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~trt&amp;C101)

11tí~t1ea
A:Ro XII

- - - - - - -·+

BARCELONA

20

DE MARZO DE 1893

NúM. 586

Próximamente comenzaremos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot &lt;ANIE,&gt; traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

EL MEMORIALISTA, cuadro de Salvador Viniegra

�186

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Texto. - llf11rnmracio11es europeas, por Emilio Castelar: - Don
Pedro el Cruel. Cró11ica relativamente antigua (continuación),
por Luis de Llanos. -Las islas d(Tenerife y Gran Canaria,
por X. - llfiscelá,tea. - Nuestros grabados. - La victoria de
César. Bocelo de verano, por Cordelia. - SECCIÓN CIENTf Fl·
CA: Temperatura de la la1.•a. Experi111mlo de eleclrowltura.
- Libros recibidos.
Grabados. - El memorialista, cuadro de Salvador Viniegra.
- El eminente poeta italiano Carlos Goldo11i, copia de un retrato de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de
Venecia. - Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Roma. Jubileo episcopal de
S. S. León XIII. La bendición papal en la óasllica de San
Pedro. - Isla de Tener((e: Campesinos de la Laguna(de una fotografía); Plaza de la Conslit11ció11 en Santa Cru:: de J'eneri·
fe¡ El pico de Teide; Procesión del Viernes Santo en la pla,;a
de la Comtitución de las Palmas; Panorama del puerto de la
Orotava, cinco grabados. - A orillas del mar, dibujo de
Eduardo Patry. - Valeutina, cuadro de Guillermo Wolff. llf. .Ju/iQ Ferry, presidente del Senado francés, fallecido repentinamente en Par!s en 17 del corriente. -Acto de desmbrir
el busto de Tomás Car/y/e m la Biblioteca pilblica de Londres.

...... ......... ......,......,......,....................,......,..............................,......,.........,......,......,.....
MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!LAR

Dificultad en la elección de asuntos por exceso de éstos. - Capitales de la quincena última. -El Jubileo Pontificio. - Reconciljaciones con Roma de los partidos liberales y de los
pueblos protestantes. - Reflexiones sobre las últimas fiestas
vaticanas. - Grandeza de León XIII y acierto de su elevada
política. -Crisis de Portugal. - Estado en que tal pueblo se
halla. - Imperiosa necesidad, dada su presente situación, de
anteponer á toda otra cuestión las cuestiones económicas. Ligeros recuerdos de otras cuestiones. - Conclusión.

Quien jamás pare su atentión en la grande abundancia de hechos ocurridos durante período tan breve como una cualquier quincena, costarále trabajo
comprender cómo en las Revistas quincenales, cual
esta redactada por mí bajo el título de «Murmuraciones Europeas,» la dificultad mayor está en la
selección de lo más histórico y trascendental, pues
sería el cuento ·de nunca acabar un propósito tan
desatinado como el propósito de referirlo todo. Hay
cuestiones graves que subsisten de pie y se desarrollan así con espacio, pero que no pertenecen al medio mes transcurrido, sino á los meses anteriores,
según la fecha de su origen, ó pertenecerán al mes
próximo por lo lentísimo de su desarrollo. La ley
militar de Prusia, hecha y deshecha en larga urdimbre de proyectos mil veces; los planes de Gladstone relativos á la organización que necesita revestir
en el imperio británico Irlanda, contrastados por invectivas como las de Balfour, aferradísimo á la idea
de un empeoramiento del pueblo irlandés desde que
han subido los liberales al gobierno, y por discursos
como el de Chamberlain acusando al primer ministro de trastrocar el imperio británico, tan caracterizado por su índole nativa y por su vieja historia en
una especie de república federal á usanza yankee ó
americana, y por palabrotas como las de Churchill,
parecidas á frases de club ó de melodrama, según lo
mucho que retumba en ellas el vulgar vocablo traición; las porfías entre Suecia y omega, por si esta
última debe tener, como tiene, constitución y cámaras y gobierno aparte de la otra, representación diplomática y consular en los gobiernos extraños también aparte; los matrimonios de Oriente, como el celebrado entre una princesa británica y el heredero de
Rumanía, como el reconstituído entre cónyuges antes divorciados cual Natalia y Milano en Servia, como el convenido entre Fernando de Bulgaria y una
infanta de Parma; todos estos asuntos pertenecen á
meses anteriores por su origen y pertenecerán á meses venideros por su desarrollo, cual hemos dicho ya;
pero están un poco separados del público interés hoy
por encubrirlos y asombrarlos estos que á la quincena corriente corresponden: jubileo pontificio y crisis
lusitana. Sobre todo y ante todo privan hoy el Vaticano y León XIII. Los esplendores de un escenario
tan sublime, los recuerdos despedidos allí por cada
piedra, la reunión de fieles idos á San Pedro desde los
cuatro puntos cardinales, el concurso y el homenaje
de las potencias herejes y cismáticas al centro del
catolicismo, la política de un Papa reconciliado con
la libertad y con la democracia generadas por el Evangelio en la sociedad antigua y mantenidas por el Pontificado en sus luchas con los Césares clásicos y con
las irrupciones bárbaras, conmueven por tal manera
nuestra sociedad positivista y materializada, que parecen una fulguración de idealismo, en la cual cobra
nueva luz el cielo y vida nueva el planeta. Por esta
causa me detengo ante un jubileo como el pontificio,
que tiene inmensa importancia y que llueve sobre

NúMERO

586

nuestros espíritus sedientos de fe Yiva muchas y muy á una fe de veinte siglos, los ánimos y los espíritus
consoladoras esperanzas. Miremos Roma primero, más rebeldes no dejan de reconocer que si alguien
puede gloriarse de reinar sobre la universalidad de
después el Para, y por último el j~bileo.
los espíritus es aquel cuyas bendiciones aguardan
innumerables fieles desde las nieves boreales del he!ado Báltico hasta las nieves australes del patagón
¡Cuán sublime y grandiosísima nuestra Roma! estrecho. Imaginaos qué grande confusión de lenguas
Pues á pesar de tales grandezas y sublimidades, mien- habrá y que mezcla de pueblos, cuando sesenta mil
tras una mitad del mundo cristiano, los católicos, ben- peregrinos llegados de las cuatro partes del horizondecían á Roma de continuo, maldeclala otra mitad, te se congregan, movidos por un comtfn afecto y una
los cismáticos y herejes, con maldiciones horribles. común idea, en la primera Basílica del planeta, con
Babilonia la llamaban de común acuerdo los sajones, propósito de festejar al primer jefe de la cristiandad
apodándola centro así de todas las infamias idolátri- católica. El Papa, llevado sobre la sede gestatoria,
cas. Bestia del Apocalipsis la creían los calvinistas. circuido del sacro colegio, abanicado por las blancas
Prostituta que mercadeaba sus favores con todos los plumas que agitan los acólitos; con su capa· pluvial
tiranos la proclamaban desde \Váshington á Esto- Teluciente de oro en los hombros, con su tiara ceñikolmo todos aquellos que disentían de la fe romana. da por tres coronas en la cabeza, con su báculo en
En Inglaterra un pelele servía de Pontífice anual- la mano; pálido y enjuto, nervioso y agitado, cual si
mente al pueblo para que cebase las viejas cóleras desde nuestro bajo mundo aspirase á otro mejor, sighistóricas en sus trapos, y lo despedazaba, mientras nifica y representa la condensación de un éter de
las demás comuniones luteranas solían celebrar como ideas, por el cual bien podemos llamará su palabra un
una fiesta de libertad é independencia su separación Verbo casi divino y á su persona un símbolo de lo sode la sede romana. ¿Por qué no decirlo? Nosotros, los brenatural y de lo revelado. Asf, en estas ceremonias
demócratas, en el combate titánico y antiguo con el resalta y sobresale á la continua el principio de uniabsolutismo, teníamos á la Iglesia por su madre legí- dad, que hace doblar la rodilla y la frente á católicos
tima, y la tratábamos con bien poco respeto. En el de diversos orígenes, impelidos por la misma emoviaje de Lutero mozo á la Roma del Renacimiento, ción, cuando se levanta la Hostia con el Cáliz en la
escrito por el reformador mismo en sus elocuentes misa; y mientras, abajo suenan las campanillas con el
memorias, hállanse todos estos lugares comunes con- salterio y arriba las campanas con aquellas argénteas
tra la Ciudad Eterna, renovados desde la revolución trompetas angélicas en la cúspide puestas y que paacá por los liberales y puestos en circulación y hasta recen tocadas, según lo melodioso de sus vibraciones
en boga por varias generaciones. ¡Qué diferencia en- y de sus acentos, por invisibles ángeles venidos, como
tre los odios con que Lutero entraba en Roma, cuan- en las pinturas religiosas, desde los cielos á exaltarlo
do todavía era católico, á maldecirla por modo inde- y á bendecirlo todo. ¿Por qué no decirlo? Siempre
liberado, y la tolerancia con que, tras cuatro centu- grandiosas estas festividades vaticanas, hoy reciben
rias de guerra, entran hoy los luteranos á celebrar el mayor grandeza del Papa que las celebra, cada día
aniversario de la exaltación de León XIII al Episcopa- más reverenciado y más querido por toda la cristiando, reconciliadísimos, en lo que puede caber entre dad. El dogma político suyo reconociendo en todos
aquellos imposibilitados de abandonar sus creencias, cuantos ejercen autoridad y poder legítimos igual
reconciliadísimos con la Iglesia romana. El ~mpera- origen divino y aconsejando á los católicos igual obedor Guillermo II, cabeza visible de la Iglesia evangé- diencia y sujeción á ellos, ora sean reyes hereditarios
lica y personificador del nuevo gobierno,que ha reem- é históricos, ora magistrados electivos ó presidentes
plazado al imperio austriaco en la dirección de Ale- de repúblicas; este dogma difunde un soplo tan bemania, envía un expreso y extraordinario mensajero á néfico de paz y amor sobre los espíritus, que no ha
felicitar al Papa. La reina Victoria le ofrece presentes podido menos de trascender á los pueblos y de inde primer orden y le saluda desde la sede altísima don- fluir con salvadora influencia sobre la vida y la natude puede con razón echárselas de representar y ejer- raleza de los Estados contemporáneos. Así, cuantos
cer otro pontificado. El mismo czar de Rusia, eleva- de veras aman la libertad y la democracia comprendo por los caprichos del nacimiento y de la herencia den que León XIII ha surgido para prestar á las faen el más vasto imperio de nuestro continente al milias de pueblos libres, pertenecientes á la pura vieja
ejercicio de un despotismo entre militar y eclesiás- sangre romana y á la tradicional Iglesia católica, lo
tico, no deja de reconocer la grandeza del Pontífice que les faltaba y tenían los pueblos sajones, aventalatino y de saludarlo con homenajes respetuosísimos jándonos en esto: una base moral y religiosa para soy casi religiosos desde la grande Iglesia que Focio bre sus sólidos cimientos asentar todas las reivindicaseparó de la Roma católica en la Bizancio fundada ciones del derecho. Y lo conveniente será que todo
por Constantino como rival de la Roma cesárea por esto dure y perdure.
los siglos primeros del cristianismo. Al hojear, así lo
dicho por la prensa protestante de Inglaterra como
***
lo dicho por la prensa protestante de Suiza, con moCuando quería continuar en estas reflexiones lletivo de las fiestas religiosas últimas, quédase uno atónito de ver cómo han ido creciendo las ideas de re- gan varias noticias á cual más importante y que
conciliación cristiana entre todas las sectas divididas deseo referir. Nuevo ministerio en Portugal, donde
y separadas del centro común por la herejía ó por el 11a caído un Ferreira para ser sustituido por un Ricisma. El Diario de Ginebra, sesuda representación beiro, y la noticia de orientaciones nuevas en la polídel calvinismo histórico reinante sobre aquella her- tica francesa con el nombramiento de Ferry para la
mosísima ciudad, que se llama todavía hoy la ciudad presidencia del Senado. ada enseña tanto el cambio
de Calvino por excelencia, proclama con verdadero de las ideas y de las cosas en este nuestro mundo
acatamiento á Roma la primera entre todas las ca- político cual esos ministerios, ya derruídos ó ya exalpitalidades cristianas por presidir la comunión más tados por los intereses, no como antes por las ideas.
numerosa é importante del mundo cristiano. Y con Así, divertidos los ánimos de la cuestión política, naefecto, no puede al catolicismo disputársele un carác- die piensa en mejorar ó empeorar los Estados; todos
ter cuya virtud lo eleva sobre todos los cultos naci- piensan en los presupuestos. Quédense, dicen á una
dos del Evangelio, no puede disputársele de modo los previsores, quédense las instituciones donde se
alguno por nadie la universalidad, que se adapta lo hallan, pues no hay otra cosa que hacer sino á la
mismo á las variedades múltiples del espacio que á economía ocurrir. Cuando, bajo la pesadumbre de los
las variedades mültiples del tiempo. Mientras el cul- cupones impagados, un gobierno desaparece y surgen
to griego no ha podido pasar jamás de Oriente y el los pretendientes con las insignias de los viejos particulto protestante se ha circunscrito á las zonas ger- dos en sus manos y los ideales de las viejas escuelas
mánicas del planeta, entra la religión católica en el en sus frentes, parécele á uno soñar, y soñar despiermundo esclavón por los polacos y por los cheques y to. ¿Qué piden tales importunos factores? El regenepor los croatas, en el mundo alemán por los bávaros rador Pimentel con sus procedimientos conservadoy por los austriacos, en el mundo griego por las colo- res, cuando no hay cosa ninguna que conservar; el
nias varias de origen italiano, en el joven mundo de progresista Castro con sus ideas de reforma, cuando
América y hasta en el viejo de Asia por tantos pue- no pide la opinión más que progresos económicos,
blos de nuestra raza hispánica como se dilatan des- parécennos almas en pena, venidas del otro mundo
de las orillas del Mississipí hasta el estrecho de Ma- á este. Un arreglo con los acreedores extranjeros pagallanes y por tantas iglesias como han fundado nues- ra no verse de modo alguno en esta vida con intertros misioneros desde la desembocadura del Nilo venciones y sindicatos abrumadores; un tiento de las
hasta Filipinas y Australia. Por eso cuando las cam- fuerzas contributivas del país para conocer qué puepanas de San Pedro repican en celebración de una den dar sin esquilmos y aniquilamientos suicidas;
festividad religiosa como la última de Roma, y el unas vigorosas economías yendo á la constitución de
Papa desciende, llevado en hombros, desde sus salo- presupuestos que afianzen los ingresos y disminuyan
nes vaticanos al grandioso altar mayor, una vez co- los gastos; un propósito consciente y deliberado de
locado de rodillas ó de pie en la rotonda parecida cambiar el régimen económico vigente por un régipor su magnitud á un arco del cielo y sobre la tum- men del trabajo y de la industria, se imponen bajo
ba de los Apóstoles alimentada de oraciones merced leyes á que nadie puede hoy por modo alguno eva-

N úMERO

586

dirse, dado el imperio de fatalidades que nos dominan y
nos abruman bajo su fuerza
incontrastable. Los excesos
del régimen feudal trajeron
el nuevo régimen político, en
que dominaba el derecho; los
excesos del régimen económico vigente traerán por fuerza
un régimen industrial, tan
distante del que ahora impera con la terrible paz armada,
como puede distar la fábrica
del castillo y una sociedad
cooperativa de una señorial
mesnada. Bueno que Heintze Ribeiro hable de amnistía
indispensable al apaciguamiento de los ánimos; bueno
que devuelva el derecho antiguo consuetudinario á una
prensa tan libre por tradición
como la prensa lusitana; bueno que trate de ir aumentando la facultad preciosa de gobernarse á sí mismas en las
regiones y en las municipalidades, todo esto excelente;
mas resultaría de seguro lo
mejor una concentración de
todas las potencias gubernamentales del pueblo y del Estado en aquello que más al
pueblo y al Estado importa,
en la formación de un buen
presupuesto. El escándalo de
las acusaciones infamantes á
los primeros y más conspicuos repúblicos, el derroche
- de todos los ingresos en la sustentación de organismos inútiles, el despilfarro sistemático que ha hecho quebrar á
factores del progreso püblico
tan importantes como las
compañías ferroviarias, el
fraude crónico en las percepciones y cobranzas de tributos piden á una remedios
enérgicos, sobre los cuales
hay que multiplicar todos los

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL EMl'.IIENTE POETA ITALIANO CARLOS GOLDONI, fallecido en París en 1793 Copia de un retrato
de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de Venecia

UN ASALTO (RECUERDO DE CARNAVAL), cuadro de Ramiro Lorcnz:ile {Sal6n Parés)

esfuerzos, dividiéndolos y separándolos de las cuestiones
polfticas. Y precisa proceder
así con reflexión racional y
con voluntaria energía, porque no caigan en la neurosis
los pueblos de referir á la política y su influjo el mal económico y el malestar consiguiente á errores antiguos,
tan fáciles de cometer por un
partido reaccionario como
por un partido avanzado. Luego que, dentro de lo existente, haya Portugal ocurrido á
sus males, podrá verse con
espacio si el origen de todos
ellos está en la raíz de su
vida nacional, y si los remedios exigen resignaciones á
sacrificios de algo quizás mayor que la forma del Estado
vigente y que la existencia
del régimen reinante. Mas
ahora, hoy, en este minuto
psicológico, que di ría Bismarck, como donde no hay
harina todo es mohina, se nos
antoja lo más urgente y necesario acudir al presupuesto, y
así pedimos á pueblo tan
amado de nosotros como el
pueblo portugués que no se
descarríe de ningún modo
por las trochas de cuestiones
políticas baldías, y entre de
lleno en los problemas económicos, de cuya buena solución
hoy depende, no solamente
su libertad y su paz interior
y sus buenas relaciones con
las naciones extrañas, sino su
existencia en el mundo. Quizás incapacitado para comprender desde lejos los matices de la politica portuguesa,
no entiendo bien por cuál
causa ó motivo estaban los
republicanos, tan exaltados y
radicales de suyo, más complacientes con el gobierno an-

�188
terior que con este, quien acaba de darles á sus amigos descarriados amnistía; ni por cuál causa ó motivo, repúblico tan eminente de suyo como nuestro
antiguo amigo Casal Ribeiro, se indigna contra el
gobierno anterior y le promete su apoyo á este nuevo y reciente. Todo gobierno que logre un presupuesto nutrido de recursos buenos y limpio de gastos inútiles, el cual presupuesto le permita ocurrir al
pago de la deuda y fundar sobre sus bases un arreglo
conveniente con los acreedores todos y especialmente con los acreedores extraños, será un buen gobierno, venga de donde viniese y compóngalo quienquiera.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

discípulo... , ya recordará usted..., el del varazo... , solía
decir el padre de la criatura.
- Sí, ya recuerdo. ¡Era muy bruto el infeliz!
- Como que á los seis años ya descargó un tal varazo en la cabeza de la mula la Cascabelera... , que
era negra y sin cerrar y más rica que la canela ... , que
¡velai!.. la dejó séca. Por eso le decimos el del vanzo.
Pues aunque me esté mal en dicirlo... digo, yo no entiendo de letras, que es una mala vergüenza, y el
chico, digo, entiende poco... , vamos á un dicir, pero
•entiende algo. Y como, eso sí, ¡canastos!, él es cerril
y fantástico y no hay Dios que lo gobierne, cogí y dije: pues á Valpalencia con él, en ca D. Pedro que
tiene la mano pesá y está avezado á lidiar con burros.
Y aquí estamos y ahí se queda el chico pa que me lo
desuelle usted vivo, si á mano viene.
El haber comenzado nuestras Murmuraciones por
- No tenga usted cuidado, respondía D. Pedro con
la relación de todo aquello que se dice y susurra en modestia; se hará lo que se pueda.
Europa hoy, por espectáculo tan relacionado con la
- Pues firme en él. En cuanto á los 7 riales de la
política como el jubileo pontificio, transmutó mal de soldada, ¡canastos!, D. Pedro, como si fueran panconuestro grado esta crónica, usualmente literaria, en mido, ¡y así que tuviera usted tan segura la Hostia á la
una crónica de hechos verdaderamente políticos. Y hora de la muerte! Pero tenga ojo, mucho ojo, solía
diciendo verdad, en esta manifestación del espíritu añadir, que el chico es mañoso y está muy resabiado
social moderno hay tanto de artístico y de literario, y es más voluntarioso y avieso que la mi mula la
como que si volvemos los ojos, por ejemplo, á Oriente, Perra... , con perdón sea dicho. Conque D. Pedro,
parece con la reconciliación matrimonial de los mo- diquiá á otro ratico y lo dicho..., mucho palo y dé en
narcas servios Milano y Natalia, con la boda entre sin malicia,· que eso sf, ~l chico tiene naturaleza pa
una princesa de Parma y el príncipe reinante sobre todo y come más que los galgos de casa, y eso que
Bulgaria Fernando de Coburgo, con las fiestas nup- son cuatro y muy majos.
Y con este discurso se lanzaba el padre, tan conciales entre la hija mayor del duque de Edimburgo
y el inmediato heredero de la corona rumana, todo el solado el pobrecillo, y con razón, porque se quitaba de
Oriente un extraordinario epitalamio. Ya sabernos quebraderos de cabeza, y desde aquel momento se
que donde impera mucho la razón de Estado, impera abrían las puertas del palenque y la lucha comenzaba
poco el sentimiento de amor. Ya sabemos por ende entre la brutalidad del chico y la barbarie del dómicomo no se han reunido al mutuo amor entre sí los ne: lucha sangrienta, cruenta, sin cuartel, en la que ó
divorciados monarcas de Servia, sino al amor del entraban en la cabeza de la fiera adverbios y declinahijo, víctima primera y capital de sus discordias; ya ciones ó entraba él de patitas en el cementerio.
Si todas las súplicas y recomendaciones de nuessabemos como no se han casado los hoy príncipes de
Rumanía por preferencias sendas de sus corazones tros padres y de nuestras. madres, cuando éramos
enamorados, sino por arreglos diplomáticos que nada chicos finos y de buena casa, eran para D. Pedro casi
en cuenta tienen tal superior linaje de sublimes cari- letra muerta, y sin que lo remediara ni la paz ni la caños; ya sabernos que ha bebido los vientos para ca- ridad, palos se recibían, ó bien directos ó bien de resarse Fernando de Bulgaria con dama de sangre real, chazo, palos que nos callábamos en casa religiosapretendiendo prestar á un trono lanzado sobre revo- mente y que ni en el tormento confesáramos, ¡tal era
luciones como sobre tormentas y suspenso de la vo- el pavor que el dómine nos inspiraba!, ¿qué no haría
luntad nacional como de un cabello esas raíces di- D. Pedro autorizado á barbarizar y hasta suplicado
násticas, por las cuales hay monarcas muy capaces de para que barbarizase?
Y la verdad es que aquellos internos de los 7 riales
parecerse á las encinas en robustez y en duración y
en arraigo; pero con esto y con todo las bodas y sus eran de tal calibre como á juzgar por sus fachas los
fiestas y sus blancos velos y sus coronas de azahares amantes hermanitos Caracalla y Jeta; si Caracalla no
.y sus versos y sus himnos epitalámicos alegran un revienta á Jeta, Jeta reviente á Caracalla: así en casa
poco la vida y perlan y opalan sus horizontes con de D. Pedro, si él no se impone brutalmente á los
auroras de ilusiones y esperanzas. Nada tendríamos baturros, los baturros le devoran.
que decir de pesimista si al mismo tiempo no viéraEn mis tiempos, de los ocho internos, quitando
mos junto á esas auroras tan risueñas culebrear si- uno, sobrino también del dómine, que era listo y
niestros relámpagos de guerra. El emir de Bukhara aprovechado, los otros siete más parecían mulos de
en el Asia central se ha puesto bajo la soberanía y artillería. El Cuervo que antes cité, natural de Cebopatronato del czar, como en la Edad Media solían los lleta del Cerro, y otro chico, un tal Sinforoso, de Bacaballeros feudales ponerse á una so el patronato de rranco de los Pinares, hacían este singular juego: en
reyes y emperadores eminentes. Rusia, para des- el pasillo obscuro que comunicaba la calle con el palumbrarlo, y deslumbrándolo someterlo mejor, le tio, se volvían de espaldas, se apoyaban con las maha mostrado sus ferrocarriles que llegan al Báltico nos en unos maderos que de una parte y de la otra
desde la Mogolia; sus ciudades históricas coronadas había, y se coceaban, pero de tal modo, que hasta
por cúpulas de oro, cual Moscou, y sus ciudades mo- hubo piernas rotas en varias ocasiones, en vista de lo
dernas formadas por calles de palacios, cual Peters- cual aquel juego vino á ponerse muy de moda entre
burgo; los ejércitos en que hay desde alemanes y los internos; por de contado que cuando jugaban á
griegos hasta cosacos y armenios y persas; el poder pa?o metían los nudillos y daban espolique en pleno
de un hombre idolatrado corno si fuera un Dios en cráneo, y cuando á capazos, echaban piedras entre e!
la tierra. Pero todas estas ostentaciones tienen por embozo y la capa y los capazos se convertían en golobjeto espolearlo, para que le sirva corno de van- pes mortales.
Con respecto al trato de la casa, siempre guardaguardia en la irrupción del imperio moscovita, que
sigue los caminos de Alejandro hacia los senos de la ron la más absoluta reserva; y cuando un tal ManzaIndia, perteneciente hoy á Inglaterra, encendiendo y no, llamado de apodo «Tabardillo» por lo chinchoso
atizando así la guerra universal.
y preguntón, que todo lo husmeaba porque era la curiosidad misma, les preguntaba, por ejemplo: «Si coMadrid, 4 de marzo de 1893
mían pan repicoteado de los tres picos ó bollos de
leche,» ó no contestaban ó guiñaban el ojo diciendo:
«Buena magra y buen vino de Toro;» pero no debía
DON PEDRO EL CRUEL
ser verdad por la risa que les entraba á los ocho juCRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
ramentados. Tampoco pudimos· saber nunca si comían en la mesa de D. Pedro ó en otra aparte, y
( Conti1111ación)
más nos inclinábamos á esta versión, porque caso de
comer juntos, de fijo D. Pedro gastaría más de los
V
7 ria/es de la soldada en vajilla rota en sus cabezas.
LOS INTERNOS
Barrían las clases y los pasillos, eso sí, todo lo peor
que podían; hadan recados, abrían la puerta y hasta
Eran los internos ocho robustos mozos, anchos de limpiaban las botas de D. Pedro. Pero cuando algupecho, enjutos de carnes y cerrados de mollera... , en no faltaba á las clases y preguntábamos por él, sus
general de una bestialidad poco común.
compañeros se callaban como muertos y no había
Cuando á un labrador ricacho de los pueblos ve- medio de sacarles nada. En estos casos suponíamos
cinos le salía un hijo cazurro é ingobernable, ya se que les estarían bizmando las costillas, ó cosa así,
sabía, lo traía á desasnar á casa de D. Pedro, cuya máxime cuando D. Pedro solía decir:
fama de domador de fieras era tanta que cundía, co«¡Voto á todos los demonios del infierno! Me pamo la grama en las viñas, por toda la comarca.
rece que te voy á dar otra paliza como la de anoche .. . ))
- Aquí le traigo á usted á Robustiano, que es priPrueba de que había palizas nocturnas.
mo carnal de Trifón, el hijo del tío Palominos... , su
Las consejas que entre nosotros corrían cuando
............. , ...... ......., ......... 1 ••••••, ............ ........, .... ,., ...... ........... ...... , •••• ,.,, ... , ... , 1., .... , •••••• , .... .

NúMERO

586

desaparecía algún interno, definitivamente no son
para contadas. Dáb¡imos el exequátur á las bolas más
garrafales... «Que D. Pedro le había reventado de una
patada... Que le había metido en el calabozo y no le
daba de comer... Que se oían gemidos en la bodega ... Que olía á muerto del lado de las tapias delcorral... Que le había emparedado...»Todo esto murmurando al oído, ya en la calle y muy lejos de la de
Cárcaba.
La verdad es que el mozo que resistí~ aquel régimen era mozo de chapa; porque con frecuencia sucedía que cuando D. Pedro se encolerizaba con los
se11oriti11gos, y los lapos que nos repartía no le satisfacían bastante, con el pretexto más fútil, si se rió, si
fué el autor de la mosca con cucuruchito, caía sobre
Cuervo ó sobre Sinforoso, y ahí que no peco, les hartaba de golpes sin atender á sus lamentos y protestas.
- ¡D. Pedro, por Dios!.. ¡Ay madre!.. ¡Que no fuí
yo, D. Pedro!.. ¡Madre!..
- Toma..., toma, cochino, indecente, le respondía
el dómine arreciando el nublado, y así irás aprendiendo algo.
¿Qué?.. Jamás lo pude saber.

VI
LA REVISTA

Lo primero que hacía D. Pedro al entrar en la clase era pasarnos revista. Con la capilla terciada, el
bonete sobre el vértice derecho anterior del cubo, la
colilla de puro en la boca y la vara en ristre, se ponía á pasear por delante de los bancos en actitud meditabunda y triste. Sus ojos, abotargados por el sueño
é imperfectamente lavados, tenían la frialdad de ojos
de cetáceo. Carraspeaba fuerte y esputaba á la casualidad.
El paseo, que solía durar mucho, daba el vértigo
por el cuidado con que estudiábamos sus movimientos, hasta que á lo mejor se plantaba y con voz de
mando decía:
- ¡Abajo esas patas, so brutos! ¿Os pensáis estar
en la coadra?
Un rápido movimiento automático, mili tar, desmontaba de golpe todas las piernas y quedábamos
mucho más incómodos que antes, pegados á la pared, en nuestros fementidos bancos.
El paseo seguía... seguía como el de una fiera enjaulada, hasta que plantándose de nuevo de golpe
delante de un chico le gritaba:
- ¡Las uñas!
El primer movimiento del chico, ¡lo que son las
conciencias sucias!, era el de esconder las manos en
lo más recóndito de sus bolsillos; pero á la segunda
intimación «¡¡las uñas!!,» dos manos mugrientas, temblorosas de miedo, con uñas de riguroso luto, se presentaban en forma de piña; y no sé qué era más
pronto, si aparecer las manos ó caer sobre ellas un
tremendo palmetazo, instrumento que para este género de ejecuciones se usaba. El chico lanzaba un
rugido de dolor y salía dando vueltas y soplando por
el cuarto. La ejecución era dolorosísima, pero expeditiva; y mientras aquel chico se chupaba los dedos
con toda su alma, ya estaba D. Pedro con igual intimación ante otro penitente, y los demás muchachos
de la clase buscando la solución á este complicado
problema: coger el libro con las dos manos, como era
de rito, sin que se vieran las uñas; cosa dificilísima
y que daba por resultado: r. 0 , libros por tierra; 2. 0 , estacazos á destajo.
Este suceso se registraba principalmente los sábados, pero también podía suceder otro día cualquiera.
No obstante, los chicos no se hacían por esto más
limpios; lo que hacían era mondarse las uñas en seco
con la navaja.
Terminada ó interrumpida por la distracción de
D. Pedro esta faena, seguía paseando y su faz se tornaba por momentos más torva y su tez más plomiza.
Se comprendían sus sufrimientos... , sus dolores insoportables de hígado enfermo ... , hígado enorme, inconmensurable, bajo cuyo peso abrumador nos sentíamos
asfixiar.
Y como el disimulo, por grande que sea, no alcanza á encubrir un canguelo de las dimensiones del
nuestro, no podíamos remediarlo... Según pasaba el
dómine por delante de nosotros, maquinalmente preparábamos el brazo derecho redondeándolo y metiendo el puño cerrado para adentro como si empuñáramos una rodela y levantándolo á la altura de las narices para proteger institivamente la cara. Este movimiento automático, repelido por todos los chicos del
banco sucesivamente, sacaba á D. Pedro de su meditación y aun diré de quicio, y tanto, que sin medir
las consecuencias, que podían ser fatales, nos soltaba
en los ijares puñetazos de calibre que resonaban en
los vacíos del busto como si pegase en un armario va-

ROMA. -JUBILEO EPISCOPAL DE S. S. LEON XIII.-LA BENDICIÓN PAPAL EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

�LA

lLUSTlv\CIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

586

iba marchando regularmente hasta el segundo
ejercicio, que ya comenzaba Cristo á padecer, y
que consistía en preguntar D. Pedro, por ejemplo, en la primera declinación:
- ¡Genitivo singular!,
señalando á un chico
con la vara.
- Ro~.c!
- ¡Dativo plural!, á
otro.
- ¡Rosis!
- ¡Acusativo singular!
-¡Rosarum!
- ¡Bruto, animal, zoquete!..; otro.
- ¡Rosas~
-¡Salvaje, zanganote!.. ; otro.
-¡Rosam!
- Eso es, adelante.
Y el chico adelantaba
VII
dos puestos en el banco.
Este ejercicio requería
profunda atención, porLA CLASE DE PRIMERO
que si bien perder puesUna vez acomodado D. Pedro en su poltrona, que
tos no divierte, era además peligrosísimo por
era de esas de cuero con clavos gordos, y después de
dar un par de palmetazos sobre el pupitre, so pretexl as consecuencias; ya
que, como dije, los últito de restablecer un orden que él solo alteraba, un
gran silencio envolvía la clase, rara vez turbado por
mos eran los primeros
los entrecortados jipidos de los últimos ajusticiados,
cerca de las botas y de
que sollan ser los nuevos; los avezados á la mazmola vara del dómine; aderra concentraban en cuatro gritos muy fuertes todo
más con frecuencia coincidían dos acontecimiensu dolor y se bebían las lágrimas.
Esta entereza gustaba mucho á D. Pedro.
tos: perder puesto y gaLa lección comenzaba por los de primero. El prinarse un estacazo.
mero del bando de Roma recitaba con voz nasal, chiTras de las declinaciollona é insoportable una declinación.
nes de nombres, venían
las de adjetivos y los
SINGULAR
pronombres personales,
posesivos y demostratiNominativo.
rosa, la rosa.
vos hasta los interrogatiGenitivo. .
rostZ, de la rosa.
Dativo. . .
rosa, para la rosa.
vos y relativos, y aquí geAcusativo. .
rosa111, á la rosa.
Isla de Tenerife. - Cam~inos de la Laguna (de una fotografía}
neralmente se armaba la
Y ablatirn .
rosa, en con por de la rosa.
gorda... en el famoso
en cañones, se arrancaba de nuevo con creciente ve- relativo conocido por el «puente de los asnos.»
- ¡Otro!, gritaba D. Pedro.
Después de largarnos de retahila las declinaciones,
Y otra voz aún más tiple, de un escarabajito que locidad:
empezaba el rompecabezas siguiente:
no levantaba ni tanto así, continuaba con extraordinaSINGULAR
- ¡Nominativo plural!
ria rapidez:
- Qui... qure... qure.
Nominati\'o. . . rosa, la rosa.
PLURAL
- ¡Acusativo singular!
Genitivo. . • . ros,e, de la rosa.
- Quem, quam, quid.
Dativo,
etc,
etc.,
etc.
Nominath o. . rostZ, las rosas.
- ¡Dativo singular!
Genitivo. . . rosar11111, de las rosas.
y así seguía la retahila hasta el último probablemente
- Cui.
Dativo, etc., etc., etc.
- ¡De plural!
sin ninguna equivocación y recitado á estilo de co- ¡Otro!, decía D. Pedro.
- Quorum, quarum, quorum.
torra. Y después de rosa se deslizaba dominus-doY el tercero, con voz acatarrada y bronca, de pollo mini y luego vir-viri y princeps-principis y... la cosa
- ¡Burro!, ¡acémila!, ¡maleta!
- ¡Ah!, sí, señor..., quos, quas, qu.e.
- ¡Cernícalo!, ¡cesto de vendimiar!..; otro.
- Caret.
- ¡Tú sí que careces de sentido común, incapaz de
sacramentos, ladrón, perro judío!.. ; otro.
- ¡Quibusl
- ¡Finalmente! Quisquam... Venga deahf.
Pero no venía nada. Al cabo de dos horas de este
ejercicio embrutecedor; sudábamos tinta... , estábamos
mareados... , con vértigo y entre quidlibet, quodlibet,
quidquam, quicquam, quidpiam, quodpian y otras
atrocidades de igual jaez, perdido el aplomo, contestábamos á la casualidad, sin ton, ni son, ni sentido,
ni nada: á unos el miedo les paralizaba la lengua, y se
quedaban tiesos y mudos como estatuas; á otros se la
desataba, y los desgraciados se lanzaban de cabeza en
declinaciones vertiginosas. Se perdían y se ganaban
puestos con tal rapidez, que se dió el caso de un chico ser en diez minut9s tres veces el primero y tres el
último de la clase y encontrarse al fin como al principio. No hay aquelarre que dé mejor idea del mismísimo infierno que aquel fuego graneado de vocablos latinos equivocados, lanzados con voces tímidas
unos, chillonas otros, desesperadas todas; era como
el paso de las merinas... , un balar incesante, entrecortado por las toscas injurias de D. Pedro, el perro mastín rabioso de aquel ganado.
Y poco á poco la atmósfera se cargaba y las blasfemias de D. Pedro comenzaban á tomar vuelo, á llegar al cielo y á tropezar en los santos hasta dar de
lleno en las cosas más sagradas; y entonces, ya loco
de cólera... , enronquecido y furibundo se levantaba,
se terciaba el manteo, empuñaba la vara, y á este
quiero, á este no quiero, nos llovía sobre las costillas
Plaza de la Constitución en Santa Cruz de Tenerife
tal granizada de palos y tan rápida que no se com-

N úMERO

LA 1LUSTRACIÓN

586

ARTÍSTICA

rectas y algunas plazas, como las de Weyler y
de la Libertad con hermos~s alamedas. Los
edificios particulares son de lindo aspect~ y entre los públicos descuellan los do~ hospitales,
el civil y el militar, e~ n~evo palacio
_la Capitanía general, el ed1fic10 de la Asoc1ac1ón_
Socorros mutuos, el casino de Santa Cecilia,
con un salón de conciertos capa~ para 700 personas, y la iglesia de la Concepción, templo de
cinco naves, ricamente adornado, en cuya sacristía consérvanse varias joyas de gran valor.
En la plaza de la Constituci~n, que reproduce
uno de nuestros grabados, existe un monumen·
to de mármol de Carrara, obra de Can_ova, que
representa á la Virgen de la Candelana apare·
ciéndose á los guanches: la imagen de la Virgen descansa sobre un obelisco que arranca ?e
un pedestal octágono, en cuatro de cuyos angulos se ven las estatuas ?e los cuat_ro reyes
guanches que se unieron a los conqmstadores
españoles.
.
La villa de Orotava extiéndese al fondo de
un valle de belleza superior á toda ponderación,
por donde serpentean multitud de arroyos que
fecundan con sus aguas una de las más feraces
comarcas de aquellas islas y una de la_s más encantadas regiones del mundo, que hizo exclamar á Humboldt: «Después de haber recorrido
el Orinoco, las cordilleras del Perú y los hermosos valles de México, confieso que no he
visto en ninguna parte un cuadro más atracti-

cío; y diz que de resultas de algunos de éstos, tuvo
serios disgustos con padres de se,ioritingos; que de
padres de internos y otros de igual jaez, más bien recibiera plácemes y enhorabuenas á hallarse allí presentes.
Estas escenas vandálicas eran como una especie de
prólogo ó prefacio de lo que iba á suceder después;
según el número de las ejecuciones y lo más ó menos encarnizadas de éstas, podíamos nosotros echar
nuestras cuentas y calcular, con dos ó tres garrotazos
de defecto, la ración diaria que nos tocarla á cada
uno.
En ocasiones aquellos escarceos desahogaban algo
los alterados nervios de D. Pedro, que tomaba posesión de su poltrona y con aire hasta jocoso nos decía:
- Conque ahora, amiguitos, vamos á ver quién es
el majo que se sabe la lección.
Pe ro en otras el golpear le excitaba como á los caballos el combate, cuando sin jinete ni guía se precipitan frenéticos sobre los cuadros de bayonetas, ciegos de cólera, enloquecidos con el olor de pólvora y
de la carnicería. Esos días eran verdaderas hecatombes... , aunque en ninguno faltase, á decir verdad, mucho que rascar.

?e

?e

Isla de T enerife. _ El pico de Teicle, cuya altura sobre el nivel del mar es de 3. 730 metros

nadas las llamaron por esta ra·
zón los antiguos, y en ellas se
supuso por autores de edad remota que estu\'ieron situados los
Campos Elíseos; y en Yerdad
que bien merecen el nombre de
paraíso esas islas donde se pro·
&lt;lucen casi todas las plantas intertropicales y adonde acuden
Luis DE LLANOS
millares de extranjeros, especial( Co11duirá)
mente ingleses, en busca de
,.,,,..,.,,..,,.,,..,.......,.............,....,..........,,.,...,,.............,.., ..,...,......,..,,................,......,.....
aires sanos que fortalezcan sus
cuerpos minados por crueles doLAS ISLAS DE TENERIFE
lencias y de hermosos paisajes
Y GRAN CANARIA
que distraigan sus espíritus gastaMucho podríamos decir acerca de estas dos i~las dos por e! trabajo ó estragado,5
que forman parte del archipiélago de _las ,Cananas; por los placeres.
En el fondo de extensa bahía
pero ni el espacio de que disponemos m la 1~dole ~el
periódico nos permiten extende:nos en con~1derac10- y mal resguardada por el castines históricas y geográficas, debiendo red~c1~se nues- llo de San Cristóbal, ante cuyos
tro trabajo á trazar algunos apuntes descnptivos ~ue fuegos retrocedió en otros tiemsirvan de explicación de los grabados que publica· pos el gran almirante Nelson,
surge ante el viaje:º que á T~mos en el presente número.
.
,
.
La principal belleza de Cananas esta, por decirlo nerife llega la capital del ar~h1así, en su clima, benigno hasta tal punto, en las r~- piélago, Santa Cruz de Tenenfe,
giones bajas, que ni en invierno la temperatura baJa ciudad de aspecto marcadamen·
de 17º ni en verano excede de 26 ó 27: las Afortu· te moderno con calles anchas y

prendía cómo un solo hombre y una so~a. vara _Pudiera levantar tanta ampolla en tan poqu1s1mo tiempo.
Y mientras nosotros mohínos y maltrechos ~o~ limpiábamos el polvo, la sangre, los mocos y l:ls lag:1mas,
él se arrojaba sobre su poltrona sofocado, ~ haciéndose viento con un paño de la cap:i. nos dec1a:
.
- ¡Pues ya veréis lo que es bueno en las conJugaciones! ¡María Santísima del Carmen!

Isla de Tcncrife. - Panorama del puerto de la Orotava

Isla de la Gran Canaria. - Procesión del Viernes Santo en la plaza de la
Constitución de Las Palmas

vo, más armónic~ por la distribución de las
masas de vegetación y de las rocas.)) Orotava la villa de las flores, como algunos la lla·
m;n por ser los jardines adorno casi indispensable en todas las casas y crecer en ellos
las flores con profusión asombrosa aun en
los meses de invierno, es población de sello
aristocrático, por ser residencia d~ l~s familias más nobles de la isla. Sus ed1fic1os son
poco notables, y como único monum_ento puede citarse la iglesia de la Concepción, en la
cual se admira un precioso tabernáculo de
mármol labrado en Génova. En sus alrededores e~iste un notable Jardín Botánico, fundado en 1788 por el marqués de Villanueva
del Prado, para la aclimatación de plantas
exóticas. Pero la mayor fama de la Orotava
dé't&gt;ese á sus excepcionales condiciones climatológicas, que hac~n ~e ella estación i_n·
vernal muy superior a N1za y aun á la mis·
ma vecina isla de Madera.
La Orotava es el punto de partida para
verificar la ascensión al pico de Teide, lla·
mado también de Echeide, ó del Infierno:
hállase éste situado en el centro de Tenerife
y rodeado de un inmenso círculo de montañas llamadas las Cañadas, cuyos altos cerros
se elevan á 2. 700 metros sobre el nivel del
mar, siendo de 3. 730 metros la altur~. del
pico, cuyo cráter tiene 553 metros de d1ametro. La ascención es difícil y para ella se emplean dos días desde la salida de la Orotova;

�A ORILLAS DEL MAR, dibujo de Eduardo Patry
VALENTINA, cuadro de Guillermo Wolft

�1 94

..

pero una vez llegado el excursionista á lo alto del
pico, el espectáculo que á su vista ofrecen aquellas
formaciones volcánicas y el hermoso panorama que
desde allí se descubre le compensan de todas las penalidades sufridas.
Siguiendo nuestra descripción de los grabados que
en este número figuran, dejaremos la isla de Tenerife para decir algo de Las Palmas, capital de la Gran
Canaria, asentada en medio de un extenso valle lleno de palmeras y bañada al Este por el Atlántico. Su
clima, de excepcional benignidad, y los infinitos encantos que en sus alrededores ha prodigado la naturaleza, justifican la predilección que por ella demuestran los que en invierno huyen de los fríos del Norte, ansiosos de temperaturas primaverales. La ciudad,
dividida por el riachuelo Guiniguada en dos barrios,
el de la Vegueta y el de Triana, tiene bonitas calles,
amplias plazas, bellísimos paseos y un magnífico teatro inaugurado no hace mucho tiempo. En la plaza
de Santa Ana ó de la Constitución se encuentran,
uno enfrente de otra, el Ayuntamiento y la Catedral,
que son los principales monumentos de Las Palmas;
soberbio edificio el primero, coronado por el escudo
de la ciudad, y hermosa fábrica la segunda, de estilo
gótico con rica fachada, concluida en nuestros días.
Digamos para terminar que los hijos de Canarias
son vivos, agudos y amant-es de la instrucción y del
trabajo; pronuncian el castellano con una dulzura especial, que parece reflejo de su bondadoso carácter.
En algunas islas los habitantes del campo llevan trajes sumamente típicos, aunque poco estéticos, como
por ejemplo, los campesinos de La Laguna (Tenerife), conocidos con el nombre de magos, que reproduce uno de nuestros grabados. - X.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
estrenado con excelente éxito una ópera titulada La fuente de
oro, original del difunto cvmpositor Goring Thomas: algunas
piezas que éste había dejado sin terminar han sido compuestas
por P. Waddington.
París. - En la Comedia Francesa se han estrenado: Saplw,
drama lírico en un acto y escrito en hermosos versos por Armando Silvestre, y La paix du 11wzage, comedia en dos actos de
Guy de Maupassant, muy bien escrita, pero de argumento ver·
dadcramente repulsivo.
Londres. - En el teatro de la Royalty se ha representado con
buen éxito una versión inglesa del interesante drama alemán
Alexandra, de Ricardo Voss, y en el teatro de la Court se ha
estrenado también con buen éxito una comedia de A. \V. Pine-

586

nos que artículo de lujo; no fallan, sin embargo, entre ciertas
clases del pueblo clientes, hembras en su mayoría, gracias á los
cuales aún se conserva ese tipo tradicional con más letra menuda que buena letra, ajustador de cuentas ad uswn famulan,111
que el Gran Capitán envidiaría y más conocedor de la gramática parda que de la académica, depositario de multitud de secretos, confidente de amores más 6 menos desinteresados y confeccionador de ciertas fórmulas de estilo con que embellece las
ideas que en forma rudimentaria le suministran sus parroquianos. Tal es el personaje que ha inspirado al ilustre pintor Viniegra el hermoso cuadro que reproducimos, cuadro tan bien
concebido que nos parece asistir á la escena real que representa,
y tan acabado en su conjunto y en sus menores detalles que cabe dudar si la bellísima decoración que le sirve de: fondo ha sido hecha para que sobre ella destaquen mejor los personajes ó
si éstos están puestos en el lienzo sin otro objeto que dar mayor vida á aquélla. Viniegra ,que prodiga un raudal de sentimiento y poesía en La bendició11 de los campos, que describe magistralmente las costumbres de nuestros antepasados en cuadros
como Un bautizo y La firma del contrato de matrimonio, que
hace asomar á nuestros ojos las lágrimas en La muerte del !ore·
ro y á nuestro labio la risa en Para dos perdices... 11110, obras
todas conocidas de nuestros lectores por haberlas reproducido
LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, aborda en El 111e111orialista un
nuevo género para el que demuestra las mismas excepcionales
aptitudes que en todos los demás ha patentizado.
El eminente poeta italiano Carlos· Goldoni,
retrato de Alejandro Longhi. - Hace poco se ha con·
memorado en toda Italia el centenario de la muerte de Carlos
Goldoni, el famoso poeta veneciano nacido en 1707, el que á la
edad de ocho años componía una comedia, el que á poco de haber cumplido los veinticinco comenzaba por toda la península
italiana su vida errante y su gloriosa carrera de autor dramático,
el que después de triunfar en los teatros de su patria triunfaba
también en París, donde se estableciera en 1796, obteniendo
éxito con Le Bourm bienfaisa11t, comedia en tres actos representada en el Teatro Francés en 1771; el Moliere italiano, como
le llaman unos; el Terencio de las lagunas, como le denominan otros. El retrato de Goldoni que publicamos es del famoso
retratista y grabador, contemporáneo y compatriota suyo, Alejandro Longhi, y se conserva en el Museo Carrer, de Venecia.

M.

JULIO FERRY, presidente del Senado francés

fallecido repentinamente en París en la tarde del 17
del corriente

Bellas Artes. - En las cercanías de la tumba de Ti (Egipto) ~e han e~contrado dos hermosas estatuas de madera que por
el v1g?r realista de la e~presión superan á la famosa figura que
hace t_1empo se descubnó y merece por lo mismo ocupar uno de
los pnmeros puestos en la historia ele la plástica egipcia.
-'!arcelo11a. - De notables bajo todos conceptos merecen ser
calificadas las conferencias recientemente dadas en el Ateneo
Barcelonés por D. Felipe Pedrell y D Francisco Soler y Rovir?sa, maestro en ~l arte ele los sonidos el uno y maestro en la
pintura escenografica el otro. Tres han siclo las conferencias
del maestr? Sr. Pedrel,1:_ la primera, preparatoria, versó sobre
los dos pen~os de mus1ca homófona y polífona que precedieron al_ armómco mod~rno; fué objeto de la segunda Palestrina,
de quien expuso el disertante los hechos biográficos el carácter, esencia y sublimidad de su música y su influen~ia en los
compositores m?dernos; en la tercera, finalmente, ocup6se el
S~. Pedrell d~l 1l_ustre maestro español Tomás Victoria, descri·
b_iendo sus principales hechos biográficos, enumerando las edi·
c!ones ~onumentales de sus obras, definiendo el carácter y esencia y senalando la sublimidad exp~esiva de sus composiciones,
hac_1endo un paralelo entre Victoria y Palestrina, estudiando detemda,mente los Ca,z/os de la Pasión, de Victoria, probando que
el caracter de_ la antigua escuela música española es esencialmente expres1~0 y afirma_ndo que Victoria figura entre los primeros co~P?s1tores del siglo xv1 y que en él está la génesis de
n_uestr~ mus1ca y el fundamento psicológico que legitima su nac10nahdad. Cada una de estas conferencias, en las cuales ha
hech? _gala el Sr: Pedrell de sus conocimientos profundos, de su
eru?1c1ón va_stís1ma y de su corrección en el decir, ha siclo, por
decirlo así, J!ustracla con audiciones de los más selectos trozos
el~ los maestrosJ.de _quienes se ocupaba, trozos perfectamente
~Jecutados, en la primera por varios distinguidos profesores de
instrumentos de cuerda y viento, dos solistas y una pequeí1a masa coral, y en las otras dos por _una numerosa masa de voces, y
que causaron verdadero entusiasmo en el numeroso auditorio.
La conferencia del Sr. Soler y Rovirosa fué interesanlísima y
en. extremo amena: versó sobre el espectáculo teatral desde su
ongen, moderno, en Florencia hasta nuestros dfas con sus evoluciones y vicisit?des desde el punto de vista dec~rativo, tema
que e! conferenciante enriqueció con sinnúmero de anécdotas,
reflex10nes y rec~erclos sobre vario~hechos, ·artistas y costumbres, así de E~pana como del extran3ero. El Sr. Soler y Rovirosa, cuyas admirables o~ras han sido por doquier aplaudidas, demo_stró en la conferencia que conoce á fondo la técnica y la histona del arle qu~ ejerce y demostró también poseer no comunes d?tes de escntor y sobre todo de contezer, haciéndose notar
su e~l!lo por la sencillez, gracejo, sobriedad y naturalidad, que
cautivaron al numeroso y escogido auditorio hasta el punto de
hacerle p~recer breves los cinco cuartos ele hora que duró la
conferencia. A modo de_ ilustraciones de ésta había expuestos
e? el salón bocetos, láminas, apuntes, etc., de los principales
p_intores _escenógrafos antiguos y modernos, y en otro local vanos teatnnos representando las principales decoraciones pintadas por el Sr. Soler y Rovirosa.
. Ambos conferenciantes obtuvieron sendas ovaciones entusiastas: al enviarles nuestra más sincera felicitación, hacérnosla
extensiva á nuestro. querido amigo y distinguido colaborador
D. José '!~a.rt,. presidente del Ateneo Barcelonés, por sus inteligentes 1mc1al!~as, que buena falta hadan en el que tiene de·
r~cho á ser el pnmer centro de la vida artística, literaria y cienllfica de nuestra ciudad.

NúMERO

ro, The amazom, graciosa sátira contra las mujeres que sienten
inclinaciones y gustos varoniles En Covenl Garden se prepara
una temporada wagneriana que durará desde 7 de junio á 11 de
julio: se estrenarán Las Walkirias y Sieg:frido en alemán, para
lo cual se han contratado los principales artistas de Berlín, y
ús maestros cantores en italiano con Lassale y Rezké; con éstas alternarán otras obras del gran maestro ya conocidas .en
Londres.
Madrid. - Se han eslrenado con éxito satisfactorio: en Lara,
Carranza y compailla, graciosísimo sainete en un acto de don
Tomás Luceño; en Apolo, La 11111jer del molinero, zarzuela en
un acto de D. Fiacro Yrayzoz y D. Jerónimo Jiménez, de argumento interesante, desarrollado con habilidad y gracia y de música agradabilísima¡ y en Eslava, Triple alianza, zarzuela en un
acto, del Sr. Jackson Veyán, con m{1sicadel maestroCaballero.
En la Comedia se ha verificado el beneficio de doña Julia Martínez con la repn·se de la bellísima comedia en tres actos, &lt;le
Vital Aza, El sombrero de copa.
Barcelona. - En el Tívoli se ha puesto en escena, entre otras,
la ópera de Bretón ús amantes de Tem e/; en el Circo Barcelonés se ha estrenado una bellfsima opereta en tres actos del
maestro Carlini, / diavoli della corte, obra graciosa, con música
muy bonita y muy bien puesta en escena y representada por la
aplaudida compañía Tani; y en Novedades se ha verificado el
estreno de un drama en tres actos y un epílogo de D. Manuel
Rovira y Serra, L' hereu del mas, que el público ha recibido
con aplauso.

Necrología. -Han fallecido recientemente:
Guillermo Czerwinski, notable pianista y compositor polaco.
Luis Lindenschmitt, fundador y director del Museo central
Romano·Germár.ico de Maguncia, autor ele importantes obras
de arqueología, entre ellas Manual de la arqueología alemana
y Las autigiiedades de nuestro período pagano.

Femando Quinquerez, pintor ele historia, cuyos cuadros tie·
nen generalmente por asuntosepisodios de la historia de Croacia.
Víctor de Meyenburg, escultor suizo, notable por sus bustos,
retratos y también como coleccionista artístico.
Juan Pettie, ilustre pintor de historia y de género, inglés, individuo de la Academia de Londres y especialmente conocido
por sus cuadros militares y por sus retratos.
Enrique Schlessinger, pintor alemán que se dedicó con gran
éxito á la pintura histórica y de género.
Augusto Wittig, profesor de escultura en la Academia ele
Dusseldorf.
D. Eusebio Martínez &lt;le Velasco, distinguido escritor y re·
dactor en ;efe de La Ilustración Espaliola y Americana.
Julio Ferry, dos veces ministro de Instrucción pública, ministro ele Negocios Extranjeros, dos veces presidente del Con•
sejo de Ministros, candidato en las {1ltimas elecciones para la
presidencia de la República, recientemente elegido presidente
del Senado: fué uno de los hombres que mayor influencia han
ejercido en la política francesa contemporánea.

Teatros. - En el teatro de la Corte, de Cotha, ha obtenido
gran éxito un drama en tres actos, de Víctor Naumann El
El ·.memori~lista, G\ladro de Salvador Viniedereclw d la moralidad, que es una protesta contra la mocierna gra. - Desde que la instrucción se ha generalizado un tanto
escuela realista alemana.
~ás que a~les, ha p~rdido el memorialista buena parle de la
- En Liverpool los individuos de la sociedad Car! Rosa han 1mportanc1a que tuviera cuando el snber escribir era poco me-

Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de
Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Una escena de Carnaval, desarrollada en el zaguán de una vivienda señorial de
esta ciudad, una de las pocas joyas del Renacimiento que por
fortuna ha respetado la demoledora piqueta, ha sen,ido ele tema á Ramiro Lorenzale para producir un cuadro que atrae desde luego 1or su armonía y por su acertada tonalidad. El escenario escogido por el artista, rico en su ornamentación, avalora
el cuadro que en él se desarrolla, sin que la heterogénea diversidad de trajes y sus abigarrados matices produzcan mal efecto.
Ahí es donde el pintor ha podido dar muestras de sus aptitudes
y de su buen acierto y discreción en armonizar tonos y colores
vivos y brillantes. No en balde tuvo por maestro á su respetable padre Claudio Lorenzale, á quien tanto debe el arte de
nuestra región.
Jubileo episcopal de S. S. León XIII. La bendición papal en la basílica de S. Pedro. - Grandiosas han sido las fiestas celebradas en Roma con motivo del
· ubileo episcopal del Papa León XIII, habiendo sobresalido
por su magnificencia las que se verificaron en la hermosa basílica de San Pedro el día 19 de febrero último. El momento en
que el virtuosísimo y sabio Pontífice sentado en la silla gestatoria dió la bendición papal á la inmensa multitud que le rodeaba fué imponente é indescriptible: precedido por varios trompeteros y llevando á los lados cardenales, obis_P?S, guardias nobles, caballeros de honor con su clásico traje a la española, caballeros de capa y espada y demás dignatarios de la corte pontificia, Su Santidad recorri6 las amplias naves de San Pedro en
medio de las aclamaciones de los fieles, que sintetizaban en
aq~e! momento la satisfacción, el entusiamo inmenso con que la
Cnsllandad toda ha conmemorado el quincuagésimo aniversario
del episcopado de León XIII.
A ~rilla~ del mar, dibujo de Eduardo Patry. Bellísimo ba30 todos conceptos es el dibujo del artista inglés Patry: asi la figura, esbelta, natural, elegante en su conjunto y de
rostro v~rdaderamente hermoso, como el mar cuya superficie
apen~s nzada por tenue brisa materialmente se aleja hasta confundirse con el horizonte, todo en este dibujo denota un dominio complel~ _de la técnica artística, puesto al servicio ele un
asunto s1mpahco y encantador.
Valentina, cuadro d e Guillermo Wolff. -Mucho
han discutido y escrito los filósofos desde la más remota antigileda_cl hasta nuestros días sobre el concepto de la belleza sin
que nm¡runo ha~a logrado dar una dt!finición exacta y completa
ele la misma, ysm embargo, pocos hombres hay que no sientan
aunque_ no _se la expliquen, esa calidad de las cosas que produ'.
ce adm1rac1ón y delelle. Cualquiera que vea el hermoso busto
ele Val~ntina, ele Wolff, ¿no admirará en él la expresión ele lo
bello? ¿No se deleitará contemplando aquellas facciones correctas, aquel!as líneas puras, aquellas morbideces superiores á todo encomio? Obras como esta no es menester analizarlas deten!damente! seducen ~lesde luego, f el que las produce se acredita de arl!sta ele gemo y se conquista lugar preeminente en el
mundo del arte.
Acto d,e ~escubrir, el busto de Tomás Carlyle
en la Blbhoteca publica de Chelsea en Londres. - Hace poco se ha verificado en Chelsea, q~e hoy forma
parte de Londres, una intesesante ceremonia, la de descubrir el
b1~st_o del ilustre filósofo é historiador inglés Tomás Carlyle,
e~1g1~0 en una d~ las salas de la Bibloteca pública. El busto, copia de otro admirablemente modelado por sir Edgardo Boehm,
fué d~scubierto por el reverendo Geraldo Blunt, el cual, antes
de qmtar la tela q_ue cubría la escultura, pronunció un discurso
recordando la anustad que le unió con el autor de la Historia
rlr la Revolución francesa y de Los héroes.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravals, adoptado en los Hospitales de Paris y que prescriben los
mcdicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tónicos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento ni diarrea, teniendo además la superioridad sobre todos los
ferruginosos de no ratigar nunca el estóma¡¡o.

NúMER0

586

LA

1 95

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA VICTORIA DE CESAR
BOCETO DE VERANO
POR CORDKLIA

I
La campana había dado el primer toque para la comida, y los bañistas se
iban reuniendo poco á poco en el salón para esperar el segundo. Las señoras
entraban elegante y cuidadosamente vestidas, se cambiaban saludos ojeadas y
se detenían formando corrillos.
'
- ¡Qué bien le sienta á su cuñada de usted ese vestido azul!, dijo la condesa
Altobelli á Clelia Orlandi.
- Sí, el azul es el color predilecto de Paulina, contestó Clelia · pero dí&lt;Yame
0
usted, condesa, ¿cómo no ha bajado usted hoy á almorzar?
'
- He tenido jaqueca; ni siquiera las duchas sirven para mi mal; todas las curas son inútiles.
- Ponte derecha, María, dijo la señora Ferrini á su hija, jovencita alta, angulosa y desgarbada, que entraba en aquel momento.
- Por más que haga, dijo en voz baja Clelia Orlandi á la condesa, por más
que la traiga á los baños, temo que tampoco consiga nada este año; no se presenta un marido para un remedio.
- ¿Con semejante abundancia de jóvenes?
- Como no se la dé al Sr. Bianchelli.
- Creo que está tan desesperada que se la daría hasta á un viejo tan achaco·
so como él. Falta saber si Bianchelli la aceptaría.
- Pero ¿no toca nunca esa campana?, dijo el Sr. Franchi, dejando sobre la
mesa el periódico que estaba leyendo. El baño me abre un apetito ... ¿Quién es
ese majadero?, añadió fijando la vista en un desconocido que entraba por pri·
mera vez en aquel salón.
Todos se volvieron para observar al recién llegado, y Rita Alfieri, avispada
muchacha de quince años, no pudo contener una carcajada.
Era en verdad cosa de risa el ver aquel cuerpo largo, negro, con la barba
erizada, el cabello largo, la corbata puesta sin gracia y anteojos azules.
Entró tan distraído como si se estuviese paseando por el campo, y cuando le•
vantó la vista y se encontró entre tanta gente, se quedó cortado, descubrióse y
corrió en derechura al comedor, mientras resonaba el segundo toque de la campana que los bañistas reunidos en el salón acogieron con unánime exclamación
de contento.
Pero no se movieron, antes bien siguieron aguardando y charlando, porque
sabían que no se servía en seguida la comida. El capitán Baldi pasó en su cochecito de mano y todos acudieron presurosos á preguntarle por su salud.
Aquel arrogante joven, en la flor de su edad, condenado á ir en un coche de
manubrio porque estaba paralítico de las piernas, interesaba á todos. El capitán
meneó la cabeza, indicando que no encontraba alivio, y se dirigió al comedor.
Tenía que ocupar su puesto antes que los demás porque, estando la estancia
llena, no habría podido pasar.
- ¡Pobrecillo!, exclamó Clelia Orlandi siguiéndolo con la vista. ¡Tan joven y
condenado á la inmovilidad!
- Y solo, respondió la señora Ferrini; si al menos estuviese casado, tendría
compañía, consuelo; pero los hombres cuando están buenos no piensan en el
porvenir, y ese es un ejemplo.
- Ya salió la señora Ferrini con su preocupación sempiterna, dijo la señora
Alfieri al Sr. Franchi: ¡Cuántos despropósitos le obliga á decir esa hija que no
puede casar! Por verla colocada se la daría á cualquiera.
- Es que usted no sabe lo que significa buscar diez años infructuosamente. Su
hija de usted, Rita, es muy niña; es bonita y no estará soltera á los treinta años;
pero si acaso...
- Aseguro á usted que procuro educarla de modo que pueda pasar sin marido, y de todos modds no seré nunca tan ridícula como esa señor,a.
- ¿Quién es ese tipo raro que ha llegado hoy?, preguntó la Orlandi á un caballero que entraba en aquel momento, después de saludarle.
-Lo ignoro.
- ¿Lo ignora usted que siempre está tan bie? informado?
.
. - ¡Si viese usted qué facha!, dijo Rita Alfien. Yo no he podido contener la
nsa.
- Pero ¿quién será?, preguntó Paulina Orlandi.
- ¡Qué curiosa eres!, le dijo su cuñada.
, .
- Por lo que á mí toca, desearé que no lo hayanyuesto en la ~esa a m1 lado,
dijo la condesa Altobelli; esa cara bastaría para qu1_tarme el apettto.
- ¿Quién sabe de dónde ha salido?, añadió P~ulma_._
_
..
- Es un profesor, una persona muy distinguida, dtJO la senora Femm acercándose al corro.
-Apuesto algo á que está disponible, indicó el marqués Rinaldi ofreciendo
el brazo á la condesa y pasando con ella al co~edor. . .
.
Imitando su ejemplo, entraron todos en la m1sm~ hab1_~c1ón, donde re~nó un
momento de confusión, y cuando cada cual llegó a su s1t10 resonó un rU1do de
sillas, de roce de vestidos de seda y después choques d e platos y pasos, y finalmente voces, conversaciones y risas.
Se habló del recién llegado, y todas las mi~·adas lo bus~aban en . aquellas dos
largas mesas,. hasta que lo divisaron sentado Junto ~l capitán Bald1, con el cual
había entablado una conversación que parecía muy interesante.

_ ¡Pobre capitán!, exclamó la condesa. Está ,condenado _sin poder escapar
á oir todos los discursos de cuantos se acercan a él; yo hubiera _mandado que
me trasladasen el cubierto si me hubiese tocado ese ent~. por vecmo.
.
.
_ En estos sitios se ven tipos de todas las razas, d1Jo el marqués Rmald1;
¿quién sabe de dónde ha salido?
.
_ Parece que venga del mundo de la luna, exclamó la condesa néndose de
la ocurrencia.
,
El marqués, que no quería ser menos, dijo que le ~arecía e~ mago ~erl!n. .
- ¿Y por qué no puede se~_un sujeto excelente?, obJetó Cleha_Orland~.1ené1s
muy poca caridad con el prÓJlmO .. . Juzgar de la gente así, á pn~era vista ...
Clelia tenía algo de caballeresco en su na,turaleza, y cu~ndo ve1a que todos se
pronunciaban contra una sola persona quena -~ef~nd~rla a todo trance.
_ Pues guárdese usted para sí ese pollo, d1JO irónicamente la condesa; pero
no nos lo presente usted.
Clelia comprendió que había cometi?o una torpeza, Y. q,ue por romper una
lanza en favor de un individuo desconocido se exponía qU1zas á perder la popularidad alcanzada entre aquellas señoras por su aspecto simpático y por la elegancia de sus trajes.
- No hagas caso de esa gente, le dijo su hermana, sólo se pagan de las apariencias: son necios.
- Me callo porque no quiero enfadarme; mientras permanezca aquí deseo estar en paz con todos.
- ¿Hasta con el recién llegado?
.
- Hasta con él, y si se presenta la ocasión le ~aré ~uena cara; me conduele
que todos lo ridiculicen cuando tal vez sea muy s1mpát1co. Desde luego se echa
de ver que es un hombre estudioso.
.
- ¡Ya lo creo! Como que es profesor de ciencias naturales, hombre de er~d1ción que ha hecho mucho bien á la humanidad con las cosas que ha descubierto y sabe además muchas otras.
- Pero ¿quién te ha dicho todo eso?
.
- María Ferrini, que ha ido á preguntar por él al médico.
- Es muy curiosa esa muchacha.
Y volviéndose á su vecino de mesa añadió:
- ¿Sabe usted que el recién llegado es persona muy distinguida, hombre docto, un pozo de ciencia?
- Para mí será siempre un salvaje, dijo la condesa; ¿y se puede saber el nombre de ese gran personaje?
. .
- Lo ignoramos, contestaron las Orl~nd1.
,
.
. .
Pero el marqués, siempre galante y dispuesto a satisfacer la cunos1dad de una
dama hermosa, lo preguntó al camarero que le servía en aquel momento.
- Es el profesor César Uberti, dijo luego volviéndose á la condesa.
- ¡Cómo! ¿Ese tipo excéntrico es el hombre de quien tanto se ha hablado,
que ha ido á Asia á estudiar el cólera? Se comprende que no le haya atacado.
-¿Por qué?
- Porque el cólera habrá tenido miedo de su cara.

Oyó al doctor que hablaba con el protesor Uberti
Todos se creyeron obligados á reir este nuevo chiste de la condesa.
- Pues no es tan feo, dijo la señora Ferrini; me parece que si se quitase esos
horribles anteojos parecería otro hombre.
- Y sobre todo si tuviese una mujer que le cuidase la ropa y le hiciese el lazo
de la corbata, añadió sonriendo la señora Orlandi.
- Precisamente estaba pensando en ello.
La condesa sonrió, y volviéndose al comensal de al lado, le dijo:

�196

Nú.l\1ERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

586
NúMERO

,,

- Lo que es ahora se arregla la boda.
- Pues harán buena pareja, contestó éste. Pero me parece que en lugar de
mirar hacia aquí y ocuparse de la señorita Ferrini, escucha con interés lo que
le dice el capitán.
- ¡Pobrecillo! Le estará refiriendo sus males, esperando sin duda que haga
algún milagro con su ciencia.
- ¡Qué poca educación demuestra el estar hablando siempre en voz baja!,
dijo la señora Ferrini á su hija mirando a la condesa; luego echó una ojeada al
profesor, cada vez más animado en su conversación con el capitán, y añadió:
Apuesto á que bajo esos anteojos hay dos ojos hermosos é inteligentes.

II
Era una mañana fría y nebulosa, y Paulina Orlandi no tenía ganas de tomar
duchas.
La bañera había ido á llamarla hasta tres veces, pero ella se había vuelto del
otro lado y continuaba durmiendo.
Aún no estaba despierta del todo cuando oyó llamar por cuarta vez, y una
voz que le decía:
- Si no viene usted se lo diré al médico, que no quiere que dejen de cumplirse sus órdenes.
- Voy, voy, gritó Paulina.
Y casi sin pensarlo saltó de la cama, ·se puso una bata y bajó corriendo al
gabinete de duchas.
Era una verdadera tortura en aquella mañana húmeda y fría el tener que re·
cibir en la espalda aquella lluvia helada; sólo al pensar en ello temblaba con
todo su cuerpo y daba al diablo al inventor de semejante medio curativo.
Pero entretanto la lluvia helada interrumpió sus meditaciones cayéndole entre
cabeza y cuello, Paulina se puso á correr, á saltar, quería escaparse por cualquier lado; pero si huía de la ducha la perseguía una columna de agua; no había escapatoria; era forzoso someterse á la voluntad del médico y de la bañera.
Cuando se sintió envuelta en una sábana seca dió un suspiro de satisfacción,
y lista como un corzo se dejó enjugar y frotar hasta que se le puso colorada la
piel; luego se puso más que de prisa el vestido y salió corriendo al campo sin
hacer caso de la mañana fresca y de la liuda enojosa, menuda, que caía del
ciclo y le calaba los huesos.
- Debo moverme, dijo, pero por aquí no habrá nadie; sería una locura salir
con este tiempo. No encontraré un perro al que decir dos palabras, siquiera
para distraerme.
Aún no había acabado de hacer estas reflexiones cuando divisó á lo lejos a
las Fcrrini, madre é hija, que cogidas del brazo paseaban resguardándose de la
lluvia con un paraguas.
- ¡Cosa más rara!, pensó. No salen nunca cuando hace sol, y ahora...
Acordóse de que la señora Ferrini odiaba el sol y no se exponía á sus rayos
sino cubierta con un espeso velo, sin duda porque no se le estropeara el cutis,
6 quizás también porque no estaba ya tan fresca y lozana que pudiera presentarse
impunemente á una claridad intensa, y prefería salir con su hija á la dudosa de
un día nublado.
Paulina no podía detenerse, y siguiendo su camino, se encontró con las dos
mujeres; las saludó al paso mientras se encaminaban por un sendero al término
del cual se divisaba al médico del establecimiento, que iba hacia ellas dando el
brazo al profesor Uberti.
Paulina comprendió que la Ferrini daba caza al profesor, y curiosa por saber
cómo lo pararía, dió una carrera para llegará una senda paralela á aquella en la
que debían encontrarse y separada únicamente por un cercado que, mientras
permitía oir cuanto se decía, servía de escondite.
Oyó primero al médico que hablaba con el profesor Uberti de la enfermedad
del capitán Landi, y le confesaba que no la entendía y deseaba que lo visitase
y le pudiese dar algún consejo.
Las Ferrini llegaron cerca de ellos, y la madre pidió al medico un remedio
para ciertos dolores que la atormentaban, y luego le rogó que la presentase al
profesor. Hizo muchos elogios de él y le dijo que lo conocía de nombre, le habló de su viaje á Asia y de sus estudios sobre el cólera, y charlando de este modo se unió á ellos para volver juntos al establecimiento, mientras el tiempo era
cada vez más amenazador.
Paulina siguió paseando para entrar en calor, y pensado que también le hubiera gustado hablar con Uberti. Tenía una curiosidad irresistible por todas las
cosas nuevas, originales, desconocidas.
Aquel hombre, que repugnaba á todas las señoras delicadas y del que todos
decían que era un sabio, picaba su curiosidad, del mismo modo que su cuñada,
llevada de un sentimiento generoso, había salido en defensa de aquel hombre,
tratado injustamente y sólo por causa de su aspecto exterior.
Cuando entró en el salón lo encontró junto a la chimenea encendida, hablando todavía con el médico y acosado á preguntas por la señora Ferrini.
Acercóse al fuego, atraída por la llama que chisporroteaba alegremente.
El profesor suspendió la conversación y se puso á observarla al través de los
cristales de sus gafas con mirada fija, insistente, que la obligó á bajar los ojos.
- ¿Quién es esa señora?, preguntó en voz baja al médico.
- La señorita Orlandi.
Paulina se cansó de que la mirasen con tanta insistencia é hizo un movimiento para marcharse.
- Pl:!rdone usted, señorita, le dijo el profesor; ¿es usted acaso pariente de la
señorita F?..
- No la conozco; ¿por qué me lo pregunta usted?
- Se parece usted tanto á ella... Perdone usted mi indiscreción.
- ~e hay de qué.
El médico presentó el profesor á Paulina, y luego prosiguió su interrumpida
conversación. Explicaba á Uberti la enfermedad del capitán Baldi, y le decía
que éste había sido siempre un joven sano y robusto; pero que un año húmedo
y lluvioso, después de las grandes maniobras sintió un dolor agudísimo en todo
el nervio isquiático, dolor que aumentaba de continuo; de nada sirvieron cuantos remedios se prescriben en casos semejantes; sobrevino luego la atrofia muscular, y ahora estaba allí sin poder moverse, en la flor de su edad, y sin que los
baños le produjesen el menor alivio.
- ¿Ha ensayado usted la congelación de la parte enferma, como se ensaya
ahora con buen éxito?, preguntó Uberti.

- No administro más que curas hidroterápicas, ni hago nuevos experimentos;
si le parece, asuma usted la responsabilidad.
- Ese joven me interesa, repuso el doctor; acompáñeme usted á verlo.
Así diciendo, saludaron á las señoras y salieron.
La Ferrini continuó junto al fuego haciendo mil elogios del profesor. No le
parecía tan feo, sino un poco descuidado en el vestir; comprendíase que los estudios no le dejaban tiempo para ocuparse de otra cosa; en cuanto á ella, le
gustaba más hablar con él que estar en compañía de todos aquellos necios, todo
apariencia y llenos de viento; al menos con el profesor siempre se aprendía algo.
¡Cómo se había distraído oyéndole hablar por el camino de los recientes descubrimientos científicos, y cómo aprovechaba la ocasión al ver un insecto.que pasaba 6 al coger un plantita para explicar un tratado de historia natural! Por más
que todos lo llamaban oso mal criado, á ella le parecía muy amable; en su concepto, sólo le faltaba una mujer que cuidara de su ropa, pues en lo demás sería
perfecto.
Paulina, sin estar tan entusiasmada como la señora Ferrini, sentíase, sin embargo, llevada de la curiosidad y del deseo de aprender, que podía en ella mucho, á mostrarse amable con el profesor; pero temía ponerse mal con las demás
señoras y no sabía qué partido tomar.
Por más que decía á sus amigas que el hábito no hace el monje, la condesa
Altobelli sostenía que, lo primero que le saltaba á la vista era el hábito, y que
por su parte sentía cierta repugnancia en tratar á personas mal vestidas, por lo
cual no quería oir hablar más del profesor, del que se habían ocupado ya bastante.

III
Hacía dos días que el capitán Baldi no salía de su cuarto ni recibía á nadie.
Este retraimiento trastornaba algo las costumbres de los bañistas, pues por lo
general se aarupaban alrededor del capitán, que no podía moverse sin que le
ayudasen, y pasaban largos ratos con él en el ángulo más resguardado de la terraza, adonde hacía que le llevasen después de almorzar.
Todos se compadecían de aquel joven condenado á la inmovilidad, se acercaban á él por bondad y permanecían á su lado atraídos por su agradable conversación. En aquellos momentos el capitán olvidaba su mal, y estaba muy
agradecido á cuantos le demostraban cariño; pero cuando se encontraba solo
en su cuarto, le entraba tal desaliento que habría deseado morir antes que verse
allí inmóvil y necesitando el auxilio de todos; únicamente le sostenía la esperanza de su curación que le infundían los médicos para animarlo y en la cual
casi no creía al ver que en vez de mejorar empeoraba diariamente.
Estaba más desalentado y abatido que nunca cuando la llegada del profesor
Uberti vino á reanimar su casi perdida esperanza. Estaba cansado de aquella
vida y se hubiera sometido á cualquier cura con tal de restablecerse, aunque
esta cura pusiese en peligro su existencia.
El profesor Uberti se había consagrado por completo á la ciencia, y cuando
podía hacer algún experimento era hombre feliz. A fuerza de hacerlos. en sí
mismo había echado á perder tanto su físico, que para recobrar lo perdido se
veía obligado á sujetarse al régimen de aquel establecimiento balneario. Decía
que se había tragado varias especies de microbios para experimentar el efecto
en su propio cuerpo.
.
Por lo que respectaba á la enfermedad del capitán, le aseguraba su curación
si se sometía ciegamente á su plan.
Ocupado del enfermo, apenas se dejaba ver de los bañistas, que no cesaban
de hablar de él y calificaban de imprudente al capitán por confiar en un hombre que tenía todas las trazas de un charlatán.
.
El médico estaba asediado á preguntas por parte de todos. los ~unos.os que
deseaban noticias de aquella cura famosa; pero él guardaba s1lenc10, y a veces
prorrumpía en un «veremos» un tanto sibilítico.
Cuando el profesor estaba en la terraza 6 en el salón, Paulina Orlandi procuraba siempre acercarse á él; llevada de su curiosidad por la cien~ia, le hacía mil
preguntas sobre el estado del capitán. El profesor no quería decir nada, y cambiaba de conversación hablándole de sus descubrimientos científicos y de los
microbios, cosas por las cuales mostraba la joven gran interés.
- Si huhiera sido hombre habría estudiado medicina, decía siempre; tanto es
lo que me interesan todas esas cosas. ¿Me enseñará usted algún microbio?
- Con mucho gusto, contestaba el profesor; cuando la enfermedad del capitán no me tenga tan ocupado.
- ¿Y de dónde lo sacará usted?
- Es cosa fácil: en todas partes hay microbios: en el agua que bebemos, en
el pan que comemos, en el aire que respiramos; los hay inocuos, provechosos y
dañinos.
- Deseo ver los dañinos.
- Pues enseñaré á usted el bacillus virgula, el del cólera, si no tiene usted
miedo.
- Yo no tengo miedo de nada.
- En ese caso comprendo que hubiera usted podido dedicarse en efecto á la
ciencia.
Un día la señora Ferrini dijo á Clelia Orlandi que se murmuraba de su cuñada porque hablaba siempre y con mucho interés con un joven.
- ¿Con quién? ¿Con el profesor? ¿Y le llama usted joven? En todo caso no es
comprometedor.
- Yo se lo aviso á usted por su bien, replicó la Ferrini; lo cierto es que ella
le manifiesta preferencia y que hablan mucho. Ténganlo ustedes en cuenta.
Otro día Clelia preguntó al profesor por qué mostraba tanta simpatía á su
cuñada.
- En primer lugar porque es muy apreciable, y luego porque ... , si usted supiese, es toda una historia.
- Pues cuéntemela usted.
- Temo que se burle usted de mí.
- ¿Tan mala me cree usted?
- No quiero decir eso; pero la gente se ríe de los sentimientos que no experimenta 6 no comprende; sin embargo, usted debe ser buena y me tendrá lásti
ma cuando sepa lo mucho que he sufrido.
- Cuente usted, cuente usted, dijo Clelia, que esperaba oir una historia interesante.
- Es una cosa muy sencilla. Yo estaba solo en el mundo; no tenía más que

197

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

586

cuando la tenaz señora conseguía detenerle, ~l pretextaba siempre que tenía
~ue ir á ver al capitán, motivo plausible para deJarla plantada.

IV
Era una tarde pesada y calurosa de agosto: el sol, que de vez en cuando _se
ocultaba entre las nubes, enviaba un bochorno so_focante; era _uno de esos d1as
en que se necesita una gran distracción para olvidar la opresión de la temperatura.
A la sombra de los árboles y plantas del bosquec1·11o h ab'1a u? grupo de personas, en su mayoría señoritas, que rodeaban al pro~esor U~ert1, el cual les enseñaba mil mi1ravillas al través de las lentes de su m1croscop1~.
.
La más atenta era Paulina Orlandi, 1~ ~ual, desd~ que h~b1a descubierto bajo aquellas lentes muchas maravillas inv1S1bles, quena exammar todo cuanto tenía á mano.
.
En aquel momento estaba el profesor enseñando el mundo contenido en una
gota de agua.
,
.
,.
.
- Mire usted, decía a Paulina, una belhs1ma a1111b~.
.
.
- Se mueve, observaba Paulina, acercando el OJO al m1croscop10, ¿es un
animal?
_ No· es el principio de la vida animal; repare usted cómo_ se mueve y cambia de f~rma en su continua rotación; es un mundo ~n pequeno.
.
y empezó á contar el origen del universo y á .exph.car la teoría de Darwm.
- ¡Es cosa bellísima, maravillosa!, exclamaba Paulina.
Todas las demás quisieron verla.
_
. .
Rita Alfieri decía que el profesor les contaba patranas; María Fe~r1111 hací~
que le repitiese la explicación porque no .enten?ía una p~lab~a; Cleha Orland1
quería en aquel momento ponerse ~ estud_iar seriamente ciencias.
U nicamente la condesa Altobelh segma charlando con ~¡ .marqués, sentada
junto á una mesita, como si todas aquellas cosas _fuesen p_uenhdades. Pero cuando las jóvenes quisieron ver su sangre con el m1croscop10 para saber cuál contenía más glóbulos rojos y se _pincharon con alfile~es, h~ta la condesa se acercó
al grupo y deseó ver su propia sangre. Se le habm. met1~0 en 1~ cabeza que estaba anémica; la curiosidad de observar por sí misma s1 era cierto y su, amor
propio habían vencido la antipatía que tenía al profesor: ad~más, no quena co~fesarlo, pero empezaba á acostumbrarse á su aspecto rudo, a su modo de vestir
descuidado, y decía:
.
.
.
. , .
Se mueve, dijo Paulina acercando el ojo al microscopio
- Se comprende que es hombre de mgemo y persona muy estudiosa: ,lastima
que no se cuide de su apariencia exterior!
.
La condesa se había pinchado animosamente un dedo con una aguJa de oro,
dos afectos, pero ambos muy intensos: mi ciencia y _una joven_ á quien _conocía y el profesor extendió sobre un ped&lt;!ZO de cristal una gota de sangre.
desde Ja infancia y con la cual debía casarme. Estudiaba, quen~ conqmstar re- Será sangre azul, dijo en voz baja un caballero que quería echársebs de
nombre, ser algo solamente por ella; soportaba las luchas, los disgustos, los magracioso.
.
.
.
les, todo con gran paciencia, porque contemplaba su rostro 9ue me_ sonr~ía ~
- ¡Dios mío!, exclamó la condesa mirando con el m1croscop10; esa sangre es
me animaba. Tuve que pasar al extranjero para completar mis estudios, y a m1 verde, amarilla: ¿cree usted que sea causa de enfermedad?
regreso cuando adquiriera el título de profesor, debía obtener su mano. Puede
El profesor se echó á reir.
.
..
usted figurarse el afán con que yo esperaba aquel _día. ~artí, y al volver después
- Bajo la lente del microscopio. toda sangre adquiere ese color, d1JOj pero
de muchos meses de ausencia corrí á casa de m1 novia ... : ya ~o er~ la m1s~a tranquilícese usted; la suya, como nea en ~lóbulos, es muy buena.
.
que antes; me recibió con frialdad, y cuando le ha~lé de mat~1~omo me d1JO
Paulina había cogido una mosca y quena arrancarle un ala para exammarla,
que ¡0 lamentaba, que no se sentía nacida para la vida de fam1ha Y.que querí~ cuando todos volvieron la cabeza para mirará la entrada del bosquecillo y promorir soltera. No comprendí ya nada, creía perder la ~abeza; le ~e?1 una explirrumpieron en una exclamación de sorpresa.
cación, fuí insistente hasta el extremo de hacerme enoJoso Ypor ~ltimo_ me confesó que Je era antipático. Una tía suya, gazmoña y beata, le hab1a ~et1d_o en la
cabeza que yo estaba condenado, porque quería desentrañar los n:i.1stenos q_ue
la religión prohibe indagar. Traté de persuadida d~ su error; 1~ d1J~ que Dios
· e1 progreso de la human1'dad·, que debía averiguar
esos•m1stenos para
qmere
.
d ¡ el
alivio de la humanidad doliente: nada me vahó, y s,e puso a hablar~e. e os
· 1es que sacnºficaba • La tí'a la había llevado. un d1a•ocultamente a m1 laboamma
¡ d'
ratorio y enseñado perros descuartizados y coneJos. mut1l~dos, y desde aque . 1a
me tuvo por un verdugo. Yo Je hablé de nuestra_ mfanc1a, le rogué que deJara
asar al ún tiempo antes de tomar una resolución tan exa:em_a, pues con ~¡
iiempo
vez cambiase de parecer. Nada conseguí, al día. s1gu_1ente me escndec1a que iba. ~ encerrarse en
b1.6 una carta desPidiéndose de mí para siempre;
· 1 ·
h e era abandonar
un convento para rogar al Señor que me abriese os OJOS, me 1 1 .
·
·
¡
me
envi'aba
las
cartas
que
yo
le
había
escrito, y asegura1ª c1enc1a y me sa vara;
ba que todo había concluído entre nosotros.
- ¿Y qué hizo usted?
. .
• ·6
..
d
_ Caí enfermo y creí morir; pero m1 vigorosa constituc1 n y m1 .iuv~ntu m~
salvaron la vida; desde aquel día me entregué por completo á la c1enc1a y sent1
gran desconsuelo por los errare~ de_ los hombres.
- Pero ·qué tiene que ver m1 cunada con todo eso?
e e1 vivo
·
- Q ue es
re trato de mi· novia·· siempre que
. la. veo
. me da un vuelco
1 hel
corazón y me siento atraído á ella por una fuerza mes1st1ble; me c,o?sue ~ abiar con ella; tanto más, cuanto que si se parece á la otra, en loi~1co, ¡f1ensa
de mu distinto modo y esto me anima. Y ahora ¿no se ne uste e ~
_ T~do lo contrari~, respondió Cielia estrechándole la mano y alejándose
para no dar á conocer su emoción.
.
Había defendido al profesor porque los demás se burlaba~ de él sm conocerlo ahora empezaba á apreciarlo formalmente. Aquel sencillo relat? la había
e~t~rnecido· aquella vida consagrada enteramente_al.estudio la entus1~smab~, y
por otra pa;te lo que de él se refería, sus descubnm1entos, su. mod~stla Y~~m1dez, todo contribuía á que adquiriera en su mente las proporciones e un roe
y de un mártir.
• ·
h 'é d ¡
1 Clelia hablaba siempre de Uberti con adm1rac_1_6n, ac1 n o e eco a se~ora
Ferrini la cual aunque veía que hacía de su h1Ja tan poco caso como s1 ?º
existie;e no d~jaba de abrigar una secreta espera_nza de que acabaríf por fiJar
su atención en la muchacha, que tenía toda la senedad que ~e r;querd~ para ser
esposa de un hombre de ciencia y de un profesor; Yaun 1eg un. . a e_~ q~e
habló á Clelia de sus esperanzas; pero ésta le aconsejó que no se hiciera i us10nes y Je contó la historia del profesor.
¡ •
-Tanto mejor, dijo la señora Ferrini; un clavo saca otro clavo, y con e tiempo todo se olvida: ahora tengo más esperanza que antes.
y seguía acosando al profesor; inventaba males para que él se los curase Y
· '
h
¡
t de que había llegado á ser su espanpara hacerle ir a su cuarto, asta e p~n o
I
t . Uberti decía
tajo y huía de ella siempre que la ve1a asomar por a guna par e.
bº
¡Cuánto me gustarla tenerlo por maestro!
que aquello era una verdadera persecución, peor que la de una mosca ra 10sa,

fa¡

r

�LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

586

campo, donde se trataría de la época del matrimonio tranquilamente y sin las
charlatanerías de las personas indiferentes.
E l capitán expresaba á Uberti toda su gratitud por su curación, asegurándole
que no lo olvidaría en toda su vida.
E l día de la partida del profesor todos rodeaban el carruaje para despedirse
de él y desearle buen viaje. Todos estaban disgustados por su marcha, pues
ausente él, les parecía que ya no estarían tan bien asistidos en caso de enfermedad, y se proponían marchar también de allí á pocos días.
La señora Ferrini y su hija estaban ya preparadas, vestidas de viaje, para subir á uno de los coches que aguardaban en el patio; la madre quería ir en el del
profesor, y al efecto fué á quitar una maleta que había en el asiento.
- Poco á poco, le dijo el profesor, esta maleta debo llevarla conmigo; no
puedo confiarla á nadie, porque contiene cosas demasiado preciosas.
- ¿Qué cosas son esas?, preguntó la señora Ferrini con su curiosidad habitual.
- Nada menos que bacilos del cólera que me han enviado de Nápoles, y que
me pondré á estudiar en cuanto llegue á mi casa.
- ¡Un cultivo de bacilos!, exclamó la señora Ferrini. Muchas gracias; ya no
voy con usted. Vamos, niña, añadió llevando á su hija á otro carruaje. No faltaría más sino que por ir con él me diese el cólera.
- ¡Bravfsimo!, dijo Paulina que presenciaba aquella escena. Pero si se difunde ese rumor se quedará usted solo.
- Mejor, así podré pensar en usted á mis anchas, contestó el profesor estrechándole la mano.
- ¡Cuidado, Paulina, que lleva microbios!, gritó la señora Ferrini.
- No me dan miedo.
- Es usted digna de ser esposa de un hombre de ciencia, le dijo el profesor.
- Silencio, replicó Paulina, no le qu itemos esta última ilusión.
- Buen viaje.
- Hasta muy pronto.
- Adiós, profesor, acuérdese usted de nosotros.
Los cocheros fustigaron á los caballos y los coches salieron á galope por la
carretera rodeados de una nube de polvo, mientras los bañistas ~eguían en medio del camino ag~tando los pañuelos y despidiéndose del profesor á gritos que
el viento se llevaba~ lo lejos por la dilatada campiña.

NúMERO

LA ILUSTRACI ÓN

5~6

campo al autor p~ra describir sus asombrosos fen6menos Ysuir
causas. En el Calor nos da á con&lt;&gt;&lt;;er los gran~es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcaci~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorolog{a se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
M
f
Por esta rapidisima reseña. d~l contemdo del U:!'! ºº F •
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran ubhdad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DB: D. MANUIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRI PCIÓN

ELECTRICI DAD, METEDROLOGIA, FISICA MOL ECULAR

Edici6n ilustrada con grabado, inttrcalado, ¡¡ lamina,
cromolitografiada,
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la flsica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU~ar. ~iguiendo en_ él el .
Plan admitido por cuantos de la ciencia física han escrito, lo di·
· secciones
·
· 1es, e n cada una de ellas se enunvide en vanas
pn·ncipa
cia la ley que preside á los fenómenos de que trata, el descubrimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
é d t t de los ren6menos y le
i d
de 1 G
Asexplica
, espudes une modo
ra ar comprensible
"
yes fenómenos
a raveáad
cómo esos
y

Muestra de los grabados de la obra. _ Audiciones
telefónicas teatrales

la
esas leyes han traldo consigo el péndulo, la balanza, pre~
bidrául1'ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teorfa completa del Sonz~ agrega u_na enume·
ración de todas las aplicaciones de laAcúSftca Y de los mStrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de t&lt;?&lt;los los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, m1crosco.
•
p10, etc. El Magnetismo
y la E lectn'cúlad proporcionan
ancho

El capitán se acercaba andando naturalmente y apoyado tan sólo en un
bastón.
El profesor se levantó presuroso abandonando sus observaciones y acudió al
encuentro del capitán riñénd'ole como á un niño.
- ¿Por qué ha salido usted tan pronto? No era eso lo pactado. Esa prisa puede comprometer la curación.
El capitán ¡;e dis¡::ulpó; estaba cansado, aburrido de permanecer encerrado en
su cuarto; había oído las voces alegres de las jóvenes en el jardín y le dió la
tentación de echar á andar; no había cometido ningún exceso, pues su cuarto
estaba en la planta baja y. daba al jardín; sin embargo, por obediencia al profesor, que le había devuelto la vida, se acercó á una _silla y se sentó. Todos le rodearon felicitándole á porfía por la curación obtemda; el profesor era ya un héroe á los ojos de todos.
La señora Ferrini era la única que no quería convencerse de que fuese él quien
había curado al capitán; decía á todos que á ella se le debía, pues había regalado al enfermo una botellita de agua de Lourdes y que esta agua había hecho el
milagro, y aunque lo afirmaba, el capitán le aseguró que no había hecho uso alguno de la botella milagrosa, y que si la quería se la devolvería para que pudiese dársela á alguien que la necesitase más que él.
El médico del establecimiento hubo de convenir también en que la cura efectuada por el profesor Uberti había sido maravillosa, pero estaba malhumorado
al ver la popularidad que éste iba alcazando.
Todas las señoras le rodeaban y querían de~cribirle sus dolencias; hasta la
condesa se mostraba muy amable co~ él y le rogaba que le curase su jaqueca;
en una palabra, era ya un personaje de moda; todos le querían, todos le llamaban y nadie reparaba en el descuido de su tx:aje.
E l profesor estaba tranquilo, humilde en medio de su gloria, hablando con
preferencia con Paulina, la cual se mostraba cada vez más ganosa de ciencia.
- ¡Cómo me gustaría tenerlo por maestro!, decía á cada momento..
El á su vez habría querido decirle que se con¡;ideraría feliz teniéndola por
compañera toda la vida, pero no se atrevía; temía una negativa.
La misma Paulina debía al fin dárselo á entender. En un mes había pasado
su mente por muchas evoluciones; primero observó al profesor con curiosidad;
luego con admiración, y por último, conociendo que se tendría por dichosa
uniendo su suerte á la de Uberti, se lo dijo claramente.
En cambio él encontraba en Paulina toda la gracia de la joven que había sido
su primer amor, pero con la ventaja de que aquélla estaba dotada de una inteligencia superior y exenta de prejuicios, y le halagaba la idea de poder casarse
con ella.
.
Pero antes le exigió la promesa de que no se opondría á _sus estudios científicos, ni tendría excesiva compasión á los animales que sacnficaba en aras de la
ciencia.
- La ciencia es una divinidad á la cual debemos sacrificar hasta nuestra vida,
y yo estoy pronta á poner la mía á disposición de usted, dijo la joven.
Pero el asunto debía guardarse secreto para evitar las hablillas que en tales
casos suele haber en los establecimientos balnearios.
EntrP.tanto el profesor continuaba perseguido por la señ9ra Ferrini, que lo
quería absolutamente por yerno; así fué que cuando le oyó fijar el
de su
marcha, dijo que también ella partiría por tener el gusto de hacer el v1aJe en su
compañía.
.
- Ya encontraré yo el medio de alejará esa cócora, dijo el profesor á Paulina
cuando le daba el parabién por sus compañeras de viaje.
.
Esta debía marchar una semana después porque su cuñada necesitaba prolongar su cura, y luego el profesor debería ir i reunirse con ellas en su casa de

.........
-

?~ª

?.ª

(De La Nature)
(1) Por la mt1cha extensión clcl artículo ilustrado La victoria de C,Jsar, hemos suspendido
on el prc;entc número la continuación de La Cro11ofotografla, que publicaremos en el próximo.

,.,. • ■amta 011 •ru, e1s1,.
CAi , LENTE.1A8, TEI AIOL

LA SAGRADA BIBLIA

SARPULLIDOS, TEZ BARRO

I DIC IÓN ILUITIIADA

•

• tO o• ntlrno• de pe ■eta. l a
entr ega de ti p ágina■

~

-

ARRUGAS PRECOCEI
EFLORESCENCIAS
~
ROJECES

~

S. ca,rlu pro1pccto1 A ~• I•• IN aollc1t1
Mri«!ha4- AIOI Sm. Ko~iaaer y Simba, editora

SECC I ÓN C I ENTÍFI CA

EXPERIMENTO DE ELECTROCULTURA. -·Para comprobar las conclusiones de
M. Spechnew, director del jardín botánico de Kiu, que durante algunos años
ha verificado multitud de experimentos sobre la influencia que en la vegetación
ejerce la electricidad, M. E . Lagrange ha hecho duran te el año pasado algunos
ensayos muy interesantes de electrocultura. Al efecto ha cultivado patatas en un
campo dividido en tres partes cuyo suelo y cuya exposición eran idénticos. El
primer sector ha sido cultivado por el método dinámico de Spechnew, habiéndose colocado las patatas entre planchas de cinc y de cobre puestas en comunicación por encima del suelo por medio de un hilo conductor; el segundo ha sido
sometido al procedimiento ordinario, y al tercero se le ha provisto de una serie
de pararrayos hundidos en el suelo de manera que sus pies estuviesen situados
al nivel del plano de la sementera. La cosecha obtenida en este tercer sector ha
sido mucho más notable que en los otros y se ha podido recoger por lo menos
quince días antes. El primer sector ha producido 68 kilogramos, el segundo 80
y el tercero 103. H ay que notar que el primer sector ha dado plantas más precoces en cuanto á la aparición de las hojas y de las flores, y además el follaje
sido en ~l más alto y más espeso.

UJT .llfriPRIILIQUI -

LECHE .ANTEFi:L

.........,....,.,......,.........,........,....,....."'.'·''•'··········..·············•.••..•·········••..••...........,....,.........,.,,.,......,......,......,...... ,.......................,.....

TE~tPERATURA DE LA LAVA. - Hasta el presente no ha sido bien determinada
la temperatura de la lava en fusión. La primera dificultad con que se lucha
para determinarla es que no siempre se tiene á mano esta materia en tal estado;
y cuando uno se encuentra cerca de un volcán en erupción no deja de ofrecer
ciertos peligros aproximarse á la lava inflamada para hacer el experimento,
pues una corriente de lava incandescente produce una radiación que hace imposible acercarse á ella. Es difícil también introducir termómetros en la lava,
porque ésta aun en estado fluido presenta una resistencia tal, que los pedazos de
hierro que en ella se arrojan flotan á menudo como la madera en el agua.
La última erupción del Etna ha ofrecido, sin embargo, al profesor Bartoli un
campo de exploración más favorable, puesto que le ha permitido aproximarse á
dos metros de una corriente de lava en el sitio mismo en que ésta salía de una
galería subterránea, lo cual era una garantía contra el enfriamiento.
Apresuróse Bartoli á aprovecharse de esa ocasión é imaginó para sus experimentos un termómetro especial: al efecto, partió á lo largo y en dos pedazos
una pistola del cali bre 1 2, afiló uno de los extremos hasta formar en él una
punta aguda á fin de poderla introducir con más facilidad en la lava incandescente, y en la cavidad interna colocó una barra de platino que se ajustaba perfectamente á ella, fijando esta pistola de nuevo género á una barra de hierro
fijada á su vez al extremo de una larga pértiga de madera de.castaño.
M. Bartoli, aproximándose á la corriente de lava, arrojó en mitad de la misma su arpón, haciendo fuerza en la pértiga para hundir el cañón de la pistola
que contenía la barra de platino. Una inmersión de seis minutos bastaba para
obtener el equilibrio de temperatura; pero para mayor seguridad él la prolongó
hasta nueve, pasados los cuales extrajo rápidamente el aparato y colocó en la
boca de un calorímetro el cañón de la pistola, y como las dos partes de éste eran
móviles las separó, dejando caer el pedazo de platino en el agua del calorímetro, y midiendo la temperatura de ésta pudo averiguar la de la lava.
Al salir del canal subterráneo la lava presentaba á un metro de profundidad
las temperaturas siguientes: 1060, 990, 980 y 970 grados; y la misma corriente
después de un curso de dos kilómetros á la velocidad de 80 kilómetros por hora
perdía wo grados, dando como resultados 870, 800 y 750.

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimen,io•
nes divididos en unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
cur~remos repartir semanalmente.
•
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~o de qu~ lo ?esea•
ran los suscriptores ó de que por activar la termmaci6n de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
.
Además de los grabados intercalados en el!texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, r~presentando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la Físi~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas u otras
que afectan á la constituci'6 n de1g¡obo. .
.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 págmas.
Por el primer cuaderno, que se halla de n_iues~ra en ~sa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del musitado luJo col!.
, .
b
que ofrecemos al pub11co esta nueva o ra.
.

. 6 n , c alle d e Aragón , n úms· 309 y 311, Barcelona.
Se enviarán pr ospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner Y Srm

TRADUCIDO POR M. ARANDA

Los bañistas agitaban los pañuelos
despidiéndose del profesor á gritos desde la campi11a

1 99

ARTÍSTICA

contra las diversas
arab 9 d8-,191ta l de Afeccionesd1ICorazon,
lllpl\ •

J

•

Hydropeslas,
Toaee nerviosas;
Empleado con el mejor exito Bronquitla, Aama, etc.

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BanQlr e,s II rotulo • 1'rtn11
.A.dh. DETILUf, Fannaoeutloo en P.UUS

J

118eomendadot contra lu Afeoolonea del Est6·
m ago, Falta de Apetito, Dlgeatlonea labo•
rloosaa, ACMd.iaa, Vomltoa, Eruotoa, y C611cos;
regularizan las Funolonea del Eat6mago 7
de loa IIKeatlnoa,
E1/flr III el rotulo a tfrma dt J. FAYARD.
A.db. DETIUN, Fann&amp;041utloo en PDJII'

MEDICACION TONICA

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E xijase la firmayel sello
de g-arantia.

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PARISt

40, rue Bonapar e, 40

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VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS HINCIPIOS NtrralTIVOS DB U CARNE
c,.a.an ..Eaao Y. ,,111u 1 Diez añoa de exlto continuado y las aflrm~ctonea de
todas las cininenclu médícaa preubaD que esta ISOciaclon de la «Janae, el Hierro y la
consUtuye el reparador mas enenrtco que se conoce para curar : la Clordm, la
J.ntmfa las .llm1t~
ao1oro1a1, el Jlmpobr«'mfento y la .Alteracwn ae la Sangre,

•u-

el .RaqÚmsmo las .Afeuwna ucro/lUOIIU y escor&amp;utú:as, etc. .El l'I•• FerrastaoH de
erecto el único que reune lodo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena' y aumenta considerablemente las tuerzas 6 tnCunde a la aan¡re
empobrOOÍda y descolorida : el Vigor, la COlorlJCWft_ y la Bnerg"! tn~IU.
Por u11or en Paria en casa de J. FERÚ,Farmaceutico, 10!, rue Richeheu, Sucesor de AROUD.

.&amp;reu.a es en'

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J:o:08(

='AROUD

VJOO&gt;B BN TODü U.S PB.ll'ICIP.lLBS BOTICAS

EXIJASE

11
:

0

VELO U TI NE FAY
El mejor y mas cél ebre polvo de tocador

PDL?!pa!!do~,nR!?m!~TRA
por Ch. Fay,perfumista
9, Ruede la Paix, P ARIS

�LA

200

NúMERO

ILUSTRACIÓN Á RTÍSTICÁ

mo de los Reyes Católicos á favorecer la empresa
del navegante genovés.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

por autores ó editores

...

Nu EVAS POESIAS, deJuan A lcover. - Colección
de bellísimas poesía~ del inspirado vate balear se·
ñor Alcover; forma el segundo tomo de 150 páginas de laBibliote,;a Literaria que publican en Pal·
ma de Mallorca los editores Sres. Amengua! y
Muntaner, y se vende al precio de 50 céntimos de
peseta y encuadernado en tela una peseta.

MEMORIAS ÍNTIMAS, por Ernesto Rend11. - Se
ha publicado el tomo segundo y (1ltimo de estas
famosas /J,femorias, que es tan ameno, instructivo
é interesante como el anterior. Los articulas sobre
El amor y la religión, La reina de Holanda y Federico A miel son insuperables, y el consagrado á
la muerte de Enriqueta Renán no tiene parecido
en la historia de la literatura ele su génerc..
UN DESESPERADO, por /vá11 'furguenif. Nueva novela del famoso publicista ruso. ¡Qué interesante es el tipo de este hombre, perdido si los
hay, que realiza hechos prodigiosos, que pasa de
la opulencia á la miseria, y á quien todos consi·
deran loco hasta que encuentra una mujer de la
cual se enamora! Es el eterno perdido á quien el
amor transforma de león en cordero.
LA FAUSTI N, por Go11court. - Pertenece este
libro al grupo de novelas en las cuales el autor
retrata la sociedad elegante de París. La Faustin
es la actriz de moda, la amada de un lord rico;
pero antes que enamorada, antes que mujer, an·
tes que todo, es artista. Por eso al agonizar el -lord
quiere dedicarle la última mirada, y al abrir con
dificultad los ojos ve que aquella mujer, en vez de
sentir el dolor natural por la muerte de él, se ocu¡m en estudiar detenidamente su agonía, la agonía
de un noble.
Estas tres obras forman parte· de la Colección de
libros escogidos y se venden al precio ele tres pese·
tas cada una en las principales librerias.

VIAJES ENOLÓGICOS , EXCURSIONES VINÍCO·
LAS, por E zequiel Cemuda. - Se han publicado
las series sexta, séptima y octava de esta obra, en
la que el Sr. Cernuda hace gala de sus conocimientos en la interesante materia de que trata;
comprenden Grecia, Tenerife, China, Turquía,
Champaña, la América meridional, Persia, Cana•
dá y Australia. - Véndense éstas series y las anteriores en las principales librerías.
TRATADO COMPLETO DEL NARANJO,por Bernardo G,'ner A li11ó. - Con los cuadernos 4 y 5 ha
quedado terminada esta importante obra que inte·
resa conocer á cuantos se dedican al cultivo del
naranjo, del limonero, del cidro, del bergamoto y
del limetero y que va ilustrada con profusión de
grabados y cromos. La obra completa véndese al
precio de 6 pesetas en casa del editor D. Pascual
Aguilar (Caballero, 1, Valencia).
ELEMENTOS DE GRAMÁTICA FRANCKSA EN
SUS RELACI0NKS CON LA DE LA LENGUA CAS·
TE LLANA (primer curso), por D . Cayetano Caste·
l.ón y Pinto. - Comprende esta obra la Prosodia
y Ortografia y dentro de un sistema rigurosamente
científico aparece la explicación tan clara y tan
metódica y al propio tiempo tan práctica que no
vacilamos en recomendar el libro d~l Sr. Caste·
llón, catedrático del Instituto de Jerez de la Fron·
tera. El tomo, elegantemente encuadernado, vén·
deseen las principales librerías á 7,50 pesetas.

PosRS(As, per Frederich Soler. -El nombre ele
Federico Soler, más conocido por el seudónimo
ele Sera/t Pitarra, hace ociosos cuantos elogios
pudiéramos dirigir á sus poesías, inspiradas todas,
todas llenas de ese sabor de la tierra catalana que
tan simpáticas las hace, con hermosos pensamien·
tos y bellísimas descripciones, re,·estidas de forma
intachable. Algunas de ellas han sido reunidas en
un volumen, que es el primero de la Biblioteca popular catalana, y se vende al precio de 50 céntimos de peseta en las principales librerías.
Los DOMINICOS Y COLÓN, por D. R. ll:lo1111er
y Sa11s. - Interesante folleto en el cual se estudia
con gran caudal de conocimientos y datos históri·
cos la grandísima influencia que en el descubrimiento de América tuvieron los dominicos, apo·
yando en Salamanca los proyectos de Colón por
boca del padre Deza, cuya opinión inclinó el !mi-

ACTO DE DESCUBRIR EL BUSTO DE TOMÁS CARLYLE EN LA BIBLIOTECA
PÚBLICA DE CHELSEA1 EN LONDRES

i"'tllDES del E8 ro.\...,i -u- ~,,

Pepsina Boudault
.&amp;prellda por la ,mm.&amp; DE IEDICIII.&amp;

PREMIO DELINSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lilodallu tn laa Z.po1lclont1 lnteraaclonal11 dt

PUIS - LTOI • TIEI! • PIILiDELPBU - PARIS
1887

M!'ll

1873

,.

1878

1178

u llim.a.. COR

IL -~,ea tsira D LOS
O1seEP8IAI
CASTRIT18 - OASTRALOIAI
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
PALTA DE APETITO

t

OT&amp;Ot DUO&amp;DI•■■ DI Ll Dl.llTIGII

•·

P.&amp;111, Purmaait COLLAS, 1, ne Daaplae

, '" "" """",,.... "'"""""'· ..

PARA LA NOCHE, NOVELAS CORTAS, por Alfonso P,!rez Nieva. - ¿Quién no ha leído alguna de
esas bellísimas novelas cortas que constituyen la
especialidad de Pérez Nieva? ¿Quién no se ha deleitado saboreando esas narraciones llenas de sen·
timiento y escritas con admirable galanura de estilo y sencillez encantadora? Los que quieran pasar un rato agradable compren Para la noche, que
forma el tomo 6o de la Biblioteca selecta que pu•
blica en Valencia D. Pascual Aguilar y se vende
al precio ele 50 céntimos de peseta.

CARNE y QUINA

Lu

ll Alimento mas reparador, unido al 'l'6Dico mas enei¡ico.

PILDORAS~DEHIUT

VINO IROUD CON QUINA

............. w
011: PAAIS

.ao titubean en parganf, euaado lo
12ecNiwi. No temen el asco nf el c1n1Uclo, porque, contra lo que ncede coll
lo, demu pargantu, este no obra bien
t:iao cuando ,e toma con buenos alimento•
1 bebldu lortiliCaJJtu, caal el vino, el call,
el ti. Cada euaJ ucoge, para purgan,e, 11
llora 1 la comida que m11 le convienen,
•evrm 1111 ocupacione,. Como el CSDSIUI
cio que II parga oculona queda compfetamenteealadoporelelec&amp;odela
baea1 allmentacion emple1da,ano
,e decide licilmente a volver
.._ empenrcuantu vecsa
,a neceurio.

B.UO U FORll.l DI

ELIXIR- . de PEPSINA BOUDAULT
VINO · • de PEPSINA IOUDAULT
POLVOS, ie PEPSINA BOUDAULT

586

T CON TODOS LOS PlltNOIPIOS mrrarnvos SOLtlBLBS DB u CAl\NE
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lel)&amp;rador de las tuerzas vitales, de este fenllleaa&amp;e per eaee(eaela. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemia y el ..4,:,oca,ntmto, en las Clllffltura,
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30.

DEL

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0

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de los D'ª' JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/ores, ret,1101, 1upre1/one1 de 111 Zpocu, as1 como las plrdldu,
Pero con frecuencia es falsiflcado.El API oL

contra los R eumas, Tos, Crisis n ervi osas
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Jarabe -Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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3A.RA.EIB

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"f'Ulalonea y toa de los ni.lioe durante la denücion; en una palabra, todu
1u afecciones nemoau.
·,1

' Füriu, lapediciones: J.-P. L!l\OZE

. t, l'lle•es Liom-SI-Paal, 1 Pula.

Deposito en toclaa la• pl'inclpaJea Botica• y Droguerfu

• .Querido enfermo. -Ffese Vd . é mi larga experiencia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUD, puea ellos
le curarán. de su const,paoion, le darán apetito y le
derolverén el sueño y la alegria. - As, rIrirfl Vd,
muchos años. disfrutando siempre de una buRna salud.

D1p61lto ,n toda, las Farmacia,

destroye hasta las RAIOES el V ELLO del rostro de las damu (Barba, Btgote:\tc.), lla
Dingun peligro para el cutlJ. SO Año• de :í:nto, ymillares de testimonie&amp;garantlun la eficacia
ltde esta p~paracion. (Se ,ende en oaJu, ppa la barba, J en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Para
loa brazos, empléese el P I.Ll JIUllE, D'C'SSER, t,rue J ••J,•Rou111eau, P arla,

PITE EPILATOIRE DUSSER

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
. IMP, DB M0NTANER Y SIMÓN

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BARCELONA 13 DE

NúM. 585

MARZO PE 1893

Próximamente comenzaremos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot cANIE,~ traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

SUMARIO

VERDADES Y MENTIRAS

Texto. -

Verdades y me11tiras, por R. Balsa de la Vega. - La
iglesia de San lg11acio de Loyo/a, m Manila, por X. - EL vecino, por Luis Taboada. - D . Pedro el Cruel. Crónica relativamente antigua, por Luis de Llanos. - Miscelánea. - Nues•
tros grabados. - ¡ Si fuera verdad!, por Enriqueta Lozano de
Vilches. - SECCIÓN CIENTfFICA: La cronofotograffa (continuación).

Grabados. -

Vista interior del templo de San Ignacio de Loyola, en Manila; Imágenes del Sagrado Corazón dejes,ls y de
ta Purísima Concepción; Vista exterior del templo; Imagen de
Sa1t Ignacio de Lo;1ola; P11lpito del templo de San Ignacio de
Loyola, en Manila, seis grabados. - Jorge R. Davis, director
general de la Exposición universal de Chicago. - Las sardine·
ras, cuadro de Ignacio Ugarte (de fotografía de Nicolás Cap·
devilla). - Tristes remerdos, cuadro de R. Poetzelberg. i Tierra!, cuadro de Fernando Cabrera. - Episodio de la gue·
rra de la Independencia, cuadro de César Alvarez Dumont
(de fotografia de J. Prieto). - Figura 14, grabado correspondiente á la cronofotograf!a. - Erase que se era ... , cuadro de
Pennasilico.

guno que otro festivo merecen las distinciones del
ptíblico. Del arte dramático, ni hablemos; en los teatros de verso (alta comedia, drama, etc.), se recurre
á obras de nuestros clasicos antiguos y modernos y
á traducciones del francés; y sin embargo de representarse Traidor t'11confeso y mnrtir, El drama nuevo,
Don Alvaro, et sic de ctEteris, el Español se ve desierto,
no muy concurrida la Comedia, y es preciso que se estrene una obra de Echegaray ó de Galdós para que las
empresas de ambos coliseos cuenten un lleno. Eslava
y Apolo viven con más holgura, merced á los picarescos gestos de graciosas actrices que interpretan obras
donde hay chistes por el estilo de este:

Hablaba en mi última Crónica del marasmo en
que está sumido el arte, aquí, en este gran núcleo
vital de la nación; marasmo que comenzó á acentuarse
visiblemente en la época de la Exposición de 1890 y
que al presente alcanza un grado verdaderamente
alarmante.
La vida artística está en' Madrid supeditada por
entero á la protección oficial; así que, si no hay algún
edificio público que decorar, algún acontecimiento
del fuste delfalleczdo Centenario ó alguna exposición
donde vender al Estado la obra premiada, debe renunciarse á ver algo que salga de los estudios de los
porque el que más y el que menos
artistas digno de fijar nuestra atención durante cinco
cuando monta, monta bien.
minutos. Lo mismo acontece en literatura - me refiero á su calidad; - púdrense en las librerías los libros,
Estoy oyendo que algunos de mis lectores se prey tan sólo los de erótica lectura ó los de texto y al- gunta al leer lo dicho: ¿qué tiene que ver todo esto

VISTA INTERIOR DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO DE LOYOLA, EN MANILA

�LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,11

•

NúMERO

585

con la protección del gobierno ni con nada que al
gobierno ataña? A demostrar voy cuántos y cuán graves son los perjuicios que la política - mejor dicho que las rutinas políticas por que,se rigen hace diez y
ocho ó diez y nueve años los hombres de "Estado que
nos mandan, vienen causando á la cultura en general
del país y en particular -á la de esta desdichada capital, donde todo idiptismo tiene cabida.
.
Cuantos intenten el desarrollo de la instrucción,
especialmente en España, no podrán relegar el conocimiento de nuestas revueltas políticas. Factor importantísimo la política de cuanto somos hoy en todo
orden de cosas, la instrucción pública sufrió y sigue
sufriendo cuantos vaivenes aquélla experimenta, ya
por los cambios doctrinales, bien tan sólo por el criterio de los ministros de }?omento ó de media docena
de personalidades, encargadas de cosa· tan baladí como es el cuidado de la cultura nacional.
Desgraciadamente como cosa de escasa importancia vino hasta ahora teniéndose - salvo en el .período
revolucionario - esto de los intereses intelectuales;
pero al presente llega esa indiferencia de nuestros políticos á tal grado, que causa espanto é ira. Y aquí
viene la política. Para nivelar presupuestos desnivelados por causas de todo el mundo conocidas y que
huelga enumerar ahora, no encontraron otro medio,
dentro de las estrechas doctrinas de escuela que

significa una estatua ó un cuadro, sin que se les
Erase un labrador rico, muy aficionado á cacerías
haya obligado durante su paso por institutos, escue- y jiras campestres y á tirar de la oreja á Jorge. Soslas normales y universidades á estudiar un compen- tenía por lujo una porción de criados; la mitad de
dio de historia del arte, ese ojo de Polift1110, que de- ellos inútiles y ociosos por lo mismo. Se echó una
cía Bacon, si n el cual la historia de la humanidad se- querida para no ser menos que otros dos vecinos suría' la estatua de un ciego. Y sobre todo esto, cerce- yos más ricos que él, y así vivió tres ó cuatro años;
nando al artista pensiones y á las escuelas de Bellas ix:ro un día, echando cuentas, vió con espanto que
Artes materiales, hasta el extremo de que en la Cen- sus rentas no alcanzaban para aquellos despilfarros y
tral de Madrid no haya calefacción en varias clases; que las deudas le comían la mitad de lo que las tiede que carezca la de Teoría é Historia de obras y rras le re ndían.
.
modelos gráficos y plásticos - pero as{, por completo;
«Vaya, Perico, se dijo, esto no puede seguir así;
- de que á los pintores y escultores que, tras años es menester que hagas economías ... No, en las cade labor asidua y de gastos enormes, no se les ad- cerías no puedo economizar, porque ... ¡qué dirían
quieran las obras premiadas, hechas ad hoc para el mis vecinos! Pues en criados ... Bueno, suprimiré de
certamen, y por consiguiente imposibles de ser ven- los cuarenta seis ... ; eso es ... , seis. Para el juego, en ludidas á un particular, por las cohdiciones del tamaño gar de cinco mil duros, cuatro mil quinientos. ¡Qué
y del asunto.
dirían mis vecinos si me viesen levantar el campo
¿Quién declama, quién pretende declamar contra cuando vienen las malas! .. Tocante á lo que le paso
la ignorancia en que se revuelca esta mísera nación, á Julia... ni pensarlo. ¡Ante todo, que vean que la
presa de caciques y casuismos políticos que parecen sostengo con tanto lujo como mis vecinos .. . ¡Perico,
empeñados en conservarla en santa perpetua ignoran- no sale la cuenta!..)
cia? No estampó, no, para nosotros el pensador GroEl labrador se quedó pensativo. De repente se da
tius aquel aforismo cien veces repetido: «No es bas- una palmada en la cholla: c¡Gracias á Dios! Encontré
tante que un pueblo tenga lo preciso pam su soste- el medio de equilibrar mis presupuestos. Media ranimiento y su vida, es menester que ésta le sea agra· ción á las mulas, y en lugar de gastar ochenta mil readable.&gt;
.
les en trigo para la siembra, con veinte mil que se
Decía yo en cierta ocasión: tSoy del número de los arreglen los mozos de labranza.»
actualmente nos rigen, que hacer economías á bulto. que creen que no debe exigirse á los gobiernos la tuBien venidas fuesen las tales economías si obedecie- tela de cuantos intereses morales y materiales son neR. BALSA DE LA VEGA
ran en primer término á un plan meditado y estudia- cesarios al desarrollo del Estado; por el contrario,
Madrid,
27
de
febrero
de 18g3
do durante largo tiempo, y en segundo, á conseguir mi ideal, como el de tantos que comulgan en la mis.........,,...... ,......... ,.. ,.. ,, ...... ,...............,, ...... ,....., ....... ,...........................,........ .,...... ,... .
la mayor facilidad en los trámites todos de la tutoría ma creencia, tiene por base que la intervención adque de los intreses complejos de la nación viene ejer- ministrativa, curadora de los poderes pL1blicos, sea
ciendo la centralizacion del régimen parlamentario. en cantidad mínima, no solamente porque significa LA IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
EN MANILA
Bien venidas, repito, fueran las decantadas econo• tanto como destruir toda inmoralidad aneja á la cenmías siempre que se realizasen en favor de los bolsi- tralización en este sentido y lograr que desaparezcan
La nueva iglesia que los padres jesuitas tienen acllos de los contribuyentes y de su cultura. Pero cáta- gran parte de los apetitos que el poder despierta, site precisamente con todo lo contrario. No tan sólo no porque acusaría un estado de cultura y bienestar tualmente en Manila álzase en la calle del Arzobispo,
se aumentan los impuestos, sino que se disminuye, de por nosotros no alcanzado hasta el presente.&gt; Pero es- muy cerca del palacio del Excmo. é Ilmo. Metropoun modo que casi parece burla sangrienta, el caudal te ideal, como otros muchos que alientan en el es- litano de las Islas.
Con el año r878 comenzaron los trabajos preparanecesario para fomentar la riqueza pública en sus dos píritu humano, por más generosos y elevados que
torios
para la construcción del templo, cuyo proyecto
aspectos, material é intelectual.
sean, ó quizá por eso mismo, se estrellan contra la fué confiado al arquitecto de Manila D. Félix Roja~
Es mene~ter echar una ojeada sobre las memorias, realidad de las cosas, y esta realidad obliga á la razón
monografias, etc., que continuamente están publi- á encerrarlos en el lugar destinado á las utopías, á Tiene la planta del edificio la figura de una cruz lacando los centros y corporaciones de enseñanza, la- las locuras sublimes, hasta que les llegue su imperio tina, comprendida en un rectángulo de 42'40 metros
mentándose de la escasez de recursos con que cuen- - si es que les llega. - Mientras tanto, es menester de longitud por 20 de anchura, dividido en el sentitan para llenar la misión que les está encomendada. acudir á los tutores del eterno menor de edad, es pre- do de su longitud por dos filas de columnas intermeEs menester no perder de vista las deficiencias in- ciso hacerles entender á los que tienen á su cargo la dias que forman una nave central de 10,60 metros de
mensas que se notan en los desbarajustados planes dirección y administración de los complejos intereses anchura y dos laterales de 4'70, teniendo las tres una
de instrucción, en los cuales, si huelgan asignaturas del pueblo, que no pueden ni deben mirar lo de ca· longitud de 2 5 metros desde la puerta de entrada
faltan otras de imprescindible necesidad, si hemos rácter intelectual y moral como secundario; es me• hasta el crucero. Este es de planta rectangular, de
de ser los españoles algo más que toreros ó diputa- nester que se les advierta, mejor dicho, que se les 8'10 metros de lado, con dos capillas laterales que se
dos de la mayoría. Es menester no olvidar que en exija cuidado especialísimo por esos intereses, más extienden con el ancho correspondiente á las naves
laterales, y el presbiterio con la anchura de la nave
ninguna nación de Europa existe menor número de sagrados que los materiales.
central
tiene 9'30 metros de profundidad. La altu ra
publicaciones técnicas, asf científicas como industriaY las bellas artes son, dentro del campo moral,
á la parte más elevales y artísticas. Es menester, en fin, que no se nos del histórico y del social, inexcusables elementos. Da- total media desde el pavimento
1
da
del
crucero
es
de
17
20
metros,
reduciéndose en la
pase por alto cuán bajo es el nivel de la cultura en da la esfera de acción en que respiran, en que se des1
nave
central
á
16
80
metros,
y
en
las
naves laterales
España. Y con todo esto, cuando en la capital de la arrollan; dado el grado de expansión intelectual que
nación no puede sostenerse un mercado de arte, ni para su vida requieren; dada la influencia psicológica se divide por el piso de las galerías á contar desde la
grande ni pequeño; cuando la educación artística - que ejercieron y ejercerán siempre en la humanidad, cornisa que un e las columnas del cuerpo bajo, dejan·
hoy casi obligatoria en algunos pueblos del mundo no es posible negarles el altísimo lugar que la gran do 9'40 metros de altura á dichas naves laterales y
7'80 metros á las galerías superiores, lo mismo que al
civilizado, y sin casi en Alemania é Inglaterra- aquí maestra de la vida, la Historia, viene señalándoles.
coro,
situado á los pies de la iglesia con la anchura
se desconoce por completo, dándose el caso de que
Pero ya ven los que este desaliñado artículo lean del primer intercolumnio.
un médico, un abogado, un hombre de ciencias ig- cuán de distinto modo piensan por las alturas. Y no
La ceremonia de la colocación de la primera pienore lo que es un bajo relieve y lo que es un arqui- debiera extrañarme, porque adn recuerdo como si
dra
de este templo se verificó el día 9 de febrero de
trave y la diferencia que existe entre una acuarela y fuese ahora lo que decía cierto personaje político
un óleo; cuando aquí no hay quien lea una obra como (estoy tentado de escribir su nombre) en una reunión 1878 y en seguida comenzaron las obras bajo la di rec·
La historia de las ideas estéticas; cuando aquf es impo- de gentes de su prosapia, á propósito de las obras de- ción del expresado arquitecto Sr. Rojas, y á la muersible sostener una revista dedicada exclusivamente á corativas que por entonces se realizaban en San Fran- te de éste, bajo la del hermano de la Compañía de
la difusión del gusto por las artes plásticas y la litera- cisco el Grande de esta corte: «¡ Eso es inicuo;eso de- Jesús Francisco Riera, quien ha podido verlo termi•
tura; cuando todo esto sucede, del menguado presu- biera de tratarse en el Congreso y en la prensa! Cuan- nado con la cooperacióñ de los distinguidos artistas
puesto de Fomento se rebajan ¡catorce millones de pe- do la nación carece de barcos de guerra, de vías que le han acompañado en la ejecución del templo
dedicado al ilustre fundador y patriarca de la Orden.
setas/
férreas y de tantas otras cosas de utilidad, se están
La arquitectura general del templo es greco-roma¿Creerán mis lectores que es el ministerio que me- gastando millones y más millones en dar de comer á
na.
Majestuosa se presenta á la vista del espectador
nos economías hace, por lo mismo que es el de la cuatro santeros y otros tantos pintores, con el pretexhacienda del porvenir, como dijo un ilustre hombre to de ilustrar (palabra textual) esa iglesia.» Y como la nave central, formada por un intercolumnio de or·
público? ¡Buen desengaño si tal creen! Lean el si- le objetara alguien desde lo alto de su olímpica alti- den corintio, que terminando por una simple cornisa
sirve de base al cuerpo alto de dicha nave, forma ndo
guiente estado recogido por la prensa:
vez, replicó: «¿Le da usted algo al pueblo con esas las galerías de acceso al coro. Sobre las columnas de
cosas/ (las cosas debían ser cuadros y estatuas). No este templo alto descansan el entablamento y la esco•
Fomento. . . .
14.500.000 pesetas.
Guerra.. . . .
7.000.000
)
puedo comprender cómo se distrae el dinero del con- cia, que sostienen el techo plano ó artesonado, dividí·
Gracia y Justicia..
3-500.000 •
tribuyente
en adquirir pinturas y esculturas; eso es lo do en casetones, cuya ornamentación es rigurosamenllacienda. . . .
2.300.000 )
que
no
entiendo.&gt;
(Claro, ¡qué había de entender él te propia del orden indicado. En los tímpanos del
Gobernación. . . .
J. 500.000
)
y otros tan ... como él!)
Presidencia y Estado.
J.000.000
)
itercolumnio se ven preciosos medallones de relieve,
¿Queda indicada la causa de por qué se mira esa
De Marina no se sabe á estas horas, pero segura- atonía artística de que hablaba al comienzo de este orlados de palmas y hojas de roble representando va·
mente no llegará á un par de millones. Un dato im- artículo? ¿Puede esperarse que un pueblo exhausto rios santos de la Compañía de Jesús.
El techo de las naves laterales es abovedado para
portante: el presupuesto de Guerra es cuatro veces por completo de toda educación estética, vaya á
formar el pavimento de las galerías, y el de éstas es
mayor que el de Fomento.
aplaudir las obras de Tamayo ó de Zorrilla, en lugar
A todo es to, los gabinetes de Física de nuestros de rugir de puro gozo con las desvergüenzas y des- artesonado como el de la nave central, aunque de cainstitutos sin un aparato- salvo raras excepciones; - plantes de baja estofa que tan á menudo se ofrecen setones menores, pero del mismo orden arquitectó·
·
los edificios dedi cados á escuelas de instrucción pri- en varios teatros? Yo he visto rechazar chistes de co· nico.
A
ambos
lados
del
crucero
están situados dos alta·
maria, verdaderamente nocivos para la salud de los lor subido la noche del est reno, y ocho días después
res, el de la izquierda, dedicado al Sagrado Corazón
niños y ruinosos en su mayor parte. Sin un Museo reirlos.
de Jes,ls, y el de la derecha á la Inmaculada Con·
que valga tres pesetas, así de obras de arte, como
Para terminar voy á contar un cuento que he ol- cepción: los retablos, en cuyos nichos descuellan am·.
científicos, industriales, agrícolas, de Historia natural, vidado dónde lo leí, pero que viene ahora su recuerbas imágenes de escultura acabada, pertenecen al
etc., etc. Sin que nuestros estudiantes sepan lo que do como anillo al dedo.
mismo orden corintio. En el rectángulo central co·o

NúMERO

585

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

171

~

1

IMÁGENES DEL SAGRADO CORAZÓN

DB

JES ÚS y

Dlt

LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN,

existentes en el templo de San Ignacio de Loyola, en Manila

Obras de Manuel Flores y Crispulo Hogson, filipinos

rrespondiente al techo del crucero se destacan diez
medallones que contienen los bustos de los diez compañeros de San Ignacio al fundarse la Compañía.
Una escalinata de mármol blanco con balaustrada
de madera tallada da acceso al presbiterio, en cuyo
centro se levanta el retablo principal 6 altar mayor,
cuya base de mármol blanco primorosamente labrado ostenta al frontal en el que se ve esculpida en alto relieve La Cena, de Leonardo de Vinci. En el retablo está colocada la bellísima imagen de San Ignacio de Loyola, uno de los primeros ornamentos escultóricos de la iglesia que describimos, y el estar
aquél compuesto de dos cuerpos ha dado la elevación
n~c~saria al nicho en que está puesta la imagen, perm1t1endo desarrollar convenientemente la figura del
santo y colocar el Sagrario al pie de la base en que
éste descansa. Rico artesonado cobija el presbiterio
en medio del cual destácase la paloma, símbolo del
Espíritu Santo, orlada de rayos de gloria rodeados
de preciosa moldura filigranada.
Cerca de la Purísima y en el extremo derecho de la
nav~ central admírase o~ra joya artística de singular
ménto y belleza, el pólp1to, hermoso en su conjunto
y riquísimo en sus detalles, en el que descuella de
un modo particular el gusto predominante en el siglo xv1, que por ser en el que se fundó la Compañía
de Jesús prevalece en todo el templo. Formado por
un cuadrado con los ángulos achaflanados presenta
en. dos de las caras principales otros tantos elegantes
relieves que representan el descenso del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico y la figura del Salvador en el momento de confiar á los apóstoles la mi-

sión de predicar el Evangelio; tres estatuas, la Fe, la
Esperanza y la Caridad, ocupan igual nómero de nichos colocados en los tres chaflanes. El tornavoz
afecta la misma forma del púlpito, y sus pequeñas pi•
lastras descansan sobre lindos querubines: el remate
inferior ó parte baja está compuesto por seis ángeles
rodeados de nubes. La baranda hállase sostenida
por seis hermosas columnas estriadas, y en los espacios intercolumnares vense esculpidos en medios relieves los cuatro Evangelistas, ocupando el último
lugar superior el Príncipe de los Apóstoles. El conjunto descansa sobre un granado torzal de roble que
parecen querer sujetar graciosas cintas entrelazadas,
y que, como el pasamanos, parte desde la primera
base de la columna inferior hasta arriba, dando la
vuelta al púlpito. Toda la ornamentación de esta preciosa pieza es de talla de ricas maderas en su color
natural, lo mismo que los altares y la balaustrada del
presbiterio.
La fachada del edificio está compuesta de dos
cuerpos. que guardan la severidad greco-romana; tiene el primero la elegante solidez del orden jónico y
ostenta el segundo la riqu eza que caracteriza al corintio. Las puertas que dan entrada á la iglesia, una
central y dos laterales, están divididas por casetones
de adorno tallado. Una elegante verja de hierro, labrada en Manila, cierra el atrio que media desde la
línea de la calle á la fachada.
Terminaremos este. trabajo dando alguna noticia
acerca de los artistas filipinos y españoles que han
contnbuído al embellecimiento del templo de San Ignacio de Loyola.

Son los primeros: Isabelo Tampingco, escultor tallista, de cuyos talleres han salido todas las obras propias de su arte que en esa iglesia existen y cuyos trabajos merecieron una de las principales recompensas
en la Exposición universal de Barcelona de r 888;
D. Manuel Flores, autor de las imágenes de San Ig·
nacio de Loyola y la del Sagrado Corazón de J esós
y del grupo de ángeles que hay en el púlpito; don
Crfspulo Hogson, autor de la escultura de la Purísima Concepción y del resto del púlpito, y D. Félix
Martínez, pintor, autor de los dos cuadros al óleo de
gran tamaño, el primero de los cuales representa la
apoteosis de los BB. MM. de Inglaterra P. Juan Nelson, P. Tomás Cóttam, P. Tomás Woodhouse, P. Edmundo Campcon y P. Alejandro Briant, de la Compañía de Jesús, y el otro la de los santos Confesores
P. Pedro Claver, H. Juan Berkmans y H. Alonso
Rodríguez. Del mismo pintor es el colorido de las
imágenes descritas.
Los artistas españoles son: D. Francisco Rodoreda, marmolista, á cuyo cincel se deben la mayor parte de las labores de los mármoles que adornan los
tres altares de la iglesia; D. José Fuentes, ayudante
de Obras póblicas, autor de la delineación y proyecto
de los altares y de dos elegantes torres destinadas
una á campanario y otra á torre del reloj, y D. Agustín Sáenz, director de la Academia de dibujo de Man_ila, profesor del Ateneo municipal, maestro que ha
sido de los más renombrados artistas filipinos y autor
de los dibujos segón los cuales han sido ejecutadas
las imágenes que hemos descrito.
X.

�NúMERO
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

585

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

585

- Tú te debes al arte, dice la mamá.
Y la chica se pasa la existencia tocando todo lo
quP. sabe, que es bien poco, pero que ocasiona dolo·
res de cabeza á los vecinos.
Las criadas no pueden resistir en aquel domicilio
arriba de ocho días. Al noveno, todo lo más, cogen
el baúl, se embozan en el mantón y dicen á doña
Fulgencia:
- Señora, yo me voy.
- ¿Por qué?
.
- Porque la señorita es capaz de volver loca á la
estatua de la Cibeles.
- ¡Insolente! ¡Zafia! ¿Qué tienes tú que decir de
mi Amparito?
- ¿Qué tengo que decir? Pues que toca el piano
lo mismo que si estuviera sacando agua de un pozo.
¡Ande usted y que le den morcilla!
Nada de esto obliga á doña Fulgencia á variar de
conducta, y por el contrario, cada vez se persuade más
y más de que la niña se está labrando un porvenir
con sus propias uñas.
Doña Fulgencia confía todos sus proyectos á una
amiga de la niñez llamada doña Ramona. Viuda
también, pero sin hijos, suele pasar muchas horas en
casa de su antigua compañera, y las dos se ponen de
acuerdo acerca del modo de hermosear á Amparito.
- Lo que debes hacer, dice doña Ramona á su
amiga, es ponerle el colmillo cuanto antes. Ahora los
hay muy baratos: por siete pesetas le pusieron á una
vecina mía tres maxilares y dos incisivos.
- Lo que yo deseo, sobre todo, es teñirla de rubia.
- No te lo aconsejo. El tinte es muy perjudicial:
el año pasado se tiñó la de González y á los dos días
tenía el cutis cubierto con una capa como la de los
melocotones.
En estas y otras consultas invertía su tiempo doña
Fulgencia, y entretanto Amparito pulsaba con mano
firme las teclas del sonoro instrumento.

Antes se la oía _desde toda la casa; después se la
oyó desde la esquma de la calle, y por último desde
la plaza de Santa Ana.
Y Clarete cada vez la miraba con mas fijeza ora
en _el portal, ora en la calle, ora en la ventan¡ del
p:it10.
·
- P ero ¿quién es esa señorita?, preguntaba al por-

~m

.

173

Amparito rebosando alegría abrió el piano y se pus? á tocar un galop estrepitoso. Al hacer un fortissi11~0 en la octava baja, rompió una tecla, pero siguió
tocando con frenesí para
enloquecer á su adorador.
En aquel momento sonó
la campanilla de la escalera
y la criada del piso principal
entregó á doña Fulgencia
un billete perfumado. Era
del joven vecino y decía así:
tSeñora doña Fulgencia
Cascarín.
»Muy señora mía: A,ur.•
que tema abusar de ustedes,
les suplico que me permitan
subir : quiero hacerles un
ruego del que depende la
tran9uilidad de su seguro
servidor q. b. s. p. Demetrio

- Pues una señorita huérfan~ de padre, que es
una verd,adera profesora, según dice doña Fulgencia
su mama.
'
- ¿La madre se llama doña Fulgencia?
- Sí, señor; doña Fulgencia Cascarín.
-Bueno.
Clarete acariciaba algtí.n proyecto trascendental
puesto que había tomado nota del nombre de la in~
quilina del piso segundo.
El portero transmitió inmediatamente á doña Fulgencia lo que acababa de oir, y la pobre señora creyó fallecer de jtí.bilo.
- ¡Amparito, Amparito!, entró diciendo con la faz
alterada por la emoción. Ya no cabe duda: ese joven
aspira á tu mano.
- ¡Cómo!, exclamó la chica.
Clarelt.»
- Ha celeb~ado una conferencia con el portero;
Doña Fulgencia escribió
ha apuntado m1 nombre en la cartera. Querrá tomar con mano rápida las siguieninformes antes de decidir$e,
tes líneas:

II
Doña Fulgencia y su hija habitaban el cuarto segundo de una casa sita en la calle del Gato.
En el principal residía Demetrio Clarete, un joven
abogado, huérfano, con unas patillas preciosas y una
renta de cincuenta mil reales, producto del corcho
que poseía en Extremadura.
El comenzó á dirigir miradas insistentes á Amparito siempre que se la encontraba en la escalera y á
preguntar al portero:
- ¿Pero quién toca el piano encima de mi cabeza?
- La señorita del segundo, contestaba el susodicho
portero.
- ¡Ay!, exclamó Clarete.
Y nada más; pero todo esto lo supo doña Fulgencia con regocijo reconcentrado.
- Se conoce que es persona aficionada á la música y estima en lo que vale el mérito de mi niña,
pensó la mamá; y transmitió á Amparito su sospecha.
- Toca; hija mía, toca todo lo fuerte que puedas, '
VISTA EXTERIOR DEL TRMPLO DE SAN IGNACIO DE LOVOLA, EN MANILA
para que goce el vecino de abajo, decía cariñosamente
doña Fulgencia estrechando contra el seno al fruto
profesora y para que sepa ganarse un pedazo de pan, de su matrimonio. ¿Quién sabe si ese hombre llegará
EL VECINO
á ser algún día el marido que te conviene? Es rico,
caso de que no encuentre un esposo rico.
I
Pero lo encontrará. ¡Vaya si lo encontrará! Siempre es cariñoso, puesto que ama á los animales. Tiene un
que
Amparito sale á la calle, nota con júbilo que los gato con el cual duerme y á quien considera como
Doña Fulgencia, la mamá de Amparito, se ha quesi fuese una persona de su familia. Lo sé por el porhombres
la miran asombrados.
dado viuda «en edad temprana,» según dice ella; pero
- N'o es porque sea mi hija - dice la mamá á las tero.
la verdad es que frisaba en los cuarenta y cinco cuanClarete miraba cada vez con más insistencia á su
personas
de confianza; - pero habrá pocas jóvenes de
do su dulce esposo pa~ó á mejor vida.
joven
vecina. No sólo la seguía ávidamente con los
Doña Fulgencia disfruta una modestísima pensión sus años que tengan los atractivos de mi Amparito.
ojos
cuando
ésta entraba en su habitación, sino que
y además cuenta con el apoyo de un cuñado suyo, Lo único que la afea es la falta del colmillo superior
además se asomaba á la ventana del patio levantan•
de
la
derecha;
pero
se
lo
pienso
poner
en
cuanto
coque tiene fábrica de pastas alimenticias en la calle del
tando la cabeza todo lo posible, como si esperase que
Bonetillo y le manda todos los meses uno ó dos cu- bre los atrasos de mi difunto esposo.
se
presentara aquella pianista incansable.
La preocupación constante de doña Fulgencia
curuchos de tallarines. En cuanto se le rompen, ya los
- Ya está asomado el joven entusiasta, decía doña
consiste
en
adornar
á
la
niña,
y
en
cuanto
se
ponen
está mandando envolver y dice á uno de los depenFulgenéia
á su niña. Toca, toca á fin de embelesarlo.
de moda los boás de piel de conejo ó las capas con
dientes:
Y Amparito rompía á tocar las tan acreditadas
capucha
ó
las
chaquetillas
toreras,
ya
está
la
madre
- Esto para mi cuñada. De todas maneras los tecariñosa haciendo toda clase de sacrificios para vestir Campanas del monasterio ó la Stella con-fidente ú otra
níamos que tirar.
pieza así, de éxito_seguro.
De modo que doña Fulgencia y su hija están con- á la niña con arreglo al último figurín; y como sus
Después cerraba el piano; extendía por la faz los
recursos
son
escasos,
tiene
que
aprovechar
la
tela
de
denadas á tallarines rotos y perpetuos; pero en cambio
finísimos polvos de arroz y se asomaba á la ventana
no gastan un solo real en sopa. ¡Ay! ¡Ojalá pudieran de- otros vestidos anteriores y sale la chica á la calle hedel patio, por recomendación de doña Fulgencia, que
cir otro tanto respecto de los demás artículos comes- cha un adefesio.
le decía en voz baja:
En
la
actualidad
usa
una
capeta
con
embozos
de
tibles!
- No te quepa duda: ese chico está impresionado.
A doña Fulgencia lo que más le apura es el porve- seda, color tomate pasado, que más que capeta pareDebes
mirarle con cierta simpatía, pero con dignidad
ce una pantalla, y la mamá está tan satisfecha de su
nir de Amparito.
al
mismo
tiempo.
obra,
que
dice
á
todo
el
mundo:
¡Si Dios le deparase un 'buen esposo!
Entonces Clarete desaparecía de la ventana, no sin
-Vea usted lo que es la disposición de algunas
Pero la niña parece un besugo. Tiene la boca es•
dirigir sus ojos al piso superior con cierto interés mal
férica, los ojos escaldados y la barba en forma de ba- personas. Con un poco de lana dulce y media va·r a de
disimulado.
seda
le
he
hecho
á
mi
Amparito
una
capa
de
moda
bucha. Aparte de esto, cecea al hablar y toca el piano
- El pobre es tímido, murmuraba la mamá al ver•
que llama la atención en el Conservatorio y en todas
lo mismo que un conductor del tranvía.
le
desaparecer.
Se conoce que le da rubor tu pre•
La mamá cree todo lo contrario, y siempre que la partes.
Por supuesto, Amparito no hace absolutamente sencia.
chica se sienta ante el instrumento, exclama la pobre
nada dentro del hogar. Su madre quiere verla ante el
III
señora dirigiendo los ojos al espacio:
piano día y noche, porque allí está su porvenir; así
- ¡Qué manos! ¡Qué agilidad la de esta criatura!
Amparito adelantaba visiblemente en ejecución y
Guiada por su amor hacia Amparito, la lleva todas es que la muchacha no sabe coser, ni freir una chu•
en
ruido.
las mañanas al Conservatorio, para que se haga una leta, ni repasar unos calcetines.

PÓLPITO DEL TEMPLO DE SAN IGNACIO DE LOVOLA, EN MANILA

primorosa obra de talla, ejecutada por Críspulo Hogson y Manuel Flores

IMAGEN DE SAN I GNACIO DE LOVOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑfA DE JESÚS

existente en el templo de San Ignacio, en Manila, obra de Manuel Flores

«Joven estimadísimo: tuvo que beber agua, porque dijo que sentía así como
Puede usted subir cuan- una bola que le subía desde el estómago á causa de
do guste. Suya, Fulgencia la emoción, y cuando estaban en esto volvió á sonar
la campanilla de la escalera.
Cascarín.»
- Que pase á la sala ese caballero, dijo la mamá
Después corrió al lado
de su hija, y sin darla de Amparito á la doméstica.
Clarete entró en la sala y tomó asiento en una silla
tiempo á leer la carta de
Clarete, cogió la borla de inmediata á la puerta.
Cinco minutos después aparecían radiantes de felos polvos y cubrió con
ellos la fisonomía de Am- licidad doña Fulgencia y Amparito.
- Ustedes dispensarán mi atrevimiento, dijo Claparito; después la peinó
las cejas y los ricillos de rete.
- Todo lo contrario, contestó la mamá con sonrila frente, echóla sobre los
hombros una toquilla azul sa cariñosa.
pálido y dijo con voz alte- Yo vivo en el cuarto principal, añadió el joven.
- Ya lo sabemos, dijo la niña suspirando.
rada:
- Va á subir; va á pe- Pues bien, concluyó Clarete, vengo á decir á usdirme permiso para que tedes que esto no puede seguir así...
yo tolere vuestras relacioLa mamá y la niña se miraron en silencio: ambos
nes. ¡Ay, hija mía! De este corazones latían aceleradamente y la felicidad se les
, paso depende tu porvenir. escapaba por los ojos. .
Trátale con toda la ama- Hable usted con toda franqueza, exclamó la
bilidad posible; hazte que- mamá.
rer, hija de mi alma. Yo
Clarete entonces se puso de pie diciendo:
voy á ponerme la mantele- Ó esta señorita deja de tocar el piano, ó un día
ta. Estoy por mudarme el se me acaba la paciencia y pego fuego á la casa.
calzado, porque estas zapatillas me hacen el pie muy
Lu is TABOADA
grosero.
(Prohibida su reproducci6n.)
Amparito no cabía en sí
de gozo; doña Fulgencia

�N úMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 74

llados, y pantalón gris con franja de terciopelo tallado esperaban, cátate que oyen la voz de D. Pedro que
que entonces se usaban. Chaleco lo traía rara vez; decía: «¿Conque novillos? ¿Conque novillitos á mí?,»
pero en cambio no se le caía de los hombros una ca- y diz que estaba en el propi?. f~ndo del río y que va
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
pilla corta entre azul y ala de mosca, en la que se en- y coge por las patas á Mazmmno... , y hasta ahora...
PRÓLOGO
volvía con garbo, unas veces á. usanza de toga roma- n? se ha sabido más de Maisimino... , y á otros les coNo voy á hablar del desgraciado rey D. Pedro de na, y otras, más frecuentes, como torero en parada. rnó un día y una noche, agudo... agudo detrás ... les
Un bonetillo de catedrático, muy sucio, descansaba alcanzó en el bolo de la Antigua y zas... , de una punCastilla, por unos llamado el Cruel y por otros el
Justiciero - y que con más razón de biera llamarse sobre su cabeza, y digo descansaba, porque como la tera estrelló á un tal Paniagua, el hijo del cerero, con«D. Pedro el de la Familita,» á causa de aquella par- parte superior de ésta era una planicie y el bo~ete tra la pared ... arriba... arriba... y a(m se ven manchas
tida de hermanos tunantes· con que le dotó la Provi- pequeño, allí se quedaba como si lo colocasen enci- que dejó junto á la lápida de la crecida del año 23 ...,
•
dencia; - voy á hablar de otr.o D. Pedro, de apellido ma de una mesa. Esto los días bonancibles: en cuan- 1 y no sé cuántas cosazas más.
Varela, y por Dios que el tal nombre le cuadraba; to se levantaba marejada el bonete venía á parar al I E l tiempo que mediaba entre nuestro exceso de
de otro D. Pedro no menos famoso en las crónicas vértice derecho del cubo, si apretaba al izquierdo, y ¡ puntualidad y la hora de la clase se ocupaba, que al
castellanas de la barbarie, tan cruel como el que más, en los vértices posteriores, cuando había ciclón ... que fin éramos chicos y la juventud es de suyo descuidapero que no era rey, sino solamente dómine de latín eran momentos espantosos, como podrá ver el curio- 1 da, en jugarnos los cuartos al tango en el pasillo obsJ curo para que no nos vieran y teniendo cuidado de
y de los mejores. Y de sólo volver los ojos hacia ese so lector.
Una buena vara de fresno ·de metro y medio en la envolver los tostones (piezas gruesas de cobre que se
pasado ya lejano, que por mi cuenta son muy bien
transcurridos cerca de 40 años, yo, uno de sus discí- mano, una colilla de puro al lado izquierdo de su usan para este juego) en trapos para que no hiciesen
pulos predJ..:ctos... me echo á temblar... , siento que boca, que jamás le vi quitarse ni para dormir la síes- ¡ ruido. Por de contado que contábamos con un cuerse me auren las carnes de dolor... , se me figura que la ta, y al hombro su famosa correa ... , una correa ancha po de vigilancia montado al pelo. Desde el pie de la
inquisición existe todavía y que los verdugos me vis- de cuatro dedos, larga de cinco palmos, negruzca, escalera que debía bajar D. Pedro para llegar al patio
ten la hopa llameada y me cubren la cabeza con el grasienta, de aspecto de culebra, que en cuanto la hasta el lugar del suceso había media docena d e censoltaba sobre el pupitre se enrosca~a c(?m~ parador- tinelas con la consigna de toser. en cuanto hubiese
tremendo cucurucho.
Al tomar la pluma para ocuparme de mi D. Pedro, mir, conocida con el nombre olímpico de Minerva, moros en la costa. La tos del primero se transmitía
se me figura oir el campanillado del secretario del completaban el tipo de D. Pedro Varela, tal y como por medio de los otros cinco hasta nosotros, y con
Santo Tribunal mandando abrir las puertas de la cá- le vi el primer día que p.isé los desvencijados y P.Ol- más velocidad que se santigua un cura loco, cuartos,
mara del tormento, y hasta percibo el olor al sudor vorientos ladrillos de la clase, ya sobrecog~do y todo ! tang? y tostones d~s~parecían, pero en gener~l en los
frío de los ajusticiados, el de la sangre caliente... y temeroso á causa dé los tremendos sucesos que de bolsillos del más rap1do ó del más fuerte, casi nunca
con un poco más de imaginación creo que hasta dis- aquellos antros contaban los chicos por las plazuelas. en los de su dueño legítimo. Esto de las toses se empleó como timo muchas veces, con buen resultado, y
frutaría del olorcillo á carne chamuscada que tanto
otras por estar resfriado alguno de los espías se proapetito debe despertar á los señores antropófagos.
11
ducían tremendas falsas alarmas. Pero á las ocho menos cinco, sin que nos lo advirtiera ningún reloj, sino
I
ANTES DE CLASE
puramente por instinto, corríamos á la clase y nos
DON PEDRO
Habitaba un caserón de la calle de la Cárcaba ... , colocábamos en nuestros sitios respectivos, libros en
un caserón que remontaba muy bien al siglo xv1, á mano y con el ojo fijo en la pueha como si por ella
D. Pedro según unos era navarro, según otros vas- juzgar por su bello ático y por lo desvencijado y mal contáramos ver llegar la salvación.
D. Pedro se solía hacer esperar hasta media hora.
congado - yo creo que era vándalo; - el caso es que traído de su interior. D. Pedro entraba en su casa
vino de regiones del Norte á calentarnos las orejas á por la puerta principal; pero los chicos entrábamos ¿Qué hacer durante este tiempo?.. Pues empujarnos
los Valpalentinos.
por una puertecica que nos abría por el callejón de los unos á los otros, pellizcarnos y jugará las aleluyas
Su cabeza era cuadrada, á estilo de cubo matemá- la Sierpe uno de los internos, y que tenía abierta y á los botones y otras cosas del mismo jaez; pero
tico, con las aristas desgastadas, pero aún visibles.
hasta las ocho menos cinco minutos de la mañana. todo con el mayor silencio ... como si fuéramos mudos
En el lado anterior tenía, bajo una especie de baEl penitente que no estaba á esa hora dentro, ya ó pieles rojas... ; nadie decía esta boca es mía, ni producía el menor ruido aunque hiciera las mayores barrrote negro que le cogía de oreja á oreja, formado de tenía tela cortada para toda la temporada.
pelos como de bigote estilo cepillo de. dientes, dos
De un estrecho pasillo se pasaba á un patio que baridades. Nada... lo dicho... , ¡lo que es la dulzura y
ojos redondos, algo saltones, negrazos, pero que pare- fué jardín y del que como restos quedaban dos mag- las buenas maneras! De vez en cuando algún alfileracían ascuas en momentos dados... y se daban mu- níficos álamos de negro y rayado tronco. Otra puerte- zo ó algún pellizco de monja, aplicado en parte muy
chos momentos de esos; una nariz de apagador, gran- cita daba paso á una escalera medio desplomada, dolorosa y en momento muy inesperado, arrancaba á
de y gorda, con un moñito muy cuco de cerdas de de no más de una veintena de peldaños, que condu- un chiquillo un ¡"mecachis! ó un ¡córcholis!.. , porque
cochino hacia la punta, y dos matas de la misma cer- cía á las tres cámaras del piso bajo destinadas á eso sí, nosotros éramos muy bien hablados, seguido
da, pero magníficas, que le salían de dentro; una bo- clase de 1.0 , 2.0 y 3.0 de latín; pero en mis tiempos del movimiento rápido de taparse la boca con la mano
ca carnosa, con el labio inferior saliente y muy rojo, la primera estaba vacía, la 3-'' ocupada por los más para contener las palabras y lanzar aterrada mirada á
como el retrato de Felipe IV, joven, de Velázquez, pequeños bajo la vigilancia de D. Pablito, el sobrino la puerta, que nosotros celebrábamos con carcajadas
y dientes género rey Midas, todos de una pieza. En de D. Pedro y su víctima predilecta, y en la del cen- silenciosas... Era una cosa fatídica y horripilante ver
los lados laterales campeaban dos orejas enormes, tro, que era espaciosa, temblaba la turba multa bajo aquellas hileras de caras que reían con el mayor silencio.
con su feraz vegetación de cerda correspondiente, la feroz y férrea presidencia del terrible D. Pedro.
encerradas entre más pelazos negros, espesísimos por
¡Lo que es la dulzura y las buenas maneras! Al muIII
delante en forma de chuleta, y por detrás, por encima chacho que le pillaban las siete y media fuera de esta
y por debajo de cabellera y prólogos y epílogos de prisión... , no por miedo, ¿quién dijo miedo?.. sino por
LA CLASE
cabellera. El lado posterior y el superior del cubo consideración..., por el «qué dirán,» sin parar míenera de pelo, el mismo pelazo negro, espesísimo, cor- tes en lo que decir pudiera el público, se colgaba las
La mesa de D. Pedro ocupaba el centro de la clase
tado á punta de tijera por medio de unas de estas de piernas al pescuezo y salía disparado, como alma que
resorte, que llaman de jardín, porque se emplean para lleva el diablo, hacia la calle de la Cárcaba, pese á los y era muy pequeña... , lo suficiente para que cupiera
podar los arbustos.
perros que le salieran al paso y al mismísimo demo- un pupitre que frecuentemente se renovaba porque lo
Las aristas del lado anterior con el lado superior, nio que quisiera detenerle. ¡Era mucha la querencia hundía á puñadas. Daba espaldas á una gran ventana
con reja, ancha y baja, como era bajo el techo de la
más dos verticales al centro de las orejas en los la- que teníamos á aquellas cuatro paredes!
dos laterales, determinaban la separaci.ón de lo que
A las ocho menos cuarto, ya se sabía, no faltaba clase. De un lado y otro, pegados á la pared, había
unos bancos de á veinte centímetros de ancho, de
era cara y lo que era pelo. El lado inferior era 'el cue- ninguno.
llo, que tenía iguales dimensiones en latitud y profunHabía chico con los carrillos como naranjas de pura tabla, por medio metro de alto, destinados á los
didad que la cabeza.
resultas de las muelas; otros todos bizmados de cogí- que andaban en Ovidio y Virgilio, y á derecha y á
Menos la frente, un tanto rugosa, y parte de la na- das en,las corridas anteriores; otros con tantos saba- izquierda dos cuadros muy malos, que representaban
riz, el resto de D: Pedro era hirsuto; hirsuto al natural, ñones que parecían sus manos como guantes de tirar alegóricamente Roma y Cartago. Roma estaba figuhirsuto pelado é hirsuto afeitado: solamente que la par- al sable; hasta, con sarampión y con viruelas burlaban rada por un angelote con ' casco griego tocando la
te afeitada parecía sólo mal pelada á causa del vigor los chicos la vigilancia· paterna, para escapar de casa trompeta, y Cartago por una ciudad con torres góticas
fenomenal de su barba, que materialmente se veía á las siete, así cayeran chuzos ó no se viera uno, de ardiendo.
Los vencedores de la semana eran romanos y los
crecer y que á alguna distancia parecía una veladura niebla, los dedos de la mano, cosa que suele con frede azul mineral.
cuencia suceder en las heladas mañanas del invierno vencidos cartagineses, á los que se distinguía á primeEl cuerpo correspondía á la cabeza; como ésta, era en la invicta Valpalencia y su comarca ... L'.a cuestión ra vista sin necesidad de cuadro, por el mayor estacuadrado y fuerte... con piernas y brazos cortos, pero era no faltar ni un solo día á casa de D. Pedro, aun- do de molimiento y ruina en que se hallaban.
En el centro y frente al pupitre de D. Pedro estaatléticos... ¡Cuerno si eran atléticos! Las manos geo- que se reventara... por evitar que D. Pedro le revenba el burro, otro cuadrazo atroz, pintado en un camétrica~ también; articuladas como guanteletes de tara á uno.
.
arll)adura ... compuestas de dos cuadrados perfectos,
D e novillos no había ni que hablar. Así fuese el cho de tablón, de un peso enorme, que el más burro
uno la palma y otro dividido en cuatro partes igua- día de perlas y encajando entre dos fiestas, ni que de todos debía traer pendiente del cuello durante
les... los dedos; el dedo gordo se veía poco: vivía en por señales fijas el barómetro de la barbarie donpe- ocho horas al día. ¡Las bromas, ó pesadas ó no darlas!
intimidad con las interioridades de la manopla.
druna marcase recia tormenta... , novillos ni por píenFormando un abanico del que resultaba el clavillo
En mi vida, siempre observando, he descubierto so. Y cuando algún nuevo emitía ideas subversivas la mesa del dómine, había ocho bancos de diez centíotra mano que de una manera más brutal demostra- novillescas y para decidirnos nos soborneaba brindán- metros de ancho y bajísimos, en los que en posturas
se la entereza y la voluntad. Al que tiéne una mano ' donos con buñuelos, cohombros, ó barquillos ó caca- imposibles se sentaba la turba multa de chiquillos; adasí se le puede matar ... de un tiro, verbigracia .. . y de güés, qu~ así los llamábamos, ó almendrados hechos virtiendo que el primero de cada banco estaba á tan
lejos, pero ni Dios le convence.
con piñones, todas cosas. muy de nuestro gusto, nos corta distancia de la tarima de D. P edro, que le al¿Qué me falta? ¡Ah!.. Ahí es nada ... ¡Los pies!.. Dos echábamos á temblar, temerosos que el dómine, que canzaba con el pie, con la correa y mucho mejor
peanas ... , dos pezuñas de buey adosadas dan algo la tenía pacto con el demonio, se enterase por arte con la vara.
idea de aquella forma. .
de birlibirloque y nos desollase vivos. Y con granLos chicos más malos, traviesos é insoportables esVestía camiseta de franela muy sudada, y atado á des precauciones, para no ser 'oídos, contábamos en- taban á la cabeza de los bancos en orden de maldad
su cuello de toro un pañuelo de hierbas; levita de las tonces al neófito cosas espeluznantes... : que unos que de derecha á izquierda; y los que tenían fama de sanllamadas tubinas, de dos carreras de botones deso- se fueron á bañar á los Badillos, cuando menos se lo tos, en los dos que la mesa ocultaba y que por ésta
DON PEDRO EL CRUEL

¡

.,

111 1

585

I

NúMERO

585

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 75

porque aquello resumía el boletín sanitario
estaban algo ~ás protegidos: pero no había
probable del día.
que fiarse ni que dormirse en las pajas; á lo
A nuestra muda interrogación, con tenue
mejor un santo de aquellos se encontraba
y blanda voz contestaba:
con una estocada en los ijares, tirada trai- Ha tomado con tranquilidad el chodoramente con la vara por entre las patas
colate con dos docenas de buñuelos y no
de la mesa, con un soberbio garrotazo p.or
se ha quejado de nada. Sólo al beber el
todo lo alto ó con un tintero por montera,
primer sorbo de agua en la jícara ha enconque no se lo quitaba ya ni la paz ni la catrado una mosca y ha tirado el servicio á
ridad.
la cabeza de Celestina.
Los de tercero, que ocupaban las puntas
de los bancos, eran en cambio los números
O bien:
- Malo... malo. Pésima noche. Mucha
primeros y los mejores chicos; pero consisexpectoración. Se queja del hígado... Pidió
tía, y él lo decía y nosotros se lo oíamos repetir con cariñoso interés, en que «no podía
media docena de varas nuevas. ¡Dios nos
dar bien los voleos sin relajarse algo la
tenga de su mano!
D. Pablito era como quien dice el correo
muñeca.»
Discurrió, pues, que los malos de la terde aquel cortejo. Luego venían como heralcera ocuparan los bancos cercanos á la puerdos parte de los internos - ya diré luego
ta, donde podía atacarles en pie ó á puñetaquiénes eran y cómo estaban constituídos
zos, estilo box inglés, ó á correazos ó á palos,
estos seres poderosos que resistían noche y
día las atrocidades de D. Pedro, - y por sus
y si á mano venía, cocearles perfectamente...
y todo esto tranquilo y sin relajarse la mucaras, fachas y gestos deducíamos desde
ñeca.
luego el estado de ánimo del dómine y por
En los bancos largos pegados á la pared
lo general nos echábamos á temblar.
parecíamos repisas; y en los pequeñitos de
Un tal Cuervo, de la propia Cebolleta
á 10 centímetros no nos quedaba más remedel Cerro, notable por su mucha é incorredio que apoyar los codos en las rodillas y
gible barbarie, tenía á gala alarmarnos hapasarnos el día dando gracias á Dios, si aqueciendo al entrar esta feroz pantomima: Torllas costillas bombeadas que sacábamos no
cía los ojos, se aplicaba la mano izquierda
pescaban una ·mano de palos, ó la parte in11 pescuezo, figuraba con la derecha el moferior, que tanto sobresalía, algún buen punvimiento dado por el verdugo al torniquete
tapié de esos de doble muelle aplicado con
, y sacaba una lengua de á cuarta; todo heacierto.
cho con pasmosa velocidad. Pero un día
En tal actitud y con el corazón tamaño
D. Pedro, que sin él roaliciarlo, con paso
como un garbancito, pero sin cesar de retode lobo le venía pisando los zancajos, lo
zar silenciosameñte, esperábamos el fenoadvirtió, y de la puntera que le arrimó pasó
menal ruido, nuncio de la llegada del trevolando de un lado á otro de la clase por
JORGE R. DAVJS, Director general de la Exposición universal de Cbicago
mendo dómine: su tardo y pesado paso en
encima de cuatro hileras de bancos de los
la escalerita que de su casa bajaba á las
pequeños y vino á derrumbarse entre los
cátedras y que parecían derrumbarse con su tremen- briento, de aspecto fementido y enfermizo. Era más brazos de D. Pablito, arrastrándole en su caída.
da humanidad ... es un decir.
bueno que el pan, y por eso nosotros, que erámos más ¿Se figuran ustedes que ahí acabó la cosa? Nada de
malos que la peste, le teníamos tomada tema. Toda eso ... Empezó así..., siguió de esta manera: De un
la bondad, toda la atención y buenas maneras que em- segundo puntapié muy hábil le puso en pie; de un
IV
pleaba con nosotros eran tiempo perdido;cuantomás y puñetazo en las muelas le largó bailando como una
mejornosexplicaba las cosas, menos caso le hacíamos; peonza hasta la puerta de entrada y le remató con
ANTES DEL TORMENTO
en cambio la más mínima observación de D. Pedro una patada en la barriga que dió con él de espaldas
se nos grababa en la mollera con caracteres indele- escalera abajo.
Pero en general la llegada de D . Pedro venía pre- bles. ¡Qué jarabe tan rico el jarabe de palo!
Luego se volvió con pausa, nos miró con una
cedida, en buen rato de ventaja, por la llegada de
Sólo al entrar por la mañana D. Pablito en la cla- intensidad abrasadora y nos dijo con nunca vista
D. Pablito, el sobrino, pobre ser, escuálido y ham- se poníamos atención á lo que decía; pero era... era ironía:

LAS SARDINERAS,

cuadro de Ignacio Ugarte. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de folografia de Nicolás Capdevilla)

�rr1ERRA!,

cuadro de F ernando C1brera (Exposición internacional de

EPISODIO DE LA GU E RRA DE LA INDEPENDE~CfA,

Bellas Arles de 189z)

cuadto de' ~ésar Alvarez Dumont. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografía de J. Prieto)

�LA I LUST RACI ÓN

178
- Ya veis que os engañaba ... Jamás me he sentido
de mejor humor... Ya veréis ... ya veréis.
Frase que heló la sangre de espanto en nuestras
venas.
L uis DE LLANOS

(Continuará)

B e llas Artes. - El pintor ruso Wereschaguin, cuyas exposiciones parciales han despenado tanto entusiasmo en el mundo
artístico y que produjo gran admiración con sus cuadros de las
luchas sostenidas en Plewna durante la última guerra turcorusa, está trabajando actualmente en una colección de lienzos que representarán los hechos &lt;le los franceses en Moscou
en 1812.
- El Club artístico de los Veinticuatro, de Munich, ha celebrado en el Salón Schulte una Exposición notabilísima por muchos conceptos, á pesar de ser no más que 6o las obras expuestas. De los artistas que han organizado este certamen, los secesionistas muniquenses, unos son los jefes de las escuelas que
representan las más modernas tendencias y otros son adeptos á
las mismas. Estaban representados en la E xposición los célebr_es
pintores Uhde, Piglhein, Keller, Habc,rmann, Truhnen, Schhttgen, Block, Vahle y el retratista Reinaldo Lepsius, y además
figuraban en ella Oppler con un interior y un cuadrito de género,
Vetter con dos escenas callejeras, Hoffmann-Saarlouis con un
campo de batalla, Niemeyer, Fehr, Corinth, Herrmann, Bauer,
Becker, Borschardt, Leonhard, Vogler y Schorn y los escultores Alejo Oppler y Rugo Kaufmann con bustos re tratos de vida y expresión extraordinarias.
- Proyéctase en Breslau la creación de un museo de industrias artísticas, para la que la Asociación Industrial Central de
Silesia facilita la suma de 100.000 pesetas.
- A principios de mayo se subastará en París la famosa colección de encajes que ocupa seis grandes salones y que hace
algunos años fué tasada en 12 millones de francos. Esta colección por la sin igual abundancia de las más escogidas labores de
esa industria artística puede ser considerada como única en el
mundo.
París. - En la galeria Petit, calle Godot de A:fauroi, se hallan
instaladas las obras de seis artistas (conocidos ya del público)
que constituyen la segunda Exposición de los Inqttiets y que
ascienden á un centenar: vense a!H acuarelas, pasteles y pinturas al óleo y al encáustico, según los procedimientos antiguos.
El conjunto de la Exposición es interesantlsimo, dominando
en todos los trabajos la espontaneidad y la sincera observación
de la naturaleza, sin prejuicios, maneras ni recetas. Un paso
más por el camino en que el arte puede producir algo duradero
é interesante.
En la misma galería expuso hace poco P. Vauthier una colección de vistas de París, colección que figurará en el Palacio
de las Bellas Artes de Chicago, donde de seguro merecerá los
aplausos que en París unánimemente le han ,concedido_ críticos
y artistas, por representar de una ~::mera grafica l~s d1f~rentes
y variados aspectos de la gran capital y con una eJecuc16n segura, sobria y franca.
Los escultores y pintores que se dedican con preferencia al
estudio de los caballos por constituir estos animales una parte
principal en sus creaciones artlsticas, han formado una as~ciación presidida por el marqués de Barbentane, con el propósito de organizar una exposid~n de sus ?bras en el próxi_mo concurso hípico que todos los anos s~ venfica en el Pa_lac10 de la
Industria. Cuentan entre los asociados á Gerome, Aimé Morot,
Detaille, Gavarní, Goubier Foment, Meurice, etc.
- La Real Academia escocesa ha inaugurado su exposición
del presente año, habiendo procedido con gran rigor en la admisión de cuadros, merced á lo cual las obras expuestas, aunque
pocas en número, son obras maestras. Muchos artistas, sin embargo, se lamentan de que hayan si~o excluíd~s del certamen
precisamente los que no son académicos ó asociados. Entre las
pinturas expuestas llaman la atención preferentemente las de
J. Reid, presidente de la Academia, M' Taggart, J. Smart, W.
Paton, B. Brown, J Guthrie, etc.
- El conocido millonario Vanderbilt ha cedido su galería de
cuadros, estimada en cuatro millones de dollars, y el edificio
construido ex profeso para la misma á la Sociedad Americana
de Bellas Artes.
- E t coleccionista neoyorkino Jaime E. Sutton ha comprado al conde de Caledonia por 500. ooo francos el retrato de la
marquesa de E spinola, de Van Dyck.
.
,
- La Sociedad promotora de las Bellas Artes de N apoles ha
inaugurado poco hace una expos!ción inter~santísim~, ~jo los
auspicios de los venerables y emmentes artistas Pahzz1 y Morelli. Entre los más significados que representan á la brillante
escuela napolitana, pintores y escultores, como Michetti, Mancini, Laurenti, Gemito, Rossana, etc., figuran en buena línea
nuestros compatriotas Villegas, Barbudo y Benlliure.
- En Venecia se ha celebrado el centenario deGolodni, con una
sesión académica en su honor, después de la cual, en procesión
clvica, los congregados pasaron á depositar una corona al pie
de su monumento, y por la noche una función de gala en el
teatro que lleva su nombre solemnizó en medio del entusiasmo
general la memoria que los venecianos todos guardan en sus
corazones del que fué inimitable pintor de las costumbres de su
patria en las postrimerías de la República de San Marcos.

ARTÍSTICA

embellecer el naturalismo hoy imperante, sobre todo en el Norte, con cierto sentimentalismo místico.
- En el teatro de la Opera, de Berlín, se estrenará en breve
una ópera en un prólogo y tres actos, titulada Cleopatra, cuyos
libreto y partitura son respectivamente de Einar Christiansen y
Augusto Enna, ambos dinamarqueses.
- La nueva obra de Pablo Lindau, El comediante, ha sido
estrenada con gran éxito en el teatro de Berlín.
- El estreno del cuento dramático de Luis Fulda, El talismán, que se ha verificado en el teatro Alemán, de Berlín, ha
producido grandísimo efecto, no sólo por lo que. en sí vale la
bellísima obra, sino por la riqueza con que ha sido puesta en
escena.
En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado la última
obra de lbsen, El arquitecto Solness, que fué acogida por la
gran mayoría del público con las mismas protestas ruidosas que
su representación produjo recientemente en Berlín.
- En el teatro Alemán de Praga se ha puesto en escena, en la
undécima noche del ciclo dedicado á Wagner, la ópera Las hadas, que el gran maestro compuso en su juventud, y cuya música, aplaudida con entusiasmo en aquellla representación, revela
ya las tendencias que más adelante desenvolvió y completó el
autor de Parsifal.
Parls. - Se han estrenado con éxito: en el T eatro Libre, Le
Devoir, drama en cuatro actos y en prosa de Luis Bruyerre, de
acción interesante y muy bien escrito; en el Gran Teatro, Pecheur d' Is/ande, drama en cuatro actos y nueve cuadros de Pedro Loti y Luis Tiercelin, tomado &lt;le la bellísima novela del
primero, que lleva el mismo título; en Vaudeville, una comedia
en tres actos de Julio Lemaitre, titulada Flipote, en la que con
gran conocimiento del asunto se pintan las gentes y las costumbres del teatro; en el teatro ele Aplicación, una comedia en tres
actos de E. Gugenheim y J. Le Faure, Les Tripoteurs, que
aunque bien escrita y de acción muy movida peca de grandes
inverosimilitudes de fondo; y en la Opera, un baile en dos actos y tres cuadros, La A:faladetta, cuyo argumento está basado
en una leyenda pirenaica y cuya música, de Pablo Vida!, es
muy inferior á otras producciones de este maestro.
Londres. En el Criterion se ha estrenado una comedia política de Enrique A . Jones, The ba11ble Shop, inferior á The
Crusaders, del mismo. En el Liceum se ha puesto en escena con
gran lujo la tragedia de T ennyson, Becket, en cuya representación ha obtenido uno de sus más grandes triunfos el famoso ac·
tor Irving. En Saint James H all ha dado Sarasate el último
concierto de la temporada, que ha sido, al decir de un periódico
inglés, «el triunfo final de una serie de audiciones dadas ¡ior e!
artista más grande de nuestra época.)) En Covent Garden han
comenzado las representaciones de óperas cantadas por artistas
vestidos en traje de sociedad y sin ningún aparato escénico:
hasta ahora se han representado El amigo Fritz y Cava/feria
rusticana, de Mascagni, y Faust, de Gounocl. Este espectáculo
ha deleitado á los inteligentes, pues les permite concentrar toda
su atención en la música; en cambio ha gustado poco á la masa
del público, pues las bellezas musicales no han sido bastantes á
hacerle perdonar los absurdos que de tales representaciones resultan, dada la relación íntima que en la ópera existe entre la
acción y la mise en sce11e.
En Trafalgar Square se ha estrenado el último drama de
Ibsen, El arq11itecto Solness, que la prensa inglesa por lo general califica de ininteligible y que fué acogido fríamente por el
público. En el Empire se ha puesto en escena con gran lujo un
baile en dos actos, Katrina, con música bellísima de Wenzel.
Madrid. - En el Real ha cantado el señor Tamagno la ópera
ele Verdi La/orza del destino y L' Africana, que se ha puesto
en escena para el beneficio de la señora Tetrazzini: en ambas
ha sido muy aplaudido el citado tenor y en la de Meyerbeer ha
tenido una verdadera ovación la mencionada tiple. En el Español se dió la función dedicada á Zorrilla, poniéndose en escena
Traidor, inconfeso y martir y leyéndose inspiradas poesías de
los Sres. Echegaray, Manuel del Palacio, Ferrari y Ricardo de
la Vega: en el propio coliseo se ha estrenado un drama en tres
actos, Despuls del combate, arreglo de la obra portuguesa Fray
Litis de Souza; pertenece al género romántico, está muy bien
versificado y tiene hermosos pensamientos y escenas interesantísimas que valieron muchos aplausos á sus autores, los señores
López Ballesteros y Paso En la Comedia se ha verificado el
beneficio del Sr. Mario, poniéndose en escena El amigo Fritz,
y se ha estrenado, para el beneficio de la señorita Guerrero, el
drama en tres actos de D. J osé Echegaray El poder de la impotmcia, inspirado en un hermoso pensamiento y magistralmente
escrito, aunque en conjunto resulta bast~nte inferior á otras
producciones del gran dramaturgo. En Lara se ha verificado el
beneficio del popular actor Sr Rosell, habiéndose puesto en escena un arreglo en dos actos de la _graciosísima comedia del señor Pina y Dominguez Behl ó el chiquitín de la casa.
Barcelona. - La Sociedad Catalana de Conciertos ha dado el
tercero de la presente serie, habiendo obtenido grandes aplausos
la crquesta y su director Sr. Nicolau en cuantas piezas constituían el programa y muy especialmente en el larghetto en la de
Mozart, en La gruta del Fingal, de Mendelssohn, y en la oda
sinfónica de David Le Desert. En el Liceo actúa una compañía
de zarzuela que ha puesto en escena las principales obras del
repertorio moderno y algunas del antiguo. En el Circo Barcelonés sigue siendo aplaudida la compañía Tani, que ha estrenado Le damigelle de Saint Cyr, Baccio prohibí/o y Un matrimonio fra due domre. En el Tívoli la compañia de ópera ha puesto en escena Africana y Faust. Se han estrenado con buen
éxito: en R omea una gracioslsima pieza en un acto, del Sr. Aulés, Sense sogra; y en Novedades, Los miserables, melodrama
basado en la novela de Víctor Hugo, y A casa l' ar,:alde, chistoso sainete del Sr. Brossa y Sangemar.

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LA I LUST RACIÓN

ARTÍSTICA

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Parlamento inglés del cual formaba parte sin interrupción desde 186o, y hombre' muy versado en asuntbs militar~s y agrícolas.
Monseñor Carlos Felipe Place, cardenal, arzobispo de Rennes, uno de los prelados más ilustres de Fran~ia y más respetuosos con las instituciones políticas de su patna.
Hipólito Adolfo Taine, célebre historiador, crítico y fil~sofo,
individuo de la Academia Francesa, profesor de H1stona del
arte y de estética en la Escuela de Bellas Artes de París, colaborador asiduo del journal des Debats y de la Revtte des deux
mondes y autor ele Los filósofos franceses del .siglo x1x, Ensayos

de crítica é historia, H iston·a de la literatura inglesa, La filosofía del arte, El idealismo inglés, El ideal en el arte, Los orígenes de la Francia coutempordnea y otras.

Jorge R. D avis, director general de l a E xposición u n iversal de Cbicago. - Es sin duda alguna actualmente el hombre más popular de América, y su importancia
casi iguala en estos momentos á la del presidente de la República, pues en él se personifican el espíritu emprendedor, el progreso en todos los ramos que caracterizan al pueblo norteamericano. Temprano comenzó para él la lucha por la existencia, y
paso á paso y teniendo que vencer grandes dificultades llegó
hasta uno de los más altos puestos de la administración pública, conquistándose un sitio preeminente en la historia de su patria. Cuenta en la actualidad unos 50 años: su rostro revela
energía é inteligencia; su aspecto y sus ademanes son los del
hombre acostumbrado á mandar, y sin embargo su amabilidad
es extrémada. Leal y constante en sus amistades, no hay sacrificio que no esté dispuesto á hacer si de favorecer á sus amigos
se trata, y siente gran predilección por la prensa, á la que prodiga toda suerte de atenciones.
Tal es el hombre que por sus méritos ha sido puesto al frente
de la gran manifestación de la humana actividad próxima á
inaugurarse en Chicago, y fuerza es confesar que cuanto hasta
ahora bajo su dirección se ha realizado justifica la elección que
de él han hecho_sus compatriotas.
L as sardineras, cuadro de I gnaci o .U garte(Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - Discípulo el
Sr. Ugarte del distinguido pintor Alejandro Ferrant, ha sabido
hallar presto ocasión en que demostrar sus aptitudes-y las provechosas enseñanzas que ha podido recibir de tan ilustre maestro. Su cuadro titulado Las sardineras es un notable lienzo, ejecutado y concebido con arreglo al concepto moderno; es un bellísimo cuadro de costumbres que se recomienda por la verdad
del ambiente y el color local, que tan hábilmente ha logrado
interpretar. La producción del pintor guipuzcoano figura dignamente entre las de aquellos artistas que emplean su ingenio en
reproducir cuanto constituye el modo de ser del país que los vió
nacer, convencidos de que así prestan el más ferviente tributo
al arte patrio.
Tristes recu erd os, cuadro de R. Poetzelberger.
- Este notable pintor de la escuela de Munich hace en todas
sus obras verdadero derroche de sentimiento, sin por ello des•
cuidar la parte plástica, en la que se nos presenta siempre como
consumado maestro. Tristes recuerdos es una obra que habla
directamente al alma después de impresionar gratamente los
ojos: la figura, admirablemente sentida, y el paisaje que la rodea, todo respira melancolía, todo atrae, seduce y conmueve,
merced á la inspiración con que el cuadro ha sido concebido y
la delicadeza y naturalidad con que el artista ha dado forma á
su concepción bellísima.
¡Tierra!, cuadro de F ernando Cabrera (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - No iguala el mérito de la última producción del pintor alcoyano á la titulada
Hulrfanos, premiada en la Exposición nacional de 1890, ni á
la que obtuvo idéntica recompensa en la general de Bellas Artes de Barcelona, sin que carezca de mérito el gran lienzo ¡ Tierra!, que damos á conocer á nuestros lectores. En éste como en
el primero que citamos hase inspirado el joven artista en dos
cuadros de la vida real, íntimos, vivos, que con frecuencia podemos observar, puesto que son páginas de la época en que vivimos. Fernando Cabrera. el laborioso y afortunado disclpulo
del malogrado Plasencia, ha podido en / Tierra! crear una sentida producción, muy recomendable por el color y la factura.

Episodio de la guerra de l a I ndependencia,
cuadro de César Alvarez D umont. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografía ele J. Prieto).
- Varios son los artistas que en todos los países dedican sus fa.
cultades á conmemorar Por medio de sus obras los hechos gloriosos de su patria, representando funciones de guerra ó episodios que registra la historia, como ejemplo de civismo dado
Por los que defendieron derramando su sangre la integridad de
la nación. César Alvarez Dumont pertenece al número de estos
distinguidos y patrióticos artistas, ya que así lo demuestran las
dos obras de más empeño que ha producido, Elgran d{a de Gerona, que figuró en la Exposición nacional de 18901 inspirado
en la heroica defensa de la inmortal Gerona, y el Episodio de la
guerra de la Independencia, que ha figurado en el concurso
de 1892, destinado á recordar uno de los acontecimientos que
Necrología. - Han fallecido recientemente:
se desarrollaron en aquella epopeya nacional, que produjo á la
Alfredo Hardy, profesor y ex presidente de la Academia de postre el eclipse total de aquel que se tituló el capitán &lt;le! siglo.
Medicina de París, famoso dermatólogo.
El lienzo del Sr. Alvarez es una obra de empeño y, como
T eatros. - E l maestro Mascagni ha diri~do en la Real
Marta J. Lamb, escritora norteamericana que conquistó gran todas las por él producidas, reune cualidades dignas de enOpera de Berlín la Cavalleria rttsticana; el publico le tributó nombradía, especialmente con su obra Historia de la ciudad de comio.
una ovación y el emperador, á quien fué presentado en el palco Nueva York.
regio, colmóle de elogios y de distinciones y condecoróle con la
Van Rysselberghe, notable electricista belga, inventor de un
Erase que se era... , cuadro de José Pennasilicruz de tercera clase de la orden de la Corona. A los pocos meteorógrafo y de un sistema para utilizar simultáneamente los co. - No es necesario describir el asunto de éste cuadro. ¿Quién
días verificóse en el propio coliseo el estreno de su {tltima ópe- alambres telegráficos para comunicaciones telefónicas.
no ha sido actor en su infancia ó testigo más tarde de una escera Los Rantzatt, que obtuvo gran éxito, por más que la criHermano Schaffhausen, profesor honorario de la facultad de na análoga? T ampoco nos parece preciso señalar las bellezas
tica berlinesa haya encontrado en esa obra algunos defectos.
Medicina en la Universidad de Bonn, uno de los más famosos que atesora, pues á nadie se escapará la verdad con que apare- La ópera de Leoncavallo I Pagliacci ha sido representada antropólogos contemporáneos y decidido partidario de la teoría cen trasladadas al lienzo la curiosidad, el interés de los infanticon gran éxito en Mesina, Dresde, Colonia y en Karlsruhe.
del desenvolvimiento progresivo de toda la naturaleza orgánica. les oyentes y la seriedad de la narradora: parecería esta obra re- En el teatro &lt;lel Casino, de Copenhague, se ha estrenado
Lord Brabourne, lord del Tesoro, durante algún tiempo producción fotográfica de un grupo sacado en un momento háun drama popular, titulado.lJ-Iagdalena, de Gustavo Esmann, que auxiliar poderoso de Mr. Gladstone, escritor elegante y algo bilmente escogido, si no hubiera en~todo él ese algo que la máha excitado gran entusiasmo en todos los círculos literarios y cáustico y autor de multitud de cuentos de hadas para la niñez. quina es impotente á asimilarse y á traducir y que sólo un arque es un síntoma de una nueva corriente literaria que tiende á
Sir Walter Barttelot, uno de los más antiguos miembros del tista de talento como Pennasilico logra sor prender y expresar.

- Pues mira: todavía no van á cerrar; ven, y puedes alli ante el altar ...

¡SI FUERA VERDAD! ..
POR ENRIQUETA LOZANO VILCHES, CON ILTSTRACIONES DE APELES MESTRES

I
Mediaba diciembre. Ese mes de las blancas nieves y de los vientos sutiles,
pero de las alegrías de los inocentes y de los regocijos y las fiestas del cielo.
Ese mes en que conmemora la Iglesia el dulce momento en que los ángeles ciñeron á la frente de una Virgen Inmaculada la corona de madre ... y ¡de Madre
de Dios!
La tarde iba.llegando á su fin, y las campanas del templo de Nuestra Señora
de La buena nueva volteaban rápidamente llamando á los fieles para los ejercicios con que debían prepararse á celebrar las glorias de María y el nacimiento
del Hijo de Dios.
Junto á la puerta del sagrado recinto se agolpaban multitud de personas, que
poco á poco iban penetrando en el interior, dejando en aquel dintel las pasiones, los anhelos y las vanidades de la vida para elevar el pensamiento á las regiones de la eternidad.
Ya casi no quedaba nadie en aquella entrada, desde .donde podían advertirse
sin embargo los perfumes de algunas tardías y pálidas flores de invierno, mezcladas en dulce confusión á los aromas del incienso y á los suaves ecos de una
vaga armonía que parecía decir con sus melodiosos sonidos:
«Venid aquí todos los que sufrís; venid aquí los que vaciláis en la tierra agoviados bajo el peso de nuestra cruz! ¡Que aquí están las fuentes de la esperanza
y el consuelo! ¡Aquí para sosteneros y alentaros os tiende su mano la Virgen sagrada que es madre de afligidos y refugio de los que lloran!»
¡Aquella voz era la del órgano sagrado, acompañando su himno en honor de
María y del divino Emmanuel!
Dos 6 tres niñas, atraídas por las luces y por la música, se habían detenido
á la puerta y parecían vacilar entre seguir su camino ó penetrar un instante en
la casa de Dios.
Todas acababan de salir de uno de esos asilos en que la caridad mancomunada con la religión ofrece enseñanza y amparo á la niñez des-valida, iluminando su alma con la luz de la fe y derramando en su corazón la semilla del bien.
Contaban muy pocos años y eran tan bellas como inocentes y como pobres
al par también.
Una entre todas llamaba la atención por su rostro inteligente y hermoso, pero
pálido y melancólico como las flores que adornaban el altar del Niño Dios.
Su trajecito de percal estaba usado y deslucido como el de sus compañeras,
pero había en su hechura algo que denotaba buen gusto_y eleganci_a, y sus pequeñas botas, rotas ya, tenían, sin embargo, otra forn:ia diferente al c~lzado de
las demás. Sus hermosos cabellos rubios estaban peinados con sencillez, pero

formando tan gracioso conjunto con el dulce semblante, que revelaban al primer
golpe de vista la mano de una mujer cuidadosa, inteligente y distinguida.
- ¿Vamos á entrar en la iglesia?, dijo la mayor de aquellas niñas. Oiremos la
música y veremos á la Virgen y al Niño Jesús, que acaso esté colocado en el
altar.
- Sí, respondi~ron vivamente las otras. Sí, vamos.
- ¡Oh! Yo no puedo, se apresuró á decir la preciosa rubia, que quizá no
contaría aún siete años y cuyo nombre era Paulina. Yo no.
- ¿Por qué?, preguntó la que hablara primero.
- Porque mi madre está enferma y sola, y me reñiría si tardase.
- ¿Está enferma? ¿Qué tiene?
- ¡No lo sé! Pero llora mucho, come muy poco y nunca sonríe, desde que ...
- ¡Sigue! ¿Desde cuándo?, insistió la amiguita con curiosidad.
- Perdóname, pero no puedo decirlo.
-¿Que no?
- Mi madre no quiere que hable de esto. Dice que es un secreto que debemos guardar.
- ¿Un secreto?
- Sí; por eso está triste y es desgraciada hace muchos años.
- ¿Muchos años?
- ¡Tantos, tantos, que yo no me acuerdo de haberla visto contenta!
La compañera de ];&gt;aulina pareció meditar un instante, y luego exclamó:
- Dicen que la Virgen es el consuelo de los afligidos. Ven y le pediremos
que enjugue las lágrimas; de tu madre.
La niña cedió, alentada por estas palabras, y ambas penetraron en el interior
del santuario.
Las demás habían desaparecido ya entre la apiñada multitud.
Al principio quedaron in móviles y sin poder avanzar.
E l brillo de cien y cien luces, las gasas, las flores, las nubes del blanco incienso, aquella muc~edumbre arrodillada, saludando con sus preces á la Madre
purísima y al Dios hecho hombre, todo aquel conjunto imponente y sublime las
dejó admiradas y emocionadas á la vez.
Luego fijaron sus ojos en el altar, y sus inocentes corazones palpitaron de
alegría.
¡Era tan amorosa aquella madre! ¡Era tan hermoso aquel niño!
¿Por qué había de inspirarles temor? ¿Cómo no había de escuchar sus ruegos?
¡La niñez se entiende muy fácilmente!
Paulina se arrodilló y permaneció así por algún tiempo, sin poder explicar lo
que sentía.

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Después contuvo el aliento y escuchó con atención.
- Y antes de la clase iremos á ver á ese D. Máximo que sabe decir tantas
Un anciano sacerdote ocupaba la cátedra _del Espíritu Santo y dirigía la pa- cosas bonitas, y le rogaremos que escriba tu carta.
labra á los fieles allí reunidos.
- Pues adiós, J ulieta.
Pintaba las bondades de María, su piedad para con los hombres. La llamaba
- Paulina mía, hasta mañana.
«consuelo de los afligidos y auxilio de los cristianos.»
Y las dos niñas se separaron, dirigiéndose cada cual á su respectiva casa.
La niña retuvo aquellas frases en su memoria y procuró grabarlas en su corazón. De cuanto veía y escuchaba, nada como aquellas palabras conmovió y enII
sanchó su alma.
- ¡La Virgen oye nuestros ruegos y puede hacer cuanto Je pidamos!, repetía
Paulina, contra la costumbre de la infancia, durmió muy poco aquella noche.
para sí. ¡Oh! ¡Si yo lograse que me escuchara!
La desvelaba su proyecto, la idea de aquella carta en que cifraba todas sus esY la inocente criatura daba vueltas á este pensamiento que se mezclaba en peranzas: la desvelaban los sollozos de su madre, y ¡ay! la desvelaba también
su mente con e l pensamiento de su madre.
el hambre, porque como había dicho á su amiga, ¡no tuvo pan aquella noche!
Por la mañana muy temprano se levantó y se dispuso para ir al colegio.
Su madre quiso impedirlo. ¡Cómo dejar salir á aquella criatura, que desde la
mañana del día anterior no había tomado alimento alguno!
L~ oración_ sagrada terminó: las luces se fueron apagando poco á poco y la
Pero la niña insistió tanto; afirmó con acento tan dulce que no tenía ganas
multitud volvió otra vez á lanzarse al torbellino del mundo que había abando- de almorzar, que la infeliz mujer cedió á sus ruegos y la dejó partir.
nado un instante para pensar tan sólo en el cielo.
Cuando ya la perdió de vista, la pobre madre ocultó el rostro entre las manos
Paulina y su compañera se levantaron también, porque casi habían quedado y derramó un torrente de lágrimas.
solas.
- ¡Oh!, murmuró entre sus gemidos, ¡yo puedo sufrir el hambre y las privacio-¿Ves cómo yo tenía razón en obligarte á que entraras?, dijo á la niña su nes; pero ver que ella las sufre!.. ¡Esto es horroroso, esto es superior á mis fueramiguita.
·
zas, y conozco que ya me falta valor para tanto!
.- ¿Has oído bien lo que decía el señor cura?, preguntó Paulina sin percibir
Y doblando la frente con abatimiento, permaneció muda é inmóvil.
quizá las frases que ésta acababa de dirigirla.
¡Oh! ¿Quién podría comprender las ideas que rodaran por aquella cabeza
-¡Oh! ¡Sí!
abrumada bajo el peso del dolor? ¿Quién podría contar los negros fantasmas que
- Dímelas si te acuerdas.
cruzaran por aquella mente turbada por la fiebre y por el delirio? ¿Quién podía
- Que la Santísima Virgen nos escucha siempre y que debemos pedirla asegurar que entre ellas no apareció el pensamiento del suicidio, presentándole
mucho.
la muerte como el sereno puerto del borrascoso mar de la vida?
- ¡No me equivoqué! ¡Lo mismo he entendido yo!
¡Oh! Nadie. Porque aquella mujer pálida, enferma y moribunda, no pro- ¿No te lo dije antes?
nunció un:t palabra más, y sólo sus tristes suspiros probaban que existía, pero
- !::ií, pero ...
que vivía para sufrir.
- ¿Y eso es lo que te preocupa?
Paulina entretanto, cruzaba.con paso rápido algunas calles y se dirigía sin va- ¡Sí, mucho!
cilar á la puerta de su colegio.
- Pues yo lo sabía hace tiempo; mi madre me lo repite todos los días. Yo
Por largo tiempo esperó allí á Julieta. Esta, más dichosa sin duda, había gocreí que la tuya te lo habría enseñado también.
zado un sueño tranquilo, porque antes de dormirse había visto sonreír á su ma- No... ¡Quizá no lo sepa!
dre y había sentido sobre su frente el calor de los besos de su honrado padre.
- ¿Y cuando rezas no te dice?..
La impaciencia de Paulina era indecible.
- Ella reza llorando y no habla. Por eso quizá...
.Al fin divisó á su amiga y su corazón latió de alegría.
- Es que para que la Reina del cielo nos escuche se necesita ser muy buena.
- ¡Oh! ¿Ya has venido?, la dijo al verla. ¡Gracias á Dios! Yo creí que te habías
- ¡Mi madre lo es!
olvidado de lo que hablamos ayer.
- Yo hablo de las niñas, á quien la Virgen ama mucho.
- No, lo recordaba como tú; pero era demasiado temprano para que fuése- ¿De veras?, preguntó Paulina con un acento en que vibraba la esperanza. mos á buscar á ese caballero, que acaso no madrugará tanto como nosotras, por- Así me lo asegura mi madre, y siempre que quiere alcanzar de Dios alguna que como no tiene que ir á la clase ...
cosa me encarga que se lo pida yo todos los días.
- Pero va á la imprenta, según has dicho.
- Pues yo seré muy buena; yo lo seré desde hoy, y así...
- Es verdad: entonces vamos.
- ¿Tanto te interesa lo que tienes que pedir?
- ¡Oh, sí!
- ¡Oh, sí, mucho, mucho!
- ¿Has pensado lo que vas á decirle?
- Pues mira: todavía no van á cerrar; ven, y puedes allí, ante el altar ...
- Toda la noche.
-No, no; aún hay gente en la iglesia y podían verme. Ya te he dicho que es
-Ven.
un secreto, del que mi madre no quiere que hable á nadie.
- ¿Está muy lejos?
- Y entonces, ¿qué vas á hacer?
- Al final de la calle de Palma.
-:- ¡No sé! ¡Ay! ¿Por qué no soy más grande ó por qué no habré sido más
Las dos niñas tomaron resueltamente aquel camino.
aplicada?
Julieta se detuvo un momento y dijo á su compañera:
-¿Para qué?
- Ahora pienso una cosa.
- Porque sabría escribir y le pondría una carta á la Virgen diciéndoselo todo
-¿Cuál?
á ella sola.
- Que vas á tener que entrar tú sola.
- ¡Yo tampoco sé!
-¿Por qué?
- i Qué lástima!
- Porque ya te he dicho que mi padre trabaja en la imprenta, y si me viese
_Las dos niñ~s caminaron un momento silenciosas, pero preocupadas por el me reñiría mucho, y me preguntaría que por qué no había ido al colegio.
mismo pensamiento.
- ¡Tienes razón! ¡Pero ir yo sola!.. Me causa miedo; siento vergüe::iza.
De pronto Julieta se detuvo y dijo á su amiga:
- ¡Bah! No pienses en eso; ya eres casi una mujer. Vas á cumplir los siete años.
- Escucha: mi padre es cajista, trabaja en una imprenta y ahora gana su jor- Todavía no; me falta ...
nal ocupado en la confección de un periódico.
-¿Y eso qué importa?
-¿Y qué?
-Como yo no conozco al caballero ...
- Muchas veces lleva á casa cosas muy bonitas que lee á mi madre y á mis
- ¡No le hace! Preguntas por él: ya sabes que se llama el Sr. Máximo y que
hermanas, diciéndoles siempre: «¡Oh! ¡Este Sr. Máximo escribe como nadie! escribe muy bien. Todos le quieren y le celebran mucho, según cuenta mi paNinguno lo hace tan bien como él.»
dre, y el primero á quien preguntes te podrá decir quién es.
- ¿Y eso?.. , preguntó Paulina.
Paulina escuchó dócilmente las instrucciones de su compañera, y ambas ni- ¡Si ese caballero quisiera escribirte la carta! ..
ñas siguieron caminando algunos momentos.
- ¡Ah!
- ¡Allí es!, dijo Julieta deteniéndose y señalando con su pequeña mano la fa. - ¡El la haría muy bien! Mejor que nosotras: le pondría todo eso que dice chada de un magnífico establecimiento tipográfico: allí es, entra y no tengas
m1 padre, y así. ..
cuidado. Yo te esperaré junto á la esquina, y cuando salgas iremos juntas á po- Pues ¿por qué no ha de querer? ¿Le cuesta acaso algtín trabajo? ¡Lo malo ner la carta en el correo.
es ... , lo malo es que no le conozco ni sé dónde vive!
- ¡En el correo!
- En la imprenta está todos los días. Cuenta mi padre que es el más eficaz
- O en el cepillo de la iglesia para que llegue más pronto: eso ya lo pensarede todos y el que va más temprano.
mos después.
- ¡Entonces, llévame, llévame tú, por Dios!
Paulina dió algunos pasos y se adelantó hacia el hermoso edificio, vacilando
- Tenemos que esperar hasta mañana.
un poco primero y con más seguridad después.
-¿Por qué?
Entró al fin en él, y uno de los dependientes le preguntó al verla mirar á to- Porque es á esa hora cuando el Sr. Máximo está en la redacción.
das partes:
- ¡Esperar otro día!
- ¿Qué quieres, niña?, es algún abecedario; algún ...
- ¿Qué más da?
- No, no, señor. No vengo á buscar libro alguno; en el colegio nos los dan
- ¡~stá ~i _madre tan triste! Y luego... ¡quizá esta noche no tengam·o s pan!
todos.
Juheta smt1ó_~na opresión en el corazón que en su inocencia no sabía expli- ¿Entonces?..
car. ¡Aq~ella mna era tan buena y quería tanto á su amiga! Además, era casi
- Venía ... Venía ... , balbuceó Paulina casi temblando.
tan pobre como ella y conocía harto bien las angustias de la miseria.
-¿Para qué?
- ~L~oras?, preguntó Paulina sin sospechar que sus palabras pudieran arran- Para buscar ... al señor... al Sr. Máximo.
car lagnmas.
- ¿Al director de La voz pública?
¡Era aquello tan continuo, tan usual para ella!
- Yo no sé si será ese el que yo quisiera ver.
- ¡Me da tanta pena el pensar que no cenarás esta noche!
- ¿Que no lo sabes?
- ¡Eso nos sucede muchas veces, y mi madre también llora por mí! Por eso
- Julieta sólo me ha dicho su nombre y además que escribe mejor que ninquería... Pero, en fin, tendré que esperar!
guno ... y que siempre está aquí.
- ¡Qué hemos de hacer!
- ¡Ah! Sí; entonces ese debe ser. Pero ¿quién es Julieta y para qué quieres
- ¿Pero mañana?..
hablar al Sr. Máximo?
- Espérame en la puerta del colegio, y no entres hasta que yo vaya.
- Eso no puedo decirlo más que á él, respondió Paulina con voz dulce, pero
-Bueno.
firme á la par.

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Aquel hombre miró á la inocente criatura de un modo extraño. ¡Era su aspecto tan pobre, pero tan cándido y suplicante!..
Al fin, y después de aquel examen:
· - Lo siento, dijo, pero no debo dejarte pasar donde está.
La niña cruzó las manos con desaliento y de sus hermosos ojos se escaparon
algunas gotas de llanto.
¡Todas sus _esperanzas se desvanecían ante aquella negativa!
No respo~d1ó una palabra; eero inclinó su purísima frente y dió algunos pasos para sahr.
Ya estaba cerca de la puerta, cuando la voz del dependiente la detuvo.
- Espera, dijo, espera. ¿Por qué marchas tan pronto?
- Como usted ha dicho...
- Bien mirado, pensó aquel hombre compadecido de la aflicción de la niña;
bien mirado, ¿por qué la detengo? Tal vez la conozca el Sr. Máximo, tal vez
venga á pedirle... En fin, que entre la muchacha, y que él haga lo que quiera.
Si luego se enfada, con decirle que yo nada sé... y dirigiéndose á Paulina: ¡Ah!,
dijo: ¿Ves aquella puerta entornada que tiene encima un letrero?
- Sí, señor.
- Pues aquel es el despacho del que tú buscas, y allí debe estar. Entra y dile
lo que quieras, hija mía.
La niña le dió gracias con una mirada, y se encaminó resueltamente al sitio
que la había indicado.

Reflexionó algunos instantes y preguntó con acento menos duro del que había usado hasta allí:
- ¿Y con esa carta esperas?..
- Que se remedien todas nuestras desgracias y que mi madre sea feliz.
- Pues bien: en ese caso estoy dispuesto á escribírtela, niña. Dedicaré hoy
mi pluma é invertiré el tiempo en un trabajo útil, ya que muchas veces ocupo
ambas cosas en hacer el mal.
- Conque ¿va usted á hacer lo que le he dicho, á escribir mi carta?
- Sí. Dime á quién he de dirigirla. ¿Es á algún pariente rico quizá?
- No, señor.
- ¿A alguna persona que os debe algo?
-Tampoco.
- ¿Pues á quién es entonces?
- Al Niño Jesús.
- ¿Al Niño Jesús?
- O mejor ... mejor á la Virgen Santísima, porque el Niño Dios no sabrá leer
todavía.
La pluma se escapó de las manos del periodista.
Miró primero á Paulina con asombro profundo; pero después una expresión
de cínica burla se pintó en sus facciones, y soltó una sonora carcajada que dejó
sorprendida á la pobre niña.

III
La habitación en que penetró la amiga de Julieta era la redacción de un diario satírico.
La pobre criatura se detuvo indecisa. Por todas partes había papeles, pruebas,
libros, periódicos; todo en el más confuso desorden, todo en el más completo
desarreglo.
Cinco ó seis mesas con sus pupitres y llenas de cuartillas borradas ó á medio
escribir. Algu:1as butacas, un sofá, sobre el cual se ostentaba un magnífico reloj
de pared representando la figura del dios Apolo: algunos cuadros con mapas,
almanaques, retratos de hombres célebres, y en los ángulos cuatro ninfas medio
desnudas, representando las estaciones del año, componían el mueblaje de aquella habitación, caldeada notablemente por una magnífica estufa, y donde en aquel
momento se hallaba un hombre trasladando al papel las ideas que en rápido
torbellino acudían á su mente.
Aquel hombre era Máximo de Sandoval, uno de los escritores más mordaces
y satíricos de la época.
Paulina permaneció, como hemos dicho, inmóvil y muda algunos momentos,
en que sólo se oía el crujir de la pluma sobre el papel y los latidos del corazón
de la pobre niña que no sabía cómo formular su petición.
Al cabo fijó su mirada en el rostro del que escribía, y pareció tranquilizarse.
Aunque los azares de una vida desordenada y combatida por violentas pasiones habían impreso su huella en el semblante de aquel hombre, había algo en
él todavía que le hizo simpático á los ojos de la niña.
Vencido, pues, su primer temor, acercóse aunque pausadamente, y viendo que
Máximo no reparaba en ella, murmuró con voz suave, pero en extremo temblorosa:
- Caballero.
El periodista alzó la cabeza, y al ver á la niña frunció las cejas, exclamando:
- ¿Qué es esto? ¿Es posible que entren aquí hasta los mendigos para no dejarnos en paz?
Y llevando una mano al bolsillo sacó una moneda para arrojársela á Paulina.
La niña no se movió.
- Toma, le dijo el joven; toma y vete de aquí.
.
- Yo no vengo á pedir limosna, murmuró ella moviendo con dulzura su 1111da cabeza.
- ¡Que no! Pues entonces, ¿qué quiere.s?, preguntó él sin dejar de mirará
Paulina.
- Quería... quería pedir á usted un favor; pero... no me atrevo.
- ¡Un favor, ttí.!..
- Sí, señor.
- Explícate, muchacha; pero acaba pronto, porque estoy de prisa.
- Dicen que usted es un gran escritor, y... que sabe decir todas las cosas mejor que nadie.
- ¡Bah!, exclamó Máximo, sintiéndose halagado en su vanidad, á pe_sar de lo
humilde de los labios que le dirigían aquella lisonja. ¿Y quién te ha dicho eso?
- El padre de una amiga mía.
-¿Y el?..
-Trabaja en esta casa, y lee lo que usted escribe.
- ¿Alguno de los cajistas quizás?
- Sí, sí, y por eso ...
- ¿Qué?
- Yo quisiera ... yo quisiera ...
-¡Vamos!
- Yo quisiera escribir una carta, y como no sé, venía .. .
- ¿A que lo haga yo por ti?
- ¡Oh! Sí, señor.
. ,
.
- ¡Linda ocupación por cierto! Vamos, chica, vete de aquí, y dile a quien te
envía que nadie se ha burlado impunemente de mí. ¡Sal!
Y le señaló la puerta con ademán amenazador.
- ¡Oh, Dios mío!, exclamó Paulina con el bellísimo semblante anublado por
una aflicción infinita. ¿Qué va á ser de nosotras entonces?
- ¿Pero qué quiere decir esto?, exclamó el escritor menos enojado. Explícate.
iQuién te ha mandado aquí?
- Nadie; ni aun mi madre sabe que he venido; se lo juro á usted. Fuí yo, yo
sola la que pensé esto por ver si podía consolarla de algtín modo. Yo .. . que la
veo llorar continuamente porque no tiene p.1.11 que darme; porque me ve descalza; porque creo que se va á morir ... Lo dice y lo desea mu~has veces, y . .. ¡ay!,
¡yo no quiero que se muera mi madre, caballero!, ¡yo no quiero que se muera
mi madre!
Paulina prorrumpió en un mar de lágrimas, y las facciones_ de Máximo per&lt;lieron algo de la expresión desdeñosa y fría que ¡antes se refleJaba en ella.

- Entonces ... habla, murmuró el period;sta...

El ateo se mofab:i. de aquell:i. sencilla é inocente fe, que creía y esperaba con
tan entera seguridad.
Paulina, que en su candor no podía comprender la causa de la risa del impío,
le preguntó con voz angustiada:
- ¿No quiere usted escribir?
- ¡Tú estás local, respondió él sin dejar de reir. ¡Escribirá la Virgen! La idea
es peregrina. Y ¿qué pensabas decirle?
- Que consuele á mi madre, contestó la niña con una energía superior á sus
años; que consuele á mi madre, y que me devuelva á mi padre que hace seis
años nos abandonó á las dos; que ... pero esto es un secreto que la Virgen sólo
debe saber, y si usted no quiere escribir mi carta, yo tampoco le diré nada más.
La risa se apagó de improviso en los labios de Máximo; su frente palideció
densamente, y á la vez sintió que su voz temblaba al preguntará la hermosa niña:
- Y si yo escribo, ¿me confiarás ese secreto?
- Sí, señor, puesto que usted se lo dirá á la Virgen por mí.
- Entonces ... habla, murmuró el periodista, que quería saber aquella historia
de abandono y lágrimas que había despertado en él no sé si algo más que curiosidad. Habla, repitió cogiendo una pluma y extendiendo en la mesa un pliego
de papel para fingir que escribía, como el medio más seguro de que se explicase
la niña.
- Mi madre no quiere que cuente esto á nadie, porque dice que mi padre
perdería en su buen nombre si se supiese que estaba casado y que viviendo él
casi rico, nosotras estamos tan pobres. Por eso me manda que calle; pero á la
Santísima Virgen María se le puede decir la verdad. ¿Es cierto, caballero?
- Sí, sí; pero empieza.
- Verá usted lo que yo quiero decir al Niño Dios y á su Madre también.
Ponga usted: «¡Virgen mía, ttí. que oyes á las niñas desgraciadas, toca con tu
mano en el corazón de mi padre para recordarle que yo le quiero! Dile que su
esposa y su pobre hija se mueren de hambre. Dile que estoy casi descalza; que
tengo frío. Dile que mi madre ha dejado su tranquila aldea para venir á buscarle
y que no le sabemos encontrar. Dile que todas las noches rezamos por él. ¡Tú,
Virgen María, que eres madre de las pobres huerfanitas, devuélveme á mi padre
para que yo no lo sea!»
Máximo oprimió con entrambas manos sus sienes, sin poder contener su
emoción.
-Aún no he acabado, dijo Paulina, viendo que se detenía: aún no he aca?ªd~, caballero. Dígale usted también que ayer al salir del colegio entré en una
iglesia donde rezaban y pedían... que oí que la llamaban consuelo de los afligidos... que por eso la escribo. Porque también dijeron que escuchaba las súplicas de los inocentes, y á mí me oirá ... y le contaráá mi pa_d re todo esto. ¡Dígaselo usted; dígaselo usted, caballero, para que mi padre lo sepa pronto!

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

585

Máximo no podía contestarla. Presa de una pro- zá, han sido los encargados de referirle su contenido,
gundo, se registra el número de vueltas del disco por
funda emoción, ocultaba la frente entre sus dedos y y Ella te ha traído á mis brazos, de donde nunca te
los procedimientos ordinarios de la cronofotografía.
murmuraba con indiscreptible voz:
separarás.
En cuanto á la regularidad de la marcha del apa- ¡Si fuera verdad! ¡Si fuera verdad!
- Ni mi madre tampoco, ¿es verdad?
·rato, está asegurada por la masa de discos rotativos
- ¡Oh! Dígale usted también ...
- Tampoco. Llévame á su lado, tú que con tu ino- que, girando con gran velocidad, constituyen un ex- ¡Si fuera verdad que hay un Dios! ¡Si fuera ver- cencia me has enseñado á creer que hay una Provi- celente regulador.
dad que hay una Providencia!, repetía aquel hombre dencia, que hay un Dios que escucha la voz de la
con acento cada vez más agitado.
inocencia y que nos trae por medios extraños y desI V.-EXPERIMENTOS
- ¿No me éscucha usted? ¿No sigue ya?, murmu- conocidos al camino del bien.
raba también Paulina con voz más tierna y suplicante
Cuando se quiere tomar una serie de imágenes socada vez.
bre
una banda pelicu.Jar, se empieza por poner á foco
- ¡Si fuera verdad!.. Pero no ... no puede ser, añaen el cristal opaco situado en la caja de las imágenes,
día luego luchando entre su incredulidad y el rayo de
Máximo desde aquel día fué un buen esposo y un que.girando al modo de una hoja de puerta sobre sus
luz que pugnaba por penetrar en su alma. ¡No, no buen padre.
goznes viene á colocarse en el lugar mismo por donde
puede ser! ¡Yo no tengo nada que ver con esta niña!
Paulina tuvo aquel año un precioso nacimiento, y pasará la película sensible ( r ). Después de haber
¡La casualidad es quien hace todo esto! Porque de al ver al Dios Niño sonriendo entre los brazos de la
apartado el cristal opaco, se carga el aparato introduotro modo... , de otro modo sería cierto que hay Dios, Virgen Madre exclamaba:
c1en_do en él los dos carretes, como antes hemos dicho,
que hay Dios y que interviene en nuestras acciones,
- Mira, papá. Ella ha escuchado nuestros ruegos se cierra la caja y se da vueltas al manubrio. Cuany entonces. ., entonces sería forzoso creer y esperar. y te ha traído junto á nosotras. Las mádces y los nido el juego de ruedas ha adquirido la velocidad que
¡Oh! ¡Repito que no puede ser, que no puede ser ella! ñ?s se entienden fácilmente. Cuando alguna huerfase desea, si el objeto con el que se experimenta se
- Yo soy Paulina, Paulina Sandoval. Po~ga usted mta ó algún pobre vengan á que les escribas cartas
presenta en condiciones favorables, se oprime el bomi nombre en la carta, dijo la niña sin darse cuenta para Ellos, no dejes de hacerlo. Los mensajes que el
tón
que pone en movimiento al laminador é inmediade lo que oía.
alma envía á los cielos, siempre nos atraen el consue- tamente pasa la película y recibe las imágenes. Las
Máximo se levantó al escuchar aquellas inocentes lo ó la felicidad.
películas más grandes que actualmente proporciona
palabras.
·''•''•······························•.1•·················.. •···•..··•' '"''•''"º'J',¡'•·"·''•··•J ••···· el comercio y que tienen algo más de cuatro metros
Con el cabello erizado, con el rostro pálido, con
de largo no emplean para pasar totalmente más
las manos extendidas, sintió brotar en sus ojos, secos
que 4° ½. Una vez pasada la película se quita de la
SECCIÓN CIENTIFICA
por tanto tiempo, un raudal de abrasado llanto.
caja el carrete receptor y se guarda hasta el momento
·su corazón incrédulo, duro y frío hasta entonces,
en que habrá de ser revelada.
LA CRONOFOTOGRAFÍA
latió con violencia, y absorbió aquellas lágrimas, coAlgunos han creído que en la construcción bastanNUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMll!NTO
mo el yermo erial absorbe el bienhechor rocío que
te
complicada á que hemos recurrido para obtener
EN
LAS
CIENCIAS
FiSICAS
Y
NATURAi.ES
le ha de tornar en valle fecundo.
las paradas de la película ·nos habíamos tomado un
.Un grito angustioso, pero tierno y sublime, se es( Continuadón)
trabajo inútil, pues con alumbramiantos muy cortos
capó de sus labios.
podía
prescindirse de la traslación de la película
Grito que resumía las ternuras, las alegrías y las
Pero en muchos casos basta un campo menos ex- sensible.
esperanzas más santas del alma en una frase, en una tenso, y en este caso se obtienen dos, tres ó seis·imáFácil sería probar por medio del cálculo qu.e dusola.
genes á cada vuelta del laminador, lo cual hace que rante el alumbramiento la película progcesa en una
-¡Hija mía!
Y al pronunciar esta frase cubría de besos y de lágrimas la frente purísima de la niña pobre, hambrienta y helada.
De aquella niña que era su hija; la hija de un matrimonio secreto efectuado hacía nueve años en la
iglesia de una sencilla aldea. Cadena rota ó aflojada
cobardemente cuando el ángel que debía trocarla en
lazo de flores contaba algunos meses de edad; cadena
rota ó aflojada cobardemente por correr en busca de
la posición, del orgullo, del oro; cadena que aborrecía y que anhelaba ocultar porque le ligaba á una
mujer pobre y humilde, sin más patrimonio que su
virtud, su belleza y sus santas y puras creencias.
¡Oh! Máximo en la corte se había pervertido. El
soplo de la incredulidad había secado en su pecho
las flores de la piedad, de la fe y del amor, trocándose en un hombre sin corazón, en un alma sin Dios.
¡Qué extraño era que hubiese olvidado ó que renegado hubiera de los lazos que forjó, de los juramentos que hiciera, de la hija que le debía la existencia!
¡Ay! Esto era natural, era lógico, era preciso.
En cambio la madre de Paulina había sufrido sin
murmurar y sin revelar á nadie el secreto de aquella
unión que había jurado callar.
Y cuando sus penas eran mayores, cuando se sentía sin fuerzas para sufrir su desgracia, «El volverá
algún día, murmuraba, y verá que he cumplido fielmente su voluntad.»
Pero el esposo ingrato no volvía, y la infeliz olvidada se decidió al fin á ir á burcarle adonde suponía
que debía estar.
Sus esperanzas, sin embargo, quedaron burladas.
La corte es muy grande y una pobre joven ignorante
y tímida poco podía conseguir, mucho más cuando
se había propuesto callar el nombre de su esposo y
el motivo de su viaje.
Bien pronto sus recursos se acabaron, y á los seis
meses de estar en Madrid, no tuvo más remedio que
Fig. 14. Fases sucesivas del movimiento de una ola que se estrella en unas rocas, reducción á 2/5
trabajar para vivir.
Sola, débil, abandonada, lloró mucho y sufrió muchas miserias, y muchas humillaciones fambién, que el número de aquéllos llegue á veinte, treinta ó sesen- cantidad suficiente para quitar á las imágenes la limacaso hubieran tenido un término funesto si el amor ta por segundo. Para ello no hay más que cambiar pieza, que es lo que la hace apreciable; pero es más
y las caricias de su hija no le hubieran dado fuerza el número de los dientes del trinquete del fijador y sencillo y convincente, quizás, demostrar por medio
y consuelo.
cambiar simultáneamente el número de ventanas de de un experimento que sin las paradas no se obtie.
.
. .. . los discos obturadores: con dos dientes en el trinque- nen imágenes buenas. Para ello regulemos el aparato
Cuando Paulina se vió abrazada de aquel modo; te y dos alumbramientos se obtiene una imagen por de manera que obtengamos dos imágenes por cada
cuando oyó que el periodista la llamaba «hija mía,» cada media vuelta del laminador: tres paradas y tres vuelta del laminador; es decir, estrechemos la ventana
la hermosa niña cruzó sus manecitas y dijo con una alumbramientos por vuelta del laminador dan imáge- de admisión hasta darle las dimensiones que se quiera
voz en cuyo timbre resonaban á la vez el amor, la ale- nes de tres centímetros; seis paradas y seis alumbra- y produzcamos dos coincidencias en las ventanas del
gría y la sorpresa.
mientos reducen la imagen á un centímetro y medio. disco obturador; pero en vez de regular el fijador
- Pero ¿es usted mi padre? ¡Mi padre! ¡Y me qu_ieCon un poco de práctica se llega á regular perfec- para dos paradas por vuelta, no pongamos en juego
re, y escucha! ¡Ay, Dios mío! ¡Qué bien decía aquel tamente la marcha del manubrio, componiéndose de más que un trinquete. En este caso sucederá necesaviejecito, que la Virgen nos concede lo que le pedi- este modo un número de imágenes sensiblemente riamente que de estas dos imágenes sucesivas, una
mos con fe! Mas lo que me extraña ... , lo que me ex- constante por segundo; mas como esta aproximación quedará impresa en la película parada y otra en la
traña es que haya leído tan pronto mi carta! ¡Si ape- no bastaría para las medidas exactas que exige un ex( l) Para mayor precisión, la postura á foco debe hacerse en
nas estaba escrita! ¿La estaría viendo desde el cielo? perimento científico, si se quiere conocer de un modo
lente por el agujero situado en la parle posterior de la caja
- Sí, hija mía; el ángel de tu guarda .. ., el mío qui- rigurosamente preciso el número de imágenes por se- la
que se cierra con una cortina de metal.

N ÚMERO

585

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

película en movimiento. Ahora bien: después de reveladas estas imágenes se verá á primera vista que
sólo las imágenes que se han producido durante las
paradas tienen los contornos perfectamente limpios.

movimiento haciendo dar vueltas al disco delante de
un espejo, en el cual se veían las imágenes al través
de pequeñas aberturas practicadas en la circunferencia del cartón. Plateau dió el nombre de Phenakistt"copo á este instrumento, que fué durante mucho tiempo
un juguete científico.
.
. .
Hace algunos años fué modificado el phenakistJcopo dándole nuevas disposiciones que hacen más
cómodo el uso de este aparato: la conocida con el
nombre de zootropo se presta perfectamente al estudio
de los movimientos obtenidos sobre las tiras peliculares.
La tira de papel sensible que ha recibido las imágenes positivas se coloca en el interior de un cilindro
(1) En el pequeño número &lt;le fases representadas en la fi gu- hueco en cuya circunferennia hay las aberturas por
ra 14 sólo puede seguirse una pequeña parle del fenómeno. En las cuales el espectador ve sucederse las imágenes
sus dimensiones reales, es decir, en forma de cuadrados de 9 mientras el cilindro gira sobre su eje. .

las fases del movimiento de una ola que se estrella
contra unas rocas: la ola empieza por elevarse y cubrir
las rocas de espuma, luego se retira y la agitación del
mar cálmase poco á poco ( r ).
Para estudiar los fenómenos de este género, la meV. - J)IFERENTES OISPOSICIONES DEL APARATO
jor manera de hacer sensible el movimiento es reproducirlo sintéticamente por medio del aparato llamaSECÓN LA NATURALRZA DEL OBJETO QUE SE ESTUDIA
do zootropo.
Todo el mundo conoce el ingenioso invento de
Ya hemos visto la disposición del aparato para la
cronofotografía sobre una tira móvil; falta sólo indicar Plateau, quien colocando en la circunferencia de un
el modo de aplicar este método segün la naturaleza disco de cartón una serie de imágenes que representaban las fases sucesivas de un movimiento, reprodudel objeto que se estudia.
cía á los ojos del espectador la apari(';ncia de este
A. .Disposición que ha de darse á las imágenes sobre
tira pelimlar. - Cuando la cronotografía funciona en

su posición normal, es decir, descansa sobre su armatoste, produce imágenes que se suceden en serie ho- centlmetros de lado, estas imágenes eran de una pureza perfecrizontal de izquierda á derecha. La fig. 14 reproduce ta y aun podían ser aumentadas en cuatro diámetros sin perder
doce de estas imágenes en las cuales p uede seguirse nada de su limpieza.

( Co11ti1111ará )

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las afecciones nerviosas.

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PATERSON
OISM UTHO 1 MAGNESIA

•••- oon11UtuYe el repara4or maa enenlico que ae conoce para curar : la Clordl1í, la
.llldnlfa, la8 J l m , t ~ dolorolal, el lt11110M"«'t11tffllo 11&amp; '-lltr/lCfofJ 4e la SM19r1,
lall '-f«cú1fla acrotwo,a, 1 lflCOf'blllCCM, ele. El . . . . •el'l'llat■•ff de
.&amp;n11111 ea, en erecto, el único que reune todo lo que entona 1 rorlalece los orpnoe,
re¡ularlsa coordena 1 aumenta collB1d.eral&gt;lement.e lU tnerzu ó lnrunde a la l&amp;llcrt
empobredda y descolorida : el Ytqor, I&amp; COlorllC10ft 11&amp; 6,urgt4 ''""•

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EXIJASE ...::, aeouo

La oaja: lfr: 10.

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• Querido enfermo.-Flese Vd. 4 mi larga experiencia,
y haga uro de nuestros GRANOS de SAWO,puea el/os
/e curarán de su const1pacton, le darán apetito y fe
derolrerAn el sueno r la alegria. - As, r,rirA Vd,
muchos años, disfrutando s1emore de una buana salud. ·

PATE EPILATOIRE DUSIER

Recomendado, eoatra las Ateoclonea del Est6•
mago, Falta de Apetito, Dig estiones labo•
rl0t1aa, Aoedlaa, Vómitos, Eructos, y Cólicos¡
regularlZIUl laa Funciones del Estómago y
de los Iot.estlnoa.
E1ft lr en el 10tulo I firma de J. FA YA RO.
Adh, D~,Fannaoeutloo en P.UUS

d~straye hasta l:Ís AAICES e!'yELL9 del rostro de las damas (Barba, Bigote, et.e.), sta
lllllgua pehgro ~ara el cu11s. 50 Años de Exlto, ~ millarrs de testimonios garantizan la eficacia
de esta preparaoon, (S. vende en oajae, para la barba, y en 1/2 oaJae para el blgott ligero). Para
101 brazos, emplée~• r~if!ll,1. f fJ81JJ. DVSSER, l, rue J ..J .-Rouaaeau , Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANER Y S IMÓN

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                    <text>· ,trtélC10t)

Ftí~t1ea
Aílo XII

- - - . . - - - - -+

BARCELONA 6 DE

MARZO DE 1893

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el primer tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA

EL EMINENTE COMPOSITOR JOSÉ VERDI
autor de la ópera cFalstaff,&gt; estrenada en la Scala de Milán

�154

LA ILUSTRACIÓN ART1STICA

NúMERO

584
NúMERO

VERD I Y SU ÓPE RA iFA LSTAFF ➔
ESERVADO está
á los verdade-

ros genios el
hacer vibrar to-

das las fibras
del corazón human o, ya ha-

ciendo verter
lágrimas de dolor y conmiseración, ya produciendo sensaciones de horror ó bien
arrancandoale-

gres carcajadas, sin que los
medios de que
para ello se valen mengüenel
méritodelosdiversos procedimientos. Rossini, Donizetti,
esas lumbreras
del arte musical italiano, lo
habían conseguido en sus diferentes óperas; faltaba á la gloria de su
insigne compatriota Verdi el
lauro que se alcanza con la
risa discreta, y su Falsl,iff
se lo ha proporcionado cumplidamente.
Verdi nos había hecho llo-

minación de esta ópera, de la que hasta entonces nadie sabía nada. Hallándose
en Milán en 1890 conl'idó á almorzará los esposos Ricordi y á otros amigos
íntimos. A los postres se levantó Arrigo Boito, uno de los comensales, y levantando la copa llena de espumoso Champagne, exclamó: «Bebo, . á la panza.)
Los convidados se miraron unos á otros sin comprender lo que significaba
aquel brindis. Entonces el poeta añadió: &lt;Bebo á la salud del Falsla/f, -¿Es
una nueva ópera?,&gt; preguntaron todos. Y Verdi dió al editor Ricordi la primera
noticia del nuevo sparlilo cuya labor, que duraba ya un año, había sido cuidadosamente ocultada á todo el mundo.
Esta noticia circuló rápidamente, y á cada momento se difundían detalles
inexactos. Por fin Verdi, que volvió el año pasado á Milán con objeto de dirigi r
en la Scala el Stabat-Afater de Rossini y honrar así la memoria del Cisne de
Pésaro en su primer centenario, contestó resueltamente á un grupo de admiradores que le pedían noticias de su nue1•a ópera. «Pues bien; no sé mentir: Falstaff está acabado!»
LOS CRITICOS DEL PERSONAJE DE SHAKESPEARE

Varios son los autores que han emitido juicios críticos, más ó menos detenidos, acerca del protagonista de Las alegres comadres de TVíndsor, comedia en
la que está inspirada la nuern ópera de Verdi.
Entre estos juicios merecen especial mención los de tres celebres escritores,
alemán el. uno, inglés el otro y francés el tercero: Schlegel, Taine y Víctor Hugo.
Falstaff, dice el primero en su Curso de literatura dramdtica, es el carácter
más cómico de cuantos ha creado la fértil imaginación de Shakespeare: nadie
aminora lo que tiene de despreciable; es viejo, pero no por eso menos dado á la
voluptuosidad y á los placeres de los sentidos; de desmesurada corpulencia, plagado de deudas y poco escrupuloso en los medios de proporcionarse dinero; cobarde, charlatán y embustero, pronto á imitará los presentes y á burlarse de los
ausentes, á pesar de todo lo cual no se hace nunca odioso. Se ve que los cuidados egoístas que á sí mismo se dedica, no van nunca mezclados con perversa
malevolencia hacia los demás. Lo que desea es que no le molesten en sus apetitos materiales y defiende su reposo con todas las armas de la inteligencia; siempre alegre y solícito, siempre dispuesto á burlarse de todo el mundo, se jacta con
razón de su carácter comunicativo, y sabe salir de apuros á maravilla cuando sus
bromas empiez.an á cansar: bajo ruda apariencia, tiene buen discernimiento; no
rar con su Trovador, su Tra- confunde las personas á quienes debe obsequiar con aquellas junto á las cuales
vi&lt;1/&lt;1, y aun con suRigolello, por más que el protagonista sea un bufón; estreme- puede darse cierto aire de superioridad.
cer de espanto y horror con su Ole/o; ahora excita la hilaridad á la par que la
Taine dice en su Historia de la literatura inglesa, hablando de este personaje,
admiración con su última obra.
que tiene los instintos de las bestias y la imaginación de las personas de talento.
Muchos años hacía que el maestro deseaba componer una ópera cómica, ga: En concepto del crítico inglés, no hay carácter que mejor muestre el estro y la
noso de probar que su genio era también capaz de triunfar en este género, y s, inmoralidad de Shakespeare. Falstaff es la columna de las casas infames, blasbien es cierto que se había ensayado ya en su Gion10 di regno, las circunstan- femo, jugador, vagabundo, odre lleno de vino, incapaz de hacer un obsequio.
cias en que escribió esta ópera bufa no fueron las más á propósito para su meTiene el vientre enorme, los ojos enrojecidos, la cara colorada, las piernas vacijor resultado. El tipo eminentemente bufo de Falstaíf no se apartaba hacía larlantes. Pasa la vida apoyado de codos entre los vasos de la taberna, ó durmiengo tiempo de la imaginación del compositor, y tanto es así que ya en 184 7 había
do en el suelo; no se despierta sino para blasfemar, mentir y robar. Tan taimahablado de él en una carta á una distinguida dama que le quiso como una herdo como Panurgo, tiene sesenta y tres modos de apropiarse cou engaño el dimano· en dicha carta trataba de los personajes principales de los dramas de
nero ajeno, y por fin es viejo, petimetre, cortesano, y sin embargo ha recibido
Shak;speare, y más principalmente de Falstaíf. Con Julio Carca no discutía tam- buena educación.
bién acerca del gran dramaturgo inglés mientras aquel escritor lombardo se ocuParece que un personaje asf deba ser odioso y repugnante, pero no es así; se
paba en la traducción de sus dramas, y con frecuencia aparecía el obeso fantas- hace querer. No hay
ma de Falstaff en las conversaciones de ambos. En una palabra, éste había de malignidad en su moser un día ú otro un personaje de Verdi.
do de proceder; su
Y en efecto, algunas noches después del brillante éxito de Otello en la Scala, único objeto es reir y
el maestro, discurriendo con algunos amigos acerca de los tipos cómicos de la divertirse. Cuando los
literatura y del teatro italiano y extranjero, no ocultaba su descontento por la demás le injurian, él
dificultad de elegir entre ellos, cuando Arrigo Boito le preguntó: «Maestro, ¿y grita más y les paga
Falstaff?-¡Oh, sí, Falstaff!, contestó Verdi con vi,·eza. Ese sí, pero es muy difí- con usura, con frases
cil escribir un libreto. ¿Quién me proporcionaría un buen libreto?&gt; Y ocho días groseras y con insuldespués Boito entregaba á Verdi un bosquejo de las principales escenas del tos, pero no por eso
Falstaff, y el maestro las lefa, se enamoraba de ellas, se sentía inclinado á es- les quiere mal, y un
cribir la música de aquel asunto, y ponla manos á la obra, pero recomendando momento después coel mayor secreto, pues siempre se estaría á tiempo de anunciarlo.
me con ellos en un
Pero Verdi no era capaz de imitar á los otros compositores; se consideraba figón como buen caen el deber de crear un género nuevo, un género de ópera cómica original, que marada. Si tiene viseñalase un rumbo seguro á los jóvenes tan perplejos por lo común entre sus cios, los expone á la
propias inspiraciones y las teorías admitidas, á los jóvenes que en los últimos luz del día tan ingeaños no han dado á la escena ninguna ópera bufa, como si desdeñaran la nsa, nuamente que se le
esa facultad que distingue al hombre del irracional; y se consideraba asimismo debe perdonar. Es tan
en el deber de imprimir al desarrollo de su nueva creación la frescura y la ele- francamente inmoral
gancia de una composición juvenil.
que ya deja de serlo.
Falslaf/es la vigésimasexta ópera escrita por Verdi, y la tercera en que se En ciertos momentos,
inspira en obras de Shakespeare. La nueva ópera ha sido engendrada en el silen- acaba la conciencia;
\
cio de la quinta de Génova y de Santa Agueda, en esas horas matinales en. que el instinto ocupa su
el anciano octogenario deja el lecho tan ágil y dispuesto como u~ mancebo ena- lugar, y el hombre
morado. Verdi decía que se divertía mucho componiendo la múSica de Falsla/j. corre en pos del pla_,-/
Y sin embargo, una grave preocupación, inspirada P?r la m,ás grande filantropía, cer sin pensar ya en
acompañaba á aquel alegre desarrollo de aventuras; ¡unto a la ocupación art1st1- lo justo ni en lo inca un anhelo caritativo surgía en el ánimo del hombre que no sólo es un justo. Jamás carece
grande artista admirado en todo el mundo, sino un bienhechor modesto, un con- de expedientes; los
solador de las miserias humanas. Mientras creaba su ópera pensaba en los deta- improvisa á cada pa.
Edunrdo 1\faschcroni, director de orquestn á quien Verdi ha
lles del grande asilo que por su cuenta se inaugurará en Milán después de su so; las mentiras gerconfiado la direcci6n de Falstaf/
muerte y en el que encontrarán un refugio todos los náufragos del arte, todos minan en él, toman
los artistas ancianos y sin medios de fortuna, todos los pobres maestros y can- cuerpo, y unas engentantes que en su vejez necesiten albergue, alimento y haga! d_onde calentarse. dran otras. Cuando se le coge en alguna, no pierde su aplomo ni su buen hu¡Contraste admirable! Verdi, al par que levantaba un ed1fic10 ideal, fest_,vo, JU· mor y es el primero en reírse de sus embustes. Este hombrón panzudo, cotarbiloso con su Falsla/f, elevaba en su mente y en su corazón otro ed1fic10 todo de, cómico, borracho, disoluto, poetastro de figones, es uno de los favoritos &lt;le
caridad, que será pronto un hecho, el refugio de los artistas ancianos.
Shakespeare.
El maestro aprorechó una oportunidad para anunciar por vez primera la terVíctor Hugo, en su obra W: Shakes¡,care, traza en muy pocas palabras el re-

584

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

155

trato de Falstaff. «Es glotón, dice, cobarde feroz, inmundo; cara y vientre
huma~os terminados en bestia; anda
sobre las cuatro patas de la lascivia: es
el centauro del cerdo.»

En otras habitaciones hay, entre objetos de discutible autenticidad, otros
de valor evidente: el cajón de una mesa contiene algunos ejemplares de mérito de las obras del poeta, en otra parte hay una escritura firmada ya con el
LA CUNA Y LA TUMBA
sello de Shakespeare, un anillo de oro
DE SHAKESPEARE
con las iniciales \V. S. del que se: asegura que íué su sortija nupcial, una jarra
La pequeña ciudad de Stratford, sique era con seguridad suya, la silla en
tuada junto al río Avon, en el condaque se sentaba en su club en Falcoh
do inglés de_ aquel mismo nombre, es
lnn y un pupitre muy deteriorado de
como una ciudad santa para cuantos
la escuela, sobre el cual escribía sus
sienten la religión de las grandes crealecciones.
ciones del genio; es, si así puede decirEsta casa, que había pertenecido á
se un relicario de Shakespeare, y todos
'
.
varios dueños, fué adquirida en 1854
los años son muchos los cunosos que
por el Estado, y costó .,.820 libras esall í acuden en peregrinación.
terlinas,
reunidas en pública suscripción.
En esa ciudad, y en una modesta
Entonces
se emprendieron inteligentes
casa de la calle de Henley, nació el
reparaciones
con objeto de atender á
gran poeta el 23 de abri l de 1564. No
su conservación, y hoy se halla en el
responde ya á la descripción que de
estado que se ve en nuestro grabado.
ella hizo Wáshington Irving cuando
A pocos pasos de la casa en que naescribió: «Es una mezquina y pequeña
ció Shakespeare se encuentra su sepulconstrucción de madera, verdadero nicro en el presbiterio de la iglesia parrodo de un genio.» Este edificio, en mal
quial, edificio antiguo y de monumental
estado ya y mutilado por imperfectas
apariencia. En la pared, dentro de un
reparaciones, se ha restaurado después
nicho, se ve un busto colocado poco
cuidadosamente, dejándolo poco más
después de su muerte y tenido desde
ó menos como estaba en un principio.
entonces por de gran semejanza. En
Por eso se ve hoy muy semejante á lo
una lápida puesta debajo de este busto
que era cuando Shakespeare jugaba á
se leen cuatro versos que, según tradisu puerta, aunque es indudable que se
ción, fueron escritos por el mismo poehan cambiado muchos de sus menores
ta y cuya traducción es la siguiente:
detalles. Esa casa parece ahora lo que
cBuen amigo, por amor de Jesús,
sería en el siglo XVI la morada de un
preserva del lodo el polvo aquí enceciudadano acomodado.
rrado; bendito sea quien respete esta
En una red ucida habitación de su
losa y malhaya del que remueva mis
piso principal nació el gran dramaturhuesos.&gt;
go inglés. Las paredes, en parte de maEsta inscripción ha producido su
dera, están llenas de nombres de los viARRICV DOlTO, autor del libreto Je Fa/staff
efecto; puesto que ha impedido que.los
sitantes. El mueblaje se reduce á dos sirestos del autor de Las alegres comallas de respaldo alto, una mesita con un
dres de IVíndsor y de tantas obras mabonito pupitre, y un velador sobre el cual hay un busto del poeta; pero estos
objetos no fo rm an parte del primitivo mueblaje de la casa, ni menos pertene- gistrales hayan sido sacados de su ciudad natal y trasladados á la abadía de
\Vestminster, panteón de los hombres ilustres de la Gran Bretaña, junto á los
cieron á Shakespeare. El pupitre y las sillas proceden de un antiguo colegio.
cuales se querían conservar sus ceniz.as.

EL NUEVO POLITEAMA (VERDf¡) DE CARRARA, INAUGURADO EN 12 DE NOVIEMBRE DE 1892, CON LA ÓPERA (RIGOLETTO)

(de una fotografia)

�LA

..

NúMERO
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La casa Ricordi confió el encargo de preparar los croquis de decoraciones y
VERDI EN SU CASA DE CAMPO
trajes á un artista tan inteligente cuanto modesto, á Adolfo Hohenstein, el cual
se dedicó á su tarea con el anhelo que le imponía el doble objeto de hacer una
Suele el maestro pasar cinco ó seis meses al año en una deliciosa casa de cosa históricamente exacta y artísticamente bella. No se limitó á consultar bicampo que pose:e en Sant'Agata, cerca de Busseto. El edificio, rodeado de bliotecas y museos de Milán, sino que marchó á Londres, donde creía encon.
grandes arboledas, fué ideado y construido bajo la dirección de Verdi: constaba trar datos más auténticos; mas al pronto creyó haber hecho un viaje casi infrucen un principio de cuatro ó cinco habitaciones; pero á medida que creció la tuoso. Wíndsor, donde se desarrolla la acción del libreto de Boito y de la comeprosperidad de su dueño fueron agre- dia de Shakespeare, es hoy una ciudad moderna con elegantes casas de tejados
gándose á éste otros cuerpos, hasta lle- de pizarra y anchas calles. Allí nada recuerda la Hostería de la Jarretiera, dongar al estado en que hoy se encuentra de dominaba monumentalmente la panza de sir John; nada recuerda el am.
la villa. Aunque amueblada y decora- biente íntimo y burgués donde se movían las alegres comadres y las personali•
da con riqueza, es tal el gusto que en dades cómicas de la obra shakesperiana; pero en la gran metrópoli y en Oxford
todo ha presidido, que las preciosida- street dió el artista con un grupo de casas de aquel tiempo que le sirvieron de
des artísticas allí acumuladas se ofre- punto de partida para sus bocetos, los cuales completó con los datos que pudo
cen á los ojos del visitante sin fatigar adquirir en el Museo Británico y en otras fuentes.
su vista y sin que se note superabunLas decoraciones de Falstajf son cinco; las cuales representan la cocina de
dancia ni afán de ostentación.
una hostería, el interior de una casa pobre, el jardín de la casa de Ford, una
Verdi es para sus huéspedes el hom- calle y el parque de Wíndsor. Esta última es la que menos trabajo Je ha costa.
bre amable por excelencia, y posee un do al artista, pues los robles y encinas de aquel parque no son muy diferentes
talento especial para
de los de las campiñas vecinas, y el gusto artístico de su
desvanecer el temor
arquitecto no ha cambiado con el transcurso de los siglos.
que de ser importunos
La más notable de estas decoraciones es la que representa
ó indiscretos pudieel jardín de Ford, en que el escenario está dividido en d
ran abrigar los que le
partes, como en el segundo y el cuarto actos del Rigolet/4.
acompañan algunos
Hohenstein ha combinado esta decoración con mucha nadías en su retiro. Tieturalidad: á la derecha una calle de altos álamos escondi
ne entre cierta gente
do la base de sus troncos entre matas floridas, que lleg
fama de adusto y descasi hasta la concha del apuntador; á la izquierda el jard
deñoso: los que tal le
que llega con sus arriates llenos de flores hasta encon
consideran no toman
las plantas de la alameda. De este modo queda dividido
en cuenta que si el
escenario sin necesidad de ninguna pared de cerca, ·y
maestro hubiese de
personajes pasan de la alameda al jardín atravesando 1
recibir y escuchar á
verdes 'grupos de plantas.
todos los que solicitan
Todos los accesorios, como un alto aparador en la c
verle, oirle, aconsejarna de una hostería, la
le, consultarle ó pemesa del hostelero, la
dirle, apenas tendría
silla de brazos en la
tiempo para trabajar,
que debe sentarse e1
Falstaff en el primer acto
y el trabajo es para él
obeso protagonista, la
no sólo un. placer sino
cómoda c·uyos cajouna obligación: cuantos á él acuden con uno ú otro pretexto
nes registrará Ford
no solicitan, es cierto, más que diez minutos de audiencia; pelleno de rabiosos cero son tantos en número, que de recibirlos á todos tendría que
los, todo ha sido codedicar á esta faena casi el día entero.
·
·
piado del natural ó de
Sin ser glotón, gústale á Verdi comer bien; pero sobre todo
estampas y documenle gusta ver satisfechos y alegres á los que en torno de su mesa
tos de la época y rese congregan. La cocina de Sant'Agata merecería por lo pintoproducido con la maresca y monumental los honores de la escena, y no se corre allí •
yor exactitud. Hasta
el peligro de que por indisposición del cocinero se queden los --.,,,.,,u......_
los jarros y cuhiletes
convidados sin comer, pues además del maestro de cocina hay
de la Hostería de la
en aquella casa dos ó tres individuos de la servidumbre que en
J arretiera, acariciados
un momento dado pueden ceñir el blanco mandil y el gorro y
amigos del ventrúdo
Falstaff en el segundo acto
manejar los cocineriles utensilios con la misma destreza con
héroe, han sido fabrique de ordinario empuñan el rastrillo, el látigo ó la escoba.
cados ex profeso en
Las noches se pasan en Sant'Agata jugando al billar ó á cartas, ó platicando vista de modelos antiguos.
en el patio á la luz de la luna, y escuchando al maestro, cuya larga vida artística
Los trajes se han hecho con presencia
le ha proporcionado un tesoro de anécdotas, siempre interesantes, que Verdi de retratos y dibujos de la época y adaptarefiere con sin igual donaire.
dos con justo criterio á las condiciones y
á la edad de los personajes. Hasta para la
EL NUEVO POLITEAMA «VERDI» DE CARRARA
mascarada de espíritus,. hadas y sátiros del
El teatro recientemente inaugurado en Carrara, que lleva el nombre del gran último acto, el artista no quiso fiarse en su
maestro, es un edificio grandioso levantado en un lugar espléndido que tiene por propio capricho, sino que se inspiró en esfondo á un lado la montaña y á otro el azulado mar.
tampas de antiguas mascaradas inglesas,
La fachada principal del Politeama álzase en una extensa playa que circuye haciendo naturalmente las oportunas adapuna alameda de naranjos y laureles y en cuyo centro hay una pista circular para taciones á las necesidades estéticas de la
los carruajes. Dos patios interiores dividen el edificio; en el centro está el teatro escena. Para los trajes 'del protagonista,
Falstaff en el tercer acto
y á los dos lados hermosas casas: tiene aquél amplio vestíbulo, vasta sala y gran- Hohenstein ha hecho muchas indagaciodioso escenario, y su decorado consiste en estucados y pinturas de bellísimo nes, no sólo en las obras especiales y en las
efecto; en punto á decoraciones puede afirmarse que posee verdadera profusión. ediciones ilustradas de Shakespeare, sino consultando á los actores principal
La construcción del Politeama «Verdi&gt; ha sido proyectada y dirigida por de Inglaterra.
Leandro Caseli, autor de los principales monumentos y edificios de Carrara.
Sus croq~is y bocetos han servido al pintor escenógrafo Zuccarelli para pin
las
decoraciones y al sastre de la Scala Zamperoni para construir los trajes.
EL APARATO ESCENICO DE «FALSTAFF»
Este aparato es sencillo en cierto modo, pues Verdi ha querido escribir una
ópera que brillase más bien por sus cualidades intrínsecas de melodía, vis cómica y elegancia, y en gran parte por esto ha habido que reducir con bastido-

LA

584

autor siente por intuición todo el efecto de la misma y sabe cuáles han de ser sus intérpretes mejores ó que á ella
mejor se adapten.
La facilidad con que Verdi concibe y escribe es verdaderamente fenomenal: desde 1849 á 1855 escribió Luisa
Mtller, Stiffelio, Rigoletto, Il Trovatore, La Traviatrz é J
Vespri Siciliani. Y no se crea que para sus composiciones
acuda á memorias music~les trazadas á retazos y bosquejadas en un trozo cualqmera de papel pautado para utilizarlas cuando la ocasión se presente; nada de esto: la situación dramática, las palabras son las que despiertan y
excitan la fantasía creadora. Para el Falstajf ha tomado
poquísimos apuntes, tan pocos que sólo ocupan dos páginas, y las partes vocales aparecen escritas en la partitura
autógrafa con una seguridad maravillosa que demuestra la
facilidad en concebir íntegra la labor vocal é instrumental.
¿Qué más?.. He aquí algunos datos exactos y quizás no
conocidos hasta ahora.
Para 1853 habíase comprometido Verdi á escribir dos
óperas: una para el Apolo, de Roma, y otra para la Fenice, de Venecia. La composición del libreto había sido muy
larga, de suerte que el otoñºo avanzaba y el maestro aún
no había escrito una sola nota; además, molestábale un
reuma en el brazo derecho que Verdi confiaba en que desaparecería de un momento á otro. Pero el reuma persistía
y... de música nada.
En r. 0 de noviembre de 1852 comienza Verdi á idear y

157

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ADOLFO

JIOHENSTEIN

ª"t&lt;lr de los Jx¡cetos ele las clecoraciones
y trajes ele Falsf(1fj

componer Il Trovatore; el 29 dd propio mes la óp~ra no
sólo está compuesta sino que también enteramente mstru•
mentada, y el 30 la partitura es enviada de Sant'Agata á
Cremona al editor Juan Ricordi para que saque los papeles necesarios para la ejecución. Verdi debía estar en Roma
á principios de la estación de Carnaval de 1852 á 1853, y
como el viaje por mar era más cómodo, encaminóse á Génova para embarcarse y por Civitavecchia dirigirse á Roma: llega á Génova en la semana de Navidad, y allí le
anuncian que los vapores no salen hasta pasadas las fiestas, lo que le obliga á esperar tres días. ¿Qué hacer? Recordando el compromiso con Venecia se propone utilizar
aquel tiempo y en tres días escribe el primer acto de La
Traviata. Parte para Roma, pone allí en escena Il Trovatore, cuya primera representación se verificó el 19 de enero de 1853, marcha en seguida á Sant'Agata y en trece
días escribe y compone los demás actos de La Traviata,
esa ópera apasionada, ardiente, toda sentimiento, cuyo estreno en la Fenice (6 de marzo de 1853) fué ... un solem•
ne fiasco.
La claridad de concepción que caracteriza al maestro la
vemos también en el período de los ensayos que se verifican exactamente según el programa por él de antemano trazado, pudiendo la ópera ser puesta en escena el día con
gran anticipación señalado. No es cierto que Verdi sea hosco y excesivamente severo como generalmente se cree;
precisamente es todo lo contrario. Con exactitud militar

CÓMO ESCRIBE Y CÓMO ENSAYA VERDI

Confrontando una de las primeras partituras autógrafas, como las de 1
bardi y Macbeth, con otras más recientes, como las de Aida, Otello y Falsta
no se nota alteración alguna en la escritura: en todas se revela la misma segu ·
d~d, la misma claridad. La pluma que tantas obras maestras ha producido
cnbe las notas en el pentagrama con rapidez y firmeza, ora la haya guiado u
mano juvenil, ora la guíe la mano del anciano que cuenta cerca de ochen
años. Las partituras autógrafas de Verdi admiran por su precisión· la veloci
con que Verdi escribe no produce en el maestro ni confusión ni i~certidumb
la fanta_sí~ ~abe, mientras crea, cómo se habrá de ampliar la nueva creación
la mult1phc1dad de voces y en la sonoridad de la orquesta; la ópera surge espa
~ánea, ente_ra, plasmada, por decirlo así, en todas sus partes, líneas y detalles.
mstrumentJsta no se preocupa de buscar los efectos orquestales, sino que ést
nacen naturalmente unidos á la melodía, y de aquí la perfecta fusión del can
con l_os instrumento_s, de la ~scena con la o;questa; de aquí la completa hom
gene1dad de los vanos coeficientes que van a fundirse en el producto final.
Facsímile de una &lt;le las firmas hechas con un cortaplumas en el órgano del templo
En el período de la composición, Verdi traza muy pocos bosquejos, y los q
de Roncole por Verdi cuando era organista de esa iglesia
traza son sencillas memorias, ligeras indicaciones; leyendo el libreto concibe
ópera, declamando estudia las inflexiones de la voz, el colorido de las palabras
res y bamba\iJ:iones el vastísimo proscenio del teatro de la Scala. Sin embargo, expresar los sentimientos de ira, de piedad, de amor.
no se ha omitido nada para que todo se presentase con el cuidado y exactitud
Gracias á esta manera de crear, Verdi procede con seguridad tanta, va tan d
que el público exige hoy mucho más que en los tiempos de Shakespeare.
rechamente á su objeto, que cuando la ópera está compuesta ó instrumentada

FINAL DE LA PRIMERA PARTE DEL ACTO PRIMERO DK «FALS:AFF.»-Falstaff arroja de la hostería &lt;le la Jarretiera á Bardolfo y Pistola
Ma, per tomare á voi, furfanti, ho atieso tropo
E vi discaccio!..

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA
11 I''

llega á la sala de ensayos á la hora fijada y quiere, con razón, que todos los artistas sean tan puntuales como él á fin de no perder tiempo; inmediatamente
después de los saludos de cortesía, empieza el ensayo. Verdi tiene mucha pa- EL LIBRETO, LOB INTERPRETES Y LA MUSICA DE «FALSTAF})
ciencia, conoce hasta qué punto se aunan en cada artista los recursos vocales y
Sabido es que la comedia lírica que Arrigo :Soito ha bautizado con el nombre
la inteligencia, y sabe sacar de ello el mayor fruto posible. Exige ante todo en
los cantantes una pronunciación clara y exacta; «porque, dice, es necesario que de Falstafj está tomada de Las alégres comadres de TVindsor, de Shakespeare:
el público entienda y se interese en lo que quieren expresar los personajes,» y en pero el protagonista no es en ella la figura envejecida é incierta de la anti~
los versos señala la
comedia, sino que aparece en toda su perfección artística, tal como el gran poepalabra que debe llata inglés la ha crea,.
mar la atención de
do
en Enrique Ir,
los oyentes y hasta
Su
personalida~
la sílaba que mas
aunque fund ida y
marcadamente ha de
entonada con el res.
pronunciarse. No
to
de la obra, predoquiere que se altere
mina
sobre todas Lu
la frase ó el ritmo
demás,
y ,su baja y
con inútiles floreos;
vulgar
sensualidad
atiende á cada comtiene
realce
y vig~
pás, á cada nota, y
y
contrasta
con
el
para conseguir una
amor puro y elevado
dicción elegante hade Fenton que ence repetir un compás
vuelve
todo el cuaro, 20 y 30 veces, y
dro en una atmósfeel mismo procedira de suave poesía.
miento sigue para la
He aquí un resuexacta pronunciamen del argumento
ción de una vocal,
de esta divertida cono pocas veces altemedia:
rada por los métodos
de canto que se rePersonajes: Sir
putan más famosos.
John
Fa/stafj; Ba,.
Cuando los artisdolfo y Pistola, sus
tas saben perfecta;,_- :.) secuaces; Ford, rico
--':~
mente la parte musi-·ciudadano de Wíndcal, Verdi empieza á
-✓
sord; A licia, su esdar color á los varios
posa; Na1111etta, su
personajes, indica á
hija; Meg Page, la
cada uno cuál es el
Quickly, .Fento11, catipo que quiere que
ballero
joven, y el
represente y cuál ha
doctor Ca;•o. Total,
de ser la expresión
diez personajes y
vocal y fisonómica.
además
un hosteleTodos los cantantes,
ro, un pajecito de
agrupados alrededor
Falstaff y uno de
del piano, siguen
Ford. El coro no inmuy atentamente
terviene más que en
las indicaciones del
el
último acto. Epomaestro y procuran
ca,
principios del siinterpretarlas mienglo xv.
tras él entona á media voz las inflexioAcro I. PARTE l.
nes del canto. Este
- Interior de la lwses el verdadero punlerfa de laJarretiera,
to de partida de la
- Falstaff, sentado
llamada mise en sceen su ámplio si11611
ne: los artistas más
junto á una mesa en
seguros de sus pardonde hay un jarro
tes se animan y los
de vino, está sellanmás inteligentes endo
dos cartas: entra
sayan algún gesto;
Cayo, personaje riVerdi les observa
dículo, é increpa a
atentamente, les haFalstaff porque ha
ce advertencias, los
pegado á sus criados;
anima, los alaba; las
Falstaff se burla de
particellas que sirven
él.
Llegan Bardolfo
para el est.udio son
y Pistola, á quienes
poco á poco y casi
Cayo acusa de hainconscientemente
berle
robado y que
abandonadas sobre
le arrojan violentael piano, el artista
mente de la hostería.
se aparta de ellas,
Falstaff participa á
comienza á vestir,
sus secuaces que su
como dice el maesbolsa está vacía y
tro, el traje del perque por lo mismo.es
sonaje. La mirada de
preciso aguzar el 111·
Verdi centellea y no
genio
para que siga
se separa del artista;
aumentando la pan•
luego se agrupan
za, «que es su reino.»
dos, tres, y el maesRefiéreles,
además,
tro dirige sus pasos,
le 011•
que creer
tieneque
motiv~s
sus movimitntos,sus ._.,______________--'=-- - - - -- -- - -- - - - - - - - - - -- - - - _¡ para
actitudes; apunta, I. Casa natal de Shakespeare antes de su reparación. - 2. Iglesia parroquial de Stratford. - 3. Casa natal de ShakesFeare clc.;pués ele reparada
ran con simpatía dos
corrige, y si un gesseñoras de la ciudad,
to, un ademán no ·le satisfacen se pone en el lugar del personaje, y declamando
Alicia Ford y Meg
ó cantando indica con vigor cómo debe interpretarse.
Page, las dos ricas, y que les ha escrito dos cartas, las cuales entrega á sus se;
Del salón de ensayos se pasa al escenario, y entonces se desarrolla por com- cuaces para que las hagan llegar á su destino. Bardolfo y Pistola se niegan a
pleto el primer esbozo de la mise m scene; á las voces se unen los instrumentos, ello porque su honor se lo impide. Entonces Falstaff les explica sus teorías soy nada escapa á Verdi de cuanto pasa en el palco escénico y en la orquesta. El bre el honor y luego los arroja de su lado.
mismo cuidado minucioso que ha puesto en la instrucción de los cantantes lo
puso ya en la escena y en los trajes, que examina y estudia en todos sus detalles,
PARTE II. - El jardín que precede á la casa de Ford dividido por mitad por
haciendo cuantas modificaciones cree necesarias para que todo resulte claro y altos árboles. -Alicia, Meg, la Quickly y Nannetta (las cuatro comadres) están
evidente. Verdi es el verdadero creador de su ópera, en la que imprime su po- á la izquierda de la escena: Alicia y Meg tienen cada cual una carta, la de Falstente vitalidad, y así en un tiempo relativamente brevísimo, dado el estudio mi- taff;-las dos cartas son idénticas. Alicia comienza á leer una frase de la suya Y
nucioso de todos los detalles, la nueva obra queda dispuesta para su primera re- Meg continda leyendo en la á ella dirigida hasta que acaban por leer al unísono
presentación. Verdi ha cumplido 79 años en octubre último, y conserva intactas las mismas palabras. Al otro lado de la escena aparecen, sin ser vistos por las
una fantasía juvenil, extraordinaria memoria y energía milagrosa.
comadres, Bardolfo, Pistola, Cayo y Fenton, que rodean á Ford, hablándole todos á la vez y revelándole los dos primeros los proyectos de falstaff. Quedan

--

..

N ú MERO

584

159

L A ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

mientras Falstaffsepaal fin solos Fenton y
vonea
pensando en sus
Nannetta, los dos enaconquistas, entra F ?rd,
morados que pueden
disfrazado y haciénexpresarse su amor en
dose
pasar por un seddo lleno de poesía y
ñor Fontana, que con
acaban dándose un
ayuda de un jarro de
beso. Vuelven las covino se capta la conmadres y cuchichean
fianza del panzudo
hablando de la burla
sir John, á quien ofreque preparan á Falsce dinero para que
taff, pero se van al nopueda seducir á Alitar que un hombre las
cia, de quien, á su vez,
espía: este hombre es
se dice enamorado Y
Fenton. Otra escena
á la que espera poder
de amor y otro beso.
conseguir si le prue?a
Vuelven los hombres
la falsedad de la v1rpor la derecha y Ford
tud de que ella se jacexplica su proyecto de
ta. El dinero de Ford
presentarse á Falstaff
convence á Falstaff,
con el falso nombre de
el cual confía á su
Fonfana, para llegar á
nuevo amigo lo de la
ser su confidente y encita de Alicia; Ford,
terarse de todos sus
al quedarse solo, da
planes; á su vez las
suelta á su rabia; entra
mujeres vuelven por
Falstaff y vanse los dos
la izquierda, y unos Y
de bracero.
otras traman sus respectivos complots, terPARTE II. - Una
minando el a..:to con
la repetición en tono
sala en casa de Ford. de burla de los dos
La Quickly cuenta ~
las comadres la acogiversos finales de la
da que le ha dispensacarta de Falstaff, que
Habitación don:le nació Shakespeare
do Falstaff. Nannetta
entonan las comadres
confía á su madre su
y · son los siguientes:
,.
'tá
¡ adre que quiere casarla con Cayo. En«Ma il mio viso su lui risplenderá - Co111e una ste/la ne// m111ens1 .»
amor por .FJnton, al 1ue ~~aº~~~: ~e ~~pa 'sucia y Alicia les dice que vuelvan
1 ~to por la ventana. La hora de la cita se acerACTO II. PARTE I. - Falstaff está, como de costumb'.e, en la hoster!a, siempdre tran los cna os trayen
cuando los lla~e p::~e~ro:r in ~!do y Nannetta por otro, y á poco entra FalsP.
1
fi
'é
d
arrepentidos
vuelven
a
su
1
a
0
,
en su puesto: Bardolfo y isto a, n~1 n ose
. ' Q . kl ue le lle- ea; Meg Y. QmcklyAl' . pla escena de seducción más cómica que darse pueda;
h bl d d í
anunciándole el primero que una md UJ~r dAels_e~ h~bl~~~: ~eja\~:.~cfre, siente taff que tiene con icia
va la respuesta de las dos coma res. « 1c1a, e
h
'b'd
estra carta f~l~taff, _en almibar~do estilo! ed~Yi~u~~:sd;~~:~sfo7:~mir:s;J es~el~~, ~ra eu~
d
1
os
a reci
·
hallaba e; la edad de mi lozano
apasiona o amor por vos, y me encarga
'd
, .diga quefuera
de dos0á vu
tres.» Conve-' mismo dice: «Cu~n era p_a¡e
que os da las gracias y que su man o esta siempre .
d
nida la cita para esta hora, la Quickly añade: «También lat be!~o~!gi:ij::,1~E~ !t~~~¡~~~n~~g-~e1~:1~~bd:~~1\~ e~~rll~o~'~ef~e~=J· :ª[~tr:rQ:;k:~~t~,n~~~\~~ed~
.
- •
.
muy amorosamente y dice que su esposo rara vebz s~. ~~s~n ;~~e la mensaje~a y flaco que hubiera pasa o por un am ,,,
que se acerca Ford, ra bl·oso de celos y segmdo de un gran acompanam1ento,
una azucem de candor y de fe! ¡A todas las em ruiais...
'

° .·

f:

°

Habitación que ocupa Verdi en e1 palacio Dori~, en Génova

�--VÍCTOR MAUREL ( FALSTAff)

EDU.\RDO GARBIN (FENTON)

·......._::·
· t_·-:·._ ·:·: .

ANTONIO P IN! CORSI (FORO)

P, PELAGALLI ROSETTI (BARDOLFO)

INTÉRPRETES DE LA ÓPERA «FALSTAFF&gt; (de fotografías)

INTERPRETES DE LA ÓPERA cFALSTAFFl&gt; (de fotografías)

�162

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Boceto de una clccoraci6n del segundo acto de Fafslalf

Falstaff se esconde detrás de un biombo y Meg entra confirmando la llegada de
Ford, el cual aparece en seguida acompañado de Fenton, Cayo, etc., y de gentes del pueblo; se avanza furioso, lo registra todo, incluso el cesto de la ropa, y
seguido de sus acompañantes abandona la escena para proseguir sus pesquisas
en las otras habitaciones, y mientras las comadres sacan á Falstaff de detrás
del biombo y lo meten en el cesto, tapándolo con ropa sucia. Fenton y Nannetta se
aprovechan de la ocasión para enamorarse
detrás del biombo, y habiendo salido Alicia
para llamar á los criados vuelve á entrar
F ord, que corriendo de un lado á otro y continuando su registro oye un beso detrás del
biombo; dirígese alü, creyendo que se trata
de Falstaff y de Alicia, y se encuentra con
los dos enamorados. Falstaff, en tanto, se
ahoga dentro del cesto; Alicia ordena á sus
criados que arrojen al foso lo que éste contiene, y sir Jobn es lanzado al espacio, acto
que presencia Ford, á quien Alicia hace asomar á la ventana.

NÚMERO

584

LA

163

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de Yago en el Otello, y sabido es el triunfo que al_canzó en e~te papel,
para cuya representación ha escrito u~ opt~scul_o mt~resantíst_mo, fruto
de sus estudios, que demuestra con cuanta mtehgencm ha sabido llevar
á la perfección el arte lírico dramático.
. .
Las cuatro comadres son las señoras Emma Zilh, Josefina Pasqua,
Adelina Stehle y señorita Virginia Guerrini.
La señora Zilli debutó en 1887 y ha cantado desde entonces en los
principales teatros de Europa, haciéndose aplaudir ya en 1888 en la
Scala en la ópera Zampa, de Herold. En Falstaff ha creado el papel
alegre y movido de Alicia.
La señora Pasqua á quien el público de la Scala saludaba con grandes aplausos en 18/2 en la ópera de Weber Der Freichuz, y volvía á
aplaudir en 1878 en el papel de Amneris de aquella Ai~a cuya protagonista fué la Patti, se presenta en la nueva obra de Verd1 en el papel de
la astuta y complaciente Quickly.
La parte de Meg Page ha sido confiada á una joven artista que hace
cuatro años salió del Conservatorio de Milán y que después de un excelente debut en el teatro Dal Verme, de esa ciudad, con la Gioconda representó en la Scala con gran acierto los principales papeles de óperas
recientes: la señorita Guerrini.
La señora Stehle, que se reveló hábil intérprete del Condor, de Gómez, ha tenido á su cargo la parte elegantísima y dulce de Nannetta.
Fenton, el amante de ésta, es el joven tenor Garbín, que sólo lleva
dos años de carrera artística y que con tanto talento interpretó el personaje Guevara del Colombo, del maestro Franchetti.
El barítono Antonio Pini Corsi, sobrino y discípulo del célebre Juan
Corsi, desempeña el papel del celoso y furioso Ford. El doctor ~ayo es
el tenor Paroli, excelente primer intérprete del papel de Cass10 en el
O/ello, de Verdi. Los dos secuaces de Falstaff, Pistola y Bardolfo, son
el bajo Arimondi y el tenor Pelagalli-Rosetti, que han cantado con acierto sus
respectivos papeles.
Ha dirigido la ópera el maestro Mascheroni, á quien llaman los i~,tlianos príncipe de la batuta, hombre enérgico y de temperamento muy nerv10so. Al des:
aparecer Faccio de la Scala el público milanés fijó sus miradas en_Mascheroni como digno sucesor de aquel mfortunado
maestro. No contaba más que veinticinco
años cuando dirigía ya la orquesta de los
teatros Argentina y Apolo de Roma: en la
Scala correspondió á las esperanzas que en
él se cifraban, y logró, graci~s á sus excepcionales dotes, desarmar á sus enemigos. Verdi
le ha otorgado el alto honor de ser el primer
director de Falstafj.
El comendador Eduardo Mascheroni nació en 1856 en Milán, en cuyo Conservatorio hizo sus estudios.

***

Acro III. PARTE I. - Plaza: á un lado, la
fachada de la hostería. - Falstaff, sentado en

El libreto de Falstaff tiene catorce versos
menos que el Otello y la duración de la par·
un banco, está pensativo por su última aventitura es de dos horas menos tres minutos;
tura, y para distraer sus penas llama al hoscalculando los entreactos, podría representartelero y le pide vino para «verterlo en el
se la ópera en dos horas y media.
agua del Támesis.» Mientras ensalza las bonTambién en Falstaff ha sido Verdi fiel á
dades del vino, llega la Quickly y presenta á
su sistema, ha seguido en su inspiración paFalstaff las disculpas de Alicia, que está proso á paso la poesía, ha vestido de notas la
fundamente apenada por lo sucedido y le enpalabra, el pensamiento, las situaciones: la
vía una carta en la cual le dice: «Te esperaré
El jardín de la villa Verdi en Santa Aguecla
música es alternativamente viva ó sentimená media noche en el Parque real: acude vestal, pero principalmente cómica, alegre. En
tido de cazador, con traje negro, á la encina de Heme.» Falstaff quiere una exlos concertantes revela de una manera parplicación; pero á fin de que nadie les estorbe invita á la Quickly á entrar en su ticular la facultad maravillosa de su genio, que incesantemente se renueva y pacasa, yéndose Falstaff y la comadre, que entona el primer verso de la leyenda rece como que se rejuvenece.
Una vez más ha sido aclamado y vitoreado el venerable maestro: Fa!staffha
del cazador negro. Alicia, que llega acompañada de Meg, Nannetta, Cayo y
Ford, continúa la canción, y luego todos juntos convienen en simular con una ceñido una nueva coroná de laurel en la frente del ilustre anciano, que tantas y
mascarada la aparición de las hadas de que habla la leyenda, y asustar á Falstaff tan bien merecidas ha conquistado durante sus cincuenta y cuatro años de caque, citado por Alicia, acudirá al parque vestido de cazador negro y con cuer- rrera artística.
¡Honor á Verdi!
nos. Nannetta será la reina de las hadas.
PARTE II. - El parque de TVíndsor junto á la encina de Herne. - Es de
noclze. - Brilla la luna. - Oyense á lo lejos voces de guardabosques: llegan

Nannetta vestida de hada y Alicia que hace que Fenton se envuelva en una
capa. Fenton será el frailecillo que se casará con Nannetta, mientras Cayo
se las haurá con Bardolfo disfrazado de hada; todos abandonan la escena
para prepararse. Da la media noche: entra Falstaff y Alicia sale á su encuentro; pero á las primeras palabras de amor las hadas y su acompañamiento
invaden la escena, con gran espanto del ridículo seductor, que se esconde;
treta que no le vale, pues las hadas y los gnomos después de cantar y bailar
en giros vertiginosos lo descubren, lo derriban al suelo, le pegan, le insultan con los más groseros epítetos y le obligan á arrodillarse y á repetir una
especie de Co11jiteor cómico. Falstaff conoce á Bardolfo, á quien se le cae
la capa, y recobrando su antigua astucia tiene la satisfacción de ver burlado
á Ford, que bendice, á la vez, sin imaginarlo, los esponsales de Fenton y
Nannetta y los de Cayo con .. . Bardolfo. Una carcajada general saluda el
descubrimiento de la burla. Ford se resigna á hacer feliz á su hija, y cae el
telón.

