyo, el
resto en el hogar: fueron sus maestros de picardía
los ganapanes y granujillas del barrio... En la escuela no adquirió Angeles conocimientos de monta: leer

tA éARTA, cuadro de j an van Beers, grabado por RuUe

á trompicone,, escribir garrap1tos sin pizca de orto·
grafía, ~acer ~abores, y en materia geográfica saber
que la tierra tiene la forma de una naranja y que Es·
p1ña no está en Marruecos... , y pare usted de contar.
Esto y una superficial idea de historia sagrada, y cata educada á una futura madre de familia.

II
Angeles, vida mía, tuvo una emoción vivísima cierta tarde en que un chiquilicuatro de la vecindad,
aprendiz de ebanista por más señas la dijo (supongamos el diálogo):
'
- Chica, ¿sabes una cosa?
- ¿Cudla?

- Que me gustas mucho.
- ¿De veritas? ( Así con sorna.)
- ¡Ya lo creo, mujer! Eres la 111ar de guapa y paeces ya una presona formal.
- Y ¿á qué viene el decirme eso?..
- Pu~s ahí verás tú ... (Pausa.) La verdá, yo te~fa
que decirte una cosa mu grande,., Vamos, yo quería
que tú... Eso,

No; no podían saber aquellos dos
niños lo que significa y vale ((amor,})
esa palabra tan eufónica, base de
todas las heroicidades y extravíos de
los humanos... Nicasio considerábase feliz, cada día más; emborrachábase de ilusiones y su Angeles era la
hada que constantemente canturreaba en torno suyo una canción sublime que él no sabía definir ni comprender. ¿Qué había de saber de
estas sublimidades un aprendiz de
ebanista?.. Lo sentía, eso sf, allá en
lo hondo del pecho... Angeles, después de Dios, de la Virgen del Carmen y su madre la buena seiíd Paca, era lo que el rapaz más quería, y
á veces s~s amores todos los relegaba al olvido: el recuerdo de su novia
apoderábase del cerebro suyo, no
muy gastado en sentir ni discurrir
efectos psíquicos, y el caballero de
blusa padecía melancólicas somnolencias; su desconocimiento de las
vicisitudes de la vida, su atroz ignorancia de lo divino y humano coad•
yuvaban como obreros diligentes
i construir la más deliciosa de
las fantasías ... Andando el tiempo,
cu~ndo «saliese» de quintas, él, Nicasio, se casaría con Angeles. .. Y
¡qué boda iban á hacer ellos, Dios
santo!.. Formaría época en los fastos ~e la calle... Para tales gollerías
y luJos en el casorio, Nicasio trabajaría en el taller á destajo, y en
Yez de meterse corno tantos otros á
borrachín ó á dilapidar los ahorros
en vicios, ¡nada!, se compraría una
una hucha y céntimo á céntimo cada céntimo representando una
gota de sudor, muchas privaciones
y mayor número de esperanzas - reuniría cuatro ó
cinco mil reales, ¡un fortunón para quien en su vida
vió juntos cien duros! .. Vivirían él y su Angeles como
unos señores; solitos, queriéndose muchísimo.,. El
prometíase no andar á la bribia, ni como señor Pedro, el oficial de la ebanistería, haríale el diablo ensayar la solfa en las espaldas de su mujer... Mucho
cariño, algo de mimo y á vivir en sapta paz, criando
los hijos con el producto del trabajo... ¿Qué más puede apetecer un hombre sino !)aSar su existencia lo
más feliz posible y copiar iíwdía y o'.ro, siempre igual
y ajustándose á la tradic~ón, la vida de la clase proletaria?..
·
¿Y Angeles?.. Sus suei).os no era esos: gustábale sí
alardear de su amorío; pero ¡ay! aquel Nicasio - un
pedazo de pan - .no eta ni con mucho lo que ella ¡ambiciosa! creía merei;erse... ¡Bonito porvenir el que la
esperaba casándose con un «chico de oficio,» que á
lo que más podía aspirar era á ser oficial y cobrar á
diario como mdximttm cinco ó seis pesetas! Y esto
después de muchos años, cuando Lucina convirtiese
el perfilamiento señoril de Angeles en contorno de

�668

LA

comadre... Cuando una caterva de chicuelos propios
la rodeasen... Pasar trabajos y fatigas, y luego ¿qué?
Ser la sefíá Fulana, la vecina del corredor, la mujer
del ebanista: he aquí todas las pragmáticas que en lo
porvenir disfrutaría en su casorio con aquel pobre de
«Nisio» - como ella le llamaba, - un buen hombre
¿quién lo duda?, pero que con su hombría de bien
nunca realizaría los ambiciosos sueños de lujos, placeres y consideración social fantaseados por Angeles
desde el punto y hora en que pudo apreciar que las
muchachas guapas pueden ser ó no felicísimas según
que elijan un pobre ó un rico. Esto ya es un cálculo
mercantil... Y cuando la mujer discurre en materia
de contabilidad, su lógica irrefutable es axiomática.
IV
Ser bonita y no ir con arreos de lujo es para la $O·
ciedad ser bonita á medias: parece que la tela grosera y el empaque modesto retraen las miradas; en
cambio, las que lucen trajes de rica estofa, alhajas é
imperdibles, son contempladas con avidez ansiosa y
un continuo moscardeo de elogios zumba agradablemente en su derredor... A las que no pueden lucir
más que un rostro bonito ¡nada!, si acaso un brutal
chicoleo de estudiantillo ó menestral... Demás de esto, que modifica el exagerado amor propio de las hijas del pueblo, Madrid es una tentación perpetua,
un peligro inminente para la que carece de fuerza de
voluntad necesaria para mantenerse dentro de la esfera en que la encajó la suerte... ¡Cuántas veces, vida
mía, tú y yo hemos podido observar á una joven de
pañuelo ó velo á la cabeza, parada delante de los escaparates de las tiendas de lujo, mirando con ojos codiciosos los muestrarios de pedrería, sedas y artículos
impuestos por la moda!.. Esas vitrinas semejan cajas
de joyas malditas que Mefistófeles ofrece á cambio
de su virtud á esas Margaritas anónimas, no taninocentes ni amantes como la del inmortal poema de
Goethe... Angeles sentía atracciones y desvanecimientos al analizar lo que la caprichosa fantasía ofrece á los ricos... Presentía en todo aquello un Fausto,
y el recuerdo- de Nisio - el probrete Nisio - era en
tales horas una protesta henchida de odio, algo de Jo
que murmuraría - á ser posible - una mariposa de
irisadas alas si de pronto una fuerza misteriosa le
arrancase aquellas bellas partes de su cuerpo y éste
quedase convertido en sombrío corselete de la átropos, la mariposa de «cabeza de muerto... » ¡Nunca tal
profanación!.. Angeles no la consentiría: quería ser
mariposa brillante, y á realzar su hermosura tendían
todas sus aspiraciones... Por Nisio sentía lástima,
porque el tal era un alma de Dios, pero su conmiseración no la llevaría á cometer la tontuna de casarse con él... ¡'Bah! ¿Era acaso ella la única muchacha
que por conveniencia propia enviaba enhoramala á
su primer novio?..

V
Nunca experimentó Nisio mayor angustia que
cuando hubo de presentársele hecha una fiera la madre de Angeles, demandándole cuenta del sitio en
que se encontraba su hija ... El ebanista, al pronto,
imaginó que su futura suegra había perdido el magín.
¿Preguntarle así y en tales modos el paradero de Angeles?.. ¡Virgen! ¿Y qu~ se creía aquella mujer?.. Si
Angeles habíase despedido de él contadas horas hacía... Por más señas, después ~el «Adiós, hasta mañana» de rúbrica, la moza enfiló calle ariba del hogar paterno... Ahí todo lo que Nisio sabía... Reflej~
ba tal acento de verdad su narración, que la madre de
Angeles, asiendo· de la blusa al jovenzuelo y zarandeándole, impulsada par aquella rabia sorda, desencadenada por todo su organismo, barboteó con pala-·
bras sibilantes, mientras que los ojos enrojecidos por
un gran lloro flameaban:
- ¡Lo que tú dices, Nisio, es el evangelio!.. Mucha
verdá, hijo mío... Tú eres demasiado güeno pa b urlarte así de ese modo de una madre... Tú no sabes,
rapaz, lo que yo sufro... Mi hombre quiere matarme;
dice que yo tengo la culpa de que se haya marchao
Angeles... ¡Yo! ¡Calcula!.. Y lloraba ya de pena, esperando que tú el día menos sabía con el aquel de la
boda la desapartases demi lao... ¡Yo tener la culpa!..
¡Yo!.:
.
Y repetía la infeliz aquel «yo» desesperante, mientras que Nisio, pálido, las manos metidas en los bolsillos de la blusa, escuchaba todo tembloroso aquel
discurso ilógico en la expresión, aquella protesta
que tocaba en su alma á punta de lanza, rasgando
cendales de ilusión y escapándose por entre sus girones una á. una con velocidad asombrosa el cúmulo
de dichas encerradas... La madre evitó el borbotón
de palabras con un sollozo, digno punto final del
exordio de su charla... Luego, con más energía, ha-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

blando casi á gritos, .gesticulando, sin importársele
nada el sitio del arroyo que había escogido para sus
confidencias, prosiguió:
- Ya, ya adivino Nisio lo que ha pasao... Mi Angeles ¡gran bobo! no te quería á ti, ¿sabes?.. ¡Ni te ha
querido nunca!.. ¿qué había de quererte?.. Sus cariños los fingía en el barrio pa disimular, ¿oyes?.. ¡La
muy endina!.. Yo, yo misma he creía que mi hija te
tenía mucho afeto... Ahora, ahora que sé que tú iznoras too, recuerdo que muchas veces suspiraba por
ir á casa de su madrina, ya sabes quién es, la que tié
el puesto de fruta en la calle del Carmen: una tienda
la mar de lujosa y en donde compra género la gente
de campanillas... Se había aficionao mi Angeles á ir
muy pulida y lujosa, como si fuera hija de unos marqueses... ¡Ya tú ves... habiendo nacía en la pobreza
nuestra, tales fantesías!.. ¡Si te digo que en la frutería
algún señorito la ha encalabrinao los cascos! y... ¡Dios
mío, áestas horas!.. No, no debe ser... ¿Verdá tú que
ella no será tan creminal pa con sus padres?.. Nosotros que la hemos enseñao á ser mujer de bien como la que más ... ¿No es eso, Nisio?.. Tú nos conoces... ¡Virgen del Amparo, qué desgracia! .. ¿Dónde
estará esa muchacha?... ¿Qué habrá pasao?.. ¡Nisio,
Nisio, hijo mío! ¡Qué más hubiéramos quería los de
la familia que tú te hubieras casao con «ella,» que era
de tu igual! Naide hubiere dicho ni palabra; pero,
ahora, too el barrio la traerá 'en lenguas... ¡A mi hija!..
¡¡A mi Angeles!!.. ¡Infame!.. ¡¡¡Mala hija!!!... ¡No sé
cómo no me muero de vergüenza!.. ¡Ay, Virgen mía
del Carmen!..
Y la madre de Angeles, febricitante, loca, caído el
pañolejo que cubría sus canas, y éstas azotadas por
el aire, rompió á llorar en tanto el hipo de su desconsuelo entrecortaba los sollozos. Pálido, tembloroso,
mudo, fija la vista en el suelo, Nisio acercóse instintivamente la siniestra mano allí junto al corazón que,
como un preso rabioso, golpeteaba las paredes de su
estrechísima cárcel.
- Señá Patro, vamos á buscar á Angeles, fué lo
único que se le ocurrió decir á Nisio en medio de la
estupidez moral en que Je había sumido la noticia.
-¿Y dónde?, preguntó la madre refregándose los
ojos con el reverso de la manga y mirando esperanzada al jovenzuelo.
-A la frutería.

***

NúMERO 616
Y bueno será, vida mía, que aquí yo, sin ser mago
ó adivino, sino valiéndome de los privilegios concedidos á quien narra historias, novelas ó cuentos, te
haga notar que en aquella tarde bulliciosa vibró una
nota sombría, en la que nadie (á no ser quien hubo
de sufrir su eco) paró mientes: uno de tantos dramas
inadvertidos que se desarrollan en torno nuestro...
La protagonista de éste lo fué Angeles.
Tu intuición femenil habrá ya adivinado la triste
odisea que por el ambicioso afán de lujo y regalo
hubo de recorrer Angeles, una de aquellas cortesanas que en el corro de los señoritos divertía á éstos
fingiendo divertirse.
Al ver á Nisio sintió quebrársele el hilillo de su
ficticia alegría, enmudecieron sus labios, púsose pálida, tembló, y antes que advirtieran los demás el cambio, pidió como gracia á su dueño que la libertase de
estar en aquel sitio, porque se sentía indispuesta.
Pocos minutos más tarde Angeles, á solas en su
gabinetito, digno de una reina - y ella lo era de la
voluptuosidad - lloraba amargamente. El origen del
lloro estabá en la escena de plácida ventura que la
casualidad puso ante sus ojos en el vivero aquella
tarde... Nisio, loco de contento como un marido feliclsimo: su mujer sonriendo su dicha, saboreándola,
por así decirlo, y enorgulleciéndose de que los demás
convidados coreasen alegremente aquel placer buyo
tan sencillo como legítimo... ¡Ah, Angeles podría haberle experimentado!.. ¡Maldito afán de lucimiento!
¡Malditos lujos de joyas y galas así conquistados!..
¡Malditos vestidos y cintajos que al ceñirse al cuerpo
¡hermoso esclavo!, parecen trocarse en inompibles
cadenas que merman el propio albedrío!.. ¿Y para
qué el lujo y para qué el lucimiento?.. Para revolverse muerta de hastío en una jaula de oro, que si en
un principio deslumbra y atrae, luego sus barrotes
imposibilitan el considerarse libre... Nada de ca.razón, nada de sentimiento puede tener la esclava tan
espléndidamente recluída para que pregone la liberalidad de su señor.
- ¡Ah, Dios mío!, debió pensar Angeles, cuando
calmada del paroxismo de dolor y remordimiento
sintiese la nostalgia del bien perdido, si pobre en la
forma, rico en el fondo de afectos y ternuras: ¿y para
servir de vilipendio deshonré el nombre de rµis padres, fuí perjura y soñé que á las mujeres les bastaba
ir lujosas para que el mundo entero las rinda pleitesía?.. ¡Qué locuras ambicionamos las pobres!.. Luego, cuando se conquistan, como yo he conquistado,
tales lujos, notamos ya tarde que la consideración social se obtiene por la educación, el pudor y el rango... ¡Precisamente lo que nosotras no poseemos!..

Las únicas noticias que &lt;lió la madrina respecto de
Angeles fueron ineficaces... La frutera no sabía nada
de nadie; únicamente habíase fijado en que desde
hacía poco tiempo un señorón muy rico iba con asiduidad á la tienda y gustaba de charlotear con Angeles.
Concluí la historfa, amada mía. H az tú el comenNada más.
tario que gustes... Para relatos parecidos á este, únicamente la mujer sabe resumir su fin moral en una
EPÍLOGO
frase...
De seguro, amada mía, que anhelas ya conocer el
desenlace de esta historia... No te impacientes: ya
toca á su fin.
Cinco ó seis años transcurrieron sin tener Nisio
noticias de Angeles, y en este plazo... ¿á qué pintarte
un héroe novelesco ni á qué mentir románticamente, si el héroe y la novela son realidades que á diario se ofrecen á nuestra vista?.. Nisio sin olvidar
aquel primer amor - la página más hermosa en el
prosaico libro de su existencia - llegó á sentir enamoricamientos hacia otra muchachita llamada Rosario (que bien será ofrecértela, si no tan hermosa de
cuerpo,..más bella de alma que su predecewra en los
amores de Nisio).
Ello es - y así ocurre en este tnuñdo sublunar para
descontentamiento de los que andan á caza de sublimes martirios é idealidades - que cierto sábado en
que el cielo ofrecíase tan risueño como el afán amoroso de Nisio, éste y Rosario escucharon la famosa
epístola.
Días después, los padres de la novia, que padecían
monomanía por eso de organizar bullangas y huelgas
campestres, idearon merendar en unión de sus hijos
allá en el vivero á la sombra de un corpulento arbus~
to en cuyo tronco los cortaplumas de unos cuantos
novios melancól~cos grabaron en la corteza iniciales,
nombres y fechas que pregonasen su íntima ventura
(para el res!o de _los mortales risible é indiferente).
A corta d1stanc1a de donde se encontraban Nisio
su mujer, sus suegros y 'una docena más de convida~
dos, ~allábase otro c~mo · d~ gei:ite principal, si no
mentian sus galas y anstocrát1co perfil: formaban este
grupo cuatro señoras jóvenes y otros tantos cahalleros que reían y btomeaban lindamente.
No ocurrió cosa mayor en ambas jiras: ya cerca
del anochecer levantaron el campo los del corro de
Nisio, lanzando al aire cánticos y retazos de conversación alegre y maleante.

A LEJANDRO LARRUBIERA
-•••l•,.••,l• .. •••..••'••'' •l '••'••l••••••t'••'',l '••'•,l•••••••••••••J•.,•,,,,..,,,,,.,,,,,,,,,,,,,,,¡o,¡•••"•J'••''•I'••••••''-'\

EL ARTE EN TURQUÍA
Un museo de pinturas y de arqueología y una escuela de Bellas Artes en la capital del imperio otomano no son cosas que concuerdan exactamente con la
idea que generalmente se tiene de la ignorancia y
preocupaciones de los turcos: este progreso, conseguido desde hace pocos años, se debe principalmente
á O. Hamdy Bey, director del Museo imperial de Estambul; pero la idea del Museo es más antigua y fué
consecuencia del movimiento de la «J oven Turquía,»
y en particular de las altas miras de Munif-Bajá, ministro de Instrucción pública durante largo tiempo,
á cuya iniciativa se debió el establecimiento, hará
unos veinte años, de un museo que se instituyó en
la antigua iglesia de Santa Irene.
Los primeros directores, Gould y Dethier, eran
extranjeros, el uno n9mbrado bajo la influencia inglesa, y el otro por la de los alemanes. En tiempo de
Dethier las colecciones eran enviadas desde Santa
Irene al kiosco de Chinili, un pabellón que hay en
los jardines del antiguo palacio de la Punta del Serrallo. Ese kiosco es interesante en sí como una de
las primeras construcciones erigidas por los turcos
de C&lt;;mstantinopla, y también como una admirable
muestra de la magnífica porcelana genovesa de aquel
período. Por desgracia, y según suele suceder siempre en el Oriente, una vez erigido el edificio, no se
tuvo el menor cuidado para conservarle, y en su consecuencia, gran parte de la porcelana ha caído, y aún
hay montones de fragmentos en una de las habitaciones inferiores. Sin embargo, á pesar del descuido
y del abandono el pabellón de China sigue siendo
una encantadora construcción.
Dethier era hombre instruido, pero tenía poca idea

RETRATO DE LA REINA MARÍA ANTONIETA, célebre pintura de fines del siglo pasado debida á la señora Vigée-Lebrun,
(De fotografía de Braun, Clement y Compañía, Dornach y París.)

�670

NÚMERO 616

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Un día, al volver de· su acostumbrado paseo, encontró su taller invadido por emisarios del palacio,
que se habían apoderado ya de un gran lienzo que
representaba un episodio de la guerra de los Affechs,
y esperaban al artista á fin de conducirle á presencia
del soberano: semejante intimación podía significar
la muerte ó el destierro; pero también la gloria y los
honores. Por fortuna, fué entonces para honrar á
Hamdy: Abdul-Haziz había admirado la pintura, y
regaló al artista una caja de rapé cuajada de diamantes, nombrándole introductor de embajadores.
Vuelto así á la vida oficial, pronto estuvo en peligro de verse obligado á renunciar al arte, pues las
ocupaciones se multiplicaron para él, sobre todo después del advenimiento de
Midhat-Bajá al poder. Desempeñó algún tiempo el
cargo de Prefecto de Pera,
el barrio «Franco» de
Constantinopla, y durante
la guerra rusa prestó un
servicio muy activo erí los
ejércitos de su país; pero
su carrera política se resin.·
tió de la caída y desgracia
de Midhat-Bajá. Hasta él
.•. · •
mismo llegó á infundir sospechas, y hubo de retirarse
otra vez á la vida privada,
· ·,
en la que, sometido a1gún
tiempo á la vigilancia de la
El pintor y arque6logo turco Hamdy Bey
•;··'. _;!&lt;
U~~;;;.¡J~ ~
.•
policía, se consagró con
4
afán á su arte.
.
..
....
.
...i!,....,,,-8
,
,
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.
sobre el modo de dirigir un museo. No se permitía
, ·
.
En 1881, recobrado el
ver las colecciones, y en tiempo de este director ha· ~-: ·:•_,.
···
favor, nombrósele director
~
cer una tentativa para copiar una inscripción ó bos:;. ~ ,..-;'
del Museo imperial en Es•
quejar una. figura ~onsiderábase poco menos que
.
. ..
.
t'ambul, posición que ha
como un cnmen; mientras que, por otra parte, no se
El k10sco Clumh en Constantinopla
ocupado desde entonces,
eje_rcía la suficient_e vigilancia para evitar la desapay también llegó á ser indinc1ón de algunos mteresantes objetos, sustraídos sin de poca importancia en Bagdad, lo cual equivalfa á viduo de la comisión mixta de la Deuda pública, que
duda para enriquecer otras colecciones. No obstante una forma política de destierro.
ha hecho mucho para restablecer la hacienda públiel material arqueológico abunda en el imperio turco'
Hamdy consiguió muy pronto el favor del gober- ca y su solvencia.
y aún queda una buena serie de objetos de valor. Al~ nador general de Bagdad, el famoso y enérgico Mid- _ Hamdy es u~ pintor de no escaso mérito, y prácgunos de ellos, como la Artemis de Lesbos la Mi- hat-Bajá, que trataba entonces de introducir toda es- t1~ament~ el pnmero que Turquía ha producido, hanerva de _Trípoli en Berberfa, Y la Venus d~ Cyme, pecie de reformas europeas; ingresó en el cuerpo de b~endo sido no sólo tolerado, sino honrado y protepor no citar otros, son verdaderos tesoros del arte tropas árabes irregulares, y agregado á su escolta gido por un gobierno reaccionario y fanático, hecho
griego, dignos de ser comparados con las más her- tomó parte en la guerra contra Hajji Tarfa y los ára- tanto más digno de notarse cuanto que los musulmamosas obras de cualquier museo de Europa.
bes Affech de los pantanos de Niffer.
nes y especialmente los turcos parecen ser enemigos
En aquellos días, la ley concedía al excavador una
Merced al favor de Midhat-Bajá, Hamdy ocupóse del arte, tal como nosotros lo entendemos, por cuantercera parte de los objetos encontrados, una al due- en trabajos artísticos y arqueológicos, dirigiendo ex- to su religión prohibe la reproducción de la forma
ño del terreno y otra al gobierno; pero la ley no se cavaciones en la colina de Nebbi Yunus, á la vista humana. El arte islamita quedó confinado á la arquiobservaba, y otorgáronse firmanes especiales á di ver- de Nínive, mientras que bosquejaba y pintaba los tectura, á los arabescos y á la ornamentación floral.
sos exploradores; de modo que con frecuencia como poéticos paisajes y pueblos de la tierra de Haro¡m- Supón:se que los árabes se han distinguido en esto;
por ejemplo en el caso de las famosas excav;ciones er-Raschid. A los dos años, Ali-Bajá le nombró eón- pero s1 no me engaño, todas sus más hermosas obras
alemanas en Pérgamo, el museo turco no obtuvo su! en Bombay; pero habiéndole sobrecogido en ca- fu~r~n hechas P?r operarios indios, persas, judíos y
comparativamente nada. Sin embargo, donde la co- mino las fiebres, aprovech6se de este incidente para ~n~t1anos: la antigua porcelana que comunica tan insecha es tan rica no faltan objetos preciosos, y hasta volver á la capital, siendo entonces nombrado secre- imitable encanto de color á la mezquita griega de
de Pérgamo enviáronse algunos de gran importancia tario de legación en San Petersburgo. Cansado pron- Brouss_a se fabricó en las factorías genovesas, y la
á Estambul.
to de esta especie de honroso destierro, suplicó que mezquita misma es una imitación del arte indio. Las
Dethier murió en _188 r· y fu~ reemplazado por se le permitiera dimitir para retirarse á la vida priva- m~~quitas de _Cónstantinopla, cuando no fueron priHamdy Bey, descendiente de gnegos. Su padre, de da, y habiéndose accedidQ ;í. su petición consagróse ~1t1va_mente iglesias, son imitaciones de los templos
n:iuchacho, fué conducido como esclavo á Constan- en cuerpo y ahna ¡¡l arte,
'
b1zantmos, y hasta el kiosco de Chinili, más original
t1nopla en
·
aparentemente que la mayoría de las construcciones
donde se
turcas, presenta marcados vestigios de haber sido
granjeó el
construído por griegos. En cambio los turcos destefavor de un
rraron rigurosamente de todos sus edificios la pintut urco muy
ra y la escultura en sus más elevadas formas. En
rico, Edhem
Santa S_ofía, Cora y otras iglesias, los hermosos fresBaj á, quien
cos y pmturas _fueron cubiertos de estuco y cal, y
ledió educatoda la estatuaria que sobrevivió á los latinos bárbación euroros fué destruída por los turcos. De suerte que despea, lleganpués de la conquista turca, la pintura y la escultura fuedo á ser con
ron artes ~erdid~s en Constantinopla; y he aquí por
el t iempo
qué mereció p~rt1cular _interés la tentativa de Hamdy
gran visir en
para volverá mtroduc1rlas, previo el consentimiento
el imperio.
y aprobación de su Gobierno.
Su hijo
Par~ conseguir esto, Constantinopla debe acudir
Hamdy inal Occidente, y su arte no puede ser al principio más
gresó como
que la trasplantación de los métodos de alguna espupilo en
cuela de la Eur_opa occidental. El mismo Hamdy es
Saint Cyr,
realmente un J)mtor francés. A decir verdad, su estipero al cabo
lo
Y m~todo son p_ers_as, y solamente sus asuntos y
de un año
la
particular aprec1ac1ón de éstos tienen carácter
rogó que se
turco.
Se d\stingue por la exactitud con que repre1e permitiesen~a
los
teJados persas_ y la~ construcciones de piera seguir la
dra,
pero
agrádale
también pmtar las mujeres turcas
carrera civil.
con s_us graciosos ferrejees, y rara vez hace un cuaSu petición
dro sm figuras. Su asunto favorito es el interior de las
fué atenditumbas reales, con sus ricos adornos, sus exquisitos
da, y se le calado~ Y asombrosos _manuscritos iluminados, á cuenvió á Payo con1unto prestan sm duda animación dos ó tres
rís para es~ermosas ~ujeres qu_e leen el Alcorán ó se entregan
tudiar leyes
a sus orac10nes.
en la SorboSarc6fago griego existente en el Museo imperial &lt;le Constantinopla
Hamdy, más artista que arqueólogo, quiso rehusar
na, donde se aficionó mucho á las obras artísticas y
solicitó ingresar en la Escuela de Bellas Artes como
estudiante de pintura. Dedicaba tres cuartas partes
del año al arte, y una al estudio de las leyes; así pa·
saron sus cuatro años, y completó el curso de sus estudios legales, «exhibiendo» al mismo tiempo su trabajo en la Escuela de Bellas Artes. A poco de haber regresado á Constantinopla para continuar su carrera, publicó un artículo sobre las inconsistencias
del procedimiento judicial en Turquía, artículo que
desagradó al gran visir, y como éste era enemigo del
padre, nombró á Hamdy para desempeñar un cargo

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NúMERO 616

LA ILUSTRACÍÓN

ARTÍSTICA

671

éstos son los más magníficos
al principio el nombramiento de
que se han encontrado en parte
director del Museo; pero como
alguna, y se consideran como
era evidentemente el hombre
joyas del arte plástico griego
más apto del imperio para desdel período alejandrino.
empeñar semejante cargo, el
A mi modo de ver, el mejor
sultán le impuso su voluntad,
de
ellos por su interés y belleaunque aceptando por condiza es el de Sidón, que Hamdy
ción que se variase la ley resencontró en una especie de cápecto á las excavaciones y se
mara en el fondo de la excavaconsignase en el presupuesto
ción y que reproduc~ uno de
una reducida suma para el Munuestros grabados, y ante cuya
seo, mediante lo cual comprovista
se emocionó de tal manemetíase á organizar en el térmira que se echó á llorar como
no de diez años una institución
una mujer.
de esa especie que, si bien limiPudiera creerse que exagero
tada, sería digna de su nombre.
en cuanto á la excitación nerT1mbién obtuvo permiso para
viosa producida por el precioso
establecer una escuela de Bellas
hallazgo; pero como persona
Artes que se instaló con carácdesinteresada confesaré que
ter provisional en un edificio
cuando aquel sarcófago se desperteneciente al antiguo palaembaló á mi presencia, mi asomcio; está organizada como la de
bro y entusiasmo no tuvieron
Bellas Artes de París, con sus
límites.
tres departamentos de arquitecHamdy se inclina á creer,
tura, escultura y pintura, y tiene
fundándose en la figura de Aleestablecido un gran premio de
jandro al frente de sus guerreEuropa á fin de que los alum
ros, que el ataúd era el del misnos sobresalientes puedan conmo conquistador, aunque patinuar sus estudios en los granrezca contradecirlo la tradición
des centros artísticos del mundo.
de su entierro en Alejandría.
Cuenta la escuela con unos
Sarc6fago sirio-griego, existente en el Museo)mperial de Constantinopla
En cuanto á la ejecución,
cien estudiantes, los más grieprescindiendo de otros detalles,
gos y armenios, súbditos del
sultán; pero también hay turcos, y entre ellos algu- ca. Tabnith al comprar el sarcófago hizo poner en él diré que las figuras del fondo son de muy alto relieve,
nos softas de turbante blanco.
otra inscripción con su nombre y títulos; y aseguran- casi estatuas en pie, y que en aquellas paredes del
No puede predecirse el resultado de esos esfuerzos, do que no había tesoro alguno en su ataúd y sí sola- sarcófago se ven casi todos los grados del relieve haspero cabe esperar que ese impulso es precursor de un mente sus cenizas, hacía un llamamiento á los senti- ta la pintura en superficie plana, siendo preciso recurenacimiento de vida artística en Constantinopla.
mientos religiosos para que no se abriera ni profana- rrir al tacto para saber dónde acaba la escultura y
Hamdy-Bey es más conocido por sus descubri- ra su tumba. Además, para mayor seguridad de su dónde empieza lo pintado.
El movimiento y realismo de la escena en su conmientos arqueológicos que por sus obras artísticas. En familia cubrió su sepulcro con una mole de piedra
1883, después de nombrársele director del Museo, de diez metros de longitud, y gracias á esta precau- junto, así como de cada figura, aventaja como esculexploró en compañía de Osgan Effendi el soberbio tú- ción Hamdy encontró el ataúd intacto y el cuerpo tura á cuanto yo conozco. Este realismo se representa
mulo de Antíoco de Commagene en la nevada cum- de Tabnith dentro. Este se había conservado merced con detalles mecánicos; de manera que no solamenbre del Nemroud Dagh, ó Montaña de Nimrod; pero á una especie de líquido que debió evaporarse ó dis- te se aplicaría á todo el color debido, sino que los
lo que completó su fama fué el descubrimiento del minuir, dejando en descubierto un pequeño espacio trajes nacionales serían un portento de exactitud, y
asombroso sarcófago de Sidón en el año 1888. Un pi- de la porción superior del rostro: dícese que esta par- las caras verdaderos retratos: los objetos de madera
capedrero había encontrado en un olivar de los arraba- te descubierta se arrugó, al paso que el resto de la ca- ó metal, lanzas, escudos y otros, eran de estos misles _d~ la ciudad de Saida (Sidón) una antigua tumba: ra cubierto por el líquido se mantenía fresco y bien mos materiales donde el relieve lo permitía. En un
noticioso del descubrimiento Hamdy1 hizo practicar conservado. Desgraciadamente, por ignorancia de los punto, no obstante, este realismo no ~xiste, como
excavaciones en el sitio, y encontró dos tumbas, uná trabajadores se vertió el líquido, pero es de esperar por ejemplo, en los leones y leopardos que se reprefenicia, muy antigua, y otra griega, más moderna.
que futuros descubrimientos nos revelen el secreto sentan en la escena de caza y que son monstruosidades de un tamaño desproporcionado.
En_ la fenicia se encontró el ataúd y el cuerpo de de un interesante método de embalsamar.
Cuando se encontraron todos esos sarcófagos, haTabmth, rey de los sidonios y sacerdote de AshtaPero el descubrimiento de la tumba fenicia, por
reth; el féretro, que era de piedra, había pertenecido importante que sea resulta insignificante, comparado llábanse considerablemente deteriorados; mas, por
en otro tiempo á un general egipcio llamado Pa- con el de los sarcófagos griegos, con esculturas polí- fortuna, casi todas las piezas conservábanse en su sinephtah, y aún conservaba una inscripción jeroglífi- cromas, hallados en la tumba más reciente. Cuatro de tio, y todas se han restaurado admirablemente. Os-

El sarc6fago de Alejandro descubierto en Sid6n, existente en el Museo imperial de Constantinopla

�LAS DOS NOVIAS, cuadro de Jose Weiser (Exposición de Bellas Artes de Berlín. 1893)

�674

LA

lLU:iTl{ACIÓN A1&lt;.TISTICA

Núr.IERO

616

gah Effendi, que se encargó de unir algunas, á veces embarcado ~lgunos marineros, se llevaron los objetos
hasta ciento, en un sarcófago, procedió con tal habili- excavados vz et armis.
NUESTROS GRABADOS
dad, que aquel que visita el museo cree ver instala· Ham~y ~erece los mayores elogios por sus esfuerLos jefes de la escuadra rusa que se encuendos todos los objetos que allí hay.
zos, casi úmcos, para proteger la arqueología en su tra áctualmente en Tolón. - Recientemente acaba de
Una vez encontrados los sarcófagos, no era cosa país, y se le debe prestar amistosa cooperación por lle~ar á Tolón una escuadra rusa, á la que los franceses se protan fácil retirar de una zanja de cuarenta pies de pro- parte de todos aquellos amantes del arte que están ponen agasajar espléndidamente. Los retratos que reproducifundidad aquellas moles de mármol de nueve ó diez 1~teresados e_n _que se conozcan los tesoros arqueoló- mos son los de los principales jefes de la misma y acerca de cada uno de ellos vamos á dar breves noticias. El gran duque
pies de longitud por cuatro ó cinco de anchura y de gicos que el imperio turco posee.
Alejo Alejandrovitch es el gran maestre de la escuadra rusa,
elevación, con una cubierta casi del mismo tamaño;
tiene cuarenta y tres años y se parece mucho á su hermano el
pero aprovechando un declive en el terreno, abrióse
JOHN P. PETERS
tsar: es muy estimado y querido en la armada rusa y siente ver·
........,.••.•••.•••••••••.••, •••.••, .•••••,......1,,,.,.,,•••,., .......................,.,.,.,......, ••••••,••,.••, .••••••••,......
&lt;ladera pasión por cuanto á la marina se refier~. El contraalmiun túnel que llega al pie de la zanja, y los sarcófagos
rante Avelane, que manda la escuadra, nació en 1839 y fué
fueron arrastrados hacia arriba por medio de cuerdas
MISCELÁNEA
promovido al grado que hoy tiene en 1891: ha mandado el
y fuerza animal. Después se construyó una vía á traVestuik, el Ry11da y el Svetlana y desempeñaba el grado de
vés de los jardines, y por ella se les condujo hasta la
Bell!'ls Arte~. - En Tréveris se proyecta erigir un monu- jefe de estado mayor de la marina en Cronstadt cuando un demento a la memoria del elector y arzobispo Balduino de Lu- creto imperial le confió recientemente el mando de la escuadra
orilla del mar, distante unos tres cuartos de milla.
x_emburgo,, durante cuyo gobierno ( 13')7 á 1354) la archidióce- del Mediterráneo. El almirante Avelane arbola su pabellón en
Llegados á Constantinopla, surgió otra dificultad: sis
_alcanzo su apogeo. El monumento consisürá en una fuente el acorazado EmperadorNicolás I. El capitán de nav(o Tchoukhno había sitio para exponerlos, ni siquiera para depo- gótica coronada por la estatua de Balduino.
·
nin~ es uno de los oficiales superiores más distinguidos de la
sitarlos. El kiosco de Chinili estaba complttamente
- En el Panteón de París se ha colocado el modelo en yeso marina rusa y manda el gran crucero acorazadoPamiat-Azova.
lleno, inclusos el sótano y los jardines, por lo cual del ~rand10so monumento de la República que por encargo del
La carta, cuadro de Jan van Beers. - En el núLos sarcófagos permanecieron en sus cajas durante gobierno francés ha modelado el escultor Falguieres: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad están en él representadas por mero 510 de LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA publicamos el retres años y la prensa extranjera acusó á Hamdy de tres matronas de tamaño colosal. En el zócalo hay varios relie- t~ato d~! autor del cuadro que hoy reproducimos, y con tal moincapacidad, precisamente cuando trataba de obtener ~es, alegorías de la 1:,ey y de la Fama y un grupo en el cual se ve tivo d1J1mos algo acerca de la vida y de la labor art(stica del
fondos para construir un nuevo museo. Al fin el sul- a un ~oldado d~fend1endo á la patria y junto á él á una: mujer gran pintor belga. Po~ no incurrir en repeticiones y por tratar·
tán le entregó el dinero necesario, y se erigió un edi- que tiende suplicante las manos hacia la estatua de la Libertad. se además_ de un ~rt1_sta que l}eva en su nombre su mejor reBarcelona. - Salón Parts. - En el presente mes se han re- comendación, n?s !mutaremos a manifestar simplemente que,
ficio, cuyo piso inferior se destinó para colocar la co- anucla~o las e~~siciones semanales algo interrumpidas por la en nues(ro sentir, La carta merece figurar entre las mejores
lección de sarcófagos más preciosa del mundo por ausencia de publico y de artistas durante la estación estival. producciones_ de su autor,_por cuanto reune en grado superlatitodos conceptos. Esta colección se exhibió al públi- ·El taller ~e _González é hijos, que tan brillante papel repre- v? la naturalidad, la gracia, la elegancia y la finura de ejecusentó en la ultima Exposición de Industrias Artísticas con sus ción que son las cualidades características de J aovan Beers.
co en julio de 1891.
·
p_rimorosos tr~bajos en metalistería, expuso últimamente una
En el invierno de 1891-92 dirigió Hamdy varias l~mpar~ de pie y dos candelabros de hierro forjado que mereRetrato de Mai:ía .A:,n,toni~ta, por Mme. Vigéeexcavaciones en Lagina (Asia Menor), donde descu- cieron Justos y merecidos elogios de los inteligentes. Por fortu- Lebrun. - María Lmsa V1gee nació en 1755 y había alcanzabrió el friso de un templo de cuarenta y ocho metros na, tras tantos años de marasmo é inacción en la aplicación del do ya gran fam~ como ret~atista cuando en 1776 se casó con
de longitud, entero (así lo escribe), que considera más arte á las obr_as _de metal, se opera de algún tiempo acá un ver- Lebr~n: fué ~m!g:a de la rema María Antonieta, de la que pindadero renac1m1ento, que con demostrar las cualidades ele mu- tó mas d~ ve1~t1c10co retr~tos, y al estallar la revolución, salió
importante aún que los sarcófagos de Sidón. Además c~os _artffices co~prueba el progreso realizado en el gusto del de Francia, siendo m_u:y bien recibida en las cortes extranjeras,
del museo se ha formado otro departamento donde publico al preferir los modestos trabajos forjados en hierro á cuyos soberanos s_e h_1c1eron ~etratar por ella. En 18o1 volvió á
se colocan objetos encontrados por los alemanes en las obras de relumbrón con que la quincallería extranjera inva- París,_ en donde s1gu1? obtem_endo grai;cles triunfos y en donde
falleció en 1842, habiendo pmtado durante su larga vida 662
Zingirli. En la entrada del kiosco de Chinili se ven de nuestros bazares.
retratos! 200 pai~ajes y I I cuadros de otros géneros. El retrato
En
la
sección
de
pintura,
una
niña
echada,
de
Tamburini,
varias baldosas asirias excavadas por los ingleses en 0:up~ ~l centro del lienzo de preferencia, obra de ejecución de ~lana Antometa que re~roducimos Jo pintó para la empe·
Nínive; y en un cuarto cerrado se encuentra, junta- s1mpahca y agradable y de clara entonación. De Agrassot son ~atriz M~ría Te_resa, que q_u1so _tener cerca la imagen de la himente con el curioso león de Hittite de Marash, una do! figuras, un labrador valenciano de pie, apoyado en un muro, Jª de q~1en hacia tantos a~os vivía separada. Mme. Vigée Le·
rica colección de inscripciones Hincaríticas en pie- tanendo la _bandurria, y una aldeana pasiega echando de comer brun ?~e~ en sus Memorias hablando de la reina de Francia:
gall~nasi d?s cuadrit?s pintados con un cuidado que ra- &lt;Es d1f1cll formarse idea de tanta gracia y de nobleza tanta. El
dra, así como antigüedades de Babilonia, excavadas áyaunas
color de su cara er~ tan hermoso que su piel no ofrecia la me·
en la mmuc1os1dad propia algunas veces de ese artista.
por De Sarzec en Tel10. Además de estos y otros obM~stre expone u~a serie de pequeñas telas con los asuntos nor ~ombra ~ en 011 paleta no había colores que pudieran co•
jetos, cuyo número aumenta á causa de las excava- propios de su especialidad, temas de paisaje animado con gru- mumcar á m1 cuadro la frescura y delicadeza del original.&gt;
ciones dirigidas por extranjeros, se han hecho nume- pos de vacas; una de ellas, de robusta entonación, con un cielo
de nubarrones que á trechos se reflejan en el suelo húmedo y Las dos n&lt;;&gt;vías, cuadro de José Weiser. - No
rosas adquisiciones resultantes de confiscación, entre fangoso,
creemos necesario hacer la descripción de este cuadro, porque
atrae con preferencia las miradas.
ellas la famosa inscripción de Siloani, la más antigua
Un cua&lt;lrito de costumbres del artista valenciano Gómez, harto clara aparece en el titulo la intención del pintor que quiy larga inscripción hebrea que se ha encontrado has- pintado con habilidad, y dos pequeños estudios de Auerbach so _?frece~nos el contraste ele dos hermanas, consagrada una al
Senor, d1sp~e_sta otra á unirse al hombre amado y ambas buscompletan la primera exposición de esta temporada.
ta ahora.
ca_ndo la feh~1~ad por distintos aunque igualmente santos caSalón
de
&lt;!,a
Vauguardia.
»Vistas
y
escenas
de
l\larruecos,
La ley sobre excavaciones que ahora rige es una
en una escogida colección de excelentes fotografias, llaman po- mmos, la r~lig1ón y la familia. Pertenece este lienzo á un géne·
traducción de la griega, ligeramente alterada, y con- derosamente la atención del pt1blico, con el doble interés que ro_ que l~ pm!ura modernista tiende á proscribir; pero, sin entrAr en d1scus1ones sobre esta dificil cuestión y entendiendo co·
tiene muchas restricciones para los que átales traba- les prestan los recientes acontecimientos de Melilla.
;o e~ten~emos que el arte es vario como la naturaleza en que
jos quieran dedicarse.
- El drama de Schiller, Guillermo Tell, que has· ebe msp1rarse, Y que la manifestación artística puede emplear
Se ha criticado á Hamdy por haber introducido ta Teatros.
ahora no habla podido representarse en Rusia por haberlo tantos procedimientos cuantos sean los temperamentos de los
aquella ley en Turquía, pues las condiciones de los impedido la censura, se pondrá en breve en escena en San Pe- que _al arte se dedican y los sentimientos que en ocasiones dados países son del todo desemejantes. En Turquía tersburgo y en Moscou, pues la Administración suprema de la das impulsen su pincel, no vacilamos en afirmar que cuadros
no hay anticuarios ni arqueólogos, como no sean súb- prensa ha consentido al fin en que se representara aquel her· como !,as dos novias son y serán siempre de los que emocionan
Y deleitan y constituirán por ende un timbre de gloria para sus
ditos extranjeros, y tal vez algunos griegos en puntos moso drama.
- El célebre compositor Pedro Mascagni est~ escribiendo autores, sea cual fuere la escuela á que pertenezcan.
como Constantinopla y Esmirna; no hay tampoco re- un drama cuyo papel de protagonista interpretará el notable
_La boda del torero, cuadro de Salvador Vilación lógica ó histórica entre Constantinopla y las actor italiano Ermette Novelli.
París. - Se han estrenado: con regular éxito en Menus Plai- n1efra-¿Hen:os de afirmar una vez más lo que vale y lo que
antigüedades de Palestina ó Mesopotamia; y estudiar
e~ e arte espanol contemporáneo significa el Sr. Viniegra?
éstas en la capital turca es lo mismo que hacerlo en sirs L es Col/es des femmes, opereta en cuadro actos, letra de ¿ emos de reproducir los calurosos y sinceros elogios que tanJaime~ Keroul y música de Luis Ganne; con muy buen éxito,
Berlín, París, Londres, Nueva York ó Filadelfia. Ade- en Varietés, Madame Satán, vaudeville en tres actos y cinco ~0veces he~o~ prodigado al pintor que, ausente de España,
vivir de recuerdos de su patria y en asuntos netamás, el gobierno no está interesado en proveer me- cuadros de Blum y Touché, de argumento extravagante, pero menteparece
espano
~ Jes 1nsp1ra
•
• sus obras y traslada á sus lienzos al par
dios para colocarlas en museos, á fin de que sean ac- desarrollado con mucho ingenio; y en el Gymnase, La Chrisaque las costu!"bres pintorescas de nuestro pueblo los inmensos
(ide,
comedia
en
un
acto
de
Mauricio
Drack,
y
Un
evengea11ce,
cesibles á los estudiantes; y á pesar de su buena votesoros artfshcos de nuestras iglesias? Del cuadro de hoy debiédrama en tres actos de Enrique Amic.
luntad, el director del Museo imperial no puede mteresante
Londres. - En el teatro de la Comedia se ha estrenado con r~m~s decir lo que de muchos anteriores hemos dicho· sus cuacuidarse de los muchos materiales que ahora tiene gran éxito un drama de Mr. Sydney Grundy, titulado Showing 1 ª es son las mismas que las que hemos admirado e~ La firentre manos.
Wind (Quien siembra vientos ... ), obra de tesis, al estilo de las ma del contrato de boda, La inscripcidn en e/registro ba11tú111ál
de
Dumas, hijo, y de argumento interesante, en la que se fusti- Y tantos otros; sus bellezas no necesitan demostración, se sienEl gobierno concede maravillosas ruinas á los cote~ Y se comprenden á primera vista. Limitémonos pues á adga
á
sociedad porque considera más punibles las faltas de la mirar
'
lonos circasianos para construir sus casas, y les per- mujerlaque
.,._ y ap¡aua·ir una vez más al celebrado autor de' La bendilas del hombre y sobre todo porque hace recaer so- czvn
de los campos.
mite guardar sus ganados en esos templos y palacios bre los hijos las culpas de sus padres.
de los antiguos, tan bien conservados. Hace poco se
Madrid. - En Lara se ha estrenado una comedia en dos ac~anta Tares~ de Jesús, cuadro de Eugenio
construyó un dique para contener las aguas del Eu- tos, González y Co11zález, arreglo de la francesa Dttrandet D11- 0¡1°Jªl?-º
Regmer. - Jamás ha rodeado de modo tan resra11d,
hecho
por
el
Sr.
Pina
y
Domínguez,
y
en
Eslava
una
frates, y para la obra empleóse considerable número zarzuela en un acto, El cornetilla, letra de Perrín y Palacios, Pan eciente la aureola de la gloria el nombre de una mujer
de ladrillos de la antigua Babilonia..
música del maestro Marqués: ambas obras han sido muy aplau- ~~mi acfntece con ~l de Teresa Sánchez de Cepeda y Ahuma'.
á ia h~~ en_ la Iglesia_ venera por la pureza de su vida y su amor
Hamdy ha luchado seguramente mucho para re- didas.
namdad. Vanos son los artistas que han tratado de reBarcelona. - En el Eldorado se ha estrenado con buen éxito
mediar estos defectos; mas por grande que sea su vopresentar ~n el lienzo la imagen de la santa é insigne doctora
luntad, un hombre no puede atender á todo. El mu- la zarzuela en un acto Vla libre, letra de Arniches y Lucio, mú- que t_an brillantemente descuella entre los grandes escritores
sica del maestro Chapf. En el Principal se ha verificado el beneseo y los exploradores extranjeros han de cooperar ficio de la primera actriz señora Reiter, que obtuvo una ovación ~el si¡¡-Io XVI Y los grandes m(sticos de nuestra patria. El célepara la conservación y exploración de las inestima- tan grande como justa en la representación de La dama de las re pinto~ valenciano Juan de Juanes, contemporáneo·de 1:i funda~ora, pmtó un notabilísimo lienzo, que al igual del que pos·
bles antigüedades del imperio otomano. Si se estimu- Camelias. Eo el Tfvoli continúa la compañía de ópera que di- ¡enor:ente
pintó Ribera, considéranse como dos obras maesrige
el
mae.stro
Pietri.
Ha
comenzado
la
temporada
de
Novelara á los extranjeros á explorar y excavar, otorgandades: la compañia dirigida por 'el reputado actor Sr. Simó ra~.. lonso Cano, Velázquez y Murillo inspiráronse también
doles una parte de los objetos que encontrasen, el ha puesto en escena con aplauso, entre otras obras, La Dolores, en a )nt_eresante figura de Teresa de Jesús, á la que han rencli·
asimismo el merecido tributo los pintores modernos, conmuseo de Stambul, lejos de ser robado, aumentaría de Felíu y Codina, y La parentela, de Colomer.
Y entre otros lo demuestran los lienzos de Benito Mercasus colecciones más rápidamente que ahora.
doérme
y
Alcázar Tejedor.
Necrología.
-Han
fallecido
recientemente:
Pero si Hamdy ha cometido un error en su tentativa
El Sr. Gimeno Regnier ha tratado de que en su obra se mar·
Luis Eugenio Hatin, el Nestor de los periodistas franceses,
para aplicar la ley griega :.í. las condiciones del impe- autor &lt;le la Historia política y literaria de Francia.
case el sello esp~cial de una época y preciso es confesar que ha
logrado
b'
'
rio turco, debe confesarse que en parte le indujeron á
Yoshito lnoko, profesor extraordinario de la Universidad ja- d I su O jeto, pues el retrato que reproducimos parece obra
ello los abusos que con la primitiva ley se cometían. ponesa ~e Tokio, conocido en el mundo médico por sus traba- e a guno de los buenos artistas místicos del siglo xv11.
Cierto arqueólogo inglés bien conocido equipó hace jos farmacológicos y fisiológicos.
Alberto Moore, célebre pintor inglés, de tendencias artísti·
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais
P?cos años un pequeño bote en las islas griegas, é cas greco-japonesas, individuo de la Real Academia de Londres. a~optado
en los Hospitales de París y que pres~
hizo desembarcos piráticos en la costa turca para enExcmo. Sr. D. José Ferrer y Vidal, notable economista de- cnben_ l_os médicos, contra la Anemia, Clorosis
riquecer las colecciones de °Londres. Un explorador fensor entusiasta de la producción nacional, ex diputado, ~n la Y Deb1hdad; dando á la piel del bello sexo el
y aterciopelado que tanta se desea.
francés, que obtuvo primero su firmán para excavar actualidad senador, consejero ele importantes compañfasde cré- sonrosad.o
dito y de obras públicas, caballero Gran Cruz de Isabel la Ca- Es el me,1or de todos los tónicos y reconsti1.uen Samotracia, se arregló después de modo para que tólica, comendador de Carlos III y oficial de la Legión de yen_tes. No produce estreñimiento ni diarre1:1,
temendo además la superioridad sobre los fe~
una corbeta francesa visitara la isla, y habiendo des- Honor.
rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

tº

NÚMERO 616

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

675

UNA FRANCESA EN EL PO.LO NORTE
POR PEDRO ~1-'\EL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTIN UACIÓN)

Aquella botella contenía un papel, que Isabel se
apresuró á leer. Desde que hubo puesto los ojos en
el documento, fué presa de una agitación febril.
- ¡No volveré al campamento hasta que haya encontrado á mi pldre!, exclamó. Guerbraz, entregad

quedabm rendidos andando por aquel terreno que- Es preciso no desesperar nunca, dijo el doctor
brado y erizado de témpanos. Tres de los hombres doblando el paso.
Guerbraz, para darse ánimo á sí mismo, prorrumcayeron extenuados y fué preciso levantar las tiendas,
ya que el termómetro marcaba 34 grados bajo cero. pió en esta exclamación:
- ¡Mantente firme! ¡Salvator, firme, que allá vamos!
Huberto hizo levantar las tiendas. El cielo estaba
Ahora las ráfagas eran del Sudoeste y se llevaban
su voz. Al mismo tiempo, espesos copos azotaban su
rostro y ·1a alfombra de nieve se espesaba bajo sus
pies. Por fortuna, el terrible frío que reinaba, un frío
de 42º bajo cero, endurecía el suelo. No corrían, volaban.
Les pareció que después de unos minutos de carrera sonaban más cercanos los aullidos del perro.
Sí, se acercaban. El valiente-animal había venteado las emanaciones de los tres hombres y en lugar
de la queja lúgubre de antes lanzaba sonoros aullidos.
M;i -,,l" -~ ·&lt;d/ov
Guerbraz fué el primero que lo vió.
Salvator
estaba acurrucado ante un enorme tém,..,..,..,.IJI'-:.:,--pano de diez metros por lo menos de altura. Aquel
........"._~~$~
montículo estaba formado por trozos enormes de
hielo conglomerados entre sí por la nieve fresca. A
__...~.._,,,.._-....,,
cada instante se espesaba más aquel mortero de nue----''·"&lt;'.!~~~
vo género, á pesar de los esfuerzos del animal para
apartarlo con sus patas. Delante del perro se advertía
la huella de un paso recientemente abierto y vuelto á
tapiar en seguida por el hielo y la nieve.
Los tres hombres desembarazaron muy pronto el
paso con las culatas de la carabina, y como si no hu1..,iese esperado más que aquella ayuda, Salvator, precipitándose sobre la delgada capa que obstruía el
IIuberto di6 orden de botar al mar una chalupa
paso, la rompió con su choque y desapareció dando
furiosos aullidos.
Huberto se tendió sobre el suelo al nivel del orifieste papel al Sr. d'Ermont cuando vuelva, diciéndole puro y no amenazaba ninguna nevada, por lo cual to- cio y llamó:
que mi padre está aquí, y que yo no he de parar has- do el mundo se tranquilizó y se empezaron los pre·
- ¡Isabel! ¿Estáis aquí? ¡Responded por Dios!
ta que le encuente.
para ti vos para descansar.
Una voz que parecía muy débil y que se hubiera
Entonces, á pesar de todas las observaciones que
Se preparó en seguida la comida, y á fin de facilitar dicho que salía del centro de la tierra, replicó:
le hicieron, empezó á correr por los témpanos y des- la cocción y para desenlumecer á los marinos, d'Er- Sí, Huberto, aquí estoy; no estoy sola; mi padre...
apareció antes que pudiera pensarse en seguirla.
mont hizo que se encendiera el hornillo de gas hiEl resto de la frase no pudo oirse. Por otra parte
- ¿Y no la habéis seguido?, exclamó Huberto, loco drógeno.
no era necesario. En seguida los tres hombres se pude dolor.
D'Ermont por su parte no cuidaba de su cansan- sieron á trabajar, y el hombro hercúleo de Guerbraz
- Perdonad, capitán, no hemos hecho otra cosa; cio ni de su propia seguridad; así es que tomando derribó los muros de aquella tumba de hielo, bajo la
ahora volvemos para tomar víveres y proseguir nues- apenas un poco de caldo casi hirviendo, se lanzó al cual había sepultados algunos vivos.
tra persecución. ¿Queréis venir con nosotros?
exterior, dejando á sus hombres bajo el mando del
Huberto con un reguero de pólvora produjo una
D'Ermont se había detenido. Bajo los rayos obli- teniente Poi.
explosión para conmover los bloques monstruosos
cuos del astro leía el documento encontrado, que deEl doctor Servan y Guerbraz corrieron tras de sus que el frío había soldado entre sí.
cía así:
huellas y no tardaron en alcanzarlo.
Al cabo de veinte minutos de esfuerzos sobrehu«r6 de agosto de 189 ... Sin esperanza de que se
Huberto se retorcía las manos con desespera- manos se rompió la muralla del sepulcro y apareció
encuentre, tiro este documento en el seno del mar ción.
una especie de corredor subterráneo.
libre que dentro de poco ya no lo será. La congela- ¿Habéis visto el barómetro?, dijo. Dentro de
Los tres hombres lanzaron un grito de sorpresa.
ción sube ahora desde el Sud hacia el Norte, y nos poco vamos á tener una espantosa borrasca de la que Lo que tomaron por un témpano no era otra cosa
sostenemos sobre un témpano que deriva hacia el no sé cómo saldremos nosotros mismos, y pensar que que la popa del submarino, cuyo resto del casco se
Este. Todos nuestros instrumentos han quedado en esa desdichada ha salido sin tomar ninguna precau- hundía profundamente en la nieve. La capota que
la canoa, puesto que un golpe de mar nos ha privado ción, sin llevarse provisiones. ¡Si por lo menos la en- tenía levantada le daba el aspecto de una de esas baimpensadamente del submarino, cuando volvíamos contráramos viva!
rracas de las cuales se encuentran todavía vestigios
del polo. El doble viaje de ida y vuelta se ha verifiCorrían con toda la velocidad que les permitía el en las regiones más septentrionales de la Groenlanc:ido con toda felicidad. El polo es una isla ceñida suelo del pack, hinchado por enormes verrugas, ca- dia y de la tierra de Grinnell.
por arrecifes que sostienen una verdadera muralla de yendo aquí, levantándose allá y hundiéndose á veces
Huberto saltó sobre los témpanos que dominaban
hielo. Hemos pasado por debajo, á una profundidad en grietas rellenas de nieve.
el barco aprisionado y penetró en el interior, donde
de unos doscientos metros. Si el mar se congela traEl firmamento se cubría de nubes con rapidez, sig- vió un espectáculo horrible.
taremos de encontrar el barco. Latitud 87°, 48', 20'' ; no inequívoco de que la tempestad se acercaba á toda
Isabel, pálida como un cadáver, estaba arrodillada
longitud occidental 42°, 16'. Esta es la :5ltima altura velocidad.
ante una criatura humana, á la cual no parecía queque hemos tomado ayer, y la pérdida del submarino
Los tres hombres hicieron una bocina con sus ma- dar ya un soplo de vida. De cuando en cuando, enha sobrevenido á las seis y quince de esta mañana. Nos nos y llamaron á Isabel con toda la _fuerza dé sus tre los amoratados y apretados labios del desdichado
quedan diez libra$ de pan comprimido y ochocientos pulmones.
vertía algunas gotas de aguardiente, después de sepagramos de pemmican. Si la tripulación de la EstreSólo el silencio les contestó. De repente Guerbraz rar con las manos los dientes del moribundo.
lla Po/ar encuentra esta botella, que nos busque al tuvo una feliz inspiración.
- Huberto, dijo rápidamente, éste es mi padre, viEste.))
- Llamemos al perro, dijo.
ve todavía. Sus dos compañeros han muerto. EnconCuando hubo terminado su lectura, el oficial sintió
Sin esperar siquierra el consentimiento de sus com- traréis sus cuerpos cerca de la máquina. El frío los
un estremecimiento.
pañeros, gritó con voz fuerte:
ha matado. No tenían combustible y sus provisiones
- ¡Adelante!, exclamó, y que Dios nos ayude; no
- ¡Salvator! ¡Salvator! ¡Salvator!
estaban heladas.
tenemos un minuto que perder.
Los tres se callaron y prestaron oído, pues les haEl doctor Servan, que se hallaba ya al lado del seTomó el camino del Noreste. De repente Huberto bía parecido oir un grito lejano.
ñor de Keralio, dijo:
exclamó dirigiéndose á Guerbraz:
No se engañaban, y entre dos ráfagas del viento
- Es preciso que uno de nosotros vaya á buscar
- ¿Y el perro? ¿Qué habeis hecho de él? ¿Ha se- que barría el suelo, una queja lamentable, un ladrido refuerzo, pues no podemos de ninguna manera abanguido á la señorita Isabel?
siniestro, uno de esos gritos que no pueden oirse sin donar á Isabel y á su padre aquí, y esta temperatura
Guerbraz vaciló un momento y luego contestó:
hacer estremecer al hombre más valiente, llegó hasta es insoportable.
- Es prob1ble, capitán, pues desde que la señori- los exploradores.
D'Ermont vacilaba. Objetó que su presencia podía
ta nos abandonó no lo hemos visto más.
- ¡Ah, Dios mío, gimió d'Ermont, ha muerto!
ser ú ti! allí.
D'Ermcnt lanzó un suspiro de alivio y levantó los
- ¡Valor capitán, exclamó el enérgico Guerbraz;
Guerbraz fué el que les sacó de apuros con una
ojos al cielo.
adelante!
idea que le sugirió su buen deseo.
- ¡Bendito sea Dios! Siempre servirá para evitar
Segunda vez la desolada queja del perro vibró en
- ¡Qué vaya el perro!, dijo.
algún peligro á Isabel.
el aire.
Todos le comprendieron.
Al cabo de algunas horas de camino y por muy
- Salvator no gemiría así si Isabel estuviese viva,
Sacando la cartera, Huberto escribió .en una hoja
grand_e que fuera la energía de ;i.quellos hqmbres, dijo Huberto.
esta carta al teniehte Poi:

~'•·-

1.

-

-

--

4

:.,

~,,

�676

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

616

N úMERO

•

«Enviad tres hombres con víveres y uno de los
tubos de hidrógeno, Seguid al perro; él os enseñará
el camino. »
Arrancó la hoja de la cartera y la fijó en el collar
del perro.
Sólo faltaba que Salvator comprendiera lo que se
esperaba de él y quisiera ir al campamento.
Isabel se encargó de aquel cuidado. Contaba con
razón_ con, la maravillosa inteligencia de Salvator, tan
supeno: a la ~~ sus congéneres. Saliendo, pues, del
submarmo apns10nado, subió sobre un témpano, aca-

Nada tan lúgubre corno aquel entierro. La luz que
lo alumbró era pálida y gris y el frío que se sentía sumamente horroroso.
Fué preciso proceder á aquel último acto conforme las circunstancias lo permitían.
El hercúleo brazo de Guerbraz fué el que abrió en
el campo de hielo una fosa ancha y profunda de cuatro pies que ab.igara los cuerpos de aquellos heroicos
compañeros.
Cuando se verificó la fúnebre ceremonia no hubo
ojos que no estuvieran c_uajados de lágrimas. Aque-

El enorme muro paleocrlstico no tenla ningún contacto con el agua

rició al valiente perro, é indicándole la dirección del
Sudoeste, cerrado por una cortina de nieve ininte·
rrurnpida, le dijo:
- ¡Vé y tráelos, Salvator!
El perro lanzó un alegre ladrido miró un momento á su arna y partió rápido como ~na fl echa.

llos hombres merecían el llanto de sus compañeros,
que corrió abundante sobre su tumba.
Desp?és de aquella tarea fúnebre y cuando se hu~o en cierto modo exti~guido la emoción que causó
a todos, el Sr. de Keraho, que ya había readquirido
fuerza, explicó su odisea.
Pero antes, todos quisieron saber de labios de IsaXII
b~l sus aventu~as ~esde que emprendió la fuga tan
d1~hosamente msp1rada, y como guiada por el amor
BAJO LAS OLAS
fi!1al pudo al cabo . descubrirá su padre bajo el si.
.
01estro amontonamiento de témpanos.
Costó mucho _vol~er á la vida al moribundo.
Y ésta las explicó con toda ingenuidad.
rero ~u c?nst1tuc1ón robusta, los cui~ados ~e Is~Desde que salió del sitio en que había dejado á
~e, ladci~ncia del doct~r Servan le volvieron a la v1- sus compañeros, su instinto la había guiado no solaª: Y _e~ el tercer d1a pudo levantarse, haciendo mente hacia el sitio que indicaba la carta de su paasrs:e~iv;r. ~ esperanza en ~odos los ~orazones.
dre, sino hacia la parte más accidentada del pack,
e 11 c1eron tomar alimentos bien dosificados, que es la que era de más reciente formación y donft~1:~ª,df e~ tan f~nest_o _como las indigestiones que de, por lo mismo, debía hallarse la expedició~ de los
gp ª as argas mamc1ones.
tres hombres que habían ido en busca del polo
ero. antes de que esa especie
· de resurrección
· se
' engañado. Con un extraordinario· poNo se hab1a
Produiera, tuvo que procederse á dar sepultura á los der de observación, con una seguridad de que no se
d?s. bretones, pues b~e~ones eran los dos primeros in- hubiera creído capaz á una mujer, sirviéndose de la
divr~r°s _d~ la ~xped_ició~ que hallaban la muerte en I e~periencia_ que habla adquirido para atravesar las reaque as m osp1talanas tierras.
g1ones glaciales, adelantó rápidamente hacia la direc-

f

ción que de antemano sabía, y empezó á escudriñar
todos los témpanos que á su paso encontraba, sabiendo ya por su forma cuáles eran los sólidos y cuales
los que cubrían cavidades profundas.
Así llegó enfrente del montículo que recubría el
submarino, y quedó parada un momento pensando
que allí quizá habían encontrado sepultura los qut:
buscaba.
Salvator había llegado también junto al témpano
y gruñía sordamente, de un modo que hizo estrei;necer á la joven.
Fatigada ésta por la rápida marcha y no habiendo
tomado alimentos desde hacía doce horas, estaba sumamente nerviosa é impresionable.
Comprendiendo que allí estaba quizá la tumba de
su padre; Isabel azuzó al perro, que dando la vuelta
al enorme trozo de hielo, se detuvo junto á uno de los
ángulos y empezó á escarbar con verdadero frenesí.
Isabel le ayudó en su tarea. Tan impaciente como el animal, comprendiendo que algo insólito ocurría detrás de aquella muralla de témpanos y viendo
confirmadas sus anteriores sospechas de que existía
una cavidad debajo del hummok, procuró y consiguió
escalar éste sin grandes dificultades.
Entonces sucedió lo que no podía ser sino una tremenda catástrofe y que por fortuna fué causa ocasional de la salvación del Sr. de Keralio.
El hielo, sumamente delgado, cedió bajo el peso
de Isabel y ésta se hundió en un verdadero tubo de
nieve, cuyo nivel inferior tocaba á la escotilla del
submarino, que había quedado abierta. Allí se encontró junto á su padre inanimado y ante los cadáYeres
de sus compañeros que yacían algunos metros más
lejos. Su desesperación fué inmensa, pero á fuer de
mujer inteligente y serena principió por lo primero, que era en aquel momento conservar á su padre
el soplo de vida que le quedaba. Por fortuna había
conservado una pequeña bota de aguardiente y procuró introducir entre los labios del moribundo algunas gotas de aquel licor que podían reanimarlo.
Entonces fué cuando la encontró Huberto d'Er•
mont, apenas Salvator le hubo indicado el sitio.
Huberto había encontrado al perro trabajando
desesperadamente por abrirse paso al través del hielo, P?rque mientras, con riesgo de su propia vida,
prodigaba á su padre los más solícitos cuidados el
frío implacable cerraba poco á poco el paso por d~nde había descendido y amenazaba sepultarla con los
infelices allí olvidados.
Lo que sucedió después aconteció en medio de
los más extraños cambios de temperatura. La tormenta de nieve cuya violencia tantos temores había
inspirado, fué por fortuna de corta duración y así llegó el día 1.0 de septiembre.
Entonces fué preciso celebrar consejo: la estación
est~ba tan avanzada que parecfa temeraria toda tentativa para llevar más adelante la expedición; pero
con la salud _re~obraba el Sr. de Keralio la energfa, y
cuando se smt1ó repuesto relató toda la historia de
su aventura.
De lo demás ap~n~s se acordaba la valiente joven;
pues desde que v1ó a su padre en seguridad la emoción, la fatiga y el frío horrible que había padecido
la rindieron.
- Sí, dijo; he visto el polo: poco ha faltado para
que no pudiera alcanzar mi deseo. Esta muralla de
hielo que se levanta ante nosotros no tiene la misma
composición que los bloques paleocrísticos sobre los
cuales descansamos, pues no tiene contacto con el
mar.
- Efectivamente, exclamó d'Ermont· el teniente
Poi y yo hemos podido comprobarlo de' una manera
precisa. Esa muralla descansa sobre una base de rocas compactas y duras que llegan hasta profundidades enormes del Océano. Sin embargo nada autoriza
á creer que no exi~tan fallas y hende&lt;luras en aquel
basamento, algo as1 como túneles ó pasos submarinos.
-: Sí, existen, hijo mío, y cuanto de ellos pudiera
deCiros sería una repetición de lo que consigné en
el documento que ya conocéis, gracias á la botella: por
e!los hemos ll~~ado hasta el extremo opuesto de ese
cmturón gr~mt1co1 donde hemos sido rechazados por
una '.u~rza mvenc1ble, por urta especie de remolino
pro?1g1os~ que nos h~ lanzado fuera de la periferia y
obligado a volver atras, ya que no podíamos vencer
aquella fuerza centrífuga. Si no hemos luchado más
contr~ aque:l~ ~uerza ha sido porque nos hallábamos
en la 1mpos1b1hdad de hacerlo, puesto que en mitad
del cam!no nos ha faltado el combustible. Si mis
dos manneros están muertos y á mí me habéis hallado moribundo, ha sido culpa de alguien á quien no
conozco, pero contra quien no obstante debo formular una a~usación tanto más grave cuanto que exige
una penalidad.
-¿El com_bustible?, exclamó vivamente Huberto.
¿No os habíais llevado muchos tubos de hidrógeno

LA ILUSTRACIÓN

616

líquido? ¿No habíais tomado una cantidad suficiente?
- Sí, la cantidad hubiese bastado de sobra, puesto
que nos llevamos diez tubos que representaban ochocientos mil litros de gas, y la maniobra del submarino
no exigía más que la mitad. ¡Juzgad de mi estupor
cuando advertí que de los diez tubos había cinco
vacíos!
- ¡Vacíos!, exclamaron todos entre sorprendidos é
indignados.
- Vacíos, añadió el padre de Isabel, ó mejor dicho, vaciados á propósito. La espita fué abierta, y
desde hacía mucho tiempo las capilaridades no contenían ni un átomo de gas. El crimen debió ser cometido, bien á bordo, bien durante nuestra invernada en el cabo Ritter. No me atrevo á pronunciar
ningún nombre, y, sin embargo, uno asoma á mis
labios.
- ¡Hermano Schnecker !, exclamó Huberto con
violencia.
- No acuséis á nadie todavía, querido Huberto,
pues sólo el tiempo-puede descubrir al malvado. Para ello haremos todas las pesquisas necesarias.
Entonces contó todas las peripecias de aquella
conmovedora campaña: su vuelta después del fracaso
padecido por el submarino, su encallamiento en la
costa, el arrastre sobre el hielo del pack, una tempestad sin precedentes que había roto el pack como se
chafa la cáscara de un huevo, la carrera desesperada
de aquellos desgraciados, ateridos de frío y famélicos,
á través de mil obstáculos en busca del débil esquife
que contenía todas sus esperanzas; luego el submarino hallado después de mil peripecias y la reinstalación de los tres hombres moribundos en aquel estuche de aluminio completamente congelado y casi
más frío que la temperatura exterior. Los dos marineros sólo entraron allí para morir con cuatro horas
de intervalo. En fin, el Sr. de Keralio cayó á su vez,
y hubiera perecido infaliblemente sin la intervención
milagrosa de su hija.
Aquel relato produjo una impresión profunda sobre cuantos lo oyeron.
La emoción llegó á su colmo, cuando el padre de
Isabel, volviendo á su idea fija, repuso:
- Pero si la ausencia de hidrógeno me ha impedido realizar mi proyecto, ahora no existe ya este obstáculo. Estáis abundantemente provistos de este gas
bienhechor; saquemos á flote nuestro submarino y
empezaré de nuevo la empresa. No quiero que se diga que he naufragado dentro del puerto.
Huberto d'Ermont intervino entonces.
- Tío mío, dijo, entra en mis proyectos llevar á
buen término esta expedición; pero debéis comprender que no podemos de ninguna manera permitir que
os asociéis á nuestras fatigas y á nuestros trabajos.
Por otra parte, el doctor aquí presente os dará los
consejos que le dicten su ciencia y su amistad. El
submarino puede llevar cinco hombres á bordo. Nosotros sólo seremos tres para llevar á buen término
nuestra empresa; Guerbraz, yo y un tercer voluntario.
Una voz sonora y vibrante se elevó. Era la de
Isabel.
- El tercero, ó mejor dicho, la tercera, seré yo. Ya
que el estado de salud de mi padre no le permite tomar la parte que le estaba reservada en el descubrimiento, yo, su hija, ocuparé su puesto, y espero que
no serviré de estorbo.
Se trató en vano de disuadir á Isabel. Ni los argumentos de su padre ni los de sus compañeros bastaron para convencerla ni para amortiguar su entusiasmo.
Entonces, como el tiempo urgía y era preciso aprovechar los últimos días del verano, se decidió apresurar la expedición. Ocho días á lo sumo debían
bastar á los osados exploradores para llegar al eje del
mundo y estar de regreso. El Sr. de Keralio, por grandes que fueran sus deseos de acompañar á los expedicionarios, hubo de ceder á los prudentes consejos
del doctor Servan, habiéndose convenido que se
quedaría en la tanda esperando á que volviera el submarino ó que, guiado por unos cuantos marineros,
regresaría á la Estrella Polar que continuaba invernando en la isla Courbet.
Convenido esto y luego de haber recompuesto
las averías del submarino é inspeccionado las. carlingas, los tabiques, el árbol, la hélice, las máquinas y
hecho jugar todos los resortes de aquella máquina admirable de aluminio, se procedió al aprovisionamiento, y el 2 de septiembre, después de haber arrastrado
el buque hasta la orilla del mar, se le botó al agua, y
al día siguiente, 3 de septiembre, Isabel, Huberto
d'Ermont y Guerbraz se embarcaron, después de
cambiar con sus amigos y deudos fuertes apretones
de manos.
El submarino llevaba un nombre que sólo despertaba esperanza, el de Gracia de Dios.
Era verdaderamente un bu1ue perfeccionado y

677

ARTÍSTICA

La naturaleza de los lechos del suelo parecía indi.
que ya su primer experimento había dado por bueno.
car, en efecto, que en esa dire~ción encontraría más
Tres hombres bastaban para su maniobra.
Se componía de cinco partes: la máquina en el fácilmente les conductos subterráneos cuya presencentro; en la proa un tubo lanzatorpedos y la cámara cia le había revelado el Sr. de Keralio.
A las dos y media el Gracia de Dios sumergió de
de marineros; en la popa el camarote del oficial, pre-

~

.

-~- .

..

-·:
,

..... '

---:_-·.......

.

- -:-:..

~-

·-...::.-Nada tan lí1gubre como aquel entierro

cedido de un cuarto que estaba junto á la máquina.
Huberto cedió el camarote á su prima, quedándose
con el cuarto.
En la parte de abajo y á los lados del barco, dos
grandes cavidades se llenaban ó vaciaban proporcionalmente, según las profundidades que se querían alcanzar. Encima y sobre la cámara de popa, una caja
conteniendo aire respirable aseguraba la vida de los
tripulantes.
Pero la maravilla de aquel mecanismo ingenioso
era la aplicación sagaz que había sabido dar al hidrógeno el Sr. de Keralio, ayudado por la experiencia de los dos hermanos d'Ermont.
Estaba dispuesta del modo siguiente:
El hidrógeno, al salir del tubo de acero, pasaba á
una primera cámara de dilatación destinada á amortiguar su violencia, y luego se introducía en el cilindro motor, que contenía el pistón, por el juego alternativo de un cajón enorme. Mezclado con cierta cantidad de aire, el gas recibía el choque eléctrico de
una chispa de una bobina Rumhkorff. Bajo aquella
influencia, la combinación del hidrógeno con el oxígeno ambiente producía agua, que era recibida en un
cubo y rechazada al exterior por una bomba de gran
potencia, en tanto que la dilatación del resto de la
mezcla, obrando sucesivamente sobre las dos caras
del pistón, producía el vaivén de éste.
Cada vez que completaba su curso el gas se escapaba por orificios exteriores, chimeneas agujereadas
por conductos capilares inaccesihles á la invasión del
agua. El mecanismo de la distribución consistía, pues,
en la oscilación de las cajas que abrían y cerraban
sucesivamente los orificios del cilindro y en la apertura alternativa de circuitos que daban paso á la
chispa eléctrica para llegar á los aparatos inflamadores.
Era la última palabra de la navegación submarina,
y los viajeros tenían entre sus manos el más potente
de los agentes en forma de hidrógeno líquido ó sólido
encerrado en tubos que antes de partir examinó Huberto, el cual pudo ver con alegría que ninguno de
ellos había sido objeto del atentado cuya .naturaleza
explicara tan formalmente el Sr. de Keralio. La hora escogida para partir era la del mediodía. En el momento preciso los recipientes del submarino se llenaron de agua y el barco se hundió progresivamente
bajo las olas.
Tan grande era la limpidez de las capas del mar paleocrístico, que durante cinco minutos los espectadores de aquella escena pudieron seguir el descenso del
Gracia de Dios, pero después le perdieron de vista.
Llegado sin obstáculo á una profundidad de quinientos metros, el buque remontó inmediatamente á
la superficie: como se podía atravesar al aire libre y
en plena luz toda la zona del Océano que rodeaba al
polo, era inútil gastar tontamente el precioso gas antes de llegar á la cornisa de granito que sostenía el
banco de hielo.
El submarino, dotado de una velocidad de doce
nudos por hora, únicamente hizo uso durante esta
travesía de tres horas de sus velas de fortuna ó treos
y de sus largos remos. Llegado hasta el borde mismo
de la roca, y después de haher estudiado aquella muralla con gran cuidado, Huberto decidió remontar
algunos segundos hacia el Este.

nuevo. Lo hizo con gran lentitud y prudencia sin
dejar de observar el muro que le barría la rut; del
polo.
Gracias á las proyecciones de los aparatos eléctricos que consigo )levaban los expedicionarios, pudieron éstos escudriñar los últimos rincones de esos cimientos del globo.
A ochenta brazas, la muralla pareció desgarrarse y
el submarin&lt;;&gt; se encontró ante una bóveda que formaba túnel bajo la masa granítica. El haz de rayos
eléctricos que proyectaban las lámparas del buque
reveló pronto á los viajeros la existencia de un corredor prodigioso. Instruído por el Sr. de Keralio
acerca de la est~uct1;1ra de aquellos arrecifes gigantescos, Huberto d Ermont no dudó un instante de que
se hallaba en presencia de uno de esos caminos fabulosos por los cuales el padre de Isabel había encontrado ya su camino hacia el Norte.
Dejó, pues, que el barco bajara unos diez metros
m~s, y advirtió con gran contento que hacia abajo la
gneta se ensanchaba de un modo prodigioso. Lo
que no era sino una simple raja á ochenta brazas
de la superficie del mar, se convertía en una cúpula á
las ciento cincuenta. Y la mirada maravillada de los
viajeros no cesaba de contemplar y admirar la esplendidez del cuadro que se desarrollaba ante ellos
pues parecía aquella gruta un verdadero palacio d~
hadas.
A derecha y á izquierda y alcanzando profundida
des tapizadas de densas sombras, la bóveda formaba
salas sucesivas sostenidas por gigantescas columnas.
Aquí y allá aparecían formas arquitectónicas, flechas,
frontones, y más lejo~ parecían surgir edificios extraños en el seno de los cuales se movían formas desconocidas.
A veces, en medio de aquellas tinieblas misteriosas surgía un rayo de luz azul ó violeta, amarillo ú
opalino, y entonces el mar, súbitamente iluminado
dejaba ver inconmensurables profundidades.
'
- Ved ahí, Isabel, dijo de repente Huberto, cómo
acabo de descubrir la causa de las auroras boreales.
Es evidente para mí en este momento, que los dos
polos son inmensos condensadores de fluidos y que
las iluminaciones maravillosas de estas aguas deben
proyectar en el firmamento esas claridades extrañas

que tantas veces nos han llenado de admiración durante nuestra invernada del año anterior.
- Sin duda tenéis razón, Huberto, contestó la joven. Pero según vos, ¿cuál es la causa de este fenómeno?
( Contilluard)

�678

LA ILUSTRACIÓN

NúMERO 616

ARTÍSTICA

sent~ establecerán con éxito el valizaje
luminoso transoceánico.
L?s primeros faros flotantes se estab!ec1eron en Francia en 1860: el Ruytz_ngen que reproducimos sustituyó re•
~1entemenle á otro del mismo nombre
instalado en 1869 en ;)guas de Dunkerque y es de planchas de acero de
un espesor de 9 á 11 milímetros. Mide
3? metros de eslora, 7'80 de manga y
4_ I 2 de puntal; su casco pesa 103.000
kilogramos y desplaza 387 toneladas.
Su estabilidad está asegurada por su
gran anchura, por 90.000 kilogramos
de lastFe y por dos fuertes quillas laterales que se oponen á los bandazos·
está anclado á 20 metros de fondo so'.
bre el b~nco mismo y puede en caso
de necesidad largar 300 metros de cadena. Sus áncoras tienen la forma de
una seta de hierro y pesan 2.000 kilogramos.
Delante del bao maestro álzase un
mástil corto y_grueso bien sujetado, sobre el cual ~e iza á 1 2 metros por encima del horizonte la jaula que contiene
el apa~ato luminoso, compuesto de nueve lámparas dispuestas en grupos de
tres con reflectores paralélicos: el sistema gira alrededor del mástil y produce un resplandor rojo cada veinte
segundos. A una altura de 20 metros el
mástil termina en una bola construfda
con círculos de hierro, que tiene seis
me_tros de circunferencia y en cuyo intenor pueden sentarse cómodamente
diez personas: uno de nuestros grabado~ reproduce esta especie de observatorio.
En previsión del caso, por otra parte

muy difícil, de que el buque-faro hubiera de navegar
con sus propios recursos, lleva un velamen cuya superficie ha sido calculada para los grandes temporales, únicos que pueden romper las cadenas.
La cala del Ruyti11gen, además de espaciosos alojamientos para el capitán, oficiales y marineros con
todas las dependencias necesarias, contiene la potente máquina de aire comprimido que hace funcionar
la sirena durante las nieblas; por si ésta se estropeara, tiene á prevención el barco una campana que pesa 70 kilogramos,
El servicio de los buques-faros está desempeñado
por un personal numeroso y escogido entre los viejos
marinos de guerra y mercantes. Cada pontón tiene
una tripulación de ocho hombres mandados por un
capitán de buque mercante de los que hacen viajes
de altura, práctico conocedor de los sitios locales y
experto en la maniobra de los barcos-faros.
El relevo de este personal se efectúa cada quince
días ... si el tiempo lo permite, y en invierno acontece
muy á menudo que el tiempo no concede este permiso y hay que esperar entonces una coyuntura favorable.
Este relevo es más difícil de lo que á primera vista
parece. En primer lugar es preciso ir lejos en un vapor especial que remolca una chalupa; luego hay que
transportar víveres, agua dulce, grandes latas de petróleo, alquitrán, etc. Si todo se redujera á que los
del faro saltasen al vapor y viceversa, la operación sería más fácil; pero lejos de esto, hay que verificar un
verdadero desembarco en alta mar, y sabido es que
los trabajos de esta naturaleza son imposibles aun en
un puerto, cuando el mar está alborotado.
Para que el relevo se efectúe normalmente conviene llegar hasta tocar al pontón, y entonces todo se
hace de prisa y bien. También puede verificarse en
.
.
'
ciertas circunstancias, el transbordo por medio de la
chal~pa, pero esto exige que se adopten grandes precauc10nes para que la chalupa atraque sin riesgo junto al pontón.

NúMERO

LA

61 6

La vida de los marinos á bordo de los buques-faros es generalmente monótona; su principal ocupación consiste en arreglar con cuidado y limpieza extremados su casa de campo. Pintar, barnizar y pulir,
he aquí todas sus ocupaciones; fuera de esto, los pontoneros se e ntretienen en varias labores, una de las
cuales es la construcción de barcos casi microscóoicos que son un modelo de paciencia por lo perfectos
en sus pequeñas dimensiones.
De cuando en cuando, un temporal viene á romper
esa monotonía y entonces el barco se agita, se fatiga,
casi navega. Algu nas veces redobla el viento sus esfuerzos y arranca al pontón del escollo en que está
anclado: este accidente, que no tiene nada de agradable, no disgusta sin embargo á los tripulantes del
pontón, que con aquella navegación forzada se sienten rejuvenecidos y recobran el vigor de otros tiempos para luchar con las embravecidas olas. A consecuencia de estos incidentes, muchos buques-faros han
realizado travesías á la vela, tan singulares como llenas de emociones, en medio del furor del Océano,
evitando la tierra y haciendo rumbo hacia alta mar.
Bien lastrados, muy estables y mandados y maniobrados por marinos expertos siempre han salido
bien de estos malós pasos.
Cada pontonero recibe al año un sueldo de I .ooo
francos y víveres para ocho meses: cuando están en

I.

'

***
LA COMBUSTIÓN SIN HUMO

La combustión sin humo es el sueño dorado d e
todas las industrias, especialmente de aquellas que
están establecidas en el interior ó cerca de las ciudades: muchos son los aparatos fumívoros cuya adop·
ción se ha propuesto, pero ninguno ha dado resultados completamente satisfactorios. He aquí un siste·
ma digno de llamar la atención de los industriales.
El combustible en vez de ser introducido en pedazos, como ahora se hace, es previamente reducido
á polvo por medio de muelas. En lugar del hogar
ordinario se encuentra una cámara de combustión
en forma de pera, revestida de ladrillos refractarios y
provista de un aparato deyector, parecido á los que
se emplean en los hogares de petróleo: en esa cámara hay dos aberturas, una en el eje de la caldera y
en el sitio que en los actuales hogares ocupa la puerta, y otra en el extremo opuesto de la cámara que

UIT ANdPBÍLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
pn 1 ■Hdab M lfll, , 111,a
C.U, LEHTEJAB, TEZ ASO
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLOREBCEl'ICIAS
ROJECES

arabede:e·191·t·Q lde Afeccionesd1ICorazon,
contra las diversas

J G

Hydropesias,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

id t d u·
rageas alLllíll
oe 1erro de
GELIS&amp;CONTÉ

.Aprobadu por la Academia de JCedlc/JJa de Puf, .

HEIOSTATICO 11 maa PODERDIO
que se conoce, en poclon ó
en lnjecclon lpodermlca.
Las Grageas hacen mas
!fl.cll el labor del par,to y

SECCI ÓN CIENTÍFICA
LOS FAROS FLOTANTES

Dados los progresos de la industria moderna la
na~egación en alta mar dista mucho de presentar'los
pehgros que ante~ ofrecía; per? queda atín un peligro
grave para el marino: y es la tierra, es decir, el camino que al acercarse a la costa ha de recorrer para llegar al puerto y que tantas veces está sembrado de temibles escollos.
Los faros y las indicaciones de lbs semáforos están
á menudo demasi~do lejos para guiar al navegante, y
alg~nas veces la tierra permanece oculta debajo del
horizonte cuando el buque se halla ya empeñado sobre fondos peligrosos.
De aquí la necesidad urgentísima de las señales
fijas ó flotantes determinadas geográficamente y marcadas en las cartas de aterraje con su coloración metódica de día y su manera de ·alumbrar si están provistas de un aparato focal.
El servicio de faros y valizas inspira hoy el más
vivo interés á todos los que de cosas marítimas se
ocupan.
Bastaría citar algunas entradas de puertos mny frecuentados para hacer comprender cuánta pericia,
cuánta práctica, cuántos cuidados exige el gobierno
de un buque que se acerca á tierra y también cuáles
instalaciones deben establecer los ingenieros para
marcar claramente, así de día como de noche, el camino que ha de seguirse.
_La cuestión del valizaje y sobre todo del valizaje lummoso ha hecho asombrosos progresos desde el momento en que los nuevos procedimientos metalúrgicos han dado la solución de los problemas por aquélla p~anteados, y poco á poco las naciones marítimas
han instalado en los puntos más difíciles de sus ater~ajes vali~s fijas, linternas, buques faros, boyas senc!llas ó luminosas que son para los marinos datos precisos de la ruta que han de seguir para llegar á puerto con toda seguridad.
Entre estos aparatos merecen puesto preferente los
faros fl?tantes, que son, á no dudarlo, los pilotos del
porvemr: los ~a~eos marítimos iluminados por el gas
ó por la electnc1dad han salido ya de la esfera de la
fantasía y de la caricatura: nietos de los que tendieron los grandes cables, los hijos de la generación pre-

(De L'lllmtration)

a

sirve de orificio un tubo de aire que arrastra constantemente el polvo de carbón á la cámara de combustión y que, orientado de una manera conveniente, está dispuesto de modo que el polvo se dispersa
por todo el hogar. Una vez inflamado este polvo,
la combustión continúa de. una manera intensa y regular bajo la acción de la corriente de aire que lo
arrastra y que se regula de una sola vez, según la
cantidad de polvo necesaria á la producción del calor que se desea. El polvo de carbón está en una caja
de donde el aire comprimido lo recoge por medio de
un mecanismo muy ingenioso y lo lleva al hogar.
El aire y el combustible están, pues, íntimamente
mezclados en la zona de combustión, al paso que la
corriente de aire que ha servido de vehículo al polvo pierde la mayor parte de su velocidad: de suerte
que la combustión es completa.
El aire puede ser previamente calentado utilizando el calor de los gases que se desprenden en la chimenea, y también puede mezclársele con una corriente de vapor que se descompone en hidrógeno, cuya
combustión hace elevar la temperatura del hogar.
Este sistema permite mantener constante esta temperatura, apagar instantáneamente el fuego y suprimir las chimeneas altas é impide la formación de escorias,
(De La Nattm)

...........

El ma, ,ttcaz di los
F1rruz{noso, contra la
Anemia, Clorosis,
Ell,e•ncl■llltl •• la langr1,
Debilidad, etc.
•

Almuerzo en el observatorio del faro flotante: R1t_¡,li11gen

tierra se utilizan sus servicios para las reparaciones
de las valizas. Inútil nos parece consignar que las tres
cuarJas partes de esos valientes están condecorados
con la medalla de salvamento.
Su divisa es «Paciencia, exactitud y abnegación.»

-

Empleado con el mejor exito

Fig.

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••la&amp; oonatttuye el reparador maa eu&lt;:rllico que se conoce para curar : la Clordffj, la

..lfltmta, las JltffllruadollU dollH'OIM, el Jlmpo&amp;reat111fflto '1 lá J.lteracton ae la Sangre,
el Baqum,mo, las J.ftaW'IIU ucro~, Y ueorbUtical, etc• .El l'iao Ferrast■H• de
.&amp;roull ea, en erecto, el únlco que re1.Wo todo lo que entona y fortalece los organoa
regulariza· coordena y aumenta considtn"ablemente las tuerzas ó ln!Wlde a la 11&amp;11¡re
empobrecida y descolorida : el Y~or, la Co/lH'ad01t y la llMrgta tntiil.

Por uvor, e11 Paril, en casa de J. FBW, hrmauutico, tO!, nie Richelien, Sucesor ele AROUD.
p VKNDK BN TODAS U.S PB.INQIP.u.JIS BOTIQ.lS

rEXIJASE

Fig.

2.

El faro flotante R/lytiugm

11

~..;

1

ARDUO

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por

perfumista

9, Ruede la Paixs PARIS

�LA

680

NúMERO

ÍLUSTRACIÓN ARTISTICA

616

un problema cuya solución c~e~mos deberían estu•
diar los que se hal_lan en c~nd1c1ones ?e hacerlo. La
primera cría ha sido premiada con diploma de honor y medalla de primera clase en el _certamen c~le•
brado por la Real Sociedad Económica de Amigos
del Pa!s el 12 de octubre de 1892 con motivo de la
celebración del Cuarto centenario tlt/ desettbrimimto
de América y ha sido editada por la I/11stración Por•
torriquefla.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
LA ESPAÑA DE 110v, por R . llfo,mer y Srms. Cuando tanto se dice en contra ó menosprecio de
nuestra patria, cuando los extranjeros y aun algunos
españoles hablan con desdén de nuestro atraso mo•
ral y material suponiendo que la España que todo
lo fué un día hoy está casi por completo aparta·
da del movimiento progresivo del mundo civiliza·
do, conforta el ánimo de los que creemos que ni el
mal es tan grande ni el remedio tan dificil escuchar
una voz entusiasta, elocuente, que aun prescindiendo
del pasado glorios!simo reclama para la España de
la presente centuria el respeto que se merece un pue·
blo que todavia trabaja y produce mucho, lo mismo
material que moralmente. Esta voz la deja oir desde
la República Argentina el notable publicista español
Sr. Monner y Sans en la obra que nos ocupa: ea
ella afirma que no han muerto el arte, ni la literatu·
ra, ni la filosofía en un sig1o en que han vivido Go·
ya, Rosales, Palmaroli, Gisbert, Fortuny, Madrazo,
Henlliure, Susillo, Mélida, Vallmitjana, Espronceda,
Zorrilla, Bécquer, Campoamor, Núñez de Arce, Do•
noso Cortés, Balmes, el P. González, Azcárate, Pi y
Margall, Aparici y Guijarro, Rivero, Pida! y Mon,
Castelar, Valera, Pérez Galdós, Pereda, la señora
Pardo Bazán, Palacio Valdés, Castro y Serrano y
tantos otros que son gloria del mundo cient!fico, ar·
tístico, filosófico y literario. Y lo que afirma en la
esfera moral afirmalo también en lo que al trabajo
material se refiere con buen acopio de datos que
prueban elocuentemente que nuestra producción,
nuestro imperio colonial, nuestro comercio, nuestra
marina y nuestras obras públicas distan mucho de
desempeñar un papel desairado y antes bien ocupan
un lugar digno en el concierto de las naciones europeas. El folleto del Sr. Monner es la obra de un pa·
triota y de un castizo escritor, y merece por ello
entusiasta elogio de los amantes de nuestra patria y
de las letras españolas.

•
••
Los APÉ!iOICES AL CÓDIGO CIVIL,por D. León
Bonel y Sdnchtz. - Con la entrega 12 de esta importante publicación ha terminado el primer gruP? _de
suscripción á la revista que tan acertadamente dmge
el digno magistrado de esta Audiencia, D. León Bonel y Sánchez. En lo sucesivo Los apéndice~ al (!ódi•
go Civil y la reputad!sima Revista ,Je Legislac1ó11 y
fttrispnuie11cia, de Madrid, se fundirá_n en una. s~la
publicación en la cual todos los magistrados, JUnsconsultos y aficionados á estudios jurldicos encontra•
rán cuanto necesiten conocer sobre legislaciones, co•
mún y forales, jurisprudencia y cuesúones doctrina·
les, y los suscriptores podrán hacer consultas que se•
rán publicadas y contestadas por el orden en que se
presenten, si el director lo cree procedente. Para
terminar el indice general y el Reglamento para la
ejecución de la Ley Hipotecaria se publicarán entre•
gas suplementarias fuera de .abono al precio de una
peseta cada una. La administración de Los Apéndices
correrá en lo sucesivo á cargo de D. Julián Mart!nez,
Espoz y Mina, 17, pral., Madrid.

•••

•••
LA PRIMERA CRIA, por l'tf. Go11zdlez Carda. Es ésta una narración novelesca muy interesante de
costumbres campesinas portorriqueñas, pero en el
fondo es algo más, puesto que en el relato va envuel·
ta una cuestión social de gran trascendencia pa·
ra aquella hermosa antilla española y se plantea

~€R€·Si&gt;:
. t5t5

ne: JE:•s,us
..¡.

1.582

Cuadro de Eugenio Gimeno l{egnier

Los OJOS NEGROS, por D. José Borrds. - El no·
table poeta Sr. Borrás y Bayonés, de alguna de cu•
yas obras nos hemos ocupado en otras ocasiones,
acaba de publicar, con el titulo de Los ojos negros,
un idilio-elegfa en $etenta estrofas todas muy senti·
das y abundantes en pensamientos bell!simos que
avalora una versificación correcta y fluida. La com•
posición del Sr. Borrás tiene el corte de uno de esos
pequeños poemas que tan justo renombre han dado
á Campoamor y conúene bellezas de fondo y de for·
maque, dentro de su indiscutible originalidad, re·
cuerdan el estilo del ilustre autor de las Doloras.
Véndese el idilio-elegla del Sr. Bonás en las libre•
rias de San Martin (Puerta del Sol, 6) y de Fe (Ca·
rrera de San Jerónimo, 2), Madrid.

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríja nse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núm. 61, Pa.ris.-Las casas españolas pueden hacerlo en le. oficina. de publicidad de los Sres. Calvet y Ria.lp, Paseo de Gracia., núm. 21

APJ:OL
"de los Ot ea JORET 8 HOMOLLE

MEDIOA.OION TÓNICA.

El APIOL cura los do/ore,, ret,110,, aupreetonea t/t /11 Epoou, asl como las p4rdldu.
Pero con rrecuencla ee ra11111ca&lt;10. El APIo L
Terdadero1...~ co encu, ea el de loa tnveniorea. los u- JORET y BOJIOLLE.

PILDORAS v JARABE

•EDALLAS E1p&lt;' Unt,i. LONDRE818SZ·PA R/8 tU,

DE

rar-UlilT, m,ru•111nU,!WJ

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ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l fr. 30.

.,~,."°'••

""'¡,9ADES ••1E1ro~
-.,~
a
. ..,410

Quertdo enfermo. -Fiase Vd. , mi l• rf•
, h•t• UIO de nuestro, ORANOS d• SALUD, pu.. a/loe
curarln de , u con1t1p10/on, /1 dar,n apetito 1 la
dero/rerh ti 1u1ño 1 la 1le,r11. - A11 ,,, ,,, Vd.
11ucho1 1ilo1. d11frul1nd1 111mpra de una ~uena aa/"4.

1,

E xijase l a firma y el sello
de gar ant ía.

Pepsina Boudault
Apro•d• por 11 AUDEIU DE nDltlU

lltdallu oa lu Blpo1lclon11 laltnulonal11 ••

El Alimento mu reparador, unido al TóDioo mu enei¡ico.

PillS - LTOI • mu • PIIUDELPBIA • PARIS
116'1

1ffl

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¡r,a

•un a u.
DISPEPSIAS
OÁSTRITIS - OASTRALOIAS
DIOH,T ION LENTAS Y PENOSAS
PALTA DE APETITO
u auu..

CJOW IL • •10•

'I OT&amp;OI DIIOIJ)I RII DI U DI.IUTIG9

B.\10 U FORl(l DI

ELIXIR, , 4e PEPSIN.l BOUDAULT
VINO · · de PEPSIR! BOUDAULT
POLVOS. ie PEPSINA BOUDAULT ·
PWS, Pwmadt COLLAS, 1, ne llapm

, ... "" '""",,.'" ,.,_.._

Lu

P,ruua ... CODtCOlu

CARNE y QUINA

PREMIODELINSTITUTO AL D' CORYISART, EN 1856

PILDORlSt!DEHlUT
DE PAAIS

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PllINCJl&gt;IOS fflJTJUTIVOS SOLUBLBS DB U CAI\NE
son los elementos que entran en la comp0álclon de este potente
n,parador de las tuerzas vitales, de este for&amp;illeaa&amp;e por eaee(e■el11. De un gusto sumamente agradable, es 110berano contra la .Aftlmta y el .Apocamtento, en las Calffltura,
1 Co,ioalecenctas1 contra las
y las .Afecdbnu del B1toma(lo y los ,ntuttno,.
C,AL"ffl y gmiw.-1

Dfa"''"

Cuando se trata de despertar el apeUto, asegurar las digestiones reparar las ruerzu,
fflltquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,o-

Cl.dü por los calores, no se conoce nada supei'lor al l'úao de Oaina de A.roalL
,P()'I' maNor• en París, en casa de J. FEW, Farmaceuüco, iO!, rue Riehelieu. &amp;c.aor deilOtm,
•

81 VBffl&gt;B BN TODA.8 LAS PlUNCIP.U.U BoTl&lt;a&amp;

EXIJASE '1i!ºt1:., ARDUO

PITE EPILATOIRE U.SER
1

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco n1 el cansancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, él cat,,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seg-un llll ocupaciones. Como el caasan
c10 que la purga ocasiona quedQcompletamenteanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada,WJO
se decide fácilmente á volver
11 &amp;mpe1ar cuantas vece,
sea necesario.

deetniye huta tu IIAICIE9 el VELLO del ro11ro de lu damu (Barba, Blrote, ete.), ttw
abipn pelirro para el calll. 10 .&amp;iio■ de :idto,Jmillana de teaUmonloe prullun la eftead1
4e ata preparadoll, (Se ,eac11 11 Mili, pjp la barba, J ea 1/2 11)11 pan el blpta Urero}. Pan
111 llruol, •pl6ele el l!ILI. J'OBI# X&gt;V■BER, l , l"lll Z...t.•ROUSM&amp;U. Paria-

Quedan reservados los derechos de propiedad arlfstica y literaria
I MP. DB M ONTANBR Y SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>~t11ac100
Ftí~t1ea
A:&amp;o XII

B ARCELONA 9 DE OCTUBRE DE 1893

NÚM. 615

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

··•.

··.,
. .
:.,...:;:.:;:.:; . _··.

Et EMI N'~N'rE NOVELISTA. EMILIO 20LA
Presidente y representante de la «Societé des Gens de L ettresl&gt; en el Congreso periodístico recientemente celebrado en Londres

(De una fotografla de A. Nadar, P arís)

�LA

1LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

NúMERO

615

lo mucho que tenía de sabio, en su lenguaje tan magnética mucho antes de que la hara P?dido deexacto como un matemático y en sus reservas tan finir el raciocinio y comprobar la experiencia.
Yo nunca olvidaré una visita que hice á la Salpemisterioso como un iluminado, sonriente con esceptriere,
acompañado I?ºr él mismo en persona. Guarticismo un poco burlón al par que grave con gravedad un poco excesiva, las cejas fruncidas y la f~ente daba con los prototipos perdurables del arte y con
surcada por los trabajos continuos del pensamiento los libros clásicos de la ciencia en aquellas largas esen acción, dotado de unos tan profundos y tan gran- tancias del Hospital todas las rarezas que pueden
des y tan extraños ojos, que al reflej_aros en ellos, producir los desarreglos nerviosos y todos los fenóTexto. - Mur111uracio11es europens, por Emilio Castelar. - La
menos que pueden ofrecer los sueños magnéticos é
vida en la pen{nsula de Malaca, por J ohn Fairlie. - La pro- creíais haberos asomado á los eternos ideales.
hipnóticos en personas, aunqu~ muy, e~f~rmas y a~haYo,
gracias
á
Dios,
nunca
estuve
malo.
A
mis
sefesión, por Augusto Jerez Perchet. - Miscelán!ª· -~uestros
grabados. - U11a francesa en el polo Norte (contmuac1ón), por senta cumplidos años échome á reñir en salud con cosas, muy vivas y muy apareJa~as a v1v1r larg~ ttemPedro Mael. - SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Un buque de guerra todos los jóvenes. Así no conocí á Charco_t C?l!1º po. Aquella su clínica me parec1a en algunos mstanamericano con espolón. -Et te/autógrafo. - Et monumento de
cliente lo conocí como amigo. En uno de mis v1a1es tes un gran centro de profundos estudios y en otros
la Victoria recientemente inaugurado en Dzmkerque.
Grabados. - Et eminente novelista Emilio Zola (de fotogra· tuve l; honra de que á su mesa me invitase y ?~s- instantes un teatro de divertidos espectáculos. Curáfía). - Nueve grabados que ilustran el articulo La vida en la pués me ofreciese un deliciosísimo sarao de fam1ha, base á su cuidado personal cierto pobre factor de fepmlnsula de Malaca. -Et papanatas; Recién llegado de la cuyo recuerdo queda entre los más gra!os y bendeci- rrocarril, quien, al taponazo de un vagón, quedó
aldea; Indiferente; Dificil de contentar; El que de todo se ad·
paralítico de los dedos. ¡Oh influencia del sueño magmira, tipos de visitantes :le la Exposición de Chicago, por dos de mi vida, tan festejada por mis numerosos
nético!
Si despierto, no había medio alguno de movéramigos,
y
que
de
tantas
festividades
análogas
guarda
A. Castaigne. -La lección interrumpida, cuadro de L. Al·
varez. -El zurcidor de alfombras, pastel de Gilbert. - Figu- memoria en su larguísimo transcurso. El caserón selos, rígidos como palos; pero en cuanto la mirada
ras I, 2 y 3. El Katalzdin, buque de guerra americano con enorme habitado por Charcot parec(a un convent?, hipnótica del doctor lo adormecía, movfalos como
espolón. - .Bajo relieve del Monumento de l&lt;J, Victoria. - Afoabogado en informe ó como cubiletero en pruebas.
nulimzto de la Victoria recientemente inaugurado en Dun• un hospital, una clínica. Desde la verJa os ~~teraba1s
de que ibais á un templo consagrado al allVIO de los No lejos del cuarto donde se hallaba este infeliz,
kerque, obras de Lormier.
........,,.,,,.,,...•................,..,...............,..,,......,......,..,..,,.................................................. dolores materiales, pues todo converge allí á la con- veíase una mujer, quien despierta no podía ni ver
sulta del sabio por el doliente y en todas partes des- las agujas, retorciéndose como una poseída ó como
MURMURACIONES EUROPEAS
cubrís las señales de los cuidados que arbitra un una loca en cuanto las atisbaba por cualquier lado;
POR DON EMILIO CAsTKLAR
propósito metodizado del alivio y del socorro. Yá mas dormida por los conjuros magnéticos, aunque
estos
caracteres propios de una casa donde la cien- le picaban en la cara y en las manos con cien de
El hambre de la muerte. -Amigos ilustres muertos en el mes
cia
dominaba,
uníanse muy selectos cara_cteres a,rtís- ellas, no sentía dolor alguno, antes bien satisfacción
último. - Súbita desaparición del gran médico Charcot. ticos,
cual
en
la
casa connatural á un pmtor y a un y regocijo. La sugestión, tan disputada y combatida;
Particularidades singularisimas de su trance último. - Supersona. - Su casa. - !::iu familia. - Su arte. - Su museo. - Su literato. Charcot juntaba en su hogar con todos los el influjo natural de unas personas sobre otras, expeciencia. -Su hospital. - Sus conversaciones con el gran poe- enseres propios de las .manipulaciones científicas rimentábase allí con pruebas indestructibles. Yo he
ta Sully·Proudhorne. - Complemento de su ciencia en la
visto expresar al rostro de una joven histérica en sueeternidad. - Muerte de Ruchonnet en Suiza. - Or!genes de preciosísimos objetos de arte, los cuales, no ~ola~eneste ilustre república. - Su radicalismo. - Errores particula- te convidaban al recreo, servían de reposo a la vista ño hipnótico cuantos afectos le decía yo al oído del
res de la escuela radical en el cantón de Vaud y generales y aun de alivio á las dolencias.-Además un rayo de doctor, que le mahdaba expresase por medio de una
en la confederación helvética. - Cargos ejercidos por Ru- verdadera luz espiritual, un gorjeo de ruiseñores simple presión de las manos, apenas perceptible y
chonnet. - Servicios prestados al progreso en la legislación
amantes, un regocijo saludable llena~an y ~enchían tan callado como una orden del pensamiento. Nadie
y en la política. - Conclusión.
el albergue de tanto estudio, cuando d1scurnan sobre me lo ha contado; yo lo he visto. Y por cierto que
No hay sino recogerse dentro de sí mismo un mes, las alfombras del salón ó sobre los céspedes del jar- aquella joven, indiferente á todo en su vida normal,
apartándose de la comunicación diaria con el mundo, dín, como apariciones celestes, las dos hermosas é pues ahí estaba su achaque crónico, en la insensibipara ver que ninguna fuerza igualará en la naturaleza inteligentes hijas del doctor, la ~asada y _la_ soltera, lidad y en una indiferencia con la insensibilidad conde modo alguno á la fuerza desplegada por el ham- en compañía de numerosas amigas, pres1d1énd~las gruente, manifestaba los arrobos de la visión extática
bre de la muerte. Los dominios de ésta se dilatan con sumo cuidado la señora de la casa, muy próvida y los embobamientos del amor místico en su rostro
por los más remotos espacios del infinito material, y y muy respetable, quien de todo se_ cu~aba; pue~ en como pudiera Santa Teresa en sus libros y el Beato
sus sombras se atreven á los más luminosos astros aquella reunión, después de ha?er eJerc1do la candad Angélico en sus figuras. Ahí hay un misterio que lo
del vívido universo. Como todo nace, todo muere. con los enfermos y ayudado a la obra común, unas porvenir aclarará. Poco después de que Galvani viera
Y como todo muere, las constelaciones más hermo- leían libros compuestos en todas las lenguas mo~er- moverse la rana muerta y como revivir bajo el tosas, las pléyadas lucientes anoche mismo en los bor- nas muy cultivadas allí; otras asestaban la máquina nante látigo de la chispa eléctrica, nadie hubiera dides orientales del cielo azul y retratadas en las ondu- de fotografiar para obtener grupos combinados por cho las virtudes varias de aquel fluido, sólo enconlaciones argénteas del Océano en calma, tendrán que su arte consumadísimo¡ cosían éstas y bordaban co- trado por los antiguos en el ámbar, de cuyo cuerpo
apagarse como cualquier luciérnaga titilante bajo mo si tuvieran en sus dedos los hilos tejedores de le provino su nombre, cuando nosotros lo hemos enuna hoja de cardo y al amor de un arroyo seco. Na- pétalos y corolas; pintaban aquéllas cuadri~os muy cadenado por la mano de los atrevidos Prometeos
da sabemos tan seguramente cual que habremos de bien dibujados, y muchas cantaban á marav_1lla, per- del mundo moderno y constreñídole á que lleve somorir en seguida, y nada olvidamos con mayor faci- fectamente acompañadas, no sólo por el piano y_el bre sus chispas nuestra palabra, esculpa nuestros relidad. Pero las vidas de aquellos que nos acompañan, violín clásicos que resonaban á una con frecuencia, lieves, cante nuestra música, impela nuestras moles,
cayendo como granos de un inmenso reloj de arena por guitarras españolas, semejantes á orientales guz- esclarezca con· argéntea luz nuestras noches, comunien lo vacío á cada segundo, nos avisan, al choque las, cuyos melancólicos rasgueos nos traían al Sen~ que unos con otros á todos los pueblos del planeta
suyo con la tumba y al estremecimiento que dejan verdinegro reverberaciones del opalado Guadalqm- en rápidos mensajes; haciendo de la centella y del
en el tiempo con sus ondas concéntricas arremolina- vir, y á los nervios, sobrexcitadísimos por el e~ceso rayo asesinos, como un éter vivificante y creador.
das sobre las espirales del abismo negro y mudo, de vida, rebosante de continuo en las grandes cmda- ¿Qué no puede guardar el magnetismo animal en sus
cómo á todos nosotros igual corriente nos impele, des, aquellos sedativos efluvios, guardados en los ~ro- misterios y secretos, cuando tales cosas ha hecho y
bien ó mal de nuestro grado, hacia la eternidad. Yo mas del azahar diluído en abri'l y mayo por los aires tantos milagros ha obrado la cósmica electricidad?
A pesar de tal esperanza, no puede uno desconocer
no he querido leer periódicos en treinta días, por una de la encantadora Sevilla.
necesidad de reposo tras penosísimo trabajo, sólo
Charcot creía en la virtud médica del arte. Gran que la sugestión, la hipnosis, la histeria, el influjo de
semejante á la necesidad imperiosa de sueño tras observador de la histeria y de sus antídotos, aconse- unos ojos sobre otros ojos y de unas personas sobre
larga vigilia, y heme hallado, cuando entro de nuevo jaba muchas veces la difusión de unas notas del arpa otras personas, toda esta sirte de secretos ha perdido
en mis faenas, al recorrer las colecciones de diarios ó del violín en los nervios agitados á los estremeci- con la muerte de Charcot al mayor y más ilustre y
atrasados y recogidos en el hogar durante mi ausen- mientos producidos por la electricidad animal. Así es más sabio entre todos sus observadores.
cia, que han muerto en ese brevísimo período ami- que observaba las enfermedades nerviosas, tanto en
Una grande predilección de la suerte ha querido
gos con quienes tuve fraternales relaciones en largos los casos que le ofrecía su clínica y su consulta, cuanto que yo conociera y tratara los hombres mayores de
períodos de mi existencia, y á quienes debí una esti- en los tipos que le presentaban las letras y las artes. mi tiempo. Y como he conocido y tratado al gran
mación profunda sin medida, como un cariño verda- Al entrar en las salas precedentes á su cátedra del médico de nuestros días, á Charcot, he conocido y
dero sin límites, cuyos recuerdos interesan á mis lec- Hospital, veíais reproducidos en lienzos, en graba- tratado á uno de los primeros poetas contemporátores, porque los nombres de seres tan ilustres queda- dos, en fotografías, todos los cuadros célebr~s, re- neos, á Sully-Prudhome. Imposibilitado éste de ir á
rán en la historia mientras subsista la tierra.
presentativos de las afecciones histéricas 6 nerv10sas. escanciar sus inspiraciones en ternuras como las de
¡Qué dramas compone á la continua el destino El endemoniado de la Transfiguración rafaelesca; el Alfredo Musset y en melancolías como las de Alfonllamado casualidad en las vulgaridades al uso! Lope, vidente de las celdas angélicas en Florencia; el mís- so Lamartine y en síntesis como las de Víctor _Rugo,
Ibsen, Echegaray son, en comparación del fértil mis- tico arrobado que Murillo evoca sobre fondos de una dióse al especial ministerio de concentrar en el áureo
terioso dramaturgo, niños de teta. Ninguna invención luz como increada, y el penitente que Zurbarán pone pomo de una forma perfecta la quinta esencia de
semejante á las encontradas por tan grande inventiva. allá en los hondos claustros de un monasterio pare- unas ideas originales y profundas. Para conseguir
Charcot pasó sus días conjurando los desarreglos cido á funeraria ciudad; una predicación de San Ig- cosa tan difícil, en cuya consecución no marró por
nerviosos y los desperfectos cerebrales, cuyos estra- nacio, ideada en rapto de idealismo por artífice tan cierto, apenas le bastaban las personales sugestiones
gos traen aparejadas muertes repentinas, y murió de positivista como Rubens; los labios de aquellos bo- de su genio, tenía que apelar al estudio. Y como en
repente, sin agonía ni estertor, á súbito asalto de la rrachos del gran Velázquez, los cuales contraen ó es- el estudio no se registra ningún problema parecido
enfermedad combatida por él, en rápido viaje, sobre tiran las evaporaciones del vino embriagador y los por su trascendencia y gravedad á este problema de
los colchones de un albergue campesino, la noche de ojos sublimes de una Santa Teresa ó de una Concep- la revelación entre el sujeto cognoscente y el objeto
su llegada, entre médicos aterrados del fulminante ción inundados por las revelaciones celestiales; todo conocido, tan inspirado escolar atormentaba de congolpe, como si la muerte hubiese querido mostrar lo aquello que puede significar ascenso y descenso en tinuo á la ciencia con interrogaciones como las dirivano del saber, incapacitadísimo de penetrar en los las escalas y gradaciones de nuestra vida por los im- gidas por Hámlet al perdurable silencio de las tumhondos misterios que lo envuelven todo y de conju- pulsos del fluido nervioso, todo estaba como en bre- bas. Y en vista de que tal problema, verdaderamente
rar las leyes fatales que todo lo rigen y ordenan. Pa- ve museo de copias, animada biblioteca compuesta martirizador, pide para sus dilucidaciones posibles.
réceme verlo con su aire natural, que tenía mucho del con las observaciones hechas por los artistas en sus así la fisiología como la psicología, y fuera Charcot
aire de los abates antiguos y de los filósofos moder- prolijos estudios ó de las adivinaciones sobrenatura- por su profunda ciencia y por su larguísima experiennos; afeitado como un cura, fuerte y robusto como les por esa ciencia intuitiva congénita con los revela- cia un fisiólogo profu'ndo, principalmente consagrado
gañán, siempre observando y aprendiendo para ense- dores de lo bello, cuyas alma~, así como se anticipan á investigar los misterios de las comunicaciones de
ñar á los demás el fruto de sus observaciones y de á los sucesos por una profecía inconsciente, adivinan las almas con los cuerpos, así como de las almas ensus e,tudios, con algo de taumaturgo unido en él á las fórmulas científicas á virtud de una segunda vista tre sí, no le dejaba su curioso interlocutor un punto

NúMERO

LA

615

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de reposo con inquisiciones á cual más curiosa, sobre principios á cual más abstruso. Sentábase por
una larga costumbre allá en nuestras reuniones científicas junto al médico, y con sus ternarias preguntas,
unidas á las mesuradas respuestas de éste, hubiérase
podido escribir un diálogo de Platón, suscitando ese
polvo Je soles á que llamamos ideas. Ya todos los

rrespondiente á todas las colectividades de que forma y compone integrantísima parte.
Mas digámoslo en puridad: dejando á un lado tal
concomitancia por su nombre de radical con las escuelas radicales, Ruchonnet ha servido mucho y á
conciencia, con grandísimo y glorioso empe~o,
humanitaria causa del pensamiento y de la conc1enc1a
libres. Cuando
las exageraciones religiosas
de protestantes y católicos
á una cayeron
sobre aquel extraño ejército
espiritual denominado de
Salvación, y
• presidido por
una generala
digna de figurar entre las
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Palacio del Maharajah de Johore, construido
enfrente de Singapoore

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misterios se habrán esclarecido para Char- •'L,:i~{
cot, y ahora sí que podría decirle á Sully- ~·;;,··...
Proudhome algo sobre las almas, si viniese ,.
desde otro mundo mejor, donde habrá entrado con mayor copia de noticias sobre
este mundo sublunar que el resto de los
mortales y habrá completado su ciencia
humana con las divinas revelaciones.
Si la ciencia de Francia con Charcot ha
perdido uno de sus grandes maestros, ha
perdido la política de Helvecia con Ruchonnet una de sus mayores ilustraciones.
También conocí á este repúblico eminente
y también le quise y me quiso con amistad
verdadera. He tenido la honra de visitar
su casa y de tratar á su familia en mis peregrinaciones frecuentes por Europa y en
mi relación estrecha con todos cuantos
sirven al humano progreso. Ruchonnet era
lo contrario de Charcot. No había en él
nsomo ninguno de misterio, de revelación,
de hipnosis, de taumaturgia: la ciencia poHtica contemporánea con todo su positivismo, y la ciencia penal con toda su profundidad, y el gobierno de los pueblos libres constituían los objetos capitalísimos
de sus actividades múltiples y le prestaban
gloriosos timbres y blasones, los timbres y
los blasones morales compatibles con una
democracia, la estimación de sus conciudadanos y de sus coetáneos adquirida en lar•
gos y honrosísimos servicios. Ruchonnet había estudiádo mucho, y el estudio dádole un radicalismo
científico, propio de quien mira siempre al ideal y no
mide los recortes y los achaques que deberá de sufrir
cuando haya de contenerse y encerrarse dentro de la
realidad, limitada é impura. Pero nacido en la tierra
del método político, en la Gran Bretaña, y natural
por sus abuelos y progenitores de la libre Suiza, estas dos patrias de su alma le dieron aquella medida
y templanza, en vano pedida á los radicales franceses
y españoles, quienes creen posible crear una sociedad
nueva en un día y al eco de una palabra, como supone la Vulgata en sus torcidas traducciones que hizo
Dios la Creación. El radicalismo suyo algo cooperó
á que las ideas democráticas llegar.en á exagerarse un
tanto dentro del cantón de Vaud, quien se vió afligido por utopía tan exagerada de suyo é inaplicable
á la economía pública como el impuesto progresivo,
el cual, á modo y manera de los demás sofismas del
socialismo puestos en práctica, empobrece á los ricos sin enriquecerá los pobres. Un error económico
en el cantón de Vaud el impuesto progresivo, y un
error en toda la Confederación el servil traslado á la
política helvecia de las leyes bismarckianas contra la
Iglesia Católica y de sus coacciones, imbé~iles po_r
inútiles, constituyen los dos errores del partido radical en Losana y en Suiza, de los cuales errores no
puede Ruchonnet eximirse, por la responsabilidad
correspondiente á cada individuo en la comtín co-

Con efecto, Ruchonnet ha tenido la gloria mayor
que puede tener un hombre aquí en el mundo; Ruchonnet ha gobernado por el voto consciente de sus
conciudadanos un pueblo libre. Individuo de la co- •
misión ejecutiva que dirige á Suiza, renorntle cada
dos años, pero reelegible de derecho por tiempo indefinido y siempre reelegida, Ruchonnet ha desempeñado lo mismo el departamento llamado por nosotros de Gracia y J usticia que el departamento llamado de Estado por nosotros ó las relaciones exteriores, con una extraordinaria competencia de sabio
consumado y con un grande pulso de verdadero estadista. En el primero de los departamentos, en J usticia, supo avivar la legislación mercantil con los
principios de la ciencia moderna y establecer la uniformidad posible allí donde los individualismos de
las entidades cantonales y un exagerado principio de
variedad llevan al mantenimiento de los usos locales
algo reaccionarios y i un poder de las entidades diversas algo parecido á la anarquía. Y habiendo hecho esto por el progreso legislativo de su patria
cua_ndo ha tenido la cartera de Justicia, cuando ha
tenido la cartera de Estado ha puesto empeño en
mantener la neutralidad nacional con energía, y en
conjurar, evocando este salvador principio, conflictos, quizás posibles, de prometerse alguno de los
contendientes europeos, apercibidos á cruzar sus armas, que pudiera sentir debilidades en sí ó complacencias con sus poderosos vecinos la gloriosa confederación helvética. ¡Vida bien honrosa la vida y muer,.,_(_&lt;
te justamente llorada la muerte de Ruchon~)
net! A tránsito tal de nuestro mundo al
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superior que allende la tumba nos aguar~~ / ·
da, se le debe creer y se le debe llamar
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una resurrección.
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LA VIDA EN LA PENiNSULA

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DE MALACA

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Muy joven aún, y sin mucho conocimiento del mundo, salí de Londres el 24
de mayo de 1882, con destino á la factoría de los Estrechos de Singapoore, para
explotar unos cafetales en la península de
Malaca. Acompañábame mi socio, que era
agente de S. A. el Maharajah de Johore.
Pasando por Alejandría llegamos á la
isla de Colombo, donde se ven algunos de
los más hermosos paisajes de la India; la
ciudad de Kandy, situada en el punto más
elevado, es el lugar de destierro del BajáArabí, á quien el gobierno británico permite vivir con las mayores comodidades,
concediéndole todo, excepto la libertad.
Salimos de allí para Singappore el martes
por la tarde y llegamos á nuestro destino
el miércoles de la semana siguiente. Me
produjo honda impresión la belleza del
puerto, en donde me recibió el secretario
europeo del Maharajah de Johore, quien
me condujo al hotel de Europa.
La ciudad de Singapoore es muy particu-

El fruto del árb9! &lt;l1ui:ín

)~/
Media, Ruchonnet interpuso
:.r..
autoridad y nombre propio
.... ::,...-·-~_..¿.;,.,,.entre las pasio'.1es contrarias,
.....
evitando á su patria el delito de violencia material sobre I os espíritus incoercibles y el deshonor consiguiente á todo acto de intolerancia y de persecución religiosas. Talento práctico el
suyo, acostumbrado desde
sus albores á encerrar en fórmulas concretas y claras los
principios de legislación y de
gobierno concebidos por la
filosofía progresiva, no dejó
Bimgalow (vivienda europea) en el camino de Johorr
de rendir paria 5 al ideal
cuando defendía contra las
supersticiones ortodoxas de las comunidades cristia- lar: las casas de un solo piso carecen de chimeneas; la
nas y contra los tumultos de un pueblo moralmente población es cosmopolita, componiéndose en parte
sublevado el derecho de todos á la profesión de sus de chinos, javaneses, siameses, malayos y japoneses;
creencias, aunque falsas y extravagantes, mientras no el número de indígenas era entonces de 300.000,
trasciendan á cualquier acto definido de criminal en contándose solamente 350 europeos. La nueva ciulas legislaciones vigentes. E hizo esto, no sólo c:m dad de Singapoore fué fundada en 1822 por Sir Tholos medios coercitivos que á todos los gobiernos pres- más Stamford Raffles, cuya estatua fué inaugurada
ta la naturaleza misma del Estado, con las influen- durante el jubileo de la reina Victoria. Con este mocias múltiples, connaturales á una palabra fluyente tivo celebráronse festejos entre los indígenas, en partisin vacilaciones, y tan clara en él como conspicua era cular los chinos, quienes organizaron una procesión de
su inteligencia y tan pura era su vida honrada.
linternas que se extendía en un espacio de tres millas.

-. ·: -~k~f-:.:·/·
~·~

�NúMERO

LA ÍLUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

6r5

Esta última dependencia constituye un cuerpo de
edifido separado; la construcción es de mármol, y no
tiene más que un piso, consistiendo su adorno en palmas y flores; en el centro hay una espaciosa habita•
ción cuadrada, y contiguas á ella unas cincuenta al•
cobas. Las cuarenta mujeres del sultán eran en su
mayor parte circasianas, compradas por aquél. La
sultana, ó esposa legal, residía en el palacio de Maor,
situado á unas doscientas millas del de su señor, con~,.
el cual no estaba en buena inteligencia hacía diez
años. Dos niños y una niña son los príncipes y la
princesa oficiales.
Una vez penetré en el harén por casualidad; pero
mi permanencia allí fué muy breve. Deseaba ver al
Maharajah trabajando, y como siempre había mucha
gente deseosa de hablarle y no pocas dificultades para
conseguirlo, quise ganar tiempo introduciéndome en
el despacho por una puerta lateral; pero equivoqué
el camino y encontréme de improviso en el harén.
Había allí un oficial encargado de vigilar á las mujeres, y apenas me vió, gritóme qué hacía en aquel
sitio. Inútil me parece añadir que dí media vuelta y
me alejé con toda la rapidez posible.
El interior del harén era magnífico: del techo pendían ricas lámparas; varias pinturas, representando la
belleza femenil, adornaban las paredes, y una lujosa
alfombra cubría el suelo. También vi varias fuentes
y observé que se quemaban perfumes. Las mujeres,
sentadas en diversos sitios, fumaban ó entreteníanse
en arrojar joyas al aire para volver á cogerlas. Sin embargo, me aturdió de tal manera hallarme en semejante sitio, que fijé muy poco la atención en cuanto
me rodeaba. Es muy difícil, hasta para las señoras,
obtener entrada en el harén; mi esposa lo intentó
varias veces sin poder conseguirlo. El sultán recibe
á sus mujeres todos los lunes para que le presten
homenaje y expongan sus quejas; reúnense á las seis
de la mañana, y al presentarse Su Majestad se arrodillan exclamando: «¡Nuestro rey!»
El Maharajah, antes de que los ingleses fueran á
J ohore vivía en una choza de barro, comía sin tenedor ni cuchillo, é ignoraba el valor de sus bienes.
Ahora habla inglés. Sus rentas provienen de las plantaciones y de su participación en los beneficios que
las minas de estaño reportan. El soberano es realmente un propietario de tierras, y cobra el tanto por
ciento sobre las utilidades que producen. Vive más
en Singapoore que en Johore; allí tiene sus caballos,
e~tre los cuales se encuentran algunos de subido prec10, y no va al segundo de los citados puntos más que
los días de fiesta para visitar á su pueblo el cual lleva
' como él
muy a' rila! que no se presente tan á menudo
lo cree necesario.
El rey ~s muy bueno y bondadoso para su gente,
~ hará casi tod? cuanto se le pida. En toda la localidad no hay m un solo pobre, malayo, se entiende,
pues cada uno de los que deberían pedir limosna disfruta de una pensión. Los magistradcs y agentes de
policía cobran sueldo mensualmente.
_La relación entre Singapoore y J ohore viene á ser la
misma 9-ue entre _Londres é Irlanda. El Maharajah
posee tierras en Smgapoore; pero nada tiene que ver
con el gob~rnador, aunque, por lo que hace al rango,
ocupa el pnmer lugar después de aquél. Cuando muera, todos sus bienes pasarán al gobierno inglés.

El camino de J ohore

A los pocos días de hallarnos en Singapoore se re- y en el otro están las destinadas á los solteros, pues
unió con nosotros el príncipe Mat, sobrino del Ma- el soberano tiene allí siempre mucha gente.
harajah de Johore y comisario de policía. Por aquel
El Maharajah posee también el título de sultán de
tiempo Su Alteza proyectaba la construcción de una J ohore, gracias á la cortesía de la reina Victoria, emvía férrea en su dominio, y yo estaba encargado de peratriz de la India, siendo J ohore un Estado indeconferenciar con el soberano sobre este asunto en pendiente. El rey no tiene para su uso más que tres
favor de un conocido contratista de caminos de hie- habitaciones, una de las cuales conduce al harén.
rro, de Londres. En su consecuencia, solicité del monarca una entrevista sin pérdida de tiempo; el secretario inglés me presentó al secretario indígena Datu
Ana; éste me hizo cruzar los terrenos del palacio,
conduciéndome después á la cámara de audiencia,
que era un salón muy espacioso.
El palacio de Istana es de madera, con cimientos
de ladrillo; pero la construcción interior es de mármol de Italia; mide 160 pies de longitud, no tiene
más que U!) piso y está protegido por una cerca, llegándose á él por una larga vía circular, semejante al
muelle de un reloj. Un magnífico jardín, donde hay
una rica colección zoológica, rodea el edificio.
Datu y yo esperamos una hora larga en la cámara
de audiencias antes de que el soberano se dignara
presentarse; cuando llegó, seguíanle dos servidores,
uno de los cuales llevaba un cajón de plata lleno de
cigarrillos, y el otro una cajita de fósforos. El monarca vestía una especie de blusa de seda blanca, ceñida á la cintura por una faja azul del mismo tejido;
calzaba sandalias adornadas de piedras preciosas, y
llevaba muy corto el cabello, blanco y naturalmente
rizado; me llamó la atención su gran bigote, blanco
también y muy espeso, así como las cejas.
Me levanté, haciendo una profunda cortesía; y el
rey Abubaker, adelantándose, con la sonrisa en los
Vestíbulo de mármol del palacio del Maharajah de Johore
labios, ofrecióme su mano, que yo estreché ligeramente. Habló en malayo, y el intérprete de la corte
me tradujo sus palabras de bienvenida.
Acto continuo, el rey me invitó á tomar un refresco
y un cigarro, el cual sacó de una petaca de oro, regalo del príncipe de Gales. Abubaker contaba entonces cincuenta años.
'·,
Después de haber permanecido ·breves minutos en
pie, el soberano me indicó que podía tomar asiento,
y él hizo lo mismo, pidiendo á sus servidores otro cigarro. Para corresponder á su invitación acepté un
poco de la popular bebida inglesa; mientras que él,
como cabeza de la iglesia mahometana, solamente
tomó limonada.
El rey hablaba inglés muy bien; pero en aquella
entrevista formal se expresó en malayo. Díjome que
el estado de su tesoro no le permitiría entonces construir la proyectada vía férrea; pero que yo sería muy
bien recibido siempre en el palacio cuando quisiera
visitarle. Durante mi residencia de cinco años en Johore he jugado al billar muy á menudo con el rey
Abubaker, el cual parece tan apasionado por esta diversión como por la caza, particularmente la del
~:1 ~. / ~
tigre.
Después de la audiencia, Datu me enseñó todas
'
las dependencias dt:!l palacio. Esta residencia oficial
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...,· ~.: .
domina los Estrechos de Malaca y está enfrente de
- ~- . •,...,.,Ól.~MS
Singapoore. Se compone de varias series de habitacio, 1
,
nes; á un lado hay varias para los huéspedes casados,
Parle de la aldea de J ohore: á la izquierda del grabado un teatro al aire libre

=:.:t:.
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•

6r5

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sión de pasearme por una de las calles más pobladas
de Johore, un individuo fué atacado de este mal con
tal violencia, que el paciente mató á cinco hombres
antes de que se le pudiera dominar.
Las chozas de los malayos suelen estar construídas
sobre estacadas de bambú encima del agua, y el techo consiste en hojas de palmera que preservan á los
habitantes de las inclemencias del tiempo. El objeto
de estas construcciones sobre el agua es ponerse fuera del alcance de los insectos y animales dañinos. La
fi_bra del coco se emplea para hacer esterillas que les
sirven de lecho. En cuanto al mobiliario, en el sentido vulgar, es cosa desconocida. El arroz y el pescado, que constituyen los primeros artículos alimenticios, se preparan en medio de la habitación.
Por regla general, los casamientos se efectúan muy
pronto,,Y es costumbre que el novio haga un buen
regalo a su suegro, regalo en que se incluye invariablemente cierta suma en metálico, de la que el suegro
no puede hacer uso sino en ciertos casos como el
de divorcio, y entonces se entrega la suma la mujer
para su manutención.
La incompetencia en los asuntos de la casa, el descui~o y 1~ incompatibilidad son buenos motivos para
el d1vor~10, que el sacerdote debe legalizar. La falta
de fidehdad por parte de la esposa se castiga invariablemente con el empalamiento. La infidelidad del
hombre no se castiga. Al asesino se le impone la pena
de. muerte por medio del kris, espada pequeña, de
hoJa dentada y de acero muy ordinario, que se guarda

á

Mujer indígena de J ohore

•

Dos cañoneros y un ejército
de quinientos hombres eran
las fuerzas de que disponía el
gobierno.
El clima es húmedo, el termómetro marca de 8 0 á 100
grados Fahrenheit durante todo el año, y abundan mucho
las fiebres á que se da el nombre de malaria.
La tierra tiene color rojizo
y es muy fértil. Muchos habitantes ganan la subsistencia
cultivando el arroz y el ratán
(caña de Indias). No plantan
árboles y Emítanse á cultivar
los que ya crecen, cuyo follaje es magnífico. La piña, el
mango y la banana se crían en
estado silvestre. El fruto indígena más notable es el durián:
el árbol crece hasta una altura de sesenta pies y su ramaje
se extiende como el de un roble, necesitándose siete años
para que produzca fruto, pero
al cabo de este tiempo echa
flor anualmente; el fruto es
grande, tiene un color verde
claro y se puede comer á los
nueve meses, caracterizándose
por su sabor á fresa, pero el
olor es tan desagradable, que
durante los tres primeros años
de mi permanencia en el país
no pude probarlo. Por sus dimensiones y forma se parece
á la piña, y crece en las bifurcaciones de las ramas
del árbol.
Los minerales más notables que allí se producen
son el estaño y oro.
Todas las magnificencias del Oriente, los frutos deliciosos y otros diversos productos apenas compensan los tormentos de aquel clima, y sobre todo la terrible fiebre producida á causa del excesivo calor y de
la humedad.
El malayo es de escasa estatura, pero fornido, caracterizándose particularmente por su nariz aplanada,
su piel de color cobrizo, y su cabello largo y sedoso.
Generalmente, el traje de hombres y mujeres se reduce al sarong, especie de faldilla, sobre la' cual se
ponen una blusa; pero en el interior del país ninguno
de los dos sexos usa ropa alguna. Los hombres suelen cubrirse la cabeza con un turbante de terciopelo
negro; pero las mujeres no llevan nada. Por lo regular, todos tienen buena dentadura, mas por desgracia se la tiñen de negro con una substancia vegetal.
Los malayos son fieles adoradores de Mahoma;
abstiénense de comer carne de cerdo, ó ninguna otra
si la res no ha sido muerta por manos del indígena;
y nunca toman bebidas alcohólicas. Están sujetos á
una enfermedad que es una especie de locura, la cual
sobreviene con frecuencia cuando el hombre se halla
en la flor de su edad. Recuerdo que una vez, en oca-

más que una serie de grupos de casas que se extienden en un espacio de varias millas, y no faltart en
ella tiendas, bazares y hasta teatros. Cierto día fuí á
ver la representación de una compañía de chinos, y
la función duró desde las seis de la mañana hasta las
nueve de la noche; desempeñábase una tragedia, y
los ejecutantes lucieron muy buenos trajes. Esto lo
hacen los chinos establecidos allí en considerable
número como braceros, pues los malayos son demasiado perezosos para trabajar. En aquellas aguas
abunda la pesca, y los pescadores llevan una parte
de su mercancía á los bazares, donde la cambian por
arroz y otros artículos. Estos bazares se construyen
con cañas de bambú, y su techo se compone de hojas de palmera secas.
Los botes de los indígenas llamados praus se
construyen sin clavos, uniéndose las tablas por medio de clavijas y ratán. Hasta las velas son de hoja
de palmera cosidas; el cable se hace con ratán verde
y es muy fuerte y el ancla es de madera con dos pesadas piedras.
Una vez al año, cuando reinan los tifones, todas
las casas que hay á lo largo de la orilla del agua quedan inundadas.
El gobierno se encarga de la construcción de lo
que llaman casas de reposo, las cuales sirven también
de posadas; pero en ellas no se da alimento ni hay
más mobiliario que unas pequeñas camas para que
los viajeros pasen la noche. La llave de la casa se
guarda en la estación de policía. Si á un hombre le
sorprende la noche fuera de
su domicilio, no será seguro
para él volver á su alojamiento, porque podrían salirle al
encuentro algunos tigres en el
camino, refugiándose entonces en esas casas de reposo
que están separadas unas de
otras por una distancia de
ocho á diez millas.
Los chinos son los principales mercaderes y banqueros
ó chitties, según los llaman, y
casi todos proceden de Bengala: los chitties toman dinero
á crédito de los bancos de
Singapoore y después lo prestan á mayor interés á los malayos y á los chinos, que les
dan en garantía sus cosechas,
las cuales venden aquéllos en
Singapoore. Esos prestamistas
son muy miserables, guardan
su dinero en cajas y duermen
sobre ellas, viven en casas de
alquiler y á veces se da el caso
de que se alojen hasta cincuenta en una habitación.