Al pedirle el presidente su diario, retuvo el libro un instante

CARGO DE CONCIENCIA
POR JUANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE

A.

l\IOREAU

(CONCLUSIÓN)

* **
Los intérpretes de Falstaff han sido escogidos por el mismo Verdi y
constituyen un conjunto homogéneo, del cual se ha declarado el maestro
durante los ensayos bastante satisfecho.
Falstajf es Víctor Maure!, el reputado artista francés que cuenta veinticinco años de carrera, y se ha conquistado la celebridad con la belleza de
su canto y con el talento de sus interpretaciones. El fué quien creó la parte
La villa Verdi en Santa Agucda

Pero el tiem O ~~aba y su loca esperanza se desvanecía; ahora s_ufría mucho celestial al pensar que por su mano, la mano que Roberto no había querido, iba
d d b
p pf
' bastarían para sostenerla hasta el fin. S111 embargo, á recibir la libertad, la dicha de toda su vida.
yera upreciso
a a que
sus solamente
uerzas
. , salvar
1
porque
ella pod1a
a, R Oberfo, Y le salvaría
d para que
Cuando el ujier entró á buscarla, estaba ya en pie y dispuest~.
.•
· · en qu_e s~hallaba
como
un
saliese con' la cabeza alta del s1ho
t entonces senta
entoode
alegría
Sin embargo, al ver confusamente á los jueces y aquella multit~d. apmada, recriminal vulgar. En medio de su angustia, arta uvo un mOm
'
trocedió instintivamente. Así era sin duda cómo las vírgenes cnst1anas en los

�LA ILUSTRACIÓN · ARTÍSTICA

,,

tiempos de la persecución, viéndose súbitamente en la arena objeto de la curiosidad de millares de espectadores ansiosos de ver el suplicio á que las sometían,
debieron desfallecer un instante, pero tan sólo un instante. Casi al punto, Marta
miró á Roberto, y al ,·erle tan cambiado, flaco y pálido, sintió una profunda
compasión que casi la transfiguró: había sufrido, pero gracias á ella, ya no sufriría más.
Maquinalmente contestó á las preguntas de costumbre; pero como adivinase
infinito respeto y compasión en la voz y los ademanes del presidente, recobró
valor, y muy pronto contestó con más claridad y franqueza.
- Esté usted segura, señorita, dijo el presidente, que esta prueba, de la cual
no ha sido posible sustraer á usted, durará poco.
- Estoy á las órdenes de usted.
Uno de los grandes encantos de Marta era su voz, singularmente pura y dulce; y hasta cuando hablaba en voz baja oíasela muy bien, reconociéndose al
mismo tiempo que cada palabra pronunciada por ella era una verdad. Por otra
parte, su extremada palidez y su expresión de sufrimiento excitaban la piedad de

todos. Contestaba muy sencillamente, sin hacer ningdn ademán, con las manos

NÚMERO

584

las tres; al llegar :i la cruz de piedra estaba allí ya, aunque no era todavía la
- Me parece que recuerda usted muy bien todos los detalles.
- En efecto, los tengo muy presentes.
-¿Y no la vió nadie en el momento de su salida ó de su entrada en la casa?
-Nadie.

- Es una lástima, señorita 1 una gran lástima. No tengo necesidad de manifestarle hasta qué punto es respetada personalmente y honrada por todos aquellos
que la conocen, y sin duda los señores jurados tendrán en cuenta su declaración;
pero si en apoyo de lo que usted dice se tuviera la menor prueba, por ligera que
fuese ...

-¿Entonces, exclamó Marta con voz vibrante, entonces la acusación quedaría

de hecho disipada?
- Sin la menor duda; mas esa prueba ...

•

- Esta prueba existe, sellor presidente.

remonta á cerca de dos años.

Durante toda la lectura, Marta permaneció inmóvil como una estatua de mármol
y casi tan blanca como si en efecto lo fuese. Parecíale que su vida se extinno que la amistad hubiera podido, y nadie lo habría extrañado, inducir á usted
á una mentira heroica. Con frecuencia se ha visto que la mujer que ama sacrifi- guía poco :i poco, dejándola á cada instante más fría y con la sangre helada ya.
Sin embargo, el tono sin expresión del escribano, leyendo lo que ella había esca todo, hasta su reputación, por tener la dicha de salvar al hombre amado.
crito
para sí sola, en voz muy alta á fin de que todos se enterasen bien de aque- No he mentido, señor presidente. Cuando á pesar de poderosas razones de
familia consentí en recibir á Edmunda como hermana, me impuse respecto á llas confesiones desesperadas, de aquellos gritos de la pasión, resonaba en sus
ella solemnes compromisos; tiene ocho años menos que yo; la consideraba hasta oídos; y si algunas veces no comprendía bien, otras, por el cOntrario, imaginábacierto punto como mi hija, y he creído cumplir con mi deber aquel día, ocupán- se que las palabras se repetían en ella con acentos desgarradores ...
dome de su porvenir.
«...¡Querida Edmunda, si tú supieras, si pudieras sospechar todos los pensamientos
que bullen en mi mente! .. ¿Qué eres tú en el fondo? ¡Bah! ¿Qué impor- ¿Entonces sería cuando comprendió usted lo que los demás habían visto
un encanto poderoso, puesto que yo, aunque dudando y
mucho antes, es decir, que el Sr. de Anee) estaba enamorado de la seliorita Ed- ta, puesto que
preguntando, te quiero tanto que para evitarte una lágrima lloraría día y noche,
munda Levasseur y deseaba tomarla por esposa?
y para darte la felicidad aceptaría la tristeza perpetua, el pesar y la desespe- Sí, señor presidente.
ración?..))
- ¿No habría sido más sencillo, en este caso, explicarse claramente con la seY en otro lugar:
ñora de Anee)? ¿No ha temido usted que al dar una cita misteriosa á un joven
«¡Dios mío, Dics mío, cu.into sufro! ¡Quisiera morir? Me ha llamado l1erma11a.
de quien se la consideraba novia, perjudicaba singularmente su reputación?
Lástima daba ver á Marta, que necesitó hacer gran esfuerzo para contestar ¿Será simplemente una palabra trivial de afecto? ¿No tendrá una intención más
después de una pausa.
particular? ¿No estoy yo destinada á ser más tarde su hermana? ¡Ay de mí!.. ))
Y ahora, su secreto pertenecería á todo el mundo, y correría de boca en boca,
- Para obrar como lo hice tenía razones particulares muy poderosas. Ya ve
usted, señor presidente, que al declarar así que había dado una cita secreta, sa- no pudiendo ya presentarse en ninguna parte sin que el recuerdo de aqu el día
biendo la interpretación que á esto podría atribuirse, no hago una cosa indife- cruel se interpusiese entre ella y los que la miraran. Pero aun esto no significarente, y que sufro .. . Me parece que bien se me podría creer, señor presidente. ría nada; Roberto sabía ahora cuánto le amaba, y también Edmunda; y nada,
Por primera vez se turbó la calma que Marta se había impuesto; en su voz nada podría hacer olvidar aquel triste amor.
A pesar de todo, á pesar de su padecimiento, aquel sacrificio infundía en su
hubo un temblor, como una queja mal reprimida, arrancada por el padecimienalma
una dulzura infinita: Roberto estaba sah·ado, y salvado por ella.
to y la angustia, y entre el auditorio prodtíjose un estremecimiento1 un murmullo apenas perceptible.
Cuando la lectura terminó, Marta quiso levantarse, pero en el mismo instan-¿No ve usted, señorita, que esa semiconfesión comunic1 una terrible verosi- te, sin proferir un solo grito, cayó desplomada y como muerta.
militud á la hipotesis sentada hace un momento? Para muchas ,mujeres, lamen-

posees

r

tira en un caso semejante puede será sus ojos, no solamente dispensable, sino

hasta heroica.
- Y sin embargo, exclamó la joven, no he mentido.
El presidente se compadecía de ella de una manera muy visible.
-Admitamos, continuó, que usted haya dicho la verdad. ¿Conque usted bajó
al pa.rque apenas se hubo marchado su hermana?

LA

584

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tedes ¡0 que repite ahora de coniinuo? tTía mía, dice! ¿por qué me has sal.¡~s, ·Deseaba tanto morirl Estoy muy cansada de la vida, y l'ª he consumi O

t:da~ mis fuerzas .. .&gt; Yo casi preferiría que delirase á. onle decir esto.
_ •Si usted supiera cuánto he llorad?!.. murmuró Edmunda.

¡,d señora Despois, volviéndose hacia ella, contestóle secamente.
Para usted es muy fácil llorar.

Marta Levasseur estuvo muy enferma; pero sobrevivió, gracias á la solicitud

de su tía que la cuidaba día y noche. Huraña é inquieta, á nadie permitía acer-

carse al lecho donde su sobrina, presa de una fiebre ardiente, hablaba sin cesar,
siempre con la cabeza en movimiento, la mirada hosca, y como si estuviese poseída de un terror sin nombre.
Roberto y su joven esposa no pensaban ya en el viaje, y todos los días iban

- Sí, señor presidente. ,

al castillo, donde por lo regular no veían más que á los criados. Por fin, una ma-

- ¿Qué hora sería, poco más ó menos?
- Yo había citado á Roberto para las tres y media, y bajé un .poco antes de

ñana supieron que la enferma estaba fuera de peligro y que no deliraba ya; mas no
quisieron marcharse sin ver :i la tía Aurelia, que manifestando mucha frialdad,
apenas contestó á las preguntas.
- El doctor tiene buenas esperanzas, dijo, pues el delirio ha cesado. ¿Saben

- Roberto me prometió pasar por lo menos una parte del verano conmigo.
Marta sonrió afablemente.
d
d" algo en su última carta, y también
Ya lo sé, repuso, pues Edmun a me IJ~.jo· pero es sobria en sus detalles.
sé que estará orgullosa de presentarme su 1 '

No sirve para corresponsal.. .
,

=Ya sé que usted no me perdonará nunca. Lo que ha pasado no es culpa mia,

2:a~J~

~:rt;~:edó sola, sentóse á la orilla del camino, as~i~óá ~~~/~:.rza
el saludable aroma de los pinabetes recalentados por el sol, y mir
J

sin embargo sin mí no hubiera sucedido.
. . _
y La señora Despois se mantuvo inflexible y no c_ontestó. Roberto rodeó instin
Sí, volvería á ver :i Edmunt ~aá ~~~~;;:· tempestad pasada? Ni Roberto ni
tivamente con su brazo el talle de Edmunda, y d1io: .•
d
sted
¿Qué había quedado de~?
1 'dar· pero poco á poco, suavemente, de una
_ Estoy muy seguro de que Marta es para esta nina menos ura que_ u Ro: Edmunda nidia rntSma po ian o v1 e hacía menos penoso y después cambiaba
_ No lo dudo. A usted no le ha nombrado una sola vez_ en su dehno, ve- manera casi insensible, el rect!erdo .s l o de agradecimiento apasionado, Ed·
berto; pero llamaba á Edmunda sin cesar, como si en la cns1s que había atra
casi de carácter. Pasado su prter ~mpu seta y aunque no se atrevía á decir cosa

Aquí fué preciso intervenir, pues todos los espectadores dejaron escapar un
grito ahogado; y entre aquel murmullo, Marta oyó un sollozo de mujer. Entonces parecióle que iba á morir, pues había reconocido á Edmunda en aquella mujer que lloraba. Evidentemente, ella y su suegra, á quienes se había querido evi-

en su manguito y la mirada fija en el presidente.
- ¿Creo, dijo éste, que usted conoce al acusado hace largos años?
- Desde nuestra infancia. Su madre y la mía se querían mucho.
tar aquel mal rato, no pudieron contenerse y asistían confundidas entre la multi- ¿Era en su juventud violento ó rencoroso?
- De ningún modo, señor presidente. El niño prometía lo que el hombre gra- tud á la audiencia en que se iba á decidir de la suerte de Roberto. Así, pues, el
cáliz estaba lleno, y era preciso apurarle hasta las heces.
ve y estudioso llegó á ser.
Restablecida la calma, el presidente se volvió hacia Marta.
-¿No le había oído usted hablar nunca de su compañero Jorge Bertrand?
- ¿De qué prueba habla usted, señorita?
- Jamás. Roberto estaba de interno en el Liceo, y á medida que crecía nos
Otra
vez Marta debió hacer algunos esfuerzos antes de contes!ar; pero al fin
encontrábamos con menos frecuencia. Yo vi al capitán Bertrand el día que fué
dijo
con
voz monótona y fatigada, como si repitiese una lección que hubiera
á buscar á mi hermana á la estación de Honfleur; el Sr. de Ancel me le presentó
aprendido trabajosamente de memoria:
entonces, y por primera vez oí su nombre.
- Tengo entendido que se adm iten como pruebas en justicia los libros de los
-¿Se le admitió muy pronto en la intimidad de la familia de usted?
negociantes,
los registros bien regularizados y hasta las cuentas de la casa.
- Como iba muy á menudo con Roberto, y éste merecía casi la consideración
- Eso es verdad.
de pariente, las visitas del capitán no dejaban de ser frecuentes; pero en aque- La prueba que yo traigo es mi diario, es decir, el registro de mis pensallos días recibíamos muchas. Yo procuraba que la permanencia de mi hermana
mientos más secretos y de mis sentimientos más ocultos. El relato del 29 de juen el campo fuese lo más agradable posible.
lio está muy detallado allí, y después de leerle, nadie podrá dudar de mi vera- ¿No echó usted de ver muy pronto que el capitán hacía la corte á la seño- cidad.
rita Edrnunda Levasseur, y que el Sr. de Ancel estaba muy celoso?
Al decir esto, Marta volvió instintivamente la cabez.1, como magnetizada por la
Marta vaciló un instante, y después contestó:
- Apenas comprendí que el Sr. Bertrand pensaba en mi hermana, previne :i mirada ardiente de Roberto. Ya no se podía ocultar nada, porque aun antes de
la lectura de aquellas hojas tan secretamente guardadas, Roberto comprendía la
ésta contra él, pues no creía al capitán hombre capaz de hacerla feliz.
extensión
del sacrificio sabiendo que había sido amado, adorado de aquella
- ¿Y pensaba usted ya en casarla con su vecino?
pobre joven que él no comprendió. Marta leyó todo esto en la expresión de su
Marta vaciló de nuevo.
- No, señor presidente, en aquel momento no pensaba en tal cosa. Hasta más rostro, y en aquella detenida mirada con que penetró hasta el fondo del alma de
Roberto pudo comprender que él lo sabía, que se prosternaba ante ella mentaltarde, cuando comprendí... que se amaban, no se resolvió ese casamiento.
- Dispense usted, señorita, si la interrogo así acerca de sus sentimientos ín- mente y que la bendecía. También comprendió que en aquel instante supremo
timos, pero me veo precisado á ello. En el instante de ser detenido, usted quiso no era en Edmunda en quien pensaba, por más que el sollozo oído igualmente
sincerar al acusado, declarando que en el día del crimen hablaba con usted en por él un momento antes hubiese revelado su presencia, sino en ella y solamensu parque. La declaración de su hermana, á quien no había usted revelado el te en ella. Aquel instante la recompensó de todo.
Sin embargo, en el momento en que el presidente le pidió su diario, retu,·o
secreto, invalidó este testimonio; pues según ella, era casi imposible que hallánel libro un instante más.
dose usted enferma hubiera salido. La encontró exactamente como la había de- ¿Me será permitido, señor presidente, dijo, que no haga leer de este libro
jado, y sufriendo de tal modo que apenas podía usted levantar la cabeza ...
En este punto el auditorio concentró su atención de tal modo que el ligero más que los párrafos absolutamente necesarios? Sufro mucho ...
No pudo concluir la frase; mas no importaba, porque todos la comprendían.
murmullo que se ele,·a de una multitud, aunque esté silenciosa, cesó de repente,
- Doy á usted mi palabra, señorita; mas para demostrar bien á los señores
y en medio del profundo silencio elevóse la dulce voz de Marta.
jurados
que este no es un documento escrito en vista de las necesidades de la
- Señor presidente, contestó, jamás he mentido, y no mentiría ni aun para
salvar á mi cuñado.
causa, me ser.i necesario leer algunos párrafos tomados al azar, correspondien-A su cuñado, es posible... Repito que me dispense usted,. señorita, pues lo tes á los meses que precedieron al día del crimen. Por lo demás, añadió, hojeanque debo decirle es muy delicado. En el país se la creía :i usted, hace años, no- do el diario, el color mismo de la tinta, más pálido aquí, más negro allá, es una
prueba material de que este diario se ha escrito en épocas distintas. Veo que se
via del barón de Ancel. ¿No es así?

- Se engañaban, señor presidente; jamás hemos tenido relaciones amorosas.
- Sin que mediase compromiso entre ustedes, un sentimiento algo más tier-

NúMERO

hora.

munda se mostr6 de nu.e~o ce osa

i~q~.1

;o des ués, comprendiendo que era

alguna, su esposo lo ad1vmabad=~r~l~;e~ntame~te el excelente fondo que

siempre adorada con ternura,

. bl

;~:'~e::

En una de sus cartas, por lo regular

había en aquella ~a.t~rfl~zadij;
«Creo que comienzo á ser mejor y más
cortas y bastan_te nvta e ,
Mari ~orno te debo mi felicidad ... &gt;
seria ... , y también te debo es.to, . 1 a, t mientras contemplaba el mar azulado
En esto pensaba Marta prmc1pa men e
1 bos ue que ostentaba todas sus
y risueño; después se le¡an~ó y paset~e p~:d: suavi los miles de florecillas que
galas. El follaje renovóa iº' e 1un ~~o ~; las avecillas; todo esto parecía decir á
embalsamaban la atm s era, e ,gorJ
I esar no duran mucho· que todo vuelM t
el invierno cruel as1 como e P ,
.
'
,
ar a que
, . , 1 " r 'dad y que ésta rev1Ste muchas ,ormas ...
ve á comenzar, que to?o aspira a a e 1c1 , ués de sufrir mucho había aprenSu sacrifici? no serí~ infructuoso; poJq~e des¡ de los otros y por esto juraba
1
dido :i sendttr muy ; v•:~t\~º~o~e:'~r~e~ º~uerte como ~uando salió de la
que su vi a no se a in :
d
co de tristeza que no podía desehorrible cri sis; amaba la v\dªc;.f.'.~r h:bran imargura. Ahora Je parecía buena; y
char comp1etamente Y en ª
.. b
quedaba ya más que
de todos los sentimientos que antes_ la dma;m: f:~c:'y también dign¿s á los

una intensa dulzura y un deseo apas10na o e v

que tanto había amado.
d
y habiendo renacido así la calma, ya no lamentaba na a.
TRADUCCIÓN

DE

E. L.

VERKEUIL

•••••, •••••• ••••••••.. •••••••••••·•••••., ••••••••••••• ••• .. •.,•••••,. ••••• .. ••• .. ••••••• .. •w••••••••••••u••••• .. •• .. •,.•••••,.•••.. .,.-.•••••'•"'• '•.. •.. ••• .. ,...•r.,•••,..,...•"•r•."• .., ••"

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA CRONOFOTOGRAFÍA
NUEVO MtTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO EN LAS CIENCIAS
FfS ICAS Y NATURAi.E S

(CottlitmacW,1.)

Esta dis osición permite emplear discos de pequeño diámetro y por consiguiente reducir considerablemente las dimensiones totales del aparato, el cual,
en efecto no excede del volumen ordinario de una cámara de 1_8 por 24.
. .pa 11nen te mientras contemplaba el mnr azulado y risueño
En esto pcnsab:i. Marta pnnc1
En cu;nto al árbol que hace girar los discos, toma su mov1m1ento d~ uno_s
·ue os de ruedas movidos á su vez por un manubno, que no hemos .de escn•
bir ~n este momento: este árbol se fija en e_l eje del obturador rotativo. Al
sado hubiera desaparecido todo, except? aquel instinto de maternidad, aquella ner la máquina :í foco, la longitud debe variar y los dos cuerpos ~el aparato ale
jarse más ó menos uno de otro, de modo que es prec1So que el arbol se adapnecesidad de amar lo que le ha Stdo mas caro... e había esca do y después te á esos cambios de long1•
Antes de que pudieran impedírselo, Edmund~t:ción de dond~an' severamen- tud, para lo cual está formado
de subir la escalera comendo, entraba e~ l~tªZ'á su vez azorada é inquieta se- por tubos cuadrados que se inte fué excluída. Cuando la señor\Despo,;sll ~~ junto allecho de Marta, que con troducen por roce uno dentro
gui~ de Roberto, Edmulnda es~:ió~
acariciaba á su hermanita con dé- de otro. Esta disposición se
los OJOS bnllantes y con a expr
presta á todas las aplicaciones
bil mano.
d h
balbuceó Edmunda, y toda mi vida trataré de de la cronofotografía sobre
- Lo comprendo to o a ora, b 1 felicidad .. . Dime que me perdonas, dime placa fija, como veremos más
recordar que hay alguna cosa so re a
ó
adelante.
qué podré hacer algún día para mer~cer t~ perder?da Edmunda· te he amado, y
B. - P iezas que sirven para

ro:

•;r~ue1ñ:

- ¡Pero si no tengo nada que per on~~ e, qu d · rá al und una niña rubia la cronojotograjía sobre placa
~~ visª q~e ;o d~bía haber sido móvtl. - Ya hemos visto que SI

nada más! Si algún día tienes, mduc hos hiiis,
como td; yo la educaré, aman o1a mue o.

madre,..
.
.
d
ue al fin marcharon á Italia, se prolonLa ausencia de los_JÓ~enes c~sa os,,¿ del médico, abandonó su querida salegó bastante. Marta, Stgu1endo el_conNseJ 'taba no ver más en algún tiempo el
dad para ir con su tía á la Arge ta. eceSt

"'19"

lana de admisión que sustituye al m:1.rco fotoel objeto que se ha de estudiar F.t~coV~~ando
se opera sobre una película que ~ desejecuta movimie~tos sm camlla La anchu ra de la venlana se regula comendo
biar de sitio, ó s1 presentando
r.::\i~s RR, según la dimensión que deba tener la
imagen .
·
una gran superfi~~e se mueve,

cambiando de s1t10, con poca

lugar donde había sufr/do.
á
ta ue la del cuerpo, pero al fin se con- velocidad, no puede recurrirse
La curación del espmtu fué m s Ien q - a Despoi·s amante de todo cam- á la cronofotografia sobre pla. .
fi . ó , 1 viai·es y 1a senor
'
.
s1gmó. Marta se a c10n .ª ~s . 'd
b ina Más de un año transcurn6 ca fija, porque las imágenes se
bio, estimuló mucho la mclmación e su so ~dacÍ casi el contento.
confundirían por supe r posiasí, y la señorita de Levasseur rec~bró la ~e;~:X,rt~ descubrióse al asesino del ción. En este caso, pues, es
Algunos meses después de abs? verse
!dado que no pudi ~ndo tolerar la preciso recibir las imágenes socapitán Bertrand: era un pobre diablo, unt s~ hambre introdújose en una casa bre una placa movible que
dureza de su jefe desertó al fin. Casi mue'¡ 0 : ocurrió '1a idea de matar al hom- cambie de sitio presentando su1
para robar, encontró un revólver, Y ~ pun ~ esgracias y á quién vió algunas ve- cesivamente al foco del obje51
bre que, según él, había do causa e sus obo se uido de asesinato, así como tivo las diversas partes de su
ces en el país. Condenado después ¡,~r ~
'se ;abía vengado de su capitán ... superficie. A este efecto nos
Fig. 1a. Dos carretes de metal destinados al :m oll_amien·
también por deserción, él mismo, refin ~- : º la primavera tocaba á su término. servimos de placas delgadas
to de la pelicula sensible: estos carretes están s1tua~os
1
Cuando Marta regresó al fin a su cas 1 'brazarla aunque al principio hubo ó películas cortadas en tiras
en sentido contrario uno de otro. Las let1:1s H y B !n·
La señora de Anee! acudió pre_suroi para. a habló O:ucho refiriendo los detalles largas y arrolladas en carretes:
dican en cada uno de ellos la parte supenor é mfenor
un momento de frialdad. La senora espo¿' n esto completamente la tibieza. esta tira pelicular debe des- respectivamente,
del gran viaje, y muy pronto desapare~~ra~º que el pasado Je parecía ya vago
á 'd
' fi d reMarta era tan cordialmente senct 11 a Y na
'
gran número de imágenes si n que las d/mension~s ~e
0 ªda~o
y lejano.
_
. en castellana acompañó á la señora de estas imá enes sean demasiado reducidas, y debe d~ten~rse en e ~ornen o , e
Otra vez, como dos anos antes, la JOV d uevo mientras andaban, contem- la pose si~ ¡0 cual las imágenes obtenidas no serían hmptas; es pr~c~o, ;d~fª.'•
Ancel hast~ la extrem_idad del parq~e;
~orad~, y á Jo lejos la fina silueta que es'ta tira sensible pued1 introducirse en el aparato ser rettr~ a e
piaron el mar, la graciosa cu':'a de a ie {ontentas de volver á verse y de que la estar ex uesta á la acción de la luz; es preciso, finalmente, para. la uena u ! 1 •
del H avre. Las dos parecían igu".1mend A cel no atreviéndose á dem todo lo ción de )a película, que no pase de ella, entre dos a_lumbram1_entos su~esivo; ,
antigua amistad renaciera. La senara ~ n 5 i,a.Iabras en sus menores adema• más que la cantidad estrictamente n_ecesaria para r~~b1r una 1~agen. eam s
que pensaba, hacía de modo que e;
as ~arta lo co:nprendía muy bien, Sin cuáles son las disposiciones que reahzan estas cond1c1on es múltiples,~
áfi
nes, se mamfestase una ~ernura 1 n 't!mbló un poco al decir:
Para
explicarlas
debemos
tomar
la
descripción
del
aparato
crono
otogr
co
embargo, la voz de la senora de nce 1

:¡~~r :i~:~:;;

t:

1

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y

n•:

�166
,11

LA 1LustRActóN

ARTiSTICA
NúMERO

Fig. II. Carrete dep.;sito carg,,do, i\1: se desarrolla la tira de
papel que lo cubre para arrollar-la en sentido contrario en el
carrete receptor R.

NúMERO

584

en el punto en que hace poco la dejamos. Del aparato debe quitarse desde luego el marco de la placa
fija, puesto que ya no es éste el que ha de recibir las
imágenes, y colocarse en su lugar una planchita con
una abertura, llamada ventana de admisión (fig. 9),
cuya anchura, que se arregla á voluntad, ha de ser
exactamente igual á la que debe presentar cada una
de las imágenes. Al través de esta ventana la luz penetrará en la cámara de las imágenes, en donde encontrará la película móvil que un juego de relojería
desarrolla con un movimiento intermitente, á sacudidas, haciéndola pasar de un carrete á otro.
De la disposición de .estos carretes nos ocupare-

cerio funcionar se oprime un gatillo que· hace caer
un cilindro compresor elástico análogo á los qt;ie ha- ro .C' (fig. 13) mantenido en posición vertical por dos
cen presión sobre los carretes, pero de mucha mayor planchas de muelle que lo aprietan suavemente confuerza. Mientras el compresor no cae y no aprieta la tra la cara posterior de la películap que de este modo
película, el laminador gira libremente deslizándose se· encuentra ligeramente apretada entre este órgano
detrás de la tira que la cubre; desde que el compre- y la platina del juego de ruedas. Esta ligera presión
no dificulta la marcha de la película, la cual, en camsor funciona la tira es arrastrada.
El objeto de esta disposición es poner desde luego bio, se detendrá de repente si el fijador se ve fuerteen marcha los juegos de ruedas antes de comenzar el mente apretado contra la platina: este efecto se obexperimento y llevarlos gradualmente á su velocidad tiene por medio de un trinquete cuya acción se produuniforme: á partir de aquel momento·el operador está ce durante un tiempo muy corto y precisamente en el
en disposición de recibir las imágenes, desde que el momento de la admisión de la luz en el instrumento.
objeto en movimiento se presentará en condiciones De este modo se logra una fijeza completa de la película en el momento de cada exposición.
favorables.
El fijador está construído del modo siguiente: es
El carrete receptor R está colocado, como hemos
dicho, en una varita vertical que gira sobre sí misma una porción de cilindro de acero hueco en un centro
y que deberá arrastrar en su movimiento al carrete para que pueda contener un tejo cilíndrico sobre el
en cuanto empiece á funcionar el laminador. De este cual pasará un trinquete en el momento de la iluminamodo la película se arrollará á medida que irá reci- ción: la presión de esta pieza sobre el cilindro hace
biendo las imágenes. Pero mientras el laminador no que éste se doble en su parte media, hueca y flexible,
funcione, el carrete R no debe girar, pues no habrá y aprieta por sus extremos fuertemente la tira pelicullegado aún el momento de arrollar la película; de lar contra la platina del aparato.
Esta presión puede ser graduada á voluntad, conmanera que la varita girará sola, produciendo, sin embargo, un roce que tiende á arrastrar al carrete, pero siderando como buena la que permita tirar, con un
no le arrastrará realmente hasta el momento en que esfuerzo de dos ó tres kilogramos, de una tira de papel apretada en el fijador sin que esta tira se desel laminador entrará en funciones. Este resultado se lice.
consigue por medio de un trinquete que mantiene el
La construcción de los trinquetes presenta tamcarrete inmóvil hasta el momento en que cae el compresor del laminador.
bién algunas particularidades: cada trinquete es de
Otra combinarión se impone, además, en el movi- acero, tiene forma de una coma y está ajustado por
miento del carrete R: este carrete es preciso que un tornillo que lo atraviesa, es móvil y puede ocularrolle la tira á medida que el laminador se la vaya tarse en el interior del disco que lo sostiene ó asomar fuera de éste de modo que roce con el tejo y
obligue al fijador á apretar la tira
de película.

mas en primer término, pues constituyen el órgano
esencial que permite cargar ó descargar el aparato en
plena luz.
Los carretes (r) (fig. IO) tienen nueve centímetros
de alto: en uno de ellos se arrolla una tira de papel
fuerte y opaco, de nueve centímetros de ancho por
varios metros de largo, y al mismo tiempo que esta
tira arróllase también la tira de película sensible que
Lámina elástica. - La tira peli- .
habrá de recibir las imágenes. He aquí cómo se vecu lar fuertemente arrastrada por el
rifica esta arrolladura. .
laminador y detenida, por otra
Si la tira de papel opaco es, por ejemplo, un meparte,
por el fijador debería necetro más larga que la de la película sensible, se arrolla
sariamente
romperse ó deslizarse
en el carrete 50 centímetros de papel solo y luego se
en el laminador; pero para evitar
aplica sobre éste la tira pelicular, poniendo la capa
estos accidentes se recurre á una
sensible en la parte de fuera y se arrollan ambas al
disposición cuyo efecto es hacer
disco apretándolas fuertemente: cuando se lleg4 al fin
variar la longitud del recorrido de
de la tira pelicular, se fija este extremo sobre la tira
la tira entre el laminador y el fijaopaca por medio de un papel engomado, á la manedor,
lo cual se obtiene por medio
ra de los sellos de correo, y luego se acaba de arrollar
de una lámina de muelle sobre la
los 50 centímetros de papel que sobran todavía. Forcual se refleja la película en su
mado así el rollo, se le sujeta con una cinta de cautrayecto.
Así, en el momento de
cho. Esta operación se ejecuta naturalmente en el lala fijación de la tira, el laminador
boratorio fotográfico y con luz encarnada.
Para indicar que un carrete está cargado, se desli- Fig. 12, Cámara de las imágenes con la tapa levantada. M carrete depósito y R carre- continúa su acción y arrastra la
te rt:ceptor colocarlos en sus ejes; r r r, pequeífos cilindros compresores que aprietan película, que cede, haciendo doblar
za debajo de la cinta de caucho un pedacito de pa- la
tira sobre los carretes. L, laminador con su cilindro compresor. F ventana de la lámina elástica: después, cuanpel blanco que sirve de señal y que cae por sí mismo
admisión. V cristal opaco que ~ira sobre una charnela. La linea de pÚntos indica el
cuando se utiliza el carrete, de modo que no se le ve
trayecto de la tira de papel y de la película. C, C', fijador y trinquete que produ- do ha terminado la fijación, el resorte de la lámina tira repentinacen
las paradas intermitentes de la tira de película.
en los carr-etes que han sido impresionados (2 ).
mente de la película, que continúa
Perfectamente protegida la superficie sensible consu
marcha con movimiento unitra la acción de la luz, gracias á este procedimiento,
forme.
entregando sin retardarse ni adelantarse: pues bien;
veamos cómo se introduce en el aparato.
Sin entr_ar en los detalles del juego de ruedas que
Tomemos un carrete cargado M (fig. 11 ), ó carre- el aumento continuo de diámetro del carrete á me- guía las piezas que acabamos de describir diremos
dida
que
recibe
un
mayor
número
de
vueltas
de
tira
te depósito; desarrollemos las primeras vueltas del pahubiera producido estas irregularidades en el arrolla- única~ente que el laminador, el trinquete del fijador
pel que lo cubre y arrollemos este extremo á un se- miento.
y los discos obturadores giran con la misma velocigundo carrete R en sentido inverso que lo estaba
dad y que se e~ta?lece la coincidencia de los pasos
·
La.uniformidad
de
éste
se
consigue
m:.turalmente
en M, de suerte que al pasar de un carrete á otro la
de luz c?n. las fipc10nes de la película de manera que
tira de papel afecte la forma de una S. Si.abrimos en- por la condición, ya indicada, de que la varita que estos d1stmtos actos sean coordinados de una matiende
á
arrastrar
al
carrete
gira
por
roce
en
su
intetonces la camara ·de las imágenes (fig. 12), encohti-anera automáremos en ella dos varitas verticales, de las que la una, rior, de lo cual resulta que la tira no es atraída con tica.
bastante fuerza para vencer la resistencia del lamila de la izquierda, recibe el carrete depósito, y la otra, nador.
la de la derecha, el carrete receptor R. Dos cilindros
N1t111ero, diEstamos, pues, ya en condiciones para producir las 111msirmes é intercompresores ejercen una presión elástica sobre los c'arretes para asegurar la regularidad del arrollamiento acciones siguientes: puestos en su lugar la película y valos de las imáó desarrollo de la tira; en cuanto á ésta, se introduce el papel que la aguanta, podemos imprimir á los jue- genes. - El juego
en un escote vertical (siguiendo la línea de puntos gos de ruedas del aparato una rotación rápida. Los de ruedas es model grabado), en donde quedará sometida á la acción discos alumbradores dan, por ejemplo, 10 vueltas por vido por un made ciertos órganos que vamos á describir: el lamina- segundo y-otro tanto hace el laminador. En un mo- nubrio cada una
mento dado, se oprime un botón que hay en la tapa- de cuyas vueltas
dor, el fijador y el muelle elástico.
dera de la caja de las imágenes y entonces cae el produce cinco
Laminador. - Está formado por un cilindro mo- compresor del laminador y queda libre el carrete re- del disco obturator L (fig. 12) de madera endurecida, cubierto de ceptor; inmediatamente el papel es atraído y la tira dor y del lamipasa de un carrete á otro en el tiempo de uno nador, y como
caucho y sobre el cual se reflejan las tiras de papel y entera
ó dos segundos.
de película en su trayecto de un carrete á otro: el lafácilmente pueminador es el órgano motor de la película, y para ha.
de la mano dar
Fijador. - Si se operase en la disposición que aca- dos vueltas al
(1) Los carretes son de metal: dos discos, uno delgado, el bamos de describir, las imágenes serían recibidas en manubrio por Fig. 13. Fijador C' de la ligura anterior
de la parle superior, y otro grueso, el de la inferior, van solda- una superficie en movimiento y ninguna resultaría
con sus trinquetes O; p, tira pelicular
que el fijador comprime contra la pnred
dos á los dos extremos de un tubo metálico ligero; un agujero limpia; de suerte que es preciso que en el momento segundo, se obtienen de esta
practicado en el centro de los dos discos permite el paso de un
de la cámara de las imágenes, cada vez
eje vertical lijado en el interior de la. cámara. Una corona de del pasó de la luz la tira pelicular c~se de moverse.
que un diente de un trinquete pasa sosuerte diez imáNo había que pensar en parar los juegos de ruedas genes.
bre el cilindro.
agujeritos practicados en la cara inferior del carrete sirve para
arrastrar á éste: cuando una cla\·ija implantada en un disco gi- animados de la gran velocidad de que hemos hablado,
Esta marcha
ratorio ¡ienetrará en uno de estos agujcritos, el disco arrastrará pero era posible parar la película sola. He aquí la
al carrete en su movimiento rotativo.
del
aparato produce imágenes de grandes dimensiodisposición que para ello hemos empleado:
(2) Cuando se opera sobre películas muy largas, como sería
nes,
cada una de las cuales corresponde al perímetro
En el momento en que la tira pelicular al salir del
muy engorroso tener que arrollar una longitud igual de papel,
entero
del cilindro laminador, es decir, á nueve cense reduce éste á dos tiras que se pegan en los dos extremos de carrete M pasa por el. estrecho espacio por donde se
la película; estas dos tiras están cortadas en punta en su extre- desliza para llegar al foco del objetivo y recibir allí tímetros, y' &lt;;:orno la altura de la tira es también de
midad libre que se introduce en el escote longitudinnl del eje
las imágenes, desfila por delante de un órgano llama- nueve centímetros, cada imagen tiene nueve centímedel carrete en el momento de arrollarlns.
do el fijador, formado por un semicilindro de ace- tros en cuadro ó sean 81 centímetros cuadrados.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D. MANU! L ARANDA Y SANJ UÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA IDLECULAR

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Pepsina Boudault

Empleado con el mejor e:rito

.-•• por la !UDEIU DI IEDICIU
PIIEIIO DEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
lledallu oa l&amp;a J!itpo1lclon11 lnltnaolon&amp;IH ••

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contra. las diversas
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Hydropesias, t'
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

El mas sncazcontra.
dB los la
Ferruginosos

GrageasalLactatodeHierrode

Anemia, Clorosis,
Empobreclmlaate de la lugre,
Debilidad, etc.

Áprobadaa por l a Academia de Medicina de Parls.

GELIS&amp;CONTE
HEIOSUTICO al mu PODEROSO

"""gotina y Grageas de que se conoce, en pocion º

E1!;JH•iiHhl:{ Uftlt;l\1

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1

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ENFERMEDADES

LA SAGRADA BIBLIA
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IDIC16N ILUSTRADA
tO o6ntbno■ de P••eta

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entrega de ti p•gina•
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CARNE HIERRO y QUINA

ll Alimento mas fo•te Ullido a los Tónicos mu reparadores.

VINO FERRUGINO!QuAllQUD

T COK TODOS LOS l'IDICIPIOS ~ continua.do y las a1lrmaclonea de
t!&amp;m ll'IEllaO y •11111.u Dfes años
:aociac1on de la c,anae• el Hierro y la
todia las eknenc1u médicas preubaD que es ue se conoce para curar : la Clordsu, la
hlaa conatiluye el. reparador maa ~e1~i«'múnto y la .Weracúm ae la Sanqrde,
.j~,a las J l e m t ~ dolorolal,
ucor&amp;utlciu cte. .El 1'ia• l'erractnHo e
el R4&lt;Jr/,e11mo, laa . . 4 . f ~ ucro(IIWla, { lodo lo qué entona y fortalece los organoa,
.&amp;n11t1 ea, en erecto, el único que 1Jl~iemento las tuerzas ó tnfun&lt;le a la BIIl&amp;re
regu¡111za coordena y aumenta cons owacf&lt;Hl y la BIU1'g'4 1nt11l.

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y~áit ~armacealico,
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Ferri, y otros interesantes trabajos de Sofla Gay, Shakespeare, Tarde, Lubbock,
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"LIBROS
ENV IADOS Á ESTA REDACCIÓN
por autores d editores
NUEVOS ESTUDIOS SOBRE VERSIFICACIÓN CASTKLLANA,far Eduardo dt La
Barra. - Lugar preferente merece ocupar
entre los primeros poetas del Nuevo Mundo D. Eduardo de la Barra, miembro de
la Real Academia Española, á quien con
razón se considera como el sabio maestro
de dos generaciones en la república ele
Chile, de la que hoy está desterrado por
razones políticas. Su libro sobre versifica~ión castellana es una obra didáctica de
alto vuelo que deberán leer cuantos quier:m cultivar la poesla: de su importancia
dará idea el siguiente sumario de las ma·
terias en que se ocupa: Mllnografia del
verso yámbico endecasllabo; De la rima,
silabas y acentos; De los ritmos castellanos; Excursión al pals de la annonla; Influencia del acento de la quinta silaba en
el endecasllabo; Del eje de simetría; Versos monosilábicos; De los ripios. El libro
ha sido impreso en Santiago de Chile, ii:nprenta de Cervantes, calle de la Bandera,
núm. 73.

•••
PROGRAMA DE DERECHO l'ENAL, fer
D. José Novo Carda. - Profundos conocimientos en tan importante materia revela el programa del Sr. Novo, doctor en
Derecho administrativo y civil y canónico y catedrático de la Universidad de la
Habana: el extenso y luminoso razonamiento que le precede demuestra la ilustración y conocimientos de su autor y el
programa está hecho con excelente método. El folleto ha sido impreso en ( L.1
Universal,) San Ignacio, 15, Habana.

•
••
COSAS DE LA VIEJA BuRcos,por Anselmo Salvd. - Por tocio extremo intere·
sante es el estudio que con el título de
apuntes históricos hace de la Yeneranda
ciudad castellana su cronista Sr. Salvá,
indi,·iduo correspondiente de la :Keal
Academia de la Historia; su obra contiene importantes datos, inéditos hasta ahora
y sacados del archivo municipal, acerca
del gobierno de la ciudad, de SU$ institu•
ciones, de sus fueros, leyes y costumbres;
en suma, de la historia interna de Burgos,
que es lo que á una población más interesa y lo que más la caracteriza. - Véndese
la obra á 3 pesetas en la imprenta de Sucesor de Arnaiz, pla.... Je Prim, núm. 17,
Burgos.

•••
LA ESPAÑA MODERNA. -Notable como todos es el último número de esta importante revista, que contiene: La vida de
Tolstoy, por el gran critico inglés Mateo
Arnold; El canto del cime, por Tolstoy;
Ammchka, por Turguenef; El mra de
Cuc1111dn, por Daudet; Las dos 111a1:gari·
tas, por Cátulo Méndez; La miniatura,
por Banville; El miedo, por Maupassant;
EducaciJ,i, am/Jimle y cri111i11alidad, por

PISTOLA y BARDOLFO, personajes de la ópera Falslaf/

Jarabe Laroze

•
• Soberano remedio para riplda cura•
cioa de 111 Afeocion•• del pecho,
Catarroa,llal de garganta, Bronquitis, Reafriadoa, Romadizoa,
de los Reumatiamo•, Dolor••,
Lumbago,, etc., 30 años del mejor
6xlto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
loa primero• m6dico1 de Paria.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Larose se prescribe con éxito 1)(1?
todos los médicos para la curacion de las gutrltJ.a; gaatraljiu, doloru
y retortilones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facill\ar
la cllgeat.lon y para regularizar todas las funciones del estómago 7 ele

los inLesünoa.

JA.RA.EIB

a1BF01nuro de Potasio

D1p61/to ,n toda, Ia1 Farmac/a1

DE CORTWS DE NARANJAS IIARQIS

Es el remedio mas efl.cu para combatir las enfermedades del coruoza,

la epilepsia, hlsUria, migTaña, baile de 8••Vito, maommoa, coa•
'Yllllionea y toa de los niAOI! durante la denticion. en una palabra, todaa
lu afecciones nemoau.
·

t, rae•es Liom-St-Paal, 1 Paria.

Jürita, lspecliciones : J.-P. LAROZE

Depolito en todu la• pl'inclp&amp;lea Boticas 'J' Droguerlu

AP:IOL
de los o•-- JORET &amp; HOMOLLE

Participando de las propiedades del Iodo

y del Hierro, estas PUdoras se emplean

especialmente contra las E■crofulu, la
Tis is y la Debilidad de t e mpe ramenW.
asl como en todos los casos(Páll do1 colorelt

El APIOL cura los do/ore,, ret,110,, ,upre1/one, de lu Epocu, ast oomo las P4rdldu.
Pero con!recuencta es talsUlcado. El APIOL

&amp;menorrea, &amp;.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya 'sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó yaJ)ll'I
provocar ó re¡ulartzar su curso perlódtCO.

verdadero, untco eficaz, es el de los inventores, los D"' JORE':t ., BOIIOLLE.

MEDALt.AS Erp•Unt,•• LON DRE8116Z·PAR/31ffl

-~/';,,,?25

rar- BI\U.IT, 150, ru•111nll, Pil!J

GRANO DE LINO TARIN

Querido enfermo.-Flese Vd. é mi larga_experlenoia,
1 haga uso de nueilros ORANOS de SALUD, pues ellos
le curarán de tu conat,paclon, le dar4n apetito 1 le
devoJ,erén el sueño y la alegria. - A11 ririrá Vd.
mucho, años, d,sfrutando stempre de una buena salud.

,•~~~CWlu
_,..,.

El toduro de hierro Impuro ó alterado
, , es un medicamento Infiel é Irritan te.
como prueba de pureza y de autenticidad 4-,
las verdaderas P ildoru d e B lancarl,
exigir nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
~erde y el Sello de garantla de la Unión de
101 Fabrlcante i para larepreslón de lafa!Sillcaclón.

NB

IITIIERIMIENTOI, CÓLICOI. -La caja: lfr, 10.
1

CARNE y QUINA

ll A.J.imuto 1111 repnlor, uido al 'r6D1oo 11111 e11erp1.

VINO ARDUO CON OUINÍ

. T COM TODOI 1.01 nmamos fflJftlTIVOB IOL'OBLU Da u CARKB
4'.ILU 1 QllllH I eon 101 elementos que entran en la com'D081cton de este potenle
teparador de las tuenu 'ftlales, de este ••rti■e-ae per eeee(e■•ia. De un rusio ltlmamente a,radable, es eoberano contra la A.nem'4 y el A.l/OCM11únto, en Ju ClllffllllNI
1 C01111al8cenctiu1 contra las JJ'4N'ea, y \u A.feccwtta del llllOflllJI0 y loe ,nte6"no,.
Cuando ae t raia de despenar el apeUto, asegurar l&amp;a dlgest.tonea _reparar 1u flleral,
emtquecer la sangre, entonar el org&amp;I$mo y precaver la anemia 1 1iu eDtdemlu pro,oCldli Por loa calores, no se conoce nada 1111penor al w1■e de tt■iaa de ..,••._
la, fflCU/Dr.11 P~~ casa de 1. FEW, Farmauutico, 10!, ru, Ri~liea. 8QGIICI daAJlOO]).
Da VBNDB BM TODAll 1.411 Pllll(QU&gt;ÁLU BoTIQU.

. . EXIJASE

11

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Farmarentlto, en •

~ R u e Bonaparte, ••

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TODAS LA.S F.UUU.Clil

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GOTA
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...._._...REUIATISIOS
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Especifico probado de la GOTA J llltU■ATl8■08, calma loe doloree ♦
los mas fuertes. Accion pronta J segura en todo, lo, periodo, del acceso.
r . COllil , BJJO, 21, Rae 8a1nt-Claude, PAIIIA

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PITE EPILATOIRE Duss

destruye basta lu RAICES el VE LLc;, del ro¡tro de las damas (Barba, Blgote\°tJC.), 111

, IÚllgun peligro pan el tntiJ. SO Año• d e E J:lto,ymWam de tesUmoniotganntiwl la eficacll
de esta preparadon. (Se ,ende en caJu, pan la barba, y en 1/2 01)11 para el blrou Jig,ro). Pan
lot brazos, emplúse el P I.Ll J'flJJ.E, DUSSER , l , rue J .. J .-Roua.eeau , Par!S-

'

. Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DK M ONTANKR Y S IMÓN

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>a~t.rtélC101J
Ftí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 27 DE FEBRERO DE 1893

NÚM. 583

Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el primer tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA,
ilustrado con numerosos grabados por D. Nicanor Vázquez y elegantemente encuadernado

UNA ELEGANTE EN 1889, cuadro de Van den Boa

�138

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

583
N úMERO

,1

"

Texto. -.Afurmuracion~s europtas, por Emilio Castelar. - El
caso del conde de los ÍAurek s, por Carios Frontaura. - Bocetos.
Una fiera, por Juan Ü•Neille. -Afisceldnea. · Nuestros gra•
bados. - Cargo deco,,de,u ia (continuación), por Juana l\fairet,
con ilustraciones ele A. Moren.u. - SECCIÓN CIENTÍFICA: La

del remordimiento natural. Pero surgió Verdi tras
tantos milagrosos cantores de la resignación, y con él
surgió un comienzo de formidable protesta. Italia
dejó de reírse como se había reído en la Italiana en
Argel, en el Barbero de Sevilla; dejó de quejarse como se había quejado en la Beatrice y en la Linda,
para mostrar en el romántico Heniani el noble de

truos artísticos todas las :rntiguas costumbres, como
que \Vagner se presentaba poeta y compositor al
mismo tiempo, escribiendo los libretos y las partitu-

ras en inconmensurable suma de facultades extrañas.
Los franceses, enamorados de la claridad y de la
proporción y de la lógica y de la tersura, no podían

las comunidades insurrectas desafiando á. todo un echar su ingenio ateniense de matemática regularidad

Carlos V, de quien eran criados los papas y cómpli- bajo el carro chillón á sus oídos en que iba un dios, cu-

ces los cielos. Desde tal aparición el ritmo vigoroso, yos cantares le SOAaban á címbalos inacordes y co nfuparecido á una espada centelleante, resonó en el sos de una sinfonía mágica y endiablada, en la cual
soplasen los fuelles de un órgano tañido por brujas,
produciendo notas que daban acedias y denteras al

ao,wfotograf/a. Nutvo mttodo para a,uiii:ar el movimiento
Atila y en el Afacbetl,, indicando un desarrollo de
m las ciencias /fsicas y 11at11ra/es (continuación). - Libros en·
fuerzas hercúleas, una crispación de músculos férreos,
viados á esta Redacci6n por autores 6 editores.

Grabados. - Una elegante m t88g, cuadro de Van den Bos.
- Granada por los Reyes Católicos, boceto al 61eo de Isidoro
Marln (de fotografía de J. García Ayoln). - Tnsle recuerdo,
cuadro de Amonio Coll y Pí (Sal6n Parés). -Noble y p!ebe;•o1
acuarela ele W. Strutt (Exposición ele acuarelas celebrada en
el «Royal lnstitute) de Londres, 18g2). -Felicidad, cuadro
ele Ram6n Pulido y Fernández (Exposición internacional de
Bellas Artes de 18g2). -El entierro del piloto, cuadro de Juan
Martlnez Abades (premiado en la Exposici6n internacional
de Bellas Artes ele t8g2. -La &lt;ar/ti d4/ 11ovio1 cuadro de 1'.
B. Doubek. -1.A pruel&gt;a de ima tiple, cuadro de F. B. Doubek 1Exposici6n internacional de Bellas Artes de Munich,
18g2). - La cronofotograffa, cinco grabados. -En e/vestíbulo,
cuadro ele Renato Reinicke.
•
~

..,........,..........."••·•·"••·••"•,.···•,,·········•"'•'·•········... ,.·,···--············"·•·•·"·'······"•·"'•'·"····.

con otra fil osofía menos positivista que la filosofía de
los tiempos últimos, para que las óperas de Wagner

tomaran vuelo y transpusiesen las fronteras, entrando
vencedoras en los escenarios de Occidente. Así á la
malquerencia de los decenios anteriores contra \Vag•
ner, ha sucedido un culto confinante con la supersti•
ción; pues todas las reacciones resultaron por igual
fanáticas en la historia siempre,._y todas propendieron al desquite sugerido por la exaltación del apasio-

versal, asiática en su oriente, africana en su medio• namiento. Mas sea de esto lo que quiera, ocupa un
día, griega en su norte, hispana en su ocaso, trocóse, trono enla poesía dramática tan sublimado Shakespea-

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON KMILIO CASTKLAR
Rea¡xi.rici6n de Verdi. -Carácter de su música. - Diferencia entre él y Bellini. - Verdi en el esfuerzo y en el comba.te ¡&gt;ar la
independencia italiana. -Fragor y estruendo de sus óperas. Carácter que han tomado éstas después de las victorias italianas. - lníluencia ele Wagner en Eu ropa. - Extrañeza de los
franceses á su música. - l lipnotizaci6n de Verdi por Wagner.
-Argumentos extraídos de los dramas shakesperianos por el
compositor lombardo. - El O/ello. - Recuerdos ele Rossini. L.-i ópera c6mica en Verdi. - Consideraciones sobre FalslalJ.
- Conclusi6n.

I

.

una voluntad de combates ciclópeos, como si los es• cuerpo, neurosis y enloquecimientos al espíritu. Hase
clavos se hubieran trocado en titanes y erguídose :i necesitado una generación joven, sucediendo rl. las
recoger el rayo de Prometeo al firmamento para lan- generaciones antiguas, con gusto novísimo, con con0zarlo sobre la cabeza de los déspotas. No significa- cimiento mayor del arte y del mundo, con una conban menos aquellas indignadísimas estrofas en que ciencia viva de la historia, con otra religión estética,

un pueblo esclavo, como el pueblo de Dios, con salmos tan fuertes que sus gritos de águila hendían el
cerrado cielo y hacían bajar la frente de Jehová, en
otros tiempos impasible, á los calabozos babilónicos,
anatematizaba enfurecido al Nabucodonosor de sus
enemigos y le derretía en las sienes al fuego de los
cielos el oro de su corona. La música del treno lloroso y del trágico lamento, compuesta por Bellini, el
dulce Jeremías de Sicilia, tierra cosmopolita y uni-

¿No creéis oir hablar de un resucitado si de Verdi
oís hablar/ Su fuerte ritmo que al combate moviera
y empujara con belicosos acentos, inspirábase de
suyo en el esfuerzo empleado por Italia para sacudir
sus cadenas, trocando el hierro de aquellos pesadísimos eslabones en espadas apercibidas á vibrar y centellear y fulminar contra las irrupciones y los irruptores históricos. De aquí, del afecto bélico, sus obras,
enérgicas como la voluntad de un general victorioso
y resonantes como la carrera de un ejército heroico.
Ningún arte se ha inspirado tanto en la libertad como el arte músico. El Guillermo, de Rossini; la
Mutta, de Auber; el Rúmzi, de \Vagner; los Foscaris,
de Verdi; los Puritanos, de Bellini, están ahí para
decirlo y demostrarlo del modo más concluyente.
Pero si escucháis la melopea beliniana, veréis que
dentro de su cadencia heleno-semita, propia del nido
de corales y flores donde naciera el melodioso músico de la melancolía dulce y del amor profundo, se
halla una désesperación rítmica y compasada, como
la famosa de Leopardi, junta con una resignación

al advenimiento de Verdi, en una especie de clarín re y Wagner en la música dramática otro tan elevado
entre apocalíptico y guerrero, que conjuraba vivos y y singular, que no podlan dejar de imponerse á un
muertos al combate, como cumplía perfectamente á genio como el genio de Verdi, abierto á todos los
quien representaba con Garibaldi de Niza, con Mazzi- vientos.
ni de Génova, con Cavour y Víctor Manuel de Saboya, con Azeglio, con todos los piamonteses y lomIII
bardos, el esfuerzo de un pueblo esclavizado :i favor
de su independencia, para cuya reivindicación se neLa influencia de \Vagner en Verdi se muestra por
cesita desde los atrevimientos de Mina y el Empeci- las dos grandes óperas dadas á la escena durante el
nado hasta la elocuencia de Argüelles y la poesía de primero de los cuatro lustros últimos, por Don CarQuintana, cual sucedió en el pueblo que supo ense- los y A1da, como la influencia de Shakespeare á su
ñar á todos los demás pueblos cómo se pelea y cómo vez por las dos grandes óperas dadas á la escena duse muere por la libertad y por la patria.
rante los años del lustro que corre ahora, por Otello y
II

583

LA !LUSTRACIÓN

A RTÍSTICA

se presta mucho; porque
habíala ya ungido la sobre-

y queriendo que los goces
le penetren por todos los
poros del cuerpo, abierto
á la visita de sensaciones

natural mano de Rossini.
Coloso, verdadero coloso
Verdi, al conseguir que no

innúmeras, me da más que
risa; me da, no diré horror,

pidamos en el acto último de sus óperas lo que
oíamos en la ópera de Ros-

pero sí diré asco, y faltándole por necesidad en el
drama lírico los profundos

sini, la canción del sauce
llorada por Desdémona ó
el arribo de Otelo por las

pensamientos con que Shakespeare lo atem\a todo y

lagunas venecianas al palacio de su esposa entonan-

desnudo en las naturales
vagas ondas de la mtlsica
¡oh! debe resultar una gran-

do los tercetos de Dante

como un miserere del amor

de indecencia.

desesperado que pide refugio y piedad á la muerte
implacable. Pero todavía

,·,,,.,,.,,, •.,.,.,.,,.,,.,,,.,, .. ,,.,, ••• r ,,••,n,•••••••••••••

EL CASO
DEL CONDE DE LOS LAURELES

se conoce más la influencia shakesperiana en Verdi
que por el atrevimiento de
tocar al Ole/lo, por el atrevimiento de haber puesto
en ópera el Falstaff, y en
ópera cómica . Dada su
grandeza le sucede á Verdi
algo de aquello que le sucede á Víctor Rugo; está
privado del chiste y no po-

- ¿Vienes al teatro Real
esta noche?..
- ¿Al baile? No, querido
tío; el año pasado fuí por úl-

tima vez, no pienso volver.
- Pues yo, aunque he
GRANADA POR LOS REVES CATÓLICOS, boceto al óleo ele Isidoro Marfn
(de fotografía de J. García Ayola)

drá nunca promoverá risa.

Falstalf. No puede, no, explicarse la extrañeza pro-

recortan las arias de sus alegros y los dúos de sus
conjunciones, reduciéndolo todo á los recitados y á
los monólogos y á los diálogos, más bien dramáticos

que lfricos, fuera de convenciones antiguas, cuya virtud y eficacia por tal modo en nosotros obraban que
nos ingenian una indeleble naturaleza estética y un

alma y un sentimiento á la verdad inextinguibles, con
un gusto instintivo tan duradero cual el propio é íntimo
ser nuestro. Confieso que no entendí el Don Carlos
wagneriano de Verdi la noche que lo llegué á oir, la

noche de su estreno en París, el año setenta y siete.
Lo contrario me sucedió con el A1da. Tan soberanamente influida por \Vagner como el Don Carlos mismo, la melopea suya tiene tanto de gitana y andalu-

za, que me recuerda el arte cuya magia más priva en
mi ánimo; la serenata de nuestras noches en que las
notas parecen estrellas y las estrellas notas; la elegía

de nuestras saetas, que os clavan sus espinas invisi•
bles en el corazón y os beben la sangre del senti-

miento; las playeras y las malagueñas, que os mecen
que sólo se ablandan con sangre. Rossini, tan ena- quienes ha coronado ya la humanidad; con uno muer- á una con sus cadencias, sugeriéndoos sueños entre
morado de la libertad como el cantor de la poética
Elvida y del dúo de los republicanos, buscaba la libertad victoriosa dentro de la historia en aquel Fígaro que trajo la revolución á Europa y en aquel

to hace tres centurias, con otro muerto hace algunos
años: con Sbakespeare y con \Vagner. La estética moderna en su natural universalidad ha divinizado todos aquellos ingenios eximios, distinguidos, que se ca-

Guillermo que puso á la república en sus sandalias, racterizan por su temperamento humano, como el
como zafiros, el azul de los lagos helvecios, y en sus genio de Shakespeare, y ha hecho del noble afecto de
coronas, como diamantes, las nieves de los Alp~s admiración á este desordenado y sublime pensador
eternos. Bellini con Donizetti, pertenecientes al pe- poeta una especie de dogma literario. l.&gt;ero no fué

rfodo de la conformidad y de la paciencia, se plañían siempre así, no; dos espíritus de tan conspicuo y proen elegiacos cantares, exhalados del alma, por la es- fundo criterio, como Voltaire y Moratín, tacharon de
clavitud irremediable de su patria, pero á la manera brutal á tan eximio poeta y le pusieron en largo eny guisa del esclavo heleno en la decadencia, quien tredicho, excomulgándolo á nombre del buen gusto

marcado con el sello de la servidumbre, ornaba de y cayendo en el extremo de arrastrarlo como un esbellísimas estatuas los palacios y henchía de arengas clavo ebrio al pie de las tres unidades aristotélicas y

voluptuosos y místicos cual aquellos prestados por
el hatchis de los harenes musulmanes, unido al picante aroma de las algas y de las brisas mediterráneas.
Y si \Vagner ha influido en el método y en el gusto
postreros de Verdi, ha influido Shakespeare en el genio. Digan lo que quieran, el gran poeta inglés tiene
pocos argumentos apropiables á la mtlsica. En cosa
ninguna se conoce la superioridad increíble de \Vagner como en lo !frico de sus libretos, donde todo
canta, y la mediocridad de Thomas como en haber
musiqueado las tartamudas perplejidades é incertidumbres de Ifdmlet. J11lietta y Romeo es el drama
por excelencia músico que tiene Shakespeare; porque
las noches embalsamadas de Verona, los diálogos
amantes en el balcón al brillo de los astros, el dilo

el oído de sus infames tiranos. ¡Qué aire tan delicio- de la poética horaciana observadas por los prosaicos
so de respirar aquel aire de Italia, esmaltado por los maestros de la última centuria. Y algo así ha sucedi- de las alondras matinales y de los nocturnos ruiseñoiris de innumerables paletas y por las chispas de in- do con \Vagner. Durante mucho tiempo su género res en las rayas perladísimas del alba despiden notas

numerables mosaicos, así como saturado con los aro- músico y sus obras maestras han aparecido como de cristal y componen escalas cromáticas. Así me
mas de mirtos y azahares al par que con las notas de asunto de chacota y burla, tenidos por cuentos de mu- contaba una vez Azevedo, ilustre crítico de música,

Lucia y de S011dmb1tla/ Los autores de óperas tan chachos, á los cuales ponía un maestro de pega con-

que habiéndole llevado á componer el Afacbeth al

encantadoras como estas dos perfectísimas, aurnen- fusos acompañamientos propios tan sólo para pegar ingenioso y talentudo Rossini, exclamó, después de
taban á una con tales cadencias dulces y tales mela- al más pintado espantosa jaqueca. En verdad al carác- leer y meditar tal argumento: «Mucha y muy grande
dfas por todo extremo angélicas el hechizo de su pa- ter humano de la ópera transalpina y de la ópera trans- ambición, mucha y muy audaz política, nada de
tria, y como que retenían á los conquistadores en pirenaica y al argumento de tragedias ó dramas co- amores, nada de religión, nada de libertad: esto no
aquel templo aromado por una sobrenatural inspira- nacidos y vulgarizados ¡oh! sucedía bruscamente una canta.» Para conocer lo que ha fascinado á Verdi
ción, promovedora de la felicidad material y destinada con una finalidad inconsciente á ir amortiguando
en las sie11es del déspota cruel hasta los martilleos

letra medio in fantil y medio teológica, tomada de na- Shakespeare, basta con recordar lo que ha hecho la

1rraciones germánicas semi rrea)istas y semi fantásticas, musa del gran compositor, osada de suyo á poner
1

entre fábulas y leyendas. Para mayor aturdimiento mano sobre figura tan colosal como la figura de Ote·
lo. Y no porque deje de prestarse Otelo á la música;

pasado ya con bastante exceso del medio siglo, no he
perdido la afición á los
bailes de máscaras. En los
del teatro Real he logrado

Pasma y maravilla la copia de notas guardada por maravillas literarias que se llama Teatro Español.
siempre mis mejores conquistas. Esta bulliciosa fiesnuestros grandes autores dramáticos españoles, quie- Cuando Víctor Rugo quiso hacer un gracioso á la
ta ha perdido mucho, sobre todo en la concurrencia
nes llegan desde los más altos conceptos teológicos española, hizo el bufón Triboulet, quien resulta el
femenina;
en mis buenos tiempos encontrábase allí
hasta los más humildes dichos populares, uniendo en más triste personaje de toda la literatura francesa;
lo mejorcito de Madrid ... Ahora ya sabes tú qué
incomparable consorcio lo sublime con lo ridículo y pues lejos de haceros reirá mandíbulas batientes, os
clase de bello sexo se encuentra en esos bailes. Por
lo elevado con lo grotesco á cada instante, como los hace llorar á moco tendido toda la noche. ¡Habrá
esto yo, más que á conquistar busconas, voy á sabo·
reunen la realidad y la vida. Para com·encerse de lo Verdi en Falstaff dado con la gracia que desplegaexacto de mi observación, basta con recordar el Prín- ron Rossini en el Papatache y en el Don Bario/o, rear bajo aquella legendaria lucerna central el recuercipe Constante y Clarín en Calderón, ó saber que es Donizetti en Don Pascua/e y el Elixir tI' Amorel Lo do de tantas agradables aventuras del tiempo dichoso
uno mismo quien creó la Villana de Va/tecas y el dudo muchísimo: aquel D. Juan Británico, todo pan- en que, sin fantasía, podía competir con los mejores
mozos de la corte, y desconocía en absoluto los pa·
Condenado por desconfiado en esta maravilla de las za, llevando como los pulpos un estómago por cabeza
vorosos dolores reumáticos, el terrible lumbago y

ducida en espíritu latino, como el mío, á las innova•
ciones
que someten esta humana voz, con la divina
En cuanto cambió la suerte de Italia, y no se neconsonante,
á orquesta sin verbo y sin alma; ó que
cesitaban ya el clarín y la espada, Verdi se volvió ha-

cia la contemplación del ideal puro, y cantó por la
necesidad exclusiva de cantar, embebido en oirse á
sí mismo y en atender al coro de ideas y al concierto
de notas encerradas dentro de su espíritu y que habían surgido en grandes erupciones volcánicas, todas
ellas tonantes como himnos de un sublime fragor. Ya
no necesitaba evocar Atila para infundir en los suyos
el horror á la irrupción; destronará salmos apocalfpticos los déspotas del Eufrates; mostrar en Rigo/e/to
las maldades que traen aparejados los regios devaneos: redimida Italia de un extremo á otro extremo,
podía dejarse de fines políticos abrumadores por su
natural pesadumbre y contemplar los ideales puros en
la insondable inmensidad. Por una tendencia del genio y espíritu heleno romano al culto y cultura de lo
plástico, Verdi buscó más los tipos hechos hombres
por la encarnación de su verbo en la forma humana
casi oriental á los mandatos de la Providencia, como que los tipos abstractos y lucientes como un radioso
aquella de Silvio Pellico, que se recluía en los cala- éter en el espacio invisible de las ideas puras. ¿Y con
bozos, creyendo ablandar con lágrimas las cadenas quién se halló? Pues con dos hombres del Norte, á

1 39

derogábanse á la increíble aparición de tales mons-

TRISTE 11.ECUKRDO, cuadro de Antonio Coll y Pí (S1tl6n Pnrés)

�LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA

1111

NúMERO

583

- Pues yo, admirando tu virtud y deseando que
todos los alifafes con que ha empezado ya á favore- su lenguaje, todo en ella me denunciaba una mujer
de superior sentimiento y de singular travesura. ¿Có- Dios te haga un santo, me voy ahora, que ya son las
cerme la próvida naturaleza.
- Usted es un solterón empedernido y no pierde mo podía yo sospechar que la dama que se apoyaba doce y media, á dar unas vueltas por el salón del
temblando en mi brazo temblaría de rabia al con- teatro Real, dispuesto á convidar á un par de maslas malas costumbres. Yo estoy casado...
- ¡Gran tunante, casado estabas estos últimos años, Yencerse de qué casta de pájaro era su maridito? caritas y á gastarme con ellas en el buffet hasta un
y todo el mundo te veía en el baile, y bien recuerdo ¿Cómo había de creer que era la jovencita tímida, billete de los que tienen el retrato de Mendizábal soque el año pasado se apoyaba en tu brazo la masca- medrosa y doliente que necesitaba visita diaria de bre fondo verde. Siquiera durante un par de horas
ra más gallarda de cuantas allí había, una máscara médico y vino de Peptona á todo pasto?.. Por for- olvidaré los años que tengo y los males que me aqueque á legua se conocía que era dama principal! .. Yo tuna no me habló de mi mujer. .. Esto prueba su can- jan. ¿Quién sabe si el año que viene llevarás luto por
tengo para esto un olfato superior. ¿Quién era aque- dorosa inexperiencia. Me espanta pensar lo que yo tu tío?..
hubiera podido decirle de mi mu ier...
lla mujer?.. Nunca me lo has querido decir.
CARLOS FRO:-JTAURA
.., ..,.,.... ,.,,....., .., ............., .................................., ...., ......................................................
- Y vamos, ¿qué pasó?.. ¿La llevaste al nido?..
- Fué la aventura más extraña.
- Sí, tío, sí, la llevé al nido... La hice salir del bai- ¿Me la cuentas? Me perezco por estas historias,
DON RAFAEL
y me parece que no temerás que sea indiscreto y la le y entrar en un coche...
Y
en
derechura
al
nido.
¡Hombre!,
me
alegro
de
divulgue.
- ¡Esto no dice nada: esto es explotar al público!
- ¡Oh! No, señor. Voy a contar á usted el extraor- que tu mujer te diera tu merecido ...
- Llegamos; eran las tres de la madrugada. Abrí ¡Ni siquiera un muerto conocido!, dijo Luis Barzo,
dinario lance, si no nos interrumpen.
la puerta de la calle, subimos los pocos escalones arrojando con desdén el número de La Correspon- No, nadie entrará. Cerraré la puerta.
Así hablaban una de estas noches en un gabinete hasta el entresuelo, apoyándose ella convulsivamente dencia sobre la mesa del Suizo, á cuyo alrededor nos
senfábamos todas las noches, á última hora, media
del casino de Madrid el marqués del Viento, el ca- en mi brazo ...
- Ahora sí que creo que temblaría la pobre Pe- docena de amigos para gobernar el mundo, en prinlavera más osado y más temido en la corte hace
cipio.
veinte años, y su sobrino el conde de los Laureles, pita.
Barza tenía su modo propio de leer el diario noti- Entramos; la solté un momento para hacer luz...
tan conocido y estimado en la buena sociedad matritense y cuyo enlace con la hija única de los duques Iluminé el salón, encendiendo l.ts bujías de los can- ciero, que consistía en limitarse siempre á la lectura
de la Tenaza, celebrado el año 1888, le ha proporcio- delabros, y luego... vi con la estupefacción que puede de la cuarta plana. El resto del periódico capitalista
nado una brillantísima posición en el gran mundo. usted suponer á mi mujer que acababa de arrojar al no le inspiraba el menor interés. En cambio la cuarta
plana le atraía, segtín su frase, con la eterna atracción
- Efectivamente, empezó el conde, confieso mi suelo la careta y me miraba con ojos de hiena...
- ¡Bonita escena y bonito símil! ¡Llamar hiena á de la verdad. «Porque observad, añadía, que desde el
culpa, después de mi casamiento con Pepita debí renunciar á las aventuras galantes; pero la costumbre, la dulce Pepita! ¡Una mujer que no te la mereces!.. boletín religioso, incuestionable, hasta las señas in- No es posible que yo repita, porque es imposi- equívocas de las nodrizas; desde el cartel auténtico de
el ejemplo, las malas compañías, la pícara vanidad...
Y luego, que en este Madrid un hombre de nuestra ble que las recuerde, las frases llenas de ira, de ren- los teatros, hasta los anuncios mortuorios, que nadie
clase encuentra tantas ocasiones de pecar... y aunque cor y de odio que me dirigió Pepita. Yo estaba ano- ha desmentido nunca, todo en ella es positivo, seguro é interesante. '1
nadado...
quiera evitarlas no hay manera...
Pero lo más interesante para Luis, que era un pe- ¡Justo castigo á tu perversidad!
- ¡Ya lo creo! El hombre es débil... observó riendo
simista
acérrimo, un pesimista en razón directa de su
Aquel
aluvión
de
reconvenciones
y
de
insultos
el marqués.
-Además, el carácter retraído, melancólico de mi sólo cesó cuando Pepita cayó ccn terrible convulsión penuria sistemática, era la que él llamaba lista fúnemujer, la anemia que padecía, su absoluta confianza en una chaisse-longue. ¿Qué hacer?.. En aquel estado bre de fallecidos desde cinco duros en adelante; pano era posible bajarla en brazos al coche que espera- tente de las generaciones difuntas, acomodadas y suen su marido...
- ¡Pobrecilla! ¡No sabía qué alhaja le había toc-ado ba á la puerta. Pepita castañeteaba los dientes y se periores al anónimo, con quienes nos hemos codeado;
retorcía como una poseída. La toqué y sentí el frío despedida cortés, aunque indirecta, de los que se nos
en suerte!
- En suma, la impunidad me alentaba. Tenía com- de la muerte. Dudé un momento y luego la cogí en anticipan en el Yiaje final. Y corno conocía á todo el
Madrid capaz de figurar en esa lista, y como además
pleta seguridad de no ser sorprendido en mis aven- brazos y la acosté en el lecho...
- Comprendo que en aquel momento, ante el pe- teníp. un carácter quisquilloso, el carácter corresponturillas... El año pasado, pocos días antes de Carnadiente á su eterna escasez de valores metálicos y fi.
ligro que corrías de quedarte viudo...
val, me proporcioné un cuartito de soltero...
- ¡Oh! Por suerte, era la primera vez que entraba duciarios, resultaba que, sin poderlo remediar, la
- ¡Ah, bribón!
- Un preciosísimo nido que me costó un dineral, una mujer en aquel nido, y siendo esta mujer la mía... noche que no encontraba un difunto conocido en le- Era ya casa honrada la que tú habías preparado tras de molde, se sentía hondamente contrariado.
en un entresuelo en la plaza de Afligidos.
Gracias á que La Correspondencia que leía no era japara mujeres perdidas.
- Al otro extremo de Madrid.
más suya; que de haberlo sido, hubiera reclamado en
Abrigué
á
Pepita,
murmuré
á
su
oído
palabras
- Una plaza que mi mujer, seguramente, no sabía
de arrepentimiento y de amor, la acaricié con toda el entonces palacio de Santana la devolución de los
que existiera en el mundo.
cinco céntimos. Pero él nunca había comprado nada.
- No estaba mal elegido el sitio. ¡Y qué callado la efusión de mi alma...
Consolamos á Luis con la reflexión de que en el
-¡Ah,
tuno!..
me lo tuviste, grandísimo libertino!.. ¿Lo tienes to- Cayó luego en una gran postración, lk,ró mucho... número próximo sería sin duda otra cosa, dados los
davía?
quinientos mil condenados á muerte que en Madrid
- No era para menos.
- No. ¡Dios me libre!
y sus afueras se guarecen. Y otro de los circunstanY
ya
había
amanecido
cuando
la
pude
bajar
al
- Yo te lo hubiera tomado en subarriendo.
tes, Pepe Costa, un estudiante de derecho, rico (dos
- Y ahora vamos á mi aventura del año pasado en coche y llevarla á casa.
mil reales mensuales por su casa) y liberal hasta el
- ¿Y después?..
el baile de Escritores y Artistas. Desde el casino me
punto
de que pagaba el café de todos siete días á la
Después
...
llegarnos
á
casa,
y
en
la
puerta
de
su
fuí al baile ...
gabinete se detuvo y con acento de profundo enojo semana, por término medio, tomó, por hacer algo, el
- Con la llave del nido en el bolsillo... ¿eh?
- Naturalmente. A poco de ocupar el sitio que me dijo: «De hoy más no pasará usted de esta puer- diario que Barza había arrojado, y se puso á leerlo
me correspondía bajo la lucerna del teatro, llegóse á ta. Viviremos bajo el mismo techo, pero sin vernos maquinalmente. El contagioso espíritu de imitación
le hizo también recorrer con sus ojos la susodicha
mí aquella máscara y me dijo unas cuantas frases de hasta que yo haya conseguido el divorcio.»
cuarta plana, y de pronto vimos resplandecer en ellos
- ¡Miren la tímida!..
esas con que se comienza una conversación entre
- «Hoy diré, añadió, á mis padres lo que ha su- la emoción ó la sorpresa de una inesperada noticia.
una mujer elegante con antifaz...
- ¡Estás en Babia, Luis!, exclamó; ya no te enteras
- Y un marido sin careta y sin vergüenza como td. cedido, y ellos me aconsejarán ...»
- No sospechaba yo semejante resolución en mi de Jo que lees, ó calumnias por costumbre á la com- Le ofrecí mi brazo; dijo unas palabras al oído á
mujer. Quedé aterrado ante la amenaza de un escán- petente. ¿Sabéis, señores, quién ha muerto? Oíd; y leyó:
otra máscara que la acompañaba ...
dalo, y porque conociendo el carácter inflexible y se- «El Ilmo. Sr. D. Rafael Martínez Villalba, jefe supe- La mamá ó la tía, la tía probablemente.
rior honorario de administración, ha fallecido. Sus
-Aceptó mi brazo temblando ... No, no se ría us- vero del duque, no podía esperar misericordia.
- ¿Y en qué fundaría la demanda de divorcio?.. albaceas testamentarios ruegan á sus amigos, etc.»
ted, temblando. Yo sentía, bajo la presión de mi bra- Y bien, ¿y qué?, preguntó Luis agriamente. ¿Qué
zo, cómo temblaba todo el cuerpo de aquella másca- ¿De qué te acusaría?
significa ese Martínez menos, ni quién Je conocía?
- De adulterio frustrado.
ra encantadora.
- Le conocíamos todos, y tú el primero.
- ¿De adulterio con tu mujer?.. Caso nuevo y no
- ¡Pobrecilla!.. Probablemente sería la primera
- Martínez Villalba... , repitió Barza, que me emvez que se veía en semejantes trabajos, dijo el mar- previsto en el Código.
plumen
si hago memoria...
Pues
mire
usted,
dos
meses
viví
sin
obtener
inqués irónicamente.
- Yo tampoco.
- Me confesó su amor de la manera más ingenua, dulgencia de mi mujer ni de mis suegros. Y el duque
- Ni yo. Ni yo, afirmarnos los demás.
consultó con algún eminente abogado para saber códelicada y pudorosa que pueda usted imaginar...
- ¡Oh mezquina especie de Adán, inventora del
mo
podría
presentar
su
hija
la
demanda
...
Pero
á
los
- '?ero aunque pudorosa, no era corta de genio.
dos meses, el médico declaró que mi anémica, inape- olvido, añadió Costa. ¿Conque no conocíais á ese
¿Cuánto te costó la cena?..
tente y dolorida esposa estaba en estado interesante. Martínez? ¿Conque no conocíais á Martínez II?
- No quiso cenar.
- ¡Martínez II! ¿Es ese el muerto?
- Vamos, ahora creo que te amaba. Pero ya adi- Mis suegros, que hacía cuatro años deseaban un nie- Ese es.
vino el fin de tu aventura. Tu máscara misteriosa era to y ya desesperaban de que Dios les concediera esta
- Yo le creía hace mucho tiempo en la eternidad.
una vieja verde... ¿La marquesa del Traspaso?.. ¿La gracia, recibieron la noticia con extraordinario jtíbilo.
- Pues ya lo ves, está ahora atravesando sus umviuda de Solomillo?.. Son las dos viejas más enamo- Mi mujer empezó á mejorar de salud y de humor,
radizas de los tiempos presentes. A mí las dos me tuvo apetito, vió con alegría, mirándose al espejo, brales, después de haber pasado solitariamente la
eternidad preparatoria de tres años de extenuación.
han declarado su atrevido pensamiento, y soy más color natural y sano en sus mejillas ...
¡Pobre Martinez II! Era verdad: todos le habíamos
- Y es claro, los presuntcs abuelos y la madre del
viejo que ellas.
niño que había de nacer á los nueve meses llamaron conocido. ¿Quién no conocía en Madrid aquel mode- No era vieja ni verde aquella máscara; era...
lo de caballeros, de amigos, de hombres cultos y
- ¿El hijo de los condes del Repesó, que parece al autor y le perdonaron.
- En efecto, y hace hoy noventa días que posee- bondadosos? ¿Quién no recordaba su simpática y oriuna dama?..
mos Pepita y yo un ángel encantador que nos sonríe ginal figura?
- No, por Dios. ¡Era mi mujer!..
y nos tiende sus bracitos nacarados, y por él me ha
- ¡Caracoles!
JI
- Sí, querido tío, mi mujer. Y yo, hecho un ju- perdonado mi dulce compañera y por él he renunciamento, no la conocí. Me pareció más alta y esbelta do yo á otros placeres que á los puros incomparables
Era alto, delgado, fibroso, con grandes ojos expreque mi mujer, y ni por un instante sospeché que pu- placeres del hogar. Ya sabe usted por qué no voy este
sivos y espaciosa frente, presidida por el tupé de sus
diera ser ella. Su actitud, su elegancia, su locuacidad, año ni volveré nunca al baile de máscaras.

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

.,,

cabellos grises, á la usanza de los elegantes de su ju- se enorgullece el rey famoso del mundo físico. Ya no de doce años vió á Martfnez volver del entierro de
ventud: el tupé de Larra, de Espronceda y de Mar- podemos viajar sin el vapor, ni alumbrarnos sin el su padre, y le preguntó llorando si la iba á llernr al
tínez de la Rosa. Se parecía á éste extraordinaria- hidrógeno, ni comunicarnos sin la electricidad; y sin Hospicio, Martfnez le contestó que la iba á llevar á
mente, y á ello debió el título de Martínez II que le embargo, sostenemos que todos esos elementos son su casa. Tres años después habían sucedido muchas
nuestros criados, cuando no hacemos otra cosa que cosas en ese cuarto segundo de la calle de la Cruz
inventamos.
Era distinguido por instinto, y pulcro por respeto pedirles con la inteligencia favor y ayuda. En resu- que acabarnos de visitar. Alguna de ellas, como por
propio. Tenía el temperamento de todos los aseos, la men: la criatura pensadora, que no puede hacer lo ejemplo, el cambio radical de vida y costumbres en
honradez inclusive. Sus largas levitas de Caracuel, que hace el último irracional, que no puede salir im- D. Rafael, la supimos y la comentamos todos á tiemsus amplios chalecos blancos de gran solapa, sus es- punemente de su casa sin vestirse, que no puede ali- po. El amigo de medio Madrid se había dedicado por
trechos pantalones de trabillas, sus abultadas corba- mentarse sin comprar y guisar su comida, que no completo á las funciones de padre adoptivo. Ya no
tas de raso, cuyo nudo sujetaba grueso alfiler artísti- puede dormir tres noches seguidas al sereno sin coger existían para él más ocupaciones ni más. placeres ni
co, sus sombreros de anchas alas, sus guantes empu- un reumatismo, me parece, como rey de lo creado, más espectáculos que los que podía compartir con
su hija de adopción. Apenas obtuvo ser jubilado diñados siempre en la mano izquierda, mientras. la de- un rey de Offenbach, un rey bufo.
»En el orden social, añadía, ¿qué cosa hay tam- rigió por sí mismo, con ayuda de su experiencia y
recha aplicaba á sus ojos el doble lente con asidero
de carey ó de oro, su andar pausado y majestuoso, poco más pequeña, baladí é impotente que el hombre de sus varios conocimientos, la educación de la huérsus saludos de gran señor afable, su amena conversa- entre los hombres, ni menos independiente ni con fana; cuidaba por sí mismo hasta los trajes que la nición instrucfo·:1 y sobre todo su indesmentida galan- menos derecho al orgullo? El poderoso vive á expen- ña usaba; y así le veíamos rebosando de orgulloso
tería para el bello sexo completaban la semejanza con sas de los que sufren su poder; el rico á expensas de contento cuando la paseaba ó la llevaba al teatro,
los que le facilitan la aplicación y el goce de su ri- hecha un primor de elegancia y reflejando el buen
el ilustre autor del Estatuto.
La buena sociedad madrileña le distinguía y le queza; el genio y el talento funcionan para los que no gusto externo de su director. En una palabra, la mumimaba.
lo tienen; el sibarita depende de los placeres que otros chacha, que se llamaba Inés, había venido á ser el
Había sido el coco de las beldad~s de cocas y mi- le proporcionan; el rey, de los súbditos; el general, de centro moral de la vida del buen Martínez. Aquel co-.
riñaques. Había reinado como un príncipe verdade- los soldados; el comerciante, de los trabajadores; el razón afectuoso, que á fuerza de querer á todo el
ro, él, modesto hijo de la clase media, en el Prado, gobernante, de los gobernados. La vida del individuo mundo y de practicar su filosofía propicia, no sintió
en Vista-Hermosa, en los Basilios, en los mentideros es la demanda incesante del socorro colectivo. Vivi- nunca un cariño concreto, decisivo y trascendental,
de la calle de la Montera y del atrio de San Ginés. mos por la familia, por los amigos, por los enemigos, había concentrado en aquella criatura todas las terHabía alternado y brillado en los espectáculos y pla- por los protectores, por los servidores, por los demás. nezas y todas las bondades genéricas de su corazón.
ceres de los ricos, él, modesto heredero de dos mil ¿Qué monarquía le queda al rey de la sociedad el día Inés, como también sabéis, era guapísima: blanca,
duros de renta, jefe de Administración de tercera en que se encierra solo en su domicilio? ¿Qué poderío con la mejor de las blancuras, que es la pálida mate
clase, jubilado después de treinta años de servicio é es ese que hasta para dar un paseo tiene que contar y ajazrninada; con dos ojos negros como la endrina,
hijo único de un quincallero de Sevilla.
con el zapatero? ¿Concíbese nada de tan mínimo llenos de luz acariciadora y festoneados por magnífiHabía sido camarada mundano de todos los nota- valor absoluto como el vecino aislado, nadie que cas pestañas; con dos cerezas garrafales por labios,
bles de su tiempo; había tuteado al duque de Rivas; tenga deberes y necesidades más generales que el dos azucenas por manos y dos pequeños dijes artísticos
por pies. De su talle y sus contornos poco ó nada se
había figurado como tertuliano asiduo de Salamanca caballero particular?
&gt;Pero en ningún orden de ideas resalta tanto la ne- supo al principio de la adopción; pero un par de años
y de la Avellaneda; había sido el D. Rafael, por antonomasia, de Montes y el Chiclanero. Y cuando la cia vanidad masculina como en el amoroso, en el de después vinieron en tropel las mejores y más gustotriste eliminación natural de hombres y cosas le ha- sus relaciones con la mujer. Nos pasamos la vida de sas noticias. La virgen andaluza se desarrolló de un
babía traído hasta nosotros; cuando había forzosa y rodillas ante ella como niños, como galanes, como golpe, con la precocidad que su tierra impone, y yo
paulatinamente aparecido en el seno de las personas maridos, como amantes y como viejos, y decimos, sin recuerdo que, al verla de lejos, algunos de vosotros
y costumbres sucesoras de las de su tiempo; sin dejar embargo, que la mujer es nuestra esclava, ó nuestro os quedabais con la boca abierta, y otros, los más
de ser fiel, de fondo y de forma, á sus recuerdos, á pasatiempo, ó nuestro juguete. No poseemos ni la creyentes, bendecíais á la divinidad, fuente y origen
sus hábitos; sin dejar de ser figura obligada de tea- décima parte de su finura intelectual, de su astucia, de las bellas formas .. .
tros, paseos y convites; sin acortar un centímetro el de su energía moral, de su valor, de su humanitaris- Es verdad, dijimos todos, pagando tributo al refaldón de sus levitas; sin alterar un ápice la forma mo, de su ternura, y sin embargo, la tenemos por un cuerdo exacto.
- Pues bien, siguió el orador: ¿necesito aseguraros
del cuello de sus camisas, y sin dejar de actuar como ser inferior. Hacemos girar la máquina social sobre
el más fino, servicial y discreto servidor de damas, el anhelo de su posesión, y nos creemos sus dueños. que la boca más abierta y la gratitud más religiosa
en presencia de aquel precioso ejemplar femenino,
había hecho reinar también en sus nuevos círculos la Nos enseña á creer, á sentir, á gozar, á padecer,
afectuosa atracción congénita y biográfica de su per- vivir, y nos damos aires de ser sus maestros. No hay eran las de D. Rafael, las del gran perito en el ramo?
sona.
felicidad de hombre que no cuente en ella su parte Aquella belleza le sorbió el sexo, hasta el punto de
Una noche nos explicó en el antiguo casino el se- integrante; ella labra con una mirada nuestra desdi- que vivía por ella y ante ella en éxtasis. Su ama de
creto permanente de sus éxitos, la causa de haber cha, y nos creemos los dispensadores de su ventura llaves, la setentona doña Jacinta, llegó á sospechar
agradado durante más de medio siglo á todo el mun- y los árbitros de su destino. Hemos cargado en su que aquel cariño y aquel entusiasmo pasaban de casdo, el motivo esencial de haber tenido tantos amigos obsequio con todo el trabajo intelectual y material de taño obscuro é implicaban un enamoramiento inmeny ni un solo enemigo.
la existencia; fundamos imperios, inventamos institu- so. Y un día se atrevió, con la audacia orgánica de
Martínez II era un filósofo. Aún nos parece estar ciones, ciencias, grandezas, placeres, para ofrecer á las de su especie, á preguntar á su amo por qué no se
oyendo, sentados de vuelta del Real, junto á una de sus pies el resultado, y luego convenimos seriamente casaba con la se,iorita. Y su amo le contestó que ya
las chimeneas del salón grande del casino, la exposi- en no darla otra importancia que la de un pretexto había pensado en ello, y que era una de las cosas que
ción de su filosofía. Nos la hizo en defensa propia. Le de nuestra actividad. ¡No somos, en suma, desde la pensaba hacer in articulo mortis, si antes Inés no lo
habíamos visto en el palco de una de las bellezas de cuna al sepulcro, más que unos mendicantes de sus había hecho por su cuenta y con otro. Y cuando doña
moda, que no tuvo durante su visita ojos ni oídos, caricias, y decimos que vive de la limosna de nuestro Jacinta le preguntó también por qué lo dejaba para
al parecer, sino para el visitante. Uno de nosotros, corazón y de nuestra fuerza!
tan tarde, D. Rafael le contestó también que las
que estaba hacía un año bebiendo los vientos por
&gt;Para concluir: el hombre no vale un comino, desde viudedades no se cobran hasta que los maridos mueaquel astro moreno, cuyo escote era una verdadera ningún punto de vista. Los hombres son, como con- ren, y que_él quería dejar á Inés la viudedad corresapoteosis escultural, exhaló,aunque cariñosamente, su junto, lo único que vale algo; pero una sola mujer pondiente á su jubilación de veinticuatro mil reales.
mortificación. «¿Pero cómo diablos hace usted, don vale más que todos ellos. Y como no soy más que Inés no llegó á gozar, sin embargo, de la proyectaRafael, dijo, para gustar tanto á las mujeres?» Y uno, ciño mi conducta á la conciencia de mi nuli- da pensión civil, porque una tarde se asomó al bal
D. Rafael, ajustando el lazo de su corbata blanca, dad. Sirvo á los demás con interesada buena fe, en eón y vió á un joven de buena figura que la miraba
acercándose de espaldas á la chimenea y dirigiéndo- lo poco que puedo, para que ellos me sirvan en lo mucho desde el suyo, y que ya no cesó de mirarla
nos, como preámbulo, una complaciente sonrisa, nos mucho que les es dable. Y para gustar á las mujeres, con igual intensidad todas las tardes á la propia hora.
reveló su sistema.
lo único que hago es demostrar que ellas me gustan Total, que en aquel joven había el germen de un
á mí mucho más, infinitamente más de lo que yo novio y que este novio se apareció un día en la casa
III
puedo gustarlas.
.
de D. Rafael acompañado de su padre, tendero acre»Cuyos mandamientos se encierran en dos, á sa- ditado de ropas hechas y en corte, el cual padre piEl buen Martínez II profesaba el principio funda- ber: ser bueno con los hombres, y mejor con las mu- dió á Martínez la mano de su pupila para el hijo.
mental de la insignificancia del hombre. «No hay error, jeres. No hay otro medio para pasarlo medianamente Martínez llamó á Inés, que nada le había dicho del
decía, más craso y lastimoso que el de llamar rey de en este planeta.»
noviazgo, la cual se lo dijo todo en presencia del inla creación á ese ser mísero, que sólo ocupa en ella
teresado. La mano, pues, fué acordada y la boda se
un lugar secundario. De este error principal nacen y
IV
efectuó á los quince días, yéndose inmediatamente
se derivan los infinitos que sirven de causa á las deslos recién casados á establecer en Barcelona, que es
dichas y á las necesidades humanas. El hombre cree,
Martínez II murió en carácter: murió de bondado- gran país para el comercio, un comercio idéntico al
por ejemplo, en el orden físico, que la Naturaleza so á los sesenta años. Yendo con el cortejo fúnebre del suegro de Madrid. D. Rafael hizo donación á
está hecha para él; siendo así que, por el contrario, la desde la casa mortuoria, calle de la Cruz, á la patriar- Inés de todo su patrimonio y se quedó otra vez solo
Naturaleza le tiene despótica y absolutamente á su cal de San Martín, Costa nos refirió en el landó de con doña Jacinta y con su haber pasivo. A la vuelta
servicio, y le impone sus leyes inmodificables, sus alquiler cómo había muerto.
de la estación del Mediodía, donde despidió á los
intemperies, sus apetitos, sus dolencias, sus rigores y
- ¿Recordáis, dijo, que hace algunos años, á raíz del jóvenes, se sintió un poco malo; le parecía ver todos
malos tratos, más que á ningún otro animal, puesto cólera, apareció Martínez acompañado siempre de los objetos de un color obscuro. Era una ictericia
que es el más naturalmente indefenso.
una linda niüa enlutada, cuya paternidad ilegal le negra que le entraba y que ya no debía salirle del co·
»Cuando yo me veo acatarrado en invierno, sin res- atribuyó al momento la -maledicencia? Pues la male- razón sino con la vida. Su tristeza se desarrolló y dupiración en verano, débil el día que almuerzo tarde, y dicencia se equivocó, contra su costumbre, entonces. ró tres años. El pobre Martínez sólo tenía un día
rendido de cansancio si trasnocho; cuando considero El verdadero padre de aquella niña, empleado de de alivio en la semana, el día en que recibía carta de
que sin el gabán, y los baños de mar, y la cocinera, Hacienda con 3.000 pesetas anuales, acababa de I nés: los demás los pasaba esperando la carta siguieny la buena cama, mis manos no podrían sostener el morir en su respectivo sotabanco. Había sido con- te. Doña Jacinta le instaba para que volviese á su
cetro de la Tierra, que dicen que constitutivamente temporáneo, paisano, subalterno y protegido de don antiguo vivir agasajado y divertido. D. Rafael se netengo en ellas, no puedo menos de reírme de mi or- Rafael; y cuando pidió á éste en su agonía amparo gaba bajo el pretexto de que, según decía, no estaba
ganización regia. Y nada digamos de lo que signifi- para su hija, que no tenía madre ni parientes, don ya para jolgorios, pero en realidad porque seguía
can, en puridad, los progresos material~s de que tanto Rafael se lo prometió; y cuando la linda adolescente viendo negro, muy negro, el mundo. Al principio sa-

a

•f-'

583

NúMERO

LA

583

lió á paseo todas las tardes, después alguna que otra, l~~go ninguna. Empezó
á sentir gran deb1hdad, que en breve no
le permitió moverse de u~a butaca. J?oña Jacinta llamó al médico: el médico
fué, observó y dijo que aqu~ll? no tenía
remedio que era una anemia incurable,
una luz'que se apaga. Doña Jacint,a 11?·
raba á hurtadillas. D. Rafael sonreia sm
cesar á doña Jacinta, y se pasaba las mañanas contemplando la gran fotografía
iluminada de J nés, que presidía su cuarto y las tardes mirando á través del cristai del balcón la tienda del suegro. Una
noche se acostó con gran fiebre y el ama
de llaves le oyó delirar y decir: «¿Por qué
no me llamas á tu lado? ¿Qué hago yo
aquí yo que te quiero tanto, yo que sin ti
me :i.mero?» Y doña Jacinta lloró doblemente al considerar la ingratitud de la se17orita. Por la mañana llegó el correo con
carta de Barcelona, y tuvo que leérsela
al señor, que ya no podía leer. Era del
marido de Inés participando el segundo
feliz alumbramiento de su mujer. Cuando acabó la lectura, doña Jacinta alargó
el papel á su amo; pero éste no pudo tomarlo porque, aunque seguía so_nriendo,
estaba muerto. Aquella era la última sonrisa del buen Martínez.
¡Pobre D. Rafael!

s. LÓPEZ

GUIJARRO

................,.............,....... ,....................,..,..~·····••'••········•,.•··••J'••"·•·..

BOCETOS
UNA

F IERA

Aterrorizan los relatos de esas fieras
que silenciosas y traidoramente, ó rugientes y amenazadoras, se abalanzan sobre
los confiados viajeros al pasar por la estrecha garganta de un precipicio, al cruzar una estrecha llanura del desierto, atravesando un enmarañado bosque, al vadear un río ó flotando sobre un resto de
buque en la inmensidad del Atlántlco.
Si el relato y la sola idea de eso pone los
pelos de punta, calcúlese el espanto que
ha de causar la realidad al encontrarse
con el tremendo y poderoso león de las
vertientes del Atlas, el astuto tigre de
Bengala, la cautelosa pantera del Ganges,
el repugnante cocodrillo del Nilo, el as-

143

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

FELICIDAD, cuadro:de Ramón Pulido y Femández
( Exposición internacional de Bellas Arles de 1892

queroso hipopótamo de la Abisinia, el
estúpido y feroz oso blanc? de la Laponía el fétido candor del H1malaya, la retor~ida serpiente de las Pa?1pas, e) voraz
tiburón del Océ~no, la hed1?nda hiena... ,
figúrese cualqmera la real_1dad de tales
encuentros, sin amparo y sm defensa.
y sin embargo, ¡lo que es la cost~mbre!, vivimos tan confiada y tranquilamente como si tal cosa, rodeados de fieras semejantes, apenas sin reparar en
ellas aun sabiendo los estragos y destrozos que causan, no sólo á diario, sino á
cada momento.
La cuestión es sencilla, se reduce á
cambio de nombre y variación de escena.
Pongamos por caso.
El tremendo y poderoso león aparece
revestido con la prepotencia de alto funcionario ocupando un s_illón de..., primera categoría; el astuto t1gr~, &lt;letras de la
mesa del estrado de un tribunal; la cautelosa pantera, el que dirige el t~je ma_neje de un banco de crédito; el mmóVJl y
repugnante cocodrilo, el ca~ita)ista que
absorbió el dinero de los candidos que
se lo entregaron; el asqueroso hipopótamo esos ricachones ó herederos de gran
fortuna que se pasan la vida sin idea de
algo superior á ella; el torpe y feroz oso
blanco esos brutales asesinos de encrucijada,' buhardilla ó chiribitil, que como
valen poco con poco se contentan, y suelen ser, quizá precisamente por eso, los
únicos que dan trabajo al verdugo; ~l
candor y demás géneFO de pluma y rapiña la gente de ídem; la retorcida serpiente' desde la boa Constrictor á la venenos; víbora, la chusma que invad~ y llena
las curias) el elefante, esos caciques de
localidad dispuestos siempre á tumbar
de un trompazo á quienes les estorben
en sus trapisondas; el voraz tiburón de
encajados dientP.s, esos letrados de ancha tragadera, á quienes, con tal que dé,
lo mismo da sostener blanco que negro
y contrariar hoy lo que ayer defendieron;
la asquerosa hiena, esos usureros en pequeño para realizar en grande mayores
saqueos... , los cuales sobrepujan en nauseabunda asquerosidad á toda la repugnancia junta de los demás, ¡y eso que cada cual presenta un buen contingente!
Esas fieras, que lo son y de veras, no

EL ENTIERRO DEL PILOTO, cuadro de Juan Martlnez Abades (premiado en la Exposición internacional de Bellas Arles de 1892)

�~

.a.

LA CARTA DEL NOVIO, cuadro de F. B. Doubek

LA PRUEBA DE UNA TIPLE, cua dro d e F. B. Doube k (Exposición internacional de Bellas Artes de M unic h, 1892)

�LA

11111

nos espantan ni nos horrorizan, porque estamos familiarizados con ellas: nos acechan, nos preparan emboscadas y sorpresas, y cándidamente sin escarmiento caemos en ellas; y nos aprietan, estrangulan y
destrozan, y nos quedamos tan amigos, viviendo en
santa pa_z ~ compa?a: apen~s ~ensamos en vengarnos; m s1qmera movidos por msunto de conservación
intentamos unirnos para la común defensa.
Pudiendo añadir aún que cuanto más dañina y
mala sea esa fiera social, tanto más motivo de respeto y deferencia impone; y llevándolo al extremado
límite, parece como que nos envanezcamos de frecuentar su guarida con aspecto de suntuoso palacio,
y hasta sus zarpazos nos parecen graciosas caricias,
sus groserías lindezas y sus bramidos chistes, y...

¡Cosi va il mondo bimba mia!
. La pintura no es subida de color, es más bien pálida: seguramente la mayor parte de los lectores dis~ondrán de propia paleta para recargarla, dejándola
a su gusto y en su punto.
Pero al fin, aquellas fieras de por allá, sencillament~ entrega~~s á sus instintos, entre sus géneros, especies y fam1has, no se dañan, ni se destrozan , ni se
matan unas á otras: satisfechas sus funciones naturales y llenadas sus
. .necesidades, nada extreman·, como
no conocen el v1c10, no se abandonan á ningú n exceso. En cierto modo pueden considerarse como brutos
racionales.
Pero entre los hombres, parece que el espíritu de
conservación individual estriba en destruir, y sus
funciones naturales han de ir más allá de su línea, y
sus goces y necesidades han de hallarse dentro de los
excesos del vicio: su concupiscencia no conoce valla
ni freno, y para satisfacerla cualquier medio le parece
aceptable y lo estima como excelente, y sobre todos
el mejor y de resultado seguro la destrucción de sus
semejantes. Diríase que para él lo más sabroso son
las lágrimas y el sudor y la sangre de otro hombre
de su semejante, de su hermano. Y así los tales,
sean las fieras de por acá, en cierto modo invirtiendo la idea pueden ser considerados como racionales
brutos ... ó embrutecidos, que es peor. ¿No es verdad
que el hombre inocente y cándido es lo más cándido
y má_s inocente que puede darse? ¿No es verdad, que
la Fiera Homb1'e es una gran fiera?

6

J UAN Ü-NEILLE

Bellas Artes. - La Galeria Nacional de Berlín envía á la
Exposición universal de Chicago ocho esculturas y veinte cuadros que firi1:1an, entre otros, los escultores Begas, Eberlein y
Brutt y los pintores Keller, Schuch, Liebermann y Knaus.
S~!ón Parls. - Como todos los años, los pintores Casas y
Rusin_ol_ en compañía del escultor Clarasó han organizado una
expos1c1ón con varios de los trabajos realizados desde la anterior, en )a que tomó parte el desgraciado Canuda, muerto el verano últuno _en la villa ele Sitjes, donde todo el sol esplendente
de, f!uestro_ htoral, re fl~jaclo por la~ azules ondas mediterráneas,
fue msufic1ente remedio á la dolencia contraída allá en las cimas
ele Montmartre junto á las aspas del molino ele la Galette, cuando. en compañia ele los expositores que nos ocupan luchaba
vah1;ntemente para resolver el dificilísímo problema ele ganar
su. vida y pracllcar el arte, sueño y aspiración de toda su misera
ex1stenc1a. Descanse en paz el buen amigo, el hombre honrado
y el ferviente artista.
Como en sus anteriores manifestaciones, preséntanse Rusiñol
y Casas consecuentes y fieles á su manera de sentir, aunque esta
vez sea~ _sus estudios, á la par que en número más reducido,
algo mas interesantes en su concepto y ejecución que otras veces:
muchas de las notas, impresiones y verdaderos cuadros expuestos no son parisienses, son impresiones recibidas, sentidas entre
nosotros y entre nosotros reproducidas; diferencia digna de tener en c~enta, dada la filiación con que se ha caracterizado á
estos artistas, y que explica la mayor benevolencia con que el
público las ha recibido.
Curioso es en verdad, y prueba una vez más la insignificanc!a de nuestro movimiento artístico, el anatema que han merecido generalmente del público y de la crítica Casas y Rusiñol
por ~l solo hecho de presentarse sinceros y espontáneos, en
trabaJOS que más que resultados son medios para producirlos
algún día, estudios y observaciones de temperamento verdaderamente de artista, revelaciones que en otras partes se miden por
el valor que manifiestan, no por la novedad de procedimientos
que supongan, al propio tiempo que entre éstos presentan obras
que reunen condiciones suficientes para ser apreciadas seriamente, sean unas ú otras las tendencias que signifiquen. Y afirma_ nuestr~s palabras el hecho de que se m9teje á esos artistas
de 1mpres1omstas, cuando tanto distan en su pintura de las cualidades típicas que caracterizan á los representantes genuinos
de esa escuela.
Sea como fuere, Rusiñol y Casas exponen en su variada labor
muestras de valer suficiente para que se les aplauda, aplauso
que debe hacerse extensivo á Clarasó por la gallarda muestra
que de su talento presenta con el modelo monumental que
expone.
Teatros. - En el teatro de la Residencia, de Berl!n, se han
eslren~do en un mismo &lt;lía tres obras en un acto del poeta sue·
co Stnncl?erg, ~e las cuales la tragicomedia El acreedo1 causó
profun?a 1mpres1ón, al paso que la comedia Signos de oto11o y la
tragedia Antes de la muerte apenas gustaron. Según los perió-

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

dicos alemanes, este notable representante de la escuela natu·
ralista del Norte también escudriña con preferencia los aspectos malos del alma humana, asl es que los personajes de las tres
obras citadas acusan ímicamenne sentimientos é ideas de debilidad, bajeza y brutalidad.
Parls. - La pantomima en todas sus aplicaciones teatrales ha
prevalecido en la última quincena en París, en donde se han estrenado: en el Nuevo Circo París Clown, revista pantomima de
Sartac y Alevy; en el teatro de Aplicación, Une soirée ehez 1)1.
le sous-prefect, monomima de Galipaux con bellísima música de
Thomé, y en el Circo de Invierno, Les Fra11,ais au Daho111ey,
mimodrama militar. En los Bufos Parisienses se ha reproducido
L' E11/a11t prodigue, pantomima de Carré con deliciosa música
ele Wormser. Se han estrenado además con buen éxito: en Variedades Le premier 111ari de France, vaucleville en tres actos de
Albin Valabregue; en Cluny, Les Ca111bn'olesde l' a1111le, ~evistr,
en tres actos de .Milher y Numés; en el Palais Royal Le Vcglione, graciosa comedia en tres actos de A. Bisson y Carré;
en el Gimnasio, Les amants legitimes, co"1cdia en tres actos de
A. Janvier y M. Ballot; en el Circo Fernando, A bride abattue,
revista ecuestre, e¡1 la que los clowns, amazonas, gimnastas, etcétera, etc., con gran aparato de caballos, coches y velocípe·
dos, representan los principales acontecimientos ocurridos dur~nte ~I año en París; y en el Chateau d' Eau, Le cri111e d' Orczval, interesante drama en cinco actos y ocho cuadros, de E.
Mendel y E. Pourcelle, tomado de la novela del mismo titulo
de Emilio Gaboriau.
A-ladrid. - En el Real el tenor Tamagno ha cantado con gran
apla~so Guillermo Tell y Otello, ópera esta última en que comparttó_con él la ovación la Sra. Tetrazzini: en ambas logró nue·
vos triunfos el Sr. Mancinelli: para debut ele la Sra. Fabri, que
fué muy bien recibida, se ha puesto en escena Orfto. En el Español se ha verificado el beneficio de la señc,rita Conlreras con la
represent~ción de Un dra111a n11e1.'o, en la que obtuvo, junto con
el Sr. Vico, muchos aplausos. En el Príncipe Alfonso sigue
contando por conciertos el número de triunfos la Sociedad de
Concierto_s de Madrid dirigida por Mancinelli: en el quinto fueron espec_ialmenle aplaudidas la marcha fúnebre de Siegfried,
el preludio ele Tristán l l solda y la cabalgata de Las Walkirias,
de Wagner, y la quinta sinfonía de Beethoven. Se han estrenado
con _buen éxito: en la Comedia, Abogar contra si mis1110, comedia en tres actos de D. Miguel Echegaray, ele interesante argumento, muy bien estrita y abundante en chistes cultos, y en
Lara, El moclmelo, juguete en un acto de los Sres. Limendoux
Y Rojas. En este último teatro se ha verificado el beneficio de
la Sra. Valverde, una de las artistas predilectas, y con razón,
de) público madrileño. En la Zanuela han comenzado con gran
éxito las representaciones de Miss Hclyet, cosechando en ellas
muchos aplausos la señorita Pretel y el Sr. Banquells.
Barcelona. - Se han estrenado con aplauso: en Romea, La
111os~a al nas, comedia en un acto ele D. Federico Soler, bien
esenia y abundante en chistes; Nit d' aygua, graciosa pieza en
un acto del Sr. Ferrer y Codina, y Lada111a de Reits, interesan·
le drama en tres actos, de D. Manuel Rocamora; en Novedades, El marqués de Carqui11yoli, chistoso juguete en un acto,
de G. Gumá; en el Eldorado, Las fiestas de Villaca,1as, graciosa zarzuela en un acto, de D. Bernardo de Pablo, con agrada·
ble música del maestro Estellés, y La boda de Sera/In (a) el
Zapater/11, letra de D. Constantino Gil y música del Sr. Val·
verde (hijo). En el Circo Barcelonés, la compañia Tani ha pues1? ~n escena Don Pedro dei A-fedina, opereta del maestro Lanzm11 Y Ka~atoa, opereta en tres actos, de Offenbach y Ricci,
habiendo sido aplaudidos el director de la compañia, Sr. Tani,
las _señoritas Tani y los Sres. Delecesse y Navarrini. Mme.
Juchc ha dacio cuatro representaciones en el Principal y una extraordinaria en el L!rico, ésta con el solo objeto de poner en esc~na Le pa,fum. En el Tívoli ha comenzado sus representa·
c1ones u~a compañía ele ópera italiana. La Sociedad Catalana
ele Com:1erlos ha ciado los dos primeros de esta temporada, que
~an v~hdo entusiastas ovaciones á la misma y á su director senor_ ~1colau por_ lo selecto de los programas y la excelente ejecuc10n de los IIl!Smos: en el segundo se estrenó la introducción
al poema sinfónico L' Atlántida, del joven compositor Sr. More~a, que se ha revelado en e lla como lltaestro inspirado y peritís1m? en materia ele instrumentación y que fué aclamado con
entusiasmo.

A.

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Doña Concepción Arenal, renombrada escritora, admirada
p~r los más eminentes publicistas por sus profundos conocin11entos en las ciencias jurídica y sociológica, autora ele multitud de obras universalmente celebradas, entre ellas llfa1111al del
pobre, Derecho de gentes, Cartas á w¡ sel1or, Cartas á un obrero,
Cuadros de la guerra, La esclavitud, La be11ejice11cia la filantropía y la caridad? llfa1111al _del preso y otras mucha~, algunas
de las cuales han SICio traducidas al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán.
J osé Alfredo Foutón, cardenal arzobispo de Lyón y primado
de las Galias.

583

miado en el concurso celebrado en Granada con motivo de la
coronación del hoy llorado poeta D. J osé Zorrilla, y el no menos interesan re que reproducimos, titulado Granada por los Reyes CatJlicos, premiado también por la Municipalidad granadina en el concurso celebrado para conmemorar el cuarto cente·
nario de la Reconquista. La producción del Sr. Marín repre·
senta con notable originalidad y completa exactitud histórica la
toma de posesión de la capital ele Boabdil, ocurrida el día 2 de
enero de 1492, en el que, como saben nuestros lectores, Colón
descubrió un nuevo mundo y realizóse la unidad nacional.

N úMER O

583

147

L A ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

CARGO DE CONCIENCIA
POR J u ANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRAC I ONES DE

A.

MOR EA U

(CONTINUACIÓN)

Triste recuerdo, cuadro de Antonio Coll y Pí
(Salón Parés). - Innegable es que el cariño de nuestros padres,
hermanos ó deudos nos sostiene y anima, ~ienclo el alimento
moral de nuestras almas. Nacidos para amar, nuestra existencia pierde sus atractivos al desaparecer los seres que desintere·
saclamente nos prodigaron inequívocas y señaladas muestras de
verdadero afecto. Y si en la criatura humana no existiera el instintivo convencimiento de su conservación, sucumbiríamos anegados por la fuerza del dolor que nos domina.
Tales son las consideraciones que han inspirado al joven
cuanto inteligente pintor Antonio Coll el sentido cuadro que reproducimos, digno compañero del que ha tiempo dimos á conocer á nuestros lectores, titulado Viudo, que al igual de éste lla•
mó Justamente la atención de los inteligentes. En una y otra
composición revélase el a rtista que siente y discurre y que, convencido de su misión, pinta cuadros ele la vida real, escenas que
se desenvuelven á nuestro alrededor, episodios sentidos que interesan por su delicada intención. Además es recomendable el
cuadro del Sr. Coll por la.. discreta disposición de las figuras y
por la sobriedad del colorido, que se armoniza perfectamente
con la índole de la escena representada.

Noble y plebeyo, acuarela de W. Strutt. - El
contr3:5te que á nuestros ojos ofrece no puede ser más completo,
y el pmtor al reproducir en el lienzo esos dos tipos nos ha presentado el modo ele ser de una época en que entre las distintas
clases sociales existía una barrera infranqueable, época afortunadamente destruida por las leyes y las costumbres que cada
día tienden más á apreciar al hombre por sus propios méritos y
á facilitar aun al más humilde los medios para encumbrarse por
su propio esfuerzo.
Felicidad, cuadro de Ramón Pulido y F ernán-

dez (Exposición internacional ele Bellas Artes de 1892). - El

Sr. Pulido forma parte de ese grupo de jóvenes artistas que por
sus especiales aptitudes representan ya la venidera generación
artística. De ahí que al examinar sus obras lo hagamos siempre
tratando de adivinar en ellas algún rasgo de genialidad, algo
que revele una personalidad, un pintor que llegue á honrar con
s~s producciones el arte patrio. Si el pensionado por la Diputac1~n de Madrid llegará á _la meta, imposible es adivinarlo, por
mas que sus obras patentizan ya las recomendables cualidades
que posee y un temperamento de artista. Preciso es, pues, limi·
tarnos_á_consignar que los cuatro lienzos que han figurado en la
Expos1c1ón ele Bellas Artes, entre ellos el que reproducimos, son
tan bellos por el concepto como por su factura, no titubeando
en afirl?ar que si por tal senda sigue el Sr. Pulido, logrará alcanzar JUSta recompensa á sus afanes.

- Pues entonces ... murmuró, ¿por qué razón han detenido á Roberto, si tú
La señorita de Levasseur se había levantado á su vez, con dignidad, pero
dijiste?..
horriblemente pálida, si n poder ocultar todo cuanto sufría, y Edmunda se sintió
- El procurador no ha creído en mi palabra, y tú misma inocentemente le al fin un poco avergonzada.
has confirmado en la convicción de que yo había mentido para salvará Ro~erto.
- Te pido perdón, Marta, dijo; pero... ¡si supieras cuán desgraciada soy!
- Y en efecto, ¿has mentido?..
-¡Ay de mí, pobre niña!, replicó Marta, abrazando á su hermana tiernamente,
- He dicho la verdad.
á mí me COQtrista tu pesar tanto como mis angustias.
Edmunda hablaba con trabajo, sofocada y con el rostro enrojecido.
Y después de aquella explosión de violencia y de injustas recriminaciones, siEntonc_es, in~apaz de dominarse é indiferente á los golpes que dirigía, excla- guióse una pausa y se trató de hablar de otras cosas, pero sin conseguirlo. Al
mó con v10lenc1a:
cabo de otra pausa, la señora de Anee! dijo al fin:
- ¡Pues entonces... tú eres la causa de todas estas miserias! ¡Ah! ¡Malhaya
- Voy á proponer una cosa. Yo vuelvo á casa, donde mi presencia es necede las personas que toman los asuntos de los demás con más interés que uno saria; pero la soledad me atemoriza. Si Edmunda quisiese acompañarme, podría
mismo! Yo no tenía ninguna necesidad de tu ayuda, pues siempre supe condu- tomar posesión de las habitaciones preparadas para ella, y estaría allí como en
su pequeño reino, en casa de su esposo. Y cuidaré, querida niña, añadió con
triste sonrisa, de que no se la llame nunca «señorita,» y Marta no quedará sola
puesto que su tía le ha servido de madre hace muchos años. Es tan buena y ge'.
nerosa, que me cederá durante algún tiempo á su hermanita ...
Así se hizo, y esta solución produjo una agradable expansión en los ánimos.
Edmunda, niña mimada y voluntariosa, una vez disipada su cólera y no comprendiendo bien su violencia, trataba de hacerla olvidar, mostrándose como
antes zalamera y seductora; pero la complació mucho marcharse con su suegra.
Cuando se atestiguó en lontananza el ruido del coche que conducía á las dos
m~jeres, Marta fué á sentarse en un taburete, como cuando era niña, y muy
fatigada apoy~ 1~ ~beza sobre las rodillas de su _tía. E l silencio de aquel gran
salón le parecia mvttar al reposo, y las dulces caricias de la mano regordeta de
la señora Despois le hicieron mucho bien; ahora podía callarse ó hablar según
se le antojara, y no debía esforzarse para disimular.
Al cabo de un rato de silenciq, la tía Aurelia se inclinó y le dijo en voz muy
baja con la mayor dulzura:
- ¡Pobre Marta!.. Yo no había comprendido al pronto. Tú le amabas y Je
has cedido á tu hermana.. .
Marta n_o tuvo f~erza para protestar... ni sus labios pronunciaron la palabra
«no;» hubiera quendo desahogarse llorando; pero hacía ya largo tiempo que se
habían secado las lágrimas en sus ojos.
. Las caricias, ~atern~l~s y las palabr~s dulces acabaron por calmarla, pruduc1éndola much1sm_1_0 alivio, y al fin la tia exclamó como á pesar suyo:
- ¡Cuando te dije que la desgracia entraría aquí con la hija de la actriz!..

El entierro del piloto, cuadro de Juan Martínez Abades (premiado en la Exposición internacional de
Bellas Artes de 1892). - España, que cuenta con dilatacllsimas
costas bañadas por dos mares, ofrece al observador la anomalía
de ser ~l pals en donde sus artistas han rehuíclo por largo tiempo dedicarse al e~tuclio de la marina. Hace pocos años que contamos entre los I?mtor;s un grupo de marinistas, si bien éstos,
aunque en reducido numero, han logrado justa y merecida nombradía. Juste, Monleón, Meifrén y Martinez Abades son nombres ya conocidos y sus obras apreciadas en todos los centros de
arte.
. El Sr.. l\Iartínez Abades, que ya se distinguió en la Exposi·
c1ón nacional de 1890 por su notable lienzo titulado El Viático
á bordo, ha logrado en el certamen de 1892 otra nueva recompensa por su gran cuadro El entierro del piloto, tan sentido como el_ anterior y tan bellamente pintado que revela el profundo
estud1? del artista asturiano y sus cualidades excepcionales para
el cultivo del género especial á que se dedica con singular éxito.
El asunto desarrollado por el Sr. Martínez Abades interesa
extraor?inariam~nte. En un buque anclado en el puerto acaba
de monr un marmo, el piloto, cuyo cadáver transportado en una
lancha recíbenlo en el muelle sus deudos y amigos para que des·
cansen sus restos en la tierra que le vió nacer. La muerte le respe·
tó cuando el buque por él gobernado era juguete de las olas, y
cuando podía hallar en el seno del hogar calma y reposo, encontró la muerte al di,~sar las casas blancas de su pueblo.
Tal es el asunto del lienzo, y á la vez que aplaudimos al artis·
ta, bueno es consignar que como suponemos el cuadro inspirado
en un hecho ele la vicia real, debemos al pensar en él acatar los
fallos de la Providencia.

La carta del novio. -La prueba de una t iple,
cuadros de F. B. Doubek. - El autor de estas dos obras
p~rte~ece á la tan celebrada escuela de Munich, cuyas excelencias bien se advierten en estos cuadros. Hállase en ambos tratada,con especial cuidado l.~ parte plástica; pero Jo que en ellos
mas atrae es la reproducc1on del elemento psíquico, sin el cual no
puede haber verdadera obra de arte. En efecto, examínense una
P?r una las figuras. q~e en las dos composiciones entran, y en
ninguna de el_las deJara de encontrarse la expresión propia, perUna elegante en 1889, cuadro de Van den fectamente aJustac)a, al estado ele ánimo en que el autor quiso
Bos. - Los que visitaron nuestra Exposición internacional de r~presentarl~s; y s1 a es~o se añade la corrección del dibujo, la
1891 recordarán sin duda el magnífico cuadro de Van den Bos,
b_1en entendida agr!1pac1ón de las personas, la acertada disposi·
El heredero, que en ella figuraba y que reprodujimos en el núc1ón de los accesorios y la irreprochable distribución de luz se
mero 497 de LA ILUSTRACIÓN ARTIST!CA. Todas las cualidacomprenderá ,el :1plauso con que han sido recibidas por la c;ítides notabillsimas que en aquella obra resplandecían a parecen
ca Y por el pubhco estas dos obras del pintor alemán.
con m~yor realce, si cabe, en esa figura que hoy publicamos,
concebida dentro de las leyes del gusto más exquisito y ejecuta·
E n el v~stí~ulo, cuadro de Renato Reinicke.
da con todos los primores que la perfección artística exige.
- Pocos artistas igualan á Reinicke en la pintura de tipos y
del gran mundo, como son los del cuadro En el vestíGranada por los Reyes Católicos, boceto al asuntos
bulo: la finura de su lápiz, la delicadeza de su pincel y la suavi·
óleo de Is_idoro Marín (de fotografía ele J. García Ayola). dad
c)e su colorido hacen de sus obras modelos acabados de co·
- . Cua~do I sidoro Maria expuso su cuadro representando la Purrecc1ón
y de buen gusto. Todo en sus cuadros es elegante, torijicacúfo_ de los moriscos por el arzobispo Fr. Ilemando de Talavera, h1c1o:ios observar las relevantes condiciones que reconocía- do se presenta en ellos saturado por una atmósfera aristocrática,
mos en el Joven artista granadino para la composición de asun- de buen to~o_, que cautiva; lodo en ellos, además, es natural:
porque Reuucke busca y reproduce la verdad pero la busca
tos &lt;le car~cter histórico, augurándole, á seguir por tal camino,
allí donde hay belleza y sentimiento y color y 1~ reproduce con
seguros triunfos. Y que no nos equivocamos en nuestras apresin !g:iml cariño, dando á cada uno de los eiementos ele su com·
ciaci~nes, han v~~ido á demostrarlo después su magnifico cuapos1c1ón todo el valor que ha de tener á fin de que ésta sea com·
dro titulado Prmon de Boabdil en la batalla de Lucena) prepleta en su conjunto y en sus detalles.

XIV

Marta se arrodilló é hizo un esfuerzo para orar

Acercábase el día del proceso, señalado para principios de diciembre, y el
verdadero asesino no se encontraba.
La señora de Anee! f _Edmunda habían conseguido al fin que se les permitiera ver al preso, ,Y sus v1s1tas les proporcionaron un poco de calma y esperanza.
~o?erto p~rec1~ tan seguro del resultado y hablaba tan tranquilamente del
viaje á Italia_, fij~ndo la fecha después de terminarse el asunto, que su confianza se comunicó a las dos mujeres. Había tenido una larga entrevista con su
abogado, ~o~bre, célebre de arrebatadora elocuencia, que el marqués de San
Pedro hab1a ido a ~uscar á París; y este abogado, llamado Bourdoin, no parecía
dudar de la absolución. Entretanto Roberto trabajaba con afán en su Histo ·
de
duq~es de Saboya, y había casi co!1cluíd_o _el primer capítulo, capítulo rJ:
cons~der~c10nes generales, cuya redacción ex1g1ó un trabajo muy prolongado
y mmuc10so.
Estas n?~icias llegaba~ al castillo á intervalos. El tiempo era espantoso y
hasta las v1s1tas entre vecmos se hicieron difíciles. Con frecuencia algunas b:e.
ves cartas consolaban á las dos reclusas.
·
Entre las h~rman;s,_ cuando se veían manteníase una tensión visible. Las Jarg~s conversac!ones 1~ttmas que tanto les complacían y en que las dos se comunicaban sus 1mpres10nes eran ya imposibles; pero mostrábanse muy cariñosas
una con ot~a. Ed~rnnda coqueteaba casi para reconquistar el terreno perdido
pues neces1ta~a siempre ser adorada de aquellos y aquellas que la rodeasen. Po;
lo demás ha?1a recob~a~o en. gra~ parte su alegría y buen humor, y era tal en
ella, la necesidad de !1v1r ~ d1vert1rse, que la tristeza y la desesperación no Je
hacian gran_ mella. Bi~n m1rado, la alegría es más bien cuestión de temperament~ que de c1rcunsta~c1as. La p_rimera vez que Marta oyó la franca carcajada de
~ódmudndRa ebstremec1óse, pareciéndole que el eco debía resonar hasta en la pris1 n e o erto...

'º!

~ir mi barca yo sola. Si no te hubieras mezclado en nada, Roberto habría ido
a casa de la señora Robinsón; allí habría sido visto de todos, y nadie hubiera
pensado en acusarle de ese estúpido crimen ... y yo no me vería en la situación
equívoca y ridícula de mujer casada, sin esposo...
- ¡Edmunda!, exclamó Marta dolorosamente.
- Sin embargo, todo cuanto te digo es verdad...
Cuando yo era niña me llevaron á un teatrito, y recuerdo que allí había una
casada cuy~ m~trimonio se declaró irregular á causa de no sé qué... ; se la veía
en el acto s1gmente vestida siempre de blanco, pero entre las flores de su corona llevaba naranjitas verdes y otras casi maduras, lo cual hacía reir mucho.
- ¡La llevaban á usted á ver cosas bonitas!, murmuró la tía Aurelia.
- P ues bien, continuó Edmunda hablando más precipitadamente, yo miraba todas las mañanas mi corona de flores de azahar, buscando las naranjitas
verdes._.. Y esto me producía tales accesos de furor, que ayer mismo la quemé.
Los c: 1ados me llamaron aquí casi siempre señorita Edmunda; los campesinos
~ e, miran ~on sorna cuando pasan cerca de mí, y yo os digo que mi situación es
nd1cula é intolerable.
.
En el silencio de asombro que siguió á estas palabras, oyóse á la tía Aurelia
murmurar:
- Esta ~ez, el nudo ha roto la aguja... en seco...
·
- Quenda Edmunda, dijo Marta dulcemente, cuando recobres la calma te
arrepentirás de tu violencia, pensando que es horriblemente cruel haber sido
~on las . mejores intenciones del mundo la causa involuntaria de una sensible
esgrac1~... que esto hace pasar días penosos y noches terribles...
La senara de Anee!, pensando sólo en su hijo, exclamó:
- ¡Ah, Marta! ¿Por qué haber callado en el momento mismo? ¿Por qué ocultarse para que ahora no baste su palabra de usted para salvar á mi hijo? ...
~ ¿Por qu.é, por qué?, repitió Edmunda. ¿Quién sabe si todo este misterio no
encierra·un sentimiento oculto? En el país, según me han dado á entender últimamente, se cree que cuando Marta era más joven se trataba de casarla con
R oberto.
- No he merecido tus duras palabras, Edmunda, dijo Marta, y por esto mismo no las toleraré.

La señora_ D~spois ?ejá~dose llevar otra vez completamente de la antipatía
~~ 11 un J?nnc1p10 le msp1rara Edmunda, decíase para sí: «i Diantre, ha sido ama61 1s1 mientras se trató de aprovechar del afecto que tan bien sabía granjearse!·
mas a ora, ¿?e que le serviría? Nos ha robado el marido que deseaba y ahor¡
1
no nos necesit~ ya por el pronto; pero quiere dejar una puerta abierta. En tanto
0
qu~ C?m vecmas del .:ampo, y al fin parientes, no pongamd.; mala cara, todo
t
eS a _bt~• P,ues no ~e nne en tales condiciones; pero la intimidad, la verdadera... 1a l .... esta munó de ve:as. ¡Y_ pensar que Marta sufre, que le ama... con ese
af~cto e_xagerado que e_n. la mfa~c1a manifestó á sus muñecas hasta las más feas
Yª¡ s~s jug~etes más viejos! ... S1 aún se debiera hacer el sacrificio lo haría y si
se. a 1mp~s1ese otro más doloroso, lo aceptaría también ... »
'
'
bl~~o ¡reta s~g~ramente la tía Aurelia que pronosticaba tan bien! No había haá 11º su sf nna más d~l secreto adivinado, y Marta no la excitaba tampoco
e 0, pues a menor alusión bastaba para que sufriese.
A p~sar ~e. todo, la señorita de Levasseur esperaba: sin duda se descubriría
ª1as_esmo a tt:mpo, y,no sería ya necesario su doloroso sacrificio. En diversas
ocas10nes hab1ase cre1do estar sobre la pista del culpable y todo el mundo .
cluso aquellos qu_e al _principio se mostraron más hostiles'á Roberto acabó' mcreer en aquel m1stenoso malhechor desaparecido y en que bastaría 'una cas~~~

~
n;t

�LA I LUSTRACIÓN

..

ARTÍSTICA

NúMERO

583

lida_d ~ualquiera para e~contr~rle. El criminal, estimulado por!ª impunidad, no I encontró_palabras; p~r? representóse el horror del sacrificio con una claridad que
se hm1ta comúnmente a su primer atentado, y un segundo delito conduce con estremec1óla, comumcandole como una idea de las angustias de la muerte.
frecuencia á descubrir el primero...
Marta comprendió que hasta entonces no había creído realmente que se exiGracias á su amigo el marqués de San Pedro, Marta pudo seguir estas peri pe- giría de ella aquel sacrificio en el último instante; esperaba que sucediera oporcias; cada vez creía más en el triunfo, sin duda !Jorque necesitaba mucho creer en I tunamente alguna cosa - no sabía cuál - que la dispensaría de hacerlo; y de este
él, y á cada nueva decepción recaía en su pesar. Su salud comenzó á resentirse modo, su desgraciado amor, exhalado en quejas dolorosas, no llegaría á ser asunmuy de veras de aquellas terribles agitaciones, y nada era más curioso que ver to de conversación para todos; su conducta, su sacrificio, el afecto á su hermael contraste entre sus facciones pálidas y enflaquecidas y el fresco y tranquilo na y su modo de pensar sobre ella no serían conocidos y criticados, y sobre
rostro de Edmunda, que después de las primeras semanas había recobrado su todo, no llegarían á conocimiento de Roberto...
buen apetito, y persuadida de que todo marcharía bien, hacía sus preparativos
Más de una vez, presa de un acceso febril habíase levantado de noche para
para una prolongada permanencia eri el extranjero.
irá coger su diario y arrojarlo al fuego, pues destruída esta prueba: le bastaría
Al fin se llegó á la víspera del día en que iba á verse el proceso; no se había guardar silencio. Nadie sospechaba la existencia de aquel escrito; ella afirmaría
descubierto nada; y la impresión general, tan voluble y traidora, volvía á ser hos- la verdad, es decir, que había dado cita á Roberto en el parque y que estaba
ti! para aquel acusado que llevaba un nombre distinguido.
allí en el momento del crimen, y aunque no se la creyera en absoluto, este tesUn gran diario de París, célebre por su violencia para todo acusado, fuera timonio tendría sin embargo algún peso. Al proceder así, seguramente se hablaquien fuese, publicó un artículo, á la verdad muy notable, sobre la cuestión ría de ella, y su reputación podría resentirse. No pocas personas dirían, como la
Bertrand-Ancel, que era una verdadera requisitoria, y contundente.. El redactor misma Edmunda dijo: «¿Por qué tanto misterio? ¿Qué se oculta bajo todo eso?&gt;&gt;
judicial daba muchos detalles sobre la juventud de los dos condiscípulos, sus
A pesar de todo, Marta no había arrojado el libro al fuego; lo conservaba y hadisputas de colegiales y su antipatía natural, insistiendo mucho sobre la rivalidad ría uso de él; pero la lucha interior era terrible.
de los dos jóvenes enamorados de la misma mujer, rivalidad que desde los priLa señorita de Levasseur había olvidado dónde estaba, sin recordar tampoco,
meros días tomó un carácter inusitado de violencia y de pasión. Dos palabras entregada á su lucha, como Jacob con el ángel, para qué había entrado; pero
dichas al paso respecto á la destreza muy conocida del capitán como duelista una mano se apoyó suavemente sobre su hombro: era el cura, que hacía algunos
y á la vida estudiosa y sedentaria de Roberto de Anee!, que por tal concepto minutos observaba á la joven.
era incontestablemente inferior á su adversario, terminaban el artículo con pér- Es usted muy desgraciada, mi pobre Marta, le dijo.
fida intención.
- Sí, señor cura, muy desgraciada.
Después de leer aquello, todo jurado debía decirse que el hombre á quien
El sacerdote quedó asombrado ante la expresión trágica de la joven.
iba á juzgar no podía menos de ser el asesino de Jorge Bertrand, un asesino á
- Confíe usted en mí, le dijo, ya verá cómo se alivia. No es solamente la anquien se trataría de reconocer inocente á causa de la respetabilidad de su fami- gustia de ese desgraciado proceso lo que así la martiriza; estoy seguro que hay
ha y de su fortuna.
otra cosa. Yo soy eclesiástico, y mi más grato privilegio es consolar á los que
Marta no leyó aquel diario hasta la víspera del proceso, y creyó volverse loca. sufren.
Al día siguiente debía marchará Caen á primera hora, pues había sido citada
Marta movió la cabeza negativamente.
como testigo, dispensándose de la comparecencia á la madre y á la joven espo- El sacerdote, dijo, no puede hacer nada por mí, porque no me es dado basa del a~usado, pues nada tenían que decir que no fuese conocido ya.
blar. Tengo un deber que cumplir, y aún no sé si le cumpliré.
Lo primero que hizo fué correr á casa de su amigo y consejero él marqués de
- Cualquiera que sea, usted hará lo que debe, pues la conozco.
San Pedro: aquel día el frío era muy seco y riguroso.
- No sé si usted me conoce, ni aun si me conozco á mí propia. Me siento ca. Al entrar en la habitación del marqués, que no podía salir por hallarse aque- paz de cosas malas, y lo que es peor, de cobardías.
pdo de un ataque de gota, apenas pudo Marta balbucear algunas palabras.
- Pues yo no temo nada sobre ese punto; y ya no es el sacerdote quien le habla
- Ya ~o sé, hija mía, dijo el anciano; he leído el artículo...
á usted, sino el antiguo amigo. Llega un momeuto en que todos, lo mismo el
- Y bien, ¿qué hacer?...
anciano débil, como yo, que una hermosa joven, pura y noble como usted, nos
- Nada tenemos que hacer. El Sr. Bertrand remueve cielo y tierra para ob- vemos en la precisión de llevar á cabo un acto heroico: bien esté el heroísmo
tene_r lo q~e él llam~ justicia y tiene muchos amigos periodistas. Roberto co- oculto en el corazón, ó ya se revele á los ojos de todos, siempre será heroísmo;
metió_ una 1mp_rudenc1a al tratarle con cierta ligereza en el momento de la pri- y en la hora en que nos sentimos desfallecer, siempre hay algún auxilio próximo:
mera mformac1ón; y ahora ese hombre está persuadido de que su misión es sa- no dude usted, Marta; yo no he dudado jamás...
grada, Y de q~e debe hacer condenar á su cuñado de usted; de modo que
Y como la joven no contestase, el anciano se alejó lentamente. Un momento
como adversario el tal Bertrand es muy temible. Nosotros hemos estado en de- después, al levantar la cabeza, Marta vió en la penumbra, á la vacilante claridad
masía seguros de _nuestr? buen derecho, y convencidos de que las pruebas con- de la pequeña lámpara, la cabeza blanca del sacerdote, que estaba arrodillado
tra Roberto eran insuficientes; después la opinión se modificó en nuestro favor, en un reclinatorio.
Y esto nos .t:anquil_izó, pareciéndonos que, así de lejos como de cerca, se reco•
Tal vez no era el cura del pueblo un «gran talento,» sino simplemente un
no~ería la mocenc1a del acusado. No ha sido así; sucede todo lo contrario; pero ,buen hombre,» como él mismo había dicho, que solamente deseaba seguir su
felizmente, tengo 1~ mayor confianza en el abogado de usted, y estoy seguro de camino en paz consigo y con los otros; pero tenía un alma cándida y creyente,
que su defensa sera una obra maestra...
y oraba por Marta con todo el fervor posible.
- ¿Y no se ha descubierto nada?
Entonces parecióle á la joven que todo cuanto se había acumulado en ella de
- Absolutamente nada; ust~d se aferra á esta esperanza, pobre Marta; pero pasiones arrebatadas y de dureza se desvanecía poco á poco, y que su corazón
Y~ lo ve uste~, estamos en ,la ~1~ta del proceso y no se ha hecho ninguna detcn- se dulcificaba; sufría menos, y en medio de sus angustias experimentó una espec1ón que pudiera e)evarse ~ prisión.
cie de tranquilidad; después lloró dulcemente, ella, que no encontraba lágrimas
- Pero se han visto delmcuentes que se denunciaron en el último instante hacía tanto tiempo.
antes que permitir que se condenara á un inocente...
Cuando se levantó, ya no temblaba, y cuando salió de la capilla, arrostrando
- Sí, en las novel~s de Víctor Rugo; pero no en la vida real... ¡Vamos, no el frío glacial de aquel día, sintióse fortalecida, casi serena. El sol, semejante á
crea ~sted que un m1setable, capaz de asesinar á un hombre disparando sobre una inmensa bola de fuego, desapareció en el horizonte, y á Marta le pareció
él á ~iro seguro desde la espesur~ de un bosque, sea capaz de una abnegac_ión que sus últimos rayos eran para ella y que le comunicaban nuevo valor.
heroica!. .. Pero yo estoy tranquilo sobre el resultado. Después de una habil
defensa, no se podrá sostener una acusación apoyada en pruebas tan poco
XV
concluyentes y el jurado absl1iverá. Tranquilícese, y sobre todo cálmese, querida Marta, pues ya está usted medio enferma y el día de mañana será terrible.
La «sociedad? de Caen estaba casi orgullosa de la «hermosa causal que de- Sí, verdaderamente terrible, murmuró la pobre jow~n.
bía verse muy pronto. Los forasteros, sobre todo durante la temporada de ba- Y yo no puedo acompañar á. usted, porque esta maldita gota me tiene cla- ños, iban de vez en cuando á visitar las antiguas iglesias, la Abadía de hombres
vado en el sillón.
y la Abadía de mujeres; mas por lo regular la ciudad dormitaba con sueño proMarta contestó solamente con un ademán; prefería estar sola, y por eso había vincial. Las mujeres no variaban mucho sus conversaciones cuando estaban de
resistido á las instancias de su tía, que deseaba acompañarla en su viaje.
visita; pero desde hacía tres meses no sucedía así. Hablábase en pro ó en con-Absuelto ó no, repuso, fija en su idea, sobre Roberto pesará siempre esa tra de Roberto de Ancel.con verdadera pasión; las jóvenes solteras y casadas se
monstruosa acusación, á menos que...
interesaban sobre todo por la pobre esposa del preso, herida por la desgracia en
- ¡Diantre!.. exclamó el marqués algo confuso; Roberto viajará y en este medio de su felicidad y en el momento en que iba á emprender su viaje de boda.
país se olvida todo tan pronto...
Comentábanse de antemano las peripecias del proceso, los magníficos debates
Marta se levantó para marcharse:
que se esperaban; se sabía que Roberto había trabajado en su prisión con tanta
- Ha sido usted muy bueno para mí, dijo al marqués, y no lo olvidaré nunca. calma como si se hallase en sn propio gabinete; y si los unos veían en esto la
El anciano conservó un instante la mano de la joven entre las suyas.
tranquilidad de la inocencia, otros lo consideraban como una afectación, ya que
- ¡Valor, Marta, dijo, valor! Al menos no estará usted sometida á la curio- no como el cinismo de un hombre seguro de antemano de que no era uno de
s!dad de los otros ~estigos, _pues_ ha inspirado usted tanto respeto como compa- aquellos á quienes un jurado condena.
sión, y he consegmdo, no sm dificultad, que le permitan esperar su turno en un
Así se explica que, llegado al fin el día, se llenase de bote en bote la sala del
saloncito contiguo á la sala de audiencia.
tribunal; las damas elegantes se habían dado cita allí como si se tratase de ver
Marta dió las gracias maquinalmente, pues todo le era igual. En la obsesión un drama de sensación; los magistrados, los abogados con su toga, los doce jude su idea fija, miraba con indiferencia las molestias y las contrariedades.
rados, y en fin, todo el imponente aparato de la justicia, apenas bastaban para
Cuando estuvo fuera, sobrecogióla el frío y comenzó á temblar.
reprimir el rumor vago de una multitud que se divierte.
Entonces sintió haber ido allí; mas érale preciso no estar enferma.
Roberto de Anee], aunque muy sereno, estaba bastante pálido; había enflaqueA pesar de su pena y de su indisposición, admiróla el espectáculo que en cido, y un círculo rojizo rodeaba sus ojos. Contestó á todas las preguntas que
aquel momento presentaba la campiña. El sol de invierno se había salido súbita- se le dirigieron con voz clara y firme; mas por aquel interrogatorio no se supo
mente de entre las nubes, y próximo ya al horizonte, enviaba sus rayos deslum- nada nuevo: repitió la declaración que había hecho al día siguiente del crimen,
br~dores á través del ramaje cargado de escarcha: el pueblo parecía aletargado, y nada más; pero cuando el presidente le preguntó qué había hecho en la tarde
remando en él un silencio de muerte; por encima de la tierra helada y triste, el del jueves, 27 de julio, hubo en su respuesta cierta vacilación que no pasó inadsol parecía hablar de alegría y de esperanza: era un cuadro encantador.
vertida para nadie.
puerta de la pequeña iglesia estaba abierta, y Marta, aunque temerosa de
- Estaba de mal humor, y salí á pasear.
subir la cuesta en aquel instante, porque apenas podía tenerse en pie, llegó
. - ¿Por dónde fué usted?
hasta ella y entró.
- En dirección á la costa.
La paz profunda de aquel campo, silencioso por el rigor del frío, era más
- ¿Nadie le vió á usted salir?
tranqmla aún en la sombría capilla, donde brillaba como una estrella la peque- Supongo que no, señor presidente. La disposición de la casa es bien conoci1ia lámpara del santuario. Marta se arrodilló, hizo un esfuerzo para orar, y no da, toda vez que en el momento de procederse á mi detención fué examinada de-

1:ª

NúMERO

583

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tallada mente. La ventana de mi despacho se halla á tan corta distancia del suelo,
que por una costumbre adquirida y~ en la infancia, yo saltaba siempre al jardín
e~ vez de ,atravesar la casa para salir por la P,uerta. Rara vez los criados ó el jar- 1
dinero estan en aque~ lado, donde no ~ay mas que una pendiente cubierta de
césped con algunos arboles. Desde alli se puede pasar al bosque en pocos minutos.
- Según el sistema de defensa empleado por usted, por esa ventana es por
donde el supuesto malhechor puede haberse introducido para robarle el revólver. ¿No es así?
- Esto es lo que me parece probable.
- ¿Y habrá usted dejado pasar cerca de dos meses sin pensar en abrir la caja
donde guardaba usted el arma, ni en levantarla siquiera, echando de ver así que
se la habían robado?
- No pensé en ello, señor presidente. Mi madre es quien había colocado ese
revólver á mi alcance, y á mí me parecía la precaución imítil, porque nuestro
país es muy pacífico.
-¿Nos~ le esperaba á usted en casa de uno5 amigos el día en que secometió el cnmen? .
- Sí, señor presidente.
- Sin embargo, aunq~e la señorita Levasseur, en quien ya pensaba usted, debía estar allí con sus amigas, usted no compareció. ¿Por qué?
- Ya s_e lo he dicho, señor presidente; aquel día no estaba de muy buen humor Y.qmse busc~r la so(edad.
.
El mterrogatorio contmuó, contestando siempre el acusado, como al principio,_con mucha ;~lma. El pr_ólo~o y la exposición de los hechos carecían un poco
de 1~terés dramattco; _el_ aud1to:10 esperaba alguna cosa mejor.
Sm embargo, la op1món vacilaba; las mujeres en general mostrábanse favorables al joven acusado, de expresión inteligente y dulce; los hombres, sobre todo
los que afectaban exageradas pretensiones de igualdad, censuran su título, y eso
que apenas hacía uso de él, sus modales sencillos y su aire de distinción. Evidentemente hacía poco aprecio de pruebas que hubieran agobiado á un mísero
culpable.
.
.
C_uand~ el pre~tdente le mterrogó sobre sus relaciones con la víctima, contestó sm vacilar un mstante:
..
.
- Jorge Bertrand y yo contra11mos amistad, como sucede á menudo, por la
circunstancia casual de nuestra igualdad de rango y por nuestra emulación al
disputarnos l~s puestos; No existía e~tre nosotros una verdadera si~patía,_pero
nuestra~ relaciones teman ese _atra:llvo que resulta con frecuencia de ciertas
desen;ieJanza?. ~os agradaba d1?cut1r, seguros de antemano que cada cual sostendria, por mstmto, lo contrano de lo que el otro afirmase; pero rara vez las
discusiones llegaban á su fin, porque Bertrand no podía sufrir contradicciones
y yo no quería disputas. Sin embargo, él era quien trataba siempre de hacer las
paces.
,
.
,
.
- De esto resultana, observó el presidente, que usted tema más atractivo
para el capi~án que éste para usted.
.
.
.
- ~~ posible, sobre todo en n~estra pnme:a JUv~ntud; pero ese atractivo se
conv1rt1ó,en ~¡ muy pron~o en_ odio apenas fuimos nvales.
- Segun dicen, ese cdio e~istía por ambas partes.
.
.
. ,
- No del todo; tal vez yo_1uzgaba severamente al capitán; pero m1 ant1patia
no lle&amp;ó nunca al aborrec1m1~nto.
.
- Sm embargo, usted ha dicho que buscaba ocasión de provocarle.
- E~ efecto, señor presidente, estábamos en esa ~ituación en que yo no v_eía
otra salida; pero buscaba un pretexto, pues no quena mezclar en esta cuestión
el nombre ~e la joven que ?espués_ fué mi esposa.
- El cap!tán era u~ due!tst~ ternble.
. .
-. No )o 1,gnoro, s~nor presidente, y se ha msmuado que el te~or fué lo que
me mduJo a ser asesmo; en una p~labra, se me ac~sa de C?bard1a;_pero yo ape1~ á to~os los hom~res de honor, a todos cuantos tienen m1educación, para que
d1gan s~ esto es posible.
. .
.
.
Hab1a en la voz de Ro~ert? tal acento de verdad y una md1~nac1ón tan v1bran_te,_que en todo el a~d1tono resonó un murmullo de a~robac1ón, muy pronto
repn m1do, pues el presidente recordó al acusado con cierta sequedad que estaba allí para contestar á las preguntas que se le hiciesen y no para defender
su causa.
.
Después comenzó el desfile de lo~ t~st1gos.
.
.
El Sr. Bertran~, hermano de ,I~ v1ct1m~, cura ~e~larac1ón ~ra con~c1da de ~nten:an?, no contnbuyó mucho a ilustrar a la JUst1c1a, pero s1 produjo u~a viva
cuno~1da~: er~ hom br~ de ~nos cuarenta ~~os, muy. flaco, d~ tez amanllenta,
de mirar mqmeto y OJOS bnllantes; muy b1hoso y v10lento sm duda, como su
hermano. Su declaración, muy moderada en la forma, era abrumadora; era evidente que para él no admitía ~uda que Robert? fu~se el autor del crime?} y
cuando s~ le recordó que el capitán y él no hab1an s1?0 hermanos muy cannosos, abstuvose de protestar. Pero los dos eran de la misma sangre, y después de
to?o, esta sangre_ ~edía_ve~g~nza. El testigo aseg~ró gue jamás recobraría la paz
m1entr~s. no se h1c1es~ JUStlc1a. Después ~abló m1?uc_1~samente de su llegada al
país, d1c1e_ndo por últ:mo que no había visto al princ1p10 en el Sr. de Anee! más
que el antiguo compane_i:o de su h_erm~no.
.
.,
. - El Sr. de Anee], d1Jo, fué ,qmen d1ó orden ~e env1_a~~e el telegi:ama, y a dec1,r verd_ad, s?la~ente él conoc1a las señas ~e m1 dom1c1lio. En su JU;entud ,hab1a vemdo a m_1 c~s~ ~lgu~as veces _con m1 hermano para pasar el d1a; y as1 es
que apenas le v1, dmg1me a él ofreciéndole la ma~o; mas aparentó no vei:la y
saludóme_como si yo fuera un desconocido. Parec1a ~uy preocupado y tac1turn?, y eno¡ado sobre todo por las preguntas que se le h1c1eron. Es_to me sorprend1? mucho, pues habíanme dicho ya que el barón de Anee! y m1 hermano corteJaban á la mism~ joven_y que las probabilidadesya~ecían estar más en favor ~e
Jorge que de su nval. M1 hermano, por lo &lt;lemas, a pesar de su rudeza, hab1a
t .d .
.
.
b'
b" d 1 "fi
e111 o siempre mucho partido, entre las mu1eres; sa ia muy 1end u c1 caúrb_su
1
voz y sus miradas cuando hac:a el amor, y e contraste entre esta u1zura s ita
Y su acostumbrada dureza tema algo de seductor. Cua,ndo el Sr. de Anee! me
n~gó su mano, asaltóme la idea de que no era extraño a la muerte del desgraciado Jorge.
..
- Sm embargo, nada d1Jo usted entonces.
.
.
- ¿Podía hacerlo, señor presiden~e~ El :3r. de Anee!, conoc~do y apre~1ado en
todo el país, parecía tener una pos1c1ón ~natacable; y ademas no P?d1a alegar
prueba alguna contra él absolutamente mnguna, y en su consecuencia me callé;
pero cuanto más reflexi~naba en aquel triste asunto, más me convencía de que

149

mi primera impresión no me engañó. Jorge, extraño en este país, no podía te•
ner enemigos; si promovió .discusiones, como le ?ucedía c~si en todas partes, ~o
debe admitirse que estos ligeros ~ltercados pudieran excitar contra él ~n odio
implacable. Todo el mundo conviene en que el Sr. de Anee! estab~ apas10nadamente enamorado y de que su amor era el de un hombre de estudio, que no ha
conocido verdadera juventud, en el que se produjo una explosión súbita con una
violencia que rayaba en locura. Cuando se vió solo para hacer la corte á la señorita Levasseur, libre de un rival peligroso y temido, su humor sombrío cambió súbitamente; no ocultaba ni podía ocultar su alegría, y era tal su aire de
triunfo, que el contraste con su estado de ánimo anterior llamó la atención de
todo el mundo. Cuando recibí la noticia de que se le había reducido á prisión,
no me extrañó, porque la esperaba desde el día en que le vi de pie junto al cadáver de mi hermano.
A la declaración de Bertrand siguió la del criado Isidoro Benoist. Decididamente el público comenzaba á divertirse. El aspecto del testigo no le recomendaba por cierto; tenía la frente deprimida, boca bestial, y hubiérase dicho que
estaba muy orgulloso de la importancia que le daba aquel asunto. Habíase acicalado cuanto era posible; llevaba el cabello muy lleno de pomada y la camisa
sumamente blanca. Parecía como si midiese sus palabras, buscando frases escogidas, sobre todo al principio del interrogatorio; pero después no se esmeró
tanto, sin duda por estar seguro de que toda aquella brillante asamblea le escucharía con recogimiento. Al tratarse de la jira campestre, el presidente le dijo:
-¿Usted pretende haber oído una discusión violenta entre el acusado y la
víctima?
- Sí, señor presidente. Yo iba r,on algunos compañeros á buscar las cestas que
contenían el almuerzo; pero en aquel instante me hallé solo, y como no oía bien,
me acerqué.
- ¿Tiene usted la costumbre de escuchará las puertas?
- A las puertas no, porque es fácil ser sorprendido; pero confieso que soy curioso; y por 0tra parte, deseaba informarme bien.
- ¿Por qué?
- ¡Diantre! Señor presidente, en el campo hay poca distracción y en las cocinas se hablaba mucho de las ocurrencias del país. Cada cual tenía su candidato, y el mío era el capitán. Al principio, la señorita de Levasseur le animaba
mucho; después ...
- ¿Qué más, qué más?
- Después, señor presidente, las personas bien informadas del país decían que
la hermana mayor era la que debía casarse con el Sr. de Anee!, y no la menor.
En fin, todo ese asunto me divertía, y por eso tuve empeño en informarme bien.
No llegué hasta el fin de la disputa pero afirmo que oí amenazas de muerte.
- ¿De parte del Sr. de Anee!? '
- Aquellos dos señores estaban muy encolerizados, y hablaban á la vez sin
e_scucharse apenas; pero al fin el capitán marchó corriendo, y apenas tuve el
tiempo suficiente para ocultarme detrás de un árbol. ..
- A causa de esas habladurías después del crimen se le despidió de la casa
donde estaba; y entonces decía usted, sin prueba alguna, á quien quería escucharle, que el culpable no era otro más que el Sr. de Ancel.
- Yo estaba seguro ... En cuanto á mi despedida, la señora era una extranjera, y yo no estaba contento en una casa donde al servirá la mesa no comprendí~ una palabra_ d~ lo que decían. Ya estaba yo dispuesto á dejarla cuando ]a
senora me desp1d1ó pero muy pronto encontré colocación. Antes de transcurrir
una semana, todo el país estaba tan seguro como yo de que el barón era quien
había dado el golpe.
- ¿Y le fué entregado á usted el revólver por el campesino que le encontró?
- Sí, señor p~esidente, y no quiso entregármelo sin que Je diera dos duros;
pero no me dolió desprenderme de ese dinero. Acto continuo, frotando bien
el arma, d~scubrí las iniciales R. A .. . y llevé el revólver al señor procurador de
1~ República. En un principio tuve la idea de hacer que dos gendarmes detuv1era:1 al acusado antes de la ceremonia; pero hubo dilaciones; y por otra parte,
el s~nor procurador, que cono~ía de nombre las dos familias y deseaba evitar el
esca1:dalo en cuanto fuese posible, fué en persona al castillo donde, según se me
ha dicho, le tomaron por un convidado ...
I?espués de la declaración del testigo Benoist, el interés languideció, pues los
testigos no era~ num;rosos y nada nuevo tenían que decir.
Muy pront~ iban a s~r llamados los testigos de descargo, que eran principalment~ los vec1?os y amigos de campo, personas de buena educación, que desde
los pnmeros d1as se habían pronunciado en favor de Roberto.
_Hubo c?mo un estremecimiento seguido de un silencio de muerte cuando el
senor presidente dijo:
- Que entre la señorita Levasseur.
. ~sto era en r~alidad interesante; se penetraba en el corazón del asunto; y 0¡.
v!dando~e la fatiga, no se pensó más que en mirar y escuchar con toda la atenc1ón posible para no perder ni una palabra.
Hací~ ya dos h?ra,s que Marta esperaba: al llegar al Palacio de Justicia, donde
la multitud se opnm1a, pudo apreciar lo que su amigo el marqués había obtenido p_ara ella, pues en el estado de enervamiento en que se hallaba le habría sido
h?rnblemente doloroso verse o~jeto d~ _la curiosidad y hasta de la compasión.
Sm embargo, ~quella noche hab1a dormido un poco, agotadas sus fuerzas y casi
contenta tamb1é,n de acabar de una vez y quedar libre de la pesadilla que la
atormentaba, as1 como _el herido llega á desear la presencia del cirujano, diciéndose que una vez practicada la operación se le dejará en paz ...
. No obstante, ~ pesar de todo, Marta creía en el milagro esperado hacía tanto
tiempo, persuadiéndose de que en el último instante el mismo culpable se
_
sentaría á decir. «¡Ese hombre es inocente!» ¡Cuántas veces su imaginació1 p~e?í,a evocado ya la escena!.. Después veía á Roberto libre, orgulloso y feliz; ; etfa
ma á encerrarse en su soledad llevando consigo su secreto Todo 1· , b.
,_
R b
.
,
'
.
na ien a.si,
. o ,erto ¡amhás ,sa?ria que ella le había amado apasionadamente, y Edmunda
Jamas sospec ana a qué precio compraba su felicidad. El pudor de su alma, ese
santo pudor, sería respetado y no se le exigiría el horrible sacrificio.
Y ei: la p~queña habitación solitaria donde estaba, Marta retenía el aliento
para 01r me)or. ~lgun~s veces l)egaba á sus oídos un murmullo confuso desde la
sala de aud1enc1a; sabia muy bien que si la escena evocada por su cerebro fatig~do se ~roducfa en ~fecto, aquel murmullo suave se transformaría en aclamac1ones rmdosas que nmgún reglamento podría impedir. ¡Qué alegría ara su tierno corazón!..
P
( Co11ti1111ará)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

condiciones especiales, delante de un fondo enteramente obscuro, pues se escapa gran número de fenómenos, los movimientos de las nubes, los del mar, la
marcha de los barcos, la de los animales silvestres, etc.
Para obtener una serie de imágenes en estos disLA CRONOFOTOGRAFÍA
C'IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO
EN LAS CIENCIAS FÍSICAS Y NATURALES

( Couti1111arió11)

Para velocidades de traslación diferentes, el número de imágenes que se pueden sacar en un tiel11po
dado sin que haya confusión es tanto mayor cuanto
más rápida la traslación, de lo cual es fácil convencerse comparando las imágenes sucesivas de un hombre que corre (fig. 3) ( r) con las de un hombre que
anda; las del primero están más desviadas entre sí,
aunque la frecuencia de las iluminaciones haya sido
la misma en uno y otro caso.
Así pues, la confusión de las imágenes por _sup~r- Fig. 5. Nueva disposici6n del aparato que se presta á todas las
aplicaciones de la cronofotogrnfía (escala de I por IO)
posición es el límite que se impone á las aplicaciones de la cronofotografía sobre placa fija. Sin embargo, en muchos casos se obvia este inconveniente por
tintos casos es preciso recogerlas en una placa senmedio de ciertos artificios.
sible
que se mueve y presenta sucesivamente puntos
El medio más natural consistía en reducir artifidiferentes de su superficie al foco del objetivo fotogra.fico: el revólver astronómico con que M. Janssen
recogió un1 serie de imágenes del planeta Venus al
pasar sobre el disco luminoso del sol, esta basado en
el principio de este procedimiento; pero las imágenes
de los astros estaban tomadas á intervalos bastante
largos; de suerte que para sorprender los movimientos tan ra.pidos que ejecutan los animales, era preciso
encontrar un procedimiento también muy rápido. A
este efecto construímos hace algunos años una especie de fusil cuyo cañón contenía un objetivo y en
cuya culata había un cristal fotográfico circular: apuntábase con este aparato al objeto en movimiento, y
oprimiendo el gatillo poníase en movimiento el mecanismo, el cristal sensible giraba sobre sí mismo y
se paraba doce veces por segundo para recibir las
imágenes del objeto, siendo el tiempo de exposición
de 1/720 de segundo aproximadamente.
A pesar de las dificultades mecánicas que habían
tenido que vencerse para obtener tal frecuencia de
imágenes, el resultado conseguido no era absolutamente satisfactorio, pues las imágenes eran demasiado pequeñas y al ser ampliadas no daban sino detalles insuficientes.
Si hemos eliminado sistemáticamente los aparatos
de objetivos, como el de Muybridge, que ha dado sin
embargo tan admirables resultados, ha sido porque
en estos aparatos los diversos objetivos ven, si así
puede decirse, el objeto fotografiado en incidencias
diferentes. Ahora bien: esos cambios de perspectiva,
que no ofrecen inconvenientes cuando se opera sobre objetos apartados y de grandes dimensiones, no
permitirían estudiar los objetos de pequeño tamaño
-que deben ser observados muy de cerca y con mayor
razón los seres microscópicos: por esta razón nos
1, ¡¡,
hemos decidido á emplear un objetivo único por cuFig. 4. H ombre \·estido ele negro y por consiguiente invisible
yo
foco pasa una película sensible que se detiene
cuando pasará por delante del campo obscuro y no quedarán
marcadas en la imagen cronofotográfica más que las líneas para recibir cada imagen, vuelve á pasar y de nuevo

..

blancas que lleva en los brazos y las piernas.

cialmente la superficie del cuerpo estudiado. Ennegreciendo las partes que no es indispensable representar en la imagen se las hace invisibles, y por el
contrario, se iluminan aquellas cuyo movimiento se
desea conocer. Así por ejemplo, un hombre vestido
de terciopelo negro (fig. 4), y que lleve en los miembros galones y puntos brillantes, no_da en su imagen
sino líneas geométricas, en las cuales se reconocen
sin embargo las actitudes de los diferentes segmentos de los miembros.
En el plano ó dibujo que así se obtiene, el número de imágenes puede ser considerable y la noción de
tiempo completa, puesto que el espacio ha sido voluntariamente reducido á lo estrictamente necesario.
II. -

p

CRONOFOTOC.RAFÍ A SOBRE PELÍCULA MOVIBLE

Los resultados dados por la cronofotografía para
el análisis de los movimientos son, pues, muy suficientes cuando sólo se quiere conocer sus caracteres meca.nicos; más adelante los examinaremos. Pero
este método no puede satisfacer al fisiólogo que desea analizar los movimientos de conjunto de·un órgano, como tampoco satisfaría al artista que, en un
grupo de personajes, quisiera seguir las actitudes y
expresiones de cada uno de ellos. Además la cronofotografía sobre placa fija no puede realizarse sino en
(1 ) Véase el núm. 582.

NúMERO

583

tentativas que han sido precisas para realizar este
programa, y nos limitaremos á dar la ~escripció~ _del
aparato único, en el que se han reumdo defimt1vamente todas las disposiciones necesarias para la cronofotografía, sea sobre placa fija, sea sobre película
móvil. Este aparato recoge igualmente bien las imágenes reducidas de los objetos situados á larga distancia, que las imágenes en su verdadero tamaño de
los pequeños objetos cercanos, que las imágenes muy
ampliadas de los seres que se mueven en el campo
del microscopio.
•
Añadamos que la dificultad de recoger un movimiento no depende siempre de su excesiva velocidad,
puesto que los hay que se nos escapan también por
su gran lentitud; así por ejemplo, nos parece inmóvil
la aguja del reloj. Y sin embargo otros son más lentos que éste é importa hacerlos perceptibles, y lacronofotografía se presta también perfectamente al análisis de esos movimientos.
III. -

DESCRIPCIÓN DEL CRONOFOTÓGRAFO COM PLETO

El cronofotógrafo completo (fig. 5) contiene, como
hemos dicho, todo lo necesario para recibir imágenes,
bien sobre una placa fija, bien sobre una tira pelicular móvil: su tirado variable y la posibilidad de cambiar el objetivo que se utiliza permiten obtener, se-

NúMERO

583

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA
campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos Ysu~
causas. En el Calor nos da á cono7er los grand.es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcac1~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ industriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña. d~l contemdo del M~~oo FÍ•
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO G UILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D. MANUIIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ,

CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procur;remos repartir semanalmente.
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de
de peseta;
peropor
enacllvar
el ~aso ladetermmac1ón
qu~ lo ?esea•
ran50
loscéntimos
suscriptores
ó de que
de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o paginas, á peseta cada uno.
.
.
Ademas de los grabados intercalados en el,texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la F!sic~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféncas u otras
que afectan á la constitución de g¡obo. .
, .
1
Cada una de estas láminas ó mapas
eqmvaldrá á 8 paginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
. • d
•
nues~os corres~n~~~¿os:srai~!J:l~:del musita o 1UJO c01
que o recemos a pu 1
·

Edic-i(m, ilustrada con grabados intercalados ¡¡ lámina.,
CT()ITWlitografia.dai
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza ~ue se relac!onao con Ja física del globo, pero con tal senc11lez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU!ar. ~iguiendo en. él el
Plan admitido po~ cuanto~ de_: la c1enc1a física han esenio, Jo di· secciones prmci pales, en cada una de ellas se enunvide en vanas
cia la ley que preside á los fenó~en?s de que trata, el descubrimiento de estas le_yes y las apli~c1ones de cada una de las
d
b ta
d
fu~~ ::!~és
~!1~~nf~6:nos y leyes de la Graveáad e;plica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

~~~;~:r

Muestra de los grabados de la obra, -Audiciones
telefónicas teatrales

ª

esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, I pre~sa
h1'dráu11·ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Soni'do agrega u_na enumeración de todas las aplicaciones de la Acú5hi:a Y de los IDSt rumentos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografía, microscopio, etc. El Magnetismo y la Electricidad proporcionan ancho

Se enviarán prospectos á. quien los reclame á. los Sres. Mont aner Y S-1m6 n, c alle de .A:ragón , núms· 309 y 311, Barcelona
lf"'\ • • t ld
contra las diversas
arab 9 de_,191
a e Afecoionesd1ICorazon,

J

Hydropeslas,
Toaea nerviosa•;
Bronqultla, Aama, etc,

Empleado con el mejor e:rito

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Fig. 7. Marco ele cristal opaco V parn la postura á foco en la
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rncional seguro y de inmediatos resultados de todos los ferrugmoso.s
y •de la meJicación t6nico-reconstituf~nte par~ la Áne"!ia, Raquíti~mo,. Colore~ p_,füdos, Empobrecimie11to de sangre, Deb1l1dad é inapetencia y _me11st1 uaciones dific,les.

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,~'-"''ºEFUta148
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...

~
~~

CARNE y QUINA

~ii
~1

Bl Allmento mu reparador, IIDido al 1'6Dioo mu ener¡ico.
Fig. 8. Marco en donde se coloca el cristal sensible en la cronofotografía sobre placa fija; el postigo que cierra el marco
está levantado.

gún las necesidades, imágenes reducidas 6 ampliadas; la frecuencia y la extensión de estas imágenes,
la duración del tiempo de exposición y la intensidad
de los alumbrados pueden ser regulados á voluntad.
Comenzaremos por describir las piezas necesarias
para la cronofotografía sobre placa fija, es decir, para
el caso más sencillo.
A. Piezas que sirven para la cronojotografla sobre
placa fija. - Ya hemos visto que para aplicar este método basta un aparato fotográfico muy sencillo al
cual llegue la luz de una manera intermitente. Estas
piezas son fáciles de reconocer en la figura 5 donde
se ven los dos cuerpos del aparato reunidos por medio de un fuelle: la parte trasera se desliza sobre un
riel por medio de un botón de cremallera según las
necesidades de la postura ó foco. El objetivo que se
utiliza debe ir siempre encerrado en una caja hendida por debajo (fig. 6) y que penetra en una corredera del cuerpo delantero del aparato, al que se ajusta
perfectamente. La hendidura de la parte inferior de la
caja corta en dos el objetivo en sentido perpendicular á su eje óptico principal y deja pasar los discos
con orificios, que al girar producirán intermitencias
en la admisión de la luz.
El fuelle se adapta por uno de sus extremos á la
caja del objetivo, al paso que el otro, pegado al cuer:F'ig. 6. Objcti,·o en parte encerrado en su caja. La planchita po posterior, se encuentra por su ancha abertura en
colocada en la parte anterior penetra en una corredera de la
parte saliente del aparato. La ranura que hay debajo de la relación, sea con el marco de vidrio opaco (fig. 7), sea
con el marco fotogra.fico (fig. 8).
caja deja pasar los discos obturadores (escala de I por 3)
Las únicas piezas que merecen descripción especial son los dz'scos obturadores y el arbol que sirve
se para con tal velocidad, que pueden obtenerse hasta para transmitirle el movimiento.
60 imágenes por segundo, cada una de las cuales emLos discos obturadores giran en sentido contrario
plea para formarse un tiempo de exposición cortísimo uno de otro y el encuentro de las aberturas de que
que varía entre 1/r.000 y 1/25.000 de segundo.
van provistos produce los alumbramientos.
No nos detendremos en describir las numerosas
( Co11ti1111ará)

~

~

VINO ARDUO CON QUINA
,nm""°'·

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mundo, pasa inmediatamente en la
sangre, no ocasiona estreftimiento, no
fatiga el estómago, no enne¡reee 101
dientes. Tó11111 m1te ~ta, u cua eniáL
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VOZ y BOCA
necesitan. No temen el asco ni el csu•
1
rancio, porque, contra lo que sucede C!)D
DE
los demas purgantes, este no obra bien
Recomendadas contra los Malee de la Garganta,
sino cuando se toma con buenos alimentos
Extlnolonea de la Voz, lnfiamaolonea de la
Booa, Eleotoa pernlolo■oe del Merc~o, Irl•
y bebidasfortifican tes, cual el vino, el caftJ,
taolon !Jlle produo■ el Tabaoo, y 1pee1almente
el té. Cada cual escoge, para purga,:se, la
6
los Son PREDICADORES, ABOGADOS,
hora y la comida 9ue mas le convienen,
PROFESORES y CANTORES para facili\ar la
segun sus ocupaciones, Como el causan
em101on de la voz.- PnClo, 12 Ra.u.a,.
c10 que la purga ocasiona queda com•
aaxg,r en el.rotulo a ttrma
pletamente anulado por el efecto de la
Adh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAJU'.8
buena alimentscion empleada, uno
se decide fácilmente ll volver
ll empezar cuantas veces
sea necesario.

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6t¡lfadoac l loe Sra. Mo,uanu 7 Sla6a, eolltora

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mago, Falta de Apetito , Dlgeatlonee labo•
rlOll&amp;II, Ao■dlaa, V6mlto■, Eruoto■ , y Cólloo■;

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E1t11, 111 el rotulo a firma d• l . FAYARD.
Adh. DETIUN,Farmao■utlooen P ~

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reparador de las tuerzas vitales, de este for11■eaace por eHele■ela. De un rusto sumamente agradable, es 110berano contra la .tnemta 1 el .41'0Cllmtfflto, en las Caüntura,
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enriquecer la sangre, entonar el orgánismo y precaver la anemla_y las epldemlaa provocadai por los calores, no se conoce nada 1111penor al l'lao de O•... de .&amp;rolld,
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aquel padre sublime muere
en el mayor nbandono des·
pués de haber presenciado
la desgracia y penlici6n de
sus hijas
Estos cuatro libros forman
parte ele la Colecció11 de li·
bros est"Ogidos que con tanto
éxito se publica en )ladrid y
se venden en las princip:iles
librcrfas á 3 pesetas tomo.

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tJor autores ó editores

EL NATURALISMO EN RL
Los EJ KM l'LOS, por
Emilio Zola. - En esta obra
estudia el ilustre novelista
francés la relación que con
la escena tienen la tragedia,
el drama, la comedia, la pantomima, el vaudeville, la
obra ele magia, la opereta,
etcétera, constituyendo un
trabajo de muy interesante
lectura.
RAMILLETE DI! CUI'::-TOS.
- llermosa colección de los
mejores cuentos publicados
en todas las naciones, que
firman Tolstoy, Copée, Ver•
ga, Balz:ic, l\louton, Loti,
Richepin, l\lerimée, Dauclet,
Pontmartin, Feval, Dosto·
yeusky, Bam·ille y Bourget:
este es el mejor tlogio que
puede hacerse de la obra.
) [EMORIAS INTIMAS, por
Ernesto Rmáu. - Resplan·
dece en esta obra tanto la
inteligencia como el corn16n
del ilustre filósofo que la ha
escrito, y contiene páginas
delicadísimas, como cuando
describe las postrimerfas ele
Nocmi, la novia famosa del
autor, y de sin igual ternura,
como las cledicatbs á Berte•
lot, Víctor llugo, Cousin y
Jorge Sancl.
PArÁ GoRIOT, por Bal·
::ac. - El protagonista de es•
ta novela es el símbolo del
amor paterno: trabaja para
ciar millones á sus dos hijas,
á las que casa con un ban·
quero y con un aristócrata, y
al verlas brillar en los más
altos circulos de París se con•
siclera dichoso; pero llegan
luego los días malos, la rui·
na, la lucha con los yernos,
que resultan dos bribones, y

TEATRO.

Los Ar(,:NDICES AL C,íCtVIL", por D. León
Bouel y Sduchez. · Se ha pu·
blicado la entrega 7.• ele esta
importantísima revista, indispensable á cuantos por su
profesión 6 por sus inclina·
cioncs necesitan conocer las
cli,·ersas manifestaciones de
la ciencia jurídica. Contiene
intere&lt;antes trabajos en sus
cuatro secciones ( &lt;loctrinal,
legal, jurisprudencia, cues·
tionarius y fueros). - Suscrí·
hese en la calle de Fontane·
lla, 44, pral., al precio de 9
pesetas en Barcelona, 10 en
provincias y 15 en Ultramar
las 12 entregas, "endiéndose
las entregas sueltas á una pe·
seta cada una.
nJG()

ANUA R 10 ESTAOÍSTCO
LA REPÚBLICA ÜRIF.N·
TAL IIEL UR UC.UAV. - La
Dirección de Estadística ge·
neral de aquella república ha
publicado el anuario de 1891
que en un voluminoso tomo
contiene intercs:rntí. irnos da·
tos referente, á territorio, po·
blaci6n, comercio, na,·cgación, hacienda, riqueza pÚ·
hlica, instrucción, heneficen·
cia, ferrocarriles, legislación,
administración, etc., etc.,
por los qut: se ,·iene en conocimiento del graclo de acle·
lanto á que allí han llegado
los distintos elementos que
constituyen el bienestar y el
progreso de un pals.
OE

EN

EL VKSTIRULO, cuadro de Renato Reinicke

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartín
núm. 61, París.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publioidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
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y retortijones de estómago, estreñimientos r ebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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cion de las Afecciones del pecho,

Catarros,Mal de garganta,Bronquitis. Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos . Dolores ,
Lumbagos, etc. , 30 años del mejor
éxito atesti guan la eficacia de este
poderoso denvativo recomendado por
los primeros médicos de Par1s,

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la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los niños durante la denticion ; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

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!, ruedes Lions-St-Panl, AParis.

Participando de las propiedades de! Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
e!j.pcclalmente contra las E scrofuJas, la
Tísb y la D ebilidad de temperamento,
as! como en lodos los casos(Pálldos colorH,
Amenorrea, 4 •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya oara
provocar ó l'egulurlzar su curso perióélco.

Deposito en todu las principales Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

ll .U-u&amp;o 11111 l ~ llllido a los '16Dico1 mu npandOIII.

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T 001' TODOS LOS UDICIPIOI tnJftlTIVOS DII U CARBB
C,&amp;an, mr.aa• 1 flllll&amp;I Dles afl01 de ano continuado 1 lu &amp;1lrmactonet de
todu w emlnenCIII médicaa pNN.b&amp;D que esta uoellclon de la Clanae, el alern 7 I&amp;
e■1- oonaUtuye el repan4or mu en~l'ldco que ee conoce para curar: la Ck&gt;rdlú, I&amp;
llltfflla, 1U .llt111t~ dolOt'Olal, el lmpobr«lmlfflto 11&amp; ÁlttrllCúHl 14 14 sa11gr1,
el R/JQ141t"1M, i..1 Á { ~ ucro/'lllolal 1 acorlnltCc41, etc. &amp;I Wlae FerrastaeH de
&amp;nu~ ea, en erec&amp;o, el único que reune lodo lo que entona 1 tol1alece loa organ01,
regularlsa coordena 1 aumenta conalderablemedte lu tuerzu ó tntunde a la l&amp;llll'9
empobiécíd&amp; 1 descolorid&amp; : el YIQor, I&amp; Color/lCIOft 11&amp; 6Mrpúl "''"'·

IM' uvor, 111 P&amp;ril, en eua de J. FBW, rarmauntico, tO!, nie Richeliea. &amp;lceNr 4e ülOtJD.
p VUDS SM TODU LU nIMCIP.U.U IOTICU.S

EXIJASE .a:=' AROUD

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I ~Rue Bonaparte, 40
El 1odurode hierro Impuro óalterado
, , es un medicamento infiel é Irritan te.
Corno prueba de pureza y de aulenlleldad de
las verdaderas Piltloras tle ntancard,
exi gir nuestro se llo de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fabricantes para la represión de la falsiUcaclón.

NB

Querido enfermo. - Flese Vd. 4 mi /arta experiencia,
y haga uao de nue,tro, ORANOS de SALUO, puea e//01
le curarán de au const1paclon, le darán apetito y le
derolrerAn el sueño y la alegria. - A11 r1rir4 Vd.
mucho, año,, d11frutando s11mpre de una buena ,alud.

PATE EPILATOIRE DUSSER

'SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

destruye basla las RAICES el YELLO del rostro de las damas (Barba, Bl,:nte, etc.), llu
nlDgun peligro ~ra el cuus. SO Anos de Éi:lto, l millartt de te1Umonio1 garaoU&amp;ao la e6cada
de esla preparac1on•. (S, vende en oaJu, para la barba, y en 1/2 oajaa para el blgott. llgrro). Para
101 bruos, empléW !!ll,l tfl.U.IJJ• .DVSSER, i , rue J .•J ,-Roueaeau, Paria.

e,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
JMl', PIS MONTANBR Y SlM~1'

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 583, Febrero 27</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>AílO

XII

- - - - - -•

BARCELONA

20

DE FEBRERO DE 1893 ,.__ _ _ __ _

NÚM. 582

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

..

LA VIRGEN NEGRA, cuadro de Pablo Quinsac

�LA

122

Texto. - Ci·ónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - E xposi·
ción amerii-ana en Madrid. La expedición Hcmeuway en las
salas de los Estados Unidos, por Eduardo Toda. - Suenos que
matan, por José de Roure. -En las mejillas, por J osé Fer•
nándei. Amador de los Ríos. - Nuestros grabados. - Cargo de
co11eie,uia(continuación), por JuanaMairet.-SECCIÓN CIEN·
TfFICA: La C/'011ofotografla. N111r,10 método para anali~ar el
movimiento en las ciencias físicas y naturales.
Grabados. - La Virgen negra, cuadro ele Pablo Quinsac. -

E_xf!osición americana. Sección de los Estados U11idos. Expe·
dzrzón Hemenway (de fotografía del Sr. Compañy). - Sa11 Se·
bastián, copia del celebrado cuadro ele G. Bazzi, llamado «el
Sodoma.» - Diploma concedido á los expositores premiados
e~ la Exposición ele Industrias artísticas, dibujo de J. L. Pe·
lhcer. - Medalla de oro concedida á dichos expositores que
han sido premiados con esta distinción, acuñada y vaciada por
los Sres. Castells y Beristain. -Sepelió de Mr. james G.
Blai11e en el ce111euterio de Oak Hill ( Wdslti11gto11 J. - .Míster
/ames G. Blai11e en su lecho de muerte. - ¡ Otra Afarga1·iJa!;
,!ixvoto; D!a feliz, cuadros de Joaquín Sorolla. Exposición
internacional de Bellas Artes de 1892 (de fotografia de Nico·
lás Capdevilla). - El sombrero de tres picos, cuadro de José
Carbonero. Exposición internacional de Bellas Artes de 1892
(de fotografia de Nicolás Capdcvilla). - Tres grabados refc.
rentes á la cro11ofotografía. - Vista ge11eral de Vil[o.

..............,......,......,......,......, ....................................................... ·, ..........., ......,......,..,...,
CRÓNICA DE ARTE
Silencio profundo, marasmo inmenso, algo como
somnolencia de un organismo debilitado por escenas
de actividad ó por luchas intelectuales gigantescas,
superiores á su potencia psico-física, tal es el est'.tdo
del arte español en estos días.
A las batallas de todo género libradas en el año
de 1892, sucedió mortal quietud. Maltrechas las hues•
tes tradicionalistas, rendidas las que combatieron en•
frente de la tradición, casi fracasado el esfuerzo he•
cho para romper lanzas en el palenque del último
cert'.tmen internacional de Bellas Artes, las gentes ar•
tísticas miran recelosas las probabilidades de una Ju.
cha nueva. Los vencidos temen á otra derrota, los
vencedores no cuentan con alientos suficientes para
tentar de nuevo la victoria, desamparados como hoy
se encuentran de poderosas fuerzas que lidiaron por
ellos con denuedo. Tal, repito, es en la apariencia el
estado del arte español. Pero en el fondo, allá en la intimidad de las colectividades y personalidades belige·
rantes, es otra cosa. Las luchas son más encarnizadas
que nunca. No se trata tan sólo de defender lo que
cada cual tiene ó pretende tener entre las uñas; se
trata de acaparar prestigios á costa de prestigios, de
imponer criterios á roso y belloso, de rematarse en
fin, no apoyándose ¡ay! en ideas y obras, sino en razones de disputa y en orgullos de particulares, no de
artistas.
Cuando todavía resuenan los chasquidos del látigo
con que la opinión pública y la crítica les fustigó;
cuando el imperio de una decadencia cuyo fin no se
adivina, les anula; cuando amenazan los bárbaros ci•
vilizados arrollar por entero el arte latino, disputándole el puesto que por tantos y tantos siglos ocupó
en el alto concepto de la vida espiritual; cuando se
litiga en las naciones cultas en favor de la indepen•
dencia de las manifestaciones artísticas oponiendo el
individualismo á las metafísicas doctrinales de todo
género de escuelas, aquí disputan esos artistas empe·
catados que tan mal lo hicieron en el reciente tor•
neo las escasas y últimas prerrogativas que todavía
prestan galvánica vida á corporaciones muertas ya,
ante la cultura y los ideales nuevo5i tratando de al•
zarse ellos con otro poder y con otra autoridad, imponiéndose por la audacia, no por el valer propio.
Pero no es la culpa toda de esas gentes, es ... ¡cuán
terrible y cansado repetirlo! de nuestros gobernantes,
de nuestros ministros de Fomento, los cuales, distan•
ciados por completo del medio artístico, sin criterio
alguno, obran empíricamente y caen al cabo en lo
absurdo. Tal fué la Real orden dictada para elegir
tribunal que excogitase las obras que de pintura y escultura habrán de figurar en la Exposición colombi•
na de Chicago.
En honor de la verdad, debo decir que gran número, la mayor parte de los artistas que figuran como
socios del círculo de Bellas Artes, tuvieron la honra,
con tan mal acuerdo dispensada á aquella sociedad por
el Sr. Moret, encargándole del espinoso cometido de
admitir ó rechazar cuadros y estatuas, como· honor
perfectamente perjudicial y además ajeno al espíritu
de una asociación cuyo fin es el de aunar voluntades
y atraer artistas, único medio de hacer mercado en
Madrid. Sin embargo, prevaleció el criterio de unos
cuantos deslumbrados por el honor recibido y... se
rechazaron obras de Muñoz Degrain, del maestro que

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cuenta medallas de oro en mayor número que de
bro!'lce todos los individuos del tribunal artístico; del
paisista recientemente laureado con primer premio
Morera, de ¡qué sé yo cuántos otros! El descontento
se acentuó; hubo una reunión magna y allí estallaron
como bombas los improperios... La academia de San
Fernando por su parte, según me manifestaron varios
académicos, dirigió un oficio al ministro de Fomento, pues el jurado libre eligió ó pretendió elegir - que
esto todavía no está en claro - las obras del Museo
Nacional que debían remitirse á los Estados Unidos,
y i estas alturas no sabe nadie, excepción hecha de
ciertas personas, si se anula lo hecho ó si al cabo pre•
valece. ·
Otra lucha sorda es la que, á propósito de ciertos
tiquismiquis oficinescos, se le está haciendo al escul•
tor Querol, con motivo del dictamen emitido por la
Academia respecto del modelo definitivo del frontón
de la nueva Biblioteca. Yo, que he leído dicho docu•
mento, puedo afirmar que á vuelta de censuras, los
inmortales del arte reconocen grandes méritos en la
obra del escultor tortosino y concluyen diciendo:
«Con las reformas que crea convenientes el autor, la
obra puede reproducirse en el mármol.» En vano he
tratado de explicarme las detenciones que está sufriendo el expediente en Fomento y el insistente ru•
mor de un absurdo que no me atrevo á estampar.
Quizá en el próximo artículo dé noticias interesantísi•
mas respecto de esto y del final que haya tenido para
entonces la batalla primera. Será otra Crónica. Me
figuro, por los barruntos, algo estupendo, algo que
serán platos rotos pagados por el arte y el buen sentido. ¡Ojalá me equivoque!
Y á todo esto, los modelos en yeso de las estatuas
decorativas de la Biblioteca alH están, sufriendo á la
intemperie los desgastes y roturas naturales de la li•
viana materia de que están hechas; y los artistas es·
perando pacientemente á que se resuelva el Estado
á cumplir el compromiso con ellos contraído, devolviéndoles esos modelos para reproducirlos en mármol
y cobrar sus estipendios. ¿Cuándo será eso? Por las
trazas me figuro que aún tardari el día.

***

Querol, á pesar de los contratiempos que le pro·
porciona el frontón, trabaja - valga el vulgarismo como un descosido. Además del infinito mímero de
bustos-retratos que hizo y hace, prepárase á reprodu·
cir en mármol el relieve titulado: (San Francisco de
Asís curando á los leprosos;» está dando los últimos
toques de palillo al modelo á todo el tamaño del mo•
numento que en la Habana habrá. de erigirse á los
bomberos muertos en memorable incendio; terminó
otro grupo que le encargó la R':!pública mexicana, en
el cual representa al P. Las Casas amparando á unos
indios, y en estos días se ocupaba también en el bo•
ceto de una estatua de Colón para la República de
Santo Domingo, si no recuerdo mal. Estos dos trabajos que cito últimamente no pasan de la categoría de
bocetos, aun cuando bastante detallados.
Al hablar de Querol viénese á la memoria el nombre de mi querido amigo el insigne escultor Mariano
Benlliure. De este artista contará pronto la villa y
corte una nueva estatua; la de María Cristina, cuyo
pedestal está casi terminado. Alzase frente al nuevo
edificio de la Academia de la Lengua, al museo y
parque de artillería y al restaurado Casón hoy museo
de reproducciones. Si viviera la última mujer de Fer•
nando VII no se quejaría de la compañía ni del ar•
tista que le cupo en suerte eternizarla en el mármol.
No fueron tan felices el gran Cervantes ni el inmortal
Velázquez.
Otra estatua se erigirá pronto en Santiago de Galicia á un prelado, al cual hizo célebre la fundación
que en favor de sus innumerables parientes instituyó
al morir. Me refiero al prelado Figueroa. Por si algunos de mis lectores ignoran los fines de la menciona•
da fundación, dire: Inmensamente rico el arzobispo
Figueroa (gallego) dispuso que las rentas de su capital se empleasen en dotar á las jóvenes de su parentela y en costear carreras á los hombres. La adminis•
tración de los caudales corre á cargo de un consejo
- .también de individuos de la familia. - Esta fundación cuenta, si no estoy equivocado, cerca de un
siglo de existencia.
Los ftgueristas agradecidos tratan de erigirle una
estatua, y el escultor que realiza la obra es también
figuerista y no desconocido ciertamente de los lecto•
res de LA ILUSTRACIÓN. Llámase Vida!. y Castro: la
capital aragonesa ostenta una escultura de este artista,
la estatua de Lanuza.
Hace pocos días vi el modelo de la de que vengo
ocupándome. Sobre un pedestal del Renacimiento, sumamente sencfüo, yérguese la figura del purpurado,
vistiendo el amplio traje litúrgico de seda y en actitud
de entregar los documentos de la fundación, los cua-

582

les tiene en la mano 'derecha; en la izquierda llevará
un libro. El principal escollo, á mi entender, con que
tiene que luchar el artista es puramente psíquico. En
la parte plástica la abundancia y ampulosidad de los
paños, en el modelo discretamente ( 1) interpretados,
simplifica las dificultades, que ante las otras son de
menor cuantía. Corre el riesgo el Sr. Vida!, si no estudia con amor el personaje, de que éste resulte por lo
menos frío y sin carácter.
Pronto tendrá España - si como espCiro no se en·
fría el entusiasmo - la gloria de elevar una estatua á
una escritora ilustre, poco conocida de su patria, pero
admirada y acatada como autoridad indiscutible en
materias penales en toda Europa. Me refiero á mi
ilustre paisana Concepción Arenal. Será, pues, la primera efigie que contemos de una mujer que alcanza
la perdurable gloria sin haber sido reina ni estar ca•
nonizada y tan sólo por los méritos de su genio.
Si de algo vale mi opinión, la estatua debe ser se•
dente. Hay dos razones para sostener este parecer
mío: la primera, puramente estética; la segunda, de
carácter simbólico. Estética porque vistiendo como
Yistió siempre la ilustre autora de Cartas á un m1or
modestísimamente, no podrá el escultor ofrecer una
silueta artística, elegante, ni caracterizar como debe
ser caracterizada la eximia escritora. Dada la indumentaria femenina de la clase media, en su aspecto
vulgar, esto es, una falda lisa y un jubón ó cuerpo,
aun cuando éste sea ancho, ofrecería la estatua la silueta de un cono mal trazado, y vestir la efigie con
traje de gran cola y abrigo ampuloso, además de quitarle carácter á la figura, trasunto fiel de la pensadora
ilustre, pronto las variantes de la indumentaria femenina harían ridícula la estatua. Porque en esto del
vestido mujeril, solamente ciertas y determinadas
épocas históricas lograron el triunfo del arte amalgamándole con el carácter de las soc;iedades; resultando
que, para rehuir el escollo dicho del ridículo, el ar•
tista - ejemplo, Benlliure en la estatua mencionada de
María Cristina - recurrió al histórico manto, el cual
envuelve en sus grandes pliegues la figura. La razón
segunda, ó sea la que yo digo simbólica, es también
importantísima á mi juicio. Representando sentada á
la gran publicista, además de quedar á salvo la esté·
tica, da idea del reposo necesario al pensador, rodeándole de un ambiente de quietud aparente, plás•
tica, y ofrece medios al artista para determinar la ca·
racterística de la estatuada por medio de la expresión
del rostro y de algún objeto apropiado que componga,
y perdónenme el uso de este barbarismo técnico.

***

Mi querido amigo el antiguo escritor y periodista,
Director general de Administración de Filipinas y
discípulo que fué del maestro Casado, Angel Avilés,
ingresó el domingo 6 del actual en la Academia de
San Fernando como individuo de número de aquel
cuerpo consultivo. Su discurso de recepción, que versa (puesto que está impreso) acerca de la acuarela,
es modelo de oraciones por la galanura del lenguaje
y por la frescura y espontaneidad de su estructura;
parece una «acuarela,» así como su hermosa obra El
Retrato es un cuadro al óleo, castizo y serio. Al recabar para el procedimiento que ensalza la gloria de
haber aportado la luz á la pintura moderna, dice así:
«La acuarela ante todo y sobre todo es luz. Y ¿será
preciso, señores académicos, hablar aquí de la supre·
ma importancia que en las artes del diseño, en la
pintura especialmente, tiene la luz? Mejor que yo lo
sabéis vosotros, y admirablemente lo ha dicho un le•
gislador de la estética, el profundo Hegel. En la escultura y la arquitectura - escribe - hácense visibles
las formas mediante la luz externa; en la pintura, por
el contrario, la materia, obscura por sí misma, tiene
en su seno el elemento interno, su ideal: la luz.
»Los divinos resplandores que en las &lt;1rtes plásticas y gráficas constituyen el alma y la vida, influyen
también, aunque por concepto más sujetivo, en la
poesía misma. Recordad, si no la invocación grandilocuente con que Milton abre el libro III de su incomparable poema ¡Salve, sagrada luz, hija primogénita

del cielo, destello inmortal del eterno Ser!
»Pues bien, señores: yo entiendo y creo firmemente que, por su historia y sus condiciones, la acuarela
ha sido para la pintura un esplendoroso fíat lux/&gt;

***

Mañana, 14 de febrero, tendré la satisfacción de
e~trechar la mano del infortunado autor del Expolia-

rmm.
R. BALSA DE LA VEGA
Madrid, 13 de febrero de 1893.
Perdóneme el eminente crítico Clarhz si á pesar de la
filípica que indirectamente me endilgó con motivo del número
extraordinario de El Liberal dedicado á la Exposición de Be·
\las Artes, sigo creyendo que hay obras discretas.
(1)

NúMERO

581

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

123

EXPOSlCIÓN AMERICANA. - SECCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS. - EXPEDICIÓN Hl!.MENWAY (de fotografía del Sr. Compañy)

EXPOSICIÓN AMERICANA EN MADRID
LA EXPEDICIÓN HEMENWAY
EN LAS SALAS DE LOS ESTADOS UNIDOS

tres y cuatro pisos, que se comunican por medio de los objetos que llenan su sala. Ascienden éstos á 46P
escaleras de mano.
~demás de algunos sueltos y de las 57 fotografía~
Esta raza india conserva s·u antigua religión, forma• mstaladas en la vitrina central.
~a por un. extens~ panteón de dioses y héroes, pero
.E! número r es un triste recuerdo de las misiones
La última de las salas de la Exposición norte-ame- s1_n _t~ner nmgtín d10s su~erior á sus compañeros. Sus
ricana ha sido dedicada exclusivamente á los objetos d1vm1dad~s perte_necen ,ª ó_rdenes distintos aunque cnst1anas de Tusayán: consiste en un fragmento de
procedentes de las investigaciones hechas entre los tengan uniforme ¡erarqma, siendo las más considera• la campana de la iglesia de A-wa-to-bi incendiada en
pueblos Ho-pi, merced al generoso desprendimiento das la !1ube de agu_a, el sol, las estrellas, la superficie el año r 700 y reducida hoy á informe 'masa de ruiPas
~a ind_ustria d~ los Ho-pi está representada po~
de una ilustre dama de Boston, la señora Mary He- d~ la tierra y el d10s germen. La gran serpiente cuvanos
ob¡etos. Ba¡o el nlÍmero 3 figura una colección
menway, que hace años dedica su capital y sus es· buta de plumas es entre aquellos indios un ser de
de leznas de_ hueso, cuchillos y agujas, que datan de
fuerzas al estudio de aquella casi extinguida raza occi- gran importancia, como veremos luego.
dos ó tres siglos y debían servir para hacer tejidos.
dental del Arizona.
A aquellos altos riscos llegaron también las creen~s la última de las salas, por su situación en el pa• cias cristianas, importadas por nuestros misioneros En el número 6 se ven unos palos encorvados talla)ac10 de ~ecoletos; pero no lo es ciertamente por la desde la_ ~poca de los al~ores de la conquista. Y la dos en án~ulo muy abierto, que arrojados con'cierto
1m~ortanc1a de los objetos que contiene, pues en ella lucha rehg1osa se ~ncend1ó en la comarca y ha deja• art_e adqu_1eren gran velocidad: sirven para cazar come¡or que en otra alguna pueden estudiarse en su do ésta llena de ru_mas. U~o de los pueblos antiguos, ne¡os, y bien dem~estran su objeto las pinturas necompleta plenitud los caracteres arqueológicos y etno- llamado A-wa-to-b1, es dec1r, sitio alto de la multitud gr_as que algunos tienen, rep~esentando á conejos cográfico_s de los H o-pi, los indios más primitivos y se• recibí?. en su se~o á !os apóstoles de J esús y vió á. m~n~o. Instrumentos parecidos tenían los antiguos
dentanos que actualmente habitan la parte meridio: sus h1¡os convertirse a la nueva fe. La ciu.dad era eg1pc1os par~ ~azar las gacelas, chacales y otros anina! de _los Estados Unidos, limítrofe á la Rep11bli- rica, fl_oreciente y p~derosa, tanto que en época de la males que v1v1an en los confines del desierto. Las ca•
cerías de c~nejos se organizan entre los Ho-pi con
ca mexicana.
conqmsta, el cap1tan Vargas hubo de enviar á ella
La Comisaría americana, única que hasta la fecha fuerzas muy numerosas para combatirla. Sin embar- gran s?l~mmdad, y aún parecen revestir cierto carácha completado y dado á luz los catálogos parciales de go, en los decadentes días del siglo XVII los indios de ter rehg10so, pues al regresar los expedicionarios á
todas sus instalaciones, ha dedicado un extenso cua• las demás poblaciones se sublevaron contra los rene- sus hoga_res con el producto de la caza, adornan á
derno á la expedición Hemenway, explicando prime- gados de su fe, despeñaron á los misioneros cristia- los cone¡os, y después de salpicarlos con harina les
ro las ~azas que investiga y los territorios en que tie- nos desde lo alto de las mesetas á los abismos sin cortan una parte del cu~rpo para echarla al fuego. En
ne1: asiento.
patria de estos indios Ho-pi es casi el fondo de sus precipicios y atacaron, rindieron y des- el número 9 hay también una colección de flechas
empleadas para la caza.
desierto. Habitan la provincia de Tusayán, situada en truyeron por completo á la ciudad apóstata.
Aqu! fi&amp;uran todos los objetos necesarios á la vida
!a parte Nordeste del moderno territorio del Arizona,
Des?e ent?nc~s_nadie ha molestado á los Ho-pi en
Junto al gran cañón del Colorado. Descubrieron esta el pacifico e¡erc1c10 de su culto. Sencillos y sobrios de los md1os. Vese la manta de las ceremonias, tejida
región los primitivos conquistadores de México, y de no aceptan ni practican la poligamia y tienen por l¡ con algodón y adornada con figuras, que nunca falta
ella te~emos algunas descripciones en los relatos de mujer el respeto que infunde la igualdad de clase. A entre los regalos de boda que el marido hace á la
las antiguas crónicas españolas. La provincia forma las mujeres, que no se venden y que son las compa• despo~ada; las cestas embreadas que sirven para lleuna exten~a llanura, elevada cerca de siete mil pies ñeras del hombre, pertenece la propiedad de las casas var ah~entos ó agua de un punto á otro; los zapatos
sobre el nivel del mar, de terreno árido y estéril, sur- y de los muebles y utensilios que encierran: ellas fa- de va~1as clases, entre los cuales se ve un par hecho
cada por cañones y cubierta de mesetas que cortan brican los objetos de barro, tejen los cestos y toman con piel de gato multicolor (fe/is concolor); las cuchaprofundos precipicios. Los ríos de la comarca mues• parte en las faenas del campo. Los hombres se distin- r~s de cuerno de cabra montesa, y cien otros utensitran ~n verano sus secos cauces, pero en invierno se g~en por su ~arácter industrioso, inteligente y reli- lios que llenan las sencillas necesidades del indio y
convierten en impetuosos torrentes merced á las g10so. Todos e¡ercen algún sacerdocio, están afiliados de su hogar.
fuertes lluvias de la estación. La veg~tación es pobre, á _algu_na cofradía ó t!e!len la ,iniciación en algún . Más importante es la colección de objetos religio•
Y escasa es, por lo tanto, la vida en la región que no m1ster!o sant_o. Su religión est~ constituída por un g10s_os, d~ útiles destinados al culto ó empleados en
recorren los bisontes y que sólo sustenta á algunos c?mpl1~ado sistema de cerem~mas y ritos que se re- las mfant1les ceremonias s~gradas del pueblo Ro-pi.
lobos, zorras y conejos.
piten sm parecerse, ya que vanan en cada uno de los Los productos del suelo tienen gran representación
Estas condiciones de existencia han limitado el meses del año. Nueve días al mes se consagran á e~ es~s ce:emonias: así el tabaco, que se fuma en
desarrollo de la raza Ro-pi; pues sólo cuenta ahora estas prácticas religiosas, iniciadas en el secreto de los pipa, simboliza ~on las _nubes de humo que despide la
unos dos mil individuos, distribuídos en siete pueblos santuarios Kib-vas donde los mortales no penetran ofrend~ hecha a )os d1!ses de la lluvia, siempre que
que edificaron en las cumbres de las mesas. Son cu• y concluídas en los bailes ptíblicos á que todos s~ haya s1d~ encendido en la lumbre del altar ó en la
mecha P1·l~1~-ko-ku cuando se celebra la fiesta de la
iosos sus _no~?res: ~e lla_man Wa!-pi, ~i-tcum•~•vi, entregan con singular regocijo.
luna
de d1c1embre. Las tablillas de sauce llamadas
e-~va, M1-con-m-o-v1, C1-mo-pa-v1, C1-pau-lo-v1 y
Sumariamente descrita la raza india revelada en
Orai-bé. Sus edificios son de piedra, y algunos tienen esta parte de la Exposición, vamos á ocuparnos de pah~ Y p~lvoreadas con harina forman la ofrenda
dedicada a todos los dioses de los cuatro puntos car-

1:ª

�LA
dinales, que se deposita en los altares al marcharse
los dioses después de las fiestas de la luna de agosto;
y si el paho es encorvado, se ofrece al rayo, que en
opinión de aquellos indios fertiliza la tierra y engendra la vida. La mazorca es considerada como hembra
de la serpiente y atrae las nubes á la tierra para fertilizarla con la lluvia. La harina, consagrada por medio
de ciertas fórmulas, es eficaz preservativo contra las
mordeduras de las serpientes venenosas y culebras
que los sacerdotes van á buscar para sus ritos. La
flor del girasol adorna la cabeza de las vírgenes en el
katcinrz ó baile del maíz, simbólico del crecimiento
de las cosechas.
Los animales desempeñan también funciones muy
trascendentales en aquellos ritos. A la gran serpiente
se consagra un baile en el cnal aparece el reptil cubierto de plumas y dibujos simbólicos de patas de
ganso y de rana, y en torno suyo danzan los sacerdotes, envueltos en mística manta de algodón, adornados los brazos con aros de metal, cubierta de plumas
la cabeza, en la cintura una piel ~e mamífero y en
bandolera otra tira de piel de gamo con el antídoto
que preserva de mordeduras venenosas. Esta gran
serpiente simboliza un antiguo héroe que, guiado por
el sol, visitó el interior de la tierra, y en su honor se
celebra cada dos años ·el baile antes mencionado,
llamado Manazanti, que dura nueve días y nueve
noches, tomando parte en él dos hermandades de sacerdotes, la de la serpiente y la del antílope. Durante
siete días las ceremonias de la danza se celebran secretamente en uno de los subterráneos de los templos llamados Kib-vas, y en ella los indios se dedican
á coger culebras venenosas, que bañan luego, y á preparar el antídoto contra sus mordeduras. En el noveno día los celebrantes aparecen en público, llevando dentro de la boca culebras vivas, que luego sueltan
en los campos. Todas estas ceremonias se celebran
en nuestros días con el mismo fausto y aun añadiré
con idéntica fe que en los días anteriores al descubrimiento colombino.
La zorra presta su piel á cuantos toman parte en
los bailes religiosos. Otro de estos bailes se celebra
en honor de la mariposa, símbolo también del sol,
de las nubes y de la cosecha del maíz. Las conchas
de las tortugas, las pezuñas de las ovejas y los colmillos de varias fieras tienen entre los indios Ho-pi casi
i1énüco significado que en los pueblos asiáticós de
credo budístico, es decir, sirven de adorno y de amuleto preservativo de muchas enfermedades.
Desde el número 63 hasta el 102 de esta curiosa
colección se exhiben una serie de muñecos, adornados con simbólicos trajes y peinados, que permiten en
muchos de ellos reconocer á los dioses del panteón
Ho-pi, y en otros ver á los personajes que concurren á las ceremonias religiosas. Estos muñecos, hechos con raíces de algodonero, son regalados á las
niñas en la fiesta de la Nimán ó despedida. Cúbrenlos á veces pieles de zorra, y están pintados con los
colores representativos de los cuatro puntos cardinales, ó sean el ocre amarillo, el rojo, el verde y el
blanco. Describiré los que creo más importantes.
La Salikoma es el ser que proporciona las semillas
á los indios. Se la suponé mujer de Saliko, el que
inicia á los jóvenes en las prácticas del sacerdocio, y
tiene en la cabeza un peinado en forma de escalera
para significar las nubes, y alrededor de la boca varias líneas curvas que representan el arco iris.
Saliko es también el dios del maíz, y está representado por un gigante, adornándose con el manto
de boda recamado de mariposas, dos cuernos en la
cab~za y una corona de plumas de águila.
El Talaviqpiki es el dios del rayo, bien comprensible con el haz de relámpagos que lleva en cada mano.
El Sió Hitmis es otro dios del maíz verde, cuya fiesta
se celebra en los meses de julio y agosto. Esta divinidad no es propia de los indios Ho-pi, habiendo sido
introducida en su panteón por los de Tusayán, quienes á su vez la tomaron de Zuñi.
Varios muñecos representan á los llamados sacerdotes glotones, ministros de carácter indefinido que
cuentan larga existencia en aquel rito y que parecen
consagrados exclusivamente al culto de los vicios.
Ejercen en secreto prácticas inmorales, y en las fiestas públicas se presentan ebrios, comiendo con exceso
y divirtiendo al pueblo, que los desprecia é insulta.
Finalmente, la expedición Hemenway de que nos
estamos ocupando exhibe en varias vitrinas los productos de la cerámica de los indios Ho-pi y de Tusa yán. En sus muestras se ven productos antiguos y
modernos: todos están fabricados á mano y revelan
escaso arte, que aún va en decadencia en nuestros
días. Comprenden, como puede suponerse, los utensilios diversos que el uso doméstico requiere, y sólo
se ven algunas formas de vasos y jarros para el ser•
vicio de los altares.
EDUARDO TODA

ILUSTRACIÓN ART1STICA

SUE~OS QUE MATAN
Los marqueses de Valleflorido son felices; todo lo
felices que se puede ser en esta vida misérrima. Y no
es caso raro ni extraño el de su felicidad, sino natural
y lógico.
Pertenecientes á una de las estirpes más linajudas
de la aristocracia española, unidos ya por vínculos de
parentesco y profesándose afecto mutuo, quisieron,
cuando estaban en las lindes de la edad madura, unirse también por el lazo del matrimonio, y la bendición
de un sacerdote ató aquellas dos voluntades y fundió
en una sola aquellas dos almas.
La juventud con sus explosiones de entusiasmo,
con sus arrebatos y sus perspectivas risueñas, con su
actividad de fiebre, su mariposeo incesante y sus anhelos insaciables, había pasado para ellos rápida y
dichosa, como pasa la brillante aurora de un día sereno, dejando primero en el horizonte ráfagas de fuego,
y más tarde en el alma un recuerdo lleno de poesía y
encanto que va borrándose, borrándose y se desvanece al fin en una noche preñada de misterios y lobregueces.
Desde el comienzo de su vida marital vivieron en
paz y en sosiego perpetuos, siendo su hogar honrado
templo de todas las virtudes.
Conservaban ambos la fe tradicional de sus abuelos,
y eran dichosos en aquel paraíso sin serpiente de la
calle Mayor, donde tenían su palacio.
A veces, horas y horas permanecían el uno al lado
del otro; las pequeñas manos de la marquesa, suaves
como la seda, entre las de su marido; ambos callados
y mirándose, mirándose con afán, con codicia, como
si en aquella mirada larga, insistente, pusieran toda
su alma y concentraran toda su vida.
Pasaron algunos años sin que nada alterara la existencia dulce y tranquila de estos esposos, que se adoraban y que veían transcurrir el tiempo como si un
sueño de color de rosa les embargara el espíritu. Pero
llegó un día en que el vetusto palacio de Valleflorido
apareció transformado, rota la normalidad de su existencia monótona y pacífica.
Allá, en el interior del edificio, se oía el ir y venir
apresurado de la servidumbre, un abrir y cerrar de
puertas extraño.
El bullicio, el cuchichear por los rincones ó tras las
ricas colgaduras de terciopelo de Utrech crecía de
modo notorio al aproximarse á las habitaciones de la
marquesa; y allí, el asombro de quien no estuviera en
el secreto subía de punto al escuchar el llanto estridente y desgarrador de un niño recién nacido. Y este
era el origen único de todo aquel trastorno, de la alteración de costumbres en la suntuosa vivienda.
La señora marquesa de Valleflorido á los cuarenta
y tres años había dado á luz una niña de carnecitas
rosadas y suaves; y ¡oh misterios de la Naturaleza!,
aquel ser, apenas nacido, ejercía ya una influencia decisiva en cuanto le rodeaba, y parecía que su advenimiento al mundo, su llegada á la vida, había traído
para aquellos sombríos salones de techos altísimos y
de paredes cubiertas de cuadros y de tapices antiguos
un hálito de juventud, y que todo se remozaba como
en una primavera espléndida, llena de flores y de
gorjeos _d_e pájaros. :. · · .
Pálida con una palidez mate, presa de dulces languideces el cuerpo y el espíritu de visiones rientes,
cerrándole los ojos invencible somnolencia, la feliz
marquesa reposaba en el lujosísimo lecho de la conyugal alcoba.
El marqués, que bañaba sus sonrisas en llanto, gozoso y henchida de placer el alma, iba sin tino de un
sitio á otro, ora balbuceando solícitas frases de cariño al oído de su adorada mujer, ora mirando como
en éxtasis, arrobado y venturoso, á la niña cuyo cuerpecito parecía forma.do con rosas y azucenas, al fruto
to de sus tardíos pero fecundos amores, que á veces
rompía en lloriqueo ruidosísimo y á veces sonreía
como los ángeles en el cielo.
Aquel vástago de aristocrática estirpe vino á hacer
completa la felicidad del ya dichoso matrimonio;
aquella'flor nacida en un otoño plácido, aquel capullo de rosa brotando cuando ya los cierzos anuncian
la proximidad del invierno, era un milagro de amor:
¡que el amor todo lo rejuvenece y hermosea!

El tiempo, cuando transcurre feliz pasa con rapidez grandísima, y cada año le parece al dichoso breve
como una hora.
Los marqueses de Valleflorido no se dieron cuenta
de que el tiempo pasaba, hasta que el primer disgusto les despertó de aquel sueño venturoso en que vivían sumidos, volviéndoles á la realidad.
Lolita, su hija adorada, la niña hermosa que era

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todo su encanto y constituía todo su orgullo, estaba
triste. ¡Horrible desgracia! Estando ella triste, ¿quién
en aquella casa podía dejar de estarlo? Todos los habitantes del palacio no hacían más que reflejar en
sus almas el estado de la de Lolita y en sus rostros
la expresión del de la niña: no se ha visto jamás tiranía como la ejercida, sin quererlo y sin saberlo, por
aquel ángel. Allí todos más que stíbditos eran esclavos suyos; sus menores caprichos tenían la fuerza
de un mandato imperioso; por el leve movimiento de
sus labios ó la dirección de su mirada se hallaban
acostumbrados á adivinar sus pensamientos y á anticiparse á sus deseos. Pero ahora estaba triste y todos
se afanaban por saber la causa, el origen de aquella
melancolía que nublaba el rostro bellísimo de Lolita,
y ninguno lo conseguía; y, ¡cosa más rara!, su tristeza
era interrumpida á veces por una alegría súbita que
se desbordaba en carcajadas frescas y sonoras, como
el agua de cristalina fuente al caer á borbotones en
la taza de mármol: ¡y es que la naturaleza juvenil,
que reclama las expansiones del entusiasmo y del
placer, reprimida por la voluntad de la niña antojadiza, rompía al fin aquellos lutos que la envolvían y
se presentaba deslumbradora, seguida de toda su brillante cohorte de risas, brincos y locuras, que son las
flores lozanas y aromosas de esa bella primavera que,
una vez pasada, no vuelve!
Los marqueses, atolondrados, no sabían qué hacer
para distraer y divertir á Lolita; pero los esfuerzos del
amor se estrellaban en la desdeñosa melancolía de la
niña, á quien todo desagradaba. Sólo la complacía
una cosa, la iglesia, y sólo volvían á su rostro la placidez y la alegría naturales á ~ años las funciones
religiosas.
Educada por aquella piadosa familia en el santo
temor de Dios y sujeta á las prácticas cristianas, el
templo había sido el sitio más frecuentado por Lolita,
y al templo tenía afición incontrastable, al principio
por un movimiento natural de su espíritu impresionable y de su temperamento nervioso hacia todo lo
poético, después mediante lectura de libros sacros,
guiada por la fe que henchía su corazón é iluminaba
su alma. Esta predilección que fué creciendo llegó á
constituir para la encantadora adolescente una verdadera necesidad, y no pasaba día sin que se la viera
entrar muy de mañanita, acompañada del aya, en la
iglesia de San Ginés y arrodillarse devotamente y oir
misa con el mayor recogimiento. A la tenue claridad
del templo, bajo las altas bóvedas, postrada junto á
un obscuro pilar parecía una angélica figura arranca·
da á los lienzos de Murillo ó desprendida de uno de
los retablos de nuestras catedrales. La luz escasa que
penetraba por los vidrios de colores de las altas ojivas la bañaba en una claridad fantástica: su cabello
de un dorado pálido, como el de las espigas de trigo
en el mes de junio, le caía sobre la espalda en larguísimas trenzas: su rostro hermoso, con una hermosu·
ra dulce y cándida, presentaba la expresión del éxta·
sis: sus manos estaban cruzadas y las tenía junto al
pecho, como si quisiera con aquel signo redentor
cerrar las puertas de su corazón á todo lo malo y pecaminoso: sus labios, frescos y puros, se movían murmurando fervientes oraciones. ¡Admirable y piadosa
niña!
El dormitorio de Lolita y su boudoir exhalaban ese
perfume de castidad y de inocencia que es el mayor
atractivo de la niñez; todo en aquellas dos habitaciones respiraba alegría y juventud. Gran número de
flores naturales en búcaros de porcelana aromaban
el ambiente: el decorado, elegantísimo, era blanco,
como símbolo de puzeza: nada faltaba allí de lo que
el lujo y la moda imponen; pero había algo que, si
bien pudiera creerse un adorno más, se hallaba colo·
cado con tanto esmero, se notaba en la niña predilección tan grande hacia ello, que parecía ser el signo
revelador de las propensiones incontrastables del espíritu de Lolita, la nota característica de sus gustos.
Junto á la cama, sobre las mesas, en todas partes,
con profusión extraña, se veían imágenes de J estís
crucificado ó de la Virgen, imágenes talladas primo·
rosamente en madera ó mármol y que á la vez que
objetos sagrados eran verdaderas joyas artísticas.
A pesar de advertir que la melancólica niña dese·
chaba su tristeza al entrar en la iglesia, y que al salir,
como si la hubiera dejado en la puerta, volvía á cubrir su faz divina con ella; á pesar de que no podía
pasar inadvertida para nadie la piedad extremada
de Lolita, que se pasaba las horas rezando al pie de
un crucifijo de roble que junto á su lecho en la pa·
red había, ni la servidumbre solícita ni los padres
amantísimos lograban averiguar el origen de aquella
sombra de dolor que velaba los claros ojos de la niña.
Una mañana muy tempranito, cuando todos dor·
mían aún en la casa, la marquesa, que había pasado
la noche en vela pensando en su hija, entró de pun-

SAN SEBASTIAN, copia del celebrado cuadro de G. Bazzi llamado «el Sodoma.»
Se conserva en la Galería degli Uffizi ele Florencia

�126

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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582

tillas, procurando no hacer ni el menor
convento; y ¡oh misterios del corazón!,
:uid~, en el dormitorio de Lolita, que
el amor que antes les había impulsado
1lummado por las primeras luces rosaá oponerse, les impulsaba ahora á condas del amanecer parecía fantástico casentir.
marín de hadas ó nido de celestiales
amores. Se aproximó al lecho: dormía.
***
La madre inclinó la cabeza y besó la
serena frente de la niña; al leve roce de
La celda se hallaba alumbra&lt;la por
aquellos labios amorosos, Lolita entrela luz amarilla de cuatro blandones, cuabrió los soñolientos ojos, echó los
yas llamas, agitadas por el vientecillo
blanquísimos y bien modelados brazos
que entraba por la ventana, se movían
fuera de las sábanas y, después de desen inciertas oscilaciones, aumentando
perezarse, sonrió á su madre. La marunas veces la sombra y otras ahuyenquesa volvió á besarla, desenredó con
tándola y desvaneciéndola con una fusus dedos el suelto cabello de la niña,
gacidad tal, que parecía algo así á moque como cascada de oro caía sobre
do de juego fantástico que fatigaba la
sus hombros de alabastro, y la dijo con
vista y poblaba el espíritu de seres disvoz que parecía una caricia:
formes.
sientes bien? ¿Te duele algo?
En el suelo, en medio de aquellos
¿E~tas contenta? ¡ Dímelo, hija mía!
cirios, en un ataúd blanco, vestida con
¿Tienes alguna pena, algún disgusto? A
el hábito de la Orden, yacía inerte, mulas mad~es se les debe decir todo, porda y rígida una joven hermosa: palidez
que nadie como ellas saben sacrificarse
violácea cubría su faz, que revelaba con
por el bienestar de sus hijos y nadie
elocuencia llena de horror las angustias
como ellas pueden consolarlos si supostreras. Sus labios entreabiertos, sefren.
cos y descoloridos, parecía que exhala- No tengo nada, ma~á, nada: si esban una queja ó murmuraban una 0ratoy triste no puedo remediarlo.
ción.
Y los ojos de la niña se humedecieJunto al féretro rezaban, llorando á
ron y en sus pestañas titilaron algunas
la vez, una señora anciana y una religotas de llanto.
giosa.
- ¿Lloras? ¡Tonta! ¡Si es que te quie¡Cuadro tristísimo aquel cuadro! ¡Esro mucho, y te veo triste y me aflige!
pantosa realidad la realidad de la
Dime por qué, y verás cómo yo lo arremuerte!
glo todo. Dios te manda no tener se¡Desdichada Lolita: desdichada niña
cretos para mí; y ttí, que eres buena,
caída en los brazos de la muerte despiano querrás que Dios te castigue.
dada y cruel, cuyas caricias espantables
Y cogiendo entre sus manos la rubia
y cuyos besos fríos habían helado la
cabecita de su hija, la acarició besándosangre en sus venas y apagado de un
la con transportes de amor infinito.
soplo la llama de su existencia!
Lolita se quedó pensativa: su pecho
Un año antes se la veía pasear por
virginal, cubierto por la fina camisa de
las solitarias galerías del convento, oculbatista, se alzaba en suaves ondulatando bajo la estameña del hábito las
ciones.
líneas armónicas de su cuerpo, las reDespués de un silencio embarazoso.
dondeces voluptuosas de su seno y de
miró á su madre de una manera fija y
sus hombros. La blanca toca formaba
resuelta y le dijo:
un marco de espuma inmaculada á su
- ¿Promete~ no enfadarte y hacer lo
rostro hermosísimo, y sus ojos, azules
que yo quiera?
como el cielo y como él profundos, te- Sí; pero explícate.
nían una expresión de vaguedad infini- Pues ... ¡que deseo ser monja!
ta, que podía ser lo mismo reveladora
Ante una manifestación de esta esde místicas abstracciones que de ensuepecie, la marquesa, aturdida y llena de
ños de virgen.
verdadero estupor, exclamó:
Ya no era la nifia: ya el botón de
- ¿Estás loca? ¡Monja! Nada, decirosa había abierto y mostraba su corola
didamente ttí has perdido la cabeza y
espléndida y aromaba el ambiente con
no sabes lo que te dices.
sus esencias: ya la Naturaleza, rotas las
- Sí, lo sé muy bien; deseo ser monligaduras con que la adolescencia la
Diploma
concedido
á
los
expositores
"premiados
en
la
Exposición
de
Industrias
artísticas,
ja, consagrarme á Dios.
sujetaba,
aparecía lozana, exuberante,
dibujo de J. L. Pellicer
- Pero, muchacha, ¿ignoras lo que
llena de atractivos y de gracias, con esa
eso significa? Encerrarse en un convenaureola luminosa y magnética que desto entre las cuatro paredes de una celda estrecha, re- ba en su tristeza sin que nadie consiguiera sacarla lumbra los ojos y arrastra los corazones. Tras las nanunciar al mundo ...
de ella.
turales metamorfosis había aparecido la mariposa con
- Lo sé todo, lo sé todo y lo deseo: conozco que
Las rosas de sus frescas mejillas iban desapare- sus alas de oro. .
la voluntad del Señor me lleva al claustro, y que ten- ciendo y su rostro poniéndose pálido como la cera.
Hermosa, con hermosura de ángel, era Lolita allá
go verdadera vocación. Antes de decidirme lo he
Los marqueses, alarmados, llamaron al médico, en los días de su niñez, esbozadas apenas sus perfecpensado mucho, mucho.
quien dijo que á todo trance era necesario que la en- ciones y apenas diseñadas sus bellezas; pero más her- Tú eres una niña alucinada, y no permitiremos fermita se fortaleciese, pues estaba muy débil, suma- mosa, con hermosura de diosa griega, era ahora, en
ese sacrificio del que quizás te arrepintieras después. mente débil; mas ella, antojadiza y terca, se resistió toda la fuerza de la juventud.
Cuando 11a comunidad se recogía, dichos los últimos rezos, ella, encerrada en su celda, después de
orar con fervorosa devoción arrodillada ante un crucifijo de talla, se despojaba del burdo sayal y se me·
tía entre las sábanas blanquísimas del lecho. Parecía
la púdica Venus saliendo de las espumas del mar.
Una noche hacía muchísimo frío: el viento azotaba los cristales de la ventana y la nieve blanqueba
los desnudos árboles del huerto. Lolita se acostó tiritando y se arropó bien: el helor de las sábanas Je
hizo estremecerse al sentir su contacto; pero el cuerpo juvenil templó pronto el lecho, y la hermosa monja comenzó á sentir un calorcillo suave y grato. Estaba sin moverse, quietecita; y así, dulcemente, en
aquella inmovilidad impuesta por el frío, empezó á
dormirse: sus párpados fueron entornándose, entornándose, hasta quedar por completo cerra.dos. Ese
crepúsculo espiritual que precede al sueño alumbró
con tenues resplandores por breves instantes su ser, y
Medalla de oro concedida á los expositores premiados con esta distinción en la Exposición de Industrias artísticas
quedó dormida.
de Barcelona, acuñada y vaciada por los Sres. Castells y Beristain
¡Cuántos misterios ocultan y guardan en sus senos
obscuros la noche y el silencio! ¿Por qué Lolita, ape- ¡Pero, mamá!..
á tomar los medicamentos y casi dejó de comer, pre- nas transcurrida una hora, principió á estremecerse
- Nada, nada: ¡no ha de ser!
textando desgana.
y á suspirar? ¿Por qué unas veces gemía, y otras, á
Y la marquesa salió del dormitorio dejando á la
Los padres ya no podían equivocarse; sabían la través de la sombra que envolvía la celda, se adivinaniña confusa y acongojada.
causa de todo. Una noche, después de discutir mu- ba una placentera. sonrisa en sus labios de grana?
Pasaron días y pasaron meses, y Lolita se abisma- cho, decidieron permitir á Lolita que entrara en un ¡Soñaba!.. ¿Y quién sabe lo que soñaba? ¿Quién des·

-p'e

NúMERO

LA

582

cifra un ensueño, que á. veces no es
más que un girón de niebla, á veces
el fugiti vo desfile de la linterna mágica, y á veces... á veces ¡tantas otras
cosas llenas de dicha ó de tristeza!
¡Arrullos de palomas, besos de ángeles, estremecimientos de placer, suspiros y quejas, soledad y frío!.. El
misterio es impenetrable: los ensueíios son las evaporaciones del espíritu, las ansias no cumplidas, las esperanzas deshechas, los amores sin
obieto. Los ensueños lo son todo y
no· son nada. ¡Infeliz del que sueña!
El desdichado en la realidad de la
vida, encuentra los goces y la. felicidad cuando duerme.
Al desp!'!rtar Lolita sintió su cuerpo desfallecido: un enervam iento
lánguido lo invadía; la cabeza le pesaba y le dolían las sienes: sus ojos
tenían expresión extraña de. melancolía asombradiza. Se salió del lecho
y abrió la ventana; el sol inundó la
celda; la nieve se había derretido á
los besos amorosos del padre del
día. La monja, medio desnuda, quedó junto á los cristales largo rato,
pensativa, mirando al huerto; después se vistió apresuradamente y fué
á reunirse con las otras religiosas
que ya en el coro entonaban cánticos al Señor.
Desde aquel día, triste siempre,
siempre con la hermosa. cabeza caída
sobre el pecho turgente como flor
marchita que se inclina sobre su tallo, parecía un alma desterrada de su
patria y que, en tierra extraña, no
encuentra la alegría y la felicidad.
En el oratorio, al pie de una imagen
de la Virgen, con frecuencia se la
veía rezando y gimiendo: sus labios
SEPELIO DE
murmuraban oraciones, las lágrimas
corrían por su mustia y dolorida faz,
y su pecho se alzaba henchido de sollozos que esta•
liaban en su garganta produciendo un sonido ltlgubre,
como de música funeral. 1
Triste y enferma, abrasada por la fiebre, poblada
el alma de vagos terrores, rebosando amargura su corazón, pasó aquellos meses eternos con la eternidad
del dolor, hasta que una mañana de mayo, cuando

1 27

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nía, y sus ojos ya sin luz, vidriados
por la muerte, se cerraban para siempre, y su cuerpo, después de estremecerse por última vez, se quedaba
inmóvil y yerto.
¡Contrastes de la Naturaleza, que
en el alma dejáis regueros de sombra y en el rostro surcos de llanto,
cuán hondos abismos encerráis en
vuestros senos obscuros! ¡Sencilla y
triste historia de la infeliz Lolita,
cuán amarga enseñanza guardas!
¡Sueños que matan, sí: de esos fué
aquel sueño de la pobre monja; y
noche de horrores aquella noche siniestra en que el viento azotaba con
furia los cristales de la ventana de la
estrecha celda y la nieve cubría de
blanco sudario los desnudos árboles
del huerto!
JosÉ DE Rou1rn
.........,......., ....,....•......, ...........,.,....................,.........,......,.....
EN LAS MEJILLAS
La verdad, que algunas Yeccs parece que el mesmo deseo de uno
arregla las cosas.
Aún no hace media hora hallábame yo en el cuartel sentao á la puerta del cuarto de banderas pensando
en aquella gracia y aquella sandunga
que por todos lados tiene el cachillo de cielo, que porque las cosas andan del revés está sirviendo al teniente Pando y á la remilgaa de su
esposa, cuando he aquí que en el
propio momento en que yo pensaba
de qué manera podría lograr el placer de volverla á ver y de quedarme
extático oyendo la música de sus palabras, asoma. los bigotes el mesmísimo señor coroné, y con aquella voz
MR. JAMES G. llLAlNE EN EL CEMENTERIO UE OAK l·IILL (\\'1\SIIINGTON)
qur. parece la de un hombre que está metía en una tenaja me dice:
la aurora brillaba en el cielo y las flores entreabrían
- ¡Oiga usted, Requena!..
sus cálices perfumados, y la vida latía en todas par- A la orden de V. S., mi coroné, le digo yo levantes, y el aire cargado de aromas penetraba por la tando la mano hasta la altura de la frente.
abierta ventana, y todo renacía y todo se mostraba
- ¿Ha visto usted al cabo Sarmiento?
alegre y risueño, como si la Naturaleza hubiera sido
- Sí que le he visto, mi coroné; por cierto que al
siempre joven y bella, Lolita, presa de crueles ansias probe le han salío tres flemones que le tienen un
y ele angustias tremendas, luchaba en una larga ago- lado de la cara de la mesma figura y tamaño de una

'

MR. JAMl!S G. llLAINE, SECRETARIO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, EN SU LECHO DE MUERTE

�¡orRA MARGARITA!,

cuadro de Joaquín Sorolla, premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

EXVOTO,

cuadro de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

1892

1892

ofA FELIZ,

cuadro de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

EL SOMBRERO DE TRES PICOS,

18g2

cuadro de José Carbonero. Exposición internacional de Bellas Artes de
(De fotografía de Nicolás Capdevilla)

1892

�130

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

582
N úMERO

.,,

sandía regular, y se ha ido á que le vea el faculta·
tivo.
- Siendo así, usted se encargará de hacer lo que
iba á mandarle.
- Sí, señor, mi coroné.
- ¿Sabe usted dónde vive el teniente Pando?
- ¡Y cómo si lo sé, mi coroné!, dije yo con tanta
alegría como aquel á quien le entregan la absoluta;
Huertas, no sé qué número, pero conozgo prefetamente la casa. Es una asina de pequeñuela, con sólo
dos barcones y un hojalatero al lado y una verdulera
enfrente y una confituría mas arriba y un zapatero remendón á. la puerta...
- Bueno, me atajó el coroné: va á llegarse usted
en seguida y á decir al teniente que tengo que hablarle.
- Está muy bien, mi coroné.
- Qué es un asunto del servicio.
- Está muy retebién, mi coroné.
- Que venga al instante.
- Está prefetísimamente bien, mi coroné.
Y caléme la gorra, enciendo un cigarrillo de los de
á veinte la cajilla y me pongo en camino de la casa
del teniente Pando.
Y ahora digo yo: vamos á ver, Francisco Requena,
soldao de la cuarta del primero y ordenanza de banderas por enfermedad de Juanillo Moro, ya que se
han cumplido tus deseos, ¿qué vas á decir á esa güena moza, cuando después de haber llamao á su puerta te la abre de par en par como si fueses cualsiquier
presonaje?
Pues ahí tienes una cosa de que yo no sé ni pizca.
Quizá me quedaré alelao mirando aquella gloria de
cuerpo; quizá me dejarán mudo aquellos ojos grandones, luceros del cielo de su cara; quizá se me irá
el santo arriba y me pondré arrodillao delante de
ella de igualita manera que si fuese una virgen colocada en su altar...
¿Y estará esto bien, soldao Requena, de la cuarta
del primero? ¡Qué ha de estar, hombre, qué ha de
estar!
Se reirá de ti y con sobrada razón; que no son del
gusto de las mujeres los hombres miedosos que se
quedan callaos y como acobardaos delante de ellas,
sino aquellos otros que, cual convencidos de su propio valer, se les acercan, como verbo y gracias se
acercarían á Mariquilla el cabo Sarmiento ó el sargento ~arquez, si la suerte habría querido que fuese
cualsiquiera de ellos y no tú quien de la moza se
enamorara.
Y ¿cómo harían ellos, voto al chápiro verde, soldao Requena? ¡Pues mira que si han hecho cuanto
ellos cuentan, poco tiene que adivinar! Súpitamente y á seguida que la puerta les fuese abierta echarían con la valentía del mundo los brazos al cuello
de la muchacha; daríanle dos ó tres besos, y de esa
manera tendrían explicao si no todo la mitad de lo
que por ella sentían; porque verdaderamente, ¿qué
mejor manera de manifestar el querer que tiene uno
que un buen abrazo, fuerte hasta hacer P,erder el respiro, y dos ó tres besos que parezca que se quieren
meter dentro de los carrillos de puro apretaos?
Paréceme á mí que naide que odiase á otro sería
capaz de besarlo y estrecharlo de tal manera si no es
ya que era otro Ju das como aquel que le salió á
Nuestro Señor; y siendo asina y siendo los besos y
abrazos cosas tan buenas como que los padres se los
dan á sus hijos y los hijos á sus padres, ¿qué mejor
explicación, repito, de un cariño grande, grande como
es el mío, que dos besos muy apretaos y dos abrazos
más apretaos entavía?
Verdaderamente que ninguna, y tonto seras soldao
Requena, de la cuarta del primero, si no obrases como en tu lugar obrarían ellos. ¿Por ventura no eres
tú de la mesma madera que el cabo Sarmiento y el
sargento Márquez? ¿Es que te falta el valor necesario?
De verdad que no, y aunque te faltase podrías remediarlo tomando un par de copas de lo fuerte que,
al par que te entonasen el estógamo, te diesen fuerzas
para llevar á feliz término tu empresa .. .
Y así pensando Francisco Requena, soldado de la
cuarta del primero y ordenanza de banderas por enfermedad de Juanete Moro, siguió el camino hasta
llegar á casa del teniente Pando.
Forzosamente y á pesar del valor que tan sin modestia en su monólogo se concedía (¡y quién sabe si
sólo para entonar el estógamo!), hubo el soldado de
hacer parada ó estación en una ó mas tabernas donde á trueque de los cuarenta céntimos que por lamañana tenía, según me aseguró un compañero, le dieran algunas copas de ese Ucor infame que por aguardiente se expende; pues es lo cierto que cuando
Francisco Requena, subidas las escaleras de aquella
casa de la calle de las Huertas, cuyo número ignoraba, pero cuya topografía conocfa"tan bien, sonada !:J.
camp:rnilla y abierta la puerta, haciendo lo que en su

caso se figuraba habrían hecho el sargento Márquez
y el cabo Sarmiento, se precipitó sobre quien le abría
y le plantó dos besos, no conoció que era el mismísimo teniente quien los recibía.
Si no, ni se habría llevado las dos fenomenales bofetadas que con mano callosa y dura (que así las tenía Pando) le aplicaron en premio de sus caricias, ni
habría tenido que pasar cerca de dos meses en el calabozo llorando su atrevimiento, ni finalmente hubiese gastado tanta saliva en vano, repitiendo para disminuir su falta que «los besos y los abrazos no son
cosas tan malas cuando los padres se los dan á sus
hijos y los hijos á sus padres como prueba del amor
verdadero que se tienen. »
J osÉ FERNÁNDEZ AMADOR DE LOS Ríos

La Virgen negra, cuadro de Pablo Quinsac. Hay ciertos asuntos, tanto más dif1cilcs de tratar hoy, cuanto
que casi todos los pintores los han representado conformándose
á la misma tradición; verdad es que muchos, contentándose con
esta tradición, nos han legado obras maestras. Sin embargo,
no puede censurarse que un artista rompa con ella ó ensanche
por lo menos el reducido circulo de las interpretaciones y reproduzca con talento un tipo que habla mejor á su imaginación
que todos los admitidos por sus predecesores. Basándose en un
texto evidentemente simbólico del Cantar de los Cantares: Negra mm, sed formosa, Quinsac comprende á la Virgen María
tostada por el sol ele Palestina y vestida como todavía se visten las mujeres de aquel pafs legendario. En este cuadro, expuesto en el Salón del año pasado, el pintor ha roto con la tra·
nición, y aunque no se participe en absoluto de su opinión,
fuerza es convenir en que su obra demuestra profundos conoci·
mientas en el dibujo y en el colorido.

•

* *
San Sebastián, cuadro de J. A. Razzi, llamado «el Sodoma». - El renombrado autor de este busto que
se conserva en la interesantfsima Galerfa degli Uffizi de Florencia, ha representadó al santo mártir cual verdadero tipo
ele la florida juventud, con mórbida y lozana encarnación, ondulante y larga cabellera y magnificas lineamientos. Traspasa
su cuello una flecha, cuya herida le produce los espasmos de la
agonfa; de los abiertos ojos del mártir brotan ardientes lágrimas· la boca aparece abierta como si lanzara un ¡ay! causado
por ~l dolor fisico; pe!~ una fe inmensa l? reprime y exalta al
santo joven, el cual clmge su nmada al cielo, donde espera la
palma del martirio. Es una cabeza sublime.
«El Sodoma,» que nació en Vercelli en 1479 y murió en 1554,
hizo algunas pinturas en el Vaticano en tiempo de Julio II,
pinturas que se borraron por no haber satisfecho á este pontHice,
lo cual no obstó para que en su tiempo adquiriese bastante
renombre como pintor religioso, renombre merecido en verdad,
como lo prueba la cabeza que reproducimos en nuestro grabado, una flagelación ele Cristo, que algunos prefieren á las figuras
ele Miguel Angel, y otras varias obras.

• •*
Diploma concedido á los expositores premiados en la Exposición de Industrias artísticas
de Barcelona,· dibujo de J . L. Pellicer. -Tratándo-

Hasta ahora las medallas otorgadas como prenuo en las exposiciones y certámenes distinguíanse t'mica y exclusivamente por
la belleza de su alegórica composición ó por la habilidad del
artffice que había g rabado los troqueles; pero nadie había parado mientes que podía ser al propio tiempo, en lo que respecta
á nuestra patria, una manifestación genuina de la industria española. Esta que pudiéramos titular omisión la ha subsanado
con laudable acierto la Junta organizadora de la Exposición de
Industrias artísticas, acordando que las medallas concedidas á
los expositores premiados ostenten sobre el ·am·erso un precioso
nielado, ejecutado por el Sr. Beristain sobre el bronce, ya en
oro ó plata, según haya siclo la recompensa otorgada.
La que reproducimos representa la medalla ele oro, ósea la
de primera clase, c?ncecli?a á los editores Sres. Montaner y
Simón por la bella 1mpres1ón ele las numerosas obras q ue ex·
pusieron, que constituyen el extenso catálogo ele la casa editorial.

** •
Sepelio de Mr. Blaine en el cementerio de
Oak Hill (Wáshington).-Mr. James Blaine en el
lecho de muerte. - Oportunamente dimos cuenta en una
de nuestras anteriores Miscelá11eas del fallecimiento de Mr. Blai •
ne, secretario de Estado de los Estados U nidos de América y

131

L A I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

*
* *
¡Otra Margarita!. - Exvoto. - Día feliz, cua dros de Joaquín Sorolla. Exposición internacional de
Bella;; Artes de 1892 (de fotografías de Nicolás Capdevilla).
- Sorolla pertenece al número de artistas que deben cuanto son á sus propios méritos. Huérfano en edad temprana, no
pudo contar con el apoyo de su padre y con los alientos que
pudiera prestarle el maternal cariño. Sólo á costa ele abnegación, laboriosidad y firmeza ha podido Sorolla avanzar en la
dificil y espinosa senda que emprendiera, logrando por fin \'er
paulatinamente recompensados sus afanes. Su primer triunfo
obtúvolo en Valencia, cuando apenas contaba diez y seis años,
por las tres marinas que presentó en la Exposición celebrada el
año 1881. A éste siguió el obtenido en la Exposición de 1884
por su gran lienzo inspirado en la jornada del dos ele mayo, titulado Defensa 'del Parque, y el que alcanzó seguidamente en
b de 1887 por su Entierro de Cristo. En la de 1892 ha merecido la primera medalla de oro, por voto unánime del Jurado,
por su cuadro ¡ Otra llfargarita!, que representa una escena
conmovedora y admirablemente sentida. Ex-voto, inspirado en
un acto ele fe, delicadamente expresado, y Día feliz, que representa una de las más puras afecciones de la familia, desarrollada en el modt:sto hogar, en la modesta cabaña del abuel0, po•
nen de manifiesto en el artista valenciano las notables cualicla·
des y delicadisimos sentimientos que enaltecen al artista que tal
clase ele obras produce y revelan al hombre que busca su inspiración en Jo más grande, en lo más intimo que nos rodea, el
hogar y los dulces goces ele la familia.

*
* *
El sombrero de tres ~icos, cuadro de José
Moreno Carbonero. Exposición internacional de Bellas

Artes ele 1892 (de fotografía de Nicolás Capclevilla). - El nom•
bre ele Moreno Carbonero significa una de las personalidades
artisticas más completas de nuestra época y una de las más
justificadas glorias del arte español contemporáneo.
Como pintor de historia pregonan su indiscutible valía: El
se de una Exposición ele Industrias artísticas, lógico era que el
diploma que se concediera á los expositores premiados fuese Príncipe de Via11a, La co11versió11 del duque df. Caudla, La m·
una gallarda manifestación artístico·inclustrial. Y preciso es con· frada de Roger de Flor m Co11sta11ti11opla, los cuales cuadros han
fesar que á nadie podfa confiarse su proyecto mejor que á nues· sido premiados todos en diversas exposiciones, figurando el se•
tro querido amigo el eximio artista D. J. L. Pellicer, quien ha gundo en el Museo nacional de Pinturas y el último en el salón
logrado dar á esa obra un carácter especialísimo que se ajusta de conferencias del Senado.
En la pintura de genio ha logrado también singularizarse
por completo á la índole de la Exposición, cabiendo aplauso á
los Sres. Sucesores de Narciso Ramírez por su inteligente inter- creando verdaderas maravillas, como lo son indiscutiblemente
pretación, ya que resulta una bella fototipia que nada tiene que los varios cuadros de caballete inspirados en escenas del Qui¡ir
envidiará los grabados de este género ejecutados en el extran· te y del Gil Bias de Sa11tilla11a, La z1enta del sevillano, y el
sombrero de tres picos, obra primorosa y magistralmente concejero.
bida y ejecutada, motivada por la lectura de la novela que lleva
el mismo título, original del insigne Alarcón.
*
* •
Moreno Carbonero figura dignamente en la primera fila de
Medalla de oro concedida á los expositores los artistas españoles, y como maestro en el arte que cultiva,
premiados con esta distinción en la l!lxposición merece respeto y consideración.

de I ndustrias artísticas de Barcelona, acuñada
y nielada por los Sres. Castells y. Beristain. -

582

uno ele los hombres que más han influído en la política ele la
gran República norteamericana en los últimos quince años. Como todos los graneles hombres que defienden ideas extremas,
contaba con partidarios entusiastas y adversarios decididos; pe•
ro el número de aquéllos era infinitamente superior al de éstos,
y aun los que combatían al hombre público admiraban su talento, respetaban sus convicciones y se sentían atrafclos por las relevantes cualidades del carácter de aquel político que tantos
servicios prestó á su patria y cuyo nombre ocupará un puesto
glorioso en la historia del pueblo americano.
Las simpatlas de que gozaba Mr. Blaine se demostraron elocuentemente con motivo de su entierro, al cual concurrieron el
presidente de la República, tocio el gabinete, los magistrados
del Tribunal Supremo, los altos empleados del Congreso y todo el cuerpo diplomático y que presenció una muititud inmensa, representación de todas las clases !sociales, que se agolpaba
en las calles ele Wáshington para contemplar el paso de la fúnebre comitiva.
F ormaban parte ele ésta los individuos de la familia ele míster Blaine, excepción hecha ele su viuda, que abatida por el
terrible golpe sufrido con la pérdida del esposo, no pudo abandonar su casa. Las coronas y ramos de flores enviadas por los
amigos y admiradores del difunto fueron tantas que hubo necesidad ele colocarlas en cinco carruajes.
Llegada la comitiva al cementerio de Oak Hill, el ataúd fué
conducido hasta la sepultura en donde el Dr. Hamilton, rodeado de los individuos de la familia y ele las personas más notables que formaban el duelo, pronunció las preces mortuorias,
terminadas las cuales se retiraron todos los circunstantes, excepto el hijo mayor ele Blaine, que permaneció junto á la fosa
hasta que la t'iltima paletada de tierra hubo caído sobre el ataúd
que encerraba los restos de su padre.
Mientras se verificaba el entierro se suspendió todo trabajo
en las oficinas públicas de la capital y simultáneamente con la
ceremonia ele Wáshington celebráronse solemnes funerales en
Angusta (estado de lllaine), ciudad en dando comenzó lllaine su
carrera política.

** •
'7:ista general de Vigo (ele fotografía de J. Prieto.
- Ciudad ele fortuna, como dice un ilustre escritor, heredera
de la vetusta Bayona, ni tiene historia ni puede evocar recuer•
dos ele prosperidad ó desgracia. Asentada en empinada loma al
pie &lt;le la cual rompen suavemente las olas, rodeada de fluidos
jardines, hállase orgullosa con su situación y su riqueza, entre•
gándose afanosa al tráfico que la engranclect:. Vigo ofrece el
aspecto de esas nuevas poblaciones, surgidas por ensalmo, sin
?arse _ele ello cuenta, cuya vida, cuya existencia cuesta á otra
mmediata la muerte. No cuenta monumentos, no tiene todavfa
historia, hállase en el floreciente período de su formación; pero
a~m ~sí, es ya una ele las poblaciones más importantes ele G~lic1a, Justamente cm:anecida, pues debe su grandeza á la !abono·
siclad ele sus hijos.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, adoptado en los Hospllalcs de Paris y que prescriben los
mcdlcos, contra la Anemia, Clorosis y Dabilidad; dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se des(a. Es el mejor de todos los tón'cos
y reconstituyentes. No produce estreiiimienlo, ni diarrea, teniendo ademas la superioridad sobre todos los
ferruginosos de no fatigar nunca el cstómai:o.

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: . . ~ ~~ -.~-=·~;.:-·-:;=.-= ~

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--~-=--"~::::--~

- Señorita, elijo, me contrista mucho turbar tan hermosa fiesta

CARGO DE CONCIENCIA.
POR JUANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE A. MORE.\U
(CONTINUACIÓN)

- ¡Mire usted, Marta, cómo nos quieren en el país! Lo cierto es que pueden
hacernos esta justicia, pues nuestras dos familias han aliviado muchas miserias...
Esta nueva inquietud tuvo al menos un lado bueno: desde algunas semanas,
Marta se preguntaba cómo podría dominarse en el momento supremo, pues á
la luz de su pasión había descubierto en lo mas recóndito de su alma impul,os
violentos, propensión á los celos feroces y casi un sentimiento de odio, cosas
que la infundían miedo al par que vergüenza. Parecíale ser una abominable hipócrita cuando se elogiaba ante ella su abnegación y su bon~ad, su olvido absoluto de sí misma. Su cariño á Edmunda, que aún predommaba á pesar de
todo, cedía en momentos dados bajo el impulso de un espíritu de rebelión, de
un sentimiento casi de odio, así como en aquel famoso jueves, mientras la tempestad se preparaba, el aire abrasador agitábase de repe~te bajo el soplo de una
ráfaga de viento helado. Y también algunas veces su pasión por Roberto asemejábase mucho á la aversión; pero había conseguido ocultar todo esto bajo una
especie de indiferencia apática. ¿Le sería posible h~cerlo hasta ~l fm?..,
Y ahora pensaba en aquella singular malevolencia de la multitud mas que en
sus propias angustias, pareciéndole qué aún_debería proteger, dar P:uebas de
valor y de firmeza. A esta especie de llamamiento hab1a contestado siempre, y
contestó de nuevo· lo que en ella había de verdaderamente noble se anteponía
,
'
a todo, y lo conservó en adelante.
E l cortejo se formó á la puerta de la pequeñ~ iglesia. Ed~unda no era un~
casada pálida, temblorosa y confusa; estaba radiante de alegna, y ésta com~ntcaba á su belleza un encanto extraordinario. E l marqués, con la cabeza erguida,
se adelantó para ofrecerle el brazo, y antes de entrar ~n la iglesia volvióse y
dirigió una mirada á la multitud que se agolpaba en actitud, al parecer, mucho

menos hostil. La belleza es una soberanía ante la cual todos se inclinan como
por in~tinto, y jamas ninguno de aquellos campesinos había visto una joven tan
mara~1llosamente hermosa como aquel!~ casada rubia, de ojos casi negros, con
su traJe_ blanco de seda, su gran velo diafano cubriéndola en parte y los labios
entreabiertos por una sonrisa. Aquella visión influyó mas que la mirada altiva
del marqués.
Marta, q_ue habí~ querido servir de madrina á. su hermana, estaba envejecida,
p_ero la palidez de su rostro le sentaba bien; las damas de honor de la novia, luciendo todas ellas vestidos de color de rosa claro, formaban un pequeño batallón encantador, que se agrupó en la iglesia alrededor de la casada.
Fué la ceremonia tan breve como sencilla, y las pocas palabras pronunciadas
por el cura, que estaba muy conmovido, salieron del corazón y al corazón fueron.
Todos los _que habían conseg~id? entrar en la iglesia quedaron conquistados;
Mart~ lo v1ó, y sobre todo lo smttó, ella, que no se había tranquilizado ni un
solo mstante, que hasta el fin de la misa temió, sin saber por qué, algo amenazador y vag_o que esta~a en el aire hacía largo tiempo y que había entrevisto
aquella manana por pnmera vez.
_Algunas h?ras mas y Roberto se habría marchado ya con su esposa; estaría
leJos de las ~Iles habladurías y de las acusaciones infames, que cesarían al fin,
para ser olvidadas del modo como se olvida, es decir, muy pronto y completamente.
Y este deseo de ver á ~obert? en seguridad, fuera de alcance, era tan po·
deroso en Ma~ta, gue olvidó casi su dolor, sin fijarse en que aquel casamiento se había ven_fi ado ante ella, y e~ que Roberto y Edmunda cambiaban palabras que los unman para toda la vida, hasta la muerte. Sufrió menos aún de Jo

7

�132

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

582
NúMERO

que había sufrido muchas veces al ver cruzarse entre los dos una mirada, ó notar la presión demasiado prolongada de una mano en otra ..
Edmunda salió de la iglesia cogida del brazo de su esposo, radiante como la
alegría misma, sonriendo á todos, saludando á derecha é izquierda como una
pequeña reina; y los semblantes de las personas que la miraban no tenían ya
su expresión burlona y maligna. Una madre que llevaba un hermoso nii10 en
brazos rozó la falda de seda de la recién casada; y al volverse Edmunda, la criatura alargó hacia ella sus bracitos.
- ¡A ti te quiero dar un beso, dijo la joven; tú me traerás buena suerte!
Un ligero murmullo acogió aquella graciosa caricia, y en aquel momento Edmunda tuvo á su favor todas las madres. El regreso al castillo se efectuó sin el
menor incidente y en medio de las risas y conversaciones de toda la juventud,
que estaba de fiesta.
Marta respiró, pareciéndole que la batalla estaba ganada.
En el campo, la gente no se contenta con un simple refresco y una recepción,
en que las personas pasan dejándose ver y se van. Muchos invitados habían venido desde lejos, y no se podía despedirles sin satisfacer su apetito, bastante
bueno, gracias al aire del mar. El comedor monumental, la sala de guardias de
los antiguos castellanos, que rara vez servía á. los propietarios actuales, habíase
abierto y adornado para el, objeto, y en ella veíase una enorme mesa con cincuenta cubiertos, resplandeciente de vajilla antigua, de cristales y de flores. Sin
embargo, ni aquella mesa tan bien serv.ida, ni las mujeres engalanadas, ni aun
el gran fuego de leña que ardía en dos vastas chimeneas en las extremidades de
la habitación, bastaron para alegrarla. Un poco de esa humedad propia de los
aposentos deshabitados y la falta de buena luz producían una impresión de
vaga tristeza. Hasta las risas de las jóvenes tenían como una nota falsa en la
inmensidad de aquel lúgubre salón.
Sin embargo, la comida se prolongaba... y Marta, en su calidad de ama de
casa, veíase obligada á sonreir y hacer lo mejor posible los honores de su mesa;
mas á. medida que el tiempo pasaba era más angustioso su pesar. Los recién casados, uno junto á otro, hablaban casi siempre á media voz; Edmunda, un poco
más pálida que de costumbre, sonreía no obstante y parecía feliz; y en cuanto
á Roberto, no veía ni oía más que á ella...
Los convidados se marcharon al fin; los coches llegaban uno tras otro hasta
la gradería; las palabras de despedida y las felicitaciones producían un rumor
menos ruidoso á cada momento; Edmunda se había escapado para ponerse un
vestido de viaje, y dentro de un cuarto de hora todo habría concluído...
Marta acababa de despedirse del marqués, dándole de nuevo gracias con la
mayor efusión. El noble caballero la miró antes de subir al coche, y díjole:
- Prométame usted, hija mía, que se cuidará y descansará, pues le aseguro
que bien lo necesita.
- Sí.. , ahora podré ya descansar...
Y su sonrisa era tan triste, que el buen anciano la atrajo bruscamente á sí y
besó sus mejillas.
- Ya sabe usted, amiguita mía, añadió, que si alguna vez me necesita estoy
y estaré siempre á su disposición.
'
Marta dió gracias con un movimiento de cabeza y sin atreverse á decir una
palabra por temor de descubrirse. Nadie quedaba ya en el salón más que la señora de Anee! y la tía Aurelia, y por lo tanto podría ausentarse un momento
para reponerse un poco antes de la marcha de los recién casados; pero en aquel
instante detúvola un criado.
- Señorita, dijo, un caballero desea ver al señor barón de Anee!, y no sé dónde encontrarle.
- Debe haber subido al cuarto azul, donde he mandado que dejaran su ma!eta. Avísele usted.
Después, pensando que quizás un amigo de Roberto que había lleaado tarde
para asistirá la boda venía á felicitarle, dirigióse al pequeño salón donde acababan de introducirle.
En aquel instante Roberto apareció en lo alto de la escalera.
- Mi cuñado baja ahora mismo, caballero, dijo 11arta al recién venido.
Desde luego le llamó la atención cierta rigidez en la actitud del joven que tenía ante sí y que se inclinaba respetuosamente, y sin saber por qué, tuvo miedo.
Roberto entró en aquel instante, precipitadamente, como deseoso de concluir
pronto, y creyendo, ~n ~fecto, que el visitante era algún conocido suyo; mas al
ver un extraño, sonnó ligeramente.
- Dispense usted, caballero, dijo; tal vez no sepa que acabo de casarme y
que dentro de pocos minutos debo partir con mi esposa...
Roberto había dicho «mi esposa» con cierta alegre petulancia; l\farta se estremeció involuntariamente, y el extranjero tomó una actitud severa.
- Dispense usted, caballero, repuso; ya lo sé, y he venido yo mismo p:na...
para hacerle algunas preguntas... á fin de evitar un escándalo.
- ¿Cómo un escándalo?
Marta se había acercado pálida y ansiosa; todo lo comprendió al punto; la
tempestad estallaba al fin.
Por toda contestación, el joven sacó de su bolsillo un objeto cuidadosamente
envuelto en un papel, y retirando éste, enseñó un pequeño revólver, una verda&lt;lera alhaja, pero enmohecido ya y estropeado.
-¿Reconoce usted esto?, preguntó.
. Roberto tomó el arma, examinóla, y contestó después con la mayor naturalidad:
- ¡Y~ 1~ ~r~o! Es un revólver que mi madre me regaló, y hasta hizo grabar
en él mis 1111c1ales, según puede usted ver. ¿Cómo es que se halla en sus manos,
caballero, y en tan lastimoso estado?
- Este ~evólver fué encontrado en un bosque cerca de la «Fuente de Virgnia,»
Y me h~ sido presentado por un. tal Isidoro Benoist, á quien se lo entregó un
campesmo, y se halla en este lastimoso estado porque desde el 20 de julio últi11:1~ estuvo oculto en una espesura entre la hiedra que cubre el terreno en aquel
s1t10. &lt;;:orno los ~rbustos estaban medio despojados de hoja, el aldeano Yió por
casualidad relucir el metal. El sitio de que hablo está. cerca de la bifurcación de
los dos senderos donde se encontró al capitán Bertrand.
- He aquí una cosa singular. ¿Quién ha podido robarme mi revólver? No
comprendo nada.
Roberto estaba tan_ sincer~ment: perplejo y tan distante de sospechar la verdad, que el desconoc1do se 1m~ac1entó un poco.
- En efecto, caballer~, replicó, al parecer no comprende usted que soy el
procurador de la República, y que vengo á. prenderle como acusado de asesinato.

Roberto miró á. su interlocutor, mudo de asombro.
- ¡Pero eso que dice usted es una insensatez!, exclamó.
- ¿Conque no sabe usted que hace más de un mes, desde que se desposó con
la señorita Levasseur, se le acusa en todo el país de haberse desembarazado de
un rival peligroso?
- ¡Ah!.. ¿Conque era eso?.. ¡Veamos, caballero, usted que es de nuestra sociedad y hombre de buena educación, debe comprender que esto es imposible, que
eso no se sostiene, que no hay en el mundo jurado bastante estúpido para creer
que yo, Roberto de Anee!, haya ido á ocultarme en un bosque con el objeto de
disparar traidoramente un tiro á un jo\'en á quien podía provocar lealmente en
duelo!
.
- El jurado podría contestar que el capitán era un antagonista temible; que
sus duelos tenían fama de ser muy desgraciados para los demás; que usted estaba loco de amor, y que los locos no saben bien lo que se hacen.
- Sí; pero usted que es hombre de honor, contestaría que no es posible. No
negaré, sin embargo, que tuve una discusión con Bertrand.
- Sí, en la cual le amenazó usted; desgraciadamente, el diálogo fué oído.
- Provoqué al capitán y quedamos en que yo iría• á fines de la semana á
TrouYille, donde encontraríamos un pretexto cualquiera para batirnos, á fin de
no mezclar el nombre de la señorita Levasseur en todo este asunto. Esta es la
verdad.
- A fe mía, caballero, que mi único deseo es outener una prueba de su inocencia, en la cual estoy dispuesto á. creer desde ahora, á fin de permitirle que se
vaya. ¿Dónde estuvo usted el jueYes, día en que la señorita de Lernsseur, según
parece, le esperaba en casa de unas amigas?
-¿Dónde estaba?, replicó Roberto visiblemente turbado. No puedo decírselo.
- Es muy sensible, replicó el procurador con sequedad.
Marta se adelantó entonces y puso la mano sobre el brazo de Roberto. Este
ligero ademán, dulce aunque poderoso, era el ademán de una mujer que amaba, y al procurador le llamó mucho la atención.
- Lo que mi cuñado no puede decir á usted, caballero, yo se lo din:. En el
momento mismo en que el capitán Bertrand debió ser asesinado, Roberto y yo
hablábamos en el fondo del parque. Yo le había dado una cita, porque necesitaba decirle cosas graves.
Mientras decía esto, Marta miraba al procurador, y conYencióse de que no la
creía.
Sin embargo, con el tono m,Ís respetuoso preguntó:
- ¿No la vió á. usted nadie, señorita, en el fondo del parque?
- Nadie, al menos que yo sepa. En la torre que habito hay una puertecilla
que da al campo, y de la cual me sirvo yo sola, pues los criados tienen pocas
ocasiones de pasar por allí.
- Dispénseme usted, señorita, si la ofendo... ; pero debo advertir que el señor
de Anee! es amigo de usted desde la infancia, y hasta se dice en el país que se
trataba de casar á ustedes. Hoy es su cuñado, y bien conocida es la ternura con
que ama usted á su hermana. Por lo mismo debe comprender que en tales circunstancias el testimonio de usted necesita confirmación; y he aquí por qué me
veo precisado á pedir una prueba, por ligera que sea...
En aquel momento oyóse la voz vibrante y alegre de Edmunda que gritaba:
«¡Roberto, Roberto!»
Los tres se miraron consternados al pemar que aquella alegría iba á. con\'crtirse en desesperación. Edmunda, preparada ya para el viaje y luciendo un gracioso vestido azul obscuro, entró en l:t habitación precipitadamente, aboton:índose los guantes.
- Vamos, señor esposo, exclamó. ¿Está bien que sea yo quien te busque?
Diríase que soy yo quien se te lleva de aquí. ¿Te parece que tengo bastante aspecto de señora con esta pequeña capota?
Pero de repente, en aquel salón obscuro Edmunda divisó al procurador.
- Ya me han dicho, añadió, que había llegado un amigo tuyo cuando estaba
conclufda la fiesta; pero las felicitaciones son siempre oportunas.
Edmunda se interrumpió súbitamente en su rápida charla, algo nerviosa, y
por instinto refugióse junto á. su esposo, que la rodeó con sus brazos. Ya no
buscaba protección junto á su hermana.
- Aquí ha pasado algo, dijo entonces. ¿Qué ha sido? Tengo derecho de saberlo, pues ya no soy una niña...
El procurador se adelantó de modo que ocultaba en parte á la hermana
mayor.
- Señorita, dijo, me contrista mucho turbar así tan hermosa fiesta; pero ha
sido indispensable hacer algunas preguntas al Sr. de .\ncel con motivo del
asesinato cometido en el mes de julio último.
- ¡Ah! ¡No es más que eso!.. , exclamó Edmunda, reponiéndose de un vago
terror. ¿Se ha encontrado al asesino? ¡Qué felicidad!.. Me inspiran horror esos
crímenes misteriosos en que no se conoce al culpable. Pues bien: supongo que
Roberto ha contestado. ¡Vámonos; el coche nos espera, y no es cosa de que perdamos el tren!
- ¿Quiere usted permitirme interrogarla un momento á su vez?, preguntó el
procurador.
- Ciertamente, pero le prevengo á usted que no tengo gran cosa que decir.
- ¿Esperaba usted al Sr. de Anee! aquel día en casa de sus amigas las señoritas de Robinsón?
- Sí, y por cierto que nos dejó plantadas.
- ¿Y no acompañó á usted su hermana?
- No; la pobre Marta tenía una jaqueca atroz, y yo la dejé en su otomana,
bien abrigada. Al regresar la encontré en el mismo sitio y díjome que había
dormido.
-¿No cree usted que haya salido durante aquel tiempo?
- ¡Seguramente que no! Apenas podía levantar la cabeza, y cuando padece
alguna de esas jaquecas no se mueve nunca.
- Sin embargo, dijo Marta con voz débil, bajé al parque.
- ¡Toma! ¿Y por qué no me lo dijiste?
- No pensé en ello, balbuceó la infeliz.
De nuern Edmunda miró á unos y á otros, y sobrecogida nuevament&lt;.: de
terror, comenzó á. temblar. Después casi en voz baja dijo á su esposo:
- Dime, Roberto ... ¿qué sucede aquí? ¿Por qué no nos vamos? Estamos casados ya, hemos de hacer el \'iaje de boda, é iremos al país donde el sol calienta
todavía. Aquí tengo frío .. , mira cómo tiemblo.
1
Roberto trató de sonreir no veía en el mundo nada más que aquel lindo ros-

582

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1 33

ver á un abogado, el que me aconseje un antiguo amigo mío muy entendido en
la materia, y después obtendré, de los magistrados el permiso para que la señora
de Anee! y Edmunda puedan visitar al preso... ¿Quedaría usted satisfecha de mí
con esto?
- Sí; y gracias, mil gracias; pero sobre todo, que se hagan todas las pesquisas posibles para descubrir al culpable. Imítil me parece añadir que no habrá sacrificio alguno que no hagamos ...
- Esto, querida Marta, es asunto del tribunal; mas no la ocultaré que no
tengo gran esperanza de que la información conduzca á este resultado. La primera vez se hicieron pesquisas que fueron inútiles, largo tiempo ha; entre el mo·
mento del crimen y aquel en que se descubrió transcurrieron diez y seis ó diez y
ocho horas; y como del Havre, muy próximo, salen muchos carros, y el asesino
tenla dinero, puesto que lo robó á su víctima, pudo escapar fácilmente. Esto es
lo mismo que buscar una aguja en un pajar. No; debemos cifrar nuestra esperanza en una hábil defensa y en los antecedentes sin tacha de Roberto de Anee!.
El marqués despidió con esto á Marta, pues apenas le quedaba tiempo si
quería tomar el tren de la mañana. La señorita de Levasseur había hecho todo
cuanto dependía de ella, y ahora debía limitarse á esperar, comunicando á. los
otros un poco de su propio valor. ¡Ah! ¡Cuánto hubiera dado por obrar de por sí,
verse en la precisión de ir y venir, y olvidar de este modo, aunque sólo fuese por
un instante, aquella idea que no la abandonaba, la del sacrificio posible y hasta
probable que la esperaba!
No se atrevía á mirar su diario, ni osaba recordar cuanto en él había escrito;
mas no ignoraba que en el abandono de su absoluta seguridad había patentizado en él sus luchas, sus más secretos pensamientos, su triste amor, que con tanto
cuidado ocultó siempre y que en las páginas de su libro revelábase palpitante
entre sollozos. ¡Ella, que hacía meses no había tenido má.s afán ni otro propósito que ocultar su secreto! Y este triste secreto llegaría á ser presa de un público
ávido de nuevas sensaciones, se revelaría á la curiosidad de todos, y de esta manera Edmunda conocería la verdad, mientras que Roberto sabría que ella le había amado y le amaba siempre .. . ¡Esto no era posible! Jamás podría consentir
en ello, jamás intentaría descubrirse, ni aun para salvar á un ser querido! ¡También el alma tiene su pudor!
Pero Marta no quería pensar en esto. Seguramente se encontraría al culpable;
érale dado enviar agentes en su persecución; el tribunal haría sus averiguaciones
y ella también las suyas. Con dinero, mucho dinero, obtiénense resultados admirables algunas veces. El marqués por su parte había prometido al despedirse
ver si se podía intentar algo de esto ...
Aquel asunto tuvo gran resonancia, pues no tan sólo se trataba de un acusado perteneciente á muy buena familia, de un hombre ventajosamente conocido ya por sus trabajos, sino que las circunstancias de su detención comunicaban
un interés más picante á la historia.
Los gacetilleros de la prensa dieron cuenta del hecho á su modo: súpose
que la joven casada era hija de una actriz que durante largo tiempo había sido
la delicia de la sociedad elegante de París; en los artículos de sensación intercaláronse muchas anécdotas más ó menos verdaderas; los diarios, faltos de material hasta que se abrieron las Cámaras, entretuviéronse en comentar el tema á
su antojo, y el hermano de la víctima llegó á ser de pronto un personaje de importancia. Se hizo su retrato, poco parecido, pero muy patético, llorando aún la
muerte del hermano menor, ansioso de venganza y pidiendo justicia á gritos. El
Sr. Bertrand acabó así por aceptar el papel que se le prestaba, persuadiéndose de
que su apatía no fué nunca en realidad má.s que aparente, y que desde el primer
careo con Roberto de Anee! éste le inspiró sospechas.
En el castillo se recibían pocos diarios, y Marta hubiera querido suprimirlos
todos; pero Edmunda los reclamaba, pedía otros muchos y los leía todos, entregándose después á un acceso de indescriptible y furiosa rabia.
. D~spués, c~ando ya no se habló del asunto, esperándose el proceso, aquel
s1lenc,10 fué casi más penoso para ella; quejábase de no saber lo que pasaba, y
parec_1ale que el marqués, á. pesar de todo su celo, no procedía con el acierto necesario.
Y e~ el reducido círculo de las cuatro mujeres, pues la señora de Anee!, aunque
anunciaba cada día su marcha, permanecía aún en el castillo, no se hablaba más
que del desastre. Todos los amigos se habían apresurado á presentarse para ofrecer
sus servicios, ó por lo menos su buena voluntad; y á. fuerza de hablar una y
XIII
otra vez del asunto, revolviendo en todos sentidos esta triste historia se acabó
por ac?stum brarse a' el\a, por no temer ya como en los primeros días' encontrar
A la alegría sucedía la desesperación; al ruido, el lúgubre silencio.
un~ mtrada de desprecio tí oir una palabra malsonante de curiosidad ó de comEdmunda, casi enferma, permaneció en cama, rehusando hablar, comer y mo- pasión. A to~o se acostumbra uno en este mundo, y poco á poco la vida sigue
verse; en su dolor había una mezcla singular de irritación nerviosa y de sorda su curso habitual. Por lo pronto esperábase un permiso, prometido desde luego
cólera. La señora de Anee!, que se había quedado en el castillo, sobrecogida de pero que no llegaba nunca, para visitar al preso.
'
miedo ante la idea de encontrarse sola en su casa, parecía incapaz de dar paso
Los vecinos del campo se fueron marchando unos tras otros· el otoño se
alguno, y no hacía más que orar, derramando copioso llanto.
pres~ntaba frío y triste, y muy pronto se dejó sentir el aislamiento.'
Lo primero que hizo Marta fué ir á ver á su antiguo amigo el marqués, que
Cierto d1a, no mucho tiempo después de la detención de Roberto Edmunda
salió á recibirla ofreciéndola sus dos manos.
que había permanecido silenciosa largo rato con un bordado en la' mano dij~
- Sí, señor marqués, le dijo, ya sé que nos compadece usted mucho; pero de pronto á su hermana:
'
ahora necesito algo más que piedad. Usted me ha dicho que podía contar con
. - Jamás he comprendido, Marta, por qué dijiste al procurador que el día del
su ayuda, y con ella cuento ahora. En el castillo no tengo á mi lado más que mu- crimen, aquel en que_ te dejé tan enfer~a, habías bajado al parque ...
jeres, y ninguna de nosotras entiende la menor cosa en esos asuntos; encárguese
Marta se estremeció; hacía ~uc~o tiempo que esperaba estas palabras; pero
usted de nuestra causa, obre como si fuera un pariente de mi familia y defienda después pe_ns~ que en la emoción v10lenta que había sufrido, Edmunda olvidaría
el honor de ese infeliz Roberto, tan abominablemente acusado. ¡Es necesario tal vez un ~nc1dente del gue nada debía comprender. Sin embargo, la hermana
que le salvemos, es preciso!
mayor habia resuelto decir la ver?ad en caso necesario, ó por lo menos parte de
- Tranquilícese usted, hija mía, contestó el marqués; ningún juzgado le con- ella, puesto que al fin sería preciso revelarla; pero dejó transcurrir un instante
denará por simples habladurías de pueblo y por haber encontrado un arma. Si antes de contestar con grave expresión:
hubiese cometido el crimen, lo primero que habría hecho hubiera sido colocar
- Lo dije por1u~ en efecto, había bajado al parque.
de nue\'O el revólver en el sitio donde estaba antes, después de limpiarlo cuida- ¿Y qué P,od1a ~mp~rtarle al procurador que te hubieses paseado ó no?
dosamente...
~arta habia palidecido de tal manera, que las tres mujeres la· miraron con
-Admito que se le devuelva su libertad; pero si no se encontrase á tiempo creciente asombro.
el verdadero criminal, ó si, añadió Marta cambiando de tono ... , ó si no se pro- . - Escuch~, Edmunda, repuso, yo no hubiera querido hablarte de esta... sadujese alguna prueba irrecusable de su inocencia, siempre pesará sobre él en ltda ... pues ~•empre temo que en las cosas más sencillas veas algo que te alarnuestro país esa monstruosa acusación. Muchas personas dirán: «¡Quién sabe! .. » me. Yo hab1a ob~erv~do, como todo el mundo, las atenciones muy significativas
Y es preciso que no suceda así. Roberto debe salir de esa prueba con la cabeza de ~Roberto, y qmse mterrogarle. Yo tenía un cargo de conciencia; quise desembien alta; tiene ante sí un hermoso porvenir; puede hacer un trabajo. útil y ser penar _el papel d~ madre, del que me encargué desde tu llegada, y en su consefeliz, y esta perspectiva desaparecería para Roberto. ¡Esto no es posible, esto cuencia ~{ una ~•ta á. Roberto en, el fondo del parque. En el momento en que
no será!
se cometió el cnmen, los dos estabamos sentados al pie de la cruz de piedra
Edmunda se había levantado.
·
El marqués reflexionaba, y de pronto sacó su reloj.
- Tengo tiempo de sobra, elijo. Dentro de una hora marcharé á París; iré á
( Co11li1111ará)

tro de mujer, y sólo tenía un objeto: calmar sus angustias, tranquilizarla sobre
lo que había pasado y lo que debía pasar.
- No te espantes, amada mía, contestó; aquí hay una mala inteligencia que
no durará. mucho ni puede durar, y ahora me es forzoso acompañar á este caballero para explicar algunos hechos relativos al asesinato.
- ¡Pero no piensas lo que dices; eso es imposible; eso sería el colmo del ridículo! Ya contestarás á la vuelta ...
Sin hacer aprecio de los dos testigos de aquella escena, Edmunda rodeó con
sus brazos el cuello de Roberto, tomando así posesión de su bien; mas el procurador, muy disgustado, apresuró el desenlace.
- Señora, dijo, siento mucho todo esto, pero el tiempo urge. Desgraciadamente se ha encontrado cerca del sitio donde el capitán Bertrand cayó un revólver que el señor barón de Anee! acaba de reconocer como suyo, y que por
lo demás lleva sus iniciales.
Edmunda tembló más aún que antes, pero no desenlazó sus brazos.
- ¿Qué prueba eso?, dijo al fin valerosamente. Hemos visto muy bien Marta
y yo cuán fácil es saltar desde el jardín al despacho de Roberto. Un malhechor
habrá cogido el reYólver; ya ve usted si esto es sencillo. Supongo que no es á
Roberto á. quien se acusa de semejante crimen...
Y como nadie contestase, Edmunda dejó escapar un grito terrible: había
comprendido. Se llevaban á Roberto preso; y este era el viaje de boda tan soi1ado que debían hacer juntos á Italia, el país de los enamorados.
Roberto se desprendió suavemente de los brazos de su esposa y volvióse hacia
la hermana mayor.
- Tómala, Marta, dijo, y cuida bien á mi pequeña esposa...
Para ella, para Marta, cuyo semblante descompuesto tenía una expresión cien
Yeces más trágica que la del lindo rostro de Edmunda, no tuvo una palabra de
compasión, y solamente añadió:
- Ya explicarás todo lo que ocurre á mi madre y la consolarás. No será cuestión más que de algunos días. Caballero, estoy á las órdenes de usted.
- ¡Pero yo no quiero, yo no quiero!.. exclamó Edmunda, dejando escapar un
sollozo y forcejeando en los brazos de su hermana.
Los dos hombres salieron rápidamente.
Marta debió cuidar á Edmunda presa de un ataque de nervios, y consolar
después á. la madre de Roberto, que estaba medio loca y no podía comprender
lo que había ocurrido.
Ocupada en estos dos deberes, Marta no tuvo tiempo de pensar en sí.
Hasta mucho después, cuando al fin se halló sola en su habitación, mientras
Edmunda, agotadas sus fuerzas, dormía con el sueño de un niño, no trató Marta
de darse cuenta de lo que había pasado.
Para sa!Yar á. Roberto había confesado su entrevista con éste, que él, má.s que
ella, tenía empeño en ocultar, y no había sido creída; su palabra, á la cual no
faltó jamás, no era suficiente... ¡Se la exigían pruebas!..
¿Dónde encontrarlas? Bien sabía que nadie la vió; que el sitio en que diera la
cita á Roberto estaba aquel día completamente solitario, como de costumbre.
¡Ah! ¡Cuántas torpezas más temibles que crímenes se cometen á menudo cuando
sólo se trata de hacer bien!.. Si Roberto hubiese ido aquel día, como Edmunda
lo deseaba, á la reunión de las americanas, ni siquiera se hubiese pensado en molestarle.
Marta paseaba de un lado á. otro en su gabinete, sin poder estar quieta en un
sitio y sin hacer un esfuerzo para conciliar el sueño, que seguramente se alejaría de sus párpados. Sus miradas vagas fijáronse por casualidad en el pequeño
escritorio, y recordó que el día en que no pudo entregarse al reposo, como la sucedía entonces, había escrito...
Después permaneció de pronto inmóvil, cual si estuviese petrificada; sentíase
enferma y temía caer. Las palabras del procurador resonaban en su oído aún:
«Una prueba, por ligera que sea... »
Y esta prueba estaba allí encerrada en aquel gracioso mueble.
Marta cayó de rodillas, prosternada, y repitió como poseída de un acceso de
locura:
- ¡No, no; eso nunca: bien sabéis, Dios mío, que no puedo hacerlo... que no
podré jamás!..

�134

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

582

y estampar del mismo modo los caracteres del movi- brillante iluminada por el sol, de tal suerte que la
miento? ¿Pueden relacionarse de algún modo los apa- imagen de esta bola impresione sucesivamente varios
ratos fotográficos á la serie de aparatos inscriptores puntos de la placa sensible. En esta placa resultará
que marcan los fenómenos de la Naturaleza en los una línea continua (fig. 1) trazada por la curva supeque las fuerzas están siempre en acción, la materia rior que representará exactamente la trayectoria sesiempre en movimiento?
guida por el cuerpo brillante. Si repetimos el experiHoy podemos responder afirmativamente á esta mento dando entrada á la luz en la cámara obscura
pregunta, y esperamos demostrar que la fotografía, de un modo intermitente y á intervalos de tiempo
LA CRONOFOTOGRAFÍ.\
aplicada de cierta manera, da nociones del modo más iguales, obtendremos una trayectoria discontinua
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR RL MOVIMIENTO EN
exacto acerca de los movimientos que nuestra vista (curva inferior de la misma figura), en la que estarán
LAS CIE!'&lt;CIAS FÍSICAS Y NATURALES
no puede percibir por ser demasiado lentos, sobrado representadas las posiciones sucesivas efe! móvil en
Las ciencias progresan en razón de la precisión de rápidos ó muy complicados. Este método que vamos los instantes en que se han efectuado las entradas de
sus métodos y de sus instrumentos de medición. La á describir es la Cronofotografia, nombre adoptado la luz: es la curva cronofotográfica.
balanza, el termómetro, el manómetro han proporcio- por el Congreso internacional de fotografía reunido
Este método supone que el espacio de tiempo que
separa dos imágenes sucesivas ha de ser siempre el
nado á la Física y á la Química la precisión que hoy en París en 1889.
Si se considera la propiedad fisiológica del ojo hu- mismo y conocerse exactamente su valor. Para obteadmiramos en ellas. Estos diferentes instrumentos
mano, se ve que este órgano representa, desde el ner las mejores imágenes posibles es menester que el
punto de vista dióptrico, un aparato fotográfico con objeto esté vivamente iluminado y el fondo sobre el
su objetivo y su cámara obscura; los párpados forman cual se destaque perfectamente obscuro; además la
el obturador, mientras que la retina, en la cual se im- duración de las admisiones de luz debe ser muy corprimen las imágenes reales de los objetos exteriores, ta y los intervalos entre dos iluminaciones sucesivas
co.1stituye la placa sensible.
enteramente iguales.
1
Esta retina goza hasta cierto punto de las propieLa fig. 2 representa la disposición sucesiva que
dades de la placa fotográfica; Boll ha demostrado que habíamos dado al aparato cronofotográfico. Se hace
en su superficie se forman imágenes que á veces per- girar por medio de un manubrio un disco con ranusisten algunos instantes en la retina de un animal re- ras D, cuya rotación estaba regulada y perfectamente
Fig. I. Trayectorias sencilla y cronofotográfica de una bola
cién muerto, de suerte que la visión consistirá en la uniformada con un regulador. La placa sensible se
brillante que se mueve sobre un fondo obscuro
percepción que tenemos de imágenes fotografiadas en introducía con su marco ó chasis e en el foco del
nuestro ojo. Estas imágenes, lejos de ser permanen- objetivo O. A cada paso de una ranura (/), esta plaexpresan el valor estático de las fuerzas que están lla- tes como las de los aparatos fotográficos, son fugiti- ca recibía una imagen que representaba el objeto ilumados á medir; la balanza indica el peso actual de vas; sin embargo, persisten algunos momentos, pro- minado, con su forma y posición actuales. Pero como
un cuerpo equilibrándolo con pesos conocidos; el longando así la duración aparente del fenómeno que este objeto modificaba su posición entre dos imágemanómetro equilibra á su vez la presión del gas por las ha dado origen. Esta propiedad de la retina nos nes sucesivas, resultaba una serie de imágenes á las
la de una columna de mercurio.
permitirá estudiar cómo una
Pero estos instrumentos serían incapaces, en su imagen fotográfica puede reforma primitiva, de marcar las variaciones que ocu- presentar un movimiento.
rren á cada instante en el peso de un líquido que se
Si estarnos en un recinto
evapora y en la presión de un gas cuya temperatura obscuro, de suerte que no hase cambia. Así por ejemplo, para medir las variacio- ya nada que ponga en acción
nes que sobrevienen en la intensidad de las fuerzas la sensibilidad de nuestro ojo,
físicas, ha sido preciso crear nuevos instrumentos lla- salvo un punto luminoso ó un
mados inscriptores ó anotadores, merced á los cuales objeto vivamente iluminado,
se obtienen, en forma de curvas más ó menos sinuo- la imagen de este punto ó de
sas, la expresión de los cambios de peso, de presión, este objeto se retratará en
de temperatura, de tensión eléctrica, etc. Con ellos nuestra retina y conservareestudian los meteorologistas en cada punto del globo mos aún su impresión algún
las variaciones del estado de la atmósfera, los fisiolo- tiempo después de haber desgistas anotan )os cambios más delicados de la presión aparecido el foco de luz. Se
de la sangre, de la fuerza de los músculos, de la tem- ha estampado en nuestro ojo
peratura de los órganos.
la imag~n de un objeto en
Pues bien: todos los cuerpos de la Naturaleza pre- estado estático, esto es, de insentan caracteres exteriores acerca de los cuales nos movilidad. Esta operación es
informa nuestra vista, con tal que estos caracteres no idéntica á la que efectuamos
varíen de modo que hagan la observación imposible. sacando, por medio de nuesFig. 3. Hombre que corre. Cronofotografia sobre fondo obscuro
Se puede apreciar exactamente en su estado estático tros a para tos, la fotografía
la forma de los cuerpos, sus dimensiones, su posición de un objeto inmóvil. Pero
en el espacio, y aun sabemos desde tiempo inmemo- si el punto luminoso cambia rápidamente de lugar á de la bola ( fig. 1 ), que indicaban las actitudes y las
rial representar por el dibujo estos caracteres exterio- nuestra vista, conservaremos algunos segundos una posiciones sucesivas del objeto en movimiento. El
res. Pero tan laboriosa representación de los objetos impresión más compleja, la del trayecto seguido por intervalo entre las imágenes estaba perfectamente rees á menudo insuficiente, porque no es posible mos- el objeto en el espacio. Cuando un niño agita una gulado á 1/ 10 de segundo; la duración de las iluminatrar sino en estado de reposo muchos de los que va- varilla cuya punta está incandescente y se entretiene ciones era &lt;.Je 1/ '°º de segundo, y por último, habla
rían de forma ó cambian de lugar constantemente. en Yer la cinta de fuego que parece ondular en el una regla métrica con su graduación colocada delanLa fotografía ha venido á perfeccionar la represen- aire, lo que hace es fotografiar en realidad en su re- te del campo obscuro, en el mismo plano que el obtación de los objetos inmóviles; nos da sus imágenes tina la trayectoria de un punto luminoso; esta trayec- jeto fotografiado. La imagen de esta regla, reprodutoria no es muy larga, porque la retina no conserva cida en la placa sensible, servía de escala para medir
mucho tiempo las impresiones recibidas. En seme- el tamaño real del objeto y los espacios que habla
jante caso, una placa fotográfica daría la imagen en- recorrido en cada décimo de segundo.
tera y permanente del camino recorrido por el punto
La imagen as{ obtenida daba con toda la precisión
luminoso; sin embargo, todavía no es la expresión de un plano geométrico las dos nociones de espacio
completa del movimiento, puesto que esta imagen no y de tiempo que caracterizan todo movimiento. Sin
representa más que las posiciones sucesivas ocupa- embargo, estas dos nociones que se trataba de condas por el punto luminoso, abstracción hecha de la ciliar en la cronofotografía son en cierto modo induración de su recorrido.
compatibles entre sí, y para obtener las dos hay que
Para patentizar completamente los caracteres del recurrirá ciertos artificios, como vamos á ver.
movimiento, sería menester introducir en la imagen la
Para una misma velocidad de traslación, si el obnoción de tiempo; lo cual se consigue haciendo obrar jeto estudiado ocupa poca superficie en el sentido
la luz de un modo intermitente y á intervalos de del movimiento, se puede recoger gran número de
tiempo conocidos.
imágenes de él sin que se confundan sobreponiénAsí por ejemplo, si parpadeamos de un modo in- dose. En este caso s~halla el proyectil de que antes
terminente, verbigracia, dos veces por segundo, mien- hablábamos. La noción de tiempo es, pues, muy comFig. 2. Disposición del aparato para la cronofotografia sobre tras recibimos la impresión retiniana, la imagen de la pleta cuando la del espacio está restringida.
placa fija y fondo obscuro
cinta de fuego que se pintase en nuestro ojo presenPero si tomamos las imágenes sucesivas de un
taría interrupciones, y el número de las contenidas hombre que anda, la noción de espacio es más comcon los detalles más delicados; sabe reducir ó agran- en cierta longitud de la trayectoria luminosa expre- pleta¡ cada imagen ocupa una extensa superficie, é
dar su dimensión á una escala determinada y con una sar(a en medios segundos el tiempo que el móvil ha informa acerca de las posiciones que adquieren el
precisión á la que no podría llegar otro método. Por invertido en efectuar este trayecto. Tales son precisa- cuerpo, los brazos y las piernas. Pero por lo mismo
esto es el auxiliar más poderoso para ciertas ciencias, mente las condiciones de la cronofotografía.
que cada imagen ocupa más espacio, el número de
y las naturales, por ejemplo, no pueden prescindir de
Vamos á explicar de un modo sucinto sus métodos ellas que se puede tomar es menor, de lo contrario
su concurso; tanto es así, que el eminente astrónomo y sus principales aplicaciones.
habría confusión por superposición de estas imáJanssen ha calificado con mucho acierto las propiegenes.
dades de la placa fotográfica dándole el nombre de
Mfaooos
Fotografiado un animal grande, un caballo por
retina del hombre de ciencia.
ejemplo, el mimero de imágenes deberá ser muy li1.- CRONOFOTOGRAFfA SOBRE PLACA FIJA
Pues bien: esta retina maravillosa que percibe en
mitado, porque la longitu&lt;l de cada una de ellas, merapidísimo instante el aspecto de los cuerpos en su
Supongamos que se enfoca un aparato fotográfico dida en el sentido del movimiento, es muy grande y
estado estático ó de inmovilidad, y que estampa estos sobre un fondo ó campo obscuro, y que destapado el habría superposición.
caracteres de un modo inmutable, ¿puede sorprender objetivo, se lanza delante de este campo una bola
( Co11ti111111rá)

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN

582

135

ARTÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á con0&lt;;er los grand.es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcaci~nes l_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquina~ m·
dustrialcs y otras. Por último, en la Meteorología se exphcan
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidisima reseña. d~I contenido del M~~oo ~•f.
s1co podrá venirse en conoc1m1cnto de la gran ullhdad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILL EMIN
T RADUCCIÓN DE D. MA NUltL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRIC IDAD, METEOROLOGI A, FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La presente obra formará 3 tomos de re¡,1'\llares dimensio-

Edicwn iliutrada con gral!ados intercalados y lámina.,
cro11wlitogrqfiadas •
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, traz6 en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacio•
nao con la fisica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?Pu(ar. ~iguiendo en_ él el
· 'd
uantos de la c1enc1a fis1ca han escnto ¡ a·
. .
, o 1·
Plan a dmili· o por. e es pr1nc1pales
en cada una de ellas se
vide en vanas seccion
•
enuncia la ley que preside a los fenómenos de que trata, el descu· ·
d
tas leyes y las aplicac1'ones de cada una d 1
bnm1ento e es
e as
· d
b' ta
onoc'das
1
fuerzas fi1S1cas escu ier s Y c
·
Asi, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Graveaad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

===
Muestra de los grabados de la obra -Audiciones
telefónicas teatrales

b

esas leyes han tra!do consigo el péndulo, la alanza, 1a pren_sa
ó
hidráulica los pozos artesianos, las bombas, la navegaci n
'
aér~, etc. A la teorl~ coi:npleta del So~~ agrega u_na enume·
rac16n de todas las apbcac1ones de la Awstua y de los mstrumenI
tos mus1'cales. La Luz da la descripción detallada de todos os
.
. .
á i
fi
·
aparatos 6pllcos y d~ sus aplicac1one~ . 1a otogra ~• microscop10, etc. El Magnetismo y la Electncidad proporcionan ancho

nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~o de qu~ lo ?esearan los suscriptores 6 de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
.
.
Además de los grabados intercalados en el.texto, ilustrarán
la obra magn!licas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la F!sica, asl como
,, .
,
mapas en que se expongan las variaciones atmos,cncas u o1ras
que afectan á la constitución del globo. .
, .
Cada una de estas láminas ó mapas eqmvaldrá á 8 paginas.
d
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa e
tros corresponsales se podrá juzgar del inusitado lujo con
nues fr
al úbtido esta nueva obra.
que o ccemos P

Se enviarán prospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner Y Simón, calle de Ara.gón, núms. 30 9 Y 31l, Barcelona

_.....,_
-

L.llT 411TÍPBÍLIQ1ll -

LECHE ANTEF1:L

b

,11tllDES Ul EBro,,,
--~

-il-

~,,

Pepsina Boudault

..._.. ,. 11 1mmu II m1c111
PIIEIIO DEL INSTITUTO AL D' CORYISART, EII 1151

a1., ••

W..allu ..

Ju . .,..,.,. ." , .....w1••

PAIIS. Ltal. mu. PIIWELPll1. mis
119

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1111

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Dl8PIP81A8
OAITltlTII - OAITltALOIAI

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PALTA DI APETITO
~ ffaOI •aounu 1&gt;■ "' •11uT•
I.UO U. FORU DI

nlllR. · de PEPSIIU BOUDAULT
VINO · . de PEPSIBl IOUDAULT
POLVOS, •e PEPSIIU IOUD~ULT

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, 1 :~:,

El m~s eficaz de los
Ferruginosos contra. la.
Anemia, Clorosis,
Empabrtelmianto da la Sangre,
Debilidad, etc.

:,;oo

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AJUltlGAI l'IIECO&lt;IEI
EFLOIIEICERCIAIJ
IIOJECEI

contra. las diversas

•

:';~i~;~~~fü~::

GrageasalLactatodeHierrode

GELIS&amp;CONTÉ
Aprobadas por 11 AcIdemJI de MedicJnI de Parls.

• y Grageas de queHEIOSTATICO
al mas PODEROSO
rgot 1na
se conoce, en pocion

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•1111i=iii111111.,.••~,.~•,..,...,.l'l"'••~l'I

l~ID!l}JH~•):llHffl~~,~I
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VOZ y BOCA

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LA SAGRADA BIBLlA
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IDICIÓN ILUITltADA

• t0 06nt1Jno• de p•••t• la
entrega d• ti p•gina•

s. canu p&lt;Olpl&lt;IOI '

•

\lllet IN oolldtt
Mrigini- Alol Sra. llonto.cr y Simó■, edito, .

PAT•R&amp;ON
• 111111JTBO J Mltlfl!lü

. . 11 ■ J 1111N-ln lu AINoiollN del lllt6•

■11190,

ralla,. ApelHo, Dlge.UOllN labo•..,_C6U-;
~ lu l'lulolollN '81 DIOlllagO.,
uJNIMNlillol.
,

nw. ~,'Y6mltoe, ~

,,,.,, .. ",..,,,., ,,., ,, ,. ,nuo. ,.
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CARNE HIERRO y QUINA

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oontlnuado Y las a1lrm':Cfones de
todu las em1nenC1as médfcu preub&amp;D q11e esl.a ISOCiaclon de la Clanae, el B1ern y la
ellJaa oonaUluye el rel&gt;&amp;ra4or maa eneratoo que ae oonoce ~ curar : la CIOrdlú, 1&amp;
111e11tfa las Jltflltf"IUICWltU 40ioro,u, el .lm110brecfmlfflto 11&amp; Álttr/JCWIJ de la Sangre,
el BaQJm,mo Ltl Á ( ~ UCf'O/IÜOIIU y eicorbUt1cal, elé. El Yill• ll'e11'1"11&amp;1■•ff dé
Ana• ea en' erecto el único que reune todo lo que entona y fortalece 1011 or¡anos,
regulariza' coordena•y aumenl.a oonsiderablemente lu tuerzas ó ln!unde a la san¡re
empobredda y descolorid&amp; : el Y(Qor, la Colof'IICWll 1 la 8Mr"'4 01tlU,

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�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VISTA GENERAL DE VIGO

NúMERO

·582

(de fotografía de J. Prieto)

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACIÓN ARTiSTIOA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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don de las Afecciones del pecho,
Catarros,llal de garganta,Bronquititl. Resfriado■ , Romadizo■,
de los Reumatismo■ , Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
6xito atestiguan la eficacia dé este
poderoso derinUvo recomendado por
los primero, médieo1 de París.

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todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolores
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la tµgea~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los mtesünos.
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Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
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de los O,.. JORET 8 HOMOLLE
, Querido enfermo. - F/ese Vd. Ami /arta experiencia,
y haga u10 de nuestros GRANOS de SALUD, pue, e/los
le ourarAn de ,u oonstIpaolon, le darAn apetito y le
derolrerAn e/ sueño 1 la alegria. - As, m irA Vd.
muchos año,, d11fr ut1ndo siempre de una buena salud.

El APIOL cura los do/ore,, retr110,, , up,..
llanee,,, fa, :.Pocu, as1 como las J14rdlda,,
Pero conrrecuencta es fal81f.lcado.El APIOL
verdadero, un.leo eficaz, es el de los inventores, los Drt• JORET y BOlllOLLE.
ME DALLASExp• Un/,._ LOND/IES f I BZ • PA R/8 f 119

Flr"BBIUT, 15D,ruhllnll,PWS

CARNE t QUINA

no titubean en porgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau•
sancio, porque, contra lo que mcede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con bueno, alimento,
y bebidas fortificantes, cual elvino, el cal6,
el t6. Cada cual escoge, para J)fJJ'gane, la
bora y la comida que mas le convienen,
se,un ,u, ocupacfonea. Como el caasu
c10 que la pfJJ'ga ocasiona queda completamenteanuladoporelefectode la
buena alimentacion empleada,ano
se deci de facümente a volver
4 empeirar cuantas veces
sea necesario, '

11 Alimento mu npandor, llllido al 'l'bloo 11111 lllel'lkt-

Participando de las :r,rop1edades del IodD
y del Hle:r:ro, estas Plldoras se emplean
especialmente contra las • • oroflllu, la
Tisis y la Debutdad de tempeJ'IPlleDto,
as! como en todos los casos(Pálldoll4lolol'fl,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales ea necesario
ollrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y allundancla normales, 6 ya para
provocar 6 regularizar su curso pertódlc:o.

~;-A.,?f}s

rarmmtlr.a, en Pam.

~ R u e lonaparte, U
El loduro de hierro Impuro 6 alterado
N
, B, es un medlcamento l.Iitl.el é 1rr1tan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de

las verdaderas .PU doru de lJl4rM!a.rd,
exigir nuestro sello de pl1t1 re■ct1v1 1
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la U11i6n de
los Fa brlcant ea para la represión de lafal.81·
ficac16n.
""SI!

HALLAN RN TODAS LAS PA.IUUClIAS

VINO IROUD CON QUINA

.,. COK TODOS tOI nmamos lnJDITffOS IOLtJBLU J)JI u CABn
·4'aan 1 Olllll&amp;t 10n los elementoe que entran en la comtlOlldon de este potente

19p&amp;rador de las tuerzas "11.ales, de este ,.r1iaea■.. p_er Neeíe11ela. De un 8'U81o auDWnenle a¡rad.allle, es aollerano contra la J.ne1111a 1 el J.J)()C4flfffflto, en las Calelttlfflll
7 Co110~1 contra las
7 las J.ftcCWMI del lllt"'fl4QO 1 loe fntutwi,
Cuando ae tma de despenar el apeUlo, aserurar lu cligesUonee reparar las tnerzu.
~
ecer la sangre. entónar el organismo y precaTer la anemia 1 lu eDi&lt;temtu provoCldli por loa calores, no se conoce nada supenor al .,... de . . _ . de &amp;rea
ltw ll!Qor. a Pw,a eua de 1. FEW, Farmauuttco, 10!, me Riculleu. Sacaarde&amp;IOOD.
,
h VJOO&gt;II JIU( TODAS L.tJI PIUIIQIP.&amp;.LU ~

IJ1a"""

. . EXIJASE ~~.;, AROUQ

.

PATE EPILAJOIRE DU SER

destruye hasta lu RAICEG el VELLO del rostro de lu damu (Barba Jlltote etc.) 111
niogan peligro para el ~ulil. SO Años de Ílz.tto, 1millares de tesUmonlo, garantlw 11 eftcadl
de esta preparacion. _(Sf 'mide en oaJ11, fata la barba, y en 1/2 oaJ11 para el blgoll&gt; Jigero)r Para
los brazos, em"Mei• t'l!!l l,1. t'UBJJJ. D"ó'SSER, l , rue J ..J.-Rouseeau, parta,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DK MONTANKR Y S1MÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>AKO XI I

BARCELONA 13 DE FEBRERO DE 1893

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
--== = - = = = - - -

--~==========;;.....;=====~===========

,ANTES DEL BAILE, cuadro de Franoisoo Masriera,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
'"iól\.-siira'7ÍX

......................
Texto. - /lf1irmm·ariimes europeas, por Emilio Castelar. D. José Zorrilla. - Exposición histórico-europea, por Juan B.
Enseñat. - /lfiscelánea. - Nuestros grabados. - Cargo de con·
ciencia {continuación), por Juana Mairet, con ilustraciones
de A. Moreau. - SECC)ÓN CIENTÍFICA: La prestidigitación
· descubierta. Una ilumina.:ión en w¡ sombrero. - La edad de
cobre. - Variedad de la latitud geográfica. - Flsica recreativa.
Laprestidigitación explicada. Multiplfración de monedas. - Li•
bros enviados á esta Redacción por autores 6 editores.
Grabados. -Antes del baile, cuadro de Francisco llfasriera.
- El despacito de D. fosé Zorrilla; D. José Zorrilla en m le·
cho de muerte; Sepultura de D. José Zorn"lla en el cementerio
de San Justo, de llfadrid, tres apuntes á la pluma por Vicente Cutanda. - Exposición liistón·ca. Sección ,de Portugal. Sala
l.• Instalaciones de etnografía americana. Sala 2 . ª Instalaciones europeas. Dos vistas tomadas desde la puerta de entra·
da y otras dos desde el fondo, cuatro grabados (de fotog~afía
del Sr. Compañy, de Madrid). -MusCQ del Luxemburgo. El
pan beudito, cuadro de Dagnan Bouveret ( París), grabado
por Baude. - La iluminación en un sombrero. - Multiplicación de monedas. - Medalla conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en Buenos
Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrarossa.
, .•.••, ••, ... ,..............................., .............., ..... '4, .•••••••., ............................., ••, .••,•.¡ ,,,. ,., ..•..., . ..~

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Zante. - Su hermosura. - Horrores y destrozos en la isla. - El
Oriente. - Los problemas orientales y lps intereses de sus respectivas dinaslias. - Dramas de familia públicos. - La reina
y el rey de Servia. - La reina y el rey de Rumania. - Matrimonio del heredero de la corona rumana. - Carmen Sylva
como escritora y como soberana.

I
Quien allá encerrado en las nieblas ó en las nieves
del Norte no haya podido respirar nunca el aire de
una isla mediterránea y recoger su luz en los ojos y
su calor en las venas, francamente no puede gloriarse de haber vivido. Ver un mediodía ó una media
noche primaverales, cuando el sol ó la luna están en
su cenit y cabrillean en lacas de colores mil sobre
las aguas azules¡ percibir la mezcla de varias esencias,
despedidas por el azahar de los jardines y el espliego de los secanos; gustar la naranja, que sabe y huele á gloria, ó el azucarado melón, fresco cual una
horchata heladísima; bañarse con todo el cuerpo en
los efluvios de un éter, á cuyo fuego la sangre acelera sus movimientos en el corazón exaltado y enrojece sus partículas incendiadas por emanaciones de oxígeno¡ escuchar el coro de los ruiseñores ocultos entre rosas y mirtos, bajo sombras de palmas que susurran melodías, y toldos de parrales en flor, cuyo polen se mezcla con los gorjeos y con los arrullos en el
dúo formado entre las auras del monte y las brisas
del mar ¡oh! resulta siempre la sobreexcitación extraordinaria de todos los sentidos, remontados á los
excitantes prestados de consuno á la sensibilidad y
á la fantasía por los ígneos esplendores de tal exuberante vida. Y de las islas mediterráneas ninguna superior en colores y aromas á la isla Zante, llamada
desde los antiguos tiempos en todos los idiomas levantinos la flor oriental y digna de las náyades y de
las nereidas y de las ninfas del archipiélago jónico.
Grupo maravilloso este grupo: allí la blanca Leucades, por cuyos promontorios aparece vestida de lino
sacerdotal, coronada de adelfa sacra, la canción sáfica en los labios, la cítara de oro en las manos, aquella
musa del amor, cuyos plañidos, por no escucharlos
el sereno cielo se apagan en la muerte, pedida, tras
los desengaños de una pasión infeliz, á los abismos
de un mar sonriente. Allí también ltliaca, es decir,
el poema de la navegación antigua, cantado por Homero; las dobleces y astucias congénitas al mareante
de abolengo en Ulises; la fidelidad conyugal, más
necesaria que á la vida corriente á la vida marina,
por las largas separaciones de los esposos, en Penélope; la fortuna y la casualidad, socorriendo al náufrago (Y muchas veces salvándolo, en Ino; las playas
amigas y hospitalarias en Nausica; las playas bravías
é inhospitalarias en Politemo; los innumerables lazos
tendidos por las olas al navegante en las hermosas sirenas, coronadas de corales y espumas; los escollos
de aspecto hermoso y de abismos traidores en Circe,
y todos los accidentes y todas las circunstancias del
trabajo y del esfuerzo marino en aquella inmortal
Odisea, repetida hor mismo y recantada por los isleños sobre los sitios donde viera el primero y mayor
de los poetas humanos tan admirables y admiradas
escenas, tan mtíltiples y perfectos personajes. Hoy

mismo atrae Zante por su hermosura sin igual á los
viajeros; hoy mismo, entre la montaña y el mar, se
coge aceite tan diáfano como el consumido en los
Propileos ante Minerva y uva como la cantada por
Teócrito en sus idilios; hoy mismo huelen sus mirtos
cual olieran al coronarse con ellos los dioses paganos,
y destilan los troncos aquellas mieles, comparables
á las olientes del Ilibea, gustadas por los poetas clásicos. Pero ¡ah! que hay por Zante solfataras donde
brota el azufre infernal, charcos hirvientes que hieden á petróleo, hendiduras parecidas á bostezos del
suelo, lavas petrificadísimas como los fósiles prehistóricos que revelan volcánicas erupciones verdaderamente asoladoras, cuyo estallido ha hecho estremecerse y bambolear á la isla como si ésta fuese árbol
desgajado de sus profundas y naturales raíces. Así no
debe maravillarnos, aunque sí dolernos, el terremoto
último. Ninguna calamidad tan aterradora. Cuando la
tierra os falta bajo los pies parece que os falta el universo entero. Aquella solidez nativa, sobre la cual todo
el peso de vuestro cuerpo se libra, cambiada en horribles y encrespados mares, os da vértigos, á cuyos mareos creéis perder primero la razón y luego la vida. Las
espesas masas de tinieblas, formadas por las trombas
del viento y henchidas de polvo; el trueno subterráneo
más fragoroso y más siniestro que cuantos retumban
en las nubes; los abismos abiertos al paso que os devoran de súbito; las ruinas y los escombros pendientes sobre vuestras cabezas estremecidas, componen
algo así;como la realidad viva de aquellos apocalípticos ensueños en que los espacios se arrollan como un
pergamino puesto al fuego y las estrellas se desvanecen como las cenizas móviles de un rescoldo disipado al soplo de huracanes terribles. Imaginaos lo que
habrá pasado en Zante cuando el aire se haya entenebrado por los átomos removidos del suelo y se haya
puesto como sólido, y la tierra sólida levantádose
como al ciclón el mar y abiértose en cráteres donde
reventaban gases asfixiantes entre humaredas, tan terribles á la vida como el vacío mismo, y los montes
estremecídose y dobládose como los árboles al viento,
y tornádose contrarios los hogares, que lejos de abrigar aplastan, y aquel campo patrio, á cuya seguridad
fiabais el propio ser, abiértose á vuestras plantas en
profundísimo insondable sepulcro. No quiero pensarlo. Nuestra divina madre, la hermosa Grecia, probada por tantos dolores en la última semana de años,
convierte los ojos al mundo civilizado y le pide
auxilios. ¿Quién podría negárselos? Cuando tantas
veces al recuerdo de los servicios prestados por el
pueblo heleno diera Europa torrentes. de sangre en
aras de su libertad, ¿no daría hoy algún socorro mate·
ria! á sus enormes sufrimientos? Grecia lo espera. Tenemos obligaciones unos pueblos con otros, como las
tienen unos hombres con otros; pero hay grados en
la obligación, pues así corno los hijos están más obligados con los padres y los padres con los hijos que
con el resto de los humanos, está el mundo culto más
obligado con Grecia que con ninguna! otra nación,
por no hallar en la lengua filosófica palabra, en las
artes plásticas modelo, en las ciencias signo, en el
progreso humano institución, en el sistema y enlace
de las ideas término que no esté muy estrechamente
relacionado con Grecia, esa musa de la humanidad
y de la historia. Una limosna por Dios á la mendiga
Zante, me parece, no algo que se da por sentimientos caritativos de grado, algo que se restituye y devuelve.

11
No salgamos por modo alguno del Oriente, ya que
nuestro ministerio de cronistas nos condujo á Grecia.
Junto á estas catástrofes del universo, desarróllanse
por allí dramas domésticos, y sin embargo trascendentes desde su relativa modestia y pequeñez á toda
la humanidad. Hace poco se hablaba mucho de las
aventuras del rey Milano y del dolor de la reina Natalia, reinantes uno y otro sobre la vieja Servia. Desde· los tiempos de Catalina y Enrique VIII, jamás habíase vuelto á ver entre monarcas un matrimonio tan
mal avenido y un divorcio tan escandaloso. Algo repulsivo el rey, mientras la reina muy atractiva, todos
los buenos corazones habíanse inclinado á ésta y sentido grande indignación á las complacencias serviles
de un clero que autorizaba conyugal separación, por
ningún motivo civil ó canónico autorizada, y á las brutalidades de una policía que separaba violentamente
la madre del hijo y perseguía como un grave crimen
la primera entre todas las virtudes, el amor maternal.
Llegados los dos al destierro, mientras el marido se
holgaba en fiestas y recreos, malgastando su vida, la
mujer se reducía en solitario retiro á devorar sus lágrimas. Contaban y no acababan de la hermosura que
distingue á la reina, como contaban y no acababan
de su caridad, reluciendo así más sus buenas obras

58r

que los destellos de sus ojos y los brillantes de sus
diademas. Y aun, aparte los motivos de orden privado, generadores del mutuo desvío y del oficial apartamiento entre los esposos, contábase que había Natalia sentido grave menosprecio por Milano, cuando
le vió volver de su guerra con Bulgaria roto, y que
nunca pudo transigir con sus inclinaciones austriacas,
cuando ella es por la sangre de sus venas y por los compromisos naturales de sus gentes perfecta y acabada
moscovita. Pero el tiempo lo crea y lo destruye todo,
así como lo cambia y lo transforma, cooperador mudo
y perdurable á la obra divina del Eterno. Y ha debido cambiar la voluntad de los dos esposos, cuando él
abandona sus recreos parisienses y corre presuroso al
retiro vasco en que vive tristísima ella para invitarla
con palabras y juramentos de toda clase á una reconciliación indispensable. No sabemos á cuál género
de móviles obedece la determinación tomada, ni con
cuál género de condiciones se ha hecho la reconciliación; lo que sabemos es su efectividad certificada por
telegráficas comunicaciones del padre al hijo, y recicibidas por éste con el júbilo consiguiente, deseoso de
vivir en paz y en compañía de los apartados y contra rios seres, á los cuales debe primero la vida y luego
la corona.
III
Otro drama en Rumanía. Esta tierra, donde latinos
orientales acampan desde los tiempos de Trajano
para libertarse de sus dos plagas, el yugo musulmán
de un lado y la preponderancia moscovita de otro,
magüer muy republicana se constituyó en monarquía,
y magüer muy de romano abolengo escogió monarca
en ese vivero de dinastías extrañas que se llama Germanía. Cinco familias alemanas proveen de reyes padres á todos los tronos desde Bucarest hasta Lisboa,
y desde Atenas hasta Sofía: la familia de los Daneses,
la familia de los Coburgos, la familia de los Batembergs, la familia de los Hohenzollerns, posesoras de
Bulgaria, de Grecia, de Rumanía, de Bélgica, de Portugal y hasta de Inglaterra. Un Hohenzollern es el
monarca rumano, un Hohenzollern. Y á pesar de
haber entrado en pueblo tan latino, el viejo latinismo no ha entrado en él, y entre gentes de sangre
hispánica y romana su flema de alemán prevalece,
rubio, colorado, de mirar vaguísimo, de silencio profundo, como aquellos emperadores últimos, que llegados á la cabeza de tribus irruptoras, cogían la
púrpura y el cetro de los césares, pero no su color, no
su temperamento, no su espíritu. Con poca vocación
para el matrimonio, este príncipe necesitó casarse á
causa de su oficio, el cual pide mujer é hijos por fuerza, bien al revés del sacerdocio católico, que pide la
castidad perpetua por voto irrevocable y el celibato.
No buscó en la compañera de su vida y de su trono
el rey ni la hermosura, ni la riqueza, ni el abolengo;
buscó un corazón &lt;ie verdadera ternura y un genio de
dulce poesía, como si fuese aquel un matrimonio de
las almas. Carmen Sylva se trasladó desde un castillo
del Rhin, pobre y antiguo, á una corte oriental de
boyardos ricos, armados á guisa de albeneses y envanecidísimos de su histórica ralea. Poetisa, literata, historiadora, la reina en los primeros días reconoció que
las emociones causadas por la novedad mantendrían
bien templados sus nervios y la satisfacción de reinar
contentísima su alma. Pero bien pronto hubo un des·
equilibrio entre los ambientes 'de antaño y los ambientes nuevos, entre la vulgaridad irremediable del marido muy linfático y el genio de la mujer muy exaltada.
Susceptible Carmen y el esposo indiferentísimo, ner·
viosa ella y linfático él, ella muy afluente y él muy
callado, pagada ella del ideal y pagadísimo él de las
realidades, la desavenencia llegó bien pronto, aunque
acallada por el interés mutuo de conservar la común
corona y envolverse á una en el manto real como los
bombyses en sus telarañas de seda. Pero así como
entre la reina y el rey de Servia hubo una separación
de cuerpos, entre la reina y el rey de Rumanía hubo
una separación de almas.Necesitada Carmen de amor,
el cielo vino á verla, enviándole, bajo la forma de
una hija, verdadero ángel que la sostuviera c·on sus
alas, y en joven é inteligente amiga, también devota
de las letras, una compañía de la vida. Mas esta joven
fué tentada por el demonio de las ambiciones, que le
mostró desde la montaña mágica de los ensueños
febriles el sitio mismo por Carmen ocupado en la
tierra, el trono de Rumanía. Con efecto, no habiendo
tenido sucesión varonil el regio matrimonio rumano
y perdida toda esperanza de tenerla, llamóse al príncipe Hohenzollern, que sobrepuja en edad á su hermano monarca, y se le declaró con toda solemnidad
sucesor, conjurándole á que buscase mujer de sus condiciones para cumplir el ministerio de prolongar y
perpetuar la dinastía. Ya en esta obligación se •puso
á buscar novia; y el ascendiente de la reina Carmen

N ú MERO

58 1

LA

sobre su ánimo y el carácter de la joven amiga de Carmen, inteligentísima
y hermosa, hiciéronle fijarse con amor
en ésta y preferirla entre todas las mujeres. Mas no contaba con la huéspeda. F uélo en este caso la nobleza territorial, convenida en que nunca designaron reyes y reinas de las familias nacionales, evitando así oligarquías conducentes al retroceso y feudos conducentes á la ruina. Y así, mientras Carmen á su predilecta ofrecía su corona
de laurel con su corona de oro, y mientras el príncipe le daba su joven enamorado corazón, llegó la política en
forma de protesta y turbó tal gozo~ interponiendo entre los seducidos y alucinados por tantas ilusiones infranqueables vetos, contrarios á sus respectivas venturas. El tremendo trance
tomó proporciones épicas. La novia estuvo casi loca en Milán, y la reina casi
moribunda en Venecia. El príncipe se
conformó con el destino adverso, penetrado por las dolorosas enseñanzas
aprendidas en sus afines y congéneres,
de que un mortal destinado á reinar
debe sacrificarse hasta posponer al cetro el corazón, y unirse, no con la mujer d e su preferencia, con la razón de
Estado. Pero estos dramas no se desarrollan en toda su magnitud sin pro·
mover muchos escándalos; y estos escándalos no se promueven sin que los
escandalizadores caigan en ruinas y
escombros al golpe de los escandalizados. La joven amiga de Carmen, ésta
y su esposo, el príncipe de la corona,
salieron maltrechos de tantas murmuraciones como suscitaron y de tantas
calumnias como cayeron sobre sus heridas frentes. No había más remedio
que proveer pronto el matrimonio y cerrar así el curso de los múltiples cuentos, cuyos rumores despedazaban el
respectivo renombre de los enredados
en tales incidencias, enmarañadísimas,
como verdaderas mallas, donde iban
quedándose todos presos y malheridos. Y con efecto,
el matrimonio, impuesto por la razón de Estado, acaba hoy de celebrarse con pompa y aparato dentro del
Palacio-Castillo, en que los Brandeburgos, alzados al

107

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

mentadas para la guerra y la conquista. El príncipe, que debe heredar la
corona de Rumanía, se ha casado con
una hija de los duques de Edimburgo
pertenecientes á la familia real de Inglaterra y á la familia cesárea de Rusia. La boda en realidad ha sido espléndida; pero los novios, al dirigirse á la
capilla imperial, han debido sentir que
pisaban tiernos corazones y ver alrededor suyo los fantasmas de bien horribles y sombríos remordimientos.
Madrid, 6 de febrero de 1893

. .......,......,,.,.............,......,......,......,..., ..,..,,,....,....,.,......,......

~

DON JOSE ZORRILLA

EL DESPACHO DE D. JOSÉ ZORRILLA

Apunte á la pluma por Vicente Cutanda

imper_io de Alemania, tienen uno de sus viejos hogares en feudal y sombría mansión, la cual ostenta salones parecidos á rellanos de fortaleza, y calabozos de
prisión y garitas de centinela, y nido de águilas ali-

DON JOSÉ ZORRILLA RN

su

LECHO DE MUERTE,

En el número 5 79 de la ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA insertamos un artículo de D. Emilio Castelar, así como otro
de la Redacción, dedicados ambos á
tributar un homenaje de admiración y
de cariñoso respeto á la memoria del
insigne vate cuya pérdida llora hoy España entera. Como complemento de
aquellos artículos publicamos hoy los
grabados que representan el busto del
poeta fotografiado en su lecho de muerte, una vista de su despacho en la modesta casa de la calle de Santa Teresa
en Madrid, donde últimamente habitaba, y la de su tumba en el cementerio
de San Justo.
Por la contemplación de dicho busto se podrá venir en conocimiento de
cuánto había desfigurado la enfermedad aquellas características facciones á
las que la expresión de la innata bondad del poeta, la de la mirada destellante de genio y la del afán de su labor
constante tanto atractivo y tanta simpatía comunicaron en vida.
Al contrario de otros escritores célebres, el despacho de Zorrilla no canta~
ba más que con una mesa «ministra »
una sencilla librería, un armario de
uso doméstico, una pequeña otomana
y por fin una mesilla supletoria sobre
la cual había un Cristo pintado al óleo.
¡Cuán diferente este despacho de los lujosos de Víctor Rugo, Zola, Daudet, y aun de otros escritores españoles!

apunte por Vicente Cutanda

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 581

Los lazos de cable, armados con boyas de corcho
que ornamentan la escocia del techo, en la sala segunda, son un tema frecuentemente repetido en las
construcciones de los siglos xv y xv 1. La decoración
de la puerta de esta misma s-ala reproduce el portal
de la iglesia de la Madre de Dios, de Lisboa, que atí.n
existe y figura en un cuadro expuesto, representando la
entrada procesional de las reliquias de Santa Auta
en el monasterio de la reina doña Leonor. Los adornos de las demás puertas y ventanas están inspirados en la arquitectura de otros monumentos portugueses de la misma época, y á igual principio obedece la ornamentación de los escaparates y de las
instalaciones murales.
La franja, hecha con redes de pesca, se convirtió

das por D. Manuel, en el monasterio de Batalha. Del
infante D. Enrique no hay más retrato auténtico que
DE MADRID
el que acompaña la crónica de Ruy de Pina, existente
en la Biblioteca Nacional de París. Este retrato en
Al emprender aquí el estudio del acontecimiento
miniatura, á la acuarela, se atribuye á una sobrina
más notable con que la civilización moderna ha hondel infante, discípula de Van Dick.
rado á la cultura antigua en celebración del cuarto
La sala primera se halla casi enteramente ocupada
centenario del descubrimiento de América, es natupor la sección de Etnografía americana, que comral y justo que empecemos por la parte que corresprende una importante colección de artefactos inponde á la nación heroica que comparte con España
dígenas, traídos principalmente del Bra~il por los mila gloria de haber realizado la revolución más fecunsioneros portugueses durante el régimen colonial anda que registran los anales &lt;le la humanidad.
terior á la independencia de la nación brasileña. Esta
Portugueses fueron los que, compitiendo valerosasección consta de armas, instrumentos de música, hemente con sus hermanos del extremo occidental de
rramientas, prendas de adorno, utensilios domésticos,
Europa, contribuyeron á conquistar para el viejo
tejidos, máscaras, capacetes de parada y de guerra
mundo otros mundos desconocidos,
y otros diversos objetos de cerámica.
cuya figuración ocupa más de las tres
Es rara y de considerable valor la
cuartas partes del mapamundi. Portucolección de máscaras, tejidas de cipós
gueses fueron Vasco de Gama y Magaó armadas en esqueletos de aves y pinllanes, que al par de Colón y Pizarro
tadas en varios colores. Entre los tejieclipsaron con sus magnas empresa'S la
dos merecen especial mención dos cagloria de los Alejandros y los Césares.
pacetes de forma griega y un rico manEn un mismo sentimiento de admito de plumas de Oceanía.
ración y orgullo confundimos á los dos
En cerámica brasileña hay curiosos
/_.,!fl¡
pueblos de la península.ibérica al evo/."J',;; •·1·"'
artefactos de épocas distintas; algunas
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car aquella época de semidioses que se
piezas de los barros prehistóricos halla•
I
/
aventuraban en mares jamás surcados
dos en recientes excavaciones hechas
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por nave alguna, para realizar el viejo
en la isla de Marajó, y muchos barros
mito de la Grecia, libertando audazmás modernos de la provincia del Amamente á Prometeo, encadenado á la
zonas, en que se ven los mismos temas
negra roca del Misterio.
decorativos que en las piezas de aqueY,si á Portugal rendimos preferente
lla isla.
hon9r en el est!ldio de la Exposición
Llaman la atención algunos ejemplaHistórica, es porque en ella figura con
res de calabazas primorosamente pintaiguales títulos que la nación hispana,
das en estilo italiano y ornamentadas
ya que la gloria de los héroes lusitanos
en las oficinas que fundaron en el Gran
se confunde con la gloria de los héroes
Pará los misioneros portugueses.
españoles en la admirable ep.opeya que
Por lo apuntado habrán comprendise conmemora.
do nuestros lectores que la sección porPor real decreto de 28 de enero de
tuguesa se distingue de las demás expoeste-año se encargó á la Real Acadesiciones instalaladas en el palacio de
mia de Ciencias de Lisboa la misión
Recoletos en que reune el doble carácde concentrar, dirigir y preparar los
ter de histórico-americana é históricodocumentos y objetos nacionales que
europea. Por esto, antes de emprender
hubiesen de figurar en la Exposición.
el estudio de la parte que á Europa coFormulóse el correspondiente prograrresponde y que entra de lleno en el
ma y se nombraron comisiones y subcuadro de este artículo, cuyo epígrafe
comisiones para la más fácil y pronta
excluye en rigor toda materia ajena á
realización de cada una de sus partes.
esta parte del viejo mundo, nos hemos
Aprobadas por el Gobierno las propovisto precisados á hacer en favor de
siciones de la Academia, se vió ésta efiPortugal u na excepción, incluyendo
cazmente secundada por todas las autoaquí la reseña de los objetos de arte é
ridades y fuerzas vivas del país.
industria de los naturales de América,
Dirigió_estos trabajos una comisión,
que la Real Academia de Ciencias de
compuesta de personas versadas en los
Lisboa ha presentado en la exposición
diversos ramos de las ciencias, las letras
de Madrid.
y las artes, y presidida por el conde de
Aunque en escaso número, compaFicalho, siendo secretarios Manuel Pirados con las asombrosas colecciones
nheiro Chagas y Joaquín Araujo; tesoexpuestas por las naciones americanas,
Sepultura de D. José Zorrilla en el cementerio de Sln J uslo, ele ~Tadrid
rero Augusto Carlos Teixeira de Araestos objetos bastan para un estudio
gao, y vocales Arturo Baldaque de SilApunte á la pluma por Vicente Cuuinda
comparativo entre la antigua civilizava, José Duarte Ramalcho Ortigao, Ención indígena y la que floreció en el
rique Lopes de Mendoza, Teófi].I) BraNuevo Mundo durante su colonización
ga, José Ramos Coelho, Próspero Peragallo, Juan en un atributo heráldico y en un ornato arquitectó- por lusitanos y españoles. La civilización antigua haBraz de Oliveira, Javier de Cunha, Tomás Lirio de nico, desde que la reina doña Leo.nor, después de la bía desaparecido de América cuando los europeos lleAssumjo~ao, Alvaro Rodrigues de Azevedo, Rafael muerte de su hijo, víctima de una caída de caballo, varon allí el imperio de sus armas, de su religión y de
Basto, Vizconde de Condeixa, Gabriel Víctor de tomó por emblema de sus armas la red en que fué sus costumbres.
Monte Pereira, Agustín de Ornellas Vasconcellos, llevado por algunos pescadores del Ribatejo el cadáLos siglos habían ido cubriendo gradualmente las
Tomás de Carvalho, Francisco Marqués Sousa Vi- ver del príncipe.
preciosas ruinas de un pasado esplendoroso con la
terbo.
Los azulejos y grandes piezas de loza que adornan exuberante vegetación tropical. Las exploraciones,
Aceptaron el cargo de delegados de la comisión estas salas son de la Fábrica Nacional, establecida hechas en Méjico, en el Perú y el Yucatán, han desen Oporto el gobernador civil, Juan Antonio Brissac en Caldas da Rainha, bajo la dirección artística del enterrado del olvido y del misterio aquella perdida
das Neves Ferreira; en Coimbra, el Reverendísimo Sr. Bordallo Pinheiro. Todos los azulejos son repro- civilización que tanta semejanza ofrece con la del
Obisp6 Conde de Argánil; en Guimaraes, Francisco ducción de tipos del siglo xv,, existentes en edificios extremo oriental del Asia.
Matías Sarmento, y en las Azores, Ernesto do Canto. portugueses. Los que se ven en los trenzados de
Todos estos objetos, pertenecientes al Museo de
Nombróse, por último, una delegación, compuesta cuerdas, reproducidos de la iglesia de la Madre de la Academia Real de Ciencias de Lisboa, fueron en
de los Sres. D. Manuel Pinheiro Chagas, D. José Dios, pertenecen á la época de D. Juan III. Los que su mayor parte encontrados en las márgenes del
Duarte Ramalho Ortigas y D. Rafael Bordallo Pi- adornan la parte inferior del escaparate hexágono, en Amazonas, en la mendonada isla de Marajó, en las
nheiro, quienes aunando los trabajos propios de sus el centro de la primera sala, son copia de los que grutas de Maraca y en otros puntos del Brasil, Méjirespectivas funciones de presidente, delegado y deco- existen en la casa llamada da Baca/hoa, mandada co y el Pení.. Entre ellos hay ejemplares que en vano
rador han realizado de un modo artístico y brillante edificar por el rey D. Manuel para el hijo de Alfonso se buscarían fuera de los Museos especiales de Leylas instalaciones de la sección portuguesa.
de Alburquerque. Los de estilo mozárabe proceden de, Copenhague y Londres. Sin embargo, la Acade•
Los grabados que acompañan este artículo, saca- de los que se encuentran en el real palacio de Cin- mía lisbonense no ha expuesto en el palacio de Redos de excelentes fotografías de ComF&gt;añy, dan exacta tra y en la iglesia de la Sé Ve/ha, en Coimbra.
coletos más que una pequeñísima parte de sus teidea de la disposición de dichas instalaciones.
Los remos armados en baldaquino en los dos án- soros etnográficos, que la envidiarían París, Berlín
A la izquierda del ancho vestíbulo que da acceso gulos de la sala grande, forman parte de la orginal y Roma, y que atestiguan el papel que los portugueá la doble escalera monumental del palacio, se en- palamenta de los bergantines reales, así como los ses desempeñaron en los descubrimientos y en las
cuentran, en primero y segundo término, las dos sa- faroles que adornan entre banderas la puerta de en- conquistas del Nuevo Mundo.
las de la sección portuguesa.
trada de la sección portuguesa.
Si importante es la sección de Etnografía america·
La decoración de estas salas, ajustada á los dibuLa estatuita del infante D. Enrique, colocada á la na, á que acabamos de referirnos, no lo es menos la
jos del Sr. Bordallo Pinheiro, es un trasunto de los izquierda de la entrada, en la sala segunda, está he- sección Documentaria y Bibliográfica que ha expuesto
motivos y emblemas arquitectónicos nacionales de la cha también de barro no esmaltado, en Caldas da Portugal en el Palacio de Recoletos.
época del Renacimiento, y ofrece la originalidad de Rainha, siendo la escultura original del Sr. Bordallo
Investigando con celosa inteligencia cuanto pare·
que en su ejecución, llevada á efecto por marineros Rubeiro. La ménsula y el doselete en esta obra son da digno de superior estudio; reuniendo elementos
de la Real Armada de Portugal, se ha empleado la de estilo del Renacimiento portugués, inspirado en con que enriquecer las colecciones nacionales; inren·
cuerda por todo elemento.
la arquitectura de las Cape/las Imperfeitas, construí- tariando objetos que revelan un movimiento cual·
EXPOSICION HISTORICO-EUROPEA

..

EXl'OSJCJÓN lilSTÓRICA, -SECCIÓN DE PORTUGAL, -SALA 1. • - INSTALACIONES DE ETNOGRAFÍA AMERICANA, - VISTA TOMADA DESDE LA PUERTA DE ENTRADA

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

EXPOSICIÓN HISTÓRICA. - SECCIÓN DE:PORTUGAL. -SALA 2 ·ª - INSTALACIONES EUROPEAS. -VISTA TOMADA DESDE LA PUERTA DE ENTRADA

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

�110

LA

quiera en la evolución artística de Portugal durante
los siglos xv y xv1; recabando para la gloria de su
país documentos tan curiosos é importantes como la
carta geográfica de Cantino; redactando monografías

que honran singularmente á sus autores; rebuscando
en los archivos documentos que pudiesen contribuir
á la historia de los navegantes; coleccionando memorias relativas á descubrimientos y descubridores; ave-

1

riguando el paradero de preciadas joyas y veneradas
reliquias que son timbres de gloria en los fastos del
arte, la comisión portuguesa ha conseguido documentar ese admirable período de la civilización portugue-

ILUSTRACIÓN A1nisncA

NúMERO 581

Duarte, infantes D. Pedro, D. Enrique y D. Juan;
D. Alfonso V, D. Juan II y D. Manuel; la página fi.
na! del tratado de pesca entre los Reyes Católicos y
D. Juan II; carta del rey D. Manuel á Alfonso de
Alburquerque; carta de éste á D. Manuel; carta de
Carlos V á D. Juan III; tratado sobre la posesión, comercio y navegación de las Molucas entre D. Juan U I
y el emperador Carlos V.
La edición del Esmera/do De Situ-Orbis, con arreglo al manuscrito de Duarte Pacheco Pereira ( 1505),
puede competir en anotaciones y documentación con
lo mejor que en este género de trabajos se ha dado á

de Madera, discutiendo la tradición de la caso que
se supone habitó el gran navegante. Juan Braz de
O!iveira ha hecho con gran tino y vigorosa crítica un
curioso trabajo sobre las naves de Vasco de Gama.
El Sr. Baldaque da Silva demuestra que el descubrimiento del Brasil, generalmente atribuído á casualidades de una navegación azaroso, obedeció á un plan
determinado y á un estudio científico tan riguroso
corno permitían los conocimientos de la época. Próspero Peragallo, americanista insigne, elucida y comenta, con el amplio caudal de su v:rlioso erudición,
la carta del rey D. Manuel al Rey Católico, refirién-

NÚMERO 581

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

pleta pueden adquirir el Elenco, publicado en Lisboa por los portugueses, corno tambié~ el estudio_ relativo
por Joaquín de Araujo, en virtud de un oportuno á los métodos de navegación y a los conoc1m1entos
acuerdo de la comisión portuguesa, la cual determi- geográficos que alcanzó Portugal en los Siglos xv
nó, con sus trabajos relativos al Centenario, esa ad- y XVI,
.
,
/
mirable corriente de investigaciones, que ha hecho
En esta colección hallamos: El libro de ilfarmer a,
revivir entre españoles y portugueses el sentimiento manuscrito expuesto por el duque de Palme)la; el ltde fraternal solidaridad que en los siglos xv y xv1, bro de las ]\Taus, manuscrito perteneciente a ~a Real
unió a la península Ibérica, del uno al otro confín, Academia de Ciencias; los mapas demostrativos de
en una misma comun\ón de ideas, creencias y aspira- las principales navegaciones P?rtuguesas; Elpromonciones.
torio de Sagres, donde estuvo mstalado el observato-

JJI

L, sección de arte europeo es la menos importante por el número, aunque no por la calidad de los
objetos expuestos en las salas de Portugal.
..
Llaman la atención algunos espec,111e11s de mob1hario é indumentaria de los siglos xv, xv1 y primera
mitad del xvIJ, entre los cuales señalaremos: el Estante-Pelícano, reproducción del atril de oro que
existe en ' el coro de la catedral de Vizen (1); las alfombras de Arroyolos, en lana portuguesa teñida por
larga infusión de tintes vegetales, fabricación relacio-

EXPOSlCIÓN HISTÓRICA, - SECCIÓN DE PORTUGAL, - SALA J.ª- INSTALACIO)l'RS DE ETNOGRAFÍA AMERICANA. -VISTA TOIIADA DESDE EL FONDO

(De folografia del Sr. Compañy, de Madrid)

EXPOSICIÓN HISTÓRICA. -SECCIÓN DE PORTUGAL. -SALA 2 .ª -IN STALACIONES EUROPEAS. -VISTA TOIIADA DESDE EL FONDO

(De fotografía del Sr. Compañy, de Madrid)

saque abarca desde el ~!timo tercio del siglo xv hasta mediados del siglo xv1.
Basta fijarse en la vitrina ndmero ¡, situada á la
izquierda del atril monumental que se destaca en el
fondo de la sala segunda, para comprender la importancia que reviste la colección de trabajos de interés

histórico, reafüada por la comisión.
El volumen titulado Algunos doa,me11tos del Archivo nacional de la Torre del Tombo acerca de las nave-

gacitmes y conquistas portuguesas, que comprende
más de 300 documentos íntegros ó extractados y
abarca la época de 1415 á 1528, ó sea desde la toma
de Ceuta hasta el tratado de las Molucas, recuerda
los gloriosos tiempos de Ribeiro de los Santos, de
Amara! y de Juan Pedro Ribeiro. Es obra que honra
grandemente á sus colaboradores los arqueólogos José Ramos Coelho, Rafael Basto, Javier de Cunha y
Próspero Peragallo. El índice de los facsímiles que
contiene es bastante para dar una idea de su importancia. Entre otros figuran los de D. Juan I, don

la estampa en los países donde semejantes tareas son
comunes.
La obra del Sr. Pinheiro Chagas, Los descubninientos de los portugueses y los de Colón, es un tomo de
buena crítica ql.l\:! se presta á la controversia.
De monumental puede ·calificarse el volumen en
que, bajo el título de Centenario del descubri111ie11/o de

América, la comisión portuguesa ha presentado una
colección de estudios que atestiguan la vasta erudición y elevado criterio de sus autores. El descubrimiento del Nuevo Mundo y su influencia en la civilización europea se hallan firmemente caracterizados
en la monografía de Teófilo Braga. A continuación,
el Sr. Teixeira da Aragao hace la historia de los preparativos y de la realización de esta grande empresa
con sólido conocimiento del asunto. Lopes de Men'.
do,a reune materiales para el estudio de las naves
portuguesas de los siglos xv y xv1, con lucidfsimos
resultados. Agustín de Ornellas ocdpase con sano criterio de la residencia de Cristóbal Colón en la isla

dole los viajes realizados por los portugueses á la In•
dia desde el año 1500 al 1505.

Merecen especial mención la sucinta pero interesante disertación de Gabriel de Almeida sobre las

Pesquerías en las Azores; la edición del capítulo de
Gaspar Fructuoso, extraído de las Saudades da Terra
por Ernesto do Canto; la colección de textos de Ruy
de Pina, García de Rezende y Juan de Barros, referentes á la estancia de Colón en Lisboa; la conferencia sobre las Navegaciones de los portugueses, pronuncidada por Oliveira Martins en el Ateneo de Madrid;
el curioso opdsculo genealógico de Antonio María de
Freitas sobre la Mujer de Colón, · y la noticia en que
el Sr. Baldaque da Silva, antes citado, expone su razonado plan de reconstitución de la nave San Gabriel, en que Vasco de Gama efectuó su primer viaje
á la India.
Larga es la lista de las obras expuestas y corto el
espacio que les podemos dedicar en este esbozo. Los
bibliófilos que quieran obtener su enumeración corn·

Es notabilísima la colección de cartas marítimas, rio del infante D. Enrique; los Descubrimientos de las
islas de Afadera, Azores, Guinea y Cabo Verde, del
Golfo de Guinea y el Congo, del Cabo de Buena Esperanza, del Ca111ino de la India, _de la Przinera circ1mnavegación de la tierra y de la A111érica Septelltrional y Austral,

mapas y portulanos referentes á Portugal_ y sus colonias, expuestos en la segunda sala y especialmente en
la séptima vitrina de la sección portuguesa..
El precioso mapa titulado Parles de A/nea, _de la
propiedad del rey y presentado ahora ~or pnmera
vez en pdblico, es obra de uno de los Reme!, p1lot?s
portugueses de mucha fama, segdn afirma el htStonador castellano Herrera; famosos cartógrafos y geógraÍos que en el siglo xv1 residieron largo tiempo en España, y cuya historia ha investigado de un modo mteresante el profesor Hamy.
.
.

Pertenecen igualmente al rey la copia manuscrita

nada con la antigua industria congé nere de Sevilla, é
iniciada tal vez en Portugal por tapiceros árabes; un
monumental armario de roble esculpido, trabajo portugués del siglo xv1, en cuya talla figuran las cuatro

estaciones y máscaras de guerreros con trazos que
revelan una inspiración oriental; varias arcas de ma-

Junto á los trabajos de geografía antigua ' figura
dera esculpida; ricos bordados, entre ellos las coluna rica colección de cartas modernas de Portugal y
chas del siglo xv11, que decoran las paredes de la sesus colonias; y entre las Memorias, monografías y pugunda sala; un dosel en terciopelo carmesí, bordado
blicaciones diversas que dan re~lce á la sección biá matiz, relieve y oro, de fines del siglo xv, pertenebliográfica de la Exposición portuguesa, únicamente
ciente á la catedral óe Evora; la casulla de D. Teocitaremos El libro del Preste Juan de las Indias, el de
dosio de Braganza, con relieves de terciopelo sobre
García da Orta sobre los Simples y drogas de la Iudúz
blanca lana, y bordados y pinturas sobre el tejido,
y las viejas ediciones de las Lusiadas, pues la sola perteneciente ala misma catedral.
enumeración de las que son dignas de atención preEn orfebrería portuguesa no podemos menos de
ferente por lo raras y curiosas, llevaría mayor espacio
citar la colección enviada por el rey y compuesta de
del que podemos disponer en las columnas de esta

y el original de la famosa colección de mapas. d_e V az
Dourado, expuestos al lado de los rn~pas ongmales
de Lázaro Luis Libro de todo ho 111uverso, pertenecientes á la Re~! Academia de Ciencias de Lisboa.
Son dignos de particular mención los Mapas.Y"!ª· revista.
dros demostrativos de los descubrimientos reahzaoos

(1) El pelicano era la divisa de D. Juan II. En la Vita
Christi, impresa en Lisboa en 1495, y en k.s fichas ele la época,

esta divisa tiene la expresada forma.

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CUADRO DE DAGN AN BouvERET (PARis), GRABADO POR BAUD E

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�114

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO 581

dos jarrones con sus bandejas, dos platos y ocho fruq ue se levant:u á el telón de la Scala para la primera representeros, piezas de plata repujada y dorada que caractetación de Falslafj.
D espués de escri tas las anteriores líneas se ha s.1.Udo telegrárizan perfectamente el arte de la platería portuguesa
ficame nte que esta ópera ha obtenido todo el brillante éxito
del siglo xv,. La decoración, espesamente agrupada,
que se esperaba.
que difiere de la orfebrería espafiola y de la ornamenParls. - En el teatro de la Renaissance, que ha cambiado su
tación italiana de la misma época, representa varias
título por el de teatro Llrico, se ha estrenado la obra más caescenas bíblicas, episodios de caza, de navegación y
pi tal de la semana, la ópe ra cómica A/adame Chrys~11thé1~1.e,
S.'lcada ele la novela del mismo títu lo de Pedro Lott (Juhan
de guerra.
Bellas Artes. - El museo Goethe, de W eimar, se ha en- Viand) y puesta en música por Andrés Messager. El libreto es
En los platos se leen palabras portuguesas y se
riquecido
con gran número ele valiosísimas adquisiciones; consis- sumamente senci llo y la musica no menos agradable, en espeven blasones nacionales.
ten éstas principalmente en multitud de acuarelns y d ibujos de cial un dí10 del cua rto acto.
Merecen también citarse dos fruteros sin pie, de la Goethe, procedentes de las herencias de la señora Stein y del
Afadritl. - Sólo u,n estreno de algu na im portancia, pero por
misma colección real, con adornos de inspiración consejero áulico Rochl itz. H ay además un dibujo q ue represen- desgracia acompañado de un fracaso, ha habido en la ce rte. Nos
mos al del d rama Gerona, original del Sr. Pércz Galdbs,
africana, representando palmeras, elefantes y negros ta al gran poeta vestido de fr:ic, una miniatura con su retrato, referi
puesto en escena con gran aparato en el teatro Español. La
del pintor Bosse, siluetas de Goethe, H erder y \Vieland, etc.
indígenas y los preciosos objetos enviados por el mu- El biógrafo de Leonardo de Vmci, Dr. Mull er-Walde, ha obra1 en cuanto episodio histórico, ha parecido pesada, falta de
seo nacional, entre los cuales descuellan un portapaz descubierto en el refectorio de Santa María delle Grazie, en interés, y sin más incidentes dramáticos que el fina l, el cual re representando Nuestra Señora del Espinheiro de Evo- Milán , las primitivas ventanas á cuya luz ajustó el gran artista presenta la entrega de Gerona á los franceses, de suert~ q.ue aun
el mismo desenlace, en lugar de halagar la fibra pa tnót1ca 1 ha
ra, joya de importancia capital para la historia de la la fa mosa Ceua que en aquel local se conserva . Tapiadas esas cont
ribuido, por un resultado contrario, al ma logro del drama,
y practicadas otras casi al ni\·el de la bóveda del Le•
platería portuguesa del Renacimiento; un cáliz góti- aberturas
cho, aquella célebre pintura producía mucho menos efecto del circunstancia que sentimos por el créd ito del. autor y por los
co-bizantino; un relicario portátil, ejemplar raro, per- que debla causar y caus::ará de nue\'0 cuando hapn vueho las intereses de la empresa, seriamente comprometidos.
Barcelona. - H a tenido lugar la clausura del gran teat ro del
teneciente al convento de la Concepción de Deja; cosas á su ant iguo estado, como se ha dispuesto.
- Reproducido en ocho hojas acaba de publicar la casa Liceo, cuya compañía lírica se ha despedido del pú)llico con el
una custodia de estilo gótico con elementos del ReOuga.nia, de Venecia, 1an conocida de eruditos y artistas por O/tilo, ele Verdi· habiendo obtenido en su ejecución grandes
nacimiento; dos cofres de concha con .adornos en sus
excelentes tral&gt;a.jos, un facsimi l del Planisferio del mundo aplausos todos l~s art istas y muy especia lmente ~l tenor S r. Car·
plata labrada; una imagen de San Antonio, colocada conocido, en lengua catalana, obra del siglo xv, ilustrada por dinali, que según es sabido canta á la perfección esta ópera.
sobre una esfera armilar con ornatos de filigrana; una T eobaldo Fischer, que se conserva en la Biblioteca Real de De la función de desped ida fo rmó parte la tercera representa·
de // birichi110, á cuyo autor, el maestro Mug~one, deampolleta que perteneció al rey D. Manuel y tiene Florencia. Un ejemplar de esta curiosa edición existe en la li- ción
brería del Museo municipal de Reproducciones artísticas de mostró el público todas las simpatías que le ha merecido por su
las armas reales en la tapa superior; un toco para agua, esta
acertadísi ma y laboriosa d irección du rante la tem¡&gt;&lt;?rada. - L1.
ciudad .
con pedestal, ornatos y tapa de plata labrada, perte- Una nueYa asociación acaba de reYelarse en París organi- compañía lírica italiana que actúa en el teatro de_l Ci rco Barceneciente al duque de Palrnella; el misal de Esteban zando en la Galerfa Petit de la calle ele Séze la Exposición de lonés no consif::ue, á pesar de sus esfuer1.os., ¡;!mnJcars~ el favor
Gonzaloes, que contiene uno de los más bellos y las cmujeres artistas,) que contiene unas dosciemas cuarenta de los aficionados. Verdad es que las conchc1ones de dicha com·
pañía no son de las más á propósito p:ara satisfacerles, y á excuriosísimos manuscritos portugueses, con preciosas obras, la mayor parte de pintura, algu nas en min iatu ra y pocas cepción
de la sei\orita Tan i, los demás artistas apenas se hallan
escult uras. Domina en ese concurso la más grande variedad en
figuras de estilo rafaelesco, á la acuarela sobre perga- ideas, tendencias y procedimientos, desde el más franco impre• á la altura de su cometido.
mino.
sionismo á la numera más opuesta, en pintu ra al óleo, en pasteNecrologia.. - 1lan fallecido recientemente:
La sección de pintura se reduce á seis lienzos y les y en aguadas. Sobres.1len en esta manifestaciAn del arte fe.
Justo Manuel Garelli della Ma rea, presidente de la facultad
menino
ele
Pa
rís
seis
cuad
ros
ele
la
S
rn.
Demont
-Bretón,
algunos
dos tablas al óleo; pero estas obras revelan la perfecellos, como el Baflo, ya conocidos y elogiados por el público de derecho de Turín, catedrático de derecho adm inist rativo y
ción á que llegó en Portugal el divino arte en el pe- de
de derecho constitucional, autor de El dtrtd10 admh1istralit'O
inteligente.
ríodo del Renacimiento, bajo la influencia marcadfsi- El célebre pintor alemán Frank Kfrchb:ich ha expuesto en italiano, Lecciones de dtruho comliturioual, l'n·udpios de ecoma de la escuela flamenca La escuela italiana, de la Francfort tres hermosos cuad ros decorati,·os que representan fa nomía política, Ciá1ria d¿ la Hadmda y otras.
El general de br1ga.cla D. Rafael López Domínguez.
cual fué jefe el artista portugués Francisco de Ho- fun dación de aquella ciudad, una a legorfa de su fl orecimiento
El teniente genernl D. José Chacón.
histórico )' otra de su edad de oro literaria: todos constituyen
landa, no llegó á predominar en el arte de la pintura ad mirables composiciones ; pero el más sentido y el que mñs
El Excmo. S r. Conde de Guaqui, grande de Esp.1.iía y scnaportuguesa.
impresiona es el último, que representa á Goethe en sus jU\"C• dc..r del reino.
La Excma. Sra. Condes:t de Cas.1-Sedano.
Entre los citados lienzos llaman particularmente niles años recitando ante un concurso de admiradores,
El escritor d ramát ico D. F ernnndo i\laniano.
la atención un retrato contemporáneo y auténtico de
Teatros. - A medida que se acerca el día del 'estreno de•
Vasco de Gama, y una Epifanía, cuadro en que se Falstaff
es mayor, más in tensa la impaciencia por oir esta nue·
\'en monedas portuguesas de la época de D. Manuel, \ '3 ópera de Verdi; la \'igésimasexta de las escritas por el famo ·
puestas en una taza y como ofrenda á los pies de la so compositor italiano. Se hacen con tocia acti"idacl en Milán
Virgen, y una de cuyas principales figuras es el re- los preparat ivos para su estreno, que tiene todas las trazas ele
acon1ecimiento, á juzgar por los artícu los que de antemano
tra to del mismo rey, así corno lo es del cronista Da- un
le dedican los periódicos de aq uel país, dando noticias detallamián de Goes uno de los personajes del segundo das de la obra. y del lujo y propiedad con que se pondrá en estérmino.
cena.
Como es sabido, Arrigo Boito ha sido el encargado de escriLas dos tablas á que hemos hecho referencia se
bir el libreto, basándose en el a rgumento de lasalt~res romadres
hallan pintadas por ambos lados y constituyen dos de
Wbuisor, y decimos basándose porque en realidad no Jo ha
documentos preciosos para la historia del arte portu- traducido, sino modificado conforme ha juzg.ido oportuno ¡xir:i
Antes del baile, cuadro de Francisco Masgués en el siglo xv1.
amoldarlo al gusto moderno y á las e:~igencias musicales. El
riera. - Arte y belleza son sinóni mos para Francisco · Masriehér~
de
la
comedia
_de
S~akespeare
es
sin
duda
ingen
ioso,
y
Estos dos cuadros, exhibidos ahora por primera
ra. J?e ahí que todas sus producciones se d istingan, en primer
s.1.m~nte por su mgemo se hace perdonar muchas picardías,
vez al pt1blico, representan el casamiento del monar- prec1
térm1no por ser muestra del deseo q ue an ima a l a rtista del
pero en ciertos casos es repugnante. Boito ha prescindMo del
ca D. Juan III con la reina doña Leonor, la ben- lado perverso de Falstaff, y lo presenta bajo un aspecto menos ideal que persigue, y que por fortuna puede expre.sa.r pe~ sus
especialísimas dotes .
anti
pático y mñs rid ículo.
dición nupcial de aquel consorcio, el desembarque
Todos sus cuad ros, aun aquellos q ue por la trivialidad del
Las ~urlas que en la obra del poet:t inglés hacen al gordo
de las reliquias de Santa Auta en Lisboa y la solemasunto pudieran servir de obstáculo, distínguense por ser man ipersonaJc
!ns
alegres
comadres
son
tres:
en
el
libreto
de
Uoito
ne entrada de las mismas reliquias en la iglesia de la s6lo figuran dos: la pri mera cuando lo esconden en el cesto Je la festaciones de lo bello, cautivan por la elegancia de sus líneas
Madre de Dios.
y sorprenden por su encantadora plasticidad. Prueba de ello
ropa Llanca y lo arrojan al foso; la segunda cuando dan una cison sus preciosas odaliscas, una de las cuales figura en el real
La sección marítima comprende una curiosa repro-- ta al viejo galan teador en el parqt\e de Wíndsor, á la que debe alcázar
de Madrid.
ducción de la nao San Gabriel, que mandaba Vasco acudir disfrazado y con astas de cien ·o.
El
cuadro
que reproducimos, inspi rado en una escena de Ca rLa música, alegre1 ligera y segú n parece digna ele la fam a del
de Gama cuando por primera vez aportó en la India;
naval, re\,ela, lo mismo en las fi guras de las jóvenes, que en el
maestro, contiene trozos que seguramente se harán populares;
un gran ndmero de cuadros pintados al óleo y repre- entre ellos una escena de besos tras un biombo entre Nannetta todo que las atavía y completa, un especial conocimiento de la
técn ica del arte, exquisito gusto y profund o senti miento de lo
sentando en tamaño natural las principales varieda- y F enon, escena de gran vis c6mic..1. intercalada por Boito, y el bello.
des de peces, moluscos y crustáceos que se crían en fina l, en el que atonnentan a l obeso protagonista sus burladolas aguas portuguesas; unos cincuenta modelos de ras, poco más 6 menos como á Orfeo los demon ios en la ópera
El pan bendito, cuadro de Dagnan Bouveret .
Gluck ; sólo que no es un desen lace trágico, sino alegre, c6·
- La costumbre que se observa, no tamo en las iglesias de las
barcos de pesca y cabotaje; cinco modelos de los di- de
mico, con su moral en el fo ndo y su conclusi6n fi losófi ca:
grandes poblaciones cu1nto en las rurales de algunas comarcas,
timos buques de alto bordo, construídos por la indussin exceptuar á las de nuestra Esp:iña, de ofrecer á los fides
T utto nel mondo Cbu rla:
tria particular de Portugal, obra de Joaquín Vareta,
trozos de p.1.n bendito d urante la celebración de la misa mayor
L'uom
6
nato
burlona
...
1
constructor de la ciudad de Oporto; una colección
ha inspirado al pintor Dagnan este bello cuad ro, que ha mereT utti r:b.\ti... Irride
completa de todos los trabajos hechos á bordo de los
cido
los
honores
de
figurar
entre
los
que
se
conservan
en
la
GaL'un I alt ro ogni mortal¡
leria del Luxembu rgo en París. Los tipos, q ue no pueden ser
buques de la real armada por los marineros portuMa riele ben chi ride
más franceses1 presentan tanta ,·erdad , que más bien parecen
La
risa.ta
fina
l!
gueses, y otros objetos que se detallan en el catálogo
fotografiados¡ el recogimiento y la devoción nparecen retrataespecial de esta sección, formado por el oficial de
en efecto, no sólo el fina l, sino toda la ópera es unarisata, dos en todos los semblantes, en todas las actitudes, y aunque
marina Sr. Baldaque de Silva, autor de la luminosa unaYcarcajada
no se Ye se adil'ina q ue el sacerdote celebra el s.1nto sacrificio,
continua.
a l q ue asisten los concurrentes con religioso unción. El experto
memoria que corresponde á la reproducción de la
Verdi, á pesar de _sus ochenta años, dirige con vigor incansa nao San Gabriel.
ble los ensayos de Falslaff, y a l ver á ese anciano robusto, de buril de Ba.ude no ha privado de ninguno de sus hermosos detalles á esta bella composición antes bien ha competido con el
De lo dicho se desprende que la Exposición por- paso firm e, de ademán resuelto, de voz penet rante, nadie su - pintor en dar al asunto todo su1 agradable y animado colorido.
pondría q ue es el mismo que en noviembre de 1839es1 renabaen
tuguesa de Madrid llena cumplidamente su objeto de el mismo teatro de la Scala su primera ópera aplaudida Ober·
contribuir al estudio de la etnografía americana por lo co,uie de Sa1t B011ijado. A los ensayos acude con más exac- Medalla conmemorativa del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en
l)ledio de una colección de artefactos indígenas; dar titud que nadie, y es quien más res iste el C..'l nsancio. D espués Buenos
Aire~. - La,República Argentina, al igual ele la maa (conocer el papel que los portugueses desempeña- de largas horas de ensayo, du rante las cuales el maest ro repasa yoría de las de ongen español, quiso honrar á su vez la memoria
con calma nota por nota, todo cuanto ha escri to, y enseiia él
ron en el desenvolvimiento de las ideas geográficas, mismo, con la palabra, con el solfeo , con el piano, una, dos y de Colón , con mot ivo del cuarto centenario del descubrimiento
en la navegación, en los descubrimientos y en las tres veces lo que conviene, noda muest ras de fa tiga, ni siquiera del N uevo Mundo, d isponiendo entre otras cos.i.s la acuñación
conquistas del Nuevo Mundo; definir, por medio de toma un \'aso de agua, y volvería á empezar si los artistas no ele la medalla que nos ocupa, como recuerdo del Almirante y de
tan gran acontecimiento. A este fi n sacóse á concu rso esta
algunos documentos y objetos de arte, el grado de estuviesen cansados.
acuiíacíón , y entre las cuarenta y ci nco medallas que se preE
l
respeto
y
veneración
que
todos
éstos
le
demuestran
cuan·
cultura 9ue alcanzó Portugal en los siglos xv y xv1; do ensaya, puede decirse que son profundos, religiosos. Contra se ntaron ~l certamen resultó la mejor la de los grabadores de
ev1denc1ar que la índole de este pueblo es adn esen- lo que se suele afirmar, Verdino es áspero ni desabrido con Buenos Aires Sres. Gotuuo y Terrarossa, cuya reproducción es
cialmente aventurera y marina, y estrechar, en fin, los ellos, y aun muchas veceri bromea. Por ejemplo1 cuando llegan la que ofrecemos en nuest ro grabndo. Como se ve, el an verso
representa á la República Argentina corcmando de laurel el
lazos que unen de antiguo á los dos pueblos herma- los cantantes del Falstajfsuele exclamar: c¡Ya están aquí mis busto
del g ran navegante, á cuyos pies hay varios at ributos ele
comadrecitas.'»
de la península, cuyos ideales se funden en una co- No hay detalle escénico ó indumentario que escape á su exa- In navegación, y en segundo término nparece la c..1.rabela que le
rndn aspiración de libertad, independencia y pro- men; en ello es sumamente inteligente, conocedor perfecto de condujo á aquellas apartadas regiones. En el reverso, bajo el
greso.
las diversas épocas de la historia; posee gran discernimiento y águila americnna que sostiene en su pico una palma, se "e una
J UA N

B.

E NSEÑAT

un golpe de vista segurísimo sobre los efectos de conjunto.
Todo ell o hace que los afi cionados italianos y extranjeros
aguarden afanosos, puede decirse que reloj en mano, la hora en

cartela con la leyenda conmemorativa , y b.1jo ella una rama de
roble. Esta medalla, por su composición y sus condiciones a rtísticas, es indudablemente d ign a de la preferencia que se le ha
concedido.

N úMERO 581

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

115

CARGO DE CONCIENCIA
POR J UANA MAIRET, CON PREC I OSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

- ¡Qué buena eres para mí, Marta! ¡Mira, algunas veces estoy casi confusa!..
En todo cas?, la tía Aurelia no piensa corno td.. .
-;- ¿Es decir, repuso Marta, siempre admirada al reconocer el fondo de aquel
caracter, tan sólo frívolo en apa riencia; es decir, que tú Jo habías arreglado y
combrnado todo ya en tu pequeña cabeza? ¿Por qué no dijiste nada?
- Es que .· · no sé porqué... creía vagamente que este casamiento no sería de tu
agrado; y sobre todo, no estaba segura de Roberto, que atraído primero irresis-

cosa tan bonita la ceremonia del matrimonio en una iglesia de pueblo, con los
regocijos que se ofrecen a los aldeanos! ¡Es mucho más íntima, mas poética que
esos ostentosos matrimonios de París, todos parecidos!
Las jóvenes elegidas para ser doncellas de honor de la novia rebosaban de
contento, y con la excusa de consultará Edr~rnnda sobre sus trajes iba~ continuamente al castillo que es1aba lleno de ruido y de voces, oyéndose sm cesar
el roce de las faldas de las mujeres y el rumor de las carcajadas. A Roberto le
parecía muy difícil hablar tranquilamente con Edmunda, que se prestaba quizás
demasiado á todo aquel bullicio.
Las dos americanas figuraban entre las doncellas de honor, é iban al castillo
más á menudo que sus compañeras.
En medio de aquel rmdo, la señora Despois continuaba su bonito trabajo.
Cierto día, Josefina Robinsón, instalándose junto al bastidor bajo pretexto de
admirar el bordado, dijo rápidamente á la tía Aurelia:
- Quisiera hablar con usted, señora, y aquí hay demasiada gente. Propóngame usted dar una vuelta por el jardín.
La señora Despois había notado cierto aire de preocupación inusitada en
aquella joven, y pudo ver que esta preocupación arrugaba su frente, comunicando cierta expresión de marcada seriedad al rostro de J osefina, tan risueña de
ordinario. Muy pensativa levantóse al punto y dijo:
- Sf, señorita, á mí me agrada mucho imitará la naturaleza en mis bordados:
venga usted conmigo y le enseñaré el rosal que me ha dado la idea para el trabajo en que me ocupo.
Las dos mujeres salieron del salón, y un momento después paseábanse lentamente P.Or el jardín.
- Y bien, ¿qué ocurre?, preguntó la señora Despois.
- Cosas mu y extrañas, señora, que ustedes serán las t1ltimas en saber aquí en
el castillo, He creído de mi deber advertir á usted y, francamente, no sé cómo
hacerlo.
- En este caso, lo mejor es ir derecho al asunto.
- Pues oiga usted. Mi madre, muy disgustada por la actitud de nuestro criado Isidoro en la información que usted sabe, y observando también que descuidaba el servicio, le despidió, esperando que saldría del país; pero no fµé así. El
hombre encontró colocación en un hotel de Villerville, y a!lf repite á toe.jo el que
quiere escucharle que el asesino del capitán Bertrand no es otro sino I señor
de Anee!...
- ¡Eso es una insensatez!
- Sí, pero ¿qué hacer para poner término á una acusación que no se fo¡mula
claramente, que se comunica en voz baja de unos á otros? Si se tratase d~ intimidará ese hombre, se haría el inocente. Se ha limitado á referir una hi,toria
Edn1unda, prep:trada ya p:tra el viaje y luciendo un gracioso vestido azul obscuro,
dramática, en la cual se halló mezclado él mismo como testigo; pero lo q~p no
entró en la habitación
hizo más que indicar en la información, lo precisa en sus conversacion~; no
habfa sólo de las voces que todas nosotras hemos oído, sino de amenazas; pronuncia á cada momento las palabras (matar,&gt; csin compasión;) y con poco más
tiblernente, retrocedía después y alejábase de mí sin que yo comprendiese por dirá que ha oído al Sr. de Anee! jurar que tiraría sobre su antiguo compañero
qué. Sin duda temía que yo fuera demasiado atolondrada para tornarme por es- corno si fuera un perro rabioso. En todo el país no se habla más que de esto; y
los proveedores que van á las casas á llevar víveres detiénense en la cocina para
posa... ¿No te parece que sería esto?
recoger detalles á fin de publicarlos en otros puntos. El Sr. de Ancel vive aquí
- Tal vez, articuló Marta, no sin hacer un esfuerzo.
desde su infancia; es muy conocido y no ha practicado más que el bien; pero
- Pues bien: en el fondo soy muy formal.
nada de esto se tiene en cuenta. Diríase que en la humanidad predomina ti ins- Comienzo á creerlo.
tinto de dar caza al hombre, y que una vez lanzada la jauría ya no es posible
- ¡Cómo dices eso Marta! ¿Me amarías si fu ese ,·erdaderamente frívola?
detenerla.
- No sé muy bien lo que yo quisiera, pero me parece que en la multiplicidad
-: ¡Bah, hija mía, no es cosa de atormentarse por semejante locura! Roberto
de tus cálculos no queda suficienle luga r para el amor absoluto, el amor tiránico.
En cuanto á mí, y recuerda que tú me lo has cciticado_ más de una vez, soy en fu é rnt~rrogad.o en el momen~o del crimen, contestó, y sus respuestas parecieron
ser sat1sfactonas. En cuanto a ese pícaro criado despedido, cuando los papanaextremo romántica ... flaqueza Pe antaño ... lo que tú quieras...
tas del país se cansen de oirle perorar durante algunas semanas, acabarán por
Edmunda miró á su hermana con asombro.
burlarse de él, y se buscará algdn nuevo pretexto de escándalo. Todo eso se des- Te engafias ' Marta ' repuso·, mis cálculos no ocupan
. ... de ningdn modo el !u- vanecerá en el aire como un vapor infecto.
gar del amor. Amo
mucho á Roberto, pero muchísimo
. - Sí, pero entretanto sucede todo lo contrario. 1Ah! Si el Sr. de Anee! hu- Mejor sería amarle sin calificativo.
.
.
biera
correspondido á nuestra invitacíón aquel famoso jueves .. .
- ¡Qué extraña eres! No tengas cuidaao, m, esposo será muy feltz.
.
- ¿Se excusó?
Edrnunda tenía otras preocupaciones además de sus planes sobr~ la vida_ fu tura. Su canastilla era para la joven asunto de graves reflex10nes; hizo un VJaJe . - No; Y como nos burlábamos en broma de Edmunda por no haber asistido
rápido á París, llevando consigo á la que debía ser su suegra, asombrada de ceder mnguno de sus dos enamorados, la ausencia de Roberto fué asunto de nuestras
tan fácilmente á los caprichos de Edmunda; v1ó á su rn od1_sta,, y encargó t_res conver5:iciones. En aquel momento Isidoro servía el te en el jardín.
- ¡D1a~tre! .. , ex.clamó la tía Aurelia, será preciso que, como quien no hace
trajes diferentes. Esta visita la interesó más atl n que la que hizo a su t~tor, qmen
por la primera vez de su vida mostróse amable y so!fc1to, muy satisfecho de na~a, obhgue_mo~ a Roberto á confes~r cómo empleó aquel día; pero se lo repitransferir á manos de un esposo responsabilidades que le pesaban. Manifestó ~u to a usted, senonta, no se mqmete mas sobre el proceder de ese bribón. Por lo
sentimiento por no poder asistir á la. boda y s~s e~cusas fueron aceptadas sm pronto le aseguro que ninguno de esos viles rumores ha llegado hasta nosotras.
-Naturalm~nte; pero no sucede lo mismo en los demás castillos. Algunos de
dificultad. Todo cuanto se Je pedía era su autor1 zac1ón y las cuentas de la tutenuestros conocidos, aunque tratando con desprecio esos rumores, han observa.do
la, y todo lo dió en el plazo mas breve que le fué pos1~le.
.
Entonces Edmunda quiso ver habitaciones, _peque?os palacios, aunque no 9ue entre ~os campesinos muchos creen en esa abs urda especie; y sin ir más le01 casualmente algunas palabras que resumen toda la situación.
debía determinar nada desde Juego, puesto que 111rned1atarne~te _después de ca- JOS,- ayer
¿Cómo, qué palabras?
sarse proponfase ir con su esposo á pasar un~ gran parte del mv1erno en Italia,
- Recordará us~ed, señora, que la tarde en que dimos un paseo á caballo,
donde Roberto tenía que trabajar; pero la ioven deseaba ver para trazar sus
Edrnunda y su novio se adelantaron á nosotras, pues el Sr. de Anee! está locaplanes más tarde.
..
La señora de Ancel volvió de aquella exped1c16n _completam~nte quebranta- mente enamorado y no lo oculta en modo alguno. Esta explosión de alegría conda, siempre muy contenta de su futura nuera, y tam~ién conv~nc1da de q~e esta trasta un poco rudamente con la expresión inquieta y sombría que hemos obsertlltima, á pesa r de su aparente candidez, era una muJer enérg1~a, que sabia muy vado en él cuando el capitán hacía también la corte á la señorita de Levasseur.
bien lo que quería y empleaba todas sus fuerzas para consegmrlo. Roberto esta- ~ abíamo_s Uegado á ViUerville, y un grupo de pescadores se detuvo para mirar
a lo~ novws; observé que todos ellos se tocaban con el codo1 sonriendo con exría en manos seguras.
.
,
.
Para los habitantes de los cas tillos y de las qu1nlas del pats, aquel matrimo- presión sarcástica, y halli ndome en aquel momento sola oí distintamente estas
nio que debía efectuarse hacia fines de septiembre era asunto de mternunables palabras : &lt;&lt;¡Bah! Si uno de nosotros hubiese dado el golpe, seguramente le haconversaciones, pues en el campo no faltan ratos de oc10; y por otra p~rte, ¡es brían e_ncerrado en .la c~rcel, y e~ cambio, ahí tienes al caballerito que hace la
corte sm la menor mqu1etud y sm pensar en aquel a quien ha enviado al otro

�II6

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

58r
NúMERO

mundo más que nosotros en el pescado malo que arrojamos al mar ... ¡A eso se soledad que me esperan en lo futuro, pues ahora no me casaré nunca. Sería dellama justicia, y dícese que estamos en tiempo de república! .. ¡Oh desgracia!» masiado triste, porque no sabría amar ya, porque he amado, porque ¡ay de mí!..
Otro pescador hizo un ademán de amenaza; mas interrumpióse al verme á mí. bien puedo decirlo ahora puesto que nadie verá mi confesión, aún amo, y más
He aquí por qué he resuelto hablar á usted sobre el particular, señora, y pre- apasionadamente que antes ... ¡Todo cuanto pido es que jamás, jamás pueda nadie sospechar la verdad! ..
guntarle si no se podrá hacer algo para imponer silencio á esa gente.
))Noto en Roberto, á pesar en su locura de amor, un estado raro, de marcada
- Nada se puede hacer, querida señorita; si nos dirigimos al señor alcalde,
esto enconará la cuestión; y por otra parte, ¿cómo hemos de obligar á toda una inquietud; diríase que le acosa el temor de que la felicidad se le escape; él quipoblación á guardar silencio? ¿A quién perseguir?.. ¡Vamos, vamos, un poco de siera apresurar los preparativos, señalar un día más próximo; y veo en esto algo
filosofía y de paciencia! Dentro de pocas semanas los novios estarán lejos, y en- más que la impaciencia natural del novio. Más de una vez ha hablado de la estonces esas calumnias se desvanecerán naturalmente ... En el otoño se cierran pecie de curiosidad malévola que inspira y que no puede comprender. Tal vez
los hoteles; el tal Isidoro se irá con sus chismes á otra parte, y todo habra con- sea la envidia de los pobres y de los campesibos, exitada por el lujo de ese enlace, que es el acontecimiento del día ... Lo cierto es que yo también, aunque muy
cluído.
- Esperemos que así sea, apreciable señora; pero cuando veo tan dichosa á amada en el país, me resiento un poco de ese malestar de que Roberto habla; es
mi amiguita Edmunda y pienso en las cosas que se dicen sin rebozo, paréceme una cosa que no se define, pero que se siente muy bien.
))Roberto tiene otra razón para desear la marcha lo más pronto posible, y es
oir aún nuestras carcajadas durante la excursión campestre, mezclándose con el
la necesidad de alejar á su esposa de los indiscretos. Durante años se le consifragor lejano del trueno.
- Es usted una niña encantadora, querida Josefina, dijo la señora Despois; deró como mi futuro marido y se ha tardado mucho tiempo en comprender que mi
pero no hubiera cre(do que las jóvenes de su país tuviesen tanta imaginación y aversión al matrimonio no era fingida. Roberto teme que un débil eco de la verdad llegue á oídos de Edmunda; sabe muy bien que ni su madre ni yo la revelarese hallaran tan bien provistas de nervios ...
mos; pero teme que se nos escape no sé cómo. Esto degenera en él en manía,
La señorita Robinsón sonrió.
complicada
con un sentimiento extraño, que no es vergüenza, porque siempre
- He ahí otra de sus preocupaciones francesas, señora, repuso la americana.
Usted no ve en nosotros más que una nación de traficantes en cerdos, sin reco- obró con lealtad, pero que se le parece bastante. Y lo raro es que esa semivernocer que somos, por el contrario, una raza casi demasiado refinada y demasia- güenza no se produzca por el hecho de haberse alejado de mí, sino que se deba
do nen-iosa, susceptible de amar, no solamente el lujo, sino también el arte y la más bien á la circunstancia de que haya podido pensar en casarse con otra mujer que con su radiante Edmunda ...
poesía.
))Porque mi hermanita se la echa un poco de celosa, lo cual encanta á RoLa señora Despois hizo una mueca que indicaba que no creía de ningún
berto.
La otra tarde, después de comer, estábamos sentados junto á la chimenea
modo en las aspiraciones poéticas de los yankees.
Edmunda, que al fin había echado de ver la prolongada conversación en el y ·yo había encendido uno de esos grandes fuegos que tanto alegran á Edmunda,
cuando ésta me dijo á quemarropa:
jardín, llegó corriendo.
- ))Marta, tú que conoces á Roberto desde su infancia, me dirás la verdad
- ¿De qué asunto tratan ustedes hoy?, preguntó.
- La señora Despois, dijo la americana, no quiere creer en la capacidad ar- sobre lo que voy á preguntarte.
- &gt;&gt;¿No te la dice él?
tística de mis compatriotas ni en sus nervios, y yo me indigno.
- »El hombre se cree con derecho á mentir en ciertos casos. Ya comprendl- Sí, y demasiado, mi querida señorita, pues tiene usted lágrimas en los ojos
rás; yo no he amado á nadie sino á él; todavía no he cumplido diez y nueve años,
y parece estar muy conmovida.
Roberto es el primero que encontré en mi camino, y en él he pensado al punto;
- ¡Oh! Cuando se toca a América ... salto al punto ...
mas Roberto .. . tiene treinta y ha visto muchas mujeres antes de encontrarme
á mí...
•
XI
- »Es probable, contesté yo sonriendo; en París se codea uno mucho con
El castillo comenzaba á ser inhabitable, pues todo lo llenaban las costureras ellas, y basta es posible que Roberto haya hablado con señoras en algún salón
llegadas de París, cuyos graciosos trabajos ocupaban por completo los salones; de vez en cuando y también con señoritas.
- )) Ya sabes que no es eso lo que quiero decir. Puede haber tenido aventudiariamente recibíanse paquetes, y los criados no hacían más que ir y venir de
ras... Vamos, no frunzas el ceño... Bien sabido es que los hombres han corrido
Honfleur para recogerlos, y Roberto exclamaba:
- Pero ¿qué necesidad hay de tanto lujo para casarse? ¿Qué haremos en el todos lo que ellos llaman aventuras y alcanzado triunfos. Esto me sería igual,
puesto que él jura que jamás amó verdaderamente á ninguna otra más que á mí;
viaje con treinta y seis cofres?..
- Este es mi departamento, señor novio, contestaba Edmunda. Los hombres pero sí me desagradaría mucho, por ejemplo, que hubiese pensado en casarse
no entienden nada en telas, y no les queda más remedio que reconocer su abso- con otra. ¿Ha sido novio alguna vez, di?
»Yo comprendía que al resplandor de la 1lama mi rostro debía expresar lamaluta incapacidad y callarse humildemente, quejándose en secreto si con esto enyor angustia.
cuentran alivio.
)) Y también adivinaba que los ojos de Roberto fijaban en mí una mirada su- Ya me quejo, ya me quejo, contestó Roberto dolorosamente.
plicante.
Hice un esfuerzo y conseguí sonreir de nuevo.
- He dicho «en secreto,» replicó severamente la novia.
- »Dudo mucho, repuse, que Roberto haya sido nunca prometido. Sé que
Parecía que ya no quedaba allí lugar para la dueña del castillo; los enamorado~ lo invadían todo, y seguramente no necesitaban la pr~sencia de Marta. Esta desde que fué mayor de edad, su madre soñaba en buscar para él una mujer
última se concentraba en sí misma, y nadie lo echaba de ver, excepto su tía, que ideal; y una vez encontrada ésta, como siempre hemos sido muy buenas amigas,
desde su rincón miraba con frecuencia á la pobre joven atentamente, tratando es más que probable que yo lo hubiera sabido la primera.
- ))Pero seguramente debió pensar en ti entonces...
de adivinar _qué era lo que la entristecía en medio del contento general y por qué
))¡Ah!
¡Qué cruel... qué cruel! .. ¿Cómo he tenido valor para contestarle tranquiguardaba silencio cuando todos hablaban por los codos. Edmunda se contentaba con la sonrisa de su hermana mayor, sin \·er que esta sonrisa era de tristeza. lamente? ¿Cómo no he perdido el conocimiento bajo las miradas de los dos?
»Parecíame oir una voz que llegaba desde lejos, muy lejos, y sin embargo,
Muchas veces Marta se deslizaba ligeramente fuera del salón, sin que nadie noobligué
á mis labios á que sonrieran.
tase su ausencia; entonces iba á recorrer, febril y agitada, las alamedas del par- »Es muy probable, contesté; pero los niños que se crían juntos, en cierto
que ó bien retirábase á su gabinete.
Hizo pocos asientos en su diario, pues agradábale poco analizar el estado de modo como hermano y hermana, rara vez llegan á casarse...
»Satisfecha Edmunda, habíase levantado para volver al fuego un leño caído,
su pobre corazón enfermo; pero un día sentóse á escribir.
y al acercarse para ayudarla, Roberto me estrechó la mano furtivamente con
mucha emoción y muy agradecido, y me aparté en seguida del círculo de luz.
10 septiembre
Iban á servirnos el te.
»Roberto cambió bruscamente de conversación.
«Dentro de diez días se habrán casado, se marcharan y todo habrá concluído ...
- ))¿Saben ustedes, dijo, que somos en el país asunto de interminables chisQuis_iera que fuese mañana mismo. ¿Tendré valor para llegar hasta el fin sin descubrirme, ó acabarán por leer en mi rostro pálido y contraído todo lo que sufro? mes? No puedo irá ninguna parte sin que todo el mundo se vuelva para mirar:tl:1e he mirado al espejo, y veo que estoy muy cambiada, singularmente enveje- me, y las mujeres salen á las puertas de las casas para seguirme con los ojos.
- »A nosotras también, dijo Edmunda; no creía que los normandos fueran
cida; yo, á quien siempre se suponía más joven de lo que soy, parezco tener
ahora más de treinta años. ¿Y quién lo echa de ver?.. La buena tía se atormenta tan curiosos.
- »A mí me irrita eso, continuó Roberto, tanto que el otro día me volví para
y es la única que se aflige? «¿Qué tienes, mi pequeña Marta? (para ella soy siempr~ «pequeña Marta))). - Nada, querida tía Aurelia, un poco de fatiga y nada decir á un campesino: «¿Por qué me mira usted de ese modo? - ¡Diantre!, cabamas. No estoy acostumbrada al ruido, á esas continuas visitas, porque soy con- llero, porque usted se casa y está loco de alegría, según dicen. - Y cuando os
te~plativa; pero cuando volvamos á estar solas tú y yo, ya verás cómo recobro casáis vosotros, ¿lleváis por ventura luto en el corazón?- ¡Oh! Nosotros no hace1~1 buen aspecto.)) Mi tía murmuró: «El hecho es que esa niña lo llena todo; mos tanto ruido como los ricos cuando tomamos mujer. Por otra parte, ha tenidiríase que la encantadora Edmunda es la que nos recibe, permitiéndonos que do usted la gran suerte de que el capitán fuese asesinado tan á punto para dejar
nos sentemos á su mesa. ¿Y sigues queriendo con tanta locura á tu hermana? el campo libre. - Esa muerte, por el contrario, repuse yo, me ha causado el ma- Creo que la amo más que nunca, porque la veo feliz. Sus defectos no son más yor pesar ... )) El hombre se volvió sonriendo con expresión de sarcasmo. A fe
que exteriores. ¡Si supieras que zalamera es por la noche cuando estamos solas mía, pensé un momento, que estaba á punto de acusarme de asesino ...
))Juan entraba con la bandeja en las manos; ha tropezado ó bien estaba muy
en nuestro gabinete! - ¡Sí, cuando no tiene otra cosa mejor que hacer!..
»Mi_ tía ha sido siempre injusta para con Edmunda, y nada la reconcilia con conmovido, no sé cual de las dos cosas, porque las tazas se han tambaleado, y
ella, 111 aun ahora, cuando es objeto de la adoración de todos y de la mía en pri- no sin gran esfuerzo ha conseguido colocar la bandeja sobre la mesa. Cuando le
pregunté qué tenía, me contestó: «Nada, señorita, nada; un ligero desvanecimienmer lugar.
»Cierto es, sin embargo, que tiene algo de invasora. Cuando le dije, apenas to que me da muy á menudo.)) Estaba muy pálido y salió cogiéndose á los muell~gó, que pensaba invitar á varios amigos para que estuviese más distraída, frun- bles. Los otros, que no habían observado nada, continuaban la conversación alció el ceño y díjome con un tono tan singular: «¡Me basto sola,» que no pude rededor del fuego, y oí á la tía Aurelia decir mientras dejaba su labor á un lado
m~nos de reirme y acabé por no hacer las invitaciones. En efecto, ella sería su- para tomar una taza de te:
- )) Dígame usted, Roberto, ¿por qué no fué usted aquel famoso jueves á casa
fic1ent~ por sí sola para llenar el país de ruido, de locuras y de alegría ...
»M1~ntras escribo tristemente, el murmullo de sus dos voces llega hasta mí. de la señora Robinsón?
- »¡Sí!, exclamó Edmunda, yo también quisiera saber por qué.
S_on fe_lices, deliciosamente felices; Roberto olvida sus trabajos, sus ambiciones,
- »Estaba indispuesto, celoso, de mal humor.
sm cmdarse de su porvenir; ama, y este amor llena su vida. ¡Y él había creído
- &gt;&gt;¿Y qué hizo usted aquel día para distraerse?
amarme ... él tomaba por amor un tranquilo é incoloro sentimiento!.. Aún tiem»Roberto, visiblemente inquieto, me dirigió una mirada suplicante, mas yo no
blo al pensar que este otro amor, el verdadero, hubiera podido extinguirle, anon~darle después de nuestro matrimonio. Al hacer esta reflexión todo me parece podía prestarle ningún auxilio.
- »Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces, replicó Roberto. ¿Cómo quiebien, no me quejo ya, y pienso sin terror en la melancolía de los largos años de

58Í

LA ILUSTRACIÓN

ren uste~es que lo recuerde?.. Creo que fuí á pasear al bosque, como ¡0 ha O con
frecuencia, sobre todo cuando estoy de mal humor...
g
- »Saltando por la ventana del gabinete ¿no es verd d? - d'ó Ed
d
sonriendo.
'
a ., ana I ª mun a
- »Es probable; no recuerdo ya .. .
se
á mí junto á la
, »Roberto
¡
- acercó
¡
. mesa
· ', y observé que su mano tem bla ba;
hice· e duna sena para que
tomara
asiento
· ba a¡
·
' y dí el te ,a' m·1 t'ia, ¡a cua1 mira
noVIo e una manera smgular.
- »¿Qué haY., tía Aurelia?, pregunté.
- ))Nada, h1ia mía. Solamente siento que Roberto tenga tan poca memoria.
Esta ,faltat debe entorpecerle
mucho en sus trabai·os de b'sto
· d
t
Id
I
rJa or...
,·
·
· )) S1, en' reb'nues ros a •eanos
. la curiosidad excitada por el próx1mo
mat mno1110 es mas b'1en una cunos1dad malévola... ·1Dios sabe por qu él.. . Nues t ros veCI-·
nos, ~n cam 10, parece que tratan de redoblar sus atenciones con nosotras y nos
agobb~an con fiestas. Esta es una nueva fase de la guerra de los castillos y de las
ca anas.
»Hemos aceptado ~omidas Y reuniones de_ toda especie á unas dos leguas á
la redonda, y no ha sido e_st_e el menor de mis fastidios: he debido poner buena
cara, ap~rentar que _me fel~c1taba del casa!11iento de Edmunda, soportar por parte de mas d~ uno cierto aire d~ compasión, horriblemente penoso para mí; y
cr~o haber s1d~ valerosa; mas s1 el esfuerzo se prolongase demasiado, temo que
m1 valor cedena, ~orque las_fuerzas humanas tienen sus límites.
&gt;&gt; o tenemos mngún pariente próximo que pueda acompañar á Edmunda
basta el ~ltar; su tutor elude esta_ honra; y como entre él y su pupila no hubo
nunca mas que un_a marc~~a ,antipatía, hace bien en sustraerse al compromiso.
En su consecuencia me dmg1 á nuestro vecino y antiguo amigo el marqués de
San Pedro, que al punto se prestó á represen_tar ese papel de padre; pero como
es ~e edad avan~da, no 1~ agrada mucho sahr de su rincón. Ayer convidó á los
novio~ á una com1?a de _etl~ueta, á la que habían sido invitados todos los nobles
que viven ,en las mmediac1ones. Nuestro nombre plebeyo sonaba mal entre
aquellos titulos pomposos; pero_ en cambio la belleza de Edmunda eclipsó á todas aquellas dama~, po_co agraciadas en general, y fué la primera entre todas, no
sólo por ser la novia, smo por derecho de conquista, gracias á su hermosura. ¡Y
qué orgulloso de ella parecía estar Roberto!..
))El marq~és ha sido siempre muy bueno para mí, tratándome con una mezcla de cort~s1a que revela todavía los usos·del antiguo régimen y con paternal
benevolencia, pues recu~rda _que sirvió de testigo en el casamiento de mi madre. Después de la com~da vmo á sentarse junto á mí.
- »¿Sabe usted, q~~n?a Mar~a, díjome, que me ha complacido particularmente que se haya dmg1do á m1 en esta ocasión?
·
-:- &gt;&gt;Siempr~ ha sido usted la bo~dad personificada, señor marqués, y jamás
vacilé en pedule un favor, aun á nesgo de ocasionarle una molestia.
.- »D~r el brazo á una joven muy linda no puede ser molestia... Hubiera pref~ndo, sm embar_go, conducir á usted ante el altar, Marta; y por momentos imagmome que su difunta madre conden~ desde su tu,mba mi proceder... En fin, 110
hablemos má~ de es~o. Usted ha querido adoptar a esa joven como hermana, y
solame_nte ba30 tal t1!11lo está aquí; ~ero de otra cosa me proponía hablar á usted. _Mi nombre, antiguo y por &lt;lemas conocido nombre en el país, impondrá silencio á los malévolos ...
- »¿Qué malévolos? ¿Qué hay contra nosotros?..
»Me ha p~recido que el marqués se embrollaba un poco al hablarme del ru~or ~romovido sobre este matrimonio; el lujo ostentado ha merecido severa crítl_ca sm duda; Y como yo m_irase al marqués, buscando la verdadera significación de_!us palabr~s, cambió bruscamente de conversación y tomó mi mano
con carmoso ademan.
:-- »Y ahora, querida niña, díjome, permítame usted hablarle como antiguo
ami~o, como padre. No le ocultaré que muchas veces la señora de Anee! y yo
h~b1amos hablado de su esperanza, largo tiempo acariciada, de llamar á usted
h13a. Pero usted se ha opuesto, ha temido el matrimonio .. . ó qué sé yo. En fin,
la cosa no se ha hecho, y por el pronto la señora de Anee! parece muy resicr0
nada...
- »Más que resignada, marqués, pue~to que aprueba el matrimonio de su hijo
con Edmunda, y me conserva como amiga. Soy una vecina muy conveniente en
el campo para los días de lluvia.
»A pesar mío, lo que yo quise decir como una broma, encerraba cierta amargura. Me costó un_ gran esfuerzo ahogar un sollozo, mi antiguo amigo movió la
cabeza con expresión de descontento y me pareció desorientado.
- Esas palabras me sue_nan en falso, Marta, repuso. ¡Ah! ¡Cuánto me alegraría
que fuera usted franca y smcera como en el pasado! Escúcheme usted; es preciso que se case.
-»¡Jamás!
- »Sin embargo, la mujer debe casarse .. .
:-- »Así lo dice mi tí~; es un deber social y republicano; pero yo no veo la necesidad de ello, pues siempre habrá bastantes que cumplan con esa obligación.
- »Tengo para usted un partido excelente.
- »Querido_ marq~és, comprenderá usted que, no queriendo yo esposo, no
aceptar~ «part!do)) nmguno. ¡Si usted supiera qué horror me inspira esa palabra!
Es preciso resignarse; yo no me casaré, no me casaré nunca. Será falta de valor, p~simismo, todo lo que usted quiera, pero es una repugnancia invencible
en m1.
- »¡No puede ser, no puede ser!.. Usted ha amado ya y sufrido .. .
- »¡Ah! Le suplico á usted que no propague esta especie, pues bastantes circulan ya. Si yo quiero ser soltera, á nadie perjudico con esto.
- »En mi tiempo, cuando una joven no quería casarse era porque deseaba
entrar en el convento.
-:- »Le aseguro á usted, repuse, que si tuviera vocación religiosa no vacilaría
un mstante. Por desgracia carezco de ella ...
»¡A~! Qué indecibles tormentos son para mí todas esas conversaciones, todas
esas miradas de personas que adivinan á medias la verdad!..
»¡Cuánto daría porque se hubiese consumado ya el sacrificio! Cuando Roberto sea esposo de Edmunda y por Jo tanto mi verdadero hermano, toda esa tem~estad se calmará seguramente. Me conozco muy bien; hasta entonces, cada latido ~e. este pobre corazón martirizado será un impulso de amor ... ¡Si él pudiese ad1vmar que en este momento le aman dos mujeres!.. ¡Si le fuese dado saber
que ~a que le ama profunda, tierna y dolorosamente no es aquella á quien dentro
de diez días dará el nombre de esposa! .. ))

117

ARTÍSTICA

XII
La pequeña iglesia de Valfleuri, donde Roberto y Edmunda debían casarse
hallábase en una profunda hondonada, por donde cruzaba un arroyo con preten'.
sion,es de ~orr_ente; el pueblo, d~ gracioso aspecto y revelando prosperidad, compomase pnnc1palmente de granps, y protegíale la sombra del castillo del marqués de San Pedro, mole imponente, de color gris y un poco sombría situada en
medio de magníficos jardines.
La ~glesia, aunque minú_scula y muy sencilla, era sin embargo pura de for'n1as
Y. graciosa por su~ proporciones, y hasta su pórtico parecía tener alguna pretensión de estilo gótico¡ mas Jo que le daba principalmente renombre era su adorno, ó mejor dicho, su revestimiento de hiedra, cuyos retoños fuertes y muy numerosos, habían invadido casi todo el edificio. En este país' abunda mucho la
hie_dra; trepa por las ramas más altas de las ?i;'ªs y de las encinas, enlazándose
tra1dorame~te en sus troncos; se arrastra por tierra formando espesa y magnífica
alfombra, siendo~ la vez que ~domo un perjuicio; pero la iglesia de Valfleuri
es un centro predilecto, y en nmguna parte se muestra tan tenaz ni florece con
tanta insol~ncia. Mil~s de ~ves viven entre aquella verdura, y la misma iglesia
parece un mmenso mdo, bien cerrado y abrigado.
. El cura no_h~bría tocado aquella hiedra por nada en el mundo; inspirábale
cierta superst1c1ón y _esta?ª o'.gulloso de ella. El Señor se había encargado de
a~ornar ~quel_Ia humilde iglesia de pueblo, y Dios sabía muy bien lo que hacía.
Nmguna 1gles1a de los alrededores podía envanecersedetenersemejante decorado.
~n la mañ~na, del gran día, el cura, muy afanoso, dirigió por sí mismo los trabaJOS de! sacn~tan. Un matrimonio como aquel no era cosa de todos los días,
y se hacia preciso honra!le. Del castillo ,llevaron plantas verdes y cestos de flores para el altar; y el senor cura, levantándose la sotana y descontento del mal
gusto de su ayudante, arregló por sí los grandes ramos y las masas de verdudura
que tenía á su disposición.
-:- ¡Qu~ lás!ima que Marta no haya podido adornar ella misma el altar! Las
mu3eres, mfenores desde tantos puntos de vista, tienen genio para los ramos y
las flores ...
E_stas pala~ras, de una galantería completamente eclesiástica, no se dirigían á
nadie e~ P?rticular y expresa_ban más ~ien los apuros del sacerdote, que no se
reconoc1a a la altura de las c1rcunstanc1as; pero fueron recogidas por Francisca
e) ama del ~ura, n:iujer algo tiránica y que miraba á su amo, durante su ocupa'.
c10n, con cierto aire desdeñoso.
- ¡Bah, señor cura, dijo, las ~obres mujeres á quienes tanto Je agrada usted
pone~ en su lu~ar, c?mo us~ed d1ce1 ~~ vengan bien! ¡Quisiera saber qué haría
el senor cura s1 ~ub1e?e quien le dmg1era un poquito!
- No he quendo otender á uste_d, mi buena Francisca; hablaba conmigo mismo. Esos ramos no me parecen dispuestos con mucha regularidad. ¿Qué opina
usted?
- Para lo q~e han d~ mir~rlos, creo que ya están bien. Tengo una vaaa
idea
0
de que ese lucido matnmomo no se efectuará.
El cura, sobre?_ogido_ de un temblor nervioso, bajó tropezando los dos escalones del altar, .Y d1JO casi en voz baja:
- ¿Ha sab1d? usted al_go, Francisca? ¿Hay algo nuevo?..
- Yo _no sé a punto fiJo lo que hay; pero seguramente hay algo. El tahonero
me ha dicho, al vol~er de Villerville, que todo el pueblo está agitado, y que en la
playa no se hac~ mas que hablar otra vez de .. . Jo que usted sabe.
~ Yo creía, s1~ embargo, que d~sde hace algunas semanas se habían desrnnec1do por sí mismas esas abommables calumnias. ¡Pensar que no se puede
nada co_ntra rumores que están como en el aire, así como no es posible contener al viento en su carrera!
- De todos modos, es muy extraño, murmuró Francisca, que en el castillo no
sospec~en n~da. Yo, en lugar de usted, señor cura ...
- Si, hubiera usted ido á introducir la perturbación en medio de la alegría
No; yo estoy pe~su~dido de que ese rumor se desvanecerá como ha venido
caus_a; Y de cons1gu1ente, ¿por qué he de ocasionar una pena profunda á p~rsonas m_o~entes? Todos comprenden que les rodea una sorda malevolencia mas
no adi vman la causa. Solamen!e la señora Despois me parece estar al cor;iente·
per~ e11a ca1la, y yo hago lo mismo.
'
'b Sm em?arg~, aunque se callase, el buen cura experimentaba cierto malestar·
i ~ Y v~ma, mu~ndo al ciel~, que aunque nublado entonces, dejaba yer acá ;
a1a a1gun espacio azul, un, cielo s~reno de una mañana de septiembre; contemplaba ªal pueblo, que parec1a dormido, pues casi toda la gente estaba en los campos: na a se veta aún, nada absolutamente.
E~tinc~s el cura trató de c~ncentrarse. El discurso que había preparado no le
agra, ª ª el todo; Y ~l tamb~én se decía, como Marta en el castillo mientras
vest1a clon sus manos a la novia: «¡Con tal que todo vaya bien! .. ¡Cuánto daría
por ver o ya todo concluído!»
. L~s once daban ~n el an~iguo reloj¡ el sol, atravesando la bruma de otoño
~umi~ata e~ corteJo nupcial, que llegaba con rara puntualidad. El pueblo n~
ormita a.': ora: hasta !os trabajadores habían vuelto de los campos; las mu ·er~s Yl~s n~1 os se empu3aban, Y los ancianos, en el umbral de las puertas ~on anse a~ u~sosa~ manos sobre los ojos para ver mejor.
'
En la iglesia m1_sma h~bíale costado al sacristán no pocos esfuerzós ardar
el mímero necesano de sillas para las personas que acompañaban á los ~ovios
De los alrededores, así de lejos como de cerca, había llegado mucha ente e~
~~b!ª~edrnas dedlos pueblo~ y en los patios de las granjas oíase la mYsma 'r1~se
1
o os mo os, es preciso que veamos eso!»
·
Desde el fondo_ del coche Marta había notado ya en las inmediaciones del
iueblo ~ pr_1senc1a de aquella multitud inesperada, llamándole la atención cierp:~~~'t qi:t~iv~nh~~:m:ill~nm~l ahogado Y mirad~s bur~onas. Al dol?roso estumezclóse ento
g t_1e~po y _que la obligaba a obrar maqmnalmente,
más b'
nctsóuna angustia mdec1ble, y en aquel instante comprendió ó
. ien sospec ' que toda aquella gente acusaba á Roberto de un criU:en
abo:ndmable, por el cual había conquistado á Edmunda librándose del · 1 b
rdrecl1 o qu~ ~e la disputó ... Marta vió esto en las mirad~s burlonas
n~~ .ª oe os env1d10sos campesinos.
Y ma 1c10sas

;¡'~

aq~e~l~u;~~i~~~~ra de Anee!, poco observadora por naturaleza, exclamó al ver
(Co11/i1111ará)

�118

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

LA EDAD DE COBRE

,,1

NúMERO

581

119

LA IL USTRACIÓN ARTISTICA

I

Este hecho está, pues, comprobado, pero no podrá
conocerse exactamente la duración del período de
variación hasta que se habrán hecho observaciones
I en un lapso de tiempo mayor y superior á la dura1
ción de las observaciones exactas no comenzadas
1 hasta 1889.

M. Berthelot ha aplicado el análisis químico á la
solución de un problema de arqueología: habiendo
recibido de M. Heuzey un fragmento de cobre hallado por M. de Sarzec en unas excavaciones practicadas en Mesopotamia, ha determinado exactamente
LA PRESTIDIGITACIÓN DE CUBIERTA
la composición de ese metal. Hay una circunstancia
UNA ILUMINACIÓN EN UN SOMBRERO
que hace que su trabajo sea muy interesante desde
el punto de vista arqueológico; á saber: que puede
FÍSICA RECREATIVA
Hacer salir de un sombrero seis faroles de papel afirmarse, teniendo en cuenta el lugar en donde se
LA
PRESTIDIGITACIÓN
EXPLICADA
encendidos, luego otro farol, de papel también, de encuentran las sustracciones de donde se ha sacado
un metro de largo y por último seis faroles de cristal este fragmento, que éste es antiquísimo, más que BaMULT I PLICACIÓN DE MONEDAS
con sus bujías encendidas, tal es el experimento que bilonia y que la famosa estela de los buitres de Caldea.
Se hacen con frecuencia en prestidigitación juegos
representa nuestro grabado.
Esto sentado, este análisis puede servir para aclarar
Los faroles A (fig. 1) se componen de un áisco su- un punto importante de la historia de la humanidad-. sencillísimos y que parecen pueriles tan luego como
se sabe en qué consisten, pero que al ejecutarlos proy es el siguiente: ¿Existió en los tiem- ducen mucho efecto y causan á los espectadores más
•
pos prehistóricos una edad de cobre sorpresa que otros juegos ingeniosos y complicados.
anterior á la de bronce que subsistía Así sucede con el de cla multiplicación de monedas.&gt;
aún en los tiempos de los héroes de
En una bandeja rectangular de latón ó hierro briHomero? El mineral de cobre se re- llante, de aspecto parecido i las que se venden á peduce fácilmente por el carbón, de mo- seta en los bazares y tiendas de quincalla, se ponen
e
do que es muy natural que haya sido siete monedas (fig. 1). Se ruega á un espectador que
conocido mucho tiempo antes que el reciba en sus manos juntas este dinero, y que vuelrn
hierro. Pero en el bronce entra estaño i poner las monedas en la bandeja, una á una y con•
y éste se halla casi exclusivamente lo- tándolas en alta voz; entonces se ve que su m1mero
calizado en la península de Malacca, ha duplicado y que hay catorce en vez de siete; si se
en las islas de la Sonda yen Cornuailles; repite la operación, da por resultado veintiuna mo.
de manera que el empleo de este me- nedas.
tal por los griegos demuestra que éstos
Expliquemos en qué consiste esto.
hubieron de emprender largas navegaDebajo de la bandeja, que se representa cortada
ciones ó larguísimos viajes por tierra, longitudinalmente en la fig. 3, hay un doble fondo
manifestacioo.es irrefutables de u na que forma un espacio vacío un poco más alto que el
1
actividad comercial que no se sospe- grueso de una moneda y dividido
en dos partes iguachaba en aquel pueblo.
les por un travesaño B; las dos divisiones ó comparLa muestra analizada por M. Ber- timientos están cerrados alrededor, quedando sin
thelot no contenía estaño ni cinc y embargo una pequeña abertura ó rendija igual al doapenas algunos residuos de plomo y ble del diámetro de las monedas, y que se ha practide arsénico: el aire y el agua habían cado en A y en B, en medio de los lados más cortos
Ll iluminaci6n en un sombrero
oxidado toda la masa y se presentaba de la bandeja. En el doble fondo hay catorce monecomo un subóxido ó una mezcla de das, siete á cada lado.
protóxido y de cobre metálico. MonCuando se echa en manos de un espectador el
perior R recortado en una hoja delgada de metal, del sieur Berthelot recuerda en esta ocasión que se dedicili~dro de papel de color que todo el mundo cono- có á investigaciones del mismo género sobre un frag- contenido de la bandeja, las monedas ocultas en uno
ce y de un fondo F de cinc con seis pequeños aguje- mento de cetro· de un Faraón, que reinó en Egipto de los compartimientos caen al mismo tiempo (fig. 2).
ros dispuestos circularmente á igual distancia unos unos 3.500 años antes de Jesucristo y que en él no El prestidigitador se pasa en seguida la bandeja de una
mano á otra,cogiéndola naturalmente así por el lado en
de otros, A uno de estos agujeros va soldado un tu- encontró estaño.
que
ahora se encuentra el compartimiento vacío, con
bo metálico de diámetro un poco más estrecho, desEn suma, habría que practicar un gran número de
tinado á sostener la bujía, que no es otra cosa que una análisis de este género para sacar de ellos una de- lo cual se consigue que las siete monedas que quedacerilla Q á la que se aplica, después de haberla ablan- ducción exacta, pero desde ahora puede decirse que ban encerradas en el doble fondo vayan á reunirse
con las primeras, cuando éstas se echan rápidamen•
dado con el calor de la mano, un fósforo de cera. Los es probable que la edad de cobre haya existido.
te por segunda vez en manos del espectador.
faroles de papel están colocados unos encima de otros,
Con una bandeja cuadrada cuyo doble fondo esde manera que las pequeñas bujías y los tubos metátuviera dividido en cuatro compartimientos median•
licos encajen en los agujeros de los que están puesVARIEDAD DE LA LATITUD GEOGRÁFICA
te travesaños puestos en línea diagonal de un ángulo
tos encima, formando en conjunto un paquete P que
á otro, se podría aumentar otras tantas veces el nú•
el prestidigitador introduce en el sombrero por uno
Esta cuestión que hace muchos años se viene agi• mero de monedas.
de los varios medios para ello conocidos.
tando ha sido reproducida recientemente en varios obDigamos, sin embargo, que los prestidigitadores
Prestidigitadores hay que para ahorrarse esta pe- servatorios por excitación de la Asociación geodésihábiles prescinden del doble fondo; tienen las monequeña dificultad persiguen con un pretexto cualquie- ca internacional.
das, ora debajo de la bandeja con los dedos extendira, y llevando el sombrero en la mano, á su ayudanObservaciones comparativas hechas desde , 889
te ó secretario hasta dentro de los bastidores, y una con el mayor cuid~do y por los más diversos proce- dos, ora sobre ella sujetándolas con el pulgar, y revez allí, libres de las indiscretas miradas del público, dimientos en los observatorios de Berlín, Potsdam,
llenan el sombrero con toda comodidad. Estas astu- l'oulkoya, Praga y Estrassburgo, han demostrado en
cias demasiado burdas sólo pueden emplearse cuan- todas partes la existencia de una variación en la lati•
do se trabaja delante de gente estúpida ó poco menos. tud, en un período algo mayor que el período anual,
Después de haber sacado del sombrero varios ob- variación cuya amplitud total es aproximadamente de
jetos, el p~estidigitador dice de repente que hay fue- medio segundo de arco.
go en él; quiere introducir en él la mano, pero no se
La distancia en longitud entre estos diferentes obatreve por miedo de quemarse y pide un ganchito con servatorios impedía atribuir estas variaciones á cau.
el cual va sacando uno tras otro los faroles (fig. 2) sas puramente locales y parecía demostrar la existenque luego coloca en un colgador (fig. 3).
cia de una oscilación periódica del eje de rotación de
El extremo del ganchito habia sido previamente la tierra, pero faltaba hacer la prueba de ello. A este
calentado, de modo que á su contacto se han infla- efecto la Asociación geodésica internacional, de acuermado los fósforos de los dos faroles superiores; antes do con el Coo,t and Geodetic Survey, de los Estados
de retirar el segundo de éstos se inclina la bujía ha- Unidos, ha organizado una expedición astronómica á
cia el tercero para que á su vez se encienda, y así su- las islas Sandwich para estudiar el fenómeno en una
cesivamente.
longitud que difiere aproximadamente doce horas de
En los faroles de cristal B (fig. , ) la disposición las de las estaciones europeas del mismo hemisferio,
del fondo es la misma que en los de papel, pero pero en una latitud y en unas condiciones climatolóaquéllos se introducen uno dentro de otro, y á fin de gicas completamente distintas de las que se presenque los espectadores no vean que son de distinto ta· tan en Europa. Los resultados obtenidos en Honolumaño, lo que sucedería si los veían juntos, son reti- lu por M. Marcuse, de Berlín, jefe de esta expedición,
rados de la escena á medida que se les saca del som- han sido comunicadas durante el pasado otoño en
brero, en-el cual han sido introducidos del modo si- Bruselas con ocasión de la reunión de la Conferenguiente: colocados uno dentro de otro é inclinados cia de la Asociación geodésica internacional.
oblicuamente en la mesita auxiliar que hay detrás de
Las observaciones comenzaron en mayo de 1891 y
la mesa, el prestidigitador los ha cogido introducien- han durado hasta mayo de 1892: las variaciones de
do en ellos el dedo medio, mientras el sombrero, que latitud de Honolulu se ha visto que concordaban perA
ll
e
aguantan el pulgar y el índice teniéndolo apoyado fectamente con las que se han observado durante el
sobre la mesa, ha ocultado la operación. Este proce- mismo período en Europa, pero en sentido contrario,
:Multiplicación de monedas
dimiento es el mismo que se emplea para el experi- según se había creído poder presumir. La amplitud
mento del nacimiento de las flores que explicamos durante este último período ha sido un poco mayor
nuevan muchas veces la provisión sacándolas alternaen el número 568.
del medio segundo y la duración del período es algo
El experimento de la iluminación en un sombrero mayor de un año. De ello resulta que los polos, du- tivamente de alguno de los bolsillos secretos dispueses muy entretenido, y cuando se ejecuta bien produce rante este tiempo, se mueven unos 20 metros en la tos con arte en varios sitios de su levita donde los
espectadores no puedan sospechar siquiera que hay
gran efecto en los espectadores.
superficie de la tierra.
tales bolsillos.

•••

581

NúMERO

NUEVA PUBLICACIÓN

campo al autor para describir sus asombrosos fen 6menos y sus

causas. En el Calor nos dn. á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dima~ado aplicaci~nes t_an
útiles como los fe rrocarriles, la navegac16n 1 las máquinas m·
dustriales y otras . Por último, en In Aftltorologla se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracnnes,
erupciones volcánicas, etc.
,
Por esta rapidísima rescila_d~l contenido del M~~DO 1-·1•
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran utihdad ele
esta obra.

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN Dlt D. MANUIL ARANDA Y SANJ UÁN

GRAVEDAD. GRAVITACION, SONIDO , LUZ , CALOR , MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, IETEOROLOGIA, FISICA IOLECULAR

Edici6n ilwtrada con grabad-O, inürcala&lt;.w, f ldmina,
cromolitografiada,

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionao con la fisicn del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente ~pul.ar. ~iguiendo en_él el
plan admitido po~ cuant~ d~ la ciencia física han escmo, Jo d i·
vide en varias secc10nes pnnc1pales, en cada una de ellas se enuncia la ley que preside á los fenó~en&lt;:&gt;5 de que tratll, el descu brimiento de estas leyes y las aphcac1ones de cada una de las
fuenas flSÍcas descubiertas y conocidas.
As!, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Gravedad explic:i de un modo comprensible c6mo esos fenómenos y

COND ICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La p resente obra formará 3 tomos de regularesdimensio·
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de pesetll; pero en e l ~ de qu~ lo ~ese:i.~~il,;,~!!!!!!!~
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
Muestra de los grab:idos de la obra. - Audiciones
So páginas, á peseta cada uno.
telefónicas teatrales
Además de los grabados intercaladqf en eljtexto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, repre5entando
esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanz.'l, la pre~sa. algunos de los fenómenos más notables de la Física, así como
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas ú otras
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enume· que afectan á la constitución del globo.
.
ración de todas las aplicaciones de laAcústicay de los instrumenCada una de estas láminas 6 mapas equivaldrá á 8 páginas.
tos musicales. La Lt,z da la descripción detallada de todos los
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á. la fotografía, microsco- nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo con
p10, etc. El /¡fagnetismo y la Electricidad proporcionan ancho que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sres. Montaner y Simón, oalle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona

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1 Com,alectnc1a1 co'otra las DUJN'ttll y las Afeet:1(»&amp;U del llll(&gt;tnlJOO Y 108 tntuttno,.
Cuando se lra!á de despertar el apeUlo, ase¡uiar las dl¡¡esUones, reparar Jaa tuerzas,
~ecer la S&amp;Dgre, entonar el organismo y precaver la anemJa_y las epidemia, provo,.
Cldai por los calores, no se conoce nada supertor al Wt•• de O•&amp;aa de &amp;re11cL
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dos, Empobreconiento d1_1angre, Debilidad , inapete11cia Y menstruacÍonu difkiU,.
T! oemoa numerosos oerti.fi.oadoa de los médicos que lo recomiendan y recetan con ad ..
m~ralables reaultados.-Cuidado con las falsificacione1, porqi,e no dardn reaultado. Fai•
gtr firma y marca de garant(a.

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De venia en tod11111 farmacias de las provincia, y pueblo, de Espafia,
Ullramar J Amirlca del Sur.

Depósito general:

ALM ERIA,

Farmacia

VIVAS PEREZ

�LA

12Ó

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

581

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓt&lt;
por autores ó editores
CORAZÓN {Diario de un niño).
por Edmundo de Amicis, traducido por D. H. Giner de los Ríos.
- Nada hemos de dc!cir de esa
hermosa obra del famoso escritor
italiano: se han hecho de ella
centenares de ediciones en los
principales idiomas. De la edición española que acaba de pu·
blicar el conocido editor de ~ladrid D. Manuel Fernández La·
santa queda hecho el mejor elo·
gio, respecto del texto, consignando que la traducción es del
reputado literato D. Hermenegildo Giner de los Rios, y en
cuanto á las condiciones materiales, diciendo que lleva lindísimas
ilustraciones de los primeros di·
bujantes italianos y que el libro
es, en suma, digno de la colección que publica el Sr. Fernández Lasanta. Corazón se vende
en las principales librerías al precio de 4 pesetas.

..

l l.:Hl.Ufl.l)C!.&gt;llU!n

lrullKlliU,(I)

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NOVÍSIMO ARTE PRÁCTICO llE
COCINA PERFl!CCIONADA, CÓNFITRRÍA, REPOSTl!RIA, ETC., por
D. Jost A. Ji111b1e; y Fomesa. Este libro además de las materias
indicadas contiene un tratado ele
la fabricación de licores, multitud de secretos de diferentes ofi::lledalla conmemoratim del cuarto centenario del descubrimiento de América, acuñada en Buenos Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrarossa
cios, reglas para el lavado y planchado de ropas y eneajes, recetas
contra varias enfermedades muy
EL MARQUÉS DE GIRASOL, por Flli.x Puig JI Ctlnúnas. - tas interesantísimas y muy bien escritas cuya lectura cauth·a y
comunes en las familia.;, avisos sobre el cultivo y propiedades
de mrias flores y hierbas medicinales, secretos para la cría de Constituye esta novela el tercer episodio de Los amores en la Ha- entretiene. El libro se ha impreso en Montevideo, imprenta ele
aves de corral y reglas para conocer los fenómenos atmosféri- bana, interesante y bien escrita como los dos anteriores de que la Nación, calle 25 de mayo, 146 á 150.
cos: este ligero sumario demuestra la utilidad de la obra que oportunamente nos ocupamos. lla sido editada por D. l\lanuel
formando un tomito de 370 páginas ha sido publicada en Va- de Armas y Sánchez, Calzada del Monte, 366, Habana.
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lencia por D. Pascual Aguilar y se vende en las principales librerías al precio de una peseta.
Los NATURALISTAS ESPAflOLES RN AMÉRICA, por D. Sal· interesantes artículos ele Balzac, l\lerimée, Shakespeare, Mouvador Calderón. - Tal fué el tema del discurso pronunciado en ton, Loti, Richepin, Tolstoy, Coppée, Daudet, Caro, AltamiE~TUDIOS CRITICO~, por Emilio Zola. - Interesante libro, el Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla al inaugurarse ra, Campoamor, Fernández Duro, Barrantes, Castelar y Yillemuy bien impreso y correctamente traducido, en el cual se es- el curso de 1892 á 1893 por el presidente del mismo y catedrá· gas. Suscríbese en la Cuesta de Santo Domingo, 16, Madrid, y
tudian con todo detenimiento el estado actual de la crítica, de tico de Historia natural Sr. Calderón, quien h:i dado pruebas la Administración envía un tomo de muestra gratis á quien lo
la poesía y del arte contemporáneos. Los artículos dedicados á en su desarrollo de profundos conocimientos, de gran erudición pida por escrito.
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LA NnEVA CIENCIA JuRIDICA. -Contiene en su último ní1principales librerías.
ARARRSCOS (CONATOS LITERARIOS), por Arturo A. ji111l· mero La libertad del querer, por Carnavale; Los delitos de saunez. - Nuestros lectores recordarán sin duela un bonito articulo gre JI los delitos contra ta propiedad, por César Silió; El 1elito
Do:-. QlllJOTE DE LA MANCHA. - Ilemos recibido los cua- titulado Blanco J' rojo que hace alg{m tiempo publicamos: su tolecti'l'o, por Concepción Arenal; Los regicidas espa,10/es, por
dernos 21 á 38 de la edición de la imperecedera obra de Cer- autor, el distinguido escritor uruguayo D. Arturo A. Jiménez, R. Salillas; Causas J' remedios dtl duelo, por G. Tarde. • Los
vantes que publica D. Ceferino Gorchs.
ha reunido recientemente en un tomo una colección de noveli- pedidos á la Admón., Cuesta de Santo Domii1'go, 16, Madrid.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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Jarabe Laroze

Pemuu qae conocen las

PILDORASt~DEHAUT

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vi.Do, el calá,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se17un ,us ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
,e decide fácilmente d volver
ll empeirar cuantas veces
sea necesario.

Desde hace mas de 60 años, el larabe Laroze se prescribe con éxito par
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlu, dolore■
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todu Ju emlnen01u médlcu preuban que est&amp; UOCJlcioo de la Clarue, el Hierro y la
ea1- oouaULuye el reparador mu enunrtco que se conoce para curar : la Cwrdm , la
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e~pcclalmente contra las E11crofu1as , la
Tí11b y la Debilldad de temperamento,
as! como en todos los casos{PáUdo11 colorea,
Amenorrea, 6.•), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, Oya para
provocar O regularizar su curso per!Oc!Jco.

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Como prueba de pureza y de autenticidad de
las verdaderas Pl.lclora s de 1Jla n carct,
exigir nuestro serlo de plata r eactiva,
nutlslra firm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
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SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

NB

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DK MONTANKR Y SIMÓN

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>A~o XII

BARCELONA 6 DE FEBRERO DE 1893

SUMARIO
Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. Exposición americana en 11/adrt'd. Las salas de ll1éxico, por
Eduardo Toda. -El tío .Rollas (episodio del año 9), por Angel R. Chaves. -Salón Parés. Décima Exposición, por A.
Carda Llansó - llfiscelá11ea con varias noticias de Bellas
A rl6S, Teatros y Necrología. - Nuestros grabados. - Cargo de
cou(ie,uia (continuación), por Juana Mairet, con ilustraciones de A. llforeau. - SECCIÓN c1 ._NTfFJCA: Elviolonce/o-pia·
110, por C. Crepeaux. - Exploración de las alias regiones de la
atmósfera.

Grabad os. - San Fra,uisco de Asís, escultura de Manuel
Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar·
tes de I 892). - Exposición /1istórito·amerfra11a de llfadrid
Semifn mexicana. El dios Tzo11/e111oc (de fotografía de J.
Prieto). 11/azeppa, cuadro de Isidoro Gil Gavilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -Exposición
histórico-amencana de llfadrid. Seaión mexicana. La diosa
Coa/ligue (de fotografia de J. Prietol. - La comedia de mag·ia,
dibujo de Ford. - El armero, escultura de Emilio Dittler.E/ sue,10 de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -La silla
de Felipe JI en el Escorial, cuadro de Luis Alvarez (Exposición nacional de Bellas Artes de 1890). - En el salón, cuadro
de P. Salinas. - Violoncelo·piano y viola-piano. - Fig. I .
Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura en las
altas regiones de la atmósfera. - Fi¡;. 2. Disposición del ba·
r6gmfo en Sll jaula de junco y bambu para evitar los choques.
- f'istageneral de Poulevedra (de fotografia de J. Prieto) .
.....••••••••••••••''"''"''•'• .. ••o,1••••••••••'••1•v•••••••••••••••i.•1,,•,.•,,,, .., ••••••••••••• ,,., •• ,,,.,,.,.,,,,.,.,... ,,.,.,, ..

VERDADES Y MENTIRAS
Las altas corporaciones oficiales, como el gobierno
mismo, acaban de demostrar de un modo inequívoco
cuan distantes están de rendir parias al arte. Verdaderamente desconsoladora es la preterición que del
arte hacen las supremas colectividades, á cuyo cargo
corre la cura de aquella entidad, la más sublime de
todas cuantas manifestaciones de la humana inteligencia palpitan en el complejo organismo cósmico.
El pueblo madrileño ha presenciado cómo el gobierno a las Academias de la Lengua y de San Fernando
desdicen con hechos lo que con palabras - aun cuando éstas sean escritas - afirman. Nada más ramplón,
nada más cursi, nada más denigrante para la tierra
donde las artes literaria y plásticas tuvieron en todos
tiempos excelsos cultivadores como el entierro del
poeta que llenó un siglo con la armonía de sus rimas,
con los colores de su paleta, con las descripciones de
tipos y hechos genuinamente españoles, con la magia
de su fantasía.
La tradición académica con sus orgullosas mezquindades y absorbente dictadura, la estéril política
con sus desdenes y egoísmos letales se dan las manos para anular todo sentimiento estético que pueda
arrancar del escepticismo adonde le llevan las negativas soluciones que, ya en el orden moral, ora en el
material, vienen ofreciendo á la nueva generación.
Nunca como en la ocasión presente se advirtió el
divorcio que existe entre la entidad oficial Estado español y el Arte. Nunca como ahora pudo echarse de
ver cuán indiferente es para todo organismo é individualidad que tengan carácter democrático el artista. La Academia de la Lengua no puede alegar el sentimiento que á algunos - ó á todos sus individuos, es
lo mismo - ha podido producirles la muerte del primero de nuestros poetas, como demostración del culto que les merecía. Zorrilla no fué, para el efecto exterior del duelo nacional, para la imperiosa necesidad
espiritual que sentía el pueblo de dar expansión á su
gratitud, haciendo del entierro de su poeta favorito
una apoteosis, más que un académico, uno de tantos
académicos que van á la casa de la calle de Valverde á calentar el sillón rojo unas cuantas veces al mes.
Allí estuvo expuesto, en el mezquino salón de actos, donde se reunen seis ó siete notabilidades y treinta ó treinta y cinco que no lo son, para limpiar, fijar
y ~a~ esplendor á la lengua castellar.a, el cuerpo del
ex1m10 poeta. Allí estuvo, tendido sobre un lecho

SAN FRANCISCO DE ASÍS, e3cultura de Manuel Fuxá,
(Premiada en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892)

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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mortuorio, pomposamente adjetivado de imperial, insigne que acaba de franquear las puertas de la in- 1 cabo sin que sus costados hayan recibido la embesque ha servido para soportar los cadáveres de cien- mortalidad. Ahí está el magnífico y rico templo de tida de un enemigo de la patria.
Vean esas gentes á quienes aludo cuántos héroes
tos de ricachos perfectamente ignora.dos del mundo San Francisco el Grande, cuajado de pinturas de los
donde vivieron. Allí estuvo, rodeado 'de bayetas ne- más ilustres pintores españoles contemporáneos, de- fueron ensalzados y admirados por todas las generagras, llenas de girones por todas pa.ites, salpicadas corado con colosales estatuas debidas al cincel de ciones como lo fueron Cervantes y Calderón, Lope y
por la cera de cirios y velas que habían ardido para distinguidos escultores patrios; enriquecido con mo- Quevedo, Goya y Velázquez. Señalen un solo geneotros, el genio que no tuvo igual en nuestra patria saicos y vidrieras historiadas, de mármoles y jaspe ral, no quitando de la cuenta al mismo D. Juan de
hace un siglo. El arte salió despedido á puro trom- revestido. Allí, bajo la colosal cúpula, en alto catafal- Austria, que como Velázquez tenga un lugar en Ropicón académico. Verdad es que no cabía en aquel co de terciopelo y oro, rodeado de gruesos cirios y ma y en París en las plazas públicas, y no como el
lugar estrecho, que huele á burguesía oficial á cien de ánforas conteniendo esencias olorosas que al que- insigne Churruca sirviendo de motivo de gloria á
marse perfumaran el ambiente, dándole guardia de Nelsson .en Trafalgar square.
leguas.
Verdad es que con y sin exequias Zorrilla será ZoY si de la docta casa el arte salió huído, en la ce- honor soldados de todas armas, podía y debió ser exrrilla hasta la consumación de los siglos.
remonia fúnebre del entierro no apareció por ningu- puesto al pueblo el cadáver del genio.
Pero no podía ser. Las descargas de fusilería y arna parte. En un coche-estufa, que está á disposición
R. BALSA DE LA VEGA
del que deja á sus herederos dinero suficiente para tillería, el honor de tener por capilla ardiente la iglepagarse ese gustazo póstumo, seguido por dos ó tres sia más rica y artística de España, etc., etc., son holandeaus atestados de coronas y precedido de unos nores que tan sólo deben reservarse para reyes ó prín- .................................................................................................................,.,. ..............
cuantos guardias civiles, fué transportado al cemen- cipes de la milicia. ¡Claro! Zorrilla no había conquis- EXPOSI CIÓN AMERICANA EN MADRID
terio de la sacramental de San Justo el cantor de tado laureles á la patria en los campos de batalla.
LAS SALAS DE MÉXICO•
¡Ay! Si algún laurel conserva en su mural corona
Granada. Al cementerio llegó acompañado de los ateneístas y del pueblo de Madrid casi en masa. El la nación española, si algún prestigio le resta todavía,
La República mexicana ha respondido noblemenduelo oficial se despidió en la Cuesta de la Vega; no si con algún respeto es saludado nuestro pabellón, no
pudieron pasar de allí el dolor y la admiración de á los príncipes, ni reales, ni de la milicia, ni á los po- te al llamamiento que dirigiéramos á toda la Amérirúbrica. En vano esperé que, en nombre de la Aca- líticos, ni á nuesttos Metternichs se deben; tan sólo á ca para reunir la importante Exposición que estamos
estudiando. Envió desde luego al personal más escodemia, del gobierno, del arte, alguna de nuestras lum- nuestros grandes artistas de la pluma y del pincel.
gido é idóneo entre los cultivadores de las ciencias
breras hiciera saber al pueblo, aglomerado en ,el patio
históricas, que en México forman legión: nombró pade la sacramental, la magnitud del vacío que en el
¿Qué se hizo el rey Don Juan?
Los infames de Arag6n
ra presidirlo al director de su Museo nacional Sr. don
arte poético dejaba Zorrilla. Vana esperanza. El acto
¿Qué se hicieron?
F. del Paso y Tronc:iso, y agregó á la comisión un
se convirtió en merienda de negros. Trompicones,
presbítero, tan modesto como sabio, el Sr. D. Franvoces descompasadas, interjecciones de todos cali¿Dónde están esas tierras conquistadas por los cisco Plancarte, que ha sido uno de los más activos
bres: he aquí lo que presencié.
Cuando Larra bajó á la tumba, sobre aquella tie- O'Donnell, Prim, Serrano, Narváez, Concha? ¿Qué coleccionistas de antigüedades de su país. Con el serra removida se alzó un gigante. Las letras hispanas se hicieron de Flandes, de Italia, de Portugal, de esa ñor Plancarte debían naturalmente venir á España
perdían un talento y la plétora artística del movi- gran parte de América sometida por los Pizarros y sus colecciones: accedió desde luego á ello su promiento romántico ofreció, á cambio, un genio. En- Hernán Cortés? ¿Qué fué de aquellos prestigios san- pietario, y digamos de una vez que constituyen la
gran masa de la Exposición mexicana, siendo su más
tonces batallábase por las ideas; hoy batállase..., digo grientos junto al Atlas alcanzados?
mal, hoy nos reímos de entonces. El arte de aquellos
Nuestros novelistas atravesando el Océano llevan importante contingente.
Tan valiosos elementos debían figurar en modo
días con sus candorosos entusiasmos divinos ofreció al seno mismo de la gran república norte-americana
incondicional apoyo á las doctrinas políticas que más la influencia de nuestro carácter, pesando en el ánimo conspicuo en el palacio del paseo de Recoletos, y en
ancho campo ofrecían á la inteligencia para su expan- del yankee tan hondamente, que logran ser tenidos en efecto, México ocupa cinco de los vastos salones del
sión. Y vino ofreciéndoles su apoyo, el más fuerte, el la estimación de los mejores novelistas nacionales, edificio: en extensión no le aventaja ninguna otra
más hondo, porque habla al corazón y á la carne de sin descontar al tradicional Walter Scott. Nuestros República, y sólo le iguala la de los Estados Unilas sociedades, hasta que los ideales políticos vencie- poetas son saludados en las repúblicas del nuevo dos: en importancia no me atreveré á afirmar que
ron. Combatir con Goya, con Martínez de la Rosa, continente como lo son en el viejo, rindiéndose á la ocurra lo propio. Porque si bien es muy interesante
con Alenza, con Larra, con Villaamil, con Espronce- evidencia de un originalismo artístico y nacional in- la exhibición de objetos hecha por el pueblo norteda, con Zorrilla, con Gisbert, con Bretón de los He- discutible. Esos pedazos de tierra española al otro americano, sin embargo, como luego hemos de ver,
rreros, con Hartzenbusch, con Rosales... y ahora, lado de los mares asentados sienten la necesidad de fáltale la unidad en las series, la continuidad en los
alcanzada la victoria, el más grande de los campeo- elevarse hasta aquellas regiones donde solamente re- objetos y el sistema en la muestra, condiciones todas
nes artísticos desciende al sepulcro entre el regateo side el alto concepto de la vida psíquica de un pue- reunidas con notable acierto en las salas mexicanas.
Las incomprensibles dilaciones administrativas de
que las conveniencias oficiales de un estado demo- blo culto, y sangre de nuestra sangre, carne de nuescrático hacen de los honores que de derecho le co- tra carne, buscan en la tradición y en la historia de la Exposición americana han hecho que á la hora
rresponden; desciende al sepulcro entre los bostezos su raza aquellos elementos necesarios para dar carác- presente carezcamos aún del catálogo de los objetos
de la inteligencia que á las gentes políticas les pro- ter á sus nacionalidades y prestigios á sus sociedades. que encierra. Tampoco están indicados por explicaduce el arte; desciende al sepulcro sin que la misma Y he ahí las letras y las artes españolas prestando su tivos rótulos la inmensa mayoría, mejor diré, la casi
gente que rima, pinta y esculpe le dedique un re- savia civilizadora, formándoles caracteres á la imagen totalidad de estos objetos, co11 lo cual se ha conseguiy semejanza de la madre patria, á esos pueblos ado- do que el público que los visita salga del local sin
cuerdo.
Magnífica y grande es la manera que tienen las lescentes, que si viriles supieron emanciparse del yu- conocer sus nombres ni aprender su uso ó su signipersonalidades á cuyo cargo está la tarea de impulsar go doméstico, no por eso han renegado de su abo- ficado. Y ello amenaza durar hasta que se cierren los
salones, si la actividad empleada en actos de menor
el movimiento de avance de los intereses morales del lengo ni desligado de sus vínculos morales.
¡Valientes laureles y valientes prestigios los que cuantía no se dedica á apresurar esta publicación,
país. En verdad que es co~solador el cuadro que
ofrecen nuestra instrucción pública, las artes y las nos recabaron las armas y la diplomacia y las escue- que todos reclaman y que sólo ha satisfecho en míniciencias. Ponen todo su empeño en que se agosten las políticas en todo lo que va del siglo XIX! El pue- ma parte la impresión de algunos sumarios y listas
esas grandes flores, esencias psíquicas que brotan es- blo tuvo que rechazar las huestes napoleónicas; los parciales, hecha por los comisionados extranjeros.
Así tenemos que ir á través de México sin guía
pontáneas en la patria de Calderón y de Velázquez. brillantes hechos de armas en la campaña de Africa
Las manifestaciones del espíritu nacional, debiendo realizados sirvieron para que hoy Inglaterra imponga alguna, excepto el catálogo de la colección del señor
tener en las artes, como la han tenido, forma concre- sus caprichos y Francia nos detente posesiones. Los Plancarte, ·que acaba de publicarse en la capital de
ta, vense reducidas hoy á no salir á la luz, á rriorir heroísmos del Callao fueron estériles. Por su parte esa República. Tal catálogo, hecho sin duda con gran
sin dar frutos, porque altas razones de conveniencia los políticos que nos han cantado las delicias de Ca- precipitación, cuida poco de reseñar los 2 . 802 objepolítica así lo exigen. La sal esterilizadora de ciertas pua, no miran ya sino los intereses de los poderosos, tos que co·ntiene, limitándose á dar de los mismos
ideas y escuelas es arrojada por arrobas, en estos úl- y no atienden sino á su propia conservación, dándo- una sumaria explicación de su forma, materia, proce·
timos días del siglo, sobre las ruinas del templo del seles un ardite de los intereses morales del país. dencia y dimensiones, sin detenerse á definir los nom·
arte.
Mientras nuestras escuelas de Bellas Artes, la Cen- bres propios, las especiales significaciones ni los sim·
Mientras el decadente pueblo francés, despertando tral por ejemplo, no cuenta ni con lo preciso para la bolismos á ellos inherentes.
La instalación· de México se halla situada en la
de su sueño de valetudinario se yergue con entusias- enseñanza, y á pesar de no contar con lo más perenmo respetuoso al tronar del cañón que le anuncia la torio aún se ve obligada á suprimir la calefacción; planta baja del·edificio de Recoletos, á la derecha de
muerte del gran Rugo, y en aras de su cariño acude mientras nue¡stros artistas emigran á otros países en la puerta de la calle de Serrano. Comprende, como
ansioso al arte en busca de sus poetas, escultores, busca de lo que aquí el gobierno les niega en nom- he dicho antes, cinco salones. El primero está ocu·
pintores y músicos que hagan la apoteosis del autor bre ó á pretexto de las economías; mientras se supri- pado por reproducciones en yeso de colosales ídolos
de Notre Dame, y logran, en efecto, responder á ese men en Fomento los créditos para material de biblio- de piedra que posee el Museo nacional de la Repúblimovimiento íntimo, sublime, que tan sólo por medio tecas populares, para sostenimiento de revistas y pe- ca. Allí se ve la piedra circular que representa á Tzonde aquella entidad puede ser manifestado, aquí, en riódicos técnicos, de necesidad reconocida por todos témoc, el dios de las tinieblas, con la alta y trenzada
España, en Madrid, centro de las energías psíquicas los pueblos cultos; mientras se les hace imposible á diadema que tiene el sabor de un peinado asirio, y
de la nación entera, se pesan con una y otra mano los maestros de primeras letras cobrar sus sueldos, los complicados adornos en torno que combinan los
los inconvenientes que ofrecer pueda una manifesta- algunos de ochenta céntimos de peseta diarios; mien- sim bolismos de plumas y caracteres: allí hay la diosa
ción de duelo que rebase el carácter de lo vulgar. Y tras se suprimen las pensiones para el estudio en el Coatligue, oculta la cabeza en ancha toca, con manos
el pueblo, atento tan sólo á lo que de un modo per- extranjero del arte, precisamente cuando elevan el perfectamente humanas y pies de fiera, que bien pue·
ceptible, de un modo plástico, haga vibrar su sensi- número de sus pensionados los demás pueblos de den ser las garras de alguna alimaña andina; la vesta
bilidad, respondiendo así á su sentir, al ver que le Europa y América; mientras se escatima la subven- formada por un trenzado de serpientes, el cinto defalta turquesa donde vaciar ese algo íntimo que en lo ción al hombre de ciencias, al de letras ó al artista corado con la cabeza de un felino y desnudo el pecho,
hondo de su alma se agita sin forma, mira con indi- para que nos devuelva con creces ese insignificante cuya forma debe significar el sexo: vese también al
ferencia, si no con asombro escéptico, al que se en- sacrificio pecuniario con el producto de su inteligen- dios Tezcalzontalt de las razas nahuas, colosal en
corva y encanece empeñado en crear con el pincel ó _cia, se sostiene en cambio un ejército enorme; se sus proporciones, tendido más que sentado para sos·
con la pluma tipos y paisajes, escenas ó ~istorias que gasta un dineral en ensayos de armamentos y mate- tener con las dos manos sobre el vientre el vaso don·
contarle.
rial de guerra, que se oxida sin haber servido para de recibía las ofrendas de los fieles, llevando por úniNo, no faltaban medios para llevar á efecto una nada; se levantan reductos y fortificaciones, se alzan ca vestidura la orlada diadema de caracteres mayas,
verdadera manifestación gloriosa en honor del poeta cuarteles, se construyen barcos que se desguazan al anchos brazaletes de hierba en los brazos, aros de
0

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

91

alto relieve, que debieron
á. un sacerdote hallado en
ser de oro, bajo la rodilla
el estado de Chiapa: lleva
y en los tobillos, yla abieren la cabeza monumental
ta sandalia de gruesa suediadema con elaborado
la que recuerda algo la gueadorno; los brazos unidos
ta de los japoneses."
sobre el pecho, y en la maInteresaríte y curiosa es
no un o de los infinitos
la vista de estas divinidaado:nos del culto maya; en
des, que sin embargo no
su cmtura una como estola
alcanzan á dar idea del panque le pende de la siniesteón de los antiguos dioses
tra y otros varios adornos
que un día fueron objeto
en su cu~rpo: son los sigde veneración y culto por
nos extenores de las funciolos indios del Centro Aménes que ejercía en los rerica. . Mientras que entre
cintos de su templo.
las razas del Norte sólo pudo desarrollarse una senciDe estos templos mexilla y primitivá idea religiocanos hay algunas reconssa, que correspondía á la
trucciones en la actual Exextremada simplicidad de
posición. Pero más interesus representaciones y fórsantes que ellas son, á mi
mulas externas, entre los
juicio, las representaciones
pueblos centrales, desde las
que en su interior ostentanaciones mayas que vivían
ban, los adornos que luen .Tabasco, Yucatán y
cían, porque ellos descuGuatemala, hasta las razas
b:en muchas páginas de la
pobladoras del Ecuador y
historia é infinitos detalles
del Perú, desarrolláronse
de la vida de aquellos crecomplejas mitologías con
yentes que se postraban al
su.s correspondientesycompie de sus altares. Así he
phcados cultos. La religión
~isto con mejores ojos la
mexicana consistió en un
mteresante lápida maya,
exagerado politeísmo, con
procedente también del escentenares de divinidades
tado de Chiapa, que reprede .divers~s funciones y de
senta á un cautivo de guevanos atn butos, que nos
rra agarrotado al pie de simson conocidas por las imb.ólica columna. Su expreperfectas relaciones de los
sión es feroz á pesar de la
antiguos viajeros y por el
especial rudeza de la escu1carácter peculiar de sus tot~ra que, sin embargo, sacados y sus trajes, que vati_sface las mayores exigenrían hasta lo infinito. Por
cias del canon artístico.
la cabeza conocían los meEXPOSICIÓN HISTÓRICO·AME'.RICANA. - SECCIÓN MEXICANA. _ EL DIOS TZ
É
Lleva
en sus carnes los caONT MOC (de fotografia de J. Prieto)
xicanos á sus dioses como
racteres que el día en que
de igual manera l~s clase lean nos dirán á qué puesificaban los egipcios; coincidencias de la historia que
'
.
blo
ó á qué raza perteneen suma, ~ada prueban á favor de la comunidad d~ dotes. Estos era.n en México así los ministros del cia el vencido, como aquellos famosos relieves de los
altar
y
los
maestros
de
su
ciencia
como
los
adivinaprocedencia ó de origen de los pueblos.
templo~ de Medinet Abú, que nos han permitido
Al lado de los.dioses nos es dable contemplar en dores de un fut~ro estado y los médicos omniscien- construir. con las representaciones de los cautivos la
tes d~ los remed10s para las enfermedades materiales
la sala que estudiamos la representación de los sacer- Una
1magen de mita
· d del tamaño natural representa· larga sene y los brillantes hechos de las conquistas
de Sesostris en el Asia Menor. La posición de la ima-

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gen mexicana no puede ser más expresiva; pero acer- dudosa, que se supone habitaban distintas comarcas pintados de varias formas, pies y tapas para los misca de su significado sólo cabrían hipótesis más ó me- y se hallaban divididos en varias tribus ó fracciones. mos y dos pequeños incensarios de barro. Los objenos aventuradas, y siempre inciertas mientras no se Esta serie comprende 108 objetos, subdivididos en tos de culto son figurillas humanas, ídolos y amuleresuelva el problema de la interpretación de la escri- utensilios domésticos, utensilios de transición entre tos de distintas clases y materias. Entre los instruel hogar y el templo, objetos de culto, instrumentos mentos músicos se ven pitos, sonajas, flautas y un
tura maya.
caracol grande. Finalmente, entre las armas de esta
Y vamos á describir muy sumariamente la gran para las artes, adornos é insignias y armas.
El tercer grupo contiene los objetos de los taras- sección vense puntas de lanza de cobre, púas del
colección del Sr. Plancarte, que se compone de la
friolera de 2.802 objetos, todos de suma importancia. cos, poderosa nación que habitaba la mayor parte del mismo metal, lanzas de pedernal, cuchillos y flechas.
E l cuarto grupo comprende los objetos de los inDiremos en primer termino que no cabe dudar de la estado de Michoacan, y extendía sus dominios hasta
autenticidad de ninguno de ellos, pues todos ó su los vecinos estados de Querétaro, Guanaja to y J alis- dios matlatzincas, en número de 174, también clasiinmensa mayoría proceden ele excavaciones y buscas co. Esta serie, la más importante de la colección, ficados. en utensilios domésticos, instrumentos para
las artes, Adornos é insighechas por el propio colecnias, objetos de transición
cionista. Empezó el Sr. Planentre el hogar y el templo y
carte por recoger varios huelos destinados al culto.
sos, un idolillo de barro, pun·
tas de flechas, navajones .Y
Siguen en el quinto grupo
otros objetos, descubiertos
los objetos otomites, en núen los trabajos del ferrocamero de r 48.
rril que atraviesa el río de
El sexto grupo comprenJ acona para ir á la vecina
de los tepanecas (nahuas), en
ciudad de Zamora. Su segunnúmero de 728 objetos.
da expedición se dirigió á
Séptimo grupo. Acolhúas
un lugar cercano á las fuen(nahuas), con 29 objetos.
tes del mismo río J acona,
Octavo grupo. Mexicanos
donde sólo halló algunas
(nahuas), con 6 objetos.
puntas de flechas y varios
Noveno grupo. Chalcas
tiestos de poca importancia.
(nahuas) con 2 r objetos.
Más feliz fué su tercera
Los demás grupos de la
expedición, hecha en una
colección abrazan los objepequeña altura en extremo
tos de los tlaxcaltecas, huexotmeridional del valle de Zazincas, cuetlaxtecas, mixtecas,
mora, llamada Los G{Jtos,
zapotecas y mayas, y sólo tres
donde descubrió una extencon toda evidencia pertenesa necrópolis india y en ella
cientes á las razas protohis48 esqueletos, tendidos algutóricas que poblaron aquella
nos y los más sentados en
parte del continente americano.
cuclillas. Entre las tumbas
aisladas pudo r eco nocer
No he podido ser más conunos muros de piedras de
ciso; pero á menos de dar á
torrente sobrepuestas, sin arestas reseñas límites imposigamasa ni cal alguna, forbles para el carácter de la
mando un cuadrado cuya
I LUST~AClÓN, no me sería
parte interior estaba llena
fácil_explicar toda la importambién de esqueletos hutancia de estos frágiles objemanos, acompañados con vatos expuestos en las vitrinas
sijas de barro, instrumentos
d_e las salas mexicanas, que
y armas de piedra y de cosm embargo nos revelan puebre y adornos de diversas
blos y gentes sin páginas en
materias. En uno de los ánla historia de las grandes ragulos del recinto había una
zas americanas.
construcción de adobes casi
calcinados, conteniendo vaEDUARDO TODA
rios restos carbonizados de
......,......,.........,......,.............. ,.,....... ..,,.....,,.,.
huesos humanos entre utensilios de concha, laminitas
EL TÍO ROÑ"AS
de oro, fragmentos de discos
(EP I SOD IO DEL AÑO
dorados y pedazos de tela
que probablemente vestirían
I
los cadáveres al ser reducidos á cenizas en aquel que¡Por Dios, que era lástima
madero.
que aquel retoño hubiera
A tres leguas de este lugar,
brotado de tal cepa, y que
donde además hizo otros
no se comprendía que un
descubrimientos, halló el sepaloma tan sin hiel como
ñor Plancarte el sitio donde
era el bendito de J enaro, hu•
estuvo la antigua ciudad de
biese sido engendrada por
Jacona, cuyas ruinas son aún
un perro de entrañas más ne:
visibles, distinguiéndose engras que las de Judas,
tre todas las del templo macomo el tío Roñas!
yor, cuya curiosa construcA este último sí que 1
ción hizo reproducir en mateníamos todos mala volun
dera. Las excavaciones practad, y mala voluntad me
ticadas en el sitio le produjecida.
Aún le hubiéramos p
ron varios cráneos y objetos
EXPOSICIÓN HISTÓRICO•AMl!RICANA. - ~ltCCIÓN M2x!CANA. - LA !')¡OSA CÓA'l'LIGUE (&lt;le folograf'ía de J. Prieto)
donado el haber reunido 1
muy curiosos de barro y
peluconas que, según se d
cobre.
Finalmente, el Sr. Plancarte puso á contribución cuenta con 1.~98 nt'trnetos, debidamente clasificados. cía, guardaba en no sé qué rincón de su miserabl
los buenos oficios de sus amigos, enriqueciendo sus Abundan en ella los utensilios domésticos, que con- guarida, sacando hasta la última gota de sangre á 1
colecciones con objetos que le fueron remitidos de sisten en jícaras, platos, vasos, cazuelas, ollas, cánta- que tenían que dejarse esquilmar por el ruin usu.
Pajacuarán, J acona, Santiago Tangamandapfo, ran• ros, tapaderas y demás útiles que prueban un avanza- ro; pero lo que no podíamos perdonarle era el 1
cho de Miraflores, Tarímbaro, Purépero, Tangantzf- do estado de civilización doméstica. Numerosos son digno tráfico á que se dedicaba desde que había
cuaro, Copándaro, Tenancingo, Coatepec Harinas, también los utensilios para las artes, consistentes en tallado la guerra.
Como nuestro pueblo tan pronto caía en poder d
valle de Toluca, valle de San Martín y Teotihuacán. aplanadores, cuñas de piedra, bruñidores, cinceles,
La colección Plancarte está clasificada en quipce navajas de piedra obsidiana y agujas de cobre y de los franceses como era rescatado heroicamente
grupos y un apéndice. El primer grupo comprende hueso. La sección de adornos é insignias es tan va- alguna de las ·muchas partidas que vagab~n por.
los objetos de los tecoxines, nación indígena de Ta- riada como curiosa, pues comprende, entre muchas contorno, el tío Roñas, que se arrastraba a los pi
lisco, de filiación dudosa, que vivía al Noroeste del otras cosas, orejeras de piedra y hueso, anillos para el del vencedor, fuera quien fuera, sin dejar de mant
actual estado en lo que hoy es territorio de Tepic, labio, conchas perforadas, bastones, anillos de cobre, ner por eso relaciones con el vencido, había enco
extendiéndose por el Poniente hasta el mar y por espejos, cuentas de collares, cascabeles, pomos de trado medio de hacerse pagar un espionaje que
Oriente hasta la población de Ameca en Jalisco. En vidrio y un vestido hallado en las excavaciones de nía indistintamente al servicio de la causa nacio
él figura un solo objeto; un ídolo de barro gris ro- Jaéona, cuya forma no puede precisarse por la ex- ó de las armas del rey intruso.
Talento, ó si se quiere mejor, gramática parda,
jizo con restos de pintura roja, y representa un hom- trema fragilidad de las telas de algodón que lo combre con rostro de animal, por la superposición proba- ponen. Entre los objetos que el Sr. Plancarte ha cla- le faltaba, y esto hacía que aunque se sospecha~a
ble de una careta.
sificado, no muy acertadamente á mi juicio, como de juego, no dejara nunca las cartas tan al descubt~~
El segundo grupo abraza los objetos de los leeos, transición entre el hogar y el templo, figuran pipas para que gabachos ó españoles pudieran con justt
indios del estado de Michoacán, también de filiación de barro de diversos colores, fichas de juego vasos imponerle el castigo que merecía,

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,

LA COMEDIA DE MAGIA,

d E~toy por decir que si alguien sabía lo que había
e cierto ~n la c?sa era el infeliz Jenaro, que á fuerza de suf~1r desv10s de todos los que barruntábamos
los mapejos que se traía su padre, acabó por quedarse _seco como un espárrago y taciturno como un cartujo.
Cuando alguno cruzaba la palabra con él y esto
era muy pocas veces, teníamos buen cuidad~ de hacerle notar ~o desmedrado que andaba, y acabábamos,_ no sé s1 con buen deseo ó con algo de mala int~nc1ón, _por aconsejarle corno ,remedio á sus dolencia;_t aire puro que se respiraba en las partidas.
. .fimovía la cabeza tristemente, como si quisiera
~~gm car co~ ello qu_e buenas ganas tenía de irse con
sdqu:, no sm trabajo, mantenían enhiesta la bandera e o que los franceses llamaban la rebelión· pero
no/or ,eso se iba, ni hacía nada por desvane!er las
an~pat1as que le íbamos cobrando.
ara esto había una razón poderosa. El tío Roñas,

dibujo de Forcl

q~e parecía incapaz de dar abrigo á ningún sentimiento humano en su corazón de piedra berroqueña
tenía, sin_ em ba~~o, en el fondo de él tal tesoro d~
~m_or hacia su hijo, que por él hubiera dado hasta el
ultim? ochavo de su tan negado como abundante
pe,culio, y antes se hubiera dejado ·cortar en tajaditas
as1 como e_l blanco de la uña, que dejará Jenaro exponer s_u vida por una cosa de tan poca monta como
saber s1 nuestro rey se había de llamar José 6 F nando.
er

. El _resultado de tal~s funciones de guerra era casi
mvanablemente el mismo. Los guerrilleros hostilizaban du,rante unas cuantas horas, y al cabo de ellas,
cuando el esfuerzo de los enemigos redoblaba, dejaban_ m~destamente que los oficiales superiores de Su
Majestad botellesca redactaran sus partes dando
c_uenta de una nueva victoria para las armas impenales.
La única contra estaba en que si el triunfo no les
había hecho g~nar más q_ue algunas pulgadas de terreno, en cambio las pérdidas eran tan considerables
11
qu~ unas cuantas victorias de aquellas bastaban para
~as cosas de la guerra parece que no andaban mu dejar en cuadro los batallones espanto del mundo y
al!a para los fran;eses en nuestca comarca. Los uf- Sojuzgadores de media E uropa.
El general francés que operaba en nuestra comarrnlleros, 9ue crec1an y se multiplicaban á más y m!·or
ca,
Y cuyo enrevesado nombre no puedo recordar
no l~s dejaba1'. hora de vagar, y ni un solo día se pisa~
ba sm que tuvieran que empeñarse en un encuentro ó por ~ás que hago, de9ió comprender que por aquel
~ammo no se acabaría nunca la jornada, y resolvió
en alguna escaramuza.
mtentar, costara lo que costara, un golpe de mano

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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NúMERO

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NúMERO

que diera al traste por lo menos con una de las más
temibles partidas.
Era ésta la que mandaba el Chantre, hombre de
singulares recursos estratégicos y mano de hierro·para
mantener la disciplina entre los suyos; pero por lo
mismo que tales condiciones tenía el jefe, y además
por estar aquélla apoyada por lo más florido del país,
era difícil, ya que no imposible, copar á la temible
partida.
Sólo la delación y las noticias suministradas por
un hombre conocedor de los accidentes del país podían ayudar á la empresa, y como, á lo que es de suponer, ya el general había tenido tratos con el tío Roñas, por más que las cajas de la división francesa anduvieran algo mermadas, decidió tener una entrevista
con el malhadado usurero.
Este no tardó en comprender que se presentaba
un buen negocio, y valiéndose de cuantas precauciones le sugi~ió su astucia, ausentóse del pueblo por un
par de días, tomando por pretexto la compra de unas
reses para abastecer al pueblo en el caso de que los
gabachos interceptaran las comunicaciones por donde se recibían las vituallas.
La entrevista fué larga, porque el tío Roñas era
hombre que sabía hacerse pagar su trabajo, y en estas cosas regateaba hasta el último maravedí; pero
no debió quedar completamente descontento de ella
el general francés, puesto que por térmiho y remate,
animándosele los ojillos grises, casi ocultos bajo las
blancas cejas, lanzó un sacre nomme que hirió un poco los sentimientos religiosos del usurero, y dirigiéndose á éste, dijo en mal castellano:
- Si es verdad todo eso, la partida del Chantre
está en mis manos y usted tendrá las cinco onzas que
pide. Pero le advierto que entretanto se queda en
rehenes, y que si las cosas no salen como me promete, en vez de cinco onzas lo que obtendrá como recompensa serán cinco tiros.
Dicho esto, el galoneado militar volvió la espalda
al usurero, después de haberle dejado encomendado
á la custodia de cuatro m\meros, y se fué sin duda á
prevenir el plan del próximo ataque.
El tío Roñas palideció un poco; pero debía tener
gran confianza en sus revelaciones, puesto que frotándose las manos, exclamó con codicia:
- ¡Cayeron cinco peluconas más!

Algo le sorprendió que el enemigo no se lanzara á
la persecución con los arrestos que él esperaba; pero
gruñó para su coleto: «Mejor: así entrarán de golpe
y se perderán menos balas.»
Y siguió apoyando el movimiento de retirada hasta
situarse toda su gente en lo más espeso del Carrascal.
Allí estaba hacía algunos minutos, más que otra
cosa aguardando á que el grueso del enemigo se metiera en aquel callejón sin salida, cuando de repente
notó entre las gentes más próximas un extraño movimiento de concentración, y no tardó en oir repetir
más lejos las pavorosas voces de: «¡Traición! ¡Traición!»
¿Qué ocurría? La cosa no podía ser más sencilla
ni más trágica. Aquel paso desconocido había sido
revelado por alguien á los franceses, que prudentemente divididos avanzaban al propio tiempo por la
vanguardia y la retaguardia de los guerrilleros. Estos
estaban, pues, cogidos entre dos fuegos por fuerzas
muy superiores á las suyas.
El problema no tenía más que dos términos, que
después de todo podían reducirse á uno solo: ó había que morir en el acto luchando, ó rendirse para
morir después. Por entonces ni franceses ni españoles daban cuartel á nadie.
En el momento de mayor an-gustia, un hombre,
gallardo mozo por cierto, pero pálido y demacrado
como un difunto, se acercó al C!tantre y murmuró
con acento breve, echándose al suelo del poderoso
caballo que montaba:
- Por ese claro y picando espuelas de veras puede salvar un hombre solo la vida. No hay que perder
tiempo, yo protejo la retirada.
El Chantre le miró con aire de inteligencia y estrechó con fuerza su mano.
- El único favor que le pido, añadió el mozo, es
que si algún día encuentra medio de vengar la traición de hoy, no olvide que me debe la vida.
Un momento después el ruido de la fusilería se
había hecho insoportable.
De la partida del Cliantre no se salvó ni una rata.
La mayor parte de aquellos héroes prefirieron morir
peleando.
El bravo mozo que tan generosamente había salvado la vida á su jefe no fué por cierto de los que
menos bajas causaron en las filas francesas, pero tampoco fué de los últimos en caer.

III

IV
El encuentro de aquel día iba á ser más terrible
que todos los habidos hasta allí. Los franceses habían concentrado sus fuerzas y parecían dispuestos á
caer sobre la partida del Chantre, que á su vez había
reunido con las suyas algunas otras de menor importancia, que aunque de ordinario se las arreglaban por
su cuenta y riesgo, en las ocasiones solemnes se supeditaban á la autoridad del más afamado de los guerrilleros del contorno.
Para que todo contribuyera á dar mayor lustre al
nuevo hecho de armas, en él iban á hacer las suyas
por vez primera algunos paisanos que, un poco rehacios hasta allí, habíanse al cabo decidido á dejar la
esteva por el fusil, acudiendo al socorro de nuestra
amenazada independencia.
Como siempre, el Chantre no contaba con la victoria; pero estaba seguro de hacer caer á los franceses en una emboscada que había de costarles algunos centenares de bajas. Además, para los suyos había menos peligro que nunca. Todo lo que tenían
que hacer en el momento de la retirada era internarse en el Carrascal, y como la espalda la tenían guardada porque había pocos en el país mismo que conocieran el único acceso que por el lado de Oriente
tenía la maleza, todo sería cuestión de irse con la
mayor tranquilidad al monte cuando les viniera en
mientes, que siempre sería cuando se hubieran cansado de matar perros gabachos.
E sto era lo que decía el Chantre con su robusta
voz de barítono á su estado mayor, mientras sentado
ante una desvencijada mesilla de pino mermaba el
contenido de su zaque bastante regular de lo añejo,
esperando á que con los primeros rayos del sol se
rompieran las hostilidades. Y la verdad es que debía
estar muy seguro de ello, puesto que, hombre ordinariamente de pocas palabras, andaba dicharachero
y expansivo como nunca aquella mañana.
Los primeros disparos se dejaron oir á cosa de las
seis. Los franceses cargaron duro y parecían poner
todo su empeño en hacer huir á los guerrilleros por
la parte del Carrascal, lo cual hacía sonreír al Chantre, que decía de cuando en cuando: «¡Buena os espera!»
Pero como si quisiera retardar el resultado de su
plan, aquel Viriato de canana y sable de tirantes, hasta más de las nueve no mandó á su corneta de órdenes que tocara retirada.

El tío Roñas recibió aquella misma noche el precio de su hazaña.
Después de todo, á los franceses no les salió caro.
Con gran desahogo pudieron pagarle, empleando en
ello sólo una pequeña parte del botín cogido á los
guerrilleros.
Las cinco onzas estipuladas, y que por cierto eran
brillantes y nuevecitas que daba gozo verlas, estaban
encerradas en un bolsillo de torzal verde, manchado
de sangre fresca todavía.
Tal y como se le presentaban al tío Roñas acababa de encontrarse sobre el mutilado cadáver del infeliz J enaro.
ANGEL

R.

CHA VES

.,.,,,,,,.,,.,,,,,,..,,,.,,,,.,.,.,,,,.,,,,,,.,,,,,,.,,.,......,......,......, ...,,,.,,.,,,,,,,,,,.,,.,,,,,,.,,.,,,,,,.,..,,,,v•••''•''

SALON PARÉS
DtCIMA EXPOSICIÓN

La décima Exposición anual del Salón Parés, á
pesar de su indiscutible inferioridad, comparada con
las anteriores, dadas la cantidad y calidad de las obras
expuestas, ofrece al visitante vasto campo de estudio
y de observación. No figura en ella una producción,
una nota saliente, una obra que revele genio, que manifieste la valía y la personalidad de un artista; pero en
cambio denuncia un -movimiento de vacilación, . da
muestras de debilidad, de incertidumbre, y hace conocer de modo indudable que algunos de nuestros
artistas no tienen en cuenta las tradiciones artísticas
de nuestra patria, dejándose seducir por el aplauso
tributado á los que, aparte de otros títulos, tienen
arraigadas convicciones.
Casas y Rusiñol, los decididos y consecuentes
campeones del modernismo, los importadores de una
de las escuelas transpirenaicas, no han remitido á
esta exposición un solo lienzo, y sin embargo tienen
en ella aprovechados imitadores, tan hábiles como el
pintor suburense Sr. Almirall, cuyo Cementerio de
Sitjes podría firmarlo Ramón Casas. A éste sigue en
la escala aproximativa Mas y Fontdevila, que presenta tres pinturas al pastel que atestiguan su nueva
fase, inspiradas ó sugestionadas por el ambiente de
Sitjes y hermanas del gran lienzo que figura en la
Exposición de Bellas Artes de Madrid, y un interior

de ermita ó iglesia de villorrio, ejecutada con la
maestría que se observaba en todas las obrll¡s que antes producía este artista, que cuenta con sobrados
méritos y recomendables aptitudes para tener carácter propio, personalidad artística.
Juan Llimona hase presentado ahora como siempre, esto es, como pintor y como artista. Tal vez,
plásticamente considerado su Dios es caridad, resulta inferior á La viuda ó al Párroco; pero aun en este
supuesto y en el de que haya podido ejercer también
en él influjo la nueva corriente, está delicadamente sentido, cristianamente inspirado. Completan el
grupo de los regionalistas, de los discipulos de la escuela iniciada por Joaquín Vayreda, El pastor del
Pirineo, de Dionisio Baixeras, que al escoger otra
senda no ha parado mientes en que no podía caminar por ella con igual seguridad; dos bellos paisajes
de Galvey; otras .fierbaxadoras, de Pinós; dos estudios ó recuerdos de Sitjes, de Modesto Texidor, uno
de los cuales aseméjase á una bella nota de Rusiñol,
que figuró en otra Exposición: un .Jímio, de Mariano
Vayreda, que revela en el artista el cansancio producido por la estación estival y que nada tiene de común con sus bellísimos cuadros de la comarca olotense; seis cuadros de Brull, un tanto faltos de luz,
entre los que descuella El combregá, que por su defectuosa perspectiva pier~e gran parte del efecto que
produciría y resulta un tanto inarmónico, no pocos
cuadros de inferior mérito, obra de artistas noveles que
en esta Exposición vienen á representar el personal
que constituyen los coros en las producciones líricas.
Párrafo aparte merece también Roig Soler, ya que
parece abandonar su mefter. Ya no se distingue en La
playa de Levante aquella factura peculiar y distintiva,
aquellos efectos producidos por el amasijo del color,
por los toques de tonos vivos, que sólo él sabía aplicar; pero aun así, bella es también su última obra.
En igual caso hállase Manuel Cusí, por más que
sus últimas producciones patenfüan la evolución que
francamente ha realizado. La bonita cabeza de estudio, iluminada por la luz artificial, es superior á algunas de las que antes brotaban de su paleta, que en
el empeño de interpretar la belleza resultaban un tanto aporcelanadas.
Román Ribera, el correcto y elegante pintor, el fe.
liz intérprete de la pintura de género, nos ha reservado una verdadera sorpresa en esta Exposición con
sus dos lienzos titulados En el baile y La cita. El bello
tipo de la dama representada en este segundo cuadro en nada se asemeja á la dama de Le coup d' (}Jt/,
que tantos aplausos mereció; pero, como en aquélla,
obsérvase la misma distinción. La tonalidad de ésta
no es tan vagarosa, tan delicada como la de aquélla;
pero sí es igual la calidad, idéntica la exactitud y semejante la corrección. Ribera ha querido sin duda
demostrar su dominio de la paleta, su pericia en el
empleo del color, y si es así, justo es confesar que ha
conseguido su propósito. La cita es una preciosa producción, ajustada psíquica y plásticamente á los modernos conceptos, á las nuevas corrientes; pero á pesar de ello, no puede confundirse, tiene el carácter,
nótase el sello de la personalidad artística de un verdadero pintor.
José Masriera, á quien no en balde se considera
como uno de nuestros más notables paisajistas, ha
aportado á esta Exposición un bellísimo paisaje acuático - como diría nuestro querido y malogrado amigo
Luis Alfonso, - recuerdo de su última excursión veraniega, que revela al artista, al infatigable admirador de la naturaleza en todas sus brillantes manifestaciones, al distinguido artista que procura imprimir
en todas sus obras el sello de nacionalidad, de regionalismo, trasladando al lienzo la tierra catalana en
toda su grandiosidad y belleza. Modesto U rgell, el
siempre aplaudido autor de El toque de oración, el
que ocupa preferente lugar entre los artistas con que
se envanece nuestra patria, ha presentado dos lienzos, Ma11ana de invierno y Anocheciendo, que justifican una vez más su maestría y el sentimiento que
rebosa en el corazón de este cantor de la naturaleza,
de este artista-poeta. Acreditan la discreción del
autor los dos lienzos de Aurelio Tolosa, así como los
que ha presentado Junyet, Sans, Joaquín Vancell,
recientemente premiado en la Exposición de Bellas
Artes de la coronada villa, cerrando el grupo Armet
y Marqués con sus jugosos paisajes de las regiones pirenaica y cantábrica.
Tamburini no abdica y continúa alimentando idénticos ideales, convencido que para el artista existe algo
más importante que la exactitud material, y que aun·
que ésta se realice, es precisa la expresión íntima del
asunto. De ahí que las producciones de Tamburini, ya
se titulen La gota de agua, Ensue17o ó El beso, no sig·
nifiquen un pretexto pictórico, sino la labor de aquel
que siente y discurre. El beso es una delicada nota que
embelesa por su elegante tonalidad y por su belleza.

580

L A I LUSTRACIÓN ARTÍST!CA

95

Luis Graner ha redel lienzo. U na escecobrado la castiza pana de Carnaval, desleta que momentáarrollada en el zaneamente perdió, y
guán de una vivienda
sus Juga'tiores, agruseñorial de esta ciupados alrededor de
dad, una de las pomugrienta mesa, afacas joyas del Renacinosamente interesamiento que por fordos en los azares del
tuna ha respetado la
juego, tienen algo
piqueta, ha servido
que revela la buena
de tema á Ramiro
escuela, que da á coLorenzale para pronocer las obras en
ducir un cuadro que
que hubo de inspiatrae desde luego por
rarse este artista, que
su armonía, por su
por la índole y asunacertada tonalidad;
. to de sus producciotres cuadros, uno de
nes, genuinamente
ellos de costumbres,
españolas, ha podido
ha remitido Félix
lograr que su nombre
Mestres, que patensea ventajosamente
tiza sus notables proconocido en el ex- ·
gresos; cuatro de
tranjero. Su alegoría
asuntos militares J odel nacimiento del
sé Cusachs, en cuyo
Niño Dios debe congénero ha tiempo se
siderarse como una
distingue; una marimuestra del ingenio,
na, que recuerda la
de la fantasía del arque obtuvo premio
tista.
en la Exposición de
Extremadamente
Bellas Artes de Barbello, muy distinguicelona, ha expuesto
do es el Turno imJuan Baixas, y cuapar, de Francisco
tro lienzos, entre los
Masriera; pero estas
que merece especiason siempre las notas
lísima mención La
características de las
plaza
de la Concorobras de este artista,
dia,
por
la exactitud
que en su anhelo de
de
su
entonación,
el
embellecer, rebasa allaborioso Elíseo Meigunas veces el límite
frén, hoy residente en
que existe entre la
la capital de la veciEL
ARMERO,
escultura
de
Emilio
Ditller
verdad y el ideal arna república.
tístico. Esto no obsCensurable omitante, todos los detalles, los más nimios pormenores, Miralles Darmanin: con decir que se asemeja al que
sión sería la nuestra si no mencionáramos la preciod~~ues~ran el _buen gusto y la rara habilidad de este adquirió el Municipio barcelonés para el Museo de
s~ cabeza-retrato del hoy doliente doctor Letamendi,
d1stmgmdo artista. Otro Taller de tapices ha remitido Bellas Artes, basta para comprender la importancia
pmtada con notable maestría por Galofre Oller, el

EL SUEÑO DE LA INOCENCIA,

cuadro de L.-Rosenberg

�LA SILLA DE FELIPE II EN EL E S CORIAL, cuadro de Luis Á lvarez (Exposición nacional de Bellas Arles de 1890)

EN EL SALON, cuadro de P. Salinas

�98

L A ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

NúMERO

580
'.NúMERO

·laureado autor de Pena de azotes, y el retrato del señor Zulueta, obra de nuestro paisano Carbonell Selvas.
En resumen: la exposición de que nos ocupamos
no reviste, por más que sea duro consignarlo, el interés que despertaron algunas de las anteriormente
celebradas. En esta la nota dominante es la vacilación. No combatimos en absoluto á los luminosos ni
á los fotofóbicos, puesto que abrigando el convencimiento de la ilimitación del arte, aceptamos siempre las producciones que se ajusten á sus ideales.
Duélenos únicamente ver muestras de la imitación.
Casas y Rusiñol ha tiempo sentaron plaza en el modernismo; sus producciones han sido siempre resultado de sus convicciones, de su modo de ser, de la
savia artista que en ellos se filtró en otro país, en
otra región que no es la nuestra; pero quien se ha
iniciado en otro dogma, podrá corregir errores, aquilatar conceptos, mas debe continuar comulgando en
la misma parroquia y disponiéndose para realizar una
evolución justa, razonable, ajustada á los ideales del
país en que nació y á las corrientes de la época.
Los lienzos de Meifrén, pintados en París y reproduciendo París, se hallan dentro de los términos de
lo justo, como discretas son las obras de los artistas
que mencionamos, que reproducen fielmente las tonalidades de nuestra región, más brillantes que las de
, allende los Pirineos y de inferior potencia lumínica
que las de la región andaluza.
Cuanto al concepto artístico, transcribiremos, para
terminar, un párrafo del artículo recientemente publicado por el peritísimo crítico de arte D. Federico
Balart, que puede apl icarse á buen número de las
obras que figuran en la Exposición Parés:
«En arte hay algo más importante que la exactitud
material; y ese algo es el sentimiento íntimo del asunto; es decir, la e&gt;.-presión de lo que en concepto del
artista constituye la esencia del objeto representado.
Conforme á ese principio fundamental, el pintor ha
de elegir un tema cuya expresión cabal y completa
quepa en los recursos propios de la pintura; y después lo ha de presentar de modo que el espectador
lo comprenda intuitivamente sin necesidad de analizarlo. Por ambos extremos suelen flaquear las obras
de nuestros artistas contemporáneos; sus asuntos, más
que motivos pictóricos, son pretextos para pintar.
Muchos de ellos están elegidos sin más propósito que
lucir un traje, un mueble ó un utensilio, tratado sin
esmero y á veces sin conocimiento del natural.»
A. GARCÍA LLANSÓ

B e llas Arte s . -Al escultor Moest, de Karlsruhe, le ha
sido confiada la ejecución de la estatua sedente y coronada con
diadema de la emperatriz Augusta que ha de figurar en el monumento que se erigirá en Coblenza á la memoria de tan ilustre
soberana. Para el proyecto del monumento se ha anunciado un
concurso que se cerrará en J. 0 de abril, y para la ejecución del
mismo se dispone, por ahora, de la cantidad de 81.250 pesetas.
Barcelona. - «Salón Parés. » Exposición extraordinaria. Continúan instaladas en el local predilecto del ·público barcelonés
aficionado á las artes bellas las obras que constituyen la Exposición extraordinaria de este año, que son noventa y siete cuadros y nueve esculturas. Como en las anteriores, figuran en esta
los nombres de nuestrns primeros artistas: Ribera, Más y Fontdevila, Llimona (Juan), Urgell, Baixeras, Graner, Meifrén, Pinós, Masriera, Tamburini, Baixas, Texidor, Llimona (José),
Atché, etc.
Si pudiera el público contemplar junto á las obras expuestas
este año las que figuraron en la primera con que se inauguró
el Salón Parés podría convencerse el más indiferente de que la
producción artistica en nuestra ciudad, dentro de los modestos
límites en que se desarrolla, ha seguido y sigue progresivamente su camino adelante, ganando cada dfa más en sinceridad, en
observación y en esa luz que colora la evolución moderna, y que
tan lúgubre y sombría hace aparecer la pintura de generaciones
anteriores.
- El número extraordinario con que la revista Blanco y Negro que con tanto éxito se publica en Madrid ha querido honrar la memoria de Zorrilla, es notable bajo todos conceptos:
consta de veinte páginas y contiene fragmentos de las principales obras de Zorrilla, ilustradas por varios artistas, una alegoría
de Gros, apuntes y fotografías de la capilla ardiente y del entierro, pensamientos y poesias de los más distinguidos escritores, el último trabajo de Zorrilla, sus Declaraciones íntimas, y
otros muchos trabajos literarios y dibujos en extremo interesantes.
T e a tros. - En el teatro Lessing, de Berlín, se ha verificado
la primera representación del nuevo drama de Ibsen El arquitecto Solness. Al terminar el primer acto, los admiradores del
escritor noruego aplaudieron ruidosamente, pero la mayoria
del público protestó de estas demostraciones, aumentando el
escándalo durante los actos sucesivos. La obra fracasó, y al decir de los periódicos alemanes el fracaso fué debido á la pobreza de la acción y á lo enigmático del diálogo.
- En el teatro de la Corte, de Munich, se ha estrenado con
gran éxito una comedia en cinco actos de Carlos Bleibtreu, titulada Bo11aparte, en la cual se trazan los episodios más culmi-

nantes del gran emperador hasta su entrada triunfal en Paris
después de la campaña de Italia.
- En el teatro Kroll, de Berlín, ha sido muy aplaudida una
ópera cómica en un acto, El coronel L11111p11s, cuyo interesante
libreto y agradable m{1sica son de T eobaldo Rehbaum,
París. - Se han estrenado con buen éxito: en los Bufos Parisienses, La Cadeau de noces, ópera cómica en cuatro actos, letra
de Liorat, Stop y Hue, música de Lacome; en la Gaité, Le talirman, ópera cómica de gran espectáculo en tres actos y cinco
cuadros, letra de A. Dennery y P. Burani y música de Planquette; en Vaucleville, L' invitte, comedia en tres actos, de
Francisco Cure!, interesantísima, de gran originalidad y admirablemente escrita, que ha hecho verdadera sensación en el público parisiem-e; y en el Odeon, La filie IÍ Blanchard, drama en
cinco actos, dt: Humblot y Darmont, que Sarah Bernhardt, para
quien fué expresamente escrito, ha representado mucho en el
extranjero.
Londres. - Los periódicos londinenses hacen grandes elogios
de la ópera cómica de I saac Albéniz, Et ópalo mdgüo, de cuyo
estreno dimos cuenta en la anterior l\liscelánea. Thc Craphic
hablando de ella se expresa en los siguientes términos: «La música es mucho más importante que el libreto: su autor, el señor
Albéniz, habíase hasta ahora dado á conocer ventajosamente en
algunas piezas para piano. En El ópalo mágico no se ha ceñido
exclusivamente al estilo nacional español, aunque este es el carácter que predomina en buen número de piezas; en otras, en
cambio, ha seguirlo la escuela melódica de Súllivan y los aires
brillantes de Offenbach. Dos de los mejores números de la obra,
una deliciosa serenata de barítono en el primer acto y un baile
en el segundo, son genuinamente españoles. Sobresalen entre
las demás piezas varias romanzas de bellisima melodía, un preludio y entreacto musical, una hermosa pieza descriptiva de la
salida de la aurora, un magnífico sexteto final del segundo acto
y un gracioso dúo de amor.» El Black and White, á su vez, califica la música del Sr. Albéniz de deliciosa, fresca, ingeniosa y original, y dice que seguramente El ópalo mifgico se' representará
largo tiempo y que á cada nueva audición se apreciarán más y
más sus muchas bellezas.
llfadrid. - Se han dado funciones en honor de Zorrilla en el
Español y en la Comedia. En Lara se ha estrenado con buen
éxito un gracioso juguete cómico en un acto, El hijo del casero,
de D. Mariano Muzas. El segundo de los conciertos que bajo
la dirección de Mancinelli se dan en el Príncipe Alfonso fué
brillante, como todos los de la Sociedad ele Conciertos de l\1adrid, habiéndose aplaudido muy especialmente Los 1111mmdlos
de la selva y La muerte de /solda, de Wagner, la sinfonia fantástica de Berlioz y una gavota de Echevarría.
Barcelona. Se han estrenado con excelente éxito: en Romea
La mort de Zorrilla, inspirada loa escrita por D. Federico Soler para la función organizada á la memoria del gran poeta; en
Novedades Here,uia de sang, drama en tres actos y en prosa
de D. Felipe Dalmases Gil y D. Arturo Guasch, de argumento
original é interesante, ~obrio de efectos y muy bien escrito; en
el Eldorado La ce11cerrada, zarzuela en un acto, letra de los señores Perrin y Palacios, música del maestro J iménez, y en el
Tívoli El gorro de Fer111!11, zarzuela en un acto, letra de don
José M.• Pons y música de D. Francisco Pérez Cabrero. En el
Circo Barcelonés ha debutado la compañia italiana de opereta
Tani, que hasta ahora ha representado con aplauso Le Ca1:1argo
y Flick e Flock. En el Liceo se ha verificado el ben~fic1~ del
aplaudido barítono Sr. Blanchart, que obtuvo una entusiasta
ovación en Il vasccllo fantasma y en el primer cuadro del acto
cuarto de Un bailo iu 111asdiera.

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99

LA ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

asunto para sus producciones de mayor mérito y de verdadero
interés, según la valía del pintor. No debe, pues, sorprender
que el laborioso y discreto artista guipuzcoano Gil Gavilondo
se haya inspirado en un episodio eminentemente dramático
cual es aquel en que por milagro salvó la vida l\lazeppa el het'.
man de los cosacos, que después de haber sen·ido como paje
del rey Juan Casimiro de Polonia, intantó sacudir el yugo del
czar de Rusia, aliándose con Carlos XII, que á excitación suya
libró la batalla de Pultava.
E l gran lienzo que reproducimos revela estudio y da á conocer los alientos ele su autor, siendo uno de los cuadros que niás
llamaban la atención de los visitantes en la Exposición interna,
cionel de Bellas Artes.
La comedia de magia, dibujo de Ford. - Es este
un trabajo de impresión y tan lleno de naiuralidad que parece
obra de fotografía por la verdad con que el artista ha sorpren.
&lt;licio la expresión y las actitudes de esos cuatro personajes que
compendian lo que, al presenciar una comedia de espectáculo
en que el argumento entra por poco y el decorado, atrezzo y de,
más por mucho, sienten los distintos elementos que componen
el público de esta clase de funciones: la alegría del niño por las
bufonadas del gracioso, el interés de la ni11a por la fábula en
que sin duda hay esos amores contrariados que son la base de
todas las comedias de magia, el aburrimiento del abuelo para
quien nada hay ya nuevo, y la curiosidad del elegante que ases,
ta sus anteojos para mejor contemplar las gracias de la actriz ó
las formas más ó menos esculturales ele la bailarina.
El armero, escultura de Emilio Dittler. - Aun
cuando la escultura no ha podido sustraerse á la revolución que
el modernismo ha producido en todas las artes bellas, no faltan
artistas de valía que aún no han olvidado por completo la escue,
la clásica y tienden en punto á idea, si no en los procedimientos, á inspirarse en los grandes modelo5 de la an tigi.iedad. Ejem,
plo de ello es El armero del escultor alemán Dittler, obra en la
cual aparecen armónicamente combinados fa sobriedad y pureza de líneas con cierto carácter modernista que se evidencia en
la ejecución.
El sueño de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -No hay que analizar mucho este cuadro para com,
prender cuán admirablemente ha expresado el artista la idea en
que se inspirara: basta contemplar esa hermosa cabeza de niño pa·
ra sentir la impresión del plácido descanso que sólo disfruta el infante y que no tarnan en turbar en la vida del hombre los cuida•
dos de la adolescencia primero, los afanes y los pesares de la
edad viril más tarde y el agotamiento de las fuerzas fisicas y de
la energía moral eo la vejez.

La silla de F elipe II en el Escorial, cuadro de
Luis Alvarez ( Exposición nacional de Bellas Artes de 18go~
- Compañero Luis Alvarez de Rosales y Palmaroli, con ellai
partió para Roma á fines de 1857, y desde entonces sólo en determinadas ocasiones y siempre temporalmente ha venido á España. Sus triunfos pueden casi contarse por el número de sus
obras, ya que ha llegado á imponerse por la fuerza en sus crea•
ciones. El s1wJo de Caljmmia, premiado en 1861, La boda di
Paulina Borghese, El sarao, La re.-epción de un cardenal, ú'11
besamanos en 18o4, Stella matutina, indecisión, El se11or ft'tt•
da/ y otras más han obtenirlo señaladas recompensas y figuran
en varios museos ó en las principales colecciones de Europa 1
América.
En La silla de Felipe II &lt;lió á conocer Luis Alvarez sus prodigiosas facultades, puesto que en tal lienzo logró simbolizar la
Necrología. - Han fallecido recientemente:
última época de Felipe II, el difícil período de su reinado
Enrique Chabrillat, libretista y novelista francés.
Luis Goldhann, celebrado dramaturgo alemán, presidente de que la pérdida de la armada invencible inició la serie de los q
la Asociación de escritores y periodistas alemanes de Moravia. después se sucedieron. El artista representó al taciturno monar
Rutherford Ricardo Hayes, presidente que fué de la repúbli- ca sentado en la granitica roca que escogiera para descansar, '1,
desde ella, con el auxilio de un anteojo, examinar, cual si fuera
ca ele los Estados Unidos de 1877 á 1881.
Ana Kemble, famosa actriz inglesa y poetisa que se distinguía desde una atalaya, las obras y el acarreo de materiales para
especialmente en la interpretación de las obras de Shakespeare. construcción del monasterio fundado para conmemorar la vict
l\fr. Blaine, leader del partido republicano en el Senado fe- ría de San Quintin.
Tal es el cuadro de este distinguido pintor, cuyo nombre, por:
deral de los Estados Unidos, campeón intransigente del proteccionismo, secretario de Estado desde 188o basta la última elec- la valía de sus obras, merece respetuosa CO!]sideración.
ción presidencial.
En el salón, cuadro de P. Salinas. - Pertenece esDoña Margarita de Borb6n, hija de los grandes duques ele
Parma, Carlos III y Luisa M. • T eresa de Borb6n, y esposa de te cuadro á un género completamente distinto al del mis
autor, titulado Primavera, que publicamos en el número 544
D. Carlos de Borb6n, pretendiente á la corona de España.
LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA: el de entonces es un himno en,
tonado á la naturaleza; el de ahora es un tributo rendido á 1
refinamientos de la civilización, que no dejan de tener tambi
sus bellezas para el artista. En la obra de Salinas que hoy
..~ . producimos, manifiéstanse éstas en las figuras elegantemente ata
viadas, en los muebles, en los adornos, en todos los detalles,
suma, que actualmente constituyen el encanto de los salon
aristocráticos. T odo lo ha tratado el distinguido pintor españ
con mano maestra, demostrando que si sabe sentir el campo
sus galas, conoce y expresa con igual acierto los atractivos d
gran mundo.

-~.

U,Í!

S an F ran cisco d e Asís, escultura de Manuel

Vista general de Pontevedra, tomada desde San
Margarita, Noroeste de la capital (de fotografia de J. Pri

Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar- to). - Cuenta González Zúñiga, en su Historia de Pontevedra
tes de 1892). - Si bien Manuel Fuxá había demostrado, por que cuando el mariscal Ney se dirigía hacia ella con sus tro
medio de sus obras, que es un escultor de grandes alientos, pre- con ánimo de arrasarla por su rebelión, no pudo menos de ex•

ciso es confesar que su última producción supera á cuantas ha
dado forma. El gran apóstol del ascetismo, el ferviente predicador del dominio del espiritu sobre la materia, Francisco ele Asís,
ha cobrado nueva vida, y del informe barro ha podido el artista,
por el esfuerzo de su genialidad, representar la gran figura del
santo, que rebosando su alma de abnegación y misticismo levantó su potente voz en favor del desvalido, atreviéndose á combatir las crueldades del poderoso á la vez que aconsejaba la humildad y la cristiana resignación al desvalido.
La sencilla actitud del apóstol, la inefable expresión de su
rostro demacrado por la predicación y el ascetismo, sus ojos casi
cerrados cual si buscaran la divina luz, su boca entreabierta
dando paso á su arrobadora palabra y sus manos afinnándola
con la acción revelan, además de un gran estudio y de grandes
aptitudes para el cultivo del arte, un caudal de sentimiento, de
mística im:piración.
Justificado es á todas luces el premio concedido por el Jurado de la Exposición de Bellas Artes á la que consideramos como la mejor de las obras producidas por nuestro amigo el distinguido escultor catalán Manuel Fuxa.

M azeppa, cuadro de I sidro G il G avilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -En leyendas,
tradiciones y hechos históricos han buscado siempre los artistas

clamar al divisarla: «¡Tu belleza me desarma!» Y preciso
confesar que razón sobrada tenla el caudillo francés, ya que
cualquiera de los caminos que á ella conducen no podrá el vía·
jero menos de sorprenderse ante el bello espectáculo que á
vi~~ se presenta. Cobijada por un cielo claro y transparente,
cemda por un cmturón de agua, rodeada de colinas siem
verdes y teniendo por fondo el mar, tal es Pontevedra, la ciu
dad fundada por Tenero, el hijo de Telanión, el griego. Difl
seria relatar en breve espacio las bellezas de la ciudad galle
bastará consignar que cuenta edificios y monumentos de re
nocido mérito artistico y arqueológico, tales como las igles'
de Santa María, San Francisco, Santo Domingo, etc., y que
la belleza de su suelo reune el atractivo del bondadoso caráct
de sus habitantes, laboriosos, sobrios y hospitalarios como t
el pueblo gallego.
................, ...••..,......, .•, .••, ••, ••.••., ......,.......................,... ,•.¡,,,,,.,,.•••. ,.••.,.,,,,..., ••,.•.,..,•••• ,.,

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, adoptado en los Hospilales de Paris y que prescriben los
medicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tón icos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni &lt;11ar•
rea, teniendo además la superioridad sobre todos Jos
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

Si, hu hiera usted ido á introducir la perturbación en medio de la alegría!

CARGO DE CONCIENCIA
POR J UANA M AI RET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

- J?éjele .usted estar,, ~eñor cura, dijo la tía Aurelia; le sienta muy bien y
ademas es ligero y portátil como el pecado veriial.
'
-: Pues bien, señor cura; yo tengo una amiga, no muy devota se ún creo
- ¡~um, pecado venial, pecado venial!.. Cuidado, señora Despois no olvide se Sirve de las casullas viejas y de los venerables ornamentos de iglesia d~ 1ue
que q~ien no tem~ el pecado venial incurre fácilmente en el mortaÍ. Con fre- cu~le,s :crt~ las magníficas flores y arabescos para aplicarlos sobr/seda 'ó felp~s
cuencia no hay mas que un paso desde una parroquia á otra.
ro edan, 0 os espués de ~ordados fantásticos algo semejantes á los míos ¿Llam'
uste
a esto pecado vemal?
.. ·
a
fi .- Puesto que hablamos de asuntos tan graves, repuso la tía, me alegraría inmtdo que me aclarase usted una duda. Usted tiene la bondad de admirar mis d t- ¡S~crileto, ;verdade~o sacrilegio, mi buena señora Despois! En cuanto á
b or ados...
e ermmar esde luego s1 tenemos aquí un pecado mortal 6 venial ne ·t ,
. - E~ cua~to á eso, señora, sus manos son de hada. Me ha dado usted ara p~ral.ebsto cdonsult~r,. meditar, pues no recuerdo haber hallado est; e1•e:ps;oª:~
mi reclmatono un almohadón que es una maravilla, pero demasiado hemfoso mis 1 ros e casu1st1ca.
para que yo ose apoyar en él mis viejas rodillas.
- Pues bien, señor cura; yo me inclino al pecado venial, ligero y portátil.

�100

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMElW

580
N úMERO

nunc:t asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
Roberto de Ancel, por su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la instrucción del sumario; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía irritado é inquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella lúgubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momento de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia» había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee) y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, en efecto, había habido un principio de discusión; pero tan poco formal
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conftrmado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el particular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter basfante violento y
quisquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto, que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales.
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
modesta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que J orge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
La señora de Anee! hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido ni una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada; pero Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivir sin verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.:t, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de baps de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives·, helechos y digitales. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que EJmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aquel día estaba muy contenta sin saber por qué; tal vez porque era agradable vivir bajo aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuc:tes
emanaciones de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los tíltimos días
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestab:t mucho la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía can tar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto que la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saher cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó R oberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal tiel"!1Pº duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
munda persistió e n sus bu~nas relaciones de una manera admirable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
~n el b_ordado como una mña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía cora los cientos, revelan~o en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lectura; pero los lil;&gt;ros no eran muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
res1st1ó a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
pronto el sueño y acostábase temprano.
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más_ la lluvia; no _p~día estar quieta en ninguna parte; trabapba_ mucho como muJer casera, fatigabase cuanto era posible y después per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto des·
mancc_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del libro. Sm embarg_o, I_a t~rnura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que d1sm111uir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añad ió, llenando de ramas los brazos del joven.
~1ón forz?sa. E n t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- ¿No hay bastante aún?
- Sí tal; ya me disponía á regresará casa. En el camino encontraremos aún
111for11_1ac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
?etemdos, n~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pa·
mterrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
tán, Y hasta la~ señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interrogatorio.
-¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente enamorado ele alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
de la menor y que decía á cuan tos querían escucharle que se casaría con ella á
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión, y fijó
pesar d~ to~as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
~l ver disc~t1das así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- ¡Bien lo sabe usted!
ido_ al castillo c~n el ~ismo título que otros muchos convidados; que si había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
temdo algunas 1~tenc10nes para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de- ¿No es un cri men faltará la palabra dada? ¿No es un crimen hacerse espc·
manda alguna 111 la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar inútilmente? ¿No es un crimen no venir al punto á pedir humildemente per•

-· En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos corti najes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París ... , exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
- Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
caliente que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos estan muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los años
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una facilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nunciar un buen sermón; y me censuraría por preferir la comida de vigilia del
castillo á la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
- ¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez las tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes?.,
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, e n la bifurcación del sendero que baja por un lado á la (Fuente de Virgima,» desembocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
joven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió ayer por la tarde, pues el caballo fué hallado por unos campesinos
que,le reconocieron y llevaron á Trouville, de donde, según parece, el joven sahó a eso d~ las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Ancel.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero la
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, t\nico
pariente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promes:i! ..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! T odos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la tarde y la noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iaihechor habrá tenido tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1}los estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~1asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
l;ub1eran po?1do denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
i fa~ tranqm!o 9ue era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes de alqu ilar una qu inta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera siendo tan sencillo? En los caminos, por lo menos se tiene la segurid~d de no morir asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreir, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topográfi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- if\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentim, sin prepararse piadosamente, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantánea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

a

580

LA

IOI

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho de otro modo la famosa frase «He pensado esperar. .. » Pero Roberto no sonrió, y súbitamente pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo, ir á casa de la señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
que usted conoce. Además, añadió en voz más baja, yo creía que la muerte súbita de Bertrand sería para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco,
al oírla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
Edmunda reconoció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; ruborizóse, y se detuvo bruscamente.
- Expliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera por haberme mostrado algo indiferente ante ese de5graciado suceso,
que en su opinión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted;
y á mi me había parecido ... creí ver ... que ese amor no era para usted indiferente ...
- O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitán y que pensaba casarme con él.
- Así lo temía.
- Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las mujeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
para adivinarlo. Ahora consentiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que.necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida, y convengo en
que los elogios del capitán Bertrand no me eran en modo alguno desagradables;
mas no creía en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento g.ue hubiera sido más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand tomaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~i hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró Roberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe~í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
. ~ vo~ de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
VIVldo anos enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv~dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie todas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
a~ante ?e la so)edad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el luJo, el rmdo, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba domi•
n~do por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locam~nte enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
? ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
1m~ortuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pas1? n había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
~~munda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó ~aer las fl~res q~e llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la Joven, obhgóla a mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
-¿Y no_ la ofende á ust~d que yo la ame? ¿Y no la amedrento yo, que soy tan
P?COprop10 para agradar a una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas ~on tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda,. cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez pnmera _la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sm duda le parezco á usted un amante triste... Pero no es posib,le_ que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fac!l ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
P ?rque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. Hable usted, yo se lo sup1ICO...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
. -:- De~de la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
1111 mtenor s~r su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al instante? Al parecer no
l? comprend1~ usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, aunque al mismo
~emp~ me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesario con ese pore seno'. Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
h ago meior de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
d El pasa~o. no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperao una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; pero después de todo
¿~or q?é hab~a de tener remordimientos? Si era libre de unirse con aquella deli:
f-~sa Joven, a Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
i ertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptab¡

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y alldaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!
X

Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aquellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. El amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer. Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
daba qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente de la
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto_ no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una muJer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiepe á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo ... Y la
b~ena ~eñora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además,
bien Il!rrado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella le
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreír, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre ~e hacerlo. Y de este ~od_o, el e~oísmo maternal después del egoísmo
del amor cmdábase poco del sacnfic10 realizado sin frases y silenciosamente.
~in embarg?., cu~~1do la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hiJo, diJole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a R oberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted.. .
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto contiruJo con efusión dü
su «encanta~ora ~ermanita.» Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso á
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿~e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u?ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí¡
después del de 1111 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como _Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,_per? notábase en ella u~a ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_mna a su l~do, y pensaba sm duda que su dignidad de novia la enaltec1a, pomén_dola al mvel ?e ~arta. H ~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene _alguna c1e~cia de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Despu~s del pnmer entusiasmo, cuando se hubo acostum brado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus mur.mullos de_ amor, se ~epuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descmdado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado d: mi fortun~; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeno en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien !1111 francos al año: lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la primera vez que le v1; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas Y que me:ece el aprecio de todos. Por lo demás, el afecto que le
profesas e:a ~ara mí sufic1e:1te garantía. Me ha sido preciso arreglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... ,T ú conoces el_ mundo mu_c ho menos que yo, á pesar de tus
vemtiséis a_nos, Y asi he comprendido en segmda que necesitaría casarme lo más
pronto po~1ble y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!
(Continuará)

�LA ILUSTl{ACIÓN ARTÍSTICA

100

N úMEH0 580

nunca asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
~oberto_ de Anee!,
su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la ms!ru.cción d~l su_mano; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía 1rnta?o é mquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella ]úaubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momeito de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia)) había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee! y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, ~n e~ecto, ha~ía habido un principio de discusión; pero tan poco formal,
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conrm:1ado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el part~cular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter bastante violento y
qmsquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales. '
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
n~ode~ta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que Jorge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
. La _señora de Anee!_ hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido m una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada¡ per~ Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivtr sm verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.a, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de bayas de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives, helechos y digit:i.les. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que E&lt;lmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aqu~l dí~ estaba muy contei_1ta sin saber por qué; tal vez porque era agradable viv1~ baJO aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuertes
emanac10nes de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los últimos &lt;lías
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_ el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestaba mucho á la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía cantar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto qu~ la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saber cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó Roberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal t!ei:npo duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
mun da persistió en sus buenas relaciones de una manera admi rable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
en el b_ordado como una niña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía corá los cientos, revelando en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lect~ra; péro los libros no eran · muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
resistió a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
pronto el sueño y acostábase temprano.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más la lluvia; no podía estar quieta en ninguna parte· traba¡aba, mucho como mujer casera, fatigábase cuanto era posible y después' per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto desmanec_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del Ji.
bro. Sm embargo, la ternura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que disminuir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añadió, llenando de ramas los brazos del joven.
- ¿No hay bastante aún?
~1ón forz?sa. En t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- Sí tal; ya me disponía á regresar á casa. En el camino encontraremos aún
mforn:iac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
~etemdos, ~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pamrerrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
- ¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
tán, Y hasta las señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interroaatorio.
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente ena~orado &lt;le alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión y fijó
de la menor y que decía á cuantos querían escucharle que se casaría con ella á
'
pesar d~ tod_as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
- ¡Bien lo sabe usted!
~l ver disc~tidas así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
ido_ a l castillo c~n el mismo título que otros muchos convidados; que si había
temdo algunas mtenciones para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de-:-¿~? es u1\crimen faltar~ la palabra ?ada? ¿No e_s un ~rimen hacerse espemanda alguna ni la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar mut1lmente. ¿No es un cnmen no vemr al punto a pedir humildemente per-

-- En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos cortinajes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París..., exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
. - Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
calie_nte que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos están muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los aiios
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una f~cilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nun?iar ,un buen sermón; y me censuraría por preferi r la comida de vigilia del
castillo a la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
-¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez l&lt;,ts tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes? ..
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, en la bifurcación del sendero que baja por un lado á la «Fuente de Virgi!11a,» des~mbocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
J0ven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió aye: por la tarde, pu.e~ el ca_ballo fué hallado por unos campesinos
que.le reconocieron y llevaron a frouv1lle, de donde, según parece, el joven saltó a eso de las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Anee!.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero ta
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, único
panente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promesa!..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! Todos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la ,tard~ y l~ noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iathechor habra temdo tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1_llos estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~I asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
hubieran po?ido denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
¡Ta~ tranqm_lo que era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes
alqmlar una q_uinta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera s1end? tan sencillo? En los cammos, por lo menos se tiene la segurid~d de no monr asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreír, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas.cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topografi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- i'\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentina, sin prepar~rse p1adosamen~e, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantanea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

?e

Pº:

NúMERO

580

LA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho_ de otro _modo la famosa frase «He pensado esperar ... » Pero Robert? no sonnó, y súbitam~nte pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo irá casa de ta señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
q~e usted conoce. A?emás, añadió en_ voz más baja, yo creía que ta muerte súbita_ de Bertrand sena para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco
a l 01rla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
'
Edmunda recon?ció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; rubonzóse, y se detuvo bruscamente.
- ~xpliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera
haberme mostrado algo indiferente ante ese desgraciado suceso,
que en su opmión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted·
Y á mi me había parecido ... creí ver... que ese amor no era para usted indife~
rente...
. -; O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitan y que pensaba casarme con él.
- Así lo tem ía.
. - Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las muJeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
i:ara adivinarlo. _Ahora ~on~entiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que_ necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida y convengo en
que los elo ios del capitán B~rtrand no me eran en modo algun¿ desagradables;
mas no c~eia en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento que hubiera sido_ más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand ~ornaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~1 hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró R oberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe:í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
La voz de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
vivido años enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv!dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie ~odas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
amante de la soledad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el lujo, el ruido, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba dominado por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locamente enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
~ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
importuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pasión había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
Edmunda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó caer las flores que llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la joven, obligóla á mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
- ¿Y no la ofende á usted que yo la ame?¿Y no la amedrento yo, que soy tan
poco propio para agradar á una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas son tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda, cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez primera la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sin duda le parezco á usted un amante triste... P ero no es posible que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fácil ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
Porque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. H able usted, yo se lo suplico...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
- D esde la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
mi interior ser su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al ins!ante? Al parec~r no
lo comprendía usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, au?que al mismo
tiempo me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesano con ese pobre señor Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
hago mejor de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
El pasado no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperado una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; p~ro después de tod~,
¿por qué había de tener remordimientos? Si era libre de umrse con aquella deliciosa joven, á Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
libertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad.
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptaba

Pº:

9

IOI

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y a cidaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!

X
Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aq uellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. Et amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer_ Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
dab~_qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente dela
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una mujer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiene á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo... Y la
buena señora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además
bien ~ irado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella 1~
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreir, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre de hacerlo. Y de este modo, el egoísmo maternal después del egoísmo
del amor cuidábase poco del sacrificio realizado sin frases y silenciosamente.
Sin embargo, cuando la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hijo, díjole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a Roberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted...
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto continuo con efusión de
su ((encanta~ora ~ermanita.}) Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿?e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u~ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí~
después del de m1 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,__per? notábase en ella una ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_nma a su !~do, y pensaba sin duda que su dignidad de novia la enaltecia, pomén_dola al mvel ~e ~farta. H~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene alguna c1enc1a de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Después del primer entusiasmo, cuando se hubo acostumbrado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus murmullos de amor, se repuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descuidado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado de mi fortuna; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeño en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien ;11!1 francos al año,. lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la pnmera vez que le vi; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas y que merece el aprecio de todos. Por to demás el afecto que te
profesas e:a ~ara mí suficiente garantía. Me ha sido preciso a:reglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... Tú conoces el mundo mucho menos que yo, á pesar de tus
vemt1sé1s anos, y así he comprendido en seguida que necesitaría casarme lo más
pronto po~ible y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!

a

(Continuará)

�102

L A I LUSTRACI ÓN ART ÍSTICA

por medio del arco pueden conseguirse todos los
efectos del instrumento cual si se tocara naturalmente (sonidos filados, ligados, sueltos, picados, etc., staccatos, pizzicatos),· merced al teclado la precisión es
forzosa, puesto que es independiente del artista y reS1ilta de un mecanismo invariable. Las teclas están
unidas de una manera tan perfecta con los martillitos
que oprimen la cuerda, que puede obtener hasta ese
EL VIOLONCRLO-PIANO
temblor llamado expresión.
Los instrumentos músicos más bellos, los que por
El sistema de M. Vlaminck permite ejecutar la masu parecido con la voz humana hablan más al alma yor parte de combinaciones á doble cuerda, y á fuerson indudablemente los de cuerda: el violín, la vio- za de práctica se llega á obtener los sonidos armónicos. Lo único imposible son las notas

IT:-~r'q:::;:;::::::;;¡:;::;;:;;;;::;;;¡¡;::;;:;;;;;;¡:¡.=====-:::;;;-:;:;c===ir.~
- :.:.:.;¡.-:¡,+;---_--!
7,::1 arrastradas y las diferencias de coma
"
·' (por ejemplo, del do sostenido al re
bemol).
M. de Vlaminck ha estudiado dos
tipos, el violoncelo-piano y la viola-piano, que nuestro grabado representa. El
primero es bastante incómodo: su teclado tiene tres octavas de extensión, y por
el cambio del la en una cuerda que tocada en vacío da el re permite que el
instrumento tenga una extensión de
cinco octavas á partir del do ·grave del
violoncelo. Por esta razón el violoncelopiano podría ser también denominado
melotetráfono, puesto que en él pueden
tocarse todas las piezas escritas para
cualquier instrumento del cuarteto.
La viola-piano es más pequeña, más
elegante y será sin duda preferida al
violoncelo-piano; puede ir encerrada en
una caja de 25 x 28 x 80 centímetros y
en ella puede tocarse música escrita
para viola ó para violín.
El violoncelo-piano y la viola-piano
son instrumentos verdaderamente serios y se prestan perfectamente á la
música de conjunto: mis lectores darán
crédito á lo que digo cuando sepan que
escribo esta nota después de haber toVioloncelo-piano y viola-piano
cado en aquéllos sonatas de Beethoven
y de Haydn y la obertura de 'Poeta y
la, el violoncelo y el contrabajo. Superiores al piano, Aldeano, de Suppé, que tiene movimientos bastante
puesto que permiten al artista prolongar la misma nota acelerados.
haciendo á la vez variar su intensidad, están también
Creo que el invento de M. Vlaminck tendrá gran
por encima del armonio por la calidad del sonido y éxito, pues muchas señoritas e~pecialmente se tendrán
no ofrecen los inconvenientes de los instrumentos por dichosas pudiendo, gracias á la viola-piano,'dejar
de viento, como la flauta, el clarinete, etc., cuyo dia- un poco el piano para tocar á dúo, casi sin necesidad
pasón es casi siempre fijo, de suerte que es imposi- de nuevos estudios, algunas de las admirables roble acordarlos con el piano cuando éste no está exac- manzas sin palabras de Mendelssohn ó algunas metamente al diapasón normal, cosa muy frecuente.
lodías de Schubert arregladas para piano y violín.
Desgraciadamente, sabido es cuán difíciles de toc. CREPEAUX
car son tales instrumentos, dificultad que para algunas personas llega á ser verdadera imposibilidad: en
efecto, la precisión de los sonidos es una facultad
con la cual se nace y que el trabajo puede sólo per- EXPLORACIÓN DE LAS ALTAS REGIONES ATMOSFÉRICAS
feccionar. En el violín, en el violoncelo y demás instrumentos análogos esta precisión depende de la posiMucho se ha hablado del proyecto de M. Capazza
ción de los dedos, que coincide mejor ó peor con la de explorar las regiones superiores de la atmósfera
distancia matemática necesaria para que la cuerda elevando lo más alto posible un pequeño globo pro•
produzca el número de vibraciones. correspondientes visto de instrumentos registradores. La comunicación
á una nota determinada. Esta longitud, que varía de M. Capazza á la Academia de Ciencias de París
con cada nota, disminuye á medida qué el sonido se ha hecho que se publicara un proyecto análogo muy
hace más agudo: así, por ejemplo, en la prima el primer
tono grave de la á sise midé por una distancia•de siete
centímetros, .al paso que, á dos octavas más altas, el
mismo interva1o tónico se consigue.con una de·dos
solamente. De aquí que muchos toquen con afinación las notas graves y sean menos afortunados en
las agudas, y de aqu( también que el niímero de violoncelistas sea tan reducido en comparación con el
de los _pianistas. Y sin embargo, ¡cuán hartos estamos
y~ d.~ J?ia_no y cuá~to talento se necesita_yara que ~n
p1a111sta'se haga 01r con gusto! En camb10 la más 111significante pieza para instrumento de cuerda deleita,
con tal de que su ejecución sea perfectamente afinada.
Partiendo de este orden de ideas, un distinguido
profesor de música, M. de Vlaminck ha ideado una
manera de combinar la sonoridad y expresión de los
instrumentos de cuerda con la precisión matemática
de los de teclado, como el piano y el armonio.
Después de muchas probaturas y de tanteos impuestos por la necesidad de aislar de un modo absoFig. r. Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura
luto la cuerda para que emita sonidos perfectamente
en las altas regiones de la atmósfera
puros, M. de Vlaminck ha logrado al fin lo que se
proponía y obtenido patente de invención por un
aparato que se aplica á los instrumentos de cuerda estudiado y desde hace mucho preparado por el coque forman cuarteto, y que permite sustituir la ma- mandante Renard, director del establecimiento de
no izquierda del artista por un mecanismo que fun- aerostación militar de Chalais-Meudon, el cual lo ha
ciona por medio de las teclas de un teclado de comunicado á la Academia y á la Sociedad francesa
de Física, no para reivindicar la prioridad de una idea,
piano.
De esta suerte se toca el piano con la mwo iz- que naturalmente se habrá ocurrido á todos los mequierda y el violín ó el violoncelo con la derecha: teorólogos y á muchos aeronautas, sino para exponer

' NúMERO

580

las dificultades del problema y hacer participar á
hombres competentes de las esperanzas que despiertan los cálculos fundados en un profundo conocimiento del asunto. A primera vista no parece más difícil elevar un globo á 15 kilómetros que á 20 ó á 2 S,
y sin embargo esto último es casi imposible ámenos
de un gasto enorme.
. El aeronauta no puede elevarse más allá de 8. 500
metros; pero este inconveniente no existe para los
instrumentos registradores; y así como cuando se trata de la vida de un hombre hay que busctir el mayor
coeficiente de seguridad, tratándose de algunos aparatos puede arriesgarse mucho más ante la idea de
ganar algunos kilómetros de altura.
El programa trazado por el comandante Renard
consiste en elevar á 20 kilómetros de altura un conjunto de aparatos como el termógrafo, el barógrafo,
el actinógrafo y otros destinados á registrar los fenómenos eléctricos ó á recoger aire de las regiones superiores, todos los cuales pueden ser subidos sucesivamente, debiendo el barógrafo formar parte de todas
las expediciones.
Los dos primeros registradores no ofrecían dificultades, pues éstas habían sido vencidas por M. Richard por medio de ingeniosos instrumentos; el actinógrafo es más delicado; pero gracias al interés con
que M. J. Violle ha estudiado el proyecto, es de esperar que también se resolverán las que á él se refieren. M. Leduc, que se ha dedicado á investigar la
composición del aire, ha preparado globos que se abrirán automáticamente y se cerrarán en seguida. El
volumen del globo no había de exceder de rno metros cúbicos á fin de reducirá un mínimo los gastos
de henchimiento y ,de aument;u en igualdad de gasto
el número de excursiones. Dada la fuerza ascensional del hidrógeno, el peso de los instrumentos con
sus parachoques y la red no podía ser mayor de 5 kilogramos. Para conseguir esta condición se ha reducido el peso de los aparatos mediante un empleo racional del aluminio y un aligeramiento prudencial de
las piezas de los mismos: en cuanto á los parachoques, destinados á evitar que se estropeen los instrumentos al llegar á tierra, están formados por una especie de jaula de junco y de bambú en la que el instrumento va suspendido por cauchos fijados en los
ocho ángulos. La fig. 1 representa el conocido termógrafo de M. Richard: la espiral destinada á tomar la
temperatura del aire va encerrada en un cilindro perforado que se ve en la parte posterior del grabado y
contiene alcohol en una cavidad interior de 2 milímetros de espesor. La fig. 2 representa el barógrafo
en su jaula: ésta lo protege tan bien, que arrojado el
instrumento con violencia al suelo no ha dejado de
funcionar el movimiento de relojería.
El punto capital del proyecto consiste en la adopción de una envoltura ligera. Un cálculo muy sencillo demuestra que, en igualdad de circunstancias, el
volumen del globo destinado á ascender, sin exceso
de carga, á una altura dada, aumenta en proporción
del peso del metro cuadrado de la envoltura; este
peso es de 300 gramos en las envolturas ordinarias,
y teniendo en cuenta el peso de los instrumentos,
considerable para un pequeño globo aunque insignificante para un globo grande, se llega para éste en las
condiciones ordinarias á la cifra de 4. 200 metros cú-

580

NúMERO

103

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dima~ado aplicaci~nes lan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña d~I contenido del MU:~DO FÍ·
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad ele
esta obra.

NUEVA PUBLICACI ÓN

EL MUND O FÍ SICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D . MANUl!t. ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN , SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La presente obra formará 3 tomos de rC1,TUlares dimensio•
Edici6n ilustrada con grabados intercalados y láminll$
cro11wlitografiadas
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admit_ido po~ cuanto~ de la ciencia física han escrito, lo di·
vide en vanas secciones prmc1pales, en cada una de ellas se enunr ia la ley que p reside á los fenómenos de que trata, el descu•
brimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
Así, después de tratar ele los fenómenos y leyes de la Graverfad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grabados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales
esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la A ctfstica y de los instrumentos musicales. La L11z da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, microscop•o, etc. El l',fagnetismo y la Electricidad proporcion:in ancho

nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~'\SO de qu~ lo ?esea·
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el;texto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la Física, asl como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo con
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á .}os Sres. Montaner y Simón, calle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona
Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ¡LUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin.
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficin a de publicida d de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo de Gracia, núm. 21

..........
-

LllT !NTÍ PdLIQUI -

LECHE ANTEF1:L

1t1t9lDES del E8 ro.i-+-\i
--n~,,

Pepsina Boudault
!prohada por la motil! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lfodallM en 1&amp;1 Jhpo1loloo11 lotunaclonaloo do

PWS - LTOR - nm
18117

lffi

lSl3

- PIIIUDELPIU
- P!RIS
1878
1118

U DfLI.&amp;. COR I L ■,nea j 11TO D LAa

DISPEPSIAS
0 A8TRITIS - OA8TRALOIA8
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
l'ALTA DE APETITO
~ OT&amp;OI DIIOUIRII DI L4 DltllTlOII

ELIXIR, · de PEPSIN.l BOUDAULT
VINO · , de PEPSINA BOUDAULT
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,

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poclon o
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, 1o1 Siin P!UlDICADOI\EII '.uioouo■,
PBOFEBOREII y CANTOU8 para faeüillr la

aúoloD d■ la nL-PUGlt: 12 lwJ.U,
. ltntW M II rot#II • /ll'1IUI

i

AA. DETIU.1', l'armaon\loo n P.uul'

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
P!BTILU8 J POLVOS

LA SAGRADA BIBI.JA

IDICIÓN ILUITIIADA
• tO o6ntimo• de pe■eta la

entrega de ti

J•l!l=J~!• ~ni

contra las diversas
Afeoolones llel Corazon,
Hydropeelae, 1
Tose• nervloue¡
Bronqultle, Aema, etc.

Medalla de Oro de la S•4 de F1• de Paria dettetun l as perdútas.

B.UO 1.4 FORIU DE

..

arabedeD~ftalde

,m • ■ne1aca ... 1,u, fillJa
OAS, LENTEIAS, TEii ASO
SARPULLIDOS, TEZ BARRO

p ágina■

~

Se ca'liu proarc101 i \ a.lea 101 aoliatc
41rigiiodoac i loa Src■• Moouaer y Simbo, editorn

PATERSON
• JISIIUTBO ll18NISIA
J

~ 0 1 eo11tra lu ~loDN del Est6·
aac,o, Falta de Apetito, Dlge■Uonea lallo,
rt- , Aoedtu, V6m1to■, Eruoto■, y C61t-;
nplu:lull ... l'lmoloDN del ER6mago .,
a loe IDle■Ulloa,
blllrtulr■tvlo 11,-1 dt l . FAYAIID.
DZTBAlf, F--utloo t111 P.IBJII

CARNE HIERRO y QUINA

ll .lllmuto maa ~~ Wlido a loa 'r6Dicoa maa reparado.._

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS

,aneemos ironrrrvos DB u

CARNE

.

e , ~ mm• .,_ ••111u 1 Dles añoe de extto continuado y 118 a11rmac1011e1 ele
todu las eminenelll mMicaa preub&amp;D que esta uoclacion de la Clarae, el Biern 7 la

._ oonaUtuye el repan4or maa enel'1!1co que ae conoce para curar í la Clorólfí, la
!n,;m_,
..,_,~ las Jlemt ~ fe«UWIUdolM'Olal,
el lm110wectmlfflto 7 J.a Álteraclon de la Sangf'~
ucro{WOlal y ua,rwt1&lt;:M, etc. El Yi ae Pe11T11ct■eH dé
el único que reune lodo lo que entona 1 rorlaleee loa organoe,
coordena•y aumenta considerablemente lu tuerzas ó tnrunc1e a la 111111'9
'empobrOOÍda 7 descolorida : el f flor, la Color-acwtt_ J la .8Mr~ "'~"'·

t!"?.":f.
reaui'ar1za'"':'!1~

Fig.

2.

Disposición del barógrafo en su jaula de junco
y de bambú para evitar los choques

bicos; de modo que intentar en estas condiciones un
experimento sería costosísimo.
Todo el valor del proyecto que acabamos de exponer no está tanto en la idea primera, sino más bien
en el estudio profundo de la cuestión, que ha conducido á una situación muy económica.
(De La Nat11re)

PorM"Or e11 Paria encuade J. FERU,Fannu.entico, 10!, rae Richelieu. Sawar41 ilOUD,
"

'

'p VJll(DJI BM T OD~ LA.S PJU?CCIP.ilJIS BOTIQ1S

EXIJASE e1:=' ARDUO

pecetarlo por verdaderat !minenc~as, no tiene rival y es el remedio más
racional,_se.~uro .Y de 1n~ed1atos resultados de todos los ferruginosos
y de la med1ca_01~n tómco- reconstituyente para la Ánemia, Raquitismo, Colores pálidos, Empobrec11111ento de _sang,·e, Debilidad ¿ inapetencia y menstruaciones difíciles.
T~nemos numerosos certificados de los médicos que lo r ecomiendan y recetan con adm~rables resul tados.-Cuidndo con las falsificaciones, po1·que no darán resultado. Exi•
!J ,r la firma y marca de garantía.

PRECIOD~ CADA BOTELLA, 4 PTAS.--MRDIABOTEfiLA. 2,50 EN TODA ESPANA
Da venta en todas las farmacias de las provincias y pu?blos da España,
Ultramar y América del Sur.

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Farmacia

VIVAS PEREZ

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El meJo:r y mas céleb.re polvo de tocado:r

por Ch. l'ay, pertum1sta
9, Rue de la Paix, F ARIS

�104

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VISTA GEN ERAL D E PONTRVEDRA

APEL WL

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarroa,llal de garganta,BronquiU., Resfriado•, Romadizo•,
de los Reumatismo•, Dolorea,

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito J&gt;Ol'
todos los méclicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómego, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

Lumbago■,

etc., 30 años del mejor
bito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo r.ecomendado por
101 primero• médicos de Paris.

J.AR..ABE

-

a1Bromuro de Potasio

D1p61tto ,n toda, tal Farmacia,

Lu

J. Prieto)

Jarabe Laroze

•Soberano remedio para rápida cu•r••
cion de las Afecciones del pecho,

Pll'IOIIU ... CHOCH

(de fotografía de

580

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es f'!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coraz9p,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niftos durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
Fábrir.a, Espediciones : J.-P. LAROZE
!, rae des Lions-Sl-Panl, i Paris.
Deposito en todas las princi11ales Boticas y Drogueriaa

!u

PILDORAS~~DEHAUT
DS PARIB

GRANO DE LINO TARIN r':.&amp;t;á"c1üs

ao titubean en purgarse, cuando lo
aecesitan. No temen el asco ni el ca11ra11c/o, porque, con&amp;ra lo que sucede con
Jos demas purgantes, este no obra bien
SÚlo cuando se toma con buenos alimento,
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el ca",
el U. Cada cual NCOge, para porgarse, l•
bora , 1, comida que mas le conrtenen,
•evun ,u, ocupacfone,. Como el caosu
CJo que la porga ocufona queda completamenfunulado porel electo de la
buena alimentacion empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empeur cuantas veces
sea aecesario.

IIT1tERIMIENT08, CÓLIC08.

Part!Ci'l)9.lldo de las propiedades del Iodo
f del Hierro, estas Plldoras se emplean

-La caja: lfr, IO,

es_peclalmente contra las

APJ:O L IIIIIIEillrl 1,-..,,...;,.J.1
de los D'e. JORET &amp; HOMOLLE

~,A~J}s Farmartntlca, en Parl.s,
~Rue lonaparte, 40
de hierro Impuro 6 alterado
N, B, Elesioduro
un medicamento Infiel é Irritan te.
somo prueba de pureza y de autenticidad de

MEDA L1.AS Eip'" Unir''" LOH DRE8188Z•PA RIB 1889

Far" BRI.l!IT, 150, m4elll,oll, PillS

CARNE y QUINA

VINO ARDUO CON QUINA

T COM TODOS LOS l'IINOIPIOS ffl!TB.ITIVOS SOLUBLBS J&gt;B U CAl\NB
C,Aan y 01111u1110n los elementos que entran en la comool!iclon de este potente
teparador de las tuerzas vitales, de este foniSea■&amp;e por -efe■eia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la Ántmfa y el Á1)0Camifflto, en las CillfflturtU
1 Conoalecmcúu1 contra las I&gt;'4N'eas y las Á(eCCúYIIU del B1tOfMQo y los ,ntut,no,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldemiu ~TOcadai por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de 1tlli■• de Aroa41.
.P(ll' fM.Vor. eA Paria,., en casa de J. FERRt, Farmauutico, 10!, rue Ricllelien. Sucaor de'1lOUD.
11&amp; VBMDB KM TODAS L.\.~ PRIMCllPA.Llli IIOTIQA&amp;

EXIJASE i: t:' ARDUO
11

0

la

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 re¡ulartzar su curso perlc)dlco,

El APIOL cura los do/orea, retruo,, 1upre·
s/one1 '1e tas Epoou, as! como las p4rdldu.
Pero con frecuencia 68 falsificado.El APIOL
verdadero. único eficaz, 68 el de los inventores, los Drt• JORE~ y BOIIOLLE.

ll .t.llmuato DW reparador, 1111ido al Tbioo 11111 ener¡ir.c&gt;.

E■crotuJaa,

Tiids y la Debilidad de temperamento
as! como en todos los casos(Pálldo■ colorea:
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

las verdaderas Pl.ldoraa de Blaneard,
englr nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
,Querido infirmo. -Flese Vd.• mi l•rt• uperleno/1, vorde y el Sello de garantla de la Uni6n do
1 hq1 u10 denuestroe 6RAN0Sde8ALUO,puea ello, loa
Fabricantes para larepreslón de lafllat•
le ourarAfl.de~u con1t1p1olon, /e d1rAn apetito 1 le lcaclóu. •
·

derolrer•n e/ ,ueño 1 la aletrla. - A1/ r1rir• Vd,
'"uoho1 1ño1, d11frut1ndo 111mpr1 de u11 buena 1a/ucl.

1

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oiaguo pehgro para el c.utis. 50 Años de Éxtto, l millares de teslimonios garantiun la eficacia
de esta preparacioo. \8' vende en cajas, para la harha, y en 1/2 oajae para el blgolt ligero)'. Para
los !Jrazos, emsi.c:• e~,t!ll,l. l'UIJ.J!). D'O'SSER, l, rue J .. J.-Rouaseau, Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMl', PR MONTANU y S1M6~

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>,· ~1-rtél C10f) .
. ,~,11tí~t1ea
A o XII

- - - - - - -~

BARCELONA 30 DE ENERO DE 1893

~ -------

NúM. 579

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT O RES DE LA BIBL IOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

=~=============-=====--================

:DON JOSÉ ZORRILLA. Naci6 en Valladolid en 21 de febrero de 1817¡ falleci6 en Madrid en la madrugada del 23 del actual

�74

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

579
NúMERO

Texto. - Murmuracioru:s europeas, por Emilio Castelar. D . José Zorrilla, por la Redacci6n. - A la muy noble y muy
más leal ciudad de Burgos. Introducción de La Leyenda del
Cid, de D. José Zorrilla. -De telón adentro, por Manuel
Amor Meilán. . Miscelánea. - Nuestros grabados. - Cargo de
conciencia (continuación), por Juana Mairet, con ilustrado•
nes de A. Moreau. - Proyecto de utilización del subsuelo de la
plaza de la Constitución de Barcelona, original de D. Salvador Vigo, por X.

Grabados. - D. José Zorrilla. - Corona labrada con oro 11ati1w del rlo Darro y Medalla conmemorativa, ofrecidas alpoeta
Zorrilla con motivo de su coronación en Granada en 22 de junio de 1889. - El acto de la coronación de Zorrilla en el pala·
cio de Carlos V de Granada (de fotografia). -Autógrafo de
Zorrilla. - La canción de Nochebuena, dibujo de R. Storch.
- Civitavecchia ( Italia). Pruebas del barco sub111ari1w para
pescar y recuperar valores, dibujo del natural de Dante Paolicci. - Et desafio, cuadro de G. Simoni. - Una procesión en
Gastein, cuadro de Adolfo Menzel (Exposición internacional
de Bellas Artes de Munich, 1892). - Proyecto ele utilización
del subsuelo de la plaza de la Constitución de Barcel?na para
dependencias municipales, original de D. Salvador Vigo, cuatro grabados. - Misa de ca111pa,1a celebrada en la plaza de la
/ndepeudencia, en Montevideo, et dla 1 l de octubre de 1892,
en co11111e111oración del cuarto centenario del descubrimiento de
Améni:a.
.,,..,,.,,.,,,.,,.,.,,,,.,,,.,,.,,,,,r,,..,1.,,,.,,•••.•. 1, .,•,,,.,,.,,..,1., ..........., •••••• 1,,,.. ,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,,.

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTRLAR

Zorrilla. - Su genio. - Indiferencia p{1blica. - Necesidad de avivar el sentimiento nacional. - Modo que tienen los ingleses
de honrar á sus grandes hombres. - Modo que tienen los franceses. - Funerales de Vlctor Rugo. - Extraordinarios homenajes á Lamartine. :-- Juicio universal acerca de Zorr!lla. - R~acciones frecuentls1mas en contra de su obra. - Su mmortah·
dad segura. - Conclusión.

I
Imposible hablar de otra cosa que del tránsito de
Zorrilla, nuestro poeta nacional, á otro mundo mejor.
Aunque nos empeñáramos en divirtir voluntad y pensamiento de su túmulo, parecido á esos discos magnéticos que atraen y fijan los ojos, no podríamos,
pues el Tabor donde acabamos de ver su transfiguración milagrosa llena todo el horizonte con su grandeza y arraiga en lo más hondo é íntimo de nuestra
tierra patria por sus inconmovibles fundamentos. Yo
no conozco átomo de ceniza en los caminos nuestros
que no haya transformado él en átomo de verdadero
éter. Dondequiera que ha entrado se ha convertido
á su presencia el medio ambiente que le circuía en
una especie de mágico escenario, al cual iba lanzando en tropel los coros de las ideas, para obligarlas al
cántico incesante, cigarras muertas en los excesos y
en los entusiasmos y en las intensidades de su propia
música. Surco y arruga del valle donde los cuervos
mondaran el esqueleto de los héroes inmolados á la
patria; ermita humilde sobre cuyas torres llegan al
toque de ánima los muertos; abandonada sepultura
que ha bebido y evaporado tantos lloros; ermita llena
d e oraciones, como del suelo arrancada y puesta en
lo alto, cual lámpara misteriosa; castillo en que a nidan las aves nocturnas y aullan las bestias feroces;
rosetones góticos y ramas floridas; desde los nidos
llenos de pájaros hasta los soles henchidos del espíritu; cuanto se descubre aquí en el suelo de la patria,
otro tanto ha sido cantado por este ser sobrenatural,
nacido para escuchar el callacjo aleteo de las ideas
allí donde las almas vulgares sólo descubren soledad
y sólo sienten un profundísimo silencio.
II
Las gentes vulgares, cuando veían á Zorrilla nervioso, pequeño, diminuto, no lo creían un dios, como
le creíamos cuantos en presencia de las mayores niñerías y de los caprichos de su voluntad lo considerábamos en su obra y lo teníamos p or un ser sobrenatural, inconsciente de su propia grandeza. No hubiera sido un humano si no tocara por las raíces del
organismo en la materia como el último de los vegetales, y por las ideas infinitas en el empíreo como el
primero de los arquetipos. El hombre nace de la
Naturaleza, entre lágrimas y sangre, como el más humilde mamífero que haya nuestros apriscos habitado, y va camino de la eternidad como el más hermoso de los ángeles que haya podido recoger en sus
labios el verbo creador ó infundir el aliento divino á
los mundos fatigados en sus eternales elipses. Esclavos de la muerte, la celeste increada luz que sobre

nosotros cae al nacer, nos aviva para la inmortalidad.
El mal brota de la limitación y el bien de la infinidad de nuestro contradictorio ser, pareciéndonos á
las plantas, que en las tinieblas despiden el gas de- la
muerte, y en cuanto las besan los primeros rayos de
la luz el oxígeno de la vida. Lloramos lágrimas amargas como las aguas .d el Océano, pero que, como las
aguas del Océano también, se dulcifican al evaporarse por los cielos para luego caer como rocío sobre
nuestra frente abrasada. Síntesis de todo esto el genio de Zorrilla, tenía, como cuantos predilectos del
cielo he conocido en esta vida, enormes contradicciones bajo las sendas alas de su genio. Así penetraba
con la intuición allí donde no pueden penetrar los
sabios con el raciocinio; esparcía inspiraciones que
contenían la eterna revelación de la hermosura, y no
se daba cuenta de su trabajo; creaba con espontaneidad obras varias en guisa de esas fuerzas naturales
que coronan las montañas con brillante nieve y esmaltan de morados lirios los valles; obedecía como á
un mandato divino á la sugestión interior de su propio genio, y luego se creía en absoluto libre; daba leyes y no conocía ninguna; reunía en sí á la interior
actividad dirigida por la conciencia otra actividad
ciega y sin conciencia, en cuyos misterios se veía, ya
un ge1úo angelical, ó ya un genio diabólico; extraía
de todas las cosas su esencia, y experimentaba en sus
nervios, agitados como un arpa eólica, la chispa eléctrica antes que hubiera estallado por los aires, y en
su corazón, abierto á todos los afectos, el choque de
los dolores sociales antes que los hubiera sufrido la
misma humanidad, y en su mente, ocupada en una
creación continua, ideas todavía no nacidas en la
mente universal, y en su cráneo el peso de la nube
todavía no condensada en el aire; consumiéndose en
sus propias llamas, destrozándose en el parto de sus
criaturas, muriendo de su inmortalidad, henchido de
adivinaciones y de presentimientos que lo martirizaban, como destinado á levantar el Universo moral,
muy superior al Universo material, por obra del espíritu; pues ninguna mariposa ha tenido en sus alas
y ninguna flor en sus corolas paletas como la paleta
de donde surgiera la Transfiguración ó el Pasmo; ningún ruiseñor en su garganta y ningún arroyo en sus
susurros melodías como las melodías escapadas de
las liras del músico y de las arpas del Profeta; nmgún
mar en sus fosforescencias y ningún cielo en sus
constelaciones y en sus estrellas resplandores como
el resplandor de la humana conciencia cargada de luminosas y eternales ideas.
III
Lo más particular que Zorrilla tenía era la ignorancia de su propio genio. En vano le coronaba la
gloria; él se revolvía contra sí mismo con saña muchas veces, y decía de sus obras más sublimes lo que
no digan dueñas. Pero nadie dudara de su grandeza.
Por esta razón hame causado tanta pena la indiferencia pública; y al ver que los periódicos traían la noticia de su muerte y continuaban todos los teatros
abiertos y concurridas todas las fiestas, entróme un
rato de malhumor contra nuestras costumbres nacionales que nos prestan cierta indiferencia incomprensible ante la muerte de nuestros grandes hombres. Y
es necesario conjurar un afecto tan triste, porque indica una tibieza extraordinaria del sentimiento nacional. En Francia no ha pasado esto nunca. Cuando
Beranger murió, Beranger que no podía ser comparado con Zorrilla, Napoleón III hizo fo_rmar la guarnición de París para que cubriese la carrera, como si
pasara un rey vivo, no un poeta muerto. La República no ha dejado nunca de convertir en apoteosis la
muerte de todos sus grandes hombres. A Víctor
H ugo, á un poeta de la estirpe de Zorrilla, le alzaron
un túmulo ciclópeo so el Arco de la Estrella 'Y le ofrecieron el desfile de todo París en una procesión gigantesca, donde los admiradores suyos llevaban como
religiosas ofrendas montones de flores y de coronas.
A Lamartine le votaron las Cámaras imperiales una
pensión anual de cien mil pesetas, es decir, el sueldo
de un Ministro en activo servicio. Algo parecido hace
Inglaterra, no obstante la individualidad inglesa,
opuesta de suyo á estos homenajes colectivos. Cuando Tennyson ha muerto, Je han llevado á la misma
iglesia donde se hallan enterrados sus reyes, como á
Newton y como á Chatam. Pues no cabe dudar de
que jamás tuvimos, desde los tiempos del gran Calderón, en los cielos del arte nacional una fantasía tan
luminosa como la fantasía de Zorrilla. El sentimiento
público lo considera la personificación más alta de
nuestra epopeya histórica. Sin embargo, esos espíritus de vista poco resistente, á quienes les molesta la
demasiada luz del genio y les abrasa, sintiéndose incómodos entre tanto calor y tantos colores, comenzaron á tacharle de gongorino é incorrecto é insubstan-

cial en términos de hacerle creer á él mismo que no
valía cosa y que no dejaba sino vistmas espumas, ya
desvanecidas, en su carrera, semejante á la carrera de
un sol que despidiese ideas é inspiraciones en lugar
de luminosos rayos. Cuando, entre los aplausos del
concurso, yo evoqué su nombre y su genio inmortal
el día de mi conocido ingreso en la Academia Española, decíame, abrazándome con toda la efusión de
su alma: «Usted me ha resucitado.» ¡Oh! E l nos había.esclarecido á todos y animado en el foco luminosísimo•de su genio.
Madrid,

24

de enero de 1893

,.,,,,,,. ,,.,.,..•.•., •••.•., .•, .. .. •,,.,,. ,.,...... ,.• ,.,,,,,,.,.1• ,,·,.,....,.,,,,.•. , •• , ... ,.,,., .. ,., .• .••., .• ,.•,,., •.,,,.,,. •.

DON JOSÉ ZORRILLA
¡Ha muerto Zorrilla! ¡Ha muerto el poeta que desde el segundo tercio de esta centuria ha labrado las
más preciadas joyas de la literatura genuinamente española, continuando por modo admirable la obra de
nuestros clásicos de la edad de oro!
La prensa diaria de España y del extranjero ha
publicado extensas necrologías del ilustre vate cuya
muerte lloramos. ¿A qué, pues, repetir y detallar lo
que tantos han dicho ya antes que nosotros?
¿Quién no sabe dónde y cuándo nació Zorrilla;
cómo su padre quiso hacerle estudiar Leyes, y cómo
él desoyendo los consejos paternales y rompiendo la
paterna autoridad fugóse á Madrid que tan ancho
campo ofrecía á sus juveniles y levantadas ambiciones?
¿Quién ignora las penalidades por que en la corte
hubo de pasar antes y aun después de que su nombre fuese conocido y celebrado en ocasión tan triste
como la del entierro del ilustre Larra, junto á cuya
tumba nació, por decirlo así, el poeta?¡
¿Quién no recuerda los triunfos que desde aquella
fecha le valieron en la escena sus producciones El
zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, Sancho
García, Don Juan Tenorio y tantas más, y fuera de
ella sus composiciones poéticas de los más variados
géneros, y muy especialmente sus leyendas y sus
poemas?
¿Quién no conoce aquella expatriación voluntaria
que Je llevó, allá por los años de 1855, á ser el trovador de la corte del infortunado Maximiliano y testigo de la desdicha por el poeta anónimo profetizada
cuando con acentos de vidente exclamaba: Maximiliano, 111,n ti jidare - torna al castel/o de Miramare, en aquella sentida poesía que termina diciendo:
Sota la clamide trova la corda?
¿Quién ha olvidado los festejos con que fué saludado en 1866 su regreso á España, los aplausos frenéticos con que fueron acogidas sus lecturas, el afán
con que se solicitaron sus originales?
¿Y quién, por último, no tiene aún vivo en su memoria el recuerdo de la brillante apoteosis de su coronación, celebrada con inusitada magnificencia en
1889 en la hermosa ciudad del Darro, que entre sus
muchas glorias cuenta la de haber inspirado á Zorrilla el incomparable poema Granada?
De cómo sentía y pensaba el poeta darán idea
mejor que cuanto decir pudiéramos los versos que á
continuación publicamos y que figuran como introducción en la magnífica Leyenda del Cid: en ellos se
retrata á sí propio Zorrilla con toda la sinceridad del
que habla al ser querido, que muy querida era para
él la ciudad de Burgos, á la que va dedicada la referida obra.
Zorrilla ha sido el poeta español por excelencia:
las literaturas extranjeras pudieron ser por él admiradas, pero no influyeron para nada en su idiosincracia
literaria, como las exigencias que podemos llamar dP.
la moda no torcieron en Jo más mínimo el vuelo de
su inspiración; españoles son los asuntos de sus obras
y castiza y genuinamente española la forma en que
supo darles vida; en sus héroes alienta esa mezcla de
impulsos generosos y de vicios que son, en el fondo,
la característica del temperamento de nuestra raza obran por impresión no por cálculo, lo mismo al mal
que al bien siempre la pasión los mueve, haciéndolos
aparecer grandes en sus mismos crímenes, - y pone
finalmente el sello á su españolismo la perfección
con que cultivó el metro genuinamente español, el
romance. e.Todas las obras líricas y dramáticas de
Zorrilla, ha dicho el ilustre biógrafo del gran poeta D. Isidoro Fernández Flórez, - podrán ser olvidadas
con el tiempo; pero sus romances serán eternas páginas de nuestra Biblia poética, el Romancero.»
Fué maestro en el arte del bien escribir, y dominaba de tal suerte nuestra rica y hermosa lengua y de
tal suerte conocía los más recónditos secretos de la
métrica, que para cada concepto, aun los más sutiles,
daba en seguida con la frase exacta, y para las más
intrincadas construcciones encontraba metro apro-

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

75

piado que le hacía verter los rauanciano vate, como en otro tiemdales de su fogosa inspiración en
po escuchó el primer latido del
armoniosos y esculturales versos.
genio del trovador adolescente ha
En este punto realizó verdaderos
tributado á su cadáver hon~res
alardes de habilidad y de atrevimás valiosos que cuantas honras
miento, reuniendo en alguna de
sus composiciones, y en espacio
oficiales pudieran haberle sido
relativamente corto, todas las vaotorgadas, ofreciendo con ocasión
riedades de la métrica castellana,
de su entierro, una d~ esas maniy aun algunas que eran creación
festaciones imponentes, espontáde su propia fantasía.
neas, que no se borran nunca de
La rapidez con que concebía y
1~ memoria de los pueblos. El gotrazaba las líneas principales de /
bierno Y las corporaciones cuidasus proyectos era extraordinaria·
ron de organizar la ceremonia.
en cambio era más tardo en da:
mas todo el fausto y suntuosidad
forma al potente rayo de luz que
por uno Y otras desplegados haen un instante surgía en su pensabría ~esultado pálido si no hubiese
miento, y los que vieron aquellas
acudido á prestarles color y vida
páginas de hermosa y clara letra
el pueblo, esa entidad, entusiasta
redondilla en que vertía aquellas
Y noble, que sólo se mueve á imideas, aún más claras y más hermopulsos de sinceros, vehementes y
sas, no pudierori imaginar cuántas
grandes afectos.
cuartillas había borroneado, cuánLA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA cu. .
'
tos versos enmendado antes de
yo~ prop1etanos se han honrado
que sus composiciones adquirieeditando algunas de las más celeran el carácter de definitivas.
bradas producciones .del altísimo
Como lector, los que no hayan
yate, Y 9ue estiman cómo joya de
tenido la dicha de escuchar cómo
inapreciable valor la obra inédita
recitaba sus composiciones no
que de él poseen, La leyenda de
pueden formarse idea del encanto
los Ten°:1º!, comparte el hondísique producían sus lecturas, que
mo sentimiento de todo un pue(Reverso)
sonaban al oído como incomparablo, ~ al rendir un tributo de vebles melodías.
nerac1_ón á la memoria de Zorilla
CORONA labrada con oro na~ivo del río Darro y MlmALLA conmemorativa, ofrecidas al poeta ZORRILLA
Hoy aquella hermosa voz se ha
deposita sobre la tumba, donde
con motivo de su coronación en Granada en 22 de junio de 1889
apagado, pero los destellos del getan h~rmosas flores han colocado
ma de Zorrilla brillarán eternalos pnmeros escritores nacionales
mente: el cuerpo ha permanecido en'tre nosotros se• sentimiento ~e lo bello: la patria llora además al hijo al calor d I
. una mo~esta siempreviva que brotó
te~ta y seis años; su espíritu inmortal vivirá siempre que tan adm1:ablemente cantó sus glorias.
'ó h e_ a ª1m1stad hacia el hombre y de la admi·unido al nombre de España.
rac1 n ac1a .e poeta, Y que ha sido
. regada con las
Toda Espana ha prorrumpido en gritos de aflicción 1, •
El duelo que su muerte ha producido ha sido uni- al enter~rse de la muerte de Zorril!a, y Madrid ente- agn mas vertidas ante el inmenso infortunio de su
muerte.
versal: el mundo llora al poeta en quien encarnó el
ro, la cmdad que ha recogido el último aliento del
LA REDACCIÓN

'

.,
K

'¡,

. .
EL ACTO DE LA CORONACIÓN DE ZORRl LLA CELEBRADA EN EL PAL
D
ACIO DE CARLOS V DE

( e fotografía sacada durante aquel sole

, .• •·
"'~
GRANADA EN 22 DE JUN IO DB

mne acto por el Sr. García Ayola)

1889

-

)¡,/El
~

1

.

\~'

�LA
ALA MUY NOBLE Y MUY MAS LEAi,
CIUDAD DE BURGOS

I
Corona condal de España
floronada de castillos,
empenachada de torres
hechas de encaje finísimo;
ciudad labrada con piedras,
cuyo alto valor artístico
en cada muro te ofrece
de diamantes un cintillo;
reina cuya cabellera
da al viento, en lugar de rizos,
dos trenzas de hebras de roca
de sutileza prodigios,
con vistosísimas plumas
trabajadas en granito,
dos cinceladas agujas
primores del arte ojiva,
asorn bro de las naciones,
mofa del viento y los siglos,
de su blasón lambrequines
y de su gloria obeliscos;
ciudad madre de los reyes
y los hidalgos invictos
que dieron en tus solares
al reino español principio:
muy noble ciudad de Burgos,
sultana de los castillos,
oye lo que con el alma
en estas hojas te digo,
y haz cuenta que respetuoso
ante tus puertas me hinco,
para ofrecerte de hinojos
un ejemplar de este libro.
Nobilísima ciudad,
aunque no nací tu hijo,
por ser madre de mi madre
te tengo filial cariño.
De los campos que á tu asiento
sirven de alfombra en un pico,
del viejo Muñó á la falda
y á la sombra de un sotillo,
hay un rincón de tu tierra
que fué de mi madre y mio,
donde ésta con su memoria
me ha dejado un paraíso.
Ya ves que son burgaleses,
aunque tu hijo no he nacido,
la sangre que en mí circula
y el aire con que suspiro.
Por eso te he amado siempre,
y mientras ciego y perdido
erré por mar y por tierra
del mundo en el laberinto,
en medio de sus escollos,
á través de sus peligros,
por encima de sus glorias
y á despecho de su olvido,
tu recuerdo siempre fresco,
como laurel inmarchito,

arraigado en mi memoria
sombreando mi alma ha ido.
Fotografiado he llevado
en mis pupilas el sitio
donde á orillas del Arlanza
elevas tus edificios;
y el susurro de tus olmos,
y el murmullo de tu río,
y el timbre de tus campanas
he llerndo en mis oídos.
De ti jamás un recuerdo
me dió al corazón martirio,
de ti jamás una espina
se me enconó en el espíritu.
Tus memorias, juguetonas
cual tus corderos merinos,
sabrosas como tu leche,
doradas como tus trigos,
por doquier para mi fueron
de mis penas lenitivo,
de mis esperanzas faro,
de mis dolores alivio.
Tu Espolón entre dos puentes,
el torreado frontispicio
del arco imagineriado
que restauró Carlos quinto,
tus desmantelados cubos,
tus arabescos postigos,
tus agudos campanarios,
tus cruceros cupulinos,
tus filigranadas torres,
tus nobles templos tan ricos

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en cresterías y mármoles,
en verjerías y vidrios,
en sus naves prodigados,
en sepulturas y nichos,
bóvedas y botareles,
ajimeces, balconcillos,
pórticos, escalinatas,
pasamanos, fustes, plintos,
por camarines y claustros
de detalles tan prolijos,
de labor tan minuciosa,
de tan diferente estilo
crestonado, alicatado,
losangeado, laberíntico,
fenicio, celta, romano,
godo, árabe, bizantino ...
esas mil partes, en fin,
que forman el nunca visto
conjunto del noble todo,
que hace del Burgos antiguo
por el nuevo abigarrado
un cuadro característico,
original, pintoresco,
sin par y palpable y vivo,
se conservó en mi memoria
perennemente esculpido.
Por eso te he amado, Burgos,
y al volver de un ostracismo,
que no por ser voluntano
menos amargo me ha sido,
corrí anheloso á tu seno
como á su oasis nativo
vuelve á través del desierto
el árabe peregrino.
Tt1, ciudad leal y noble,
con espontáneo cariño
reconociste al poeta
vagabundo y fugitivo;
abrazaste al hijo pródigo,
le diste en tu hogar asilo,
le diste asiento en tu mesa.
convocaste á los amigos, ·
y celebraste su vuelta
cual la de tu hijo legítimc,
con saraos, serenatas,
convites y regocijos.
Por eso te adoro, Burgos:
porque la primera has sido
que de mi niñez quisiste
volverá escuchar los himnos;
y aunque echaste en ellos menos
cuando volviste á oírlos
los juveniles arranques
de su vigor primitivo,
no me los desestimaste;
pues sabes que si es preciso
morir ó llegar á viejo,
envejecer no es delito.
Por eso he determi nado.
más que audaz, agradedóo,
dedicarte este volumen,
tan sin valor por ser mio.
Porque ¡ay de mi!, noble Burgos,
no tengo para ello títulos:
pues nada soy en el mundo,
ni nada jamás he sido.
Yo que marché por la tierra
sólo, independiente, altivo,
dejando entre sus zarzales
fui pedazos de mi mismo.
Nacido en una centuria
de la luz, llamada el siglo,
en que la fe se alza armada
insultando á J esucristo,
la libertad habla al pueblo
con un revólver al cinto,
la política tan sólo
ve la patria en los destinos,
y el telégrafo, el vapor
y la prensa son abismos
de mentiras, ser debiendo
de luz y verdad caminos:
en una edad siñ vergüenza
en la cual el empirismo,
la hipoc resía y la audacia
quitan al mérito el sitio;
en la cual no hay bandería
que no se haya alzado al grito
de «fe, libertad, justicia
y moral&gt; contra lo antiguo,
mas que al llegar al poder
con descarado cinismo
tras de saquear el erano
no lo haya todo vendido.
Yo no he creído jamás
en la fe de los políticos,

.

y nunca viento á mis versos
ha dado ningún partido.
Yo que luz, ni poesía,
ni fe en mis tiempos he visto,
poeta ignaro y excéntrico
extraño á los tiempos míos,
evocando los recuerdos
de las centurias que han sido
he vivido entre las ruinas
cual solitario pelicano;
• razas y revoluciones
han girado en torno mío
sin poder arrebatarme
ni un solo instante en su giro.
Y á fuerza de ocupar siempre
el centro del remolino
social, que todo lo mueve
arrastrándolo consigo,
he llegado á estacionarme;
y anonadado y perdido,
á fuerza de no ser nada
no doy razón de mí mismo.
Así que no me preguntes,
Burgos, quién soy ni qué he sido,
dó voy, ni de dónde vengo,
porque no sabré decírtelo.
Soy un átomo amante,
que voy sonoro
por la atmósfera errante,
do canto y lloro;
pero mi canto
no se sabe si es nunca
cantar ó llanto.
Yo mismo tal vez ignoro
quién soy y de dónde vengo,
dónde voy y por qué tengo
triste ogayo el corazón.
Tal vez de alegría lloro,
tal vez de tristeza canto.
mas de mi himno y de mi llanto
no sé acaso la razón.
Burgos, siento que es mi alma
de tinieblas un abismo,
y yo dentro de mi mismo
no osé nunca penetrar.
¿Quién soy, dó voy, de dó vengo,
por qué canto, por qué lloro/
Pregunta al viento sonoro
dónde va sobre la mar.
Pregunta á sus verdes ondas
de dónde vienen; pregunta
al agua por qué se junta
para hacer un nubarrón;
pregunta quién es el astro
que radia en el firmamento;
pregúntale al sentimiento
por qué hiere al corazón.
Mal quién soy,quien me pregunte
su curiosidad emplea:
¿qué os importa quién yo sea,
de dó vengo y dónde voy?
Yo soy un ave de paso
á quien Dios dió una voz suaYe:
¿os gusta el canto del ave?
Oídme, cantando estoy.
Mas ¿quién es os dice el ave
á quien tenéis enjaulada?
No; pero si preguntada
os pudiera responder,
os diría: ¿qué os importa
mi plumaje ni mi acento?
Yo soy una hija del viento,
dejadme al viento volver.
Ave de paso, quién sea
que no me pregunte nadie:
dejad al astro que radie,
dejad al viento vagar,
dejad que el mar en la playa
rompiendo sus ondas siga,
sin que sus ondas os diga
de dónde vienen el mar.
Dejad cuajarse á la niebla
que por la atmósfera sube,
sin preguntar á la nube
por qué revienta en turbión;
y dejad libres que canten
el pájaro y el poeta,
¿quién mide ni quién su jeta ·
su vuelo y su inspiración?
Dejadme: ave de paso
que nunca anida
y que vuela al acaso
sola y perdida,
yo siempre he ido
por el aire del mundo
¡solo y perdido!

579

JIUTOGRJlFO DE ZORRILY4
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�78

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II
¿Quién soy?-No sé.-Voz suelta sin pecho que la exhavoz que ella misma ignora su germen productor, [le,
que busca sólo acaso que el aire la propale,
yo soy tal vez un eco de incógnito rumor;
mas eco procedente de mal sondado abismo,
que vive por sí mismo, de sí germinador,
yo soy la voz perdida que va todos los ecos
buscando que del mundo se esconden en los huecos,
para corear con ellos un himno al Criador.
Yo soy la voz que agita perdida en las tinieblas
la gasa transparente del aire sin color,
que sobre el tul ondula de las flotantes nieblas,
que del dormido lago se mece en el vapor.
Voz de hálito amoroso que con afán aspira
los cálidos efluvios de inextinguible amor;
y cuando entre las nieblas y los vapores gira
los himnos exhalando con que de amor delira,
se embriagan con el ámbar de amor con que respira,
suspiran con el hálito de amor con que suspira
el pájaro, el insecto, y el árbol, y la flor.
Tal vez soy ese incógnito
vago lamento
que en los vacíos ámbitos
se oye del viento.
Su son perdido
¿quién sondará si es nunca
canto ó gemido?
¿Quién soy? - Lo ignoro. - Tengo en mi ser
tinieblas tales, tal confusión,
que á un tiempo siente pena y placer,
ansia y hastío mi corazón.
Hoy desdichado, feliz ayer,
jamás descifro mi condición,
y mi voz nunca puedo saber
si es un lamento ó una canción.
Misterios deben del alma ser;
pero yo de ellos en conclusión
sólo averiguo que por doquier
pedazos dejo del corazón.
Yo soy como el arroyo:
desde que brota,
por do va en cada hoyo
deja una gota;
que es mi destino
dejar gotas del alma
por mi camino.

III
¿Quién soy?- ¡QQién sabe! - Mi ser ignoro:
mas de armonía guardo un tesoro;
y siendo armónica mi condición,
átomo suelto, libre, sonoro,
donde hallo un eco produzco un son.
Y ya se exhale de un arpa de oro,
ya de una ermita del esquilón,
ya del aullido de un muezzín moro,
ya de las turbas en rebelión,
ya de un insecto que errante zumbe,
ya de una gruta que honda retumbe,
ya de un torrente que se derrumbe...
,'
ya del bramido del aquilón
que el roble añoso crujiendo abata,
que atorbelline la catarata,
que los peñascos de la mar bata,
ó los cimientos de un torreón,
cuanto á mi paso despierta un eco
sordo, estridente, trémulo, hueco,
cóncavo, agudo, vibrante ó seco,
en mí una fibra tocando armónica
encuentra unísona repetición;
y el son más débil, más fugitivo,
me presta el tema, me da el motivo
de una plegaria ó una canción.
Y en una peña desencajada,
en la cruz puesta sobre un camino,
en una torre desvencijada,
en el murmullo del mar vecino,
en los escombros de un monasterio,
en la flor única de un cementerio,
en el arranque de un puente hundido,
en el fragmento de una inscr,pción;
en algo móvil que no haga ruido,
en algo oculto que dé un sonido,
en algo ha mucho puesto en olvido,
fundo una historia, sondo un misterio .
de que dar cuenta ó explicación.
Con una brisa que el aire pliega
de una neblina que el aura azula,
hago un relato que se despliega
de todo un libro p,or la extensión,
como un arroyo que de una vega
por entre el césped corriendo juega,
y ya se avanza, ya se recula,
ya sobre él pasa, ya no le llega,

ya se derrama, ya se acumula,
ya se desborda y el llano anega,
ya en un remanso creciendo ondula,
ya sobre el musgo de un coto salta,
ya de menudas gotas le esmalta
y huye brincando por la pradera,
desparramando su agua parlera
por la vertiente de la ladera
hasta que, escaso de agua y de son,
de su postrera lágrima rota
la última gota se hunde y agota
de arena seca por la absorción.
Así de un fútil recuerdo vago,
de la más nimia suposición,
campo y escena de cuentos hago
do mis delirios pongo en acción.
Yo soy como la hormiga:
doquier recoge
el granillo y la espiga
para su troje;
y á su hormiguero
marcado con su huella
deja el sendero.
IV
¿Quién soy? - ¿Cuál es mi sino?
¿Quién sabe? Peregrino
que gira sin camino
del mundo en rededor,
lo mismo en los sillares
do apoyan sus pilares
los domos seculares
del templo del Señor,
que al pie de los lentiscos
de los agrestes riscos,
donde hace sus apriscos
el mísero pastor,
recojo los cantares
y cuentos populares
que narra en sus hogares
el vulgo, de sus lares
ignaro historiador.
Yo hago una historia de una patraña
que oigo á la ciega superstición
con?r al fuego de una cabaña,
de un aguacero de invierno al son.
Convierto en tiernos cuentos sencillos
de los pastores la relación,
y á los palacios y á los castillos
voy á hacer luego su narración.
Mas por doquiera voy anudando
con almas tiernas honda afección;
y por doquiera que voy pasando,
pedazos dejo del corazón.
Yo soy como la abeja,
que en los rosales
toma la miel que deja
luego en panales,
y á su colmena
del dulce de las flores
va siempre llena.

Núl\IERO

579

la hiel de sus penas las vuelvo en cantares
y mi alma las mando bajo una canción.
Yo soy como las nubes,
que los vapores
derraman hechos lluvia
sobre las flores;
mi alma es un vaso
que miel vierte en las almas
que encuentra al paso.
¿Quién soy? - Tú no lo ignoras, ¡oh patria á quien
tú, cuyas tradiciones son mi único tesorG, [adoro!:
cuya futura gloria mi solo sueño de oro,
cuya afición y estima son mi tínico laurel:
tú, que eres sola el germen de mi cantar sonoro,
que para ti acompañan el pastoril rabel,
el caracol marino y el tarabuk del moro,
la lira de la Grecia y el arpa de Israel.
Yo soy átomo frágil á quien el viento mueve,
insecto susurrante que zumba sin cesar,
el trovador errante del siglo diez y nueve
que cruza mar y tierras en brazos del azar,
y voy, de mi fe mártir, mas fiel á mi destino,
á España por doquiera cantando sin cesar;
y por doquiera francos encuentro en mi camino
amigos que me esperan y ,hospitalario hogar.
Como una ave de paso
que nunca anida
y que vuela al acaso
sola y perdida,
yo siempre he ido
por el aire del mundo
solo y perdido.
Pero ave como el águila
de noble vuelo,
la voz para mis cánticos
busco en el cielo;
y donde alcanza
mi voz va derramando
fe y esperanza.

¿Comprendes, noble .Burgos, de crónicas archivo,
de tradición venero, de inspiración tesoro,
por qué como poeta con tus recuerdos vivo,
por qué como á la madre que :me engendró te adoro?
¿Comprendes por qué el es_tro que en mí atesoro
no puede decir nunca si canto· ó lloro,
y que por eso incierto siempre mi canto
unas veces es himno y otras es llanto?
¿Comprendes que al poeta .libre.y amante
da Dios la voz y el alma ·para que cante,
y que por eso en hojas doy á los vientos
pedazos de mi alma, cantos y cuentos?
Ya de la mía, Burgos, tienes las llaves:
de mi llanto y mis himnos !a_causa sabes.
Ya de hoy no me preguntes quién soy, qué tengo
dónde voy, ni de dónde cantando vengo.
Vengo del Occidente
do muere el día,
á volver al Oriente
mi poesía,
y en tus hogares
V
á volver á mis cuentos
¿Quién soy?-¿Quién lo sabe?-Yo mismo lo ignoro.
y á mis cantares.
Creyente sincero del Dios en quien fío,
á él solo me humillo, y á él solo le imploro,
Y como de el primer día
doquier le he hallado velando en bien mío;
en que pude oir y hablar,
doquier le bendigo, le canto y le adoro;
mi madre me entretenía, ·
doquier sus creencias evoco con brío;
con los cuentos que sabía
cantar mi fe firme no tengo á desdoro:
de Ruy Díaz de Vivar,
no tengo del pobre •vergüenza ó desvío,
cifra primera de gloria
mi' pan con él parto, su mal con él lloro:
de la castellana historia
y no me dan nunca recelo ni hastío
y del burgalés solar,
su sórdido traje, su obscura mansión.
de Ruy Díaz la memoria
Los más escondidos rincones exploro,
voy la primera á evocar.
y en todos á todos mi: fe les confío,
Mas no esperes que con pompa
contando á los unos un cuento sombrío
de homérica entonación
y haciendo con otros ferviente oración.
emboque la épica trompa,
Tal es mi destino: sin oro ni hogares,
y al romper mi canto, rompa
excéntrico, erranté, locuaz, vagabundo,
en épica invocación.
mi herencia son sólo mi fe y mis cantares
No: va á acompañar mi acento
doquier que·Il!-e lleva mi'fe por el munqo,
un viejo y tosco rabel:
y allí do.nde un día mi espíritu mora,
con él canto; y me contento
yo soy el consuelo del alma que llora:
con que oiga mi pueblo atento
yo cierro las [lagas que el tiempo no cura
lo que le cante al son de él.
con bálsamo suave de amor y ternura:
A que mi patria me entienda,
yo .riego la herida que encona la ausencia
no aspira á más mi ambición:
de dulces recuerdos de amor con la esencia;
otro, prez y honras pretenda:
y á mí me confían su afán y sus cuitas
mi atmósfera es la leyenda,
las almas que abrigan pasiones secretas
mi campo la tradición.
á eterno silencio y misterio sujetas,
Si en tal aire cojo viento
y cuyas historias conservo yo escritas.
y en tal campo hacino mies ...
Yo vivo con esas: yo sé sus azares:
Burgos, no llevo otro intento
yo lloro con ellas su afán y pesares,
sino que en tu hogar asiento
yo parto con ellas su oculta aflicción;
entre tus hijos me dés
y cuando abandono por fin sus hogares,
JOSÉ ZORRILLA

N úMERO

579

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

79

EL TELON ADENTRO

graves del miserere
cantado por los monjes, al par que el tañido de las campanas y la sonora voz
del encarcelado
Manrique, que da
su eterno adiós á la
mujer amada, es
una de las joyas de
Verdi, y más sublime nos pareciera si
no la hubieran vulgarizado los pianos
caseros y los callejeros organillos, que
sin piedad la maltratan y destrozan.
Casi todas las óperas tienen un nümero musical de efecto
siempre en el püblico. El Fausto, la serenata de Mefistófeles; Los Hugonotes,
el düo fina l de
Raoul y Valentina;
La Favorita, el sublime spirto gentil...
El Trovador tiene
el miserere, que basta á inmortalizar á
un maestro.

I
Radiante de luz
y de hermosura os-

tentábase aquella
noche el teatro. En
los palcos y sobre
su rojo fondo destacábanse las blancas toilettes y las peregrinas bellezas de
las másencopetadas
y aristocráticas damas. U na oleada de
perfumes esparcíase por la sala. Los
hombres, enfundados en irreprochables levitas, asestaban sus gemelos
para admirar más á
su sabor tan pereg rinas beldades.
Aquella noche éralo
de gala para el teatro de C ...
Cantábase El
Trovador y estrenábase la compañía.
Aquella ópera, una
de las más inspirad as del inmo,tal
Verdi, que de memoria se saben todos los buenos dilettanlt~ había sido elegida por la compañía siguiendo una
inveterada costumbre. Durante los primeros actos, el püblico había escuc~ado las arrobadoras armonías de la ópera en
~ed10 de un religioso silencio, solamente interrumpido por alguna salva estrepitosa de aplausos que estallaba de repente al ser filada alguna nota difícil y

II

LA CANCIÓN DE NOCHEBUl!NA,· dibujo

de R. Storch

de prueba. El cuadro grandioso de la ópera, el tmserer~ del ültimo acto, era aguardado con verdadera
ansiedad por parte del público.
Aquel cuadro de indescriptible y siempre seguro
efecto, aquel cuadro en que se escuchan las notas

CIVITAVECCHIA (ITALIA), - PRUEBAS DEL BARCO SUB

El tenor venía
precedido de gran
renombre yfama;no
había cantado en el
Real, eso no; pero
entre los que vagan por provincias era de los de pn:
1110 car/ello. De simpática presencia y gallarda apostura, era á la par que un verdadero artista dramático
u_n buen cantante; fraseaba bien, cantaba con exquisito gusto, poseía una voz fresca y bien timbrada. En

MARINO PARA PESCAR y R

Dibujo del natural de Dante Paolicci -Aspecto e t . d 1 ba ECUPERAR
•
x enor e
reo

VALORES

�EL DESAFÍO, cuadro de G . Simoni

UNA PROCESIÓN EN GASTEIN cuadro de Adolfo M e n zel (Exposició n internacional de Bellas Arles de Munich, 1892}

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

579
NúMERO

la se;enata del primer acto había sido saludado con para mí sola todo tu amor, como será todo el mío
una salva de aplausos.
1 para ti solo.
De los demás artistas no hemos de ocuparnos por- . . . .
que no juegan papel alguno en esta historia. Sólo diA los pocos días la compañía estaba de fiesta. En
remos de la prima donna, que llevaba un apellido es- una de las iglesias de C ... celebráronse los desposopañol, que empezaba su carrera desplegando asom- rios de Manrique y Leonora.
brosas facultades, que había nacido en una provincia
MANUEL AMOR MEILÁN
de Andalucía, que era hermosísima con esa hermos(ra avasalladora é irresistible de las andaluzas ...
herm·osas, y por último, que en el cartel se le llamaba
signorina, ó lo que es lo mismo, que era soltera.
Soltero era también y como ella español el tenor.
Desde que Carmen -,-- que éste era el nombre de la tiple - se había lanzado á la carrera lírica, formaba
parte de la misma compañía; en casi todas las obras
Bellas Artes. - La exposición de Bellas Artes celebrada
cantaban juntos, y siempre los ojos negros y abrasa- en Berlín durante el pasado año ha dado los resultados siguiendores de Carmen aparecfanse ante los de Camilo, el tes: durante los setenta y ocho días que ha permanecido abierta
tenor, en los ensayos, en la escena, entre bastidores, la han visitado, pagando entrada, 316.oSo personas además de
en la fonda - pues con frecuencia ambos iban á parar los 6.000 abonados; se han vendido ciento cuarenta y seis obras,
las dos mil doscientas cuarenta y siete expuestas, por la suma
á.la misma, -y de tal asedio llegó á nacer en el alma de
total de 212.500 pesetas ; los gastos se han elevado á 192 500
del tenor una especie de fascinación, que terminó en pesetas y los ingresos á 2o6. 250, resultando un excedente de
amor irresistible, amor inmenso que embargaba todo 13,750 pesetas. En cambio la de Munich ha dejado un déficit
sú ser, amor que desde entonces ·echábase de ver en de 28.750 pesetas, que se cubrirá con el suplemento de 10.000
por el Estado y 18. 750 que facilitará el municipio.
los actos todos del cantante. Hablábala con profun- concedirlo
- El gobierno belga ha adquirido con destino al Jardin .Bodísimo respeto y dominado por dulce emoción; en las tánico de Bruselas, que se propone adornar con estatuas, la
conversaciones con sus camaradas, veíanle éstos de hermosa figura El segador, de Meunier.
- En la Galería de Pinturas de Berlín está expuesta la Virpronto distraído y ace~hando con sus miradas las de
del canario, cuadro pintado por Durero en Venecia en 15o6,
Carmen; y en la escena, ¡oh, en la escena!, en los dúos gen
que aquel museo ha adquirido recientemente por 100.000 pesetas
de amor, sobre todo, aparecíase sublime. ¡Qué temu- y que es una de las mejores obras del gran maestro alemán.
d. en sus frases! ¡Qué inflexiones en su voz! ¡Qué apa- - Dícese que M. Chaucharcl, el comprador ele la Pastora ele
sionamiento en el decir! Las notas que el maestro l\Iillet y de El !tombre de la espada ele Meissonier procedentes
trasladara al pentagrama, al pasar por la garganta de de la galería del ministro belga Praet, ele cuya adquisición nos
ocupamos en nuestra anterior Miscelánea, lega en su testamento
Camilo transfigurábanse, adquirían relieve, calor y al Museo del Louvre su magnifica colecci6n, en la que figuran
vida ... Abrillantábanse con la luz sublime del amor ... cuatro cuadros ele Millet , entre ellos el famoso A ngelus, y va¡Cuántos triunfos debió Camilo á aquella pasión en rios de Meissonier, Corot, Troy6n, Díaz, Daubigny y otros.
su carrera teatral!

III
Pero Carmen no prestaba oído á las amorosas insinuaciones; aplazaba siempre el acceder á las súplicas apasionadas del tenor. Dijérase que gozaba en su
martirio; parecía como que más que sus triunfos escénicos, ambicionaba los de la femenil coquetería.
Tener aquel hombre á sus pies; verle languidecer y
morir de amor, con el nombre de Carmen en los labjos y besanéio la tierra que ella pisaba; ser la reina
despótica y tirana en aquel corazón, ser siempre la
señora y nunca la esclava... ese era su bello ideal y
esa la causa de los aplazamientos que daba á las súplicas del apasionado artista.
Aquella noche estuvo Camilo como nunca. Carmen
estaba oyéndolo allí en escena, enlutada, realzando
así más y más su peregrina belleza. Dentro, en la prisión del de Luna, Manrique el trovador enamorado,
Camilo. La muerte allí, á dos pasos, en la plaza; el
tajo y el hacha del verdugo esperaban. La orquesta
preludió el miserere, y el coro de bajos con sus voces
profundas, graves, severas, prorrumpió en fúnebre
salmodia, pidiendo á Dios misericordia por el alma
del reo infeliz. Entonces fué cuando con voz clara,
bien timbrada y sublime, con una voz que empezó
repleta de amargura, para concluir casi ahogada en
lágrimas y sollozos, cantó Manrique la conocida frase
musical, desesperación de malos tenores:
Ah! Che la morte ognora
é tarda nel venire
á chi desia morire...
¡Adío, Leonora.. !

Frío glacial corrió por las venas de los espectadores. La música sublime y su interpretación inmejorable les dominó por completo. Aquello era real, nadie
como Camilo sentía el arte; así deben despedirse del
mundo los que mueren amando; así deben mirar á la
muerte frente á frente, no con gritos de desesperación, sino con amargos sollozos. Contra la costumbre,
en medio del miserere rompió el público en una estrepitosa salva de aplausos; la orquesta tuvo que hacer alto, y el aclamado tenor se vió obligado á presentarse en escena á recoger uno de sus mayores
triunfos hasta tres veces consecutivas. En una de
ellas observó con el alma transportada de emoción
que en las pupilas de Carmen brillaban dos transparentes lágrimas.

IV
Cuando se terminó la ópera, una de las primeras
felicitaciones fué la de Carmen:
- H as estado sublime, Camilo. Pero desde hoy te
prohibo que invoques más á la muerte con tan apasionado acento
-¿Por qué?
- Porque soy, como andaluza, muy celosa, y quiero

Teatros. - Las principales compañías dramáticas ele Italia
han conmemorado el centenario de la muerte ele Goldoni representando algunas ele las mejores obras del con raz6n llamado
el Moliere italiano: la J\farini, en Turín, La serva amorosa; la
Vitaliani, en la misma ciudad, Jl teatro comico; la Marchi, en
M6clena, La locandiera, y Salvini, en Florencia, Pa111ela nubile.
- En el teatro de la Ciudad, ele Maguncia, se ha cantado
con mucho aplauso la 6pera Cid, ele Peclro Cornelius,
- La nueva 6pera cómica Truffaldine, del maestro alemán
John, ha sido muy aplaudida en el teatro de la Ciudad, ele
Koenigsberg.
- Se ha estrenado con éxito extraordinario en el teatro ele
Viena la nueva opereta de Juan Strauss La princesa Ninetta:
el emperador, que asisti6 al estreno, felicit6 al celebrado compositor.
- En el último concierto verificado en la Gewandhaus ele
Leipzig se toc6 una nueva sinfonla en do 111enor del príncipe
Enrique XXIV de Reuss, que fué dirigida por su ilustre autor.
Es una obra que cautiva en alto grado y demuestra las excepcionales dotes y los sólidos estudios del compositor y ha sido
calificada de una ele las mejores piezas sinfónicas producidas en
estos últimos años.
Parls. En la Comedia Francesa se ha reproducido Un pere
prodigue, una de las mejores obras de Alejandro Dumas no representada en Parls desde hace muchos años y que ha obtenido
un éxito completo: en el propio teatro ha alcanzado muchos
aplausos Coquelin, el menor, en el papel de Harpagnón de El
avaro, ele Moliere. En el teatro Libre se han estrenado Le menage de Bresile, ele Romain Coolus; Abas le prol["ess, de Edmunclo Goncourt, y Mademoiselle Julie, del sueco Arturo Strinclberg, todas en un acto y en prosa: á excepci6n ele la segunda,
que cuando menos tiene cierta originalidad, las otras dos pertenecen á un género tan libre que casi raya en pornográfico. En
el Gimnasio ha tenido poco éxito un drama en cuatro actos de
M . Hugues Le Roux, titulado Tout po1t1 l'honneur. En la
Opera Cómica, el estreno de Werther, ópera de Massenet, ha
sido un verdadero acontecimiento: es una partitura en la que
campean la unidad y la sinceridad, una obra llena ele inspiraci6n y admirablemente instrumentada; las piezas más aplaudidas
han sido la invocación de Werther y el dúo de éste y Carlota
en el primer acto, la escena de Alberto y Werther y una romanza en el segundo y la lectura de las cartas y la vuelta ele Werther en el tercero.
Londres. - Se han estrenado: en el teatro Lírico, con gran
éxito, la 6pera El ópalo mdl[ico, ele Isaac Albéniz; en Shaftesbury, una 6pera c6mica, La Rosiere, letra de Harry Monkhouse
y música de Jakobowski, y en la Comedia, The sports111an,
arreglo ele la comedia francesa ele Feycleau Monsieur cllasse,
hecho por Mr. Lestocq.
./Jfadrid. - En el Pr!ncipe Alfonso han comenzado las funciones de la Sociedad ele Conciertos de Madrid bajo la direc·
ci6n del maestro Mancinelli, habiendo sido un triunfo más para
éste y para los profesores de dicha Sociedad la ejecuci6n de la sinfonía ele Le Cid (Marsenet), de varios trozos ele Tristdn é !solda
(Wagner), de la Séptima sinfonía de Beethoven y de L' Arlesienne (Bizet). En el Español Vico ha tenido una de las más
graneles ovaciones en Don A !varo ó la fuerza del sino. Se han
estrenado con buen éxito: en Lara La partida... serrana, juguete c6mico en un acto ele D. Domingo Santoval, y en Romea
Madrid al vuelo, revista en un acto ele los Sres. Sánchez y
López.
Barcelona. - En el Liceo se ha verificado el beneficio del
maestro Mugnone, habiéndose estrenado con tal motivo una
6pera suya en un acto, Jl Biricllino, obra en que campean la
inspiración y el sentimiento y que está magistralmente instrumentada. La ovación que se tribut6 al beneficiado, bajo cuya
clirecci6n tocó la orquesta ele un modo maravilloso la sinfonía
de llfig11on y L' Arlesiemze, &lt;le Bizet, fué inmensa, digna ele su
talento y clemostr6 una vez más la simpatía y la admiración que
por él siente el público barcelonés.

579

LA ILUSTRACIÓN

ART-ÍSTICA

Nicolás I vanowitch Kokscharoff, consejero imperial ruso, individuo ele la Academia imperial de Ciencias ele San Petersburgo, célebre mineralogista y autor de una gran obra sobre ./Jfi11e-

ralogla de Rusia.
Alamanno Morelli, fam oso actor italiano, el primero que en
Italia interpret6 las obras de Shakespeare, maestro de la Marini, de la Tessero, de la Marchi, de Emmanuel y ele Monti.
Carlos Morgenstern, notable paisajista alemán, conocido especialmente por sus cuadros ele asuntos italianos.
Daniel Spitzer, escritor austriaco, redactor del diario vienés

Neue Freie Presse.
Juan Servain, poeta inglés, cuyas principales composiciones
son Cottage Carols y The Harp uf the Bilis.
D. Emilio Bravo, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, senador vitalicio, caballero del collar de Carlos III y condecorado con las grandes cruces ele Carlos III é Isabel la Católica.

La canción de Nochebuena, dibujo de K.
Storch. - Congregada la familia delante del árbol de Navid:1d? entonan los niños la canción en que se conmemora el nac1m1ento del Mes!as, mientras el mayor de los hermanos acompaña en el violín las sencillas y sentidas estrofas. Tal es el
as~nto del dibujo de Storch, en el cual se desborda el sentin!1en\o. del artista reproduciendo en forma irreprochable esa
sm1 pat1ca escena.

Ci~tavecchia (Italia). - Pruebas del barco submB.!~no para pescar y recuperar valores. - Ante
com1S1ones del gobierno y del parlamento italianos y numeroso
concurso ele notabilidades técnicas y cientificas verificáronse el
18 de diciembre último, en aguas de Civitavecchia, pruebas ele
un ~uevo barco submarino construído según los planos del ing~mero Pedro Degli Abati y de sus hijos Camilo é Ignacio.
Tiene el barco 8'70 metros de largo, 3'50 de alto y 2'16 de ancho máximo, y su forma es muy parecida á la de un cetáceo
es decir, que sus secciones transversales son ovoides, más an'.
c?as por abajo á fin de que la emersi6n sea rápida y la inmers16n lenta, y lleva en su interior los mecanismos eléctricos necesarios_ para 1~ propulsi6~ ele la hélice, para la iluminación y
para la mmers16n y emersión. El resultado de las pruebas verificadas ha sido sumamente satisfactorio, pues el barco practic6
fácilmente todas las operaciones propias del objeto á que está
destinado. Nuestro grabado reproduce el submarino y la escena
de hundirse éste en el mar.

El desafío, cuadro de G. Simoni. - Encendidos los
rostros, respirando odio las miradas y en la mano la innoble
navaj~, a~rcibense lo~ dos ciocciaros rival_es,á_ ventilará puñalada hmp1a sus agravios. El desafío, antlpat1co casi siempre
conviértese en repugnante cuancl?, como en el de nuestro gra'.
b~do, el lugar de la escena, los tipos de los contendientes y las
m1Smas armas empleadas son de tal naturaleza que despojan á
ese acto de toda la nobleza que pueda tener en aquellos casos,
si es que alguno hay, en que una razón poderosa pone á dos
hombres frente á frente para lavar en sangre una afrenta que
no de otro modo pueda repararse. El cuadro ele Simoni es una
obra de toques ené.rgicos, llena de pasión, salvaje si se quiere
como el asunto e:dge, ·y el local armoniza perfectamente con ei
drama que en él se desarrolla. Muy bien entendidos están también los rostros y las actitudes de los do, contendientes y demás personajes que en la escena entran, y en unos y otros está
expresado con gran relieve el sentimiento que á cada cual domina.
Una procesión en Gastein, cuadro de Adolfo
Menzel. - Entre las primeras figuras art!sticas de Alemania
destaca la del ilustre anciano á quien con razón ha llamado uno
de sus biógrafos el más universal de los pintores alemanes contemporáneos. Se ha dedicado á todos los géneros y cultivado
todos los procedimientos, y en todos ha sobresalido y aun hoy
día, á pesar de contar setenta y seis años, conserva la misma
frescura de concepci6n y ejecuta con la misma firmeza con que
concebía y ejecutaba en su juventud esos dibujos q•e ilustran
la vida de Federico el Grande y que son considerados como joyas del arte moderno. El cuadro que reproducimos revela una
vez más el genio del gran maestro. Como obra descriptiva, esa
hermosa escena que se representa en humilde aldea teniendo
por fondo toda la poesía de los Alpes y por personajes la multitud de campesinos que llenos ele recogimiento asisten á la ce•
remonia religiosa y los huéspedes del vecino balneario que la
contemplan; esa escena en que tan admirablemente se retratan
tipos y C!)Stumbres del campo, sencillos, mas no por eso menos
simpáticos y encantadores, está tratada con tanta verdad y con
pinceladas tan vigorosas y espontáneas que sus innumerables
bellezas saltan á la vista aun del más profano en materia ele be·
llas artes. Hay además en esta obra una nota que la hace to·
clavia más interesante, y es el contraste que ofrecen el fervor de
los aldeanos y la indiferencia y aun despreocupaci6n de que
parecen hacer alarde los forasteros: en el grupo de éstos y con·
trastanclo con el esprit fort que está á su lado y que ni siquiera
se quita ante el Santísimo el riclkulo gorro que no dejaría de
quitarse si por delante de él pasara el Kaiser ó cualquier otro
soberano de la tierra, se ve á un anciano con la cabeza descu•
bierta y en actitud recogida; es el mismo Menzel, el autor de

Una procesión en Gastein.

Misa de campaña celebrada el día 11 de oc·
tubre de 1892 en Montevideo. - La República Orien·

tal del Uruguay, á pesar ele la gran crisis económica que está
atravesando, quiso celebrar dignamente el cuarto centenario del
clescu brimiento ele América, y al efecto organizó graneles festejos que duraron tres ellas, en los cuales tomaron parte naciona·
les y extranjeros, unidos todos en el mismo entusiasmo por hon·
rar la memoria del descubridor del Nuevo Mundo. Entre ellos
figuró la misa de campaña que se celebró en la plaza de la In·
Necrologia. - Han fallecido recientemente:
Benjamln Franklin Butler, general norte-americano que se dependencia el dla 11 ele octubre y á la que asistieron toda la
distingui6 en la guerra separatista, en la cual defendió la causa guarnición, compuesta ele las tres armas, los tres poderes del Es·
taclo y una numerosa concurrencia.
de los Estados del Norte.

Tome usted, añadió, llenando de ramas los brazos del joven

CARGO DE CONCIENCIA
POR

Ju ANA

MAIRET, CON

PRECIOSAS ILUSTRACI ONES DE

'
A. MOREA U

(CONTINUACIÓN)

&gt;Algunas veces, al leer de nuevo
d I
.
sonrío cuando recuerdo grandes d uno e _os ant1~u,os cuadernos de mi diario,
un_ año, pero amado hasta el un:sesperac10nes r~d1cul~s. He, amado durante
baile y cuyo nombre no su
p o de llorar, á cierto Joven a quien vi en un
ví á ver algunas veces en
nunca, pues jamás hablé con ese hombre. Le volba persuadida de que la Provi~~qu~ y en ~ te~tro, y esto me bastó, porque estapor una circuns.tancia cual uiera~ia nos estma?a el uno para'el otro, y de que
casaríamos. Durante algun¿s meses\:al~~~ía la vida, me _adoraría de~pués y nos
memente que los caballos iban á d b ia en coche nmguna vez sm creer fir.
ría J?ªr~ detenerlos á riesgo de su vi~:. o~arse y que ~l apuesto joven se arrojase sigme~on sin que volviese á ver al ob ·et5 dno s~ced1ó n,:tda de esto, y los años
ocho 6 diez años vuelva á leer las , } o e mis ensuenos. Cuando dentro de
pagmas que ahora escribo, ¿me parecerá mi

efi

pesar de hoy tan infantil como mi deses eración d
ya no tengo diez y siete años soy m . p
e entonces? No lo creo; pues
»E?contré á R oberto en ¡~ Cruz;
ta~... ,
.
también, y me salió al encuentro tendiéndo
I tado a m1, nerv10so y agitado
-»Me h h h
•
me as manos
. as ec o vemr aquí para decirme
h
.
.
tro matrimonio, Marta, ¿no es verdad?
que emos de fiJar el día de nues»y _seguramente que si yo le hubiera dich ,
él casi un alivio. Durante un momento tuv o st, esta palabra hubiera sido para
después Roberto añadió mirándome más aet lat tentación de pronunciarla; pero
- »No tá b'
'
en amente·
es s ten, pobre amiga mía• te
ál' d ·
- »He dormido mal y nada , '
veo P I a Y descompuesta.
hablar, y aquí podremo~ hacerlo
sentémon_os, R~berto: tenemos que
e que nadie nos mterrumpa.

~:~ífst:~:l~~mo

~::~fo~r~

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

579
N úMERO

»La atmósfera era pesada y sofocante; el cielo estaba cubierto de nubes muy

11

bajas y de triste aspecto; de vez en cuando, á pesar del calor, soplaba un ligero
viento frío, y parecía inminente la tempestad; el mar tenía un color gris negruzco.
))En vez de hablar miraba á lo lejos varios puntos blancos, evidente indicio
de un mar borrascoso, y entre mí pensaba que cuando estos puntos se acercasen á la costa y las olas llegaran precipitadas é irresistibles á batir la arena de
la playa, le diría: «Todo ha concluído.» Esto era efecto de mi cobardía, y también un gran cansancio... No podía más. Roberto me cogió la mano con dulzura, cariñosamente, y comprendí que me miraba, procurando llamar mi atención;
pero yo seguía siempre la línea blanca de las olas espumosas que se aproximaban rápidas. Las ligeras ráfagas de aire frío eran cada vez más frecuentes.
- »Tienes fiebre, Marta, díjome Roberto.
»En estas palabras había tanta ternura y piedad, que las lágrimas se agolparo11 á mis ojos, pero no quise llorar delante de él. .. Retiré mi mano de la suya,
y díjele tranquilamente:
- »¡Oh! No es nada; la fiebre acompaña siempre á la jaqueca... Por lo demás,
no es de mi salud de lo que deseo hablarte.
- »¿De qué querías hablarme, Marta, sino de nuestro próximo matrimonio?
»Parecíame que no tendría nunca valor para decir lo que me había propuesto, si no lo hacía bruscamente de una vez; y con un acento que resonaba de un
modo singular á mis propios oídos, contestéle apresurada:
- »Ese matrimonio no se efectuará nunca, Roberto; yo no puedo ser tu esposa.
»Siguióse una pausa, durante la cual pude oir la respiración acelerada de Roberto.
- »¿Por qué?, preguntó al fin casi con dureza.
- »¡Porque yo no soy propia para el matrimonio, y no lo quiero; porque soy
una salvaje que solamente ama su libertad, y porque no sabría renunciará ésta
en tu favor, á pesar del afecto que me inspiras!..
- »No es eso, Marta; mírame bien de frente, tú que jamás supistes mentir ...
Hay otra cosa. ¿Cuál es?..
»Entonces, sin saber qué decía, exclamé:
- »¡Ten compasión de mí, Roberto! .. Sufro por ti ... por mí misma y por el
pesar que ocasionaré á tu madre. Debes comprender que si yo pudiese en conciencia ser tu esposa te diría: «Aquí me tienes; soy tuya para toda la vida;» mas
yo no puedo hacerlo, te aseguro que no puedo ...
- »Has debido pensar en todo esto antes de que fuéramos prometidos, pues
persisto en que lo somos; si ahora has cambiado de idea, es porque hay alguna
razón para ello, y yo quiero saber cuál es esa razón.
))Parecíame á mí - no sé si me engaño - que si Roberto insistía de aquel modo era para.descargar su conciencia y porque estaba casi seguro de que yo no
cedería. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiese cedido? Esta idea me devoh'ió mi
sangre fría.
•
- »Recuerda nuestros convenios, le dije. Este matrimonio no se efectuaría
sino en el caso de que, á medida que el tiempo transcurriera, llegara á ser más
íntima la unión entre los dos. No ha sucedido así; y ahora estamos más lejos
uno de otro que hace seis semanas. Me parece que esto basta. Cierto que nos
amamos, pero como buenos compañeros y hasta como hermanos: á ti te parece
esto suficiente; mas para mí no lo es; de modo que yo sería desgraciada, y no
sabrí~ hacerte feliz. Más vale sufrir un poco ahora que vivir un año y otro juntos sm estar por eso verdaderamente unidos; y advierte, Roberto, que no doy
este paso sin haber luchado mucho antes. No hemos podido vernos íntimamente sin que nuestro afecto disminuyera en vez de aumentar. ¿Qué sería si nos hubiésemos unido para siempre? Créeme, Roberto, separémonos como buenos amigos, sin amargura y lealmente. Más tarde dirás: «Bien mirado, tenía razón.»
»He aquí cómo yo abogaba contra mí misma; y poco á poco Roberto se dejó convencer. ¡En el fondo no deseaba otra cosa! Muy pronto esa emoción se
calmó; yo había descargado su corazón y sobre todo su conciencia de un peso
enorme, y él estaba infinitamente agradecido. Ya no protestaba sino por pura
forma; lo adiviné y él comprendió que lo adivinaba, á pesar de lo cual nunca
me preguntó de qué provenía mi tibieza; la verdad es que yo había empleado
expresamente fó.rmulas vagas. Esto era suficiente para él. Pero debo decir que
Roberto es un )Oven verdaderamente honrado y de carácter cariñoso. Debió
comprender que á pesar de mi impasibilidad yo sufría, y supo consolarme un
poco en mi padecimiento.
- »Hablas de compañerismo, Marta, repuso; mas yo no encuentro palabras
p~ra expresa'. to1o cuanto en él hay, por parte mía, de ternura, de afecto y también de admiración. Te conozco desde la infancia, y siempre te vi sincera y val~ros_a, dotada de una bondad casi demasiado perfecta, olvidándote siempre de
ti misma para no ocuparte más que de los otros; á pesar de tu calma, sé que
eres capaz de profundos entusiasmos y de heroísmo, y no obstante conservas
una ingenuidad y una sencillez adorables, á la vez que un tanto novelescas... ¡Ay
de mí! Todo eso se vuelve en contra mía, ó contra los dos, en este momento. Tú
quieres lo ideal, deseas lo imposible; pero en la vida es preciso saber contentarse con sentimientos mezclados, dichas incompletas, y sin embargo muy aceptables... Créeme, hay muchos hombres y mujeres en el mundo que se contentarían
con un matrimonio como podría ser el nuestro...
. _»La voz ~~ Roberto, áspera antes, habíase dulcificado mucho y era muy cannosa; la cns1s había pasado; ya no experimentaba más que el bienestar que
después de la crisis se sien te...
)¿Y yo?:. Pues yo seguía mirando siempre los puntos blancos amenazadores,
muy pr.óx1mos ya, Y. vagamente compadecíame de la arena dorada que muy
pr?nt? iba á ser batida por el furioso oleaje, y me parecía así compadecerme á
m1 misma. 1:,as nubes corrían amenazadoras y negras en un cielo muy bajo; de
repente un mmenso relámpago iluminó el cielo sombrío, y el trueno retumbó
como un cañonazo; atín no llovía, y los dos nos levantamos de un salto.
- »Vu~lve á casa pronto, Marta; apenas te queda tiempo.
- »¡Ad1os, Roberto!..
»Observé que estaba muy conmovido, y en cuanto á mí, creí que me hallaba
á punto de perder el conocimiento. Solamente pensaba en una cosa, en conservar ~astante _imperio sobre mí misma para no gritarle: «¡No es verdad lo que te
he dicho... ciego que no quieres ver... yo te amo, te amo como jamás mujer alguna podría amarte!.. » Pero me callé, y entonces, inclinándose hacia mí, díjome
con voz temblorosa:
- »Puesto que es un verdadero adiós, permíteme besarte, querida Marta,
querida hermana...

»Le presenté mis mejillas pálidas y estremecí me de pies á cabeza al sentir
aquel beso; mas Roberto creyó que temblaba de frío y díjome con expresión inquieta.
- »Ahora, apresúrate, porque la tempestad está á punto de estallar...
»:Mientras escribo estas líneas, el trueno retumba con estrépito y la lluvia cae
á torrentes. Este furor de los elementos me complace, sobre todo porque podré
estar largo tiempo sola. La tía Aurelia teme la tempestad, la conozco bien, y no
se pondrá en camino hasta que haya pasado.
»¡Dios mío, Dios mío, cuánto sufro, qué desgraciada soy y qué bien venida
sería la muerte! Me ha llamado l1er111a11a. ¿Será simplemente una palabra trivial
de afecto? ¿No la pronunció con una intención más particular? ¿No estoy yo destinada á ser más tarde su hermana? ¡Ay de mí!..
»... Hace ya cerca de una hora que estoy atontada, mirando cómo giran las
agujas de mi pequeño reloj. Ya cesó la tempestad y voy á sentarme en mi otomana para que Edmunda me encuentre como me dejó; me haré la ilusión de
que ,he dormido, de que he soñado... ¡Qué triste ensueño... , qué lúgubre despertar! ..»
Edmumda entró de puntillas, temiendo despertar á su hermana, que no se
movió; pero cuando la joven se disponía á salir de la habitación, Marta se
volvió.
- ¿Eres tú, querida hermana?
- ¡Ah! Yo te he despertado; jamás hago cosa buena. Mis mejores intenciones
tienen siempre las más deplorables consecuencias.
- No me has despertado, pues apenas dormitaba. ¿Te has divertido mucho?
- ¡Hum! Así, así. Por lo pronto, esa tempestad que nos amenazaba hacía cris• par los nervios; y por otra pa rte, algunos han faltado á su palabra dejando de
presentarse, sobre todo los hombres; de modo que tus juiciosas advertencias
han sido superfluas. El capitán ha tenido miedo sin duda de algunas gotas de
agua, aunque al paso que lleva su caballo le habrían bastado tres cuartos de hora para ir desde Trouville á la heredad... Sin embargo, me había prometido...
¡Ya verás con qué frialdad le recibiré! Esto te divertirá. En cuanto al Sr. de Anee!, no tiene excusa alguna porque es vecino... La señorita de Robinsón aseguraba que vendría; mas no compareció.
- De modo que tu precioso traje ha sido inútil, pobre Edmunda, dijo Marta.
- ¡Sí, búrlate bien de tu hermanita! Esto prueba por lo menos que te has aliviado un poco de esa pícara jaqueca; pero yo no diré que no haya producido
efecto mi traje, pues todos los hombres más granados que había allí han quedado seducidos; de suerte que en resumen no he dejado de tener algunos adoradores.
- ¡Edmunda, Edmunda!.. ¿Cuándo aprenderás á reconocer que la vida no es
una inmensa partida de recreo?
- Pues... uno de estos días; pero no en seguida... Cuando me haya casado.
- Y ¿dejarás de ser coqueta cuando contraigas matrimonio?
Edmunda tenía la virtud de ser muy franca; pensó un poco antes de contestar, y después arrodillóse junto á la otomana.
- Escucha, dijo, hay coquetería y coquetería. Yo creo que siempre procuraré
parecer linda, porque esto no está prohibido, ¿no es verdad? Pero participo un
poco del parecer de la señorita Robinsón, la cual piensa que es bueno divertirse mientras una es joven, y por divertirse entendemos dejarse hacer la corte.
Después, una vez casada, se ha de tener formalidad.
- ¿Es decir, repuso Marta, no pensar más que en el esposo, no tener más objeto en la vida, labrar su felicidad y ser toda de él?
- Sí..., eso es, poco más ó menos. Ya sabes, hermana mía, que tlÍ eres romántica exaltada; y yo, á pesar de mi aire de.traviesa, tengo mucha más calma y
soy más práctica también. Cuando me case -y ahora te hablo con mucha formalidad - lo haré en conciencia, y estoy segura de ser una mujer muy honrada.
¿Te basta esto como profesión de fe?
- ¡Querida Edmunda, querida hermanita, si tú supieras cuánto te amo!
- ¡Toma! ¿Y por eso lloras? ¿Qué motivo tienes?.. Será la jaqueca ó la tempestad. Duerme un poco; ya no charlaré más.

VIII
Durante toda la noche y una gran parte del día siguiente no dejó de llover.
Los senderos se habían convertido en torrentes, los caminos estaban inundados,
y no se oía más que el rumor producido por las ráfagas de viento y las trombas
de agua que batiendo las ventanas doblegaban los árboles. El verano, excepcionalmente hermoso, transformábase súbitamente, volviendo á reinar el frío y la
tristeza.
Edmunda no había visto atín el campo más que con sus ·galas, pues prescindiendo de algunas tormentas, siempre fué el tiempo magnífico desde su llegada,
y todo parecía festejarla á la vez, no comprendiendo nada de aquel cambio.
Recorría una y otra vez las salas del castila, donde penetraba poca luz por las
estrechas ventanas; irritábala no poder salir, y se decía que en el mal tiempo, no
siendo ya posible las excursiones á caballo, ni los ejercicios de natación, ni las
reuniones en el jardín para jugará la roqueta ó al volante, el campo no era propio para ella. Ayudó á la tía Aurelia á poner en buen orden las sedas de colores
claros, hablando de continuo sin esperar contestación; después tomó un libro,
del que se cansó pronto, y al fin acogió con entusiasmo el anuncio de que se iba
á servir el almuerzo.
Marta, aunque sufriendo mucho aún, decidióse á levantarse para ocupar su
asiento en la mesa, y se dejó mimar por su hermana, que jugaba á la enfermera,
como jugaba á todo lo que hacía.
Pero una vez terminado el almuerzo, cuando la tía hubo vuelto á sentarse ante su eterno bastidor junto á la ventana, mientras Marta se hundía en un gran
sillón, silenciosa y triste, la ociosidad fué para Edmunda del todo insoportable.
Aunque tratando de leer, miraba al reloj de continuo; nunca le habían parecido
las horas tan largas, y bostezaba á cada momento. Al fin la tía Aurelia, siempre
burlona, dijo con tono irónico:
- Y ha de saber usted, señorita Edmunda, que esto no es nada aún; ya vera
usted en el otoño y á principios del invierno, cuando no se puedan asomar fuera
las narices, cuando el cartero llega á duras penas, cuando se corre peligro de
que falten los víveres y cuando nos helamos casi en esta hermosa mansión ...
- Vamos, tía, no calumnie usted á nuestro castillo, dijo Marta, interrumpiendo
la dolorosa meditación en que se había sumido; podemos calentarnos bien, y no

579

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nos faltan muchos libros, revistas y diarios para ocupar las largas noches del
otoño. ¿Tienes frío, Edmunda?
L-i friolenta niña, abrigada con un chal de lana blanca hizo una señal afirmativa, en vista de lo cual Marta dió al punto orden de e~cender un buen fuego. El criado amontonó astillas y hacecillos de leña en la chimenea monumen!ª1, ~astante grande para asar un buey entero, y de repente el antiguo salón se