Bosque entre Siogapoore y Johore

con las joyas de la corona y se venera como objeto
sagrado.
Los malayos son sumamente supersticiosos· cuando
el Maharajah fuéá Lon'
dres para asistir al jubileo de la reina Victoria,
compró una costosa
bomba de incendios,
que fué enviada á su
capital. De regreso el
rey, quiso probarla; pero habiendo un indígena recibido el chorro y
sido lanzado á muchos
pies de altura, muriendo á consecuencia de
la caída, los indígenas
consideraron la bomba
como un fetiche, y ninguno se quiso acercar
á ella.
El Estado de Johore
cuenta unos cincuenta
mil habitantes, y la población de su nombre
unos diez y ocho mil.
Esta última es poco
Mujeres malayas recogiendo te

�LA

654

El papanatas. -Tipos ele visitantes de la Exposici6n
de Chicago, por A. Castaigne

Todos los negocios se hacen á crédito: aquel que
entra en un bazar y pide un refresco no paga en me•
tálico, bástale dar un chit, ó nota, que se hace efectiva en cierta fecha. Si se toma un carruaje para recorrer l:i localidad, el pago se verifica de igual modo;
se da al conductor un chit y se le dice dónde y cuándo ha de cobrar. Esas notas sirven también como
dinero corriente, puesto que pasan de un mercader
á otro y se descuentan. Inútil 'parece decir que los
chits no se admiten de aquellos que no están en posición de pagarlos, de modo que si alguno está sin
trabajo es necesario que busque quien firme por él.
Cuando un deudor comparece ante el tribunal, si
puede probar que no tiene ocupación alguna ni medios de subsistencia, se declara su deuda cancelada.
Todos los chitti'es llevan afeitada la cabeza y visten
ropa muy ligera, y las señales que llevan en el pecho
y los brazos indican que han cumplido con sus deberes religiosos. A orillas del camino se ve una especie de barracas de tablas que el gobierno manda
construir para que los mahometanos se entreguen á
sus oraciones. Estos últimos tienen buenas iglesias,
mas no van á ellas sino en días especiales; ayunan
un mes al año, no tomando ningún alimento desde
las seis de la mañana hasta igual hora de la tarde.
La vida en el bungalow en la India fué inventada
por los europeos, y .es un término medio entre el
método de vida indo-oriental y el adoptado por los
blancos. Durante el día se ci'erran las ventanas del
bungalow de tal modo que no puede penetrar la luz
del sol, y si el europeo es hombre entendido nunca
saldrá entre las once y las tres del día. La cocina
está separada de la casa, con la que se halla en comunicación por un pasadizo cubierto; las alcobas están en el segundo piso, y el comedor y la sala abajo.
Como Singapoore se halla tan cerca del Ecuador (á
un grado) es de día á las seis de la mañana y obscurece á la misma hora de la noche durante todo el año.

Nú~IERO 615

ILUSTRACIÓN Al-,TÍSTICA

A las seis y media de la mañana se sirven refrescos,
á las once el almuerzo y la comida á las siete. Algunos toman el te á las cinco de la tarde. Los europeos
que habitan en esos bungalows son casi todos plantadores de café, y ahora tratan de cultivar el te, mas
el suelo no parece prestarse mucho á este cultivo. La
alimentación en el bungalow consiste en pollos, arroz,
carnes ahumadas y una gran variedad de frutos. Durante las horas de comer un inmenso abanico sujeto
en el techo sobre la mesa se mantiene en movimiento continuo por manos de un criado. En una larga
pértiga de bambú se ata un pedazo de tela que hace
las veces de cortina; esta pértiga pasa á través de un
agujero abierto en el lado de la vivienda, y un hombre que hay fu~ra la mueve sin cesar. Si no fuese
por esta circulación artificial de aire, el europeo no
podría comer cómodamente.
.
En la selva hay muchas serpientes que penetran
en las casas en busca de las ratas, pero nunca entra
más de una á un tiempo, pues no hay alimento suficiente para dos. No son venenosas, pero sí muy fuertes, como la especie pitón, cuyos ejemplares miden
á veces cuarenta pies de largo: una vi cuyo cuerpo
tendría un pie de diámetro.
En las selvas se cogen algunos tigres en zanjas practicadas á diez varas del camino: estas temibles fieras
osan llegar hasta el pueblo en algunas ocasiones, y se
las ha visto nadar hacia la isla de Singapoore.
El gobierno ofrece una recompensa de quinientos
duros por cada tigre, muerto ó vivo.
Cuando los malayos quieren cazar tigres por diversión abren un hoyo de diez pies de profundidad, dando al fondo doble anchura que la de la boca, á fin de
impedir que el animal salte fuera después de haber
caído. Hecho esto, cúbrese la boca del hoyo con zancaje y hojarasca, y junto á la misma abertura se ata
un ternero á un árbol. Al ver la presa, el tigre se precipita sobre su víctima y cae en el hoyo; entonces se
coloca una jaula de bambú sobre éste y se va llenando de tierra, de modo que el animal se eleva gradualmente hasta la superficie. Una vez en la jaula, los malayos forman el suelo de la misma con cañas de bambú entrelazadas y ratán, y terminada esta operación se
pueden llevar la fiera. Las armas de fuego se usan poco,
pues son peligrosas para los hombres y los perros.
Generalmente los tigres caen sobre su presa después de anochecer, y á causa de esto no es nunca seguro recorrer aquellos caminos á tales horas. Asegúrase que el tigre elige su hombre durante el dia, siguiéndole tal vez á larga distancia hasta que anochece,
y entonces le ataca sin vacilar. Los indígenas temen
mucho á esas fieras, y es casi imposible inducirlos á
salir de su casa después de las seis de la tarde. Yo he
pagado veinte duros á un hombre para que llevara un
mensaje al Maharajah pasada dicha hora.
En J ohore hay muchas variedades de monos; la especie más notable es el wow-wow, que no es salvaje
ni feroz, anda derecho como un hombre y no tiene
cola, y al cual no se le suele dar caza. Cuando los malayos cogen alguno, lo venden en las ciudades como
animal favorito.
En los alrededores de J ohore las aguas están llenas
de cocodrilos, á los que á menudo sirven de pasto los
niños malayos que pescan desde los botes: el gobierno paga una prima de veinticinco duros por cada cocodrilo muerto, y por las serpientes uno.
Los malayos no son muy sociables. En su día de
domingo, que sigue á nuestro viernes, dejan el trabajo
á mediodía para ir á la mezquita.
La principal industria que allí ejercen los europeos
es la plantación de café. Lo primero que han de hacer
es solicitar del Maharajah un espacio de 300 á 500
acres de la selva; prenden fuego á todo lo que contiene, y dejan solamente los árboles en esqueleto para
que entren en descomposición y fertilicen el terreno.
Cuando los árboles del café alcanzan seis pulgadas de
altura forman con ellos líneas, dejando de uno á otro
un espacm de cuatro pies, y á los tres años comienzan
á producir. La flor es de un color blanco muy puro y
de notable fragancia. Los árboles se podan para que
no tengan más de siete pies de altura, y si no se hace
esto alcanzan la de veinte sin dar fruto y la raíz del
uno destruye las de los otros. En su primer desarrollo, la baya se·parece mucho á la aceituna, sólo que
es redonda; si está madura, presenta un color rojizo,
análogo al de la guinda, y tiene dos huesos, que son
las bayas del café. La flor se mantiene veinticuatro
horas en el árbol; después cae, y al cabo de un mes el
fruto está ya maduro. El árbol del café da flor dos veces al año y suele producir dos cosechas. Después de
recogidas las bayas se pelan y colocan en cobertizos
para que fermenten; allí han de estar de diez á quince
días; después de lavadas y secas se almacenan y guárdanse en sacos para el embarque.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA PROFESIÓN
(EPISODIO DE LA VIDA REAL)

I
La víspera por la noche_ los cohete~ habían a~unciado la solemnidad. De tiempo en tiempo subia al
espacio uno de aquellos fuegos de artificio, dejando
tras de sí una estela semejante á tenue lluvia de oro,
y estallaba á grande altura con detonación seca.
El día de la ceremonia una bandera blanca y azul
flotaba en la celosía que recataba el interior del campanario en el convento.
Blanco y azul. ¡Qué hermosos colores y cómo retratan la pureza del pensamiento y los idealismos del
alma en la fugitiva nube y en el espacio radiante!
Las campanas de metálicos sonidos volteaban veloces, y cuando fué llegada la hora acudió á la santa
casa numeroso concurso de invitados.
El severo edificio aparecía más animado que de
costumbre y respirábase allí una atmósfera de fiesta
que rompía la uniformidad de las horas de calma y
quietud.
En el fondo del Compás que separa la calle de un
muro al que da prestigio la efigie de la titular, destácanse unos pocos árboles (acacias y álamos), y surge
en pos de aquel ingreso de ramas y hojas la fachada
del convento, de gótica decoración, finísima de líneas, con elegante portada y en ella esculpidos regios blasones heráldicos, y con esbelta y sencilla torre que aún conserva primorosos azulejos árabes.
La profesión religiosa revistió carácter imponente
y grave. Para la comunidad significa este acto un
acontecimiento jubiloso, y he aquí por qué resplandecía la iglesia, hábilmente engalanada.
En el altar mayor, al lado del Evangelio, se destacaba una escultura del Niño Jesús, una cestilla contenía el velo destinado á la nueva religiosa, y sobre
una bandeja veíanse los hábitos y una corona de
flores.
l11difermte

El que todo lo admira

Difícil de co11tt11lar
Tipos de visitantes de la Exposici6n de Chicago, por A. Castaigne

Re&amp;iétt llegado de la aldea. - Tipos de visitantes de
JOIIN fAIRLIE

LA

NúMEKO 615

la Exposici6n de Chicago, por A. Castaigne

Bendecidos aquellos objetos, colocada la comuni
dad en el coro bajo con velas encendidas, en tanto
la novicia ocupaba el centro, próxima á un altar,
acercóse el prelado á la reja del referido coro y dirigió á la protagonista de la ceremonia las preguntas
de rúbrica, que la interpelada escuchó de rodillas al
lado de la superiora. Seguidamente el prelado entregó á la maestra de novicias el hábito y la correa, y la
mujer que abandonaba para siempre las terrenas
pompas, vistió el distintivo de su nueva vida, recibió
de manos de la superiora las Constituciones de la
orden y el libro de la Profesión, y poco después leía
en voz alta su ingreso en la comunidad.
Colocóse en cruz la novicia e?: el centro del coro,
el prelado la roció con agua bendita, entonaron un
responso, tocaron á difunto las campanas y resonó
b:ijo las bóvedas del templo un Tedéum.
Terminado éste y mientras los cantores salmodiaban el himno Magne páter Agustine, la profesa abra•
zó á sus compañeras de comunidad, oyó la misa, recibió la sagrada comunión, repitiéronse los salmos y
las antífonas, y por tres veces el veni, sponsa Christt&gt;
el prelado colocó el velo á la religiosa, la bendijo,
ciñó su cabeza con la corona y pudo entonces aquella mujer decir in mente: «Todo se acabó.»
¿Quién era aquella religiosa?
No importa saberlo.
¿Por qué había profesado?
Ningún interés tiene el inquirirlo.
Consumóse el hecho, y reunido el convite en el
• locutorio se dispuso á festejarlo, ajustándose á las
prácticas de siempre, á comer y beber con mayor ó
menor apetito, de suerte que las pastas, los dulces,
los helados, los licores circularon profusamente y sirvieron de paréntesis, puntos y comas al tema de la
profesión.
.
Los distintos grupos hacían comentanos en armonía con los caracteres de las personas que los formaban, y era de ver la diversidad de opiniones formuladas.
Un sacerdote sostenía vivo diálogo con un caballero, y sus apreciaciones tenían aspecto de controversia.
- Es una verdadera felicidad, decía el cura, la vocación de esta joven.
- ¿Por qué?, preguntó el individuo mencionado.
- Dios ilumina el alma.
·
- Lo creo, como buen católico, pero..
- ¿Acaso usted cree y duda á un tiempo?

- Es que la sociedad reclama el concurso de
todos.
- ¿Esta mujer no le presta el suyo?
- Lo prestaría igualmente eficaz fuera de este re·
cinto. La casada, la madre de familia, pueden ser
santas.
- Eso es una vulgaridad.
- Es una afirmación comprobada.
- No importa. Consagrarse á Dios tiene más
mérito.
- Sin duda; pero también se gana el cielo en lucha con la vida del mundo, resistiendo las seducciones y evitando los escollos que amenazan la virtud.
- ¡Bah! Desengáñese usted. La existencia conventual...
- No la critico, antes bien la respeto.
- Pues, amigo mío, no nos entendemos.
El cura iba á seguir, mas en aquel momento acercóse al grupo una dama de distinguido porte, y le
dijo:
- Amable párroco, me despido de usted.
- ¿Tan pronto?, observó el ministro del Señor.
- Mi hija Leonor está afectada por la ceremonia
que ha presenciado, y no cesa de llorar.
- ¡Calle, calle!, repuso el sacerdote dirigiéndose á
Leonor, hermosa joven de diez y ocho años. ¿Qué
significa eso?
- Padre, contestó la muchacha, me inspira profunda pena haber presenciado un entierro en vida.
- Niña, ¿sabe usted lo que dice?
- ¡Ya lo creo!
- Luego usted pertenece al mundo.
-A Dios, á mi madre y á mi novio.
- Y yo les daré la bendición con la ayuda del cielo, exclamó entonces un canónigo, amigo de la señora.
El párroco guardó silencio.

trocede al ayer, se deleita en la contemplación de
los días fenecidos, y el alma ya se estremece de placer, ya sufre horribles angustias, según que esos días
le brindaron glorias ó duelos.
Sin embargo, en muchas ocasiones el divorcio con
la sociedad es completo, y tanto afecta al espíritu
como á la materia.
¿Cuándo sucede así?
¡Quién lo sabe!
La realidad es una; la realidad es la puerta cerrada para siempre.
¿Y la lucha? ¿Y las pasiones? ¿Y las flaquezas de
la criatura humana? ¿Y las inevitables llamaradas de
ensueño con turbadoras seducciones?
Pero se dirá: «Esto es desconfianza y duda, porque la vocación existe. »
Cierto que existe; mas como permanece oculta en
el fondo de la conciencia, se confunde con la resignación. ¿Hay, acaso, signos exteriores que la denuncien? ¿Tiene la aspiración á la vida de monja algo
característico y peculiar?
Comprendo la atracción de lo abstracto aplicado
á la celda, pero 'me asaltan algunas prevenciones en
presencia de la muerte simulada de una mujer joven
y hermosa que renuncia á todo para vestir tosco y severo traje, para ver segar sus cabellos y oprimido su
rostro en el blanco lienzo de la toca.
Lo pequeño, lo insulso, lo cándido, lo pueril, en
consorcio con Jo elevado, lo trascendental y lo serio,
forman los sumandos, las columnas de la humanidad,
y prescindir de todo es empresa dé titanes.
El hecho de despojarse del oropel mundano puede constituir un sacrificio, tanto como una inclinación. En el primer caso, la mujer que profesa inspira
lástima; en el segundo, envidia.

II

Era la madrugada y la nueva monja no había podido dormir.
Flotaban en su cerebro los detalles de la profesión
y sospecho que se preguntaría si soñaba despierta,
según acontece en las supremas crisis de la vida, en
las cuales resistimos tenazmente creer lo que nos su·
cede.
Decía que estaba despierta á la madrugada; una
madrugada de verano granadino, espléndida, con mil
aromas indefinibles, con piadas de golondrinas y cantos de ruiseñores, con susurro de agua que caía en

La prof.:sión es la línea divisoria entre dos mundos, entre el presente y el futuro.
Todo ello resulta material, porque á despecho de
las expresiones visibles de un cambio esencialísimo
en la manera de ser, el pensamiento subsiste íntegro
y con la libre acción de que se halla dotado; y si el
cuerpo queda prisionero, si lo retienen muros y rejas,
el pensamiento se burla de esos alardes y vuela á las
regiones donde ve los objetivos que ambiciona, ó re-

III

�EL ZURCIDOR DE ALFOMBRAS, pas t e l d e Gilbe r t , e xis t e nte en la Gale ría d e l Luxe mburgo (París), g raba do por H . Rabeui
Primer premio en la Exposición celebrada en Lond res por la Sociedad internacional de grabadores en madera

�•
LA

lLUSTl{ACl ÓN

AirrisncA

NúMEH.0

615

las fuentes de lo, cárm&lt;'!nes, con intermitentes rumo- B1jo la pre;idencia de Arsenio Houssaye se ha constituido otras obras, JI Re Lear y N erón, de cuyos protagon\s~as hac~
res de las hojas de los árboles, movidas un instante en París un comité para la erección en el jardín del Luxembur- verdaderas creaciones el actor Sr. Emmanuel, y Mam Zelle Ntpor pasajera ráfaga de viento, con-estrellas rutilantes go de un monumento á la memoria de Henry Murger, cerca touche, en el que la señorita Reiter ha alcanza~do una gran
del que existe dedicado á Teodoro de Banville. El escultor ovación y demostrado que su_ gran talento artístico se adapta
en el firmamento y con majestuosa luna en la pleni- BQUillón es el encargado de ejecutar la obra, en la que figura- maravillosamente á los más diversos géneros. En Romea se han
tud de sus fases.
estrenado Lafeinade 'njafá, graciosa pieza en un acto de don
rán las dos heroínas de la Vie de Bolteme, M11setto y Mimi.
- El Jurado de la sección de Bellas Artes de la Exposición Ernesto Soler, que fué muy aplaudida, y María de Jl,/011tp_eller,
La monja percibía ese conjunto de encantos que
llegaban hasta los muros del convento y allí se dete· ele Chicago ha concedido los siguientes premios: 81 á Alema- drama histórico en cuatro actos de D. J osé M. Valls y V1cens,
nia, 104 á Inglaterra, 95 á la América del Norte, 26 á Austria, bien versificado, pero abundante en situacione~ falsas é in"..erosfnían, en apariencia no más, pues su dejo blando y 37
á España, 16 á Suecia y Noruega, 12 á Dinamarca, 27 á miles. En el Tívoli continúan las representac1~nes d~ &amp;arfn,
acariciador penetraba en el interior del recinto y, á Holanda, 38 al Japón, 2 á Suiza y 18 á Polonia. Los artistas alternando con ]as de otras óperas del repertorio comente. En
la manera de visiones seductoras, de geniecillos ju- españoles premiados son: Alcoverrn, Folguera, Marinas, Que· Novedades han terminado las representaciones de El lulsar y
guetones que llevan consigo el compendio de las as- rol, Trilles y Viziano (escultores), Alvarez (L.), Alvarez Dumón, habrá empezado _á fun_c!o~ar, a l repartirse_ este número,_ una
Bilbao, Domfnguez, Garnelo, Gartner, Hidalgo, Jimé· compañia dramática, dm~da por el aplaudido actor Sr. Sim6.
piraciones humanas en sus complejas expresiones, Beruete,
nez Arancla (J.), Jiménez Aranda (L.), Loubere, Luque Roselló,
hacía presa en la infeliz, le mostraba en oposición de Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, Pelayo, señorita de rira·
Necrología. - Han fallecido ~ecientem~nte:
El príncipe Guillermo Schlesw1g-Holstem, hermano, mayor
su existencia un mundo anchuroso, emociones que la, Planella, Ramfrez Ibáñez, Ruiz Luna, Rusiñol, Santa Marespondían á las fibras de su corazón y goces que sa- ria, Simonet, Sorolla, señorita de Souto y T apiró (pintores), del rey de Dinamarca, general de la cab~llerfa austro-hun~ara,
Pellicer y Tapiró (acuarelistas), Pando y Pellicer (dibujantes), que se distinguió en las guerras sostenida:; por el Austria en
tisfacían sus ansias.
Dale_t y Repullés (arquitectos). El fallo del Jurado, en lo que 1848, 1849 y 1859.
.
Era, en suma, aquella fantasmagoría algo parecido concierne á los artistas españoles, ha sido protestado y es muy
Hamilton Fish, político norteamericano, secretario de Esta·
do durante la presidencia del general Grant, ex gobernador de
á la silueta de todos los ideales que puede acariciar p_robable que este asunto dé mucho juego.
- La Asociación de Artistas ele Viena ha publicado el pro- Nueva York, senador y en 1869 embajador de los Estados Unila mujer... , la vida del hogar, el casto amor de los
de la tercera Exposición Internacional ele Bellas Artes dos en París.
hijos, cuanto de puro y elevado la ennoblecen y dig- grama
que en conmemoración del quincuagésimo aniversario de la funJulio Franceschi, notable escultor francés.
nifican.
Emmerich Nagy, famosa trágica húngara.
dación de la Academia se celebrará desde r. 0 ele marzo á 3t de
N . D. Aschuroff, notable novelista ruso.
No había escoria ni torpe impureza en la fascina- mayo de 1894. El objeto de esa exposición es presentar un cuaMiguel Lentz, poeta luxemburgués, autor del Feirwohu, el
ción que evocaba la noche, á favor de sus peculiares dro completo de la producción artística moderna, y al efecto se
señalará á cada Estado un sitio especial para que pueda insta- himno nacional de Luxemburgo.
signos de desvarío, y las divagaciones perseguían un lar las mejores obras que en él se hayan producido. Los pre- Adolfo Ivón, pintor de batallas francés, autor de los conoci-.
fin hermoso.
mios que se otorgarán serán: U no de 400 ducados concedido dos cuadros la retirada de Rusia y La toma de la torre de JI.fa·
La mujer parecía.extasiada, cuando de repente ir- po~ el emperador; tres medallas de oro, concedidas por el ar- lakofj, oficial de la Legión de Honor; desp~~s de la guerra franguióse; brillaron sus ojos, los cerró después y quedó chiduque Carlos Luis; varias grandes y pequeñas medallas de co-alemana, dejó la pintura de asuntos m1htares y se dedicó á
concedidas por el Estado; el premio Reichel, ele 1. 6oo flo- los retratos.
inmóvil, al punto que, sin las lágrimas que en hilos oro
rines, y el premio del barón Konigswarter, de 500 florines. Los
T. H. Parke, médico mayor del ejército inglés: tomó parte
transparentes se deslizaban por sus mejillas, se la hu- tr~s premios en metálico sólo podrán conc~derse á artistas a~s- en la expedición al Nilo para libertará Gordon y en la_ele Stanbiera juzgado muerta.
tnacos; los demás podrán ser otorgados lo mismo á los austria- ley para libertará Emfn-Bajá. El célebre explorador inglés le
Una guitarra y un cantar. He aquí el origen de su cos que á los extranjeros. Los individuos de la Asociación tra- dedica en su famosa obra los más entusiastas elogios.
baj~n con seguridad de éxito para lograr que el emperador, el
Sir Alejandro Galt, uno de los más eminen_tes hombre~ de
transformación.
gobierno austriaco y el municipio vienés destinen importantes Estado canadienses, ministro de Hacienda vanas veces, m1em·
Un joven obsequiab¡i. á su novia con una serenata; sumas á la compra de obras expuestas: además se verificará una bro de la comisión inglesa que firmó en 1871 el tratado de
pero la guitarra hablaba, gemía, suspiraba, y la voz, lotería de éstas.
Wáshington, autor de varias obras, entre ellas El Canadá des·
- El compositor dinamarqués Augusto Enna, autor de la de 1849 á 1859.
identificándose al instrumento músico, lo completaba
. .
.
aplaudida ópera La bmja, ha terminado otra titulada CleopaTomás Guillermo Keonard, uno de los más sabios mgemey embellecía.

IV
Seis meses más tarde y en la humilde casa frente
á la cual había vibrado la guitarra en serenata, nutrida de ternura, celebrábase una boda.
Los novios realizaron sus anhelos y, como la noche de la profesión, los cantares iban acompañados
por las sonoras cuerdas.
Entretanto, las campanas del convento vecino tocaban á muerto por la monja á quien hace referencia
este relato.
Murió, pues, y extinguióse con ella el misterio de
su vida.
¿Fué dichosa? ¿Fué infortunada?
Media docena de árboles y un trozo de firmamento bastan para la satisfacción del espíritu. Con ambos factores se sueña y se goza, y la divagación nos
esclaviza y nos conduce á mundos inaccesibles para
nuestras débiles fuerzas.
El problema subsiste en tal punto. Si la monja había limitado sus penas á tan placentero cuadro, nada
pudo apetecer.
En el caso contrario... ¡Desgraciada!
AUGUSTO JEREZ PERCHET

Bellas Artes. - En París se está colocando actualmente
en el jardín del Louvre la estatua ecuestre de Velázquez modelada por Fremiet, el cual ha representado al inmortal pintor á
caballo, con espada y sombrero con plumas, ceñido por corona
de laurel y empuñando en la diestra el tiento, actitud á nuestro
entender más teatral que verdadera. .
- Con destino al Museo de Ginebra ha siclo cÓmprada en
75.000 francos una estatua de Trajano, en mármol de Paros,
procedente ele los alrededores de la antigua Ostia.
- La herencia art!stica de Godofreclo Semper ha sido entregada en parte al gobierno sajón con destino á la Academia de
Dresde y en parte al Museo Semper creado en Zurich, habiendo correspondido al primero I. 200 dibujos y 476 al segundo.
- L_a Unión de Artistas y Aficionadas, de Berlín, que desde
hace t11:mpo constituye, por su escuela de dibujo y pintura, un
centro importante de estudio de las bellas artes para la mujer, se
ha construido un edificio propio, cuyo coste asciende á 250.000
p~seta~, que conti~ne, además de varios locales para el Liceo
V1ctona, una porción de magníficos talleres y un hermoso sa·
Ión para exposiciones.
- El_ compositor francés Veronge de la Nur está escribiendo
la partitura para una ópera Los Labdácidas, cuyo libreto ofrece
la par.ticularidad de estar escrito en prosa. Este libreto, tomado de la tragedia Edipo, de Sófocles, es obra del mismo autor
ele la música.
- En Vicenza (Italia\ se ha inaugurado un monumento erigido á la memoria del poeta Jacobo Zanella, obra del escultor
Carlos Spazzi.
-Trátase de celebrar en Brujas el cuarto centenario de la
muerte de Hans Memling, á cual propósito, además ele la organización de un cortejo histórico que represente todas las glorias artlsticas ele aquella ciudad, se verificará una Exposición
general ele las obras de tan eximio pintor.

tra, cuyo libreto ha tomado el joven poeta Einan Cristiansen
de una novela del escritor danés Rider Haygard.
Barcelona. - La iglesia de Santa Ana y el hermoso claustro
contiguo á ella acaban de ser restaurados de una manera inte•
ligente y acabada, bajo la inmediata dirección del arquitecto
Sr. Villar. No es costumbre, hasta ahora no lo fué al menos
entre nosotros, la realización de trabajos parecidos. Felizmente,
de algún tiempo á esta parte se han dado algunos ejemplos, lo
que demuestra, con la elocuencia de los hechos, el desarrollo
progresivo de la cultura y buen sentido artisticos en nuestra
ciudad.
Refiriéndonos al que nos ocupa, debemos decir que merece
los más lisonjeros plácemes la restauración escrupulosa de que
así el claustro como la iglesia han sido objeto, restituyendo
á esas construcciones su primitivo aspecto, sobrio y severo,
pero bello en su conjunto y los más insignificantes detalles.
SaMn de 11.La Vanguardia.» - Las acuarelas originales de
Daniel Perea, que reproducidas en cromo-litograffa acaba de
publicar D. Hermenegildo Miralles, formando un álbum ti·
tulaclo A los loros, llaman la atención del público en este local. Ninguno mejor que el popular artista madrileño sabe repro·
&lt;lucir con dibujo más suelto y espontáneo, ni con mayores co·
nocimientos tlcnicos, las peripecias de una corrida en tocios sus
detalles y aspectos, por lo que debe consider:lrsele como una
verdadera especialidad en su género.

ros ingleses, entre cuyas principales obras se cuentan el magnifico viaducto ele Crumlin (País de Gales) y varios puentes so·
bre el Ebro, sobre el Tajo y sobre el Tibcr.

Teatros. - En Hamburgo se ha representado en alemán,
con buen éxito, la comedia francesa de Feydeau y Desvallie·
res, Champi~rol malgrl lui.
- En Celle (Alemania) se ha estrenado un drama en tres
actos, de Juan de Basedof, titulado Ante el tribunal, que ha
causado gran impresión en el público y ha tenido un éxito
completo.
•
- En el teatro alemán de Praga se ha cantaclo con gran
aplauso la ópera Boabdil del compositor húngaro l\foszkowski,
estrenada en Viena durante la última temporada.
- Varias asociaciones de Viena han sometido á la consideración de la intendencia del teatro de la Corte y á la dirección
del teatro Popular Alemán, de aquella ciudad, un proyecto
por todo extremo laudable, cual es el de que tocios los jueves
por la taEde se den en aquellos coliseos representaciones gratuitas para los estudiantes de la Univerdad y del Instituto, poniéndose en escena las obras más notables de los clásicos alemanes y las mejores comedias populares. El municipio de Viena subvencionaría á dichos teatros abonándoles los gastos que
las representaciones ocasionaran.
- En el teatro Real de Berlín se estrenará en breve una
Ópera en un acto, titulada Mara, letra ele Arel Delmar y n,úsica de Fernando Hummel.
- En el teatro de la Corte ele Stuttgart se ha representado
por vez primera en alemán la ópera ele Verdi Falstaff, con asistencia de gran número ele directores de escena y compositores
extranjeros, habiendo sido entusiastamente aplaudida la última
partitura del fecundo y genial maestro.
- La ópera de Puccini Mauon Lescaut ha siclo representada
en Lucca con gran éxito.
París. - Se han estrenado con aplauso: en la Opera Cómica,
dos óperas cómicas en un acto, Le diner de Pierrot, de L.
Hers, cuya música agrada por lo sencilla y melodiosa, y Madame Rose, de A. Banés, que ha escrito una partitura agradable
con alegres couplets, sentidas romanzas y piezas de conjunto
bien compuestas; y en el Odeón, un drama en cuatro actos,
Frederique, de A. Gene:és, obra de las llamadas de tesis, en la
que se trata el problema de si una hija ele una mujer galante,
sustraída desde niña á la influencia de su madre y educada cuidadosamente, puede escapar á la ley de herencia y ser una
mujer honrada: el autor lo resuelve afirmativamente.
Áfadrid. - Han inaugurado la temporada de 1893 y 1894 los
teatros de la Comedia y Lara: en el primero la excelente compañia del Sr. Mario ha reproducido el hermoso y aplaudidísimo
drama de IFelfu y Codina La Dolores; en el segundo, donde
actúa la notable compañía ele los Sres. Rosell y Ruiz de Arana, se ha estrenado con buen éxito una divertida pieza en un
acto, Jugar por tabla, de Zamora y Caballero.
Barcelona. - En el Principal se han puesto en escena, entre

Tipos de visitantes de la Exposición universal de Ohicago, dibujos de A. Oastaigne -Aunque

El eminente novelista Emilio Zola. - El insigne
autor de los Rougon /11acq11art ha conseguido en Londres un
nuevo y gran triunfo por el ,Jiscurso pronunciado en el Con·
greso de periodistas recientemente celebrado en la capital inglesa sobre el tema El a11ó11i1110 en la prema. Emilio Zola ha
sido festejado con gran entusiasmo por la Asociación de literatos y periodistas ingleses, que han rendido el debido tributo
de admiración al que con razón llaman apóstol de la literatura
de fines del presente siglo y profeta, cuyo genio brillará todavía en el mundo literario cuando se hayan extinguido ya otras
estrellas que hoy se consideran de primera magnitud.

sacados á luz con motivo de la llamada Feria del Mundo, bien
puede afirmarse que los cinco tipos admirablemente apuntados
por A. Castaigne son cosmopolitas, y pueden, con muy ligeras
variantes, encontrarse dondequiera que se ofrece al publico un
espectáculo que se salga de los limites de lo ordinario. l\liren
nuestros lectores los cinco dibujos que reproclucimos, y digan si
el tipo del papanatas, del lugareño, del indiferente, del difícil
de contentar y del que todo lo admira no les son conocidos; y
si, com0 es seguro, los conocen, podrán apreciar cuán acertadamente ha sabido estudiarlos y darles forma el habilísimo artista.

La lección interrumpida, cuadro de L. Alvarez. - Poco aficionado á reproducir en el lienzo escenas contemporáneas, el notable pintor español Sr. Alvarez busca por
regla general asuntos para sus cuadros en los pasados tiempos,
y ora se inspira en personajes ó tipos históricos de otras eda·
des, como en La silla de Felipe II } El seilor feudal, ora en
las costumbres de nuestros abuelos, como en Una visita de pt!·
same y las Bodas del duque de Frías, cuadros tocl.os estos que
con otros varios ele tan celebrado artista han podido admirar
los suscriptores de LA I LUSTRACIÓN ARTISTI CA. Al último ele
los indicados géneros pertenece La lección i11te1-nm,pida, obra
de correcta y elegante factura, cuyos dos personajes constituyen
un grupo encantador por lo admirablemente que el pintor ha
sabido expresar sus afectos.,y cuyos accesorios justifican el buen
gusto del Sr. Alvarez y su maestría desde el punto de vista ele
la técnica.

El zurcidor de alfombras, pastel de Gilbert,
grabado de Rabeuf. - En una exposición recientemente
celehracla en Londres por la Sociedad internacional de graba·
dores en madera ha obtenido el primer premio el grabado de
Rabeuf que reproducimos, y á poco que nos fijemos en él com·
prenderemo~ que el Jurado ha procedido con gran justicia,
pues en realidad la obra del célebre grabador francés merece
ser cali~cada ele maestra en su género y demuestra el grado ele
perfección que ha 3lcanzado en nuestros tiempos la xilografía,
qu~ si un día fué inferior al gral,ano en metales, hoy le supera
ba¡o to?os conceptos, as! por su dulzura y delicadeza como por
la ?clelidad con que reproduce el espíritu y la int enci6n del dibu¡o. En cuanto al pastel de Gilbert, de que es copia el grabado ~e Rabeuf, no se sab~ qué admirar más en él, si la figura del
zurcidor, llena de expresión y de vida, ó las piezas de alfom ·
bra en que tr~baja y que revelan en su disposición total, en
sus menores pliegues y en sus dibujos la mano ele un artista
consumado que concibe con amplitud y detalla con sin igual
maestria.

•
NúMERO

615

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

659

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
PO~ Plrn~o M~El,. = lLUSTRACIQNES DE ALFREDO PARIS
(CO.NTl.NUACJÓN)

No era necesario más para despertar la suspicacia
Aquel documento era un diploma de doctor en habiendo más hombres, no tocarían tan á menudo
del comandante respecto de los malos propósitos que ciencias librado por una Universidad alemana al las guardias.
Quedó convenido que las guardias serían de dos
pudiera abrigar el alemán. Una casualidad provid_en- Sr. Her:nann Schnecker, natural de Krenigsberg, cuhoras exceptuando durante los días de gran frío.
Entonces los hombres velarían solamente una hora
y de dos en dos.
Una noche, el marinero canadiense Gaoudoux que·
1
dó espantado por u,na ~xtraña ap~ri~ión.
,
El cielo estaba ltmp1do y las tm1eblas no deb1an
durar más que un par de horas; pero desde que hubo
desaparecido el sol del horizonte, la luna no dejó pasar sus rayos sino á través de una de esas heladas
nieblas que los ingleses llamanfrost rime, que no se
levantan á más de veinte metros sobre el suelo.
Aquella misma niebla se volvía invisible cuando
cada una de las moléculas de aire helado se convertía en una fente de inconmensurable poder para
agrandar los objetos.
Gaoudoux, de pie en la popa, paseaba á su alrededor una mirada distraída, pues no había que temer
por entonces nada de los hielos exteriores, que no es·
taban soldados y que eran poco gruesos. El comandante había impuesto aquellas guardias de noche para acostumbrar á los tripulantes á los rudos servicios
del invierno.
Aquella guardia era, pues, de ·pura precaución, ya
que no había que temer riesgos del exterior y que la
Estrella Polar se hallaba perfectamente abrigada por
los acantilados de la Rada Larga.
¡Cuál no sería, pues, el terror y la sorpresa del ma·
rinero al ver que surgía del campo de hielo la silueta
de un gigante de proporciones apocalípticas!
El terror sobrecogió á Gaoudoux y le dejó parali·
z1do por un momento.
El ser que veía era sobrenatural á no dudarlo, pues
ten(a á lo menos seis metros de altura. La luna lo d ibujaba claramente sobre el fondo obscuro de la
bruma.
El marino, alarmado, lanzó un grito, al cual el teniente Hardy se apresuró á contestar.
Bastó á éste una sola mirada para comprender que
la fantástica aparición no era sino un efecto de óptica producido por la refracción de los rayos á través
de la bruma.
Pero al mismo tiempo, y por otro motivo, el oficial
concibió cierta inquietud.
¿Quién era aquel hombre que corría á tal hora sobre el campo de hielo?
Cogió la bocina y llamó al misterioso fantasma,
que, en vez de contestar, pareció querer sustraerse á
la atención de que era objeto, y pudo verse cómo decrecía su espectro hasta que se perdió entre la trama
espesa de la niebla.
El teniente se armó de un sable y de un revólver, y
seguido de dos marineros, también armadps, se lat1zó
en persecución del fugitivo.
.
Este, dejando que sus perseguidores se extraviaran
siguiendo una pista falsa, y ocultándose entre los
témpanos y arrastrándose materialmente, llegó al buque, donde penetró por la proa. Allí, empujando sin
El ser que vela era sobrenatural, á no dudarlo, pues tenia á lo menos seis metros ele altura
ruido una de las escotillas, ganó el departamento de
los oficiales y cerró la puerta tras de sí.
Durante aquel tiempo Hardy y sus compañeros
cía! había dado consistencia á sus propias sospechas, ya filiación, muy detallada, no dejaba ninguna duda buscaban en vano entre el hielo. A bordo el incideny se propuso saber lo que había en el fondo de aquel acerca de la autenticidad del personaje.
te era ya conocido y todos habían subido sobre cuasunto.
Aquel descubrimiento había producido en el co- bierta esperando la vuelta del teniente. El comanCuando marcharon Isabel y Huberto en busca del mandante Lacrosse una penosa impresión.
dante Lacrosse no había dado importancia á ello y
Sr. de Keralio, Schnecker se había ofrecido con inEl hombre que se había hecho recomendar á Ke· se había contentado con decir:
sistencia para acompañarles. Bernardo Lacrosse se ralio por muchas notabilidades de Francia é Inglate- ¡Bah, todavía están fuera los Sres. Lesieur, Schnehabía opuesto á ello invocando una razón muy plau- rra, que se había alistado entre los miembros de la cker y un marinero que han ido á hacer observasible.
expedición en calidad de alsaciano, había usurpado ciones al Norte de la rada. Uno de ellos es indu- Sr. Schnecker, había dicho, vuestra presencia es a~uel título: Era un alemán, ó mejor dicho, un pru- dablemente el que hemos advertido, y la distancia,
indispensable entre nosotros. Sólo vos podéis reem- siano.
demasiado grande, no le habrá dejado oir nuestroplazar al Sr. d'Ermont y vuestra contrata como quíEl capitán Lacrosse se propuso esclarecer aquel llamamiento.
mico me obliga á deciros que permanezcáis á bordo. misterio.
Lo que parecía confirmar aquella opinión fué que el
Era una fórmula cortés por medio de la cual el coNo tardó en presentarse ocasión favorable.
fenómeno se renovó á la vuelta de Hardy y de los
mandante expresaba su voluntad.
La Estrella Polar había empezado sus trabajos de dos marineros. No se vió un soío gigante, sino tres.
Dos días antes, Bernardo Lacrosse, pasando su invernada, y desde 1.0 de agosto el capitán puso en
El comandante Lacrosse los llamó con la bocina.
revista de costumbre por el barco, había visto entre- vigor el reglamento ordinario de invierno. En lugar
- ¿Sois vos, Hardy?, preguntó.
abierta la puerta del laboratorio químico. Movido de levantar una casa, se vivía á bordo, lo que ofrecía
- Sí, somos nosotros, contestó la voz clara y dispor un impulso de curiosidad, había penetrado allí y ventajas desde el punto de vista del gasto de com- tinta del teniente.
encontrado, entre diversos instrumentos, una hoja de bustible.
Cuando llegaron éstos á bordo, no habiendo en·
pergamino doblada, que abrió sin pensar que come·
Se lograba además con ello que no resultara tan contrado á nadie, fué preciso confesarse que si la
tía una indiscreción.
pesado el servicio de vigilancia de noche y día, pues aparición se había desvanecido, no era á causa de no

,.

¡

�660

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

615
NúMERO

haber oído la voz, pues á una distancia superior, el
oficial y sus dos compañeros habían percibido claramente las menores vibraciones de las palabras del
comandante Lacrosse.
Este no demostró la turbación que aquel descubrí·
miento le causaba. Para combatir la especie de terror
supersticioso que aquel acontecimiento había hecho
nacer, mandó distribuir una ración de aguardiente, y
á pesar de que el frío era intenso redobló las precauciones de vigilancia haciendo montar dobles guardias
sobre cubierta.
Después de lo cual bajó de nuevo á su camarote
para descansar.
Hacía apenas un cuarto de hora que estaba allí,
cuando llamó su atención un ruido singular y continuo que ·parecía venir de la bodega y semejante al
silbido que lanza un gas cuando se escapa por una
espita.
Lacrosse, que ya estaba acostado, se levantó con
sobresalto y escuchó. Más y más alarmado, abandonó
su camarote y corrió hacia las máquinas, donde estaba instalado el gasómetro con su caldera de dilatación. Pensaba que quizá alguno de los maquinistas
utilizaba la caldera para algún servicio particular.
Muy pronto vió que no había nada de aquello. Ni
el vapor rugía en las calderas, ni los fuegos estaban
encendidos, pues sola¡nente ardían dos horas cada
día á fin de que el hielo no estropeara los recipientes y tubos.
La calefacción se hacía por medio de carbón, como de costumbre, pues Schnecker, de acuerdo con
los oficiales, había creído conveniente reservar el hidrógeno para la época de los grandes fríos.
¿De dónde procedía, pues, aquel rumor insólito?
Sin demostrar su aprensión, que venía corroborada
por los incidentes anteriores, el comandante llamó á
Hardy y le dijo lacónicamente:
- ¡Escuchad!
El teniente escuchó y percibió aquel extraño ruido.
Los dos oficiales volvieron hacia sus cámaras,
cuando un incidente insignificante les indicó la pista
verdadera.
De repente Hardy tropezó á consecuencia de haberse enredado el pie en la alfombra que cubría el
suelo. Se enderezó, mascullando una maldición, y encendió una lámpara para reconocer la causa del tropiezo.
Entonces advirtieron que la alfombra estaba levantada y que debajo de ella, una trampa que daba acceso á l;i cala, estaba mal cerrada.
Era evidente que alguien la había abierto y que
quizá estaba todavía allí dentro. Una sospecha acudió al comandante, que dijo á su compañero:
- Hardy, ¿queréis llamar á dos hombres? Haremos que bajen ahí.
¿Comprendió Hardy la intención del capitán? El
caso es que en seguida llamó á los marineros y les
indicó que penetraran por la escotilla.
Los dos marinos, obedeciendo lo que se les mandaba, se deslizaron sin ruido por la estrecha abertura, y saltando en silencio por sobre los fardos que allí
se amontonaban, se esforzaron á través de las tinieblas en llegar hasta el centro del navío, donde se
abría la gran escotilla cuadrada de carga y descarga.
Alií, el ruido que había despertado las sospechas
del comandante se oía más fuerte; era un silbido continuo y penetrante, acerca del cual no tuvieron ninguna duda.
- Es el gas que se escapa, murmuró Gaoudoux al
oído de su compañero.
Este, en vez de contestar, le dijo:
-¿Oyes?
- Sí, parece que mueven las cajas de metal.
Y el ruido se repitió, patentizando que alguien andaba hacia proa.
Gaoudoux buscaba las cerillas que tenía en el bolsillo, cuando su compañero le dijo:
- ¿Quieres que vuele el buque?
El otro comprendió, quedando helado de espanto.
Entonces, sin importarles ya nada el ruido que
pudieran hacer, se lanzaron, tapándose la boca con
un pañuelo, pues la atmósfera se llenaba de gases deletéreos, en pos del que andaba por allí. Sus ojos,
acostumbrados á la obscuridad, advirtieron una sombra que trataba de ocultarse.
Entonces, seguros ya de que tenían que habérse•
las con un hombre y no con una sombra, los dos marineros corrieron en seguimiento del misterioso y peligroso investigadoi;.
En tanto que Gaoudoux, comprendiendo la inminencia del peligro, corría hacia el tubo del cual se
escapaba el gas y cerraba la espita, cesando entonces
el rui1o, su compañero perseguía al intruso.
Cuando ya extendía la mano 'para cogerlo, se escurrió entre él y la pared y huyó por el mismo camino por donde vinieron los marinos.

Estos siguieron la caza sabiendo que sólo había
abierta la salida donde les esperaban el comandante
y el teniente, los cuales no dejarían escapar al desconocido.
. Esto fué lo que sucedió.
Al oir rumor de pasos precipitados, los dos oficiales, comprendiéndose con una mirada, cerraron la
trampa y dejaron que el intruso saliera por allí como
las figuras de las cajas de resorte.
No tuvieron que esperar mucho.
Dos manos se pusieron sobre los bordes de la es·
cotilla y luego apareció una cabeza. Finalmente un
hombre salió del agujero con el traje manchado de
polvo y de alquitrán y el rostro azulado por un principio de asfixia. Antes que hubiese podido alcanzar
la puerta, Hardy y Lacrosse le cogieron, impidiéndole
toda resistencia.
El comandante de la Estrella Polar no pronunció
una sola palabra. Lo que había sucedido lo tenía
previsto desde hacía mucho tiempo. Pero el teniente Hardy, que no sospechaba, no pudo por menos
que lanzar una exclamación de sorpresa:
- ¡Cómo! ¿Sois vos, Sr. Schnecker? ¿Qué diantre
hacíais abajo?
El químico estaba desconcertado, pero la excla·
mación del teniente le volvió su presencia de ánimo.
Trató de echar la cosa á broma, y prorrumpiendo
en risa, dijo:
- ¡Pardiez! ¡Señores, podéis alabaros de haberme
hecho pasar un miedo atroz!
- ¿Por qué ... miedo?, repitió Hardy más y más
extrañado.
El comandante Lacrosse intervino bruscamente.
- ¿Qué hacíais en la cala á esta hora, Sr. Sechnecker?, preguntó con rudeza.
El químico había tenido tiempo de preparar su defensa y contestó:
- Había bajado para cerrar la espita de uno ó dos
tubos de hidrógeno, de los que había oído que se
escapaba el gas hace un instante.
La excusa era plausible; la conducta del químico
quedaba explicada. Había oído antes que el mismo
Lacrosse el ruido del gas y no había vacilado en bajar
á la cala para salvar á la tripulación de una muerte
horrorosa. Si esto era verdad, no debían hacérsele
cargos, sino tributársele elogios.
El comandante Lacrosse se sintió un instante muy
perplejo, pues no sabía qué conducta seguir ni qué
actitud guardar delante de aquel hombre injustamente sospechoso.
Pero en aquel mismo momento Gaoudoux y su camarada salían de la escotilla.
Al verlos el alemán cambió de color y su rostro se
contrajo. Todos observaron entonces aquel inexplicable cambio de expresión; pero entre ellos había tres
que no sabían de lo que se trataba, y por lo tanto,
miraban alternativamente á su comandante y á Schnecker, sin comprender nada de lo que pasaba.
Lacrosse indicó con un signo á Gaoudoux que contestara él, y con voz bronca formuló esta pregunta:
- ¿Qué habéis observado en la cala?
La respuesta de los dos marineros fué idéntica y
espontánea. Habían oído ruido y visto moverse una
sombra. En tanto que Gaoudoux cerraba el tubo de
gas, su c_ompañero perseguía al desconocido, y éste
resultaba ser el químico Schenecker.
Pero al mismo tiempo los dos parecieron confusos
del resultado obtenido.
Era visible que ninguna sospecha sentían por su
parte de aquel personaje y que ni siquiera les habría
ocurrido pensar nunca que pudiera ser un traidor.
El comandante Lacrosse comprendió que las pruebas morales que poseía no eran sino presunciones,
sin que tuviera pruebas materiales.
Entonces le vinieron más que nunca á la memoria
las palabras y sospechas de Huberto, y creyendo
leer en la fisonomía del alemán signos de alegría y
triunfo, despidió á los marineros.
Dirigiéndose á Gaoudoux le dijo:
- Quédate aquí cerca. A la primera palabra entra.
Luego, deteniendo con un gesto al teniente, que se
disponía á salir:
- Quedaos, Hardy, dijo; os necesito.
Su tono revestía tal gravedad que por tercera vez
se turbó el químico.
El comandante le había señalado una silla rogándole que se sentara.
La conversación que siguió fué breve, pero tremenda.
Bernardo Lacrosse fué derecho al bulto. Empezóasí:
- Sr. Schnecker, podéis consideraros dichoso de
que no os mande fusilar ahora mismo; pero tengo interés en deciros que sólo es cuestión de tiempo el
hacerlo.
Había pronunciado aquellas palabras mirando al
químico con mirada firme, clara y fría como una ho-

ja de acero. El químico se puso lívido, y el teniente
Hardy se estremeció y palideció también. Diálogo
por tal modo empezado no prometía acabar bien. Sin
embargo, el joven oficial no se apresuró á juzgará su
jefe.
Bernardo Lacrosse, conservando su calma, prosiguió:
- Vuestra declaración contiene una contradicción
manifiesta. Acabáis de decir hace un momento que
habéis bajado á la bodega para cerrar los tubos de
los cuales se escapaba gas, y mis dos marineros acaban de decirme que esos tubos estaban todavía abiertos. Además, habéis buído al aproximarse ellos, y esto
prueba que no eran buenas vuestras intenciones. A
decir verdad, debo añadir que hace tiempo os vigilo
y que tengo mis razones para obrar así. De vuestra
respuesta va á depender la opinión que formaré de
vos definitivamente.
El miserable había reaccionado todavía contra la
sorpresa de aquella declaración. Miró con descaro al
comandante y contestó cruzándose de brazos:
- Sois el amo á bordo, caballero; interrogad, pues.
Lacrosse se volvió hacia el teniente y dijo:
- Hardy, sois el único testigo de esta escena, pero
sois hombre de honor y buen francés. Vuestro testimonio me basta. ¿Queréis servirme de secretario por
un momento?
El comandante no podía haber hecho mejor elección, puesto que Hardy era un modelo de honor y
de lealtad.
Tomó una pluma y papel, y transcribió el corto interrogatorio que sigue:
- Sr. Schnecker, estáis inscrito á bordo en calidad
de químico de la expedición. Haced el favor de decirnos vuestro nombre y títulos·.
- Que no quede por eso, gruñó el alemán. Me
llamo Hermann Schnecker, he nacido en Mulhouse y
he hecho mi carrera en la Universidad de París.
- ¿Tenéis algún diploma de los vuestros aquí?
- No. Los he dejado en París, ya que no me pareció necesario traérmelos. Por otra parte, los servicios que he prestado á la expedición son las más segurás garantías de mi ciencia.
Lacrosse no pudo contener un movimiento brusco.
- No se trata aquí de vuestra ciencia, dijo. Si reclamo vuestros títulos es con otro objeto. ¿Podéis enseñármelos, sí ó no?
- No; os repito que los he dejado en mi casa de
París.
- En este caso no extrañéis que basta nueva orden, yo, por mi parte, crea que sois Hermann Schnecker, súbdito alemán, nacido en Koenigsberg, doctor
por la Universidad de Dresde.
El golpe era rudo. El químico, muy pálido, se levantó queriendo protestar.
- He aquí la prueba de lo que digo, añadió el comandante de la Estrella Polar, enseñando al teniente Hardy el documento encontrado por él en el laboratorio.
- Caballero, exclamó Schnecker, esto es un abuso
inicuo de poder.
Lacrosse, impasible, replicó:
-Acabáis de reconocer hace un momento que soy
el amo á bordo. En consecuencia, y aun cuando ignoro los motivos que han podido incitaros á ello, os
a~uso de haber atentado á la seguridad de la tripulación y al buen éxito de la expedición, echando á perder nuestra reserva de hidrógeno líquido. No quiero
decidir de vuestra suerte antes de la vuelta del señor
de Keralio, q~e es el jefe de la expedición; pero desde ahora decido que quedéis arrestado en vuestro
cuar,t? b~jo la vigilancia de un marinero, y que no
salga1s smo por orden mía ó de algún oficial de la
Estrella Polar.
Y dejando que el traidor protestara cuanto quisiera, el comandante llamó con la bocina.
Un minuto después, entregaba á Gaoudoux un revólver cargado, é indicándole al químico, dijo:
- Vas á conducir al señor á su camarote· que no
salga de allí á no ser por orden mía. Y si h¡ce cualquier tentativa de rebelión ó de violencia, mátalo. ¡Vé!
El alemán salió con los dientes apretados, y cerrad~s los puños, echando al impasible canadiense una
mirada de furiosa cólera y de odio implacable.
XI
EMPAREDADOS

A través del campo de hielo, cada día más compact?, Isabel y Huberto, j~nto con sus compañeros,
segman entretanto su cammo en pos de los viajeros
que no volvían.
La llanura erizada de témpanos enormes se extendía muda y desolada ante su paso, dificultando su

615

marcha. Empezaban á sufrir cruelmente y les asaltaban súbitos desfallecimientos. Pero haciendo un esfuerzo para no demostrarlos, guardaban todos silencio, y aquel silencio era más elocuente que una queja.
Diez veces ya, desde su salida del navío, habían sufrido la violencia de terribles borrascas; y el camino
se alargaba en su sombría monotonía, y el cielo,

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y Scbnecker no se habían engañado. No, no habían
sido juguetes de una alucinación. Habían visto con
sus propios ojos aquella muralla paleocrística, aquel
muro virgen del cual el polo se ceñía para rechazar
las tentativas atrevidas de los mortales. Tal como
aparecía entonces, confirmaba lo que de él habían
dicho sus primeros descubridores.

Ocultándose entre los témpanos y arrastrándose materialmente, llegó al buque, donde penetró por la proa

siempre gris, parecía un sudario inmenso que envolviera la tierra.
Nada anunciaba la proximidad de aquel muro de
hielo que d'Ermont y Schnecker no pudieron salvar
con ayuda de su globo. ¿Había cambiado de sitio, se
había disgregado, ó era sólo una alucinación que habían tenido los dos hombres, víctimas del vértigo de
los hielos?
Aquella pregunta flotaba continuamente en el ánimo de Isabel, y á pesar de la energía sobrehumana
que la sostenía, no podía por menos de sentir honda
desesperación. Acababan ya los últimos días de agosto, y no se había logrado más que durante los primeros.
Bruscamente, en la mañana del 26, los viajeros
tuvieron una sorpresa.
Acababan de tomar la altura de aquel punto: 87°,
44'. El firmamento, envuelto en espesa bruma, les
pareció, sin embargo, más claro y más alto que de
costumbre. El viento, muy fuerte durante la noche,
había cesado, y una calma insólita, inexplicahle, reinaba en la atmósfera. Al propio tiempo, y por uno
de esos caprichos extraños, á los cuales ya todo el
mundo se había acostumbrado, el mercurio subía
dentro de su tubo de cristal, que en aquel momento
sólo marcaba 12 grados bajo cero.
De repente, sin que nada dejara presentir tal cam·
bio, la cortina de vapores se rasgó de alto á abajo.
El sol, que no había brillado desde hacía una semana, apareció espléndido y sus destellos tiñeron de
oro la superficie del pack. Los hielos azulados fulguraron parecidos á gigantescos diamantes, y de un
extremo á otro de la helada llanura todo irradió luz,
todo brilló despidiendo claridad incomparable.
Isabel no pudo contener un grito de admiración.
- ¡Qué hermoso es! ¡Qué hermoso!, repitió muchas veces.
Sus ojos, un momento deslumbrados, se acostumbraron á la magnificencia del espectáculo. Los exploradores podían medir con su vista toda la extensión
del campo que pisaban. A menos de una milla, el
hielo, cortado á pico, dejaba sitio á una extensión de
agua azul, tornasolada de oro, que le formaba como
una especie de franja, sobre la cual resaltaba más la
blancura inmaculada del pack.
- ¡El mar!, exclamó Isabel. ¡El mar libre, enteramente libre!
Al oir aquel grito, acudió Huberto d'Ermont, se·
guido de los demás viajeros.
Era efectivamente el mar, una masa tan líquida,
tan movida, que viéndola nadie hubiera imaginado
que pudiese hallarse en aquella latitud.
- ¡Sí, el mar, exclamó Huberto; pero después del
mar el cinturón de hielo!
Y mostraba con su índice el horizonte.
Allí aparecía otra línea blanca que no podía confundirse de ninguna manera con el firmamento, pues
en aquella hora, y rechazando los rayos del sol, brillaba con tal intensidad, que la mirada no podía
fijarse en ella.
Los viajeros sabían á qué atenerse. No, d'Ermont

Ante aquel aspecto, todos los ánimos se reanimaron, y abandonando l9s trineos y el campamento, se
lanzaron hacia las orillas de aquel océano misterioso
que, bajo aquella claridad deslumbradora, les pare·
cía ser efecto de un espejismo.
Pronto lo hubieron alcanzado, y después de recorrer dos kilómetros, hundían sus manos en el agua
helada, que les parecía más templada, después de
sentir requemada su piel por aquellas temperaturas
verdaderamente insoportables.
¡Ay! Sólo fué una alegría momentánea, pues el temor acababa de renacer.
No habiendo encontrado al Sr. de Keralio en el
trayecto que acababan de recorrer, ¿cómo era posible
tsperar alcanzarlo después? ¿No estaban ya en los
mismos límites del globo?
Una tristeza horrible se apoderó de todos, llenándole:; de angustia, y fué también Isabel la que primera reaccionó.
Se dirigió á sus compañeros:·
- Señores, dijo, me parece cierto esta vez que mi
padre y sus dos compañeros han realizado su proyecto y han coronado triunfalmente su tentativa.
Huberto la miró sorprendido.
- ¿En qué os fundáis para hablar así?, preguntó.
- Es muy sencillo. Estamos junto al mar libre y
tenemos ante nosotros la muralla de hielo que no
habéis podido salvar en globo el Sr. Schecker ni vos.
¿No se ha llevado mi padre el barco submarino?
-Todo es exacto; pero no comprendo dónde que·
réis ir á parar.
- Veamos, continuó Isabel. ¿No indica esto que
la expedición submarina ha sido feliz? A no ser por
eso, á falta de los viajeros que buscamos hallaríamos
por lo menos el barco submarino.
- Es verdad, dijeron sus compañeros rindiéndose
á la evidencia.
·
Sin embargo, Huberto pensó que aquello podía
probar que los viajeros se habían sumergido bajo !as
olas para probar de pasar bajo el muro· de hielo permanente; pero que nada indicaba que hubiesen vuelto.
Se esforzó para alejar de su ánimo aquellas previsiones dolorosas, y asintiendo á las palabras de su prima dió la orden de levantar la tienda en el punto á
que se había llegado á fin de estar allí el mayor tiempo posible en espera de los viajeros.
Entretanto se visitarían los alrededores y se estu·
diaria la configuración de aquellos raros parajes.
Aquel plan fué adoptado y se siguió al pie de la
letra.
La jornada del 27 fué tan hermosa como la anterior, pero el termómetro marcó 20° bajo cero. El
primer cuidado de los viajeros fué correr hacia la orilla para ver el estado del mar.
Las olas se movían libremente y ni la menor cristalización empañaba la superficie. El estupor de Huberto fué muy grande viendo que á quince pies de
profundidad, el termómetro subía hasta 4. 0 , temperatura normal del agua.
El mar del polo no sufría, pues, la acción del hielo de los alrededores

661
Entonces, más que nunca, los viajeros sintieron el
deseo de salvar aquella barrera de hielos y penetrar
en el polo misterioso que latía detrás de la formidable muralla de icebergs.
Emprendieron de nuevo la marcha, pero circularmente esta vez, siguiendo una paralela al Océano paleocrístico. En todas partes vieron las mismas grietas
que poco á poco habían sido desgastadas en sus bordes por la acción de las aguas. Aquí y allá el pack,
de un espesor que variaba entre 12 y r 8 metros, se
hallaba hendido por grietas estrechas que se podían
saltar á pies juntos. Pero desde luego se veía que bajo la acción de las tempestades del Sud podía aquella masa dislocarse en témpanos enormes y dejar paso entre sus vastos canales para la marcha del gran
navío.
Nares tenía, pues, razón desde su punto de vista y
Lockvood también, afirmando el primero que el mar
libre es un mito, y asegurando el segundo, después de
su viaje de 1883, que había visto el mar libre azotando
las costas septentrionales de la Groenlandia.
Resumiendo la impresión de todos, Huberto d'Ermont pensó que la acción del frío, variando con los
años y con las estaciones, debía ejercerse sobre todos
los puntos del Océano, y que la zona libre que estaba
ante ellos debía su inmunidad á alguna corriente caliente que pasaba bajo el mismo polo.
No había que vacilar. Huberto dió la orden debotar al mar una chalupa y se embarcó en compañía
del teniente Poi. Izaron las velas y se dejaron llevar
por una brisa sudoeste.
Eran las diez de la mañana cuando partieron, y á
las once de la noche estaban de vuelta, cuando el sol
se hundía en el horizonte Sud. Habían recorrido 16
millas antes de alcanzar los acantilados de hielo.
Allí su curiosidad había sido despertada muy pronto pcr lo raro de aquellos acantilados que les parecieron más bien colocados sobre un zócalo de granito que inmergidos en el Océano. Pronto salieron de
dudas.
El enorme muro paleocrístico no tenía ningún
contacto con el agua; reposaba sobre una especie de
acantilado de granito que se hundía en las profundidades del mar. Esta observación la hicieron atravesando, merced á un bote, el brazo de mar que les separaba de aquel muro, y echando la sonda se vió que
á 225 brazas no se encontraba fondo todavía.
Desde entonces todo quedaba explicado. La masa
oceánica que separa el polo de las tierras más cercanas, rueda en volutas prodigiosas de aguas templadas por una corriente subterránea ó por la acción
latente de un foco de ignición desconocido. El frío
no ejerce acción sobre ella en aquellos niveles, y solamente la superficie sensible á la temperatura exterior sufre la influencia de los grandes descensos termométricos.
D'Ermont y Pol dedujeron de ello que el polo debía hallarse en una gran isla enteramente cubierta de
hielo. Era preciso renunciar por entonces á llegar
hasta él, puesto que la barrera de monstruosos carámbanos no contenía ninguna grieta ni asperidad
que facilitara el paso ni siquiera el escalamiento.
Cuando volvieron encontraron á los demás hombres desesperados.
Había sobrevenido un incidente de la mayor im•
portancia.
La señorita de Keralio había desaparecigo.
Guerbraz, profundamente conmovido, explicó á
Huberto cuanto sucediera.
Cuando partió la chalupa para ir á explorar la
muralla de hielo, los hombres restantes habían marchado hacia el Este. Habían llegado sin dificultad
hasta el sitio en que los témpanos se multiplican con
una frecuencia sólo comparable á la que tienen los
montículos de tierra pulverizada que denuncian la
frecuencia de hormigueros. Algunos de estos montícu-

los tenían una altura extraordinaria llegando hasta
20 ó 30 metros de elevación. Se habían salvado algunos y los exploradores iban á volver ya fatigados al
sitio de partida, cuando de repente Guerbraz encontró una botella que yacía sobre el hielo.·
( Contimtará)

�•
L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECCIÓN CIENTfFICA

NÚMERO

LA TERMOGÉNESIS DE LOS ANIMALES INVERNANTES

En el congreso recientemente celebrado en Besanzón por la Asociación francesa para el progreso de
Los Estados Unidos son, que sepámos, la única las ciencias, M. Rafael Dubois, profesor de ,la Fapotencia marítima que ha botado al agua un buque cultad de Lyón, ha dado cuenta de sus interesantes
exclusivamente de espolón: este buque, que es el que estudios sobre la termogénesis de los animale·s inver-

UN BUQUE DE GUERRA AMERICANO CON ESPOLÓN

Fig. r. El Katahdin, buque de guerra americano con es,1olún

reproduce la figura 1, se llama Katahdm,_nombre de
la montaña más alta del Estado del Mame. El Katahdin es un acorazado con dos hélices que, aparte
del espolón, no lleva otras armas que cuatro cañones de tiro rápido para defenderse de los ataques de
los torpedos: tiene 75 metros de eslora y u'45 de
manga en la línea de flotación, y su desplazamiento,
cuando va enteramente cargado, es de 2. 15 5 toneladas.
Su cubierta, en forma de concha de tortuga, se
compone de planchas de acero de 1 5 centímetros de
grueso.
Lo más singular de este buque es la forma de la
parte de él que va dentro del agua, que por delante y
por detrás es plana y cuyas paredes, como indica la
fig. 3, son marcadamente inclinadas.
El casco del buque es naturalmente doble y el espacio intermedio está dividido por medio de paredes
transversales en un gran número de celdas impermeables.
Lo que más dificulta~es ha ofrecido en la con~trucción del buque ha sido, como se comprendera,
el espolón cuya sección longitudinal representa la
fig. 2 El ;spolón es de acero colado y está unido al
casco del buque de tal manera que la sacudida causada por el choque que ha de producir se distribuye
por todo el barco: este choque, dada la velocidad de
x7 nudos por hora que tiene el buque, equivale a) de
un martinete de vapor de 2 .000 toneladas moviéndose con igual velocidad.
Como fuerza impulsiva lleva el buque dos máquinas de triple expansión con una fuerza total de 4.800
caballos.
El Scientijic American, de donde tomamos los anteriores datos no dice cuál es el objeto de las dos
especies de chimeneas que se alzan detrás de la chimenea principal.
Los hombres peritos en materias navales no podrán menos de extrañar probablemente que los Estados Unidos hayan construído un buque de esla
clase, pues el espolón es ~n arma de dos filos que
puede volverse contra el mismo que la usa: en efecto,
si inmediatamente después de haber clavado el espo-

nantes, que demuestran la importancia de la fisiología comparada en el estudio de la calorificación animal. Una marmota puede, en dos ó tres horas, elevar la temperatura de su cuerpo 30 ó más grados,
gracias á una acción nerviosa refleja cuyo punto de
partida está en el tubo digestivo y en los órganos ordinarios cuando el despertar es espontáneo. Merced
á numerosas vivisecciones practicadas en marmotas
dormidas, M. Dubois ha podido reconocer los trayectos centrípeto y centrífugo y los centros en donde
se produce el reflejo calorfgeno.
La excitación centrípeta recorre la medula por los
cordones posteriores; pero si se practica una sección
completa de la medula. al nivel de la primera vérte-

-

~

--=

Fig. 3. Sección vertical de1 Katahdi11

bra dorsal, se dificulta muchísimo la calorificación
automática, que se imposibilita en absoluto si la sección se hace al nivel de la cuarta vértebra cervical, á
partir de la cual todas las secciones completas del eje
cerebro-espinal producen el mismo efecto. Lo propio
sucede cuando se practica por el método de Goltz,
es decir, con un chorro de agua, la destrucción de
las capas corticales de los hemisferios cerebrales, en
cual caso el animal no pueqe calentarse automáticamente, se olvida de producir calor, como los mamíferos y las aves se olvidan de alimentarse y de moverse si se les priva de la substancia gris de los hemisferios.
·
La vía descendente del reflejo calorificador está
en el eje gris de la medula y en el sistema gran simpático: la extirpación de los ganglios semilunares dificulta la calefacción modificando el funcionamiento
de los órganos glandulares viscerales y especialmente
el del hígado, órgano que M. Dubois considera como
foco principal donde se produce el calor destinado á
ser luego distribuído en el organismo por medio de
la sangre. Mediante exploraciones directas hechas
con el termómetro y las agujas termo-eléctricas y mediante ligaduras, ora de los vasos que llevan la san- gre al hígado, ora de los que la recogen de éste, M.
Dubois demuestra claramente el papel calorificador
que desempeña la glándula hepática, papel que en los
demás mamíferos es muy difícil evidenciar. La llegada de sangre más .caliente al corazón aumenta la actividad del músculo cardíaco cuyos latidos se aceleran porque'.funciona como un músculo termosistáltico.
M. Dubois prueba experimentalmente que se ha
Fig. :&gt;.. Sección longitucinal del espolón del Aatahdin
atribuído al mecanismo respiratorio un papel demasiado importante en la generación del calórico: en
Ión no retrocede rápidamente el buque que lo clava, efecto, si se corta fa medula de una marmota dormicomo es muy posible, corre peligro el agresor de hun- da al nivel de la cuarta vértebra cervical ó del bulbo,
dirse en el mar con el agredido.
es imposible elevar la temperatura del animal por
medio de la respiración artiñcial, por muy acelerada
(Del Prometheus)
que ésta sea.

L1 tonicidad muscular, que algunos suponen Jde
acción muy importante en la prod~cción del ca ?r
animal no interviene en ésta, al decir de M. Dubo1s,
sino d~ una manera accesoria. En una marmota muy
amodorrada todos los músculos flexores se encuentran en un estado de semi-contracción, lo que hace
que el animal esté hecho una bola durante el sueño
invernal, y sin embargo, su temperatura no ~xcede
más que en algunas décimas de 1~ del med1? _ambiente. Además, la poca importancia de la tonicidad
muscular en la calorificación animal puede demostrarse por medio de un experimento de resultado i~discutible: si se le corta á un conejo la medula al nivel de la cuarta vértebra cervical, se enfría rápidamente porque se encuentra en un estado análogo al
del invernante, y sin embargo, la tonicidad muscular
es exagerada y aun á veces hay verdaderas contracciones musculares. Si en otro conejo se suprime completamente la tonicidad muscular destruyendo la medula desde la cuarta vértebra cervical hasta su parte
terminal, el animal se enfría como el anterior y aun
algo menos de prisa. Este resultado no depende en
manera alguna de que uno de los animales irradie
menos calor que el otro, sino de que ni uno ni otro
producen calor bastante para luchar contra el enfriamiento, y esto puede demostrarse introduciendo á los
conejos, objeto del experimento, en el calorímetro
diferencial de d' Arsonval.
M. Dubois rechaza también la teoría del calentamiento por el calofrío: cierto que se producen contracciones fibrilares en algunos músculos de la marmota que está en vías de calentamiento automático,
pero esas contraciones son efecto y no causa del
mismo. Los calofríos musculares se presentan muy
marcados en los músculos maseterinos, muy desarrollados _en la marmota, pero se les puede hacer cesar
inmediatamente en un lado comprimiendo la carótida correspondiente: en este caso continúan en el
lado opuesto. En los animales recién muertos pueden
provoca~se estos calofríos musculares inyectando aceite caliente en la carótida 6 aplicando sobre el músculo una ampolleta de cristal llena de agua caliente.
Esas consideraciones y otras muchas que sería
largo exponer, mueven á M. Dubois á deducir que el
calor animal en el estado estático, es principalmente
de origen glandular, que el hígado es el órgano termógeno y que se equivocan los que atribuyen al calofrío y á la tonicidad muscular un papel importante
en el calentamiento 6 en la lucha contra el enfriamiento.
M. Dubois añade que el calor que se produce durante el trabajo muscular no debe ser considerado
como una pérdida de energía comparable con la que
resulta del roce en las máquinas: la elevación de la
temperatura del músculo es uoa necesidad de su funcionamiento, como lo prueba el hecho de que no
puede funcionar en cuanto este calor le falta.
Estos experimentos ingeniosos modifican notablemente las ideas admitidas sobre el origen y el papel
del calor, aclaran mucho algunos puntos de la termogenesia animal y hacen dar un gran paso á esa
cuestión fisiológica que tantos atractivos ofrece al
hombre de ciencia y que ha sido objeto de tantas
controversias.
(De La Natu1·e)

A. MENEGAUX

El profesor E. Gray acaba de inventar un instrumento al cual ha dado este nombre.
Hemos visto el aparato funcionando en en las oficinas que la compañía fabricante tiene en Nueva
York. Es una verdadera maravilla por la exactitud
con que el receptor reproduce automátíca y simultáneamente todas las letras, rayas y signos que traza
el lápiz sobre el papel. Se han hecho ya ensayos con
un circuito de 40 millas de longitud y el resultado ha
sido completamente satisfactorio.
Sentimos ho poder hacer una descripción del me•
canismo interior del aparato, porque el privilegio de
examinarlo nos fué negado, lo mismo que á todos
los demás qué manifestaron ese deseo: diremos sólo
que es una especie de teléfono ó telégrafo que en vez
de la palabra hablada ó signos convencionales transmite á grande distancia el autógrafo de cualquiera
persona con todos sus puntos, sus comas, rayas ó diseño de una casa ó cualquiera otro trabajo de pluma.
Decimos con igual facil.idad, dando á entender que
el aparato hace lo mismo la transmisión de lo uno que
de lo otro; mas para transmitir un retrato ó un diseño
precisa desde luego que la persona que haga la transmisión sepa dibujar, reproduciendo con un estilete
en una hoja de papel la figura que se le ponga de
modelo.

ARTÍSTICA

La estructura del telautógrafo es
Los impulsos eléctricos que vienen
muy sencilla. Se compone de un trans ·
por el alambre de la línea hacen que
misor y de un receptor y cualquier
la pluma del receptor siga todos los
cosa que se escribe en el primero se
movimientos que la mano del remitenreproduce automáticamente en el se·
te imprime al lápiz con que escribe á
gundo.
varias millas de distancia.
Signos arbitrarios, dibujos, diagraLa pluma, al pasar sobre el papel,
mas, m'1meros, tablas numéricas y nova dejando un rastro de tinta que no
tas taquigrafiadas, todo se transmite lo
es sino el facsímile de la palabra del
mismo.
dibujo trazado por el lápiz.
El que hace la transmisión se queEl telautógrafo tiene sobre el telégrada con una copia y el receptor recibe
fo la ventaja de que lo puede usar
un duplicado exacto de ella.
cualquiera sin haber hecho los estudios
El transmisor es un estilete de pizaespeciales que necesita el telegrafista;
rra ó un lápiz ordinario que tiene cersobre el teléfono tiene la de que no neca de la punta dos hilos de seda atados
cesita que haya una persona que esté
de modo que forman un ángulo recto.
siempre pendiente de responder á la
Las otras dos puntas de los hilos están
llamada, sino que el mensaje queda
unidas al aparato, siguen los movimienescrito en letra clara y legible sobre el
tos del lápiz y regulan el impulso de la
papel del receptor y puede leerse á
corriente que gobierna el lápiz automá- Bajo relieve del Monumento de la Victoria que publicamos en la pág. 664, obra de Lormier
cualquier hora del mismo día ó varios
tico que está colocado en la estación
días después.
que forma el otro extremo de la línea.
La rapidez con que se mandan los
Se usa papel ordinario de cinco pulgadas de ancho manera continua, en el transmisor. Un tubo de vi- mensajes depende de la rapidez con que escribe la
'puesto en la máquina en forma de rollo.
drio capilar puesto en la unión que forman dos bra- persona que lo usa. El promedio es de 20 á 30 palaA la izquierda del papel hay una palanquita que zos de aluminio constituye la pluma receptora, la bras por minuto.
se mueve á mano y hace que se vaya desenro- cual se moja con la tinta que baja por un tubo de
llando para que avance poco á poco, pero de una goma colocado en uno de estos brazos.
(De la I lustración Norteamericana)
Las casas extr anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse parainformes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartín
núm 61, P arís.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

..........

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Bronquitis, Asma, etc,

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Aprobadu por

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LECHE ANTEFtL
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· l de AfeccionesdalCorazon,
contra las diversas
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Hydropeslas,
Ja
Toses nerviosas;

PE PARIS

110 Utnbea11 en purgarse, cuando lo
11ecesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, con&amp;ra l o que sucede con
los dema11 purgan&amp;e11, este no obra bien
JWJo cuando se toma con buenos alimen&amp;os
y bebida,lortilicantes, cual el vino, el cattJ,
el &amp;d. Cada cual escoge, para pruy¡arae, la
hora y la comida que mas le convienen,
sevnn m, ocupacfone,. Como el caasaa
c10 que la purga ocasiona queda comple&amp;amenfe anulado porel efecco de la
buena alimentacion empleada,uno
,e deci de f.ilcilmente 4 volver
4 empe.ar cuan&amp;as veces
sea necesario.

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EL TELAUTÓGRAFO

LA I LUSTRACIÓN

N ú!'lfERO 615

615

V E NTA .. OR MENOR.-EN TOPAS LAS f'ARMACIAlil

v

DROQUERIA8

♦

DICCIONARIO ENC1CLOPEDICO

GARGANTA
VOZ y BOCA
PASTILLAS DE DETHAN
llel,omeodadu contra 101 llhlea de II Garganta,

Ezttncionea de la Voz, Inflamaotonea de la
Boca, Efeotoe pernioi~
del Keroarlo, lri•
iaoton 5Ue produce el Tabaoo, y ll)eCiallll9llte
A los Snn PREDICADOR.ES .&amp;BOG.u&gt;OS,
fllOFESORES y CANTOI\ES para facilitar la
emloion de la 'YOS.-PHCIIO • 12 Raillll.
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relJlllar!zan laa Funoion• del Eatómano ~
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geogr,l,ficos coloridos; copias exactas de los cuadros y demAs obras de ane
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.&amp;probada por la füDtll! DE I EDICIU

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MÓdatla1 en lá1 Expo1IG!onu lote'rnaotonale, de

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T COK TODOS LOS HIMCIPIOS tronITIVOS DB U

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PUIS - LYOI • VIENA - PBIUDELPIII.&amp; • P.lRIS
1867

EL HIERRO

BBAVAIS

tuen:u 6 ln!unele a 1&amp; All&amp;re
1 y eleacolortcla : el Yfqor, la Co/Qracw,t 1 la 8Mrq'4
empol&gt;recida
tntlJl.

repmenta exactamente el hierro
contenido en la economía. Eiperimentado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
aangre, no ocasiona esLreftimiento, no
fatiga el estómago, no ennegrece los
dientes. Timem mnte golas II e&amp;d1 co■ida.
lxijase la Yerdadera Marca.

Por ••vor, e11 Paria, en casa de 1. FERRÉ,Farmacenlieo, tOI, me Richeliea, Sucesor 4e !ROUD.

Porl1¡or: 40 742,r, st-Lazare, Paria,

Cl.&amp;an, 111E11ao y_ ttJ1111.&amp;1 Oles años de ex11o conUnuado y tas aflrmact0ne1 de
todas tas emlnenciu médí~s preub&amp;n que esta IIOCl&amp;Clon ele I&amp; «Janu,, el Hierro y la
oonaUtuye el reparaclor maa enerlrtco que se conoce para curar : la C/Qrdlú, la
111tm'4, las Jlnut~ do/Qrola,, el Jlmpol)f'ectmfento 11&amp; _.lttracú&gt;n 4e la Sangre,
el RCl(Jutt"mo, las _.feaw,¡,u u cro(Uw,a, 1 u cor.bUtlcal, etc. El , ·1ao ll'errast■Ho ele

••laa

.&amp;rou• es, en erecto, el linlco que reune lodo lo que
re¡uJ~~ coordena y aumenta constderablemen~ las

ent.ona y !ortalece loa organos

D VSNI&gt;I BN TOD4S U.S PafflCIPü.118 BOTICAS

,.EXIJASE 11:°~ 1 AROUD

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DISPEPSIAS
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FALTA DE APETITO
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1' OTaoa l&gt;IIOIDINH DI Li. DIGIITIOJI'

BAJO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P.&amp;BIS, Pbarmaaie COLLAS, 1; me Daopbine
Y '" la, pri1tc(paZ.1 farmacia,,

�LA

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el enemigo se retira en masa al pueblo ~-e
H ondschoote. Situado contra el Gran Moer
y en el camino de Furnes, este pueblo era
uno de los puntos por donde se debla pasar
al retirarse sobre Fumes. H ouchard había
renunciado á la idea esencial de maniobrar
hacia Fumes, entre el cuerpo de sitio y el
de observación y por lo tanto no le quedaba
más recurso q~e atacar siempre de frente al
mariscal F reytag, cayendo sobre el pud1lo
de Hondschoote. El día 7 se pas6 observando las posiciones del enemigo, defendidas
por una considerable .a~tilleria, y el 8 s: re·
solvió el ataque dec1s1vo. Por la manana
avanza el ejército francés sobre toda la línea
para atacar de frente; el ala derecha, á las
órdenes de Hedouville, se extiende entre Ki·
llem y Reveren; el centro, mandado por
Jourdán, marcha directamente desde Killem
sobre Hondschoote, y la izquierda ataca en·
tre Killem y el canal de Fumes. La acción
se empeña en los sotos que cubrían el centro,
y de una parte y otra se dirige la mayor par·
te de las fuerzas á este mismo punto. Los
franceses vuelven varias veces al ataque de
las posiciones, y al fin se hacen dueños de
ellas; mientras triunfan en el centro, los
atrincheramientos son tomados en la dere·
cha y el enemigo se resuelve á retirarse sobre
Fumes por los caminos de Houthem y de
Roghestade.&gt;
&gt;Mientras ocurrían estos sucesos en Honds·
choote, la guarnición de Dunkerque, conducida por Roche, hada una salida vigorosa,
poniendo á los sitiadores en el mayor peligro.
Al día siguiente del combate celebraron éstos
un consejo de guerra, y reconociendo que es·
taban amenazados por detrás, y en vista de
que no llegaban los armamentos que debían
servir para bombardear la plaza, resolvieron
levantar el sitio y retirarse á Fumes, donde
acababa de llegar Freytng, reuniéndose allí
todos en la noche del 9 de septiembre. Tales
fueron aquellas tres jornadas, que tuvieron
por objeto y resultado replegar el cuerpo de
observación á retaguardia del de sitio, siguiendo una marcha directa. El último com·
bate dió su nombre á esta operación, y la
batalla de Hondschoote fué considerada co·
rno la salvación de Dunkerque. &gt;
El monumento que reproducimos consiste
en una esbelta columna asentada sobre bello
pedestal y coronada por la estatua de la Vic·
toria con las alas desplegadas, que empuña
con una mano la espada y con otra una corona: en el pedestal hay algunos hermosos bajos relieves, uno de los cuales publicamos en
la pág. 663. El conjunto de esta obra del célebre Lorm ier es severo y majestuo~o.

EL MONUMENTO DE LA VICTORI A
recientemente inaugttmdo en D1mkerq11e
El día ro de septiembre último inaugur6se en Dunkerque un monumento que los habitantes de aquella ciudad designan con el
nombre de monumento de la Victoria y que
está destinado á perpetuar el recuerdo de la
heroica defensa contra los ingleses que al
mando del duque de York pusieron sitio á
la plaza en 1793.
He aquí algunos párrafos referentes á este
hecho memorable que tomamos de la Histo·
ria de la Revolución francesa de M. Thiers:
«Mientras que Houchard apresuraba sus
preparativos, Dunkerque oponía una vigorosa resistencia: el general Souham, secunda·
do por el joven Roche, que se condujo en
aquel sitio de una manera heroica, había re·
chazado ya varios ataques. Los sitiadores no
podían abrir fácilmente la trinchera en un
terreno arenoso, en cuyo fondo se encontraba el agua á sólo tres pies de profundidad.

.1

... ... .. .. . ..

&gt;Hablan llegado los últimos dias de agosto, y según el uso de la antigua táctica, Hou ·
chard comenzó por una demostración sobre
Menln, que sólo condujo á un combate sangriento é inútil. Después de haber dado esta
alarma prelimimar, avanzó siguiendo varios
caminos hacia la linea del !ser, pequeña co·
rriente que le separaba del cuerpo de observación de F reytag.
·
&gt;Freytag habla dispuesto su cuerpo de
ejército en una linea bastante extensa, y sólo
tenia una parte de él á su alrededor cuando
recibió el primer choque de Houchard. Resistió en H erseele; pero después de un combate bastante reñido, vióse precisado á repasar el !ser, replegándose sobre Bambeke, y
después á Rexpoede y Killem.

. .. ' . .

&gt;Freytag quiere entonces marchar aquel
.mismo dia hacia adelante y recobrar á Rexpoede, á fin de unirse con la división de Wal·
moden. Llega á dicho punto en el momento
en que entraban los franceses; trábase un reñido combate, y F reytag cae herido y prisionero. Sin embargo,' declinaba ya el dia; Houchard, temiendo un ataque nocturno, se retira fuera de la ciudad, y sólo deja en ella
tres batallones. Walmoden, que se replegaba con su· división comprometida, llega en
aquel momento, y resuelve atacar vivamente
á Rexpoede, á fin de abrirse paso; empéñase
una sangrienta lucha en medio de la noche;
el camino queda expedito y F reytag libre, y

'

MEDICAC1011 ANALGZSICA '

it Soluci2n
1
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i EXAÍGINA:
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JAQUECAS
COREA

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6
6
6

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•

MONUMENTO DE L A VI CTORIA recientemente inaugurado en Dunkerque
en conmemoración del sitio sufrido por aquella ciudad en 1793. Obra de Lormier

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todos los médicos para la curacion de las qastritis, g"-{ltraljias, dolores
y retortijones· de estómago, estreñinuentos rebeldes, para facilitar
la t!i11es~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.
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la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los nilios durante la denticion; en una palabra, totlu

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615

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-'e.1an y QIJIIH I son los elementos que entran en la com1&gt;0stc1on de este t&gt;Otente
Nparador de las f\lerzas 'f1tale11, de est.e foni8caa&amp;e por e■celeaeia. De un gusto su•

mament.e a¡radable, es soberano contra la ..tnemta Y el .Apocamtento, en las Calentura,
'1 conv/Jl4cenctiu1contra las Dtarreas y las .Afeccwne1 del Bstomaqo y los ,ntuttno,.
cuando se traia de despertar el·apetito, asegurar las dl.¡est1ones1_reparar las tuerzas,
enrtquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y J.aS
eptdemlaa provocadll por los calores, no se conoce nada superior al Yiao de Qaiaa de •roatL
,Por tMJor.. en Paria, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, roe Ricl!elieu, Sacaor deAJ\OtJD
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deroso cierintivo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

'

0

PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye basta las RAICEB el VELLO del ros.tro de 111 damas (Barba, Btrott etc.), 111
ningun peli!fo para el cutlJ. SO 4.ños de Íl:itlto, y millart1 de te1Um0Dlo1garanthan la eftcada
de esta preparacion. (Se Tende en o•J••• pm la barba, y en 1/2 ••Ju'J.m el bigote llrero). Para
!01 brazoa, emplúaeel /!JLJ. f'OBE, DUSIH!CR, t,ruo ,,J,•Bouuea11, Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB MONTANBI. Y SIMÓN

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                    <text>itrt&amp;C10tJ
Ftí~ttetl.
AÑO XII

BARCELONA

2

DE OCTUBRE DE 1893

NÚM. 614

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

IVÁN EL TERRIBLE, estatua en mármol de M. Antokolskij

.

\

�634

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

614

pendencia para el árte patrio, reconquistando la alta
consideración que en los pasados siglos gozó la escuela española; mas la prematura muerte del primero
y del último y la falta de aventajados imitadores han
sido causas para que su paso entre nosotros pueda
considerarse como la rápida y periódica aparición de
uno de esos cuerpos celestes que dejan en pos de sí
Texto. - José Camelo, por A. Garda Llansó. - La seflora de las tinieblas.de la duda, la grata impresión que su
Lanudo, por Carlos Frontaura. -Dos oradores ( Bro,;hazos), .vista produce y el deseo de descubrir el arcano de
por Enrique Funes. -A la prensa, por Eduardo de Palacio. su misteriosa marcha.
- Miscelánea. - Nuestros grabados. - Una francesa en el polo
Cual si en España no existieran obras ejemplarísiN orte (continuación), por Pedro Mael, con ilustraciones de
mas,
cual si nuestros museos y templos no guardaran
Alfredo Paris. - Se:cc16N CIENTÍFICA: El «Campania» y el
«lucania». - Libros enviados á esta Red~cción por autores verdaderas joyas de arte, y como si en la tradición y
ó editores.
la historia patria no pudiera hallar el pintor fuentes
inagotables de inspiración, los artistas siéntense atraíGrabados. - lván el Terrible, estatua en mármol de M. Antokolskij. - /osé Camelo y A/da, distinguido pintor español. dos por la ciudad en donde han florecido aquellos
-Hojas del álbum de José Garnelo (dos grabados). -La con cuyo nombre y con cuyas obras nos envanecemarquesa de N.; Suicida por amor; ¡Sin trabajo!; Cornelia, mos. Los gobiernos, lªs diputaciones y ayuntamiencuadros de José Garnelo. -Tiempos duros, cuadro de Hu- tos, y hasta los particulares, sintiéndose contaminaberto Herkommer. - ¡ Premiado!, cuadro de José Joaquín
Tejada. -Don Quijote prommcia11do el dis.:urso sobre las ar· dos por la misma apreciación, suponiendo quizá que
mas y las letras, copia del cuadro de Sir Juan Gilbert. -La en Roma se forman los artistas como en el yunque
fusticia, estatua de plata maciza, de tamaño natural,en la Ex- se forja el hierro, destinan cantidades para sufragar
posición de Chicago. -El Excmo. é Ilmo. Sr. obispo de As- la estancia y educación de aquellos que por sus estorga - Figs. 1, 2 y 3. Vista de la popa del Campania; Máquinas motrices del Campania y del Lttcania, y Conjunto peciales aptitudes constituyen una esperanza. Y prede las baterías de calderas del Campania. - Vendimiadoras ciso es confesar que ni el elevado concepto del arte
111011tilla11as, cuadro de Eloisa Gameto.
que pueden inspirar las grandiosas ruinas y monu,..,,,.,,.,., ••••••, ......... ,.,, .. ,,.,, ..,r,,..,1•,,•,,,•••••• ,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,, •••••• , •• , •••, .,,.,... ,r,,••••••••••••••••·•'
mentos, ni las notables obras de los grandes maestros que atesora y enriquecen á la Ciudad Eterna,
~0,,
·- /
JOSÉ GARNELO
,
bastan por sí solos para convertir en artistas á los jó. ..
venes pensionados.
En este período laborioso en que las verdaderas
Hoja del álbum de José Garnelo
La pintura religiosa ó histórica, géneros ambos
manifestaciones de la cultura patria se abren paso difí- que con afán inconsciente escogen cuando tratan de
cilmente á través de las que lo son de un plasticismo dar muestras de su valer, no responden á las corrienCobrados dnimo y dinero, según dice el mismo
procaz; en esta época de creaciones tan diversas co- tes modernas ni á las novísimas ideas que significan Garnelo, emprendió una obra de verdadero empeño,
mo opuestas, en que se crea y destruye, en que la las grandes evoluciones de la humanidad. La mayo- por el asunto y por las dimensiones del lier.zo, La
cátedra ilustra al mismo tiempo que el circo embru- ría de los pintores no tienen en cuenta que el cultivo muerte de Lucano, que justamente premiado en la
tece y en que se confunden de modo lamentable de la pintura histórica exige un caudal de conoci- Exposición de 1887, fué adquirido por el Estado y
mientos ó una genialidad que sólo alcanza un artista figura en la sección de pintura contemporánea del
en cada época. Las mallas, las calzas, trusas y casa- Museo Nacional. A este cuadro siguió el no menos
cones les seducen por las notas que el color produ- notable representando á La madre de los Gracos, tamce, y las disponen y agrupan ateniéndose únicamen- bién premiado, que constituyó su primer envío de
te á la agradable y armónica combinación, olvidando pensionado, plaza que alcanzó por oposición. Estos
que bajo la blusa del obrero, la levita del ciudadano, dos cuadros y algunos otros de menor importancia
del airoso pañuelo de seda ó de la aristocrática capota, forman, por decirlo así, la primera etapa artística de
laten corazones, germinan afectos, bullen pasiones y Garnelo, dan á conocer al pintor de relevantes cualise forjan dramas, tan íntimos, tan vivos y violentos dades y siempre discreto, pero sujeto todavía á los
como los que han conmovido el sentimiento popular ideales académicos y á las corrientes imperantes.
ó sintetizan los ideales de nuestros pueblos.
El duelo interrumpido, remitido desde Roma en
Así lo ha comprendido José Garnelo, conforme lo concepto de trabajo extraordinario, señala una nueva
demuestran sus últimas producciones, entre las que fase, revela al pintor y al artista, inspirándose en el
tan ventajosamente figuran: El duelo interrumpido, concepto moderno, que rinde á la época en que vive
¡Sin trabajo/, Suicida por amor, La duda, etc. Cier- el tributo que se le debe. Siguió á éste ¡Sin trabajo!,
to es que en el primer período de su carrer.\ artistí· verdadera página de la vida real y positiva, exposica, durante su pensionado en Roma, dejóse arrastrar ción de un problema social que el artista no titubea
por la corriente imperante; pero el contagio no agos- en hacer patente, condolido por el que sufre y temetó al artista, que con su Muerte de Lucano y La ma- roso por las soluciones; Suicida por amor, dramática
dre de los Gracos halló medio para darse á conocer, escena que conmueve é interesa, y La duda, que mademostrando sus alientos y discreción.
gistralmente acusa las luchas del espíritu, la batalla
Cuanto es y cuanto vale débelo Garnelo á su pro- librada entre el deber impuesto y la pasión que dopio esfuerzo. Debe clasifimina; tales son los más imcársele entre los artistas de
portantes lienzos de Cameverdadero temperamento,
lo, aquellos en que se maposeedor de indiscutibles
nifiesta su genialidad, aquecualidades para el cultivo
llos que indican lo que es
del arte pictórico y de los
y lo que de él puede espellamados ó escogidos para
JOSÉ GARNELO V ALDA, distinguido pintor español
rarse.
sostener, por medio de sus
«Garnelo - dijo Comas y
obras, el buen nombre y
Blasco .... es de la madera de
opuestas calificaciones, aplicándose el título de ar- las gloriosas tradiciones del
los buenos pintores y de los
tista lo mismo al ridículo clown que al que se inspira arte patrio. Nacido en Vapocos de quienes se puede
en nobles ideales, y en que la lasciva flamenca des- lencia y educado en Seviasegurar de antemano que
pierta entusiasmos á expensas de los girones de su lla, centros ambos de famollegarán á ser verdaderos
femenil pudor; en esa violenta conjunción de barba- sas escuelas, pudo Garnelp
maestros, como alguien por
rie é ilustración, de adelanto y retroceso, hállase per- inspirarse en las obras noignorancia ó dolo no le tuerpiejo el artista verdadero, falto de puras fuentes en tables de sus maestros, y
za en su camino.»
donde beber la inspiración y desprovisto de los no- recoger en la sevillana esNosotros, aun abundan·
bles ejemplos que pudieran ofrecerle la sociedad que pecialmente, ante los líendo en las mismas apreciale rodea, el pueblo en que reside y la patria á que zos de Murillo, Valdés y
ciones, creemos firmemente
pertenece.
1
Zurbarán, tan provechosas
que José Garnelo tiene verEn este siglo, que sintetiza los esfuerzos reunidos enseñanzas que á ellas dedadero temperamento de
de la humanidad¡ que marca la gloriosa marcha del be tanto como á las que
artista, y aunque como toprogreso en todas sus más brillantes manifestaciones pudo cosechar en la Acados los humanos está sujeto
y en el que todas las ramas del humano saber han demia de Bellas Artes. Emá equivocarse, jamás caerá
logrado mayores conquistas que las representadas por pezó haciendo versos y esen la vulgaridad. Difícil es
las pasadas generaciones, asemejándose á las anterio• tudiando filosofía, y acabó
prever adónde le conducires edades por las desviaciones que produce la perver- por ser el más aventajado
rán sus budables esfuerzos;
sión del gusto,· que sólo se halla satisfecho ante las discípulo de Eduardo Ca- ,.,
pero sea cual fuere el resulcrudezas del realismo literario, artístico y dramático, no primero, y del malogratado, no titubeamos en afircomo en algunas de las pasadas centurias, opérase en do Plasencia después. TaJioja del álbum ele José Garnelo
mar que su nombre figurará
las artes un laborioso período de evolución, impo- les progresos realizó, que al
siempre entre los de los artente todavía para crear reglas propias y exclusivas alcanzar el cuarto año académico se le confió y acep- tistas distinguidos, honra de las artes patrias, y que la
q_ue al determinar escuela expresan el carácter y la tó un encargo de importancia, cual fué el decorado obra de Garnelo será de las que más avalora el tiem·
vida de los pueblos en donde se producen.
de la capilla del Asilo de Montilla, fundado por una po, e~e factor que sepultando en el o,lvido lo vulgar
Hubo una ép?ca en que pintores tan ilustres como •piadosa dama, en cuyos muros y cúpula representó eterniza lo que produce el verdadero talento.
Rosales,, Palmaroli y Fortuny hicieron concebir la :í los Evangelistas, El Santo Padre y una bellísima
esperanza de que se iniciaba una nueva era de inde- composición que tituló Un canto á la Virgen.
A. GARCÍA LLANSÓ

-

-~-

(,

NúMERO

614

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA SEN'ORA DE LANUDO
Hace unos dos meses que tomó el cuarto 2.0 de
la casa en que vivo y muero, puesto que es cosa averiguada que todos los que vivimos vamos muriendo
poco á ppco, un matrimonio gordo, muy entrado en
años, ó mejor ó más propiamente dicho, muy salido
de años. Pregunté á la portera á qué casta de pájaros pertenecía el matrimonio, y me dijo que él se llamaba D. Juan Lanudo y había estado muchos años
en Filipinas colocado, y ella doña Conchita, y era su
mujer, bien que ella, la portera, no les había visto
casarse.
Y con estas noticias quedó satisfecha mi curiosidad y quedó tranquilo mi espíritu, pues ya no podía
temer que mis nuevos vecinos fueran gente sospechosa, ó intentaran poner casa de huéspedes, ó una modesta timba, ó establecer alguna industria de mal género... Un empleado que viene de Filipinas, después
de haber pasado allí mucho tiempo, no es en manera alguna persona de quien pueda sospecharse que
venga á hacer fechorías en la casa que alquila en
Madrid: las fechorías las habrá hecho allá, y acá ya
no tiene para qué hacer otra cosa que darse buena
vida.
El día siguiente me encontré en la escalera al ve·
cino, que me saludó con una especie de berrido, lo
que no me extrañó sabiendo que el hombre era Lanudo. A los pocos días recibí una tarjeta en que don
Juan Lanudo y señora me ofrecían la nueva habitación, y dije á mi mujer: &lt;¡Vaya!, un día de éstos, en
cuanto el ~astre me traiga la levita de tricot barato y
el chaleco de terciopelo verde que me está haciendo,
bajaremos á visitar al Sr. Lanudo.))
Una. tarde encontré en el portal á la señora de
Lanudo, que estaba hablando con la portera. Me miró con curiosidad y se echó á reir cuando la saludé
reverente quitándome el sombrero. La mañana siguiente entraba en el portal cuando yo saijf' á la calle, y se rió también.
[\
«¿De qué se reirá esta señora?.. , me pregunté. Yo
no soy un Apolo ni mucho menos, pero me parece
que no hay razón para que se ría de mí la Lanuda.
Si se ríe otra vez le voy a. preguntar por qué se ríe.»
La señor:i, eso sí, habría sido guapa en sus buenos
tiempos; los ojos, especialmente, los tenía hermosos
y jóvenes, y todas. sus facciones, aunque abultadísimas, revelaban que á los veinte años habrÍ?. tenido
muy buen ver.

LA MARQUESA DE N .. , cuadto de José Garnelo

La cuarta vez que la señora de Lanudo se rió al saludarla yo, y se rió más descaradamente todavía, hallábase delante de su puerta del segundo piso y yo subía
al mío. Me detuve y con mucha cortesía le pregunté:
- ¿Quiere usted, señora, hacerme la merced de
decirme por qué se ríe usted cuando yo la saludo?..

635
Esta es la cuarta vez, y, francamente, tengo curiosidad de saber ...
- Sí, señor, me contestó riéndose, se lo voy á decir á usted: me río porque está usted muy tonto.
- Señora, muchas gracias.
- Muy tonto, repitió, y no se incomode usted, que
no lo digo por ofenderle...
- Bueno, no me incomodaré; pero ¿podrá usted
decirme por qué soy tonto?..
- Sí, señor, sí, señor, que se lo diré á usted. ¡Pues
á buena parte viene usted!.. Así como así, no la hay
más clara que yo.
La criada, una negrita, había abierto la puerta.
- ¿Quiere usted pasar y descansar?, añadió la de
Lanudo.
Y luego preguntó á la criada:
- ¿Se marchó el señor?..
- Sí, señora, respondió la fámula, y dejó dicho que
iba á Ultramar y que vendría tarde.
- Pase usted, vecino, pase usted, repitió la señora, que le voy á decir á usted por qué le llamo tonto.
La criada estaba asombrada.
-Señora...
- Vamos, hombre, continuó sin dejar de reirse;
pase usted, que aquí no nos comemos á la gente. ¿No
es verdad, chica, añadió dirigiéndose á su criada, que
no has visto que nos comamos á ningún caballero?..
La doméstica se rió estúpidamente.
Entramos la señora y yo, y la criada cerró la puerta.
La de Lanudo me hizo entrar en la sala, y quitándose rápidamente la mantilla de encaje, que tiró sobre una silla, y poniéndose en jarras me preguntó:
- Pero ¿usted no me conoce?.. ¡Y no quiere usted
que le llame tonto!..
- Señora, yo...
- ¡Hombre de Dios!.. ¿No te acuerdas ya de la
Concha?..
- ¿De San Sebastián?.. Sí, voy todos los años...
- ¡Qué gracia! ¿No te acuerdas de la calle del Lobo?.. ¿No te acuerdas del Pajarito?.. ¿No te acuerda.s
de la fonda de Perona, en la calle de Cádiz?.. No te
acuerdas de los cubiertos de dos pesetas?.. ¿No te
acuerdas del café de Venecia?.. ¿No te acuerdas de
La Rivera, en el callejón de la calle de Sevilla?.. ¿No
te acuerdas de mí?..
- ¡Ah, sí! ¿Tú eres Concha?..
- ¡Bobo! ¿Pues no te lo estoy diciendo?..
- ¿Quién te había de conocer, tan gruesa y tan?..
- Dilo, hombre, dilo, tan vieja, ¿verdad?.. Vieja de

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO 614

cuerpo, pero joven de alma siempre. Por eso conser- aquel amor tan desaforado no iba á concluir nunca.., que íbamos á tomar el tren para volverá España, vi·
vo la memoria de las personas que he querido...
¿Por qué acabó?..
no Lanudo por la mañana y me dijo que si yo no le
~¡Hace treinta y cinco años que nos conocimos!
- Porque vino de Utrera mi padre, se enteró de amaba estaba decidido á tirarse al Sena... ¿Qué hubie- Justamente, tú eras un pi piolo, un estudian te de que hacía dos años que no iba yo á cátedra, me su- ras hecho tú si Lanudo te hubiese dicho lo que á mí?
Medicina... ¿Eres médico ya?.. ¿Has acabado la ca- primió los diez reales que me pasaba para la patro- Yo le hubiera dado dos bofetadas como á tu parrera?.. Porque entonces perdrastro El Pajarito.
días los años enteros sin ir
- Pues, hijo, yo... , por
un día á clase.
compasión, ¿ sa be-s?.. , por
- Y ¿quién tenía la culpa?
compasión, porque Lanudo
- Yo, hijo, yo, no lo nieestaba en una disposición
go. Te conocí una noche en
que se moría ... Pidió licenla fonda de Perona. El maescia, nos vinimos juntosáMatro Oudrid había convidado
drid, pidió colocación para
á comerá todo el cuerpo de
Ultramar, consiguió un d esbaile del Príncipe, donde él
tino para la Habana y se cadirigía la orquesta, 'porque
só conmigo... Me parece
le habían tocado cuatro mil
que me dió pruebas de ...
reales á la lotería ... ¡Cubier- ¡Oh!, seguramente.
to de á dos pesetas!, cosa
- No lo hubieras hecho
excelente. Un puré obscuro
tú.
y espeso, que se chupaba
- Me parece que no.
uno los dedos, después se- Porque tú eres un pillo
sos y criadillas de ternera
y él un hombre de bien sin
con puré de patata, sus trumalicia ni trastienda. No
chas á la vinagreta, su flan,
creas que le engañé, eso no;
su arroz con leche y su quele conté mi historia y lloró
so... Tú estabas· en una meconmigo. Por supuesto que
sita inmediata y no comías,
me retiró de las tablas.
diciéndome cosas,¿te acuer- Es claro. Hizo bien.
das?.. «Joven, ¿cómo se lla- Es un hombre muy mima usted?.. ¡Qué rebonita
rado y muy celoso.
que es usted!.. ¡Por usted me
- Y ¿le has sido fiel?
perdía yo de buena gana! .. »
- Por estas cruces te lo
¡Gran pillo! No fuiste tú
juro. Acaso, si hubiera enquien se perdió, sino yo...
contrado poi allá á un gran·
Cuando. salimos te pusiste
dísimo pillo que tú coá. mi lado y me acompañasnoces...
te hasta la puerta del teatro
- Por fortuna, ¿no fué ese
en la calle del Lobo... ¡Qué
pillo á Ultramar?
alegría te dió cuando te di- No, y así mi marido
je que era bailarina!.. ¡Jesús!
ha podido dormir tranquilo
Me enamoré de ti como una
y dedicarse á hacer una forloca... Hay que disculpartuna...
me; yo no tenía motivos pa- ¿Tenéis fortuna?
ra tener mucha vergüenza,
- Ya lo creo. Mi marido,
que se diga. Mi padrastro,
aunque parece tonto, no lo
que le llamaban El Pajaries. Treinta años seguidos ha
to, había sido un bailarín de
estado colocado, sin una ceprimera,· pero la bebida le
santía, en buen predicamen·
quitó las facultades y no gato con todo el mundo, asnaba dos reales ... Mi madre
cendiendo por sus pasos
murió en el hospital, y mi
contados, en la Habana, en
padrastro me enseñó á baiPuerto Príncipe, en Puerto
lar... A los diez años ya anRico... Después pasarnos á
daba yo por el escenario coFilipinas, hemos corrido tomo por mi casa, y todos los
das las islas, y por fin, en
del teatró me hacían fiestas,
Manila diez años... Mi maporque era yo una chica
rido, se jubiló por imposibimuy mona, aunque me esté
lidad física, aunque no está
mal el decirlo... Allí crecí,
malo, pero ya estaba cansa1
allí me crié, entre cómicos,
do, y temía además que el
músicos y danzantes... Ya
mejor día una mala volunves, no podía yo ser, pongo
tad le armara un lío, por enpor caso, como una novicia
vidia, sólo por envidia, y
del Sagrado Corazón ... ¡Sí,
corno tenemos ya para vi¡s1N TRABAJO!, cuadro de José Garnelo (Exposición nacional de Bellas Artes de 1890)
sí, bonitas cosas aprendía
vir... , nos hemos venido, y
sin querer y bonito lenguaaquí estamos provisionalje oía!.. Y en el teatro no era donde veía yo peores na, el lavado, el planchado y los ga-stos extraordina- mente, porque mi marido va á comprar un hotel en
ejemplos. En mi casa, es decir, en la de mi padrastro rios, y me llevó al pueblo ... , y no nos volvimos á ver. la Castellana, ya tiene uno en tratos ... , y piensa que
El Pajarito... , que era el tío más canalla... ¡Dios le Volví á los cuatro meses, y te busqué y supe que ha• recibamos y demos reuniones, porque Lanudo, puedes
haya perdonado! .. Tú no me hablabas el lenguaje des- bías ido á París.
hacerte cargo, habiendo ocupado altos puestos allá,
vergonzado del Pajarito; tú eras vivo, alegre y muy
- Sí, hijo. ¿Qué había de hacer? Fu{ con Ruiz á conoce la mar de generales y de intendentes y de
regracioso, pero con vergüenza... aunque poca... y te bailar en un teatro que llamaban de la Gaita.
gobernadores, y buenos regalos que hizo á algunos,
apoderaste de mi corazón,. y que te quise de veras... ,
y ahora le han dado la Gran Cruz, y trata de presen- De la Gaité.
y Et Pajarito, que nos sorprendió una noche en el
- Y volvimos locos á todos los franceses y á Na- tarse candidato l senador, y sobre todo, hijo, tiene
restaurant aquel de La Rivera, en el callejón inmun- poleón.
mucha g1tt'ta, como decía mi padrastro El Pajarito,
do que había en la calle de Sevilla, me quiso matar...
y todo Madrid querrá venir á nuestro hotel de la
- Y te coosolaste de mi pérdida.
porque te quería... y á ti, ¿te acuerdas?,.
-Arrastrao, ¿qué había de hacer?... Y volvimos Castellana.
- Sí, sí me acuerdo; me vino á provocar y me ame- á España derrotados, porque el empresario quebró,
- Celebro mucho tu buena fortuna, Conchita, y la
nazó con que me había de hacer jigote...
y nos partió dejándonos allí sin un recurso. Pero de Lanudo también.
- Y tú, en medio de la calle, le arrimaste dos bo- Dios quiso que allí conociera á Lanudo.
- Ya le verás. Parece tonto á primera vista; ¡pero
fetadas que le volviste loco... ¡,Resalado! Aquella ac- ¿Tu marido?..
sí, sí, tonto es el hombre!
ción tuya me entusiasmó. El Pajarito, que en todas
- Sí, era allí dependiente, corredor ó no sé qué en
- Sí, ya se conoce que es avisado.
partes cobraba el barato y pasaba por un valiente, una oficina de hacienda... El jefe era un Sr. Peral,
- ¿Y tú has prosperado?.. ¿Acabaste la carrera?..
acabó allí su carrera de guapo. Después no había no- muy aficionado al teatro, que le había yo conocido
- Sí, hija; pues si no la hubiera acabado cuando
che que no le pegara alguien. ¡Qué año aquél! .. ¿Te en el del Príncipe, muy amigo de D. J ulián y autor ya estoy acabando la de la vida ...
acuerdas?.. Nos amábamos más que los amantes de de alguna comedia.. Cuando supo el Sr. Peral que
- ¿Te casaste, por supuesto?..
T~ruel. Tú no ·tenías dinero, pero no faltabas al tea- estábamos tan perdidos los de la compañía de baile
- Sí, y enviudé y me volví á casar, y tengo trece
tro ninguna noche. Como que fuí yo misma á ver á español, nos envió á Lanudo con un socorro, Dios hijos.
D. Julián, D. Julián Romea, que era un caballero, y se lo habrá pagado en la gloria, y Lanudo al verme
- ¡Jesús!
le dije: «D. Julián, me va usted á dar un pase para se quedó turulato, el pobre; tal impresión recibió,
~ Figúrate las visitas que habré tenido que hacer
una persona que tiene delirio por usted y no puede mirándole yo ... , como tú sabes que miraba yo en mis y las fórmulas que recetar y las miserias físicas que
venir al teatro, porque le falta lo principal. » Y D. Ju- buenos tiempos ...
ver y el contingente que habré dado á los cementelián me dijo: &lt;(Esa persona, ¿tiene delirio por mí ó
rios para poder criar y educar trece hijos. Pero gra- Sí, lo comprendo, lo comprendo.
por ti, chiquilla?.. » «Por los dos, D. Julián.» «Pues
- Que se enamoró como un tonto, y se tambalea- cias á Dios he llegado á reunir una buena clientela.
anda y di que te extiendan el pase... » Parecía que ba de la fuerza de la emoción el hombre ... El día Este clima de Madrid es cada vez más dañino, y la

�638

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

vida que aquí se hace, generalmente, es la más apropiada para adquirir enfermedades, con lo que un médico bien reputado siempre tiene trabajo ... Estoy,
pues, contento de mi suerte no envidio tu señor
Lanudo con su dinero y su hotel y su Gran Cruz. ¿Y
no habéis tenido hijos?..
- No, no hemos tenido ... Por eso, como no tenemos hijos, dice Lanudo que para qué hemos de guardar lo que tenemos... Y .ya que he vivido tanto tiempo con economía, para no gastar y porque no tuvieran que hablar las malas lenguas, ahora que ya no
depende de nadie, á lucir y á divertirnos ... ; y no ha
de parar, me ha dicho mi marido, hasta que le den
un título. Quiere que seamos marqueses ó co11dcses...
- Bien, hija. Me alegraré que seas condesa.
- No te rías, que cuando Lanudo se empeña en
una cosa ...
- No, si no dudo que conseguirá el título. Y adiós,
hija, mi gallarda bailarina de hace treinta y cinco
años y mi excelentísima señora condesa de fin de siglo ... Celebro mucho que te hayas dado á conocer.
Yo no te habría conocido nunca.
- Yo á ti siempre, aunque te .hubiera visto mucho
más viejo y con la barba arrastrando por el suelo;
porque yo, gran tunante, siempre he tenido más corazón que td y más memoria.

y

a

Adverle11cia. - El autor no ha hecho otra cosa que
dar forma á lo que le refirió el distinguido doctor X... ,

•

amante de la bailarina Conchita en sus verdes años,
y convecino ahora de los señores de Lanudo hasta
que éstos vayan á ocupar el hotel que han comprado
en la Castellana, donde ya anuncia la prensa que
muy pronto se reunirá la mejor sociedad de Madrid.
El doctor X me ha ofrecido presentarme.
CARLOS FRONTAURA

DOS ORADORES
(ttROCHAZOS)

Al joven adalid de la p:ilabra Fernando de Ant6n

I
Hasta que no dejan de molestarle las toses y los es-

tornudos con que el auditorio prepara su silencio, no
ha de comenzar él la meditada disertación; y cuando
ya ni el zumbido de un insecto, ni la caída de un bastón, ni el crujir de una silla, ni el cuchichear más

leve le distraen, hace una pertinente reverencia, limpia sus quevedos, deja el pañuelo en la mesa de la
plataforma que al alzarle sobre los oyentes parece
que eleva al mismo tiempo la ciencia que aquellos
labios bebieron en los libros, y con mal disimulado

des"'.'anecimiento, con ademán previsto, corriendo parejas la pulcritud y el porte con lo irreprochable y
culto de la palabra, dejando adivinar por la actitud,
el gesto y los modales la puntuación estudiada de las
oraciones, la reposada marcha de la cláusula y la natural caída del período, razona portentosamente su
conferencia.
¿Quién es ese filósofo?

II
Pero el libro de la historia se abre á nuestros ojos.
¿Quién audaz ha puesto las manos en él y sobre nosotros lo esgrime como un arma? ¿Quién con paso firme asalta la barra ó la tribuna? ¿Quién es ese hombre de actitudes arrogantes y varonil ademán y bizarra presencia y altivo continente y mirada de fuego
y enérgica palabra y barba hirsuta y luenga cabellera?
Su poderosa voz nos sacará de dudas.
Por su discurso va á pasar él drama del género
humano.
Ya'comienza: sucédense las frases, las oraciones se
impulsan, los pensamientos se toman por asalto, las
cláusulas se atropellan improvisadamente y los períodos estallan al caer de sus labios á la muchedumbre,
como granadas que en los combates de la idea hubiese cargado con metralla de aplausos el genio de
la inspiración.
¿Quién es ese artista?

III
Antes, el salón alfombrado, cautivos el pensamiento en la fórmula y en el plan las partes del discurso,
como la luz que ilumina el recinto está encerrada en
sus globos esmerilados; ahora, la plaza pública atronada por un tumulto popular, el juego de pelota con
ventanas abiertas, el patio descaperuzado y, como la
luz del sol, libres los pensamientos y la arenga.
Allí, la Oratoria Didáctica, cuidada la faz, con

NúMERO 614

afeite el semblante, ~¡ vestido es meradamente confeccionado y puesto; aqÚí, la Oratoria Política popular, flotando las greñas, lleno el barbado rostro del
polvo que levanta á cada paso, el sombrero al aire y
desabrochada la levita.
IV
Ese artista y ese filósofo son dos oradores.
Pero el uno es el Ateneo; el otro el Club.
El puesto de aquél está en las Academias; el de
éste en las barricadas.
El primero necesita la objeción; el segundo la
lucha.
El uno es la lógica, y convence y enseña; el otro
es la pasión, y se impone y arrastra.
Aquél es el escudo que defiende para conducirnos
á la conquista de la verdad por la senda de la victo·
ria; y éste es la espada que relumbra sobre las cabezas, y que hiere lo mismo para que lleguemos al triunfo que al vencimiento, al poder, á la abyección, á la
libertad, á la servidumbre.
La elocuencia del uno brota en el paraninfo ó en
la cátedra; la del otro, en la acera ó en los balcones
que dan á la calle.
El uno asombra y pasma; el otro seduce y arrebata.
Con aquél se va al templo de la ciencia; con éste
al campo del combate.
La elocuencia del primero expone y plantea, razona y dem uestra; la del segundo afirma y apostrofa,
niega y conjura, flagela y contunde.
Aquél se va llevando el reino de nuestras ideas
paso á paso; éste asalta de golpe el imperio de nuestros corazones . .
Delante del uno, la mesa y el libro; delante del
otro, la barandilla y el espacio.
Elevad las bóvedas para que vuelen las concepciones del uno; abrid escotillones para que lleguen bien
á lo profundo las tempestuosas manifestaciones del
otro.
Aquél, hablando de los hombres, se dirige á la
ciencia, á la verdad, á Dios, que están arriba; éste,
hablando de Dios y de la verdad y de la ciencia, se
dirige á las multitudes, que están abajo.
El uno llegará á la fu erza 'por medio de la ley de
su elocuencia; el otro llegará á la ley por medio de la
fuerza de su palabra.
El uno es el apóstrofe; el otro, el anatema.
Alrededor del primero, el profesorado y los laureles; alrededor del segundo, las masas y las bayonetas.
Aunque apliquéis al uno, para juzgarle, el microscopio que tiene la crítica para contar los pilos á la
inteligencia, ni antes ni después de aplicárselo resultará pequeño; peró el otro no resultará grande, si no
le miráis con el anteojo de larga vista que tiene la
admiración para observar por los espacios al genio
que pasa, ya alumbrando como los soles, ya espantan•
do como los cometas.
V

Llevad al primero á la sala de las sesiones, sentadle en el sillón académico, el vaso de agua y la escribanía por delante, y llenando el reciñto silencioso un
auditorio inteligente y más ó menos iniciado en los
secretos de la ciencia; dejadle que recoja sus ideas,
que repase las notas del sumario, y que comience, con
voz algo apagada para dominar más al silencio, pero
con palabra insinuante y siempre la propia, y bien
pronto correrá por los oyentes el murmullo del asentimiento.
¡Mirad cómo le atienden!
Con Minerva y Polimnia por jueces podéis examinar el pensamiento, el plan, las formas interiores y
las expositivas de su trabajada y admirable oración,
que desde el exordio al epílogo, y conservando la unidad eshlista, ni reprodujo ideas, ni se separó de la
tesis, ni abandonó el tema á digresiones inútiles ni á
los caprichos ó extravíos de la improvisación. Va por
senda segura, y sabe adónde llegará.
En su camino le sostiene la ciencia.
VI
Sacad al segundo al cen_tro de la plaza, colocadle
sobre la gradas de un pedestal, sobré ·una mesa del
café de la esquina, sobre un coche de punto; rodeadle de esa masa ignorante y heterogénea, amontonada
de improviso y engrosada continuamente con el estudiante y el menestral, con mujeres y granujillas, poe·
tas y desocupados, periodistas y \'endedores callejeros; dejadle lan zar al aire su palabra valiente, vibran•
do en el ffietálico timbre de su voz, muy luego enron•
quecida por la lucha, y bien pronto resonarán vivas
y aplausos, gritos y aclamaciones; y sobre cestos y

sombrillas y abanicos y calvas, se alzarán los bastones, los pullas, las mangas de camisa, las monteras
de pelo, los hongos y los sombreros de copa alta, y
se agitarán como las del mar las olas de la muchedumbre, y arrastrarán el coche, llevando al orador en
triunfo.
¡Mirad cómo le siguen!
Y si este era su intento, ¿á qué con la retórica en
una mano y en la otra el libro de la intolera ncia, á
qué le preguntáis por el discurso?
Nada le importa copiarse y reprodu cirse; nada Je
importan el exordio ni la narración ni la confirmación ni la refutación ni el epílogo ni siquiera la tesis
ni aun á veces el tema. El ve su intento, el fin propuesto, allá á Jo lejos, y olvidando la senda que se
trazó, salta los obstáculos, va por otras sendas y
llega.
En el camino le sostiene el instinto y le visita siempre la inspiración.
Dos minutos antes de hablar piensa todo Jo que
va á decir; álzase, comienza, y se le olvida todo, y
entonces todo lo improvisa; y al improvisar los períodos, por perdurable milagro de su ingenio, improvisa
su gloria.

VII
Ahora ya los conocéis.
Aquél es más crítico y éste más artista.
Aquél salió del Peripato y de la Universidad; éste
de la Naturaleza y de la Revolución.
Uno es el Profesor; otro el Tribuno.
¿Cómo se llaman esos propagadores de las ideas?
Un didáctico griego: Isócrates.
Un cordobés de memoria tan milagrosa que puede repetir dos mil nombres por el orden en que le
son pronunciados por una sola vez; que recita uno
por uno los versos que declaman sus condiscípulos
del aula de Masilio, y que reproiluce portentosamente, después de medio siglo, los discursos _de los oradores de Roma: es Marco Anneo Séneca.
¿Quiénes son esos agitadores de las turbas?
Un alano gigantesco: Dantón.
Un coloso de la elocuencia al raso: O'Conell,
ENRIQUE FUNES

... ,...... ,.. ,, ... ,...•........ ,... ,.....,,., .... ,......................, . ., .............., ......... ,.....,,., .................."

NúMERO 614

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-Por míno lo
lamente usted; yo
no pensaba en pedirle su mano.
- Mi esposa es
una mujer de carácter violento.
Si usted me viera
el cuerpo, se conmovería.
-Y aun me repugnaría tal vez;
lo creo.
-Yahemosan.
dado por justicia
algunas veces; pero no nos divorciamos, por más
que yo la digo,
hasta en francés:
«Vamos, divor-

co11s.»
- Y todo eso ¿á
mí qué me interesa?
- Quisiera que
usted, no ~n un
artículo de fondo,
no, en un suelto
la llamase al orden y la dijera lo
que debe una
mujer al hombre
que la dice su esposa.
- Por decírselo, únicamente ...
- Y porque lo
es. A ver si se
asusta yse domestica y vuelve en
mí. Por supuesto, que yo abonaré lo que eso val!\ª·
Otra vez es un padre tierno y canñoso cuanto disgustado porque el periódico no se ocupa, según era
de esperar, ó segdn él esperaba, de los adelantos de
su hijo.
.
.
- Vea usted: justamente en esta cert16cac1ón de la

TIEMPOS DUROS1

cuadro de Huberto I-Ierkommer

academia de «primísimas letras&gt; acredita el director,
que es D. Celedonio, algo paisano mío, que mi niño
ha hecho un examen brillante en lectura y escritura
infantiles.
- Y ¿qué?
- Que no han publicado ustedes su nombre en

A LA PRENSA

(No es una dedicatoria, ¿eh?)
Para las personas de buena voluntad, la prensa es
el tribunal de apelación en ca,os de injusticia, segdn
ellas.
El poder supremo.
La palanca para remover el mundo.
La fuerza motriz de la sociedad.
El buzón general.
Un artículo de primera necesidad.
Privar del diario político á un hombre de partido,
leal y consecuente, siquiera sea insignificante, es quitarle la vida.
Lo que lee, aunque sea con dificultad, en el periódico de su comunión política, es la verdad.
Tal vez la alta consideración que merece á las gentes la prensa periódica, las impulsa á llevar á ella los
asuntos de la vida privada.
Verdad es que, como me decía ó me declamaba
un artista en obra prima, con casa abierta, porque
funcionaba en un portal:
- El hombre pdblico no tiene vida ,privada. Las
paredes de su casa han de ser de cristal.
- ¿De roca?, Je preguntaba yo, y él continuaba:
- Su esposa, si la usa, ha de ser diáfana ...
- Sus hijos, transparentes, ¿eh?
Y así proseguía, ensartando disparates sobre algo
que había oído y algo que inventaba.
Quien le hubiera negado algo de cuanto decía el
periódico de su color, habría tenido que verse con el
maestro cara á cara, ó lezna á lezna, ó tirapié á tirapié.
La esposa viril aconseja á su marido, cesante por
economías:
-¿Por qué no te vas á la prensa, Silvestre?
- ¿A qué prensa, mujer?, pregunta él.
-A los periódicos; que pongan al rniaistro como
un trapo; que cuenten tus méritos; que hablen de
tu familia; que le insulten, que le exijan tu reposición inmediata. ¡Ah, si estuviera yo en tu eazadora ó
en tus calzones, otro gallo nos cantara!
- Mujer, si yo no soy gallo.
- No tenía yo ministro para media hora.
- Lo creo.
A lo mejor se presenta en la redacción un caballero que quiere hablar con el dir~ctor.
- Usted dirá...
- Pues yo soy casado, caballero: lo lamento, pero
la verdad por delante.

¡ PRRAllADO!1 cuadro de

José Joaquin Tejada (Salón Parés)

639
la li s ta de los
aprobados en el
colegio donde se
educa mi hijo.
- Pero si aquí
no hemos publicado semejante lista. No habría periódico suficiente para publicar
los nombres de
todos los niños
que asisten á los
colegios públicos
y á los particulares y se exam1•
nan.
- Y o quisiera
estimularle así;
que viera su nombre en caracteres
de imprenta. Y su
madre se volvería
loca.
-Hombre, en
ese caso mejor es
que no se publique.
-Aunque me
costara alguna co·
sita ... , unos puros de á quince
céntimos ó unos
cafés ...
- Tenga usted
la bondad de dejarnos en paz:
es la hora de
trabajar y de hacer el periódico.
- Pues no sé
qué papeles son estos que no sirven para complacer
á una familia y alentar á la juventud estudiosa.
Otro ejemplar:
.
- Traigo á ustedes este comumcado de pago, ¿eh?
Pero quiero que salga mañana sin falta, á la cabeza
del periódico.

�DON QUIJOTE PRONUNCIANDO EL DISCURSO SOBRE LAS ARMAS y LAS LETRAS, COPIA DEL CUADRO DE SIR JUAN GILBERT, EXPUESTO EN LA REAL ACADEMIA DE LONDRES

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

614

NúMERO

614

LA

IL USTRAClÓN ARTÍSTICA

643

ni el inmundo garito donde deja sus ahorros el obrero, ni el

Londres. - Se han estrenado con buen éxito: en Courl Thea- Eso no puede ser.
tre, The other Fellw , versión inglesa del vaudeville de Feadeau Casino de Mónaco donde pierden fortunas l?s potentad,os. Los
- Verán ustedes: es de interés original. «Sr. direc- y Desvalliere, Champig'llol malgré !ni; en la Alhambra, la «se- que estudien atentamente el cua~ro _de Te¡_ada hallaran en.él
tor... , etc ... Hace algún tiemp~ que ~n miserab~e, es- gunda edición&gt; del baile de gran espectáculo, Chicago; y en motivo suficiente para perder las 1lus10nes, s1 es que las tuvieren que engendra la lotería: por cada un? que como _el mozo ?e
tablecido en la casa contigua a la m1a y comerciante, Haymarket, The Temtpter (El tentador), hermosa comedia ro- cordel
puede exclamar ¡Premiado! hay c_1en para qmenes la hs·
mántico-fant
ástica,
admirablemente
versificada
y
concebida
con
como yo en los mismos géneros coloniales, viene esta oficial es la más cruel de las decepciones. ¿Cómo se comtafándo~e y estafando al público ilustrad?, _aproveprende, pues, que aún haya quien á ese jueg? se entregue? La
razón es bien sencilla: todo el que toma un billete se fi~ura que
chándose de la confusión que por la prox1m1dad de
ha de ser aquel 1m o; nadie imagina 9ue haya de verse mcluldo
las dos tiendas resulta.
entre los otros cien. El lienzo de Te¡ada es una ob!a ac~bada
»Como el tal Mendiánez es un ladrón de caminos
de observación; cada una de sus figuras es 13: persomfica_c1ón de
y yo no quiero que nos con_fundan, he res~~lto acuuno de los varios grupos en que pueden_clasificarse l~s ¡ugadores; y en cuanto á la ejecución, los elogios que mereció cuando
dir á los tribunales para enviarle á un pres1d10, tarea
estuvo expuesto hace poco en el Salón Paré~ demostraron p~muy fácil, puesto que es un falsificador de billetes y... ))
tentemente lo que vale el joven artista pensionado por la D1·
- Eso no es publicable.
putación de Santiago de Cuba.
- ¿Por qué razón?
Don Quijote pronunciando el dis~mrso sobre
- Porque no es estilo para un periódico
las armas y las letras, cu~dro de Sll' Juan Gil:
- Pueden ustedes limarlo un poco.
bert - Los que recuerden el pasa¡e de la obra de Cervantes a
- ¿Qué limarlo ni qué?..
.
que l¡ escena en este cuadro reproduci?a se refiere, los que en
aquel libro imperecedero ~ayan estudiado el modo de ser de
- Es que traigo un anuncio para que me le publilos personajes que en el lienzo figuran, y sobre t?~º del cabaquen ustedes todo un mes, ¿eh?
·llero andante, esa creación portentosa, ese prod1g10 de obserOtro caso:
vación y estudio psicológicos, que aun hoy es .aso~bro de l?s
- Señor Director.
sabios, no podrán menos de recon~cer que el pmtor mglés Gilbert ha sabido interpretar maravillosamente el asunto que le
- Usted mande.
inspiró la historia del ingenioso hidal~o. Todo en . es~ cuadro
- Gracias: pues vengo sobre eso del suelto que
revela al artista genial cuyo pensamiento supo as1m1larse por
han puesto ustedes referente á Juan. Mollate,. so?re
completo al de Cervant~s, y ~uy~ pincel logró estampar en la
eso de una puñalá que, al parecer, d1ó á otro mtltutela líneas y tonos de correcc1ó~. mtachable, y encontrar la exlao el Nene ú Pedro Costal, que fayeció deseguida.
presión oportuna para D. Qm¡ote y para cada uno de los
huéspedes que en torno de la mesa de la venta escuchaban los
Pues bien: que ese Juan Mollate infrasquit_o, que asehermosos conceptos que sobre el ejercicio de las armas y" de las
sinó al parecer al supuesto Pedro, no he sido yo, coletras exponia el caballero de la Triste Figura. En Inglaterra
mo lo prueba el que esté suelto y libre, como ustedes
se presta verdadero culto a_l Quijote, y allí se_encuen: ran las
pueden comprobar si gustan... Y nada más y laus te
mejores bibliotecas cervantmas: no es,. pu~s, de ext_ranar que
el artista haya hecho de uno de los ep1sochos del hbro tema
.Deum.
para su grandiosa compos_ici~n, ni que haya acertado en ésta. la
- Será usted complacido.
.
,
.
verdadera nota que tan dif!c1lmente_suelen hallar los extran¡e- Sf, hombre, porque en el barr~o soy mas conociros cuando de cosas de nuestra patna se trata.
do que la ruda, y en cuanto han le1~0 eso_ se han alExposición de Chicago. - La Justicia, estatua
borotao. Por fin, lo que son las equ~vo~ac10nes, que
de plata maciza de tam~~o nat~ral. - Muchasson
hasta estuvieron en casa unos guardias a prenderme.
las curiosidades que en la Expos1c1ón de Chicago figuran, pero
- Sí, ¿eh?
.
pocas habrán llamado tanto la atención como la estatua presen- «Con la cara y el pelo;» que se convencieron
tada por el Estado de Montana, de plata maciza y de tamaño
natural, que pesa 1.6oo libras y cuyo valor e~ de 307.675_ pe·
deseguida y yo tomé el ?livo y me vin~ _aquí p~ra rasos . A titulo de curiosidad, no de obra artísh ca, reproducimos
tificar; porque soy suscntor ~ace tres ano~ .Y y1co.
esta nueva muestra de originalidad de los yankees.
Otro D. Juan Mollate, residente en F1hpmas, escribe también cuando lee la noticia, que es al mes, Y
Vendimiadoras montillanas, cuadro de Eloísa
EXPOSICIÓN DE CHICAGO. - LA J USTICIA, estatua de plata G arnelo. (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892).
se publica un suelto en que se dice:
maciza de tamaño natural, expuesta por el Estado de Mon· - No es la señorita Garnelo mera aficionada, es digna herma«El Sr. D. Juan Mollate, funcionario en Filipinas,
na del distinguido pintor José Garnelo y discretísima artista,
tana en el Palacio de Mineria.
nos escribe desde Manila diciendo que no fué él el
conforme lo patentizan sus continuados triunfos. Dióse á conoMollate que robó un reloj al cadáver de Pedro Cos- elevado espíritu filosófico y que los crlticos londinenses colocan cer en la Exposición de 1887 por medio de un bellisimo cuadro
representando á Cora en el momento de contemplar amorosatal después de haber descosido á éste.
á la altura de las mejores producciones de los clásicos. Para mente la silueta de la figura de su novio trazada en la pared, á
;&gt;Hacemos esta declaración con sumo gusto... ~&gt; . esta obra ha escrito algunos números de música, preciosos to- cual circunstancia atribúyese el vigor del dibujo, obra justaUn beodo saliendo de la redacción de un penód1- dos ellos, el notable compositor inglés Eduardo German.
mente aplaudida por la delicadeza del concepto y por su
B arcelona. - En el Principal funciona con gran aplauso la ejecución. Siguieron á ésta otros cuadros recomenrlables que
co, en una de estas noches últimas, para pedir que compañía
italiana que dirige el notable actor Sr. Emmanuel y figuraron en el certamen de 1890, y por último, las Vendimiapidiesen la cabeza del sereno de una calle céntnca de la que forma parte la célebre actriz señora Reiter, ha biendo
mo11tilla11as, premiado en la E xposición de 1892, trasunporque le había sacado de una taberna, á ruego del puesto en escena las obras más notables d~l moderno r~pert?- doras
to fiel del natural, asunto interpretado felizmente y en el que
dueño, clamaba indignado á voces solas:
. rio y Las bodas de F lgaro, de Beaumarcha1s. En el Tlvoh actua hay que admirar la exactitud del colorido y su agradable ento- Y ¿ese es un periódico? ¡Mentira! ¡Ese es un li- una compañia de ópera bajo la dirección del maestro Petri, nación.
que ha estrenado en dicho teatro con buen éxito la hermosa
belo indecente! Donde no se ampara al huérfano de ópera de Bretón, Gar/11. Romea y Eldorado habrán, inauguraEl Excmo. é Ilmo. Sr. obispo de Astorga. - El
tinto como yo, ¿qué se puede esperar?
do, al repartirse este número, la temporada de_1893 a 1894. En sabio y virtuoso prelad,t cuyo retrato publicamos era oriundo de

EDUARDO DE PALACIO
, ,,.,,,, •••••••• , . ,,.,, ,,,., ,,,,, .,,,,, , . ,,,., ,.,, .. ,,.,, .. ,,. , •••••••••• •••••••• ,., , ••••••
1
1

,.,,,.,r,,,.,,.,,.,,,.,..,,,.,,.,,,...,.

MISCELÁNEA
Bellas Artes - En la bóveda de la cripta de la iglesia de
los Santos Pedro y Pablo, de Lieg~itz (Prus!a), se. han encontrado seis figuras de apóstoles, de piedra aremsca, P]ntadas, que
por su estilo, así como por las esculturas _de los zocalos sobre
que estuvieron colocadas, pertenecen al siglo xn.
Barcelona. - Salón Parés. - Pocas son las obras nuevas ex•
puestas últimamente.
.
.
.
Un paisaje, al parecer de lo~ahdad-amencana, ~e Sola, pm•
tor francés, en la sección d_e Pmtura. Esta obra, e¡ecutada con
gallarda soltura aunque hgera y algo abocetada en parte, revela con sus c~alidades y deficiencias un temperamento que
posee felices disposiciones, aunque predominando la habilidad
en la hechura.
De Marinas es una estatuita de salón en mármol, Mignon,
concienzudamente ejecutada, especialmente los brazos y la ca·
beza: en conjunto resulta una figura algo desmedra¡la, pero de
impresión simpática y agradable. .
Casas Consistmales. - Durante cmco días ha estado expuesto al público en la Sección de Fomento el proyecto de urbanización de la plaza de Cataluña,. obra del a~q~itec~o Sr. :1"alq ués, digna en todo de la reputación de tan d1stmgu1do artista.
Teatros. - La segunda serie de las representaciones w_agnerianas en Munich ha obtenido igual éxito que la antenor,
produciendo cuantiosos resultados á la empresa. Entre los
concurrentes abundan los extranjeros, particularmente ingleses
y franceses, contándose entre éstos muchos directores de teatros y de orquesta.
París. - Se han estrenado con mediano éxito: en Vaudeville,
un vaudeville en tres actos de Albin Valabregue, B las-Blett,
sátira dirigida contra las literatas presuntuosas, ridículas y sin
talento, y en la Opera, Diedamie, ópera ~n dos actos, letra de
E. Noel y música de E. Marechal_: el libreto, tomado ~e ~n
antiguo poema latino incompleto, t)ene por asunto un ep1s_od10
de la vida de Aquiles y no ofrece mterés alguno; la parlitura
carece de unidad, pasando de lo elevado á lo vulgar, de la so·
briedad del drama lírico al convencionalismo de la antigua ópera, sin razón que justifique esos cambios de estilo; esto no obs·
tante, tiene algunos números a~radables,, entre ellos un coro de
pescadores 1 un preludio, un baile y un duo de amor. - Entre las
novedades que prepara la Opera para el próximo i~vierno figu ·
ran: Thais ópera de Massenet; Lancelot, de J onc1eres, y B rte·
nequilda, ópera que dejó incompleta Guiraud y que está termi ·
nando Saint-Saens.

UNA FRANCESA EN EL PO.LO NORTE
POR

PEDRO

l\lAEL. - ILUSTRACION ES DE A L F REDO PAR IS
(CONTIN UACIÓN)

T odo quedaba explicado. Poderosas corrientes
magnéticas, determinadas quizás por la rotación de
la tierra, hacían imposible la ascensión á las altas capas de la atmósfera. Todo hacía pensar que más allá
de aquella muralla infranqueable, la atmósfera disminuía su espesor, compelida, p robablemente1 por
la fuerza centrífuga..

mente se produjo una conmoción violenta y el globo
se alejó con rapidez terrorífica de aquella muralla de
hielos. Luego, ganando otra vez las alturas, se d irigió
por el camino que había seguido.
Al pcico tiempo la atmósfera se saturaba de vapores pesados, como si de alguna conflagración latente
se desprt'l ndic;rí\n cantida.de~ pro dig im:&gt;1s d e ácido

Tal fué. el relato que hizo Huberto á su novia.
La joven, profundamente comovida, lloraba amargamente, y se quedó encerrada durante muchas horas.
Cuando reapareció ante su primo y el comandante,
que ya discutían acerca de la resolución que debían
tomar, su rostro estaba t ranquilo y su decisión tomada.
- ¿Qué habéis decidido, señores?, p reguntó.
- Nada todavía, señorita, contestó Lacrosse. E speramos vuestro parecer.
Isabel se sentó y con voz muy clara d ijo:
- ¿Supongo que no imaginaréis abandonar á mi
padre?
- Nadie aquí, señorita, tiene intención de abandonarle, contestó el comandante.
La joven tendió la mano á los dos hombres.
- Jamás he dudado de ello. Sólo he querido decir
que aun cuando todas las leyes divinas y humanas
os aconsejaran volver hacia el Sud, yo permanecería
aquí hasta que mi padre parezca.
- Teniendo esto en cuenta, el Sr. d'Ermont y yo
hemos pensado en una solución que conciliara las
exigencias de vuestro corazón y las del interés ge-

el Lírico se ha dado, en honor de los extran¡eros q ue han to- Reus, ciudad en donde fué consagrado obispo hace seis años.
mado parte en el Congreso literario aqul celebrado, una fun - Falleció el día 19 de septiembre último en Tavara (Zamora), en
ción de gala por las compañías que dirigen los Sres. Bonaplata
y Tutau.

NUESTROS GRABADOS
Iván el iT errible, estatua de M. Antokolsldj.
_ Entre los más famosos escultores contemporáneos figura el
artista ruso Antokolskij, residente desde 188o en París, una de
cuyas cualidades características es la de huir por sistema de todo cuaoio huele á dioses y héroes de las antigüedades griega y
romana y evitar en lo posible el desnudo en las figuras femeniles. Su principal labor es la reproducción de la belleza varonil
y su mayor empeño, coronado por el éxito más completo, dar
á todas las figuras la expresión psicológica que revele su modo
de ser intimo. La estatua de lván el Terrible que reproducimos
es buena prueba del genio de Antokolskij, pues en ella revélase
de una manera clara el modo di: ser de aquel soberano ruso,
que si fué llamado el Terrible, también mereció ~l di&lt;;tado de
Grande, y que mientras por un lado oponía un dique a la barbarie rechazando la invasión de los tártaros, por otro fomentaba la civilización llamando á Rusia á los más famosos sabios y
artistas extranjeros.

ne10.l.

Bruscamente se produjo una conmoción violenta y el globo se alejó con rapidez terrorífica

Tiempos duros, cuadro de Huberto Herkom-

mer. -Aunque oriundo de Baviera, Huberto Herkommer hi-

zo sus estudios artísticos en Inglaterra y ha llegado á formar
parte de la R oyal A cademy, de la que es uno de lo~ miell!bros
más distinguidos y respetados. su:carrera es una sene conli~u~da de triunfos obtenidos en todos los géneros, retrato, pa1sa¡e
y cuadros de costumbres, en los cuales ha creado tipos que han
tenido multitud de imitadores. Es además hábil escultor, músico y arquitecto, y aunque pa~ezca mentira, a~n en medio de
tantas ocupaciones encuentra tiempo para dedicarse al graba·
do, á labrar metales, á esculpir en madera y á representar co;
medias. De su valía como pintor da idea el cuadro que re~ro·
&lt;lucimos, bellisima composición en la cual asi. e~ de _admuar
el intesesante grupo de las figuras como el pa1saJei tnste cual
la situación de aquella familia obrera que _vaga casi al azar en
busca de trabajo y que rendi:la por la fatJg~ y por el hambre
se ha detenido á descansar al borde del cammo.
¡Premiado!, cuadro de José Joaq~ín Tejada.
- ¡ A cuántas y cuán poco consoladoras rellex10nes se presta

este cuadro! No hemos de apuntarlas aquí, porque bastante se
ha dicho en todos los tonos contra ese juego en que es banque·
ro el Estado, percibiendo un premio que no cobraron nunca

Parece que el círculo glacial que rodea el polo no
puede ser salvado por medio de un globo. ¿Pero no
tenemos, acaso, otro recurso? Ese submarino que no
ha podido servir como cesta aérea, va volver á su
primitivo destino, y si no hemos podido pasar por
encima del campo de hielo pasaremos por debajo.
Un largo estremecimiento corrió por entre las
filas. Exceptuando Huberto y dos marineros, nadie
se sentía con valor para arrostrar tamaña empresa.
Se procedió á votación, y 16 votos contra 4 decidieron que debía volverse á la isla Courbet.
El Sr. de Keralio no pronunció una palabra más;
pero fué fácil ad,·ertir que no se resignaba fácilmente á aquella determinación que consideraba como
una debilidad.
La víspera del día fijado para la retirada definitiva,
una abundante tormenta de nieve y lluvia les obligó
á permanecer bajo las tiendas. Cuando salieron de
ellas observaron con estupor que el submarino, la reserva de tubos de hidrógeno, el Sr. de Keralio y los
marineros R iez y Leclerc habían desaparecido. En
su tienda había una carta que decía así:
«No temáis por nosotros; me llevo á Leclerc y á
Riez y nos vamos en el submarino. Sólo intentaré lo
que sea buenamente posible. - KERALIO.»
No se podía pensar en perseguirlos. E ran libres
de obrar á su guisa y K eralio era el jefe de la expedición. Celebraron consejo los que quedaban, y decidieron que antes de hacer nada era prudente concertarse con el capitán Lacrosse.
Se retiraron, p ues, hacia la isla Coubert.

EL EXCMO. É ILMO. SR. O, J UAN B. GRAU,

obispo de Astorga. Falleció en 19 de septiembre último
donde se hallaba practicando la visita pastoral, víctima de una
dolorosa enfermedad que sufría en una pierna. D. Juan B. Grau
y Vallespina, que así se llamaba, ha muerto á la edad de sesenta años.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de París y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se des ea.
Es e l meior de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
teniendo además la superioridad sobre los ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

Schnecker, viendo la poca distancia que separaba
la barquilla de las olas; creyó que caían.
- ¡Estamos perdidos!, exclamó con terror.
Huberto tampoco estaba tranquilo.
- Lo más tremendo, murmuró, es que no salgamos de esta zona de rotación. Lo más probable es
que continuemos así, dando vueltas alrededor del 88°
pasando por el Norte de América, del Kamtchatká,
de Siberia, de Rusia y de Suecia.
Aquel temor era fu ndado, y claro se veía que arrastrado por el movimiento tangente á la circunferencia
del enorme glaciar, el globo daría vueltas con la tierra alrededor de aquel eje ideal que termina en los
polos, si alguna interrupción de la corriente magnética no detenía aquella rotación fan tástica.
Esto fué afortunadamente lo que sucedió. Brusca-

carbónico. Schnecker fué el prime ro que sintió los
síntomas de la asfixia, y d'Ermont, v ie n do e l campamento á lo lejos, abrió las válvulas para bajar, pero
cayó también desvanecido en el fond o de la barquilla.
No terminaba todavía allí la relación del joven· teniente.
Después de aquella tentativa poco afortu nada, se
celebró consejo, y fué el de la mayoría que se volviera hacia atrás.
- El polo es inaccesible, decían los pesimistas.
E l Sr. de Keralio había protestado con toda energía de aquella debilidad de sus compañe ros.
- Se11ores, dijo, nunca se nos p resen ta rá una ocasión tan buena como ésta. Los señores d'Ermont y
Schnecker nos han dicho el resultad o de su viaje.

- ¡Ah!, exclamó vivamente I sabel. ¿Cuál· es esa
solución?
- H ela aquí. Volveremos al cabo de Wáshington
y dejaremos allí la mayor parte de la gente dentro
del Fuerte-Esperanza. Nosotros volveremos aquí é
invernaremos, ya dentro del buque, ya dentro de otra
casa que construyamos. Desde aquí podemos buscar,
en los dos meses de d ía que quedan, las huellas del
Sr. de Keralio.
Así quedó convenido, y Bernardo Lacrosse, subió
á cubierta y dió las órdenes necesarias para que la
Estrella P olar tomara el camino del Sud.
Nunca expedición polar alguna había obtenido tamaños resultados. En menos de dos meses, unos franceses habían reconocido la costa Noreste de la
Groenlandia; habían descubierto un isla bajo el 85°
paralelo, y tierras mal exploradas, bajo el 86°. Mejor
aún: dos de entre ellos, en un viaje á través de los
aires, habían alcanzado el 88° y comprobado la exis· tencia del gran pack polar, sospechada por sus predecesores.
Ahora, ante todo, era preciso asegurar la estancia de
los que quedaban en el cabo Wáshington y arrancar
al Sr. de Keralio á los horrores del frío y del hambre.
Como la temperatura era muy templada todavía,
la Estrella P olar llegó al cabo Wáshington en tres
días. Dejó allí doce hombres y sólo se llevó diez para
la isla Courbet, donde llegaron al cabo de siete días.

�LA
El 5 de agosto, cuando Isabel, á la que acompañaba su nodriza, puso por segunda vez el pie sobre
la isla más septentrional del globo, dijo Huberto
con emoción:
- Ahora es cuando empieza nuestra verdadera
campaña.
Al día siguiente, cuando la Estrella Polar llegó i
la rada de la isla, á la que dieron el nombre de Rada
Larga, el camino estaba cerrado por los témpanos.
La misma naturaleza fijaba los cuarteles de invierno
de los exploradores.

IX
UNA MUJER VALIENTE

Como había dicho Huberto, entonces empezaban
las verdaderas dificultades.
Primeramente, se hizo el inventario de todas las
provisiones y recursos de que se disponía.
• Ante todo, y como medida de seguridad, se puso
en seco sobre su cuna de acero la Estrella Polar,
aprovechando para ello una quebradura de la costa.
Se la recubrió por medio de un gran toldo de lona
e¡nbreada, que formaba pendiente para permitir el
escape de aguas y nieves, y para mayor seguridad,

Nú~JERO 61 4

ILUSTRACIÓN AlfffSTICA

activar las pesquisas si no quería perderse toda esperanza de hallar á los desaparecidos, pues la temperatura el día 6 de agosto llegó á 8 grados bajo cero.
L1 salida de la primera expedición quedó fijada
para el día 7 y fué Isabel la que mostró mayor actividad y áni mo.
Con su buen humor y su entusiasmo infundió valor á todos y era de ver con cuánto afán trabajaba
en cuantos preparativos se hacían, ordenándolos con
exquisito cuidado y mant~niendo el ánimo de todos
los expedicionarios
Aquella expedición partió alegremente. Por la mañana se habían cargado tres trineos con todo lo necesario para una expedición lejana. Huberto y Guerbraz mandando seis hombres iban en ella, y como
las recientes heladas habían soldado las grietas del
pack, todos estaban seguros de poder aventurarse
sobre su superficie para atravesar las 20 millas que
separab:m la isla Courbet de las tierras del Norte.
Pero desgraciadamente fué preciso renunciar á
aquella esperanza, ya que desde la tercera milla fué
imposible adelantar. Las mareas, todavía muy potentes, impidieron que el hielo se aglutinara, y Guerbraz
estuvo á pique de caerse en una de las grietas que se
abrió bajo el peso de los trineos.
Su vigor y su destreza le sacaron del mal paso y no

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I .-.

... pero se juzgaron bien recompensados los viajeros con el hallazgo' de un caim de piedra

se caló toda la arboladura. Se construyó luego la
casa, y como no se hallaba en tan favorable situación como en el cabo Ritte;, para estar en constante comunicación con el buque y resguardarse en él
si era preciso, se construyó entre él y la casa un corredor que hiciera fácil el acceso.
Se decidió asimismo que en caso de ser muy crudos los fríos se habitarían de nuevo los camarotes,
los cuales, por otra parte, no serían jamás abandonados del todo, pues una tercera parte de la tripulación permanecería constantemente en aquel punto
hasta la nueva primavera.
Las provisiones eran todavía abundantes, y había
quedado convenido además que en los primeros
días de octubre los expedicionarios que quedahan en
el cabo Wáshington harían una excursión para aprovisionará sus compañeros de la isla Courbet.
Tocante á municiones de armas de fuego había á
bordo más que suficientes. Y en cuanto al hidrógeno, quedaban tubos en abundancia en la bodega del
buque y en poder de los del cabo \\'áshington, además de los que en el submarino había embarcado
Pedro de Keralio.
La cantidad de hidrógeno líquido que se había
embarcado á bordo de la Estrella Polar era de 20
metros cúbicos, representados por 8.000 tubos, que
formaron buena parte del cargamento del buque. En
la caja de Huberto sólo habían cabido unos 1 00. Se
gastaron también 400 tubos para hinchar el globo y
el Sr. de Keralio se había llevado 600 para hacer
fu ncionar su submarino, cantidad suficiente para tal
objeto. El resto, ó sean 6.500 tubos, se había repartido entre las dos estaciones, cada una de las cuales
tenía, pues, 3.250 para atenderá sus necesidades.
El laboratorio se puso en condiciones de producir
oxígeno puro por medio de la descomposición de
agua y ázoe, por si quería renovarse la dichosa tentativa del año anterior.
Pero Isabel hizo observar que aquellos preparativos no podfan ser de ninguna utilidad, ya que lo primero era salir en busca del Sr. de Keralio.
El invierno anunciaba ya su regreso y era preciso

tuvo que deplorarse ni la pérdiua del más mínimo
objeto.
Un kilómetro más lejos se reprodujo el accidente,
que costó esta vez la vida á un perro, y no hubo más
recurso que retirase, tardando seis mortales horas en
recorrer los siete kilómetros adelantados, corriendo
gravísimo riesgo la pequeña columna.
Durante aquella expedición desgraciada, Isabel dió
pruebas de un valor admirable, y sólo perra.mó algunas lágrimas cuando Huberto d'Ermont dió la orden
de retirada que aconsejaba la prudencia más elemental.
Se tuvo que esperar tres días más para renovar la
tentativa, y sólo se decidieron á hacerlo el I o cuando,
después de una noche glacial en que el termómetro
había bajado á r¡ grados, se juzgó que el pack estaba practicable.
Aquella vez obtuvieron buen éxito.
Haría cuatro semanas que habían marchado el
jefe de la expedición y los dos marinos. No era posible hallar sus huellas sino marchando hacia las tierras del Norte. Esto es lo que se· hizo resueltamente
y se llegó á ellas al caer de la tarde. Se habían padecido grandes fatigas; pero se juzgaron bien recompensados los viajeros con el hallazgo de un cnirn de
piedra ya recubierto de un verdadero manto de nieve, dentro del cual hallaron un documento c¡ue decía:
«Hemos lleg:ido hasta aquí en buena salud. Seguimos el 41° de lóngitud occidental hasta que hallemos
la barrera de los hielos ó el mar libre.»
~n aquella estación ya no había que pensar en el
mar libre. Al Norte, al Este, al Oeste se extendía la
inmensa llanura helada. Los expedicionarios sólo
tenían, pues, que seguir la ruta indicada para hallarse
con los atrevidos peones.
Esto es lo que hicieron.
La jornada del 11 fué consagrada al reposo, bajo
las tiendas.
El , 2 el termómetro llegó .Í. 22 y 2S0 bajo cero.
Se entraba en el períodó de los grandes fríos y no
había ahora para resguardarse de ellos el abrigo de
Fuerte-Esperanza.

Por fortuna el sol brilló en el firmamento y subió
la columna mercurial hasta 6 grados.
Entonces se dió la señal de partida.
Pero antes Huberto trató de convencerá su prima
de que volviera h~cia la isla ~ourbet, pues con aquel
clima riguroso y sm estar abngados por una casa, se
corría el riesgo de un accidente.
Huberto se acercó á su prima y le dijo con ternura:
- Amiga mía, ¿queréis permitirme que os dé un
consejo?
.
_ .
- Decid, contestó con viveza la senonta de Keralio.
- Escuchadme, continuó Huberto. Vuestra presencia entre nosotros no es necesaria aquí. Habéis ya
dado pruebas de un invencible valor l)egando hasta este límite y os pido, tanto por vos misma, cuanto
por mí, que no llevéis más lejos vuestro empeño.
Ahora que sabemos ya de un modo fijo el camino
que han seguido los que buscamos, podéis es_tar tranquila y dejarnos hacer solos el resto del cammo.
- Y ¿qué haré yo?, preguntó ella.
- Vos, Isabel, volveréis al buque. Nuestro valiente Guerbraz os acompañará.
Mas la valerosa joven no quiso de ninguna manera escuchar aquellas reflexiones que sugerhn la prudencia y el amor, y dijo á su primo:
- Huberto, debéis ser mi marido andando el tiempo, y entonces acataré vuestros mandatos. Pero hasta
entonces, y como me debo á quien me dió el ser, ni
habrá peligro que me espante ni obstáculo que me
detenj!;a. He salido para juntarme con mi padre y
cumpliré mi voto.
- ¿Y si las fatigas que debamos padecer son superiores á las fuerzas de una mujer?
- Yo no he de quejarme. ¿Creéis que no soy capaz de cualquier sacrificio en favor de aquellos á
quienes amo?
- No he querido decir eso. Pero ¿si después de la
fatiga y del sacrificio viene la muerte?
- Moriremos juntos, Huberto.
Huberto vió que aquella resolución era inquebrantable y se inclinó ante ella.
Se prosiguió la expedición á través de hielo reciente y de vías de agua, y aun cuando se hacían
cada vez más penosas las marchas, nadie se quejó, é
Isabel soportó con valor verdaderamente heroico
aquellas rudas pruebas.
A cada alto se hacía repetir por Huberto las peripecias y visiones de su viaje en globo, y preguntaba:
- ¿Es una verdadera muralla de hielo lo que os ha
detenido?
Y ai1adió en seguida:
- Perdonad esta insistencia, amigo mío, pero debéis comprender que sólo os bago estas preguntas
para adquirir nuevas fuerzas y constancia, pues cada
afirmación vuestra tranquiliza mi ánimo.
Y su primo contestaba afirmativamente, y los dos
hablaban sin cesar de las hipótesis que podían hacerse respecto á lo que hubiera &lt;letras de aquellas
murallas levantadas por el dios del Frío.
¿Era un océano destinado á permanecer eternamente incógnito? ¿Era un reducido continente?
Pensando en lo que habría sido de su padre y de
sus compañeros, por dos ó tres veces concibieron esperanzas presto disipadas.
Con los cambios de luz experimentaron los exploradores toda suerte de espejismos. Tan pronto advertían montañas que jamás habían existido, como se les
aparecían valles preciosos cubiertos de vegetación
lujuriante. Los espejismos de las regiones polares son
todavía más tremendos que los del Sahara. En uno y
otro caso sólo se ve Jo que está ex ab1mda11tia cordis.
Pero á despecho de sus meteoros fascinadores, la
persistencia de bajas temperaturas bastaba para recordar á los viajeros la realidad de su situación.
Mas á medida que el invierno recobraba sus dominios, ~l viaje se efectuaba mejor, si bien surgían
nuevos nesgos. Ahora se podían recorrer cinco y seis
":1ill~s á pie enjuto, sin necesidad de barca alguna.
El hielos~ hab1a hecho más compacto y desapareció
el temor siempre presente de las grie:as. Los perros
que arrastraban los trineos se mostraban dóciles, pero
era probado que aquella raza groenlandesa guardaba
mucho todavía de sus primitivas costumbres y que
reaparecía en ella el instinto carnicero al menor asomo que se presen\nra de satisfacerlo.
Así es que se tenía que guardar con gran cuidado
todas las provisiones.
Uno d~ l_os episodios más característicos de aquell~ _exped1c1ón se produjo una mañana, cuando los
v1aJeros no habían salido todavía de sus tiendas ni
abandonado sus literas de piel de bisonte.
Salvator, que, en razón de la confianza que inspiraba, a~1daba suelto y que quizá por esto inspiraba
relos a sus congéneres, estaba ya, i pesar del frío,
que alcanzaba 28° bajo cero, rondando por los al-

L~

NóMERO 614
rededores del campamento, y por descuido involuntario del esquimal Petricksen habían quedado mal
atados los perros del Labrador, que, compelidos por
el hambre, rompieron del todo sus cuerdas y se hallaron en libertad.
Su primer impulso, en cuanto se vieron libres, fué
correr por la llanura, dándose á la fuga, quizá por re-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

los perros, y no hubo uno que no tomara parte en el
festín, que se efectu:1b1 á la sordina, sin un ladrido,
como si aquellos animales comprendieran lo arriesgado que era llamar la atención de los viajeros con una
alegría intempestiva.
Pero mientras los groenlandeses se dedicaban á
pillar á más y mejor, ocurrió un incidente inesperado.

¿,·

_¿)f}:·

Salvator saltó sobre el trineo abriéndose paso por entre los asaltantes

miniscencias atávicas, y habían aprovechado el sueBo
de los viajeros para lanzarse á través del pack sin tener ninguna gana de volverá la servidumbre; pero en
cuanto hubieron errado á la ventura y convencidos
de que nada qué comer hallarían en aquel desierto
desolado, primero uno, después otro, volvieron todos
hacia el campamento, acordándose de la pitanza
diaria.
Viendo que los hombres no se habían levantado,
pensaron sin duda que era buena la ocasión para
d:irse un verde, y todos á la vez, como si obedecieran
á una orden recibida de antemano, se dirigieron al
trineo de las provisiones.
¿Existe una lengua canina? Hay que creerlo as{,
pues instantáneamente los fugitivos, convertidos en
merodeadores, se reunieron alrededor del trineo que
tenían el deber de arrastrar y que ahora querían entrará saco.
Ayudados por su excelente olfato se dirigieron á
la parte posterior del trineo, donde, efectivamente,
se hallaban amontonadas las provisiones del viaje.
Un perrazo de pelo rojo, fuerte y vigoroso, dió la
señal de ataque, y saltando sobre la caja que guardaba la carne fresca, con una formidable dentellada
rompió el hule que la cubría y sacó un pedazo de
carne que no pesaría menos de un kilogramo.
Se dice que el ejemplo es contagioso y así hay
que creerlo. En pos del primero se lanzaron todos

Salvator, advirtiendo el pillaje, quiso oponerse á él y
saltó de repente sobre el trineo, abriéndose paso por
entre los asaltantes y dispuesto á defender las provisiones. Hubo un momento de estupor entre la hambrienta jauría. No comprendían aquellos salvajes cómo un individuo de su raza podía tener el atrevimiento
de oponerse á su empresa en vez de participar de ella.
Pero los rencores entre pobres y ricos, entre salvajes
y civilizados, aconsejaron á los habitantes del hielo
dar una lección á aquel hermano degenerado, y sin
lanzar un solo ladrido, el más fuerte de ellos se abalanzó de nuevo sobre el trineo. Salvator le cogió por
el cuello y le rechazó. Después hizo lo mismo con
otro y otro. Viendo los groenlandeses que no valía el
valor individual contra aquel perrazo, se lanzaron
contra él cuatro á la vez.
Hasta entonces, ninguno de ellos había ladrado;
Salvator tampoco. Al recibir el cuádruple ataque,· rech:izó con agilidad y fuerza maravillosa al primero,
hirió al segundo, reventó un ojo al tercero y echó al
cuarto ensangrentado sobre el hielo.
Aquello era demasiado. Los demás perros rompieron en un ladrido furioso, como un toque de ataque
salvaje, y todos á la vez se lanzaron sobre Salvator.
Eran entonces verdaderos lobos los asaltantes, y el
combate homérico que empezó de uno contra todos
amenazaba concluir mal para Salvator, pues la lucha
er:i sin tregua ni misericordia.
'

Salvator estuvo sublime. Sangriento, desgarrada la
piel por veinte heridas, cubierto de espuma y sangre
el hocico, resistía sin ceder á la canalla exasperada.
En su furor, y sin cuidarse de que sus hazañas iban
á poner en apuros á sus amos, estranguló magistralmente á dos de sus adversarios.
Pero hubiera sucumbido abrumado por el número
si el estrépito infernal del combate no despertara á
los viajeros.
Huberto y Petricksen, que fueron los más listos en
levantarse, provistos de largos látigos y pegando á
derecha é izquierda sin compasión, consiguieron reducir á la obediencia á los más encarnizados asaltantes. Salvator mismo, arrastrado por el ardor del
combate, no se calmó hasta que sintió el cuerpo ceñido por el látigo.
Cuando todo quedó apaciguado pudo verse que
la bravura de Salvator había sido más perjudicial que
útil. Además de los dos perros muertos, habían quedado cuatro estropeados de tal modo que no había
que pensar en engancharlos sino después de largo
reposo.
Fué preciso, pues, permanecer dos días en el teatro de la lucha antes que se pudiera marchar de
nuevo.
Salvator, sin embargo, sólo recibió caricias y se le
dió durante dos días ración doble, pues desde entonces los expedicionarios podían estar seguros de
tener un auxiliar poderoso.
El frío no era muy intenso; pero el cielo se cubrió
de densas nubes que anunciaban próximas y grandes
borrascas. Al propio tiempo crujidos siniestros y repetidos inspiraron graves temores acerca de la corteza helada que pisaban. Era, pues, urgente adelantar Jo
más rápidamente posible antes que el manto de nieve
que cubriría todo hiciese desap~recer bajo su sudario
el límite de la tierra firme. Desde el 12 al 15 de agosto
los expedicionarios hallaron bastantes canales de agua,
pero estrechos y desmedrados. Sin embargo, hicieron
preciso el empleo de las barquillas y esto hizo mucho
más penosa la marcha.
Isabel, siempre animosa y decidida, no exhaló una
queja ni vaciló un punto durante aquellas fatigosas
jornadas.
Sólo contestaba con sonrisas á las inquietas miradas que sobre ella lanzaba Huberto. A cada pregtmta que, movido de su solicitud, le hacía el joven oficial, contestaba invariablemente: &lt;s:Estoy bien· no os
inquietéis por mí.»
'
El 16 cayó una copiosa nevada, lo que hizo muy
difícil el arrastre. Apenas se adelantaron tres leguas
aquel día.
El 17 la tempestad fué tan violenta que hubo que
permanecer bajo las tiendas. Huberto y Guerbraz, infatigables, las levantaron, afianzándolas con los trineos.
Una hora bastó para amontonar junto á ellas una
capa de dos. metros de espesor. Refugiados bajo
aquella especie de grutas, los viajeros no padecieron
mucho de la horrible temperatura que sobrevino y
que llegó á 38 grados bajo cero. Allí permanecieron,
oprimidos por indecible angustia á causa de los crujidos siniestros del pack.
El 19 por la mañana, Isabel, que había sido la primera en salir de la tienda al ver que cedía la borrasca, lanzó un grito que hizo salir á sus compañeros.
El sol lucía en el firmamento; á menos de quinientos metros de las tiendas, el mar, en olas casi negras
por lo obscuras, se entregaba á su movimiento
eterno.
Los viajeros habían oído por la noche los chirridos de un nuevo deshielo.
·
Huberto tomó la altura. Habían derivado cuarenta minutos al Oeste, llevados por un enorme témpano que tendría una milla de diámetro.
Todos cayeron de rodillas elevando i Dios sus oraciones. Estaban en su mano, á merced de los elementos. ¿Dónde irían á encallar?

X
EL TRAIDOR

Entretanto, allá abajo, en el Mediodía, entre los
hombres confiados al comandante Lacrosse había estallado una traición.
Desde hacía mucho tiempo era, si no prevista, sospechada, y Huberto, al abandonar el buque había
dicho á su comandante:
'
- No sé por qué; pero más que nunca me siento
imp~lsad~ á desconfiar de Schnecker. Ignoro qué
m~t1vos tiene este hombre para perseguirnos con su
0~10; pero _conozco que n? ha aplacado el que le inspiramos. Sm que llegue a acusarle, yo que he visto
su buena voluntad durante el viaje en globn, siento
por él una inexplicable antip:itfa.
( Co11ti1111nrá)

�NÚMERO 614

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El contrato entre la compañía y la casa constructora se firmó en agosto de 1891: la primera plancha
fué llevada al arsenal en 22 de septiembre, y menos
de un año después, el día 8 de septiembre de 1892,
fué botado al agua. El I7 de marzo de 1893 el buque, completamente equipado, salía de Glascow, _y ~l
día 1 .o de abril, después de algunas pruebas prehm1nares llegaba á Liverpool.
.
,
La construcción del casco no ha ofrecido mas que
un detalle especial que creemos conveniente consignar. Para el timón se necesitaba una plancha de acero de un tamaño excepcional (6'60 metros de longitud, 3'45 de an~hura y 0'03 de espesor): ning_una
casa inglesa qu_1so aceptar el encargo de u!1,ª pieza
de tales dimens10nes, por lo que la compama hubo
de dirigirse á la casa Krupp, de Essen (Alemania).
Este paso levantó grandes protestas en Inglaterra,
siendo lo más curioso del caso que los que más gritaron fueron precisamente aquellos constructores que
habían rechazado el pedido.
La figura 1 representa claramente la pop~ del buque casi terminada, con la gran plancha del timón de
que acabamos de hablar y las dos hélices dispuestas
una á cada lado.
El vapor que hace funcionar al motor lo proporcionan doce grandes calderas de 5'40 metros de diámetro y otras dos más pequeñas, de 3, que sirven
para los aparatos de maniobras en los puertos, pero
que en caso de necesidad pueden aumentar con su
producción de vapor la de las grandes.
La figura 2 representa el conjunto de esas catorce
calderas, que tienen 102 hogares, antes de su instalación en el Campania. Como van colocadas en el
centro del buque, habrían ocupado el mejor sitio
destinado á los pasajeros si hubiesen estado provistas de las,escotillas ordinarias; para evitar ese inconveniente ha sido preciso hacer llegar el aire al departamento de máquinas por medio de inmensos ventiladores que funcionan mecánicamente.
Los motores del Campania son dos, cada uno de
Fig. 1. Vista de la popa del Campania, que indica la disposición de las hélices
los cuales hace funcionar uha hélice: cada motor tieentablada desde hace muchos años entre las distin- que no es menos notable que sus dimensiones y hon- ne cinco cilindros (dos de alta presión, uno de presión media y dos de baja presión) que impulsan tres
tas compañías transatlánticas para poner cada una ra en alto grado á los talleres de Fairfield.

la maquinaria ocupa la mayor parte del lugar dispoSECCIÓN CIENTÍFICA
nible, y los pasajeros, los equipajes y el correo llenan
casi
todo el resto. El buque sólo puede recibir 1.620
'
EL CCAMPANIA) Y EL
CLUCAN IA)
toneladas de mercancías, y más especialmente carnes
·Los dos nuevos paquebotes con que se ha aumenta- en conserva, gracias á las máquinas heladoras que
do recientepJente la ya tan reputada flota de la com· pueden fabricar docé toneladas de hielo diarias.
La rapidez de construcción de ese gigantesco bupañía Cunard son el último resultado de la lucha
f'

~r

los barcos más grandes, más cómodos y más rápidos.
El primer buque de vapor que cruzó el Atlántico
fué el Savannah, que en 1819 hizo su travesía en
veinticinco días. El vapor sólo se consideraba entonces como· auxiliar, puesto que únicamente hizo funcionar las ruedas durante diez y ocho días, economizando la madera de pino que alimentaba la caldera:
el principal papel desempeñábanlo las velas, que hoy
han sido completamente suprimidas en los últimos
modelos de construcción naval, en los cuales los
mástiles no sirven para otra cosa que para sostener
las señales y los puestos de vigía.
El primer viaje del Savannrzh demostró que podían emprenderse los granpes viajes transatlánticos
con la misma seguridad que los viajes pequeños costaneros, y esta certidumbre hizo que en 18"30 se estableciera un servicio regular de vapores al través del
Atlántico, con la misma exactitud y regularidad que
un servicio de ferrocarriles. Esta idea está hoy completamente realizada, pues haga el tiempo que haga,
sea la estación que sea, bastan seis días para recorrer
la distancia que separa a Liverpool de Nueva York.
El siguiente cuadro dara una idea de los progresos realizados en estos vapores en cincuenta años
por medio de una comparación entre lo que en 1840
era el buque Britania y lo que el Campant"a es en
la actualidad:
Ele1!1e11tos de funcionamiento
Provisión de carbón en toneladas. .
Flete en toneladas..
Número de pasajeros.. . . .
Potencia indicada en caballos. .
Presión en kilogramos por cenl l·
metro cuadrado..
Consumo de carbón en kilogramos
por caballo-hora en el indicador.
Velocidad en millas marinas (de
1852 metros) por hora.. . . .
T oneladas de carbón consumidas
por viaje y plaza.

2. 900
1.620
r.700
30.000

0'63

u'6o

8'5
4'7

manivelas, de las cuales las
dos de los extremos son
gobernadas por un cilindro
de baja y otro de alta presión,_ y la del centro por
u? c1lmdro de presión media. La adopción de cinco
rilindros ha reducido las
dim~nsiones d_~ los de baja
presión; sus diametros son
respe~tivamente de 0 ,95 ,
2 y 2 50 metros: la marcha
común del émbolo es de
1'7 5 metros, y la altura de
las máquinas desde el suelo á la cúspide de los cilindros superiores de alta
presión excede de 14 metros. El árbol del motor
tiene un d iámetro de 65
centímetros: cada una de
sus partes intercanjeables
pesa 14 toneladas, y añadiendo á ellas la parte que
descansa en el suelo se llega á un peso de 1 1 o tone-

Las casas extranj~ras que d~seen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á, los Sres A. Lorette Rue
.
6 1, Pa.rítll.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres Calvet y Rialp Pas·eo d G ' .
núm.
~aumartm
___ __ .
.
,
e rama, num. 21

~

-

UIT .INTtPRÉLIQOI! -

LECHE ANTEFtL
tan • ••wda ...

arabede:Cigitalde
LABELONYE

J

Empleado con el mejor exito

Anemia, Oloro•I•,
n II luan.
Debllldad, etc.

contra las diversas
Afecolones d1ICorazon,
Hydropealaa,
Toaea nervio•••;
Bronqultla, Aema, etc.

GELIS&amp;CONTÉ

Ell,-ncl■ltltt

Aprot1du por 11 Ac1dtml1 dt J11d1c1aa dt

tul,.

rgot1'""ª
HEIOIUTICO
11 ■u
.,. J 8ragaas de que
se conoce,
en PODEUII
poclon O
[='~i~;"J~«·1""i.i"'1·~..,·¡,·;.:·1~,..
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de loa ID&amp;eetlnoa.
E1/f/r ea el rotulo• frma de l . FAYAf/0.
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Medalla de Oro de la 8•4 de ria de Pari, dettenen Las perdtdal. tLA BEL ONYE y C'•, 99. Calle de Abouklr , Parft, y en t.o,las las farma.cia11.

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Jarabe Laroze

.A.cUi. DETHAN, Farmaoeutioo en PARIS

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

CARNE HIE_
RRO y QUINA

El Alimento

1

maa í o ~ llllido1a los 'l'6Di.coa 111&amp;1 reparadores.

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS PaINCIPIOS NtlTlllTIVOS DB U CARNE

0'68

c,.a11n, an:aao Y. •1111u1

Diez años de exlto continuado y las aJirmac1ones de

todas las eminencias médicas preuban que esta asoclacton de la carne, eJ Uiern 7 la
•ai.na constituye el reparador maa encrgtco que se conoce para curar : la Clordlú, Ja

22

.Atlémla, las Jlenst~ iwll&gt;ros/JI, el Jlmpobrectmtento 1 la J.lteractan ae la Sangre
el Jlaqultumo, las J.feccíDtlU eJcro(UlOI/JI Y escorllUt~, etc. &amp;1 'l'lae •errast••" dé
.1.roud es, en erecto, el único que reune todo lo que entona y Cortalece los organos
regulam~ coordena y aumenta conslderablemcn&amp;e las tuerzu 6 1ntun&lt;1e a la IIDil'O
1 y d~lorl&lt;la : el rtoor, la Coloraclon y la 8nerQ1a rntiu.
empol&gt;r8Clda

2 '75

En lo que vamos a exponer hablaremos sólo del
Campania, actualmente en servicio ya, pues como
el L.ucania es absolutamente idéntico, su descripción
· no sería más que una· repetición inútil.
El Campani·a es notable por sus dimensiones: tie189'7 metros de eslora total y 183 entre perpendiculares, un tonelaje de 12.950, una fuerza de 31.000
caballos y una velocidad que en las pruebas ha llegado á 23'18 nudos (42'9 kilómetros) por hora.
A pesar de sus grandes dimensiones, el Campanirz
no está construído para recibir una gran carga, pues

ladas para cada uno de los
árboles montados y puestos en su sitio.
La figura 3 representa el
conjunto de máquinas de
esos nuevos paquebotes.
El alumbrado de éstos
exc Iu s ivamente eléctrico'
está asegurado por una do~
ble instalación generatriz:
cada instalación comprende dos dinamos Siemens
de 420 amperes y 100 volts
que pueden alimentar 700
lámparas incandescentes
d,e modo que las 1. 35~
lamparas de 16 bujías que
lleva el buque absorben
una fuerza de 135 caballos.
El lujo que en estos
~uques preside es superior
a cuanto pueda desear el
más exigente y comodón
de los modernos ingleses.
La tripulación y el personal
lo forman 4 1 5 individuos.

Fig. 3. Conjunto de las baterías de calderas del Ca111pa11ia antes de ser colocadas en su sitio

1893

570
224
115
710

2'32

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,:;;:;:,'!°"!o':i!'la G:rag.... alLactato de Hierro de

Britania. Ca111pa11ia.
1840

NúMERO 614

Por 111yor,en Paril, en casa de 1. FERRt, farmauulieo, 10!, rue Richelieu, Sucesor 4e AROUD,
p VBNDB BN TOD.t.S L.lS PRINCIP.t..LBS BOTlC.t..S

EXIJASE

Fig. 2. Máquinas motrices del Ca111pa11ia y del Lt

· ¡
,cama, os nuevos paquebotes transatlánticos ingleses

11

0

~

~

1

ARDUO

Desde hace ~as de 40 años, el J arahe Laroze ~P- prei;cribe e é •
todos los médicos para la curacion ae las gastritis gastr lj ,on
por
r;~~J~:e; t:r:ª:t~:are~~d:!i11!1:erunto~ r ~hedldle:,
f~cfif.:~
los intestmos,
cJOues e eswmago y .de.

;;~a f ir

fa

JARA.BE

a1Bro:muro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

laEesprterpe:edihio mtéasieflcazi pa~ combatir las enfennedades del corazon
.
a, s r a , m grana, halle de S•- Vifo inso
·
'
'YUlsaf1one~ y tos de los niños durante la denticion • en 'una
laa eco1ones nerviosas.
'
'
-

péilii~~\!:~=

·Jáb~ca, Espediciones: J .-P. LAROZE &amp; c1e, !, roe des Lions-St-Paol AParis

eposito en todas las principales Boticas y Drogu~riaa •

VELOUTIN.
E
FA
y
y
El mejor

mas célebre polvo de tocado
r

PDL!~p!~.~~R~!.p~PRA
por Ch.

FaY:9, perfumista

9, Rue de la Paixs P ARIS

�LA

NúMERO

lLUSTJ{AClÓN AKriSTlCA

bI4

cromos y á la que precede un prólogo de
D. Ca.sildo ele Azcárate, dir~ctor de la , Estnci6n patológica de Maclnd, honra ~ su
autor, notable ingeniero, a~rónomo, clir~ctor de la Estación enolog1ca de Valencia,
ex director de la Estaci6n de ampelograíia
americana y profesor ~e la i:=:scuela c!e pe•
ritos agrkolas de la misma crndacl: ha s1d_o
editada en Valencia por D. Pascual Agmlar y se vende á 3 pesetas.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN.

por at1tores ó editores
PRO PATRIA. - El último número de esta
notable revista contiene interesantes trabajos de Cutchet, Millien, Contamine de Latour, :Fastenrath, Creus y Esther, Marco,
Feliu y Codina, Grilo, Enseñat, Sánchez
Pérez, Campoamor, Balaguer, Alcover,
Llorente, Chabal de Uzés, Balsa de la Vega, Bonaventura, Güell y Mercader y Garda Llansó.

•••
LA LOCOMOTORA SIN HOGAR, po-r .ÚÓII
Francq, tradua ió11 de Fr~1fcisco Aa~ y
Bartrina. - El ingeniero c1V1l francés, mventor de la locomotora sin hogar, ha escrito recientemente un libro en el que con
gran espíritu científico y económico hace
un estudio comparativo ele los diversos sistemas de locomotoras, y explica la aplicaci6n de su invento á la tracción ferroviaria
y á los tranvfas, y lo compara con las locomotoras con hogar í1 ordinarias y con las
ele aire comprimido. Es un estudio interesante y útil que con buen acierto ha vertido
al castellano el profesor mercantil Sr. Aced
y Bartrina, de }1adrid.

•••
EFRMÉRJDl!:S ARGENTINAS,por R. llfon,ur Sam. - Las efemérides tienen mayor
importancia de la que comúnmente se les
concede, pues á la par que recuerdan una
fecha memorable contribuyen poderosamente, por su concisión y claridacl, á propagar y generalizar noticias de hechos históricos, que para muchos serian ignorados
si sólo constaran en los voluminosos libros
que de historia se ocupan. Partiendo de
este principio, creemos que el Sr. Monner
Sans ha prestado un valiosísimo servicio á
la República Argentina, que es su segunda
patria, publicando las Efemlrides argmtinas, fruto no s6lo de labor pacientlsima sino de estudio profundo, que revela los vastos conocimientos de su autor el distinguido y fecundo publicista que en tan lejanas
tierras sostiene á gran altura el buen nombre literario de España. El libro ha sido
elegantemente editado por J acobo Peuser,
en Buenos Aires.

•••
LA ESPAÑA MODERNA. - Muy intere·
sanie es el número de esta revista recién
llegado á nuestras manos. Contiene una
cantidad enorme de lectura tan notable co·
mo la novela de Turguenef, Demetrio Rudi1i, que se publica integra: un cuento de
Daudet y otro de Mendes; La belleza de la
,tatu-raleza, por Lubok; El sufragiolla111a·
do universal, por el ilustre sociólogo G.
Tarde; El fin de la Bohemia, por Caro;
Madama de Soma, por Sainte-Beuve; El
doctor Pasma/, estudio critico, por Emilia
Pardo Bazán; La i11d11mmtaria en la Expqsició11 de arte retrospectivo, por C. Narváez, y Crónicas de actualidad, por Fernández Duro, Villegas, etc., etc.
Esta. magnifica revista envía un tomo de
muestra gratis á quien lo pida en tarjeta
postal al administrador, Cuesta de Santo
Domingo, 16, Madrid.

•••
PRINCIPALES MOLUSCOS , GUSANOS É
INSECTOS QUE ATACAN LA VID, por Rafael Ja11ini. - Esta obra, cuya importancia
en un pals vitlcola como el nuestro se de•
muestra con sólo enunciar su titulo, es digno complemento de la del ilustre profesor
de Montpellier, P. Viala, Las enfermedades de la vid, de cuya versión española, hecha por el autor de la que nos ocupa y public.,da por el mismo editor que publica
ésta, hablamos oportunamente. Imposible
enumerar ni siquiera someramente las materias interesantes todas de que el libro trata: baste decir que en nuestro concepto
constituye un estudio completo de los parásitos ele la vid y de los tratamientos que
hay que emplear para destruirlos. Esta
obra, ilustrada con setenta grabados y tres

•••
Los HIJOS

DI!.

DON SILVESTRE, jugue-

te en un acto original de Juan Fábregues y

VENDIMIADORAS MONTILLANAS, cuadro de Elo!sa Gameto,
Exposición intern1cional de Bellas Artes de 1892 (de fotogratla. de J. Prieto)

Sintes. Mahón, imprenta de Bernardo Fábregues. Precio una peseta.

AP:IOL .

•ae los 0'11 JORET &amp; HOMOLLE

MEDIOAOION TÓNICA

El APIOL cura los dolortt, rtlruo,, ,up,..
llon11 de ,., llpocu, as! como las fl4rd/d11.
Pero conrrecuencla eafalalflcado.EI APIOL
Tel'daderot...~co eflcu, ea el de los tnven-

PILDORAS v JARABE

&amp;ott.1. 101 ...,_ .JORET y HOJIOLLE. ~
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Molnrb ti ,v,io 7 /1 a/Itria. - Atl r,rlrA '"·
a1thot aJo,, d11f,ulandt 11111111ft d• una bnna tlluc&amp;.

~\,ltlADES ••1 E8To,i
--~

.

JI

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Pepsina Boudault
Aprüab ,., la mnua II IEDICIH

.

lltdallu •• lu lb[IOllcloa11 latunaelcaal11 ••

PUIS - LTOI - mu • HIWELPBli - PiRIS
.,

18'71
18'73
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1171

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DIIPIPIIAI
OASTRIT18 - OASTRALOIAI
DIOHTION LINTAS Y PIN08Aa
PALTA DI APITITO
T onot DIIOUUU DI ... DIIU.,_

11.UO L4 fORlli DI

ELIXIR. · de PEPSl1'1 BOUDAULT
VINO • • de PEPSlll BOUDAULT
POLVOS, •e PEPSllll BOUDAULT

Las
Peno11u qae CODOUD lu

CARNE y QUINA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORYISART, EN 1858

CE PARIS

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PJUNCJPIOS fflJTlUTIVOS SOLtJBLBS DB U Q.Al\NE

CAL'IE y Qllll'I.U son los elementos que entran en la com008idon de este potente
l'Op&amp;rador de las fllerzas vitales, de este feniaeaale por eaeefeaela. De un gusto su-

mamente agradable, es soberano contra la Anem'4 y el Apocamiento, en las Calentura,
1 C01111a/4cenctas1 contra las D'4"etu '1 las Afeccwna del B1tomago y loe ,ntuttna,.
Cuando se tma de dtlSpertar el apetito, asegurar las digestlonea, reparar las fllersu,
tnriquecer la sangre, entonar el organismo '1 precaver la anemia '1 .laa eptdemlaa proyo~ por los calores, no se conoce nada aupenor al 'l'bac, de gllina de Areall.
.PtJr ,r,,o,11or. en Paria_, en casa de J. FERRt, Farm.aceutico, iO!, rue Richlieu, Sucaor deAl\OUD.

=' ARDUO

1:1&amp; VBNnB IN TOnA.8 LAS PlUMQIPALXll BoTlQ.t.&amp;

HIIS, PWIIIIII COLLAS, 1, ne Daapill

11

, ... ,... ,,...,.ri,,.r., ~.........

sea necesario.

PITE ' PIUT I IRE DUSSER

deatnrye buu lu IIAICE8 el VaLLO del Nlltro de lu damu (Barba, Blrott, tic.), tm
para ti aitll. 10 Año■ 4e :fbtio,ymillana de teaU1110Dioaprantbu la dcacla
de esta pn,andoo. (Se - · en eaJH, pjll la barba, J tll 1/2 Ol)H pm ti blpte licero). Para
lol bruot, empléeleel FILIJ'UB.1' J&gt;Va&amp;ER, t,11111.J.-.J,.J\oua..au.Parta.

, IÚll¡IIII pell¡ro

,

.

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau•
rancio, porque, contra lo que sucede con
lf!s damas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el caté,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida que mas l e convienen,
se11un sus ocupacfones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladopor elefecto de la
buena alimentacion empleada,u.no
se decide fácilmente II volver
11 empezar cuantas veces

0

EXIJASE i:
.

PILDORAS~1DEHAUT

ll Alimento mu reparador, IIDido al T6Dloo 11111 ener¡ico.

'

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP. DK MONTANKR

Y

SIIIIÓN

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                    <text>AÑO

XII

BARCELONA 25 DE SEPTIEMBRE DE 1893 ,..____ _ _ _ __

NÚM. 613

s--s---'"-=---z..;.= ====================================-----REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

EN EL BOSQUE DE BOULOGNE.--LA BATALLA DE FLORES
copia del cuadro de Harry Finney .

'

�LA

Texto. - Crónica de arte,

por R. Balsa de la Vega. - Los jar·
dines de la infmz.:ia, por Talcott Williams. - La sombra (conclusión), por José de Roure. -Nuestros grabados. - U11afm11cesa en el polo Norte (continuación), por Pedro Mael. - S&amp;ccróN CIENTIFICA; Los pai-pi-bris en ti :ardln de Aclimatación de París. - Libros recibidos.
Grabados. - En el bosque de Bo11/ogne, cuadro de Harry
Finney. - fsabe/Palmer Peabody. - Once grabados de Losjar·
dines de la i11/a11cia. - Vistas de Costa Rica, grupo de nueve
grabados. - Bellezas costarrique11as, tres retratos pintados
por Francisco Valiente. - D. Francisco Valiente, pintor costarriqueño. - La despediia, cuadro de D. Laugée. - Greiller1110 de Orange y Maria E11riq11eta St11ardo, cuadro de Van
Dyck. - El explorador Emln-Bajá. - El general Miribel. Figs. r, 2y 3. Hombres y mujeres pai-pi-bris y tipos negros
diversos. -D. José Joaquln Rodríguez, actual pres:dente de
la República de Costa Rica.
·

................._.,............................., .............,......................., .....,......,.........,.............,.., .•.
CRÓNICA DE ARTE

Nuestro representante en Wáshington y delegado
regio en la Expc:.sición universal de Chicago, señor
Dupuy de Lome, elevó una protesta al jefe de recompensas de dicha Exposición Mr. Teacher, á propósito del resultado obtenido por los artistas españoles
en aquel certamen. Protesta enérgica, fundada, á mi
entender, en razones de tanto peso, que seguramente no derribarán la lógica de los yankees ni de cuantos, intentando salvar su amor propio, traten de refutarla.
Pero yo entiendo que no merecí~ la pena el desastre sufrido por nuestros artistas en la Exposición que
actualmente se celebra en la ciudad del lago Míchigan de la molestia tomada por el Sr. Dupuy de
Lome. Desde el instante mismo, en que se tuvo conocimiento del verdadero valor que, desde el punto
de vista de la especulación de tal idea, esto es, de la
significación que dentro del complejo é interesantísimo campo de la evolución artística y estética modernas tenía el tan famoso como fracasado certamen,
todo el mundo que vive y alienta en este medio dejó
de preocuparse de lo que allá se hiciera, y nadie se
ha sorprendido al saber nuestro fracaso artístico.
Sin embargo de esto, siquiera sea á título de curiosidad y de enseñanza para el porvenir, bueno es que
sepan los artistas españoles algo de la historia de
esto que algunos titulan fracaso y que para mí queda
reducido simplemente á uno de tantos desengaños
como venimos sufriendo los españoles, merced á
nuestro carácter en demasía impresionable.

***

Anunciada la Exposición universal de C~icago, é
invitada España á concurrir á ella, se presentó en
Madrid un caballero norteamericano, muy conocido
en Chicago y sus alrededores como persona peritísima en cosas de arte. Este caballero fué al Círculo de
Bellas Artes de Madrid á invitar á su vez personalmente á los artistas para que concurriesen con sus
obras á la feria del mundo, prometiéndoles (en inglés,
por supuesto) que como allí era casi desconocido el
arte español, se le abriría un mercado que podría
amorcillar de libras esterlinas 6 de otras monedas
equivalentes los no muy repletos bolsillos de nuestros escultores y pintores.
Con grandes muestras de entusiasmo fueron acogidas por cuantos escuchaban (traducidas al español)
las ofertas y discursos de propaganda de Mr. Valsey
C. Ives - que éste es el nombre del norteamericano
de marras, - y desde aquel punto y hora comenzaron
una serie de obsequios en honor de este ser excepcional, nueva personificación del Przctolo, y al P{Opio
tiempo á disponerse para asistir al gran certamen
dignamente. El míster, á cambio de las pue~tas que
abría á nuestro arte, no pidió más que la representación de todos los artistas que enviasen obras á Chicago, naturalmente, deduciendo por la tal representación el correspondiente tanto por ciento, etc.
A todo esto el actual ministro de Fomento señor
Moret, aconsejado por alguien y guiado por grandes
deseos de acertar, encargó por medio de una real orden al Círculo de Bellas Artes de la misión de admitir
6 rechazar las esculturas y pinturas que deberían ser
remitidas á la Exposición norteamericana. No faltó
quien advirtiese al Sr. Moret que el Círculo de Bellas Artes, por su carácter de Sociedad puramente
particular, no debía ser el encargado de aquella misión, pues no representando como no representa dicha sociedad sino á un escasísimo número de artistas, la eleccióri del jurado clasificador no tendría valor alguno, 6 por lo menos muy escaS0j cosa que en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

efecto pudo comprobarse, pues hemos visto que son
122 los artistas que exhiben sus obras en Chicago y
que no han querido someterse al examen del Círculo, mientras los que se sometieron á la alta sabiduría
de aquel tribunal no llegan á 96. ·
No habré de decir si el jurado del Círculo de Bellas Artes supo limitarse á las atribuciones que le habían conferido, 6 rebasó las lindes de lo prudentej
cosa es esta que me tiene sin cuidado y que nada
quita ni pone al relato de la historia que estoy haciendo¡ lo que sí es menester hacer constar la declaración de Mr. C. Ives cuando nuestro delegado regio
y el de Bellas Artes pedían más y mejor local para
la exhibición de las obras de arte españolas¡ dicho
Mr. C. I ves respondió que «el Círculo de Bellas Artes de Madrid le había dicho que para sus cuadros
tenía bastante con el concedido y que no quería
más. )) Si e:; cierto lo afirmado por I ves, bien vale la
pena de preguntarle al Círculo de Be!las Artes en
virtud de qué atribuciones limitaba el espacio, dejando fuera de concurrencia á los artistas - como he dicho más arriba, la mayor parte - que no consideraban al jurado quién para que les juzgase sus obras.
Ya remitidas todas á Chicago, el Círculo de Bellas
Artes pidió al ministro de Fomento que enviase con
viajé y dietas pagadas á la Exposición un individuo
de aquella sociedad. Yo he visto la negativa que á lo
pretendido dió el ministro, y en su nombre el director general de Instrucción pública. El individuo á
quien aludo volvió á la carga y pudo por fin conseguir lo que deseaba. Con el carácter de perito técnico
se embarcó para la ciudadyankee el Sr. D. Juan Espina y Capo.
Lo que en Chicago aconteció solamente lo saqen
en Madrid contadas personas. El Sr. Dupuy de Lome se abstuvo por completo de toda inteligencia con
el Sr. Espina en lo tocante á la distribución de premios, y en vista de que el delegado de Bellas Artes
Sr. Pavía Berminghan renunciaba el cargo por causas que algún día sabremos, el Sr. Dupuy de Lome
dejó en absoluta libertad al Sr. Espina para que se
entendiera como quisiera con sus compañeros de jurado. Debo advertir que dicho Sr. Espina, al abandonar la delegación el Sr. Pavía, escribió al Círculo notificando el suceso, y que con este motivo fué nombrado miembro del jurado internacional, merced á
una carta firmada por varios socios.
Y llegó el momento en que debían otorgarse los
premios. El Sr. Espina dice en un documento, que
quizás algún día saldrá á la luz pública, que no se hizo
más que justicia. Por su parte el corresponsal de La
Epoca, el Sr. Vilardell, escribe lo siguiente:
«Cuando escribí mi carta anterior, el fallo del jurado de Bellas Artes era un secreto, y no pude, por
lo tanto, hacer más que adelantar algunos nombres
de artistas agraciados. Hoy debería continuar el secretoj pero como los periódicos de Chicago han publicado esta mañana ( I 2 de agosto) las listas generales de los premios concedidos, no tengo por qué callar lo que afecta á España, y puedo hacer públicas
mis opiniones, como ofrecí en la citada carta, y decir
que el fallo del jurado ha sido una completa derrota
para los artistas españoles.
»Ser profeta del pasado es cosa muy fácil, y como
no quiero pasar por tal, al declarar que este resultado
lo tenía previsto, debo hacer constar que en carta
particular escrita hace más de dos meses al director
de La Epoca decía: «La sección de Bellas Artes será
»un fracaso.»
· Espero que los lectores de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA reconocerán en mí, ya que no otra cosa, buena fe y deseo de acierto. Alguna vez fustigué, según
después me dijeron, con dureza á nuestros artistas,
porque descuidaban demasiado el estudi9 asiduo de
cuantas cosas son necesarias hoy al arte, así en plástica como en lo que corresponde á la ideaj pero también creerán cuantos este artículo lean que á pesar
de mis censuras he reconocido el valor de nuestro
arte en general, considerándolo como el que más vitalidad y más energía tiene del arte latino de hoyj
por lo que, al saber el resultado obtenido por España en Chicago, y cómo á este resultado cooperara un
artista español, no pude menos que sentir allá en lo
íntimo algo así como desfallecimiento y angustia,
cual si presintiera la proximidad de un desastre para
un ·gran número de nuestros artistas, que con su falta
de tacto van á dar de bruces en derrumbaderos y
malos pasos como el presente.
El Sr. Dupuy de Lome debió sentir algo parecido
á lo que yo expreso, cuando al saber el fallo del jurado dirigió la comunicación que he mencionado al
comienzo de estas líneas, protestando de un modo
enérgico contra lo que él y todo el que tenga dos dedos de sentido artístico consideran como un acto
de polaquismo, al que asintió - casi afirmaría que inconscientemente - el perito técnico. Pero el perito tí:c-

613

NúMERO

NúMERO 613 '

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
.,._,.

meo Sr. Espina, sin duda porque no se le pueda exigir por nadie la responsabilidad moral en que ha incurrido - responsabilidad en la que tienen la culpa
por partes iguales el afrancesamiento mercantil de
Mr. C. I ves y la forzosa ignorancia de las discusiones de los jurados á que se vió condenado el Sr. Espina por su desconocimiento del inglés - ha dirigido
una réplica al Sr. Dupuy de Lóme, en la que afirma
que todo lo hecho, y como apunté más arriba, lo está
con arreglo á la más estricta justicia.
Pero ¡vaya usted á poner puertas al campo! Los
recelos, l~s suspicacias se han hecho, y, la verdad, la
exculpación y defensa que de sus actos hace el señor Espina en la contraprotesta á que aludo, á nadie
convencerán, puedo afirmarlo. Me abstengo de juzgar este documento, y tan sólo como corolario de lo
relatado voy á añadir unas cuantas reflexiones.
¿Cómo un artista puede admitir que la misma recompensa se otorgue á cuadros premiados con medallas de oro en nuestras Exposiciones nacionales
que á los que no han obtenido más que medallas de
tercera clase?
¿Es posible que un perito técnico dé el mismo valor á Los amantes de Teruel 6 á ¡Otra margarita!,
que á lienzos que ni siquiera merecieron una segunda medalla?
¿Es posible que un Vallmitjana, un Susillo, un
Atché, un Ferrant, un Cutanda y otros artistas de
esta talla puedan quedar desairados allí donde exhiben sus más famosas obras, y en cambio merezcan
los honores de la victoria artistas que comienzan y
cuyas producciones hemos calificado recientemente
de menos que medianas?
Buena es la democraciaj pero á este extremo llevada, ¡vive Dios que ya no puede tolerarse, y que quien
consienta que se ponga en práctica merece toda clase de censuras y que se le exijan satisfacciones cate~
góricas y terminantes!

ciones para el cuidado y desarrollo de los niños, su
parte alegre necesita tener por base el propósito y la
teoría que tan alto grado alcanzaron en la mente de
Froebel cuando abrió su primera escuela en un pueblecillo alemán, por cuya calle principal corría un
arr:&gt;yo y por cuyos callejones de noche se paseaba
silencioso el alabardero cantando las horas. Ocioso
sería suponer que Froebel fundó un sistema perfecto,
6 insistir en todos los detalles del credo de los jardines de la infanciaj pero han bastado cuarenta años
desde la muerte del fundador para que la fe degenere en religión y secta. Es preciso, sin embargo, mantener con firmeza el objeto principal que se propuso: Froebel buscó el
logro de sus fi nes por el
juego, no por el trabajoj
mas para este método es
tan peligroso acercarse á
la dureza de la escuela
primaria, como lo es suavizarle hasta el punto de
perturbar las reglas debilitando la observancia del
orden. Lo primero es su
tendencia donde llega á
ser parte de un curso gradual, y esta tendencia es
tan aparente en la aplicación de los métodos de
Froebel por manos francesas en el plan oficial
de las escuelas maternales, como en algunas de
nuestras escuelas ptfolicas. La otra tendencia es
aparente en los jardines de la infancia de amateur
Y en la obra de) ~~an número de personas que entran
en un campo d1f1c1l con medios deficientes.
Suiza, la única república de Europa en aquella época, fué el primer país que adoptó el método de Froebel! aunq~e en al&amp;unas de sus ciudades los jardines de
1~ 1~fanc1a ha_n sido hasta ahora sostenidos por asoc1ac1?ne~part1culares. _Francia, otra república, cuenta mas nmos que comienzan su educación bajo una
adaptació_n del sistema de Froebel que todas las demás
n~~1ones Juntas._ El ~ismo Froebel opinaba que «el espmtu de la nacionalidad americana era el único del
mundo con el que su método estaba en completa armon!a y e_n e~ cu~) ninguna barrera se opondría á sus
legítimas mstituc1ones. » Las cifras que se _v erán des-

ISABEL PALMER PEABODY

por las calles con nodriza y los otros sin
ella. E n su afanosa vida, la mayoría de
los padres se hallan entregados continuamente á ~us ocupaciones, á veces
día y noche, sm que les sea siempre posible atender á todo, llenando sus múltiples compromisosj y en el mayor número ?e _casos, el niño no adquiere más
conoC1m1entos que los que le proporciona la casualidad, los criados y los hijos de los vecinos. No es necesario referirnos también á ese otro
mundo en que la pobreza y el crimen arrojan á nu~~rosos padre~ al pie de la cruz en que los tiernos
nmos son crucificados.
El probl~ma de la educación para las diversas
c~ases c~ns1ste, pues, en suministrar elementos prop10s y ~t1les durante los primeros años en que el nina com1e!1za á dejar á la familia sin entrar en la sala
del coleg10. En ese período, es decir, desde los tres á

***
La marejada que con estas malas 1,1uevas se levantó entre la gente del a rte es enorme¡ todos van á preguntarse las razones que obligaron al Sr. Pavía Berminghan á dejar el puesto de delegado de Bellas Artes, y si el Sr. Espina tenía conocimiento de los durísimos ataques que á aquel señor se le dirigieron
desde el periódico The Clzicago Herald. Y además
de estas preguntas también se hacen otras no menos
interesantesj entre ellas la razón que obligó al señor
Espina á no contestar como se merecía á los desplantes del citado periódico respecto del arte español,
así como á las sandeces encasquetadas en folletos y
conferencias por el Sr. Walsey C. Ives contra el arte
y los artistas de esta tierra de los Rosales, Fortunys,
Pradillas y Villegas.
Esperemos á que rompan el silencio los señores
Dupuy de Lome, Berminghan y Espina.
Mientras tanto me permito felicitar por su acierto
al Sr. ministro de Fomento.

Papel doblado. Primera lección de geo~etrfa

los siete años, el ~erebro, según nos dice Bain, crece
con 1~ may?r rap1?ez, y todo el sér del niño recibe
~u p~1mera 1mpres16n consciente de la familia, de la
1gles1a, del estado, d,e las. leyes y de la vida social.
¿Qué c~~a h~y mas brutal que los juegos inventados por mnos mocentes? ¿No conocemos á alguno
que ~aya tratado de matar 6 atormentar á su animal
favorito? ¿No hemos encontrado todos al ·'d ,
. .
nmo que,
a;1ser con,d uc1 o a la hab1tac16n mortuoria donde yac1a el cadaver de su compañero, lo primero ue h'
fu é preguntar con la
q
izo
torpe avaricia de sus
cuatro años: «Ahora
que Pedro, ha muerto,
¿no me daras su caballo
y su tambor?» Es necesario avivar la imaginación inerte del niño, despertando s us

R. BALSA DE LA VEGA
Y'•••••••••" •••••..•••••••.. ••••••••••••••'••••,1•,.••,1•0,'••••..•••••••••• .. •l '••"•l•,.•o,¡•,.••,1•11••,1•.,••••••••••''••••••••

LOS JARDINES DE LA INFANCIA
Tres veces feliz el niño que vive rodeado de una
dorada bruma á través de la cual brilla el sol y en la
que todas las cosas buenas maduran y la inteligencia
se desarrolla tranquila en un cuerpo sano. En esos
años, en los que demasiado á menudo nada se siembra para el niño, recogiendo éste tan sólo las simientes esparcidas que llegan hasta él por casualidad,
¡cuánto podrá hacer en pro de la niñez el que una
á los conocimientos científicos la solicitud maternal!
De ello nos da ejemplo María Putnam J acobi en su
«Experimento en la educación primaria. »
De mí sé decir que á los ocho años pude adquirir
ya el conocimiento de los géneros y de las especies.
Aún me parece ver el terrado con pavimento de
piedra y los arcos de una casa asiáticaj el vívido sol
de Oriente declinando sobre el verde espacio de la inmensa llanura de Mesopotamia, cubierta de brillante hiniesta y de anémonasj sobre mis rodillas los pétalos del almendro, del ciruelo y de la rosa amarilla
de Persia, y en mi interior el ardiente deseo de acumular conocimientos para toda la vida.
Pero no todas las mujeres pueden llegar á la maternidad dotadas como lo estuvo la señora Jacobi.
Cada uno de nosotros, si es digno de tener padre,
ama á éste de todo corazón, y abriga la creencia de
que jamás hubo otro como el suyo. Con ojos más
sobrios y más ejercitados por la experiencia, vemos
ciudades enteras llenas de casas, en las que la más
aparente y visible diferencia entre los niños de los
ricos y de los pobres consiste en que los unos van

.

emocionesj es preciso llenar el horizonte vacío. Ningú~ niño que no haya sido enseñado podrá reconstruir es.os fructuosos, pero olvidados años, en que la
humanidad alcanzó sus primeros y mayores triunfllSj
en que los dedos humanos aprendieron por primera
vez á. tejer la flexible corteza y las manos á modelar
la arcilla, y en que los roncos gritos del barbarismo
fueron reemplazados por la naciente música de la civilización.
Froebel trató de ocupar bien esos años de la niñez. El ni~o piensa solamente por símbolos, 6 en
otros términos, explica todo cuanto ve, no por lo que

recuerda de la experiencia ajena, como le acontece
cuan?º es adulto, sino clasificando y comparando sus
p~op1os cont:eptos _6 _símbolo~ de lo que él mismo ha
visto. Su_ úmca act1v1dad esta en el juego. La escuela - ha dicho J. C. Federico Rosenkranz - comienza
por enseña~ los convenci_~nalis~os_ de la inteligencia.
Froebel qm_so q~e los_ nmos mas Jóvenes recibieran
u!1a educac1?n su~bóhca en juegos, recreos y ocupac10nes que simbolizaran las primitivas artes del hombr~. _C,on este objeto le instruye en varios trabajos
pnm1t1vos, ~o~o trenzar, tejer y modelar, por medio
de e~tretemm!entos en que se hacen jugar todas las
r~lac10nes sociales, sin faltar los cantes y el uso sencillo d~l número, de la forma y del lenguaje. TÓdas
las apt!tud~s r~presentan un papel en su múltiple
propósito msp1rando
al niño, despertando
su interés, conduciéndole por la senda que
la humanidad ha seguido y enseñándole
á dominars'e e n sus
relaciones sociales.
E l sistema tiene sus
peligros palpables.
Cuanto mejor y más
complicado es el instrumento, más habilidad se necesita para
usarle sin riesgo. Los
jardines para la infancia requieren personas
prácticas, pues con
maestros tri viales po-

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619

-Niños fabricando cilindros de arcilla

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Marcha infantil en un jardín de la infancia de una instituci6n privada

drán degenerar fácilmente en
mero pasatiempo y
ahogar toda tendencia á fijar
la atención,
la a plicación y el ingenio. Por
apreciable
que sea ese
sistema en
~us indica-

p~és sobre el desarrollo de los jardines de la infancia en este país son la mejor prueba de la verdad del
aserto de Ftoebel. El ministro prusiano Raumer fué
cen~ura?o por hab:r prohibido en 1851 en Prusia
l?s ~ardmes de la mfancia, pero demostró los conoc1m1entos de su clase y los instintos del burócrata.
~entro d: su~ límites de años, de método y de
ob}eto, _los Ja~dmes de la infancia propercionan el
mas fehz comienzo para la educación del niño en un
estado democrático, porque éste reconoce la actividad volunt_aria del individuo como el mejor medio
de educac16~, y el contacto ·social como su mejor
agente. El mismo Froebel rehusó educar al hijo de
un duque solo, y para sus propios sobrinos buscaba
los compañer~s que la es~uela ~omún proporciona, y
que hoy s.e evitan demasiado a menudo con perjui-

�LA
cio de ricos y pobres. La historia ha de escribir :nín
algunos capítulos antes de que pueda emitir juicio
sobre el imperioso joven que lleva el yelmo de Ger

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

613

mensa mayo- sido legada; y si alguno opone alguna cosa nueva
ría de los ni- que contradiga ó tal vez amenace alterar el credo
ños asiste á que durante años hemos repetido, transmitiéndolo á
nuestras es- los otros, todas las pasiones se levantarán contra él,
cuelas públi- y no se perdonará esfuerzo para aniquilarle.»
cas. El prinEl más seguro remedio contra todo esto es introcipal valor ducir en la escuela niños enseñados bajo diferente
de los jardi- principio, cuyas preguntas crearán diferentes métones de la in- dos haciendo inevitables nuevos procedimientos. Los
fancia, como jardines de la infancia aportan todos los años á las
parte del sis- escuelas comunes materiales frescos, llenos de vida,
tema de es- bien dispuestos; que han aprendido á pensar; que en
cuelas. públi- seis meses pueden hacer el trabajo que exigiría un
cas, consiste, año por el antiguo sistema; que saben manejar el lápor lo tanto, piz con ligereza, para quienes resulta más fácil aprenen aumentar der lo que por medio del dibujo ó de la escritura
casi el doble, haya de enseñárseles. El niño así enseñado está ya bien
en circuns- dispuesto para pensar por sí mismo y en su propia
tancias fa- persona, es suficiente para transformar á cualquier
vtlrables, e 1 maestro amante de su trabajo.
tiempo que
Y estos excelentes resultados se consiguen sin fatilos niños per- gar la atención de los niños, antes bien entretenién1/
manecen en dolos con juegos, pasatiempos y ejercicios que les
la escuela; y hacen ver en las escuelas centros de recreo, á los que
. ,
esto, que no acuden no sólo voluntariamente, sino, además, con
d~plicana el coste de nuestro sistema de escuelas pú- afición decidida. Los conocimientos más variados se
blicas, aumentaría considerablemente el contingen- fijan en su mente escuchando los cuentos que les rete d~ alun:inos. El primer grado de nuestras escuelas cita la maestra; oyendo una narración relacionada,
públicas viene á ser de un 30 por ciento del servicio por ejemplo, con el mar, aprenden multitud de cosas
total. Para mantener semejante primer grado, escri- sobre fauna y flora marinas que de otro modo sería
be_ Mr. Anderson, superintendente de escuelas en casi imposible hacerles entender. Otras veces es:el jueM1lw~nkee, los jardines de la infancia deben ser por go de los pajaritos en el bosque el que les instruye
nec~s1~ad mucho más grandes, y si sus patrocinado- acerca de una importante especie zoológica. La geores ms1sten en el curso de dos años, será indispensa- metría, esa ciencia difícil hasta para el hombre, peble un aumento considerable en la renta para sostener netra insensiblemente en la inteligencia del niño, á
las escuelas.
Pero este gasto,
contrariamente
al que se consagra á los grados
más altos, se
empleará en un
número siempre creciente; y
la influencia de
la nueva educación cortará la
pirámide por la
Objetos que sirven de asunto en las pláticas matutinas con los niños
base, no por la
punta. De su
efecto moral sobre los niños abandonados en nues- quien se le entretiene fabricando figuras geométricas
tras calles podemos juzgar por la experiencia de San de arcilla, ó haciéndoselas recortar en papel, ó entreFrancisco de California, en donde de nueve mil ni- gándoselas hechas ya, para que con ellas construya
ños procedentes de los barrios habitados por pobres distintos objetos, en cuya confección ejercita su ingey criminales, que asistieron á los jardines de la infan- nio y su paciencia.
Iguales procedimientos se emplean también para
cia libres, de la Asociación de la Puerta de Oro, uno
solo se encontró más tarde arrestado desplléS de prac- desenvolver los sentidos, el de la vista y el del tac~o
ticarse una cuidadosa información y de ejercerse la especialmente, para lo cual sirven papeles tejidos de
mayor vigilancia durante años en las prisiones. Con- distintos colores, y en general para desarrollar paulatra este hecho no se puede argumentar. El coste del tinamente todas las facultades anímicas del niño, que
pauperismo y del crimen ahorrado en ese solo gru- en las conversaciones matutinas y en presencia de
po de niños en una sola ciudad habría siqo suficien- los objetos más variados adquiere poco á poco note para satisfacer la contribución de los jardines de ciones de multitud de ramas del saber humano q11e
la infancia en toda la Unión durante diez años.
no olvidará de seguro mientras viva. Al par de la inPero lo bueno tiene más importancia en el esfuer- teligencia desarróllase en los jardines de la infancia
zo social que lo malo. Durante un período de diez á el cuerpo del infantil alumno: los ejercicios gimnásquince años, en todas las discusiones sobre nuestras ticos proporcionados á su corta edad, las marchas,
escuelas públicas ha predominado el convencimiento los paseos, etc., contribuyen á mantener y robustecer
de que éstas lo habían hecho todo menos educar, y la salud del cuerpo, tan indispensable para que se
los comerciantes, propietarios, colegios y escuelas conserve y afirme la viveza del espíritu: mens sana tn
profesionales se han lamentado á una de que los corpore sano.
alumnos de nuestras escuelas públicas no podían serDe algunos de esos juegos, ejercicios y procedivirse del conocimiento adquirido. No son propios mientos dan idea los grabados que acompañan al
para adaptarse á la fábrica social; se pasan los exá- presente artículo, viendo los cuales se comprenden
menes con toda facilidad, excepto los que impone la las inmensas ventajas que á la educación reporta este
vida propia, en el cual las reglas no tienen valor, y sistema y el imponderable beneficio que la niñez y la
ningún sistema de educación con los defectos mecá- humanidad entera recibieron de Froebel, el ilustre
nicos de rutina, grados y exámenes se reforma nun- pedagogo que con los jardines de la infancia dió nuevas y firmes bases á
la enseñanza de los
niños y un punto de
partida sólido para
la educación de los
hombres.
La obra de introducir este nuevo sistema
en las escuelas públi
cas de 1os Estados
Unidos se ha efectuaAlgunos inventos de papel tejido que demuestran cómo se desenvuelve la inventiva
do en casi todas las
ciudades en que se
ca por sí solo. «Las cuestiones científicas, dijo Goe- encargaron de tal misión nobles y celosas mujeres
the á Echermann, son muy á menudo cuestiones de que abrieron jardines de la infancia libres á sus pro·
vitalidad;» y esto es igualmente cierto para las de pias expensas, á menudo con la cooperación de maeseducación. «En las universidades, añadió Goethe, tros, como el doctor William T. Harris en San Luis,
eso también se mira como una propiedad que les ha ó el doctor James Mac Alister en Filadelfia, siempre

¿;r

«Los pajañtos del bosque,» juego de !ºs jardines de la infancia

manía coronado con el águila de plata, el joven más
poderoso que ha ocupado un trono europeo desde
el tiempo de Carlos V; mas es claro que en el espacio de tres ó cuatro siglos él es el único personaje
real que ha escapado de la paralizadora influencia
de la «educación de príncipe,» cuya soledad es tan
grave mal como el exceso de compañeros. La madre
del actual emperado'r rompió con las tradiciones de
su familia y de su casta, poniendo á su hijo en un
jardín de la infancia y luego en la escuela con
otros muchachos. Es muy significativo que ese carácter real, tan moderno por su actividad, tan arcaico en sus aspiraciones, sea el primero entre los gobernantes de la tierra que haya sentido el contacto
de Froebel en la niñez.
Menos importante es, sin embargo, considerar el
efecto de este método en el heredero de Alemania,
quien al fin y al cabo pertenece al ayer, que su influencia en los herederos de la república de América,
que son de mañana. Todos vemos y sentimos y padecemos por ciertos defectos en los resultados de la

Papel tejido. Lección de números y colores:
enseñanza de la vista y del tacto

educación de la inmensa mayoría de nosotros: la falta de iniciativa social, la poca consideración á los
derechos de los demás, el afán por las diversiones y
la incapacidad para encontrar placer sin ellas se manifiestan en todas partes. Este defecto social, tan
grave eri sus resultados, es la consecuencia natural é
inevitable de las escuelas dadas á la rutina, entorpecidas por la disciplina y por las reglas, y á las cuales
ha precedido una breve infancia, en la que no se corrigió el instinto del juego, dirigiéndole convenientemente, ni se inculcó tampoco la consideración social
á los derechos de los demás.
La doble desgracia de nuestro sistema de escuelas
públicas, que ha hecho tanto que su perfeccionamiento es la empresa que más esperanzas infunde y la
más apetecible de las reformas, consiste en que no
enseña á los niños á pensar, y en que la gran masa
de éstos en nuestro5 distrito5 fabriles termina su
tiempo de escuelél a los diez y doce años de edad,
habiendo comenzado á lvs siete ú ocho.
Tres ó cuatro años es el plazo máximo _que la in•

VISTAS DE COSTA RICA (de fotografías remitidas por D. Antonio Font)

�622

LA

con la conversión eventual de las escuelas de pensión,
que no tienen derecho, d(;spués de todo, para hacer
experiencias con el dinero público antes que las empresas privadas.
Veinte años después de la muerte de uno de los
dos grandes maestros del siglo (el otro era Pestalozzi)
la situación era la siguiente: Froebel había sido re·

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

comercio y en la política, y en San Francisco un humilde maestro, apoyado por las mujeres de recientes
millonarios y habilmente secundado por una joven
que repitió en Nueva York, en los dos últimos años,
los trabajos para conseguir esta reforma, á la cual
había dado principio en San Francisco mucho tiempo antes. En cada ciudad est1 reforma siguió el mis-

Ejercicio núm. 3. - Una serie de formas, cada una de las cuales es desenvolvimiento de la anterior

chazado por su país, y se le expulsó de Prusia por
decreto ministerial, a pesar de que aun allí, la hija
de una noble madre, la emperatriz Federico, había
educado a sus .propios hijos con arreglo a su plan,
presidiendo una sociedad para introducir el sistema
en su país. Francia esperó todavía la caída del imperio para ver la aceptación de los métodos de Froebel
en las «escuelas madres.» Austria-Hungría, bajo la
naciente libertad, hija del desastre, comenzaba á in·
traducir los jardines de la infancia, que han realizado
allí inusitados progresos como parte de su reciente y
rápido desarrollo. Italia ( r 868-187 r) había visto ya
abiertos los primeros jardines de la infancia que al
cabo de veinte años de libertad y unidad debía producir los instructores que adoptaron el nuevo sistema
en las escuelas públicas del reino. Finlandia, ese pequeño rincón que está bajo la férula de Rusia, debía
introducir el sistema doce años después. Inglaterra,
que estaba reorganizando su sistema de escuelas por
el acta sobre educación de 1870, no hizo aprecio alguno del nuevo método, y cerca de veinte años después uno ó dos maestros nombrados por la Junta de
escuelas de Londres y una vigorosa pero ineficaz
propaganda dieron á conocer todos los progresos
hechos hasta entonces. En Londres, en Mánchester
y en Dublín existen excelentes instituciones; mas en
cuanto se refiere á la influencia de la opinión pública, nada se había adelantado ni aun en 1889.
En nuestra patria, es decir, en los Estados Unidos,
en 1870, el magnífico trabajo hecho para organizar y
metodizar la instrucción local desde veinte años antes había puesto de manifiesto los funestos principios
de la rutina mecánica. A Dios gracias, no había aquí
ministro de instrucción, ni gran sistema nacional, ni
licencia del gobierno para los maestros, ni «pagos según los resultados,» como en Inglaterra. El país era
liJ?re; pero cada centro de instrucción se hallaba también en manos de escuelas aferradas a los antiguos

NúMERO

613

no menos por el número que por el apoyo que el público dispensa á esas escuelas. Tengo ante mí una
lista de r 18 asociaciones de jardines de la infancia
diseminadas por el país, cada una de las cuales representa una sociedad fomentadora del sistema de
Froehel en algunas de sus muchas formas de aplicación para el trabajo de la enseñanza; y veo que la caridad en favor de estas instituciones ha contribuído
al trabajo más importante de crear instituciones para
los ciegos, los mudos y los débiles de inteligencia, lo
cual tiene un valor incomparable.
Sin embargo, por grande que sea este progreso, el
jardín de la infancia no figura sino en una parte infinitesimal en nuestro sistema de enseñanza en su
conjunto, pues de las listas escolares de 1888 á 89
resultó que solamente un 94 por 100 recibían instrucción elemental, y de éstos, menos de un quinto
del 1 por roo obtuvo las ventajas de los jardines de
la infancia. De las diez y seis ciudades americanas con
una población de más de 200.000 habitantes en 1890,
tan sólo cuatro, Filadelfia, Boston, Míldwankee y San
Luis, incorporaron estos jardines en gran escala á
sus sistemas de escuelas públicas. Otras cuatro, Nueva York, Chicago, Brooklyn y Buffalo, tienen asociaciones organizadas para introducir el nuevo método como parte de la educación pública libre. En
San Francisco los jardines de la infancia se mantienen sin aparente probabilidad de que sean agregados
al sistema de escuelas libres; y solamente Baltimore,
Cincinnati, Cleveland y Detroit cuentan asociaciones caritativas ó religiosas que sostienen esas instituciones. En este estado se encuentra en los Estados
Unidos la obra completa de proporcionar una educación especial á los niños de 3 á 6 años de edad.
Compárese esto con Francia, donde las escuelas ma-

mo curso, sólo que en San Francisco las escuelas no
fueron transferidas nunca al Estado, m,ientras que
en Milwankee su primera introducción se efectuó
únicamente por iniciativa pública. En San Luis, la
primera escuela se abrió en agosto de 1873, y en 1877
contabanse ya setenta. En Boston había catorce, con
ochocientos alumnos; en Filadelfia 32 jardines de la
infancia fueron en enero de 1887 traspasadas al Estado por la Sociedad de Escuelas Primarias. En octubre de 1892, de las cuatro ciudades. donde este sistema se halla más cumplidamente establecido, Boston tenía 36 jardines de la infancia con 2.008 alum·
nos; San Luis, 88 con 5.398; Filadelfia, 64 con 3.800,
y Milwankee, 30 con 2.873. En San Francisco, la Asociación de la Puerta de Oro ha
recibido desde su organización 260.000
duros, y la ciudad cuenta con 65 jardines
de la infancia libres.
El doble peligro que amenaza á esas instituciones consiste en que se tomen, por
una parte, como puro· juego; y por otra, en
que se conviertan en una mera escuela subprimaria, con libros y pizarras. Por eso no
podemos determinar su progreso en general; pero si hemos de dar crédito á informes del Inspector de Eºnseñanza de los
Ejercicio n{1m. 2. - La base de los jardines de la infancia,
Estados Unidos, vemos que aquéllos dede la cual derivan todos los juegos y ocupaciones
muestran un aumento que promete convertir muy pronto el sistema en universal.
Debe advertirse que en 1870 no se contaban en este ternales, comenzadas por Oberlin en 1771, y á las
país más que cinco jardines de la infancia. Desde que Mme. Millet comunicó nueva vida en 1823,
1870 á 1873 estableciéronse en Boston, Cleveland y adoptaron de hecho el principio y la práctica de
San Luis varios de éstos, en los que se fijó la atención Froebel, y contaban en 1887 con 741.224 alumpública por los esfuerzos de la señorita Isabel Palmer nos entre las edades de 3 á 6 años, en una población
Peabody, que es quien mas trabajó en los primeros que sólo es dos terceras partes inferior á la de los
jardines de este país. Tomando en cuenta los jar· Estados U nidos y donde la proporción de niños es
dines de la infancia públicos y privados, el sistema mucho menor.
Sin embargo, si semejantes movimientos para asese desarrolló rapidamente, según se puede ver por
gurar la educación d e una clase ó la adopción de un
nuevo sistema de enseñanza se comparan con el de
los jardines de la infancia., este último podrá considerarse sin rival en la historia de la educación nacional. La causa de esas escuelas, que redondean la obra
y suplen la responsabilidad de las madres, ricas ó
pobres, apeló al instinto mater'.la! de las mujeres
dondequiera que se presentó. El movimiento ha sido
esencialmente suyo; le han dirigido, sosteniendo las
escuelas y las asociaciones, y la misma obra se ha
de llevará cabo en todo el país. No hay ciudad, ni
pueblo, ni caserío que no ~sté dispuesto á tener su
Ejercicio núm. 5. - Sucesión de formas
asociación; y la experiencia ha demostrado que esas
escuelas no se introducirán ó establecerán nunca
sino
bajo la presión del sacrificio propio. Las difimétodos y de maestros que seguían la rígida rutina, las cifras que á con1inuación copiamos y que comcultades se han desvanecido, los maestros se multisin haber medios organizados para introducir la re· prenden datos de los cuatro años siguientes:
plican y los gastos se reducen. Ahora no se necesita
forma general.
1880
189r-2
más
que el esfuerzo personal para que el éxito sea
~
¿Cómo se había de abrir camino, pues, este nuevo
~
Escuelas.. ..
I.OOI
232
completo y la adopción universal.
413
95
método vital en el desierto de las escuelas? Pues por
Maesiros. . . .
2!0
2.242
902
524
el más sencillo de los medios, por el experimento;
Alumnos. . . .
2.809
8.871
18.78o
50.423
TALCOlT W1LLJAMS
por las mejores directoras, por mujeres que hicieron
....,,.,...,,..,...,......,.., .. ,...,.............,......,., .......,.., ...............................,..,...,......,..,... ,..,...,...
de su tarea un sacerdocio. Yo no sé que antes de
Hasta r 880, estas cifras, excepto las de San Luis,
1870 se haya publicado un solo libro en este país so- se refieren casi todas á escuelas priva&lt;las. En 1885
LA SOMBRA
bre los jardines de la infancia. El Diario americano los jardines de la infancia públicos no excedían á
de educación, fundado en 1855 y que cesó en 1881, una quinta parte del número de escuelas ni conte(Conclusión)
no había hecho sino una sola referencia á Froebel ó nían más de una cuarta parte del de alumnos. En las
á aquellos jardines, y esto no antes de haber llegado últimas cifras que se dan en esa tabla hay 724 jardi«¡De prisa, de prisa, que tengo sueño!,» decía
al tomo 28.0 ; pero en un período de cinco años nes privados con 1.517 maestros y 29.357 alumnos; Carmen Peláez, con ademán erizado de brusqueda(1871-76) aparecieron diez y siete obras, iniciando mientras que el número de esas instituciones públi- des y voz en la que había mucho de frialdad y de
una polémica al frente de la cual estuvo la señorita cas asciende á 277, con 725 maestros y 21.066 alum· dureza, i la doncella que la ayudaba á despojarse de
Isabel Palmer Peabody. Después comenzaron á pre- nos: de modo que estos últimos tienen aliara un 27 los atavíos y del traje lucidos en el baile. «¡Qué torsentarse apreciables mujeres, no pocas de las cuales por roo del total de las escuelas, un 35 de los maes- pe eres!,» exclamaba á cada instante; y sus cejas se
organizaron y abrieron jardines de la infancia libres. tros y un 42 de los alumnos. Ese aumento de los jar- fruncían, adquiriendo su divino rostro un tinte somEn Boston fué la esposa de un afortunado propieta- dines de la infancia en un período de quince á diez brío...
rio; en San Luis la hija de un hombre notable en el y seis años es tan extraordinario como estimulante,
Se recogió el suelto cabello que, 5emej?..nte á man-

NÚMERO

L\.

613

to de ébano, le caía sobre los desnudos y escultóricos hombros; dió los últimos toques á su toilette nncturnn, y dijo á. la domésticn, que sumisa esperaba órdenes: «¡Vete!»
Una vez sola empujó la puertecilla que comunicaba el tocador con el dormitorio, y entró en éste.
Encendidas estaban todas las luces. La condesita

fué lentamente, pero de modo decibivo é incontrastable, influyendo el organismo en el espíritu, hasta
que abrasado todo su ser en aquella hoguera en que
las virtudes quedaron convertidas en ceniza, inspiración satánica hizo germinase en su alma la idea del
crimen.
Primero apareció embrionaria, débil, tímida; co·
bardemente foé creciendo; con
lentitud avanzó hacia el corazón
y hacia el cerebro, y ya en ellos
los invadió rápidamente; y orgullosa de su triunfo, tomando pro•
porciones gigantescas, l?s aprisionó en las redes del od10.
Planta trepadora semejaba, que
nace raquítica, se desarrolla con
dificultad al principio; pero cuando encuentra el tronco á que ha
de adherirse, se enrosca á él, lo
estrecha, y crece y crece con in·
creíble prontitud.
Decidida ya, no esperó Carmen para ejecutar el infame proyecto muchos días. Las vehem:ncías de su temperamento la 1m·
pulsaban á realizar aquél, y su
conciencia nada oponía á ello.
Una noche, las alas fatídicas
del ángel del mal se agitaron en
la conyugal estancia, produciendo un rumor de lúgubres resonancias. Hálito ponzoñoso en-

avanzó; pero en su andar se advertía algo de indecisión; había en sus pasos tortuosidades, serpenteadores movimientos en su cuerpo estremecido á veces
por súbitas é inexplicables sacudidas nerviosas. Miró
con mirada recelosa, al par que espantada, en torno
suyo, y después un destello de alegría mefistofélica
brilló en sus ojos, una leve sonrisa dilató sus· labios,
y su pecho mórbido y redondo se alzó, dejando ancho camino á un suspiro de satisfacción.
Resueltamente adelantó hacia el lecho, entró en
él, y bien arropada ya quedó inmóvil, pero con los
ojos abiertos, muy abiertos, como si causa poderosísima le impidiera cerrarlos. Por fin, el sueño con sus
letárgicos besos, fué entornándole suavemente los
párpados hasta cerrárselos por completo.
Dormía, sí, dormía; pero era aquél un dormir intranquilo, un dormir zozobroso, como si una pesadilla embargara su espíritu desgarrándolo con torturas
de infierno.

No hay máscara que oculte las deformidades del
alma como un rostro hermoso.
Carmen Peláez, que parecía un ángel, guardaba
allá en los senos más hondos de su ser, en los rincones más obscuros de su espíritu, una historia de trágicos horrores.
Casada sin amor con un viejo millonario de estirpe nobilísima, sintió á poco de compartir su lecho
con aquel hombre decrépito espolazos formidables
del deseo, desordenados apetitos de la carne, anhelos de placeres nJ gozados, de felicidades vislumbradas, pero no sentidas; esas ansias sin nombre, indefinibles, vagas, pero imperativas, apremiantes, que envuelven en ardorosas llamaradas el cuerpo y hacen
qu~ ráfagas de vértigo crucen siniestras por el ce·
rebro.
En aquel lecho de tristes nupcias lloraba Carmen
todas las noches, con lágrimas amarguísimas, la des-.
consoladora y espantosa viudez que sufría en su matrimonio; y consumida en el fuego de sus pasiones,

623

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

venenó la atmósfera; y allá, en el lecho, se
escuchó la respiración anhelante del infeliz
conde de Peñaobscura. Después la respiración se hizo fragorosa; luego sólo se percibió el débil, el quejumbroso silbido del aire
al salir de los pulmones y pasar por los labios entreabiertos; más tarde un largo_suspiro,
y por último nada.
En aquel mismo lecho brillaron en la sombra toda la noche, sin obscurecerse un momento, dos puntos luminosos, fosforescentes,
que á veces despedían cárdenos resplandores
como de relámpago.
Cuando hubo amanecido, los ayes y lamentaciones de la condesa atrajeron á la servidumbre, que encontró inerte, rígido, frío, tendido en el lecho, con expresión de augustia
infinita en el rostro, el cadáver del marido
sin ventura.
Se esparció la noticia, y acudió el médico de
la casa, quien, ignorante ó necio, certificó que
el conde había fallecido á consecuencia de
una súbita é imprevista congestión cerebral.
Verificado el entierro con la pompa y ostentación
de rúbrica en tales casos, y pocos días después, Carmen Peláez entraba en posesión del título y bienes
de su difunto esposo por anterior disposición testamentaría del mismo.
El veneno había sido un amigo discreto para aquella mujer sin entrañas.

¡Hay Dios, sí, hay Dios! ¡Dulce consuelo para los
buenos!
Rica, libre, hermosa, joven, ¿qué más podía desear

D. rnANC!SCO VALIENTE,

pintor costarriqueño

para ser feliz? Y sin embargo, Carmen Peláez no lo
era. ¡Sublimes sarcasmos del destino! 11 voluntad
humana se estrella ante la justicia divina: del mal_no
nace más que el mal; el crimen obstmye el cammo
de la dicha...
La condesita, como ya empezaban á llamarla en•
tonces, transcurrido el tiempo durante el cua_l los
formalismos sociales la condenaban á sufrir retirada
en su casa los rigores del luto, comenzó á asistir á los saraos, á las fiestas, á toda clase de diversiones. Y s~
mostró tan ocurrente, tan dispuesta a
reir, tan amable y discreta, que pronto
fué la animación de las tertulias y reuniones y la estrella de los salones elegantes de la corte.
.
.
Nadie advertía aquella febnl ans1e·
dad de placeres y de emociones, aquel
deseo constante 'de aturdirse en los
vertiginosos transportes del baile; nadie, nadie advertía que Carmen Peláez
buscaba el ruido, la agitación; y los
buscaba como el desdichado busca, en
las somnolencias de la embriaguez, el
reposo para su torturado espíritu. .
¿Era remordimiento? No. ¡El tigre
jamás lo siente! Era miedo, era el instinto de conservación agobiado de zo·
zobras y de cobardes recelos.

Bl!.LUZAS COSTARRIQUEÑAS,

retratos pintados por D. Francisco Valiente

Cuando dejaba caer su cuerpo en el lecho y su cabeza en la almohada para encontrar el descanso apetecido, después de las fatigas ocasionadas por el placee, de allá, de un extremo de su dormitorio, veía
surgir una sombra, al principio disforme, pero que
lentamente se espesaba, adquiriendo precisión sus
contornos, tomando cuerpo, consistencia de cosa
real; una sombra amenazadora que agitaba en el aire

�OBRAS MAESTRAS DEL ARTE

EL PRÍNCIPE GUILLERMO II DE ORANGE Y SU PROMETIDA LA PRINCESA MARÍA ENRIQU ETA STUARDO,
LA DESPEDIDA, cuadro de D. Laus-ée (Sa16n de París, 1893)

cuadro de Van Dyck, existente en el Museo de Amsterdam

�LA
unos brazos esqueléticos; una sombra que á sus ojos1
desmesuradamente abiertos por el espanto, tenía todas las apariencias del conde infeliz, sin piedad asesinado.
La primera noche que aconteció esto la pasó presa de angustias sin término, de un terror sup:emo;
quiso gritar y la voz se apagó en su garganta; mtentó incorporarse y huir y no pudo moverse,. p~e_s se
hallaba sujeto su cuerpo por las cadenas mvisibles
del miedo.
Con las claridades del alba, se d isipó la obsesión;
y la antes atribulada condesita, ya serena y tranquila,
consideró puerilidad de niño asustadizo lo ocurrido,
y quedó dormida.
Llegó la noche siguiente; al · entrar en su dormitorio, de uno de los rincones le pareció que surgía la
sombra; hizo un esfuerzo, y sonriéndose se acostó;
pero apenas hubo entrado en el lecho, la sombra
brotó ante sus ojos más cerca, más grande, más amenazadora; el pavor esclavizó de súbito todo su ser, y
quedó inmóvil, muda, con la boca entreabierta, los
labios temblorosos, el pecho estallante, mirando, mirando sin cesar, como atraída por ella, á la fantástica
aparición. Y vió cómo aquellos manchones de sombra
que semejaban brazos iban extendiéndose, extendiéndose; cómo la amenazaban aquellas manos enormes,
y cómo se crispaban y retorcían aquellos dedos filamentosos.
Y así permaneció sin voz, sin movimiento, absorbida por la sombra fatídica de trágicos augurios, hasta que las rosáeas luces del día desvanecieron la apa rición. Mas ¡ay! esta vez la sonrisa no agitó sus labios, el sueño no vino á prestarle consuelos, y la doncella que á la hora acostumbrada entró á despertarla,
supo que la señora estaba enferma.
Una idea aterraba á la condesita: la sombra de su
marido quería vengarse, y quería vengarse estrangulándola con aquellas manos sarmentosas y aquellos
dedos que parecían garfios y que ella había visto agitarse amenazantes.
Desde entonces, como la obscuridad la atemorizaba, ordenó que en su dormitorio colocaran varias luces y que estuvieran encendidas siempre, durante
toda la noche. Pero á pesar de ello, no pudo verse
libre de la espantable aparición.
Al pasar cerca de cualquier sitio en donde se espesaba un poco la sombra, surgía imponente y colérica, amendrentando el espíritu de Carmen Peláez y
haciéndola huir despavorida.

***

La noche en que Pepito refirió en el baile la que
él llamaba extravagancia de la iluminación, la condesita se quedó profundamente dormida á los pocos
minutos de acostarse.
La lluvia caía, p roduciendo sordos rumores, y el
viento azotaba con furia los aleros de los tejados. Era
una cruda noche de otoño.
Una ráfaga del huracán, que gemía lúgubremente
al estrellarse en las paredes de las casas, abrió de
pronto y con estruendo la mal cerrada ventana del
dormitorio de Carmen, y apagó de un soplo las encendidas lámparas.
E l ruido la despertó; y al abrir los ojos, la sombra
fatal, el fúnebre fantasma, apareció ante ellos respirando odio, reclamando venganza, haciendo contorsiones, moviendo los brazos y avanzando, avanzando
lentamente hacia el lecho.
La hermosa no &lt;lió un grito, no exhaló un ¡ay!, vió
adelantar hasta ella la sombra, la percibió cerca, muy
cerca; sintió la opresión de aquellos d edos en su gar·
ganta y cómo iban apretando, apretando.
Se ahogaba, no podía más. El pecho quería estallarle: ¡qué angustia!, ¡qué agonía! Frío sudor inundó
su frente; los ojos se le enturbiaron, algo como una
niebla obscureció su cerebro y, por último, una violenta sacudida estremeció, cqn estremecimientos de
epiléptico, su cuerpo, que volvió á quedar inmóvil.
El viento seguía resonando con lúgubres sones, y
la lluvia cayendo con rumor monótono y triste.

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

El médico manifestó que la s~ñora condesa de Peñaobscura había sucumbido á consecuencia de un
ataque apoplético.
¡Allá la ciencia· con ello! Pero los que estamos en
los secretos de la vida de Carmen Peláez, los que sabemos su dramática historia, creemos y seguiremos
creyendo que murió estrangulada por la sombra, por
aqµella sombra vengadora.
¡Hay Dios, sí, hay Dios! ¡Dulce consuelo para los
buenos!
Jos É DE ROURE

En el bosque de Boulogne. La batalla de flores, cuadro de Harry Finney. - De todas las fiestas

NúMERO

y que sus treinta soldados nubios hablan sido también asesinados y comidos por los salvajes. Esta noticia la supo po~ cuatro
conductos di•tintos. Emfo habla atravesado el pais de Ricumba,
y habiendo llegado á la residencia de un jefe de un grupo de
árabes, le preguntó que adónde iba, á lo que c?~test6: «Voy á
la costa.&gt; Entonces otro árabe le apostrofó d1c1éndole: «Eres
Emin-Bajá, el que ha matado árabes en el Ia_go Victoria. ¡ Voy
á matarte!&gt; Y desenvainando un largo cuchillo le cortó la
beza, siendo inmediatamente muertos y devorados los nubios
que componían el séquito del explorador. M. Swamm ha dado
orden de buscar los papeles de Emln: según una correspondencia de Nyangué, Emín-Bajá fué asesinado el día 26 de febrero
á orillas del Lualaba por el árabe Sai&lt;lie. Emín, desde que se
separó de Stanley, habla sido el ldolo de los colonos alemanes.

:ª·

La despedida, cuadro d_e D. ~augée. -: Laugée es
uno de los pintores que en Francia cultivan con mas provecho
el género histórico; pero de cuan~o en cu~ndo sale de París y
se retira al campo, en donde acopia materiales para hermosos
cuadros ruralistas, de los cuales La despedida, expuesto en el
último Salón, ha sido uno de los más ~logiados: justisimas nos
parecen las alabanzas que ha merecido, pues el g~upo de l_a
madre anciana y de la muchacha que de ella se despide para u
á servir como criada á la ciudad vecina constituye una hermosa
nota de sentimiento.
El general Miribel,jefe del Estado Ma_yor fran-

que la moda ha introducido y entronizado en las grandes capita- cés. - Francia acaba de experimentar una pérdida grande,
l~s, ninguna tan bella
la batalla de llores, en la que com- casi irreparable, con la muerte del general Miribel. Nació éste
bmados por manos artist1cas osténtanse en toda su magnificen- en 1831 en Montbonnet (Isérel y después de haber hecho sus
cia los más hermosos encantos de la naturaleza. Y no es éste estudios en la Escuela politécnica y en la de aplicación de
el solo atractivo que tiene: sobre fo:ido de camelias, gardenias, Metz, comenzó su carrera militar en 1855 tomando parte como
claveles, rosas, nardos ó lirios destacan las más graciosas femeniles figuras que arrojan sobre las de otros coches ó sobre la
multitud que á pie pasea lindos ramilletes, perfumados proyectiles cuyo golpe recibe con sensación dulclsima el feliz mortal
á quien van dirigidos. E l notable cuadro de F. Harry Finney
da perfecta idea de un detalle de esa fiesta en Paris, y por él
puede forma rse concepto del conjunto, multiplicando por mil
ó más el coche cubierto de flores que representa y la joven elegante que desde él dispara diminutos b()uquets, y poblando
con la imaginación de jinetes el paseo y de curiosos la pista.

;º~º

Vistas de Costa Rica. - Los graltados que publica·
mos en la página 621 reproducen algunos de los monumentos
y lugares más interesantes de las ciudades de San José y Puerto Limón: la primera es capital de la floreciente república de
la América central y cuenta 19.326 habitantes; la segunda lo es
de la comarca de su nombre, y a pesar de su·escasa población
(2 144 habitantes) es un puerto muy importante del Atlántico
que está unido con San José por medio de un ferrocarril que
atraviesa también las provincias de Cartago, Heredia y Alajuela y una de cuyas estaciones, la de Reventazón, representa
uno de los grabados de la lámina.
Bellezas costarriqueñas, retratos pintados por
José Valiente. - Es el Sr. Valiente oriundo de Colombia
y cuenta hoy treinta y un años; hizo sus estudios de literatura
y filosofía en Cartagena, y obtenido el grado de bachiller comenzó la carrera de Medicina, que hubo de abandonar al fallecer sus padres, dedi:ándose entonces al estudio de la fotografía y de la pintura, á la que desde su niñez habla mostrado
gran afición. En 1880 trasladóse á Costa Rica y de alll á los ·
Estados Unidos, en donde visitó con gran provecho los mejores talleres fotográficos y estudios de pintores, estableciéndose
algún tiempo d.espués en San José de Costa Rica, en donde
alcanza actualmente continuos lauros como fotógrafo y como
pintor. En la Exposición nacional costarriqueña de 1886 obtuvo dos medallas de primera clase y la Academia universal de
Ciencias y Artes de Bruselas le ha distinguido con la medalla
é insignia de primera clase. El Sr. Valiente es el pintor favorito de la alta sociedad de Costa Rica, y los retratos de las
beldades costarriqueñas que reproducimos justifican el favor de
que allí goza el distinguido artista.

El célebre explorador africanista .Emin-Bajá..
- Todas las dudas que desde hace algún tiempo se tenian acerca de la suerte de Emin-Bajá han quedado desvanecidas con el
relato que de su muerte acaba de hacer á su llegada á Londres
M. J. A. Swamm, residente hace tiempo en Ubiqui, en el lago

EL GENERAL MIR IBEL, jefe del Estado Mayor general francés,

fallecido en 12 de septiembre de 1893
oficial de arlilleria en la campaña de Italia, en la que o~tuvo
la cruz de la Legión de Honor por su conducta en. ~aJenta.
Herido en Solferino, al fin de aquella guerra era cap1tan y con
este grado empezó la campaña de México, después de la cual
fué nombrado oficial de la Legión de H?nor y más.tarde agregado militar en Rusia, puesto que deJÓ vol~~t~namente_ en
1870. Colocado al frente de la arli!lerfa de lad1V1s1~n Mauss1ón,
batióse en Chatillón, en Malma1són, en Champ1gny, donde
obtuvo el grado de coronel, en Bourg~t. y Buzenval. En 1875
fué nombrado general y á poco el mm1stro de la Guerra Rochebouet lo eligió como jefe de Estado Mayor. Nombrado en
1888 comandante del 6. 0 cuerpo de ejército, ocupó este puesto
hasta que Mr. Freycinet, ministro de la Guerra, 1? ll~mó á _l~s
funciones de jefe del Estado Mayor general del eJérc1to. ~1lr1bel era con razón considerado como un estratégico de pnmer
órden: ha establecido cinco planes de defensa de la frontera
francesa del Este, ha estudiado la defensa del Jura y se ha
ocupado últimamente de la frontera de los Alpes. Ha muerto
después de haber terminado el programa que se ha~ia tra~do,
y su muerte ha sido con~i~erada CO)llO una desgracia na&lt;;1onal
en Francia, en donde Mmbel constituía un or!(UIIO legítimo Y
una fundada esperanza.

Guillermo II de Orange y María Enriqueta
Stuardo, cuadro de Van Dyck;. - De éste, como de
otros muchísimos cuadros del célebre pintor flamenco qu~ ~emos publicado, nada podri_amos decir que ~o fuese repet1c1ón
de lo que en distintas ocasiones hemos consignado. El nombre
sólo de Van Dyck vale por toda una explicación y lleva en si
mismo la mejor critica. Pero ya que no hablem~s del cuadro
ni de su autor, séanos permitido -llamar la atencipn sobre las
innumerables bellezas del grabado, cuya finura de ~etalles, suavidad de tonos y limpieza de lineas llegan al máximo de cuanto puede alcanzar el arte del buril y justifican la fama de que
goza el renombrado artista francés Carlos Baude.

D . José Joaquín Rodríguez ~ctual p_residepte de la República de Costa Rica. - Nació el senor

La aurora con sus tintas de oro y nácar alumbró
á la mañana siguiente, al bañar con suaves claridades de ópalo el dormitorio de Carmen Peláez, un
cuadro sombrío.
La condesita, la hermosa inspiradora de tantas ilusiones y de amores tan profundos, la que fué encanto de cuantos la miraron, ya.cía sin vida en el lecho.
Pero ¡qué transformación había operado la muerte
EL CÉLEBRE EXPLORADOR AFRICANISTA EMÍN-BAJÁ
en su rostro, siempre tan divino! Estaba lívido, desencajado, horrible; con los ojos ya sin luz, abiertos,
.
..
muy abiertos, como mirando con ansia á la eter- Tanganica, co~~ agregado de las so_c1edades. m1s1?neras.
·

NúME.L&lt;.O 613

M. Swamm rec1b1ó nace poco, en su citada residencia, una

mdad.
,
,
,
carta en que se le preguntaba qué debía hacerse con los efectos
¡Qué agoma mas tremenda, mas cruel, su agonía! 1de Emín-Bajá, en vista de lo cual hizo varias investigaciones
¡Cuán hondos misterios encerraba aquel cadáver!
y supo que Emín hal.,fa sido asesinado en el pais de Manyema

Rodriguez en San José, capital de la República, en 1837, y en
1856 pasó á estudiar la carrera de Uerech? en Guatemala, en
cuya universidad conquistó uno de 1os_ pnmeros p~estos. En
1862 regresó á su patria, en donde termmó sus estudios, alcanzando bien pronto gran nombraclfa como abogado. En 1870
fué nombrado magistrado de la Corte Suprema, cargo de que
Je desposeyó á los cuatro años la dictadura; en 1880 fué elegido
diputado en la Constituyente convocada por _el general D. Tomás Guardia· en 1886 nombrósele secretano de Estado y en
1888 Presid~nte de la Corte Suprema, y en I. 0 ?e dlciembr_e
ele 1889 una inmensa ma_yoria del pu~blo costamqueno le eligió para presidir los desunos de la nación en el periodo _d e 1890
á 1894. D. José Toaquin Rodríguez es hom?re de espintu rcc·
to de carácter enérgico y sencillo, de hábitos de orden y econ¿mla, trabajador, católico cumplido á la v~z que tolerante y
fiel observador de la ley, y goza de una cuantiosa fortuna debida á su solo y honrado esfuerzo. En el _tiempo _que l!eva _al
frente de la República ha reformado la mstr~cc1on priman~,
ha organizado la inmigración que antes no ex1stfa, y su a_dm1nistraci6n marcará una época célebre en los ar.ales costarnque·
ños por su pureza en el manejo de los fondos nacionales.

613

LA ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL, - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

= ¡Qué! ¿Ese e¡¡ el partido qu~ se toma? ¡Qué! ¿~or mento salido de sus labios vino á decidir la victoria.
¿Qué hacer en tal contingencia? Se reunió consejo
- ¿Y vamos á abandonar así á nuestros amigos, á
de oficiales, al que fueron admitidos los contramaes- algunos presagios de mal auguno vamos á renunc1~r
tres. Y era tal la angustia que todos sentían, que cuan- á. una victoria que todo nos hace e~p~rar? ¿No veis nuestros hermanos que están en tierra? ¿Cómo imaginar que podamos hallarlos hacia el Sud cuando han
ido hacia el Norte?
Tenía razón· todo indicaba que los expedicionarios no querie~do seguir la península á lo largo de
las ~ostas acantiladas, la habían atravesado, y que les
aguardaban más arriba. Retroceder era dejarlos sin
víveres en una costa inhospitalaria.
- Vamos, señores, un esfuerzo, uno nada más,
añadió Isabel. Todo me dice que en breve vamos á
ver el límite de esta muralla, en forma de un cabo ó
una playa que la bruma nos oculta, pero que la experiencia nos dice que debe estar en el 81° paralelo.
Vamos, ¡cobrad ánimo por nuestra propia gloria y
por la de Francia!
Todos los hombres se levantaron electrizados y un
solo grito salió de todos los labios:
- ¡Adelante! ¡Viva Francia!
y el comandante Lacrosse dió orden de activar los
fuegos.
,
Isabel tuvo razón y se cumplió una vez mas el refrán: «De audaces es la fortuna. » Al cabo de unas
horas de navegación cambió el viento y _los hielos se
convirtieron en un mar completamente libre, en cuya
azulada superficie se veían algunos témpanos aislados
que huían como gaviotas presas de espanto.
Entonces se advirtió que ro millas más al Norte
terminaba el acantilado en u-na punta estrecha y baja.
Cuando el buque, que navegaba .con una velocidad
de quince nudos, h~b_o llegado á la altura del promontorio se pudo d1V1sar el mar azul que se extendía hasta'. perderse de vista, en tanto que la costa
groenlandesa volvía á torcerse hacia el Noroeste.
De repente estalló una ?etonación so?re la costa.
Miraron los navegantes y vieron una débil humareda
sobre aéantilados bajos. Los compañeros estaban allí.
Sobre la cubierta de la Estrella Polar sonaron entusiastas hurras y el navío, ciñéndose á la costa, fué
á echar el ancl; muy cerca del cabo tan gloriosamente doblado.
- Este cabo, exclamó el comandante Lacrosse descubriéndose, no puede llevar sino un nombre, el de
la mujer heroica que nos ha devuelto nuestro valor.
De aquí en adelante se llamará el Cabo Isabel.
Durante los días sucesivos continuó felizmente la
navegación hasta que el 28 de mayo, cuatro semanas después de la salida del cabo Ritter, el buque
echó su ancla en la punta más septentrional de la
Groenlandia, á los 83° 54' 12'. Desde_ allí la costa se
dirigía hacia el Sudoeste. En el horizonte se abría
una bahía y en el centro de ella había una isla, que
se reconoció en seguida por la de Lockvood, y al
final de aquel hermoso panorama aparecían las negras rocas del cabo Alejandro Ramsay.
Se había llegado al promontorio que los dos héroes de la misión Greely habían bautizado, sin pisar
el suelo, empero con un nombre c~ro _á todos los corazones americanos : el cabo Washmgton. Desde
aquel momento todos los predecesores quedaban
Sobre la cubierta de la Estrella P()/ar sonaron entusiastas hurras
distanciados; Francia había ido más lejos.
La alegría fué inmensa entre los marinos y nado el segundo contramaestre Riez propuso volver que retroceder es casi lo mismo que renunciar al re- die dudaba ya del buen resultado final. Con adelanhacia atrás, solamente el comandante Lacrosse y Hu- sultado de la expedición? Una de dos: retrocediendo, tar 6° 41, ó 606 kilómetros, se pisaría el mismo polo.
berto d'Ermont se mostraron opuestos á ello.
ó volvemos á Francia ó al cabo Ritter. ¿Qué ganamos
El cielo se mostraba enteramente propicio. AqueLo que acabó de dar más fuerza á tal determina- en el último caso? Un retroceso de cuatro grados no lla costa que Lockvood y Brainard habían_ hallado
ción fué que el vigía anunciaba la aparición de un puede mejorar nuestra suerte. Estamos á 169 millas rodeada de hielo, pero de la cual habían visto desejército de témpanos. El parecer de la ~ayo~ía se del punto que Lockvood y Brainard alcanzaron, des- prenderse al año siguiente los nevados bancos, estahabía impuesto, y el comandante Lacrosse iba a dar, provistos de todo recurso y á pie. La buena estación ba completamente libre dé su frío cinturón.
bien á su pesar, la orden de torcer el rumbo, cuando se acerca y tenemos víveres en abundancia. ¿Y en taEntretanto el termómetro marcaba temperaturas
Isabel de Keralio apareció en la sala.
les condiciones abandonaríamos la lucha? ¿Hemos verdaderamente excepcionales. Durante algunos días
Por costumbre se hablaba delante de ella de cuan- de declararnos vencidos al primer obstáculo? Nadie llegó á señalar 14, 16 y r 8 grados sobre cero, cosa
to interesaba á todos, y jamás se le ocultaban las re- os dice que dentro de unas horas no termine ese que no era natural durante aquella estación.
soluciones que se habían tomado. En breves palab_ras acantilado, ya que un límite ú otro ha de tener. ¿Soy
Los navegantes aprovecharon aquella temperatura
le &lt;lió cuenta el comandante Lacrosse de lo que iba yo, una mujer, la que ha de recordaros que esas rocas más que templada para hacer excursiones por el iná hacerse; pero no pudo por menos de hacer constar no son sino un accidente del suelo, un levantamiento terior, cuya vegetación les pareció muy abundante y
su opinión contraria en tales términos:
intermitente de la corteza terrestre? Mañana, pasado espléndida· para tales latitudes, y para comprobar t~- Por lo que á mí toca, dijo, siempre he pensado mañana á más tardar, el sol nos habrá dado una tem- dos los descubrimientos de sus predecesores y rectique el hombre que va hacia adelante tiene más pro- peratura más templada y el mar estará libre. Los hie- ficar sobre un nuevo plano la inexactitud en que hababilidades de buen éxitQ que el que retrocede, y los que ahora se señalan no pueden ser sino un resto bían incurrido. Se cazó en abundancia. Bueyes alque, á falta de valor, el mismo interés aconseja siem- del pack que hemos ya atravesado.
mizcleros, osos, pt:irmigans, eiders, dovekíes y demás
pre ir hacia adelante.
Hablaba con tal emoción y con convicción tan seres que pueblan aquellas regiones proporcionaron
La joven no pudo contenerse y exclamó:
grande, que la asamblea vacilaba. Un último argu- carne fresca y buenas reservas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
Finalmente, el 10 de junio, ante el mar libre, se
decidieron á tomar tierra y hacer los preparativos
para la segunda invernada.
El sitio se escogió con gran cuidado, al abrigo de
los vientos del Norte y protegido por una verdadera
barrera ele rocas. Entonces pudo comprobarse que el
cabo Wáshington se halla situado exactamente á
11
los 83° 35 6 de latitud boreal y á 42° 12 1 de longi•
tud occidental. Quedaban, pues, todavía por recorrer 1 ° 24' 5411, ó sean 141 kilómetros 484 metros,
antes de alcanzar el 85° paralelo.
¿Qué hallarían allí?
¿Sería una tierra nueva, una isla fragmentaria de
Groenlandia, pero más vecina del polo, ó bien un
vasto contine nte helado que llegara hasta el polo y
que quizá le rebasaba para continuar hacia el Norte
de Siberia, adelantando, aquí y allá, alguna península
desconocida, de la cual la tierra de Francisco José,
descubierta en 1871 por Payer, no sería sino un pro·
montorio?
Tan lejos como alcanzaba la vista, sólo se descubría el mar libre.
El comandante Lacrosse se aprovechó de ello para
hacer avanzar cuanto pudo la Estrella Polar hacia
el Norte, pues como el verano de aquellas regiones
dura apenas dos meses, todo aconsejaba á los expe•
dicionarios que adelantasen entonces cuanto les fue.
se posible. Con él beneplácito de todos y entre el
general entusiasmo, las hélices del navío atornillaron
las olas y la Estrella Polar marchó hacia adelante.
Después de veinte millas de navegación se encon•
traron numerosos témpanos procedentes del deshielo
de algún fiord convertido en glaciar, y diez millas
más lejos se tuvo que adelantar con muchísimas precauciones, porque los témpanos se espesaron más,
denunciando la existencia de un pack, del cual se
adivinaba la presencia.
Se había ya rebasado el 8-lº paralelo, cuando el 18
de junio el vigía gritó ¡tierra/, y á unas diez millas
de distancia hacia el Norte pudo verse una cadena
no interrumpida de colinas encerradas en un marco
colosal de hielo adherido á las costas.
La Estrella Polar, cambiando de ruta, costeó el
obstáculo hacia el Oeste, esperando encontrar una
salida. Pero no fué así. La zona de hielo y tierra continuaba indefinidamente y los expedicionarios tuvieron que convencerse de que, en lo sucesivo, la vía
marítima se cerraba para ellos.
Se tomó la altura del sitio en tanto que inútilmen•
te se buscaba un punto á propósito para anclar. Ni
á 200 ni á 250 brazas se halló fondo, y esto creaba
una mala situación al buque.
El Sr. de Keralio reunió á sus oficiales.
- Señores, les dijo, desde ahora tenemos el derecho de mostrarnos plenamente satisfechos del re5ultado de nuestros esfuerzos. Nadie ha ido tan lejos por
el camino del polo, pues nos hallamos á los 84° 35'
de latitud boreal. Sin esa malhadada barrera que el
pack opone, llegaríamos hasta el 85° paralelo. Pero
lo que el camino no puede hacer, quizá sea factible
por tierra. Veinte kilómetros apenas nos separan de
la isla que allá vemos, y por lo tanto, voy á tomar el
mando de algunos hombres para tratar de llegar hasta
allí. Nos llevaremos víveres suficientes para una larga
marcha, y Dios mediante espero que llegaremos á
ese punto desconocido del globo, que ha sido ya objeto de tantas tentativas heroicas.
Algunos trataron_ de disuadirle de su resolución,
pero el Sr. de Keralto no los escuchó, afirmando que
los años no le estorbaban todavía para llevar á cabo
la e~presa, y que, puesto que era él quien había organizado y costeado la expedición, podía, sin que se
le tachara de exceso de egoísmo, apropiarse el mérito
del descubrimiento.
- Estoy persuadido, exclamó en un arranque de
entusiasmo, que detrás de esa barrera hallaré el mar
libre.
Ante aq:.iella resolución anunciada con tanta fir.
meza, sus compañeros se inclinaron y sólo se ocupa
ron en organizar la expedición.
Po~ la mañana del 2 r se desembarcó el mayor de
los tnneos para poder colocar en él una barca por si
?e encontraban vías de agua Como el Sr. de Keralio
iba á emprender una tentativa decisiva, se decidió
que se llevara el globo y las piezas del submarino,
que se cargaron sobre dos trineos más y que se hallaban destinados á investigaciones aéreas y submarina·s.
Hasta _entonces se había mantenido el m·ás impenetrable secreto acerca de los medios que se querían
emple~r para aprovechar aquellas máquinas, en las
que, sm embargo, todo el mundo fundaba grandes
esperanzas.
El Sr. de Keralio tuvo que someterse al parecer
de todos, que era que llevase la mayor gente posible,
pues bien se necesitaría para el arrastre y para el manejo de aquellos inventos.

La tripulación de la Estrella P olar quedó, pues,
reducida al mínimo indispensable. Isabel permaneció
en ella para cuidar á los enfermos, ayudada por la
pobre Tina Le Floc'h. El comandante Lacrosse re·
tuvo cerca de él á los tenientes Pól y Hardy y al cirujano Le Sieur, pues nadie pudo disuadir al doctor
Servan de acompañar á su amigo Keralio en aquella
expedición, de la cual todos comprendían la importancia. También formó parte de ella Huberto, pues
era casi necesaria su presencia para el manejo de los
artefactos que se iban á ensayar.
Se separaron el mismo d ía para ponerse en cami•
no, quedando convenidos en que el vapor buscaría
á toda costa un desembarcadero, bien al Este, bien
al Oeste de la tierra divisada para procurar establecer
comunicación con los excursionistas.
Quedó convenido también que si la tierra descu•
bierta era una isla los exploradores volverían atrás
antes de tres semanas, y hechas estas recomendaciones se separaron, hundiéndose la pequeña columna
en la zona de los hielos, en tanto que el vapor nave•
gaba con rumbo al Este.
La precaución de apartarse de aquellos parajes fué
tomada muy á tiempo, puesto que el 22 se desencadenó un temporal deshecho que producía olas enormes, lo cual indicaba la gran profundidad de aquel
mar, y témpanos gigantescos saltaban á guisa de
monstruos prestos á devorar el navío. Dos días después de correr aquel temporal, la Estrella Polar entró en una región de calma, á los oº c.' 3" de longitud
oriental á medio camino del Spitzberg. Como el mar
se mostraba libre y no se veían más tierras en lonta•
nanza, el buque navegó atrevidamente hacia el Norte
y así llegó hasta el 85° paralelo.
Aquel triunfo fué acogido con gritos de entusiasmo y de júbilo por la tripulación entera. Ningún hom•
bre había llegado á latitud tan alta. El comandante
Lacrosse reunió á toda la gente sobre cubierta y les
dirigió una corta alocución, en presencia de Isabel de
Keralio. El cielo estaba sereno, el mar libre, la atmósfera templada, y á no ser por la presencia de algunos témpanos la expedición hubiera podido creerse
en las zonas medias del globo, allí donde crecen árboles y frutos y pacen los rebaños y las aguas del mar
están tibias por el sol que las calienta. Para colmo
de fortuna, los cuatro enfermos que aún quedaban
en cama pudieron levantarse y unirse á la general
alegría.
Para dejar en lo posible huella de su paso los na·
vegantes echaron al mar un barril vacío y cuidadosa·
mente alquitranado, dentro del cual se había ence·
rrado la declaración siguiente, escrita en pergamino:
«Hoy sábado 26 de junio de 189.... el navío la
Estrella Polar, perteneciente al Sr. de Keralio, comandante Lacrosse; tenientes, Hardy, Poi y Remois;
doctores, Servan y Le Sieur, llevando á bordo la señorita de Keralio, Corentina Le Floc'h, su nodriza, y
veinte hombres de tripulación, de los cuales seis es•
tán enfermos, pero sin gravedad, después de haber dejado en tierra, á los 84 grados de latitud septentrional
y 41 de longitud occidental, á los Sres. de Keralio, jefe
de expedición; H. d'Ermout, teniente de navío con
licencia ilimitada; el doctor Servan, el químico Schne•
cker, veinte hombres de tripulación, entre los cuales
va el primer contramaestre Guerbraz, y treinta perros,
todos dispuestos á hacer una exploración por vía te·
rrestre, ha salvado felizmente el 85° paralelo, á las
once y cuarenta y cuatro de la mañana. Cielo claro,
sol espléndido, temperatura 7 grados; ninguna tierra
á la vista. ¡Viva Francia!»
Seguían las firmas de todos los viajeros presentes.
El barril fué llevado á popa, donde había el cañón
de salvas, y en el inomento en que el cañón dejó
oír su voz de bronce, hurras frenéticos saludaron la •
explosión.
Después se celebró un banquete á que asistió todo
el personal y se pronunciaron muchos brindis por el
buen éxito de la exploración.
Como sólo faltaban cuatro días para el 1.0 de julio;
como se sabía, además, que no podía confiarse mu·
cho en la duración de aquella calma, Lacrosse decidió poner proa al Oeste, á fin de juntarse con los
exploradores antes de la fecha designada para la
reunión.
VIII
AIJ IÓS Ó HASTA LA VISTA

El 28 la Estrella Polar estaba á la vista de la isla
descubierta una semana antes. Al día siguiente echaba ancla en una rada admirablemente abrigada y cuyos niveles en pendiente suave facilitaban el acceso.
En seguida se desembarcó, y un pelotón, compues·
to de Isabel, del comandante Lacrosse y de ocho hom•
bres, se ocupó en investigar activamente el interior.