iluminó con los resplandores de las llamas, que parecían brillar en las paredes.
A pesar de la hora, era tal la obscuridad, que la señora Despois dejó su trabajo
y acercóse al hogar.
Edmunda, otra vez risueña, instalóse sobre unos cojinetes á los pies de su
hermana, y alargó las manos sobre el fuego.
'
- Esto es muy agradable!, dij~. El fuego da ganas de hablar; yo soy muy
charlatana; pero .vosotras dos estáis tan graves y silenciosas que da miedo...
Marta se sonnó.
- Pues habla cuanto quieras, Edmunda, dijo, puesto que tantas ganas tienes.
No deseamos más que escucharte. ¿No es verdad tía?
- Sí, con la condición de que diga muchos disparates pues nada divierte tanto como las tonterías de los demás.
'
-: ~u~s entonces, ·señora, replicó alegremente Edmunda, ·va usted á quedar
servida a su gusto.
·
·
. - Por lo menos, Edmunda, repuso la tía, preciso es hacerle la justicia de que
tiene usted muy buen carácter.
. - Ese agrada}&gt;le fuego contribuye á que sea amable; hace un momento, al
mirar cóm~ \lov1a, _co~en~ba á ,estar taciturna; pero las llamas me han hecho
recordar m1 m'.ancia; a mi mama le agradaban mucho hasta en verano, y me parece estarme viendo atín, muy pequeña, en un rincón, mientras que ella se ves-.
tía. ¡Parecíame tan hermosa mi mamá!..
Era raro, que ~dm~nda h!ci~se la menor alusión á su pasado y con frecuencia
~far~ hab1a, temdo viva cunos1dad respecto á la infancia de aquella hermanita,
a quien habia encontrado grande ya. No quería interrogarla y contentábase con
algunas breves fra~es que Edmunda dejaba escapar, las cuales arrojaban á veces
una luz algo extrana ~obre los años pasados. La tía Aurelia esperaba, por lo tanto, que e~ta v~z, lo ~1smo que las otras, Marta cambiase de conversación; pero
no fué as1. Mientras Jugaba con el cabello dorado de su hermanita díjole dulcemente:
'
- No sería tan linda como tú, hija mía, segura estoy de ello.
. -No,
hermosa d~ otro ~odo: r~ubia también, pero con grandes ojos azules,
?JOS de n~no. A los n:emta y cmco anos desempeñaba aún los papeles de dama
Joven meJor _que n.ad1e, y tenía una manera de decir las más sencillas palabras,
~on _tal can?1dez, sm elevar la voz, que hacía llorar á todo el mundo. Yo adoraba
a 1111 mama Y_el\a me correspondía algunas veces, cuando le quedaba tiempo;
pero otras, olv1dabame del todo.
- ¿Cómo que te olvidaba? ¿Qué quieres decir con esto?
- ¡Oh! No era por maldad, ya lo comprenderás; pero ¡tenía tantos amigos y
yo oc~paba en la casa tan poco lugar!.. Cuando iba á comer fuera de casa olvid~ba a men~do encarga_r que me sirviesen la comida, y como se cambiaba de
criados contmuamente, !ncluso de n;ii aya, nadie se ocupaba de mí, confiando
cad3; cual e;1 que I? hanan los de~as. Entonces, al ver yo que decididamente
no me servian, registraba _los armar~os, bu~cando bizcochos y confituras, y á ve~es encontraba, ~ero n~ siempre. Cierto d1a, mi papá, que había estado de viaJe - c~n frecuencia h~c1a algunos para sus negocios - volvió cuando no lo esperaban. yo ;staba empmada sobre un taburete que había puesto en una silla, y con
gra~ alegria aca~aba de encontrar un pastel apenas comenzado. Al oir la voz de
~a~a, me atemon~é, Y habría caído, sin soltar mi pastel, si él no hubiese llegado
ª tlemp~ para e.v1t~rl~. Lloré tanto de miedo como de hambre, y no le costó
poco ,enJugar mis lagrimas. «¡Vé á ponerte el sombrero, me dijo, y los dos iremos a comer ~ la fonda!» Yo no sabía á punto fijo qué me quería decir con esto·
pero no ~e h~ce de rogar. Papá me dió una comida extraordinaria, é hízome be'.
ber un vm_o p1,cante q~e_yo no conocía aún, pero que me pareció muy bueno.
Cre? que Jamas en 1111 v!da había sido tan feliz como aquella noche. Papá me
dec,ia cos~s raras, muy_ tiernas también, y una vez que me miraba observé que
tema lágrimas en los OJOS. Esto me produjo un efecto singular, y le dije: «Pero
los caballer?s no lloran .._.»_ Creo que entonces fué cuando me habló por
P mera ve~ de m1 ~ermana, d_1c1éndom.e que sería para mí, en caso necesario,
~~a
pequena 1?ª11:1ª· (Yo, hu1?1era querido verla en seguida!.. Después de esro,
1
ronme una mst1tutnz a quien yo no quería mucho· pero al menos vigiló para
que no me faltara nunca la comida á la hora.
'
- De todo~. modos, murmuró la tía Aurelia, es una manera muy extraña de
educar á su hiJa ...

- Nada de eso, porque se reproduciría la jaqueca, y yo quiero que estés fuerte, buena y animosa.
- ¿Animosa por dos?, preguntó la señora Despois, procurando tomar una expresión de burla, por temor de enternecerse á su vez, y pensando que aquella
niña sabía ganar admirablemente el corazón de los demás.
- Sí, señora, contestó Edmunda. ¡Ah! Sepa usted que yo no me dejo engañar
y que soy muy susceptible de progresar. Marta podrá hacer de mí cuanto quiera, y espero que procurará aleccionarme para ser útil y animosa como ella. Por
lo mismo, no vaya usted á creer que me intimida con la lúgubre pintura que me
hace del mes de noviembre en medio del campo.
Un criado entró en aquel momento para decir que el señor cura deseaba ver
un instante á la señorita.
- ¡Que pase adelante!, contestó Marta.
El cura era el mejor amigo de Marta; habíala bautizado y dádole la primera
comunión y aspiraba á casarla. Parecíale que su joven feligresa era un poco independiente, aunque muy buena y caritativa. La señora Despois, católica con
muchas intermitencias, libre en sus propósitos y no poco burlona intimidábale
m'.15, pues n~ representaba de ningún modo el tipo eclesiástico d~ la mujer humilde y sum1s~. -".lquel cura d~ pueblo, cuya pequeña iglesia cubierta de hiedra,
. una de las cunos1dades del p~1s, se hallaba en el fondo del valle, lejos de las playas mundanas, sabía, por decirlo así, á terruño como verdadero hijo de campesino; pero era el hombre más excelente del mundo.
- Apenas me atrevo á entrar, Marta, dijo, porque estoy lleno de barro y mo-

~:a

P:fá,

d - ¡Ah, querida señora, temo producir en usted una falsa impresión al hablarle
e estas cosas! Yo era muy querida, todo el mundo me mjmaba sobre todo
cua~do ~omencé ~ ser mayorcita. Llegaba ya á los quince años, ~uando cierta
noc ~' sm preverurme de antemano ni darme aviso alguno una prima de mi
que _me ad~raba, llevó~e ~onsigo al teatro. Desempefiaba allí papeles cóy excitaba siempre la h1Iandad con su risa extravagante, sus ojos saltoies Y sus bruscos ademanes; esto era muy cómico, pero siempre la misma cosa
din~~fondo ~e parec(a una buena mujer, pero algo loca; fuí con ella al cuart~
ue d sf vestia y se pm~aba. la cara, y muy pronto entraron varios caballeros
q
.ec an cosas ~uy divertidas y que eran los primeros en reírse. Yo me reí
~a~~~~~' au?que sm co_mpren~er siempre lo que se hablaba, y entonces uno de
pq , y s~nores, un v1eJo, dfJome que cuando yo debutara enloquecería todo
. ar~s. 0 esea?a mucho ser actriz como mi mamá. «¡Vamos!, di·o la rima
c~~iere ust;d deJ.ar en paz á esa niña? Es la señorita Levasseur, y 0 deb~tará'
P que esta destmada a ser una heredera muy solicitada... » Pues entonces re~
1
ca~a~;ro, ¿po'. qué la trae usted aquí? La verdad es que la prima d~ mi
,
no
a 1a reflexrnnado sobre esto; hizo uno de aquellos ademanes ue le
1
~~ia~ tantos aplausos ;n las tablas, todos soltaron la carcajada, y ya nad~ volt t
ocupars,e ~e m1. ~ero entre aquellos señores hallábase un ami O de mi
s~ ~~c¿fe~i~ib}~t~º so¡10
pap~; refirióle el incidente, y cuando aqu[i lo supo
sión en
'1 . a
m1 ~ª1!1ª, gue ya estaba enferma, y me pusieron á penhe si un C? eg10. '.sta es m1 h~stona. Ya ves, Marta, que antes de conocerte
do qu_enda Y olvidada sucesivamente; tal vez se me ha educado de u
nera extrana com d' 1
D
.
na mahe conocido' la t o ice a senora espo1s; pero solamente aquí, en tus brazos
estaré agradecid:rnyu:f ioontestnadnta;' la b~ndadh y la abnegación. ¡Juzga ahora si
·Q .
•
r s en m1 una ermana que te adora!
- 1 uenda Edmunda, ttí quieres hacerme llorar!
..

;fe~:,

J

~~!:
ª

it

?e

¡Cómo! ¿No saben ustedes?

jado de pies á cabeza... 1·Fuego en el 1nes d ' 1'
é b · 'd
ustedes!
e JU 10... qu uena I ea han tenido
- Aquí ~~drá usted calen~a_rse y estar con toda comodidad, se1ior cura, repuso Marta. c~ómo le ha p~rm1t1do á usted Francisca salir con este tiempo? Ya no
reconozco a la buena anciana.
-:_ He sal_i1° á pesar suyo Y también mío. ¿Por qué no he de confesar mis equenas debilidades? Nuestros caminos de travesera se convierten muy pronto~n
torrentes, Y para remontar desde mi agujero á estas alturas se necesita andar
~u&lt;;ho; pero es el caso que la mujer de Duval acaba de dar á luz un niño y
e~iase que eStaba ~uy enferma. Vengo ahora de su casa y he visto que e~tá•
mrdJor, pe.ro muy débil. En el camino pensé que mi buena Marta le enviaría
ca o y vmo ...
- Dentro de una hora lo tendrá.
La señora De:pois levan~? la cabeza con expresión burlona.
la V1ª11:~s, s~or cura, d1Jo, c~nfiéselo usted todo, y por mi parte le prometo
11
so u~i • ¿ 0 le ~a pas~do a usted un momento por el magín cuando ha~~ªn~e~ ro eo para vemr aqu1, la idea de un buen asado y un vaso' de vino ca-

b

,ª

cura se sonrió, pasando suavemente la lengua por sus gruesos labios antes
d e El
contestar.
- Esa e~ otra d~ mis ~ebilidades: soy un poquillo glotón, y Marta sabe repmaerahretlaanb b1len ehl vmo caliente con azúcar y especias... A decir verdad la llivia
a os uesos· y me d
..
'
,
a verguenza ver cómo humea mi sotana al calor
d eI fuego...
po!~:u

nd

a se levantó Y cogió el chal de lana blanca de que se había des-

mu~ También tiene us~ed mojada la espalda, dijo, señor cura ... La caridad es
jerr{e ~~:;;,h~ero t,am?1én es preciso evitar que produzca fluxiones de pecho. Décer a m1. ..
Así d_ici~ndo, cubrióle los hombros con el chal.
- Senonta Edmunda - é h
.
t d?
, es una prenda
' ' ,qu
ace
Y ad emas
de
· US e ..• Ese bomto chal de lana se mo1·ara' · · ·
alivia mucho.
muJer ... no tiene nada de sacerdotal... pero en fin,
( Co11ti1111ará)

�86

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

579

Proyecto de utilizaci6n del subsuelo de la plua de la Constitución de Barcelona para dependencias municipales1 original de D. Salvador Vigo

PROYECTO DE UTILIZACIÓN
DEL SUBSUELO DE LA PLAZA DE LA CONSTITUClÓN
DE BARCELONA

Los grabados de la presente sección representan
las plantas y secciones del proyecto trazado por el
ingeniero maestro de obras D. Salvador Vigo y Soler,
ex concejal del municipio de nuestra ciudad, corporación á la cual lo ha dedicado el autor.
Acompaña al proyecto una memoria en la que se
demuestra con gran acopio de detalles las condiciodes especiales y favorables que reune el inmenso espacio de 2.8r 4 metros cuadrados que forma la plaza
de la Constitución para ser aprovechado su subsuelo
para oficinas municipales, y la necesidad que de ello
tiene la ciudad desde el punto de vista económico,
citando entre otros los interesantes datos que extractamos á continuación.
La plaza de la Constitución está situada á tme metros sobre el nivel del mar, y por ser la cúspide de
una colina no hay en la actualidad cloaca alguna colectora construída ni proyectada. Si el ayuntamiento
hubiese de adquirir un solar de igual espacio junto á
la casa capitular, le costaría tres millones de pesetas,
resultando por el proyecto presentado casi de balde,
pues siendo indiscutiblemente propiedad del municipio sólo le costaría los gastos de habilitación semejantes á los de la construcci5n de un edificio.
Rebajada aquella gran superficie 7'70 metros se
obtiene un emplazamiento á 5'30 metros de cota so-

,

IJ

C.• •1 C1l

bre el nivel del mar, y su desagüe y ventilación están
perfectamente garantidos á favor de las pendientes
de las calles de Fernando VII y Jaime I. En el hueco se construirían pilastras y arcos de ladrillo que sostendrían la bóveda del local obtenido y suelo enton-

579

s¿

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de la que representan los alquileres de los pisos y edificios que hoy por falta de local
se ve obligado á tener, y se
consigue reunir en un ·solo
punto las oficinas municipales,
mejorando la buena administración y beneficiando al público en general.
El Sr. Vigo se ha sujetado
estrictamente á las fórmulas
científicas para calcular los
espesores y estribos de las bóvedas y el grueso de las pi lastras que han de sostenerlas, y
de sus cálculos resulta que el
proyecto es perfectamente
factible, y resulta también
probado que responde al objeto para que ha sido estudiado, que es el más económico
que en igualdad de capacidad
de local se puede presentar
y que reune las condiciones
de belleza y solidez apetecibles.
La necesidad de proporcionarse un gran local aumentará, y será indispensable satisfacerla de un modo ó de
otro el día no lejano en que
se efectúe la agregación de
los pueblos del contorno de
la ciudad, con lo que se triplicará el personal de sus dependencias por el crecido

'j'

•

Plano del subsuelo de la plaza de la Constituci6r., según el .proyecto del Sr. Vigo

aumento que experimentarán
los servicios.
Si realmente, como sostiene
el autor, resulta el local con
todas las buenas condiciones
higiénicas de luz y ventilación,
el Sr. Vigo ha prestado con
su proyecto un servicio digno
de aplauso .
De todas suertes, bien merece que fijen en él su atención aquellas personas que
por sus conocimientos ó por
su práctica pueden contribuir
á su mejoramiento, si es que
de mejora necesita, y de las
que por su posición ó por los
cargos que desempeñan pueden influir para que sea llevado á la práctica el día en que,
después de bien estudiado,
hagan patentes su convenien•
cia y su factibilidad, que, en
nuestro concepto, quedan
probadas en la memoria que
acompaña al proyecto del señor Vigo.
Y también merece sincero
aplauso el autor que ha consagrado su tiempo y su trabajo al estudio de una obra que
ha de constituir, si algún día
se realiza, una indudable mejora, de positivos y beneficiosos resultados para la ciudad
de Barcelona. - X.

----

- urr arbdL1QU1 -

LECHE ANTEFÍ:L

APEL WL

ces de la plaza á la misma cota que tiene hoy aproximadamente. El pavimento debe estar construído
en los arroyos, con arena y tarugos de madera para
apagar el ruido de carruajes, y en las aceras y burladeros, modificados según el proyecto, se colocan cris.

•i.

•
~

~

~
~

&lt;;&gt;i

•• i
!

·v

a

combinados con los de desagüe llegan unos pozos
ó registros situados en los extremos de las calles bajadas que antes se mencionan hasta encontrar una
cota más baja que la del local, quedando el tubo de
ventilación libre en un pequeño pozo á propósito y
el de desagüe corriéndose hasta la cloaca.
Por medio de unas andronas coronadas con ricas
verjas de hierro situadas al fuente de los edificios de
las Casas Consistoriales y Diputación Provincial, al
estilo del flote! de Ville en París y de muchos edificios públicos de Inglaterra y Alemania, se proporciona un cl,umento de luz y ventilación extraordinaria.
Se da acceso al local por medio de dos grandes
escalinatas, situadas dentro y á cada lado de los pórticos en la Casa de la Ciudad, quedando cerrado todo
el edificio y su adición por la misma puerta ó verja .
El proyecto total de la obra es en resumen el si•
guiente:
Ptas. Cénts.

_flP·

Por las obras de excavación, alh:i.ñilería1 carpin.
terfa, cerrajería, lampisterfa, pintura y vidrios
del subsuelo. • . . . . . . . . . .
14 °/ode imprevistos, beneficio industrial y direc·
ci6n práctica de las obras. . . . . . . .
Por las obras de urbanización de la plaza, albañales, en galerfa, bordillos, burladeros, entarugados, verjas y candelabros y demás obras
anexas. . , . . . • . . . . . . .
14 °/o de imerevistos, beneficio industrial y direc•
ción prácuca de las obras. . . . . . . ,

C.t, t: ftn:a11 11

USAS tONSlSTORIAL(S • .

Plano de la plaza de la Constitución tal como ha de quedar scg{m el proyecto del Sr. Vigo

Lu

Penow ,u

•Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeccione■ del pecho,
Catarro■,Mal de irarvanta, Bronqult11 , Resfriado■ , Romadizo■ ,
de los Reumatl■moa , Dolore ■ ,
Lumbagos, etc., 30 aiios del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

Sección del subsuelo de la plaza de la Constituci6n, segun el proyecto del Sr. Vigo

••
• • .¡
"

tales resistentes para la iluminación diurna y grandes candelabros construídos de forma que sirvan para ventilación.
Prodúcense las corrientes de aire por medio de tubos colocados en el subsuelo del local, que juntos y

NúMERO

230.9()6, 10

-

D1p6stto ,n toaas tas Farmacias

CODtCel

PILDORAS~~DEHAUT
DE PAAIS

necesitan. No temen el asco al el cau1aneio, porque, contra lo que sucede coa
los demas po.rgantss, este no obra bien
lino cuando se toma con bueno, alimento,
;y bebida,fortilicantes, cual slvino, el catl,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora ;y la comida gue ma, Je convienen,
segun sus ocupacionea. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteaauladoporeletectodela
buena alimenta.cion empleada,uno
•e decide t4cilmente 4 volver
4 empezar cuanta• veces
sea necesario,

JIW:l;i(eJ~rii
G

contra las diversas
Afecciones NI Corazon,

Hydropealaa,
--- - - - --- __
Toaee nervloaaa;
Empleado con el mejor e:rito Bronqultla, Aama, etc.

Anemia, Cloroala,

Ell"11ncl■lllll N la lutrw.

Debilidad, etc.

""""«ef c,11.'9 \\e,:
.

n

,

~·

HIERRO

BBlVAIS

repre1mta euctamente el hluro
CODteDldo en b. ec.onom.ia. Esperimto.•
tado por Jo, principales mtdioos del
mundo, pu, inmediatamen&amp;e en b.
N.Dlff, DO OC.Uiona uttt:&amp;imlenio, no
tat111 el utómqo, no ennerrece 191
dielltei. n,,111 ,,111, ¡,ta, ...:.,, c.lUL
hlJ... 1t ltr4utra l&amp;N.
O. v,nt, '" toda, la,Firm,01.,
Ptr a.,,r: 40 742,r.lt~aN¡ Paria,

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                    <text>ARO XII

BARCELONA 23 DE ENERO DE 1893

NúM. 578

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

MONUMENTO EN LLANES

'

ESTATUA DEL EXCMO. SR. D. JOSÉ POSADA HERRERA
Obra de José Gragera, fundida en bronce en los talleres de Federico Masriera y Compañía, de Barcelona

�58

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú11IERO

578

IIamas palacio; conténtate con saber que lo hemos cabar para Madrid y para algunas otras capitales interesantes de provincias una importancia grande, así
visto todo.
- ¿Y os ha parecido tan malo ese todo, como tú en lo que al arte se refiere como al mercado, si estas
exposiciones no fueran meriendas de negros y se sudices, que el recordarlo tan sólo os cause risa?
- ¡Cualquiera diría que á vosotros los críticos os primieran ciertas instituciones artísticas que no quieha parecido mejor!, exclamaron las dos hojas. Por de- ro nombrar. Lo malo aqui es que las cuatro quintas
bajo de nosotras habéis pasado veinte veces, ponien- partes de los que pintan ó esculpen en España, esTexto. - Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - Una do de oro y azul las obras más aplaudidas. Tú mis- culpen ó pintan como podrían hacer zapatos ó cepihora e,, casa de Victoriano Sard01e, por E. Tardieu. - Palacio mo, siguió diciendo la mayor, discutías aquí, en este llar tablones ó dar paletadas de yeso; es decir, hacen
para Bibliotecay museos nacw11a/es m llfadrid, por X. - Diá- sitio, las bellezas de esas obras. Si después desde los del oficio un modus vivendi~ mucho más aristocrático
logos matritenses, por A. Danvila Jaldero. - Jlfiscelá11ea. Nuestros grabados. - Cargo de concimcia (continuación). - periódicos te viste obligado á decir que era blanco lo y más latino ...
- ¿Cómo es eso? ¿Por qué dices lati1Jo7, interrogué.
SrtCCIÓN C(ENTfFICA: Proyecto de un 1111(110 transatlántico que -tú creías negro... peor para ti y para los que te
- Porque es sinónimo de holgazán, y como _no
rápido pam pasajeros. - Los halcones 111msajeros. - El divisor creyesen.
i11stantá11eo. - /.,a filoxera y ti ramio.
- No, no es exacto eso de que yo lo creyese malo quería decirlo así tan crudamente ... Pues, como iba
Grabados. - ll/0111e111mto e11L/anes. Estatua del Excmo. se,1or
diciendo, mucho más latino y más aristocrático que
D.Jose Posada Herrera, obra de José Gragera. - El e111i11mte todo; defendí lo bueno...
- Y lo que no lo era también, me atajó la hoja machacar suela todo el día, que cuidar los campos,
dramatur,ro frands Victon·ano Sardou. - La quinta de JI/ar/y,
que dedicarse á cualquiera de las muchas industrias
propiedad de Victoriano Sardou. - De vuelta del trabajo, cua- pequeña.
dro de Ch. Coessin de la Fosse. -D. .f11a1i Pnmeda, contra•
- Bueno; no quiero.que os enfadéis conmigo, pues en embrión todavía en esta tierra, es eso de pintar ó
lista de las obras del Palacio para Biblioteca y ).foscos naciode esculpÍr. Porque habrás reparado cuántos paisanales de l\1adri&lt;I. -A. R. de Salces, arquitecto, y A. Querol, tengo grandes deseos de escuchar vuestras opiniones
jistas
y marinistas han surgido de pocos años á esta
respecto
de
la
Exposición.
escultor. - Palacio para Biblioteca y llfuseos nacionales. - El
almuer::o del pobre y El a/muer:;q del rico, cuadros de F. Mi-Nuestra opinión, es decir, la mía, repuso lama- parte; y si buscas la razón, te la dará ese deseo de no
ralles. - Proyecto de un transatlántic.o rápido. - El divisor yor, está formulada en pocas palabras. Los pintores, doblar el espinazo, y sobre todo la orgullosa condiinstantáneo. - Una pitonisa modema, cuadro de Antonio Coll
como los escultores españoles, piensan ahora tan ción de las gentes que se creen capaces de po~e~r un
(Salón Parés).
arte para el cual no sirven las generales cond1c10nes
poco como antes.
fisiológicas y psicológicas. Así que cuando se conven- Menos, interrumpió la otra hoja.
cen de lo imposible para ellos de realizar mediana- No; hay excepciones.
CRÓNICA DE ARTE
mente la figura, se agarran á la pintura de paisaje ó
- Siempre las hubo.
de
marina, como el náufrago á un clavo ardiendo.
Convengo
contigo
en
que
siempre
hubo
artistas
Envuelta en blanco sudario que las nubes le dispusieron allá en las alturas, sola, completamente ol- que pensaban los asuntos antes de plantearlos en la Por nada del mundo renunciarían esos ilusos al dictavidada de deudos y amigos, escuchando maldiciones tela y durante la ejecución también. Verdad es que do de artistas. Que así como de cada cien españoles
y reniegos de guardianes, que ateridos por el horrible en este certamen los asuntos bien pensados fueron setenta y cinco tienen gran facilidad para rimar, así
frío de aquella última jornada, de tal modo le conta- escasísimos, y los de verdadero valor estético ó filo- también la tienen para pintar. Pero á pesar de esta
ban los últimos minutos de su vida, murió el día 31 sófico fueron menos. La pintura llamada de historia condición, cuenta los poetas que tal nombre merecen,
del pasado diciembre de una consunción crónica, de no tuvo importancia mayor, considerada desde el y si no dos y medio, como dijo Clarín, lo que es de
una anemia espantosa, la Exposición internacional punto de vista genérico. Los hechos históricos que seis no pasan. Pues lo mismito sucede en las artes
han tratado de reproducir en el lienzo cuantos á la plásticas.
de Bellas Artes de 1892.
- Me parece que eres un poco pesimista, le dije.
Con la caída de las últimas hojas, arrancadas por pintura de ese género se dedican y expuestos este
- Nada de eso. Por cierto tengo que la única esla ventisca de las ramas de los árboles, en las cuales, año que finaliza hoy, tienen todos un valor muy secuela pictórica de la raza latina capaz de sostenerse
casi secas, todavía un resto de savia las retuviera has- cundario.
- No tienen valor histórico alguno, saltó la hoja dignamente frente á frente de las escuelas nuevas del
ta entonces, coincidió la muerte de cientos de ilusiones artísticas y el desengaño de otros centenares de del vestido remendado de verde. Y digo que no tie- Norte es la española, por miles de razones que serla
optimistas. Ese día, envuelto por la densa y fría ne- nen valor histórico alguno, porque aquellos héroes, largo enumerar y que por sabidas me callo. Pero
blina de la mañana, marchaba yo á buen paso por soldados y demás personajes están faltos de carácter. también te digo que mientras el Estado no ponga
- No me dejaste concluir de exponer mis razones. mano en la organización y régimen de las escuelas y
los andenes del barrio de Monasterio, en dirección
del Palacio de las Artes y de la Industria, adonde iba A eso precisamente quería yo ir á parar. Si nuestros de sus enseñanzas, y puedan ingresar cuantos quiecon el buen propósito de darles el postrer adiós á artistas meditaran detenidamente los asuntos, y sobre ran sin más cultura que la recibida en los colegios
aquellos lienzos y esculturas, dibujos, aguas fuertes y todo los de este género, tengo por cierto que muchos de primeras letras, y la crítica no zurre la badana á
proyectos arquitectónicos, que tantas veces contem- no sufrirían los desengaños que han sufrido, y la his0 todos los que no muestren en sus obras condiciones
plara durante los dos meses y pico que habían estado toria y sus hombres se lo agradecerían. Las dificulta- sólidas de artistas, créeme que será el arte español
expuestos á la pública considera~ión y examen, cuan- des se acumulan formando barreras insuperables en- un arte sujeto á fracasos, como, salvas bonrosísimas
do á la mitad de mi camino me sorprendieron los tre la verdad relatada y la realización del relato por excepciones, el que le proporcionaron en este certa·
primeros copos de nieve con que este invierno ha medio del pincel. Estereotipar en el lienzo el hom- men todos esos cientos de pintores, de los cuales no
querido obsequiarnos, por parecerle quizá que no de- bre moral, es el sum1mtm de las aspiraciones del ar- tenía nadie noticia. Ya has visto, prosiguió la hoja,
bía ser menos que los otros inviernos sus anteceso- tista, summum por muy pocos alcanzado. El retrato cómo á pesar de las bellas condiciones plásticas de
res. Dudé si despedirme allí mismo de las obras del nos prueba cuán exacta es esta afirmación mía. Tú algún cuadro del género histórico, sin embargo no
arte de estos últimos tiempos, ó cumplir mi primer habrás podido observar cómo un mismo pintor ó es- logró conmover á nadie; en cambio, ~q~ellos tres ó
propósito. En aquel instante de duda dos hojas secas cultor de veinte retratos que haya hecho, solamente cuatro lienzos que expresaban un sentimiento eterno
cayeron á mis pies, y arrastradas por el aire helado en uno ó dos logró fijar el retrato moral, el verdadero como el amor, ó un drama social que lo abarca todo,
del Guadarrama recorrieron gran trecho del enlosado retrato, el íntimo, el que se esconde tras del conjunto desde las instituciones políticas á las religiosas, ó un
idealismo como el de la admiración por la Naturaleandén, chascando palabras y exclamaciones. Declaro de líneas del rostro externo...
- Ahí tienes el busto de Domingo, modelado por za, esos fueron los preferidos ...
que me sorprendió tal prodigio (la cosa no era para
Una fuerte ráfaga de aire, acompañada de espesos
menos), y echando tras de las arrugadas hojas fuí si- Benlliure, interrumpió la hoja pequeña.
- Efectivamente, prosiguió la mayor, Benlliure copos de nieve, arrebató á mis dos interlocu~oras con
guiéndolas buena porción de camino, mircando los
ziszás que el importuno aire les obligaba á hacer. que ha modelado algunas docenas de testas, en nin- tal violencia, que haciéndolas pasar sobre m1 cabeza,
Por fin (como dijo en memorable ocasión La Corres- guna supo ahondar tanto con el palillo, que lograse las sepultó en el fondo de un barranco próximo á la
pondencia), al abrigo de un banco de piedra detuvie- lo que de un modo tan grande al copiar la apolina Híterta. Me levanté de mi asiento, y trataba de enron el incierto paso las dos compañeras y pude escu- cabeza del autor de Santa Clara. Pues bien: si la volverme de nuevo en mi capa, cuando en uno de
charlas. Hablaban de arte. Lo que dijeron helo aquí, imagen de un vivo ofrece tales dificultades, dime los pliegues de la esclavina sonaron las mismas voces
cuántas no ofrecerá la del que, muerto hace siglos, de las hojas, diciéndome:
sin quitar ni poner una tilde:
- ¡Por Dios, que nos espachurras!
- ¡Gracias á Dios que _logramos un poco de des- llega hasta nosotros su nombre, inscrito en las págiQuedé un rato suspenso, sin fuerzas para moverme,
canso al abrigo de estas piedras!, exclamó la más nas de la historia, por sus hechos, por su carácter,
grande de las hojas. Si dura un poco más esta corre- únicas líneas que el artista puede analizar para repre- y no saliera de mi asombro, si no es por la voz ?e la
mayor de las hojas que sonó de nuevo para decir:
ría morimos destrozadas contra los adoquines ó atro- sentárnoslo.
- Colócanos en un lugar abrigado, donde haya
- Creo como vosotras, observé, que no es cosa fápelladas por algún coche.
- Atropelladas no, contestó la otra, la cual mos- cil la pintura de historia; pero convendréis conmigo estiércol y tierra que nos dé el calor que necesitamos
traba todavía un trozo de su primitivo vestido verde, en que hemos tenido pintores que lograron vencer para esperar la llegada del mes de mayo; nosotras somos dos larvas de mariposas que tendrán las alas
porque los coches ya no llegan hasta aquí, pues hace tantas dificultades.
- ¡Pintores!, refunfuñaron las hojas. Querrás decir azules como el cielo, verdes como la hojas del limomás de mes y medio que se celebraron las últimas
nero, rojas como la flor del granado, que son los coun pintor, Rosales.
carreras de caballos.
-Algún otro más; pero en fin, si en ese género lores que simbolizan la pasión', la inteligencia serena
- Es verdad, replicó la mayor, pues á la Exposición de Bellas Artes no viene nadie ni á pie ni en no, del de asuntos del día hemos visto en esta Expo- y firme y la eterna aspiración de lo sublime é ideal.
Nosotras somos átomos que en la tierra y en su se~o
sición bastantes cuadros dignos de alabanza.
coche.
- ¡Valiente Exposición!
- ¿Cuántos merecieron· las tuyas?, me preguntó adquirimos forma; de la tierra surgimos al cabo, pin·
Y la del vestido á pedazos verde soltó una carca- burlonamente la hoja pequeña, al mismo tiempo que tadas de mil colores brillantes, y á los tibios rayos
una ráfaga de aire helado la lanzaba casi debajo de del sol de la primavera y á los cálidos del de estío
jada de vieja sin dientes.
extendemos las ligeras alas para ir á posarnos sobre
- Por ventura ¿la has visto tú?, exclamé yo moles- mis pies.
los pétalos de las más delicadas flores, cual nosotras
- Bastantes, afirmé.
tado por aquella risa.
- Pocos, muy pocos, replicó la intransigente inter- salidas del seno de la madre Tierra y abrigadas y feLas dialogantes enmudecieron un momento, al cacundadas por la fermentación de residuos vegetales
locutora; no llegan á media docena.
bo del cual la mayor me contestó:
y animales. Y con esto te doy la clave, siguió la voz
- Las dos la hemos visto.
- Pasan de diez y de doce también.
- Qué, ¿habéis dejado el árbol de donde estuvis- No dices la verdad; pero aun suponiendo que la que yo creía de la mayor de las hojas, del por qué no
teis colgadas desde que el sol de mayo os hizo bro- dijeras, ¿qué son diez cuadros para poder ufanaros causan emoción alguna esas telas pintadas que hay
en ese Palacio de las Artes y de la Industria.
tar para ir al palacio donde se celebra la Exposición? de que tenéis un arte serio y floreciente?
...: Pues te aseguro, larva parlanchina, que no en·
- ¡Alto ahí, compañera!, interrumpió la hoja gran- No te importe saber cómo ni de qué modo vimos los cuadros y las esculturas que encierra ese al- de. Si ufanarse, como tú dices, no; sin embargo, algo tiendo esa clave.
- Torpe eres, contestó. Si el arte, y el pictórico
macén de hierro y ladrillo, al que tan pomposamente más que Francia pueden hacerlo; y aun podrían re............. , .........,.... ,.1 •••••• , ...., ................. ,,., ................................, ••••••••••••••••., ••••••, ......, .... ,

NúMERO

LA

578

ILU STRACIÓN ARTÍSTICA

59

de he colocado un raba. Sin embargo, el país me había seducido ya, y
jarrón de piedra, res- tenía intención de orientar hacia él mis futuros pato de las Tullerías? seos; pero como no soy buen andarín ni tampoco
Cuando llegué no diestro jinete, busqué un asno para no fatigarme en
había ahí más que el camino, é indicáronme uno que era propiedad del
hojarasca; y ese te· tío Sylvain, un antiguo lechero: «Sabrá usted, díjome
rreno en pendiente, el buen hombre, que mi asno es muy dócil, pero con
donde está mi huer- la condición de que no le contraríen; acostumbra á
to, halla.base enton- detenerse á la puerta de todos los antiguos parroces lleno de escom- quianos el tiempo necesario para servirles la leche;
bros: e n tiempo de no le obligue usted á seguir adelante, y vaya sin cuiLuis XIV había sido dado, pues siempre le conducirá á buenos sitios.&gt;
verjel del castillo. Al día siguiente, héteme ya montado en mi asno. Yo
.Ahí encontré arbus- trabajaba entonces en mi obra Les Ganacltes; no tetos de boj plantados nía preferencia en cuanto al itinerario, y por lo tanto
doscientos años ha- me dejé conducir. Durante las paradas ocupábame
ce, y con los cuales en tomar notas para mi producción, y después de
formé la espesa cer- haber llenado con ellas varias páginas, nos detuvimos,
ca que circuye por y al levantar los ojos vi un magnífico paisaje: encima
esta parte el terrado. de mi cabeza se tocaban las copas de encinas seculaNo es muy grande res, y en el fondo de un claro divisé el terrado ruieste último; pero noso de una vasta morada, solitaria, triste, perdida
¡qué admirable pa- casi entre la invasión de los árboles y de la maleza.
norama se descubre El conjunto tenía un aspecto grandioso, pero abandesde él! ¡Ah! Más donado. Como acertase á pasar cerca de donde yo esbello era en otra taba una buena mujer, la llamé, y supe que aquello
época, porque se veía era el castillo de Marly y que estaba anunciado en
la verdadera campi- venta. Mi proyecto tenía algo de quimérico, pero tomó
ña y todo el bosque cuerpo muy pronto. Apenas hube regresado á Loude San Germán, don- veciennes, escribí á mi notario diciéndole que tenía
de el castillo se des- cincuenta mil francos ahorrados, y que necesitaba
tacaba casi aislado. comprar el castillo de Marly. Pedían por él ciento
¡Y el silencio profun- diez mil; pero se transigió, y héteme aquí propietario
do, la impresión de de esta morada, quedando á deber cincuenta mil franla soledad!.. Todo cos, que había que pagar dentro de un año: fué cueseso está hoy lleno de tión de una obra que tuvo buen éxito ... Desde enquintas; los cerros tonces he renunciado á todos los baños de mar y á
se cubren de blan- los viajes, pues no encontraría mejor residencia de
EL RMINRNTE DRA\IATURGO FRA!'(CÉS \'ICTORIANO SARDOU
cas casitas de mal verano que esta.
gusto y el panorama
Y con verdadero ademán de propietario, Sardou
e~pecialmente, ha de emocionar al espectador, nece- se ha desfigura~o un poco. Sin embargo, se puede me señalaba los cincuenta mil metros cuadrados de
sita que la Naturaleza le dé forma y colores, no los aba~car con la vista un extenso espacio, y cuando el su finca: los bosques, el parque, el verjel, los prados
colores y la forma que le ofrezca la moda ó la indus- sol munda, como esta tarde, toda esa parte del valle y la casa.
tria, ó el degustamiento del paladar vici~do. Necesi- del Sena, puede decirse que el panorama es magA mí me divertía mucho la satisfacción realmente
ta, como nosotras, mañana mariposas de delicados nífico.
envidiable que el feliz castellano manifestaba, y aquel
contornos y matices, vivir en constante contacto con
- La verdad es que desde aquí se domina todo el momento era propicio para retratarle. Vestido comla gran madre; como nosotras también la fecundante país ...
pletamente de negro, su americana contrastaba con
ferm_entación del vicio y de la virtud, analizados y . - ¡P_ardiezl Este es el castillo feudal, el antiguo pa- el antiguo panamá de anchas alas; su cutis bronceado,
s~ntidos ambos ... y de que el que comienza el estu- tnmomo de los segundones de l\fontmorency, Bou- su escasa estatura, la viveza en el ademán y las paladio del arte sea larva de artista y no de ciempiés.
chard el Barbudo, Saint Thibault, etc. ¡Oh! He en- bras, su continuo movimiento, su visible agitación,
Calló la voz.. Llegué aun jardín cercano y busqué contrad~ historias muy extrañas, y las tengo todas como si le acosaran varias preocupaciones á la vez, y
un lugar al abngo de todo peligro para depositar en entre mis papelotes, pues he reorganizado los archila expresión de su fisonomía de hombre letrado, ilusél los capullos de mariposas. En vano registré cuida- vos de mi propiedad.
tre
ahora, comunicaban el aspecto de un personaje
d_osamente t?dos los pliegues de mi capa; no pare- ¿Y quién le trajo á usted aquí?
notable
al dueño actual de la finca de los antiguos
cieron por mngún lado. Eché á andar, y ya cerca de
- ¡Un asno!. .. ¡Ah! Es toda una historia. Yo me duques y marqueses del siglo anterior.
la plaza de Colón, volví á oir la voz de la hoja mayor había . instalad_o en_ Louveciennes, por consejo de
En otro tiempo se hablaba de la semejanza de Vicó de la larva que estuviera adherida á ella que me i;:edenco Souhé, m1 suegro, para pasar allí la estatoriano Sardou con Bonaparte; pero ya no se encondecía:
'
ción calurosa; el sitio me pareció muy agradable, mas
-:- ¿No has en~endido lo que te dije? Te lo diré para comer era preciso ir á Marly. ¡Ah! ¡Qué vida traría en su persona vestigio alguno de tal parecido.
cla_nto ahora. Casi todo lo expuesto era mentira tran- campestre la de entonces! El día de mi llegada me No hay nada de imperial ni de consular en ese rostro
de líneas continuamente movibles y pequeño en su
qu1lla y baldío además.
'
moría d_e ha~bre; pregunto por el camino de Marly, conjunto, que más bien evocaría un vago recuerdo
y doy vista a la población en un momento en que el del Luis XI de Plessis-lez-Tours. La boca, fina hasta
*
agua
caía á torrentes; era preciso atravesar una extre- el punto de revelar astucia, ha tomado la costumbre
**
midad del antiguo parque, siguiendo el viejo sende- de sonreir, mientras que los ojos, de color gris y fríos
- ¿Pero vas hablando solo?
r~ flanqueado de ruinas, y el tiempo armonizaba muy
Esto me lo preguntaba un amigo que atravesaba bien con el carácter anticuado del paisaje: todo llo- al p_rincipio, proyectan su mirada penetrante en la
del interlocutor y en su espíritu. Después, apenas su
la plaza en busca del tranvía.
- ¿Yo? Ni una palabra.
- ¡Si hace un cuarto de hora que desde e_l otro lado del paseo te estoy viendo
gesticular!
,,.,,

R. BALSA DE LA VEGA
.....,..,,........., ....,........................., ..., .. ......, ........................, .. ,,
UN.\. HORA EN CASA
DE VICTORIANO SARDOU

. - Sí, veintinueve años hace ya que me
mstalé en Marly, y cada día me encuentro aquí más á gusto. Todo es admirable
todo es ª?ora bonito; debo confesar qu~
estoy satisfecho de mi obra ... porque
l\~arly es obra mía. ¡Si lo hubiese usted
visto cuando llegué, en i863!
. Hablando así, Victoriano Sardou, muy
vivaz Y, al~gre, acompañaba sus frases de
u_na m~mica algo picaresca, afable y jo\'lal; mientras ~on sus ademanes parecía
evocar el antiguo paisaje, como para
co~pararlo con el que él había consegutdo crear.
-_Paseemos por aquí, bajo los árboles,
continuó, para disfrutar de la sombra
porque los prados son verdaderament~
calurosos ... ¿Ve usted ese terradito don·

'

LA QUINTA DE MARLY, PROPIEDAD DE VICTORIANO SARDOU

�60

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

578

pensamiento se fija con alguna certeza, en lo cual no trocede un siglo, y en un instante resucita las existen- para Nueva York le cedo por cien mil francos
moneda contante y sonante... En cuanto á Franc·
tarda nunca, una viva y lúcida inteligencia comunica cias heroicas y sentimentales ...
- ¡Ah, sí!, exclamó M. Sardou, es muy interesante. hablando en general, la pieza que alcanza buen éxi
mayor expresión á las palabras y éstas se suceden
apresuradamente, tomando, al pasar por los labios, Se pasaría la vida en medio de esos papelotes ... ¡Y me produce 300.000 desde luego.
- ¿Y después?...
un poco del tono oficial de la benevolencia, sustituído qué buen asunto para trabajar! De todo eso salió
- Después, continúa; pero crea usted que no j
luego por una sonrisa ligeramente irónica, la cual se Tlurmidor...
- Creo, interrumpí, que falta mucho para que la go mis producciones por el valor pecuniario. Hay
explica y comenta por las mil arrugas de un rostro
gunas que no me produjeron casi nada, como
mina se agote ...
en que largos años han dejado sus huellas ...
- Seguramente; mas los proyectos, bien lo sabe us- ejemplo El odio, y yo la prefiero á lo que se lla
- ¿No le han retratado á usted nunca, mi querido
ted ... me hacen hablar demasiado á menudo. Venga un gran éxito. Por lo demás, es cosa singular que
maestro?, pregunté.
- No: algunos lo han intentado y han comenzado usted ahora á ver mi comedor. Napoleón I cruzó por buen xesultado moral esté á menudo en contrad'
á poner manos á la obra, especialmente Carrier-Be- él á caballo. ¡Sí! El emperador, que cazaba en el bos- ción con el material. Hay piezas que con poco rui
lleuse ... ; también han querido hacer mi busto; pero que de Marly, llegó ante el patio del castillo; el cier- dan muy buen provecho, y hay por el contra·
me falta paciencia y no sé tomar la posición. La cosa vo se había deslizado detrás de la casa por el bosque aplausos ruidosos, como dicen, que suenan hue
va bien una vez, dos, y á la tercera ya no hay mode- y hallábase acorralado en el parque. El anciano cam- en caja.
- ¿Qué piensa usted de las nuevas tentativas en
lo ... Pero venga usted á contemplar mi colección de pesino que me refirió la historia, entonces un chicuelo, corría detrás de los caballos, y el emperador le teatro?
grabados.
- La pregunta es muy complexa. Hay naturalis
Entramos en la casa: se pasa primero por una ante- dijo: «¿Por dónde se ha de pasar para ir al parque?»
cámara adornada de espejos encajados en tableros Era preciso dar un gran rodeo: Napoleón iba de pri- que, en mi concepto, siguen mal camino, y despu
pintados de blanco, cuyas molduras van á unirse en sa y mandó abrir las puertas-ventanas que ahí ve us- tenemos... los otros... ¿cómo los llamaré? Esos q
el techo con toda la majestad del gran siglo. En las ted, las cuales dan por aquí al patio y al jardín, y sin olvidan un poco las condiciones prácticas, material
ventanas de esta habitación hay cortinajes persas de apearse atravesó estas habitaciones, siguiéndole todos y necesarias del teatro, porque en fin, y nunca lo
petiremos bastante, en una pieza se necesita prin
color claro, que comunican al conjunto un aspecto los cazadores ...
más frío, y contra las paredes se apoyan dos antiguas
Escuchaba con el mayor gusto, en la profunda pio, medio y fin, así como en una columna base, cu
sillas de manos y un trineo Luis XIV. Delante de la calma de aquella tarde de verano, la palabra alegre, po y capitel. Todos los que quieren prescindir de es
chimenea veo un pequeño cañón antiguo, cuyo extra- aunque algo chillona del maestro. A cada paso que regla no harán nunca nada en el teatro.
- Dicen que solamente quisieran introducir en
ño aspecto en aquel sitio solemne, pero pacífico, es dábamos en aquella vasta mansión, referíame una
nueva anécdota, con su viveza natural, evocando una la literatura...
una deliciosa paradoja.
- ¿De veras? Y hasta que vinieron esos señor
Unas puertas vidrieras dan entrada al gran salón, serie de recuerdos suficientes para llenar volúmenes,
verdadera maravilla por su rico decorado, grandioso, componer dramas y comedias y escribir novelas; era ¿qué se ha hecho? ¡Pero ya sé que nosotros somos vi
pero demasiado fantástico en algunas partes. Las pare- una imaginación hirviente, una prodigiosa actividad jos, que se aprecian poco nuestros esfuerzos y nu
tra obra!
des están completamente cubiertas de tapices de Beau- de la memoria, un impulso infatigable.
vais, del último siglo, admirablemente conservados,
- Observo, dije, que entre toda la riqueza de us- Dispense usted. Al día siguiente de represen!
se E l odio, obra que no fué comprendida, ¿no di'
con toda la lozanía de sus pastoras mofletudas y el ted no hay un solo cuadro moderno.
alegre conjunto de sus canastillos adornados de cin-¿Dónde habría de cJlocarle? Eso no se aviene usted mismo que renunciaba á toda obra literaria
tas, de los cuales rebosan «los productos de Flora y con el carácter de Marly. Se necesitaría una galería el teatro? Podría añadir que los mismos escritores j
de Pomona.» Las ensambladuras de las puertas des- especial, y yo he puesto todo mi afán y gastado mi venes no han renunciado al sueño de una literatu
aparecen bajo un revestimiento arbitrario de tapices, dinero para adquirir grabados, buenos libros, mármo- dramática.
y- ¡reminiscencia teatral! - las jambas tienen por mar- les, autógrafos ... Sepa usted que Marly es más que
- Sea... Pero deberían recordar que el teatro y
co lambrequines y columnas recortadas en ese precio- un museo; es una pieza rara en el museo histórico de libro son dos cosas muy distintas. Macterlinck,
so tejido, que se aplican sobre planchas, siguiendo Francia, y por lo mismo se ha de conservar su ca- ejemplo, es el libro, no el teatro; y por lo que á
sus contorn0s como simples montantes de bastidores, rácter.
hace, permítame usted decirle que yo mismo he d
aunque demasiado ricos. Sin embargo, el conjunto
- Me dijo usted que había reconstituído los archi- sistido de mi antiguo desistimiento, que solamen
tíene el sello del siglo xvm, por el lujo suntuoso á la vos de Marly ...
fué un arranque de mal humor. Las produccion
par que sencillo, por el trabajo raro y lo costoso del
- Sí, y conozco la historia de todos mis predece- mías que siguieron á El odio, como Fedora, Dora
material.
sores, particularmente desde M. Blouin, primer ayu- La Tosca, tuvieron buen éxito sin descontentar
- He aquí el reloj de Luis XVI, me dijo M. Sar- da de cámara de Luis XIV y después de Luis XV, y desde el punto de vista literario... , pero nunca me
dou, mostrándl1me la chimenea; adornaba el gabine- que debió el castillo á la liberalidad del rey. Ese paré de este principio: que el teatro es un arte de h
te del rey en Fontainebleau.
Blouin, gran señor, recibía á los artistas y literatos, cho y de abultamiento, que exige cierta perspecti
Este reloj, verdadero monumento, con pilastras de y fué amante de Mme. de Feuquieres, hija de Mi- y debe hablar á los ojos y á los oídos. Si el terror
alabastro y adornos de bronce dorado, notable por gnarch. Después de él vino la condesa de Vassé, in- de ser el resorte de vuestro drama, se deberán mo
su fina cinceladura, ocupa majestuosamente toda la trépida cazadora, que murió de un cáncer en el pe- trar los motivos de ese terror. Aunque el espectro d
chimenea, también revestida de tapices: es una her- cho, ocasionado por el continuo manejo del arma de Banco no sea visible sino para Macbeth, Shakespea
mosa muestra de la relojería de los últimos años del fuego. En tiempo de Luis XVI un intendente gene- re no dejó de enseñarle á todo el público. Tal v
siglo pasado.
ral, M. de Vilmorien, vino á ocupar el castillo; pero una décima parte de los espectadores podría presci
- Ahora, continuó M. Sardou, es preciso que vea su viuda le vendió á María Trud¡iine, de la cual co- dir de esa expectación moral, pero no los demás;
usted lo que era· mi salón hace un siglo... Mire usted nozco anécdotas asombrosas, demasiado largas para por mucha claridad nadie perderá nada. En cuanto
ese grabado que se titula Baile de máscaras, lleva una referirlas ahora; son los resabios de la revolución los rumores misteriosos, á los silbidos al otro lado d
dedicatoria á M. de Vilmorien, castellano de Mar- hasta la confiscación de la finca y su venta como la puerta, cuando no se encuentra nadie detrás
ly; apenas es conocido y los aficionados le buscan bien nacional. Un príncipe de Luxemburgo le adqui- abrir... ¡no, no, no; eso no es teatro nuevo ni de ni
con afán. La escena representa esta misma estancia: rió después y alojó aquí á su hermana, la condesa de guna especie!.. Pero no nos perdamos en discusion
vea usted la ventana donde se instaló una tribuna pa- Bethune-Sully, que murió en 1862. Por tíltimo, al estéticas, continuó M. Sardou con gran anill)ación
ra los músicos, y fácilmente reconocerá usted la dis- hijo del conde de Bethune es á quien yo mismo com- motéjennos nuestros segundones tanto como quiera
posición de las puertas. ¿Grabados?.. ¡Lleno de ellos pré el dominio, según le dije antes... , y ahora un escri- pues no por eso dejamos de ser más fuertes que ello
está mi desván; es una verdadera locura! ¡Todo mi tor, un hombre de teatro, se ha constituído en guar- ¿No se disponen acaso á restablecer antiguas conve
dinero lo he empleado en eso! Podrá usted formar dían de todos esos recuerdos, y se dispone á enrique- ciones que habíamos abolido, como por ejemplo,
una idea de mis tesoros por lo que hay en las pa- cer la colección con los suyos ... Por lo demás, no es monólogo, los que desprecian tan de buena gana á s
redes.
la primera vez que la literatura se refugia en Marly; predecesores? Comprenderá que el objeto del arte
Estábamos en el despacho, habitación muy clara, Andrés Chenier pasó aquí más de una noche, y mi adelantar siempre en la representación sincera de
con ensambladuras de color verde pálido que des- hija duerme en el lecho en que durmió el poeta ... vida... y yo ya contribuí á esa obra... Recuerdo
aparecían bajo antiguos grabados con marcos muy ri- ¡Ah! No faltan aquí los recuerdos, continuó M. Sar- famosa escena de los Intimos, tan viva para su tiem
cos, muestras raras, estampas curiosas, iluminadas al dou; tengo por ahí, no sé dónde, el aldabón de la po y que obtuvo el mejor éxito. Pues bien: Scri
estilo de 1790, y retratos á la pluma y al pastel. So- puerta de Corneille, y también la puerta de Dantón se espantó al verla en otra pieza que yo escribí pri
bre un mueble adornado por un lado con un grupo y la de Marat; pero algún día se las daré al museo meramente. Usted conoce ya la escena, ¿no es verdadi
de armas y con la bandera tricolor y por el otro con Carnavalet... ¡Cuánto dinero he gastado para satisfa- Tratábase de una mujer perseguida muy de cerca po
flores de lis y un estandarte blanco, veíase un «tem- cer mis manías de coleccionista!
un enamorado; y á Scribe le pareció que esto no s
plo del amor» de alabastro, con seis columnas coro·
podía representar, que era escandaloso y por dem
-¿Pero habrá usted ganado más?
nadas de una diminuta cúpula.
arriesgado; pero hoy se encuentran cosas análogas e
- ¡Ya lo creo! ..
En medio del templo había una pequeña estatua
- ¿Qué producción le ha reportado á usted más todas las producciones...
de marfil que representaba á Voltaire, muy arropado beneficio.
Habíamos salido de la casa y avanzábamos poco á
en su bata, cubierta la cabeza con una peluca enorme
- ¡Entendámonos! No es tan fácil como usted poco por graciosas alamedas, iluminadas en aquel
y un gorro, y el rostro enjuto, risueño, de expresión cree evaluar con exactitud los resultados materiales momento por los rayos del sol poniente. Era la hora
sarcástica; en fin, un verdadero Voltaire poco menos en el teatro. ¿Hablamos de Francia solamente ó tam- de acudir á la estación, la hora del regreso, y me seque en carne y hueso.
bién de toda Europa y de América? Esto cambia paré con pesar del brillante hablista y de su elegant
- ¡Oh, mi Voltaire!, dijo M. Sardou. Estoy muy singularmente las cifras, y sin embargo, mil repre- morada. Llegábamos á la avenida de los diez esfinges,
orgulloso de tenerle porque es el único. Procede de sentaciones americanas distan mucho de tener el que conduce á la verja monumental.
Ferney.
Para concluir le dije:
mismo valor moral que cien parisienses. Ahora bien:
Detrás de la mesa del maestro vi un gran estante limitándome al simple resultado numérico, me sería
- La vocación de usted por el teatro le ha servido
embutido en la pared, cuajado de libros con magní- imposible contestar á usted, por no haber procedido maravillosamente, querido maestro.
ficas encuadernaciones. Allí había documentos rarí- siempre como hoy procedo. En otra época me deja- ¡Sf, contestó sonriendo; y cuando reflexiono qu
simos, cartas de Robespierre, de Dantón, de Camilo ba robar en América, porque tenia la candidez de mi padre no quería que escribiese, y me habla dedi
Desmoulins, de Lucila y manuscritos de artículos de imprimir mis producciones; de este modo si una de cado á la medicina!.. Aún me parece estarle viendo
puño y letra de Marat. Revisamos durante un mo- ellas cae allí en el dominio público, tienen derecho cuando me decía: «¡Déjate de comedias; jamás gana
mento aquellos antiguos papeles, cuidadosamente pre- á representarla sin pedir al autor su consentimiento, rías con ellas lo que ha ganado M. Scribe! .. ))
servados por grandes hojas de bristol azul y gruesos y por lo tanto ahora no imprimo ya n:ida; es forzoso
cartones. Ante aquella colección el pensamiento re- que vayan á pedirme la copia de mi manuscrito, y
EccE::-;10 TARDIEl.1

PE YUE~T,A P EL TRABAJO, cuadro de Ch. Coessin de 11;1, Fosse

�62

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

578

- No, si no es broma, si es que voy á romper esta
tula Los cándidos de ... , y aquí unos puntos suspensip ALACIO PARA BIBLIOTECA Y MUSEOS vos, puntos que llaman la atención del suscriptor, le tranca en sus costillas.
- Pero ¿por qué?
LEVANTADO EN EL PASEO DE Rll:COLETOS EN MADRID
obligan á d'escifrar el enigma leyendo el artículo, y
- Porque en e$te papelucho han puesto ustedes
con
esto
cae
en
la
cuenta
de
que
los
cándidos
son
...
Accidentada por demás es la historia de este ediun artículo diciendo que el guarda de consumos Pe¿Quiénes?
ficio que hoy constituye hermoso adorno del paseo
pe Rodríguez, alias Carabina, es un matutero, y ese
- Los ministros.
de Recoletos y es uno de los más preciados monuCarabina soy yo, señor director, yo, que vengo á sen¡
Qué
atrocidad!
mentos de la corte.
tarle
á usted las costuras.
- ¿Cómo atrocidad? ¿Qué es eso? ¿Es que tratas de
El primitivo proyecto se debe al arqui~ecto don
Hombre,
usted dispense, habrá sido una equivoFrancisco J areño de Alarcón: la colocación de la contemporizar con el enemigo? ¿Es que te has ven- cación.
dido al oro de la reacción?
- No hay equivocación que valga. Usted es un tu- ¡Qué oro ni qué basto! Si no hay quien me com•
pre á mí; lo que es, que ese artículo nos va á tra~r nante.
- ¡Caballero Carabina/ ¡Usted me está faltando y
una denuncia, un secuestro y todo lo demás propio
no consentiré!..
del caso.
- Ahora levanta usted la voz. Dé usted gracias á
- Eso me tiene a mí sin cuidado.
que le tengo lástima; si no, de un cachiporrazo le ha- Pues á mí no.
- ¿Quieres ser libre y tienes miedo? Eres un) lota, ría sal. Vamos al caso. Aquí traigo un artículo, ó lo
que sea, de doce renglones, que ha escrito el cabo
un paria.
- Déjate de aspavientos y majaderías, que no es- de la ronda en el que se aclara eso del matute. Como
tamos en un club. Si quieres que salga el artículo 'fír- no salga sin quitar ni poner letra, mañana vendremos
él y yo y le abriremos a usted en canal. Con que
malo.
- ¡Firmar! ¿Y para qué? Además, eso indicaría de- hasta mañana, y que usted se conserve bueno; y mubilidad en la redacción y yo no quiero que El Trabu- cho ojo, que la vista engaña, señor papelista.
co haga mal papel; no lo firmo.
- Pues no sale tu prosa, porque yo no cargo con
el mochuelo.
- ¡Gracias á Dios que le encuentro -á usted!
- ¿Y si te traigo el original firmado por un ciuda- ¿Y qué se le ofrece á usted?
dano de arraigo?
- Soy el dependiente de Manzanilla.
- Si es un ciudadano por el estilo del que firmó
- ¿Manzanilla? No recuerdo.
aquellos versos contra el gobernador, que luego re- Sí, señor, Manzanilla, el ultramarino de donde
sultó un pillastre que había puesto una firma falsa y
se surte la señora de usted.
por poco vamos todos á Ceuta ...
- ¡Horror! Un inglés. ¿Y qué le trae por aquí?
- No tengas cuidado; es un buen patriota que ha- Pues un asuntillo de letras.
rá ese sacrificio en aras de la buena causa.
- ¡Letras!.. No estoy en fondos.
- ¡Infeliz! En fin, eso no es cuenta mía, sino suya.
- No son de cambio.
Después de todo, estamos muy mal de suscripciones,
D. JUAN PRUNEDA, contratista de lns obras del Palacio
- ¿Pues de qué son?
y si Dios no lo remedia no sé lo que va á ser de
para Biblioteca y Museos nacionales, de Madrid
- Mire usted.
nuestro Trabuco.
- ¡Un tomo de poesías... , al parecer! ..
- ¡Eso no, truenos y rayos! ¿Y la libertad?
- Sí, señor, es una colección de versos hechos por
Al
del
papel
le
debemos
ocho
mil
reales,
y
ayer
primera piedra se verificó en 1866 por la reina doña
mí, y que mejorando lo presente son bastante buenos.
Isabel II. En 1881 quísose destinar el edificio, del le dijo á tu hermano que nos va á citar.
- ¡Ya! Basta que usted lo diga.
- ¡Y es capaz de hacerlo como dice!
cual sólo había construido el basamento y la verja, á
- Pues mi amo, el Sr. Manzanilla, que me quie- ¡Toma que no!
ministerio de Fomento; pero los proyectos que para
re mucho, me dijo hace unos días: &lt;ffomasito, ¿qué,
- Chico, ¿y con la imprenta cómo andamos?
ello c::jecutaron los Sres. Ortiz y Sánchez y D. Alva- Mira, ahí tienes la liquidación: total de débitos, esos versos no van á salir?&gt; Yo entonces le respondí:
ro Rosell fueron desechados; en 1884 volvióse á la
«No hay dinero,» y me contestó: «Mira, el vecino de
doce
mil y pico de reales.
primitiva idea y se encargó a~ notable arquitecto s~enfrente es periodista y además debe 60 reales de
- ¡Voto á Giacomo Garibaldi!
ñor Ruiz de Salces la formación del proyecto defini- El partido está ya frito con nuestras declamacio- garbanzos, 42 de chorizos, 30 de... ,
tivo, que fué aprobado en 1886, sacándose á subasta
- No siga usted, que ya sé que debo un pico ...
las obras, que fueron adjudicadas á D. Juan Pruneda. nes y no nos dará un cuarto más.
- De 603 reales 21 céntimos. Pues bien: mi amo
- ¿Y la causa? ¿Y la santa causa?
Ocupa el edificio una superficie de 27.250 metros
dice
que si usted me publica los versos en el folletín
- No hay causa que valga; lo que hay es que si no
cuadrados, y consta de planta baja y entresuelo (Bile perdonará la mitad de la suma.
blioteca, Museo Arqueológico y Museo de Escultura levantamos algunos fondos nos vamos á pique.
- Es el caso que yo no puedo disponer del perió- Oye. ¿Y no podríamos ver de hacer una evolucontemporánea) y piso principal (Museo de pintura
dico
sin ...
del siglo XIX): su fachada principal consta de tres ción hacia el ministerialismo?
- Entonces aquí tiene usted la factura de la deuda,
- ¡Ja, ja! Y ¿eres tú el puritano? ¡Je, je!
cuerpos; el central tiene amplia escalinata de 15 me- Tengo mujer, suegra, chiquillos y estoy cesante. que asciende á 603 reales...
tros de largo por 24 de ancho y una grandiosa co- Y 2 r céntimos, ya lo sé. Pero, hombre, estas co- Has hecho bien en recordármelo, porque eso te
lumnata, y está coronado por el magnífico frontón
de Querol que reprodujimos en el mímero 540 de absuelve de todo, incluso de los artículos que me sas de literatura y periodismo no se tratan así como
los chorizos y los garbanzos.
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: las estatuas que ador- largas.
- Eso es según.
nan esta fachada son las de San Isidoro y Alfonso el
- ¡Cómo según!
Sabio (de Alcoverro), Luis Vives (de Carbonell), Lo- Sí, señor; el que tiene y paga es una cosa, y el
pe de Vega (de Fuxá), Nebrija (de Nogués García)
que
no tiene y no paga es otra.
y Cervantes (de J. Vancell), algunas de las cuales he- Ese tomo tiene muchas hojas.
- Hace falta un sueltecito de impresión, porque
mos reproducido hace poco tiempo. En los medallo- No, señor, no tiene más que mil páginas.
nes del entresuelo están los bustos de Calderón, Que- la primera plana está hoy muy floja.
- ¡Horror! ¡Si con eso hay para ahogar en versos á
- ¡Sí! Como no hay Congreso entra una barbarivedo, fray Luis de León y el padre Mariana, hechos
todos los suscriptores de El Trabuco/
por Muñoz los dos primeros, por Galán el tercero y dad de original y ponemos mil paparruchas.
- Pues nada, á elegir: la factura ó los versos.
- ¡Si escribiéramos a'lgo contra los curas ó los
por Vaneen el cuarto. En los medallones colocados en
- Eso es como en aquella ópera: «el puñal ó el veel fondo de la columnata hay los bustos de Garcilaso frailes!..
- Eso esta ya muy gastado. ¡Si pudiéramos decir neno.» En fin, vengan los versos.
y Hurtado de Mendoza (de M. González), Arias Mon- Corriente. El día que se concluyan tendra usted
alguna
cosa picante de cualquier personaje!.. Mira,
tano y Nicolás Antonio (de Vancell), Santa Teresa
y Tirso de Malina (de Alsina) y Antonio Agustín (de hombre, inventa algo, si no de aquí, de los Estados el recibito de la mitad de la deuda. A las órdenes de
Nogués). La fachada posterior ofrece también hermo- Unidos, que es donde ocurren todas las filfas que co- usted.
- ¡Vaya usted con Dios! ¡Qué vida, señor, qué viso aspecto: su cuerpo central se compone de una es- rren por la prensa.
- Me ocurre una idea feliz. Voy á relatar la trapi- da; hasta los ultramarinos se atreven con uno!
calinata á cuyos lados hay dos bonitos esfinges, obra
de Moratilla, y el muro del entresuelo tiene seis co- sonda que armó ayer el ajustador, atribuyéndola al
lumnas empotradas de orden dórico, y dos pilastras hambre y á la desesperación de las clases obreras.
- ¡Pero si fué una borrachera mayúscula!
sobre las cuales descansan las estatuas de Berrugue- ¡Albricias, albricias! Acabo de· celebrar una in- Eso no lo saben los lectores.
te (de García Alonso) y de Velázquez (de Alcoverro).
- Pero lo saben los municipales que le llevaron a tervie-dl con el jefe, nada menos que con el jefe.
El interior del edificio corresponde dignamente á
- ¿Y qué dice?
la magnificencia del exterior, y las salas de los Mu- la prevención.
- Aquí tengo una porción de apuntes interesantes.
- Si acaso ya rectificaremos; pero por de pronto
seos reunen las cualidades propias', es decir, abunpodremos hablar de la avaricia de los burgueses, la Le he preguntado qué tal el viaje de propaganda por
dante luz, amplitud y sencillez.
El coste total del palacio, inclusas las obras de inmorali~ad administrativa y los terribles resultados la Alcarria y me ha dicho que le ha probado mucho
y que le ha entusiasmado el jamón de aquellos pueornamentación escultórica, se aproxima á 20 millones que ocas10na ...
blos. Esto quiere decir que la cosa está al pelo y que
- ¿El emborracharse?
de pesetas. - X.
- ¡Chico, si todos fuésemos como tú no habría de un momento á otro llega la nuestra.
...,.,.,......, • .,.,,,,.,.,, .. ,1.,,,,,, .••.••, .••.••,.,,.,., .• , ...• ,,,.,.,.,,.,.,,,,...,.,r,,",''••'•,1•,,•,,,,,,.,,,,,,.,.,,,,.•
- Yo creo que usted exagera el alcance de la conquien escribiera más que hornillas!
ferencia.
DIÁLOGOS MATRITENSES
- No se perdería nada.
- ¡Ca, hombre! Si usted hubiera visto con qué
({EL TRABUCO,)) PERIÓDICO DE OPOSICIÓN
complacencia decía lo del jamón, habría comprendido lo significativo de la frase. Le he interrogado lue- Amigo director: Salud y fraternidad.
go acerca de su conducta futura en la corte, y me ha
- ¿Es usted el director de El Trabuco?
-.Igualmente, ciudadano Perico. ¿Qué traes de
cqnfesado que piensa observar buena conducta. Fíje-Sí, señor
nuevo?
se usted bien, buena conducta.
- Y á usted ¿no le han rcito nunca un alón?
- Casi nada: un articulito que va á hacer más efec- Hombre, ¿pues quería usted que se metiera á
- ¡Caballero ... , esa broma me parece poco culta!
to que los petardos de Ravachol. Figúrate que se ti'-

PALACIO PARA BIBLIOTECA Y MUSEOS UVANTADO EN EL p
,
ASEO DE RECOLETOS, EN MADRID

(ele fo1ografía de

J.

Prieto)

�EL ALMUERZO DEL POBRE, cuadro de F. Miralles, prop:eúad del Sr. E~trada

EL ALMUERZO DEL RICO, cuadro de F. Miralles, propiedad del Sr. E strada

�LA

66
armar bronca en los garitos y anduviese de juerga en
los Viveros.
- No, señor; buena conducta quiere decir que se

propone echar el resto para ser poder y repartir muchas credenciales á los amigos. Eso quiere decir buena conducta. ¿Se va usted enterando?
- Sí, ya voy viendo que es usted muy lince.
- Y después, al hablarle de sus proyectos para
cuando tenga la cartera, me ha declarado que piensa
hacerse un gabán de pieles.
- Y eso ¿qué significa? Porque usted, según se ve,
tiene la clave de todos esos enigmas.
- Pues quiere decir que estaremos mucho tiempo
en el poder; que piensa invernar en el ministerio y

no dejarlo por frío que haga. En fin, ya verá usted
con todos esos datos qué artículo voy á hacer; se va

usted á quedar bizco.
- Luego vendrá una rectificación y el jefe le echará á usted todas esas farándulas por el suelo, poniéndole de paso de embustero que no habrá por dónde
cogerle.
-¿Y eso qué importa, señor redactor en jefe? Nada, lo importante es hacer ruido, mucho ruido. ¿No
se llama nuestro periódico El Trab11col Pues ... trabucazo y tente tieso.

A.

DANVI LA

JALDERO

Bellas Artes. - La colección de esculturas plásticas del

NúMERO

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

578

de marfiles y lápidas: tenía la medalla de oro de la Royal Society
y otras distinciones inglesas y extranjeras.
Excmo. Sr. D. Cristino Martas, ex presidente de la Diput~ci6n pro\'incial de Madrid, de la Asamblea constituyente reumda al proclamarse la república y del Congreso en las primeras
Cortes de la Regencia, ex. minislro de Estado y de G.racia y
Justicia, uno de nuestros primeros oradores parlamentarios, cu•
ya influencia en la politica española fué siempre grande y algu•
Teatros. - En el teatro de la Corte ducal, de Brunswick, nas veces decisiva, pudiendo decirse que él ha sido de los q~c
se ha e~trenado con buen éxito una ópera cómica titulada Las más principalmente han contribuído al triunfo de la democracia
aventuras de una noche de al1o nuevo, del maestro vienés Ricar- en España.
do Henberger, cuya música contiene melodías bellísimas.
- En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado con gran
éxito la ópera de Leoncavallo J Pagliaai, á la que dedica grandes elogios la prensa de aquella ciudad.
La ópera en un acto de Bizet, Djamileli, ha sido recientemente cantada con gran aplauso en Colonia y en Munich.
- Se ha estrenado en el teatro ele la Corte, de Viena, la 6pe·
pera de Mascagni J Ra11l::a1~: el primer acto fué acogido fríamente, el segundo gustó bastante y el tercero produjo verdade•
ro entusiasmo.
-En el teatro María, de San Petcrsburgo, se han estrenado
dos nuevas obras de Pedro Tschaikowski: una en un acto, Yolauda, que tuvo poco éx ito, y un baile en dos actos, El caua·
Estatua del Excmo. Sr. D José Posada Henueces, que lo tuvo extraordinario, así por las bellezas de la ml1- rrera, obra de_ José Grageffi. - El pueblo de Llanes
sica, que son muchas, como por la idea coreográficn que cons· (Astunas) ..ha quendo honrar la memoria de su ilustre hijo el
tituye el argumento de la obra.
Sr. Posada Herrera, elev~ndo un monumento al hombre que
-Adelina Patti ha cantado en Niza JI barbitre di Siviglia, por su saber y por su~ vutudes llegó á ocupar los más altos
y de alli ha pasado á Milán, en donde ha de dar tres represen· puestos en la gobernación del Estado y tan importante papel
taciones que habrán comenzado el día 19 con La Traviala yen dese~peñó ~asta su muerte, hace pocos años acaecida, en la
donde es probable que permanezca hasta el estreno de Tahlafj, Vo~lt1ca 1.-spanola. La estatua de este repllblico, destinada al re·
de Verdi, que se anuncia para la segunda semana de febrero.
f~ndo pueblo, es obra ele) reputado escultor Sr. Gragera, sub·
-En el teatro Manhatan, de Nueva York, se ha estrenado d~rector que fué durante muchos años del museo nacional de
una ópera cómica, titulada La isla de Champag,ze: la letra, de pmturn Y escultura, y representa á Posada Herrera en actitud
MM. Harrison y Byrne, es graciosa y se nmolda períectaroente oratoria: lleva la toga v~s~ida sobre el uniforme de ministro y
al género ligero; la música, de Mr. Furst, es en extremo agra· ostenta el co!lar del ToISon de Oro. La cabeza, de expresión
dable, y la mise m sceue nada deja que desear en punto á mag- noble y reflexiva, reproduce con tanta exactitud la del eminennificencia.
te político en sus l1lt_imos años, qu_e bien puede decirse que es la
.Loudres. - En Saint James's Hall ha comenzado la segunda naturaleza sorprendida, y el ropaje que cubre la figura está tra•
serie de conciertos el eminente violinista Sarasa.te con el mismo tado con amplitud y extraordinaria \"erdad. La estatua, que es
éxilo extraordina'rio de !:.iemprc, habiendo obtenido una gran una o~ra digna del autor de los bustos colosales de Velázquez
ovación, especialmente en el concierto número 3 en re menor de y Munllo que se conservan en el Museo de Madrid y de una
Brnch y en su característica 111m1eira. En Garrick se ha estre· p~rción d7 estatu3:5 y monumentos que adornan la coronada
nado con mediano éx ito un drama en tres actos, Robin. Good- villa, ha sido fundida con gran pericia en los talleres de Fede/ellow, de l\fr. Cortan, obra de corte francés y que peca un tan• rico Masriera y Compañía de esta ciudad.
to de convencional. En el Lyric se habrá estrenado ya una ópe·
ra cómica titulada El ópalo nufgt"to, cuya música es del reputaDe vuelta del trabajo, cuadro de Cb. Coessin
do pianista e.;;pañol Isaac Albéniz.
~e la Fosse. - Terminada la faena del día, vuelven los dos
illaddd. - En la Comedia, donde con motivo del beneficio JÓ\"ene~ aldeanos al ~odesto hogar, y si en él no les esperan
de D. José de Echegaray se ha dado la 40. ª representación de comochdades y magnificencias, no por eso han de hallarlo me·
Alaria,ia y se ha hecho una entusiasta ovación al dramaturgo, nos .herm?so y agradable, ya que en si mismos llevan la más
ha tenido lugar el estreno de LA loca de la &lt;ma, drama en cua• P.rec1ada nquez.1., el cari~o mutuo, que es base de la mejor felitro actos del ilustre no\•elista Sr. Pérez. Galdós. Los dos prime- C1Clad, Yel ªl!'ºr al tra~Jo, que les proporciona cuanto sus moros actos g¡1staron extraordinariamente, pues en ellos el argu• d~st~s neces1dad_es exigen. ¿Qué más quieren? ¿Quién no envimento reviste gran interés y los personajes ofrecen novedad y chara á esa pare1a en cuyos semblantes irradia la \·erdadera di·
están admirablemente dibujados y sostenidos; pero en los dos cha, más amiga de las exislencias humildes que de los ruidos
últimos el entusiasmo del público se enfrió porque en ellos de- del mundo, más fácil de hallar en la sencillez de la aldea que
caen, así la acción como los caracteres. En resumen, el éxito fué en los dorados salones de la ciudad? El autor de este cuadro ha
no más que mediano, no habiendo conseguido el Sr. Pérez Gal- estado f~licísimo en la elección de asunto y no menos afortuna·
dós ponerse en el teatro, ni con mucho, á la altura que ha lo- do ha sido en la manera, simpática sobre toda ponderación
'
grado en la novela. Se han estrenado además con buen éxito: con que le ha dado forma.
en el Español y con motivo del aniversario del natalicio de Calderón, una loa, Para vettceramor, querer vencerle, bonito cuadro
El almuerzo del pobre.-EI almuerzo del rico
del siglo xv11, escrito en magnificas versos, debido á la pluma cuadros de F. Miralles. - Hermoso contraste ofrecen 1~
del Sr. Blanco Asenjo; en Lara, una graciosa pieza en un acto, asunto_s de estos dos,cuadros de nuest ro distinguido paisano el
del Sr. Pina y Domingnez, titulada Cqrreosy teltgrafos; en Fe- Sr. M1ralles. Igual numero de figuras \"emos en primer término
lipe, un chistoso juguete cómico, Contra avaricia.. . /arguesa, de en uno Y otro, y todas entregadas á la misma ocupación y sin
los Sres. Angel Munilla y Jesús Vilanova, y en Eslava, El /uf· embargo, ¡cuánta diíerencia entre ambos grupos! En el ~no, el
sar, zarzuela en dos actos, arreglo que de la opereta francesa almue':o es una pausa que por cc_&gt;rto rato inrerrumpe una labor
.ús 28 joun de C/airette han hecho el Sr. Pina y Domínguez penosa, en el otro es la sahsf~cc1ón de !m capricho, el eslabón
de la letra y el Sr. Vida! de la música. En el teatro de la de un~ cadena de placeres no m~errump1dos de la vida elegan·
Princesa ha comenzado sus representaciones Mme. J udic 1,o- gante . pobre es en. aquél el alimento destinado á reparar las
niendo en escena algunas obras del moderno repertorio del vau- f~erzas que el trabaJ~ agota ; costosos y variados los manjares y
devillc francés que han sido poco del gusto del público, el cual vmos que en éste satisfacen las e~igencias de estómagos quizás
ha colmado, sin embargo, de aplausos á la célebre y graciosa es~rag~dos, no ta~to por las penalidades del trabajo como por la
divelle.
~g:itac1ón de la vida de~ gran mundo; en el primero rústicostra·
Barcelo11a. - En el Liceo se ha reproducido la hermosa parti- JCS toscamente confec~1onados y_un campo que recuerda la ta·
tura ele Bretón, Garln, con el mismo éxito extraordinario que rea hace un momento mtern1mp1da y que deberá proseguirse al
obtuvo cuando se estrenó en la temporada anterior: el maestro cab_o de otro momento; en el segundo vestidos \"a porosos en cu •
l\lugnone, que la ha estudiado con verdadero cariño, la dirige yo u_reprochable corte se adivina la mano de la modista ó del
con gran acierto, habiéndole valido esta obra una nueva ova· mod1st~ en .~ga, y un paisaje que invita al descanso ó á Jo suci6n: la señora Othón, á pesar de tener que luchar con el recuer• mo al e1erc1c10 de un sfart agradable. Tales son los elementos
do de la Tetrazzini y no obstante ser para ella nuevos el público de las dos escenas tan admirablemente pintadas por el Sr. Miy la ópera, que ha aprendido en poco tiempo, fué muy aplaudi- ralles, que ha dad~ en ellos nueva muestra de su talento y de
da, lo propio qut el tenor Sr. Cardinali, que di6 gran relie\'e al 1~ finura y e)eganc1a con que_ maneja el pincel: su contemplapapel de protagonista. Además se han estrenado con buen éxito ción nos sug1~r7 muchas cons1derac10nes que omitimos porque
en el Tívoli una graciosa revista en tres actos y siete cuadros ~egu_ramente mamos a parar á una repetición de Jo que nos ha
del popular escritor Sr. Coll y Britapaja, titulada ¡La, marl, mspuaclo el grabado anterior.
que ha 5ido puesta en escena con decorado y vestuario magnífiUna pitonisa moderna., cuadro de Antonio
cos, y en Romea un drama en tres actos, de argumento interesante y bien desarrollado y muy bien escrito, titularlo En Pere Co!l Y Pi (Salón Parés). - Cataluña es una de las regiones
peninsu lares en q~!e con más felic~s resultados se cultiva la pinTorrens, de D. José Trias y Mir.
turn de ~~nero. ~1_n duda los artistas catalanes tienen en cuen·
!ª la opinión emitida por uno de los más distinguidos críticos
Necrología. - Han fallecido recientemente:
El doctor Carlos Eichstedt, profesor extraordinario de medi- mgleses: que el artista que pinta su época suministra materiacina en 1~ úniv~rsi~ad de Greifswald, que ha hecho muchas y les pa_ra la historia de los pueblos. El Sr.' CoU y Pí ha tiempo
notables mvestig:ac1ones acerca de las enfermedades epidémicas que. viene d~ndo muestras de su espiritu observador yde susespecia(es aptitudes para los cuadros de género y costumbres, ya
y de la dermatología .
que su~en de asunto para sus lienzos sentidos cuadros ó draFanidjil, gran rabino de Jerusalén .
El doctor L. Holstcin, uno de los primeros médicos berline· ma~ íntimos que caracterizan la "ida de la sociedad moderna
ó bien esc_enas y tipos q~e se distinguen en los grandes centr~
ses, autor de un excelente A/anual de A11atom/a.
El doctor Francisco Roberto Steche, profesor extraordinario de población. A este ulumo grupo pertenece la adivina, la atil de Historia de las a rtes técnicas en la Escuela superior técnica dada emb~ucadora que pretende leer en un naipe el arcano de
de Dresde, á quien la Asociación Arqueológica de Sajonia con- lo porv~mr. E~ las grandes capitales, en donde es mayor la su·
fió el trabajo de inventariar todas las antigüedades de aquel ma de 1lustrac1ón, pululan, viven y ejercen su punible oficio
esa cohorte de. adivinas, sonámbulas y charlatanes para ofrecer
reino.
El doctor José Stefan, profesor de Física y director del Insti- con su presencia un verdadero contraste en nuestra época. El
representar una sesión ele cartomancia se ha pro·
tuto .físico d~ la .universidad de Viena, vicepresidente de la Aca- Sr. Col!
demia de C1enc1as y presidente de la sección ele Ciencias mate· pu~sto, ~m duda, poner ele manifiesto un cuadro que revela la
e~1stenc1a de una de tantas llagas como corroen á nuestra somático·naturales de la misma.
ciedad.
J-lawley Smart, notable novelista inglés, cuyos libros respi1
ran juv~nlud &gt;: bo~dad y son muy leídos en Inglaterra.
TomasDav1es, Jefe del departamento de mineralogía del BriRecomendamos el verdaae1-_-, Hierro Bravats, adop,,
tish Museum.
tado en los HospHales ae Paris y que prescrlben tos
medicas, contra Ja Anemia. Clorosis y Debllldad; dando
Juan Obadiah. Westwood, famoso entomólogo y arqueólogo ina la piel del llello sexo el sonrosado y aterclopelado
glés, el más antiguo de los profe~ores de la universidad de Oxque tanto se desea. Es el mejor ae todos 101 ~ntcos
ford, autor de Pala:ographia Sacra Piclon·a Facslmilu de las

NúMERO

578

67

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ya más de cien cuadros, recostados oblicuamente en los muros
del Sa16n y ocultando con modestia sus semblantes, la visita
del Jurado de recepci6n para ocupar sus respectivos sitios,
mientras en el centro del local , más ó menos velados, surgen
algunos bultos que constituyen los envíos de nuestros escullo•
res. De esta Exposición daremos más detalladas noticias en el
número venidero.

Museo ducal de Brunswick se ha enriquecido recientemente
con los modelos originales de cuatro monumentales obras fun.
didas en bronce en la fundición de Howaldt, y son: la Germa·
nia del monumento de la Victoria, de Siemering, levantado en
Leipzig, la eslatua de Mendelssohn-Bartholdi modelada por
Stein y existente en Leipzig, la Nicé esculpida por Henze para
el edificio de la Academia de Dresde y el grupo de niílos cantores de Echtermeyer que figura en un monumento de Brunswick.
- La Asociación libre de Artistas constituída por los disiden·
tes de la Asociación Artística de Berlín ha publicado su progra•
ma, que tiende á mantener y robustecer las relaciones con las
asociaciones alemanas y extranjeras y á estimular los esfuerzos
individuales de los artistas.
- Las más contradictorias noticias circulan acerca de la venta de la famosa galer!a de cuadros del difunto ministro belga
van Praet, que contiene dos obras maestras de Millet, varias
de la escuela de Darbison y muchas de Meissonier, Stevens,
David, Ingres, Prudhon, Gainsborough, etc. Según la versión
más verídica, tocia la colección ha sido vendida por 3-437.500
pesetas á un sindicato francés que se propone negociar con esos
cuadros. Otros dicen que Chauchard, el antiguo. dueño de los
alm.acen~s del Louvre, ha adquirido el Hombre de la espada, de
Meissomer, y la Pastora, de Milletj una de las joyas mejores de
la colección, pagando por esta última 875.000 pesetas seg{m
unos y 1.500.000 según otros. No falta, sin embargo, quien su·
P?ne que todas eslas noticias no son más que uno de tantos ardides de que se vale el mercndo artístico de París para promo•
ver un alza en el precio de los cuadros.
- En el Museo de Industrias artísticas, de Berlín, se ha inau·
gurado una Exposición de las nuevas adquisiciones, en la cual
hay hermosos .ejemplares de muebles, grabados, bronces del siglo pasad?, _fa1ences y porcelanas, entre ellas bellísimas piezas
del A.orec1.m1e~to de la manufactura berlinesa en 1770, pruebas
de la fabncac1ón de Sevres y Chelsea, modernos trabajos japoneses de Kozan Miyaka.ma y tejidos de seda, indianas y papeles
pa~a paredes, de la industria inglesa moderna, con preciosos di·
bUJOS.
- La Asociaci6n artistica alemana de Roma ha inaugurado
en una sala del palacio Serluppi la primera de las exposiciones
que se propone celebrar peri6dicamente. Figuran en ella cuadrGs de Knupfer, Brandt, Guillery, Rauch, Herminia Preus•
chen y otros y esculturas de Caner, Katsch, Fuchs, Seebock,
Hecht, Tuaillon y Volkmann, llamando especialmente la aten•
ción una escultura polícroma de Max Klinger, que ha dejado la
pin~ura por la plástica, y un fantástico dibujo á la pluma de
Stem, que representa un Juicio de Parú. ~
- Después de haber introducido algunas modificaciones en el
proyecto que presentó al concurso, le ha sido confiada al escultor Rein~l?o Begas la ejecución del monumento nacional que
ha de eng¡rse en BerHn al emperador Guillermo.
. - En~re las obras que al morir ha dejado el compositor Ennq~e L1ttolf figura una gran ópera, El rey Lear, que se publi•
cara en breve.
Barcelotta. -. Con el titulo de Fanny hállase expuesto en la
calle de ~scmhllers y e~ un local habilitado para el objeto un
cuadro pmtado por Ag¡ular, probablemente allá por los años 6o,
y cuyo asunto es el re.trato de una señora muy agraciada, retra•
to de c~rácter tan intimo que recuerda alguno de Ticiano, que
es una Joya del ~1useo nacional de Madrid, como puede com•
para~se ~ la map de Goya ó á una célebre pintura icónica de
David, s1no por sus cualidades pictóricas, por la sincera desnudez qu~ le c.aracte~iza. Si brilla, por la ausencia de toda indumentaria, la plástica en su esplendor de 1:1. Sra. Fanny, destá.
case en cambio en una de sus muñecas un historiado brazalete
donde campea la vera efigie de un caballero parlicular y con•
decorado.
Es la tal obra de ejecución minuciosa y hábil si se quiei;e·
llega á fijar la atenci6n del e~pectador, y sobre todo á preocu~
parle para preguntarse: «¿Quién sería elhi y quién seria él, sobre tocio, para exponerse ante la observación sagaz y paciente
del arti~ta desconocido?»
«.Salón Pa~és.&gt;-Preparativos para la Exposición extraordi- 111iuialura~ y a_dornos de. los manuscritos anilo-mjonu é irlatt•
narin. S61o diremos que cuando escribimos estás lineas esperan deses, Lap,darmm PVallui:, y dueño de interesantes col~cciones

1

Mar111-, 1onriendo bondadosamente despidió á Edmunda recomendándole que no coquetease con el ca1litáu

CARGÓ DÉ cóNciENéíA
POR J UANA MAIRET, CON PRECIOSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

1

.ª'

Y reconstltuyontes. No produce estreñimiento ñt diarrea, teniendo además la superioridad sobre lodos loa
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

- Pero ... ¡si ya lo creo!
- ¡Ah! ¿Y esto la enoja?
- De ningún modo; me divierte.
El capitán hizo un brusco movimiento, que estuvo á punto de comprometer
el equilibrio de la joven, equilibrio del cuerpo que Edmunda tenía mucho más
empeño en conservar que el del espíritu.
- ¡Ah, exclamó, tenga usted cuidado! .. Tenía la botella casi llena, y ahora será preciso volver á buscar más agua.
- Tanto mejor .. .
- ¡Edmunda!, gritó Marta, ten cuidado; porque si no, vas á tomar un baño que
no será nada agradable, yo te lo aseguro, y además, ya sabes que te esperamos
para comenzar.
- ¡Ya voy! Acabo de llenar mi última botella.

- Después de almorzar, murmuró el enamorado capittl.n, me permitirá usted
hablar!e un momento á solas, donde nadie nos interrumpa.
. L'l J?ven no contestó, pero u~a vaga sonrisa y una mirada oblicua que se deslizó baJo sus largas pestanas, mirada que no revelaba enojo satisficieron al galante capitán.
'
Esta breve escena, que apenas habría durado unos cinco minutos fué observada por ojos tan vigilantes por lo menos como los de la hermana ~ayor. Aunque ayudando á la señorita Jessie Bobinsón á desempaquetar el pastel monstruo Y el ¡amón, Roberto de Ancel había sorprendido la actitud del capitán y
las coqueterías de Edmtinda.
- ¿Sabe usted, Sr. de Ancel, que me está contestando á todo al revés? dijo
la joven americana. Le pregunto á usted dónde hemos de colocar el pa¡tel, y
usted me dice que «en el agua ... »

�68

LA lLUSTRAClÓN ARTÍSTICA

NúMERO

578
NúMERO

- Creía que me hablaba usted del champaña, señorita, y que se trataba de
- Y también Bertrand ha desaparecido... Debí sospecharlo.
refrescarla.
- Pero ¿qué ha sucedido?
- Ya lo ve usted ...
- Marta, yo tengo la culpa. Te presenté á Bertrand porque no podía disper1·
- Es que tal vez habrá usted vuelto la cabeza ...
sarme de ello; es un camarada y se reunió conmigo durante sus días de ocio en
- ¿Yo? De ningún modo; no he sido yo.
Trouville; pero debí preveniros que es un joven violento, poco escrupuloso y
Y una mirada de la maliciosa americana señaló á Edmunda, que en aquel que de ningún modo convendría como marido á tu hermana.
momento volvía del manantial con su botella en la mano. Roberto sintió que
- No temas nada; Edmunda no piensa en ser su esposa; á pesar de sus nise sonrojaba; y furioso por esta femenil debilidad sonrojóse más, hasta perder ñadas y de su aturdimiento, tiene un sentido práctico de la vida singularmente
su acostumbrado aplomo. ¿Creería acaso que estaba enamorado de Edmunda?.. desarrollado. No se casará sin su cuenta y razón. El capitán es militar, no tiene
¿Pero cómo, siendo el prometido de Marta, ó poco menos? Otra vez se arrepin- mucha fortuna, y en cuanto á su nombre... un nombre cualquiera ... no seduce á
tió el joven de que tan bien se hubiese guardado el secreto de aquel compromi- mi hermana tampoco.
so. Estaba á punto de darlo á conocer, con la seguridad de que en el acto la
- ¡Pero podría dejarse comprometer por él!, exclamó Alberto. Apostaría á que
noticia se comunicaría de unos á otros; pero no se atrevió, porque no era él la en este momento sus amiguitas hablan de ella y saben muy bien que ha conceúnica persona interesada. Marta quería la libertad para ambos; y esta joven tran- dido una entrevista á Bertrand.
quila no parecía en lo más mfnimo enamorada ó celosa. Sin duda Marta le diMarta se levantó.
ría muy pronto con su voz dulce y fria que le dejaba libre y que no sería jamás
- Vamos juntos á dar una vuelta, dijo; esto parecerá más natural que si fuesu esposa. Al pensar esto, el joven experimentó una violenta emoción, que se ras solo á interrumpirlos. No pueden estar muy lejos.
asemejaba terriblemente á la alegría, y sin embargo había deseado aquel matriMarta, reflexionando en su interior que Roberto había tomado la cosa muy á
monio y, sin que la amiga de su infancia le inspirase una verdadera pasión, se pechos, y que estaba muy nervioso é irritado, le siguió en silencio.
había sentido atraído hacia ella, reconociendo sus cualidades intelectuales y su
Jorge Bertrand, en efecto, ofreciendo sus servicios á las jóvenes, al paso que cobondad de corazón. ¿Pues entonces?..
gía ramas de clemátide y de hiedra para dárselas, había alejado insensiblemente
Roberto no se quería interrogar; solamente deseaba ser feliz durante algunas á Edmunda bajo el pretexto de buscar unas violetas tardías que aseguraba haber
horas, si era posible.
visto antes. El tallar era muy espeso en aquel sitio Y. el arroyo mantenía allí una
Un gran mantel extendido al pie del árbol monstruo que dominaba todo el frescura deliciosa.
claro, y cuyas raíces enormes formaban un asiento natural, desaparecía ahora
- Y ¿dónde están esas violetas?, preguntó Edmunda.
bajo una mezcla extraña de platos diversos, desde el pollo fiambre hasta el pos- Más lejos, contestó el oficial; allí donde solamente las flores nos miran.
tre, botellas, cubiertos colocados desordenadamente por los aficionados, y flo- Entonces, repuso la joven sonriendo, muy dueña de sí, esto parece que es
res que, recogidas en el · bosque, habían sido tiradas allí revueltas. Cuanto ma- tenderme un lazo...
yor era el desorden de la improvisada mesa, más seductora parecía ésta á toda
- No; es la cita que usted me ha concedido.
aquella gente de mundo, que ciertamente no hubiese permitido á un criado ser- ¡Pero si yo no le he concedido á usted nada absolutamente, Sr. Bertrand!
virles tan mal como ellos lo hacían. Cada cual se colocó á su antojo donde me- ¿Lo cree usted así?.. Entonces, sus ojos han mentido.
jor pudo; se estaba muy mal sentado sobre la hierba, y para coger una botella
- Pues ¿qué le han dicho mis ojos?
ó un pedazo de pan en medio del mantel, era preciso arrodillarse; pero la mo- Que tenía usted á bien escucharme; que sabía que estoy loco por usted, y
lestia era deliciosa. El sol filtrándose apenas á través del follaje, parecía sem- que estaba dispuesta á participar de esta locura...
brar el césped de manchas de oro tremolantes, iluminaba el agua de la corrien- Entonces, en efecto, han mentido. Sepa usted, mi capitán, que jamás haré
te, ó reflejábase tan pronto en el cabello de una mujer como en el pliegue de una locura y que soy una personita muy razonable...
una falda.
- Pues si es usted una personita muy razonable, sabrá que lo mejor que
El capitán había hallado un sitio para Edmunda frente á su hermana, pero puede hacer es casarse en seguida.
Roberto vigilaba.
Una ligera nube obscureció la frente de Edmunda.
- Señorita Edmunda, dijo, Marta ha reservado para usted un asiento en su
- ¿Por qué?, replicó. No tengo más que diez y ocho años.
trono; así formarán ustedes un grupo adorable, teniéndonos á todos por súb- ¿Por qué? Voy á decírselo. Porque no sería usted largo tiempo feliz con su
ditos.
hermana. Por el pronto se entretiene representando con usted el papel de maEdmunda no se hizo rogar; un trono, bien fuese de una raíz de árbol ó de ma- má, y usted es para ella una muñeca nueva que la enloquece; pero esto no dudera dorada y de terciopelo, pertenecíale por derecho; alegre y risueña deslizóse rará mucho, P,ues salen ustedes de dos mundos, no solamente distintos, sino
entre los grupos, saltó por encima de un cesto de provisiones, fué á sentarse hostiles. Bien lo vió usted cuando propuso hacer una comedia; la señorita Lejunto á su hermana, rodeó el talle de ésta con el brazo y se acurrucó apoyándose vasseur teme que la represente usted demasiado bien, como digna hija de su
en ella. Un instinto le decía que nunca se mostraba tan seductora como cuando madre.
su lindo rostro, de expresión maliciosa y risueña, se oprimía contra el semblanEdmunda desgajó con violencia una rama, y poseída de cólera y de enojo
te de facciones regulares, pero un poco pálido y algo grave, de Marta. Edmunda arrancó las hojas, pero nada dijo.
era siempre muy cariñosa y zalamera, pero nunca tanto como cuando sus caricias
- Ese es un ligero indicio, prosiguió el capitán, pero muy suficiente. Su herse prodigaban delante de testigos. Junto á ella, Marta parecía casi fría; siempre mana acostumbra á pasar ocho 6 nueve meses en el campo. ¿Cree usted que parese·rvaba sus caricias para la intimidad.
ra complacerla cambiaría su género de vida, presentándose en una sociedad
El capitán Bartrand aprovechó un momento en que Roberto iba á buscar el donde usted sería aclamada reina sin que nadie se fijara en ella?
champaña para decirle con acento de enojo:
- Usted aboga por su causa, dijo Edmunda con una ligera expresión burlona.
- ¿Le has ofrecido la mitad del sitio de su hermana para separarme de ella?
- Es verdad, porque amo á usted, porque quiero que sea mi esposa, mía para
- Es posible, contestó Roberto con mucha calma. Mira... toma esta botella siempre. No hay nada que yo no intente para obtener su mano, para arrancarla,
y yo me encargaré de las otras.
por fuerza si es preciso, de esta sociedad que tan poco le conviene...
- Tú te encargas de muchas cosas, hasta de aquellas que no te importan.
- Y del Sr. de Anee!, ¿no es verdad?, dijo Edmunda riéndose.
¿Quieres que te diga la verdad? Estás celoso, furiosamente celoso.
- ¡Ah! Sabe usted que se ha enamorado de usted, y esto la dhtierte, como la
- ¡Ah, amigo mío! Este no es el momento más oportuno para provocar aquí está divirtiendo mi amor también? Pues tenga usted cuidado, porque la juro
una cuestión, tanto más, cuanto que ya nos miran. Yo soy quien te ha presenta- que hay momentos en que la mataría antes.de verla esposa de otro hombre.
do á esas jóvenes, y hasta cierto punto me considero responsable de tu conduc- ¡Vamos!, repuso Edmunda, reflexione usted que el drama no está ya de
ta; diríase que olvidas más de lo regular que no estás aquí de guarnición, y que moda...
en nuestra sociedad no se hace el amor á tambor batiente.
- En el teatro, no; pero sí en la vida. Jamás se vieron tantos crímenes como
- ¿Qué importa si elita manera de hacerlo agrada, mientras que tu aire de en nuestros días por efecto de la pasión, y yo soy capaz de cometer un crimen...
enamorado tímido no gusta?... Además, ¿acaso eres padre ó hermano de EdEdmunda había conservado hasta entonces Su calma burlona de niña parimunda?
siense poco sentimental y muy valerosa también; pero aquel enamorado co- Acabemos, Bertrand. La señorita de Levasseur es casi una niña y no sabe menzaba á ser para ella un poco molesto, y preguntábase si las numerosas cohasta qué punto eres comprometedor...
pas de champaña del almuerzo no contribuían por algo á su exaltación. Con los
- Y ¿te encargarás tú de decírselo?
ojos ensangrentados, la respiración precipitada y el rostro enrojecido parecíale
- Sí, á ella ó á su hermana; no lo oculto.
ahora espantoso, y ya no reconocía en él á su apuesto capitán.
- ¡Ya lo veremos!
- Sr. Bertrand, dijo con cierta dignidad, sería usted muy amable si me conNo pudo decir más porque aquella discusión rápida, casi en voz baja, era en dujera hasta donde están mis amigas; ha hecho usted mal en alejarme tanto, y
efecto observada por todos los convidados.
también yo en seguirle; pero no he dudado un instante que iba con un caba- ¿Se prepara un duelo?, preguntó la señorita Robinsón sonriéndose, sin sa- llero.
ber hasta qué punto se acercaba á la verdad.
- Déme usted alguna esperanza, Edmunda... Tenga usted compasión de mí.
- En efecto, señorita, contestó Jorge Bertrand, un duelo en que las armas serán ¡Le juro que es preciso que sea mi esposa!..
los vasos y las botellas de champaña. Roberto pretende que tiene la cabeza más
Y fuera de sí, el capitán cogió las manos de Edmunda y cubriólas de besos.
fuerte que yo, y ya están cruzadas las apuestas.
Entonces la joven tuvo miedo y gritó:
A partir de aquel momento, hubiérase dicho que el champaña producía de
- ¡Marta, Marta!..
antemano su efecto en el joven oficial, y su alegría un poco febril acabó por co-Aquí estoy, querida hermana, contestó una voz; hace ya un cuarto de hora
municarse á todo el mundo, excepto· á Marta, á quien el tono de la conversación que te busco.
.
pareció un poco demasiado subido.
Edmunda recobró al punto su presencia de ánimo.
Después del almuerzo, que se prolongó todo lo posible, las americanas siem- Es que el capitán, dijo, pretendía haber visto un banco de violetas, y tanto
pre infati~ables, propusiero~ varios juegos; mas el calo; era tan excesivo, que to- hemos buscado y rebuscado en este laberinto, que ya no sabíamos cómo salir.
dos prefineron permanecer a la sombra de los grandes arboles debajo de los cua- Y ahora, Sr. Bertrand, añadió, mi hermana es la que se encargará de mostrarles entablóse animada conversación, esperando la hora del regreso. Algunas jó- me el buen camino... Ella le conoce mejor que usted...
venes, entre ellas Edmunda, habíanse diseminado para coger flores. Roberto á
Las dos jóvenes se alejaron tranquilamente, y apenas se hubieron perdido de
quien remordía la conciencia, no se apartaba de su prometida, hablábale cariiio- vista, Jorge Bertrand, temblando de cólera, acercóse á su antiguo compañero,
samente, y la pobre Marta creyó un momento que volvía á ella, que Edmunda que le miraba silencioso, resuelto á explicarse de una vez con él.
le había deslumbrado a~ pronto, pero que ya no pensaba en esto. De improviso
- Sin duda debo á ti esto también, ¿no es verdad?, preguntó el capitán con.
vió al joven estremecerse.
acento de enojo.
- ¿Qué ocurre, Roberto?
- Precisamente.
- ¿Está tu hermana entre aquellas jóvenes de allá abajo?, preguntó Anee!. Tus
- ¡Pues ya estoy cansado de tu vigilancia!
ojos ven mejor que los míos.
- Sin' embargo, será preciso que la toleres, i menos que, lo cual sería mejor,
- No, seguramente no está.
te abstengas de salir de Trouville.

578

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Comprendo esto en ti. No te desagradaría librarte de un rival peligroso.
- Te engañas, Bertrand, contestó Roberto con mucha calma; yo no pretendo
de ningún modo la mano de la señorita Edmunda Levasseur.
- El capitán soltó una carcajada; pero su risa era muy falsa y también burlona.
- Y yo te digo, repuso, que estás locamente enamorado. ¡Si creerás tú que
yo no conozco los síntomas de esa enfermedad!.. Pues bien: no, amigo mío, no
llevaré mi complacencia hasta el punto de dejarte el campo libre. Mañana iré al
castillo y pasado mañana y todos los días si me conviene.
- Yo sabré impedirlo, replicó Roberto, que comenzaba á perder su sangre fría.
- Y ¿de qué modo?
- Haciendo que la señorita Levasseur te prohiba la entrada en su casa.
- No harás eso.
-Lo haré...
Los dos jóvenes se miraron á un tiempo fijamente; su antigua antipatía natural
se convertía en odio, y en el capitán Bertrand el odio llegaba á ser una locura
furiosa. Quiso precipitarse sobre Roberto, y si hubiera podido le habría dado
muerte; mas el joven vigilaba, y rechazó con violencia al oficial, que no sin dificultad conservó el equilibrio. La escena amenazaba terminar en pugilato; mas
Roberto, muy vigoroso á pesar de su vida sedentaria, cogió las manos de su adversario.
- Escucha, si a1ín te queda un poco de razón, le dijo. Estamos aquí á pocos
pasos de todas esas señoras, que sin duda han oído ya tu destemplada voz, y yo
no quiero mezclarlas en nuestra disputa ni que se pronuncie en la cuestión el
nombre de una joven. Cierto que, atendido el punto á que hemos llegado, esto
no puede quedar así. ¿Quieres batirte, un duelo? Confesaré que la cosa no me
disgustaría; pero necesitamos un pretexto plausible. Tú eres jugador, y por cierto mal jugador; yo iré muy pronto á Trouville, no en seguida, pero sí al fin de
la semana; jugaremos una partida después de aparentar que somos tan buenos
compañeros como antes y de habernos presentado juntos en la plaza á la hora
del paseo; la cuestión se promoverá fácilmente y nos batiremos con toda formalidad. Si me matas, esto será una solución como cualquiera otra; pero no te
guardaré consideración si llego á terier ventaja, te lo prevengo, y te mataré sin
piedad, porque te odio muy de veras.
- ¡Pues y yo! Pero estoy tranquilo en cuanto al resultado, porque conozco el
manejo de las armas como el primero, y tú apenas sabes empuñar una espada.
En cuanto á la pistola, de cada seis veces doy cinco en el blanco.
Roberto se encogió de hombros, porque en aquel momento no hacía aprecio
de su vida; acababa de ver claro en su interior y de reconocer á la luz de su
odio que amaba á la hermana de aquella á quien había dado su fe, que la amaba locamente y que era así traidor á su palabra. Marta le había querido libre, y
él rehusó considerarse como tal; de modo que era verdaderamente perjuro.
El capitán fué á desatar su caballo y partió al galope sin despedirse de las
damas reunidas ahora alrededor de la fuente. Muy admiradas y algo inquietas por
la cuestión que presentían, comentaron aquella precipitada marcha; mas Roberto
excusó á su campañero, alegando que se había sentido súbitamente indispuesto.
Nadie creyó, sin embargo, en esta indisposición, sobrevenida después de un altercado cuyo eco llegó á oídos de todos; y el fin del día, comenzado tan alegremente, fué un poco lánguido y triste.
Todos se dirigieron juntos hasta el camino donde los coches esperaban á sus
dueños. Marta, que en un momento dado se encontró junto á Roberto un poco lejos de los demás, díjole rápidamente:
- ¿Qué ha pasado?
- Nada, querida Marta. Yo creo que Bertrand había mantenido demasiado
bien su apuesta sobre el champaña; y como le he reprendido por ello, al pronto
se ha resentido; pero en el fondo es muchacho bastante razonable cuando se le
sabe llevar; ha comprendido que lo mejor que podía hacer era marcharse, y se
ha ido. Esto es todo.
Marta, muy absorta y no queriendo aparentar que ponía en duda esta versión,
e~ la cual no creía, sin embargo, no contestó al pronto. Había visto y comprendido muchas cosas durante aquel largo día; estaba sufriendo; esforzábase para
que no se trasluciese nada en ella, y sobre todo hallábase muy fatigada.
- Escucha, Roberto, dijo al fin, necesito hablar contigo largamente y con toda franqueza. El jueves próximo hay reunión en casa de las americanas; yo me
arreglaré para que Edmunda vaya con mi tía, y nosotros nos veremos á las tres
Y media en la encrucijada de la cruz, donde nadie nos molestará.
- Allí me encontrarás, Marta.
También Roberto estaba horriblemente triste. La perspectiva que había entre~isto de una existencia tan dulce y agradable .alejábase de él de una manera
lastimosa.

VII

Jueves, 29 julio
«Aún no son más que las dos y media, y tengo tiempo de pensar é interrogarme.
»¿Qué pasa en mí? ¿Por qué estoy enferma y triste... mortalmente triste?
»Sin embargo, es cosa muy sencilla. Cuando la señora de Ancel me rogó que
fuese su hija, puse por primera condición, y condición expresa, que Roberto y
yo fuéramos libres. Ahora le diré que no nos casaremos. Si yo le amo, él no me
corresponde, y yo no quiero sufrir lo que sufrió mi pobre madre. Es preferible
padecer ahora, aunque sea tan cruelmente...
))Veo nuestro caso tan claramente como si de otros se tratara; este matrimonio tan deseado, tan juicioso y en el cual se reunían todas las conveniencias,
acabó por parecerle aceptable; pero después, en un momento, todo el edificio tan
penosamente levantado se ha hundido como se viene abajo un castillo de naipes al soplo de un niño. La pasión que yo no supe jamás inspirarle ¡ay de mí!
hase apoderado de él; no quiere creerlo y lucha contra ella como hombre honrado que, á pesar de todo, se considera comprometido; pero se esfuerza inútilmente. Es preciso que sea yo quien le devuelva su libertad; y de mis manos recibirá la dicha; esto es muy cruel; mas Roberto no me amará nunca. L't mujer
que él adora, sin querer convenir en ello, es Edmunda, es mi hermana,
»Le ha robado el corazón como jugando, y del mismo modo ha vuelto loco
al capitán Bertrand. ¿Sabe ella por lo menos lo que vale este corazón? ¿Me sacrifico así por la dicha de él, ó por la de ella? ¡Ah, qué difícil es todo en la vida
y qué penosamente se tantea para buscar el deber!
»Bien mirado, ¿no tengo yo también derecho para aspirar la felicidad? ¿Por
qué no he de luchar? ¿Por qué sacrificarme? ¡Si no fuese más que humo de paja

a

¡Déme usted alguna esperanza, Edrnunda!..

todo lo que hoy siente Roberto! .. Tal vez me tenga mala voluntad algún día
P?r haber cedido mi ~uesto, yo, _que soy tan capaz de comprenderle, de apre~1~rle, de amarle ~an tierna y canñosamente... por haberle unido á una niña de)1c10sa y loca, amiga de los placeres, á él, que es un sabio y hombre de grandes
ideas.
&gt;¡Querida E~munda, amada niña, si tú supieras, si tú pudieses sospechar todos losyensam1entos que ahora fermentan en mí!.. ¿Quién eres tú en el fondo?
¿Son h1ias del c?r~zón tod~s tus ~aricias y todas tus gracias? ¿Eres tú, como lo
fué tu madre, ha_bll comedianta, ~ te haces amar á fin de acaparar mejor todos
los goces de la vida? ¡Bah!.. ¿Qué importa, puesto que tienes todo el poderoso encanto, puesto q~e te basta mostra~te para que te adoren... , puesto que yo, aunque d,ud~ndo é m~err~gando te quiero entrañablemente, puesto que por evitarte
una lagnma llorana d1a y noche, y que para darte la felicidad aceptaría la tristeza perpetua, el pesar y la desesperación?..
»Ya e~ hora; voy á bajar, y nadie me verá, porque la puerta de mi torrecilla
s~ halla a do~ pasos_del ?osque._Mi corazón late de un modo extraordinario: en
n~or acudo a una cita, a una cita con mi prometido con aquel que debía ser
m1 esposo.
'
»¡Qué triste estoy... Dios mío, aytídame!

- Mira, Marta, si me dejaras que me quedará contigo, no harías más que darme gusto ... Ya verías qué bien te cuidaría.
. ~ Gracias, hermanita; pero la jaqueca exige principalmente soledad y silencio.
D1v1értete mucho y excúsame con la señora Robinsón.
Edmunda contemplaba el rostro muy blanco de su hermana con una especie
de sentimiento compasivo y no sin cierto asombro, porque nunca había estado
~nferma; y los párpados inclinados de Marta hacían que pudieran apreciarse meJOr sus sonrosadas mejillas y sus labios rojos. Edmunda corrió las cortinillas de
las_ ventanas, y después fijó al paso una mirada de satisfacción en un gran espejo, pues jamás había estado tan linda.
- Si yo pudiera hacerte á mi vez algún bien, dijo la joven, volviendo para
besar á su hermana, á ti, que eres siempre tan buena ...
Marta, sonriendo con bondad, despidió á Edmunda, recomendándole que no
coquetease con el capitán.
Las cuatro y cuarto
con el Sr. de Anee!, ¿eh?, preguntó la joven sonriendo.
»iodo ha concluído; Rob~rto es libre y yo también.
- N1 con el Sr. de Anee!, repitió Marta con expresión grave.
Apenas hubo partido el coche que se llevaba á su tía y á Edmunda, Marta se tar! , todo ha_ pasado t~anq_u~lamente, como si con estas pocas palabras no ma} O para siempre m1 felicidad. Los rompimientos ruidosos y las grandes frale~antó de su otomana, bañóse el rostro con agua fresca, y comenzó á pasear febnlm~nte d~ u? lado á o~ro de su habitación; después se trasladó á su gabinete ses no_ tienen nada que ver con las verdaderas crisis de la vida.
. »Mi P?bre cabeza me duele mucho, pero no podría descansar. Casi es un aliY cogió su diano. En realidad sufría mucho, pues no había dormido en toda la
noche, pero necesitaba ocuparse en algo, hacer cualquier cosa hasta que llegase v10 repeti r nuestra conversación ...
la hora de bajar al parque, donde Roberto la esperaría.

- N!

( Co11ti1111ará)

�70

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

con que hoy se cuenta, pues la enorme cantidad de
carbón que para ello se necesitaría ocuparía todo el
buque y no dejaría sitio para los pasajeros.

NúMERO

578

NUEVA INDUSTRIA. - EL PAPEL DE BAGAZO DE CAÑA

Es cosa sabida hace mucho tiempo que los desperdicios de la caña de azúcar pueden servir para_ la
{Del Prometheus)
fabricación de un excelente papel, y es de extranar
que en algunos de los países donde con tan grande
ventaja y tan poco coste podría establecerse .esta fa.
bricación no se haya planteado dicha mdustna, cuyo
LOS HALCONES MENSAJEROS
consumo es tan considerable en el mercado, y cuyo
PROYECTO DE UN NUEVO TRAN SATLÁNTlCO RÁPIDO
Un teniente ruso, M. Smoiloff, ha conseguido adies- establecimiento permitiría á los propietarios de los
trar
halcones para llevar despachos de un punto á ingenios obtener mayor resultado de ,s_us cosech~s,
PARA PASAJEROS
otro. Comparados con las palomas presentan aqué- puesto que el bagazo les sería pagado a buen_ prec10.
El bagazo, ó sea la parte fibro~a de la cana, proLos americanos poseen magníficos barcos para la llos las siguientes ventajas: la paloma puede recorrer duce, en efecto, un papel de calidad supenor, y el
fácilmente
roo
leguas
con
una
velocidad
media
de
8
navegación fluvial, rápidos buques de vela y una es·
trabajo mecánico y químico que para obte_nerlo _se
cuadra que puede ponerse al lado de las flotas euro- á 10 leguas por hora, recorriendo un kilómetro por
requiere es ms1gnificante con relación al
producto que de él puede lograrse.
En Nueva Orleans
la Sociedad Nacional
ha presentado muestras de papel de bagazo de una belleza notable. En la isla Mauricio existe igualmente
una fábrica que transforma el bagazo en papel y cartones que gozan de gran aceptación
en el mercado.
El bagazo se emplea
también como combustible, pero resultaría
mayor ventaja para los
que á tal uso lo destinan si en vez de él emplearan leña y vendieran el residuo de la
caña para la fabricación del papel.
Con esto se abriría
una nueva fuente de riqueza muy digna de ser
tenida en cuenta y que
contribuiría no poco á
aumentar el bienestar
de los países que, como
nuestras Antillas, se deProyecto de un nuevo transatlántico rápido de James Graham
dican en grande escala
al cultivo de la caña.
Las ventajas de esta industria pueden calcularse
peas de segunda categoría. En cambio hasta ahora minuto; el máximo de velocidad que en ellas se ha
no han tomado parte importante en el tráfico entre observado es de 15 leguas por hora durante quince sabiendo que setecientos kilogramos de bagazo proEuropa y el Nuevo Mundo, y ninguno de los hermo- horas, pero esta velocidad puede ser considerada co- ducen cien kilogramos de papel.
sos buques que cruzan el Atlántico con velocidad mo una excepción rara. En cambio en los halcones
casi igual á la de los ferrocarriles ha salido de los as- esta velocidad es la media, y de ella cita varios ejemtilleros americanos. Cierto que no faltan proyectos de plos M. d' Aubussón en su interesante libro La halEL DIVI SOR INSTAN1'Á~EO
Hnea.s de vapores americanos para traficar con Euro- conería en la Edad media y en los tiempos modernos,
pa; pero nunca han pasado del papel y han caído entre ellos el de un halcón que enviado de Canarias
Este útil instrumento, inventado por M. Robert
pronto en el océano del olvido.
al duque de Lerma, volvió desde Andalucía á TeneDe suponer es que igual destino esté reservado al rife en 16 horas, habiendo recorrido z50 leguas, ósea Personne de Sennevoy, consta de un paralelogramo
articulado, en cuyo interior y paralelamente á uno
proyecto que nuestro grabado reproduce y que es de- más de r 5 leguas por hora.
bido a James Graham; sin embargo, creemos que ha
Además la colombofilia se sirve de películas foto- de sus lados hay dispuestas pequeñas reglas igualde interesará nuestros lectores conocer -algunos· deta- gráficas microscópicas que contienen millares de des- mente espaciadas entre sí y articuladas en sus extrelles del mismo.
pachos y que apenas pesan medio gramo: esas pelí- mos: cada' regla está atravesada siguiendo su eje lonEl buque en cuestión se compone, como puede culas pueden aplicarse también á los halcones, cuya gitudinal y una de las diagonales del paralelogramo
verse, de nueve cascos de barco, uno mu y largo en resistencia es mayor que la de las palomas, pudiendo por una pequeña abertura numerada, destinada al
paso de una punta de lápiz ó de punzón para marcar
el centro, dos de longitud media, uno á cada lado, y por ende llevar mayor carga que éstas.
Los halcones son superiores á la paloma mensajera las divisiones.
finalmente de tres cuerpos cilíndricos delante y dePara dividir una línea cualquiera en 1 7 partes
trás del cuerpo central, que sirven · de flotadores. La desde otros muchos puntos de vista: en primer lugar
longitud total del buque así compuesto es de 43z encuentran menos peligros durante su viaje y raras ve- iguales, por ejemplo, basta colocar el cero del instrumetros, la anchura máxima de 54 y el calado máxi• ces son víctimas de otras aves de rapiña más fuertes mento en uno de los extremos de la línea y poner en
mo de 5'40; el desplazamiento total es de z6.ooo to que ellos, y en segundo lugar resisten
neladas de agua. En cuanto á los medios de impul- mejor los accidentes atmosféricos.
sión, Graham los hace consistir en -siete máquinas,
Con los halcones se evitan las grantres de 10.000 caballos en el cuerpo central, dos de des dificultades que ofrecen en el mis4.000 en la parte de proa y otras dos de 6.000 en la mo empleo las golondrinas, de las cua•
de popa, en junto una fuerza de 50.000 caballos que, les se ha querido también hacer aves
separándose de la práctica hasta ahora constante, han mensajeras: en efecto, la delicadL·za
de hacer mover siete pares de ruedas de palas de de la golondrina, las complicaciones
16180 metros de diámet1ro.
que ofrece su amaestramiento, y sobre
Este buque habría de ser exclusivamente para pa- todo la circunstancia de· que su servisajeros, de los cuales podría transportar 4-000.
cio está necesariamente limitado á las
El punto más difícil en un buque compuesto como regiones cuya temperatura sea cons•
éste de varios cascos está en la unión de los mismos. tantemente templada no permiten esEstas junturas en el buque de Graham consisten, perar que su uso llegue á ser general.
como indica el detalle del grabado, en soportes elásEn cuanto al adiestramiento de las
ticos con articulaciones movibles y muelles que con- abejas no se ha demostrado la.utilidad
trarrestan el movimiento de éstas: unas y otros están general de estos insectos.
Los antiguos amaestraron también
asegurados por medio de un sistema de cables de
acero. De este metal son también, como se compren- otra ave, el cuervo: stgtín Eliano, Maderá, los cascos de los barcos.
rrés, rey de Egipto, poseía una corne-'
Con este buque espera el autor del proyecto al- jri. que llevaba rápidamente las cartas
canzar una velocidad de 35 nudos, ó sean 64'8 kiló- á los puntos que se le indicaban. Cuanmetros por hora. Inútil nos parece decir que tal velo- do murió, Marrés hizo erigir una tumcidad es imposible, dados los medios de combustión ba á su memoria.
El divisor instantáneo. 1. Vista del aparato. 2. Modo de usarlo

NúMERO

578

LA ILU STJ:AC!ÓN A1n-í:;-r1CA

el otro extremo el orificio que lleva el número 17 y
luego pinchar en todos los orificios de o á 17 . Es
claro que en los casos en que no sea posible llevar
al extremo de la línea que se ha de dividir la abertura que lleva el n!\mero elegido, bastará sustituir éste
por uno de sus múltiplos; así para dividir una línea
de 20 centí~etros en 3 partes, se podrá pinchar en
5, ro, 15 ó bien en 4, 8, iz, etc. La figura principal
del grabado indica e1 modo de operar.
El divisor instantáneo es también muy útil para
trazar rápidamente una serie de líneas paralelas.

X... , ingeniero
(De La Natiire)

LA FILOXERA Y EL RAMIO

El eminente viticultor M. Granguard ha emitido
una idea que parece se ha puesto en práctica con felices resultados en Alsacia para contrarrestar los efectos de la filoxera, y que consiste en la plantación de
un ramio en medio de las cepas.
Esta planta textil se desarrolla vigorosamente en
todos los terrenos propios para la viila sin esquilmar
el terreno, y tiene, segtln parece, la propiedad de hacer desaparecer del suelo todos los insectos del reino
parásito inferior, por ser excesivamente rica en tanino y ser el tanino un antipútrido poderoso.
Ya en 1878 se habló mucho de la acción favorable que el ramio podía ejercer por haberse comprobado que al año de haber sido plantado al lado de

una viña filoxerada recobró esta última su vigor y
produjo abundantísimo fruto.
En una plantación hecha en Alsacia, el ramio ha
adquirido una altura media de 80 centúnetros y el
propietario del terreno se muestra muy satisfecho de
sus resultados, puesto que no sólo ha desaparecido
por completo de las cepas la filoxera, sino que los
grupos de ramio, dispuestos de z 5 en z 5 metros,
protegen sus viñedos contra los vientos del Norte,
contra los fríos y las heladas con gran ventaja sobre
las nubes artificiales, que además de ser caras son
poco prác ticas.
Es tan sencillo el medio y tan poco costoso, que
creemos merece la pena de probarse, hoy que ta ntos
viñedos se hallan atacados ó amenazados por el temible parásito.

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin ,
núm. 61, París.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo de Gracia, núm. 21

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loa demu purgantu, Hte no obra bien
lino cuando ,e toma con buenoa ali.meneo,
1 bsbidu lortiliCSlltsa, cual el vino, el call
el U. Cada cual~•, para porgan,, ,.,
llora 111 comida que ma, le coavten,a,
•e,aa ,u ocapacfone,. Como el c1aa1.11
c10 que la purga oculona queda com-

toiiiía, Farmacta,

pfolamsnloanaJado poro! efecto do la

bueaa alimentacioa empleada ano
,e decide tlfcümenf6 ;d volvér
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sea 1Jecesario.

J G

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T COII TODC!I LOS PllIMCll'IOS 111lTBITIVCS 80LUBLBS DB U CAJINE

c,.1a..u Y 911111'-'1 son los elementos que entran en la compostcton de este potente
=dteor de las tuerzas v:tlales, de este for&amp;iMea•&amp;e per eiHeleaeia. De un gusto l!IUn agradable, es soberano contra la ..tMm'4 y el ..tpocamtento, en las Calentura,
1 gonruJ/.ecencta.11 contra las marrea, y las .AfeceltJMI del B1tomago y 108 inte,ttno,
uando se traia de despertar el apetito, asegurar las d1gesUones reparar las tu'
:,r,.'!°ooer la sangre. entonar el organismo y precaver la anemia y las epldemtu n ~
por los calores, no se conoce nada superior al Wla• de O•iaa '1e 4 .,.• ._ rv
.Po, IIIOJ/Dr. 111 Paria, en casad, 1. FERRt, Farmaceutico, 10!, roe Richelieu, 8-dt41UlllD. ,

ii-:

• •_

l~;JeniiUtJ:1tUftl#;1~i

VIN0'180ffi ~7aQü1NA
0

-

rgotina y Bragaas de

CARNE y OUINA

EXIJASE 11 :

!, toe des Lioos-S1-Paol, A Paris.

Deposito en todas las princip&amp;Jea Boticas y Drogueria.a

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO

HISPANO-AMERICANO
Edki6n profusa.mente il~strada con 111;iles de peq11eñ01 grabados lnmcalad.os en el texto riNdoa
1
apanc, que rtfroducen ~ diferentes espec1ca de los reinos IDlmal v~etal y mineral· los i.nstrumenro.
Y !paratas ªLlicados rcc.i~n1eme? te i las ciencias, agriculto ra, art~ ~ industrias; ret;atoa de ¡ peno01
DIJtsJ:c m
&amp;e han dis t1nga.1do en todos los ramos del uber humano· la.nos de ciadades· ma
~ . cos coloridos; copias eu.ctu de 101 cuadros y demú obru de art~ ~q cfübres de ~

1:

1f.fTU
VELOUTINE FAY";iii~
l'ar,
El mejor y mas célebre polvo de tocador

.

.

por Ch.

perfumista

9, Rue de la Pau::, p ARIS

�NúMERO

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UNA PITONISA MODERNA,

cuadro ele Antonio Coll (Salón Pnrés)

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,Querido enr.rmo. -Flese Vd. Ami l1rt1 uparlenala,
1 hata uro de nuestro, 6RANOS dt SALUD, pu,. el/OI
le curarA~e.1u con1t1paclon, le d1rAn IJ)efito 1 le
dero/rerAn e/ rueño r 11 1/elr/1. - A11 r,rirA Vd.
mucho, año,, d11frut1ndo 111mprt d• uduena talud.

PATERSON
•
1 M1GMISl1

--..,,4...em■UTBO

_,ra lu .i-ton• del Eat6·
~o, Falta de .A.peUto, Dlge■úon• labo-

ra-, .A.oedlu,V6mito■, Eructo■, y C6lloo■;
replarlun 1u Fanoion• del Elt6ma110 y
. . .loe l--■\ba09,
'
E,lllr• ell'lltM/e 11,-1 de l . FAYA/10.
Adh. DJ:'l'II.A.lf, l'--Uioo • P.A.1118

~,,1t1IADES deJ E8 T01,t.

t-+-1

~llo

--¼-

Pepsina Boudault
Aprobada por la !C!DEIIA DE IEDICIU

CARNE HIERRO y QUINA
11.Allmtnt.o maa r o ~ Wlido a los 'r6Dicoa mu npandonl.

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOI LOS ,memos NlJ'BITIVOS DB ta. CAMB
c,.uaína, ..naa• .,_ ••i11u1 Diez añoa de mto continuado 11&amp;1 a11.rmac1one1 de
todas laa eminenciu médfcaa preub&amp;D que es&amp;&amp; uociaclon ele la Clanu,, el Biern y la
••la&amp; oonaUtuYe el repan4or maa eDllrld.CO que ae conoce ~ curar : la Clorólú, 1&amp;
lfftmla, las JlemtMI/JCCOIIU do/M'OIIU, el .lm,olWed•lfflto '1 la: .4lteracúHl di la Sangre,
el
!al .., ~ e.scrotwo,a, '1 acorlllltleal, etc. El 'l'IH lrernst■•M dé
.a.r.11• ea, en erecio, el único que reune todo lo que entona y torta.Ieee 1011 organoe
regularua coordena y aumenta colll1derablemente lu tuerzu ó tntunde a 1&amp; IID&amp;ré
empobredd&amp; y desoolorld&amp; : el Ylqor, I&amp; ColoraCWff y la 6Mrgla "'''"·

Ra4"""'"°'

Prw M)'Or,e11 Paria, en casa de J. FBW, Farmat.entico, tO!, rae Richeliea, Sucesor 4e llOUD.
SJI VPDI: 11:N TODU U.S PlllCCIP~ BOTl&lt;U.S

EXIJASE .i:::, ARDUO

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EH 1856
Mtdallu en laa B1po1lolontt loltrnaclonalu de

PUIS - LYOII - VIENA • PBIUDELPBI! • P.lRIS
1867

l87i

fl

1873

1878

18i8

lll1U.&amp;. 0011 IL • 4TO&amp; il.lTO ltf LAI

DISPEPSIAS
0ASTRITIS - 0ASTRAL01AS
DIQESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'1 OT&amp;OI DHO.IJ&gt;IJCII DI

U. Dt O&amp;ITIOW

IIAIO L1 FORll4 DE

ELIXIR, • de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT

•~s. Pharmule COLLAS, 8, ne Dnphiae
t'

ffl 14, priKc(114l,1 f4.....,.c(,11,

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
eiweclalmente contra las Escrofulas, ta
Tisis y la Debilidad de temperamento,
as! como e¡:¡ todos los casos( Pá.Jido■ colore1,
Amenorrea, • •), en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 l'egularlzar su curso perlóctco.

.~/';,--?25

Farmacéntlco, en Parts,

~Rue Bonaparte, 40

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
, • es un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
1as verdaderas PLltloras ae nianca'l'd,
exigir nuestro se110 de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fabricantes para la represión de la falsi•
1lcaclón.

NB

OSE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS(

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
lMP, D&amp; MONTAN&amp;ll Y SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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~~~~~~24
A&amp;o XII

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BARCELONA 16 DE ENERO DE 1893

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1-

•

GALILEO GALILEI, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli
· Existente en la ¡¡aleri¡i, de¡:li 1Jffizi1 de Floren~ia (fotogro.fia de C. Bro&amp;i, de Florencia)

NúM. 577

�42

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tener dentro de· ~í una lógica inconsciente que las
constituya en verdadero sistema, y unas proporciones
Texto. - llf11rmuracio11es europeas, por Emilio Castelar. - Ga- que· Jes presten la medida y la regularidad indelibelileo Galilei, por M. A. - La dama negra (conclusi6n), por radas de los grandes monumentos arquitectónicos. Y
F. Moreno Godino. - La broma, por J. F. Amador de los la escena, para la cual hay que pensar en el público
SUMARIO

Ríos. - Miscelánea. - Cargo de conciencia (continuación), por
Juana Mairet, con ilustraciones de A. Moreau. - SECCIÓN
CIENTÍFIC&lt;'\: Werner de Sie111em, eminente físico, por E.
Hospitalier. - Cerraduras de alanna. - El trabajo de los 1mís-

NúMERO

577

NúMERO

577

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

local y particularista como el go$1~no de los griegos, y nada tan humano y eterno como el arte de los
griegos. Sus dioses reinan todavía, no en los templos
y en los altares, pero sí desde los jardines hasta las
estrellas. No hay adornada floresta de pueblo ningu-

por Pericles al imperio terrible organizado por Filipo
y por Alejandro. Tal ministerio le toca representar
en el mundo á los que se ríen mucho. La carcajada
epiléptica de todos estos burlones resulta más triste,
mucho más triste que los lamentos de todos los poetas elegiacos. Cuando uno lee Jeremías ó Isaías, cree
oir en sus lamentaciones y en sus trenos el acento de
un mundo en plena conciencia de la suerte que le
aguarda y con la compostura y la tristeza dignas de
sus trágicas agonías. Pero cuando ve uno al buen
Aristófanes riéndose á todo reir, entristece, ya porque
no encuentra en él aquella penetración de su triste
suerte, ya porque agobia más el dolor cuando se burla y ríe que el dolor cuando se plañe y llora.

t11los. -El ferrocarril de Beira ( A/rica Austral J.
Grabados.-Galileo Galilei, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli (de foto~afla). - La célebre
lá111para de Galileo en la catedral de Pisa, obra de Vincenzo
Possenti. - F!1lhada del Bo en tiempo de Galileo. - Casa en
que vivió Galileo en Padua. - Un autógrafo de Galileo. - Mo1111 mento á Galileo e,i Santa Croce de Florencia. - Monumento á Galileo en la plaza Prato della Valle de Padua. - Carta
del inquisidor de Flormcia al arzobispo Ni.-colini sobre la
sentencia de Galileo. - Quinta v!rtebra lumbar del esquele·
to de Galileo. - La torre del Gallo cerca de Florencia, habitada por Galileo. - Casa &lt;Ílmde 11acw Galileo cerca de la pgrta
Florentina en Pisa. - Patio de la torre del Gallo. - El 111useo
galileiano. - Werner de Siemem. -Cerraduras de alarma por
medio de detonaciones y timbres. - Busto de Galileo.

III

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MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!.LAR
Resumen. ~ Fin de un año y comienzo de otro. - Cuán funesto
el noventa y tres· para las repCiblicas. - Paralelo entre la
Convención del siglo pasado y la Convención de nuestro siglo. - Superioridad de la guilloúna sobre la deshonra. - Mo·
vimiento teatral en París. - U na novela de los Goncourts
convertida en comedia. - La Lysistrata, de Arist6fanes, trasladada del griego al francés. - Carácter de las obras helénicas. - Influjo de la mujer en política. - Manifestaciones cat6licas de nuestras damas. - Conclusión.
FACHADA Dl!L BO EN TIEMPO DE GALILEO (del Gymnasium Patavimmz del I. F. Tomasini)

I
¡Un año! Parécenos la eternidad cuando comienza; y al acabar, parécenos un soplo. Si convertimos
los ojos con impaciencias naturales á cualquier dicha
esperada en el transcurso de un año, creemos el tiempo muy tardo; y si los convertimos al recuerdo de
dichas concluidas y olvidadas en otros años, creemos
el tiempo muy rápido. Este noventa y tres que comienza debe dar mal de ojo á las repúblicas, porque pasa en el mundo como año clásico del terror.
Lo cierto es que al acercarse, al surgir de nuevo en
la escena del siglo XIX este año nefasto, como si fuera su antecesor del siglo xvm, las Cámaras francesas, erigidas á costa de tantos esfuerws, hanse trocado en una especie de Convención revolucionaria, y
los republicanos franceses en una especie de terroristas, entretenidos en mandarse mutuamente unos y
otros por medio de recíprocas delaciones, no á la
guillotina, donde tantos de ellos descabezara el verdugo sin arrancarles por eso la honra, entre aquellas
fulguraciones, tan terribles, pero tan luminosas, del
volcán revolucionario, á la picota del deshonor y de
la infamia, donde mueren las almas. No puedo figurarme lo que sucede hoy en Francia, sin verme
abrumado por el peso de una intensísima tristeza. El
espesísimo aire de calumnias en que respiran, aunque ahogándose, los republicanos del gobierno; los
terribles acusadores suscitados y las enormes acusaciones dirigidas contra la Cámara y puestas en circulación y selladas con señales de legitimidad por la
Cámara misma y sus increíbles comités; el desplome
de ministros honradísimos en procesos infamantes,
los cuales procesos en el solo propósito de procesar
no más, traen aparejadas la pena y el castigo, pues
para la sospecha y la maledicencia no hay sobreseimientos posibles; el ingreso en calabozos inmundos
de personajes designados á la vindicta pública por
LA CÉLEBRE LÁMPARA DE CALIL1!.0 EH LA CATEOII.At DE l'fSA, obta de Vincento Possent
disposiciones ministeriales más ó menos arbitrarias;
todo este conjunto de.incidencias trágicas han hecho
de la realidad un teatro más .vivo y más interesante ante todo, tiene un conjunto tal de reglas, no pro- no que destierre las simulacras ó estatuas de las diviy más embargador que todos los habituales teatros mulgadas por academia ni legislación alguna, pero nidades helénicas, ni aparece ninguna estrella en el
del arte. Así no puede maravillarme la poca fortuna sabidas por todos los genios dramáticos, que no po- cielo infinito sorprendida por los escudriñadores teobtenida por las nuevas representaciones en la co- drán sustraerse á ellas ni aquellos dramas de Shakes- lescopios modernos á la cual no le pongan sus descurriente parte del año, tan propicia de suyo á los re- peare y de Calderón, que parecen más personales y bridores los celestiales nombres mitológicos. Y esto
creos y á los espectáculos; pues en estos días las fies- más sujetivos y más desordenados. Pero la imagina- sucede más todavía que con su religión, de seguro
tas artísticas han de sucederse por ley natural, como ción de los hermanos Goncourts, tersa, clarís_ima, con su teatro. Prometeo anticipa la historia de todos
correspondencia debida con las festividades religio- diáfana, parece un cristal de Venecia que contra el los descubridores; Medea la historia de todos los cesas. Nueva tentativa de acomodar al género dramáti- suelo se ha estrellado en mil fragmentos, maculados losos. Orestes ha pasado á las literaturas íntegro; y el
co el novelesco acaba de frustrarse ahora mismo en todos ellos por la rotura, aunque algunos de un ex- símbolo eterno de todas las fatalidades mecánicas,
París. Autores muy acostumbrados al teje maneje de traordinario brillo y de un deslumbrante resplandor. fisiológicas, atavas que pesan sobre nosotros los morla escena se han decidido por arreglar al teatro uno Así Carlos Demazlly, que bajo tal título se nos pre- tales, representados eternamente por la figura casi
de los libros realistas hechos por los hermanos Gon- senta el drama de los Goncourts, no ha conseguido arquetípica del inmortal Edipo. Pues en el teatro cócourts en colaboración y bautizados por ellos con la el favor de la opinión y de la prensa, quedando entre mico hay personajes que aparecen como verdaderas
denominación extraña de psicológicos estudios. Y así las tentativas teatrales marradas por ignorancia ó por figuras típicas y que duran casi tanto como los persocomo para la psicología les falta sistema y lógica in- olvido de todo cuanto deba ser en el mundo un teatro. najes trágicos. No conozco ninguna obra cómica del
dudablemente á tales autores, para el arte les falta
mundo que haya en veinticinco siglos representado
proporción y armonía. Las ideas más puras toman
II
la oposición entre las creencias del sentido común y
en ellos el carácter de las sensaciones más fuertes. Y
las ideas del criterio filosófico cual Aristófanes la
segtín lo roto y lo fragmentario de sensaciones tales,
Más feliz hame parecido el acuerdo de un poeta representa en su comedia Las nubes, que tanto connadie diría que hubieran pasado de los nervios y su- dramático que priva en la Chat-Noir y que se llama tribuyó á la inmolación del divino Sócrates. Pues la
bido al centro de un común sensorio, coino llamaban M. Dounsaz. Este ha puesto en escena con una tra- Lysistrata, puesta en los teatros de París hoy, repreal cerebro nuestros padres. Y las obras de arte deben ducción feliz la Lysistrata, de Aristófanes. Nada tan senta como ninguna otra la oposición entre los ho-

43

gares y las plazas, entre la vida pública y la vida vida política también. Y su método peculiar de maprivada, entre los deberes del hombre para con su nifestar todas las verdades que cree y que siente por
familia y los dei,eres del hombre para con su Estado medio de la caricatura grotesca, de la ironía cruel,
y patria. Esta comedia política es la comedia por de los sarcasmos amarguísimos, presta un relieve inexcelencia de Aristófanes, el cual castigaba con furor dudable á todos sus pensamientos y les da un carácen ella todos los excesos de los dos grandes poaeres ter cómico muy asequible á todas las muchedumbres.
que fundó el genio incomparable de Peri eles, la ciencia Mucho ha reído la humanidad hasta verter lágrimas
y la democracia. Pero ¡ah! que le suL.ede al buen Aris- á fuerza de reirse. Y en todas las épocas que repretófanes en su papel histórico mucho de lo que al sentan las verdaderas transiciones históricas aparece
buen Horacio le sucede también; perteneciendo por un satírico encargado de poner en contraste la sociesu nacimiento, por su educación, por su altura inte- dad que se va con la sociedad que se acerca. La velectual, por su gusto depurado á una época de per- jez ríe tanto cuanto la juventud llora. El amor, que
fección clásica, les toca señalar el tristísimo período tiende á lo trágico en el púbero, tiende á lo cómico
de una incipiente decadencia. ¡Ay! Así como el arte en el anciano. Cuando una sociedad se ríe mucho,
simbólico, digámosle oriental, concluye, según las esta sociedad se halla en los umbrales de la muerte.
profundas observaciones de Hegel, cuando el símbo- Ved cómo los satíricos romanos, vedlos, Juvenal,
lo y lo por él significado se apartan, concluye á su Marcial, señalan el tránsito de las edades clásicas á
vez el arte clásico cuando se divorcian las serenas las edades cristianas. Ved los satíricos del siglo XIV
armonías, en él reinantes, entre la forma y el fondo, señalando otro grande tránsito, el de las edades teo•
entre la idea íntima y su expresión perfecra. La risa, cráticas al Renacimiento. Ved Erasmo, Hutten, Rala caricatura, lo grotesco, lo ridículo, caen abrumado- belais, Pulci, Ariosto, Cervantes, señalando la transiramente sobre la paz y serenidad antiguas. Descon- ción de los siglos medios al mundo moderno. Ved
ciértase la incomparable armonía que ha hecho com- Voltaire señalando la transición de los siglos mopenetrar la forma con el fondo en todo el teatro y en nárquicos á los siglos revolucionarios. Pues bien:
todo el arte clásico. Lejos de acercarse la realidad al Aristófanes con sus burlas y con sus carcajadas tamideal, se divorcia de él y presenta por lo mismo un bién señala el tránsito desde las edades áticas á las
~ esconcierto muy contrario á la plenitud de tranqui- edades macedónicas, desde la república organizada
lidad representada por aquellos bajos relieves armoniosísimos, por aquellas estatuas serenas que caracterizan con caracteres indelebles el clasicismo. La comedia griega, como la sátira latina, señala el comienzo
de un desconcierto entre la realidad y la idea, desconcierto que ha de concluir tarde ó temprano por
un irremediable decaimiento. Aristófanes, como los
primeros fundadores del teatro cómico, se nos ofrece
y presenta poseído por una borrachera, no de vino,
como ellos, de genio ciertamente. Pocos escritores
~uar?a la hist_oria dotados tan largamente de gracia
mfimta, tan dispuestos á la carcajada ruidosa continua, tan idóneos para descubrir el lado ridículo de_
todo individuo y objeto, tan ricos en verdaderas indignaciones é invectivas. Cierto que la desvergüenza
del cómico llega en su desenfreno adonde pueda llegar la br:utali~ad asquerosa del rústico peneque. Quiere con licencias de lenguaje corregir licencias de costumbres. Los actos más carnales y los vicios más inmundos allí aparecen todos á una en desnudez in.
'
comprensible
á nuestro gusto moderno.
Entablan
marido y mujer conversaciones sobre temas de alcoba que i:io ~odemos leer hoy sin asco y que no podría presenciar el público nuestro sin levantársele á
una la conFiencia y el estómago. Entre los estiércol~s y los detritus de tantas indecencias, no quiero decir~s cómo estarán de sucias y manchadas las pobres
mu3eres en su escena. Pero bajo la suciedad se descubre, muy principalmente aquí en el tipo de Lysistrata y en el argumento de la comedia que preside y
caracteriza el\a, tocio el importante papel representa~º en la~ sociedades helénicas por sus hermosas muJer~s. Anstófanes quiere mostrar á la sociedad cuán~º m~porta para _el concierto mejor de los negocios el
mf:lu30 de la mu3er, no sólo en la vida privada, en la

L1 índole capitalísima del genio aristofanesco hállase por consentimiento universal en su carácter político. Las caricaturas nuestras de los periódicos batalladores, las invectivas del artículo de oposición
diaria sugerido por sentimientos exaltadísimÓs, las
arengas vehementes dichas en las izquierdas y en las
montañas de todos los congresos, cualquier proclama
de las muchas vertidas por labios populares en los
clubs facciosos de nuestros días, os granjearán la noción precisa de la comedia verdaderamente aristofanesca, tan propia para provocar á un tiempo risas y
tempestades. Pero la política de Aristófanes ciertamente responde á ideas y afectos de conservación
más que á ideas y afectos de progreso. Grecia, organizada por Solón, había recibido profundas alteraciones en la guerra con los persas, cuando el enemigo
común que hollara el suelo helénico demostró cómo
necesitaba el territorio aquel de todos sus hijos, si
quería vencer. La severa lógica de los hechos dijo
que si valían todos los atenienses para el combate,
valían también todos los atenienses para el comicio.
Así es que la guerra de su independencia no solamente puso á la divina Hélade aparte y fuera del influjo extraño, sino que también la inspiró una idea
bien h1minosa, la idea de regirse á sí misma democ1aticamente. Arístides, el virtuosísimo Arístides, llamó todos los ciudadanos á las asambleas. Y cuando ya estaban todos en las asambleas, Pericles, el
gran Pericles, retribuyó el ejercicio de las funciones
políticas, lo cual abríales de par en par á las democracias las puertas del poder. Tal política no andaba
tan fuera de camino como pretendían los reaccionarios, cuando, merced á ella, gozó Atenas de una larga paz, y esta larga paz acertó á coronarse con la diadema de todas sus glorias. Mas á la vuelta de algu~os lu_stros se desnaturalizó, alterada por las grandes
mupc10nes demagógicas. Una democracia, siquier
tuviera esclavitud y esclavos, no podía vivir á sus
anchas ni desarrollarse con verdadera pujanza sino
en el trabajo y en la paz. Ya lo dijo Pericles en su
maravillosa oración á los difuntos. Empeñada una
guerra, las democracias tenían que divertirse de su
actividad trabajadora y hundirse por su mal en competencias, á cuyo fin y término sólo podía encontrar-

CASA l!N QUE VIVIÓ G&lt;'\L!LKO KN PADUA

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

44
se la muerte. Sacada de su quicio, metida en los
combates, desnaturalizada por el cambio de su finalidad propia en otra finalidad extraña, los hondos sacudimientos guerreros le generaron una demagogia
desconocedora del freno de las leyes, tentada por sus
malos hábitos de una irremisible holganza, con todos
los vicios del campamento y todos los extremos del
combate, falta poco á poco de aquellas nociones jurídicas y de aquella eficaz actividad que dan á las
repúblicas libres la necesaria complexión para gobernarse á sí mismas y todas las virtudes naturales en
una progresiva democracia.
IV

Madrid, 3 de enero de
,

1893

...........................,., ...........,.,..,.,............., ......,.........,....................,....,.,,,,...,.,,......,....•.
GALILEO GALILEI

Hace poco más de un mes, el 7 de diciembre último, la antigua y famosa universidad de Padua celebraba con gran solemnidad y aparato la fecha en que
trescientos años atrás había tomado Galileo posesión
de la cátedra de Física de aquel establecimiento docente.
Con este motivo se han evocado recuerdos y detalles de la vida de aquel grande hombre, que consideramos oportuno reproducir á nuestra vez, dispuestos,
como siempre tstamos, á tributar un homenaje de
consideración al genio, máxime cuando el genio es
tan útil á la humanidad como el docto italiano.
Nacido en Pisa en 1564 de una noble familia
oriunda de Florencia, sus padres le hicieron seguir
la carrera de Medicina y Filosofía en la Universidad
de su ciudad natal; mas las doctrinas peripatéticas
que á la sazón predominaban no lograron satisfacer
su penetrante inteligencia. Desde entonces dejó adivinar las luchas que había de sostener en su vida,

577

deciendo á las leyes deducidas experimentalmente
por Kepler.
Copérnico, Galileo, Kepler, Newton son otros tantos nombres indisolublemente unidos al descubrimiento de la gravitación universal y á las nuevas ideas
sobre el U ni verso.
Todo se mueve, decimos ahora generalizando el
e pur si muove atribuído á Galileo. La idea fecundísima del movimiento nació, á decir verdad, con el
sistema de Copérnico; pero el talento del físico italiano supo hacer de ella una nueva ciencia. En un
principio la reconoció y aplicó al gran sistema solar,
y en su desarrollo siguió una senda opuesta á la universalmente trillada; del sistema solar descendió á
los sistemas menores de todos los planetas, de éstos á
los planetas mismos, á cada cuerpo cósmico, á cada
cuerpo terrestre y hasta á cada molécula.
P ero estos importantísimos descubrimientos, estos
triunfos del talento y de la observación de Galileo,
no los alcanzó este grande hombre sin concitarse el
odio de los teólogos y peripatéticos que, rechazando
sus ideas, mostrábanse ardientes partidarios de la inmovilidad de la Tierra. Comenzóse á calumniarle
cerca de la corte pontificia, diciendo que sus opiniones astronómicas y sus descubrimientos estaban en
contradicción con varios pasajes de las Sagradas Escrituras.
Antes de atreverse á acusarle abiertamente se le tendió un lazo; denunciáronse á la
Santa Sede las doctrinas de Copérnico con
el objeto evidente de obligarle y comprometerle á salir á su defens_a, c9mo era fácil
suponer. En efecto, Galileo las defendió
porque sabía que eran la verdad, pero lo
hizo con una hábil ºprudencia. Dijo que los
pasajes de la Biblia que se oponían á la verdad · científica habían sido mal interpretados, y que además el fin de las Sagradas
Escrituras era la salvación de los hombres
y no la enseñanza de la Astronomía. Estas
declaraciones no dejaron satisfechos á los
jueces, que pronunciaron la sentencia siguiente: «Sostener que el Sol está colocado
inmóvil en el centro del mundo es una opinión absurda, falsa en Filosofía y formalmente lzerética, porque es expresamente contraria á las Escrituras. Sostener que la Tierra no está colocada en el centro del mundo, que no es un punto inmóvil y que tiene
un movimiento de rotación, es también una
proposición absurda, falsa en Filosofía y no
menos herética en la fe.»
Al comunicar esta sentencia á Galileo se
le
advirtió, por medio del cardenal Bellar'UN AUTÓGRAFO DE GAi 11 EO
mino, que se abstuviera de defender en el
porvenir las ideas condenadas. Prometió
pero no tuvieron intuición del verdadero y apelaron Galileo todo lo que se le exigió y se apresuró á volarbitrariamente al axioma geométrico de que en el uni- ver á Florencia. Una vez allí no se creyó obligado
verso todo debe explicarse por medio del movimien- á obedecer, y en lugar de cambiar de opinión sobre
to circular y uniforme. Así lo admitieron como base el movimiento de la Tierra y la rotación del Sol so·
de principios abstractos, sujetivos, ni demostrados bre su eje, sostuvo el nuevo sistema con más ardor
ni demostrables, á los cuales procuraron reducir el que nunca, y se dedicó á reunir las necesarias pruebas que debían darle el triunfo. Concibió la idea de
mundo, como en un lecho de Procusto.
Los antiguos desconocieron la ciencia del movi- escribir un libro que pusiera al alcance de todas las
miento, esto es, el conocimiento de las leyes que lo inteligencias las verdades que había descubierto, y lo
rigen y lo ligan indisolublemente á las fuerzas que lo publicó en 1632 con este título: Dialoghi quatro, soengendran; ignoraron, á la vez que dicha ciencia, la pra i due mas$_Í1lli sístemi del mondo, Ptolomaico et
ley física de la gravitación universal, ciencia y ley que Copernicanum. La obra fué entregada á la Inquisihan transformado el problema del U ni verso, y de geo- ción, y Galileo, á los setenta años, hubo de comparemétrico, como antes se consideraba, lo redujeron á cer ante aquel tribunal. Llegó á Roma el 10 de febrero y fué encerrado en el palacio de la Trinidad
ser pura y esencialmente mecánico.
Galileo fué el creador de la ciencia en cuestión; el del Monte, residencia del embajador de Toscana,
primero que analizó la aceleración que adquiere el siendo tratado materialmente con ciertas consideramovimiento por efecto de la acción de una fuerza ciones. Se le aconsejó en secreto que reparara el
constante, que fundó bajo los conceptos de inercia, enorme escándalo que había dado al mundo proclaaceleración y movimientos componentes y resultan- mando el movimiento de la Tierra, que es absurdo,
tes la teoría completa de los cuerpos graves que caen puesto que está escrito: Terra autem üi ceternum
con movimiento rectilíneo, y que analizó exactamen- stabit quia in ceternum stat. A todas las razones astrote el movimiento curvilíneo parabólico de los lanza· nómicas que daba el sabio oponíase la imposibilidad
dos oblicuamente. También fué quien abrió, quien de que Josué hubiera podido detener el Sol si este
despejó, según la expresión de Foscolo, las vías del astro estaba fijo, como Galileo sostenía. Las pruebas
firmamento á Newton, el sabio inglés que tan alto científicas eran acogidas con indiferencia.
El proceso duró veinte días; Galileo, intimidado
supo remontar su vuelo por ellas.
Copérnico devolvió á la Tierra la teoría de su mo- por el rigor de sus jueces y viendo que sus razona·
vimiento, columbrado, más bien que demostrado, por mientos no podían ser comprendidos por inteligencias
algunas escuelas antiguas; Galileo defendió con todas tan obtusas, abandonó, por decirlo así, su propia de•
sus fuerzas, difundió, emitió el atrevido concepto de fensa. El 30 de abril de 1637 declaráronse cerrados
que la Tierra se mueve, y nosotros con ella, por el los debates y se le ordenó que pronunciara solemne·
espacio interplanetario, y estudió el movimiento de mente la abjuración de su doctrina. De antemano se
los graves que en la superficie de la Tierra tienden á había establecido el ceremonial: el ilustre anciano se
su centro; Kepler descubrió las leyes experimentales arrodilló delante de sus jueces, y con la mano colo·
del movimiento central; Newton, reduciéndolo todo cada sobre el Evangelio y con la frente inclinada
á síntesis y coordinándolo, demostró que la causa en pronunció las siguientes frases: &lt;!Yo Galileo Galilei,
virtud de la cual caen todos los cuerpos en la super- florentino, de setenta años de edad, constituído perso·
ficie de la tierra es de la misma naturaleza que la que nalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, emi·
obliga á los planetas á circular alrededor del sol, obe· nentísimos y reverendísimos cardenales de la Iglesia

oponiéndose á las doctrinas de Aristóteles, lo cual le
atrajo el antagonismo de sus profesores. Era aún
alumno de aquella Universidad cuando á la edad de
diez y nueve años hizo uno de sus más hermosos
descubrimientos. Hallábase un día en la catedral;
su mirada reflexiva fijóse en una lámpara suspendida
en la bóveda y á la cual acababa el sacristán de
comunicar un movimiento oscilatorio al ir á encenderla. Notó Galileo que las oscilaciones eran de la
misma duración por más que su amplitud disminuía
poco á poco, y esta observación le inspiró la idea de
aplicar el péndulo á la medida del tiempo, idea sobre la cual volvió á meditar más tarde y que no se
realizó sino después de su muerte.
Pero el descubrimiento que verdaderamente le ha
inmortalizado fué el de las leyes del movimiento de
los cuerpos sometidos á la acción de la gravedad.
Para comprender bien la gran parte que tuvo Galileo en los modernos descubrimientos cósmicos, basta abarcar con mirada sintética las ideas que acerca
del universo predominaban en las mentes de los hombres hasta él y aun después de él.
Los antiguos, para obtener una explicación racional de los movimientos de los astros, necesitaban un
principio, racional también, al que coordinarlos todos;

El buen Aristófanes sintió las desgracias de Atenas
y la decadencia que aquejara en la guerra del Peloponeso á la excelsa ciudad, atribuyéndolas sin fundamento, no á la degeneración y enfermedad agudísima
del gobierno democrático, al gobierno democrático en
esencia. Para él, Cleón, es decir, la demagogia, equivale á Pericles, ó sea en puridad á la democracia. De
aquí, de tal idea, parten sus invectivas terribles al
pueblo, sus movimientos desordenados contra toda la
igualdad democrática, sus acerbos discursos, sus sátiras lanzadas no sólo sobre todo cuanto
hay de perturbado y excesivo en los gobiernos democráticos cuando se pervierten,
sino sobre todo lo que hay de justo y recto
en esa plena vida de la libertad y del derecho. Confesemos, sin embargo, que hombres como Cleón, elevados á las alturas sin
méritos propios, tenían que halagar las malas pasiones del pueblo para sobreponerse
ú él, alzándose tristemente sobre sus de·
fectos y sobre sus vicios. ¿Quién podía reemplazar la elocuencia de Pericles? ¿Quién po•
día ejercer aquella fascinación ejercida por
su alma? ¿Quién podía dirigir una guerra
con su incomparable prudencia? Así cuando les abandonó el genio de Pericles cayeron en la guerra perpetua, y tal guerra perpetua con sumo empeño Aristófanes ridiculiza en su Lysístrata. Pocas veces hase
burlado satírico ninguno con tanta gracia
del excesivo influjo que pretenden alcanzar
las"•mujeres sobre las determinaciones políticas de los hombres. ¿Qué hubiera dicho
si viera nuestras más excelsas y hermosas
damas, tenidas en culto idolátrico por nosotros, yendo á las presidencias de nuestros
gobiernos en demanda y requerimiento de
clausura y prohibición del templo evangélico, que recordará una herejía y una separación lamentables, pero que también representa una iglesia del Espíritu, del Verbo,
del Dios cristiano? En esta edad materialista, cuando
á cada paso un abismo se abre, cuando hasta los ejercicios con la pelota y el recreo de los trinquetes provocan el juego de azar y las ruinosísimas apuestas,
cuando el desenfreno en los bailes llega, según dicen
las publicaciones diarias, hasta los últimos excesos,
un templo más nos recuerda en último término que
nuestro Dios está en el cielo y que á nuestra muerte
se le reserva una perdurable inmortalidad. Y contra
el ateísmo que devasta las conciencias, contra la moral utilitaria que rompe todos los grandes resortes de
nuestra voluntad, contra el arte realista que apaga el
ideal, no queda otro recurso más que una identificación de las almas creyentes y piadosas en el espiritualismo cristiano.

NúMERO

NúMERO

universal cristiana, inquisidores generales contra la
malicia herética, teniendo ante mis ojos los santos y
sagrados Evangelios, que _toco con mis propias manos, juro que he creído siempre y que cr~o ahora, y
que, Dios median~e, creeré _en el porvemr, !odo lo
que sostiene, practica y ensena la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. He sido juzgado vehementemente sospechoso de
herejía por haber sostenido y creído que
el Sol era el centro del
mundo é inmóvil, y
que la Tierra no era
el centro y que se movía; por eso hoy, queriendo borrar de las
inteligencias de vuestras eminencias y de
las de todo cristiano
católico esta sospecha
vehemente concebida
contra mí con razón,
con sinceridad de corazón y una fe no fingida, abjuro, maldigo
y detesto los antedichos errores, y en general todo otro error,
etcétera.»
Según dice la tradición, al levantarse Galileo dió con el pie en
tierra y exclamó: E
pur si muove. Si pronunció esta frase, sin
duda fué mentalmente, puesto que se hallaba enfrente de enemigos demasiado feroces para perdonársela.
Mas no importa que
así fuera: la voz del género humano, al pronunciarla por él, le
vengará eternamente
de sus perseguidores.
Mostráronse satisfechos los jueces con
esta retractación, pero
aún quisieron continuar su venganza y
dictaron contra él la
sentencia siguiente:

45

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

577

censuras y penas conminadas por los Sagrados Cáno- nación los tomó como guía infalible de sus estudios.
De~ostró que los hechos recogidos en virtu~ de
nes, concluyendo así la sentencia:
una observación constante se pueden luego dommar
»Para que este grave y pernicioso errnr t11yo y irans~rei;ión con la labor de la mente; que si la imaginación no
no quede por completo i¡np1mti, y seíls más flªl!tQ en lo s¡¡cesl- precede la observación, sino que va en pos de ella,
vo, y sirvas de 11jtl111p\Q á \Q~ dtin~s para _qqe se ~bsitin!!:in d_ll siempre halla modo de ejercer en la naturaleza su
delitos i;emej;mt13s, ordpnamos que por edicto publtco Sil prohicombinado de la obba el f,i/¡1·q de las /iiá{pffgs ck Qi¡ljjQQ G:üilei¡ y te condenamos poder creador·1 que del trabajo servación
con el pensamiento surgen maravillosos edificios,
sencillos en sí mismos, complejos como
la propia naturaleza
en sus manifestaciones.
En los principios fecundos iniciados por
Galileo se inspiraron
los hombres de ciencia que le sucedieron,
y á esos principios se
debe el gran movimiento científico moderno que hace maravillar con los milagros
de sus descubrimientos, con el genio de
sus aplicaciones técnicas.
Galileo es así el verdadero iniciador de la
ciencia moderna: no
se presentó entre dos
siglos armados uno
contra otro para erigirse en árbitro de sus
discordias; sino que,
circundado de la aureola de gloria más envidiable, aparece entre dos eras científicas, la antigua y la
nueva.
Su figura descuella
entre los contemporáneos y ningún progreso de sus sucesores
puede disminuir su
esplendor. Es el primer hombre verdaderamente moderno.

«Siendo tú, Galileo, hijo &lt;le! difunto Vicente Galileo, florentino, de edad
á la presente de 70 años,
el que fuiste denunciado en
1615 á este Santo Oficio:
»Que tienes por verdadera la falsa doctrina enseñada por muchos de que
el Sol sea el centro del
mundo é inmóvil y que la
Tierra se mueva también
con movimiento diurno;
»Que tenías algunos discípulos á los cuales enseñabas la misma doctrina;
»Que sobre ella has tenido correspondencia con
algunos matemáticos de
Alemania;
»Que has hecho imprimir algunas cartas tituladas De las ma1tchas solares, en las cuales desarrollas igual doctrina como
verdadera;
»Y que á las objeciones que á las veces se te hacían tomadas
&lt;le la Sagrada Escritura, respondías comentando dicha Escritura
conforme ~ tu sentido; y sucesivamente se presentó copia de un
escrito en forma de -carta, que se decía escrita por ti á un diccípulo tuyo, en la cual siguiendo la proposición de Copérnico
se contienen varias proposiciones contra el verdadero sentido y
autoridad de la Sagrada Escritura;
)&gt;Queriendo este Santo Tribunal prevenir el desorden y el daño que de aqui puede seguirse y crecer con perjuicio de la San·
ta Fe; de orden de Nuestro Señor y de los Eminen1ísimos se·
ñores Cardenales de esta suprema y universal Inquisición fueron por los cali_ficarlores Teólogos calificadas las dos proposiciones de la estabilidad del Sol y del movimiento de la Tieua, es·
to es:
»Que el Sol sea centro del mundo é inmóvil de movimiento
local,_ e~ proposición absurda y falsa en Filosofía y formalmente
heréltca por ~er expresamente contraria á la Sagrada Escritura:
»Que la T1er_ra no sea el centro del mundo inmóvil, sino que
se ~~eva también con movimiento diurno, es igualmente proposición absurda y falsa en Filosofía y considerada en Teología
ad minus errónea en Fe.»

Después de estas premisas dignas en verdad de
gentes que tan gran prueba daban de su ignorancia,
se agregaba que Galileo había incurrido en todas las

a

Los grabados que, referentes á la existencia de
este grande hombre, incluímos en el presente nÚ·
mero, merecen explicación
aparte, aunque á continuación de las líneas que le
hemos dedicado.
Es el primero uno de los
mejores retratos ele Galileo, pintado por Julio Su bstermans, y que se conserva
en la Galería de los Oficios
de Florencia. En él está
Galileo presentado casi de
frente, descubierto, con los
ojos reflexivos, y la frente,
como diría un poeta, grávida de inmensas ideas.
Julio Substermans fué uno
de los pintores flamencos
enamorado del bello cielo
italiano: nacido en Ambe·
res en 1597, pasó, aún joven, á Florencia, donde
fué bien acogido por CosMONUMENTO Á GALILEO EN SANTA CROCE DE FLORENCIA
me II, logró adquirir re·
nombre y murió en 1681.
Entre las muchas me·
la cárcel formal de este Santo Oficio por el tiempo que nos morias del ilustre físico existentes en Pisa figura la casa en
plazca y á nuestro arbitrio; y para penitencia saludable te im- que nació el 18 de febrero de 1564, como se lee en la inscrip·
ponemos que durante tres años digas una vez por semana los ción fijada en ella en 1864. - Pendiente del centro de In cúpula
siete salmos penitenciarios, reservándonos la facultad de mode- de la catedral de la mismá. ciudad se conserva aún la lámpara á
rar, cambiar ó levantar toda ó parte de dicha pena y penitencia.» que antes nos hemos referido y que fué fabricada por Vicente
Possenti: conócese hoy con el nombre de lámpara de Galileo.
En Padua existe la casa habitada por él y en la que instruía
El papa Benedicto XIV anuló muchos años desá numerosos discípulos.
pués esta absurda sentencia: los partidarios de la veLa fachada del Bo, representada en otro grabado, no es otra
tusta idea de la inmovilidad y fijeza de la Tierra fue- sino la de la antigua Universidad paduann. Donde hoy está este
ron desapareciendo poco á poco, y hoy día la teoría edificio habla en el siglo XIII un palacio con dos torres de los
En 1364 este palacio fué convertido en posada, y en
del movimiento de nuestro globo se enseña en todas Carrara.
él se puso una muestra en que habla un buey ( bo en dialecto
partes, hasta en Roma_
veneciano); en 1492 fué adquirido por el gobierno de la RepÚ·
Galileo fué el vigoroso atleta que logró comunicar blica véneta para instalar en él las cátedras universitarias clise·
á las inteligencias nueva costumbre de pensar. Antes minadas á la sazón en varios puntos de la ciudad de Padua.
de él todo se basaba en el apriorismo y en el racio- Donde estaban las cuadras surgieron las aulas; al antiguo nombre de Hospitium Bovis su,tituyó el de Sapientia; pero todo el
cinio deductivo; considerábanse los hechos como mundo siguió llamando el Bo al edificio y Universidad, y aun
cosa secundaria, y dehían plegarse, retorcerse, hasta hoy los pacluanos viejos para decir U niversiclad dicen el Bo y
reducirse y adaptarse al cuadro para ellos concebido nada más.
En esta Universidad y precisamente en el gabinete ele Física
por el pensamiento. Galileo &lt;lió al traste con tan fu.
se conserva una reliquia de Galileo; es In quinta vértebra lum·
nesto y estéril orden de cosas; vió en los hechos los bar de este grande hombre. Encargado el célebre médico y ma·
verdaderos é insustituibles maestros del pensador, y temático Antonio Cocchi de trasladar los huesos de Galileo
en vez de reducir los hechos á esclavos de la imagi- desde el claustro á la iglesia de Santa Cruz, sustrajo esta vérte·

a

�LA
bra y se la lcg6 á su hijo Raimundo. La preciada reliquia pasó
luego de mano en mano hasta que el doctor Thienc la donó en
1823 al Ateneo de Padua. No cabe duda sobre su autenticidad,
probada con documentos.
En el Prado del Valle se elevó en el siglo pasado la est.a tua
del físico italiano representada en .nuestro grabado, obra del
escultor paduano P. Danicletti, el cu~! to· figuró en actitud ele
contemplar el sol, con la mano diestra levantada, mientras que
la siniestra empuña un telescopio.
Extramuros de Florencia subsiste aún la Torre del Gallo, célebre por haberla habitado Galileo. y sobre tocio porque le sirvió de obser\'atorio astronómico. Esta torre, propiedad hoy del
conde Paolo Galletti, ha sido restaurada en 1877.
El museo galileiano de dicha torre contiene manuscritos preciosos de Galileo ó referentes á él. Damos los facsímiles de dos
ele ellos: uno es la carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Nicolini, en que trata de la sentencia dictada contra aquél;
otro el de un autógrafo de Galileo, que revela las miserias con
que debió turbar r.quel hombre eminente.
Finalmente, el monumento de Galileo, erigido en la iglesia
ele Santa Cruz, es obra del escultor José Signorini, muerto en
1821. - M. A.
,.,,.,,,........,,.,,,,,,.,, .. ,,., .•,,,.,,.,,,.,,.,.,........ , •.•.•. ,,., ... ,,.,,,.,,.,,.....,,• •.••••••••••••••••,1••••••1••••••r,,·,,,.

LA DAMA NEGRA
( Co11d11sziJ11)

Inmediatamente me vino á las mientes el recuerdo
de la dama negra.
- ¿Una francesa llamada Genoveva?, le pregunté.
- Justamente.
- ¿La conoce usted?
-Algo.
Entonces me asaltó otro recuerdo: una pregunta
que me había hecho la dama negra.
- ¿Sería usted Jorge Manrique?
- Quiz.'Í, me contestó sonriendo el doctor Almagro. Es un nombre de guerra como otro cualquiera;
pero ¿quién se lo ha dicho á usted?
- La dama negra.
-¿Cómo?
- Así la llamábamos en el Suizo.
- ¡.\h, ya!, ¿porque viste de negro?
-Sí.
- ¿Y le preguntó á usted por mí, es decir, por Jorge :\lanrique?
- Sí, en un revuelo de la conversación.
- ¿Y·qué opina usted de esa señora?, me preguntó
el doctor, mirándome con fijeza.
- Que es una persona muy simpática, muy discreta y algo misteriosa. Siento que haya desaparecido
del Suizo.
- Puede que el mejor día aparezca.
- ¿De modo que usted la conoce?
El doctor tardó en contestarme; parecía como que
titubeaba. Luego prosiguió diciendo:
- La historia de la dama negra, como usted la
llama, es una historia.
- Probablemente lastimosa como casi todas.
El doctor sacó el reloj y miró la hora. Luego dijo:
-Tengo que ver á un enfermo de cuidado. ¿Va
usted todas las noches al Suizo?
- Todas hace veinticinco años.
- ¿A qué hora?
- Desde las once y media hasta que se cierra.
- Pues mañana le buscaré á usted allí. Hablaremos
de la dama negra. Por causa suya me hallo en un
conflicto, y no me vendrá mal un buen consejo, aunque sé que los consejos se piden para no seguirlos.
V

A la noche siguiente, en el café Suizo supe in pártibus la historia de la dama negra.
-A últimos del pasado mes de junio, según costumbre anual, dijo el doctor Almagro, me hallaba en
París, en excursión veraniega. Vivía en la calle de
Castiglioni, y todas las noches, antes de entrar en el
hotel, me daba una vuelta por la plaza del Palais
Royal.
- Lo comprendo, le interrumpí. Allí van muchas
beldades acaloradas á tomar el fresco.
- Pues bueno: allí conocí Genoveva, ó sea la
dama negra.
Yo hice un gesto.
- Comprendo lo que significa esa mueca, prosiguió el doctor. Abordé á la susodicha, que desde un
principio me llenó el ojo. Estaba sentada en una silla
y sola. Fuí bien acogido y paréceme que conseguí
entretener á Genoveva, no sé si con mis chistes ó con
mis atropellos de gramática francesa. Usted sabe que
el que entretiene á una mujer la tiene medio vencida,
y con esto y con no creer yo en la virtud en el Palais Royal, comencé á permitirme ciertas libertades.
- Lo supongo.
- Pues amigo mío, desde un principio Genoveva
me paró los pies.
-¡Vaya!
- Como usted lo oye. Es honrada hasta la inverosimilitud: tengo motivos para asegurarlo. Hízome es-

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tar con juicio. Desde luego, como á usted, me atrajo
su conversación. Es sencilla y discreta. Me contó su
pequeña historia (galicismo). Encontrándose sola y
desamparada en Angulema, se vino á París á trabajar, y hacía siete años que estaba empleada en el bazar del Louvre ganando ciento cinco francos mensuales. Su vida era monótonamente triste: desde su cuartito de la calle de Rívoli se iba al bazar; almorzaba y
comía en un restaurant barato; por las noches paseaba ó se sentaba á tomar el fresco en el jardín de las
Tullerías ó en el del Palais Royal, hasta que se retiraba á su casa. ¿Comprende usted esta vida en París
á fin de siglo?
- En las mujeres lo comprendo todo.
- Entonces no hallará usted inverosímil el que Genoveva se me resistiese días y días.
-¡Pst!
- Desde un principio se me cuadró. (Es inútil, me
dijo, cuanto usted haga; yo... fuera del matrimonio no
tendré amores.» La propuse traérmela á España y asegurarla una posición desahogada. Todo fué en vano,
no quiso aceptar de mí ni una taza de café; pues, según
decía, la que toma se obliga á dar. Aburrido de aquellas relaciones menos que platónicas, dejaba de verla
durante dos ó tres días, pero volvía á buscarla, encontrándola siempre invariablemente sola en alguno de
los dos jardines ya mencionados. Me recibía con
amabilidad, no preguntándome nunca el motivo de
mis ausencias. Procuraba descartar las conversaciones amorosas. Hablábamos de Francia, de España,
de música, de los astros, ¡qué se yó!
El doctor hizo una pausa y prosiguió diciendo:
- Pues bien, amigo mío, ¿creerá usted que no podía pasarme muchas noches seguidas sin aquellas
pláticas abstractas?
- Lo que creo, amigo doctor, que estaba usted y
tal vez esté todavía abulelado por la francesa.
- Quizá sí, y me lo confirma el resto de esta historia, que no sé si hallará usted interesante.
- Mucho, porque conozco á la protagonista y admiro su virtud ó su habilidad.
- Pues bueno, continuó diciendo, que la resistencia de Genoveva me tenía en un constante estado de
excitación nerviosa, cuando la suerte, que á veces
ayuda á los pícaros, vino á calmarla.
- ¡Hola, hola!
- A fuerza de ruegos y de repetirla que sería por
última vez, conseguí que el día de mi cumpleaños
aceptase Genoveva una modesta comida en un modesto restaurant, en donde hay unos gabinetes muy
cucos.
-¡Ah! ¡Ya!
- No sé lo que allí pasó... os excedimos en la
bebida, sobre todo ella, que no estaba acostumbrada.
Hablamos de descubrimientos, y yo... la hipnoticé.
-¡Demonio!
- Desde entonces ignoro lo que sucedió. Creíme
metido en un lío y me azoré. Pagué al mozo la cuenta
de la comida. Con el gabán y el sombrero puestos la
desperté del sueño hipnótico, y antes de que ella pudiera darse cuenta, salí del restaurant y al día siguiente me fuí á Bruselas.
.
- ¿Despedida á la francesa?
- No, á la española, del peor género.
- Si yo no hubiese visto en Madrid á esa buena
demoiselle hipnotizada, supondría que aquí acababa la
historia; pero es de creer que tiene segunda parte.
- Y como todas, no buena. Oiga usted.
VI
- Estuve un mes en Bruselas y cerca de dos en
Londres. Volví á París á mediados de septiembre. Me
escarabajeaba el deseo de ver á Genoveva, con tanto
más motivo,cuanto que después de la sesión de hipnotismo del restaurant sentía escrúpulos de conciencia;
pero recelaba presentarme á ella. Vacilé durante dos
ó tres días, como estoy vacilando hace seis meses.
Me decidí por fin, y como hacía un calor rezagado, la
busqué á la hora de costumbre en Palais Royal. No
estaba, pero no tardé en verla venir por una galería.
Había engruesado.
- ¡Ya lo creo! Con los disgustos se echan carnes á
la entrada del otoño.
- Búrlese usted, pero le aseguro que me temblaban las mías al abordar á Genoveva. Apenas me vió
hizo una mueca indescriptible y quedóse parada. Yo
la saludé con un ademán y con el sombrero en la
mano. Ella entonces aproximóse á mí, me dijo en voz
muy baja: &lt;tEs usted un mal hombre,» y siguió andando sin volver á mirarme. La seguí; se sentó en una
silla del jardín, yo volví á acercarme á ella con aire
contrito, y algo aturdido la dije con humilde acento:
«Permítame usted dos palabras,)) como ella no contestó me senté á su lado, y no fueron dos sino muchas con las que yo traté de disculparme. Le pinté

NúMERO

577

mi amor inmenso é indestructible, apelé á su bu
juicio respecto á los peligros de una comida en q
se hace algún exceso de bebida, le reiteré mis ofer
de traerla á España y atenderla siempre, lo cual, p
el extremo á que habían llegado las cosas, era un d
ber en mf. Estuve elocuente y caluroso, pues me h
liaba verdaderamente conmovido; pero ella me oy
impasible. Mientras yo hablaba me miraba con fije
como si quisiera escudriñar la verdad de mis pal
bras, y cuando concluí de hablar, dijo: «Las prueb
valen más que las palabras. - Yo probaré á usted
eterno cariño. - Ya conoce usted mis ideas: no co
cibo el amor fuera del matrimonio,»y al decir esto
puso la manteleta que se había quitado y se levant
en ademán de irse. La palabra matrimonio siemp
me ha sonado fatídicamente y mucho más pronuncia
da por una mujer á quien apenas conocía. Quedém
sin saber qué decir, hasta que al fin dije: ePero, G
noveva, ¿es posible que siendo usted tan discreta s
fije en i.tn¡t nimiedad?» Ella no contestó y echó á a
dar. La acompañé hablándole á mi parecer persuasi
vamente. Ella me oía en silencio y cada vez anda
más de prisa. &lt;tGenoveva, insistí yo, en el estado á qu
han llegado las cosas no tiene usted derecho á rehus
mis ofertas. - ¿No tengo derecho á no ser una 111a11te11i
da1 ¿Por qué?» Yo respondí titubeando: «Porque den
tro de poco su vida de usted va á ser... muy difícil.
- La sobrellevaré. No tenga usted cuidado de qu
falte á mis deberes. - ¡Pero Genoveva!.. - Buenas noches, caballero.&gt; Habíamos llegado á la puerta de su
casa de la calle de Rívoli. Yo no supe qué decir, ni
aun contestar á su despedida, y me quedé, como
quien dice, con un palmo de narices. Estuve dos ó
tres días sin procurar ver á Genoveva. Otras dos
tres noches seguidas la busqué en vano en los sitios
de costumbre: el calor continuaba, pero ella no tomaba el fresco ó le tomaba en otra parte. Ocurrióme la
idea de que pudiera estar enferma, pero la vi en el almacén del Louvre despachando, Cuando se quedó sola
me aproximé á ella y le dije en voz baja: «Tengo que
hablar con usted. ¿Irá usted esta noche al Palais Royal.
- No ando ya de noche, me contestó, me siento pesada... &gt; Dijo estas palabras en un tono tan seco y tan
frío, que me exasperó. Salí del Louvre resuelto áno volver á verla. Determiné anticipar mi regreso á España.
Después de todo, aquella aventura había sido como
otra cualquiera, pensaba yo; pero la voz de mi conciencia me desmentía... Porque yo, amigo mío, á pesar de mi despreocupación y de los juicios que de mí
se hacen, tengo conciencia...
- Lo creo, interrumpí al doctor. Tiene usted conciencia mezclada con cierta dosis de abulelamiento,
como ya he dicho otra vez. ¡Es tan bella la mujer que
se nos resiste!
- La dama negra, como usted la llama, me ha puesto á mí verde: Hámlet en el monólogo de la incertidumbre no es nada, comparado conmigo.
El doctor Almagro parecía sofocado c◊n el relato
de su aventura; así es que pidió la segunda botella de
cerveza, bebióse de un sorbo una copa, y siguió diciendo:

NúMERO

577

LA

47

_ Añadía algunas otras naba. A la baronesa le gustaban la jm·~ntud Y la alecosas en mi cart~, siguió gría, no tanto por ella c?mo p_?r sus metas, do_~ mudiciendo el doctor, pero jercitas de catorce y qumce anos que? como d1JO almostraban en esperanza fruto cterto.
las omito por poco impor- guno,
La noche aquella había bastante gente en la casa
tantes. Metí mi carta en de la calle de Atocha: allí estaban Mad. de Saxe,
un sobre y con ella seis billetes de cien francos; fuí extranjera que tant? llwnó la ~tención á ,su llegada ~
al almacén del Louvre, en Madrid por sus bnllantes traJes y magmficos trenes,
donde encontré á Geno- la joven condesa de Fuertes, la señ~ra ,de San or~e;
veva muy ocupada despa- una jamona que hace la competencia a cu~lq~1er JOchando, le entregué la car- ven, el académico Errando, Paredes el penod1sta ... ,
en fin una sinji11idad de gente, como afirma un seta y saH apresuradamen~e,
como dicen en las acotacio- ñor q~e yo conozco y tiene sus ribetes de 1?scalada
nes de las.comedias. Por la que debiera decirse para expresar una cosa sm fin.
Yo había llegado de los primeros .Y recue~do ~ue
tarde tomé el rápido y reme encontraba muy ocupado en expltcar á miss (,ay,
gresé á Madrid:
.
_ Por lo visto, amigo sobrina del embajador inglés de entonces, el :irgudoctor, esa carta fué un mento de un drama de ese pobre Barco que hace
tres noches se ha pegado un tiro, cuando sobre ~l
paliativo.
_ Sí, un modus vz·vendi, ruido de todas las conversaciones se oyó un campamhasta ver lo que resuelvo. llazo, y tras de breves momentos se presentó Elvirita
_ Debería usted haberla Travado en la habitación.
Pequeña, morenita, con dos ojazos_ ne~ros quepoescrito en verso.
nian
malo y movimientos de gato_ c~1qmto, l~ r~c1én
-¿Por qué?
_ Porque supongo que llegada, que representaba unos Yemt¡trés ó vem!1cua]a firmaría usted: «Jorge tro años, pertenecía al número de 1:1~j~res que tienen
el privilegio de hacer perder el JUtc10 á todos los
Manrique.&gt;
_ ¡Ay, amigo mío, con hombres.
Madrid entero la conocía, y algunos seguramente
qué chacota se ven los torecuerdan
todavía sus coqueterías, causa de un desaros desde la barrera!
- ¿Y ha visto usted á fío entre un conocido marqués y un joven artillero
Genoveva?
_ De Jejos,águisa_de espía.
_ Pero ¿qué ptensa usted hacer?, porque á ella
no la encuentro muy satisfecha en Madrid.
_ ¿Lo sé por ventura?
¿Qué me aconseja_ usted? ,
_ No le aconseJo, voy a
indicarle lo que probablemente haría yo en su caso.
¿Usted tiene una fortunita
independiente y una profesión lucrativa?
-Sí, señor.
_ Pues me casaría con
MONUMENTO DE GALILEO, en la plaza Prato della Valle de Padua
Genoveva.
-¡Casarme!
- A la corta ó á la larga casi tod~s hacen esa ~acuentra, y r no me haga usted el homLrc _más desdi- niobra. 'Csted tiene ya andada la mitad del cammo.
chado de la tierra. ¡Hasta Yernos en Espanal ¿Verdad
_ Pero es que tengo un lío anterior.
que sí?»
- ¡Ah! ¡Ya!
- Lío insoportable, que me pesa
mucho, pero del que no sé cóm_o
evadirme. ¡Ah! ¡Cuán caro pago mis
locuras· estas complicaciones van á
' la vida!
.
quitarme
- Al revés, si consigue usted sobrellevarlas.
- ¿Por qué?
- Por lo que dice Ayala en esta
redondilla:

J

VII
- Cansado de cavilar y de combatir psicológicamente, encomendé á la Providencia la resolución de
mi problema, lo cual no obsta para que todavía esté
por resolver. Yo no podía resignarme á abandonar
definitivamente á Genoveva, y como me urgía ya la
vuelta á España, hice lo que los irresolutos: me proporcioné una tregua. Escribí una carta que decía así,
poco más ó menos:
«Mi adorada Genoveva: deberes imprescindibles
me llaman á mi país, pero yo no puedo dejar á usted
para siempre. He aquí lo que la propongo. Venga.
ustedáMadrid, donde la espero. Mis negocios me obligan á recorrer algunas provincias, y por lo tanto no sé
si podré recibir á· usted allí. De todos modos sólo
será cuestión de semanas. Usted no tiene derecho á
rehusar mis ofertas, porque dentro de poco estaremos
unidos por un afecto común. Venga usted á Madrid,
allí resolveremos lo que hemos de hacer y usted descansará por lo menos una temporada de su vida de
trabajo. Con la cantidad adjunta puede usted hacer
viaje de ida y vuelta, si usted resuelve volver á París,
lo que Dios no quiera. Si por casualidad me retardo
en ver á usted, retenido por ocupaciones ineludibles
(que procuraré abreviar), no pase usted cuidado:
mientras permanezca en Madrid puede usted contar
con doscientos francos mensuales, que cobrará usted
de uno de los socios del café Suizo (calle de Alcalá)
cuya tarjeta le incluyo. La cantidad no es grande,
pero usted es tan virtuosa que se resigna á vivir con
menos. Nada pierde usted en este viaje, amada Genoveva, y ambos podemos ganar mucho. Piense usted
en los deberes que le impone el estado en que se en-

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

«Un amor puede importuno
Matar al hombre más grave:
Dos amores, no se sabe
Que hayan matado á ninguno.&gt;

que en él perdió l_a vi?ª• así como los co~~tos de suicidio de un estud1ant1llo que tuvo la deb1hdad de tomar en serio dos ó tres miradas que ella tuvo á bien
•••.•••••••••• , •••••.•• , •.• ••• , •••••., ......... ...... ,, ••••.••••••••, ••••••, .... ,.1• .. •··
concederle. Después se había casado y todo el mundo estaba conforme en que llevaba una vida ejemLA BROMA
plar. Como las priPcesas de los cuentos para niños,
¿Lo que hombre dice de burla había tenido muchos hijos, es decir, había tenido
cuatro, que en cinco años de matr\monio e~ una cos~
de veras vas á tomar?
muy regular, y vióse consagrada a ellos y a su man(Romancero )
do un hombre tan bondadoso, que según aseguraban
La baronesa recibía los jueves. algunos malévolos todas las noches le tenía Elvira
Era una señora que frisaba en los de Ceca para Meca, vigilando á las amas, cuidando
sesenta años: tez blanca, ojos azu- de que no se desarropasen los mayorcitos, dando
les, cabello de plata, dientes menu- agua á quien se la pedía, y á veces, para librar á la
dos y blanquísimos, claro talento, señora de los gritos más ó menos desaforados de algracia, educación distinguida..., una guno de sus retoños que se desvelaba y tenía miedo,
de esas mujeres, en fin, que en el contando en traje de franela las aventuras de Pulgarocaso de la vida subyugan con su cilio ó de Caperucita roja, hasta que conciliaba el
excelente trato, ya que no lo hagan sueño el mocosuelo.
Elvira se sentó y al poco rato la conversación se
como en otros tiempos por la fuerhacía general. Sin que recuerde cómo, púsose sobre
za de su excepcional hermosura.
A casa de la baronesa iba yo mu- el tapete la cuestión de los ca11ards periodísticos, y el
chas veces. Allí se hablaba de todo, bueno de Paredes tuvo que ponerse hilas en los oídos
se cantaba, se tocaba el piano, se para aguantar todo lo que aquellas señoras le dijeron.
jugaba al tresillo, y hasta algunas Con la mayor formalidad aseguraban que no se poveces había su poco de baile. Acu- día creer á un periodista, y como él se permitiese ha- 1
día mucha gente de distintas con- cer una débil defensa de la clase, por poco le exco•
diciones y diversas edades, pero el mulgan.
- Pero ¿qué cosas tan horribles escribimos nosotros
elemento joven era el que predomiF. MoRENO GoDINO

Carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Niccolini
sobre la sentencia ele Galileo

Quinta vértebra lumbar del esqueleto de Galileo, conservada
en el Instituto de Física de la Universidad ele Padua.

�LA TORRE DEL GALLO CERCA DE FLORENCIA, HABITADA POR GALILEO,

CASA DONDE NACIÓ GALI LEO CERCA DE L A PORTA FLORENTINA EN PISA

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propiedad hoy del conde raolo Galletti

�50

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para que se nos haga tan cruda guerra?, decía el pobre buscando con la vista un auxiliar que le ayudara
á luchar con tanta improvisada amazona.
- Pues mentiras, bolas, embustes.
- ¡Señor! ¿Qué mentiras?
La de Travado tomó entonces la palabra y encarándose con él le preguntó cómo se atrevía á sostener lo contrario.
- Esta misma mañana, sin ir más lejos, dijo después,
he leído en un periódico una cosa capaz de matar de
risa á cualquiera. ¿No adivinan ustedes qué ha sido?
Pues voy á decirlo. Estos señores, y señalaba á Paredes con sus miradas, estos señores que nada creen, y
como él hiciese un ademán de protesta volvió á repetir que nada creen, se han empeñado en hacer
creer á los demás hasta que los burros vuelan; sí, sí,
que vuelan; y si no, dígame usted, hombre de Dios,
¿quién le ha dicho á ese señor que firma sus crónicas
en extranjero que ahora existen hechiceros capaces
de averiguar sólo por los signos de la mano, no lo pasado, sino lo que está por venir? ¿Quién le ha dicho
que seamos tan tontos los que ya lo somos bastante
para leerle que vayamos á darle crédito? ¿Quién? ..
- Perdone usted, Elvirita, dije yo en este punto
saliendo de mi silencio, ó más propiamente hablando,
de mi conversación con la inglesa; no defiendo á los
periodistas ni voy ~ romper lanzas con usted sobre
si dicen ó no verdad generalmente; pero en lo que
al caso presente se refiere, perdone usted que le diga
que no soy de la opinión de usted.
- ¡ Cómo! .. , exclamó ella algo desconcertada al
ver mi fingida seriedad. ¿Usted cree en semejantes
paparruchas?
- Sí creo, pero no en paparruchas, sino en verdades que quizá nuestros hijos han de considerar como
axiomáticas.
- ¿De manera que usted afirma que con un simple estudio de las líneas de la mano se puede?..
- Sí, señora.
Envolvióme en una mirada burlona, y exclamó:
- ¡Es lástima que no haya hecho usted esos estudios!
Resuelto á llevar la broma hasta el último extremo, conteniendo á duras penas la risa que me retozaba, le pregunté:
- ¿Y quién le ha dicho á usted que no los haya
hecho, Elvirita?
Miróme fijamente como para leer en mis ojos si
me estaba burlando, y después, como el que toma de
repente un partido, me alargó la diestra, diciendo:
- Vaya, señor brujo, señor adivino, aquí está mi
mano: dígame usted, explíqueme usted todos los males que me esperan, todas las venturas que tengo reservadas.
Tomé su mano, y durante algunos instantes me contenté con apretarla entre las mías, acariciando aquella
piel tan suave, sin saber qué decir; después, espoleado
por una de aquellas salidas que tanto le criticaban las
gentes, empecé á decir todos los desatinos que se
me vinieron á la boca con el aire más convencido
que pude.
Las conversaciones se habían interrumpido entonces, y todos contemplaban la escena con la misma
complacencia y curiosidad que si se tratase de la predicción de una gitana; yo noté que alguno reía disimuladamente y que la misma Elvira, sin decir palabra, se estaba burlando de mí con los ojos, y fuí
vengativo; quise, aun cuando sólo fuese por un instante, llevar el temor al alma de aquella burlona sempiterna, y por desgracia realicé mi pensamiento.
- Elvira, le dije con tono lo más profético que
p ude fingir, aquí hay una línea de funestos presagios:
esta línea..., yo no quisiera decirlo, quisiera equivocarme, pero está bien claro..., el día que cumpla usted
los treinta años, entre once y .doce de la noche, esto
es, á la misma hora en que estamos, le sucederá á
usted una terrible desgracia.
Sentí que la mano que tenía entre las mías se enfriaba, vi á Elvira palidecer horriblemente, y ya casi
arrepentido de mi broma iba á declarar que lo era,
cuando se oyó sonar la campanilla y un hombre serio
y empolvado se presentó en la puerta de la habitación.
- ¡Juan!, exclamó E lvira levantándose y dando un
grito que nos llenó de espanto. ¿Qué sucede?
- Señorita, no se asuste usted... ; ha habido fuego
en casa.
- ¿Y los niños?
- El más pequeño ...
No terminó; ella no rodó por el suelo porque hubo
quien se lanzó á socorrerla. Yo noté que alrededor
mío se formaba el vacío, y presa de un malestar que
disimular no podía, loco, desatentado, cogí mi sombrero y salí de la casa.

J. F.

AMADOR DE Los Ríos

MISCELANEA

Bellas Artes. - Han sido nombrados Miembros de Honor de la Sociedad de Artistas de Munich nuestros compatriotas Francisco Pradilla y José Benlliure, al mismo tiempo que lo
han sido Alma Tadema y Leighton, de Inglaterra, Menzel, de
Berlín, y algunos otros de los más célebres artistas contempo·
ráneos.
- El escultor berlinés Brunow ha terminado el segundo y último relieve que ha ele adornar el pedestal de la estatua ecuestre del gran duque Federico Francisco, erigida en Schwerin: es
una obra de complicada composición por las muchas figuras que
en ella entran, mide un metro y medio de ancho y representa la
entrada triunfal del gran duque en Schwerin en 1871. El otro
relieve reproduce la inauguración de la Universidad de Rostock.
- La Galería de Dresde ha adquirido el magnifico cuadro de
Federico Uhcle Noche Santa.
- En una asamblea recientemente celebrada en Berlín y á la
que asistieron 630 individuos acordóse la fundación de una nue·
va asociación artística que se propone proteger y estimulará los
artistas jóvenes berlineses, adquiriendo sus principales obras y
desenvolviéndose de esta suerte dentro de las mismas tendcn·
cías que tanta importancia han dado á las asociaciones análogas
de Munich, Dresde, Dusselclorf y Westfalia. A este efecto nombróse un comité de artistas y aficionados, cuya presidencia ha sido confiada al ilustre pintor Achernbach.
- En la Galería de Pinturas de La Haya está expuesto un
cuadro de Rembrandt adquirido de la colección del pintor parí·
siense Zorn: representa una figura de anciano cuyo rostro recibe intensa luz por el lado izquierdo y cuya cabeza calva cubre
·una gorrita de color obscuro y pertenece á los primeros tiempos del inmortal artista flamenco.
- En el j~rdín del Louvre, frente á la columnata y junto al pabellón Sud, va á colocarse la estatua ecuestre de Velázquez, obra
del escultor Frémiet, que debe formar parte del conjunto de
decoración monumental proyectado por Guillaume, que entre
otros trabajos contendrá )as estatuas de Meissonier y de Raffet.
- La «National Gallery,» ele Londres, ha recibido un interesante legado ele Sir \V. Gregory, conteniendo, entre otras obras
importantes, dos cuadros de \lelázquez representand.o á Cristo
en casa de JI/arta y U1t duelo en el Prado.
- Gustavo Geoffroy acaba de publicar en París con el nombre de Vida artística un libro de literatura y de crítica ele Arte,
presentado al público por un prefacio de E. de Goncourt. Ocúpase el libro preferentemente de las escuelas modernas, conteniendo interesantes estudios sobre Manet, Claudio Monet, Carriére, Rodin, Pissarro, Raffaelli, l\leissonier, Puvis de Cha·
vannes, Jonckrind, Whistler, etc. Contiene además un corto
trabajo literario El sarcófago, que unánimemente la critica califica de verdadera obra maestra.
- Los vaciadores de los Museos del Trocadero, de la Socie·
dad de las Artes decorativas y del Louvre han ejecutado por
encargo del Estado y de acuerdo con la comisión organizadora
de la Exposición de Chicago reproducciones cuyo coste asciende á unos·115.000 francos El embalaje, transporte y otros gastos corre á cargo de esa comisión, destinándose las obras reproducidas á constituir en•América un núcleo de museo de escultura comparada desde el siglo XII al XIX.
- Recientemente, bajo la presidencia de León Bonnat, acordó la junta directiva de la Asociación ele los Artistas franceses
la modificación del reglamento para el Salón rróximo venidero, en el sentido de que sólo sean electores del Jurado los artistas premiados ó que hayan sido por cinco veces expositores.
Reunida en asamblea general la Sociedad, á petición de más
de cien asociados, fué mantenida la decisión de la junta, después
de un animado debate, por 294 votos contra 194, quedando por
consiguiente abolído el sufragio universal.
- El eminente artista, el pintor ruso Vereschaguine, que ha
producido tantas obras maestras dando fama gráfica á las impresiones que recibiera en las campañas de Oriente y del Asia
central, al acompañar los ejércitos de su país, dió recientemente en l\foscou, donde reside y donde tiene, junto al Kremlin,
su monumental estudio, una conferencia sobre la guerra, que
ha suscitado animadas polémicas y por una parte de sus com·
patriotas violentas y acres censmas. Vereschaguine, que en su
obra de pintor expuesta en París años atrás y de la que ha reproducido alguna muestra LA I LUSTRACIÓN ARTfSTICA, puso
magistralmente de relieve, al lado del aspecto pintoresco, el
cúmulo de horrores y atropellos de que es causa la guerra, completó con su enérgica palabra el anatema que á toda conciencia
honrada inspira el batallar de unos hombres con otros.
Con este motivo algunos de sus compatriotas, excitados por
un falso patriotismo, le han combatido duramente por las tendencia,; manifestadas en su discurso; probablemente por deseo·
nocer la repugnante y odiosa realidad que en si entraña la ~uerra, símbolo de falsa gloria para el vencedor, y de desolación,
de barbarie y de ruina para vencedor y vencido.
- Un gran número de zodtchis, ó arquitectos, artistas de la Academia Imperial de Rusia, que son los que proyectan las construcciones, junto con los ingenieros civiles encargados de su realización, verdaderos constructores, reuniéronse en asamblea en
la residencia del gran duque Wladimiro para tratar de imprimir una nueva dirección á la arquitectura nacional, oponiéndose á la invasora monotonía europea con el renacimiento de su
estilo propio, amalgama de los estilos indio, mogol, bizantino
y eslavo. Buen ejemplo para nuestros arquitectos y maestros
de obras.
- Actualmente está expuesto en Berlín un gran cartón de
una pintura mural que Maximiliano Koch ha de pintar para las
Casas Consistoriales de Lubeck y que representa la institución
del primer burgomaestre de la ciudad por Enrique el León. Es
una composición grandiosa perfectamente calculada para las
condiciones del muro en que ha de colocarse, que está dividido
por tres altos arcos góticos. Del mismo artista son dos lienzos
destinados á un nuevo salón de dicho edificio, cuyos asuntos
son la cabalgata que lleva á la ciudad la carta de libertad otor·
gada por Barbarroja y la entrada de Carlos IV en Lubeck.
- Dícese que la humedad ha perjudicado grandemente al
rico museo de Lille, en donde se conservan preciosos lienzos
de los más grandes maestros antiguos y modernos de las escuelas flamenca, italiana y francesa.
- En el Salón artfstico de Schulte, de Berlín, se han expuesto últimamente tres magníficos cuadros de grandes dimensiones:
El emperador Guillermo I I pescando ballenas á bordo del «Du1tcan Grey,» de K. Salzrnann; Regata marítima celebrada por el
Club Imperial de Kiel en 29 de junio de 1892, de H. Bohrdt, y
Pesca de Polifemo, de M. Pietschmann.
- Se han inaugurado en la Real Colección de tejidos de ]&lt;.re-

NúMERO

577

N úMERO

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

757

feld (Prusia) las nuevas salas que contienen ricas telas y bordados de todas épocas.
- El pintor noruego Eduardo Munch, cuyas obras no fueron
admitidas en la última Exposición berlinesa, lo cual fué causa
de la escisión surgida entre los artistas de la capital de Prusia
ha expuesto en el edificio que en dicha ciudad tiene La Equi'.
tativa una porción ele obras suyas, algunas de ellas nuevas, que
han hecho renacer las discusiones que cuando su primera exposición se promovieron.
- En Burlington House, Londres, se ha inaugurado la trigésima cuarta exposición de obras de artistas difuntos, que ofrece
tanto interés, ó mayor si cabe, que las celebradas en años anteriores. Algunos de los cuadros expuestos se exhiben ahora por
vez primera, y tanto éstos como los ya conocidos son preciosos
ejemplares de las antiguas escuelas flame¡;¡ca, alemana, italiana
é inglesa.
- Llama actualmente la atención de artistas y cr!ticos londinenses la exposición de las obras del eminente pintor inglés
Mr. Burne Jone que se celebra en la New Gallery: l\1r. Burne
es de los artistas que poseen un estilo más individual y propio
y de los que menos se han dejado influir por los gustos, tendencias y j uicios contemporáneos; es al mismo tiempo uno de los
artistas más originales, de mayor imaginación y más fecundos.
Próximament~ daremos á conocer á nuestros lectores algunas
de sus más notables obras.
Bara lona. «Salón Parés. »- U na buena copia del hermoso
cuadro de Lhermitte que figuró en uno de los Sa/011es de París
pocos años ha, es la nota culminante de esta semana y al que
acompañan un cuadrito de Coll, figurando una señora en el
palco ele un teatro, y una marina de Sans, monótona y fría ele
entonación, que reproduce (al parecer) una localidad holandesa.
Por unos dias se halló expuesta una gran placa sepulcral de
bronce destinada al enterramiento del Cardenal Payá en la catedral de Toledo, proyecto de Paseó y primoro~amentc fundida en los talleres de Federico Masriera. Es una nueva obra que,
al honrar al artista y al fundidor, prueba el renacimienlo de las
artes del metal en nuestra ciudad.

Teatros. - En el teatro Federico Guillermo, de Berlín, se
ha estrenado con muy buen éxito una opereta titulada El tfo
de los millones, letra de Zell y Genée y música de Adolfo
)1uller.
- La ópera en un acto El juramento, letra de Maximiliano
Singer y música de Guillermo Reich, ha siclo recibida con aplauso en el teatro Kroll, de Berlín, en donde se ha estrenado recientemente.
- En Turín se ha verificado con éxito extraordinario la pri·
mera representación de Los maestros cantores, de \\'agner.
- En el teatro de la Opera nacional húngara, de lludapest,
en donde hace poco se representó con gran éxito la ópera de
Wagner El trep,isculo de los dioses, se pondrá en breve en escena
las cuatro partes de la tetralogía del gran maestro El anillo del
Nubebmgo.
En el teatro de la Moneda, de Bruselas, se ha estrenado
con éxito regular un drama musical titulado Yolanda, de Albe·
rico l\Iagnard, cuya música está inspirada en el procedimiento
wagneriano.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en Menus Plaisirs
una revista en cuatro actos, Tararaboum-Revue, de los señores
Ferrier y Delila; en el teatro Moderno otra revista en cuatro
actos de Cottens y Gaveau, titulada Tout á la sa!11e, y en el
Nuevo Teatro una fantasla lírica de gran espectáculo, en cua·
tro actos, Bouton d' or, de Carré, con música de Pierné; las dos
primeras son el resumen de los principales acontecir;nientos
ocurridos en París durante el año 1892 y están escritas éon gracia y bien presentadas; la tercera es una obra entretenida, conjunto de cuadros pintorescos enlazados por la ligera trama de
una historia amorosa, y ha sido puesta en escena con gran lujo;
la música de los ,ouplets y bailables es ingeniosa y seductora.
Londres. - Ha sido un verdadero acontecimiento el estreno
en el teatro Haymarket de la tragedia Hypatia, de G. Stuart
Ogilvie, no sólo por la obra en sí, sino que también y muy principalmente por la magnificencia y propiedad con que ha sido
puesta en escena. La acción del argumento se basa en el conflicto religioso entre la población cristiana y la pagana de Alejandría en el período de la decadencia del Imperio romano; la
dirección artística de la obra estuvo á cargo del ilustre Alma
Tadema, que dibujó los trajes, decoraciones y accesorios, é inútil es decir cómo resultaría el espectáculo tratándose de artista
tan eminente y de una época y unas costumbres que tanto se
prestan á hacer alarde de pompas y esplendore~.
Jlfadrid. - En el teatro Lara ~e ha estrenado con gran éxito
una comedia en un acto, de D. Antonio Sánchez Pérez, titulada
El son q11e tocan: la idea de la oura es bellísima y está hábil·
mente desarrollada, los caracteres están perfectam~nte dibujados y el diálogo es fácil, naturalísimo y abundante en chistes.
Para el teatro de Apolo ha terminado D. Ricardo de la Vega
un sainete titulado Do1t Pa11li110 Caparró1t ó Vámonos á la ven-

ta del Grajo.
Barce/011a. - En el teatro Principal, terminadas ya las tareas de
la compañía que dirigian D. Ricardo Calvo y D. Donato Jiménez,
actúa la compañia infantil que dirige D. José Bosch y que había
trabajado recientemente en el Circo Barcelonés. En el Eldorado
se han estrenado con buen éxito las zarzuelas en un acto El organista, letra de Estremera y música de Chapí, y Guas/11, paro·
dia de Garln, de D. Salvador M. Granés, con música de varias
óperas, arreglada por el maestro Rubio.

¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación!

CARGO DE CONCIENCIA

Negrologia. - Han fallecido recientemente:
Francisca Rheinberger, notable poetisa y prosista alemana.
Vicente Stoltenberg Lerche, pintor de género y arquitectura
de la escuela de Dusseldorf y uno de los más ilustres miembros
de la colonia de artistas noruegos de aquella ciudad.
Alberto Delpit, notable escritor francés, autor de varias novelas y dramas, entre las primeras Le 111ariage d' Odette y Com111e dans la vie y entre los segundos Le.fils de Coralie, y colaborador .en los principales periódicos y revistas franceses.
El Excmo. Sr. D. Ignacio M. del Castillo, conde de Bilbao,
grande de España, teniente general, ex ministro de la Guerra,
ex comandante general de alabarderos: entre sus muchos y notabilisimos hechos de armas es sin duda el más brillante la heroica defensa de Bilbao en 1874, pues gracias á su valor y ener·
gía no pudieron los carlistas penetrar en la plaza á pesar de los
125 días de sitio, 70 de ellos de terrible bombardeo, ~iendo esta
defensa tanto más meritoria cuanto que los sitiados carecían casi
de víveres y municiones. El general Castillo no se había suble·
vado nunca en sus 57 años de carrera militar y estaba condecorado con las principales cruces de las órdenes militares'y civiles

POR

Ju ANA MAIRET, CON PREéIOSAS ILUSTRACIONES DE A , MOR EA U
(CONTINUACIÓN)

- ¿Verdad que me amas, Marta?

Edmunda guardó silencio un instante, y después dijo con cierta expresión de

- Sí, con ternura y con abandono. Hasta ahora mi corazón estaba un poco gravedad:
cerrado, pero se ha abierto para ti, por más que al principio no te quisiera. Y te
aseguro que has entrado bien, pues te amo como hermana y casi como madre.
Quiero que seas feliz y buena, sobre todo esto último, y no perdonaré nada para
hacerte dichosa.
A lo cual replicó Edmunda:
-¿Nada?
-Nada.

- Escucha, Marta, me parece que te robo. Tú me crees mejor, más afectuosa
y más digna de ser amada que lo que realmente soy. Ya he tratado de hacerte
comprender cuantos defectos tengo y tú no das crédito á mis palabras; mas no
quisiera que te engañases respecto á mí, tú que vales diez mil veces más que yo
- Amame, Edmunda, y esto será suficiente.
- ¡Ah! ¡En cuanto á eso!..
Y un prolongado beso terminó la frase.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

577
NúMERO

b~n en el salón. La señora de ~ncel, tranquilizada por su última visita á la coV
cina y al comedor, est.aba ya dispuesta á recibir á sus convidados.
Desde la mu_erte de su esposo la señora de Anee!, que le había adorado, vivía . Se entendía muy bien con la señora Despois, y sin embargo difícil hubiera
su~amente retirada; por pnmera vez pensó ahora en abrir su casa para dar re- sido en~ontra: dos personas que menos se pareciesen. La baronesa, mujer conuniones. Todo aquel bonito país de los alrededores de Honfleur está muy po- te~platlva ~ Joven por el corazón, conservábase en cierto modo por el aislablado durant~ el verano; allí abundan los castillos, las quintas y las heredades, miento; hab,a parado su reloj en el mo~ento en que su esposo la dejó sola y no
palabra fav~nta de los normandos, y la señora de Anee! no tenía que hacer más pensa~a ya e!1 darle cuerda; t~n sólo ~,vía en el pasado, y su amor maternal,
n:iuy vivo Y tierno, no había sido suficiente para hacerle seguir la marcha del
q~e una sena! par~ verse rodeada al punto de gente amiga. En su consecuencia siglo.
d,ó ~n~ gran comida en honor de Edmunda Levasseur, cuya llegada al castillo
Su vecina, por el contrario, resignada muy pronto á no conocer felicidad perbabia s,d~ mur comentada en el país. En el campo todo se sabe: cada cual cofecta.,
habíase. crea~o una füoso~a que 1~ sirviese de apoyo, pretendiendo que
nocía la histona de la «pobre señora Levasseur,» como aún se decía muerta de
las
h~eras
sat1sfa&lt;;c!ones de la v1Ela, hábilmente ordenadas, proporcionan algo
pesar ó cuando menos por haber acelerado su fin el dolor y la adopción de
aquella ~ermanastra por la s~ñorita Levasseur, es decir, la ¡dmisión de la hija semeJ_ante á la fehc1dad, al fin y al cabo muy aceptable; que déspertar las penas
dormidas es una i:iecedad, y que siendo la risa propia del hombre, loco era quien
de la a~1ga en casa de la víctima, habíase juzgado muy diversamente.
se
abstenía de reir, tanto mas, c_uanto que la risa, según ella, suponía muchas
b' El seno: cura aprobaba con entusiasmo á su joven feligresa, diciendo que ha1ª cumphdo _con un deber, un deber difícil y hasta penoso; pero que aquí por cosas agradables, c?mo comer bien, rodearse de lujo, hablar con personas de
lo menos la V1:!ud había alcanzado su propia recompensa. Al arrancar aquella talento cuando se tiene la sue~te de encontrarlas, y á falta de éstas contentarse
encantadora ?111ª de un ~entro peligroso, donde su alma hubiera estado en peli- con las .que son agradables y tienen buena educación. Sin duda comprendía en
esta última clase á la señora de Anee!.
gro, Y de panentes relacwnados de cerca ó de lejos con el teatro Marta había
- ~e paree~ 9ue su hij~ de usted se humaniza, dijo á la baronesa. Hele ahí
e?contrado una compañera alegre y joven, una hermana muy cariflosa y agrade_ne ~orno s, Jamás hubiera asomado la nariz en los empolvados archivos del
f'da que _alegraba á cuantos la veían. El señor cura, hombre excelente en toda q~e
min,steno de Estado.
~ extensión de la palabra, al pronunciar su breve sermón del domingo compla- ¡A Dios &amp;racias! Y~ recordará ~sted,, querid~ amiga, que siempre dije que
ciase en ver el ?anco_d_el castill? tan bien ocupado; Edmunda asistía con perfecta gra~edad a los d1vmos oficios, y _hasta una vez hizo la cuestación; de modo Roberto se reJuvenecena con los anos; a los vemte era demasiado serio cosa
que no parecía natural, y después...
'
que el senor cura, _como todos sus feligreses, quedaron sometidos al encanto de
La señora de Anee] ardía en deseos de manifestará la tía Aurelia todas sus esaquella seductora Joven.
La morada de la señora de_ Anc~l ~o tenía nada de castillo: era una casa grande pe:anzas; mas_ no l? _haría, p~esto que prometió á Marta el silencio; pero... ¡si la
muy modern~, remedo de qumta 1t~hana, co~ e~ tejado muy plano y una serie sen.ora Despo1s qms1ese ad1vmar!.. A ella le parecía, sin embargo que la nueva
'
de balaustres, desde la parte supenor del ed1fic10 disfrutábase de una vista tan actitud de Roberto era bastante significativa.
además,_
i.nterrumpió
la
señora
Despois,
no
hay
nada
como
dos hermo:agnífica 9ue con, frecuencia se trasladaban allí todos los de la casa, y detrás
sos
OJOS
p~ra
d1s1par
las
brumas
del
estudio.
Veamos,
amiga
mía,
no
tome usted
sta
e é , asi C?mo a lo largo de la cuesta de la colina, extendfanse grandes bosesa
expresión
de
alarma;
ya
sabe
usted,
como
yo,
que
desde
la
llegada
de Edques. La afi~ión de la viuda á las flores tenía ancho campo en que desarrollarse
munda, Roberto se muestra más amable; si él no sabe aún que está enamorado
vasto Jard_fn que en pendient~ muy rápida descendía hasta la carretera, y yo
sí lo sé.
'
ie en la vecindad podía competu con la señora de Anee! por sus prados de
- ¡S~ engaña usted, se engaña usted!, exclamó la señora de Anee! sofocada.
~mertldas, de césp~d fin.o y compacto y particularmente sus rosas. Estas flores
- ¡1 a, ta, ta! Muy rara vez me equivoco yo en esas cosas. Desde que no soy
egra an los canastillos, invadían las paredes, presentando las más raras varie~ades, o~tentábanse lozanas en todos los rincones de la propiedad y embalsama- más que espectadora_ tengo mi anteojo bien limpio, miro, y me divierto en granan el aJ~e alrededor de ella. La única queja que la viuda tenía de Marta era d~. Bien .muado, amiga mía, usted deseaba que la señorita Levasseur fuese su
ut pr~finese sus bosque~ á su jardín, y se perdiera durante horas en las som- h1Ja política, y no puede quejarse. Edmunda es lindísima; á mí no me agrada
. r as a amedas, complac1éndose en meditar más bien que en ocuparse en su much~; pero en fin, debo reconocer que es muy linda .
- Si, repuso la baronesa, que comenzaba á reponerse de la sacudida y usted
Jardín, expurgar los rosales y persiguiendo sin tregua á los purgones que los
se
daría
por muy contenta si pudiera desembarazarse de ella casándol; cuanto
am{:1azaban. ¡Pero la perfección no es de este mundo!
antes.
d' d s
her!11anas, acompañadas de la tía Aurelia, llegaron muy temprano el
- ¡Ya lo creo que sf! Esa niña perturba mis costumbres; y aunque no la quieJarf e ª co_m_ida para ver el fin de una magnífica tarde de julio en medio del
ro,
temo mucho que al fin me seduzca su encanto. Me es preciso violentarme
u_:e bdebcioso de las rosas, que se ostentaban entonces en todo su esplen.,
'
or. m as vestí~n de blanco; pero el traje de Marta, de lana muy suave era y no hay nada tan fatigoso como esto.
Entonces,
replicó
la
señ~ra
de
Ai:ic~),
cuyo
egoísmo
maternal
se
despertaba
un poco severo, s~n el menor adorno, mientras que el de Edmunda, de m~selina de seda ~uy hgera, tenía lazos de color sonrosado muy pálido que hacían Y que en u~ momento entreVIó la pos1b1lidad de que su hijo prefiriese la hermare~1~r ~u delicada belleza de mujer rubia con ojos negros. La tía Au~elia aunque na menor a _la mayor, puesto que no había ningún compromiso formal, entonre un una!:do de una manera belicosa, debió confesarse que rara vez ;ra dado ces usted m1sma reconoce el encanto que esa niña ejerce ...
ver una mna de ' t tº
·
. . .
Ed
da
mas a rae ivo m tan encantadora. ¡Y 1u1c1osa como una imagen! , -: ¡Sí _que lo recon.ozco!, tanto que al estudiar á esa joven llego casi á excusar
brilru~ no s_e aparta_ba_ de su he~mana mayor, hacía lo posible por apagar el a m1 cunado. J.,a a~tlpua leyenda d~ las sirenas se continúa á través de los si0 ~ sus OJOS, repnm1r su sonnsa y no ser en nada coqueta á fin de mere glos Y se continua~ a través de los tiempos. Edmunda es la imagen de su macer elo~t0s Y evitar un sermón. De este modo su belleza era suficiente para con~ dre, except? los OJOS, que son de su padre. Yo iba ocultamente á ver trabajará la
!en~r u,n 1ª~t Cuando sus párpados bajados se elevaban de pronto los ojos mad_re, actnz co~o se ven pocas; todo lo tenía aquella mujer: naturalidad, encanto,
n n mas n o Y )os hoyuelos de las mejillas reaparecían de repent¿ más se- grac1~ en el decir... ; en fin, todo,_ menos c~razón. yuelvo á encontrar en la hija
d uctores y provocativos.
las mismas entonaciones de voz, 1~al sonnsa, que ilumina su rostro de repente,
Con:io ~dmunda no había visto aún más que el salón y el jardín Roberto c?mo el rayo de sol cuando pasa a través de una nube. Mírela usted cuando se
con~~JO a las dos h~rmanas para dar la inevitable vuelta del propi~tario. La sienta... Nosotras tomamos una sill~ para descansar buenamente, y nuestras falpen iente era tan rápida que la casa tenía casi un piso menos detrás que delan d~ se acomo~n como pueden, mientras que la de Edmunda se extiende en
Desde una avenida pasábase á una vasta habitación llena de estantes de Ji~ pliegues armonios?s; cuando habla, ·sus ademanes tienen una gracia tan infinita
os, un poco severamente amueblada, con una mesa de despacho cubierta de ~orno natural, y s1 u~ted la escucha observará que nunca tartajea; cada sflaba
~ap~dlesdy volúmenes bastante desordenados. Edmunda alargó el cuello con cu tiene su valor; el s~nido de ~u v?z se modula con un arte que ni ella misma coTIOSI a .
. noce, Y la el?cuencia le ha sido inculcada sin que lo echara de ver, pues bastóle escuchar a su madre.
-t¿Es ª.hí donde trabaja usted, Sr. Anee!, y donde escribe una obra terrible- Pero, observó la baronesa, usted ha dicho que su madre lo tenía todo exme~ ;rse~ia, según m: ~n dicho?, preguntó.
cepto corazón. ¿Se le parece también la hija en esto?
'
está ~i~mente, s~nonta, Y aquí estoy muy tranquilo; este rincón del jardín
Es
cosa
que
toqos
los
días
me
pregunto
y
nada
sé
aún;
pero
es
posible
que
clabsi siempre desierto, y como ve usted me bastan dos pasos para trasladarme a osque.
te?ga un_poc? _de corazón. AI_verla, con Marta, cualquiera lo creería así. No hay
- Codnfiese. usted, dijo Marta sonriendo, que para ir allí salta por la ventana mimos_ ni canc,as que no prodigue a su hermana; la sigue por todas partes como
una cnatura; trata de ayudarla en el arreglo de la casa, con lo cual, dicho sea
en vez e sa1u por la puerta.
ca - ~n efecto, es una costumbre de la infancia á que no pude renunciar nun- de paso, lo ~rastorn~ todo; corre á casa de nuestros dos colonos para darles órtr~tJ
me parece muy cómoda, y no se necesita ser buen gimnasta para en- denes, y olv1dand? a éstos, se entretiene en jugar con los perros y los pollos
t" d e mismo m~do. Ya ve u~ted que las casas edificadas, contra el buen sen- porq_ue sabe que a Marta le agradan también. Siempre alegre, todo le paree~
admirable: se _extasía an~e una bu_en~ vista, se chapuza en el agua alegremente,
1 en una pend1en_te muy empinada, tienen algo bueno.
cas- ¿Y no ha expenmen~ado usted nunca algún temor? Si entra usted en su ~nda, corre, siempre está. en mov1m1ento y arrastra en él á su hermana. Pero el
ª dehesa ~anera, también otros podrían hacerlo. Yo soñaría en ladrones todas Juguete es :~ora nuevo; en el mes de julio, el campo, con sus animados cami1
asdnoc es si ocupara semejante habitación... , exclamó Edmunda que no era nos, los bamstas en to~s partes y los castillos llenos de gente, está muy bien.
na a va1erosa.
'
Yo espero el mes de noVIembre, porque entonces la niña se verá obligada á concretarse á nuestra sociedad.
-d No hay pel'g
•
·t
d
,
1
. ro, senon a, Y a emas en ese mueble que ve usted ahí mi
- La juventud sabe alegratse en todas partes y siempre murmuró la señora de
ra Ja_e me obliga á guardar un magnífico revólver que hace años descansa e~ su
~ncel
de indulgencia; y en todo caso, como Marta ~ma á su hermana ha~~ d~
otra parte me ha dispuesto esa magnífica panoplia que hay enci- ra todollena
cuanto ésta quiera.
'
d
imenea, menos como adorno que para hacer creer que soy hombre
.
Si
se
la
lleva
á
París
un
mes
ó
dos
antes
que
de
costumbre,
yo
no
me
quee ~r~as tomar. Yo me fío más bien de la tranquilidad del país que de una recr n us urpada... Y ahora, señorita Edmunda, añadió Roberto si cree usted taré; pero Ma~ no es débil, y si cree de su deber oponerse á un capricho de nina, se opondra, esté usted segura de ello. Entonces veremos. Edmunda me hace
_ª e~ ~ne1uído con dirigir una mirada á través de la ventana abierta se enga p~nsar
en las bonitas sedas flexibles y suaves de mis bordados; se enhebran fáfoª us e h mu~fo. Aún le falta admirar nuestro corral, un verdadero cor;al mode:
, due umi a al del castillo, y además nuestras cuadras y campos nuestras cilmente, su ~ontacto es dulce para los dedos y se hace lo que se quiere; pero
phra, eras Y. bosques. ¡Venga usted! Aún tenemos para una hora larga 'y esto nos de rep~nte, sm que yo sepa cómo, se forma un pequeño nudo imperceptible, y en
ara apreciar meJ·o I
'd d
·
•
'
bonita seda suave_ se rompe la aguja en seco. En esa niña no se ha formado
á usted
r a com1 a e m1 madre. Dicho sea entre nosotros, advertiré la
nudo aún; mas no diré que no se produzca.
esté , es que hace una semana que no duerme por temor de que su comida no
El nud~ se formó antes de terminar la noche.
• ª la altur~ de la solemnidad. Años hace que apenas ha recibido más que al
La
co~md~ fué d~ las más alegr~s. l!n_a veintena de convidados, todos ansio!;~~i:o~ura Y a nuestras dos amigas del castillo. ¡Ea, vamos á buscar un buen
sos de d1vertuse y Jóvenes los mas, ~1c1eron honor á los numerosos platos; la
Mientras que los jóvenes se paseaban en el jardín, las dos matronas conversa- m~sa estaba adornada con las más lmdas rosas del jardín y por las ventanas
abiertas de par en par, penetraba la brisa suave de aquella hermosa tarde de ve~

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LA

577

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rano. Edmunda olvidaba un poco sus buenas resoluciones; adivinaba que de
toda la juventud reunida alrededor de la mesa ella era la reina sin rival; sabía
que era mucho más bella, más admirada y obsequiada que las demás mujeres, y
la alegría de su triunfo se desbordaba un poco en el sonido de su risa y en el
brillo de sus ojos. Casualmente tenía por vecino al capitán Bertrand, y divertlase
en volverle completamente la espalda. Roberto, como dueño de la casa, hallábase colocado entre dos señoras de edad respetable y dirigía envidiosas miradas
al sitio donde Edmunda hacía gala de su locuacidad parisiense. La traviesa joven, fijándose muy pronto en aquellas miradas, redobló su coquetería. Marta,
colocada en la otra extremidad de la mesa, nada podía hacer para moderar un
poco el proceder de su hermana; pero bien mirado, como todos estaban alegres
aquella noche, se hallaban en el campo y eran vecinos, nadie podía formalizarse
demasiado por alguna carcajada más ó menos. Además, ¡era tan linda la pequeña Edmunda y se la admiraba tanto! La idea de que pudiera inspirarle un sentimiento de celos aquella recién venida que la eclipsaba tan completamente, no
cruzó por su espíritu ni una sola vez; muy por el contrario, enorgullecíase de la
belleza y del triunfo de su hermanita.
Después de comer tratóse de tomar el café en el jardín, cosa rara á orillas del
mar, y Marta enlazó con su brazo el talle de Edmunda. Los jóvenes de ambos
sexos formaban un grupo ruidoso y alegre; la luna tenía aquella noche un brillo
extraordinario, tanto que todos se veían casi como en pleno día, y la hermana
mayor notó que Edmunda tenía las mejillas muy encendidas y los ojos en extremo brillantes.
- Sin duda tienes mucho calor, le dijo. Ponte este céfiro alrededor del cuello. ¿Sabe usted, señorita, añadió Marta en tono de broma, que hacía usted mucho ruido en su rincón? ¿Qué hemos hecho de esa formalidad ejemplar?
- Te la he trasladado á ti, Marta, porque á ti no te molesta, y yo al cabo de
una hora no puedo conservarla ya. ¡Ah! Déjame ser un poco loca; es muy grato
loquear, y no se tienen diez y ocho años más que durante doce meses ... Si tú
supieras... Hemos formado mil proyectos, ¿no es verdad, capitán? ¡Ah! Vamos á
divertirnos mucho.
- Y ¿cuáles son esos proyectos?, preguntó Marta risueña é indulgente.
- ¿Tomaré yo parte en ellos?, preguntó Roberto á su vez, atraído por las dos
hermanas y no osando preguntarse si se declaraba más en favor de una que de
otra.
- Ya lo creo, contestó Edmunda, y el capitán y todos esos señores. Piensen
ustedes en que seremos ocho damas y que necesitamos caballeros. Por lo pronto, el lunes almorzaremos en la cFuente de Virginia... » ¿No es verdad, Marta?
- Con mucho gusto, hija mía.
- Después queremos representar alguna comedia; esto es muy divertido en
sociedad, y sobre todo en el campo, y ya sabes que el salón grande con el gabinetito en el fondo es lo más á propósito. El capitán repr~senta muy bien, y yo...
Edmunda se interrumpió¡ su hermana había retirado el brazo con que rodeaba su cintura, y parecía muy pálida á la luz del astro de la noche.
- Eso no, Edmunda, eso no, dijo, cambiando de tono.
- ¿Por qué?, preguntó la joven con cierto calor.
Era la primera vez que veía contrariado uno de sus caprichos, y su lindo rostro parecía descompuesto.
- La comedia de salón es sin duda cosa muy divertida para los actores improvisados, y sobre todo para las actrices; pero enojosa para los demás, yo te lo
aseguro.
- Puesto que todos seremos actores, cuando menos los jóvenes, los demás no
se cuentan.
- En mi casa, Edmunda, los demás, por el contrario, se han de tener en
cuenta, y de consiguiente no habrá comedia.
Esto fué di~ho con un tono que no admitía réplica. Todos adivinaron que
Marta no manifestaba la verdadera razón de su antipatía á las cosas de teatro;
y Edmunda, comprendiéndolo así también, irguió altiva su graciosa cabeza· su
rostr? tomó repentinamente cierta expresión de dureza, y repuso con indiferencia:
- ¡Cómo tú quieras, naturalmente! Sr. de Anee!, añadió, ¿quiere usted darme _el brazo? Deseo contemplar la vista del paisaje desde la altura. ¿Se puede
subir? Vengan ustedes, señoritas; me parece que el mar á la luz de esta luna
tan clara debe estar magnífico.
Marta no siguió á los demás convidados.
En la manera de tomar Edmunda el brazo de Roberto observó alguna cosa
que la sorprendió súbitamente.
Fué á sentarse junto á la señora de Anee!, que cogió cat'jñosamente su mano.
En el fondo pedíale que la dispensase, como de una infidelidad por su conversación con la tía Aurelia.
'
- ¿Está usted indispuesta, Marta? ¿Quiere usted que volvamos á casa?
- ¡Oh! No, se está bien aquí.
- ¿Pues entonces?
-~o es nada; estoy un poco triste, pero no haga usted caso. Es una rareza
de m, carácter que. me hace pen~ar en cosas no_muy alegres cuando á mi alrededor se rí_e demasiado. ¡Qué qmere usted! Yo paso ya de los diez y ocho años,
Y segtín dice Edmunda, no se tiene esta edad más que durante doce meses.
¿Los habré tenido yo alguna vez? Temo mucho que no.
- Los tendrá usted un poco más tarde, y á eso se reduce todo. Lo mismo
que le _sucede á Roberto, se rejuvenecerá usted á medida que vaya transcurriendo el tiempo.
- ¡Tal vez!, murmuró la joven. Efectivamente, Roberto es muy joven esta
noche ...
Y Marta comenzó á meditar algo tristemente.
VI
Para ir á la «Fuente de Virginia&gt; se deja la carretera de Villerville á fin de
franquear una cuesta bastante rápida entre muros de vastas propiedades. A través de las verjas se ven jardines bien cultivados, muy en oposición con el carácter salvaj~ de las s?ledades de los bosques que tanto agradaba á Marta Levasseur, castillos y quintas nuevas y flamantes y granjas de aspecto tranquilo y
próspero.
Después de franquear la cuesta es preciso tomar un atajo donde apenas se
aventuran los vehículos; aquí se ve á veces, por encima de los tejados de las

53

granjas ó de las praderas donde pacen los rebaños, la extensión del mar iluminada por el sol de verano y surcada por grandes sombras de color azul obscuro que algunas nubes vagabundas proyectan. Es un sendero muy solitario y silencioso, donde el ladrido de un perro de guarda toma sonoridades singulares;
á medida que se avanza, el bosque presenta un carácter más salvaje; el tallar es
intrincado, ya no se ve el mar y tampoco se oye rumor alguno, como no sea el
súbito vuelo de un ave espantada y el roce del follaje movido por la suave brisa del verano. Después el tallar cesa súbitamente, é inmensos árboles, hayas seculares, verdaderamente magníficas, elévanse por todas partes en libertad. Poco
después se atraviesa un puentecillo sobre el riachuelo formado por las aguas de
un manantial, y llégase á un claro sombreado por otros árboles de troncos enormes y circuido por el bosque. En el centro, casi al pie de la más venerable de
aquellas hayas, se ve un segundo manantial muy abundante, que antes de formar arroyo se extiende como una cristalina sábana, constituyendo un gracioso
estanque. No se podría encontrar un rincón de tierra más seductor para ser feliz
y vivir enamorado y algo loco también: es el dominio de la reina Mab, de Titania y de Oberón.
Para complacer á su hermanita, Marta había organizado en aquel delicioso
sitio una verdadera jira campestre. No se había hablado más de la comedia de
salón, y para que se olvidase esta ligera contrariedad, Marta redoblaba su ternura y sus bondades. Cierto que Edmunda no ponía mala cara; pero de vez en
cuando una ligera nube pasaba por su tersa frente, manteníase silenciosa, y un
suspiro apenas perceptible indicaba que aquella joven pensaba en cosas de que
no podía hablar. Por primera vez uno de sus caprichos no había sido satisfecho; estaba asombrada, resentida también; pero concedía su perdón. Marta era
muy buena; hacía cuanto le era posible, y no podía esperarse que se antepusiera del todo á las preocupaciones de su casta. Edmunda, por el contrario, educada en la sociedad de su madre, se había acostumbrado á mirar muy por encima todas esas preocupaciones del campesino; y como en su pequeña cabeza no
estaban at\n bien determinadas las ideas, comprendía en aquéllas tal vez más cosas de las que hubiera debido, permitiéndose para ciertas libertades excesivas
indulgencias, que á veces hacían abrir mucho los ojos á la tía Aurelia. Delante
de Marta, Edmunda dejaba ver poco su imperfecta ciencia del mundo, comprendiendo que su hermana mayor era realmente mucho más «niña&gt; que ella
en el verdadero sentido de la palabra.
'
La mayor parte de los convidados de la señora de Anee! tomaban parte en
la merienda. Varias jóvenes con sus madres, entre otras, dos americanas muy
alegres y algo locas, que habitaban en una antigua heredad situada casi al pie
de la colina y á quienes Edmunda quería mucho, y cierto número de jóvenes
que l? eran demasiado en su mayor parte, como sucede á menudo en el campo:
constituían un grupo muy agradable de ver. Los trajes claros de las mujeres se
destacaban como notas vivas y alegres sobre el fondo sombrío del follaje.
El alma de aquella sociedad era el capitán Bertrand, que había llegado á galope desde Trouville. Su caballo, cubierto de espuma y lanzado á escape, habíase espantado en el momento de atravesar el puentecillo; el capitán, viendo
que todos le miraban, damas y caballeros, había obligado al cuadrúpedo, que
se encabritaba, á retrocederá cierta distancia y atravesar una y otra vez el puen·
tecillo de madera, cuyo sonido intimidaba al animal; pero e~to á fuerza de latigazos administrados tan despiadadamente, que el caballo, con los ojos coloreados de sangre, temblaba de una manera visible.
- Capitán, exclamó al fin Marta indignada, suplico á usted que no maltrate
más á ese pobre animal; el espectáculo es poco agradable, y ya nos ha demostrado usted lo suficiente que es un jinete consumado.
- A la orden de usted, señorita; pero si la encargasen conducir un regimiento ó amaestrar un caballo, aseguro á usted que necesitaría endurecer un poco
su corazón demasiado bueno.
- Sin embargo, crea usted que también sé hacerme obedecer cuando conviene.
. - Yo s_oy la prueba de ello, repuso el galante capitán inclinándose y con irómca sonnsa.
Ac~o continuo ofreció sus sen-:icios, ayudó á los d_emás, se mostró muy alegre
y decidor y hasta un poco atrev1do. Edmunda le miraba con evidente satisfacción. Aquel día, el equilibrio que conservaba sabiamente entre sus diversos admiradores - á todos los jóvenes que veía considerábalos como tales- se desconcertó un poco en favor del capitán.
El oficial no trataba de ocultar en manera alguna su admiración; devoraba
con la vista á Edmunda de la manera más atrevida, casi brutal, admirando sin
duda ~u ligero traje de batista de color azul claro, muy sencillo, que le sentaba
maravillosamente y realzaba su belleza. Edmunda tomaba las más graciosas posturas de mujer casera, arremangándose hasta el codo y levantando su falda lo
bastante para que se vieran los más lindos pies del mundo. Mientras las demás
jóvenes abrían los enormes cestos que se habían llevado de antemano pues no
se querían criados para servir, Edmunda se encargaba de llenar las b~tellas en
el manantial y ~! capitán era quien debía llevarlas; pero la joven tenía empeño
en coger ella misma el agua, tan pura y fresca, que el cristal se empañaba al
punto. Algunas piedras colocadas en sitio conveniente permitían acercarse al
arroyuelo; mas después era preciso doblar el cuerpo y no mojarse demasiado el
borde de la bonita falda. ¿Cómo no aceptar la nervuda mano que Bertrand Je
ofrecía y no permitir que la sostuviera? En buena ley no había medio de evitar·
lo. ¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación, arrodillada
en parte, con cierta seriedad y teniendo en la mano derecha una botella mientras ~ue daba la. ot,ra al capitán! Est: último ~e inclinó también, y en el agua
límpida las dos 1magenes se confundieron un instante. La voz del oficial fué
trémula al decir por lo bajo:
- Vea usted, señorita Edmunda, el manantial nos casa; es la divinidad de
este sitio, y la voluntad de los dioses es sagrada.
- Eso no es más que agua, contestó Edmunda riendo, sin escandalizarse en
lo más mínimo; y los poetas dicen que la onda es pérfida.
- Permftame usted decirle que la adoro; estoy loco por usted, y esto desde
el día en que la vi por vez primera ...
.- En «:' ferrocarril, interrumpió Edmunda, ya lo sabe usted, los silbidos, los
«cmco mm utos de parada,» el humo que ensucia y huele mal. .. Lodo esto no es
nada poético.
- ¡Burlona! Sin embargo, le diré y le repetiré tanto que la adoro, que al fin
acabará usted por creerlo.
( Co11tin11ará)

,

�54

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO

SECCIÓN CIENTIFICA

tánea. Sus tra~ajos en materia de electricidad índustrial son muchos y muy importantes: citaremos entre
WERNER DE SIEMENS
ellos la armadura en doble T de su máquina dinamo,
La ciencia y la industria eléctrica han tenido re- el principio de la auto-excitación presentado á la Acacientemente una pérdida sensible en la persona del demia de Ciencias de Berlín en 17 de enero de 1867,
algunos días antes de la comunicación
de Wheatstone sobre el mismo asunto, el
primer ferrocarril eléctrico establecido en
1879,,- el sistema de los despachos neumáticos que introdujo en Berlín desde
1865 y un gran número de otros inventos menos conocidos, pero no menos
útiles.
Este sabio eminente fué colmado en
vida de honores de toda clase. En 1860
la Universidad de Berlín le concedió el
título de doctor en filosofía honoris causa
y en 1874 la Academia de Ciencias de la
propia ciudad le llamó á su seno.
Su autoridad en los congresos científicos en que tomó parte era reconocida
por cuantos á ellos concurrían y sus consejos eran con frecuencia seguidos.
En 1888 contribuyó con 300.000 marcos (37 5.000 pesetas) á la creación de un
laboratorio nacional científico y técnico.
Por, la importancia de sus descubrimien~os y de sus trabajos; por su habilidad, en llevarlos á la práctica, á sacar de
ellos un provecho material para la industria y á obtener de ellos resultados útiles
para la ciencia, Werner Siemens deja en
pos
sí el recuerdo de un trabajador
mfatigable, de un sabio distinguido, de
u? inventor fecundo y de un hábil ingemero.
Bajo un aspecto algo rudo, Werner Siemens ocultaba un fondo de benevolencia
y de afabilidad que pudieron apreciar
cuantos con su trato se honraron.

?e

E.

HOSPITALIER

CERRADURAS DE ALARMA
WERNER DE SIEMENS,

eminente fisico recientemente fallecido

doct:&gt;r Werner de Siemens, fallecido en Berlín en 6
de diciembre último, á la edad de setenta y seis
años.
El doctor Siemens, nacido en Lenthe (ltannover)
en 1816, hizo sus primeros estudios en el gimnasio
de Lubeck y entró e n la artillería prusiana en 1834.
Su inteligencia llamó desde luego la ~tención de sus
jefes, y después de haber pasado algún tiempo en la
Escuela militar fué nombrado teniente en 1837, sirviendo hasta 1850. E l tiempo que le dejaba libre el
servicio dedicábalo al estudio de las ciencias físicas,
inv~ntando entonces el dorado eléctrico, un regulador diferencial y un telégrafo impresor eléctrico automático.
Siendo individuo de una comisión de estudios
nombrada para la sustitución del telégrafo óptico por
el eléctrico, propuso en 184 7 el empleo de conductores ó cables aislados por medio de gutapercha, y fué
el primero que consiguió cubrir el alambre de cobre
con este precioso aislador por medio de una prensa
de su invención que hoy emplean todas las fábricas
de cables. Estos alambres aislados sirvieron en r 848
para proteger el puente de Kiel contra los ataques
de la flota dinamarquesa, pues fueron utilizados para
préi;ider fuego á ias minas submarinas por medio de
la electricidad.
En aquel mismo año establecióse bajo su dirección la primera línea telegráfica aérea alemana entre
Berlín y F raqcfort en el Mein- y en 1849 la primera
línea telegráfica subterránea entre Berlín y Colonia.
Asociado con Halse fundó en 1847 los establecimientos de Charlottenburgo que muy pronto adquirieron una reputación universal, creando sucursales,
que luego fueron establecimientos independientes, en
Londres bajo la dirección de Guillermo Siemens, fallecido en 1884, y en ~an Petersburgo, bajo la de
Carlos Siemens, ambos hermanos de Werner.
Por espacio de cuarenta años Werner Siemens distribuyó sus trabajos entre la ciencia pura y la ciencia
aplicada: á él se debe el patrón de resistencia en
mercurio, adoptado hoy como prototipo internacional
que representa un valor fijo, invariable, de fácil reproducción en cualquier tiempo y lugar con sólo tomar por base su sencilla definición. Werner Siemens
ha creado una serie de métodos para medir los cables subterráneos y submarinos que todavía se siguen
actualmente. La telegrafía le debe el relevador polarizado de su nombre, la prensa de gutapercha y el
descubrimiento de un sistema de transmisión simul-

577

perfecta por su fuerza de resistencia: además, á la menor tentativa de los ladrones produce la alarma en toda la casa y en toda la vecindad. Cuando desde afuera se intenta abrir las hojas de las puertas, las cadenas representadas en nuestro grabado se estiran y solicitan un resorte colocado en el interior del cilindro
central, al cual van unidas, y hacen estallar un cartucho que produce una detonación. La fig. 2 representa la cadena para las puertas de las habitaciones; la
figura 3 el aparato para cercados, vedados de caza,
huertos, corrales, etc. Este aparato de detonación de
mucho calibre y de pequeñas dimensiones se deja oir
perfectamente á una distancia de 1.200 á 1.500 metros: tendido por medio de alambres, sea de árbol á
árbol, sea en lo alto de una pared de cerca ó de cualquier otro modo, puede disimularse fácilmente y permanecer indefil')idamente expuesto á la humedad, sin
que se altere el cartucho que contiene.
Las fi_gs. 4 y 6 representan un pequeño aparato móvil de detonación, que se coloca en el suelo detrás de
las hojas de la puerta: un clavo puesto en su extremo en-la madera del suelo ó entre dos ladrillos lo fija
suficientemente para que el menor choque en el gatillo,
que est;r:en el otro extremo, produzca la detonación.
La fig. .5 reproduce el aparato para las ventaI)as:
una pequeña escarpia colocada en cada hoja de la
ventana.permite colgar y quitar instantáneamente el
aparato, que,· en un modelo más pequeño, puede ponerse también en las arcas para guardar caudales,
en los muebles, cajones, baúles, maletas, etc., y los
protege contra los ladrones, á quienes denuncia.
Las figs. 7 y 8 representan una cerradura y un cerrojo con detonación, timbre y luz eléctrica: para mayor precaución cada cerradura tiene dos clases de
llaves: la de seguridad, que abre todas las partes de la
misma, y una para· los entrantes y salientes, la cual sólo puede abrir la puerta cuando ésta está simplemente
cerrada de golpe y no da idea de la llave de seguridad.
Finalmente, para _que nada falte á esta cerradura,
un contacto colocado en el interior y puesto en .movimiento por la doble vuelta alumbra, cuando se q uiere, una ó varias lámparas de incandescencia cuyo en- '
tretenimiento no exige más que unos momentos de
cuidado cada dos ó tres· meses y un gasto insignifi;cante. Este alumbrado, obtenido al abrir la cerrad ura, puede ser de gran' utilidad para el que entra de noche en su casa ó en una habitación obscura.
El pestillo de la fig. 8 está destinado á las puertas
interiores y á las escaleras de servicio y produce la
alarma sin necesidad d~ que lo abran, desde que se
intenta forzar la puerta. Inútil es decir que el mecanismo está dispuesto de tal suerte que la detonación
no puede producirse nunca en el uso ordinario del
pestillo.
X ..., inge11iero

Los periódicos publican continuamente noticias de robos con fractura, para
evitar los cuales se han inventado una porción de sistemas de cerraduras, de seguridad unas y avisadoras ó
de alarma otras. Uno de los inventos más interesantes en este último género es el de M. Pablo Blanchet:
con los aparatos que vamos á describir, apenas se in·
tenta forzar una cerradura ó introducir en ella llaves
falsas ó violentarla con una palanqueta para hacer
saltar la armella ó romper los goznes de una puerta ó
aserrar las hojas de ésta, se produce una fuerte detonación y suena un timbre continuo, lo cual basta y
***
sobra para poner en alarma á todos los habitantes de
la casa y aun de la vecindad, sin que el ladrón haya
EL TRABAJO DE LOS lfÚSCULOS
conseguido abrir, forzar, ni fracturar la puerta.
La detonación se produce por la explosión de un
Si se considera la máquina animal como una mácartucho inofensivo y el timbre funciona merced á un quina térmica, se encuentra uno con una dificultad
;_ _

- - --=i

1~ - ~

r

-

- - - - - -·
~

de r6o grados por lo menos,. aun suponiendo que no
hubiese ninguna nueva pérdida.
.
. .
Algunos pretenden eludir 1~ cuest1ó~ d1c1endo que
un músculo no es una máquma térmica, pero esta
explicación nada resuelve. M. T. E~gelma~n h~ presentado recientemente á la Acade~1a de Ciencias de
Amsterdam una impor tante memon~ _con la c~al este
problema delicado da un paso dec1s1vo. L~ 1_dea de
M. Engelmann es que, contra lo que )a opuuón generalmente admitida afirma, el orgamsmo prese?ta
enormes diferencias de temperatura. La co1:1bu~tlón
que se produce en los mtfaculos engendra mfimdad
de fuentes de calor de temperatura elevada? al paso
que la masa del músculo funciona como refng~rante.
Si un termómetro, por pequeño q ue sea, está siempre
sometido á la acción de un gran númer~ d~ focos ,Y
de una gran masa refriger~nte, no pu~de md1car mas
que una temperatura media. Ahora bien: está demostrado que por efecto de la temperatur~ los elementos birrefrigerantes del músculo expenmentan una
contracción, hecho que, además, prueba el autor con
un experimento curioso. En una probeta llena de

=-~

***
EL FERROCARRIL DE BEIRA (ÁFRICA AUSTRAL)

Esta vía férrea que los ingleses construye~ actualmente á lo largo del río Pungoné atravesara los te-

(De La Nature)

t.1.IT ! ~'TÉPBÍLIQIIII -

LECHE ANTEFÉL
,111 t ■amia Oll lfll; 1111,.
8, LEN;l'EJ.U, TEZ ASOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

A~g~S~~~8

Las
Personas qae conocen las

GARGANTA

ROJECES

PILDORASi~DEHAUT

VOZ y BOCA

PASTILLAS

DE

DE PARI S

DETHAN

' flecom•O&lt;l•dU f.&lt;111tra lot Malea de la Garganta,
EsUnolonea de la Vo&amp;, l.nllamaolonea de la

Boca. Eleo~os pernloloeos del Mercurio, lrl•
taolon que prodnoe el Tabaco, y spec,almenle
l 101 Sñn PREDICADOR.ES ABOGADOS,
PROFESORES y eüTORES ~r• rac11tt&amp;t la
emtoion de la •oa.-Puoo, 1:¡ Rui.u.

BIIXQ,r m el rotulo a ttrma
Aclh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAIII8

no ti tubean en purgarse, cuando lo
necesi tan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que ,ucede con
los demas purgantes, este no obra bien
eino cuando se toma con buenos alimen&amp;os
y bebidas fortificantes, cual el vino, el car,,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida que ma, le convienen,
sequn ,u, ocupacfone,, Como el causan
cio que la purga ocasiona queda com•
plelamenle anulado porel efecto dela

bue.na alimentacio.n empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empe.ar cuanta, veces
sea necesario.

GRANO DE LINO TARIN r':.R~1üs
n

IITIERIMIENTOI, CÓLICOI. - La oaja: lfr,

' Jara

HIERRO

ªº·

• •ta l de Afeccionesd1ICorazon,
contra las diversas
b 9 de:e191

BBlVAIS

representa w elamente el hierro
contenido en la economía. Experimentado por los principales médicos del
mundo, pua inmediatamente en la
uncre, no ocasiona estreliimienlO, no
íatira el utllmaro, no enne¡rece 101
dientea. t111m 11il1t eotu II cw et11'1.

o
• Soberano remedio para ráp1'da cura•
cion de las AfeooioDH del pecho,

WJ11t la firud111 lar1&amp;.

O• Venta en tod11 /11 Farmao/11.
0

Tosee nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

,,;~";!o!!:ª!o':i::• 1, G:rageasalLactatodeHierrode
Anemia, Clorosis,

GELIS&amp;CONTÉ

E■p1brul■lllltl •• 11 lu1re,

Debilidad, etc.

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros ~ de París.

LA SAGRADA BIBLIA

Hydropeslas,

Rmpleado con el mej or exito

Catarro1,Mal de garganta,Bron•
quit11, Resfriado,, Romadiso1,
de los Reumatl1mo1 . Dolores,
Lumbagos, etc. , 30 años del mejor

Pvh711:40742,r,st L11ar1, Paria.

Aprobada, por /&amp; Academia dt Mtdrcloa dt Pam.

""'g0t1'
""'ª
y eragaas de que
HEIOST&amp;TICO
11 mu
•
,..
se conoce,
en PODEROSO
poclon o

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l~itdou~,i:t•U8)#J:i mcn

Depdslto en tottas tas Farmacias

• tO o6ntirno• de pe ■ eta la
entrega de 18 pé.gina■

- - ~ "'_

rritorios portugueses para ir á parar al Mash~aland
inglés. Este ferrocarri_l, q~e, t~ndrá una ivan 1~portancia para el comerc1? bntamco, quedara tern:mado
hasta Chimoio ( 75 millas) antes de que termme el
presente año. El pu~to tér~ino de 1~ vía, que es el fuerte Salisbury, esta situado a 250 millas de_ la costa.
La tonelada de mercancías cuyo prec10 de transporte es actualmente de 1. 125 francos desde el Cabo al fuerte Salisbury, no costará más ,que 3 75, Y, el
trayecto que hoy dura tres meses. sera de tres d1as
por Beira. Mientras no quede t~rmmada la vía férre~
hay entre Chimoio y fuerte Sahsbury un bue_n camino carretero, y desde el mes de febre~o próximo podrá expedirse desde Inglate:ra máqumas y_aparatos
para la explotación de las mmas que adqumra pronto un gran vuelo; pues hasta ahora lo que, ha_ retardado esta explotación ha sido la falta de maqumas, cuyo transporte por el Cabo era imposibl_e, ya que el
ferrocarril no llegaba más que hasta Unbury, punto
distante 1.000 millas del fuerte Salisbury.

agua se introduce una cuerda _d e tripa, provista de un
peso que la mantiene e1; tensión y _rodea_da á p~queña distancia de una espiral de platmo: s1 se calienta
la probeta por medio de una lámpara, la_ cuerda se
acorta lentamente; pero si, por el contrario, se hace
pasar una corriente por la espiral de mod~ que ésta
adquiera una elevada temperatura, la longitud de la
cuerda disminuye bruscament~ y se alar~a de nuevo
en cuanto la corriente q ueda mterrump1da; durante
este tiempo, la columna de un termómetro colo~ado
en la probeta no ha subido más q~e en una ~ant1dad
insignificante. Repitiendo el expen1!1ento vanas veces
se produce un trabajo muy apre~iable y,. lo que _es
muy digno de notarse, esta maquma térmica func!ona con excelente producción, algunas veces supenor
á la de un músculo.

I·

.....,.._
-

55

L A I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

577

IDICl6N ILU8TIIADA

:~~------~~-~--·-~ ~ '
--

NóMERO

·---- ---- L - 4 -----■--1

~ª~~~m1:ay~

enL1~nj;~;;~:.
el labor del par to

Medalla de Oro de la S• de F • de Paria itettenen las perdtdO-$,

Se eariu pro1pecto1 i ~uiea lo, aoUcnc

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los elementos que entran en la comwslc1Ón de este Potente
reparador de las fuerzas vitales, de este ronideaase por e■eeleaeia. De un gusto sumamente agrall.alJle, es 11oberano contra la .Anemta y el .Apocamtento, en las Calffltura,
y Conv~ enciaJ, contra las Diarrea&amp; y las .Afeccwnes del JJ1tomauo y los fnt est,no,.
Cuando so trata de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzaa,
enriquecer ta saugre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provo,.
cadas por los calores, no se conoce nada superior al Yiao de Qaiaa de .t.roud.
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· C7Aa~1: y 01111u, 1 son

· Cerra.duras de alarma por medio de detonaciones y timbres

circuito eléctrico que las tentativas del ladrón cierran.
N uestro grabado representa los principales aparatos
de M. Blanchet. La fig. 1 es la cadena de seguridad
con detonación para ventanas, miradores y postigos y
constituye un género de cerradura suplementaria y

casi insuperable desde que quiere explicarse su producción muy elevada, de 30 por 100 aproximadamente: sabido es, en efecto, que, según el principio
de Carnot, esta producción exigiría qu¡:; a lgunas
partes de la máquina estuviesen á una temperatura

.¡

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De venta en todas las farmacias de las provincias y puJblos de Espalia,
Ultramar y Al)lérica del Sur.

Depósito general:

ALM ERIA,

Farmacia

VIVAS PEREZ

�L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

NúMERO

portancia de la materia tratada en este libro
indica sobradamente su título, y en cuanto á
competencia de su autor, tiénela éste bien acre
clitada como profesor de Física general de la
Universidacl de Chile. Es una obra que merece
ser consultada por cuantos quieran estudiar el
importante problema que en ella se trata co11
gran caudal de conocimientos científicos: está
escrita, como pueden ver nuestros lectores por
el título, según las reglas de la ortografia castellana reformada, que cuenta con muchos parti•
darios en América, y ha sido impresa en Santiago de Chile, en la Imprenta de Barcelona, San.
to Domingo, 86.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

POR AUTORES Ó 1!.DITORl!S
ALMANACH DE cLA CAMPANA DE GRACIA.)
- Se ha puesto á la venta este notable almanaque que en lo~ diez y siete años que lleva ele publicación ha merecido constantemente el favor
del público: el correspondiente al año 18Q3 con•
tiene artículos, cuentos, epigramas, poesías, etc.,
firmados por nuestros más conocidos escritores,
y excelentes dibujos y chispeantes caricaturas de
los reputados artistas Apeles Mestres, Pellicer,
Moliné y Foix. - Véndese al precio de 2 reales
en casa del editor Sr. L6pez, librería española,
Rambla del Centro, 20.

•••

•••

LA REFORMA DE LA ORTOGRAFfA QASTP.•
LLANA, por/. Jimeno Ag-it1s. Se ha '¡lublicado
la se~nda edición de este folleto, en el cual están
reunidos los notables articulos que el Sr. Jimeno
Agius publicó en la Revista Contemporánea de
)1adrid, en defensa ele una reforma radical de la
ortografía castellana. El Sr. Jimeno Agius aduce
en defensa ele su sistema poderosas razones dignas de ser meditadas.

IvÁN EL I MBÉC IL, por el ,011de Leó11 Tolstoi.
- De un asunto sencillo ha hecho el eminente
novelista ruso un libro hermoso, como todos los
suyos, cuyo argumento tiende á demostrar que
la verdadera dicha no está en la gloria ni en la
satisfacción de los apetitos de las pasiones, sino
en la tranquilidad y placidez de un obscuro rin·
eón de una aldea. - Este libro forma parte de la
Colecció,i de libros escogidos y se v~nde á 3 pe·
setas en las principales librerías.

•••
Los APÍ:NDICRS AL Cónico CILIL, po, do11
Leó11 Bonel y Sá,uhez. - Interesante como todas
las anteriores es la entrega 6. • de esla importan•
te revista que con tanto éxito publica el digno é
ilustrado magistrado de esta Audiencia Sr. Bonel. Contiene la sección doctrinal con la sección
inaugural de la Academia de Derecho además de
la memoria del Secretario saliente y el discurso
del Presidente, Sr. Bonel, del que oportunamente
nos ocupamos, la legal, la de sentencias del Tribunal Supremo y decisiones ele la Dirección ge·
neral de Registros y la de Cuestionarios y Fue•
ros, en la que comienza la publicación de la legislación de Navarra. - Suscríbese en la calle de
Fontanella, 44, pral.

•••
INCOHERENCIAS POÉTICAS, por A Femá11dez Casado. - Es este libro un:t colección ele poe·
sías inspiradas y bien escritas en las que, como
el título indica, se tratan distintos asuntos y se
cultivan diversos géneros, notándose en su autor,
el distinguido poeta gijonés Sr. Fernández Ca·
sacio, la influencia del incomparable Campoa·
mor, influencia que aquél confiesa modestamen·
te en la prólogo con que comienza el libro. - Im·
preso en Gijón, en la imprenta del Muse! (Ras·
tro, 24), se vende al precio de una peseta.

•••

•••

MARTfN ALONSO P INZÓN, por D. Josl ¡)f.
Asemio. - Ha visto la luz este hermoso libro,
original del presidente ele la Academia de Buenas Letras de Sevilla, en el cual se hace la historia de la parte que los hermanos Pinzón,
principalmente Martín Alonso, tomaron en el
descubrimiento del Nuevo Mundo. - St: vende
á 3 pesetas en las principales librerias.

EL PESIMISMO EN EL SIGLO XIX, por D. E.
Caro, de la Academia Francesa. - En este volu·
men estudia el renombrado filósofo la influencia
que las ideas pesimistas de Leopardi, Schopen·
hauer y IIartmann han tenido en la vicia intelectual, moral, social y política del siglo. Obra
de tanto renombre en el extranjero, no necesita
por nuestra parte, después de las muchas edi·
ciones que en varios idiomas ha logrado en bre•
ve tiempo, recomendación ningun:t es 1Jecial. Se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas cada ejemplar.

•••
LA ENERJÍA MEQÁNIQA TRASPORTADA POR
LA ELEQTRIZIDAD,por L11is L. Zegers. - La im-

577

BUSTO DE GALILEO, obra del siglo XVII, conservado en Villa Galletti, Florencia

La.s ca.sa.s extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTB.ACIOÓN AI!.'11fSTlOA dirlja.nse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, Pa.ris.-La.s ca.sa.s españolas pueden hacerlo en la oftcina. de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento

llla.\

ío~le wúdo a los 'l'ó111coa mu

116\DADES del E8

repuadoru.

~

t-+.\~

ro,,,,

r,fqo

VINO FERRUGINOSO ARDUO Pepsina Boudault
T COM TOJ&gt;OS LOS HDICIPIOS KlJTBITIVOS J&gt;B U CAllNE
Diez años de exJto oonUnuado y las aflrmactone1 de
todu las emlnenciu médlcu preub&amp;D que est.a UOC11C1on de la CJarae, t:l llle...,. y la
oouauiuye el repan4or mu en.:nrtco que ae conoce para curar : la Clordl1í, la
l11e111'4 las l l f f l l t ~ dolof'olal, el lmpobf'«'mtento y la: '-lttracton de la sangre,
el aaqÚm,mo 1~11 ' - / ~ e.cro{Wto,a, 1 ucorbutwu, etc. El l'lne l'err•ct■-■• de
&amp;.r•u•
ea en' erecto el li.nlco que reune todo lo que entona y !orl.alece loa orpnoa,

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! probada por la .lUDEIU DE IEDICIU

PREMIO DELIHSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856
Medalla• en la, Expo1lciont1 lnternaclonalea de

PUIS · LYOI - llEU - PilL!DEM'BU - PABIS
1867

lffi

1813

11 IMPLl.l COR' IL JU.TOI.

1876

tino

Y OTl.01 DIIOUSKH DI U. DIOIITIO•

es_peclalmen te contra las llacrofulu, la

as! como en todos los casos(Pálldoa colorea,
.&amp;menorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó Y!l para
provocu ó re¡ulartzar su curso per!Odico.

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VINO · · de PEPSINA .BOUDAULT
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Participando de Ju propiedades del Iodo
J del BJ.erro, estas Plldoras se emplean

18i8

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llecomendadoa conlra lu .Lleoolonn del Est6·
mago, Falta de Apetlt.o , Dlgoetlonea !abo•
rto,saa, A.oedlaa, V6mltoa, Eruotoa, y Cóllooa;
regulartsan laa Funolonea del Eat6mago y
de loa In&amp;eeUnoa.
Ex/tir en e/rotulo• firmad• J. FAYARO.
A.dh. DETB4N, Farmaoeatloo en P.UUS

. , ft lliLLil U TOJ&gt;.lS L.U P.UK.lQIUÍ

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
l MP, DE MONTANER Y SIMÓN

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, tí~t1ea
A&amp;o XII

BARCELONA 9 DE ENERO

DE 1893

UN SECRETO, cuadro de Juan Blum (Exposición internacional de Bellns Artes de Munich, 1892)

NÚM.

576

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

Texto.• Verda(Ús y mentiras, por R. B~lsa de_ la Ve~. Exposición nacional de industn'as artlstzcas é mternaczonal
de reproducciones, por J. L. P. - Los escándalos del Pana111á
en París, por X. - El ciego de la jia11ta ( cuento de Reyes),
por M. Martínez Barrionuevo. - La dama negra, por F. Moreno Godino. - Miscelánea. - N11estros grabados, - Cargo de
conciencia (continuación). 7 SECCIÓN ~IENTÍFICA: Tranvía
eféctn'co quitanieves. -1;as_ palomas_ eo(zas _de Pequ{n: Eshtdio de las corn'mtes te/untas. - Eltmmacwn mecdnua de los
microbios.
.
Grabados. - Un secreto, cuadro de Juan Blu~. :- Confemuzas
en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona, chbuJO de J. L. Pellicer. - Retratos de /;frs. Cornelio Ben:, Delahaye, Clemenceau, Pablo Deroulede, Ribot, Loubet, Bourgeois, Carlos F_loquet, Brisson, Jolibois, Bartho11, Camilo Pe/tetan, Rouvzer,
Deves, Alberto Grevy, i"~·o Roer.e, llfam,el Are11:, Beral y
Proust. - Mo1111111ento engzdo en Reus d la 111emona del general Prim, cinco grabados. • Un concierto de Bulow, cuadro
de L.'- Dehrmann. -La /esta de la vi~gill~, cuadro _de José
Benlliure y Gil. - Tram1a eléctrico q~1tameves. ~ Figura _1.
Chao-tse chino. - Fig. 2. Paloma provista de un si(bato eoho.
-Abanico que perteneció d la reina llfarfa Antometa.
•••,1•,,••,t•1,••, t•u••••••1•••••11•1,••,f'11•••"•l"l,"•l"•,T'•l••••••1•1,••••:•••••••.,••,t•,,•o,r•1,••,1•,,•,,r,1••,&lt;•,¡•1,••.,

VERDADES Y MENTIRAS
Mañana último día del año, se clausura la Exposición inte;nacional de Bellas Artes. Oficialmente esta todavía abierto al público este certamen, este malaventurado certamen, que tantas esperanzas sostuvo,
que tanta expectación logró despertar entre la gente
que compone el llamad~ m~ndo del rute_ en Esp~ña.
Pero si oficialmente esta abierto el palacio del Hipódromo al público, el público hace más de un mes que
adelantó su clausura, no visitando aquellos salones,
fríos, más que fríos helados, tristes, fún~b:es algunos,
á causa de las cortinas negras que los dividen.
Tengo por seguro que ninguna Exp?sición de Be·
Has Artes de las celebradas en Madnd tuvo menos
visitantes que la actual, y tengo por seguro tambi~n
que ninguna ofreció mayor interés, digan cuanto qm~ran en contra de esta verdad los encargados de notificar al mundo entero lo bueno y lo malo de todo
cuanto acontece en el vario orden de manifestaciones del humano saber. La Exposición de Bellas Artes de 1892 nos ofreció una enseñanza de gran alcance, de valor indiscutible; enseñanza que ningún crítico supo analizar, porque no se percataron de ella. La
enseñanza que yo he recibido examinando las dos
mil obras expuestas es de un valor, á mi entender,
suficiente para obligar al artista español á profunda
meditación.
La influencia de Francia en nuestro arte, en algu·
nas regiones ya decisiva, gana de día en día terreno.
Hasta ahora parecía disculpable el afán del pintor
que vi6 la luz en la _Patria de los ,c~ello y yelázquez
por emigrar á la capital de la repubhca vecina, adonde creía encontrar las fórmulas de un arte nuevo; pero al presente no tiene discul~a posible ~que! _afán.
Harto lo hemos visto en la última Exposición internacional celebrada en París, en las Exposiciones de
Barcelona de 1888 y 1890 y por último en esta que
mañana termina. Por otro lado, los estragamientos
de los paladares de los críticos de allá de los Pirineos revelándose á cada paso, ora en alabanzas del
imp;esionismo japonés, ora ensalzan~o la ca~mrie d~I
arte industrial del btbelot 6 del de la 1lustrac16n erótica ora los neurosismos de los neomísticos, ora las ex'
,
travagancias
de los 1lamados decadentes, prueb~n _cuan
distantes se encuentran del verdadero conoc1m1ento
de la belleza y de la verdad. Viviendo en un medio
donde la industria 11eg6 al barroquismo y al retorcimiento más refinados, por huir de las severas y nobles fórmulas que en variado conjunto ofrece la ~aturaleza, la cual sugirió y proporcionó la obra artística
de todas épocas, edades y civilizaciones; respirando
una atmósfera que han viciado alientos y emanaciones de cien generaciones heterogéneas; acostumbradas sus retinas á los deslumbramientos de la luz artificial; satisfechos con marchar por el camino de las
extravagancias en bus,ca siempre de cuanto s~a nuevo sin que obedezca a ley alguna de las que ngen el
cosmos, la gran parte de la crítica parisiens~ es ~ncapaz de poder aquilatar el valor ~e una obra inspirada
directamente por la verdad sencilla con que, ante los
ojos del pintor, se muestra la Naturaleza. No h~ce
mucho tiempo leía yo las alabanzas de un escntor
francés, dedicadas á varios colores en boga puestos
por un modisto; recuerdo que uno de aquellos colores se titulaba de elefante joven. Y no pasaría de ser
ridículo todo esto, si únicamente dicho escritor se ciñera á dar la noticia; pero el colega de los Mirbeau y
Wolf ofrecía tan estupendas invenciones coloristas á
la consideración de los pintores, haciéndoles ver cómo la paleta debe transformarse con arreglo á estos
exquisitismos de la moda, pues de otro modo sería
renunciar á toda evolución moderniste de l' art. ¡El
arte sujetándose á los caprichos de un tintorero en

NúMERO

576

combinación con un sastre de señoras, es lo que nos do en ese ambiente de escepticismo de viejo vicioso
quedaba por ver! Aquí de la tan conocida redondilla: en que vive la gran masa intelectual y artística de
Francia, imitó los místicos de los primeros albores
«No me ;aga osté reir
del Renacimiento, sin comprenderlos, y produce paroque tengo el labio partlo...»
dias como la descrita. De toda esta amalgama de esPues bien: algo y aun algos hay de este alto senti- cuelas, de ideas, de rapsodias, de sentimientos ajenos,
do estético en la sección francesa de la actual Expo- de originalismos exóticos, está compuesta la sección
sición de Bellas Artes, y que tan largamente re~om- francesa de nuestra Exposición; ni con la linterna de
pens6 el Jurado. Excepción hecha de cuatro _6 c1~co Diógenes se encuentra el más leve asomo de la intelas, las cuales no tenían de la escuela transp1rena1ca fluencia. de la Naturaleza. Solamente en cuatro 6 cinco
ni de la actual ni de ninguna época nada, absoluta- lienzos se admiran belleza y verdad. Quiero que consmente nada, el resto ha servido para demostrarnos te así. El retrato de la duquesa de O. por Hebert,
- y ya 11egamos á lo de la enseñanza á que m~ refie- hermosísimo de color, de dibujo y por la elegante
ro más arriba - cómo es menester volver los OJOS ha- sencillez con que está dispuesto. Esclava después del
cia la verdad del natural, sin dejar de mirar hacia las ba11o, bello de color y sólido de factura. San Vicente
obras de los grandes maestros de los siglos xv1 y xv11 de Paúl de Bonnat, inspirado en Ribera de tal modo
y aun á la de los Mantegnas y Chirlandajos: J:?e o~ro que parece obra de un discípulo del gran valenciano.
modo iremos á dar de bruces en aquellos pa1saJes pin- El szm1o de la Virgen, de Bramtot, delicadamente
tados con añil y laca violeta, que nos enviaron des?e sentido y colorido; el retrato de Renán, un tanto calas orillas del Sena Roll y compañeros de daltoms- lizo de color, pero construído magistralmente. He
mo, y en aquellas anémicas cuanto eróticas des~ude- aquí lo saliente, lo único bueno que Francia nos ha
ces tituladas Au bord de la mer y Dans le bam, et- enviado; y lo más estupendo del caso fué que ningucétera, etc., cuyos autores no quiero nombrar.
no de estos lienzos obtuvo medalla de oro.
Yo quisiera describir estos cuadros de tal modo
Pero si la sección francesa acusa un desfallecimienque pudiesen los lectores de LA !LUSTRACIÓN ARTÍS· to 6 agotamiento, no sé si momentaneo ó duradero
TICA formarse una idea aproximada de e11os; verían - si bien me inclino á creer esto último, - de las fa.
claramente entonces cuán grande es la decadencia~ cultades creadoras, no tan sólo de Francia, sino de
que ha 11egado el francés en lo que atañe _á las condi- una gran parte de la raza latina, entre las varias es
ciones fisiológicas necesarias para sentir la belleza cuelas que se anuncian pujantes en el Norte de
plástica. Aquí tenemos al gran Puvis ~e Chavannes Europa la de Munich merece ser tenida en gran escon una degollación (creo que del Bautista) verdade- tima, á juzgar por la muestra con que nos ha favorera caricatura de los cuadros místicos del siglo x1v. cido.
Fig:írense un hombre de frente, arrodillado de tal
Bien pudiera apuntar aquí como he observado ciermodo que no se le ven los pies, con la mi~úscula ca- ta acentuada tendencia en los Keller, Kauffmann
beza erguida, los pelos de barba y cabello tiesos como Kaulbach, etc., á la nota de Museo, tendencia que
cerdas, con los brazos extendidos á lo largo del cuer- les lleva á interpretar el natural tratando de no perpo y separados matemáticamente y con las manos der de vista á los grandes maestros venecianos, espatambién extendidas como si fuera á echarse á nadar; ñoles y holandeses de los siglos xvr y xv11; bien puesta figura representa á San Juan (~aso de gue sea diera también advertirse á esos ilustres pintores de
San Juan que todavía no lo he avenguado); a la de- Munich que con tal conducta sus personalidades se
recha del'santo, un hombre desnudo y cubierta la ca- anulan en parte, por exceso de una admiración que
beza con un casco romano, en disposición de dego- raya en fanatismo hacia aquellos maestros de que he
11ar al Precursor de un revés (el verdugo ocupa el hablado: algunos de los ilustres colegas de Lembach
mismo plano de su víctima);á la izquierda y á la misma 11egan hasta sorberle los sesos á Teniers; pero aquedistancia de la figura central que el verdugo, una da- 11os que van desligándose de esa atadura, mejor dima muy púdicamente envuelta en _grandes ma~tos - cho, de esa obsesión que ejercen siempre sobre los
recuerdos del palium y demás vestimentas c~ás1cas - temperamentos verdaderamente estéticos y reflexivos
con una gran bandeja de cobre 6 cosa parecida en la las obras de los maestros que han interpretado con
mano, en actitud de esperar á que ruede la cabeza mayor acierto la verdad, nos exhiben verdaderas madel mártir; y por último, en n:iedio y medio del cua- ravillas. Paisaje de Otoílo de Palmié, Margot de Max,
dro, detrás de la figura arrod1llada, el tr?nco grueso El Postillón de Kauffmann, Paisaje de la señorita
de un árbol; naturalmente, todo esto sm tener en von Geiger, Le11adom de Defregger, Borregos de
cuenta para nada la perspectiva ni cosa que lo valga. Bergmann, Aguardando de von Bartels, los retratos
Tal es la gran obra de Puvis de Chavannes, ante la de Kaulbach, especialmente el del padre del pintor, y
cual estuve más de una y dos horas, tratando de con- las maravillosas testas de Bismarck y Moltke,de Lemvencerme de que era buena. Del color... del color no bach, trazadas al correr del carbón y coloridas con
hablemos, gris de los pies á la cabeza, pero gris plo- unos cuantos toques al pastel, son obras dignas del
mizo.
.
encomio más sincero.
Dejémonos de descripciones; la verdad terrible que
Precisamente admirase en estos lienzos y cartones
resulta del examen de la escuela francesa es la pre- la solidez de criterio estético y de educación técnica
sentida hace tiempo por espíritus observadores yana- de artistas perfectamente libres de neurosismos y delíticos -de todos los países; el francés, espíritu asimi- gustamientos provenientes de la carencia total de
lista antes que nada, si produjo obras de arte ?ignas creencias. Si bien, como he indicado ya, una parte de
de eterna memoria, fué en virtud de la educación se- la escuela bávara no se ha sabido desligar, para interlecta adquirida en largos períodos históricos? cuando pretar el natural y dar forma plástica á sus ideas, del
Italia contaba por docenas los grandes artistas que camino trazado por los grandes maestros del llamado
tan directamente influyeron en el gusto del pueblo de siglo de oro de la pintura en Italia y España, como
Boileau y de Moliere, y últim~mente, _cuando el gran en Holanda y Flandes, ese mismo lazo que les amaesfuerzo intelectual de los enncloped1stas que, cam- rra indica lo grato que les es el comercio con los
biando la faz política y social de Europa, desparram? grandes intérpretes que la Naturaleza tuvo. Que por
sobre el viejo continente los rayos de oro de múlti- lo que atañe á los autores de los cuadros Paisaje de
ples ideas. Después, encauzado el nuevo orden de Oto11o, Borregos, Margot, Aguardando y demás q:ie
cosas el artista francés, viendo cómo el de las demás menciono en las anteriores líneas, esos bien pueden
nacio~es le sobrepujaba en concebir y desarrollar esas tener como cierta la admiración de cuantos amen la
ideas, especialmente el artis~ de los pueblo~ ?el verdad y la belleza, sin afeites ni menjurjes de ninNorte, y cómo le sobrepujaba a causa de la C?nd1ci6n guna especie.
suprema de la inspiración de que _ha carec!d? (con
Italia y Francia tienen que ceder, mal de su graexcepciones muy raras) el ~esc;nd1ent; art1st1co de do, el puesto de honor á Alemania y á Inglaterra.
los Pousin y Leaneur, no res1gnandose .ª pe:der 1~ supremacía alcanzada en. un ~omento ~1s_tón~o, aJeno
R. BALSA DE LA VEGA
por completo al arte, d1óse a buscar ?ngmahsmos; no .......,... ...... ...... ···· ··· ····· ·····"··· ·.··""•·.... •.• ·····•·1····· .. •·1•,,,.,... ,.,..•...•.,••
los encontró en Europa y fué al Asia; creyendo que
esto no era bastante, trató de levantar pedestales á
pintores medianos, los cuales no habían hecho más
:~~·.. ;·: \.~ i
que imitar las escuelas flamenca y holandesa unos, y
t·
'
'
,
otros las de Norwik y Norfolk, de donde Constable
había importado los primeros gustos por l_a pintura
.
.
\. ',{,. ..·\ ~'
rural· al propio tiempo y por cuenta propia creaba
otra ~oda, no escuela, la servilista, echándose en bra. "
zos de la fotografía, hasta que por último, cayendo en
la cuenta del vacío que se formaba en ?erre~or suyo,
II
de la equivocación lamentable en que incurn~ra, metiéndose por los trigos del frío concepto estéti_co con
El grupo internacional de Repro~ucciones contrique la ciencia estudia y siente el arte, pretendió ~ambiar de rumbo, y dirigiendo la mirada al campo idea- buye poderosamente á la importancia del actual cerlista, sin fuerzas propias para volar hasta él, bracean- tamen, no sólo por el mlmero de las obras que lo

.

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NúMERO

576

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

(xi\~$Jtt0&gt;f ~CJl(!)efJN&amp;.
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Jii,~v'1fi~ ~1Rli.i~ri~1ri·
é. l"te1'1f)GteiorJGCf

de

~(~@IP)([{&lt;C{~l©1&lt;(d

CONFERENCIAS EN EL PALACIO DE BELLAS ARTES DONDE SE CELEBRA LA EXPOSICIÓN, dibujo del natural de"José L. Pellicer

constituyen, sino por su ejecución esmerada, el alto
valor en muchas de ellas del concepto artístico que
contienen y del interés que despiertan por ser rasgos
característicos de épocas diversas y por consiguiente de estilos, maneras y procedimientos variados; interés relativamente mayor para nosotros, ya que en
nuestra ciudad son verdaderos acontecimientos, novedades extraordinarias, la exposición al público de colecciones parecidas, privada como se halla de museos
artísticos é industriales.
De provechosa enseñanza serán, no lo dudamos,
muchas de las obras de ese grupo para artistas y para
industriales, y si ellas sirven para poner en evidencia
la inferioridad artística de nuestras industrias y la
impericia de muchos de nuestros artífices al lado de
la habilísima reproducción de las creaciones de otros
tiempos por las industrias extranjeras, sirven también
para poner de relieve, a valorándolas con su propio mérito, producciones nacionales que honran á sus autores y procedimientos que atestiguan brillantemente la
perfección á que alcanzara aquí en otros tiempos el
arte aplicado á la industria, perfección no del todo
desvanecida.
Véanse, si no, las instalaciones de cerámica de los
Sres. Ros y U rgell, de Valencia, con su selecta colección de platos de los museos de Kensington, de Cluny, de Madrid, de Sevres y de algunos pertenecientes
al conde de Valencia de Don Juan y á otros particulares, y los dos hermosos relieves del palacio del duque
de Uceda; la de Múnera (Manises), quien por herencia ha transmitido á nuestra generación el reflejo metálico de las mayólicas hispano-árabes, cuyos cente11eantes destellos ningún extranjero supera; la de Mora Gallego, también de Manises, cuya rara habilidad
asusta á los aficionados á cerámica antigua; la de
Mensaguer hermanos, Gestoso y Pérez y Jiínénez é
Izquierdo, de Sevilla, por la perfecta conservación de
los azulejos especialmente, mudéjares, hispano-árabes
y moriscos, platerescos y del Renacimiento, ejecutados á imitación de los llamados de cuerda seca y de
cuenca, policromados, esmaltados y enriquecidos con
reflejos metalicos dorados, etc; Sra. Viuda de Peris é
hijos de Onda con los platos, tinajas y azulejos artísticos y sencillos; la de Santigós y C.ª conteniendo
variedad de productos y entre ellos dos grandes tab)er?s d~ azulej~s con composiciones trazadas por el
d1stmgmdo arqmtecto Sr. Mélida; los rosetones de la
catedra\ de León, _reproducidos por A. Rigalt y C.ª;
la arqmlla con episodios del reinado de Carlos V
aplicados en marfil grabado, expuesta por su autor el
notabilísimo artista Sr. Rog, de Valencia; las dos cómodas expuestas por el Sr. O-Neille, hermosísima labor de taracea de los Sres. Isern y Bocana, de Palma
de Mallorca, y la cornucopia barroca dorada de M.

Sastre, de nuestra ciudad. Bajo concepto distinto re.
sultan también de honroso relieve para nosotros las
obras de hierro forjado y cincelado de González é
hijos, en metalistería; las alfombras y tapices que figuran en la soberbia instalación de los Sres. Sert hermanos y Solá, en la sección de tapicería; la rica variedad de los cristales y vidrio hueco que componen la
exposición de la fábrica de cristal de Badalona; -las
muestras de guadalmacilería de Gargaz y Vilaseca, y
las blondas y encajes de la Sra. Viuda é hijos de Jo·
sé Fiter, esas sutilísimas labores con las cuales la mujer de la costa de Levante y del bajo Llobregat constituye la más preciada de las industrias artísticas catalanas, y otras muchas muestras que atestiguan, á pesar de todo, nuestra aptitud y cultura artísticas.
Dejando aparte el contraste que puedan ofrecer las
manifestaciones de las artes aplicadas á la industria,
extranjeras con las nacionales, en nuestra presente
Exposición, debe consignarse en justicia que el grupo de reproducciones resulta interesantísimo en multitud de detalles, y principalmente por algunas instalaciones que contienen obras cuya importancia, mérito y positivo valor se enuncian con nombrará sus
autores, como la fábrica de cerámica de Pésaro; Mi11et, de París, el intachable reproductor de muebles y
bronces del siglo xvm; la manufactura Ginori de
Doccia (Florencia); Pellas, galvanista y fundidor de
Florencia también; Errico, broncista de Nápoles, etc.;
pero descollando por cima de todas las obras expuestas por esos industriales y artistas el hermoso mobiliario, obra de Andrés Onufrio, de Palermo, que aun
no conociendo los originales, conservados en el palacio y museo de esa ciudad, los tiene uno por fiel y
exacta reproducción. La habilidad, el arte y la constancia que ha exigido la ejecución de tal obra son
imponderables, su interés como documento artístico
industrial es extraordinario y tiene para nosotros un
valor que nadie podrá poner en duda, toda vez que
son esos muebles testimonios fehacientes de uno de
los períodos más gloriosos de nuestra antigua nacionalidad aragonesa. Como obra de arte, como recuerdo histórico, debiera la soberbia instalación de Onufrio pasar íntegra á nuestro Museo municipal de Reproducciones. ¡Ojalá se realicen nuestros deseos! Imposible es dar una ligerísima idea, ni con la más minuciosa descripción de ese suntuoso mobiliario, que
la voz popular dice haber pertenecido á Roger de
Lauria, tal vez por hallarse en parte instalado en una
sala que 11eva su nombre. Una gran mesa, un sillón,
dos taburetes de brazos con alto respaldo, una silla y
una cajita de simple construcción, pero enriquecida
por el cincel, el dorado y la pintura, constituyen esta
notabilísima reproducción. Es hueso el material labrado que reviste el armazón de los muebles, y su

conjunto hállase armónicamente completado con las
telas de los respaldos, cuero~ labrados y almohadones de los sitiales: la ornamentación es rica, exuberante, á la par que severamente dispuesta; su estilo
original y propio de una obra de fines del siglo x1v,
hecha en Sicilia; esto es, un cierto sabor gótico en
la estructura y un se11o oriental en la exornación.
Bástale á la sección internacional de reproducciones
de nuestro certamen la instalación de Onufrio para
resultar interesante, y para por sí sola haber colmado
los deseos que impulsaron á la comisión organizadora
á atraer la concurrencia de artífices extranjeros para
ejemplo y estímulo de los nacionales.
Veintiséis son los expositores italianos y todos merecen por sus obras especial encomio y caluroso
aplauso. La Sociedad cerámico-artística de Pésaro
presenta numerosos ejemplares que son otras tantas
fidelísimas reproducciones de las obras que tanto
acreditaron á esa ciudad y á las de Gubbio y Urbino
en el siglo xv1; reproducciones ejecutadas con la
maestría y galanura en el toque y con la coloración
viva y jugosa de los modelos originales. La manufactura del marqués Ginori, de Florencia, expone· en su
importante instalación más de un centenar de piezas
en mayólica y porcelana, reproducciones exactas algunas de ejemplares antiguos, reconstituciones otras,
imitaciones 6 aprovechando dibujos y pinturas del
Renacimiento para sus temas decorativos en muchas,
pero imprimiendo siempre un sello nacional á sus
productos al dar nueva vida en su patria á las mayólicas de Faenza 6 á las porcelanas de Capodimonte.
Toso Borelli, de Murano, ha remitido una escogida colección de vidrios esmaltados y esgrafiados en
oro, de épocas distintas, reproducción de ejemplares
existentes en varios museos de Europa y alguno de
los cuales figura en el nuestro de reproducciones, y
la Sociedad Musivo-Veneciana los retratos del emperador y de la emperatriz J ustiniano y Teodosia, célebres mosaicos de S. Vital, de Ravena, y copias de
pinturas, una de ellas la célebre Virgen de la Silla, de
Rafael.
Una buena muestra de talla ejecutada en Nápoles,
un grandioso armario esculpido, obra de Calabrese,
según el original que existe en el museo de esa ciudad, constituye otro de los trabajos con que los italianos han honrado á nuestra Exposición; al igual que
los dos sorprendentes tableros labrados por Monteneri, de Perugio, representando Moisés salvado de
las aguas y· la Anunciación de la Virgen, al reproducir la maravillosa obra de taracea ejecutada por fray
Damián de Bergamo para la iglesia de San Pedro de
aquella ciudad.
(Continuará)

J. L.

P.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

576

Cámara que decretase la exhumación de su cadáver. beza cana, pero aún conservaba el bigote negro, lo
M. Ricard, Ministro de Justicia, se opuso á la apro- cual dió margen á la sospecha de que se teñía éste y
bación de esta medida, y como la Cámara opinara de se empolvaba el cabello. «Aunque quisiera hacer seEN PARÍS
distinto modo, el ministerio presidido por M. Loubet mejante tontería, decía, no tendría tiempo para ello.))
En 1879, por honor de Francia y aun del mundo presentó su dimisión. El presidente de la República Esta era la mayor vanagloria para ese hombre tan
entero, M. de Lesseps aspiró á alcanzar un segundo llamó á M. Bourgeois y á M. Brisson, dándoles el en- atareado. «El trabajo, el ejercicio, el movimiento son
triunfo abriendo un canal, semejante al de Suez, al cargo de formar nuevo gabinete; pero ambos desistie- para mí lo que los ocios y pasatiempos para otros,&gt;)
través del istmo de Panamá; pero si tuvo que luchar ron de ello, y M. Ribot no tuvo inconveniente en acep- añadía; y lo cierto es que el trabajo ha sido su princon un gobierno menos contrario que el de Ismail, tar este encargo, logrando reunir el ministerio actual. cipal recreo. De baja estatura, enjuto de carnes, ha
El 30 de noviembre to- sido siempre un jinete excelente, y cortés y afectuoso
davía no se había adopta- con las mujeres, se ha mostrado mh de una vez sedo resolución alguna cuan- vero y enérgico con los hombres.
Nacido en Versailles en 1805, entró á los veinte
do el banquero M. Thierrée dió á la comisión -algu- años de edad en la carrera diplomática como empleanas noticias de sus relacio- do en el consulado de Lisboa, desde donde pasó á
nes con M. de Reinach, Túnez y en 1833 á Egipto en calidad de vicecónsul
quien había pagado por su primero y después como cónsul del Cairo. Desempemediación veinticinco che- ñó luego sucesivamente los consulados de Alejandría,
ques por valor de 3.300.000 Roterdam, Málaga y Barcelona, prestando en esta ciufrancos por cuenta de la dad tan importantes y humanitarios servicios cuando
Compañía del Panamá. Al el bombardeo por Espartero, que ¡mereció honores y
proporcionar á la comisión recompensas de los gobiernos y que la Cámara de
los números y el importe Comercio, además de darle públicamente las gracias,
de cada cheque, una cues- mandara esculpir su busto en mármol. Al estallar la
tión de competencia en- revolución francesa de 1848 fué llamado á París, retre aquélla y los tribuna- gresando á poco á Madrid como ministro de Francia:
les de justicia obligó á pasó después con igual cargo á Roma, y habiéndose
M. Thierrée á no revelar indispuesto con su gobierno por la manera como cor.•
los
nombres de las personas sideraba los asuntos de la república romana, fué llaM. ORLAHAYE
M. COR1'EL10 HERZ
que
habían percibido aque- mado á su patria, pidiendo inmediatamente su retiro
cuyas acusaciones é interpelación condujeron
Banquero á quien el barón de Reinach pagó
llas sumas. A solicitud de en 1849 y publicando su Memoria al Consejo de Esal descubrimiento tle los escándalos
dos millones de francos por una deuda
del Panamá
la comisión, el gobierno se tado y su Respuesta al examen de sus actos, que son
privada
ha hecho cargo de los documentos importantes para la historia de aquella
cheques en cuesión, y se época. ,
en cambio le oponían obstáculos un clima mortífero, han conocido casi todos estos nombres, habiendo reA partir de aquel día, y á consecuencia de un viaun río cuyas avenidas invadían anualmente la línea sultado que M. Cornelius Herz había recibido dos mi- je que hizo á Egipto invitado por Mohamed Saíd,
de las obras y cuyas corrientes subterráneas produ- llones de francos; M. Alberto Grevy, senador y her- consagróse por entero á la empresa del canal de Suez
cían en muchos sitios hoyos profundos de movediza mano menor del último presidente de la República, tan felizmente llevada á cabo, acerca de la cual nada
arena y con un proyecto de discutible plan.
20.000; M. Luis Renault, senador, 25.000; los demás hemos de decir, pues en distintas ocasiones hemos
La naturaleza, así como los entorpecimientos opues- cheques, hasta completar la suma, aparecen firmados hablado de ella así como de la menos afortunada del
tos por los hombres, pues el canal tenía y tiene mu- por criados y dependientes. Preguntado por las ma- Panamá.
chos enemigos, han sido causa de que los gastos pre- trices de los cheques, M. Thierrée contesta que las
Los retratos que acompañan á este artículo represupuestos aumentaran de año en año y de que no había inutilizado; pero lo cierto es que tenía fotogra- sentan los principales actores del drama que actualsea posible fijar la fecha exacta de su terminación. fías de ellas, y estas copias fotográficas obran en po- mente se desarrolla en París: no nos detendremos haYa en 1888, la Compañía, expuesta á una quiebra, der de la comisión.
blando de cada uno de estos personajes, porque ello
hubo de acudir á las Cámaras en solicitud de que se
Esto sucedía el 3 de diciembre. Las revelaciones nos obligaría á dar excesiva extensión á este artículo.
le permitiera contratar un empréstito de 600 millones de estas matrices acusadoras y el recelo de que se Además, la cuestión ha sido y sigue siendo tan amde francos; mas á pesar de este esfuerzo, necesitó li- fuesen haciendo otros descubrimientos no menos plia y apasionadamente debatida en los periódicos
quidar en 1890. Sesenta millones de libras esterlinas ignominiosos han producido en Francia una excita- políticos de todo el mundo, que no creemos necesario
se habían consumido en la empresa, siendo así que ción sólo comparable con la producida por las derro- detallar el papel que en ese asunto des~mpeñan los
el canal de Suez sólo había costado veinte millones. tas de 1870. Los nombres de varios diputados, sena- retratados y que sobradamente conocerán nuestros
Este triste resultado ha producido en Francia casi dores, ex ministros y hasta de un ex presidente apa- lectores.
una revolución. En octubre de 1892, el Ministerio, recen envueltos en negocios de un carácter tan desReputaciones que se creían sólidas son hoy blandesacreditado ya por sus contemplaciones con los honros~, que no es de extrañar que el público se pre- co de ataques furiosos; sobre hombres tenidos por
huelguistas de Carmaux, sufrió los ataques del dipu- gunte s1 queda hoy en París algún personaje político inmaculados pesan acusaciones gravísimas, corrobotado Delahaye, quien acusó á ciento veinte indivi- que no haya participado en ellos. Todo el mundo radas por pruebas al parecer irrefutables, y cada día
duos de la Cámara de haber sido sobornados por la t:me y sos~echa que hasta ahora sólo se ha presen- surgen nuevas revelaciones que empañan honras hasCompµñía en 1888. Al pronto se tuvo esta denuncia ciado el pnmer acto del drama, y que si el escánda- ta hoy consideradas sin mancilla y que hacen temer
por una infame calumnia, pero las pruebas que se lo presente es ya terrible, las ulteriores revelaciones que la cuestión no está ni con mucho agotada. ¿Hasadujeron parecieron confirmar su certeza. El periódi- lo harán de mayor trascendencia.
ta dónde alcanzarán las responsabilidades? Nadie lo
co boulangista La Libre parole, en especial, publicó
Entretanto, Fernando de Lesseps, con sus compa- sabe. ¿Saldrá la República francesa de la ruda prueminuciosos datos acusando á varios diputados de ha- ñeros de dirección, ha sido
ber recibido dinero del barón de Reinach, agente de sometido á un proceso por
la Compañía, y el antiguo prefecto de Policía M. An- defraudación de fondos ptídrieux asegura que los artículos de dicho periódico blicos, el cual empezará á
estaban inspirados por el barón mismo.
sustanciarse el 10 de eneLo más particular en este asunto es que las acusa- ro. Afortunadamente para
ciones proceden de los mismos que han tenido más M. Lesseps, ignora el esó menos participación en el cohecho. A las revelacio- cándalo que rodea á su
nes de La Libre parole han seguido las de la anti- gran empresa. La mayoría
boulangista Cocarde. Ignórase el motivo que indujo á del público manifiesta su
M. Reinach á remover el fango; pero lo cierto es que simpatía y su interés por el
la cuestión ha tomado un cariz más desagradable de digno anciano, el único que
lo que él sin duda se propuso; y según él mismo dijo, hasta ahora se ve libre de
las acusaciones de la Coca1·de causarían su ruina. En toda sospecha.
Los futuros historiadores
compañía de M. Rouvier, con quien había tenido relaciones en su calidad de ministro de Hacienda, y de del siglo XIX sólo verán en
M. Clemenceau, tuvo una entrevista con M. Cons- la vida de Fernando de
tans para rogarle que suspendiera los ataques del pe- Lesseps la realización de
riódico inspirado por él; pero M. Constans se negó á una gran obra, la apertura
la petición, y en la misma tarde del 19 de noviembre del canal de Suez. Las singuen que el gobierno resolvía proceder contra los dos lares aptitudes diplomáticas
M. CLE MENCEAU
M , PABLO DEROULEOE
Lesseps, Marines Fontane, el barón Cottu, el barón y administrativas del «gran
Diputado
Diputado
de Reinach y M. Eiffel, como directores de la Com- francés,» aptitudes que baspañía del Panamá, M. de Reinach fallecía en su casa tan por sí solas para asede campo á:consecuencia de una congestión cerebral, gurarle un lugar preeminente entre sus contemporá- ba á que está. sometida más fuerte ·que antes fy purneos, siempre se tendrán en cuenta para honra suya. gada de las culpas que sobre ella acumulan sus eneafección á la que, según parece, estaba sujeto.
El 21 de noviembre, la Cámara votó el nombraHasta hace poco tiempo, M. de Lesseps había migos, ó será arrastrada por esa ola de difamación y
miento de una comisión investigadora, presidida por conservado tan robusto el cuerpo como sana la ima- escándalo? Difícil es predecirlo. Muy grave es la heM. Brisson, y el editor de La Liore parole fué invita- ginación; lo mismo se le veía en una partida de caza rida; pero también es grande la vitalidad de Francia,
do á decir cuanto supiera. Este editor, M. Drumont, que en su despacho, y era capaz de recorrer los are- y mucha confianza puede tenerse en una nación que
se hallaba á la sazón detenido en la cárcel, y se negó nales del Sahara con el mismo vigor y agilidad que ha salido victoriosa de otras crisis algo más graves
á auxiliar á la comisión mientras no se le pusiera en las aceras del boulevard de los Italianos. Tres ó cua- que la presente y que posee en alto grado un sentilibertad. Entretanto atribuíase á suicidio la muerte tro años atrás y contando más de ochenta sufrió un miento que sabe sobreponer siempre á todos los dedel barón de Reinach, circulando el rumor de que ataque de reuma, pero se repuso de él y recobró tan- más y que es la mejor arma para vencer en los mo•
había fallecido envenenado, y la comisión pidió á la to vigor como un joven de treinta años. Tenía la ca- mentos de peligro: el patriotismo. - X.
·

LOS ESCÁNDALOS DEL PANAMÁ

M. RJBOT

M. LOUBET

M. BOURGEOIS

Presidente del Consejo de Ministros

Ministro del Interior

Ministro de Justicia

M. CARLOS FLOQUET

Presidente de la Cámara de diputados

M. BRISSON

M, JOLIBOIS

M. BARTHOU

M. CAMILO PRLLETAN

Presidente de la comisión

Vicepresidente ele la comisión

Secretario de la comisión

Diputado

INDIVIDUOS DEL GOBIERNO Y DE LA COMISIÓN INV ESTIGADORA

M. ROUVIER

M. ORVES

Ex ministro de Hacienda

M. ALBERTO GREVY

Diputado

M. JULIO ROCHE

Senador

M. MANUEL ARRNE

M. BRRAL

Diputado

Senador

Diputado

M. ANTONIO PROUST

Diputado

ALGUNOS DR LOS ACUSADOS

LA CUESTIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ

Retratos de varios individuos de la comisión parlamentaria investigadora y de algunos acusados

�30

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CIEGO DE LA FLAUTA
( CUENTO DE REYES)

La nieve cae, el ciego toca la flauta sentadito en
la puerta de la iglesia. «¡Por ser el día de los Santos
Reyes, una limosna al pobre ciego!» Los transeuntes
pasan con indiferencia, cargados de juguetes para

pordioseros ni vendedores ambulantes, y sobre todo
entran pocas mujeres. Pues si bien las mujeres calientan el corazón y alegran la vista, también es verdad que excitan y soliviantan el ánimo, exceptuando
el de los oradores del Congreso, los cuales, aunque
esté llena la tribuna de señoras, prosiguen sus peroraciones como si tal cosa.
·

NúMERO

576

NúMERO

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Galicia) y menos en Madrid una rubia ni para un
remedio. La tez blanca en las mujeres siempre ha
abundado en la villa y corte, pero siempre acompañada de ojos y pelo obscuros. Los ojos se sostienen
lo mismo, hay pocos azules; pero las cabelleras vanse
aclarando.
¿Será por lo que indica la siguiente copla, popular
en otro tiempo:

l

«Señoras hay morenas
Al amanecer,
Que por la tarde son rubias.
Con lo que yo sé?. l&gt;

alto relieve de Luis Puigjener
fundido en los talleres de Federico l\fasriera;y Compañia

REUS. - MONU~IENTO AL G&amp;NRRAL PRIM. - LA BATALLA DE LOS CASTILLEJOS.

sus hijos... El ciego tiene hijos también, hijos haraposos, que no comen; hijos que plañe~1 allá, en el
tabuco mugriento, arrojados por algún rmcón.
Pero el ciego es feliz; la tarde no ha sido mala, la
noche tampoco; de vez en cuando tantea con fruición el plato de metal que tiene á sus pies con algunas monedas de cobre ... Pronto vendrá por él su bija mayor, la de pelo rub_i~, la ,de mejillas bla~cas
como la cera... «¡Pobre mua m1a! Estad tranquilos;
su palidez no es de enfermedad que no se ~ure, e~_de
hambre y se curará esta noc~e.)) Ya ve~dra su _mna,
ya vendrá por él, adonde mismo le deJÓ, al atno de
la iglesia.
.
.
.
Los niños del ciego no t1en~n mad~e, munó; v!ven
solos, á merced de algún vecmo, mientras _el _ciego
pide limosna para que se mantengan al día s1gmente.
Pero aquella noche van á estar muy content_os; tendrán comida y abundante, tendrán algú~ Juguet~,
aunque se vuelvan locos por haberlos temdo la pnmera vez en su vida... Y después de haber cenado
jugarán junto al ~ra~ero vivifi,cá~dose de este m?do
una vez al año s1qmera... «St, sm duda: las ascmtas
rojas del brasero ,rarecerán á los niñ~s la coron~ de
diamantes que Dios puso á su ~ama en la glona.»
La flauta del ciego suena, la meve cae, el t;~nseunte pasa, allá en el fondo r~mpen la bruma, palidas luces, como lágrimas del cielo que se congelaron al
caer...
.
y el alma del ciego sigue hablando con sus mñ?s,
con sus juguetes, con la mamá, con su ~orona de diamantes... Y la flauta sigue sonando... sigue sonando
en la puerta de la iglesia.
.
¡Almas cristianas, una limosna al pobre ciego!
Y el ciego se dice:
,
._
«Pronto ve11drá, pronto vendra p~r mí la mna rubia ... Cuarenta céntimos de pan y vemte de leche sesenta, y diez de confit~s setenta; )~s confites s~n pa~a
ponerlos en los zapatitos del mno... ¡_Pobre angel...
·Los zapatitos están muy rotos!.. Y diez de carbón,
~chenta... El carbón para que se calienten. _¡Pobres!..
Y aunque se hunda el mundo, cuarenta cént_i~os p~ra
una muñeca que alegre el corazón de la m~a rubia.
¡Justo... justito y cabal! ¡Una peseta y vemte céntimos! .. »
Llega la niña rubia, sus cabello~ de oro caen lax_os
por la humedad de la nieve... Suena su voz apagadJta
y temblorosa por el frío:
- ¡Papá! ¡Papá!
El pobre va á levantarse, tantea el suelo... Lo tantea otra vez...
¡Le han robado!
Sus pupilas inmóviles se humedecen... Bro~a una
lágrima... No corre, hiélase allí... Parece un diamante de la corona de la muerta.
- ¡Anda, papá!
- Es pronto... Pedir_é todavía.
.
Y la nieve cae... Y sigue sonando... sigue sonando
la flauta en la puerta de la iglesia.
.

¿Será que la mayor facilidad de comunicaciones
haya producido cruzamientos con las razas en que
abundan las crenchas doradas?
Si yo fuese palaciego de antaño, pues los de hogaño
no son tan galantes, supondría que la rubia reina regente ha influído en esta variación de pelos. O bien,
buscando un chiste de situación diría que en cambio del oro en la moneda, que es ya un mito, la providencia, corno compensación, nos le da en el color
del pelo.
Vuelvo á la dama negra, que es blanca, rubia, agraciada, con ojos azules, de buena estatura, de buen
aspecto, de formas esculturales, aunque el talle deja
algo que desear.
·
Sobre todo, es más que bonita, es simpática y limpia como los chorros del oro. Está en una edad indecisa, viste sencillamente de merino negro, con natural elegancia, y usa un sombrerito, negro también, en
el que descansa la vista de los sombrerazos al uso.
¡Si seremos bien educados, magüer españoles, los
parroquianos del Suizo!
¿Querrán ustedes creer que ninguno cometió la

En el café Suizo hay un departamento destinado
exclusivamente á las damas, y por esta razón en los
demás apenas se ve alguna que otra rezagada. Sobre
todo, desde poco antes de la media noche, los habituales concurrentes pertenecemos todos al sexo más
feo. En el fondo del café hay dos ó tres mesas ocupadas por ex diestros, ex ganaderos y aficionados á
toros, que recuerdan los recibimientos del Chiclanero
y los trasteos de Cayetano Sanz; en un rincón de la
primera pieza se reune un corro de republicanos de
levita, que son los únicos que van quedando, puesto
que los de chaqueta ó blusa van avanzando hacia el
anarquismo ó socialismo; y con esto y con alguno
que otro desperdigado y sin clasificación, que hace
poca parada, está desierta la concurrencia de las últimas horas del Suizo.
A propósito no he hablado de mí, que si soy consecuente liberal, como tantos otros, me precio de ser
asiduo parroquiano de veinticinco años, con opción
á cesantía por próxima defunción.
Con estos antecedentes se comprenderá con facilidad la sensación que produjo la aparición de la dama negra en el café Suizo una noche á las doce en
punto. La susodicha dama no es negra de raza, pero
la llamamos así entre nosotros porque va enteramente
vestida de negro.
Un chusco la clasificó de Catafalco ambulante, pero
el conato de chiste no ha hecho fortuna.
La dama negra entró sola en el café, se sento en
una mesa de rincón, pidió café y coñac, desplegó un
periódico que llevaba (El Fígaro francés, según posteriormente he sabido), y sin mirar á nadie pdsose á
leer atentamente.
Sin embargo, el chusco ya mencionado, que aunque joven es patriota al estilo de 1809, dijo:
KEUS. - MONUMENTO AL GtNEKAL l'RIM
- Esa franchuta viene engañada á este café: aquí
ESCUDO D&amp; LA CIUDAD D&amp; REUS, escultura de Luis Puigjener
no se pesca.
El chusco, como muchos que no lo son, se equivocaba en parte.
más mínima inconveniencia con la dama negra? Lanzáronla algunas miradas significativas, pero nada más,
II
viendo que no tomaba varas, como suele decirse.
En efecto, la dama negra, que siguió yendo al SuiLa dama negra es muy blanca de color y muy zo, se sentaba siempre en el sitio más retirado, tomarubia ...
ba su café, leía su periódico apurando á sorbitos su
Aquí me permito una digresión.
copita de coñac, y se marchaba sin fijar en nada su
Antes apenas se encontraba en España (excepto atención.

M . MARTÍNEZ BARRIONUEVO

..,..,.,,,,.,,,,.,,,.,.,,,,....1,,.,,,, •.••.., .... ,,,,,,,,,,••••••1•,,•1,1•,,•,.,,,r,.•••I'•••••''•••••''"''•''•"••''•'''•''•'''•'••

LA DAMA NEGRA

I
El café Suizo está á todas horas tranquilo y morigerado, y desde las once de la noche es una verdadera balsa de aceite. Allí no entran borrachos ni

alto relieve de Luis Puigjener
fundido en los talleres de Federiéo Masriera y Compañía

REUS, -MONUMENTO AL GENERAL PRIM. - LA CONFERENCIA DE MltXICO,

31

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

es raro encontrar mujeres francesas inteligentes, pues
la mayor parte de ellas son listas, quiero decir que
saben hacer resaltar lo poco ó mucho que saben; y
sabido es que para medrar vale más ser listo que sabio. La dama negra hablaba de todo con un buen
juicio extraño en una mujer. En literatura estaba muy
fuerte, y ¡cosa rara!, no era gabacha como la mayor
parte de sus compatriotas. Me chocó en ella una particularidad: detestaba á Zola y hablaba de él como de
un enemigo encarnizado.
- Tiene mucho talento, es un observador profundo, la dije yo.
- Cualidades que sólo sirven para extraviarle literariamente y para hacerle ganar dinero á costa de los
tontos, me replicó. Ha hecho de la literatura un basurero, y un estilo de la pornografía. Es difusamente
nimio. Describe cosas que no pueden interesar á nadie que tenga sentido común: como, por ejemplo, el
teatrucho de Variedades de París. Sus obras sólo
tienen por objetivo el remover el fango social: es el
alcantarillero de la literatura.
Oía yo á la dama negra cada vez más admirado de
la viveza de sus frases. A mis solas hacía comentarios respecto á ella. ¿Quién sería el J orge Manrique
del siglo xix por quien me había preguntado?
Tres días después de mi primer coloquio con la
dama negra, desapareció ésta del café Suizo: quiero
decir que no volvió á presentarse en él.
Los parroquianos de tíltima hora comentaron esta
ausencia. Casi todos la resumieron en la siguiente
frase: cHabrá encontrado acomodo.»

IV

REUS. -MONUMK:'.'ITO AL GENERAL PRIM -ESTATUA ECUESTRE QUE CORONA EL MONUMENTO,

obra de Luis Puigjener

fundida en los talleres de Federico Masriera y Compañía

Por el camarero que la servía supimos que era ex- Yo vengo á este café sin más intención que patranjera, aunque ya lo habíamos adivinado por su as- sar el tiempo. La familia en cuya compañía vivo se
pecto.
recoge temprano, y yo me aburro en mi casa. Me hallo ociosa, desgraciadamente. De día apenas salgo por
III
causa del mal tiempo y por temor de que al verme
sola me sigan y me importunen, lo cual observo que
Una noche, estando ocupada la mesa á que acos- aquí es frecuente...
tumbro á sentarme, lo hice á una al lado de la dama
- En efecto, señora, hay muchos piratas callejeros...
negra, en ocasión en que ésta pagaba al mozo y se
- Pues bueno: á mí no me gustan ni me convieapercibía á marcharse. El mozo dejó sobre la mesa la nen sus persecuciones. Estoy en Madrid contra mi
vuelta de un duro, y acudió apresuradamente á otra voluntad y por cumplir un deber. La ociosidad y la
donde le llamaban. La dama negra tomó una de las soledad me aburren.
monedas que habíanla devuelto, se volvió hacia mí, y
Yo, sin saber qué decir, dije:
con acento de extranjis me dijo:
- Deduzco, pues, que no la gusta á usted la capi- No conozco esta moneda. ¿Tiene usted la bon- tal de España.
dad de decirme lo que vale?
_
La dama negra hizo un mohín.
- Dos francos cincuenta, la contesté en francés.
- ¡Acostumbrada quizá á París! .. ¿Es usted pariAquí la llamamos medio duro.
siense?
- Muchas gracias, caballero, dijo, y haciéndome un
- No, pero he vivido muchos años en París. Soy
fino saludo se marchó.
de Angulema.
A la noche siguiente me senté también á la misma
- ¡Buen país!
mesa, al lado de la simpática extranjera, no con se- Todos son buenos cuando se tiene tranquilidad.
gunda intención, pues yo por causa de mi edad estoy
De repente, como en un paréntesis de la conversajubilado, sino por curiosidad y por matar el tiempo. ción, me preguntó:
La dama negra, que aún no había empezado á leer su
- ¿Conoce usted á M. Jorge Manrique, bolsista?
periódico, contestó amablemente á mi saludo. La
- Señora, la contesté algo sorprendido de la presupuse con deseos de hablar, y sin embargo pareció- gunta, conozco los versos de un poeta antiguo llamame un tanto cohibida. Posteriormente me he entera- do así, pero dudo que haya ningtín bolsista de ese
do del motivo. Disculpándome con su extranjerismo nombre.
la hice varias preguntas impertinentes. Ella dejó El
La dama negra varió de conversación.
Fígaro que había empezado á hojear, me miró con fiSupe de ella lo que quiso decirme. No tenía famijeza y me dijo con cierta intención:
lia. En París trabajaba de florista y encajera. Se lla- Sé, caballero, que á estas horas hay en algunos maba Genoveva. Hallábase en Madrid por causa de
cafés de Madrid extranjeras y compatriotas mías cuya un negocio importante y vivía en compañía de una
conducta no es muy ejemplar, pero yo le suplico á paisana suya, mujer de un maquinista del ferrocarril
usted que no me confunda con ellas.
del Norte. Todas estas cosas nada tenían de particu- De ningún modo, señora.
lar, pero sí otra particularidad que noté en ella. No

Eclipse total de la dama negra. No volví á vtrla en
ninguna parte, lo cual nada tiene de particular, porque yo hago vida retraída. Sin embargo, una noche
me dediqué á recorrer los cafés adonde concurren
extranjeras de vida poco ejemplar, pero sin resultado.
En el Suizo, después de los comentarios consiguientes, se olvidaron de la fugaz parroquiana francesa. Yo
la eché de menos durante algunos días, pues aunque
sin segunda intención, como ya he dicho, me gustaba su persona y sobre todo me interesaba su conversación. Pero concluí por sólo acordarme de ella
alguna vez cuando estaba en el café Suizo.
Supuse como lo más problable que la enemiga de
Zola se había ausentado de Madrid.
Una noche acudí á la cita de un amigo en el café
· de.... ; pero en vez de encontrarle me hallé con otro
á quien sólo puedo calificar de co11oc1do: una de esas
personas á quienes saludamos toda la vida y con las
cuales hablamos muy rara vez. Es un doctor en me•
dicina de bastante reputación, que ha hecho su carrera en París. Joven, inteligente, exaltado en política, excéntrico y modernizado, tiene cosas, y sabido es
que el que tiene cosas da que hablar y es conocido.
No quiero deta11ar más por recelo de que el lectorle
conozca, y supongo que se llama Almagro. El doctor
Almagro estaba cenando en el café de..... cuando yo
entré. No bien me vió, me llamó desde lejos, ¡cosa
rara!, pues generalmente sólo cambiamos el saludo.
Me aproximé á su mesa, hízome él sitio á su lado, y
con sorpresa mía me dijo:

REUS, - MONUMENTO AL GENERAL PRIM.
l!.SCUDO DEL GENERAL PRIM,

escultura de Luis Puigjener.

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34
- ¡Cuanto me alegro de ver á usted! Mañana pensaba buscarle en el Suizo.
- ¿Ocurre alguna novedad en que pueda servir á
usted?
- Sí y no.
- Pues usted dirá.
- L't otra noche, por entre los cristales de la cancela del Suizo, vi á usted hablar con una señora extranjera .. .

F.

MORENO GODINO

( ConcluirtÍ)
............., ..•.. ,, .••..• , .,.......·,,• ..··· •......,1'•,••..····•..····•·1•,. •·········•• .. ·• ........, .•..•..., .•...., .... ,, ,

MISCEL.-\NEA

Bellas Artes. - En Milán hay -abiertas actualmente tres
exposiciones, la de cuadros del pintor Segantini, la de la Sociedad Artf.tica y Patriótica y la de la Familia Artística. En la
primera se admiran varias obras del ilustre pintor italiano, que
después de haber alcanzado el gran premio en Mónaco ha me·
rccido la honra á pocos dispensada ele ser invitado á exponer en
las Grafton Galleries de Londres. En la segunda, la de los ar·
listas oficialmente reconocidos, por decirlo así, figuran lienzos
de Bazzaro, Carcano, Mariani, Giuliano, Ferrari, De Albertis
Fontana, Gignous, Formis, Mantegazza, Cagnoni, Gallotti ;
Grad! y esculturas de Alberti, Bririo, Cassi, Pirovano y Ripamont1. En la tercera, que puede llamarse de los innovadores,
hay notables obras de C&lt;\rozzi, Restcllini, Conconi Previati
:lllentessi, Troubetzkoy, Longoni y otros.
'
'
- Forain, el artista parisiense por excelencia, ha publicado
recientemente un álbum que contiene diversos cuadros arrancados de la verdad, como todo lo suyo, y en que á la nerviosa
ejecuci6n del dibujo ímense lacónicos epígrafes que en su bre·
vedad encierran un tratado ele Filosofia. Acompaiia á los dibujos un prólogo de A. Daudet.
- Los aficionados á estampas podrán adquirir déntro de poco u_na r~producci~n fidelísima, obra del joven y hábil grabador
J assmsk1, del precioso cuadro de S:mdro Botticelli que se halla
en Florencia, en cuya ejecución ha empleado más de dos años.
,\ juicio de inteligentes es un trahajo irreprochable y tanto más
digno de aplauso por cuanto ningún grabador hasta el presente
se ha_bía atrerido á realizar con el buril la entonación vaporosa
y delicada ele esa obra maestra que publicará un conocido edi·
tor de estampas parisiense.
- Próximamente en la Sala Petit se organizará una Exposición ,·enlacleramente interesante. La constituirán los estudios,
bocetos y croquis del insigne pintor 1feissonier, desconocidos
por completo del público, como lo son generalmente esas notas
Intimas del artista. Tales trabajo, serán una verdadera re,·elación para muchos, toda ,·ez que se achacaba al difunto -maes·
t~~ como un d~f~cto 1~ ejecución minuciosa ~asta la exagera·
~on, .s~brada s1 se_ quiere, y ellos demo:;tr~ran la amplitud y
s11npllc1clad de su pmcelacla, su firmeza de dibujo y una colora·
ción franca y esµontánea como pocas.
- Actualmente está expuesto en Berlín un cuadro de Suchorow:;ki. q~e ha p~oducido J!ran sensación en cuantas capitales se
ha exh1b1do. Titulase El botln del pirata, y representa una hermosa figura ele mujer desnuda que en una habitación árabe, ricament~ decorad~,.;spera llena de an_gustia al dueño á quien,
en su tnste concllc1on de esclava, ha sido destinada.
-A los frecuentes descubrimientos dé grandes falsificaciones
de cuadros que en poco tiempo se han realizado hay que agregar
una muy reciente. El proceso seguido en Amberes contra un
tal Juan Defordt, que había vendido obras con las firmas falsificadas de Rubens, Franz llals y otros, ha evidenciado la cxist~ncia en, aquella ciud~d de u~a porción de fá_bricas que se ded1ca?ª1:1 a esa pum_ble mdustna y _de ,una, porción de cómplices
de d1stmtas profesiones que contnbman a la expendición de las
pinturas falsificadas, entre las cuales las hay con firmas de ar·
listas modernos.
Barceloua. - En el despacho de nuestro amigo el artista se·
ñor Riquer hállase desde hace unos días expuesto un cuadro
notabilísimo, una verdadera obra maestra en toda la extensión
de la palabra, una de esas obras que, aun en los mejores )1useos
del ~unclo, son, por _las geniales cualidades que contienen, singulandades que caullvan y atraen con fuerza poderosa é irresistible las miradas del artista por envolver con su brillo esplendente en una vaga penumbra á todas las medianías que les rodean. Trá(a~e de una pintura del insigne Ribera, representando el martmo de San llartolomé, en la que predominan las más
relevantes de sus cualidades, hasta tal punto que puede decirse
no se aminoraría la impresión que produce al espectador colo·
cada junto_ á los mejores_ cuadros que de ese artista posee el
M~seo nacional ~e Madnd. No es, pues, de extrañar que los
art1stas de esta ciudad hayan suscrito una instancia dirigida á
nuestra corporación provincial solicitando adquiera obra de tal
valer, pues ocasión para adquirir otra parecida imposible es
puede afirmarse, que se presente ya jamás.
'
«Salón Parés. »-Un buen estudio de media figura fresco y pin·
lado con sinceridad, lumi_noso y acertado, salvo t;l vez alguna
dureza del fondo, ele Batxas, y tres cabe1Á-is en tierra cocida,
de Font, ocupan _esta semana el sitio preferen te; una de ellas,
la de un monagmllo chupando una colilla, es feliz de expresión
y está ejecutada con simple espontaneidad; bueno es el retrato
y aunque bien ejecutada no es tan feliz la ele mujer titulad~
U1t beso, pero no corresponde la impresión que causa á la idea
preconcebida del modelo exigido en una cara de mujer para ese
acto tan tierno y delicado de· un beso. Bien es verdad que no es
fácil la observación del artista en este caso, pues no se dan los
besos á presencia de tercero, y si se reciben no hay lugar para
estudiarlos.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- En el teatro Real ele la Opera, de Berlín, se ha celebrado,
con asi~tencia de los·emperaclores, de los individuos de la familia real y ele muchos príncipes, el , 50. 0 aniversario ele su creación. Las obras representadas con este motivo constituyeron
una especie de revista retrospectiva ele lo que se ha cantado en
aquel coliseo desde su fundación. El orden del espectáculo fué:
la marcha de Gluck, A/aste; un prólogo alusivo que terminó
con un homenaje á Federico el Grande, fundador de la Opera,
y otro al actual emperador, mientras la orquesta ejecutaba el
himno popular; la obertura de ljige11ia en Aulida, ele Gluck; el
segundo acto de Las bodas de fzgaro, de Mozart; la 3. ª sinfon(a
L eonor, de Beethoven; varias escenas ele D er F reischutz, ele
Weber, y de El Profeta, de Meyerbeer, y la escena final ele El
crep,fsculo de los dioses, de Wagner. - En el propio teatro se ha
estrenado con buen éxito la ópera ele Leoncavallo / Pagliacci.
- En el teatro Carlos, de Viena, se ha estrenado con buen
éxito la opereta en dos actos del meestro Komzack Edelweiss.
- En el teatro Real, ele Kassel, se- ha estrenado con mucho
aplauso una ópera titulada Bardhamana, de Bruno Oelsner,
músico de cámara del gran duque de Darmstadt.
-:- La nueva ópera de Rubinstein, Los hijos del brezal, ha obtemdo gran éxito en Bremen, donde se ha estrenado bajo la di·
rección del autor.
- En el teatro de la Moneda, de Bruselas, se ha verificado la
primera representación de una ópera titulada lllaese iUartín,
del maestro Tan Blocke, de Ambcres, discípulo de Pedro Be·
noit, que ha sido muy aplaudida.
- La ópera romántica La hija de Granada, del maestro
IIallstrom, ha sido estrenada con gran aplauso en el teatro
Real de la Opera, de Estockolmo.
- ~n el teatro Lessing, de Berlín, se representará en breve
la úl(nna obra de I bseo, titulada El arquitecto Sobress.
.- _En Leipzig se han representado tres cuadros de la ópera
religiosa de Rubinstein /1/oisés, bajo la dirección de Sll autor,
qu1; ha querido celebrar de este modo el quincuagésimo aniversano de su primera presentación en público en el mismo lo·
cal, la Gewa11dhaus, donde aquella representación se ha ejecutado. Aun cuando por tres cuadros no puede juzgarse de toda
la obra, esos fragmentos dan perfecta idea del genio y fecuncli·
dad extraordinarios del gran maestro y pianista ruso, quien ha
sabiclo imprimir en su obra el colorido oriental que correspon·
de al asunto: como piezas de mérito superior se citan los finales
de los cuadros sexto y séptimo. Inútil es decir que Rubinstein
obtuvo una ovación inmensa.
Parls. - Se han estrenado con éxito: en el Gran Teatro, Lysistrata, comedia en cuatro actos de M. Mauricio Donnay, con
algunos bonitos números de música de M. Dutaq; en el Vaucleville! un drama en tres :i.ctos de M. ~fauricio Denier, Les gens
d~ bien, ele argumento aunque no nuevo interesante y cuyo prin·
c1pal mérito es el espíritu ele observación, el conocimiento escénico que revela y la maestría con que están trazados los carac·
teres de los personajes; en la Comedia Francesa, L' ame de Racine, escena dramática de M. Pablo Demeny; y en el Odeón,
Une soirée de Raa"ne, apropósito ele los Sres. Fuste! y Bazán.
Estas dos últimas, que se han répresentado con motivo del 253. 0
anh·ersario uel nacimiento del gran poeta francés, están escri·
tas en hermosos versos é inspiradas en pensamientos levantados.
. Londres. - Con ocasión de la Nochebuena y siguiendo tradic10nal costumbre se han represi;ntado pantomimas en Drury
Lane, Nuevo Olimpo, Palacio ele Cristal y en olros teatros. La
de Drury Lane ha sido puesta en escena con un lujo y una pro·
pie~ad superiores á lo mucho bueno que se hn visto en la capi·
tal mglesa: hay, entre otros, un cuadro que representa el palacio
clel millón de espejos, cuyas magnificencias exceden de toda ponderación. Además se han estrenado con éxito: en el teatro de
la Princesa un drama de M. Enrique Herm¡mn, titulado Ea·
gleJ oe; en el Royalty una graciosa comedia, Charley 's Aunt, de
i11r. Brandon Thomas; en la Opera Cómica, la opereta francesa
Les vi11g el huit jorm de Clairetle, letra de Raymond y l\tars y
música de Roger, arreglada á la escena inglesa por Mr. Carlos
S. Fa wcett; y en la Alhambra, un baile de gran espectáculo en
cinco cuadros, mí1sica de Jacobi, titulado Aladino.
llfadrid. - En el teatro de la Zarzuela se ha estrenado con
gran éxito la zarzuela en tres actos La estudiantina, letra del
popular escritor y distinguido periodista D. Eusebio Sierra y
musica del maestro Mateos. Esta obra pertenece al antiguo gé·
nero, el género lírico-dramático genuinamente nacional: el argumento es sencillo, interesante y gracioso, y en su desenvolvimiento abundan los chistes y las escenas alegres, vestido todo
con una versificación correcta y brillante. La mí1sica es inspiradísima y está admirablemente instrumentada. En el Circo ele
Parish ha sido bien recibida por su agradable música la opereta
en tres actos El pr!11cipe A leja11dro, del maestro Czibulka.
Barcelo11a. - En el Principal se ha estrenado con buen éxito
la tragedia catalana de D. Angel Guimerá, vertida al castellano
por D. Enrique Gaspar,Judith de Welp: en el propio teatro se
ha verificado el beneficio de D. Ricardo Calvo, quien tuvo una
gran ovación en el desempeño de la obra del Sr. Echegaray
En el seno de la muerte. En Novedades ha sido recibido con
aplauso un melodrama en un prólogo y cuatro actos del señor
Moreno y Gil, titulado Luisa ( La Saeta)

NúMERO

576

LA

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I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

noticia comunicada es agradable, como evidentemente lo indica
la expresión de los rostros ele las dos jóvenes, ¡váyales usted á
d_ecir á éstas que sobre el horizonte de la política europea se
ciernen nubes tempestuosas, hágales descripciones siniestras de
las manifestaciones del problema social, y de fijo si no le mandan
enhoramala, por lo menos se quedarán tan tranquilas como si
de la luna se les hablase! ¡Dichosa edad en que las ilusiones to·
do lo absorben! ¡Dichoso también el artista que en efectos tan
inocentes se inspira y que con tanta maestría sabe reproducir en
el lienzo tan sentidas escenas!

Reus. Monumento al general Prim, obra de
Luis Puigjener (fundida en los talleres de Federico l\Iasriera y ~ompañ_ía, de Barcelona). - En la hermosa plaza de Prim
de la mdustn?sa y floreciente ciudad de Reús álzase ya completa!ll~nte terminado el monumento que sus conciudadanos han
en~1do en honor del ih1stre general, de esa figura quizá la más
saliente ?e la ~istoria contemporánea de nuestra patria. A poco
ele fallecido Pnm, los reusenses costearon en sufragio ele su al·
n!a pomposos funerales, y habiéndose luego obtenido del gob1er~o que abonase el importe de éstos, por iniciativa de don
i\Ianano Pons y Espinós destinóse esta suma á encabezar
una suscripción para erigir un monumento al inolvidable con·
de d_e Reus y marqués ele los Castillejos. Para realizar el pensamiento nombróse una comisión, cuya presidencia se con·
fió a( S r. Pons, persona de gran valía y muy querido ele sus
conciudadanos que, al morir en 1886, había sido alcalde de
Re~s, dipu_tad_o provincial, diputado á Cortes y gobernador de
vanas provmcias y estaba condecorado con la cruz de Isabel la
Católica. Llev~da la suscripción á toda España y á América, no
tardó en reu111rse la cantidad necesaria para el monumento, y
convocado el oportuno concurso fué premiado el proyecto del
reput_ado escultor barcelonés Luis Puigjener. Para terminar estos ligeros apuntes diremos que á la muerte de D. Mariano
Pons sustituyóle en la presidencia de la comisión D . Eusebio
~al~uera, alcalde 9ue ha sido dos veces de Reus y diputado pro·
vmcml, y que el d1a 1.0 de este año quedaron colocados en el
monu1~ento (a estatua del general, los escudos y los relieves,
operac1ó~ felizmente realizada por el entendido maestro carpintero de nbera D. Tomás Ribalta.
El monumento, cuyas distintas partes reproducen nuestros
grabados, lo constituye u·n pedestal rectangular de mármol: tiene l-ste en su cara anterior el escudo de la ciudad de Reus debajo del cual se lee la inscripción A l'RIM su PATRIA :n su
cara posterior el del general y en sus caras Íaterales dos hermosos altos relieves que representan los dos episodios más culmi·
nantes de la historia P?lítica y militar del general Prim, la gloriosa batalla de los Castillejos y la famosa conferencia de l\léxico,
en la que el _ilustre caudillo, al descubrir los planes del gobierno na_poleómco, propuso á los generales de las demás potencias
la retirada, que él realizó en seguida embarcándose con las hopas españolas: sobre el pedestal se alza la estatua ecuestre de
Prim, ?e~cub(erta la cabeza y con la espada en alto.
El d1:;tmgu1do escultor catalán, autor también del bellísimo
monumento que erigió Barcelona al insigne marqués ele los Cas~illej?s, ha logrado, como en éste, en el de Reus representar al
molv1dable general con el doble carácter con que lo conciben la
fantasía ¡iopular y la historia: como esforzado general y animac(o cauclillo, como defensor de la patria y mantenedor ele sus
libertades. La estatua de Prim, como pueden ver nuestros lect?res, tiene además del vigor y corrección de líneas una expresión que revelando claramente el alma del conde de Reus1 es un
ti_mbre el~ gloria para el artista que tan admirablemente ha sa·
!)Ido senhrla y darle forma plástica. Los dos relieves están tam·
bién hábilmente concebidos y ejecutados, y los escudos revelan
una mano experta en la escultura ornamental. En suma la obra
del S~. Puigjeher es una obra notable bajo todos con~eptos y
constituye una preciada joya art!stica para la ciudad que tiene
la suerte de poseerla.
Réstanos agregar que como obra de fundición de bronce es
una de las mejores salidas de los talleres de D. Federico l\fasriera y Compañia.

Un concierto de Bulow, cuadro de L. Dehr1'.l_la~n. - _De fama universal gozan los conciertos del célebre
p1amsta, director de orquesta y compositor alemán Juan Guido
Bulow, músico de cámara de varias cortes alemanas entre cuyos timbres de gloria se cuenta el de haberle sido /onfiada la
dirección de la Escuela de música de l\[unich creada por \Vagner. El cuadro de Dehrmann, que representa una ele estas fiestas, es una hermosa composición llena de dificultades técnicas
que el artista ha sabido vencer salvando con fortuna los peligros de una confusión ininteligible y de una minuciosidad im·
propia de lienzos de la (ndole del que nos ocupa.

.La fl.est?, de la Virgen, cuadro de José Ben-

ll~ure Y Gil. - S¡! trata de uno de nuestros más antiguos y

asiduos colaboradores, y como en repetidas ocasiones nos hemos
o~upado de ~o mucho que vale este artista, legítima g loria de la
~1~tura espanola_ contemporánea, no hemos ele incurrir en repeuc1ones de elogios que resultan además ociosos, tratándose de
un cuadro tan bien concebido y tan bellísimamente compuesto
como f;a fiesta de la Virgen, en el cual el Sr. Benlliure, con su
Necrología. - H an fallecido recientemente:
Angel Villa Pernice, notable economista italiano, autor de maestna acostumbrada, reproduce uno de esos interiores de
muc~as é importantes obras de Economía poHtica y bibliófilo t~mplo en días de gran ceremonia que ta nto se prestan á patentizar el talento de un pintor.
apasionado.
El conde Carlos Fecia di Cossato, mayor general de la reser·
A°!)anico q:ue perteneció á la reina Maria Anva italiana y uno de los pocos sobrevivientes de las primeras
tom~ta, propiedad de D. Antonio Lambea (de fotografía de
guerras de la independencia de Italia.
. Alejandro Talazac, célebre tenor francés que por espacio de J. Pneto). - El precioso abanico que reproducimos forma parte
diez años ha cantado en la Opera Cómica de París, estrenando, de_ la notable colección que posee D. Antonio Lambea, de Maentre otras obras, Í,Qs w e_ntos de Hofjma1111, Lakmé, Manón, El drid, compuesta de ejem plares de gran mérito correspondient~s á los ~iglos XVII y xv111, algunos de los cu;les ostentan de·
rey de Jsy Samón y Dalzla.
Sir Ricardo Owen, famoso naturalista inglés, profesor de hcadas pmturas de L ebrand, \Vergencle y otros no menos nom·
Anatomfa y Fisiología del Real Instituto de Londres, cuyo brados artistas. El abanico llamado de María Antonieta tiene
nombre se·ba hecho célebre por sus importantes investigaciones su. varillaje de marfil, con aplicaciones de oro y mosaicos de
paja; en l?s dos padrones figuran los retratos de aquella inforanatómicas y osteológicas de los vertebrados fósiles.
tunada ~eu~a.Y el de su esposo y en las demás varillas los de to·
Ernesto Cristián Richard, notable poeta dinamarqués.
Teat_ros. - En la Scala de Milán se ha representado con
gran éxito la ópera del maestro Franchetti Christophoro Co·
Teodoro IIentschel, director de la orquesta del teatro de la dos los_ mdmcluos de (a familia real. El pa(s, que es de seda,
lombo, en la cual ha obtenido muchos aplausos nuestra compa· Ciudad, de H amburgo, y autor de las óperas Lanze/Qt, La bella está pnmorosamente pmta~o por Le brand. En suma, es un ejemplar notable de gran ménto, ya que su valor artístico hállase
triota la señora Bonaplata.
llfelusina y La espada del rey .
- _En el último concierto de la Gewandhauns, ele Leipzig, se ...••.•••.•••,....••, ......,,,,.\ •..•.••,....,.,,.,.•.•,.,......................,•..•,......,.........1,,,,,.¡,,,.,.,......,••,•.., aumentado por el histórico.
ha eJecutado como ~ovedad una ?bra póstuma de Bizet, Roma,
Recomenaamos el verdade1~ Hierro Bravals aaopque fué muy aplaudida por su brillante inslrumentación.
NUESTROS GRABADOS
tado en los Hospitales de l' arls y que prescriben los
- En el teatro de María, de San Petersburgo se ha estrena·
me&lt;11cos, contra la Anemia, ClorosJs y Debll!dad; dando
d o con gran éxito una ópera en cuatro actos de!' maestro N. A.
Un secreto, cuadro de Juan Blum. - Bien claraa la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
Rit?skij-Kor_ssakoff, tit~lada JI.fiada, que un ilustre crítico ruso mente se advierte que no se trata ele un secreto de Estado pero
que tanto se desea. Es el mejor de todos los '.únicos
Y reconstituyentes. No produce estreñimiento 111 diarcahfi~a ele pmtura 1mm~al, ,Pºr ser lo pintoresco y la riqueza de ¿dejará por esto la confidencia de interesar menos á las do~ mu·
rea, teniendo además la superioridad sobre iodos los
colon do lo que caraclenza a esa obra.
chachas? Si se trata, como es de presumir, de algún amorío y la
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.
~

N úMERO

Antes de contestar me volví un poco para coger una ro;a

CARGO DE CONCIENCIA
POR

Ju ANA

MAIRET, CON PR ECIOSAS I LUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

Martes, 30 de junio
«Y_ la última fecha es del 16, el día en que, después de pasar la noche sin
dormir, después de haber vacilado y orado mucho, resolví acoger á Edmunda
y tratarla como hermana.
YIDespués, nada. No es la pereza ni el género de vida un poco desordenado
que observamos hace una semana lo que me ha impedido escribir es más bien
que no veía claro en mi interior ó que no tenía empeño en ver. '
»~n el momento en q.ue es~ niña intervino en mi vida, yo me proponía introdu~ir en ésta un camb10 radical, J:)Ues comenz~ba á decirme en voz baja, muy
b~Jª Y te_mblor?sa: «¡Amo!}&gt; La altivez que me imponía el silencio y un poco de
fnalda? Junto a Roberto, que me inducía á mostrarme severa y á ponerme á la
de~ensiva apenas su madre me hablaba de él, desvanecíase poco á poco y yo era
feliz. Temía no ser amada como yo quiero serlo, y casarme sobre todo por con-

venie?ci_a, I;&gt;Orque este matrimonio, á los ojos de toda la familia y del mundo
par~~1a md1cado ya. Desde hace algunos meses mi temor se desvanecía suave
dehc10samente. En París, Roberto y yo nos encontrábamos, no sé cómo, á cada
~omento; cuando entraba en nu~stro pequeño salón sus ojos brillaban sus labios sonreían, y al parecer considerábase feliz junto á mí. Ciertamente no se
I?resentaba como enamorado; los dos sabíamos que hacía años se nos destinaba
a ser _uno de otro;_ mas Roberto hablaba con toda sinceridad, como compañero
y amigo fiel y casi con ternura.
»Si yo admiraba ~na pi?tura, una comedia ó un libro, siempre era también de
su agrado. Su trabaJo me mteresa, y le he sido a lgo útil leyendo para él varias
?bras al~manas y tomando.notas. Ciert~ día exclamó: «¡Qué felicidad es trabaJar cont~go, Marta; veo meJO: con tus_ OJOS que con los míos!» y repentinamente .parec1óme ver en perspectiva la umón de los dos y una vida muy feliz algo
sena tal vez, pero llena de ternura y muy dulce. Aquel día conservó mi 'mano

y

�LA ILUSTRACIÓN A1nísTICA

NúMERO

576
NúMERO

entre las suyas algo más que de costumbre, y no pensé en retirarla. Es que somos muy antiguos amigos, casi hermanos. ¡Ah! Sí. .. el afecto fraternal es una
cosa muy dulce, pero no suficiente, ó por lo menos no me bastaría á mí.
»Y desde hace un instante siento que le amo, que Je amo con toda la fuerza
de mi corazón, hasta con arrebato. Yo me esfuerzo para que no lo comprenda,
y el temor de que se revele, y sobre todo de amar más de lo que soy amada, me
hace parecer fría, desagradable. Sin embargo ...
»Su madre ha debido referirle nuestra conversación. Ayer nos encontramos
solos un instante por primera vez. Después de almorzar tratábase de inspeccionar el jardín para ver dónde podríamos jugar á la raqueta, porque Edmunda lo
deseaba mucho. Aquel joven oficial, Jorge Bcrtrand, compañero de Roberto,
que no me agrada sino á medias, había atraído á mi hermana y los demás convidados á un lado, mientras que Roberto y yo examinábamos otro sitio, y stíbitamente me dijo con una especie de resolución y casi con dureza en la mirada y en el acento:
- »Marta, no es digno de ti ni de mí mantenernos en una situación falsa.
Nos vemos y obramos como si ... como si nada se hubiese convenido; y sin embargo, debemos casarnos un día ... ¿no es así?
»Esta pregunta me dejó helada ... ¿Por qué? ¿Qué demonio es el que me infiltra esta frialdad en el momento mismo en que mi corazón se desborda? Tal
vez será porque yo esperaba de él cierta vibración en la voz, alguna cosa que
me hubiera dicho mucho más que las palabras: «¿No ves cómo yo te amo?»
»Antes de contestar me volví un poco para coger una rosa, y sin_temblor en
la voz le dije al fin:
. - »Escúchame, Roberto, yo no quiero compromiso. Interrógate como yo me
mterrogo, y antes de terminarse el verano, ó se efectuará nuestro matrimonio
ó nos separaremos como buenos amigos. Hasta entonces permanezcamos libres,
completamente libres; y si uno de nosotros dice al otro: ,No te amo como quisiera amarte,» comprometámonos á no experimentar más que agradecimiento: la
peor deslealtad sería aceptar el matrimonio sin amor.
»Roberto me miró detenidamente, buscando al parecer en mi rostro alguna
cosa que no existía, así como yo escuchaba un momento antes el sonido de su
voz para distinguir un temblor que no reconocí. Tal era el esfuerzo para dominarme, que me parecía ser de mármol; y en aquel instante creí que sería casi
una deslealtad dejarle entrerer siquiera cuánto le amaba. Roberto dejó escapar
un suspiro no sé si de impaciencia ó de desanimación, y después repuso como
resentido:
- »Admiro tu calma y tu buen criterio ... Consérvate libre; pero en cuanto á
mí, me consideraré como tu prometido hasta el día en que me digas: «No te
amo.»
- »¡No, no; eso sería injusto!
¡, Yo temblaba de emoción, y mi acento resonaba singularmente en mis oídos.
Tal vez Roberto entrevió que mi calma no era más que aparente.
- ))Como tú quieras, Marta.
- »Y que nadie sospeche ...
- »Nadie. sospechará ... Por lo demás, añadió con amargura, sería difícil,
dada ·t~ actitud, creer que pensábamos en más intimidad que la de antiguos
companeros.
»¡Extraños desposorios! Diríase más bien que son una especie de lucha entre
dos voluntades conocidas; y á pesar de todo soy feliz, y hasta me ha parecido
que Roberto está más á su gusto desde nuestra última explicación. Ese hombre
que en su juventu~, absorto y grave, había carecido siempre de entusiasmo, parece querer desquitarse, aprovéchase de sus vacaciones completas, y disfruta
como un escolar. Su madre está radiante de alegría, y en cuanto á mí, sumament~ contenta con la atmósfera de placer que nos rodea, me rejuvenezco también.
Siento deseos de cantar, correr y hacer mil extravagancias; ya no me reconozco
y h~sta la tía Aurelia? viéndo~e tan alegre, perdona casi á Edmunda, atribuyen~
do a la llegada de 1111 hermamta este súbito cambio.
» á decir verdad, Edmun·da contribuye algo á ello; su juventud en flor llena
e_l a1re ~e alegría, y perturba la tranquilidad un poco soñolienta del antiguo castillo. Mi hermana necesita movimiento, ruido, algo inusitado; no es una muchacha contemplativa, pero su entusiasmo por la campiña se acabaría pronto si
esto no representase para ella más que los cuidados del corral, los trabajos ' en
e\ campo y hasta en el jardín. No tiene nada de campesina, pero en cambio la
vida de la castellana le conviene perfectamente, al menos por ahora. La señora
de Ancel ha manifestado desde luego mucho afecto á mi hermana - como todos
los demás - '! combi~~ con ella expediciones á Trouville, cabalgatas hasta el
bosque de 1 ouques, Jiras campestres, y qué sé yo cuantas cosas más. Roberto
c_onoce á varios jó~enes de los alrededores y de las diversas estaciones balnearias, y todos van siempre detrás de mi hermanita como las mariposas en pos de
la luz. Esa cosa que atrae, ese don misterioso que no consiste en la belleza ese
encanto particular de 1~ mujer continuamente adorada, ese no sé qué, en fi~, de
que carezco, ella lo tiene en un grado que casi atemoriza. Los campesinos,
después de saludarm_e respetuosamente, se vuelven para mirarla; los mismos animales parecen sometidos á ese ex_traño magnetismo que hay en ella; las avecillas
no _r~montan el vuelo cuando m1 hermana se acerca, y los perros solicitan sus
canc1as. En todas partes y para todos ella es la soberana el ser amado adorado; Y yo no sé si ella conoc_e su poder; pero seguramente ~e considera feÍiz, y se
aprovecha algo de él cual s1 fuese una verdadera niña. Si por casualidad siente
deseo _de abusar de esa fuerza misteriosa, siempre lo hace cuando está presente
el capitán_ Bertrand; y s_i fº. le predico un poco de moral, se arroja en mis brazos f me Jura que s~rá JU1c10sa en lo futuro. Es como aquellas penitentes que,
gracias á una c_on'.es1ón pasada y seguras de la absolución próxima, continúan
pecando con sm igual desenvoltura, creyéndose antorizadas para ello.
&gt;&gt;_¡Pero es tan niña mi pequeña Edmunda, tan afectuosa, y muéstrase tan agrad~_c1da por la ternura con que la trato! ¿Cómo no perdonarla? La tía Aurelia me
d_1Jo ,el ?tro día: «¿Cariñ~sa? Ciertamente; también mi gata lo es; pero se acaricia a m1 costa, lo cual difiere mucho. ¡Así es como Edmunda te acaricia á ti!&gt;
A pesar de esta sev~ridad en su juicio, mi tía se deja seducir igualmente por los
cncan~os ?e la hechicera. Yo no creo que Edmunda tenga una inteligencia extraor~mana, Y. dudo que los grandes problemas del bien y del mal en la tierra,
de, la mmor5ahdad -~el alma y h~sta de la cuestión social hayan perturbado jama~ su sueno de nma; pero t:atandose de las cosas de la vida, es muy avispada.
Qmere que todos _la amen siempre, y se vale de mil medios para conseguir sus
fines. Ha r~conoc1do muy pronto en mi tía Aurelia su afición de artista, que á
falta de lápices y de colores hace con su aguja verdaderas maravillas·,.v Edmun-

'!

11

da, que sabe tal vez hacer el dobladillo de un pañuelo, aunque no estoy segura
de ello, ha suplicado á mi tía con imperturbable seriedad que la inicie en los secretos de esos bordados tan finos y primorosos, con los que confecciona cortinajes, adorna muebles enteros y hace labores preciosas demasiado ricas para
que nos atrevamos á usarlas. Ha sido necesario enseñar á esa novicia entusiasta
las casullas y los ornamentos de iglesia recogidos con mucho trabajo en las
tiendas de los prenderos; mas mi tía le dijo: «Recomiendo á usted que no diga
nada al señor cura, que admira ingenuamente cuanto yo hago. ¡Si él sospechara
esto!&gt;&gt; Y Edmuncla contestó con mucha seriedad: «Eso sería vender el secreto
profesional, puesto que yo aspiro á ser discípula de usted.» Cuando la tía Aurelia duda de alguna cosa, acostumpra á refunfuñar, é hízolo así un poco ruidosamente, murmurando: «¡Esta muñeca se burla de mí!» Pero·la muñeca, gra1·c
como una imagen, empleó una hora para aprender un punto de bordado, diciendo cosas muy sensatas. Yo tenía mi libro en la mano durante la sesión, y no me
costó poco mantenerme seria. La severidad de mi tía desvanccíase por momentos; y aquella hora de paciencia favorecerá más á la causa de la «intrusa,» como
mi tía llamaba atín á mi hermana, que las más vivas demostraciones. Sin embargo, al cabo de una hora, Edmunda guardó su labor en un pequeño neceser de
lujo - naturalmente poco títil, -y después me dijo: «¿Vienes conmigo Marta?
Iremos á correr por el parque, porque mi sabiduría está todavía en la infancia,
y es preciso tenerle consideración ... » La tía Aurelia se encogió de hombros,
pero tuvo para su discípula una sonrisa llena de indulgencia maternal. Un esfuerzo más de Edmunda bastará para conquistarla del todo.»
IV
Según todas las previsiones, Roberto de Anee! estaba destinado á una vida
de ociosidad y de locuras. Hijo tínico de viuda, dueño de sí, disfrutando de la
más completa libertad, muy joven y poseedor de una bonita fortuna, nada le
impelía hacia los estudios serios ó las grandes ambiciones; pero felizmente para
él, en la edad de las pasiones sintióse atraído sobre todo hacia las cosas del espíritu. Alumno de la escuela des Charles, distinguióse muy pronto entre todos
sus condiscípulos, y además fué una especialidad, lo cual indica una verdadera
vocación; la historia le atraía en particular, y en ella se acantonó. :1\Iuy joven
aún, tuvo la idea de escribir una obra que debía titularse: Ifistoria de los duques
de Saboya en los siglos xvn J' xvm, y para la cual necesitaba hacer innumerables investigaciones y algunos años de trabajo. Entonces apreció mejor su posición desahogada, que le permitía dedicarse al estudio desinteresado, hacer viajes y buscar minuciosos datos, cosas de que deben abstenerse los pobres diablos
que están en la precisión de ganar el sustento.
Roberto contaba ya treinta años y no había escrito aú n el primer capítulo de
su libro; las notas se acumulaban, desarrollábanse los estudios á medida que
progresaba; quiso reducir su asunto, y con frecuencia se desanimó, diciéndose
que otros muchos antes de él habían ideado nobles trabajos y al fin no hicieron
más que entreverlos. Sin embargo, por vía de ensayo quiso escribir algunos artículos para la Revista histórica, artículos que gustaron bastante en el reducido
círculo de los sabios. Después, eligiendo en la colección de sus documentos un
asunto relacionado de cerca con el principal de su gran obra, lleno de ligeros
detalles divertidos y en que se hablaba de esa sociedad del siglo xvm que excita la curiosidad de la gente de mundo, así como también la de los eruditos,
le trató con la idea de hacer una gran revista. T emía haber perdido durante
aquellos años de preparación el estilo galano de su pluma, reconocido en él
cuando atín era muy joven. Roberto temía mucho pasar por un necio, y de
consiguiente fijó la mayor atención en el estudio para la gran revísta; escribióla
como hombre de mundo, con estilo alegre, disimulando lo mejor posible la erudición, que constituía su fondo. El artículo fué aceptado al punto, y publicóse
sin mucha tardanza, obteniendo un verdadero éxito. Roberto se consideró muy
feliz con este primer triunfo, pues había sabido dominar un pequeño asunto y
acabaría sin duda por vencer en otro de mayor importancia. No sería tan sólo
una rata de biblioteca, sino un historiador en la verdadera acepción de la palabra, un hombre que sabe comunicar movimiento, color y vida al pasado. En
adelante podría avanzar sin temor, pues por más que su vasto asunto se presentase ante él cada vez más formidable, le dominaría al fin. La victoria estaba lejos aún sin duda, pero llegaría, y hasta entonces tendría paciencia porque era
fuerte.
De esta lucha interior guardó siempre el mayor secreto; habíase apasionado
por ella hasta el punto de que le absorbiera completamente; hacíale estar siempre taciturno, y los años habían transcurrido así rápidos y silenciosos. Profesaba
á su madre el más tierno cariño, sabiendo que la pobre mujer no vivía más que
para él desde su viudez; mas no le era posible iniciarla en sus angustias íntimas
de trabajador y decir: «No estoy seguro de mí; tal vez no sea tu hijo más que un
rutinario como los muchos que hay.) La buena señora hubiera sufrido sin comprender lo que se le decía.
Lo que la viuda no se explicaba apenas era la vida retirada de aquel mancebo, lleno de salud, que en ciertas ocasiones sabía mostrarse alegre y hasta algo
loco de improviso. Cierto que pasaba gran parte de su tiempo en París, mientras que ella vivía todo el año en el campo; pero su hijo la visitaba con frecuencia, hasta en 'invierno, y consagrábale casi siempre todo el verano, aunque entonces se encerraba desde la mañana hasta la noche en su despacho. La madre
le veía á las horas de comer, y á veces inducíale á dar un paseo; pero á esto se
reducía todo. Este género de vida parecía convenirle muy bien, y hasta estaba
alegre y hablaba á su madre con toda sinceridad.
Naturalmente la señora de Anee! soñaba en casarle. Segtín ella, según la buena señora Despois y segtín otras muchas personas, su vecina Marta Levasseur
era la mu~r ideal que aquel joven tan serio necesitaba. Durante algunos años
Roberto no había querido oir hablar de matrimonio, pensando sin duda que sería
una triste cosa para una mujer tener un marido cubierto de polvo por el contacto
con los antiguos archivos y los papeles amarillentos; pero después, siempre que
volvía á ver á Marta un poco íntimamente, reconocía que ésta, en efecto, no se
asemejaba á las jóvenes vulgares, ávidas de placer y ansiosas de lujo y movimiento. La aversión de Marta al matrimonio por conveniencia, su obstinada
negativa cuando se la proponía el casamiento y por último su carácter montaraz acabaron por interesar á Roberto, y al fin, habiendo aumentado sensiblemente el atractivo verdadero que Marta tenía para él durante el invierno en que
los dos jóvenes se vieron con más frecuencia que de ordinario, Roberto creyó
muy sinceramente que estaba enamorado de su vecina, que sería feliz teniéndo-

756

37

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la por esposa y que la vida junto á una mujer inteligente y formal s~r(a_m_uy
dulce. He aquí por qué cuando su madre, temblando un poco ante la 1111ciat1va
que había tomado, le refirió su conversación con Marta, Roberto, despué~ de
guardar silencio algunos minutos, levantóse, se arrodilló ante la buena senora
como cuando era pequeño, y le dijo:
- ¿Conque te complacería tener también una hija?
- ¡Mucho, Roberto, mucho!
- Lo comprendo así, querida madre, pues te abandono demasiado á menudo
para empaparme en mis eternas notas.
- Pero yo no quiero que te cases precisamente por mí. Si amas á Marta, tómala por esposa; mas de lo contrario, casarte sería un error tan cruel para ella
como para ti.
- ¡Qué mamá tan sentimental tengo!.., exclamó el joven. ¡Amor!.. es una
gran palabra. Yo he creído algunas veces amar, como otros muchos, y en confianza te diré que me parece haberme engañado completamente. Nada de fuertes emociones, ni borrasca, ni gritos, ni desesperación, ni loca embriaguez; tan
sólo una ligera opresión de corazón cuando... , no sé cómo decírtelo... , cuando
me veía suplantado, y después un exceso de trabajo que me hacía perder la g~na de comer y de beber. Entonces sondeaba mi corazón, pero todo hab1a
concluído y no conservaba impresión alguna.
- Espero, hijo mío, que cuando pienses en Marta no hallarás la menor comparación con...
- Ninguna, madre mía, ninguna; tranquilízate. Amo mucho á Marta, y creo
que siempre la amé extremadamente. ¿Es pasión? No lo creo, pues en el '.ondo
soy tal vez incapaz de concebirla. Si Marta llegase á ser mi esposa... , 1:11ra, al
decirte esto siento una dulzura inefable en el corazón que bien pudiera ser
amor... , si llegase á ser mi esposa, te juro que la haré feliz y que yo quedaré
muy complacido. ¿Te basta esto?
.
.
- A mí sí; pero en cuanto á ella nada sé. Desde muy pequeiía ha visto sufnr
á su madre, y los niños inquieren, sin comprender, de una manera maravillosa. En fin, tenéis delante todo el verano para decidiros.
- Yo quisiera que se resolviese desde luego. Me conozco, y sé que una vez
empeñada mi palabra 110 miraré á derecha é izquierda; pero esos compromisos,
que no son verdaderamente tales...
- Te molestan para tu trabajo, ¿no es cierto?, preguntó la madre sonriendo.
- Eso mismo.
Así era, en efecto; pero había además otra cosa. Al evocar la imagen de Marta, Roberto la veía acompañada de otra; las dos hermanas, siempre juntas, formaban notable contraste: la una, alta, delgada, seria, con hermosos ojos de mirada profunda; la otra, pequeña, alegre, ostentando sus frescos colores, con la
mirada llena de atractivo, con sus sonrisas que enloquecían, aparecíansele unidas, y no estaba seguro de escuchar la voz de timbre grave más bien que la risa
argentina, ni de fijarse con preferencia en la mirada de la mayor que en la de
Edmunda. De aquí resultaba para él un malestar que no quería definir y casi
un remordimiento que rehusaba analizar. .
Y cada día sentía más no haberse comprometido por juramentos de amor con
la que deseaba tener por esposa.
No solamente no estaba comprometido por ningún juramento, sino que ninguna de las personas que le rodeaban parecía sospechar que hubiese entre ellos
más intimidad que la pasada, ni aun la tía Aurelia, que había renunciado á sus
sermones, al ver que durante tanto tiempo no produjeron resultado, y que se
familiarizaba casi con la idea de que Marta no se casaría nunca. Ciertamente
observaba que Roberto iba al castillo más á menudo que antes; pero la presencia de Edmunda, las frecuentes reuniones de amigos y vecinos y la alegría que
comunicaba á todo el mundo un poco de movimiento bastaban para explicar
aquellas visitas frecuentes. Además, el joven había declarado que hallándose verdaderamente un poco cansado á causa del incesante trabajo del invierno, quería
solazarse bien en el vérano, vivir al aire libre, nadar, montar á caballo, bailar y
hacer mil locuras. De una manera tí otra siempre encontraba el castillo en su
camino.
Con frecuencia iba acompañado de su antiguo compañero, el capitán Bertrand;
habían sido amigos bastante íntimos en el colegio, y aunque disputaban siempre mucho, por tener ideas diametralmente opuestas sobre todas las cosas, después de una discusión violenta los dos se buscaban. Hasta las diferencias de
sus temperamentos producían como un atractivo irritante, del cual apenas podían prescindir. En todo tiempo Jorge Bertrand había anunciado que entraría
en Saint-Gyr, y desde su cuarto año de academia manifestó un profundo desprecio á los hombres de estudio. Era naturalmente violento y un poco brutal;
adoraba la fuerza; el puñetazo le parecía el argumento supremo, y era muy temido de sus compañeros de carácter pacífico. Como Roberto le había probado varias veces que las razones morales no eran las tínicas en que se distinguía, Jorge
trató con cierto respeto al joven estudioso que no dejaba de tener buenos músculos y sabía servirse de ellos.
Después y durante algunos años los dos a!Jligos se perdieron de vista; encontráronse por casualidad en un banquete, se tutearon de nuevo, y el capitán
Bertrand tomó la costumbre de ir á fumar un cigarro de vez en cuando en casa
de su antiguo camarada y Uevársele á pasear al bosque. Al cabo de algún tiempo el capitán sufrió una grave enfermedad y obtuvo una larga licencia para ir á
restablecerse en Trouville.
Pero bajo aquella aparente intimidad, la irritación se mostraba en los dos jóve?es c?mo cuando estaban en el colegio, menos abiertamente sin duda, pero
mas sena, en el fondo. Los defectos de carácter del joven oficial se habían acentuado mas aún, contribuyendo á ello la vida de guarnición y el ejercicio del
mando. El mismo capitán complacíase en referir cómo se hacía temer de sus
soldados,_ y se lamentaba de que no fuese permitido tratarlos brutalmente como
en otro tiempo; «porque, decía, un ejército no es en realidad fuerte sino cuando
los soldados se ven reducidos al estado de máquinas.»
Cierto día refirió delante de las dos hermanas cómo consiguió domeñar á un
soldado reb~lde, no perdiéndole de vista y sorprendiendo siempre en él una falta para a~obiarle de injurias, de castigos, de humillaciones y de trabajos de toda especie, hasta que al fin le embruteció. Pero un día el hombre se rebeló de
nuevo, desapareció y fué cogido como desertor.
'
- J?e este modo nos ~irnos al fin libres de aquel soldado, añadió el oficial; su
mal eJemplo comezaba a influir en los demás.
- Y he ahí, ~ij_o Marta con indigna~i¿n, un hombre perdido por causa de
usted. No le felicito por esto, señor cap1tan.

- Es la cizaña arrancada del campo de trigo, señorita, repuso Bertrand. La
obediencia pasiva es necesaria en el soldado.
- Y me parece que en el oficial. debe haber algo más que dureza.
Edmunda había escuchado sin decir nada. El capitán Bertrand, gallardo
mancebo, de ojos azules y mirada dura y fría, atraíala singularmente. Juzgó que
Marta se mostraba muy severa en su apreciación, y agradeció al oficial que contestara en broma, como si de hecho no se pudiera tratar seriamente un juicio
femenino en semejante materia. No le desagradaba á Edmunda pensar que
aquel hombre inspiraba temor á los soldados, siendo capaz de cometer una violencia y hasta una injusticia, pues junto á ella mostrábase sumiso y afable, y
quedaba dominado á su vez. No podía dudarlo: el capitán Bertrand estaba á
sus pies; hacía de él lo que se le antojaba, y obligábale á sonrojarse ó á palidecer según que se mostrara para él amable ó fría, lo cual era sumamente divertido para la linda coqueta. Los sermones de la hermana mayor no servían de nada, y Marta comprendió por primera vez que los seres al parecer débiles y maleables oponen á veces una fuerza de resistencia y una obsti~ación elástica que
nada puede vencer, porque la razón no influye mucho en :"ellos. «¡Puesto que
eso me divierte!..,» decía Edmunda. Nadie la sacaba de aquí. En buena ley, el
mundo entero y todos sus habitantes no debían servir más que para recreo de
la señorita Edmunda Levasseur, porque ésta era muy linda, encantadora y, en
una palabra, deliciosa.
Los abrazos y caricias inducían á Marta á renunciar á su homilía. Bien mirado, el capitán sabría defenderse en caso de necesidad, y con tal que Edmunda
no se le diese por cuñado no exigiría más. ¿Casarse con el capitán? ¡Oh! ¡No,

•.. y por otra parte me ha dispuesto esa magnHica panoplia

exclamaba la niña, de 11ingún modo! ¡Set esposa de un oficial, dejarse conducir
de guarnición en guarnición, sin oir hablar nunca más que del escalafón y de
las promociones de compañeros injustamente favorecidos!. . ¡Jamás! Y después
llamarse señora Bertrand, ella á quien no gustaban más que nombres bonitos
con partícula... Y la loca niña se interrumpió algo confusa, sonrojándose vivamente.
- En cuanto á ti, te adoro, exclamó Edmunda impidiendo con un ademán
que el sermón continuara. Tú eres un cura con faldas que me conviene por
completo; pero advierte, hermana querida, que es preciso renunciar á corregirme. Yo no seré jamás una perfección ni una 111ujer notable, ni me será posible
leer nunca grandes libros serios. Veamos; no frunzas el ceño: todo el mundo
dice, y yo la primera, que tú eres una joven notable. La señora de Anee! no puede
pronunciar tu nombre sin proclamar tus méritos, y su docto hijo habla contigo
de sus ·trabajos. ¡Qué honor... y qué divertido debe ser esto! A mí no me hablan
más que de lecciones de natación, de saltos, de cosas alegres y bonitas. Yo no
soy más que una pobre chiquilla; pero tengo mi privilegio, créelo así, como sér
débil á quien se trata con dulce compasión, á quien se dan siempre caramelos
y á quien todos quieren ver engalanado, rozagante y risueño, teniendo por única
misión en este mundo ser bonito y dejarse proteger. Si tú crees que no veo ni
comprendo te engañas. En el fondo no soy tal vez tan muñeca como se me juzga; sé muy bien lo que quiero y adónde voy.
Poco á poco Edmunda se había exaltado; tenía las mejillas muy sonrosadas
y los ojos brillantes.
'
- ¿A qué viene todo eso, pequeña Edmunda? Tú eres lo que eres, es decir,
una niña adorable.
mucho las sensaciones, ni aun las más violentas·,
'En Edmunda no ,duraban
.
as, es que comenzó a reir, y deslizóse en los brazos de su hermana con un ademán tan picaresco que ésta se conmovió.
( Co11tim1ani)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
cuyos sonidos se acercan, se alejan y al fin se desvanecen hasta que su oído nada percibe y el aire recobra su serenidad y su calma acostumbradas. A los
TRANVÍA ELÉCTRICO QUITANIEVES
pocos instantes reprodúcese el mismo fenómeno, y si
Conocidas son las grandes perturbaciones que en entonces dirige sus ojos al cielo en el momento en
la vida de las ciudades producen las nevadas, tan que la orquesta aérea lanza sus notas más sonoras,
frecuentes en América y que se dejan sentir princi- podrá distinguir una ligera nube cuyo color destaca
SECCIÓN CIENTIFICA

NúMERO

576

M. Whyte dice que es la más sucia, pobre y mise·
rabie del mundo, y los que en ella hemos vivido durante algunos años asentimos por completo á esta
opinión.
E l servicio de vialidad es nulo en ella; pero al
igual que en las poblaciones, las aves de rapiña, en
defecto de la edilidad, se encargan de él, y como éstas abundan en los alrededores de Pequín, pronto hacen desaparecer de las calles los d etritus animales y
veget~les. Dichas aves son principalmente el halcón,
el gavilán de Stevenson, el águila "y el Buteo poliogetrys, perseguidor de las aves de corral y especialmente de las palomas.
¿Cómo sustraer á sus crueles garras á los elegantes
volátiles tan queridos por los chinos? ¿Matar las aves
de rapiña? Entonces ¿qué sería de las calles y del servicio de limpieza, que tan bien desempeñan los tales
an imales? ¿Secuestrar á las palomas? Esto sería convertirles en esclavos y aplicarles un suplicio.
L os propietarios de las palomas, teniendo todo esto en cuenta, han ideado los chao-tse que con su ruido espantan á los enemigos de las palomas y aseguran á éstas la libertad en sus paseos aéreos.
Los chinos, corno todos los pueblos, tienen sus
supersticiones, grotescas unas, inocentes otras: la del
chao-tse pertenece al m1mero de las agradables. Los
chinos son muy aficionados á los sonidos diseminados por el aire: las vibraciones de los gongs ó de las
campanas que se echan á vuelo en los días de ceremonias, que tanto abundan en su calendario, no son
para ellos otra cosa que las voces de sus antepasados; los sonidos de los instrumentos pegados á la
cola de las palomas traducen, según ellos, las palabras misteriosas que se escapan de la boca de los emperadores de las pasadas dinastías.
El chao-tse es una de las pocas poesías de la capital del Celeste Imperio.
DR.

E.

ELIMINACIÓN MECÁNICA DE LOS MICROBIOS

Ha sido presentada á la Academia de Ciencias de París una nota de M . Lezé, profesor
de la escuela de Grignon, en la cual su autor
da á conocer el resultado de numerosos experimentos, que demuestra _la posibilidad _de la
separación de los microb10s de los medios en
que viven.
.
Partiendo del principio de que los microbios que contienen materias celuló~icas ~lbuminoides ó minerales tienen una mtens1dad
superior á la unidad y sólo flotan en los líqui-

Fig.

2.

Paloma provista de un silbato eolio

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeccione■ del pecho,

ouJUJrl.nmecllatamente oomo ningún otro remecllo
empleado ha1tael ella, toda
ola■e de JNDJBPOBIOIO- ~~ll't9!''..!I
DldelTUBO DIOESTIVO
VÓIUTOS y DIABBEAB;
de lo■ TÍSIOOI de lo1ÓVIEJOB; de 1011111tOS, O LE,"'o"~
BA, TÍl'UB,DISBKBBBÍA;
~)
vómITOS c1e l&amp;I BIIBA~
BAZIDAJI y 4elo1llli'OS;
1
DE VENTA EN LAS PBINCJ.PALEH

MARTIN

(De La Nature)

sobre el azul del cielo; luego esa nube se acerca y diESTUDIO DE LAS CORRIENTES TELÚRICAS
buja claramente un vuelo de palomas que después
de describir algunos círculos se posa en el recinto
La relf!ción que existe entre las variaciones accide alguna vivienda de la cual son huéspedes que- dentales de los elementos magnéticos y las variacio- .
ridos.
nes de las corrientes telúricas ha sido evidenciada
La armonía eolia ha cesado y el viajero no duda desde hace tiempo: sabido es, en efecto, que las transde que esas palomas son los artistas de la aérea or- misiones telegráficas se encuentran siempre más ó
questa; pero ¿cuáles son sus instrumentos y cuál es menos perturbadas y á. menudo totalmente interrumel objeto de esa música, que si bien deja que desear pidas durante las fases principales de las grandes
desde el punto de vista de las leyes de la armonía, no perturbaciones magnéticas. M. Blavier investigó esta
por eso deja de tener un carácter poético que alegra relación en 1882, en la Escuela superior de telegraá los habitantes de la capital china?
fía de París: los resultados obtenidos, á pesar de no
El instrumento se denomina chao-tse; la palabra referirse más que á un año, han demostrado cuán inó el signo chao significa silbante y tse quiere decir teresante sería una comparación continuada de los
mecánica; de modo que aquel vocablo equivale á me- dos fenómenos, cuyo registro regular sólo se efectúa
cánica silbante.
en el observatorio de Greenwich. Gracias á la iniciatiLa forma del chao-tse es muy variable, según la va de M. Mascart y al benévolo concurso de la Addisposición que se dé á los elementos de que se com- ministración de telégrafos francesa, va á proseguirse
pone: estos elementos son pedazos de cañas yuxta- aquel estudio, que se continuará con regularidad en
puestos á modo de caramillo y algunos están hechos el observatorio del parque Saint Maur. Dos alambres
con una especie de calabazas. En el extremo de las especiales de 15 kilómetros de longitud rectilínea,
cañas y en uno ó varios puntos de la calabaza hay orientados exactamente de Norte á Sur (de Rosnyun silbato. El aparato ha de ser bastante ligero para sous-Bois á L imeil) y de Este á Oeste (de Groissy
que el animal no sienta incomodidad alguna por lle- al reducto d e la Faisanderie) y en comunicación con
var el instrumento q ue se fija en él del siguiente mo- la tierra por sus dos extremos han sido colocados
do: una pequeña paleta que se destaca de un punto para desempeñar exclusivamente este servicio: un
del chao-tse se coloca entre las dos
plumas caudales de la paloma, y por
medio de un palillo que se pasa por
una anilla de la paleta el instrumento se mantiene sólidamente: los silbatos están colocados en una dirección
tal que el aire penetre en ellos con
una fuerza proporcional á la rapidez
del vuelo. Los sonidos tienen tonalidades que varían según las dimensiones de las cañas y de las calabazas.
La fig. 1 reproduce algo reducidas
dos muestras de estos instrumentos
que no pesan más de 8 ó 10 gramos;
la fig. 2 representa un aparato silbante fijado en la cola de una paloma en
el acto de volar.
¿A qué objeto obedecen los chaotse? ¿Son simplemente instrumentos
caprichosos ó artísticos, ó tienen algún fin utilitario?
Fig. r. Chao·tse chlno. - Silbatos eolios para palomas
El chao-tse reune todas estas cualidades: en efecto, esa institución
aérea no data de muy lejana fecha, pues no existía tercer hilo destinado al estudio de la componente
*
**
en la época en que Pequín era una ciudad hermosa, vertical de las corrientes forma un circuito cerrado
LAS PALOMAS EOLIAS DE PEQUÍN
limpia, bien cuidada. Difícil es p recisar cuándo co- de igual longitud que las dos otras líneas. Estos tres
El viajero que por vez primera visita la ciudad de menzó á degenerar; lo cierto es que actualmente alambres pasan por el observatorio, en donde se inPequín queda sorprendido al oir una música extraña, la ciudad se encuentra en un estado deplorable: troducen en los circuitos algunos galvanómetros. Las

dos en fermentación, tales corno el vino, la sidra y la cerveza, merced á sus dimensiones extremadamente pequeñas ó á los gases que contienen, M. Lezé ha llenado algunos tubos con
estos líquidos, y luego, después de haber soldado éstos por medio de la lámpara, los ha sometido á la acción de la fuerza centrífuga, con
lo cual aumenta notablemente la tendencia á
la separación, arrancando, por decirlo así, á lo~
microbios de los medios en que pululan: casi
todos los organismos, sobre todo los más grandes, se depositan en el extremo del tubo. Esta
concentración de microbios puede ser utilizada
en las investigaciones bacteriológicas, p ues fa.
cilita el medio de reunir en un pequeño espa•
cío microbios que por su disposición ~n el líquido podrían escapar á. las investigaciones
más minuciosas.
El autor cree que este procedimiento puede
aplicarse á la purificación de las aguas contaminadas.
(De La Nature)

varia1,:iones de las corrientes serán registradas
por medio de un ~pa_rato idéntico_ al que se
emplea para las vanac1ones magnéticas. ,Monsieur Moureaux procede actualmente a esta
importante instalación.

Tranvía eléctrico quitanieves que funciona en Minnesota (Estados Unidos)

palmente en la explotación de los tranvías. Para los
de tracción animal, cada día más escasos, una capa
de nieve de algunos centímetros de espesor exige aumentar el tiro con u n refuerzo de uno ó dos animales, y cuando la nieve cae en abundancia se hace preciso limpiar la vía, y así no es extraño ver dedicados
á esta faena ocho ó diez pares de caballos. En estas
circunstancias, el tranvía eléctrico presenta evidentes
ventajas determinadas por el hecho de que la fuerza
motriz de q ue dispone para su propulsión y para el
barrido de la nieve es, por decirlo así, ilimitada.
A fin de utilizar estas ventajas, la Compañía gene•
ral eléctrica de Boston ha construído para las ciuda·
des de Duluth, Minnesota, Spokane Falls y West su•
perior un tranvía eléctrico quitanieves, que represen•
ta nuestro g rabado y que ha prestado grandes servicios en dichas poblaciones desde que se empezó á
utilizar en el pasado invierno. El aparato se compone
esencialmente de un sistema locomotor que permite
hacerlo circular á distintas velocidades y de una serie de escobas giratorias de hilos d e acero movidas
por un motor independiente colocado en la delantera
del vehículo.
El experimen to ejecutado durante el pasado invierno ha hecho que se introdujeran en el aparato
primitivo algunos perfeccionamientos que le han convertido en un limpiador casi perfecto. Estos perfeccionamientos de detalles consisten en el uso de escobas giratorias que sobresalen por encima de las monturas de acero que las sostienen, de modo que resulten más elásticos, y de una pieza que tiene por objeto
impedir la proyección de la nieve á demasiada altura.
El tranvía quitanieves va provisto de un doble aparato, uno á cada extremo, lo cual le permite funcionar en los dos sentidos, á la ida y á la vuelta, pues
los tranvías eléctricos no utilizan generalmente los
discos giratorios y marchan igualmente bien en uno
ó en otro sentido. La corriente es naturalmente suministrada por un solo trolley.
Este sistema ingenioso, accesorio indispensable á
las explotaciones de tranvías eléctricos en los países
donde nieva con frecuencia y en abundancia, hace
juego con el tranvía de riego: uno y otro demuestran
que el tranvía eléctrico está completamente identificado con las costumbres americanas y que sus servicios en las poblaciones no se limitan al transporte de
pasajeros, puesto que ya riegan las calles en épocas de
sequedad y las barren en tiempo de nieve. - X.

39

LA I LUSTRA'.CIÓN ARTÍSTICA

576

NúMERO

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriado■ , Romadizos,
de los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

CATABROI J ÚLCERAS
del EBTÓIU.OO;PIBOlCJI
oon EBUPTOI l'ÉTmO&amp;;
BEUJU.TJBmO "1 A.FEO01008 BÚIIEDAS de la
:PIEL. Jlingun remecllo alO&amp;DZÓ de 101 méclloo1 J del
públloo, tanto tavor por
1u1 bueno■ y brillante■
resultado, que son la admtraolón de 101 enfermo■.
FA Tl ,'1,H'f ..jH

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

D1póslto ,n todas las Farmacia,

~

,,-utl·AUE&amp;PlJ'Rrs
.

A

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78, Faub. Saint-D

Mlª;+'B'J~Ti1§A~t1;ó~lc1oÑE

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PAR~

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Curación segura
DB

ENFERMEDADES

1::daCONVULSIONES,
del NERVOSISMO,
la Agitacion nanioaa de las lugena

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

delaMenstruacionyde

PATERSON
•
7 MAGNESIA

la COBEA, del HISTEBICO
en el momento

LA

BJS■UTBO

EPILEPSIA

---.iados eontra lu Aleoolonea del Eatb·
macro, Falta de Apetito, Dlgeeilonea labo•
rt-, .A.oedtaa, Vómitos, Eruotoe, y Cóliooe;
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Bi,tqlr "' " rotulo a firma

1

T COK TODOS LOS PllIMCIPlOS lClJTal'rI'V08 DB U

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede con
l'!s demas purgantes, este no obra bien
smo cuando re toma con buenos alimeat-Os
y bebidas fortilicaZJtes, cual el vilJo, el cal~,
el ti!. Cada cual escoge, para purgane, /a
bora y la comida gue mas le convienen,
seuua 1us ocupac1one1. Como el causu
c10 que la purga ocasiona queda completamente anuladopor el electo de la
buena alimentacioa empleada,u:ao
se deci de fácilmente¡¡ volver
á empeur cuantas veces
sea necesario.

CAI\NB

••i-

todas las eminenClU médicas preuban que esta UOCilClon de I&amp; Clarae, el lliel'l'e 111
oonsUluye el reparador ma11 en~nrlco que se conoce para curar : la Clordní, la
1ttem'41, las .llmitruacw,w 4oll&gt;rolal, el Jlmpobi'«'mlfflto 11&amp; J.lteracwn ae la sangre,
el .Raq1dtUmo, ldB J.feccwAa ucro{lll()lal Y ucorbrltú:41, etc. g¡ Wiae l"errast■He dé
&amp;nu• ea, en erecto, el único que reune todo lo que entona y ro11a1ece loa organoe
regul&amp;r!J:a1 c.oordena y aumenta considerablemente lu tuerzas ó intunlle 11&amp; llllil'O
empobrecida y descolorida : el Ylqor, la Colorl1CWIJ y la BMrg'4, "''"'·

Por 1111vor,e11 Paria, en eua de J. FEW,F&amp;nDIUotico, tot, nie Richelieu, Suusar4dll0UD.

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.Ap, &lt;Jbado• por la Academia de Medicina de Parie é ineertadoe en la C,oieCcl6n
Oficial de Fórmulae Legales por decreto ministerial de 1 O de .Marao de 1854.
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Una completa lnnocuidad, una eficacia per!eclamente comprobada en el catarro
e,,,aemfco, las Bronquttu. Catarro,, .Reumas, To1, asma é ,mtaefOn de la garganta han
grangeado al JAR.6.'8E y PASTA lle AUBERGIER una Inmensa fama »
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L A ILUSTRACl ÓN A RTISTtCA

ABA~ICO QUE PRRTENECIÓ Á LA REINA MARÍA ANTONll!.TA,

NúMERO

576

propiedad de D. Antonio Lambea, de Madrid (de fotOb'l'afia ele J. Prieto)

'
FAY
POL:!p!!.~ªPJ,.f~RA
VELO U TI NE
Ch. J'ay,
por

El mejor ;y mas célebre polvo de tocador

perfumista

9, Ruede la Paix, P ARIS

Jarabe Laroze

•

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Desde hace mas de ,o años, el l arabe Laroze se prescribe con éxtto 1)0l'
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlaa, dolores
y retortijones de e■tómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la dlgestion 1 para regularizar todas las funcione■ del estómago 1 de
loa intestinos, .

JA.:R.A.BB

a1Brornuro de Potasio
, .Querido enfermo. -Flese Vd. • mi larta uperltncla,
1 haga u10 de nuestro, 6RANOSde SALUO,pue, e/loa
/1 curarfa.J/e.Ju con1t1pac/on, le darin apetito 1 le
derolrerin el aueño y la alegria. - Aal ririrl t"d.
mucho, años, d11frut1ndo 11empr1 dt uu buena ,alud.

DE CORTEZAS DE IARAIJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coruon,
la epilepsia, hia\6rla, migraña, baile de S•-Vito, Insomnios, COll•
.ulaiones y toa de los nilloe durante la denücion; en una palabra, todu
lu afecciones nerviosu.
-,

~,o

Fihriea, lspedieionea : 1.-P. L!ROZE

i1f.\lADES u1 E8To'1.

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Pepsina Boudault

i16, Rue

Vivlenne

!probada por la !ClDEIU DE IEDICIU

PREMIO DELIHSTITUTO Al D' CORVISART, EH

mis
- LTOI
- TIEU •.PBJLlDELPBU • PlRIS
1867
lll7i
18711
1878
ir.a
u ••na&amp;, C0ft

IL · • TO&amp; tl.lt'O

n

Líe

DISPEPSIAS
QASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
F'A&amp;.TA DE APETITO

SIROP
fORGETRBUllIS,
· Dootr
crf!~º:e~!~e•
da

TOUX,

CARNE y QUINA

1856

M•d&amp;IIM en lu 1!1p01l0l0nH lnternaclonáleo do

. !, m des Liom-St-Panl, l PariL

Deposito en todas la1 prlDclpaJea Boticas y Drogueriu

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ELIXIR• · de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, do PEPSINA BOUDAULT

T CON TODOS LOS l'lllNOtPIOS fflmlITtVOS SOLtJBLBS DB U O.AME
01111u1 son los elementos que entran en la coml)Oslcton de este Potente
repam:tor de las !uersas lllales, de este tonlae.ace por e■eele■eia, De un _iUSW sumamente a¡radable, es 1101&gt;erano contra la ..tnem'4 1 el J.pocamúnto, en las calentura,
1 COnt1al4CencúU1 contra las .Dtarrea, y las .Áfece1onu del B1tomago y los 1nte1'1tw1.
Cuando se tma de despertar el apetito, ase¡urar las digestiones reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y ~ epldemlaa proToC&amp;du por los calores, no se conoce nada superior al l'la• de guiaa de 4roud,
.Pf)1' ma,vor. u Pari~ en casa de J. FERR:il, Farmaceutico, iOi, rue Richelieu, Sucesor deAl\OUt&gt;.

P.WS, Pbrmaoil COLLAS, 8, nie Daa,hlle
r "' laa principal., ' """"""''• "'

EXIJASE '1i!ºt1: ARO UD

'I OT&amp;OI DI IO&amp;J&gt;lftll Da U DlGIITIOII

BAIO U FORIIA. DE

APJ:OL

'ae los ore, JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los dolores , retraso,, aupreslone1 tJe las Epoca, , as! como las pdrdldaa.
Pero con rrecuencla es falslflcado.EJ APIOL
verdadero, único eficaz, es el de los inventores, los DN• JORE:t' y BOIIIOLLE.
MEDAL LAS Exp" Unlr111 LON DRES1882•PA Rl81889

rara BRUIT, 150, ratdtRlvoll, PWS

C!.IL'Ol 1

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1:1B 'VBNDB BN TODAS LAS PI\INCIP.U.U lloTlQU,

Participando de las propiedades del Iodo
y del H..ierr o, estas Pildoras se emplean
especialmente contra las Eacrofnlaa, la
Tisis y la D ebilidad de temperamento,
as! como en Lodos los casos(Páli doa colorea,
Amenorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abu ndancla normales, ó ya para
provocar ó regularlzar su curso perlóc!lco.

. ~/';,--?f)s

Farmaceuuco, en Parls,

~ R u e Bonaparte, 40

El toduro de hierro Impuro 6 alterado
, , es un medicamento infiel é irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las v erdaderas P ildo~a 8 de R lancat•d,
exigir nuestro 1e110 de plata rea ctiva,
nuestra flrm a puesta al pié de una etiqueta
ver de y el Sello de garantta de la Un i6n de
los Fabricantes para la represión de la falsificación.

NB

8SE HALLAN EN TODAS LAS FARMAOlASr

1

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

LA SAGRADA BIBLIA

L~ennec, Thénard, Guersant, etc.; lla rectblCIO la consagración del tiempo: en el
ano 1829 obtuvo e1 privilegio (le Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma Y d~ ababoles, conviene sobre touo a las personas delicadas, como
mUjeres Y ntnos. su gusto excelente no perjudica en modo alguno é. su eficacia
contra los RESFRIADOS y todas las l!IFL!MACIONES del PECHOy de lOS l!ITESTl!IOS.

6 1.0 oéntuno• de peeeta la
e ntrega do 1.8 página■

ll'arm.acia, VALLE D E BIYOL L. 160, PA.B:18 1 f1 e n t od«B task'ar•nacia•
El JARABE D E BRLANTrecomendauo dl)sde su principio por 10s prorei¡ores

EDICIÓN ILUBTIIADA

Se ea,-lan pro■pectoa i 1nien lo, aolldte
41rigi~ndoae i 101
Mont&amp;ller y Sim6n, editores

5..,,.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP. DE MONTANRR Y SIMÓN

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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ILUSTRACIÓN ARTlSTICA
PERIÓDICO SEMANAL DE LITERATURA, ARTES Y CIENCIAS

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REDACTADO POR LOS MÁS NOTABLES ESCRITORES NACIONALES

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PROFUSAMENTE ADORNADO CON UNA

rta-

MAGNÍFICA COLECCIÓN DE GRABADOS

~n-

lisa
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!ne~e,

DEBIDOS A

LOS

PRIMEROS ARTISTAS

NACIONALES Y

toesse
as
el
~
1º

EXTRANJEROS

fO-

~CÍ-

en

i

TOMO XII. - AÑO 1893

•

BARCELONA

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES
CALLE DE ARAGÓN, NÚMEROS 309 Y 3n
-1 893

�ÍNDICE
DE LOS ARTÍCULOS CONTENI DOS EN EL TOMO XII DE

LA IL UST RAC IÓN ART ÍSTI CA

Secci6n cientí,t'lca. - .El viaducto de Pecos en los Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 458.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 147.
Estados Unidos, por X, ingeniero. La danza Los editicios de la Ei::posición Universal de CbiSecci6n cientijica. - La cronofotografia (continua cago. 111 1 por M. A., 460.
serpentina por miss Fuller, 310.
La mu~1.::a y sus representantes, por AntonioRu•
ci6n), 150.
Recuerdos del Ceuttmario Rojo. Luis XVIT. - V.
Murmurac1oue!i europeas, por E. Castelar, 314.
binstc:o, 4,
Verdi y su ópera Falstafj, 154.
La obra sin nombre, por Emilia Pardo Bazán,
Exposición ll istórico-europeade Madrid, por Juan
Los críticos &lt;\el personaje de Sbakespeare, 154,
Vidas paralelas, por José de Roure, 6.
462.
B. Enseiiat, 316.
La guitarra, por Jos'é Maria Sbarbi, 10.
La cuno. y la tumba de Shaki:!!.peare, 155.
Pobres y mendigos, por C. y R. Ilustraciones de La cruz de hierro, por M. Amor Meilán, 463.
Los Rl!yes Magos, por Manuel At11or Meilán, 14. Verci tm su casa de campo, 156.
Nuestros grabarlos, 466.
Grauer, 818.
El nuevo Politearna c:Verdi&gt; de Carrara, 156.
Miscelanea, 16.
Anie (continuaci6n), 467,
Nuestros grabados, 324.
Nu~stros grabados, 16.
El aparato escénico de Falstaff, 156.
&amp;cct.6n cienty'ica. La impresión de restos huma•
Anie (continuaci6n), 325.
Cargo deco.uciencia, novela de Juana:Mairet, ilus- Cómo escribe y cómo ensaya Verdi, 156.
nos en Scblest!l.dt, por Clemente Dreyfus. EsEl Lbreto, los intérpretes y la música de Fals- Secci6n cient1/ica. - Máquina para horadar. Apa"trada por A. Moreau, 17,
tatua de Arago en el Observatorio de París,
rato cortaviento para los velocipedistas. El enSd.ci6n citntyíca. -En el fondo del golfo de Guitaff, 158.
por Gastón Tissandier. Cuidados que deben
cendedor eléctrico1 326 y 327.
nea, La misión del capitán Binger, por L. G. Bin- Cargo rltl conciencia (conclusi6n), 163.
prestarse á los le.~ionados por las descargas
ger. Quimica sin labo:·atono. Experimento de Secci6n cientijk,a, - La cronofotografia (continua- Crónica de arte, por R. .Balsa de la Vega, 330.
eléctricas,
4i0 y 471,
Una entrevista con mi:;s Maud Gooue, 331.
ci6n), 165,
florescencia, por J. G. La prestidigitación descubierta. Oochura de una torta \,n un sombreio, Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega1 En colaboración . La Academia Espr.ñola y el Mtt· Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 4i4,
nicipio madrileño, por A. Sánchez Pérez, 332, Los edificios de la Exposición Universal de Chipor Magus. Las Casas Consistoriales de Fila169.
cago. lV, por M. A., 475.
La iglesia de San Ignacio de Loyola, en Manila, El sueño de una madre, por José de Roure, 334.
delfia y su cúpula de aluminio, 21 y 22.
Recuerdos riel Centenario Rojo. Luis XVII. - VI.
Miscelánea, 338.
por X, 170.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de lo. Vega,
Emparerlado. VII. Termidor, por Emilia ParNuestros grabados, 338.
El ve-ciuo, por Luis Taboada, 172.
26.
do Bazáu, 478 y 479.
Ar,ie (wntinuación), 339.
&amp;posición nacional de Industrias Artísticas é in• D¡ºº Pedro el Cruel, por Luis de Llanos1 174:.
Secci6n cientí.fica. -Aducción de las aguas del N uestro11 grabados, 482,
ternacional de reproducciones, por J. L. P., :ri 1scelánea, 178.
Avre á París, por Gastó u Tissandier. Asilo pa- Ame (conUnuaci6n), 483,
Nuestros grabados, 178.
26.
Sllci6n citntifi.ca. - Un motor sencillo. Aparato
ra perros, en Garcbes, 342.
Los escandalas del Panamá en París, por X, 28. ¡Si fnera verdad! .. , por Enriqueta Lozano de Vil.
rle salvamento y de extinción de incendios.
ches, con ilustraciones de Apeles :Mestres 1 Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 345.
El ciego de la flauta (cuento de Reyes)1 por M.
Nuevo buque insumergible. Recolección de la
Exposición Histórico-europea de Madrid, por Juan
179.
Martioez Barrionuevo, 30.
canela en Thanh-hoa (Tonkín). El vegetal más
B. Enseñat, 348.
Secci6n cientijica. -La cronofotografío (continWl·
La dama negra, por F. Moreno Godino, 30,
grande del globo, 487.
Manifestación Artística en el Ateneo Barcelonés,
ci6n), 182.
Miscelánea, 34.
(La loca de la ca1:1a,&gt; drama de D. Benito Pérez
por A., 349.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 186.
Nuestro~ grabados, 34.
Galdós, por J. Yxart, 490.
Don Pedro el Cruel (continuaci61t), por Luis de Nullstros grabados, 354.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 35.
Los edificios lle la Exposición Universal de ChicaMiscelánea, 354.
Llanos, 188.
Sección cienfü'ica. -Tranvía elécLrico quitanieves,
go. V, por M. A•. 492.
por X. Las palomas eolias de Pequin, por el Las islas de TenerifeyGran Canaria, por X, 191. Anie (co-ntinuaci6n), 3fi5.
&amp;cci6n cientilica. - !..os teatros de autómatas· en Recuerdos del ~ntenario Rojo. Luis XVIT . Dr. E. Martin. Estudio de 1118 corrientes teltiri- Miscelánea, 194.
VIII. El tránsito. IX. Post mortem, por EmiGrecia eu el siglo rr antes de nuestra era, por
ricas. ~:liminación mecánica de los microbios, Nuestros grabados, 194.
Ha Pardo Baziio, 494 y 495.
E. H. El titán eléctrico del puerto de Bilbao,
La victoria de Cesar, por O&gt;rdelia, traducido por
S8 y 39.
Miscel8.uea, 498.
358.
M. Aranda: con ilustraciones, 195.
Murmuraciones europeas, por E. Castel ar, 42.
Nuestros grabados, 498.
Secci6n citntyica. -La temperatura de la lava. L:i. ciudad de Chicago, wr M. A. S., 361.
Galileo Galilei, ~or M. A. 1 44.
Anie (continuacuín), 499.
El regalo, por Luis 'faboada, 364.
Experimentos de electrocultura, 198.
La dama negra (aonclu.si.6n), por F. Moreno GoMeditaciones cristianas, por Emilio Castelar, 201. Las máquinas que no comen, por M. Rubió y &amp;ccif&gt;n cient1/ica. - Las boyas eléctricas riel puerdino, 46.
to de Nueva York, por Daniel Bellet. E! dnqni:
Bellver, 365.
La Virgen Marlre al pie de la Cruz, por Almona·
Lo. broma, por J. F. Amador de los Ríos, 47.
de Uzés. Zoo cauti::rio para la cirngia v1:terinn •
Bocetos. La gota de agua, por Juan 0-Neille, 366.
cid, nro., 204.
Miscelánea, 50.
ria . Importancia de la fnclustria rledicadn á la
El nacimiento de Judas, por J. Miró Folguera, Miscelánea, 370.
Cargo de couciencia (continuaci6n.), 51.
con!ltrucción de ve\ocipedos. Triciclo acuáticv
N; uestros grabados, 370.
204.
Secci.6n cienti.fa::a. - Werner de Siemens, por E.
y terre!ltre, 502 y 503.
Anie (continuación), 371.
Hospitalier. Cerraduras de alarma, por X. El Cró,1ica de arte, por R. Balsa de la Vega, 207.
Secci6n cient[lica.-Los progresos de la piscicul- Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 506.
trabajo de los músculo~. El ferMcarril de Beira Nuestros grabados. 210.
tura. El sábalo y su propogo.ción art1ticial. Un La Exposición Univer~al de Cbicago, por ?t.!. A. ,
El Cristo de las lágrimas, leyenda por Cayetano
(Africa Austral), 54 y 55.
507,
micrómetro barato por C. I&lt;;, G., 374 y 375.
del Ca.stillo Tejada, ilustrada por J. L. PelliCrónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 58.
Lo que vi en la Comuna de París, por Archibaldo
Murmuraciones europeas, por E. Ca► ttllar, 378.
cer, 211.
Una hora en casa &lt;le Victoriano Sardou, por EuForbes, 510.
Secci6n cient¡fica. -La cronofotografía (continua- La ciudad de Chicago, por M. A. S., 3i9.
genio Tardieu, 59.
Miscelánea, ~14.
Temor póstumo, por S. López Guijarro, 380.
ci-On), 213.
Palacio para Biblioteca y Museos levantado en el
Los nuevos sellos de correos de los Estados Uni- El pozo de la Verdad, por Luis M. de Larra, 382, Nuestros grabados, 514.
paseo de Recoletos, eu Madrid, por X, 62.
Auie (continuaci ..n) 1 515.
Miscelánea, 386.
dos, 216.
Diálogos matritenses. cEl Trabuco,&gt; periódico de
Secci6n cientl/ka. - i1 nuevo puerto ñe Ttinez,
Nuestros gra hados, 386.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 218.
oposición, por A. Danvila Jaldero, 62.
por Daniel Bella. El buque submarino de la
Anie (con t11mación), 387,
La Exposición Meissonier, por X, 219.
Miscelánea, 66.
marina italiana. Monedas de hierro, 518 y 519.
Don Pedro el Cruel (continuaci6n), por Luis de Secci6n cientvica. - Los dabomeyanos en el CamNut:.,;tros grabados, 66.
Verdades y mentiras1 por R. Balsa de la Vega,
po de Marte de Paris1 390.
Llanos, 222.
Cargo de conciencia (continuacWn), 67.
622.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
Sección citntijica. -Proyecto de un nuevo trans- Doña Concepción Arenal, por X, 223.
La Exposición Universal de Cbicago, por A., 522.
394.
atlántico d.pido para pasajeros. Los halcones Miscelánea, 226.
Exposi ción de Chicago . Ceremonia de la inangu· Lo que vi en la Comuna de París, por Arcbibaldo
mensajeros. Nueva indu~tria. El papel de ba· Nuestros grabados, 226.
Forbes, 526.
ración, por A., 395.
gazo de caña. Divisor instantáneo, por X. La Anie, novela por Héctor Malot. Ilustraciones de
.Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. -1. Mi11celirne11. 530.
Emilio Bayard, 2'2'/.
filo1era y el ramio, 70 y 71.
Nue11tros gfabados. 630.
Preludios, por Emilia Pardo Baza.u, 396.
Seccwn cWlt't.fica. -La cronofotografia (continuaMurmuraciones europeas, por E. Castelar, 74. .
El pozo de la Verdad (conclusi6n) 1 por Luis M. Anie (conclusián), 531.
ci6n), 230.
Don José Zorrilla, por la .Redacción, H.
de Larra, 399,
.Secci6n cte11tVica. - La electricidad en Alemania,
A la muy noble y muy mas leal ciudad de Bur• Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
por J. Latargue~534.
Miscelánea, 402.
2:34.
gos, por J osé Zorrilla, 76.
Murmuracioues europeas, por E. Ca.stelar, 537.
Nuestros grabarlos, 402.
La morada de Alfonso Daudet, por X. 235.
Autógrafo de Zorrilla, 77.
La Exposición rle Chicago, por Eva Canel, 540.
De telón adentro, por Manuel Amor Meilán, 79. Don Perlro el Cruel (conclusi6n), por Luis de Lla- Anie (continuaci6n), 403.
SeccWn cientVú;a. - Monumentos budistas en el Lo que vi en !A C..:omuoa de París, por Arcbibaldo
nos, 236.
Miscelánea, 82.
Forbes (continuación), 542.
extremo Oriente. Las estatuas yacentes de BuMair¡uez y Pedro Romero, por Angel R. Chaves,
Nuestros grabados, 82.
da, por Alberto T1ssandier. Corona 1:1olar, por Miscelánea, 546.
238.
Cargo de conciencia (cont inuaci6n), 83.
Nnt:Stros grabados, 546.
J. Vinot, 406 y 407.
.
Secci6n cientijica. - Proyecto de utilización del Rio abajo, por ManuAl Amor Mei18.u, 239.
Una franci::sa en el Polo Norte, novela por Pedro
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 410.
subsuelo de la plaza de la Constitución de Bar- Miscelánea, 242.
Mael. 11 u~traciones de Alfredo Paris, 547.
Los
vicios
de
Nicanor
por
A.
Sánchez
Pérez,
Nuestros grabados, 242.
1
celona, por Salvador Vigo. 86.
Secci6n cientyíca. La estatua de Claudia Cbap·m.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Anie (aontinuaci6n), 243.
pe, inventor del tl:!légrafo aéreo, por X. Pasa•
Secci6n cirntijica. - La cronofotografía (continua- Ornamentación, por Edt1fLrdo de Palacio, 412.
89.
tiempos científicos. Cañón improvisado, por
Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. - JI.
ci6n), 246.
Exposición americana en Madrid . Las salns de
Arturo Good, 550 y 551.
De la fuga al cautiverio, por Emilia Pardo BaUnas cualltas honras animalescas, por José Ma·
M,ixico, por Eduardo Toda, 90.
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 554.
zán1 414.
ria Sbarbi, 250.
El tío .Roi'l.as (episodio del aao 9), por Angel R.
.\alonumento al padre Las Casas. Proyecto de La Exposición Univi::rsal de Chicago, por A., 554.
Amores sentim -ntales, por Luis Taboada, 251.
Cbaves, 92.
Lo que vi en la Comuna de París, por Arcbibaldo
Agustín Querol, por Luis Pardo, 418.
Salón Paré.~. Decimn exposición, por A. García La moda, por A. García Llausó, 252.
Forbes (conclusi6n), 558.
Diálogos matritenses. El cafe de la Uuiversidali , Nuestros grabados, 418.
Llan!IÓ, 94.
Miscelilnea, 562.
.\liscelánea, 418.
por A. Danvila Jaldero, 254.
.
Misceló.nea. 98.
Nuestros
grabados, 562.
.
-\nie
(continuaci6n),
419.
.
Bocdos. Microbios, por Juan O-Neille, 255.
Nuestros grabados, 98.
'iección citnlíjica. - Aprovechamiento de la cata- Una francesa el i::n Pulo Narte (continuaci6n), 663.
Miscelánea, 258.
Cargo de conciencia (coi..i1waci6n), 99.
rata del Niágara como fuerza motriz. Una re- Secci6n científica. -El puente Palacio en la ría
Stcc'Wn cicntVi;a, - El vtoloncelo-piaoo, por C. Anie (continuaci6n), 259.
de Bilbao, 566.
forma en el sistema telefóuico, por Conrado
Crepeaux. Kxploración de las regiones atmosfé, Secci6n científica. - La cronofotografia (continua
Ennlio Sala, por A. Fi:rn3.ndez Merino, 570.
Moro. Fabricación del hielo, 422 y 423.
ci6n), 262.
ricas, 102.
La Expoxición de Ch,icago. Los mejores tabacos
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 266.
\lurmuraciones europea;;, por E. Ca~tdar, 425.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 106.
del mundo por Eva Canel, 5i4,.
Recuerdo1:1 del Centenario Rojo. Luis X Vll. - III.
El compositor Massenet, por X, 267.
Don José Zorrilla, 107.
},'ederico Medümo, por A. Sáuchez Pérez, 575.
Subida al trono, por Emilia Pardo Bazáu,
Exposición Histórico-europea de Madrid, por El cementerio de D. Santos, por Carlos l!~rontan
Los edilicios de la Exposición Universal de Chi- Miscelánea, 5i8.
ra, 268.
Juan. B. Enseñat, 108.
Un ~ francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
cago. l. por M. A., 430,
Othón Gildemei!'.ter, burgomaestre y traductoi
Miscelánea, 114.
,
Kt!ct1ficación. 434.
579.
. alemán, por Juan Fastenrath, 268.
Nuestros grabados, 114.
Miscelánea, 434,
Secc,6n cie-nttfica. - El Canal de Corinto, por X.
El ttsoro, por Manuel Amor Meiláu, 270.
Cargo de conciencia (continuaci6n), 115.
Fotografia de lo invisible. 532 y 583.
~ uestros grahados, 434.
Secci6ncient\fica, -La preiit1digitacióu descubier- Miscelinea, 274.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
Anie (continuaciún), 438.
ta. Una ilumiMcióo en un sombrero. La edad Nuestros grabados, 274.
686 .
ii.:~piritismo recreativo, por M. Otero Acevedo,
de cobre. Variedad de la latitud geográfica. Fi- Anie (continuac16n). -?15.
El pillin, por Luis Taboada, 586.
438.
sicarecreativa. La prestidigitación de IÍl.onedas, &amp;ccwn cientyka. -La cronofotografia (continua
Seccción cienty'ica. -Aprovechamiento de la cata- La Exposición Universal de Chicago nor X.,
ci6n), 278.
118.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 281.
rata del Niágara como fnerza motriz. El primer
688.
Crónica de arte, f&gt;0r R. Balsa de la Vega, 122.
tranvia eléctrico en Asia. La cocina eléctrica, Kl trofeo, por S. López Guijarro. f.R9,
Exposición americana en Madrid. La expedición La muerte rlel tío, por Luis Taboada, 284.
Mh,celauea, 594.
488 y 439.
l:!.i:ruouway en las salas de los Estados Unidos, Tren de estudiantes, por José de Roure, 284.
Nuestros gra hados, 286.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Nuestros grabados, 6M.
por Eduardo Toda, 123.
Uua francesa en el Po;t. Norte (cc,;.tinuaci6n),
442.
Miscelil.nea, 290.
Suei1os que matan, por José de Roure, 124.
Recuerdos del Centenario Rojo. Luis XVII. -IV.
595.
·
Eu las mejillas, por J. F. Amador de los Ríos, 127. Anie (continuación), 291.
Secci6n científica. - La cronofotograíía (con.cluLa consigna de la Revolución, por Emilia Par• Secci6n científica. ••El doctor Charco!, por GasNuestros grabados, 130.
tón Tis~andier. Sierra circular para aserrar piedo Bazá.n, 443.
si6n). por E. J. Marey, 294.
Cargo de conciencia (conlinuaci6n), 131.
dras. Nuevo alumbrado de la estatua de la Li•
Secciiín cientiJ'ica. - La cronofotografia : nuevo Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, Los edificios de la Exposición Universal de Cbibertad tlel puerto de Nueva York, 598 y 599.
cago. II, por M. A., 445.
298.
mótodo para analizar el movimiento en las
ciencias fisicas y naturales, por E. l'ilarey, 134. Pobres y mendigos, por C. y R. Ilustraciones de Diálogos matritenses, En la portería de la Direc· Los dioeroH del sacristin... , por Lnis .M. de Lación general, por A. Danvila Jaldero, 446.
rra, 602.
Graner, 299.
Murmuraciones europeas, por E. Castelii.r, 138.
La Exposición de Ch1cago. Palacio del Brasil . La
El caso del conde de los Laureles1 por Carlos Fron• Exposición Histórico-europea de Madrid, por Miscelánea, 450.
calle del C..'liro. El grau Zeibeck, por Eva Ca.·
Nuestros grabados, 450.
Juan B. Euseiíat, 300.
taura, 139.
Auie (continuaci6n) 451.
nel, 603 y 604.
.
Los uii).os mú~icos, por Luis Pardo, 302.
Don Rafael, por S. López Guijnrro, 140.
Controversias
artisticas, por Juan O-Neille, 604.
Secci6n
cientijica.
L;s
igorrotes.
La
distancia
de
Miscelánea, 306.
Bocetos. Una fiera, por Juan O-Neille, 143.
La
sombra,
por
José
de
Roure,
606.
las
Pléyades.
Desecación
del
pantano
de
Kan
Nuestros
grabados,
306.
Miscelánea, 146,
Miscelánea, 609.
Anie (continuaci6n), 307.
kakee en los Es~ados Unido1:11 454 y 455 •
.Nuestros grabados, 148.

Murmur:iciones europeas, por Emilio Castelar,
pi ~ILI:~ 2,

•

o
y
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1

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INDI CE

2

~~==========================~~ =======
Nnestros grabados, 609.
U11n francesa en el Polo Norte (contintui:ci6n.),
610.
Stcci6n cimtífi,ca. - El ingeniero bilbaíno D. M.
Alberto Ue Palacios. 614.
Crónica de arte, por ·ti. Balsa de la Vega, 618.
Los janiines ile la info.ncia, porTalcott Wiliiams,
618.
La sombra (concl11si6n), por José de Ro11re, 622.
Nuestros grabadvs, 626.
Una francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
621.
Stct:a6n cie-ntífica. -Los pai-pi•bris en el J arcHn
de Aclimatación de Pariii, por P. Raymond, 630.

Jos6 Garnelo, por A. Gai'cia Llansó, 634.
La señora de Lanntlo, por Carlos Frontaura. 685.
Dos oradores (Brod1azns), por E. Funes, 638.
A la prensa, por Ednardo de Palacio, 638.
Miscelánea, 642.
Nuestros grabados, 642.
Una franceiia en el Polo Norte (continuaci6n),
613.
Secci6n cientifica. - El «Campania) y el cL11cania,&gt; 646 .
Murmuraciones europeas, por E. Castelar, 650.
La vida en la penínsllla de Malacca, por Johu
Fairlie, 651.
1
La profesión, por A. Jerez Percbet, 654.
}Iii;celánea, 658.
Nuestros grabados, 658.
Una francesa en el Polo Norte (conti-nuaci6n),
659.
Sr.cci6n citttU.iYca. - Un buque de guerra americano con e.11polón. La termogéuesis de los animales invernantes, por A. Menegaux. El teleautógrafo, 662.
El monumento de ln Victori8, 664.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega .

666.

Jaula de oro, por Alejandro Larrnbiera, 667.
El artti en Turquia 1 por Jobo P. Peters, 668.
Milicelánea. 674.
Nuestros grabados, 674 .
Una frances8 en el Polo Norte (conti?maci6n),
615.
Secci6n cient{Jfoi. -Los faros flotantes. La combustión sin humo, 678 y 679.
·
11Jurmmaciones europeas, por E. Ca~telar, 682.
La Exposición de Chicago. El Uruguay en Cbi-

cago, por Eva Canal El! teatro chino, por A.,
684.
Crónica de arte, por R. BnJ.qa de la Vega. 684.
La madre del teniente, por M. Martinez Bnrrionuevo, 687.
Nuestros grabados, 690.
Una francesa en el Polo Norte (continuaci6n),
691.
Stcci6n cientifica. -Máquinn.s para volar, por
Otón Lilienthal, 694.
Murmuraciones europeas, por E. Castelar1 698.
Las islas Salomón, por X, 700.
Co.~to Plasencin, por R. Balsa de ln Vega, 701.
Diálogoi. matritenses. Jardines del Uuen Retiro.
Gran concierto, por A. Danvila Jaklero, 702.
'Miscelñnea. 706.
Nuestros grabados, 706.
Una francesa en el Polo Norte (continuación),
701.
Seccivn científica. - Máquinas para volar, por
Oton Lilienthal (conclu.si6n). Islas que desapa•
recen . El gigante del Océano, 710 y 711.
Comnnicado de D. Juan Espina, 712.
Verrlades y meutiras, por R. Balso. de la Vega,
114.
El convite de D. Celestino, por L. Taboadn, 714.
fra11ei1'CO Schnbert, por Ju an Fastenrnth, 716.
La thirra de los gitanos, por Isabel Robius Pennell , 718.
Miscelánea, 722.
Nuestros grnbados, 723.
Una francesa en el Polo Norte (conclusión), 723. ·
Seccitín ÓC11t;_¡im.-:• Nuevo sistema pnra prevenir
las col i-iot;r.~ de trcne~. Si..;tcma Pdlat, por
, L. Dnfo1;r. Eu11gr.1cioue~ 1le pccts, 7~0 y 727.
Mnrn111l'ad,.,Ut-~ f'1t1opra~, por~:. Ca .~tclar, 730.
Orillns dl'I D, ,·a. Cartm1 n la ~d,oritri Uol1a Em·
me. de :M:ult·a1.o, por Victoi· Ual:i.gucr, 732.
La tierra de los gitanos (conclusi~n), por Isabel
Robius Pennell, 782.
:M i!-!celanea, 738.
Nuestros grabados, 738.
La Pola, no,·ela original por Eva Canel. Ilnstran.!.~ de J. Cabrinety, 739.
Sección cit11t;.fica. -Máquina de vapor doméstica, de petróleo, por J. Lnfargue. Ele\•ación de
unn cilimenea sin apa¡?ar los fuegos y sin previo andaminje, por A. Bergeret. Cultivo de la
coca, por E. André, 742 y 743.

Crónica de 'arte, por R. Balsa de la Vegn,

746.

Orillas del Deva. Cartas á la sel\orita do?la Em ma ele Madrav (conclusión), por D. Victor Balaguer, 746.
Los suceso~ de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barriouuevo, 748.
Lo eterno, por José Juan Cadenas, 754,
Ln Pola (c011tin11aci61t), 755.
Nuestros grabados, 758.
Los sucesos tle Melilla . Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 762.
La catástrofe de Santantler, por X., 763.
La mujer del Sr. López. Anécd_ota coutemporá.·
nea, por A. Sánchez Pérez, 76a.
El cigarro habano, por Juan Buscón, 7~5 .
El general de brigada D. Biginio de Ribera, por
X., 166.
.
¡Tilín ... Tolón!, por P. Gómez Candela, 767.
Mi,;celánea, 770.
La Pola (continuación), 771.
Seceiún CUntifica. -Orquesta eléctrica.. El queso
monstruoso de la Exposición de Chicago, p~r
1,fax de Nansouty. Un cañón torpedo submarino, 77 4 y 775.
Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega,
718.
Al borde de la tnmbn, por M. Ossorio y Bernad,
779.
Los sucesos de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 780.
Tánger por X., 783.
Nuestro¡; grabados, 786 . .
La Pola (conlinuaci6n.), 787.
Sección citntijica. - Los baños del PeMn en.México, por Quevedo. 1!:I jnriioerrante eu la Sal pe•
triere, por Enrique Coupin. Fotografía en colores, 790 y 791.
Loi1 suce!IOS de M:elilla. Crónica de la guerra, por
i\l. Martinez Barrionucvo, 794.
Gibraltar, por X., 796.
D. Gil Escardillo, diputado á Cortes por Cabez3.
bajn, por C. Frontaurn, 798.
N nestros grabo.dos, 799.
Ln Pola (concl11,s16n), S0:3.
El J;ervicio de correos de China, 807.
La Natividad del Señor, por E. Castelar, 810.
La Nochebuena en Madrid, por Carlos Frontaura, 812.

Ln Nocheb11ena en Mnllorca. El ángel yel diablo,
por Juan B. Enseñat, 814.
La Nochebuena en Andalucía. El baile de los
abuelos. Zambombeo, La cena aristocrática,
En la misa del Gallo. Mltsica..~ lejan3s 1 por Sal•
vatlor Ruerla, 816.
La Nochebuena á borcto (boceto marítimo), por
l'ellerico Montaldo, 819.
La Nochebue11a en el mar, por A., 820.
La Nochebue11a en Gahcia, por Emilin Pardo Ba.•
zán, 822.
El mes de diciembre en la antigua Lima, por Ricardo Palma., 824.
Las Pascuas de Navidad en Cataluña, por J. Co roleu, 825.
Posadas y Navidad (costnmbres de la ciudad de
Mb:ico), por Alberto Leducb, 827.
Nochebuena baturra, por Luis Royo y illano•
va, 829.
La Nochebuena en Chile . Ayer y hoy, por Na•
die, 830.
La N'ochebuena en el campamento, por Francisco Bnrado, 831.
•
La Nochebuena en Cuba, por Felipe López· de
Briil.as, 833.
La Nochebuena en Pnerto Rico, por Manuel Feruández Juncos, 836.
La Nochebuena en Valencia, por Luis de Val,
836.
Lo. Nochebnena en Guatemala, por X. , 888.
La Nocl1ebuena en Buenos Aires, por Enrique

Coll, 889.
La Nochebuena en Guipúzcoa, por Antonio Pei"l:1
y Golli, 839.
Crónica de la campaila, por José Ibáñez Mario,
841.
Los sucesos de Melilla. Crónica de la guerra, por
M. Martinez Barrionuevo, 841.
Nuestros grabados, 844.
Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega, 846.
El maestro lle escuela (crónica del ai'.lo 9), por
Angel R. Cha ves, 846.
El tío Zampoña, por Juan B. Enseüat, 848.
Nuestros grabados, 851.
La calumnia, por Enriquet::i Lozano do VilclH!:-l,
llustraciones de J. Cabrinety, 855.
Stcci6n. cienttJlca. - Proyecto de Palar.io aérc-,
3ra la Exposición Univers3l de Amberes 1lt
891 , 854.

r

ÍNDICE
DE LOS GRABADOS CONTENIDOS EN EL TOMO XII DE
Gitano de pura raza, dibujo de J. García Ramos, pl\gma. l.
Labor dificil, cuadro de B. W. Sr.hmidt, 3.
$¡111 Juan tlll Arena \Asturias), cuadro lle C. Pl:l,3.
Antonio Rubinstein, retrato, 4.
Uu discipulo aprovechado, cuadro de M1rnuel
Kamírez, 5.
Estaci,)n en Filadelfia del camino de hierro de
Pensylvauia, 7.
Cn.~tillo 1\e Sotom11yor (Pontevedra), de fotografía dtl J. Prieto, 7.
Las dos htirman3s, cuadro de E. Vanntelli, 8.
El tiantizo, cuadro de José Gallegos, 9.
13ayar,lo en el momento de recibir 11\l primera espada, estatua en bronce de P . R:unbaud, 11.
La nodriza y la infanta, cuadro de Francisco
Hals, existl!nte en el.museo de Berlin, 12.
Un concierto1 cuadro de Ro , án Ribera, 13.
El gran festival mahometano de la Buckra.Ede ó
Hacqr-i-ill (fiesta de la vaca}'en el Naini Tal,
en las provincias tlel Noroeste de la ludia. Grupo de mahom etanos, ló.
El gran festival mahometano de la Buckra·Ede.
-Grupo de mahometanos haciendo 01·3ción, 15.
Secetán cient¡fica. -:Misión del capitán Binger,
dos grabados. Experimento de florescencia. Cochura de una torta en un sombrero. Cúpula
de la Casa dt. la Ciudad de },1ladelfia y estatua
rle G1iillermo Penn, 21 y 22.
Proyecto de C,asa. de Gobier~o de la provincia de
Salta (Repubhca Argenttna), del arquitecto
M. Foutanarossa. 24.
Un secreto, cuadro'.de Juan 13\um, 25.
Conft:renc1as ell el Palacio de Bellas Artes dibujo del natural de J osé L. Pelhcer, 27 . '
Los escándalos del Pauamá en París. - Retratos
de Coruelio Hertz, Delahaye, Clemenceau Rihot1 L_oubet, Bourgeois, C. Floquet, Bri;~on,
Jolibo1s, Barthou, C. Pe!let:m, Rouvier, De·
ves, A. Grevy, J. Roche, bf. Arene, Beral, y
A, Proust, 28 y 29.
Rcus. Monumento al general Prim. - La hatalla
de los Castillejos, La conferencia de México nl•
tos relieves de D. Luis Pnigjener; Escnd¿ de
la ciudad de Rens, Estatua ecuestre que corona el monumento, E.seudo del general Prim
esculturas de D. Luis Puigjener, 30 y 31.
'
Uu concierto de Bulow, cuadro de L. Delirmann, 32.
La fie~ta ,le la Virgen, cu3dro de José Benlliure
y Gil, 33.
Sección ~t'y'ica. -'J'.ranvía eléctrico quitanieves
que fuu c10na en Mmuesota (Estados Unidos),
Silbatos eolios para las palomas (dos grabados), 38 y 39.
Abanico que perteneció á la reina Maria Antoni.eta, propiedad de D. Antonio Lamben 40.
Galileo Ga\ilei, retrato pintado por G. Sub;termans, ex1~tente en la galería de gli Uffici, 41.
La célebre lampara de Galileo en la catedral de
Pi sa, obra de Vincenzo Pos;enti, 42.
Fachada di:\ Bo en tiempo de Galileo, 43,
Gasa en que vivió Galileo en Padua, 43.
Un antógmfo de Galileo, 44.
J\lonumento á Galileo en Santa Croce de Florencia, 45 . .
)lonumento de Galileo en la plaza Prato della
Valle de Padna, 47.
&lt;"nrt.a de.J !nquisidor de Florencia al arzobispo
N1ccolm1 sobre la sentencia de Galileo, 47.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Secci6n cientfji.ca. - Violoncelo piano y violn-piaQuinta vértebra lumbar del esqueleto de Galileo
no. -Fig. L 'l'ermógrafo ligero tlesti nado á me·
conservatia eu el Instituto de l&lt;'ísica de la Uni~
dir la temperatura en las altas regiones tle la
vers.idad de Padua, 47.
atmósfera. Fig. 2. Disposición del barógrafo
Casa donde nació Galileo cerca de la Porta Florentina, propiedarl del conde P::olo Galletti. 48.
en su jaula de junco y de bambú para evitar
los choques, 102.
Patio de la torre del Gallo, cerca de Florencia,
en donde habitó Galileo, hoy Villa Oalletti, 49. Vista general de Pontevedra (de íotogrofin), 104.
El Museo gali~eiano, en la torre del Gallo, hoy Antes del baile, cuadro dti F. Masriera, 105.
Villa Galletti, 49.
·
El despacho de D. J osé Zorrilla, apunte á In pin•
Sección científica.-Werner de Siemens. Cerrama, por Vicente Cutanda, 107.
Don José Zorrilla en su lecho de muerte apunte
duras de al3rma, 54.
a la pluma por Vicente Cutanda, 107. '
Busto de Galileo, obra del siglo XVII, conserl'ado en Villa G3lletti, Florencia, 56.
Sepultura de D. José Zorrilla en el cementerio
Estatua del Excmo. Sr. D. Jose Posada Herrera,
de San Justo, de Madrid, apunte á la pluma
obra de José Grajera, 57,
por Vicente Cutanda, 108.
El em1neote dramaturgo francés Sardou, 59.
Exposición histórica. Sección de Portugal. Sala
La quinta de Marly, propiedad de Sardou, 59.
l.• fostalacioues de etnografía americana {de
1 De vuelta del trabajo, cuadro de Ch. Coessin de
fotografia¡, 109.
¡'
la Fosse, 61.
Exposición llstórica. Sección de Portugal. Sala
Don Juan Pruneda, contratista de las obras del
2.• lnstabciones europeas. Vista tomada elesPalacio para Biblioteca y Museos nacionales,
de 1~ puert~ d~ ~ntratla (de fotografía), 109.
de Medrid, 62.
Exposición h1stonca. Secci~n de Portugal. Sa!a
D. A. R. Salces y D. A. Querol, 63.
l.• In stalaciones de etnografia americana (de
Palacio para Biblioteca y Museos levantado en
fotografía), 110.
el paseo de Recoletos, en ~ladrirl. 63.
Exposición histórica. Sección de Portugal. Sala
El almuerzo del pobre, cuadro de F .. Miralles, 64.
2.• Instalaciones ew.ropeas {de fotografía), 111.
El almuerzo del rico, cuadro de F. Miralles 65. El pan bendito, cuadro de Dagnan Bouveret
Secciún cientt/ica. - Proyecto de un nuevo t;an8 gr~bado_ por Baude, 112 y 113.
'
antlántico rápido de James Graliam. El dh·i· SeccWn citnttfica. -La iluminaci ón en un somiior instantáneo, 70.
brero. Multiplicación de monedas, 118.
Una pitouisa moderna , cuadro de A. Coll, 72.
Me,lalla conmemorativa dtil cuarto centenario
Retrato de D. J osé Zorrilla, 73.
del descubrimiento de América, acuñada en
Corona labrada con oro del río D:trro y medalla
Buenos Aires por los Sres. Gottuzzo y Terrai vconmemoratirn, ofrecidas al poeta Zorrilla con
sa, 120.
motivo de su coronación en Granada en 22 de La. Vi~g~n negra,_euadro de Pablo Q11insac, 121.
junio de 1889, 75.
Expo~1c1ón americana. Sección de los Estn&lt;los
El acto de la coron:1ción de Zorrilla celebrada en
l!111do!'I. Expedición Hemenway (de fotogrn•
el palacio de Carlos V de Granada en 22 de
f1a), 123.
junio de 1889 (tle fotografía), 75.
San Se~astián, copia del celebrado c113dro de G.
Autógrafo de Zorrilla: alegoría de Alejandro Ri_Bam, llamado «el Sodoma,) 125.
quer, 77.
D1plomn conc~&lt;~ido á los expositores premi:idos
La canción de Nochebuena, dibujo de R. Storch
~n ln Exposición ~e In dustrias artísticas, dibu79.
'
JO de J . L. Pellicer, 126.
Civitavecchin (Italia). -Pruebas del barco sub- Med_alla de oro conc~d!tla_ á los expositores premarino para pe~car y recuperar valores, dibu.
miados ~on esta d1stmc1ón en la Exposición de
.jo de Paolicci. Aspecto e.x:terior del barco 79.
Ind_ustr1:1s 1trtís1 icas &lt;le Barcelona, aenñncln. y
El desafio, cuadro de G. Simoni, 80.
' ·
v3c_1adn por los Sres. Castells y Beristain, 126.
Una proctsión en Gastein, cuadro de Adolfo Se¡~ho ele Mr..Jnmes G. Bl:i.ine, en el cemente•
Menzel, 81.
1·10 de Oak Htll, Wásh ingtou, 127.
Sccci6n científica. -Cuatro grabados relativo.~ al Mr. J_ames G. Blaine, secretario de los &amp;stados
proyecto de' utilización del subsuelo de la PinUuidos, en su lecho de mnerte 127.
za de la Constitución de Barcelona, tle D. Sal• ;Otra ~fargnrita!, cuadro de J o~qnín Sorolln,
\'ador Vigo, 86 y 87.
prenuad? con medalla &lt;le oro eu la Exposición
Misa celebrada en la Plaza de la Independencia
111ternac1onal ele Bellas Artes de 1892, 128.
en Montevideo, el tlín 11 de octl1bre de 1892' E~voto, cu.adro de Jonquín Soro\la. Exposición
en conmemoración del cuarto centenario del
,mter_nncmnal de Bellas Arte" de 1892, 128,
descubrimiento de América, 88.
D1_ fehz, c_uadro de Joaquín Sorrolla. li:xpo.•ici ón
Snn Francisco de Asís, escultma de M. Fnxi 89.
111ternac1onal de Bel\as Artes de 1892 129
Exposición Histórico-americana. Sección me~ica· El sombrero de .t~es _picos, cuadro dt: j osé
Carna, El dios Tzoutemoc (de fotografía), 91.
bonero. Exposi ción mternacional de Bellas A .
Mat{'ppa, cnndro de Isidro Gil Gavilondo, 91.
tes de 1892, 129.
r
Exposición Histórico- americana. Sección mexica- Secci6n ?ientifica. -Tres grabados corre.~pondicnna. La diosa Coatligue (de fotografía) , 92.
_al arttcnlo (La cronofotografia ,&amp; 134,
La comedia de magia , dibujo de Ford, 93.
Vista general de Vigo (de foLografia) 136
El armero, escnltnra de Emilio Dittler, 95.
Uu:1 elegante en 1889 cuadro de va'• d · B
137.
'
en os,
El sueño de la inocencia, cuadro de L. Rosen•
berg, 95.
Grana1l~ por los ,Reye.~ Católicos, boceto al óleo
La silla de Felipe II en el Escorial cuadro d2
?e Isidoro Murm, 139.
Luis Alvarez, 96.
'
Tmt.: recuerllo, cuadro de A. Coll y Pi 139
Eu el salón, cnadro de P. Salinas 1 97.
Noble y plebeyo, acuarela de W. StrnÚ, Úl.

¡

¡

Felícidad, cuadro ,~e ramón Pnlido ! Fcrdcdez, 143.
El entierro del piloto, cuadro de ,Juan ]\fortín
Abades, 143.
La cRrta del novio, cnadro cfo F. B. Don bek
144.
'
Ln. prueba de una tiple, cuadro ii11 F. li, Don•
bek, 145.
&amp;cci6n cient!}ica. -Cinco gr:i.h:'1110~ correspo:1•
dientes al artículo rJ.n ,~rono!otograffa,) 151).
En el vestibnlo, cuadro de R. Rcinick&gt;'.15~.
El eminente compositor ,J o.,ó Verdi, lú3.
Eduardo Mascheroni, tlir..:i:.-tor llo orquc.~ta á
quien Verdi ha confiado la dirccciJn de Fals-

t,,/1, 154.
Arrigo Boito 1 autor del libreto de J:i. ópera Fal!taff, 155.
·
·
El nuevo Politeama (Verdi&gt; de c~rr:.ra in1rng11rado en 12 de noviembre de is,:! con J.¡ &lt;iuer::i
RigoleUo (de una fotografia), l!i:,.
•
Falstaff en el primer acto. - Falstaff cu el scrrim do acto. - Falst3ff en el tercer neto. J!íO. º
Fac.'l'imile de una de las firmas hccÍ1ns con un
cortaplumas en el órgano del tem11lo 1le r.011cole por Verdi cuando era orgaui~t!\ tle esa
iglesia, 156.
A1lolfo Hohenstein , 3utor de los bocetos ele fas
decoraciones y trnjes de Falsta//, 157.
Final de la primera. parte del neto primero de
Fa4taff, 157.
Cn~a natal de Shnkespeare antes c1e su rep:tra•
ción. -Iglesia parroquial de Stratford. - Casa
natal de Sl1akespeare después de repnrnda,
158.
.
Habitación donde naci6 Sh3kespeare, 160.
Habitación que ocupa Verdi en el palacio Dorin.,
en Génovn, 159.
lutérpretes de In ópera Falst.Jff(de fotografías):
Emma Zilli ( Alicia), Virgini3 Guerrini ( JJlt!J),
Adelina Sthe\e ( .Nannetta), Josefina Pasqn:t
(Q1&lt;icklyJ, 160.
Intérpretes de la ópera Falstajf(de fotograrfas):
Victor Maure! ( Falstafj), Antonio Piui Corsi
( Ford ), P. Pelngal\i Rosetti ( Bardoljo ) 1
Etluardo Gnrbin ( Fenton), G. P3roli (Cayo),
V. Arimoudi ( Pistola), 161.
Boceto de una decoración del segundo acto de
Falstaff, 162.
Jardín de la villa Verdi en Santa Agneda, 162.
I.A1 villa Verdi en Santa Agueda, 162.
Seccitin científica. -CillcO grabados correspo11 dientes al artículo «La cronofotografia,¡. 1G5 y
166.
Pistola y Bardolfo, personajes de la ópern. Fu.lstaff, 168.
Vbta interior del templo de San Ignacio !1e Loyola, en Ma11ila, 169.
Imágenes del Sagrado Uornzón de Je~\1s y de l:i
Puri!ima Concepción, existentes en el templo
de San Ignacio de Loyola , en M:rnil:l, Obr3S
de Manuel Flores y Crispulo Hogson, 171.
Vista exterior del templo de Sau Ignacio de Lo·
yola, en Mauila , 172.
Imagen de San Ignacio de Loyoln, fnndaclor rle
la Compañia rle J estis, existente en el templo
de Snn Jguncio, en :Manila, obra de Manuel
Flores, 173.
Púlpito del templo de San Ignacio tle Loyola, en
Mauilll, primorosa obra de tnlla, ejecutada por
Críspulo Hog~on y Manuel Flores, 1/J,

3

se abolieron los titulas nobiliarios y las conde•
Jorge R. Da.vis, Director general de la Exposi~ La cas_a de Masseuet. El come&lt;lor, 267.
-' Estudio, de A, Más y For.td8'•iln, 351.
coraciones, 428.
cióu Universal de Clucago, li6.
Un adivino eu Marruecos, dibujo de Ca ton Wood· La carreta. -Olot. Dibujo de J. Pinós, 351.
1793. - La fiesta de la diosn Rnzón en París, cuaLas sardineras, cuadro de l. Ugarte. Exposición
w lle, 269,
· La morra, apuntes de 'l'. Moragas, 351.
dro de Coessin de la F'osse, 429.
internacional de Bellas Arte:t de 1892, 176.
Pergamino ofrecido al maestro Verdi con moti• Estudio de R. Marti y Alsiua, 352.
Triste:1 recuerdos, cuadro de R. Poetzelbtirger,
vo de la inagurnción del teatro de Sll nombre Sol de invitirno, cmulro de Dionisio Baixeras, 352. Los edificios de In EXposición dP. Chicngo. - Vista
general de la grau pinza ó patio de honor qne
en Garrara, 2i0.
Plegaria, cuadro de J . M. Tamburiui, 362.
176.
da. frente al lago Michigan. Palacio tle la Ad¡Tierra 1, cuadro de F. Cabrera. Exposición inter- Esperando la procesión, dibnjo de Andrés Par- E! testamento de un brujo, decoración de F. Sommistracióu. Fachada del Norte del Palacio
nacional de Bellas Arttis de 189"2, 177.
lade, 271.
ler y Rovirosa, 352.
de Agricultura. Galería de Máquina,~. Futute
Episodio de la Guerra de la ln'depen1le11cia, cua- Atelaje búlgaro, dibujo de Alberto Richter 271. La jota, acuarela de 'l'. Moragas, 352.
simbólica del Progreso triunfante de América.
dro tle c.:es:ir Alvnrez Dumont. Exposición in- Ln p_laza Clicliy, cuadro de F. Mirail e!:I, 272.
Portal de Centellas, cuadro de L. Labarta, 353.
Pórtico entre la Gn1ería de Máquinas y el Paternacional de Mellas Artes de 189-l, li7 .
La cigarra y la hormiga, cuadro de Enl'ique Se- Aficionada, dibujo de .R. Ribera, 353.
lacio de Agricultllra, 430 y 431.
Seccirm científica. - Un grabado corre!ipondiente
rra, 273.
,
En Bélgi~a, cuadro de J. M.1'~:lJ'9!1és, 353.
Leyenda
del desierto, cuadr9 de M. Du Mond,
o.l articulo cLa cronofotogr3fia,, 182.
Sec~6n cimt\fi~- -Cuatro grabados corre.~pon - Coqnetena, cuadro de M. Cus1, 3{i3.
432.
Erase que se era ... , cuadro de Peuunsilico, 184.
d1entes al articulo cLa cronofotografia ) 2i8 ¡· El rey Alejandro de Siirvia, 354.
.
El memorialista, cuadro de S. Viniegra, 185.
279.
'
.8ecci6n cient¡fica, -'!'res grabados que ilustran ~1 La adivina, cuadro de F. Vinea, 433.
artículo «Los teatros de autómatas eu Grecm Cuatro grabados que ilustran el articulo «Espiri
El emiuentll poeta italiano Carlos Goldini, copia L' hereu y la pubilleta, esculturas de Celestino
tismo recreativo,» 438.
en el siglo II antes de nuestra era.) El tltáu
de un retrato de Alejandro Longhi, existente
Devesa, 270.
.
eléctrico empleado en los trabajos del nuevo Secci6,~ científica. -Aprovecbamiento de la catn•
en el Museo Carrer, de Venecia, 187.
Baco, dibujo de R. Armenise. 281.
rata del Niágara como fuerza motrii. InstalaUn asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de Ri• El g3lliuero. -Los palcos por asientos. - El 3nfiPuerto de Bilbao, 368 y 359.
ción de la orilla cnlltlciiiiuse, 439.
La cartománt.ica, cuadro de Simón Gómez, 360.
miro Lorenzale, 187.
teatro. Dibujos de 'Renato Reinicke 283.
Roma. Jubileo episcopal de S. S. León XIII. Vislas de los principales sitios, edifici~s y monu- Exposición Uuiversal de Cliicago, Mr. Jorge F,dad dichosa, cuadro de O. Beggrov Hartmaun,
440.
Davis, director de la Exposición, en el acto de
La bendición papal en la basílica de San Pe·
mentos dti M3drid (de fotografias),i. _285.
¡De élt .. , cuadro de W. Amberg, 441.
pronunciar el di¡;curso inauguml, 361.
Ln discreción, alegoria de C. Marr, :as6.
dro, 189.
Guillotin preHenta {i. la Couvendón el moclelo de
Calle del Estado en Chicago, 362.
Isla de 'l'euerife. Campesinos de la Laguna (de El príncipe.Fernando de Bulgaria, 287.
la ~uillotina, cuadro J. C. Hertel'icb, 4.43.
Lo$ edificios más altos de Cbicago. Templo m:1só·
La p~iucesa de Parma (de fotograba), 287.
una fotografía), 190.
nico lle veintidós pisos. Interior de la Cámarn Facsuuile de non cédula persoual 443 .
Plaza de la Constitución en Santa Cruz de Tene- Concierto al aire libre, cuadro de H. Havenith,
Marat,
copia de un retrato original lle Boza, 444.
ele Comercio. Teatro Schiller ó de la ópera ale287.
n fe, 190.
mana. Cas3 Owing. Casas de Manhattan, diez y Muerte de Marat, nsesi11ado 1111entrns estaba en
Federico el Grandejunto al cadáver de Schwerin,
L.la de 'l'enerife. El pico de Teide, 191.
el bario por Carlota Corduy en 13 de julio tle
ocho pisos. Gran hotel del Norte. Cnsa de la
copia del celebrado cuadro de R. Wanhrnu!sin tle la Gran Car.aria. Procesión del Viernes
1793, 444.
SocieUad de Templanza. de mujeres cristian:1s,
1\er, 288 y 289.
Santo en la plaza de la Constitución de Las
Carloth Corday, asesina de Marat, 444.
El rey Humberto I de Italia (de foto11rafía), 290.
363.
Pahnas, 191.
Isla de 'l'enerife. Pauorama del pnerto de la Oro- Ln r~ina Margarita de Italia {de fotogl'llfia), 29J. Estudio al óleo. Paisaje. E-,tudio al carbóu, por Los edificios de lo. Exposición de Cllicngo. - Palacio de la Electricidad. Gr311 pórtico ceµtral
&amp;cci,ún citnt'i.jka. -Ci11co grabados corre:&lt;ponJ osé López Tomás, 364.
tava, 191.
del Palacio de Agricultura. Grupo alegórico
dientes al artículo «La crooofotografia,) 29¼ y Patio tle In iglesia del Salvador en Sevilla. Patio
A orillas del mar, dibujo de E. Patry, 192.
del Palacio de Agricultura. Una de las doce
del Oenllralire de Granada. Entrada á la Fábri•
295.
Valentina, cuadro de Guillermo Wolft, 1!:.13.
estatuas que representan los siguos del Zodia·
ca de tabacos de $!.! villa, cuadros de hlauuel
Juegos infantiles, dibujo de D. Pauluzzi, 296.
M. Julio }~erry, 19~ .
co, en el Palacio de Agricultura. Parte del gru•
Garcia Rodrignez, 365.
Acto de descubrir el busto de Tomás Carlyle Juana de Arco cuando niña, cuadro de Mme. De•
po escultórico colocado sobre la entrada prin•
Pauneau decorativo, de Alejandro Riquer, 366.
mont Brt:tón, 297 .
en la Biblioteca pública de Chelsea, en Loncipal del Palacio de las Artes liberales y Ma.•
Proyecto de monumento :í. Legazpi y Urdaneta, Una división de caballenn pasando un vado,
dres, 200.
nufacturas. Detalle de la fuente del Progl'eso
cuadro de Jose Cusdchs, 367.
enviado al concurso por los Sres. Campeny
Ave Maria, cuadro de Héctor Cercone, 201.
tri unfante de América. Vista general del PalaLas Palmas. - Entr3da del vapor (Reina Regen(escultor) é Irnnzo {arquitecto), 301.
]'J1;1vit super illam, cuadro de Enrique Simonet
cio de Artes liberales y Mdnufacturns. Estatua
te en el puerto del Refugio conduciendo á los
{premiado con medalla de oro en la Exposición Rlltrato de Cristóbal Colón, propietlad del duque
de la Abundanci3, 444, 446 y 447.
infantes D. Autonio y D.• Eulalia . -Salida. de
de 'l'alleyrand, 303.
imern3cional de Bellas Artes dii 189"2), 203.
la catedral de los infantes. - Llegada de los Exposicióu Universal de Chicago. -Instalación
La traslación del cuerpo de la Virgen, cuadro de Relieves del monumento erigido al poeta alemiu
de le. Real Fábrica de porcelana de Snjollia.
in fantes á la calle Mayor, Sti7.
Scheffel en Knrlsrnhe, obra de H. Volz, 303.
C. Macari, 203.
Sección alemana en el Palacio de In Indm, Poucio Pilatos lavándose las manos, cuadro de La oración, grupo escultórico de Maximilio.uo Patricia, cuadro de G. .E. Moira, 368.
tria, dibujos de .E. Limmer, 448 y 449.
L'l convaleciente, cuadro de V. Corl!OS, 3G9.
Banmbach, 30-t.
.Rembrandt, grabado por Baude, 20:'1.
J esús en el lago de Geuesnreth, cuadro tle Euri• Después de la primera comunión, cuadro de Secci6n cm1tl.fica. -Dos grabados que ilustran el Secci611, cienti.fica. - El i~orrote Tayabó.u, de la
raacheria de Bucquia\'an dos grabados, 464.
articulo ( Los progresos de la piscicaltura. l!:I
Fl'ithjof Smith, 305.
qne Serra, grabado por S11durni, 206.
sábalo y su propagación artificial.) Micróme• El monaguillo, estatun de Miguel Fnla. 456.
Ln Virgen Maria Al pie de la Cruz, cuadro de Jo• Secci61t citnt¡_jica. - El viaducto sobre el rio PeNoble:t.a,
escultura &lt;le Eusebio Arnau, 457,
tro de M. Poyuting y esquema explicativo del
cos en los &amp;tados Unidos: ferrocarril del Sou·
sé Uria, 207.
Los edificios de la Exposición de Chicago. -Palamismo, 375.
thern Pacijic. La danza serpentina por miss
D&lt;!scendimiento de la Cruz, cuadro de Rubens,
cio de Mineria. &amp;;tatua de B. 1,1,rnuklin en el
El león de Lucerma, obra de Thorwaldsen, 376.
Fuller, 310 y 311 .
grabado por .Baude, 209.
Palacio de Electricidad. &amp;:·t3tua de u11 guarda·
Crnto llorado por la Virgen y por los l\ngele.~, Mr. Tommy Burn tirándose desde una altura de ¡Si no vendrá!, dil.iujo de J . García Ramos, 377.
agujas en el Palacio de Transportes. l!~rontón
~xposición de Chicago . -Operarios regresando
83 pies en el R. Aqllarium de Londres, 312.
cuadro de Antonio Van Dyck, existente en el
central del Palacio de Agricultura.. Estatua de
d1:: las obras de la Exposición. Japoneses cons•
Granadin3, dibujo al carbón de B. Galofre, 313.
Mu:it:o de Louvre, 210.
la diosa de la Fortuna, 459 }' 460.
truyendo su instalación. Alemanes desemba ,
Sece1611 CUnt1/ica. -Dos grabaclos corresponditin• P¡¡uneau decorativo en madera piro.esculpida, de
lando los envíos. Un recipiente para echar pa- El deustre del cVictorio..)- El acorazado (Vic:t-'. P. de Tavera, 315.
te.'i al artículo ( La crouofotografia,) 214.
toria., El acomzaUo CC3mperdown.&gt; Retrato
peles iuútiles. Egipcios trabajando en el decoLos nut:vos sellos de correos de los Estados Uni • El ~erecho de asilo, cuadro de FrnnciscoJ. Amé ,
del vicealmimnte Jorge Tyrou, 461.
rado di! su instalación, 379.
rigo, 315.
dos, 216.
Gcut1lltombre de la época de Luis XHI, estudio Ma,frid. Exposición histórico europea. Candela- l,:teconocimiento de un vado. ¡Alto!. . Paso de un El de\fiu Luis Carlos Capeto, 462.
racsimile de la firma de Luis XVII y de la del
río, cnadros de J. Cusachs, 380.
bro de bronce plateado de la catedral de To·
pintado por Meissouier, 217.
za.patero Simón, 462.
ledo (siglo xv1). - Báculo episcopal de Mondo- ¡Adiós!, cuadro de Ernesto W. Appleby, 381.
Solda,lo lle la República, estudio de Meissonier
El
zapatero Simón, guardil\O del delfín, 462.
¡Abandonada!, cuarlro de G. Tyrahn, 383.
ñedo ele! obispo D. Pelayo U {siglo xm). para el cuadro cLos ordenanzas,) 219.
Maria
Antonieta ante el tribunal, 463.
Candelero de pl3ta de la catedrnl de S,:\·illn Los defensores de Zaragozo. (1809), cuadro de
El caté, estudio pintado por Meissonier, 219.
Encierro de la reina Maria Autonieta en la ConM3uricio Orange, 383.
(siglo XVI). - Baudeja repujada llamada de
Miiissouier en su taller, pintado por él mismo,
serjería, 463.
.
La fiesta en casa de los abuelos, cuallro de Hngo
Pa1bas de la catedral de Sevilla. -R;¡\·erso. 220.
Flores de invierno, dibujo tle F. Maura, 464.
Salmson, 384.
San Juan Bautista, est3tnn de plata dorada y
E.mulio de gnía pintado por Meissouier para el
esmaltada siglo xv). - Portapaz compostelano, La calle de Alcalá después de nna corrida de to• La carrera a pie, bajo relieve de Mariano Beulliu•
cua1lro cl807 ,&gt; 220.
re, 465.
ros, cuadro de Fmncisco Maura, 385.
de azabache (siglo xv). - Cáliz de plata de LuGe11t1lhombrt1 de la época de Luis XIII, dibujo
Stcci6n cie11tVica. -Cuatro grabados que ilnstrau Antonio Vico, 466.
go, del obispo Bahamonde (siglo xv), 317.
de i\tdssonier, 220.
el articulo «Los dahonrnyanos en el Campo de Sección citnty'ica. - Dos grabados que ilustran el
La vida en Egipto. - Vistas del Cairo, dibujos La florista, cuadro de Felix Mestres, 319.
artículo «La impresión de restos humanos en_
Marte de Paris,) 390.
del natural dii Bollaud 'l'rincham. - Botes en Primeros homenajes en el nuevo mundo á Colón,
Schlestadt.) La estatua del célebre astrónomo
Una máquina de pintar en la Exposición de Cliicuadro de J osé Garnelo, 319.
Bulak. - Un rincón de calle. -Eu el camino de
Ara~{). inaugurada en Paris en 11 de junio de
cago, 392.
El ~obre ciego qué bien canta, dibujo de J. Gar•
Heluán, 2"21.
1893, 410,
El artist3 enfermo, cuadre tle E. Ravel, 393.
c1a ft3mos, ~20.
Doi:ia Concepción Arenal, 228.
El mejor de la fería, dibujo de J. García R:imos, Después del baile, cuadro de Román Ribera, Distracción, escbltura de V. Vallmitjana, 472.
Nube de verano, cuadro de G. Taldi, 2-23.
Flores campestres, cua1lro de Bellei, 473.
395.
321.
E.,:,ptirantlo al marino, cuadro de J. Bartels, 22~.
Los edificios de la Expo¡¡icióu de Chicago. - Vist:1
F..:tlerico el Grande y el suei'\o del general Ze1- Italia . Estatua de plata modelada por el escul- El rey LnisXrI, la reina ye! delfín, 396.
general del Palacio de Transportes. Vista gencrroma de la Bastilla en 14 de julio de 1789, de
tor berlinés Begas, 322.
ten, cuadro de Arturo Kampf, 225.
'ral del Palacio de Horticultura. Puert3 de Oro
un grabado de D11plessis-Berta11x, 396.
_
Roma. -La iglesia de San J oaquín, ofrecida á Secei6n cientlfica. -Nueva máquina para hora·
en el Palacio de Trausportes. Grupo eSCl1ltóridar. Muestr3s de los agujeros practicados. Hunos cargando contr3 el e11emigo, cuadro de U.
S. S. León XIII con motivo de sujubileo episco del Palacio de Horticultura qne representa
Checa, 397.
Ap:1rnto cortaviento para los velocipedistas.
copal, 2-26.
el sueño de las flores. Palacio ele las Artes de
Aparato cortaviento en marcha. El encendedor La familia real regresando á París, copia de un
Medalla coumemorativa del jubileo episcopal de
la Mujer. Cúpul3 central y pórtico del Palacio
dibujo de la época, 398.
eléctrico de M. Delostal, 326 y 327.
S. S. León XIII y de la iglesia dtl San Jo3de Horticultura, 476.
Apu utes de viaje. Recuerdo de San Fdiu de Gui· Las mujeres de París encaminándose á Versalles
quin, 226.
San L'ristóbal, cuadro de Pedro Stackiewicz, 477.
el 5 de octubre de 1739, 398.
xol11, dibujo de Baldomero Galofre, 328.
Hipólito 'faine, eroiner.te historiador y critico
El
delfín en su encierro en el Temple, 478.
Precioso hallazgo, cuadro de W. Cl3udius, 399.
Mesalina, estatua de Vicente Alfano, 329.
fraucés, 226.
los infantes doña Eulalia y D. An - '1'1po de un j3cobino (dibujo de la. época), 478.
Secd61t c1enl1/ica, -Seis grabados corre.~pondien- Misil Maud Goune, famosa defeusora de la caUS3 Diisembarcode
Facsímile de un grabado de la epoca de 13 Re,·otonio en San Juan de Puerlo Rico, 399.
de los oprimidos irlandeses, 331.
tes al articulo «La cronofotografía,&gt; 230.
lución que repre.~enta á 1m fr,,ncé&amp; buscando la
L:i policía ejerciendo sus funciones en Irlanda, Ceremonia de }3 in::iugnr:i.ción de In ExposiciJu
Ricardo Palma, 232.
libertad, la igualdad y la fraternidad que se
Universal de Ubicago verificada el dia l.º de
Incendio de la casa de nn arrendntario, por
Jarrón decorativo, obra del escultor José Reyburlan de él, 479.
mayo. Aspecto de la plata de la Exposición,
orden Je! propietario. Casa derruida a golpes
nés, 233.
Facsímile de un grabado de la ápoca que repredib11jo de E. Limmer, 400 y 401.
de ariete por falta de pago del a1Tendatario.
Al fonso Daudet y su esposa, 235.
senta á Rubespierre ejecutando por su pr(1pin.
De$pu~s del despojo. La familia del arrendata- Secci6n cient-¡fica. -Estatuas colosales yacentes
El !awn-tenis en la quinta de 9bampros3y. - I!aumano al verdugo después de hsber bt:..:ho guide Buda en Birm3nia y Ceyl:in, 406.
rio )anta.da de su hogar, 331 y 332.
det, su hijo Luciano y su bija Edmée, 23:&gt;.
llotinará todos los fraucese.q, 479.
f
iCnál es la más bonita1, fotografia de O. Scharf,
La quinta de Cbamprosay, resideucia de Alfonso Salón Parés. - Exposición Casns y Rusiñol. ReVictims
inocente, cuadro de D. Can·, '180.
trato del pintor Arcañio Mas, Retrato del gra408.
Daullet , 235.
En
el
baño,
cnndro
de
~'red
.Morgan,
481.
bador Ramón Cauudas, cuadroM de Santiago Un momento de descanso, cuadro de Adolfo
Washington. -Toma de posesión del nuevo pre•
Secci6n citnt-ttlca. -Termomotor Iske. Termomo•
Menzel, 409.
.Rusiliol. luterior al aire libre. Celos. Retrato
sideute de la República de los Estados Unidos
tor Mitchel, Aparato de salvamento y e,:ünción
de la niiía Snrdá. Retrato del Sr. Codina, cua- Monumento que en honor del padre Las Casas lia
Mr. Grover Cleveland, 237.
de erigirse en México, obra de A. Qt1;.irol , 411.
de incendios, 486.
dros de Rnmón Casas, 333.
La moda fin de siglo. 1793. Dibujo de G. A. Sto•
Los restos de D. Ramón Eerenguer 111 el Gran- A la salud de la novia, cuadro de J. Agn.sot, 488.
A:1gel, estatua de Enrique Clarassó, 335.
rey, 238.
de en la capH\a ardiente instalada en e! Salón Después del baile, cuadro de Holewiu ski, 489.
La moda fin de siglo. 1892. Dibujo de G. A. Sto· San Juan rle Puerto Rito~- Misa de Campaña
de Ciento de las Casas Consistoriales de esta ciu • Maria Guerrero en el papel de Victori:,. en La
celebrada en la plaza &lt;le Alfonso XII con morey, 239.
loca de la casa, 490.
dad, 412.
tivo de 13 reciente llegada á aqttel puerto de
La cencerrada al viudo, dibnjo origiunl deJ. GarFurgón destinado {i. conducir á. Ripoll los restos Los edificios de la Exposición de Chicago. r~la nao «Santa Maria,) 335.
' cia Ramos, 240.
lacio de Bellas Al'tes. Palacio del Gobierno de
de .Ramón Berenguer el Grande, 412.
Rt:cuerdos de Navidad. Los paveros. La matan- Desacuerdo y armonía, cuadro de A. Corelli, 336. Vendedora de tlores en Florencia, cuadro de F.
los Estados Unidos. Palacio de las Pesrpw1fa.s.
za. Dibujos de Daniel Urrabicta Vierge, 241. El primogénito, cuadro de E. Lancerotto, 337.
Capiteles en el Palacio de las Pesqnerías. InteAndreotti, 413.
En
peligro
inrñinente,
cuadro
de
V.
Cu
tanda,
338.
Sccci61t cienttfica. - Cua!.ro gra hados C!)rresvonrior de la Rotonda del Palacio de Bellas Artes,
Placa conmemorativa colocada por los estudian. Dantón, de un dibujo de Santiago David, 414.
dieutes al articulo «La cronofotogrnfm, 246.
491 y 492.
tes españoles en el monasterio de la Rábida El célebre tribuno Mirabea 11, 414.
Cuadros madrileil.os. El caf~ de los cuatro vieniQué me querrá!, cuadro de E. de Bln:i.s, .J.93.
en las fiestas del IV centenario del descubri· Guadet, uno tle los jefes girondinos, 414.
tos, dibujo de Carlos Arrtigui, 248 .
miento de ~América, proyectada por Ricardo El Temple en el último tercio del siglo xvm, co- Facsímile de un cartel que los ciudaJano~ fr:..nEl beso, cuadro de Joi,é Maria T11mburiui, 24.9.
ceses fijaron al exterior de sus casas pa:-a liar
pia de un dil:ujo tle F. Rolfbaner, 415.
V:i.zquez y ejecutada por !francisco Nicoli, 338,
J oven de la Selva Negra, cu3dro de C. B3utzer,
testimonio de su republicani.!!mO y librarse de
Secci61i científica. -Tres grabados que ilustran Luis XVI en el Temple, dibujo de Carueray, 4.15.
251.
persecncioues, 494.
el articulo (Atlucción de las aguas del Avru á. Eu la espesura del bosqae, cuadro de Ii,. AuEl nido abnudonado, cuadro de W. ScberesFacsimile de una carta de Robespierre dirigida
dreotti, 416 y 417.
París,» 342 y 343.
cl1ewski, 251.
~
en nombre de la Comisión de Salvación públi•
Asilo para perros eu Garches (Sena y Oise), 344. M. F. Roybet, piutor francés premiado con la
¡No está mal!, dibujo de A. Jo1inson, 2::i3.
ca al ejército en 26 de octubre de 1793, 495.
medall3 de honor en el Salón de París, 418.
Bnf&gt;to en bronce recientemente d'escubierto en Al Pardo. estatua en barro cocido, de Jose Alco- Sccciún cimli.fica. -Tres grabados que ilustran Uu guardia nacional dirigiéndose al cuerpo de
verro, 345.
Ampurlas, dibujo Je J. Fer¡er y Carreras {visguardia. Copiado del Diario r.te la taina de
el 3rticulo «Aprovech3mieuto de la catarata
Dáune, cuadro de J. D. Batten, 347.
to de frente y de perfil), 254 y 255.
del Niágua como fuerza motriz,» 42'2.
Francjort (1793), 495.
Riberas
del
Manz3nares,
cuadro
de
J.
Nicolau,
Jt;n el teatro, cuadro de P. Naumauu, 256.
.
Estudio, cu:1dro de Manuel Feliu D'Lenrns, 424 . Emigrantes dirigiéndose al embarcadero, cuadro
349.
.Estudio, grupo en yeso de Miguel Bl~y_. PT"~m1a•
de Luis dt&gt;. Engelen , 496.
L:i. trapera, cuadro de Consuelo Fould, 425.
do con medalla de oro en la li:xpos1c1ón mter- Tipo hebreo, dibujo de José M. Marqués, 349.
Secciúii científica. - Fig. l. Boyas eléctricas del
Robespierre, 427.
Fasduacion, escultura de Campeny, 349.
nacionnl de Bellas Artes de 1892, 257.
,
puerto de Nueva York (dos grabados). Nuevo
Sello de la República francesa, 427.
Secci6ncientífica. -Tres grab3dos correi,pondien- Antiguo molino, cuadro de '1'. Moragas, 350.
zoo cauterio de M. Brenot. Triciclo acuiltico y
Facsímili:: dd decreto de J3 Asamblea Nacional
Estudio ele R. Marti y Alsina, 350.
tes al articulo «La cronofotografia,&gt; 262.
terrestre, 502 y 503.
de 10 de agosto de 1792, 427 .
Mi:1:-. Jalia Neilson célebre actriz iugle~a, 264. Labores de invierno, cuadro de J . Piuós, 350.
La~ Santas Mujeres, bajo relieve de Rafat!l Be•
El príucipe Tzerteleff, apunte de J. L. Ptlllicer Lm s XVI en la linteru:1, 428.
En el baile, cuadro 'de Román Ribera, 265.
llinzzi, 504,
Grabado de una hoja volnute de la época tn que
350.
E! emine11te compositor francés Masseuet, 267,

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Paseo matutino, dibujo de A. Marold, 505.
Guido de Maupassant, 506.
La catástrofe de Auzuola (dos grabados), 507.
Exposición Universal de Úhicago. -Caballo normando y torc. colosales, esculturas situad.as ~elante del Palacio de Agricultura. La sec?1ón
austriaca en el Palacio de Manufacturas, dibu-

jo de E. Lirnmer, 508 y 509.
Fusilamiento de los generales Clemente Tbomas

y J ulio Lecomte, en Montmartre, el 18 de mar•
zo de 1871, 510.
Acbibaldo Forbes, 511.
Efectos de una bomba, 511.
Una historia de amor, 512.

Aquel que no haya pecado que arroje fa primera
piedra, cuadro de Rembrandt, 51J.

,.

,

StcCWn cient1/ica. -- El nuevo puerto de Tunez;
(dos grabados), 518 y 519.
Hermanas de la caridad, cuadrode J. Agrasot, 520.
Monumento erigido en Budapest en honor de los
chonved» húngaros, obra de Jorge Zal~t 5_21.
Ei: posición Unh•ersal de Cbicago. - &amp;.htic10 del
Estado de San Francisco. Trozo de calle con
los edificio.~ de varios Estados. Edificios rle los
.&amp;tados de Míchigan y de Indiana. El edificio
de I nglaterra. Reproducción del buque_d~ gue•
rra norteamericano [llinois (dibujos origmales
de E. Limmer). lnteriorde la rotonda di:l Pal!•
cio de Horticultura, La calle del Cairo, 523 y 525.
U na sesión secreta de la Comuna, 526.
Aspecto de la calle de Rívoli en tiempo de la Co•
muna, 526.
Lucha en la barricada del bnlevard Haussmann,

637,
Los caflones en Montmartre en la víspera del 18
de marzo de 1871, 5Z,.
Abandonada, cuadro de Mateo Balasch, 528.
Un deseugaño, cuadro de Héctor Tito, 529.
A puntes, dibujos de Mateo Balasch, 530.
Secci6n citntyíca. -Fig. l. Vista de un taller. d.e
Berlín que funciona por medio de la electr1c1dad. Fig. 2. Grúa eléctrica del puerto d_e Ham burgo, 534 y 535.
Chulalongkorn l, rey de Siam . Sa.vangwadana,
reina de Siam, 536.
T-n intruso, cuadro de Paris, 537.
Ei:posición Uuiversal de Chicago. -El edificio ~e
Francia, Los edificios de Suecia y de la India
(dibujos de E. Limmer). Parte del pórtico que
une el Palacio de Máquinas y el de Agricultura. Tia cf,'ems-Weeb (Rueda de Ferris), dibu·
jo de E. Limmer, 539, 540 y 541.
F usilamiento de comunistas, 542.
El pabellón de Flora, en el Louvre, después del
incendio, 542.
Las t ropas de Versalles agasajadas por los babi•
tantes del bulevard Haus.::imann, 543.
Aspecto del Hotel de Ville después del incendio,
visto desde el Sena, 543.
Los sucesos de Siarn. - Vista de la ciudad real de
Bang-Kok. El buque Juan Bautista Say. Los
buques de guerra franceses delante del consulado de ll'rnncia en Bang-Kok, 544.
Tarde de estío, cuadro de H. Caífieri, 545.
&amp;ccilín cienty'ica. -Estatua erigida en París en
honor de Claudio Chappe, inventor del telé·
grafo aéreo. Un cailón improvisado, 550 y 551.
Contravapor, cuadro de F . Sallé, 552.
Exposición Universal de Chicago. - Incendio del
almacén de hielo artificial. La sección de los
Estados Unirlos en el Palacio de la Iudustria,
La secc;ón francesa en el Palacio de la lndus•
tria. ~(J. sección Ítaliana en el Palacio de la In•
d•¡stria, 553, 555 y 556.
Retrato del conde de Arundel, pintado por Van
Dyck, 557.
F usilamiento por los comunistas de los rehenes
que tenían en la cárcel de la Roquet.te, 558.
Conducción de prisioneros comunistas, 559.
F usilamiento de rehenes por los comt1nistas en
la calle de Haxo (26 de mayo de 1871 ), 559.
En el templo de Baco, cuadro de J. Muzzioli, 560.
Un desafío en Albania, cuadro de Pablo Ivanovitcb, 561.
&amp;cci6n cientifica.-E1 puente Palacio en la ria
de Bilbao (tres grabados), 566 y 567.
Buenos camaradas, dibujo de P. Golleron, 568.
Coloqnio amoroso, cuadro de Emilio Sala, 569.
Una bella de antai'.l.o, cuadro de Emilio Sala. 571.
Compás de espera, cuadro de Emiho Sala, 571.
El columpio1 cuadró de Emilio Sala, 572.
La expulsión de los judíos, cuatlro de Emilio
Sala 1 573.
Ei:posición Universal de Chicago. - Kiosco de la
Real fábrica de tabacos La flor de Cuba, de
D. Manuel dt:l Valle. Vista de la sección espa•
15.ola en el Palacio de Agricultura. Kiosco de la
fábrica de tabacos de D. Calixto López, antes
Bances y López. Don Rosendo Fern!lndez, de
la Cámara de Comercio de la Habana, Comisa•
rio especial. representai1te de Cuba y Puerto
Rico en la Exposición. Vista de la exhibición
de tabacos cubanos en el Palacio de Agricultura, 574 y 575.
Modernista de antaño, cuadro de E. Sala, 5i6.
Un concierto en el bosque, cuadro de E.Sala, 577.
Secci6n cient\fica. - El Canal de Corinto (cuatro
grabados), 582 y 583.
Retrato y estudio del ·pintor Emilio Sala, en Pa-·
rís, 584,
Quien espera ... , cuadro de L. Blume Siebert, 585.
Proyecto de monumento que se ha de erigir en
Manila á la memoria de M. López Legazpi y
Fray Andrés de Urdaoeta. Premiado en el concurso celebrado en aquella capital el 19 de junio de 1893. Autores: D. Agutitíu Querol, escultor; D. Luis M.a Cabello y Lapiedra, arquitecto, 587.
Exposición Universal de Chicago. - Un concierto
en la aldea alemana. Molinos y turbinas dt
viento, dibnjos de E. Limmer, 588.
Feria en un pueblo de la alta montaña romana,
cuadro de Mariano Earba!;án, 589.
Los hunos en la Galia, copia del cuadro de G,
, I'..ochegrossc por el mismo autor1 590.

¡Qué tal est oyf1 cuadro de F . Dvorak, 590.
El herrero, dibujo de León Lhermitte, 591,
Los juegos tlorales, cuadro de Luis Jiménez Aranda, 592,
Santas J usta y Rufina, cuadro de Domingo Fer•
nández y González, 593.
El celebrado pintor francés Augusto Glaize, 594.
Sección cienttfica. -El doctor Charcot. Sierracir•
cular para aserrar piedras. Nuevo alumbrado
de la estatua,de la Libertad del puerto de Nueva York, 598 y 599.
La primera riña, cuadro de A. Corelli, 600.
Mignon, estatua de Venaucio Vallmitjana, 601.
La hora del baño en Veuecia, cuadro de Ricardo
Madraza, 603.
Fiesta de la Asociación de Artistas de Baviera.
El Waldmeister y su séquito, 603.
Nuestra corresponsal en Chicago, Eva Canel, y
su hijo en el Niagara1 604.
Ei:posición Universal de Cbicago. - El Palacio del
lira.~il. La calle del Cairo, 604 y 605,
Turno impar, cuadro de Francisco Masriera, 606.
Un lance de honor, cuallro de T. Munich, 607,
Un discipulo de Sau Francisco, dibujo de José
M.• Marques, 608.
El general Prim en la batalla de los Castillejos,
cuadro de José M.• MarquP.s, 609.
Secc~n cumtyica. D. M. Alberto de Palacio.
Puente colosal sobre el Nervión (Bilbao), pro•
yecto de D. M. Alberto de Palacio. Vista del
pasaje interior del puente colosal sobre el Nervión. Puente rodado sobre el Nervión, proyec·
to de D. M. Alberto de Pa1acio, 614 y 615.
Recuerdos del país del hierro, cuadro de Vicente
Cutauda, 616.
En t:il bosqne de Bologne. La batalla de flores,
cuadro de Harri Fiuuey, 617.
Los jardines de la infancia {once grabados), 619,
620 y 622.
Visia~ de Costa Rica, 621.
Bellezas costarriqueñas, retratos pintados por
D. Francisco Valiente, 623.
Francisco Valiente, pintor costarriqueño, 623.
La despedida, cuadro de D. Laugée, 624.
El príncipe Guillermo II de Orange y su prome•
tida la princesa Maria Enriqneta Stuartlo, cuadro de Van Dyck, 625.
El célebre ei:ploradorafricanista Emin Bajá, 625.
El general Mir1bel, jefe del Estado Mayor gene•
ral del ejército francés, 626.
Secci6n científica. - Los pai-pi•bris en el Jardín
de Aclimatación de Paris {tres grabados), 630
y 6Jl.
D. José Joaquiu Rodríguez, actual Presidente de
la repllblica d~ Costa Rica, 6~2.
Iván el Terrible, estatua tie M. Autokolskij, 633.
José Garnelo y Alela, 634.
Hojas del álbum de José Garnelo, 634.
La marquesa de N ... , cuadro de J. Garnelo, 635.
Suicida por amor, cuadro de José Garnelo, 635.

~~~~~j1~~j~~:d;td~ 1~~º(la?;:i~~\f:J7~36.

Ei:posición U niversal de Chicago. -Aldea de los
indios de Vancouver. El teatro chino, dibujo
de Limmer. Instalación de la República Oriental del Uruguay en el Palacio de Agricultura,
683 y 685.
IJn telegrama, cuadro de L. Max Ehrler, 686.
Alicia, cuadro de Guillermo M. Chas¡,., 687.
DespuéS de la orgía, cuadro de Swedomsky, 689
y 690.
Suci6n cien.t.\fica. Maquinas para volar (cuatro
grabados), 694 y 695.
Carlos Mana Ocantos1 novelista bonaerense, 696.
La paz es la fuerza de una nación, grupo escultórico de Gustavo Eberleiu. 697.
Triste regreso, cuadro de M. Carbonen, 699.
Ei:posicióu Universal de Chicago. - Paseo á orillas del lago, dibujo de E. Limmer, 699.
Habitantes de San Cristóbal (Islas Salomón),
700.
Almacenes de comercio en Aotab (Islas Salomón),
700.
La aldea de Ugi en las islas Salomón 1 700,
lndigenas de las isla.::i Salomón, 701.
Mujeres de Ugi (Islas Salomón )1 701.
Una muchacha de las islas Salomón, 701.
La alegria, techo pintado por Plasencia, 702.
El juego de billar, pintura decorativa de Casto
Plasencia. 703.
Cur1osidadi nfautil,cuadro de F. Kallmorgen, 704.
Alegoría de la nocbe1 pintura decorativa de Casto
Plasencia, 705.
El ilustre co1~ositor Carlos Gounod, 706,
Sección cientl ca. - Máquiua.s para volar (cinco
grabados), 10 y 711.
La cita, cuadro de Horacio Lengo, 712.
Los uovios por la gatera, dibujo de J. García Ra•
mos, 713.
Alonso Berrugnete, estatua de J. Alcoverro1 715.
Cristóbal Cllón, estatua de Justo de Gandarias ll), 715.
Exposición Uuiversal de Chicago. -Insta.la.ción de
juguetes de la ciudad de Souneberg. La daDza
argelina. Dibujos de E. Lirnmer1 717,
Una visita a los gitanos, 718 .
'J'ipo de gitano mendigo, 718.
Gitano de pura raza, 718.
Gitanos al través de los campos, 719,
Una familia de gitanos, 719.
Tipo de gitano, 719.
Gitana r_-auadma1 dibujo de Isidoro Marín, 720.
Un novulero desdichado, dibujo de Cario, Arre•
gui, 721.
D. Juan García Margallo, 722.
Secci6n citntl,ftca. Nuevo si;;tema para prevenir
las colisiones de trenes. Sistema Pellat (tres
grabados). 726.
Granada. - \. endedores de carbón, dibujo de Isidoro Marin, 728.
Puerta en el patio de los Naranjos ele la catedral
de Sevilla, dibujo de M. Garcia Rodrigo, 729.
Gr~~t de guerra, dibujo de R. Catón Woodville,

Tiempos duros, cuadro de H. Herkommer, 639.
Gitanos de regreso de la feria, 733.
~remiado!, cuadro de José Joaqnln Te,jada, 639. La feria de los ¡'itanos, 733.
JJ. Quijote pronunciando el discurso sobre las ar· Mujer y niño gitanos, 733.
1
mas y las letras, cuadro de J . Gilber t,640y 641 . Pareja de novios gitanos, 733.
El:posición de Chicago. - La justicia, estatua de Gitanos dirigiéndose el mercado, 734,
plata maciza de tamaño natural, expuesta por Una visita á los gitanos, 734.
el Estado de Montana en el Palacio de Mine- Labradores gitanos e~perando contrata. 73-!.

~.-

--~-~~-

' El Excmo. é Ilmo. Sr. D. Juan B. Gran, obispo Labriegos gitanos, 735.
de Astorga, 642.
·
Gnía de Deés, 735.
Secci6n cUntí.fica. - El «.Campania&gt; y el tLuca• Una familia de gitanos en marclia, 736.
nia&gt; (tres grabados), 646 y 647.
.Marcha al través del desierto, dibujo de R. CaVendimiadoras moutillnnas, cuadro de Eloisa
ton Woodville, 737 y 738.
Garnelo, 648.
Modelo del monumento ~rigidoen Trenton en meEl eminente novefüta Emilio Zola 1 649.
moria de la batalla ele 1776, 789.
Palacio del )Jaharajab de Johore, 649.
Secci6n científica. -Máquina de vapor doméstiEl fruto del árbol durián, 651.
tica, de petróleo (dos grabados) . Trabajos de
Bungalow(vivienda europea) en el camino de Joelevación de una chimenea de fli.brica, 742.
bore, 651.
Un recluta por fuerza, dibujo de J. H. Roberts,
El ..:amino de Jobore, 652.
Suplem,ento. - Mapa de las posesiones españolas
Vestíbulo de mármol del palacio del Maharajah
del Norte de Africa. Croquis del campo de
de Johore, 652.
Melilla .
Parte de la aldea de Johore: á la izquierda del Moros de rey, dibujo de E. H., 745,
grabado un teatro al aire libre, 652.
Vista ei:terior del Frontón Barcelonés, proyecta•
Mujer indígena de Jobore, 653.
do y construido por el arquitecto D. Enrique
Bosque entre Singapoore y Johore, 653.
Sagnier y Villavechh, 747.
Mujeres malaya:;; recogiendo te, 654.
En el Frontón Barcelonés, dibujo de J . CabrineTipos de visitantes de la Expo~ición de Chicago.
ty, 747.
E! papanatas. Rllcién llegado de la aldea. Iudi• Marruecos . - Captura de un criminal, dibujo de
ferente . Dificil de contentar. El que todo lo
Ralpb Peacock, 749.
·
admira, 655 y 656.
Melilla. - La Alcazaba . Puerta de entrada. Mer·
La lección interrumpida, cuadro de L. Alvarez,
cado exterior conocido por las «Barracas,) 750,
657.
D. Manuel Ortega Sánchez Mnlrnz. 751.
El znrzidor de alfombras, pastel de Gilbert, gra• Vista de Melilla desde el fuerte de Sau Lorenzo
hado por H. Rabeuf, 658,
y del fuerte de Victoria Grande, 751.
Sección cient,.fica. - Un buque de gllerra ameri- La danza del otoño, cuadro deG. Max, 752 y 753.
cano con espolón (tres grabados), 662.
Melilla. -Mari Guari, espín moro hecho prisionti•
Ba,io relieve del monumento de la Victoria, de
ro. A bordo del Conde Venadito. Abjamien Lormier, 663.
to de tropas. El Mantelete, 754, 758 y 760.
Monumento de la Victoria, obra de Lormier, Santauder. -Plaza de Velarde, calle de la Ribe•
664.
ra y muelle de Calderón, 761.
El gran duque Alejo Alejandrovitcb El al miran• Santa.nder. -El vapor Cabo Machichaco, quince
te Avelane. Et capitfo de navío Tchoukbniae,
minutos antes de la explosión. Casas de la ca665.
lle de Méndez Nó.ñez por la farte que da al
La carta, cuadro de Jan van Beers, 667.
muelle de Maliai10. Iuterior di: depósito de la
Retrato ~e ,In reina María Autonieta, por la se•
Compañia de Tabacos. Calle de Méodez Núñez
15.~ra V1gee -Lebrun, 669.
por la parte que da al muelle de Maliaño. En El pmtor y arqueólogo tnrco Hamdy Bey, 670,
trada de la calle de Méndez Núñez . A111\iencia
El kiosco Chinili en Constantinopla, 670.
y casas coutiguas. J!:l vapor Cabo iJfachichaco,
Sarcófago griego, existente en el Museo imperial
vista tomada por la popa después de la explo de Constantinopla, 670.
sión. El vapor Cabo Machichaco, vista tomada
Sarcófago sirio-griego, existente en el Museo im•
por la proa después de la explosión. Calle de
perial de Constantinopla, 671.
Méndez Núñez. Calle de Méndez Núi'.l.ez. Calle
El s~rcofago de Alejandro! descubierto en Sidón,
de Calderón de la Barca: edificio de la Compaex1stente en el Museo imperial de Constanti•
Yiia Sing2r y Audiencia. Depósito de la Companopla, 671 .
ñia Arrendataria de Tabacos, 763, 76.J., 765,
Las dos novias, cuadro de José Weíser, 672.
768, 769 y '/76.
La b_oda ~el torero, cuadro de S. Viniegra, 6?3.
El general de brigada D. Higinio de Ribera, 767.
Secciún cr.enttfica. -Los faros flotantes {dosgra· Barcelona . -Embarque de tropas para Melilla
hados), 678.
(dti fotografia de Xatart), 767,
Teresa de Jesús, cuadro de E. Gimeno Regnier1
680.
(1) Por equivocación se puso en el epfgrafede
La sopa 1 cuadro de D:wid Nillet 1 681.
esta estatua que era de José Alcoverro,

aitrtac100

Secci6n cientiftca. - Orqnesta eléct rica de J. B.
Scbalkenbach . ~l queso monstruoso del Cana·
dé. en la Ei:posición de Chicago (dos grabados), 1
774 y 775.
Muerte del beduino, cuadro de C. R. B uber, 777 ,
Tipo á.rabe, dibujo de José Benlliure, 779.
,
En el ePare Manceau,) cuadro de Ramiro Loren zale, 779.
Interior del nuevo puente sobre el Vlstnla, en
F ordou, dibujo de Passos, 781.
Nuevo puente sobre el Vistula, eu Fordon 781.
Tipo árabe, dibujo de José Benlliure, 782.'
Tipo &amp;rabe, dibujo de José Benlliure, 783 .
Tipo moro, dibujo de G. Moutbard, 783.
Mezquita en Uazáu, dibujo de G. Montbard, 783 .
Mús1coárabe1 dibujo de G. Montbard, 783.
Mártires cristianos en el Circo1 cuadro de J. Man•
tegazza, 784.
Desterrados á Siberia, cuadro de W. Scheres•
chewski, 785 .
Mezquita de T&amp;nger, 786.
Bailarina berberisca en un campamento de ask:i.ris, 786.
El capitáu D. Francisco Ariza, 786.
Bateria de la ciudadela de Tánger, 786 .
Secci6n, cUnttfica. - E.::itablecimientode agntt.S minerales del Peñón, en Méi:ico . El judío errante
en la Salpetriere (dos grabados), 790,
La escnadra en el Mediterráneo, 792.
Excmo. Sr. D. Arseuio Martínez Campos í03.
D. Mí:guel Martínez Campos, 793.
'
O. Rafael Moreno, 793.
D. Laureano del Busto, 793 .
La gue:-ra de Africa. - Fuerte de Rostrogordo.
Kabilas del Rif, 795.
Gibraltar.-EI Peñón visto desde la frontera española. La ciudad desde el muelle. Los di,]tle9
sumergidos delante de las baterías rasantes,
Baterías denominadas Los dientes de la Vieja,
Paseo y batería de la Alameda. Las baterías
subterráneas, 796 y 797.
.
La guerra de A frica. -Jefes de la ambulancia enviada á Me\i,la por la Cruz Roja de Madrid,

806.

ARO XII

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BARCELONA

2

DE

ENERO

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N ÚM. 575

DE 1893

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820.
La Nochebnena en el mar, cuadro de Eliseo Meifrén, 821.
La Nochebuena en Galicia, copia de una pintura.
de Cecilio Pla, grabada por Sadurni1 823.
La Nochebuena en Lima, dibujo de J . Cabrinety,
segnn croquis remitido por D. Ricardo Palma,
de Lima, 824 .
La fiesta de Navidad en Catalaña, dibujos de J.
L. Pellicer, 825 y 826.
La ~laza de Armas en la ciudad de Méxicoer. los
d1as que precedeu á la Navidad, dibujo de L.
Izaguirre, 827.
La Nochebuena en Aragón, dibujo de Vicente
Cutanda, 829.
La zamacueca (de una fotografía), 830.
La Nochebuena en el campamento, dibujos de
Julio Gros, 831 y 832.
La Nochebuena en Cuba, dibujos de J . L. Pellicer, 833 y 834.
La Nochebuena en Puerto Rico, dibujos de Cu~
chy, 835 y 836.
La Nochebuena en Valencia, dibujos de Germán
Gómez, 837.
La Nochebuena en Guatemala, dibujo de Manuel
Rivi:ra Cabezas, 838.
La Nochebmma en Buenos Aires, dibuj_o de Vaamonde, 839.
Muley' Hassán, emperador de Marruecos, 841.
Tipo de un berberisco, cabeza de estudio de W.
Genz, 842.
Kabilas tlel interior acudientlo en auxilio de los
rifeños, 842.
Un jefe de tribu irabe, 844.
Situación apurada, grupo escultórico de Eusebio
Aman, 845.
Esperando que pase, fotografía de Mr. Lee 'La
Trabe Batemnu, 847.
Los pañales de Jeslls, cuadro de Paupión, 8!7.
Vistas de Santantler, de fotografías , 849.
El último grito del Redentor, ~uadro de Juan
Bru1tet, 851.
Leones en acecho, grupo escultórico de Jorge
Vastagh, 851.
Un trovador valenciano, c .. adro de Joaqniu
Agrasot, 852.
Aldeana leonesa, cuadro de Joaquín Agrasot,

853.

e

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITO RES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

El niño Raul Fausto Capablanca, notable ajedrecista, 808.
La Adoración de los Reyes Magos, copia del celebrado cuadro de Alberto Durero, 809.
Alegoría de Nochebuena, dibujada por Apele1
Me!'.ltres, 811 .
La Nochebuena en Madrid, dibujo de Manuel
.Domínguez, grabado por Sadurní, 813 .
La Nochebuena en Mallorca). cuadro pintado por
Juan Banzó,, grabado por :::;adurní, 815.
La Nochebuena eu 11.ndalucía. El baile de los
abuelos. Fiesta de familia . La misa del Gallo
en Sevilla. Dibujos de J . Garcia Ramos, 818.
Le Nochebuena á bordo1 dibujo á la pluma de
Nicauor Vázquez, 819.
La Nochebuena en el mar, dibujo de Lindner,

'Com~ colosal que se está comtruyendo en Londre::1 compararla con la toJTe Eiffol, 854.
Secci6n cientifica. - Proyecto di: palacio aéreo
para la Ex:posicióu Universal de Amberes de

iI'o1

Ftí~t1ea

799.

Un día de audiencia, cuadro de J. Jiménez Aran.
da, 800 y 801.
El teniente general Ei:cmo. Sr. D. F. Primo de
Rivera, 802.
El teniente general Ei:cmo. Sr. D. José Chinchilla y Oñate, 802.
El general de división Ei:cmo . Sr. D. Manuel
Macias, 802.
Sres. Jefes y oficiales del regimiento de infante•
ría de Toledo uúm. 35 á su salida de Granada.

f[.

·--

-- . ---=-=- -~--·==:~--- .

1894, 858.
Un paso difícil, dibujo de Carlos Arregui 1 860,

/

/ ,/

.,.: .· 7 T

G 4TANO DE PU RA RAZA, dibujo de J. García Ramos

'

~~

�NúMERO

LA !LUSTRACIÓN ArzrJsrrCA

2

ADVERTENCIA

Tenemos el gusto de anunciar á nuestros
suscriptores que hemos adquirido el derecho
exclusivo de p ublicación en España de la preciosa novela de Héctor MaJot ANITA, con
magníficas ilustracioÍles de Emilio Bayard, traducida a l castelÍano por el rep utado escritor
D. Antonio Sán chez Pérez, que publicaremos

en breve en la sección correspandiente.

.................. ./ ........
SUMARIO

Texto. -

Afurmttraciones europeas, por Emilio C:1.stelar. - La

1/UÍ!;ica y sus representantes1por Antonio Rubinstein. - Vidas
fJara/e/as, por José de Rourc. -La guitarra, por José María
Sb:trhi. -Los Rqes Afagos.Jncokerencias, por Manuel Amor
l\Iei lán. -Afiscelrinea con~oticias de Bellas Artes, Teatros y
Necrologla. - Nuestros K'f'&lt;l/Jados. - Cargo de c(Jllcíe,uia, novela original de Juana l\fairet, con ilustraciones de A. l\forenu.
-SECCIÓN CIKNTIFTCA:

En elfondodt/.fO[(o dt Guinea. La

misión francesa del capitán Bingtr1 por L. G. Bingcr. - Química sin laboratorio. Expedmento de: j111oresce1tcia, por J. G.

- La prestüligitación déscubierta. Cochura de u11a torta en 1tn.
sombrero1 por Magus. -Las casas comistoriales de Filadelfia
y su ctlpula cubierta de aluminio.

Grab ados. - Cita110 de jnrra raza, dibujo de J. Carda Ramos. -Labor dijfd!, cuadro de H. W. Schmidt. -San JtHm
de Arena (Asturias), cua&lt;,lro de Cecilio Plá. - "A11to11io .Rubimtein. - Un discljmlo aprovechado, cuadro de Manuel Ramfrez. - Estación m Flladtl..fia del camino de ltierro de Pensylvania. - Castillo de Sotomll.yor ( Pontevedra J, propiedad

del señor marqués de la Vega de Armijo (de fotografía de J.
Prieto). -La,s dos hermanas, cuadro de Escipi6n Vanutelli.
-El bautizo, cuadro de José Gallegos. -Ba;,ardo en el mo11u11IO'de recibt'r su pn·mera espada, estatua en bronce de Pedro Rambaud. -La nodris:a y la i1lja11ta, copia del célebre
cu:ulro &lt;le Francisco Hals, existente en el musco de Berlín.
- U11 co,uierto, cuadro de Román Ribera. -Elgra11festival

mahometano de fa Bucl.-ra-Ede ó Baqr-i-id (.fiesta de la vaca)
en el Naini-Tal, en las provincias del Noroeste de la India,
dos grabados que representan otros tantos grupos de mahometanos. - Figs. 1 y 2. Misión del capitán Bingcr en b. costa del Marfil en el país de Kong. Una calle y una mezquita
en Kong, dos grabados. - Experimento de fluorescencia. Figs. 11 2 y 3- Cochura de una torta en un sombrero. -Cúpula de la Casa de la Ciutlad en Filadelfia y estatua de Gui·
llermo Penn. - Pro;1ecto de Ca.sa de Gobierno de la pnr,1i,1da
dt: Salta ( Rep,lhli.ca Argentilla), del arquitecto M. Font:i.na-

rossa.

............,............,,..... ,,...... ,............. ,., ....,...... ,............. ,.. ,...... ,., ............. .,..... .
MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EM í LIO CASTKLAR

La Nochebuena en Europa. - Celebración universal. - Los dos
solsticios de invierno y verano. - Sus consagraciones religiosas. - Institución de la Nochebuena . - Los pueblos meridionales en tal noche. - Recuerdos levantinos. - El Belén. - Conexiones entre los bueyes de nuestros belencitos y los bueyes
de las mitologías orientales. - Jesús recién nacido. - Consideraciones. - Conclusión.

E n todo el mundo cristiano celebran los fieles reunidos esta sacra noche. Yo recuerdo haberla pasado
en París y en Ginebra, donde, á su manera y guisa,
la celebraban todos con extraordinario regocijo, así
bajo el ala de nuestras iglesias católicas como bajo
el ala de las iglesias protestantes. Más severos en sus
costumbres y en sus ideas éstos no dejan por esa severidad, congruente con su doctrina y con su liturgia,
de tener fiestas y mover algazaras muy parecidas á
nuestras algazaras y á nuestras fiestas. El árbol de Navidad1 con sus ramas verdes y sus farolillos multicolores, en el cual se ostentan juguetes bellísimos destinados á los chicuelos impacientes, proviene del Norte y está circundado de poesía por los enjambres de
canciones aladas que han puesto en torno suyo la
poesía y la música germanas. Pues no hay necesidad
de irá Londres para enterarse del fervor y entusiasmo
con que celebran los ingleses las fiestas de Navidad:
basta pasarse por cualquier librería nuestra de las internacionales, y sobre sus mesas encontraréis á porrillo periódicos ilustrados y libros de aguinaldo, diciéndoos lo universal del culto prestado á esta noche santa por todos los pueblos cristianos sin ninguna excepcion. La virtud capital del Cristianismo ha estribado en esto, en divinizar desde la maternidad hasta
la muerte dentro de sus dogmas y de sus ritos aro·
mados por una eterna poesía.

•••
¡Bendita sea la Natividad sacra del Señor! ¡Cuán
graves y solemnes pensamientos inspira la noche dedicada por nuestra liturgia tradicional á conmemorar
el nacimiento de Cristo! La religión cristiana, como
las religiones de Grecia y Roma, santifica los dos
solsticios, el de verano y el de invierno. En el solsticio de verano, en el más largo de todos los días, b

Iglesia celebra la Natividad del Bautista; y en el s?lsticio de invierno, en el más corto de todos. los. d1as1
la Iglesia celebra la venida del Redentor, escogiendo
el mes de los esplendores para las esperanzas, el mes
de los hielos para la realización
es~~ esperan~as,
como si toda realidad 1' aun la mas rehg1osa, hubiera
de traer forzosamente consigo, al cumplirse1 dentro de
los límites y relaciones de este mundo, inevitables
amarguras y tristezas. La noche de San Juan puede
llamarse la noche del amor, de la serenata, de la guitarra, de la magia; la N o~hebue1~a puede ~l~marse
la noche del hogar, de la mocencia, de la mnez, de
la zambomba y el zorcico1 diferenciándose entre sí
estas dos noches como puede diferenciarse la ena·
morada canción del sencillo cuento. Camino de las
almas1¡cuán desconocido eres de los míseros mortale~!
Sabemós el origen de las lluvias y no sabemos el ongen de las ideas, aunque las lluvias pasan en el seno. de
los airés y las ideas en lo interior de !1ues~ro espír1~u.
Sabemos la órbita de un astro en lo mfimto matenal
y no sabemos la órbita de un pensamiento en lo i~finito moral. Cuando San Lucas narra con la sencillez propia de la narración evangélica, su?lime .sencillez, la fuga de José y María escapados a los ngores
del censo romano, la venida de la noche al establo
de Belén, el nacimiento de Cristo en las paps de los
pesebres, el ·cantico ·de los ángeles en las alturas de
los cielos, la reunión de los pastores cargados de rústicas ofrendas y traídos por los coros celestes y por
las estrellas errantes, no podía de ningún modo adivinar, sino por una intuición sobrenatural, cómo ~stas
páginas transformaban los espíritus para desas1rlos
del sensualismo antiguo, y movía las piedras para levantarlas en triángulos místicos por las hermosas ca•
tedrales, y elevaba las imaginaciones con alas nuevas
á las cumbres de lo ideal, y producía otros Estados
en la sociedad, modificando desde las instituciones
hasta las costumbres en renovación lenta y profundísima y universal, consecuencia indeclinable d~ ~na
compenetración mayor entre el h.urnano y el. d1v1110
espíritu. Pero dejemos estas reflexiones, que m c~ben
ya ni pueden caber en este nuestro tema. Examm~n
otros si la Nochebuena se instituyó por la IgleSia
helénica ó por la Iglesia romana; si designó San Agustín el 24 de Diciembre para la Natividad, San Epifanio el 6 de enero, y otros padres, en sentir de San
Clemente Alejandrino, fines de abril y mayo; si en su
homilía trigésimaprima el Crisóstomo dice que diez
años antes de pronunciada tal arenga desconocía tamaña festividad : dejemos á los que de sabios y eruditos suelen preciarse dilucidar tales cuestiones, y vamos á recordar cómo la Natividad santísima del Salvador, este acto supremo en la vida sublime de María, suele comprenderse y festejarse por los pueblos
criMianos, á que nosotros pertenecemos por virtud y
obra de nuestra raza y de nuestra sangre. La vida entre los pueblos marítimos, sobre todo por las orillas
mediterráneas, donde tiene tanta hermosura el suelo
y el aire tanta luz; la vida en tierra embalsamada
por el azahar, bajo un cielo embellecido por el arrebol, junto á unos mares plateados de espumas que
resaltan sobre aquella superficie de cristal azul; la
vida guarda indecible poesía en tan deslumbradores
sitios. Para gustarla precisa ir, no á la ciudad, al campo, á las aldeas; no al puerto mercantil, obscurecido
por los vapores de la hulla y cubierto por los productos del comercio, sino á la playa casi desierta, donde
so las aguas, tan transparentes como cristalinos rna·
nantiales, juegan y chispean, quebrando el resplandor
de la luz en sus escamas, los multicolores pececillos.
El día se dobla en la celeste superficie; el aire se carga de unas exhalaciones que facifüan la respiración y
enardecen la sangre; las casas y chozas de los pescadores se amontonan á la orilla corno aguardando al
oleaje á guisa de la Galatea del idilio; la barca yace inmóvil sobre las arenas esmaltadas de conchas, entre
las cuales brilla como gigantesco trozo de azabache
la brea luciente; aquí saltan los chiquillos, corriendo
á la desbandada con sus trajes de dril azul y sus gorros · de lana carmesí; allí mécese la red tendida de
higuera en higuera y el cenacho cubierto de algas y
aparejado para contener las marinas cosechas; allá
cantan los calafateadores que componen las naves
apercibidas á desafiar las tempestades; acullá claman
las pescadoras, semejantes con sus pies desnudos y
sus cabezas coronadas por la circular cesta á las estatuas conocidas entre los griegos con el nombre de
canéforas; acullá se dilatan los grandes copos recién
extraídos1 entre cuyas mallas, prendidas al término
de largas maromas, centellean1 mezcladas con el moho verde obscuro1 cristalizadas partículas, semejantes
á pedrería, y salta la pesca brillantísima coleteando,
mientras por los límites del horizonte pasan latinas
velas hinchadas de soplos favorables y seguidas por
las gaviotas ó por las golondrinas que vuelan en torno, acompaíiadas de los delfines que parecen volar

1e

575

entre las espumas batidas por sus lustrosos cuerpos,
rompiendo con la quilla y con la proa el agua para
dejar tras de sí fugaces pero luminosas estelas.

•
••
En estos grandiosos espectáculos1 nuevos á la continua, necesariamente las almas de los pueblos, como las almas de los individuos1 toman brillantísimos
esmaltes. Sus fiestas han de resultar por necesidad
poéticas y alegres. Yo recuerdo aún la poesía que todos los años me reservaba en el santo seno de la familia esta festividad incomparable de Nochebuena.
Por la tarde amontonábanse las castañas y las bellotas que se cocían á una en descomunales ollones, los
recentales y las gallinas y los pavos que se aderezaban para el día siguiente, la dulce peladilla 1:le Alcoy,
los turrones hechos con azucaradas almendras de Jijona ó de Alicante, los frescos cardos aporcados en
los hermosos bancales, tantas gollerías propias de las
Navidades. Los muchachos agujereaban los pucheros
que les caían en las rr.anos, y tapándoles la boca con
pieles de conejo secadas al fuego, en cuyo centro ponían unas cañitas, arreglaban las ruidosas zambombas.
Industrias no menos primitivas procurábannos todos
los demás instrumentos. El pandero con sus ruidosísirnas sonajas, las castañuelas con sus lazos de seda,
habían menester más aparato; pero los rabeles, apa. rejados con una guita untosa1 y los caramillos de cañas que podría envidiar el dios Pan, improvisábanse
allí en,el patio y en el corral de nuestra casa. Cuando venía la noche, noche de invierno, generalmente
fría y lluviosa, mientras el viento aullaba en los ramajes, ó caían,· ya el agua, si nublado, ya el hielo, si
sereno, bajo las anchurosas campanas de las chirne·
neas chisporroteaban los sarmientos, tan fáciles al
fuego, produciendo llamaradas, sobre cuyas rojas luces brillaban á guisa de meteoros entre las columnas
de humo centellas rm\ltiples, y en la roja ceniza deslumbraba nuestros ojos el noc/1ebue110, el inmenso
tronco de oliva ó encina, reservado de antiguo para
este momento y parecido á una inmensa gigante brasa. ¿Y el nacimiento de Cristo? Las estatuas y los cuadros que luego he visto en mi~ correrías por el mundo no han conseguido sumergir mi ánimo en el éxta$iS sugerido por aquellas toscas figuras de barro cubiertas por colorines chillones. Sobre una mesa de
pino echábamos un tapete de muselina ó de indiana
con varios ramajes y flecos. En torno dela mesa nosotros mismos amontonábamos el espliego1 la salvia,
el tomillo, recién cortados del monte, que formaban
como alfombra mullida, la cual á nuestras pisadas
despedía fortificadoras esencias. Una peña de cartón
polvoreada de vidrio, á cuyas facetillas denominábamos vidrio volador en jerga provincial, representaba
el Belén, tomando á los reflejos de las velas contenidas en candelerillos de plomo y en las araña~ de latón visos de un rocío luminoso. Por las quebradas,
entre hojas de lentisco, descendían reproducidos en
barro los borregos de blancos vellones y las ovejas
regidas por un pastor, quien llevaba para el niño Dios,
colgado al cuello, un recental. Aquí un viejo con pellica y zurrón aderezaba las migas puestas en perol
anchísimo á la lumbre; allí una fuerte labriega, con
su azul zagalejo y su negro corpiño, sobre cuyos pliegues blanqueaba un paíiuelo de hilo, dirigía los potros al abrevadero; más lejos retozona muchacha parecía cacarear, según lo hinchado de sus mofletes,
como las gallinas que comían trigo y arroz á sus pies;
acullá un campesino empinaba la bota de rodillas,
mientras otro cofrade suyo, asentado sobre un saco
de avena, encentaba el pan ó el queso; en las alturas
veíase brillantísima constelación de talco, que guiaba
á los reyes magos, caballeros en sus hacaneas y envueltos en sus mantos de púrpura y armiño, con sus
coronas áureas á las sienes y sus vasos de mirra en el
puño, mientras abajo, sostenido por un ángel de túnica celeste y blanca, el Gloria in excelsis Deo en letras de oropel, y bajo tanta enseña el pesebre ccn la
mula en un lado y el buey en otro por el término
primero; por el segundo la Virgen y San José, ambos
poseídos de una contemplación extática, y sobre las
pajillas el recién nacido, á quien besábamos como á
un pequeñuelo de veras y adorábamos como al Dios
de la verdad. Entonces, aunque supiérµmos el musa,
muste, no sabíamos gran cosa de trad iciones mitológicas, y por consiguiente no llegábamos á comprender
toda la importancia conseguida por los bueyes en la
religión de los pueblos. No hubiéramos vuelto con
poco desprecio el rostro, bostezando y soíiolientos, á
quien viniera diciéndonos cómo el buey con la vaca
representan la fecundidad de la vida en los himnos
vedas; cómo la luna creciente que se alza por los cielos enrojecidos inspira la idea de que el toro, compañero de su dios Mitra, debe ser el primer animal
criado sobre la tierra; cómo la vaca rubia simboliza

N(rMERO

575

de suyo la
riente aurora.
y augura e l
buen tiempo.,
al par que la
vaca negra
simboliza la
noche.y augura la tempestad entre los
supersticiosos
eslavos; cómo1 según los
antiguos alemanes , los
cuat r o bueyes, hijos de
Gefión, surcan y remueven la tierra
patria con sus
arados, y se. gún los ant iguos fra nceses1 un torode
piel atigrada
engendra la
raza de los merovingios al
borde mismo
de los mares;
cómo J úpiter
viene, según
los metamorfoseas h elenos, sobre las
ondas jonias
á las poéticas
orillas donde
naciera Europa; en nuestras creencias
de aquel entonces era el buey, cuya piel, cuyos huesos, cuya carne1 cuyos trabajos aprovechan á todos,
e l más útil entre los animales, á causa de haber calentado con su al ien to al Nillo Dios, aterido en la terri ble noche de diciembre, y la mula estéril por haberse tragado la paja del sacratísimo pesebre. ¡Con
qué gravedad predicaban los muchachos mayores sobre tal tema delante del Belén iluminado, mientras
los pequeñuelos oían á una con verdadera pasión, ta n
prontos para dar un bollo al pacífico buey como

L A I LUSTRACIÓN ARTisTICA

LABOR DIFÍC IL, cuadro de H.