NúMERO 613
La joven experimentó gran alegría al ver rota de
aquel modo la monotonía del viaje.
Desde la partida de la columna sentíase invadida
de una tristeza creciente.
Sin que pudiera explicárselos, siniestros presentí•
mientas asaltaban su espíritu. Su corazón se oprimió
al despedirse de los individuos de la expedición y al
presentar su frente al beso paternal. Aquel beso ha·
bía dejado en su alma como una huella de luto. Mil
pensamientos la torturaban, haciendo surgir ante sus
ojos espantosas visione3. La región desolada que
atravesaban no era ciertamente propia para alegrar la
mirada, á pesar de la presencia del sol que lucía pe•
renne en el horizonte.
Pasado el solsticio, la joven creyó haber vuelto á
la eterna noche polar, según los sombríos pensamientos q¡ie asaltaban su alma.
.
Pero no quiso rendirse y procuró cuanto pudo distraerse y vencer su tristeza. El piano volvió á ocupar
su sitio acostumbrado en el salón, y la música la ale·
gró un ~anto, lo mismo que á sus compañeros que,
como ella, también se sentían ganados por la melancolía de aquellas zonas mortales.
P ero á fa larga también la cansó la música, é Isa·
bel no puso los dedos sobre el teclado sino para distraerá sus compañeros de viaje. Trató entonces de
entregarse á ocupaciones más fútiles, pero la lectura
ta mpoco la distrajo sino á medi~s.
. .
Así es que acogió con entusiasmo la propos1c1ón
de desembarcar.
No tenía para acompañarla á Guerbraz, pero le que·
daba á su fiel Salvator.
En compañía de su perro saltó, pues, el 30 de ju•
nio sobre la isla, ó mejor sobre la arista larga de unos
50 kilómetros y ancha apenas de tres ó cuatro, y escaló la cadena de montañas que la atravesaba en to•
da su longitud.
T enía necesidad de estar sola. La violencia que se
hacía sobre sí misma desde hacía tantos días, ó me·
jor dicho desde la separación de los viajeros de la
columna ' había quebrantado sus nervios. Allí, en
aquellas 'soledades, sentada sobre una especie de pi•
co desnudo á cerca de 800 metros de altura, abar·
cando con Ía mirada los dos lados de la isla, Isabel
no pudo contener sus lágrimas._~stas c?r!ieron abun•
dantes y ardientes por sus mejillas, aliviando su CO·
razón y mezclándose á los reproches y á los vagos re·
mordimientos que le suscitaba su conciencia por el
más ínfimo de sus recuerdos.
Ahora se acusaba, pobre niña, en medio de aquellas sombrías aprensiones, de haber sido la causa in·
voluntaria, no sólo del pesar que experimentaba, sino
además de los peligros que iban á correr su padre,
su novio y todos los compañeros que momentánea·
mente tenían ligado al suyo su destino. Si en lugar
de haber aplaudido los proyectos del Sr. de K~r~lio
y de animarle á realizarlos con su loca propos1c1ón
de tomar parte en el viaje, le hubiera_ disuadido de
ellos, quizá la ciencia hubiera pe~d1do algo, pero
¡cuánto ganaran el reposo y la segundad de aquellos
que le eran caros!
Lloraba silenciosamente, y Salvator, que compren·
día que su ama estaba triste, había colocado suave·
mente su hermosa cabeza sobre las rodillas de Isabel, mirándola con ojos en que se leían la inteligen·
cia y la conmiseración.
La joven vió aquella mirada y dijo al perro.
- Iremos á buscarlos: ¿verdad, Salvator?
Este contestó á su manera, lanzando un ladrido y
meneando la cola.
Isabel quedó casi consolada.
Recorrida ya la isla, el comandante Lacrosse, des·
pués de bautizarla con el nombre Courbet, dió orden
de levantar anclas y navegar hacia el Oeste.
Se navegó hasta entonces en agua profunda; pero
el 8 de julio los vigías hicieron observar que se hallaban en el centro de una especie de lago de más de
diez )Jlillas de diámetro y casi enteramente ceñido
por altos hielos paleocrísticos. El agua era allí de una
maravillosa limpidez y la sonda explicó pron~o las
causas del fenómeno. Había allí solamente vemte ó
treinta brazas de fondo. Los grandes icebergs no po·
&lt;lían transpasar la murallf que las rocas los oponían,
y quedaban por lo mismo alejados de aquel lago, que
no otro nombre podía darse á aquella extensión de
agua.
El comandante Lacrosse estaba perplejo á más no
poder. Había n pasado las tres semanas de plazo que
se fijaron para encontrar á los viajeros, y, por _o~ra
parte, no era posible permanecer en aquellos ~1t10s
sin temor á verse envueltos por la barrera de hielos
que empezaba ya á formarse .
Debían los expedicionarios volver hacia el cabo
Wáshington, abandonando á sus •cowpañeros á las
torturas del hambre y á una muerte cierta. El pro·
blema era verdaderamente temeroso, ya que nadie

NúMERO 613

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quería echar sobre sí la responsabilidad de resolverlo
en uno ó en otro sentido. Por ~ el comandante La·
crosse reunió á la tripulación y dijo:
- Seríamos unos miserables si abandonáramos á
nuestros compañeros sin hacer cuanto pudiéramos
por nuestra parte para unirnos á ellos. Prolonguemos
nuestra estancia aquí durante todos los días que que·

como la Courbet, y se extendía desde los 86.0 á los ·
86.0 23, lo cual le daba una anchura de 38 kilómetros.
Mas allá, el pack se extendía de nuevo; pero juz.
gando por señales que no podían engañar, tales como
gigantescas ampollas, hielos de un azul inmac~lado,
se adivinaba la presencia de tierras fragmentanas, de

==----

-j_¿
-~::;;
: --·-===:::::'.'

--=-.-·

En seguida se desembarcó ...

dan de buen tiempo, y entonces tomaremos una su·
prema determinación.
Durante las dos semanas siguientes los explorado·
res navegaron de Este á Oeste, pasando la isla Cour·
bet sin rebasar aquel terrible 85° paralelo convertido
en límite de su carrera y punto de cita dado por sus
compañeros.
Cada noche traía un frío más intenso entre sus
sombras. Apenas había transcurrido un mes desde el
solsticio de verano, y ya el invierno anunciaba sus
vueltas con lúgubres signos. Los días de sol eran más
raros y en cambio la niebla daba una tristeza horrible
al horizonte. Empezaban á soldarse unos á otros los
témpanos y era evidente que dentro de pocas serna•
nas el buque-quedaría preso en el campo de hielo.
Así estaban todos llenos de angustia y perplejidad,
cuando el 22 de julio por la mañana, al cabo de un
mes, día por día, del desembarco de la columna, el
teniente Hardy, que estaba en el puente, oyó una
detonación que partía de la isla.
Mandó contestar en seguida con un cañonazo. El
comandante Lacrosse, avisado por el ruido, subió á
cubierta y d ió orden de activar los fuegos. U na hora
más tarde el navío estaba en la misma rada que aban·
donó días antes.
A medida que la Estrella P olar se aproximaba á
la isla se distinguía desde cubierta un grupo de hom•
bres de pie en la playa, que multiplicaban sus gestos
y sus gritos. Cuando las barquillas del vapor hubieron
atracado, los hombres del steamer y los de cierra se
echaron en brazos unos de otros, interrogándose mu·
tuamente sobre sus aventuras.
Los pe-1tones estaban quebrantados, exánimes casi,
víctimas, desde hacía diez días, de una alimentación
insuficiente é insana.
Después de descansar y de una comida abundan•
te que reparó sus fuerzas, aquellos hombres relataron
las torturas sin ejemplo á que les había sometido la
lucha sostenida contra los obstáculos naturales y la
inclemencia de ios elementos.
Entre los que acababan de llegar al steamer se en·
contraban Huberto d'Ermont, el químico Schnecker
y Guerbraz. El doctor Servan les impuso veinticuatro
horas de absoluto reposo.
Después, Isabel de Keralio, devorada por la in•
'1_uietud, fué á suplicar á Huberto que le contara
cuanto había pasado desde el momento de la sepa·
ración.
El relato del teniente de navío fué conmovedo·r.
Durante las primeras horas, la columna, animada
por una esperanza inmensa, había recorrido activa•
mente gran trecho de·terreno, á pesar de las dificul·
tades que á su marcha oponían los témpanos que eri·
zaban el icefield adherido á la isla Courbet.
Desde el extremo de la isla se advirtieron nuevas
tierras á una distancia de veinte millas, y hasta las
cuales se extendía el pack que contaban todos atra•
v~sar por medio de los trineos.
Después de una marcha penosa y por todo extremo
difícil sobre el campo de hielo, llegaron los expedicionarios sobre tierra firme. Era también una isla

islotes que avanzaban mar adentro en el océano pa•
leocrístico, sirviendo de base al enorme campo de
hielo que gemía continuamente anunciando el deshielo, más inminente cada día.
Dondequiera se formaban charcos, y bajo las plantas de los viajeros se abrían de continuo vías de agua
que cortaban la comunicación con el Sud.
Tan temerosas eran las señales de deshielo, que
llegó el momento de pensar de volver atrás so pena
de ver cerrado del todo el camino.
Es verdad que se poseían tres embarcaciones, de
las cuales una sería más útil que todas: era el subma•
rino, construído con planchas de aluminio, metal tan
ligero que los marinos no querían creer que pudiese
servir de cesta para el aerostato, del cual se iba á probar la fuerza ascensional.
Viendo que la vía terrestre quedaba cerrada, no
quisieron demorar el ensayo de la aérea. Para tal fin se
escogió un islote plano que emergía unos 60 metros
sobre el nivel del mar, y ancho de 600 á 800 metros
en todos sentidos.
Fué una escena profundamente conmovedora
aquella tentativa hecha en condiciones excepcionales.
Quedó convenido que el primer ensayo se verificaría
manteniendo cautivo el globo.
Los exploradores hicieron una nueva recapitulación
de cifras, y se encontraron con las evaluaciones siguientes:
Tres hombres, pesando por término medio So kilogramos cada uno. . . . . . . • • .
Instrumentos de precisión.
. . . .
Barquilla de aluminio. . . . . . . .

Peso total.

240 kilog.
30 »
1950

»

_2220 kilog.

Aquella cifra era inferior en 580 kilogramos al peso
del globo construído en 1852 por Enrique Giffard.
El globo formado por una doble envoltura de seda,
cuyas costuras estaban cubiertas de gutapercha, tenía
la forma de «cigarro» adoptada por todos los aeronautas y especialmente por los capitanes Renard y
Krebs. Medía 12 metros de diámetro central y 44 de
longitud. La red que le envolvía venía á terminar sus
mallas todas en una sola cuerda horizontal que sostenía la barquilla, la cual tenía 8 metros de largo y 3
de ancho, y cuya figura reproducía exactamente la
del aerostato.
La operación empezó á las siete de la mañana. Entonces era ya imposible mantener el secreto acerca
del maravilloso descubrimiento de Marcos d'Ermont.
Y además, aunque se tuviera a lguna desconfianza
respecto de Schenecker, como no podía volverá Europa sino con ellos, por el momento no había que
temer nada de su parte.
Huberto explicó, pues, los medios con que con•
taba. Los tubos llenos de hidrógeno solidificado re·
presentabai;i en conjunto un total de 10 metros cúbicos ó 10.000 litros, lo cual representaba unos 25.000
metros cúbicos de gas, que era la cantidad que se ne·
cesitaba para llenar el globo de gas hidrógeno.
Un solo hombre era capaz de ayudará Huberto
en la delicada y peligrosa operación de hinchar el

globo. Schnecker, junto con dos mari~eros, preparó
todo lo necesario para construir tubos de plomo, ya
q ue la rapidez de dilatación del hidrógeno y su exce·
siva tenuidad no permitían el empleo de simples
tubos de caucho.
Al mediodía había terminado el hinchamiento, y
el aerostato, lleno como un huevo, se balanceaba
majestuosamente, detenido por sus amarras y por los
enormes cables que iban á retenerle á una altura:de
800 metros. Pero les esperaba una doble decepción.
Primeramente la bruma que cubría el horizonte no
les permitía ver á lo lejos. Además, hasta cuanto alcanzaba la vista, los hielos paleocrísticos ó permanentes, así llamados por Nares y Markham, cubrían el
mar, advirtiéndose hacia el Norte corno un rnovirnien•
del campo de hielo. La segunda sorpresa, bien des•
agradable por cierto, fué que, llegado á 400 metros,
el g lobo rehusó elevarse más.
En vano se suprimió el lastre y se elevó solamente
un hombre; el fenómeno persistía. Se multiplicaron
las ascensiones á diversas horas del día y de la noche
y el resultado fué siempre el mismo.
Como aquello no podía explicarse por la rarifica•
ción del aire, no hubo más remedio que rendirse á la
evidencia y reconocer que en aquellas alturas se
producían perturbaciones magnéticas desconocidas
en otras regiones, y que descomponían las capas de
atmósfera, formando gases más ligeros. Además los
desa~reglo? de ,circulación y respiración, los signos
de c1anos1s, mas agudos después de cada tentativa,
las palpitaciones violentas y marasmo muy intenso,
probaban que el aire era irrespirable en aquellas al·
turas.
Se tomó el partido de dejar remontar el globo sin
llevar á nadie, pero tampoco transpasó el límite alean•
zado. Los hombres de la expedición quedaron descorazonados, viendo que la suerte les arrebataba aquel
medio en que fundaban tantas esperanzas. Al fin y
pa_ra probar un ~!timo medio, se construyó con gran
pnsa una barqmlla de tablas que no pesaba más allá
de 400 kilogramos, y d'Ermont &lt;lió orden de que
se abandonaran globo y barquilla á merced del viento
arriesgándose Schnecker y él á •lanzarse libres d~
toda am~rra á las regiones del aire. Extraña opresión
sobrecogió á todos los espectadores de aquella última
escena, pero poco duró la angustia.
Empujado por una brisa Sudeste, el aerostato co•
rrió rápidamen~e hacia el Norte sin elevarse más que
las precedentes veces. Se le pudo seguir con la mirada
durante tres horas, hasta que desapareció en el hori•
zonte.
¡Pero cuál no sería la admiración de los especta•
d ores cuando á la mañana siguiente casi á la misma
hora lo vieron muy cerca de ellos! Se había detenido
á une:s dos kiló~etros de distancia sobre un gigan•
tesco vaneo de hielo. Se arregló á toda prisa una barquilla para ir á buscar á los aeronautas. Schnecker
estaba desmayado, presentando todos los signos de la
asfixia, y en cuanto á d'Ermont, estuvo muchas horas completame~te quebrantado y sjn poder explicar
lo que había ocurrido. El relato que hizo, después
de reparadas sus fuerzas, lo repetía ahora á su prima
I sabel.
El globo, arrastrado por una corriente Sudeste, había remontado directamente hacia el Norte, en una
extensión que los viajeros evaluaron en unos 200 kilómetros.. Allí el viento se había desviado poco á
poco, y bien pronto los aeronautas habían advertido
que tornaban la dirt&gt;cción del Oeste; pero lo que les
parecía más raro es que no adelantaban más hacia el
Norte, sino que corrían sin moverse de la línea de
altitud alcanzada que les pareció ser el 88° paralelo.
La bruma intensa que les envolvía hacía imposible
una seguridad absoluta acerca de ello.
P or fortuna lució el sol, y disipando la niebla dejó

entrever á los viajeros un espectáculo grandioso,
único, casi fantástico.
El mar libre estaba bajo sus pies y se extendía hasta perderse de vista por el Sud, Este y Oeste; pero
por el Norte sus olas se estrellaban contra una in·
franqueable barrera de hielo.
( Conti1111a1-á)

�LA I LUSTRACIÓN

630

ARTÍSTICA

NúMERO

6r3

berancias frontales y arcos superciliares prominen- oído. Gústanles los ruidos estridentes, siendo para
tes; la nariz en unos es recta aunque no aguileña, en ellos una música ta¡¡to más armoniosa y agradable
LOS PAI·Pl ·BRIS EN EL JARDÍN DE ACLIMATACIÓN otros remangada y en muchos chata, y las ventanas cuanto más estrepitosa, y los colores chillones: en la
y alas nasales anchas en todos. Tienen los labios Costa del Marfil las telas más solicitadas son las de
DE PARÍS
gruesos, especialmente el superior, y ninguno presen- arco iris y las tricolores. Todo lo que brilla, todo lo
Cuando pasamos la vista sobre un mapa de Afri- ta el menor signo de prognatismo; la barba es media- vistoso constituye su encanto. Las cuentas de vidrio,
ca occidental, sorpréndenos la escasez de datos que namente encorvada, la oreja está provista de buenos el coral, en cuya elección son muy difíciles, el marfil,
bordes y el lóbulo se aparta perfecta- el oro, la plata, el cobre y hasta las simientes son
mente. Sus cabellos son cortos y cres- por ellos utilizados en brazaletes, apillos para las mupos, y la barba y el bigote están repre• ñecas, los tobillos, los brazos y los codos, y en sortisentados en sus rostros por unos pocos jas para los dedos de la mano y del pie, añadiendo
pelos: únicamente el jefe Arna tiene á veces á estos adornos cascabeles y campanitas. En
barba regularmente poblada. Están do- sus collares se encuentran perlas, arillos, monedas,
tados de fuerte dentadura, y por su ca• fragmentos de madera envueltos en un pedazo de
beza prolongada de delante atrás son piel de mono, conchas, etc.
claramente dolicocéfalos. El color de
Los afeites representan también un papel impor·
su piel varía desde el negro de ébano tante en su adorno: rojos, verdes y sobre todo amahasta el rojo caoba obscuro, pasando rillos, empléanlos en diferentes dibujos; el blanco se
por el color de chocolate: sabido es, reserva generalmente para la joven soltera. El tatuaen efecto, que en la raza negra, como je está muy generalizado, y los dibujos que con él se
en la nuestra, hay diferencias de piel hácen varían hasta lo infinito y se aplican á distintas
según los individuos, sin que por este partes del cuerpo. En general trázanse sobre la piel
solo signo puedan establecerse distin- rosetones ó cruces simétricamente dispuestas sobre
ciones de origen. Sus manos son finas la región pectoral ó en los brazos y piernas: á menuy sus dedos largos, excepto el pulgar, do también se ven en la parte lateral del cuello anque á veces es algo corto, y como en chas fajas de tatuaje compuestas de pequeñas vejigas
la mayoría de los negros encuéntrase sobrepuestas, consiguiendo esta elevación cutánea
en ellos esa prolongación del antebrazo por medio de fricciones con arena sobre las incisioque tanto choca á nuestra estética con- nes epidérmicas. Según parece, hay ciertos oficios,
vencional: sus pies son largos y muy como los.barqueros, que tienen tatuajes especiales.
anchos. De sus músculos los más des- En ellos no vemos ninguna mutilación corporal; sin
arrollados son los pectorales.
embargo, muchos se liman en forma de ángulo ,los
Esos indígenas que habitan en la dos incisivos medios superiores, lo cual les permite
costa mantienen actualmente continuas escupir mejor y á mayor distancia. Los hombres llerelaciones con los europeos, cuyos bar- van los cabellos cortos, pero se dejan crecer algunos
cos hacen escala todas las semanas en mechones circulares ó largos en las partes laterales 6
todos los puertos de la Costa del Mar- anteriores del cuero cabelludo ó en el vértice, que
fil, habiéndose resentido bastante sus recuerdan los tejos tan extrañamente recortados de
costumbres de este frecuente trato, y los antiguos jardines. Las mujeres se hacen cinco ó
siendo, por ende, preciso penetrar en seis trenzas cortas.
el interior para encontrar los caracteres
Los vestidos se confeccionan con telas de imporetnográficos de otro tiempo. Como es- tacion; pero en los territorios del interior téjense altos caracteres son comunes á un gran gunas con cortezas. Según la fortuna del individuo,
número de poblaciones del tipo negro, la tela de su traje es de seda, de terciopelo ó simpleexaminaremos las particularidades que mente de algodón.
pueden presentar en su vida nutritiva,
Los pai-pi-bris son muy aficionados á la música,
sensitiva, afectiva, intelectual y social. que para ellos no sirve más que de acompañamiento
Los pai-pi-bris se alimentan de arroz, á sus danzas, especialmente las guerreras: los instruFig. r. Tres tipos de hombres pai·pi•bris, de la Costa del Marfil,
casabe, bananas y de los productos de mentos que tocan son el tam-tam, una especie de
en el Jardín de Aclimatación de París (de fotografía)
su caza ó de su pesca; comen en co- castañetas y algunos de cuerda. Los bailarines entomún alrededor del hogar que estable- nan mientras bailan cantos de caza, de pesca ó de
cen al aire libre, y no como otras, po- guerra, que se transmiten unos á otros, pero que á
poseemos áCerca de la parte á que se ha dado el nom• blaciones en el interior de sus cabañas: su bebida veces también inventan.
bre de Costa del Marfil, pues apenas vemos indica• habitual es el agua ó el vino de palma ó de bambú,
Las demás artes son allí rudimentarias: los dibudos algunos ríos y unas pocas aldeas. Aquellas pose· pero por desgracia el alcohol ha penetrado entre jos que se ven en sus instrumentos son de lo más
siones francesas son todavía desconocidas, y el inmen- ellos en forma de ron y de ginebra. Son muy aficio- primitivo y su escultura es de lo más basto. Saben,
so territorio que se extiende entre Liberia y el país nados á los manjares recargados de especias y no
sin embargo, confeccionar máscaras guerreras que se
de los achantis está aún por descubrir. De aquí el in- miden la pimienta con que sazonan su arroz y sus esfuerzan por hacer repulsivas.
terés que ofrece el estudio de los habitantes de aque· berenjenas.
Son alegres, indolentes y perezosos, astutos y emla comarca, los pai-pi-bris, que la Sociedad colonial
Son muy sufridos para el dolor, y la sensibilidad busteros; pero poseen algunas buenas cualidades, tafrancesa de la Costa del Marfil ha llevado al J ardín general no presenta al parecer en ellos modificación
les como la amistad, los sentimientos de familia y
de Aclimatación de París.
alguna notable; en cambio su sensibilidad especial sobre todo el respeto á la hospitalidad. La mujer es
Esa denominación de pai-pi·bris aplícase á un te· está muy desarrollada, en particular el olfato y el
sierva del marido, que la compra á sus padres, y tiene
rritorio, al conjunto de las tribus comprendidas entre los ríos Lahon y Cavally, más bien que á una
sola de éstas, y comprende las poblaciones que cono·
cernos con los nombres de grevos, avekvomes y has·
ta de aradianes ó jacks-jacks. Los indígenas del Jardín
de Aclimatación proceden del país que se extiende
entre el Sassandré y el Cavally, de las aldeas de Trepovo, Sassandré, gran Dewin, Bereby y Cavally, situadas en la costa; pero algunos son oriundos del
interior, de regiones distantes 150 millas de aquélla.
Estos habitantes del territorio Pai-Pi-Bri tienen,
pues, por vecinos al Oeste y al Este los krumen, las
poblaciones llamadas buburis al Norte de la laguna
d e Ebrié, los agnis y ochines que habitan los territorios de Gran Bassam y de Assinia. En número de
sesenta y seis constituyen un conjunto poco homogéneo, siendo principalmente dignos de estudio los
treinta y cinco hombres que sobre el césped del Jardín de Aclimatación forman un pequeño campamento aparte: ellos son los verdaderos pai-pi-bris y en
ellos se encuentran fácilmente los caracteres distinti·
vos de la raza Kru. Nuestros grabados representan
á los pai-pi-bris y además á algunos indígenas del
Bao!, que les acompañan, lo cual permitirá comparar
á unos. con otros.
Esos hombres de la Costa del Marfil ofrecen un
conjunto de caracteres muy especiales: fuertes, vigo·
rosos y dotados de excelente musculatura, son por re·
gla general muy altos. Algunos de ellos parecen más
flacos; pero á pesar de esto, no ceden en punto á fuerza á aquellos de sus compañeros cuyos relieves musculares se presentan más marcados. Sus facciones
son regulares, su frente recta y saliente y sus protu·
Fig. 2. Mujeres pai-pi-bris, en el jardín de Aclimatación de París (de fotografía)
SECCIÓN CIENTÍFICA

N úMERO

613

63 1

L A I LUSTRACIÓN A RTÍSTICA

á su cargo pesados trabajos. El matrimonio no va
acompañado de ninguna
ceremonia y únicamente
lo precede el envío de algunos carneros á la familia de la novia. La poligámia está permitida, pero
se halla forzosamente limitada por la fortuna del
marido, así es que los más
sólo tienen una ó dos mujeres. En caso de repudiación, que es frecuente, la
familia de la mujer conserva lo que recibió cuando la boda; pero si la esposa abandona voluntariamente á su marido, debe
d evolverle lo que éste ha
dado á sus padres.
Los pai-pi-bris son muy
guerreros y usan como armas el fusil de chispa, que
cuidan mucho y adornan,
el arco y las flechas algunas veces envenenadas;
son fetichistas y para ellos
hay muy pocos objetos
que no puedan ser fetiches, habiéndolos contra
el dolor de cabeza y de
muelas y para tener hijos.

Los ritos funerarics varían
según las tribus, de las
que unas entierran los cadáveres y otras los abandonan al pie de un árbol.
El rey falla los litigios; la
pena de muerte es frecuente y la de cárcel no existe; como castigos corporales se aplican los palos, la
introducción de pimienta
en los ojos ó en la boca,
y las incisiones en los brazos y piernas en caso de
robo: en caso de rapto el
raptor paga una multa.
Las tie,rras pertenecen
al rey y la agricultura se
reduce á poca cosa, pues
la naturaleza lo hace casi
todo. Los pai-pi-bris son
excelentes cazadores y
pescadores, y dirigen con
suma habilidad las piraguas. Sus chozas están
constrnídas con adobes y
cubiertas de hojas de bambú. Sus costumbres se perpetúan p9r la tradición,
pues ignoran la escritura.
Fig. 3. Tipos negros diversos, indígenas del Bao!, etc., que acompañan á los pai·pi·bris,
exhibidos en el Jardín de Aclimatación de París (de fotografia)

DR. PABLO RAVMOND

(De La Nat11re)

Las casas extranjeras que deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paria. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicide.d de los Sres. Ce.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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DE PARIS

rabede:e·191't·a l de AfeccionesdelCorazon,
contra las diversas

El ma, ,flcazcontra.
di loa la.
F1rrulfno101
Anemia, Clorosis,
EaJo•ncl■lntl de la lan1re,
Debllldad, etc.

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1. ,...

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8.a.RPULLIDOI, TEZ SARRO
AftllUG.U PIIECOCEI
•

Hydropeslas,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

G

Empleado con el mejor exito

no Utbbean en purgar,e1 cuando lo
necesitan. N-o temen el asco nl el cauranclo, porque, contra lo que sucede coa
l os dsmas purgantes, este no obra bien
aino cuando se toma cou b12enos alimentos
1 bebidasfortificantes, cual el vino, el catá,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora 7 la comida que mas le convienen,
sevun sus ocupacfenes. Como el cansan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanaladopoPsl etectodeIa
buen¡¡¡ alimentacion empleada, unp

- urr !IIBPdLIQCS LECHE ANTEF1:L
,.,. t .......' • lfll, lillfa

rageaSalL!Ct!t0deu1·errode

· .,il empe,ar cuantas veces
~ 888 llBCBSario.

ROIECEB

I

GRANO DE LINO TARIN

GELIS&amp;CONTÉ

Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS

Aprobadu por Ta Academia de Medicina de Par/1.

PREPARACION

YGrageas de que
HE1osm1co
,1 ■u PonEaaso
se conoce, en poclon o

ESPECIAL

para combatir
con 6xilo

••

'

ESTRENIMIENTOS

ll;tH•iiUM=t•U!lt1a :~~~;;::: ~~~~;c:i

Sil,,.decide fácil.menta á volver

EFLOREIQEHCI.U

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IRRITACIONES

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0
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'&lt;i

c.

Exijarte /@

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caj@ (U hoja de lata

Una cµcbar ada
por la maoana
" y otra por la tarde
,l' en la cuarta parte

de un vaao

if.

ENFERMEDADES En todiu
DEl H IGADO
/at
Y DE LA VEJIGA farmacia,

de agua 6 de Jecbe

U CAJA : f FR. 30

DICCIONARIO E NCJCLOPEDICO

HIS·PANO-AMERICANO

it1ll&gt;ADES del E8ro,,,

Edici6o profu,amente ilustrada &lt;on miles de peqnellos gr,,bados int ercalados en el texto y tirados
tpartc, que reprodttccn lis diferentes especies de fos reinos animal, vegetal y minentl; los instrumentos
~ ittdustnas; retratos de Jos personajes que más se hao clistingnido en todos lo• talllos del ,aber humano; planoa de ciudades; !napas
geogr{ficos coloridos; copias exactas de los cuadro, y demu obru de arte mu célebres de todas las

y aparatos aplicadss recientemente A las ciencias, agricnltura, artes

Epocas

'.
M O NTANEA Y SIMON , l!::Dl T O RES

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas ro•te unido a los Tónicos mu repandores.

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS LOS

1

aneemos HtlTBITIVOS DB u CARNE

_!7~, lll!EIUlO y_ •'IJill&amp;t Diez años de ento continuado y las a1lrmactones de

\ ...,~

r.41111

-;t-

P~psina Boudault
J.prohda por la J.CADEIIJ. DE IEDJCJNJ.

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 185&amp;
Mmuao en 111 Bipo1lcion11 lolernaelonale■ de

PJ.RJS - LYOI • TIENJ. • PHILJ.DELPBIJ. • PJ.RIS
1867

1872

1873

1876

11 IKPl.14 C01' IL IIU.'JOa iXJTO D

1878

U.1

DISPEPSIAS
OASTRITIS - QASTRALQIAS
DIOESTI.O N LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I' OT&amp;OI DHOIJ&gt;IMII

na

Ll DIOIITIOJII'

BUO LA FORIIA DE

-

las emin(V}CIU médfcas preuban que esta UOCia.clon de la Clarau,, el H ierre y la
•iaa oonaUluye el reparador mas enel'l!ico que ae conoce para·curar: la Clordl", la
fltmúJ, las J l e , u l ~ clolorolal, el Jlmpo/Jr~mitnto y lá .tllerac1.ot1 a, la Sangre
el Rll(JUtt,,mo, las . J . / ~ escrof)llola, '1 ucor&amp;uNau, etc. El 'l'laa Perract■Ha dé
Anall. ea, en efectt,, el ÚDiCO que reune lodo lo que entona y tol1a.lece los organ08
re¡ui~
'
1 cooráena y aumenta conslderablemen&amp;e l u tuerzaa ó ln!unde a la aan"1'Ó
empobrecida y descolorida : el Y(qor, la Colorddolt 1 la l#er'gúJ "''"'·

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · do PEPSINA IOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT

8JI VKNDJ: .BN TODU LAS Pa!NCIP.A.LBS BOTlCA.S

P!BIS, Pharmaaie COLLAS, 8, rae Dtaphiae

Pw•uwor,eJJ Paria, en casa de J. FEW, farmaceutieo, tOI, rae Riclleliea, Sucesor de AROUD.

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representa exaetamenle el hierro
contenido en la economía. Experimentado por 101 priociµle1 médicos del
mando, pua lnmedlalameote en la
aaorre, no ocasiona eslreftimlento, no
fatlra el utóma{o, no eonerrece 101

diente, Tó11111 n11u Ctlll II CU&amp;et■il&amp;.
bijm lt f1rü4111 laru.
De Venta en lod11 /11 Farmacia,.
Por 1&amp;711: 40742,r,st.Luare, PariJ,

y en la1 prí"ctpale, farmacia,.

destruye basta las RAICES el VELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), 1ft
niogun peligro para el cuti1. SO Años de Ílxlto,ymillaru de teaUmonl garantlz.an la eficacia
de esta preparacioo. (Se ,ende en caJu , para la barba, y en l(l oaJu para blgole ligero), Para
loa brazo&amp;, empléese el l'I.LI. t'Qllls:, DVSSER, l, rueJ,,J,,Bou■aeau, Parta,

°:i

�632

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

POR AUTORES Ó EDITORES
LA RESPONSABILIDAD KN LAS HISTÉRICAS, por el doc•
tor A . Velázquez de Castro. - Es éste indudablemente uno
de los problemas más interesantes de la ciencia médico-legal
en nuestros días y de los que más deben preocupará los ma·
gistrados, médicos y jurisconsultos, si la administración de
justicia criminal ha de ser a lgo más que la aplicación lite·
ral de la pena al hecho concreto, sin ahondar en las cau ·
sas que pueden modificar la responsabilidad del presunto
delincuente. Sobre este tema versó el discurso pronunciado
por el Dr. Velázquez de Castro, académico numerario y
presidente de la sección de Medicina de la Real Academia
de Medicina y Cirugía de Granada, en la solemne sesión
pÍlblica inaugura:! que esa corporación celebró en 29 de ene•
ro del presente año, El trabajo del Sr. Velázquez de Cas•
tro, gallardamente escrito é inspirado en las ideas científicas
modernas, es notabilísimo por muchos conceptos, pues re·
vela un estudio profundo de tan trascendental problema, un
criterio rigurosamente cient!fico y altamente humanitario y
una erudición vastisima. Al romper una nueva lanza en fa·
vor del verdadero concepto de la responsabilidad criminal,
en contra de añejas y absurdas preocupaciones, el Sr. Ve·
lázquez de Castro ha prestado un valioso servicio á la cien·
cia y á la sociedad.

LA JUSTICIA, por H. Spencer. - Esta obra, que acaba de
ver la luz en lengua castellana, es la última publicada por el
ilustre filósofo inglés é indudablemepte la mejor de las suyas.
L os tratados acerca de La idea de 7a Jmticia, El"de.-echo de
propiedad, El derecho de testar, La libertad de trabajo, La li·
be,-tad de la palabra JI de la imprenta y Los dei-echos llamados pollticos están de tal manera pensados y escritos, que
puede asegurarse que el sabio filósofo deja dicha, de hoy para siempre, la última palabra acerca de tan importantes materias. Este libro forma parte de la Biblioteca de J urispru•
dencia, Filosofía é Historia que publica en Madrid La Espa11a Moderna y se vende en las principales librerías al pre·
cio de 9 pesetas.

LA ESPAÑA MODERNA, - E l último número de esta importante revista contiene interesantes trabajos firmados por
Cherbuliez, Daudet, E . Caro, Lubbock, Lombroso, P. Alexis, Bergeret, Mouton, Fernández Duro, Castelar y Villegas. La Espa11a Moderna envía un tomo de muestra gratis
á quien lo pida por escrito al Administrador, Cuesta de
Santo Domingo, 16, Madrid.

C0LECCIÓ DE TRAVALLS LITERARis,per Robert Robert.
- Roberto Robert es más conocido en la literatura castella•
na que en la catalana, y sin embargo en catalán escribió algunos artículos, cuadros de costumbres populares, que son
verdaderas joyas y que han servido de modelo á los que des·
pués han cultivado este género. Casi todos ellos se publicaron allá por los años de 1865 y 1866 en Un tros de paper y
en Lo 11oy de la man, periódicos cuyo recuerdo no han lograDON JOSÉ JOAQUÍN ll0ORfcUBZ,
do borrar los innumerables semanarios que desde su desapa•
rición se han ofrecido al público, y cuyas colecciones consactual Presidente de la República de Costa Rica
tituyen hoy una curiosidad bibliográfica. Por esta última ra•
zón no vacilamos en afirmar que serán innumerables los afique unidas á la amenidad de la narración hacen del libro una cionados que agradecerán á los editores de la Biblioteca Poptt•
obra tan instructiva como de agradable lectura. La obra Ce- lar Catalana el haber coleccionado los trabajos de Robert, que
sarinas ha sido impresa en Orizaba (México) y editada por don á pesar de los años transcurridos conservan toda la g racia y
Pablo Franch: la edición que de ella se ha hecho no está desti• frescura que siempre queda en las obras de los ingenios. El
nada á la venta.
precio del tomo, V de la Biblioteca, es 50 céntimos de peseta.

CESARINAS, por D . Manuel J~sé Quintana. - La Roma
del tiempo de los césares con sus magnificencias y sus vi•
cios ha servido al distinguido diplomático español Sr. Quintana de asunto para el libro que nos ocupa y que consta de
dos partes: una que el autor califica acertadamente de esce•
nario, y otra en la cual se traza la historia de las protago•
nistas que sirven de título á la obra. La primera es una descripción tan completa como interesante de la antigua sociedad
romana, de sus costumbres, leyes, vida doméstica, juegos, etc.;
'en la segunda se hace la historia de las mujeres de César,
Augusto, Calígula, Claudio y Nerón, y en una y otra revela el
Sr. Quintana profundos estudios y erudición vasta, condiciones

ENFERMEDADES

GARGANTA
VOZ y BOCA

ESTOMAGO
PASTILL.lS J POLVOS

P.ASTILLAS DE DE1'HAN

'PATERSON

Recomendidauontra&gt; loa Males de la Garganta,

Enfudtóllll8•d•·la Vos, Innamaolon•cl:e la
Booa, Efeotoe ¡femiolOIIOII dfl Marcarlo, Irt•

• BISIIUTBO J IIAGNBSl.l
lleeolllllldadoa CODlra lu Afeooton• del Eat6ma110, Falta •• ApeUto, Dt11e■U0DN laborioeu, AoedJu, V6mitoe, Eruotce, 7 C6U-,
re;ularlsan laa Fanolo11• del Estómaao 7

tl'fc!:~g•¡~u;ec:;~°:»·k'b';~U:~
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1 haga uao de neslrw 8RANOS de SALUJJ, pue, e/lee
le curarln tle III oon1t1paclon1 /e darl."' IIJ)61ilo 1 lt
d1rolrerjn el autiio 1 ta 1/ttria. - A11 m irl. VII,
•~oho1 añoa, tliafrutande 11tmprt dt una bu,na ,a/u/1.

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vulsiones y tos de los n.üios durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

. Fábrica, Espedieiones : J.-P. LAROZE

613

T RATADO LEGAL DE LAS SUCBS!0NRS HEREDITARIAS,
por D. Cándido de Ulzurnm JI Orue. - Que la sucesión es
una de las materias ~ás importantes del derecho no se necesita decirlo, porque está en la conciencia de todos cuantos d irecta ó indirectamente han podido apreciar Jo que son testamentos_y sucesiones intestadas, El Sr. Ulzurrun titula su
obra Exposición de los principi~s del Código Civil español
sobre las sucesiones; pero el libro es algo, mucho más que
esto, pues abundan en él los comentarios que revelan los
vastos conocimientos jurídicos de su autor, abogado fiscal
de Audiencia territorial, y que justifican la distinción que
ha merecido del Ministerio de Gracia y Justicia al declararla obra de mérito, previo el informe favorable de la Real
Academia de Ciencias morales y políticas. Este utilísimo li·
bro ha sido editado por D. Pascual Aguilar, de Valencia, y
se vende en las principales librerías al precio de 2 pesetas.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

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NúMERO

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1

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, D11: MONTANBR Y SrMÓN

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Aílo XII

.......

BARCELONA 18 DE SEPTIEMBRE DE 1893

NÚM.

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

MIGNON, estatua en barro cocido de Venancio Vallmitjana

612

�602

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 612
NÚMERO 612

Texto. -Los dineros del sacristán ... , por Luis M. de Larra.
- La Exposició1t de Chicago, por Eva Canel. - Controversias
artísticas, por Juan O-Neill. - La sombra, por José de Roure.
Misceláma. -Nuestros grabados. - Una francesa en el polo
N orte {continuación), por Pedro Mael, con ilustraciones de
Alfredo Paris. - SECCIÓN CIENTÍFICA: El ingeniero bilba/110
D. M. Alberto de Palacio.

Grabados. - M1gno1t, estatua en barro cocido de Venancio
Vallmitjana. - La hora del bal1o en Venecia, cuadro de Ricardo Madrazo. - Fitsta de la A sodadó11 de Artistas de Baviera.
El Waldmeister y stt séquito. - Eva Canel J' m hijo m el
Niágara. - ExposiciJn tmiversal de Chicago, ocho grabados.
- Tumo impar, cuadro de Francisco Masriera {Salón Parés).
- Un lance de honor, cuadro de T. M unch. - Un discípulo
de San Francisco, dibujo de J osé M. Marqués. -E/general
Primen la batalla de los Castillejos, cuadro de José M. Marqués. -D. A1. Alberto de Palacio, distinguido ingeniero y arquitecto bilbaino. - Puente colosal sobre el Nervión (Bilbao),
proyecto de D. M. Alberto de: Palacio; Vista del pasaje interior de dicho puente; Puente rodado sobre el Nervión para
cruzar este río en el punto llamado el Desierto. - Recuerdos
del pals del hierro, cuadro de Vicente Cu tanda.
...... , ••,,,., ••,.,•• , .• ,,.,1.,,..,,.,... ,,.,,..,1.,,.,,,.,,.,,,. •, .••, ••••••,.,,.•. , •• ,.•. , ......, •• , •••••• ,••••••,.,..•. ,.........

LOS DINEROS DEL SACRISTÁN ...
En un lugar de la Mancha, que Albaladillo de Aba-

jo tiene por nombre, y cuya única particularidad
consiste en que no hay Albaladillo de Arriba; de
quien sea preciso diferenciarle, existía no hace muchos años un maestro herrador. Albéitar examinado,
hombre de ciencia, según él mismo aseguraba, de
conciencia, á juzgar por la opinión que de él tenían
todos los vecinos, y de paciencia, conociendo á su
terrible esposa doña Prisca Serrano y Zengotita, mujer de grandes pretensiones, de agrio carácter y de
fisonomía hombruna y desapacible. Tenían ambos
cónyuges un hijo de 25 años, alto, fornido, trabajador y de genio alegre y expansivo. Por los achaques
del viejo, el muchacho llevaba verdaderamente todo
el peso del trabajo en fragua y herrería, y sólo para
casos de medicina bestial se reservaba el padre su
autoridad y prestigio. Algunos mozos de fuelle y yunque, de mezquino jornal y músculos de acero, completaban todo el personal de la casa.
La tal doña Prisca se había criado en buenos pañales; hablaba de sus ascendientes con toda la prosopopeya de una hidalga de gotera, y sostenía con
alcaldes, escribanos y abogados grandes disputas sobre su antiguo patrimonio y sus herencias pasadas,
presentes y futuras, asegurando que debía ser rica,
que lo sería de seguro y que sólo le faltaba para eso
que fallecieran diez ó doce tías millonarias, que andaban desperdigadas por esos mundos de Dios, sin
más parientas que ella, para colmarla de riquezas.
Aseguraba además la buena señora que su padre al
morir en la mayor miseria no era pobre, sino avaro,
y que de seguro debía haber escondido ó enterrado
su tesoro, que aún no había podido ser descubierto,
pero que lo sería el dí?. menos pensado. Cierto que
D. Lesmes Serrano fué durante diez años secretario
del ayuntamiento y luego se quedó con los consumos
otros cuatro años y más tarde subarrendó los pastos
de tres quintas de propios, y siempre había manejado dinero ajeno, que es según dicen la mejor mane·
ra de tenerlo propio; pero ello es que á su muerte no
se encontró un solo real en el cajón de su mesa, y
hubo que enterrarle casi de limosna. Sin emb~o,
doña Prisca, siempre procurando darse tono y prefiriendo tres ó cuatro vestidos de seda, llenos de manchas y girones, á uno de percal limpio y nuevo, aseguraba que era noble, que era distinguida, que era ilus·
tre y que sería rica, para aturdir á amigas y convecinas con el lustre y la fortuna de su casa.
En la de al lado y separadas ambas sólo por una
pared medianera, existía una tahona, ó panadería, ú
horno de pan, que de los tres modos la llamaban en el
pueblo, y de la cual era dueño el tío Lamprea, hombre de 56 años, rechoncho, coloradote y forzudo, padre de una lindísima muchacha de diez y nueve
abriles, rubia como unas candelas y fresca como
una lechuga. La tal Lucigüela era capaz de volver
tarumba al más pintado, por su gracia y su cara; no
es extraño por lo tanto que bebiera por ella los vientos Lucas el herrero, hijo del albéitar y de doña Prisca, y menos extraño aún que ella le correspondiera
con toda la alegría de su cuerpo y todas las fuerzas
de su alma, á pesar de la oposición del tío Lamprea
á emparentar con sus vecinos, no tanto por pobres,
y eso que lo eran bastante, como por vanidosos y estirados.
Además, decíase por el pueblo, aunque él lo nega-

ba á marcha martillo, que el tío Lamprea era hom· ción que se interrumpía á cada momento por exclabre de dinero; que si no gastaba un céntimo en dis- maciones, risas, saltos y zapatetas. ¡Seis mil cuatrotracciones para él, ni en trajes y moños para su hija, cientos veinticinco duros! ¡Extraño pico! Había que
no era por no sobrarle, sino porque ahorraba y guar- subir al desván y registrar otra vez todos los rincones
daba cuanto podía, temeroso de épocas calamitosas y sobre todo el agujero de donde había salido aquel
ó de desdichas públicas y privadas. Y algo debía ha- río. Quizá hubiera más; tal vez les esperaba otra reber de verdad en esto, porque él compraba el trigo mesa.
aun antes de la cosecha, y siempre estaba dispuesto
No una vez, sino tres y cuatro subieron aquella
á subir el pan, ya porque no lloviera bastante, ·ó por- noche los afortunados, sin que pudieran encontrar
que lloviese demasiado, ó porque helaba, ó porque más que dos monedas de cuatro duros escondidas
hacía calor, ó porque el sultán de Marruecos estaba entre los cascotes. Por el temor de despertar á su hienfermo, ó porque la reina de Inglaterra pensaba to- jo ó á algunos' de los vecinos, no dieron más martimar baños.
llazos sobre las paredes que según ellos podrían enY por estas voces y porque ·en último caso más cerr:ir nuevos filones de mineral aurífero, pero sí conpronto se arruina un albéitar que un panadero, y vinieron en repetir de cuando en cuando la aseen·
mejor pueden pasarse las caballerías sin heHaduras sión y los reconocimientos y tanteos. Mientras, do·
que los hombres sin pan, los padres de Lucas no ña Prisca cogió un puñado de monedas, · si_n conveían con malos ojos á Lucigüela y el padre de ésta tarlas, y fuélas repartiendo por el pueblo á cambio
veía con la peor gana del mundo á Lucas. En cuan· de telas, cintas, adornos, comestibles caros y aparato á los chicos no tenían en cuenta semejantes razo- tosos, escandalizando á los modestos comerciantes y
nes, ni se entregaban á más cálculos que á quererse haciendo que el pueblo entero acudiera en tropel á
porque sí y á jurarse constancia y amor eternos, co- su domicilio para averiguar ycomentar la ocasión de
mo hacen siempre hombres y mujeres desde el mo- tan extemporáneo despilfarro.
mento que empiezan á gustarse recíprocamente.
Fué preciso contar á todos, en diferentes tonos,
Y á todo esto D. Alifonso el albéitar, como le lla- que la herencia de una de las millonarias tías de
maban todos los albaladijenses, no podía dormir por Prisca había llegado. ¿Por quién y cuándo? No suel ruido descomunal que sobre su alcoba hacían, sin pieron decirlo. ¿A cuánto ascendía la herencia? A
duda á millares, las ratas y ratones del desván. Como muchos ... muchísimos miles de duros. ¿Qué iban á
la casa medianera era la tahona y en el granero de hacer con ella? Gastársela alegremente. El más aturla misma estaban los depósitos de trigo para la ela- dido fué Lucas, aquel mozo fornido y trabajador,
boración del pan, sin duda se pasaban del granero amante de la bell¡¡. Lucía, que ahora podía casarse
del tío Lamprea al desván de D. Alifonso, no por con ella sin oposición del padre. ¡Pues no era interebuscar mejores alimentos, sino por el placer de reco- sado ni avaro el tío Lamprea! ¡Lo que sentiría él era
rrer países desconocidos. Dábase á los diablos el al- no tener seis hijas en vez de una y que no pudiera
béitar y perseguía sin tregua á los animalejos; pero ni Lucas casarse con todas ellas! Pero contaba el buen
la ferocidad de varios gatos, ni la intoxicación por los Lucas sin la huéspeda, y la huéspeda era su madre,
fósforos y el arsénico dieron resultado. Las ratas se que ahora no miraría con buenos ojos semejante boreproducían, se aumentaban, y sus jaleos necturnos dorrio.
eran irresistibles.
Su hijo iba á ser desde aquel momento D. Lucas,
Harto ya de quejarse en vano, decidió emprender y á estrenar trajes todos los domingos, y á no trabauna campaña y vencerlas en singular y descomunal jar los demás días de la semana, y á ser un buen pa~combate, y obligando á doña Prisca á que le ayudara tido para las labradoras ricas, y por lo tanto, la chien la empresa, alumbrando con un candil el campo quilla del panadero, aunque su padre ahorraba buede batalla, ~e subió una noche al desván con un mar· nos cuartos, segú n voz del pueblo, era muy poca cosa
tillo y una tranca para concluir con las que encon- para el ex herrador afortunado.
trara á trastazo limpio, y ver si de ese modo se aterraEn los pueblos, y sin duda por la carencia de bueban las supervivientes y huían para siempre de aquel na educación social y por ignorancia de lo que se_llapaís inhospitalario.
ma en los grandes centros conveniencias y correccrón,
Subieron los conyuges la angosta escalera y pene- no se saben ocultar con decorosos disimulos los camtraron con el posible silencio en el desván: tal era el bios de opinión, descubriéndose en seguida y á las
número de los bichos, que al aturdirse y correr en dis- claras la avaricia y la sordidez. Por eso no sorprentintas direcciones, cayeron cuatro ó cinco á los esta- dió á nadie que el panadero fuese el más asiduo aducazos que á la ventura repartió el albéitar, y esto le lador de doña Prisca, y que dándola la razón en to·
envalentonó hasta tal punto que comenzó á correr per- das sus ex~ravagancias, la dijera sin cesar:
siguiéndolas por el buhardillón con verdadera saña.
- Vecina: usted es la que ve claro en estos asunPero ¡cosa rara!, casi todas huyeron en formación tos, y los demás son tontos. Gaste usted cuanto se le
correcta, gateando por un pie derecho y desapare- antoje, que de lo suyo gasta. Vístase usted á su gus·
ciendo á los ojos de Alifonso por un agujero, hecho to; los adornos y las cintas la sientan muy bien. ¡Ya_ se
sin duda por ellas mismas. Como se atropellaban la conoce á usted que se ha criado en buenos panaunas á otras para escapar por el mismo sitio, pudo el les! ¡Está usted mucho más joven que la alcaldesa!
albéitar cebar su cólera en ellas y hacer más víctimas; Mi hija dice que nadie sabe vestirse tan bien como
pero no satisfecho aún con aquella hecatombe, levan- usted y la toma á usted por modelo. Los ~obres c_h!·
vantó el martillo y comenzó con él á dar golpes en cos se adoran y yo no quiero oponerme a su felicila pared medianera.
dad. Yo no soy rico como usted, ni mucho menos;
Al segundo martillazo se desprendieron varios ye- pero cuando yo me muera, algo y aun algos se ensones de la pared y algunos pedazos de ladrillo caye· contrarán los chicos, que les vendrá muy bien á los
ron al suelo; pero al tercero ... ¡inesperada peripecia! nietos.
un arroyo de oro acuñado brotó del tabique como
Y la verdad es que los chicos se querían de veras
manantial de agua purísima al toque de azada mila- y no hicieron caso de la oposición de la madre de
grosa. Onzas, medias onzas, ochentines, monedillas Lucas como antes tampoco habían hecho caso de la
de cinco duros inundaron el suelo y rodaron·hasta los negati~a del padre de Lucía. Las on~as d~l difunto
confines del desván con ruido encantador y sonido corrían que era un gusto por comercios y tiendas; se
metálico vibrante y simpático... ¡Una fortuna! .. ¡Un compró un gran caballo para Lucas y una mula blantesoro!..
ca para el albéitar, y se encargó una tartana á Alba- ¡Es de mi abuelo! ¡Es de mi padre!, gritaba do- cete, y comenzaron los tratos para adquirir u~ olivar
ña Prisca, pero con acento sordo y tembloroso. ¡Cuan- y dos majuelos, y todos los días había com1l?nas y
do yo te decía que era rico, poderoso, y que todo es meriendas en la era del pueblo y jiras á la ermita del
mío, mío exclusivamente!
Consuelo.
- ¡Caracoles! ¡Coge y calla!, decía el buen D. AliEn una palabra, en tres meses se gastó de tal mofonso, llenándose los bolsillos y echando á granel las do en aquella bendita casa, que una noche en que
monedas en el delantal ·de su esposa. ¡Que no nos Prisca y su esposo hicieron el recuento de su tesoro,
sientan! ¡Que no oiga nadie lo que hablamos! ¡Somos vieron con terror que no quedaban dos mil duros de
ricos!..
los seis mil cuatrocientos veinticinco encontrados en
- ¡Soy rica, soy rica!, le contestaba Prisca. ¡Yo so- el agujero del desván. ¡Horror de los horrores! Era
la!.. ¡Yo soy la heredera! ¡ Ya tendrás tu parte, mi hi- imposible. ¿Cómo y en qué se había gastado ,ta~to
jo también la suya, pero os la daré yo! ..
dinero? No hay más: algún ladrón casero babia ido
- ¡Ya ajustaremos cuentas! .. Ahora á casa, abajo robándoles poco á poco. Pero ¿quién, c~ándo? Esta
con nuestro tesoro.
idea era terrible, y no los dejó dormir en algunas
Cesó la lluvia del áureo manantial, y recogieron noches.
por los rincones las monedas corredoras; delantal y
Por fin, los viejos llamaron á consejo á su hijo y
bolsillos parecían llenos segú n pesaban, y con tan le explicaron minuciosa mente todo el suceso, desde
preciosa carga bajaron ambos cónyuges á su alcoba, el casual y sorprendente encuentro del tesoro hasta
cerrando la puerta, digo mal, todas las puertas que á. el temor que los asaltaba de ser robados miserableella conducían.
mente. Al saber el chico que la tal herencia no e~a
Procedieron á .Ja óperacióri delicada y alegre de tan pingüe como su padre había dicho, y que sólo
contará lo que ascendía el tesoro encontrado, opera- quedaban de ella cuarenta mil reales poco más ó me-

La

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

603

nos, les convenció de la necesidad de apreEsta dió un grito y se desmayó, no sin decir:
surar su boda para disfrutar de lo poco ó
- ¡Infames! ¡Calumnia! ¡El tesoro era míó,
mucho que tuviese el tío Lamprea, antes
de mi padre, de mi abuelo!
que doña Prisca diera fin á su bolsa, con
- ¡Gaste usted, doña Prisca, que de lo
tanta más razón cuanto que echadas las
suyo gasta!, la dijo un chusco recordando lo:;
cuentas minuciosamente del dinero gastado,
consejos del tío Lamprea, y todo se convirse venía en conocimiento de que el único
tió en burla, chacota, algazara y comentaladrón del tesoro era el desmedido despilfarios, mientras la justicia acud ía presurosa á
rro de la heredera.
enterarse de lo ocurrido.
Se tanteó otra vez el desván con prolijo
En tres días no hubo paz ni quietud en el
rebusco y no quedó raja ni agujero sin regispueblo. Todo el mundo, alto y bajo, tomó
trar, ni pie derecho sin mover, ni viga sin
parte en el extraño acontecimiento, y por
examinar. ¡Nada! La mina era única, y exconsejos
del alcalde, el cura y el juez de paz,
plotado ya el filón, no había esperanza de
se
verificó
una avenencia entre los dos partiotro nuevo.
dos
beligerantes.
El tío Lamprea recibió de
Se siguió al pie de la letra el consejo de
manos del albéi tar lo poco que quedaba de
Lucas. Sus padres pidieron oficialmente al
la hucha; la boda se celebró con modestia y
tío Lamprea la mano de su hija, rasgo que
casi
á obscuras; no hubo banquete ni baile,
sorprendió tanto al padre, como á la chica,
y Lucas prometió solemnemente herrar sin
como al pueblo entero, que sabían los hudescanso toda su vida para mantener sus
mos de doña Prisca y la habían oído abomiobligaciones sin ayuda de su suegro, que
nar de tal enlace; y se señaló fecha para el
no volvió jamás á dirigir la palabra á doña
matrimonio, con beneplácito ele todos.
Prisca.
Esta murió de un berrinche de verNo hubo manera de encerrar en prudengüenza á los cuatro meses del escándalo, y
tes límites la prodigalidad de la futura sueel panadero no volvió á bajar el precio del
gra. H asta de Madrid vinieron al pueblo gapan en todos los días de su vida.
las y joyas para la desposada, y cuando todo
el mundo asombrado criticaba á Prisca por
Lu is M. DE LARRA
tales excesos, el tío Lamprea la decía á
'"' '••'••''••········•·1&gt;,. ••·••..··•''"''•''••'••···············•·1•.. ••···••'••'' ........,.....,,.,,,.,,.,,,.
gritos:
- Muy bien hecho, vecina. ¡Para los hijos
LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
todo es poco! Gaste usted, triunfe, el dinero
JII. - PALACIO Dl!L BRASIL
se ha hecho para rodar, y sobre todo, usted
El
palacio
que últimamente se ha inaugugasta de lo suyo, y nadie debe meterse en
rado
ha
sido
el del Brasil, y por cierto que
camisa de once varas. Los que la critican
es el más hermoso ó de los más hermosos
son envidiosos que nunca han tenido una
que se levantan en la «Ciudad Blanca. » Nopeseta ó avaros miserables que jamás han
venta mil pesos ha costado y no lo pongo
sabido gastarla. Toda la vida se hablará con
en duda, pues además de ser espléndido ediasombro de la boda de mi hija, porque yo,
ficio, co~o puede verse por la fo tografía que
aunque no soy rico, también pienso pagar
envío, están sus dos pisos cu biertos por riel gran banquete de la boda y gastarme lo
LA HORA DEL BA~O EN VENECIA, cuadro de Ricardo Madraza
quísimas alfombras, que valen algunos miles
menos dos mil reales para que se harten de
( Exposición general de Bellas Artes de Barcelona, r 891)
de duros, dada su gran extensión.
jamón y vino los convidados.
Este palacio lo ha construido el Brasil
Como todo llega en este mundo, llegó el día mar- pie derecho á la ventana y mostraba á todos un :igucado ~ara la cer~monia. Novios, testigos, vecinos y jero cerca de la pared medianera, con su puertecilla exclusivamente para exhibir el café; toda la planta
baja está llena de tan exquisito grano, y parece menconvecmos aparecieron en confuso tropel y alegre al· de hierro abierta.
garabía. El cura esperaba en la iglesia y el tío Lam- . - ¡Aquí, aquí ... estaba mi hucha! Aquí he ido me- tira que á tan larga distancia hayan transportado
prea había entrado en su casa pretextando un olvido tiendo años y años todos mis ahorros, todas mis ga- enormes cantidades sólo para regalarlo. Ninguna man.e ra mejor de abrirle mercados. Al lado de su palay encargando que le esperasen todos un momento.
nancias; y hoy que iba á guardar siete onzas de oro,
De pronto, y en lo más animado de la reunión se producto de estos últimos tres meses, al abrir mi es- cio ha levantado el gobierno brasileño un kiosco rooyó un quejido prolongado y terrible, un grito i~co- condite le he encontrado vado y deshecho. ¡Miren us- deado de mesas y de sillas, donde sirve gratis café á
piable y estridente, y apareció la cabeza del tío Lam- tedes... , nada! Los ladrillos rotos por el otro lado por todo el mundo desde la una hasta las cuatro de la
prea por la buhardilla de su desvá n, pálida y desgre- el desván del albéitar ... ¡Me han robado! ¡Ellos' han tarde: excusado es decir que acuden miles y miles de
personas y que se aguarda turno El servicio es eleñada.
sido! ¡Seis mil cuatrocientos veinticinco duros, en on- ¡Favor! ¡Socorro! ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Me han zas de oro, en ochentines, en monedas de cinco du • gante y esmerado; el café está bien hecho y es buerobado, me han robado!, gritaba el pobre hombre ros!.. ¡Los mato, los mato, .Y los echo á presidio, y los no; el paraje delicioso, debajo de los árboles á orillas
de un canal y sobre césped limpísimo y verde.
con alaridos terribles.
meto en la cárcel ahora mismo!
¿No es acaso bastante para que acuda todo el
Pintóse el estupor en todos los semblantes; entraSería imposible describir el espanto y la indignaron en la casa los más valientes; subieron los escalo- ción que se apoderó de los oyentes al escuchar al tío mundo?
Muchas personas se dan cita en el Brasil á las dos
nes de cuatro en cuatro y presenciaron un espectácu- Lamprea. Corrieron á casa de! albéitar, subieron á su
y á las tres de la tarde.
lo incomprensible.
desván y vieron el agujero destrozado. Aquella era la
Si la n~eva república sudamericana se hubiese preEl tío Lamprea, loco y fuera de sí, corría desde un herencia falsa, la riqueza repentina de doña Prisca.
sentado dignamente en manufacturas, donde no tiene

1'.IESTA D&amp; LA. ASOCIACIÓN DE ARTISTAS Dlt BAVl&amp;RA, -EL WALDMEIST&amp;R

'y

SU SÉQUI TO

�LA

NúMERO 612

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nuestro castellano antiguo y qu·e á pesar de ser turcos
dicen ser israelitas españoles. Jamás he creído ver un
grado tal de patriotismo atávico. Me han tratado con
sin igual cariño, mostrándose contentos de oir hablar
el buen espa,1ol, y uno de ellos, rico mercader, dueño
de un bazar espléndido, me hablaba en impersonal
con la mayor cortesanía.
¿No merecen todo nuestro cariño estos seres que
suspiran por la patria española en una época en que
vemos algunas criaturas renegar del amor de sus
padres?
Quedamos muy amigos el gran turco y yo, prometiéndole preguntar por él cuando vaya á Esmirna. Se·
gún Zeibek debe coincidir mi viaje con la Exposición
de Constantinopla, proyectada para dentro de dos
años: ha quedado en acompañarme personalmente,
dispensándome la honra de ser mi guía. ¡Allá veremos!
EVA CANEL
Chicago, I 5 de agosto de 1893
""'••l'u'•J•.,••J•..•&gt;.1•..,• ..,•,1•••••u•••....,•.. ••J•..,•••''u'o,t•u••J• ... •W•••••••••1••••••1•,.••,l•u•••1••••••''.J••-"

CONTROVERSIAS ARTiSTICAS

Nuestra corresponsal en Chicago, Eva Canel y su hijo,
en el Niágara

cosa digna de mención, podría decir que había quedado á grande altura. Con su edificio particular y
con el derroche de café y azúcar se porta como si
fuese imperio todavía.
LA CALLE DBL CAIRO

&lt;Una en el clavo y ciento en la herradura.»
trayecto; algunas más miedosas rodean con su brazo
Con
este refrán, no muy escogido para hablar de
el cueJ.lo del espolista.
Bellas Artes, pero que encaja como medalla en su
¡Y cuidado que están sucios los tales árabes!
troquel, se me ocurrió empezar este capítulo ó artículo, con motivo de cuanto, bien y mal, se discute
EL GRAN ZEIBEK
y se escribe sobre ese asunto, y particularmente en lo
Uno de los tipos más curiosos de Mt'dway Plai- tocante á Pintura y Escultura, que parece ser el camsance es el Gran Zeibek, un turco de barba ru,bia que po preferido para lucirse y entregar cuartillas á la vocuenta 62 años y que representa unos 35, á mucho racidad qe la prensa periódica, basando sobre la preque nos propongamos apurar la inspección de su fiso- mura el mérito para el premio, ó cuando menos llanomía. El Gran Zeibek, cuyo curiosísimo retrato en· mar la atención, formando atmósfera. Concretado á
vío, es el jefe de guías en Esmirna; empleo que debe esas dos manifestaciones de lo bello, se dejarán ahoal sultán de Turquía, que lo distingue mucho por su ra las demás á sus respectivos paladines, no menos
numerosos, y tanto ó más si cabe enredados en la
adhesión y por sus conocimientos geográficos.
Zeibek lleva siempre sobre sí un arsenal como sig- madeja de divergencias apreciativas y controversias,
no de su probado heroísmo en las infinitas batallas que al fin y al cabo más conducen á la confusión que
en que se ha encontrado; también ha peleado con el al esclarecimiento, que no siempre de la discusión
ejército inglés y está condecorado por la reina Victo- brota' la luz, que el saber conocer brota del estudio:
ria: ostenta una medalla como prueba, orgulloso y y por la falta de éste no estamos acordes todavía en
muchas definiciones y aclaraciones - llevando traza
poseído de su significación.
Zeibek habla los idiomas inglés y francés, á la per- de tardar en ello - referentes á varios puntos prelimifección el primero y bastante bien el segundo. Con- nares, cuyo claro conocimiento es indispensable para
migo estuvo finísimo, haciéndome unas cuantas zale- entendern::&gt;s. Es lo cierto, en el punto á que se llegó,
mas porque celebraba yo sus méritos, y porque le que los creídos y tenidos por competentes, colocacompré la fotografia, que dicho sea de paso no las dos en el escalado rango de críticos, se presentan en
número mucho mayor que el de los verdaderos intevende baratas.
Y no le falta razón: ¿acaso tenemos diariamente la ligentes y los artistas de buena ley, y en esa falange
oportunidad de conocer al Gran Zeibek7 Me dijo que activa, suelta la lengua y ligera la pluma, son más los
estaba en posesión de siete esposas, pero que sólo que perturban y desvían, que los que _pensando y prehabía traído qos: una de ellas, jovencita y no mal pa- meditando lo que dicen, guían y dirigen. Supuesto
recida, se me presentó: estaba sencillamente vestida que yo no me considero con suficiente competencia
á la europea. Le pregunté si vivía en paz y santa cal- en el reducido número de los segundos, me coloco
ma con todas ellas y si su amor no prefería á ningu- en el numeroso grupo de los primeros, no sólo mona. ¡Preferencias! ¿Quién dijo preferencias? Mahomet destamente, sino, ya que tantos caben, con la sana
ordena que se las quiera por igual á todas, y las pelo- intención ~e que no se me eche fuera del corro.
En tal concepto, metido y terciando ... podría deteras domésticas no tienen precedente, á decir de
Zeibek, en los hogares turcos. En ·esta calle que yo cirse milloneseando en el asunto, se me permitirá ó
llamo de las naciones hay muchos judíos que hablan me permitiré preguntar. ·

La calle del Cairo es una ramificación de Midway
Plaisance, y Midway Plaisance una avenida donde han
levantado sus edificios todas las naciones más 6 menos bárbaras y donde se canta en todos los idiomas
con las músicas más extrañas y haciendo cuanto se
puede inventar para atraer el público dentro de sus
cafés, de sus teatros y de sus barracones. Allí están
los bazares turcos y persas, las tiendas de los argeli?ºs, las mezquitas de los árabes, las sinagogas de los
Judíos; todo se amontona en aquel mundo abreviado
que se recorre durante una tarde, pudiendo pasar del
teatro javanés á una aldea irlandesa, y de aquí á las
cuevas de los esquimales, y de éstas á las infernales
minas del Colorado.
En Midway Plaisance está la calle del Cairo, una
calle cerrada en la cual se paga para entrar; con sus
casas perfectamente hechas y su alta torre adonde
el m uhecínsube para cantar las oraciones de su religión como si estuviese en pleno Egipto. Los vecinos de esta calle se han posesionado de ella tan á la
perfección, que cuesta trabajo al visitante darse cuenta del lugar en donde se encuentra. Todas las plantas bajas están ocupa.d as por tenduchos donde se
venden baratijas á montones y tapices de todos tamaños, tejidos con hilo de oro. La mayor parte de \
estos tapices reproducen la figura de Colón, ó el «Angelus, » ó las carabelas.
En la calle del Cairo hay burros y camellos enjaezados que sin cesar corren y trotan de un extremo
á ~tro produciendo sustos, gritos y carcajadas, según
quien los cabalga y cómo. Algunos porrazos suelen
llevar los ~ankees y las misis, cosa que nos hace pere?er _de nsa á los españoles, pues nada pienso ver
mas ndículo que l!n hombre y una mujer afianzados
con uñas y dient~s á la montura de un camello: el
h~°:1bre con los pantalones encogidos; la mujer, impav1da, enseñando hasta la rodilla, sin rubores ni
cortedades, y los dos· ajenos &lt;;ompletamente á la rechifla de los viandantes.
Y e~to no lo hacen u~a ni dos ni veinte personas,
no, senor: se remudan a cada vuelta las parejas· pero
el espectáculo subsiste los días enteros y las se~anas
y los meses.
Los ejercicios de equitación en burro presentan
diferente aspecto. Por regla general montan en los
borriquitos mujeres solas; pero como la montura sobre ser pequeña no ofrece comodidades y los animali~os p~gao brincos trotando, los árabes, que trotan á
pie al igual de los burros, abrazan á las escrupulosas
y púdicas miss por la cintura y recorren así todo el

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EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO.--LA CALLE DEL OAIRO

�606

LA ILUSTRÁCIÓÑ ARTÍSTICA

N úME,RO 612
N ú)IERO 612

¿Por qué apreciamos, juzgamos

siempre lo bello, ofrecen un resultado idéntico; que no podía pro•
&lt;lucirse otra cosa, siendo uno mis•
mo el espíritu que impulsaba. En
el carácter, dígase así, del arte del
sensualismo por el naturalismo de
la forma, un principio de sentimiento religioso encaminado á la
belleza del espíritu por medio de
la belleza de la forma; en el carácter del arte de la contemplación por el sentimentalismo, ajeno
á la materia, otro principio de sentimiento religioso, encaminado á la
belleza del espíritu por medio de
la inspiración. En unas y otras de
esas obras de arte, y en su más alto grado de perfección relativa,
igual belleza en su principio generador, identidad de misticismo en
la exteriorización del sentimiento.
Coloquémonos mentalmente en las
dos épocas; analicemos y deduzcamos.
La apreciación y crítica artísticas no pueden ser sólidas fuera de
ese círculo anchísimo, pero círculo
al fin: en él y dentro de él es preciso colocarnos para entendernos:
fuera de él, ó sea fu era del carácter esencial á lo bello, no existe._
punto de apoyo para discutir cosa
alguna relacionada con el arte de
lo bello, ni siquiera sobre las cond iciones de las obras de Bellas Artes... Fuera de esta base, se estará.
en falso ... en el vacío, y en el vacío no cabe apreciación, ni crítica, ni controversia: lo que por una
ú otra de sus condiciones no pertenezca al orden de la belleza está fuera de él; y como fácil y claramente pueden conocerse y distinguirse las obras de arte, en condíéión de tales, y con mayor facilidad se conocen las que de tal condición carecen, las que se presentan fuera del orden de lo bello,
sea cual fuere el modo de sentirlo
y el buen deseo de manifestarlo,
si no se obtiene ni aparece la belleza de la forma y lo bello del espíritu, no serán otra cosa que extravíos y aberraciones... Y eso se
compadece, pero no se discute.
¿A qué, pues, su discusión? ¿Con
el intento vano de hacer que sea
lo que no es, ni puede ser?
¡Im11osible!

y criticamos y sobre todo escribimos... que eso es lo peor, porque
de la charla poco queda ... por qué
tan á la ligera y con tal divergencia de criterio en los puntos en
que por sus condiciones esenciales son incontrovertibles... por qué
violentar lo que no puede doblarse sin romperse... por qué tergiversar y resolver el fundamento firme
en que se apoyan las plásticas manifestaciones de lo bello, la Pintura y la Escultura? ¿Acaso ese libérrimo derecho de juzgar, más bien
usurpado que adjudicado, más bien
tolerado que reconocido, se fundará sobre la libertad misma por la
que solamente puede producirse
la exteorización del sentimiento de
lo bello, y en consecuencia su vibración? ¿Por eso acaso?' No: eso
no puede ser; porque aun cuandp
sea cierto que no existe la reg1.1.
fija y rígida que limitaría el arte á
segura ciencia... no lo es menos
que en toda libertad hay un freno,
y que ni al arte puede faltar; porque esa libertad artística, dígase
así, careciendo de canon, de límite y de un principio y un fin, llegaría pronto á la Jicencia y al desvarío; y en uno y en otro caso no
tendríamos como genuina manifestación de lo bello las obras de Bellas Artes. n"e consiguiente, si la
libertad en la manifestación no es
libérrima; si•esa libertad puede ser
negativa, lo sería á los principios, y
á los fines·del arte, claro es que no
puede ser libérrima tampoco su
apreciación y su crítica. Si empezamos por no tener clara idea de
esos principios, ni en concepto no
más de buen sentido, á falta de
conocimientos profundos en tales
filosofías... ¿cómo discutir con claridad?, ¿cómo guiar y dirigir?
De esto se desprenden muchas
otras y poderosas causas no exentas de equivocación ó intencionadamente falseadas, las cuales ocasionan tanta disidencia en la crítica artística, cuya dilucidación, más
que eso, reviste ya el carácter de
pugilato del ingenio para defender
ó atacar, según la impresión, el
criterio ó las miras que elevan ó
que rebajan... porque de todo hay
en la viña del Señor. Es innegable
que si en esto hay mucho embro•
llo, ha de ser motivado por una
causa primordial: siendo esto así,
hay necesidad de conocerla y precisión de arrancarla de cuajo, sustituyéndola con otra sólida y determinante, y afirmados en ella poder
, entendernos mejor, prescindiendo
· por de pronto de muchos extremos secundarios, los
cuales son en áltimo resultado lo que SOi\ á los principios los sistemas, no más que puntos de roce entorpeciendo el regulado movimiento del eje que sólo
necesita los dos firmes extremos de apoyo. Fijémonos, pues, en lo que ha de tenerse presente cuando
· de una cosa se trata ó respecto de la que se discute,
en lo que le es esencial, en los principios que le son
propios, ó en los extreinos culminantes, de los que no
1 se puede prescindir, ni por ningún concepto faltar á
ellos; y así discutiendo referente á Bellas Artes, no
podemos prescindir de su principio esencial, que es
lo bello, ya por la hermosura de la forma, como por
la hermosura del espíritu, escogida y depurada la
•una, trasparentado é idealizado el otro, ó sea Naturalismo é Idealismo. No podemos separarnos de estos
dos extremos perfectamente conocidos, de esos dos
fines claramente deslindados, que como dos ejemplos, casi principios ... (si su ciencia pudiese dividirse)
se nos ofrecen como límites del campo de deliberación, del que no puede salirse, ó en el que se ha de
venir á parar: puntos de apoyo del eje principal de
esa maquinaria de la inteligencia creadora del arte,
de ese fruto del estudio, de ese esfuerzo humano, que
conocemos por medio del sentimiento de lo bello, expresado y exteriorizado por esas manifestaciones especialísimas y arrebatadoras del talento y del genio,
á las que se da el nombre de obras de Bellas Artes.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

amor hería los corazones, no con flechas, sino con
miradas y sonrisas; lo que ponía en tensión los nervios y excitaba la codicia de los jóvenes que asistían
al ·baile eran las damas y damiselas que, ataviadas
primorosamente, mostraban los tesoros de sus perfecciones.
·
Y pasaban, pasaban una tras otra, como en mágico y embriagador desfile, dejando un rastro de hermosos resplandores.
- Es la mujer de más mérito que he visto en mi
vida, exclamó uno de los del grupo a ntes referido.
- Es cierto, vale mucho la condesita; y me extraña que, siendo rica, joven y hermosa, pel'manezca
tanto tiempo viuda.
.
- La viudez, sin duda, tiene para ella encantos y
seducciones grandes, que quizás en el matrimonio
no encontraría.

- Tú, con filosofías quieres poner digno remate á
la noticia y predecir los sucesos; pero ahí viene Pepito, y él nos explicará mucho mejor su estado de ánimo. ¡Ven acá, hombre, ven acá, que caes aquí como
llovido del cielo! Dicen que estás triste y que la condesita es más ingrata que hermosa, y ¡mira que es.
hermosa!
- Estoy más alegre que nunca, replicó Pepito, y
no sé si Carmen Peláez es ingrata ó no lo es.
- Pero no seas tan lacónico; y tú que la tratas
con intimidad, dinos algo con respecto á ella; vamos,
habla.
- Que es muy guapa; que tiene una conversación
encantadora, y... nada más.
- ¿Nada más? ¡Por Dios!
- ¿Os parece poco?
- Sí, poco, poquísimo; lo que has dicho lo sabemos.

ca ó un verdadero desarreglo mental ó una ridiculez
digna de risa y mofa? Yo he pensado seriamente en
hecho tan enigmático y originalísimo, y no doy en la
clave para descifrarlo; porque téngase en cuenta que
para mí hay clave, y no es ni la ridiculez ni la locura
sino algo misterioso, algo que se pierde en las bru~
~as de lo desconocido y que, si acaso, el más perspicaz logra ver de ello contornos que se difuminan
en la lontananza, formas vagas imposibles de precisar. Yo no sé; pero cuando veo á la condesita me parece que una niebla la envuelve; niebla que oculta á
los ojos del mund? algo si_i:iiestro, niebla que adquiere algunas veces tmtes roJizos, como si se hubiera
f?r~ado de la~ evaporaciones de un lago de sangre y
lagnmas. Decidme: ¿qué os parecen sus ojos? Admirables, ¿no es verdad?_J?e mirada dulcísima, impregnada de halagos y canc1as, ¿no es así?.. ¡Son verdes!

J UAN 0-NEILL

.--TURNO UIPAll,

cuadro ele Francisco Masriera

El equilibrio y la armonía de ellos, la conveniente y
necesaria unión de estos dos extremos, el Naturalismo y el ldealis111oi será la vetdaderl1 perfección relativa ó finita de la obra de arte; el desiderátum del artista; la demostración del talento y del genio; el resultado de la inteligencia; lo que arrebate, conmueva
y eleve.
Esos dos extremos ó principios que podemos tomar como ejemplos y bases son: el arte griego pagano, que en su período de mayor perfección de carácter presentó la depuradísima belleza de la forma, mirada_ con tal amor, que llegó á confundirse en una
especie de culto, y como era natural, dió á la vez idea
de la hermosura del espíritu, llegando al extremo de
poderse apreciar como un misticismo: el arte cristiano en su período de creencias firmísimas, tan sencillas como casi fanáticas, algunos siglos después, en
la misma Grecia y en el resto de Europa, presentó el
nuevo y distinto carácter del estudiado descuido de
la belleza de la forma, concretándose á dar idea de
la hermosura del espíritu, con lo cual se llegó también, aunque en sentido distinto, á otro género de
misticismo.
Esa unidad esencial del arte de lo bello, es el verdadero espíritu de las Bellas Artes, cuyas obras, paganas ó cristianas, debidas á dos móviles en cierto
modo diversos, á pesar de su aparente contrasentido,
como prueba indiscutible de su indivisible esencia,

LA SOMBRA
- ¡Es bellísima!
- ¡Adorable!
- Y vedla: ¡qué andar más majestuoso! ¡Parece una reina!, pero
la reina de la hermosura caminando sobre corazones.
- No; que eso sería suponerl~ cruel, y basta advertir la dulce expresión de sus OJOS para saber que
es mujer de alma .s ensible.
Esto, y otras cosas por el estilo, decían soto voce
allá á un extremo del gran salón de baile, sazonándolo con sonrisas maliciosas y lúbricas miradas, unos
cuantos jóvenes pertenecientes á lo más linajudo de
la aristocracia.
Y había ciertamente razón para miradas, sonrisas
y comentarios.
Estimulantes, y estimulantes de sobra, para poner
en acción lengua y ojos eran aquel concurso de femeniles maravillas y los varios y sabrosísimos inci•
dentes que á cada instante surgían.
La fiesta estaba en realidad espléndida: las pare·
des cubiertas de ricos tapices, los techos de pinturas
de afamados artistas y el suelo de magnífica alfombra. El decorado lujosísimo lo realzaba la luz que,
inundándolo todo, daba esplendores nuevos y nuevas bellezas á cuanto acariciaban sus rayos de oro.
Pero lo que prestaba al espectáculo tonos y matices de fantástico sueño de hadas; lo que evocaba, no
con los contornos borrosos del recuerdo, sino con la
precisión de líneas, el vigor de colorido y la plasticidad de formas que tienen los cuadros reales, aquellas fiestas paganas de la Roma del imperio, en que
la voluptuosidad recibía culto de dio$a y el ciego

UN LANCE Dlt HONOR,

Y una sonrisa irónica dilató los labios del que tal
suposición lanzaba.
- Eres incorregible: no puedes hablát sin morder.
- Lo he dicho sin malicia.
-;- Com? tú lo dices todo; allá va, y otros se ehcttt•
garan de interpretarlo y sacarle jugo.
- Pero los ~alévolos s?is vosotros, no yo: ¿qué
mal hay en decir que la vmdez tiene encantos y se·
ducciones? Ahora, si estas palabras queréis esclarec~rlas con los rumorcillos que propalan algunos env1d1osos, entonces bueno.
. - ¿Pues qué dicen?, interrumpió un jovenzuelo á
qmen apenas apuntaba el bozo.
- Nada, majaderías: antes, que si Pepito Estrada
era muy afortunado, q ue si privaba con la condesita
en fin, cosas así; nada, repito.
'
- ¿Y ahora?
-: ¿Ahora? Ahora Pepit? está triste, y en cambio
Enrique Durante se considera el hombre más feliz
de la tierra: ya veis, naturalísimo; la vida es esta: tal
vez mañana esté alegre Pepito y Enrique triste. La
dicha es como el sol; cuando para unos anochece,
amanece para otros; y hay que tener paciencia que
el sol vuelve y la dicha torna.
'

cuadro de T. Munch

- ~ues entonces ... ¡vaya!, os lo contaré: prestad
atención y escucharéis algo que de fijo ignoráis.
- Somos todo oídos.
- Pues hg aquí la verídica historia: Carmen Peláez es una mujer excepcional, hermosa, discreta, de
gran. cultur~, de conversación chispeante; un compend1? admirable de belleza y de gracia. Pero, amigos, tiene una, que yo me atrevo á llamar extravagancia, y que individuos de su servidumbre me han referido en secreto, llenos de verdadera extrañeza. Preguntaréis vosotros: ¿qué es ello?, pues sencillamente
que duerme con luz. ¿Os reís? ¡Bien, escuchadme; esc~chadme y os convenceréis de que es una extravagancia enorme! En su dormitorio, que no es grande además de una magnífica lámpara que se halla en ei centro, pendiente del techo, hay otra en cada uno de los
cua~ro extremos de la habitación; ¡pues todas ellas se
encienden antes de que la hechicera condesita vaya á
acostarse, y continúan encendidas hasta que se levanta la sílfide! Aquello es una verdadera iluminación· el
dormitorio está como si en pleno día el sol lo al~mbrar~ con sus más brillantes claridades. ¿Queréis decir~e s1 esto no pasa de extravagancia y llega cuasi á las
lmdes de la locura? ¿Queréis decirme si esto no signifi-

Tienen el color del mar; pero del mar, no cuando
está en ~a!ma, no cuando la brisa agita levemente su
superficie, no cuando refleja en sus ondas cristalinas
los esplendores del cielo, sino el verde obscuro del
mar turbulento, del mar que brama y encrespado levanta sus fauces de monstruo. ¡Ah, sí, sí: sus ojos!
Yo los he visto bien, y tienen el mismo brillo metálico que la ola rugiente, la misma atracción irresistible que el abismo tenebroso. ¡Y qué boca más fresca
qué lábios más sonrosados; parece que están pidien:
do un beso! P ues fijaos bien: ved cómo se pliegan;
acentuad ese mohín que tan to os encanta, y tendréis
un gesto que revela carácter antojadizo y cruel. En
resumen, yo no os lo niego, es hermosísima y me
gusta mucho. Tiene las perfecciones de líneas de una
estatua griega, los atractivos embriagadores de la
vida rebosante de juventud y fuerza y las arrulladoras suavidades y las amorosas dulzuras de las almas
apasionadas; pero á pesar de todo ello, desde que
supe lo de la iluminación del dormitorio me inspira
la amable condesita extraños sentimientos.
. La pe_roración de Pepito fué oída por unos con ind1fere_nc1a, por otros como desahogo ridículo de sus
agravios de amante desdeñado. Lo de la iluminación

�EL GENERAL PRIMEN LA BATALLA DE LOS CASTILLEJOS, cuadro de José M. Marqués
UN DISCÍPULO DE SAN FRANCISCO, dibuj o de J osé M. Marqués

�L A I LUSTRACI ÓN ART ÍSTICA

61 0

Núl\IERO 612

Nú MERO 612

6r I

L A -ILUST RACIÓN ARTÍSTICA

Anais Segalás, célebre poetisa francesa, novelista y autora vecho estudian, más justamente juzgan y con más elegancia esse juzgó como una necedad de la maledicencia, que
dramática que alcanzó gran renombre á mediados de este siglo criben.
se entretenía en cosas fútiles y sin substancia.
y que la generación presente tenía en inmerecido olvido.
De algún tiempo á esta parte Eva Canel reside en la HabaJ OSÉ DE ROURE

Bellas Artes. - En Maguncia se proyecta erigir en honor
de Luis Lindenschmid, el fundador del Museo central Romano-Germano, un monumento que se construirá según un modelo que al morir en 1892 dejó el famoso estultor Antonio Scholl.
- El profesor F. Wagner, de Munich, ha recibido el encargo de reproducir las antiguas pinturas que decoraban la fachada de la Casa Consistorial de Mulhausen, edificio construído
en 1552 según el estilo del renacimiento alemán. Para esa reproducción cuenta aquel pintor con fotografías que se sacaron
cuando todavía se conservaban aquellas pinturas.
- Para la Nueva Pinacoteca de Munich se ha adquirido el
famoso cuadro de Wálter Firle, Padre Nuestro, habiendo facilitado algunos particulares la cantidad necesaria para comprarlo.
- El pintor muniquense Francisco Matsch está terminando
un gran lienzo de 32 metros cuadrados, que representa á Aquiles triunfante, arrastrando el cadáver de Héctor ante los muros
de Troya, y que está destinado á la quinta que en Corfü posee
la emperatriz Isabel de Austria.
- La Exposición de los secesionistas muniquenses contiene,
distribuídos en 13 salas, 649 cuadros al óleo, entre ellos 322
extranjeros; 135 acuarelas y dibujos, de ellos 38 extranjeros, y
37 esculturas, de las cuales son extranjeras 31.
- El Ayuntamiento de Mánchester, por recomendación de
su Comité de Instrucción técnica, ha nombrado al célebre artista Wálter Crane Director general de la Escuela de Bellas
Artes con el sueldo anual de 600 libras esterlinas (15.000 pesetas): la obligación del nuevo director consiste en consagrar sus
servicios á la escuela una semana durante el curso; pero los
que le han nombrado esperan que en el caso de que Mr. Crane
descubra ei;i los alumnos buenas disposiciones para el arte les
dedicará más tiempo del que el nombramiento le exige.
T eatros. - En el teatro Viejo de Leipzig se ha estrenado
con buen éxito una graciosa opereta de León T reptow, titulada
Las tres gracias.
- En el teatro Lessing de Berlln se ha estrenado una comedia en cuatro actos, El coronel de Branitz, que fué recibida con
gran aplauso, y cuyo autor, Rodolfo Strass, demuestra con ella
haber hecho, á pesar de ser muy joven, un estudio profundo
del alma y de la vida humanas.
- En el teatro Regional y Nacional Tcheque de Praga se
está representando un ciclo de las ocho óperas del compositor
bohemio Federico Smetana Los brandeburgueses en Bohemia,
La novia vendida, Dalibor, Libussa, D os vii,das, El beso, El
secreto y La pared del diablo. Smetana fué director de aquel
teatro desde 1866 hasta 1874, en que hubo de renunciará ese
cargo por haberse vuelto completamente sordo, y falleció en un
manicomio en mayo de 1884.
- Para la próxima temporada de 1893 á 1894 prepáranse en
el teatro de la Corte, de Viena, entre otras novedades, las óperas Jlfirjam, del compositor vienés Ricardo Henberger; El
beso, de Smetana, y Comelio Sckut, del maestro italiano Smareglia.
- En el teatro de las Arenas Nacionales se ha estrenado,
vertida al italiano, la zarzuela de Burgos con música de Chueca y Valverde, titulada Cádiz: la obra, puesta en escena con
gran lujo, ha sido acogida con gran aplauso.
- En Catania y en Milán se ha representado con poco éxito
una comedia del célebre poeta racionalista y socialista italiano
Mario Rapisardi, titulada La familia de D. Teójilo: la obra
pertenece al género satírico, es de tesis, pesada y declamatoria.
- En Londres se proyecta la representación de una obra de
Shakespeare en un escenario igual á los en que se verificaban
las representaciones teatrales en el siglo xv1; los trajes serán
los del tiempo de la reina Isabel, y á ambos lados de la escena
habrá grupos de espectadores vestidos según la moda de aquella época.
- En Munich sigue representándose con gran éxito el ciclo
de óperas de Wagner; comenzó con Las Izadas, á la que han seguido El holandés volante, Los maestros cantores, El oro del
Rlzin, Las Walkirias, Siegfn'do y El crepdsmlo de los dioses.
- Con motivo de las próximas fiestas se estrenará en Calatayud, lugar en donde se supone la acción de La Dolores, este
precioso drama de D. José feliu y Codina, quien ha sido oficialmente invitado por el Ayuntamiento bilbilitano para asistir
á las representaciones de su bellísima obra.
- En el Prado Suburense de Sitjes se ha verificado una fiesta modernista, de la que formaba parte la representación del
drama del escritor belga Maeterlink, La intrusa, fiel y correctamente vertido al catal:ín por D. Pompeyo Fabra. E n esa
obra no hay, por decirlo así, argumento; es esencialmente sugestiva, y su autor sólo se propone producir en el público una
impresión de miedo, de terror, y preciso es confesar que lo consigue por completo. El éxito de La intrusa fué grande, habiendo contribuído no poco al mismo los actores que la representaron, uno de ellos Rusiñol, el celebrado pintor, y otro Casellas, el distinguido critico artístico de La Va11guardia.
N ecrologí a. - Han fallecido recientemente:
Julio Knoch, célebre embriólogo y naturalista ruso.
Enrique Lange, notable cartógrafo y geógrafo alemán, desde
1868 presidente de la oficina de planos de la Real Dirección de
Estadística de Berlín.
Gustavo Passavant, cirujano alemán de reputación europea.
Alejandro Strauch, secretario perpetuo de la Real Academia
de Ciencias rusa, naturalista de gran reputación.
Pacífico Valussi, decano de los periodistas italianos.
. Gui!lermo Jorge Cusin, notable pianista, organista y violimsta me;lés, maestro de capilla de la reina Victoria, autor de
varias obras musicales, entre ellas un o~atorio, Gideon, dos
oberturas de concierto, una serenata nupcial compuesta con
motivo de la boda del príncipe de Gales y un concierto en la
menor.

Luis J ulián Franceschi, notable escultor francés premiado
en distintos Salones de París, caballero de la Legión de H onor, autor de la Fortuna que existe en el Museo del Luxemburgo, de multitud de hermosas estatuas y de los bustos retratos de la mayoría de celebridades literarias y artísticas parisienses.
Gastón Thys, pintor francés que obtuvo el primer premio de
Roma por la sección de pinturas, en 1889, por su cuadro Jmís
curando á 1m paralftico, y una mención honorífica en el Salón
de 1891.
Miguel Andriolli, famoso dibujante polaco.
] . W. Casilear, paisajista americano.
Augusto Dieck , notable pintor de historia alemán y autor
...de muchos y muy celebrados cuadros religiosos.
Juan Klaus, grabador y pintor retratista austriaco.
Ernesto Picchio, conocido con el nombre de Piq, pintor
francés, exaltado anarquista, cuyas principales obras son La
muerte de Baudin y El triunfo del orden, que representa un fusilamiento en masa de comunistas parisienses en 1871.

na, adonde la llevó el deseo de estar lo más cerca posible de
su hijo, que se educa en Nueva York y que con razón constituye su encanto y su esperanza. La Cámara de Comt&gt;rcio ele
aquella ciudad la nombró cronista de la Exposición universal
de Chicago, en donde tiene también la representación de LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, y desde donde nos ha enviado como
recuerdo particular la fotografía que reproducimos, aun á riesgo de que por nuestra indiscreción incurramos en su desagrado,
en la seguridad de que nuestros su,criptores han de agradecernos que les demos á conocer á la que con su pluma tantas veces les ha embelesado, á la distinguida escritora á quien desde
estas columnas enviamos la expresión de nuestros afectos más
cariñosos.

T urno impar, cuadro de F rancisco Masriera..
(Salón Parés.) - Ocasiones tan repetidas se nos han ofrecido de
ensalzar en este mismo lugar las obras del eximio pintor Francisco Masriera, que con su hermano José sostienen tan alto el
pabellón del arle en nuestra querida Barcelona, que casi juzgamos inútil encarecer las bellezas de la nueva obra de que hoy
damos copia, una de las que más justamente llamaron la atención de los inteligentes y aficionados en la última Exposición
anual del Salón Parés.
Francisco Masriera ha alcanzado la categoría de maestro en
su arte: sus lienzos llevan el sello especial, elegantísimo-y delicado, que es el distintivo de todos los que brotan de su brillante paleta.
·
. En el Turno impar, como en todos los cuadros de este arllsta, obsérvanse pormenores estudiados con recomendable
prolijidad y efectos casi inimitables en las carnes, que adquieMignon , estatua en bar ro coci do de V enan- ren morbidez y extraordinaria finura, gracias á su prodigiosa
cio Vallmitj ana. - La historia artística de este distinguido hab_ilidad, cuyo ingenio es parejo de su maestría en la ejeescultor es una continuada serie de triunfos. Su nombre lleva cución.
consigo el concepto de la maestr!a, del gusto y del sentimienU n lance de h onor , c u a dro d e T . Munch. - Por
to, y la mayoría de los que hoy se titulan sus compañeros fueron ayer sus disdpulos, siendo de notar que todos reconocen en mucho que contra él truenen la moral y el sentido común de
Vallmitjana la superio1idad indiscutible, á que le dan derecho consuno, el desafio ha sido, es y será, cuando menos en nueslos largos años de penosa labor y el testimonio fehaciente del tro tiempo, un medio de reparar el agravio inferido ó de venmérito de sus obras, muchas de las cuales sirven de preciado gar la sufrida afrenta. ¿Qué importa que las más de las veces
adorno en regios salones y de complemento al embellecimiento el agraviado resulte vencido, uniendo al mal moral el daño
material, quizá la muerte? ¿Qué importa que el procaz ofensor
de nuestra ciudad.
Devoto ferviente del arte, no se desdeña, á pesar de su recono· pueda verse envuelto en esa aureola que acompaña siempre al
cida competencia, en tomar parte en los certámenes y concursos que triunfa, sea cual fuere el terreno en donde venza? Contra la
en donde por medio de sus obras puede dar muestra de sus lógica, contra el sentimiento cristiano álzanse esas nefandas
conveniencias sociales que no creen borrada una ofensa hasta
grandes alientos.
Laborioso é infatigable, no da tregua á los palillos, modela que ha corrido sangre, sea del culpable, sea del inocente, que
esos preciosos barros que encantan por sus elegantísimas lí- esto es lo que á la sociedad menos le importa. F.n el duelo se
neas y produce obras tan importantes como la Piedad, inspira- han inspirado multitud de artistas que han visto en sus lances,
da en igual concepto que la qur. inmortalizó á Miguel Angel, y en los sentimientos que animan á los actores y á los testigos y
el monumento á los mártires de la Independencia, que hemos aun en los sitios en donde suele efectuarse ancho campo para
sus concepciones artísticas: Munch, el renombrado pintor mutenido ocasión de admirar en su taller.
niquense, es uno de ellos, y el cuadro que reproducimos deL a h o r a d el b año e n V e n eci a, c uadro d e R i - muestra que ha sabido sacar gran partido de todos aquellos
c ard o Madrazo (Exposición general de Bellas Artes de elementos, haciendo de sus figuras modelos de expresión é imBarcelona en 1891). -Por más que alguien dijo, con sobrada primiendo en el paisaje el sello de tristeza que caracteriza á la
razón, que los grandes hombres no dejan sucesores, ó lo que es estación otoñal.
igual, que el ingenio no se transmite, no puede aplicarse esta
U n discípulo d e S a n Fra n c isco.- - E l gen e r al
afirmación á los que se consagran al cultivo del arte. Gloria de
España son todos los artistas que pertenecen á la familia Ben- P r im, cuadros de José M. Marqués. - Después de haber lolliure, como ilustres son asimismo los Mélida y los Madrazo, grado conquistarse envidiable cuanto merecido renombre como
paisajista, ha pretendido Marqués alcanzar igual notoriedad
que constituyen hoy ya una verdadera dinast!a.
El nombre de Madrazo representa una gran personalidad en como pintor de figura. Las dos madres, Un grupo de j11d{os,
el arte español contemporáneo, y á su sombra, bajo su amparo, ¿Cuántos dioses hay?, asi como un considerable n{1mero de eshan aumentado su valía las ramas de aquel añoso tronco que tudios, han venido á demostrar cuánto puede esperarse en e,e
género de este artista en quien sus relevantes cualidades háaún hoy tiene savia bastante para prestar vida.
Ricardo es una de esas ramas, tan frondosa, tan pujante, llanse avaloradas por su incansable laboriosidad. Espinosa es
que da opimos frutos. I talia, el pais encanto de los artistas y la senda emprendida y sembrada de dificultades y obstáculos;
de los poetas, ha inspiradC' á Ricardo Madrazo sus más bellos mas no dudamos de que Marqués vencerá por completo cuancuadros, entre los que figura el que reproducimos, recuerdo de tos-en su empresa encuentre, y logrará colocarse en ese género
la ciudad de las lagunas, que reproduce una escena de familia, á la misma altura á que ha alcanzado con sus bellisimos paitierna y sencilla, avalorada por el sitio y la acción en que se sajes.
El dibujo representando á Un discljmlo de San Fraiuisco,
desarrolla.
entregado al estudio y al ascetismo, es un bello trabajo, y el
F iesta. d e l a Asociación d e .Artistas d e Be.vie - retrato del héroe de los Castillejos, del legendario general de
ra, e n Munich . - Hace poco la Asociación de Artistas, de la guerra de Africa, en cuyo recuerdo van unidos la gloria de
Munich, ha celebrado grandes festejos con motivo de la colo· nuestras armas y de un periodo de grandeza, revela en su autor
cación de la primera piedra para un nuevo Palacio de los Ar· cualidades no comunes. Cierto es que la concepción más granlistas, ceremonia que presidió el principe regente Leopoldo y de que se conoce del caudillo ilustre es el gran lienzo de Reg•
á la cual concurrieron casi todos los príncipes de la casa real, nault, en el que se representa al general Prim en todos sus
entre ellos la infanta de España doña Maria de la Paz de Bor- aspectos, en sus múltiples significaciones; pero no ha sido tal
bón } los primeros artistas bávaros. Siguióse á ésta una fiesta el empeño de Marqués, ni de emular por lo tanto la obra del
en la cervecería Salvator, un concierto y una lotería de cuadros gran maestro, resultando su cuadro una composición merece·
de los mejores pintores, como Kaulbach, Menzel, Wimmen y dora de aplauso.
Defregger. Pero el número culminante de los festejos fué el que
R ecuerdos d e l p aís d e h ierro, c u a dro d e Vise celebró en los hermosos bosques de Feldaffing, á orillas del
lago Starnberg, que surcaban numerosas góndolas cubiertas de cente O u tanda. - Vicente Cutanda, de verdadero tempeflores y vistosamente iluminadas. El grabado que reproducimos ramento artístico, hase dado á conocer y conquistado merecido
representa al Waldmeister (inspector de los bosques) con su renombre por la elevación de conceptos y la virilidad que sus
séquito de ángeles, músicos y genios que desfiló delante de los obras revelan. A los lienzos de carácter histórico han sucedido
los de costumbres, los que retratan el modo de ser. de nuestra
príncipes entonando cantos populares.
sociedad, que busca el artista en donde aparece más grande,
N uestra correspon sal en C h icago, Eva. Ce.n e l más viril, más española, en las regiones cantábricas. Los desy su hij o, en e l Niágara. - Nacida en Galicia, Eva Ca· cendientes de los pueblos cellas, galaicos, astures 6 vascos tiene! lleva en su alma el espíritu emprendedor que impulsa á los nen en Cutanda el fiel y constante encomiador de sus cualidahijos de aquella poética región á buscar en lejanos paises ancho des, puesto que en sus lienzos reproduce las patriarcales coscampo en que desarrollar sus múltiples aptitudes: así ha reco- tumbres de aquellas provincias ó representa á sus habitantes
rrido, primero en compañía de su esposo, el notable y fecundo en acción, en la grandiosa actividad de su trabajo, en los altos
literato D. Eloy Perillán Buxó, y sola, después de fallecido és- hornos ó en las minas, en donde arrancan de las entrañas de
te, fos principales Estados de América, cuyas costumbres tan la tierra el más útil de los metales, el hierro, que se convierte
admirablemente describe en sus artículos. Templado su ánimo en instrumento de paz, engendrador de la riqueza, ó en arma
á todas las contingencias de la vida, desde las más favorables defensora de la integridad de la patria.
Una huelga en los altos hornos, justamente premiado con
á las más adversas, ni las mayores contrariedades la han abatido nunca, ni la prosperidad adormeció sus viriles energías. medalla de oro en la última Exposición nacional, y El país
Muerto no hace mucho su esposo, ele quien sólo heredara un del Merro, que reproducimos, atestiguan la genialidad de Cunombre honrado cuanto ilustre, consagróse por entero al cui- tanda y su buen criterio, puesto que conforme dijo Hewens:
dado ele su hijo, por cuyo amor, rayano en idolatría, ha acome- «El pintor que pinta á la sociedad que le rodea, aporta materiatido las más levantadas y difíciles empresas, ha realizado los les para la historia.»
más nobles sacrificios y ha vencido obstáculos ante los cuales
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
más de un hombre habríase confesado impotente y en los que
adoptado en los H ospitales de París y que presno repara la abnegación de una madre.
Ni esta es ocasión ni tenemos espacio para juzgar á Eva Ca- criben l os médicos, contra la Anemia, Clorosis
nel como escritora: su nombre es bien conocido en el mundo y Debilidad; dando á la piel del bello sexo e l
y aterciopela d o que tanto se desea.
de las letras españolas, y los innumerables artículos en éste y sonrosado
Es el meior de todos los tónicos y reconstituotros periódicos publicados y sus novelas Trapitos al sol, Jlfa- yentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
110/111 y .Oremus le han conquistado honroslsimo lugar en nuestra teniendo además la superiorid ad sobre los feliteratura entre los autores que mejor observan, con más pro- rruginosos de no fatigar n u nca el estómago.

UNA FRANCESA E N EL PO.LO NO RTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTINUACIÓN)

Isabel escuchaba aquellos prudentes consejos, pero
no podía por menos de dejarse arrastrar por su afición
á las excursiones, y algunas veces olvidaba lo que le
decían su padre y sus compañeros.
Un acontecimiento terrible no tardó en confirmar
aquellos temores.
No había que cuidar solamente de las grietas y
alu ies, sino que sobrevinieron otros riesgos no menos graves.
En los primeros días de marzo, Riez, Carré, MacWright y el teniente Hardy, que eran los mejores ca-

El teniente Poi, que había salido solo, se encontró de manos á boca con un oso

zadores de la expedición, notaron huellas de lobos y
de zorras á muy corta distancia del fuerte. Al día siguiente advirtieron también pisadas de animales más
corpulentos.
Aquellas noticias causaron gran alegría en el fuerte, pues probaban que la caza reaparecía, y anunciaban, al propio tiempo, un verano excesivamente
precoz.
Efectivamente, el 10 de marzo, con una temperatura de 'IS grados bajo cero, que fué la media de
aquel mes, los cazadores tuvieron la suerte extraordinaria de alcanzar un rebaño de cinco bueyes almizcleros, de los cuales cuatro quedaron tendidos y despellejados en un momento, aumentando sus carnes
las provisiones de la despensa.
Pero el día 12 el teniente Poi, que había salido
solo, se encontró de manos á boca con un gigantesco
oso blanco. Según la costumbre de los de su especie,
empezó por huir, lo que permitió al teniente operar
una corta retirada; pero al cabo de haber andado un
kilómetro en · dirección del fuerte, vió al volverse,
que el animal retrocedía y se disponía á atacarle con
tan rápido paso que le hubiera alcanzado en breve.
Por fortuna algunos marineros advirtieron el riesgo
del teniente, y cargando sus fusiles y lanzando grandes gritos adelantaron hacia el animal, sobre el que
hicieron fuego momentos después. El oso desapareció, no sin dejar un reguero de sangre, lo que demostraba que una de las balas cuando menos había hecho blanco.
Por más que le dieron caza, no pudieron alcanzarle, y lo sintieron mucho, porque la carne del oso
pasa entre los esquimales y europeos que han visitado aquellas comarcas por la más suculenta de
todas.
Por la noche se comentó mucho la aventura, y al
día siguiente, que era domingo, sólo se -habló de ella
durante los entreactos de la representación teatral.
Y también recordaban todas las escenas de la caza,
y allí mismo improvisaron una representación de ellas
para dar clara idea á sus compañeros de la aventura.
Se había esperado que el plantígrado aparecería
de nuevo por las cercanías del Fuerte-Esperanza;
pero como no lo vieron ni al día siguiente ni en los
sucesivos se creyó que se había a1ejado del cabo Ritter, escarmentado quizá por la herida recibida. .

pendía su lengua roja, con el mismo anhelo que se
mueve la de un perro sediento.
•
- Volved, señorita, volved, gritó Guerbraz desesperado.
La joven lo oyó y se volvió tratando de retirarse;
pero el oso comprendió sin duda que se le escapaba
la presa, dió un paso adelante y con poderoso empuje
apoyó sus patas sobre la orilla opuesta de la grieta,
haciendo crujir las quijadas y lanzando un sordo
gruñido.
Guerbraz había empuñado ya su revólver, al propio
tiempo que el hacha que jamás le abandonaba, y tomaba ya carrera para saltar sobre el témpano en que
estaban Isabel y su terrible adversario, cuando se produjo un fenómeno inesperado.
Al empuje de las enormes patas del plantígrado, la
grieta se extendió con siniestro ruido hasta la base
misma del témpano. Arrastrado por su empuje el
enorme animal cayó en el hueco, en tanto que el
amontonamiento de témpanos oscilaba, desprendiéndose del resto del banco. Bajo una presión extraordinaria, el suelo del campo de hielo reventó, y una
columna de agua, formando una enorme ola se estr_elló oblicuamente contra el iceberg que ro~pía los
hielos de alrededor y se alejaba rápidamente de la
costa, solicitado, sin duda, por alguna corriente templada que pasaba por la base del campo de hielo.
Entonces llegó el turno de tener miedo á Guerbraz, que á su vez lanzó un grito. Por los relatos de
otros expedicionarios, sabía que muchas veces masas
~normes de hielo _se ·desprenden de la costa, y empuJadas por las comentes llegan hasta aguas más templadas, donde se deshacen rápidamente. Aquella hipótesis hacía más crítica todavía la situación de
Isabel, abandonada sobre su isla flotante.
La verdad era que ~n aquella época del año, el
témpano no podía derivar mucho porque no había
ninguna vía practicable aun á través de la aglomeración del pack.
Efectivamente, al cabo de unos cien metros se detuvo bruscamente, dejando detrás de él un enorme
agujero lleno de agua, que no tardó en cubrirse de
una delgada capa de hielo.
Guerbraz estaba desesperado.
Disparó por dos ó tres veces su revólver al aire á
fin de avisar del peligro á sus compañeros. Y cuando
el ~~orm~ témpano se empotró en el icefield que
CruJIÓ baJO su peso, el marinero pudo advertir á I sabel de pie sobre una especie de cornisa, cortada á
pico á una altura de treinta metros sobre el nivel del
campo.
La situación se hacía más crítica ácada momento.
Para_socorrer á la joven, Guerbraz se dejó deslizar
tan aprisa como pudo por la pendiente que ya había
salvado. Para ir donde estaba Isabel era preciso dar
la vuelta al navío, y esto es lo que hizo saltando de
arista en arista por sobre témpanos y grietas, hasta
que llegó sobre la superficie helada del fiord.
Pero allí, un nuevo espectáculo le petrificó de horror. El oso, á pesar de la caída que diera, caída considerablemente peligrosa por el agua á la cual fué á
parar, se había levantado y el marino pudo ver cómo
se diri~ía cojeando hacia la especie de pico sobre el
que· la Joven estaba, por decirlo así, suspendida.
El marino lanzó fuertes gritos para llamar la atención _del .oso, que vaciló un instante, y que luego con
el mismo balanceo pesado continuó adelantando hacia el iceberg.
Guerbraz estaba loco de dolor. Llamó á Isabel.
- Señorita, tratad de encontrar un camino y de
saltar para venir hacia mí.
La joven, co_locada com_o estaba, no podía llegar,
mas comprendió que el aviso del bretón le señalaba
algún peligro inminente. Corrió hasta el extremo de
la plataforma para buscar un camino.
¡Ay! El bloque estaba cortado verticalmente yaquel)a pared de hielo no tenía ninguna aspereza; era tan
hsa como un muro de estuco ó de mármol.
Isabel agitó los brazos y el viento hizo llegar á
Guerbraz estas dos palabras.
- ¡No puedo!
Al otro lado del bloque, el oso, que no se veía, empezaba su penosa ascensión.
Jamás el pobre Guerbraz había sufrido tan cruelmente.

Fué preciso resignarse á no comer patas ni filete
de oso, que son los bocados más suculentos; pero dos
esquimales, Hans y Petricksen, que formaban parte
de la expedición pescaron muchas focas y marsoplas, con lo cual pudo variarse la comida, amén de
algunos congrios y salmones, que también se cobraron.
El día 20 se había ya olvidado el incidente y salió
Isabel acompañada del fiel Salvator y Guerbraz á recorrer los alrededores.
Aquella mañana del 20 de marzo, famosa en París

por florecer el castaño de los Cien Días, Isabel 11egó
en su excursión hasta el centro mismo del glaciar que
servía de lecho á la Estrella Polar.
El steamer, más y más libre de la presión de los
hielos, reposaba ya sobre la blanca alfombra que su
quilla empezaba á hundir, marcando ancho surco en
ella. A su alrededor iban fundiéndose las capas sucesivas de hielo, y por los agujeros que en la superficie aparecían podía ya verse la de la roca que había protegido el navío del empuje del mar libre al helarse.
Por esa dirección se encaminó la señorita de Keralio que, ya de mucho tiempo antes, había formado
el proyecto de escalar los enormes bloques que estrechaban el steamer. Este, muy inclinado, apoyaba
el extremo de su gran verga hacia el lado de estribor,
y esta pendiente transformaba el palo en una verdadera escala que Isabel subió, sostenida por el hercúleo brazo de Guerbraz.
Los témpanos se amontonaban como una escalera
de cíclopes, que la joven se apresuró á salvar con la
elasticidad y la ligereza de una corza; pero en lugar
de llegar lo antes posible á lo alto, se entretuvo en
saltar de escalón en escalón,. sin escuchar los consejos del buen Guerbraz, asustado de aquella audacia.
De repente, y cuando ya se decidía á llegar á la
cima, se detuvo bruscamente, lanzando un grito de
terror.
Se hallaba separada de su fiel compañero por una
distancia de más de cien metros. Guerbraz se lanzó
á socorrerla, comprendiendo que sólo un peligro inminente había podido aterrorizar de aquel modo á
su atrevida compañera. Llegado á lo más alto de los
bloques que componían aquella escalera titánica,
Guerbraz se explicó el terror experimentado por
I sabel.
A menos de diez pasos de ella y al otro lado de
una grieta que apenas tenía un metro de anchura, un
oso gigantesco balanceaba con movimiento regular
su cuerpo, inclinando al propio tiempo á uno y otro
lado la cabeza, que era relativamente pequeña.
Era evidente que el animal estaba hambriento, pues
no hay ejemplo de un oso ahíto que no huya al aproximarse un hombre. El plantígrado movía las patas,
una en pos de otra, y abría y cerraba alternativamente sus anchas fauces negruzcas, de entre las cuales

�612

LA !'LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 612

ponerse en campaña y de lanzarse sin vacilación haU na resolución desesperada se le ocur~ió. Llegó
cia el Norte. Una vez alcanzado el 85° paralelo, se
corriendo hasta el pie del témpano, y abnendo los
prometían poder terminar su expedici_ón sin grandes
brazos se preparó para recibir en ellos á la joven en
dificultades si, como creían sus heroicos
predeceso.
el momento en que se dejara caer.
res continuaban hasta más allá las tierras.
Era una resolución loca, pero que justificaba la _conMuchos de los invernantes echaban de menos el
fianza que tenía el marino en sus fuerzas casi sotiempo que habían pasado en, Fuer~e-Esperanza, pues
ya se habían acostumbrado a la vid~ que allí se lle·
brehumanas.
Isabel comprendió la maniobra del marino, y con
vaba y nadie sabía lo que el porvenir les reservaba
'd . ú ·1
. en las ignotas regiones do!'lde jamás ha puesto la planla mirada midió la altura; pero espantada se echó joven.
Pero todos los esfuerzos hubieran s1 o in ti es sin
ta ningún hombre. Verdad es que esperaban durante
otra vez para atrás.
la
intervención de Salvator.
En el mismo instante casi y sobre la plataforma
la invernada siguiente poder montar el Fuerte-Esperanza muchos grados más lejos; pero para esto era
preciso que el mar estuviera libre y que la Estrella
Polar pudiera conducirlos ó precederlos.
La duración de los preparativos para la marcha
permitió á los exploradores emprender nuevas excu~siones de vanguardia. D'Ermont y Poi fueron los pnmeros que se lanzaron por el camino del polo. _Sus
observaciones confirmaron las del Sr. de Keraho y
las del doctor Servan. La costa de la Groenlandia á
partir del cabo Bismarck cambiaba bruscamente de
dirección y se inclinaba hacia el Noroeste, á menos
que se tratara solamente de una península prolongada en aquella dirección.
El día 20 de marzo los trabajos de instalación á
bordo habían terminado y los viajeros volvían á ocupar los camarotes de la Estrella Polar.
A fin de que los tripulantes no padecieran las consecuencias del brusco cambio de temperatura entre
Fuerte-Esperanza y el interior del buque, Huberto,
ayudado de Schnecker, estableció la calefacción por
medio del hidrógeno, y fueron tan notables los resultados de aquella elevación de temperatura, que cedió el hielo que aprisionaba la cuna de acero y el
navío reposó otra vez la quilla dentro del agua; rom·
piendo la capa ya adelgazada del extenso cam~,
merced á potentes chorros de v~por. Estas operac1&lt;:
nes preliminares de la dislocación del banco terminaron en 1.0 de abril y la instalación á bordo fué definitiva.
Entonces tuvo que procederse á demoler la casa
que tan buenos servicios había prestado y á transportarla pieza por pieza á bordo del steamer: Fué una
tarea larga y penosa, pues el frío era muy nguroso! Y
durante las jornadas de trabajo nuchos hombres? indemnes hasta entonces, tuvieron que ser conducidos
á la enfermería á consecuencia de olvidar las precauciones que se les recomendaran. Seis marineros e~
estado más ó menos grave tuvieron que ser conducidos á la enfermería antes que hubiese llegado el momento de abandonar el fiord á bordo del buque.
Sin embargo, no había decaído el á?imo de los
tripulantes, y el sol luciendo sobre el honzonte había
reanimado á todos los que padecieran á consecuencia de las tinieblas de la noche polar. Pero lo que
contribuyó más que todo á despertar el entusiasmo,
fué el resultado de la cosecha, que se verificó en 10
de abril.
Se había preservado de la d~molición el i!wernadero, resignándose á no destruulo, pues nadie sabía
si sería preciso retroceder de nuevo hasta. e~ ~bo
Ritter. Se convirtió, pues, en almacén de apnv1s10namiento para el viaje de vuelta, y se guardaron all(_todas las reservas de carne fresca que no se necesitaran para el consumo diario y que se debían á los
buenos tiradores de la tripulación.
.
La cosecha había sido magnífica. Por la acción de
los cuatro «soles» eléctricos y por el constante calor
mantenido en el suelo, la arena azoada había co_mpetido con las mejores tierras vegetales. Se cogieron
La joven, vencida por la emoción, vaciló y cayó desmayada
ochenta ó cien zanahorias, treinta manojos de rábaEl perro no había vacilado un momento. Merc~d nos, que los marineros declara:ron tener un sab~r
apareció la cabeza del oso con sus ojos sanguinoá
algunos
saltos prodigiosos, había alcan~do la gr!~- exquisito, una docena de mano¡os de berros y ma_s
lentos y sus fauces rojas. La jove n, vencida por la
ta se había deslizado por ella con maravillosa ag1h- de ciento cuarenta matas de escarola, lechuga y achiemoción, vaciló y cayó desmayada.
corias. En cuanto á frutas la cosecha fué menos
Guerbraz apuntó lo mejor que pudo y la bala de d~d, y mordiendo fuertemente la capa de la joven, abundante, pues solamente ~ió unas ~ocas freslls,
con
movimiento
lento
y
continuo
había
atraído
á
su revólver reventó el ojo izquierdo del oso. El monscuya insipidez hizo que nadie las comiera. En fin,
truo, más furioso por la herida, lanzó un sordo rugido ésta hacia la pendiente exterior del abismo.
Allí fué donde Guerbraz y sus compañeros pudie- Isabel pudo hacer, además de un ramillete para ella,
y se precipitó sobre su inanimada presa.
una cosecha de flores suficiente para adornar todos
ron
recogerla desmayada.
Pero entonces se reprodujo el fenómeno que molos
ojales, y con aquella condecoració~ de ~n ord~n
En un instante hicieron con fusiles y estacas unas
mentos antes había desprendido el témpano &lt;le la
desconocido
los hombres sanos y los inválidos asiscosta. El pico osciló, crujió y hendiéndose de arriba parihuelas para transportar á _la joven. En ~¡ fuerte tieron todos'al banquete de despedida da~o á bordo
abajo, quedó partido en dos mitades enormes. El oso la consternación fué grandísima cuando vieron el del vapor. Prolongadas y alegres aclamaciones estaquedó en una de ellas, en tanto que Isabel, deslizán- triste cortejo, pero el doctor Servan y su colega tran- llaron en honor de la heroína que era el hada protec·
dose suavemente y sin sacudidas, desaparecía en la quilizaron pronto á todo el mundo.
Isabel de Keralio estaría buena antes de ocho días. tora de la expedición y la hermana de la candad al
grieta que acababa de abrirse.
.
.
La aparición del sol fué la señal de la libertad. propio tiempo.
No era la misma muerte que antes la que amenaDespués de esto se separaron no ~m gran emoción.
Del
fondo
de
los
corazones
brotó
un
himno
de
recozaba á la joven; pero no por eso era menor el peligro.
El comandante Lacrosse se quedó a bordo solamenSin pensar más en el animal, que huía espantado á nocimiento y de bendiciones hacia el Creador.
No se hubiera podido esperar un verano m~ pre- te los hombres necesarios para las maniobras y Io_s
consecuencia de aquel doble accidente, Guerbraz hacoz
ni un tiempo mejor. Verdad es que contmuaba que estaban enfermos. Esto hizo que Isabel se decibía saltado hacia el agujero á riesgo de ser tragado
todavía reinando un frío espantoso, pero las excur- diera también á quedarse para cmdarlos, y reclamó
también.
asimismo la presencia del doctor Servan, qu~ sólo á
Entonces vió á la joven desmayada y suspendida siones largas eran ya posibles cada día y al llegar al regañadientes cedió á su compañero Le S1~ur su
fuerte
se
reconfortaban
los
expedicionarios.
Aun
entre cielo y tierra y sostenida únicamente por el
puesto en la columna que iba á seguir el camino de
grueso abrigo que la cubría. Si el hielo hacía un solo cuando el frío debía continuar hasta mediados de
tierra.
movimiento más, quedaba todo consumado. Isabel abril, parecía haber llegado el momento decisivo de
estaba irremisiblemente perdida, pues caía en el inmenso agujero y tendría por los~ ~no de los enormes
témpanos que cercaban aqu~l s1t10.
.
En aquel momento aparecieron otros mannos, que
atraídos por la doble detonación del ar~a de Guerbraz, habían asistido á aquella escena y visto la fuga
del oso y la caída de Isabel. Diez hombres saltaron
en seguida sobre el témpano y trataron de salvar á la

NúMERO 612

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

613

Fué preciso buscar un refugio en un recodo de la
costa, y allí se pasaron dos días, pues á consecuencia
de la baja continua de la temperatura, hubo una verdadera tempestad y los témpanos se amontonaban
unos sobre otros, amenazando aplastar bajo su masa
al navío.
En aquella situación tan crítica, el comandante
Lacrosse tuvo una idea muy práctica. Los dos cañones de la Estrella Polar se cargaron con obuses de
melinita y rompieron el fuego ~ontr~ el banco de _hielo con tanto cuidado y encarmzam1ento como s1 se
tratara de asaltantes humanos. Al propio tiempo como el agua no faltaba, no se cesó de proyectar chorros de vapor sobre el hielo. Después de treinta y
ocho horas de aquella lucha de titanes, la tripulación,
quebrantada, pudo al fin gozar de un reposo que merecía.
El 9 volvió á emprenderse la marcha, gracias á un
canal de aguá que se declaró á lo largo de la cos~.
Forzando vapor, dejó á los individuos de la expedibión terrestre el cuidado de levantar el plano del país,
·-...
y salvó, con una velocidad de catorce nudos, los 150
4 ,·kilómetros que le separaban aun del 80°. Allí tuvo
que detenerse para esperar á los excursionistas. .
El tiempo era horroroso. Las ~arrascas de meve
se sucedían una á otra, y el frío, volviendo á sus rigores, dificultaba mucho las maniobras del buque.
Por vez primera Isabel sintió haber tomado la resolución de ir al polo. No porque temiera por ella,
sino por las fatigas que veía padecer á sus compañeros y sobre todo á su pobre nodriza, que había vuelto
á contraer una bronquitis que ya la aquejara durante
los primeros fríos y que la hacía padecer de un modo
La columna hizo alto y levantó tiendas para vivaquear
cruel:
El doctor Servan oyendo la tos de la pobre bretoSe esperó la noche con el corazón angustiado, pues na, auguraba un mal resultado que, á su juicio, sólo
renda de niveles termométricos se anunció por prolongados crujidos del hielo, y el 21 el Sr. de Keralio nadie había previsto aquella eventualidad desconso- podía evitarse reimpatriando á Tina.
Pero esto, á pesar de los buenos deseos de todos,
y el comandante Lacrosse, desde lo alto de las coli- ladora. As{ es que nadie se resignaba, y cuando se
nas que dominan el cabo Ritter, advirtieron un vas- hundieron en las literas de piel de bisonte, á pesar resultaba impracticable, pues aunque el mar estuvieto canal de agua libre á unos 600 metros de la costa. de la suavidad relativa de la temperatura, todo el mun- ra libre hacia el Norte, nadie podía asegurar que lo
El 26 el campo de hielo en que reposaba la Estre- do echaba de menos la casa abandonada, y esto au- estuviera algunos grados ó minutos más abajo, ya
lla Polar quedó hendido en toda su longitud. El mentaba la irritación causada por la esperanza fa- que no ha habido hasta ahora quien se explique los
caprichos de aquellos mares y latitudes.
enorme campo que soportaba el buque se desprendió llida.
El único recurso que quedaba era salir de la rede la costa y empezó á derivar hacia el Océano. Fué
-Ami os míos, dijo el Sr. de Keralio para poner
9
tan rápida esta derivación que los hombres de la expe· término a aquella situación, lo mejor que podemos gión de las tempestades y buscar un abrigo para
construir una estación estival que preparase la próxidición terrestre no tuvieron tiempo de desembarcar y hacer es aplazar toda conjetura y dormir.
fué preciso que esperaran que el vapor, libre del toPero nadie durmió largo rato. A media noche so- ma campaña de invierno.
El 10 de mayo el termómetro marcaba aún 24 grado, pudiera llevarlos al extremo del cabo Bismarck. pló fuerte viento del Sud, acompañado de siniestros
Para esto fué preciso aguardar el día 30, pues el bu- ruidos que producía el pack deshelándose. Aquellas dos bajo cero. La nieve, que había cesado de caer,
que no pudo librarse enteramente del icefield que le cortas horas de tinieblas pasaron entre aquellos ru- permitió á los navegantes descubrir el panorama, su.
aprisionaba sino después de derivar medio grado ha- mores lúgubres, y los viajeros, ya poco acostumbra- biendo á las cofas ó á las últimas vergas.
dos á ellos, los oyeron con terror, y la aparición del
Aquel panorama tenía la grandeza de los sueños
cia el Sud.
El x.0 de mayo se había efectuado el desembarco. día fué saludada con verdadero entusiasmo.
de nna imaginación calenturienta.
La columna exploradora se componía de los señores
Entre los crujidos del hielo, el oído ejercitado de
¿Dónde terminaba aquella tierra groenlandesa?
Keralio d'Ermont, Hardy, el doctor Le Sieur y los ma- los marinos había creído percibir el choque seco de
En cuanto abarcaba la vista, la costa, por brusca
rineros Carré, Leclerc, Julliat Binel y Mac-Wright. las olas contra los bancos de la costa. La esperanza variación, volvía á inclinarse hacia el Noroeste, y alGuerbraz, primer contramaestre, quedaba encargado renació en ellos, pues aquel ruido era de buen augu- tos, inflexibles, ingentes, se alzaban enormes acantide vigilar á los marineros.
rio, ya que presagiaba la ruptura del pack.
lados de 600 á 800 metros sobre la superficie de las
A fin de estar continuamente en comunicación con
Los que primero lo oyeron no se atrevieron á co- aguas, como muralla infranqueable, sin una rada, sin
el navío, sólo se llevaron víveres para tres días de municar sus esperanzas á los demás, no queriendo una solución de continuidad.
marcha. Esto era el mejor medio para alcanzar el fin producirles una desilusión si se habían equivocado;
Uno de los marineros, á pesar de la mala impreindicado y al propio tiempo para suprimir bagajes, pero por la mañana ya no fué posible ninguna duda: sión que aquella muralla inflexible producía, ó á cauhaciendo así la marcha más fácil. A menos de una ca- era el mar, el agua salada y verde lo que aparecía á sa de ella, dejó escapar una exclamación:
tástrofe, imposible de prever, se debía llegar al cabo los ojos de los marinos.
- ¡Es la barrera del infierno!
Wáshington en menos de un mes, pues sólo era preDel inmenso icefield de la víspera no quedaban
La frase fué afortunada y la repitieron todos.
sino aquí y allá fragmentos enormes, pero aislados,
ciso recorrer 350 kilómetros.
Ningún nombre había más adecuado que aquél.
La temperatura templada que se disfrutaba era un gigantescos escombros que una corriente de agua La Estrella Polar parecía una cáscara de nuez bajo
poderoso auxiliar para los exploradores. Era de te· arrastraba hacia el Este. Al mismo tiempo una hu- aquellas rocas gigantescas. Pero entretanto, el canal
mer, en efecto, que el estado del mar no permitiera mareda de aspecto extraño aparecía en el horizonte de agua que seguían los navegantes se alejaba más y
á la Estrella Polar subir hacia el Norte; pero respec· Sud. La Estrella Polar había vencido el obstáculo y más de la costa, dejando entre ésta y el buque un
to á esto había dos testimonios contradictorios: el de corría á toda velocidad en busca de los exploradores. espacio helado de más de tres millas, cosa que era
Nares y Markham, detenidos el 21 de mayo á los Un formidable hurra saludó aquella aparición.
extraña, atendiendo lo avanzado de la estación.
83° 20' 26", que no habían podido avanzar á causa
Lockvood tenía razón; el Océano paleocrístico no
La mala impresión producida por el cansancio y
de extenderse ante ellos el pack interrumpido, y el era permanente; el mar libre aparecía entre los nave- por la contemplación de aquella pared temerosa rede Greely, fundado en las observaciones de Lock- gantes.
apareció el 12. Los hombres que formaban la expevood y Brainard, que, en la propia estación y llega·
Pero éstos no se hacían muchas ilusiones, ya que dición terrestre no aparecían por ningún lado á pesar
dos á los 83° 23' 8", hablan debido retroceder por la sabían que aquellos súbitos deshielos van seguidos de que debía haberse agotado su provisión de víveres.
dislocación de los hielos y la presencia de numero- de congelaciones no menos rápidas. Por fortuna, el
El 13 fué todavía mayor la angustia. Los que iban
sos canales en el pack. En breve se sabría .si estaba viento no varió de cuadrante, sino para saltar del Sud
la razón de parte de los ingleses ó de los americanos. a\ Sudeste y volver al Sud. A las seis de la mañana
la Estrella Polar, después de haber cambiado señaVII
les con los peatones, seguía su camino hacia el N arte. Ya no debían volverse á encontrar hasta el 78°
EL CABO WÁSHINGTON
paralelo, donde.se racionaría de nuevo la expedición.
Llegados á aquel punto y con una temperatura meLa primera etapa pareció corroborar lo afirmado día de 14 grados, el primer pelotón volvió al navío,
después de haber recorrido 200 kilómetros. Un sepor los ingleses.
Apenas se habían andado diez millas cuando la gundo pelotón de seis hombres mandado por el teexpedición tuvo que detenerse porque se había per· niente Poi se lanzó por la vía de tierra. Era el 8 de
mayo.
dido de vista el buque.
Pero allí el navío experimentó una nueva contrarieEra evidente que la Estrella Polar, luchando continuamente contra el deshielo, debía conquistar me- dad. El viento saltó bruscamente al Noroeste, y antes á bordo, detenidos por aquella colosal barrera no potro á metro el terreno. Tan lejos como alcanzaba la de dos horas el mar quedó helado. Al propio tiempo dían hacer nada en favor de los extraviados; pero ésvista de los viajeros el mar estaba helado. Aquel cam- el termómetro bajaba hasta 28 grados bajo cero, tos podían dar alguna señal de su presencia y no la
po desolado tenía una regularidad aflictiva; era una temperatura verdaderamente cruda para aquella es- daban.
( Continuard)
.
llanura siniestra apenas interrumpida aquí y allá por tación.
Quedó convenido que en cuanto fuese posible es·
ta columna seguiría la costa á fin de mantener constante comunicación con el navío.
El 20 de abril, y después de un fuerte huracá~ de
viento Sud, apareció el cielo limpio de nubes _gnses,
y el sol, que estaba ya muy alto sobre el honzo~te,
hizo subir dos grados la temperatura. Aquella d1fe-

-.--

·'-

cordilleras de témpanos. Nada se movía ni vivía e~
ella, y aquella inmovilidad mortal desesperaba la mirada.
.
La columna hizo alto y levantó tiendas para vivaquear hasta la llegada del navío. Si éste no aparecía
era prueba de que sería preciso renunciar á la esperanza de viajar por mar.

�614

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cuantos le escuchan la variedad y multiplicidad de
SECCIÓN CIENTÍFICA
sus concepciones, basadas tod~s en los más estrictos
principios científicos y eoca~madas á hacer más cóEL INGENIERO BILBAÍNO D. M. ALBERTO DE PALACIO modas, fáciles y baratas la vida de los pueblos y sus
. .
Hay hombres para quienes todo lo grande y excep- relaciones entre sí.
Alberto de Palacio reune á una naturaleza pnv1lecional tiene irresistible atractivo, para quienes no parece existir la palabra imposible y que desdeñando las giada de complexión. vigor?sa un_ carácter de acer_o,
fuerte co11tra toda res1stenc1a, flexible cuando las circunstancias le demuestran que ceder es acercarse al
logro de sus nobles propósito~. Su enérgica voluntad
y la fe y convicción que le animan y que sabe comunicará cuantos le tratan se revelan en su semblante
y sobre todo en sus ojos, de mirada viva y escrutadora, en su palabra fácil y persuasiva, en su voz. de
timbre vigoroso y simpático, en sus ademanes agitados al compás de sus pensamientos.
.
Con tales condiciones y con el caudal de conocimientos sólidamente cimentados que atesora Palacio está llamado á realizar grandes empresas, si no
todas las que ha soñado y aun madurado su cerebro,
las suficientes para inmortalizar su nombre. . .
No ha faltado quien le llamara soñ~dor y ~1s1onario y calificara sus proyectos de utop1as y qu_m~eras;
pero así como Arquímedes probaba el mov1m1ento
andando Palacio ha contestado á los que tales cosas
de él de~ían realizando aquello mismo que declaraban de muy difícil si no de imposible realización.
Así aconteció con el puente transbordador de que
nos ocupamos en el citado número 609 de este periódico.
Sus victorias han ido llevando la te y el entusiasmo al ánimo de los más tímidos y descreídos, que
ya hoy no se asombran de lo colosal de sus proyectos porque se han convencido de lo que sabe, de
cómo quiere y de cuánto puede en el terreno de la
D, M. ALBERTO DR PALACIO
ciencia.
· Entre los muchos proyectos que actualmente acadistinguido ingeniero y arquitecto bilbatno
ricia, dos merecen especial atención: es el uno el de cucosas fáciles se enamoran de las empresas que otros ta- brir la ría desde el puente del Arenal ó de Isabel II
charían de utópicas ó quiméricas. Triunfar allí donde y el de los Fueros, y el otro el de unir ambas má~geotros han sido vencidos, acometer lo que ha hecho nes del río Nervión por medio de un puente moVIble
desmayar á muchos, sufrir los contratiempos con es- de vía submarina. De uno y otro vamos á ocuparnos
toica calma y salvar todos los obstáculos, por pode- someramente.
Bilbao tiene necesidad absoluta de unir por ancha
rosos que sean, ese es su mérito, esa es su ambición,
que nunca se cifra en lo que está al alcance de las vía la ciudad antigua con su ensanche: el magnífico
inteligencias vulgares y 'rutinarias que se asustan an- puente del Arenal hoy resulta insu~ciente p~ra las
te cualquiera innovación si se sale de lo normal, re- necesidades de aquella villa y ademas desabngadc,
gular y sencillo. Ni las fatigas les arredran, ni las con- así para el invierno como para el verano. El proyectrariedades les enfrían, ni los fracasos les desalientan, to de Palacio, que dos de nuestros grabad~s r~proporque pe1trechados con las armas de la ciencia y ducen satisface esa necesidad y es por anad1dura
esti!I)ulados por su genio, tienen la intuición maravi- sano ; cómodo. Cubre la parte rectilínea de la ría
llosa que les hace adivinar lo que no saben y aportar entre los antes citados puentes, dejando grandes luces
nuevas conquistas al caudal científico de cada época laterales, y sus arcos, más altos que los de aqu~llos,
permiten fácilmente la navegación. Sobre este gigany de cada pueblo.
De estos hombres es D. M. Alberto de Palacio, tesco puente, de 200 metros de anchura, debe alzarse
autor del puente que reprodujimos en el número 609 un gran edificio con un pasaje central de 20 metros
de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA y de los proyectos de ancho por 200 de largo que una los dos puentes
extremos y cuyos suelo y techo han de ser de cristal
que reproducimos en el presente.
Palacio es un espíritu inquieto y batallador, en cu- y los paramentos laterales de mármol.
ya mente bullen y se agitan mil ideas y proyectos diLas vías que dejaría libres este puente, construido
ferentes, algunos realizados ya, otros á punto de rea- á 4 metros sobre los muelles, serían: dos puentes cu·
lizarse y los más ocultos en la mente del que los con- biertos paralelos al del Arenal, de 8 á 10 metros de
cibió y acaso ignorados para siempre. Asombran á ancho; un pasaje cubierto que uniría ambos puentes,

Puente colosal sobre el Nervión (Bilbao), proyecto de D. M. Alberto de Palacio

NóMERO 612

y un paseo alrededor del edificio que enlazaría los
puentes por la parte exterior.
Los puntos de apoyo de este edificio ~onumen~al,
subdividido en varias casas de cuatro pisos, estanan
dispuestos en cuatro filas de pilares, dos de sillería,
ur.o en cada muelle, y dos de tubos de acero, en el
río estando unidas las cabezas de todos ellos por arm;duras de formas convenientes, que constituirían la
base del edificio, cuya planta baja se destinaría á establecimientos de lujo y los pisos á viviendas. La solidez de la construcción la garantiza la naturaleza del
fondo del río, que es de roca viva, esquisto arcilloso
calcáreo duro.
El presupuesto para cubrir la ría es de J.J 82.000
pesetas y el de la construcción total de 7.1 25.000.
El segundo proyecto, que reproduce otro de nuestros grabados, consiste en el establecimiento de una

LA

N úMERO 612

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mitido su proyecto de moy vigilancia, los dos inmenumento para la Exposidiatos para viajeros de segunda y vehículos, y los
ción de Chicago, porque la
dos extremos para viajeros
Junta organizadora de la
de primera. El compartimisma consideró la obra
miento para vehículos poexcesivamente grandiosa y
de un coste inmenso.
dría soportar 4.000 kilogramos de sobrecarga. La máCuando reprodujimos las
quina de vapor actuaría divistas del puente transborrectamente sobre la hélice,
dador, consignamos algo
que servirla de propulsor y
de lo que en honor de Papodría avanzar y retrocelacio dijo á propósito de
der á voluntad. Para el
aquella obra un importandeslizamiento sobre la vía
te periódico francés: posteservirían cuatro pares de
riormente, una de las prinruedas, llevando cada juecipales ilustraciones inglego de éstas un quitaobssas, siempre parcas en elotáculos y un tubo que recigiar á los extranjeros, ha
Puente rodado sobre el Nervión para cruzar este ria en el punto llamado el Desierto, proyecto de D. M. A. de Palacio
biría aire comprimido de la
dedicado alabanzas al sabio
máquina para remover y
ingeniero bilbaíno que, joapartar el fango que pudiera depositarse en la vía. El al bien del país, al que Palacio ama como el primero ven todavía, constituye ya una gloria de nuestro
mecanismo está dispuesto de tal suerte que una vez y por cuyo engrandecimiento halla pequeños todo mundo científico.
puesto en movimiento el transbordador pueda éste trabajo y todo sacrificio.
Al honrar hoy nuestras columnas con el retrato
pasar en un minuto de una á otra orilla.
Pero D. M. Alberto de Palacio, en medio de sus re· del Sr. Palacio y con la descripción de dos de sus
Con la inventiva del Sr. Palacio, acompañada de levantes cualidades, tiene un defecto: la afición á la más importantes proyectos, hacemos votos por que
su indiscutible ciencia, puede esperarse que dentro grandiosidad, en algunos casos casi rayana en lo im- éstos, así como otros que su fecunda inventiva vaya
de pocos años Bilbao y Vizcaya contarán con obras posible, si no científica por lo menos prácticamente. elaborando, se lleven á la práctica para honra de Esgigantescas debidas á su genio, que está consagrado Pruébalo, entre otros hechos, el de no haber sido ad- paña y provecho de la industria vizcaína. - X.