W. Schmidt

para romper un hueso á la mula espantadiza y estéril!
¡Qué noche! Los oídos más acostumbrados al estruendo no podían sufrir las castañuelas repiqueteadas, el gárrulo pandero, la ri mbombante zambomba,
los caramillos con sus flauteos, los rabeles con sus
chirridos, las sonajas llenas de perdigones, el campaneo de los almireces, el rasguear de Jas guitarras y
los innumerables cantares á cuyas cadencias danzaban todos en tropel delante del Niño Dios con la
más desenfrenada alegría y promoviendo las más re-

SAN JUAN DE AR!N A (Asturias)i cuadro de Cecilio P lá

3
gocijadas algazaras. Sin
embargo, el
movimiento
continuo de
aquella tarde,
las idas y venidas desde
las cocinas al
nacimiento,
los arreglos
del Belén, el
cántico ye!
baile acababan por del
todo rendirnos y prestarnos un sueño
más pronto y
más profundo
que nuestro
sueño corriente, quedándonos medio
dormidos sobre las sillas
y los bancos,
hasta que las
campanas de
las parroquias
nos despertaban llamándonos á misa
del gallo, cantada en la media noche,
donde á todos los estruendos se
reunían las
trompetas del
órgano. ¿No
os ha pasado muchas veces, viendo moverse un corro de niños en Nochebuena alrededor de un nacimiento, apoteosis de la niñez, deteneros á pensar en
las amarguras y en las tristezas que le reserva la vida?
Aquel mis!Ilo infante divino, que nace entre los coros de los ángeles, bendecido por los pastores, adorado por los reyes, sudará sangre copiosa en el Olivete, recibirá hiel y vinagre en ~os labios, oirá injurias
en su agonía y morirá como el último de los criminales en el más ignominioso de los patíbulos.

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LA MÚSICA Y SUS REPRESENTANTES
El trabajo crítico que, en extracto, presentamos á
nuestros lectores es de indudable importancia. Para
formar cabal juicio acerca de él, no se olvide que
quien lo ha escrito es músico y ejecutante á su vez y
que, por lo mismo, su criterio puede adolecer de lastimosos prejuicios. Téngase también presente al leer
lo que de Wagner dice, que perteneció éste á la raza
germánica y que él desciende de eslavos. La antipatía entre las dos razas es demasiado profunda para
que, siquiera á guisa de duda, no nos sea permitido
pensar que en algo puede haber influido el antagonismo étnico en el juicio emitido sobre el maestro
alemán.
Aparte de esto, el nombre de Rubinstein, conocido de todos, y sus dotes, avaloradas por muchos, son
garantía de acierto y del interés con que ha de leerse
su Historia crítica de la 111tísica. Léanla en extracto
nuestros lectores y vuelvan á leerla íntegra aquellos
á quienes los asuntos musicales apasionan, que obra
es de un maestro y fruto al mismo tiempo de profundos estudios. - C. " R.

Empieza el autor su notable trabajo, escrito en forma de diálogo, haciendo constar que la ópera, para
él, es, dentro de la música, un género secundario. H e
aquí cómo explica su opinión:
«1.º La voz humana limita la melodía, cosa que
no sucede con los instrumentos y que resulta una traba para la libre expansión del alma, ya se trate de
expresar alegría ó dolor. 2.0 Las palabras, por muy
hermosas que sean, no cabe que expresen todos los
sentimientos que llenan el alma, eso que con gran
exactitud se llama i·nexpresable. 3. 0 Así en la alegría
más viva como en el dolor más profundo, el hombre
siente surgir en su interior una melodía á la cual no
podría ni querría adaptar palabras. 4.0 Jamás, en ninguna ópera, se ha oído ni se oirá la expresión trágica
que encontramos, por ejemplo, en la segunda parte
del trío en re mayor de Beethoven ó en las sonatas,
op. 106, parte segunda, y op. no, tercera parte, etc.»
Opina que si la ópera es el género á que se dedican con predilección los grandes compositores, se debe á que casi todos ellos esperan de aquella manera
ser antes y mejor comprendidos por el público, y
añade:
«Para saborear por completo una sinfonía es preciso poseer una verdadera iniciación musical, y sólo

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

una parte ínfima del público tiene esa comprensión. La música instrumental es el alma de la
Música; pero precisa saber penetrar, presentir y
escudriñar esta alma,
trabajo psicológico de
que el público, por regla
general, no es capaz. Las
bellezas de las obras clásicas le han sido reveladas desde la infancia por
la admiración de sus padres y por las explicaciones de sus profesores,
y por esto, sin duda, d~
muestra por ellas un entusiasmo convencional;
pero imagino que si hoy
debía descubrir por su
cuenta las bellezas que
atesoran, las obras de los
clásicos correrían el riesgo de quedar olvidadas.»
Después de hacer notar que hasta la segunda
mitad del siglo actual la
música ha florecido solamente en Italia, Alemania y Francia, y que puede dividirse la historia de
la Música en tres grandes épocas, describe de
esta manera esa división:
&lt;Tengo para mí que
el arte musical empieza
con Palestrina, yde él hago arrancar la primera
época de nuestro arte,
aquella que á un tiempo
llamaré época del órgano
y época vocal; los más
eximios representantes
de ella han sido Bach y
Hrendel, que dignamente la coronan. A la segunda
época la llamaré instrumental, es decir, la época del
desarrollo del piano y de la orquesta; época que empieza con Felipe-Manuel Bach y termina en Beethoven, que es la más alta encarnación de ella, comprendiendo en ese ciclo á Haydn y Mozart. Llámase á la
tercera lírico-romántica; empieza con Schubert y tiene
por representantes á Weber, Mendelssohn, Schumann y Chopin, que la cierra.&gt;
Viene por último el juicio que le merecen las distintas personalidades que en esas diversas épocas sobresalieron en el campo de la Música. Esta es, indudablemente, la parte más importante y curiosa de la
obra; pues los juicios emitidos por el ilustre músico
distan mucho de estar conformes con los que generalmente han merecido los grandes maestros. En primer lugar, bastará la enumeración de los bustos que
Rubinstein tiene en su despacho, como en sitio de
honor, para que se comprenda la disparidad de juicio
que señalamos. Esos retratos son los de Bach, Beethoven, Schubert, Chopin y Glinka, de quienes dice
que son los maestros por los que siente admiración
mayor. A Hrendel, Haydn y Mozart los considera inferiores á éstos: ¿es que el virtuose se sobrepone al compositor? En segundo lugar, algunos párrafos entresacados de los juicios que emite sobre los compositores acabarán de patentizar que el eminente pianista
no sigue las trochas conocidas, sino que, á hachazo
limpio, se abre nuevo sendero.
Para él la música empieza con Palestrina y los dos
ó tres maestros italianos Catolli, Scarlatti, Couperin
y Rameau, que son los iniciadores de la música religiosa que precede inmediatamente á la instrumental,
de que Juan Sebastián Bach y Jorge Federico H ífndel son los representantes que con más relieve se destacan. Con ellos «la música llega á tal perfección, alcanza sublimidad y brillantez tan grandes, que parece
que la humanidad escuche por segunda vez el fíat

lux.»
De Bach dice Rubinstein lo siguiente:
«Conocéis, sin duda, aquella anécdota de la vida de
Benvenuto Cellini, según la cual el artista estaba falto
de metal para un trabajo que le había encargado el
rey de Francia. Para evitar dificultades tomó el partido de fundir todos sus modelos; pero de repente, al
coger una copa de labor admirable, se detuvo y no
pudo resolverse á echarla al fuego. El clavicordio bien
templado es esa joya de la música; si, por desgracia,
todos los motetes, las cantatas, las misas de Bach y
hasta la música de La Pasión se perdían, y únicamente quedaba El clavic1Jrdi1J bien templado, no ha-

NúMERO

575

bría motivo para desesperarse, pues la música no se
habría perdido.
»Sus preludios son de un esplendor, de una per·
fección y de una diversidad tan grandes, que parece
incomprensible que el mismo hombre que ha escrito
para ~l órgano obras tan majestuosas, haya podido
componer gavotas, zarabandas y otros trozos para
piano tan encantadores por su sencillez. Dejo de hablar de sus obras instrumentales; pero si añado á esta lista sus gigantescas obras vocales, me parece que
llegará un tiempo en que se dirá de él lo que de Homero: «Un hombre solo no es posible que ha~•a escrito todo esto.»
De Hrendel dice así:
«Quedan para este maestro la majestad, la brillantez, los efectos de masas y el prestigio sobre la multitud por la sencillez del dibujo, por la diatónica (contraste admirable con el cromatismo de Bach), por la
nobleza en el realismo, por el genio, en una palabra.
Creo definir bien á los dos maestros por medio de
este aforismo: «Bach, la catedral; Hrendel, el palacio.» En la catedral se oye el murmullo respetuoso y
recogido de los fieles, bajo la impresión de la grandeza del edificio y de la elevación del pensamiento
que encarna; en cambio, las gentes que visitan un palacio expresan ruidosamente su viva admiración y el
sentimiento de sumisión que despiertan en ellas la
majestad, el lujo y el brillo de lo que les rodea.»
De Haydn dice que es un músico «cordial, alegre,
ingenuo, sin pretensiones; que es un amable anciano
que trae siempre repletos los bolsillos de golosinas
musicales para los niños, es decir, para el público;
pero que está presto siempre á administrar una mercurial á la gente demasiado turbulenta; que es un
profesor afable, pero severo, que viste un frac monumental adornado con puntiJlas y que lleva puños de
encaje y zapatos con hebillas. Habla, no el alemán
castizo y literario, sino la jerga vienesa. Todo eso lo
oigo yo cantar en las notas de su música.
»La música instrumental le debe mucho; ha desarrollado la orquesta sinfónica y la ha elevado casi
á la altura de Beethoven; el cuarteto para instrumentos de cuerda le debe toda su amplitud y nobleza.»
Mozart no es, para el pianista eslavo, el genio universal y sin segundo que para otros; pero no por ello
deja de prodigarle grandes elogios.
«En Mozart - dice - como en Haydn oigo siempre
la jerga vienesa, pero no vacilo en proclamarle el sol
(Elios) de la música. Todos los géneros los ha iluminado con sus rayos, y ha puesto sobre cuanto ha tocado el sello de la divinidad. No se sabe qué admirar
más, si su melodía ó su forma, si su limpidez de cri-stal ó su riqueza de invención. Al lado de su sinfonía
en sol menor (esta maravilla única en el lirismo), ha
puesto la última parte de la sinfonía Júpiter (esta otra
maravilla de la técnica sinfónica); al lado de las oberturas de La .flauta mágica y de Las bodas de Ftgaro
(esas maravillas de alegría y frescura), ha hecho el
Réquiem (esa maravilla de armonioso dolor), y después de la Fantasía para piano ha creado el quinteto
en sol menor. Aun cuando Gluck haya creado antes
que él grandes cosas para el teatro y quizá haya trazado nuevas vías, parece, al comparársele con Mozart, un compositor de piedra. Cuando recuerdo á
este maestro no puedo menos de exclamar: ¡claridad
eterna, en música te llamas Mozart!»
Hablando de Beethoven formula así su juicio:
«Su grandeza en el adagio es admirable; pasa en él
del lirismo más exagerado á la metafísica pura y aun
al misticismo; pero en el sclzerzo es donde verdaderamente se sobrepuja á sí mismo: allí hay la sonrisa, la
risa, la carcajada; á veces la amargura, la ironía, la
cólera, todo un mundo de expresiones psíquicas que
parece que no pertenezcan á un mortal, sino á un titán invisible que tan pronto admira á la humanidad
como la escarnece, que tan pronto se indigna contra
ella como se apiada de su suerte. En sus sclzerzos
Beethoven es inconmensurable.»
Después dice del sordo sublime Schuber:
«Considero á Beethoven como la cumbre de la segunda época del arte musical, y á Schubert como el
generador de la tercera. Es, en verdad, una persona·
lidad notable la de este maestro. A los demás, aun á
los más grandes, se les conoce predecesores; él solo
surge espontáneamente, así en la musica vocal como
en la instrumental; si ha tenido predecesores nadie
los conoce. Es indudablemente quien ha creado el
romanticismo lírico en la música.»
Después de hablar rápidamente de los grandes
compositores de óperas, á los que por el escaso crédito que le merece el género, no trata por cierto con
mucha consideración, ya tenga que juzgar á Rossini,
Y.ª á Meyerbeer, bien á Weber ó á Bellini, pasa á
examinar las obras y aquilatar el mérito de la música
de Ricardo Wagner.
El juicio de Rubinstein sobre el gran maestro ale-

UN DISCÍPULO APROVECHADO, cuadro de Manuel Ramírez

�6

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mán es uno de los más completos y originales que remediar las exigencias escénicas de un teatro, pues
hemos leído, y es, sin duda alguna, lo que da carác- las decoraciones sólo pueden cambiarse cambiándose.
ter especialísimo á la obra que extractamos por estar Que bajen al foso ó suban á las bambalinas, que se
en contradicción con lo que generalmente se ha di- tire el telón ó surjan vapores, la ilusión resulta de
cho del gran reformador de la música.
todos modos truncada. Pero los antiguos procedi«En 1846 me encontraba un día en Berlín en casa mientos son preferibles á la sinfonía silbante de vapode Mendelssohn, donde encontré á Taubert, quien res que se esparcen por dondequiera.
al advertir sobre el piano la partitura de Tannhauser'.
La obscuridad de la sala de espectáculo, en tanto
preguntó á Mendelssohn su opinión sobre el compo- que se representa, es mejor que una necesidad estésitor. Aquél contestó: «El hombre que escribe á un tica una fantasía del autor; la cantidad de luz que
tiempo las palabras y la. música de sus óperas, por ganan la escena y los personajes es demasiado míniesto solo se le puede considerar como un ser extraor- ma para contrarrestar las molestias de los espectadodinario.» Sí, Ricardo Wagner es un hombre extraordi- res, y únicamente se comprende que esta innovanario¡ pero esto no cambia en lo más mínimo mi jui- ción agrade á los empresarios porque disminuye los
cio sobre los compositores modernos. Wagner es, se- gastos.
guramente, un artista interesante y notable; pero desLa orquesta invisible, que puede producir cierto
de el punto especial de la música•no encuentro en efecto en la primera escena de El oro del Rhin, es
él, por más que le examino, ni grandeza, ni elevación una pretensión ultra-ideal y superflua en toda ópera,
ni profundidad.
' sin exceptuar la de Wagner. La sonoridad de la or- Quizá le negaréis también el mérito de ser un questa, amenguada por esta innovación, basta para
innovador.
descartarla. La música invisible no se comprende si- Wagner es tan vario que es difícil formular so- no en las iglesias, donde nada debe turbar la devobre él un juicio general. Además sus ideas funda- ción y recogimiento de los fieles. Hay, en verdad,
mentales acerca del arte me son por tal manera an- cierto número de obras de Beethoven y de Chopin
tipáticas, que mis apreciaciones no podrían por me- que ganarían mucho ejecutándose por medio de una
nos de molestaros.
orquesta invisible; pero la obertura de Tannhauser
- Puesto que he tenido la paciencia de escucharos perdería mucho si no se viera mover los brazos de los
hasta aquí, bien puedo oir igualmente lo que que- músicos en el trozo de los violines, al final de la pieráis decirme de \Vagner.
za. El hecho de ver en una ópera cómo el director
- Et maestro alemán cree que la música vocal es de orquesta esgrime su batuta ó cómo los músicos
la más alta expresión del arte musical¡ tengo para mí mueven los brazos, no es tan desagradable que valga
que, exceptuando la canción y la plegaria la música la pena de sacrificarle los efectos musicales.
empieza únicamente allí donde la pal;bra acaba.
- Hasta aquí habéis discutido los procedimientos
Wagner proclama un solo arte universal ó la unión y los principios de Wagner; nada habéis hablado de su
de todas las artes en una sola, por lo que hace al tea- música propiamente dicha.
tro¡ y me parece á mí que por medio de esta unión
- La declaración del dogma de la infalibilidad del
no puede satisfacer plenamente ninguna. \\'agner es Papa ha hecho quizá daño á la religión católica. Si
partidario de la leyenda, es decir, de lo sohrenatural Wagner se hubiese limitado á componer, ejecutar ó
en los asuntos de ópera; y entiendo yo que lo so- publicar sus obras, sin comentarlas en opúsculos librenatural no es más que una expresión fría del terarios, las habría visto alabadas ó deprimidas, quearle. Lo sobrenatural puede ofrecer un espectámlo in- ridas ó detestadas, como sucede á todos los compoteresante, quizá poético¡ pero jamás nos dará un dra- sitores; pero cuando un hombre tiene la pretensión
ma, ya que no es posible que nos identifiquemos con de ser el único poseedor de la verdad, eso necesariaseres sobrenaturales. Cuando un tirano da á un pa· mente ha de atraerle protestas y resistencias. Verdad
dre la orden de derribar por medio de una flecha es que ha escrito muchas cosas notables; admiro, souna manza~a pue~ta sobre la cabeza de su hijo; cuan- bre todo, Lohengrín, Los maestros cantores y la oberdo una mu1er se mterpone entre el hierro homicida tura del Faust; pero su manía de establecer princiy el_pecho de su esposo; cuando un hijo, para salvar pios y de filosofar disminuye para mí en gran parte
la vida de su madre, se ve obligado á renegar de ella el mérito de sus creaciones. La falta de sencillez y de
y hacerla pasar plaza de loca, nos sentimos conmovi- naturalidad que se nota en sus obras me las hace
dos
. hasta. lo más
. profundo de nuestro corazón' tanto poco simpáticas. Todos sus personajes calzan coturs1 estas s1tuac1ones se nos explican por medio del no; declaman siempre, no hablan jamás. Son siempre
canto, de la palabra ó de la música. Pero cuando un dioses ó semidioses cuando menos; nunca simples
héroe se convierte en invencible, merced á un talis- mortales. Mucho sentimentalismo, nada de la batalla
mán; cuando un amor sin límites nace de un filtro ó de la vida. Es el triunfo del alejandrino, hinchado y
cuando aparece un caballero montado sobre un cis~e culterano. En su melodía hay lirismo, sin duda, pero
que al cabo se transforma en un príncipe, esas situa- nada más. Amplia siempre y noble, no sabe cambiar
ciones pueden ser muy bellas y poéticas, pueden ha- su paso: el encanto que dimana del ritmo y la diverlagar nuestros ojos y oídos, pero nunca alcanzarán á sidad nunca la animan, así como tampoco la 'varieconmover nuestra alma.
dad de la característica musical. Wagner no hubiera
~l leitmott:v es~ogido para caracterizar un perso- podido crear Zer/ina ó Leonora. De su E vclien (penaJe ó 1;111ª s1tuac1ón,, es un procedÍI~iento ingenuo, queña Eva) de los Maestros cantores, sólo el diminuqu~ meJor se presta a la burla que a una discusión tivo es tierno, la música carece de ternura. La melosena. El rappel (procedimiento musical asaz anti- día, el pensamiento musical, no dibujan nunca en sus
cuado) es á veces más afortunado, pero no cabe abu- obras un personaje; ese cuidado lo deja á las palasar de él, ya que la repetición de un mismo motivo bras. El leitmotiv caracteriza únicamente lo exterior
al aparecer un mismo personaje ó simplemente cuan- de un personaje, pero nunca describe su estado de
do se ha~la _de él, resulta una característica que tras· ánimo. Y he aquí por qué, salvo algunas excepciones,
pasa los hm1tes y cae de lleno en la caricatura.
sus obras tocadas en el piano y sin palabras no po, L~ ~xc_l~sión de arias y de conjuntos en la ópera es, drían comprenderse, en tanto que Don Juan, Fidelio,
a m1 JUICIO, un error psicológico. El «aria)) en la y Freischutz, tocadas en iguales condiciones, dan una
ópera corresponde al monólogo en el drama; explica idea casi completa de los caracteres y casi de la marel estad? ~e alma del héroe antes ó después de un cha de la obra. Su orquesta es una innovación; impoacontec1m1ento, así como el «conjunto» representa ne, pero á veces resulta monótona por los medios
el est~do de alma de muchos personajes. ¿Cómo, pues, empleados. La medida y la diversidad de matices
exclmrlos? Personajes que de continuo hablan entre faltan en él - como en los demás compositores moellos y jamás aparte, al fin y al cabo resultan indife- dernos, - porque escribe, desde el principio hasta el
:ente_s, porque no se sabe nunca lo que pasa en su fin, con todos los colores reunidos de la paleta musimtenor. Un dúo de amor en el cual no suene nunca cal. Resumiendo: Wagner es un fenómeno interesanun canto de conjunto, jamás puede ser del todo ver· te; pero considerado en su aspecto puramente musi&lt;ladero; faltará siempre el grito simultáneo: «¡Yo te cal y comparándolo á los grandes maestros antiguos,
amo!,» el dúo de los ojos y de los corazones.
resulta para mí muy discutible.
La orqz~est~ domin~ demasiado en las óperas de
- La voz del pueblo, sin embargo, le ha aclamado
1
'' agner; d1smmuye el mterés de la parte vocal, y aun como un genio.
cuando á él le atañe el cuidado de expresar lo que
- Es que el público ha oído decir tantas veces que
pasa. en el aln?a de los personajes, es precisamente era incapaz de conocer un genio en vida, que ahora
esta 11nportanc1a de la orquesta lo que le daña, por- se apresura á proclamar genial á todo el mundo, á fin
que ,entonces el canto resulta superfluo en la escena. de que no se le pueda hacer en lo sucesivo el mismo
¡Cuantas veces se rogaría de buena gana á la orques- reproche.
.
ta que callara para que pudiera oirse lo que cantan
- Siendo así, ¿no debéis considerar que Wagner halos actores! ¿Hay acaso una orquesta más interesante ya dado nueva vida á la ópera?
que la ~e Fidelio7 '(, sin embargo, nadie siente de·
- Cada arte tiene condiciones de existencia partiseos de imponerle silencio.
culares, exigencias y límites especiales; lo mismo suEl procedimiento por medio del cual se disimulan cede en cada rama de un mismo arte. Querer hacer
!os cambios de decoracz?nes, gracias i los vapores que de una ópera otra cosa distinta de una ópera, puede
mvaden la escena, es msoportable. Resulta imposible ser una tentativa curiosa, pero destruye necesaria-

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Nú~IERO

LA

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7

lLUSTlUCIÚN ARTÍSTICA

mente el fin principal que persigue. Esta tentativa
corresponde, en mi sentir, á la manía que tienen los
pianistas «fin de sigJog de querer introducir á toda
costa en el piano efectos de instrumentos de cuerda
ó cobre con achaque de prolongar el sonido. Un adagio de Beethoven ó un nocturno de Chopin están escritos para piano, conforme al carácter y sonido del
instrumento; querer transportar á esas obras otras
sonoridades, es como si se policromaran estatuas de
mármol blanco. Así, Wagner ha creado un nuevo género: el «drama musical;~ pero ¿era esto una i1ecesidad artística, y ha nacido viable su drama? Sólo el
tiempo puede resolver la duda.»
ANTONIO RUBINSTEIN

_,,.,

......,......,......, ....,.,................,.............,......,.............,................,......,...., ........,......,~
VIDAS PARALELAS

I
¡Ya no hay quien baile!, decía el Dr. Antúnez en
su pe,ia del casino; el baile como espectáculo, el
baile como arte ha muerto. La última bailarina que
hubo en Madrid fué la Corsini. ¡Qué mujer aquélla,
cuánta gracia en sus movimientos, qué cuerpo tan
primorosamente formado para las gallardías de la
danza! Esbelto, finísimo de líneas, vibrátil y escultural á un mismo tiempo, con ligereza de ave y plasticidad de estatua... ¡un portento, un prodigio, qué
mujer aquélla!
Y el Dr. Antúnez, célebre especialista en enfermedades del corazón, víscera cuyas dolencias conocía
perfectamente desde su borrascosa juventud, quedóse como en éxtasis contemplando entre las espirales
de humo de su cigarro el aéreo cuerpo de la Corsini
que ascendía por el aire con la tenue y azulada encarnación del recuerdo.
- ¡El baile ha muerto efectivamente!, exclamó con
voz sonora el conoc;ido sportman Julio Broca, porque
su último representante, el último artista coreográfico
que ha habido en Madrid, fué ...
- ¡Un caballo!, interrumpió ácoro toda la pe,ia
conocedora de las manías hípicas de Broca.
- Un caballo, ustedes lo han dicho, prosiguió éste
sin desconcertarse; el caballo anglo-árabe Dantzer,
cuyas maravillosas habilidades aplaudí hace ya largos
años en el circo. Sus finísimos remos se estremecían
con la sensación de la música, y apenas la orquesta
del circo saludaba preludiando un vals su aparición
en la pista, aquel gallardo animalito, erguida la cabeza, brillantes los ojos, suelta y airosa la apostura, se
transfiguraba, se convertía en la encarnación alegre y
juvenil de la danza. ¡Qué gracia en sus movimientos,
qué gentileza en sus actitudes, qué admirable instinto
de las armonías y de las elegancias del baile!
- ¿Y qué ha sido de la Corsini?, interrogó al doctor uno de los de la pe,ia.
- ¡Dios lo sabe!, respondió Antúnez. Se casaría,
llenándose de hijos, esos eternos enemigos de las líneas escultóricas y de los airosos batimanes.
- ¿Y del célebre Dantzer7, le preguntaron burlonamente á Broca.
· - También he perdido su pista, respondió concisamente éste.
Y alguno arguyó que la historia de Dantzer podía Broca compendiada en los dos malos versos siguientes:

,

~

-

-~

;.....;-------~ . ~:~~~~~~~ -

=.¡==~-

~~~~

,

ESTACIÓN EN FILADELFIA DEL CA~IINO DE HIERRO DE l'EJ\'SYLVANIA

con vestidos muy sutiles y alegres, no aquellos negros
y modestos que en realidad llevaba; mas como ya le
había sucedido diversas veces imaginársele conocer
personas á las cuales jamás había visto, juzgó que era
una nueva jugarreta de su fantasía, y entornando los
ojos dijo:
- ¿Sería usted tan amable que me refiriese los principales síntomas de su enfermedad, lo que usted haya
observado, sus padecimientos en suma?

-¡Soy yo'.
·
Y cerrando por completo los ojos, se dispuso á es- ¡La Corsini!, exclamó emocionado Antúnez.
cuchar la respuesta.
Y respondió la infeliz:
.
Pero pasó un instante, y la espera se prolongó y la
- ¡Cuánto he llorado desde entonces, Antomo!
respuesta no llegaba; abrió por fin los párpados y noEl doctor acercóse á la enferma y preguntóle caritó que su muda cliente contemplaba con ~r~ de
asombro un retrato de mujer colocado en la bibliote- ñosamente:
- ¿Conque eres tú, hija mía? ¡Y yo sin conocerte!
ca sobre un montón de libros.
Asió las dos manos que la enferma le abandonaba,
- ¿Señora?, murmuró el doctor.
Y ella, señalando el retrato, dijo con trémula rnz: y ésta exclamó:

Te vi bailar en la arenosa pista

y te perdí con ella, ilustre arlista.

- ¡Búrlense ustedes cuanto quieran, exclamó Broca; pero ninguno de ustedes siente el vals como lo
sentía aquel animalito, y por algo se empieza!

II
Pocos días después de esta conversación, el doctor
Antúnez, fatigado de las diarias tareas de la consulta,
disponíase ya á abandonar su despacho, cuando le
anunciaron la visita de una nueva cliente.
Avanzó con cierta timidez la enferma hacia la mesa
dél famoso médico, y el doctor, señalándole un sillón,
dejóse caer en el suyo, articulando en seguida las siguientes preguntas:
- Palpitaciones, ahogos, ¿no es eso? ¿Su edad de
usted, señora?
La enferma, después de un instante de vacilación,
respondió con marcado acento extranjero:
- Cuarenta y dos años, señor; ¡pero he sufrido
tanto! ..
Y efectivamente, en su rostro expresirn, de mujer
bonita ajada por las tormentas de la vida, notábanse
hondas huellas de continuos dolores y sobresaltos.
Contemplóla el doctor un instante y le pareció que
la figura de la enferma renacía en su memoria, pero

~

CASTILLO DE SOTOMAYOR

(Ponlevedra), propiedad del señor marqués de la Vega &lt;le Armijo (de fotografla de

J.

Prieto)

�LAS DOS HERMANAS, cuadro de Escipión Vanutelli

EL BAUTIZO cuadro de Jose Gallegos

�IO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

575

Tan extraordinario suceso no puede menos de
- Yo tampoco te había reconocido. ¡Eramos tan cesó la música y se paró sudoroso y jadeante el cafelices ... , soy tan desgraciada!, y copiosas lágrimas ballo. Montó en el coche la Corsini, y el simón, des- traernos á la memoria aquel cantar que dice:
cargando una lluvia de palos sobre su bailarín jamelresbalaron por sus mejillas.
Un lucero en la frente
go, hizo tomar á éste un vergonzante trote.
- Cuéntame ... , cuéntame ...
tiene mi burra:
- ¡Es Dantzer, es Dantzerl, dijo al oído del asomLa Corsini contuvo al fin su llanto y dijo:
¡ hasta los animales
tienen fortuna!
..:.. Me abandonaste en medio de mis triunfos: tus brado doctor la voz de Broca; y Antúnez, refiriéndose
celos, las sonrisas que me era preciso distribuir entre á la Corsini, respondió:
Porque la verdad es, que eso de realzar el canto
- ¡Es ella! ¡Es ella!
mis adoradores, en fin, tú lo sabes, ¡fué un hermoso
Y mientras ambos amigos decían esto, se perdía á de la cigarra, se me antoja un escarnio parecido al
suefi.o! Recorrí después las principales ciudades en
Europa, siendo en todas ellas codicia de los hombres lo largo de la calle aquel archivo de pasados triunfos, del canto del cisne á la hora de su muerte; á no ser
y envidia de las mujeres; mi camerino estaba siem- aquel desvencijado si111ó11, en el cual el último y afa- que las cigarras y los cisnes de antaño fueran de dispre atestado de flores, mi presencia en escena produ- mado bailarín arrastraba lastimosamente á la última tinta naturaleza que los de hogaño, de lo cual no nos
han dado hasta ahora cuenta los naturalistas, que yo
cía murmullos de admiración, y los periódicos me y célebre bailarina.
sepa, tratándose de esos y otros avechuchos. Lo que
llamaban el hada del baile, el encanto de los sentidos,
yo creo es, y á eso me atengo, que encierra una gran
III
la cifra de la armonía, el asombro de los ojos. Desverdad el epifonema de la copla enunciada, á saber:
pués fuí á Venecia y me casé. Mi marido también
- ¿Está usted triste, doctor?, preguntaron cierta que, habiendo sido uno el mundo toda la vida de
pertenecía al arte, no al mío, sino al del canto; era
Dios, en que la suerte prevaleciera las más de las vebarftono, buen mozo, voz pastosa, un calavera com- tarde á Antúnez en su pe,7a del casino.
- Sí, no puedo negarlo, y aun contaré el porqué. ces sobre los verdaderos merecimientos, muchos anipleto. Tuvimos varios hijos, yo seguía bailando, él
por .su parte no buscaba contratas; mi cuerpo empe- Hace dos meses estuvo en mi casa á consultarme males, siquiera bípedos é implumes, siquiera pertezó á deformarse y mis ojos á obscurecerse de tanto una mujer que yo había querido mucho y admirado necientes á la Entomología, ó ya á la Ornitología,
llorar. .. Fuimos á América, perdí dos hijos ... El pú- más, la Corsini. Padecía del corazón, y hallábase sin han venido á hacer bueno el refrán que dice:
blico no gustaba de mí..., los empresarios regateaban duda muy mal de intereses. Prometió volver por mi
:Fortuna te dé Dios, hijo;
mis sueldos... , mi marido me abandonó. Vine á Espa- casa y no me dejó las señas de la suya; no volvió ..., la
que el saber, poco te basta.....
ña contratada y en compañía de mi último hijo; he busqué inútilmente. Ayer me dijo el Dr. Suárez que
Pero volvamos á nuestro asunto, haciendo notar
bailado, muerta ya, en todos los teatros de provincia, hoy tenían una buena autopsia en su clínica: una
falleció también mi más querido hijo; caí en Madrid mujer que había fallecido en el hospital víctima de desde luego que tal vez no hay:i. existido instrumento
no sé cómo... , mis padecimientos del corazón se me una extraña afección cardíaca. Prometí asistir á la músico alguno que ostente más diferencia de nomagravaron y me dijeron que había en Madrid un doc- autopsia, he ido, y sobre el fino mármol de la mesa bres y de hechuras que el que ahora ocupa nuestra
tor que los curaba, el Dr. Antúnez, no recordé tu de disección he visto, desnudo, pálido, agarrotado atención.
En efecto, sáltanos éste á la vista con las denomiapellido, tú acostumbras á llamarte sencillamente An- por la muerte aquel cuerpo lleno de gracia, de belletonio, y en un mísero simón que á la puerta me ~s- za vibrátil y escultural á un tiempo, con ligereza de naciones de laúd, bandolín, tzorba, bandurria, vihueperá, sin alma, sin vida, sin esperanza... aquí me tie- ave y plasticidad de estatua, que admiré, que adoré... la, etc., derivaciones todas ellas de la primitiva lira,
¡Es horrible, es horrible! Los instrumentos de la disec- y para eso, haciendo ahora caso omiso de los nomnes; dime si puede haber desgracia más grande!
..:.. ¡Pobrecilla! ¡Pobrecilla!, murmuraba realmente ción se cebaron en él. .. ¡Repito que es horrible y es- bres impuestos por otros países, tales como el chelys
de los griegos, calast1one de los napolitanos, la guzla
emocionado el Dr. Antúnez, acariciando aquellas afi- pantoso!
- ¡Infame! ¡Infame!, exclamó en esto Broca, en- de los morlacos, etc., y desentendiéndonos también
ladas manos que fueron ¡ay! tan bellas; y después,
procurando apartar la imaginación de la enferma de trando en la sala del casino. ¡Sostengo que las corri- de que se tañesen inmediatamente con la mand, ó
tan dolorosas realidades, le preguntó con las ansio- das de toros son una fiesta infame! El tercer toro ... mediante algún cuerpo extraño, como plectro, arco,
sas alegrías del pasado en los ojos: ¿Te acuerdas, te no he visto más; el tercer toro... sale, mira, acomete, etcétera, y por último, dejando á un lado el mayor ó
huyen los peones, encuentra un mísero caballo en su menor número de cuerdas de que constara cada una
acuerdas?
Sí, la Corsini se acordaba de todo, de todas las lo- camino, se ceba en él. El cobarde picador se lo aban- de dichas especies.
Pero no podemos seguir adelante sin consignar
curas, de todas las dulces intimidades, de todos los dona. Cae el caballo infeliz arrojando caños de sanesplendores de su vida, de todo su cariño, de tod.os gre por una espantosa herida. Era Dantzer, el célebre aquí una sospecha que hace tiempo nos viene haciensus triunfos, de todo, de todo... y por obra de la vanta Da11tzer, uno de los brutos más hermosos, más ági- do reconcomio, y es: que llamándose en la antigua
mágica de sus recuerdos, su decadente cuerpo reco- les, más artistas que han nacido. Manotea, se desplo- lengua de los francos citre ó ristre á este instrumento,
y existiendo aún en su lengua actual la voz citronille
braba la gallardía de antaño, brillo sus ojos, su sem- ma ... ¡Es infame, verdaderamente infame!
La Corsini sobre una mesa de disección; Dantzer (czdra ó calabaza), y teniendo tanto el latíd antiguo
blante color, su voz entonaciones juveniles. Las evocadas memorias le desceñían el modesto traje negro revolcándose en la ensangrentada arena de la plaza como la guitarra moderna una forma bastante asimipara rodearle de aéreas gasas y vestirle crujiente cor- de toros... ¡Esos dos grandes triunfadores de la vida! lada á esa fruta rastrera de la familia de las cucurbitáceas, y escribié~dose en griego r.L0ci?« y no r.i,iip-«, y
piño de blanca seda; entre sus grises cabellos salta- ¡Gloria, no eres más que un nombre!
en latín citltara y no citara, y en castellano antiguo
ban esplendores de brillantes, y un aroma de flores le
Jos(,: DE RouRE
citltara, de igual manera que en términos de Hortisubía desde el pecho á los avivados sentidos. ¡Era
cultura conservamos cidra y citrón, ¿sería violento ó
aquello una embriaguez, un delirio, la resurrección
aventurado el defender que citara ó guitarra proviede toda una vida!
ne de la palabra adra ó calabaza, máyormente si se
LA GUITARRA
Y sucedió que mientras la célebre bailarina y el
tiene en cuenta que nuestra casta,iuela debe su nomafamado doctor recordaban de esta suerte encantos y
Al encargarnos la redacción científica del artícu- bre á la castalia, el calamillo (por corrupción caramz~
triunfos de la juventud, rompió un organillo callejero,
situado frente á la casa, en un diluvio de vivas y bu- lo Guitarra con destino al Diccionario Enciclopédico /lo) al calamus ó caña de los latinos, y así de otros,
lliciosas notas, las cuales formaban el preludio de un Hispano-Americano, hubimos de allegar tal cúmulo todos ellos oriundos del reino vegetal?.. Decida el
vals, esa marcha real de todas nuestras alegrías, y con de materiales, que su total inserción se hacía de todo más juicioso lector.
Sea como quiera, lo cierto es que en lo antiguo' el
el ritmo de aquella música el decadente cuerpo de la punto imposible en las columnas de aquella obra,
Corsini sentía el dulce hormigueo de las antiguas ar- dado su índole esencial y característica; así es que, laúd, de igual modo que sus demás congéneres, osmonías, de los graciosos movimientos, de las artísti- desde luego, nos propusimos no dar cabida allí sino tentaba la caja armónica á semejanza de una cidra
á lo que más directamente se relacionara con la his- partida de arriba á abajo por la mitad, ó poco menos,
cas actitudes.
Púsose de pie, y emocionada y temblorosa díjole toria, estructura, práctica y tecnicismo de semejante presentando mucha may~r comba_en_ la parte inf~ri?r
instrumento, reservando para mejor ocasión el des- del instrumento que hacia el nac1m1ento del mastil,
al doctor:
- ¡Antonio, por Dios te lo pido, acompáñame al cender á otro orden de consideraciones, como lo ha- á diferencia de lo que se verifica hoy, á saber: que el
coche! Vendré otro día y hablaremos de mis males; cemos ahora mediante el presente artículo, calcado mismo hueco tiene dicha caja en sus dimensiones de
sobre aquél y profusa y convenientemente ampliado. longitud y latitud, uniéndose su fondo, ó séase la tahoy me es imposible, imposible.
pa inferior ó trasera, á la superior ó delantera _POr
Dióle el brazo Antúnez, llegaron á la escalera, el
L'l cuna de la guitarra se remonta á los tiempos medio de dos tiras delgadas de madera (convenienvals seguía sonando en la calle. Descendieron lentamente los peldaños, y una vez en el portal, no pu- primitirns; pues, concedido que es ella una deriva- temente arqueadas para semejar una calabaza de las
diendo contener por más tiempo su ansia de plástica ción de la cítara, con cuyo nombre tanto parecido de forma de pera), á las cuales unidas se da el nombelleza ni sofocar el recuerdo embriagador de sus guarda, basta recordar, como ya en el génesis se con- bre de aro. Así modelada la caja sonora, en cuya
triu"nfos, avivados por el encuentro del doctor y el signa (cap. IV), que Tubal fué padre de los que ta- tapa superior ó tabla armónica se abre un agujero de
sonido de la música callejera, dijo: «¿Te acuerdas?,l&gt; ñen cítara y órgano; esto es, de los que tocan instru- grandes proporciones para mejor efecto de la_ resoé hizo una de sus piruetas más graciosas, más difíci- mentos de cuerda y de viento; lo que hizo decir al nancia ( 1) (y la cual tapa suele ser hecha de pinabeP. Kircher que éste es el primero &lt;le los instrumentos te) enhiéstase por la parte semicircular más pequeles y más aplaudidas.
Después salió huyendo hacia el coche, pero ella y músicos conocidos. Los antiguos, que también le ña'un mango ó mástil afianzado á dicha caja por meel tloctor que la seguía hubieron de detenerse ante asignaron la denominación de sistro, lo usaban con dio de una especie de tarugo en forma de caballete,
un grupo que les interceptaba el paso y del cual par- frecuencia en las solemnidades de sus banquetes, se- que se conoce con el nombre de zoque, y el cual regún testimonio de Plutarco, Ateneo y los poetas de mata en una pieza de figura de ataúd, algo inclinada
tían estentóreas carcajadas.
El muchacho del organillo se reía también como su tiempo; y, para que nada falte, la Fábula, que á hacia atrás, llamada cabeza ó clavijero por colocarse
un loco, apresurando el ritmo de su música. La caja todo le ha comunicado su soplo letal, refiere por plu- allí las clavijas que ponen en mayor ó menor tensión
del coche que había traído á la Corsini sufría brus- ma de Estrabón (libro VI) cómo existía en Jeracio las cuerdas, las cuales, á fin de no correrse de uno
cas-, oscilaciones. El simón juraba como un condena- (ciudad de Calabria) una estatua que representaba á á otro lado y para poder mantenerse al aire, pasan
do,'. la gente se reía á mandíbula batiente. ¿Qué cierto famoso citarista, llamado Eunomio, con una ci- por unas canalitas practicadas en la ceja, que es una
garra sobre su cabeza, en memoria de que hallándo- tira de marfil ú otra materia, fija horizontalmente
ocurría?
se éste tañendo un día con el músico Aristón, como entre la inflexión que hace la cabeza con el mástil, y
¡Estaba bailando el caballo!
$í: flaco, desmedrado, sucio, viejo, bailaba con la viniera á romperse una cuerda á la lira de aquél, apa- terminan fuertemente asidas á otro listón mayor, cofe y el entusiasmo de un artista, haciendo crujir to- reció de improviso á su lado una cigarra supliendo locado en la parte baja de la tapa, al que se da el
dos aquellos humildes y recompuestos arneses que con su canto el sonido de la cuerda que había salta- nombre de puente. Si á esto se agrega el que los so_
nunca habían pensado que pudiera ser su ancianidad do. Otra estatua á ésta semejante se levantó en el
( 1) Algunos suelen llamar rosa á esta perforación circular,
templo de Delfos, con una inscripción que se puede por los adornos, pinturas ó incrustaciones que suele ostentar su
traqueteada de aquel modo.
Por fin soltó el manubrio el chico del organillo, ver en el libro IV de los Epigramas griegos.
circunferencia.

NúMERO

575

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

II

nidos de cada cuerda van subiendo por semitonos á rra de su modesta posición de instrumento de mero ciaban femeniles blancas manos, para volverá ser trasmedida que van bajando los dedos de la mano izquier- acompañamiento, para elevarla al rango de instru- teada, ya por los mozos del pueblo en sus bailes,
da por el mango, de casilla en casilla ó de grado en mento de concierto; pero de una parte esos son as- francachelas ó serenatas, ora por los rapistas, ó bien
grado, científicamente divididos éstos é incrustados tros que brillan un día para no volverá aparecer en el por los pordioseros lisiados de uno ú otro miembro
en el mástil por medio de unos filetes, comúnmente horizonte del arte, y de otra á la bondad de sus respec- corporal; en una palabra, como quiera que c1ta11to
de latón ó de marfil, llamados trastes,· que para re- tivos instrumentos se debe no pequeña porción de las 111aJ1or es la subida, tanto 11/a)'Or es la descendida, de
fuerzo de la tapa se atraviesa en ésta por la parte de maravillas con que entusiasmaran al auditorio y de los ahí que después de haberse emancipado de la clase
adentro un listón de mavulgar la gútarra para eledera, á que se da el nombre
varse á la aristocrática1 trode barra armónica; que de
cando su naturaleza suballas seis merdas hoy en
terna de mero acompañanuso, tres, las más delgadas,
te por la sublime esfera de
son de tripa, y de entorconcertista, vuelve de nuechado las restantes, por
rn á su primitivo ser y estaotro nombre bordones; y úldo, para hacer bueno el ditimamente, que con el obcho deCovarrubias Orozco,
jeto de hacer subir por igual
cuando prorrumpía en las
la entonación de toda la
siguientes sentidas quejas,
encordadura, se apela á una
á principios del siglo xv11,
pieza suelta ó independienpor medio de las páginas de
te, llamada en italiano casu Tesoro de la lmgua castepotasto, y por nosotros cejillana ó espmiola, artículo
lla ó cejuela, tendremos ya
vihuela: «Este instrumento
la descripción exacta, siha sido hasta nuestros tiemquiera algo larga, de lo que
pos muy estimado, y ha haconstituye la estructura de
bido excelentísimos músila guitarra.
cos; pero después que s~ inEl número de cuerdas
ventaron las guitarras, son
que tuvo ésta en un princimuy pocos los que se dan al
pio fué el de cuatro, habiénestudio de la vihuela. Ha
dole agregado la 5." el célesido una gran pérdida, porbre rondeño Vicente Espique en ella se ponía todo
nel á fines del siglo xv1,
género de música punteada,
sin que sepamos á punto
y ahora la guitarra no es
fijo quién le añadió la 6.a,
más que un cencerro tan fáni cuándo ni dónde; lo que
cil de tañer, especialmente
sí podemos asegurar es que
en lo rasgado, que no hay
al terminar el siglo xvm,
mozo de caballos que no
sólo se usaba en Italia la
sea músico de guitarra.»
de cinco cuerdas, como de
Y si esto ocurre actualello certifica Moretti en el
mente en España, país cláprólogo de sus Principios
sico, por no decir originapara tocar la guitarra de
rio, de la guitarra tal cual
seis órdenes (Madrid, imp.
hoy se usa, con mucho made Sancha, 1799), y que
yor motivo en las demás
muchos años antes el célenaciones adonde fué imporbre religioso cisterciense,
tada desde nuestro suelo.
organista en su convento de
En efecto, la escuela de guiMadrid, fray Miguel Gartarra llegó á alcanzar sucía, comúnmente conocido
bidísimo punto de perfeccon el nombre de Padre
ción, hasta hace pocos años,
Basilio, le añadió la 7."
en Italia, Francia, Inglatecuerda á este instrumento,
rra y Alemania, merced á
que pulsaba primorosala buena semilla que allí
mente, habiendo introduciesparcieran los Carulli, Cardo en él el punteado, puescassi, y nuestros distinguito que antes sólo se tañía
dos profesores ya citados,
rasgueándolo, y tenido la
en unión de varios otros
honra de ser maestro de la
que no es posible reducirá
reina María Luisa, esposa
guarismo. ¿Qué más? No
de Carlos IV, y la de hahace mucho se daba al orber contado entre sus inbe entero un espectáculo
numerables y distinguidos
sin precedente en los anadiscípulos á todo un Dioles músicos, con ocasión
nisio Aguado.
de abrirse un concurso en
Hubo un tiempo en que
Bruselas ( 1856) · por Mr.
era práctica casi general
Makaroff, destinado á preentre nosotros el emplear
miar, mediante la galantelas cuerdas dobles unísoría de aquel notable guitanas en cada orden; hoy se
rrista ruso, las dos mejores
ha hecho bastante raro seguitarras y las dos mejomejante uso, habiendo que
res composiciones musicadado reducida á seis cuerles para este instrumento
das sencillas la armadura
que se presentasen á dide la guitarra, para mayor
cho acto. Mas como quiera
comodidad del ejecutante,
que no basta el buen deseo
y en vista de que de algusi no va acompañado del
nos años á esta parte se ha
acierto, habiendo faltado
dado en reducir algo las
BAYARDO EN EL MOMENTO DE RECIBIR su PRIMERA ESPADA, estatua en bronce de Pedro Rambaud
éste en cuanto á los térmitres dimensiones de la caja
nos concretos en la redacsonora. A nuestro juicio,
ción para la composición
pase semejante reducción, mientras no sea exagerada, lauros que éste les prodigara. Prívese, si no, al uno de las piezas, así como tocante al corto plazo para
en cuanto á la longitud y latitud; pero no podemos del empleo enérgico de los armónicos; retírese al otro la construcción de los instrumentos, de ahí que nuesestar conformes con la escasa profundidad ó notable el uso del tripódison (1); en suma, póngase en manos tro nombre no pudo por menos de quedar postergaachatamiento que se presta hoy por hoy á la guitarra de todos ó de cualquiera de esos genios un guitarri- do en tan solemne como nunca vista ocasión, cuanllamadaflamenca, pues si bien comprendemos la di- llo común y vulgar, y dígasenos después los milagros do debiera haber figurado al frente de las naciones
ferencia que va de un guitarrón á un guitarro ó tiple, que han hecho, en medio de toda su destreza, habili- todas, tratándose de la guitarra y de sus tocadores.
tampoco se nos oculta cuánto pierde en sonoridad dad y fuerza de sentimiento... Hoy puede decirse Sea de ello lo que quiera, la verdad es que merece
una guitarra á la que por medio de tal procedimien- que, así como al cabo de los mios mil torna el agua á loa la conducta observada por el Sr. de Makaroff, ~ito, se llega á privarla de los escasos recursos ó ele- su cubil, de igual manera la guitarra va quedando quiera por haber ideado y llevado á cabo, siendo exmentos sonoros con que naturalmente cuenta.
poco á poco desterrada de las salas donde la acari. tranjero, un tributo de galante desprendimiento hacia
Y no hay que hacerse ilusiones: escasos son ellos
un instrumento esencialmente español, lo cual á niná la verdad, para que todavía se venga á amenguar( 1) Mecanismo inventado por D. Dionisio Aguado en el
gún español, en corporación ni en particular, se le
año
de
1826.
Viene
á
ser
una
especie
ele
trípode
apto
para
soslos. Notorio es á todo el mundo que genios tan prihabía ocurrido jamás.
vilegiados como Sors, Aguado, Huerta, Arcas, Cano, tener y fijar la guitarra con el objeto de comunicar mayor SO·
Insistiendo aquí más y más sobre el apogeo á que
noridad al instrumento y dejar al propio tiempo más libertad ele
y unos cuantos m~s han conseguido sacar á la guita- acción al guitarrista.
se elevó la guitarra á fines del siglo pasado y la ma-

�LA NODRIZA Y LA INFANTA, copia del célebre cuadro de Francisco Hals, existente en el museo de Berlín

�LA VIRGEN Y EL NIÑO,

COPIA DEL FAi\1OSO CUADRO DE MURIJ.LO EXISTENTE EN LA GALERÍA DE DRES DJ,

�UN CONCIERTO, cuadro de Román Ribera

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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NúMERO

yor parte del nuestro, aseguramos que se haría repe- se ha perdido, y probablemente sobrevivirá sin altera- se suele afinar de la forma siguiente, no sin hacer
tidas cruces el ya citado Covarrabias si hubiera resu- ción á tantos instrumentos modernos como se han constar antes que los sonidos así escritos
citado pocos años ha, ó _c~ando menos leído pági- inventado.»
na siguiente, que transcnb1mos con toda fidelidad de
El tiempo se encargará de resolver este problema.
un autor moderno:
A la circunstancia de haber tornado este instru«Este instrumento, tan despreciado de los mtísi- mento carta de naturaleza en varios países, se debe
cos, es una orquesta en miniatura. Verdad es _que sus el que ostente diversas denominaciones y hechuras,
débiles sonidos, la poca energía que la caracterizan, no según hemos indicado anteriormente; en su conse- representan _una octava abajo de como se figuran, ó
son de calidad que puedan producir sensaciones muy cuencia, daremos aquí una relación de las mas rnrnu- sea:
vivas, en especial en una época _en que los composi- nes y conocidas.
tores introducirían, si fuese posible, el trueno, la exUna de las especies más notables es, pues, la liroá
plosión del cañón y todo lo más r,uido_~o de la ?atu- guitarra, imitación hecha en Francia, á fines del siglo
11 ·
1
raleza. La &lt;ruitarra, madre del vt0lm, h1p del laud de pasado de la lira de los griegos, muy apreciada por su
nuestros abuelos y de la lira griega, es fácil de mon- :orma elegante y poética, pero que no tardó en ser
tar y de construir. Todo hombre dotado de una orga- abandonada por causa de lo sordo y débil de su reso- Su extensión abraza tres y media octavas, si bien los
nización musical puede sacar de ella acordes y ser- nancia, como si no lo fuera ya en extremo la de la últimos sonidos sólo puede producirlos una mano hábil y diestra.
virse de sus sonidos sin que maestro alguno se lo in- guitarra ordinaria.
El acabar de decir que se suele afinar en los térdique. Si aspiráis á los aplausos de numerosos oyenLa guitarra de amor fué inventada en Viena por,
tes necesitáis de un instrumento mas sonoro, de una el fabricante Staufer en el año de 1823. Es de tama- minos allí indicados, presupone que se puede temextensión más vasta, pero para el solitario tiene la ño algo mayor que el común, con la tapa del fondo plar de otra manera. Así es, en efecto; pues hay ocaguitarra un encanto indefinible. Ella vibra en el pe- bastante combada, y está armada de siete cuerdas. siones en que, á fin de ensanchar los límites del inscho del hombre; toda entera le pertenece; l9s dedos Sus sonidos agudos recuerdan en cierto modo los del trumento, ó ya para producir ciertos efectos de nodel músico pulsan las cuerdas sin la interve~ción ~e oboe, y los graves, los del clarinete bajo ó corno di ba- vedad facilitando al propio tiempo los medios al ejeun cuerpo extraño. En general, cuanto más inmedia- ssetto; por manera que, al oirse tocar este instrumen- cutante, se apela al recurso de alterar semejante comto es el contacto del instrumento con el que lo toca, to sin verlo, cualquiera que no lo conociera creería binación de intervalos, á la cual operación, que se
más sensibilidad y poder tienen los acentos que ema- que se estaba tocando un armonio. La escala cromá- manifiesta al principio de la pieza escrita, se da el
nan de él. La gaita ó cornamusa entre los instrumen- tica de igual modo que las escalas dobles en terceras nombre italiano de scordatura. Ya se deja entender
tos de viento y el bandolín entre los intrumentos de se prestan á ser ejecutadas en este suave instrumento que para el ejecutante de mera afición que pulsa este
instrumento sin poseer la teoría musical, y que cuancuerda no tienen ninguna expresión; en la primera, con toda facilidad y precisión.
el viento que sale de la boca recorre un espacio mas
L, antigua guitarra alemana ó tudesca, por otro do más, toca por cifra, todo cuanto aquí va dicho es
largo y dilatado, y en el segundo se oye un desagra- nombre sistro, constaba primitivamente de sólo cuatro como si se hubiera escrito en luenga chinesca.
No diremos nada tampoco acerca del continente y
dable pizzirato y un timbre chillón y desapacible, por- cuerdas, y su cuerpo ó caja era de forma oval. Con el
que no son los dedos los que hacen vibrar las cuer- tiempo llegó á contener hasta ocho, y hoy viene á ser posición de las manos por parte del ejecutante, pues
no escribimos aquí un método de guitarra; pero sí hadas, sino un pedazo de pluma ó de ballena que las muy parecida á la nuestra.
hiere. Por el contrario, el arpa, el violín, la.flauta y
Poseen los indios desde tiempo inmemorial un ins- remos constar, por fin y remate de este nuestro traotros instrumentos de viento cuyos sonidos se en- trumento al que dan el nombre de tambura ó tampu- bajo, que como el instrumento que promueve el precuentran en los dedos, corresponden á las sensacio- ra, y equirnle á la guitarra ó bandurria en su forma sente artículo tiene sus arpegios particulares, y por
nes del alma é inspiran conmociones que se identifi- más natural y simplificada, á saber: una caja sonora lo tanto, en nada á ninguno otro parecidos y que su
can con el hombre que las produce.
formada de la corteza de una cidra hueca y bien dese- digitación es en ocasiones bastante complicada, se
»La guitarra, expresiva como aquellos instrumen- cada, con una sección hecha de alto á abajo en las necesita que el que componga para este instrumento
tos y colocada como ellos bajo la inmediata inspira- dos terceras partes de su grosor, y sustituída la otra lo sepa tocar juntamente, pues de lo contrario se exción del hombre, tiene suspiros, lamentos, acentos de tercera parte eliminada por una tabla armónica, suma- pondría á escribir en el papel lo que el instrumento
alegría, de triunfo, de amor, de orgullo, de tod~ lo mente delgada, hecha de madera muy lisa. El mango á que nos referimos se negaría a reflejar por inejecucual está privado el piano. Estos acentos son débiles es bastante más largo que los nuestros y carece de table, dadas las condiciones esenciales de su mecasin duda; fáltales la fuerza y el ruido, y por lo mismo trastes. Hállase montado de cuatro cuerdas, y á ve- riisrno.
J OSÉ MARÍA SBARBI
no será en un vasto teatro donde conoceréis el precio ces de tres, siendo la más grave de todas ellas de coy el mérito de sus sonidos y la dulzura de sus arpe- bre y las resta~tes de acero, y dando aquélla la tóm~
gios y de sus acordes. Semejante á las miniaturas, se ca, y éstas la cuarta, la octava y la 011cena. Cuando
han de conocer de cerca los encantos del arte.
solamente consta de tres cuerdas, la prima es la suLOS REYES MAGOS
»Para que los sonidos de una guitarra produzcan primida.
un buen efecto es menester una cierta elección decirMucho parecido guarda con el instrumento acabaINCOHERENCIAS
cunstancias y ciertas localidades escogidas. Una ve- do de citar, si ya no es que sea el mismo, uno que inlada de otoño, una obscura gruta de un jardín, un serta Bonanni en su Descrizione degl'Istromenti arI
aposento poco alumbrado y un silencio profundo, son monici d'ogni genere (2.ª edición, Roma, 1776, págiescenas propias para que los sonidos de una guitarra na 120, ntím. 57) bajo la denominación de dambura
produzcan en los oyentes una dulce melancolía. En- entre los turcos, y de calascione entre los italianos, y
Luce en el cielo la brillante estrella parpadeando
tonces, acompañando á una hermosa voz, fina y ajus- del cual dice que está montado de dos ó tres cuerdas, como un ojo que tuviera por pupila una pepita de
tada con las delicadas cuerdas medias, con el bajo las cuales, como son extremadamente largas y muy re- oro. Tres reyes de Oriente, á cual más poderoso,
de los sonoros bordones, con su casi imperceptible ducida la caja del instrumento, producen un soni~o guiados por su luz deslumbrante atraviesan en sen~
dulzura, os conmueve, os alegra, os entristece, os arre- harto ronco y desagradable. Pero lo chistoso del caso dos camellos caminos y montañas, cañadas y valles;
bata y os penetra hasta el alma. Entonces, de esta es que en la lámina alusiva á la susodicha explicación aquella estrella les ha de guiar al establo de Belén
máquina sencilla, de este instrumento mal apreciado (lámina que se dice allí ser copiada de un libro im- en donde vino al mundo el Hijo de Dios, según el
salen, no tan sólo sonidos melodiosos, sino también preso en París y dibujada en Constantinopla por or- relato de hurnildísimos pastores. Fuerza, pues, es honacentos heroicos, marchas guerreras, himnos religio- den de un tal M. Ferrajol, embajador de Francia en rar al prometido Mesías, al pronosticado por el glosos, tristes endechas, rondós rústicos y alegres, en fin, la Puerta otomana) se le pintan cinco cuerdas al ins- rioso evangelista. Oro, mirra é incienso llévanle corno
toda una música y una completa armonía, aunque en trumento cuestionado, con sus correspondientes cin- presentes. Es lo más rico y lo más hermoso que puuna escala diminuta. No olvidaremos nunca una es- co clavijas, por si quedaba alguna duda respecto del do en sus dominios encontrarse. El oro, que deslumcena que presenciamos en medio del mar. Era una particular, con lo cual dicho se está que se destruyen bra con sus amarillos fulgores; la mirra y el incienso,
noche del mes de junio. Brillaba la luna con todo es- mutuamente la práctica y la teoría. Corno de éstos no que esparcen en torno penetrantes y ricos perfumes...
plendor, reflejando su luz sobre las ondas en calma faltan por desgracia ejemplos en los anales de la His- Llegan al santo portal, echan pie á tierra é hincan en
de este elemento, y todo convidaba á un religioso re- toria musical de las naciones todas, antiguas cuanto el suelo sus rodillas en señal de adoración al Rey de
cogimiento. En esta situación, sentado un marinero modernas, en que la diversidad de nombres, hechu- los reyes.
con la guitarra en la mano al pie del palo mayor, ras, naturalezas y maneras de ser tocados y los dis¡Hermoso espectáculo! Tres poderosos de la tierra
nos dejó oir unas modulaciones tan agradables que tintos juicios de los escritores arrojan de sí tal obs- doblando la cerviz y rindiendo acatamiento á un ponos embelesó; pero subió de punto nuestro embeleso curidad y confusión, que basta y sobra para sacar de bre niño que tirita de frío, desnudo sobre un montón
cuando, después de un agradable preludio, cantó con sus casillas al hombre más cachazudo ó volver loco de paja, arrullado por los vientos y por las tempesuna afinada voz de barítono unas canciones maríti- al más cuerdo. Por eso, lo que le cumple al historia- tades que rugen allá afuera.
mas tan lastimeras que nos hizo casi llorar, y luego dor músico es irse con pies de plomo en eso de acepotras andaluzas que. inspiraban contento. L, g111tarra tar como bueno el relato de cualquiera otro historiase prestó á estos géneros con una propiedad tal, que dor extraño á la ciencia que tiene por objeto escuII
demostró bien que sus sonidos se adherían á todas driñar las causas que contribuyen á conmover por
las modificaciones de la expresión.
medio de los sonidos diversamente combinados entre
Diez y nueve siglos más tarde, en la villa que es á
»El poder de la guitarra se demuestra también en sí, ó el de aquel que, aun cuando práctico en el arte, la vez ·corte de las Españas, nótase e'n callejuelas y
varios lances históricos. Durante la guerra con Por- no conozca debidamente aquella parte de la arqueo- plazas extraordinario movimiento. El pueblo corre
tugal, un soldado de á caballo, enviado á un recono- logía que le ayude á reconstituir el gran edificio de la afanoso á esperar .á los Santos Reyes. Próxima está la
cimiento, sorprendió al centinela enemigo en el mo- Historia musical, mediante los elementos dispersos media noche, y fuerza es ir á aguardarlos á las afuemento que, fastidiado sin duda, templaba una guita- que saltan por doquiera en torno suyo; y, por supues- ras, á las tristes llanuras que riega con su escaso caurra. El soldado de á caballo que vió que el centinela to, que quien dice historiador, dice igualmente pintor dal el Manzanares ...
no podía salir con ello, se la pidió, la afinó y se la de- ó estatuario, muchos de los cuales han incurrido en
Corren atropellados hombres y mujeres á la escasa
volvió, diciendo: «Ahora ya está templada.» Cierta- anacronismos que, tan lejos de ser uh salvoconducto luz de los faroles del alumbrado público. Parecen
mente que un instrumento tan pequeño, que tiene para esclarecer la Historia, sólo sirven para ernbro- más que seres humanos furias escapadas de algún antal poder sobre las almas, debe tener algún secreto llarla: no en balde reza un refrán que el papel todo lo tro, según lo obscuro de sus contornos, lo atropellado
encanto. También nos hablan los historiadores de un aguanta.
de su carrerra y el ruido ensordecedor que alzan, baejército portugués que, obligado á batirse en retiraViniendo ya á la manera de ejecutarse la mtísica tiendo con desmesurada fuerza y á guisa de parche
da, dejó sobre el campo de batalla once mil guitarras. escrita con destino á la g1útarra actualmente usada maltrechas y sucias latas de petróleo. Aguadores, co»El culto de la guitarra desde su invención nunca por la generalidad de los países cultos, diremos que cheros, mozos de cordel, lavanderas, maritornes, hem-

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575

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

bras del partido, todo revuelto, todo confundido, todo amalgamado en una negra y monstruosa ola humana. Vense en lo alto destacarse las siluetas de escaleras de mano con sus atravesados peldaños. Llegados que son á las afueras los alborotadores, hacen

pañado de hasta media docena de mozos; apenas llega la noche y en amigable comitiva recorren las casas de la aldea cantando que se las pelan éstos y
aquél arrancando al fuelle de la gaita sus monótonas
y dulces armonías.

vase quedando dormida con la más inefable de las
sonrisas en sus labios y en el pensamiento la mañana
del nuevo y anhelado día.
Entre los hierros del saliente balcón ó en la repisa
de la ventana ha dejado su zapato diminuto, micros-

rf

. . . . . . . ., . . . . . . # • • •, . • • • • • • • • • • • •, . . . . , . , • • • • • • , • • , . . . . . . . . . . . . . . . . ., , . , . . . . , . , • • • • • • • • • •• •• • • • • • • •, • • , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ., • • • • • •, • •,

..

RL GRAN FESTIVAL MAHOMETANO DE LA BUCKRA·EDE Ó BAQR·l·ID (FIESTA DE LA VACA) RN EL NA!Nl·TAL, EN LAS PROVINCIAS D&amp;L NORO&amp;SrE DE LA INDIA

Grupo de mahometanos

subir al más alto peldaño al mas bobo ó al más simplón de los que en la comitiva forman, á fin de qu~
desde allí, y á la luz de una antorcha de embetunado
cáñamo, aceche la llegada de los Reyes. Cae en la
burda estratagema el rival del de Coria, y cuando está en lo más alto de la escalera, dejan caer ésta al
suelo en medio de infernal estrépito y espantosa gritería que hacen insoportable las carcajadas estridentes y los porrazos en las latas de petróleo, carcajadas
y porrazos cuyos ecos lleva el viento helado de las
noches madrileñas hasta los agudos picos del Guadarrarna coronados de nieve.

La mano detrás de la oreja, como para mejor llevar
el compás de la canción, lanzan los mozos delante de
las puertas de las más garridas aldeanas canciones no
exentas de picardía y de malicia, en las cuales es cosa
frecuentemente acostumbrada mezclará los Reyes Magos. Suele suceder que sean invitados por el petrucio
de la casa á remojar el gaznate con sendos tragos del
vinillo de la tierra, que deja en el paladar un saborcete entre dulzón y amargo. Pero también es frecuente
que termine la fiesta con 1mha de przus y corra la sangre á raudales, terminando en drama lo que comenzó
en picaresca y regocijada comedia.

cópico, para que aquella noche los Magos, cuando
montados en sus camellos de larguiruchas patas y arqueado lomo penetren en la. ciudad, depositen en él
el consabido regalito que, por ftítil é inocente que él
sea, es para la chiquilla de valor inapreciable por ser
presente nada menos que de tan empingorotados
reyes.
Durante la noche parece la sonrisa como estereotipada en sus labios; sus sueños son de rosa y nácar;
en ellos figuran en no pequeña porción ángeles, nubes, rayos de sol y mtísicas del cielo.
Cuando la mañana asoma, muy lejos atín, ya la diligente pequeñuela está en pie, y sigilosamente, sin

EL GRAN FESTIVAL MAHOMETANO DE I.A BUCKRA·EDE Ó 8AQR·l·ID (Fl&amp;STA DE LI\ VACA) EN El. NA INl·TAI., RN L~S l'R'lVINCIAS DB:L NOROESTE DE !.A I NDIA

Grupo de mahometanos haciendo oraci6n

III

IV

despertar á sus padres, apretando contra el pecho
con sus manecitas la blanca camisilla, marcha al balEntretanto, en los campos gallegos celébrase la
Y en el tranquilo hogar, la madre amorosa arrebu- cón ó á la ventana, quedo, muy quedo, y descalza,
fiesta anual, la fiesta de los reises, en algo semejante á ja confortablemente entre las sábanas del lecho á la sin sentir el frío que baña sus carnes de amoratado
los villancicos de ~ochebuena. El gaitero sale acorn- hija de su amor, y ésta, de manera insensible y lenta, color, recoge el zapato donde la vigilancia del padre

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

575
Nú~IERO

ó el amor de la madre depositaron en la noche anterior cualquier fruslería, y ante la sorpresa, la niña corre á despertar á sus padres para mostrarles el presente que ella encuentra verdaderamente regio y digno de tan ilustres y egregios transeuntes.
·
Y corriendo de este modo, menuda y ligera, por la
casa, con saltos de golondrina más bien que con pasos humanos, abrigada sólo por la blanca y casi transparente camisa que el aire de la mañana hace flotar
alrededor de su cuerpo, parécese á un ángel escapado
de una tabla de Rubens ó de un fresco de Sanzic,.
MANUEL AMOR MEILÁN
.,.,.,,,.,.,,,,.,.,,., .... ,.,,,,.,,,.,,.,,, ....... ,, •...•....••, .... ,.,,.,.,,,, ........ , .... ,,,. .,. , ........, ..r,.••·•·•·••.1•,,•,

MISCELANEA
Bellas Artes. - L::i Galerfa de Pinturas de BerHn ha adquirido una 11/atÍQnua de Alberto Ourero, que pintó éste durante su permanencia en Venecia, 15o6, y que actualmente poseía
un aficionado escocés.
- L::i Asociación de Canto de Breslau, que dirige el maestro
Bohn, ha dado un concierto histórico que ha sido una especie
,te revista del desenvolvimiento de la música vocal l¡umorística
de tos cuatro últimos siglos.
.Rarcelo11a. - L::i sección de Bellas Artes del Ateneo Bar·
celonés nomh;ó en su última junta una comisión de nueve individuos de su ,cno para que, en unión del presidente y secretario, estudien y propongan á ta aprobación de la junta directiva et rroyecto de una manifestación que se acordó previamente
celebrar á fin de contribuir á ta vida activa de la asociación,
cumpliendo así con tos propósitos consignados en sus estatutos.
Es cuasi S&lt;.&gt;guro, pues, que en la próxima prima,·era se organi1~~rá por los socios una Exposición de carácter artistico general,
verificándose simultáneamente conferencias adecuadas é este
objeto y conciertos en tos que se den á conocer piezas escogidas
de nuestros maestros del Renacimiento. Trálase de decorar et
local convenientemente á fin ele que el conjunto contribuya á
prestar mayor~-,; atractivos á tal manifestación que de lijo resultara digna de nuestro Ateneo.
- Es probable que antes de verificarse la clausura de ta Exposición de Industrias Artísticas pm.&gt;Clan en ella admirarse unas
puertas de metal repujado que con destino á la iglesia de Co·
millas y por encargo del marqués de este nombre ha proyectado y dirigido su ejecución et distinguido arquitecto Luis Do·
méncch. Es óbra nótahillsima que, al honrará su autor, honra
también á los artífices que la han rcatiiado, contribuyendo con
una soberbia muestra al renacimiento de nuestras arles aplicaetas al metal.
cSalón l'arés. &gt; - Not:ible · por varios conceptos es un cuadro
cxpue ·to c.ta semana por et joven artista Sr. Coll, representando
á una sci'íora enlutada que, acompai'íada ele su hija, contempla
et retrato etc su difunto esposo en el estudio de un pintor, et
cual cuadro podrán apreciar los lectores ele LA I LUlflRACIÓ:-.
en uno de los próximos números.
Bien concebida la escena y de ejecución sobria y jugosa la pintura, tal vez ganara algo ese cuadro sacrificando un tanto la figura del pintor. Así y todo, es una obra que impresiona profundamente por el sentimiento de que se halla impregnada, cualidad no muy común en nuestros artistas, preocupados en general por las habilidades ele ejecución y )as minucias y triquiñue·
tas del oficio. Reciba, pues, un sincero y caluroso aplauso el
autor, de quien son también otras telas expuestas, que reunen
excelentes cualidades.
Constituyen la novedad de esta semana, con la obra citada, unos paisajes de Julio Borrell, un pastel de Carlos Pellicer y un cuadro con que un autor anónimo contesta al que se
expusiera semanas atrás y que era una sátira pictórica contra
los cuadros de historia. Ese último intenta ridiculizar el realismo con la pintura artificiosamente infantil de un Belén con todos sus accesorios. Idealistas ó realistas, ninguno se exime de
pagar su tributo á la verdad, sin ta qu~ el arte no se produce.
El 15 del mes actual se inaugurará ta Exposición extraordinaria que todos tos ai'íos se celebra en ese local y que promete esta \'ez, por las noticias adquiridas, revestir \'Crdadera
importancia.
Tea.tros,-En el Liceo ele Nueva York se ha estrenado con
éxito extraordinario ta obra ele Sarclou A111erica1ws en Europa,
que et famoso dramaturgo francés escribió expresamente para
que se estrenase en América.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en Varietés una
comedia en tres actos, de Brisson y Carré, La Soun"ciere, que ha
hecho las delicias del público por ta gracia con que está escrita
y ta abundancia de chistes y situaciones cómicas que contiene,
y en Folies Dramatiques una opereta en tres actos, letra de Ferrier y música de Varney, llfiss Robinson, puesta con tal lujo que
tos periódicos parisienses dicen ser el espectáculo más grandioso y con más propiedad puesto en escena en París hasta el pre·
scntc. Et Cerclc des Ecolicrs ha dado una representación (mica
clet hermoso drama de lbsen La dama del mar.
llladrid. - En el Real, la representación ele Lohe11gri11 ha valido una ovación al maestro Mancinelli: en et propio coliseo
han comenzado los preparativos para poner en escena Los maestros cautores, ele Wagner, que:se estrenará á principios de febrero, estando encargados de los principales papeles las señoras
Telrazzini y Pagnoni y los Sres. De l\farchi, Giannini, Menotti, Batdelli y Rapp. En la Comedia ha logrado gran aplauso et
juguete cómico en tres actos de tos Sres. Pina y Domínguez y
(;ranés El boticario de Nava/ramero. En Lara ha siclo muy
aplaudido el juguete cómico en dos actos La ministra, ele don
Constantino Gil.
Barce/011a. - En et Liceo la representación de Otello, de Vercli, ha tenido gran éxito, habiendo \'alido un nuevo triunfo al
m1estro Mugnone y entusiastas aplausos á la señora Bendazzi y
á los Sres. Cardinali y Btanchart; ta Linda de Chamozmix ha
Ynlido aplausos al maestro Mugnone, á la señora Boronat y al
Sr. Cotogni. En el Principal se ha estrenado con aplauso El dfa
111c111orable, drama de espectáculo en cinco actos de los sei'íore;
Sales y Gonr,átcz Llanas, adaptación á la escena española de la
obra de Sarclou Patrie:' ta acción es interesante y constituye
una durisima censura de la invasión francesa ele 18o8, tos per·
sonajes están bien definidos y la obra está muy bien escrita y
ha sido presentada con mucha propiedad y representada con
gran acierto por la compafüa que dirigen los Sres. Calvo y Jiménez. En el El dorado ha sido aplaudida ta zarzuela en un ac-

575

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

17

yor, propiedad hoy del señor marqués de la Vega de Armijo, es
una magnífica y suntuosa residencia señorial, inteligentemente
restaurado y conservado por su ilustrado Rropietario, quien ha
logrado acomodar, sin menoscabo ele ta fabric.~, exigencias del
confort moderno.
El castitto de 1\1 os es un perfecto y acabado tipo que de las
construcciones del feudalismo consérvanse en Espai'ía, y célebre
en los fastos de nuestra historia, no sólo por los hechos de sus
señores, sino también por los acontecimientos que en él tuvieragas Lo baró de Carcassoua ó las amias del amor.
ron lugar, especialmente en ta época en que rigió el seíiorio el
célebre D. Pedro Alvarez, tan conocido por et sobrenombre de
Necrología.-Han fallecido recientemente:
E t Excmo. Sr. D. Luis Prendergast y Gordon, marqués de Pedro 11-l~drugn, partidario decidido de la causa de la Beltraneja.
ta Victoria de las Tunas, teniente general del ejército espai'íot,
Las dos hermanas, cuadro de Escipió rr Vapresidente del Consejo Supremo de Guerra y l\larina, ex gobernutelli, - Vanutelli, el célebre pintor italiano autor del inspinador y capitán general de la isla ele Cuba.
rado cuadro La pri111ei-a comunión que publicamos en el núme·
José Dclin, notable pintor retratista belga.
A. Ft!l, cuyo verdadero nombre era Afanass y Afanasje- ro 440 de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA, nos ofrece en el que
witsch Schenschin, famo o poeta lírico ruso que también se ha hoy reproducimos un hermoso idilio lleno ele dulce encanto:
Las dos lur111a11as es de aquellos lienzos cuyo asunto más que
distinguido por sus traducciones ele Iloracio y Juvenal.
Jorge Ilachelle, uno de los jefes de la conocida cam edito- para explicado es para sentido; es de aquellas obras que aunque
por sus bellezas técnicas recrean los ojos, donde más directarial de Paris.
Juan Emilio Lemoine, uno de los más famosos publicistas mente impresionan es en el corazón, Los recursos de que para
franceses contemporáneos, antiguo redactor ele ú jMtmal des elto echa mano el artista no pueden ser más sencillos, y sin emDtbats, miembro de ta Academia Francesa y senador vitalicio. bargo, et efecto con ellos conseguido llega al alma. ¡Cuán cierSimeón Luce, distinguido historiador francés, autor de una to es que en tas bellas arles el saber sentir es quizá et principal
Histona de Juana de Arco, en la que se consignan muchos da- elemento para saber exprcs.~r !
tos nuevos é interesantes sobre la doncella de Domremy.
El bautizo, cuadro de José Galleg os.-En disEugenio Wiitmeyer, escritor y periodista alemán, antiguo
tintas ocasiones nos hemos ocupado con el elogio que se merecolaborador ele la /llustril-te Zeitu11g, de Leipzig.
Nowossilski, almirante ruso y ayudante del emperador, uno ce de este insigne pintor que tan eminente lugar ocupa entre
de los más antiguos y famosos oficiales de la marina rusa: se los artistas españoles, y recientemente en el número 555 ele LA
distinguió en la guerra contra Turquía ( 1829) y en la de Crimca. ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA apuntamos en articulo especial las
Bogdan Glascnapp, almirante ruso y ayudante del tsar, ex cualidades salientes que distinguen al autor de El bautizo. No
gobernador de Arc.íngcl y hasta 1871 comandante en jefe de hemos, pues, de repetir lo que otras veces dijimos ni tampoco
de señalar las bellezas del cuadro que hoy reproducimos, belletodos los puertos y de la marina del mar Negro.
Enrique tllosler, pintor retratista y de historia de Dusscldorf, zas que á la vista s.'lltan y que prueban una vez más cuánto es
que fué durante atgun tiempo profesor ele la Ac.~clemia de Bellas et talento de Gallegos para resucitar en cuadros llenos de vida
y de color local y de época las escenas de costumbres de nues·
Artes y ele la Escuela de Industrias arlisticas de Lcipzig.
...._..................., .............,......,.....................................,.....................................~-·-·····•·""' tros antepasados.

to La sala111a11q11ina, tetra de tos Sres. Perrín y l'alacios y música del maestro Marqués. En el Circo Barcelonés actÍla con
buen éxito ta compai'ífa infantil que dirige D. Juan Bosch, poniendo en escena las más aplaudidas zarzuelas del moderno repertorio. Con motivo ele las funciones del día de Inocentes se
estrenaron con muy buen éxito en Romea y Novedades rc.,pcclivamente una pieza de D. Emilio Vilano\&gt;a, Orieutal ó los moros co11trap1mtats y la leyenda dramática (?) de D. Enrique Mo-

NUESTROS GRABADOS
Un g itano d e pur~ raza, dibujo de J. G !3-r:cí~
Ramos. - El git~o podra ser de buena ~aza, pero el ~ab1l d1·
bujante que ha sabido representarlo ha tiempo que viene de·
mostrando que es también un verdadero artista, genuinamente
meridional, feliz é inteligente intérprete ele los tipos, cuadros y
costumbres de ta región anclntuza. García Ramos es, quita,
entre los artistas andaluces, quien ha logrado reproducir con mayor acierto todo cuanto le rodea, cuanto bulle y se agita en la
región en que vive, á cuya ci~cunstancia debe, sin d~da alguna,
que se te considere como artista obse~vador, &lt;!etcrmmada!n_enlc
regional. Nuestros lectores han pochdo adnmar tos belhs1mos
cuadros que hemos publicado, todos ellos recuerdo brillante de
aquel privilegiado pais en donde todo sonríe, en donde la n!lluralcza rebosa vida, produciendo flores y frutos, y los hombres la
vh·e.za de su fogosa y fantástica imaginación.

Bayardo en el momento d e rec ibir su primer a espada, estatua de Pedro Ra.mbaud. - Esta
obra escultóric.~, que llamó con justicia la atención en el Salón
de l'aris de 1890, nos da una perfecta idea del caballero sin
miedo y sin tacha en aquel período de su vida en que la posesión de las armas necesarias para el torneo constituía la ambi·
ción suprema del que más larde habfa de asombrar al mundo
con sus hazañas. La figura de l\f. Rambaud revela nobleza,
alientos, aspiraciones elerndas, y desde el punto de ,'ista plásti·
co es elegante y vigoro:,.~ de lineas y de bien entendidas pro·
porciones.

La nodrfaa. y la. infanta, cuadro de. Francisco Ha.Is. - En et número 556 de este periódico dimos algu·
nas noticias acerca del ilu,tre pintor holandés del ~igto XVI con
justicia llamado el Velázqucz flamenco: el cuadro que en el presente reproducimos y que se cuenta entre las joyas "del museo
de Berhn no necesita ser alabado, pues por si solo se alaba, y
bm,ta contemplar esas dos admirables fi!,ruras p.1ra comprender
que ni es posible mayor verdad en pintura ni dentro de la ver·
Labor difícil, cuadro d e H. W. Schmidt. -Tra- dad mayor riqueza de detalles arlisticos.
tándose ele asuntos rurales, la sencillez no sólo es plausible sino
que en nuestro sentir, es uno de los elementos que mejor cuaUn concierto, cuadro de Román Ribera. - Un
dra~ á tas obras artisticas. Expresar la naturaleza tal cual es, nuevo cuadro acaba de producir Román Ribera, et portaestan·
sin postizos que ta desfiguren,, ser~ si.empre un n:iérito no peque· darte de la pintura de género en nuestra región, adquirido por·
ño en el artista, ya que to mas d1fíc1l en matena de arte es la un inteligente coleccionista y destinado, como todos los suyos,
perfecta reprocluccíón del natural. _Por esto encontr~os pode- á llamar la atención y despertar et interés de los aficionados.
rosos atractivos en el cuadro del pmlor alemán Schm1clt: en él
En un ángulo de una suntuosa estancia flamenca, en ta que
no nos asombran esos grandes efectos de composición ó de ento- brillan y re,altan los esculturales muebles, tapices y crista·
·nación que de momento s\ibyugan, pero tampoco vem_os. esos les, clestácanse las figuras de cinco músicós, éuyos trajes deterartificios con los cuales suelen la fantasía falsear el sentimiento minan delicados y bien entendidos contrastes por los suaves toy tos recursos vulgares suplir los verdaderos conocimientos téc- nos de las telas, cuya calidad ha sabido interpretar el artista con
su reconocida maestría. En et centro del grupo y recibiendo tos
nicos.
amortiguados rayos de luz que penetran á través de una vidriera
San Juan de Arena. (Asturias}, cuadro de Ce- de múltiples y variados colores, hállase una hermosa cantora,
cilio Plá , - Ya hemos tenido el gusto de dar á conocer á en cuyo rostro de simpática expresión se refleja la blancura del
nuestros lectores algunas notables obras de este discreto artista, papel de música que en sus manos sostiene y los dorado, tonos
aprovechado disdpulo de ~milio Sata_y del ma]ogrado Plasen- de su amarillo corpiño de raso. Tal es et cuadro y tal el r.sunlo;
cia, por cual motivo consideramos ocioso repet_ir lo que ya_ h~- y si bien es verdad que aco~tumbrados nos t~nfa Ribera á admos dicho al ocuparnos de otras de sus producciones. Nos lmu- mirar sus empci'íos de colonst_a, confesamos sm rebozo que su
taremos, pues, á consignar que el bonito cuadro que publicamos Concierto nos embelesa y cautiva.
reproduce una escen_a de pcs&lt;?l en San J ~ande Arena, _r~cuerdo
de su última excursión artist1ca á Astunas que, adqumdo por
El gran festival mahometano de la Buckrael señor conde de Valcletagrana, forma hoy parte ele la valiosa Ede en Na.ini-Tal, - Nuestros dos grabados representan
colección que en su palacio de Madrid posee este prócer y afi- otra~ tantas escenas del gran festival mahometano conocido en
las Indias occidentales con los nombres de Buckra-Ede ó Baqr-i·
cionado.
id (fiesta de la vaca), que es idéntica que la Id-ul-Azha que tos
Un discípulo aprovechado, cuadro de Ma- árabes celebran el décimo dfa del Zut llijja, y que constituye la
nuel Ra.mirez, - Este grupo tan bellamente representado última ceremonia de las peregrinaciones á la Meca. E l origen
por el Sr. Ramfrez y al que sirve de fondo una decoración her• de esta fiesta arranca, según tos mahometanos, del sacrificio de
mosa y hábilmente ejecutada, es en extremo interesante: esa Abraham, á quienes algunos comentaristas musulmanes consijoven dando lección de lectura á un faldero constituye un rasgo deran como fundador de ta religión de Mahoma, y para la cehumorístico que el artista ha sabido exteriorizar con notable lebración de ta misma et pueblo se' reune á orar en la Idgah,
acierto, añadiendo á las excelencias plásticas de la figura un so· regresando luego c.~da uno á su casa, en donde el padre d~ faplo de vida que no á todos es dado infundir en sus obras; y en milia pronunciando las palabras e En et nombre del gran dios,&gt;
cuanto al disclpulo apro-11cchatfQ, no cabe mayor expresión que s.~crifica un carnero, una vaca ó un camello, de cuya carne se
la que su semblante revela; hay tanta inteligencia en su mira- hacen tres partes, dos para la familia y una para los pobres.
da, tanta gravedad en su actitud, que á pocos como á ese perro
podría aplicarse lo del gitano del cuento que ponderando lo que
Proyecto de casa d e gobierno de la provinvalía et asno que tenia á la venta deda al comprador: cComo cia de Salta (República Argentina). - Este edificio, pro·
yectado por el arquitecto Sr. Fontanarossa estará situado en el
leer. ., ¡vaya si lee! Lo que es que nopremmcia.&gt;
gran Boulevard de Salla con frente á la plaza P rincipal y con·
Estación e n Filadelfia. d e l camino de hierro tendrá las oficinas del gobierno local, de la Cámara de diputade Pensylvania. - A pesar de ser proverbial la grandiosi- dos, de la policía, los juzgados de paz, la arc.~ldía y el cuartel
dad de las construcciones norteamericanas, no deja ele asom- de bomberos; ocupará un área de 5.000 metros cuadrados y
brarnos cada nueva muestra que contemplamos ele tan atrevida tendrá en su fachada principal 6o metros de largo, siendo su
arquitectura. Tal sucede con la estación que reproducimos y altura ele 33- En la cúpula se halla dispuesta la barra del salón
acerca de ta cual son ociosas las explicaciones, pues á la vista de sesiones de la Cámara, que será de 12 metros de ancho por
está lo que aquella fábrica colosal debe ser: únicamente dire· 20 de largo. El coste total del edificio será de 435.000 pesos.
mosque la parte alta de la estación (que sólo es para pasajeros)
contendrá 200 oficinas, que la galería cubierta es de 307 pies
La Virgen y el Niño, cuadro d e Murillo. - El
de largo y tendrá en su centro una elevación de 140; que el ar- inmortal pintor sevillano supo como ning{m otro dar forma á
co principal tiene 294 pies de expansión y llega á una altura de tas divinas figuras de ta Virgen y de su Hijo; hay en todas sus
104 y medio; que entran en su construcción 3.000 toneladas de Madonas y en todos sus Nii'íos algo tan ideal, tan exlraterreno,
,hierro y una cantidad proporcional de ladrillos y cristales, y que que nadie al contemplarlos puede sustraerse á esa impresión
la galeria cubierta será la más grande del mundo, con lo cual honda, especial, que producen en el creyente los misterios relicreemos que está dicho todo.
giosos y sobre todo aquel por el cual la Virgen María fué ma·
dre del Redentor. Si necesitara confirmación lo que decimos,
Castillo de Sotoma.yor (Pontevedra}, propiedad tendriala plena en el cuadro que como suplemento artistico re·
del señor marqués de ta Vega de Arm~o (de fotografia de F. producimos y cuyas excepcionales bellezas no es preciso enea·
Prieto). - Et antiguo castillo del marques de Mos, en Sotoma- recer porque se sienten más que se explican.

L::i barones:,. de Anee! tom6 la mano de la joven

CARGO DE CONCIENCIA
POR JUAN.\ 1\1.\IRET,

co~ PRECIOS .\S JLUSTRACIO~ES DE A. MOREAU

I
Tres mujeres, ele pie en la gradería del castillo, cruzaban palabras de despedicta, la cual se prolongaba más de lo regular porque :í. cada una de ellas le quedaba siempre por decir t:i última palabra.
- Puesto que ha venido usted á pie, querida señora, la acompañaré hasta la
extremidad del parque. ¿Vienes tú también,. tía?
.
- ¡Caracoles!.. Recorrer kilómetro y medt0 con este calor. .. Muchas gracias.
Bien se ve que solamente pesas unos sesenta kilograml,s y que conservas tus
piernas de los diez y seis aiios.
.
- Sí, con algunos más encima, dijo la jov~n sonn~ndo.
- Predíquela usted moral, baronesa, y sera obra p1a. Tal vez la escu~he; pero
yo he agotado mis argumentos; y por otra ¡.;arte, nunca toma por lo seno lo que
yo digo. ¿Por qué será?

- Porque eres más joven que yo, tía Aurelia, y porque ya desde pequeña tomaste la costumbre de reirte de todo.
- Por temor de tener que llorar de todo, como dijo el otro.
- ¿Sobre qué debo predicarla, señora Despois?, preguntó la baronesa sonricndo, mientras daba la mano por última vez á la mujercita regordeta y vivaracha
que respondía al nombre de Aurelia Despois.
- ¡Pues sobre el matrimonio! No tiene sentido comLín que una hermosa y
amable joven como esa se burle del matrimonio. ¡Ah! No se casa una siempre
por su gusto ... Ya sé yo algo de esto ... y ha hecho bien en prolongar el estado
de soltera un poco más allá ?e _los lími_tes ordinarios; pero en ,fin, es preciso 11:gar ~ ello; es un_ deber patnót1co, cív1co_y qué sé yo qué ma~ ... Esto debena
e!1s~~arsc en los hb~o~ sobre n~oral rcpubh~ana para uso de las Jóvenes; es como
s1 d1Jéramos el serv1ct0 femen_mo obhgatono.
- Eso es lo que yo le predicaré; y aunque no lo haga tal vez desde el punto

I

�18

L\

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú}.11mo 575

de vista cívico y republicano, no por eso dejará de ser mejor y más atendible el des de mi vecinita; á los dos les agradan el campo, los largos días de estudio,
las veladas de familia; ella se apasionará por sus libros, y él la ayudará; será una
sermón.
El alegre sol de junio, algo ardiente aquel día, prestaba animación al antiguo unión de las inteligencias y de los corazones: son dignos uno de otro. Todo
castillo, imponente mole de piedra gris, flanqueado por dos enormes torres con conspira á unirlos, todas las conveniencias de edad, fortuna y familia: nada falta.
- Y precisamente porque todas las conveniencias se reunen es probable que
estrechas y largas troneras. Aquel castillo, asentado en lo alto de la colina, tomaba con frecuencia un aspecto severo, con su fachada desnuda y sus ventanas ese matrimonio no se verifique. Hemos crecido juntos, y Roberto no vió nunca
irregulares de pequeños vidrios; pero nada resiste á la marcha del sol, y la baro- en mí más que una compañera, una especie de hermana.
- Y sin embargo, según esas cartas, parecíame que este invierno, durante el
nesa, dirigiendo una última mirada que abarcó la habitación, el jardín escasacual
se han visto ustedes tanto, la mutua simpatía tomaba un carácter más tiermente provisto de flores, la inmensa extensión del bosque alrededor y por últino y que la idea de ese matrimonio tan deseado ya no la intimidaba á usted.
mo la vista maravillosa del mar en lontananza, exclamó:
Ahora veo que Roberto, lo mismo que su madre, se ha forjado ilusiones:
- ¡Cuánto amo esa soledad, querida Marta!
Marta permaneció algunos instantes silenciosa, muy absorta y conmovida;
Marta Levasseur sonrió y repuso tranquilamente:
- Sólo aquí soy feliz, y se me podría tomar por una salvaje. Adoro mis bos- mas al fin miró á su anciana amiga, y á ésta le sorprendió la expresión dolorosa
ques, el aroma del tallar, el rumor de las hojas secas que crujen bajo mis pies... ; de los ojos sombríos de la joven.
- Escúcheme usted y compréndame, dijo Marta; hablaré claramente, dejántodo esto me persigue en mi vida de sociedad. Los tres meses de París, que de
una manera tan ridícula parecen insuficientes á mi tía, son para mí un período dole leer hasta el fondo de mi corazón. Mi sueño dorado, aquel que en secreto
de destierro. La pobre mujer no comprende nada; no sabe que, cuando paso las acaricié desde la infancia, sería tener por esposo á Roberto y ser hija de usted;
horas en medio de mis árboles, no estoy sola nunca; que las ramas me conocen pero él no me ama; y no equivoque usted el sentido de mis palabras. Algunas
ya; que las avecillas trinan para mí; que el cielo, visto á través del follaje, es más veces cree amarme, pues me profesa un afecto profundo y también un verdadehermoso que la bóveda libre por muy radiante que se muestre. He aquí lo que ro cariño; él quisiera unirse conmigo, y cree de buena fe que sería feliz por este
yo soy para la vida ordinaria de las mujeres, y vea usted ahora cómo estaré dis- matrimonio; pero se engaña; segura estoy de ello. Si yo me caso, quiero ser adorada de mi esposo, y sin esto no quiero matrimonio, porque me inspiraría hopuesta á escuchar los consejos de la tía Aurelia ...
rror y moriría. Ahora bien: soy incapaz de infundir la pasión que ¡ay de mí!
- Y sin embargo, hija mía ...
- Sí, es verdad, interrumpió Marta sonriendo. Usted ha prometido hacerme me siento dispuesta á sentir. ¿Por qué? Me falta algo, un encanto, un atractivo,
un no sé qué, suficiente en muchas mujeres más feas que yo para hacerse
un sermón en tres puntos.
.
La baronesa de Anee! se detuvo un instante en medio de la avenida por don- amar; y crea usted que esto me hace sufrir mucho. No quiero decir, sin embarde avanzaban; su rostro, un poco flaco y huesoso, se iluminó con una adorable go, que no me hayan hecho la corte, porque soy bastante rica é inteligente y
sonrisa de bondad, que le devolvió un instante su belleza, y bajo el cabello gris estoy bien educada para que más de uno haya pensado en mí; pero las madres
son las que principalmente me han cortejado.
sus ojos brillaron.
-Como yo ...
- ¡Ah!, repuso, no es un sermón lo que trato de hacer á usted, Marta; yo no
- ¡Ah, ustecl!.. ¡Si supiera cuánto desearía decir desde luego que sí y arrosé decir sino aquello que sube del corazón á los labios, y bien sabe usted que la
jarme en sus brazos llorando de alegría!
quiero para hija y que la amaré mucho, casi tanto como á mi único hijo ...
- ¿Quiere decir que le ama usted?
La joven, muy conmovida, abrazó á la anciana, pero sin contestar.
- Tal vez ... ; pero me inrerrogo, y paréceme que cuando se ama de veras no
Muy pronto, á través de los árboles que cubrían toda la colina divisóse el
mar; el castillo quedaba oculto ahora en su nido de follaje; el sendero torcía se ha de preguntar, porque se sabe. ¿Quiere usted que hagamos un pacto? Robruscamente á la derecha y después seguía á. lo lejos la costa, que á veces, sin berto vendrá á pasar el verano en su casa; somos vecinos y amigos íntimos desde hace largo tiempo; yo comunicaré un poco más de animación á nuestra vida
embargo, gracias á un súbito recodo, desaparecía para aparecer de nuevo.
En todo ese maravilloso país normando, en los alrededores de Honfleur, no y hasta pienso convidar á varios amigos, y con esto habrá ocasiones naturales
hay tal vez paseo comparable con aquella avenida: los pies de las dos mujeres de encontrarnos sin que á. nadie pueda extrañar. Antes del otoño Roberto y yo
hollaban un musgo espeso y elástico; el bosque se extendía á derecha é izquier- sabremos á. qué atenernos.
- ¿Podré decírselo?
da, inculto y salvaje, sembrado aquí y allá por espinos blancos y agavanzos en
- Si usted lo desea puede hacerlo; pero ha de entenderse bien que los dos
flor, y á la izquierda el espacio inmenso del mar, brillando bajo los rayos del
seremos libres, completamente libres para decirnos á la primera duda, con toda
sol, presentaba todos los tintes, desde el blanco gris hasta el azul casi negro.
Después divisaron la desembocadura del Sena, tan vasta é imponente, que el lealtad y franqueza: «No te amo como se debe amar., Conozco á Roberto, y sé
Havre parecía una ligera línea negra dominada por sus dos faros. Algunas ban- que es digno de la confianza que en él tengo. Lo mismo que yo, dirá: «Cualdadas de gaviotas y la humareda que despedía la chimenea de un vapor eran las quier cosa menos un casamiento que no haya de ser una unión absoluta y perúnicas cosas que animaban aquella inmensidad. Este espectáculo producía en fecta.» Y sobre todo, advierta usted que el secreto ha de quedar entre nosel ánimo una impresión casi solemne de lo infinito, del silencio, del horizonte otros tres. Usted no dirá nada á mi tía, porque se juzgaría tan dichosa, tan inmensamente feliz, que me trastornaría; y como me conozco muy bien, sé que
perdido en lontananza y confundiéndose con el cielo.
acabaría por echarlo todo á perder.
.
- Sentémonos aquí un momento, si usted gusta, dijo Marta.
- Entonces, hija mía, seré discreta como la tumba; mas espero ... espero ...
En aquel sitio, el talud tenía la altura apetecible para sentarse; los grandes
Las dos mujeres habían continuado su marcha, y al dar la vuelta á un recoárboles que poblaban la parte alta de la colina habían sido reemplazados en
aquel rincón de la finca por una plantación de pinos, que despedían un fuerte y do de la misma avenida encontraron al cartero.
- ¿Tiene usted algo para mí, Sr. Duval?
agradable aroma resinoso bajo la influencia de los ardientes rayos del sol, y á
- Sí, señorita, y ya que la encuentro voy á dar á usted sus cartas; así podré
través de un boquete veíase admirablemente el mar, que muy azulado aquel día,
bajar por la granja, acortando mucho el camino.
prolongábase por la caprichosa línea de las largas playas de dorada arena.
- Eso es, y diga usted á Fernanda que le dé un buen vaso de sidra.
El silencio absoluto de aquella agradable soledad no era interrumpido más
- Gracias, gracias, señorita. Servidor de usted.
que por el zumbido de los insectos ó el rápido vuelo de una bandada de pajariAsí diciendo, Duval descendió ligeramente por un angosto sendero que conllos que habían cesado en sus cantos; solamente dos mirlos se contestaban á lo
ducía á una de las granjas de la finca.
lejos.
Marta miró las cartas y guardólas en su bolsillo.
La baronesa de Anee! tomó la mano de la joven y conservóla entre las suyas;
- ¿No las lee usted?, preguntó la baronesa.
y como Marta levantase los ojos, vió en ellos lágrimas.
- ¡Oh! Sobrado tiempo tengo. Son cartas de amigas del colegio. Es singular
- No era mi ánimo contristará usted, querida Marta, le dijo.
- ¡Ah, señora, usted no me contrista!. .. Es que en este sitio mismo, hace más que las muchachas y las mujeres jóvenes tengan poco más ó menos el mismo
de veinte años, vi llorar á mi madre; yo era muy pequeña entonces, y no podía carácter de letra, inclinada, regular y sin expresión, por decirlo así. Aquí tengo
comprender, pero sollocé en sus brazos al verla tan triste. Más tarde supe la tres cartas, y á menos de examinarlas de cerca, no me será posible decir cuál es
causa de ello. Nunca percibo este olor de los pinos cuando el sol brilla, ni veo de Lucía, de María ó de Julia. ¡Calla! Si las invitase á las tres, con los padres
la curva de la playa sin recordar la escena de aquel día y sin decirme que el de las unas y el esposo de la otra... Así tendríamos una sociedad joven y alematrimonio, cuando la mujer es la única que ama, es lo más triste y angustioso gre: Roberto se encargaría de buscar los caballeros.
La baronesa y Marta llegaban ya á la gran barrera blanca que separa en
que darse pueda ...
- Pues qué, ¿no hay acaso más que malos matrimonios? ¿Tan pronto pierde aquel punto el parque de una senda que conduce al camino real desde Honfleur á Trouville. La baronesa estaba allí casi en su casa, y abrazó á Marta más
usted las ilusiones?
- ¡Oh, hay tantos! ... Yo tengo veintiséis años, y he conocido ya más de una tiernamente aún que de costumbre, pareciéndole que esto era casi una especie
de toma de posesión de sus funciones de suegra. Involuntariamente Marta se
amiga desgraciada que, sin embargo, pensaba ser dichosa.
- Pues yo cuento sesenta, querida Marta, y tengo más fe que usted en este irguió un poco, cual si recobrara de improviso su carácter indómito.
Para entrar en el castillo Marta tomó otro camino más agreste y pedregoso, no
punto; he conocido la dicha completa y la he visto á mi alrededor. Además he
observado otra cosa, y es que con frecuencia la mujer rige su propio destino, y tan agradable como la musgosa avenida; era muy empinado y conducía á la
que la felicidad, comprometida un instante, se puede recobrar y conservar. No cumbre de la colina: á los tallares. de pequeños árboles, llenos de arbustos, y las
digo esto por su pobre madre, á quien mucho quise, pues para ella se produjo rocas caldeadas por el sol, donde las mariposas revoloteaban, sucedió muy pronuna de esas fatalidades terribles que rara vez ocurren. Su esposo estuvo como to el bosque con sus árboles magníficos, cuyas ramas se entrelazaban, produciendo una densa sombra. El camino, convirtiéndose en seodero, debía conduhechizado.
- Sí, abandonó á mamá y ésta murió de pesadumbre, mientras él vivió feliz cir á la joven castellana al punto más alto de la propiedad, dominado por una
uniéndose después con la mujer que adoraba; fué marido y padre ... y me olvi- gran cruz de piedra. En aquel sitio habían cortado los árboles para que se pudó á mí.
diese disfrutar súbitamente de una vista más admirable, no solamente del mar,
- Quiso que fuera usted á vivir en su compañía; pero respetó las últimas vo- sino de todo el país que se extendía alrededor. En aquel magnífico día el panoluntades de su esposa, que deseó confiar á usted á su hermana, y sin embargo rama era sublime.
le profesaba á usted mucho cariño.
Marta fué á sentarse en una especie de escalón que había al pie de la cruz;
- Sí, pero desde lejos. No crea usted, señora, que soy dura de corazón, pues echóse el sombrero hacia atrás, y aspirando con fuerza el aire embalsamado, cohace largo tiempo perdoné un abandono que por lo menos me preservó de un menzó á meditar, contemplando á lo lejos el mar estriado ahora por grandes racontacto odioso; pero hubiera querido abrazar á mi pobre padre antes de su yas sombrías.
muerte. Ahora todo eso está muy lejos y casi borrado de la memoria; soy libre
¿Se lo había dicho todo, absolutamente todo á su anciana amiga? No sin cierde gobernarme á mi antojo y de ser feliz á mi manera, lo cual ya es mucho.
ta inquietud sondeó la profundidad de su corazón, y después, poco á poco, sin
- Pues entonces ... ¿deberé renunciará mis esperanzas? No soy más que una que tratara de explicarse por qué, una inmensa alegría, una dulzura inefable,
vieja soñadora ... ¡Si usted supiese cuántos castillos en el aire he levantado para una sensación casi de triunfo llenó todo su ser, y exclamó en alta voz: «¡Amo,
alojar en ellos á mis dos hijos! ... Yo me decía: Roberto es un muchacho muy Dios mío, qué felicidad! ¡Amo con todo mi corazón y con todas mis fuerzas! ..»
formal, muy trabajador, un corazón de oro que sabrá apreciar las raras cualidaMarta no pensaba en volver á su casa, ni echó de ver que el aire había refres-

NúllfERO 57 5

L\

19

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

c_ado ~n poco: Los dí~s de junio son deliciosamente largos, y la comida del castillo bien hubiera podido llamarse ce1:a, La _joven, que gustaba de permanecer
largas horas en el ca~po, se estr;mec1ó al 01r á lo lejos el sonido de la primera
campanada. ¿Tanto tiempo habia soñado? Levantóse al punto y acordándose
entonces de las cartas de París volvió á sentarse para leerlas, pensando que de
todos i:nodos llegaría antes de tocarse la segunda campanada.
, Cogió sus dos cartas, y desde luego le llamó la atención una de ellas. El cara~~er de letra, bastante parecido al de las otras, inglés ordinario, no le era fam1!1ar; Y buscando en sus recuerdos, ~orno cuando nos habla una persona á
qmen no reconocemos al pronto, miró de nuevo aquella escritura, el sello de
París, la_ f?rma del sobre, y después su vacilación pueril la hizo sonreir, y abriendo la m1s1va leyó:
«~ermana mía: Puedo llamarle así porque es usted mi hermana. Sabrá que al
monr ?uestro padre encontré una _f~tografía de la que no se desprendía nunca;
la_cog~ Y le he cobrado mucho -~armo: representa una niña con grandes ojos de
expresión grave; u1:a de esas mnas q~e no rompen sus muñecas, y que cuando
e_ncuentran un gomón que_ cayó del. m?o le recogen, le guardan y le domestican
tiernamente: Yo soy también un paJanllo que cayó del nido antes de que las
a)as le crecieran; e~toy completamente sola en el mundo, y en mi triste situación me vuelvo hacia usted para decirle: admítame á su lado hermana mía·
ámeme, que yo también la quiero mucho, á. pesar de que ja~ás la he visto
usted.
»Hace má~ de un año que mi madre murió. Tengo un tutor á quien aborrezco Y p~ra qmen soy un estorbo. Aún es~oy en el colegio; pero cuento diez y
ocho anos, y me aburro lo que no es decible ... La familia de mi madre se daría por_ i:nuy contenta con admitirme; pero si mi madre era digna de adoración,
su familia ... no sé cómo decírselo ... , su familia está relacionada muy de cerca
con el teatro, y éste no se ha hecho para la señorita Levasseur. Mi tutor desearía casa~me con un hombre á quien no conozco, y que se casaría conmigo
sólo por m1 dot~, á lo que parece; pero yo no quiero ...
»Uste? es m1 ~mada hermana, y debe ser buena, porque estos ojos que veo
no podnan mentir. .. Abrame los brazos para que yo me refugie en ellos muy
pronto. La querré tanto y la abrazaré con tal fuerza, que acabará por alegrarse
de haberme encontrado.
·
»Su hermanita Ed111u11da Levasseur.»

i

Después se produjo un poco de confusión; era preciso ocuparse de la dama
que había acompañado á Edmunda y que deseaba volver á París en el primer
tren. Roberto desplegó una actividad tal vez exagerada, y al fin tomó asiento en
el landó, frente á las dos jóvenes. Solamente entonces fijó la atención en su
amigo, á quien había olvidado completamente y en el que sorprendió una mirada de enojo y envidia. En el momento de pasar junto al coche, Roberto llamó á su compañero con la mano.
- Marta, dijo, ¿me permitirá usted presentarle á un camarada de colegio, que
ha obtenido licencia para acabar de restablecerse en Trouville? Es el capitán
Bertrand, á quien he prometido presentar á mis amigos, y que será un compañero precioso para las fiestas que usted prepara, según me ha dicho mi madre ...
Bertrand, tengo el honor de presentar á usted á las señoritas de Levasseur.
El landó se puso en movimiento, y el capitán permaneció un momento inmóvil, contemplando á los tres jóvenes, á quienes oía reir; estaba descontento
sin saber por qué, pa:eciéndole que no se había hecho aprecio de él, por más
que Roberto le hubiese presentado. No obstante, al devolverle Edmunda su
saludo, habíale mirado con alguna detención, y otra vez pensó que aquella mirada no estaba en armonía con la educación conventual, aunque también podía
ser que no se hubiese educado en un convento; pero después de todo, era la joven más hermosa que jamás había visto, con sus grandes ojos negros - los mÍs·
mos de su hermana, - pero con el cabello rubio. Esto constituía un contraste
maravillosamente curioso. Marta, por el contrario, marcadamente morena, tenía
color mate y el cabello casi negro, y era más agraciada que otra cosa; pero con

II
El tren de París á Hon~e~r entraba en la estación; dos jóvenes saltaron li~eram~nte de un compart11:11ento, pero como de común acuerdo permanecieron
Jun~o a la portezuela. U na Joven, tan hermosa que hasta los viajeros que corrían
hacia la puerta volvían la cabeza para mirarla, disponíase á bajará su vez. Su
fald~ ~e enganchó, y estuvo á punto de caer al saltar, pero los dos jóvenes se
prec1p1taron para ayudarla.
- Gracias, caballeros, dijo.
. Y su_s ~ermosos ojos repitieron las gracias, distribuyendo sus miradas con una
1mparciahdad conmovedora.
- ¿Qué ha sido eso, Edmunda?, dijo una señora de edad respetable que
acompañaba á la joven.
- Nada, señora, que estuve á punto de caer, y...
No dij? más, y con un movimiento de impaciencia dirigióse hacia la salida.
.,.. ¿Qmén es? ¿Dónde va?, preguntó uno de los jóvenes á su compañero. Conozco Honfleur y sus alrededores tan bien como mi bolsillo, y jamás había visto esa maravilla ...
- Sigámosla, dijo el otro, y así nos informaremos. Seguramente es una joven
de la alta sociedad, y sin embargo ... sin embargo ... hay en ella un no sé qué
que no huele á convento.
El que hablaba así era un gallardo mancebo, que á pesar de su traje de paisano revelaba el militar á la legua: la mirada dura, el bigote provocativo y los
ade~anes un poco bruscos parecían indicar que aquel joven oficial no era muy
bemgn_o en el mando. Su compañero, mucho menos favorecido por sus cualidades físicas, tenía ojos azules de expresión meditabunda y acaso del hombre que
se dedica al estudio.
Edmunda apresuraba el paso: con el cuello tendido y la mirada ardiente,
tra~ba de re~onocer entre las ~ersonas que esperaban á los viajeros aquella que
debia haber ido á buscarla, sabiendo que de aquel primer encuentro dependían
rnu~has cosas. Olvidó así del todo á los dos jóvenes, con cuya evidente admiración se había divertido durante el viaje; sin embargo, la admiración era para
ella cosa tan indispensable como el aire que respiraba.
Apenas ~arta Levasseur vió el rostro de aquella joven, que expresaba profunda emoción, no dudó un momento; adelantóse resueltamente un poco pálida, y limitóse á decir:
- ¿Se llama usted Edmunda Levasseur?
.
Edm~n~a, muy turbada, conmovida hasta el punto de llorar, refugióse por
un mov1m1ento de infinita gracia en los brazos de la joven.
- ¡Hermana mía!, murmuró.
Marta abrazó á. la joven de la manera más cordial. Aquel beso sellaba un pacto, en el que Marta no había consentido sin vacilar antes mucho, sosteniendo
una verdadera lucha en su interior.
- ¿Sabes, dijo, que me pareces una hermana verdaderamente seductora?
- ¡Oh! Si yo pudiese agradará usted ...
- Pues comienza por tutearme, querida Edmunda, puesto que somos hermanas, repuso Marta.
Los dos jóvenes habían sido testigos de aquella escena; Marta los divisó al
fin, pues hasta entonces no había visto más que á. la hermosa viajera, y su pálido rostro se coloreó súbitamente.
- ¡Es usted, Roberto!, exclamó. Su madre no le esperaba hasta la semana
próxima.
- Es que trato de darle una sorpresa.
- Pues entonces le conduciré á usted, porque no encontraría coche y nosotras
pasaremos por delante de su casa. ·
D~spués, como Marta notase que miraba á Edmunda con curiosidad, añadió,
no sm esforzarse:
- Mi hermana, la señorita Edmunda Levasseur. .. El señor barón de Anee!.
El joven saludó profundamente.

Eclmuncla comenzó á sollozar.. .

su eleva?ª estatura_ y su aspecto grave, ¿quién hubiera pensado en mirarla dos
veces mientras tuviese á su lado á la pequeña maravilla?
.
Cuando Roberto se hubo separado de las dos jóvenes, Edmunda tomó la
mano de su hermana.
- ¡Qué contenta estoy!, exclamó ... Si supiera usted ... Si tú supieras ...
. fWarta sonrió; habíale conquistado el encanto de aquella niña que parecía solicitar su afecto, reclamar su protección, que se hacía pequeña á su lado y que
era verdaderamente conmovedora en su candidez semiconsciente. Comprendió
d_e una ~anera vaga que aquella dulzura y encanto para pedir ayuda y protección deb1a tener para los hombres· un atractivo irresistible. La madre de Edmunda ~abía mir~do ta~ vez ,Í su padre como la joven la miraba á ella; mas este
p~nsam1ento n_o hizo mas que cruzar su mente, como un dolor punzante hace
vibrar un neTVJo ~nfermo. D;sp~és se entregó á la alegría de haber encontrado
un ser más débil que ella a qmen amar y mimar de todas maneras; y cuando
~arta__daba su corazón ya no volvía á tomarle. Su primer instinto fué rechazar
a la h1Ja de la extranjera; pero al fin la recogió, y ahora la adoptaba lealmente y
en absoluto.
- Escúchame, Edmu~da, ?ijo; en l~ carta que te escribí no me fué posible
ha~larte de todo. Conmigo vive una tia, hermana de mi madre, la señora Despois, qu~ me ha educado_ y á quien amo con todo mi corazón. Será preciso que
1~ ~onqmste~, pues ... meior es que lo sepas ... se opuso cuanto era posible á que
vmieses aqu1.
- Es muy natural, pu~s no ve en mí más que á la hija de mi pobre mamá;
mas yo haré todo lo posible para que muy pronto no vea en mí sino á tu hermana.
- ¡Qué razonable y sensata eres!, exclamó Marta con admiración.
Edmunda comenzó á reir con su infinita gracia.
- Esto es ~lemental, dijo; haciéndose amar se obtiene cuanto se quiere.
__Esta profesión de fe sorrrendió muc~o á la hermana mayor; pero Edmunda
d1Jo aquello con tanta sencillez como s1 la cosa no admitiese discusión y se
entregó después á una charla t~n seductora sobre la belleza del país y l~s recreos que se prometía en med10 del campo, ella que no había conocido más
verdor que el del bosque de Bolonia, que Marta olvidó muy pronto la impre-

�20

N Ú,\lERO 57 S

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sión que aquellas palabras le causaron. Cuando el coche penetró en la hermosa
alameda que conducía al castillo, el cual no se divisaba aún, Edmunda quedó
casi pensativa.
- ¿Y es tuyo todo esto, esos inmensos bosques/, preguntó.
- Sí, contestó Marta sonriendo. Se puede pasear durante algunas horas por
la finca; y para hacer ejercicio apenas sería necesario salir de aquí.
- ¿Entonces serás muy rica?
- No mucho: las propiedades como esta cuestan caras, aunque yo no me molesto mucho para su conservación, según puedes ver. Me agradan más los bosques que un parque ... , y no producen gran cosa; pero este es un lujo de mujer
salvaje, que á mí me agrada en extremo. La fortuna de mi ... , de nuestro padre,
se repartió en dos porciones. Esta finca me corresponde por mi madre, y según
he creído comprender, tú debes ser más rica que yo.
- Es posible. Papá especuló con el dinero de mamá y le ha decuplicado, según me dijo mi tutor. De todos modos, ni una ni otra nos moriremos de hambre. ¡Qué cosa tan horrible debe ser la pobreza!
- ¡Quién sabe! Yo no hubiera temido verme obligada á ganar la vida, ó por
lo menos lo creo así.
Edmunda se estremeció de horror. ¡ Ganarse la vida, trabajar como una segunda maestra del colegio de que acababa de salir! Ella, mujer de lujo, no hubiera sido capaz de hacerlo.
El coche penetró por la izquierda en una nueva avenida más ancha que la
primera, sombreada por grandes hayas, y de pronto divisóse la mole gris del
castillo con el bosque á la espalda, con su extenso prado cubierto de flores, desde donde la vista podía abarcar un inmenso espacio.
- Pero ... esto es muy importante, exclamó Edmunda; parece un castillo de
novela. ¿Habrá por casualidad aparecidos?
De repente Marta pensó con alguna tristeza que el ap:i.recido que iba á visitarle era el pasado, bajo la forma de Edmunda, fa hija de aquella mujer que tanto había hecho llorar á su madre. Y preguntóse si la difunta no la censuraría
por aquella entrada triunfante, aquella toma de posesión. Las palabras de su tía
resonaban en su oído. «¡Ya lo verás ... , la desgracia entrará aquí con la hija de
la actriz!&gt;&gt; Pero Marta, desechando resueltamente estos pensamientos, se inclinó
para besar de nuevo á su hermana.
- No, hija mía, dijo, no hay aparecidos en mi casa, y si los hubiera, la alegría de tus diez y ocho años los alejaría de aquí. Bienvenida seas; si yo puedo
proporcionarte la felicidad, serás dichosa; me comprometo á ello.
Edmunda, muy conmovida y un poco inquieta por las serias palabras de su
h~rmana, la miró un momento, y sus hermosos ojos de niña se llenaron de lágrimas.
- Te adivina, mi buena Marta, dijo con acento de verdadera sinceridad, y á
no ser así, jamás hubiera osado escribirte. Papá me lo había dicho: «Si alguna
vez necesitas ayuda y protección, Edmunda, dirígete á tu hermana; yo te aseguro que no será en vano ... » ¡Cuántas veces he pensado en esas palabras!.. Pero ... ¿cómo decírtelas? Te suplico que no me tomes muy por lo serio. No soy
nula, pero tampoco sé si soy buena, y me parece que viviendo contigo podré
llegará serlo ... En esto es principalmente en lo que hay que ayudarme ... Hasta ahora he pensado sobre todo en divertirme lo más posible con las cosas de la
vida; pero tal vez sea esto insuficiente como ideal... ¿Lo crees así?
Edmunda se reía, en parte con sinceridad, al hacer tal confesión, no queriendo que se tomasen sus palabras al pie de la letra y deseosa sobre todo de parecer bien á su hermana.
Marta sonrió.
- Me pareces bien tal como eres, repuso, con tal que seas siempre franca y
sincera; esto es todo lo que te pido.
Se acercaban al castillo: los criados, curiosos por ver á la nueva seiiorita, habíansc reunido á la entrada para recibirla; Edmunda contestó á sus saludos con
mucha gracia, y al punto se la proclamó como encantadora, lindísima y no or-

gullosa.
En cuanto á la señora Despois fué necesario ir á buscarla hasta el fondo de
un gabinete, donde bordaba en un enorme bastidor, ocultando en parte su pequeño cuerpo de formas redondeadas.
- Tía Aurelia, aquí está mi hermana Edmunda.
Marta pronunció estas palabras con una entonación algo particular; amaba
mucho á su tía; pero bien mirado, la joven era dueña del castillo, y en algunas
ocasiones no vacilaba en darlo á entender. La tía se vió súbitamente con las
manos tan llenas de sedas y lanas, que no pudo dar á la recién venida más que
un dedo, y después se ocultó en parte detrás de su bastidor, sin dignarse notar
la expresión algo turbada del lindo rostro de Edmunda.
- Buenos días, señorita, dijo. ¿Ha tenido usted buen viaje? Un poco de polvo, ¿no es verdad? En cuanto á mí, me causa horror el ferrocarril. ..
- T odo ha ido bien: gracias, señora; pero ... yo la suplico que me llame Edmunda á secas ... Marta tiene la bondad de tutearme.
- ¡Oh! Marta es muy dueña de hacer lo que guste; ella es quien invita á usted, pretendiendo que usted es su hermana. Yo no deseo otra cosa; pero si soy
tía de ella, no lo soy de usted. La madre de Marta era hermana mía, una hermana á quien adoraba ...
- Lo sé muy bien, señora; usted no desea mi presencia, y me parece muy natural; péro si usted quisiera fijarse bien en mí. .. ¡mire usted, así! .. . vería que no
soy ma)a, comprendiendo también cuán doloroso fuera para mí dar lugar á la
menor des~venencia entre mi hermana y usted. Y ... yo aseguro que haré cuanto
m~ sea posible para que algún día no lejano me perdone usted el ser. .. hija de
m1 madre.
·
. Ent~nces, vencida I?ºr todas las emociones del día y por aquella primera resistencia, ~unque prevista ya, Edmunda comenzó á sollozar con la violencia de
los niños que no saben reprimirse y que quieren que se l~s consuele. Muy molest~da por aquella escena, la señora Despois se retiró precipitadamente de su
bastidor.
- ¡Vamos, señorita, dijo, vamos .. . Edmunda!..
-. J?ispense usted, señora, balbuceó la joven entre dos sollozos, dejándose
acariciar por su hermana; no lo hago á propósito; es que no puedo remediarlo...
¡Ea! Ya se acabó...
- Entonce~ será prec!s? que la bese para hacer las paces, ¿no es verdad?
- ¡Ah !. .. ¡S1 usted qu1s1era no aborrecerme!
- Pero si yo no la aborrezco; lo que odio es el pasado. ¡Vamos, no se hable
más del asunto! Tome usted ... ¿Está contenta ahora?

Y tía Aurelia besó en la frente á la joven, no pudiendo resistir más á las miradas suplicantes de Marta.
La tempestad pasó tan pronto como había venido. Edmunda reía y lloraba
aún, dando gracias á la señora Despois con frases sueltas entrecortadas por sollozos.
Marta se apresuró á llevarse á Edmunda para instalarla en su habitación. Al
ver á las dos jóvenes, y sobre todo á' la mayor, rodeando con el brazo á la otra,
que parecía tan pequeña y graciosa junto ella, Aurelia murmuró: ~¡Si me hubiesen predicho que yo besaría á esa niña! ... Pero con sus ojos hará cuanto quiera de todos los que á ella se acerquen. En cuanto á Marta, ya se ve que está
hechizada. ¡Bah! Casaremos la pequeña cuanto antes, pues segura'mente no
será de las que hacen ascos al matrimonio... , y después volveremos á quedar
tranquilas. Esa muchacha es lindísima, no se puede negar...»
La habitación particular de Marta se componía de una espaciosa estancia con
vistas al jardín y de un gabinete dispuesto en la gran torre de la derecha; este
aposento circular era lindísimo, y tenía la pared tan gruesa que en su espesor
en cada estrecha ventana quedaba lugar para dos asientos, en los que se habían
puesto almohadones y desde los cuales se disfrutaba de una vista admirable.
Una escalerilla de caracol, practicada igualmente en el espesor del muro, cdnducía al jardín por una puertecita de la que apenas hacía uso nadie más que
Marta. Al piso superior subíase por la misma escalerilla, pero rara vez estaban
ocupadas sus habitaciones. Junto á la alcoba, y comunicándose con ella, había
otro aposento muy grande y alegre.
- He aquí tu habitación, Edmunda, si es que te agrada. Si la prefieres mandaré arreglar la de más arriba, que también tiene un saloncito en la torre; pero
me ha parecido que, sobre todo si tienes miedo á los duendes, te agradaría estar bajo mi égida. Mi gabinete será el tuyo; ya ves que hay piano, libros y escritorio, y adell\ás es bastante grande para que no nos molestemos mutuamente.
- Déjame permanecerá tu lado, Marta, siempre junto á ti. ¡Estoy tan bien!
¡Qué bonita habitación me has dado, y qué vistas tiene! ¡Ah! ¡Qué felices vamos
á ser las dos!
Algo sobrexcitada y febril, Edmunda no podía estarse quieta y quiso visitar
desde luego el castillo, mientras la doncella abría los cofres para poner en orden todos los efectos.
La parte posterior del castillo, muy irregular, cortada por torrecillas terminadas en cono, por varios cuerpos de edificio que tan pronto presentaban entrante como saliente, y algunos pequeños patios interiores con el pavimento de
grandes piedras, todo ello construído en diversas ocasiones, según las necesidades del momento, no estaba muy en armonía con la severa fachada desnuda.
~ás allá veíanse las cuadras, un corral, un extenso verjel y un huerto, y en último término extendíanse á lo lejos por todos lados los silenciosos bosques ...
Edmunda, pequeña parisiense escapada de colegio, al Yerse en plena campiña se embriagaba ante aquel paisaje lleno de vida, que tenía para ella el encanto
de lo imprevisto y de la novedad. Pensaba divertirse mucho y jugar al aire libre; mas en aquel pequeño cerebro las ideas se cruzaban y confundían desordenadamente.
- ¿Y vas á recibir visitas y dar fiestas? ¡Qué felicidad! ... Ese caballero... ¿có~o se llama?... que tú encontraste fué quien lo dijo. ¿Le conoces hace mucho
tl~mpo?.¡Qué extraño es que no haya pensado en casarse contigo, puesto que
sois vecmos! Yo creo que el campo debe invitar á casarse...
.
- Ya ves que no, puesto que para mí no ha llegado todavía la hora.
- Ya vendrá. Me agrada mucho ese caballero, aunque tiene los hombros algo
abultados; sin duda escribe mucho, inclinado sobre la mesa... También el otro,
ya s~b~s, el militar, es seductor. Esos dos caballeros ocuparon el mismo compart1m1ento que nosotras durante el viaje. ¿No te lo dije? Yo me divertí mucho.. . Los dos me miraban sin apartar de mí la vista un minuto, y yo dejaba
caer expresamente mi libro ó mi pañuelo para ver cómo se disputaban quién
lo cogería antes;, una vez tropezaron uno contra otro, y estuve á punto de soltar
la carcajada. Después, al apearme, faltóme poco para caer, y los dos corrieron
para ayudarme. Cada cual obtuvo una de mis mejores sonrisas, y así ninguno
podrá tener celos.
Este relato no complació del todo á Marta.
- Espero, sin embargo, hermanita mía, que no serás coqueta...
- No lo sé; mas creo que sí, y no habrás de extrañárlo, puesto que te he confesado que tenía muchos defectos...

NúMERO

575

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

idea de hacer desbrozar aquellas espesuras. En trechos muy largos el sendero que une dos aldeas no es
otra cosa que el lecho de un arroyo, lo cual, si bien
EN EL FONDO DEL GOLFO DE GUINEA
es
cómodo para los habitantes del país, pues les ahoLA MISIÓN FRANCESA DEI. CAPITÁN B I NGER
rra trabajo, resulta muy penoso para el europeo, que
Entre el cabo de las Palmas y el de las Tres Pun- no podría andar descalzo, como los indígenas, sin que
tas extiéndese una costa de cerca de 600 kilómetros sus pies quedaran destrozados á la primera etapa.
SECCIÓN CIENTÍFICA

a

a

III
Marta no había tenido nunca una amiga íntima á quien contar todas sus cosa~; sus compañeras no fueron para ella más que compañeras, y tal vez esto explicaba que desde su primera juventud hubiese tomado la costumbre de escrib!r u~ diari?. Muy reflexiva, amante hasta el punto de darse cuenta de sus propias 1~pres10nes y pensamientos, dejaba correr su pluma con cierto abandono,
y escnbía con la mayor sinceridad. Con frecuencia, cuando todos los de la casa
dormían profundamente, Marta sacaba de su pupitre un libro con cerradura,
qu~ solamente se abría para ella, y en el fondo de un mueble, bien guardados
baJo llave, tenía varios volúmenes semejantes, en cuyas páginas se expresaban
todos los incidentes ocurridos en sus juveniles años y todos sus pensamientos.
Algunas veces abría uno á la casualidad y encontraba allí. descritos los acontecimientos que al pronto habían parecido muy importantes y cuyo recuerdo se
habí~ borrado; ilusiones que no se realizaron, grandes pesares de niña que desde lejos hacían sonreír, bosquejós de pequeñas novelas, de las cuales solamente
se había escrito el primer capítulo, y juicios absolutos como lo son los que se
forman á los diez y ocho años y que ahora la hubieran hecho ruborizarse. Pero
Marta g~ardaba todos sus cuadernos, y aprendía á conocerse un poco, á tener indulgencia para aquellos que, á su vez, aleccionándose con mucha lentitud muéstra~se intolerantes, violentos ó inconscientes, así como los frutos son ás{)eros y
agnos antes de la madurez... También aprendía á ser paciente consigo misma,
y á no desesperarse cuando se sorprendía á sí propia en flagrante delito de orgullo é intolerancia.
Una noche, cuando su hermana dormía ya con la tranquilidad de un niflo,
cansada de correr, Marta cogió su diario.
(Co11ti1111ar,í)

Fig. r. :\lisión del capitán Binger en la costa del Marfil en el país de Kong. Una calle de Kong (de fot ografía)

de ex!en~ión, bañada por varias corrientes, de las que
las prmc1pales con el Lahú, el Comoé y el Tanoé.
Esta costa, que pertenece á Francia en virtud de tratados, cuyas fechas remontan, en algunos de ellos á
1850, no ha sido nuevamente ocupada hasta desp~és
que regresé de mi primer viaje, en 1889: actualmente forma parte del gobierno de la Guinea francesa,
con el nombre de costa del Marfil, y confina al Oeste,
por el rí? ~ayally, con la república de Liberia, y al
Este esta hm1tada por el territorio de los achantis, la
Gold-Coast (Costa de Oro) británica.
. La misi~n que me .había confiado el gobierno consistía en fiJar los límites de nuestras posesiones del
Este, d~ acuerdo con los agentes del gobierno inglés,
y e_n avistarme con los principales soberanos del intenor qu~ están sometidos á nuestro protectorado.
_La región que la misión ha recorrido es la parte
onental de nuestras posesiones de la costa del Marfil
que se extiende al Norte hasta las comarcas musui'.
manas de Bondukú y del país de Kong.
A.p,esar de las apariencias, esta región no se parece m a nuestras posesiones de los Ríos del Sur ni á
las del g?lfo. de Benin;_ tiene un carácter especial por
su const1tuc1ón geológica, y por consiguiente por su
v~getación y sobre todo por los pueblos que la habitan.
La forma general del litoral de la costa del Marfil
es notablemente recta, debido esto á una corriente
marina procedente del Este que ha hecho desaparecer las anfractuosidades de la misma y cerrado las
desembocaduras de casi todas las corrientes de agua
que van á parar al mar.
Las corrientes marinas han transformado las bahías en la~unas, separadas del agua salada por una
e~trecha faJ~ de arena que constituye el litoral propiamente dicho, en donde se han establecido las factorías. Las lagunas así formadas son verdaderos lagos navegables que á menudo se extienden 70 millas
paralelamente á la costa: tales son las de Ebrié. ó de
Gran Bassam, y la de Ahi y de Ehi ó de Assinia.
Muy cerca del mar estas lagunas están bordeadas
P?r una cortina de paletuvios, que oculta una vegetación exuberante que se adivina en las cimas cubiertas
de árboles gigantescos. El suelo se eleva á medida
que se _avanza tierra adentro: pronto aparecen algun~s colmas y algo más allá varios montículos volcám.cos, dispuestos paralelamente á la costa, que las corn~ntes de agua salvan formando rápidos. Toda esta
reg1ó1: está cubierta de un inmenso bosque que sin
solución de continuidad se extiende en un espacio
de, un centenar de leguas hasta los confines de los
paises musulmanes de Bondukú y de Kong. En este
océano, de yerdura,. que el viento y el sol son impotent~s a ammar, rema una atmósfera pesada, el aire
,resp1rable escasea, las etapas son con frecuencia muy
penosas y las raíces de las lianas constituyen obstáculos que es preciso vencer á sablazos. Por esta razón
cuando en las inmediaciones de las aldeas se encuent~a~ hermos~s senderos abiertos por los indígenas, el
ViaJero bendice á los caciques que han tenido la feliz

L

b

ª po !ación agm, la que habita el gran

bosque
ha llegado allí en una época relativamente cercan~
(5_00 ó 600 años) procedente de los confines septentnonales del actual Achanti, habiéndose establecido
en aquel territorio pacífica y cómodamente. En la
época de su llegada, sólo las corrientes de agua i·mporta,ntes estaban habit~das, com? lo están aún hoy
en
á d1a, por una población exclusivamente dedicada
1
taj:s.pesca,
que construía sus viviendas sobre piloLa Id
.d I b
s ª eas ~gm, e osquc tie~en muc?a analogía
con las achantls: a menudo no tienen mas que una
calle orientada de Norte á Sur en un claro rodeado
de grupos de bananos, de algunos limoneros
n~s. Las chozas son re~tangulares, en forma d~
d1llos, con paredes de tierra amasada y techos artísticamenl.te ~rabajados cdon ld)almas; por lo general son
muy 1mp1as y revoca as e ocre encarnado· no fenen de censurable más que el ser ridículam~nte lequeñas hasta el punto de no poder instalar en el1as
apenas un catre y una maleta. Naturalmente ricos
por los muchos productos que se encuentran en el

ven de joyas que los agni de los dos sexos llevan en
forma de brazaletes, ligas y collares. Los indígenas
explotan la caoba, el caucho, el aceite de palma y en
algunos distritos el palo campeche.
A unas cien leguas de la costa se empieza á encontrar algunos claros que se suceden cada vez con menor intervalo, hasta que se llega á una zona en donde el bosque constituye en cierto modo multitud de
oasis. Muy pronto se alcanzan las llanuras del Sudán
meridional, el país de los pastos, de las aldeas con
chozas redondas, de las grandes aglomeraciones· el
país en donde los pueblos fetichistas han sido re~mplazados por los mandés musulmanes. Vense allí
grandes centros de población, aldeas con muchos millares de habitantes, como Bondukú ( 7 á 8.000) y
Kong (ro á 15.000), que revelan un mayor bienestar
en aquellas regiones; compréndese que existe allí un
puebl_o más ávido de lujo, más ganoso de lucro, más
Jabonoso; en una palabra, más civilizado. Muchas de
aquellas .gentes .saben leer y escribir el árabe, y aun
algunas tienen cierto barniz de educación que en vano se buscaría en una población del bosque. En la
clase elevada de la sociedad mandé se encuentran
individuos dotados de cierta distinción, de una fisonomía fina, de ojos vivos é inteligentes y de maneras
que sorprenden tanto más cuanto menos se esperaba
encontrarlas. El anciano imán de Bondukú y Karamokho-ulé y el soberano de Kong se hallan en este
caso y se captaron en seguida las simpatías de mis
compañeros de viaje.
~sta población es á la qu·e debemos procurar atraer
hacia nuestras factorías: su actividad mercantil es
extraordinaria y se extiende por toda la desembocadura del Níger. De ella hemos de servirnos para hacer penetrar nuestros productos en todas partes, y á
eSte fin deben tender todos nuestros esfuerzos. Ya
cuando mi primer viaje pude observar entre los mandé d K
b
s e ong _nota les cualidades comerciales, y ahora he~os te~1do la suerte de confirmar nuestra primera impresión y de ver comprobadas estas cualidades por todos los individuos de la misión. Estas poblac10nes desean entrar en relaciones directas con
nosotros, comerciar directamente con nuestras facto' prescmdiendo
·
n~s
de intermediarios. En muchos distr1tos, en el_ Anno entre otros,. el soberano ha mandado ya abm nuevos caminos y rectificar los antiguos
de modo que hoy las distancias se salvan más cómo~
d
l
c:::~t\~ l~t ma~dés l~ga~é actualmente hasta el
1
'
acn y en, ett1 y muy pronto podrán
~i:~:r
faetonas con gran beneficio para
La misión ha s'd b.
'd
los jefes con quien:s ~ra:::~~!~d~ :~t7otars8~a9r~~~
h f: T d 1
d:nm:~~~: o a tarea de ~oncertar nuevos arreglos,
m· .
que h~mo? P1fd1do ensanchar nuestros dori~n~~s ~~e~~;;~.
:i~~ó~ ~!a;m.~a ~ el t~?itr
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ff ~;.~~f~fr:~&amp;fr~i;~,ii::~~;1~:if ~1~~¾1;~:;:~:,O
,~;i~d~~i~:~:,:1~:I;1:J:r::.:;r:
1

cas, de ñame ó de maíz, y los hombres no se dedican llas Artes

F'
•ig.

·
2. ·\f1s16n

e expuesta en la Escuela de Be-

del capitán Binger. Una mezquita en Kong (de fotografía)

á otro trabajo que á la caza. En ciertas épocas del
año una parte de los habitantes se ocupa en extraer
y lavar el oro, que abunda mucho en los terrenos de
cuarzo: el P?lvo de oro es, por lo demás, la única
moneda comente en todo el bosquej las pepitas sir-

Nuestros grabados son reproducción de dos de estas fotografías: la fig. r representa una calle de Kong·
l~s casas son de ladrillos secados al sol, el exterio;
tiene por o~na?lento anchos contrafuertes, y en la fachada los md1genas elevan una serie de pequeños

�LA

22

Experimento de fluorescencia

alminares que algunas veces revisten proporciones
monumentales, como lo den:iuestra la vista de la mezquita que reproduce h fig. 2. La ~uerta de entrada
de las casas da á un vestíbub que sirve de lugar de
de reunión y algunas veces de cuadra y desde el cual
se pasa á un patio inmen~o en el cual se abren las
puertas de las chozas.
L. G. BINGER

QUÍMICA SIN LABOR.\TORIO
EXPERIMENTO DE FLUORESCENCIA

. Los colores extraídos del alquitrán de hulla no sólo
tienen innumerables aplicaciones, especialmente en
tintura, sino que también se utilizan para experimentos tan interesantes como de fácil realización.
Basta para ello tomar un vaso, llenarlo de agua, esperará que el líquido esté completamente inmóvil y proyectar entonces en la superficie algunas partículas de
fluoresceína: los granitos de color descenderán lentamente hacia el fondo del vaso en estado de disolución, dejando en pos de sí unos surcos amarillos de
fluorescencia verde de hermoso aspecto.
La cantidad de materias colorantes que se emplea
para producir el fenómeno es insignificante, siendo
suficientes las partículas que quedan adheridas al papel en que se las ha colocado para verterlas luego en
sus recipientes.
Este experimento sale bien con todas las materias
colorantes artificiales que son más pesadas que el
agua, que ésta empapa fácilmente sin disolverlas demasiado de prisa, y resulta especialmente notable
con las materias colorantes de fluorescencia, tales
como la eosina, la erytrosina, etc. Las materias colorantes no fluorescentes producen surcos de un solo
color, tales como el verde malaquita, la coceína, el
rojo francés. Finalmente, mezclando varios de ellos se
obtendrá un verdadero ramillete de surcos de colores
variados.

J. G.
LA PRESTJDIGITACIÓN DESCUBIERTA
COCHURA DE UNA TORTA EN UN SO~IBRERO

Este antiguo juego de manos divierte siempre á
los espectadores.

ILUSTRACIÓN ARTÍST!CA

Nú~rnl?o 575

Se rompen dos huevos en un bote mental que disminuyendo de piso en piso llega á forde porcelana, se les echa harina y aun mar en su cima un octágono de r 5 metros de diámelas cáscaras de aquéllos y algunas go- tro y termina en una cúpula debajo de la cual habrá
tas de cera ó estearina de la bujía que un reloj cuya esfera tendrá 6 metros de diámetro y
alumbra la mesa (al fin y al cabo hay cuyas agujas estarán á 110 metros del suelo. El piso
muy poca diferencia entre esta substan- de la torre reservado á este reloj está coronado por
cia y la margarina que suele venderse una cúpula de hierro-acero cubierta de aluminio (véacomo manteca), y metido todo ello en se el grabado) que, merced al tono de este metal, proel sombrero (fig. 1) se pasa éste tres ducirá un efecto completamente nuevo é inesperado.
veces por encima de la llama de una Sobre esta cúpula se alzará una estatua colosal de bronbujía y se retira de esta cacerola de ce de Guillermo Penn, el célebre fundador de Pennuevo género una excelente torta co- sylvania, que ha sido fundida en cincuenta piezas, y
cida en su punto. En cuanto al propie- cuyos peso y altura son de 24 toneladas y r r metros
tario del sombrero, que ha pasado por respectivamente. El sombrero tiene 90 centímetros
toda clase de zozobras, una vez termi- de diámetro y el borde del ala 7 metros de circunfenado el experimento observa con visi- rencia: la nariz tiene 53 centímetros de longitud y 10
ble satisfacción, por lo menos en la de abertura, la boca 30, la cabeza, desde la barba al
mayoría de los casos, que en el fondo sombrero, r metro y los dedos 75 centímetros. Desde su chistera no queda huella alguna pués de la cúspide de la torre Eiffel, la cabeza de esde la salsa que en él se había vertido. ta estatua será el punto más elevado del mundo en
_g,,~.:r,41
La fig. 2 representa el aparato utili- un monumento. Para evitar la oxidación del hierro
zado por los prestidigitadores para co- de la cúpula ésta irá cubierta de una capa de aluminio
cer una torta en un sombrero. A es un encima del cobre previamente depositado sobre el hiebote de loza ó de porcelana (también rro por medio de la electrolisis: de estos trabajos elecpuede ser de metal), en el que se introduce un cilin- tro-metalúrgicos se ha encargado la Tacony Iron and
dro de metal B, cuyos bordes, en uno de sus extre- Metal C.0 , de Tacony (Pensylvania), habiendo tenimos, están doblados exteriormente en todo su rue- do que construir á este fin un edificio especial de 40
do y que está dividido por un tabique horizontal metros de largo por 20 de ancho. Las dimensiones
en dos compartimientos desiguales c y d; el interior de las tinas de electrolisis se han fijado naturalmente
de la parte d está pintado de blanco
brillante simulando el tono de la porcelana. Finalmente, cuando el cilindro
B está metido completamente en el
recipiente A, donde lo sujetan cuatro
resortes r r, colocados alrededor, nada denota, á cierta distancia, que A
no sea un solo objeto tal como ha sido
presentado al comenzar el experimento.
El prestidigitador ha introducido secretamente en el sombrero la torta y el
aparato B, haciéndolos caer en él al
pasar por detrás de una silla en cuyo
respaldo están colgados.
El bote A, que nada de particular
ofrece, ha sido naturalmente sometido
al examen de los espectadores: la harina que se echa á los huevos tiene por
objeto hacer la pasta menos fluida y
evitar así más seguramente las manchas.
Colocada la torta en el hueco d del
recipiente B, el contenido del bote A,
echado desde cierta altura, cae en la
parte c del aparato; luego se introduce
el bote poco á poco en el sombrero
para coger y retirar al mismo tiempo
el recipiente B y su contenido, no dejando en aquél más que la torta. La
fig. 3 representa esta última operación;
á propósito hemos dejado la parte B
medio fuera del bote A; pero ya se
comprenderá que debe penetrar enteramente en él cuando el bote, al ser
introducido en el sombrero, está oculCúpula de la Casa ele la Ciudad de Filadelfia y estatua
to á la vista de los espectadores.
de Guillermo l'enn
Este experimento puede complicarse encendiendo alcohol ó pedazos de
papel en el compartimiento c del aparato, pero pro- según las de las mayores piezas que han de cubrirse,
cúrese no hacer lo que aquel aficionado que para dar que son las pilastras y las columnas que rodean el pimayor brillantez al experimento puso en el recipien- so del reloj, y como estas columnas tienen 8 metros
te tal cantidad de pólvora que fué preciso arrojar de longitud y 90 centímetros de diámetro, aquellas
agua en el sombrero para extinguir tinas tienen 8 metros de largo, 1 '2 de ancho y 1'5 de
el incendio que empezaba á produ- profundidad y contienen unos 17 metros cúbicos de
cirse, con l o cual quedó aquella disolución. L-i tina en que se efectúa el depósito del
prenda como nuestros lectores pue- aluminio tiene 2'4 metros de profundidad por razón
den figurarse.
de los trabajos especiales que ha de ejecutar y conMAGUS
tiene unos 30 metros cúbicos de disolución.
Las tinas están dispuestas en dos hileras en fosos
cimentados: el hueco entre la tina propiamente dicha
y el foso está lleno de agua á fin de impedir los escaLAS CASAS CONSISTORIALES
pes de importancia y de equilibrar la presión ejercida
DE FILADELFIA
sobre las paredes de la tina por el líquido activo en
ella contenido. Dos largas vigas de hierro en forma
Y SU CÓPULA CUBIERTA DE ALUMINIO
de doble T, sobre las cuales ruedan dos carretillas,
Las casas consistoriales de Fila- permiten cambiar de sitio las piezas sometidas al tradelfia, cuya construcción está en vías tamiento y llevarlas sucesivamente sobre las distintas
de terminarse, será uno de los mo- tinas en las cuales deben ser sumergidas para asegunumentos más importantes del glo- rar un perfecto revestimiento electrolítico.
bo por su grandiosidad y originaliLas dinamos que para estas operaciones se emdad y sobre todo por la cúpula que plean son las más potentes hasta ahora construidas
corona el edificio. Es éste de forma en América para las operaciones electrolíticas, y encasi cuadrada: dos de sus lados tie- vían las corrientes que producen por medio de con·
' nen 142 metros de longitud y los ductores de cobre de r 5 centímetros de ancho por
otros dos 146. En la fachada cjue mi- 16 milímetros de grueso.
ra al Norte álzase una torre monu(De La Natttre)

NúMERO

575

111t.OADES deJ Esro,,,.

t~t

'4110

~i--

Pepsina Boudault
Aprobada por la AC!DEIIA DE IIIEDICIN.l

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
Médalla, en las Expo1icione1 internacionalea de

P!BIS - LYON - VIENA - PBIL!DELPBI! - P!RIS
1867

lffi

18i3

23

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1876

1878

:· ..............
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GOTA :
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dlrlgihdose i los Sra. Montan« y Simón, editora

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JARABE Y PASTA
de H. AUBERGIER

con I.AO'l'tl'OARI'tTK (Jugo lechoso de Lechuga)
, .Ap, &lt;,bados por la Academia de Medicina de Par/• ,Hnaertadoe en la C,u.tt1c.:c,ón
O.ticial de Fórmula• Legal.,. por decreto miniecer,al de 10 de Man:o de 1854,

Una completa lnnoculdéld, una eficacia ve1Ceclamente comprobada en el catarro
eplatmtco, las Bronqultu,..Cat,1rro8, .Reumas, To1, asma e trrftucto11 lle la gargauta han
' grangcauo al JARA~E y .!'ASTA lle AUBERGIER una lnrnen~a ram~ »
'
e

(Ea:lructo del Formulario .ltUdico del S., Bouchardat cattardtico de la Fucultaá di Medicina (~6• edicidn).

Participando de las propiedades del

..........
-

LAIT ANTÉPRÍLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
1 ■e&amp;elll1 CII lf'I, (111,a
, LENTEJAS, TEZ ABOL
ARPULLmos, TEZ BARkos
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCI.AS
ROJECES
.
Jlft

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==-.v.;~

lodo

y del Hierro, estas Plldoras se emplean

especialmente contra las Eacrofula•, la
TÍals y la Debllldad de temperamento,
asl como en todos los casos(Páltdos colorea,
Amenorrea, el&amp;.• ), en los cuales es necesario
ollrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar ó regularizar su curso periódico,

~;,,.?25

Farmacenuco, en Parts,

~ R u e Bonaparte, 40

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaru¡
b1l', DK MoNTAN'KR Y

Sutó~

�</text>
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>·. ·1: tt11&lt;Uc100_
Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 28 DE DICIEMBRE DE 1891

LA NINFA HERIDA, grupo en mármol de Gustavo Eberlein. (Exposición de Bellas Artes de Berlín,)

NÚM. 522

�. LA
SUMARIO
Texto. -ftfur11mracio1tes europeas, por Emilio Castelar. -No

/a,i/o pensarlo, por Antonio de Valbuena. - SECCIÓN AM K·
RICANA : El ratltro, por Manuel ~·ernández Juncos. -Boceto.
Las pompas de jabóJt, por Juan O-Neille. -Nuestros Gra•
liados. - /ifarcela, por Pedro Valdagne, con ilustraciones de
V, Corcas, traducción de E. L. Verneuil-S&amp;cc16N CIEN·
TÍFICA: Conservación de ejemplares de Historia Natu ral,
por Ju les Rise6n. - Física recreativa. Nai~s mecdn[c~s. La /otografla de los colores, por G. T. - Libros rec1b1dos.
Grabados. - La nú:(a herida, grupo en márm ol &lt;le Gustavo
Ebtrldn t ti:xpo3ici6n de Bellas Artes de Berlín !. - U/timos
rayos, cuadro de D. Dionisia Baixeras. -El comprom;so de
Caspe , cuadro de A. Parladé (premiado en la Exposición de
Bellas Artes de BerHn¡ . - U,i voto, cuadro de D. José Maria
Tamburini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelo•
na •. -En el harén, copia de la notable acuarela &lt;le G. Si•
moni. - Cn'stJbal Colón, busto en bronce de D. Félix P. de
Tavera (propiedad del señor marqués de Comillas). - La ca·
rrttilla, grupo escult6rico de D. Féhx P. de Tavera 1Sal6n
&lt;le los Campos Elíseos de Paris1. - Grupo de cigarreras en
la fábrica dt tabaco! de StVifla, cuadro de Th. von der Beck
1 l'.:xposición de Bellas Artes de Berlín) - ¡Horrible halla:•
gol, cuadro de Adolfo Hering {Exposición· de Bellas Arres
de Berlío). -Fig. I. Na ipes preparados para juegos de ma·
nos: t, ocho de espadas que tiene un punto movible; 2 1 sota
de oros con una punta cortada que se puede reponer. - fj .
gura 2. Naipe que se cambia tres veces; 1, naipe triple; 2 1
parte posterior del naipe triple. - Entrada de ttna /merla m
Sroilla, cuadro de D. Manuel Garda Rodríguez (Exposi·
ci6n general de Bellas Artes de Barcelona) .

MURMURACIONES EURü.PEAS

NúMERO 5+2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

LA I LUSTKACICiN

AKTISTICA

do todos los labios prontos á engañarnos, menos sa, el aire purísimo de las regiones, inaccesibles; _los
aquellos labios suyos que han fluido en el espíritu ' pies, calzados por la media luna de argénteos refle¡os,

nuestro divinas e □ señanzas; la culpa, el error, el pecado, las consecuencias de la primer humana caída,
él vínculo de males mayorazgado en la humana estirpe, no hemos creído nunca que pudieran llegar
hasta nuestras madres, ni entrarse por los hogares
que santifican ellas como verdaderos templos. Si á
esto se hari unido ensueños é imaginaciones de la
primera juventud, aíectos puros en los cuales no ha
penetrado nunca la menor sensualidad, apariciones
de musas divinas que os traían ,\ una idea ó un cincel ó un arpa, el culto á la mujer, el culto sobre todo
á la Madre Santísima, el culto al numen verdadera·
mente creador, el culto' al ideal femenino se os impone con soberana imposición y os lleva como llevó
al poeta por excelencia católico en pos de idolatrada
Beatrice, sobre la cual veis levantarse una idt:alidad
femenil más alta, flores místicas, increadas melodías
religiosas incomunicables de infinita dulzura, lumínico éter semefante al espíritu del espíritu, almas de
ángeles en coro ideas divinas en arquetipo, la virginidad inmaculada que ha mantenido con su atracción magnética la pureza del ser entre las tentaciones y los combates propios de nuestra tumultuosa
combatiente adolescencia, la maternidad que después de daros el aliento "de la vida y el calor de la
sangre os )la dado también la inspiración que forma
como la esencia del espíritu; en fin , un culto íntimo
á la Inmaculada. Marfa.
1

POR OON ltMILIO CASTELAR

11
El día de la Concepción. - Recuerdos. - La Yirgen Madre Proclamación del dogma de la Purísima en los concilios lyo•
nesc:&gt;. -Consideraciones. - La Concepción en el arte pictÓ·
rico. - .\turi!lo. - Ideas acerca de la reconstitución del pueblo
de Israel. - Galilea. - El tetrilorio de Judá. -Conclusión .

despréndense por siempre de las fatahdades reman.
tes sobre nuestro bajp suelo; ángeles representantes
de una nueva efloresceacia de la vida, en que la
niñez recobra sus antiguos paradisíacos bienes, la
sigue y acompaña; crúzanse las mano? como agitadas
por los sacudimientos del amGr místico; y allá, en la
mirada sobrenatural de sus ojos extáticos, alzados á
las alturas vese resplandecer en una revelación in ·
creíble y ~isteriosa el espíritu de Dios. i Bendito dogma, que ha dado al mundo la Concepción de Murillo!

111
Todas estas exaltaciones del tipo de María me
traen á la memoria los espacios consagrados por el

recuerdo místico de su natividad. Ahora que, tras
los malos tratamientos dados á los jqdíos en Rusia,
piensan muchos príncipes de la raza per¡eguida en
reconstituir el pueblo de Israel sobre su viejo territorio, y se tropieza con las dificultades ofreddas por
la desolación del suelo y por la durez~ del chma, parece bien recordar que Galilea, donde naciera la
Virgen, se diferencia mucho de la Judea propiamente dicha, donde muriera Jesús. Sobre todo la villa
de Nazareth es hermosísima. La desolación de Palestina no alcanza, no, á este sitio de habitantes felicísimos y de huertos verdes. La fuente aquella reunió en tiempo de María todas las muchachas de la
población, que iban allí á escanciar el agua. Antonio
Mártir, citado por el mismo Renán refiérenos cómo
los tipos de sus mujeres, todas ellas medio sirias,
tenían una belleza tal, que de común acuerdo las
gentes piadosas en el siglo vi la imputaban al nacimiento y presencia en aquel sitio de María, quien
legó, como vínculo hereditario, gracia y belleza de
consuno á sus amadas convecinas hasta la consuma·
ción de los siglos. Dice también el gran escritor
francés que desde la hoya donde Nazareth está, el
cielo es muy esttecho; mas así que subís á cualquiera de las vecinas alturas y miráis por todas partes,
entrevéis los valles del Jordán, las altas llanuras de
la Perea esmaltadas por las reverberaciones de un
cielo candente, las tierras de Siquem realzadas por
las sacras figuras patriarcales; á un lado aquel Thabor, comparable á blando hermosísimo seno y que
muchas veces semeja rotonda esférica de lapislázuli;
á otro lado el Carmelo, despidiendo incienso de poesía y reverberando el sol en su seno abrupto que
toma tintes de ópalo, esmeralda, zafiro y rubí, según
las reíracciones de los rayos solares en sus aristas; y
allá, tras las cordilleras de Safed, el golfo de Raifa,
cuyas aguas confundidas á la simple vista con el
aire, presentan una línea imperceptible azul, tan
celeste como todas las que dibuja y colora el Medi·
terráneo en sus espléndidos horizontes, dignos por
cierto de aquellas almas que volaban a) impulso de
sus brisas y se sumergían en los resplandores de
su éter.
·

Estas ideas religiosas han animado mucho el arte
cristiano y han tenido su encarnación ideal en obras
de primer orden Lits tradiciones respecto de la serpiente bíblica, tentadora de nuestra madre común
Eva, y respecto del quebrantamiento de su cabeza
por los pies de María, se han revelado en esas maraEl mes de diciembre se distingue y se caracteriza villosas creaciones del humano espíritu, resplandepor su fiesta de la Concepción. En mi casa y en mi cientes con el resplandor de lo ideal. Aunque la
familia fué siempre un día de regocijo, y es hoy un Iglesia católica, desde los más apartados siglos, bien
día de duelo. Recuerdos piadosos y tradiciones sacras al revés de la Iglesia bizantina y de las Iglesias
han surgido este día en términos que aparece su fies- orientales, se ha guardado mucho de regir coa códita como capitalísima entre las fi,estas del año. Nom- gos rr,ás ó menos rigurosos las artes plásticas, puesbre poco usado en otras naciones católicas, úsalo tas al servicio suyo, ciertos atributos y símbolos comucho la nación española. Caprichos del común rresponden á un convenio tácito, pero universal, y
lenguaje han convertido el nombre de Concepción por voluntario de suyo, rigurosamente obedecido.
en Concha, muy prodigado á la verdad y por ende El primer carácter de una Concepción es el acto
festejadísimo entre todas las clases de nuestra socie- de quebrar la cabeza con su pie al reptil maléfico.
dad, que han convertido un asul) tO propio de piado· Entre las nubes, ora perladas por los albores, ora
sas devociones en asunto de visitas y de recreos. purpúreas y enrojecidas por arreboles; entre los iris
Pasa con el nombre de Concha entre las mujeres lo que componen como un himno de matices en el
mismo que pasa con el de José entre los hombres: inmenso·espacio azul; por los coros ,de querubes, de
los celebran á porfía y con preferencia las gentes. No ángeles y de astros deslizaráse forzosamente, cuando
hace muchos años este concepto de la Concepción se trace la lnmaculada Concepción, el reptil, simbo·
dió materia inacaba.ble á disertaciones literarias y re• lo de la culpa original, vencida por el advenimiento
ligiosas, que llegatoa al apasionamiento y á la dis de María sobre la tierra. El cielo debe aparecer como
cordia. Hoy todo se ha tranquilizado, y nadie recuer· un santuario para su figura; la modestia y humildad
da el dogma de la Concepción en España sino para deben brillar en todas sus actitudes; el globo terráfestejarlo. En el siglo xu comenzó á fijarse creencia queo y la luna creciente servirle de pedestal; la pu·
tan piadosa como esta creencia de la Virgen Madre reza inmaculada envolverla por completo; las alas de
concebida sin mácula ni sombra de pecado. Entre los ángeles al empíreo subirla en vuelo raudo; la
las ciudades europeas Lyón ha brillado siempre, no increada luz coronarla y la Trinidad Santísima recisólo á causa de hallarse sobre la confluencia de dos birla en lo infinito. El dogma de la Concepción emríos tan caudalosos como los que besan sus plantas y bargó en términos á los piadosos artistas de la Edad
llevan sus ideas y sus productos al comunicativo media . que nos presentaron en sus cuadros María
Mediterráneo, no sólo á causa de esto, á causa de sin mancha en el vientre mismo, de su madre Ana.
hallarse en las encrucijadas donde se verifica la in- Girolamo de Mazzuola, Dosso Dossl, Carlos Marata
tersección de tantos caminos como desde allí condu- y otros muchos nos han ofrecido la Virgen Inmacucen á Suiza y á Italia. Ora fuese por su posición lada en composiciones complicadísirnas, donde se
geográfica, tan excelente; ora fuese por sus tradicio - descubren desde la escena de la expulsión de nues
nes históricas de colonia romana; ora fuesé porque tras primeros padres al salir de su Paraíso, hasta las
su colocación entre Italia, Suiza y Provenza le daban meditaciones que poseen y embargan á los más esexcepcional influjo, es lo cierto que dentro de sus clarecidos filósofos de la Iglesia, cuando comentan
muros hanse concilios ecuménicos reunicJo, y que ó predican ó defienden el tierno dogma de la divitales reuniones han gozado de una excepcional in- na Inmaculada. Mas realmente quien ha logrado
fluencia en el :desarrollo de las ideas cristianas y en entre todos los pintores expresar1a Concepción es
el esplendor ,d e la Iglesia ~atólica. Quizá por con· nuestro inmortal Murillo, que parece haber tenido
gregarse allí n\uchos fieles, quizá por tener éstos un en su paleta el medio de retrotraer nuestra humani·
fondo y acervo colectivo de ideas propias, brotó en dad á sus tiempos edénicos y restituirle toda la inoLyóa el culto primero á la Inmaculada Concepción cencia perdida en su primera culpa. No busquéis
de María Desengañémonos: cuanto más fuertes re allí, no, la perfección clásica y griega que ostenta
sultan las generaciones1 y lo eran mucho aquellas Rafael, en quien resucita la destreza de Fidias para
que iniciaron las cruzadas; cuanto más valerosos y el dibujo No hay, no, las exactísimas proporciones,
más arriesgados los pueblos, han de sentir por fuerza las acabadas armonías, la correspondencia entre los
mayor ternura en su corazón y en sus entrañas hacia miembros, la matemática exactitud que disti □ guen y
todos los dogmas que divinizan á la mujer y la en- enaltecen al pintor entre los pintores clásicos. Mas
grandecen . Los corazones más abiertos al odio, por aquellas figuras incorrectas parecen la forma de una
razón de sus combates y de sus porfías, ven con ma• oración mística subiendo á lo infinito. Viento espi yor facilidad la mujer colocada ea una especie de ritual, como de una inspiración profética, la impulsa;
atmósfera inaccesible á las debilidades humanas. luminoso éter increado, que semeja como una ,diíuTodos hemos nacido de mujer y todos adorado á sión de la idea del Verbo, la circunda; concierto
nuestras madres como á la imagen más perfecta del celestial, cuyas cadencias adivináis sin comprenderCreador sobre la tierra. Hemos creído á todos los las, absorben aquellos oídos abiertos á todas las diviseres capaces de 'faltarnos menos á ellas; hemos creí- nas armonías; recoge su pecho, en respiración inten •
1

ÚLTIMOS RAYOS,

cuadro de 0. Dionisio Baixeras

y hemos bebido . todos algunas gotas del torrente su Miserere arrasan nuestros ojos y los trenos de sus
Cedrón· todos hemos prestado alguna vez nuestra lamentacioaes arrancan gfmidos de dolor á nuestra
voz al ~oro de sus sacerdotes, y alguna vez hemos garganta; á los trances amargos de la vida llamámosrepetido con las manos plegadas y las rodillas en les calles de amargura; al dolor eterno, á que nues tierra el eco de sus salmos. Todavía los acentos de tra contingencia y nuestra debilidad nos condenan,

¡

llamámosle crucifixión 6 _calvario; y cuando queremas pensar en la mmortahdad, recordamos que sólo
en su valle de J osafat podrer_nos reveshr n~est".' carne regenerad~; y cuando s?namos con lo invisible y
con lo eterno, ¡ah! nos fingimos una Jerusalén mísh-

IV
¡Ah! No hay tierra tan fecunda en ideas como la
Tierra Santa. Estos tres desierto, de. Arabia, de
Egipto, de Judea, puede decirse que han dado las
tres religiones fundamentales á los pueblos cultos de
la moderna historia. El Sinaí de Moisés tiene á un
lado la Meca del Islam y á otro lado la Jerusalén
del Evangelio. Así como Grecia es la patria de la
libertad y del arte, Judea es la patria de la religión
y del dogma. Espectáculo maravilloso para un alma
que sepa levantarse á las alturas de la historia y
evocar el pensamiento de los siglos. Aquella Je.rusa·
lén, asentada en el desierto, adonde han bajado
tantas veces los ángeles del cielo y adonde lantas
veces han subido los pensamientos y las oraciones

del hombre; circuída por sus vastos mares de arena,
en que los rayos del sol rebotan; bajo Jas reverberaciones de un horizonte asiático, enrojecido por el sol
como la bóveda de un horno de cal ardiente· entre
sus guirnaldas de nopales, ·semejantes á una ~orona
de espinas; ostentando los muros fortísimos bruñidos
por aquella luz, las rotondas de sus iglesias y de sus
mezquitas, los minaretes de sus alcázares, el seCo lecho
de sus torrentes, cuyas aguas se han mezclado con
las lágrimas de los Profetas, la suave línea de sus
colinas sembradas por olivos tan seculares como si
fueran fósiles de la historia, Jerusalén es todavía en
su viudez y en su servidumbre, tendida sobre su estercolero, con su esqueleto fuera de su piel y profanado por las hienas de Tartaria, la ciudad del mundo que más holocaustos ha merecido al género humano y más confidencias á la divina verdad. Todos
hemos llorado en las amargas aguas del mar Muerto

.L

&amp;L COMPROMISO DE CASPE cuadro de A. Parlaclé, {Premiado en la Exposición de Bellas Artes de Berlin.)

�8fo

LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

gundas nupcias y tiene ya d?s niños pequeños... Mañana puede mom su padre,
y ¿cómo abandono yo esos niños?
- Pues no los abandones.
~ Y ¿cómo los sostengo?...
- Pues no los sostengas... ¡ Chico,
chico, si lo piensas tanto y reparas en
todo no te casas nunca!
- ¡Ah, si, sí, ahora sí me caso! Ya lo
verás. Estoy ya en relaciones con otra.
¡Si vieras qué buena y qt·é hermosa es!
¡Tiene unos ojos negros!. .. El otro día
la hice unos versos á los ojos, que la gustaron mucho.
- ¡Malo, malo! Eso de andar con
versos viene á ser lo mismo que andarse
por las ramas... ¡Cuando yo digo que no
te casas nunca!
- No lo creas: eso de los versos fué
así medio en broma, ¿sabes?... Empezaba
diciéndola:

ca, poblada_de_ángeleu bendecida_por
profetas en los celajes y en los arreboles de lo infinito. Ocasos.enrojecidos en
cuyos vapores ardientes las nubes de
fuego toman formas apocalítipcas y fingen las legiones de ángeles que han de
esparcir á los cuatro puntos del horizonte los planetas, en cenizas disipados y
desvanecidos por los espacios en duelo;
desiertos interminables por cuyas arenas los solitarios han vivido, los penitentes han llorado, los redentores han
muerto, y que convidan con sus yermos
al silencio y al retiro, como cementerios que se hubieran tragado, no sola•'
mente los cadáveres, sino también sus
sepulturas; ruinas calcinadas por el incendio de los pensamientos religiosos y
ungidas por las oraciones y por las lágrimas de innumerables sectas, hijas
todas á una de la exaltada fe; monumentos contradictorios como la rotonda
del Santo Sepulcro y los minaretes de
la mezquita de Ornar, en cuyas piedras
ciclópeas se cuajaban religiones opuestas acercadas allí por las circunstancias
históricas como para que se viera su
contradicción eterna; las colinas de la
muerte, las grutas de los profetas, las
calles de amargura, los sitios de la
expiación universal, la cumbre del Gólgota, las honduras del Josafat: he ahí
cuanto despide á una en corto espacio
grandísima tormenta de ideas. Pero
¿serán habitables tales regiones por los
mismos que nacieran en ellas después
de haberse transformado al helor de
Rusia? El tiempo lo dirá. Unicamente
nos toca hoy meditar sobre los cambios del Hombre y la perennidad del
Eterno.

«Iba sin rumbo cruzando
Verdes y amenas campiñas
Un día de junio, cuando
Vi que me estaban mirando
Dos hermoslsimas niñas &gt;

- Bueno, bueno; pero no te molestes
en recitárr:1elos, porque ya sabes que no
me gustan los versos.
- Es que no te los voy á recitar todos,
sino que mira, después de decirla que
aquellas dos niñas me gustaron mucho
y que me enamoré de ellas, y que siempre quisiera estar mirándolas y que hasta
las veo en sueños, concluyo:
«Y... pero, bien mío, siento
Que con celos te atormento...
Aparta fieros enojos;
Que las 11illas de mi cuento
Son las ,iiflas de tus ojos ...

Madri'..113 de diciembre de 1891

NO TANTO PENSARLO
La última vez que le he visto, hará .
poco más de do,5 años estaba el pobre
.Eugenio paseándose , en· la galería del
Hotel Iberia una tarde de febrero.
Allí, entre cristales,_como una planta
tropical, él que había nacido entre la
nieve, al pie de los picos de Europa, tosía de cuando en cuando, hablaba por
entregas y tomaba el sol muy arrebuja·
do en la capa.
- He cogido un catarro terrible, me
decía, y no sé cómo, porque... me cuido
mucho; pero lo peor es que... por más
que hago no puedo deshacerme de él...
Ya ves, no salgo de casa ... me paseo
aquí que ...-hay muy buena temperatura ... y nada ... siempre lo mismo.
Después de un rato de conversaoión
le dije:
- Pero ¿no te fastidia ya la vida de '
fonda? ¿Por qué no te casas? ...
- Sí, sí, pienso hacerlo, me contestó.
Me fastidia mucho esta vida, y eso que
aquí se está muy bien; pero de todas maneras, pienso
casarme: no sé si podré hacerlo este año... Ya ves
que es cosa seria y hay que pensarlo mucho.
- Me parece que lo piensas demasiado y no lo
vas á hacer nunca. Ya oo eres niño, y si lo dejas un
poco más ...
- ¡Qué he de dejarlo, hombre! Si tengo novia y
todo ... ·una andaluza monísiina ... y nos vamos á
casar muy pronto. He cumplido cuarenta y tres
años... y reconozco que no tengo tiempo que perder.
Por eso te aseguro que si no puede ser este año, lo
que es del que viene no pasa.
Así lo dijo; pero no lo crean ustedes, porque está
diciendo lo mismo hace veinte años.
Eramos todavía estudiantes cuando le conocí ya
una novia morena, que sin ser lo que se llama una
hermosura, tenía mucho atractivo y mucha gracia.
Hubiéranle ustedes aicho que había de pasar un
año redondo sin que estuviera casado con ella, y no
se hubiera contentado con menos que con rechazar
tan absurda afirmación á bofetones.
Y efectivamente, antes de que acabara de pasar el
año ... ya tenía otra novia.
Porque dió en pensar que aquella morena tan
graciosa y que á él le gustaba tanto no iba á ser del
agrado de su familia, por razones que él sabía ó se

NóMERO 522

UN vo-ro, cuadro de D. José M. Tambnrioi.
(Eicpoii~ión eeneral de Bellas Arte, de Barcelonn.)

figuraba saber; y éó~o dió la casualidad de .que p~r .
entonces tuvo ocasión de volver á verá una rubia
muy espiritual que había conocido de niña, olvidó á
Isabel, que así se llamaba la morena, y se enamoró
de Emilia, que éste era el nombre de la rubia.
Por supuesto, con el firme propósito de casarse
con ella antes de un año. Ya había _él cumplido veinti?ós y no estaba por gas_tar má.s tiempo en amoríos
m en tonterías. Aquello iba á ir formalmente y por
la posta. Al siguiente mes hablaría al padre de la
chic:\, y si éste no se oponía, que por qué se había
de oponer, á los dos meses después la boda.
Dos años habían pasado ya cuando volví á encontrarme con Eugenio en Madrid en la caye del Hor·
no de la Mata, cerca de )a del Desenga~o, y apenas
nos saludamos me faltó tiempo para decirle:
- Ya te hab~ás casado, por supuesto.
- No, todav1a no; pe~o ahor~ an~o tratando de
eso, me contestó con evidente smcendad.
- Pues ¿cómo _has tardado tanto?
.
- Porque te dué... ya no me voy á casar con Em1lia ¿sabes?... Aunque estaba muy enamorado de ella,
y ella lo merecía, eso sí, porque es una criatura ideal;
pero pensándolo todo bien, pues estas cosas hay que
pens~rlas _mucho, he cr.eído que no me convenía ese
matnmomo, porque, mira, su padre se casó en se-

¿No te parece un pensamiento muy
delicado?
- Bagatelas, Eugenio, bagatelas, y bo' bada~. Déjate de esas cosas y al gráno,
t al grano. No te andes en romanticismos,
~ ronte en lo práctico y á casarte pronto
con esa ó con otra, pero pronto.
- Con esa, con esa precisamente será y
será pronto; no lo dudes. Ycuenta que voy
á hacer una gran boda, porque Matilde,
que así se llama mi novia, además de ser
muy guapa y muy buena es muy rica.
- ¡Bien, hombre, bien! Miel sobre
hojuelas. Adelante, y que sea pronto.
Nos despedimos y no volví á verá
Eugenio en muchos años. Creo que habrían pasado ya onceó doce cuando nos
volvimos á encontrar en San Juan de
Lin una tarde en el camino de la plaza.
- Yo iba y él venfa: le detuve, le di
un abrazo, y tratando él de desasirse,
me dijo:
.
- Déjame; ya te veré á la noche: voy
siguiendo á mi novia. ¿No has encontrado á un caballero alto y cano con una
señorita vestida de luto?,..
'
- ¡Pero, hombre!, le dije reteniéndole. ¿En esas me andas todavía? Me
figuraba yo que tendrías ya hijas casaderas, y resulta
que todavía andas tratando de buscar mujer con
quien casarte .. Francamente, yo te creía casado con
aquella Matilde de los ojos negros.. Como me Jo
ponías todo tan llano y tan plano...
- Y así estaba, no creas que no· pero después lo
pensé mejor y me conrencí de qu~ tampoco me con.
venía aquel matrimonio tan ventajoso en apariencia.
¡Ay, amigo mío! Es necesario mirar mucho esas cosas, porque ya comprendes que una boda no se hace
para un día ni para un año, sino para veinte ó treinta ó cuarenta si á mano viene...
- Lo que es tú no creo que la harás para muchos
s~ la haces. Al paso que llevas, se te va á pasar 1~
vida pensándolo y te vas morir soltero.
- No lo creas, como no me muera este año.
- Dios quiera que no; pero, en fin, .. ¿Por qué no
te casaste con Matilde, si se puede saber?
- Sf, hombre: tú lo puedes saber todo. Pues mira:
recordarás que te babia dicho que Matilde, además
de ser muy guapa...
,
- Es verdad, recuerdo que me dijiste que tenía
muy hermosos ojos.
- No solamente tenía bonitos ojos, sino que era
muy g~apa y muy buena, y además era rica.
- Cierto. Recuerdo que también eso me dijiste.

�822

NúMERO 522

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vamos, ¿y qué? ¿Resultó que no había tal riqueza y aquel convencimiento, se fija en una, en la que más
le gusta, y la pide en seguida. Pero á Eugenio le papor eso lo dejaste? No te creía yo tan positivista...
- Ni lo soy; pero no adelantes el discurso: no es reció que la cosa merecía pensarse, y que lo primeeso. Realmente era rica, es decir, lo era su padre y ro era estudiar á las hijas del conde y conocerlas.
Del estudio resultó que las chicas parecía que se
lo habría de ser ella con el tiempo; pero casi todo lo
que su padre tenía eran bienes nacionales, ó mejor afligían poco por las dolencias de su padre, que adedicho, bienes eclesiásticos, comprados por un zoque- más le decían alguna mentira por disculparse en cote allá al principio de la desamortización, cuando, sas de poca importancia, que leían novelas á esconpor temor á las censuras de la Iglesia, apenas se pre- didas, y en fin, que á Eugenio ninguna de las dos le
sentaban compradores y se daban las fincas al pri- pareció bastante buena, y á pesar de que el conde
siguió mucho tiempo echándole indirectas, no dió
mero que ofrecía algo por ellas.
lumbres.
-Pero tú...
Y eso que ya entonces estaba, por s·upuesto, deci- Sí, ya sé lo que vas á decir, yo no lo había comprado, ni siquiera iba á ser su dueño, pero lo serían dido á casarse, y casarse pronto. Como seguía estánmañana mis hijos, y yo mismo iba á aprovecharme dolo unos años después, cuando le vi paseándose en
la galería de cristales, según referí al prin6pio de
de aquel caudal maf adquirido; y... ¿qué quieres?...
- Nada, yo no quiero nada. Por• no querer, ni esta historia,
Mas con toda su decisión, yo sigo creyendo que
quiero ya verte casado. Es decir, querer bien lo quino se casa nunca.
·
siera, pero no te veré de seguro.
Lo piensa mucho.
- Pero, hombre, ¿y qué culpa tengo yo de?...
- Culpa tienes. No me refiero al caso que me esPOSDATA. - En este momento, apenas había acatás contando. Mira, yo respeto tu manera de ver esa
cuestión, y á mí tampoco me gustaría casarme con bado de escribir lo que antecede, llega el cartero y
una mujer que tuviera un caudal mal adquirido, por- entre otras cosas me trae una esquela ... ¿A ver?...
que casi viene á ser lo mismo que entrar en un~
DON E UGENIO V!LLAMOROS...
compañía de ladrones. Bueno, no tendrás culpa s1
quieres en este caso particular; pero ~n gener~l sí
Ustedes creerán que me da cuenta de su casatienes culpa, porque en todo encuentras mcon_veme~tes. ¿No tiene ninguno esa muchacha que ibas si- miento con aquella novia andaluza de que me habló
la última vez. Ustedes creerán que la esquela, desguiendo?
- El caso es que ya me quitaste de seguirla hasta pués del nombre de mi amigo, sigue diciendo:. óarel Hotel de Francia, que es donde vive; y como todas ticipa á usted su efectuado enlace, etc.
Pues se equivocan·ustedes.
las tardes la pago este tributo, puede ser que se enLa esquela dice sencillamente:
fade al ver que hoy ,me he quedado por el camino.
- Vamo~ á ver, y ¿quién es?
HA FALLECIDO
- Es hija de un brigadier; del brigadier Abril, que
es ese señor que iba con ella: no tiene madre, ni más
¡Pobre Eugenio!... Toda la vida pensando en cahermanos que uno que está. en la Aca?~mia de_ in•
genieros en Guadalajara; es bastante bien parecida, sarse y se ha muerto soltero, como yo le pronosticomo habrás notado, si la reparaste, y se llama Flora. caba.
¡Bueno es pensarlo, pero no tanto!
- Flora ... Abril... No puede darse otra novia más
primaveral. Es un amor que parece que se le está
ANTONIO DE VALBUENA
viendo florecer, y sin embargo, se me figura que no
grana ... Pero te estoy entreteniendo: anda, vete tras
de ella.
- No: ya ¿para qué? Ya están en casa. Me vuelvo
SECCIÓN AMERICANA
á la plaza contigo,
Nos fuimos efectivamente hacia los baños y me
EL GALLERO
fui contando Eugenio con mucho lujo de detalles el
estado de sus relaciones con la hija del brigadier,
I
No me acuerdo ya de muchos pormenores; pero bien
sé que desde luego me formé idea de que aquel proCon harta razón ha dicho un ingenioso escritor
yecto de matrimonio tampoco prosperaría, porque portorriqueño q?e un p~eblo de esta provincia puedespués que el novio diera en pensarlo había de en- de pasar largo tiempo sm espectáculos públicos sin
contrar alguna dificultad insuperable.
festividades _religiosas y hasta sin alcalde que le ~priTres semanas estuve yo en San Juan de Luz, y ma ó le gobierne, pero que no podía pasar sin una
todavía cuando me vine para Madrid dejé allí á Eu gallera.
genio tan entusiasmado con su brigadiercita; como . En efec~o, no hay una sola población de alguna
que no pensaba salir de allí mientras ella no se mar· 1mp0rtanc1a donde no se encuentre un edificio octácbara, ni podía sufrir que yo pusiera en duda que se gono cuyo techo, en forma de paraguas, se eleva á
habían de casar al año siguiente en la primavera, veces por encima de las casas particulares, con ese
aspecto de superioridad que distingue generalmente
pero muy temprano.
Y ... ¡qué se había de casar!... Tres. a~os desp~és á los edificios públicos.
me escribió diciéndome que había desistido también
Es la casa que más conocen y visitan nuestros ;1ba•
de aquella boda por motivos graves que él refería á ros; es el lugar donde periódicamente se reunen y se
su modo, y que yo no recuerdo cuáles eran ni lo copfunden todas las clases sociales, atraídas por una
afición común.
puedo averiguar porque no co?serv? la carta...
Algún tiempo después, por 1dent1dad de opm1ones
!)eja_ndo pa~a otra ocasión el trabajo de averiguar
políticas llegó Eugenio á trabar conocimiento con un qmén rntroduJo y fomentó en este país el juego de
conde acaudalado y achacoso que tenía dos hijas gallos, y desde cuándo data la notable afición que
muy lindas. Aflig(ale al padre la suerte de éstas, pen- hacia él sienten nuestros campesinos y una parte no
sando que el día en que él muriera, d(a que, á juzgar escasa de la que allí llamamos alta sociedad sólo
por lo averiado que se encontraba, no podía estar diré, pór hoy, que el gobierno ha cpntribuído e~ gran
lejos, quedaban solas en el mundo. Le atormentaba parte al desarrollo de aquel juego, reglamentándolo
la idea de que, mal guiadas por su candor é inexpe- y cuidando de que no faltaran galleras en los pueblos
riencia, pudieran ser presa de algún par de perdidos, para que no disminuyesen las rentas que sobre ellas
de esos que no llevan al matrimonio ffi:ás q_ue. los cobrab~ el Esta~º•. rentas 9~e pasaron después á la
restos de una juventud gastada en el hbertmaJe y categoria de arb1tnos mumc1pales. Hoy mismo los
en la crápula, y que al'año de casados abandonan á A:yunta~ieritos anuncian con insistencia en el periósu mujer y á lo mejor la pasan por delante de la dico ofictal. lo~ remates de sus respectivas galleras,
vista el lujoso tren de una m·anceba costeado con su como cosa indispensable para el bien común y necepropia dote. Y como conociera la honradez, el ta- saria para el fomento de los fondos públicos.
lento, la formalidad y demás excelentes cualidades . Sea, pue~, por estas ~ por otras causas, que conde Eugenio, creyó que podía ser para él una adqui- Viene d1luc1dar en tra~aJos de distinto género al que
sición, y empezó á intimar con él y á hablarle de lo ahora me ocupa, lo cierto es que la afición á los gamalo que estaba el mundo y de lo que sentiría morirse llos se mantiene tan viva como cuando la describiesin dejar colocadas á sus hijas, y de que él no querí~ ron nuestros antiguos historiadores.
para ellas novios ricos, ni sietemesinos de.esos que no
D~ aquí el gran aprecio en que se suelen tener los
saben una palabra de nada, sino nombres honrados y gallos de pelea llamados ingleses, y el exquisito cuiformales y de talento, porque para él la honradez y el dado que se emplea en la propagación y cultivo de
talento valían más que todos los títulos nobiliarios ... su raza.
En fin, que se lo puso tan claro á .Eugenio, que . Para un jugador entus~asta u~ gallo no tiene preéste, á pesar de su modestia y timidei, se convenció cio. P_or eso no n?s e~trana verá unjíbaro, lleno de
completamente de que no tenía más que pedirle al neces1da.des y m1senas, despreciar crecidas sumas
que_se le ofrecen en cambio de uno de aquellos aniconde una de sus hijas y casarse.
Otro cualquiera en su lugar, una vez adqufrido malitos.

Pero entre el jugador y el gallo existe un mediador inteligente y activo, que representa un papel de
suma importancia.
Este mediador es el gallero, cuyo tipo me propongo bosquejar á grandes golpes de brocha.

LA 1l.OSTRACION

NCM~RO 522

A1&lt;.T1STICA

.

La palabra gallero no se encuentra en él Diccionario de la· Academia Española.
Esto me hace creer que jamás gallero alguno ha
tenido la honra de formar parte de aquel conclave
docto que fija, limpia y da esplendor á la lengua
castellana.
Difícil sería, por lo tanto, dar aquí una definición
autorizada de la palabra consabida.
En su etimología encuentro también algunas dudas
que no me atrevo á resolver.
Gallero se deriva de gallo, y éste viene de la palabra latina gallus, que lo mismo significa rallo que
francés.
Ahora pónganse ustedes á averiguar si los gallos
dieron nombre á los franceses, ó viceversa.
Uno de esos investigadores incansables que todo lo
averiguan, lo examinan y lo comparan, tal vez encontraría entre unos y otros, además del nombre latino,
cierta analogía ó afinidad de caracteres, cierta tendencia á cacarear y alzar el gallo, que pudiera justificar basta cierto punto la homonimia de la palabra
en cuestión.
Por mi parte renuncio de buena gana á meterme
en tales honduras, aun á trueque de que se me tenga
por un escritor superficial.

progenitores de cada uno, cuyas noticias le
comunica el criador con escrupulosa exac•
titud.
Sigue después el examen y filiación de
cada gallo, para saher si es papelón, giro,
blanco, negro, pinto, canagiiey, cenizo, guinea
ó ala de mosca; si es bolo, gallina,pava, rosón ó cinqzmio; si tiene las espuelas largas
ó cortas, altas ó bajas, derechas ó encorvadas, etc., etc.
Hecho esto, abre el gallero sus cátedras
y da principio á la instrucción de los gallos
neófitos, sometiéndolos á infinidad de prueb!J.S y ejercicios repetidos, con objeto de observar sus disposiciones para la pelea, y
sacar de ellas el mejor partido posible.
·
Desde este día hasta aquel en que los
gallos quedan muertos ó victoriosos en el
campo del honor (vulgo gallera), nuestro
tipo no se separa de ellos un solo instante:
con ellos vive, con ellos duerme, y á ellos
consagra - por decirlo así - todos sus pensamientos.
De día pone todo su cuidado en regular
con granos de mafa y tragos de agua el alimento que debe suministrarles, para que
no suba ni baje el peso en que conviene
mantenerlos, según el resultado de las botas
y coleos á que han sido sometidos oportunamente; de noche se complace oyéndolos cantar y distinguiendo la voz de cada
uno entre las de todos sus compañeros.

el encontrar á cada paso, ya en las plazas
públicas, ya alrededor de las iglesias ó al
revolver de cadá esquina, un respetable
escuadrón de belicosos gallos, simétricamente ordenados en diversas filas y atados
uno á uno á distancia conveniente á fin
de evitar entre ellos toda clase de duelos
y escaramuzas.
No lejos de aquel lugar, y á guisa de
general en jefe de aquella alada y bulliciosa
división, se destaca la interesante figura del
gallero que, siguiendo con la vista el más
leve movimiento de sus subordinados, pa•
rece dispuesto á mantener á todo trance entre ellos el orden y la paz establecidos.
Acérquense ustedes á él y pídanle informes de cualquiera de sus pupilos, y al
punto les contestará- por ejemplo - que el
tal gallo es giro patinegro, tataranieto del
famoso Picaflores de Utuado, biznieto del
Culebrina de Humacao, nieto del Conde de
R eus, hijo de Cofresí, sobrino por entrambas vías de Verdugo, hermano legítimo de
liierabrás y del Cólera, y padre de Maceta,
juancaliente, Trabuco, R ewlón, Avispa, Garibaldi, Lanza, Bismarck, Peladilla, Cánovas y el Cura Santa Cruz.
Y en seguida les referirá á ustei:les, punto
por punto, todas las circunstancias y peripecias de las peleas que lleva hechas, con qué
gallos peleó y cuáles eran las cualidades y
defectos de sus contrarios,

III

VI

VII

Tampoco _es menester. que me remonte á edades
anteriores para buscar el origen de este tipo.
Baste decir que el primergallerofué aquel á quien
primero se le ocurrió poner un gallo enfrente de
otro con el fin nada caritativo de verlos matarse mutuamente. Luego se ha ido propagando y perfeccionando la especie hasta llegar á la categoría IJ.e tipo,
merced á los grandes adelantos que se han hecho en
el arte de gallear.
Bien es verdad que la profesión de gallero es bastante lucrativa.
· Un buen gallero gana por lo regular algo más que
un maestro de escuela. No es extraño, pues, que algu~o de éstos cambie á veces su palmeta y demás
atributos de la instrucción primaria por la cuchilla y
las tijeretas del gallero.
Al fin y al cabo todo es enseñar, y tan maestro es
el uno como el otro.
Ambos tienen la delicada misión de instruir y cortar la pluma á sus alumnos respectivos.

Durante el tiempo que media desde el
día de Todos los Santos hasta el de San
Fernando Rey de España - y perdonen ustedes el modo de señalar, - nada hay más
frecuente en las poblaciones de la isla que

Cuando los gallos se encuentran en condición y el dueño de ellos está también en
condiciones de poderlos jugar, los llevan á
la gallera, metido cada gallo en su correspondiente saco, y allí nuestro tipo se con.

II

CRISTOBAL COLÓN,

busto en bronce de D. Félix P. de Tavera

IV
El gallero es ~n ciudadano pacífico y honrado
~asta do~de permite serlo esta profesión, y está casi
s1~mpre en. el pleno goce de sus derechos imprescr_1ptibles é 1~ah_enable!t, incluso el derecho de subsidio Y gasto pubhco, que es el más imprescriptible de
todos.
Su edad varía desde treinta á ~incuenta años y su
color de negro á blanco inclusive, aunque este t1'itimo
es más d~ ley, como se verá más adelante.
El ~ra¡e es ~umamente sencillo y adecuado á la
profesión: consiste en un pantalón de dril obscuro y
~na ~amisa de arabia ó cosa así, en regular estado de
hmp1eza. L_o~ domingos ó días de gran festividad
suele permitirse el lujo de usar chaqueta, y se dan
casos en qu~ llega á encarcelar sus pies en un par de
z~patos de l:iadana.
Cu_ando está en ejercicio activo lleva unas tijeras
pendientes de un cordón rtegro amarrado á la garganta, y su ropa está sembrada de plumas de diferentes colores, lo que indica bien á las claras que
e) desplu11tar es una de sus más frecuentes ocuha.
c10nes.
t'

V
. Par~ ser buen gal,ero es indispensable tener voc·a•
~1ón; s~n ell~ no podría sufrir por mucho tiempo las
impertm~nc1as y contrariedades del oficio.
Neces1ta además estar dotado de un gran instinto
observador' mucha paciencia
·
· Y una memoria
. capaz
,
de retener la genealogía y hoja de servicios de cada
un~&lt; del los ~allos que le confíen, cuyo número varía
seguná as c1rcunstanetas,
· pero que no pocas veces
11 ega C?ntarse por centenares.
· del gallero al hacerse cargo
1 igencia
d La
¡ prtmera dT
_e os gallos que ha de tener por discípulos es averiguar el color, nombre, historia y cualidades de los

LA CARRETILLA,

grupo escult6rico de D. Félix P. de Tavera, (Sal6n de los Campos Elíseos de París,)

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�LA 1LUSTRACION

826
vierte en heraldo de sus plumados campeones, anunciándolos en alta voz, poco· más ó menos del modo
siguiente:
- ¡Tengo un tres y dos de á pulgada, con veinte
pesos!
Que es como si dijera:
A qui estd D. fuan Tenorio,
Y rto hay GALLO para I!.

No tarda mucho tiempo en presentarse un compe
tidor, que acepta con arrogancia el reto, y entonces
dan principio los preparativos del combate.
Aquí el gallero se reviste de nuevos y distintos caracteres.
De maestro pasa á ser padrino de desafío: el gallero se convierte en coleador.
Esta variedad de nuestro tipo exige un artículo por
separado.

VIII
El gallero se identifica, hasta ciert9 punto, con sus
gallos.
Cuando ganan se llena de regocijo: cuando pierden
se entristece y se avergüenza.
La muerte de un buen gaHo suele ocasionarle lágrimas de dolor y otros excesos.
Si fuera posible la metempsicosis de Pitágoras,
tengo para mí que los galleros, al morir, habían de
convertirse en gallos.
Tal es el cariño paternal que profesan á estos animales.
Por su parte los gallos corresponden á tan entrañable afecto, y (después de las gallinas) suele ser
nuestro tipo el objeto de su mayor predilección.

Bien mirado, para lo que valen tantas balumbas
de oropel y relumbrón, tantas glorias de talco y tanto grajo cubierto con las doradas plumas del pavo
real, verdaderamente puede decirse que la humanidad, fautora, actora y espectadora de tanta fars~,
está en lo justo jugando con su obra, como los m·
ños con las pompas de jabón.
J UAN O-NEILLE

NUESTROS GRABADOS

LAS POMPAS DE JABÓN

Todos corrían y se agrupaban con infantil alegría,
levantando sus mahecitas para cogerlas.
Con una explosión de chillidos y gritería se saludaba la aparición de cada una de ellas.
¡Eran tan bonitas!
Ostentaban al brillo de la luz del sol los más
vivos y puros colores del prisma, la combinación de
todas sus tintas, la armonía de todos sus contrastes,
con la dulzura y la suavidad, firmeza y valentía del
más armonioso acorde ... desesperación de los más
hábiles y consumados coloristas.
.
Aquellos brillantes colores, formando manchas
como el conglomerado y las vetas de un jaspe, se
movían y removían al contacto del aire, corriendo
como el agua por los brazos de un río por esmaltada
pradera, tomando tornasolados cambiantes.
¡Eran tan hermosas como las ilusiones!
¡Tan hermosas como la infantil alegría de los
niños y el inocente alborozo con que corrían tras
ellas para asirlas!
La suavísima brisa las levantaba, sostenía, dejaba
caer y remontaba. de nue!o, .abandonán'dolas al fin
á su destructor alcance.
Con una explosión de chillidos y gritería se celebraba la d«:strucción de cada una de ellas.
¡He ahí la ley del movimiento en manos de la
humanidad!
Hacer ó deshacer, crear ó destruir, levantar ó derribar. Jamás permanecer inactiva, saludando con
alegría la aparición de una cosa nueva, celebrando
con alborozo la destrucción de una cosa vieja, mirando poco sea lo que fuere; lo importante es hacer,
hacer algo; destr~r, destruir algo.
¡¡Las pompas de jabón!!
Todos ... ¡y cuántas veces! hemos formado de nuestro cerebro como una pompa de jabón.
¡Con pompas de jabón juega la humanidad!
Estudios, desvelos, afanes, sacrificios, abnegaciones ... proyectos ilusorios; y aparecía la pompa brillante, reluciente, y al tender la mano para asirla,
como el feliz resultado del cálculo, como el premio
de las penalidades, la pompa desapareció, dejando
por rastro el triste desencanto de la ilusión desvanecida y la amargura del desengaño.
Creación de familia, bienes de fortuna, importancia social, posición, poder y mando; talento, genio
y sabiduría, arra~tradora voluntad... ¡pompas de
jabón! ¡Efímeras pompas de jabón arrebatadas y estrelladas por el aire que las acariciaba, ó secadas por
el rayo del sol que les prestaba un momento de
brillo, ó destruidas por las manos de la turba que las
contemplaba y admiraba!

522

LA

NúME}{O 522

ILUSTRACION ARTISTICA

La· separación, la muerte, arrebata uno á uno á sentidas composiciones. Un voto sintetiza la conjunción de sentimientos y creencias, de cariño y fe religiosa que se anida en
los individuos que fermaban la familia, que se des· el corazón de la madre cristiana, que reconocida á las bonrlatruye y desaparece y se forman otras, ¡y todas desapa- des de la Providencia, p6strase humilde y reverente murmurando una plegaria por haberse salvado su hijo querido de la
recen del mismo modo!
Los bienes de fortuna se acumulan con la misma dolencia que le aquejaba, en tanto que su esposo, destacándo·
de la penumbra de la nave del templo, lleva en sus brazos
facilidad que las pompas de jabón, y por descalabros, se
al ser querido.
por torpezas, por descuidos y por infamias se evapoAqui demuéstrase el artista tal cual es, pintor por la forma,
ran¡ y pasan de una mano á otra para desaparecer poeta por el sentimiento.
del mismo modo
el harén, acuarela de G . Simoni. - Bella es
La importancia social, graduada por -la opinión la En
acuarela de Simoni titulada En ti ha,·b,, que cual todas las
pública, por esa cosa que está en todas partes y en SU)'as y especialmente las qu~ representan asuntos de carácter
ninguna se encuentra, se ve ponderada con igual oriental, revelan, no s6lo el dominioen el género de pintura en
que sobresale, sino también su profundo estudio tle las coslumligereza, lo mismo en pro que en contra.
bres, &lt;le la caprichosa arquitectura y de la indumentaria de
¡Todo lo mismo! Mando, talento, sabiduría, genio, esos
pueblos en que la mujer no ha llegado todavía á conver•
fuerza de voluntad, impotencia y poder, riquezas y tirse en compañera del hombre.
,
La nueva producci6n de este distinguido acuarelista, que ha
miserias ... ¡pompas de jabón!
Aplausos y gritería del vulgo inconsciente; niños logrado igualarse á su compatriota el romano Corelli, á pesar
su falta de novedad, es una obra muy recomendable por los
y nada más que niños crecidos, y como tales más de
bellísimos contrastes que ofrece.
destructores, entusiasmados en el momento de su
Cristóbal Colón, busto en bronce.-La carretiaparición por la viveza y el brillo de sus colores.
grupo escultórico de D. Félix P.de Ta vera. Gritería y aplausos al verlas desaparecer rompién- lla,
Nuestros lectores recordarán agradablemente la reproducción de
dose al choque con ºotro cuerpo, y frenético delirio la bella estatua titulada ¡Soy yo! que publicamos, por haber sido
al poder destrozarlas con sus propias manos.
tal vez la que más interés despertó entre las esculturas que fiY chillidos y exigencias para ver aparecer otras guraron en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.
De Tavera es asimismo el bonito grupo La carretilla, que
prontamente y verlas desaparecer del mismo modo ha
figurado en el Salón de los Campos Eliseos. En ésta como
y alcanzarlas para destruirlas.
en el malicioso tipo del rapazuelo ha dejado impreso el artisla
¡La humanidad juega con pompas de jabón!
filipino el sello de su genialidad. De dos asuntos al parecer

MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS

BOCETO

NO MERO

ART1STICA

triviales, ha sabido ejecutar dos obras de verdadera importancia, ya se las considere psíquicamente 6 como manifestaciones
de la nueva escuela escult6rica. Realistas son ambas, pero
dentro del limite marcado por la razón y el buen gusto. De ahí
que resulten simpálicas y agradables y que se descubra en ellas,
no sólo al escultor, sino también al artista, ya que Tavera, si
bien modela, piensa, discurre y siente.
El busto de Cristóbal Coló11 fué ejecutado por este excelente
escultor por encargo especial de la Comisión que se constituy6
en la capital de la República Argentina para festejar al gene·
ral Mitre y ofrecido al Sr. Marqués de Comillas por las atenciones que la Compañia Transatlántica española guard6 con
aquel ilustre hombre público durante el viaje que llev6 á cabo
en uno de sus vapores. Aunque esta obra se separe por completo ·de las anteriores, no por eso es menos digna de elogios.

Andaba á la ventura, sin hacer caso de los faisanes qu~ se levantaban á su paso...

MARCELA

La ninfa herida, grupo en mármol de Gustavo
Grupo de cigarreras en la fábrica de tabacos
Eberlein 1Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Las de Sevilla, cuadro de Th. von der Beck (Exro,ición
de Bellas Artes de Berlín). - Cierto es que en los vastos talleres
de la fábrica de tabacos de Sevilla hallan el sustento algunos
millares de cigarieras y que en su conjunto descúbrense reunidos todos los tipos de la mujer andaluza, ya la de ovalado rostro, rasgados y soñadores ojos y delicadas formas, ya la de
pronunciados rasgos y duras líneas; pero al examinar el lienzo
del pintor alemán no es posible descubrir á las hijas de la ciudad del Guadalquivir. El Sr. von der Beck, artista de mérito,
que cultiva con éxito la pintura de género y costumbres, incurre en los mismos errores que los artistas y lileratos extranjeros
cuando tratan de dar á conocerá España. Su obra, como ma·
nifestación pictórica, es bella y altamente recomendable, ya
por su entonación, como por sus líneas y bien dispuestas agrupaciones, mas corno antecedente resulta falso. El Sr; von der
Beck ha pintado su cuadro en Alemania, y sus sevillanas podrán
Ultimas rayos, cuadro de D. Dionisia Baixe- record;ir quizás las que embelesaron á nuestros abuelos, pero
ras.-La vida artlstica de Baixeras data casi desde su infan· no á los bellisimos y airosos tipos de hoy, que no usan más arcia, pues no había cumplido aún los diez y seis años y su nom- mas que el abanico. Esto no obstante, el Crupo de cigarreras
bre ocu¡)aba ya uno de los primeros puestos entre la aléyad~ de von der Beck ha sido de los que más han llamado la atencion.
de pintores que honran á Cataluña. Si bien antes cultiv6 con
provecho el género hist6rico, hoy apenas exislen en su paleta
¡B.orrible hallazgo!, cuadro de Adolfo Hering.
otros tonos que los pardos del tejido burdo que visten los hom- (Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Los ar1is1as de todos
bres de mar y el obrero, avalorados y enriquecidos siempre los países abandonan paulatinamente la representación de
asuntos y hechos de otras épocas, difíciles de interpretar, inspor sus aptitudes artísticas.
·
U/timos rayos titúlase el gran lienzo que reproducimos, en pirándose en todo cuanto les rodea, vive y se agita. Los nueel que se representan á varias campesinas horquillando la paja, vos conceptos del arte exigen del pintor profundo estudio psides pué~ de la trilla, para finalizar la jornada; y aunque la com- cológico de la sociedad moderna, para poder representarla en
posici6n parezca trivial, es tal el relieve y la tenue gradación el lienzo y facilitar interesantes antecedentes para la historia
de la luz en el ocaso del d!a, que bien puede decirse que el de nuestra época, puesto que hoy como ayer persigue la humaarlista ha reproducido la Naturaleza.
nidad dP.termínados ideales y las pasiones y las virtudes agítanse violentas en el magín del hombre. Por eso los pintores
El compromiso de Caspa, cuadro de.A. Parla- de la escuela moderna buscan las fuentes de su inspiraci6n en
dé (premiado con medalla de oro en la Exposición de Bellas e~os ~ramas latimos que de continuo nos conmueven y que
Artes de Berlinl. -Con buen acuerdo troc6 el Sr. Parladé su smtet1zan nuestro modo de ser.
bufete de abogado por el estudio del artista y los alegatos I
Adolfo Hering figura entre ellos, y su notable cuanto sentida
informes -por sus composiciones pict6ricas~ ya los triunfos que composici6n reproduce un · accidente real y tristísimo, que si
ha logrado en un breve período de tiempo demuestran incon- por fortuna no es frecuente, prodúcese en las grandes capitales.
testablemente sus excepcionales aptitudes para el cultivo de la Una amorosa madre, después de infructuosas pesquisas en bus•
profesi6n que tan resueltamente ha emprendido. Joven, pue9 ca de su hija, que era el encanto de su vida, acude al depósito
cuenta apenas treinta y tres años, y ostentando un titulo nobi- judicial con el ánimo acongojado por cruel incertidumbre.
liario, tráslad6se á Roma apenas terminada su carrera de leyes, Allí, sobre una mesa, halla tendido el inanimado cuerpo de su
adonde le atra!an sus entusiasmos artísticos, para dedicarse al hija, extraída pocas horas antes de las cenagosas aguas del rio
estudio bajo la experta direcci6n de D. José Moreno Carbone- e_n el que se arrojó para ahogar las torturas de su corazón, víc'.
ro. Rápidos fueron los progresos que realiz6, pues á los dos tima de cruel desengaño.
años alcanzó un premio en la Exposici6n internacional de
Tal es el hermoso cuadro del pintor alemán, premiado en la
Madrid de 1884 por su notable cuadro titulado Gladiadores Ex posici6n her linesa.
victoriosos ofreciendo sus armas d Hlrcieles. En la Nacional de
1887 logr6 nueva recompensa por otro lienzo representando
Entrada de una huerta en Sevilla, cuadro de
la Entrega del trofeo en ta bata!!a del Salado al Papa Bmedic· D, Manuel García Rodríguez (Exposición general de
to XII en AviiJón, que fué después premiado en la de Londres, Bellas Artes de ~arcelona): - Mu'y joven emprendi6 Garda
en donde fué adquirido por el coronel Worth. Et-compromiso Rodrlguez, con éxito y entusiasmo, sus primeros estudios bajo
de Caspe, inspirado en un hecho hist6rico de gran interés para la dir~cción de D. José de la Vega, abandonando presto el ·
nuestra patria y especialmente para Cataluña, cual fué la elec- estudio de l~s )etras por el de las-Bellas Artes. Sus progresos
ci6n de monarca para Arag6n que recay6, gracias á los 'esfuer- fue.ron tan ~ap_1_dos como notables, distinguiéndose como inzos de Vicente Ferrer, en Fernando de Antequera, el vencedor tehgente pa1saJ1sta en todas c~antas Exposiciones y Concursos se
del desgraciado conde de U rgel, es un cuadro de suma impor- ha presentado. Sus c~adros titulados On"llas del Guadalquivir,
tancia, perfectamente estudiado y dispuesto, que revela en el Í:ª. tarde y s_an Benito de Calatt"ava, premiados en las Expoautor profundij estudio y perfecto conocimiento de la época y s1c1on,es ~ac1onales ?e 1888 y 1890, asi como el adquirido por
de la situaci6n de los personajes representados, como también ·,los p~nc1pes ~e Bav1era1 patentizan las cualidades y aptitudes
cualidades artisticas muy recomendables.
~el •p!ntor sevillano, que aunque novel artista, ha logrado &lt;lisJusto ha sido el acuerdo del Jurado calificador de la Expo- tmgu1~se hasta el punto de haber sido nombrado recientemensici6n de Berlín al conceder al Sr. Parladé medalla de oro á te socio corresponsal de la Academia de San Fernando.
su último cuadro.

obras de Eberlein distíoguense todas ellas por el sentimiento
que revelan y por su notable ejecuci6n. De ahí que gocé en
Alemania de justo y merecido renombre, figurando á la cabeza de los escultores que más honran á su patria.
Lá ninfa herida, precioso grupo que tanto ha llamado la
atenci6n en la Exposici6n de Bellas Artes de Berlín, es la última obra que ha producido este distinguido artista, en la que
son de admirar los opuestos sentimientos que ha sabido imprimir en las dos figuras y su notable ejecuci6n. El rostro de la
ninfa expresa perfectamente la dolorosa impresi6n que le produce la extracci6n de la espina que ha herido uno de sus pies,
en tanto que el del joven parece se halla extasiado en admirar
su belleza, olvidándose, quizás, de la causa que produce la
molestia que experimenta su amada.

Un voto, cuadro de D. José María Tamburini
(Exposici6n general de Bellas Artes dé Barcelona!. -·Nueva
ocasi6n nos ofrece Tamburini para poner de manifiesto sus
cualidades por medio de la reproducción de una de sus más

JABON REAL

IVJ:OLETI

JABON

DE T HRI Ditc E 29,~d';1~;ñ;t,uu VEL ouTI NE
&amp;teo■at1Jo1

,er autorifúu ■ülcu para ta li(lm 41 11 Plll y 8111•.n hl Cole.,

POR PEDRO VALDAGNE.-ILUSTRACIONES DE V. CORC0S

.\ B Lo

Trenier,
aquel buen
muchacho,
por lo regular
tan alegre, estaba muy triste en la mañana del día
en que le pre·
sentamos eA
escena; con
su chaquet6n
de terciopelo, su gorra de
guardabosque y sus
grandes botas amarillas, andaba á la ventura, sin
hacer caso de los faisanes que se levantaban á su
paso, aleteando ruidosamente, ni tampoco de las liebres que de un salto cruzaban el sendero, mostrando la mota blanca de su cola levantada,
Marcela estaba á punto de marcharse: debía seguir
como camarera á la condesa de Vertval, su madrina,
que regresaba á París mu, tarde aquel año, es decir,
en los últimos días de diciembre, pues la estación
había sido magnífica, y el conde de Vert~al, gran
cazador resistiéndose hasta entonces á privarse de
su div;rsión favorita, había multiplicado las invitaciones.
Marcela se iba, y Trenier adoraba á Marcela.
Ciertamente estaba tranquilo, porque volvería en la
próxima estación, tan linda, tan graciosa, con la mis•
ma mirada serena y dulce, y con su largo cabello
negro, que era su orgullo; también volv~ría fiel al
amor que poco tiempo antes la declarara sinceramente de la manera más sencilla y sin frases pomposas,
que era una simple aldeana; pero en fin, iba á
partir, y aquella separación de al&amp;unos meses parecía muy dura al bue~ Pablo Tremer..
Los dos se habían criado en el castillo de Vertval,
en el centro del Perigord, sin separarse nunca. Marcela era bija de uno de les colonos de 1~ condesa,
quien había consentido en ser su madrina en las
fuentes bautismales, dándole el nombre de Marcela,
nombre que los campesinos alat_garon muy pronto,
según su costumbre, sin duda para que fuese más
sonoro. Después, muerta su madre, Marce.lota, se-

y;

gún dieron en llamarla, fué recogida en el castillo,
donde creció junto al pequeño Pablo Trenie'r, hijo
del guardabosque del conde.
La condesa de Vertval, por lo demás, no había
vuelto á ocuparse de su ahijada, pues al consentir en
ser madrina de Marcela no pensó jamás en comproter en lo más mínimo su responsabilidad; y hasta
ignoró largo tiempo que la niña habitaba en su castillo, donde ella no pasaba más que algunos meses
del año.
·
Pablo Trenier fué quien condujo allí á la huérfana, y muy pronto llegó ésta á ser la alegría de algunos viejos criados que habitaban el castillo todo el
año, después de haber servido largo tiempo á los
condes de Vertval, que por una antigua y respetable
costumbre tenían en aquella morada sus inválidos.
Marcela cautivó muy pronto á toda aquella buena
gente, que la mimaba y admiraba. Un viejo servidor
que había vigto morir al padre del conde actual, enseñóle á leer y dió principio á su educación rudi•
mentaria, al mismo tiempo que á la de Pablo, huérfano á su vez, pues el guardabosque había sido
muerto por la bala de un cazador furtivo á quien
nunca pudo descubrirse. Marcela aprenqió poco á
poco á prestar servicios; más tarde, cuando ya era
grandecita, eligiósela para ayudar en sus trabajos á
la costurera, pobre anciana cuya vista comenzaba á
debilitarse, y todas las atenciones que se dispensaban á Marcela pagábalas ésta con su cariño, su solicitud r sus gracias.
Pablo Trenier, robusto y fuerte, aprendía el rudo
oficio de su padre. Los años pasaron así, y Pablo
cumplió veinte la víspera del día en que Marcela
llegó á los diez y ocho.
Y era agradable durante las veladas de invierno
ver alrededor de la colosal chimenea de la cocina
al joven guarda sentado junto á Marcela, mirándola
tímidamente con una admiración de que apenas comenzaba á darse cuenta; mientras la niña, con su
ai~e picaresco y adivinando sin dud_a alguna cosa,
mJTaba á Pablo sonriente.
Marcela era para Pablo un ídolo; una palabra suya
habría sido suficiente para inducirle á prender fuego
á los bosques del conde, á pesar del inmenso cariño
que les profesaba, porque allí podía pensar en ella
en medio de un silencio profundo y durante horas
enteras. No se creía feliz sino cuando ella le prometía aceptar su auxilio en cualquier trabajo demasiado
fatigoso para sus fuerzas, y entonces entregábase á

su tarea con tanta alegría, que á pesar"suyo entonaba alguna ruidosa canción.
Y era porque en aquella joven tan fina y delicada
parecíale observar un marcado sello de distinción
cuando cruzaba las salas del castillo. Muy pronto
Trenier comprendió que era un inmenso amor lo
que llenaba su corazón, y entonces tuvo miedo.
En cuanto á él, bien sabía que era tosco y nada
simpático ni elegante, como ella, y á menudo renegaba de su rudo aspecto, que le hacía parecer muy
vulgar, y sobre todo de su limitada inteligencia, falta
que él mismo reconocía con pesar al cometer alguna
torpeza delante de Marcela, 6 cuando la esperanza
de ser amado de ella colmábale de alegría, manifestándose ésta por una ruidosa carcajada ó las JnáS
toscas frases. Marcela le miraba entonces con el aire
de una gran señora y Pablo quedaba confuso, desesperando de refinar nunca sus modales, ni reducir
aquella exuberancia de vida, por la cual debía pa·
recer demasi'ado ordinario á los ojos de la joven,
¡Cuánto hubiera dado por poder imitar los graciosos
modales de los señores del castillo! Pero cuanto más
los observaba, menos podía aprender; no, jamás llegaría á tener su desenvoltura, ni le sería daao hablar
como ellos. ¿Cómo lo hacían para encontrar tantas y
tan agradables frases, mientras él permanecía silencioso cuando estaba solo con la mujer adorada, do·
minado por una timidez _que le paralizaba la lengua?
Muchas veces quiso declarar su amor; muchas veces
parecióle que Marcela estaba dispuesta á escucharle;
mas no podía decidirse, temeroso de oir su propia
voz al declarar su pasión en medio del largo silencio
de sus entrevistas, y poseído de angustia al pensar
que tal vez la joven le contestaría con una cruel carcajada.
Marcela había adivinado esta adoración; su instinto de mujer le advirtió que existía algo más que
buen compañerismo en las atenciones que Trenier
la prodigaba, y agradecí:1selo mucho en el fondo. En
su inmaculado corazón de joven, el amor se formula·
ba independiente de todo atractivo físico¡ comprendía la vida de ºlos dos como una asociación de esfuerzos y de buenas voluntades, y veía, sin tratar de
explicarse por efecto de qué misterio, la prole que
podrían tener y de la cual cuidarían ambos. No se
le ocultaba á Marcela que entre maridt') y mujer debe
reinar la mayor confianza, y en este punto era para
ella una garantía el carácter franco y leal de Pablo.
También estaba segura de que la respetaría y protegería; pero no sospechaba que p1;1diera producirse_

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

Apenas llegada, encontróse muy á su gusto en la secretario, Renato Berard, es un hombre inteligente
una embriaguez loca en el amor, y di6 su corazón al
hombre cuyos menores ademanes y más insignifican- ciudad monstruo, sin que la perturbase su continuo y digno, por lo cual me propongo hacerle progresar.
tes palabras revelaban su adoración.
estrépito; pero como el conde de Vertval habitaba en
Pero como á pesar de su ingenuidad y candor era la plaza de Malesherbes, en un barrio muy rico y
III
muy maliciosa y traviesa, divertíanle las vacilaciones aristocrático, la joven no conocía las míseras calles y
El conde de Vertval distraía sus ocios escribiendo
del enamorado mancebo,. quien no osaba hacer la de- los centros cuajados de populacho, que sin duda la
una obra sobre cinegética, bastante voluminosa, para
claración que ella veía próxima; y sin echarlo de ver, hubieran infundido temor.
El palacio del conde fué para ella una maravilla: la cual necesitaba nmrierosos documentos; y por lo
mostrábase coqueta con su adorador.
Cierto día Marcela cayó enfermaj poca cosa ... , el gusto exquisito de la condesa y los caprichos de su tanto había buscado un secretario: todas las mañacasi nada, una ligera fiebre que se cortó muy" pronto; esposo, sumamente aficionado á las artes, habían nas Renato Berard trabajaba con él, y el señor de
pero Pablo, sombrío é inquieto, fruncía el ceño y contribuido poderosamente á convertir cada habita- Vertval estaba muy satisfecho· de su colaboración,
porque el joven era inteligente, sumamente instruí·
murmuraba imprecaciones que se perdían en su espe- ción en una obra maestra.
El gabinete de la condesa, tapizado de seda al es• do y con muy buen criterio. Hombre de veinticinco
..so bigote rojo; mostrábase muy reservado y apenas
contestaba á los que arrostrando su aspecto hostil le tilo de Luis XV, con sus elegantes sillones dorados años, de aspecto varonil, era muy pobre y vivía solo
dirigían alguna pregunta. Más de cien veces al día y todos sus adornos á la Pompadour, era una precio- con su madre, á quien un cataclismo financiero
s~ acerca~a á la puerta del aposento de la joven, sidad; en el monumental comedor, algo sombrío por privó á la vez de fortuna y de esposo. Renato, edudispuesto a entrar y sin atreverse á ello, temeroso de eíecto de la altura del techo y las tapicerías de una cado para más brillante porvenir, llevaba clentro de
ver s~ rostro pálido, antes tan sonrosado, y temeroso sola pieza, en las cuales brillaban dieciséis aplicacio• si con resignación una profunda melancolía; era de
también de que su voz bronca resonase demasiado nes de plata maciza, veíase en el fondo, por un lado carácter ardiente, fácil de entusiasmarse y soñaba en
~n la habitación de la enferma. Después, cuando me- ,la gran chimenea y por el o~ro un enorme aparador grandes cosas. Ahora bien: la casualidad quiso que·
Jor6 el estado de la joven, su inmensa alegría se cargado de lujosa vajilla; el gran salón, del todo mo- se enamorase de Marcela, sin tratar de ocultárselo, y
d~sbordó; y el día en que entró por fin á verla, tí- derno, estaba cuajado de ricos muebles, estatuas, desde aquel instante la pobre joven se creyó permido y torpe como siempre, y Marcela le dijo «Va- adornos raros y plantas; y por último, la habitación dida.
•
mos, Pablo, ya v~s que estoy bien, aunque algo débil,» de la condesa, tapizada de seda de China de color de
Hacía algún tiempo espantábase ella misma de
dos gruesas lágrimas cayeron de los ojos del buen rosa con blondas, las arañas de Venecia y los cuadros los enormes progresos de su imaginación y veíase
Pablo é hizo una mueca, porque sentía al mismo de celebrados maestros, completaba el magnífico en un todo diferente de lo que antes era. En vano
tiempo deseos de reir y de llorar.
conjunto.
trataba de luchar contra aquella inc1inación, cada
Y _aquel mismo día fué cuando Marcela, muy conMarcela se juzgaba muy feliz en medio de aquellas vez más fuerte, á todas esas cosas finas y elegantes
movida á su vez, cogi6le de las manos y Je dijo:
elegancias, porque satisfacían dulcemente muchas que constituyen el cqdigo mundano; pero sus aficio-.
- Escuch~, Pablo, no se me oculta que me amas inclinaciones mal definidas que en ella se desperta- nes se imponían cada vez más. Comprendía cuán
hace largo tiempo; tú no te atreves á decir nada bao. Hubiérase dic~o que en la joven se producía peligroso era hacer~e muy superior á Paj:)lo Trenier,
pero lo adivino... ¿No es así? Pues bien: yo te am~ una nueva naturaleza, al parecer muy refinada y co- aquel hombre sencillo que nada de esto comprendía,
igualmente, me casaré contigo y seré buena y fiel; nocedora de las bellezas del arte. A veces permanecía y hubiera querido evitarlo.
ya lo verás.
largo rato ante el lienzo ahumado de un maestro ht&gt;·
Per.o he·aquí que de pronto se produjo una metaDe este modo, sin muchas frases ni rodéos se landés, que representaba con viva expresión existen- morfosis en su corazón; poco á poco, el amor tomacomprometió con Pablo para toda su vida.
.'
cias adivinadas"por el artista, admirando las raras fi. ha cuerpo en el alma de Marcela en forma muy dis
Hacia_ la misma época, la condesa de Vertval fijó nezas de un clarobscuro prodigiosamente hibil. Y tinta que hasta entonces, y con sus ideas sobre el
su atenc19n en Marcela, á quien había olvidado casi. esto era tante más singular, cuanto que personas más matrimonio mezclábanse a:hora consideraciones de
Er~ ya una joven a.Ita, de talle muy esbelto, seno ilustradas, más conocedoras de las manifestaciones elección y deseos de mejorar. Era menos sano, tal
promm~nte, cuyos l~tid?s, marcándose con regulari- del arte, solamente habrían visto allí una pintura vez, pero seguramente menos rudo que la concepdad b~Jo el corsé, rnd1caban vigor y salud; manos tosca, una iluminación ennegrecida por el tiempo.
ci6n brutal del amor en la gente del campo; era una
pequenas y brazos redondos bien modelados; pero
En el medio ambiente donde entonces vivía sen- cosa delicada, con dulces ensueños, graciosos mocfalo que más llamó la atención de la Sra. de Vertval tfase Marcela también más en contacto (aunque in- les, palabras armoniosas y elegantes costumbres.
fué la expresión inteligente de Marcela, sus ojos ne- directo todavía) con el mundo exterior, con la sacie-· Y precisamente Renato Berard llegó en el roogros, q_u~ revelaban la actividad del espíritu, el deseo dad elegante, agitada de esa fiebre parisiense que mento más oportuno para dar cuerpo á todas estas
de ant1c1parse á todo y también la graciosa sonrisa multiplica las facetas de la impresionabilidad, que meditaciones peligrosas. Marcela resistía, protestaba
q_ue entreabría sus labios, comunicando al rostro complica las sensaciones centuplicándolas y hace con todas sus fuerzas; mas á pesar suyo, un amor
srngular dulzura, la más propia para atenuar la mali- vivir á varias existencias en una.
nuevo, mucho más conforme con sus íntimas aspiracia de su mirada. En todo el conjunto notábase un
En el castillo de Vertval, Marcela había manifesta• ciones, posesionábase de ella, haciéndola pasar por
marcado sello de distinción, y á pesar de su natural do ya inclinación á retraerse de quehaceres puramen- crueles alternativas.
desenvoltura. sabía mostrarse reservada y digna.
te materiales; pero esto no la condujo sino á una
La pasión que á Renato había inspirado Marcela
- Pero, Marcela, ¿estoy soñando?, dfjole un día la vana medítación mal definida y sin objeto: ahora era sincera; en primer lugar, la belleza de la joven le
condesa. ¿Eres tú la misma que yo tuve en brazos el veía claramente seres que tan sólo se alimentaban de habla impresionado vivamente; admiraba su gracia
día de tu bautizo? ¡Pues ya eres toda una mujer! las cosas de espíritu; adivinaba una actividad del ·su esbeltez, sus finos modales, y además (pues y~
¿Sabes que esto me envejece mucho?
pensamiento en aquellas cabezas de la gente de mun- habían hablado con frecuencia) había entre ellos
- He crecido bastante, en efecto, señora con- do, y comprendía que era una existencia muy &lt;lis- mucha afinidad de inclinaciones y marcada prevendesa ...
tinta de la que ella_ había conocido ~asta entonces, ción contra todo lo que era vulgar. for otra parte,
- Y eres muy linda ... Ya debes saberlo. ¿Qué ha- pero mucho más mteresante y apasmnada. Hasta como Renato era pobre y demasiado orgulloso para
ces tú aquí?
Marcela llegaban ecos de refinamiento de las co·stum- buscar en el matrimonio una situadón que no hu~arce!~ ~anifestó cuál era su ocupación en el bres ~ue la se?ucfan.
..
.
.
biera debido á su valer, la pobreza de Marcela era
castillo, d1c1endo que entonces tenía á su cargo toda
~~JO el _traJe
campesina de la JOvén, ba¡o su una causa más para que desease tomarla por esposa.
la ropa blanca, y además llevaba el libro de cuentas se~c~llez é mgenu_1dad, 1~ condesa de _Yertval había
En es~e sentido habló con franqueza al conde,
de la cocina, porque escríbía y contaba bien.
ad~vmado la mu1er curiosa, que ans~aba sabe~ y á como úmca persona de quien la joven dependía; el
- ¿Quién t~ ha hecho ese vestido?, preguntó la quien halagaba todo cuanto era bomto y gr~c10so. Sr.. de Vertval se lo comunicó á su esposa, y aquella
condesa, admirada al observar el corte sencillo, pero Interesábase mucho en aquella brusca revelación, y umón·pareció á los dos muy razonable. En cuanto
en extremo correcto, del traje.
·
ayudó á que se desarrollara la inteligencia de su á Marcela, muy pronto tuvo conocimiento de la de- Pues yo misma, señora condesa.
nueva camarera. Complacíala mucho hablar con la manda oficial hecha por Renato.
- Te sienta perfectamente.
jove?, y div_e~tíanle e~ extremo sus- co_ntestaciones
Ape?as la condesa pronunció las primera~ pala- Le he copiado, añadió Marcela, ruborizándose, y ch1st~s ?rigmales. Cierto día sorprend~ó á Marcela bras, srntió latir su corazón apresuradamente; estaba
de un grabado del Diario de la Moda de la señora en la bibhoteca del conde leyendo un libro de que persuadida de que amaba "á Renato y de que á na·
c?ndesa ... ; tal vez haya hecho mal, porque es dema- se hab!a apoderado y que tenía por título La muier die amaría sino á él, y también comprendía, con el
siado elegante y se ciñe mucho.
en el siglo _xvm.
..
espanto que inspiran las cosas irreparables, que su
- Nada de eso; estás encantadora así.
- ¿Te mteresa eso, h1Ja mía?, preguntó la señora compromiso con Pablo Trenier había sido temeraDe repente ocurrióle una.idea á la condesa.
Vertval un poco admirada.
río; que su cor-az6n fué sorprendido en el aislamien- Escuc~a, Marcela, dijo, ya debes saber que mi
¡Oh! Sí, señora, mucho.
.
to en que vivía; que no le amaba ni había experi•
cam~rera Lrna cesa en el servicio, porque se casa.
Desd~ enton:es Marcela fué _d1scfpula de la con- mentado nunca por él más que una sincera afección
¿Quieres ocupar su puesto? Vendrás á París conmi- d';!sa, quie~ se mter~só en desp~Jar de su ruda ~?rte• fraternal y una inconsciente piedad ante su muda é
go, yo te enseñaré pronto, y serás muy feliz.
za á la muJer superior que adivmaba en su ahiJada; inmensa adoración.
Marcela vacilaba. .
~escu~rfa en ella un nuevo ser,_ c~n el cual. encariLa condesa de Vertval gued6 sorprendida al eir
.- ¡ifola!1 exclamó la señora de Vertval, ¿es que no ~óse smceramente. No le fué difícil co~seg~1r qµe la á Marcela pedir un plazo de tres días para contestar
quieres saltr del castillo? ¿Tienes algún amorío por Joven confesas~ ctnt? sentía en su mfitendor, Y. así definitivamente. ¡Ah! Hubiera podido dar una resaquí?
supo q~e sus ~n: mac10_nes eran muy re_ na as; ms- puesta inmediata, porque ya estaba resuelta sobre Jo
- ¡Oh! No, señora.
trur6Ia con s?l~c1tud, de¡ándole todo el tiempo nece- que d.ebía hacer; habfa prometido su mano al pobre
Marcela no osaba confesar el amor de Pablo sano, y_ perm1t1ó que lle~asen hasta Marcela los ecos mozo que la esperaba en el -castillo, y no se creía
Trenier.
de 1~ vida de la alta socie~ad.
con derecho para rechazar ahora á un hombre que
La proposición fué admitida, y la condesa se ale·
Cierto día que hablaba con su esposo de esta es- se le había ofrecido y á quien aceptó s·
b
. d d .6 ' .1 d l
ó
. d
. m em argo,
gró muchísimo, porque estaba segura de convertir pec1eE
opc1b?• e hcon ~ e contest_ s?nn~n o: deseaba tres días para ponerse sobre sí, para que su
muy pronto á la joven en una camarera elegante y
- Is muy iei:i:h__ !gíamllos udnal senont~ó e esa voz nq . t~mblara al pronunciar la negativa, rehusande buen tono.
Marce a, que ya me au a ama o a atenci n cuan- do la felicidad con que le b~indaban
t b'1é0
do estábamos
en
V
ertval...
Noté
que
tenía
cierto
para
retardar
el
momento
en
que
serí
·
·
·
y
ª1!1 re. · '6 · ·
¡
¡
•
a necesano
II
se 11 o de distmc1 n, y siempre ere que a mu~er del nunciar para siempre á esa dicha y exclamar: «Todo
colono, ~uy her!llosa según re&lt;:uerdo, de~16 ser ha concluido.» ¡Qué pronto pasaron aquellos tres
Mientras Pablo permanecía en el castillo, frío y sorprendida algún día por cualquier gran senor, de días! Y cuando llegó Ja hora de la d 1
1
· M' ¡
h"
d d
p
.
.
o orosa reso u•
solitario para él desde que la joven no le animaba quien
arce a _es 1Ja ver a era... or o!rª. parte, c16n, Marcela pronunció enérgicamente el no, auncon sus idas y venidas, ~arcela por su parte tomaba no eres tú la úmca en hacer tales descubrimientos, que con una fuerza algo ficti·c·
I
t b'é
·
ád
b·
..
ia, con a que apenas
posesión de París.
· . .
pues yo am I n com1enz0' escu nr que mi Joven pudo reprimir un sollozo, al ver detrás de una corti-

1e

~t

NúMERO 522

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

nilla á Renato Berard, que se retiraba tristemente, tenecientes á un mundo distinto, que él no podría
llevándose consigo, sin saberlo, el corazón de la nunca comprender. ¡Cómo aquella delicada y elejoven.
gante joven había de ser esposa de un pobre y obscuro guardabosque, de un palurdo desgraciado!
IV
¡Alto aquí, Trenier! ... ¡Has sido un Joco!
Pablo pensó que esto serla una humillación para
El conde de Vertval había ido á inspeccionar ella, y quiso evitarla.
algunas cortas en sus bosques en los primeros días
Y mientras la contemplaba, observando su delicade marzo.
do rostro, muy pálido, y su expresión dolorosa, rasAcompañábale su guarda Trenier.
g6se el velo que aún cubría sus ojos, y ºadivinó que
Hacía ya algunos días que Pablo esperaba aque- Marcela amaba á Renato Barard y que se sacrificalla oportunidad, y arregl6se muy pronto para que la ba en aras de su promesa.
conversación recayese sobre Marcela,
¡Pues no, de ningún modo consentirla esto! Su
- ¿Sabes ttí, díjole el conde, que la niña ha rehu- deber estaba bien marcado esta vez ... y era angussado un buen partido en París?
tioso, pero debía cumplirle, y lo haría sin desfaUna viva alegría iluminó el rostro de Trenier.
llecer.
- Marcela, continuó el Sr. de Vertval, ha llegaComprendió además que Marcela, por su parte no
do á ser demasiado ambiciosa; se formó muy pronto, confesaría nada, y adoptando su resolución bruscay ahora tiene aspiraciones que no guardan relación mente, disimuló sus impresiones. Aquel hombre
con su estado. ¿No recuerdas sus aires de gran seño- franco y leal.Jas encubrió bajo una máscara; él, que
ra? Pues bien: su estancia en París ha desarrollado jamás había faltado á la verdad, inventó una mentisus tendencias aristocráticas ... Y hétela aquí en un ra, y con falsa timidez se excusó ... «Ignoraba lo que
callejón sin s~lida. Mi secretario la pidió por esposa, había pasado en él, y por criminal que fuese, había
y el pobre chico está desconsolado.
olvidado á Marcela, amando á otra, con quien debía
- Si Marcela no le ama ... , se aventuró á decir casarse ... Era preciso... Estaba completamente obliTrenier.
gado á ello.»
- A decir verdad, es difícil en su elección, tal vez
- ¡Mientes!, exclamó Marcela; á mí es á quien tú
demasiado. Berard es un partido muy ventajoso para amas.
ella, porque está muy bien educado, es inteligente
Ni un instante se dejó engañar por a.que! heé instruido, y yo me intereso mucho por él, lo cual roísmo.
ya es algo. Si el ministerio se sostiene algunos meses
- ¿No habré podido disimular lo bastante para
más, haré que le nombren subprefecto. ¿Qué más consumar hasta el fin mi sacrificio?, preguntábase
podría pretender ella?
Marcela.
Pablo Trenier se había mostrado muy alegre al
Pero dispuesta á pesar de todo á llevarlo á cabo,
principio, no viendo en la negativa de Marcela sino mostr6se dulce, buena, seductora. Pablo Tre.nier, sin
una prueba de su fidelidad á su palabra; pero de re- embargo, no cedió.
pente se entristeció. En cambio de aquel porvenir
- Vamos, dijo, lo que me dices no es cierto ... Yo
brillante que la joven rehusaba, ¿qué podría él ofre- sé que me amas ... y también te amo yo ... Te he
cerle? Su negativa era una prueba de amor de aque- dado toda mi vida ... ¿No es verdad que me engañas?
lla á quien tanto adoraba; ¿pero Je bastaría á Marce-No.
la el suyo? Según acababa de oir, era completamen- He vuelto para casarme contigo; quiero que me
te una señorita, y ahora le parecería el guardabos· tomes por esposa, y tú no puedes rechazarme.
que más tosco y rudo que antes. Había hecho tllal
¡Ah! Si ella hubiese podido arrancarle una confeen dejarla marchar... Le habían transformado su sión, Pablo se habría visto obligado á ceder, aceptan·
Marcela. «Ya no me amará,» pensaba el infeliz.
do la felicidad ... porque Marcela le hubiera hecho
Pero el alma de Pablo se sublevaba y sentía na- dichoso.
cer la cólera contra aquel Berard que había osado
Sí, la joven procedía de buena fe; deseaba ser esamar también á Marcela. Por otra parte, ¿debía ella posa de Pablo Trenier, y comprendía, por más ·que
preferirle á él, ignorante y tor¡.,e, al joven superior él dijese lo contrario, que ella lo era todo para él,
de quien el conde le hablaba? ¿Estaría Marcela se- que Pablo había contado con su palabra; estaba adegura de amarle lo suficiente? .¿Y era justo que él, más segura de que le amaría... Poco á poco olvidaTrenier, aceptara aquel amor si la joven había de ser ría sus ilusiones, para adaptarse al carácter rudo,
menos feliz?
pero leal, de aquel hombre; pero Pablo se mantuvo
Con estas reflexiones despert6se en Pablo un sen- inflexible.
timiento de angustia dolorosa; era preciso cumplir
Entonces Marcela experimentó dolorosa angustia
un deber, averiguar con certeza dónde estaba la di· ante aquel sacrificio sublime cuya grandeza comprencha de Marcela, y obligarla á que la aceptase, aun· día y que le parecía más hermoso que el suyo proque con ello sufriera su corazón. Sin embargo, ¡qué pio ... y aquel hombre le pareció entonces superior.
penoso fué para él jugarse la felicidad de toda su
·- No quiero ... ¡Se ha concluido!, había dicho
vida! Durante las largas semanas que precedieron al Trenier, pronunciando estas palabras con voz dura
regreso de la joven, aquella incertidumbre del por- y baja la cabeza, como fiera acorralada por el cazavenir le martirizó cruelmente, y cuando llegado el dor. El guardabosque se mostró más rudo, más
verano Márcela volvió al castillo con la condesa de grosero de lo que era en realidad y consiguió repreVertval, Pablo no tuvo valor para ir á verla; tanto sentar su papel. .. pero no engañar á Marcela.
temía reconocer que la joven se había transformado,
Pablo Trenier encontró alguna campesina, con la
en efecto, lo bastante para que le fuese forzoso re- cual se casó . muy pronto ... y aquel día vagó en sus
labios la sonrisa del mártir que se sacrifica, feliz en
nunciar á ella.
medio del suplicio, adorando como antes á la mujer
Sin embargo, era preciso ir.
•- Pablo, díjole Marcela, he vuelto tuya, cot¡10 te que amaba y perdiéndose para ella para toda la
lo había prometido. Casémonos, pero que sea cuan- vida.
to antes.
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
· - Pero ¿á qué viene ahora esa prisa, y cuál es la
causa de la tristeza que se indica en tu voz?
- La señora condesa, añadió Marcela, lo sabe y
consiente en ello ... ¿No estás contento?
La señora de Vertval estaba prevenida, efectivamente, porque Marcela, apurada por sus preguntas,
confi61e que había dado su palabra á Trenier, lo
cual produjo en la condesa el mayor asombro. ¡Cómo
podía creer que rehusase la mano de Renato Berard,
joven instruido que conocía el mundo y podía, gracias al apoyo del conde, hacer una brillante carrera,
para unirse con Pablo Trenier, hombre honrado,
ciertamente, pero simple guardabosque, tosco y sin
educación, que comprendiendo las aspiraciones de
la joven no podía hacerla feliz!
·
Pero Marcela se mantuvo inexorable, limitándose
á contestar con lágrimas en los ojos: «Lo he pro·
metido.»
Sin embargo, Trenier la miraba, y veía que todo
era verdad. Había cambiado más aún de lo que él
suponía; su andar era gracioso, sus ª?emanes revelaban desenvoltura, su sonrisa, sus miradas y sus fra·
ses eran propias de una mujer de buen tonb, una
de aquellas que Pablo veía en el castil_lo entre los
convidados de la condesa, y que él consideraba per-

8:29
SECCIÓN CIENTiFICA
C_ON S ERV ACI Ó N DE EJEMPLARE S
DE HISTORIA NATURAL

La conservación de objetos ó ejemplares de estudio reviste para los naturalistas gran importancia.
Los zoólogos y los botánicos precisan ya piezas anat6m~cas·, ó he_rbarios, flores y frutos conservados en
alcohol, para practicar determinados experimentos
cuando no es posible realizarlos en la época ó estación verdaderamente indicada.
Cierto es que los botánicos tienen el recurso de
obtener por medio de conocidos procedimientos la
reconstitución de las plantas secas y practicar su
correspondiente análisis, contando asimismo en sus
colecciones con semillas y frutos que son á modo de
complemento del herbario; pero como quiera que su
consistencia es variable, presentan cuando están secos sus verdaderos caracteres, mas no así cuando
son carnosos, en cuyo caso para sostener su real in·
terés es preciso conservarlos en alcohol. Las mismas
flores, conservadas en este líquido, son más fáciles
de estudiar, y los organogenistas aprecian entonces
su valor. Por último, hasta los anatómicos procúranse con frecuencia ejemplares conservados por este
medio para estudiar los tejidos.
Recomiéndase invariablemente á los exploradores
á quienes se conífa el encargo de formar colecciones
de histo:ia natural obtener el mayor número posible de e¡emplares en tal estado de conservación, y
hasta el presente es el alcohol el agente por excelencia y al que se recurre eficazmente.
Numero~os ensayos se han practicado con el agua
salada, femcada ó conteniendo pequeñas dosis de
bicloruro de mercurio, pero en ninguno de los casos
en que se ha empleado ha podido asegurarse la
conservación de un modo satisfactorio y sobre todo
duradero.
Desde larga fecha busco el medio de suprimir el
empleo del alcohol, siempre caro y no siempre fácil
de obtener en los viajes, sustituyéndolo por un antiséptico disuelto en '!I agua, sin olor, á ser posible,
y que pueda transportarse con facilidad.
He. recurrido, al efecto, á tod?s los a_ntisépticos
conocidos para hacer un estudio comparativo de
cada uno de ellos. El agua fenicada obscurece seguramente los objetos que en ella se sumergen. El
bicloruro de mercurio en presencia de las materias
vegetales se descompone y las muestras se deterioran al .cabo de algunas semanas. Igual resultado ob·
tuve con cuatro ó diez gramos de sulfato de cinc y
con diez gramos de alumbre por cada litro de ?igua.
No recurrí á los Hquidos compuestos, tales como
el licor de Awen y licor de Barrols y el ácido arsenioso, de que se sirven los zoólogos. No sin desconfianza me atreví en ~ 877 á colocar una orobancha
fresca en un cubo de agua en la que había disuelto
una pequeña cantidad de ácido salicílico. Con gran
sorpresa pude notar al cabo de dos ó tres años que
la conservación de la orobancha no dejaba nada
que desear.
Reanudé los ensayos con dos ó tres plantas ente·
ras, que se conservan en buen estado desde el año
1883 1 en que las sumergí en la disolución. Una de
ellas, Saxífraga cranifolia, con rizoma, hojas y flo·
res, conservó durante dos años el color rosado de
sus pétalos. Entonces coloqué el cubo á la acción
del sol durante un mes, cubriéndolo simplemente
con un papel, decolorándose algunas partes de la
planta, sin que perdiera respecto de su buen estado
de conservación.
Este año he• comenzado los ensayos con igual
éxito, sometiendo al experimento una Lagenaria, con
sus hojas y flores. En otro cubo coloqué una Hippophrerhamnoides, conservándose desde el mes de
agosto en buen estado de coloración y conserva·
ci6n .
Las dosis que me han dado mejores resultados
son de dos gramos de ácido salicílico por cada litro
de agua dulce ordinaria. Intenté disolver tres gramos
de ácido, pero prodújose saturación, y una parte po·
sóse en el fondo del recipiente. Con un gramo por
litro he obtenido algunas veces resultados, mas no
debe considerarse como regla. Cuando se mezcla
una pequeña cantidad de alcohol, la disolución se
efectúa rápidamente y se puede entonces por este ·
medio aumentar la dosis del ácido. La disolución de
los dos gramos, que fué suficiente, no se efectúa
inmediatamente en el agua pura; es preciso agitar
durante algún tiempo la botella 6 la garrafa, completándose la disolución al cabo de cinco 6 diez mi·
nutos.
Desde el punto de vista económico y además por
la facilidad del empleo de este antiséptico, creo que

�830

LA

LA 1LUSTRACIÓN

NúMERO 522
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 52.2

Otro curioso naipe preparado es el que se apeda• dos, agitándola violentamente. Preténdese que por
za (fig. 1, núm. 2) El operador toma uno cualquiera este procedimiento de introducción, la evaporación
al que le falta una punta, y al pasar la mano por de- es mucho más rápida y por consiguiente la potencia
lante resulta completo. Para conseguirlo se hace uso relativa del _aparato por la cantidad de vapor em·de un naipe compuesto, como el anterior, de dos pleado es más considerable que en los demás. Para
pegados por los bordes y rotos en seguida por una la misma cantidad de agua destilada son mucho
de las puntas. Entre estos dos naipes hay un pe- menores las dimensiones y el peso del aparato
queño vástago de metal K, montado sobre un eje y Yarian. Además en los grandes modelos de este
puesto de manera que sobresalga un poco de los dos tipo no existe constantemente más que una pequenaipes por abajo. Por arriba este vástago lleva la ña cantidad de agua en reposo, lo que produce una
JULES RISEON
gran economía de peso con relación á los demás
Ayudante naturalista del Museo punta que falta á la carta de encima. Conviene aña
aparatos
de otros sistemas; así, por ejemplo, un apadir
que
el
eje
está
fijo
en
una
plaquita
de
metal
pede Historia Natural
rato Yarian puede producir cincuenta toneladas de
gada á la carta de debajo.
Aplicando un dedo á la parte del vástago que so- agua destilada por día con un cilindro de 2• 1 128 de
bresale de las cartas, se le hace girar sobre el eje, y longitud por 1•,604 de diámetro En resumen, por
entonces toma la posición indicada por la línea de efecto de la agitación constante del agua, las mate·
FÍSICA RECREATIVA, - NAIPES MECÁNICOS
puntos, volviendo á poner en su sitio la punta des- rias depositadas son poco adherentes y desaparecen
Los juegos de manos hechos con naipes (prescin- prendida, punta que, vista á corta distancia, parece con facilidad.
diendo de los que ofrecen poco interés y están basa- formar parte de la carta misma.
El tercer juego consiste en presentar un naipe que
dos en combinaciones que sólo requieren alguna
cambie
tres veces de palo, y que en segtfida se agranmemoria) exigen mucha destreza, la cual se adquiere
de. Este naipe está compuesto de
LA FOTOGRAFÍA DE LOS COLORES
otros tres diferentes que suponemos
son el caballo de espadas, el as de
Grethe, en su teoría de los colores, nos dice que
copas ( ca:ur) y el siete de oros (ca·
rreau). En la fig. 2 1 núm 1, se ven es- el cloruro de plata expuesto á los rayos solares toma
tas dos últimas cartas. Colócanse las del espectro las mismas tonalidades En 1~50, Nietres 1,ma encima de otra por el lado, y pee de Saint·Víctor obtuvo fotografías coloridas que
están unidas entre si, como con una se sostuvieron durante algunas horas,
Después de Nieppe, Poitevin en Francia _Ze~cker
charnela, por medio de una tira de
caucho que, al doblarlas, deja ver su· en Alemania y Simpron en Inglaterra pers1gu1eron
cesivamente una de las tres cartas, la resolución del mismo problema. Por último, rey al volverlas desplegadas por com cientemente M. Lippmann presentó á la Academia
pleto, que se presenten por la parte de Ciencias una fotografía del espectro, en la que
posterior, en la cual hay pintada una todos los colores se hallan reproducidos de modo
sola carta tan grande como las tres estable y duradero, sin que á pesar de ello pueda
(fig. 2, núm, 2). En el grabado esta afirmarse que sus repetidos ensayos hayan obtenido
carta es un siete de bastos ( trcjle de una solución práctica.
Justo es asimismo mencionar los experimentos
la baraja francesa)
. Para que el cambio de doblez sea llevados á cabo por algunos prácticos con idéntico fin,
invisible se requiere alguna destreza: esforzándose en obtener pruebas en color obtenidas
se hace teniendo el naipe en la mano por medios ó procedimientos indirectos. En 1865, el
izquierda, y mientras se finge frotarla barón Ransonnet, en Austria, propúsose alcanzar
con la derecha, se cambia el naipe los mismos resultados, utilizando al efecto tres obje·
Fig 1. - Naipes preparado_s para jueg~s de mano~. - 1. Ocho &lt;le ~spadas
primeramente presentado. Cuando se tivos del mismo objeto colorido, ó sea á través de
que tiene un punto movible por medio de una cnn y puede cambiarse de
han enseñado las tres cartas se da cristales rojos, azules y amarillos, transportándolos
lugar para transformar el naipe en un siete -2. Sota de oros con una pun·
vuelta
á todo, siempre en la mano, después sobre la piedra por medio de la fotografía.
ta cortada que se puede reponer.
sujetando con la punta de los deEl año de 1869 determina una fecha que debe
dos la carta de en medio y se suel• consignarse especialmente en la historia de la fotocon ensayos continuos y esfuerzos constantes. Hay, tan las otras dos; entonces las tiras de caucho se es- grafía. Dos hombres eminentes, M. Cros y M. Dusin embargo, algunos experimentos de este género tiran y los tres naipes no forman más que una sola cos de Hauron, aportaron una nueva solución á tan
bastante curiosos, hechos con cartas preparadas de superficie en la cual está pintado el siete de bastos. interesante problema. ::M. Ducos de H.auron, gracias
un modo más ó menos mecánico y que cualquieAsí pues, este aparato, construido como queda á su extraordinaria perseverancia, llegó á alcanzar
ra puede practicar con buen éxito. Tres de estos me- dicho, da cuatro transformaciones.
resultados prácticos, tomando tres clisés de colores
canismos interesantes, combinados en un simple pe·
Antes de conocer los varios mecanismos que aca- primitivos, rojo, amarillo y azul, interponiéndolos
&lt;lazo de cartulina, son los que vamos á describir á bamos de explicar, hemos visto presentar estas car· entre las placas sensibles dotadas de propiedades
tas en familia, y supusimos que los experimentado- órtocromáticas y el original. El análisis de los tres
continuación.
Hablaremos ante todo de una carta preparada, res tenían una destreza sorprendente que estaban colores, rojo, amarillo y azul, habíase realizado, es
que se cambia con facilidad de ocho de un palo en muy lejos de poseer'.
decir, obtuviéronse los negativos monocromos, losiete y recíprocamente (fig. 1, núm. 1, A y B). El
grándose la síntesis de los tres colores positivos, rojo,·
•
palo escogido para la fabricación de este naipe es el
amarillo
y azul, cuya superposición produce la ilu••
de espadas (pique en la baraja francesa). El punto '
sión de los colores.
que forma el ocho es movible, como se ve en, la figu- NUEVO APARATO DESTILADOR PARA EL AGUA DE MAR
Posteriormente, en 1875, M. León Vida!, recibió
ra D (fig. 1, núm. 1 ); basta empujar con el d~do ~n
el encargo de instalar algunos talleres en el muelle
pequeño vástago D, que asoma por _la parte 1~fer:or
Varios buques de la marina de guerra inglesa aca- Voltaire, para obtener pruebas en colores por medio
del naipe, para transportar por medio de un hilo in- ban de recibir á modo de ensayo un nuevo aparato de un procedimiento de fotocromía simple. Empleávisible, un cabello ó una crin, uno de los puntos destilador, que lleva el nombre de Yarian Distín- ronse tantas piedras litográficas como colores debían
sobre otro punto angular, con el cual se confunde
reproducirse. Las tintas imprimiéronse sucesivamencuando le está sobrepuesto.
te sobre el papel, colocándose después sobre las tin·
Esta maniobra se hace procurando que el naipe
tas p(anas ó modeladas una prueba positiva fotográesté boca abajo, y los espectadores no la ven, por
fica pelicular. La prueba produjo entonces todas las
consiguiente, sino por el revés. El punto movible
medias tintas y las ºsombras que no se habían 'todaestá montado sobre dos crines blancas que, por mevía ohtenido, lográndose, en suma, un lisonjero redio de una palanca interior, lo con,focen con toda
sultado. Los objetos metálicos reprodujéronse admiexactitud hasta dejarlo colocado sobre el otro punto,
rablemente y de una manera completa. Sin embargo
ósea sobre el palo (copas ú oros) fijo. El mecanis · ·
y por causas independientes del procedimiento, no
mo va metido entre dos naipes pegados uno á otro,
se prosiguieron los ensayos con tanto éxito co·
pero de modo que no formen al parecer sino uno
menzados. M. Albert, de Munich, y Bierstad, de
solo. Este mecanismo está representado en C (fig. 1 ).
Nueva York, aportaron una piedra más al edificio.
El punto movible, siguiendo el camino trazado por
La casa Orell Tussli, de Zurich, Eckstein de La
las crines y arrastrado por ellas, cambia de lugar
Haya y otros establecimientos importantes dedicáhasta sobreponerse al punto del lado de arriba para
ronse _á la impresión de fotografías en color.
formar un siete. Si se mueve en seguida la palanca
Gracias al descubrimiento de placas sensibles orhacia el otro lado. el punto cambia otra vez de lugar
tocromáticas con la gama de los colores verdaderos,
y recobra su posición primitiva para formar un ocho.
la aplicación de los colores en la fotografía ha reaEl extremo de la palanca, que se debe empujar á la
lizado un progreso considerable. Preparáronse priderecha ó á la izquierda para obtener la transformamero coti el colodión, y después, en 18831 Clayton y
ción, aparece en la parte inferior del naipe Además,
Attout Tailfer prepararon las primeras placas isocrola figura C, en la que se ve el interior de ~s_te, mue~
máticas con la gelatina. El profesor W. Vogel y
Fig. 2. • Naipe que se cambia. tres veces. - 1. Naipe tri•
tra el punto movible separándose de su s1t10 para 1r
MM. Lobse, Eder y León Vida! han hecho dar un
ple. -2. Parte posterior del naipe triple, figurando uno
á ponerse sobre el punto de un lado y formar el siete
gran paso al ortocromatismo, de manera que puede
tres veces mayor que un naipe común.
del palo.
obtenerse con fidelidad la gama de las tintas, pro•
'La carta así construída es una maravilla de pacien. greso que abre un vasto campo de acción á nuevos
cia y de ingenio, teniendo también la ventaja de po· guese este aparato de los conocidbs hasta hoy en ensayos.
derla presentar de cerca sin que sea posible ver la que el agua de mar en vez de hallarse en con~tante
G. T.
reposo introdúcese por medio de movimientos rápi(De La Nature)
treta.

es conveniente emplear este sistema, tanto para las
colecciones de los museos como para los envíos que
efectúan los viajeros naturalistas.
No he terminado todavía los ensayos que he practicado con los hongos y las materias animales, pero
confío poder dar á conocer prqnto los resultados. Si
á ellos me refiero es porque espero que mis tenta·
tiYa~ no han de ser infructuosas.

ARTÍSTICA

CIFRAS 1DECORATIVAS·- PARA -AR·TES E INDUSTRIAS

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _....;._ _ _ _ _ _ _ __.~

POR

J. MASRIERA Y MANOVENS

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MONTANER Y SIMÓN, EDITORES ♦

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Véndese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de• ~ ptas. ejemplar

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PREMIO

con LACTO'OAitI~ (Jugo lechoso de Lechuga)

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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todos los médicos para la curacion de las ~astritis, gastraljias, dolores
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para-facilitar
la digestion y para re1fularizar todas las funciones del estómago y de
los int.estmos.

.Ap, c.,óados Tl"'r la Ac,id,-mia de Medicina d e Psri,. éirue, uwoeen la &lt;,o;evc,ón
Oficial de Fórmulas Lega lee por decreto min,s•er,al de 1 O ae AJar.r:o de 18.:,4,

I ,

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eptaemtco, las Bronqu1Us. Catarros, Reum,1s, Tos, &lt;Uma e '"""cion lle Id ¡¡drganla, bao

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grangeado al JI\RA'BE y PASTA Úl! AUBERGIER una lnmen-a lama.»
(B:i:truclo del Formulario MUico del S" B,uchardat oate,lrático de la F,rcultad de Medicina (!6' edición).
,
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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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poderoso derivativo recomendado por
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exigir nueslro sello de pla•a reactiva,
nuestra flrma puesta al pié de µna etiqueta
1111rde y el llello de garantla de,¡ la Unión de
los Fabricantes para la repres!~n de la falslOcac!ón.
"
, -s11: HALLAN RN TOnAs LAS FCRMACIAS

N8

EPILEPSIA
COf'f LAI

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En toda1 las Fnrmaclas

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Pll&lt;loras se emplean
especialmente contra l,ai :m,crofutu, la
TÍ•h y la Debtlidad de temperamento,
as! como en todos loscasos(Pálldo• colorH,
Amenorrea,&amp;•), en los cuales ,~s necesario
obrar sobre la sangre, ya sea pan devolverla
s11 riqueza y abu11danc1a normaks, ó ya para
provocar ó regul,,rizar su cur~o perló,:lco.

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a-. Efeo'°9 penúolNM clel 11.rovto, lrt·
Querido enfermo. -F/ese Vd. á mi /arta experiencia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUD, puea ellos
/e curarán de au const,pac/on, /e darán apetito le
devolverán el aueño y /a alegria. - As/ vivirá Vd.
muchos años, disfrutando siempre de una buena salud.

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reparador de las fuerzas vltalcs, de este ror&amp;idcun&amp;e por e■celcoeia, De un gusto sumamente agradat,le, es ijOberano contra la .Anemta y el A.pocamte11to, en las Calentur~
y conva~ce11c1as1 contra las Diarreas y las .Afeccwnes del Estomaoo y los rntattMS.
Cuando se tm.a de despertar el apeUto, asegurar las dh(CSt!ones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,ocaw por los calores, no se conoce nada superior al l'in• de Vuioa de ~•·oud.

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18711

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O4STR1TIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1' OT&amp;OI DIIOI.Dlftll D■ U

C)AD'.IE

.GOT

DE PARIS

no t1_tubean en purgarse, cuando lo
nec~s1tan. No temen el asco ni el,causanc10, porque, contra lo que sucede con
l(!s demas purgantes, este no obra bien
smo c_uando se toma con buenos alimentos
Y bebidas fortificantes, cual el vino, el caf6,
o/ '6. Cada cua~ escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas Je convienen
•egun sus ocupaciones. Como el causSJJ'
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimen&amp;acion empleada uno
,e decide fllcilmente II volv~r
4 empeHr cuantas veces
,ea aecesuio.

t&gt;IOIITlOII

BASO LA FOR'IU. DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P&amp;RIS, Phar:mie COLLAS, 8, nie Daapfüe
, '"" 'ª' pr1..cfnn~,

1.:1

ANÉMIA.

'ª"""na,.

LINFATISMO

Et Proto-I'?duro de Hierr_o es et_r~parador de la :,angre,
el t ort,flcante y el m1crob1c1da por excelencia.
BJJarabey Ju Grajeas con proto ioduro delierrod6F. Gille,

:iJ::if!~b~Úd::;~~~ ~~~bi~~f:J':c,:a':,:!~,~ de 1u pure;a qi.fmíca,a,:
111actta de lo~ Ho1pitalt1),

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NóMERO 521

LIBROS

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cia y d¡
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treta.

famosos escritores. Dlns hace'que
algunos literatos tratan de des•
cubrir quién es el verdadero au,or de ese mirlo blanco, pero hasta hoy nada se sabe.
Cuesta una peseta en las prin•
cipales librerlas.

ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN
por autores ó editores
RECUERDOS DE MI VIDA, po~
Ricardo Wagn.er. - He aquí un
libro indispensable á los aficionados á la música y no menos á
los que gustan, sin serlo, de la
buena literatura. El ilustre maes•
tro refiere en este libro multitud
de anécdotas todas curioslsimas,
referentes á sus óperas y á los
grandes músicos, actores y empresarios de su tiempo. Cuenta
en estas Memorias suyas multitud
de detalles de su vida Intima, y
de cómo poco á poco fué venciendo dificultades basta imponer al
mundo su sistema musical.
La relación de cómo fué repre·
sentado Ta1111ahusser en Paris es
un capitulo bermoslsimo: el entierro de Weber es una joya lite•
raria por el sentimiento y corrección con que ha sido descrito.
Otro encanto tiene el libro:
las ilustraciones, entre las que fi.
guran cincuenta caricaturas gracioslsimas de l· ilustre maestro,
hechas por los más afamados ar•
tistas y publicadas en la prensa
de todo el mundo.
F.ste volumen, de 350 páginas
y" correctamente traducido· del
alemán y profusamente ilustrado,
se vende á 3 pesetas en las principales librerfas.

Dos HISTORIAS \"ULGARES,
por D. fosé Castro y Serrano, de
la l{eal Academia Española. Dice el ilustre autor de Las cartas trasce11denta/es y de La novela del Egipto que en los banque•
tes modernos se sirven dos clases
de sopa: una picante y otra dul•
ce, al igual de lo que sucede con
las lecturas contemporáneas, re•
firiéndose á las dos novelas cortas que contiene este libro. Picante podrá ser á su juicio La
serpie11te mroscada, pero lo es de
buena ley, saturada del delicado
aroma del tomillo y la retama
que se aspira sin molestia, revestida, como El reloj de arma, con
las hellezas de nuestro lenguaje,
y extiuestos los cuadros, perso •
najes y situaciones con natural
senc:llez y claridad.
,
El libro del Sr. Castro Serrano
podrá contener dos historias vul•
gares; pero como todas sus prpducciones, no pueden caer jamás
en la vulgaridad ..
Editado por D. Fernando Fe,
de Madrid, y profusamente ilustrado por Angel Pons, forma un
honito vofu_men, que se vende á
3'50 pesetas en las principales
librerlas.
,

Dos GENERACIONES. Nueva
novela del Conde Ltón Tolstoy,
en la que se refiere cómo dos militares aristócratas, padre é bijo,
juegan, se baten y se enamoran,
La narración es sencilla y delicada, pero tienen los personajes
ese relieve que sólo sabe dar á
sus protagonistas el famoso autor
de La sonata de Kreutzer. El
episodio del oficia l prisionero
que se escapa y logra llegar perseguido de cerca al campamento
de los suyos es en extremo interernnte.
El libro está muy bien traduci •
do é impreso, y se vende á 3 pesetas en las principales librerías.
¿ACADÉMIC:AS?- Es un folleto
anónimo que unos atribuyen á
D. Juan Valera y otros á la señora Pardo Bazán. Sea quien fue•
re el autor, es indudable que por
el estilo, la gracia y la picardfa
de cuanto allí se dice es uno de
los más preciosos libros escritos
hace muchos años y que podrfa
firmar cualquiera de nuestros más

TROZO; ESCOGIDOS DE l.lTF.·
RATURA FRANCESA, en prosa y
verso, por /J. Cayel&lt;pro Castdlón
y Pinto. - Obra de suma utilidad
para cuantos se dedican al esturlio del idioma francés es la "que •
bajo el titulo que antecede acahn
de publicar nuestro distinguido
amigo Sr. Castdlón y Pinto, cateórálico del Instituto provincial
de Jerez de la Frontera. Aparte
de las utilísimas reglas que con•
tiene, figuran recopilados en el
lil,ro trozos escogidos de literatura francesa, en prosa y verso, •
desde el siglo xv11 hasta nuestros
días, inteligentemente coleccio·
nados, clasificados y anotados
para servir de ejercicios de traducción á los alumnos de Institu•
tos y Escuelas especiales, as i
como un vocabulario al final del
texto.
Bien impreso, forma un volumen en 4. 0 , perfectamente encuadernado. Vénd~se al precio de 7
pesetas cada ejemplar.

El(TRADA DE UNA HUERTA EN SEVILLA, cundro ue D. Manuel Garda Rodriguez
(Exposición general de Ilellas Artes de Bnrcelona.)

-MI-

LAIT A~,-, PffllLIQUE -

LECHE ANTEFÉL
pin • ••mala m agaa, •i~p¡
S, LENTEJAS, TEZ ABOLE
ARPULLmos, TEZ BARROS

~.~Jl41t4,!!f!~i~IJl~9.!tl8.1Jll~

A~g~s~::~s
ROJECES

au 1&gt;rtactpto por 101 proreaorea
ano t8!9 obtuvo el pr1Ttle~o ele tnnDctón. VHIADEH CHFm PEITDIALL~on bue
4e ¡oma 'J df l.blbolea, eonTtene 101&gt;r1 ioao a 1u peraonu 4ellcadu como
ma,Jerea 'J Dinos. su rueio e1.ce1ente no perJud.1ca t.n modo ala,mo i 1u incacta
1&gt;.
eonira los IDFIUIOI y toda■ la■ lllLUl.lCIOIES del PECIO y ele I Oll IITESTll8S. ...i
B1 .TA.R.AB.Jr D.Jr BHIANTrecomend.ad.o 41141

~ e o , TUJIU'd, Guernnt, etc.: ha recibido 11 con■a(!'actóa 4el tiempo: en el

Enfermedadesd., Pee/lo

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• • ••

'

•

Erijarse liu

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C4Í04 de ho¡a delata
Una cucharada

por la manana

COLICOS
., yotraporlatarde
IRRITACI
•
~..
•'(I' en la cuarta parte
ONI .S
.,; •
de un vaso
ENFERMEDADES En tod,u de agua 6 de.leche
DEL HIG~D&lt;;&gt;
/a,
Y DE LA. VEJIGA farm,ci••
LACAJA: 1n.30

.P. LAMOUROUX
Antt11 F1rm1°'uti0{)

••• oau,i vaanlllera, l'al'le.

El Jarabe de Pierre Lamouroin

e,

el Pectoral por excelencia
como edulcorantd de la, tisanas, cí

la, cual11 comunica ,u gusto agradabl, y 11,11 propiedade, calmante,.
(8aceta de 111 HOlpltalea)

hphilo Cneral: ¿5, caJle Ymllllm, '5,!WS
Be rende tn tod11 /1t buena, farmao/11,

t}

,___

Quedan reservados los derechos de propiedal n ~1iteraria

r,., "Momsn

x s,

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 522, Diciembre 28</text>
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•
Aflo X

- - - - - - -.- BARCELONA

21

DE DICIEMBRE DE

1891

EPILOGO, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de la Excma. Diputación provincial de Barcelona

NÚM.

521

�LA

802

SUMARIO

•

1

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 521

y el ya citado de Pradilla, recuerdo además E l te, con sinceridad y aplomo, franca y simplemente

, • R I'bera, por J . y xar.
t - El 1r.ant asma, por entierro
de San Sebastián, lde Ferrán;
de' preocupada
de ·la verdad, que no excluía,
T ext o. - R 0111"n
·
, ¡·
• ¡ Los
Ed orígenes
·t d l
·
' sin embarF M. Godino.-La duda/atal, por E. G. Ladevese. - Cró- la repub tea romana, de P asenc1a; a
ucactun e go, la viveza, m tampoco cierta otra elegancia pecunica de arte, por R. Bals:1 de la Vega. - La tela del padre, por príncipe D . fuan, de Martínez Cu be lis ... O el dile- liarísima que luego había de acentuarse en las ulteA.

González Ruano. - Noticias - Libros recibidos.

tantismo de los coloristas ó la declamación de los riores obras del ()intor. E l cafl cantante y El cofl ambu-

Grabad?8·
-Epílogo; Tam/,or flamenco; Descanso de_l mude- pensionados. Alguien llamó á F'ortuny el «Marivaux /ante se han reproducido mucho en grabado, yen ellos
lo; ilfilszca clásica¡ La vispera de la fiesta; Una pa,-tzda com.
.
,

prometida; Coup d' a:il; Percances del carnaval; La visita; de la pintura.)) Pues bien: allí no hab1a más que puede verse con su excelente dibujo, la naturalidad y
Demanda de hoJpitalidad; Sa!tda de tm baile, cuadros de don Marivaux ... y Echegaray.
expresión de las figuras y el carácter del conjunto;

Román Ribera_.-Sietedibujos d;l álbum d_e d(choartista. En el.reducido entrepaño que dejaban vacío uno pero lo que en los grabados no se ve es la propia
D .. Román Rzbe,-~ (d~ lotografia). - Meditación, apunte a.J y otro figuraba una nota nueva original. Allí había manera de pintar del autor, su maestría, su vigor y el
lápiz por D. Roman Ribera.
.
.
'
,
colocado Ribera sus tres cuadros, El caft a111bu- equilibrio y reposo de su pintura. Se revelaba perfeclante, El café cantante y La vendedora de gallinas. No ta menté• allí todo un artista sincero y convencido,
ROMÁN RIBERA
eran los primeros que pintaba en París (donde se de robusto temperamento y du~ño por completo
había establecido pocos meses antes, recién llegado de su arte.
Conocí á Ribera en París, durante la Exposición de Roma); pero fueron sí los que atrajeron definitiHe dicho que á Ribera no le era necesaria aquella
del 78. ¡Cuánto ha cambiado el criterio artístico vamente los elogios y la atención de la crítica sobre ' exhibición para darse á conocer entre los más famodesde entonces! Con esto no disos amateurs. Ya en Roma, Gougo que no existieran, ya en gerpil menudeaba los encargos: en
men, ya en estado de madurez,
cuanto tuvo el pintor en París,
todas y cada una de las escuelas
acaparó cuanto producía. Alejaque hoy privan, el japonismo ó el
do el artista del tumulto y los
paroxismo inclusive; pero ni toreclamos ruidosos, su vida era la
das habían obtenido sanción ofide tantos pintores parisienses,
cial ni el- público· les concedía
consagrados á un incesante y
igual atención. No era todavía el
regular trabajo de benedictinos,
público quien admirase en el Sapara quienes la fascinadora ciulón del mismo año á Bastien Ledad de los bulevares no es sino
page, ni en las secciones de pinun vastísimo convento, y el taller
tura de la Exposición Universal
de antaño con sus orgías, masá Israels, á Menzel, á los paisacaradas y guitarreo, una celda
jistas y pintores de escenas íntiapaci.ble, cerrada á los importumas, de Holanda, Inglaterra y
nos á piedra y lodo. Ni ruido,
Suecia. Entre los de Francia estani interrupciones, ni asalto de
ban en los mejores días de su reamigos intrusos que traen al esputación Laurent, Bretón y Bontudio el desorden y las tumulnat, que exhibía su célebre Cristuosas preocupaciones de fuera,
to; de los belgas eran los más fa.
y arrebatan á los artistas á su
mosos Wauters, Stevens y Deobra. La calle, el barrio entero
Vriendt; de los ingleses, Millais
son pacíficos, solitarios, melany Alma Tadema con sus arqueocólicos; largos muros de jardines
logías. La mayoría de los especparticulares ó de vastos edificios
tadores acudía á contemplar cuaextienden su dormida sombra
tro grandes cuadros: Las antorsobre la acera limpia, lustrosa,
chas vivas, de Seymiradsky; La
poco transitada. La casa es tranentrada de Carlos V, de Makart;
quila; los vecinos apenas se coel Mlíton, de Munkacsy, y .fuana
nocen ni se ven; el artista puede
la loca, de Pradilla. Este último
trabajar horas, días enteros, segucuadro triunfaba en la sección esro de sí mismo: dejar á la puerta
pañola á competencia con la intodas
sus preocupaciones, sus
completa colección de Fortuny,
amores, sus reyertas, sus diversioque ocupaba el testero. Tras el
nes, sus contratiempos; abrir en
deslumbramiento produci~o por
ellas
un paréntesis, levantar ó
el sol de Fortuny, polarizado y
cerrar
la exclusa de la corriente
derramado sobre la tela, subvirde
la
vida;
en una palabra, puetiendo - decían - todo principio
de
dejarse
llevar
por ella cuando
de unidad, la primera obra de Prale
acomoda
y
detenerla
cuando
dilla fomentó la esperanza de una
le
conviene.
Cuanto
le
atrae
está
reacción hacia la gran pintura,
lejos,
muy
lejos
de
allí;
en
otro
como resultado de la fundación
mundo ... ó al menos á la otra
de nuestra Academia en Roma.
parte del río. Sólo esta distancia
Apenas figuraban en la sala otros
es bastante para cambiar la exiscuadros que los de las dos opuestencia del artista, y no sólo favotas tendencias, pues el maestro
rece su trabajo, sino que le obliga
catalán no había perdido su presá
él. Su pereza, sus desmayos
tigio, ni se había apagado el rastro
carecen
de adulaciones y tentade luz chispeante y rutilante que
ciones. Para hacer una visita hay
brotó de sus pinceles. Particuque perderá veces un día entero:
larmente la crítica francesa se veía
trasladarse
á otro barrio, comer
obligada á combatir y admirar á
en otro restaurant, hacer cola
un tiempo á toda una pléyade de
aguardando un tranvía. Para
pintores españoles é italianos,
asistirá
una recepción ó á un esembriagados de colores y fascitreno, disponerse con horas de
nados por aquella luz cruda y
anticipación: gestionar los bille•
difusa. Todo se volvía entonces
tes unos días antes, revocar la
reprocharles que en sus obras preD, ROMÁN RIBERA (de fotografía de D. Juan Martí)
cita al modelo, introducir en la
dominaba el procedimiento sobre
labor el desorden .. . Lentamente,
la idea, y que derrochaban ·su
tales
acostumbran ·á la
energía creadora en la investigación microscópica de su autor. Recuerdo perfectamente la viva impresión soledad y fomentan con elobstáculos
cariño al estudio la tenacilos efectos lumínicos y luciendo una habilidad manual que causaban á todos, y por supuesto, más y mejor la dad de las vocaciones verdaderas. Hacen más: alejan
refinadísima y prodigiosa en la reproducción del que me causaron á mí. No podía darse mayor con- al artista de la perturbación maléfica de las disputas
matiz y del detalle. Su visión del color era una traste con el resco de las obras expuestas, ni el efecto de camarilla, y le sustraen á la d~letérea influencia
sobrexcitación enfermiza de la sensibilidad óptica; de una obra más propia y singular Ribera era 'allí el
del parecer ajeno, frívolo ó alevoso. Si este aislalocura, empeñarse en pintar al aire lihre el sol de único que echaba por su camino, reposada y serena- miento puede serle á la larga perjudicial, para obviar
verdad «sin escamotear un solo rayo;» borrachera, mente, sin preocuparse de nada ni de nadie El ineste inconveniente se .establecieron las reuniones
aquella exuberancia &lt;ie primores y matices. Aunque terior de un café cantante del día ó el espectáculo periódicas de literatos y artistas en día fijo, bolsa ó
no todos los émulos y amigos de Fortuny podían de una calle parisiense á las primeras horas de la
llamarse con justicia sus imitadores, los mismos tér- mañana, habían de resaltar forzosamente entre la mercado de ideas y de impresiones, donde hallar la
minos se aplicaban, con más ó ¡nenos restricciones muerte de un Pizarro ó la elegante silueta de una c?ti~ación del día y una acogida retenida y culta que,
· y;variantes, á las marinas venecianas de Rico, á la Pierre/te. Era aquel el realismo urbano de la vida s1 disfraza las mismas flaquezas y rencores de todas
Salida del baile, de Madrazo; al Taller, de Casanova; contemporánea, pero de la vida contemporánea y partes, las templa y suaviza con la forma exterior
á Jiménez Aranda, y hasta á la Aventura del Quijote, parisiense entr~ burgueses y obreros. El mismo que acaba siempre por modificar el fondo. La caren'.
de Moreno Carbonero. Lo repito: no había más que contraste que en el asunto existía en la pintura, equi- cia del roce continuo y vulgar en la misma carne
frescos y brillantes fragmentos de colorista en pleno distante de los tonos agrios y severos de la triste y viva - grave molestia de los círculos pequeños - hace
menos acre y envenenada la lucha, y por tanto suele
sol, orgías de blanco y rosa, son'oridades inusitadas sangrienta historia y los matices tornasolados de un ser
más digna y soportable.
.
hasta entonces, ó trágicos y sombríos cuadros de I forro de seda. Ni sobrexcitaciones de la visión, ni
Estas
condiciones
de
vida,
no
sólo eran las más
historia,' legado de Rosales, Con la Lucrecia de éste tumulto de tonos: una pintura construída sólidamen·
convenientes á un pintor como Ribera, sino las más

NúMERO 52 I

LA I LUSTRACIÓN

adecuadas y conformes con su carácter y sus aficiones, con sus gustos
selectos en toda suerte de artes,
además de la pintura. En tal aislamiento se afirmaron sus convicciones, se depuró su criterio artístico;
á él debió sus rápidos progresos. Su
laboriosidad era la de cuantos han
sobresalido; su trabajo, incesante.
Todavía buscaba sus asuntos en los
cuadros de la vida actual: los grupos de obreros parisienses, el tipo
del égoutier, reproducido en tablitas
primorosas con extraordinario carácter, ó los accidentes y episodios de
la calle: el pierrot beodo, tendido
en la acera, rodeado del guardia y
el cochero, y -alguna de esas figurillas de niña adolescente, espigada
y agraciada, que suele colocar el
autor como una nota tierna y simpática junto á los hombronazos, groseros del pueblo de París. Pero sus
fruiciones de colorista le fueron atrayendo día tras día hacia otros asuntos menos triviales y que le ofrecieran ocasión de ejercitar los tonos
más exquisitos de su paleta. A la
vida y á la verdad se añadía otro
atractivo; la seducción y la exquisita
elegancia de la mujer parisiense y
de la misma modelo, con su peculiar
desenfado y aptitud para comunicar
á la moda del día una inexplica0le
gracia artística. La Salida del baile
es la obra maestra de Ribera, que
resume estas cualidades: distinción
singular aliada á una animación y
verdad superiores. Sus modelos,• sus
testas femeninas, de expresión tan
delicada y de facciones tan bellas,
tienen los mismos atractivos. En la
interpretación de la mujer contemporánea parisiense, Ribera tiene su
tipo peculiar que le distingue de todos los que forman la infinita serie

que va modernamente de Stevens á
los últimos caricaturistas. Los estudios femeninos de Ribera animan
con una gracia propiamente moderna, verdaderamente indefinible é indescriptible, porque no está en las
líneas, sino en el juego de la fisonomía, y no está sólo en éste en absoluto, sino en sus más pasajeras modificaciones, mezcla de picaresca ironía y de nativa bondad.
Tras estos tipos, ó alternando con
ellos, vinieron los bebedores, músic?s, soldados y palaciegos; los setecientos con sus golas de encaje, sus
anchos calzones, mangas acuchilladas y sombrero de fieltro. Esa indumentaria pintoresca y de tan varia
ca!idad, raso ó terciopelo, níveos enca3es y ante flexible; el mobiliario
de ~iglo xvn, los instrumentos músicos de maderas preciosas, los ja•
rros _esmaltados, las irisadas y quebradizas copas de Venecia, bañándose en la luz tamizada de los vidrios
de las ventanas; los cuerpos sanos y
robusto:, las cabezas enérgicas y características, eran los materiales más
propios para satisfacer las crecientes fruiciones de un diletante del
color, de un enamorado de una
pintura primorosa sin ser detallista
y sólida y brillante al propio tiempo'.

J.

YXART

~~

EL FANTASMA
( Co11clt1sió11)

TAMBOR FLAMENCO,

DESCANSO DEt MODELO,

".

ARTISTICA

cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Jorge de Maldá

cuadro de D. Román Ribera (de fotograrla de D. Juan Martí)

- ¿Pues entonces? ... interrumI&gt;_ió
D. Pedro.
- Es que eso fué anteanoche.
Pero anoche la gente que salía del
rosario de Nuestra Señora de Gracia
y todos los vendedores del mercado

�LA
de la Cebada vieron, ó mejor dicho, sintieron al
fantasma, porque no se hizo visible.
- ¿Pues entonces, repitió el indiano, cómo notaron su presencia?
- Por el ruido de una cadena que sonaba tan
pronto en el suelo, como en los balcones ó en los
aleros de los tejados. La gente estaba despavorida,
los cazadores de á caballo de la plaza cerraron su
cuartel, hasta que habiendo salido el cura párroco de

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

regalo algo extemporáneo estando en enero, Quizá
el joven supuso que su adorada hallábase tan sofocada como él, y con pretexto de la solemnidad del día
se le pasó casi todo en casa de su tío. Llegó la hora
de la comida, que fué alegre y sabrosa, especialmente para el joven de Arévalo; pues notoria es la satisfacción que produce el comer bien, sentado cabe la
novia. El párroco de San Pedro era un sacerdote
amable, que se expresaba muy bien, y el boticario
derrochó aquella noche un caudal de chistes y dicharachos. Con tales alicientes y con sentir tan próxima á su prima, Juan estaba encantado, y él y todos
los demás hicieron (con mod~ración) honor á los
buenos vinos con que les obsequió el indiano, así
como también á las clásicas natillas con bizcochos.¡
La hora del café no fué tan agradable para el joven
librepensador, porque se suscitó la eterna. cocversación del fantasma que la noche anterior había traído
alborotado el barrio. Algunos supusieron que el tal
aparecido era el alma de Godoy, príncipe de la Paz,
fallecido en Roma; suposición errónea á todas luces,
puesto que dicho personaje ha muerto hace unos
cuarenta años pobre y olvidado en París. Después de
comentar este rumor, los tertulianos de D. Pedro
comenzaron á hacer disquisiciones respecto á aparecidos y fantasmas, y muy especialmente el cura de San
1 Pedro, que era un pozo de ciencia en esta materia.
Según él, el flamante fantasma debía pertenecer
á la clase de mixtos, es decir, á los que aunque
espectros tienen algo de corpóreos, pues de no
haber sido así, no podría soportar el peso de la
cadena que llevaba. Juan, á pesar suyo y no
obstante la proximidad de su prima, iba prestando atención á estas disertaciones fantásticas.
Parecíale imposible que el buen sacerdote, que
demostraba tener muy buen juicio, y los demás,
que no le tenían huero, desbarrasen hasta el
punto de irse á las Batuecas. La creencia, como
la locura, son contagiosas, y había momentos
,') en que el joven librepensador pensaba en que
Voltaire y él podían estar equivocados. Tal vez

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.

San Millán, hisopo en mano, cesó
~l rumor de la cadena y restable·
cióse la tranquilidad.
Juan, el librepensador de Arévalo, oía todas estas cosas silencioso de estupefacción,
hasta que porf1n, no pudiendo contenerse, se
permitió un ligero desahogo y dijo de pronto,
porque no se atrevió á protestar por completo, metiéndose en cosas más hondas:
- Vamos á ver, ¿hablan ustedes formal ·
mente ó se chancean?
- ¿Chanceamos de qué?, preguntó don
Jerónimo.
- Respecto al fantasma. ¿Creen ustedes
todas esas majaderías?
- ¿Cómo no creer, lo que se ve ó lo que
.se oye?, observó el indiano.
- La historia sagrada está llena de apa- 1
riciones, dijo el místico D. Jerónimo.
- Y además, reforió el boticario con leve
•acento socarrón, si no hubiera aparecidos, · ·
almas en pena, espectros y visiones, ¿de qué L, __ _
servirían los exorcismos que la iglesia recomienda en tales casos?
IIojas del álbum de D. Román Ribera
Juan iba á desbordarse, pero por un supremo esfuerzo de voluntad se contuvo, y
para mejor tragar la bilis fijóse mucho en los pie- los horrores de la digesti6n hacíanle vacilar en sus
cecitos de Inés, que pasado el susto del relato del convicciones.
fantasma seguía meciéndose.
Pero al salir á las once de la noche de casa de su
tío, el fresco nocturno devolvióle su fuerza de racioIV
cinio, y se dijo que sólo existía un fantasma muy
lindo, cuyas suaves manitas no arrastraban más caLlegó el día 2 r de enero y con él la fiesta onomásti- denas que las del amor. «¡Ah, Voltaire, !» pensaba el
ca de Inés, la bella americanita. Su padre, como es na- joven de .Arévalo, subiendo lentamente por el hoy
tura!, quiso celebrarla, invitando á comer á Juan y derripado pretil de Santisteban. «¡Hace más de cuademás amigos íntimos y contertulios, á los que agre- renta años que tú naciste, y aún se reproducen los
gó al cura párroco de la contigua iglesia de San Pe- fantasmas que barriste á escobazos!»
dro, el cual por la mañana había enviado á su joven
Pensando en su prima y en el filósofo francés
feligresa una preciosa medalla de la santa y un rosa- desembocó Juan en la calle del Almendro, que estario de filigrana. Aunque D. Pedro acostumbraba á ba obscura como boca de lobo, cuando sintió un leve
comer á las dos de la tarde, convínose en que el ruido que p~recfa provenir del pretil. Supuso que
banquete de aquel día se celebrara á las seis de la sería producido por algún transeunte, y siguió annoche, á fin de no perturbar en sus diurnas ocupa- dando.
ciones á los comensales. Juan regaló á su amada
Al torcer el recoveco que hace la susodicha calÍe
prima un abanico chinesco con varillaje de concha creyó oir una especie de alarido y detuvo el paso. '
y clavillos .de oro; lo cual á mi modo de ver fué un
Luego oyó como el ruido de una cadena que arras-

j

NúMERO 52 I

trase por el suelo, y retrocedió hacia el pretil para ver
si era seguido por alguien.
·
·
Miró y no vió nada ni 'Oyó ruido alguno.
Entonces prosiguió el camino que seguía, pensando en si aquellos rumores eran sólo imaginarios, ó
en si la excitación y los vinos
de la comida habíanle hecho
efecto.
La noche estaba obscurísima
y el cielo muy nublado. Juan, casi palpando las tinieblas, llegó á
la plaza de San Andrés, encáminándose hacia la de Puerta de
Moros.
No h:i.bía vuelto á oir nada,
,
y estaba tranquilo, aunque algo
nervioso; pero al pasar por frente á un a tienda de pastelería
(entonces cerrada por supuesto)
oyó en lo alto el ruido metálico que antes el había sorpren' dido, y que parecía sonar en la
muestra muy saliente de la pastelería.
Detúvose sobresaltado. La
cosa iba siendo grave: no había
medio de creer que aquel ruido era ilusorio.
Al fin era hombre, y un junio
temblaron los nervios del hombre,
v un punto temió, como ha di •
cho Espronceda.
Encendió un fósforo de cristal, que fueron los primitivos que se conocieron en este siglo de las luces, y
miró hacia lo alto, tratando de examinar la muestra;
pero desistió de su propósito porque una ráfaga de
aire apagó aquella imp·erfecta luminaria, y además
porque el ruido del hierro arrastrando sonaba hacia
la esquina de Puerta de Moros.
Ibansele poniendo á Juan los pelos de punta, y
comenzaba á sentir escalofríos.
Prosiguió andando, no me atreveré á asegurar que
con tambaleos.
Mientras desembocaba en la plaza de Puerta de
Moros, receloso y mirando hacia todas partes, ocurriósele una idea: él, á solas con D. Lesmes el boticario, había asomado la oreja de librepensador;
¿no podía ser aquello una chanza del farmacéutico,
que era muy bromista?
Al atravesar la plaza, dióse á sí propio la contestación, pues al entrarse pensativo en la calle del Humilladero, en vez de por la de las Tabernillas, que
era la suya, volvió á oir el ruido metálico sobre
una arca de agua monumental que hay á la entrada de la antedicha calle.
¿Cómo, pues, suponer, que un boticario viejo, de
ocho arroba~ de peso, podía encaramarse á aquellas
alturas?
No cabía duda: aquel incidente -era sobrenatural.
Admitido esto, era forzoso admitir por engranaje filosófico todo lo que negaba y escarnecían Voltaire y sus
s~cuaces.
Entonces bulló en la mente del joven de Arévalo la
levadura de su educación cristiana, y recordó con
respetuosa fruición los tiempos en que ayudaba á dos
ó tres misas diarias... ·
Continuó andando, y como no volviera á sentir rumor alguno, íbase reponiendo de su susto, pero al
llegar al fin de la calle de Luciente, por la que se
había metido para tomar la
de las Tabernillas, volvió á
oír el temeroso rumor sobre
la cornisa de la tapia de la
Escuela de los doctrinos.
Desde entonces el paso
de Juan fué casi de fuga.
Llegó á su casa, abrió la
puerta de la calle y luego
la de su cuarto; azarado y
trémulo encendió luz y dejóse caer en una silla.
Después que húbose serenado un tanto, se acostó,
y el calor y reposo de la
cama apaciguaron un tanto ·
la tensión de sus nervios.
Sin embargo, no podía dormirse, y su imaginación
combatida por mil ideas
opuestas era una jaula de
grillos. Por fin, el dios
Morfeo, 6 el dios de Voltaire, que venía en su
ayuda, comenzaba á cerrar sus ojos, cuando súbito
oyó ruido en su balcón, cuyas maderas estaban· entornadas. Parecía como que una mano impaciente
golpeaba los vidrios.

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�806

NúMEKO 521

LA ILUSTKACJON ARTISTICA

61

fué aleándose en direccióa á la plaza de la ConcorLevantóse Juan despavorido y despeluzn~do, tom dí B~scaba un sitio solitario donde con~um~r el
una pistola que tenía sobre su cómoda, hizo un es- suª·remo sacrificio. Después de dejar á su izquierda
fuerzo supremo y abnó el balcón.
l fi d la calle el ppuente Real y antes de acercar~e á la Gran ~•za¡
En el balcón no había nadie, pero a n ': d d . se detuvo junto al parapeto, volviendo la espa a a
sonaba el ruido del p~voroso metal, acompana o e
un grito agudo, estndente, que de_ seguro
00 pertenecía a criatu-

f

ra humana ...
A la mañana siguiente levantóse el joven
de Arévalo más pálido
que un vampiro. N_o
quiso hablar con nadie
ni tomar chocolate. Se
vistió apresuradamente, fué á la iglesia de
San Pedro, buscó al
cura párroco, que aca·
baba de celebrar la misa, y pidióle ~ue le
oyera en confesión ...
Más tranquilo ya
con estos auxilios espirituales se trasladó á
casa de' su tío el indiano, en donde estaba
convidado á almorzar.
Halló abierta la
puerta de la calle, que
daba á una especie de
vestíbulo ó zaguán, entró en éste, y la primera persona con quie~
tropezó fué con su pnma Inés, en bata chinesca y zapatillas de
tafilete encarnado, que
le dijo:
_ ¿Sabes que se ha
escapado Míster Górriz?
-¿El mono?
_ Si, ha roto ,la argolla de la cadena. Esta mañana le hemos
echado de menos.
F. M.

apóstrof~, dirigido á Estela en voz alta para que lo
oy~i°puente de la Concordia _estaba desierto. Estela
penetró por él. Sólo á larga d1stanc1a, al pie del palacio Borbón, movíanse dos -ne~ras soámbras. Mduó
la Joven
su a1re edor: no había nadie.
Después miró al cielo,
bañado ya en la naciente luz del día. Luego se
llevó la mano á la fren te como para detener
en 'su fuga á la razón,
que se le escapaba. Por
fin . se subió sobre la
balaustrada de piedra,
y con la mirad~ de~••·
necida en el infinito,
mientras se marcaba
en su pálido rostro una
expresión de angustia
sublime, se arrojó al
Sena, que re apresuró
á recoger en sus turbias
aguas á aquella arrogante hermosura, cuya
codiciada posesión tantos galanes hubieran
envidiado al caudaloso rio. Avaro éste de
su tesoro1 ó temiendo
quizás que alguno se
lo disputara, lo ocultó
en su seno instantáneamente, haciéndolo des•.
. aparecer bajo sus heladas caricias.
En aquel momento
asomó su proa por en• . tre los pilares del puente un vapor que salía
para el mar. Junto al

vapor, que aún avan_zaba con lentitud, iba
una chalupa ayudando
á la maniobra. El hombre que dentro de la
chalupa seguía al barco sintió caer algo en
el Sena; fijó su aten·
ción en el sitio donde
la caída se produjo,
guiado por los clrculos
que formaba en la superficie el agua removida, y no tardó en
ver flotar á pocas brazas de la chalupa un
vestido de mujer.
Los marineros del
Sena son diestros como
nadie en esta clase de
salvamentos, y Estela
fué extraída del rfo con
prontitud en cuanto
volvió á flor de agua.
una vez á bordo del
vapor, observóse que
aún vivía y se la instaló en el camarote del
capitán.
Tornó el capitán á
su tarea y confiósele el
cuidado de la joven á
un pasajero que viajaba gratis por especial
favor, un hombre onginal y extraño, medio

GODINO

LA DUDA FATAL
SEGU NDA PARTE

ºª

LA CADENA INYlSlBLE (1)

Apenas la infeliz E_stela se vió sola, ba¡o
el peso cruel _d_e la
ignominia, martm~da
el alma por la verguenza y el dolor, llena de
espanto y pers_eguida
por las 111 ás trá~cas VI·
siones, convertidos todos sus sueños de amor
y de ventura en ~na
especie de pesadilla
horrorosa, de cuya realidad no cabía duda de
ningún género, decidió
poner fin á aquel tormento superior á sus
fuerzas poniendo fin á
.
su vida, y huyó dejand O de o Román Ribera 1 grabado por Sadurni
LA v(SPERA DE LA FIESTA, coa ,
.
do á su espalda la algazara y el ruido á la
. .
ó
ebria muchedumbre. En carrera verttgmosa cruz_ .ardín de las Tullerías para observar si era vista por sabio y medio poeta, y en su doble ca_lidad dos veces
~l uien. Al volverse, vió á su l~do á un hombre que pobre que no habiendo logrado descifrar el problecalles y plazas, atravesó los bulevares /sfué
mándose rápidamente á los mue)les de henb~- rr:1ar- h;bía ido siguiéndola y en quien ella, en su locura, ma d~ la vida iba á encerrarse en la soledad, entre
no había reparado. Era un hombre ~legantemente las olas, en u~o de esos faros aislados que se alzan
una vez en su hermano, cuya ex1stenc1a a ia a
pu- sobre una peña.
t1'do que, al mirarla de cerca condmflamadas
r·
ves
..
gad• para siempre con la relajón
t~n;~: .; :~~
1
pilas
y
cogiéndola
de
un
brazo,
e
,¡o
con
voz
ar1
Llamál,ase J enaro; tenía treinta añ?s ya _cump i;
tremendos infortunios, y se figur vo ver
dos: En sus ojos había cierta fiereza mdórruta m_ezlos brazos abiertos al ir en ellos á estrecharla; pero diente:
.
· 1
_ ·Hermosa mujer! ¡Vas á venirte conmigo.
clada á una inocencia infantil. Era morena su tez y
esta visión fugitiva pasó como un rel~m¡agop:~;:~
~ joven lanzó un gtito, se des~sió de las manos su barba negra é inculta.
el huracán que sacudía sus atrope a os
ue la sujetaban y corrió despavorida.
.
Desde que Estela fué recogida á bordo, J en aro,
mientas...
ó
1 puente q Cuando llegaba Estela á 1~ plaza de la Concordia
que parecía babor hecho estudios especiales ~obre el
Llegó al maelle del Louvre, acere se a í
ba por allf un carro que iba á los mercados Cen- caso de que se trataba, dirigió todas las ~ed1d~s qt~
Nuevo Por el muelle y por el puente haba tra~ptrasla
de la deses- se tomaron para devolver á la joven la ex1stenc1a.
seunte; que pasaban y guardias vigilantes e~ ~d~r~ a es. El carretero distinguió ellrostro
óh'd
perada
á
la
_
luz
de
un
farol,
y
exc
am
'
ac1en
o res- mismo la colocó en la postura que más convenía; enla del río. Clareaba ya la luz de la a_u:ora a
tallar
su
látigo:
.
.
.
1
del
Sena
un
leve
reflejo
cemc1ento.
Estela
cendió un fuego muy vivo junto al cuerpo de 1~ aholas aguas
_ iHe ahí una que se ha divertido demasiado ~ gada y aplicó todo el procedimiento que la c1enc1a
que vuelve tarlle á su _casa! ¡Para ellas es el mundo. prescribe.
·
.
Véase LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA _n~ms. 501 y 502,
y el carretero añadió á estas palabras un obsceno
Al pasar el vapor por Mantes, al pie de la gran,
(11
d'enles
á los días 3 y 10 de agosto ultimo.
correspon
1

ªt:º:~

te

NúMERO 52 I

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

diosa alameda, Estela abrió sus ojos en soñadora
actitud sin fijarse en Jenaro. Aunque fué aquella
una mirada vaga é indecisa, J enaro quedó en ella
absorto contemplando la hermosura de aquellos
grandes' ojos negros. Lanzó Estela un suspiro, cerró
de nuevo sus párpado~, y J en aro, viendo que nadie
más estaba en el camarote, besó aquellos ojos, apretando bien las frías manos de Estela para provocar
una reacción salvadora.
Antes de que el vapor llegase á Rouen los ojos

de la triste realidad. J enaro se esforzó de tal manera por ir borrando todas las huellas del pasado en
su mente, que al dejar atrás el rfo iba ya Estela creyendo en una vida nueva y en la vanidad de aquella
siniestra fantasmagoría de la que aún se figuraba
sentir en su espíritu la carga abrumadora.
Deseando el capitán del vapor instalarse á sus
anchas en el camarote, y hallándose ya Estela fuera
de cuidado disponíase á hacerla desembarcar en el
primer pue;to por donde pasase; mas J enaró supli-

UNA PARTIDA COMPROMETIDA,

807
estos cuadros grandiosos de la Naturaleza regocijada
y radiante de hermosura, las miserias de nuestr_a
vida se achican de tal manera que apenas las percibimos.
·
- Pero ¿qué es esto?, exclamó Estela con asombro, mirando extasiada en torno suyo. ¡Estoy en
medio del mar!
Luego clavando en Jenaro sus ojos, le interrogó:
- ¿Y ~os quién sois? ¡Por qué estoy aquí? ¿Por
qué os halláis á mi lado? ¡Explicádmelo todo!

cuadro de 0. Román Ribera, propiedad de D. Manuel de Camps

de Estela volvieron á abrirse y de sus labios salieron có al capitán que le dejara llevarse consigo á Esdébilmente estas palabras:
tela para tenerla en su compañía en el islote deEstela estaba bellísima en su marmórea palidez.
- ¿Es un sueño?
sierto.
Jenaro, esclavo ya de los encantos de la joven y
_ ¡Sí!, contestó Jenaro con ansiedad. ¡ Es un
Estuvo tan persuasivo, hfzole con tanta elocuencia embriagado por el deleite que la contemplación de
sueño!
, ver cuán conveniente sería un .cambio completo de aquella belleza peregrina vertía en su alma, dijo á su
Entonces la joven miró á su compañero y su fiso- vida para aquella desesperada, le convenció hasta hermosa y ya amada compañera:
J1omía ·comenzó á animarse.
tal punto de la neéesidad de seguir con ella un tra- · - Esto que veis es la dicha. Un rayo de sol, la
- Pero ¿es un sueño que estoy viva ó ha sido un !amiento especial que nadie mejor que él podría libertad, el amor y un horizonte inmenso ... De eso
sueño cuanto por mi ha pasado?
aplicarle, que el capitán cedió al fin. Además, el vie- se compone la dicha humana. ¡Mirad! El sol derra- Todo cuanto creéis haber sufrido ha sido un jo lobo marino temía las enojosas y múltiples forma- ma torrentes de luz sobre nuestras cabezas; aquf sosueño únicamente, murmuró Jenaro al oído de Es- lidades á que tan aficionados son los hombres de mos libres, tan libres que jamás sobre esta isla se
tela, comprendiendo cuán delica_d~ y crítica era la . tierra; y como, por no detener su marcha al salir de proyectó la sombra de un rey, de un juez ni de un
situación. Ahora es cuando no sonáis; todo lo demás París, había infringido los reglamentos continuando verdugo; es tan poro nuestro amor que nunca podrá
fué sólo una pesadilla de la que no hay que volverá á bordo con la joven extraída del rfo, quiso evitar empañarlo ni la más ligera -nube; ni el vil interés ni
. acordarse ya nunca.
declaraciones y trámites y accedió á la pretensión los celos llegan hasta aquf; sólo el cielo y el mar son
-¿Es verdad lo que me decís?
de Jenaro.
testigos de nuestra ventura; volved en torno la vista:
- ¡Cuanto os digo es verdad! Ahora ~s cuando
Al ir el vapor aproximándose á la aislada roca de nuestro horizonte ·no tiene límites; la creación preempieza vuestra vida. Hasta ahora habéis sido es- cuyo faro iba, el extraño pasajero á ser el guardián, senta á nuestros ojos sus mayores magnificencias y
clava de un prolongadísimo letargo.
compuso éste á la joven una bebida que la sumió en el infinito nos descubte sus más indescifrables mis- ¿Y dónde estoy?, exclamó Estela incorporán- profundo sueño, y dormida desembarcaron á Estela terios.
d
Al escuchar maravillada este lenguaje, Estela miró
enb el solitario islote,
desded el cual la costa
se diviose.
. '
f
1·
Su fatiga era extrema, y la joven volvió á desplo- sa a como una ranja ver e, á la que os arenales á Jenaro con viva atención, observando los rasgos
marse rendida sobre.ti lecho en que reposaba.
formaban un festón de oro sobre la nfvea espuma de su fisonomía expresiva y original. Comprendió la
- ¡Vamos! No os agitéis. Procurad ahora 'dormir de las olas.
sínceridad profunda con que aquel hombre babia
algunos momentos. Os conviene descansar. ¡Sobre
Estela se despertó sobre el faro blanquísimo. El hablado. Sus teorías sobre la dicha humana hallaron
todo, que vuestra imaginación no trabaje!
mar estaba en calma y brillaba el sol entre las dos eco en. su corazón. Se dió cuenta del sentimiento
y al decirle -esto Jenaro colocó á Estela en una azules inmensidades, la inm~nsidad oceánica y la in- que en el alma de Jenaro habla hecho y, al cabo,
posición que le impidiese _ver el río.
mensidad celeste. El vapor que iba alejándose deja- .pudo éste un día proclamarse dichoso, viendo á EsLa joven volvió á dormirse.
ba á ~u popa un prolongado su¡co que poco á poco tela suya y feliz, subyugada por el encanto que para
Pasaron muchas horas. Cada vez que Este!• se se borraba en la líquida superficie. Una bandada de ella tenía aquella vida nueva.
despertaba Jenaro prodigábale cuantas atenciones gaviotas cerniase alrededor del faro, lanzando esos
Pas3ron las horas, los días, las semanas y los mesu estado ~xigfa. Aunque ignoraba por completo las alegres chillidos con que las palomas del marcele- ses en verdadera fascinación. Cuando llegó el buen
causas que la impulsaron á tomar la resolución fatal bran sus fiestas, Diríase que, contentas, saludaban tiempo, una golondrina fué á colgar su nido en le
más alto de la torre.
del suicidio, era evidente que ~quella _desgracia~• á Estela por su venida.
habla sido azote de extraordinarias desdichas. Vema
Jenaro había querido que ,il abrir Estela sus ojos
Ni una sola vez Jenaro quiso preg•ntar á Estela
á ser un acto humanitario apartar su pensan¡1ento viese aquel admirable espectáculo. En medio de !e que la indujo á suicidarse. Ni una sola.vez se atrevió á hablarle de las causas que la decidieron á Jan-

�COUP D.' CEIL, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Isidoro Llovet
(De fotografia de Juan Marti.)

PERCANCES DEL CARNAVAL, cuadro de D, Román Ribera, propiedad ele D. Adolfo $014

�8JO

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 521

LA

NúMEkO 521

zarse al río ni de nada siquiera que pudiera evocar
Dos ó tres veces Jenaro evitó, invocando diver- doselos oir á su amada, ¿no la sacaría del sueño en
el pasado en su memoria.
sas razones, que visitasen el faro algunos bañistas que se deslizaba su existencia y la haría sentir la
Sin embargo, una tarde, mientras Estela al pie del que paseando en sus botes llegaban del puerto vecifaro regaba unas flores y él en la altura miraba ha- no. Varios de entre ellos hablan insistido con singu ·
cia la costa, pensó que en aquella tierra que estaba lar tenacidad en que se les permitiera la visita. Mas
viendo, Estela había vivido, y había sido hermosa, y Jenaro se mantuvo inflexible.
había sido amada, y .. . ¡quién sabe! ¡qu izás había
U na tarde creyó sentir voces del lado (je tierra. Vió
amado!... ¡Oh! ¿Existiría sobre el mundo algún hombre
que hubiera poseldo el amor
de Estela?.. . Jen aro al pensar

en ello se estremecía. Siendo
tantos los que en el mundo

corren tras de 1a dicha, era
diíícil que alguno de ellos no
hubiera pasado junto á Estela
y difícil también que deje á la
dicha huir el que logra encontrarla en su camino ... Y si
existía sobre la tierra alguno
á quien Estela había enrique-

cido con su amor ... ¿quién era
aquel hombre? ¿Cómo se llamaba? ¿Dónde vivfa? eLe había
amado Estela más de lo que le
amaba á él? ¿Cuál era el pa·
sado de aquella mujer encantadora que á sus brazos llevó
un simple capricho del azar?
¿Cuál era el secreto que se
ocultaba en aquella ignorada

existencia?
J en aro, que con un afán tan

constante se esforzaba por impedir que Estela volviera al
pasado la vista, empezaba él
mismo á sentir la atracción
del insondable misterio. Era
su dicha tan grande, que comenzó á dudar de ella.
- ¿Seré realmente tan feliz
como me creo?, se preguntaba.
¿Quién es esta mujer? ¿De
dónde viene?
En aquel instante miró bacía abajo y la vió en gallarda

apostura, siguiendo con sus
ojos el vuelo de las gaviotas y
recibiendo el beso de las olas,
que en rizos de espuma que-

rían cercarla.
Entonces Jénaro dióse prisa á alejar de su mente las ne ·
gras ideas que lo asaltaban;
descendió del faro, corrió don·
de Estela y, cautivo de sus
seductores encantos, sintióse
en plena felicidad.
Era ya la época del estío y
aquellos dorados arenales que
en la costa se distinguían pob!ábanse de parisienses y de
forasteros llegados de las grandes ciudades más próximas.
Algunos botecillos de recreo
iban hasta el faro en las tardes

serenas, lo que animaba un
poco la vida ordinaria del islote, pues hasta que principió el
verano sólo se acercaba .á
aquella roca un pequeño batel
que cada dos ó tres días llevaba á J enaro y á Estela sus

iLUSTkACIÓN ART!STICA

periódico El Liberal, siguió el concurso último, de cuyo resultado hemos dado cuenta á los lectores de
LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA. Cuan·
do todo parecfa normalizado, un
incidente viene á poner de relieve la
necesidad de rehacer por completo
el reglamento de la Academia, para

realidad de un pasado lleno de tormentos crueles?
¿No serla peligroso hasta para la vida misma de la
joven un despertar brusco que disipase el encanto
de la ilusión que la hada dichosa?
Mas ¿cómo aquellos jóvenes que iban en el bote
la conocían? ¿Y quién era Gaultjer, por quien le preguntaban?

anverso y reverso. Se compone de dos episodios medianlsimamente ejecutados del viaje primero de Co•
Ión á América, y que lo mismo servirían para bajos
relieves -cuadrados y aislados, que para otra cosa
cualquiera.
· Como se ve, estos son defectos de fu □ d!mento.
La medalla debía sintetizar una idea, y esta idea no
existe; la medalla debía tener reverso y anverso y no
ción ordinaria y por un solo voto, los tiene. Es decir, que no tendremos medalla, tal y
el Sr. Suñol logró que se le adjudi- como se entiende la medalla de este género.
casen los dos esfinges, habiendo decidido dich_o acuerdo los votos de
el de que voy á ocuparme.
El Jurado, nombrado del seno .de
la corporación consultiva á que vengo refiriéndome, propuso al escultor
académico Suñol para que ejecutase
un esfinge y al Sr. Moratilla para
el otro, con arreglo á las observado,
nes del dictamen técnico. En vota-

el hombre á quien Estela habla
hecho feliz con su amor! Aquellos jóvenes, quizás, eran pari·
sienses que habían con Estela
reído y gozado y sahlan de ella
lo que Jenaro ignoraba.
A la tarde siguiente otro bo. teci!lo fué aproximándose, y al
pasar junto á la peña de la
ligera embarcación sa_lieron

los mismos gritos: ¡Resigna•
ciónl t Y Gaullie,1 Las impre•

"El gran acontecimiento de estos días, y el cual obscureció el éxito de Concha Castañeda, fué el articulo de mi compañero Mariano de Cavia, llamando_ la
atención de los poderes públicos respecto de la m-

siones dé la noche pasada sacudiéronle á Jenaro con mayor fuerza, y una terrible sospecha surgió en su espíritu:

minencia de un incendio que destruyese nuestro Mu•

¿sería Estela una de esas mu-

seo de pinturas. La emoción producida en Madrid
aquella mañana y después en toda España y Europa,
aún hoy la reflejan periódicoscomoI/ Seco/o, L, Temps,
The Daily Chronic/e, etc. En esta corte no se habló
de polftica, del nuevo ministerio, de nada absolutamente más que del famoso articulo. En el salón de

jeres de desastrosa vida que

en París tanto abundan, sumidas en el fango de los place res y hábiles en engañar y en
fingir, y reducirfase aquel sueño de felicidad en que parecía
encantada á una simple fic-

conferencias la nota saliente era el incendio supues•
to, su trascendencia y las medidas que _debla tomar
el ministro de Fomento. Yo, que he tenido el honor
de hablar varias veces aquellos días con el Sr. Linares Rivas, á propósito de la cuestión palpitante, puedo
afirmar que el nuevo ministro agradeció en lo que
valfa el aviso, llegando su galanterfa conmigo hasta

ción, á una vana mentira? Je ·
naro, no pudiendo resistir al

man á alguno!
J enaro guardó silencio; Estela puso grande atención,
queriendo oir lo que gritaban ...
Pero llevábase el viento las
voces que del botecillo sa-lfan .. . Por fin, una ráfaga las ·
hizo llegar á los oldos de Estela y ésta oyó claramente:
-¡Rmgnación! t Y Gau,hú1
La pobre estela, al oir aquello, se figuró que soñaba. Luego, convulsa, apretándose los

ojos con las manos, cerrándolos y abriéndolos con agitación febril, como quien despierta de un penoso y largo
sueño y aún no está seguro
· de haber salido de él completamente, llevó á cabo un

esfuerzo decisivo, dió un grito
desgarrador y, rompiendo á

reir en ruidosas carcajadas,
exclamó de una manera inco·

herente, dándose golpes contra las paredes del cuarto:
provisiones.
- ¡Pobre loca! ... ¿Y tú creías
Creyó Jenaro advertir que
que lo pasado era un sueño? .. .
muchos de los jóvenes alegres
LA VISITA, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Federico Marcet
¡Ja! ¡ja! ¡ja!. .. ¡Qué ha de ser
que, remando y cantando, sosueño! ¡Pues no eras poco amHan pasar junto á la peña, mibiciosa! ¡Ser feliz!. .. ¡Gaultier!
raban á Estela con esp_ecial curiosidad siempre que á pocas brazas del islote un botecillo que pasaba. ¡Samsón! ¡Los reyes de Etruria! ¡La guillotina! ¡Mi
al pie del faro la velan, ó buscábanla dirigiendo Patecióle á Jenaro que los que iban en él llamaban hermano! ¡El Sena! ¡Jenaro!... ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¿Todo versus anteojos de mar hacia la venfana de la joven á alguno y escuchó atento. No tardó en· percibir este dad ó todo mentira? ¿Estoy viva 6 muerta? ¡Ja! ¡ja! ¡ja!
cuando se hallaba ésta dentro del faro. Con un grito que del bote salfa: ¡Resignación/ Después oyó
Jenaro, lleno de terror, corrió hacia Estela, gripretexto fútil cambió la habitación de Estela, que gritar: t Y Gaullier1
tando:
. se abría hacia la costa, por otra que miraba al ili·
¿Qué quería decir aquello? Jenaro se perdla en
- ¿Qué es lo que he hecho?
mitado horizonte. Además el faro, que era de có- las más hondas confusiones. Como Estela se hallaba
Fué á abrazarla, mas ella lo rechazó enérgicamenmodo acceso por el lado ·que hacia la costa caía, ha- en aquel momento en su habitación, del lado que te, diciéndole:
llábase defendido mirando á alta mar por una larga cae á alta mar, no llegaron á su oído las voces. E l
- ¡No os conozco! ¿Quién sois?
y complicada serie de escollos que hacfanlo inacce- bote pasó; hundióse el ,o! tras del horizonte lejano, , - ¡Estela, yo te adoro!, exclamó él, queriendo essible.
y en medio de las tinieblas J enaro creía seguir oyen- trecharla en sus brazos.
A Estela no le contrarió aquella mudanza que au- do los dos misteriosos gritos ¡Resignación/ t YGaul- ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡Abrazará una muerta!, respondió
mentaba su aislamiento. El torrero á quien reempla- tierl Se despertó durante la noche ·sobresaltado; las Estela, y lanzando estridentes carcajadas volvió á
zó J en aro había.se dejado ali{ varios libros, inspira- dos voces resonaban en sus oídos con persistencia golpearse contra las paredes.
·
dos todos ellos en la salvaje poesía del mar, y la lec- invencible. J en aro tenía un vago presentimiento de
- ¡Oh! ¿Qué es lo que he hecho?, gritó Jenaro
tura de aquellos libros completaba el poético ensue- que en aquellos dos gritos encerrábase la clave del con indecible desesperación. ¡Eramos dichosos y la
ño en que la joven vivla.
secreto que ocultaba el pasado de Estela. Hacién- he V{\elto loca! ¡Estela! ¡Estela mía!

la opinión de los artistas y de la crítica otorgando
la ejecución de la medalla al que se le otorgó. Cuando se supo el acuerdo, la prensa toda disparó con
bala rasa sobre el artista y sus protectores, llegando
algún periódico al extremo de pedir que de ahora en
adelante □ o se someta á las decisiones de la Academia de San Fernando ningún asunto de arte.

La medalla en cuestión tiene, entre varios, un de•
evitar que se repitan hechos como fecto capital: el de no ser medalla por carecer de

¡Ah! ¡Gaultier era, sin duda,

impulso de aquella sospecha,
corrió donde Estela, que notó
en él cierto temblor; la cogió
de la mano, y llevándola á su
antigua habitación la hizo asomarse á la ventana desde donde se distingue la costa.
-¿Ves aquel bote?, le dijo.
¿Qué es lo que gritan los que
van dentro? ¡Dirfase que lla-

811

-¡Ja! ¡ja! ¡ja!, continuaba Estela, riendo

sin cesar.
Cuanto más grande era el dolor de Jenaro, más fuertes y más seguidas eran las
carcajadas de Estela.
Penetraba en la habitación el último rayo
del sol poniente. Jenaro cayó de rodillas y
dijo á la desdichada:
- ¡Perdóname!
Pero la joven al mirarlo prorrump10 en

nuevas carcajadas estrepitosas.
Entonces J en aro leva~tóse, extraviado el
juicio, y llevándose las manos á la cabeza
se dirigió rápidamente á la ventana, se arrojó por ella y cayó sobre las peñas, donde
Ilojas del álbum de D. Román Ribera
quedó hecho pedazos su cuerpo.
Como habla cerrado la noche y la luz del
faro no brillaba, acudieron del puerto vecino á saber la numerosa sección de música, que entenderá mulo que ocurrfa. Las carcajadas de Estela guiaron á los cho de fusas y semifusas, pero de artes plásticas ni
marineros enviados con dicha misión. Las frases una sola palabra.
ininteligibles de aquella desgraciada y los restos del
El escultor Moratilla, aconsejado, según dicen, por
cuerpo de J en aro fueron los únicos datos obtenidos varios individuos académicos, presentó una protesta
,obre aquella doble catástrofe que quedó para siem- para ante el Consejo de Estado pidiendo la anulapre envuelta en el misterio más profundo.
ción del acuerdo definitivo, fundándose para esto en
Fué así, con la razón perdida, como el conde_ de que el Sr. Suñol, faltando á la• bases de la convoqEtruria volvió á hallar á su hermana, de cuya última toria, que exige un modelo para cada estatua ó esfindesdicha había llegado hasta él el rumor. Solía con ge, no presentó más qde uno, y llamando la atención
frecuencia ir á vi¡itarla al establecimiento donde la del Consejo acerca del hecho de que se retirasen del
tenía y, en sus arrebatos de locura, la infeliz Estela salón en el acto de procederse á la emisión de los
creía siempre ver brillar u □ faro cuya luz la hacia votos gran parte de los individuos del Jurado.
sonreír, calmaba su fiebre y acababa por adormecerSea lo que quiera, lo cierto es que todavía no se
la en un sueño reparador, durante el cual mostraba comunicó oficialmente á los escultores premiados la
en su rostro una expresión de dicha inefable y de orden de dar comienzo á los modelos definitivos;
que en el seno de la Academia d~ San Fernando
sup¡ema ventura.
existe un desacuerdo latente, y que este desacuerdo
ERNESTO GARCÍA LADEVESE
hubo de alcanzar su período álgido con motivo del
concurso de proyectos para una medalla conmemo·
rativa del centenario del descubrimiento de América;
CRONICA DE ARTE
desacuerdo tal, que ocasionº6 sesiones muy agitadas
allf donde hasta hace poco todo era tan sereno como
Un incidente. - La Academia de San Fer~ando. -Las ~~da- la superficie de un lago.
llas conmemorativas del cuarto :enten~no del descubnm1enVerdaderamente las secciones técnicas de esculto de América y la critica. - El mcen_d10 del Museo del Prado._ El fantasma de fuego. - Carolina Méndez en el papel tura, pintura y arquitectura tienen razón para sentir•
de· Marquesi/o.

La odisea de la decoración escultórica del nuevo
d"fi • •destinado á Biblioteca y Museos de esta
e i t c,oO ha terminado todavla. A, la desaprobación
c~r ~ tn •a¡ que del reparto de obras habla hecho en
mmis en
· d e Ia A cad em1a
.. d e
• · -0 la sección técmca
~
n=i
.
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B II p A ies haciéndose eco el mimstro de Fornentoe d:\0 ~icho e□ contra del reparto aludido por el

se molestadas con la ingerencia de la musical, que
viene decidiendo, hace algún tiempo, de la marcha
ele nues!ro arte P?r la fuerza del nú~ero. La medalla premiada es sm duda de las primeras entre las
medianas. Disputábanse el premio un proyecto de
un artista catalán, otro de un vienés, otro de un beld ·¡ . N d "
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ga y otro d.e un ma
. n eno. a 1e cre1a, a pesar . e
las fuertes influencias del autor que resultó premiado, que llegase el cuerpo académico hasta desafiar

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DEMANDA DE HOSPITALIDAD, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Man uel de Camps
(De fotografía de D Juan M.irtí.)

�LA i LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

reseñarme de antemano las medidas que inmediatamente pensaba tomar, alguna de las cuales se está
llevando á cabo.
El mismo día que el Sr. Linares visitaba el edificio
del Museo, cumpliendo la orden recibida por el
director de Et Liberal visitaba yo también sótanos
y buhardillas de dicho Museo, y pude observar como
el peligro de incendio era una verdad. Lo mismo
creyó el ministro de Fomento al decirme que había
visto horrores, y que nuestra Pinacoteca tenía dos
enemigos, uno en los 'pies y otro ea la cabeza, es
decir, dos bosques de madera seca en los sótan~s y
en el tejado. La campaña comenzada por Cavia y
seguida por mi desde las columnas de El Liberal,
fué secundada por toda la prensa sin di stinción de
matices políticos. La unanimidad de pareceres dió el
resultado apetecido, puesto que al desaloje de los
sótanos se seguirá inmediatamente Ja construcción
de dos pabellones para. los empleados del Museo y
la instalación de los calorlferos de vapor.

Debiendo ... ¡Eso de que todos los oficios han de por terminada. Acompañamos al padre á su domiciempezar con gerundio tiene mucha droga!
lio, y allí, bajo el dintel de su puerta, nos dió á todos
¿Pero qué póstula es esa, ni qué tela, ni qué pa- las gracias y se disolvió la reunión.
dre, ni qué falta hago yo para todo eso?
Mohíno por demás regresaba yo á mi casa, dicién•
En fin: vamo¡ á obedecerá la autoridad local, no dome: &lt;¿Qué será lo que el padre hará con eso? ¿Se
vaya á hacer conmigo una alcaldada, Quizá en el lo irá .á comer? Entonces revienta,» cuando, corno si
Ayuntamiento habrá quien me explique el enigma.
hubiera adivinado mi curiosidad, se me acercó el alSeguía yo á la sazón tendido en una c/1aise lo11g,1e guacil á hablarme.
junto á un balcón de mi casa en Montemayor, desde
- ¡Qué buena ha estado la póstula, me dijo; ya
donde se dominaba toda la campiña que se extiende tiene el padre tela larga!
entre este pueblo, los de Espejo, Montilla y Castro
- ¡Ya lo creo, si se lo come todo!.. , le contesté.
del Río, ócupando gran parte del término de Córdo- ¡Ca, no, señor! Es para la tela.
ba A Levante y sobre la línea del horizonte se des- Per.o, homcre, ¿qué tela es esa?.
tacaba en la sierra el célebre santuario de la Virgen
- Una tela que se compra con el dine ro que den
de Cabra; á Poniente las grandes masas de olivar de mañana en subasta por cada cosa separada para ha•
la Rambla, de Aguilar y del mismo pueblo de Mon- cerle al padre calzoncillos y camisas,
temayor, corriéndose hacia el Sur y ocultando á
- Pero diga usted, ¿se ha venido el padre al puemedias entre los pliegues del terreno el lindo pueblo blo si,1 calzoncillos?
de Feman- :rúñez, con sus famosas estacadas, tam·
- Yo no sé; pero es costumbre que lo que se re·
bién de olivar, y el monte de la Mota al final del cua• coge de la póstula se venca, como le he dicho á usted,
dro. Al N arte, la negra barra de Sierramorena, á cuyo para comprar al padre cuantas varas de lienzo quepie está Córdoba, la sultana, la odalisca, ó lo que se pan en el dinero que produzca la venta de lo que
quiera, de las regiones del Occidente.
hemos postulado, el cual lienzo ha sido hilado y teLa pintura escenográfica está mirada en España
Por entonces los habares en flor enviaban al aura jido por las mujeres de este pueblo con algunos mepor la crítica con total indiferencia. No as( en el ex- sus perfumes; los olivares vestían su trama blanca,
ses de anticipación.
tranjero, especialmente en Francia y Alemania, don'de esmaltando las verdes copas de los árboles; las arna,
- ¡Gracias á Dios que ya lo he comprendido todo!
este género pictórico se aquilata como todos_ los de- polas abrían entre los trigos su espléndido manto de
Hemos
ido nosotros con el padre cuaresmal para
más, discutiéndose la mayor ó menor propiedad y grana, y el aire tibio de la primavera saturaba de ox{.
estimular
la piedad del vecindario en su favor; y el
justeza del asunto desarrollado en los telones, en geno vivificadQr los pulmones. Más cerca de la torre
padre
va
á
quedar de esta hecha bien surtido de
dibujo y factura, etc., etc.
ó mirador estaba, en el pueblo mismo, el castillo
Digo esto á propósito del melodrama ó lo que sea de los duques de Frias, con sus tres tprres per- ropa blanca al menos, si es que no saca otra cosa de
sus sermones .
estrenado en el teatro Circo de Parish de esta corte, fectamente conservadas: la de la Paloma, a•alaya al- ¡Que si quieres! Eso no es más que una friolera.
hace escasamente tres semanas, y que se titula El tlsima que se descubre á gran distancia; la de las
En buenos pesos duros le pagan al padre lo que
fantasma de fuego.
Armas, ósea la del Homenaje, y la torre Af0t:ha, llaLa escena tiene lugar en las profundidades de una mada así porque carece de almenas y matacanes: es- predica; y además comido y bebido toda la Cuaresabandonada mina de carbón de piedra. Las mutacio- pecie de bloque enorme que parece con su pesadum• ma y la Semana Santa. Lo de la tela es un plus de
nes son muchas y los telones están, como pintura, bre amenazará los barrios del pueblo que en decli- campaña, como el que me dieron á mi muchas veces
en el servicio del rey.
·
bien ejecutados, pero la verdad brilla por su ausencia. ve se extienden á sus pies.
-¿Y
todos
los
años
es
lo
mismo?
Figúrense mis lectores las negruras de una mina
Abandonar aquel magnífico panorama para ir á ver
-Lo mismo.
de hulla; supónganse el aspecto dramático de esas al alcalde y en busca de lo desconocido era toda una
Pero, hombre, ¿no sería más decoroso hacer la
galerlas subterráneas, donde brillan, al reflejo de la decepción; pero como de decepciones está llena la
póstula
en dinero, dárselo al padre y que éste se
linterna del minero¡ las cristalizaciones de la madera vida, no hubo más remedio que resignarse, vestirse
comprase lo que más falta le hiciera?
petrificada en miles de años, dé existir falta de todo y acudir á la cita.
· - No, señor; porque en dinero no se juntaría en
contacto con el aire y la luz solar en las entrañas de
Cruzando las calles de la población, cubiertas por el pueblo ni cien reales. La mayor parte de las mula tierra, y supondrán algo parecido á la verdad, tan un pavimento completamente primitivo que precisabien descrita por Zola en Germinal. Pero no se íma· mente se sostiene por indicación y á instancia de ca• jeres que dan una libra de tocino, que vale dos peginarán - seguro-que el pintor escenógrafo enten· llistas y pedicuros, llegué sano y salvo á la casa mu• setas, ó un celemín de trigo, que vale una, si tuvieran
que dar d inero no pasarlan de cuatro ó seis cuartos.
diese que esas negruras dramáticas debla desterrarlas nicipal.
-Me quedé convencido, aunque por afán de replide su paleta, sustituyéndolas con los brillantes maNo eran las tres de la tarde todavla, y ya la sala car, le dije:
tices de las rocas que existir puedan en las caverna,s capitillir contenía todo lo más granado del sexo
- Pues si el padre viene por aquf muchos años,
á flor de la tierra ó en la superficie de los montes. masculino del pueblo con el vicario eclesiástico, el
en muy pocos junta una tienda.
Resulta de esta manera singular de interpretar la alcalde, el regidor sindico y otros tres ó cuatro conce- Es que á éste no le volvemos á llamar hasta que
verdad y el efecto escénico,que desaparece la ilusión jales. Abajo y á la puerta de la entrada principal del
se
calcula
que la tela se ha roto. Llamamos.á otro y
que en el espectador debiera producir la mayor apro• edificio se hallaba el alguacil tenienao del ronzal una
vao alternando.
ximación al natural, quedando tan sólo en la me- burra aparejada y sobre el aparejo un gran serón vaA semejante abrumadora lógica nada tuve que
moria y en la retina el recuerdo y la imagen de colo- cío, y con el alguacil estaba el pregonero con otra
contestar;
pero el alg uacil, que tenla gana de converres, luces y formas completamente distintas á lo que burra y otro serón semejante. .
sación, me dijo:
realmente deblan ser.
Al cabo de poco tiempo se presentó en el salón el
- La póstula de este año ha sido buena porque el
Nada digo de la decoración en que se representa el padre cuaresmal que habla predicado en la parroquia,
campo
se presenta bien; porque anteanoche se le díó
fondo de la mina teñida de azul y de aquellos volan- no sólo todos los domingos de la última Cuaresma,
tes, ruedas, transmisores y otros artefactos; segura· sino también el septenario de Dolores, a¡( como los una paliza al comisionado de apremio que vino de
mente obedece á exigencias del libreto tan extraña sermones de Pasión en la iglesia y el llamado del Córdoba y se volvió más que de prisa, y porque el
padre ha dado gusto.
como inaudita ignorancia de lo que una mina de car- Paso en la plaza pública.
- ¿Cómo gusto?
bón es. Julio Veme lo perdone á sus glosadores.
Ya encontré descifrada la personalidad, det padre,
- Porque ha hecho llorar á todas las mujeres y á
Respecto de las decoraciones de paisaje, de case- pero aún no sabia yo una jota ni de la póstula ni de
muchlsimos hombres.
río y de marina, tan sólo elogios merece el pintor.
la tela.
- ¡Vaya un gus to!
Cambiados los saludos de rúbrica con la mayor
- Sf, señor; y ha arreglado dos docenas de matri·
cordialidad, salimos todos del ay untamiento proce- monios mal avenidos, convenciendo á los maridos
R. BALSA DE LA VEGA.
sionalmente. Primero iban las dos burras con el al• de que no deben reparar en pequeñeces.
guacil y el pregonero. Después los ya dichos señores
- ¡Ah! SI, como en la corte, donde ha tiempo que
del pueblo, presididos por el alcalde, el vicario y el no se repara en esas pequeñeces.
padre cuaresmal.
LA TELA DEL PADRE
- Y las mujeres ...
Pronto averigüé lo que significaba la póstula. Los
-¿También convence á las mujeres?
ARTÍCULO DE RARAS COSTUMBRES
postulantes éramos nosotros; el objeto de la póstula,
- De que cuanto más tiempo están les hombres
el padre y su tela. Esto último es lo que me faltaba en la taberna, más libres están ellas en su casa para
- ¡Señorito!
entender. Llegam©s á todas las casas: á las de los hácer su santísima voluntad. Y luego ... ¡vaya un pico
-¿Qué hay?
medianamente acomodados y á las de los pobres; y de oro! ¡Cómo relata aquello de la Magdalena cuan- Este oficio han tra(do para usted ,
el pregonero y el alguacil, ambos de buenas pulmo- do limpió el sudor y la sangre del rostro del Señor,
-¿Un oficio? ... ¡Pues está bien! ¡Yo que he venido nes, se entraban por los patios adentro gritando desá pasar una temporada en este pueblo, que es,.si bien aforadamente: «;Para la tela ·del padre!» volviendo y de la Verónica, que derramó sobre los píes de
peqi1eño, uno de los más pintorescos de Andalucla, fuera con Jas manos ocupadas, ya c.on una sarta de J esucristo ungüento de nardo, que dicen que huele
huyendo de informes, oficios y expedientes ... ¿Quién chorizos, ya con un pedazo de jamón, ya con un trozo muy bien, y se los secó con los cabellos!
- ¡Hombre, eso no lo pudo decir el padre! Pasó
lo trae?
de tocino rancio, un celemín de trigo, de garbanzos
todo lo con trario. La Verónica fué la que en un lien·
- El alguacil.
ó de habas secas, algunas gallinas, huevos á veces,
-¡Cáscaras! ¡Esta es más negra! Yo respeto mu- medio queso ó algunos cuartos. En ciertas casas nos zo sacó estampada la cara del, Señor, al querer secar
ch(simo á la autoridad; pero la verdad es que siempre daban, no jamón, sino huesos de jamón, lo cual no el sudor y la sangre que brotaba de su divina faz, y
he procurado, y Dios me conserve en mi propósito, es lo mismo; un puchero c,on miel, tres panes muy la Magdalena la que se presentó en el cenáculo y
no tener relaciones de ninguna clase con ella. En fin, morenos ó un puñado de alpiste ó de lentejas. En ungió los pies de Jesús.
-Tiene usted razón : eso fué lo que dijo, sino que
veamos. Justo: un oficio del alcalde, que á la letra las tabernas, ya se sabe, un frasco de aguardiente ó
siempre
que se habla del cenáculo me trabuco y no
dice asl:
una mediana cantimplora de vino malo.
pienso
más
que en Ju das. Si está usted aqul para
&lt;Debiendo verificarse en la tarde del dla de· hoy
Pronto se llenó el seno de ambos serones y tuvila póstula para la lela del p adre, espero que se sirva mos que hacer alto en medio de la calle hasta que otro Sábado Santo, verá usted cómo fusilamos áaquel
usted concurrir á las casas capitulares á la tres en volvieran con las burras el alguacil y el pregonero, perro traidor.
- Pero hombre, ¡si J udas se hizo justicia á sf propunto. Dios, etc.&gt;
que hablan ido á descargar en casa del padre toda
·
Si el oficio hubiera estado escrito en chino, creo aquella vitualla. De este modo se hicieron cuatro ó pio ahorcándose de un árbol!
No
importa.
Para
Judas
no
hay
cuartel.
Ahor•
que lo entendería mejor.
cinco viajes, y allá á las oraciones se dió la póstula cado y todo lo fusilamos.

LA

N ú MER0 521

NúMERO 521

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- ¡Muy bien hecho!
Le recomendé encarecidamente que siguiera arre• el principal testero, se veían tres ó cuatro rollos de
Llegamos á casa y me despedí del alguacil.
glando muchos matrimonios q ue aún estaban en pe- lienzo blanco y prensado.
A los pocos días tuve que hace r mis visitas para cado mortal, ya por las pequeñeces de ellas, ya por
Aquello era la tela del Padre.
despedirme de las personas notables del pueblo. Una el extravío de ellos, y me lo ofreció evangélicamente.
de las de rigor era la del padre cuaresmal.
Sobre un an tiguo sofá que en la estancia ocupaba
A GUSTÍN GONZ ÁLEZ R UANO

CIFRAS DECORATIVAS PARA ARTES E INDUSTRI AS
P OR

♦

J. MASRIERA Y MANOVENS

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES ♦

♦

Véndese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de • S ptas. ejemplar

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E:8TREA IMIENTOS, CÓLICOS. -

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como edulcorante de las lisa11as, á
lru cuales comunira su gusto ngradable y sus propiedades c11lmante,.

T CO!f TODOS LOS PBDICIPIOS IIUTBlTlVOS DB U CARNE

c:,am, IIIEaao 1. •lll.•.&amp;t Dles aflos de exao conUnuado y Ju allrma.ctonea de

todu 1u em1Dene1u médicu pretlb&amp;D que esta UOCl&amp;cion de la (l■nae, el Hierre y la
ge¡- oonaULu.ye el reparador mas eueJ'lfco que ae oonoce para curar : la ClDrdlü, la

.lflém'4 lu JftJUlnu&amp;elotltl aolorolal, e.1 lmJ)ObrtamU'ftto y la .AltertJCUm dl la Sa,igr,,

el RaQuÍtumo1 la.a .t /e«f,IJfW ucrof)u0141 Y ucorbrlllc.a.l, eLc. El 'l'I■• rerrast■•M c1é
.&amp;.reu• ea e:J erecto, e1 untco que reune todo lo que entona y fortalece loe orpn01,
regulutu' coordena y aumenta c:onal&lt;lerablemen&amp;e 1u tneriu 6 tnru.ode a la ADDe
empoiiied4a 7 cle8colort&lt;la : el y1q.,., 1&amp; Color"'1ofl 11&amp;
Oilill.
hra,ror1 II Par!J, en casa de l. FEW,Far,nw,ulic4, lll!, nie Richelieu, Suusorddl\0OD.

(Gaceta de los Hoaplt1le1)

"""f114

,s.

Callt Tmillim, '5, Pil!S
Se rende en tod1.1 la, buena, farmaof1.1.

Dep61ito Gema!:

Soberano remedio paro rtplda cura.
clo11 de !u Af■ooion-■ del pecho,
Catarro1,llal 4• garganta,Bron•
quitla, Re■lrtadoa , Romadlso■ ,
de 101 Reumatlamoa , Dolorea ,
L'IIDlhago■, etc., 30 a11o■ del mejor
6:tfto atestiguan la eftcacia de este
poderoso derinUTo recomendado por
101 primero■ m6dlco■ de Paria.

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D1p611to 1n tolla, ta, Farmacta,

U VDDS KN TOD.\S W.S PllKCIP.A.LBS BOTJW,S

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Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS &amp;IARCAS·
la el remedlo mas effcu para combatir 1aa enrermedadee del ooruo11,

la epilepsia, blatéria, migrab, baile de -~••Vito, inaomnio1 1 coa•

durante la donlic1011; en una palabra, todu
.,

t, neÑI L..si-PIII, 1 Puk. .
Depo■lto e11 to4u lu pl'incl¡,&amp;1e1 Botica■ 7 Droguerlu

l'ürica lspedicienes: J.-P. LAROZE

y

llltllQOll3

D!llll:!IW
••ll■ 1&amp;

1.0lfl)UI 1861

,l!tdalla,

con LAC'l"C'041UtJX (lago lechoso de Lechuga)

dÍ llour.

1

Ap , ubadoti
~.,. Ja Academia de Medlolna de Parie,tneertadoeen Ia C..oJecCJ6.o
Onc1al de :6rmalae Legal•• por deoreto mlni•ceriaJ de 10 de Atarz-o d e 1 854.

1

JA.RABE

-

-~~

PASTA
de H. AUBERGIER

PREIIJO

Dude hace mu de años, el l arall• Laro-■ •• prescribe con ~xito par
lodos los médicos para la curacion de las gutrltla, gut.raljlu, 4elo,_
J ntortiJonu de eatómago, ntreilim.lento• nbeldN, para facililar
l&amp;
re¡ulamar
las
loa41gutlon
illlealilloa. y para__
._ _ _IOdu
__
_funciones
_ __ del ■alóma¡o y de

w!Blone■ y to■ de los nil!os
lu afeccione ■ nervio■aa.

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e Una completa tnnocutdad, una encacla petfect.amenie comprobada en el Catarro
tr,'4t mtco, las Bro11qut1,i, Catarro,, .Reuma,, 1'ot, a,ma e ,rn,acwn de la gar¡ auta ban
iran geado al JAR.A.BE!h P .lSTA de AOBEBGIER u na tnmenlll rama •
'
Eztracto ú l Fomulario U ito 4'l S-• BOll(hrú l nUdr4tt, o 4, ta Fa:IUtU" lft4ie,111 (te- , dicWJIJ
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venta Por mayo~ : COlll.&amp;.R Y e-. 18, Calle de Sl·Cl&amp;ul.le, PARlS
'

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·-

-

-

-

-

APJ:OL

LA SAGRADA BIBLIA

de 101

lDICIÓN ILUITltA.DA.

o·•· JORET &amp; HOMOLLE

El APIOl. cura los dolore,, retra,o, , u,,;..
•fonn .,, ,., Zpooa■, ast como las P4rt11d

• to o6n timo a

de pe e eta la
entrega de 11 p á g i na ■

es

APrót

Pero conrrecuencta taislflcado.EJ
verdat1ero. único eOcaz, ea el de los tnven•
lores, los D rb J0RET y H0lf0 L LE.

S. nriu ,,-..pec:tot , 11Ue. 1- NUau
4irifth4He , J,. s,.. liouuer ySi.a♦■ , KIio,.

-

MEDALLA SEzpN Unfr1• LON DRES 1862 ·PA RfS 1889

F11" BRUIT, 150.rul11lnll.Pil!s -

Lu
.•mna..,_i.,

PILDORAS~DEHAUT
DIE ~AFIia

•• tftnbeea u PDl'fll'N, naacfo Je

•~aJ&amp;a. No C,mea el Hco aJ el ca.a;:.11cJo, porqae, co.a&amp;ra lo que .acede eoa
demu purgue,•, erte ao obra bien
Uo caa.ado •• &amp;omaco.a bae.ao, alimeneo.
1bebldufortilit:11ace,, caalelríao elcat,
el U. Cada caaJ acoge para p.ar,áne la'
libra 111 oomid1 ga, 'ma, le coarleaÍ.a
re,a11 n.r ocapac1oau. Como eJ caa,u'
cio fDt la PWV• oca,toaa queda comle •n ulado por o/ oleclo do ¡1
a1111 •Umen&amp;acioa empJ,ada,aao
H ,ec1do t•e11.mea1o • ro/r,r
4 tmpe11r cua.ata rae.,

"iº"''""

-•-.....

.

CLORÓSlS . -

ANÉMJA. -

LINFATISMO

El Proto-Iodlll'o t. Hjerro u ,1 r eparador ,, lo •&amp;D(lr•,1 t oritllca.nt.t!I y d mlcr ol:úcido. 1or el[cel encJa,

mJ a ra be1 lu Graj ea■ ,.. ,,.,._JN,r, 1, 11,m 1oF. Glllt,9
podrfll,. ' " ""-nodo ,...~dadoi ffl ,..,o,. ,u n.,,_,..~ g,.I (ca
u, i110IU,..&amp;1Udad I' ,U n roh,&amp;ilídot.C co,ui. ,.tu.
'" '

flO

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t0o«"&amp;a 11, ic, B~~t.lu)

DaPdltTO GtlfllU.L: 45. Rue Y1UY1lllers. PARIS. lt,isltou toilu Ju r..,..¡u.

. J..4R41~.4,!lf!~§~IJJ.~9Jt«lff.l~Jl

El ~ABB' DB' BRlANT recomen dallo d eade au Pr1 Dc1PIQ por loa proreaorea
~ennec, Tlulnard, Oueraani. etc. ; 111 rec ibido la consagracfón del tiem po· en 1

con n.:e

ano 18211 obtuvo et vrt,lleglo de Invención. VUDADERD CDl flTI PICTDUL
de goma Y df J.l&gt; U&gt;ol.81, conviene. aobro todo , 1aa personu l1iJ.1caaü como
mUj erea T nlnos. Su gu sto e1.ce1ente no perJ ud lca en modo alguno á su 8n 1
contra los H!FRI4.DOS y todas 188 IIFLiU CIGll'ES del PECIO y de 108 IITESrrn1~c a

~
Las caaas ex tra.i,Jeras que deseen anunciarse. en LA ILUSTRACIÓN ART!STICA: diríjanse para Informes á los Sres. A . Lorette, Rue Chaumartfn,

núm. 16, París. - Las casas españolea pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de c analeta.e, núm. , Barcelona
6

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 5 2 1

NOTICIAS VARIAS

Cannes. - Exposición industrial y artlstica durante los meses de enero, febrero,
marzo y abril.
Evreux. - Concurso de grabados, du·
rante el mes de enero.
Glasgow. - Instituto de Bellas Artes.
Exposición desde el 2 de febrero al 2 de
mayo.
Lisboa. - Desde el 10 de marzo al 10
de abril.
Lyón. - Desde el 28 de febrero.
Madrid. - Exposición histórica europea de arte retrospectivo, desde el 12 de
septiembre al 31 de diciembre.
~unich. - VI Exposición internacional de Bellas Artes, desde el 1. º de julio
hasta fin de octubre.
•
Nantes. - Desde I.0 al 30 rle marzo.
París. - Salón de la Rosn Cruz, desde
el 10 de marzo al 10 de abril.
Pau·. - En el Museo. Exposición desde
el , 5 de enero al 15 de mayo.
Rom:,.. - Palacio de Bellas Artes. A
partir del 31 de enero.
Tolosa. - Exposiciones y Concurso~,
desde el 15 de mayo.

El ingeniero M. Alphand, á quien
París debe su embellecimiento y las
transformaciones que se han realizado
en el periodo de estos cuarenta últimos
años, falleció el 6 del actual, á consecuencia de una congestión cerebral. A su
actividad y á su poderosa iniciativa debe
la capital de la vecina República sus
más importantes mejoras, entre ellas su
saneamiento, por medio de su gran red
de alcantarillado, y la desaparición del
dédalo de callejuelas de la ciudad anti·
¡:ua, que constitulan verdaderos focos de
infección.
Nacido en Grenoble en 1R17, cursó la
carrera de ingeniero en la Escuela poli·
técnica, de la que salió en 1837 para diri•
gir algunas obras en Burdeos, tales como
puentes, caminos y canales en los aire·
dedores de la capital de la Gironda. En
1853, llamado por el barón de I lausmann,
traslad6se á París, en donde empezó á
dar las señaladas muestras de su carácter
emprendedor y clara inteligencia, á cuyas
cualidades ha debido la justlsima consideración que ha merecido del municipio
de Parls. La transformación en Parque
de los bosques de Boulogne y de Vincen•
ne~, la construcción de los inmensos
parques de Chaumout, de Vinceánes1
de los jardines que existen dentro de
la ciudad, la apertura de grandes vlas y
otras obras de gran importancia fueron
concebidas y ejecutadas por este inteligente ingeniero, que también tomó acti•
va parte en la organiuición de las Expo•
siciones Universales de 1867 y 1878, no
habiéndole servido de obstáculo su avan•
zada edad ni sus achaques para prestar
su valioso concurso al Certamen de 1889.
La ciudad de Parls ha perdido uno de
sus más celosos funcionarios y el arte
uno de sus más entusiastas admiradores.

.•.
LIBROS
ENVIAOOS Á F.STA RRl)ACClf'&gt; N
por autores ó editores
TRATAOO l)E QUÍMICA BIOLÓGICA,
por Ad. l1'urt=, lracluaión y aái&lt;io11es
de D. Virmte l'eset )' Cervera. - Se ha
publicado el cuaderno 8. 0 de esta obra, reconocida como una de las más importantes en su género.
Suscrlbese al precio de una peseta el
cuaderno en la casa del editor D. Pascual Aguilar, calle de Caballeros, número 1, Valencia, mandando el importe de
cinco cuadernos, y en las principales (i.
brerías; en Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•••
En la creencia de que ha de tener interés para nuestros artistas, consignare•
remos á continuación el nombre de las
localidades y las fechas en que se cele•
brarán Exposiciones y Concursos duran·
te el próximo año de 1892.
Amiens. - Desde el 5 de junio al 14
de julio.
Bruselas. - Febrero á marzo.
Budapest. - Exposición de invierno de
la Sociedad húngara de Bellas Artes,
desde t. 0 de enero al 25.

•••
EL SACI\IIE'iT0 DEL N1&lt;;0 Oros LA AD0RACIÓ;&gt;; nE 1.0S SANTOS RF.\'ES
12.• parte de El 11ari111it11to dtl Ni,,o
Dios). Zarzuelas en cuatro y un actos respectivamente, por el P. José Felis, de las
E. P ., músici. de D. Jos.é Silvestre.
Véndense al precio de una peseta cada
una en la librerla de D. PnscJal Agui •
lar, calle de Caballeros, nt'1m. 1, \'a•
lencia.

'JEl)JTACIÓN, apunte al lápiz por D Román Ribera

CARNE , QUINA

~,t1t.DADESd,1Esro41.

D ~ t o IWrtpndar, aido al 'HDlco • - -

~
"''º
VINO ARDUO CON QUINA Pepsina
Boudault
\ ...

T COR TODOS LOI nmamos lnJTUrlTol
•"'11 • 1 10D 101 elemen&amp;oe que entran
Pei&gt;vador de lu tuerus '11&amp;1es, de ee&amp;e lortlha■1e
RwntD&amp;e ..,-ad.al,le, es 101&gt;erano conLra la Anemca 1

90Lt11LU D■ LA

---¾-

0AMB

ci•au ,

en la com~on de eae JIOler!te
por - • í.-ae-.., De un l\ll&amp;O air
el AJ)Oeamlfflto, en Ju CalfttllNI
, COflMl«fficuu, contra Ju Ih4N't/U J IU A l ~ del IIIIDIMQO 1 loe
Clllll)do ae l rata ae desperl,ar el apeUlo, uee,uv las di;lelUunee, reparu Ju t'tMra■•
IL"l1queoer ta l&amp;!l¡TI, entonar el orputamo 1 precanr ta anemia 1 lu epldemtu lllOY9Cadaé por loa o.Jorea, no ao conoce nada lllperlor 11 .... de . . . de .,_.._
#ur ~or. u Parta, 11 wa 41 l . FERll,r&amp;nD&amp;Ceotlcit, tOI, l'le Ridlelial. ..._ • üOOa.

'"""''"°'

sa ffllDa u TOJ&gt;u &amp;..u Pamcu,41.a Jlona.t.a.

Jprc~tda pcr 11 JCADEIJJ DE ltDICl!IJ

PREMIO DEL INSTITUTO AL O' CDRVISART, EN 1856
M~ allu

1n

Jaa lhpo1fclont1 lnte.rnac.lonal11 d•

PJIIS - LTOII - YIEIIJ • P!IUDELPIJJ - P!RIS
1197
l87t
lll3
1176
ir.a
11 U.PU.4 COK I L ■_.TO&amp;

iz.Jro

D t.&amp;a

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

EllJlSE 11:=' ARDUO

'l OTU. DUOUINII 1&gt;1 U. DIG&amp;HIOII

11.UO U FORIIA. DE

GOTA
Y REUMATISMOS
• por LICOR
lu PILDOIIAS
:e,, L.aVU.1.e:

eorac1on
Pantctmndo de Ju propiedades del Iodo
1 del Hierro, estu Plldoru se emplean
eu&gt;ectalmente contra las ••croflllu, la
Tute y la DebUt4a4 de temperamento,
ut como en todos los casos(Piltdoa oolorea,
Amenorrea, ••), en los cuales es necesarto
obrar sobre la sangre, ya sea para deYolverla 1
■u riqueza 1 abundancia normales, oya para
proyocar O re,ulartzar su curso pertO&lt;ltco.

el

7

,., ••,.,: F. COlfAR, 21, ru Smt-Clau,, PARIS

las Y-erdaderae ~ldoru de 1Uane1u•cl,
exlrtr nuestro HIio de plata r11ct1va,
eueatra firma puesta al pié de una eUqueta
,,arde 1 el Sello de raranua de la Unl6n de
loe Flllrlo■ntH para luepreslOn de Jatalat-

acae1on. "

e s• IU.LI.41( lllf TOD.lS LAS PA.RIUOl.ll

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laoton !Jª• prodaoe 11 Tabaoo, y tpeel&amp;lmeate
' l0t Snn PREDlCADOft!:3..1. ilOCU.DOa,
P11OFEaOftEII F CANTO...,. para faealllar la
omioloA do la •oa.-P••• : 12 la-.
l ~ r M II rotwll • ~,.,,..

.&amp;.clll. DETJUX, ranaaon\loo n

PU19

•11 &amp;eltlClla - - • ,.. • ...,.
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La

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En toda, ta, Ftzrmtzcl.,

a.

, .I0IIIIEl1C'',t1lcan,11,11ltl&amp;rt1

PITE EPILATOIRE
C¿uedan reservados los derechos de propiedad artística y li1ernria
h1r. nr. MONTA'IRR Y SI\IÓN

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 521, Diciembre 21</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>•

aitrté!C10t)

11tí~t1e21.
A&amp;o X

- - - - - -,~ BARCELONA 14 DE DICIEMBRE DE 1891

NÚM. 520

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRIT ORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

JACOBO MEYERBEEit, copia de un retrato pintado en 1857 por E. Desmaisons

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 520

de un jardín, estudia las leyes de la selección natuMILAGROS
ral; con lo que se regocijan con regocijo satánico los
( CRÓNICA CONTEMPORÁNEA)
Texto. -La belleza del cuerpo lmmano en el porvem'r, por Jo• enemigos de las Musas.
se Ecbegaray. - .Milagros (Cróniea conlempordnea), por ~le·
Y así, y en este compás y con estos fúnebres tonos,
jandro Larrubiera. -El fantasma, por F. Moreno Godmo. conti □úan los positivistas de la cie□cia y los profetas
A D. fosé Femándei Bremón
-Llamamiento á los artistas catalanes, por Juan Fastenrath.
- La Jiermosa Nalalia (conclusi6~), por Carlos Iriarte,. con de la ruina y destrucción de la Jerusalén del arte:
I
ilustraciones de Marold, traducido por E. L. Verneu1I. - los poemas mueren, las lenguas se transforman per•
Nuestros grahados. - Libros enviados á esta redacción por diendo pompas vanas y co□ virtiéndose en cronoméautores 6 editores: Memoria sobre puertos ostreros, por don trica maquinaria del pensamie□ to: los cuadros de los
Con cómico furor, Alejo, el hombrecito de catorCándido Hidalgo Bermúdez; Torqu,!tuida , drama de ~ktor
ce años, estrujaba entre sus manos la deshilachada
grandes
pintores
se
gastan,
la
polilla
está
al
acecho:
Hugo, vertido al español por ~ranc1sc&lt;? Calcagno; D_iswr·
gorra cuyas entrañas de algodón asomaban á la suso leido en la Sociedad filantn$pua artlstua de Val/adobd, por Rafael dentro de pocos siglos no será ni un nombre;
D, Luis Zapatero y González; Tratado del culfivo de la re• estatuas y monumentos caen en polvo y sólo la idea perficie como nubecillas en un cielo negruzco.
- Que yo, ·decía el pillete paseaado una mirada de
1110 /ad,a azucarera, por Jorge Dureau, traduculo por Wl~- cientifica dura.
dimir Guerrero¡ Atan·do y 11mj~r, por el conde León Tols~01;
desesperación sobre el corro de granujas que le es¿Qué
más?
Hasta
el
cuerpo
humano
es
cada
día
Esti,dios j urldic~s, P?r l{obushano Vera¡ Zarag-oz~artlstua ,
cuchaba, el primerito en las pedreas, el que por un
mom111ie,ual ! liistórua, por A. y P. Gascón de Gotor; UJ• más feo, y en cambio el cráneo es cada día más potima jornada sobre la dictadura , por Ismael Valdés Vergara. tente. Los contornos se encogen, los músculos · se trampantojo se lía á puñetazos con toas los del barrio,
Grabados. - /acabo Afeyerbeer, copia de un retrato pintado achican, las curvas redondeadas graciosamente se me eche á temblar ante esa mocosuela ... ¡Vamos! ...
en 1857 por E. D~smaisons. - Plaza dt las frutas en Trieste ,
Y aquí el señorito Alejo hacia de la tagarnina que
cuadro de Ernesto Croci. - E1: buenas manos está el pandero, convierten en ángulos vigorosos, toda la plástica por resquemaba sus labios blanco de su coraje, mejor didecirlo
así
se
reseca,
y
poco
á
poco
el
hombre
se
cuadro de D. Enrique Luque Rose lió. - Afaniobras ,de arti•
1/erla 1 cuadro del pintor militar D. Román Navarro. - Mau· convierte er. un manojo de nervios que van bajo la cho, de sus dientes, parecidos al marfil antiguo.
-¿Y qué será esto? ... Yo no la conocía á eya, eso
soleo que ha de erig.irse en. la Hab~na en honor de l~s vein· piel hacia el cerebro por el camino más corto.
tiocho víctimas del incendio ocurndo en aquella ciudad el
en primer lugar sea dicho; eya no sabía quién soy
Dentro
de
poco
¿dónde
encontrarán
modelos
los
17 de mayo de 1890, obra de los ? res. D. Agustín Quero) ,
yo ... y aún no lo sabe ... ¡Pa el caso que me hace!
escultor, y D Julio Zapata, ar'J.ultecto, que obtuvo el pn- escultores y los pintores para sus estudios al desUn día entro yo ea ca del Sr. Lucas el buñolero.
mer premio en el reñido cencurso verificado en dicha capi• nudo?
.
tal - .Retrato, por Alma Tadema. - Safo , estudio al óleo de
El desnudo, según la Estadistica y la Fisiología, «Adiós, chico, ¿qué traes?» me pregunta. cNaa, le
Carlos Gehrts. -Lavaiero en Alcalá de Guadaira, cuadro es cada vez más imperfecto y más vergonzoso.
respondo, lo de toas los días: ¡más hambre que Made D. Juan García Ramos. - Descamo durante la /Uffa á
tusalem!.
» Se ríe el hombre, me siento yo en una
Si no es bello es rid!culo y es inmoral; y la belleEgipto cuadro de ~urillo,existente ene! Ermitage Imperial
banqueta más arrugaa y pringosa que mi agüela, ¡Plas!
de San' Petcrsburgo. -D. Evaris~o Armls, estatua en. bron· za va aniquilándose en la carne.
ce de O. Pedro Carbonell, Tundida en los tallere.; de los
Pasaron los tiempos de la estatuaria griega, voci- ¡Plas!, llamo con la mano. Acude el esmirriao del
Sres. Cabot, de Barcelona.
feran los enemigos encarnizados del arte y de la mozo: &lt;,Qué va á ser?,» dice. cLo de siempre; un
vaso de á diez céntimos y media ocena de churros.&gt;
poesía.
Los griegos, dice Mr. Taine, tenían por la pureza ¡Me trato yo mu bien!,que es lo que dice tío Redoble:
LA BELLEZA DEL CUERPO HUMANO
de la forma, por la proporción armónica de los miem- cPa lo que uno desfruta en el mundo, güeno es aleEN EL PORVENIR
bros, por todas las bellezas desnudas un amor que grar la andorga»... Pus señor, me traen el café y los
liegaba hasta la misma adoració□: la belleza para el churros ... ¡Me río yo de los servicios de Fornas! ... Eshubo
pueblo helénico era sagrada. Sófocles antes de can- taba en mis glorias y el vaho del enjuague me ponía la
En toda, partes hay y en todos los tiempos
tar en público un himno á los dioses de la Grecia finosomía mesmamente que paecía que había llorao, y
profetas de desdichas.
Los hay que anuncian el fin del mundo: los hay por la victoria de Salamina se despojó de sus vesti- ¿á que no sabis lo que ocurre?.. . Pus na: entra en el caque profetizan el fin del arte y de la poesía. U nos dos, se quedó en puras carnes y aun se cree que dió fetín una chicuela de mi igual, mu arreglaíta y emven ya en las más remotas regiones del firmamento algunas piruetas y saltos más ó menos artísticos á butía en un mantón color rata ... Me queo mirándola
el espantoso cometa que ha de trituramos con su manera de danza; de todas maneras es hecho positi- con el churro en la mano, asina, como estáutico ...
masa ó que ha de coosumirnos en su fuego; que de vo y averiguado que para mayor decoro del himno ¡Qué ojos se traía y se trae (que á Dios gracias, eya
todas maneras, dado el choque, el fuego es inevitable. y para mayor inspiración echó fuera con desembara• vive pa darme la desazón); negros como dos borroOtros saben á punto fijo que el anticristo está para zo túnicas y lienzos, mostrando al concurso su bello nes de tinta china que acaban de caer en un papel,
el pelo mu peinaíto; la boca así, más chiquitina que
nacer de un instante á otro, según telegrama que cuerpo de estatua marmórea
¡Oh tiempos felices y prodigiosos de la antigüedad una monea de á céntimo; luego me fijo en el vest!o
han recibido de las caóticas esferas de la nada. Para
los últimos, en fio, el anticristo del arte y de la clásica, en que los hombres célebres podían presen- azul y en los zapatines, y me digo: ¿Dónde he visto
poesía ya nació hace mucho y se llama la ciencia: tarse en traje de baño y aun algo menos á las entu- yo una cosa así? ... ¡Ah! Ya caigo: en un altar de San
Francisco hay un ángel vest!o de chiquilla probe que
siastas y archiartísticas muchedumbres!
con la ciencia ni hay poesía ni arte posible.
acompaña
á un vejete con muchas barbas y que paece
¡Tiempos felices en que poetas, trágicos, filósofos,
Refiere Mr. Guyán, en un libro del cual ya hemos
too
un
santo
... Güeno; la chica se ~ueda en medio
sabios
y
guerreros
estaban
modelados
como
hoy
Jo
hablado en estas crónicas, que hace unos cuarenta
años y al fin de un banquete en casa del pintor están las estatuas de los museos, y as{ pod!an, sia de la buñolería y mira aquí y mira allá. ¡Había paHaydon, el poeta Keats levantó solemne y trági- temor al ridículo y aun sin temor á las pulmonías, rroquia de largo! .. , Sr. Lucas va y la dice: (¡ Ponte
camente su copa, proponiendo este brindis: &lt;¡Maldi- dado lo robusto de su naturaleza, mostrar su torso, ahí, muchacha!&gt; Y la señala mi mesa. Eya se sient~
sus pectorales y sus músculos todos de brazos y de frente á este cura, y con una voz mu dulce y poh·
ción á la memoria de Newton!»
¡Asombro general, que interpretó Wordsworth, piernas á la multitud en todas las ocasiones solem- da pide un vaso de á cinco céntimos y media ocena
pidiendo una explicación antes de que el brindis se nes ó en todas aquellas en que la seriedad del acto de buñuelos ... Yo seguía estáutico mirándola, y con
el aquel del embobamiento se me va á pique en el
consumase! Explicación que el poeta Keats dió en exigiese traje de etiqueta!
¡Ya seda fácil que en estos tiempos nuestros de vaso medio churro ... Y pa que eya echase de ver
~stos términos:
«Pido que brindemos execrando la memoria de decadencia y mezquindad se presentasen en la plaza que era yo finústico pedí cucharilla pa sacarlo. DimNewton, porque él... él fué quien destruyó para pública nuestros grandes oradores, nuestros' grandes pués, como toa una presona1 hice un pitiyo, y ¡hop! 1
siempre la poesía d,l arco iris, convirtiéndolo en un artistas, nuestros sabios, nuestros generales vencedo · ¡hop!, fumé tragándome el humo y haciendo la mar
res en aquel primitivo traje en que Sófocles entona· de monerías; pero eya como si no, chicos. Me mira·
prisma.»
y todos, convencidos, bebieron á la eterna confit · ba himnos en honor de los dioses griegos vencedores ba con aire de desconfianza. ¿Qué se figuraría de
mf?... ¡No, lo que es pa otra vez que me ocurra
sibil de Newton, que osó explicar el admirable arco en Salamina!
de colores por reflexiones y refracciones de los rayos
¡Un gran orador parlamentario después de pro- me traigo futraque y la torre Infiel de chistera que
de sol en las gotas de lluvia, convirtiendo en mise• nunciar un discurso de tres horas, aparecer en el tie en el tenderete del Rastro mi señor papá!; porrabies prismas de cristal á las poéticas perlas del pórtico del templo de las leyes, mostrando al público que si le ven á uno vestía de lana le llaman borrego,
asina sea hombre de cercunstancias .. . Terminó la
espacio, y al sublime fantasma en la prosaica conse- arrebatado su estatuaria íntíma!
¡Un general vencedor, despojándose de espuelas, moza su desayuno, pagó, y terciándose con mucha
cuencia de una ley físic_a.
y la maldición contra la ciencia en nombre de la tricornio, faja y botas, elástica y calzoncillos para gracia el mantón se largó á la calle (¡Vaya usté con
poesía continúa; y en cambio continúan los desde· entonar ante el' altar de la patria el cántico del Dios, cachito é rosa doble!, » la digo poco menos
que tartamudeando ... Ni se rió ni naa; pasó por denes de sabios y filósofos contra poetas, idealistas y triunfo!
Moltke pudo vencer á los franceses, pero no hu- lante como una reina ofendía. cNo, pues tú no te
soñadores.
marchas de vado,» me digo, y salgo tras eya ... Y anPasea\ dice que no hay gran diferencia entre el biese resistido esta prueba.
oficio de bordadora y el de poeta.
Y todo ¿por qué? ¿Por ser otras las costumbres? da que te andarás hecho yo un mudo, la sigo por la
otra acera, y dimpués de atravesar el viaduto, calle
y Montesquieu supone que los poetas no son más ¿Por decoro? ¿Por honestidad? Nada de eso.
que fabricantes de adornos, gue abruman la natura·
El hombre no se muestra hoy desnudo al público Bailén y bajar la cuesta de San Vicente, embocamos
leza y la razón con oropeles y lentejuelas como una en los grandes actos, y en cambio se cuelga el frac en el níar, es dicir, en el río Manzanares ... Allí,
modista disfraza grotescamente á las mujeres hermo- y se aprieta la corbata blanca, no por pudor, sino por cerca de un lavaero, topo con el Pamplingao (ya sab!s,
sas con los ridículos perifollos de la moda.
miedo al ridículo; porqué ya el hombre no tiene en ese méndigo que tie en la cara una ventana de meSpencer compara la ciencia á la humilde y modes- nuestro siglo ,las proporciones de los Hércules ó de nos). cTú, ¿ónde vas?,» me dice. «A un asunto,»
tísima Ceniei,11/a que se pasa la vida junto al fuego los Apolos, sino ridículos contornos encanijados ó digo. «,Cuálo?» «;Ese!» Y le señalo á la chicuela
del ·hogar doméstico, mientras sus orgullosas herma- gorduras fofas, aguachonas y linfáticas. Y algo pare· que iba á meterse en el lavaero de la Fiada. Pamplinnas lucen trajes de relumbrón en fiestas y saraos tan cido sucede con la mujer, aunque como ésta no ha gao se rie, y echando una bocanada de humo que ni
inútiles como inmorales. Pero al fin, agrega, la pobre decaído tanto, algunas bellezas conserva y puede la máquina del ferrocarril, va y pregunta: «,Es tu
Cenicienta muestra que es la mejor de la familia, y mostrar todavía con cierto orgullo artístico; y esas novia?» &lt;;Qué ha de ser!&gt; «Entonces, ¿por qué la
asi vendrá un dia en que la Ciencia reine como so- las muestra 1 ¡ya lo creo que las muestra!, siempre que sigues?» (Pus ... por eso ... ¡porque me gusta, homllega una ocasión pública y solemne, como por ejem- bre!» «;Y á mí!,» dice de ,formaliá el mu desaugao.
berana.
Vendrá un tiempo, dice á su vez Mr. Renan, en plo, en bailes y teatros, aunque no tenga que can- Y sigue: «,Conoces tú á Milagros?» «,Qué Milagros?»
que el ¡gran artista! sea algo viejo, gastado é inútil, tar los himnos de Sófocles á los dioses de Grecia.
«Pus. esa chica, grandísimo topo.» «No» «Paece
y en cambio la ciencia valdrá más y más de dia
cuento; pus eya habita en la calle de la Ruda, dos
casas más arriba que tú.» «¿De veras?» «;Como hay
José EcHEGARAY
en día.
Si el abuelo de Darwin consagró su vida á compoDios! ... Su madre, la señá Quica, es la que lava los
ner malos poemas, su descendiente Carlos Darwin,
trapos á lo mijor de Madrid, y vive en un prencipal.»
~n vez de escribir insulsos versos sobre las bellezas
Y Pamplingao me contó otras hestorias de la chica,
SUMARIO

NÚMERO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

que_si era mu formalita y tal y cual, con lo que me
II
metió á mí en deseos de hacerla mi novia: en risumen,
que ya eran las once de la mañana cuando aparecí
- Pus señor, que dende tal día tengo yo algo
en el Rastro con el bote de las coliyas más vado que abarquillao el sentía, porque, como cuentan los

PLAZA DE LAS FRUTAS EN TRIESTE,

estógamo de cisante ... ¡En un tris, mi padre me tira
á la cabeza un chirimbolo!
Aquí hizo alto el caballero granuja en su larga
historia; el pelotón de truchimanes que la ola pidió
en medio de una gran zalagarda la continuación: accedió Alejo, diciéndoles:
- ¡Ahí va la segunda parte, pa que sus enteréis!

cuadro de.Ernesto Croci

romances que canta tío Aleluya por las calles, me he
enamoricao de Milagros, mesmamente como aquel
señor de Roger de la hermosa Blancaflor .. . La chica
vale mucho, ¡vaya!; pero á mí me da mala espina eso
de que eya Runca se dé por aludía de mis osequios
y destinciones: ¡como si no! Mus vemos taos los días
en la bufiolería; entra, se sienta, llama al mozo y pi-

EN BUENAS MANOS ESTÁ EL PANDERO,

de el desayuno; yo la miro hecho un bobo; tomamos
el café como dos estautas. Ni siquiera me atrevo á
decirla: «;Por abí te pudras, pimpollo!,» porque aun,
que soy mu hombre me queo debajo de la mesa

delante de eya. Hay veces que al verla me dan intinciones de cogerla, asina entre mis brazos, y besuquearla, y decirla (¡no sus riáis, que lo digo como lo
siento!): «Milagros, drento de pocos años, si tú
quieres, mus echarán los latines y demás requilorios
del casorio. Tú en el río, yo en el tenderete y Dios
por medio; verás qué bien lo vamos á pasar. Quié-

cuadro de D. Enrique Luque Roselló

�LA 1LUSTRACIÓN
eme asina, como novia; y por ti, ¡vamos!, ... que ende mañana me güelvo una presona más formal que
D. Jeremías, el cura que vive en el seg~ndo d_e mi
casa ... y no voy más á las pedreas m me aJunto
con granujas. (¡No sus creáis que lo digo por vosotros; que aunque yo le dijer~ eso á Milagro~, siempre quearía un rato pa divertume_ con los amigos!.._.)
Otras veces me pongo más mumo que u1:_ peón sm
punta ... Si yo fuera como M;an~lo, el h1JO del ~eñor Pablito, que gana sus seis nales t?os los d1a_s
en la emprenta, iría á ver á señá Qmca y la diría: «Señá Quica ... » pues ... eso ... es decir: «Señá
Quica, gano tanto más cuanto y:" acétera ... ¿i:ne
quiere usté dejar que hable con Milagros como Dios
manda?» Y eya me contestaría: «Güeno.» Y enton-

y así las banquetas estaban desvenciJadas, prin~osas,
las mesas cojitrancas, caído el barmz y recubnendo
la madera una capa sucia de mugre: los vasos, platos
y demás del menaje, desportillado y roñoso: el as.pecto total de la buñolería repugnaba: sus paredes
ahumadas y grasientas y su techo barnizado por el ho·
llín la acercaban á vetusta cocina de pueblo no enjalbegada en muchos años más que á público establecimiento en la corte. «i Pa los duques y condesas
que aquí vienen! ... » replicó Sr. Lucas en cierta oca·
sión á un parroquiano que le echó en cara aquel descuido censurable.
En verdad que la concurrencia mediocre que
allí acudía no era cosa mayor para gastarse unos
cuantos duros en ofrecerla comodidad y aseo. Y si

MANIOBRAS OE ARTILLERÍA,

III
Como siempre acontecía en las primeras horas de
la mañana, el cafetín del Sr. Lucas encontrábase
en todo su apogeo. Poblaba el estrecho recinto una
nube humosa, pesada, asfixiante, en cuya formación
tenían parte las bocanadas de humo_ de tagarninas y
tabaco malo que consumían los parroquianos y aquellas espirales de vaho grasiento que se escapaban del
fondo de la caldera en donde se freía la masa; amén
de esto, que á los profanos causaría extraña picazón
de ojos y garganta, el hálito de las respiraciones y el
olorcillo nada grato que exhalaban los cuerpos y
vestimentas de los allí congregados, gente pobretona,
enrarecían el poquísimo aire respirable en tal sitio.
A intervalos colábase por la entornada puerta de
cristales una ráfaga de viento procedente de la calle.
Oscilaban las luces del gas y bamboleábanse caprichosamente las nubes humosas replegándose al interior de la tienda. El cafetín del Sr. Lucas tenía
luenga fama, y á él acudían como moscas los vecinos
del barrio de los Estudios: el mobiliario del establecimiento acusaba en su dueño una gran indolencia,

que llena el cafetín del Sr. Lucas; la otra, la de
paso, compuesta en su mayoría de criadas de servir,
horteras artesanos, mendigos y gente de poco más
ó meno;, arma un baturrillo grande en el tinglado
.
que se levanta en la puerta de entrada. L~ mu1er
del Sr. Lucas, una jamona fresca, con camilos que
parecen tiznados de bermellón, no se da punto de
reposo en el trajín de servir_ á tantos co~o de continuo la asedian con sus pedidos de «medias copas,»
vasos de café1 churros, tortas y buñuelos. Unid al
ruido que se produce en la avanzadilla del es~abl~cimiento, aquel otro, estruendoso, que en el mtenor
del mismo forman las conversaciones en voz alta, la
interjección brusca, el palmoteo de los impacientes,
el sonar de las monedas en el mármol del mostrador,

cuadro del pintor militar D. Román Navarro

(Véase lo que dijimos acerca de este artista en el n~tm, 513 de

ces- sí que no me cambiaba por el i;nesmísimo Papa
Santo ... ¿Estamos? ... ¡Pus no, señor, no estamos!;
porque yo, salvo el tenducho de mi padre, no tengo
sobre qué caerme muerto, ni sé pizca de letra, ni
jota de arizmética ... ¡y eso que cuento too por los
deos! Cualsiquiera va con tales cantinelas á señá
Quica ni dice palotada á la mocosa! ... ¡No serían calabazas, que digamos! ¡Que no digo naa, ¡ea! Y el caso
es que los días caen como agua y Milagros va aupa
y está guapa de suyo, que es un gozo. Ya lo veréis:
el día menos pensao, cualsiquier señorito le hace el
amor por too lo fino, y... ¡adiós, Alejo! ¡Que sí, hombres, como lo cuento! Y lo pior no será pa eya,
¡quia!, que al fin es muchacha que por sus hechuras
pue ser algo, sino que ... yo ... (pero no se lo digáis
á naide) la quiero ... tanto como á mi madre, ¡y eso
que ésta es pa mí la primer mujer del mundo!. ..

NúMERO 520

ARTÍSTICA

LA IL USTRACIÓN ARTÍSJICA)

alguien dudase del aserto del 'sr. Lucas, no tenía
más que asistir á la tienda cuando comienza á clarear el alba: vería una porción de mujeres sucias y
desgreñadas, lavanderas de oficio, tomando la «mañana,» mejor dicho, una copa de triple ó «tiple»
anís, que dicen ellas; un pelotón ñe muchachas alegres, que sazonan su charla con dichos y desver·
güenzas aprendidas en el corredor ó en el arroyo;
todas llevan cruzado al pecho el mantón color ceniza, y sirven de marco á sus rostros, paliduchos los
más, los pañuelos de seda regalados por «ese»; ese
es el novio, el amante ó el ,marido; son cigarreras
que antes de ir á la fábrica se desayunan con un
vaso de la achicoria dulce, disfrazada con el agua
blanca ó leche mentida de oveja: en tal mesa, cuatro
albañiles; en cual otra, dos viejas que tienen á sus
lados sendas cestas de «escarolita la nieve,» «coliflor
pa el huevo» y «pimientos riojanos;» allí en un rincón, una maritornes y un hijo de Marte: es el dúo
militar que se interrumpe á veces por el prosaico
ruido que producen los buñuelos al ser triturados
por los dientes; formando rancho á parte, unos chicuelos de desarrapado empaque, que parlan á un
mismo tiempo y ríen de corazón las simplezas que
se les ocurren; en un velador, un sereno, chuzo entre
piernas, y un municipal, éste echando pestes de la
«cosa pública» y aquél ejerciendo de gacetilla escandalosa del barrio; solo en una mesa, un mozo de
cordel con El Imparcial á dos dedos de los ojos deletrea que deletrearás con voz velada y trapajosa los
sucesos del día; allí, en comandita, unos individuos,
grandes súbditos de la Corte de los Milagros, que lo
mismo sirven para pintarse llagas y fístulas en los
remos, que para mancárselos... de mentirijillas; y
por último, entre la gente del bronce, la libélula del
vicio, la última y más triste nota que surge del concierto social... ¡Pobre mujer! Abandona el burdel
con el último amante de una noche y va á refocilarse á su costa con el humeante líquido que despachan
en la buñolería.
&lt;;::on 111uy. pocas variantes, tal es la parroqqia fija

el eterno «¡Va en seguida» de los mozos, y por último, el chirriar del aceite que se requema en la caldera, y semejante á tenue silbido, el hervor del café
metido en una zafra de hoja de lata con espita y hor·
nillo debajo, y tendréis una idea del cafetín de los
barrios bajos, que al romper el alba se ve lleno de
gente que en sí representa la última estofa que pulula en las grandes capitales.

***
Alejo penetró en la buñolería, y después de pasear una mirada inquisitorial sobre el heterogéneo
concurso, fué á sentarse en una banqueta y apoyó
los codos en la mesa aquella que por espacio de
muchos dí;,.s sirvió de testigo paciente en el idilio
de amor más puro y hermoso que pueda registrarse
en las crónicas truhanescas de la hampa madrileña.
Surcaba la frente del héroe una profunda arruga, y
en su rostro, tostado por el sol y ennegrecido por la
intemperie, había en aquella mañana un no sé qué
de contrariedad é inmensa amargura. «No ha venido aún Milagros... Y con este ya son tres los dfas que
no la veo,» masc12llaba el chicuelo consigo mismo.
Y sus ojos clavábanse con insistencia en la puerta
de entrada é iban á fisgar el trozo de calle desde tal
punto visible ... ¡Por Dios, y cuánta melancolía se
apoderó del espíritu del mozo ante esta negativa de
la suerte!.;. Y Alejo, el granujilla riente y chistoso,
el inventor de maulerías, frases y diabluras, halló el
cafetín en semejante día apestoso é infernal. De un
solo trago tomó el contenido de su vaso, sacó del
fondo de la faltriquera una porción de tabaco que
lió en un papelillo de fumar, encendiólo y quedóse
pensativo, la cabeza apoyada en la palma de la dies•
tra mano, mirando absorto el vagar del humo de su ci•
garro que iba á estrellarse blandamente en el techo.
«¡Val No viene, no viene,)) repetía con amarga con•
vicción. «¿Estará enferma?» Y al hacerse esta pregunta, sintió tristeza y juraría que sus ojos se le entur•
biaron por las lágrimas.

. • en la Habana en honor de las veintiocho víctimas del incendio ocurrido en aquella ciudad el 17 de mayo de 1890
Mausoleo que ha d e engirse
I escultor' y D. Tulio Zapata, arquitecto, que obtuvo el primer premio en el reñido concurso verificado en dicha en pita!
Obra de los Sres, D. Agustin Quero,

�LA

790
Pag6 el gasto hecho, y en vez. de dirigirse al centro de la corte, su campo de operaciones, se intern6
en la calle de la Ruda y estuvo, como amante en
acecho rondando la casuc:t en que habitaba la seño. ra de s~s pensamientos. Pugnaban en Alejo la ansiedad de inquirir noticias de Milagros y el reparo
de que al verle de tal traza y catadura se riesen de

to por señá Quica, porque mi madre me ha mandao
á recoger la ropa que eya tiene pa lavar.
- Pues hijo, añadi6 la viejecilla más afable~ente,
tan cierto como ahora hay luz, que señá Qu1ca se
murió de dolor de costao, mismamente hoy hace tres
días.
Alejo á tal noticia sinti6 un estremecimiento y
balbuci6:
- ¿Y su hija Milagros?
- ¡Qué sé yo! Vinieron unos parientes y se la llevaron.
- ¿V no sabe usté d6nde vive?
- No, no me han dicho ni palabra.
- ¡Está güeno!, murmuró Alejo con voz en que
había muchas lágrimas.
Sombrío, triste y desesperado, giró sobre sus talones, y sin decir palabra ~alió del portal y fuése á su
casa. Se encerró en el zaquizamí que le servía de alcoba, tendióse en el catre y sollozó.
¡Acababa el pobre mozo de ver rasgarse la nebulosa de su grande amor hacia Milagros!

IV

RETRATO,

por Alma Tadema

él y no le dieran raz6n de lo que tanto le interesa•
ba ... Perplejo y vacilante, opt6 por ir al río: «Acaso
haya madrugao estos días más que yo,» se dijo. Y
enfil6 camino del lavadero. No vi6 en las bancas á
señá Quica, y apesadumbrado, volvi6 de nuevo á la
calle de la Ruda. «Vamos á ver, ¿y qué digo yo á la
portera?,» se preguntaba todo medrosico. Y como si
hallase soluci6n al aprieto, sonri6se y penetr6 resuel ·
taménte en el portal. Par6se ante la Argos, una viejecita enclenque y feúcha, que entretenía sus ocios
en hacer calceta.
- ¿Qué quieres aquí, muchacho?, pregunt6 con
voz de enfado.
- ¿Está señá Quica?
·
- ¡Sí, en el otro mundo!, replic6 con sorna brutal
la portera.
- Señora, no vengo pa guasas, ¿está usté? Pregun-

NúMERO 520

ILUSTRACION ARTISTICA

Entre los feligreses de la parroqui~ de San Ca~etano tiene el padre Gómez gran predicamento: dicen
de él que, á pesar de ser tan joven, es un santo y un
sabio, y á él acuden de bonísima gana cuantos han
menester, ya de los socorros de la flaca na~uraleza,
ya de fos auxilios del espíritu. El tal padre vive modestísimamente en un piso principal de la calle del
Amparo· y si á su ama, una señora viuda con más
edad de 'la que los cánones marca á las mujeres para
servir á sacerdotes, preguntáis por la vida y milagros del cura, después de deciros ~asta la saciedad
que dicho señor es un modelo de virtudes y que nada
de lo que tiene es suyo por ser todo de los pobres
mendicantes que de continuo llaman á su puerta;
después de ensalzaros el clarísimo talento y gran
ciencia que el padre Gómez atesora; hecho el enco•
mio de sus sermones, que tan grande como justa fama
le han conquistado, os dirá que todo ello resulta un
grano de anís ante la fuerza de voluntad que el sa•
cerdote ha desplegado para llegar á tal punto, dado
que todo lo que es lo debe á sí propio, sin que jamás
el favor de nadie le haya servido de escalón para alcanzar sus miras é ideales.
Y si intimáis con el ama, señora de suyo comunicativa y parlanchina, os relatará en medio de una admiración perpetua la odisea del padre Gómez, el
sacerdote más querido que paseó manteos por la calle de Embajadores. «Padre Gómez fué en sus mocedades colillero, dirá misteriosamente. Se enamoró de
una chicuela del barrio que hacía de él tanto caso
como yo del moro Muza. Un día no la vió más, y en
tróle al pobre chico tal morriña, que anduvo alicaído
una porción de tiempo pensando en la mocosa que
tal le había puesto la mollera U na tarde vagaba el
mozo por los alrededores de un convento de jesuítas;
salió de tal sitio un fraile con tan mala fortuna, que
al ir á bajar una de las gradas del pórtico resbaló y
cayó cuan largo era. Alejo, es decir, el hoy padre
G6mez, acudió en su auxilio, metiéndose con él en el
convento. Gustó á la comunidad el acto caritativo
del granujilla, y después de obsequiarle largamente,
uno de los jesuitas le dijo: «Muchacho, el día que
quieras hacerte hombre de provecho ven por aquí.»
No ech6 en saco roto la advertencia. Alejo, que, como
va dicho, había perdido su natural alegre y expansivo, tornó al convento á los dos meses y dijo al jesuita que sali6 á recibirle: «Vengo á que me hagan
ustedes hombre, porque ya estoy harto de ser un vago y no servir para nada.» Pues hijo, con tan buen
pie entr6, que los jesuitas le dieron los estudios necesarios, inclinando su voluntad á que se ordenase de
sacerdote, y ahí le tienen ustedes hecho un santo
que no hay más que ver.»
Si tal relato aguijonease vuestra curiosidad y trataseis de ahondar en el alma del padre Gómez, el ama,
siempre complaciente, os manifestaría que D. Alejo
nunca trae á colación aquellos sus amores que le han
transformado de vagabundo en dignísimo sacerdote:
únicamente recordando esto, atrae á cuantos granujas halla al paso y los exhorta á que abandonen la
senda viciosa que ningún beneficio ha de traerles y
sí el desprecio y odio de la sociedad.
Conque ya sabéis quién es el celebérrimo padre
Gómez.

V
El rayo de sol que atravesaba los cristales de colores de la ventana del coro caía de lleno á.Ios pies
del altar mayor, y con sus tonos violáceos y azules
arrancaba antes plácidos reflejos á la corona y lentejuelas de oro de la Virgen del Amor Hermoso, co-

locada cerca de la barandilla en un artístico templete; el humo embalsamado del incienso subía tenue,
esparcíase por las naves é iba á envolver en nubes
blanquecinas al Cristo emplazado á la cabecera del
altar. Las luces de los cirios y las velas contrastaban
grandemente con la vaga claridad que poblaba el sagrado recinto ... Temblequeaban sus pábil&lt;í&gt;s y las lucecillas de las lámparas oscilaban ...
Salió de la sacristía el padre Gómez recubierto con
las vestiduras sacerdotales; detrás marchaba un monaguillo conduciendo el misal y fas vinajeras.
En la grada del altar veíanse arrodilladas cuatro
personas: eran unos novios. y sus padrinos. Resultaba una nota alegre el pañolón de Manila rameado
sobre fondo blanco que se ceñía al arrogante torso
de la novia, .. Comenzó la representación del santo
sacrificio de la misa. Era domingo y el templo se
veía lleno de fieles; el pueblo arrodillado semejaba
una masa negra y compacta á cuyo frente aparecía
padre Gómez envuelto en nubes de incienso; oíanse
claramente las frases latinas que llenas de unción
pronunciaban sus labios y á intervalos el monótono
silabear del monaguillo, y como rumor de colmena
el mascullar de rezos, las conversaciones á media voz
que entre sí traían las beatas, y aquí y acullá las toses, ya débiles, ya roncas, de los fieles y algún que
otro lloriquear de los niños de pecho; dominándolo
todo y con desesperante monotonía la voz aguda del
sacristán, que abriéndose paso por entre las filas de
concurrentes, llevando en ristre el cepillo, murmuraba: «¡Para las benditas ánimas del purgatorio!» Y
oíase el caer de las monedas en el fondo de la caja,
arrancando de ella una nota metálica que llc!naba de
rumoroso eco las naves.
Fué cosa extraordinaria y de la que nadie pudo
sospechar el cambio brusco que se operó en el plácido rostro del padre Gómez cuando hubo de volverse hacia los de la boda: sus ojos tuvieron una
llamarada de anhelo y sorpresa indescriptibles: sus
labios temblaron perceptiblemente, palideció su rostro, y como presa de extraña temulencia manifestóse
torpe al cubrir con el yugo á los contrayentes ... Al
preguntarles las frases de ritual, sus palabras parecían
salir atropelladas por una emoción inusitada... Los
novios y padrinos, hondamente preocupados por lo
solemne de la ceremonia, apenas si pararon mientes
en la agitación cada vez mayor del pobre cura.

Terminado el acto nupcial, padre Gómez internóse apresuradamente en la sacristía, corrió hacia el libro de «Matrimonios» y hojeóle con febril impaciencia.
Un monago que allí andaba colocando en su sitio
los ornamentos sagrados le oyó decir estas palabras,
que eran la expresi6n fiel de un afecto grande que
revivía al cabo de muchos años:
- ¡Sí, es ella!... Milagros ... la hija de «señá Quica.»

NúMERO 520

LA

nidad. Las conciencias y las costumbres tenían misterios y los
masones servían por lo menos
para espantar á las gentes timoratas.
Hoy todo se va perdiendo en
una nivelación universal, que al
cabo de algunos siglos degenerará en monotonía desesperadora.
Madrid, sobre todo, se va civilizando estúpidamente,
¿Qué se ha hecho de aquel
Madrid lleno de iglesias, conventos, alcantarillas, manolas, chulos, guardias de Corps y otras
zarandajas? ¿Dónde están las
peinet.~s, mantillas de encaje,
basqumas, capas mujeriles b_ordadas de colores, medias caladas
y zapatos de tabinete de cruzadas
cintas? ¿Dónde están aquellos
soldados que como el titán llevaban un mundo sobre sus
hombros, al llevar morrión con
plumero, corbatín, charreteras
mochila, sable, cartuchera y ba'.
yoneta? ¿Qué se ha hecho de
aquellos frailes, abates, petimetres, toreros con chupa y chivata, consejeros de Castilla con
guirindola de encaje y covachuelistas cargados de oro y pedrería?
Pero en fin, la parte exterior
es lo de menos. Ahora tenemos
otras cosas tan ridículas, pero
más variadas: por cada petimetre
hay cien gomosos, por cada manola mil cocottes, por cada consejero de Castilla diez diputados
que rajan de lo lindo, y por
cada iglesia derribada veinte cafés, colmados y cervecerías.;
Hemos ganado en extensión
del planeta, pero hemos perdido
el cielo, que cuanto más le aproximamos por medio de nuestros
telescopios, más se va alejando
de nosotros,
Hemos perfeccionado la almilla, pero nos vamos quedando
sin alma Y ya sin alma, nos hallamos reducidos á
átomos, con el solo privilegio sobre los demás animales de poder pensar que más ó menos pronto
caeremos en la nada del pensamiento.
Esta digresión casi filosófica no ha sido inútil

lLUS'fl&lt; AC IÓN ARTISTICA

791

r

SAFO,

estudio al óleo de Carlos Gebrts

para que el lector pille al vuelo la parte psicológica
de este verídico relato, cuyo protagonista, anticipándose cincuenta años por lo menos á su época, hallábase en ese estado de átomo de que acabo de
hablar.

En efecto, Juan de Arévalo (se
apellidaba así, no porque fuese
natural de esta población, sino
porque tal era su apellido) era un
joven de veinticuatro años de
edad, que se creía librepensador
consumado. Tenía un buen patrimonio para aquel tiempo en
que aún no se había subido el
precio de las localidades Je las
plazas de toros, ni se conocían
calcetines á veinticinco pesetas
el par; y desde que murió su padre, como hijo de viuda camp6
por su respeto, haciendo un viaje
desde Arévalo á París, lo cual
entonces era casi tan trabajoso
como el ir hoy día desde Cuenca á la China. En París aprendió
bastante mal el francés, pero lo
bastante para leer á los enciclopedistas, que por segunda vez
hacían furor, y á los que no había podido leer en España, en
donde sus obras estaban prohibidas. Cansóse de Francia, volvi6 á España, pues era español
neto, y cansóse, no porque París
no le gustara más que Arévalo,
sino porque allí no hacía ningún papel y en Arévalo era una
notabilidad. Desde su viaje al
';!Xtranjero, no fué ya sólo notabilidad, sino oráculo. Sus paisanos decían que tenía pico de oro.
Sin embargo, muchos de ellos .
esquivaban su trato, porque les
asustaban ciertas ideas de Juan.
Había sido éste religiosamente educado por sus padres, que
fueron chapados á la antigua española, y desde la edad de nueve años su mayor placer era
ayudar á misa, con conatos quizá
de - poder celebrarla algún día;
pero ¡vean ustedes lo que labra
el tiempo, la edad y los viajes al
cerebro de Europa! Juan de acólito habíase transformado, como
queda dicho, en librepensador.
El joven volteriano (Voltaire era su autor predilecto) era juicioso, y como su manía era brillar y ser
escuchado, nunca había estado en Madrid, en donde
presentía que, como en París, no haría papel. No seguía ninguna carrera ni se dedicaba á nada, como

., ..

,.;"

..

J

Es fama que desde aquel día padre Gómez se
muestra más taciturno y sombrío. A veces el recuerdo de Milagros y sus ilusiones de niño, que han venido á trocarse en las frialdades del sacerdocio, le
arrancan un estremecimiento de ansia amorosa que el
pobre cura ahoga con un poderoso esfuerzo de voluntad inquebrantable ...
La gente del barrio, siempre que del padre Gómez
se habla, dice respetuosamente:
- ¡Es un santo! ¡Cuando muera irá derechito á la
gloria! .. ."
ALEJANDRO LARRUBIERA

EL FANTASMA

I
¡Qué época la _del año de 183 ... ! Fué la última
de tranquilidad que hubo en España. Los negros, es
decir, los liberales, decían que aquello era la paz 'de
Varsovia; pero lo cierto es que desde la feliz restauración del trono del señor rey D. Fernando VII, ya
en sus postrimerías, el país estaba como una balsa
de aceite. Entonces todavía había creencias arraigadas, no convencionales como ahora, y por conse·
cuencia el carácter nacional tenía colores tan pro·
nunciados que parecían esculturales. E;ntonces todavía se creía en Dios, en el rey, en los endemoniados,
íncubos y súcubos; y chicos y grandes sabían á qué
.atenerse y esperaban con paciencia su parte de eterLAVADERO EN ALCALÁ DE GUADAIRA,

cuadro de D. Juan García Ramos

�DESCANSO DURANTE LA FUGA A EGIPTO, CUADRO DE MVRILLO, EXISTENTE EN EL ERMITAGE IMPERIA L

DE SAN PETERs.BUR GO

�794
hubiera deseado su madre, no porque lo necesitase,
sino porque ella creía que el notable . talento de su
hijo debía ser aprovechado. He aquí los inconvenientes de las épocas de atraso: en la actualidad,
Juan hubiera podido pronunciar magníficos discursos en el Congreso, pidiendo la separación de la
Iglesia y del Estado.
II

•

Juan se trasladó á la corte de España por el si·
guiente motivo.
Un hermano menor de su madre emigró á América casi niño, inducido por no sé quién, y hacía treinta años que ni en Valladolid ni en Arévalo, en cuyas
dos poblaciones tenía familia, nadie sabía de él. Los
indianos de aquellos tiempos eran así, misteriosos, y
gustábales regresar á su patria por sorpresa, abrumados de dinero; y esto sucedió con D. Pedro de Henestrosa, indiano perulero, puesto que había hecho
su fortuna en el Perú explotando una empresa de
guano; y por esto la madre de Juan recibió una carta
inesperada en la que aquél noticiaba á su hermana
que había llegado á Madrid, donde pensaba establecerse y en donde les invitaba á pasar una temporada
en su compañía. Bien hubiera querido Doña Casilda
(este era el nombre de la buena señora) complacerá
su hermano, á quien hacía tantos años que no veía y
que era tan rico, como él mismo confesaba en su carta;
pero sus achaques de reuma perpetuo hiciéronla aplazar el viaje para cuando pasase el invierno, que entonces comenzaba. Para Juan, joven y robusto, no existía este inconveniente, y su madre le rogó fuese á
Madrid á saludar y conocer á su tío y prima; pues se
me ha olvidado decir que el indiano era viudo y tenía una hija de diez y siete años de edad. Tal vez
Doña Casilda pensó en que los primos podían agradarse y en la boda consiguiente.
Juan, complaciendo á su madre casi de mala gana,
se trasladó como he dicho á la corte, y á fe que no
le pesó, no bien hubo llegado; pues hallóse en su tío
un hombre simpático y campechano, y en su prima, la
joven Inés, una indianita que habíase traído en sus
ojos toda la luz del sol americano.
D. Pedro Henestrosa había comprado y se había
establecido en una casa, hermosa para aquel tiempo,
situada en la calle del Nuncio ...
El lector no comprenderá que un hombre rico y
acostumbrado á las claridades americanas hubiera
podido meterse en tan sombría callejuela; pero el
lector debe tener en cuenta que el Madrid de entonces no era el Madrid actual, y además que aquella
barriada de San Pedro era en aquel tiempo una especie de arrabal de San Germán de Madrid. En
aquel recinto, que comenzando en Puerta Cerráda
terminaba en las afueras de la población, agrupában •
se entonces grandes casas solariegas y aristocráticas,
entre las que pueden citarse las de Bélgida, Maceda,
Revillagijedo, J avalquinto, Villafranca é Infantado.
Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que D. Pedro
el indiano vivía en la calle del Nuncio con su hija,
dos criados peruanos, un ayuda de cámara alcarreño afinado, una doncella madrileña, una cocinera
vizcaína, un cochero asturiano y un lacayito gallego.
Porque D. Pedro, á fuer de indiano respetable, apenas llegado á Madrid se echó un coche de aquella época, tirado por mulas, en una de las que iba montado
el cochero, calzado con botas de montar, con trasera
para el lacayo, que se colocaba en ella de pie, y con
una banquetita que se zangoloteaba colgando en la
parte posterior del vehículo y que servía para subir y
bajar de éste. Además de los seres racionales que he
mencionad0, D. Pedro tenía en su casa algunos animales: conejos en un patio jardín, un mono muy travieso cautivo en el zaguán, un galguito inglés de su
hija y en el estrado un papagayo muy dicharachero.
El buen señor ofreció á su sobrino hospedaje en su
casa, aunque no con insistencia, por no considerar
enteramente correcto el que un joven guapo y despabilado viviera bajo el mismo techo que su hija; pero
el joven de Arévalo no aceptó la oferta, aun cuando
le hubiese agradado habitar cerca de su prima, y
fuése á vivir al fin de la calle de las Tabernillas en
compañía de un primo suyo de Arévalo, estudiante
en Madrid.
Aparte de sus ideas volterianas, Juan era un muchacho expansivo y se enamoró muy pronto de su
prima Inés, por la que fué correspondido; y D. Pedro, aunque observó en seguida este amorío, hizo la
vista gorda, por no parecerle inconveniente; lo cual
fué una fortuna para el joven librepensador que, entretenido con aquél, libróse de ingresar en la masonería, cual era su proyecto.
Aunque D. Pedro hubiese echado coche por como·
didad, era un hombre llanote y poco amigo de lucir
y sí mucho de descansar de las fatigas que le había
costado su fortuna. No pretendió adquirir relaciones

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 520

NúMERO 520

LA 1LUSTl&lt;./\CJON

AKTlSTlCA

795

y se limitaba al trato de algunos amigos de la infancia, valisoletanos como él, establecidos modestamente en Madrid, entre los cuales eran los más íntimos
un tal D. Lesmes, que tenía una botica al final de la
calle de la Concepción Jerónima, y otro tal D. Jerónimo, dueño de una tienda de paños situada en los
portales de la de Toledo, anexos á la plaza Mayor,
que aún no ostentaba la lápida constitucional. Después de haber visto en compañía de su hija lo mejorcito que había entonces en la villa y corte y de
haber asistido una tarde á la salve de Atocha con
objeto de Gonocer á la familia real, estableció el
buen indiano una vida muy retirada y metódica, permaneciendo casi siempre en su casa, excepto las tardes que hacía buenas, que solía pasear, á pie ó en
coche, con la joven Inés por la Ronda ú otras afueras y pocas veces por el Prado ó Recoletos. Al anochecer tomaba chocolate con roscón y bollos de la
tahona de Jesús, á cuyo refrigerio solía convidar á
sus habituales tertulianos, que eran el boticario y el
pañero susodichos.
Debo advertir á los lectores jóvenes que, según
co.stumbre de aquel tiempo, D. Pedro comía' á las
dos de la tarde, y que por consiguiente el chocolate
crepuscular era un piscolabis intermedio entre la CO·
mida y la cena.
La tertulia del bueno del indiano era bastante sabrosa. Allí, al amor de la lumbre de una chimenea
francesa (¡cosa rara en áquel tiempo!), los antiguos
amigos valisoletanos recordaban las traves1:1ras de
so juventud y los trabajos que habían pasado para
asegurarse el bienestar en la vejez. D. Pedro, con
sus narraciones de América, pintorescamente exageradas, por supuesto, y D. Lesines, que era muy ha•
blador y bromista, que había hecho su carrera far.
macéutica como estudiante de la tuna, llevaban el
peso de la conversación. Sin embargo, tampoco el
pañero de la plaza Mayor se quedaba atrás, poniendo á la reunión al corriente de los sucesos del día.
Tenía un primo ujier de la Casa Real, y por él estaba enterado de las intrigas palaciegas. El infante
D. Carlos habíase ya declarado en rebeldía, y el regí.o alcázar era un hervidero de camorras por la debilidad de carácter del rey, que fluctuaba entre los
amigos del antiguo régimen, partidarios de la ley sálica (recientemente abolida) y la imposición de la
reina Cristina y de la impetuosa infanta Doña Lui•
sa Carlota. Además D. Jerónimo, ósea el pañero,
era devoto y miembro de varias cofradías y estaba
enterado de los acontecimientos de conventos y sacristías.

ventando contra las afecciones del hígado, basado
en las propiedades del O/eum serpmtorum, ó sea
aceite de alacranes. Algunas veres cuando salían de
la tertulia, el joven de Arévalo, dando un rodeo para
irá su casa, acompañaba hasta la puerta de la suya
al boticario, y en aquel trayecto se desahogaba algún
tanto de la bilis que habíanle hecho tragar, sobre
todo el místico pañero D. Jerónimo, que como ya
se ha dicho, estaba saturado de milagros y cofradías. Una noche, poco después de reunida la tertulia, dijo D. Pedro:
- ¿Saben ustedes la gran novedad del barrio?
- Me l.a figuro, Sr. D. Pedro, contestó el comerciante en paños. ¿Alude usted al fantasma?
- Precisamente.
- ¿Qué fantasma?, preguntaron á dúo Juan é Inés,
que se incorporó en su mercedora.
- Un fantasma estupendo, prosiguió diciendo el
indiano, que según noticias ha hecho su aparición
en estos barrios hace dos ó tres noches.
- Bien le ha calificado usted de estupendo, señor
D. Pedro, dijo entonces el boticario; pues por lo que
me ha contado mi dependiente, ::io se ha conocido otro igual en Madrid, con haber habido tantos.
- ¿Pues qué tiene de particular?, preguntó don
Jerónimo. ¿Será más temeroso que el que se presentó hace años en la calle Ancha de San Bernardo,
que llegaba con la cabeza á los tejados?
- Morrocotudo fué aquél, observó D. Lesmes, y
no menos notable el que apareció posteriormente en
el Barranco de Embajadores, que se disolvió en las
nubes á fuerza de exorcismos; pero el actual es de
un tipo nuevo y extraordinario.
- ¿Pues qué tiene?, preguntó la americanita abriendo desmesuradamente sus grandes ojos,
- Tiene una particularidad que no se ha observado en fantasma alguno. Generalmente esta clase de
aparecidos no promueven ruido, y sólo alguna que
otra alma en pena ha solido proferir gritos y exclamaciones ininteligibles ...
- Y bien: ¿qué hace éste? ¿Habla? ¿En qué se diferencia?
- Repito que todos los fantasmas han sido silen:
ciosos, como verdaderos espectros que son; pero el
actual ...
- Bueno: ¿qué?
- El actual, según informes de mi dependiente,
unas veces se desliza sin ruido y otras arrastra una
cadena.
- ¡Ah!, exclamó Inés asustada.
- Anteanoche viósele vagar por el friso de la capilla de San Isidro anexa á la iglesia de San Andrés,
III
y posarse sobre el nido de la cigüeña, que l;myó esComo los librepensadores suelen ser, cuando jó· pantada con todos los cigüeñitos. No hacía ruido y
venes, algo libres y desordenados en sus costum- afectaba la forma blanca desvanecida de todos los
bres, es indudable que Juan de Arévalo se hubiera fantasmas ...
descarriado en Madrid, á no encontrar una familia
F. MORENO GODINO
tan simpática y una primita tan agradable. Embe(
Concluirá)
becido en sus amores, fué juicioso á carta cabal, resistiendo á las seducciones galantes y político-filosófico-sociales que entonces 0frecía la corte de Espa·
LLAMAMIENTO
ña, agitada ya por las ocultas convulsiones de la
próxima revolución; así es que los echadizos agenÁ LOS ARTI S TAS CATALANES
tes masónicos que vinieron á solicitarle perdieron el
tiempo, y eso que le ofrecieron el ingreso en la orEl regionalismo catalán, que acaba de celebrar
den á mitad de precio de entrada. Estaba verdade· un triunfo brillante si los hubo en el Teatro Espa1iol
ramente enamorado de su prima, la cual, como toda con la admirable tragedia de Guimerá Mar y cielo,
americana que sale fina, tenía mucho gancho, y casi ha alcanzado también calurosos aplausos en Alemano se acordaba de Voltaire. Pasábase en casa de su nia con las hermosas concepciones de los atistas Cutío todo el más tiempo que podía, y excusado será sachs, Fabrés, Galofre, Roig, Tusquets y otros.
decir que era el más asiduo tertuliano de la casa de
El campo más á propósito para lucir sus facultades
la calle del Nuncio. Bien hubiera querido el amoro- y lograr fama universal ha de ser para los artistas
so joven constituir él solo la tertulia de su tío; pero catalanes, los dignos sucesores de Fortuny, la ciudad
tenía que resignarse á los demás comensales, no sin del arte por excelencia, Munich, donde el año que
sufrir algunos 'berrinches interiores por lo mucho viene habrá un gran certamen internacional de Be•
que érale forzoso reprimirse. Tenían todas aquellas llas Artes.
personas chapadas á la antigua ideas tan opuestas á
No se trata de una de esas Exposiciones anuales,
las suyas, que le atacaban los nervios. Costábale sino de un certamen de más importancia que ha
trabajo el no saltar de la silla cuando oía decir á tomado bajo su protección el príncipe regente de
D. Jerónimo que la Compañía de Jesús era el miste- Baviera, que cifra su orgullo en ser patrono del arte
rioso faro que guiaba á la humanidad á la felicidad y de los artistas, y la infanta Doña Paz, que lleva
celeste y terrena; pero Juan era discreto y procuraba recuerdos gratísimos de Barcelona y es tan aficionano asomar la oreja de librepensador, aunque hacién- da á las artes como á las letras catalanas, se ha comdose mucha violencia. Comprendía que se hallaba prometido á impulsar á los artistas de su patria (Essobre un volcán religioso y realista, que la menor paña) á concurrir al certamen de Munich.
imprudencia suya podía poner en combustión. TeYo que he visto este año con qué satisfacción sepanía dulces compensaciones que hacíanle sobrellevar seaba la princesa con Moreno Carbonero por el Pasus contrariedades, viendo á su prima mecerse en su lacio de Cristal que se encuentra en la capital de
silla á la americana, enseñando sus piececitos y abra• Baviera, entusiasmándose ante las obras de arte que
sándole de vez en cuando con sus negros ojos de pregonaban el nombre español, me complazco en
matadora.
ser el heraldo de Doña Paz alentando á los artistas
Con quien más simpatizaba de sus tertulios era catalanes á acudir al certamen de Munich. Allí tencon el farmacéutico, por el carácter de éste, amable y drán un mercado para sus obras y han de ganar
franco, y por cierta gracia pintoresca que tenía, aun nuevos laureles para la idolatrada Cataluña.
hablando de asuntos serios y científicos; como por
ejemplo, al ocuparse de un específico que estaba inJUAN FASTENRATH

Natalia habíase levantado al oir el crujido de la arena bajo mis pies é inclinábase sobre el antepecho de la terraza

LA HERMOSA NATALIA
POR CARLOS IRIA RTE. -ILUSTRACIONES DE MAROLD
(CONCL US IÓN)

No se había vuelto á decir nada sobre aquel doloroso episodio de mi vida, cuando tres meses :aespués
del día en que asistí al templo evangélico, un desconocido dejó en mi casa un paquete con mis señas
exactas, pero sin ninguna indicación respecto á su
procedencia,
Era un libro, El Paraíso perdido, de Milton, edición inglesa moderna, con el Ensayo del Dr. Channing y la Crítica de Addison: en la primera página
estaba escrito el nombre de mi amigo con las siguientes palabras: «Christ's Church, 1854, Oxford.» Abrí
el libro con profunda emoción; en las más de las
hojas vi anotados con lápiz al margen de mano de
Sir W... los pensamientos que le había sugerido la
lectura de su poema favorito, y deduje que aquello
era un recuerdo de su juventud, del tiempo en que
asistía á la Universidad, cuando su corazón comenzaba á sentir profundas sensaciones y el joven iba á
disfrutar de ]a vida. Mientras hojeaba el ejemplar,
cayeron algunas hojas escritas, y parecióme que habían sido arrancadas de uno de esos libros de uso
particular donde se apuntan los. incidentes de ca?a
día para recordarlos. En una .de ellas, fechada en JU·
nio de i86¡, en el mismo día que nos vimos por
primera vez, Sir w... había anotado nuestra c~nversación, indicando con dos palabras muy expresivas y
cariñosas el vivo recuerdo que de ella conservaba.
En cada una de las demás hojas, '?i _nombre se
repetía á menudo, mezclado con los incidentes _del
día, como si aquel hombre tímido y benévolo hubiera
querido, en la soledad y secreto de sus desahogos,
resarcirse de la reserva de su carácter, y babíalo hecho
con un entusiasmo amistoso cuya expresión póstuma

reavivaba más aún el recuerdo que de él había con- Londres y reanudar en el Museo Británico, en la
servado.
G1lería Nacional y en la sociedad inglesa mis antiMas /por qué se me bacía semejante envío tan guas relaciones, interrumpidas por largos viajes. Una.
misteriosamente? ¿Por qué la reticencia respecto de vez ~l!í, tomé parte en los pasatiempos de aquella
aquel á quien estas páginas revelaron que yo existía vert1gmosa Seasón durante la cual los insulares disy cuál era el lugar de mi domicilio, así como también frutan en un día más placeres que nosotros en una
la intimidad de los lazos creados entre el difunto y semana en nuestro febril París; pero muy pronto,
yo? Los que tenían derecho á leerlas sabían que yo saturado de reuniones, de partidas de campo, de
había tomado gran parte en la vida parisiense de match, y de otros recreos, alegres, sí, pero triviales y
Sir W... ; que hasta el fin le fuí fiel; y pensé que el buenos tan sólo para hombres muy jóvenes, contesté
paquete no podía proceder sino de una persona de al fin con una excusa á las diez invitaciones recibitierno corazón, de una mano compasiva, que con das por la mañana, que me ligaban para ocho días
aquel recuerdo quería dar una prueba de su gratitud. más. Arreglé mi maleta y fuí en busca del tren que
Sin duda esto era algo, pero no suficiente para mí. presta el servicio de Londres á Portsmouth. Pocas
Hubiera querido oir un grito del corazón, sentir un horas después embarcábame para las islas del grupo
impulso, alguna cosa más espontánea, el llamamiento de Wight y llegaba á Cowes, donde me detuve en una
de un padre, de una madreó de una hermana, que deliciosa posada, cuya muestra me pareció extrava•
fueran los confidentes de nuestra común amistad por gante por su título: El cangrejo y la lango.sta.
la lectura de aquellas páginas de ultratumba. ParecíaEs la tal posada una de esas pintorescas hosterías de
me que allende el estrecho, sumidos en la incerti- la época de Jorge IV, tal como las vemos representa&lt;lumbre y la ignora_ncia respecto á la muerte del hijo das en las bonitas estampas iluminadas del siglo
y el hermano, precisamente en el momento en que pasado que representan á una criada en el umbral
le espera~an á cada instante, lle_no de vida y de es- de la puerta, á los tres J o/y Pc1st Boy de la canción
per~nza, Joven, alegre ~ fortalecido con una nueva ; popular á punto de vaciar sus vasos, y en el lugar
~m1s~ad, sus _P~dres hu~i~ran peseado desvanecer su I del relevo la pesada silla de posta de caja amarilla
10qL:1etud, d1S1par la_s t1meblas Y recoge! todos los I c_on un postillón de peluca rizada y dispuesto á mordetalles sobre los últimos momentos de Su W... Pero hficar á la hostelera. Un escritor inglés muy refinacomo siemp;e, debía encontrar ent_re mí y aquellos ª.º. y sin preocupaciones, me había indicado aquel
que yo quena conocer esa barrera 1~fra~queable le- sit10 com? ~na compensación de los grandes hoteles
vantada por el ca!ác~er y las conv7menc1as.
.
~~tropolztams y Terminus, donde se oprime á los
En el verano s1?mente, perseg~ido por el mismo viaJeros, se les cataloga y cotiza al tipo de su gasto per•
recuer~o, persuadime de la necesidad de r7conocer sonal. En la posada de que hablo, por lo menos no
por mi mismo los progresos de las colecciones de había camareros vestidos de negro, rígidos y graves,

1

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ni corredores inmensos, silenciosos y solitarios donde el viajero extraviado vuelve siempre al mismo
sitio, ni ascensor imponente que os conduce á vertiginosas alturas, á la celda numerada, única á que
os hacen merecedor vuestro reducido equipaje,
vuestro tranquilo continente y vuestros modestos
modales. En aquel nido de verdura todo era limpio,
pulcro, alegre, simpático é inesperado; desde mi ventana disfrutábase de una vista deliciosa, y como el
techo era bajo, parecía que me hallaba en un bonito
camarote sobre el puente de un buque, pero desde
allí divisaba el Pier con todos los yachts anclados
y la gran escollera que enlaza las islas, Lo peor que
podía sucederme era que las criadas se rieran de mi
acento y pronunciación y que se me dispensara un
trato demasiado nacional, ó bien que algunos amigos
ingleses, á quienes tal vez encontrara en la isla, renegaran de mí por haberme hospedado en un lugar tan
poco distinguido. En cuanto á mi acento, iba á Londres decidido á ser ridículo unos días, á fin de serlo
menos más tarde, perfeccionándome en la lengua inglesa. El alimento nacional de un país es el que
siempre merece mis . preferencias, pareciéndome lógico aceptarle; y en fin, por Jo que hace á cierta cla·
se de: personas que hubieran podido criticarme, poco
me importaba su opinión y aun hoy me complazco
en arrostrarla.
Ese grupo de las islas de Wight, Cowes, Byde,
Shanklin, Nidles y Ventnor, constiLUye para los ingleses una encantadora residencia de verano, y hacia
fines de julio y durante todo el mes de agosto es de
buen tono ir allí á descansar de las fatigas del invierno. El vigor de la vegetación es tan exuberante,
que se creería estar en un país meridional; las plan
tas exóticas prosperan naturalmente; las lianas y los
árboles de follaje de color alcanzan proporciones
enormes, y desbordándose de los jardines proyectan
su sombra sobre la cabeza de los transeuntes hasta
en los caminos más hondos. que parecen frescos y
verdes túneles Todos los de la isla están enarenados lo mismo que las avenidas de un parque; y así
como esa naturaleza se ofrece á la vista engalanada,
pulcra y coqueta, de igual modo los paseantes parecen corresponder por su elegancia á la belleza del
paisaje. Las pintorescas casitas, de plano irregular,
que ocultan bajo un aspecto rústico el refinamiento
de las comodidades, no se revelan entre las espesuras sino por las espigas y las veletas de los tejados,
que atraviesan las cúpulas sombrías, ó bien por las
elegantes celosías que protegen las ventanas en forma de arco. Acá y allá algunas barreras campestres,
en armonía con aquella naturaleza un poco artificial,
dejan entrever frescos prados donde la luz se refleja
en un lago de reducidas dimensiones, poblado de
cisnes, y por doquiera. según la estación, vense grandes arboledas y arbustos cuajados de fucsias, mientras que el rododendrón mezcla su matiz rojo con el
rojo sombrío. Los muros son desconocidos, las cercas floridas sirven de límites divisorios, y á veces el
mar baña las terrazas de las quintas; de modo que
cuando sobre Londres pesa una atmósfera de plomo,
la brisa de alta mar refresca toda la isla, haciendo
muy agradable aquella residencia.
Yo había sabido en Londres que el padre de
Sir W , después de largos servicios en el mar, se
había retirado á Cowes para terminar allí el resto de
sus días; y allí también reposaban sin duda los restos
de mi amigo. No se debía á la casualidad la elección
del anciano almirante. sino á que Cowes es la isla
más marítima del grupo y sirve de cuartel general á
los yachts de casi toda Inglaterra. Allí se ha formado
un elegante casino, especie de oficina Ven'tas, donde
los aficionados de ambos mundos obtienen todos los
informes relativos á la navegación, el rumbo que ca·
da barco toma, su itinerario, sus escalas, la fecha
segura de la salida y la del regreso probable. Ports·
mouth, el gran puerto militar, está enfrente de la
isla; y he aquí por qué Cowes era el refugio más
á propósito para un viejo marino acostumbrado á
vivir á bordo de su buque y que hasta el último instante de su vida quería oir el rumor de las olas y ·ver
flotar los pabellones en la punta de los mástiles.
Al llegar á la posada de El cangrejo y la langosta,
lo primero que hice fué pedir flores para llevarlas á
la tumba de Sir W... La sirvienta de la posada no
pudo reprimir una sonrisa al verme formar un magnífico ramo, creyendo sin duda que yo me proponía
hacer un regalo galante; pero quedó algo confusa
cuando la pregunté sencillamente qué camino conducía al cementerio.
Agrupados alrededor de las iglesias, los cementerios de los evangelistas tienen un aspecto de gravedad que no se observa en los nuestros, donde arrojamos las flores á manos llenas y las renovamos sin
cesar. cual si quisiéramos oponer la vida á la muerte.
En Cowes, la suavidad de la temperatura, el sitio

elegido para camposanto, siempre al abrigo del viento, y la rica vegetación peculiar de esas islas han
convertido el cementerio en un fresco jardín sembrado de cruces que desaparecen bajo la hiedra. Un viejo
sepulturero, el mismo que había abierto la fosa de
Sir W... supo indicármela sin vacilar; la tumba estaba cubierta de flores frescas, depositadas allí recientemente; y sohre la piedra, aún blanca bajo el
nombre de mi amigo, reservábase un espacio para
los que fueran á reposar después de él.
Al salir del sagrado recinto dí la vuelta á la isla,
bien resuelto á no dar paso alguno para ver á la (a
milia de Sir W... , ni á revelar tampoco mi presencia;
pero no quería marcharme sin ver antes la morada
del anciano marino, aquella casita de Beldorny, conocida de todos y cuyo nombre se repetía sin cesar
en los relatos de Sir W...
Beldorny se eleva en el fondo de un jardín lleno
de sombra, discretamente oculto á las miradas y
abierto tan sólo por el lado del mar, del que no le
separa sino una terraza, que parece como suspendida
sobre el camino que conduce al muelle ó desembar·
cadero. La casa desaparecía casi bajo el follaje; dí
la vuelta á su alrededor y por entre los claros de la
cerca observé que todo estaba silencioso, como si
nadie viviera allí. Al llegará la suave pendiente que
conducía al mar, iba á retirarme, costeando la tercaza para volver al puerto, cuando un rumor de voces
sobre mi cabeza me hizo levantar la vista. A la entrada de un pequeño pabel16n de rastrojo, destinado
á resguardar del viento del mar, tres personas, con la
mirada fija en el horizonte, parecían observar el fin
del día. contemplando la puesta del sol. Un gran telescopio en su trípode, junto á una mesa cubierta de
diarios y libros, constituía el primer plano de aquel
cuadro en cuyo centro estaba un anciano de barba
blanca, cubiertos los hombros con el plaza escocés;
junto á él, silenciosa y grave, vi sentada una mujer
pálida y triste, de cabello blanco y austeramente vestida de negro. La tercera persona era una hermosa
joven alta, casi una mujer, vestida también de luto;
habíase levantado al oir el crujido de la arena bajo
mis pies, é inclinábase ligeramente sobre el antepecho de la terraza, con los brazos fuera, dejándome
ver su esbelto talle y graciosa silueta, que se destacaban sobre el fondo de verdura.
Eran los dueños de Beldorny; á no dudarlo, hallábame frente al anciano almirante \V ... y su esposa;
y en cuanto á la hermosa joven, no podía ser otra
sino Natalia, la hermana de mi difunto amigo, de
quien éste me hablaba tan á menudo en nuestras
largas conversaciones con una ternura mezclada de
entusiasmo.
Estábamos tan cerca uno de otro. que hubiera podido alargar la mano y decir á la hermana de Sir W...
que e1 extranjero en quien fijaba la vista por casualien aquel instante, había llegado de Francia para depositar flores en la tumba de su hermano; que le
contristaba el silencio de aquellos que debían llorarle aún, y que les traía con ti recuerdo más vivo y más
puro el eco de la última palabra de Sir W...
Pero el movimiento había sido rápido como el
relámpago; la hermosa Natalia se echó con viveza
hacia atrás apenas se encontraron nuestros ojos; el
almirante se levantaba lentamente de su asiento de
mimbre para mirar sobre el ramaje que me ocultaba;
y en cuanto á la pobre madre, sin fijarse en aquel
trivial incidente, dejaba pasar al extranjero sin dirigirle siquiera la mirada.
La tarde que pasé en mi alojamiento me pareció
interminable y la noche fué penosa; era preciso pensar en la marcha y traté de engañar el tiempo desde
que amaneci6; pero el barco no saHa hasta las tres,
y apenas era la una. Tenía mi maleta preparada,
había pagado mi cuenta y acababa de despedirme
de los posaderos de El cangrejo y la langosta.
Sin explicarme la inquietud.que me hacía adelantar
así la hora, comencé á recorrer el muelle sin hacer
aprecio del pintoresco espectáculo que ofrecen los
viajeros que desembarcan de los yachts y los que
pasan á bordo; y sin echarlo de ver apenas, seguí la
playa y halléme de nuevo frente al terrado de Beldorny. Bien hubiera podido avanzar en Hnea recta ó
retroceder; mas impelido por no sé qué necesidad de
emoción, introdújeme en el camino hondo que contornea la casa y fuí á parar á la entrada de ésta, La
pequeña puerta de madera con su ancho alero que
desaparecía bajo la hiedra hallábase entornada, y
el cartero acababa de entregar la correspondencia.
Sin darme cuenta de lo que hacía, acerquéme y alargué mi tarjeta al criado, que mirándome con asombro invitóme á entrar. Le seguí al jardín y esperé
allf largo tiempo paseando por delante de la ventana
del piso bajo.
Los visitantes debían ser muy raros, pues veía sombtas pasar y repasar por detrás de los vidrios y com.

NúMERO 520

prendí que mi presencia causaba cierta agitación. Ya
me disponía á retroceder; pero de pie en el umbral
de la puerta, el que me había introducido invitábame
á entrar y se retiraba dejándome solo á la entrada de
un vasto salón cuya puerta estaba abierta de par en
par. En el fondo de la estancia, el anciano que a~tes
hahía visto con las dos señoras vestidas de luto mstaba á éstas á retirarse é impelíalas suavemente hacia
la salida, como si ellas hubieran insistido en quedarse; hablábalas en voz baja, temiendo sin duda que le
escucharan, y le oí repetir vivamente las mismas palabras: «¡No hagáis ruido ... no hagáis ruido 1»
Retrocedí vivamente hasta el jardín; pero el an·
ciano, con los brazos abiertos y el semblante risueño,
fué á buscarme allí y con hospitalario ademán 'invitóme á entrar. Al principio se excusó de recibirme
so1o, y díjome que su hija ·Natalia, que hablaba admirablemente el francés, le hubiera servido en aquel
instante de mucho. Yo iba á exponerle el objeto de
mi visita· pero como si desease evitar toda alusión
penosa, :Ue cort6 la palabra é hízome comprender
que mi nombre solo era suficiente para ser introducido, pues sabía de mí todo cuanto pudiera desear
por las cartas de su hijo. Resuelto al parecer á no
enternecerse1 apenas el criado dejó sobre un velador
una bandeja con una botella y dos vasos, dirigióse á
la mesita, escanció el vino, y como hombre que no
oye bien y que habla alto á fin de que se le conteste
en el mismo tono, cuadróse delante de mí ofreciéndome un vaso y me preguntó:
- tAreyon good sailorf (¿ Es usted buen marino?)
Contesté que no lo era cuando sopla la tempestad;
pero que habiendo sido la travesía favorable, pude
soportarla bien; y con este motivo referíle que en
cierta ocasión, obligado á permanecer cinco días en
el puerto de Ceuta, á causa de no ser posible des·embarcar por el mal tiempo, padecí mucho de mareo,
por lo cual no pude comer sino naranjas y beber un
poco de ron.
Al oir esto el buen anciano comenz6 á reir á carcajadas, tal vez con alguna exageración; y chocando
su vaso con el mío á la francesa, díjome que para él1
en todo tiempo, y aun entonces si la edad no le hubiese cerrado la carrera, no existía en todo el globo,
al que había dado la vuelta tres veces, ningún punto
en que pudiera estar tan á su gusto como en el pu~nte de un buque, balanceado por las olas en el centro
mismo del Atlántico. Cowes le agradaba porque desde su terrado, cuando la atmósfera estaba clara y sin
bruma, podía pasar revista á la flota inglesa; y cierto
día, su corazón de marino latió con fuerza al ver pasar su propio buque almirante, aquel en que había
enarbolado por última vez su· pabellón.
Con este motivo fué preciso brindar por Francia
é Inglaterra, que, según dijo el anciano, hubieran
bastado por sí solas para dominar el mundo «si hubiesen sabido entenderse.»
Todo esto era muy cordial, pero el tiempo pasaba
y hasta entonces no habíamos pronunciado el nombre
de Wiliam sino para evitar toda alusión á tan triste
asunto. De pie hacía un instante ante el anciano,
que estaba vuelto de espaldas á un pequeño inver·
nadero contiguo al salón, yo podía sin ser visto seguir tras el follaje el movimiento de dos siluetas
sombrías y distinguir á la hermosa Natalia, que creyéndose oculta trataba de escuchar la conversación.
Al alejar á su esposa y su hija, el almirante había
querido evidentemente evitar una escena dolorosa; y
aquí chocaba otra vez con ese respeto humano que
retrae de dar á conocer á los demás su emoción.
El reloj marcaba las dos; el barco no esperaba á
nadie; había resuelto no alejarme sin aliviar mi remordimiento, y por una suprema explicaci6n que yo
debía á la familia, disipar la ignorancia en que debió quedar al recibir la funesta noticia. Así, pues,
sin preparativo ni transición y colocándome de modo
que la madre y la hermana de William no pudieran
perder ni una sola palabra de lo que iba á decir,
pronuncié simultáneamente el nombre de mi amigo
y expliquélo todo con tono bre,·e, justificando mi silencio y el suyo Hablé de lo repentino del ataque,
de mi sorpresa, de mis esfuerzos inútiles y por último
de mis te ntat~vas siguientes, que no merecieron sino
frialdad é indiferencia Ni aun quise eludir el relato
sobre la lúgubre ceremonia á que asistió lord H ... ,
y en la que, convencido de mi deber, me contuvo no
sé qué pudor inhumano y la inexorable ley de las
conveniencias. No siéndome ya posible hacer más,
quis.e por lo menos olvidar, cuando de repente aquel
envío de una mano misteriosa, el Mi/ton y las hojas
desprendidas del librito de memorias, al que mi
amigo había confiado el secreto de nuestra rápida
simpatía (envío que hizo evidentemente alguien de
la familia), reavivó mi recuerdo. Entonces, poseído
de una idea fija, resolví marcharme á Cowes para
arrodillarme en la tumba de William, desvanecer las

NúMERO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

797

banme con su ramaje cargado jardi~ero; mi presencia imponía á la familia, deseosa
de flores blantas.
de dispensarme sus atenciones, un cambio en su
U na vaga inquietud que no género de vida metódico.
carecía de encanto me impedía
En cualquiera otra circunstancia habría disfrutado
acostarme, y lleno de no sé qué mucho de aquella pintoresca excursión: dominándolo
ilusiones y con la vista fija en todo desde mi asiento, conducido por un elegante
aquellos horizontes tranquilos gentlemán, que había solicitado el favor de reemque yo miraba sin ver, el cuadro plazar ~¡ c~chero, iba rodeado de risueñas jóvenes
de mi vida se desarrolló de repen- muy d1vert1das, con sus frescos trajes de verano
te ante mí y parecióme que mi ~uy propios para la circunstancia, acompañada;
existencia se desvanecía poco á hb~emente de hermanos y amigos, alegres como copoco llena de mil incidentes y legiales.
sin embargo vacía, con muchas
A nuestros ojos deslizábanse como en un panorarelaciones pasajeras que sólo me ma_ dos magníficos paisajes llenos de encantadoras
proporcionaban algún placer casitas, sep~radas por cercas en flor, y de vez en
cuando yo aspiraba á la felicidad. cuando d1V1sábase entre dos pendientes de terreno
,,,,
Y me pregunté si no sería ya que formaba~ un estrecho valle, la verde superfici~
tiempo de fijarme en algo, si no del Océano nzada por una ligera brisa ó los rayos
habría en alguna parte un ser del sol reflejándose en la punta de cada 'ola.
que pudiese amarme, vivir con
A_l regresa_r, mis ojos habían visto muchas cosas,
mi vida, disfrutar de mis placeres Y. m1 ~emona conservaba un recuerdo bastante prey compartir mis dólores. Llegaba ciso pa_r~ contestar á las preguntas del almirante y
ya la hora en que esa embriaguez su familia, q_ue estaban muy orgullosos de sus islas;
constante que acompaña á la ju- pero ~n rea(idad había estado distraído, acosado por
ventud iba á desvanecerse, de· una idea fiJa, y durante la comida, cuando mis ojos
jándome ver el porvenir en toda se encontrab~n con _los de Natalia, apenas podía
su realidad; y me dije que no es sostener su mirada. Sm embargo, era llegada Ja hora;
bueno vivir solo, que era preciso yo de?ía s_aber _qué suerte me esperaba, y sin debilibuscar una compañera, y sobre dad m reticencias llevar á cabo mi proyecto.
todo conocerla bien, pues temía
Después de levantarnos de la mesa fuimos primeuna alianza desigual, no por la
dudas de l_os que le lloraban, y abriendo por última clase y la raza, sino por el carácter y el corazón. ¡Qué ro á dar u_na vuelta por el jardín y después á Ja tevez su henda, tratar de cicatrizarla. En adelante su destierro y qué dura esclavitud no sería para mí rraza; y mientras el almirante y su señora descansatristez~ profunda, inconsolable, reavivada sierr:pre verme unido para siempre á una mujer dulce y en- ban á la sot?bra del pabellón, un poco lejos de nospor la idea de aquel fin misterioso dejaría de ser cantadora que solamente viese tinieblas allf donde otros, Nat~ha y yo ~os_ sentamos. Desde allí podíatan angustiosa, convirtiéndose en u~a melancolia no yo veía luz, que no comprendiendo el sentido de mi mos seg~1r el movimiento del puerto, donde Jas
exent~ de dulzura. Con esto tranquilizaba mi corazón; vida no participara de mis éxtasis ni de mis des- ~mbarcac1ones de blancas velas y los ligeros esquifes
también_ el suyo debía calmarse, y por Jo menos po- alientos, y que cuando creyera haber llenado mi co- iban y venían en torno del vapor que iba á salir de
día asociar al recuerdo de William el recuerdo de razón y cumplido sus deberes, me hiciera volver á un momento á otro, y á veces el viento llevaba en
aquellos que le habían amado conservando sus fac- cada momento duramente á la tierra ó me dejara solo sus alas hasta donde nos hallábamos los acordes de
una b~nda_ de música militar instalada en el puente
ciones en mi memoria.
'
en las alturas adonde mi espíritu se remontaba!
del Vtctorta.
Mientras así hablaba, la puerta del invernadero se
~n el momento de cerrar los ojos, una i?lagen,
Muy pronto vimos cómo el barco desviándose
°"abía abierto, y sin que lo echara de ver el anciano pálida aún, que apenas reconocía, aparec1óseme
que me escuchaba con la cabeza baja hundido e~ para desvanecerse después en los vapores del sueño, lentamente de la orilla, se abría pas~ entre los desu sill6n, Natalia se adelantó lenta~ente con la volver con persistencia durante éste y dejarme por más; dentro de un instante iba á pasar por delante
frente alta, la mirada fija, bebiendo mis p~labras y la mañana su vivo recuerdo. Esa imagen era la de de nos?tros, y en el momento mismo de cruzar y
dando el _brazo á ~u _pobre madre, pálida, vacilante y Natalia, tan dulce y altiva á la vez, fuerte y cariñosa c?mo s1 nos saludase soltó su andanada, cuyo estrécon los OJOS enro¡ecidos por las lágrimas como una grave y ligera, á quien apenas conocía, pero cuy~ pito, aunque fuer~ esperado, nos hizo estremecer.
Entonces .t:lataha, extendiendo la mano, me señaVirgen de los Dolores.
'
mano estrechó la mía sinceramente y de cuyo cora- ló con expres16n bur_lona _el vapor en que debí haber
. Cuando hube aca?ado de hablar, con una espe- zón estaba ya seguro como si le hubiese conocido
marchado, y yo le hice fiJar la vista en el sitio donde
c!e de _alegre exaltaci~n, que me probaba que al ali- hacía largo tiempo.
me de~uve al pie del tenado y desde el cual la vi
viar mi pena proporcionaba también á la familia un
Sí, Natalia sería á la vez esposa y hermana, firme por pn_mera vez.. En tal momento no pude menos
consuelo supremo, Natalia me ofreció su mano y es- en el dolor, dispuesta á tomar parte en la lucha de
d; decirle que si había pasado tan lentamente Ja
trechó la mía con efusión, diciendo:
la vida, como si la comprendiese ya; y así debía ser, vispera por allí, fué porque mis ojos encontraron los
- «¡Gracias ... gracias!&gt;
puesto que su hermano, que se exaltaba ante mí soAl oír la voz de su hija, el anciano se había levan- lamente con nombrarla, habíame respondido de ella. suyos; que en adelante no dependía ya de mí quetado; la pobre madre se dirigía hacia mf, y allí está- Aquella era la mujer que yo buscaba; veíala pasar darme ó marcha~; que una palabra de sus labios, un
ademán, una ~1rada, bastaría para alejarme ó retebamos todos, casi confundidos en un abrazo cuando delante de mí, y era preciso que fuese mía.
nerme toda la vida, y que esperaba el ademán ó la
de repente el estampido de un cañonazo ~e estre·
Sin esperar más, en el instante mismo, al revolver palabra como un fallo supremo.
meció.
de un sendero de aquel jardín que se extendía á mis
Al hab(ar así, arranqué una rosa de la planta que
- ¡Ya es demasiado tarde!, exclamó el almirante pies, á dos pasos de sus padres, que me habían tenía á m1 lado y se la presenté.
con expresión casi alegre.
dicho la víspera, al darme las buenas noches, que
Natalia fijó en l?Í una de esas miradas que van á
El vapor de Portsmouth pasaba por delante de nos- veían en mí un reflejo del hijo perdido, debía ir á buscar el más íntimo pensamiento hasta el fondo
otros y ya no me quedaba más remedio que volverá buscarla, arrodillarme á sus pies y pedirla permiso
la posada de El cangre.fo y la langosta para esperar para amarla toda la vida. Pero de pronto, un dolola misma hora del día siguiente, 6 aceptar la oferta roso pensamiento cruz6 por mi mente. ¡Y si no estudel anciano, que habiendo recobrado toda su sangre viera libre su corazón! En la soledad en que vivía,
fría y sin esperar siquiera mi contestación, daba or- tal vez se reservaba para otro que debiera presentarden de ir á recoger mi equipaje al despacho del va se á ocupar su puesto en el hogar doméstico y á repor. Al mismo tiempo su esposa y su hija, después clamar la fe prometida.
de enjugar sus lágrimas y volviendo á ser mujeres
No era ya Natalia la joven indiferente que no se
prácticas y dueñas de la casa, iban presurosas á pre- cuida del porvenir y que no se conoce aún, sino una
parar la habitación.
joven de tranquila reflexión, que sabiendo lo que
No intenté siquiera resistirme, pues todo aquello quiere, impone sus voluntades y apenas tolera las
me seducía; y tal vez mi presencia era un beneficio de los otros, sin fijarse jamás sino en aquello que
para todos, puesto que conservaba el recuerdo de un llena su coraz6n y su pensamiento. ¡Y si hubiera
ser amado. Mientras las señoras se ocupaban de mí, dispuesto ya de su mano y estuviese ya prometida á
el almirante, más atento de lo que yo hubiera podido otro!. .. Era preciso averiguarlo cuanto antes, en el
esperar, quiso enseñarme toda su posesión de Bel: acto, y si ya no era libre, alejarme con el corazón
dorny, el jardín, la cuadra y los invernaderos, y des- apenado para no volver jamás.
.
.
pués fuimos á sentarnos' bajo el pabellón donde se . . . .
Aquella misma mañana se convino en que. yo no
reunieron con nosotros madre é hija para tomar el
te. El resto del día se pas6 en agradable coloquio, debía abandonar las islas sin verlas todas, á lo que
sin emociones ni tristezas; y á decir verdad, aliviado me guardé muy bien de oponer: la menor 0bjeción
ya de un gran peso, comprendí que mi presencia era El retraimiento en que por raz6n del luto vivía
aquella familia no la permitía acompañarme; pero
saludable para mis nuevos amigos.
La noche, corta y tranquila, se anim6 por ~l buen como entre la hora del almuerzo y el mediodía quehumor del anciano marino, evidentemente satisfecho daba tiempo suficiente, habíase pedido para mí un
de mi compañía, y poco á poco experimenté un bien- asiento en el .Drag, coche que sale diariamente, y
recorriendo todas las islas permite visitarlas sin moestar que no había conocido hacía largo tiempo.
La habitación que se me había señalado estaba lestia y hacer una ex~ursión m~y agradable.
y 0 hubiera preferido no sahr de Beldorny, pero del corazón, y después, como si hubiese leído la sinen el segundo piso, sobre la gran ventana de la fadurante
las horas matinales todos sus habitantes ceridad en mis ojos, alarg6 lentamente la mano
chada; desde allí divisaba el Océano, y apoyado en
estaban
muy
ocupados: el buen anciano no podía cogió la flor y desapareció detrás del follaje ... N~
el balc6n podía seguir la estela de los barcos que
salirse
de
sus
costumbres; agradábale dar su paseo volví á verla hasta la noche,
entraban en el puerto; mientras que los _grandes ro•
muy
temprano,
leer el Times, conferenciar con el
La velada fué corta¡ estábamos unos junto á otros,
sales, sobresaliendo por encima del teJado, rodeá·

�LA
sin romper apenas el silencio, como si, un.idos ya
por el corazón, estuviéramos todos confundido~ en
un mismo pensamiento. Llegada la hora de retirarnos, y en el momento en que buscaba con la vi~ta
el libro que yo solfa leer en cama_ y que había dejado sobre la mesita de noche, v, en su lugar una
pequeña agenda muy deteriorada que una mano
desconocida había depositado allf: era la misma en
gue mi amigo Sir W ... tenla costumbre de anotar
sus impresiones. Abríla al punto, y me entretuve
en recorrer sus páginas hasta las altas h?ras de la
noche: en el sitio donde faltaban las hoias que me
fueron enviadas en otro tiempo con el Mi/1011 vi una
página doblada', cual si yo no debiese leerla, ó por
el contrario, como si se quisiera llamarme sobre ella
la atención.
Con emoción profunda rrtis ojos se fijaron en un
pasaje en que Sir W... confundía mi nombre con el
de Natalia, deseando á ésta que encontrase un ho'?·
bre que respondiera á su corazón como yo respond,a
al suyo, y expresaba el deseo d~ ver realizarse algú~
día la esperanza que su pensamiento habla concebido rápidamente.
.
Natalia debía haber leído aquel pasaie, puesto
que estaba señalado; sin duda conocla el deseo del
difunto, y de consiguiente su corazón había habla·
do. ¡Estaba libre!
Por la mañana, mucho antes de la hora en que
acostumbraban á levantarse todos, ya estaba ~o de
pie, agitado entre el temor y la esperanza y baJo la
impresión de la fiebre que prod~ce una noche sm
sueño. Temiendo despertar á mis amigos, abrí suavemente la ventana á fin de respirar et aire puro, y
después de colocar en su sitio en la agenda de
Sir W ... las páginas que faltaban y que siempre llevaba en mi cartera, esperé la hora de reumrme con
mis amigos, contemplando el paisaj_e. Muy poco
después vi el vestido bla~co de Nata_lia que desaparecla en un sendero del ¡ardfn, y ba¡ando con precaución lancéme en s:: seguirrtiento.
La encontré en el mismo sitio que la víspera, con
la mirada fija en el horizonte; y resuelto á saber m1
suerte de una vez y á sofocar en mi alma la ¡,asión
que sentía nacer é in~adirme ó á entregar _m1 extstencia entera, devolví a Nataha la agenda de su hermano, preguntándole con gravedad si er~ eHa quten
había rasgado las páginas escritas PD! Wilham para
enviármelas, si había señalado la s1gu1ente, Y por
último si la había leido toda.
.
A cada una de mis preguntas contestó sencilla·
mente, sin rodeos y mirándome con fijeza, sin falso
pudor ni turbación, y después tomó la mano que yo
la presentaba.
Jfotonces ante aquellas olas tranquilas y aquellos
magníficos horizontes en el silencio de la naturaleza!
á la hora e'n que tod¿ se despertaba á la vida á m1
alrededor, doblé la rodilla ante la hermana de aquel
á quien tanto había querido, y p~fle permiso para
amarla mientras viviera.
TRADUCIDO POR

E. L.

VERNl!UlL

NUESTROS GRABADOS

Jacobo Meyerbeer, copia de ~ re~rato de
E. Desma.isons. - Cien aíios han cumplido rec1ente~ente

desde que vino al mundo el gran compositor cuyas vida y
obras son universalmente conocidas. .
.
Meyerbeer fué un gran revolucionano_en el arte musical, y
viene á ser el punto de unión-entre la antigua escuela que todo
lo sacrificaba á la melodía y para la cual los cant~ntes era~
el elemento principal, y en sentir de algunos composttor~ casa
único en una ópera, y la escuela moderna que profun~1zando
en el estudio psicológico y buscando ~entro d_e la ficción del
drama lírico la mayor suma de realidad posible, no ve en la
voz humana sino un instrumento más, uno de tantos detalles
que coadyuvan al conjunto armónico.
. .
.
Las obras de Meyerbeer tienen una grand1os1dad que admira y un sentimiento que encanta; hay en ellas aún ciert~ convencionalismo que plenamente justifican las circunstancias del
tiempo en que fueron escrita;;; pero son tan~as las ~llezas que
contienen, revelan tal esfuerzo por sacudir la rutma en qu,e
basta entonces se habían encerrado la mayoría de los compos1•
lores, por romper los antiguos moldes de la música italiana en
aquella época en boga, que el paso por Meyerbeer dado constituye uno de los más inmensos progresos en el divino arte.
Hace pocos días el teatro de la Gran Op~ra de París_ c_onsagró una función á conmemorar el centenario del natahc10 del
maestro que, si de origen alemán, fué francés de corazón, y en
Fram:ia desenvolvió su actividad y obtuvo sus más grandes
triunfos. El homenaje resultó hermoso, tanto más, cuanto que
con él no se trataba de desenterrar una glo ria olvidada, sino de
solemnizar una fecha excepcionalmente memorable en los anales del arte de la mí1sica, la del nacimiento de un compositOr
cuyas óperas, á pesar de las nuevas corrientes artlsticas, se representan y se aplauden de continuo en todos los teatr'os del
mundo.

Plaza de la.a frutas en Triaste, cuadro de Er-

nesto Oroci.- En la Exposición general de Bellas Artes
de Barcelona el imperio austriaco tuvo digna rcpresentaci6n,
y Trieste fué la ciudad de aquel estado que rrayor nítmero de

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 520

obras rem iti6. Entre ellas figuró un bonito lienzo de Ernesto
Croci que ya dimos á conocer á nuestros lectores, no sólo por
ser una de las más notables producciones de este discreto ar·
tista, sino tnmbién por haber 11::imado justamente la atenci6n
del público. l loy que reproducimos la Pla:.a de la1 frutas! que
es uao de sus últimos cuadros1 nos complacemos en consignar
que C:-oci, dentro del género q~e cultiv~, es uno de los pinto•
res austriacos que más honran a su patria, no s61o por el asunto de sus obras, de cadcter puramente nacional, sino por sus
cualidades y por la valía de sus producciones.
Laborioso y amante de su país, fija su empeño en el deseo
de dar á conocer cuanto le rodea, cuanto evoca en él agradables recuerdos de sus primeros años ó representa lo que le
rodea y constituye la vida, las costumbres y el modo de ser de
su ciudad querida .

trasladó á Bruselas y en 1869 estableció definitivamente su residencia en Londres.
Su especialidad son los cuad ros que reproducen escenas. de
las antigüedades griega y romana, y de tal modo ha sabido
apoderarse del sabor loc~l de las épocas ~u~ pint~, que sus
lienzos más que reproducciones parecen revmscenc1as de las
costumbres y de !Qs personajes de aquellas hermosas civilizaciones.
Mas no se crea que enamorado de lo antiguo descuida ó desdeña lo nuevo; también de cuando en cuando deja de mano
los asuntos de Grecia y de Roma, y demuestra que para un
temperamento y una educación verdaderamente artísticos todos los género:; son unos y que el pincel que tan admirablemente pinta los personajes, trajes y objetos de las remotas edades puede con igual maestrla trasladar al liento la figura de
una miss de nuestros dlas como la que reproduce nuestro graEn buenas tn.anos está el pandero, cuadro de bado, obra maestra d"entro de las tendencias más modernistas.
D. Enriqu e Luque Roselló.-No es mala loterla laque
le ha ca ido al in fe lit borrico: harto de' trabajar, que no de coSe.fo estudio al óleo de Carlos Oehrts. -Cuanmer, pues la pitanza no está en proporción con la faena, y
cuando sus extenuados miembros y su exhausto estómago re- do se tr~ta de la reproducción de una figura histórica ó legenclaman imperiosamente el pesebre donde reparar sus fuerzas, daria cuya personalidad flsica no conocemos, importa ante
apodérase de él una turba de desarrapados chiquillos que tra- todo ver si la obra del artista responde al modo dt: se r moral
tan de encaramarse sobre sus flacos lomos, y aunque algunos que la ' caracterizaLa y que puede deducirse, dentro de cie1to
patr,1n su atrevimiento con tumbos y costaladas, no cejan en su cálculo de probabilidades, de los hechos que la historia ó la
empeño de cabalgar en el desdichado animal que con pacien- tra'1ición le atribuyan ó de las obras que su ingenio legó á. la
posteridad y basta nosotros han llegado.
cia sufre tales improperios.
La célebre poetisa de Mitilene, aun despojándola de las exaEste cuadro del Sr. Luque Roselló es un bellísimo est~dio
de la naturalezn, lleno de vida, de movimiento y de expres1!.n : geraciones que la fábula ha acumulado sobre ella, se nos revehay verdad en el paisaje, en las figuras y en los m:l.s nimios la en sus composiciones poéticas como dotada de un alma
detalles, demostrando todo ello un gran espíritu de observación ardiente, apasionada, soñadora. Así se nos presenta en su
Himno á Vt11us y en su Oda á tma 11111/er querida, asf nos la
y un conocimiento notable de los recursos del arte. .
Y ya que de este artista hablamos, hemos de consignar que retrata el inspirado vate D. Víctor Balaguer en su hermosa
su Salve Rerina, que publicó LA [LUSTRACIÓN ARTÍSTICA tragedia y en el erudito trabajo que á. modo de prefacio la
en su ní1mero 475, ha sido premiada con medalla de oro de acompaña.
Esto sentado, el busto del pintor alemán Carlos Gehrts ¿se
segunda clase en la última Exposici6n [nterna~io11al de ~el)as
Artes de Berlín. Felicitamos á nuestro compatriota por d1stm- ajusta á la relación que la fantasía se complace en establecer
entre los rasgos éticos y los físicos de una personalidad deterción tan honrosa como merecida,
minada? ¿Existe armonla entre el rost ro de su Safo y la fisonoMausoleo que ha d e erigirse en la. Habana en mfa moral que má.s generalmente se atribuye á la desdeñada
honor de Jas víctimas deJ incendio ocurrido en amante de Faón? En nuest ro concepto, esa relación y esa araquella ciudad en 17 de mayo de 1890. Obra monla existen de una manera perfecta en la obra que nos ocude D . Agus tín. Querol, escultor, y D . Julio pa y con decir esto creemos haber hecho su mejor elogio.
Zapa.te., arquitecto. - Recordarán nuestros lectores el ~oUn detalle para terminar: para_este estudio si rvióle de morrible siniestro ocurrido hace año y medio en la capital de la isla delo á Gehrts una artista alemana residente en Roma, la repu•
de Cuba: fué un desast re horroroso que conmovió profunda- tadagrabadora Cornelia Wagner, cuyas obras tan conocidu y
mente á la población de la Habana, no ya por sus pérdidas admiradas son en el mundo dd arte .
materiales, á pesar de ser muy considerables, sino por el nú•
mero y calidad de los que en tan triste jornada fue ron m.Írtires
Lavade ro en Alcalá de Guadalra, cuadro de
de un deber, tanto más meritorio, cuanto más voluntario. La D . Juan García Ramos.-Cacta uno de los lienzos que
brigada de bomberos de la Habana compónese en su mayor produce Juan Carda Ramos es una nota más que agrega al
parte de los jóvenes más distinguidos de la sociedad habanera: extenso catálogo de sus bellas composiciones y una nueva mamuchos de ellos perecieron en el incendio del vasto estableci- nifestación de la brillante escuela sevillana. El Lavaátro en
miento de los Sres. Isasi, y aún no se ha borrado de nu~tra Akalá de G11adaira ofrece especial atractivo por la riqueza del
men1oria lo que leimos acerca de la imponente manifestación color y por los derroches de luz que repr&amp;ducen con fidelidad
de duelo que hizo la capital entera con motivo del entierro de los bellisimos contrastes y los varios tonos que produce la tieaquellas veintiocho victimas.
rra andaluza cuando la ilumina y esmalta su llermoso sol mePara perpetuar su recuerdo promovióse, simultáneamente por ridional. Los encamos de la naturaleza, que tan pródiga, bella
el ayuntamiento y el .Dian·o de la .Afarina, una suscripción y fecunda se presenta en aquel rincón de la patria española,
pública, que llegó ;{ reunir unos cuarenta mil duros en oro, con los tipos, los cuadros de costumbres cobran nueva vida cuando
el objeto de erigir un mausoleo en el grandioso cementerio de los transporta al lienzo este pintor sevillano, ya que brotan de
Cristobal Colón, que guardase los restos de aquellos héroes. su paleta esas combinaciones de color&lt;Jue sólo puede concebir
Reunida la suma que se consideró necesaria para dar forma á quien como él cultiva el arte con entusiasmo y conoce y siente
tan levantado pensamiento, procedió la comisión ejecutiva ;{ el pafs en donde halla asuntos que trasladar al liento.
circular una amplísima convocatoria á los artistas de todos los
Juan Garcla Ramos es, no sólo uno de los dignos represenpaíses para que enviasen sus modelos al concu rso. Veintidós tantes de la escuela sevillana móderna, sino también uno de
escultores de Europa y América han enviado igual nú~ero de Jos más discretos pintores de género y costumbres,
modelos, algunos de ellos notables, que demuestran, no sólo el
mérito y las aptitudes de sus autores, sino también cuánto se
Descanso durante la fuga á Egipto, cuadro
han iden1ificado los artistas con el pensamiento de la comisión
de ?durillo, exiwmte en el Ermitage Imperial de San Peorganizadora.
tersburgo. - Catalina U, Alejandro [ y Nicolás I, he aquf los
Tres modelos llamaron desde el primer momento la atención tres Sl'lberanos rusos á. quienes se debe la existencia del actual
del público y de los inteligentes, siendo premiado el que re• Museo de Bellas Artes de San Petersburgo: la primera mand6
sultó ser obra del escultor D. Agustín Querol y del arquitecto
construir para su uso particular el antiguo Ermitage; el segunO. Julio Zapata. Bello y original es el momumento, hallándose
do hizo de él un museo público, y el tercero, en vista de la inen él armonizndos el esfuerzo de la escultura y la arquitectura,
que determinan en el conjunto de la obra cierto carácter d,e suficiencia del edificio, le agreg6 el nuevo Ermitage, confiando
la construcción de éste á Klenze, el célebre autor de la Pinagrandiosidad que cautiva é impone. Constitúyelo un z6ca.lo coteca
de Munich.
perforado en sus cuatro frentes por igual número de graderias,soLas riquezas artisticas que el Ermitage contiene son innubre el que se elevan dieciséis pilares sosteniendo ocho tímpanos
de verja y cadena que limitan el contorno. Dichos pilares sin- merables y de incomparable belleza, dignas, en una palabra,
tetizan la idea del misticismo del mausoleo, puesto que sus de la capital de un gran imperio y de un gran pueblo.
Entre sus más preciadas joyas figura el magnifico lienzo de
cuatro caras y la planta forman el símbolo del cristianismo,
asl como recuerdan los colgantes que penden de las cadenas Murillo que reproducin1os y acerca de cuyas bellezas nada polas lágrimas que el dolor arranca, y los murciélagos que rema• drlamos tlecir que no fuese repetición de lo que tantas veces
tan la verja simbolizan la muerte. Veintiocho nichos, empla• hemos consignado hablando de las obras del que con raz6n ha
zados en el cuerpo del monumento, cobijados por arquerfas, sido llamado príncipe de los pintores españoles y las cuales se
destinanse á encerrar los restos de las victimas de la catástrofe estiman como tesoros de excepcional valor.
cuyo retrato se destacará en su respectivo medallón. Una cor•
Estatua en bronce de D. Evaristo Amús,
nisa, en cuyos cuatro extremos se apoyan las estatuas de la Abnegación, el Dolor, el Herolsmo y el Marti rio, terminan este obra de D . Pedro Carbonell , fundida en los talleres
segundo cuerpo,que remata en una soberbia columna en laque de los ~rell. Caix&gt;t, de Barcelona. - Un año ha transcurrido
se hallan artlsticamente colocados varios trofeos fo rmados con desde la fecha en que dejó de existir el Excmo. Sr. D. Eva·
los útiles y herramientas de los bomberos, destacándose en la risto Arn(1s, y justo es consignar que á pesa r de las condiciones
cara principal una gran rodela que contiene la inscripción de la especiales de la vida moderna en las grandes capitales, Barcelona
fecha conmemorativa del suceso. En el capitel figu ran los es- guarda vivo y respetuoso recuerdo á aquel distinguido prócer,
cudos de España, Cuba, la -Habana y de los bomberos, y como que después de haber amasado con su trabajo una cuantiosa
feliz remate un grandioso grupo que representa el Angel de la tortuna, sirvióse de ella para fundar benéficas instituciones,
Fe sosteniendo en sus brazos el cadáver de un bombero y con- fomentar las artes y la industria y socorrerá los desgraciados.
Todos recordamos la simpática figu ra de aquel anciano, tan
duciendo su alma á la gloria al amparo de la cruz.
Tal es la obra de Querol y Zapata y tal esel triunfo alcaaza • afable como sencillo, al que jamás envanecieron los honores
do en este q"ue pudiéramos titular Universal palenque. Reciban ni la fortuna . Justo y merecido tributo es el que le rinde su
uno y otro nues tros sinceros pl.ícemes, extensivos á la ciudad familia erigiéndole una estatua en uno de los salones de la
de la Habana, por haber sabido honrar de manera·tan comple- casa de banca que fundó y dirigió, pero no dejarla de serlo
ta y sentida la memoria de aquellos veintiocho héroes que también que esta manifestaci6n intima la acogiera Barcelona,
puesto que D. Evaristo Arnús figura rá siempre y con justicia
merecen figurar en el número de sus preclaros hijos.
en el número de los más preclaros hijos de la ciudad de los
Retrato, por Alma Tadema. • Este pintor, holan• condes,
El escultor D. Pedro Carbonell, que acaba de obtener un
dés de nacimiento, pero naturalizado desde hace cerca de cualro lustros en lnglaterra, cuya soberana le entregó con sus triunfo en el concurso recientemente celebrado en Madrid por
propias manos la carta de ciudadanla, pertenece al ní1mero de su estatua de Vives, ha sido el que ha modelado la del Sr. Araquellos escogidos cuya fama se ha extendido por todo el orbe nÚ¡:1 que es quizás un tanto realis1a, pero bien ejecutada como
y cuyos cuadros se pagan á precios fabulosos. A los quince todas las producciones de este discreto artista catalán, al que
años de edad pintaba, sin haber recibido lecciones de nadie, felicitamos, puesto que ha sabido imprimir carácter y distintiva
su retrato y el de su hermana, que fueron expuestos en 11na ga- expresión á su obra.
lería holandesa: después de uaa gravísima enfermedad, ingresó
en l_n Academia de _Artes de Amberes, desde donde pasó al esJABON REAL
JABON
tudio del célebre pintor belga Leys; en 1861, es decir, cuando
contaba veintitrés años terminó La educodún de los hijos de oETHRIDAC l
VELOUTINE
Clodovto, lienzo que cimentó su sólida reputación; en 1863 se latoa,..Cdo1 ,or ltt(.rif&amp;b1 aN!ru flll la lif{llt 41 la Pill J klll'JI úl Callr

\v_:i:oLET\
2,,¡:::1;;;;¡""

NúMEKO 520

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

799

Las ca.saa e~lljeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ART1STI0A dlrfje.nee para Informes á los Sres A. Lorette, Rue Caumart!D,

núm. 61. París.-La.s ca.se.e españole.e pueden hacerlo en la oficina de publicidad de loe Sras. 0alvet y C.•, Dlputo.o!ón, 358, Barcelona

1

. -. =

FACIIJTA L\ SAUO
I.OsSUFRIMIEftlOS

. ,EnJASE XL
T u,7úw.,_OEl,/111

---- ·----

CARNE y OUINA

Curación segura

il Alimento mu reparador, anido ú Tónico mu e,w¡icll.

VI

oARDUO CON QUINA

DI

la COIIEA, del HISTE!IICO
,:: CONVULSIONES, d,t NERVOSISMO,
de la lgilacion neniosa do las lugera

T CON TODOS LOS PlllliOIPIOS NUT!l!TIVOS SOLIJIILBS DB U CA!INE
c,,1n.~F. y om~.u son Jos elementos que entran en la COml)Osfcion de este potente
l'el)arador do las tuerzas vtt.ates, de este ror&amp;i8caa.&amp;e por e■eele■C!ia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la Anemta y el Apocamiento, en las Caltntunu
y Conoalecenctaa1.contra las J&gt;iamiu y las Ateccwnu del B1tomaoo y los tntesttnoi.

en el momento

deiaMenstruacionyde

EPILEPSIA

Cua.ndo se trata de despertar el apcUto, asegurar las dJgesttones, reparar las tuerzas.
enrtquecer la sangre. enionar el organismo y precaver la anemia y las epldemtas pro,oCld.as por los calores, no se conoce nada superior al "••• de 9ui.aa de .t.rou.d.

LA

Ro, fflO_.,or. en Pario, en casa do 1. FERRÉ, Farmaceirtio,, 102, me Richelieo, Sucesor dtAIIOOD.
SB VBNDB BN TODA.$ LA.S P RlNCLPALBS Borua&amp;
1

GRAJEAS"
GBLINEAU
toda,
la, Fnrmacla,

En

EXIJASE "i!ºt': ARDUO

J.IDUSIIER1C",oleuu1,o,ea&lt;,1ar11

Participando de las propiedades del Iodo
y del Hierro, estas Plrdur..s se empican
espcclalmentc contra las E1croru1as, la
Ti:sh y la Debnt4ad de temperamento,
asl como en todos los casos( PáUdos colores,
Amenorrea,&amp;.•), en los cuales es ncccsarto
obrar sobre la sangre, ya sea para ctcvolverla
sn riqueza y abundancia normales, ó ya nara
provocar 6 regularizar su curso pcrJói!iCo.

Lu
Pe110Du tU COlltUI lH

PILDORASt!DEHAUT
•

110

OE PAAI S

t1_tubean en purgarse, cuando Jo

Dece11tan. No temen el asco ni el esa ..

;anclo, porque, contra lo que sucede con
~s demaa purgante,, este no obra bien
sino ~uando se toma con bueno, alimentos
;y beb1daslortJ.ticsntes, cual el vino elcaf;j
el U. Cada cual escoge, para purgárse, Js'
hora Y la corzuda gue mas Je convienen,
seyua 1us ocupac,onea. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda com ..
pletamenteanuladoporelefectodela
buena alimeneacioa empleada uno
,. decide l4eümente 4 volvér

• empenrcuantar veces
101

necesario,

~ ~ rarmacenuw, eo Parl!,
Ru• Bonaparte, 40

NB

El Joduro de h1crro Impuro O;lJterado
■
• es un medicamento Infiel é Irritan te.
como prueba de pureza y de autenticidad do
las verdaderas Plltlorrrtt ~ :nauco-rd,
exigir nuestro 1e110 de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una cllq.ueta
verde Y el Sello de garantla de la Un i6·n do
Querido enfermo. -Ff&amp;t Vd . .t mi lart• experiencia, los Fabr icantes para lareprcstón de la íals1•
Q
1 hat• uao dt nutttro1 BRANOSdt $AWO,pue, t i/os Ocación.

le curarán de ,u con1t1pacion1 ft darán 1petHo le
derof,erjn el ,ueño 1 la 1/etm. - A11 r,r/r.t Vd.

• SB HALLAN BN TODAS LAS PAR MACIAS

mucho, año,, d11/rut1ndo 11emPt1 dt una buena •alud.

CLO!IÓSJS. -

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~ u':..ruo1oa.

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dirigi~ndoac i loa Sra. Mont1.ner y Simón, editores

flfll,• ti r,,t11t ■ ,,., de l . fAFAH.
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JAR AB E

SOCIEDAD

do Fomento

e ,Nidalla

=dtQto.

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y PA sTA
IIPISIQO!U

~Ull,UI! ,

de H ■ AUBl:'RGIER
-

PREMIO

,, , oo, •·.

con I.A0'1''C'CAl!.roH (Ju,o lechoso de Lechuga)

Ht11 l&amp;::6 •
....
mu..
clltdallo,
d; 11,.,,.

.Ap_r'!bados ~or /a Acndsmia de Medicinn de Paria~ inaertadoa en 11\ t...oJeco,ón
Oficial de Formulas Lagalea por decreto mfo,a,erJal de 10 de 111Jar.zo de 185-f,
e Una com pleta lnnoculd&amp;d, un4 eficacia ¡,c1rcctamontc comprobada en el Catarro

eptdemtco, las BronqutU1. Catarros, Reumas. Tos, asma e trrttucton do la gargauta han
grangeado al

JARA13E

Y ~ASTA

lit: AOBERGIER

una htn1cu~a fama,»

'

(B~ 1racto del Formulano JUdaco del 5" Boudardat talectrdtieo d, la Fi1eullad de Mtdicina (!6, ,dittdtt)
'
Vcu~a por mayo~: COMAR y e•. !S. Calle de Sl~Claude, PARJS
•
•

•

•

•

•

•

•

•

DEPOSITO EN -~LAS Plll:,iCJPAu:s
BOTICAS
,.~ ' , i . \ l . ;

�LA

800

NúMERO 520

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

vida austera y laboriosa, es prenda segura de la
bondad de las obras que de su pluma salen. Marido y mttjer es una novela interesant!sima, sencilla, admirablemente concebida y desarrollada y
que entraila un pensamiento profundo y una lección elocuente de las causas que insensiblemente
pueden convertir en una afección poco distante de
la frialdad el más apasionado cariño de los esposos.
El libro\elegantemente editado por los señores
Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid, forma
parte de la Colección de libros escogidos y se
vende en las principales librerias al precio de 3
pesetas.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
MEMORIA SOBRE PUERTOS OSTRER0S, por don
Cándido Hidal¡o y Bm111Jdez. 7 L~s condiciones
de esta sección y de nuestro periódico no nos per•
miten analizar el problema que plantea el autor
del folleto y c.iya solución considera factible .. Di·
remos ímicamente que el asunto nos parece digno
de estudio y que su importancia, caso d7 ser fac•
tibie la idea, puede com¡irenderse temendo ~n
cuenta que el Sr. Hidalgo se pro~one con su sis•
tema sustituir con grandes ventaJaS las obras de
escollerado por construcciones ostrícolas natu•
rales.

•••

•••

ESTUDIOS JURÍDICOS, por Robustia110 Vera •
- El ilustre jurisconsulto chilenti Sr. Vera ha emprendido desde hace algunos años la noble tarea
de difundir en el extranjero el conocimiento de
la legislación de su patria, y para ello no ha cesado de publicar en revistas españolas, francesas,
italianas, austriacas y americanas interesanúsimos estudios sobre importantes temas jurfdicos,
que le han valido generales elogios. Algunos de
ellos han sido coleccionados recientemente en
Chile y el tomo en que aparecen reuniaos ofrece
no poco interés para todos los que á la ciencia del
derecho se dedican.
El Sr. Vera es autor de infinidad de obras de
derecho, de cuya enumeración prescindimos porque nos ol;iligar!a á traspasar los limites d: esta
sección,

TORQUEMADA, drama de Vlctor Ht,¡o,_ v~rti~o
al espaflol por Francisco Calcag110. - El distt~gu1•
do poeta americar\0 Sr. Calcagno ha publicado
una esmerada traducción en verso de este drama,
conservando en ella las bellezas que á manos llenas derramó sobre su hermosa ~oncepción el más
grande de los poetas de nuestro siglo.

•
••
DISCURSO LEIDO EN LA SOCIEDAD FILANTRÓ·
PICA ARTÍSTICA DE VALLADOLID, por D. L1tis
Zapatero y Gom:ález. - En el ~olenine acto de la
inauguración del curso académico de 1891 á 1892,
el Sr. Zapatero, secretario de la Sociedad, pro•
nunció este discurso en que se demuestra con
buenos argumentos, exp~es!os en correcto es.tilo,
la importancia de la asociación para conseguir la
instrucción de! individuo.

•••
ZARAGOZA ARTÍSTICA, MONUMENTAL É JIIS·
TÓRICA, por A. y P . Gascón &lt;Ú Gotor. - Hemos
rebibido los cuadernos 46 y 47 de e.ta interesante
obra, que contienen, además del notable texto,
cuatro excelentes fototipias que representan: arcos
árabes del palacio de la Aljafer!a; la cúpula de la
iglesia de San Miguel, parroquieta de la Seo; tres
capiteles árabes de la Aljaíer!a, existentes en el
Muse• Provincial de Zaragoza, y un fragmento
árabe de un ancho friso superior del castillo de la
Aljaferfa, que se conserva también en el referido
Museo.
Suscr{bese á esta obra, digna de figurar en las
mejores 'llibliotecas, en casa de les autores, Contamina, 25, 3.•, Zaragoza, y en Barcelona en
la librería de D. Arturo Sim6n, Rambla de Canaletas, 5.
El precio de cada cuaderno (ocho páginas de
texto y aes láminas sueltas en impresión fototlpica) es de una peseta.

•••
T RATADO DEL CULTIVO DE LA REMOLACHA
AZUCARERA, por /orge Dl'rtatt, lradttcido por
Wladi1111r Gl'errero. - El interés que en todo
tiempo ha tenido cuanto con la ~gricultura se re•
laciona aumenta por modo considerable en mo•
mentos como los actuales en que las naciones eu·
ropeas y americanas, llevadas de un egoismo ~al
entendido, se aperciben á una lucha econ6m1ca
cuyos funestos resultados se tocan ya y se dejar~n
sentir más intensamente cada dla En estas cu•
cunstancias, todo lo que tienda á ensancha~ la.es•
fera de producción de un pais ofrec~ especial 1~portancia y merece atento y med11ado estudio.
El cultivo de la remolacha azucarera ofrece por
(&amp;'.a razón anchos horizontes á la iniustria agri•
cola de nuestra patria, y el Sr. Guerrero, disti_n·
guido ingeniero agr_ónomo! ha prestado á _misma un buen servicio vertiendo á nuestro 1d1oma
la excelente obra de M. Jorge Dureau y anotándola considerablemente.
El libro, que lleva ocho hermosas fototipias,
se vende al precio de 8 pesetas en Granada, en la
librerla de los Sres. Viuda é Hijos de P. V. Sabatel ¡Mesones, 52¡ y al de 9 en las demás principales de España.

!ª

•••
ULTIMA JORNADA CONTRA LA DICTADURA,
por Ismael Va/dls Vergara, Secretario general de
la escuadra co~gresista chilena. - Constituye este.
libro una carta dirigida á D. Diego Barros Arana,
en la que se hace una relación sumaria de las
operaciones de la guerra civil en Chile desde 3
de julio á 28 de agosto de 1891, 6 sea desde el
levantamiento de la escuadra basta la batalla de
Placilla, que dió el triunfo definitivo á la causa
constitucional.
Es una obra digna de ser leida por cuantos se
han interesado en los últimos sucesos de la Repú ·
blica chilena, pues en ella está tratado en vigOl'o•
so y sobrio estilo cuanto á los mismos se refiere.

•••
MARIDO y MUJER, por el co11de leó,i To/stoi.
- La justa y universal nombradía conquistada en
el mundo literario por el noble ruso que despreciando los lujos y costumbres mundanos, causa
según él de la casi totalidad de los males que afligen á la humanidad, se ha retirado al campo á
predicar con el ejemplo las excelencias de una

· , y.,&amp;f.lADE8••1E1ro,.
\iJ~
a
..,,,,

DON EVARl~T0 ARNÓs, eslalua en bronce, obra de D. Pedro µrbonell,
fundida en los talleres de los Sres. Cabot, de Barcelona

ª AlimEt~~,~~~~ 16!!1!!.~pandor-.

Enfermedadesd,,Pecho

VINO
FERRUGINOSO AROUD
Pepsina Boudault
T

cox TODOS LOS nuccmos tnJnlTIVOI »• u

CABHB

e.a.an. mll!!IIII• .,_ ellD&amp;t Dtes m01 de mio conUna&amp;do 1

!prüaia por la AC&amp;DEIU H mico,

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
1114a11u •• l&amp;o hpo1lclou1 l1tonadoo&amp;l11 do

PWS - LTOI - nm. PlllJDELPIU •
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D■ U.

las 14rmaclonea de
todu las emineDCIU m6dlcu preubla que 811~ UOCllCklD de la Clarae, el alene y la
9CIJaa oouaULuye el reparador mu enc:nrtco que 18 conoce para curu : la Cwrdní, la
.lM!llflJ, lU
dolorolU, el Jf•,olwte(tttúnlo 11&amp; -'.lteroelolt 41 14 &amp;af19r,,
el RaQum1JNO, w -'./~ tser0/'11,1411111 IWWlnlliau, ele. &amp;1 WI■• •ernstM.. t1e
.u.•• ea, en etec&amp;o, el único que reune lodo lo que en&amp;ona y Corlalece loe orpnoa,
reguJ~ coordena y aumen~ oonalclerablemcn&amp;e lu tuersu ó tnflul&lt;le a 1&amp; MIIINI
empobl'Ul:lda y c1el00lor1&lt;1a : 81 '"""· la C04orllCWII 1 I&amp; lttergfa ottiu.

"""'l'IIIICWflU

.Por. .,.,..• laril, ea wa de J. F!RÚ, fU"1111U111it.o, tOt, nae Richelieu, Sa.cetor a, ilOUD.

a

'QICD•

IUI TODAS 1.U PIUMClPü.U IIOTIC.LB
11
1

EXIJASE

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P. LAMOUROUX
Antu, Farmao4utico

65, Calle Vaanlllera, l'art1.

E! l arab, de Pierre Lamourouz ,,
el Pectoral por excelencia
como edulc'1rant, d, !a, tilana,, á
las cuate, comunica ,u gusto agradable y ,u, propiedade, calmante,.
(a.o.ti dt ,.. Hospltalee)

ELIXIR, · de PEPSIRi IOUDAULT
VINO · · •e PEPSIRl IOUDAOLT
POLVOS, de PEPSINA IOUDAULT

,._JARABE ANTIFLOGÍSTICO
BRIANT
,.
,,,,,..i•, ., ...DE,....
,..

PWS, Purulie COLLAS, 1, 1'11 la.,._

ano tH9ODtuYO 81 prtTUe&amp;l,o ele lllnactcSn. VUIADEU co1rm PUTGIAl con bue
4e ¡oma J dJ aba.1&gt;01e1, convtene 101&gt;r1 -,oao i tu peraonu -deucac1ü como
mQJere1 J lllnos. su &amp;111to e:r.cetente no perJucltca en modo l.l¡uno , 1u incacta
l. contra 101 USRl!DOS 'f toclu lU IIPUJUCJOIIS del PECIO J de 101 DTESffllS. .J

, ... 14,

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:f:tnir
h~ta lu RAICES el Yl!LLO del rostro de lu damu (Barba, Blrcte, etc.). IID
de :ia
para el cutiJ. SO Año1 de Íldto, y millam de tesllmonlos prantuan la eftcada
pellg!O

1 111, ~ la barba. y en 1/2 01111 pan el bigote ligero), Para
los bru:e':;;:.:e(:
j:}11º.,ºU.U.B,
•
D"O'SSER, t ,rue J .. J.•Rouaaeau.Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad :irt!s1ic:1 y literaria
btr.

DF.

MONTANER Y SIM ÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>I

U~1rté!C10t)

Ftí~t1ea
ARO X

BARCELONA 7 DE DICIEMBRE DE 1891

..,.,_ _ _ _ _ __

NúM. 519

Con el presente número se reparte LA HISTORIA DE LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 1870-71, escrita por el conde de Moltke
Primera. edición ilustrada. que se publica. en Europa., acompañada. de un mapa. para. seguir la. marcha. de la11 operaciones
El suscriptor á cuyas manos no llegase deberá reclamarla. al respectivo corresponsal ó repartidor

ESTATUA ECUESTRE DEL GENERAL GATTAMELATA, en Padua, obra. de Dona.tallo

�La

770

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 519

y de las guzlas, al olor de los pebeteros y de los ro- daban destellos de lapislázuli á la sierra Elvira, brusales Ninguno, entre tales infelices, ninguno se daba ñidos de cristal veneciano á las cumbres nevadas,
cuenta de lo que le sucedía; pero á todos les pasaba arreboles rosáceos á los cármenes bordados de noTexto.-Murmuraciones europeas, 'pOr Emi!io Castelar, pales á las torres ceñidas de cresterías, á las mezquiEl Papa en el Vaticano, por Eduardo Toda. -Bonn, por lo que á la flor desgajada del tallo, lo que al tallo
tas
c~ronadas con rotondas de porcelanas, á los kiosJuan Fastematb. -Ntustros grabados. -La hermosaNata/ia, desgajado del tronco, lo que el tronco desarraigado
por Carlos Iriarte, con ilustraciones de Marold. - S&amp;CCIÓN del suelo. Imaginaos los judíos arrancados á J erusa- cos del Generalife medio escondidos entre los bosCIENTÍFICA: Sopltte de esencia mineral y ten110-cauterio. lén;y conducidos al cautiverio de Babilonia; los he- ques de mirtos, adelfas y cipreses. El cielo espléndiTramportt de fJaljtlt les á domicilí~ 'º': m_edio de la_ electricido, el sol fulgurante, las montañas encendidas como
dad. - Flu"ca recreativa. La presltdigrtació,i desmburta. Las lenos expulsos por los tártaros de la península y de
las islas que á una esmaltaran todos ellos con los volcanes, la Vega inmensa dilatándose hasta donde
pizarras espiritistas .
cinceles de sus artes y poblaran también con las ma- la vista se dilata, las colinas pobladas por torreones
Grabados. -Estatua ecuestre del general Gal/amela/a, en riposas de sus inspiraciones y de sus ideas; imagi- parecidos á corales gigantescos, la ciudad atravesada
Padua, obrn de Donatello. - La sobrina y' el ama de D. Quipor el Darro y lamida por el Genil, entreabierta y
;ofe de la Ata,u l:a, cuadro de D. Juan Gilbert (Exposición naos los pueblos todos á quienes un destino adverde la Real Academia de Londres, 189n. -¡C/1isl!, estatua so condena en sus decretos á dejar el suelo donde hermosísima como la fruta de su nombre; los arrebode D. Juan Vancell {Exposición general de Bellas Artes de se quedan los sepulcros de sus padres y donde se les de aquella tarde, las púrpuras de aqdel ocaso, las
Barcelona!. -Las primeras lecciones, cuadro de C. van Stet- han mecido las cunas de sus hijos; pues ni los tre- armonías compuestas por la mezcla del susurro de
ten, grabado por Baude. -El acaparador de periJdicos, dilas arboledas con el rumor de las brisas, los aromas
bujo de F. Coradam. - Campesina de la Umbría, cuadro de nos de Jeremías llorando la ciudad viuda y solitari,a,
embriagadores,
las perspectivas ina~abables embeni
los
elegíacos
lamentos
del
clepta
viendo
su
tierra
D. Joaquín Sorolla. -Portada de San ,M artín en Salamat1·
ca . - Un nido de miseria, cuadro de D. Leopoldo Roma· en los lejos del horizonte desde las extranjeras mon- llecíanse como á porfía para despedirse y separarse
ñacb. -Dortor D. Andrls Lamas, ilustre historiógrafo, lite• tañas, ni el plañido de los abdibitas sevillanos com- de aquellos sus reyes y señores, los cuales habían
rato y político americano. Nació en Montevideo en 30 de
completado las grandezas del universo con las insnoviembre de 1817; falleció en Buenos Aires en 23 de sep· parando su do aromado de azahares con las arenas
tiembre de 1891. -Estat11a de D. Eusebio da Guarda, erigi• del desierto y sus palacios encantados con las tien- piraciones del arte. Boabdil al volverse instintivada en la Coruña, obra del escultor D. Ellas ~artín, fundida das del aduar y sus jardines inacabables con el oasis mente para despedirse de aquel suelo, vió de un
en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª, de Barcelona. estrecho y pobre, pueden compararse al llanto y al lado el pico de Muley-Hacem, donde reposaba su
- Fig, t. Soplete de esencia mineral de M. Paquelin. - Fi•
padre; de otro lado el hijo de sus entrañas engendrag.ira 2. Termo -cauterio', nuevo modelo de M. PaqueUn. - sollozo de los granadinos, abandonando aquella tieFigs. I y 2. Las pi:tarras espiritistas. - c~a de patos, cuadro rra de fuego templada por las nieves, aquellos jardi- do para tanto paraíso, pero sin poder poseerlo; y
de D. José M. Marqués, adquirido por la Diputación pro- nes de Asia regados por manantiales y fuentes y uniendo á los recuerdos profanados las esperanzas
vincial de Barcelona.
arroyos clarísimos, aquella puerta del Edén tras la desvanecidas que cubrían como de duelo aquella
cual columbrábanse las prometidas huríes y ante la tierra milagrosísima, dijo adiós á Granada y lanzó un
cual se anticipaba el ánimo los goces prometidos en amargo sollozo que hubiera partido las pied;as. Pero
el Paraíso por su religión. Así los unos iban á dar el no partió el corazón de su madre A1xa, qmen gu~rMURMURACIONES EUROPEAS
adiós último á tal ajimez, que les recordaba un sue- dando su indómita naturaleza y su complexión mPOR OON EMILIO CASTELAR
ño de amor; los otros á tal mezquita, bajo cuyas bó contrastable hasta el fin de aquella tragedia, díjole:
vedas
habían creído recibir revelaciones del cielo; &lt;Llora como mujer lo que no has sabido guardar y
El Centenario de Colón y Granada. -Grandes recuerdos bis•
tóricos asociados al descubrimiento de América. -La rota casi todos á los patios voluptuosos, á las albercas defender como hombre.&gt; Pues aún debian los lade tos moros y ta expulsión de los judlos. -Pueblos viejos y cristalinas, á las celosías recatadas, á los alham!es mentos de Boabdil perdurar en su recientísimo despueblo~ nuevos: - ~a China y_ sus conmociones. -An!iguas multicolores, donde naturalmente dejaban arreboles tierro cuando Colón se partió regocijado á Huelva
industrias ecles1áshcas encammadas á penetrar en Cbma de su alma y de su vida. El viejo santón, reflexivo y y Palos con la orden de reunir para su disputada
Los primeros exploradores. - El patriarcado griego en Conssolemne, aún podía recatar sus grandes dolores y expedición levas marinas y armar investigadoras catantinopla, -El nuevo patriarca.-Conclusión.
ver aquella catástrofe con ojos enjutos y parecidos á rabelas. Y en efecto, así como coincidía con la paresas nubes del estío, las cuales relampaguean y no tida de Colón desde Granada á Palos el definitivo
I
llueven. Pero los jóvenes de condición guerrera, ore- triunfo de nuestra España sobre los árabes, coinciPor mucho tiempo, durante todo el próximo ar.o, yendo que aún alcanzarían vencer al destino, lanza- día con la partida desde Palos á su primer viaje la
hablaráse del Centenario de Colón entre los pueblos ban toda suerte de maldiciones por aquellas sus bo- expulsión de los últimos judíos restantes en España.
cultos, con especialidad entre los españoles de todos cas cubiertas con espull)a de hiel, y las pobres muje- Junto á las carabelas que al amanecer llenaban del
matices y los americanos de todas procedencias. Así res, incapaces de callar sus sentimientos, proferían clamoreo de sus tripulaciones regocijadas, en una
no puede maravillarse la solicitud con que acuden en alaridos tales, que poblaban como una tempestad mañana del mes de agosto de 1492, el cielo y el mar
mur.has municipios en demanda y petición de un aquellos aires cargados con las evaporaciones de de Huelva con esperanzas generadoras de un munreconocimiento público del derecho suyo á la con- tantas lágrimas no disipadas por los clarines y por do nuevo, pasaban los últimos judíos, cual sombras
memoración gloriosa de antiguas esceoas históricas, el Tedéum de la victoria. Al fin, precedidos todos y espectros de un templo caído y de un mundo
enlazadas con suceso tan humano y universal como aquellos infelices de largas recuas, sobre las cuales muerto, los cuales todavía no han purgado el haber
la invención del Nuevo Mundo. En estos mismos iban sus tesoros más ricos y sus muebles más ama- desconocido una revelación del progreso. ¡Ah! Sunt
días varios comisionados, por todo extremo ilustres, dos, emprendieron el camino desde Santafé á la la~imfZ rent111.
del puebl6 granadino han puesto porfiado empeño Taa de Orgiva, donde iban por el pronto, dando á la
III
en la recordación del papel representado por su bella ciudad las espaldas. El paso era lento, como de
ciudad dentro de tal épico poema viviente, y beles quien huye al objeto amado. Un silencio profundísiY puesto que hablamos de naciones viejas y naasegurado yo mi pobre concurso en la consecución mo siguió naturalmente á las primeras explosiones y
y logro de su legítimo deseo. Aparte Barcelona, pri- estallidos del dolor amargo. La comitiva, con haber- ciones nuevas, no faltaré al ministerio mío de cronis•
mer glorificadora de Colón, tienen derecho á con- se depurado y reducido todo lo posible, formaba por ta departiendo con mis lectores un poco acerca del
memorar el Centenario Sevilla, donde halló Colón su número y por su importancia como un pueblo Celeste Imperio, cuyos alardeas de intolerancia '
poderosísimos y desinteresados valedores; el Puerto, Y este pueblo se unía indisolublemente, por la inte- traen á mal traer las cancillerías europeas, ocupadas
en cuyas playas vivió largo tiempo junto á sus ami- ligencia y por el corazón, á·la tierra que iba dejan- en defender sus respectivos naturales y súbditos al
gos los Medinacelis; Córdoba, que presenció sus do atrás mal de su grado. El hombre, como compen- incendio y al degüello en que han entrado con furor
afanes y auxilió con recursos de ilustres familias cor- dio de todos los seres, pertenece también á los mi- los chinos. ¡ Pueblo incomprensible! Habiéndose
dobesas á los vast!simos proyectos y á las audaces nerales y á las plantas, y necesita, como éstas, respi- adelantado á todos en descubrimientos, dióse tal
investigaciones del descubridor; Málaga y Baza, las rar el aire y absorber el jugo de la natal atmósfera y traza que, inventor de la imprenta, de la pólvora, de
cuale~ en sus asedios le vieron pelear como un sol- de la tierra natal. Y los fugitivos se creían unos con la brújula mucho antes que los demás pueblos, hase
dado; Huelva, de antiguas experiencias marítimas, aquel suelo predilecto; por eso todos los ojos se quedado como inmóvil y rígido en sus invenciones.
puestas en la suma de datos reunida por aquella atristaban como las luces al extinguirse y todas las Y sin embargo, nosotros, los europeos, á pesar de no
mente creadora para la solución de su problema; La frentes se caían hacia abajo como las flores al secar- querer nada con sus personas, resucitamos su filosoRábida, primera y principal en darle dos capitales se. El paladar no queda otros frutos que los frutos fía. Sabido es lo que priva Scbopenhaüer hace mucho
protectores, el guardián de aquel monasterio y el de aquellos huertos, ni las fauces otras aguas que las tiempo en la ciencia germánica, y sabido es que
cosmógrafo y médico Garci-Fernández; el Palos, de aguas de aquellos manantiales. El pensamiento se Scbopenbaüer extrae su filosofía de una religión chilos Pinzones y del primer vi~je; la Vega edénica y la fijaba por modo intuitivo en que hasia el polvo de na, la religión Buda y los budistas. Esta religión prociudad oriental, testigos tanto de las capitulaciones las vías recorridas se formaba con átomos despren- venía de los indios. Pero se diferenciaba tanto del
entre los inmortales monarcas y el ignorado adivino didos de las generaciones muslímicas ali( enterradas. brahmanismo politeísta como pudiera diferenciarse
como del costoso y &lt;)efinitivo triunfo alcanzado so- Cada cual pensaba en el sitio consagrado por algún un judío monoteo del persa ó iranio pagano. El b11bre la superstición por el saber y por el genio. Así bendito recuerdo, por alguna escena familiar, por la dismo no era tanto la religión de Dios como la relicomo la fe busca las huellas de los reveladores divi- sombra de un ser querido, por la reminiscencia de gión del alma Su dogma capita\ísimo y primero estanos en todas partes, en Jerusalén y en el desierto, la vida pasada, por un sollozo. por una oración, por ba reducido á la espiritualidad é inmortalidad del ser
debe la ciencia buscar y consagrar los lugares testi- una lágrima. Imposible saber todo cuanto nos une invisible que nos anima. Y después de haber proclagos de las glorias allegadas por sus reveladores y por con el terruño á que nos hallamos adheridos hasta mado estas dos ideas, tan acordes con todo cuanto
sus mártires. Además los pueblos necesitan saber después de abandonarlo y de perderlo. Boabdil iba nosotros creemos, proclamaba la transmigración de
su historia. Y ninguna ocasión de suyo tan propicia pensando en todas estas cosas conforme se iba diri- las almas, ó séase una especie de sucesivo paso despara enseñar á los españoles el conjunto de sus re- giendo á su triste destierro. Caballero en el corcel de uno á otros cuerpos en .progresión ó retrogradacuerdos como este aniversario, el cual tanto evoca árabe que montó para salir de Granada, precedién- ción perpetua, según el mérito ó demérito de sus acnuestros aciertos como nuestros yerros,
dole su primogénito, á caballo también, á sus dos ciones y de sus obras. Mas ¿para qué proclamaba el
lados se veían su madre y su mujer, igualmente silen- budismo esta esencialidad y esta superior fuerza del
II
ciosas y entristecidas. Quizás por la vez primera de alma humana? Para luego murmurar en sus oídos el
s~ existencia Moraima no ponía los ojos en Boabdil, suicidio. La suprema felicidad para Buda está en la
En tanto que del torreón de la Vela subían Ten- smo en todos los objetos de que la separaba su mar- nirvana que quiere decir á la postre tanto como la
dilla y Mendoza, conseguida ya la rendición, aquella cha Por fin, al caer la tarde solemne de aquel día nada. Huyendo los hombres del dolor siempre, han
su escalera inolvidable, Aixá, Moráima, las mujeres terribl: llegó la corte granadina, como en tropel y de tener por fuerza una seguridad, la de que únicadel harén, los príncipes de la sangre, los santones y confuStón, al célebre boquete conocido con el nom- mente hay dolor en la existencia y en la vida. El que
faquíes del palacio árabe dejaban las estancias don· bre de Padul y que separa los valles alpujarreños del no vive no padece. De aquí la fuga inconsciente que
de tantas veces vieran la palabra felicidad grabada v~lle regado por Darro y por Genil El sol se iba po- todos los seres toman desde las cumbres del ser y de
en las estalactitas de sus t~chos 1 ªl §Oll ge las brisas mendo tras los montes de Loja, Sus últimos rayos la vida por necesidad hacia los abismos de la muerSUMARIO

1

LA ILUSTRACIÓN ARtlST1CA

te. Extinguirse por
completo, suicidarse, buscar la no exis
tencia, dormir en la
nada, por el aniqui
}amiento despeñarse
hasta el no ser, lle gar á un abismo y á
un silencio mayores
que todos los contenidos en el sepulcro: he aquí la verdadera religión; he
ah( la verdadera mo ral. Creedlo: una
doctrina de tal suerte contraria con el
ser, una doctrina
propagadora del suicidio, no podía, no,
dar ni al hombre r
menos á la mujer
aquella dignidad indispensable para
que sea el alma humana un resumen
del alma universal y
para que la dignidad
humana se alce á sus
esenciales derechos.
Libros que se llaman
á sí mismos vehícu•
los para con más ó
menos precipitación
ir al no ser, no podían dar leyes de
vida muy aceptables
y sabias. Buda sólo
piensa en transportar los seres del
océano de dolores
donde han caído á
la nirvana, ó sea,
desde la vida con
todas sus manifestaciones á la muerte,
y á la muerte completa y eterna. Subir,
pensar, extasiarse
por medio de la idea
en los arquetipos
eternos; conocer la
santa verdad y de la
santa verdad virgen
y madre sacar el bien
para esparcirlo en
todos los mundos y
en todos los seres:
be aquí la ley moral
verdadera, por I o
mismo que se halla
tan apartada y distan te del suicidio
prescrito en las reljgiones chinas como
supremo fin de nuestra existencia. El
pueblo chino, entregado á la teo\ía del
LA SOBRINA
aniquilamiento, ya
que no ha podido
suicidarse todo él
en masa, por impedírselo propensiones tan poderosas ~n todas las especies como el instinto de conservación Y de_ reproducción, se quedó en algo á la muerte par:c1do, en
la inmovilidad Y de aquí su odio al extran¡ero Y su
aislamiento del mundo. Para conocerlo hay que engañarlo identificándose no ya con su modo de pen·
sar con su modo de ~er. Así nadie ha penetrado
ta;to en China y hala conocido tan bien como los
jesuitas.

77 l

Francisco Javier,
cinco años en que
no descansó una
hora su febril inquietud. Ya le sirvieron
de apoyo las armas
de las milicias portuguesas, ya el poder de las autoridades políticas y civiles de aquella monarquía; pero muchas otras veces fiólo todo al milagroso
efecto de su palabra
y á la virtud creadora de su ejemplo.
Y fuesen sus motivos y sus actos los
que quiera,no puede
dudarse, no, de SI.!
aptitud, sobrenatural cuasi, para iniciar
esas peregrinaciones
religiosas y evangé·
licas, las cuales pasmaban más que convencían á los pueblos, y por cierto
tiempo los inclina·
ban á una doctrina
con propensiones invencibles, aunque
pasajeras; pues al fin
y al cabo reinaban
con su imperio natural sobreaquellas tri·
bus el temperamento propio, la religión
recibida, la naturaleza externa y Ias
supersticiones bi,tóricas. Hasta en las
obras y empeños del
apostolado asiático
· se muestra la índole
de los jesuitas mundana y ascética, vehemente y hábil,
con presentimientos
proféticos y cálculos
matemáticos, mezcla informe de abnegación individual y
de tristísimo egoísmo. Nada tan curioso en la historia del
mundo como el método empleado por
el jesuita Ricci para
influir en costumbres tan arraigadas
como las costu robres chinas r en
Imperio tan misterioso como el Celeste Imperio. Grande
tentación para estos
apóstoles con mezcla de aventureros
y EL AMA JJE DON QU JJ OTE DE LA MANCHA, cuadro de D. Juan Gilbert
el
saltar la muralla
(Exposki6n &lt;le la Real Academia de Londres, 1891)
ideada por seculares
y antiguos recelos
ni siquiera imaginarse por la fantasía más exaltada. para sorprender los misterios de una religión cercaLa vehemencia de los supersticiosos mézclase ¡.,or na de suyo al seno de la naturaleza y cristianizar
verdadero milagro en ellos con la perfidia de los es- unas castas en las cuales dominaba el antiguo esp(tadistas. Ningún mártir capaz de llegará tanta exal - rítu asiático y las ideas teológicas engendradas en las
tación y ningún político, ninguno, capaz de tantas entrañas mismas de aquella vieja tierra ó bajadas
previsiones y cálculos. Las contradicciones más dis• como gotas de lluvia del seno de su atmósfera. Ricci
pares mézclanse con asombro del mundo en la obra es el tipo acabado, más aún que San Francisco Jamaravillosa de estos apóstoles. Jamás estuvieron tan vier, de la propaganda jesuítica. Deseoso naturalcerca la abnegación y la habilidad. Es cierto que mente de sorprender y sojuzgar aquella sociedad con
algunas veces apelaron á la jurisdicción política de delicadezas de cultura y achaques de barbarie, deslos gobernadores y á la fuerza incontrastable de las ciñóse la vestimenta de jesuíta y ciñóse la vestimenIV
armas, cual hizo en Goa San Francisco Javier; pero ta de mandarín . El austero hijo de Loyola, envuelto
Las dos misiones características de la Sociedad también es cierto que otras muchas veces sólo tu- como un cadáver en su negra sotana, mortaja más
de Jesús ¡ah! son las dos en la China y el Paraguay vieron para defensa y para su propaganda la palabra que vestidura, ciñóse los multicolores trajes y las
respectivamente. Ninguna obra que tanto muestre ~u y la idea, como para premio de sus obras y para vistosas insignias del mandarín chino. Y conociendo
grande actividad mezclada con su tenaz constanc1a1 lustre de sus nombres el sacrificio y el martirio. cómo las ciencias privaban all( entre aquellas gen·
b
El Afri·ca yerma y estéril, como el Cierto también que muchas veces atendían estos tes1 comenzó por propinarles enseñanzas matemáti,
mnguna o ra.
. d e m1s10neros
··
· 1·
·
Asia henchida de recuerdos y la joven Am énea
r:natena
1stas _an~es á un bauhzo
externo cas para concluir por propinarles enseñanzas religio•
.
s
henchida
fueron
á
una
en
la
que
á
una
rnterna
conV1cc1ón.
Bastábales
con
que sas. El cielo era el libro de tales razas y al cielo misgran dwsas esperanza
'
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d lE
malla espesa del complicado y difícil orgamsmoáJ:·
a !OS ec
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a r111;osa eá 1 va~ge- mo les convirtió sus ojos, á fin de que allí estudiasuítico envueltas. Sus misiones pasman por lo r ~1- dio, aunquedta ec ardar.1 n ¡am sd egase os ?n• sen como un proemio de las revelaciones evangéli1
d
t - ¡ d O haber sido en su mayona os senos e1 ama,
onde verda eramente arraiga cas. Convencido profundamente de que necesitaba
as,fy sus nun os edn!an hoy no ya creerse, pero . toda idea religiosa. Cinco años duraron los viajes de muchas trazas antes que muchas ideas para persua,
t an ugaces apenas po r

t

r~ra~

".r

�NúMERO 519

LA lLUSTRACION ARTISTlCA

772
dir á los pueblos que viven allá en los albores de la
historia y en los confines del Oriente, dijo como su
Evangelio no era u? origina~ y singular libro! sino la
renovación de los libros antiguos de Confuc10. Moral sencilla, teología positiva, espíritu práctico; he
ahí las grandes cualidades reconocidas por la historia en el revelador asiático. Y los jesuitas idearon
un sistema en consonancia completa y en relación
estrechísima con todos estos caracteres históricos de
una obra verdaderamente secular. Los ritos antiguos
mezclábanse á los ritos cristianos; la idea de un
Dios sin el complemento de la Trinidad ni las jerarquías de los ángeles brotaba del seno de todas aquellas sus afirmaciones como qogma común á todos los
cultos; buscábase más la virtud 1;11oral que la verdad
dogmática; y se concluía, sin decirlo,
en que una vida de pureza y un hábito continuo de practicar el bien
concluyen por allegar tanto la salud
eterna como la salud temporal á los
hombres verdaderamente religiosos.
Así es que la escuela jesuítica no tenía escrúpulo, cuando se lo aconsejaba la necesidad de su propaganda
y se lo imponía el deber de su apostolado, en buscar un fondo común
de doctrina que conviniese á todas
las religiones y que preparase á todos
los religiosos para la profesión de las
ideas y para la práctica del bien. Lo
cierto es que llegaron á la corte misma del emperador y tuvieron con él
una gran privanza. Los calendarios
chinos para el palacio imperial fueron redactados por los misioneros,
quienes predicaban libre~~nte, á
cambio de tan claros serv1c1os, la
verdad evangélica. Chunt·Chi fué por
entonces el verdadero protector de
los jesuítas, quienes le amaestraron,
así en la astronomía como en la óptica europea; le proveyeron de cañones fabricados á nuestra usanza, y le
dejaron más de cien to cincuenta
obras para su biblioteca, escritas to·
das ellas en chino corriente. Necesitóse la febril actividad, la constante
perseverancia, la increíble destreza
y hasta la perfidia misma de los jesuítas para entrar y residir allí, donde
se consideraba crimen la extranjería
y criminales á los extranjeros. Bien
es verdad que aquellos hombres tan
desasidos del mundo en general se
asían á las prácticas de la región que
habitaban con una grande y extrema
flexibilidad. ¿No podrían los colonizadores modernos copiar un poco de
tal destreza?

Ite~as
con que_ la Iglesia condena siemp~e á los here1es y á los s1monía_cos y los manda al mfierno en

un sistema viejo mío, consistente de suyo en unir los
hechos diarios con los hechos pasados, para que se
vea cómo duran las ideas y las instituciones en el
seno de la humanidad, y cómo lo presente de lo pasado en esta vida proviene. Corría el año 10541 y
desempeñaba el patriarcado de Constantinopla Miguel Cerulario, arzobispo inquieto y ambicioso. No
bien exaltado á la sede patriarcal, publicó devoto
escrito contra )a sede pontificia. El papa León IX
contestó á esto con los reproches siguientes: «que
el patriarca de Constantinopla osaba tomar el título
de ecuménico en abierto desacato á la sede apostó·
lica; 'que permitía á casados abrazar el sacerdocio
conservando )a mujer; que borraba del símbolo de
Nicea la palabra jiliot¡ue1 en el símbolo de Nicea

compañía del demonio y de los ángeles protervos,
Y_ no s~ conte~taron los_ l~~ados con esta excom~món_ ruidosa, smo que d1~1gLéndose al em~erador bi zanti_no! le amen~zaron a su vez con calificarlo de
procit;ti~a, es de~1r, mezclador d~ la levadura ~I pan
eucanst1co_, herejía muy aborrec1~a de la Iglesia romana. Existen contra la narración_ q~e acabamos
de apuntar grandes y vale~eras_ obiec10nes pre~en•
ta~as por parte de los h1stonadores eclesiásticos
gnegos. Según éstos, los legados no excomulgaron
al patriarca e~ su presencia, ni dijeron 111 emperador las anteriores amenazas. Informados de to??
cuanto pasaba, ~uardaron profunda reserva,_ y dmg1eron sus exaltadas excomuniones á
la salida de Constantinopla. Acciden ·
tal todo esto, lo esencialísimo es que
las dos Iglesias se dividieron en tiempo del papa León IX y del patriarca
Miguel Cerulario para no volver jamás á reunirse, por lo menos hasta
nuestros mismos días. Pocos papas
ofrece la historia de Roma y pocos
patriarcas la historia de Constantinopla que deban calificarse de tan baladíes é insignificantes como los dos
célebres á cuyos nombres va unido
el terrible cisma de Oriente. León IX
aparece á los ojos de la posteridad
como un caballero feudal sin entrañas, y Miguel Cerulario como un
cortesano bizantino sin conciencia.
Instrumento del emperador Enrique III aquél, sólo se curaba de sus
placeres, teniendo olvidados por
completo el catolicismo y la alta dignidad del catolicismo proveniente y
por su persona representada; y este
patriarca oriental pasaba su vida en
conspirar con los pretendientes y en
oprimirlos cuando salían victoriosas
las conspiraciones, vestido de púrpura y calzado de perlas, como un profano césar, representando así ambos
á dos la vileza de la decadencia y la
corrupción de grandes y veneradas
tradiciones. Lo cierto es que el cisma se consumó y que, á consecuencia del cjsma, los griegos ortodoxos
pudieron huirse de los papas romanos en el siglo undécimo para caer
cuatro siglos más tarde bajo la férula
de los sultanes, terrible servidumbre,
la cual dura todavía, pues la sublime
puerta nombra hoy los patriarcas de
Constantinopla. Sic fata voluere.

NúMERO 519

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para conseguirlo fuí al Vaticano con el vestido de
g_ala de mi oficio, el respeto en la conciencia, la seriedad en la frente, decidido á ver en León XIII á
la Santidad exaltada y á la Soberanía caída, al augus-

773

que se hundió en el polvo de la capilla Sixtina ante
el a~gusto símbolo de universal creen~ia, no ha de
ergume aquí cobarde para menospreciarle ó comba
tirle. Quizás aún, registrando los pliegues más ínti-

la biblioteca, centros de información y depósitos de

rciencia que no tienen igual en el mundo: bajemos á

San Pedro, para ver sus naves y su cúpula sus espléndidos altares y sus magníficos mausol~os. Sólo

Madrid 27 de noviembre de 1891.
~

V

~~

EL PAPA EN EL VATICANO
Vamos á otro negocio de impor·
Líbreme Dios de jamás dedicar
tancia europea, con carácter eclesiásmi tiempo á inoportunas cuestiones
tico también: al recientísimo nombrade religión ó dogma. Aparte de que
miento de patriarca ecuménico en
las polémicas de este género á nadie
Constantinopla. Parece imposible y
es verdad: el califa de los musulmaconvencen, harto se ha evidenciado
nes proclama en la ciudad inmortal
en nuestros días cómo las ideas rede Constantino al jefe supremo de
ligiosas que descienden en campo
los cristianos orientales. El santo Síabierto se trocan con frecuencia en
nodo propone; pero nombra el sulbanderas de partido, provocando con
tán. Aquella corporación eclesiástica
su
lucha activa todas las divisiones
¡CHIST!, estatua de D. Juan Vanee!!. (Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.)
tiene un derecho análogo al de nuesy todas las intransigencias. La fe set.ros gobiernos en la provisión de
rena y tranquila, que se alberga en
obispados, la presentación; este . sumo imperante, contenida; que observaba las purificaciones judaicas el interior de la conciencia ó en el fondo del corazón,
aunque infiel, un derecho análogo al de nuestros negando la comunión á las recién paridas; que des- huye el debate y guarda celoso retiro donde ni la
pontífices, el nombramiento. Los candidatos eran conocía la virtud del bautismo latino y lo completa- miren ni la empañen. Dejémosla, pues, en el casto y
un obispo de la famosa Heraclea, muy batallador, y ba con el bautismo griego; que vendía y compraba virginal reposo que nunca debiera turbarse ni ofenotro de la silla de Derkon, más transigente. Las dos los dones de Dios como los más terribles simonía- derse.
propuestas ha borrado el Gran Señor en prueba de cos; que admitía los eunucos al sacerdocio; que emPorque á nadie quiero ofender yo, pobre viajero
su autoridad eminente sobre la Iglesia griega. Y él pleaba pan con levadura en la hostia; que borraba que en largas expediciones á todos los países del glomismo ha elegido su candidato, designándolo al de los dípticos orientales los nombres de los papas bo, he sacado como primero y más importante fruto
voto y elección de los eclesiásticos helenos. Ha sido romanos; que decía terminantemente á la Iglesia de mis correrías la tolerancia á todos los principios,
éste monseñor Neophitos, obispo de Nicópolys, griega la única Iglesia católica; que cerraba los tem- por extraños ó singulares que en mi fuero interno me
aoepto al jefe de los creyentes musulmanes por sus plos latinos en Constantinopla; que sentía una ene• parezcan. Pisé los umbrales de las mezquitas africacomplacencias con él en la dirección de una iglesia miga implacable á la jurisdicción y á la soberanía de nas, dejando reverentemente mis zapatos al guardián
metropolitana de Bulgaria durante la guerra con los pontífices. Así, pues, el papa León IX envió de- de la puerta: compré tres bastones de incienso para
Rusia. Los griegos le quieren por su ortodoxia, y los legados á Constantinopla con expreso encargo de perfumar la pagoda del dios budista en el extremo
búlgaros, correligionarios y enemigos á un tiempo excomulgar al patriarca Miguel Cerulario. En efecto, Oriente: adoré el tabernáculo en la sinagoga judía,
de los griegos, le quieren también por compatriota presentáronse en la ciudad griega y dijeron el terri- I y tuve en la mano, durante dos horas, el libro de
suyo y por no haber hablado nunca su madre la ble anatema. El falso patriarca Miguel, admitido en salmos que se cantaban en el templo protestante, y
hermosísima lengua del Peloponeso. Estos hechos la Iglesia por la prevaricación, según el sentir y el el cirio rojo en el templo ortodoxo al celebrarse el
hanme recordado las tristes causas que trajeron el hablar de los pontífices, y conservado por la simo- , banquete eucarístico de pan y vino. Al llegar á Roma
cisma de Oriente y separaron á Roma de Constan- nía, indigno n~ófito y eterno prevericador, mancha- quise visitar al Papa, conocer su morada, admirar los
tinopla, causas que apuntaré aquí en observancia de do con gran numero de crímenes, caía bajo los ana- esplendores de su corte y el fausto de su culto, y

I

10 prisionero cuyas manos besé y á cllybs pies caí
humillado.
Al consignar mis impresiones en el papel que
ahora tengo delante, no he de hac~r traición ~ estos
sentimientos de respeto que domman ~ gobiernan
mi carácter. Jamás olvidaré á aquel anciano de venerable figura, volviendo hacia mí ~u mano para atraer
las bendiciones del cielo sobre m1 cabeza; Y la frente

mos del altna, bailara en su tondo amarga pena al
ver que en las horas borrascosas de agitada juventud
pude desertar esa bandera.
Vayamos al Vaticano para ver al Papa en sus fiestas y ceremonias: recorramos las extensas galerías y
los anchos salones convertidos en museos donde se
conservan los tesoros más preciados de la antigüedad y del arte: entremos luego en los archivos y en

nos move~án el interés del viajero que contempla obras
d~ otros tiempos y el sentimiento del artista que admira monumentos de otras épocas.
El Vaticano está abierto á todo el mundo. En su
¡,:m_erta ext~rior descan~au perezosamente algunos
su~os, vestidos con el pmtoresco traje que dibujara
Miguel Angel. Cuando se les dirige alguna pregunta
s.uelen contestar con urbanidad, y aun se prestan

�774

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

519

á acompañar al visitante que busca alguno de los animada por celeste inspiración, con sincera fe im- sus detalles para mejor apreciar el fondo de su cainnumerables monseñores alojados en el palacio. plora la protección de la Beata. A los gritos de las rácter. Y á decir verdad, no me causó la impresión
Las galerías que sirven de paso para sus habitacio- mujeres acuden los vecinos, y un joven, Ramón Pas- que esperaba. Es aquella una fiesta de beatificación,
nes, las de las oficinas, la biblioteca y los archivos tor, desciende al pozo atado con una cuerda, pero es decir, destinada á ceñir la corona de la inmortaen el momento de pescar á Martínez recibe una ava- lidad en la gloria á quien padeció muchos dolores
son accesibles á todos los visitantes del Vaticano.
No lo es tanto la augusta persona que reina como lancha de piedras desprendidas de los muros y debe en obscura vida pasada en la tierra: ábrense los risoberano en los estrechos límites de su palacio y sus soltar su presa; mas de nuevo se zambulle en el agua tuales para incluir en sus listas á un elegido más, y
jardines. Vive el Papa retirado en modestfsimas ha- y esta vez saca á la víctima, que aparece alegre, ri- desde entonces la Iglesia deberá dedicar solemnidabitaciones donde nadie entra: en su cuarto de dor- sueña y con los colores naturales en las mejillas. des, y el sacerdote elevar incienso, y el creyente remir, forrado de amarilla seda, se oculta detrás de Esta contó luego que una hermosa joven, vestida de citar preces al Beato en el seno del Señor. Pues todas
una cortina el blanco lecho y un reclinatorio: al lado negro y con blanco velo en la cabeza, le sostuvo so- estas ceremonias tienen gran importancia cuando el
hay una pequeña capilla donde el pontífice suele bre las aguas: era la monja Inés. Esto ocurría en Es- Papa se I!resenta en la capilla: la pjerden cuando se
decir misa á las siete de la mañana sin más compa- paña en 187 5 y se ha declarado como probado por retira de ella. Y las masas que van á hincar la rodilla en las losas del templo, están tormadas en gran
ñía que la de su camarero. La reclusión de aquel la Sacra Congregación de los Ritos de Roma.
mayoría por simples curiosos.
Decía
antes
que
en
el
Vaticano
se
efectuó
la
cererecinto es completa y absoluta,
Curiosos, para no calificarlos con más acerba framonia
de
la
beatificación.
Ocupó
dos
sesiones.
A
las
Sin embargo, con alguna frecuencia el Papa suele
cambiar su modesta capilla privada por el oratorio nueve de la mañana empezó la primera, abriéndose se. Basta ver, y os convenceréis de ello, á aquellos
contiguo al salón de guardias nobles, donde previa las puertas de la moderna capilla construida por or- individuos quitándose los guantes para mejor mane·
invitación particular son recibidas algunas personas. den de León XII[ detrás de la galería principal de jar los anteojos de teatro que todos llevan. Van allí,
Allí celebra el santo sacrificio, ante el hermoso cua- la fachada de San Pedro. Hallábase la iglesia ador- como irán luego á la Argentina para oir la tiple del
dro de la Natividad que pintara Romanelü, y se le ve nada con sus mejores galas: arañas de tres cuerpos día, ó á Metastasio á contemplar las torneadas forsubh y bajar penosamente las gradas del altar, sos- cubiertas de cirios pendían del techo, y numerosos mas de las primeras bailarinas. No faltan creyentes,
tenido por dos camareros secretos, recitando las pre- hachones ardían en fila á lo largo de las cornisas del pero están en minoría: son esos escuálidos frailes con
ces canónicas con voz clara y breve que desmintiera templo. Ocupaba el altar mayor una gloria resplan- la cruz roja y azul en el brazo ó las barras catalanas
sus muchos años, si al propio tiempo no se contem- deciente de oro y luz, destacándose.en su centro la e~ el pecho, por nosotros mejor que por nadie conoimagen de Inés de Beniganim, vestida con la blanca cidos como trinitarios ó mercenarios: son esas Herplara su vacilante cuerpo y su demacrado rostro.
León XIII apenas recibe visitas. Fatíganle las toca y el hábito negro de las religiosas agustinas, manas de la Caridad que al salir del Vaticano creen
exigencias de la vida cortesana, y no gusta de ofre- teniendo un Cristo delante y una doctrina en la bajar del cielo: son los infelices sacerdotes del últicerse en espectáculo al crecido número de curiosos mano, abierta en el capítulo de la Penitencia. Se mo estado, sencillos y exaltados, que se precipitan
y viajeros que todos los años visitan la capital del aprovecharon los intercolumnios de la nave para le- á besar el polvo de la huella que dejó el Papa. Pero
orbe católico. Enciérrase pronto en sus habitaciones: vantar tribunas reservadas á los personajes más dis- todos estos son los menos: el público está compuesto
vive frugalmente, pasea un poco por las tardes en los tinguidos que debían concurrirá la fiesta, es decir, á de curiosos. ¡Si muchos de ellos hasta han pagado la
reservados del jardín, y dedica el resto del tiempo á los Príncipes romanos, á los Superiores de las religio- entrada al portero de su fonda ó á algún cicerone en
las gradas de San Pedro!
la lectura de su correspondencia, al despacho de los nes y al cuerpo diplomático.
Teatral, más que imponente, es el espectáculo que
La entrada era por medio de papeletas, que se reasuntos urgentes y personales y á la concepción y
ali(
se presencia, desde el cortejo de magnates eclepartieron
con
la
advertencia
impresa
de
que
los
homelaboración de esas encíclicas que de vez en cuando
aparecen ofreciéndose como empírico remedio para bres debían presentarse de frac y corbata blanca, y siásticos que acompaña al Pontífice, hasta los genresolver los modernos problemas políticos y sociales. las mujeres de negro, con velo. La turba suelta de darmes con lucientes cascos y largas espadas que le
Pero diríase que el Papa siente de vez en cuando convidados hubo de situarse de pie en la mitad infe- rodean y los suizos de abigarrado traje que contiela nostalgia de las grandes ceremonias, y las ofrece rior del templo, siendo contenida por doble fila de nen la multitud con sus lanzas ó con sus puños.
al público siempre que tiene para ello ocasión pro- alabarderos suizos que dejaban expedita la comuni- Guardias nobles con golilla y capa negra, ujieres
picia. Los procesos de canonización ó de beatifica- cación del pasillo central. En la parte superior había vestidos de encarnado, zuavos en dobles filas con el
ción y las peregrinaciones de fieles que en invierno dos bancos para los cardenales, los canónigos de San ·remington al brazo, granaderos de peluda gorra que
acuden á su palacio, son con frecuencia verdaderos Pedro y los de San Juan de Letrán, y en su centro parecen haber resucitado de los campos de Waterdías de fiesta para el Vaticano, que se adorna con sus se destacaba un rico reclinatorio de raso blanco bor- loo, todos son actores ó partes decorativas en la funmejores galas y abre de par en par las puertas de sus dado en oro, destinado al Pontífice. Este sin embar- ción que agrada y entretiene. Pero no elevéis la visgo no concurrió á la fiesta de la mañana, que fué ta al cielo, ni queráis allí entregaros á la meditación
grandiosos salones y artísticas capillas.
sencilla,
aunque larga, pues sólo consistió en la lec- y á la plegaria, porque vendría á distraeros aquel
Por vez primera hace tres años asistí á una solemnidad de este género, y he de conservar toda mi vida tura del Breve de beatificación Virgt'nem il/ud agmen, hermoso y variado consorcio de sacerdotes y solda•
el recuerdo de la ostentosa ceremonia. Se efectuaba firmado el 21 de febrero de 1888, y en la celebración dos, y turbaría el silencio de vuestras oraciones el
ruido de los aplausos y los vítores con que se saluda
la beatificación de una re:igiosa española, natural de de una misa solemne en honor de la nueva Beata.
·
A las cuatro de la tarde prosiguió la ceremonia, al Papa.
Beniganim en la provincia de Valencia. Vivió en el
Mas, en la ocasión que he descrito, salí ·contento
siglo xvu, y pasó la mayor parte de sus días al abri- en esta ocasión con asistencia de León XIII. No cago del claustro en el convento de monjas agustinas bía una persona más en la ancha nave, y eran mu- del Vaticano. Habíalo visto engalanado en honor de
de su aldea natal, cobrando merecida fama por su chísimas las que se agolpaban en los corredores y una paisana, y esto satisfizo mi amor propio naciopiedad y devoción, al par que extenso crédito por las salas por donde debía pasar el Papa, cuando éste se nal, pues se quiere más á la patria cuando se vive
virtudes sobrenaturales que las gentes concedieron á presentó custodiado entre dos filas de soldados de lejos de ella.
EDUARDO TODA
sus plegarias y oraciones. Se llamaba Teresa Albi- su guardia. Larga procesión formaba su cortejo, preñana y Gomar; profesó en 1645, tornando el nombre cedido por la cruz y acompañado de cardenales, cade Josefa María de Santa Inés, y murió en 1696, nónigos, abades, camareros, frailes y sµizos. El PonBONN
mejor conocida por el nombre con que pasó á la pos- tífice iba en su silla gestatoria, entre abanicos de
orientales plumas, rodeado por gendarmes con la esteridad y ha sido beatificada: Inés de Beniganim.
Siempre el estudiante hará votos para que la UniSu historia es la eterna de esas mujeres que han pada en la mano. León XIII se adelantó resuelto
huido el fragor de la vida para librarse á las torturas hacia el reclinatorio, y hundiendo la frente en las ma- versidad á que pertenece viva, florezca y crezca, y el
del cuerpo y á los sufrimientos del alma en la sole· nos, empezó á recitar sentidas oraciones que habrían amor que profesa á la que llama alma mater se exdad de la clausura. La madre Inés se entregó entera sido interminables si uno de los mayordomos no dis- tienda también sobre la ciudad, sobre todo cuando
á la mortificación y á la penitencia. Monja de pueblo trajese su atención recordándole la presencia del ésta es hija del mágico Rhin, á cuyas orillas perfuera y se mantuvo siempre, y ello bastóle para que el pueblo que esperaba ser bendecido. En tanto tres madas y llenas de sol se desliza la vida tan dulce,
eco de su virtud llegara á los más apartados rincones frailes agustinos repartían entre los cardenales y altos resonando las campanas y las canciones, encantánde la comarca valenciana, y su carácter se viera dignatarios de la Iglesia láminas con el retrato de la donos los añejos castillos, reflejándose en las ondas
pronto adornado con la aureola de santidad que dos Beata y la biografía de su vida, escrita en italiano por capillas y catedrales, perfumando el ambiente y dilael Protonotario apostólico.
tando el alma el aroma de las rosas y de las vides.
siglos más tarde le ha reconocido Roma.
Levantóse el Papa. La venerable figura de aquel «Quisiera estar perpetuamente en Bonn,» dice con
Inés de Beniganim es una Beata y pronto será una
Santa. Su imagen se halla en el altar, á sus pies arde anciano se destacaba en el animado cuadro, con su sobrada razón la copla estudiantil. Como alumno de
el incienso, y confµndida entre ángeles y serafines solideo blanco, la larga túnica del mismo color y la la Universidad de Bonn en 1856 y 57, saludo reveescucha las oraciones que sacerdotes y fieles le diri- muceta de rojo armiño, en medio de los burdos há- rente y cariñosamente al ilustre Claustro y á la hergen en demanda de su gracia. No cabe ya dudar de bitos pardos ó negros de los frailes que le rodeaban. mosa ciudad de Bonn, que cuenta entre los estudianque el alma de la bienaventurada está en el cielo al Los más inmecJ.iatos se abalanzaron á él para recibir tes de su Universidad dos emperadores, FedericoIII
lado del Señor: la sentencia de un proceso canónico su bendición y besar su mano, y tres agustinos le y Guillermo II. Bonn, cuyos habitantes tienen ese
abierto hace ocho años, así lo ha declarado por sen- pidieron de rodillas que santificara un hueso de carácter espontáneo de tendencia abierta y alegre
tencia definitiva y ejecutoria.
la Beata, encerrado en rico relicario de plata que te- que se encuentra por doquier en la comarca rhiniana,
En autos se ha probado que el poder divino de nían en la mano. León XICI se detuvo unos minutos es el idolatrado Santiago de Compostela de los alehacer milagros residió en la monja durante su vida, ante aquel grupo, habló á los religiosos de la gracia manes; pues alH vivió y mur.ió el más germano de los
y que merced á sus oraciones sanaron los enfermos, de Inés, ·exhortóles á qu.e imitaran sus virtudes, y germanos, Ernesto Mauricio Arndt, que escribió
se libraron de la esclavitud los cautivos, multiplicá- acabó llevando á. sus labios la hermosa reliquia, de nuestros más inspirados cantos bélicos; allí nacieron
ronse los alimentos en época de carestía, hallaron su tal manera consagrada por el sucesor de Cristo en las poesías del cantador de la vida rhiniana, Carlos
camino los extraviados por el monte, y hasta se do- la tierra.
José Simrock, que resucitó nuestras epopeyas; allí
mesticaron los animales y se ablandó la piedra, V . A )as cinco se retiró el Papa r-eparliendo bendi- residieron y exhalaron su alma los prohombres del
Dios le dispensó sus favores, lo mismo durante su cio~es á los asistentes, que doblaban la frente y la arte alemán, los hermanos Melchor y Sulpicio Boisseexistencia en esta terrena vida, que al recordar su rodilla á su paso. De pronto oyóse una nutrida salva rée. Y sobre Bonn flota también el genio de la múmemoria después de su muerte, porque hasta en nues- de-aplausos, sostenida hasta la salida fuera del tem- sica, pues aquel severo paraje meció la cuna del
tros días ha bastado algunas veces la sola invocación plo de toda la comitiva pontifical. La fiesta no había maestro sublime, el sin par Beethoven, cuyos padres
de su nombre para hacer un milagro. Un día, Miguel aún concluido, pues empezóse un oficio nocturno de origen holandés trasladaron su residencia á Bonn
Mart(nez cae en un pozo en Beniganim: su tía Vi- pero la iglesia quedó en poco tiempo desierta.
' en el siglo xvm en que los holandeses enterraban
,centa presenci~ la desgracia y corre á avisar á la ma_He indicado que era aquella la vez primera que la ciudad, y en el camposanto viejo de Bono descandre de la víctima, Josefa María Cu querella, la cual asistía á tal~s ceremonias, y fijé mi atención en todos sa Roberto Schumann, que antes de bajar al sepulcro

NúMERO

519

se sumergió en las sombras de la locura.
El espa~ol _pronunciará siempre con gratitud y adm1rac1ón el nombre de Federico Diez
Yde Augusto Guillermo Schlegel, que ilustraron las aulas de la Universidad rhiniana.
El arqueólogo y el poeta pueden llenar su
álbum de ,apuntes y su alma de estéticos placeres al vmtar á Bonn la vetusta ciudad de
los sabios, que ofrece 1~ vista más bella sobre
1~ corona_del Rhin; los Siete Montes que parec1e~do ~1ete castillos naturales guardan al
BaJo Rhm y nos hablan de Siegfried el héroe
de la Feria de Dragón, mientras los hermosos
escombros del castillo de Godesberg recuerdan á Wotán y las pintorescas ruinas del Arco de Roldán traen á la memoria al paladín
de Carlomagno.
·
¡Cu~ntas lindísimas casas de campo, qué
de qumtas tan frescas hay en Bonn y en sus
hermosas .cer~anías, formando una florida guirnalda d_e Jardines en que se deslíen en primorosos tmtes todos los matices y tonos más
s~aves del iris! Dicen que Trajano tenía una
villa en el pueblecito llamado Dransdorf, que
se encuentra en el Vorgebirge. La empeatriz
Helena, la madre de Constantino, vivió en
Bonn y construyó, según la tradición, la catedral, y cuando Carlomagno emprendió su
campaña contra los sajones pasaba por Bonn.
Esta fué la madrina de la primera fundación
del imperio alemán, invitando Enrique I en
921 al rey de los francos, Carlos el Cándido,
á Bonn para que en territorio neutral en un
buque en medio del Rhin, se deterdiinasen
las fronteras de ambos reinos. Dos veces vió
Bonn las galas de una coronación, siendo
coronado en sus muros el 25 de noviembre
de 13 r4 Federico el Hermoso de Austria y en
1346 el emperador Carlos IV. Desde 1267 en
que ocupaba la silla arzobispal Engelberto II,
conde de Falkenburg, á 1794 tuvieron su corte
espléndida en esta ciudad los arzobispos de
C?lonia. Al Elector Clemente Augusto, cuyo
remado duró de 1723 á 1761,le debeBonnsu
palacio co~ el_precioso y extenso jardín, sus
casas cons1stonales, el palacio de Poppelsdort

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

EJ. ACAPARADOR DE Pl':RJÓDicos,

dibujo de F, Coradam

775
con su hermoso jardín y su sin igual alameda,
y la alameda denominada Baumschule, y el
templo del Elector alentaba á los ciudadanos
á imitarle. El último Elector, el archiduque
de Austria, Maximiliano Francisco, hermano
del emperador José II y protector de las ciencias y de las artes, inauguró en 1786 la U niversidad en el espacioso palacio de Bono.
Antes de emprender su campaña de Rusia
tenía Napoleón en 18u una revista en la ala~
meda de Poppelsdorf. Detrás del palacio del
mismo nombre se levanta el Krenzberg con
s? capilla y su precioso panorama que se extiende hasta la catedral de Colonia. Pero la
plataforma llamada Alter Zo/1 (Aduana Vieja) presenta la vista más magnífica: vense la
~!~meda del Rhin, los Siete Montes, la encomienda de Ramersdorf, la abadía de Siegburgo, la colina de Godesberg, las cumbres de
Rolandseck y del Vorgebirge.
Cerca del Alter Zo/1 se encuentra la calle
más bella de Bonn, la de Coblenza, donde
está la casa de Arndt. En la calle de Bono
núm. 25, vió la luz primera el inmortal Bee~
thoven. En 1889 se estableció una asociación
de apasionados del gran músico que compró
aquella memorable casa para consagrarla á la
memoria del divino maestro.
Cerca de las casas consistoriales, enfrente
de la pirámide del Mercado, en torno de la
cual los estudiantes suelen hacer sus ruidosas
manifestaciones y enionar su Gaudeamus igz·.
tur, se encuentra la renombrada fonda La estrella de oro. En la mesa redonda de aquella
casa se pudo ver, pocos años hace, al catedrático Delins, el conocedor más profundo de
Shakespeare, que vivía E'n Bonn tan solitario
como Schopenhaüer en Frlncfort.
El gobierno de Prusia tuvo el mérito de re
sucitar en 1818 la Universidad.
Bonn es un verjel que con su!t dulces trinos _recrean los pájaros cantores, y para mí es
la cmdad de los recuerdos, la cuna de mis ensueños, el foco en que se encendió mi amor
inextinguible á Calderón.
JUAN FASTENRATH

CAMPESINA DE LA UMBRÍA,

cuadro de J' Sorolla

�UN NIDO DE MISERIA, cuadro de D. Leopoldo Romañach
SALAMANCA.-PORTADA DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN

•

�LA

¡Chist! estatua de D . Juan Vaneen (Exposicióngeneral de'Bellas Artes de Barcelo?a).-La expre~iva fison_omía y actitud del chicuelo es un feliz hallazgo del JOVen y disDr. D. Andrés Lamas.-El doctor Lama~ ~~ció _en creto escultor catalán Juan Vancell, qui"en en el resto de la
Montevineo en 30 de noviembre de 18 I 7 y á los vemt!un a~os bien modelada figura da á conocer sus aptitudes para el dificil
desempeñaba ya el dificil cargo de jefe de policía de dicha ciu- arte que cultiva.
Otras obras de mayor importancia ha producido, mereciendo
dad. Mezclado en los asuntos políticos de su patria. desde la
edad de quince años, sirvió en el estado mayor de Ribera, en citarse entre ellas las estatuas de Goya y de Tirso de Molina,
premiadas en la Exposición nacional, y el modelo del monumento que ha. de erigir~e en A~cal_á de Henares al cardenal
Cisneros premiado también en publico concurso. A estos méritos debe el que le reconoció la Academia de San Fernando y
la plaza de pensionado en Roma que le concedió aquella docta corporación,

NUESTROS GRABADOS

*
••

Las primeras lecciones, cuadro de C . von
Stetten. - Esta composición, de un género inti~o y de extremada sencillez, está avalorada por la nota de sentimiento y por
cualidades de ejecución sumamente notables. El autor, tomando el asunto de la vida ordinaria y desdeñando todo otro
efecto que no fuese la verdad, nos presenta un grupo muy_ bien
dispuesto, formado por dos niñas que aprovechan las lecciones
de su hermana mayor, la cual se complace en enseñarles labores propias de su tierna edad.
La expresión de las fisonomías de las tres figuras es acertadísima y en todo el cuadro se descubre una observación con:_
cienzuda de la naturaleza y una hermosa armonía en la composición .

Estatua. de D . Eusebio da Guarda, er~gida en la
Coruña obra de D. Elias Martín, fundida en los talleres de U. Federico Masriera y C.ª - Los rasgos de generoso
desprendimiento por parte de los poderosos en favor de los
pueblos han sido siempre debidamente apr~ciados; pero en la
época positivista que atravesamos, en que el mterés personal se
sobrepone á todo y predomina el afán de atesorar, estos rasgos
son por lo raros más dignos de prorundo recon?cimiento y de
ser divulgados para que puedan serv1r de emulación y estimulo.
Pocos casos habrá superiores en este sentido al que se está
dando en la Coruña, ciudad verdaderamente afortunada, ya
que cuenta con la respetabilísima personalidad de D. Eusebio
da Guarda, quien prodiga los dones de su fortuna sobre su ciudad natal, dedicando á la construcción de edificios destinados
á la religión y á la enseñanza el resultado de su trabajo y de
los afanes de una vida ejemplarisima de labor y de honradez.
Dió comienzo á su laudable empresa reconstruyendo la antigua é histórica capilla de San Andrés para erigir después un
soberbio edificio destinado á Instituto de segunda enseñanza y
escuela de Bellas Artes, invirtiendo en la realización de tan
importante obra, que diri~ó el distinguido arquitecto _D. Faus•
tino Dominguez, la cantidad de I. 500.000 pesetas, sm contar
las sumas importantes que ha debido salisfacer por el decorado
que han dirigido el pintor D. Román Navarro y el escultor don
Isidoro Brocos. Actualmente prop6nese comenzar en breve la
construcción de un nuevo edificio destinado á tres escuelas de
niños y niñas pobres.
. ,
.
. .
En justa correspondencia a tan grandes beneficios ha rec1b1do el Sr. Guarda señaladas pruebas de gratitud del pueblo de
la Coruña, que acaban de traducirse e~ 1~ erecció?,. por. suscripción popular, de una estatua cie tan ms1gne patnc10, e1ecutada por el notable escultor D. Ellas Martin, de la Real Academia de San Fernando, y fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C.•, de Barcelona.
LA !LUSTRACIÓN ARTISTICA, que se asocia siempre á todo

El acaparador de periódicos, dibujo de F. Coradam. - ¿Quién no ha tenido ocasión de ver en al~ún Ateneo, casino, café ó fonda á uno de esos lectores tembles que
apenas llegan los periódicos del día se apoderan de cua?tos les
vienen á las ruanos y de muchos de los cuales no han oe enterarse por falta de tiempo ó sobra de cansancio? Porque el rasgo
caracterlstico del acaparador de periódicos, no tanto es el afán
de leer mucho, como el deseo de dejar á muchos sin leer: ¡des•
graciado del que pretenda disputarle la presa que él mismo no
ha de devorar! Y lo peor del caso es que nuestro hombre cuan•
do com:enza su diaria tarea se figura de buena fe que ha de
leer todos los papeles que coge, y se le antoja además que su
ansia no podrla quedar satisfecha si los deja sobre la mesa y á
la disposición de los otros concurrentes.
Todos le conocéis, todos sabéis de memoria su tipo, sus
DR. D . ANDRÉS LA~lAS
prácticas y sus costumbres; pues bien: fijaos en el dibujo de
Coradam y habréis de convenir en que el artista alemán estuvo
Ilustre historiógrafo, literato y político americano
Nació en Montevideo en 30 de noviembre de 1817; falleció verdaderamente acertado en la reproducción del uno y en la
exacta pintura,de las otras.
en Buenos Aires en 23 de septiembre de 1891

Dr.

• •*
Estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, en Padua, obra de Donatello. - En Padua,
patria de Tito Livio y de Mantegna, levántase la estatua ecuestre del general Erasmo Gattamelata, caudillo ilustre que entre
sus gloriosos hechos de armas cuenta el de haber defendido á
Venecia contra las huestes de Sforza-en 1438. Modelada por
Donatello, ofrece la particularidad de haber sido la primera
estatua de bronce que se fundió en Italia, revelándose en ella
el vigoroso estilo y la genial concepción de aquel célebre
maestro.

..

**
La sobrina y el ama de D. Quijote de la
Mancha, cuadro de D . Juan Gilbert. - Figuras secundarias en la imperecedera obra de nuestro inmortal Cervantes, no parecen á primera vista muy á. propósito para inspirar un cuadro el ama y la sobrina del ingenioso hidalgo;
pero es tan maravillosa la composición de aquel libro, hállase
el genio del incomparable autor de tal manera reflejado en los
personajes menos importantes y en los incidentes más nimios,
que nada de extraño tiene que después de bien estudiados los
tipos hayan podido servir de tema para una obra maestra
aquellas dos buenas mujeres á quienes tan á mal traer tra!an
las chifladuras del manchego Quijano.
El hermoso grabado que del lienzo de Gilbert publicamos
justifica el calificativo que le hemos aplicado y da perfecta
idea de sus bellezas, pues en él se reproducen fielmente la corrección del dibujo, la severidad de la composición y soore
todo los efectos admirablemente entendidos de clarobscuro,
cualidades que en tan poco suelen tener algunos modernistas y
que revelan las excelencias de aquella buena escuela á que pertenece el autor del cuadro, que es uno de los más antiguos
miembros de la Real Academia de Londres, en cuya última
Exposición fué el suyo uno de los cuadros más elogiados.

NúMERO

519

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

779

Caza de patos, cuadro de D. José M. Marqués.
- La naturaleza en sus múltiples manifestaciones, he aqui la
fuente lldonde acude casi siempre Marqués en busca de inspiración y de modelo para sus _cuadros; y á_ f~erza de admirarla y
estudiarla ha logrado adqu1rir tal d~mm10 sobre ella, que en
todas sus composiciones flota ese ambiente de poesía que constituye el mayor encanto de los ~aisajes_y qu: sólo puede ser
trasladado al lienzo cuando el artista lo siente mtensamente en
el fondo de su alma. Bajo este concepto, Caza de patos es un
cuadro bellisimo, y en punto á ejecución lo estimam?s digno
de figurar al lado de los mejores de s_u_ autor, merecu:ndo la
Diputación provincial que lo ha adqum?o plácemes smceros
de los que por el fomento de las artes se mteresan.

•••

*••

los ministerios, en la Cámara, en los Consejos del gobierno, en
los clubs y en la diplomacia.
Imposible es encerrar en los estrechos límites de esta sección
los hechos culminantes de este ilustre americano que sobresalió
como militar, polltico, estadista, diplomático, escritor, jurisconsulto, bibliófilo, munismático, anticuario y por encima de
todo como pensador profundo y observador sagaz.
Ha muerto á los setenta y cuatro años, dejando una biblio•
teca americana de incuestionable valor, quizás la más nutrida
y mejor organizada de la América lalina, y una verdadera riqueza en pergaminos, autógra_fos, monedas y m~dallas_.
Entre las muchas y valios!s1mas obras que deJa escritas pueden citarse como las principales:
Noticia /iistórica sobre la Rep1lblica Oriental del Un,guay:
Escena de la peste dt 1871 en Buenos Aires: lnstroccio,!es p~ra
la adquisición en los arckivos wropeos de documentos inéditos:
Prólogo á la Historia de la Conquista del Paraguay (este prólogo de 98 páginas en 4.• mayor, es una de las mejores obras
del
Lamas; merece ser conocido y estudiado): Estudio sobre la fabricación de tejidos di lana, en el R{o de la Plata:
Apuntes kistóricos sobre las agregaciones del dictador argentino
D. /uan Manuel Rosas: La legislación agraria de Rióadavia:
Estudios sobre la leg islación agraria de Ribadavia: Estudio
/iistórico y cientljico del Banco de la provincia de Bueno~ Aires:
/oar¡uln Suárez: La patria de Solis: Las lenguas americanas y
Catalina JI de Rusia, y el primer libro del Génesis de la Revolttción .
Con ser algo lo apuntado, mucho más es lo que deja inédito,
figurando entre estos trabajos Ribifdavia y si, tiempo, una de
las obras que con más cariño escribió el Sr. Lamas.

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

• *
Campesina de la Umbría, cuadro de J. Sorolla. - En un periodo de tiempo relativamente breve ha recorrido J oaquin Sorolla el camino en que otros invierten algunos
años. Apenas terminados sus estudios especiale~ en la Escuela
de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, dióse ya á conocer
como pintor de grandes alientos por medio de un cuadro de
tantas dimensiones como interesante asunto, titulado Dos de
Mayo de 18o8, que mereció una primera recompensa en la Exposición nacional de Bellas Artes. A e~te triunfo. siguió el d_e
su pensión en Roma y el de otro prem_10 en la ulu_~a Exposición nacional por su bella cuanto sentida compos1c1ón El en•
tierro de Cristo, en la que el pintor valenciano pudo dar completa muestra de sus cualidades de buen dibujante y excelente
colorista.
La Campesina de la Umbría es un bonito estudio, recue_rdo
de sus viajes artísticos, altamente recomendablt: por su delicada tonalidad.

LA HERMOSA NATALIA
P O R CARLOS IRIARTE. - I LUSTRACIONES DE MAROLD

•

**
Salamanca. - Portada de la iglesia de S . Martín. - Es la iglesia de San Martín uno d~ los templos más
interesantes y frecuentados de la histórica ciudad de Salamanca. Fundado en 1103 por los naturales de Toro, fué presa de
un voraz incendio en 1854, que produjo el hundimiento de la
nave mayor y la destrucción de un magnifico retablo, obra de
Gregorio Hernández, verdadera joya por su arquitectura y estatuas y relieves que lo decoraban y embellecían. Aún pueden
admirarse, sin embargo, los pilares bizantinos que sostenían la
antigua nave, los arcos de comunicación apuntados, los de las
bóvedas laterales, y en las capillas del ábside los suntuosos sepulcros de la familia Santisteban.
U no de sus más bellos detalles es la puerta que reproducimos que da frente á la gran plaza, apoyada sobre seis columnas~ exornada su triple archivolta por florones, roscas y trepados círculos.

• •*
Un nido de miseria, cuadro de D . Leopoldo
Romañach. - Este pintor cubano, pensionado en Roma
por la Diputación provincial de Santa Clara, está por decirlo
asi en los comienzos de su carrera artlstica, que sigue en aquella ciudad bajo la dirección de nuestro ilustre paisano Enrique
Serra. Las lecciones del maestro bien se adivinan en la obra
del discípulo; pero es preciso confesar que éste ha sabido aprovecharlas, pues siendo el cuadro que nos ocupa el segundo envio destinado á la corporación que le pensiona, y no conociendo el· Sr. Romañach, hace dos años, ni siquiera las más elementales nociones del dibujo, fuerza es que en él aliente el
genio artistico para en tan poco tiempo haber producido una
obra como Un nido de miseria, que no vacilarían en firmar pintores de nota. En ella se revela el joven pintor como adepto á
la escuela naturalista de buena ley, es decir, de aquella que
reproduce lo que se ve cuando lo que se ve dice algo, que se
vale de la copia del natural como medio para conseguir el elevado fin del arte; en suma, de aquella escuela que siendo reali~ta en el procedimiento es esencialmehte idealista en el fondo.
El Sr. Romañach en la carta con que acompaña la reproducción de su cuadro nos dice que LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA despertó ea su alma tal entusiasmo por el arte, que desde
entonces hizo propósito de Jedicarse á él por completo.
Agradecemos esta manifestación que nos halaga, porque demuestra propósitos qu~producen los resultados que tanto de•
seamos,

ESTATUA DE D. EUSEBIO DA GUARDA, erigida en la Coruña,
obra del escultor D. EHas Martín
Fundida en los talleres de D. Federico Masriera y C. ª
cuanto sea noble y digno, no titubea en unir su aplauso al del
pueblo coruñés, rindiendo un tributo de c0nsideración á uno
de sus más ilustres hijos.

¡v:roLETl
n,;';:~';;Jaru VELOU

JABON RE.AL
DET HR IOAC E

..,_J.11

11t ulmü&amp;u aMlr pn la ll¡lw

JABON

TI NE

u la hll J kú... 111 Cllll

Una tarde del invierno último, hallándonos en el
club, y apoyado tú en la chimenea, me preguntaste
bruscamente, querido Máximo, con ese tono sarcástico que tu noble corazón, tu rectitud y tu alma sensible desmienten, «cómo me habían pescado ... » y
por qué, verdadero parisiense de nacimiento y de ra·
za como lo era también por mis relaciones y costu~bres, había trasladado mis lares hacía veinte años
allende el estrecho, cazaba el zorro en los condados
en vez de hacerlo con vosotros, y no me presentaba
en París sino en raras ocasiones y siempre de paso.
Por reducido y simpático que fuese el círculo. de
amigos reunidos aquel día en nuestro salón, m el
lugar ni la naturaleza del relato que deseabas m_e
permitían contestar; pero prom~tí hacerte un día mis
confidencias, y ahora cumplo m1 palabr~. Será un relato en tono menor una de esas confesiones que se
hacen en voz baja 'á un amigo del corazón á quien
no se teme dejar ver el fondo ?el alma, habl~rle de
tristezas profundas, de la emb~1ague~ de un Ó1a Y de
los goces tranquilos de una ex1stenc1a que es~ará en
adelante al abrigo de las tempestade_s _de la VI?ª·
Era el año 1867, el de la Ex~os1c1ón U~1versal;
en París reinaba el bullicio y la vida era febnl; entre
nosotros se albergaban lo~ más de los príncipes de
Europa, emperadores, reyes, el sultán; y desde el
czar y el jefe de los creyentes hasta el orgull?so montenegrino, todos habían aband~nado su remo para
asistir á una especie de apoteosis de las artes Y de la
industria del mundo entero. Menudeaban las gala~,
las revistas y manifestaciones sin fin, y cada pansiense (me refiero á aquellos ~ue son algo _c?smop?·
litas por sus viajes y sus relaciones de fam~ha~ tem~
sus huéspedes, de los cuales habías~ constituid~ cicerone, y á quienes hacía, como meJor le era posible,
los honores de ese hermoso París, que tres anos más
tarde ... Pero no se trata ahora de est?:
.
Cierta mañana anunciáronme la v!Slta de un m·
glés, Sir w. w... , que llegaba directamente de las
Indias y presentábase provistp de una carta de _re•
comendación firmada con el nombre de un am~go
cuyo incógnito es difícil de respetar, porque s_u nomb're se ha hecho célebre en ambos hemisfenos Se-

cretario de lord Elgín á ios veinte años, ó... hab{a
recorrido ya todo el imperio de las Indias, franqueado el Himalaya y dado caza al tigre y al elerante con
los más poderosos rajaes; á los treinta años, cuando
ocurrió la sublevación en Yedo, crucificáronle á la
puerta de la legación inglesa, y cruelmente martirizado escapó por milagro de la suerte de nuestro compatriota Escayrac de Lauture; á los treinta y cinco,
individuo del Parlamento inglés, escritor de mucho
valer por el relato de sus viajes y sus novelas de
costumbres, después de sufrir peripecias que tenían
más de fantástico que de real, había renunciado á
todos los bienes de este mundo, rechazando los honores, la fortnna, la gloria, el prestigio adquirido por
una existencia borrascosa, un hermoso nombre escrito con la punta de la espada y un desinterés raro,
unido á las más preciosas cualidades de seducción
personal. Desengañado de muchas cosas, había ido
á establecerse en las orillas del lago Erié, sometiéndose á privaciones voluntarias, al trabajo manual, á
vivir en el seno de la naturaleza, buscando la verdad
en una tranquila exaltación. :Más tarde, elevándose
siempre y desprendiéndose más de todo lazo terrestre, espiritualizado hasta el punto de no interesarse
ya en los grandes acontecimientos que agitan el universo, mi amigo, que había llegado á ser jefe de una
secta y de una religión, vivía en Haffa, á dos días de
Jerusalén, y desde allí lanzó aquellos escritos singulares y apocalípticos en que anunciaba al mundo la
buena nueva.
Sir W. W... fué muy bien recibido: hijo de un almirante. inglés, perteneciente á una de esas nobles
familias sin título, designadas en Inglaterra con el
nombre de Good Family, la reina acababa de reconocer sus servicios nombrándole baronet. Agregado
muy pronto al ministerio de Estado, llegó á ser presidente en uno de los distritos del gobierno de las
Indias, y aunque contaba poco más de cuarenta años
adquirió ~l derecho de volver á la metrópoli despué~
de una brillante carerra. Su salud, por otra parte, se
hallaba algo quebrantada, pues no escapó de las
fiebres, esa terrible caiamidad de las Indias, de la
que estuvo á punto de ser víctima, Seguro de ser

admitido en el Parlamento por sus relaciones de fa.
~ilia y el aprecio del jefe de su partido político,
Sir W. volvía á sostener su candidatura en un condado en que acababa de ocurrir una vacante. Antes de
volver á Inglaterra, quería aprovechar aquella ocas(ón única ?e ver París, la ciudad del prestigio, en
cucunstanc1as que no se reproducirían jamás.
. Se habla mucho de lo repentino del amor; pero la
simpatía y !a amistad se inspiran aún más súbitamente, y sin menospreciar el atractivo divino, los
lazos que crean son más duraderos. A los ocho días
Sir W... y yo éramos amigos; me había referid~
todos los detalles de su vida, y ya la conocía bien.
Parecfame conocer á su padre, viejo marino que le
adoraba; y hasta leía á veces las cartas de su madre
y las de su única hermana, Natalia, mucho más joven que él, y á la cual profesaba el más acendrado
cariño. Como yo era entonces soltero y estaba del
todo li~re, vivíamos _cual ?ºs hermanos, sin separarnos casi nunca; y m,s amigos, no viendo en él sino
la s~perficie, es ~ec_ir, un hombre discreto, muy silenc10so,--de una t1m1dez y reserva increíbles no comprendía~ bien qué género de interés me inspiraba
tan súbitamente aquel recién venido, á quien cono•
cía desde hacía pocos días y que, en el orden pro·
bable de las cosas no volvería á ver, ó por lo menos
á tratar nunca. Por eso cuando iban á invitarme
p~ra alguna partida y yo tenía ya compromiso con
Sir W..., solían decir siempre: «Villemer está con su
inglés,» y nosotros nos reíamos de esto.
La chispa había brotado: Sir W... que leía en ipi
alma _co~o yo en la suya, renunciaba conmigo á
~oda timidez, comprendía perfectamente mi lenguaje
mcorr~c~o, así como yo todas sus frases, expresadas
en un 1d1oma que no poseía bien; y mientras irritado
al ver que los demás manifestaban extrañeza por su
manera de pronunciar, permanecía mudo ante ellos,
en nuestras conversaciones privadas sus palabras no
produc~an ~unca en mí duda alguna; mi amigo hablaba sm dificultad, y hasta con cierto calor que le
permitía extenderse en el asunto de que tratara. Esto
era sin duda el privilegio de una simpatía instintiva,
pues no se me ocultaba que s~ hubiera podido en-

�780
contrar á Sir W ... en un círculo francés sin comprender á primera vista su carácter elevado, ni hasta qué
punto su energía latente y su verdadera superioridad
le convertían en un hombre excepcional.
Gracias á las· relaciones personales de William y á
su categoría, fué admitido desde luego en todas
nuestras fiestas oficiales, á las cuales yo le acompañaba; la simpatía recíproca bastó además para
que mi círculo privado de amigos fuera el suyo propio; la afición y curiosidad que manifestaba por
aquellas pompas y espectáculos, así como el agradecimiento que mostró por el menor servicio prestado,
interesáronme mucho, y á pesar mío me lancé en la
corriente mundana más de lo que hubiera deseado.
Hasta me complacía en hacerle ver lo más inferior
de París, revelándole los secretos que allí se ocultaban; asistimos también á las grandes recepciones
notables, entre otras al famoso baile de la embajada
de Rusia, donde, la misma noche del pistoletazo de
Berezowski y algunas horas después del atentado,
veíamos reunidos en el salón del conde de Budberg
al emperador Napoleón III, al czar, á los dos czarewichs, al que debía ser primer emperador de Alemania y al conde de Bismarck, que no era aún príncipe ni árbitro de Europa. Fuera de esta región esen •
cialmente oficial y de aquella fiesta de aparato, como
Sir W... se mostraba muy curioso respecto á las
personalidades de todo género, hícele conocer á
nuestros escritores y artistas ilustres; le presenté en
los teatros y en los palcos de las divas y de las estrellas del baile; y, Dios me perdone, tomó parte
conmigo en algunas cenas de las que no debía hablar á su familia.
La permanencia de mi amigo en París no debía
prolongarse más de ocho días; pero al cabo de un
mes aún no hablaba de emprender el viaje, apurábamos la copa de los placeres, y gracias á él, yo
descubría París con sus monumentos, sus curiosidades y atractivos. El método de vida, no obstante,
estaba bien ordenado, y mis estudios no se resentían
de ella, pues Sir W .. . como todos los hombres que
han vivido en la soledad, era aficionado á concentrarse en sí mismo; escribía mucho, leía más, y de
este modo respetaba mis horas de retiro. Cuando
entraba en mi gabinete á la hora convenida, si me
veía ocupado tomaba un libro y disimulábase de
tal modo, que podía oh&gt;idar su presencia.
Cierto día, después de una separación forzosa de
veinticuatro horas, le esperaba en casa y no se presentó; y como siempre era muy puntual, sin dejar
transcurrir apenas el cuarto de hora de gracia corrí
á su hotel. No había elegido uno de esos modernos
establecimientos en que el viajero se convierte en
un número y no deja huella de su paso, sino en un
antiguo hotel parisiense, sin etiqueta, sin lujo exterior, sin vastos salones ni comedores magníficos; era
una casa reducida por su dimensión, cómoda, discreta, de buen tono, ocupada siempre casi toda ella
por extranjeros distinguidos, llegados como mi amigo
para pasar una temporada en París y que poco á
poco se aficionan al nuevo género de vida. Así, pues,
allí no existía lo casual, y el Sr. Pablo, hombre importante que administraba aquél hotel de familia,
hubiera exigido probabl_e mente buenos informes al
que se hubiese presentado á pedir alojamiento después de apearse del tren. Uno de los tíos de Sir W.
que iba á menudo á París en tiempo de los Pembroke, de los Hamilton y de los Hertford, había' vivido
en casa del Sr. Pablo durante largos años; el sobrino
llevaba el mismo nombre por una tradición de familia, y Sir W... fué al hotel directamente.
Como yo conocía á todos los de la casa, introdujéronme en los corredores sin encontrar á nadie, y llamé á la puerta de la habitación ocupada por mi
amigo; no obtuve respuesta, y por lo tanto abrí la
puerta sin vacilar, pero en el umb.ral detúvome ese
olor acre que ofende la garganta cuando se entra en
la estancia de un enfermo. La mesa estaba cubierta
de frascos con marbetes y medicamentos; en la alcoba, con la cara vuelta á la pared y casi oculta por la
colcha, Sir W ... yacía en su lecho tiritando de fiebre,
con el cabello adherido á la frente; el cuerpo temblaba á intervalos y agitábale un estremecimiento convulsivo. Interrogué con dulzura al enfermo, que se
esforzó para volverse hacia mí, y hasta pudo sonreir
con expresión benévola. Su voz no era ya la misma
y en sus miradas había vaguedad; y á juzgar por lo
repentino del mal, no se podía dudar que Sir W ...
era presa de un ataque de la fiebre palúdica, de ese
mal terrible de que había escapado ya y que importaba
conjnrar en el acto, so pena de ver al paciente calcinado por el fuego interno. Y mi amigo estaba allí,
solo, abandonado en aquella gran casa, donde se
agitaba, no obstante, todo un pueblo de servidores.
Al punto adopté mi resolución; dentro de una hora
trasladaría á Sir W... á mi domicilio, y allí, con ayuda

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de médicos enérgicos y amigos seguros, le cuidaría y
triunfaría del mal. Llamé, pues, al dueño de la casa,
y con ese aire de autoridad que impone, interroguéle
sobre las circunstancias del hecho. ¿Cuándo había
sufrido el ataque Sir W ... ? ¿Qué se hizo para conjurar la enfermedad y qué se pensaba hacer? ¿Por qué,
en fin, se dejaba al enfermo solo y como abandonado en semejante crisis?
El Sr. Pablo, al reconocer el carácter grave de la
crisis, no tuvo más que una idea fija, no pensó sino
en desembarazarse del enfermo para no espantar á
sus demás huéspedes; así es que, al manifestarle mi
resolución, sintióse aliviado de un gran peso, tanto
más, cuanto que en una reducida habitación contigua
á la de mi amigo alojábase hacía más de diez años
una anciana señora rusa, su mejor parroquiana, á
quien la muerte infundía un miedo terrible.
«Reflexione usted, díjome el dueño, qué desastrosa sería para mí una desgracia en la casa en lo mejor
de la temporada. ¡Tendríamos aquí colgaduras negras .
y un entierro! .. .»
Y según el Sr. Pablo, yo sería un bienhechor y
modelo de los amigos. Añadió que no se debía acusarle de indiferencia; que su establecimiento era una
verdadera casa de confianza donde se dipensaban al
viajero todos los cuidados de la vida en familia, y
que en aquella ocasión no había faltado á su deber.
El médico inglés visitaba al enfermo dos veces diarías, y habíase remitido un telegrama al cuñado de
Sir W ... , con quien el dueño mantenía relaciones
directas y cuya contestación se esperaba. Por último, apenas observó el primer síntoma del mal, como
ignoraba mi domicilio, el Sr. Pablo avisó á dos jóvenes compatriotas de Sir W ... cuyos nombres y
señas me &lt;lió.
Entonces recordé, en efecto, que William me había presentado á sus jóvenes amigos en una comida
con que nos obsequió en el café Voisin. En su consecuencia, antes de poner mi proyecto en ejecución,
juzgué oportuno consultar á dichos señores y ver
después al médico, exigiendo por el pronto al dueño
del hotel que enviara á buscar una enfermera para
mi amigo.
Al doctor no se le encontraba en ninguna parte;
y en cuanto á los dos jóvenes ingleses, cuando me
presenté en su casa hallábanse en el terrado de las
Tullerías jugando á la pelota. Dirigfme allí muy ex•
citado é inquieto, sin conservar tal vez toda la calma
necesaria para dar cuenta del incidente. Esperé algún tiempo en el terrado, y después me introdujeron
en una especie de palco cerrado, desde donde veía á
dos jugadores, vestidos de franela blanca y cubierta
la cabeza de un casquete con galón de oro, devolverse la pelota hábilmente, muy atentos y sobrexcitados.
La voz del mozo encargado de señalar los tantos re·
sonaba sola en aquel vasto espacio vacío, é impacientábame ya, aunque comprendía que aquel momento
no era el más oportuno para desempeñar mi cometido.
Terminada la partida, los jugadores vinieron al fin,
sin detenerse apenas para enjugarse el sudor que
inundaba sus frentes, sin despojarse de sus chaquetones de lana y muy preocupados del objeto de mi
visita. Les expuse con mucha vehemencia el asunto
que allí me llevaba, procurando hacerles comprender la responsabilidad en que todos nosotros íbamos
á incurrir si un hombre como Sir W ... , un amigo tan
leal, una persona tan distinguida, una inteligencia
tan superior, sucumbía en la triste habitación de una
posada. Pinté con vivos colores el dolor del almirante, el de la madre y el de la hermana, que todos los
días esperaban sin duda ver desembarcar al que
aguardaban y á quien creían sano y salvo á poca distancia de ellas, y que solamente habia retardado su
regreso para disfrutar de los grandes espectáculos de
París. ¡Qué decepción! ¡Qué dolor para ellos y qué
responsabilidad para nosotros!
Hablando así con animación en aquel gran espacio vacío y sonoro, mi propia voz hería mis oídos y
el eco me devolvía mis palabras; y parecióme que
mis dos interlocutores, perfectos caballeros, pero muy
tímidos, como lo son á menudo los ingleses, juzgaban
mi exaltación exagerada y mi proceder algo inconveniente. Más sorprendidos que impresionados por
mis palabras, escucháronme sonrojándose, visiblemente co11fusos, y solamente obtuve, no sin gran esfuerzo, del que tenía m~s edad algunas. palabras llenas de reserva pronunc1~d~s en voz baJa, como para
hacer contraste con m1 viveza. Golpeando con la
pal~ que_ aún ll~vaba en la ~ano la punta de su sandaha, el JO~en ms~lar me d1JO con cierta firmeza que
nuestro amigo Gmller~o no estaba solo en el mundo;
que además de sus ancianos ~adres, cuya residencia
no conocían exactamente meJor que yo y á quienes
no se debía alar~nar prematura~ente, tenía un tío,
lord H .... conocido de todos, ciertamente de avan-

NúMERO 519
zada edad, pero bastante vigoroso aún para trasladarse á París, taqto más, cuanto que era viudo y sin hi·
jos y el más próximo pariente de Sir \V ..., á quien
designaba como heredero de una fortuna comiderable y del más noble título. Por último, con una ligera animación y al parecer esforzán_dose mucho, mi
interlocutor me hizo comprender que aquella manera de intervenir en los asuntos ajenos sin ser invitado á ello era un proceder puramente francés nada
conforme con sus costumbres y conveniencias, y que
tal vez yo me extralimitaba en mis derechos. Como
hombre prudente, hasta me aconsejó que lo pensase
bien antes de incurrir en la responsabilidad de trasladar á Sir W ... á mi casa.
Más sereno ya cuando estuve al aire libre, y al mirar la brillante multitud que bajaba por la gran avenida, de regreso del bosque, experimenté cierta turbación al pensar en los razonamientos de los jóvenes
amigos de Sir W... y aunque firme en mis propósitos,
dudaba ya del derecho de la amistad y del deber que
ésta me imponía. Pero ¿cómo olvidar el rostro pálido
y las facciones descompuestas de aquel enfermo rodeado de personas indiferentes? Si se hallara en peligro, si llegase á morir solo, lejos de los suyos ...
¡Qué remordimiento no sería para mí! Antes de entrar en mi casa volví al hotel. El Sr. Pablo había
buscado ya una enfermera, y encontré al médico de
la embajada á la cabecera del lecho de mi amigo.
Como me lamentase de aquel singular estado del
enférmo, que ni siquiera echaba de ver nuestra presencia, según me pareció, y permanecía inerte con la
cara vuelta hacia la pared, el doctor, muy entendido
en aquellas fiebres perniciosas, asegur6 que aquella
postración era común en semejante enfermedad y
que no debía espantarme. Un poco tranquilizado con
la suerte de mi amigo, salí para volver de nuevo al
poco rato, y ya no me separé de él hasta el amanecer. Seguía entregado á un sueño febril, el sudor
inundaba su frente, y cuando por casualidad abría
los ojos, sus miradas eran vagas; de modo que no
tave la satisfacción de hacerle comprender que ya
no estaba solo y que yo velaba.
Era ya muy de día cuando entré en mi casa, con
el propósito de no dormir sino algunas horas y volver cuanto antes á cuidar de mi amigo. Al principio
no podía conciliar el sueño, mas al fin sucumbí á la
fatiga, y los criados, que conocían la causa de mi inquietud, guardáronse bien de interrumpir mi reposo.
Yo había dado órdenes formales para que me llama·
ran en el caso de recibirse algún recado del hotel, y
al despertar, avergonzado de haber dormido tanto,
tuve en cambio la satisfacción de saber que no me
habían enviado recado alguno. Vestíme presuroso, y
sin detenerme apenas para tomar algún alimento, á
pesar de las observaciones de mi anciano criado,
corrí á los Campos Elíseos; en la portería del hotel
y en el pequeño patio no encontré á nadie; era la
hora de comer y todo el personal de la casa estaba
ocupado en el servicio de la mesa redonda. Poseído
de esperanza y de temor, y esforzándome para ocultar mi emoción, habíame detenido en el umbral del
aposento de Sir W ... cuando de pronto abrióse la
puerta, precipitándose al punto un vivo resplandor
en el obscuro pasillo, y hube de apartarme para dejar
paso á un eclesiástico joven, de larga barba rubia,
cuya gravedad y acento solemnes me hicieron sentir
frío en el corazón.
La estancia estaba iluminada como un altar; la
enfermera arreglaba algunos objetos; y de pie ante
una mesa de despacho, cuyos cajones se hallaban
abiertos, un personaje desconocido parecía tomar
nota de los papeles de Sir W... Quedé inmóvil, como
si mis pies hubiesen echado allí raíces; los grandes
cortinajes me ocultaban aún la vista del enfermo;
mas al dar un paso, le vi ligeramente incorporado
sobre su almohada, con los brazos fuera del lecho,
desencajado ya por la muerte y como sumido aún
en profundo sueño.
Sir W ... había exhalado el postrer aliento hada
algunas horas á causa de la violencia de una fiebre
perniciosa que no cedió ni un instante á las medidas
más enérgicas, presa de un constante delirio, sin re•
conocer á nadie y sin tener por desgracia persona
alguna á quien reconocer, puesto que todo cuanto
le rodeaba era extraño para él. Por la solicitud del
doctor, que conociendo mi quebranto y mi fatiga no
quiso avisarme, un delegado del cónsul, autorizado
por la embajada, asumía, haciendo las veces de la
familia, la responsabilidad de todo. El tío de Sir W ...
debía llegar de un momento á otro, y entretanto el
agente ministerial desempeñaba su misión con esa
reserva especial de los ingleses y de las personas que
ejercen tales cargos. El empleado no parecía notar
mi presencia, y mostrábase tan frío, tan ajeno á mí
que ni siquiera osé interrogarle.
Mientras trataba de dominar mi profunda emo

LA

NúMERO 519

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

·. /

Les expuse con mucha vehemencia el objeto que alli me llevaba

ción, arrodillado al pie del lecho, aquel hombre preguntó á la enfermera qué grado de parentesco me
unía con el difunto, y al saber que yo era un amigo
de poco tiempo, continuó flemáticamente su inventario como si yo no tuviera derecho ni deber alguno
ante aquel lecho mortuorio. Por mi parte, esforcéme
para reprimir los sollozos, persuadido de que mi dolor debía parecer excesivo y singular.

plena mar, bajo el cielo azulado del Atlántico, y la
inmersión sublime en las misteriosas profundidades
en medio del estrépito de las salvas del buque, mezclado con el murmullo de las olas y los cantos fúne·
bres de los ancianos marinos de la orgullosa Albión!
Sin embargo. yo debía cumplir una misión sagrada para mí. Sir W ... me había confiado, desde el
momento en que intimamos, varios objetos que él
creyó más seguros en mi poder que en una casa de
En la tarde del día siguiente estábamos todos en huéspedes, figurando entre ellos en particular una
el templo de la calle Roquepine, adonde se había caja que contenía documentos y numerosos presenllevado el cadáver la víspera cuando cerró la noche. tes destinados á varias personas de su familia, tales
El Sr. Pablo había conseguido á fuerza de pasos como armas de gran valor, muestras de las maravipor aquí y por allá que no se cubriera de luto la llosas industrias de la India, y telas brillantes, que
puerta del hotel, pues la condesa rusa no se habría en nuestras casas europeas conservan un reflejo del
repuesto del susto: ya sabemos que todo cuanto re· sol de Oriente. Ahora bien: á pesar de nuestras larcuerda la muerte es un espectáculo cruel para toda gas confidencias, yo no sabía nada exacto sobre la
esa alegre sociedad que sin fijarse en parte alguna familia de William; recordaba, á decir verdad, el
recorre todas las capitales en busca de los placeres y nombre de Beldorny, donde estaban fechadas las
diversiones. La nave estaba desierta; cinco personas cartas de su madre y de su hermana, y también sasolamente asistían al oficio de difuntos, sin que hu- bía que así se llamaba la quinta &lt;'.fue habitaban en
hiera un curioso ni un transeunte; y al entrar en el una de las islas del grupo de Wight; pero á esto se
templo, entristecido por aquel abandono, aparenté ser reducía todo. Sin embargo, como el jefe de la fami.
indiferente y me senté en el tercer banco. En el lia estaba allí, propúseme rogarle que se encargara
primero vi de pie un anciano de aspecto majestuo- del depósito y dijera á los ancianos padres de Wiso, con corbata blanca, muy pulcro en su traje, fres- lliam, para quienes la noticia de su muerte sería un
co y sonrosado, con el cabello blanco como la nieve, golpe mortal, que en París quedaba un amigo de su
y con uno de esos perfiles á lo Wéllington que hacen hijo, que compartía su dolor y conservaría piados;.pensar en los hermosos retratos de Sir Thomas mente su recuerdo.
Lawrence.
Con la última oración todo terminó; el cadáver
Aquel hombre no podía ser más que lord H... debía ser expedido aquella misma noche á Inglateindividuo del consejo privado de la reina; y junto á rra, acompañándole lord H ... y por lo tanto no haél estaba el secretario particular del embajador de bía que vacilar. Cuando vi que aquellos señores se
S. M. Británica, S ... , siempre inmutable y con el despedían, cambiando un ceremonioso saludo sin
lente calado. Aquel era el banco de la familia; detrás mirarse siquiera, adelantéme hacia el mayor de los
vi á los dos jóvenes ingleses de la antevíspera, muy dos ingleses y le rogué que me presentara al tío
concentrados en sí y vestidos con propiedad para tal de William antes de salir del templo. Ninguno de
ceremonia· detrás de ellos, en fin, hallábame yo solo ellos le conocía; su amigo S... , el secretario de emy triste, si~ más vecino que el camarero que sirvió á bajada, le veía también por primera vez, y aun esto
Sir w ... durante su enfermedad, y que representaba oficialmente y obedeciendo á la orden de su jefe· de
oficialmente al Sr. Pablo, conocido en toda Europa modo que ninguno de ellos se creía con dere~ho,
por su solicitud para con sus parroquianos.
sobre todo en aquel lugar y en tales circunstancias
Conocida es la impresión que en nosotro~ produ- á dirigir la palabra á lord H ... y menos aún á pre'.
cen las grandes ceremonias del culto evangélico, esas sentarle un_extranjero.
paredes frías, esa falta de pompa, la palabra grave
Volvía á tropezar otra vez con ese odioso respeto
del Reverendo, familiarizado con la muerte, q~e humano, esa fría reserva, puramente convencional
pronuncia siempre con el mismo acento las orac10 - que es una manifestación de nuestro orgullo y qu~
nes dispensadas por igual á todos aquellos cuyos la sencillez y la buena fe, dictadas por la nat~raleza
despojos devuelve á la tierra; agréguese, á esto la so- y la verdad, tendrían derecho á rechazar.
ledad y el abandono alrededor del ataud, y se comAsí, pues, aquel anciano y yo, que habíamos coprenderá mi tristeza.
.
n?cido Y am~do al que reposaba en el ataúd, no po¡Qué funerales para aquel sincer~ amigo, para d~a.~os cambiar algunas palabras de mutua simpatía,
aquella alma pura y a~uel buen _servidor de su pa· d_mg1rnos una frase de consuelo y unir nuestras oratrial ¡Cuánto más hubiera prefendo la muerte en , c1ones dándonos el pésame. Hubiera sido una incon-

veniencia de parte mía irá inclinarme ante
aquel octogenario y rogarle que llevase á
los ancianos padres, que esperaban aún al
que no debían ver más, una palabra de
sentimiento del amigo que recibió sus últimas confidencias. Apenas tenía derecho,
como hombre de mundo, para inclinarme
ligeramente con los ojos secos y el cora•
zón tranquilo al pasar por delante de
lord H ...
Y esta vez también, apenas, estuve en
la calle, más sereno, díjeme para explicar ,
esta monstruosa reticencia que yo era víctima de una situación fatal y de las convenciones mundanas que están en uso en
una sociedad extranjera no bien conocida
por mí. Ni el lugar ni la hora autorizaban
á un desconocido á presentarse al anciano; y en cuanto á los jóvenes cuya frialdad
yo censuraba, ¿qué eran después de todo
para aquel á quien yo lloraba? Amigos de
sociedad que se encuentran en el club y
, que, presentados por pura formalidad, podrían vivir veinte años junto á otro hombre sin haber oído jamás latir su corazón
ni sorprender el secreto de un pensamien •
to íntimo. ¿Quién osaría decir, por lo demás, que bajo esa reserva y esa glacial actitud el corazón de un insular late menos
acelerado qua el nuestro, que sienten menos que nosotros?
En fin, y preciso es reconocerlo, nada
autoriza á un inglés de cierta sociedad á
dirigir la palabra á otro sin haber sido
presentado. Decíame todo esto, repetíame·
lo y reconocía una vez más que si estaba
condepado al silencio y al aislamiento
ante aquel ataúd era porque debía ser víctima de las circunstancias.
En su consecuencia, no quise insistir, y
sin más vacilaciones dirigfme á mi domicilio para recoger la caja que se me había
confiado y que entregué con las formalidades legales al oficial consular que entendía en los asuntos de
mi difunto amigo.
Así quedaba roto hasta el último lazo; aquella
dulce amistad en la ·que cada hora equivalía á un
año para afirmarla y acrecentarla; aquella comunidad
de n_iiras, de ideas, de sentimientos y de filosofía,
gracias á lo cual Sir W ... y yo. podíamos considerarnos como dos seres que se habían reconocido por
h~r1;0a~os; todo es,to no era ya sino un recuerdo que
m s1qmera me sena dado compartir con aquellos que
habían amado al difunto Sir W ...
Era forzoso, pues, sepultarle en el fondo de mi

Aquel hombre no podía ser más que lord II ..

c_orazón para conser~arlo como un tesoro, sin permitir que por causa nmguna se borrase jamás de mi
memoria aquel placentero recuerdo de· tan preciada
amistad.
( Continuar!l)

�LA

NúMEl&lt;O 519

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

Entonces la central lo expedirá al des tinatario, y al
fusión del platino. Colocando una espita de estrucllegar el carrito á casa de éste tocará un timbre y se
SECCIÓN CIENTÍFICA
tura ordinaria entre el fuelle y la espita dosificadora,
descargará por sí mismo, regresando luego al centro.
se gradda á voluntad la altura de la llama del sopleUna ingeniosa combinación de agujas eléctricas perSOPLETE DE ESENCIA MINERAL Y TERMO·CAUTERIO te, pudiendo de este modo graduarse su_s dimenst0·
mitirá que los carritos tomen la dirección que se
nes diametrales, á cual efecto basta modificar las re·
El doctor Paquelfn ha p,resentado recientemente ladones entre la sección del pico del tubo y la de sus desee.
·
El sistema de transportes á domicilio de Bennet
á la Academia de Ciencias de París dos comunica- agu jeras laterales de alimentación. Así se obtiene una
ciones sucesivas referentes á dos nuevos aparatos
serie de llamas que miden desde uno á será indudablemente de ut ilidad suma, pero nos patres, cuatro ó más milfmetros en su rece que la canalización de las calles para instalar
los tubos ha de ofrecer grandes dificultades.
base.
El soplete que acabarnos de descri·
bir podrá servir en los talleres y laboFÍS!CA RECREATIVA
ratorios y á les artistas pirograbadores
La prestidi'gil?ción duwbierta. - Las pi:.arras upin'Jútas
para esfumar sus maderas.
La fig. 2 representa el tan conocido
Se toman dos pizarras con marco de madera y
termo-cauterio de M. Paquelin. El car·
después
de haberlas hecho examinará los espectabusador es de metal como el anterior,
pero de sección rectangular y puede dores se coloca entre ellas un pedazo de tiza y se
adaptarse á la cintura por medio de un atan con una tirilla de caucho: á poco se oye el ruido
garfio, cuyos anillos sirven de pinzas de la tiza que escribe entre las dos pizarras la conpara dividir el cauterio en caso de ro· testaci.ón á una pregunta, el nombre de una carta
zadura. E n este aparato no hay tubo pensada, etc., y al separar aquéllas se ve que una de
sumergido; la esencia mineral va apri· ellas está escrita,
He aquí la explicación de este prodigio. La escri·
sionada en esponjas, lo que imposibi·
tura
estaba ya en la pizarra A, pero sobre la misma
lita todo derramamiento del lfquido.
habíase
puesto un cartón negro delgado, que oculLa carga del c~rburador basta para
Fig. 1.-Soplete de esencia mineral de ~1. Paq11elín
alimentar el cauterio durante diez ho· taba los caracteres escritos. Al espectador se le da á
examinar la pizarra B, y luego por medio de un escasobre los cual'es creemos conveniente llamar la aten· ras por lo menos.
moteo se le entrega la misma que ya ha visto en vez
Los productos de la combustión son arrojados fueción de nuestros lettores.
de
darle la A que tiene el cartón: para ello se cogen
Comencemos por el so~fete de esencia mineral ra de las manos del operador. Uno de éstos, el vapor las pizarras del modo que indica la figura I y se
(fig. 1): consta el aparato de una doble pera de cau- de agua, que nace á cerca de 1.800 grados, es utili- cambian de mano, lo cual no ofrece dificultades á
cho formando fuelle á doble viento que se hace zado en los grandes cauterios para refrigerar el punto un prestidigitador. Mientras el espectador examina
funcionar con el pie ó con la mano, de un recipien· de partida y los canales que le siguen : el mango es por segunda vez la pizarra B, el operador coloca la
te metálico que fo rma carbu rador y del soplete pro- barrido en su interior de arriba abajo por un chorro otra sobre una mesa con la cara escrita hacia arriba,
piamente dicho. El aire expulsado de la doble pera de aire tomado di rectamente del fuelle que choca en y cuando le devuelven aquélla pónela sobre la priatraviesa el carburador en donde,'pasando al través la parte inferior del mismo formando alrededor del mera y las ata con la tira de caucho.
de un tubo sumergido, se carga de una esencia mi- portacauterio tres zonas de aire aisladoras.
Entonces el prestidigitador levanta las pizarras
Estas diferentes condiciones permiten reducir el
neral de verita corriente, la benzolina. Esta substancon
la mano izquierda, de la que sólo se ve el pulgar
cia es el comQustible de la lámpara Mille y pesa de mango del instrumento á tales dimensiones que mientras con el dedo medio rasca la cara posterio;
puede ser utilizado como un lápiz, y la IDano se en700 á 710 gramos el lit ro. M. Paquelín emplea tamcuentra
muy cerca del campo operatorio; su diáme· de la segunda pizarra, produciendo un ruido muy
bién como saturador un pulverizador llamado sisteparecido al que origina la tiza al escribir. Cuando
ma Giffard, por medio del cual el aire expulsado por tro no excede de r 2 milímetros.
el
operador juzga que esta farsa ha dorado bastante
Los antiguos cauterios ensanchiban•
coloca
las pizarras horizontalmente sobre la mesa'
se de la punta á la base; los de M. Pa ·
quelín se ensanchan, por el contrario, cuidando de que quede debajo la no preparada (figu'.
de la base á la punta: únicamente la ra 2), sobre la cual permanece entonces el cartón, al
parte penetrante ha conservado sus paso que la otra deja ver los caracteres que lleva
primitivas dimensiones. De este modo escritos y que se dice trazados por un,espíritu inviel instrumento posee, con gran econo- sible.
No creernos necesario explicar minuciosamente
mía de platino, todas sus antiguas ven·
tajas, convirtiéndose en un cauterio á de qué medios se vale el prestidigitador para conomanera de llave maestra, por decirlo cer de antemano lo que ha de escribir en la pizarra.
Sabido es que en la prestidigitación las supercherías
así.
Los cauterios grandes no se diferen· constituyen uno de los principales elemento, pata
cian, en punto á dimensiones, de los operar. Asi, por ejemplo, los dados cargados dan
demás sino por el diámetro de la parte siempre los mismos números y en cuanto á saber
qué carta escogerá un espectador, nada hay más fácil
de platino.
Todos los cauterios están monta- sabiendo obligar el naipe, ó valiéndose, si la ciencia
dos en una pieza de menos de seis
milímetros de diámetro y todos se atornillan_ á un mismo mango; el autor ha
reducido la variedad de las fo rmas del
cauterio á dos tipos principales y ha
dispuesto su carburador de modo que
los antiguos cauterios puedan ser utili·
Fig. 2. -Termo-cauterio, nuevo modelo de M Paquelin.-C. Detalle de
la punta del termo-cauterio.-A. Tubo que proyecta el aire carburado.
zados.
-BB Tubo para restituir los productos de la combustión. -TT. Cana·
La lámpara de alcohol del termo•
les condensadores del vapor de agua .
cauterio primitivo queda suprimida: el
.
único combustible que en la nueva se
usa
es
la
esencia
mineral. El cauterio se ceba en una
el fuelle, después de haber pulverizado el líquido
llama
cualquiera
ó
con auxilio del soplete antes descombustible se impregna de sus vapores.
Lo que caracteriza al carburador es su espita crito, que también sirve en caso necesario para des.
dosífico-mezcladora y cuyos llave y tubo presentan grasarlo .
Las aplicaciones del termo-cauterio de M. Paqueuna estructura especial: en efecto, la llave, que gira
en un espacio de una semicircu nfere ncia, tiene en lfn son muchísimas, y el instrumento responde á
su superficie una ranura inclinada sobre su eje: el todas las necesidades de la cirugía.
tubo está canaliculado de tal manera que una parte
del aire del fuelle va directamente al carburador.
Asi lo indica el aspecto mismo de la liama del soTRANSPORTE DE PAQUETES Á DO?&gt;IICILIO
plete, que ora ampliamente teñida de blanco y fuliPOR MEDIO DE LA ELECTRICIDAD
ginosa en un principio, ora insuficientemente alimen•
tada de vapores hidrocarbonatados, va puri ficán dose
En la última sesión de la British association Jor
cada vez más hasta tomar un color azul violáceo muy
puro y en extremo límpido. Cuando llega á este pun- advanement o/ Stience, Mr. A. R . Bennet ha presento es señal de que ha alcanzado su máximo de inten- tado una memoria describiendo un si.stema para el
sidad calorifica, y su color tiene el brillo aterciopela- repa:to de paquetes_ á_ domicilio en las ciudades por
do de una pintura á la aguada. De este modo se medw de la electricidad. Aunque el sistema tiene
utiliza el combustible en el máximo de su intensidad. alguna analogía con el de Siemen, su autor le ha
Figs. I y 2. - Las pizarras espiriti stas
El soplete está formado por un solo tuho, como amp\iado inspirandose en el ¡necanismo de los teléel que usan los joyeros; su originalidad está en la fonos . La instalación consiste en dos tubos sobredisposición de _su pico, que emite dos clases de lla- puestos, de 60 centímetros de ancho por 90 de alto del operador no llega á tanto, de una baraja en la
mas: una central, de punta muy afilada y pequeñas dentro de los cuales circulan unos carritos movido~ que todas las cartas sean iguales.
La prestid_igitación, por otra parte, es un arte ri,o
llamas laterales, en forma de pétalos ó de corona se- por la electricidad. Cada abonado tendrá en su casa
g~n la dirección de sus canales, los cuales sirven 1Para un par de .esos r~males, y cu.ando querrá enviar un en proced1m1entos que permiten simular la previsión .
ahmen¡ar aqué~a y mantenerla en actividad. Con la paquete á otro pedirá á la central un carri.to, lo car- del porvenir.
llama así obtemda puede lograrse un principio de gará y avisará al centro el destino que deba dársele.
(De La Nat11re)

NúMER0 519

LA ILU ST RACIÓN A RTI STICA

CIFRAS DECORATIVAS ,. PARA ARTES · E IN DUSTRIA.S
POR

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J. MASRIERA Y MANOVENS

MONTANER Y SIMÓN EDITORES ♦

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�LA

CAZA DE PATOS,

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NúMERO 519

cuadro de D. José M, Marqués, adquirido por la Diputación Provincial de Barcelona

Las oa.sa.s extranjeras que deseen a.nunola.rse e n LA ILUSTRAOióN ARTtSTlOA d.1rija.nse pe.ro informes á los Sres A. Lorette. Rue Ca umartin.
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Laiinnec Tllénard, Gv.eraan-, etc.; ha r1clblC10 11 C041181'&amp;CIÓD. del &amp;lempo: en el

año tsw Ób&amp;nvo el PrlYlle¡io de Invención. VUDADEH CDIFln PECYGIIAL, con baae
de goma y de ll&gt;al&gt;olea, convtene 1obr1 &amp;ocio a 11a per■onu dellcadu, como
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PREMIO DEL INSTITUTO AL 0' CORVISART, EN 1858
lhdallu •• la1 lbpo1lclonu loterueloo&amp;IH dt

PillS • LYOII • TIEIU • PIIIUDELPHI! • P!RJS
1867

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1876

1171

U ■•PLS4 CON IL ••TO&amp; tUTO IR L.ae

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
BAIO LA FORIIA

ELIXIR. · de PEPSINA BOUDAULT
VINO . · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
PillS, Pharmaaie COLLAS, 1, ne Daap._
19
r "' la, """"'""i., fa,.,,..,c:1o,, ~

~h1~25

de H. AUBERGIER

81

es_peclalmente contra las ••crofalaa,, la
Ti■ta y la Debilidad de temperamento,
ui como en todos los caaos(l'iu4o. colorea,
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

obrar sobre la sangre, ya sea para dnolverla
1u riqueza 1 abundancia nonnales, ó y~ para
provocar ó re¡ularuar su curso pertódico.

JARABE Y PASTA

1' OT&amp;OI DIIOUIIJfll l&gt;I L4 DIIIITIOII

Parllcluando de Ju propieeladea del :lodo
y del Si.erro, estas Plleloraa se emplean

con :i:.A0'l'V0..u.mK (Jugo lechoao de Lechuga)
.Aprobado•por la Academia de Medicma de Pari• é tnaertadoe en la Coleooi6n
0/iotal de Jl'6rmala1 Legale1 por decreto mini■ t•ri&amp;l de 1 O de Mar.so de 185-(.
,
e Una completa 1nnocutc1ad, una encacla perfectamente comprobada en el Catarro
eptatmtco, las Bronqutt,1, Catarro,, Reuma,, To,, asma é trrttacton de la garganta, han
· grangeac1o al JARA.UE y PASTA de &amp;UBERGIER una Inmensa fama, »

Fmna~nnce, a Parll,

~1111, lonaparte, 40
El ioduro de hierro Impuro Oalterado
N
, B• es un medicamento In.fiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad ele

. (E:r:tracto dll Formúlario MUico tlfl S.. B01"Aar4at Hllar4tico ú la Facllltad ú Medicina (!lle edic1611J.

las Yerdadera1 .Ptldorcu de lJlaneartl,
ex:1,tr nuestro HIio de plata reactiva,
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>. ,itrtélC10t)

Ftí~t1e-a
ARO X

BAReELONA 30 DE NOVIEMBRE DE 1891

NÚM. 518

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

LA GUERRA CIVIL EN CHILE
La importancia de los sucesos recientemente acaecidos en Chile nos ha movido á consagrarles el presente número, creyendo que habrá de ser grato é interesante para nuestros suscriptores conocer detalladamente el curso · y los
episodios de una lucha terminada con el triunfo de la causa de la libertad y de
la Constitución.
En nuestra tarea nos han auxiliado eficazmente el ilustre jurisconsulto chileno, promotor fiscal en la capital de aquella República, socio correspondiente de
la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, etc., etc., D. Robustiano

Vera, y los Sres. D. José Mariscal, de Santiago, y D. B. Bustos Sánchez, de
Chillán. Al primero debemos el notable trabajo en que con sobrio lenguaje é
imparcial juicio se describe el curso detallado del movimiento nacional contra
el dictador Balmaceda, y á los dos últimos interesantes fotografías que nos han
servido para ilustrar este número y que reproducen personajes, hechos, detalles
y episodios de aquella contienda.
A todos enviamos la expresi6n de nuestra gratitud más profunda por tan señalado servicio, que no dudamos será de gran estima para nuestros suscriptores.

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-·LA JUNTA DE GOBIERNO CONSTITUCIONAL
1.

, 1 d ¡ Canto comandante en jefe del ejército constitucional. -2. D. Joaquín Walker Martínez, minis~ro de Justicia y Hacienda. - J. D. Manuel J. Jrarrazabal,
Cerone I Estams
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ministro del Inlenor..- 4. D. 1s1 o~o Err zuriz, ministro e e ac1ones extenores
5 Genern1 D. Gregon·0 Urrutia, intendente y comandante general de armas de la provincia de Tarapacá. - 6. Coronel D. Adolfo Holley, minist~o de la Guerra
·
7. D. Ubaldo Silva, presidente de la Cámara de senadores
S. D, Jorge Montt, jefe de la escuadra y presidente de la Junta de Gobierno provisional. - 9. D, Ramón Barros Luco, presidente de la Cámara de diputados

�LA

754

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

518

septiembre, no pudiendo, fuera de este período, fun·
SUMARIO
cionar en sesión extraordinaria sin previa convocación del presidente de la República, el cual determina
Texto. - Chile. Causas y desarrollo de la revolución que estalló el 7 de enero de 1891, por Robustiano yera, Corre~pon- taxativamente las materias de que debe ocuparse.
Descubierto por los partidos el conato de Balmadiente de la Real Academia de Legislación. - Crómca de
arle, por R. Balsa de la Vega. -Bocetos. L&lt;: calavera, p~r ceda para dejar en la presidencia á un político de
Juan O-Neille. - Nurma/zal, cuento del Onente. por Luis obscuros antecedentes y de dudosa filiación política,
Gallet con ilustraciones de Rochegrosse, traducido por E.
L. Ve;neuil. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Coche movido por elpe- se unieron en estrecha coalición, y en los primeros
tróleo, por G. Tissandier. - Nuevas aplicaciones del P&lt;:Pel. - días de junio de 18901 ambas Cámaras, por abruma·
Nuestros grabados. - Libros enviados á esta Redacc16n por dora mayoría y tras ruidosos debates, censuraron al
autores 6 editores.
Gabinete que encarnaba la política de intervención,
Grabados. - Ilustraciones correspondientes al articulo tit~- declarándolo indigno de la confianza del Congreso.
lado Chile: La Junta de Gobiern~ co_nstituci~nal¡ Croquis
El Gabinete, rompiendo con todas la tradiciones par·
del desembarco y operaciones del eJérc1to const1tuc10nal hasta la ocupación de Valparaíso; Campo de batalla de Col~o; lamentarías del país, no pre~entó su renuncia, de·
Artillería del Gobierno dominando la llanura de Plac1lla; claró que mientras tuviera la confianza del presidenCabaña destruida por una bomba de la Esmeralda durante te de la República no abandonaría su puesto, y días
el bombardeo del fuerte de Viña del ~ar; Panorama del
después en una nota altanera manifestó su resoluci?n
campamento de bí!talla de Placilla; Campo de batalla de
Placilla; Después de la batalla de Placilla; El regimiento de de no presentarse al Gongreso á contestar una mPisagua en la plaza de Viña del Mar, después de las ~~llas terpelación pendiente S()bre inversión de fondos
de Colmo y de Placilla; Los horrores de la guerra ClVII en públicos.
Chile. Muertos en las trincheras después de la batalla de
Este reto audaz alarmó, no ya á los partidos únicaPlacilla; Galeria de San Carlos en Santiago de Chile, donde
se celebró el gran banquete de 3.000 cubiertos; Los héroes mente, sino al país entero, que vió la persistencia de
de la causa constitucional. - Fig. I. Coche movido á vapor un plan liberticida y de una política de coacción elecpor el petróleo. Invención de los Sres. Peuge@t; motor toral dirigida por un Gabinete
Daimler (de una fotografia). - Fig. 2. Sección y plano del
inescrupuloso, compuesto de adcoche movido por el petróleo. - La atleta miss Victori11a.
venedizos á cuya cabeza estaba
c.
el mismo candidato oficial.
El Congreso opuso á la petuCHILE
lancia del ministerio una resistencia tenaz y respetuoCAUSAS Y DESARROLLO DE LA REVOLUCIÓN
sa, en la cual lo acom·
o
pañaba el aplauso de
-....,____
QUE ESTALLÓ EL 7 DE ENERO DE 1891
toda la prensa y la opi,;,
nión del pueblo, que
I
(
día por día esperaba á
{
Tres son los poderes en que delega su soberanía los representantes á la
. \
el 'pueblo de Chile, poderes independientes y cada salida del Congreso
uno de los cuales obra dentro de una esfera propia para llevarlos en triunfo á sus habitaciones.
de acción.
Entretanto y como
El poder administrativo, delegado en el presidente
de la República, al cual auxilian los ministros del único medio de coacdespacho intendentes de provincia, gobernadores de ción que tenía en sus
manos para llamar al
departam~nto y demás agentes de su autoridad,
El poder legislativo, que reside en e~ Congreso n~- jefe del ~stado al ca·
...._... .,.,,.0 ,
cional compuesto de dos Cámaras, tituladas de d1- mino del deber, acordó
las Tablas
·--- Lu Pahnu7
putad~s una y de senadores otra. Los miembros del aplazar la discusión de
las
leyes
de
presupuesCongreso se eligen por el pueblo y representan por
tos, de contribuciones
consiguiente á sus electores.
El poder judicial, finalmente, es el encargado de y la que fija la fuerza
administrar justicia, y se elige en la forma que de· de mar y tierra.
CROQUIS DEL DESEMBARCO Y OPERACIONES DEL EJÉRCITO CONSTITUCIONAL
Venció primero la
termina la Constitución del Estado.
HASTA LA OCUPACIÓN DE VALPARAfso
ley de contribuciones,
A. Lugar del desembarco de las tropas constituc\onales.
. .
. . '
y no estando aprobado
II
___________ La linea de puntos indica el camino seguido por el eJérc1to conshtuc1onal
su cobro, el país estuvo
basta su llegada á Val para!so.
. .
. .
. .
Las lineas de cuadrados indican las pos1c1ones de los eJérc1tos conshtuc10nal y
Corresponde al Congreso la formación de ~as leyes durante quince días en
dictatorial en las batallas de Colmo y Placilla.
que rigen al Estado, y entre éstas la qu.e ~uto!1za cada un total desquiciaB y C. Linea férrea.
diez y ocho meses el cobro de las contnbuc1ones, el miento: paralizados los
presupuesto anual de los gastos de la nación y la qu~ servicios de correos y
Para acallar la voz del Congreso, que durante el
fija y autoriza el mantenimiento de la fuerza públi· telégrafos, entorpecida la administración de justicia,
Gabinete
anterior había sido convoca.do á sesiones
ca de mar y tierra. La facultad de censurar los. ª&lt;:tos cerradas las aduanas, todo parecía correr á una ráextraordinarias,
ese mismo día lo declaró clausurado
.
del ejecutivo y aprobar ó reprobar sus procedirmen- pida desorganización.
por medio de una nota tan altanera como lacónica,
Alarmado
Balmaceda,
cedió
por
un
instante
y
llatos, aunque no reconocida expresamente ~n la Constitución del Estado, se desprende de la misma natu- mó un ministerio parlamentario; mas apenas apro- no obstante de no haberse alcanzado á aprobar las
raleza de sus facultades y ha sido constantemente bada la ley que por un instante pareció entorpecer leyes de presupuestos y la que fija las fuerzas de mar
ejercitada durante más de medio siglo de vida parla- sus planes, sin causa alguna aparente arrojó al mi• y tierra.
Entretanto, el tiempo avanzaba y el Gabinete se
nisterio que había obtenido su aprobación y llamó
mentaria sin observación de ningún género.

r-·

~

_,,

NúMERO

LA

518

República á militares que se habían distinguípor sus atropellos y violencias; se coartaba el
derecho de reunión; los caudillos de la oposición eran acechados por asesinos que obraban en conivencia con la policía, y finalmente, al salir de una reunión que celebraba el
partido conservador, cae muerto en la calle
~íctima _de un pistoletazo disparado por lapo'.
licia, Isidro Ossa, casi un niño, que pertenecía á una de las familias más distinguidas del
país.
La indignación estalló intensa y sorda. Cuarenta mil ciudadanos, confundidos el senador
y el artesano, el banquero y .el plebeyo, llevaron al cementerio el cadáver del mártir con
religioso sentimiento y silencio imponente,
turbado únicamente por el aparato militar
desplegado ese día por Balmaceda.
La comisión conservadora que funciona en
receso del Congreso, pero cuyas facultades son
meramente inspectivas, creyó llegado el caso
de reunirse para advertir al presidente de la
República que no estando aprobadas las leyes de presupuestos y estando por caducar
las vigentes, era de imprescindible necesidad
conovocar al Congreso á sesiones extraordinarias. El presidente se limitó á acusar recibo
de la comunicación. Insistió en su petición la
comisión conservadora, y volvió el presidente
á contestar que había recibido la nota de tal
fecha. Era, pues, evidente su propósito de
resistir al Congreso aun cuando para ello fuera necesario violar la Constitución.
En esta situación llega el 1. de enero de 1891 y
por un simple decreto declara el presidente subsistentes el ejército y la armada y vigentes los presupuestos del año anterior. La dictadura quedaba declarada, el país en plena revolución y Balmaceda
fuera de la ley.
Se nota en el ejército algunos actos de insubordinación; se aprisiona á los supuestos sediciosos;
ocurren éstos pidiendo protección á la Corte Suprema de Justicia, y el más alto tribunal de la República,
de cuya integridad jamás se ha dudado, declara que
no existe delito alguno desde el momento que no
existe ejército. Al día siguiente al llegar los magistrados al tribunal son dispersados á viva fuerza y arrojados de la sala en que funcionan.
Ambas Cámaras en notable mayoría se reunen pri·
vadamente y acuerdan:
1.º Que el presidente de la República D, José
Manuel Balmaceda estaba absolutamente imposibilitado para continuar en· el ejercicio de su cargo, y
en consecuencia que cesaba en él desde ese día.
2.° Que estaban igualmente imposibilitados para
reemplazarlo en su cargo sus ministros del despacho y
los consejeros de Estado, que han sido sus cómplices
en los atentados contra el orden constitucional.
Y en consecuencia, que designaban á D. Jorge
Montt para que coadjuvase á la acción del Congreso
á fin de restablecer el imperio de la _Constitución.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Artillería del Gobierno dominando la llanura de P!acilla por donde avanzaban las tropas congresistas

0

del Senado D. Ubaldo Silva y el presidente de la Cámara de diputados D. Ramón Barros y varios otros
diputados, entre ellos el prestigioso chileno y gran
orador D. Isidoro Errázuriz, se fueron á la escuadra,
y en nombre del Congreso, que representa al pueblo
soberano, hicieron saber á D. Jorge Montt la resolución antes tomada.
Este aceptó la designación que se le hacía para la
organización de una división naval que quedaría bajo
sus órdenes para cumplir las disposiciones que se
adoptaron por los delegados del Congreso Nacional.
Esta resolución se dió en la orden del día para
que llegase á conocimiento de los señores jefes, oficiales y marinería de la división naval.
A las siete de la mañana del día siguiente se supo
en Valparaíso la sublevación de la escuadra bajo las
órdenes del capitán de navío D. Jorge Montt.
El presidente Balmaceda dictó el mismo día 7 un
decreto cuya parte dispositiva dice así:
&lt;He acordado y decreto:
»Desde esta fecha asumo el ejercicio de todo el
poder público necesario para la administración y
gobierno del Estado y el mantenimiento del orden
interior, y en consecuencia quedan suspendidas por
ahora las leyes que embaracen el uso de las facultades que fuesen menester para asegurar el orden y la
tranquilidad interna del Estado y su seguridad exterior.»
El Sr. Balmaceda por medio de este simple decreto se hizo dictador.
.
III
La Constitución del Estado no le daba esta facultad
En la madrugada del 7 de enero, el vicepresidente que se abrogó sin precedente alguno en la historla,

Campo de batalla de Colmo. - Vista tomada desde
las posiciones de las tropas _congresistas á orillas del río 1\.concagua

El gobierno del Excmo. Sr. D. José Manuel Ba!·
maceda entraba al quinto y postrer año de su administración en abierta pugna con el Cong!eso. .
El Congreso celebra cada año una sesión ordmaria, que se abre el 1. • de junio y se cierra el .30 de

nuevamente á sus amigos y á su círculo de políticos
complacientes.
Esta conducta artera é imprudente indignó á lo que
había de serio en el país y no hizo más que ahondar, si
era posible, el abismo que separaba á ambos poderes.

acercaba cada día más á la dictadura. Se removían
los empleados públicos más íntegros para colocar en
su lugar á obscuros aventureros · que no tenían más
mérito que su adhesión servil al gobierno; se nombraba intendentes de las principales provincias de la

durante el bombardeo del fuerte de Viña del Mar
·
,
ea bana destruida por una ·oomba de la Ermeralda
N

755

Suprimidas así todas las leyes, principió por aprisionará todos los ciudadanos que él creyó ó que se
le denunciaban como partidarios del Congreso. Otros
se escondieron y no pocos salieron fuera del país.
Los presos, entre los cuales había personas particulares ó que gozaban de fuero por sus cargos y aun
militares, acudieron á los tribunales de justicia. Estos
prestaron su protección y declararon que no existía
ejército. Balmaceda cerró los tribunales de justicia y
no dejó que funcionaran.
Por último, siendo el poder judicial inamovible,
él separó·á los que quiso y procedió á nombrar otros
de su agrado, faltando á las reglas establecidas para
sus nombramientos.
Una tiranía espantosa aterrorizó á toda la República.
•
El derroche de fo~dos fué sin límites, 'y en esto
procedió á su antojo, puesto que no podía gastar un
sólo céntimo porque no existía ley de presupuestos.
Formó un ejército de más de 40.000 soldados
obligando á los pobres á servir por la fuerza.
'
Dió grados á todo el mundo y fió su poder en la
tropa, pagando á los oficiales y jefes crecidos sueldos.
IV
La escuadra sublevada se dirigió entonces á Coquimbo para proveerse de víveres, carbón, etc., á fin
de poder trasladarse á !quique, una vez que comprendió que ni Santiago ni Valparaíso secundaban su
movimiento.
. Apoderados de la Serena sólo encuentran allí 2 50
nfles Gras, y con ellos formaron un cuerpo de igual
número de individuos que embarcaron á bordo del
Amazonas, y unidos á los 200 que había á bordo
del Cachapoal formaron una pequeña división de 500
soldados.
Mas en esta situación se supo que el coronel Robles, mandado por Balmaceda, había desembarcado
por Platillas, lo que hacía imposible todo ataque á
!quique, que contaba ya con 1.500 hombres.
Se atacó entonces á Pisagua, que tenía 340 hombres mandados por el coronel D. Marco A. Valenzuela, lo que se verificó á las cinco de la mañana del
día 6 de febrero, amaneciendo allí el Cochrane la
O'Higgnis, la Magallanes y el Cachapoal.
'
La victoria coronó los esfuerzos de la escuadra
quedando en poder de los sublevados 200 prisione'.
nos, incluso el comandante de la plaza coronel Valenzuela y toda su oficialidad.
La expedición se dirigió entonces por tierra á
!quique, pero ya la división contaba 1. 200 hombres
inclusos 200 que facilitó la escuadra.
'
El 15 de febrero salió la fuerza expedicionaria del
i Alto del Hospicio por la línea férrea que une á Pisagua con !quique; pero al frente de Dolores el coronel Robles jefe de las fuerzas de la dictad~ra, los
atacó en las altura_s del .cerro de San Francisco, y
después de tener cien baJas se pronunció la derrota
en el enemigo, pereciendo allí Villagrán y Riquelme,
logrando algunos pertrechos de guerra de que carecía la fuerza constitucional.
Pero pronto se encuentran con las fuerzas de Ro-

�LA

756
bles, que había recibido recursos de toda clase, y á
las tres y media de la tarde del día 17 de febrero se
trabó el combate en la oficina de Huaras; pero allí
la victoria se pronunció á favor de las fuerzas dictatoriales, que pasaron á cuchillo á los prisioneros y heridos, retirándose las fuerzas al Hospicio para no
ser cortadas por la división Gana.

chando contra Robles. En fin de febrero se habían
concentrado allí 1.000 hombres; pero ya Robles se
había reunido con la división Arrate y luego después
con la de Gana.
La oposición acamp6 en las alturas de !quique
para defenderse en la ciudad apoyados en la escuadra para el caso de una derrota.

PANORAMA DEL CAMPO DE BATALLA DE PLACILLA, -

Mas la escuadra, que supo el 16 de febrero que Robles se había dirigido á !quique, desembarcó su roa·
rinería. El intendente de !quique, Sr. Salinas, se dirigió á un buque inglés y el cuerpo consular entregó
la plaza al Sr Goñi, comandante del Blaf!CO.
Al día siguiente, el coronel dictatorial Soto con
400 hombres se presentó para atacar á la marinería
que guardaba la ciudad y que no pasaba de cuarenta
hombres. El jefe de ella, D. Vicente Merino Jaspa,
se encerró en el edificio de la aduana y se batió desde las doce hasta las seis de la tarde, hora en que
llegó refuerzo de la escuadra y obligó á capitular á
Soto, quedando las tropas constitucionales dueñas
del puerto y destruidas la mitad de las fuerzas de
Robles·.
Se hicieron venir las tropas que la oposición tenía
en Pisagua y se concentraron todas en !quique, mar-

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

518

unos 200 hombres equipados en la Esmeralda, dirigiéndose á !quique.
Entretanto, en Valparaíso se le escapó á la dictadura el Maipo, que llevó á los oposicionistas gente,
pertrechos de boca y de guerra.
La oposición había sido derrotada en !piza y Hospicio; pero Canto, que hasta de las derrotas sabía sa-

Posiciones defendidllS por el ejército dictatorial

Entretanto, el 2 de marzo el imperial había desembarcado en Antofagasta gruesas tropas dictatoriales que pretendían unirse á Robles por Cerro Gordo,
es decir, por tierra, lo que hacía necesario atacar á
Robles con 1.600 hombres que á duras penas habían
formado los constitucionales al mando del coronel
Canto.
El 3 de marzo se divisaron las avanzadas de Robles en la pampa denominada El Buitre.
El 7 se dió la orden de ataque contra las posiciones de Pozo Almonte, y de 3.000 hombres que combatieron quedaron x.ooo en el campo de batalla, pereciendo en ésta el coronel Robles. La dictadura perdió corno 400 hombres. Arrate huyó y la provincia
de Tarapacá quedó en poder de la oposición.
El 9 se sublevó la guarnición de Antofagasta, que
estaba ocupada por la dictadura, y se embarcaron

I

car ventajas, pudo hacerse pagar bien caros esos
desastres.
Todo el Norte pertenecía á la oposición, y ya Balrnaceda no pensó mandar más tropas para defender
á !quique.
V

Balrnaceda, merced á la traición de Amengua] y de
Salvá en Punta Arenas, que había sido amparada por
el general Valdivieso, gobernador de Magallanes, de
un mayor Moreno y de otros más, se había apoderado de las torpederas Lynsck y Conde/, que protegidas
por el Imperial formaban una flotilla que no carecía
de importancia.
Gracias á esto, á las cuatro y media de la mañana
del 23 de abril, por medio de torpedos lograron

GAMPO DE BATALLA DE PLACILLA

A. Sitio donde estuvo emplazada la artillería del ejército congresista. - B Población de p¡ ·¡¡

,

• • de los d1ctatonale1
.
.
ac1 a, - C, pos1C1ones

NúMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

el hundimiento del
Blanco, que se encontraba en la bahía de
Caldera, pereciendo
allí cerca de cien tripulantes.
Este golpe parece
que reternpló los ánimos de los jefes de la
revolución, á pesar de
que carecían de tropa,
de armas y de toda clase de recursos.
La labor de los representantes del Congreso fué más notable
que nunca.
En pocos meses
aquellos hombres, que
no contaban más que
con el patriotismo y la
justicia de la causa
que defendían, tuvie·
ron de todo.
En !quique se formó entonces una junta de gobierno. compuesta del presidente
D. Jorge Montt, del
vicepresidente del Senado D. Ubaldo Silva
Despué, de la batalla de Placilla
y del presidente de
la Cámara de diputados don Ramón Barros Luco.
El derecho de reunión desapareció por completo.
Esta junta organizó tres ministerios, que fueron: el
Los fusilamientos nocturnos y después en público
del Interior, servido por el Senador D. Manuel José bajo pretextos frívolos se sucedieron en tanto núrneIrarrazaval, hombre prestigiosp y hábil, notable por ro que ya causaba horror.
su fortuna y por sus relaciones ,de familia y que contriPor fin vino la matanza de Lo Ca,1as que exaspebuyó á dar lustre á la causa constitucional; el de J us- ró á todo el país.
ticia y Relaciones exteriores, que desempeñaba el diEn esta matanza pereció una brillante juventud
putado D. Isidoro Errázuriz; el de Hacienda, el dipu· que no habrá lágrimas con que llorarla lo bastante.
tado D. Joaquín Walker Martínez, y el de la Guerra,
Rodeado de hombres de malos antecedentes, Balque le tocó desempeñar al coronel de ejército don maceda se hizo feroz, cruel, sanguinario.
Adolfo Holley.
Entretanto los del Sur esperaban que la escuadra
En Santiago quedó funcionando en reserva un viniera cuanto antes á librarles de esta horrible sicomité de caballeros entusiastas que secundaban al tuación.
'
gobierno de !quique.
El comercio, la agricultura y la minería estaban
Las imprentas se mandaron cerrar y no había más arruinados.
diarios que los del dictador.
Balmaceda había hecho lanzar millones de papel
Era un crimen hablar y escribir acerca de la revo- moneda, porque habiendo desaparecido el metálico
lución.
. existente y agotadas todas las riquezas, las entradas

757
de que disponía, no le
eran bastante para los
,.
gastos que hacía para
sostenerse.
Esta situación de.
bía resolverse en breve, porque este estado
de cosas era insoste·
nible por más tiempo.
El coronel D. Estanislao del Canto, que
en unión del general
D. Gregorio Urrutia
habían sido los prirneros en secundar el rnovirniento de la escuadra, comenzaron á formar las tropas que debían venir al Sur á
combatir al ejército
de la dictadura.
En esta situaci6n,
pudo unírseles el coronel D. Emilio Korner, capitán de artilleda del ejército prusiano y que vino á Chile
contratado por el go•
bierno para la enseñanza técnica del ra·
rno de artillería y con
facultad de usar las
insignias de teniente coronel de nuestro ejército.
Korner se fué á !quique, y desde que llegó se dedicó con todo entusiasmo á instruir á la tropa, prefiriendo el orden disperso que está en vía de ensayo
en Europa como el mejor sistema para el combate
de artillería.
Las armas para estas tropas no llegaron hasta
el 3 de julio, y desde esta fecha se puede decir que
principió á tener la causa constitucional un verdadero ejército. Mas era preciso acelerar el ataque porque ya se sabía que los blindados .Presidente Errázuriz y Pinto podían llegar de un momento á otrQ,
y que unidos al Aguila, que el gobierno de Balmaceda había comprado á una compañía italiana y que
iba á armar en transporte de guerra, podían formar
una flotilla bastante respetable, con que poder ir
á !quique y entorpecer las operaciones de la es·
cuadra.

El regimiento de Pisagua (3.º de línea de las fuerzas congresistas) en la plaza de Viñ1 del Mar, después de las batallas de Colmo y de Placilla
Todas las tropas congresistas llevaban en el brazo izquierdo una cinta_encarnada como distintivo, pues los uniformes no estaban cortados todos por el mismo modelo ni eran de igual color

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

y sin embargo los dictatoriales resistían en sus posiciones.
El Tarapacá 9.° de línea y el Taltal 4. 0 de línea
entraron al combate y con este refuerzo el ataque fué
entonces más vigoroso, logrando los constitucionales
romper el ala izquierda del ejército dictatorial y ocupar el elevado cerro después de haber dejado el
campo lleno de cadáveres.
El coronel Canto dirigía el ala izquierda, y ayuda
do del coronel D. Salvador Vergara sostenía el combate del ala derecha del enemigo.
Destrozado el ejército dictatorial en su ala izquierda, Canto atacó por el ala derer:ha y por el centro
con los regimientos Val paraíso núm. 2.°, Atacama 10.°,
BATALLA DE CONCON
Huasca u.º, Chañaral 5.°, Pisagua 3.0 y Esmeralda
7.° de línea, y no pudiendo resistir al empuje de esta
El 20 de agosto principió su desembarco en la tropa, comenzaron los dictatoriales á batirse en recaleta de Concon el ejército constitucional, compues- tirada.
Entró entonces en acción la caballería constitucioto de nueve mil hombres que habían sido traídos en
los transportes Aconcagua, Maipo, Cachapoal, A ma- nal: los escuadrones Libertad 1.°, y carabineros 3.° diezonas, Copiapó y Biobio, cuyo convoy era protegido ron conjuntamente varias cargas que produjeron compor el blindado Cochrane, la Esmeralda y las corbe- pleta dispersión en las filas dictatoriales.
Los lanceros, los granaderos y los guías perseguían
tas O'Higgnis y ,l1qgallanes y el transporte A btao.
La caleta de Concon tiene una playa llena de al enemigo, que huía con suma rapidez y en todas
rompimientos, y vencidos todos los inconvenientes, direcciones.
Los constitucionales vencedores tomaron al enela tropa á eso de las tres de la tarde comenzó á avanmigo una batería de campaña, otra de montaña, dos
zar hacia Concon bajo.
El 2 1 quedó concentrado el ejército siendo ya las ametralladoras, unos dos mil rifles y como 1.000 pridiez de la mañana, presentándosele un gran obstácu- sioneros entre jefes y oficiales.
Se calculan los muertos del enemigo en más de
lo, cual era el río de Aconcagua, invadeable en casi
1 .ooo y en 500 sus heridos.
todo su curso.
La oposición entre muertos y heridos tendría cerca
El ejército dictatorial ocupó las alturas de los cerros que allí existían. Una brigada de artillería nú- de 600 hombres.
El número de tropas dictatoriales no bajaba de
mero 2 1 al mando del comandante Silva Renard, se
situó en una loma de la ribera Norte del río Aconca- 12 .ooo hombres contra 9.ooo de los constitucionales.
Los batallones que por parte de la dictadura engua, frente al ala derecha del ejército dictatorial.
La otra brigada del mismo batallón, mandada por traron en acción fueron el Buin y 3 º, 7.°, 9.°, 10.º de
el sargento mayor D. Carlos Hurtado, se colocó en línea, el Taiguéo, El Temuco, el Victoria, el Mulsituación semejante, amagando al ala izquierda del chén, cazadores y la artillería.
A las cuatro y media de la tarde la derrota se haenemigo.
bía pronunciado por completo, quedando unos 2 .ooo
El resto de la artillería iba á atacar el centro.
A las once y veinte de la mañana se dió comienzo prisioneros, aparte del desbande de tropas, que siemá la batalla por el ala derecha constitucional con la pre es propio del vencido.
primera brigada, entrando en acción el ala izquierda
Esta batalla, que selló los primeros pasos del ejéruna hora después con las otras dos brigadas. Las cito constitucional y que fué bastante encarnizada y
fuerzas dictatoriales eran mandadas por el general sangrienta, era el principio del derrumbamiento de
de división D. Orozmibo Barbosa y por el de brigada la dictadura.
La prensa de Balmaceda guardó completo silenD. José Miguel Alcérreca.
Las fuerzas constitucionales eran mandadas por el cio; pero en Santiago circuló bien pronto la noticia
coronel Canto y por el jefe de estado mayor coro· de la victoria, la que se confirmaba en los aprestos
que hada Balmaceda para enviar más tropas al camnel D. Emilio Korner.
Barbosa era un jefe bastante odiado y el que había po enemigo.
lanzado á Balmaceda á cometer todos los crímenes
La división de Concepción principió á pasar para
que había realizado su dictadura. Alcérreca era un el Norte, y en pocos días ya Balmaceda pudo enviar
militar joven, valiente á toda prueba, de simpática nuevos batallones y reunir no menos de 19.000 homfigura, querido en general, y que si defendía tan re- bres, con los que creía poder vengar el desastre que
pugnante causa, se debía más bien á su carácter ca- habían sufrido sus armas en Concon.
balleresco que por gratitud se creía ligado al dictaNo Qbstante, no contaba con el pánico que se hador. Mas ninguno de los dos jefes eran tácticos ni bía apoderado de su ejército, ni con que Dios procapaces del puesto que ocupaban.
tegía la causa de la justicia y del derecho.
Balmaceda tenía su ejército dividido en cuatro
divisiones. Una estaba en la Serena, la otra en Con- BATALLA DE LA PLACILLA Ó DEL ALTO DEL PUERTO
cepción, la tercera en Valparaíso y la cuarta en la
capital.
La batalla de Con~on no era definitiva, porque el
Aparte de esto, tenía multitud de tropas en las pro· enemigo no había sido deshecho por completo y porvincias, y esto sin contar las policías y gendarmes que al dictador le quedaban numerosas tropas con
que existían en todos los pueblos de la República.
que reforzar los restos de las vencidas.
Balmaceda no sabía por qué punto iba á ser ataDebía librarse una segunda batalla, y para ello era
cado y por eso había dividido su ejército.
preciso practicar un reconcimiento en las alturas de
Al saber el desembarco en Concon, Alcérreca salió Viña del Mar, lo que en efecto se hizo.
de Valparaíso con su división de 7.000 hombres:
El ejército constitucional se dirigi6 entonces hacia
Barbosa marchó de Santiago cor. la suya; pero á decir la izquierda, recorriendo un inmenso trayecto, hasverdad, la tropa que peleó en Concon por parte de ta que por fin tomó posesi6n de la hacienda de
la dictadura no bajó de 8.000 hombres. La división Las Palmas, frente al Alto del Puerto, que distaba
de la tercera quedó completamente cortada, y para como tres leguas de Valparaíso.
moverla necesitaba por lo menos doce días.
En esta operación empleó hasta el día de la bataLa división de Concepción podía hacerla llegar lla, .qu~ fué el 28 de ese mismo mes de agosto, es
por trenes en dos ó tres días y estar á punto para la decir, siete días después del triunfo de Concon.
ba'talla.
El ejército de Balmaceda, además de ocupar siemEmpeñado, pues, el combate, como dejamos de- pre posiciones ventajosas, de ser numeroso de estar
tallado, principió el ejército constitucional por salvar bien alim:ntado y perfectamente equipad~, contaba
el río de Aconcagua con el objeto de estrechar las con 60 canones, al paso que el constitucional no tedistancias y evitar los fuegos de la ventajosa artille- nía sino 30, contando con los que había utilizado de
ría dictatorial, que se había desplegado en línea de la antigua victoria.
batalla.
Estas tropas carecían de todo recurso; pero les
El río fué pasado en esta forma: regimiento cons- sobraba e.l valor Y. tenían una fe ciega en el triunfo.
titucional número 1.º; regimiento Antofagasta 3.°; reA las siete f vemte de la ~añana de este día, que
gimiento !quique 6.°, que permaneció en la ribera s_e recorda_rá siempr~ en la historia de este pueblo
del río aguardando órdenes, yendo el regimiento libre y altivo, rompió el fuego la artillería dictatorial.
constitucional á la vanguardia desplegado en guerriA las diez y media, el ala izquierda del ejército de
lla y protegido por el Antofagasta.
Balmaceda era completamente arrollada habiendo
El bravo coronel Korner junto con el comandante además perdido su artillería.
'
Frías avanzaron á la cabeza de estas tropas, atacando
En esta situación el desaliento se apoderó de la
con un empuje formidable al enemigo, que estaba tropa y se pronunció una completa derrota.
atrincherado en un cerro muy escarpado.
Los granaderos de Balmaceda fueron los primeros
Avanzó entonces el !quique y los valientes del 6.º, en llegar á Valparaíso sin ocultar lo sucedido.

Esto, pues, apresuró los acontecimientos más de
lo que se pensába, ya que ~~ se quería ~mprender
la campaña sino con probabilidades de éxito.
La escuadra comenzó su movimiento el 20 de ju•
lio saliendo la tercera brigada en dirección á Cal' donde debía completarse, vestirse
. y eqmparse.
.
dera
~ primera brigada ocupaba ya la provincia de
Atacama.
La segunda salió de !quique y se dirigió á Valparaíso á sesenta millas de la costa, para reunirse con
las dos restantes el 19 de agosto, á fin de obrar directamente contra el enemigo.

NúMERO

51 8

La caballería constitucional principi6 á perseguir al
en.emigo, que huía en dispersi6n.
Los generales Barbosa y Alcérreca perecieron en
el campo de batalla.
En unas cuantas horas de combate, aquel numeroso ejército, con el que se creía invencible el dictador Balmaceda, huía en todas direcciones y cada
cual pensaba sólo en su salvaci6n.
Esta batalla, menos sangrienta que la de Concon
daba sin embargo un triunfo completo al Congreso'.
Ya nadie podía r~sistir. Balmaceda estaba, pues,
completamente perdido.
Los vencedores se dirigieron á Valparaíso en medio de los vh-as más atronadores de un pueblo que
entusiasta celebraba el triunfo.
El intendente Viel y los que le rodeaban se embarcaron en buques neutrales para poder huir al
extranjero.
A las tres y media de la tarde de ese memorable
día, el estado mayor constitucional tomaba la Intendencia y procuraba contener el orden. que había sido
perturbado por las tropas vencidas y vencedoras, las
cuales entraban todavía haciendo disparos.
Los prisioneros de Concon pidieron al coronel
Canto permiso para pelear en el Alto del Puerto
y se portaron valerosamente.
Esto probaba que aquella tropa vencida, peleando
por una causa santa y con jefes de prestigio, era tan
esforzada como la que había triunfado en dos combates.
Balmaceda estaba vencido de antemano. Tenía
en su contra el peso de la opinión pública y la sangre de sus víctimas exigía venganza.
Además él mismo había corrompido su ejército,
porque á los oficiales y jefes les prodigaba el oro y
los ascensos, y esto les había enervado por completo.
Entretanto, en Santiago se ignoraba el resultado
de la batalla.
Balmaceda,que lo sabía,guard6 completa re~erva.
A sus amigos y partidarios les hizo comprender que
la victoria era un hecho.
A las dos de la mañana del día 29 abandonó el
palacio de la Moneda con su familia. Esta se dirigi6
á la legación norte-americana y él se fué á ocultar á
la argentina.
Dejó un decreto por el cual entregaba el mando
de la plaza al general D Manuel Baquedano, mientras los vencedores disponían otra cosa.
A las ocho de la mañana se supo su fuga y 'su derrota.
El pueblo se levant6 en masa, y no habrendo sido
contenido, como era deber de la autoridad, comenz6
en la capital un saqueo espantoso, Nacionales y extranjeros fueron víctimas de estos desmanes, súfriendo pérdidas considerables.
La tranquilidad volvió poco á poco. La junta de
gobierno hizo su entrada triunfal al día siguiente de
estos sucesos que desdicen de un pueblo culto.
Apareci6 entonces la prensa independiente. Nació
el júbilo en todos los corazones: los encarcelados fueron puestos en libertad y se unieron al contento de
sus hermanos.
Así concluy6 la dictadura y con ella la tiranía.
Balmaceda, que no se hizo matar en el campo de
batalla porque prefirió permanecer en el palacio de
la Moneda, no pudo huir.
El 19 de septiembre, á las ocho de la mañana, se
disparó un tiro de rev6lver en la pieza que ocupaba
en la legaci6n argentina para librarse de la persecución y de las consecuencias del proceso á que debía
ser sometido. Antes que morir en una obscura prisión, á manos del pueblo, 6 en un patíbulo, prefiri6
él mismo poner fin á sus días.
¡Ojalá que los vencedores, colocándose á la altura
de sus nobles antecedentes, hagan la felicidad de
Chile, para que este país recobre sus perdidas fuerzas y renazca la confianza, progrese la agricultura, el
comercio y la minería, que son sus únicas fuentes de
riqueza!
Nosotros pedimos piedad para los vencidos. La
benignidad enaltece más un triunfo. Las crueldades
y venganzas lo enlodan.
El corazón chileno olvida y es generoso.
R OBUSTIANO V E RA

C. de la Real Academia de Legislación

Para completar el notable trabajo del Sr. Vera,
creemos que ha de ofrecer interés á nuestros lectores
conocer la carta que Balmaceda, antes de suicidarse,
dirigió á su amigo D. José Uriburu y cuya autenticidad fué atestiguada por D. José Uriburu, D. J. Arrieta, barón Gutschmid, D. Enrique de Barros Cavalcanti de Lacerda, D. José M. Barceló, D. Carlos Lira, D. Melchor Concha y Toro, D. J oaqufn
Aguirre y D. C. Walker Martlnez,

NúMERO

518

LA

lLOSTRACIÓN ARTÍSTICA

Dice así:
.
.
l »Por eso había decidido espontáneamente poner&lt;Sr. D. Jos~ de U~iburu.~..t Santia&amp;o, septiembre 19 me á disp~sición de la junta de gobierno, esperando
de 1891. - M1 quendo senor y amigo: Como lo he- que al fin imperasen en amparo de todos la Consti;os ~abla~o Y usted lo sabe, necesito dar desenlace tución y las leyes.
la situaci6n en que me encuentro,
&gt;Acusados y procesados, presos ó fugitivos todos
"· •

, Jt,:

.

,,,~-,..,

·

.

. ''C.

759
hecha gobierno, no queda más camino que prolongar
el asilo, lo cual no debo ni puedo hacer, ó el sacrificio. ¡Ojalá éste alivie á mis amigos de las persecuciones que se les hace, creyendo así abatirme y ofenderme más vivamente á mí!

....,... "'¿ . •

....

Los horrores de la guerra civil en Chile. - Muertos en las trio:heras después de la batalla de P laci!la. (De una fotografía tomada inmediatamente después del combate.)

»No debo prolongar por más tiempo el generoso
asilo que me ha prestado en momentos que !e.comiendo á los míos como aquellos en que he rec1b1do
el mayor servicio en la vi&lt;!-3,
.
.
»La exacerbación de mis enemigos es capaz, ~1 se
descubre mi residencia. de extremidades que evitaré
aun con el mayor sacrificio que puede hacer un hombre de ánimo entero.
.
»Sabe usted que he desechadol el cammo de la
evasión vulgar, porque lo estimo !ndigno del hombre
que ha regido los destinos de Chile, sobre todo para
excusar la mano de la revolución triunfante.

los jefes y oficiales del ejército, todos los senadores
y diputados, los municipios, el poder judicial, los
funcionarios públicos de todos los órdenes de servicios, y arrastrado yo, que s61o soy justiciable ante el
Congreso, á la justicia representada por jueces especiales y partidarios de la revol~ci6n, para responder
con nuestras personas y nuestros bienes de cuanto
hemos hecho en el gobierno, como si no hubiéramos
sido gobierno, se ha implantado la arbitrariedad en
forma que he perdido toda esperanza de que se
obrase con justicia.
»Visto el espíritu y tendencia de la revolución

»Sea piadoso con el hombre que cae á los golpes
del infortunio. Como bendigo yo á usted y á su santa señora, espero que mis hijos los bendigan también
y siempre.
»Pida á Arrieta, que es bueno y está cerca de los
míos, que cumpla con las obras de misericordia sin
ceremonia ni acompañamiento alguno.
»Que usted, su esposa y mis hijos sean siempre fe.
!ices. Suyo - J. M. Balmaceda.
&gt;&gt;P. S. - Cuento en todo caso con que usted cumpla
el encargo íntimo y de honra que le hice anoche
para las personas que usted sabe. - Vale.)

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LA GUERRA CIVIL DE CHILE.-LOS HÉROES DE LA CAUSA CONSTITUCIONAL
LA GUERRA CIVIL EN CHILE, - Galería de San Carlos en Santiago de Chile, en donde se celebró el gran banquete de 3.000 cubiertos ofrecido por la sociedad de Santiago

á la Junta de Gobierno constitucional y á la oficialidad ele los cuerpos del ejército triuníante

D ~ J
Ross sostenedora de hospitales, iglesias Y casas de huérfanos, etc. etc., en Chile, desterrada al Perú por el dictador Balmaceda y vuella á Valparafso después del triunfo de la
1
1
ona uana
t'~uc·onal
_ 1 D. Alejo Barrios, alcalde municipal de Valparaiso, preso y desterrado á Europa. - 2. D. Joaquín Muñoz Hurtado, comandante del crucero Magallanes. - 3 Co•
caust ~on: ·¡¡ Ko;ner 'jefe del Estado Mayor del ejército constitucional. -4 D. Lindor Pérez Gazitúa, comandante de la O'Ht°fgins, - 5 D. Pedro Nolasco Martinez, comandante del
•
rone · E mi ~Ida _ 6' D Javier Melinas Gazitúa, mayor de órdenes de la escuadra. - 7. D. Cornelio Saavedra, secretario general del ejército. - 8. D. Enrique Valdés Vergara, secrec1ru.cero
m1iedr:e,Ma.ri'na·, m~erto en el hundimiento
ano genera
·
1 B'del blindado
E l .,Blanco Encalada, volado en el puerto de Caldera. -9. D. Antonio Gazitúa, en cuya casa se acordó el plan de la sublevac1'6n d e 1a escuadra. - 10, Comandante Goñi, de ,aneo nea ª"ª•

�LA

762

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

518

dificando la frase y diciendo mal de todos ... ó de
¡casi todos!, según contestó aquél chambelán á
Luis XIV á fin de halagarle y no amostazarlo más.
Profeso' un profundo respeto á los cadáveres: quiEl drama romántico en la realidad. - A propósito del nuevo
Director general de Bellas Artes de ~rancia. -. L~ que se
siera que todos pudiesen conservarse como estuches
pinta y Jo que se esculpe. - La decorac16n del ed1fic10 de la
en los cuales se guardaron preciosas alhajas. Al decir
nueva Biblioteca.
esto huelga manifestar de qué modo y hasta qué
El romanticismo, como agente dramático, como
punto aborreceré la cremación de ~llos: no puedo
motivo estético, no puede desaparecer de la obra de
resistir en un cementerio católico cosa alguna que
arte como no desaparece ni desaparecerá jamás de
lleve en su fondo carácter ó resabio de paganismo;
la r~alidad. En vano son cuantos ergotismos y disademás de profano lo conceptúo anacrónico y ridícutingos la nueva escolástica científica haga en nombre
lo; en el primer caso una _intención de mala índode las ciencias fisiológica y psicológica. Ambas rebale, en el segundo una estupidez. No faltan tampoco,
ten de un modo terminante, con ejemplos prácticos,
aunque con inofensiva intención, otra clase de_ton·
con hechos de trascendencia indiscutible, las afirterías movidas por el orgullo de los que sobreviven,
Lo que se pinta como lo que se esculpe en Espa- empeñados en hacer duradera la soñada grandeza de
maciones que la exaltación naturalista - y conste que
el naturalismo le tengo en tanto como cualquiera ña hoy con destino á los edificios públicos, así c~mo algunos que no valieron ni la mitad de lo gastado en
otra escuela - oponen al romanticismo, desdeñándole lo que se pinta y se esculpe también para la próxi~a sus panteones... Como aquello es el sagrado recinto
Exposición internacional que se celebrará en Madnd, de la miseria, pueden pasar como tales semejantes
como base firme y real de la obra de arte.
Sujetar la producción artística á determinadas le- alcanza proporciones desusadas. Mélida hace mode- miserias.
yes á determinados puntos de vista, así plástica como lar las figuras del sepulcro de Colón; Su~illo modela
¡Cuántas ideas en abigarrado desorden se suscitan
filo~óficamente, paréceme tanto como negar la exis- febrilmente el monumento conmemorativo del des- en aquella soledad y á la lectura de cada lápida en
tencia de la virtud fuera de las religiones positivas. cubrimiento de América; Gandarias termina el _bo que se fija la vista! En una, el ampuloso latinazo para
Paréceme que así pu,eden ser rechazadas las afirma- ceto para la estatua de González Bra_b~; Benllture un prebendado de gracia, por supuesto, y que él
ciones del idealismo romántico como las del natura- trabaja activamente en la de María ~nsuna da por probablemente no hubiera sabido escribir. En otra,
lismo, puesto que entre luz y sombras caminan terminada la del general Cassola. Villodas pinta un los encomios de un comerciante cuya fortuna em·
cuantos apoyándose en silogismos deducidos de hi- gran cuadro episódico, la insurrección que Colón pezó vendiendo negros, aumentándola comprando
pótesis más ó menos fundadas. pero sin que tengan hubo de dominar á bordo de su carabela cuando se blancos y redondeándola chupando gotas de sudor
el valor de verdades incontestables, pretenden trazar hallaban ya al término del viaje. Garnelo: como Mu- y sangre del pobre, quien llegando á viejo le entró
una senda á la entidad arte, resultado abstracto de ñoz Degrain, como otros pintores de mérito, preten · miedo, y no sabiendo ser caritativo se satisfizo con
cien causas, ya psíquicas, ya físicas, sin análisis posi- den conmovernos también con asuntos de esa índo- ser filantrópico. Una alegórica paleta y pinceles, palle; y según nos cuentan los periódicos ofi~iosos, Pra- ma y ramo de laurel, recordando el nombre de un
ble casi todas.
dilla,
Villegas, Domingo, Lytton, L'Hermitte, Alma- pintor, para cuyo recuerdo eran de sobra suficientes
Digo esto recordando la muerte de Boulanger, la
del heredero de Austria, la del ilustre Gambetta, las Tadema, etc., asistirán á nuestro primer certamen sus desgraciados lienzos. Entre la de una gazmoña
escenas acontecidas en Rumanía y de que fueron internacional.
de mal género, enredadora y vengativa, bachillera
actores una reina, una joven enamorada y un príndel infierno y de aquellas á las que Satanás confía el
Ya se ha cerrado la exposición de los bocetos para embrollo de los mis peliagudos líos, y el de una
cipe. Zola hubiera trazado la odisea del brav' general
haciéndole morir aniquilado por los deseos de glo- las estatuas y medallones que han de decorar el ~ue desgraciada meretriz, cuya descocada vida disipó
ria, por las esperanzas desvanecidas, consumido por vo edificio destinado á Biblioteca y Museos. Treinta brevemente ... veíase el modesto nombre de una poy tres modelos para las estatuas y esfinges y nueve dre madre de familia, cuya vida pasó en penalidad
la enfermedad del día, la neurosis.
He aqu( el escolasticismo. El autor de L'(l!uvre, en para los medallones fueron exhibidos en los s_alones continua y con jamás agotada santa resignación ...
su estudio «Los Goncourt,» al hablar del draµia de de la Academia de San Fernando. Los persona1es que Aquella mezcolanza parecía un sarcasmo: ¡completa
los célebres hermanos, Madame Gervaisais, dice que pretendían representar aquellos modelos, _son:. San mezcla de pasada grandeza y terminada miseria! ¡Rela muerte de la protagonista es una debilidad de los Isidoro, Alfonso el Sabio, Berruguete, Luis Vives, cuerdes de abnegación y de concupiscencia, de virautores. Afirma que aquella poseída del histerismo Cervantes, Nebrija, Lope de Vega y Velázquez; los tudes y de infamias, de goces y placeres, lágrimas y
católico, aquella enferma del espíritu· y más enferma de los medallones, Fray Luis de León, Hurtado de privaciones, candidez y perversidad! ¡AIH el falso
todavía de cuerpo, no debía morir en el mismo ins- Mendoza, Nicolás Antonio, Santa Teresa de Jesús Y amigo, el abusador de la confianza, el envenenador
tante en que el Santo Padre se aparece á sus ojos, otros escritores del Siglo de Oro que no recuerdo en de toda dulzura!.. . ¡Allá el hombre de talento, activo,
como efectivamente muere, cual si la vista del Papa este momento.
laborioso, desgraciado hasta el extremo de verse esDesd~ luego afirmo que el acontecimiento de la
fuera el golpe de gracia dado á un organisino cuya
carnecido de los ignorantes!... ¡Un puñado de polvo
existencia dependía tan sólo de la más leve de las exposición fué el modelo para Berruguete, debido al el cerebro del sabio gastado en profundas especulaemociones nerviosas Cree Zola que este final, si es Sr. Alcoverro, que ha sabido destacar la personalidad ciones filosóficas; el del mecánico sorprendiendo los
bello, no es verdad; y sostiene que la muerte de la del célebre discípulo de Miguel Angel, así en la parte secretos de la naturaleza y sujetando y regularizan·
fanática debía ocurrir en su cama tranquilamente, psíquica como en la física. El Sr. Nogués está muy do los inventos más extraordinarios; el del político
devota, rígida, apergaminada, pues ganaba la obra en feliz en su Nebrija y el Sr. Carbonen en el Luis Vi- temible á cuya indicación se conmovían las naciones;
realidad. ¿Porqué? Patológicamente tiene explicación ves. Atché, inspiradísimo en su San Isidoro, verdade- el del guerrero formidable cuya espada vertía ríos
terminante el final del drama, tal y como los Gon- ra figura llena de unción, casi de exaltación mística; de sangre; el del artista transmitiendo raudales de
court lo trazaron; estéticamente es superior, puesto pero en esta figura como en la del Rey Sabio, Atché sensaciones ... el del hombre cualquiera de la más cono se ha tomado el trabajo de pensar un poco más
que Zola mismo lo confiesa.
mún vulgaridad, sin haberlo empleado nunca en
Tengo como error grave el estudio del documento y de dibujar; y es lástima ciertamente que escultor una sola idea propia ni haber comprendido las ajetan
genial
no
haya
alcanzado
de
Job
un
poquito
de
humano simplemente, para sobre esta base hacer una
nas!. .. ¡Todos sin distinción alguna, restos no más ...
obra de arte trascendental. Tan grave es este error, lo que al varón bíblico le sobraba.
Los nombres de los escultores premiados ya son todos iguales!
como el de empeñarse en buscar dos cerebros igualdel
dominio público. Alcoverro obtuvo por unanimi- .... .. ..
mente formados, igualmente desarrollados, que pro·
Llamó mi atención la abierta fosa común, y aquel
duzcan las mismísimas obras y tengan las mismas dad las estatuas de Berruguete y del Rey Sabio; No- profundo y triste surco me pareció como la boca de
sensaciones é igualmente nos las transmitan por me- gués la de Nebrija, Carbonell la de Vives, Alonso la la tierra, ávida de tragar con esa continua voracidad
dio de la plástica, de la gráfica, de la palabra. El es- de Velázquez, Fuxá la de Lope de Vega y se decla- jamás saciada.
tudio psicológico y físico del individuo, como el estu- ran desiertas las de Cervantes y San Isidoro. De los
En uno de sus lados se veían colocadas algunas
dio de una individualidad literaria, artística ó cientí- esfinges, uno se le concedió á Suñol y otro á Mora- osamentas, cuya tendida posición daba idea de la
fica, sirve al que pretende recoger datos tan aislados tilla.
De las medallas conmemorativas, la lucha está tranquilidad, y como entregadas á un sueño reparacomo ciertos é imprescindibles para que en unión del
dor de su cansancio. Del otro lado, el azadón del
concepto filosófico de la humanidad y del estético entre el modelo de un escultor catalán, de un belga sepulturero había con poco miramiento removido un
que del arte tenemos contribuya á dar valor obje- y de dos madrileños.
esqueleto, que por combinación extraña había quetivo á la obra. Es muy difícil poder obligar al público
&lt;A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del dado como incorporándose en su angosta cavidad,
que lee una novela como al que mira un cuadro á
César.»
La Academia ha juzgado con verdadera im- y su cráneo, vuelto hacia su compañero de enfrente,
que exclame: «¡como ese hombre conozco muchos!»
parcialidad,
á pesar de los grandes compromisos que parecía fijar en él los vados huecos de sus órbitas,
ó bien: «¡así debió ser tal rey ó tal verdugo!» .
sobre algunos académicos pesaban, En esta vez crf• y casi desprendida su mandíbula, semejaba producir
una sarcástica carcajada.
Con motivo del cambio de director general de tica y jueces han estado acordes.
¿Quiénes serían aquellos dos cadáveres? ¿El espoAsí
sea
siempre.
Bellas Artes en Francia, un crítico francés trata de
so
y la esposa, un padre y un hijo, dos amigos
R. BALSA DE LA VEGA.
definir lo que significa ese cargo de director. «Teóó
dos
irreconciliables enemigos, una víctima y un
Noviembrede 1891,
ricamente, dice, el Estado se abroga una pretensión
asesino.,. colocados para mayor irrisión uno al la·
abusiva, echándose sobre los hombros la terrible resdo del otro? ¡Quién sabe! ¡Cuánta expresión en
ponsabilidad de dirigir lo que no puede ser dirigido,
aquella fría y seca risa de la calavera! ¡Parecía oir el
BOCETOS
puesto que solamente á la libertad y á la espontaneicrujido de sus huesos!. .. ¡Aquel reir, como la risa
dad debe el arte su florecimiento. Esto así comprenLA CALAVERA
histérica, daba pena y entristecía! Era indudable,
dido, obliga al Estado á trocar las funciones directiaquella calavera reía,
No
puedo
explicarme
bien
si
los
cementerios
me
vas por las de protección.
¿De quién, de qué, por qué reiría?
»El director de Bellas Artes es el representante atraen acercándome á lo que fué, ó si es un presen·
¿De ellos al verse de aquel modo .. de nosotros
que cerca de la república del arte y de las letras timiento de que pronto habré dejado de ser. Ese
quizá?
pronto
no
puede
retardarse
mucho,
tal
vez
no
esté
tiene el Estado.Necesita, pues, quien ocupe ese puesJ UAN O-NEILLE
to de un espíritu muy amplio de concepto, de una lejano, porque mirando hacia atrás se me escaparon
actividad grande, investigar continuamente las tenta- una porción de años ... un verdadero escamoteo.
tivas diarias que el artista haga para realizar la belle• Perdiéndole la repugnancia, ó sea no rechazando
JA!ON REAL
JABON
za, puesto que no es necesario citar obras y artistas el mas sincero lenguaje de la verdad, puede hallarse DETHRIDACE
VELOUTIN E
dignos de aplauso para demostrar cuán difícilmente en tales sitios cierta inexplicable clase de consuelo, ........... 111 W.riuAM al4kr flll II llctar- Al II Piel 1 kl!III W c.111
entran en el gusto público ciertas teorías y ciertos si bien algo parecido á lo de mal de muchos... moCRONICA DE ARTE

originalismos. El Estado en este caso j~stifica s?
intrusión - ó su intervención - en los negocios artísticos por la importancia material con que cuenta para
contrarrestar las preocupaciones comerciales.
»He aquí Jo espinoso, lo difícil del cargo de dir~ctor. Debe saber distinguir entre la multitud anodina
aquellos que se destaquen por algún concepto;_ y en
vez de anular ideas y personas, hacer que su~Jan Y
se discutan, teniendo en cuenta que los mediocres
liberalmente recompensados estragan el gusto Y retardan la floración de los distinguidos.»
.
Traslado estas reflexiones á cuantos en España dirigen el movimiento artístico.

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NúMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

A los pocos momentos, libre de aquella sangre que la sofocaba, la mujer
dejó escapar un débil gemido, dilatóse
su pecho, y un estremecimiento recorrió su cuerpo. ¡Respiraba, vivía!
Sus ojos se abrieron lentamente, animados de lánguida expresión, y fijáronse en su salvador; sin duda iba á decir algo; pero Djami, arrojando sobre
ella un manto de lana, hizo un ademán
para imponerla silencio.
- ¡No hables ... dijo, nada tienes
que temer; ya estás salvada!
La mujer cerró los ojos, confiada,
tranquila, y un suave suspiro se escapó
de sus labios.
Djami no era solamente poeta y
observador de las -estrellas, sino que
también conocía los secretos de la naturaleza ... Con mano delicada, con minuciosas precauciones, curó la herida;
abrigó á la mujer envolviéndola en
finas telas, ligeras como el plumón del
ave, y cuando la contempló dormida y
recobrado el color, pudo observar cuán
hermosa era ...
Y extasiado en aquella adoración de
la belleza, permaneció inmóvil hasta
que los primeros albores de la aurora
tiñeron el cielo sobre la línea sombría
de los bosques.
Transcurrieron varios días sin que
la desconocida hablase y sin que Djami osase interrogarla. Iba y venía de un
lado á otro, casi restablecida, aunque
débil todavía, con su sonrisa melancÓ•
CUENTO DEL ORIENTE POR LUIS GALLET, - ILUSTRACIONES DE ROCHEGROSSE
lica y su dulce mirar; servía al poeta,
preparaba sus comidas; y cuando Djami se entretenía demasiado á la orilla
del agua para observar la gravitación
Tendido en su barca de corteza, de la~ estrellas nacientes, iba á busc~rle, tocábale con un dedo en el hombro,
que abandonaba al capricho de las y cogiéndole de_ la mano le conducía a su vivienda.
aguas, sueltos los remos, Djami
Al cabo de di~z días, Y. durante uno de esos ratos de aislamiento en que el
contemplaba perezosamente las es- poeta leía en el hbro del cielo ó en el de su pensamiento la joven Uegó según
trellas.
su costumbre, y Djami sintió que su mano tocaba la suya'· mas en vez d~ levan'
El cielo parecía un pabellón de tarse dócilmente y seguirla, díjole:
- ¡Quédate!
seda de color azul obscuro sembrado de diamantes, y la luz funY como ella le ~irase con as_ombro, hízole sentar á su lado, y después de
dida de todos esos astros comuni· contemplarla detenidamente, mientras alrededor de e11os se extendían las somcaba suave transparencia á aquella bras, comenzó á decirle cosas que durante aquellos diez días se habían ido acunoche sin luna. A la orilla del río, mulando en el secreto de su alma.
sereno y apacible, elevábase la gran
- Escucha, _dijo, yo no quería revelarte desde luego que te amo, y precisatorre del palacio de Abi1 Saíd; á mente es la pnm_era cosa q~e te confieso. El amor nos encadena de pies y masu alrededor se alzaban las casas nos, sella los )abios y los OJOS, hace que dejemos de ser lo que somos, y siemde la ciudad, en donde reinaba pre le he _temido c?mo á un ladrón que viene á robarnos, no solamente nuestros
prof~ndo silencio, y así éstas como la torre, sonrosadas y alegres cuando las teso~os, smo también la voluntad, la independencia, la razón y la alegría, proilummaba la luz del sol, destacaban en las tinieblas de la noche su formidable porc1oná~d?nos tan sólo en cambio un ligero goce. Yo había jurado sustraerme
mole obscura, semejante al cuerpo de un monstruo oculto en las altas hierbas, á su _domm10 f no _amar más que la poesía, la ciencia de los astros, la contemcon su maciza cabeza erguida y vagamente amenazadora, con su cara enorme plación de lo mfi_mto y el placer de saborear el vino de Schiraz, que vale tanto
perforada por dos puntos luminosos que parecían sangrientas pupilas.
como _to~as las nque_zas y todas las glorias; pero el amor se ha presentado en
Djami acababa de pasar por delante de aquella torre, cuando le interrumpió la ra~1aci?n de tus OJOS, y 1e pronto he comprendido que resistencia y razón
de pronto en su contemplación un rumor que oyó á corta distancia detrás de eran mútiles, Y que n~ habia embriaguez más dulce que la de estar poseído de
sí, semejante al que producen las aguas cuando se entreabren por la caída de él. Los. versos me enoJan, los astros son opacos, lo infinito es lúgubre y el vino
algún cuerpo. Incorporóse con rápido movimiento, empuñó los remos, hizo vi- de Schuaz no_es más que agua insípida si no tengo amor. He pensado, pues,
rar bruscamente la barca, y dirigióse al sitio donde acababan de romperse los que debía decirte que te amaba, á fin de que devuelvas el brillo, la luz, el perfume y ~l sabor á todo cuanto me hacía feliz, diciéndome que me correspondes.
círculos del agua, por un momento revuelta.
Inmóvil, con la mano en los remos y el cuello tendido, Djami interrogaba la . ~ .Joven había ~scuchado atenta, y por un instante guardó silencio, como
obscura superficie de la corriente, que tranquila otra vez se deslizaba entre sus mqmeta _de lo que iba á contestar; pero al fin hllbló, cediendo á la muda súplica
.
islotes de hierbas y de arena y bajo las copas de los grandes árboles de la orilla. de las miradas de su amigo.
- Yo te amo, Djami, dijo, mas no como tú quisieras ser amado. Si algún herSu vista, acostumbrada á las tinieblas, distinguía la redondez de las hojas que
reposaban sobre el agua muerta, las ramas secas retenidas en las márgenes y mano °!e fuese querido, si yo pudie?e veperar y honrar á un amo, seguramente
s~rías tu. Yo seré tu hermana, tu cnada, tu esclava, si así Jo quieres; pero no me
acá y allá las manchas pálidas de los grandes nelumbos.
•
Muy pronto vió lo que buscaba; entre las cañas que rozaban su barquilla, la pidas nada más.
proa de ésta chocaba contra una forma confusa, sumergida en parte; alargó la . - ¿Quién e~es tú, pues; tú que te entregas así, sin entregarte; tú• que renunmano, tocó y cogió un espeso tejido que atrajo hacia sí con fuerza: era un tapiz, cias al amor sm conocerle? ...
- ¿Sin conocerle? ... ¡Ah!, ex\:lamó la joven, como poseída de un sentimiento
arrollado al parecer precipitadamente alrededor del cuerpo de una mujer.
•
El barquero, pálido y tembloroso, prestó atento oído, mirando á todas partes, doloroso.
Dja~i la miró esper~ndo sin duda una confidencia, puesto que era necesario
pues tal vez algunos ojos le espiaban en la obscuridad. ¿De qué casa, de qué
terrado había caído aquel envoltorio? ¿Qué crimen se acababa de cometer? ¿Qué renunciar á una confesión amorosa; pero cerrando sus labios volvió á su impevenganza se había satisfecho? Todas estas preguntas cruzaron en un segundo netrable mutismo.
Djami_vacilaba, temblaba; pero procurando dominarse Je preguntó:
por la mente de Djami, y muy pronto adoptó una resolución: saltó al agua, le- ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Ni siquiera te he preguntado cuál es tu
vantó en sus brazos á la mujer, envuelta en los pliegues del tejido empapado
nombre.
en agua, y la echó en el fondo de su embarcación.
- Dame ~l que qu!erat yo no tengo ninguno propio.
Después comenzó á remar vigorosamente, y muy pronto su barca penetró rá. - ¿No quieres de~irme por lo menos de qué venganza has sido objeto ó qué
pida como una flecha en el grupo de árboles donde tenía Djam! su cabaña:
Una vez allí cogió de nuevo á la que acababa de salvar, abnó con el pi~ la cnmen se ha cometido contigo?
- Sé bien~ec_hor como u~ Dios, contestó la joven, uniendo sus manos en
puerta, y depositó sobre la esterilla aquel ~uerpo chorrea~do ,agua. Encendida
a_l punto la luz, vió que tenía ante sí una Joven de maravillosa belleza; sus pá- ademán de suplica;_respeta mi secreto; y si hay alguno á quien debo maldecir,
lidas facciones, en parte ocultas por el oro de su cabello, conservaban _una e~- no me preguntes su nombre.
Y andando lentamente, volvi6 á la cabaña de Djami.
presión de súplica y de espanto, y debajo del seno derecho veíase una ligera hDesde aquel día no se cruzó entre ellos una sola palabra que recordase lo
nea circu{da de un poco de espuma sonrosada. ¿Estaría muerta? Tal vez ~o,
porque un rayo de vida parecía emanar aún de aquellas formas puras, y hubié- que acababan de hablar.
Djami volyió á observar su género de vida ordinaria, procurando curarse de
rase dicho que un soplo de ella reanimaba aquello~ párpados cerrados, aquella
su amor, y v1ósel: de nuevo don~equiera 9ue había vino de Schiraz que beber
boca entreabierta como una pálida flor de la eglantma..
.
.
Djami se inclinó, aplicó sus labios á la estrecha henda, hizo una lenta aspira- en buena companía, y dondequiera que Jóvenes de expresivos ojos bailaban
ción, incorporóse luego, y vió con alegría que la sangre comenzaba á correr. para entretener las horas. Compuso versos que se cantaron en las plazas públi-

NURMAHAL

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cas; descubrió en el cielo una nueva estrella, cuyo curso pu?o observar; Y con·
tinuó vagando de noche- por el río en su barca de corteza, sm pensar en nada,
lo cual es la perfección de la filosofía.
.
En cuanto á la joven, seguía viviendo e1.1 la cabaña del_ poe~a, en ~edio de
su retiro de verdura; preparaba el arroz, y como buena y silenciosa cnad~, des
empeñaba su humilde y
pesada tarea cotidiana. Algunas veces, llegada la no·
che, y cuando estaba sola,
iba á sentarse en el umbral
de la puerta, y desde allí
dirigía su mirada á la alta
torre de Abú Safd, cuya negra sombra destacaba sobre las purpúreas tintas del
sol poniente.
Y bajo las sedas de sus
largas pestañas, sus párpados se enrojecían á veces
como si quisieran saltársele
las lágrimas.
En una de las salas de la
alta torre, cuyas bóvedas
se componían de millares
de celdillas de oro, de azur
y de cinabrio, semejantes á
nidos de abejas, el muy
glorioso Abú-Saíd reposa·
ba perezosamente, entre cojines. ricamente bordados,
sobre alfombras persas de
preciosos colores. El inten·
dente de palacio, con sulegión de servidores y de
esclavos, daba órdenes para
que se le sirvieran en platos de fina porcelana - pues
el Profeta condena el uso
de las bandejas de plata
Mira bien mis ojos y en ellos verás mi resolución
y oro - los más delicados
manjares contenidos en cofrecillos de cedro sellado con el sello del intendente, y cubiertos de un fino paño de casimir; en el acto de presentárselos, el mayordomo rompía el sello y
ofrecía á su señor el manjar descubierto.
.
.
Pero algunas veces Abú-Saíd rechazaba con expresión de hastío, y en ocasiones brutalmente al cortesano que se arrodillaba para servirle, y sólo de cuando
en cuando refre;caba sus labios en el hielo de un sorbete de frutas que le presentaban en una copa de cristal. Los familiares _que le rodeaban rnirában~e
consternados porque hacía algunos días que sus OJOS revelaban una melancoha
profunda, cu~ndo no tenían una expresión feroz, _cu~l si el sobera~o. quisiera
vengarse en todos los hombres de un secreto sufrimiento; en este ultimo caso
subía á la plataforma de la torre, mandaba que le llevasen su arco y sus largas
flechas y durante todo el día las disparaba contra los transeuntes.
Muchos hombres habían caído ya heridos ó muertos; de modo que los habitantes dejaron de pasar por las calles inmediatas al pala~io, ó bien lo hacían
arrimados á los muros y agachándose como fieras á la vista del cazador. La
ciudad parecía muerta en las cercanías de la negra torre.
Aquella mañana, la luz de un sol magnífico reflejábase en la blancura de las
casas y sus rayos comunicaban un brillo deslumbrador á las porcelanas esmaltadas' de vivos colores. Abú-Saíd salió de la sala del festín y subió al terrado,
donde como en la víspera y los días anteriores, sentóse sobre unas esterillas
delant~ de la ventana, con el arco sobre las rodillas y una flecha en la cuerda,
como cazador al acecho. Los que le habían seguido cont:!mplábanle con espanto, dirigiéndose mutuamente mi~adas de t~rror.
Abú-Saíd, con la mirada perdida en el mmutable azur, esperaba.
Así transcurrió una hora en lúgubre silencio: al pie de la torre no se ~ovía
nada· en el desihto silencioso de las angostas calles veíase tan sólo á veces á lo
largo' algún perro flaco como un chacal, que parecía ir en busca de su presa.
Al fin apareció un hombre en la esquina de la calle; mas en vez de o~ultarse
avanzaba con paso indolente, en plena luz y al parecer muy contento: sm duda
ignoraba que allí llovían las flechas mortales de su seño~.
Abú Saíd tendió lentamente la cuerda de su arco y disparó.
La multitud de cortesanos dejó escapar un grito de admiración, exclamando:
- ¡El hombre ha caído!
A una señal de Abú-Saíd, la turba de los familiares bajó precipitadamente.
El hombre había caído, en efecto, junto al umbral de una puerta, con la cabeza suavemente apoyada sobre la piedra; encima de él, en e1 marco de madera,
vibraba aún la flecha del taciturno soberano. Empujaron al hombre, que no perdía sangre alguna, y que, si bien aletargado, sonreía con dulzura.
Evidentemente no estaba muerto y acaso no sospechaba nada. ¿Cómo confesar al terrible Abú-Saíd que su flecha no había dado en el blanco? Mientras que
poseídos de la mayor inquietud los cortesanos celebraban consejo, Abú-Saíd,
que los miraba desde lo alto de la torre, adivinando su vacilación; envió un esclavo para ordenarles que volvieran con su presa.
Acto continuo pusieron al homhire en pie; mas como pareciese andar difícilmente, aunque no estaba herido, dos servidores le cogieron en hombros y condujéronle á presencia de Abú-Saíd.
- ¿Quién eres?, preguntó el real arquero.
- ¿Y tú, quién eres, contestó el hombre, sonriendo familiarmente.
Los cortesanos se estremecieron, pareciéndoles ver ya la cabeza del atrevido
rodar por el suelo; pero Abú-Saíd estaba cansado tal vez de su largo silencio y
quizás le sorprendió también la actitud del hombre que tenía delante en una
postura indolente, balanceando el cuerpo á compás, con los ojos brillantes como
estrellas, revelando un éxtasis que le pareció muy singular,
- ¿I~noras tú, le dijo, quien és Abú-Saíd?

NúMERO

518

- Nuestro señor, contestó el hombre, el más glorioso, el más rico soberano
de todos aquellos que ensalzan el nombre de Alá y observan la ley de su Profeta. En este momento no conozco más que un hombre superior á él.
-¿Quién es?
-¡Yo!
Entre los cortesanos circuló un murmullo de terror.
- ¡Dime tu nombre!
- Djami, el que cuenta las estrellas. ,
.
.
.
Por primera vez, desde hacía muchos d1as, una hgera sonrisa ammó el ~ostr?
hasta entonces impenetrable de Abú-Saíd Aquel loco, aquel transeunte iluminaba evidentemente su alma obscura con una luz que no había_n po~ido proporcionarle las chocarrerías de sus bufones ni los relatos de sus historiógrafos.
- Tú tienes un palacio, continuó tranquilamente Djami, y ro n_o poseo más
que una cabaña· pero en ésta hay una puerta que conduce á Jardmes magníficos, donde respÍandecen todos los tesoros imaginables, donde las mujer~s rr_iás
hermosas se postran á mis pies y donde un pueblo de esclavos se mclma
ante mí.
- ¿Dónde está ese reino?
- Ven y lo sabrás.
- ¿Adónde quieres que vaya?
. _
- A la cabaña de Djami; todo el mundo la conoce; pero_si qmeres entrar en
el maravilloso jardín, has de ir solo.
Abú-Saíd sonrió de nuevo, calmándoles con un ademán.
- Iré, dijo simplemente.
.
.
y Djami se retiró, conducido hasta las pu~rtas del p~lacio con las consideraciones debidas á un mágico que ha convertido repentmamente en dulzura de
cordero el furor sanguinario de un tigre.
El poeta andaba con el mismo paso acompasado, y si _Ahú Saíd no hubiera
sido tan severo observador de la ley del profeta, ó tan afic10nado á los sorbetes
y al agua helada, habría podido recono:er que Djami ~staba ebrio; pero poseído de esa dulce embriaguez que comunica alas al espíritu, y que se encuentra
en el fondo de las copas donde chispea el vino Schiraz, tan armoniosamente
cantado por el poeta Hafiz.
_
Y mientras Djami andaba á través de la hgera nube que producían á su alrededor los vapores del precioso vino, pensaba sin embargo que acababa de hacer
al rey de los reyes una promesa muy imprudente. Pero era joven, y jugaba su
vida por una bravata, sin pensar en lo demás.
Al pasar por el mercado, D~ami compró_ varios fruto?, _un trozo de co~der~ y
algunos pajarillos de carne delicada; y volviendo á su vlVlenda alegre y nsueno,
dijo simplemente á su esclava voluntaria, á quien llamaba Durgha:
- Toma, hermana, ahí tienes con qué preparar sabrosa cena para un convi•
tlado á quien espero.
Djami se había serenado ya del todo, y con ánimo firme reflexionaba sobre
las consecuencias de su audacia. Sin dirigirle la menor pregunta, Durgha puso
manos á la obra con él: coció el cordero bajo unas piedras entre dos fuegos;
puso los pajarillos ligeramente envueltos en hojas de vid en el asador, colocado
sobre un lecho de hierbas odoríferas, y con los frutos formó pirámides en fuentes
de cobre adornadas de finos arabescos.
Djarni colocó después so·
bre la mesa,
con religioso
respeto, varias
botellas de
cristal, de cue11 o largo, en
las cuales bri ·
liaba un vino
de c;olor de to·
pacio, que fué
á buscar á su
pequeña bodega. Hecho esto, dijo á la
joven:
-Ahora puedes retirarte,
no te necesitaré.
_
-¿A quién
esperas?
-Aun hombre á quien me
alegraría mucho no conocer; al sultán
.abú-Saíd.
Durgha palideció, y sin
pronunciar pa1abra alejóse
lentamente.
Un instante
después, AbúSaíd apareció
en la puerta de
la cabaña.
Al verle·,
Acababa de distinguir una blanca forma de mujer
Djarni se inclinó, pero sin
humildad; con la cortesía propia de un rey que recibe á uno de sus semejantes.
- ¡Que la bendición de Alá sea contigo!, dijo Abú-Saíd.
- Señor, yo te saludo, contestó simplemente el p()eta.
Y los dos entraron en la reducida sala donde estaba puesta la mesa.
_
- Antes de sentarte, dijo Djami á su huésped, júrame que no me harás nin-

NÚMERO

518

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

gun~ pregunta, y que no rechazarás cualquier manjar ó bebida que te presente. las obscuras profundidades; palacios aéreos y ligeros como una telaraña; jardi•
A mi vez te juro que quiero proporcionarte bienestar y placer. Si conoces á los nes sombríos llenos de fuentes cristalinas; y entre aquellas arquitecturas mara·
hombres, mira bien mis ojos y leerás en ellos mi sinceridad.
villosas, entre aquellas frondosidades gigantescas y por senderos cubiertos de
- Te juro que haré cuanto quieras para entrar en los jardines encantados que musgo, donde el rocío sembraba perlas y donde los escarabajos encendían sus
te jactas de poseer; pero también juro que si me has engañado con vanas pro- esmeraldas vivientes, vió pasar muchas mujeres, semejantes todas á Nurmahal.
mesas mandaré que te corten la cabeza ó te entierren hasta los hombros, para
Contemplábala bajo estas mil for_mas, y ella, siempre risueña, tambié? 1~ miq~e las_m~scas se introduzcan en tu boca y devoren tu lengua mentirosa. Mira raba. Abú-Saíd no recordaba ya el asesinato consumado; un desfallec1m1ento
bien mis OJOS y leerás en ellos mi resolución.
agradable manteníale cautivo ante aquella mujer.
- ¡Cenemos) pues!, repuso temblando el poeta, pero con tono indiferente.
Con sus manos pálidas y finas, verdaderas manos de mujer, el sultán desgaAl ver al sultán dormido, Djami salió corriendo de la cabaña.
rraba_ la carne asada y sabrosa del cordero, hincando en ella sus agudos y blanDurgha parecía esperarle, turbada y atenta.
cos dientes: hacía crujir los pajarillos perfumados, y de vez en cuando, sin decir
- ¡Imprudente!, la dijo. ¿Por qué me has ocultado tu nombre? ¿Por qué no
nada, alargaba su copa, que Djami, risueño, llenaba al punto de vino de Schiraz. me has dicho nada para que pudiera evitarte este terrible encuentro; pr.ro ya te
Abú Safd no bebía nunca vino; pero como había jurado á Djami no pregun- ha visto, reconocido y nombrado. ¡Eres Nurmahal!
tarle ?ada y aceptar dócilmente cuanto le presentase, bebía sin tasa, aunque
Durgha lloraba.
conociendo_ que hada una cosa prohibida por el santo Profeta.
- Comprendo que su presencia te espante, continuó Djami; pero en v~z de
Y á med1d_a que seguía bebiendo, sentía en todo su ser un bienestar que no llorar, aléjate. ¿Qué creerá y qué hará si te encuentra aquí? ¡Huye del peligro!
había conoc1?0 nunca, y con el contenido de su copa un dulce calor circulaba
- ¡No!, contestó Nurmahal resueltamente.
desde sus labios al cor~zón y desde éste á las entrañas, elevándose hasta su ce- Pues entonces voy á matarle. ¿No es eso lo que tú quieres?
rebro los vapores embriagadores que partían de aquel foco interior; sus ojos se
Nurmahal se precipitó sobre Djami y arrancóle de la mano el cuchillo.
cerra_ban dulce~ente, sus ademanes languidecían, y cuando Djami le presentó
- ¡Déjame, exclamó, y vete! ¡No vuelvas ha~ta el amanecer!
.
el pnme_r ca_nastil\o llen~ de frutas y bizcochos, apenas podía ya sostener la
Jamás había hablado la joven con tono tan imperioso, ni mirado á Djami con
copa. D1am1 segma sonnend~ y su corazón se tranquilizaba, pareciéndole que una expresión tan exaltada y altiva.
.
no le cortarían ya la cabeza 01 las moscas devorarían su lengua.
El poeta, pensativo, ~e dirigió lentamente hacia los árboles, m1entras NurDe pronto levantóse para ir á descorrer la esterilla que hacía las veces de mahal, con el seno palpitante, penetró en la cabaña donde el sultán reposaba ...
puerta de la cabaña, y dijo atrevidamente al sultán:
Cuando el sultán Abú-Saíd despertó, vió i,asar ante él una sombra; una mano
- ¡Mira! Ahí tienes la entrada de mis jardines.
ligera dejó sobre la mesa una bandeja de metal, de la que se exhalaba el vapor
Lo que entonces vió Abú-Saíd parecióle el más deslumbrador espectáculo.
odorífero del café, y al volver la cabeza, vió el rostro radiante de Nurmahal.
En todo el espacio que la vista podía alcanzar veíanse grandes árboles cargaDe un salto se puso en pie, dispuesto á lanzarse sobre ella; mas de pronto,
?ºs de flores y de frutas, balanceándose á impulsos de una ligera brisa, seme- tembloroso ante aquella_mujer que sin turbación le miraba, exclamó:
Jantes á frescos ramos que exhalaran un suave y embriagador perfume; entre
-¿Tú, Nurmahal? ...
ellos deslizábanse aguas cristalinas que comunicaban frescura al ambiente· en
- Señor, á vuestras órdenes, como mi hermano Djami.
los aires oíanse las notas melódicas del canto de las avecillas· un camino il~mi- ¡Djami no es tu hermano!
nado por la luz_ de la luna conducía desde la cabaña á la orilla del río, y más
- ¿Por qué había yo de engañarte?... ¡Por ventura no me conoces!
allá se veían millares de lucecitas temblorosas sobre la superficie del agua ...
- ¡Que no te conozco, Nurmahal!
.
- ¡Cuán hermoso espectáculo!, murmuró el sultán con acento conmovido.
- ¿Por qué repites ese nombre, extraño para mí? ¿Por qué me miras con
- Sí, contestó el poeta, y sin embargo no es nada, porque todo eso cambiará cólera?
en un instante, los fulgores se apagarán, la sombra será más misteriosa, y enton- ¡Tú amas á Djami!
ces comprenderás mejor el encanto de esta hora.
- Con decirte que es mi hermano, ya comprenderás qué amor hay entre am- ¿Dónde estoy?, preguntó Abú-Saíd con voz temblorosa.
bos. Soberano señor, ¿á qué interrogarme tanto?
- Estás en la vivienda de Djami, el que cuenta las estrellas, y cuanto ves no
Abú Saíd contempló largo rato á Nurmahal, que se sintió_ desfallecer baj_o
es sino la realidad, que tú mismo revistes con todos los colores del sueño, pues aquella mirada que la envolvía en ardiente caricia. ·m sultá? d1ó un pa~o h~c1~
lo que yo he querido probarte ¡oh rey! es que ninguno iguala en riqueza ni en ella y extendió la mano como para cogerla; pero una especie de temor mstmtlpoderío al que puede, como tú en este momento, con el espíritu tranquilo y el vo le retuvo, y con voz turbada dijo:
corazón libre, contemplar la tierra cubierta de verdura y el agua que brilla á la
-- ¡Tú eres Nurmahal, la que me amaba, áquien yo correspondía, la que maté!
mágica claridad de la luna, mientras saboreas el verdadero vino de Schiraz.
Y como dudando aún, ansioso de saber la verdad, arrebatado y fogoso, pre- ¡Vino!, exclamó débilmente Abú-Saíd, cuya conciencia obs&lt;;ura pareció des- cipitóse hácia ella, y mientras que con su poderoso brazo la tenía sujeta, casi
pertar y rebelarse de pronto.
desmayada, desgarró el fino tejido que cubría su seno, y en la carne desnuda bus- Ciertamente, contestó Djami. Si quieres que pague con la vida la falta que có ávidamente la cicatriz de la herida que su mano infiriera en aquel cuerpo.
te hice cometer, ¿cómo me pagarás tú la dulzura de que te hago disfrutar?
- ¡Ah!, exclamó con loca alegría, ¡tú eres, tú eres!
Y como el sultán no contestase nada, Djami se levantó otra vez y dijo:
Nurmahal se arrodilló á sus pies, y presentóle humildemente el cuchillo que
- ¡Espera! Sólo has visto la tierra y voy á buscar con qué abrirte el cielo.
había arrancado de manos de Djami.
Abú-Saíd quedó solo un instante, mientras Djami revolvía la arena de su
- ¡Sí, dijo, yo soy, Abú-Saíd! ¡Toma esta arma y hiere mejor ahora!
bodega para buscar una nueva botella que cuidadosamente reservaba.
Al pronunciar estas palabras presentó el seno.
De pronto, y como siguiese mirando á través del cuadro luminoso de la puerPero en su mirada revelábase todo el amor que en su corazón se conservaba
ta, percibió junto á él un roce entre las cañas, y al volver la vista hacia el sitio aún, todo el pesar acumulado en su alma desde la noche en que el sultán dudó
de donde provenía el rumor, lanzó un grito terrible y quiso levantarse; pero sus de ella. Abú-Saíd la sostenía en sus brazos, estrechándola contra su pecho, como
piernas entorpecidas se negaron á sostenerle. Ante él, en el marco de la puerta, una madre á su hijo cuando teme que se le arrebaten; y murmuraba extasiado:
junto al camino lumh.1oso, acababa de distinguir una blanca forma de mujer;
- ¡No me has maldecido! ¡Me amas, á pesar de todo, lo mismo que antes!
dos ojos de mirada profunda y triste se habían encontrado con los suyos, des- ¡Oh, mi señor, más aún!
vaneciéndose después la visión como nube vaporosa. ·
Como poseído de loco frenesí, el sultán la arrebató en sus brazos, y apenas
Djami acudió presuroso por haber oído el grito de Abú-Saíd.
cubierta con sus ropas rasgadas condújola á su barquilla
.
- ¿Qué ocurre, soberano señor?, preguntóle.
Y entretanto, sentado bajo los árboles de la orilla del río, que la luna ilu- ¡Allí, allí... esa mujer! ¿No la has visto tú?
minaba con sus melancólicos rayos, Djau1i, el que contaba las estrellas, el be- Seguramente; es Durgha, mi hermana.
bedor de vino de Schiraz, cantaba distraídamente una de sus composiciones ...
- ¡No ... no es Durgha! ¡Es la que yo maté!
Aquel mismo día supo el desenlace de la aventura.
_
Un estremecimiento nervioso agitaba todo el cuerpo de Abú Saíd, sus dientes
Abú Saíd, que reinaba en Herat, le llamó y quiso retenerle en ~u corte, d~nde
castañeteaban, y parecía que de sus labios brotaba sangre.
aquel que contaba las estrellas, aquel impertérrito bebedor de vmo -de Schuaz,
- ¡Durgha!, murmuró ... ¡No, no; es Nurrnahal. .. Sí, Nurmahal!
Y algunas lágrimas ardientes deslizáronse por sus pálidas mejillas.
- Escucha, Djami: tú eres el único que ha podido arrancarme del estado en
que me hallaba, y sólo á ti descubriré mi secreto. No quiero saber yor qué misterio me revelas lo invisible, y si la que acabo de ver ahí está viva, por qué
extraño poder ha revestido de pronto las facciones de aquella que yo maté ...
¡Yo amaba, adoraba á esa Nurmahal ! Su rostro tenía la belleza pura de un cielo
de primavera; sus labios suaves eran la copa en que lo_s míos apuraban el vino
celestial del amor; en sus ojos veía los colores cambiantes del ma_r profund?
y en su cabello dorado parecía que brillaban estrellas cuando con ligero movimiento dejaba caer sobre sus blancos hombros las espesas_ trenzas. Ahora la
busco en palacio; todos se preguntan sobre su suert~, y !ladie osa so_spechar la
verdadera causa de mi amargo dolor ... ¿Sabes tú, DJam1, por qué odio al mundo entero, por qué hiero con mis flecha? á cuantos pas_an por la calle y por qué
quisiera que se hundieran el cielo y la tierra y sucumbiesen todos los hombres,
incluso yo, á una señal mía? Porque en un momento de feroces celos, ~reyendo
leer en los ojos de Nurmahal una mirada de ternura para uno . de mis nobles
servidores, la conduje á lo más alto de la torre dur~nte la noche, y una vez
allí, hallándonos solos, la acusé, la juzgué y la 'herí sm qu_ere~ escucharla. Cubierta de sangre, arrodillada en el tapiz en qu~ la veía á mis pies, alarga?do su_s
hermosos brazos para implorar mi gracia, arroJéla en el ~gua profunda sm vacilar, sin compasión, porque estaba ciego y loco. ¡Ah! ¡M1ra ... ya la veo!
- No, ali( no hay nadie, te lo aseguro.
- ¡Entonces era un espectro!
.
perdió su l~cur_a con su juve~tud y lleg~ á ser el muy juicioso, el muy sabio y
- ¡Pues bien: bebe un poco más de ~se v:no y verás cómo se desvanecen los venerado DJami, aquel de qmen los antiguos cronistas dicen que, cuando mu•
espectros, reapareciendo las imágenes nsuenas!
rió, cargado de años, «la tierra cubierta de flores se abrió como perfumada
Abú-Saíd obedeció, y de nuevo sonrosadas nu~es ele~áronse á su alrededor. concha para recibir tan rica perla.»
Y con los ojos cerrados, en delicioso éxtasis, v1ó surgir un mundo nuevo de
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL

�LA

766
SECCIÓN CIENTiFICA
COCHE MOVIDO POR EL PETRÓLEO

Desde larga fecha vienen haciéndose los mayores
esfuerzos para resolver de .una manera completa el
problema de la tracción mecánica de los vehículos.
El modelo que vamos á describir funciona perfectamente y se basa en muy distinto principio que el de
M. Serpollet de que nos ocupamos no hace mucho ( 1 ).

NÚMERO

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

sobre el pedal interruptor y se oprime al mismo tiempo con la mano derecha la palanca de cambio de
marcha, siendo indispensable que los dos movimientos se ejecuten simultáneamente. De este modo se
puede reducir la velocidad á 15'800, 10'500 y 5'300
kilómetros, y disminuyendo así la rapidez del movimiento pueden vencerse pendientes de 8 y 10 centímetros por metro.
Para poner en movimiento el motor, se empieza
por encender los mecheros, y á los dos minutos, cuan•
do los dedos de platino han llegado á la temperatura

518

Para obtener la marcha atrás basta levantar con la
mano derecha una empuñadura que atraviesa el
asiento.
A fin de dar una idea de lo que puede hacer el coche movido por petróleo que damos á conocer, bastará resumir la historia del viaje realizado recientemente por él desde Valentigny á Brest.
El vehículo completamente dispuesto para la marcha pesa 530 kilogramos, y en el viaje á que nos
referimos contenía 42 kilogramos de objetos diversos,
útiles y equipajes. La provisión de gasolina (esencia
de petróleo muy volátil} necesaria para recorrer 300
kilómetros es de 2 8 litros.
Estimando la velocidad media efectiva, es decir,
sin contar las paradas, en 15 kilómetros por hora,
puede andarse, con la provisión indicada, durante
20 horas de marcha efectiva, y como la gasolina cuesta 50 céntimos de peseta el litro, resulta un gasto de
0,046 pesetas por kilómetro. La densidad de la gasolina empleada debe ser de 670 á 680 ó 690.
El coche que hemos ensayado en París e! día 21
de septiembre último, que reproduce la fig. 1, es el
mismo que sin avería importante hizo el viaje de Valentigny á Brets, ida y vuelta, en 139 horas de marcha efectiva: siendo el trayecto de 2.047 kilómetros,
resulta que la velocidad media fué de 15 kilómetros
por hora. Después de su regreso, el coche siguió funcionando perfectamente y hace poco ha sido vendido en París á un industrial alsaciano que lo utilizó
para regresar á Mulhouse, habiendo efectuado el
viaje con toda felicidad.
Estas pruebas son suficientes para demostrar que
el nuevo coche movido por el petróleo funciona bien
y es realmente de utilidad práctica.

G.

NúMERC 518

Coche movido por el petróleo. Invención de los Sres. Peugeot; motor Daimler. (De una fotografía.)

J. MASRIERA Y MANOVENS

♦

MONTANER Y SIMÓN, EDITORES ♦ ·

Véndese formando un precioso lllbum, encuadernado en tela, al precio de ._aptas. ejemplar

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LA SAGRADA BIBLlA
EDICIÓN ILUSTRADA

• to céntimo•

Jarabe Laroze

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 60 años, el 1 aralia Laro111e se prescribe con 6xito por
todos los médicos para la curacion de Jas gutrtthl gutraljiu doloree
1 retortljonea de eatómag_o, estreñimientos r~helde■, ~ facilitar
la «µ11es~on 1 para re¡ularizar todas las funciones del eatómt"O 7 de
loa mtesl.iDos.
...
JARABE

TISSANDIER

a1Bro111uro
de Potasio
DE CORTEZAS DE NlRlNJlS lllRGlS

El papel, que ya se empleaba antes para la edificación, utilízase ahora para la confección de cristales, macetas, rieles, ruedas, herraduras, poleas de
transmisión, utensilios de laboratorio, toneles, etc.
Los cristales de papel tienen t0da la apariencia de
vidrios blanquecinos con la propiedad de interceptar los rayos luminosos dejando pasar los caloríficos. Las poleas de transmisión concebidas por
M. Burot tienen un cubo de hierro fundido y brazos
también de hierro que contienen un armazón sobre
el cual descansa la pina de papel. Este armazón
mantiene la pina durante la fabricación y le da mayor solidez. El papel de una calidad especial está
colado, arrollado y comprimido ·en el armazón en
una operación sola; luego debe secarse la corona y
se moja en una mezcla de aceite de lin? y de resina.
Las macetas de papel, cuya invención se debe á
M. Mauricio Pqmmarede, tienen sobre las de barro la
ventaja de ser mucho más ligeras y no frágiles. Si el
precio resulta notablemente inferior al de éstas, po•
drían reemplazarlas los horticultores en el consumo
considerable que de ellas hacen. Esas macetas de
papel son imputrefactibles, impermeables é hidrófugas, y como sus similares de barro cocido se prestan
á la ornamentación: cubiertas de una capa de barniz
ó pintadas, tienen sobre las macetas de lujo de tierra la ventaja de adaptarse mejor á todas las formas
que á la fantasía del fabricante le place darles. También en la fabricación de ciertos muebles se ha tra-

Trátase del cuadriciclo á gasolina, construido por los del rojo, se da con una mano dos ó tres vueltas al
señores Peugeot, y el motor en él empleado es del 'manubrio de atrás y con la otra se regula la espita de
sistema Daimler; ha sido fabricado por los Sres. Pan- admisión del gas, con lo que la máquina echa al mo.hard y Levassor y funciona por medio de la esencia mento á andar.
de petróleo volatilizada en una corriente de aire.
Las explosiones del gas desarrollan en el interior
La fig. 1 representa el nuevo coche movido por el de los cilindros un calor que no tardaría en dificulpetróleo y la fig. 2 reproduce el plano y la sección del tar por completo el movimiento de los pistones, si
mismo con una leyenda explicativa.
la caja en que éstos van encerrados no se enfriara
El coche se compone de un armazón de tubos de continuamente. A fin de lograr este resultado, una
acero batidos y sin soldadura y reunidos por medio bomba centrífuga movida por el mismo motor hace
de piezas de varias formas, también de acero fundi- circular alrededor de los cilindros una corriente de
do ó estampado: este armazón, en donde están colo- agua que pasa luego á los tubos del armazón de la
cados el motor, el mecanismo y los asientos, va sus• máquina. El coche lleva un freno de bastante potenpendido sobre muelles fijos en el coche. Las ruedas cia para pararlo casi instantáneamente, cualquiera
motrices giran alrededor de dos pezones de eje y sus que sea la velocidad con que corra: la palanca correscubos tienen dos engranajes de cadena que reciben su pondiente á este freno hace funcionar al propio tiemmovimiento de dos ruedas correspondientes ajusta~ po un cono interruptor, de suerte que es imposible
das á un árbol de transmisión. Este lleva un moví· engalgar sin haber hecho antes el motor independien• miento diferencial destinado como en los triciclos te de la transmisión del movimiento.
ordinarios á hacer independientes las dos ruedas
En cuanto el motor ha adquirido su velocidad
motrices. Las dos ruedas directoras están colocadas puede emprenderse la marcha: el conductor coge con
en la parte anterior del vehículo. El coche puede la mano derecha el puño de la palanca del freno, que
evolucionar sobre sí mismo describiendo una curva es al propio tiempo la palanca que establece é intede tres metros de radio. Las llantas de las cuatro
ruedas de acero están provistas d e una guarnición
de caucho.
Cuatro personas pueden ir sentadas en el coche:
la que hace las veces de cochero se sienta á la derecha, teniendo al alcance de su mano el guión director, la palanca del freno, la del cambio de marcha,
la manivela de la espita de admisión del gas, la em•
puñadura que gobierna la marcha hacia atrás y, d ebajo del pie, el pedal con que se interrumpe la comunicación entre las piezas de la máquina que se
comunican el movimiento entre sí.
El motor, cuya fuerza es de dos caballos de vapor,
.
~k
está alimentado por gasolina ó esencia de petróleo,
Fig. 2. Secci6n y plano del coche movido por el petróleo. - A. Motor de gasolina, de dos cilindros, con fuerza de dos cacontenida en un recipiente llamado carburador, donballos de vapor. ~ B. Car~urador. - C. Dep6sito_ ~e gasolina que alime~ta los mecheros. - D. Mecheros que calientan
de se volatiliza para penetrar luego en forma de gas
los tubos de platm~ que mflaman el gas. - E. C1hndro de escape que mve para amortiguar el ruido. - F. Dep6sito de
petr6Ieo. - G. Bastidor de tubos de acero por el cual circula e l agua que enfría los cilindros. - H. Dep6sito de agua.
en los cilindros de la máquina, produciéndose las
- I. Bomba centrifuga . para la ~irculaci6n d&lt;;I agua. - J. Disco de fricci6n para hacer independiente la máquina. explusiones por medio de dos mecheros con dedos
K. Palanca para_ hacer independiente la máquma y para el fr~no . - L. ~reno de collar. - M. Pedal de interrupci6n.
de platino encerrados en una caja de hierro á mane- N. Juego de piñones que ccrre sobre el árbol para el cambio de velocidad. - O. P11Ianca para el cambio de veloci•
ra de linterna.
dad. - P. Juego de ruedas que transmiten el movimiento al piñ6n de cadena por intermediación de ruedas de ángulo.
- Q. Movimiento diferencial, - R. Direcci6n. - S. Cambio de marcha,
La velocidad invariable del motor es de unas 550
vueltas por minuto; su potencia, también invariable,
de dos caballos de vapor basta para lograr en un ca- rrumpe la comunicación, le imprime un ligero mo- tado de sustituir ' el papel á la madera, y aunque
mino liso y sin pendientes una velocidad de 18 kiló- vimiento hacia atrás y el coche echa á andar.
hasta ahora no se ha pasado de la vía de ensayos,
metros por hora. Para subir las cuestas es preciso
Es conveniente iniciar el movimiento con precau- n0 tardaremos en ver salones Luis XVI, tocadoresdisminuir la marcha, para lo cuál se apoya el talón ción marchando á pequeña velocidad para evitar un Luis XV y comedores de estilo gótico, todo construí-·
choque violento en el momento de partir, pudiendo do con papel.
(I) Véase el ní1m. 476 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
acelerarse la marcha inmediatamente después.
(De La Nattm)

♦

LECHE ANTEFÍ:L

NUEVAS APLICACIONES DEL PAPEL

1.

POR

, _......,_

***

Fig.

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

CIFRAS DECORATIVAS'·; PARA ARTES E INDUSTRIAS

1
1

LA

entrega de

~PEL WL

Se u.to prespo&lt;tot , ~u!.. lea aoUcn,
41rigiu4oae f i., Sru, Moataoet y Sia••. e4ltor•

Soberano remedio para rtplda cura-

cioa de lu Afeoolon•• del peoho,

Catarro■,Kal de garganta, Bronquitia, Re■biado■ , Romadiu■,
de 101 Reumatiamo■ , DolorH,
Lumbago■, eto., SO aiio1 del mejor
6xJto at.estl¡uan la eficacia de e1te
poderoso derinUYo recomendado por
101 primero■ m6dlco1 de Paria.

D1p61tto ,n toda, ta, Farmacia,

l&gt;epo■lto

ESPECIAL

para com~alir

Erijar,e /a,
C4ja, de hoja de lata

•• •.

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con lxilo

ESTREN IIIENT0S

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por 1ª manana

'

# y otra por la tarde

en la cuarta parte
de on vaao
En toda, deagoa 6delecbe
/at

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~ .. -'

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LA

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ENFERMEDADES
DEL HIGADO
Y DE LA VEJIGA

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l&amp;

I

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Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS

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11 el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del ooruon,
la epilepsia, hiat6ria, mllJl'&amp;ña, halle de B••Vito tnaomnios ooa•
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kUDolon• de la Vos, IDflamaoloDN ele la
- - . Efeotoe penuo!NN del Keroarto, lrt•
taoloD ,u• prod'Doa el T■llaoo, J -,.ei&amp;lmtDII
' lot Snn PREDICADORES ilOCUJ&gt;Oa,
PllOFEIION:11 y caMTOiii ,an tacilillr la
emlolon de la Toa.-P•••: 12 lllil.a.
.laHlfr M II rot•,. • /INll4
.l.dh. J&gt;ETIUlf, FanuonUoo n P.lllD

CARNE t QUINA

• AJ1mqte 1111npa-U, uldo ll !'6Dioe •aqicl,.

~

VINO ARDUO CON QUINA

T C01' TODOS I.Ot nmamo1 lnlTlmTOI IOL111LU »a U caJUl'II
4'Aa.u 11m11a1 eon loe elementol que entran en 1a comDOllcloll de elle
r.
l'IIPUador c1e laa fllerzu niales, c1e este feni■•-.. par -•le■eia. De un ~salD&amp;menle a,rad&amp;ble, es 10berano contra la J.flellHIJ -, el Afl«4f!ltfflto en 1u Ciufftl
1~oo4ntra
Y
4 las J&gt;'4rr11111 Ju J.fl«1l&gt;'MI c1e1 J11tOÍMQo -,'108

g~~,

-"'-· o ~- raia •

'"'"""°' '"'

espenar el apetito, aserurar lu d1gesUoD61, reparar 1u ~ ·--

.¿ er=_u Jll'0'9-

-......ecer .. IID&amp;ft. entonar el organismo y precuer la anemia y 1u
Cldli por 101 caloree, DO 1e oonoce nada superior al w1■e de
48
#o,-o,-.• •~-• waal.FEW,rarmaeeatiti, tOI, rae
DA fflU&gt;I 11' TODAS LAa P.IJKCllPAJ.1111 JIOnaA&amp;

mcw.. ._..AIODI.

_EllJlSE 11.:e=' ARDUO

UHIIIEI 1C'',11IClm.11Nl1 hr!t

EnfermedadeSdelPecho
La,

Pfflftll ... NINft 1u

PILDORAS~DEHAUT

P. LAMOUROUX

~clo, ,OJlfflt, oo.a&amp;ra lo que ncfd, eoa

•s, Calle Vauvtlllen, Parf■,

llora 1 la comida qa. mu 1, coa,-J,111.a,

El Jarabe de Pierre Lamouroux es
el Pectoral por excelencia
como edulcorante de las tisanas, á
las cuales comunica su gusto agra•
dable y sus propiedades calm1Jntes.

•~cu. No lfm,.a ,1 a,co m,1 ou-

- a.aiu ,azvue,,, ,.,. 110 obra JJf,a
úo eaa.ado 11fomaoo11.1Ja,no1aUm,ato.
1.llfllklu lortlltouc,,, call ,1 YiJJo, elwl,
,111. Cada nll e,coge, para P.Dl'fll'II, la
'"'"' IIU OCD1McfOD81,

Como ,1 caan.a

cio qa1 i. l'Dl'fa oc.aloa, queda com-

~

~

.

pletam1nteaaalado,orel efec&amp;od1 la
JJaaa ana,,naacion ea,1,ada,a.ao
,. fllCld, Ucílmente 4 ,-01,-.,.
4. .

,.,.,.cau&amp;u ,.,.,..
IH ■ICMalW,

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(Gaceta de los Hospitales)

Dep6sito General: 45, Calle Vmillien, 45, PillS
Se rende en todas fa, buena, farmacia,.

-~ -!l}·~ -~ -~
~~~