Las oaeae extranjeras que deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para. informes á. los Sres. A. Lorette, Rue 0 aumartin,
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éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

DaptJslto ,n todas 1a1 Farmaelas

Vista del pasaje interior del puente colosal sobre el Nervión

vía horizontal submarina al nivel inferior del thalweg
del río sobre la cual se deslizaría un vehículo de
'
.
gran estabilidad
y de condiciones especiales
para el
transporte de pasajeros y mercancías de una á otra
orilla del Nervión, en el sitio denominado el Desierto. Este puente rodado se compondría: 1 .0 , de los
muelles de acceso, necesarios porque el talud natural de la orilla impediría que á ella atracase el transbordador; 2.", de la vía submarina, y 3. 0 , del puente
rodado ó carro transbordador.
En la imposibilidad de explicar detalladamente
cada una de estas partes, diremos algo de las dos úl·
timas. La vía, perfectamente asentada, de bastante
peso, estable y segura, tendría 180 metros de largo
por 10 de ancho y estaría compuesta de otras dos
vías paralelas de 0'60 metros de anchura fuertementa arriostradas una con otra por tirantes de hierros
en forma de ::X::, de 9'40 metros de longitud y 14'30
kilogram·os de peso por metro lineal. El peso de la
vía sería de 350 kilogramos por metro lineal, y loS'
distintos elementos de 10 metros de longitud de que
se compondría estarían sólidamente acoplados y _todo
el sistema iría contenido en una masa de hormigón,
asentada, á su vez, sobre una capa de escollera de
tres metros de espesor. En cuanto al puente rodado
ó earro transbordador, sería un sólido armazón de
cuatro columnas de forma casi cúbica, de más base
que altura, y completamente diáfano para dar paso
al agua: tendría 1 oo metros cuadrados de base
( ro x 10) y 9'60 metros de altura, con lo cual resultaría imposible un vuelco por un tropiezo ó por un desperfecto de los carriles. En su parte superior habría
una plataforma de 12 x u metros de superficie ( 132
metros cuadrados), colocada un metro por encima de
la pleamar viva equinoccial y dividida en cinco coro:
partimientos simétricos: el central para la maquinaria

ENFERMEDADES

GARGANTA

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de eala prepuadoo, (Se nade en oajaa, P;&amp;J'l la barba, 1 en 1/2 01)11 par¡ ,1 bl¡ote licern), l'&amp;rl
loe liruol, emp~el ~lLIJ'UllJJ; X&gt;'Cl'&amp;SER,

t,rue.J,,J,.Rou■aeau, Pan■.

�N ú MERO 612

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

RECUERDOS DEL PAÍS DEL HIERRO,

cuadro de Vicente Cutanda

A.PJ:OL

~de tos 0'61 JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los dolore,, retruo,, ,upre-

"º"''
tJe ,., :mpocu, asl como lu P4rdldu.
Pero conrrecuenclaee !alalflCl4o.EJ APIOL

Terdadero1..~00 eflcu, es el de los lnvenlorea. loa u- JORET y BOKOLLE,
•EDALLAS E.,,-Unl,.,. LONDRE811U·PA RISfffl
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1),-~\~ ~t,1.(l'i ~1.t\~e-••,;,•

, ,4uerldo enfermo. -Ffeu l'd. • mi fart1 ez11r1"'ol-.

1 hl.t• u,o de nuestro• 8RAN0Sde BALUD, pu.. e/lOI
11 curir4~de ,u con,t1p1clon, le dar•n ,petlto 1 111
derolrer•n el , ueño , /1 1/etr/1. - Atl ,ir/r• l'd.
mucho, año,, dltfrutando f/empre duna buena 111114.

PARIS

Exijase la firma y el sello
de g-arantia.

40, rue Bonaparte, 40

Pepsina Bondault

!.u
PenoDII que couoc811 la:a

jprüada por la mnuu DI IEDICIU

PREIIO DEL INSTITUTO AL 0' CORYISART, EN 1856
Mtdallu tn la1 lllpo1lcloo11 lotvoaclooal11 dt

PWS • LYOI • YIEIU • PIIUDELPIIU • P.lRIS
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1871

1878

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P u.n.14 00ft IL ■Atoa UJ.10 U LM

Ól8PEP81AS
OA8TRIT18 - OA8TRALOIA8
DIOHTION LENTAS Y PEN08AI
PALTA DI APETITO
1 OT&amp;OI l&gt;IIOUUII DI

u IUeur•

B.UO Ll FORIU DI

ELIXIR• · de PEPSIIU BOUDAULT
VINO • • de PEPSIBl BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Plwmaaie COLLAS, 1, ne Da-

, ... ,.., f'rl•c(,,..,., , . -•.

CARNE y QUINA

PILDORASt1DEHAUT

ll ~ t o mu repallb', mio al '16:Dloo mu lllqicl.

CE PARIS

.VINO ARDUO.coa QUINA
y co1' TODOI tos nmcmos tnrnmTOI sottJBLBs I&gt;B u CAI\NB

elementos que entran en la comllOSiclon de este J)O\enle
reparador de lis tuerzu niales, de este feniaea■&amp;e per eaeele■eia. De un gqsto sumamente a¡radable, es aoberano conin la .Anemia y el .A,ocamúnto, en las CÍÚffltura
y CCH11,iJllClncúU1_CODtra las J)f(Jrreas y las .AfeulUAU del Blto,naqo y loa fnluUno,.
cuando se iraM1 de despenar el apetito, asegurar las digeaUonesJ l'e~ las tuerzu,
~ r la sangre, entonar el organismo y precaver la anemla_y .1aa epidemia&amp; prgvocadai Por 101 calores, no se conoce nada superior al Wia• de • - de ~ali.
1111' IIIQot. o Paril..,_en wa de J. FEW, Farmaceut!co, tot, rué Bicllelieu. 8IICIIOt deABOUD.
C!Aa.'ll'l 1- •lllll&amp;I 80D 101

~

oa VBMDB BN TODAS L4S PBJMQIPALU BoTlCU.

EllJASE

11

O¡

i: :i: lftQU~
0

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cansancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el calé,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamente anulado por el electo dela
buena alimentacion empleada,uno
se deci de fácilmente á volver
á empezar cuantas veces
sea necesario.

1

VE·L OUTINE FAY POLmp!!a.!.R!l!~~RI
por Ch. J'ay, perfumista

,

El mejor y mas célebre polvo de tocador

9, Ruede la Paixs PARIS

Quedan reservados los derechos de prop,iedad arMstica '1J literaria

hl~.

811 Molii'l:ül&amp;ll Y SlMiÓll

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                    <text>.·. ~trtélC10f)

Ftí~t1ea
ARO XII

- - - - - -~

BARCELONA 11 DE SEPTIEMBRE DE 1893 __. _ _ _ _ __

NÚM. 611

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL !-LUSTRADA

'

QUIEN ESPERA..., oua.dro de L. Blume Siebel't

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

61 I

NúMERO 611

en el arte de la republicana Francia. Pintura y escul- en ningún tiempo se lanzó sobre la organización sotura, oratoria y literatura, filosofía y poesía, fueron cial de este siglo.
Revoluciones políticas y revoluciones artísticas
por aq!lellos tiempos de la primera república francesa imitación ó algo así como rapsodia de los frescos marchan á la par, en busca de un mismo ideal, si
de Pompeya, de las estatuas y bajos.relieves de Grecia bien el arte ya delante. Así aconteció en España en
y Roma, de los días de los Pericles y de los triunviros, épocas no muy lejanas ciertamente.
A partir de 1858 á 1866 es imposible separar los
de los Cicerón y Catili11a; de los Lucano y Ovidio.
Pero no en la forma solamente todas estas artes y éxitos pictóricos de los sucesos políticos, ligados ínTexto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. -El
pillln, por Luis Taboada. - La Exposición 11~1iversal de _Chi- ciencias de. lo bello sufrieron el influjo del espíritu timamente. Asistimos en este espacio de tiempo á la
cago, por X. - El trefeo, por S. L6pez Guijarro. - Miscelá- revolucionario, sino también en la idea generadora. consumación de uno de los fenómenos más interesannea. - Nttestros grabados. - Una francesa en el polo Norte David, como sus discípulos, pinta Sabinas, Belúa- tes que suelen tener lugar en los períodos de gesta(continu;¡ci6n), por Pedro Mael, con ilustracion'es de Alfredo
rios, · mezclándolos con la reproducción de hechos ción de las grandes revoluciones, las cuales afectan
Paris. -SRCCIÓN CIENTÍFICA: Varios. .
'
Grabados. - Quien espera... , cuadro de L. Blume Siebert. históricos. Las Horas, Las Piérides, cuantos mitos en todos sentidos á las ideas como á las prácticas
- Proyecto de monumento en Manila á la memon·a de M. Ló- . y simbolismos las teogonías paganás inventaron, fue- consuetudinarias de un pueblo.
pez Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta, por el escultor don ron reproducidas por el pincel ó el cincel de los arEste fenómeno acaeció en el orden artístico, por
Agustin Querol y el arquitecto D. Luis Maria Cabello y Laolvidar, mejor dicho, por no ser comprendidos de los
tistas
de
los
últimos
años
del
siglo
pasado.
Las
copiedra. - La Exposicwn universal d~ Chicago, dos grabados.
- Feria de 1m pueblo en la alta montana romana, cuadro de rrientes políticas, buscando un cauce á propósito por políticos avanzados, hombres de letras casi todos, los
Mariano Barbasán. - Los /11mos en la Galia, copia del cuadro donde deslizarse, quisieron marchar por aquel por verdaderos revolucionarios del arte, los precursores
de G. Rochegrosse. - ¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. donde en pasados siglos se había deslizado la vida de Rosales. Aquéllos buscaron apoyo en la pintura
- El herrero, dibujo de León Lhermitte. - Los juegos florapolítica y social de Roma, exenta todavía de los ór- para acometer con coraje el planteamiento de sus
les, cuadro de Luis Jiménez Aranda. - Santas justa y Rujina, cuadro de Domingo Fernández y González. - El celebra- ganos de un estado político como el que comenzó á ideas. Veamos cómo.
Convencidos los progresistas de que la guerra de
do pintor francés Augusto Glaiu. - El eminente doctorJ. M. ser en el imperio de Julio César. La revolución franCharco!. - Sierra circular. - Nuevo alumbrado de la estatua cesa se produjo porque las inmoralidades de ' todo Africa había sido una magnífica casta11a con que
de la Libertad del puerto de Nueva York. -La primera
orden de la monarquía; la absorción de todo poder O'Donnell y su partido distrajeran las aspiraciones
rina, cuadro de A. Corelli.
.,......,......,.............,......,..,...... ,.............,..,......,.. ,,.,,.....,,......,......,......,......,..,..,,..........
por parte de una clase privilegiada; el acaparamiento del país, relativas á un cambio político, y plenamende cuanto significaba un pr1vilegio, siquiera éste no te seguros de que la unión liberal, por tal medio aseVERDADES Y MENTIRAS
rebasara de las lindes de la especulación puramente guraba su existencia por largo tiempo en el poder,
Cuando este artículo salga á la pública luz en las intelectual, pesaron Jo suficiente en las colectividades trataron los primeros de atacar por cuantos medios
columnas de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, los· acon- ilustradas para que éstas, ahondando en el estudio tuviesen á la mano al embaucador gobierno; y uno
tecimientos políticos que en los momentos actuales de lo que la personalidad humana es y significa ante de los medios fué el de aprovechar la influencia que
se desarrollan, habrán tomado u n rumbo definido y la sociedad, lanzasen á los cuatro vientos las prime- en las masas ejerció y ejerce siempre el arte, pues lleclaro. Cuál sea éste, nadie por hoy puede adivinarlo. ras ideas de la igualdad del hombre. El pueblo aco- ga hasta ellas por el sentimiento.
Les venía de perlas, pues, las tendencias avanzaPero sea dicho rumbo el que quiera, ora navegue- gió estas ideas con tanta más vehemencia cuanto que
mos hacia la restauración de la normalidad de la vi- por medio de la literatura, de la poesía, de las artes das de los artistas que aparecían luchando en las
da social, al presente turbada hondamente; bien va- plásticas, llegaban hasta él, hiriendo, antes que su in- Exposiciones nacionales de 1860, 62 y 64 con cuadros más ó menos directamente inspirados en las tenyamos á un período revolucionario, tengo por cierto teligencia, su sentimiento.
que estos períodos anormales de los pueblos conTan cierto es esto, que reinando en España Fer- dencias exaltadas. En La rendición de Bailén, en I ntienen los gérmenes de nuevas ideas, de aspiraciones nando VII se prohibió la importación de toda obra dependencia y libertad, en Los comuneros, en el Desmás ó menos justas, de algo, en fin, que instintiva- de filosofía y de literatura, como la reproducción embarco de los puritanos, en Fernando el Empl,zzado
mente se agita y se presiente cuando se rompen ó se plástica de nada, que pudiera ser interpretada por na- y en otros de esta índole, vieron Olózaga y sus amipretenden romper los moldes de Jo constituído y die en contra ó menoscabo de la autoridad absoluta gos motivo y materia bastantes, á propósito para despertar entusiasmos por su causa y lanzar agudos ~araceptado.
del rey y de la religión.
Porque es conveniente no olvidar cómo la seculaPero no en vano nuestro Feijóo, como J ovellanos dos al gobierno, bajo la salvaguardia de la crítica
rización de las distintas fórmulas convenidas para el y Moratín y D. Ramón de la Cruz y el cáustico y te- pictórica.
Y si en el campo político lidió ayer el arte, hoy lo
régimen de los pueblos, está en relación inversa del rrible lápiz de Goya, habían roto la quietud mortal
dinamismo de la civilización. Secularizar nada en nin- de una nación meticulosa, fría, hipócritamente reli- hace en el campo social, y lidia también con vigor,
gún orden ni en principio alguno, así. social como re- giosa, como dice un académico, nada sospechoso por manteniéndose, hoy como ayer, en la altura en que
ligioso, político, científico ó artístico, equivale á tan- cierto de revolucionario. El primero, acometiendo la debe mantenerse esta entidad, antes que todo encarto como á naber alcanzado el discernimiento de lo empresa de expurgar errores, de vivificar cuanto de gada de la sublime misión de producir la belleza, de
infinito, de lo que rebasando los límites de cuanto la la inteligencia era, y parecía muerto ó desquiciado; llevar al alma y al corazón emociones y sentimientos
razón y el sentimiento humanos pueden apreciar, ha- el segundo, hablando en nombre de los i"ntereses de puramente pasionales.
La evolución actual de la pintura como la de la
ya de ser tan amplio en su esencia, que en él puedan los pueblos; el tercero, poniendo en solfa la pedantevivir y adquirir forma todas las manifestaciones del ría de los sabios con sotana y sin ella, que pretendían literatura misma hacia el idealismo, que emana de la
sentir y del pensar.
seguir ejerciendo censura sobre todo cuanto el inge- realidad; ese movimiento del arte buscando en el mePor eso creo necesarios estos sacudimientos que nio del hombre produjera; el cuarto, lanzando al me- dio social, en que se agitan y viven el obrero y el lade tiempo en tiempo agitan, trastornan y llevan á dio del palenque literario y aportando por este modo briego, campo para su inspiración; ese religioso entulos pueblos á lo desconocido; porque creo que no elementos estéticos nuevos al cuarto estado; el quin- siasmo con que el pintor busca en la naturaleza, adepudiéndose encontrar la fórmula de Jo absoluto, lo to, zahiriendo con ruda igualdad, así al rey como al más del color y de la línea, ese algo misterioso que
relativo habrá de serlo siempre mayor ó menor, se- magnate, al clérigo como á las gentes de las últimas se produce de la conjunción de aquellos elementos y
que se advierte en sus manifestaciones, ya de calma,
gún que la decadencia ó la elevación del nivel inte- capas sociales.
lectual se acentúen; y ese relativo debe sufrir las moDe este movimiento democrático y profético de ya de furor, ya de melancolía; esa evolución de la esdificaciones y transformaciones de cuanto es humano. las artes y de la filosofía resultaron aquellos otros tética hacia el sentido de un amplio acatamiento de
Y como á esos movimientos populares la historia viene movimientos políticos que en España se conocen por todo cuanto reproduzca la verdad, todo esto coopera
señalándoles en todas aquellas páginas en que de ellos constitución del año 1812, por la revuelta de Cabe- de un modo decidido al planteamiento y resolución
se ocupa como elemento primordial el del sentimien- zas de San Juan, por el Estamento, por las luchas de problemas tan graves, como son el socialismo, _la
vindicación del proletariado, la autonomía de las disto, yo creo que puede buscarse una íntima relación sangrientas entre realistas y liberales.
•
entre el estado revolucionario social de hoy y las
Se avecinaba en Francia un período constituyente, tintas y diversísimas colectividades que forman en
evoluciones que vienen sucediéndose rápidamente en después del reinado de Napoleón y del de aquel otro los grandes Estados.
En Francia, Beraud glorifica al obrero, como Plael campo artístico filosófico.
Luis, durante los cuales las-luchas pol'Íticas tuvieron
No quiero recordará este propósito aquellas gran- verdadero carácter social, y las artes iniciaron el pe- nellas y Cutanda en España, como los pintores budes revoluciones que transformaron la faz de las so- ríodo de los grandes ensueños, de la fermentación cólicos al labriego, como las escuelas regionalistas
ciedades y en las que tuvieron tanta parte las artes y de las ideas que desde Rugo á Proudh_o n matizaban las aspiraciones históricas de pueblos y razas.
las letras. Bien conocidas son de todos para que ne- un altruísmo sublime. El período romántico se inició;
R. BALSA DE LA VEGA
cesite apuntarlas aquí. Me limito, pues, á trazar un se desbordaron los sentimientos todos del alma en
paralelo entre los movimientos políticos acaecidos en torrente inmenso, obligando al pensador á soñar, á vi- •••••••,........,,.,. ,.........1••··•·1•,,·,,,.•,.•., .• ,.•., .•,........................,.,, .•..•., .., .•,,. ,.••.,. •..••,..•.•.,.•,.•.
un siglo que comienza en 1789 y la marcha del arte. vir dentro del mundo del espíritu, y á éste á templarEL PILLÍN
Vese en F rancia cómo se pone á la cabeza del mo- se á fin de poderse elevar hasta aquellas alturas donde
vimiento pictórico, reemplazando, mejor dicho, echan- la lucha de los egoísmos, de las ambiciones, de las
Durante cuatro ó cinco años ha sido el «terror de
do por tierra al arte de los Bucher, Watteau, Frago- preocupaciones, de todo, en fin, cuanto es patrimonard, etc., el autor del Juramento del juego de pelota. nio de la imperfección humana, decide de los desti- los esposos» en Ciudad Real. Allí tuvo de todo: amoDavid, imprimiendo en sus cuadros la severidad y el nos de las sociedades. Entonces las páginas más res, desafíos, conflictos graves y una erupción cutásentido moralizador, catoniano, que pretendían im- grandes de la literatura, las obras más hermosas del nea, producida por el abuso de las bebidas alcohóprimir al nuevo régimen los revolucionarios de buena pintor y del escultor, aparecen inspiradas en senti- licas. En diciendo Pepe Salchichín, todo el mundo
fe, aquellos á quienes obscurecieron los Marat y Ro- mientos de un deseo sublime, el de amar la tradición exclamaba e n Ciudad Real:
- ¡Valiente calavera! ¡Cuidado si la ha corrido ese
bespierre, uno con sus violencias de autócrata, otro con el espíritu moderno; y mientras los derechos del
con sus instintos de felino, no hacía más que respon- hombre se sancionan y las reivindicaciones de las hombre!
Cansado de la vida de provincias, se vino á ~ader á un sentimiento'- generoso indudablemente - clases desheredadas se manifiestan con terrible emde la parte sana del pueblo que derrocara una mo- puje, Rugo traza cuadros sociales como Nuestra Se- drid, dispuesto á adquirir fama de seductor y á pasar
narquía secular, y que miraba á la república romana 11ora y Los trabajadores del mar; Delacroix pinta por uno de los primeros truhanes conocidos.
- ¡El que me la dé á mí tiene que ser muy listo!,
de los días de Bruto como modelo que debía ser Los cruzados; Delaroche glorifica los genios de la pinimitado. David pinta inspirándose - como he dicho tura y de la escultura en el hemiciclo de la escuela decía Pepe á cada paso.
en cierta ocasión y hoy repito después de cinco años de Bellas Artes, al par que reproduce con verdad
Y, en efecto, cualquiera se la daba á él.
Lo primero que hizo fué echarse una novia, coris- en los mármoles paganos, por creer que en ellos, hondamente filosófica escenas luctuosas de tiempos
en aquellas maravillosas obras de la pagana Roma, y en que las guerras de religión siembran de cadáveres ta de Eslava, y después otra, hija de un escribano
por ésta á su vez copiadas de las griegas, encontraría las calles de las ciudades más importantes de Euro- de número, y e n seguida otra, cigarrera, y así sucesiel espíritu y el sentido políticos que debían reflejarse pa; ~roudh~n lanza ,el ana~ema más-espant9so qu~ yamente hasta once 6 doce. Hoy regañaba con una,
~

lt

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mañana hacía las paces y al día siguiente volvía á
regañar .. . Era un verdadero pillín el tal Pepito. ¡Y
cómo le envidiaban los demás huéspedes de la casa!
Doña Pía, la patrona, siempre le estaba diciendo:
- Guíese usted por mí, D. Pepe; recójase usted
~ás temprano; no beba usted coñac, que es muy peligroso. No hay más que fijarse en esa nariz para
comprender que tiene usted una irritación muy grande. Usted se está matando á sí mismo.
- J:?oña Pía, contestaba Pepe, el mundo_ se ha
hecho para que nos divirtamos. ¿Qué quiere usted,
que me meta fraile cartujo?
- Bueno es d ivertirse, pero no tanto. Tuve un
huésped, que era poco más ó menos como usted, y
no quería seguir mis consejos, hasta que un día estando comiendo unas patatas guisadas comenzó á ponerse rojo y á echar fuego por las ventanas de la nariz.
- ¡Qué atrocidad!
- Lo que ustey oye. Vino el médico de la casa de
socorro y dijo que aquello era una inflamación ... ; en
fin, á los dos días el pobre joven estaba de cuerpo
presente. Por cierto que tuvimos que meterle en la
despensa, porque los demás huéspedes estaban horrorizados y no querían ver el cadáver.
_¡Bueno es Pepe para dejarse guiar por doña Pía
m por persona. alguna! El sigue haciendo la vfda de
costumbre y se mete en todos los sitios peligrosos,
porque es lo que él dice:
- Muy listo tiene que ser el que me la dé á mí.. .
Días pasados uno de sus compañeros de pupilaje
tuvo la desgracia de que le robasen el reloj en el
tranvía.
¡Qué de cosas le dijo Pepe!
- ¡Pero hombre! ¡Parece mentira! ¡Dejarse robar
el reloj! Nunca lo hubiera creído de usted.
- A cualquiera puede sucederle otro tanto, contestaba la víctima.
- A cualquiera menos á mí, gritaba Pepe irguiéndose con arrogancia. No ha nacido quien me robe.
Pero pasaron dos ó tres días y Pepe se presentó á
la hora de comer con el semblante alterado y el pulso trémulo.
- ¿Qué le pasa á usted?, le preguntó uno de los
huéspedes.
- ¡Qué me han robado el reloj!, dijo Pepe descargando un puñetazo sobre la mesa.
Todos l~s allí presentes soltaron el trapo, y Pepe
se puso funoso.
- Vamos, tranquilícese usted, murmuraba doña
Pía mientras aderezaba la lechuga.
- P~rticipo á ustedes que el reloj tiene que parecer ó pierdo el nombre que tengo. Ya he dado parte 1
á la policía.
-¿Pero cómo ha sido? ...
- Pues nada: yo iba calle de Atocha abajo en
compañía de Úna mujer ...
- No diga usted más, alguna infeliz víctima de su
pasión.
. - ¡Pchs! ¡Qué s~ le va á hacer!, dijo Pepe con
aire de orgullo satisfecho. I ba acompañando á una
mujer preciosa ...
- ¡Ah, pillín!
.
-:- Pero esto n,o es del caso. De pronto ella quiso
subirse al tranvia para volver á su casa donde su
ausencia podría llamar la atención. Estre~ho su mano, la prometo volver á verla al día siguiente y me
dirijo con ella hacia el tranvía. Un jovenzuelo se interpone entre nosotros para subir también, y siento
de pronto un escarabajeo especial en el bolsillo d el
· chal~co, pero ~o fijo la atención en este detalle y me
despido de m1 amada con una frase cariñosa. Diez
minutos después voy á consultar mi reloj para saber
la hora, y ... el reloj no estaba en su sitio.
El otro huésped, víctima también de un robo semejante, no pudo menos de echarse á reir recordando las frases ·de Pepe.
- ¿Conque á usted nadie le roba?, decía el huésped tapándose la boca con la servilleta. ¡Ja, ja, ja!
- No se ría usted, porque no estoy para bromitas.
-Pero .. .
- Sepa usted que el reloj tiene que parecer, porque á mí nadie me la da en este mundo, y soy capaz
de irme á la prensa y armarle un escándalo al gobernador civil.
PROYECTO DE MONUMENTO ~UR SE HA l&gt;E ERIGI~ EN MANILA Á LA MEMORIA DE M. LÓPEZ LEGAZPI y FRAY ANDRÉS
Al pobre Pepe le habían robado el reloj cprtándoDR URDANRTA. Premia_do en el concurso celebrado en aquella capital el 19 de junio de 1893. Autores: D. Agustin
Querol, escultor; D. Lms M.• Cabello y Lapiedra, arquitecto.
le la cadena que lo sujetaba y dejándole un trozo
del cual pendía el medallón.
'
- Y gracias que me han dejado este dije, que es
- No, señ?ra; se me volvió loca por celos.
- Por ahora no; pero estamos sobre la pista. El
para mí de gran mérito, exclamaba Pepe contem- ¡ Pobrecita!
inspector no descansa hasta dar con la prenda y con
plando el medallón y el trozo de cadena á él unido.
- Y hoy la tiene usted en Miguelturra sentada en el culpable.
- ¿Es algún recuerdo de familia?, preguntóle la e~ porta_l de su casa, sin probar más alimento que al•
- ¿Cree usted que parecerán?
patrona.
piste, m más bebida que aceite de almendras dulces.
- Como si lo viera,
- No; es _un recuerdo de unos amores desgraciaDurante ocho días no se habló de otra cosa que
Mientras los huéspedes se entregaban al bacalao
dos. La muJer que me Jo regaló fué una de mis víc- del robo cometido en la persona de Pépe.
con tomate que les servía la patrona con mano solítimas inocentes.
- ¿Sabe usted algo?, le preguntabnn los compañe- cita, oyóse sonar el timbre de la escalera.
-¿Murió?
ros de mesa.
- ¿Quién es?, preguntó doña Pía por el véntanillo,

�LA

- ¿Vive aquí un caballero á quien Je robaron un te de cadena que no ha podido llevarse el ladrón.
- ¿Para qué?
reloj en la calle de Atocha?, dijo una voz varonil des•
- Para ver si es la misma: que aparece unida á un
de el exterior.
reloj que hemos rescatado de manos de un ratero.
-=- Sí, aquí vive,
Pepe abandonó el comedor, rápido como una ga-=-Pues vengo ...
cela; fuése á su cuarto; abrió con mano febril el ca•
jón de la cómoda y extrajo de él el trozo de cadena y
el medallón anexo.
-Aquí está, dijo de vuelta en el comedor entregando ambas prendas al hombre del gabán.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

- Pase usted.
Entró en el comedor un hombre alto, embutido
en un gabán color de café con leche; en la mano llevaba un bastón con puño de hueso y usaba antiparras azules. Pepe se había puesto de pie y miraba al
recién llegado con gran curiosidad.
- Pues yo soy vigilante de policía, siguió diciendo
el hombre del gabán.
- ¿Me trae usted el reloj?, preguntó Pepe lleno de
júbilo.
- No, sefior; pero lo traeré mañana. •
- ¿Mañana?
- Estamos sobre la pista; pero necesitamos la par·

NúMERO 61 I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿Qué duda cabe? Pues hombre, ¿cree usted que
si no lo fuera le entregaría el medallón? ¿Por quién
me toman ustedes? Otra cosa no tendré, pero en
punto á experiencia de la vida habrá pocos que me
echen el pie delante ...
Doña Pía meneaba la cabeza en señal de asentimiento.
- La verdad sea dicha, pocos habrá más tunos
que D. Pepe, y no es porque esté delante, dijo la
patrona. El que se la dé á él ya p odrá ser listo.

Un concierto en la aldea alemana, dibujo de E. Limmer

- Perfectamente, murmuró éste guardándose cadena y medallón en el bolsillo.
•
Después púsose el sombrero, hizo una reverencia
y desapareció tranquilamente por el foro.
- ¿Lo ven ustedes?, decía Pepito radiante de júbilo. De seguro que el reloj rescatado es el mío.
Los demás huéspedes se miraron recelosamente.
- ¿Pero conoce usted á este sujeto?, le preguntó
un huésped.
-¿A cuál?
- Al que acaba de estar aquí.
- No le he visto nunca.
- ¿Será efectivamente de la policía?

- Muchas gracias, doña Pía, exclamó Pepe.
En aquel momento el timbre de la escalera volvió
á sonar y doña Pía fué á abrir la puerta, recibiendo
de manos de un mozo de cordel una carta para Pepe.
- ¿Es para mí?, preguntó el interesado paseando
su mirada orgullosa por todo el comedor.
- ¡Ah, tunante!, dijo uno de los huéspedes. Será
alguna cartita amorosa.
- Quizás, murmuró Pepe.
Pero de pronto perdió el color, restregóse los ojos,
hirió con el tacón de la bota el pavimento y reclinó
la cabeza sobre el respaldo de la silla.
- ¿Se pone usted malo?, le preguntó la patrona.
- ¡Pillo! ¡Tunante!, gritó Pepe estrujando entre
sus manos la carta recibida, que estaba redactada en
esta forma:
«Me alegraré que al recibo de la presente se halle
usted sin novedad. Y muchas gracias por el medallón y trow de cadena que ha tenido usted la bondad
de entregarme. Necesitaba ambos objetos para com· .
pletar los que he adquirido procedentes del chaleco
de usted.
»Adiós, panoli. - El rata pn·111ero.))
Los huéspedes, al leer la carta, reían como locos;
y dijo uno de ellos:
·
- Hay que desengañarse. Por algo llamaban á don
Pepe el terror de Ciudad Real.
Luis

TABOADA

•••·••''••·•·"•'••·..••·••"••'•••••••••"•'''•'••''••·••"•'''•"•'·••·••1•,,•••'""''•''••·•••·••·••''"''•''''''•''••·•••••r•..

LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

11,:&amp;;POSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO - Molinos y turbinas de viento, dibujo de E. Limmer

La aldea alemana levantada en Midway Plaisance
no es simplemente una sección alemana de la Exposición, sino que constituye, por decirlo así, un pedazo de Alemania transportado á orillas del Mícbigan
y emplazado entre Java, Egipto y Turquía: en ella
basta los menores detalles producen en el que la visita la ilusión de que se encuentra en el corazón mismo de la nación germánica.
·De todas las instalaciones análogas que se ven en
J ackson Park ésta es sin duda la más completa y no•
table, mereciendo incondicionales elogios los que
han realizado aquella obra y muy en primer término

�590

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 611

EL TROFEO
Tal y como era Vázquez, que era en su clase digno ejemplar de su educación y de su época, ó sea
un desalmado caballero lleno de los vicios que engendra infaliblemente la fecunda ociosidad y de los
defectos que capitanea el defecto mayor del egoísmo,
sentía, sin embargo, un hondo afecto especial y concreto hacia su único amigo Torres, su compañero
de esparcimientos mundanos, y de casa, y de mesa,
y de comunidad de bienes en los diez años que vivieron juntos.
.
Que Torres quisiera también á Vázquez como le
quería, no era extraño, porque Torres, pervertido
más bien por debilidad y por hábito que por organización, era buen sujeto en el fondo. Pero que Vázquez quisiera á Torres haciendo en su obsequio la
sola excepción de su brutal misantropía, no dejaba
de ser un verdadero fenómeno psicológico, y una evidente prueba de que no hay mala naturaleza donde
no quepa alguna vez un buen sentimiento, digan lo
que quieran los pesimistas.
Sí, sí: aquel Vázquez que no había amado i nadie
ni á nada en la vida; que no había tenido familia;
que había sido abandonado en el estricto término
legal por cierto tutor empedernido; que no había estudiado, ni padecido, ni reflexionado nunca; que sólo había visto en las mujeres el placer y en los hombres la competencia, ,in sospechar que pudieran servir para algo más; aquella sensibilidad, en fin, atroLOS HUNOS EN LA GALTA, copia del cuadro de G. Rochegrosse, por el mismo'autor
fiada y ciega desde sus· albores, practicaba el culto de
(Salón de los Campos Elíseos de París, 1893¡
un cariño, de su cariño fraternal á Torres el bueno,
á Tor~s el débil. Que vinieran una mañana á decirle en su cama que el globo terráqueo iba á estallar
C. B. Schmidt, alemán de origen y avecindado des- de un cambio de guardias en Berlín, espectáculo que en el espacio como arpa vieja, si él no se levantaba,
de hace muchos años en América.
siempre atrae multitud de espectadores.
y de seguro se hubiera vuelto del otro lado. Pero que
El edificio más grande y más importante de la alle dijesen que iban á arrancar un cabello á Torres, si
dea alemana es el magnífico castillo antiguo con sus
El visitante europeo queda no poco sorprendido al él no lo impedía, y todos los héroes de la Historia se
arcos y saledizos, sus murallas y sus fosos. ¡Cuán ra- encontrar entre las antiguas ruinas toltecas· del Yu- hubieran quedado tamaños en su comparanza.
ro efecto ha debido producir esa pintoresca aldea á catán y las viviendas troglodíticas de los aborígenes
los habitantes de Chicago acostumbrados á sus casas norteamericanos una sección exclusivamente destina***
de más de veinte piso!., construídas de piedra y de da á los molinos de viento, en la que estos aparatos,
hierro!, y ¡cuánto debieron sorprenderse al atravesar unos altos, otros bajos, cuáles grandes, cuáles pequeCalcúlese, pues, la estupefacción amarga de nuestro
e( puente levadizo y penetrar en la aldea por el som- ños, y casi todos pintados con colores chillones, apa- paseante en Corte, cuando una mañana, de primavebrío portalón!
recen por docenas montados en armatostes especia- ra por cierto, entró Torres en su cuarto á decirle, sin
Con una seriedad digna de alabanza, los autores les, algunos de ellos tan elevados como pequeños preparación y á quemarropa, que se iba á casar. Saldel proyecto se han atenido en su ejecución estric- campanarios. Su forma es nueva, extraña, completa- tó su cuerpo fuera del lecho, como impulsado por
tamente al antiguo original alemán, evitando todo re- mente distinta de la que suelen tener tales aparatos una catapulta; la habitación empezó á dar vueltas alclamo, toda innovación, hasta el punto de no haber en algunos países de Europa, los cuales en su mayo- rededor de su cabeza, y sintió como sí le penetrase
colocado letrero alguno en la puerta de roble que ría son de sistemas antiguos, de cuando no se cono- un estoque por el costado izquierdo.
conduce al lugar en donde están instalados los cafés cían ni el vapor ni la electricidad, con sus negras ca¡Ah! ¡Cómo maldijo entonces á su pereza orgáy )os restaurants, lo cual no impide que los america- suchas y sus aspas que difícilmente mueve el aire.
nica, aquella incurable pereza que él llamaba la quenos con su notable instinto adivinen el significado
Los molinos de viento son tanto ó más necesarios rencia de la eternidad, y que le había siempre impede aquellos pórticos y llenen las mesas para conocer que en nuestro continente en América; en las gran- dido acompañar á su amigo al Retiro, antes del allos guisos de la verdadera cocina alemana y gustar des praderas del Oeste y en las
los mejores vinos alemanes, que se les sirven en be- mesetas que se alzan entre los
llos y típicos vasos éstos, y aquéllos en platos y sobre Montes Roquizos, se pasan á
manteles y servilletas reproducción fiel de los que veces semanas y aun meses sin
antiguamente se usaban en Alemania.
que llueva, á consecuencia de
El ala derecha de la aldea está ocupada por una lo cual sécanse los ríos, y las
porción de interesantísimas colecciones, entre las que gentes que ali{ viven hállanse
dest~canse el grupo Germanía, compuesto de 50 figu- sin agua en aquellos territoras con trajes alemanes vestidas, y la colección de ar- rios desprovistos de bosques.
mas del consejero municipal de Grossenhain (Sajo- Los mismos ferrocarriles llenia), Sr. Zschille. Esta colección, de un valor incal- gan á carecer de agua para aliculable y quizás la mejor de cuantas existen en po- mentar las calderas de sus loder de particulares, ocupa varias salas y constituye comotoras y se ven obligados
i;ina de las principales curiosidades de la Exposición, á llevarlas en tanques especiasobre todo para los americanos, que en aquellos ob- les. En cambio no falta en
jetos artística y pintorescamente agrupados pueden aquellas comarcas el viento,
contemplar y admirar un período histórico para ellos que á veces se convierte en
desconocido, la Edad media.
furioso huracán, circunstancia
Aquellas preciosas armaduras, yelmos, armas, bor- que han aprovechado los codados, arneses, utensilios domésticos, despiertan ad- lonos para utilizar un elemenmiración grande, y las colecciones de esculturas, di- to contra otro, es decir, el aire
jes, tejidos y porcelanas allí reunidas completan la contra el agua, y á este efecto
interesante instalación que permite conocer la vida y han abierto profundos pozos
costumbres de gentes de los pasados tiempos. ·
en las praderas hasta encontrar
Las demás casas agrupadas en semicírculo alrede- la humedad deseada y colocador del castillo son también imitaciones de antiguas do en ellos molinos de viento
construcciones alemanas, tales como la casa de la que extraen el para ellos tan
alta Baviera en 1480, con sn 01iginal arquitectura precioso líquido.
gótica y sus entablamentos; la casa alemana de 1650,
Estos molinos consisten en
construida según el estilo del último período del Re- armatostes de hierro que sosnacimiento; la casa de la baja Sajonia de 1570, y la tienen la ligera rueda de brade la Selva Negra.
zos múltiples y cuya altura deToda la parte occidental de la atdea alemana está pende de la situación del pozo.
ocupada por un jardín de conciertos poblado de cerLa importancia que, por lo
vecerías, en donde dos veces al día tocan alternando que dejamos indicado, tienen
dos bandas militares, la de los guardias de Corps y en la América del Norte los
la de infantería de la guardia prusiana, compuestas molinos de viento explica que
de cien músicos cada una. Antes de comenzar el con- se les haya destinado en Jackcierto, desde lo alto de una gran torre una banda ae soi1 Park· una sección especial
trompas y cornetas deja oir una Jan/are, mientras la que á título de curiosidad re¿QUÉ TAL ESTOY?, cuadro de F. Dvorak
infantería ejecuta en la plaza de la aldea el simulacro producimos. - X.

NúMERO 611

muerzo! ¡Cómo maldijo á la estación irritante, alteradora y florida! ¡Cómo maldijo á la revolución que
había dado á Madrid ese Parque, ese respiradero, ese
campo de citas! Porque Torres había conocido en el
Retiro á la mujer con quien, á falta de otra solución cien veces propuesta y rechazada, se casaba: una viuda francesa,
joven, rubia, esbelta, vestida y calzada en París, es decir, elegantísima, y
hablando en español chapurreado
con una gracia inmensa; gracia resultante de una imaginación fosfórica, y
de carácter más alegre que unas pascuas, el carácter de una solemnísima
coqueta.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

59 1

pugnante, no es para descrito. Pero todo im.1tll; la
¡Bonitas son ciertas tempestuosas hembras para
coqueta despeichada demostró cien veces al anómalo darse por vencidas!
calavera que no tenía más remedio que sucumbir, ó
hacer una de pópulo bárbaro. Y como esta barbari***
Meses hacía que Vázquez no había puesto los pies
dad sería la ruina y 1¡¡. muerte de la dicha del buen

***

Sobre esto de la coquetería de
Ana'is, que así se llamaba, se hablaba en Madrid mucho, y se contaban
historias alarmantes, sobre todo la
del difunto esposo que, según las
crónicas, había muerto hecho un carbón sobre las parrillas de los celos.
¡Y venir Torres el bueno, Torres el
débil, á aumentar el número de los
achicharrados del matrimonio, en las
mismas barbas de aquel Vázquez que
tanto le quería! Pero no hubo remedio; porque cuando Torres dijo á
Vázquez que si no se casaba con
aquella mujer, que se le había metido en la sangre, se pegaría un tiro,
Vázquez cedió, dando un puntapié
moral á su voluntad propia. ¿Tenía él
acaso voluntad superior á la de Torres el débil?
Pero ceder en lo del casamiento
no era descuidarse respecto á sus
resultas; y Vázquez se dedicó, cuerpo
y alma, á velar por el Torres casado,
con una original mezcla de padre y
de Otelo, de interés profundo y de
terrible desconfianza, que era lo que
había que ver. Torres puso casa
aparte con su esposa; pero Vázquez·
dejaba la suya después del desayuno, y no salía de la de su amigo, donde almorzaba y comía1 más que para
ir de compras, de visitas, ó de paseo
con el matrimonio, ó al teatro algunas noches. Y mientras el buen Torres, embaucado y sorbido el seso por
su compañera, no se cuidaba más
que de aquella dulce envenenadora
de sus venas; y mientras la francesa
se dejaba querer y mimar, Vázquez
ejercía de tutor de la pareja, como si
en el mundo no hubiese casinos, ni
caballos, ni mujeres, ni barajas, ni
camorristas, ni nada.
El mundo madrileño ridiculizó al
principio desaforadamente al tutor y
á los pupilos; pero luego tuvo que
contentarse con hacerlo en voz baja,
porque Vázquez dió dos estocadas
magníficas á dos de los críticos. Y
en su virtud, la tutoría siguió su curso
normal durante el primer año; hasta
que un día, y de repente, con grande asombro de todos los círcul9s,
dejó Vázquez de exhibirse con el matrimonio, y hasta dejó de ir á casa de
Torres, según se supo.

¿Qué había pasado? Pues había
pasado, fuerza es decirlo, que la francesa era una bribona, como otras
muchas coquetas abusivas, de todos
los países; que, cuando se vió en
posesión absoluta del débil Torres
y su fortuna, aquella linda loca de atar se hartó hasta la saciedad de su deficiente señor legal, y se pro, puso buscar sus satisfacciones por otras vía~ que la
ley veda: que el tutor, con su voluntad de hierro, se
le hizo odioso, y que resuelta ante todo á librarse
de aquella fuerza opresora, se decidió ... ¿á qué piensan ustedes? ¿A enamorar á Vázquez? Precisamente;
á enamorarle, para anularle. El procedimiento es conocidísimo.
La ira dolorosa que sintió Vázquez cuando comprendió el pérfido procedimiento, no es para dicha.
Cómo significó su desprecio, cómo esquivó los ardides seductores, cómo rugió en aquella situación re-

EL HERRERO,

dibujo de León Lhermitte

Torres, Vázquez dijo un día á su amigo que el mundo está lleno de miserables, y que estos miserables
murmuradores le acusaban de parásito usufructuario y sórdido en aquella casa, y que en lo sucesivo
se verían poco, aunque él desde lejos seguiría velando por su felicidad.
Torres dijo á Vázquez que enviase el mundo á paseo. Vázquez dijo á Torres que para él era cuestión
de decoro, y Torres se sometió al alejamiento, que
fué cada vez mayor. Pero la francesa, para quien el
ojo avizor de Vázquez era más entorpecedor y más
intolerable de lejos que de cerca, no cejó en su torpe
propósito, como se verá.

en casa de Torres, cuando una tarde, al volver aquél
de su paseo á caballo y desmontárse á la puerta del
club, halló en ésta á un criado de su amigo con una
carta de la se,iora, según le dijo, que le fué preciso
abrir, y en que le escribía que su marido estaba enfermo en cama desde el día anterior y que deseaba verle. Y hete aquí al adusto retraído volviendo á montar, y salvando de un galope la distancia que le separaba de la mansión matrimonial, á cuyo portero dió
las riendas y cuyas escaleras subió rápidamente al
compás sonoro de sus espuelas y con su fino látigo
inglés en la mano.
El débil Torres sufría, en efecto, una grande exci-

�LOS JUEGOS FLORALES, cuadro de Luis Jiménez Aranda

1

SANTA~ JUSTA Y RUFINA, cuadro de Domingo Fernández y González

�594

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tación nerviosa, según el médico. Se le había propinado fuerte dosis de bromuro, que al fin logró narcotizarle; y sólo tuvo fuerzas para decir á su amigo que
no le abandonase, porque estaba seguro de que su
presencia le pondría bueno. Después cerró tranquila·
mente los ojos y empezó á dormir, quedando Vázquez
solo á su cabecera, pues la francesa se había retirado
al entrar él, para reposar también un rato: ¡estaba tan
cansada la pobre!
Era al anochecer. La alcoba quedó en silencio
profundo, y Vázquez, recostado en su butaca, se puso á pensar en la maldad de las mujeres en general
y de aquella pérfida rubia en particular, jurando para
sus adentros que sabría arrancar los dientes á la viborilla. Y terminado su acto mental y como quiera
que la obscuridad aumentaba, empezó también, sin
pensarlo, á dormitar.
De pronto creyó sentir el leve ruido de unas faldas
que se aproximaban: entreabrió los párpados y vió,
en efecto, á la francesa que, envuelta en vaporosa
bata blanca, sueltas las doradas trenzas sobre la espalda, suelto también y abierto con premeditación
visible el ajuste superior de su traje y sosteniendo
con su breve mano la delantera que dejaba ver sus
zapatitos de raso, se adelantó suavemente como una
aparición, llegó hasta él, y con un cinismo verdadera·
mente diabólico inclinó su cabeza basta la de su enemigo y puso con fementida resolución sus finos labios en los labios de Vázquez...
Se oyó en seguida una interjección feroz, una voz
varonil que dijo: «¡Atrás, canalla!..,» un latigazo, la
caída de un cuerpo en la alfombra, y un minuto después la puerta de la escalera al cerrarse violentamente.

El mundo madrileño supo al otro día que la francesa había sido expedida á Francia con el rostro cruzado por un negro surco, y que el buen Torres se había vuelto á vivir con el desalmado Vázquez. Algunos aseguraron también que, al instalarse de nuevo
en su antiguo cuarto, el débil protegido había colgado en sitio preferente el látigo de montar de su pro·
tector, como una alhaja, como una reliquia, como un
trofeo.

s.

LÓPEZ GUIJARRO

Bellas Artes. - La Asociaci6n de cuadros de Jesucristo
que se constituy6 hace poco en Budesheim de Bingen (Alemania), y de la cual hablamos en una de nuestras anteriores Misceláneas, parece que no prosperará por falta de asociados y sobre todo por carencia de fondos para organizar exposiciones y
comprar cuadros. H asta ahora las copias pertenecientes á los
individuos de la Asoclaci6n permanecen instaladas en la casa
rectoral de Budesheim.
- En Gante se ha abierto nuevamente, después de larga clausura, la Galería de Pinturas, que ha sido ensanchada y modificada y á la cual han ido á parar multitud de cuadros notables
que se conservaban en las Casas Consistoriale~, en las iglesias
y en otros edificios públicos y particulares. En aquel museo se
ha instalado una sala especial para las obras de los pintores
ganleses, en las que figuran, entre otros, diez grandes lienzos
del célebre maestro Gaspar de Crayer.
- Para el Museo South-Kensington de Londres ha sido adquirido el famoso y riquisimo tapiz de la mezquita de Ardebil
( Persia), que se considera como uno ele los más preciosos ejemplares ele la antigua tapicería persa,
- Rubinstein, que actualmente se encuentra en Italia, ha terminado su ópera Cristo, que él mismo estima como la obra capital de su vida,
Varia. - La Comisi6n organizadora de la Exposici6n universal internacional que se proyecta celebrar en Madrid desde
abril á octubre de 1894, lleva muy adelantados sus trabajos, ha·
biéndose ocupado hasta ahora de la organización de los servicios, con fecci6n de reglamentos, publicación de carteles y prospectos en seis idiomas distintos, preparación de la opini6n en
provincias y en el extranjero, constituci6n de comisiones de
propaganda y, en suma, de todos los trabajos preliminares de
tan laudable empresa, y actualmente se ocupa en la formaci6n
de los planos, que en breve estarán terminados.
La Exposición se celebrará en el Palacio de la Industria y
de las Artes, cedido por el Gobierno de S. M., edificio que
mide 200 metros de fachada por 114 de máxima profundidad y
en el cual pueden albergarse de cinco á seis mil expositores;
pero comprendiendo que esto solo no bastaba para una exposición universal, los organizadores han entablado con los propietarios ele1 los terrenos vecinos á aquél gestiones que han dado
el más satisfactorio resultado.
Los trabajos de propaganda han demostrado, según parece,
que la idea de la Exposici6n es acogida con calurosa simpatia
en el pa!s, en las naciones vecinas y hasta en las regiones más
apartadas, en donde se forman comisiones nacionales, siendo
de creer que el número de expositores será considerable y es•
cogido.
El Consejo general de la Exposici6n, que está patrocinada
por S. M. la Reina Regente, funciona bajo la presidencia de
los Excmos. Sres. D. Alejandro Pida! y Mon y D. Juan Navarro Reverter y de él forman parte imporlantisimas personalidades nacionales y extranjeras.

NúMERO

61 I

el saqueo ele una villa galo-romana por los hunos, el cuadro d_e
Rochegrosse que reproducimos y que fué uno el~ los más admirados en el último Sal6n de Paris, lo es más, s1 cabe, por sus
méritos técnicos: la ejecuci6o de la obra es ~igna del gran ar·
tista que dibuja como pocos, domina el colondo y e~ consumado arqueólogo, cualidad esta última que le ha servid? mucho
para pintar la escena de pillaje de los solda~os de A_t1la. Otra
cualidad notable tiene el cuadro, y es la relativa sobn edad con
que está tratado el :isunto, que se prestaba á pr~seotar figuras
en horribles cootors1ones, sangre, llamas y &lt;lemas aparato que
El celebrado pintor Augusto Glaize.- Augusto no habrian dejado de utilizar otros pintores menos es_crupulosos,
Glaize recientemente fallecido á la edad de ochenta y un años, más amantes del efecto, á cualquier costa coosegmdo, qu~ de
era un~ de los últimos sobrevivientes de la escuela romántica. la verdad con recursos racionales lograda.
En el taller de los Deveria, que fueron su,s maestros, aprendi6
á tratar los asuntos históricos en la forma pintoresca y anecd6¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. - El nom:
tica que tan en boga estuvo en ti~mpo de Luis Felipe, co~si- bre de Dvorak va siempre asociado á una de esa~ obras que s1
guien&lt;lo desde sus comienzos un éxito que no se ha desmentido no suspenden el ánimo, como esas grandes máqum~s{perd_óneen toda su larga carrera, durante la cual cultiv6 todos los gé- seoos el galicismo) con qu~ trata~ de &lt;le_slumbrar ciertos pmto·
neros· la pintura religiosa que le vali6 una serie de premios res, cautivan nuestros sentidos é 1mpres1onan dulc&lt;;mente nuesen lo; Salones de 1842, 1844 y 1845, la filos6fica, la mitol6gi- tra alma. Bien pueden saberlo los lectores LA lL~STRACIÓ!'f
ARTfSTICA, á quienes el no1!1bre de este pmto~ ~s l;1en con~1do por haber visto reproducidos en nuestras _pagmas los meJ~res cuadros por él pintados. El que hoy publicamos puede calificarse de monada; mas no se entienda esta palabra en el sentido académico de cosa fútil y sin importancia, sino en el vulgar
de cosa elegante, bell~, graciosa y al propio ~iempo magistralmente ejecutada, cualidades todas que se admiran en la hermomosa joven ataviada con el pintoresco traje japonés.

?e

El herrero, dibujo de L~ón Lherm.it_te. - ~nt_re
los artistas franceses que han seguido la senda del 1mpres1omsmo ruralista, que tanta fama póstuma ha valido al malogrado
Millet sobresale Le6n Lhermitte, que mucho antes de ser conocid~ en su patria gozaba de gran celebridad en Inglaterra
por sus dibujos y agua~ fuertes, que se clisputa~an l?s intel(geotes y aficiona?os. Na71do en 1844en,Mont-Samt-P!erre_{Aisn~)
fué siendo aun muy JOven, á Paris, en donde estudió baJo la d1rec~i6n de M. Lecoq de Bois-Beaudrao, maestro de disdpulos
tan notables con Fantin-Latour, Cazio y otros. Los comienzos
de su carrera fueron dificiles; pero á su primer triunfo conseguido en el Sal6n de 1874, en el que obtuvo una medalla de
tercera clase, sucedieron muy pronto otros, hasta que en el Salón de 1889obtuvo la medalla de honor, siendo al propio tiempo distinguido con el nombramiento de caballero de la Legi6o
de Honor. De lo que vale como pintor es buena prueba el cua·
El celebrado pintor francés AUGUSTO GLAJZK,
dro Las lavanderas, que publicamos en el número 437 de LA
ILUSTRACIÓN ARTISTICA; de su maestría como dibujante 1mefallecido recientemente
de juzgarse por El herrero, que reproducim_os, y en el cual so_n
de admirar, además de la corrección, un vigor y una valent1a
" filos6fico su mayor triunfo fué q.ue armonizan perfectamente con el asunto tratado y que po·
ca y la legendaria. En el género
La picota, vasta composici6n en la que represent6 atados al cos artistas saben emplear sin incurrir en censurables exageraposte de infamia y custodiados por todos los vicios á todos los ciones.
mártires de la fe, del ideal, de la ciencia y de la verdad: Jesús
Los juegos florales, cuadro de Luis Jiménez
y Juan Huss, Homero y Cervantes, Palissy, Galileo, Dante,
Gutenberg, Lavoissier, etc. Por este cuadro gao6 una medalla Aranda.. - Luis Jiménez Aranda, hermano de otros dos pin·
de primera clase en la Exposición Universal de 1855 y la cruz tores, D. José y D. Manuel, que gozan ele tan merecida como
de caballero de la Legi6n de Honor. Entre sus obras más nota- justa reputaci6n en el mundo del arte, debe, como aquéllos, á
bles figuran Dan/e escribiendo sze poema inspirado por Beatriz sus propios méritos cuanto es y cuanto vale. Trasladado á Ro(18471 y el decorado de una capilla de la iglesia de San Gerva- ma en 1866, en uni6n de su paisano Villegas, someti6 su pincel, arrastrado por las corrientes entonces imperantes, al génesio, en París, en la cual traz6 la historia de Santa Genoveva.
ro de majos y casacones, resucitando el siglo xvm en cuadriQuien espera...., cuadro de Blume Sieb ert. - Dice tos tan intencionados como simpáticos. Cuando la suerte empc·
el refrán que quien espera desespera, pero también puede suce- z6 á concederle sus favores y viéronse recompensados sus afader que el que espera se aburra y al fin y al cabo se duerma, nes, si bien dentro de los mismos moldes, produjo obras que le
como le sucede al personaje del cuadro que reproducimos, en dieron ya á conocer, creándole una verdadera personalidad. La
quien más que el afán por verá la que ama y le ha citado pue- lección de baile, Reve/ació11, La lección de gttitarra, La a1ttesade el cansancio, consecuencia quizás de una noche de insomnio la de un ministro, Un concurso de violinistas, Las niJ1as casapasada en forjar planes y en buscar conceptos para acabar de deras, Entre dos fuegos y otros más, entre ellos Los ;i1egos florendir al objeto de su cariño. Verdad es que el lugar de la cita rales, que reproducimos, preciosa composición que evoca el reconvida al reposo y que el s\leño debe venir naturalmente en cuerdo de una fiesta perpetuada en nuestra región, bastan por
aquella umbría, llamado por el monótono murmullo de las ho- si solos para crear una reputaci6n y para que se reconocieran
jas acariciadas por el céfiro. Es de esperar, sin embargo, que en Luis Jiménez dotes y alientos de verdadero artista.
Trasladado á Paris, en donde reside desde 1877, lanzóse al
el dormido amante no lardará en despertarse: si su instinto no
le advierte ele la presencia de su amada, no faltará una mano combate, teniendo el valor de presentar lienzos inspirados en
que le vuelva á la realidad, más hermosa para él que sus sueños, escenas de la vida moderna, en los concursos en donde era lipor dulces que éstos hayan sido.
mitado el ní1mero de los que, como él, profesaban los nuevos
ideales. Le fumier, Un almuerzo de trabajadores - que ya conoProyecto de monumento á Legazpi y Urda- cen nuestros lectores, - Viejo solterón, Campesinas picardas,
neta, obra de D. Agustin Querol y de Luis M. Bretonas en la iglesia, Le premier 1110! d' amour, Co11tratos, El
de Cabello. - En reñido concurso ha obtenido el primer traje nuevo, Le carreau du Temple y La visita de una sala del
premio el proyecto ideado por los Sres, Querol y Cabello para Hospital, inspirado en una escena de la vida real con pasmosa
el monumento que en Manila ha de erigirse en honor del con· exactitud, han sido los cuadros producidos en la nueva fase arquistador de las Filipinas D. Manuel López de Legazpi y del tistica ele Luis Jiménez.
religioso agustino Fray Andrés de Urdaneta. Nuestro querido
Admiradores del verdadero mérito y entusiastas por cuanto
colaborador el distinguido critico Sr. Balsa de la Vega ha pueda significar una gloria, á la vez que una reivindicación para
emitirlo en la Crónica de Arte publicada en el número 6og un el arte patrio, hemos dedicado estas desaliñadas !!neas al artisjuicio acerca de esta obra, que nos releva de entrar en detalles tn, como una muestra de consideraci6n que nos merece quien
acerca de la misma, por lo cual nos limitaremos á enviar nues· al elevarse ha logrado tambien elevar, en el extranjero, el contra más cordial enhorabuena al Sr. Querol y á felicitar también cepto artístico de nuestra patria.
á la ciudad ele Manila que en breve contará con un monumento debido á un arquitecto tan distinguido como el Sr. Cabello
Santas Justa y Rufl.na, cuadro de Domingo
y á un escultor que, como el autor de La tradición, ha conse- Fernández y González. - El distinguido pintor español
guido uno de los primeros puestos en el mundo del arte con- Fernáodez y Goozález, pensionado en Roma, ha representado
temporáneo.
en este cuadro un trágico episodio del tiempo de la dominación
romana en España, durante el reinado de Diocleciano. Justa y
Feria en un pueblo de la alta montaña ro- Rufina vivían pobremente en Sevilla á mediados del siglo 111,
mana, cuadro de Mariano Barbasán. - Lejos de la y habiéndose negado á ofrecer sacrificios á la diosa Selembo
tierra española, en Roma, en la ciudad que fué centro y empo- {Venus), fueron encerradas en la cárcel y condenadas á muer·
rio de las artes todas, existen aventajados artistas que, como te, después de haber sido sometidas á crueles tormentos. CuanBarbasán, honran á nuestra patria y representan una grata es· do los jueces penetraron en la prisi6o para conducir al circo
peranza por el arte pict6rico. Pensionado por la Diputación á las dos doncellas, Rufina les mostr6 el cadáver de su hermana
provincial de Zaragoza, ha logrado aquél demostrar en un bre- Justa, que habia perecido de hambre: Rufina fué más tarde
ve periodo de tiempo cuán merecida es la distinci6n de que arrojada á un león; mas como la fiera no quisiese devorarla,
fué objeto y cuánto puede esperarse de quien como él compren- fué quemada, martirio que sufri6 con admirable y santa resigde y siente el verdadero arte.
nación. La Iglesia católica ha santificado á las dos hermanas,
El vendedor de estampas, recuerdo de tipos y costumbres de y Sevilla y otras muchas ciudades las han declarado sus pala patria española, los Alrededores de Tivoli y el cuadro que tronas.
reproducimos, inspirados por el atractivo del país en que reside,
son lienzos que demuestran sus alientos y sus condiciones de
La primera riña, cuadro de A. Corelli. - ¿A qué
buen colorista, no contagiado por las extravagancias y los lo· explicar lo que representa el bonito cuadro ele Corelli? ¿ Por
nos terrosos que palidecen la paleta de aquellos que se olvidan ventura aquellas dos figuras tan· deliciosamente sentidas no
de las tradiciones artísticas españolas.
expresan con toda la claridad apetecible lo que el autor quiso
El último cuadro ele Barbasán resulta trasunto fiel de las significar? Contemplándolas harto se ve que la ofendida es ella,
costumbres de los pueblos romanos y atrae por el asunto alta- y que él, arrepentido de lo hecho, arde en deseos ele solicitar
mente pintoresco y simpático, dado el ambiente local y el bri· el perdón de su falta, que de fijo le será concedido en cuanto se
Uante contraste que ofrecen los traj~ de los ciociaros.
atreva á implorarlo. Al fin y al cabo todos sabemos lo que son
riñas ele enamorados, nubes ele estio que pronto se disipan y
Los hunos en la Galia, copia del cuadro de G. tras ele las cuales aparece el sol más radiante y el cielo más
Rochegrosse. - Interesante por el asunto, que representa límpido,

NúMERO

61.r

595

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL, - I LUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

{CONTINUACIÓN)

se había fijado para el 15 de abril, se dedicaban todos
los días hábiles del otoño á explorar los alrededore~,
LA INVERNADA
y así poco á poco los viaj~ros adquiriero!l. conocimiento exacto de su domimo. Estas exped1c10nes se
El frío había vuelto á tomar triunfalmente posesión haofan ¡¡!empre en trineos que tan pronto arrastraban
de sus dominios, gracias á las tinieblas de la noche los perros como los marineros. El aprendizaje que
polar que viste de luto la sµperficie del ancho firma- hacían de la vida polar era bien rudo, y la naturaleza
V

Los canadienses bailaron gig,,es más 6 menos escocesas (véase pág. 581)

mento. Merced á los prudentes cálculos que se hicieron antes de la construcción é instalación del FuerteEsperanza, los invernántes habían padecido muy poco
todavía. En efecto, entre las espantosas temperaturas
del exterior y las que en lo interior proporcionaban
las estufas siempre encendidas, había casi constantemente una diferencia de 30 á 40 grados.
Así es que por consejo de los dos médicos se había levantado delante de cada puerta una especie de
cobertizo vacío para permitir á los que salían acostumbrarse á la enorme ruptura de equilibrio que había entre las dos temperaturas.
Hasta el solsticio la poca luz que brillaba en el fir.
mamenlo no merecía el nombre de día. Era una especie de vago crepúsculo que á las veces teñía de vivísimos tonos rojos y violados el extremo límite del
horizonte. Para prepararse á la gran expedición que

parecía complacerse en demostrar con cuánta constancia quería defender las regiones del polo contra
la curiosidad humana.
Los primeros arrastres sobre todo fueron terribles.
Los organismos no estaban todavía aclimatados á
aquellas temperaturas de 24, 28 y 32 grados bajo cero
que casi invariablemente reinaron desde 15 de octubre al 1.0 de mayo. Y sin embargo, los viajeros aprovechaban cuanto podían la experiencia de sus predecesores, pues en lugar de telas muy gruesas y pesadas habían adoptado para sus trajes las lanas dulces
y ligeras que dejan libre el juego de los miembros.
Un doble pantalón, una camiseta y encima de ésta
una blusa de lana muy tupida y sobre esto un abrigo
corto forrado de pieles constituían el traje de los
hombres, juntamente con una gorra de piel, polainas
que cubrían las botas, provistas de suelas de made-

ra, y unos mitones de lana encima de guantes ~e piel
forrados.
No hay necesidad de decir que Isabel había a(loptado un traje parecido, preparado desde hacía ya mucho tiempo. En cuanto á su nodriza, con sus anqhos
hombros y su pesado andar, parecía una verda~era
bestia salvaje, enfundada en aquel traje que no brillaba ciertamente por su elegancia.
El Sr. de Keralio fué quien dió primero ejemplo
de valor y resistencia. El IS de octubre, acompañado
del doctor Servan y de los marineros Guerbraz y Carré, emprendió la exploración ~e la costa en u~ tri•
neo tirado por doce perros. Salidos del cabo R1tter
bajo el 76° paralelo, los explorad?res rebasara? el
cabo Bismarck y se lanzaron atrevidamente hacia el
Norte. La costa se prolongaba casi en línea recta
hasta el 79°. Allí oblicuaba hacia el Oeste y los viajeros pudieron comprobar con alegría que aquella
desviación formaba ángulo suficiente para permitir
el acceso del cabo Wáshington entrevisto por Lockvood en 1882. Sólo faltaba saber si la vía marítima
quedaría también expedita. Aquella primera excursión hecha á través de borrascas de nieve y con una
temperatura media de 18 grados bajo cero, terminó
en el ·grado 81. Un pico vagamente entrevisto en el
Noroeste recibió el nombre de Monte Keralio, al mismo tiempo que se bautizaba como cabo Servan el promontorio ·que sirvió de límite á los viajeros.
Fué preciso volver. Durante los primeros cuatro
días habían recorrido 125 kilómetros; pero luego,
como los hombres se debilitaron y el camino era
más y má~ penoso y más áspero el frío, sólo se adelantó á raz6n de 25 kilómetros diarios. La exploración duró en junto unas cuatro semanas. Las literas
de piel de bisonte fueron un gran recurso para los
pobres caminantes, que volvieron extenuados de fatiga y ateridos por el frío. Por fortuna la acogida que
recibieron al llegar los reconfortó muy pronto. Lo
raro fué que Guerbraz, el más robusto de la expedición, era el que más había padecido de los rigores
del clima, hasta -el punto de helársele un trozo de la
oreja izquierda.
Por turno salieron á efectuar expediciones los demás grupos, unos hacia el Norte, otros hacia el Oeste. Entre todos fueron bastante afortunados para
traer algunos kilos de carne fresca que renovaron las
provisiones y rompieron la monotonía de las comidas, pues el pemmican y el pan comprimido habían
estragado todos los paladares y estómagos.
El invierno y la gran noche polar condenaron á
los viajeros al reposo, pues no podía pensarse en llevar la luz indispensable para alumbrar el camino y
éste ofrecía grandes peligros á través de los barrancos y quebraduras de los hummocks. La orden del
día fué dada con arreglo á lo que habían hecho los
precedentes invernan tes, y todos quedaron encerrados
en la casa.
Allí el trabajo no faltaba, ya que era preciso no
descuidarse nunca en velar por la seguridad del edificio, amenazado sin cesar por las tormentas del Sudeste. El invierno, á pesar de aquellos fríos excesivos,
quedaba de · cuando en cuando interrumpido, por
decirlo así, por corrientes templadas, y advirtiendo
algunos canafes de agua en el pack, lo's viajeros creyeron exactas las presunciones que se tenían acerca
de que el mar de la Groenlandia era más libre que
los mares de Barentz ó del Norte-América. Evidentemente alguna rama del Gulf-Stream corre por aquellas altas latitudes y permite siempre la dislocación
de los hielos.
Maravillosamente resguardada por su cintura de
icebergs, la Estrella Polar no sufrió nada de las presiones desmedidas del hielo. Su cuna de acero cumplió perfectamente su cometido, y las articulaciones
del armazón de metal funcionaron bajo la presión,
librando así al navío de ella. El 15 de noviembre, el
capitán Lacrosse, escalando los témpanos que rodeaban al navío, encontró á éste con la quilla fuera del
agua, materialmente suspendido á dos pies encima
del nivel del campo. Sondeos practicados inmediatamente le tranquilizaron contra el riesgo de un encallamiento perpetuo. El hielo subyacente no tenía
sino tres metros de espesor y el agua se mantenía
debajo á la temperatura de un grado hasta la profundidad de 2 5 á 40 brazas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA

NúMERO 61 I

trabajo para contemplar la tarea ya hecha y quedaban
extáticos ante ella, no creyendo casi á sus ojos. ¡Un
invernadero, legumbres y frutos á los 76° de latitud
boreal, en plena noche polar y con una temperatura
de 40 grados bajo cero!
Pero ni Huberto ni Schnecker hablaban en balde.
Ahora se trataba de encontrar la tierra y el a½ono.
No podía pensarse en desmenuzar las rocas vecinas, absolutamente heladas hasta seis ú ocho metros
de profundidad. Para fecundizar la tierra, conforme
á las reglas de aquel nuevo arte de jardinería improvisado, Schnecker hizo extender sobre ella una capa
de ceniza fría. Pero á aquel lecho de ceniza urgía
añadir cuanto antes una segunda capa de fecundación.
¿Dónde encontrarla?
Cuando se le hizo esta pregunta, el químico contestó riendo:
- ¡Bah! Esto no es tan difícil como parece. En la
Estrella Polar hay cuanto necesitamos.
Y al día siguiente, doce hombres, dirigidos por
Guerbraz, se encargaron de sacar de la cala del steamer toda la arena y paja que se necesitaba.
Interinamente se colocaron ambos materiales en
el centro del invernadero, y en seguida Schnecker empezó las operaciones químicas indispensables para
convertir la paja en abono.
Desmenuzada hasta el punto de convertirla poco
menos que en _polvo, fué sometida á una cocción de
dos horas en agua hirviente. Luego en aquella mezcla
se echaron todos los detritus orgánicos que pudieron
recogerse, y era en verdad necesaria toda la pacie~cia de un químico enamorado de su arte para ded1·
carse á un trabajo tan nauseabundo como fatigoso.
Cuando quedó terminada esta tarea Huberto d'
Ermont fué á felicitar al alemán.
- Querido Sr. Schnecker, dijo, creo que sólo falta
azoar de un modo suficiente este abono que ya me
parece muy rico. ¿No lo consideráis así?
- ¡Pardiez!, contestó el alemán, creo que el hombre que ha solidificado el hidrógeno, bien puede encontrar algunos litros de ázoe líquido.
- Es verdad, dijo el teniente de navío. H e aquí el
ázoe pedido.
.
..
Y diciendo esto, presentó el sab10 un c1lmdro de
40 centímetros de longitud por 20 de diámetro.
Aquel cilindro, instalado sobre un caballete y provisto como los demás de una espita con volante, fué
puesto en comunicación con un barril de cristal bastante grueso, provisto de un doble conducto.
.
El interior del barril se llenó de una mezcla líquida
de hidrógeno y carbono que tan ávidos se muestran
del ázoe.
Los '))rimeros arrastres sobre todo fueron terribles
Entonces, con infinitas precauciones, los qos hombres abrieron la espita y dejaron que el líquido cayera
T odos se miraron con estupor, pero el químico gota á gota en la mezcla, donde, á medida que vol_vía
tre en las habitaciones de una manera impensada,
basta para ocasionar al momento descensos de tem- reía con sorna. Sin embargo, el entusiasmo fué co- á adquirir su elasticidad gaseosa, quedaba absorbido
peratura capaces de originar congestiones y pulmonías. municativo y un ¡hurra! unánime estalló de un extre- con rapidez. Esta operación duró cerca de dos horas
y después el abono fué rociado con el líquido fccunUna mañana, Huberto d'Ermont anunció al conse- mo á otro de la mesa.
- ¡Legumbres!, exclamó el teniente Remois. Pues dante.
jo de oficiales que iba á aplicar por vez primera, el
- Ahora, dijo Schnecker, sólo falta regar cada dfa
medio de que disponía para combatir aquel temible ya que estáis en ello, sería conveniente también teenemigo que tanto 'les hacía padecer. El mismo día ner algunos frutos.
nuestro sembrado.
- ¡Sí, sí, frutos!, exclamaron todos entusiasmados
- Yo me encargo de ello, repuso alegremente Isarealizóse el experimento. Las estufas colocadas en
todos los cuartos de la casa dejaron de arder brusca- por aquellas esperanzas.
bel, pero ¿cuánto voy ganando?
- ¿Y por qué no fresas?, dijo bromeando I sabel.
mente por habérseles quitado el carbón, y antes que
- Fijad vos misma el salario.
los marineros, estupefactos al ver que se apagaban
- Aunque no lo creáis, mi querida prima, tendre- Sólo pido que me dejéis plantar algunas flores
las estufas, hubiesen vuelto de su sorpresa, la parte · mos fresas y legumbres en primavera. Sólo falta espe- entre las legumbres.
.
superior de ellas giró rápidamente y en su metálico rar el tiempo que necesitarán para germinar y crecer.
Todos aplaudieron á la señorita de Keraho, y al·
reflector ardieron cuatro lenguas de fuego de color
La comida terminó con estos nuevos auspicios. Al guíen dijo que sólo faltaban algunos pájaros moscas
rojizo que daban un calor intenso y poca luz. Al pro· siguiente día, todos los hombres de la expedición para creerse en una selva americana.
pío tiempo, en vez de las lámparas cuyo aceite se ha trabajaban con febril actividad para convertir uno de
El abono fué extendido p0r el suelo y luego se cubía congelado, en lugar de las bujías y de los ensa- los cobertizos en estufa. Un segundo tabique de ma- brió con una capa de arena de 15 centímetros de
yos de luz eléctrica que el químico Schnecker había dera vino á a!'íadirse al primero, y el hueco que que- espesor, que fué también regada con la mezcla amointentado, fulguraron en mecheros dispuestos al efec- daba entre los dos ~e rellenó de cenizas y cisco. Dos niacal.
t\) anchos abanicos de bicarb.uro de hidrógeno.
estufas móviles se instalaron á cada extremidad y, al
-Ahora, dijo Schnecker, ya no falta sino sembrar.
¡Gas en aquellas latitudes! Aquello parecía milagro- propio tiempo, en cada ángulo se colocó una lámpaSe dejó que aquella tierra reposara un día bajo la
so. ¿Quién había realizado aquel prodigio?
ra eléctrica.
doble acción del calor subterráneo y de la luz elécNo faltó quien se lo explicara antes que todos, y
En fin, alrededor de los tabiques se removió cuan- trica fuertemente proyectada por globos de cristal
fué el alemán convertido en alsaciano. Al comprobar to se pudo el suelo helado, después de regarlo con deslustrado, y al día siguiente por la mañana se sem- ·
que Huberto no había mentido y que supo mantener agua hirviente.
braron todos los granos en los cuales se fundaba la
lo que prometiera, rechinaron sus dientes y entró en
- Pero, exclamó el teniente Hardy, ¿creéis que el esperanza de una buena cosecha. Un cuadro de fresas •
acceso de furor.
frío va á desaparecer por esa poca de agua hirviente? fué puesto bajo la más inmediata acción de las lámEl hidrógeno de los tubos era lo que producía
- ¡Paciencia, querido amigo, paciencia!, contestó paras, y la escarola, los rábanos, las zanahorias y el
aquel resultado maravilloso, y por la noche, al pre- Huberto. El Sr. Schnecker os dirá que basta evitar perejil se colocaron en los demás, en tanto que Isaguntarle al joven cuánto gasse•había consumido, res- el frío durante un día.
bel hacía sembrar diversas semillas de flores anuas
pondió sonriendo:
En la banda de tierra regada de este modo alrede- junto á los tabiques.
- ¡Oh, muy poco! Apenas 40 decímetros cúbicos! dor del invernadero, se enterró una barrilla de hierro
- ¡Y ahora, á la merced de Dios!, dijo Pedro de Ke¡Cuarenta decímetros cúbicos! Aquello equivalía continua, cuyas extremidades se fijaron en las dos ralio.
á un centímetro cúbico del mismo gas en estado só)i- estufas. De este modo bastaba poner incandescentes
Efectivamente, desde entonces para adelante sólo
do. El descubrimiento de Marcos d'Ermont era au- esas extremidades, para mantener . en la tierra una debía esperarse la labor de la germinación.
téntico; la práctica lo sancionaba. Con algunos tubos temperatura templada, y húmeda por la fusión del
El empleo del hidrógeno como combustible y lu·
de aquel maravilloso producto se podía desafiar el hielo del propio suelo.
mínico produjo maravillosos resultados; tanto, que
más riguroso invierno, y Huberto podía decir, reno- Muy bien, dijo el incrédulo Hardy; pero ¿dónde sin el espectáculo de la tremenda noche polar que se
vando la fórmula de Arquímedes:
encontraremos tierra vegetal?
divisaba en el exterior, hubieran podido los expedi«Dadme un c01:idensador y deshelaré el polo.»
- Sabed, caballero, replicó el alemán, que cual- cionarios creerse en plena primavera.
Pero no debían ceñirse allí los resultados admira- quier tierra es vegetal para los horticultores hábiles.
Sin embargo, por consejo de los dos médicos, d'
bles del descubrimiento. Al día siguiente del ensayo
De tiempo en tiempo los obreros interrumpían su Ermont redujo el consumo de dicho gas. Había poEl 2 5 de novicm bre el frío heló el mercurio y fué
preciso recurrir á los termómetros y barómetros de
alcohol puro. Los días siguientes reinaron temperaturas todavía más espantosas, y el 22 de diciembre,
después de una rápida subida de la columna termométrica ( - 22°), el frío llegó al mínimum alcanzado
raras veces por los exploradores, es decir, á 56 grados
bajo cero.
Tal foé la intensidad del frío, que algunos de los
hombres enfermaron. Fué preciso proceder á la am·
putación de dos dedos de la mano izquierda del marinero bretón Leclerc.
Pero el caso más alarmante fué el de la nodriza
Tina Le Floc'h.
La bretona, acostumbrada al clima húmedo y
templado de su país, no podía soportar aquellos
fríos horribles, tanto menos, cuanto que en aquellas
altas latitudes no hay apenas humedad que los temple. La más ligera omisión en el cuidado de la casa
produce en seguida funestas consecuencias. Si no se
rasca á menudo el suelo, se cubre rápidamente de
una capa de escarcha; si la temperatura interior desciende solamente uno ó dos grados, el aliento se
transforma inmediatamente en finísimos copos de
nieve que se fija en las habitaciones, saturándolas
de ácido carbónico. U na corriente de aire que pene-

se verificó un verdadero banquete en el comedor de
los marineros. Los hornillos de la cocina ardieron
de un modo maravilloso, ya que una sola llama, alta
de cuatro milímetros, bastaba para desarrollar un
calor de 1.800 grados, hasta el punto que era preciso
moderar aquel calor infernal por medio de una ingeniosa proporción de distancias. Es sabido, en efecto,
que la combustión del hidrógeno en el aire da_la
casi increíble temperatura de 1. 789 grados, supenor
en 189 grados á la del hierro en fusión.
Durante la comida, en tanto que los vasos choca·
ban alegremeRte y que maravillados los tripulantes
pedían en ·broma que se les dieran trajes de dril, el
doctor Servan hizo esta observación menos alegre:
- ¡Vaya, vaya, no hablemos dem~siado! He observado algunos rostros y algunos labios, y esto me ha
hecho pensar en que debíamos redoblar las P:ecauciones higiénicas. ¡Oj~lá _tuviésemos algunas hierbas
frescas á nuestra disoosición!
- ¡Que no quede por eso!, replicó alegremente
Huberto. Si el Sr. Schnecker me quiere ayudar, construiremos un invernadero.
- ¡Un invernadero!, exclamó el aleman.
- Sí, señor, y en él haremos que crezcan legumbres primerizas: zanahorias, escarola, rábanos, etc., todas las plantas refrescantes.

LA

NúMERO 611
derosos motivos que aconsejaban tal medida. Era el
primero el deseo de conservar una buena provisión
de aquel elemento prodigioso para poder subvenir á
las necesidades futuras; y el segundo, que aquella
combustión de hidrógeno, si bien muy atenuada por
el paso del gas á través de una capa de cisco, agotaba rápidamente la provisión de aire respirable en

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el buque continuaba incólume, sostenido por su cuna
de acero y fuerte como el primer día. Grandes témpanos Je rodeaban y el bauprés se hallaba litera\mente aprisionado entre dos de ellos, Jo cual consl!tuía un riesgo, puesto que, si la presión se acentuaba
por aquella parte, podía la Estrella Polar ceder por la
popa y perder así la magnífica situación en que esta-

camas convertidas en tablas por el rigor de la temperatura. La estufa seca y el lavadero que corrían á
cargo de Tina Le Floc'h prestaban á los habitantes
de Fuerte-Esperanza el inmenso servicio de tenerlos
constantemente provistos de ropa blanca limpia y de
desinfectar todas las mantas de las camas.
N~ se descuidaba tampoc~ el_capítulo de las distracciones, pues en el polo es mdispensable ~nte todo
, mantener la animación á fin de que no decaiga la entereza de carácter.
Aquellas diversiones se dejaron i cargo de Isabel
de Keralio, y no pasó un domingo ni un día festivo
sin que por la mañana se celebraran ejercicios religiosos y por la noche representaciones teatrales ó bailes. Se organizaron también una serie de conciertos
vocales é instrumentales, y se tomó tanta afición á
aquellas fiestas íntimas, que el día anterior ya se discutía el programa del siguiente día.
Cada vez la soirée iba precedida de un banquete
cuya lista hubiese hecho honor á un cocinero de las
zonas templadas. Gracias á las numerosas provisiones
que se trajo consigo la expedición y á la reserva de
la carne de caza que se había hecho, se pudo mezclar de un modo tan armónico como variado la carne fresca y las conservas.
Cuando empezaron á ser comestibles las legumbres
sembradas, las comidas del domingo resultaron un
verdadero banquete. Gracias además á la ingeniosidad del marinero Leclerc y á la experiencia de
Tina, se llegaron á ~uisar el pemmican y los bizcochos de modo que podían comerse á gusto. Colaborando ante los hornillos, los dos bretones llevaron
rápidamente su arte culinario á alturas hasta entonces no sospechadas.
No era esto todo, y otras ocupaciones secundarias
interesaban á los invernantes.
Efectivamente, tres de las perras de la jauría esquimal habían aumentado la población canina con una
docena de cachorros. Fué preciso cuidar muchísimo
á los perritos, y á pesar de ello murieron tres, pero
los nueve restantes crecieron muy robustos.
No era por cierto uno de los espectáculos menos
conmovedores de aquella vida claustral ver á Isabel
ocupada en distribuir la pitanza á los pequeñuelos, á
los que permitía dormir en un rincón del invernadero, donde dejaba entrar las tres madres para cuidará
sus cachorros.
VI
UN ACCIDENTE

Fué preciso volver

aquellas habitaciones herméticamente cerradas, cosa
que hizo temer por la salud de todos.
A la primera objeción contestó Huberto que había
hidrógeno bastante para tres inviernos; pero nada
contestó á la segunda, pues comprendía que aquella
temperatura anormal sólo podía obtenerse en detrimento de la combustión interna de los pulmones.
Quedó, pues, convenido que en cuanto remitiera un
poco el frío se volvería al antiguo sistema de calefacción por medio del carbón, y que el precioso gas no
se utilizaría sino para la alimentación de los productos azoados del suelo.
Entre la más grande calma se llegó á mediados de
enero, época en la cual anunció el sol su vuelta tiñendo á ratos de blanco el horizonte.
En cambio, los invernantes pudieron observar
magníficas auroras boreales.
Esos fenómenos eléctricos eran tan frecuentes que
ya nadie hacía caso de ellos, como no fuera para temer las tremendas borrascas de que generalmente
eran los precursores, y que más de una vez fueron
tan violentas, que la casa sólo se salvó de una completa destrucción á causa del abrigo que le prestaban
las altas rocas.
Se temió también por la integridad del navío; pero
el comandante Lacrosse que, no pudiendo resistir su
impaciencia, salió con el teniente Remois y seis
hombres, pudo convencerse con inmensa alegría que

ba. Para evitar ese riesgo se encendieron las calderas, y tres horas después, gracias á potentes y conti~uos chorros de vapor de agua, el buque se veía
libre de aquel abrazo que podía resultar mortal.
,
Con la primavera iba á volver el tiempo de las excursiones y de la caza; pero la primavera del polo,
que también empieza e0 21 de marzo, es una entidad
muy problemática y había que aprovechar los pocos
días buenos que tiene para tratar de subir más al
Norte, bien en trineos, bien á bordo de la Estrella

Polar.

Sin embargo, empezaban á notarse entre la gente
los efectos de la larga claustración. Los síntomas del
escorbuto se iniciaban en algunos, y aparecían las encías tumefactas y sanguinolentas, los dolores de muelas y neuralgias, y la hinchazón de las articulaciones
y los dolores reumáticos hicieron que los médicos
aconsejaran los ejercicios físicos á todo el mundo. A
pesar del frío, que era intensísimo todavía, salieron
los hombres al campo libre en cuanto fueron bastante largos los crepúsculos del mes de febrero.
Los vestidos á propósito que usaban y- las fricciones y los baños calientes habían mantenido casi en
todos la elasticidad de miembros que era precisa
para pisar aquel terrreno quebrado. Y gracias á
los poderosos medios calóricos de que disponían,
no corrían el riesgo de que, como los hombres del
Alerta y del Fort Conger, encontraran á la vuelta sus

Las excursiones se hicieron diariamente desde
el 1.0 de marzo. Tocaban á su fin los últimos días de
invierno y se acercaba el momento en que el sol brillaría de continuo sobre el horizonte.
Esto facilitaba mucho los paseos y permitía contemplar espectáculos maravillosos en aquel paisaje
desolado, pero imponente.
Los alrededores del cabo Ritter estaban cuajados
de colinas que se elevaban en suave pendiente. Desde su cúspide la mirada dominaba el país entero, y
cuando la atmósfera era transparente era aquel uno de
los más hermosos espectáculos que se pudieran ver.
Así es que I sabel no cesaba de hacer excursiones,
y un día, volviendo de una de ellas, exclamó:
- Me parece que acabaré por creer que el polo se
parece al paraíso terrenal.
Sin embargo, el viento del Norte, glacial y violento, contradecía aquellas alabanzas.
El Sr. de Keralio, !TIO cesaba de recomendar á su
hija la mayor prudencia.
- Estamos en el momento más peligroso del año,
y no pasa un día sin que advirtamos numerosas grietas en el hielo. Las diferentes temperaturas bastarían
para explicar su aparición; p·ero sabemos además que
la costa oriental de la Groenlandia está bañada por
una rama del Gulf-Stream, y por lo tanto se marcan
en ella elevaciones de temperatura desconocida en la

costa occidental, en el canal Robesson y en el estrecho Smith. Es preciso, pues, vigilar siempre el suelo
que se pisa, pues es fácil verse arrastrado por algún
alud ó por la marcha de los glaciares.
( Co11tinuard)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA'

NúMERO 611

fecundos en resultados prácticos, especialmente en lo también presidente de la Sociedad Anatómica, vice·
que concierne á Ja ataxia locomotriz, á las perturba- presidente de la de Biología y comendador de la Leciones medulares, á la afasia, al histerismo y á la gran gión de Honor.
EL DOCTOR CHARCOT
neurosis. El doctor Daremberg, en un reciente trabaEl gran clínico falleció en 17 de agosto último,
La ciencia acaba de perderá uno de sus más ilus- · jo necrológico, ha dicho con razón: «Charcot ha pues- casi repentinamente, á consecuencia de una afección
tres representantes, un sabio eminentísimo cuyo nom- to orden y precisión en una infinidad de problemas cardíaca, cerca de Chateau-Chinon, á orillas del lago
bre brillaba con gran esplendor, no sólo en Francia, médicos en los que antes de él sólo imperaba el des- de Settons, durante un viaje de placer que en comsu patria, sino en el mundo entero. En todas partes orden.»
pañía de varios amigos había emprendido en el
se le consideraba con justicia como innovador atreLa obra capital de Charcot .fué su estudio de las Morván. Su cadáver fué conducido al cementerio,
enfermedades nerviosas. Desde hace seguido de numeroso acompañamiento, del cual formuchos años, las lecciones del maes- maban parte todas las notabilidades científicas de
tro puestas en práctica en la Salpetrie- París y que presidía el hijo del ilustre sabio, Juan
re y relativas á la gran neurosis, al hip- Charcot, interno de los hospitales, digno discípulo
notismo y á las diferentes formas del de su padre, que es de esperar mantendrá á gran alhisterismo, han venido Jlamando la tura el nombre preclaro que le ha sido legado.
atención universal. En ninguna cátedra
La obra de Charcot es considerable: ha publicado
oficial habíase osado abordar el estudio gran número de memorias, artículos y estudios sobre
de todo este orden de fenómenos que las enfermedades crónicas y nerviosas, sobre el reudesde la antigüedad han apasionado matismo y reblandecimiento cerebral. Todos sus esla curiosidad pública y burlado la sa- critos son conocidos, apreciados y solicitados por los
gacidad de los observadores: Charcot médicos del mundo entero: sus lecciones son uno de
quiso someter estos extraños fenóme- sus mejores títulos á la gloria y han sido traducidas
nos al examen escrupuloso del método á todos los idiomas. Unos y otras continuarán siendo
experimental, estudiándolos con gran consultados con provecho; pero, en cambio, ya no se
clarividencia, logrando reproducirlos á oirá más la palabra del maestro, aquella palabra vivoluntad y revelando á menudo la exis- brante que el orador reforzaba con enérgicos adematencia de hechos extraordinarios que nes y que doquier era escuchada con admiración.
antes de él se consideraban quiméricos. Las conclusiones del maestro ¿no
GA STÓN TISSANDIER
se han apartado nunca del terreno del
(De La Nature)
más absoluto rigor científico? No nos
atrevemos á contestar á esta pregunta;
pero fuere cual fuere la contestación,
es indudable que Charcot ha derramaSIERRA CIRCULAR PARA ASERRAR PIEDRAS
do nueva luz sobre un vasto campo de
investigaciones hasta entonces envuelLa máquina que reproducimos y que ha sido into en tinieblas. En este orden de inves- venta?ª por J. T. Pearson, de Burnley (Lancashire),
tigaciones Charcot no sólo ha logrado, constituye un notable progreso en la industria de
como todos los demás, grandes descu- aserrar piedras: hasta a~ora sólo se aserraban con ayubrimientos médicos, sino que además da de ~nas barras de hierro que se movían en sentiha abierto á la ciencia nuevos horizon- do horizontal sobre arena húmeda que hacía las vetes, ha iniciado á multitud de discípu- ces de los dientes de las sierras. Pearson ha sustituílos y ha fundado una escuela, hoy día do este sistema por medio de ruedas circulares con
célebre, conocida con el nombre de Es- dientes, cuyas puntas son de diamante y que dan de
cuela de la Salpetriere, que difunde luz 400 á 1.000 vueltas por minuto. La piedra que se ha
brillante, así por los trabajos realiza- de aserrar va colocada en una especie de carro que
dos, como por tl número de hombres se mueve sobre rieles y que avanza merced al mecaeminentes que la componen.
nis~o cuyo t~món maneja el obrero, el cual puede
En la Salpetriere es donde Charcot variar la velocidad según la dureza del material: el
demostró más elocuentemente su genio bloque de piedra descansa sobre un disco movible
El eminente doctor J. M. Charco!: nació en París en 1825 murió en las
de investigación, la seguridad de su gracias á lo que puede ser aserrado por ejemplo dia~
cercanías de Chateau-Chinon (Nievre) el 17 de agosto 'de 1893. (De
ciencia y la autoridad de su palabra: gonalmente y obtenerse de esta suerte piedras angulauna fotografla de Nadar. )
allí organizó multitud de instalaciones res. Cuando la sierra ha terminado su obra el carro
útiles, fundó un museo anatomo-pato- retrocede y deja su lugar á otro previament; cargado.
vido, como profesor de portentosa elocuencia y como lógico y un laboratorio de investigaciones con un taSegú~ parece, esta máquina puede aserrar las piejefe de escuela cuya influencia ha sidÓ preponderan- ller fotográfico para registrar los fenómenos nerviodras mas duras con la misma facilidad que si fuesen
te en los progresos de la medicina contemporánea.
sos; allí hizo construir, hace algunos años, salas de madera y con _una rapidez de 20 á 50 veces mayor
J uan Martín Charcot fué un parisiense en la más electroterapia admirablemente organizadas; allí fique por el antiguo procedimiento sin necesidad de
pura acep~ión de la pal~bra: nacido en París en 1825, nalmente inauguró las conferencias que en 1883
emplear arena, perdigones ni polvo de diamante.
puede decuse que casi nunca abandonó su ciudad se transformaron en cursos de las enfermedades nerComo fuerza motriz pueden utilizarse el vapor, el
natal. Su juventud fué laboriosa: después de haber viosas.
g~s ó el agua, y un solo hombre basta para servir la
seguido sus estudios clásicos, se dedicó á la carrera
Charcot, además de individuo de la Academia de sierra.
de medicina, y apenas debutó en ella, hízose notar por Medicina, lo fué de la de Ciencias, habiendo sido
(Del Prometheus)
la s~gaci_dad ~e sus observaciones, por su excepcional mtehgenc1a y por su ardor en el trabajo. Fué sucesivam~nte interno, jefe de clínica en 1852 y se doctoró .en 1855. Los muchos premios que obtuvo en la
facultad atrajeron hacia él la atención de sus colegas:
en. 1856 se le nolil:bró médico de los hospitales, en
1860 profesor sustituto y en 1862 médico en el hospicio de la Salpetriere, en donde dió, á poco de su
ingreso, las conferencias que tanta fama le conquistaron. El profesor, en vez de estacionarse dentro de los
límite_s de la ciencia adquirida, aceptaba y enseñaba,
escogiéndolas con tanto talento como acierto todas
las, id_eas nuevas, todas las innovaciones fecu~das y
practicas.
Charcot no se circunscribía á la enseñanza de su
clínica de la Salpetri_ere, sino que por el contrario,
además de ésta, explicaba un curso de Patología externa en la Escuela práctica. En 1873 se le confió la
cátedra de Anatomía patológica de la facultad de París, que desempeñó hasta 1883, y la Academia de
Medicina no tardó en abrirle sus puertas admitiéndole en el mímero de sus individuos.
U na vez en posesión de tan brillante situación
científica y médica, dedicóse Charcot á los grandes
trabajos que debían hacer imperecedero su nombre:
en efecto, á partir de 1877 el sabio maestro ha eluéidado multitud de cuestiones relativas á las enfermedades del hígado, de los riñones y de la medula y
enriquecido la Fisiología contribuyendo á la creación
de la célebre teoría de las localizaciones cerebrales.
Todos sus estudios han producido sus frutos y se refieren á una porción de problemas de la patología
cerebral ó de las afecciones nerviosas, habiendo sido
Sier'ra circular para aserrar piedras

599

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 61 I

SECCI ÓN CIENTÍFICA

NUEVO ALUMDRADO DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD
DEL PUERTO DE NUEVA YORK

Universalmente conocida es la magnífica estatua
de Bartholdi que se alza á la entrada del puerto de
Nueva York: de día, el efecto que produce es imponente, pues el extremo de la antorcha que sostiene
llega á una altura de 93 metros, pero por la noche es
invisible y en vez de iluminar necesitaría ser iluminada.
Cuando se construyó la estatua no se había previsto otro género de alumbrado que el de encender algunas luces detrás de las ventanas practicadas en la
diadema, cuando lo que se requería era hacer luminosa la antorcha. En un principio se proyectó colocar en el balcón que rodea á ésta lámparas eléctricas
con reflectores que proyectasen la luz sobre la misma,
pero por desgracia las planchas de cobre, forzosamente oxidadas, nada habrían reflejado á menos de
que se las hubiera dorado. Entonces se quiso instalar en la llama d~ la antorcha un potente foco eléctrico visible desde todo el horizonte, y puesto en ejecución el proyecto quedó aquél instalado en noviembre de 1886: habíanse colocado al efecto- lámparas
de arco en la especie de cámara que forma el revestimiento de la llama y practicado en éste una serie
de agujeros circulares para dar paso á la luz. Pero
con ello no se consiguió iluminar la estatua, pues el
color negro del cobre absorbe enorme cantidad de

Nuevo alumbrado de la estatua de la Libertad del puerto
de Nueva York

luz, y aunque M. Bartholdi estaba satisfecho, el público no lo estaba, pues la Ju~ de la antorcha parecía de
lejos una estrella. Pidióse entonces que se dirigiese
un chorro luminoso hacia el cielo para iluminar las
nubes y que se alumbrase la diadema, y á este propósito M. Bartholdi aconsejó' que se colocaran en
ésta fuegos de diversos colores.
Desde fines de 1892, sin embargo, el alumbrado
fué modificado según un proyecto originalísimo de
Mr. David Porter H eap. Antes de esta modificación
la antorcha contenía 9 lámparas de arco, equivalentes á 2.000 bujías cada una, y apenas se las veía al
través de los agujeros de que hemos hablado; actualmente las nueve lámparas han sido reemplazadas por
una sola de 5.000 bujías, cuya luz irradia al exterior
en todas extensiones por haberse quitado las planchas
de la antorcha al nivel de la lámpara y en una altura
de 46 centímetros, operación difícil por la forma de
aquélla. En el interior una serie de espejos de aluminio convenientemente inclinados reflejan la luz horizontalmente; además alguna luz se escapa también
por los agujeros, y en lo alto de la llama de la antorcha se ha practicado una abertura cerrada por cristales blancos, encarnados y amarillos. Otros reflectores envían una porción de luz á las nubes.
Alrededor de la diadema hay 50 lámparas incandescentes de 50 bujías cada una y de diferentes colores, que vistas desde el puerto hacen el efecto de
una corona de piedras preciosas, y por último un proyector eléctrico ilumina la estatua de arriba abajo.

Las casas extranjeras qu e deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 6 1, Paria. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

...........
- un i nt,atuoos LECHE ANTEFtL

Lu

Penow q1e conocen Ju

PILDORAS~~DEHAUT
Dlt PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau,ancfo, porque, contra lo que sucede con
los demas purgSI1te11 este no obra bien
siDo CUSlldo se toma con buenos alimento,

1 bebidasfortificantes, cual el vino, el caftJ,
el U. Cada cual escoge, par a purgarse, la
llora 7 la comida gue maa le convienen,
sern ,ua ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporel efectode la
buena alimenSBcion empleada,uno
se decide tiicümente ll volver
4 empeirar cuantas veces

sea necesario. •

,.,.

arabe dB..i,191
llf"I\. • t· l d
contra las diversas
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Z'ageaSalL8Ct8t0deH'(8rr0 d8
GELIS&amp;CONTÉ

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Anemia, Clorosis,
Eapobncl1i1m f1 la Sangra,
Debilidad, etc.

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Ergt4;Jfil)iGtJ:1'
Uft)#¡,a
0 t 1...,.

Medalla de

~

Hydropeslas,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

Empleado con el ·me.jor exito

Aprobadaa por

...... -..... '""'

CAi , LENT&amp;.J.U, TEZ ASO
IARPULLIDOI, TEZ BARROI

ARRUGAS PRECOCES
EFLOREBC.&amp;111&lt;:JAS
ROJECB8

GRANO DE LINO TARINF~\{~;~~l~s
ESTREfllMIENTOS, CÓLICOS. - 111 caja: 1

fr.ªº·

ra Academia de J/ledlclaa de Par/1.

y Grag·eas de que
HE1omnco
,, 11•• rooEeoso
se conoce, en poclon ó

LA SAGRADA BIBLIA

~ª~~~m!~~

é. 1.0 céntimos d e peset a l a

e~~nj;~~!~:.

EDICIÓN ILUSTRADA

entrega de 1.6 p á g i n a s

-· - • • fácil el labor del par,to y

Oro de la S•4 de Fla de Paria

detienen las perdtdas..

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DICCIONARIO ENClCLOPEDICO

HISPANO-AMERICANO

t\tlilADESde1E8to4t

0

Edición profusamenÍc ilustrada con miles de pequeños grabados intercalados en el texto y tiud01
aparte, que reproducen .las diferentes cs~ies_ de los-reinos animal, vegetal y mineral; Jos instrumentos
Y ~paratas aplicados rec1~nt;mc~tc i las ciencias, agricultura, artes ~ indnstnas; retratos de los perso•
na¡es que mh se han d1s11ngu1do en todos lo• ramos del saber humano· planos de ciudades· mapas
geogr,lfjcos coloridos; coplas exactas de los cuadros y demiis obras de .;te mis celebres de
las

t-+-1

~,,

Pepsina Boudault

1:i.ias

épocas

-i!-

IÍll~NTANER Y S IMON, E DITOR ES

.A probada por la.AC!DEll.l DE IEDICIN.l

PRE~IODEL INSTITUTO Al D' CORVISART, EN 1856
Medallaa·en laa Expoalclonea lnternacJonalea

CARNE HIERRO y QUINA

1867

VINO FERRUGINOSO AROUD
KUTalTlVOS DB

1872

tJ,.~
mm• .,_ •IJD.&amp;1 Dfes años de mio continuado y las affrmactonea de
las eminenciu mi!dlcu preuban que esta uoct&amp;Clon de la 4'ante, el Biern y la

•111aa
ooneUtuye el reparador mu enemco que se conoce 'para curar : la CWf'dlu la
l.11t111'4, las .lle11o1t~ tlolorolal, el Jlmpolwed,,.ifflto:, lá .Alteracúm ae la sangre
el .Raqu,tumo, las .AfecdMIU ucro/lllOIIII Y euor71utfcal, etc. .El l'i•• Perrast■•H dé
ea, en erecto, el únic.o que reune &amp;o&lt;lo lo que entona y fortalece loe organ08
coordena y aumenta c.onslderablemente lu fuerzas 6 Infunde· 1 la
empobrecida y descolorldl : el Ylqor, la ColoracúHt y la lfll'l'Qúl "'''"·

aancre

regulariza

J&gt;oru11or,ea Paria, en casa de 1. FBW, Fanmcenlieo, tot, ne Richelieu, Sucesor 4e AROUD
a vmm.1 BM TODAS LAS PRINCIPALES DOJlCAS
1

BAJO LA FORlll DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT

El. HIERRO

BBAVAIS

representa exactamente el hierro
contenido en la eeonomia. E1perimentado por loa principales me~ieo1 del
mundo, pasa inmediatamente en la
aan¡re, no ocasiona eatreftimieoto, no
fatiga el utóma¡o, no ennerreee loa
dienteJ. t111111 ni111 cetu II eua etaida.
hijm 11 Tir4u1ra l m&amp;.
De Venta en toda, /u Farmao/11•

Por11101: 40142,r. st-Luare, hr!I,

P!BIS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Daupbíue

PITE EPILATOIRE DUSSER
.•

1878

Y OT&amp;OI Dl:IOIJ&gt;INII D■ U, DIOIITJO•

•

"EXIJASE e1 ~...: ARDUO_

1876

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQESTION L ENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

U CARNE

.&amp;na41

1873

• • SIIPL•l C01' IL IU.tOI. :h1ro ■ft LU

11 Alimento mas fo.te IIDido a los T6Dicoa mu reparadore,.

T COK TODOS LOS HINCIPIOS

de

P.ARIS - LYOR • VIENA • PBIL!DELPBU • P.ARIS

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lllllj¡llll"Jlellgto para el C11tl1. SO Años de É:lito, y millarts de tesllmonlos garantlu_n la eficacia
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los brazos, empléese el l'J.l,J t'U ll.E. D USSER , l , rue J .•J .-Rouaseau, Paria.

�LA

600

NúMERO 611-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA PltIMBllA ttIRA,

cuadro de A. Corelli

ENFERMJDADES
GARGANTA
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i lot Sñn PREDIQADOI\ES, ABOG¿J&gt;OS,
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emloion de la TOL-Pumo ; 12 Ra4ul.

Jla#Qfr "' ,i• rotwlo • fl,u

,.

Adh. DETIIAN, Farmaoeuuoo e:n P ~

'PATERSON
• BISIOJTIM) 1 .IIAQNBSI!

Recollllndad11 coatra Ju .A.teooto11.N 491 lllt6·
mago, Falta de Apetito, DltHtlio- kllorloeu, Aeed.laa, V6mltoa, Eructo., y e t ~
re!JlllarlAD laa FmaoioDN del Eat6map y

de loe IDtNUnoe.
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Í&gt;IITll&amp;N', l'IJ'IUNalloo - . . . . .

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Pábria, Espediciones : 1.-P: LAROZE
Deposito en todas las

prlnclpale■

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j hit• UN dumtroa 8RkNOSd, SAWO,pue, e/IN
I, curarAn 1de ,. oonat1p1clon, le d■rAII\ 11/181~• 1 11
drrolrali1t ti aua:ñ 1 la 1/qr11. - A11 r11trA Vd,
■uohoa añua, dlalrut&amp;nH 11am11rt da una buena aalud.

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VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PBlNOIPIOS fflJTll.tTtVOB SOLllBLBB DB U CAIUllE
c,,1a:n: y 0111~.11 son los elementos que entran en la comooslclon de este potente
reparador de las fuerzas vita.les, de este fonilleaase per eaeefe11eta, De un gusto sulllAmente agradable, e.~ 110berano contra la Áne11Ua y el Á1J()Camtento, en las Calentura,
1 Conoal4Urn:úU1 contra las JJ1Mre111 y las Á~cct&lt;me&amp; d61 B1tomaqo y los ,ntatlnc,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las•fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo •y precaver la anemia y las eptdem1aa provoeaw por los calores, no se conoce nada 8'1l1&gt;6rtor al 1'1110 de Oaiaa de &amp;roud.

.Por ma11or. en .Parit, en casa de J. FERRt, Farmaceutieo, ti)!, me Richelieu, &amp;celar deAl\OUD.
S&amp; VBND&amp; BN TODJ.S LA:S PlUNOlPA:LKS IlOTIQU.

EXIJASE '1i!ºt1: J ARDUO

d-e las Afeccionea de1. pea
o~Mal de garganta,
•• Resfriados, Roma&amp;
bs Reumatismos, Dolo
· agos, etc., S'O ailos del m
'O atestiguan la eficacia de e
eroso deriva«~ recomendado p
primeros médicos de Paria.

6s/to en todas las Farmacli

6

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El mas acllllo, el mas
IROflRShJO , et mas

t
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6
C~=~~li~Ln:!t~~R 6
potaras, medtoament,

..........6

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANBR Y SIMÓK

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~t1ea
ANO XII

_ _ _ _ _ _ _. BARCELONA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1893 ~

------

NÚM. 610

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

··-====== ========================= = = ====

COLOQl;JIO AMOROSO, cuadro de Emilio Sala.

�LA

NúMERO 610

1Lust1lActóN ARTfst1CA

y

lla violencia que imposibilitaría toda discusión? ¿Dón• co entre él su familia, y ésta, viendo que la resisde aquellas excentricidades con que muchos han tencia era imítil, le hada, según los casos, pequeñas
querido caracter,izarlo? Nada·dé ·esto encontramos en ~corícesi9nes: una de éstas fué la de que asistiera á
el tiempo que lo hemos tratado; siempre hallamos al las clases elementales de la Academia y concurriera
hombre serio, al caballero cumplido, al amigo leal. otra vez á casa ,de su pariente D. Plácido Francés.
Tiene, sin embargo, un defecto grandísimo, no &lt;lepen-. En ambos sitios aprovechó el tiempo; pero ,tal vez
diente de su carácter, sino resultado de los tiempos más que 'Jas lecciones del maestro, le sirvió de podeque corren: para Sala no hay mas línea que la recta, roso estímulo el trato con discípulos más aventajados
Texto. -Emilio Sala Francés, por A. Fernández Merino. - no emplea trochas, ni veredas; llegará tarde, pero que él. 'De los adelantos conseguid.o~ en aq~el breve
La Exposición de Chicago. Los mejores tabacos del mundo, por llega sereno, tranquilo, con la conciencia en ~az; re- intervalo dió pruebas en la Expos1c1ón reg10nal de
Eva Canel. - Federico Mediano, por A. Sánchez Pérez. sultará agrio, pero únicamente por haber dicho la Valencia, donde presentó un «Bodegón» que le valió
Miscelánea. - Una francesa w el polo Norte (continuación),
por Pedro Mael, con ilustraciones de Alfredo Paris. - SEC· verdad. ::ii alguno quiere sentir halagado su amor una segunda medalla: este premio marca su primer
CIÓN CIENTÍFICA: El Canal de Corinto. - Fotografía de lo propio, no busque á Sala sin poderosos justificativos paso en la difícil carrera que había emprendido; 1?
invisible.
de sus deseos; si alguien, procediendo de buena fe, colocó entre los pintores y le creó por tanto las pn·
Grabados. - Coloquio amoroso; Una bella de antaflo; Com· quiere un consejo sano, que vaya seguro de encon- meras enemistades: ya era del oficio.
pás de espera; El columpio; La expulsión de los judíos; Mo- trarlo. Creemos haberlo retratado moralmente y en- . Poquísimas veces hemos hablado con Sala de su
dernista de anta11o; Un concierto e11 el bosque, cuadros de tendemos no son necesarios más luz ni más color para vida y de sus obras, pues no es terna que le agra~a;
Emilio Sala. - Exposición universal de Ckicagv: Kiosco de la ponerlo de relieve: nos queda por hacer su historia, pero procurando investigar las causas de sus cam bios
realfábrica de tabacos &lt;La flor de Cuba,&gt; de D . Manuel del
de manera, nos hemos convencido siempre de su inValle; Vista de la sección espaflola en el palacio de Atrriettl· que es breve; el estudio de sus méritos, tan gran~es,
tura; Kiosco de la fábrica de tabacos de D . Calixto López; Vi~- que sin la audacia que da el buen deseo, no lo em- discutible valer, de su amor al estudio, de su gran
ta de la exhibición de tabacos cubanos en el palacio de Agn- prenderíamos.
talento de observación y de su constancia en persecultura, tomada de frente. -D. Rosendo Fernández, de la
Emilio Sala Francés nació en Alcoy el año 1850. guir el ideal del verdadero artista, esto es, el a~h~lo
Cámara de Comercio de la Habana, Comisario especial repor llegar á la expresión perfecta del natural, sm inpresentante de Cuba y Puerto Rico en la Exposición univer- Muy niño aún, su familia se trasladó á Valencia, donsal de Chicago. - Tres grabados del Canal de Corinto. - Re- de comenzó á educarse y donde principió á manifes- currir en los defectos que engendra en muchos la
trato y estudio del pintor Emilio Sala, en París.
tar inclinación hacia el arte que ha sido su encanto mala inteligencia de este término, que en boca de no
y por el que ha luchado hasta el sacrificio. Desde pocos es desgraciada muletilla de que se abusa, queluego tropezó con la oposición de los suyos, enemi- riendo justificar caprichos y excentricidades. Sala cogos de que emprendiera una carrera en que la fama rno pintor se debe á sí mismo: lo aprendido .en el
EMILIO SALA FRANCÉS
es casi siempre póstuma y en que las inciertas ganan- corto tiempo que frecuentó clases y profesores, no
cias no bastan las más de las veces para cubrir pe- bastaba para emprender una senda que continuada
Al poco tiempo de llegar á Roma, traídos por el rentorias necesidades y por consiguiente mucho me- pudiera llevarlo á la altura en que hoy se encuentra,
deseo de estudiar las maravillas artísticas que aquí nos para asegurar el porvenir, que es lo que preocu- y sin su real temperamento de artista no hubiera pahan reunido el acaso unas veces, muchas los Yerres, pa más á los padres cuando piensan en los hijos. He sado del amaneramiento que se invetera fatalmente
que abundaron siempre, por más que á Cicerón en aquí por qué los suyos, que pertenecían al comercio, é impide ver la verdad y expresarla debidamente. Al
su tiempo uno parecía extraordinario, cierta noche, en quisieron que Emilio hiciera lo mismo, y precisamen- poco tiempo de haber reanudado las lecciones, su
el círculo que entonces tenían los españoles, un com- te para esto era para lo que menos había nacido y lo maestro Francés le manifestó que no podía contipatriota indicándonos un estudioso engolfado en no que más odiaba sin ocultarlo; pero corno ningún jo- nuarlas: otra vez Sala se halló solo; no envanecido
sabernos qué lecturas, nos dijo: «ese es Sala.» Lo ven de sentimientos elevados debe romper abierta- con un premi'O que hubiera cegado á otros muchaveíamos por primera vez y lo mirarnos atentamente; · mente contra las disposiciones paternales, Sala, que chos de su edad, ni descorazonado por una situación
cuando se ha visto no se olvida. Bajo de cuerpo, ~uer- los ha manifestado siempre, cedió por el momento, comprometida, siguió adelante y comenzó á pintar
te, de tez morena y ojos claros, de fisonomía movible, sin renunciar en absoluto al cultivo de sus aficiones: en una habitación de su casa, sirviéndose de modelo
acreditando temperamento nerviosísirno; de mirar de la trastienda hizo estudio; con lo que á otros jó- por medio de un espejo, y al mismo tiempo estudiaprofundo, que quiere conocer lo que no se &lt;lice, que venes. sirve para distraerse en días de asueto, adquiría ba, analizaba y comparaba cuanto caía ante su vista.
anhela saber lo que se ha querido decir en lo que se lo necesario para el cultivo del arte, y de este modo El primer motivo de comparación entre lo que había
ha dicho: este es el hombre físicamente habla ndo; son pasaba la vida soñando con mejores días, y su familia aprendido de su maestro, que llevaba ó podía llevar
sus rasgos principal:s, que lo dan á cono~er bas- permanecía tranquila, pensando 9ue diversión por á exageración de color, y el extremo opuesto, lo tuvo
tan, pues no es novia que ponemos en fena, m pro- diversión, mejor era aquélla que mnguna, y que al fin con el cuadro de Domingo «El duelo,» expuesto en
tagonista de novela sentimental que deba hacer for- su espíritu reflexivo acabaría por plegarse totalmente Valencia, antes de que figurara en Madrid; pero en
tuna con la figura.
á los prudentes deseos que todos le manifestaban, aquella antítesis, constituída por dos extremos que
El también_ había venido á estudi~r y estudiab~: á cuando llegara á la edad de comprender que si )a deben evitarse, el estudió de los términos no puede
fuerza de méritos, con que en cualquier parte hubiera gloria es efectivamente una gran cosa, con la glona precisar cuál es el justo medio. Primer problema,
podido labrar una fortuna, en nuestra patria ganó no se come. La corriente que por fuerza superior tie- primera lucha y grandísimo motivo de trabajo y emuna pensión gubernativa; cerró el ya célebre estudio ne su cauce marcado, no se ataja con presas, ni se peño, en que comenzó á ejercitar su juicio en mateque tenía en Madrid, dejó el país y vino á la Ciudad desvía sin correr segurísimo riesgo de que vuelva á ria de pintura.
Eterna, lleno de ilusiones, que es el medio más segu- su lecho, y esto sucede más con las vocaciones del esPoco después de cuanto estamos refiriendo, acharo· de cosechar amarg~ísimos desengaños. España píritu que con los ríos.
ques del comercio le hicieron ir á la feria en Albacetiene aquí una Academia de Bellas Artes, que manPor el tiempo en que nuestro artista sostenía esta te: desde allí, auxiliado por unos parientes y contantiene descuidando obligaciones que no puede negar: lucha, fué nombrado profesor de la Academia de Be- do con otros que tenía en la corte, fué á Madrid, readejando de cumplir últimas voluntades que debían llas Artes de Valencia un primo suyo, D. Plácido lizando uno de sus sueños: ver el Museo, ó más preser sagradas, disminuyendo sufragios que dejaron pa- Francés, y aquí del dicho «con achaque de primo en- ciso, ver las obras de Velázquez, fuente perenne é
gados, para bien de sus almas, piadosos fundadores, tro y te veo.» Fueron primero visitas de pariente, inagotable de enseñanza para los que quieran apren-.
recompuso un antiguo convento allá en el Panirolo, después entretenimiento que robaba tiempo á la der á pintar. Aún recordamos la noche que Sala, con
lejos de todo movimiento intelectual; de lo que fué tienda, por último lección formal, que avivó el deseo la sencillez de lenguaje que le es propia, nos contó
un día casa de recogimiento y oración, fundada co- sentido desde hacía tanto tiempo, hasta hacerlo irre- sus impresiones ante las obras del maestro por excerno la histórica iglesia aneja por nuestros Reyes Ca- sistible. Si poco después decayó en la marcha, se lencia; no olvidaremos nunca la claridad de su disertólicos, hizo mala hospedería, donde cobra casa y es- debe á lo rudo é ingrato que es el comienzo de cual- tación, explicando la técnica sencilla con que el autor
tudio á jóvenes que cree dignos de venir á la llama- quier cosa, y un ligero paréntesis en las lecciones de la «Rendición de Breda» consiguió maravillosos
da·escuela de arte. Tal es el régimen que allí se fué sólo descanso para acometer con mayor empuje: resultados, y lo admiramos al exponer las sensaciones
observa, tan grandes las contrariedades que experi- la familia, pues, que contra todo lo que anhelaba y se que experimentó en presencia de aquellos cuadros
menta el pensionado más sufrido, que bien pronto había prometido, veía cada día más seguro el triunfo que pasman, y cómo fué para él una revelación obtiene que sublevarse, como lo hizo Sala. Siguiendo de las aspiraciones del joven, determinó poner coto servar que en la paleta que tiene el pintor de las «Mela opuesta de los antiguos romanos, que maltratados á lo que ya degeneraba en rebelión, y tomó una me- ninas}) había siete colores, con los que podía y debía
subieron al Aventino, él desde otra histórica colina dida violenta, la de enviarlo á una casa de comercio realizarse todo. Aquel viaje ha tenido grande imporbajó al valle, plantando sus reales en el barrio artís- en París. Allí había de tener el tiempo más tasado, tancia en su vida artística; en los pocos días que dutico por excelencia, en la calle de Margutta, al pie los principales serían menos complacientes, los recur- ró, estudió también los cuadros de Rosales, cuyas
del Pincio, junto á la plaza de España, en el centro sos escas.ísirnos, el trabajo más duro, y por tanto fotografías conocía y comprendía admirables, y en el
de la ciudad, no lejos de museos y monumentos, al ¡adiós arte y pretensiones de gloria! Comprendiendo tiempo breve que duró la provechosa excursión no
paso de compañeros y modelos, donde sin viajar po- Sala que así tendría que ocurrir, si la amenaza se paró ni descansó un momento; lo devoró todo, sin
día hallar cuanto deseara, donde mejor que nada es- realizaba, se aprestó á la defensa, buscando por abo- perdonar nada; hizo dos estudios en el Museo, voltaba en su casa.
gados á los mejores y más antiguos amigos de la casa, viendo y revolviendo adonde debía estudiar; analiPor sus obras de nombre, de fama, hacía tiempo y ellos tornaron la causa del joven con tanto calor, zó, desmenuzó obras y obras, y desde la mañana hasno nos era extraño el esclarecido artista: muchas que por aquella vez no sólo resultó exento de pena, ta la noche no hacía otra cosa que dar pasto á su
veces en la patria habíamos sentido deseos de llegar sino que le permitieron tornar lecciones de D. Salus- eterna curiosidad, pues otra de las condiciones sohasta él, para conocer personalmente .al pintor que tiano Asenjo.
·
bresalientes de este hombre es la resistencia. Ni su
seducía con sus producciones; pero cuantos escuchaA partir de este momento, ó para precisar más, cuerpo siente la fatiga, ni su espíritu se cansa; anda,
ron nuestro deseo, nos hicieron desistir; nos decían desde el 9 de junio de 1864, puede decirse que Sala sube, baja, recorre una sala, retrocede, avanza de
que su carácter era tan seco, que rayaba en violento; comenzó su carrera artística: principió á ver obras y nuevo, parece que no mira, y al salir se observa que
que era de genio tan adusto, que degeneraba en cosa tratar ·artistas, escuchar opiniones y analizar juicios, ha tomado en consideración hasta detalles que parepeor, y francamente estos informes nos hicieron desis- haciendo tan rápidos progresos, que ocho meses des- cen insignificantes. Volvió á Valencia repleto de obtir, sin pena, pues lo importante son las obras artísti- pués, cuando no sabemos por qué causas dejó de servaciones nuevas, que aprovechó en los trabajos
cas; en gran número de casos puede dejarse á un frecuentar la clase, sabía bastante para comenzar á sucesivos: se hallaba en el primer período de relado quien las produce. Sala ha sido después para pintar, y comenzó, en efecto, sin maestro, copiando flexión y comenzó á buscar ejecución, sobriedad y
nosotros prueba de lo mucho que se inventa para de cuadros y cromos que le venían á mano, hacien- corporidad, que eran las condiciones que había notahacer picantes las biografías de. hombres célebres. do naturaleza muerta y reproduciendo objetos que do en las obras estudiadas y que sobre todas deben
¿Dónde está ó en qué consiste aquella sequedad de sin gasto podían servirle de modelo. Iba ganando campear en las obras pictóricas.
carácter que podría hacerlo antipático? ~Dónde aque- paulatinamente la partida empeñad¡i con tanto ílhinA los elementos recogidos en su breve viaje, se

r

NáMERO 610
unieron otros que áportaron á su es•
píritu las conquistas de la Revolución de septiembre de 1868. La libertad de la prensa, la circulación
de libros, la destrucción de muchos
pre1uicios, sirvieron á nuestro artista eficazmente: comenzó á estudiar, y bien pronto, con acertado
criterio, supo escoger é hizo lectura favorita de autores serios, cuyas
obras enseñan siempre; aislado en
el estudio que se había improvisado
en un cuarto de su casa, dividió el
tiempo; dió parte al cultivo del arte
por el arte, esto es, al estudio, y el
resto lo pasaba absorto en lecturas
filosóficas y literarias. No diremos
que la cultura de Sala sea superior
á la de este ó el otro artista, pues
en todo, y en esto más, las comparaciones son odiosas, pero aseguramos que la suya es vastísima. Queriendo desentrañar y explicarse dificultades que muchos resuelven sin
comprender, estudió la parte de la
física referente á la luz, y cuando explica efectos conseguidos ó que deben conseguirse, más que un pintor
resulta un hombre de ciencia: partidario del positivismo inglés, le son
familiares las concepciones filosóficas de aquella escuela y por derivación los puntos generadores de
la· misma y las consecuencias que
de ellas se han desprendido; amante de la bella literatura, conoce suficientemente á Esquilo y Aristófanes, á Dante y Calderón, á Shakespeare y Cervantes; y cosa rara, esto
que para muchos hubiera representado una distracción peligrosa, Sala
lo ha hecho sin perder tiempo, porque artista de corazón y de mente,
todo, absolutamente todo, lo ha
puesto al servicio del arte. El gran
caudal de conocimientos recogidos
le sirve siempre; aquel estudio ha

LA

57t

1LUSTRACÍÓN ARTÍST1CA

UNA BELLA DE ANTAÑO, cuadro de Emilio Sala

sido y es valiosísimo elemento, que
le ha hecho maestro en la parte dificilísima de la composición.
Espíritu observador se fija en todo, no deja nada por analizar, ni
cosa de que no tome apuntes; de
aquí esas composiciones maduras y
razonadas á que dan realce su maestría en el dibujo y su brillante colorido. Estas condiciones, los frutos
de sus lecturas y las enseñanzas recogidas, las puso de manifiesto en
187 1 en el cuadro que presentó en
la Exposición de Madrid «La prisión del príncipe de Viana:» en dos
figuras supo compendiar un libro
importantísimo de nuestra historia;
con un personaje que de pie, en actitud violenta, ordena airado la satisfacción de un deseo conseguido
á costa de odiosa traición, y otro
que arrodillado á sus pies, implora sumiso, no el cumplimiento de
la ley, sino lo que el sentimiento
paternal otorga siempre, Sala ha hecho revivir un período tristísimo,
hace recordar una época espantosa
de partidos y banderías. El príncipe de Viana, que después de sangrientas luchas, en que siempre llevó la peor parte, se había retirado á
Mesina y en amena soledad cultivaba la filosofía y las letras y dormía
sueño de poeta en los brazos de la
Cappa, salió de allí engañado por
falsas promesas de quien menos po, día esperarlas, y volvió á la patria,
donde hasta la muerte le persiguieron el odio de su desamorado padre,
los rencores de su vengativa cuanto
hermosa madrastra, doña Juana Enríquez. Las manifestaciones de regocijo con que los catalanes recibíeron
al príncipe cuando desembarcó en
Barcelona, avivaron el despecho del
rey, que hipócrita siempre y tenaz
en los propósitos que le sugería la

r

COMPÁS DK ESPERA1 cuadro de Emilio Sa\;I

) •

,,;¡.'

�57 2
esposa que había sucedido en su corazón y en el trono de Navarra á la bondadosa doña Blanca, si aparentó una
vez reconciliarse con su hijo, fué para
tratarlo inmediatamente con más rigor.
Hallándose D. Juan en Lérida, celebrando cortes, llamó al príncipe don
Carlos, y éste, desoyendo prudentes
advertencias de sus partidarios, sin intimidarle la observación de que hasta
podían darle un bocado de difícil digestión, se presentó á su padre. No
bien lo tuvo allí, aquel raro monarca
que, preocupado siempre en lo que
menos le importaba, comprometía frecuentemente la tranquilidad de sus
Estados, dió orden de que lo prendieran y trasladaran á .un castillo: se ejecutó el mandato, sin que sirvieran de
nada al desventurado hijo ni sus lágrimas, ni sus promesas de sumisión y
obediencia.
Este momento escogió el artista
para asunto de su cuadro: aquella obra
realizada con mil trabajos, supliendo
con ingenio falta_s materiales, empleando como modelos á amigos de bueri.a
voluntad, arreglando por sí trajes é indumentos de que carecía, es una creación que nadie hubiera afirmado pertenecía á un joven que se hallaba aún
en los albores de su carrera; quien había pintado aquello, sabía de memoria
á Velázquez y á Rosales, los había mirado con el ªmor y entusiasmo que
merecen los grandes maestros, había
comprendido perfectamente cuál era
el medio seguro para llegar á la verdad en pintura, y estaba tan próximo
de la absoluta po~esión de mérito tan
grande, que su cuadro, saludado con
unánime aplauso, obtuvo segunda medalla, no dándosele primera porque, á
juicio del jurado, el autor era demasiado joven.
Aquel cuadro que hemos admirado
muchas veces, que á pesar de los años
que hace dejamos de verlo lo tenemos
siempre presente, es segurísimo argu·
mento en pro de una idea clara como
la luz: la de que para aprender á pintar no hace falta salir de nuestra patria.
Salid al extranjero, si queréis, para ampliar conocimientos; venid para ejercitar el juicio y discernir con precisión; viajad para estudiar historia del
arte en los monumentos; id donde queráis para dar
pasto á la imaginación y abrir nuevos horizontes á la
mente; recorred el mundo buscando elementos aptos
para el cultivo particular de este ó el otro género·
pero para aprender á pintar, para poder resolver la~
dificultades técnicas, para adquirir seguro medio de
expresión, seguid en la patria, estudiad á Velázquez;
proponéoslo como modelo y basta. Sala había hecho
esto ya, y si entonces no llegó á lo que después ha
llegado, se debe á que naturalmente en la época de
transición en que se hallaba, los elementos aglomerados no se habían fundido y existían aún soluciones
que necesitaba completar. Por lo demás, el cuadro
tiene la principal condición de una obra de arte: se
explica en seguida, y el público que no podrá decir ese
es D. Juan II de Aragón ó ese es el príncipe don
Carlos, comprende que el uno _o rdena y el otro implora; pero no así, en términos generales, sino en el
tono que resulta del conocimiento histórico. Aquel
que ordena la prisión y á cuyas órdenes nadie puede
negarse, no da la representada por el artista, seguro,
como debía estarlo, de que será obedecido; la da dominado por el odio; en su faz hay una expresión de
rabia y satisfacción, que forman singular contraste,
y es que Sala no perdió de vista que debía representar á ~n p~dre que odia?a, en un rey que llegaba á
la satisfacción de apetecida venganza. La misma verdad late,en_ la representación del otro personaje; se
ve al prmc1pe, cuyos derechos hollados toda la vida
no le hacen olvidar que es hijo de quien lo persigue
con encarnizamiento. Algunos le acusaron de haber
exagerado los movimientos, de que hay dureza en la
expresión; mas no sabemos, después de estudiar historia, de qué manera se puede presentará D. Juan II
de Aragón en una obra pictórica.
Aquélla, realizada con la fe ciega del creyente, es
término divisorio en la vida de Emilio Sala, es límite
que separa una época en que luchaba por ser artista
única y exclusivamente, con la nueva que le abrió su
triunfo, que fué decisivo adiós á las cosas comerciales. Una vez en Madrid, adonde fué con el cuadro,

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL COLUMPIO,

cuadro de Emilio Sala

dió rienda suelta á sus aficiones; para él áquello era
otro mundo, á cuya vida debía hacerse, y si caminando tuvo que dejar muchas ilusiones en los zarzales
de que están llenas sus sendas, aprendió no poco de
lo que se refiere á los hombres y á las cosas, para lo
que ciertamente no es la mejor escuela el seno de la
familia. Fué grande fortuna suya, sobre todo en aquella ocasión, ser, como ha seguido siendo, de los hombres que ni se crecen por las alabanzas, ni se ciegan
con las lisonjas. No se deja embriagar Sala con el
incienso que se quema en nuestro país á los pies del
principiante que se significa, y en el que unas veces
la impetuosidad propia del carácter meridional, otras
designios encubiertos, nos hacen ver en muchas ocasiones un Rafael en ciernes ó un Miguel Angel en
pañales, cuando en la generalidad de los casos, aquellas obras sin precedentes, con que muchos nos entusiasman, son destellos geniales que no se repetirán.
Establecido ya en Madrid, siguió trabajando con
afán y cultivando el trato de literatos y artistas, principalmente de Rosales, cuyas obras admira siempre.
Un día supo que Fortuny, recién llegado de Granada, tenía expuestas algunas obras en el estudio de
D. Federico Madrazo, y allá fué en compañía de Casado, que galantemente se ofreció á presentarlo. Aquel
género nuevo que iniciaba el autor ilustre de la «Batalla de Tetuán,» fué una revelación para nuestro artista; pues como él mismo decía, nunca pudo imaginar perfección tan grande, gusto tan delicado, ni filigranas tan admirables. Dignas son en verdad de ser
admiradas aquellas joyas del malogrado artista, y en
cualquiera de ellas hay material de estudio, aun para
los que se crean maestros. Así lo entendió Sala, quien
al salir en compañía del laureado autor del «Testamento de doña Isabel la Católica,» pudo ver que el
juicio propio no era exagerado, escuchando las sabias
y atinadas observaciones de aquel insigne maestro, á
quien parecía no quedaba .nada por aprender y que
se lamentaba con la sinceridad y buena fe que le eran
peculiares de que la escasez de su vista, tan delicada
ya, no le permitiera llegar á realizar tanta belleza.
Impresionado profundamente, se encerró en su estu-

NúMERO 610
dio; tenía para vivir el producto del
cuadro premiado que le compró el gobierno y le pagó al cabo de algunos
años, á fuerza de influencias, y se ayudaba con algunos cuadritos que hacía
para la venta. Así siguió estudiando
con el ahinco de siempre, buscando
la perfección, sin olvidar nada, pero
sin plegarse á esta ni á Ja otra mane- ·
ra. En Ja Exposición de 1874 presentó
algunas obras de comercio, en que
siempre se veía al maestro, y fué individuo del jurado de la misma, aprendiendo entonces no poco y decidiendo
por aquellas enseñanzas no volver á
desempeñar tan honroso como comprometido cargo.
En 1878 hubo en Madrid nuevo
certamen artístico, en el que dió señalada prueba de los adelantos considerables que había realizado. Presentó
en ella un cuadro de caballete, su
«Guillén de Vinatea,}) maravilla de dibujo y color, modelo de composición
y de reconstrucción histórica: página
de la historia valenciana, representa la
viril entereza de un pueblo que protesta contra censurables condescendencias de un rey, que por favorecerá la
familia perjudicaba al Estado. En la
Exposición de 1882 obtuvo otra medalla de oro por los techos que presentó, destinados al palacio del rico
capitalista D. Juan Anglada, obra de
suma importancia, tanto por la sobriedad de ejecución, como por la brillantez del colorido, como por la riqueza
de fantasía que en ella campea.
Dadas las prescripciones reglamentarias que regían en nuestra patria y
que aún rigen, según creemos, la carrera oficial de Emilio Sala había terminado, pues no podía conseguir más
premios. Los conseguidos debían haberle servido para algo; pero en España como en todas partes, una cosa es
lo que es, y otra muy distinta lo que
debe ser: le habían ofrecido que contribuiría á la decoración de San Francisco el Grande; mas cábalas é intrigas
hicieron ilusoria su esperanza; pretendió una plaza que había vacado en la
Escuela de Artes y Oficios, y le fué negada. Abrió después clases en su casa, y obtuvo resultados brillantísimos; pero con lo que conseguía de sus
lecciones no podía pensar que se aseguraba el porvenir: entonces comenzó á trabajar su mente la idea de
e~igrar, la idea de abrirse campo para cultivar el arte
como él lo entendía; pero careciendo de medios debía
esperar ocasión favorable para realizar su deseo. Esta
se presentó al vacar una pensión de mérito en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, que solicitó y obtuvo;·quien tenía sobrados méritos para ser
director de la misma, no podía carecer de los que se
exigían al pensionado.
Decidido á comenzar de nuevo, levantó casa y estudio; se despidió de su familia en Valencia y emprendió el viaje á esta tierra, donde á cada palmo
halla el artista material suficiente para estudiar encantado. Aquí lo conocimos, y en verdad, á primera
vista no nos resultó simpático; sin la declaración que
nos hacían de que era él, hubiéramos creído se trataba de un oficial de baja graduación, procedente de
la clase de tropa, vestido de paisano; la primera vez
que habla con cualquiera ó concurre á sitio donde
nunca estuvo, marca en su rostro la desconfianza;
mas poco á poco se serena, paulatinamente deja comprender su alma de niño, revela sus entusiasmos, manifiesta sus conocimientos sin petulancia y se ve al
hombre y al artista desde un punto de vista muy diferente del en que se le ha contemplado antes. Aquí
aprovechó el tiempo perfectamente, sin dejar de ver
nada; sin temor al reuma, sin miedo á las proverbiales fiebres romanas, pasó días y días respirando miasmática humedad en la iglesia subterránea de Sa11
Clemente, copiando frescos que se conservan allí,
recuerdos del arte de la Edad media y cuya importancia para la historia es mayor que la de los que
exornan algunos lóculos de las venerandas Catacumbas; amigo de sabio y virtuoso sacerdote empleado
en el Vaticano, solicitó por su conducto y no descansó hasta obtener permiso para tomar apuntes de la
soberbia decoración con que el Pinturichio embelleció las salas de los Borgias, tan poco conocidas como
dignas de ser estudiadas: no perdonó Museo, ni dejó
de visitar monumento, y cada vez creció más su cu•

NúMERO 610

573

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS, cuadro de Emilio Sala, premiado con medalla de oro en la Exposición de Berlín

riosidad, resultado del constante afán de instruirse.
Refractario y mudo para las personas que no conoce, se hace expansivo y locuaz con sus amigos: blasona de ignorar la vida particular de los artistas y la
reconstruye con el conocimiento perfecto que tiene
de las obras de todos; resume, sintetiza, analiza, y
sus observaciones, hijas de su práctica y no de teorías, adquieren personalidad pasmosa.
Cumplido el tiempo que debía permanecer en
Roma, mas quedándole todavía un año de pensión,
viajó por las ciudades principales de esta península
que tuvo tantas cortes y en la que el estudioso halla
tesoros de conocimientos en todos los ramos: visitó
no sólo Nápoles, Florencia, Pisa, Milán y Turín, itinerario que siguen los que vienen, únicamente para
poder decir después que han estado en Italia, sino
también las poblaciones que decaídas de la importancia política que gozaron, conservan sin embargo recuerdos inolvidables del amor que tuvieron por las
artes los príncipes que las dominaron, sin dejar de
ser por esto sangrientos héroes de guerra: recorrió la
Toscana y la Umbría, fué á Ravena, donde se pueden estudiar monumentos bizantinos de grandísima
importancia, tan bien conservados, que parece fué

ayer cuando se retiraron los mosaístas· á Mantua
Verona y muchas más ciudades de Lombardía, don'.
~e floreci~ron escuelas pictóricas que pueden competir muy bien con la toscana y probar con su historia
que al renacimiento del arte en Italia no contribuyeron sólo los compatricios de Cimahue y Giotto. El
caudal de conocimientos recogidos fué inmenso, y
buen_a muestra de ello dió en la Memoria que como
pensionado tenía que presentar al Ministerio, y en la
qu~ se ocup? ~e los ~rerrafaelistas: trabajo de grandísima erud1c1ón, esta sembrado de atinadas observacio?es y cla~os juicios, qu~ prueban su gran talento
y lo bien qu_e siempre ha sabido aprovechar el tiempo.
~stablec1do de~pués en París, el primer trabajo que
realizó en la capital de Francia fué el gran cuadro
que de~ía constituir su último envío como pensionado
d_e ménto en Roma. Es creencia general que la locución castellana «sacar el Cristo» con que se indica el
empleo de un argumento sin réplica, tiene un fundamento histórico. Al poco tiempo de haber caído Gra~ada en poder de las armas cristianas, los Reyes Catóh;os, creyendo ,que no tenían ya necesidad de los jud1os, que en mas de una ocasión les habían servido
bien, 6 influidos por el fanatismo religioso de las gen-

tes que los rodeaban, dieron el cruel cuanto desastroso decreto de expulsión de los judíos. Aquellos
desgraciados, que por tantos siglos habían habitado
nuestra patria, que tenían en ella sus intereses, sus
afecciones y sus recuerdos, se vieron obligados á
abandonar el territorio en el perentorio plazo de cuatro meses, sin que al salir pudieran exportar oro ni
plata: vanas fueron todas sus prácticas para mitigar
una orden cruel é inhumana, que todos los historiadores extranjeros han juzgado como merece, que
entonces podía explicarse perfectamente por el carácter de los tiempos, cosa que no acontece hoy que el
antisemitismo se ha puesto á la orden del día. Cuentan que por no perdonar medio alguno, ofrecieron á
Fernando é Isabel treinta mil ducados de oro, si dejaban sin efecto el decreto. Aunque no existe documento histórico que lo asevere, la tradición afirma
que los reyes, piadosos y seducidos por la brillante
oferta, se inclinaban á retirar la orden; mas Torquemada, allí presente y principal instigador de la exagerada intransigencia religiosa, sacando un crucifijo que
puso sobre la mesa, dijo: Judas Iscariote vendió á su
Maestro por treinta dineros de plata: vuestras altezas
lo van á vender por treinta mil: aqui está, tomad/e y

�574

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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cada una que allí disminuye sus operarios, diez los
aumentan aquí, donde poco á poco se van formando
colonias temibles de insurrectos cubanos y de peninsulares descontentos de su gobierno. •
Ahora bien: con todo y á pesar de esto, los fabricantes de Cuba han concurrido á esta Exposición,
más que con lujo con fastuosidad; se han presentado
á la faz de los yankees que pretenden cerrar, por envidia, las puertas á los tabacos nuestros, con toda la
arrogancia de aquel que tiene conciencia de su valer.
El Bill Mc-Kinley recarga en un 168 por ciento la
manufactura tabaquera cubana, y el millar de tabacos
que en una fábrica de primera clase en la Habana
cuesta 45 duros véndese en la gran república en
no dollars con 20 centavos, gracias al famoso Bill.
De si los tabaqueros han tenido orgulloso tesón
presentándose como se han presentado, júzguese contemplando la instalación, siquiera sea en grabado.
La vista del departamento español en el palacio
de Agricultura es muy bonita, como podrán apreciar
A. FERNÁNDEZ MERINO
los suscriptores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: co,..,,,,,,•,,t•,,•,,,o,,•,,,.,1",,•••••••"•l'•••••l'••''•''••••••••••••l••••••••••••,l•o,•o,l•"''•'' •l'••••••••••••l'"''•'·••1••••'
pia la galería de la iglesia de San Gregario de Valladolid y produce el mejor efecto. Los kioscos, bellos
LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
todos, y todos elegantes y del mejor gusto, forman
I!. - LOS MEJORES TABACOS O.EL MUNDO
conjunto armónico y atraen al visitante. Es una insUna de las cosas que más atraen en el palacio de talación que honra al que la hizo, D. Rosendo FerAgricultura de esta que han dado en llamar la «Feria nández, cuyo retrato reproducen hoy las columnas
del Mundo, » es la instalación que han hecho los ta- de este periódico: es asturiano, como lo son la mayor
parte de los tabaqueros,
pero el Sr. Fernández
no pertenece al gremio.
Casi me cuesta trabajo escribir (Sr. Fernández,» porque en la Habana sus amigos, que lo
son todos, le llaman Rosendo á secas, y allí Rosendo no puede haber
más que uno.
Nació en Luarca, un
poético puerto de mar
de mi querida provincia,
y niño aún vino á las
Américas, como vienen
otros, á probar fortuna,
pero con soñadora imaginación, con exquisita
nobleza de sentimientos
y con temperamento de
artista. Le sedujo la litografía y se hizo litógra-

tuvo compensación en Berlín hace dos años, donde
con la misma obra consiguió .una primera.
Cuando después de larga ausencia Jo visitamos nuevamente en su estudió de la rue Rochechouart, hallamos al hombre de siempre y fueron deleitosas las
horas que pasamos junto á él, escuchándole proyectos
realizables todos y de los que ninguno se hará práctico por el tiempo en que vivimos y por la irnmria de
los hombres: entonces le oímos repetir sus acertadas
observaciones acerca de las reformas necesarias en la
enseñanza y lamentarse de la situación en que por
desgracia se hallan en nuestro país el arte y los artistas,
acabando por confesar tristemente que si tocaran á
empezar, tal vez seguiría otra senda.
Queriendo ser breves, como nos habíamos propuesto, nos hemos extendido dema~iado, sin ennumerar
el mayor número de sus obras; verdad es que haciéndolo, el artículo hubiera llegado á libro.

Kiosco de la real fábrica
de tabacos La flor de
C11ha, de D. Manuel
del Valle.

vended/e, y se retiró no

sin haber conseguido
que, impresionados los
monarcas, dejaran de
dar oídos á súplicas y
promesas. Ni podemos
ni debemos discutir la
veracidad del hecho,
que histórico ó tradicional, dió origen á la citada locución vulgar y
asunto para que Sala
hiciera un cuadro, que
es sin duda uno de los
mejores producidos en
la época presente. En
el centro se hallan los
reyes, sentados bajo rico dosel; en la actitud
y en el gesto de ambos
se advierte la sorpresa
que les causa la audacia
EXPOSICI ÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Vista de la sección española
del intransigente fraien el Palacio de Agricultura
le, sin que sea igual en
ambos personajes, pues
cada uno manifiesta el sentimiento en la forma que el baqueros cubanos. Darán una idea de su belleza las
carácter histórico de ellos prescribe. Torquemada fotografías que acompaño, así como los kioscos de
después de arrojar sobre la mesa el crucifijo, se vuelve D. Manuel Valle y de D. Calixto López, que van
airado P&lt;!ra salir, y el infeliz hebreo que se halla de aparte, dejarán apreciar mejor el gusto y gallardía
espaldas al espectador da un paso atrás, seguro de que ha presidido á las construcciones. Los tabaquehaber perdido su causa; aquella cara que no se ve, se ros cubanos vienen soportando hace tiempo una paadivina: tan grande es la expresión en el movimiento. ralización grande en la manufactura, resistiendo con ,
Todos los demás personajes, daII_las, pajes, caballeros valor extraordinario la crisis desencadenada sobre su 1
y curiales se -hallan tan perfectamente relacionados industria.
por sus gestos y actitudes, que ninguno huelga y en
Sabido tenemos que todos los gobiernos castigan
cualquiera puede estudiarse una sensación. Pintado en sus aranceles el tabaco de nuestra Gran Antilla,
con la sin igual maestríá que tiene Sala, resulta so- como se castigan los artículos de lujo; y al propio
brio de color, pero de tonos tan justos, que la vista se tiempo no debemos olvidar que la política proteccioreposa admirándolo: estudiado en sus menores deta- nista, universalmente desarrollada hoy, es otro ene- '
lles se ve el trabajo concienzudo de un hombre jamás migo formidable con el cual tienen que luchar cuersatisfecho de lo que hace, que lee eternamente para po á cuerpo, sin rodela ni coraza, los fabricantes de
inspirarse, que lo revuelve todo para que la indumen- tabacos de la isla de Cuba.
taria sea justa, para que la crítica no pueda adv~rtirle
Esto no obstante, lucharían con ventaja si los goni el más ligero i,,.nacronismo ni la más insignificante biern_o s españoles parasen mientes en la convenienimpropiedad.
cia de tener siempre floreciente dicha industri;i. ,y en
Este cuadro, que conforme las disposiciones re- crecimiento constante. Nadie más interesado ,que el
glamentarias debía quedar propiedad del autor, es- gobierno español debe estar en que esto suc,eda: la ,
tuvo en· la última Exposición de París, y el jurado industria tabaquera está en Cuba, en la Habana sofrancés, que naturalmente debía favorecer sobre todo bre todo, fuertemente ligada al comercio, y si)as fálo que más sigue las tendencias del arte que se cul- bricas no trabajan, el comercio sufre la consiguiente
tiva en aquella nación, no dió á Sala más que una paralización. Por cada fábrica que e n la Habana se _ Kiosco de la fál,rica de tabacos de D. Calixto L6pez
segunda medalla: verdad es que de tamaña injusticia cierra, ábrense; cinco en los Estados U nidos, y por
antes Bances y López

LA

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

575

Un dato qu~ puede dar á conocer al nofo, pero litógrafo de talla, sin olvidar por esble asturiano: El Sr. Dupuy de Lome quiso
to sus aficiones· al bel canto, que estudiaba
con fuertes empeños que el delegado de Cucon entusiasmo para llegar á ser lo que es,
ba y Puerto Rico perteneciese al jurado; y
un excelente aficionado.
como los jurados percibe·n setecientos cinFormó familia: contrajo matrimonio con
cuenta pesos con que les recompensa la emuna distinguida señorita, sobrina del conde
presa de esta g-ran feria, Rosendo Fernánde Casa Sedano, y por este motivo se encuendez no quiso aceptar, so pretexto de marcha,
tra emparentado con antiguas y nobles famipara que no se creyese que buscaba la remulias de la isla.
neración y por no quitar á otro esa cantidad.
Rosendo Fernández tiene un puesto en la
Este es el hombre que llevó á cabo la inspolítica insular, como tiene un asiento en totalación cuyas vistas envío. Y como en lugar
dos los salones y una frase de cariño para él
de carta de más, todavía peco por carta de
en todos los labios. Como presidenté de la
menos, creo que merece la pena de ser Cosección de «Recreo y adorno» del «Gran
nocido.
Centro Asturiano» de la Habana, hizo maEVA CANEL
ravillas de buen gusto; y mientras el decorado actual exista no dejará de flotar por
Chicago, 29 de julio de 1893
,••,,.,,.,,,,,1•,...,,.,,.,,,.,,.,,,,.,.,.,.,,.,,,.,,.,,..,r ,,,.,,.,,..,1.,,,.,,.,...,,.,,.,,,,•..,,,,,,,,.,,,.
aquellos espléndidos salones el espíritu que
les &lt;lió vida.
Cuando al bondadoso presidente del CenFEDERICO MEDIANO
tro, D. Manuel Valle, le consultaban ó preguntaban algo, «Allá Rosendo, » contestaba;
Todos recordamos aquel simpático sacerporque Rosendo representaba para el Sr. Vadote de quien dice nuestro insigne y queridílle Ja confianza y el buen gusto.
simo Campoamor:
Llegó el momento de tomar parte activa en la Exposición de Chicago, y la Cáma«El cura del hogar de la Horadada,
ra de Comercio, oficialmente encargada de
como todo lo da, no tiene nada.&gt;
este cometido, rogó á Fernández, que pertePues bien: Federico Mediano se parecía
necía á su junta directiva, que viniese á ormucho á ese cura de la Horadada; mejor diganizar los trabajos.
cho, era lo mismo que él, salvo lo de cura.
Excuso advertir que sin sueldo ni remuPero lo daba todo y por consiguiente no
neración, al poco tiempo lo nombró el gotenía nada, y lo daba ajustándose al precepto
bierno delegado de Cuba y Puerto Rico.
que, en el versículo 3. 0 del sexto capítulo de
Por veinte días vino y estuvo seis meses.
Decir cuántos fueron sus afanes y su entusu Evangelio, establece Mateo (ó San MaD, ROSENDO FERNÁNDEZ,
siasmo por colocar muy alto el nombre de
teo, no vaya á pensar algún fusionista que
de la Cámora de Comercio de la Habana, Comisario especial representante
las Antillas españolas sería pálido: sólo conaludo
á Sagasta) y que dice: Cuando dieres
de Cuba y Puerto Rico en la Exposición universal de Chicago
templando su obra y viéndola coronada por el
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que
éxito se puede apreciar lo que le debe Cuba.
hace la derecha.
Ni uno solo de cuantos miembros cuenta la dele- rio, es serio, casi seco, retraído y formalote. La simPrecepto del cual, dicho sea entre paréntesis, se
gación español/ha dejado de quererlo. Desde el se- patía que inspira es hija de sus prendas personales, olvidan á menudo personas que pasan por muy cañor Dupuy de Jtome, que lo distinguía extraordina- de su honradez, de su nobleza de sentimientos y de ritativas y que hasta alardean de serlo y á quienes,
riamente, hastl!, el último criado de las instalaciones, su lealtad para todos.
por lo tanto, pueden ser aplicadas las palabras del
sentían por Rosendo verdadero cariño. Ayer ha marLa Cámara de Comercio de la Habana debe á mismo San Mateo: Cuando des limosna, no hagas tochado por la vía de Nueva York, y parece que entre Fernández la mayor parte de la ·honra que le cabe car la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas
'los españoles falta algo.
por haber quedado á grande altura en el certamen en !ns sinagogas y en las plazas, para ser estimados de
No se crea por esto que el delegado de Cuba es Colombino, pero los expositores de Cuba no saben los Jwmbres: en verdad os digo que ya tienen su recomhombre bullanguero ni siquiera alegre; por el contra- todo lo que le deben.
pensa.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

Vista de la exhibición de tabacos cubanos en el Palacio de Agricultura, tomada de frente

�MODERNISTA DE ANTAÑO, cuadro de Emilio Sala

�LA

I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 610

Ahora no existen sinagogas, ni los dadivos?s hacen I Pero cuando, después de haber visitado á media
- Como en l_as p~incipales ciudade~ alemanas, ha surgido en
tocar la t:ompeta para 9ue las obras de car_1da~ que docena de amigos, advirtió que las coincidencias se D,resde una d1sens1ón entre los artistas: los secesionistas, en
e~os realizan sean publicadas; pero _hay penód1cos y repetían, comprendió al cabo que los amigos buenos numero de 45, han constituído una Asociación libre de artistas
Dresde, presidida por el pintor Bantzer, de la cual forman
a undan los reporters, Yde\ benefic1~ que el rico ha- para recibir favores, suelen ser malos para hacerlos. de
parte, entre otros, los notables pintores Roberto Díez y Kiessce al pobre se ~ntera ,media huma~1dad, la cual se La lección fué dura y además llegó tarde.
ling y los arquitectos Hanschild y Graebner y que proyecta ce·
e~carga de contarse!? a la otra media. - Conque, s~Federico empeñó, vendió, malbarató cuanto tenía lebrar un~ Exposición durante el próximo otoño.
- La cmdad de Elberfeld (Alemania) anuncia un concurso
g, n ~ateo, ya estan recompensados. Advertencia y llegó á verse en el caso terrible de necesitar no
entre
arquitectos alemanes y austriacos para la construcción de
que, si he ,d~ hablar con franqueza, empequ~ñece mu- diez mil reales, sino un duro, uno nada más. '
un~ nueva Casa Consistorial: los premios que se adjudicarán
~ho la -~axima,. pues supone que todo bienhechor
Por pesimista que sus desengaños le hubieran he- seran, uno de 12.500 pesetas, uno de 6.250, dos de 3.750 y dos
el prÓJimo aspir~ á s~r recompensado; bie~ en este cho, no pudo ni quiso pensar que existiese quien le de 2.500, total 11.250.
- El rey de Sajonia, que por disposición testamentaria del
mundo con la estimación de los hombres, bien en el negara cinco pesetas. Echóse por lo tanto á la calle
duque Guille_rmo de Brunswick, fallecido en 1884, heredó el
otr~ ~on_ su Mpe'ddi~zo dehparaíso.
.
resuelto á pedir el duro al primer conocido con quie~ casullo
de S1byllenort (lugar de las sibilas), en Oels, Silesia,
e enco ~ ano, ay que decirlo en honra suya tropezara.
ha regalado al Museo Patrio de Brunswick una porción de re·
~Jor re~pet~ a la verdad, no I?en?ó nunca ni en el
«No, no es poco trabajo hinchar un perro,» como tra!os d~ individuos de la familia real, procedentes de aquella
prem1?, m en el otro. Era cantativo, porque, como decía aquel loco de quien habla Cervantes· pero es residencia, y otra porción de objetos interesantes que son otros
sue!e decir el vulgo, le salín de &lt;!dentro. Ignoraba si mucho más pedir un duro. Federico tropezó durante tantos recuerdos de aquella dinastla.
-:- ;,a ~ueva Pinacoteca de Munici1 ha adquirido en la Ex:ma el deber. de consolar al. tr!ste, ó de dar de co- el día con tres ó cuatro docenas de amigos, ni una pos1c1ón mternac10nal de Bellas Artes que en aquella ciudad
er ~¡ ham?nento; pero temendo él dinero, nadie sola vez al estrechar ¡a mano de cada uno de aquellos se está celebrando el boceto del monumento á la duquesa Max
carec1a
de dmero
á su lado·
· dadanos ha b'1a deJado
·
· para su capote: «A obra ?e Rumann, y varios cuadros de Hackl, Jansen, Jernberg'.
S
,
,
,
, cm
de decir,
Volkmann, Schindler, Roubaud, Milesi, Khnopff y
~ 10 pedian_y_lo daba; le pedian mas Y daba mas; este se lo pido, ... » y en efecto, volvió á casa des ea- Schle1ch,
Brown.
contmuaron p~diéndole Y continuó dándolo, hasta do y sudoroso sin habérselo pedido á ninguno. p
- {! n comerciante y ex concejal de Leipzig, Hugo Scharf,
queD'sehquedó sm
Iba muy resue ¡to a' exponer su necesidad·
·
, una peseta. ·
.
pero so- ha dep.do en su testamento un legado de 115.250 pesetas para
d ic O se esta que, aun siendo Federico muy reser- brecogíale un temor invencible la voz se le' anudaba el Museo de Industrias Artísticas de aquella ciudad.
v~ ºct Y aun ab~teni~ndose, como en efecto se abste- en la garganta, sentíase avergo~zado, tímido, y apla- . - El conocido comerciante de objetos de arte Beugniet, recientemente fallecido en París, ha legado al Estado una curio·
ma, e contar ª nadie el empleo que daba á su capi- zaba para más propicia ocasión la solicitud.
s~ colección de paletas de los principales artistas del presente
t~!, ~a cosa s~ s~po, por lo que ~umentaron los pedi«Nada, que no lo pediré nunca dijo por último· siglo con interesantes croquis de los mismos y sus respectivas
guenos y n_acieron las murmuraciones.
no puedo, no puedo.»
'
' firmas. Esta colección se conservará en uno de los museos pÚ·
«E,se chico es tonto de capirote,&gt; decían los unos;
Pero como había necesidad de hacerlo resolvió es- blicos.
- _Ha sido regalada al Estado ruso la importante colección
«Estaó loco de remate, » exclamaban otros; «Tiene un cribir. Le costó mucho muchísimo re&amp;ctar las car- TretJakoff,
compuesta de 1.287 cuadros, 518 dibujos y 9 esculcor~z n de oro », afirmaba éste; «Posee condiciones tas petiton'as; pero dió, ~l cabo, con 'una fórmula ue turas ·de artistas rusos y 90 obras de artistas extranjeros
te ang~l,» sostema aquél, Yaquél Y éste Ylos otros y sin dejarle del todo satisfechó, le. ruborizaba m~10;
- En Bérgamo se proyecta la erección de un monumento á
t~~J~o~e~a~an conformes en creer que pronto no que las otras; sacó de ella una docena de copias en la memoria del insigne compositor Donizetti.
na e e:dico sobre qué caerse muerto, porque á las que solamente varió los nombres de los destinataTeatros. - París. - Han comenzado las representaciones de
ese paso 1a vi a era un soplo
· respectivos,
·
y acertar .
·
nos
las puso en el correo, para lo cual se la temporada de 1893 á 1894 en la Comedia Francesa, represen·
Del muc~n, ¿pues no ha_bían de a~e:tar?
desprendió de sus últimos céntimos, y hecho esto, se tá?dose el dla de la inauguración la tragedia de Racine BritanFed . M ~-dar Y, del_ nmgún recibir resultó que volvió á casa y esperó. Y esperó tres días· tres días mcu_s, y la_ comedia de Moliere Le malade imaginaire; el teatro
ha s1_do obJeto de una completa re,tauración que ha aumentado
za ll=~~~on ~tn?, a
~us arigos en la bo~an- que le parecieron tres eternidades; tres días en los considerablemente sus condiciones de comodidad elegancia y
d
. b e rtco ~ ran e Ya que en la desdicha cuales no durmió porque el sueño no acudió á con- belleza. En !!l Ambigú se ha estrenado un melodr:ma de espece~omma an Fedenco el Peque11o, vino á quedar más solario, en que no comió porque ni sentía los estímu- t~culo e~ _cinco actos y diez cuadros, de Rodaz y Lefevre, con
mus1ca de Pessard, titulado La ,mil de Noel, de argumen~~i;:1~~~;: rat~s; q~e, rgún la.¿rase vulgar, ssm los los _del hambre; ni, aun habiéndolos sentido, habría lm?a
to rnteresante y puesto en escena con gran lujo y propiedad.
guía siendo po r~. e creaci n, Yaunque él se- temdo con qué aplacarlos. Al cuarto día, el cartero
Londres. - En el teatro Adelphi se ha estrenado con buen éxi·
, como ice e poeta,
le llev? dos cartas del i~teri~r; afortunadamente para to un drama de Mr. Pettit, titulado A Woma,i's Revenge (La
«De humor generoso Y franco,
Federico el repai:to del mtenor es gratuito, de no ser- ver.ga.,n~ de una mujer), que pertenece al antiguo género meloY aunque para regalar
lo, el pobre Mediano se habría visto en la imposibi- dramauco.
Madrid. - Con destino al teatro de la Comedia ha terminado
el mundo le venia escaso;
lidad de pagar al cartero.
D. José de Echegaray una comedia en tres actos titulada La renlo que es para su traer
«Por fin,» exclamó Federico, respirando con algún corosa, que durante la próxima temporada estrenará la excelen·
llegó á no tener un cuarto (1).&gt;
desahogo, y su pecho se abrió dulcemente á la espe- te compañia que dirige el Sr. Mario. F.l propio dramaturgo está dando la última mano á un grandioso drama en tres actos y
ranza; muy poco duradera fué aquella su última un
epilogo, cuyo titulo es A orillas del mar.
ó s) lo prefier~n ustedes (para que nos entendamos alegría.
. Barcelona. - El empresario del teatro del Liceo, Sr. Bernis,
meJor) un céntimo, que es todavía menos.
De las dos cartas, era la una de un su antiguo pro- tiene ya contratada la compañia que durante la próxima tempoNo vor á I;&gt;intar ~l cuadro de las amarguras que tegido que acudía á él - sabiendo lo bueno que era, - rada ha de actuar en aquel coliseo: forman parte de ella las soprobó el mfehz Mediano cuando hubo de convertirse para que le prestase cinco duros; la otra era de un pranos señoras Damerini, Vitali Aug~sti, De Macchi y Carolli,
la mezzo-soprano señora Mas, la soprano ligera señorita Roe·
de protector en protegido.
amigo cariñoso que le decía: «Mi buen Federico no lants,
los tenores Rawner y Daddi, los barltonos Lherie y Ter. Hay en nuestro país una copla muy antigua que has de engañarme aunque te lo propongas. Sé que ~res zi
y el bajo Dadé. Las óperas que se pondrán por vez primera
dice de este modo:
muy bueno, demasiado bueno, y adivino que tratas de en escena en Barcelona serán: Manon Lescaut, ele Puccini;
asociarme,
sin que yo lo sepa, á una de esas obras de I Pagliaa i, de Leoncavallo; Dam11atio11 de Faust, de Berlioz, y
&lt;El que quisiere saber
Las Walkirias, de Wagner. A juzgar por estai; noticias, la temcaridad que tú realizas. Por eso no te envío ni te en- porada
de qué color es la pena,
promete ser buena para los aficionados ydigna de nuessiente plaza de soldado
v_iaré las ,cinco pesetas que me pides. Si fuesen para tro gran teatro.
y auséntese de su tierra.&gt;
t1, te dana cuanto poseo; pero no quiero ser tan bueEn el teatro del Tívoli se ha estrenado con excelente éxito
una zarzuela en un acto titulada Patria, letra de los Sres Mono como tú eres.»
~i el invento: de ese cantar, ni el vulgo que desLeídas aquellas cartas, Federico sonrió dulcemen- ragas y Alvarez y música del maestro Sadurní: la obra está muy
pues lo ha _acogido bajo .su amparo y protección y le te, pensó en que conservaba aún la fama de bueno bien escrita é interesa por su argumento, y la música es belllsiha populanzado, saben, con respecto á esto de colo- y comprendió para qué podía servirle; se dirigió tran'. ma y tiene algunas piezas verdaderamente notables.
res, de la misa la media.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
quilo y resignado y sonriente al lecho, del cual se haD. Cayetano Vida! y Valenciano, catedrático de Historia de
Para sabe_r de qué color es la pena y el desabrido bía levantado para recibir aquellas dos cartas y no
España de la Universidad de Barcelona, notable literato, autor
gesto que tiene y conocer las asperezas de su trato volvió á levantarse.
'
de varias novelas, entre ellas Rosada d' estitt, ex presidente de
lo más conveniente es necesitar un duro y no te'.
Cuando, dos días después, los vecinos penetraron la Real Academia de Buenas Letras, miembro correspondiente
nerlo.
en la habitación de Federico Mediano, lo hallaron de las Academias Española y de la Historia.
Carlos Guillermo Balsgard, profesor y miembro de la AcaAsí, di~ho de pronto, el caso no parece tan grave. muerto.
demia de Bellas Artes de Copenhague, encargado de la Galerla
«¡B~h!, P!ensa un?, si necesito un duro y no lo tengo,
La ciencia dijo que había fallecido de hambre.
de Pinturas particular del monarca.
lo p1~0 a u,n amigo, de esos muchos á quienes he
Sus amigos afirmaban que se había muerto de
Enrique Cramer, profesor de psiquiatría de la Universidad
co_nv~dado a comer varias veces y que se han bebido bueno.
de Marburgo, célebre frenópata alemán.
Ssergei Michailowitch Georgijewsk, profesor de lengua y lim1 v1~0 y se ha_n f~mado mis tabacos.» Así lo pensó
¡Oh!, y le hicieron solemnes funerales y le costeaFederico, así, m mas ni menos, la primera vez que se ron un gran entierro y le consagraron artículos necro- teratura chinas en la Universidad de San Petersburgo.
Carlos Muller, notable pintor alemán, director de la Acadehalló en un apuro. No se trataba de buscar cinco pe- lógicos en la prensa...
mia de Bellas Artes de Dusseldorf, especialista en la pintura
set~s... ¿Qué habría hecho él con cinco pesetas? Nehistórico-religiosa.
ce~1taba lo menos, lo menos, quinientos duros para
J. Sommerbrodt, profesor extraordinario de la facultad de
¡Embusteros! ¡Hipócritas!.. Habría~ q~izás ~vit~d~
Medicina de la Universidad de Breslau, célebre especialista
salir de _un compromiso. Quinientos duros de los cua- su muerte prestándole algunas pesetas.
para las enfermedades de los órganos respiratorios.
l~s _la 1;111tad estaba destinada á socorrer á una famiConstando Wurzbach, bibliógrafo, biógrafo y poeta austrialia md1gente.
co, autor de la obra única en su género Lexicón biogrdfico del
A. SÁ~CHEZ P ÉREZ
Co~ absoluta confianza, con la completa seguridad
Imperio austriaco.
Antonio Emilio Blanche, famoso alienista francés, individuo
de qmen va á llegar y besar el santo, salió Federico
de la Academia de Medicina, director del conocido establecide ~u casa Y. se dirigió á la d~ su más querido _y más
miento ele Auteuil, autor de multitud de notables memorias soobligado amigo; forn:iuló sencillamente su pretensión,
bre los Homicidios cometidos por los locos, La loettra consideraYal formularla tendió la mano para recibir las 2.500
da como ,mesa de divorcio y La melaucolla.
Ernesto II, duque de Coburgo Gotha, príncipe que se dedipesetas, como la tiende el que acaba de dar un billecaba á los viajes y á los estudios literarios y musicales: compute de Banco para que le entreguen el cambio.
so tres Óperas Casi/da, Santa Clziara y Diana de Sola11ge y
P~ro co~o el amigo no se apresuró á darle aquella
Be~las Artes. - El ministro de Instrucción pública en d_eja escritas _varias obras de viajes y unas interesantes memocantidad, m otra alguna, Federico hubo de retirar la Francia ha encargado recientemente al pintor Rixeus un im- nas en tres tomos.
mano Ysalir de la casa algo descorazonado, si bien portante cuadro-destinado al Museo de Versalles, y cuyo asunser: el cincuentenario de Pasteur.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
muy ~egu~o d~ que, en e~e~to, por rara coincidencia, to. -debe
La Exposici?n anual de Munich ha visto aumentarse re- adoptado en los Hospitales de París y que presel amigo a quien había VlSltado se encontraba en si- cientemente el numero de obras que en la misma figuraban con criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
tuación parecida á la suya.
los numerosos envios que, una vez cerrados los Salones de Pa· Y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
y aterciopelado ,que tanto se desea.
rís, han hecho varios notables pintores franceses, entre ellos sonrosad.o
el me.1or de todos los tonicos y reconstituBonnat, Bretón y otros. Entre los cuadros remitidos figuran Es
( 1) Conste que ese c_nchit? de roma~ce es plagio, si bien un Carl~s el Tel!lerario y yala11terla, de Rnybet, que obtuvo el ye~tes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
tem~ndo además la 1:1uperioridad sobre los fepoco desfigurado por ex1genc1as de la historia.
premio de honor en el ultimo Salón de los Campos Elíseos.
rrugmosos de no fatigar nunca el estómago.

?e/en

t

N úMERO 610

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

579

U NA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

Además de las camas de madera provistas de col- una nueva distracción, cual era las carreras de trineos estaban ya acostumbrados á los terribles fríos del
Septentrión. Los otros ·veían con una especie de techón, se había reservado una especie de litera de piel sobre el hielo de pack.
mor religioso cómo se iba acortando el día y la invaEntre
los
perros
groenlandeses,
que
se
había
paga·
de bisonte para cada dos hombres, teniendo en cuen·
ta las excursiones que se harían en otoño y prima- do muy caros, había seis ejemplares de una belleza sión ascendente de las tinieblas, que disipaban sin
admirable, que pertenecían á la especie que se de- embargo prolongados crepúsculos.
vera.
¿Dónde pararía el buen humor de los expedicioDesde el primer día se desembarr.aron los perros, nomina Terranova genéricamente, y de un modo más
narios cuando el manto de luto envolviera definitivaque eran cuarenta, y el marinero Owen Carré, balle- especial, Labrador.
El Labrador es más corto de patas que el Terrano- mente el hemisferio boreal?
nero canadiense, quedó encargado de educarlos, lo
Nerviosa é impresionable como era Isabel, tenía
va
propiamente dicho. Es más vigoroso generalmencual distaba mucho qe ser una prebenda para el pobre muchacho.
Los días siguientes se dedicaron á estibar de un
modo definitivo todo cuanto se pensaba dejar á bordo de la Estrella Polar. El timón fué desmontado y
puesto sobre cubierta, y lo mismo se hizo con las hé·
!ices. Las distintas piezas del árbol se engrasaron
&lt;;on gran cuidado y se recubrieron con una funda de
cuero curtido. Amarráronse las barquillas con solidez
sobre el puente, se desmontaron los palos y se cubrió
de un extremo á otro el buque con una triple envoltura, después de cerrar cuidadosamente todas las
aberturas, exceptuando la escotilla que daba acceso
al interior.
Quedó c;onvenido asimismo que si la casa sufría
alguna avería los expedicionarios se refugiarían á bordo de la Estrella Polar.
En fin, para guardar la quilla del empuje eventual de los hielos y de la presión enorme que podían ejercer sobre ella, corriendo así el riesgo de ser
aplastada como una cáscara de nuez, se la rodeó de
un armazón de acero cuyas bandas, reunidas entre sí
por una serie de cruces de San Andrés, reposaban
sobre viguetas de acero recubiertas de madera. De
este modo, y como por el juego de dos colosales ballestas, en caso de que la presión resultara muy forEl vapor aparecía á lo lejos... (véase página 565)
midable, por la compresión de ese armazón de acero, el buque quedaría levantado sobre el hielo y no
debería temer el aplastamiento. Ese sistema era in- te, pero también más difícil de educar. El hurto de mucho mayor mérito que supiera disimular sus pro·
vención de Ruberto d'Ermont y todo el mundo te- cuanto está al alcance de sus patas ó de su hocico pias impresiones. A medida que el invierno adelanconstituye en él una costumbre y nunca llega á res- taba, ponía más esmero en mantener la alegría entre
nía gran confianza en él.
sus compañeros. Tomaba parte en todas las excurTerminados ya los preparativos, sólo faltaba espe- petar los bienes ajenos.
siones y prestaba buenos servicios ayudando al levan·
El
hermoso
Salvator,
traído
de
Francia,
manifesrar la llegada de los días de prueba.
tamiento de mapas de la costa. Cuando el día 4 de
taba
abiertamente
su
inmenso
desdén
por
esos
peEstos se aproximaban rápidamente. Por el aire cruzaban anchas bandadas de aves de paso que en ve- rros plebeyos, destinados al arrastre, y respecto de septiembre el sol abandonó á media noche el firmarano se arriesgan hasta aquellas altas latitudes. Algu- sus congéneres del Labrador afectaba esa especie de mento, quiso despedirse del astro, y acompañada de
nas manadas de lobos y de zorras isatis aparecieron en superioridad que la gente de las ciudades se arroga su primo y de Guerbraz subió á un pico que se elelas cercanías de Fuerte Esperanza, é Isabel tuvo oca- sobre los campesinos. Pero de todos modos, como vaba cerca del cabo Ritter y asistió á aquella melansión de dar caza á aquellos visitantes importunos. no era pendenciero, nadie trató de disputarle la pri- cólica puesta.
La temperatura era relativamente templada y el
Pero los cazadores quedaron con las ganas de cazar, macía, y su distinción incontestable, su fuerza verdacielo
purísi:no. El sol se había elevado sobre las coderamente
prodigiosa,
le
garantizaban
el
respeto
de
pues ni zorras ni lobos esperaron su aproximación. Se
linas
que
tienen sus estribaciones al pie del monte
aquellos
semisalvajes
con
los
cuales
se
dignaba
de
mataron, sin embargo, algunos dovekíes y termiganes,
cada vez más escasos desde que el verano terminaba, vez en cuando conversar en la lengua especial que Pettermann, y durante unos momentos pareció·deusan todos los perros del mundo. El resto de su tiem- tenerse acariciando los hielos del monte Payer; desy una media docena de tornasolados patos.
El 28 de agosto fué preciso encender las estufas, po lo consagraba al servicio particular de sus amos, pués, continuando su descenso, se dilató su disco, se
pues el termómetro había bajado bruscamente á cero ó mejor dicho, de su ama, pues era el compañero asi- amortiguó su brillo haciéndose su luz de un rojo eny las heladas se sucedían unas á otras sin esperar la duo de Isabel de Keralio y su edecán en las excur- cendido, y durante un momento pareció que había
siones, á veces arriesgadas, que hacían por los alrede· incendiado el monte con sus fuegos eternos. Después,
llegada de la noche.
El doctor Servan, hombre de muy buen humor y dores del fuerte. Bien pronto se convirtió en su guía, más y más dilatado, de forma elíptica y no circular,
emprendedor por naturaleza, dió á la señora de Ke- y en muchas ocasiones le había salvado de graves su disco fué cayendo hasta que desapareció del todo.
ralio el título de «directora de Bellas Artes y Juegos peligros, particularmente una vez en que distraída iba La noche polar había principiado.
Pero todo estaba presto para recibir dignamente el
públicos.&gt;&gt; El mismo se arrogó el título de secretario á topar con un oso gigantesco que rondaba cerca del
reinado de las sombras. Los últimos trabajos se acaorganizador, y desde entonces ni uno ni otro descan- campamento.
Si Salvator era para Isabel un guardia de corps de baban en derredor de la casa. Un talud de hielo cosaron ni un momento, pues ambos sabían que en
cuatro
patas, tenia también ésta un servidor y un ami- rría á lo largo de las paredes del fuerte hasta la aluna expedición polar conviene tanto cuidar del estado de ánimo de los expedicionarios como de su salud go fiel en el marinero Guerbraz, desde que le salvó la tura del techo casi, pero prolongando los aleros de
éste por encima del muro.
vida cuando la aventura del toro almizclero.
física.
El vacío que quedaba entre el hielo y las paredes
Guerbraz
era
uno
de
esos
hombres
extraordinarios
Por orden suya estaban en muy buen estado todos
los juguetes necesarios, de los cuales los ingleses, á los cuales Dios ha otorgado, como para demostrar se colmó con paja y virutas y con las cenizas proceesas gentes soberanamente prácticas, no se separan la potencia de la especie humana, uno de esos vigo- dentes de las combustiones.
Por tal manera abrigados y protegidos los explorajamás, ni siquiera en sus viajes, tales como billas, vo- res prodigiosos que parecen ser patrimonio exclusivo
dores no debían temer por su seguridad; pero sabienlantes, palas, crik_etts, etc. U na área de sesenta me- de los grandes paquidermos.
Aquel bretón era fuerte como un rinoceronte; ju- do por las relaciones de sus predecesores cuán pelitros de diámetro, escogida en sitio abrigado y preparada convenientemente igualando el suelo, fué, sobre gaba con pesos de cincuenta libra,5, rompía de un grosas son las campañas de otoño, acordaron previala roca viva, el lugar destinado á aquellas diversio- golpe de barra de hierro el cráneo de cualquier ani- mente el plan que en lo sucesivo deberían seguir sin
nes. Los carpinteros de la tripulación la rodearon de mal, y cuando sus manos, verdaderos garfios de abor- apartarse nunca de él.
una empalizada de pies derechos que se unían entre daje, se habían fijado sobre un objeto habría sido poIV
sí por medio de cuerdas alquitranadas. A su alrede- sible cortarlas, pero no hacerles soltar su presa.
Había consagrado su existencia á Isabel de Kerador y de dos en dos metros se elevaban postes más
UN TRAIDOR
altos de los cuales debían pender lámparas eléctricas, lio, desde que ésta se la salvó de un modo tan oporpues el Sr. Schnecker había ofrecido fabricar cuanta tuno como valeroso.
El 5 de octubre el Sr. de Keralio reunió consejo
La joven por su parte se mostraba conmovida por
luz eléctrica fuera necesaria durante la estancia en
esa afección tan grande, y en todas las ocasiones que de todos los oficiales de la expedición y de aquellos
Fuerte-Esperanza.
No fué esto todo. Bajo la hábil dirección de podía demostraba á Guerbraz la confianza que le ins- individuos que por su saber y experiencia podían
prestar buenos servicios.
Owen Carré y de su teniente Jim Clerikisen, esqui- piraba.
Se reunieron en el comedor de la oficialidad, preEntretanto, la aproximación de la terrible noche
mal que habían tomado á bordo en Frederikshaab,
los perros quedaron muy pronto adiestrados para los polar hacía sentir su influjo en los ánimos. Tan sólo sidiendo el Sr. de Keralio la sesión y actuando de seejercicio~ de arrastre. Esto proporcionaba también los canadienses parecían no cuidarse de ello, pues cretario el teniente Hardy. Teniendo en cuenta la im-

�LA

580
portancía del acto y cuanto interesaba el conjunto de
las operaciones que iban á emprenderse, no se excluyó á nadie, y por otra parte, solamente el químico
Schnecker inspiraba alguna sospecha. Pero como su
presencia era casi indispensable para discutir los pro·
yectos y comprobar las hipótesis, fué también llamado, y el Sr. de Keralio evitó con gran cuidado que
se hiciera alusión alguna á los hechos hasta entonces
inexplicados que habían motivado aquellas dudas en
algunos ánimos.
Se habían reunido alrededor de una mesa cerca
de la chimenea; en su calidad de comandante de la
expedición, el Sr. de Keralio tomó la palabra:
- «Caballeros, dijo, solamente por pura fórmula y
en su conjunto recordaré la historia de las expediciones polares que han precedido á la nuestra, y únicamente hablaré de aquellas que han llegado á las más
altas latitudes.
»Estamos actualmente á 76 grados de latitud sep•
tentrional, es decir, sobre la costa Oriental de Groenlandia.
»Las más altas latitudes alcanzadas hasta aquí, lo
fueron por Parry, el 23 de julio de 1827, 82° 45 1 ;
por Payer y la expedición austriaca, en 8 de julio de
1873 y 15 de agosto de 1874, 8f 71; por Markham,
el 12 de mayo de 18 76, 83° 20' 26"; y por Lockvood
y Brainard el' 13 de mayo de 1882, 83° 23• o6u.
»Después de esta fecha no se ha hecho ninguna
nueva tentativa.
»Ahora bien: las observaciones de Lockvood se-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

»Se trata de llegar más allá. Lo haremos.»
En el momento en que el Sr. de Keralio pronunció estas últimas palabras, una aclamación unánime
brotó de todos los labios:
- ¡Bravo! ¡Hurra! ¡Viva el Sr. de Keralio!
El padre de Isabel sonrió, y reclamando silencio
repuso:
- No, caballeros, no es á mí á quien debéis aclamar, pues yo no soy sino un instrumento, el menos
autorizado de vosotros. Trabajamos para la humanidad, para la ciencia y para Francia, nuestra patria,
siempre gloriosa, y para probar al mundo que ese país
de las grandes abnegaciones no se deja adelantar por
nadie en el espinoso y difícil camino del honor y d e
la bravura.
- ¡Viva Francia!, gritaron frenéticamente todas las
bocas.
Hubo, sin embargo, una sola voz que no se mezcló en aquella aclamación patriótica. Fué la del químico Schnecker. La mirada perspicaz de Alain Guerbraz no había perdido aquella inexplicable abstención.
- ¡Oh!, pensó el bretón, he de saber qué especie
de alemán cubre tu piel de alsaciano.
.
P ero nada quiso decir todavía y contmuó escu·
chando con atención al Sr. de Keralio.
- Dos vías tenemos, continuó diciendo éste, pa_ra
adelantar: la de tierra, por medio de trineos; la del
mar, según creen todos los exploradores de 1~ vertiente occidental, pues el pack no se forma smo á

Sin embargo, el naturalista se adelantaba con la gorra en la mano (véase pág. 565)

ñala~ su pu?to máximo alcanzado á los 40° 46 1 de
lo_ng1tud occidental, según el meridiano de Greenw1ch. Nos _encontramos, pues, á 7° 241 de este punto
sobre la misma comarca, siguiendo una línea oblicua
á 185 leguas ó sean 639.984 metros.
'

trozos en el brazo de mar que nos separa del Spitiberg. En el primer supuesto, y eliminando absolutamente el segundo, el camino más corto es remontar
hasta el cabo Bismarck, y de allí lanzarnos á través
del continente groenlandés, hacia el cabo Wáshing-

NúMERO 6Io
ton, desde donde podríamos subir hasta el 85 grado
ó quizá hasta el polo mismo.
Una nueva salva de aplausos saludó esta declaración.
- ¡Eso es, eso es!, exclamaron los oficiales con entusiasmo.
- En su consecuencia, prosiguió el Sr. de Keralio,
debemos velar por todos los medios posibles para la
conservación de nuestro navío, pues será probablemente el vehículo de nuestra campaña de verano.
Desde el 1.0 de junio al 15 de agosto podemos haber
salvado el trozo que nos queda por recorrer y resuelto el problema que tantos otros antes de ahora han
tratado vanamente de resolver. Una vez en el 83° paralelo, siete grados más de camino no han de asus·
tamos, máxime si, como dice Greely, se encuentra
más allá de ellos el mat libre.
Todo el mundo asintió á aquellas palabras, y durante unos momentos la conversación se generalizó.
Una voz, sin embargo, vino á echar una nota discordante en aquel concierto de adhesiones.
- Siento no participar de la confianza general, dijo
Schnecker. ¿Me permitís que presente algunas pequeñas objeciones?
- Sí, Sr. Schnecker, respondió Keralio. Nosotros
os contestaremos.
- Muy bien. Lo primero que me ocurre preguntar,
es lo que pensáis hacer de la casa de Fuerte-Esperanza.
- Pues, replicó el capitán Lacrosse, el comandante ha contestado ya á esa objeción. La casa será desmontada de nuevo y pasará otra vez á la bodega del
buque. Cuando lleguemos al cabo Wáshington, para
pasar nuestra segunda invernada, la montaremos
otra vez.
- Parece que no dudáis de nada, capitán, refunfuñó
el químico. ¿Y de dónde sacaréis el combustible necesario para vuestras calderas? Pues creo que las dos
mil toneladas de carbón embarcadas en la Estrella
P olar no bastarán para mantener templada la atmósfera de nuestra vivienda y alimentar los hornos
de nuestro steamer.
- ¡Bah! Sr. Schnecker, sin duda n o tenéis en
cuenta que la Providencia se ha tomado ya el trabajo de proporcionarnos el combustible necesario.
Estas palabras las había pronunciado el teniente
Remois con tanta vivacidad y confianza que comunicó en seguida su convicción á los demás.
- Ya comprendo, contestó el sabio, que hacéis
alusión al yacimiento de hulla del cual hemos tomado
ya bastantes provisiones; pero aun cuando fuera muy
abundante, la mina no nos seguirá en nuestro viaje.
Y en cuanto á embarcar el combustible, hay que renunciar á ello; la Estrella Polar no podría con tal
exceso de carga.
- La Estrella Polar puede con eso y mucho más,
exclamó el capitán con viveza. Y por otra parte, suponiendo que tengáis razón, mil toneladas bastan
para llegar al cabo Wáshington.
El químico no parecía convencido.
- Concediendo q ue podamos llegar al citado cabo,
¿cómo nos arreglaremos? Lockvood no señala huellas
de carbón en los sitios á que llegó.
Esta persistencia en con tradecir molestaba visiblemente á todos, y Huberto d'Ermont, no pudiendo
contenerse más, dijo:
- ¿Y quién os ha dicho, caballero, que si el carbón
nos falta no hemos de encontrar otro combusti ble?
Quiero ser sincero, y desde ahora puedo deciros· que
poseemos ese combustible supletorio en un volumen
tan reducido que no será ni un estorbo ni un exceso
de carga para la Estrella Polar. Dire más. H asta admitiendo que se nos cierre la vía marítima, podremos
transportar ese combustible extraordinario en los trineos con la ventaja inapreciable de encontrar en él,
no solamente el calor, sino la luz y un agente dinámico más potente que el mismo vapor.
Entonces todos se volvieron hacia d'Ermont; una
especie de admiración se leía en todos los rostros.
Pero en algunos de ellos se podía también adivi nar
como cierto temor de que Huberto hubiese hablado sin ton ni son ó quizá para burlarse de su interlocutor.
El joven comprendió que de tales dudas podía
surgir una especie de malestar moral para sus oyentes, si no se apresuraba á explicarse de un modo más
claro, dando, ya que no una demostración total, una
especie de prueba de lo dicho.
- Caballeros, dijo, no quiere, dejaros bajo la impresión de una duda angustiosa. He aquí el sentido de
mis palabras. Mi hermano, Marcos d'Ermont, químico como el Sr. Schnecker, ha tenido la gran fortuna
de hacer un descubrimiento precioso y sin precedentes. Esta invención, que por primera vez aplicaremos
de un modo práctico, es muy reciente, pero me permite casi aseguraros el buen éxito de nuestra empre·

NúMERO 610
sa. Sabed, por el momento, que mi hermano ha logrado liquidar y hasta solidificar - y por lo mismo encerrar en un volumen muy reducido en proporción
con su potencia - un gas primordial, un cuerpo simple que hasta aquí pasaba por fijo.
Todos se habían levantado. Huberto hablaba con
una sinceridad y un calor que hicieron penetrar la
convicción en todos los ánimos; pero todavía otra vez
Schnecker levantó irónicamente la voz:
- ¡Vaya, Sr. d'Ermont, dijo, por mucha estima y
consideración que me merezca vuestro hermano, me
parece que lo que decís es demasiado! Quisiera ver
eso para creerlo.
Un murmullo de desaprobación acogi6 aquellas
palabras.
- Ya lo veréis, caballeros, respondió tan sólo H uberto, y bien pronto.
Así terminó el debate y el incidente.
El Sr. de Keralio aprovechó el silencio que siguió
á aquella revelación para decir:
- Además de los recursos ordinarios con que contamos, poseemos dos que se relacionan con el admirable descubrimiento que acaba de revelarnos el señor
d'Ermont. Ya sabéis, señores, cuántos métodos han
sido aconsejados por nuestros predecesores para llevar á buen término las expediciones polares. Hoy,
gracias á los adelantos verdaderamente maravillosos
de la ciencia, no hay ninguno de esos métodos que
no pueda aplicarse, con tal de que tenga una base ra•
cional. Entre los medios considerados como prácticos
parios hombresde experiencia, dos sobre todo parecen
racionales para llegar hasta el polo. Si el gran desierto de hielo no puede romperse para dejar paso á un
buque, puede, sin embargo, ser salvado por encima ó
por abajo; por encima merced á un aerostato, y por
abajo por medio de un buque submarino que pueda
navegar á seiscientos pies de profundidad. E sos dos
medios los tenemos á nuestra disposición; poseemos
un globo y poseemos un submarino. Podemos por lo
tanto marchar atrevidamente hacia el Norte, y á menos de una catástrofe, que es imposible prever en estos momentos, sentaremos nuestro pie en el centro
mismo del polo y la bandera de Francia tremolará
orgullosa en el sitio á que nos habrá conducido la
fortuna.
Al oir estas palabras entusiastas, todos los congre·
gados se levantaron poseídos de honda emoción, y en
el mismo instante Isabel, acompañada de su nodriza
que traía una fuente llena de vasos y botellas, entró
en el comedor. En una mesa algo distante se veía un
s~rvicio compieto para el te y elpunch que iba n á servuse.
El comandante Lacrosse dijo sonriendo al teniente Poi:
- Haced entrar á todos los marineros. El Sr. de
K eralio quiere darles una buena noticia.
Esta orden recibió ejecución al instante y toda la
tripulaclón entró respetuosamente y se alineó alrededor de fa mesa.
El s/ de Keralio resumió cuanto acababa de decir
á los ofi'ciales y añadió al terminar:
- Amigos míos, ha llegado la hora de empezar los
trabajos. penosos. No os recuerdo vuestras obligaciones, sino para haceros comprender lo que unos á otros
nos debemos. Todo dependerá, así la salud como el
buen éxito, de la común concordia y de la unanimidad de nuestros esfuerzos. Antes, pues, de empezar
nuestros reconocimientos preliminares es natural que
nos unamos en un solo impulso de amor hacia la patria. ¡Viva Francia!
Todos repitieron aquel grito patriótico, y Schnecker
q11e conoció que le observaban, gritó como los otros:
¡Viva Francia!
Isabel circulaba entre las filas distribuyendo copas
de Champagne. Se descorcharon las botellas y empezó á correr con abundancia el espumoso vino. Luego
hirvió el agua en las teteras, en tanto que el bol del
ponche quedaba envuelto en una. aureola de vivas
y azuladas llamas.
- Es preciso acabar alegremente la velada, exclamó la joven.
Todo estaba previsto, pues el piano había sido sacado también de la Estrella Polar. Isabel se sentó en
el taburete y sus dedos ágiles recorrieron el teclado.
Los oficiales dieron el ejemplo y todos rivalizaron en
buen humor y animación hasta una hora muy avanzada de la noche. Se bailaron toda suerte de bailes,
pues además de polkas, valses y rigodones, se saborearon también las danzas más exóticas. Los canadienses bailaron gigues más ó menos escocesas y los
bretones ejecutaron tangos y piruetas que en su larga
vida de marinos habían visto bailar en comarcas se•
micivilizadas.
Isabel tomó también parte con su primo d'Ermont
en el baile, pues el teniente Poi y el doctor Servan
eran excelentes músicos y la reemplazaron en el piano.

LA

ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

Se cantaron varios trozos de música, algunos recitaron ó leyeron poesías y el químico Sc~necker d!virtió á sus compañeros merced á proyecc10nes luminosas ejecutadas por medio de una linterna mágica.
A las dos de la madrugada, cuando moria el día, se
distribuyó un último vaso de ponche y todos fueror.
á acostarse sanos de cuerpo y de espíritu.
Media hora más tarde todo dormía en el campamento, en tanto que el frío insidioso é implacable
hacía bajar la columna mercurial hasta 20 grados

palpitante, con el corazón lleno de amargura, oyó
como un eco de su propio pensamiento las palabras
con que el teniente de navío explicaba á sus compañeros el secreto del cual iba á depender el éxito de
la expedición.
- Sí, decía H uberto, todos esos objetos que os he
enseñado son cilindros de aluminio que encierran
tubos de acero de gran resistencia. Todos estos tubos
van á parar á una espita cerrada por medio de un
mecanismo que permite el escape brusco ó graduado,

Se reunieron en el comedor de la oficialidad, presidiendo el Sr. de Keralio la sesión.

bajo cero. Un solo hombre, espoleado por la envidia
que sentía, no participaba del reposo general.
Desde que empezó la invernada había conseguido
que le dejaran dormir en el laboratorio, del cual era
director, y aun cuando en aquel momento la atmós·
fera se enfriaba considerablemente en aquella habitación, estaba de pie ante la cama, fruncido el entrecejo y contraídas las manos.
De cuando en cuando una sorda imprecación se
escapaba de sus labios.
- ¡Oh, maldito sea ese d'Ermont! ¡Cuánto le aborrezco! ¡Cómo se acaba de burlar de nosotros! ¡Cuánto orgullo y cuánta ironía demostraba la frase que me
ha dicho al terminar: «Ya lo veréis, caballero.})
Se interrumpió y dió algunos pasos por la habitación.
- ¿Y si no se equivocaba? ¿Si fuese cierto lo que
dice? ¿Cuál es ese gas que su hermano ha conseguido
solidificar? Hasta ahora no conozco sino el ázoe que
pueda reducirse de tal modo. ¿Pero qué haría del
ázoe? No creo que vayamos á fecundizar las tierras
del polo ni á hacer menos comburente el oxígeno de
esas regiones. Y por otra parte ese gas, según dice, es
á la vez combustible y agente. ¿Será el hidrógeno?
Se estremeció y durante algunos instantes quedaron hoscas y pensativas sus facciones.
Después, paseando de nuevo, se abandonó á su
cólera. De sus labios salían exclamaciones violentas,
que entrecortaban sus frases incoherentes y amargas.
- Locuras, sueños, he aquí á lo que se reduce todo
eso. ¡Las tonterías de Cailletet conduciendo al hidrógeno! ¡Doscientas cuarenta atmósferas de presión! ¡Y
Pictet liquidándolo y solidificándolo á 650 atmósferas! ¡Imposible!
Se cruzó de brazos, y mirando los hornos, crisoles y
retortas colocadas ante él, exclamó:
- Y si esto fuera posible, ¿no habrían hecho este
descubrimiento mis compatriotas de Alemania? ¿Hay
uno solo de esos celtas capaz de tal esfuerzo?
Pero por más que hablara no se convencía á sí
mismo; no estaba seguro de su propia duda.
- En verdad que no sé por qué pronuncio esos
nombres de Francia y Alemania. ¿Acaso representan
algo á mis ojos? ¿No son por ventura monogramas de
mezquinas creencias, de predilecciones degradantes,
palabras que realizan el más absurdo de los conceptos, la Patria! Yo no tengo patria, reniego de todas;
la mía me ha deshonrado y condenado á muerte por
una acción que los braquicéfalos hinchados de cerveza llaman «crimen dt derecho común. })
Se interrumpió diciendo esto porque creyó oir ruido de voces· á través de la puerta.
Olvidando el frío, se quitó los zapatos y llegó de
puntillas hasta la puerta, aplicando el ojo á la cerradura por donde pasaba un hilo de luz.
El cuarto del lado del laboratorio era el de Isabel
de Keralio. En aquel mismo momento, ésta en compañía de su padre y del doctor Servan escuchaba las
teorías de su primo Huberto. Y el traidor Schnecker,

según se desee, del gas hidrógeno líquido que contienen.
- ¡Hidrógeno!, no pudieron por menos de exclamar los tres oyentes estremeciéndose en sus sillas.
- ¡Hidrógeno!, repitió sordamente Schneker, cuyos
puños se crisparon.
- Sí, contestó con altivez· Huberto, en cuya mirada brilló una chispa de orgullo; este es el descubrimiento que en lo sucesivo hará inmortal el nombre
de Marcos d'Ermont, de mi hermano. ·
El alemán había retrocedido y no sentía la mordedura del frío, sino la del furor que de él se había apoderado.
- ¡La gloria de tu hermano!, murmur6. Si no has
mentido, Huberto d'Ermont, si este descubrimiento
admirable se ha realizado, esa gloria no tendrá otro
teatro que la tierra glacial y desolada que nos sostiene
y morirá aquí desconocida del resto de los hombres!
En aquel momento un ladrido breve y gutural sonó
al otro lado de la puerta.
- ¡Ah!, exclamó Schnecker con voz sorda, también
el perro está ahí:
El silencio reinaba en el cuarto de Isabel de Keralio y Schnecker pudo oir claramente como uno de
los interlocutores decía:
- Debe haber alguien en el laboratorio. Vamos á.
verlo.
El químico comprendió que era peligroso para él
dejarse sorprender en el seno de aquella obscuridad
y encendió una bujía. Cuando Huberto d'Ermont
se presentó con sus compañeros en la puerta del laboratorio, encontraron á Schenecker contemplando
apaciblemente el fondo de un alambique.
- ¡Pardiez, Sr. Schnecker, gritó el doctor Servan,
heos aquí en condiciones de perder vuestras extremidades!
Aquella reflexión del médico hizo comprender al
químico su verdadera situación. Miró sus manos y
las vió azuladas.
- Vaya una imprudencia, continuó el doctor; entrad, entrad en seguida en la habitación de la señorita Isabel, pues dentro de dos minutos quedaríais sin
manos.
Y diciendo est:!s palabras, le empujó hacia la ha
bitación caldeada, que en un momento y por haber
dejado abierta la puerta había perdido diez grados
de calor.
Cuando Schnecker se hubo alejado, los cuatro interlocutores se miraron con penosa sorpresa. Aquel
encuentro inesperado no era muy á propósito para
disipar sus dudas, sino para acrecentarlas.
Por lo que hace al químico, reconfortado ya, sólo
se acordaba de una cosa.
En la babitación de la señorita de Keralio había
visto el arca de hierro que á bordo estaba en el camarote de Huberto. Se habían olvidado de cerrarla
y por la abertura había podido distinguir numerosos
tubos alineados en el interior.
( Continuard)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
guna ventaja sobre el primero en punto á. extracción
de tierras, escogióse éste porque era en línea recta y
porque además de atravesar terrenos poco resistentes
EL CANAL DE CORINTO
estaba flanqueado por algunas depresiones que perEl día 6 del próximo pasado agosto se celebró la mitían con poco gasto arrojar á ellas los escombros.
inauguración oficial de esta obra grandiosa que deja
Constituída la Sociedad t'nternacional del canal de
convertida la península de Morea en una isla. La Corinto, el general Turr, concesionario de la empreSECCIÓN CIENTiFICA

inauguración material, sin embargo, se había verificado un mes antes, pero el ímpetu con que las aguas
se precipitaron por la trinchera impidió entonces destruir los últimos obstáculos y fué preciso aplazar aquella ceremonia en tanto que las máquinas removían y
separaban los restos de una roca que obstruía una de
las bocas del cañal.
Obra es ésta que ya los antiguos proyectaron, y las
primeras noticias que de ella se tienen remontan al
tirano Periandro, 625 años antes de la era cristiana:
también intentaron su realización algunos emperadores romanos, especialmente Claudia, Calígula y Nerón; pero no pudieron llevarla á cabo, sea porque estuviesen ocupados en otras empresas para ellos más
importantes, sea que fuesen impotentes á luchar contra las supersticiones, ya que los sacerdotes de Corinto, temiendo que los extranjeros, una vez abierto el
canal, no irían á depositar sus ofrendas en los templos de que ellos eran guardadores, apelaron á los
oráculo~ y á ottos medios de intervención de las divinidades para aterrorizar á los obreros y á ahuyentarlos de aquellos trabajos.
El proyecto que ahora se ha realizado data de doce
años, En el congreso geográfico internacional celebrado en Venecia en 1881, el general italiano Esteban Turr anunció que habiéndose ,obtenido del gobierno griego la concesión para la apertura del canal,
el ingeniero jefe del canal de Suez, Mr. Gerster, había ido á estudiar sobre el terreno para formular el

sa, cedi6le sus derechos, comenzando los trabajos en
mayo de 1882. Muchas y muy grandes fueron las dificultades con que hubo de luchar la empresa; pero
la mayor de todas fué la económica: la quiebra del
Comptoir d'Escompte produjo la de la sociedad fundada por Turr, que hubo de ser declarada en liquidación por sentencia del tribunal del Sena de 1 2 de
febrero de 1890.
Sobre las ruinas de esa sociedad fundóse ótra, autorizada por real decreto del gobierno griego de 1 2 de
marzo de 1890, con un capital de cinco millones de
liras y 46.667 obligaciones al portador, privilegiadas
y garantizadas con hipoteca sobre el canal, que continuó los trabajos comenzados por la anterior y que
habían estado durante algún tiempo en suspenso, habiéndolos terminado felizmente e'n julio del año actual. De suerte que en la construcción de tan importante obra se han invertido doce años, habiendo sufrido una interrupción de poco más de uno, cuando
el traspaso de la concesión de una á otra sociedad.
Lo que antiguamente era istmo, presenta una depresión natural entre las cordilleras de los Geranci
ó Makriplayos al Norte y de los Onianos al Sur, y en
el punto en que aquél presenta la distancia mínima
entre los golfos de Corinto y de Egina ó Atenas, es
decir, el punto por donde se ha trazado el canal, se
descubrían, al empezar la construcción de éste, vestigios de los trabajos emprendidos por Nerón, de quien
se dice que fué llamado precipitadamente á Roma

N Úl\IERO 6 I o
diez y ocho siglos transcurridos desde que fueron perforados. Además conserva el istmo en toda su longitud las ruinas de la gran muralla Hexamt'lia, destinada á defender al Peloponeso contra las invasiones de
Oriente, aunque algunos autores, entre ellos Beulé,
afirman que aquellos restos pertenecen á las murallas
construídas por el emperador Valeriano y fortificadas
más tarde por Justiniano y sucesivamente por Manuel Comneno en 14 r 3 y por los venecianos en los
siglos xv, XVI y XVII.
Inútil parece encomiar las ventajas que de la apertura del istmo de Corinto ha de reportar la navegación: con el canal el viaje de los buques del Adriático al Pireo se acorta en 185 millas y en 95 el de los
que se dirigen á ese puerto procedentes del Mediterráneo; pero no es esto sólo, sino que además se evitarán las embarcaciones los peligros que para ellas
significaba hasta ahora el doblar el cabo de Matapán,
el Tamarium promontorium, sobre el cual se ven aún
las ruinas de un templo á Neptuno, junto al que, según dice la mitología, se refugiaron los vientos malignos para acechar y atacará los navegantes.
Con la apertura del canal perderá gran parte de su
importancia el puerto de Nea Corinto, Corinto la
Nueva, pues los buques seguirán su ruta sin detenerse en él como hasta ahora hicieron: en cambio, en
las dos entradas de aquél se han fundado dos aldeas,
Polidonia en la parte del golfo de Corinto é Isthmia
en la del de Egina, que es probable sean, andando
el tiempo, dos capitales importantes.
En uno de nuestros grabados se ve cruzada la trinchera por un puente de hierro de construcción reciente, por el cual circula el ferrocarril que atraviesa
el istmo uniendo las dos estaciones de Nea Corinto
y Kalamaki.
Como se comprenderá, los trabajos para realizar
esta obra han debido ser difíciles y costosísimos.
Además del dragado fácil de los antepuertos, toda la
dificultad consistía en extraer los escombros de una
trinchera única de 9.500.000 metros cúbicos con taludes construidos á una pendiente de 1/10, compuesta
de un macizo roqueño central que fué atacado por
medio de pozos y del cual se hicieron saltar 5.500.000
metros cúbicos por medio de poderosos explosivos
modernos.
Las margas azules ó calcáreas arcillosas, ligeramente magnesianas, del istmo han sido una dificultad
grave para los ingenieros: además en la perforación
de aquél se han encontrado multitud de grietas, pro-

NúMERO 610

LA

1LUSTRAClÓN

ARTÍSTlCA

á la de diez hombres que trabajen sin desmiento de mampostería destinado á evicanso, de suerte que cada una de estas
tar que los desprendimientos cegasen el
máquinas representa el esfuerzo de 150 ó
canal.
200 hombres. - X.
Estos trabajos, que en un principio no
pudieron ser previstos, han ocasionado
un aumento de gastos considerable y quizás hubieran constituido una imposibiliFOTOGRAFÍA DE LO I NVISIBLE
dad de ejecución absoluta sin los intere--- ----·-----==-- ~~---- •santes estudios é investigaciones de los
Con este título ha enviado M. Zenger
Sres. Saint Ives, ingeniero jefe de puentes
E1~tí•21cfo
fa
á la Academia de Ciencias de París dos
y calzadas, y Fuchs, ingeniero jefe, y sin la
-.......__...,_
l-'IQ~
.Je. C01,.trie
fotografías tomadas durante la noche del
perseverancia de M. Quellenec, ingeniero
·,'--.__
'----::---- ,:._-ac
I 7 al 18 de agosto último, una á las diez
de puentes y calzadas, jefe de la misión
y otra á las dos de la madrugada, desde
francesa de los trabajos públicos en
una ventana que daba sobre el lago de
Grecia.
""-..:.:,f,.
----~
•
Ginebra.
En extremo interesante para el turista
. ,__.,,,.._
será la travesía de este canal, construído
Estas fotografías reproducen, aunque
E1'}!1&gt;!'!d~ JJ - .- en un terreno poblado de recuerdos de
muy débilmente, la imagen del lago y de.J
todas las edades y en cuyas paredes han
Mont Blanc, que á simple vista era impo•
~fir)í1 f°'
e
itt1'(
dejado sus huellas los esfuerzos de genesible percibir en la obscuridad.
raciones sucesivas. Cierto que las viejas
En presencia de estas fotografías, el
E l empleo de las substancias explosivas, de las po- académico M. Bertrand hizo notar que esa imposibigeneraciones con los instrumentos rudimentarios de
que disponían y cuyo elemento esencial era la mano tentes dragas, de _los excavadores ó terraplenadores lidad de distinguir el lago y la montaña era sólo rede obra humana podían idear, proyectar y aun á ve- de vapor ha desempeñado su papel importante en la lativa y dependía más ó menos de la vista del especces esbozar trabajos de este género, pero carecían de terminación de esta obra: la substancia explosiva tador, de suerte que tales fotografías resultan ejeculos medios de acción necesarios para llevar á térmi- bien utilizada en sondeos racionales posee una fuer- tadas en una luz muy poco intensa, pero no son de
no esas grandes obras en las cuales las dificultades se za de descombramiento casi ilimitada, y en cuanto á un objeto invisible. Lo mismo acontece con las fotorevelan y aumentan á medida que se avanza hacia el las dragas y á los terraplenadores de vapor la poten- grafías de la bóveda celeste, en las que se ven mucia de cada caballo de fuerza puede estimarse igual chas estrellitas invisibles á simple vista.
fin deseado.

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 610, Septiembre 4</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 28 DE AGOSTO DE 1893 ..,. _ _ _ _ _ __

NÚM. 609

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA U,NIVERSAL ILUSTRADA

inoeJldiQ d@l "'1IUP.oén de hielo artificial en la Exposición universal de Chicago, en el que perecieron más de treinta bomberos

�LA ÍLUSTRACIÓN ÁRTÍSTtCA

554

NúMERO 60~
mentos y cuantos objetos sean necesarios para hacer
comprender claramente al alumno la cronológica
transformación que fueron sufriendo, así la indumentaria, como los usos y costumbres de los pueblos, y
con ellos la arquitectura y la escultura.
Recientemente dió en la escuela de Bellas Artes
de París el miembro del Instituto M. Heusey una
sesión pública de Historia de la Indumentaria. He
aquí cómo refiere esta sesión uno de los diarios parisienses.
«Curiosísima ha sido la sesión ayer celebrada en la
escuela de Bellas Artes.
)) En la sala del hemiciclo llamado de Paul Delaroche (á causa de haber pintado en él este célebre artista los retratos de los principales artistas del mundo), M. Heusey, individuo del Instituto, continuó la
explicación de su historia de los trajes de la antigüedad, con la ayuda, no de maniquíes, como hasta ahora
venía aconteciendo, sino con ia de modelos de carne
y hueso.
&gt;&gt;En dos horas reconstituyó á nuestra vista varias
épocas de Egipto y de Asiria, no en sus monumentos, sino en sus modas. J. Bian mismo, acostumbrado
á vestir las reinas de tragedia ó de drama lírico y que
asistía á esta sesión, tenía celos de la facilidad y propiedad exquisita con que aquel sabio y artista práctico ceñía y plegaba el suave lino á los cuerpos de los
modelos que representaban Faraones, y las lujosas y
caras telas con que vestía á los niños que recordaban
á los hijos de Asuero. Todo esto en medio de unánimes aplausos de los concurrentes.
»M. Heusey, para concluir, nos representó sobre un
trono rodado de la época S. V. P. á un monarca del
siglo x con la tiara en la cabeza, la maza de armas en
la mano y la espada en la cintura.))

Pizarros, Hernán Cortés, Juan de Austria, gran duque
de Alba y Alvaro de Bazán. Si creyentes fervorosos
hasta el fanatismo, sin embargo, no miraban mucho
que digamos hacia el cielo, antes por el contrario,
altivos y fieros, batalladores hasta llegar con sus proe•
zas á rayar en la epopeya, los músculos de sus cuellos estaban rehacios á toda flexión que significara le········•··
Texto. - Cró11ica de arte, por R. Bals~ de la Vega. - La E x - vantar la cabeza para la contemplación de alguien
posición ttniversal de Chicago, por A. --' Lo que vi de la Co- más alto que ellos mismos. Ni sus ojos se alzaban
muna de París, por Archibaldo Forbes. - Miscelánep. - tampoco de la altura aquella que medía la talla del
Nuestros grabados. - Una francesa en el polo Norte (conti- que osara cruzar con el suyo su acero. Ni aun para
nuación), por Pedro Mael. - SECCIÓN CIENTIFICA: El puen· jurar, en los rostros de tales gentes se reflejaba gran
te palacio en la ria de Bilbao. - Libros enviados á esta Recosa la unción, el misticismo que trata de imprimir
dacción por autores ó editores.
·
Grabados. - Incendio del almacén de hielo a,•tijicial en la á la arrobada cabeza de Legazpi el Sr. Querol. Los
Exposiáón tmiversal de Chicago. - Tres grabados más, co- nobles y los guerreros, españoles todos que ceñían
rrespondientes á otras tantas secciones de dicha Exposición. hoja de acero toledana ó florentina, juraban puest~ ó
- R etrato del conde de Anmdel, pintado por Van Dyck. Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenlan en extendida la mano sobre la ·cruz de su espada, ó b1ell'
la cárcel de la Roq11ette; Conducrión de prisioneros com1mis- empuñándola solamente. Y aun cuando mi amigo
tas; Fusi/amimto de rehenes por los comttnistas en la calle de el Sr. Querol lo crea extraño á lo que voy diciendo,·
Haxo (1871). - En el templo de Baco, cuadro de Juan Muz- le recordaré sin embargo que muy escasos fueron los
zioli. - Un desafio m Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch.
-Figuras 1, 2 y 3. Vista parcial del puente palacio en la ria motes de los blasones de la nobleza de Castilla donde Bilbao; Visla superior del puente palacio; Conjunto de de se leyera una frase mística. Recuerde: «Después
éste, visto desde la iglesia de Portugalete. - B11e11os camai-a- de Dios, la casa de Quirós;» «Con enemigos y sin
das, dibujo de P. Golleron.
enemigos,» «Luchando siempre,» «A mi vista hu.......,.......................,......,......,......,......,......,.......................,.............,......,................,.. yen, » y era un hacha de armas sobre campo rojo.
Pues bien: vístansele á Legazpi hábitos iguales á los
CRÓNICA DE ARTE
que viste el P. Urdaneta, y parecerán ambos una misma figura. Para mí no ha adivinado el Sr. Querol á
La vida artística sufre en Madrid una paralización Legazpi, representante del poderío de España en los
completa. El calor horrible que estamos soportando días de Felipe II.
con más resignación que Silvela á D. Antonio, obliEn cambio la figura del P. Urdaneta peca de degó á las gentes que disponen de su dinero y de su masiado movida. Bien es cierto que el célebre fraile
persona á salir precipitadamente para lugares donde era un temperamento enérgico, más, mucho más relas brisas marinas ó las umbrías de las montañas y suelto que Legazpi; pero ante el simbolismo al cual
de los bosques hagan tolerable la temperatura eleva- debió sujetarse el artista, claramente expresado en el
da que hace días viene sintiéndose en toda ó casi to- lema Patria Fides, al de Urdaneta corresponde de
derecho simbolizar la R eligión, como á Legazpi la idea
da la península.
Madrid ha quedado por nuestro; y nosotros somos de la Patria. Y esto en cuenta, paréceme al ver así
Otra noticia que acabo de leer en La Liberté me
los periodistas, los empleados, «algún que otro minis- trocados los papeles, que por equivocación el señor
tro, » media docena de directores, subsecretarios, aca- Querol le puso faldas al que debía llevar las calzas. hace pensar en la enorme paralización que, sobre la
démicos y magistrados de tanda y los mangueros y
Por otro lado, las dos figuras con el mismo movi- que hoy se advierte, van á tener las artes en España,
barrenderos de la villa. Los artistas levantaron el miento de cabeza, el paralelismo de las actitudes, la con motivo de las desdichadas economías con que
vuelo, y no el de la fantasía, y desaparecieron de esta ausencia del motivo principal, de lo que motiva la tan fieramente se castiga en estos presupuestos el
abrasada y pestilente capital de la monarquía españo- inmortalización del fraile y del soldado, de la tierra, de Fomento.
El ministro de Bellas Artes de Francia ha confiado
la. En l_os escaparates de los mercaderes de cuadros en fin, que iban á gobernar y á concluir de someter
no se ven más que obras de antiguo conocidas, ó ta,- á nuestro dominio, todo esto hace del monumento una misión á M. Antony Valabrigue con el objeto
blitas de esas que á última hora, en cuatro trancos, una obra cuya idea generadora está incompleta. Por- de que estudie los museos del Este y del Norte de
entre trago y trago de cerveza y desvanecimientos que yo no creo que la figura que aparece entre las Francia, de Bélgica y de Alemania.
&lt;(Poeta y escritor de arte, Valabrigue viene estuproducidos por el calor que convierte los estudios en columnas del pedestal y sentada en la basa del prihornos, hicieron aquellos pintores que no han podi- mer cuerpo represente á Filipinas. Si mi memoria no diando hace largo tiempo los grandes y los pequeños
do resistir la nostalgia del dolce far niente que aco- me engaña, pues en este instante no tengo á la vista maestros del siglo xvn y del xvm,
»Amante - dice el periódico de donde copio estas
mete mirando el flujo y reflujo del mar, ó escuchan- copia fotográfica alguna del proyecto, esta figura más
do cómo el viento entona sus monótonas y adorme- simboliza la Historia - ese eterno ripio de la escul- líneas - de los caracteres independientes y que se
cedoras sinfonías entre las hojas de los árboles.
tura moderna, - que no otra cosa. Además, si por aca- revelan por su originalidad, busca en todo el modo
Volviero~, pues, sobre su acuerdo cuantos pintores, so representara á Filipinas, ni el lugar adonde relegó de reconstituir, con gusto y gran conciencia del cará principios de verano, hicieran formal promesa de el escultor la figura ni su carácter é indumentaria go que le está confiado, las más puras glorias del arno abandonar á Madrid. Y con los pintores se mar- están dentro de la verdad relativa, que si&lt;;mpre debe te francés.
»Después de haber examinado algunos de los mucharon poetas y literatos, músicos y actores; tan sólo existir en la obra de arte de este género.
quedan aquí dos ó tres nombres en las letras y en las
¿Bellezas? L1s tendrá grandes cuando Querol des- seos del Norte y del Este de Francia pasará M. Valabri•
artes, esperando la ocasión propicia para también arrolle á todo su tamaño esta obra. Entonces podrá gue-al Sud de Alemania con el objeto de visitar Augsellos dar en el campo espacio á su espíritu.
admirarse cómo el autor de La Tradición convierte burgo y Munich. Hará una detenida visita á los maesLos escultores son los que no se han movido de en carne palpitante, mórbida ó tendinos::t, según de tros franceses, cuyas obras son numerosas en Dresde
Madrid. Amarrados al bloque de mármol ó al barro, quien trace la figura, la informe masa de barro ó el y en Berlín. Esta visita dará por resultado una copor la índole de su arte forzosamente tienen que ha- enorme bloque de mármol; entonces podrá admirarse lección de documentos y estudios interesantísimos.»
Lo mismito que en España. Es verdad que aquí
cer de la necesidad virtud. Y aquí están. El mismo cómo expresan los rostros de esas hoy figuritas casi
Querol que debía haber partido para Carrara hace un deshechas cuanto el artista quiere que expresen; en- no nos hace falta para nada la reconstitución de la
mes, todavía se encuentra entre nosotros. Es verdad tonces paños y armaduras serán de tela y de acero Historia de nuestro arte. Cierto que nuestras artes
que el contratiempo que le produce la forzosa perma- respectivamente: entonces aparecerá el escultor en industriales, nuestra arquitectura, nuestras mismas
artes de la escultura y pintura son tributarias del exnencia en esta corte, se lo ha compensado la noticia todo su valer, y cuenta que éste es grande.
oficial en la que desde Manila se le comunica ·haber
tranjero; cierto que aquí no tenemos un solo libro de
donde sacar en limpio cuál ha sido ya y debe ser el
sido premiado su boceto Patria Fides, con que asistía
valor de nuestro arte; pero ¿no les parece á ustedes
al concurso abierto en aquella capital para elevar un
monumento á Legazpi y al P. Urdaneta.
Hace días recordaba yo al Sr. Moret, ministro de que entre esto, que al cabo produce beneficios positiQuerol y Farera han sido los vencedores en esta Fomento, que debía plantearse, si no venían mal da- vos, y regalar á un contratista de envases de merculucha; Querol alcanzando el primer premio, Farera el das, su proyectado plan de enseñanza, cuando este rio 600.000 pesetas, lo segundo es lo legítimo?
accésit. Cataluña sigue, hasta el presente, arrollando plan hubiera sido aprobado por el Consejo de Inscon sus escultores á los de las demás provincias.
trucción pública; y que para entonces veríamos entre
Yo que he visto varios de los bocetos enviados á varias anomalías, perfectamente perjudiciales para la
Manila para el citado concurso, entiendo que el de enseñaza, una á propósito de la cual le llamaba la
El notable escultor sevillano Susillo ha sido encarQuerol, teniendo grandes cualidades - no en vano su atención; pues siendo la nueva asignatura de Historia gado por el ayuntamiento de Sevilla para modelar la
autor figura entre los escasísimos escultores de gran y Teoría del arte de una necesidad grande, con el sis- estatua de la infanta Luisa Fernanda, que deberá
talla de.España, - sin embargo, me pareció y me sigue tema económico de las acumulaciones se convertiría erigirse en la ciudad del Guadalquivir.
pareciendo una de las obras que no inmortalizarán el en lastre intelectual inútil.
nombre del artista tortosino. Quizás la rapidez con
La enseñanza de la Historia del arte como de la
R. BALSA DE LA VEGA
que está concebido y desarrollado el pensamiento Teoría precisa que la den personas idóneas que haMadrid, 14 de Agosto de 1893.
haya sido causa de las deficiencias que yo encuentro yan dedicado su vida á estudios de esta índole y que
en esta obra; siendo la deficiencia principal, á mi además reunan la condición esencial de poder hacer .,.,,.,,,,,i-,,,,,,.,,..,r,,•,,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,..,,.,... ,1.,••,,,.,...,1., ,..,,.,,.,,,,,,.,,,,,,.,,,.,,••••••,.,...,,.,,... 1•,
:nodo de ver, la de no estar comprendidos los carac- sus explicaciones por los medios gráfico y plástico.
teres morales de los estatuados; y más que esto, por
Así fo entienden en Francia, en Inglaterra y en LA EXPOSICION UNIVERSAL DE CHICAGO
no estar en el fraile y en el guerrero simbolizado el otras naciones, y así lo ha entendido la academia de
lema Patria y Fe.
Más de la cuarta parte del palacio de la Industria
Bellas Artes de San Fernando. al conceder al señor
Creo firmemente que Querol meditará sobre esto Arroyo la cátedra de Historia y Teoría del arte ocupa la sección de los Estados Unidos, tres veces
que desde estas columnas le digo. No eran los mili- que se explica en la escuela superior de Pintura, Es- mayor que la de Francia ó la de Alemania; pero si
tares, los guerreros españoles de los siglos pasados, cultura y Grabado. Sobre sus contrincantes, por otro los objetos en ella expuestos guardaran en punto á
fáciles de confundir con los de n\).ción alguna, y mu- lado sapientísimos, tenía el Sr. Arroyo, á juicio del cantidad la misma proporción que tienen en la francho menos los que luchaban en aquel siglo de los tribunal, la condición de poder dibujar trajes1 monu- cesa ó en la alemana, es decir, si el número de los
n-.~·..,.

;

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

555

mismos de igual clase se
habilidad y de ese gusto
limitara al de los que en
que el trabajador europeo
esas dos otras secciones se
puede decirse que respira
han juntado, las colosales
en el taller y lleva disuelto
dimensiones que hoy preen la sangre, siendo el consenta quedarían consideratinuador de una obra cuya
blemente reducidas. Adetradición se han transmimás, entonces el efecto
tido unas á otras innúmeque ahora produce la desras generaciones.
medida abundancia desA la entrada de la secaparecería en buena parte,
ción norteamericana y en
y se vería que la instalael centro del palacio de la
ción norteamericana está
Industria álzase una espemuy por debajo de las inscie de campanario de cuatalaciones de las naciones
renta metros de elevación,
más adelantadas de Euroque
se ve en el grabado
pa, y en algunas ramas de
que
reproduce
aquélla: en
la industria, especialmenel cuerpo inferior, cuyos
te de las industrias artísángul&lt;?s están coronados
ticas, resultaría verdadepor cuatro torrecillas, tiene
ramente pobre.
el directorgeneral de la ExEl examen atento de la
posición varios elegantes
sección industrial de la
salones; en el superior hay
América del Norte es uno
un
reloj con un carillón que
de los varios desencantos
ejecuta
escogidas piezas.
que experimentan los qut
Una de las pocas instalavisitan el parque Jackson.
ciones que constituyen una
EXPOSICIÓN UN IVERSAL DE CHICAGO, - La seccióc de los Estados Unidos en el Palacio de la Industria
Cierto que allí la industria
excepción hasta cierto
se presenta con caracteres
punto de lo que llevamos
grandiosos y abarca todo lo imaginable; pero sólo tante y que contribuyen no poco al buen efecto que
dicho acerca de la industria americana es la de los
brilla por la precisión con que aparecen elaborados causan las del viejo continente. En éstas admíranse
j~yeros
de Nue_va York _Tiffani y comp¡ñía, razón solos objetos: todo se hace con máquinas que producen Tos más hermosos productos del arte industrial tales
cial
muy
conocida también en nuestro continente: en
.
'
de una sola vez docenas, centenares, millares de és- como tapices,
bronces, estatuas, esculturas, porcelasu grandioso pabellón y dentro de aparadores forratos; pero cuando se contemplan los muebles, los bron- nas, metales labrados, encajes, etc.· en la de los Esces, los artículos de plata y los de uso corriente, cuan- tados Unidos todo es frío, y lo úni~o que en ella so- dos de e~pejos cent~llean á millares las más sorprendo se admira la inmensa cantidad de lo producido, ?resale son joyas, piedras y metales preciosos, relo- dentes piedras preciosas, rubíes, esmeraldas, brillanse ve que falta en todo el sello individual, se echa Jes y otras cosas por el estilo. El artículo adocenado tes como nueces y otras varias por valor de muchos
millones.
de menos la mano del trabajador que imprime el predomina por completo, y en él no cautiva la forma
Las joyas en que estas piedras están montadas y
verdadero carácter, se observa, en suma, la ausencia por lo artística, sino por lo práctica, y en este concepmult_itud
de objeto_s d_e oro y plata que allí pueden
completa de estilo nacional en el conjunto.
to sí que tienen allí mucho que aprender los euroLa sección norteamericana en el palacio de la In- peos.. Pero éstos llevarán siempre gran ventaja á los a_dm1rarse son de dtbu~o elegante, de un gusto exquidustria es un amontonamiento de productos fabriles amencano~: ~ucho de lo qu~ en América se produce sito; p~r esto hemos dicho que esta instalación es una
hecho sin orden ni concierto: cada expositor ha cons- pued~ ser imitado y. aun falsificado por nuestros in- excepción de la regla general; pero... esos dibujos,
truído á su antojo su instalación sin obedecer á plan dustn~les; e_n ~amb1~ el ya_nkee, por. regla general esas m?ntu~s débense á artífices de Europa que la
alguno, y así corno todas las secciones europeas osten- ten~ra que hm1tarse ª. exa_mmar platónicamente, por casa T1ffam h~ llevado á los Estados Unidos, y de
tan artísticas fachadas y elegantes vestíbulos en don- decnlo así, la producción industrial de Europa· pues aquí que al senalar la excepción hayamos añadido
de prese~tan instalados con el mejor gusto los obje- aun prescindiendo de lo caros que resultarían Íos ar'. que sólo lo era hasta cierto punto, porque en resumitos más importantes, en aquélla falta el sentimiento tículos á causa de lo elevado de los jornales difícil das cuentas resulta que en todo ello el yankee ha
puesto el dinero y el europeo el arte. Con lo cual
artístico y aun el confort que tan gratos son al visi- había de serle llegar á tener obreros dotados' de esa
queda aquella regla una véz más confirmada.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

La sección francesa en el Palacio de la Industria

�556
Francia ocupa uno de los puestos de honor en el
centro del palacio de la Industria, y su instalación
produce admirable efecto, confirmando los productos
en ella expuestos la merecida fama de que gozan los
franceses de ser los primeros en punto á industrias
artísticas y demostrando á la vez los incesantes progresos que en esas ramas del saber humano realizan.

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

preeminencia: en la primera se han fabricado ha~ta
ahora las piezas grandes; en la segunda se confeccionan comúnmente los pequeños tapices destinados a
la venta ordinaria, y las telas para muebles, en las
cuales se reproducen preferentemente los encantadores cuadros de Watteau.
De estas telas se ven algunas en los muebles que

N úMERO

609

palma en la Exposición de Chicago, y hasta los mismos alemanes confiesan que si en algunas cosas ha
quedado por debajo de Alemania, en muchísimas, en
las más importantes, la deja muy atrás.

Los productos italianos ocupan en el palacio de
la Industria un espacio bastante reducido, casi la mitad del área que tienen las secciones belga ó japonesa; pero la pequeñez queda sobradamente compensada con el gusto que caracteriza a los italianos en materia de industrias a rtísticas. Además la colocación
de los objetos expuestos es tan elegante que bien
merece esa sección el calificativo de monada del
gran certamen.
Lo primero que se encuentra al entrar en ella es
un busto bastante bueno del rey Humberto, alrededor de cual hay agrupadas multitud de bellísimas
esculturas de mármol y de madera, muchas de ellas
muy notables y algunas admiradas ya en anteriores
Exposiciones.
Varias casas venecianas exponen artísticos bronces, artículos de cristal magníficos y casi por nadie
igualados, muebles tallados reproducciones de antiguos modelos y hierros labrados; Florencia presenta
sus mayólicas y fazences, copias en su mayoría de esos
viejos y preciosos ejemplares que en Italia tanto
abundan, y los milaneses tienen allí hermosas sederías y otros tejidos. Pero lo que más se admira en la
sección italiana es la riquísima colección de encajes
venecianos, entre los que sobresalen los de Burano.
La antigua y un día floreciente industria encajera
había casi por completo desaparecido en la ciudad
de las lagunas, cuando hace aproximadamente veinte años una ilustre dama italia na fundó en Burano
una escuela de encajes en donde la generación joven
pudo aprender tan delicado arte bajo la dirección de
viejos maestros.
Los resultados de esa patriótica empresa pueden
admirarse actualmente en la Exposición de Chicago,
y á ellos se debe que los encajes venecianos hayan
reconquistado la universal fama de que un tiempo
gozaron y que temporalmente habían perdido.

Para terminar este artículo descriptivo de los grabados que referentes á la Exposición de Chicago publicamos, réstanos sólo dar cuenta del incendio ocurrido el día 11 de julio en los grandes almacenes en
donde se fabricaba el hielo artificial. E l origen del
siniestro se atribuye a las substancias químicas destinadas a esta fabricación que en aquel local había
acumuladas y que en un instante convirtieron el edificio en una inmensa hoguera. Los bomberos se situaron en la torre central, para desde allí dirigir mejor los chorros de agua que arrojaban po:entes
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO, - La sección italiana en el Palacio de la Industria
bombas de vapor: de pronto la torre se hundió cayendo en medio del espantoso brasero, y aquellos
Esto unido a la practica que tienen en materia de expone Francia y que por la variedad de sus estilos héroes, víctimas de su deber, perecieron carbonizados
exposiciones permitía,asegurar de antemano el triunfo forman una colección de gran interés, tanto más, unos _y aplastados otros en la calle adonde se arrojade Francia en la de Chicago, y así ha sido efectiva- cuanto que los ebanistas expositores han dispuesto ron buscando contra una muerte segura una salvamente: la victoria de la industria francesa ha sido sus instalaciones de modo que el visitante pueda ver ción imposible.
· completa, sobre todo en aquellas ramas, en que los en ellas habitaciones completas en las cuales no fa!A pesar de esto, pocos instantes después otros cinfranceses son los primeros y los americanos los úl- ta el menor requisito, no sólo en lo referente al mue- cuenta bomberos y algunos soldados ingleses subietimos.
blaje, sino que también en cuanto tiene carácter de ron al tejado del edificio principal, en parte incóluLa fachada de la sección francesa que da a la ave- adorno, como cortinajes, alfombras, bronces y demás me todavía; pero las llamas que ardían en el interior
nida principal del palacio, sin ser tan artística como accesorios de las viviendas modernas.
no tardaron en atacar aquel punto y el techo comenla alemana es imponente y digna de los objetos que
Conocidos en todo el mundo son los magníficos zó a hundirse. Aplicaronse escaleras a las paredes;
contiene: domina en ella un grandioso portal ador- productos de la fábrica de porcelana de Sevres; el pero el calor era tal, que se hacía m·uy peligroso ennado con banderas, por_el cual se penetra en el patio número de los expuestos en Jackson Park supera al caramarse por ellas: esto no obstante, algunos bomde honor característico de todas las exhibiciones fran- de los que figuraron en la última Exposición univer- beros, dando pruebas de un valor heroico, lograron
cesas, en donde hay expuestos los artículos de todas sal de París y hay entre ellos algunos ejemplares salvar a algunos de sus camaradas en medio de las
las manufacturas del Estado y en cuyo centro álzase nuevos.
frenéticas aclamaciones de la numerosa muchedumla estatua de la R epública, modelada por Falguieres
La sección de bronces ostenta preciosos objetos, bre que contemplaba el siniestro espectáculo.
en veinte días, según se dice.
sobresaliendo por encima de todos ellos el magnífico
El número de muertos no bajó de treinta, siendo
Las paredes esta.u colgadas de los últimos produc- y colosal jarrón dibujado y modelado por Doré que mucho mayor el de heridos á consecuencia de la catos de las famosas fábricas de Gobelinos de París y figuró en la Exposición universal ,de Barcelona. La tá5trofe.
Beauvais, verdaderas obras maestras, únicas en su de piedras preciosas y labores de orfebrería contiene
El incendio produjo naturalmente gran agitación
género, cuya perfección nadie ha podido superar ni muchas mara villas que merecen figurar como las pri- entre cuantos se encontra ban en J ackson Park, y los
igualar siquiera. E ntre todos esos preciosos tapices meras en su género en la feria del mundo. No menos expositores y guardianes de las galerías, aun las que
llévase la palma en Chicago el conocido con el nom- que ésta llaman la atención las secciones de confec- estaban más lejos del fuego, se apercibían ya para
bre de E l ahijado de las hadas, salido de la fábrica ciones y artículos de tocador parisienses, epecialida- poner á salvo los objetos de más valía, caso de que el
de Beauvais, en cuya confección se han empleado des en que París impone la moda al orbe entero.
fuego se propagara.
cincuenta años y cuyo valor no baja de dos millones
Pero lo que más interesa y sorprende en la sección
Pero gracias al valor de los bomberos y al viento
y medio de reales. Enfrente de éste admírase otro francesa es la parte destinada en el primer piso a las favorable, el incendio fué localizado; de lo contrario
tapiz, también preciosísimo, que es una alegoría de artes liberales: grandes cuadros al óleo, que represen- hubiérase propagado á otros edificios de la Exposilas artes y de las ciencias, segú n un boceto de Ehr- tan las principales ciudades de Francia, alegorías, go- ción, y no es aventurado asegurar que, de haber sumann, y está destinado a la Biblioteca N aciana! de belinos, etc., adornan la escalera que conduce á cedido así, la catástrofe hubiera sido tan horrorosa
París.
aquellos salones, por l03 cuales circulan los visitantes - que á estas horas estaría convertido en llanura cuGeneralmente goza de más fama la fábrica de Go- asombrados ante la importancia de lo que en ellos bierta de ruinas y cenizas el parque de Jackson en
belinos de París que la de Beauvais, pero á juzgar por se exhibe.
donde tantas maravillas han juntado el genio y el
lo expuesto en Chicago no esta muy justificada esa
En suma, Francia, como de costumbre, llévase la trabajo. - A.

RETRATO DEL CONDE DE ARUNDEL, pintado por Van Dyck (existente en la colección del duque de Sutherland)

�558

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARÍS porque podía denunciará un comunista, revelando en
dónde se ocultaba. Las mujeres eran las que más afán
tenían en cumplir con este patriótico deber; conocían
IV
los escondrijos donde los pobres diablos se hallaban
Las llamas del palacio de las Tu11erías, rociado con ocultos, y apresurábanse á conducirá los soldados de
petróleo, quisieron competir al parecer con la suave Versalles al sitio con la alegría de verdaderos demoluz de la mañana, produciendo vívidos resplandores nios. Uno de los comunistas que cogieron era hom·

Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenian en la cárcel de la Roquette (24 de mayo de 1871)

que iluminaron á míseros franceses, los cuales se regocijaban en el espectáculo, haciendo fuego al mismo
tiempo contra sus compatriotas á favor de una barricada. ¡Cómo ardía el palacio! Las llamas se enseñoreaban en las históricas habitaciones, convirtiendo en
brasas el rico mobiliario, lamían los techos, haciendo
saltar los cristales y salían fuera. El ala del edificio á
que se daba el nombre de Príncipe Imperial, enfren·
te del jardín, fué la primera donde comenzó sus estragos el devorador elemento, y á las ocho de la mañana casi toda aquella parte del edificio se había
consumido. Cuando yo llegué á la extremidad de la
calle del Delfín, las rojizas llamas elevábanse desde
el ángulo que da frente á los jardines reservados á la
de Rfvoli: allí estaba el pabellón Marsan, que com·
prende las habitaciones ocupadas por el rey de Prusia y su séquito durante su visita en París en el año
de la Exposición. Voraces llamas salían en aquel.roo·
mento por la ventana junto á la cual solía sentarse
Bismarck para fumar, contemplando la ciudad de
París y sus habitantes. De repente oí un pavoroso estruendo. ¿Era una explosión, ó la caída de algún te·
cho? No lo supe; solamente vi una espesa columna
de negro humo y un mar de chispas, algunas de las
cuales llegaron hasta mí. Me pareció prudente mantenerme á respetable distancia de aquel sitio, y en su
consecuencia me dirigí á la plaza del Palacio Real,
que no era muy segura aún á causa de las balas y
granadas que llegaban de continuo de las inmediaciones de la casa ayuntamiento. Frente á mf elevábase
la gran arcada por donde las tropas debían penetrar
en la plaza del Carrousel, é ignoraba si allí se hacía
fuego aún. Si hubiera sido posible romper la arcada,
todavía se podía salvar el Louvre con sus artísticas riquezas. Las llamas se corrían de una ventana á otra
y de chimenea en chimenea, y llegaban ya más allá
del arco; el pabellón de la Biblioteca, que ponía en
comunicación las Tullerías con el Louvre y que se
mandó construir por el · último emperador para establecer allí su biblioteca privada, era ya pasto del fuego, y si no se hacía algún esfuerzo para contener el
progreso de las llamas, el Louvre y sus inapreciables
tesoros quedarían pronto reducidos á cenizas. A decir verdad, el fuego estaba ya en el Louvre, ó poco
menos, pues el pabellón de la Biblioteca se consideraba como una parte de aquél, y lo mismo sucedía
en el palacio real y en la casa de la ciudad, donde
la hez de los comunistas se ocultaba entre los incendiarios; el ministerio de Hacienda y otros varios edificios públicos y particulares ardían también.
Me alejé triste y profundamente disgustado de
aquel espectáculo de inicua destrucción; pero aún me
condolió más el que presencié después. Los soldados
de Versa11es, estacion_ados al pie de la calle de San
Honorato, entreteníanse en cazar comunistas; y la
clase baja de los parisienses me pareció .entonces lo
más vil y despreciable, á la vez que ·lo más cruel que
he conocido. El día anterior había gritado: «¡Viva la
Comuna!,)) sometiéndose á ser gobernado por ella; y
hoy se restregaba las manos con indecible regocijo

bre alto, pálido, sin sombrero, cuya expresión no tenía nada de innoble; su labio inferior temblaba, pero
su mirar era resuelto, y hasta traslucíase en los ojos
cierto orgullo.
- ¿Es un verdadero rebelde?, pregunté á la perso·
na que estaba á mi lado.
- Me parece dudoso, contestó; creo que es un lechero á quien debe algunos cuartos la mujer que le
ha denunciado.
Un momento después todos comienzan á gritar, y
mi vecino más que todos: «¡ Matarle, matarle!» Y las
mujeres son las que más se hacen oír. Un brazo se
levanta en el aire, en el que se ven los galones de
oficial; el desventurado prisionero recibe el primer
golpe en su cabeza desnuda, y después otro y otros
que le descargan con las culatas de las carabinas; el
infeliz cae, se vuelve á levantar, rueda por tierra de
nuevo, pero los golpes menudean siempre sobre el.
Cierto impulso británico me induce á esforzarme para
llegar hasta la víctima, deseoso de salvarla si es posible;
mas no hay medio de penetrar á través de la multitud. Se hace fuego sobre el cadáver, y como si esto
no bastase, descárganse sobre aquel cuerpo inanimado más golpes aún, que resuenan como los que se
dan sobre una masa inerte. No faltó allí, sin embargo, alguna mujer que tenía sentimientos de tal, pues
en vez de gritar «¡matadle!» se desmayó, y apenas recobrado el conocimi~nto, separóse de la multitud,
avergonzada sin duda, para volver á su casa. .De to·
dos modos, la verdad es que la dignidad de hombres
había muerto en la soldadesca de Francia, pues de
no ser así, no habría cometido semejantes actos.
La Comuna se hallaba ya en una situación desesperada, pero era dura para morir, y aún mostraba
sus colmillos ensangrentados. Ya no tenía terreno alguno al Oeste del bulevard Sebastopol desde el río
al Norte de la Puerta de San Dionisio; la plaza Vendome habla sido tomada á las dos de la mañana des·
pués de una lucha tenaz; el último comunista de su
guarnición habla caído, atravesado por las bayonetas,
en la gran barricada de la ca11e Real, y el grueso de
las fuerzas de Versa11es se podía concentrar ahora sin
temor hacia la Magdalena. Sin embargo, los feroces
jefes de la Comuna estaban aún en posesión de la
casa ayuntamiento, contra la cual dirigían un nutrido fuego las baterías de Versalles. No se hubiera podido hacer más bombardeándola. Los comunistas, de
espaldas á la pared, batíanse encarnizadamente, no ya
para salvar la vida, porque ésta les importaba poco
aparentemente, sino para hacer todo el daño posible
antes de morir. Los de Versalles no se atrevieron á
terminar pronto aquella lucha, atacando directamente las barricadas que había alrededor de la casa
ayuntamiento, sin duda porque temían las explosiones; pero minaban y proseguían sus trabajos de zapa,
rompiendo paredes y avanzando p9co á poco; de
modo que· solaménte sería cuestión de algunas horas
atravesar el cordón. Entretanto los comunistas sembraban el fuego y la destrucción sobre París con salvaje furia. Tan pronto caía una lluvia de bombas so-

NúMERO

609

bre los Campos Elíseos como se oía reventar un o~ús
en el batido bulevard Haussmann ó estallar una granada hacia la avenida de la reina Hortensia. Cortado el camino desde la Chapelle y la estación del Norte, los comunistas se aferraban aún á la barricada de
la ca11e de Lafayette, cerca de la plaza de Moutholon: sus defensores tenían abierto el camino de la retirada en dirección á Belleville. Los prusianos, sin
duda, les habían dejado allí por retaguardia, como
los dejaron en la Chapelle; pero Belleville no estaba
bien resguardado ni por delante ni por detrás, y á mí
me pareció que era muy posible que durante algunos
días se prolongase la lucha en aquella escabrosa y
turbulenta región, pero que allí tendría la Comuna
su último punto defensivo. En cuanto á los que se
hallaban en la casa ayuntamiento, podía decirse que
estaban entre la espada y la pared; por fuera el enemigo armado, y dentro el fuego encendido por los
mismos defensores. ¿Consentirían éstos en ~asarse, ó
arriesgarían la vida en la punta de Ia- bayoneta? Esta
fué la pregunta que yo me hice al alejarme de los
soldados que golpeaban los cadáveres en los lechos
de flores del jardín de la Torre de San Jacques, tratando inútilmente de ver algo de la casa ayuntamiento desde el Puente Nuevo. La fachada que da hacia
el muelle estaba oculta por espesas columnas de humo, á través de las cuales veíanse brillaré intervalos
las llamas.
Más hacia el Oeste continuábase la diversión de la
mañana: repetíanse las denuncias á cada momento
y se hacían nuevos prisioneros para sacrificarlos después; de modo que fué un alivio para mí alejarme
del teatro de aquellas indignidades. Entonces me encaminé á la plaza de Vendome, que yo deseaba ver
por haberme dicho que veinticinco comunistas habían defendido aquel punto durante algunas horas.
En la plaza acababan de concentrarse considerables
fuerzas, y varios centinelas vigilaban las ruinas de la
famosa columna. Bajo la gotera que hay frente al ho- .
tel Bristol vi un cadáver ca.si destrozado, y dijéronme
que era el del capitán comunista de la barricada antigua, la cual había defendido hasta lo último disparándose un tiro cuando no pudo resistir más. Los
soldados de Versalles descargaron sus carabinas
sobre aquella masa de arcilla que antes era un hombre. En otro lugar de la plaza vi un segundo cadáver,
el de una mujer, el de una arpía, que se batió en la
barricada de la calle de la Paz con un tesón y una
furia dignos de mejor causa. Podían haberla fusilado
sí, porque cuando una mujer empuña las armas,
pierde inmunidades; pero aunque sólo fuese por respeto á la memoria de sus madres, los soldados cebieron cubrir los miembros desnudos de aquella infeliz con sus harapos para que no se ultrajara la
decencia.
·
La calle Real estaba ardiendo de una extremidad
á otra, sin duda con gran descontento de los aficionados á la buena cerveza inglesa; la cervecería de la
esquina de la ca11e del Arrabal de San H onorato hallábase convertida en montón de ruinas abrasadas; y
desde esta esquina hasta la plaza de la Magdalena
no se veía una sola casa á cada lado de la hermosa
ca11e que no fuese pasto del fuego. Las llamas se habían corrido por la ca11e de San Honorato, y ahora
se abrían camino á lo largo de la calle de Boisy.
Con dificultad se respiraba en aque11a atmósfera de
humo de petróleo; el sol lucía, pero su color estaba
dominado por el de la conflagración, y sus rayos obscurecidos por el humo resplandeciente, de color negro
azulado, que por todas partes se elevaba con rapidez
en los aires, llenando los ojos de agua, introduciéndose en la garganta, envenenando el sentido del olfato y produciendo casi la asfixia. En lá calle del
Arrabal de San Honorato, las goteras estaban llenas
de sangre; había una barricada en cada intersección;
habíanse acribillado á balazos las 'fachadas de las casas, y por todas partes veíanse cadáveres. Al llegar
yo á la puerta que conduce al patio de la embajada
británica, vi apoyada en uno de los pilares una figura
que me produjo profunda imprEsión, y es necesario
explicar por qué me afectó así.
Ni mis colegas ni yo habíamos podido enviar fuera de París el más pequeño pedazo de papel desde
la noche del domingo, y ahora era la tarde del miércoles. Seguramente no habíamos permanecido por
gusto ni por excitación junto al ensangrentado lecho
de muerte de la Comuna, Y. no hacíamos más que
cumplir con nuestro deber. A mí me repugnaba mucho presenciar aquella espantosa lucha momentánea;
pero el espectáculo se me imponía por mi profesión,
y con toda la rapidez posible era preciso transferir
las escenas que se habían grabado en mi retina mental, para que mi diario las publicase, á fin de dará
conocer los acontecimientos cuyo desenlace interesaba á todo el mundo. Esta aspiración debe absorber
siempre al corresponsal de guerra, con exclusión de

NúMERO

609

LA

ILUSTHACIÓN

559

ARTÍSTICA

de hambre y sumamente débil. Sin embargo, monté sin dificultad alguna, y
pude llegar hasta el _Muelle de Passy;
aquí traté de poner m1 caballo al trote;
mas el poble cuadrúpedo tropezó y cayó de lado, cogiéndome la pierna debajo de su cuerpo. _Tan agud? dolor
experimenté, que cre1 haber sufndo una
fractura de hueso, y á esto se agregó
la desconsoladora idea de que no me
sería posible realizar mi propósito. Un
batallón de línea pasaba en aquel momento, y al punto vi á mi alrededor
cinco ó seis soldados; dos de ellos pusieron en pie al caballo y los demás
me levantaron y condujeron á una taberna inmediata, donde un vaso de vino me reanimó. No tenía la pierna fracturada, pero sí una dislccación en el
tobillo. Pagué media docena de botellas de Borgoña á mis amigos militares,
éstos me colocaron en la silla de mi
caballo y continué mi marcha al paso,
congratulándome de haberme librado
también del primer percance.
Después encontré otros peligros y dificultades, que también tuve la suerte
de vencer- mas aún faltaba el obstáculo
que me esperaba en la puerta ~~l oint
du Jour, hacia donde me dmg1a, en
camino para Versalles. Enfrente del
puesto de guardia paseábanse un coronel y u n mayor de lfnea.
- No; es imposible, me dijo el coronel; lo siento mucho, pero nuestras
órdenes son severas, y por lo tanto debe usted solicitar permiso del mariscal
Mac-Mahon,· que tiene sus cuarteles
en la Escuela Militar.
Insté, supliqué, presentando mi paquete de la embajada; pero todo fué
inútil. El coronel se marchó, quedando
allí solamente el Mayor, quien tuvo á
bien aceptar un cigarro. Sobre su pecho veía yo brillar
la medalla inglesa de Crimea, y esto me sirvió de motivo para reanudar de nuevo la conversación. Hablé del
antiguo compañerismo de franceses é ingleses durante
aquellos días de fatigas y de angustias delante de Sebastopol; díjele que aquella medalla que lucía su pecho era un recuerdo de la reina de Inglaterra, y preguntéle si no le parecía muy sensible detener á un
correo portador de importantes comunicaciones para
la soberana. El guerrero veterano miró con prudencia á su .alrededor, y al ver que estábamos solos, sin
pronunciar una sola palabra, seña:lóme silenciosamente con el pulgar sobre su hombro el túnel que
se prolongaba bajo el recinto, en cuya extremidad
veíase el campo libre.
Cuando hube pasado por delante del centinela
que había á la salida, respiré con toda la fuerza de
mis pulmones, y con el mejor ánimo continué mi
marcha hacia Sévus, en cuyo punto dejé mi caballo
para tomar un carruaje que me condµjeseá Versalles.
Allí residía mi antiguo correo, que estaba al servicio
del «Daily News.»
Cuando avanzaba por la ancha avenida entre Viroflay y Versalles, dí alcance á un convoy cuyo aspecto era bastante mísero. En filas de seis en fondo

f

Conducción de prisio~eros comunistas

todas las demás consideraciones, pues para el cumplimiento de este fin vive.
En la noche del martes no pude soportar más
tiempo el bloqueo; y era forzoso que alguien saliese
aunqU(, debiera bajar del recinto por una cuerda. En
su consecuencia acordóse hacer una tentativa en la
mañana del miércoles; de ella se encargó un colega~
cuyo sereno valor se había puesto á prueba varias veces, que tenía un buen caballo, conocía París perfectamente y contaba con muchos amigos oficiales del
ejército de Versalles. Se encargó de una copia de las
cartas que yo había escrito por duplicado en los momentos de reposo que tuve durante la lucha; nos estrechamos 'las manos, deseándonos la mejor suerte, y
en la tarde del miércoles felicitábame, aunque sin la
seguridad de poder hacerlo, de tener ya mi correspondencia en camino, poco más ó menos hacia
Abbeuille, en dirección á Calais.
Esta agradable impresión se desvaneció bruscamente por lo que mis ojos vieron al entrar en el patio de la embajada. Mi desgraciado colega estaba
apoyado contra uno de los pilares, muy indispuesto
al parecer, pues tenía el rostro lívido y las facciones
desencajadas. Había tratado de salir para desempeñar su comisión, y no dudo que hizo atrevida y enérgicamente cuanto era posible; pero su tentativa fracasó. Habíanle maltratado, disparando algunos tiros
que por fortuna no le hirieron; además de esto se le
d enunció como espía prusiano, y casi fué un milagro
que escapara de la muerte. ¡Pobre compañero! Tenía
la ropa manchada de la sangre de otros á quienes
también se denunció y que no pudieron escapar. Renunciando á su propósito, creyó más prudente retirarse, y se refugió en el patio de la embajada, calculando que aquí era donde más fácilmente me vería,
para darme cuenta del mal éxito de su comisión.
Como consecuencia de este fracaso, correspondíame á mí, por supuesto, hacer la tentativa. Reflexioné
algunos momentos, y después me dirigí á la cancillería de la embajada, donde encontré al Sr. Malet,
ahora embajador británico en Berlín. Malet, que
era entonces segundo secretario, había permanecido
en París para representar á la Gran Bretaña, cuando Lord Lyons, con el resto del personal de la embajada, emigró á Versalles al comenzar los disturbios
de la Comuna. Podía decirse que Malet había eitado
entre las ruinas, porque los destrows de la gran casa
eran considerables. E l salón de baile, en parte hundido, era un caos; en todas las habitaciones habíase
aumentado la ventilación por los agujeros que practicaron las bombas, y en las paredes del jardín veíanse grandes boquetes por los cuales hablan pasado los
de Versalles en su progreso estratégico para sorpren-

der las barricadas por retaguardia. Yo había conocido
á Malet en los primeros días de la reciente guerra,
cuando salió de París en dirección á Meaux con varias
comunicaciones para Bismarck. Esta vez le encontré en su despacho; díjele que mi intención era tratar
de salir, y le pregunté si deseaba que llevase algo
suyo á Versa11es.
- Amigo mío, contestó, es inútil que pruebe usted, pues ya he enviado dos mensajeros esta mañana,
y ambos han regresado después de haberse he_cho
fuego contra ellos. Será preciso esperar un día ó dos
hasta que las cosas se arreglen.
- Yo marcharé hoy mismo é inmediatamente, repuse. Usted puede ayudarme, y al · mismo tiempo
utilizar mi salida para su servicio. Ponga usted los
partes bajo un sobre oficial, dirigido «A. S. M. la
reina de Inglaterra» y confiémelo á mí. De todos
modos, no resultará de esto ningún perjuicio.
Después de elegir las comunicaciones de mayor
importancia, Malet las puso en un gran sobre, y sin
perder tiempo dirigíme á la cuadra donde mi caballo debía estar aún. E l centinela comunista se había
relevado á sí propio de aquel servicio, y de consiguiente no había obstáculo; pero el pobre animal, privado de alimento tantas horas, estaba medio muerto

Fusilamiento de rehenes por los comunistas en la calle de Haxo (26 de mayo de 1871)

�EN EL TEMP LO DE BA..00, cuadro de Jua n M uzzioli

UN DESAFÍO EN ALBANIA, cuadro de Pablo Iwanowitch (Expo; ición internacional de Bellas Artes de Berlín, 1893)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un destacamento conducía más de dos mil prisioneros comunistas. Pacientemente, y con cierto aire de
orgullo, avanzaban atados brazo con brazo; entre
ellos iban muchas mujeres, algunas de ellas de aspecto feroz, pues eran las que se habían batido en
las barricadas; pero otras mostrábanse tímidas, y supuse que iban allí tan sólo para acompañar á sus padres 6 parientes. Todos llevaban la cabeza descubierta, é iban cubiertos de polvo; los rayos de sol ardiente
sofocaban á los prisioneros, y no era esto lo único
que les ofendía, sino también los sablazos de plano
que á veces descargaban los cazadores de Africa que
constituían la escolta de aquellos infelices.
La experiencia propia, no obstante, debía enseñar
á los soldados á ser más humanos con sus prisioneros, recordando que ellos también lo habían sido y
que no se les maltrató durante la penosa marcha
desde Sedán hasta el punto de su cautividad en Alemania. Ahora no eran ya prisioneros; acababan de
obtener un triunfo, y en el orgullo de la victoria debían mostrarse más misericordiosos con aquellos miserables comunistas. Si uno ·de éstos caía rendido
de cansancio ó por otra causa, poníase término á
sus padecimientos en el acto, y he aquí por qué mi
caballo había estado á punto de tropezar varias veces
con los cadáveres tendidos en medio del camino en
todo el trayecto desde Sévus.
A la cabeza de la sombría columna iban hescientos
ó cuatrocientos hombres atados con cuerdas, todos
ennegrecidos por la pólvora, y entre ellos vi muchos
con pantalón encarnado, sin duda desertores. Me
pregunté por qué estarían allí, pues tanto les hubiera
valido morir batiéndose en las barricadas en vez de
sobrevivir para servir de blanco dentro de un día ó
dos, de espaldas á una pared, á las balas que debían
poner fin á su vida.
Entregar las comunicaciones de Malet al primer
secretario de la embajada (M. Sackville West) y tomar después un bocado, fué cosa que no me detuvo
en Versalles más de media hora, y después ya corría
en un vehículo por la vía de circunvalación, á través
de Ruel y Malmaison y el puente de barcas más arriba de Argenteuil, en direccíón á San Dionisio y la
vía férrea.
Cuando avanzaba por la verde orilla del plácido
Sena, ofreéióseme á mi vi5ta un espectáculo que jamás se borrará de mi memoria. Sobre las blancas casas el sol reflejaba aún sus rayos, y no los retenía á
pesar de los actos que iluminaban; pero á través de
su brilante luz surgían y parecían luchar entre sí negruzcas ondas, columnas y repliegues de espeso humo, y de pronto resonó un espantoso crujido y obscurecióse el aire. No se debía esto al estrépito del
fuego de la artillería; era sin duda resultado de alguna
horrible explosión que sin duda acababa de conmover á París hasta en sus cimientos. Después se elevó
por los aires una inmensa columna de blanco humo,
con un resplandor rojizo, tal como el que los hombres describen cuando el Vesnbio está en erupción;
luego se formaron ligeras ondas que se desvanecían
en el horizonte, así como la onda producida por la
piedra arrojada en un estanque se extiende hasta
morir en la orilla del agua.
La multitud de alemanes que estaban sentados
junto al Sena observando atentamente, experimentaron una fuerte excitación, que bien hubiera podido
comunicarse á todo el mundo. La hermosa capital,
ahora la horrible París, batida por todas partes, ardiendo, inundada de sangre; tal era el espectáculo
que se ofrecía á la vista de todos. ¡Y esto en el presente siglo!.. ¡ah, hace poco más de veinte años,
cuando Europa se jacta de su civilización y Francia hace alarde de su cultura, mientras que sus hijos
se destrozan entre sí y París arde como una hoguera
cuyas llamas se elevan hasta el cielo! No faltaba más
que un Nerón para completar el cuadro.
Viajando con toda la rapidez posible y escribiendo mucho durante todo el camino, así en el tren
como en el vapor, llegué por fin á Londres el jueves, 25 de marzo, y el sábado, 27, hallábame otra
vez en París. Todo había terminado ya virtualmente;
los prisioneros que los comunistas tenían en la Roquette habían sido fusilados, y la casa ayuntamiento
habíase derrumbado el mismo día que yo me marché. Los rebeldes estaban ya dando las bocanadas en
el Chateau-d'Eau, en los cerros de Cheaumont y en
Pere-Lachaisse; y en la tarde del 28, al cabo de una
semana de lucha, el mariscal Mac-Mahon había
anunciado que era «completamente dueño de París. »
Al otro día visité el cementerio de Pere-Lachaisse,
donde se habían disparado los últimos tiros. Los fuegos del vivac se alimentaban con los recuerdos de
piadosas tristezas, pero en el cementerio mismo no
había habido gran lucha; la prueba infalible de ésta
son las señales de numerosos balazos, y en Pere-Lachaisse se veían pocas; pero en cambio habían caído

muchas bombas, y los destrozos que causaron eran
por demás sensibles. Sin embargo, lo que me produjo más dolorosa impresión en Pere-Lachaisse hallábase en el ángulo Sudeste, donde había existido una
cavidad natural junto á la pared divisoria: aquel hueco estaba ahora lleno de cadáveres; allí yacían unos
sobre otros, cubiertos de una capa de cloruro de cal:
doscientos por lo menos estaban visibles; y los que
se hallaban debajo, del todo ocultos por las capas de
tierra: entre aquellos cadáveres distinguíanse los de
muchas mujeres. En un sitio de aquel horrible montón iluminado por la luz del sol vi un brazo muy redondeado, cuya mano tenía una sortija en el dedo
anular; un poco más allá, un busto que había perdido su forma, y alrededor rostros lívidos cuyo solo
aspecto hacía estremecer, facciones que habían perdido su forma humana, en las que podía adivinarse
aún la expresión ºde la ferocidad y la angustia de la
agonía. Apenas podría dar idea del horrible efecto
que me produjo aquel polvo blanco cubriendo los
ojos de los cadáveres, los dientes oprimidos y las
barbas enmarañadas. ¿Cómo murieron aquellos hombres y mujeres? ¿Se les condujo en un carro para dejarlos allí formando espantoso montón en aquel agujero de muerte del Pere-Lachaisse? No; la cavidad
se había llenado con los cadáveres recogidos allí cerca, y. no era difícil adivinar la causa. Se colocó á los
prisioneros junto á una pared próxima, Y. allí fueron
fusilados, sin que pudiera escapar ni uno solo.
¡Volvamos la espalda á esa horrible escena de sangre, rogando al Todopoderoso que no permita otra
vez que el mundo civilizado pueda presenciar el cúmulo de horrores de que fué testigo París en aquellos hermosos días del verano de 1871!

NúMERO

609

NúMERO

1890; esta obra, &lt;le la cual sólo se darán ocho representaciones,
trata de la vida de San Vito,
- Han comenzado en Munich las representaciones wagneria·
nas con la ópera Tamihauser, para la cual se ha construido nuevo decorado, atrezzo y demás accesorios.
- Durante el próximo otoño se estrenará en el teatro Vl~tor
Manuel, de Turln, una nueva ópera del maestro Tarrasa, tltu·
lada Manilha.

609

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTINUACIÓN)

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Dr. Sáenz Díez, sabio químico español, catedrático de la facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, individuo de
la Real Academia de Medicina.
Juan Martfn Charcot, una de las mayores glorias de la me·
dicina contemporánea. Próximamente publicaremos su retrato
y biografía.
Alfredo Catalani, célebre músico italiano, autor de multi·
tud de piezas para orquesta y cuarteto, de varias obras sinfóni•
cas y de algunas óperas, entre ellas Loreley, Dejanice, Edmea
1 Wally, que estrenada con gran aplauso en la Scala de Milán,
se representó con mucho éxito en los principales teatros de Ita·
lia y Viena: era profesor de alta composición en el Conservato·
rio milanés.
Sir Eduardo Hamley, general inglés que tomó parte en la
campaña del Este de 1854 y 1855, asistió á la torna de_ S_e~as·
topo! y durante la guerra egipcia mandó la segunda d1V1s1ón:
era notable escritor y deja escritas, además de varias obras de
técnica militar, dos novelas y varios estudios crlticos.
Pablo Ivanowitch Kasanski, más conocido con el nombre de
Amfilochi, uno de los más ancianos y sabios jerarcas de la iglesia griega ortodoxa, célebre en el mundo cientlfico por sus tra·
bajos é investigaciones arqueológicos.
Osear J ustino, notable escritor y poeta dramático _alemán.
A. A. Looijen, célebre numismatico holandés, director del
Gabinete Numismático de El Haya.
.
Guillermo Bosch, distinguido escultor alemán.
Augusto Glaize, famoso pintor francés, uno de los últimos
sobrevivientes de la escuela romántica, cultivador de todos los
géneros, el religioso, el histórico, el filosófico, el milol6gico y
el legendario: habla obtenido numerosas medallas en los Salo·
nes y en el de 1855 Je fué otorgada la de primera clase, siendo
además nombrado caballero de la Legión de Honor.

ARCHIBALDO FoRBES

Pero empezaban ya á llegar otros menos lisos, rayados en sentido longitudinal y como hinchados á trechos por enormes burbujas ó descalabrados por profundísimas hendiduras, tersas y brillantes como las
del cristal roto. Detrás de éstos aparecían otros mucho mayores, más altos y deformes, que desde lejos
presentijban extraño aspecto. Algunos recordaban la

de proceder al desembarco, Lacrosse hizo un sondeo
que acusó veinticinco brazas de profundidad de hielo, cimentado sobre un lecho de sienito y de rocas
esquistosas. Se veía claro que la costa se elevaba en
suave pendiente hasta el nivel de la tierra firme.
Al propio tiempo que los viajeros, se desembarcaron grandes piezas de madera, numeradas, que de-

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~¡;
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il;Ffj/
'Bellas Artes. - En Stuttgart se ha anunciado un concurso entre un reducido número de artistas para el monumento
que ha de erigirse al emperador Guillermo: las condiciones son
que en el monumento debe haber una estatua ecuestre en bronce_ de tamaño natural del difunto monarca, yque el coste de la
misma y de todos los demás trabajos secundarios no ha de exceder de 187. 500 pesetas. Lo particular del caso es que antes
que éste hablase celebrado otro con el mismo objeto y otorgádose el premio al escultor Maximiliano Klein.
. - En virtud de disposición testamentaria del presidente del
tnbunal de apelación de Dresde, Nossky, ha adquiridO' la Galería de Pinturas de aquella ciudad una colección de 40 cuadros.
- En el Palacio de la Industria de Parls va á abrirse dentro
de poco una Exposición que resultará de extraordinario interés
para cuantos se preocupan de las aplicaciones del arte á los
productos industriales. Se trata de presentar un conjunto lo
más completo posible del arte árabe, á cuyo fin ha procurado
reunirse, procedente de museos y de colecciones particulares
cuanto pueda dar idea de las mil bellezas que en arquitectura'.
en tejidos, en cerámica, en metalistería, en vidrierfa, en mosaico~ y en otras industrias exornadas por el arte y la fantasla pro·
duJeron y todavla producen los árabes. Obedece el móvil de
esa nueva Exposición al propósito de fomentar la industria artfstica, especialmente en Alger, centro á propósito para la crea·
ción ó reproducción de tipos del estilo árabe, y es consecuencia
de seguro del gran favor que entre el púlilico culto gozan los
productos artfaticos de Oriente, como lo prueba la reciente
creación de Museos de arte árabe en París y en Alger. Plausible iniciativa la de reanudar las tradiciones artlsticas, preferi·
bles siempre, en defecto de tipos nuevos, sólidos, razonados y
bellos, á la chabacanería industrial que en nuestros dlas predomina. ¿Cuándo intentaremos nosotros algo parecido?
Barcelona. -Salón Parés. - Una media figura de Ribera, felicísima de entonación y de luz, fresca de color y correctamente dibujada, como todo lo suyo, brilla en el sitio de preferencia, junto á un gran friso, con tendencias á lo decorativo, de
Ricardo Marti; bien hallada agrupación de flores que campean
sobre el fondo de un jardín. Especialista en esos temas pictÓ•
ricos, no hay que decir que el conjunto agrada, resulta brillante para el público y demuestra á los ojos del entendido la diestra habilidad del técnico que lucha con seguridad con las insuperables dificultades de un natural inimitable.
SaMn de «La Vanguardia. 'I&gt; - Estuvo expuesto últimamente
en este local un proyecto de iglesia para el vecino pueblo de
Vallvídrera, obra del maestro de obras Sr. Soler y Catarineu y
concebida y trazada con verdadera conciencia y conocimiento
del estilo románico. La planta, las secciones y las fachadas dan
á conocer en su conjunto y en sus detalles los conocimientos
de su autor como constructor y como artista, en esa feliz adaptación del primitivo estilo religioso entre nosotros á una fábri·
ca moderna.
Variada colección de grabados policromos, pertenecientes al
inteligente director de El Suplemento, de esta capital, fueron
también expuestos esos últimos días, curiosa é interesante muestra del cromo por medio del grabado en hueco, que tan en bo·
ga estuvo á principios de este siglo y á últimos del anterior, y
algunos de cuyos ejemplares alcanzan precios excepcionales en
el comercio de las estampas.
Teatros. - En el teatro Lessing, de Berlin, se ha estrena•
,Jo con gran aplauso un nuevo drama en cuatro actos de Max
Nordau, El derecho de amar, en el que se trata del matrimonio
moderno bajo un criterio moral á la antigua.
- En Oberammergau han comenzado las representaciones
del drama de Molitor La rosa de Sicilia, bajo la dirección del
burgomaestre Lang, que fué quien dirigió las de la Pasión en

..

Retrato d el conde de Arundel, pintado por
Van Dyck. -No hemos de repetir aqui lo que en otras ocasione,; hemos dicho de este célebre pintor flamenco del siglo
XVII y de sus magnificas obras, joyas de inestimable valor que
embellecen los principales museos y colecciones particulares.
El conde de Arundel, cuyo retrato pintado por Van Dyck re·
producimos, fué quien invitó al famoso artista, que se encon·
traba en Amberes, á pasar á Inglaterra, y lo recomendó tan eficazmente al rey Carlos l, que desde su llegada le distinguió con
su favor, le nombró su primer pintor y caballero, le señaló una
pensión de 200 libras esterlinas anuales, y además de darle dos
magnificas residencias para verano é invierno, quiso hacer cons·
tru1r para él un palacio en Londres.
En el templo de Baco, cuadro de Juan Muzziol1. - La escena tan grandiosamente pintada por Muzzioli re·
presenta una fiesta en el templo de Baco, y á juzgar por el es·
caso número de los que en ella toman parte, el culto á Dioni·
sos y el paganismo en general debían hallarse en sus postrimerías. Alzase en el fondo la estatua del hijo de J úpiter y Semell,
de la cual sólo se ve una parte, y delante de ella el ara destina·
da á los sacrificios; al compás de desenfrenada música bailan
las bacantes la danza dionisiaca, y al pie del altar, vencido por
las libaciones, casi yace amodorrado uno de los devotos, á
quien una de aquéllas trata en vano de reanimar. Esta obra del
renombrado pintor italiano, cuya tirma es bien conocida de los
lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA, figuró en la Expo·
sición universal de Paris de 1889 y mereció entusiastas alaban·
zas del público y de la crítica.
Un desafío en Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch. - El autor de esta obra nos ofrece un episodio de
la vida popular iliria, pintado con tan vigoroso sentimiento de
la realidad, que sólo contemplando la agrupación y las actitu·
des de cuantos personajes en él toman parte se explica el significado de la escena reproducida. Se trata. de dos guerreros
que se odian á muerte, y queriendo de una vez acabar sus anti·
guas rivalidades se han dado cita en lugar apartado de la po·
blación, y allí, rodea!los de sus respectivos partidarios, aperclbense á la lucha. Puestos frente á frente y empuñando sendos
sables esperan la señal para comenzar el combate, que será sin
cuartel y no terminará sino con la muerte de uno de los adversarios. El cuadro de I vanowitch, además del interés dramá- ·
tico que despierta, atrae por lo pintoresco de los trajes, de las
armas, de los dijes que constituyen el traje nacional albanés.
Buenos camaradas, cuadro de Golleron- iExtraños contrastes los que la guerra ofrece! En ella el hombre
llega á convertirse en fiera que obra impulsada por el espfritu
de la destrucción, y es al propio tiempo ángel que realiza actos
de sublime caridad; el instinto de conservación le hace cruel y
egolsta, y sin embargo, á veces ante la contemplación del mal
ajeno olvida el suyo y expone su vida por salvar la del compa·
ñero de armas á quien momentos antes quizá no conocfa, Golleron ha pintado uno de esos actos de abnegación que se han
repetido hasta lo infinito en la historia de la humanidad, y las
dos figuras de su dibujo sintetizan admirablemente esas manifestaciones de amor al prójimo que tan frecuentes son en una
guerra: ambos soldados están heridos, y en el fragor de la pelea
cualquiera de ellos no habrfa probablemente vacilado en hacer
del cuerpo del otro parapeto para resguardar rl suyo; pero terminada la batalla, aunque no pasarlo el peligro de persecución,
el que menos ha sufrido no vacila en c~rgar con el camarada,
aun á riesgo de que, dificultada así su fuga, resulte su salvacinn
imposible. El precioso dibujo que publicamos es reproducción
hecha por el mismo autor de un cuadro que estuvo expuesto en
el Salón de los Campos-Elíseos de París del presente año y que
mereció entusiastas y unánimes elogios.

•

Pero ya Huberto, Isabel y Guerbraz escalaban las colinas más bajas

forma de una vela dibujada apenas en el horizonte,
y aquella flotilla de hielo iba engrosándose á medida que se acercaban los viajeros á la Tierra de Francisco José, descubierta por Payer en el curso de su
viaje á bordo del Germanía y del H ansa.
En fin, el 30 de junio la Estrella Polar atravesaba
el canal del fiord y echaba el ancla bajo ese mismo
76° paralelo en que se había tocado ya en Spitzberg.
Había llegado el momento de poner en ejecución la
segunda parte del plan del Sr. de Keralio. Consistía en
dejar en tierra la mayor parte que fuese posible de
la gente, para permitir á la Estrella Polar bajar
aprisa hacia el Sud y embarcar gran número de perros y esquimales, que en breve serían necesarios
para el arrastre.
Verdad es que este plan había sufrido tales modificaciones, que casi no parecía el mismo. Se había
perdido un tiempo precioso en tentativas infructuosas hacia el Este, y en lugar de haber remontado hasta la Tierra de Francisco José se estaba ahora en la
costa oriental de la Groenlandia, debajo del monte
Pettermann. De allí en adelante los expedicionarios
se prometían seguir una ruta oblicua desde el 24°
al SSº paralelo de longitud occidental, á fin de cruzar, si era posible, el camino de Lockvood en 1882,
por el 82°, 44 latitud Norte. Era un proyecto grandioso y erizado de dificultades; pero, como decía el
Sr. de Keralio, ¿cuál es el obstáculo capaz de detener
á un francés?
Quedaban cuarenta y seis días al comandante Lacrosse para ganar el Sud de la Groenlandia, doblar,
si era preciso, el cabo Farewell y traer al fiord de
Francisco José los perros necesarios para las expediciones en trineo.
Afortunadamente, aquel era el momento del año
en que reinaba mayor calor en aquellas latitudes
desoladas. La Estrella Polar no había padecido ninguna avería durante sus tres meses de navegación, y
tenía provisiones suficientes de combustible para
que, hasta después de su vuelta, pudiese emprender
una nueva campaña de navegación si el mar· no se
cerraba ante su atrevida marcha.
Gracias á las medidas tomadas con anterioridad y
perfectamente calculadas, el desembarco se verificó en
sólo veinticuatro horas. La franja de hielo tenía únicamente unas seis millas ,de espesor; pero tenía tal solidez que no había qué temer del deshielo ni de los choques de los témpanos. Aquella aglomeración de hielos se halla fijada en aquellos parajes desde muchos
siglos, y parece tener su asiento encima de las rocas,
sobre las
cuales se eleva dos ó tres metros sobre el ni•
1
ve! de las aguas libres. Para mayor seguridad, antes

bían servir para construir una barraca que abrigase
á los viajeros. Como ya muchas veces se habían ensayado en montar y desmontar las piezas, se ganó
también mucho tiempo y fué obra de un momento
la construcción de la casa. La suavidad excepcional
de la temperatura, que marcaba de mediodía á las
tres de la tarde 9 grados centígrados y 5 entre media noche y las tres de la mañana, hizo más fáciles
los trabajos. En pocas horas, el Fuerte-Esperanza así se le había llamado antes de montarlo - estuvo
listo para recibir las doce personas que quedaban en
tierra, á saber: el Sr. de Keralio, su hija Isabel, su
sobrino Huberto d' Ermont, la nodriza Tina Le
Floc'h, el doctor Servan, el naturalista Schnecker y
los seis marineros bretones Guerbraz, H elouin, Kermaidic, Cariou, Le Maout y Riez.
A esas doce personas confió el resto de la tripulación el cuidado de añadir á la casa las dos alas que
serían necesarias para servir de habitación á los treinta y tres marineros y oficiales que quedaban á bordo
del navío y que debían volver allí, desde el cabo
Farewel, para pasar todos juntos los largos meses de
la invernada.
El terranova Salvator siguió á tierra á Isabel y su
nodriza, pues no sabía vivir lejos dt su joven y valiente ama.
En 1. 0 de julio por la mañana, el comandante Lacrosse, después de un banquete dado á bordo de la
Estrella Polar y de haber estrechado la mano de todos cuantos ponían por primera vez el pie sobre la
Tierra Verde del Norte, dió la señal de marcha, prometiendo estar de vuelta á fin de agosto.
H ubo un momento de indecible tristeza cuando el
steamer se conmovió bajo la primera impulsión de su
hélice. Por muy grande que fuera el ardor de aquellos
exploradores intrépidos, no pudieron por menos de
sentir aquella primera separación, así los que quedaban en tierra y que iban á experimentar por primera vez los rigores del clima polar, como aquellos
que volvían hacia el Sud para comunicarse nuevamente con sus semejantes y á pisar tierras menos inhospitalarias.
Pero como se tenía la seguridad de la próxima
vuelta de los expedicionarios, presto se rehicieron los
que quedaban de la mala impresión que la partida de
los otros les produjo, y se dedicaron á emplear lo mejor posible el tiempo que les quedaba antes de la llegada del invierno.
Su primer trabajo fué el arreglo de la casa.
Esto constituía una verdadera obra de mecánica
industrial y de higiene. En su actual estado y sin contar fas dos alas que después debían flanquearla, tenía

un diámetro de doce metros que formaba la cuerda
del semicírculo que lo constituía. El diámetro de sus
alas debía tener tres metros más de cada lado de ese
semicírculo. El conjunto del edificio representaba,
pues, un círculo cuya segunda mitad sobresalía más
que la primera, en tanto que el patio interior tenía
un área de 6m,50, cubierta por un toldo.
Las divisiones de este extraño edificio, parecido á
los panoramas de las ciudades, constituían una serie
de salas, ó por mejor d~cir de compartimientos, habitados por muchos huéspedes á la vez. Una de estas
salas, la mejor amueblada, se reservó á I sabel y su nodriza. Además de los dos comedores distintos - uno
para los marineros y otro para los oficiales - la casa
encerraba una cocina común, tres cuartos de baño, un
laboratorio de física y química, un espacio para las observaciones meteorológicas, una farmacia, una enfermería, diet cuartos de servicio común en junto y ocho
habitaciones además.
Esta distribución se había hecho siguiendo los pla·
nos del Sr. de Keralio, que había tenido muy en cuenta las observaciones del ·doctor Servan.
Con muy legítimo orgullo hizo, pues, los honores
de aquella casa á sus compañeros, que eran así sus
huéspedes, y les dió extensas explicaciones de aquel
edificio.
- Recordad que esta casa se compone de piezas
numeradas y que por lo mismo es fácil de montar y
transportar como ahora hemos hecho. Tenemos una
doble pared de madera y en su parte interior, la que
da á nuestras habitaciones, se halla recubierta de una
lona alquitranada que disimula los tubos de aire caliente que han de servir para mantener aquí una atmósfera templada. Las dos paredes se hallan separadas por un espacio de 25 centímetros é interior y exteriormente están recubiertas de planchas de papel
superpuestas. Para mayor abrigo vamos á tapizar las
paredes de lana.
Y no olvidaba ningún detalle, y mostraba á sus
maravillados- compañeros las columnas de cobre y
acero que sostenían la armadura, la ingeniosa disposición de puertas y ventanas, los techos con lucernas
que daban paso á la luz suprimiendo así las corrientes de aire inevitables que engendran las puertas y
ventanas, y por último, el piso de fieltro, sostenido
por traviesas de hierro recubiertas de madera.
Una galería circular ponía en comunicación las diversas habitaciones y permitía pas'ar de una á otra sjn
necesidad de utilizar las puertas interiores.
En tanto que se visitaba aquel edificio levantado
y amueblado en menos de cuarenta y ocho horas, el
químico Schnecker, que lo observaba todo con la más
minuciosa atención, exclamó de repente:
- ¡Ah, caballero! He aquí una cosa que no me parece tan adecuada como las demás!
- ¿Qué?, interrogó el Sr. de Keralio.
- ¡Vuestras chimeneas, pardiez! Además de que su
construcción no permitirá dar un calor suficiente,
¿queréis decirme de dónde pensáis sacar el gas para
alimentarlas?
Antes que el padre de Isabel hubiese podido contestar, lo hizo d'Ermont:
- Caballero, dijo riendo, os haré observar que si
quisiéramos obtener gas, en el sentido vulgar de la
palabra, es decir, bicarburo de hidrógeno, la cosa no
nos sería quizá imposible, pues no deben faltar yacimientos carboníferos en los alrededores. Nares y
Greely los encontraron casi á flor de tierra en Port-Discovery en las costas de la Tierra de Grinnell. Pero á
eso podríais contestarme que más sencillo sería quemar el carbón mismo, y tanta razón tendríais cuanto
qué, según podéis ver, esas chimeneas han sido construídas para diversos fines.
·
En tanto que decía estas últimas palabras, Huberto tiró de una argolla que hizo volcar el hogar. La
placa de cobre que ocupaba el fondo desapareció y
quedó en su lugar un hornillo para cok ó carbón vegetal.
Schnecker abrió desmesuradamente los ojos.
- He aquí una buena chimenea, Sr. d'Ermont.
Pero permitidme, sin embargo, haceros observar que
no entiendo por qué se ha hecho la especial para gas,
puesto que no debemos emplearlo.
- Nada de eso he dicho, contestó sonriendo el teniente de navío.
· - Entonces... tampoco comprendo. ¿Dónde están

�LA

Y como Isabel era la más confiada y generosa de
nuestros tl\bos y gasómetros, los condensadores y
alambiques? ¿Dónde hallaréis el calor necesario para las criaturas, no se entretuvo en profundizar más aquel
incidente, como tampoco se acordaba ya del primero.
destilar el carburo?
Bien pronto se tocaron los resultados prácticos de
- ¡Bah, contestó el joven, ya lo encontraremos! Y
dejad que á mi vez me admire, Sr. Schnecker, que un aquella casa construída científicamente por el señor

~ ~ - - - - - - - - -- - - - -- - - -,-------- - -- - - -- -

El toro hizo frente al marino y arremetió contra él

químico como vos exija el empleo de métodos tan
embarazosos conio inútiles para viajeros como nosotros.
- ¡Cómo inútiles!, exclamó el alsaciano. ¿Vais á
hacerme creer que pueden obtenerse las calorías necesarias sin recurrir á los procedimientos de la industria moderna?
D'Ermont se echó á reir, y poniendo la mano sobre
el hombro de su interlocutor le dijo:
- No pretendo que lo creáis sin enseñároslo. Hay
gases y gases, y me bastará poseer un agente calórico
diez, veinte, cien veces superior á los de la industria
moderna, para realizar ese milagro que negáis, señor
Schnecker.
El químico meneó la cabeza.
- No lo niego, Sr. d'Ermont; lo dudo, que es otra
cosa.
_Al mism? tiempo se frunció su frente y echó una
mirada oblicua y penetrante sobre el teniente de
navío
Isabel de Keralio sorprendió esa mirada, pero no
demostró la impresión que le producía, reservándose
el derecho de observar más atentamente á aquel hombre que iba á participar de la vida común. Sin embargo, recordó que días atrás, á bordo de la Estrella
Polar, su novio había demostrado repugnancia hacia
el Sr. Schnecker y comuni cado en cierto modo á Salvat,or. la animadversión que experimentaba hacia el
qu1m1co.
- Rivalidad de sabios, se dijo; todo se reduce á eso.

N úMERO 609

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de Keralio y el doctor Servan. A pesar de la gran elevación de la latitud, aquel dltimo período del verano
polar fué notablemente caluroso. La temperatura se
elevó á 16 grados y llegó á parecer insoportable á los
viajeros.
Aquellas jornadas de inacción se consagraron por
entero á la caza y pesca. Isabel tomó parte en uno y
otro ejercio, que eran la única distracción posible,
además de que otros motivos aconsejaban á los navegantes hacer nuevas provisiones. No se podía prever la duración de su estancia en aquellas tierras
desoladas y era prudente asegurarse víveres frescos
para el invierno.
La caza fué abundante, sobre todo la caza de pluma. Guerbraz, que era el mejor tirador, mató en una
sola mañana dos docenas de palos-eiders. Se mataron
también por centenares ó se aprisionaron entre las
telas ptarmigans ó perdices polares, lummes y dovekies, especie de palomos ó más bien gaviotas de carne crasa, pero suculenta.
Por la mañana del quinto día de la instalación del
Fuerte-Esperanza, Guerbraz llegó corriendo y contestó con palabras entrecortadas á las pregu ntas de Huberto d'Ermont:
- ¡Bueyes, á dos millas hacia el Norte!
Isabel, que lo había oído, exclamó:
- ¡Bueyés, bueyes almizcleros! ¡Yo también os
sigo!
Desde algunos días á aquella parte, la joven se había puesto un vestido á propósito para aquellos ejer-

cicios violentos. Se sentaba de un modo maravilloso
y no se podía pedir mayor elegancia y gracia á una
mujer bajo aquel traje casi masculino.
Llevaba un pantalón de lana recia, sobre el cual
campeaban unas polainas de cuero que le subían
hasta las rod illas. Unas sayas cortas parecidas á las
que llevan las cantineras, una blusa bastante larga y
una gorrilla de piel de marta cebellina, provista de pasamo~tes, completaban su traje. Llevaba, además, una
carabma que era una obra maestra de precisión y de
moldeado artístico, y colgaban de su hombro izquierdo el zurrón y la cartuchera.
Equipada de este modo, Isabel siguió los pasos de
Huberto y de Guerbraz.
Cuando salían de la casa se cruzaron con el químico Schnecker.
- ¿Dónde vais, corriendo de este modo?, preguntó
el alsaciano.
D'Ermont contestó con laconismo:
- ¡Bueyes! ¡Si queréis venir, apresuraos!
. El sabio no se hizo repetir el aviso, y se lanzó hacia la casa para tomar su fusil.
Pero ya Huberto, I sabel y Guerbraz escalaban las
colinas más bajas, procurando ocultar su presencia detrás ~e las rocas desprendidas de la cumbre, y se
aproximaban tan aprisa como podían al rebaño de
los bueyes almizcleros. No era de los más numerosos
pues se componía solamente de un toro, dos vacas ;
dos becerros. Las cinco bestias pacían sin desconfianza la escasa hierba que crecía en la costa sin prever
la agresión que se preparaba contra ellas.'
De repente los dos cazadores y su compañera llegaron á tiro de fusil, y tres detonaciones estallaron á
un tiempo. Cayeron una de las vacas y un becerro·
el macho, herido también, se levantó, sin embargo, ;
escapó con los otros fugitivos, dejando tras de él un
reguero de sangre.
Esto es precisamente lo que no quería el marinero
Guerbraz que le había herido. Sin cuidarse del peligro
que, c?rría, el bretón se lanzó detrás del animal y llegó a tiempo de cortarle la retirada.
Entonces la escena cambió bruscamente y se hizo
por todo extremo dramática.
Gue rbraz, pescador de Islandia y de Terranova,
acostumbrado de antiguo á navegar por los mares
del polo, estaba dotado de un vigor prodigioso. Había ya descolgado de su cinto un hacha de corto
mango con la cual se proponía herir al animal en la
nuca, más abajo del formidable collar que le forman
sus gruesos cuernos, cuando el toro, renunciando á
la fuga, hizo frente al marino y arrremetió contra él.
Guerbraz, llevado de su propio impulso y arrastrado además p or la pendiente del terreno, no tuvo
tiempo de apercibirse á la defensa. La bestia furiosa
le encontró en la bajada; pero por suerte el almizclero no cogió de lleno á su adversario, sino que, tocándole de refilón, le hizo rodar sobre el terreno pedregoso.
·
Pero el toro, .después de haber corrido unos treinta metros, se había detenido, y revolviéndose iba á
pisotear ó á herir con sus formidables cuernos á
Gu~rbraz, que, aturdido por la caída, no podía prevemrse.
De repente estalló una nueva detonación, y el ovibus, .herido de muerte, cayó rodando á los pies del
marmero mudo de sorpresa.
Isabel llegaba corriendo, e mpuñando todavía el
arma humeante. Guerbraz cogió su mano y se la besó
con respeto.
- Me habéis salvado la vida, señorita, dijo, ¡H asta
que pueda desquitarme! ¡En vida y en muerte!
I sabel de Keralio, sofocada por la carrera, no podía
hablar, cuando ocurrió otro incidente.
. Sonó un quinto disparo, y Huberto d'Ermont, que
iba á reunirse con sus compañeros, sintió el viento
de una bala que pasó rozando casi su rostro. Volviéndose con el entrecejo fruncido, advirtió que á unos
sesenta pasos más atrás estaba el químico Schnecker,
que era .el que acababa d e hacer fuego.
- ¡Sois un torpe, Sr. Schnecker!, gritó con voz en
)a c~al vibraban una sorda cólera y una punzante
1roma.

III
LA ANTECÁMARA DEL POLO

L os tres principales testigos de este drama guardar?n el más absoluto silencio sobre este último episod10
. de una caza tan agitada·' pero I sabel vivamente 1mpresi_onada, pudo ver cómo su primo y Guerbraz cambiaron una mirada de inteligencia.
Los dos hombres se conocían d esde muchos años,
pues Guerbraz, aunque de más edad que Huberto
había servido á sus órdenes cuando éste era alfére~
de navío. Era evidente que la torpeza de su compa)

NúMERO

609

LA

ILUSTRACIÓN'

A1tt!srrcA

ñero les parecía sospechosa. Schnecker había hecho que en el canal Kennedy ó en el de Robeson trans- Los icebergs y los témpanos corrían todos en direcfuego cuando ninguna razón plausible había para ti- forman los fiords del Oeste en glaciares que engen· ción del Spitzberg. El navío podría entrar en el fiord
rar, pues I sabel había salvado al bretón y los dos dran enormes icebergs. Por todos estos motivos era á la caída de la tarde.
Mas aquel cálculo resultó fallido, pues bruscamenbichos que sobrevivían habían desaparecido ya de- de creer que sería posible un viaje marítimo durante
te
á las cinco de la tarde y en el momento preciso
la primavera próxima.
trás de un pliegue del terreno.
Entretanto el verano acababa rápidamente y las en que los fanales de la Estrella Polar revelaban su
Sin embargo, el naturalista se adelantaba con la
gorra e n la mano, inclinándose y sonriendo de un señales precursoras del invierno se acentuaban más presencia i unas tres millas de la costa, el viento saly más. Por la mañana y á la caída de la tarde se for- tó al Noroeste y produjo un rápido descenso de la
modo obsequioso.
maba en la superficie del agua una delgada capa de columna mercurial. El termómetro marcó en seguida
T rataba de excusarse.
- ¿Parece, Sr. d'Ermont, dijo, que por poco causo hielo, de esas que los canadienses llaman/razi. Ade- 22 grados !:&gt;ajo cero.
Fué preciso pasar 1~ noche en una cruel incertiuna desgracia? Dispensadme, pues soy muy corto de más, la noche, la terrible noche polar se aproximaba
y el sol de media noche bajaba lentamente hacia el dumbre y esperar hasta la mañana siguiente á las
vista. En mi vida volveré á disparar un tiro.
- Haréis bien, caballero, contestó el joven, poco horizonte Sud. El 25 de agosto el viento Norte había diez, en que advirtieron que el navío había derivado
aumentado seis ó siete centímetros la capa de hielo dos millas más hacia el Sud y vieron que la capa de
sufrido de sí.
Y volviéndose de espalda apresuró el paso, á fin y la eterna franja adherida á las costas había tomado hielo nuevo tenía un espesor de dieciocho centíde regresar lo más pronto posible en compañía de ese tinte azul que caracteriza las nuevas cristaliza- metros.
Afortunadamente las aguas invadían el campo de
ciones.
Isabel á la casa.
Era cuestión ya de ponerse los trajes que exigía hielo, rechazando los témpanos errantes y dejando
Pero acudían ya el Sr. de Keralio, el doctor Servan y los cinco marineros atraídos por los disparos. aquel rápido descenso de temperatura. Para conser- así agua suficiente para que el navío pudiera llegar
Se dió la orden de despellejar en seguida á los ani- var la soltura y ligereza de los marinos y á fin de á fiord. Gracias á su espolón y á la potencia de su
males para no dejar tiempo de que las carnes se que no permanecieran inactivos, el teniente d'Ermont máquina, la Estrella Polar pudo abrirse camino á
impregnaran del olor del almizcle que no hubiera ocupó á los tripulantes en la tarea de mantener li- través de los innumerables témpanos que sin cesar
dejado comerlas. Esta tarea terminó muy pronto, y bres los pasos del hielo para cuando llegara la Estre- obstruían su paso. A las dos en punto, después de hacuatrocientos kilogramos de carne fresca fueron á lla Polar. Durante los intervalos de descanso se ber roto á fuerza de ariete el hielo de la superficie en
construían las alas de la casa, y allá hacia el 15 de los canales de mar que quedaban todavía libres, la
aumentar las provisiones del almacén.
Vueltos á Fuerte-Esperanza, Huberto se encerró agosto estuvo del todo terminado el edificio y dis- Estrella Polar echó el ancla en el fiord de Francisco
José, al pie de acantilados de 300 metros de altura
con su futuro suegro, el doctor y Guerbraz para me- puesto para recibir á sus nuevos inquilinos.
Desde entonces sólo se pensó en la vuelta del bu- que debhm protegerle lo mismo que á Fuerte-Espeditar juntos acerca del grave incidente que acababa
que, y cada día las miradas ansiosas de los invernan- ranza.
de ocurrir.
Los habitantes de la casa se lanzaron al paso de
La conferencia fué de las más conmovedoras. Pe- tes interrogaban con afán el horizonte del Sud.
E l mar se cubría de bloques de dimensiones diver- los t~ipulantes del navío, dando gritos de alegría, y
dro de Keralio, bueno por naturaleza, no podía creer
en una mala intención, máxime cuando no había nin- sas. Era evidente que la vasta extensión de agua acogieron con la más conmovedora efusión á aqueentre la Groenlandia y el Spitzberg hacía difícil y llos hombres á quienes durante un instante pensaron
gún motivo para inspirarla.
- Os puedo asegurar, dijo, que nuestro compañe- lenta la formación del gran campo de hielo que se tardar mucho tiempo en volver á ver. Estos, por su
solidifica con la rapidez del rayo en las bahías y es- parte demostraron viva alegría, pensando que en tiero es extraordinariamente miope.
rra les aguardaba una casa ·cómoda y construída y
- ¡Bah!, replicó d' Ermont, cuando se es tan cegato, trechos del Norte de América.
Sin embargo, el descenso continuo del termómetro amueblada segl1n los más minuciosos preceptos de
nadie se aventura á tirar, y por otra parte y por más
que procure explicármelo, no puedo comprender có- hacía inminente la gran congelación que se acercaba· la higiene. ?or la no~he se celebró un banquete y
mo un tirador cuya bala pasa tan cerca del rostro de de hora en hora. Desde el Norte llegaban grandes todos los asistentes brindaron con el mayor entusiasun hombre ha podido tomar este hombre por un bi- bergs ó montañas de hielo con su escolta de témpa- mo por el buen éxito de la expedición.
Al día siguiente el Sr. de Keralio, ejerciendo por
nos más pequeños y restos de campos de hielo que
sonte.
Y añadió con el buen humor que le era peculiar. soldándose unos á otros constituyen el gran pack, primera vez de jefe, reunió á todos los expediciona- Nos toca, pues, abrir los ojos, y abrirlos bien; como vulgarmente se llama á esa llanura sin fin y rios á fin de leer el reglamento.
A semejanza de lo que hizo la expedición inglesa
pues, sin esto, el digno Schnecker tendría el derecho desolada que cubre en invierno la vida oculta en el
fondo de los mares. La temperatura media en el mes de 1876, los oficiales dividieron á sus hombres en pede tomarnos á todos por bestias.
Sus compañeros rieron del equívoco, pero el asun- de agosto fué de 6 grados, y parecía templada relati- lotones que tenían obligación de dedicarse á distinto era demasiadr, grave para que se olvidara tan vamente á gentes que en su país y en invierno sufren tas tareas. Además de éstas todos y cada uno fueron
sometidos á la obligación de tomar parte en las fae·
pronto, así es que el Sr. de Keralio no pudo por temperaturas 12 ó 15 grados más frías.
Isabel no perdió ni por un momento su vivacidad nas generales y comunes que exigían servicio cotimenos de hacer esta observación:
- ¿Por qué motivo habría cometido tal crimen? y buen humor, y por lo contrario, parecía tener prisa diano, tanto en el interior del fuerte como cuando
Ninguno de nosotros le ha hecho daño alguno, ni le en ver llegar el invierno, pues éste debía inaugurar llegase el momento de las exploraciones.
Además de esto se pasó revista al equipo y armal~s grandes experimen,tos astronómicos y meteorolóha manifestado la menor desconfianza.
- Dispensad, dijo Huberto con el mismo buen hu- gicos. ¿No sería ademas el pFecusor de la primavera, mento y el médico inspeccionó cuidadosamente á tomor; hay alguien que se lo manifiesta desde el pri- época consagrada á las exploraciones y viajes en tri- dos los marinos, pues la necesidad de conservar una
neo, si no era posible empujar más adelante la Estre- salud _robusta era una de las principales para salir
mer día. Salvator no le puede tragar.
con bien de la empresa acometida.
- Es verdad, dijo el doctor, y el argumento es de lla Polar por el camino del Norte?
Resultaron de este recuento y distribución depeso. El instinto de los animales y particularmente . El Sr. de Keralio no participaba de la misma opide los perros lo tengo yo por infalible.
món, y sentía amargamente la condescendencia que jando aparte el cuerpo de oficiales, treinta ho~bres
Se interrump~ó y dirigiéndose al Sr. rle Keralio le tuvo por el capricho de su hija, temiendo por ésta la útiles entre marineros y obreros, de los cuales veinte
eran bretones y diez canadienses. Cada uno de ellos
llegada de los grandes fríos.
dijo:
Las primeras nevadas, la insidiosa aparición de la recibió una carabina Wínchester de cañón corto y
- ¿Vaya, de donde habéissacado ese químico que
tira tan mal?
muerte ~n sus formas más lúgubres, ensombrecían su de 600 metros de alcance, con ciento veinte cartu- De París, replicó el padre de Isabel. Me fué re- pensamiento como aquella inmensa bóveda de la chos, un revólver de modelo semejante á las carabico.mendado eficazmente por personas muy conocidas, cual el sol iba á desaparecer durante cuatro intermi- nas francesas con diez paquetes de cartuchos un cuchillo de caza, una hacha de mango corto c~yo filo
miembros del Instituto y sociedades científicas de nables meses.
los departamentos.
Pero conocido que el ni.al estaba ya hecho y que estaba recubierto de una funda de latón y ~demás un
- En este caso, dijo el doctor pensativo, habrá no era posible remediar las consecuencias de su estuche completo de campaña, con cortaplumas de
sido una veleidad personal por su parte que no sé condescendencia, ocultaba sus temores con objeto cuatro hojas, tijeras, hilo y aguja y peine y cepillo.
cómo explicarme; uno de esos sentimientos profun- de no alarmar á Isabel y de que no perdiera el buen Como prendas de vestir les dieron tres pantalones de
damente bajos y viles que nacen á veces en el alma humor y la fuerza moral de que tanta necesidad ten- lana dulce, tres camisas de franela, dos chalecos y
humana, pues una gran inteligencia no es garantía dría para sufrir los horrores de la invernada.
dos blusas, un abrigo forrado de pieles, un pasamonde que el que la posee tenga gran corazón .y buen . Cada día crecía más el trabajo de los expedicionacarácter.
rios. En una de sus excursiones hacia el monte Pet- Será preciso vigilarlo entonces, opinó el Sr. de termann, el teniente d'Ermont había descubierto una
K eralio.
abundante mina de hulla, que resultaba un verdade- Yo me encargo de este cuidado dijo Guerbraz. ro depósito puesto por la naturaleza en sus manos
Después de estas palabras se separaron, dándose c~si á flor del suelo. De allí se extrajo cantidad suficita para el estudio de las costas y el examen de los c1en~e para .el gasto de dos inviernos y se depositó el
mapas.
prec10so mmeral en grandes montones junto á las
A decir verdad, éstos eran de lo más incompleto galerías, teniendo buen cuidado de construir un coque puede imaginarse, y la expedición, en el punto bertizo de madera recubierto de lona alquitranada
en que se encontraba, hallábase enfrente de lo des- para preservar de la nieve aquel combustible indisconocido. Lo poco que se sabía era puramente hipo- pensable.
tético. La costa de la Groenlandia oriental no se
Entretanto se esperaba la vuelta de la Estrella
sabe de fijo por dónde corre más allá del 78°.
Polar con creciente impaciencia. Cada día que transLos sondeos practicados en el Spitzberg han dado cur~ía engendraba una nueva angustia, pues son co~rofundid_ades considerables, y parece que ninguna nocidos de todos los caprichós de los mares del polo. tes con capuchón, una gorra de piel de nutria, dos
tierra se mterpone entre el 7° de longitud oriental y Dos veces en menos de tres días se amontonaron en pares de mitones de lana, un par de guantes forrados,
el 20° de longitud occidental.
el horizonte enormes masas que hicieron temer que un par de botas de cuero para el verano, dos pares
La hipótesis de un mar muy grande y por consi- se cerrase el paso por donde debía llegar el navío.
de mocasines y dos pares de polainas de lana. Las
guiente sometido á la influencia de corrientes temAsí es que cuando el gaviero Kermaidic al bajar medias de lana quedaron en reserva en el almacén,
pladas y de grandes mareas era muy plausible. Ac- de su cuarto de vigía el 22 d e agosto anunció la apa- pues no debían entregarse á los marineros sino metualmente desde lo alto de los acantilados de la costa rición del vapor, estallaron clamores de alegría entre diante un bono de sus respectivos jefes de pelotón.
fos exploradores lo veían completamente libre, y en los invernantes.
Quedaban también en el almacén doce fusiles de
toda la zona que descubría su vista por la parte de
E l vapor apJreda á. lo lejos y el viento que sopla- c1za que se prestarían á los mejores tiradores.
tierra no advertían ninguna de esas anfractuosidades ba del Sud dejaba libres las cercanías de la costa.
( Co11Lfouará)

�medios de transporte entre los pueblos de la desem·
bocadura de la ría, habiendo formulado varios proyectos, tales como el de un túnel por debajo de la ría,
EL PUENTE PALACIO EN LA RÍA DE BILBAO
el de un puente giratorio, el de un puente fijo supeEste precioso puente, que sirve de lazo de unión á rior y el de una vía férrea apoyada, por la que circuLas Arenas y Portugalete, ha revelado por lo bello, lo laba un bastidor metálico con sus ruedas corresponútil y lo nuevo un genio prepotente y de rica fanta- dientes, hasta que se fijó definitivamente en d que
ahora acaba de inaugurarse y
que consiste en cuatro torres,
dos á cada lado del rlo, de 45
metros de altura, la mayor conocida en los de este sistema, y
un tablero horizontal que va de
unas á otras y en la que hay establecida una línea férrea de
cuatro rieles de 8 metros de anchura total, sobre la cual circula un tren de rodillos acoplados que soportan la plataforma ó carro transbordador, capaz para 150 ó 200 personas y
un carruaje cualquiera, que se
transportan de uno á otro lado
como por el aire, fuera del alcance de las olas y al nivel de
los muelles de ambas orillas, en
un minuto de tiempo, sirviéndose de ingenioso y fácil sistema de suspensión por medio
de fuertes y resistentes cables
cruzados, á fin de evitar los
efectos de los vientos fuertes
que pudieran producir oscilaciones peligrosas ó molestas.
El movimiento es producido
por una máquina de vapor situada en una de las torres, que
mueve un cable sin fin; y como
los movimientos de la plataforma son independiientes del
agua, va y vuelve de uno á otro
lado con gran suavidad, sin
cuidado de que haya tropiezo
alguno con las embarcaciones
que cruzan la ría.
E l embarque y el pasaje se
verifican sin incomodidad alguna, como si fuera un carruaje
de
los más confortables, y no
Fig. I . Vista parcial del puente al colgar el transbordador
existe el temorde que un desperfecto interrumpa los viajes, porsía dentro de la industria moderna: el ingeniero que están tomadas todas la medidas y precauciones
M. Alberto de Palacio.
necesarias para sustituir en brevísimo tiempo cualLas extraordinarias condiciones de esta construc- quier pieza ú organismo que se deteriore.
ción, no sólo revelan ya al autor con un genio excepEl carro transbordador puede soportar 30.000 kicional, sino que prueban que aun entregado á las logramos y en él pueden pagrandes· lucubraciones de su espíritu sabe sujetarse sar sin inconveniente alguno
á las exigencias de las especulaciones económicas.
caballprfas, carruajes, vagones
El Sr. Palacio ha consagrado unos cuantos años á con.carga y hasta locomotoras
la realización de esta obra, en los cuales no le han ¡or medio de una rampa que
faltado ciertamehte sinsabores, y para que se realice permite el acceso al transbor·
de una manera cumplida el que todo lo genial lle-va da'dor sin desenganchar y sin
consigo las amarguras de·lo mediocre, acaso lpg mis- apearse los viajeros.
mos que con el tiempo estaban· destinados). ser los
El presupuesto total de la
que más directamente aprovechan su pbra han obra concluida del todo es de
sido causa de ellas. Es claro, es difícil qµe á un es- 670.900 pesetas, algo más de
pecul~dor le sepa bien que una obra, p,or muy origi- lo que se había calculado en
nal ·que sea y por muchas dificultades que se presen- un principio, lo cual es propio
ten en el camino de su realización, cueste 670.900 de todas las grandes empresas,
pesetas si está presupuesta en 500.000; pero es y ha sido debido á inconvemás fácil y muy agradable el recoger un ingreso del nientes surgidos en la ejecuduplo de lo presupuesto y recibir felicitaciones y ción de las obras; y el de los
arcos de triunfo por el agradecimiento que los pue- gastos anuales, entretenimienblos sienten.
to y conservación serán de
El viernes 28 del pasado julio se verificó el acto 10.950 pesetas, habiéndose
de la bendición é inauguración pública de esta gigan- calculado el producto líquido
tesca obra del genio y de la constancia del notable anual en 96.000 pesetas.
arquitecto é ingeniero D. M. Alberto de Palacio,
En el curso de las obras no
habiendo tenido lugar en los días anteriores las prue- ha habido accidente ni desbas particulares y oficiales con un resultado altamen- gracia alguna entre los obreros,
te satisfactorio por lo que respecta á la parte técnica y á pesar de ser una obra tan
de su ejecución.
grandiosa, única en el mundo,
Esta grandiosa obra es un monumento de Vizca- todo cuanto se previó hace
ya, á cuya importante industria minera y á la vida y tres años, al proyectarla, se ha
movimiento de Bilbao en sus relaciones con Portu- cumplido con exactitud magalete y Las Arenas ba prestado un inmenso servicio, temática, sin el menor error
asegurando un paso constante, rápido y seguro entre de cálculo ni falsas maniobras,
ambos pueblos de las dos opuestas orillas del Ner- á pesar de que se conceptuaba
vión, los cuales están unidos á la capital de Vizcaya por muchos como imposible y
por vías de comunicación rápidas y directas, dos fe- quimérica su realización por la
rrocarriles casi paralelos á la ría y dos tranvías que dificultad aparente con tanto
si~uen la misma dirección á los dos lados de l¡i acierto vencida de evitar las
misma.
oscilaciones, habiendo sido neHace algunoS' años, el Sr. Palacio se consagraba cesario para corroborar la opicon una tenacidad singularísima á resolver el impor- nión y las afirmaciones del'
tante poblema de establecer la comunicación y los Sr. Palacio respecto á este pun·
SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMtRO 609

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

to, pedir su parecer al eminente ingeniero de París
M. Brüll, quien hizo por encargo de la Compañía
del puente un notabilísimo trabajo de cálculos, con
los que vino á demostrarse matemáticamente la posibilidad del proyecto y el brillante resultado que auguraba para el mismo, como se ha visto ahora. Dicho
señor ingeniero resolvió también algunas diferencias
de apreciación, de carácter puramente técnico, suscitadas entre el Sr. Palacio y el distinguido ingeniero constructor D. Fernando Arnadín, siendo su
dictamen en esta cuestión una obra maestra suficiente.
á formar una reputación, si ya no la tuviera creada y
bien cimentada en su larga y brillante carrera, de la
que es testimonio el aprecio y estimación en que le
tienen sus compañeros de la Sociedad de Ingenieros
de Francia, de la que ha sido presidente.
También merece especialísimamenciónelingeniero
constructor que con acierto singular y sin emplear
andamio de ninguna clase ha montado los elevadísimos
pilares de hierro del puente y el tablero horizontal,
todo al aire, por medio de cables ingeniosos y pies
derechos de madera de cuatro metros de longitud.
En una palabra, esta es una obra de exactitud
y precisión admirables; un puente rígido y en
completo equilibrio, cuyos pilares tienen 62 metros
de altura y 45'10 desde el tablero del puente hasta
las aguas de la ría en la sobrepleamar equinoccial,
siendo la flecha actual del tablero om,20 en sentido
no horizontal y 16om de luz total de eje á eje de
pilares.
El motor es una máquina de vapor de dos cilindros de alta presión y de marcha continua, que mueve
un árbol, el cual transmite la fuerza por flicción, comunicando el movimiento hacia atrás ó hacia adelante
ó permaneciendo, á voluntad, en reposo. Su potencia
es de 25 caballos, pudiendo desarrollar 35, pero no
son necesarios más que de 6 á 8 para la marcha ordinaria, y la velocidad del transbordador, que es de cero
al empezar y al terminar el viaje, alcanza hasta 3 metros por segundo, siendo nula la oscilación aun con
el viento más fuerte.
Este puente, que hace honor al talento y á la iniciativa de su inventor D. Alberto Palacio, producirá,
á no dudarlo, inmensos beneficios al comercio y á la
industria y á las relaciones de toda clase entre los
pueblos de las dos orillas del Nervión y al de Bilbao,
por la rapidez, comodid¡id y seguridad del transporte,
toda vez que puede pasar diariamente de 8 á 10.000
viajeros sin contar las mercancías, ganados yvehícu•
los de toda especie, lo que autoriza á asegurar que el
movimiento y el tráfico actuales entre ambas márgenes del Nervión ha de triplicarse ó cuadruplicarse.
Antes de terminar este artículo, reproduciremos
algo de lo que acerca de este puente dice el importante periódico L' Ilustration, de París:

LA ltUS'I'kACtÓN ARTÍS1'1CA
cuerda por su origi•
nalidad las atrevidas
construcciones que
parecían ser especialidad exclusiva
de los ingenieros
norteamericanos.»
Estos conceptos,
vertidos por un•francés, son el mejor
elogio de la obra del
Sr. Palacio, pues sa·
bido es cuán parcos
en a labanzas son
nuestros vecinos
cuando de algún español se trata.
Las fotografías
que reproducimos
nos han sido remitidas por D. Antonio
Berdegué, de Bilbao, á quien damos
nuestras más expresivas gracias por
su atención.

«Generalmente la
travesía de las desembocaduras ó entradas de puertos
análogos, se verifica
por medio de puentes giratorios ó levadizos ó corredizos,
que tienen múltiples inconvenientes,
puesto que cuando
están abiertos interrumpen la circulae i ó n: además exigen potentes máquinas para maniobrar
sus masas, y finalmente sólo sirven
para cruzar distancias relativamente
cortas.
»El puente transbordador, que ninguno de estos inconvenientes ofrece, es
digno por ello de
admiración y re-

_....,_
.

-

UIT AllTiPBilLIQIJII -

LECHE .ANTEFÉL
fVI 6 audita ... 1ru, (1,1,.
CAB , LENTEIAB, TEZ ASO
BARPULLIDOB, TEZ BARRO
ARRUGAS PRECOC&amp;S

Ja

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t ld contra las diversas
:rab 8 6--'191 Q e Afeccionesd1ICorazon,

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c1on de las Afecciones del pecho,
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de los Reumatismos, Dolores 0
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
éxito atestiguan . la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
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poderoso medicamento

PILDORASi1DEHAUT
DE PARIS

ao titubean en purgarse, cuando Jo
aecesitan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que sucede con
l'!S demas purgantes, este no obra bien
SUlO cuando se toma con buenos alimentos
1 bebidaslortilicantes, cual el vino, el catd,
e¿ td. Cada cual escoge, para purgarse, la
uora y la comida que mas le convienen,
sevun aus ocupacfones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamentea11ulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
1e decide fácilmente á volver
il empeHr cuantas veces
sea necesario. •

W

6
6
•

••-t••···'

Querido enfermo. -Flese Vd.• mi l1r11·u~rt.nola.
1 haga u10 de nuutroa 6RANOS de SALUD, pue, el/oa
lo ourarAn de , u con1t1p1cfon, le dar,n apetito 1 lo
derolrer,n el sueño , 11 1lefrl1. - A11 mirj Yd.
mucho, año,, d11frut1ndo 11tmpr1 dt una buena ca/~d,

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i

Fig, :2. Vista superior del tablero

X.

Fig. 3. Conj.into del puente, visto desde la iglesia de Portugalete

T CON TODOS LOS PnlNCIPIOS Nt!TllITIVOS SOLUBLBS DB U CARNE

ClAaH

y omrut son los elementos que entran en

la

compostcton de este potente

reparador de las ruerzas Titales, de est.e ru&amp;iaea ■wi per e■eele■ela. De un gusto sumament.e agradable, es soberano contra la .A nemta y el .Apocamtfflto, en las Calentura,
1 Conoaüeenctas1 contra las Dta"tfU y las .Afecct()nu del E1tomaoo y los ,ntuttno,
Cuando se tra~ de despertar cl apetito, asegurar las d1gesUones, reparar las ruérzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precavet- la anemia y las epidemias provocad.u por los calores, no se conoce nada superior al l'i■• de Quilla de .t.roud.

.PQ1' ma11or. en Paria, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Rickelieu Sucaor dtAllOUD
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DEL HIGAOO
/aJ
Y DE LA VEJIGA f armacia,

de un vaso

de agua 6de l eche

LA CAJA : 1FR. 30

�568

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

609

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

¡A LOS TOROS! ALBUM TAUR0MÁQUICO,pordon
Daniel Perea. - Mucho se ha publicado sobre la

POR AUTORES Ó EDITORES

fiesta nacional española ; pero no vacilamos en afirmar que nada de cuanto hasta hoy se ha hecho
en este género da una idea tan completa y tan
exacta de las corridas de toros como el álbum que
acaba de editar D. Hermenegildo Miralles. El
nombre de Perea es la mejor garantía, no sólo de
la exactitud con que están reproducidos los prin•
cipales lances de una corrida, sino además de
la perfección que en punto á di bujo y á color tienen las acuarelas en el álbum contenidas. Estas
son en número de 28, reproducidas por la cromo•
litografía, y cada una de ellas es un verdade·
ro·cuaclro ele mérito lleno de verdad y de vida.
Acompaña á cada lámina una explicación de la
escena en la misma representada, en castellano,
francés é inglés. Contiene además el álbum la
célebre marcha de la manolería de la popular
zarzuela Pan y Toros, del maestro Barbieri, con
bonitas ilustraciones del mismo Perea. Creemos
que el Sr. Miralles ha tenido una excelente idea
a l publicar ese álbum para uso de españoles y sobre todo de extranjeros, que podrán gracias á él
conocer de verdad la fiesta que tanto les entusiasma y acerca de la cual tan equivocadas ideas
tienen. Véndese el álbum al precio de 20 pesetas en las principales librerías y en casa del editor, Bailén, 59.

EL SEÑOR y LO D&amp;MÁS, SON CUENTOS, por
L eopoldo A las ( Clarín). - Decir hablando de un
libro del Sr. Alas que cuanto contiene está bien
pensado y mejor escrito, que es original en sus
ideas y hasta en su título (hallazgo feliz de su
autor), profundo en sus juicios y ultracorrecto y
elegante en su estilo, es decir lo que por sabido
huelga. Los que desdeñen su última obra creyendo que por tratarse de una colección de cuentos han de hallarse con una serie de narraciones
triviales, andarán tan equivocados como los que
por ser de filósofo y critico tan eminente le teman
al libro en cuestión, suponiéndole conjunto de
abstrusas teorías y de abstractas especulaciones.
Cuentos son los trabajos coleccionados y todos
encierran no pequeño sentido filosófico; pero ni
los cuentos tienen nada de común con los vulgares relatos que generalmente se nos ofrecen con tal
denominación, ni el sentido filosófico traspasa un
punto los límites en que la amenidad se convierte en aridez. Todo el mundo puede hallar en el
libro grato entretenimiento; muchos encontrarán
en él además materia para meditación y estudio
no menos gratos. Si no fuera un lugar común tan
gastado, diríamos que pocas obras en su género
se ajustan tan perfectamente al precepto de Horacio como la última publicada por Clarín. El
Seílor y lo demás, son cuentos, elegantemente editado por el Sr. Fernández +,asanta, de Madrid,
se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas.

.. --...,

DEDICATORIAS, poesía por C. del Castillo. Nuestro distinguido colaborador Cayetano del
Castillo, cuyos bellfsimos artículos en prosa han
podido 1aborear los lectores de LA ILUSTRACIÓN
ARTISTICA, es á la vez que elegante y castizo
prosista inspirado poeta, como elocuentemente lo
demuestra el tomo de poesías que hace poco ha
publicado. Las contenidas en el libro pertenecen
á varios géneros y en todas ellas campea gran
ins¡,iración y una armonía de lenguaje que cautiva y en todas abundan los más bellos pensamientos y las más justas imágenes. Véndese el libro
al precio de 5 pesetas en las principales librerías
y en la casa del autor tPárraga, 9, Granada).

ALBUM PONS. - Nueva muestra de su ingenio
ha dado el conocido caricaturista Angel Pons en
el álbum que nos ocupa; las historietas y escenas
en éste dibujadas, unas veces provocan la carca•
jada franca que arrancan los trabajos análogos de
los alemanes, y otras hacen asomar á los labios la
sonrisa picaresca que producen las obras de cier •
tos dibujantes franceses. No se crea por esto que
Pons es imitador de unos ni de otros: Pons tiene
personalidad p ropia, hija de la observación atenta, de un criterio justo y de un lápiz seguro y sobrio que en cuatro líneas traza una figura y exp resa lo que ésta siente. Además, en muchas de
sus caricaturas se revela un espíritu crítico no
vulgar que fustiga todo lo censurable sin acudir
á medios poco dignos: sus criticas son alfilerazos
que señalan el lado i-idiculo de los hombres y de
las cosas, no con intención dañina, sino como sal udable advertencia. El álbum, editado por el
Sr. Fernández Lasanta, se vende en las principa•
les librerías a l precio de 2 pesetas.

TRAGEDIAS, por el Exmo. Sr, D. Vlctor Balaguer. - La Biblioteca popular catalana ha publicado su torno IV, que contiene tres tragedias catalanas del eminente literato Sr. Balaguer: son

Lo guant del degollat, Las esposa/las de la mor/a
y Los Piri11e11s. Nada hemos de decir acerca de
ellas; el nombre de su autor ocupa en la litera·
tura patria un puesto harto eminente para que
hayamos de ensalzar sus obras, tanto menos, cuan•
to que las tragedias figuran entre sus más bellas
producciones. El precio del tomo, que se vende
en las principales librerías, es de 2 reales.

BUENOS CAMARADAS, dibujo de P. Golleron

Las casas ex t r anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo 'de Gracia, núm. 21
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tocias las eminenciaa médfc.as prellban que esta uoclacion de la CJanae, el Hierro y la
oonautuye el reparador maa ent:ri!co que se conoce para curar : la Clorósü, la
1.tltmta, las llfflltruacfo1fu tSolM'o,a,, el Jlmpol&gt;reamtento y Ia: .Alteracwn ae l4 Sangre,
el Raquttumo, las J.feccúYAa e.scro(Umu Y ucor&amp;utkas, eté. El 'l'iao irerruct■oH de
.a.roud es, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y fortalece los organos,
regu!artzal coordena y aumenta considerablemente la.s tuerzas ó Infunde a 1a aanrre
empobrec da y descolor!da : el YIQor, la Coloracw11 y la llMrgta "'tlll.

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contenido en la economía. Experimentado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
aangre, no ocasiona estrellimiento, no
fatiga el estómago, no ennegrece 101
dientes. l611m 11i1t,gotu IICUI CO■ida,
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Por ac111or, en Paria, en casa de J. FERRÉ, Farmu.eolico, tos, roe Richelieu, Sucesor 4e ARO UD.

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DB MONTANER

Y

SIMÓN

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                    <text>itrt&amp;C10t)

Ftí~ttetl
A:N"O XII

BARCELONA

21

DE AGOSTO

DE

NÚM. 608

1893

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el tomo tercero y último de la obra de D. Antonio Flores
AYER, HOY Y MAÑANA, con ilustraciones de Nicanor Vázquez

SUMARIO

Texto. -

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTltLAR

M11n1mraciones europeas, por Emilio Castelar. La Exposición de Ckicago, por Eva Canel. -Lo que vi de la
La Indo-China. - Causas del interés que ha tomado por ella
Comt111a de Parls, por Archibaldo Forbes. - Miscelá11ea. la diplomacia universal. - Despejo de incógnitas en las alian•
Nuestros grabad4s. - Una fra11cesa en el polo Norte, por Pe·
zas europeas. - Caracteres opuestos de la India y de la Chidro Mael, con ilustraciones de Alfredo Paris . - SECCIÓN
na en el espacio y en el tiempo. - Elementos de conflicto en
CIRNTÍFICA: La estatua de Claudio Chappe, inventor del te·
la moderna Indo-China. - El sacrificio de Siam. - Los ingle·
llgrafo aireo. - Pasatiempos cientljicos. Ca11Ón improvisado.
ses en Egipto y el jetife de Egipto en Constantinopla. - El
- Libros enviados á esta Redacción por autores 6 editores.
califato musulmán. - Las competencias coloniales entre In·
Grabados. - Un intruso, cuadro cle Paris. - Cuatro graba·
glaterra y Francia. - Conclusión.
dos de la Exposición 1miversal de Chicago, entre ellos La
cFerris Wheel&gt; ( Rueda de Ferris ). - Fwilamiento de com11·
11istas en Francia; El pabellón de Flora en el Lo11vre, después
Durante los días últimos no se habló de otra cosa
del i11cendio; Las tropas de Versal/es agasajadas por los habien
el mundo europeo que de la Indo-China. Próxitan/es del bnlevard Hawsmann; Aspecto del hotel de Vil/e
despuls del incendio. - Los S11cesos de Siam: Vista de la ciudad mos los franceses á un estruendoso rompimiento con
real en Bang-Kok. -El buq11e«Jua11 Bautista Say;&gt; Los bu- Siam, temíamos todos violentfsimos encuentros entre
ques de guerra franceses delante del consulad4 de Francia en los dos Estados, en cuyas incidencias varias pudiera
Bang-Kok . - Tarde de est(o, cuadro de H. Caf6eri. - Estatua encenderse la guerra europea, y tras la guerra euroerigida en honor de Claudio Chappe. - Un cañón improvisado. - Contravapor, cuadro de F. Sallé (Salón de los Campos pea retrogradar el mundo moderno al cesarismo, que
trae aparejada la barbarie. No se concentra la luz inEUseos de Paris, 1893).

telectual en foco tan grande y vivo como F rancia,
para que todos cuantos tenemos el culto á las ideas
podamos convenir sin pena en verlo extinguirse ó
debilitarse sin remedio. Y como en el planeta merezca Europa y en Europa merezca Francia el concepto de un condensador del alma de la humanidad
y de la tierra, todos los hombres y todos los terrícolas que vivimos en ese aire vital del espíritu tenemos obligación de conservarlo, pues lo habemos
menester ciertamente, como han menester de luz
y calor solares todos los seres vivientes. Contando Francia hoy amigos tan dudosos como los rusos y enemigos tan resueltos corno los alemanes, preguntárnonos con anhelo sus partidarios hasta dónde
llegará la increíble amistad de Rusia con Francia,
pues el odio de Alemania sabemos hasta dónde llega,
que es hasta valerse de cuantas coyunturas favorables
se le presenten para hostilizarla, y si es preciso, hundirla. Durante larguísimo transcurso de tiempo nues-

U N I NTRUSO, cuadro de Paria, grabado por Baude
Salón de los Campos Elíseos. 1893

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tro siglo corrió en el tranquilo cauce de la inteligencia y amistad entre Francia é Inglaterra subsiguien·
te á las guerras napoleónicas. Lo mismo la restaura·
ción, que la monarquía de julio, que el tercer impe·
río creyeron indispensable, para preservarse de Rusia
y Austria, unirse con la Gran Bretaña. El abandono
en que Inglaterra, encontrándose al frente y cabeza
de ella un hombre tan de progreso y de humanidad
cual nuestro eximio amigo el gran Gladstone, dejó á
Francia en su conflicto con Prusia, y el tristísimo
acuerdo de no coadyuvar, como Gambetta deseó en
su tiempo, á la ocupación del Nilo con los ingleses,
determinaron una separación entre las dos potencias
más civilizadas y más civilizadoras del globo, haciendo inclinarse y torcerse hacia Rusia á Francia y ha·
cía la triple alianza de alemanes, italianos y austriacos á la pacífica y parlamentaria Inglaterra. Mas
todo esto se halla envuelto en los pliegues de un verdadero misterio. Nadie sabe hasta qué punto es ami·
ga de Francia Rusia. Nadie sabe hasta qué grado
propende á la cuádruple alianza Inglaterra. De aquí
el interés consagrado por todos los políticos á la cues·
tión de Siam. En ella íbamos á 'despejar una incóg·
nita y á ver cómo se agruparían los factores de la ci·
vilización en un verdadero conflicto. Mas, lo confieso, mi curiosidad no llega, magüer mi oficio de cronista é historiador, hasta querer enterarme de lo que
sucederá en el día de la catástrofe, cual no quiero
saber tampoco lo que sucederá el día de la natural
extinción de nuestro planeta. Yo sigo creyendo, sin
fundamento acaso, que si un día chocase Rusia con
su natural enemiga Germanía, los fusiles franceses se
dispararían por sí solos, según el mucho carbón mos·
covita mezclado por el sentimiento público á su pólvora, mientras que si Francia cayese por su mal
dentro de un conflicto análogo al de Rusia con Alemania, se mirarían mucho los rusos antes de auxiliar
al verbo encarnado de la Revolución y de la República. En el mundo esclavón todo entero acaso predominan los afectos de amor á Francia por el correspondiente desamor á Germanía; mas en el imperio moscovita, si reina entre las muchedumbres de
los mujichs el odio á Germanía, entre las gentes de
distinción dura hoy mismo el culto á las ideas hegelianas y á las instituciones francesas, por lo cual se
les ha llamado y se les llama hoy mismo á quienes
tales ideas profesan los occidentales. Mas los verdaderos publicistas del terrón y del terruño ruso parecen
á una enemigos de Francia y enemigos de Alemania.
Yo creo haber leído en los escritores panslavistas á
la última moda que la escuela liberal es el mayor
enemigo de Rusia, que precisa espiar á los liberales
como fieras dañosas y delatarlos al czar sin piedad al
fin de ver si hay ó no jus~icia y los descabeza el verdugo cual merecen, que no tienen título y derecho
alguno al afecto amistoso de Rusia los franceses modernos; y así, lo más interesante de todo en un con•
flicto efltre Francia é Inglaterra era saber hasta qué
punto ayudarían Rusia y los rusos á Francia, como
Alemania y los alemanes á Inglaterra. No debe, por
tanto, parecernos mucho que las gestiones de Rosebery en Londres y las gestiones de Dufferin en París
se hayan reducido á indagar hasta dónde se hallaban
de acuerdo los republicanos con el czar, maltratándolos en el caso de una inteligencia y defiriendo á un
arreglo en el caso de litigar tan sólo por sus exclusi·
vos intereses.
El uso ha llamado Indo-China de antiguo á una
sola región, y esta región lleva el doble nombre de
dos regiones aproximadas en el espacio, pero separadísimas por su naturaleza física y por la índole intelectual y moral de sus respectivos habitantes. Espléndida, multicolor, calurosa, oliente, la India subyuga
ojos y olfato y oído con sus varios matices, con sus
estruendos fragorosos, con sus aromas penetrantísimos, con su vida rebosante y de plétora, la cual, á
modo de gigantesca erupción, estalla en fulguraciones volcánicas, dentro de cuyas vivas llamaradas y ardientes hervideros se contienen seres innumerables y
parecidos al polvo de átomos encerrados en las emanaciones del sol. Aquellos fuertes ardmas de la canela y del sándalo mezclados con las evaporaciones
mia~máticas del juncal espeso y rojo; aquellos jugos
que ahora os dan latidos tales como si la sangre se os
doblara en las venas, y ahora os matan como un veneno sutil; aquellas palmas bajo las cuales penden
los cocos y los dátiles, así como aquellas lianas cargadísimas con ramilletes y guirnaldas de gayos colores junto á molestos insectillos de voraces aguijones;
tantas bellezas unidas con los microbios coléricos que
se difunden desde los pantanosos ríos á los aires, con
las víboras y las serpientes que alzan sus áspides de
las entreabiertas fauces y silban, con los tigres que despiden del centelleo de sus ojos y del maullido de sus
gargantas fosfóreos ecos de muerte sobre aquella
gestación infinita de seres, todos embriagados por el

exceso de la vida; tales contrastes, tan lejanos del desierto semítico cual de la serenidad helena, forman
uno de los más extraños conjuntos que jamás hayan
podido verse bajo el cielo, cual si, en vez de pertenecer tal región á este nuestro planeta, perteneciese á
otros espacios más animados por el éter en otras fajas
de lo infinito. Poned sobre aquel teatro las amplias
piscinas religiosas sombreadas por sacros árboles, á
cuya sombra los fieles se bañan; las capillas cargadas
de amuletos y exvotos, donde los bracmanes se dan
á sus múltiples devociones; las pagodas de mármoles
y oro, parecidas por su brillo á monumentos labrados
con pedrerías; las plantas litúrgicas, á la universal
adoración asignadas por los dioses, mostrando varias
de sus ramas teñidas en púrpura y otras varias plateadas, con lo cual prestan á la vegetación tonos metálicos; las rocas, por cuyo~ boquetes creen los fieles pasar de un estado de su ser á otro estado, y decidme
luego si puede una externa y material naturaleza concordarse mejor con la índole íntima y con el espíritu
interno de aquellas gentes que produce y cría. ¡Cuál
contraste con China! Esta se parece mucho á las regiones occidentales de nuestra Europa y á las regiones varias de la América del Norte. Si bien por el
Thibet y la Tartaria entra territorio tanto en las regiones boreales, mientras por la Indo-China entra en
las regiones tropicales, la uniforme planicie del centro
presta por su parte también monotonía y uniformidad indecibles, así al imperio como al pueblo. En el
incendio casi solar de aquella extremada vida india,
la fantasía de su población aria estalla como una
grande fulguración astral, enviando en las nubes de
humo rojizo, en los océanos de fuego voraz, en las
cataratas de materias candentes á lo infinito, diosas
y dioses sin número. En China la planicie uniformemente verde, la cordillera tirada según líneas regula·
res, los ríos de llanas orillas y de fácil navegación invitan á la medida y al cálculo y á la proporción, por
lo cual quizás este pueblo extraño hace de las matemáticas como una teología, de los números como
unos dioses y de las medidas como unas leyes. Bien
opuestas India y China en verdad; mas á pesar de
opuestas, han reunido sus nombres para darle á gran
parte del Asia tal dispar denominación. Así como la
India se asienta en la península gangética, se asienta
en otra península cercana la Indo-China, e n la península transgangética. Con la palabra Thai designanla sus habitantes, que significa tierra de libres. La
parte más característica de toda ella por su nativa
congruencia con el medio ambiente y de mayor importancia por su grandeza y por su población, es el
disputadísimo y litigioso imperio de Siam, por quien
hemos estado á dos dedos de la guerra universal. Encerrado entre la Birmania de los britanos y el Cambodge de los franceses, con cinco millones de habitantes en espacio de una extensión mayor que la extensión de Francia, los grandes ríos que lo bañan,
llenos de cocoteros y de bambúes, le prestan su carácter propio de inmensa marisma, cargada con arrozales inacabables, que le dan grandes riquezas, y provenida ele aluviones con detritus océanicos, que le dan
la inconsistencia casi de un barco, pues no parecen
otra cosa sino naves sus cabañas casi acuáticas, movibles de continuo, á cuyas puertas nadan los ánades
con los cisnes, por cuyas cercanías se pasean los elefantes y saltan los monos, sobre cuya techumbre gritan las monstruosas iguanas.
Nos hemos detenido ante la región esta, no ciertamente por entretenernos en meros recreos descriptivos, por caracterizar con sus elementos de vida sus
elementos de conflicto. A su cabeza China, . y á sus
pies el mar indico, y á un lado Birmania, y á otro
lado Cambodge y Annam y Tonkín, no hay para qué
decir cuántos conflictos puede suscitar con las naciones que se llaman protectoras de sus aguas y de sus
tierras, no hay para qué decirlo, mucho más cuando
son estas dos naciones, una tan colonial de antiguo
como Inglaterra, y otra con tan grandes tenacidades
i colonial aspirante como Francia. Basta decir que
la corriente fluvial mayor de Indo-China, el Mekong,
tiene una porción de factorías y poblaciones francesas, así como diversos pueblos ribereños admiten un
protectorado francés, para decir cómo se disputarán
tácita ó expresamente los situados en este punto con
los ingleses situados en Birmania el imperio de Siam,
mediador plástico entre ambas regiones, que puede,
á guisa de puente levadizo echado sobre las aguas,
levantándose ó bajando de continuo á voluntad, separarlas ó unirlas. Reíos de los barcos franceses apresados por Siam, del mal tratamiento .inferido á los
comisionistas, del disparo hecho sobre las cañoneras;
todo eso es á la postre un conjunto de bien buscados ó bien invenidos pretextos para que Francia crez·
ca y Siam decrezca en el Mekong. Y extendido Siam
entre Birmania inglesa y Cambodge francés, no quiero deciros que toda mengua de Siam por las fronteras

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608

vecinas á Francia daña de rechazo á Inglaterra por
causa de las fronteras birmanas, y que todo paso de
Francia se halla sujeto á suscitar grandísimas aprensiones en el inmenso imperio británico. Por eso cuando un día supimos el ultimátum francés á Siam que
demandaba mayor espacio en el Mekong, y tras el ultimátum vimos el bloqueo, recelando que con Francia
estuviese Rusia y con Inglaterra Germanía, temimos
la conflagración universal. Pero el carácter industrial
y mercantil, mejor dicho, el carácter trabajador de
Inglaterra presta indudablemente á la grande nación
un amor de la paz europea, muy análogo con el que
siente la reptí.blica sajona en el Nuevo Mundo por
la paz universal. Y, amén de este carácter, Inglaterra
tiene hoy al más humanitario de sus estadistas en la
cabeza del gobierno, y este grande humanitario se
halla metido en el problema de mayor dificultad que
planteara en su vida, la reconciliación de I nglaterra
é Irlanda. El proceder prudentísimo y conciliador y
mesurado de lord Rosebery concuerda con esta situación del británico imperio en tan difíciles instantes, y sirve á la política gladstoniana con suma fidelidad en el mundo, al conjurar ese conflicto, contra
lo que decían y aseguraban supersticiones bien infundadas, aunque muy extendidas, al punto de parecer
universales. El ministro de Relaciones Exteriores no
ha querido proteger muy resueltamente al rey de
Siam, ó sea «el padre de la vida, » como le llaman sus
vasallos, y ha dejado que Francia se dilate á su gusto
por los ríos y lagos vecinos á las posesiones suyas
declarando intangibles los territorios antes birmanos
y hoy siameses por cesión de Inglaterra, sitos allende el r 8° de latitud. Así ha querido establecer la,
especie de neutra zona, indispensable al amortiguamiento de todos los choques posibles entre Francia
é Inglaterra en aquellos espacios. H echo esto, conseguido esto, no tenía Inglaterra interés ninguno en que
Francia se dilatara más ó menos por el Mekong y en
que Siam perdiera más ó menos aguas en la fangosa
marisma, sobre cuyos caños y canales se levanta este
inmenso imperio. Evitar un conflicto de graves consecuencias para la paz intercontinental; evitar un bloqueo del Menan y del Mekong, que hubiese dañado
al comercio británico en aquellos apartados territorios; averiguar hasta dónde llega el afecto amistoso á
Francia de Rusia y qué impaciencia tiene Alemania
por el rompimiento de hostilidades con Francia: he
ahí todo lo capital ocurrido en las disidencias últimas entre los dos Estados libres, terminadas ya por
un definitivo arreglo en que ambas á dos acaban de
sacrificar á Siam.
H artos motivos de disentimiento hay entre Fran
cia é Inglaterra por la ocupación del Nilo, para que
vengan las cuestiones del Mekong ahora y aflojen
más y más los lazos indispensables al progreso uni·
versal. Sobre si había el joven virrey egipcio de ir ó
no al Bósforo, hase armado contienda diplomática
entre los embajadores de una y otra potencia, tan
grande, que han colocado en gravísimo aprieto y apu•
ro al sultán turco, necesitadísimo de unos y de otros.
La fama, desde los comienzos del reinado de Abbas,
imputaba un despego intensísimo del joven colegial
teresiano á los tutores británicos, por detentarle su
tesoro y ocupar militarmente su imperio, so pretexto
de mantener el canal por completo libre y de conjurar las irrupciones nubias, á cada instante amenaza•
doras del bajo Nilo, y por lo mismo dañosísimas á
la independencia y á la integridad del Egipto. L'l
fama no marró en sus aprensiones, pues ha poco tiem·
po quiso el secuestrado monarca medir toda la extensión de su autoridad, nombrando un gobierno de su
confianza, y tuvo que ceder á las imposiciones extranjeras, empeñadas en guardar allí un gobierno británico. Con suma facilidad se alcanza, por ende, cuánto
contenderían entre sí los diplomáticos rusos y franceses de un lado y los diplomáticos alemanes y britá·
nicos del otro acerca de la expedición á Bizancio de
un vasallo bizantino tan sujeto á triste vasallaje por
la gente cristiana. E n razón de los territorios asiáticos, Rusia; Inglaterra, en razón del imperio indio,
donde hay tantos musulmanes; Francia, en razón de
su Argelia y de su Túnez, pueden llamarse potencias
islamitas y han por fuerza y necesidad de tratar y
extenderse con las autoridades instituidas por el Alcorán y por las tradiciones alcoránicas en el planeta. Y
la institución alcoránica por excelencia en el mundo es
el califato, equivalente dentro de sus condiciones
propias al grande Lama del Thibet, al Papa de Roma y al Patriarca de Grecia. La posesión del califato
fué así la piedra preciosa, por cuyo logro lucharon
los Absidas con los Omniadas, parientes del Profeta,
en una guerra de exterminio, y por cuya representación se dividieron estas dos familias cercanas, pero
enemigas, sentándose la una en el trono de Damasco
y la otra en el trono de Córdoba. Nada más tentador
al sultán que ser califa, sobre todo á este sultán sa

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539

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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KXPOSICIÓN UNIVKRSAL DE CHICAGO. - El edificio de F rancia, dibujo de E. Limmer

bio é idealista, hoy reinante sobre Constantinopla;
pero su origen tártaro, su sangre mogólica, su apartamiento fisiológico de las razas árabes puras le impiden completar su autoridad política con su autoridad religiosa, por vinculada esta última en gente del

Yemen, según la liturgia alcoránica, gente que haya
nacido bajo las palmeras, cuyas melodías unísonas
acompañaron la voz del profeta en los oasis de Arabia y e·n las riberas del Nilo, así como que haya de
sus abuelos recibido aquella sangre, cuyo carmín ten-

'

dió una estela roja de conquista desde -los campos de
Bagdad hasta los campos de Poitiers. Mas en el asalto con que á diario la gente cristiana de todo el mundo arremete á la gente del Islam, cuando en los Bal·
kanes ha perdido tantos florones trocados en gobier-

l!XPOSICIÓN UNIVKRSAL Dlt CHICAGO, - Los edificios de Suecia y de la India, dibujo de E. Limmer

�LA l LUSTRACIÓN

540

ARTÍSTICA

NúMERO

608

ca y al Estado de Illinois, es el colmo de todos los mamarrachos y de todas las herejías artísticas que aquí
se han cometido. La estatua está hecha de staff, una
composición de yeso y fibra vegetal que da al yeso
consistencia y de la cual están asimismo revocados
todos los edificios por dentro y por fuera. El staff
puede ser muy consistente como yeso, no lo dudo,
pero como combustible tampoco tiene precio; de ahí
que cuando prende el fuego en el staff no se acabe
sino con la destrucción completa de lo incendiado.
No se han contentado estos señores con que la estatua fuese blanca, y le han dado un baño amarillo
que causa impresión á los aldeanos; no falta quien
crea que es de oro, porque las cosas se aprecian se·
gún las personas que las poseen.
Los norteamericanos tienen fama de ricos, rumbosos y derrochadores, y aunque los dos últimos calificativos no les cuadran, se les atribuyen maravillas
que no hacen.
Resultado: que así como la rueda merece conocerse, la estatua merece conocerse también... por lo mala. Pero que no lo sepan los yankees.
EVA

CANEL

Chicago, 25 de julio &lt;le 1893

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=.
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Parte del pórtico que un.e el Palacio de Máquinas y el de Agricultura

nos eslavos; cuando Chipre y Túnez acaban de caer
en manos infieles; cuando Grecia le pide desde las
últimas islas restantes bajo la media luna en sus mares hasta los desfiladeros de Macedonia y requiere
de su patrimonio Italia Trípoli; cuando Rusia le detenta Crimea y Georgia, extendiéndose cada día más
por Armenia y grabando en sus escudos desde el
Ararat y el Cáucaso hasta las montañas del Gran Mogol en Tartaria, justo debía parecer á los musulmanes
dar de mano á todas las aprensiones más ó menos supersticiosas respecto de sangre más ó menos límpida,
reconociendo por califa de todos los creyentes al heredero único de aquellos sultanes antiguos, que dieron al Alcorán, cuando perdía su Granada en Occidente, la mayor de sus victorias, el triunfo sobre Constantinopla en Oriente. Hase notado mucho que Abdul-Assis trata como vasallo al buen Abbas, no llevándolo consigo á las mezquitas en las ceremonias
solemnes; pero como amigo también, habiéndolo alojado en sus jardines del Bósforo; y ¡cuánto, al verse
todavía con reyes por vasallos, las ideas panslámicas,
nunca en el Bósforo apagadas, habránse por todas
partes difundido á la vista de aquellos dos interlocutores, enamorados de las grandezas pasadas con un
amor que sólo experimentan los nacidos para representar las irremediables decadencias presentes! ¡Cuál
número de veces le habrá referido el uno, salvado de
Rusia por Inglaterra, en el tratado de Berlín, que
borró la humillación de Andrinópolis, al otro, pupilo
de Inglaterra todavía, el momento de la toma de
Constantinopla por un ilustre antecesor suyo, cuando los aires se poblaban de viajeras golondrinas mientras los campos de blancas tiendas; y el sultán, después de haber orado á Dios y tenido con sus generales consejo, en una mano cogió la cimitarra de Ostman y en otra mano el libro de Mahoma, con una
mirada penetró en el cielo de la oración y con la otra
mirada empujó á sus pies los cañones, y tras sesenta
horas de terribles encuentros en torno de los muros,
donde pereció el postrer Constantino, las espadas volvieron á sus vainas y los arcos ál ángulo de su reposo, el humo de los combates se desvaneció en el cielo y cayó sobre la tierra el polvo, porque á la campana maléfica difundiendo blasfemias en el aire siguió el piadoso muezín entonando desde los alminares palabras laudatorias de Alá y sobre Santa Sofía
brilló la media luna que ampara y esclarece á los
buenos!
Madrid, 5 de agosto de 1893.
••,.,••..•.,•••••.,••..•.,.•.. ,.,•••••.,......,.............,•.,••.,•.,.••.•.,.•,.•.,....,.,.,1.,..•• ,.•••••,.•..,.,.•..••,•••.,.,.

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LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO (1)

I
El monumento, por así llamarlo, que los yankees
presentan para emular la gloria de Eiffel y achicar las
proporciones de su gigantesca torre, es la rµeda idea( l) Con este artículo comenzamos la publicación de la se-

rie de los que sobre la Exposición universal de Chicago escri·
be desde aquella ciudad expresamente para LA ILUSTRACIÓN
ARTÍSTICA nuestrn corresponsal la notable escritora Eva
Canel.

da y llevada á cabo por el ingeniero Ferris, que uno
de los grabados reproduce.
La «Ferris Wheel» es una mole que tiene 755 pies
de circunferencia por 250 de diámetro. Su complica·
da maquinaria está movida por la fuerza de dos mil
caballos, aunque no usa ni necesita más que cien libras de vapor, á decir de los que la manejan.
Los vagones que claramente se distinguen en el
grabado tienen dos filas de asientos, clavados á cada
lado del coche aéreo, y están por precaución cerrados hasta la mitad con cristales. En estos asientos
caben cuarenta personas y si es día de apuro van holgadamente otras veinte de pie.
El sistema de entrar y salir se hace sencillamente:
en las p1ataformas descansan tres vagones á un tiempo y cada vuelta se detienen para echar afuera á los
que han dado las dos á que da acción el medio peso
que se paga por darlas.
.
El efecto que producen estas vueltas resulta admirable: el panorama que se descubre es delicioso, y
sobre todo el conjunto de la ciudad inmensa y extensísima, con sus hermosos campos, apenas poblados
de casitas que semejan chalets suizos, y con su atmósfera negruzca y cerrada por el humo que se escapa
de tantos miles de chimeneas es nuevo y asombroso.
Aumentemos las vistas naturales con la grandiosidad
aparente de los edificios que constituyen la Gran fe·
ria del mundo, y con el lago inmenso que la baña,
internándose en su recinto por medio de canales que
surcan pequeños botes de nafta y poéticas góndolas
más ó menos venecianas, y tendremos, si nos hacemos
cargo de todo esto, que verdaderamente es la «Ferris
Wheel» lo más llamativo de la Exposición.
Otra de las cosas en la cual fundan los chicaguenses su orgullo artístico es el peristilo del que repro·
duce otro de los grabados la mitad con el arco central y el edificio destinado á conciertos que á su lado
se halla. A este edificio le hace pendan! el «Casino.»
El peristilo se compone de 48 columnas que representan los Estados y Territorios de la Confederación
americana.
Sobre cada columna hay una estatua masculina representando las razas india y caucásica; por cierto
que se advierte en el desnudo muy desnudo de los hombres blancos que ya las remilgadas norteamericanas
soportan sin ruborizarse el arte en todas sus fases y
con todas sus consecuencias.
E ra tiempo; pero la verdad es que no veo la necesidad de estas desnudeces en estatuas de tan escaso
valor y de tan poquísimo mérito, mal que pese á los
americanos.
El arco central llamado «Colombino» tiene apariencias de grandiosidad; pero si reparamos en el
grupo que lo corona, advertiremos que los yankees,
ni las cosas grandes, que son su fuerte, pueden hacer
completas. El carro triunfal, los caballos, las mujeres
que los sujetan, los caballeros que se ven á los lados
y el Colón que de pie sobre la carroza pregona su
triunfo previendo su apoteosis, parecen figuritas para
rematar un ramillete de confitería.
La colosal (por lo grande) estatua que sobre pedestal
de cemento surge &lt;iel canal y representa á la Repúbli-

. Conforme ofrecimos en nuestro númerq anterior,
diremos hoy algo de los edificios que Francia, Suecia
y la India han levantado en la Exposición de Chicago y cuyas vistas reproducen nuestros grahados de la
página 539.
El palacio del gobierno francés es de estilo del
Renacimiento y tiene su fachada principal delante
del lago Míchigan: dos pabellones laterales salientes
cierran un jardín en el cual se ve una hermcsa fuente de bronce. En uno de estos pabellones está la interesantísima instalación de la ciudad de París, ya conocida 'por haber figurado en otras Exposiciones; en
el otro se exponen reliquias, documentos, armas y
otros objetos relativos á Lafayette, el héroe francés
que en la gran guerra de la independencia americana
puso su espada al servicio de Wáshington y que todavía hoy es un lazo de unión entre Francia y la
América del Norte.
El palacio de Suecia es una notable reproducción
de un ejemplar de la arquitectura sueca de los siglos
xv1 y xv11 con sus curiosos pabellones, cúpulas y torrecillas. Aun cuando Suecia, que posee en Jackson
Park su edificio independiente del de Noruega, no
tiene relación histórica alguna con América, la exposición de productos de sus industrias y artes y de muchos objetos dignos de atención que tiene instalada
en aquel edificio es bajo muchos conceptos interesante. Artículos de oro, plata, cristal y porcelana, minerales, telas, etc., etc., llenan los amplios salones,
embellecidos además con multitud de cuadros y retratos. En los pabellones de los ángulos, cuyo interior presenta un aspecto altamente artístico, se admiran preciosos muebles, tapices, cortinajes, bordados
y otros objetos de arte.
Enfrente del palacio de Suecia álz'lise un gran pabellón construído según la pintoresca arquitectura
india, cubierto de filigranadas labores y de adornos
el_egantísimos: no es un edificio levantado por el gobierno; es simplemente un establecimiento en donde
se sirve te y junto al cual se encuentra un bazar en
donde algunos indostanos de atezado rostro venden
objetos de bronce, marfil y madera delicadamente
labrados, y telas, bordados, chales y tapices en tanta
cantidad que llegan á formar verdaderas montañas.
Por desgracia en todos estos productos se advierte
la influencia de la cultura europea, con lo cual dicho
se está que han perdido gran parte de sus encantos
las antiguas labores genuinamente indias.
En el reducido espacio que queda entre los palacios de Suecia y de la India circulan los trenes del
forrocarril sobre estacas que los americanos han cónstruído en J ackson Park á imitación de los aéreos que
existen en Nueva York y en Chicago: á 10 metros sobre el nivel del suelo deslízanse sobre los rieles esos
trenes que mueve la electricidad y que constituyendo
el único medio de comunicación dentro de la Exposición, apenas bastan para transportar á la multitud
de visitantes cansados que desean trasladarse cómodamente de un lado á otro. Esta escasez de medios
de transportes es uno de los grandes inconvenientes
que allí se notan, pues las distancias que hay que recorrer á pie son á menudo de cinco y hasta de ocho
kilómetros. Parece mentira que á los americanos,
hombres prácticos si los hay, no se les haya ocurrido
instalar en el parque J ackson un ferrocarril del sistema Decauville, que de fijo hubiera producido pingües ganancias. - A.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICA GO

La &lt;Ferris Wheel&gt; (Rueda de Ferris), carrousel aéreo de gigantescas proporciones. Dibujo de E. Limmer

�54 2

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS

III
De corta duración fué el intervalo de quietud .en
París durante la tarde del lunes 23 de mayo. Antes
de media noche, en ocasión de hallarme en mi hotel
Chaussée d'Antin, tumbado en el sofá y vestido aún,
comenzó otra vez el fuego, y no pude dormirá causa

bulevard de los Capuchinos, vi que aún le guardaban
considerables fuerzas de guardias nacionales, la mayoría de éstos embriagados, pero notábase en los demás mucha animación. La-barricada que había entre
el principio de la calle de la Paz y la esquina de la
plaza de la Opera, y que los cañones de Versalles habían destrozado en parte la víspera con su nutrido
fuego desde la Magdalena, habíase reparado completamente y estaba ahora reforzada con varias piezas

Fusilamiento de comunistas

NúMERO

608

de la Chaussée d' Antin, y dirigíanse hacia el Este
por las más estrechas calles, en vez de atravesar el
ancho bulevard Haussmann.
Entre las diez y las once, los que estábamos en el
hotel oímos el estrépito de un nutrido fuego á espaldas de la Cité d' Antin; y corriendo hacia la calle
Lafitte, observé que los de Versalles habían recobrado la plaza de Nuestra Señora de Loreto, el triángulo de barricadas en que me vi comprometido la tarde anterior, y que se abrían paso ah0ra á lo largo de
la calle de Chateaudun, que desemboca en la calle
de Lafayette, muy al Este de la Cité d' Antin.
Entretanto, manteníase un fuego infernal á lo largo del bulevard Haussmann, tanto que mi hotel corría
peligro de quedar cercado. Desde la calle de Lafayette, á la cual me atreví á volver, pude observar la barricada que los comunistas habían levantado en el
punto de confluencia con la calle de Chateaudun, á
lo largo de la cual hacían un fuego espantoso los federales. Sin embargo, éstos retrocedieron al fin después de una tenaz resistencia, y los de Versalles ganaron la posición dominante. Yo vi á los del calzón
en~arnado trepar por la barricada á medida que iban
saliendo por la calle de Chateaudun, y posesionarse
de la que había á través de la de Lafayette por lo
cual hicieron un fuego horroroso que alcanz~ba á la
extremidad del bulevard Haússmann, mientras que
otras tropas del Go?ierno hacían nutridas descargas
en esta vía, protegiéndola el fuego de cañón que
describía una parábola sobre sus cabezas. D~ este
modo los destacamentos comunistas que aún quedaban cerca de la extremidad del bulevard Haussmann,
no muy ~uertes por el número de hombres, pero sí
muy obst~nados, fue:on sorprendidos de frente y por
,retaguardia, y en ngor también de flanco porque
un fuego de carabina les alcanzaba á lo la;go de la
Chaussée d' Antin desde la iglesia de la Trinidad.
, Observaré de paso que, hallándome en la extremidad de una proyección al pie de la calle de Lafayette
m~ vi cogido entre tres fuegos; no se veía un sol~
paisano de puertas afuera, y hasta las mujeres tan
aficionadas á los fragmentos de bombas hallábanse
entonces á cubierto. Los comunistas, vi~ndo que el
bulevard Haussmann era demasiado peligroso para
ellos, aband~náronle uno tras otro, aprovechándose
de la protección que les ofrecía el teatro de la Opera.
A pesat de todo, las fuerzas de Versalles retrocedi:ron; de modo que á las dos y media no habían recorrido todo el bulevard Haussmann hasta más allá del
teatro de la Opera: era evidente que no querían exponerse más. A eso de las cinco y cuarto los comunistas bloquea~an á 1~ columna con un fu ego intermitente: dos minutos a paso de carga habrían bastado
para que las tropas regulares se apoderasen del bulevard en toda su extensión; mas no quisieron hacer
este esfuerzo, prefiriendo abrirse paso á través de
las casas, derribando paredes, para hacer fuego despu~s po~ las, ventanas. Así quedó libre la calle para 1a art1llena y las ametralladoras, y á fe que no
se escaseó su fuego. Las granadas y balas pasaban
por delante de mi esquina como un huracán· oíase
sin ces~r el silbido de los proyectiles y el es:répito

del ruido que producían las bombas en el inmediato y ametralladoras. Los oficiales comunistas me asegubulevard Haussmann. En los intervalos que media- raron que el fuego oído durante la noche era princiban entre los cañonazos percibíase el estrépito de las palmente el que ellos hicieron· desde la barricada,
ametralladoras, y podía oir cómo rebotaban los pro- tan nutrido que obligó á los de Versalles á retirarse
yectiles en el asfalto del bulevard, en tan considera- de su posición de la Magdalena. ·
ble número, que hubiérase dicho que granizaba. AlEste informe se confirmó hasta cierto punto por
gunas veces oía también el rumor de un fuego más el hecho de que los grandes bulevares no sufrían ahodistante, pero no me fué posible determinar en qué ra el fuego de la artillería de Versalles. Tuve el hodirección.
nor de tomar café con algunos hospitalarios guarAquello continuó toda la noche, sin que al amane- dias nacionales, que estaban bastante bebidos, y descer cesase tampoco el ruido. Apenas rayó el alba pués dirigíme hacia el palacio real para averiguar
aventuréme á ir hasta la peligrosa esquina de la ca- qué había ocurrido durante la noche en las calles de
lle de la Chaussée d'Antin, y asomando la cabeza San Honorato y de Rívoli. Algunas de las calles tracautelosamente, miré hacia el bulevard Haussmann, veseras habían padecido mucho á consecuencia del
que presentaba un espectáculo desolador. En la ancha fuego de cañón, que aún continuaba, aunque no con
vía veíanse diseminados algunos cadáveres, y otros tanta fuerza; pero las barricadas de la plaza del Pajunto á las puertas de las casas; varios de ellos hallá- lacio Real conservábanse intactas aún y armadas, y
banse en parte ocultos por el ramaje de árboles que la la que cruzaba la calle de Rívoli en su punto de
tempestad de proyectiles había tronchado; los faroles unión con la plaza de la Concordia hallábase todavía
y los kioscos estaban completamente destrozados, y en poder de los comunistas, prueba evidente de que
veíanse sus fragmentos esparcidos en todas direc- las tropas de Versalles no habían podido tomar aún
ciones. ·
la plaza. La calle de San Honorato, que recorrí en la
Por esta parte no habían avanzado seguramente dirección Oeste, estaba defendida por varias barrica.
las fuerzas de Versalles durante la noche, y hasta pa- das, en las que vi destacamentos de hombres embriarecía en cierto modo que habían retrocedido y que gados, pero resueltos al parecer á defenderse. La balos comunistas ocupaban posiciones abandonadas por rricada más fuerte se elevaba en la confluencia de
ellas el día antes. La gran batería de los primeros, la calle de San Honorato con la calle Real. Aquí
situada enfrente de los cuarteles de la Pepiniere, en la presencié un hecho de los más extraños que había
extremidad del bulevard Haussmann, posición que los visto hasta entonces. Los de Versalles ocupaban con
de Versalles tomaron la mañana anterior, hallábase numerosas fuerzas la calle del Arrabal de San Honoahora silenciosa; pero estas fuerzas tenían como pun- rato, que era la continuación de la de San Honorato,
to avanzado la pequeña batería situada en la intersec- al Oeste de la calle Real; de este modo hallábanse á
ción de la calle de Tronchet, de la que se habían retaguardia de la gran batería comunista que daba
.... .,
apoderado la víspera. Sobre ese punto, la batería de frente á la plaza de la Concordia, y sin embargo, no
la Pepiniere rompió muy pronto el fuego de cañón y podían tomarla por retaguardia á causa del fuego
ametralladoras, dirigido á la extremidad oriental del cruzado de la barriada que había á través de la calle
bulevard, donde algunos guardias nacionales, aprove- de San Honorato. Además de esto, hallábanse blochando cuanto podía servirles para resguardarse un queados por el fuego que los de Versalles hacían despoco, disparaban algún tiro de vez en cuando.
de el palacio del Cuerpo legislativo á través del SeLos sargentos comunistas corrían por los lados de na, dirigido contra la batería comunista, situada al
las calles, ordenando á los inquilinos de las casas que pie de la calle Real y que batía aquella encrucijada
cerrasen las ventanas, pero dejando abiertos los posti- por retaguardia.
gos: esta precaución tenía sin duda por objeto evitar
Hacia la Magda!ena no se veían ya tropas de Verque los partidarios de Versalles hicieran fuego contra salles, por más que hubiesen llegado la víspera con nulos insurgentes desde sus moradas. Debe advertirse merosas fuerzas para ocupar este punto, que al pareque por parte de los comunistas no se había intenta- cer proponíanse conservar. Evidentemente, su táctido nunca ocupar las casas para hacer fuego desde ca era no arriesgarse y economizar vidas en cuanto
ellas contra sus enemigos; habíanse contentado con fuese posible. Un ataque directo á ló 'largo de aquel
utilizar sus barricadas y todo aquello que en las ca- ancho bulevard les había costado, en efecto, mucha
lles podía escudarles de una manera ú otra. Los de sangre; y como los del calzón encarnado habían saliVersalles, por el contrario, según se dijo, habían ocu- do hacía poco de su cautividad entre los alemanes,
pado las casas y hacían fuego desde las ventanas. Yo no tenían grandes alientos. Muy pronto se vió que el
no puedo asegurarlo, porque no lo vi; pero sí diré sistema de los jefes de Versalles durante la noche
que procedían siempre con la mayor prudencia, y que había consistido en retroceder para saltar mejor.
excepto en casos aislados no habían sido muy emDe regreso á mi hotel, reconocí cómo las tropas de
prendedores ni hubo nada notable en la lucha cuer- Versalles se preparaban para efectuar un gran movi- de los cristales que se rompían; mas tan escasos eran
po á cuerpo.
miento por su izquierda. El día antes habían-llegado á · los defensores, que apenas murió algún hombre por
A eso de las seis fuí á dar un paseo, aunque no era la estación de San Lázaro, al parecer en su marcha efecto de aquel gasto de municiones, aunque es pro,
cosa nada agradable en tales momentos y se debía sobre Montmartre; ahora se habían apoderado de la bable que se resintieran los nervios de los pocos coproceder con la mayor circunspección. Llegado al plaza é iglesia de la Trinidad, á la entrada de la calle munistas que allí habían quedado. Indudablemente

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las tropas de Versalles agasajadas por los habitantes del bulevard Ilaussmann

su posición era desesperada, y debieron reconocerlo
así, mas parecían empeñados en resistir hasta lo últitimo. Sus esfuerzos fueron realmente heroicos; cuando todo parecía concluído, cogieron un cañón no sé
dónde, acercáronle á la entrada de la calle de Halevy, é hicieron fuego contra la posición enemiga en
la iglesia de la Trinidad. Aquello fué un caos espantoso, á la vez que imponente: no pude presenciar
más que un episodio; pero el estrépito que llenaba el
aire indicábame que también se libraban combates
en otros puntos. Sobre el humo de la pólvora el sol
brillaba alegremente, y á pesar del olor de aquélla y
de las emanaciones de la sangre, la atmósfera parecía embalsamada. Era uno de aquellos días en que se
apetece reposar sobre la hierba bajo la copa de un
árbol frondoso, viendo cómo retozan los corderos,
muy lejos de pensar en estas sangrientas luchas de
los hombres que se aniquilan con saña cruel y feroz.
Durante una hora ó más, mis vecinos los comunistas, que habían recibido refuerzos, dieron tregua á
las tropas de Versalles á fin de bajar por el bulevard
Haussmann, y otra vez contestaban al fuego de lastropas leales desde la iglesia de la Trinidad y la barricada de la calle de Lafayette. La casa de la esquina de
la derecha de la calle de la Chaussée d' Antin, cuya
proyección me servía de refugio, acababa de incendiarse, con no poca desesperación mía; pero antes de
que las llamas pudieran molestarme seriamente, era
probable que la peligrosa crisis terminara. Furioso y
mortífero era el fuego á mi alrededor, pero sobre todo hacia el teatro de la Opera; á intervalos vi algunos combates casi cuerpo á cuerpo en el espacio libre
que había enfrente de mf, y también observé que varios hombres avanzaban á lo largo del edificio por
debajo del alero del tejado. Como no me era posible
distinguir el color·del pantalón, no sabía con certeza
si eran soldados de Versalles. Una mujer se había reunido conmigo en el sitio en que me hallaba, y hubiérase creído que tenía algún amuleto para preservar
su vida, pues una y otra vez avanzó en medio del
fuego, mirando con la mayor calma á su alrededor. y
.volvió para referirme con singular volubilidad los detalles de cuanto había visto. Estaba convencida de
que los soldados que avanzaban eran los de Versalles, aunque, según le indiqué, la bandera roja ondeaba aún sobre la estatua en la cúspide del alto edificio.
Los que estaban en el hotel, á nuestra retaguardia,
parecían participar de la misma opinión, y agrupados
tímidamente en la puerta cochera, gritaban «¡Bra,
vo!, » aplaudiendo calurosamente porque creían que
los de Versalles llegaban.
La mujer tenía razón; soldados de línea eran los
que llegaban, protegidos por el parapeto del teatro
de la Opera, y la gente del hotel corrió en medio del
fuego agitando los pañuelos y aplaudiendo. La bandera tricolor ondeaba sobre el pórtico más próximo,
y la roja en la extremidad más lejana. De repente vi-

La excitación llegó entonces á su colmo; los habitantes salieron de las casas llevando botellas de vino;
por las ventanas se arrojó dinero á la calle; las_ mujeres abrazaron á los soldados, y oyéronse los gntos de
«¡Viva la línea!» Las tropas fraternizaban, ac_ep!a~do
los obsequios; pero debo confes~r que su d1sc1~l111a
era admirable. Cuando los oficiales llamaron a los
soldados éstos obedecieron al punto, y acto continuo
reformár~nse las compañías. Gracias á las fuerzas de
Versalles, volvíamos á ser gente ~e orden, y nos era
dado rechazar toda clase de relaciones como las que
habíamos tenido temporalmente con los comunistas,
á los cuales se comenzaba á batir resueltamente.
Las tropas de Versalles, caballería, artillería é infantería, llegaban de continuo por la calle de Chaussée
d' Antin y la de Halevy, desembocando en el gran
bulevard de la plaza de la Opera, á fin de sorprender por el flanco y la retaguardia á los rebeldes, los
cuales conservaban aún posiciones y habíanse posesionado del bulevard de los Capuchinos casi hasta la
Magdalena. Esto no se consiguió sin una empeñada
lucha y considerables pérdidas, pues los comunistas
se batían como leones, utilizándose de todo punto
que les pudiera preservar un poco del fuego. Hasta
cuando se alcanzó el triunfo de que acabo de hablar,
la situación era sing1,1larmente comprometida. Los
de Versalles, avanzando por la calle de la Paz, amenazaban la plaza de Vendome, pero evitando la lucha de cerca; mientras que los comunistas, por su
parte, amenazados de esta suerte de que se les cortase la retirada, empeñábanse en conservar sus barricadas con cañones al pie de la calle R eal y en la
extremidad occidental de la de San Honorato. Esta
última se había reforzado muy bien, convirtiéndola en
una verdadera fortificación, y así es que, aun cuando
la artillería de Versall es la batiera desde el palacio
del Cuerpo legislativo, los cañones que tenía á retaguardia eran suficientes para neutralizar en parte los
esfuerzos de las tropas que deseaban apoderarse de
la Magdalena. Comenzaba á desear con ansiedad comunicar algunas noticias, y á fin de informarme sobre si había algún medio de enviar una valija á Versalles desde la embajada inglesa, situada en la calle
del Arrabal de San Honorato, me encaminé por el
bulevard Haus~mann. Ahora estaba tranquilo, y pude ganar, gracias á varios rodeos, la calle de Aguesseau, que desemboca en el arrabal, casi enfrente de
la embajada inglesa. Las bombas reventaban con frecuencia en las inmediaciones; pero mi asunto era urgente, y desde la esquina de la calle de Aguesseau
penetré en la del Arrabal de San Honorato, pensando que me sería fácil introducirme en la embajada;
pero hube de retroceder, porque un casco de bomba
silbó junto á mi cabeza, tocándome casi la barba.
Aquella calle era un enorme tubo, el más propio para el fuego de cañón; era imposible permanecer allí
un momento; mas suponiendo que pronto disminuiría,
esperé en un portal por espacio de una hora. A mi
alrededor había varias ambulancias (como se llamó
á los hospitales de sangre en la última guerra). En
los patios de varias casas vi colchones y jergones
tendidos por el suelo, 'y en ellos soldados que se
quejaban. En las calles, detrás de las barricadas y en
su inmediación veíanse muchos cadáveres, principalmente de guardias nacionales.
Al anochecer, aún estaba esperando en el mismo
sitio, y el fuego parecía aumentar más bien que disminuir; pero yo no podía perder más tiempo. Para vol-

mos bajar por el bulevard un muchacho que llegó
hasta la esquina de la calle de Halevy, llevaba calzón
rojo y era hijo' de un soldado de línea; iba solo, pero
esto parecía complacerle; se colocó detrás de un árbol, y disparó su primer tiro contra un comunista
que andaba de un lado á otro en la intersección de
la calle Taitbout. ¿Cuándo dejará un francés de ser
dramático? El muchacho hizo fuego con petulan~ia;
volvió á cargar con la misma, y disparó su segundo
tiro tomando una posición estudiada. Los del hotel
le aclamaron, aplaudiéndole ruidosamente. El muchacho hizo entonces una seña, siempre con su aire dramático, para que se retiraran á un lado sus admiradores, porque se disponía á tirar hacia la calle de Lafayette contra un pequeño grupo de comunistas que
desde un ángulo de la calle Lafitte tomaban por blanco al joven tirador. Este último hizo una señal á sus
compañeros con exagerados ademanes, como esos
que se pueden ver en un melodrama terrorífico; mientras que las balas de los comunistas cortaban la corteza y el ramaje del árbol que servía de parapeto al
muchacho. ¡Ah! Al fin cayó; pero había dado pruebas de intrepidez. La mujer que estaba á mi lado y
yo cruzamos para recogerle del suelo; pero bien podíamos habernos ahorrado la molestia y el peligro,
porque el muchacho había muerto á consecuencia
del balazo que le atravesó la cabeza.
Este breve episodio fué cosa de pocos minutos, y
cuando terminó fijamos la vista en el teatro de la
Opera. Habíase traído una
escalera, no sé
de dónde, y un
soldado d e
Versalles subía
hacia la estae
tua de Apolo,
_..,
que dominaba
'la plaza de la
Opera. Arrancó la bandera
roja y sustituyóla con la tricolor en el momento en que
la cabeza de
una numerosa
columna de
Versalles, saliendo de la
calle de la
Chaussée d'
Antin, á través
del bu levard
Haussmann,
avanzaba á paso de carga.
Aspecto del Hotel de Ville después del incendio, visto desde el Sena

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�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA
ver á mi hotel tuve que cruzar la línea de la artillería
de Versalles, que seguía haciendo fuego desde la iglesia de la Trinidad, y bajar después por la calle de
Halevy hacia el punto donde el ruido indicaba que
la lucha persistía. Los artilleros recibieron una entusiasta ovación de los habitantes de la Chaussée d'
Antin, donde en todas las ventanas veíase la bandera
tricolor, que ondeaba á impulsos de la brisa, mientras
que á intervalos oíase el grito de «¡Viva la línea!»
Sin embargo, aún quedaba mucho que hacer. Las
balas perdidas silbaban por todas partes, tanto que
las mujeres, que mostraban un singutar valor, dieron
á los proyectiles el nombre de gorriones.
Cuando cerró la noche, por la calle de San Honorato, la plaza de Vendome y las inmediaciones del
palacio real oyóse el estrépito de la artillería de
grueso calibre, el fuego de las ametralladoras y de
fusilería, produciéndose á veces explosiones que hacían retemblar el suelo.
Después de una noche de horrores que pareció interminable, apareció la mañana del miércoles 24 de
mayo. ¡Qué espectáculo tan desconsolador iluminaran los primeros rayos del sol!
ARCHIDALDO FORBES

(Concluirá)

Bellas Artes. - La Sociedad de acuarelistas de San Petersbugo proyecta celebrar en 1895 en aquella capital una gran
Exposición internacional de acuarelas.
- El gobierno belga ha encargado á los escultores Van der
Stappen y Meunier una porción de esculturas que han de embellecer el Jardín Botánico de Bruselas: en el centro de éste se
erigirá un grupo colosal que representará al Tiempo mostrando
su camino á la Virtud y estará rodeado por cuatro estatuas de
las estaciones del año. Detrás del mismo se levantarán las figuras del Dla y de la Noche. De este grupo central arrancarán á
modo de abanico multitud de esculturas que reproducirán asuntos de jardinería y de historia natural.
- Además de las obras que indicábamos en una anterior
illiscelá,zea, han sido adquiridos para la Galeria Nacional de
BerHn, procedentes de la Exposición alli celebrada, cuadros al
óleo de Gude, Ilenseler, Jernberg, Saltzmann, Spangenberg,
Weisshaupt y Wenglein, seis acuarelas de Kroner y una estatua de Stuck.
- El Museo Silesiano, de Breslau, ha adquirido una estatua
de Arturo Volkmann que representaá Hércules joven: á la Galería de la propia ciudad ha sido regalado por el Dr. Promnitz
un hermoso cuadro de Carlos Marr que representa un grupo de
niñas encaminándose á la aldea en donde han de recibir la primera comunión.
- Maximiliano Rooses, conservador del Museo Plantin, de
Amberes, ha publicado un trabajo sobre los precios que en los
Pa!ses Bajos se pagaron por las obras de arte en los siglos xv1
y xv11, consignándose en él entre otros datos los siguientes:
Rubens recibió en 161I por el Descendimiento de la Cruz 4.375
pesetas; por la Comtmúfo de San Francisco 1.375, y por los 21
cuadros que con sus discípulos pintó desde 1622 á 1635 para la
Galer!a de los Médicis 125.000: el mismo pintor ped!a por sus
retratos 44 pesetas, por un dibujo 36, 21 y 15, según fuese de
tamaño en folio ó en cuarto ó en octavo. Van Dyck por el re·
trato de Carlos I que existe en el Louvre recibió 2. 500 pese·
tas; por su Cristo en la Cruz, que se conserva en la catedral
de Meche!, 1. 125, y por su Gólgota, que se encuentra en Gante,
cobró 1. 500. J ordaens por el gran cuadro que figura en la sala
de 0range del palacio del Bosque en la Haya cobró 5.375, y
por cada uno de los cuadros de su Historia de los bátavos
r.o8o. Los famosos grabadores Teodoro y Cornelio Galle, Pedro de Jode y Lucas Vostermann cobraban por un grabado de
gran tamaño 125 pesetas. Et sic de cateris.
- En Bingen se ha constituido una Asociación de cuadros de
Jesucristo, cuyo objeto, según el articulo primero de sus estatutos, es exponer en distintas ciudades pinturas, asl originales
como buenas copias de obras maestras, que representen escenas
edificantes y bellas de la vida de Jesús, especialmente los milagros, fomentar su venta y comprarlas por cuenta ele la Asociación, en parte para rifarlas entre sus asociados, en parte para
formar una galería propia. Quedan ex~luldas las obras que re·
produzcan un asunto religioso que no cuente una tradición de
un siglo por lo menos. Inútil es decir que esa Asociación truena
contra las tendencias de todas las escuelas modernas que «sólo
rinden culto á lo feo, despreciando los elevados ideales en que
ya se inspiraron los griegos en la mejor época de su arte,&gt; y especialmente contra aquellos artistas que sin sentirlos de cora·
zón pintan asuntos religiosos cen los cuales la mano tosca de la
técnica moderna despoja de toda su santidad á la figura del
Gran Fundador de la religión cristiana.&gt; La primera exposición celebrada por esa asociación consta de 14 copias de cuadros antiguos (de Giotto, Masaccio, Fiesole, Leonardo de Vinci, Ticiano, Rafael y Palma el viejo) y dos originales de Schanclolph y Mintrop.
- En una subasta de grabados de Rembrandt procedentes
de la colección Ilolford, verificada por la casa Christie Manson
y Wood, de Londres, han alcanzado algunos ejemplares pre·
cios exorbitantes. Tres de ellos, Cristo mra11do á los enfermos,
Rembrandt con la espada y Efraim Bom,s, produjeron 142. 500
pesetas: el primero de los tres es un ejemplar único y del segundo sólo existen, además del vendido, tres ejemplares en
otros tantos museos públicos. El precio total ele los grabados
vendidos en un solo día ascendió á 500.000 pesetas.
- Los artistas de Dusseldorf están haciendo grandes trabajos para la fiesta del Afall.-asten ele que hablamos en una ele
nuestras anteriores illúcclá11cas. Además ele una rifa de cuadros
y objetos de arte de los asociados, cuyos productos, que son
siempre cuantiosos, se destinan á la Sociedad de Amparo y á

la Caja para las viudas ele artistas, habrá, como dijimos, un
Salón internacional que se titulará Salón del porvenir y en el
cual se satirizará la pintura que se supone ha de predominar en
los tiempos futuros. También se publicará un álbum para el
cual han ofrecido lps principales poetas y prosistas alemanes
varios trabajos que ilustrarán los más reputados artistas. El
consejero Augusto Bagel, socio de honor de la Asociación de
Artistas de Dusseldorf, que es la que organiza la fiesta, costea
todos los gastos que ocasione la publicación del referido álbum.
- En el concurso celebrado para la reedificación de la Opera
Cómica de París ha ganado el primer premio ele 10.000 trancos el proyecto del arquitecto Bernier que reune, al decir del
Jurado y de cuantos lo han estudiado, todas las condiciones estéticas y técnicas exigibles en esta clase de construcciones.
Además han sido concedidos un premio de 6.000 francos á Lar·
che y Nachon, otro de 4.000 á Blondin y cuatro de 2.000.
- En una iglesia de Dresde se han descubierto muchas esculturas antiguas de piedra arenisca, alabastro y madera, en su
mayor parte fragmentos de sepulturas procedentes del templo
que se incendió en 1727: entre ellas llaman la atención un re·
lieve de alabastro de la tumba: del caballero Gunther ele Bunau, fallecido en 1562, obra del escultor de la corte Juan Cramer, varios fragmentos del siglo xvu, un Cristo de tamaño
natural y un crucifijo de alabastro. A excepción ele estos dos
últimos, que han quedado en la iglesia, los demás objetos han
sido trasladarlos al Museo Municipal.
- Con ocasión de restaurarse la antigua iglesia de Watervliet, en la Flandes oriental, se han descubierto recientemente
en ella restos preciosos de frescos que datan de la Edad media: además se ha visto que el templo posee una porción de
monumentos notables del arle antiguo, la mayor parte de ellos
en estado lamentable. Entre los cuadros se han encontrado algunos de Quint[n Massys y de Gaspar de Grayer.
- En la Fine Society de Londres ha expuesto Mr. Alfredo
Parsons una colección he cuadros pintados durante una estancia de nueve meses en el Jap6n, en los cuales ha descrito por
modo admirable la naturaleza ele aquel pa!s sin cuidarse para
nada de que en sus obras apareciese retratado el pueblo japonés. Los jardines, los bosques, los campos, aquella vegetación
en suma que tanto sorprende al viajero y que tan bien describen escritores como Pedro Loti, aparece reproducida en toda
su magnificencia de formas y en toda su brillantez de colores,
revelándose en cada cuadro el sentimiento ele un poeta y el
talento de un gran artista.
En el propio local tenía expuestas Mr. Roussoff una serie de
acuarelas sobre asuntos tomados ele la vida egipcia á cuyo estudio se ha dedicado aquel pintor inglés con tanta constancia
como éxito.
Barcelona. - Salbn Parés. - Las últimas obras expuestas han
sido varias figuritas en barro c,ocido de Carcasó, obritas ligeras,
pero que demuestran las facultades de su autor, y una colección ele dibujos del joven artista Sr. Simont, entre los cuales
sobresale un carbón de grandes dimensiones. Constituye este
trabajo, como los demás, un simple estudio; pero por su tama·
ño, por el conjunto y la escena desarrollada sin pretensión ninguna y por el cariño y conciencia con que ciertos detalles están
ejecutados merece esta obra especial mención y se hace acreedor su joven autor á que se le estimule por la seguridad de que
con estudios seriamente ejecutados, como éste, adquirirá indudablemente lo que entrevé en sus aspiraciones de artista.
SaMn de &lt;la Vanguardia.&gt; - Ila coincidido la última expo•
sici6n de este local, formada por numerosos grabados alusivos
al trágico destronamiento del infeliz Luis XVI ele Francia, con
la aparición en nuestras páginas de El centenario rojo, de la insigne escritora Doña Emilia Pardo Bazán, circunstancia que
ha aumentado, si cabe, el número ele visitantes en el concurrido vestíbulo de nuestro querido colega, deseosos de contemplar
la representación gráfica de muchas de las peripecias por que
pasó la desdichada familia real al ser presa y juzgada y condenada por los tribunales revolucionarios.
- Se ha publicado y hemos recibido el Reglamento de la segunda Exposición general de Bellas Artes que se celebrará bajo los auspicios y dirección del Ayuntamiento de esta ciudad
del 23 de abril al 29 de junio de 1894. Se admitirán obras de
Pintura, Dibujo, Grabado y Modelos escenográficos- Escultu·
ra, Arquitectura, - sin que ca&lt;\a artista pueda p resentar más de
cuatro obras por cada sección, á menos que, a juicio del Jurado, la naturaleza del asunto exija mayor ní1mero y las condiciones del local lo permitan. El plazo fijo para la rece¡)Ción de las
obras será desde el 26 de marzo hasta el 5 de abril inclusive.
Los gastos de transporte, ida y vuelta, correrán á cargo del
expositor, exceptuándose las obras de artistas nacionales y ex·
tranjeros que hayan obtenido primeros premios en Exposiciones
nacionales ó universales. El Jurado de admisión lo formarán
nueve individuos de la Comisión organizadora y nueve artistas
elegidos por los expositores á quienes les haya sido admitida
alguna obra en la Exposición anterior ó en Exposiciones nacionales ó extranjeras. El Jurado de recompensas estará constituido por tres vocales elegidos por cada sección y seis de la comisión organizadora. El Jurado podrá conceder un premio de
honor y 24 diplomas, repartidos entre los tres grupos ele Pintura, Dibujo y Grabado - Escultura, Arquitectura, - según el
número é importancia de las obras expuestas en cada sección.
Se asignan para adquirir la obra que obtenga el premio de
honor 10.000 pesetas y 40.000 para doce de las obras distinguidas con diploma. Esta última cantidad se distribuirá á juicio del Jnrado, verificándose la compra á los tipos que se señalen, mediante la conformidad de los autores. En la Expcsición
figurará una sección especial destinada á las reprodu~c1ones de
obras de Arquitectura, Escultura, Pintura y Artes suntuarias,
pudiendo el Jurado premiarlas con los diplomas que conside·
re de justicia.
Teatros. - En el Nuevo Teatro, de Leipzig, se ha estrenado una opereta en tres actos, José Galea110, letra de M. Singer
y música de Julio Stern, vieneses ambos: la música ele esta obra,
que fué bien acogida por el público, aunque tiene algunas reminiscencias de otros compositores, abunda en ní1meros agradables.
- En el teatro Kroll, de Berlln, se ha verificado con gran
aplauso la primera representación de una ópera romántica, El
herrero de Gret11a-Green, cuya música, de Juan Doebber, es
casi toda del género melódico.
- En Wurzburgo han comenzado las representaciones ele la
nueva ópera K1mihilda, de Cirilo Kistler, que ha sido puesta
en escena con gran lujo y ha conseguido un éxito completo.

NúMERO

608

de multitud de zarzuelas, en su mayor parte bufas, que lograron
gran aplauso y popularidad, y ele algunas celebradas obras dramáticas: era diplomático jubilado con la categoría de ministro
plenipotenciario, y además de sus obras literarias deja escrito un
A/anual de e.xtradicio11es.
Federico Adami, notable prosista y poeta alemán y crítico
teatral.
Alejandro Brown, astrónomo inglés, autor, entre otras, de la
importante obra Los principales eclipses solares m lGs siglo xv11
y XVIII.
Juan Federico J encke, fundador y director de la l,1stit11ción
de 1sordo-11111dos, de Drescle.
Wassili I wanowitch Popoff, vicealmirante ruso, jefe de la
Administración principal de la Construcción y armamento de
buques.
Mario Uchard, distinguido novelista francés.

Un intruso cuadro de Paria. - Dígase lo que se
quiera, el munclo'está todavla dividido en castas, y lo másgra·
cioso del caso es que tal división no sólo existe entre los seres
racionales, sino que también entre los brutos imperan estas distinciones. El precioso cuadro de Paris es una gran verdad: el
poQie borriquillo será siempre un intru_so para_ los ca_ballo~ de
media sangre ó de sangre entera; la anstocrac1a equma siempre mirará con desprecio al humilde asno que intente codearse
con ella. Y, sin embargo, si á estudiar fuéramos quién más
utilidades presta, quién vale más, tal vez... Pero dejemos este
orden de consideraciones que podría llevarnos muy lejos, y en
presencia de la bellísima obra de arte que reproducimos, admiremos la perfección con que está compuesta y ejecutada y una·
mos nuestro aplauso al que el público ha otorgado en el último
Salón de Parls al autor de Un intniso.
Vistas de Siam. - Bang-Kok, la capital del reino siamita, divídese en tres partes, la ciudad real, la siamesa y la exterior que por medio de sus arrabales se va poco á poco confundiendo con el barrio europeo. La primera, separada del resto
ele la población por muchos canales y circuida por una muralla
con muchas puertas y torres, contiene los palacios del rey y del
segundo rey con sus hermosos jardines, patios, templos, ministerios, cuarteles, colegio militar y demás dependencias oficiales.
El palacio, de con,trucción reciente, es un imponente edificio,
cuyo arquitecto, un italiano, ha sabido armonizar con exquisito
gusto el estilo europeo y el siamila. Pero éste no es más que el
palacio que se enseña á los europeos; la vivienda real propiamente dicha y demás dependencias de la casa del monarca, en·
tre ellas el harén, constituyen otra pequeña ciudad amurallada
en la cual ningún extranjero puede penetrar.
Otro ele los grabados que publicamos reproduce el buque co·
rreo Juan Bautista Say, de la Compañia de las Mensajerías
ti uviales de Cochinchina, que es el que el dla 13 de julio dirigía por la desembocadura del Me-Nam á los buques de guerra
franceses el Comete y el I11constant que se vieron de improviso
cañoneados por los siamitas.
En el tercer grabado se ven los buques franceses anclados
delante del Consulado general de Francia: en primer término
está el Lutill, en segundo el /11co11sta11t y en tercero el Co111ete.
Los edificios que se ven en el fondo son: de izquierda á derecha, la Aduana, el Consulado general ele Francia, el Oriental
Hotel y la iglesia de la Asunción.

Tarde de estío, cuadro de H. Caffleri. - Huyendo
ele los ardores del sol, se han refugiado esas dos niñas á la grata sombra de frondosos árboles, y allí sobre la alfombra cíe tupida hierba entretiénense cogiendo hiedra y flores silvestres con
•que entretejerán una corona para llevar á los pies ele la imagen
de la Virgen q\le adorna ei templo ele su aldea y á la cual dirigen sus oraciones infantiles. Tan sencillo asunto ha servido al
autor del cuadro que reproducimos de tema para una compo.sición de esas que llegan directamente al alma después de
recrear los ojos: en toda ella se desborda ese sentimiento que
inspiran los idilios, que se bebe en la naturaleza, eterna fuente
de la poes!a, la verdadera generadora de la obra artística. Tarde de estío no asombra por su interés dramático ni por su comp)ica~a labor, ~ro deleita ~ r 1~ placi?ez que respira y al pro·
p10 tiempo cautiva por su eJecuc1ón pnmorosa.
Contravapor, cuadro de F. Sallé. - Bien pudiera
llamarse á este cuadro el reverso de la medalla del anterior:
en él la nota dramática predomina por completo. Contemplando la figura del maquinista que apoyado con vigoroso esfuerzo
sobre la palanca pretende detener el tren que conduce, se presiente la catástrofe próxima y se adivinan la angustia, el terror,
la desesperación de aquel hombre de cuya mano tantas vidas
dependen, y la abnegación del héroe que lejos de intentar con
la fuga la salvación dificil, pero posible, espera en su sitio, á
pie firme, la muerte segura, sabiendo que él ha de ser la primera víctima del desastre. El cuadro de Sallé es ele los que impresionan profundamente, no sólo por el asunto, sino por el vigor con que está pintado; parece como que el artista, identificándose con la situación terrible que reproduce, trazó aquellas
líneas y aquellas sombras sintiendo todo el horror de un gran
peligro inmediato y marcó con enérgicas pinceladas el coloso
de hierro que sobre los rieles se desliza, las figuras de los que
tratan de contenerlo y las llamaradas y el vapor que el hogar y
la caldera vomitan. Comprendemos el efecto que Contravapor
produjo en cuantos visitaron el último Salón de los Campos
Elíseos de Par!s.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de París y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el mejor de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
Necrología. - Han fallecido recientemente:
teniendo además la superioridad sobre los feRafael Garcla Santisteban, distinguido escritor español, autor rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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547

~----

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO M.\EL. - 11,USTRACIONES DE ALFREDO PARIS

terminado sus estudios preparatorios en la Escuela
Naval. Su tío no quiso disuadirle de su propósito;
antes por lo contrario, le animó á seguir la gloriosa
EN EL NORTE
carrera que había empezado. Dos a_ños más t~rde, e l
joven e mpezaba su carrera de manno en calidad de
A Levante y á Poniente, por el Sud y por el Noraspirante de segunda clase.
te, las olas de un mar gris y s?mbrío_ roda~do con
En aquel momento era teniente de navío. El miinfinita tristeza y monotonía baJO un cielo sm sol. Y
nistro, que le había otorgado lice~ci~ ilimita~a para
sobre la extensión inmensa, un buque largo y estredar impulso á la generosa y patnótica tentativa d el
cho, coronado de un penacho de humo que el vienSr. de Keralio, permitía de esta manera que el oficial
tomara parte en los riesgos, pero también en la gloria
que debía resultar de esta expedición á esas regiones de las que han vuelto tan pocos exploradores.
El hermano mayor de Huberto, Marcos d'Ermont,
de complexión delicada y enfermiza, pero de gran in1
' .,;:
teligencia, se había dedicado al estudio de las ciencias físicas. A los treinta años era uno de los sabios
más distinguidos de la capital; su nombre había brillado diversas veces asociado á útiles descubrimien; ..,:;,;_
tos. No había podido acompañar á su hermano y á
~"'►- - t
.}..-:r-a·P..-;~
su tfo en su expedición; pero desde dos años antes se
1,
dedicaba en compañía de Huberto á misteriosas y di"
fíciles pesquisas que debían dar mayores probabilidades de éxito á aquel viaje, gracias al invencible po~ ;,.&lt;;:....
'- ....~ ....
??:_,..· _.,,,
der de la c iencia.
I sabel de Keralio había recibido una educación y
tenía un carácter que se parecla poco al de nuestras
señoritas francesas. Gracias á la larga estancia de su
familia en América, y quizá por vía de costumbre
lentamente adquirida, poseía aquella energía viril que
de tal modo contrasta con la dulzura, la languidez y
las tímidas gracias de las mujeres de la vieja Europa.
Diestra en todos los ejercicios corporales y dotada de
alta cultura intelectual, hubiese sin duda asustado á
un novio que la conociera menos que Huberto.
Arbola el pabellón francés y su marcha es rápida como la de los mejores transatlánticos
Pero éste conocía mucho á su prima y sabía que
aquellos modales bruscos en nada perjudicaban las
to muy bajo esparce en espesos copos que tardan en se necesita que se aquilate por medio de una expe- cualidades exquisitas de la señorita de Keralio, y que
riencia incontrovertible.
solamente servían para disimular á ojos poco perspiperderse en el aire ambiente.
- En tal caso, ha llegado el momento de intentarla, caces los tesoros de caridad y ternura que encerraba
Hace doce días que ese buque ha salido de Cherbourg. No es un buque de guerra, por más que brillen profirió detrás de ellos la voz fresca de una joven.
aquella alma escogida. Por otra parte, Isabel se desLos dos se volvieron.
dos cañones de acero sobre sus castillos de proa y
pojaba en la intimidad de aquella brusquedad ~paren- ¡Hola, prima!, exclamó Huberto, inclinándose te y recobraba todos los encantos de su sexo, sabienpopa. Arbola pabellón francés y su marcha es rápida
como la de los mejores transatlánticos. A pesar de su respetuosamente.
do ponerlos de manifiesto, ejerciendo, gracias á ellos,
- ¿Vie nes á recordarnos que es la hora de almor- una poderosa seducción sobre cuantos la rodeaban.
velocidad y de los días que lleva de viaje, sólo ha alcanzado la altura del 70º paralelo: alguna causa de or- zar, lsabelita?, preguntó el Sr. de Keralio. No sé si se Música habilísima, ya d ejara correr sus dedos sobre
debe al viento fresco que sopla; pero la verdad es que el teclado, ya diera rienda suelta al raudal vibrante
den natural y lógico habrá retardado su marcha..
Principia ya la primavera, y á fin de ganar tiem- siento un apetito mayor que de ordinario, y que el de su voz admirable, encarnaba entonces toda la arpo los navegantes han emprendido el viaje con- estómago parece que adelanta como los relojes.
monía íntima, de la cual su belleza no parecía sino el
La joven tendió su mano á Huberto y acercó la exterior reflejo.
ta~do aprovechar el mes de abril. Esto hace que se
deba avanzar con mucha cautela, porque ha empeza- frente á su padre.
Se habían desposado espontáneamente, con el condo ya el deshielo. En la punta de Ekersünd el navío
- No, padre, replicó; apenas son las diez de lama- sentimiento del Sr. de Keralio, y quedó resuelto que
tuvo que detenerse breve espacio por el encuentro ñana. H e venido para asistir al magnífico espectácu- el matrimonio se celebraría el día en que Huberto
de algunos grandes témpanos errantes. Después, cuan- lo que se prepara, pues el comandante Lacrosse ase- hubiese conquistado las charreteras de teniente ~e
do el mar quedó libre, avanzó á lo largo_ de los al- gura que dentro d e poco rato asistiremos á una ver- navío.
tos acantilados de Noruega, por la región de los dadera iluminación de los hielos.
A los veintisiete años las poseía ya. Pero entonces
Y sin más preámbulos, tomando un sillón igual al un nuevo retardo había surgido para impedir aquella
fiords. En estos momentos el cabo Norte está tan
sólo á algunos minutos al Este. Mañana ó pasado, de los dos hombres, se sentó junto á ellos.
unión tan deseada por una y otra parte.
La que acababa de hablar era una joven alta y hersegún lo permitan las corrientes templadas, el buque
Pedro de Keralio no era marino, pero había navese acercará á la costa, y el 15 de mayo el Océano mosa que contaría veinte años á lo sumo. Tenía ne- gado lo suficiente para no temer nada del mar. Por
gro el pelo y azules los ojos, como se ven en las razas lo contrario, sentía. gran afición hacia él, y llegado á
Boreal estará completamente libre.
En el castillo de popa conversan dos hombres, arre- de origen kimrico é ibero, tales como los irlandeses, la edad en que la mayor parte de los hombres se aparlos gaélicos d e E scocia y los bretones de la costa. Su tan de todo trabajo y de toda fatiga, concibió el prollanados en sillones, dando la espalda al buque.
Uno de estos dos hombres es joven, pues parece cuerpo, esbelto y bien formado, denotaba un vigor yecto de dedicar á la ciencia una parte de su inmensa
no contar más allá de veintiocho años. Es alto, de poco común entre las mujeres, al propio tiempo que fortuna. El patriotismo había dado á esta noble idea
anchos hombros, bien proporcionado. Su interlocu- los reflejos metálicos que despedían á veces sus pupi- un carácter de conmovedora grandeza, y un día, en
tor, á pesar de que tiene blancos la barba y el pelo, las, al fruncir el entrecejo, indicaban una g ran ener- alta voz, ante un auditorio de amigos invitados á los
no re presenta más de cincuenta a~o.s. Hablan .c~n gía. Se adivinaban en ella el alma y los nervios de una desposorios de Huberto y de Isabel, había dicho:
gran interés del objeto y de las cond1c1ones del viaJe. verdadera heroína, desprovista de petulancia, pero
- En cuanto mi hija se habrá casado, realizaré un
.
- Desde que salimos, nuestra Estrella se porta también de falsa timidez.
proyecto que acaricio desde hace mucho tiempo. Iré
admirablemente, como uno de esos buques ya acosIsabel de Keralio era hija única de un propietario al polo. No quiero que se diga que Nares, Stephe ntumbrados á todos los mares. Permitidme que os fe- é industrial poseedor de tierras y talleres en el Cana- son, Aldrich y Markham, es decir, unos sajones, en
licite pues es un navío modelo y tenéis mucha razón dá, donde se estableciera su familia hacía dos siglos. 1876; que Greely Lockvood y Brainard, americanos,
en e;tar orgulloso de él, ya que sois su pad~e.
Pedro de Keralio, de origen bretón, había vuelto al es decir, otros sajones, en 1882, han ido más allá
- Sin duda alguna soy su padre ... adoptivo. Pero país de sus antepasados y se había estáblecido cerca del 83° paralelo, sin que los franceses hayan hecho
antes que á mí se deben sus condiciones marineras al de Roscoff en una magnífica propiedad que allí po- más que ellos.
comandante Lacrosse. A él y á ti, mi querido Huber- seía. Isabel tenía apenas diez años al volver á su anIsabel lanzó una exclamación.
to ¡os debo muchísimo! Hace ya tres años que, sin tigua patria. Había crecido en compañía de las gentes
- ¡Cuando me habré casado! ¡Pues bien: aun cuanque lo sospechéis ~iquiera, os estoy desvalija~do ~a- de la costa, pero bajo la continua inspección de su do todos mis amigos afeen mi conducta, no quiero
terialmente, pues me aprovecho de vuestra c1enc1a y padre, que quedó viudo poco tiempo después de nacer que se diga que I sabel de Keralio deja d e tomar parde vuestra práctica combinadas.
su hija. A ésta le conservó los cuidados asiduos y casi te en tan gloriosa empresa! Conozco bastante el cora- ¡Vaya! No hable mos de mi experiencia, mi que- maternales d e Fina Le Floc'h, su nodriza, que la que- zón de Huberto para saber que me permitirá seguir
rido tío; tengo muy poca y por entero pertenece al ría entrañablemente. Al propio tiempo, e l riquísimo á mi padre e n ese viaje hacia lo desconocido.
comandante Lacrosse. Por lo que á mí toca...
canadiense, que no tenía más familia, llamó cerca de
Algunos amigos aplaudieron; pero el mayor núme- ¿No eres acaso el inventor de ese submarino en él á dos sobrinos huérfanos, de dieciocho y veinte ro protestó.
el que tanto confiamos?
años, Ma.rcos y Huberto d 'Ermont, hijos de una her- Hija mía... , dijo el Sr. de Keralio.
- Confieso de buena gana que algo tengo que ver mana suya que murió poco después que su esposo el
Isabel no le dejó concluir. Se acercó á él, le abraen el asunto; pero hasta ahora no hay nada compro- capitán de navío Roberto d 'Ermont. Huberto había zó estrechamente con dominadora ternura, y replicó;
bado, y por otra parte no se d ebe á mí sol? el descubrimiento. Mi hermano Marcos ha trabaiado tanto
como yo, y si los ensayos ~onfirman nuestras esperanzas, suya será toda la glona.
.
E l Sr. de Keralio se echó á reir.
- ¡Ah, ya!, dijo. ¡Ya tenemos otra vez el ~amoso
secreto en campaña! Ese secreto que no debéis revelar sino en hora oportuna.
.
.
- Precisamente; ese secreto que antes de divulgar-

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- ¡Chit, padre! Ni una palabra más; quedamos
conformes. Me has educado de tal modo que, en opinión de mucha gente, antes parezco un muchacho que
una mujer. Iré al polo Norte. Y sabed además, papá,
que no os desobedezco, pues acabáis de prometerme
á Huberto, y su autoridad desde hoy es para mí igual
á la vuestra. ¡Ea, hablemos de la expedición!
El Sr. de Keralio se dirigió entonces á Huberto.
- He de recurrir, pues, á ti, yerno mío, para que
hagas entrar en razón á esa locuela. ¿Quieres hacerlo?
Huberto, puesto así entre dos fuegos, se levantó.
- Querido padre, contestó, pues ya puedo daros
ese título, trataré de disuadir á mi prima de ese proyecto lleno de peligros; procuraré demostrarle que
tal resolución es muy difícil de cumplir por parte de
una mujer; pero si no quiere plegarse á mis consejos, si de todos modos se empeña en seguir su voluntad, desconociendo el peso de más prudentes determinaciones, entonces me permitiré pediros á mi vez
tomar parte en esos peligros. Dondequiera que Isabel de Keralio vaya, yo, Huberto d'Ermont, su novio
y pronto su marido, iré también.
Pedro de Keralio no supo qué contestar.
Por lo que hace á los espectadores, aun cuando
encontraban extravagante tal resolución, sabían que
eran muy capace~ de seguirla los que la adoptaban.
Todo el mundo se limitó, pues, á llenar las copas
de champagne, y se pronunció un brindis especial en
honor y por el éxito de la expedición futura.
De este modo había nacido la idea de esta expedición al polo Norte.
. Pero una vez de acuerdo todos, era preciso orgamzar el plan. El Sr. de Keralio obtuvo .primeramente para Huberto la necesaria licencia, y después
avisó á un antiguo amigo suyo, Bernardo Lacrosse ex
oficial de la marina francesa, á quien su falta de ortuna había obligado á dejar el servicio del Estado

f

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para tomar el mando de un transatlántico. Después de
cinco años de ejercerlo, el comandante Lacrosse había formado parte, en calidad de oficial voluntario, en
una expedición rusa que iba en demanda del polo
Norte por Nueva Zembla. Más tarde y como primer
oficial de un navío francés, había partido para los
mares Antárticos. Volvía apenas de esa expedición,
cuando una carta de su amigo de Keralio le reclamaba su concurso en nombre de su antigua amistad y
de la ciencia.
Se había apresurado á acceder á aquel deseo, y
luego, de acuerdo con su amigo y Huberto d'Ermont,
había escogido y alistado la tripulación de la Estrella
Polar, que ese era el nombre que se quería dar al
buque.
Se procuró que todos los que debían ser compañeros de viaje fueran gente franca y jovial, pues el
buen humor y la animación son cualidades preciosas
para afrontar los riesgos y la monotomía de expediciones de tal especie. Los tres iniciadores de la campaña hicieron una elección escrupulosa de la tripulación, empezando por los oficiales y médicos. Así
pues, sólo se veían rostros francos y alegres entre
aquellos marinos.
El estado 01ayor estaba formado así:
Comandante de la expedt'ción: Pedro de Keralio,
50 años.
Comandante de la «Estrella Polar:» Bernardo Lacrosse, teniente de navío, 48 años.
Tenientes: Paul Hardy, 28 años; Luis Poi, 27 años,
alféreces de navío retirados; Juan Remois, capitán
de marina mercante, ex alférez auxiliar de navío,
34 años.
Médico: Andrés Servan, 40 años. Cirujano: Félix
Le Sieur, 38 años.
Primer maquinista: Alberto Mohizan, 30 años.
Químico-naturalista: Hermann Schnecker, 36 años.

608

NúMERO

A la lista de oficiales era preciso añadir el nombre
de Huberto d'Ermont, teniente de navío con licencia
ilimitada.
Todos habían pertenecido á la marina militar, y de
consiguiente cada uno de ellos representaba un caudal de conocimientos y de energía considerables.
Por lo que hace á los marineros se habían escogido
c?n igual cuidado, y por una especie de egoísmo nac10nal, el Sr. de Keralio había querido que todos
fuesen bretones ó canadienses, es decir, hijos de su
doble patria.
Luego se había procedido al armamento del navío.
La Estrella Polar no había navegado todavía y se
estaba terminando en el astillero de Cherbourg para
una casa armadora que acababa de quebrar. Era un
vapor de 800 toneladas, aparejado de corbeta y construído para la navegación de altura. Bernardo Lacrosse, que había visitado todos los puertos de Francia durante un período de dos meses, había tenido
la suerte de descubrir literalmente aquella «estrella»
sobre su basada. Inmediatamente lo había comprado por cuenta del Sr. de Keralio y mandado que
siguieran los trabajos, pero haciendo reformas en su
construcción, teniendo en cuenta que debía atravesar é invernar entre los hielos.
El navío estaba provisto de dos máquinas Compound de triple expansión y de 500 caballos de fuerza. Estaba formado de una carena cuyas costillas, muy
cóncavas, soportaban tres puentes y estaban revestidas de madera de teck, dejando entre ellas y la quilla u~ hueco de 22 centímetro_s relleno de estopa y
de vuutas de palmeras. La qmlla, la carlinga, el codaste y la roda eran de acero y recubiertos de una
especie de vaina de cobre.
El cobre había sido empleado con intención de
dar mayor elasticidad á la quilla. También se empleó
en los botalones y en todas las junturas del armazón,
lo que permitía al navío sufrir fuertes presiones sin
peligro de que cediera. Un árbol longitudinal unía entre sí las diversas partes del buque que de este modo
resultaba un conjunto casi homogéneo. El espesor de
las planchas de teck variaba entre 225 milímetros en
el centro del navío, 1 20 á proa y I oo á popa.
Toda la bodega se dividía en varios compartimientos estancos. Además del forro de estopa y virutas •
entre las dos quillas, todas las paredes y techos habían sido tapizadas de delgadas hojas de fieltro comprimido para impedir la pérdida de calórico y la humedad que podía venir de fuera. Para preservar el
timón del choque de los témpanos, se habían colocado á sus lados largas vigas revestidas de hierro formando gaviete, con ayuda de las cuales sería posible
desmontarlo y colocarlo sobre el puente.
La roda se perfilaba describiendo una curva que dejaba gran salida á las aguas y terminaba en un espolón de tres metros de largo, igualmente de acero. Se
había adaptado en la ,proa, además de las cabrias de
vapor, el aparejo Pinkey y Collins de que se sirven
los balleneros para evitar d urante los grandes fríos
que los hombres deban maniobrar los rizos. Unas
mangas de lona enchufadas en las válvulas de escape permitían proyectar el vapor sobre los hielos más
cercanos, en un radio de cinco metros alrededor del
buque.
Los detalles del armamento no habían sido menos
cuidados que el casco y arboladura. La Estrella Polar poseía, además de los dos cañones de diez centímetros colocados sobre el puente, los cañones revólvers Hotckiss, cuatro fusiles-arpones y dos obuses
lanzacabos. Contaba tres balleneras, cinco canoas
para navegar entre hielos, enteramente revestidas de
escamas de cobre, y cuyas quillas podían en caso de
necesidad adaptarse sobre patines ó ejes para el
arrastre. En fin, en la popa y bajo una cubierta que
le protegía de la humedad del exterior, se abrigaba
el misterioso submarino, acerca del cual el Sr. de
Keralio acababa de felicitar á Huberto d'Ermont.
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En tal caso ha llegado el momento de intentarla, profirió detrás de ellos la voz fresca de una joven

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La conversació~, ínterrumpida durante u n ~o:
mento por la llegada de Isabel, empezó de nuevo
con mayor viveza entre las tres personas.
-: Querido primo, dijo la joven volviendo al pensarruento común, os decía hace un momento que me
parecía llegada la ocasión de comprobar vuestro descubrimiento y el de Marcos.
El teniente de navío preguntó alegremente:
:- ¿Vuestras pala?ras se deben á simple curiosidad,
ó bien debo traducnlas por el interés que os inspiran
los esfuerzos de mi hermano y los míos?
La joven frunció el entrecejo; pero aquella irritación pasajera desapareció pronto y contestó con su
más dulce sonrisa:
- ¿Dudaríais un momento de ello, querido Huberto? ¿Me juzgáis tan ignorante en cosas científicas?
Sin duda que la afección que os profeso y la fe que
tengo en vos hacen que sienta algún temor por el re-

N úMERO

608 .

sultado de ese descubrimiento; pero á deciros la verdad, os confieso que ante todo me preocupa el resultado práctico que esa invención puede proporcionar
á nuestra campaña, y que me parece que me sois
más caro desde que sé que pose.éis un secreto que
podríamos llamar la panacea de nuestra e_xpedición.
Y una sonrisa ligeramente irónica asomó á los labios de la linda joven.
.
H uberto d'Ermont no había llegado todavía á la
edad en que se dominan fácilmente y de un solo esfuerzo todas las impaciencias. Aquella inocente mofa de su prima faltó poco para que le impulsara á
traspasar los límites de la reserva que se había prometido guardar.
Pero por muy violento que fuera su deseo de patentizar á la joven el mérito de su descubrimiento,
supo, sin embargo, dominarse, recordando que había
prometido no explicarse sino en un punto y hora determinados.
Pero aun cuando no tuviera el derecho de hacerlo,
le quedaba por lo menos la facultad de defenderse.
Se levantó, pues, de su sillón con vivacidad, y tendiendo la mano á su prima le dijo:
- Si gustáis bajar en compañía de mi tío hasta mi
camarote, señorita incrédula, podré enseñaros, si no
el descubrimiento ya aplicado, por lo menos los instrumentos en qué se funda.
Isabel se levantó á su vez muy contenta.
- ¡Vaya, Huberto! Me parece que tomáis la cosa
con más calor de lo que convenía. ¿Es preciso que os
repita que mi duda es sólo fingida, y que, por lo contrario, tengo en mucho vuestro saber y el de vuestro
hermano Marcos?
El Sr. de Keralio dijo bromeando:
- Sin duda, hija mía; pero como me parece que
perteneces á la escuela de Santo Tomás, que no quería creer sin haber visto, lo mejor es que, puesto que
Huberto nos invita, puedas cerciorarte de ello.
Los tres se dirigieron hacia la escotilla.
En el momento en que ponían el pie en el primer
escalón subió el comandante Lacrosse.
- ¡Pardiez, Bernardo!, dijo Keralio. Supongo que
también os interesará ver los tesoros de ciencia almacenados en el camarote de mi futuro yerno.
• Y pasando su brazo por el de Lacrosse, le arrastró en seguimiento de los dos jóvenes.
El interior de la Estrella Polar estaba decorado
como el de un yate de recreo. Los corredores, el
salón, el comedor y la sala de fumar estaban adornados con arrimaderos de nogal moldeado. Los camarotes de los oficiales daban al comedor, y los del
Sr. de Keralio, de su hija, del comandante Lacrosse y de Huberto d' Ermont estaban alrededor del
salón.
En el camarote de Huberto fué donde entraron los
cuatro visitantes. Estaba amueblado con extraordinaria sencillez, pero con perfecto conocimiento del arte
de utilizar el mayor espacio posible. La litera, instalada en un ángulo, reposaba sobre ·cuatro cajones que
servían de armario. El tocador y la mesilla de noche
estaban juntos en un mueble de forma circular, que
daba vueltas sobre sí mismo y que bastaba hacer girar para que apareciera un elegante pupitre provisto
de taburete con respaldo.
En el ángulo opuesto se veía una caja de acero
cuyo espesor desafiaba toda tentativa de fractura y
cuya combinación de letras garantizaba su impenetrabilidad.
Huberto indicó á sus compañeros sillas en · que
sentarse.
- Aunque estoy en vuestra casa, querido tío, dijo,
como este rincón me pertenece, gracias á vos, permitidme que haga los honores de él y que empiece por
mi prima, que es la que más duda y la que siente
mayor curiosidad.
Tomó un manojo de llaves de su pupitre y ofreciéndolo á la joven:
- ¿Queréis introducir esta llave en la cerradura de
esta caja?, preguntó.
Y al mismo tiempo, con la mano derecha combinaba las cifras, de manera que I sabel no tuvo más
que volver la mano.
Se oyó el ruido de seis cerrojos que se descorrían
á la vez y el de un resorte poderoso, y apareció el
interior de la caja distribuído en divisiones simétricas.
- ¡H e aquí el tesoro!, dijo Huberto con gesto dé
cómica declamación.
- Veamos el contenido, respondió el Sr. de Keralio.
Huberto se inclinó y retiró de una de las divisiones diversos objetos de forma sencilla, y que á la
primera mirada no dejaban adivinar su objeto.
Eran cilindros de acero de un peso relativamente
considerable; medían cerca de treinta centímetros de
diámetro, y terminaban todos en cánulas cerradas

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por una doble anilla á la cual se adaptaba un doble
tornillo de cierre parecido al de las espitas de gas.
Bernardo Lacrosse tomó la palabra.
- No es preciso ser muy listo para adivinar que
estos cilindros contienen algo. ¿Me será permitido
preguntar qué es ello?
Huberto d'Ermont se puso un dedo en la boca.
- No, por ahora. Lo habéis adivinado; estos cilindros contienen «algo» que no puedo explicaros
hasta tanto que nos hallemos en tal situación que
ningún traidor, si lo hubiera, pueda aprovecharse de
ello. Sabed únicamente que estos cilindros encierran
el secreto de nuestra victoria cercana: el calor y la
fuerza, la luz y el movimiento. Con ellos, y gracias á
ellos, no encontraremos obstáculos. Ellos son los que
nos llevarán hasta el polo.
Los tres amigos de Huberto quedaron por un momento sorprendidos ante ese discurso.
- ¡Pardiez! Querido d'E rmont, repuso Lacrosse,
si todo es como vos decís, he ahí un secreto que es
preciso guardar con cuidado.
El rostro de I sabel había tomado una expresión
pensativa.
- ¿A qué traidores hacíais alusión, Huberto?, preguntó.
El joven iba á contestar, sin duda, cuando la puerta del camarote se abrió bruscamente, entrando por
ella un magnífico perro de Terranova que fué á descansar sobre las rodillas de Isabel su grande é inte·
ligente cabeza.
- ¡Buenos días, Salvator!, dijo alegremente la joven, acariciando al hermoso animal.
Huberto pareció contrariado.
- ¿Habíamos dejado abierta la puerta?, preguntó
con viveza.
Y cogiendo el cilindro de acero lo metió en la
caja y cerró ésta con precipitación.
Por la abertura de la puerta entró una nube de
humo de tabaco, y Huberto, que se había lanzado al
salón, vió la silueta de un hombre de alta estatura
que se perdía en la obscuridad del pasillo.
- ¡El Sr. Schnecker estaba ahí!, exclamó, frunciendo el entrecejo.
- ¿Nuestro químico?, preguntó Isabel.
- Sí, nuestro químico, un sujeto que no me gusta
nada, añadió d'Ermont.
- ¡Vaya, Huberto! ¿Qué decís?
- Digo lo que pienso, respondió el oficial. Por
otra parte, querida prima, ¿queréis interrogará un testigo imparcial?
Antes que hubiese podido contestar, y en tanto
que miraba á su primo con sorpresa, éste levantó con
la mano la cabeza del perro, y mirándole en los ojos,
le dijo:
- ¿Verdad, Salvator, que eres amigo del señor
Schnecker?
Salvator enseñó su doble hilera de dientes, en tanto que un gruñido de cólera se escapaba de su ancho
pecho.

II
EL FUERTE ESPERANZA

El 15 de mayo la Estrella Polar había rebasado
el cabo Norte. Hasta entonces el plan que había prevalecido era seguir el camino del Noreste. Se quería,
en efecto, seguir las huellas de la expedición del Tegettohofj, dirigida desde 1872 á 1874 por Payer y
Weyprecht, que desde la Nueva Zembla, á los 76°
de latitud Norte, había ganado una- tierra desconocida que se denominó Tierra de Francisco José, y se
supuso'que alcanzaba desde el 80° al 83° paralelo.
Este plan, además de que dejaba á los viajeros
europeos la facultad de estar más cercanos al viejo
continente, adulaba asimismo su amor propio, que
estribaba en abrirse una vía completamente nueva.
«Sería mucha desgracia, había pensado el Sr. de_Keralio, no poder hallar un paso más allá del 30º de
longitud oriental entre el Spitzberg y las tierras fragmentarias de la Nueva Zembla.))
El comandante Bernardo Lacrosse había combatido este proyecto con razones muy concluyentes.
Además de que de este modo se fiaba todo al azar,
se malbarataba como por fanfarronería la experiencia de los anteriores viajeros, y singularmente los
descubrimientos hechos en la Tierra de Grinnell
en 1875 y 1876, por Nares, Markham y Stephenson,
y más recientemente, de 1881 á 1884, por Greely,
Lockvood y sus valientes é infortunados compañeros.
Bernardo Lacrosse razonaba con gran sentido
práctico.
- Siguiendo esa vía, decía, tendremos por lo menos un camino abierto hasta el 83° paralelo. El cana! y el estrecho de Smith y la bahía de Lady Fran-

549
klin son hoy día puntos de abrigo suficientes para
gentes de ciencia y de energía.
Y añadía también:
- Es de temer, por otra parte, que el deshielo
haga punto menos que imposible nuestra marcha
hacia el Este en un sitio en que hay tan pocas tierras, y que nos arrastre, á pesar nuestro, hacia el
Oeste. Sería tiempo perdido, ya que deberíamos invernar cerca de Islandia, con el inconveniente además de
que agotaríamos nuestras provisiones antes de haber
recorrido el tercio de nuestro camino.
Este parecer fué muy pronto confirmado por los
hechos.
Desde la mañana del 16 de mayo se advirtió que
el campo de hielo, casi completamente compacto, no
dejaba paso á la Estrella P olar. Las múltiples tentativas que se hicieron no dieron más resultado que
una pérdida de tiempo, y el 25 de mayo se estaba á
cuatro grados más abajo hacia el Oeste.
La vía, obstruída hacia Oriente, parecía, por singular ironía, abrirse hacia Poniente.
El empeño del Sr. de Keralio cedió ante la evidencia de los hechos, y siguiendo los prudentes consejos del capitán mandó que se cambiara la dirección
del buque.
¡
Con gran satisfacción de todos se abandonó, pues,
el camino cerrado del Noreste, dirigiendo la proa hacia el horizonte contrario, y la Estrella P olar marchó directamente hacia la punta meridional del
Spitzberg.
El mar, que cada vez estaba más libre, les permitió
llegar allí el _r 5 de junio, cuando hacía 80 días que
navegaban desde la salida de Cherbourg. Se había
llegado al 78 grado de latitud boreal. Sólo faltaban
salvar cinco para llegar al extremo límite de las inves·
tigaciones humanas; pero todos comprendían que se
había llegado al término de lo factible y que entonces empezaba la verdadera campaña, llena de luchas
y de esfuerzos. Para atravesar en trineo tres de esos
grados, Nares, Markham, Stephenson y luego Greely, Lockvood y Brainard habían tardado dos mortales años.•
Era preciso apresurarse. El verano de los polos es
muy corto y después de julio empieza el enfriamiento. Desde que atravesaron el círculo polar no se hacía ningún gasto de luz, pues el sol de media noche
bastaba para iluminarlo todo. Desde quince días antes sólo aparecían pequeños témpanos que iban 'alejándose á merced de las corrientes. Pero el capitán
no confiaba en aquella bonanza, y cada vez que le
hablaban del soberbio tiempo que hacía, movía la cabeza con aire de duda y decía:
- ¡Paciencia! No olvidéis que estamos en la parte
menos peligrosa de los mares polares y que no empezaremos á padecer sino cuando estemos en Groenlandia.
Tenía razón. En vano se trató de poner proa al
Norte pasando de la extremidad meridional de Spitzberg, pues el pack ó campo de hielo cerró el paso
á la Estrella Polar desde el segundo día de navegación. Tampoco fué posible mantener la ruta hacia el
Oeste por el 78° paralelo, pues el empuje de los
témpanos impelía el navío hacia el Sud.
Así se derivaron tres grados y luego el campo de
hielo se abrió de nuevo bajo la influencia de una corriente templada. El comandante Lacrosse se dirigió
oblicuamente hacia el Noroeste. El 25 de junio se
había ganado de nuevo el 78°; la costa de Groenlandia apareció circundada de una franja de hielo
que no tenía menos de 35 millas, y el cabo Bismarck
•acusó su negra silueta hacia el Norte.
A causa del cuidado con que debía navegar, la
Estrella Polar llevaba una marcha muy lenta; apenas de ocho nudos por hora ( 1 ) . A medida que el
buque avanzaba hacia el Norte, los témpanos au-

mentaban en número y tamaño, y se sucedían unos i
otros como rosario enorme de flotantes islas. Hasta
entonces no se topaba sino con bloques planos, con
fragmentos de ice-fields.
(Continuará)

1 (1) El nudo 6 milla marítima equivale á 1.852 metros.

�550

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

608

El éxito fué muy superior á las esperanzas, puesto
Nacido en Brulon (Sarthe) en 1763, Chappe estuque la suscripción produjo 38.000 francos, lo cual dió sucesivamente en La Fleche y en Rouen, entró
LA ESTATUA DE CLAUDIO CHAPPE
permitió ampliar el primitivo proyecto y erigir un en el seminario y al salir de éste fué nombrado sacermonumento en vez de colocar un busto en la sepul- dote comendatario, es decir, sin obligaciones religioINVltNTOR l)ltL TELÉGRAFO A(.:REO
tura. Convocóse un concurso entre los escultores, y sas, y dotado con dos importantes beneficios, dediEl día r 3 de julio último se inauguró ell París, en un Jurado, compuesto de los principales artistas fran- cándose en seguida á las ciencias físicas y consagranpresencia de los individuos del Gobierno, del Conse- ceses, otorgó el primer premio á M. Damé: justo es do á sus ·experimentos una parte de sus rentas. Pero
jo municipal de la ciudad y de la Administración de consignar que la elección no podía ser más acertada, suprimidos en 1789 por la Asamblea Constituyente
porque el monu- los beneficios, Chappe se vió privado de sus princimento es real· pales recursos y hubo de renunciar á sus -trabajos,
---. mente bello.
yéndose á vivir con su familia: contaba entonces vein1 Sobre un alto tisiete años. En medio de los desórdenes de toda
pedestal de már- clase que agitaban á Francia no,pudo permanecer inmol, en el que el activo, y se propuso servir á su país dotándole de una
arrista ha moqe- máquina que permitiera al gobierno transmitir rápilado una figura damente sus órdenes á distancia. Comunicó su prode Mercurio lle- yecto á sus hermanos, que fueron sus colaboradores,
vando en sus ma- y su familia no vaciló en proporcionarle los medios
nos una carta de materiales de realizar su proyecto. Dejando á un lado
la que brota la los detalles de sus experimentos, que duraron quince
chispa eléctrica y meses, sólo diremos que á fines de 1791 sus ensayos
uno de los brazos fueron bastante concluyentes para que fuese á París
movibles del te- á proponer la adopción de su invento. El Gobierno
légrafo aéreo, ál- le autorizó para que verificase algunas pruebas, mas
zase la estatua apenas instalados sus aparatos fueron destruídos dude Claudio Cha- rante la noche, sin que haya podido saberse jamás
ppe con un an- quiénes fueron los autores de este acto de vandalisteojo en la mano: mo. A pesar de esto, Chappe no desmaya: aprovedetrás de ésta el chando la experiencia conseguida con sus primeros
aparato de que ensayos, construye nuevos aparatos con tal perfección
Chappe fué el in- que no sufrieron modificación alguna importante en
ventor. De un los sesenta años en que fueron utilizados, pudiendo
pináculo gótico en 22 de marzo de 1792 ofrecerlos á la Asamblea
salen los montan- Legislativa, en donde su hermano Ignacio representes en forma de taba el departamento del Sarthe. El ofrecimiento fué
escalera, en cuyo aceptado y se dió orden de que se hicieran experiextremo va fijada mentos; pero de pronto fué incendiada la máquina
la pieza cuyos por un populacho ignorante que se figuraba que
movimientos, aquellos aparatos habían de servir para poner en licompletados con bertad al rey entonces prisionero. Poco después se
los de los brazos, disolvía la Asamblea Legislativa y el desgraciado
formaban un con- Chappe hubo de esperar hasta 1. 0 de abril de 1793,
junto de señales fecha en que la Convención reconoció la utilidad de
que representaba su invento.
, un vocabulario
Entonces se le prestó ayuda y protección suficien•
de 196 palabras. tes para que nadie atentase contra sus aparatos, y se
La figura de Cha- delegó á Lakanal y á Dannou para que estudiasen los
ppe, lo propio ensayos, y el día 27 de julio del propio año el invento
que el aparato en era reconocido como realmente práctico y la Conque se apoya, es vención nombraba al ciudadano Chappe ingeniero
de bronce: la es- telegrafista con el sueldo de cinco libras diez sueltatua, concebida dos, con misión de crear las líneas consideradas ney ejecutada con cesarias.
gran sencillez, no
Entonces es cuando hay que ver al desgraciado
tiene nada de esa inventor luchando contra las dificultades que consbanalidad que se tantemente le suscitaban la ignorancia de las poblaadvierte en mu- ciones, la ·falta de medios de transporte y sobre todo
chas estatuas ofi- la carencia de dinero, pues la mayor parte de sus
ciales y honra obreros no quisieron aceptar los asignados, única
grandemente al moneda gue el gobierno ponía á su disposición.
artista.
Esto no obstante, gracias á su perseverancia y á
En e l pedes- su increíble energía, construyó la línea de París á Lital, además del lle con dieciséis estaciones y el 15 de agosto de r 794
relieve, hay tres los aparatos transmitían el primer despacho anuninscripciones: en ciando la reconquista de Quesnoy. La telegrafía hala cara izquierda, bía entrado al fin en los dominios de la práctica, cor.Claudio Chappe seguido lo cual era preciso crear nuevas líneas, espresenta el inven- coger las estaciones, comprar los terrenos, construir
to del telégrafo ~áquinas, instruir un personal de empleados y orgaaéreo á la Asam- nizar, en suma, toda una administración. DificultaEstatua erigida en París en honor de Claudio Chappe, inventor del telégrafo aéreo
blea Legislativa des sin ~uento, originadas principalmente por la falen 22 de mayo de ta de dmero, eran obstáculo continuo á la buena
1792 y es nomcorreos y telégrafos, la estatua de Claudia Chappe, brado ingeniero telegrafista por la Convención Nacional marcha de los trabajos; á pesar de todo, Chappe las
el inventor del primer aparato que permitió las co- en 26 de julio de 1793; en la de la derecha, Primeras vence y en cuatro años construye la línea de París á
municaciones á distancia, el creador de las primeras noticias telegráficas recibidas en París pocas horas des- Estrassburgo con cincuenta estaciones.
Ayudado por sus cuatro hermanos, permanece en
líneas telegráficas.
pués de acaecidos los sucesos: reconquista de Quesnoy y de
E l monumento se eleva en el cruce que forman la Condé. 15 y 30 de agosto de 1794; la de la cara poste- su puest~ hasta I 804; pero en aquella época comiencalle de Bach y el bulevard San Germán, sitio con rior recuerda á los cuatro hermanos de Claudio Cha- za á se~tu los efectos del excesivo trabajo á que se
mucho acierto escogido por estar inmediato al lugar ppe, Ignacio, Pedro, Abraham y Renato, que no sólo ha dedicado durante catorce años, su salud se altera
en donde se hallaba centralizado el servicio de los le ayudaron á perfeccionar su invento, sino que ade- profundamente, su razón se perturba y el 23 de enetelégrafos aéreos, ó sea la casa núm. 9 de la calle de más le prestaron para la creación de la Administración ro d~ r 808, á \a edad de cuarenta y dos años, se suicida
la Universidad, y próximo al domicilo del inventor, de correos y telégrafos una colaboración tan leal arroJándose a un pozo. Sus aparatos sirvieron hasta
que habitaba en la esquina de la calle de Bach y del como fecunda, y quedaron, después de él, al frente de 1855, fecha en que fueron sustitufdos por el telégrafo eléctrico:_ el último despacho fué, como el primuelle de Orsay.
este importante, y útil servicio, el uno hasta 1823 y
mero, el anuncio de una victoria: la toma de SebasEl creador de la telegrafía había sido casi olvidado, los dos tfüimos hasta 1830.
topol.
y apenas si se sabía dónde reposaban sus restos cuanCuando se consideran los inmensos servicios pres. Para hacerse perfectamente cargo de las enormes
do M. Ernesto Jacquez, bibliotecario de Correos y tados por el telégrafo de un siglo á esta parte, cuanTelégrafos, propuso á la Administración de éstos que d_o se conocen las inauditas dificultades que fué pre- d1ficult~des con que hubo de luchar Claudio Chappe,
se colocara siquiera un busto sobre su tumba; y como ciso vencer para establecer de un modo práctico las es preciso leer el inter~sante libro que M. Ernesto
para esto se necesitaban fondos, M. Jacquez concibió primeras comunicaciones, causa asombro que la me- J~cquez ~caba de dedicarle (Claude Cha,ppe. Notice
la idea de dirigirse á todos los empleados de correos moria de Claudia Chappe haya quedado sepultada biog_raphzque):_en él puede seguirse paso á paso la
y telégrafos para obtener, por medio de una suscrip- durante tanto tiempo en el olvido. Si alguien ha me- acc1den~ada vid~ del inventor, que se consagró_ por
ción, la suma necesaria, y durante dos años dedicóse recido bien de su · patria es indudablemente el que entero a la ~eahzación de su proyecto con el sólo
con tanta actividad como entusiasmo á la realizacióñ consagró su fortuna y su vida á dotar á su país de fin, de ?er útil á _su país, y de ella podrá deducirse
cuan bien merecida es la estatua que le ha erigido la
de su proyecto.
tan útil invento.
familia telegráfica por él fundada. - X.

NÚMERO

SECCIÓN CIENTiFI CA

608

55 1

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

prenda la estearina y quede al descubierto la torcida
y aproxímense los dos extremos rígidos de manera
que la porción de torcida descubierta forme como un
taco, según indica el detalle de nuestro grabado. P reparado así el fósforo, introdtl.zcase por el tubo de
cristal metiendo primero la cabeza y empújese hasta
que la porción hinchada de la torcida cierre á modo
de taco la boca de aquél, aunque no herméticamente.
Cargada así la pieza, colóquese otra cerilla encendida debajo del tubo de cristal calentando especialmente el extremo en donde está la cabeza fosfórica, y al
poco rato se producirá una detonación, y el proyectil,
ó sea la cerilla, será lanzado á una distancia de cinco ó seis metros. Procúrese clavar las rueclas en una
tarjeta para evitar el retroceso del cañón. Este retroceso se manifestará en el tubo de cristal, que se correrá hacia atrás en la pieza de corcho que lo sostiene.
A pesar de su poca consistencia, este cañón puede hacer hasta 100 disparos sin sufrir ningún desperfecto: si el alma de la pieza se llena de grasa, espérese á que se enfríe y límpiesela con una de esas
escobillas que sirven para limpiar las boquillas.
Este juego de salón inofensivo que acabamos de
describir puede servir en las tertulias para organizar
entretenidos juegos de tiro al blanco, pues la cerilla
al ser disparada deja en el papel una señal.
ARTURO Goon
(De La Natt,re)

PA SA TIEMPOS CIENTÍFICOS
CAÑÓN IMPROVI SADO

Tómese un tubo de cristal de tres milímetros de
diámetro interior y de unos diez centímetros de largo y ciérrese uno de sus extremos con lacre; córtese
en un tapón de corcho una pieza cuadrada de dos
centímetros de lado y practíquese en ella un agujero
por donde se introducirá el tubo de cristal, que deberá ajustarse exactamente a l orificio, colocándolo de
modo que el extremo abierto mire hacia adelante;
clávese con alfileres esta pieza cuadrada al extremo
de dos tiras de corcho que hacen las veces de gualderas; fíjense finalmente por medio de alfileres las
dos ruedas que podrán ser discos de cartón ó de corcho, y tendremos el cañón y la cureña.
Falta procurarse la espoleta, la carga, el taco y el
proyectil, lo cual no será difícil, pues todo puede
encontrarse reunido en un objeto de fácil adquisición,
en uno de estos fósforos largos y gruesos, llamados
fósforos bujías, escogiendo para ello una que tenga
la cabeza azul, de esas que se encienden con explosión á consecuencia de tener mezclada con la pasta
fosfórica una pequeña cantidad de clorato de potasa.
Cójase el fósforo entre el pulgar y el índice de cada mano muy cerca del extremo opuesto á la cabeza,
estrújesele en todos sentidos de modo que se des-

Un cañón improvisado

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núm. 61, Paris.-,,Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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0008utuye el repara4or maa enenrtoo que ae conoce para curar : la Cwrólú, la
.iflt'fflta las lle111tf'IUICCoMI dolorolal, el Jlmpo1Jrectt11ffflto '1' la .Alteracúm ~ la Sangre,
el RIIQÚm1mo las .Afecc1otlU escrotwo,al 1 t1C01'blltfe41, etc. El Tia• rerract■•N de
.&amp;reud ea en' erecto, el único que reune &amp;o&lt;lo lo que entona 1 tort&amp;lece loa organos,
regulariza' coordena 1 aumenta considerablemente las tuerzas ó ln.CWlde a la un¡re
empobrecida y descolorida : el Y(lor, la ColonJCIOfl '1' la ltter"'4 Oftlll,
Por w,ror en Paril, en ea.u de J. FBW, Farnw:eutico, tot, rae Rieheliea, Suwar ae AllOUD.

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las afecciones nerviosas.

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1

destruye basu lu RAl~ESI el YELLO del roalro de lu damu (Barba, Blroi., ett.), 111
11JD¡Uo p,IIJM pan el colíl. 50 Año■ de Íl&amp;tto,Jmilluta de ltltimoolotprulllaa la duda
44 ..u ~ (le _ . . • M)ll,_111('1 la 11ub1. J ea 1/2 ..,.. pan ti blplt U,n). .PIia
la . _, _,.._ 11 rlLl t'OU&amp;. DU■■ER, l , ruo .J,..J,•l\0UNU11, PU'III.

�LA

55 2

ÍLUSTRACIÓN ÁRTÍSTICA

NúMERO

atractivos que reune esta obra es la forma en que
está escrita; el estilo participa de la sobriedad que
debe exigirse al historiador y de la galanura que
caracteriza al buen novelista. La obra forma dos
voluminosos tomos y ha sido editada en Paris'por
la Biblioteca de Europa y América.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
CONGRESO JURÍDICO IBF.RO·AMERICANO, RE·
UNIDO EN MADRID EL AÑO 1892. - Bien notoria
es la importancia que revistió el Congreso jurídico
celebrado con motivo de las fiestas del IV centenario del descubrimiento de América, y al que
concurrieron los más eminentes jurisconsu,ltos españoles y americanos: de gran interés fueron los
temas en él discutidos y en extremo notables los
trabajos en que tales temas se desarrollaron. La
Real Academia de Jurisprudencia, promovedora
del Congreso, ha reunido en un voluminoso tomo
todos estos trabajos que ni siquiera someramente
podemos enumerar por falta de espacio, pero de
cuya valfa podrá formase idea con sólo tener en
cuenta que fueron presentados por las lumbreras
del foro y de las academias de nuestra patria y de
las rep{1blicas hispano-americanas. El libro, que
ha sido impreso por los Hijos de Manuel Ginés
H emández, de Madrid, constituye un verdadero
monumento erigido á la ciencia jurídica que deben
consultar y estudiar cuantos á ésta rinden culto ó
por ella se interesan.

*

* *
Los APÉNDICES AL CÓDIGO CIVIL, por don
L eón Bonel y Sánchez. - Se han publicado las entregas IO y I I de esta interesantfsima revista que
contienen, entre otros trabajos, la por tantos conceptos notable Memoria que, debida á su presidente Sr. Bonel, eleva la Academia de Derecho
de esta ciudad al Ministro de Gracia y J usticia
sobre las reformas que deben introducirse en las
leyes de Procedimiento Civil y Criminal y en el
Jurado. Es un trabajo que honra á su autor y á la
corporación cuya presidencia ocupa y que merece
ser estudiado por cuantos se interesan por la ciencia juridica. El Sr. Bonel demuestra en su Memoria haber estudiado profundamente todos los problemas relacionados con el derecho procesal y conocer á fondo los defectos que entraña esta rama
del derecho y los medios indispensables para corregirlos .

..* *
CRÓNICAS POTOSINAs,por D. Vicente G. Quesada. - I mposible nos es, dada la indole de esta
sección, hacer un estudio de esta interesantísima
obra del actual ministro plenipotenciario de Ja Re·
pública Argentina en Madrid, que á su condición
de verdadero diplomático une la de literato eminente, no sólo celebrado en su patria, sino en las
demás repúblicas del nuevo continente y en nuestra misma España. Crónicas potosinas son una colección de narraciones interesantísimas de costumbres merlioevales hispano-americanas que arrancando del descubrimiento del famoso mineral de
Potosí van siguiendo el curso de los sucesos relacionados con el modo de ser de los indígenas
y de los conquistadores durante los siglos xv1 y
xv11, presentando como síntesis de cada época el
acontecimiento que más dominó la atención durante la misma. La materia tratada por el señor
Quesada es nueva, y por la habilidad con que ha
sabido tratarla tiene todo el interés del trabajo
histórico y toda la amenidad y encanto de la novela. Lleva el libro multitud de notas que, además de demostrar el profundo estudio hecho por
el autor de la bibliografia hispano-americana, sirven de apoyo á los hechos que relata. Otro de los

GRANO DE LINO TARIN F~~Ml~S
E8TRERIMIENTO8, CÓLICOS. -

Lact.ja: 1 fr. 80,

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INDEMNIZACIÓN Á LAS VÍCTIMAS DEL DEL!·
TO, jor R. Garofalo, traducción de Dorado Montero. - Después del éxito que ha obtenido en España La Criminalog{a, de Garofalo, nada diremos en elogio de la Indemnización á las victimas
del delz'to (que es la segunda parte de la Crimina·
logfa), sino que esta nueva obra del ilustre autor
italiano es, en nuestra opinión, de más importaqcia jurídica que la primera. Editada por La Espa,1a Moderna, se vende á 4 pesetas en las principales librerías.

* **

LA ESPAÑA MODERNA. - El último número
de esta importante revista es notabilísimo. Con·
t iene una novela entera, Ag'llas primaverales, de
Turguenef; Los mesones, cuento, por Daudet; Las
costwnbres literarias del tiempo presente, por Caro; Un magnifico estudio de Alexis acerca de los
RM,gon Macquart, y del Doctor Pastt1al, la famosa novela de Zola; y otra porción de trabajos muy
notables de Lubbock, Carrer, Lombroso, Mélida,
Villegas, Castelar, etc.

CONTRAVAPOR, cuadro de F. Sallé (Salón de los Campos Elíseos, de París. 1893)

a

Lu

Per10nu qu conocen las

MEDICACION TÓNICA

PILDORASt~DEHAUT

PILDORAS vJARABE

111t.11ADESd•1Esr0,..
\--i
~ ,,,,,"

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el cau1ancio, porque, contra lo que sucede con
l(?S demas purgantes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el calá,
el t,J. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
sevun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanuladoporel electodela
buena alúnentacion empleada,uno
se decide fácilmente II volver
'll e,qpesar cuantas veces
sea necesario.

DE

BLANCARD

Pepsina Boudault
lprvbada por la !C!DEl1' DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART. EN 1856
Medallu en 111 E1po1iclonet lnternaefonalea dt

P.llllS - LYOI - VIERA - PBIWELP!U. 18C7

18?2

1873

1876

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l'eparador de las !uerzas vitales, de este for&amp;,ae11ate por eaceleaeia, De un gusto sumamente agradable, es 1:10berano contra la ..4.nemta y el ..4.pocamtento, en las calentura,
'3 ConvalecencúU1 contra las Diarreas y las ..4.feccumes del Estomago y los tntesttnos
Cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuérzas,
enrtquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provocadas por los calores, no se conoce nada superior al Vino de Qui■a de A.roud.
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le ourarán de
eon,t1paotbn, le dar4n 1/18/ito ., 11
dero/rerin e/ sueño y la aletria. - A11 ririrA Vd.
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                    <text>~

~trté!C101J

Ftí~t1ett
A~o XI I

BARCELONA 14 DE AGOSTO DE 1893 ..,._ _ _ _ _ __

NÚM. 607

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
En el próximo número comenzaremos la publicación de la interesante novela de Pedro Mael UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE,
ilustrada por Alfredo Paria

Monumento erigido en Budapest en honor de los &lt;honved~ (defensores de la patria), húngaros.
Obra de Jorge Zala

�LA ÍLUSTRACION ÁRTÍSTÍCA

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. - Lª
Exposirión universal de Chicago, por A. - Lo que vi de la
Co111u11a de París, por Archibaldo Forbes. -Afiscelánea. Nuestros grabados. -A11ie (conclusión), novela por lléctor
Malot, con ilustraciones de Emilio Bayard, traducción de A.
' Sánchez Pérez. - SECCIÓN CIIINTIFICA: La e/etricidad en
Ale111a11ia.
Grabados. - Mo1111111ento erigido en Budapest .en l,ouor de
·los chonved» ( defamores de la paria), h,íngaros, obra de Jor·
ge Zala. - Cuatro grabados correspondientes á la Exposición
1llliversal de C/licago. - .U11a sesión secreta de la Comu11a de
Parls. - Aspecto de la calle de Rlvoli e,i la Comuna. - L11,ha
en 1ma barricada del bulevard Haussmamz. - Los ra,1011es de
Afo11t111arfre en la víspera del 18 de 111arzode 1871. -Aba11do11ada, cuadro de Mateo Balasch. - Un desenga,10, cuadro de
IIéctor Tito, expuesto en la cRoyal Academy,&gt; de Londres.
- Ap1111tes, dibujos de Mateo Balasch, dos grabados. - Figura 1. Vista de un taller de Berlín que funciona por medio
de la electricidad. - l• ig. 2. Grúa eléctrica del puerto de
1/amburgo. - Ch11l11lo11gJ:om I, rey de Siam y Savangwada11a, rei11a de Siam.
_.,., ............., ......................., ••••••, ••••••1 ••••• .., ••••••, ........... ,.,,., ••••••, ......, •••••••••, •••••• , ••••••, ......

VERDADES Y MENTIRAS
Como flecha disparada por el vigoroso brazo de algún Robin-Hook marcha el arte á dar en el blanco
de una fórmula definitiva, así en lo plástico como en
lo que concierne á la idea.
Cumplíale á este siglo, cuyo dinamismo en todo
orden de ideas es tan grande, indicar el rumbo que
el arte habrá de seguir en los tíltimos años que aún
le restan (al siglo) de vida, y cómo debe hacer su entrada en la centuria próxima. Y ese rumbo señalado
ya viene á ser en apariencia - no más que en aparien •
cía - la negación de una de las más grandes glorias
conquistadas por la ciencia de estos cien años, que
en breve se extinguirán: el positivismo científico y
filosófico.
No más que en apariencia, dije, son las novísimas
corrientes que al arte empujan en estos días negación ó protesta del espíritu científico moderno, que
presta á la crítica elementos tan valiosos como los
que constituyen el determinismo. Bien meditado esto,
nadie podrá negarme que, en efecto, al positivismo y
á la experimentación científica débense en parte las
evoluciones de la estética dentro del camino de la
verdad. En parte, porque á la historia, á la etnografía y análogas no puede tampoco negárseles su influencia en este punto.
La ciencia moderna aportó al arte cantidad grande de nuevos elementos, si algunos inconscientemente adoptados antes de ahora por el artista, los demás
desconocidos para éste. Y tales elementos científicos
modificaron el punto de vista estético, haciendo más
sujetiva, más íntima y por eso para mí más delicada la emoción que produce la obra de arte ejecutada con arreglo á la amplitud que dentro de la verdad
más rigurosa esos elementos de origen científico señalan.
Taine ha demostrado de un modo admirable cómo
la influencia del medio social, la del natural, la etnográfica ó de raza, y por lo tanto el temperamento dominante en todos los individuos de un mismo pueblo, amén de la característica antropomórfica, son
tan varias cuantas son las distintas razas, pueblos,
c ulturas y naturaleza que existen en el mundo. Y no
cabe dudar que, en efecto, la producción artística y
literaria, como la científica é industrial, no solamente se diferencian entre sí según de donde proceden,
sino que suelen ser totalmente distintas.
Estas son las verdades que .el determinismo científico y el análisis filosófico de la crítica moderna han
venido á demostrarnos; si bien es verdad que en pasados siglos algunos pensadores adivinaron aquellas
verdades, como por ejemplo, el Dr. Juan Huarte, citado por mi querido amigo el catedrático de esta
universidad central Sr. Carracido, en una conferencia á propósito del regionalismo en las universidades,
cuando dice en su libro E xamen de ingenios: «Examinemos el ingenio y costumbres de los catalanes,
valencianos, murcianos, granadinos, andaluces, extremeños, portugueses, gallegos, asturianos, montañeses,
vizcaínos, navarros, aragoneses y los del riñón de
Castilla, ¿quién no ve y conoce que éstos difieren entre sí, no sólo en la figura del rostro y compostura
del cuerpo, pero también en las virtudes y vicios del
ánima. Y todo nace de tener cada provincia de éstas
su particular y diferente temperamento.»
Pero ha menester que 'n o desconozcamos, sin embargo, que por razón quizá de la diferencia en las
«virtudes y vicios del ánima)) de que habló Huarte,
el sentimiento estético como la imaginación son asi-

mismo elementos que se caracterizan en la obra de
arte de distintas razas y pueblos, determinando una
nota más ó menos idealista, según las fases del sentimiento generador. De ahí que no pueda ni deba
prescindirse de aquello por Zola indicado como quimera nociva, el ensueño, la ilusión, ese algo que en
el espíritu humano vive y vivirá eternamente, pues al
contrario de lo que el insigne novelista francés afirma, la ilusión ha movido siempre la humanidad en
impulso de avance. ¿Qué otra cosa que la ilusión de
alcanzar por medio de la ciencia, del positivismo
científico, la perfección soñada, es la que alienta al
mismo Zola?

Á cualquiera parecerá que estamos á gran distancia de la novísima fórmula, por ahora la que parece
definitiva, encontrada para el arte. Nada menos cierto. Estamos tocando con la mano esta cuestión, que
es la motivadora de este artículo.
Lo que queda dicho es únicamente para fijar mi
actual punto de vista. No quisiera que se me tachara
de idealista cuando tan poco tengo de. tal, y por eso
he procurado determinar hasta qué punto creo y tengo por artículo de fe las verdades que, entre hipótesis á porrillo, la ciencia experimental nos ha revelado
y que se relacionan directamente con el arte. Y esto
dicho, veamos si acierto á exponer claramente cuál
es la nueva fórmula de expresión del sentimiento por
medio del pincel, del palillo ó de la pluma.
Creyóse por la escuela naturalista que la misión
del arte en cuanto á la idea generadora debía ser la
investigación científica: claro está que pintando fon·
do y figuras del cuadro sin separarse ni una lfnea de
la verdad eterna, esto es, de la traza y color del modelo. Y con esta creencia por base, los naturalistas
modernos diéronse á ayudar á la ciencia en sus análisis, marchando sobre el firme del experimentalismo
y tratando de indagar por medio de la investigación
psico-física cómo y cuándo y de qué modo se producen los fenómenos patológicos y fisiológicos.
Hasta el presente, artistas de la escuela naturalista y hombres de ciencia no han podido ni inquirir
siquiera el porqué de una ley física. En vano echaron el microscopio á las células y celdillas más sutiles que envuelven, así el cerebro como las demás
partes del cuerpo humano. Si alguna hipótesis fundada en un caso aislado ha podido formular la ciencia,
esa hipótesis vino á ser destruída por centenares de
casos completamente distintos, viéndose por tal motivo incapacitada la ciencia de poder probar el determinismo que rige á la materia inerte. Pues bien; aparte de que el artista tiene por virtud de su sacerdocio
la misión de producir la belleza sin meterse en averiguaciones perfectamente ajenas al arte, la estética
naruralista aún causó mayor perturbación en el desarrollo de aquella entidad que el empeño científico
de crear tipos y caracteres con arreglo y á la medida de
lo determinado por la ciencia experimental, y esa perturbación fué la de obligar á una selección de motivos, de ideas y sentimientos que concurriesen á regular la marcha de la sociedad, encaminándola hacia la
perfección.
Los huesos de Proudhon debieron saltar de contento en su tumba. El gran socialista, pretendiendo·
un arte dogmatizante, moralizador y pedagogo, perfecta y exclusivamente utilitario, adivinó la estética
científica de los naturalistas. La fealdad humana, así
la física como la moral, tuvo su culto por exigencias
de esa tendencia pedagógica de la estética y por exigencias de clínica. No pudiendo el arte-ciencia penetrar más allá de la materia, abandonó al hombre moral, el espíritu, por serle inanalizable y estar envuelto
en las sombras del misterio donde la quimera se forja. Y el modelo, el caso clínico escogido, no lo fué
ali{ donde el equilibrio natural entre el cuerpo y el espíritu podía servir de punto de partida para, sin separarse un ápice del realismo, dar forma plástica al tipo
de belleza que naturalmente existe en la colectividad,
no; el modelo lo buscó el estético naturalista en el
ser desequilibrado, en el neurótico.
Borráronse, pues, de un solo golpe todos los esfuerzos de la labor artística de docenas de siglos, y se trató de disecar aquella parte de nuestro cerebro donde
residir puedan la inspiración y el sentimiento. El servilismo fué la fórmula plástica de estética de tan pequeños, de tan estrechos horizontes.

*

**
No en vano vive en nosotros y nos anima ese algo
que arrollando las flaquezas de la materia - como dice un pensador ilustre - es como el embrión de las
ideas, el núcleo de las sensaciones morales. Ese algo,
el espíritu, llegó á no poder prescindir de su atmós-

NúMERO
fera peculiar: la que le proporcionan las ~ensaciones
externas y que ponen en movimiento la fantasía; y
concluyó por rebelarse contra el estrecho y mezquino
círculo del estudio del mundo sensible en que se revuelve ahogadamente, respirando miasmas y contemplando deleznable materia,• el naturalismo. Protestó,
sí, el espíritu, en nombre de lo eterno, y lo eterno no
es ciertamente, para el arte sobre todo, aquello que
refleja tan sólo una parte de los elementos de que se
sirve para exhibirse. Vino, pues, la reacción, y como
ya he apuntado hace años, con un carácter eminentemente místico é idealista. Salifnos de un extremo
para caer de bruces en otro.
Zola mismo, llamando á la juventud al trabajo, señalando en las obras pictóricas expuestas en los últimos Salones de París cómo la Naturaleza (paisaje y
marina)es una de las manifestaciones plásticas del arte
que más le agradan, abdica en cierto modo de sus
intransigencias de escuela. Pero donde se advierte
más claramente el nuevo rumbo del arte y cómo va
imponiéndose la nueva fórmula, es en la última obra
del gran novelista de los Rougon, E l Doctor Pascual.
Claro está que la tal fórmula se advierte en esta
novela, como se advierte en una habitación al parecer herméticamente cerrada ligera ráfaga de aire, sin
que se sepa por dónde se cuela. La parte científica
de E l Doctor Pascual, el resumen de aquella larga
familia de alcoholizados, idiotas, alienados, etc., á
duras penas se lee, y si se lee es gracias al arte exquisito del gran maestro; se asfixia uno leyendo aquella
enorme historia de una familia atacada por la neurosis; en cambio aquellos capítulos descriptivos, así de
la escena en la era, como de los tipos del último de
los Rougon, sano de todo, y de su sobrina, serán leídos mientras existan artistas y aficionados. Pero obsérvese cómo el vientecillo de que hablo más arriba
se coló de rondón en el gabinete de trabajo de Zola,
porque si la mansedumbre y la bondad del Doctor y
la apasionada alma de su sobrina no son características de tipos románticos, confieso que no sé lo que es
romanticismo.

¡Quién podrá negar que el arte en general ha tomado rumbo hacia la fusión de las escuelas antagonistas, la que vive fuera del mundo sensible y la que
tan sólo de él se preocupa! Miremos hacia Inglaterra y veremos aunándose ya ese misticismo de que
tanto he hablado, ese idealismo, con la más pura realidad, así en la figura como en el paisaje y la marina.
Desde las melancólicas ensenadas de la costa de "Gales hasta los verdes valles de Escocia; desde las praderías de una extensión sin fin y cuyos horizontes
formados por montañas azules que velan blandas
pero compactas masas de brumas, hasta los matorrales de los condados de Norwik, toda la obra pictórica de este género tiene un suave velo que pudiéramos
llamar con Chesneau místico, tanto más amable
cuanta mayor es la verdad, el respeto con que está
pintado el natural.
Rusia, con sus artistas místicos cristianos de la fibra filosófica de Tolstoi y, como el célebre conde literato, realistas y originales y típicos, cuando dejando el pincel del fanático pintan las heladas estepas
y galopando por la blanca é inconmensurable llanura los pequeños y enjutos caballos que tiran del pesado trineo campesino ó el cosaco que se destaca
sobre el blanco deslumbrador de la nieve que cubre
oteros y rellanos, imprimen tal sello de melancolfa á
sus cuadros, que traen á la memoria el recuerdo de
las austeridades de los pintores ascetas de la España
de los siglos xv1 y xv11.
Austria y Hungría, como las mismas escuelas alemanas, entran á pasos agigantados en la senda que
forman la conjunción de la más cruda realidad con
el más dulce de los sentimientos que el amor de la
Naturaleza produce en el alma de los verdaderos artistas.
R.

LA 1LUSTRAC1ÓN ARTÍS!ICA

607

{
J

Edificio del Estado de San Francisco. -Trozo de calle con los edificios de varios Estados

cepto de la América del Norte; pues mientras los
ciudadanos han concurrido individualmente á la
grandiosa manifestación de Chicago, los gobiernos
de los distintos Estados han procurado presentar en
ella á los ojos de los extranjeros cuadros vivientes de las riquezas naturales, de los productos industriales y aun de sus sistemas administrativos con
el objeto, no sólo de mostrar á la faz del mundo
su estado de progreso y pujanza, sino que también de
atraer á sus territorios colonos de otros países.
La autonomía de los Estados que forman la gran
república es mucho mayor de lo que gene.:alment~
se cree en el viejo continente. Cierto que en vastfs1mos territorios de la Unión se observan la misma
configuración del suelo, el mismo clima y hasta el
mismo género de vida, razón po~ la cual son ~scasas
las diferencias que entre los habitantes de vanos Estados existen· pero éstos sienten verdadera adoración
por la que U:uchos han dado en lla mar patria chica,
únense estrechamente siempre que de defender sus
intereses se trata, y no consienten que el gobierno
central se inmiscuya para nada en lo que á su vida
autónoma se refiere, sin que por ello dejen de pres-

.El edificio de Inglaterra

BALSA DE LA VEGA

29 de julio de 18g3.

....,......,........... ,.,......,.............,......,,,,,, ...., ......,....,,,...........,.,,,,...,..,......, ......,....,.,,...,.,..,
LA EXPOSICION UNIVERSAL DE CHICAGO
En la parte septentrional de Jackson Park y cerca
del palacio de Bellas Artes álzanse multitud de edificios de los más diversos estilos arquitectónicos, pero
pintorescos casi todos ellos, que atraen con preferencia
las miradas de los visitantes de la Feria del Mundo:
son las construcciones levantadas por cada uno de
los Estados de la república norteamericana. Ocupan
en número de unos cincuenta un espacio de cerca
de medio kilómetro cuadrado, y por sí solos constituyen una exposición que permite formarse cabal con-

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Reproducción del buque de guerra norteamericano lllinois. (Dibujos originales de E. Limmer,)

�LA lurs\rRActóN ARTisTtcA
tarle el más decidido concurso en todo cuanto afecta
á las relaciones internacionales y al cumplimiento de
los tratados particulares que con él tiene convenidos
cada Estado.
•
.
Manifestación de este espíritu de independencia
fué el deseo de construir edificios propios para las
exposiciones que pudiéramos llamar regionales, habiendo votado los distintos Parlamentos las sumas
necesarias, que en muchos Estados excedieron de un
millón de dollars y en los demás alcanzaron cifras
muy considerables, que permitieron montar instalaciones notables todas y verdaderamente maravillosas
algunas.
Concebido y aceptado el proyecto, esforzóse cada
Estado por dar á su edificio el carácter de su propia
cultura, y así se ve hoy en aquel extremo -del parque
de J ackson que mientras los viejos Estados de N ueva Inglaterra han construído los suyos adoptando el
estilo colonial holandés ó inglés de los pasados siglos,
los del Sur han empleado con gran elegancia y habilidad las columnatas que tanto abundan en sus capitales y los amplios miradores y balcones desde los
cuales los dueños de las haciendas recrean la vista
contemplando sus plantaciones de algodón ó de caña
de azúcar.
Siguiendo este sistema, la Florida ha reproducido
el antiguo y sombrío fuerte de Marion, en San Agustín, y Tejas ha rodeado su esbelto edificio de acebos
y cácteas, árboles que tanto abundan en su territorio. Pero de todas estas construcciones la más grandiosa y la más notable es sin disputa la de San Francisco de California, que se ve á la izquierda de uno
de nuestros grabados, y es una reproducción exacta
de la antigua misión española de San Gabriel, que
sombreada por frondosos naranjos y parras existe todavía en la región meridional del Estado californiano. Y para que la copia recuerde de una manera más
completa al original, el jardín que rodea la misión
está plantado de palmeras, naranjos y limoneros y
por entre las balaustradas de las azoteas asoman las
ramas de las cácteas y las palmitas. El interior de
este edificio contrasta con el exterior: afuera, el pasado con sus recuerdos; adentro, el presente con todas
sus riquezas, representadas por los magníficos frutos
naturales de aquel bendito suelo que formando colosales montones llenan las magníficas salas, siendo la
admiración de cuantos visitan la antigua misión de
San Gabriel.
El Estado de Wáshington expone sus productos
forestales de una manera muy original: el edificio que
ha levantado en J ackson Park está construído con
gigantescos troncos sacados de sus extensas selvas, de
30 á 40 metros de altura y de 50 el que á modo de
mástil se alza delante de la construcción. Visitando
el edificio por dentro, se ve que la riqueza de aquel
Estado no estriba únicamente en los bosques, sino
que entran también por mucho en ella los terrenos
de cultivo, como de ello es buena muestra la reproducción en miniatura de una hacienda con sus campos, dependencias, graneros, trabajadores, etc.
Los edificios de los Estados de Indiana y Míchigan, que se ven á la derecha del grabado que antes
citamos, difieren esencialmente de los de otros Estados, pues en ellos en vez de exponer los productos
del suelo se han instalado clubs y salas de recepción
para los habitantes de los mismos que visiten la exposición, así como las oficinas para las comisiones
oficiales respectivas.
En otros edificios la exposición de productos tiene
un carácter secundario, de suerte que los mármoles,
maderas, muebles, cuadros, esculturas, vidrios pintados, etc., se han empleado simplemente los unos
como materiales de construcción y como adornos de
los recintos los demás. Algunos contienen una sección
especial destinada á expo'sición histórica, en donde
hanse reunido reliquias, estandart_es, documentos y
otros objetos relativos á la accidentada historia de
aquella república.
·
Muy cerca de este que bien puede denominarse
barrio norteamericano, encuéntrase el internacional,
es decir, el de los palacios erigidos por .Jas naciones
extranjeras que han concurrido al gran certamen en la
orilla del Míchigan y en la especie de península que
arrancando de éste separa el North-Pond de la inmensa laguna central.
Dejando para otro artículo la descripción de los
demás, sólo diremos en éste algo del palacio de In·
glaterra que uno de nuestros grabados reproduce. El
Vt'ct()ria Home, como le llaman los americanos, es
indudablemente uno de los que más interés ofrecen
al visitante: construído según el pintoresco estilo del
tiempo de Enrique VIII, consta de una planta ba•
ja de ladrillo, adornada con esculturas de terracotta,
sobre la que se alza un piso que cubren unos tejados
de madera obscura, del centro de los cuales surge
una airosa torrecilla. U na ancha escalinata da acceso

á un vestíbulo cuyos techo y paredes están cubiertos
de ricos artesonados y por el cual se entra en el club
y en las oficinas de la comisión inglesa.
Entre los muchos y notables objetos que llenan los
salones de este palacio llaman la atención los mapas
y documentos pertenecientes á Sebastián Cabot relacionados con sus viajes á América, con los cuales ha
querido sin duda Inglaterra recordar la parte de gloria que á uno de sus hijos corresponde en la historia
de los descubrimientos realizados en el continente
americano.
Si los países del globo han rivalizado en esfuerzos
por honrar con sus productos la Exposición de Chicago, correspondiendo de esta suerte á la invitación
que les dirigiera el gobierno de los Estados Unidos,
justo es decir que éste por su parte ha hecho cuanto
ha podido y debido para que aquélla tuviera toda la
importancia que las naciones extranjeras tenían derecho á exigir en un certamen que se les presentaba
como aconteciniento de caracteres verdaderamente
excepcionales.
En efecto, aquel gobierno tiene en Jackson Park
una representación brillante y en sus instalaciones
pueden admirarse los progresos de todos los ramos
de la administración pública, desde el servicio de correos hasta los más modernos adelantos en materia
militar y de la marina de guerra.
Un solo detalle dará á nuestros lectores idea de la
verdad de lo que decimos. Deseaba el gobierno central enviar á Chicago uno de los grandes acorazados
de su armada; pero á la realización de su propósito
oponíase en primer término la circunstancia de que
uno de esos buques de diez á doce mil toneladas, el
Illinois por ejemplo, no habría podido salvar por su
gran calado los bajos ·del canal de Welland, y en segundo que, aun vencida esta dificultad material, la
expedición hubiera sido imposible por oponerse á
ella los tratados existentes entre los Estados U nidos
y el Canadá, tratados que prohiben que ningún buque
de guerra norteamericano ó canadiense, excepción
httha de los pequeños guardacostas, permanezca en
los grandes lagos que á aquéllos separan y cada una
de cuyas orillas pertenece á uno de ellos.
En vista de esto, y no queriendo por otra parte el
gobierno yankee que dejara de estar representada de
un modo ú otro en la Exposición su marina de guerra,
concibió el original proyecto de construir un buque
de ladrillo asentado sobre estacas clavadas en el fondo del lago Míchigan. De ladrillo son efectivamente
el casco y las torres de la reproducción del Illinois,
que representa uno de nuestros grabados, y algunos
de los grandes cañones que constituyen la artillería (?) del barco son de madera cubierta de una capa de cemento; en cambio, todos los cordajes y las·
disposiciones interiores de los puentes en nada difieren de los que se ven en los buques de veras. Dentro del Illinois se ha organizado una exposición interesantísima de todo cuanto á la marina y á la navegación se refiere, pudiéndose admirar en ella, entre
otras cosas curiosas, mapas y planos con el sistema
de faros, señales y vigilancia de costas de los Estados U nidos y otros con los resultados de las expediciones llevadas á cabo por los norteamericanos para
estudiar las corrientes marinas, los tornados, los ciclones, los movimientos de los grandes témpanos en
las aguas de la Unión, etc., documentos que demuestran la parte importante que los yankees han tenido
en las empresas llevadas á cabo por el mundo civilizado para el estudio del mar y de la seguridad de la
navegación.
Completando lo que dijimos en el artículo anterior respecto de la calle del Cairo, publicamos hoy
la vista de esta exhibición, una de las más interesantes de Midway Plaisance, y añadiremos algunos datos á los que acerca de la misma tenemos consignados. Como obedeciendo á un conjuro mágico que
en el presente caso han sido el talento de los que
han dirigido la obra y la esplendidez del que la ha
costeado, hase levantado en los pantanosos terrenos
que se extienden junto al lago Míchigan un barrio
de la antigua capital egipcia tan fielmente y con tanto acierto reproducido que nada encuentran á faltar
en él los mismos que han visitado la ciudad tomada
por modelo: vense allí las mismas casas con sus fajas
horizontales blancas y encarnadas, y las misteriosas
celosías al través de las cuales brillan á veces unos
ojos negros que clavan sus ardientes miradas en los
que por las calles transitan; las mismas mezquitas de
artística arquitectura con sus grandes portales, sus
cúpulas filigranadas y sus esbeltos almimbares, desde
donde el almuédano invita todas las tardes á los fieles á la oración; los mismos pequeños cafés, bazares
y tenduchos, en donde se expenden los artículos de
las más variadas industrias orientales.
Y no se limita á los edificios la fidelidad de la re•
producción: si egipcias son las construcciones, egip•

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607

cios son también la vida y el movimiento que en
aquellas calles se notan. Por cientos se cuentan los
egipcios que, vestidos con sus pintorescos trajes, por
allí circulan y allí trabajan, confundidos entre los
cuales circulan el grave turco con su chaquetilla roja,
el corpulento sirio envuelto en su túnica azul por
debajo de la que asoman holgados calzones, el árabe
vistiendo el blanco albornoz y cubierta la cabeza
con el turbante, el negro á cuyo lado parecen algo
menos que mulatos los hombres de color del Sur
americano y tantos otros ejemplares de las. típicas
razas de Oriente, formando un conjunto abigarrado
de colores espléndidos sobre los cuales destacan
como feas manchas los antiestéticos trajes de las
civilizaciones modernas.
Como ya en otra ocasión dijimos, Midway Plaisance reune otros muchos atractivos además del que
acabamos de describir, y de algunos de ellos nos
ocuparemos en posteriores artículos. Para terminar
el presente y completar la descripción de los grabados que en este número publicamos relativos á la
Exposición de Chicago, réstanos solamente ocuparnos del interior del palacio de Horticultura, de cuyas condiciones arquitectónicas hemos hablado en
otro artículo, al tratar de los edificios levantados en
J ackson Park.
Pocos países han llegado en materia de floricultura y jardinería á la altura que los Estados Unidos,
que derrochan sumas fabulosas cuando de tales materias se trata. En todas las grandes ciudades hay
establecimientos importantísimos exclusivamente dedicados á la venta de las flores más preciosas y de
las plantas más raras, y las exposiciones florales que
todos los años se celebran en Nueva York, en Chicago y en otras capitales constituyen acontecimientos de primera magnitud en la vida social de las
mismas.
Con estos precedentes, lógico era suponer el cuidado especial que los organizadores del certamen
consagrarían á esa sección, y la verdad es que el espectáculo que allí se ofrece al visitante no puede ser
más hermoso. En aquellas galerías cubiertas de cristales osténtanse formando torres, pirámides y arcos
de triunfo colosales los más variados y ricos frutos:
allí se pueden admirar en toda su grandeza y variedad los inmensos tesoros de la flora del continente
norteamericano, especialmente en punto á plantas de
adorno y en semillas. Desde las raras coníferas y los
musgos del Norte hasta la esbelta palmera y el cocotero del Sur, admíranse en esa sección plantas de todos los climas y de todas las especies, figurando al
lado de las cácteas y pitas de los territorios de la
Unión que un tiempo fueron españoles los más preciosos ejemplares de otras plantas de México, de las
Indias Orientales y de la América Central. Pero más
interesantes aún son las bellísimas orquídeas de Venezuela, de una delicadeza de colores, de una elegancia y diversidad de formas y de una variedad tales
que es imposible formarse siquiera idea de ellas en
Europa. El que se pasea por entre aquellos grupos
de árboles, plantas y arbustos créese transportado á
una de las selvas vírgenes de las regiones meridionales del Nuevo Mundo, y apenas puede concebir cómo
toda esa vegetación que necesita los rayos de un sol
abrasador ha podido ser trasladada al frío Norte, á
las orillas del lago Míchigan.
La parte más hermosa de la sección de horticultura
es indudablemente la gran rotonda de cristales con
sus galerías construídas á 20 metros del nivel del
suelo, en las cualés hay instalados cafés y restaurants
desde donde la vista se posa sobre un océano de verdura que se ofrece á los ojos del espectador en toda
su magnificencia tropical.
En el centro de la rotonda hay una montaña artificial en cuya cumbre brotan innumerables cristalinas
fuentes que descienden por entre musgos y helechos
y á la sombra de palmeras de infinitas clases, humedeciendo con sus aguas orquídeas y flores nunca vistas y saltando por entre peñascos de cuyas quiebras
salen preciosas pitas que elevan sus ramos floríferos
hasta tocar las copas de las gallardas palmeras.
Esa rotonda es uno de los sitios más encantadores
de la Exposición y el lugar predilecto de la sociedad
elegante que á ésta acude. Una puertecita practicada
entre las rocas de la montaña artificial da acceso á
una preciosa gruta, cuyas paredes, techo y pavimento
están materialmente cubiertos de brillantes cristales
y estalactitas de mil formas á cual más variada que
reproducen la famosa Crystal Cave descubierta hace
pocos años en el Dakota meridional y que por su
grandiosidad y magnificencia recuerda á la célebre
Cueva del Mammuth de Kentuky.
Hagamos por hoy punto final en nuestra tarea de
describir las principales curiosidades de la Exposición Colombina que continuaremos en sucesivos artículos. - A.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS

II
Algunos refuerzos esperaban á Dombrowski en el
muelle de Auteuil, protegidos en parte por las casas
contra el espantoso fuego que abrasaba aquel punto.
Las noticias que el general recibió fueron muy desagradables cuando llegó al Instituto de Ste. Perine,

Una sesión secreta de la Comuna

ocupado por una especie de cuartel general. El comandante del batallón 93 de la guardia nacional
era quien había ido al castillo de la Muette para decir á Dombrowski cómo habían sido arrojados sus
hombres de la puerta de Billancourt. Por los informes que allí obtuve rápidamente, supe que las fuerzas de aquel jefe, concentrándose después, extendiéronse por el parapeto del recinto, entre las puertas
de Billaucourt y Poin du J our, y por el Norte más
allá de la de San Cloud. Durante algún tiempo de·
fendieron las posiciones con tenaz porfía, bajo un
fuego terrible; pero al fin hubieron de retroceder sufriendo graves pérdidas, sobre todo por los disparos
de la artillería de Versalles y de las inmediaciones
del Bosque de Boloña. La puerta de San Cloud, así
como la de Point du Jour, cayó también muy pronto
en poder de las tropas del gobierno, que después de
ocupar el recinto con numerosas fuerzas, así como
las casas adyacentes, envió considerables destacamentos á reconocer las calles de Marvis y Billancourt. U no de ellos pudo penetrar hasta el viaducto
de la vía férrea, pero fué rechazado.
Dombrowski se sonrió cuando le comunicaron estas noticias, y entones pensé. en su «segunda línea
defensiva,» y en las seguridades de que «la situación
no era tan crítica.»
Entretanto, eran ya las nueve de la noche, y hubiérase dicho que los de Versalles concentraban sus
tiros sobre el recinto, pues el fuego comenzó á ser
muy vivo alrededor del Instituto, donde llovían los
proyectiles. Dombrowski y su Estado Mayor mostrábanse muy activos y audaces, y parecióme que su
gente estaba animada del mejor espíritu. Hubo algunos gritos de entusiasmo cuando se &lt;lió la orden de
avanzar, y las fuerzas, compuestas principalmente de
tiradores y hombres que vestían el uniforme de zuavo, según pude ver en la obscuridad, pusiéronse en
movimiento en dirección á la calle de la Municipali_dad (así se llamaba entonces, mas creo que ahora lleva
el nombre de calle Miguel). Dos cañones de artillería de montaña rompieron el fuego sobre la izquierda
de la citada calle, y protegida por él, la infantería
avanzó á paso de carga; pero casi en el mismo instante prodújose cierta confusión á causa de una nutrida descarga que partió principalmente de la pared
que circuye el cementerio de los Pobres. Los federales se desbandaron, por derech~ y por izquierda;
pero algunos concentraronse en el angulo de la pared
del cementerio, mandados por un joven oficial que
recordé haber visto en el castillo de Muette á la hora
de comer. Siguiéronse algunos momentos de nutrido
f~ego; después los federales cedieron, y muchos fugitivos llegaron á la carrera hasta donde estábamos,
pero sin su valeroso jefe. Entretanto parecióme que
se había trabado una lucha casi cuerpo á cuerpo en
el exterior del viaducto, pues oía el incesante silbido
de las balas y los gritos y maldiciones de los comunistas, no pocos de los cuales debían el valor que desplegaban á las influencias alcohólicas. De vez en
cuando resonaba un grito, seguíase una breve lucha
y oíase una descarga, acompañada de corridas. ·
Poco después de las diez era evidente que la lucha
había terminado casi para los federales. Hacía largo
tiempo que no veía á Dombrowski: un oficial me
dijo que le habían matado junto á la pared del cementerio, donde -cayó bajo su caballo, y otro me aseguró haber visto al intrépido general batiéndose contra un marinero de Versalles que le acosaba con su
bayoneta.
Después de aniquilada la Comuna se acusó á
Dombrowski de traidor á la causa que pretendía servir; mas yo puedo asegurar, por lo que de él vi, que

se portó como hombre sincero é intrépido soldado;
y habiendo perdido su vida en la lucha, no me parece verosímil que se hubiera vendido á los de Versalles.
Después hubo un repentino pánico, y me alegré
de poder retirarme á la «segunda línea defensiva, »
nada fácil de reconocer como tal, por lo cual supuse
que Drombrowski se había permitido una fanfarronada al hablar de este recurso. Una vez detrás de la
vía férrea, las fuerzas federales defendieron su terreno algún tiempo; las descargas que se oían á intervalos anunciaban los ataques de los destacamentos
sueltos de Versalles; pero á eso de las once reinó al
fin tal tranquilidad, que yo creí que todo había concluído por aquella noche. La pausa, sin embargo, fué
engañosa; los de Versalles debían haber suspendido
el fuego para descargar después un golpe más seguro,
é indudablemente sus fuerzas penetraban entonces
en el espacio situado entre el recinto y la línea de la
vía férrea, movimiento que practicarían silenciosa•
mente, mientras que ocupaban las encrucijadas con
sus cañones. Por nuestra retaguardia podíamos oir
cómo tocaban generala en las calles de París. Un
oficial de Estado Mayor que hablaba el inglés tan
bien como yo, acercóse á mí y díjome que desconfiaba de aquella pausa, temiendo que hubiese llegado
la hora suprema. ºEra cerca de media noche cuando
estalló un nutrido fuego de artillería y fusilería contra
el viaducto, y en el mismo instante percibióse el estrépito de nutridas descargas por el Norte. Alguno
gritó: «¡ Estamos cercados! ¡Los de Versalles entran
por las puertas de Auteuil, de Passy y de la Muette!»
. No (ué necesario más para que se produjese el pánico, y al punto oyóse el grito de «¡Sálvese quien
pueda!» También oí gritar: «¡Nos han vendido!»
Arrojáronse armas por todas partes; muchos individuos se despojaron de sus uniformes, y cada cual
confió su salvación á las piernas, dirigiendo muchos
oficiales aquella fuga. Creí, sin embargo, que ni
Dombrowski ni los individuos de su Estado Mayor
eran hombres para huir; pero á decir verdad, no vi á
ninguno de ellos. También se gritó que llegaban numerosas fuerzas por el Sud, y al oírse esto menudearon las blasfemias y aumentó la confusión; como si
esto no fuese bastante, llegaron batallones ó destacamentos arrojados de sus posiciones y aumentaron el
número de fugitivos, acrecentando el pánico y arrastrando á los demás en su fuga.
Hubo un intervalo de tumulto durante el cual, en
la obscuridad y en mi relativa ignorancia de aquella
parte de París, no pude saber adónde me conducía
aquella muchedumbre de fugitivos. El camino era
ancho, y eché de ver que le limitaba por la derecha
el Sena; según supe después, consultando el mapa,
acabábamos de atravesar el muelle de Passy. Al poco
tie:npo me separé de los fugitivos para dirigirme por
una silenciosa calle de la izquierda, y durante algún
tiempo anduve por ella sin saber dónde me hallaba.
El caso es que llegué al rayar el día á la plaza del
Rey de Roma (llamada ahora del Trocadero); la nie-

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607

bomba enemiga, y que vi entre los fragmentos de la
cureña; casi junto á estos últimos, y muertos seguramente por la explosión que destrozó la pieza, yacían
allí dos ó tres comunistas.
Cuando hubo más luz y la bruma comenzó á disiparse, vi las pendientes del Trocadero á mi izquierda
y supuse que estaba en la batería del mismo, de la
cual había oído hablar á Dombrowski la noche anterior. Mirando hacia el Oeste, á lo largo de la Avenida del Emperador (ahora de Enrique Martín), vi otra
batería que avanzaba al paso, ptecedida de algunos
destacamentos de marineros. No necesité preguntarme si aquellas fuerzas podían pertenecer á las tropas
derrotadas y fugitivas de la Comuna; no podía ser, y
á primera vista comprendí que eran tropas de VersaHes que iban á tomar posesión del Trocadero. A decir verdad, si no hubiese habido otra evidencia, su
manera de anunciarse, disparándose cuatro ó seis
tiros, era harto concluyente. No hice caso omiso de
la advertencia, y tomé la dirección de los Campos
Elíseos. Poco después hallábame en la magnífica
avenida que se prolonga junto á la calle de Chaillots,
como á la mitad de la distancia entre el Arco del
Triunfo y el Rond Point; y de pronto, alrededor de
la noble columna que conmemora el valor francés, vi
alineados en buen orden varios batallones, cuyos soldados llevaban pantalón encarnado. Hasta allí, pues,
habían conseguido invadirá París las tropas de Versalles en las primeras horas del día 22. Las fuerzas
regulares se apiñaban en la plaza de la Estrella tan
densas como eran las de los bávaros el día de la entrada del ejército alemán tres meses antes. No se
apuntaba hacia ellos ningún cañón desde la gran barricada federal de la plaza de la Concordia; pero
veíanse en ella algunos guardias nacionales, que de
,·ez en cuando disparaban un tiro inútilmente contra
las densas masas de las tropas de Versalles. Estas
últimas parecían tomar las cosas con mucha calma,
cual si quisieran asegurarse bien del terreno antes de
avanzar. Tenían una batería de mohtaña en acción
un poco más abajo .del Arco, y con ella barrían los
Campos Elíseos bastante bien.
Me dirigí hacia el parque Monceau, cuando encontré una persona que me dijo que las tropas de
Versalles, marchando desde el Arco por la avenida
de la Reina Hortensia (ahora de Roche), habían
caído sobre los comunistas, derribando una barricada, y evitándoles la molestia de concluirfa al tomarla
á la bayoneta. En este punto faltóme muy poco para
quedar cerc:rdo, pues mientras hablaba con dicha
persona resonó un grito, y vi un momento después
que numerosas fuerzas de Versalles, precedidas de algunos cañones, marchaban por la avenida de Friedland hacia el bulevard de Haussmann. Apenas tuve
tiempo de cruzar por su frente, y conseguido esto las
seguí por calles laterales. De vez en cuando hacían
un nutrido fuego, hasta que llegaron al fin al espacio
abierto que hay á la entrada del bulevard Haussmann,
frente á los cuarteles de la Pepiniere. Esta era una
posición muy ventajosa para dominar los alrededo-

Aspecto de la calle &lt;le Rívoli en tiempo de la Comuna

bla era muy densa, lo cual limitaba mi campo visual
y tan sólo sabía que estaba completamente solo. A
los pocos pasos me encontré á retaguardia de una
batería situada al Oeste, de la cual faltaban todos los
cañones excepto uno, desmontado sin duda por una

res, y fácilmente se podía comprender la táctica de
los jefes de Versalles. Ocupando con numerosas
fuerzas y artillería ciertos puntos del centro, de cada
uno de los cuales radiaban varias encrucijadas en diversos sentidos, su designio era dividir París en sec-

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607

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

}

Lucha en una barricada del bulevard Haussmann

ciones y aislar éstas una de otra barriendo las ~a(les
limítrofes con un vivo fuego. Desde aquella pos1c1ón
de la Pepiniere, por ejemplo, se dominaban p~rfectamente el bulevard Haussmann hasta la calle Ta1tbout,
y el bulevard Malesherbes hasta la Magdalena, asegu1ando el acceso al gran bulevard y ,á la plaza Real, P?r
la que bastaba bajar para so_rprend~r por retaguardia
la barricada de los comumstas, situada frente á la
plaza de la Concordia.
Deseoso de ver lo ·que ocurría en otras partes de
la ciudad, dirigíme por calles desviadas Hacia el palacio real. Parecía que las bombas estallaban en todo
. París, y yo vi muchas granadas de mano reventar á
gran altura· varias de ellas cayeron cerca de la Bolsa,
cuando yo ~asaba; en los bulevares y sus inmed!a~iones del todo desiertos, no se encontraba alma v1v1ente, ~ tan sólo de vez en cuand_o veíanse pasar en distinta dirección algunos r~duc1~os d~s.t~came_nto_s de
guardias nacionales. Hubiera sido d1f1c1l decir s1 los
comunistas trataban de hacer frente ó de retroceder;
pero lo cierto es que por to~a_s p~rtes se levantaban
barricadas con mucha prec1p1tac1ón. De todas ellas
pude evadirme hasta que llegué á la plaza del Palacio
Real donde se construían dos, una á través de la calle d~ San Honorato, y la otra á la entrada de la calle
de Rívoli' entre el Louvre y el hotel del .mismo
nom,
. .
bre. Los materiales de la segunda cons1st1an pnnc1palmente un gran número de colchones de un almacén próximo, que se arrojaban por las ventanas, y de
otros de los cuarteles de la plaza del Carrousel. La
barricada de la calle de San Honorato se componía
de muebles con varios coches y ómnibus, y se me
obligó á todiar parte en su construcción,
Cuando se me permitió marchar, lo primero que
hice fué mirar la calle de Rívoli, y observé que los
comunistas habían levantado una gran batería á través de un punto de unión con la plaza de la Concordia armada de cañones que al pa recer hacían fuego
en 'dirección á los Campos Elíseos. Saliendo de las
inmediaciones del palacio real me encaminé hacia
el nuevo teatro de la Ópera, y apenas llegué al bulevard reconocí que los de Versalles debían haber ganado ya la Magdalena, pues entre ésta y su posición
de los cuarteles de la P epiniere no qu_edaba ya ningún obstáculo. H abían levantado una barricada, compuesta de troncos de árboles y barriles, á través del
bulevard de la Magdalena, y los comunistas tenían
otra compuesta en particular de carros, á la entrada
de 1~ calle de la Paz. Por el pronto no se hacía fuego,
y á la entrada de la tarde resolví volverá mi hotel en
la Cité d' Antin para almorzar.
Saliendo del bulevard por la calle de Taitbout me
encontré detenido por una multitud de gente al acer-

carme al fondo del bulevard Haussmann; mas á tuerza de empujones llegué á ocupar la primera línea de los
curiosos, y presencié un singular espectáculo. Frente
á mí en el lado más le1·ano al bulevard Haussmann,
, otro grupo, y entre éste y el nuestro extend'1aveíase
se el ancho bulevard donde las balas de las fuerzas
de Versalles caían si~ cesar por estar dichas tropas
á mil varas más de altura. Este obstáculo de fuego
de fusilería era lo que había detenido á la multit~~ á
cada lado, y comprendíase muy bie~ que no qms1eran seguir adelante, pues en el espacio que sepa_raba
los dos grupos veíanse no pocos muertos y hendos,
que pagaban su atrevimiento por haberse empeñado
en pasar. El hambre me aguijoneaba de tal manera,
que se antepuso á mi prudencia, y atravesé el bulevard sin más avería que un balazo que me traspasó
el faldón de la levita, y la bolsa del tabaco. Un_ muchacho que me siguió no fué tan afortunado; cierto

para presenciar una encarnizada lucha en el ataque á la barricada gue
había en el punto de intersección
de la calle Trouchet. Dos muchachos que estaban cerca de mí cayeroff heridos, y una bala chocó
contra la columna del farol que me
resguardaba. Una mujer se desvió
de la esquina de la calle de la Chaussée d' Antin, vino á recoger la bala,
y alejóse tranquilamente palmoteando con loca alegría.
. .
Después de comer y de escribir
un par de horas resolví ir á la esta:
ción de la vía del Norte para ver s1
podía conseguir por un medio ú
otro que se dirigiese u~a ca:ta mía
á Londres. En el cammo v1 cosas
muy extrañas. ¿Qué era, por_ ejemplo, una especie de ceremonia que
se celebraba en la calle de Lafayette esquina de la de Lafitte? Allí habi'a un vagón, un spahi negro como
la noche y un oficial con el acero
desenvainado; alrededor. veíase una
compacta multitud, y eri el centro
ardía un gran montón de papeles.
¿Quemaban acaso los libros del
Banco inmediato ó los títulos de los
propietarios? No: los papeles de un
batallón comunista era lo que destruían así, tal vez para que no se
pudiesen presentar pruebas compr?•
metedoras. El episodio me pareció
una indicación significativa del
principio del fin, y no falt~~an otras
señales para confirmar m1 idea, como por ejemplo, que se buscar~n
con ansiedad los pasaportes 111gleses.
Poco después se recibió la d~sagradable noticia de que ·los pru~1~nos habían detenido en San D10ms10
todos los trenes que salían de París, é imp~dían á
todo el mundo atravesar sus líneas; pero siempre
quedaba una probabilidad. Soborné á un empleado
d~ la vía férrea para que saliera de París por el túnel
del camino de hierro; y en el caso de llegar á ~an
Dionisio debía dar mi carta á una persona de quien
podía c~nfiar para que la expidiera. Mi emisario
ocultó la carta en una bota y púsose en marcha, habiendo prometido volver á mi hotel á las ocho de 1~
noche para darme ~uenta ~el ,resultado ~e su comisión; pero no volví a verle 111 ?1 hablar mas de él.
Cuando volvía de la estación del_ Norte m~ ~currió un incidente que pudo muy _bien. ser, tra&amp;1co.
Como oyese que hacían fuego en d1rec~16n a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, deJé la calle de
Lafayette para tomar la de Chateaudun; _mas_ al llegará la plaza, en cuyo centro se elev~ la _1gle~!ª• encontréme en el interior de un extraordmano triangulo

·,.'-., __ . '- i\\\ \
\

.,. I'

Í

'~: 1\.·

'

........

'.

'·......_'&gt;
..___

-

[ ....

Los cañones de Montmarlre en la víspera del 18 de marzo de 187 I

qué atravesó también mas no sin una herida en el
· uslo.
'
m Después de almorzar en mi hotel, situado junto á
la calle de Lafayette, corrí al punto en que ésta con-.
fluye con el bulevard Haussmann, y llegué á tiempo

de barricadas. Había una á través de la extremidad
de la calle de San Lázaro, otra al fin de la de Loreto,
y una tercera entre la iglesia Y el frente d~ la p)aza,
mirando~ la ~a~le de C\ia~eaudun. La part1culandad
de esta d1spos1c16n cons1st1a en que cada una de agué.

�~~.r--

ABANDONADA, cuadro de Mateo Balasch

UN DESENGAÑO, cuadro de Héctor Tito, expuesto en la &lt;Royal Academy,» de Londres

�L\

530
llas podía ser enfilada por el fuego dirigido contra las
otras; de modo que los defensores se exponían ellos
mismos á recibirle de flanco, por retaguardia y de
frente. Yo me preservé lo mejor posible en el pórtico
de la iglesia para observar el desenlace de aquel estado de cosas; pero mi curiosidad pudo costarme
cara, porque dos veces estuve á punto de ser fusilado,
primero por los comunistas, y luego por los versalleses que se apoderaron de la barricada de la calle de
San Lázaro. A última hora de la tarde, el grueso de
los comunistas que se retiraban pareció tomar la dirección de Montmartre, desde donde sus cañones hacían fuego por encima de la ciudad contra la artillería de Versalles, situada ahora en el Trocadero. Las
fuerzas del gobierno, por su parte, avanzaban también deliberadamente hacia Montmartre, y antes de
anochecer llegaron á la plaza de Europa, á espaldas
de la estación de San L~zaro. Desde este punto, por
el Norte, sus fuerzas avanzadas mantenían una línea
desde la calle Trouchet hasta la Magdalena, sosteniendo el fuego á lo largo del bulevard Haussmann,
mientras que con su batería 'd e la Magdalena habían
desmontado la de los comunistas del bulevard de los
Capuchinos á la entrada de la calle de la Paz. Los
rebeldes se hallaban indudablemente desmoralizados;
pero en todas partes mostrábanse muy activos en la
construcción de barricadas.
A eso de las ocho de la noche el fuego cesó en
todas partes, y durante un intervalo reinó la más
completa calma. ¡Qué extraño pueblo me parecieron
esos parisienses! El tiempo era magnífico, y la escena que se ofreció á mis ojos en las estrechas calles
inmediatas á la de Lafayette recordóme el aspecto
que presentaban las de Nueva York un domingo
del verano anterior al amanecer. Hombres y mujeres estaban sentados tranquilamente .á las puertas
de sus casas, conversando sobre los sucesos y los rumores del día; los niños jugaban alrededor de las
barricadas, y sus madres no hacían aprecio apenas
del lejano toque de generala ni del estrépito producido por una bomba al reventar, y sin embargo, la
b risa suave de aquella hermosa noche llevaba en sus
alas las fuertes emanaciones de la sangre y de los cadáveres diseminados por el suelo á menos de trescientas varas de distancia.

Nú.MElW 607

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La ópera Evanthia se cantará en breve en los principales
teatros de Leipzig y Colonia.
Londres. -En el Strand Theatre se ha estrenado una comedia de Mr. C. H. Abbott, titulada The Ste¿pwa!ker (l11 sonámlo), ele argumento ingenioso y complicado 9ue da lugar á escenas graciosas y hábilmente trazadas. Termmada la temporada
de ópera y hecho el resumen estadístico de las representaciones, resulta que en once semanas se han cantado veinticinco
óperas, entre ellas cinco complet¡¡mente nuevas para el público. londinense. Se han puesto en escena: / Pagliacci, doce veces; Cavalleria rosticana, nueve; Carmen, siete; Lohengrin,
Faust y Romeo y J11lieta, seis; Tamiha11ser y Las Walki1·ias,
tres; La Favori'la, El bttqttefantasma , Los Hugonotes, Los maes·
Iros cantores y Siegfried, dos; y La Hebrea, Tristán é Isulda,
l Ra11/za11, Rigoletto, Amy Robsarl y El velad~ profeta, u~a.
Como levers de ridea11 se han cantado: O,feo, seis veces; F1le111ón y Baucis, cinco; Djamileli y El amigo Frilz, cuatro, y
Los pescadores de perla~ é lrmengarda, una. Para la temporada
ele verano de 1894 se anuncian las nuevas óperas Da11mation
de Fausl, de Berlioz, William Ratcliffe y Vestalia, de Mascagni; Fafstaff, de Verdi; Manon Lescaut, de Puccini, y Signa, de F . H. Cowen.
·

..
I,

,.

Necrología. - Han fallecido recientemente;
Guillermo Bode, paisajista alemán cuyos cuadros son muy
celebrados por el sentimiento poético de la naturale~a que re·
velan y por la finura con que están ejecutados.
Menotti Themer, pintor inglés, individuo de la Academia,
cuyos cuadros son muy estimados especialmente en Inglaterra
y América.
J osé Isola, célebre pintor italiano, maestro de los principales pintores jóvenes de I talia, entre ellos el famoso .Barabino, y jefe de la escuela pictórica genovesa.
Isabel Rossi, condesa de Gabardi-Brocchi, notable escritora
italiana.
... ,., ........., •••, .............................., ...... , ••••••, ..........., ••••, •••••••••••••, ••••••, •••••J •••• ,.,......

,.J'••···

N UESTROS GRABADOS

Monumento erigido en Budapest en honor de
los chonved&gt; (defensores de la patria), húngaros obra de J or~e Zala. - Hace poco se ha inaugurado

en 1~ capital de Hungría el monumento nacional que reproducimos, en honor de los !tonved, de aquellos patriotas húngaros que en 21 de mayo de 1849 sucumbieron en el asalto que,
á las órdenes del general Gorgey, se dió contra la ciudad de
Budapest, arrojando de ella á la guarnición austriaca que man·
daba el mayor Hentzi. Sobre un pedestal en el que se leen las
~
inscripciones &lt;A los héroes anónimos&gt; y &lt;I849. 21 de mayo.
Por la patria libre,&gt; álzase la estatua de un honved apoyando su
planta sobre un cañón y los restos de una cureña y empuñan ·
do con la diestra el sable y con la izquierda la bandera de la
victoria; la gloria, con las alas extendidas, está en ademán de
APUNTE, dibujo de Mateo Balasch
ceñir las sienes del héroe con una corona de laurel. La impresión total que produce el monumento armoniza por completo
ARCHIBALDO FORBES
con la idea que en su erección ha presidido, y la obra es bajo
- Las tres grandes medallas de oro concedidas por el jurado todos conceptos digna de la fama del ilustre artista que la ha
(Continuará)
de la última Exposición internacional de Berlín lo han sido á los ejecutado.
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siguientes artistas: la primera al pintor Pedro J anssen, de Dusseldorf, por su cuadro /11/enmuión detisiva del 111011/e Wafter
Abandona.da, cua.dro de Ma.teo Balasch. - PerMISCELÁNEA
Dodde y de los aldea!U/s en la batalla de Worri11gm. 1288; la tenece
el autor de este cuadro y de los Apimles que en esta pásegunda al pintor H ermán rrell, de Dresde, por sus tres cartopublicamos á la joven generación picJ.órica, y aunque na·
Bellas Artes. - En el Palacio de Cristal de Munich se ha nes para los frescos que por encargo del Estado ha de pintar gina
inaugurado la Exposición de técnica pictórica, organizada por en la Cdsa Consistorial de Hildesheim; y la tercera a l escultor cido á la vida artística en un período de transición, lleno de
la Sociedad para el procedimiento racional en pintura. En ella ruso Marcos Antokolsky, residente en París, que por vez pri- dudas y vacilaciones, no ha sentido de una manera marcada el
se encuentra reunido todo cuanto á la técnica, así antigua como mera ha concurrido á la Expo~ición berlinesa con cuatro obras influjo de las corrientes modernistas y sigue con preferencia el
estilo de la escuela idealista y romántica que se defiende todamoderna, se refiere, desde la del antiguo Egipto hasta la de nues- verdaderamente maestras.
vía de los ataHues del realismo. Pensionado en Roma, estudió
tros días. La referida sociedad, dando toda la importancia que
- De los cuadros que han figurado en la última Exposición
las grandes obras del arte y tuvo el buen acierto de cultivar el
se merece al hecho de que mientras algunos cuadros de no le- de la Asociación de Artistas de Munich han sido adquiridos
jana fecha aparecen con evidentes signos de deterioro, la in- por el príncipe regente: Madre é !lijo, de Artz; T11lipa11es y ja- dibujo y estudiar el natural, dos cosas que caben dentro de to·
mensa mayoría de los que cuentan siglos de existencia conser· cintos, de Korter; Palomas, de Pennasilico; P,lblico agradecido, das las escuelas. Su cuadro Aba11donada, al par que nos muesvan su frescura, se preocupa en estudiar las causas de la defi- de Schmuz-Baudis; Madona, de Clara Walter, y De luto, de Gi- tra al artista enamorado de lo dramático, revela un paisajista
ciencia moderna en materia de colores y en enseñar la manera rón: para la Pinacoteca, Primer cuartel de 1813, de Hackl; que sabe ajustarse á la verdad de la naturaleza, que elige como
de remediarla; y á este fin obedece la E xposici6n ha poco inau· Puerto de Hoom, de Janssen; En los campos, de J ernberg; Mo- escenario de los asuntos que imagina. Balasch ha obtenido, se·
gurada, en la cual hay obras pictóricas de todos los tiempos y 1mmenlo de la duquesa Max, de Rumann; Crepdsmlo, de Mi- gún parece, una bolsa de viaje de la Diputación de Barcelona
género~, que además de servir al indicado propósito utilitario, lesi; Recolección del heno, de Schleich; Campo de avena, de y se propone pasar una temporada en París, donde completará
permiten hacer un estudio comparativo muy provechoso para Volkmann; En el Cáucaso, de Roubaud; Molillo de aserrar, de su educación artística estudiando las obras del arte moderno,
la historia del arle.
Schindler; / lock 111y door, de Khnopf, y Lago de Gare, de cuya impresión no borrará de fijo la huella que han dejado en
Brown: varios particulares infinidad de obras, entre ellas algu- su espiritu los cuadros de los grandes maestros del arte antiguo. Balasch tiene talento, y si no le faltan fe y perseverancia
nas de nuestros compatriotas Mestres, Barbasán, Gatcfa y Ro·
dríguez y Sánchez Barbudo; y finalmente el representante de conseguirá tener verdadera personalidad, que es á Jo que debe
la Exposición permanente de Artes é Industrias Artísticas de aspirar siempre el artista.

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APUNTE, dibujo de Mateo Balasch

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Weimar varias obras de van Bosse, Canal, 'Caprile, Douzette,
Kubierschky, da Molin, Muhlig y Schwar.
- Reinaldo Bega.s, el famoso escultor berlinés, ha terminado
los modelos de tamaño natural de la estatua ecuestre y del genio que gula el caballo destinados al monumento nacional que
ha d~ erigirse en Berlín á la memoria de Guillermo I. Se está
trabajando también en los modelos de la ornamentación plásti·
ca del zócalo y del grandioso pórtico que ha de rodear al monumento y en el cual en vez &lt;le las estatuas de generales en un
principio proyectadas se colocarán representaciones alegóricas
de los reinos de Prusia, Sajonia, Baviera y Wurtemberg y estatuas representativas de las distintas armas. Se proyecta cubrir con una gran pintura la pared ele este pórtico cuya longitud es de 150 metros. La inauguración del monumento se verificará probablemente el 22 de marzo de 1897, fecha en que
' se cumplirán 100 años del natalicio del emperador.
- El comité encargado de levantar un monumento á Bismarck ha acordado aplazar la ejecución del mismo hasta que se
haya erigido el del emperador Guillermo, pues estima que sería poco respetuoso para el soberano honrar antes que al gran
emperador al que fué su canciller.

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Teatros. - Las representaciones ejemplares verificadas en
Gotha, de las que nos hemos ocupado en otra ocasión, comenzaron con la llfedea, de Cherubini, que se cantó en presencia
del duque Ernesto, del príncipe y de la princesa lierederos de
Meiningen y de muchos intenden_tes y· directores de teatros
alemanes. Siguió luego la representación de Caperucila mearnada, de Boildien, después de la cual se han puesto en escena
las dos óperas premiadas en el concurso ha poco allí celebrado,
E vanthia, de Pablo Umlauft y La rosa de Ponlevedra, de Forster. La mí1sica de la primera es de estilo wagneriano y en ella
abundan las bellezas, algunas de primer orden; la segunda
pertenece al género italiano y parece inspirada en las obras de
Mascagni, y aunque revela no escaso talento en su autor contiene algunas trivialidades.

Un desengaño, .cuadro de Héctor Tito. - En el
número 527 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA y á propósito
del cuadro Los zapatos nuevos dijimos a lgo acerca de este pintor que figura entre los más distinguidos de Italia. La obra
del mismo que hoy reproducimos pertenece á un género distinto de aquél, tiene un sello eminentemente dramático y presenta una escena que se desarrolla entre personajes y en un
medio aristocráticos, as! como la acción de la otra era de carácter popular. En Uu desmga11o se adivina el fin de una amorosa historia, el rompimiento tras una discusión violenta que
corta de pronto un pasado lleno ele dichas y esperanzas. El
cuadro resulta sentido y su ejecución intachable: la figura de
mujer es interesante, la reproducción en el espejo de la del
amante es de un efecto belllsimo y todos los detalles revelan
el gusto y el talento del autor.

El rey y la reina de Siam. - E l rey de Siam cuenta
en la actualidad cuarenta años, su figura es graciosa y habla
con facilidad varios idiomas, especialmente el inglés: su traje
generalmente consiste en un chaquetón blanco, pantalón de
seda y medias azules; pero en las ceremonias oficiales usa un
uniforme militar, compuesto de casco blanco, túnica del mismo
color y medias y zapatos negros. Come á la europea y á la siamesa: los platos que se sirven en su mesa van cubiertos con un
cono encarnado y sellados, y antes de que el rey los guste ha
ele probarlos un oficial de boca. El palacio en que habita es una
verdadera fortaleza circuida por una triple línea de murallas,
y en su arquitectura se nota una extraña mezcla ele los estilos
europeo y asiático, en la que destaca el tejado nacional en forma de tiara de los reyes de Siam.
El reciente conflicto con Francia, felizmente terminado, há
ciado cierta notoriedad al monarca siamés y á su esposa la reina
Savangwadana, que si no el trono, ha de compartir el corazón
' de su marido con otras 6oo mujeres que componen el harén del
1 rey de Siam.

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- ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos!, exclamó el general. ¿Está usted loco?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT . -I L USTRACIONES DE EMILIO BAYARD

(CONCLUSIÓN)

Entonces Anie se desnudó con lentitud y se arregló un gracioso tocado de
noche; como Sixto había manifestado sorprenderse, casi enojarse, la primera vez
que su esposa le había esperado, no quería Anie que aquella noche sucediera lo
mismo; hallándola dormida, comprendería Sixto inmediatamente que su mujer
no pensaba dirigirle reconvención ninguna.
Pero Anie no se durmió, y si el tiempo le había parecido pesado cuando· podía moverse, ir, venir, pasear, empezó á ser verdaderamente insopc,rtable en la
obscuridad de la alcoba y en la inmovilidad del lecho; el reloj del vestíbulo daba
las horas y las medias, pero el intervalo que mediaba entre las unas y las otras
le parecía tan excesivamente largo que muchas veces se figuró Anie que el reloj
estaba parado.
Las once, las once y media, las doce, las doce y media, la una... ¿Ern posi-

ble? ¿Por qué no volvía Sixto? ¿Qué le había ocurrido? En la obscuridad de la
noche, ¿no podían liaberle sorprendido y asesinado en aquellos caminos desiertos? Anie veía como si estuviese pasando por ellos los sitios peligrosos, los recodos del crimen.
Inquieta, desasosegada saltó del lecho para leer el telegrama, que sabía de
memoria: «Hasta la noche;» esto no era decir: «Volveré tarde.» «Hasta la noche,» significaba evidentemente antes de las doce. Y sin embargo, era ya la una
y media; las dos, las dos y media.
Anie tenía calentura; había momentos en que escuchaba los ruidos exterio_res
con tal ansiedad y con tan vivo interés que su corazón parecía haberse detemdo
dejando de latir.
Por último, poco después de haber dado las dos y media reconoció la joven

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

53 2

sobre la axena del jardín el paso con que tan familiarizados estaban sus oídos y
súbitamente una frescura consoladora sustituyó al ardor de la fiebre que la devoraba. ¡Era él! ¿Qué importaba ya, toda vez que llegaba, el motivo de su tardanza? Pues qué, ¿no había mil razones (que entonces se presentaban á su.imaginación, cuando pocos minutos antes no se le ocurría ninguna) que hubieran
podido detenerle?
La joven, sin embargo, advirtió con alguna extrañeza las precauciones que
tomaba Sixto para subir, así como se sorprendió de que su marido en vez de
entrar desde luego en la alcoba se dirigiese al despacho. ¿No sentía, pues, aquella impaciencia febril con que ella le esperaba?
No pudiendo dominarse más, pensó Anie saltar de la cama para salir al encuentro de Sixto y abrazarle y besarle apasionadamente; ¿pero no habría en es Lo
una especie de reconvención muda que podía entristecerle? Pensando esto creyó
que lo mejor sería no moverse y fingirse dormida.
Por eso cuando Sixto levantó el transparente y proyectó sobre Anie la luz de
su bujía la encontró sumergida en un profundo sueño, tan profundo que cualquiera otro que no hubiese estado tan perturbado como Sixto lo estaba se .habría preguntado seguramente si aquel sueño era natural ó fingido.
Entre sus párpados medio cerrados había visto Anie, iluminado por la bujía,
el semblante convulso y trastornado de su esposo, y esta observación, unida á las
muchas precauciones adoptadas para no despertarla, reproducía su alarma y sus
inquietudes.
¿Qué sucedía? O por mejor decir, ¿qué había sucedido?
La puerta de comunicación entre el dormitorio y el despacho estaba cerrada,
por consiguiente nada podía ver ni oir la joven de lo que pasaba en el despacho; y como no s~ atrevía á incorporarse en el lecho - lo cual le hubiese permitido dirigir sus miradas por encima de la meseta de la chimenea - no veía tampoco á su marido, lo cual.indicaba que éste debía de haberse sentado á la me,a
de escritorio, colocada precisamente delante de la chimenea.
Afortunadamente la disposición particular de aquellas dos habitaciones y de
sus mobiliarios respectivos favorecían los deseos de Anie: la cama, el cristal, la
mesa de escritorio de Sixto se encontraban en una misma línea recta, y en la
pared opuesta del despacho, como en la prolongación de la misma recta, frente
por frente de la cabecera del lecho había colgado un espejo con una inclinación tal que reflejaba la mesa de Sixto y la chimenea. Si Anie encontraba
una manera de colocar la cabeza sobre la almohada que le permitiese mirar al
espejo, á través de la ventana, vería lo que su marido estaba haciendo.
. La joven logró sin dificultad lo que se proponía, procurando no hacer movimientos demasiado bruscos que habrían llamado la atención de su marido; éste
á la sazón escribía.
¡Qué sombrío estaba su rostro! ¡Qué agitación se notaba en su mano! De vez
en cuando ·deteníase un momento y después volvía á comenzar con una decisión y un apresuramiento que demostraban tanto la claridad de sus ideas cuanto
la violencia de su emoción. Cuando vió Anie que su marido después de termi•
nar la carta rendía la cabeza entre sus manos, manifestando terrible dolor y desesperación y desaliento, sintióse acometida de un temor que no la dejaba respirar.
¿A quién escribirá? ¿Qué escribirá? Muy horrible debía de ser el contenido
de aquella carta cuando de tal manera trastornaba á su esposo.
Anie vió después que Sixto escribía algo en el sobre; por la brevedad adivinó que se trataba de un nombre solamente, corto como el suyo, compuesto de
cuatro ó cinco letras. Pero ¿por qué le escribía si sólo necesitaba abrir una
puerta para estar á 3U lado?
Había en todo esto un misterio que Anie, en la perturbación que sentía, no
lograba penetrar.
Además la joven seguía con la vista á su marido y no podía detenerse en reflexionar ni en hacer cálculos por su cuenta.
Cuando Sixto sacó de :m cajón de su mesa un papel en el cual Anie había
visto un sello, creyó reconocer la joven el testamento de su tío Gastón; pero el
movimiento hecho por Sixto para quemar aquel papel á la luz de la bujía y
arrojarlo después á la chimenea fué tan rápido que no pudo la joven cerciorarse de que había visto bien; una gran claridad de llama reflejada por el espejo
llegó hasta la alcoba, alumbrando por un momento aquella obscuridad, y sólo
duró dos ó tres segundos.
Casi inmediatamente entró Sixto en la alcoba y se dirigió al lecho; fué realmente un milagro que Anie no se vendiese cuando su marido, después de contemplarla unos instantes, la besó en la frente.
Poco después Gastón ocupaba su sitio en el lecho al lado de Anie y ésta necesitaba hacer un esfuerzo supremo para no arrojarse desolada en sus brazos.

XI
Los ruidos de la ciudad y del puerto comenzaban ya á confundirse á lo lejos,
cuando Sixto, aniquilado por las emociones, se quedó dormido, inclinada su cabeza sobre el hombro de Anie.
Ésta permaneció inmóvil durante una hora muy larga para no turbar aquel
pesado sueño;. aunque era grandísimo su anhelo de averiguar lo que contenía
el papel escrito por Sixto, acerca del cual su angustiada imaginación le hacía
sospechar las cosas más terribles sin que la pobre joven se atreviera á fijarse en
ninguna ni tampoco á rechazarla, no se movió del lecho. Si ella podía levantarse antes que su marido, podría ver el papel; si por el contrario Sixto se levantaba primero, Anie seguiría siendo víctima de su ansiedad y de su angustia.
Los cristales de las ventanas que daban á Oriente comenzaban á blanquear, ya en el cielo se dibujaban estas franjas de clarobscuro que anuncian la
proximidad del día; unos cuantos minutos más y la costumbre de levantarse á
determinada hora iba á despertar á Sixto.
Efectivamente el marido de Anie se movió un momento; creyó la joven que
ya se despertaba, pero Sixto se limitó á levantar la cabeza del hombro de su esposa y volvió á dormirse; entonces Anie pudo, con mucha precaución, deslizarse
de la cama al suelo.
Procurando no producir ruido se dirigió al despacho cuya puerta no había
sido cerrada y llegó á él conteniendo hasta la respiración. Precipitadamente fué
á la mesa y se apoderó de la carta que estaba encima; pero como el día no era
aún demasiado claro, no pudo leer lo que había escrito en el sobre, Anie se
aproximó á la ventana y separando una cortina leyó:
«Anie.))

NÚMERO

607

No se había equivocado: temblando de pies á cabeza como una azogada bajo
la mano pesada y fría de la desgracia que sobre ella caía, abrió el sobre con una
horquilla de las que sujetaban sus cabellos.
Antes de terminar la lectura Anie lanzó un grito espantoso, atravesó corriehdo el despacho y la alcoba y llegó hasta el lecho, donde se lanzó sobre su marido estrechándole entre sus brazos:
- jJforir tú!
.
Sixto la miró como aturdido; después, como viese que Anie tenía la carta en
sus manos, preguntó:
- ¿Has leído?
- ¿Acaso estaba yo dormida?.
- Pues si has leído, nada tengo que decirte.
- Estás loco.
- ¡Ah!
- Pero esta fortuna, todo lo que poseemos, te pertenece.
- He quemado el testamento.
- Sea tuya, sea nuestra, ¿qué importa si con ella podemos pagar lo que debes?
- Tu padre no debe nada.
- No le conoces; mi padre pagará como pagarías tú mismo; tu muerte no
vendría á resolver nada; y aunque algo resolviera, ¿crees que querríamos una
fortuna lograda á este precio?
- No quiero arruinará tu padre; no quiero arruinarte.
- Convéncete de que pagaremos; debiendo tú, debemos nosotros; esta fortuna
no es nuestra, es tuya, y aun cuando fuese nuestra sería lo mismo. ¡Dices que has
reflexionado! No, no has reflexionado; bajo el golpe de la desgracia está extraviada tu razón. ¿Puede haber para nosotros algo más precioso que tu existencia?
¿Te figuras, adorado esposo, amor de mi alma, que si tú murieses no moriría
yo contigo?
Mientras hablaba así con desordenada vehemencia Anie estrechaba á Sixto
entre sus brazos y sólo dejaba de hablar para cubrir su rostro de besos apasionados.
- ¡Ah! ¡Dices que me quieres! ¿Y demuestras tu cariño abandonándome? ¿No
es todo preferible á esta separación? ¡La ruina, la miseria! ¿Por ventura no las
conozco? ¿Qué sería para mí esa tranquilidad de que h:iblas? No quieres que
me vea empobrecida por causa de un marido culpable; ¿quedaría yo menos
empobrecida cuando pagásemos lo que has perdido?
Estas manifestaciones impetuosas de amor trastornaban á Sixto y comenzaban á quebrantar su propósito.
- No puedo pedir nada á tu padre.
Tú no, yo sí. Salgo para Ourteau. En cinco horas estoy de vuelta aquí con
mi padre; esta noche pagas.
- ¿Y dónde quieres que tu padre encuentre esa cantidad?
- No lo sé, pero la encontrará; hipotecará algo, venderá, hará lo que sea
preciso.
- Sí, venderá su tierra, que era su encanto.
- Su tierra no ha sido suya nunca; es tuya.
- Esa generosidad vuestra, ese sacrificio, ¿no me convertirán en el más miserable de los hombres? ¿Qué voy á ser después de esto para todo el mundo?
Estas palabras de su marido dieron ánimos á Anie, que respiró algo más
tranquila; cuando su marido pensaba en el porvenir era que empezaba a estar
convencido.
- ¿Ha deshonrado nunca á nadie una deuda de juego pagada? Quedando á
salvo tu honra, ¿qué importa lo demás? Con tal de que vivamos juntos, cualquier
rincón de la tierra me parece aceptable.
El tiempo apremiaba; era necesario adoptar prontas determinaciones; en la
situación de vacilaciones y dudas en que Sixto se hallaba en aquel minuto, no
podía conseguirse esto si Anie no se resolvía á dirigirlo todo. Comprendiéndolo
ella así, le dijo:
- Parto para Ourteau inmediatamente; tú vas á ir á la oficina como todos
los días, y en llegando allí confiesas todo lo sucedido al general; dentro de muy
poco la ocurrencia será conocida en todas partes; es preferible que tu jefe
sepa la verdad por ti mismo. Pero antes de separarnos vas á jurarme, poniendo
tus labios sobre lo míos, que puedo tener en ti confianza completa.
Tranquila ya, tanto por este juramento cuanto por el abrazo lleno de gratitud
y de promesas de amor y muestras de remordimiento con que Sixto se había
despedido, partió Anie para Ourteau al propio tiempo que su marido se dirigía
á la oficina.
No bien entró en ella fué llamado por el general; éste había pasado muy
mala noche, y para consolarse sentía la necesidad de tener alguien á quien reñir;
apenas vió á Sixto le preguntó:
- ¿Ha paseado usted esta mañana?
- No, mi general.
- En efecto, hoy no huele usted á mar.
- Sin embargo, he pasado parte de la noche fuera de casa, dijo Sixto aprovechando la ocasión que se le presentaba.
- ¿Con la Sra. Sixto? ¡Extraña ocurrencia!
- No, mi general. Solo; y la noche ha sido terrible para mí.
-¿Sí?
Inmediatamente Sixto contó lo que había pasado sin atenuar nada.
- ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos! exclamó el general. ¿Está usted loco?
- Sí, lo he estado.
- ¿Y ahora? ¿Va usted á pagar ó no va usted á pagar?
- Mi mujer, que acaba de partir para Ourteau, afirma que su padre pagará.
El general, que en un acceso de cólera se había levantado, medía el despacho
arrastrando la pierna y murmurando por lo bajo:
- ¡Un oficial agregado á mi persona!
De pronto deteniéndose enfrente de Sixto le preguntó:
- Y ahora ¿qué se propone usted hacer?
- Desapareceré, mi general, si usted me concede mi libertad.
- ¡La libertad de usted! Me importa muy poco la libertad de usted ... No se
ha visto nunca una cosa como esta. ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos
además de los setenta y cinco mil! ¡Esto es realmente insensato!
Después, advirtiendo que iba á dejarse dominar por la cólera y recordando
cuánto le perjudicaba el irritarse, se dominó y dijo á Sixto;
- Caballero, vaya usted á cumplir sus obligaciones.

NúMERO 607

533

LA ILUSTRACIÓN ARTÍST!CA

Al cabo de un cuarto de hora el general llamó á Sixto otra vez; el joven encontró á su jefe más tranquilo y esperó á que le dirigiese la palabra, como lo
hizo efectivamente preguntándole:
- ¿Está usted en disposición de oir un buen consejo? Váyase usted al Ton-kin. Mi hermano está indicado para una comandancia en aquel punto; si como
es posible no tiene persona de su confianza, acaso consienta en llevar á usted
con él. Dentro de dos años, cuando usted regrese, todo se habrá olvidado. Envíele usted un telegrama en este sentido.
- Esta última prueba de interés que usted me da quedará grabada en mi corazón.
- Da lo mismo; no comprenderé nunca que cuando tantos infelices pierden
su salud por ganarse la vida, haya hombres afortunados que encuentren placer en
destruir la suya.
Entretanto seguía Anie el camino de Ourteau estimulando al cochero para que
anduviese de prisa. Al verla entrar su padre lo mismo que su madre adivinaron
en la fisonomía trastornada de la joven que debían prepararse á resistir un
golpe cruel.
Anie explicó inmediatamente lo que había sucedido; escuchaba su padre
anonadado, y su madre la interrumpía frecuentemente lanzando exclamaciones
de indignación.
- ¿Se figura acaso tu marido, gritó la señora de Barincq, que vamos á pagar
también esta cantidad y á reducirnos á la miseria por causa suya?
Entonces Anie refirió la historia del testamento de Gastón; cómo lo había
encontrado Sixto; por qué no había querido utilizarlo; en qué ocasión lo había
reducido á cenizas, y después de haber contado todo esto dijo á su madre:
- Por consiguiente, lo que ha perdido era suyo.
Pero la señora de Barincq, no queriendo dar su brazo á torcer, preguntó:
- ¿Y qué prueba hay de que ese testamento era legítimo?
A esto contestó su marido:
- Es evidente que ese testamento era el mismo que Gastón había depositado
en casa de Revenacq y que era perfectamente legítimo.
- Legítimo ó no, ya no existe.
- Para los demás es cierto; para nosotros, como si existiera.
- ¿Piensas pagar?
- No veo la manera de hacer otra cosa.
- ¡Arruinada otra vez! ¡Cuánto más habría valido morirse que ver esto!
No se reducía todo á tener el propósito de pagar, era necesario saber dónde
y cómo se encontraría el dinero necesario. El Sr. Barincq y su hija se dirigieron desde luego á casa de Revenacq; pero cuando el notario hubo escuchado
la relación de Anie manifestó su desesperación elevando al cielo los brazos.
- No creo que haya quien consienta en prestar doscientos cincuenta y seis
mil francos sobre las tierras de Ourteau, que están ya gravadas con una hipoteca
de ciento diez mil.
- Pero estas tierras, dijo Anie, valen más de un millón.
- Eso depende de muchas cosas: del que haya de dar el dinero y de la ocasión en que se le pida. Consideren ustedes además que en la propiedad están
haciéndose reformas, que los trabajos emprendidos están principiando y que no
han de dar sus resultados hasta que transcurra mucho tiempo; que para muchas
gentes esos trabajos han disminuído en un cincuenta por ciento lo menos el valor de esas tierras. Este lenguaje que empleo ahora es el de los prestamistas. Indudablemente tendremos contestación satisfactoria para estas observaciones;
pero ¿cómo serán recibidas? De todas maneras, no tengo cliente alguno á quien
pedir prestada esa cantidad en tales condiciones.
- ¿Y no podría usted encontrar un prestamista dirigiéndose á otro notario?,
preguntó Anie.
- Encontraremos siempre las dificultades que acabo de exponer á ustedes;
pero en fin, podemos intentarlo en Bayona.
- Llevaré á usted y á mi padre allí en el coche.
Revenacq vacilaba aún, pero cedió por último.
Era la una de la tarde cuando llegaron á Bayona, y habían dado la-s-&lt;:uatro
cuando Barincq, acompañado de Revenacq, hubo concluído sus visitas á los siete aotarios de la población: de estos siete, cuatro rehusaban decididamente el
negocio y tres exigían tiem¡,o; era necesario tomar informes y valuar las tierras.
- No tenía yo grandes esperanzas, dijo Barincq, pero estaba en la obligación
de hacer la tentativa; ahora no nos queda más remedio que dar un paso y, por
muy doloro.so que para mí sea, es preciso darlo: ver al Sr. de Arjuzanx, que
debe de estar seguramente en su casa esperando á Sixto: vamos á Biarritz.
En efecto, el barón estaba en su casa y recibió inmediatamente á Barincq y
á Revenacq.
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- No me presento á usted en nombre de mi yerno, dijo Barincq; me presento en mi nombre propio para sustituir al Sr. Sixto en concepto de deudor
de usted.
El barón permaneció impasible y en la actitud fría y altanera que desde el
principio de la entrevista había adoptado.
- Vengo por consiguiente como deudor de usted por la cantidad total de
trescientos cuarenta mil francos á preguntarle qué arreglo podría convenir á
usted para el pago de ese capital.
- ¿Arreglos?
- Se darán todas las garantías necesarias, dijo Revenacq acudiendo en auxilio de su antiguo compañero cuya emoción daba lástima.
- Y yo, continuó Barincq, añado á lo dicho por mi amigo que los plazos señalados por usted quedan desde luego aceptados con una sola condición: la de
que estén escalonados razonablemente.
- Usted es hombre de negocios, dijo el bar6n con altanería.
- Lo he sido.
- Y viene usted á proponerme un negocio; bueno como negocio, porque us
ted, propietario rico, viene á sustituir á su yerno que nada tiene y acepta usted
como suyas las deudas de Sixto.
Aquí Arjuzanx interrumpió por un instante su discurso, lo cual hizo que Barincq se creyese en el caso de contestar:
- Exactamente, hago mla esa deuda y me reconozco como deudor único.
Arjunzanx, que estaba sentado, se levantó y contestó con altivez fría:
- Ca1Jallero, no hago negocios; se trata de una deuda de juego que debe pag:irse dentro de las veinticuatro horas, no de una deuda ordinaria para la cual
se pueden pactar acomodamientos ante notario; no acepto á usted como mi
deudor; creo preferible conservar el verdadero.

- Usted mismo acaba de decir que ese deudor carece de fortuna.
- Precisamente por eso tengo empeño en que sea él mi deudor; esto demuestra que no soy un hombre metalizado, como sin duda usted creía. El yerno de
usted ha hecho traición á mi confianza, á nuestro compañerismo, á nuestra amistad. Me ha quitado la mujer á quien yo amaba; le quito su honra; estamos pagados.
Cuando Barincq y Revenacq se encontraron fuera de la casa anduvieron un
gran rato uno al lado de otro sin cruzar una sola palabra.
De pronto el notario, como si dejase escapar lo más íntimo de su pensamiento murmuró:
- ¡Qué hombre!
- ¡Y habría podido ser marido de mi hija! Por muy culpable que sea el desdichado Sixto, á lo menos tiene corazón.
Los dos amigos llegaron á la estación del ferrocarril; al penetrar en la estación
dijo Barincq sonriendo melancólicamente:
- Pues señor, para haberme pasado toda mi vida pensando en el bien de mi
prójimo, he despachado bastante mal los asuntos de mi familia y los míos.
- ¿Y ahora?
-Ahora no queda más remedio que vender las tierras.
- Pero en esta estación, en tales condiciones, la venta sera desastrosa.
- ¿Y qué hemos de hacer? Soportaremos el desastre.
- ¡Pobre amigo mío!
- Sí, el sacrificio será' duro; me había yo enamorado de estas tierras con ese
amor tenaz propio de la vejez; en ellas había puesto mis últimas esperanzas; pero
me digo á mí mismo que realmente no he sido nunca legítimo propietario de la
hacienda, y que si el testamento de Gastón hubiera sido presentado á su debido
tiempo, nada de lo que ha ocurrido habría pasado: yo no me hubiese establecido
en Ourteau, ni hubiese emprendido estas obras, el Sr. de Arjuzanx no hubiese
pensado en pedirme la mano de Anie, Sixto no se hubiera casado con ella y
hoy no caería yo pesadamente desde las alturas de una posición desahogada
al abismo de la miseria.

XII
Iban á dar las seis y media en el reloj de la Ofidna Cosmopolita, y Bernabé
en el hueco de una ventana acechaba á lo lejos por la carrera la llegada del ómnibus del ferrocarril de Vincennes.
En aquel momento el director, Sr. Chabertón, salió de su despacho, acompañado por un cliente, y todos los empleados en sus respectivas jaulas enrejadas
se pusieron con afán al trabajo.
- No se le distingue todavía.
- Pues ya que aún tenemos tiempo, dijo en son de súplica el cliente, déjeme
usted explicarle ...
Pero el Sr. Chabertón, sin prestar oídos al que le hablaba, se aproximó á uno
de los enverjados y dijo:
·
- Sr. Spring, que no dejen de estar arregladas para mañana por la mañana las
patentes inglesas del asunto Roux.
- Lo estarán.
Chabertón, dirigiéndose á otra de las jaulas, continuó diciendo:

-Sr. Barincq, elijo, ¿está concluido ese dibujo?

- Sr. Morisett, mañana asl que usted llegue ha de preparar un estado de los
gastos de Ardant.
-Sí, señor.
- Tiene usted que observar un dato de mucha importancia, dijo el cliente
empeñado en hacerse oir.
.
'
Pero Chabertón, que hacía oídos de mercader á estas recomendaciones de
última hora, prosiguió su correría por delante de las jaulas de sus empleados.
- Sr. Barincq, dijo, ¿está concluído ese dibujo?
- Lo estará dentro de media hora.

�LA

ÍLUSTRACíÓN ÁRTÍSTÍCA

- Suplicq á usted que no resulte demasiado seco, que tenga algo de chic; es
necesario colocarse dentro de las corrientes modernas.
Bernabé se adelantó y dijo:
- El ómnibus.
Chabertón entonces se echó al hombro el abrigo, tomó en la mano su bastón que hasta entonces había llevado debajo del brazo, y se dirigió apresur~damente hacia la puerta, seguido siempre de su interlocutor, el cual por lo visto
estaba resuelto á no soltarlo ni á tres tirones.
Cuando la puerta de las oficinas se hubo cerrado detrás de ambos personajes,
levantóse gran estrépito en los escritorios, é inmediatamente sacó Srping del
cajón de su mesa una lámpara de alcohol y la encendió.
- Ya se conoce que hoy es martes, dijo Belmanieres, ya principian las porquerías inglesas.
- Ya se conoce, replicó Spring, que hoy, lo mismo que todos los días, continúan las sandeces groseras del Sr. Belmanieres.
Contra su costumbre Belmanieres no se enojó; antes por el contrario, dijo con
mucha tranquilidad:
.
- Eso prueba que las costumbres no son como la existencia; en la existencia
hay variedad, en las costumbres hay monotonía. Yo, por ejemplo, soy tan grosero
y tan sandio hoy como lo era ayer y como lo era hace seis meses, y el Sr. Barincq
en vez de representar el papel de ricacho rural como hace seis meses, dibuja en
madera para la Oficina Cosmopolita, donde afortunadamente para él ha encontrado su antiguo puesto.
- No mezcle usted al Sr. Barincq en sus bromas, dijo en tono de autoridad
el cajero.
- Lo que digo, replicó Belmanieres saliendo de su habitación, nada tiene de
ofensivo para el Sr. Barincq; muy al contrario, proclamo y proclamaré siempre
en voz muy alta que un hombre de sesenta años cuando se encuentra repentinamente arruinado y tiene la suficiente entereza de carácter para volverá sus
antiguos trabajos sin lanzar una queja, merece toda mi estimación. Si en otras
ocasiones me he permitido dar alguna broma al Sr. Barincq, estoy resuelto á no
dárselas en lo sucesivo, y ya que se me ha presentado la oportunidad de decirle cómo pienso, se lo digo. Así soy: digo lo que pienso, todo lo que pienso,
francamente, y me importa un rábano que algunos se disgusten. Ya lo oye usted, Sr. Morisett, me importa un rábano, menos todavía.
Belmanieres gritaba esto delante del cuchitril del cajero, adoptando aires provocativos; de pronto la puerta de la oficina se abrió y esta circunstancia restableció el silencio.
- ¿Míster Barincq?, dijo una voz con acento extranjero.
- Aquí está, respondió Bernabé, conduciendo al recién llegado á la mesa del
Sr. Barincq.
- ¡Do you speak englishl
- Sr. Spring, gritó Barincq._
- El Sr. Spring apagó su lámpara de muy mala gana para acudir al llamamiento; entonces comenzó entre el Sr. Spring y el extranjero una conversación
en inglés.
- Dice este caballero, tradujo Spring, que ha visto en el Sa/6n dos cuadros fir.
mados Anie; que esos cuadros le han gustado y que desea comprarlos; como en
el catálogo ha leído ·que para esto es preciso tratar con usted en esta oficina,
pregunta el precio de estos cuadros.
- Mil francos contestó Barincq.
- Dice este caballero, prosiguió traduciendo Spring, que si le parece á usted
bien dará mil quinientos francos por los dos; y que si la señorita Anie tiene
otros cuadros del mismo género, es decir, que representen paisajes de la misma
comarca y del mismo colorido brillante, probablemente los comprará y quiere
verlos.
- Diga usted á ese caballero, respondió Barincq, que puede ir mañana ó pasado mañana á Montmartre, calle del Avreuvoir; indíquele el itinerario que ha
de seguir para llegar á esa calle.
.
Sin preguntar más, el aficionado entregó su tarjeta á Spring, se despidió con
una ligera inclinación de cabeza y salió de la oficina.
La tarjeta sólo contenía lo siguiente:

NúMERo

óo7

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA ELECTRICIDAD EN ALEM AN IA
ASCENSORES ELÉCTRICOS . - GR Ú AS KLÉGTR I CAS. - EMPLEO DE MOTORES
ELÉCTRICOS EN LOS TALLERES

Las aplicaciones eléctricas son más numerosas cada día, y se comprende, pues•
to que la energía eléctrica se presta á una serie de transformaciones que pueden
ser en alto grado favorables para satisfacer las necesidades de la industria.
Entre los país~s de Europa en donde más abundan y prosperan esas aplicaciones preciso es citar á Alemania, cuyos industriales emplran la electricidad
para mover los ascensores, las grúas, las maquinarias de grandes talleres y otras
instalaciones mecánicas.
En las grandes ciudades alemanas son muy nµm erosos los ascensores que
funcionan por medio de la presión del agua procedente del conducto de la distribución general de la ciudad y recogida en un depósito en la parte superior de
la casa ó conducida allí por medio de una bomba y de un motor de gas. Si suponemos un ascensor de una fuerza de 500 kilogramos instalado en una casa
de 18 metros de altura que efectúe 100 viajes al día, el precio de entretenimiento para la carga máxima resultará á 1 1 287 pesetas diarias con una bomba y
un motor de gas, dado que éste consume 900 litros por caballo y hora y que el
precio del gas es de 20 céntimos el metro cúbico, y de 11 '07 !¡ con el agua de
la población calculada á 0'18 pesetas el metro 'ctíbico. En las mismas condiciones, un motor eléctrico realiza igual trabajo por 1'675 pesetas para la carga
máxima y de 0'968 para las dos quintas partes de la carga total, puesto que la
energía eléctrica cuesta 30 céntimos por kilovat y hora. Además de la economía
procurada hay que tener en cuenta que aplicando la electricidad á los ascenso·
res se evitan multitud de complicaciones en la instalación, en la explotación y
en el servicio de los mismos.
Entre las diferentes grúas eléctricas hasta el presente construídas menciona·
remos la instalada en el puerto de Hamburgo para descargar los buques, que re-

LA l LUSTJ.lACíÓN

NúMERO 607

535

ARtÍSTtCA

namiento que puede proden ser parados en el mocurar la transmisión de la
mento mismo en que no es
energía eléctrica en un
necesario su funcionamientaller, hay que tener tamto. Difícil sería, en el esta·
bién en cuenta la mayor
do actual, apreciar axacta·
seguridad que resulta de
mente la economía que
este sistema, pues supripuede resultar del empleo
midas gran parte de las
de tal sistema, pero cabe
transmisiones serán induasegurar que no serán pedablemente men os frequeñas y que compensa·
cuentes los accidentes
rán sobradamente los gaspersonales. Asimismo es
tos efectuados para reemposible con este sistema
plazar las actuales transmicolocar los generadores de
siones. En el primer térmivapor y los motores á bueno de nuestro grabado se
n a distancia cuando su
ve funcionar una máquina
presencia en la fábrica
perforadora portátil colopudiera constituir un pecada sobre un carretonciligro, como sucede, por
to móvil; por medio de un
ejemplo, en las fábricas de
cable fino se toma una deproductos químicos, de
rivación de corriente; á la
pólvora, de aserrar, etc.
izquierda y á la derecha
hay diversos motores y en
Por todas estas razones,
la parte superior un puenlas empresas de este géte móvil que puede correr
nero pueden adquirir gran
en toda la longitud del tadesarrollo y hasta alcanzar
tanta importancia como
ller y transportar las piezas
las del alumbrado.
de un extremo á otro.
En Francia existen po·
Y el día en que las aplicas aplicaciones mecánicas
caciones eléctricas adquiede la energía eléctrica anáran este desarrollo, las esFig. 2. Grúa eléctrica del puerto de Hamburgo
logas á las descritas; puetaciones centrales podrán
den, sin embargo, citarse
utilizar un material que ac·
algunas interesantes instalaciones, especialmente en brica de máquinas de coser establecida en París, en tualmente permanece inactivo y se abaratará consilos talleres militares de Puteaux, en los talleres que la donde las 128 máquinas funcionantes habrían nece- derablemente la energía eléctrica.
Compañía del ferrocarril del Norte tiene en Saint- 11itado una serie de transmisiones complicadísimas.
J. L AFARGUE
Ademas de las ventajosas condiciones de funcioOuen-les-Docks y sobre todo en los talleres de una fá(De La Nature)

,,,-utl·A-18f8PEJrR1s

~

8, F a ub. Saint•Denie
•

,disl.Qan casi IN STANTAN EAM ENTE los Accesos.

DE ASMA.YTODAS LAS SUFOCACIONES.

v~

'°""•

PARIS

~ -

las Fd

TIA 1RK,(/)

-

Lu

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARIS

no titabean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco rú el caurancio, porque, contra lo que sucede con
los demu purgetes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
.1 bebidaslortilicantes, cual el vino, el calti,
el U. Cada cual escoge, para purgane, la
hora¡ la comida gue mas le convienen,
se(T'ln su, ocupacionea. Como el cause
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladopor el efecto de 1~
buena alimentacion empleada,uno
,e decide 111.cilmente 4 volver
··11 empe.ar cuantas veces
sea necesario. "

J
,.~n;:,:::azco":i!'la

"" ......... ...,, flllJa
CAB, LENTE.f.U, TEZ
8ARPULLU&gt;OS, TEZ BARROS
,.
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'"90t1·
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HEIOSUTICD ., ■u PODERDID
•
.,.
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........,_.

UIT ~NnPBIILIQOI -

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO

Barincq no tuvo tiempo para recibir las felicitaciones de sus compañeros porque anhelaba concluir pronto el dibujo para llevar cuanto antes tan buena noticia á su casa de la calle del Abreuvoir.
Cuando Barincq entró en el taller en que se hallaban su mujer y su hija,
Anie comprendió inmediatamente que había ocurrido alguna cosa agradable.
- ¿Qué sucede?, preguntó Anie con interés.
Barincq contó la visita del americano.
- ¡Hola! ¡Hola!, dijo sonriéndose Anie.
- ¡Hola! ¡Hola!, repitió Barincq como un eco.
- ¡Mil quinientos francos!
Y mirándose uno á otro, hija y padre comenzaron á reir.
- ¡ Hola! ¡Hola!
- ¡Hola! ¡Hola!
La señora de Barincq no tomaba parte en aquella escena de alegría; antes
por el con~rario, mirando á su marido y á su hija con extrañeza les dijo:
- Me admira que podáis reir.
- Me parece, dijo Barincq, que hay bastante motivo.
- ¿No te lisonjea este gran éxito de los paisajes de Ourteau?, dijo Anie.
- No me habléis de Ourteau en la vida, gritó la señora de Barincq.
- Mamá, hemos de ser justos: á Ourteau debo el estar casada con un hombre
á quien quiero con toda mi alma; aquellas tierras de Ourteau me han enseñado
á ver la naturaleza; si no hubiese sido por Ourteau seguiría confeccionándome
bonitas túnicas de papel para pescar un marido que probablemente no encontraría nunca. Y sin mi permanencia en Ourteau continuaría yo pintando cua• dros con arreglo á patrón de taller ... y los americanos no me los comprarían.
Si soy feliz, si tengo en mis manos un medio de vivir con desahogo y de que
vosotros viváis conmigo, ¿no vale esto tanto como una fortuna?
TRADUCCIÓN DE

A.

SÁNCHEZ PÉREZ

Fig.

1.

Vista Je un taller de Berlín que funciona por medio de la electricidad

presenta nuestro grabado fig. 2 . Est~ fijada en un inmenso puente~ móvil que
funciona sobre el muelle, y su mecamsmo va encerrado en un pequeno compar·
ti miento de hierro que sostiene una gran palanca de 10'7 S ~etros: en su extre·
mo hay una polea por la cual se desliza la cuerda que sostiene los. fard?s· La
fuerza de la grúa es de 2.500 kilo_gramo~. Un m?tor de 40 caballos 1mpnme el
movimiento á la cuerda para subir ó baJar las diferentes cargas y otro de 8 ca·
ballos permite hacer girar la palanca y llevar los fardos sobre el muelle. L~ energía eléctrica la suministra la estación de alumbrado del p~erto. Las mamobras
son sencillísimas y pueden ser ejecutadas con toda la rapidez deseable, y para
evitar los accidentes que pudiera ocasionar la rotura de un cable comple_t~n la
instalación una porción de aparatos se seguridad. El empleo _de la electnc1dad
en esa grúa ha permitido realizar notables economías que ascienden á 20 y hasta á 25 por 100 ~obre los sistemas de vapor.
Ocupémonos ahora de la introducción en los grandes talleres_.de l_o? motores
eléctricos que ofrecen ventajas inapreciables. Hasta ahora las transm1s1ones mecánicas se verificaban por medio de largos árboles, poleas y correas que se cruzaban en todos sentidos, sistema que además 4e las muchas complicaciones á
que daba lugar disminuía notablemente los productos, hasta el punto de que no
era caso raro el de que sólo se utilizase como potencia útil el 1 S ó el 20 _por
100 de la potencia total disponible de la máquina. Con los motores eléctn~os
se evitan todos estos inconvenientes. Nuestro grabado fig. 1 representa un importante taller mecánico de Berlín, en donde hay establecida una distribución
de energía eléctrica: cada obrero tiene delante de sí ó á su ~ado una toma ?e
corriente con su conmutador para alimentar el motor que qu iere hacer func10nar: todas las transmisiones intermedias quedan suprimidas y los motores pue-

HISPANO-AMERICANO
Edicl6n profusamente llnstrtda con miles de pequeños grabados intercaládos en el te~to y tirados
aparte, q,ue reproducen las düereotes tspecies de fos reinos animal, vegetal y mineral; los instrumentos
y aparatos aplicados recientemente • la, ciencias, agricultura, artes ~ indostnae; retrat~ de los personajes que más se han distinguido en todos los ramos del saber bum•no; planos de ondades; mapas
geogrificos coloridos; coplas exactas de los cciadros y demb obras de arte mb célebres de todas las

épocas

MONTAN EA Y S IMON, E D ITO R ES

llliS

fo.le

unido a los

. · if.t.DADESd•1Esro,i
\t.\i
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'16Dico■ mu reparadores.

,~\1~DEFUE11,,

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Pepsina Boudault

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PREMIO DEL INSTITUTO AL 0' CORVISART, EN 1856
llldallu en lu lhpollolonu lolernaclooalu de

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VINO FERRUGINOSO ARDUO
ci.uan, ..Eaa• .,_ •11111.&amp;1 Dles años de extto continuado y las afirmaclonea de
toéíu las eminenalu médicas preuban que esta asocl&amp;don de 1&amp; Cllll'lle, el Bierro y la

BAIO LA FORIU DE

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••la&amp; conaUtuye

BBAVAIS

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A•"', las . l l m i ~ dolorolal, el Jlmpo/Jt'eamtento 11&amp; .Alteracwn ae la Sangre,
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p vmros BM TODAS u.s PRINCIP.u.BS BOTJ&lt;WI

PW~, Plwmaoie COLLAS, 8, 1'11 DalpB!a

PATE EPILATOIRE DUSSER

,. ... !&lt;u

""""""14' ,.,_.....

~

l'L HIERRO

'I oraoa l&gt;HO&amp;Dllfll DI U. Dl8QTJOII

"EXIJASE,e1~-: 1 ARDUO

?i

(S

1171

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
D10E8TION LENTAS Y PENO■AS
PALTA DI! APETITO

T COK TODOS LOS P:IIKCIPIOS MUTBITIVOS DB U

'

/ !probada por la mouu DE IEDICIH

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento

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representa exactamente el blerro
contenido en la economia.Etperimenlado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
aanrre, no ocasiona estrellimiento, no
fatiga el estómago, no ennegrece los
dientes.. ló1111ml1t1gota1!ICUIGO■lda,
l1ijue la ltrduua l area.
Da Venta en toda, las Farmacias.
Porl ayor: 40142,r.st-Lazara, Paria,

.J

destruJe ba.!la las RAICES el VELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), do
peligro para el cutil. SO .a.iio11 de É:1:tto, lmillares de teatimonio1garantlun la eftcacl•
de esta preparacion. (S# vende en oaju,
la barba, 'f en 1/2 01111 para el blgott. ligero). Para
101 brazos, empléee, e! !!lliJ J'UB&amp; DVSSER, 1, rue J ,.J ,•Rouaeeau, P arta.,
niDgllll

rara

�LA 1LusrRAcróN ARrtrrscA

N úMERO

607

(de fotografia)

CHULALONGKORN , , REY DE SIAM

SAVANGWADANA, REINA DE SIAM

(de fotografia)

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACION ART1STIOA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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