GOTA y REUMATISMOS

eorac1on'

DE

•• lltabtu u J'Dl'fll'H, n111dt i.

DI". ..Aflla

(lutrlte utw111,. -Fle11 Yd. • 111/ l•rt• 11pe,/tntl1,
1 h1,. MH lunttm IU#OU1 IALU, pu• e/IN
le nrarh ,, 1u oontt.,ao/tn, /e darb•411ttlto 1 N
lero/mb el 1nño 1 la 1/tfr/1. - A1I rwlrt YI.
•uhu 1ñ41, l11frutanl• 111111,,. di una •uua •al•'-

Jarabe Pectoral

por el L.10011 7 1u PILDOIIA8 del :c,r L avil.1e :

*#-::,

1:r.100&amp;111111p/H H tintado a,udo¡ lat •D,:DOa&amp;a,M ti NfldO or611/oo,

Per llpr: F. COIIAR, 21, ne Sabt·Cl&amp;••• PARIS

1.ia • Wu III fl!IMW 7 llt,-w.-lllHIM ll'lh ■ hlWt .,Uaalllt.
UUW 1L lllll 111 IIIIWI flAllll f lSTA fllll !

p i ; •y

. .•½,, . •

CLORÓSIS. -

ANÉMIA. ...:. LINFATISMO

El Proto-IodUJ'o de merro u ,1 reparador ,, 11 1&amp;ZJgre,1

lortiflcante y ,1 microbicida 1•r ezcele.ocia.

11Jarabe7 lu G~ajeaa coi prolo-lodaro fe llem teF. Gille

no podrla11 , ,,. ~ ,..,......,dado, .,. nuó,, tú
¡ ¡.,.. '
"' iMlt....,11tlldad II tú "' 1olu6illclo4 C0111la11la,
"',,.,...., ¡u m '11,
(Gc,11&lt;1 d1 lo1 Jl'o,Jl{lale,).
1l1Pde1,o GINIIIAL: 45, Rue Vauvllllert, PARIS. Dep6sfto ID todu Ju Jarmufu .

Las OB.88lJ extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUBTRAOIÓN ART1STIOA diríjanse pa.ra informes á los ~res A. Lorette, Rue Oaumartin,
núm. 61. París.-Las casas espa.iíolas pueden hacerlo en la ofloina.. de publlolda.d de los Sres. Oalvet Y O.•, Diputación, 858, Barcelona.

�LA

768

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

51 8

drid, se reparte por cuadernos semanales de 32 páginas al
precio de dos reales uno y formar~ 3 to~os de unas 4?&lt;'
páginas. Suscrlbese en casa del editor, Fucar, 3, Madnd,
y en las principales librerlas de provincias.

NUESTOS GRABADOS
La at let a miss Viot or ina. - Entre las curiosida·
des que se exhiben en el teatro de Variedades del Palacio
de Cristal de Leipzig, figura la atleta miss Victorina, que es
sin disputa una de las mejores en su género, pues á su fuer·
za extraordinaria une una corrección de formas irreprocha·
ble y una gracia especial en la manera de hacer sus ejerci•
cios. De sus varias habilidades, tales como levantar pesos
enormes, romper gruesas cadenas, etc., la más prodigiosa
es la que consiste en detener un proyectil de doce libras
disparado por un cañón á diez pasos de la boca de éste:
otra no menos notable es la que representa nuestro grabado,
ó sea la de romper á fuerza de la distensión de los músculos una cadena atada al brazo.

•
••
ZARAGOZA ARTÍSTICA, llfONUMENTAL É HISTÓRICA,
por A. y P. Gascón de Color. - Los cuadernos 44 y 45 de

esta importante obra, además del excelente texto contienen
cuatro hermosas fototipias que representan: una Venus, es•
tatua romana de mármol de Carrara, tablero y ménsulas
árabes del castillo de la Aljaferla, un detalle del interior
de la mezquita del palacio de la Aljaferfa y un facsímile de
una página de un códice aljamiado. Llevan además tres
bonitos fotograbados que reproducen el alfar del oratorio
del arzobispo Mur, el interior del cimborrio de la Seo y un
retablo del altar mayor del templo de Santa Engracia.
Suscrlbese al precio de una peseta el cuaderno en casa
de los autores, Contamina, 25, 3. º, Zaragoza, y en las principales librerías, y en Barcelona en la de D. Arturo Sim6n,
Rambla de Canaletas, 5.

~~

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
ENSAYO SOBRE EL ARTE DE NAVEGAR POR DEBAJO DEL
AGUA escrito por et inventor del «lctlneo&gt; ó barco-pez, Narciso Mo~tttn·ot. - Algunos amigos y admiradores del inventor
del Ictlneo han publicado lujosamente impresa la luminosa
memoria descriptiva del barco ~ubmarino y una interesante
introducción en que se describen las vicisitudes por que pasó
el invento: ambos documentos fueron escritos por el mismo
Monturiol, y en la edición que ahora de ellos se ha hecho
precédeles un prólogo de D. Juan Mañé y Flaquer, en el
que se hace una semblanza tan sentida como justa del eminente hombre de ciencia que indudablemente dió un paso
gigantesco en la resolución del trascendental problema de
la navegación submarina, y que por causas que no hembs
de señalar ha116 sinsabores y no pocas pérdidas materiales
alll donde hubiera debido encontrar sólo dichas y gloria.
Lleva el libro el retrato del Sr. Monturiol, una fototipia
reproducción. del /et/neo y dos láminas con las seccio~es
vertical y honzontal del barco y las transversales de vanos
detalles del mismo.

•
••
DR. ANDRÉS LAMAS, bosquejo crítico literario. A HIS·
TÓRICO PASADO, RISUEÑO PORVENIR, poema argentino,
por D. R. Monner Sans. - De estos dos folletos, el primero es un estudio concienzudo de una de las personalidades
más salientes del Rlo de la Plata, y el segundo un canto en•
tonado en armoniosos versos en loor de las glorias de la
República Argentina. U no y otro revelan las notables dotes de critico justo, escritor castizo é iespirado poeta que
adornan al Sr. Monner Saos.

.

••

JUSTICIA Y POLÍTICA, por D. Antonio Agui/ar. - Con el
titulo de Actt,alidades ( Cartas á mi padnºno) viene dando
á luz el S,r, Aguilar una serie de notables estudios sobre
cuestiones de innegable trascendencia relacionadas con la
•••
administración de la justicia. En el último publicado ocÚ•
pase con imparcialidad y elevación de miras del interesan•
PROSODIA CASTELLAN,\ y VERSIFICACIÓN ' por don
te problema de la influencia de la polltica sobre los tribuEduardo Benot. - Que esta obra es interesante y de indisnales, y al exponer con irrebatibles argumentos los gravisipensable estudio pruébalo la sola enunciación de su titulo;
mos males que este estado de hecho acarrea á la sociedad,
que las importantes materias en ella co~tenidas est~n ?ª º
ocúpase de una manera concienzuda en los dos mportanbiamente tratadas, demuéstrase con la simple enunc1ac1ón
tes principios de la independencia y de la responsabilidad
del nombre de su autor, quizás el primer gramático de nues•
judiciales y censura con rasgos felices la conducta que una
tra patria, Por lo que vemos en el primer cuaderno, único
parte de la prensa sigue al tratar de lo que á la justicia se
hasta ahora publicado, el Sr. Benot se muestra verdadera·
refiere.
mente revolucionario en materias de acentuación; y la ver·
Es este un folleto que se lee con sumo gusto, pues además
dad es que leyendo las razones en que apoya sus teorlas, la
lógica de las mismas se impone, aunque su novedad cause LA ATLETA MISS VICTORINA que actualmente se exhibe en el teatro de ser interesante está muy bien escrito. Ha sido editado
por D. Fernando Fe, de Madrid, y se vende en las princide pronto cierta extrañeza,
pales librer!as al precio de una peseta cincuenta céntimos .
de Variedades del Palacio de Cristal de Leipzig
La obra, editada por D. Juan Muñoz Sánchez, de Ma-

-

ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS J POLVOS
PATERSON
• BISIIUTBO J IIAGNISU

'--dadoe CODtra lu .&amp;J-1011• clel Eat6·
mago, Falta de .l.petito, DlgeatlonN labo•
rto.u, .l.oedlu, VOmttoe, Erv.otoe, y COll-,
Ngular!An lu Funolon• del Ellt6mago y

de loa IDINtinoa.

flillr III el rotulo I lfllll dt l. ,AYAltO.

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11 .Alimento mas Corlilicanle unido a los Tónicos mu reparadores.

lr1NO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS PI.INCIPIOS NOTB.ITIVOS DB U CARNE
c,.1.an. IIJEll&amp;O y_ 91JIJU I Diez años de exlto continuado y las llflrmactones de
todas las emtnenC1.aa médicas preuban que esta ISOCl&amp;eion de la ~ame • el llierro y la

911¡- consu tuye el reparador mas enerltlco que se oonoce para curar : la Clordns, la

.AMmfa, las J f f f l l t ~ ,t.olorosiu, el J/mpol1rec1míento y la Alteracton de la Sangre,
el Ra4u"umo, las AfecclMla e.scro(Uwsiu Y e.scorbutfcas, etc. E.l Yino IFerrucino■o de
.1.rea• es en erecto, el ÜillCO que reune todo lo que entona y fortalece los organos,

regu1ar1.za; coordena y aumenta oonsiderablemenle las tuerzas ó tn!unde a la san¡re
empobrecula y descolorida : el YtQor, la Coloracíolt y la BMr!lfa fltt al.
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ARO UD

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Pepsina Boudault
Apnhada por la AUDElll DE IEDICIH

PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858
lltd&amp;llu ta 1&amp;1 lhpo1lolont1 tni.l'Daolonalt1 dt

PUIS - LTOI - mu • PIIUDELPKI! IM'r

18'11

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UN.al COR IJ. ■4TO&amp;

,. JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT ~
Far1naci a , VALLE D E BTVOL.C. lóO, i&gt;AB.CS, JI en toaus 1,u.A&gt;'a r ...u cia•

El ,!.ARABE DE BRLANTrecomendauo desde su ;&gt;rlnctpio por 10s profesores
L._!lennec, Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagración del tiempo: en el
ano 1829obtuvo el prtvlleglo de Invención . VERDADERO CONFITE PECTORAL con base
de goma Y J~ ababoles, conviene sobre tooo a 1a.s personas ctellcactas como
mQJeres y ntnos. su gusto excelente no perJu&lt;llca en mocto alguno a su incacta
._ contra 10S RESFRHDOS y todas las IIIFLAMACIOUS &lt;lel PECHO y ae IOS IIITESTDIOS. ..,

mis

OA8TRIT18 - OA8TRALOIAS

DIQHTION LINTAS Y PEN08AI
PALTA DE APETITO
'I ff&amp;OI DIIO&amp;D. . .I DI U. DltllT. . .

B,UO Ll FORIIA. DII

ELIXIR• • ie PEPSIIU IOUDAULT
VINO • · de PEPSIKA IOUDAULT
POLVOS, ie PEPSINA IOUDAULT

1,.,._
, ... "" """"'...... 111-•··

P~, "8rmatit COLLAS, 1, ne

e~pcclalmen te contra las Eacrofulaa , la
l'íals y la De bilidad de t empe rame nto,
- - -- - lSi como en todos los casos(Pálldoa colorea,
B.m enorrea, • •&gt;, en los cuales es necesario
ol&gt;rar s.obre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, ó ya para
provocar 6 regularizar su curso periódico.

l

lffl
1171
Wro .. LM

D18PEP8IA8

1:-artlclpando de las propiedades del Iodo

r del Hierro, estas Plldoras se emplean

SOCIEDAD

Y PASTA
,,,n. JARABE·
de H. AUBERGIER

•• Fe■ 11to

•§1,1111

·••1110

•• iooo 11-.
001 %.4.0TV0.Alt.mK (Jug, l1ob111 de Leobuga)
,, ,,.,,.
.Aprokdoa por la Aoadem1a de llfedlohla de Parta é biaer tado. on Ia Colocoión
0/1o1al d• lr6rmaJae Legal•• por decreto m1n.úcerial de 10 de .Marao do 1854.
e Una completa 1Dnocutdad, una encacta perrecwnen&amp;e comprobada en el catarro
qfdtmfeo, Ju BrOflqu"''· Catarro,, .ieVIIIOI, ro,, a , - 6
de la ¡ ar¡anta han
l!&amp;Ilieado al JA.R.l.8E Y P.1.8T.I. de .I.UBERGIEJlouna Inmensa fama ,.
'
(.htrull ul Fornuilarif 1114"• ul S-• Bovi;larur 111ttlrl&amp;liu u la r,nttc,I ~ .11,,~iu (Ho , 4ici611J
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~Rue Bonaparte, 40
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Como prueba de pnreza y de autenticidad de

las verdaderas P íldo-ra s de :n anca-rd,
exigir nuestro ae1 10 de plata r eactiva,
nuestra firm a puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garantla de la Unión de
los Fa llr lcant es para la represión de la falslllcación.
SE HA.LLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

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...... lllrl el calla. se .&amp;iioe 4• áaso,1.W- u 1alilla1Nprut1zu la eauda
~ IN ~ ~(S. -'e• •Ju,~ la baña, 1 n 1/2 11J11 pan el Mptt lifm). 1'ln
_,, - -. •.--11 l"ll.J FCIMM. »v••• • •, ,.... ,1...i.-a......11. p ~

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
IMP, DE MONTANER Y SIMÓN

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1891, Año 10, Tomo 10, No 518, Noviembre 30</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>aitrt&amp;C100
A&amp;o X

BARCELONA 23 DE NOVIEMBRE DE 1891

NÚM.

517

1

ADVERTENCIA. - El trabajo extraordinario que exige la ilustración de la obra, no nos ha permitido repartir con el presente número á los suscriptores de
la Bibliflteca Universal «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA,» del general Moltke, primera edición ilustrada de las publicadas en Europa. Creemos que con
el próximo podremos hacer el reparto de la misma.

CABEZA DE ESTUDIO, cuadro de b. Manuel Felíu

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

como la cohesi6n que mantiene unidos los corpuli- á hurtadillas. No, no son las Memorias verdaderas
llos ó átomos en cada cuerpo. La vida en éstas se esos renglones á lo Goncourt, donde se gasta papel,
tinta, espacio, tiempo, letras de imprenta, moldes y
Texto. - M11rmuraciones europeas, por Emilio Castelar. - mantiene, se difunde, se perpetúa y perdura merced máquina para decir: «Domingo, etc., he comido casa
Navegación airea, por Hiram S. Maxim, traducido por E. á los besos de fuego que les manda el solitario y soL. Verneuil. - Colonia, la del Rliin, por Juan Fastenratb. - berano sultán de los espacios. Nuestro planeta va se- de Petters; por cierto que ahumaron mi plato favoNuestros grabados. - La idea fija, por Pablo Bonnetain, con guido por la luna, pálida ciertamente de las tristezas rito, la ternera en salsa.» Las Memorias deben re·
ilustraciones de Jeanniot, traducido por F. Moreno Godino. que dan los celos. Cuando un sol ha dado alguna cordar, no lo meramente subjetivo y personalisimo,
- SKCCIÓN CIENTfFICA: Física sin aparatos. La dilatación
lo naturalmente objetivo y trascendental de nuestros
de los merpos malos conductores del calor. Los autómatas. La tierra de sf, no la despide y lanza irremisiblemente
ob,a de Roberto Hotidln, por el prestidigitador Alber. - Li- á los espacios inmensos para que se pierda en sus actos, que interesan á todo el mundo y elevan hebros enviados á esta Redacción por autores ó editores.
inmensos abismos; la llama y atrae á su centro, cons- chos individuales á la estirpe y categoría de lo unitriñéndola con su coerción para que amorosa en tor· versal y humano. Si queréis estudiar la digestión os
Grabados. - Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel Fellu. no suyo quede y lo rodee con los abrazos de sus ar• importa lo-mismo estudiarla en el estómago de New- Las bellas artes, techo pintado por Antonio Coll y PL moniosfsimas elipses. Todas las estrellas desean tener ton que en el estómago de cualquier campesino
Navegación airea: Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia
sus
respectivos satélites y todos los satélites dan á las hallado por casualidad en la primer encrucijada de
del propulsor C:e hélice y la fuerza ascendente de los aeroplanos. Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. estrellas con sus concertados movimientos como una vuestra calle al paso. Pero si habéis de contemplar
Fig. 3 Sección longitudinal del cuerpo de lamáquina. Fig. 4. serenata sin fin movida por ardorosa pasión. Esas y conocer el pensamiento, ya varía el interés que
Sección horizontal de los miembros del brazo largo. Fig. 5.
tenéis por una ú otra cabeza. Enciso resucita con
Dinamómetro y tacómetro fijos en la barra principal. Fig. 6. gradaciones en que los planetas están colocados, vaEl experimentador y sus ayudantes probando el dir.amóme- récenme una especie de amoroso himno y de cromá- suma sencillez, pero con grande animación, todos
tro. -Abandonada, escultura de D. Rafael Atcbé. - Sueño tica escala, como los requiebros del poeta en aspira- aquellos actos de su héroe conducentes á explicarde amor, cuadro de D. José Maria Tamburini. - La ,(Jrima- ciones ardientes á su musa, ó como las elegías en nos cómo en la cantera pentélica de sus facultades
domia, cuadro de H. Temple. - El czar eligiendo esposa, copia
suaves notas del músico á su amada. ¡Oh! Asi que la naturales talló una voluntad firme, sirviendo á una
del celebrado cuadro de Makowski. - Experimento de dila•
tación de los cuerpos malos conductores del calórico - Fi- vida vegetal comienza, también comienza con ella el vocación soberana, la estatua de aquel Orfeo divino
guras I, 2 y 3: El pastelero, el gimnasta y el guardia francés, amor. Cuando los capullos en una yema se vuelven que se llamó Gayarre. Cuando uno ha ejercitado
tres grabados que representan otros tantos autómatas de Ro- hacia los cielos para romperse y abrirse, buscan un arte tan dificultoso como escribir con claridad y coberto Houdfn. - Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini. suspiro del aire y un ósculo del día. La palmera des- rrección la lengua castellana, maravillase de que
de lejos pide á su compañero el efluvio, diluido en haya podido un profano empezar y concluir en bue•
los aires, á cuyo contacto ha de producir los dátiles no y propio estilo regular volumen, sin tropiezo en
bajo las palmas, en guisa de un áureo chapitel coro- los énfasis y las adjetivaciones y las hipérboles y las
MURMURACIONES EUROPEAS
•
nando la esbelta y geométri~ columna de su tronco. cacofonías y las mil dificultades encontradas á cada
POR DON EMILIO CAST&amp;LAR
Subid en las escalas y veréis c6mo el amor se difunde linea, lo mismo en la idiosincracia nacional nuestra
que en la naturaleza propia de nuestro rico y altisoMi Biblioteca. - Regalo de libros con dedicatorias autógrafas por doquiera. Estremécese como en sacudimientos
por los primeros autGres contemperáneos. - La 111u/er del nerviosos el pistilo, arróbase como en éxtasis místicos nante idioma. Enciso ha navegado con suma facilisiglo XX, por Julio Simón. - Memorias de Gayarre por Ju- la retina. Desde los primeros insectillos hasta los dad y fortuna entre los dos escollos en que podía
lío Enciso. - Juicio de la obra. - Gayarre niño en el Roncal. grandes mamíferos, todos los seres animados se com• estrellarse la difícil obra suya: entre la sonoridad
- Gayarre mozo en Pamplona. - Gayarre como tenor inciépica del sermón panegírico adobado con los múlpiente. - Gayarre laureado en los teatros. - Muerte de Gaya- pletan á si mismos y perpetúan sus especies respecrre. - Definitivo juicio sobre su caráctor y su genio. - Con· tivas al fuego del amor. Desde las mariposas que tiples adjetivos idiomáticos nuestros, ó la picardía de
clusión.
vuelan en torno de la flor como las tierras en torno novela familiar y realista rayana con los asuntos pidel sol, hasta las carniceras águilas que tienden sus carescos de nuestros dos siglos clásicos. No ha voI
alas sobre las nubes, todos los seres, los delicados y lado á Jo sublime, ni aun escribiendo de música,
los fuertes, obedecen al amor, nacen del amor y en para caer en cualquier icarada frecuentísima tras el
Mi pobre librería resplandecerá siempre por las el amor se consumen y mueren. El ha puesto la se- quiero y no puedo de los tontos; pero tampoco ha
dedicatorias autógrafas con que todos los escritores dosa guedeja en el férreo cuello de los sanguinarios por los suelos arrastrado al héroe que conserva en
modernos de nota la honraron y enaltecieron á por- leones; ha pintado con matice~ tan atractivos y con los mayores apuros provenientes de su ,pobreza la
fia en los treinta últimos años, desde todas las regio- toques tan metálicos, de iris tan múltiples abrillanta- nativa honradez navarra. Con esto, y con la feliz
nes americanas y europeas, al publicar sus libros. das, las multicolores alas del ave; ha inspirado esa ins- ocurrencia de no subrayar demasiado los hechos y
Lamartine, Hugo, Thiers, Gambetta, Dilke, Lub- tintiva é inconsciente arquitectura en el castor para no ampliarlos fuera de toda medida como hinchanbosch, Mazzini, Garibaldi, Favre y cien más, apenas la fábrica de su casa y en la golondrina para el arre- do un perro, Enciso ha dado un libro, cuyas amepublicaron un volumen durante su gloriosa vida, glo de su nido; ha hecho que los astros se sigan, que nas páginas serán saboreadas hoy con gusto por la
cuando, todavía húmedo, me lo remitieron, estam- los gorjeos se sucedan, que los cánticos suban en feliz generación que oyó á Gayarre y consultadas
pando su firma con algún cariñoso cumplido en las sinfonías interminables á lo alto y que por doquier mañana con provecho por cuantos quieran historiar
primeras hojas, que me recordara con tan propicia se oigan arrullos y besos, se vean los pequeñuelos en lo sucesivo la vida de nuestras artes.
ocasión su inalterable amistad. A esta costumbre, no unidos á sus madres y los machos á sus hembras, que
correspondida por mí, pues desconfiado del valor de todo suspire y todo arda, que aspiraciones universaIII
cuanto escribo, pocas veces dedico mis obras ni en les á un ideal palpiten hasta en los seres más rudipúblico ni en privado; á esta costumbre no falta mentarios, que los aguijones del deseo muevan las
nunca el insigne repúblico Julio Simón, de quien partículas de polen áureo depositadas en los pétalos
En la primera parte de su obra Enciso nos refiere
guardo un afecto muy correspondido por mi, el cual de las azucenas y la roja sangre agolpándose á los la vocación del tenor: en la segunda parte, c6mo ha
afecto crece con los años en intensidad como tam- corazones, que un calor benéfico inunde los espacios seguido el tenor esta vocación. Aunque no haya en·
bién mi grande admiración hacia él, no solamente como verdadero espiritual éter, á cuyo empuje y á tre las bellas artes ninguna, ni aun la poesía, en que
por la copia y mérito de sus obras, por la virtud y el cuya lumbre sintamos todos por igual el, precio de la todos mojemos tanto como en la música, desde la niesplendor de su vida. Parece imposible que, trans- vida y pugnemos por extenderla y perpetuarla en ñez primera los designados á episcopar dentro de las
curridos setenta y cinco años, quepan en tal edad tiempos sin término á generaciones sin fin. ¡Benditos armonías y los cánticos revelan las nativas propentantas faenas por él emprendidas y acabadas, cuyo sean aquellos que purifican en obras inmortales y siones suyas y el fin primordial para que fueron crianúmero y cuya importancia de seguro marchitarían con pensamientos altísimos el fecundo amor!
dos. Así como la vista del pintor se distingu_e de la
la más florida juventud y agotarían las más ricas
vista vulgar, distfoguese de los oídos vulgares el oído
fuerzas, pues no parece sino que lleva este hombre
músico. Gayarre hame contado á mi que le absorbían
II
singular en sí varios oradores, varios escritores, varios
y extasiaban todos cuantos sonidos regalaron, á guisa
estadistas, varios académicos, presente á un mismo
de auras, en las cumbres de sus montañas, en las ho•
tiempo en todas partes, y consagrado con todos sus
Otro libro acaba de llegar á mis manos, el escri- ces de sus valles, en las frondas de sus bosques,
medios á prosperar el bien público y á servir los in- to con sobriedad y elegancia verdaderas por Enciso aquellas orejas, tendidas hacia todos los ¡umores por
tereses humanos. Sus discursos en los centros litera- acerca de un objeto curioso, la biografía de Gayarre. el modo indeliberado é inconsciente, congénito y
rios, sus presidencias de ~sociaciones benéficas, sus Hale prestado nombre de M emorias al precioso vo- connatural con las grandes porfiadas vocaciones.
necrologías de los companeros muertos en las tres lumen su autor; y realmente á la obrilla le cuadra, ¿Quién pudiera describir la primera sensación des•
academias á que pertenece de antiguo, sus predica- pues no habiendo sido por la palabra del protago- pertada en aquel cantante natural por los susurros de
ciones difusivas del principio libe_ral tan combatido nista dictada, lo ha sido por sus hechos; resultando, la linfa en el arroyo, y por los estruendos de las cas•
y menguado en estos tiempos, su cooperación á todo en la natural ausencia de todo artificio literario y de cadas en el peñasco, y por el vibrar de los pinos en
trabajo útil é interesante para los demás quedarán toda solemnidad histórica, tan ingenuo relato, si no las montañas, y por el gorjear de los ruiseñores en el
como prueba de cuánto puede la lumbre de una escrito, vivido por Gayarre. Lo malo de las Memo- verjel, y por el beso de las brisas tibias en el rostro,
inteligencia clara y el calor de un afecto humanita- morias, lo que repugna en ellas al cabo, es un em- y por el estallido de los rayos én el cielo, dada su inrio cuando esclarecen y prosperan los humanos pro- peño tan fútil como la presentación de los actos re- contrastable atención á todo aquello que cantaba en
gresos. Entre las obras publicadas en los últimos ferentes á la vida privada, en que todos nos confun• torno suyo, componiendo las sinfonías misteriosas é
tiempos, de las cuales me ha remitido siempre un dimos, y que suelen despertar, magüer su vulgari· inextinguibles del músico universo? Los oradores de
ejemplar, encuéntrase La mujer del siglo XX, escri- dad, insano interés entre los aficionados á cosa de nacimiento dicen, aunque nadie los escuche, monóta en la parte metafísica y moral por él, y por el hijo suyo tan poco interesante como las vidas ajenas. En logos tras monólogos hasta durmiendo; los dramátimayor suyo en la parte fisiol6gica. Imaginaos á Pla- la biografía dada con fortuna y acierto por Enciso cos fingen dramas y urden situaciones interesantes
tón completado por Hipócrates ó Séneca por Plinio, á luz, todo entra dentro del dominio natural de la ó escenas teatrales en las circunstancias más vulgares
y tendréis una idea de tan hermoso libro, pensado y historia y todo está pidiendo la pluma del historia- y con los diálogos más ordinarios de su vida; los pinproducido para engrandecer y purificar el amor. ¡Oh dor. Pervertidos muchos hacedores de Memorias tores ven paisajes y más paisajes en la sucesión pa·
fuerza universal, fuerza creadora! El poema de la por la vanidad característica de algunos hombres norámica del espacio delante de su vista y componen
Creación está inspirado por el amor. No deben co- muy célebres, creídos en lo pueril de su orgullo cuadros y más cuadros en la lectura de cµalquier
nocerse con otro·nombre que este santísimo de amor propio que les importaban á los demás las minucias historiador verdadero; los poetas extraen la poesía
las afinidades misteriosas, aglomerando unos átomos de su vida tanto en si cuanto les importaban á ellos, de los objetos á primera vista más prosaicos; modesobre otros átomos y componiendo por medio de la han atiborrado á los lectores con especies tan ba• lan los escultores nativos idealmente sobre los pe·
cohesión los cuerpos. Amor se debe llamar esa fuer- ladies como el recuento de la primera papilla que druscos hermosos bajos relieves, como los astróno·
za de gravedad que á distancias inmensas mantiene mascaron cuando lloraban por sopas ó del primer mos convierten al cielo material todos sus pensamienunidas las moles enormes en una gran familia solar, amor que sintieron cuando fumaban en la niñez tos: que la vocación amanece y alborea con las almas,

NúMERO

517

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

739

SUMARIO

LAS BELLAS ARTES,

revestidas de todas las cualidades y hasta de todos
los defectos aquejados que conducen á la realización
y cumplimiento de sus personales destinos. La estrella que nos guía desde nuestra natividad á nuestra
muerte, quiso evocará Gayarre con su magia en una
montaña, donde lejos de oir los rippers, y los tran·
vías y los simones que oyera de nacer en Madrid,
entrábansele ¡ior los órganos de su audición las me·
Jodías del universo, como por los poros de su cuerpo
las emanaciones del heno. Yo no caeré, no, en la retórica pastoril hasta creer más escuela música los
apriscos de Navarra que los conservatorios de Way·
mar, y superior la zampoña 6 rabel de cualquier idilio á un buen violín de Paganini y á un buen piano
de Rubistein; todo esto equivaldría de suyo á traeros
mi buen Gayarre abrigado con pellicos de seda
en rama ó algodón en pelo, vestido con calzas de
raso blanco y polainas de cuero ruso, cubierto con
sombrerete de terciopelo adornado de lazos multicolores, soplando en las flautas áureas de cualquier Fi·
tivo de Academia, sobre muelle cojín de pluma y pin·
tada alfombra de Persia, junto a cualquier Amarilis
adobada con más colores que tiene la cola del ave
de Juno y ceñida con más brillantes que los guardados en las alacenas de Marzo; ¡Dios me libre de dis-

techo pintado por D. Antonio Coll y Pf

frazar así un artista eximio, todo verdad y naturaleza!; pero sí digo que quien jamás oyera el arrullo
postrero de una tórtola y el canto matinal de un
gallo, la esquila del ganado en los rediles y el mugido de los bueyes sobre los surcos, la campana que
llama en el crepúsculo vespertino de lejos á la oración cuando vuelven los leñeros cargados de tomillo
con la primera estrella de la tarde que nada en los
últimos arreboles del día; ¡oh! quien jamás ha oído
todo esto con amor, no podrá, no, componer 6 cantar
la música con gloria. La gallegada de Sonánbula los
conciertos de labriegos en Guillermo, las melodía~ alpestres del organillo de Linda, el azahar sevillano á
que trascienden todas las serenatas audaluzas del
Barbero y del Don Juan, los coros de las selvas en
el Freichutz y el coro de los pájaros en la Africana
enseñan cuánto despertaría la vocación propia suya
en Gayarre la ópera compuesta por el violín de los
pinos, por el aria de las fuentes, por. el dúo de las
alondras, por la flauta del mirlo, por la escala cromática del ruiseñor, por las piezas concertantes cantadas entre las golondrinas y los verderones y los jilgueros_y las tórtolas y los gallos; en fin, por el cántico
armómco de la naturaleza y por el himno todo entero de la música universal.

Pero así como en la infancia todo auxiliaba con
auxilio ~ficaz y consta_nte la vocación suya, todo la
contrariaba en los diversos oficios que siguieran á
las faenas del campo y al pastoreo en el monte. Den·
tro de una tienda prosaica en Pamplona, ó sobre un
yunque atronador en la herrería, seguramente la educación música, por la vida en el Roncal aquistada
sufrió un triste retrnceso. La venta y el regateo, 1~
vara y el peso, los mostradores y los escaparates no
cuadraban á quien debía soñar con empresas de ma·
yor cuantía intelectual y con ocupaciones muy contrarias de las útiles, á cuyos esfuerzos lo condenaban
la miseria del propio hogar y la imposibilidad en que
s~s padre~ se hal_laro,n de granjearle ninguna profesión artística ó c1enllfica. Libreme Dios del error que
supondría no considerar como indispensables á la sociedad faenas tan útiles cual aquellas cooperadoras
en pequeño y con humildad á los movimientos del
cambio, los cuales renuevan y purifican los átomos
sociales, de igual modo que nuestro comercio continuo con el medio ambiente por la respiración y la
nutrición renueva las moléculas corporales; pero Ga·

�LA

ÍLUSTRACióN ARt1st1cA

NúMERO

517

yarre no había nacido para este ministerio provecho• hermoso canto. Nunca pensó en cautivar su público haber hecho derramar otras lágrimas que las arransísimo y honroso, había nacido para otros quizás de me· p0r el gesto, ni por el traje, ni por el teatral arte, á cadas á nuestras nostalgias celestes por los ecos sunos utilidad pública, pero de mayor empeño personal. la manera de tantos otros; todo á su garganta y á su blimes de su divina voz.
¡Oh, el arte, cómo desasosiega el arte á sus predilectos! fraseo lo fiaba en las obras de mayor empeño y en
Madrid, 14 de noviembre de 1891
¡Cuál funesto don para la salud, para los nervios, los instantes de más dificultad. Una verdadera nitipara el hígado una fantasía creadora y un sentimien· dez en la pronunciación italiana, unas modulaciones
to estético! Tras las tribulaciones traídas por una pa- magistrales en el recitado, una emisión de voz in•
NAVEGACIÓN AÉREA (1)
labra escuchada, por un pincel feliz, por una voz creíble, unas transiciones en que superaba dificultaPOR HIRAM S. MAXIM
armoniosa, por una superioridad cualquiera en las des insuperables bastábanle para el extraordinario
brillo
de
aquel
inspirado
cántico,
en
que,
por
un
verciencias ó en las artes, sentiría el pensador y el arHace algunos años vió la luz pública un artículo
tista vagar por sus labios la maldición de Job al día dadero milagro de la naturaleza, uníanse con portende su nacimiento, si no viniese á extinguirla un rayo tos~ unió~ la dulcedumbre femenina y el vigor va: titulado Navegación aérea. ( a priori), suscrito por
luminoso de la conciencia serena y una incontrasta- roml. Enciso ha mostrado en su Historia el afecto Edmundo Clai:ence Stedman, en el que se hacían
ble confianza en el juicio de la posteridad. ¿Quién más hondo en el corazón
podrá decir cuántos géneros de contrariedades com- y más enseñoreado en la
baten al artista y lo afligen, cuán agudos los dolores, vida de su amigo, el amor
así en la generación como en el parto de su idea, al suelo natal. Sin que sucuán penosos los trabajos y hasta cuán caros los piésemos una palabra de
triunfos, á veces en tristeza y desabrimiento superio- sus pretensiones, las coli·
res á las mismas derrotas? Y sin embargo, así como giéramos de los gritos lanel ave poeta, en la primavera, cuando el celo enar- zados al ver la nueva tiedece la sangre y la garganta en su cuerpo, se suspen- rra en su Africana, y de la
de ¡ah! de una rama florida, con amor, y se consagra ternura con que plañía las
con empeño á llenar de melodías el aire para que su fuentes y las arboledas
compañera empolle los pajarillos que luego han de patrias al regreso de la
cantar y volar desde su nido hasta la muerte, pues excursión caballeresca en
no empollaría sin aquella fascinación del cantar me- sus Puritanos. Amén del
lodioso, el arte se suspende á su vez del árbol de suelo, del hogar, del valle,
nuestra vida, pues ¡ay! sin él esta humanidad nuestra del monte, del amor á los
mil veces abandonaría, en el suicidio á que las penas suyos, de todo cuanto Je
y los trabajos la impelen, el mundo y la continuación traía el Roncal á la memoen el mundo de su triste atormentada especie. Ima· ria, y .con el Roncal sus
ginaos qué fuera del pobre Gayarre, despedido de su padres, Gayarre amaba las
tienda por haberla dejado en triste soledad para co- bellas artes; y á este amor
rrer tras una música militar, por primera vez á su se absorbía, se anegaba,
oído llegada; que fuera después de la tienda, dentro como los pensamientos
del infierno de una fragua, la cual tanto debía con del místico en las divinas Fig. 1. Máquina para probar la eficiencia del propulsor de hélice y la fuerza ascendente
de los aeroplanos. - En esta máquina la fuerza se transmite desde la barra horizontal,
sus resuellos y sus golpes inarmónicos atormentarle, contemplaciones, en el culhacia arriba por el aparato vertical de acero y á través de los miembros del brazo
si en tan grande contrariedad no le hubiera sosteni- to al cántico. Pero este
largo. A, es una escala que ha de señalar las millas por hora, y B, otra dividida en pies
do la certeza profética del cumplimiento de una vo- culto jamás obstó en él á
por minutos; C, es el dinamómetro para indicar el impulso de la hélice, y D, otro que
cación puesta por Dios en él para encantar con los un gusto por las letras, á
marca el ascenso del aeroplano,
astros luminosos de sus notas las noches morales de un sentimiento de las me•
nuestro espíritu. El Orfeón, en que halla los rudi- les arquitectónicas, á unas
mentos primeros de los tecnicismos difíciles del arte; preferencias de los paisajes hermosos, á una exalta- ciertas indicaciones respecto á la posibilidad de navela escena de su presentación al gran maestro Eslava, ción por las ideas liberales y á un entusiasmo por gar por el aire con globos en forma de pez ó de cigaquien severa y duramente con él procede á sabiendas los hombres superiores que le honraban mucho y rro, empujados por medio de hélices movidas por
en la increíble audición primera de aquella voz divi- hacían de su conversación, llena de conocimientos y una especie de motor. Mr. Clarence, sin preciarse
na; el curso lentísimo en las cátedras de nuestro Con- salpimentada de muy aguda crítica, un sabroso re· de ser ingeniero, solamente se proponía indicar á
servatorio, merced á una pensión suspendida por los creo. El talento resplandecía entre todas las faculta- los de la profesión un perfeccionamiento que en su
revolucionarios de septiembre, que le dejan al infeliz des intelectuales suyas y la sencillez campesina en opinión podía aplicarse. Desde entonces, sin embaren la calle; sus prósperas aventuras en Tudela con sus costumbres. Le divertía mucho, como á mí, el go, se han hecho repetidas experiencias con un apala compañía de canto y sus tristes desventuras en diálogo á la mesa, y le transportaba lejos de todas las rato idéntico al que él indicó, experiencias debidas
Zaragoza por haber querido levantarse á mayores y cavilaciones humanas el disertar ligero y cortado, al gobierno francés, y cuyo resultado fué la cons·
complacer á un público de ciudad grande con los que se dilata desde la sopa caliente al café y que no trucción del globo en forma de pez titulado Francia,
músicos y los recursos empleados en una ciudad pe- excluye, no, la elocuencia en medio de la familia- con propulsor á hélice y motor eléctrico, alimentado
queña; la personal abnegación del cacharrero, fiando ridad. Su oficio le había
con su modesta tienda las primeras empresas de un permitido pespuntear la
tenor incipiente sin empresario; sus peregrinaciones guzla nazarita en los cárme·
para llegar desde los despegos zaragozanos á los triun- nes granadinos y entonar el
fos esplendorosos en los primeros teatros del mundo; Miserere de Viernes Santo ·
tal número de incidencias y de incidentes dramáti- en la catedral sevillana;
cos, dignos de la tragedia, la novela, el drama y el deslizarse al amor de las
sainete, constituyen una moral epopeya, donde la canciones voluptuosas en
juventud que aparenta crecer desesperada y sin los las venecianas góndolas, y
entusiasmos prnpios de las regocijadas mocedades, al revuelo de las plegarias
vea cuánto vale y cuánto puede una firme porfiada místicas arrodillarse en
las gradas rotas del Circo
voluntad.
Máximo erigido sobre las
catacumbas de los mártiV
res cristianos; oiJ: la platóDe triunfo en triunto' anduvo Gayarre hasta el día nita voz del Renacimiento
nefasto en que la muerte le hiriera de súbito y nos entre las colinas y los camio arrebatara por siempre. Amigo mío muy amado, · paniles de Florencia con
así que presintió la proximidad cercana de su fin, el reclamo de la sirena hevino á verme aquí eh mi casa, donde me tenía en- Jénica entre los volcanes y
tonces recluido el triste luto que guardé á mi her- los intercolumnios de Pamana dos consecutivos años. Era el día siguiente á lermo y de Parthenope; re·
la noche nefasta en que la primera sombra del veci- cibir como una difusión di·
no sepulcro subió á su frente luminosa cuando can- vina en sus venas las evataba El pescador de perlas. Podría, si pintara yo, re· poraciones desprendidas
tratar la tristeza de su rosto, y si ampliase las memo- de una odisea continua, Fig. 2. Manera de unir los aeroplanos y fijar las hélices. - A, tubo de madera y de cobre
rias estas, repetir de coro aquella conversación. en la cual dejaba él una
con espiga de acero horizontal; B, propulsor á hélice; C, aeroplano; D, D, dos barras
Acompañábale su hermano del alma, Elorrio, quien, estela de notas y recibía
de acero que funcionan libremente en dirección vertical, sostenidas por otras cuatro horizontales sujetas en G, G; H, H, indices que señalan el ángulo de los planos; E y F,
. reflexivo, grave, leal, honrado, como cumple al que na• otra estela de ideas. Tras
planchas de acero en que se fijan los aeroplanos; L, barra larga horizontal de acero y madecido en solar vasco, siente las amistades con exalta- una vida en que la juvenra, en cuyas extremidades se sujetan alambres de acero para impedir que la máquina se re·
ciones y ama las artes con vehemencias del Medio- tud suya se desquitaba
tuerza cuando está en movimiento; I, cadena que une el aeroplano con el dinamómetro;
día. Versó nuestro coloquio sobre la muerte, y sin con triunfos personales inK, K, alambres para preservar las partes de los esfuerzos de la acción centrifuga.
decir que la temiera, mostró Gayarre que la presen- creíbles del combate sostía en más de un rasgo y más de un concepto, inde- tenido en la infancia, juvenliberado é inconsciente, como aquellos que suelen tud consagrada por completo al arte y al ·culto y al por una batería. Con este globo se efectuaron varias
patentizar con claridad tan grande lo interior más cultivo de las maravillosas facultades recibidas del ascensiones, volviendo al sitio donde se elevó; pero
recóndito del ser. A la semana siguiente de tal con- cielo, que le granjearon fortuna y gloria, sin que ni aun cuando las pruebas se hicieron en día de coroversación lo enterramos. ¡Caso bien digno de medi- una ni otra Je tentaran y le condujeran á la molicie
(1) Tal vez el término «navegación&gt; no sea el m:ls exacto
tarse ahora el caso de tan extraordinario cantante! y menos al vicio, durmióse muy sereno, cuando las que puede aplicarse á la máquina para viajar por el aire. Creo
Gayarre perteneció, como Rubini, á los artistas líri- coronas de sus admiradores le habían caído á los pies que los franceses han convenido en usar la palabra &lt;aeración,&gt;
cos, que todo lo libraron sobre la buena voz y el y los aplausos le resonaban todavía en los oídos, sin en el caso de que consigan alguna vez volar.

NúMERO 517
pleta c~lma, raras veces fué posible regresar al punto
de partida.
Los globos deben tener menos densidad considerados en su conjunt?,. que el a~re en que' flotan, y
por lo tanto ~u condición esencial consiste en ser á
la vez volummosos y de poco peso.
Todas las tentativas hechas recientemente para
navega~ P?r el aire, y de las que tanto han hablado
l~s penódic~s, se han reducido simplemente á imitac10nes, por cierto muy deficientes, del globo Francia.
En la naturaleza no encontramos ave ni insecto
que cruce los_a~es á la manera de un globo.
Todo ser ylVlente, ave ó insecto capaz de elevarse sobre la tierra para surcar el aire tiene el cuerpo
muchos centenares de veces más pesado que el mismo volumen del elemento en que flota ( 1) y Je es
dado d~sarrollar una fuerza mecánica muy grande en
proporció~ á su peso. El empleo de esa fuerza física. e~ el aire q~e le rodea es lo que le permite volar.
D1stmtos experimentos se han hecho sobre la cantidad de fuerza que para vola~ desarrollan las aves, y
las fórmulas. de ellos deducidas arrojan diferencias
tales,_ que mientras unas la fijan, en Jo que al pato,
por e1emplo, se refi:re, en 200 caballos de vapor, otras
la reducen á la décima parte de uno, y Jo cierto es
que hasta el pr~sente nada ha podido demostrarse
con toda segundad respecto á este particular.
J?e todas suertes y estudiando atentamente el mecamsmo del v_uel~ de las aves, la mayoría de Jos
hombres de c1enc1a ha convenido en que si alguna
v:z llegamos á navegar por el aire, ha de ser bajo el
sis,te~a del aer~plano, es decir, ·que el peso de la
maquma y pasaJero ó pasajeros sea conducido por

Fig. 5, D.inamómetro y tacómetro fijos en la barra principal.
- A, dmamórpetro que. señala en décimos el grado de fuer·
za gastada, a la_ ce.lendad de 6oo vueltas por minuto; B,
tacómetro pa~a md.1car e~ número de vueltas por minuto;
C, aparato hidráulico umdo con el dinamómetro; D, con·
trap~so . Con este aparato fué posible determinar al punto
el numero exacto de vueltas y la fuerza empleada.

u? an~ho plano impulsado á gran velocidad por el
arre. Sm embargo, hay alguna divergencia de pareceres respecto á la manera más propia de impeler esos
P.lanos; pues mientras unos creen que sería necesario hacer algo semejante á las alas del ave, otros
proponen el uso de una hélice análoga á las de los
barcos de vapor, pero mucho más ligera, por supuesto, en proporción· á su tamaño. Yo opto por el
propulsor á hélice, porque es en alto grado eficiente
y susceptible de aplicar mucha fuerza de una manera continua sin ninguna remisión en su funcionamiento.
A fin de averiguar el grado de energía que se requiere para el vuelo y también qué influencia ejerce
en aquélla la dimensión como factor, si es que influye en algo, construí una máquina sumamente
complicada y con ella pude probar la eficiencia de
los propulsores á hélice de varias clases y de distin·
tas formas.
Mi aparato consiste en una barra 6 btazo de 31
pies 9'9 pulgadas de longitud, montado en un solo
tubo vertical de acero, provisto de soportes redondeados, forma adoptada para eliminar en cuanto sea
posible el roce. El brazo, según se puede ver en los
grabados que ilustran este artículo, es doble, con los
bordes ·afilados, para que oponga al aire la menor
resistencia posible, y en su extremidad va sujeto un
pequeño aparato volador con un árbol cuyo centro
mide exactamente 31 pies 9'9 pulgadas desde el
(I) El cuerpo de un ave sin plumas es de 6oo á 700 veces
más pesado que el aire; estas plumas, que aumentan el aparente volumen, no deben considerarse como un factor, porque.
no comunican impulso ni son origen de energía.

741

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centro del tubo de acero en que gira el largo brazo;
de modo que describiría una circunferencia de 200
pies. La fuerza para hacer que funcione el árbol de
dicho aparato se transmite por medio de un sistema
de tirantes á través del tubo central y los dos miembros del brazo largo, quedando el árbol libre para
moverse en dirección longitudinal, movimiento re-

,,
.

gada, colocado según un ángulo de 1 á 13 y con una
velocidad de 3.500 pies por minuto, elevó un peso
de 53 libras, siendo el empuje de la hélice de 8 libras.
Al retirar el plano y hacer girar la máquina exactamente con la misma celeridad, el empuje se reducía
á 4 ½ libras; de m·odo que la diferencia entre esta
cifra y 8 era la suma de energía gastada en arrastrar

.'

Fig. 3. Sección longitudinal del cuerpo de la máquina. - A, po·
lea asegurad~ en la barra; B, sumergidor de acero; C, propulsor de héhce; D, muelle en espiral· E cuerda· F enlace eléctrico; G, hélice; H, marco de ¿obr~. En este aparato
al. empuje d~ la hélice se opone el muelle D. El enlace eléctnco está u?1do de mGJdo que toque una campanilla cada vez
que la. espiga da 200 vueltas, y asi se puede reconocer si G
se desliza sobre la polea,

Fig. 4, Sección horizontal de los dos miembros
del brazo largo. -A, alambre que relaciona el
aeroplano con el ascenso del dinamómetro; B,
alambre que se corre al dinamómetro· C
alambres eléctricos.
' '

guiado por un muelle en espiral. Al fijar una hélice el plano, la cual energía debía ser de 3 s¡~. La ener·
en el árbol y darle vueltas aceleradamente, el apara- gía en la diferencia del empuje era 13'125 Jibrasto de vuelo puede moverse describiendo una circun- pies, empuje proporcional á 133'2 del de un caballo
ferencia ~e 20? pies; y cualquiera que sea el impulso de vapor. El mismo aeroplano, dispuesto en ángulo
de la hélice, dicho muelle se comprime según el gra· de 1 en 1 2 y movido con la celeridad de 4,400 pies
do de fu~rza, f~erza que marca un manómetro gradua• por minuto, llevaba un peso de 100 libras, y cuando
do en hbras wglesas y colocado en el bastidor que traté de aumentar la celeridad, los alambres que mansostiene el brazo. Sujeta al aparato de vuelo va una tenían las extremidades hacia abajo se rompieron al
serie de palancas dispuestas á la manera de escalas punto. El plano se retorció mucho mientras prode plataforma y á las que se puede sujetar el aero- gresaba con esta rapidez, y por lo tanto no füé posipla_no según el ángulo apetecible. Una pequeña má- ble determinar entonces definitivamente el ángulo.
quma de vapor, que se puede hacer funcionar con
Con un aeroplano de 6 pies de longitud por 12 de
la celeridad que se quiera, comunica la fuerza. Un anchura, dispuesto en ángulo muy aplanado y con
tacómetro indica el número de revoluciones hechas una marcha muy rápida, se pudieron llevar hasta 250
y un dinamómetro el grado de energía que se em- lib!as; pero este ángulo era tan achatado, que fué diplea. A fin de observar la velocidad ó de obtener al fícil mantenerle, pues el plano retemblaba y á veces
punto la que se desea, la máquina va provista de un se retorcía mucho por la presión del aire. Todos los
ancho tubo de cristal adaptado de tal modo que á experimentos vinieron á probar que se obtenían los
medida que la celeridad aumenta elévase e~ él un más favorables resultados cuando el ángulo era plano
líquido rojo. En un lado de este tubo hay una escala y mucha la celeridad.
.
dividida en millas por hora y en el otro una que seRespecto al funcionamiento de las hélices, resultó
ñala los pies por minuto.
que .una de madera de dos ramas, de 25'4 pulgadas
Cuando se adapta la hélice y la máquina funciona, de diámetro, con un grado de elevación ligeramente
el brazo comienza desde luego á pasar alrededor del aumentado y siendo la celeridad de 2.333 revolucírculo, y manipulando la válvula de la máquina se ciones por minuto, impelía 11 libras á una distancia
puede obtener una velocidad hasta. de 90 millas por de 5. 700 pies por minuto. Todas las hélices bien
hora. A fin de averiguar la fuerza elevadora de un construidas resultaban ser útiles; la que dió peores
aeroplano, fíjase éste según el ángulo elegido, apli· resultados se había hecho exactamente como las que
cándose unos-alambres á las esquinas para evitar la el gobierno francés usa en sus experimentos.
f~actura. No se suj~ta p_or el centro á la máquina,
Al practicar mis pruebas observé que si multipli·
smo que la extremidad wterior es más larga que la caba el grado de elevación de la hélice en pies por
exterior, lo suficiente para que ambas se eleven por el número de vueltas dadas en un minuto y por el
igual. _Las palancas. á que se sujeta el plano están en empuje en libras, y dividía el producto por 33.000,
conexión con un dmamómetro, dispuesto de tal mo- el. re~ultado correspondía exactamente con Jo que
do que merced á él se puede observar la subida m1 dm~mó~etro señalaba en el brazo principal. Esmientras el aparato funciona. A fin de obtener el to me wduJo á creer que había poco 6 ningún rozagrado de fuerza requerida
para impulsar el plano, se
hacen observaciones correctas antes de sujetarse
aquél. De este modo pude
averiguar el grado exacto
de energía necesaria para
conducir el brazo con todos sus accesorios á través
del·aire; y después, sujetando el plano y haciendo
girar la máquina hasta alcanzar exactamente la misma celeridad, la diferencia
en las señales marcadas indicaba el grado exacto de
energía requerida para
arrastrar el plano. Las hélices que usé eran de madera
y de diverso diámetro, desde 17'5 pulgadas á 25'4, é
hice experimentos con cincuenta formas distintas,
unas de cuatro ramas ó paletas, otras de dos, ora plaFig. 6. El experimentador y sus ayudantes probando el dinamómetro
nas 6 bien de tamaño va.
riable. Todo el aparato, al
que iba sujeta la máquina de vuelo, incluso el lar· miento, y en su consecuencia fabriqué una hélice de
go brazo, su contrapeso, tirantes, dinamómetro, pa- paletas cuya forma, dimensión y grueso fueron exaclancas, etc., pesaba unas 800 libras y opooía consi- tamente los de aquellas que yo había probado ya;
derable resistencia al aire.
pero en vez de ser las paletas ó ramas torneadas y de
Un aeroplano de madera delgada, de 1 2 pies 1 o ponerlas en ángulo, eran planas, formando cada cual
pulgadas de longitud por 26 de ancho, impelido la- el sector de un disco, con ambos bordes muy afila
teralmente, con el lado inferior encorvado ¼ de pul- dos. Al probarlas resultó que mi aparato era tan deli-

�74 2

LA

..

cado, que el contacto de la punta del dedo
con el cilindro movía marcadamente el indicador del dinamómetro, y eso que la fuerza
requerida era tan mínima, que aquél ni siquiera la marcaba. Parecería, por lo tanto,
que el rozamiento entre el aire y la superficie
pulimentada es tan poco, que no se debe tener en cuenta, al contrario de lo que sucede
con las hélices que funcionan en el agua.
Este líquido, á mi modo de ver, humedece
la hélice y se adhiere á la superficie, por muy
pulimentada que sea; mientras que el aire,
no adhiriéndose, no ofrece prácticamente resistencia. Al comprobar mis experimentos y
á pesar de que la circunferencia alrededor de
la cual se movían los planos era de 200 pies,
resultó, después de haber corrido los aeroplanos algunos minutos, que el aire debajo
de ellos se movía perceptiblemente hacia abajo en torno de todo el círculo, sobre todo
cuando los planos grandes se corrían con
mucha celeridad. Opino, pues, que si mi apa·
rato hubiese progr~sado en línea recta, de
modo que el ángulo no se alterase en lo más
mínimo, éste hubiera podido ser mucho menor, disminuyendo proporcionalmente la fuer·
za empleada. Los experimentos prai;ticados
cuando el viento soplaba vinieron á demostrar la exactitud de esta teoría: entonces, la
subida de los planos era con frecuencia suficiente para romper los tirantes que los sujetaban á la máquina, y esto á pesar de ser el
ángulo muy plano.
'
El profesor Longley, al debatir la cuestión
del vuelo, dijo, según parece, que con una
máquina voladora cuant~ mayor fuera la celt•
ridad menos fuerza se necesitaría; pero algu-

nos ingenieros le han atacado sobre este pun·
to. Los que están familiarizados con la cien·
cia de navegar con fuerza de vapor por el
agua podrían suponer que las mismas leyes
rigen para navegar por el aire, pero esto no
es exacto. Tratándose de esto último, podremos razonar como sigue: si no se tiene en
euenta el rozamiento, la resistencia de los
alambres y del marco al cruzar el aire, porque
estos factores son casi insignificantes á velocidades moderadas en comparación con la
resistencia que opone el aeroplano, podemos
suponer que con un plano dispuesto en ángulo de 1 en IO, y pesando todo el aparato
4 ooo libras, el empuje de la hélice tendría que
ser de 400. Imaginemos ahora que la' velocidad fuese de 30 millas por hora: la energía
requerida de la máquina en efecto útil sería
de 32 caballos de vapor (30 millas= 2.640 pies
.

6•4ox 400

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-- _.....,,t

..

NúMERO

517

ner buen, resultado á juzgar por mis experiencias y por los conocimientos obtenidos
de otras fuentes, tanto que estoy casi seguro
de conseguir el objeto, aunque pudiera equivocarme, Sin embargo, se ha de tener en
cuenta que durante muchos años los ingenieros y los hombres científicos admitieron
que la navegación .por el aire se conseguirá
apenas descubramos un motor que tenga suficiente energía en proporción á su peso. Este
motor se ha encontrado, su fuerza esta probada, su peso es conocido, y por lo tanto Píl·
rece que estamos ya próximos á obtener una
máquina perfecta para navegar por el aire; y
aunque yo no consiga mi objeto, paréceme
que á la vuelta de diez años alguno lo alcanzará.
En cuanto á la utilidad de este aparato,
puede afirmarse que si no para el transporte
de pasajeros podrá servir como poderosa máquina de guerra ante la cual quedarán inúti•
les todos los medios defensivos modernos,
así por mar como por tierra, que han costado
incalculables. millones.
TRADUCIDO POR

E. L.

VERNEUIL

COLONIA, LA DEL RHIN
¡Salve, Colonial Estás poblada para mí de
las blancas visiones y de los sueños de mi
juventud, recordándome el tiempo feliz en
que, delante de mis veinte años, un ejército
de ilusiones desplegaba las alas de oro, y
esperanzas que florecían en mi alma tenían la
blancura de la nieve; conservas todavía frescas las huellas de los seres más queridos que
ya partieron á los lugares misteriosos en donde todo acaba, y en tu cementerio hay sepulcros que guardan los inanimados restos de
los que me impulsaron á rendir culto á los
ideales, á realizar el sueño de una vida consagrada al cultivo de las bellas letras y á poner en mis estrofas mi sangre y mi carne.
¡Salve Colonia, en que los poetas Wolfgang
Müller de Konigswinter, Gustavo Pfarrius,
Armando Grie~en y Nicolás Nocker, cuyos
versos no necesitan la firma de sus autores
para ser conocidos, reflejándose en ellos con
toda fidelidad los sentimientos de su pueblo,
hallaban el color y la nota que conviene á
esa grata reaparici6n de otros tiempos y de
otros hombres! ¡Salve, Colonia, cuya aurom
rompía y centelleaba ya en tiempo de los antiguos romanos! Los blasones de tu historia
que te conquistaron el título honorífico de
)a ciudad santa, de la Roma alemana, de la
Joya más preciosa de la corona de· Prusia· tu
grandiosa catedral que guarda las cabeza; de
los Reyes Magos cuyas tres coronas ostentas
para siempre en tu glorioso escudo; tus magníficas, tus incomparables iglesias (la iglesia
grande de San Martín, los Santos Apóstoles,
Santa María en el Capitolio y Santa María
ABANDONADA, escultura de D. Rafael Atcbé
en Lyseirchen, perteneciendo todas al estilo
gótico; San Gereón, que conserva la cripta de
gada cuadrada. Ultii:namente he ~onstruído dos apa- los tiempos carolingios, representando en su cúpula
ratos de esta especie que pesaban 300 cada uno. la transición del estilo románico al gótico y en su
Cuando estas máquinas trabajan bajo la presión de sacristía el estilo gótico; San Severino y santa Ursu200 libras por pulgada cuadrada, y con una celeridad la) son más que iglesias catedrales; el portentoso arte
de pistón de s6lo 400 pies por minuto, desarrollan de tus artistas revelándose en tu famoso Dombild,
con útil efecto en la propulsión de las hélices más ese lienzo admirado por Alberto Durero, y en el rede 100 caballos de vapor, siendo dicha propulsión licário de los Reyes Magos; tus mujeres celebradas
colectivamente de más de 1.000 libras. Aumentando en 1333 por el amante inmortal del.aura, que en la
el número de vueltas, y también la presi6n de vapor, víspera de San Juan vió una multitud de bellas jócreo que será posible obtener .fuerza de 200 á 300 venes, encanto de los ojos y tormento del corazón,
caballos de las mismas máquinas, con una celeridad lavar sus blancos brazos y sus·pies en el río, impulde pistón que no exceda de 850 pies por minuto (1). sadas por la creencia popular, según la cual toda la
E sos aparatos se construyen con acero templado; son miseria que las amenazara en el año' venidero se la
de mucha pótencia y muy ligeros; pero el nuevo ca• llevaría aquella ablución; tus glorias enaltecidas por
rácter de mis motores consiste en la manera de pro- Eneas Silvio, que llevaba la tiara como Pío II; tu río,
&lt;lucirse el vapor. El generador propiamente dicho nuest~o Rhin adorado, que parece.asombrará la misno pesa más de 350 libras; la máquina 1.800 y el res- • ma naturaleza; tu alegría perenne, los genios festivos
to del aparato otro tanto. Con el cqml;mstible nece• de carnaval, que de un cielo todo sonrisa, de las lagusario, el agua y tres hombres, el peso se acercaría nas de Venecia y de las orillas del amarillo Tíber volamucho ~ 5.000 libras.
.
ron hacia las risueñas riberas del verde Rhin; el rico
Seg11n los resultados obtenidos de mis experimen- dialecto coloñés, que conserva todavía en algunas palatos, parecería que esa maquina puede conducir un bras (1) un ~co de E:spaña y que contin11an _usando
peso, incluso el suyo propio, de 14.000 libras, con tus poetas, a cuyos OJOS todo toma un tinte local y
tal que la presi6n de '.vapor se mantenga á 200 por exclusivo y que parecen decir á una todos: .Nuestro
pulgada cuadrada.
,
carnaval y Colonia; el canto de tus numerosas asociaRéstame añadir que espero confiadamente obte- ciories corales, entre las cuales ocupa el primer pees·

por mmuto 33000
=- 32); y agregando
20 por 100 por deslizamiento de la hélice,
sería 38 4 caballos de vapor. Sup6ngase ahora
que aumentáramos la velocidad de la máquina hasta 60 millas por hora; entonces podríamos reducir el ángulo del plano de I en IO,
porque la fuerza elevadora de un plano, según se ha visto, es proporcional al cuadrado
de su velocidad. El plano que viaja por el
aire á razón de 60 millas por hora, colocado
en ángulo de I en 40, elevará lo mismo que cuando
se halle á I en I o y viaje con la mitad de esta velocidad. El empuje de la hélice debería ser por lo tanto
solamente de 100 libras, requiriendo 16 caballos de
vapor, en efecto útil para arrastrar el plano. Añádase
10 por 100 por el deslizamiento de la hélice, en vez
de 20, puesto que para la rapidez menor aumentaría
la fuerza de la máquina requerida á 17 '6 caballos de
vapor. En estas cifras, por supuesto, no se tiene en
cuenta cualquiera pérdida debida al rozamiento atmosférico. Sup6ngase que se gasta 10 por 100 en
resistencia atmosférica cuando toda la máquina se
mueve á razón de 30 millas por hora: así se necesitarían 42'2 caballos de vapor para arrastrarla. En su
consecuencia, á 30 millas por hora, solamente se
emplearía 3'84 caballos por el rozamiento atmosférico; mientras que con la celeridad de 60 millas
por hora, la fuerza de máquina para vencer esa resistencia aumentaría ocho -veces, ó sea 30'7 caballos
de vapor, que con 17 '6 daría 48 11 de dicha' fuerza
para recorrer 60 millas por hora.
.
De mis pruebas y estudios sobre la materia vengo
á deducir: que si se pudiera suprimir el roce, cuanta
más velocidad menos fuerza se necesitaría; que con
1.1n caballo de vapor se podría conducir un peso de
133 y en ciertas condiciones de 2 50 libras, y que el
mayor grado de fuerza con el mínimo de peso podría
( 1) Por ejemplo, el coloñés Base/emanes corresponde al
obtenerse de una máquina de vapor de alta presi6n,
í 1) La celeridad de pist6n de una locomotora del tren ex- 'Besamanos español, y la palabra melocotón existe, ni! en el diadebiendo ser esta 11ltima de 200 á 350 libras por pul- prls viene á ser de 1.000 pies por minuto,
\ecto de Colonia como en la lengua de Cervantes,
1

NúMERO

517

LA

ILUSTRACIÓN AKTÍSTlCA

to el Mtinnergesangverein, que tuvo los mismos éxitos en Italia
que en Inglaterra, valen bien el amor que
les profesan tus hijos.
Quizá la única cualidad
apreciable que poseía
la que fué esposa del
emperador Claudio y
madre de Nerón es 'el
amor de Julia Agri pina
á su ciudad natal, que
le debe su nombre de
Colonia Agripina. Te
amaba también el emperador Trajano: lo
tenías todo, un Capi·
tolio soberbio, suntuo•
sos palacios, baños
públicos, un grandioso
acueducto, un anfiteatro y casas de campo
adornadas de mármol
y mosaicos; como el
emperador romano te
amaba también la madre del emperador
Constantino, la emperatriz Elena que, según
dice la tradición, mandó erigir tu iglesia de
San Gereón, y te quería el emperador Barbarroja, que te dió los
cuerpos sagrados de
los Reyes Magos. Viviste la vida de la inte·
ligencia bajo los auspicios de tu primer arzobispo, el capellán imperial
Hildebold, el ilustre fundador de tu famoso colegio y de la Biblioteca de la catedral; tenías la corte más espléndida cuando ocupaba la silla arzobispal
el hermano del emperador Oth6n I, el insigne Bruno, y ofreciste un asilo á la viuda de Pepino de

SUEÑO_DE AMOR,

cuadro de D. José Maria Tamburini

Heristal, Plectrudis, que construyó la iglesia de
Santa María en el Capitolio, así como más tarde
fuiste el refugio de la desventurada reina de Francia
María de Médicis. Te precias de tener por patrona
á la hermosa princesa Santa Ursula y sus santas
compañeras las once mil Vírgenes. Tu iglesia de San

LA PRIMADONNA,

cuadro de H. Temple

743
Pantale6n guarda las
cenizas de la griega
Reofano, esposa del
emperador Oth6n II,
por cuya herencia
itálica había de derramarse en balde tanta
sangre alemana. Alberto Magno dió timbres
imperecederos á tu
Universidad, que tenía
por discípulo al Docto,
ang¿¡ico Tomás de
Aquino; i:u bandera
ondeábase en todos los
mares conocidos; los
trescientos buques que
armaste en 1218 salieron para expulsar los
moros del suelo de
Portugal; los reyes y
emperadores buscaban
el favor de tus mercaderes; tu Gürzenich,
ese castillo de la Edad
media que contiene la
más magnífica sala de
conciertos del mundo,
adornada de preciosos
cuadros, vió las fiestas
brillantísimas con que
en 1235 fué obsequiada la princesa inglesa
Isabel, la novia del
emperador Federico,
y aquellos banquetes celebrados en
hon'Or del emperador Maximiliano,
aquellas comidas de Lúculo en que se comía en
platos de oro y de plata. En ti pasó su infancia tu
gran amigo el mago del colorido, el ornamento y orgullo de Flandes, Pedro Pablo Rubens; en ti naci6
el más renombrado poeta neerlandés Justo Van den
Vondel, y en tus cercanías vió la luz primera el héroe

�EL CZAR ELIGI~NDO ESPOSA,

COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE MAKOWSKI

�LA
popular Juan de Werth, eternizado por la canción de
Carlos Cramer y por la fuente que se erigió en el
Mercado Viejo.
Engendraste varones amantísimos de las artes como
los hermanos Boisserée, sabios como el catedrático
Fernando Francisco Wallrag, protectores del arte co·
mo el generoso comerciante Juan Enrique Richartz, el
fundador de tu Museo de pinturas en que se admiran
muchos lienzos de la famosa Escuela de Colonia, teniendo carácter propio y marcadísimo, y el retrato
verdaderamente ideal de la hermosa teina de Prusia,
la angelical Luisa, debido á los pinceles del malogrado Gustavo Richter. Tú meciste la cuna del conocedor más profundo de la vida y de las obras de Goethe,
Enrique Düntzer, y la de mi consecuente amigo el
distinguido arqueólogo Juan Jacobo Merlo, nombrado doctor á los ochenta años de edad por la Universidad de Bono. •Aún resuenan en tus oídos y en tu
corazón los ecos de la gloria tributada por Barcelona
á tu maestro Fernando de Hiller, que compartía sus
horas entre la pluma y la música, pero que ya des•
cansa sobre sus laureles en tu cementerio de Melaten. Lo que para las Provincias Vascongadas fué
Antonio de Trueba y para: Valencia los cronistas Vi•
cente Boix, Félix Pizcueta y Teodoro Llorente, era
para ti mi malogrado amigo el historiador Leonardo
Ennen, y en tus murallas escribió en casa de mi querido · abuelo el bibliófilo Carlos Hürxthal nuestro
Bretón de los Herreros, Rodrigo Benedix, c;ue más
aplaudidas comedias, que en unión de la de Eduardo
de Bauernfeld, ese patriarca de la escena que acaba
de fallecer, son las mejores del teatro alemán, revelando las piezas de ambos autores una personalidad
poética. Tus glorias todas las reunirá en un friso tu
distinguido artista Avenarius.
Tu pasado, Colonia feliz, noble ciudad de los patricios Overstolz y de Weise, está encarnado por el
gran arquitecto Gerardo de Riele, que te hizo la ca·
pita! de Alemania en la que en el siglo xv brillaban
los reputados pintores maestro Guillermo y Esteban
Lochner, el pintor del D ombild; tu esplendor actual
lo representa Stübben.
Hoy marcha todo aprisa, como los muertos de la
balada. Como por encanto el Sr. Stübben ha creado
la Colonia moderna. Ya pasó para siempre la época
de los caballerescos torneos, de las justas, de las Cruzadas y de los cerrados claustros; hoy es la edad del
vapor, de los tranvías, de las fiibricas y de los caño·
nes. Ningdn enemigo ha logrado romper tus muros
y tus puertas construidas de 1180 á 121 o La edad
presente en que hasta la Roma eterna arrojaba su
manto regio para vestir el traje de la ciudad moderna, ha respetado tu Puerta del galo, que rodeada de
un jardín pdblico es con su colosal basamento negro
de basalto, con sus ventanas cimbradas en la pared
blanca, una perla de la Colonia del día. Han respe·
tado también tu histórica Puerta de Ulrique (Ulrepforte), donde tus ciudadanos fueron atacados en
1268 por los partidarios del a rzobispo, el duque de
Limburgo y el conde Dieterick de Faltenburgo. Aquella torre que se había convertido en un molino de
viento, forma hoy parte de un elegante restaurant,
siendo único por su mezr.la de lo venerable y de lo
profano; allí d onde tuvo lugar la batalla sangrienta
que costó la vida á los valientes Matías Overstolz,
Pedro de J udden, Juan de Frechem y al Sr. Armando Von der Ahren, se bebe la cerveza, y los inocentes niños juegan en la parte del antiguo foso, que se
ha conservado' por encontrarse en ella el llamado monumento de Ulrique en recuerdo de la invasión hecha en la noche del 14 al 15 de octubre de 1268.
Otra torre antigua, la Botlmiihle, se ha convertido en
un castillo romántico con un precioso jardín á lo
Semíramis. Nada desperdiciaron, así como 4e un
tonel de vino añejo se recoge hasta la última gota.
Sin embargo, la edad moderna ha destruído por la
mayor parte el idilio agreste de tus campos verdes, de
tus muros cubiertos de hiedra, de tu foso que se parecía
á una frondosa selva, pero después de haber llevado á
· feliz término la empresa más atrevida y más grandiosa
de la Edad media, la construcción de tu catedral, á
que el profesor Kreuser dedicó sus ingeniosas Cartas y
Augusto Reichensperger su vida, y cuya mole gigante debe sus piedras á las cumbres de traquita de los
Siete Mqntes y que los alemanes amamos con delirio,
c~mo el espato! idolatra á la Alhambra y el catalán rinde el culto más férvido al Montserrat; la edad
actual te ha dotado de un Ensanche que rivaliza con
el de Barcelona, ostentando en sus suntuorns palacios toda suerte de balcones, agimeces, nichos y torrecillas. Eres la colonia moderna en tus bulevares,
en tus Ringstrasen, siendo la Viena rhiniana, así por
tu alegría como por tu magnificencia; pero la Colonia antigua, la de las hermosas iglesias, la de las
Casas consistoriales, la de la incomparable Catedral,
presenta los gigantes de su magnífica silueta á orillas

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

del Rhin desde tu atalaya Bayenthurm hasta la iglesia de San Cuniberto. Y continúan sonando en tu
recinto las campanas de tus cien iglesias, de las cuales diré con Rosalía Castro de Murguía:
Si por siempre enmudecieran,
¡ Qué tristeza en aire y cielo 1

¡Qué silencio en las iglesias!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

¡Salve, Co,onia!, que honrando á los finados, erigien•
do estatuas al rey Federico GuillermolIII de Prusia, no
te olvidaste de los vivos, dando ejemplo á Alemania,
pues fuiste la primera ciudad que rindió culto á los
que cubrieron de gloria á la patria, Moltke y Bismarck.
¡Salve, sin par Colonial Yo siempre te amaré.
Tus puertas antiguas se hicieron ó museos históricos ó palacios encantados; tienes todavía casas en
que penetrp un soplo de poesía, como la morada bellísima de tu vate Wolfgang Müller encontrándose á
la sombra de la hermosa iglesia de los Santos Apóstoles y hablándonos de un campeón del arte, de un
gayo trovador, cuyo numen fecundo inspiraste con
el fuego del sagrado patriotismo, y en tu envidiable
Flora, que como reina tienes por alfombra, hay palmeras que leve viento mece, como en el paseo de
Colón de que se precia Barcelona, y oigo el murmullo de la fuente como en la Alhambra, y con sus dulces trinos me recrean los pardos ruiseñores.
J UAN FASTENRATH

NúMERO

poesla y el sentimiento. Por eso la preciosa rima de Vlctor
Ilugo: &lt;Comm~ au bout d' une bran~he ou voit étinceler,&gt;
inspiróle el lienzo que tan admirado fué en una de las últimas
"Exposiciones; la sentida dolora de Campoamor: «¡Quién supiera escribir!,» el precioso grupo del bondadoso párroco y la
enamorada doncella, ó bien el que tituló Esperando, perteneciente al género en que tanto se distinguen Coomans y Alma
Tadema, que demuestra su aliento y brillante ejecución.
En el lienzo que reproducimos, Sttello de amor, una sola fig.ira, ó más bien dicho, una preciosa cabeza y un delicado busto
bastan al pintor para significar su pensamiento y dará conocer su valla. La actitud, el colorido, el dibujo, la luz hábilmente combinada, y sus tonos claros resaltando inteligentemente
sobre un fondo claro también, contribuyen á hacer agradable
y simpática la composición. En los ojos medio entornados de
la'joven, puesto que tal representa, .y en su inclinada cabeza,
adivinase que se halla entregada al recuerdo y al sueño de sus
amores que la absorben por completo.

•••
Las bellas artes, techo pintado por D. Antonio Coll y Pí. (Expesición general de Bellas Artes de lfarcelona). -Tan discreto como modesto es Antonio Coll, un inteligente artista en el que se hallan armónicamente enlazadas
la habilidad y las cualidades del pintor con el sentimiento y la
fantasía del poeta, No se limita, cual otros, á reproducir ó copiar la naturaleza tal como á su vista se presenta ó los cuadros
vivos que á su alrededor observa; lleva más allá su empeño:
siente y discurre, y con el esfuerzo de su imaginación anima lo
que resulta frlo y presta interés á los cuadros que no ofrecerían
más que el de fidelid!d de la reproducción.
La sentida composición que con el titulo i Vi11do! dimos ya
á conocer á nuestros lectores, es una prueba de cuanto indicamos y de que Coll se inspira en esos grandes dolores, en
esos dramas íntimos, que si bien pasan inadvertidos, se «les•
arrollan qe continuo, conmoviendo profundamente el ánimo.
La alegoría de Las bellas artes que figuró en la Exposición
general de.Bellas Artes de Barcelona, destinada á embellecer
el techo de suntuosa mansión, es una de las obras que más
enaltecen á Coll, puesto que aparte del estudio que revela, obsérvanse en ella dificultades vencidas y admirables escorzos
que sólo á costa de labor y perseverancia pueden realizarse.

•
••
Abandonada, escultura de D. Rafael Atché,
- Rafael Atché es uno de los escultores que figuran en prime•
ra línea entre aquellos que á tanta altura han elevado una ¡le
las ramas de las bellas artes, que hace algunos años yada en
lamentable abandono. De hermosa fantasía y verdaderamente
genial, sorprenden sus obras por el sello especial que en ellas
imprime, por un algo bello y grande que revela su alma de artista y su imaginación de poeta. Cultiva el arte con entusiasmo;
y como siente y se identifica con sus creaciones, modela con
soltura, con valentía, con la grandiosidad del verdadero a rte,
del que lo es por excelencia y á todos supera. Prueba de ello
son sus obras, algunas premiadas en las Exposiciones, 0 bien
sirviendo de digno remate de artísticos monumentos.
De género completamente distinto es la nueva obra que reproducimos. Elegante en sus lineas, delicada y correcta en el
modelado, manifiesta esa fantasía distintiva en Atché, tan propia y exclusiva, que ella basta para que no se confundan sus
producciones. A la,zdonada es una preciosa escultura digna de
figurar como preciado adorno en aristocráticos y suntuosos
salones.

•••
Sueño de amor, cuadro de D. José María Tamburini. -Cor.vencido Tamburini de que el arte no tiene límites trazados y que no se halla circunscrito sólo en la buena ejecución, ha empapado su inteligencia en las fuentes inagotables
de los humanos conocimientos é impregnado su corazón en la

NúMERO

517

LA

747

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•

•••
La primadonna, cuadro de H. Temple. - ¿Se trata de la que tacude á casa del empresario para obtener una
contrata ventajosa?¿ Es por el contrario la tiple que se presenta en el cuarto de estudio del autor para exponerle quejas por
la poca importancia de la particella á ella destinada? ¿Sería
acaso:la mujer que atropellando por todo va en busca del hombre
amado para echarle en cara no merecidos desvíos ó para desvanecer celos ó sospechas injustificados? Todo esto puede ser,
en nuestro sentir, el cuadro de Temple.
Quizás algún critico exigente calificará de defecto la especie de vaguedad que el tema ofrece; nosotros, que no pretendemos actuar de tales, haremos caso omiso de esta insignificante falta, y sólo llamaremos la atención sobre las bellezas del lienzo, que no son pocas ni pequeñas. Elegante en
su composición, bien entendido en la disposición artística «le
los personajes, muebles y demás objetos, de ejecución intachable, el cuadro de Temple ofrece un conjunto encantador que
recrea la vista, como halagan el oldo esas melodías que, sin
laberínticas filosofias, llegan muchas veces al alma, produciendo
un bienestar dulce é inefable.

••
•

NUESTROS GRABADOS
Cabeza de estudio, cuadro de D. Manuel
Felíu. - Felíu forma parte de esa pléyade de jóvenes artistas
que tanto honran con sus obras á España y especialmente á la
escuela catalana, que en el último tercio de este siglo preséntase potente y vigorosa, cual decidido campeón del renacimiento artístico español. Artista de temperamento, emprendió
el cultivo de la pintura con verdadero entusiasmo, que avalo·
rado por sus aptitudes ha podido dar ya excelentes resultados,
puesto que como tales han de considerarse las bellas é importantes obras que ha producido. En las páginas de LA !LUSTRA·
CIÓN ARTÍSTICA, hemos reproducido varios notables dibujos y
el cuadro titulado El escallo de la parroquia, que tan justamente llamó la atención de los inteligentes en la Exposición general de Bellas Artes de Barcelona.
Hoy reproducimos otro de sus bellos estudios, en el que se
manifiestan sus cualidades de buen colorista y dibujante, ya
que si los tonos sobrios á la par que vigorosos son de buena casta española, la corrección de los trazos avaloran la producción.

517

El czar eligiendo esposa, copia del célebre
cuadro de Makowski. - Las dificultades políticas y diplomáticas que actualmente traen consigo los matrimonios de
los soberanos, en los que el corazón es nada y la razón de Estado lo es todo, no existían en Rusia en la época á que nos
transporta el cuadro que publicamos. El czar, en aquellos tiempos, convocaba á los magnates de su vasto imperio para que,
acompañados de sus familias, se presentaran en palacio; y una
vez alll reun iclos pasaba revista d., las h ijas casaderas y escogía
por esposa á la que más le agradaba y cuya mano, como es de
suponer, no le era negada, aunque lo mismo hubiera sido si
rehusado se la hubiesen, porque no ha de creerse que aquel
autócrata, señor de las vidas y haciendas de todos sus súbditos,
altos y bajos, se parara en consentimiento más ó menos cuando de satisfacer un deseo 6 capricho suyo se trataba, Es de
presumir, no obstante, que el boyardo, conde 6 barón ante la
perspectiva de tener por yerno á su soberano no habla de oponer reparo alguno, y antes bien deb!a darse por más que satisfecho de que la elección hubiese recaído en su hija. ¿Sucedería
lo mismo con ésta? Mucho puede en el alma de una joven el
esplendor de un trbno, más aún si el trono se halla tan alto y envuelto en tal aureola de privilegios y poderlo como el moscovita
y si la joven ha aprendido desde su más tierna infancia á no pensar, sentir ni querer más que á la medida de los deseos de un padre que á su vez no quiere, siente ni piensa sino al compás de la
voluntad de su rey y señor, como sucedía entonces en aquel
imperio. Y sin embargo, quizá alguna de las esposas elegidas
por los czares de aquellas edades hubiera trocado el regio solio
por el humilde retiro del dueño de sus amorosos afectos.
Sugiérenos estas consideraciones la hermosa composición de
Makowski. Una de las doncellas que se disponen á desfilar
por delante del czar, más que á las gradas del trono parece acercarse al camino del suplicio; desfallecida, entornados los ojos en
fuerza de sufrir y de llorar, pálido el bellísimo rostro, caídos los
brazos y casi exánime el cuerpo, que sobre el pecho de su anciana madre se apoya, revela á las claras que la gloria por más
de una de sus compañeras ambicionada serla para ella cruento
martirio. Y si, como creemos por !oque la historia de Rusia nos
describe, el czar representado en el Lienzo de Makowski es
I ván IV el Terrible, razón no le falta á la infeliz para presen •
tir desdichas y tormentos en lo que su alma, de otro enamorada, babia soñado como fuente de goces y venturas.
Este magnifico lienzo de Makowski, de quien reprodujimos
en el número 410 de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA el no menos
hermoso La muerte de Jván el Terrible, es una nueva prueba
del talento con que el célebre pintor ruso domina las masas
y atrae la atención sobre los principales personajes; de la maestría con que concibe, dibuja y pinta; de la verdad histórica con
que reproduce él indumento, y del genio con que imprime la·
expresió_n justa en cada una de las figuras de sus grandiosas
co'ncepc10nes.

*••

Idilio de amor, cuadro de Modesto Faustini.
- El más pequeño, el al parecer más inofensivo de los dioses
del antiguo Olimpo, ha sido, es y probablemente seguirá sien·
do el soberano que mayor imperio ha ejercido en el mundo.
En lo antiguo como en los modernos tiempos, sus flechas se
han clavado siempre en los corazones produciendo esas heridas
cuyos dolores bastan á calmar una palabra, una mirada, un
beso. ¡Un beso! Mágico talismán que enardece la sangre y de·
rnima en el corazón los más dulces bálsamos.
El ceÍebrado pintor italiano Modesto Faustini ha sintetizado en un beso todo el idilio que compendia sudelicioso·cuadro,
Y basta ver la expreci6n de los dos jóvenes amantes para comprender cuán acertadamente ha escogido el autor este tema
para presentarnos una historia amorosa de aquel pueblo todo
sentimiento, todo arte, cuyas ruinas son el encanto y el asomde cuantos las visitan.
JABON REAL

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LA IDEA FIJA
POR PABLO BONNETAIN.-ILUSTRACIONES DE JEANNIOT

I
El comandante retirado Le Sarroix profesaba un
absoluto respeto á las leyes de la higiene¡ Jo cual, por
otra parte, no era más que simple gratitud, según él
mismo decía: «puesto que debía á la estricta observancia de las susodichas leyes el haber resistido victoriosámente treinta y cinco años de servicio, de ellos
quince en campaña.»
«Y sin embargo, añadía el antiguo militar, encogiéndose de hombros para abultar su amplio abdomen, yo he debido ser un mal quinto, lleno de alifafes por parte de mi padre. En lo que atañe á mi
madre, murió paralítica. No obstante, siempre be
tenido costumbres arregladas, y aun siendo joven me
he cuidado lo mejor que he sabido. ¡La higiene!. ..
Es preciso, sépalo usted, tener tanto orden para el
cuerpo como para los negocios. La limpieza, la regularidad en las comidas, en el trabajo y en el sueño
constituyen la higiene. Cuando se cuida del estómago,
se cuida la ropa y se llega con exactitud á la oficina,
la higiene va en línea recta. Todo consiste en esto:
no abandonar la línea recta.»
El comandante seguía rigurosamente esta líneá
recta, así en lo real como en lo figurado. A las nueve
en invierno, á. las ocho durante el buen tiempo,
nunca más tarde ni más temprano, salía de su casa,
dtuada á la entrada de la calle de Bolonia, y después
de enterarse del tiempo que hacía, echaba á andar
con el pie izquierdo, todo derecho, sin siquiera
pensar en variar de acera. Llegado al fin de la calle,
una súbita conversión hacia el ángulo izquierdo y
un giro seco de tahimes le lanzaban á la plaza de Cli•
chy, en una segunda dirección perpendicular á la
primera, que tomaba al pie de la estatua del general
Moncey. Mediante un brusco «á la izquierda» enfilaba el bulevar exterior y le seguía hasta el parque
de Monceau. Allí, desdeñando los senderos que serpentean, nunca abandonaba las grandes avenidas
centrales y se sentaba en los días de buen tiempo,
para leer los periódicos, que volvía á doblar metódica
y geométricamente en severos rectángulos; ó bien distribuía migajas de pan á los gorriones, ó se entretenía
en paternal coloquio con los guardas, deferentes con
la roseta que llevaba en el ojal. A las once dejaba el
parque á paso más l~nto, con objeto de no sobrexcitar el apetito y llegar á su aposento á las once y
media en punto; pero su cuarto de conversión en
la plaza y su media vuelta en la esquina de las calles
de Clichy y Bolonia se efectuaban como á la ida.
- Victorina, ¿está ·aviado el·almuerzo?
Tales eran las primeras palabras q11e pronunciaba

en el recibimiento, mientras restregaba las suelas de f Encaramado en una silla, el comandante se apu
su calzado en la esterilla que había delante de la raba, respiraba con fatiga_y se bajaba al suelo para
puerta. Apresurada y gruñona al mismo tiempo, Vic- juzgar desde lejos del paralelismo de las armas, cotorina había preparado las zapatillas, dejándolas al rriéndole el sudor por la frente, marcando la exage•
lado del arca de madera en un rincón, bien juntas rada prominencia de una especie de berruga produen un sitio inmutabie, sin trocar nunca la del pie de- cida por el roce del chacó y que no había conseguirecho con la del pie izquierdo, en dirección normal- do reducir en el espacio de treinta años.
mente lógica con respecto á la silla en que, siempre
En fin, sea como sea, podía contemplar sus tesoros
de lado, se sentaba su amo.
apoyado de codos en su pupitre.
Y el comandante Le Sarroix, después de haber
Averiado, mazizo, sin elegancia, este pupitre estainspeccio~ado con un~ mirada de ayudante de órde- ba al lado de un estante lle~o de cartones y papeles,
nes la cocma entreabierta, entraba en el comedor y que hacíanle parecerse al anaquel de una oficina.
se sentaba á la mesa.
Sobre el pupitre veíanse plumero, raspador, ovillo de
Dichosa entonces Victorina, si el viejo retirado cordel encarnado, tintero inderramable, arenilla, caencontraba el cubierto colocado á su gusto, el salero lendario, agenda, pedazos de pan para borrar, alfileentre la chofeta y la botella, el mostacero sistemáti- res, reglas, escuadras, limpiaplumas, todo esparcido
camente de frente, cerca de ésta; porque entonces la á intervalos regulares, que indudablemente recordachuleta_ desaparecí~ pronto sin que aquél criticase ban al antiguo militar toda su carrera. De seguro, en
1~ cocción ~e- la misma, y _luego los huevos y las. sar• aquel "!aremágnum veíase simple cabo agregado al
dmas; perm1tiend? á la cnada, después de servir el vestuario, sargento segundo del habilitado, ayuques? y traer la pipa y bols~ del tabaco, largarse en dante de Caja, oficial, subteniente portabandera,
segmda. Porque ya no volvia hasta la tarde para pre- encargado del acuartelamiento y finalmente mayor
parar el cubierto, fregar la vajilla, barrer el comedor y comanda"nte. A pesar de todo, allí no sé veían pay desdoblar el ~anteJ. .
.
pelotes; la papelera estaba casi vacía y vacías veíanse
Solo Le Sarro1x, respiraba á su gusto,
también las carpetas.
¡Oh! ¡Qué alegría verse tranquilo, en la seguridad
En un cajón de la mesa que sostenía el pupitre
de encontrar en torno suyo arregladas las cosas hasta guardaba las órdenes que había recibido, con su anel día 5iguie~te!. .. ¡Le molestaba tanto el aire que tigua hoja, sus títulos de pensionista, su última drahacía el vestido de la sirvienta y sus continuos vai- gona, sus primeras charreteras, sus espuelas casi nuevenes sacudiendo los muebles, dejando abiertas las vas por causa de sólo montar á caballo en dos revispuert~s, apagando ó encendiendo la lumbre y bacien- tas de inspección y no usarlas nunca.
do ruido con los fósforos!
A decir verdad, el comandante nunca escribía.
Un~ vez encendi?a la pipa, saboreaba una copita Siempre limpia, su pluma sólo servía para tomar la
de conac, cuyas últimas gotas desaparecían á tiempo cuenta á Victorina todos los sábados sirviéndose
que ca~an las primeras sombras de la tarde. ~ntonces para las demás cosas de un lápiz rojd que afilaba
se dedicaba á la lectura, á no ser que tuviera que todas las mañanas durante un cuarto de hora. Pero
arreglar sus panoplias.
amaba su pupitre, su cartera y sus apuntes como
Porqu: tenía una hermosa colección de sables, es- partícipes de su vida; cuando es probable que en otro
pa~a_s, pistolas y mosquetes que contemplaba con tiempo, en el regimiento los hubiera detestado. Limf~mc1~n, aunque aq~:llas armas dos ~ec~s centena- pios y relucientes todos los objetos que Je rodeaban,
nas, sm la más mm1ma raspadura m picadura de nunca para él demasiado relucientes ni bastante limmobo, por el contrario, relucientes, evocaban sobre píos ni suficientemente fijos en su sitio se destacael andrinópolis encarnado de las. paredes y entre fo- ban sobre la baqueta verde de la mesa del pupitre.
tografías. de Mac-M~hón y d~ Conrobert la idea de
Además, este pupitre Je servía para sus lecturas.
un baratlll? d~l b~rno Louvo1s.
Excepto treinta y nueve Anuarios de su carrera miLe ~arro1x hmp1aba am~roramente el pol~o de sus litar,, clasific~do_s en orden riguroso, y de algunas
pauophas y frotaba su puhdo acero. También á ve- Teorzas, su btbhoteca sólo contenía una serie de Ences, colocado fre~te al espe~o, blandí~ aquellas ar- ciclopedias en abultados volúmenes poco manejamas, tomando_actitu~es ?:ro1cas1 marciales, ó recor- b_l~s. El gran Diccionario de Larousse ocupaba el
daba su maneJo de eJerc1c10; pero pronto se desva- s1t10 de honor. Cuando dejaba sus armas Le Sarroix
~ecí~ su alegría infantil : con. la pre_ocupa~ión de t?maba un, volumen, el primero, y res~eltamente,
ltmp1arlas y colocarlas en mvanable ahneam1ento.
sm saltar m una línea, leía una ó dos páginas.

y

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

- Pues es preciso saberlo.
Una vez en el parque de Monceau, leyó los perióLa criada bajó á informarse y volvió diciendo:
dicos. Después se encaminó á su casa con su aspecto
- Es un pintor, M. Venot, que ahora viaja por
acostumbrado; mas he aquí que al llegar á la calle
de Bolonia, frente á la verja de la casa aquélla, un Italia y no volverá lo menos en seis meses.
- ¡Ah!, murmuró el comandante, y no dijo más.
impulso desconocido hízole volver la cabeza, obli ·
Y continuaron sus paseos y aumentóse la manía
gándole á detenerse y á echar una mirada al interior.
Cuando volvió á su casa cinco minutos después, que le obligaba á detenerse todas las mañanas deLe Sarroix estaba de pésimo humor. Encontró que· lante de la ventana de aquella casa.
Cada día deteníase más tiempo. Primero un mimada la chuleta, el huevo poco cocido, y con manos
temblonas varió la colocación de los diferentes ob• nuto, luego dos, luego cinco, después diez. Por últijetos que cubrían la mesa. En seguida fué á inspec- mo, el portero se fijó en él, lo cual no.tó Le Sarroix,
cionar sus panoplias y permaneció más tiempo que y en vez de disgustarle le sirvió de satisfacción.
- ¡Bonito jardín, buen hbmbre, para jardín de
de costumbre arreglándolas, descontento de su colocación en la pared. A las cuatro menos cinco toda- París!
El portero, halagado, sonrió, bien predispuesto por
vía estaba ocupado con sus armas; luego se encaró
con las fotografías de Canrobert y de Mac•Mahón, la roseta encarnada del comandante, y se llevó la
cuyos cuadros no le parecieron estar exactamente mano á la gorra.
- ¡Vaya un cigarro!
perpendiculares, y cuando el reloj dió la hora se so·
Las relaciones estaban ya entabladas.
bresaltó. Este retraso, el primero desde que se halla- Desde entonces, olvidándose del parque de
ba instalado en aquella casa, pareció espantarle.
Trató de asearse: no encontraba la ropa que bus• Monceau, el retirado pasaba y repasaba por delante
caba ni los cepillos en su cuarto de vestir. Prorrum- de la verja, acechando al portero para hacerle hablar.
pió en interjecciones, y sencillamente se persuadió de Fruslerías: el tiempo, el jardín, la duración probable
que su vida acababa de experimentar un desarreglo de la ausencia de M. Venot; pero sobre todo el jardín. La oferta de un cigarro terminaba casi todos
molesto.
A la mañana siguiente1 cuando salió á dar su «pa- los días la conversación. El portero, agradecido á
seo aperitivo&gt;&gt; sintió una vacilación de dos segundos estas finezas, dijo un día al comandante, que hacía
al transponer la puerta de su casa. Sin embargo, el elogios de las lilas del jardín cultivado por él, pues
tenía también el oficio de jardinero:
tiempo estaba soberbio.
- Puesto que el señor se interesa por mi trabajo,
«¿Tomaré por la izquierda para no ver esa casa,
puede juzgar por sí mismo, si le parece ...
esa persiana abierta? Sí, pero á la izquierda ... »
Y abrió la verja, por donde entró Le Sarroix, enLa costumbre pudo más en él y le impulsó hacia
carnado de felicidad y quizá también de vergüenza,
la decrecha, haciéndole seguir su acera habitual.
Sin escuchar al potero, contemplaba su ventana y
Cuando llegó delante de la verja, volvió vivamente la cabeza á otro lado y fijó la vista en el suelo, con se encaminaba hacia ella. La prudencia hízole disitanta atención, que no reparó en una lavandera y mular su interés y le inspiró una estratagema de que
se sintió orgulloso.
tropezó con el talego que llevaba.
- ¡Qué precioso hotelito!. .. Estilo,Luis XIII, ¿no
- Perdone usted, señora.
es así? Dígame usted: ¿querría alquilármele su amo
- No hay de qué.
Y vencida su voluntad por la casualidad, cómpli· de usted? ¿Cuánto renta? ... ¡Oh! ¡Qué linda marqueces de sus deseos las circunstancias, Le Sarroix, sina ... y esas glicinas alrededor de las ventanas! ...
El comandante tocaba una de éstas, la que le pre·
algo avergonzado de sí mismo, lanzó á la casa del jar·
ocupaba y que estaba abierta; y crispadas las manos
din una furtiva mirada.
La ventana estaba abierta todavía, era muy baja y sobre la barra de apoyo, devoraba con la mirada el
interior ... Entonces· un proveedor, cansado de llaenteramente bañada de sol.
El viejo retirado veía todo el fondo de la habita• mar con la campanilla, lo hizo á voces. El portero
ción, la chimenea llena de chucherías, el espejo en acudió, y al antiguo militar no le pareció convenien·
el cual, alzándose un poco, hubiera podido hacer re- te excitar sospechas en aquél y salió en su compaflejar su semblante, un cuadro que había en la pared; ñía. Fuéle preciso arrancarse á su encanto, y preocuy todas estas cosas penetraron en él, se fotografiaron pado, casi sin oír lo que le decía el portero, se plantó
en
su cráneo, mientras se alejaba de allí apresurada- en la calle, llevando en sí la obsesión más fuerte,
II
más exacta de aquella pieza vacía_cuyas paredes.acamente y con aspecto furioso.
baba de tocar.
Aquel
día
el
comandante
no
volvió
á
su
casa
por
Una mañana, el retirado, que no se fijaba nunca
Vuelto á su casa, el retirado no pudo comer, ni
en los incidentes de la calle, vióse obligado á detener la calle de Bolonia. Al pie de la estatua del general
su paso en la calle de Bolonia al salir de su casa. Moncey su bastón describió un vigoroso molinete. leer, ni ocuparse de sus armas. Por la noche durmió
«Sería muy animal, pensó, si me expusiera á vol- mal, y á la mañana siguiente á las nueve estaba frenUn camión se esforzaba para entrar por una puerta
te á la verja.
cochera, sin duda demasiado estrecha, y el caballo ver á ver aquello.»
- ¡Ah! Caballero, no hay necesidad de insistir, le
Y como aliviado de un peso, habiendo tomado
interceptaba la acera.
dijo
el portero. M. Venot no quiere alquilar su hotel. ..
una
resolución,
orgulloso
de
su
fuerza
de
voluntad,
Bajar por el arroyo no era del agrado del pasean- ¿Lo cree usted así?, balbució el comanElante
te. Esperó, pues, á que el vehículo pasara, y luego continuó andando por el bulevar exterior hasta que
desazonado. ¡Ah! ¡Dios mío!, repuso, tomando una
echó á andar. Pero su paso no era el mismo, le vaci- llegó á la calle Blanca y entróse por ella.
resolución repentina. Voy, amigo mío, á decir á usted
Almorzó
tranquilamente.
Hasta
no
reparó
en
la
laban las piernas, y su bastón, que unas veces blandía y con el que otras golpeaba las puertas, denun- oblicua posición de uno de los rabaneros; pero se le- lo que me ha impresionado, lo que me ha obligado
ciaba una preocupáción casi inquieta. De repente, el vantó dos veces para rectificar la horizontalidad de á fijarme en esta casa y por consiguiente á desearla.
Y luego, señalando con la mano, prosiguió:
antiguo oficial hizo una cosa insólita: una media un paisaje que estaba clavado en la pared frente por
- Es esto, vea usted ...
vuelta, una media vuelta completa, para desandar el frente de su asiento y que le pareció algo ladeado.
Y al mostrar la ventana, hizo al portero ·que le siYa en el salón, su primera mirada fué para los recamino.
Victorina le observaba desde la carbonería, y por tratos de Canrober y Mac-Mahón, que no habían guiera y le habló por lo bajo. Sus dedos, metidos en
poco en su asombro deja caer su cesta. ¿Sería que perdido el paralelismo de sus cuatro costados con el el bolsillo, acariciaban una moneda de veinte francos,
el señor, contra su costumbre, volvería de improviso de las panoplias, el techo, el pavimento y ventanas. que no sabía cómo ofrecer á aquél. Estaba de color
Inmediatamente después leyó, ó por lo menos se de escarlata, y el sudor inundaba su frente.
á sfi casa? Pero no. Se detuvo junto á la puerta coMas el portero no le dejó acabar.
chera, quedóse plantado delante de una verja, mi· esforzó en leer, pues á cada instante una idea hacíale
- En cuanto á eso, ¡nunca, nunca! La madre de
rando la casa que en el fondo de un jardincito por levantar los ojos.
Los días siguientes transcurrieron del mismo mo- M. Venot ha muerto ahí el invierno pasado, y ~u
aquélla cerrado se levantaba. Luego, haciendo otro
cuarto de conversión, continuaba su paseo de prisa, do, Tanto á la ida como á la vuelta, el comandante hijo me ha prohibido dejar entrar á nadie, excepto á.
no pasaba por delante de la verja y cada tarde se mi mujer, que fué doncella de la difunta. Ella tiene
como para ganar el tiempo perdido.
Al echar á andar á su vez·Victorina, pre0cupada, prometía hacer siempre lo mismo; pues una vez fren- la llave y sólo entra para airear la habitación, en donse detuvo también delante de la verja. ¿Sería alguna te á la casa, hiciese lo que hiciera, sentía un impulso de nada se ha variado, absolutamente nada. Si resumujer lo que había llamado la atención de su amo? que le obligaba á fijarse en una ventana del piso ba- citase la anciana señora, aún encontraría su tapicería
intacta, así como también el braserillo en el mismo
¿Sería algún anuncio de alquiler? ... Pero la fachada jo: siempre la misma.
Si estaba cerrada, el antiguo militar exhalaba un sitio ... No, no, no quiero exponerme á perder micode la casa estaba virgen de anuncios, desierto el jardincito y en la única pieza cuya ventana abierta suspiro de desahogo'entrecortado en seguida por una locación.
- Pero usted qlismo, tartamudeó Le Sarroix, uspermitía ver el interior no había nadie. El cuarto inquietud. Entonces volvía la cabeza y alguna vez
ted mismo podría ...
bajo estaba solitario. Además, demasiado sabía Vic• retrocedía, diciéndose:
El portero movió la cabeza, y cómo si le hubieran
- ¿Si habrán abierto la ventana?
torina que hacía meses que el único habitante de la
Por el contrario, si la hallaba abierta acometíale asustado las miradas que el retirado lanzaba al intecasa era el portero. «¡Bah!» dijo encogiéndose de
hombros. «Será alguna chifladura del amo.)&gt; Y se un estremecimiento. Su boca se crispaba y salían de rior de la pieza, cerró bruscamente las persianas.
El antiguo mayor se fué, siempre con el luis entre
sus labios palabras incoherentes é interjecciones de
alejó, no sin volver varias veces la cabeza.
El comandante, entretanto, se dirigía hacia el bu- impaciencia que silbaban á través de sus viejos bigo· los dedos, sin decir una palabra y con la cabeza
levar exterior. También él habíase encogido de hom- tes, sin que no obstante consiguiera separar sus mi- baja.
Cuando entró en su casa, Victorina en tono iróbros, con ese ademán que se hace para desechar radas de aquella fascinadora habitación.
Después se separaba de allí, mediante un gran nico le preguntó si estaba enfermo: su amo no se
una preocupación que se supone inútil; su bastón,
había quitado la levita ni tomado sus zapatillas. Le
girando en un molinete, traducía el pensamiento del esfuerzo, casi corriendo y con aspecto colérico.
- ¿Quién es el paisano que vive ahí más arriba, en sirvió la comida, que el retirado no probó; y como
antiguo militar:
aquélla insistiese en su pregunta, vejada en su amor
el número 122?, preguntó un día á Victorina.
«Después de todo, ¿qué me importa?»
propio y orgullosa del rumpsteak que había confecEsta lo ignoraba.
Y apretaba el paso.

Sorprendíanle frecuentes modorras, sobre todo ei:i
verano, pero las resistía «por 41.igiene » A través
del texto impreso en caracteres demasiado menu·
dos confundía las ideas una con otra á cada cambio' de materia que leía. Los nombres, historias
y hechos le admiraban un instante; 6 bien, no com
prendiendo ciertas cosas, se limitaba pacientemente
á releerlas, no encontrando el principio del pasaje
difícil, perdida la mirada entre el fárrago de letras,
buscando al azar un nombre ó una fecha que le interesaban, hipnotizándole al propio tiempo.
A las cuatro menos diez cerraba el libro, le colocaba en su sitio y contemplaba con una especie de
melancólico azoramiento la línea de volúmenes.
«¡No, no viviría el tiempo necesario para leerlos
todos!»
Inmediatamente después se entregaba á una minuciosa limpieza, se aseguraba con una mirada de
que dejaba la casa en orden, y puesto de veinticinco
alfileres, como suele decirse, salía para dirigirse hacia
París, invariablemente por la calle Blanca.
¿Adónde iba?
Victorina lo ignoraba, y de aquí provenían sus comentarios con la portera: «Seguramente el viejo verde debía tener algún trapicheo en la ciudad.))
Un vecino que le encontró en el bulevar le había
visto entrar en el café del Helder y sentarse con
otros ar.tiguos ·militares. Pero ¿era esta su costumbre
cotidiana? En todo caso, desde las siete podía recons·
tituirse su vida, pues Victorina había recibido la orden. una vez para siempre, de llevarle su correspondencia á casa de su hermana, rentista y viuda, que habitaba en la plaza de la Trinidad. Desgraciadapiente,
esta correspondencia se limitaba á algunas esquelas
de convocatoria de la Sociedad fraternal de jefes y
oficiales retirados, y la sirvienta no había podido penetrar más allá de tres veces en un año en la casa de
la hermana de su amo.
«En casa de la viuda se vive en grande. La criada gana cincuenta francos de salario. El señor se
disponía á jugará cartas ... »
A las once en punto, Le Sarroix volvió á la calle
de Bolonia. Todas las mañanas Victorina encontraba sobre la mesa de noche una ó dos monedas de
cincuenta céntimos, procedentes de la ganancia del
whist de la víspera. «La parte de los pobres&gt;&gt; que el
comandante le dejaba para que la distribuyera con
inteligencia, pues él nunca daba por su propia mano
limosna, temeroso de ser víctima de algún farsante.

NúMERO

517

cionado, Le Sarroix se encolerizó, siendo grosero por
la primera vez en su vida
•
La sirvienta, admirada y ofendida, no se mordió la
lengua y acabó por poner sobre la mesa el libro de
sus cuentas, diciendo á su amo que la arreglara la
suya, pues no quería servir en casas de locos.
Le Sarroix se levantó furioso, pero vió su imagen
en el espejo: sus ojos extraviados, su aspecto amenazador, y volvió á sentarse ó más bien á dejarse caer
en la silla.
Durante un minuto permaneció con la cabeza entre las manos; después dijo sin levantar los ojos:
- Perdón, Victorina, he faltado ... dispens... (la
palabra no quería salir); dispénseme usted, exclamó
al cabo, con el semblante apoplético, y mientras la
criada recogía lo que por sus salarios le correspondía,
corrió á encerrarse en su habitación.
Apoyada la cabeza en el diván, despechugado, con
la boca seca, murmuraba palabras inconexas.
No, no estaba loco ... esa mujer no podrá saber ...
Un loco no podría discurrir como él discurría, no
tendría como él la conciencia del estado en que se
hallaba: la conciencia de su impotencia. Porque él
luchaba y un loco no lo hace ... Verdaderamente,
sería mejor que estuviese loco: no sentiría aquella
angustia, aquel sufrimiento moral que desde algunos
días le sumía á cada momento en la desesperación.
En aquel mismo instante, ¿no se avergonzaba de
la idea que le atormentaba?
¿Por qué ahora su fuerza de voluntad hacíale trai·
ción todas las mañanas? ¿Para qué delante de sus
ojos se presentaba siempre aquella ventana, aquella
pieza desocupada y casi constantemente abierta?
Era oficial de la Legión de honor, jefe del ejército
francés, oficial superior, toda su vida había sido rectilínea ... ¡Oh, sí, rectilínea ... rectilínea ... la línea derecha, derecha, ab-so-lu-ta-mente derecha!... y he aquí
que ahora soñaba con cometer una acción vergonzosa: ¡él, Juan Le Sarroix; él, mayor del ejército!
El infeliz sentía su voluntad desfallecida y su inteligencia desequilibrada... ¿Y las consecuencias?
Después de haberse llegado á tan bajo como á humillarse ante su criada, el portero y la criada parecía
como que le abofeteaban con la idea de un crimen.
¡Un crimen!
¡Ah! ¡Sí, sería un crimen!
El comandante, muy pálido, se levantó violentamente del diván.
«¡ Nunca!», exclamó.
¡No, jamás! Iba á huir, á distraerse, á permanecer
al lado de su hermana, á mudarse de casa si era preciso.
- Victorina, me voy.
No volvió á parecer por su casa hasta pasados tres
días. Parlt quedarse en la de su hermana había
fingido una enfermedad; pero no se había atrevido á
pedirle continuar en su compañía. El cobro de su
pensión se aproximaba ... Entonces podría mudar de
casa, y después... Enfurecido, se resistía á confesárselo á sí propio. Desde la primera tarde de su descubrimiento atraíale invenciblemente la calle de Bolonia. ¡Ver aquella casa, la ventanal. .. Pasaría de
prisa.
Victorina le encontró más delgado, más viejo:
había sufrido.
Sin embargo, no dió aviso de que dejaba la ha·
hitación, y descuidó ocuparse de su futuro alojamiento. Habíale vuelto su fascinación por la maldita
casa, la ventana y la pieza deshabitada. Luchó aún
algunos días: no salía ó salía en coche, expiando sus
momentáneas victorias con una angustia más cruel
al siguiente día:
Diseñábase en él una cosa que no acertaba á explicarse, según se decía hablando solo; una cosa que
exigía una pronta expansión: era un deseo intenso,
apasionado, una titilación de su voluntad vacilante,
una irresistible necesidad que satisfacer. ¡Oh! ¡Sí!
Atravesar la verja, correr, llegar á aquella ventana,
saltar á ella, encontrarse en aquella pieza...
Le Sarroix no terminaba sus reflexiones. Metía la
cabeza en su jofaina llena de agua ó pedía un baño
de pies muy caliente. Sentía su idea hervir en su cabeza. A haber sido posible hubiera salido inmediatamente para ponerla en ejecución. ¡Cuán dichoso
sería después! ¡Con qué placer respiraría!
Mientras tanto, pasaba ocho ó diez veces al día
por la calle, con aspecto indiferente, pero acechando
constantemente la casa que se veía en el fondo del
jardín.
Un domingo por la mañana, á tiempo de almor·
zar, se levantó de la mesa impulsado por una fuerza
desconocida: era preciso que viera inmediatamente
la ventana. Llovía á cántaros y esperó un momento,
Por fin se Jamó á la calle, que estaba desierta y como
barrida por el temporal y además por ser la hora del
almuerzo. Como dudara todavía en seguir adelante,

LA

ILUSTRACIÓK ARTISTICA

749

En seguida, una vez lanzada la píedra, lo dijo
todo, su obsesión, sus luchas y de qué modo había
cometido el... delito.
- Ahora, dijo cuando hubo concluido de hablar,
y más bajo todavía, que hagan de mí lo que quieran.
¿No es hoy día de Santa Ana?
- Calle usted, comandanté, replicó el doctor, que
desde hacía un rato estaba escribiendo. Dentro de
cinco minutos estará usted en libertad; el tiempo
preciso para poner cuatro letras.
Las cuatro letras fueron algunas más.
La pluma corría, y el doctor, mascullando las palabras inconscientemente, leía alto á tiempo que escribía, á fin de concluir más pronto:
«Locura degenerada, forma maníaca sencilla...
Herencia marcada; abuelo alcohólico, muerto en los
Inválidos; padre anémico, espíritu débil; madre
muerta de parálisis; hermanos más ó menos de·
mentes...»
Cuando hubo acabado, exclamó agitando el papel:
- Ya está. Pronto le pondrán en libertad.
El comandante Le Sarroix estaba radiante de ale·
gría.
Aproximóse á la mesa de despacho, tendió la mano al doctor, dejó escapar un «¡gracias!» lleno de
efusión, y luego repuso en su tono habitual:
- Hay que echarle polvos para que se seque.
Y tomando tranquilamente la salbadera, alargóse·
la á su salvador.
El médico echó polvos al escrito, fresco todavía,
sonriendo de un modo particular.
Una hora después, habiéndose recibido la orden
de libertad, el alienista acompañó hasta la puerta al
comandante.
- A propósito, le dijo cuando le dejó instalado
en un coche de plaza, conviene que se cuide usted
se distraiga y se mude de barrio.
'
III
- Voy á vivir á casa de mi hermana, mientras
- Robo presunto; información sobre el estado trasladan mis muebles.
mental... ¿Persiste usted en no querer responder?,
dijo el juez, tirando sobre la mesa el proceso verbal
que le había remitido el comisario de policía.
El comandante L~ Sarroix quiso hablar, aunque
tartamudeando, pero sólo consjguió proferir palabras
incoherentes. Inundados los ojos de lagrimones, miraba incesantemente á la solapa sin su roseta.
En el depósito, encerrado en su celda, había encontrado su perdida condecoración. La oprimía en su
mano, que tenía metida en el bolsillo, hasta el punto
de incrustarse en la palma el botón; pues en medio
del naufragio de sus ideas, sobrenadaba la de querer
ocultar aquel distintivo á toda costa, y á veces la
tentación de ponérselo, de rehabilitarse, de lavar su
pecho y levantar erguida la frente; pero resistía humillado é indignado al mismo tiempo.
Le obligarían á identificar su persona, tomarían
declaración á sus camaradas de ejército, á su hermana... Esta vendría á visitarle al depósito... Le verían en poder de la policía... ¡Oh! ¡Jamás!
Y cada vez más exaltado contemplaba su traje su,cio, sus puños arrugados y el barro que le salpicaba,
mientras el magistrado escribía. ¡Verse él así; él, tan
correcto, tan respetuoso de todas las higienes!
Lo que más le desesperaba era el verse con la cabeza descubierta; su sombrero se había quedado en
la funesta casa, al otro lado de la ventana, caído en
el suelo... ¡Oh! ¡Qué limpios son estos guardias de
orden público; qué bien cepillados y apuestos!
Desgraciadamente un municipal insensible á esta
admiración se le llevó, y Le Sarroix se vió pocos
momentos después dentro de ia enfermería del
•
depósito. Pero en fin, allí pudo lavarse, cepillarse y
- Está bien; pero es preciso no recaer. Yo en luvolver á ser hombre. Sus ojos volvieron á adquirir gar de usted viajaría, para evitar el volver á pasar
claridad. Contuvo sus sollozos, enderezó el cuerpo, por la calle de Bolonia; porque en fin, querido amiy con la razón rec@brada surgió en su mente una go, si el caso de usted ha presentado todos los sínesperanza; y cuando salió del Water- Closet, se atre· dromas clásicos, como son: obsesión, impulso é irrevió á ponerse por segunda vez su roseta.
sistibilidad, conciencia completa de su estado y an- ¡Cómo es esto!, exclamó una hora después el gustia concomiten te, falta ... falta el sexto carácter;
médico alienista, encargado de reconocerle. ¡Es us- indispensable á la historia de la ... de la... leve monoted, mi comandante!
manía de usted; esto es, la satisfacción consecutiva.
El retirado sollozaba.
Y diciendo así, examinaba con fijeza los ojos Elel
¡Todo había ya concluido! La fatalidad hacía pre- enfermo, esperando un arranque por parte de éste;
sa en él; aquel médico solía ser todas las tardes pero Le Sarroix sólo manifestó una sonrisa placencompañero suyo en la partida de whist. Sólo faltaba tera, que salía del fondo de su corazón dilatado por la
hacer avisar á su hermana y convocar á sus amigos felicidad.
del café del Helder, al comité de la Sodedad de an- No, querido doctor, no tema usted nada, dijo,
tiguos oficiales y á toda la calle de Bolonia.
esto se ha acabado. No volveré á pasar por la calle
¡Haber sido reconocido!
de Bolonia, pero sólo por amor propio, pues no te- ¡Dios mío! ¡Dios mío!, exclamó dejándose caer mo una recaída. La he tenido pasajera, muy pasajeen un sillón.
ra; mas he conseguido esa satisfacción consecutiva.
- ¡Vamos, Sr. Le Sarroix, tenga usted ánimo! Cuando han acudido los agentes, el golpe estaba daEl médico se apresuró á tomarle el pulso y á ha- do: había ya puesto el cuadro derecho al lado del escerle oler un frasco de sales.
pejo. Derecho, ¿comprende-usted?; ¡ri-gu-ro-sa-men- ¡Vaya!, esto va mejor. Ahora cuénteme usted... te, geo-mé-tri-ca-mente derecho!
¡Oh, sí, lo contará, es preciso que cuente su historia. Esto le servirá de desahogo; y luego podrá morir.
TRADUCIDO POR F. MORENO GODINO
por lo correcto que era y cuidadoso de la higiene,
mucho más habiendo olvidado su impermeable, detúvose un momento, durante el cual vió pasar al portero de M. Venot dando el brazo á su mujer, vestidos ambos de veinticinco alfileres y con aspecto de
ir á alguna fiesta. El comandante viólos atravesar el
arroyo, cobijados bajo el paraguas, entrarse por la
calle Blanca y perderse de vista. Sintió latirle violentamente el corazón y extraviársele el pensamiento.
«¿Quién había quedado al cuidado de la casa?»
Con un movimiento maquinal quitóse su roseta, y
luego de un brinco se echó á la calle á pesar del
chaparrón que caía. Encontró la verja entreabierta;
entró, corrió, hallóse delante de la ventana; tiró de
las cuerdas de las persianas, que se levantaron en seguida; encaramóse sobre el alféizar, y por último,
con la cabeza descubierta y chorreando agua, se dejó caer dentro de la habitación ...
Al levantarse oyó voces de «i Ladrones! ¡Ladrones!»
No oyó más, nada más que el ruido de la verja
que se cerraba violenta y estrepitosamente; y el flujo
y reflujo de su sangre golpeándole las sienes y haciéndole zumbar los oídos.
Guarecidos del chaparrón en el portal frontero,
había dos individuos de orden público, que atraídos
por las voces, penetraron inmediatamente en la casa,
y cogieron al comandante por el cuello.
Intentó hablar, defenderse; pero sus ojos se fijaron
en su solapa, de donde faltaba la roseta.
· Su roseta, ¿quién se la había quitado?... ¡Basta,
Dios mío, basta!,.. Y no acordándose de nada, enloquecido, con la vista extraviada, perdido de barro y
en esta,do lamentable, dejóse conducir á la Prevención. Afortunadamente la calle estaba desierta y sólo
le siguió un pilluelo.

�LA

75°
SECCIÓN CIENTÍFICA
FÍSICA SIN APARATOS
LA DILATACI ÓN

DE LOS CUERPOS

MALOS CONDUCTORES

DEL CALOR

Vamos á explicar un experimento de física sin aparatos verdaderamente original, pero más original aún

Dilatación de los cuerpos malos conductores
del calórico
es la descripción que de él hace el Scientifi, American, de donde lo tomamos.
&lt;Ctesibius dice á su discípulo:
- Herón, ¿quiere usted un vaso de soda? (agua de
Seltz).
- Como usted quiera, contesta Herón.
En vista de esta respuesta, Ctesibius saca una bote11a de vidrio de extraña forma, con un fondo cónico grueso y que contiene un líquido que se dice ser
agua de Seltz.
-Aquí está la soda, Herón; ahora es preciso beberla sin quitar ni agujerear el tapón y sin romper el
cuello de la botella.
Herón rascóse la cabeza, y dando vueltas entre sus
manos á la botella, respondió:
- Ya sabe usted que soy fuerte en matemáticas,
en mecánica, en pneumática y en hidráulica; mas á
pesar de todo esto, no encuentro solución al problema.
- Calor, dilatación desigual,exclamó Ctesibius con
impaciencia.
Herón,·que era un alumno inteligente, no necesitó
más explicaciones, y encendiendo una bujía aproximóla al extremo cónico de la botella, cuyo fondo en
menos de un minuto cedió, rompiéndose en forma
circular, y empujada por la presión interior desprendióse, dando paso á un chorro del agua de Seltz que
contenía.»
El grabado que publicamos indica el modo de
efectuar el experimento.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

517

Houdín para la construcción de esta pieza. El autó- to. Roberto Houdín, cuya imaginación era inagotamata representa á un marquesito vestido á la Luis XV ble, eonstruyó además para sus experimentos de presy sentado delante de una mesa del mismo estilo tidigitación un autómata que representaba á un solcon un tintero, sostenido todo por un delgado pe- dado francés (fig. 3) que apuntaba su fusil y á la voz
destal.
de mando lo disparaba; el pájaro cantor, que tanto
El escribiente dibujante respondía por escrito á se ha reproducido después, etc., etc.
cierto número de preguntas inscritas en unas pequeEs conveniente hacer constar que ninguna de esñas tablas: bastaba introducir la pregunta en un cajón . tas piezas mide más de 30 ó 40 centímetros de altuy colocar una hoja de papel sobre la mesita; en se- ra, lo que aumenta la dificultad de unos mecanismos
guida el personaje mojaba la pluma en el tintero y que comunican á las figuras, no sacudidas, sino
escribía 6 dibujaba. Si se le preguntaba quién era su movimientos que les dan la apariencia de la vida
creador, contestaba: «Roberto Houclín,», y á las pre- real.
guntas de cuáles era!1 el más veleidoso y el más . Roberto Houdín inventó .también una porción
fiel, respondía dibujando una mariposa y una perra de ingeniosas combinaciones que no son autómatas
lebrela. Por este autómata extraordinario M. Giroux, propiamente dichos, y entre las cuales citaremos: un
en 1840, pagó anticipadamente y sólo ateniéndose á reloj misterioso cuyas agujas marcaban en un disco
la descripción 5.000 pesetas; ignoramos lo que ha de cristal la hora que quería el espectador; otro reloj
sido de él. Roberto Houdfn refiere que se vió obliga- análogo al anterior, compuesto de una esfera y un
do á aislarse por espacio de un año para construir pie de cristal, que anda perfectamente sin causa apaesta obra maestra y que hubo de esculpir él mismo rente, y el eslabón despertador que ha dado postela cabeza, pues el escultor no acertó á dar á ésta la riormente origen á una porción de objetos destinaexpresión que él había imaginado. Para ello, y como dos al mismo uso. Asimismo hizo numerosas aplicano sabía modelar ni esculpir, tuvo la paciencia de ciones de la electricidad, en su tiempo poco conocida;
colocarse delante de un espejo y de ir copiando y pero ocuparnos de esto nos alejaría de nuestro promodelando los rasgos de su propia fisonomía, de tal pósito. .
suerte que cuando la obra estuvo terminada resultó
Cuando abandonó su teatro dejó comenzados una
ser el retrato del autor,
porción de autómatas, de los que algunos, entre ellos
Otro autómata muy curioso es el pastelero del Pa- otro escribiente dibujante, han quedado sin terminar,
lais Royal (fig. 1) que salía de su tienda trayendo lo y otros han sido terminados por su primogénito, que
que se le pedía, volvía á entrar en ella y volvía á sa- ha logrado merecida reputación como relojero.
lir trayendo la vuelta de la moneda que se le había
Hemos llamado nuevamente la atención sobre el
confiado. Esta obra mecánica, como otras muchas de maestro en mecánica recreativa porque nos ha pareRoberto Houdín, era automática y además rec;ibía se- cido interesante recordar su obra extraordinaria á los
cretamente ciertos impulsos del prestidigitador.
que sólo de oídas la conocen.
Construyó también algunos autómatas acróbatas,
El silencio en que durante algunos años han perentre los cuales citaremos los dos autómatas Auriol manecido envueltos los autómatas se debe, no á que
y Debureau que ejecutaban juntos varios ejercicios, el público haya mostrado desvío hacia este género de
terminados los cuales, el primero fumaba y el segun- curiosidades, sino á que no había surgido ningún indo tocaba el flageolé; otro que bailaba
sobre una cuerda, y otro (fig. 2) que lucía
sus habilidades en el trapecio, saltando
luego al suelo para demostrar que se movía por sí solo, puesto que estaba completamente aislado del aparato.
Algunas piezas mecánicas, entre ellas
el pastelero antes citado, fueron concebidas y ejecutadas para ser presentadas
en el ,teatro y como complemento de
experimentos de prestidigitación: uno de
estos autómatas destinados especialmente á la escena representaba á un hombrecito que salía de un huevo y adivinaba
los naipes escogidos; otro construfdo
para el mismo destino consistía en un naranjo florido que se cubría de hojas y frutos, los cuales se abrían mostrando en
su interior los objetos que el hábil prestidigitador había pedido prestados á
los espectadores.
Merece también citarse el escamoteador chino, cuyo dibujo original de Roberto Houdín hemos tenido ocasión de ver.
Fig. I. El pastelero, autómata de Roberto Houdín
Figuraba este autómata un chino de
fantasía, como los que en el siglo xvm dibujaba ventor que en él pn:iduzca obras nuevas y originales.
Pillernent, colocado detrás de una mesa cubierta
Ya veremos, cuando estudiemos los autómatas
con un gran tapete y encima de la cual se veían va- modernos, que el número de estos inventores es

I

NúMERO

517

LA

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***

75 1

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

P,nna ... ctltlftw

PILDORAS~~DEHAUT
DIE "Al'lla

tltuJ&gt;eu 111 IJDl'fane, cuando lo
aece.ieu. No temea el aaco ni el cau,or.que, coaara lo que mcede eoa
o, •mu PDl'flllfea, .,,. no obra bien
cqendo 1110macon bueno, alimento.
11.!bklulorU/icete,, cual el vilJo, 11call,
• .... Cada eaal eacoge, para P!U'flarse la
llora 7 Ia comida que mas le ·toavi111Í11
11p11 ,a, oeupecfone,, Come el carua'
cio que la ,ur,a oeulona ~Ida com,¡•tame11,.uuza11,o,orel efectode la
aMa ~•aucion empleada,uo
'! oelde lttcUmente II volr,r
110

IªZJ;to,

-':º

• ·11 emp,1arcu111rur.,.

....ecenno.

11Jarabe11uGraJeaBcupN1to-ioduo•e•tem4eF.Gille,

LA OBRA DE ROBERTO H OUDÍN

i,odrúJ9' ,,.. dtmu'4ci&lt;) r1com,,tdado1 ffl ra,Ó,, tú ... """""' !l"(mw, tú
'" iMll1rGbJlldad II ú ,v 1olubílidad coml4nlu.
1oac,1a d• to, Bo1J111Al11).
11()

El inventor más fecundo en punto á autómatas es
indudablemente Roberto Houdín, todas cuyas creaciones llevan un sello de originalidad indiscutible, y
han sido en su mayoría copiadas una y cien veces, lo
cual es la mejor prueba del éxito y de la justa nombradía que alcanzaron. Esta popularidad adquirida
por el hábil mecánico y la importancia de su obra
bien merecen que se le dedique un capítulo espe·
cial.
En nuestro anterior artículo dijimos que había reparado la mayor parte de los autómatas conocidos;
dejando, pues, á un lado estas piezas, vamos á describrir sus principales creaciones personales.
Una· de las más notables y menos conocidas es el
escribiente dibujante. Hemos tenido la suerte .de
examinar un dibujo ejecutado por el mismo Roberto
(1)

Véase el número 505 rle LA ILUSTR ACI ÓN ARTÍSTICA.

D11'&lt;la1TO GEIIIIIAL: 411, llue Vauvllllen, PARIS. Depósilo en todu las Jarmaelu.

~PEL WL

CARNE yOUINA

.

DAllmlnto aasrepnler, uido al T6Dioo . .. . . ~i
&lt;

~· ;!~lt
Fig. 2 . El gimnasta, autómata de Roberto Houdln

• Soberano remedio para rtpida cura-

VINO ARDUO CON QUINA

·}

. y C:01' TODOS LOS nmamo1 lnlftlTITOI sotmw 1&gt;a 1.4 CAMB
·c,.aa.u 1 • .,.11&amp;1 110D IOI llementol que ellll'an en la CODID081Clon de t111e potente

Fig. 3. El guardio. francés, aut6mata de Roberto IIoudín

rios cubiletes, idea que ha sido reproducida luego considerable y que nunca faltan compradores para
muchas veces con más ó menós éxito. Este escamo- objetos variados é interesantes.
·teador levantaba los cubiletes, y los objetos debajo de
E L PRESTIDIGITADOR ALOER
ellos colocados se convertían en dados, en bolas de
diferentes colores y luego desaparedan por comple(De La N ature)

t9parador de las ruerzu ntales, de este tertl■e••• per e■eele■ela. De un lrllllo sumamente a¡radal&gt;le, es aol&gt;erano contra la .tnem'4 Y el .t~1tnto, en 1u
7 COllr,allcencúU¡_COntra laS /)14,-re(II '1 Iu .tf«dMlel c1el lllt&lt;&gt;iiago Y loe tnt11ttno,.
Cuando ae iraia de despeliar el apeUto, aserurar lu d1geaUonea reparar laa tuena,,
ertquecer 1a aangre, enwnar el organismo Y precaver.la anemia 7 ÍÜ eDldenúu pro~
cadu por loa OlloN!I, no ae conoce nada superior al t'i■e de taüaa de .are-.
IM -.or. • Parit, ea wa •I.FERú, rarmaceat1co~10t, 1111 BicWlea. '-•AIIOUD.

ª'""'',,,..,

8a ffl(J)S U TODAS loü PIUll"OIP.U.U JIO'na4&amp;

EIIJASE 11.:-=' lROUD

don de 111 Afeocione■ del pecho,

Catarroa,llal de garganta, Bronquiti•• Resfriado■, Romadiso1,

de los Reumati■moa, DolorH,
Lumbago•, etc., SO año1 del mejor
61fto atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
101 primero, médico, de Paria.

-

D1p611to ,n toda, la, Farmacia,

Part1c1-pe.ndo de las propiedades del Iodo
del Blerro, estas Plldoras se emplean
es_peclalmente contra las •■crofulu la
'l'i•I• y la DebUldad de te1npenune~to,
asl como en todos los casos(Pálldo■ colorea,
AIDenorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario
ol&gt;rar sol&gt;re la sangre, ya sea para ttevolverl&amp;
su riqueza y abundancia normales, 6 y~ para
' provocar 6 re¡ulartzar su curso periódico.
y

~f'A~fJ5 Fmnacenneo, a Para,
~ 1tu1 lonaparte, 40

NB

El 10duro de hterro tmpuro 6 alterado
■ • ea un medicamento Infiel é Irritan te.
Como prueba de pureza y de autenticidad de
las -rordadoras .PU:clorcu de Blaneard,
el1flr nuestro HIio de plata reaot1v1,
nueatn firma puesta al pié de una etiqueta
•er41• Y el Sello de fiFantla de la Unl 6n d•
l■e Flllrlc1nt11 para lareprestón de 11 Cal.al•
llcae.!611. , ,

e ss IULL.llf u

TOIUS L.lS P.llllü.Clil

�LA

75 2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

N úMERO

517

prurito de echar abajo todo lo antiguo
sin tener en cuenta que &lt;no somos
más que un eslabón de una cadena
que no sabemos ni dónde empieza ni
dónde acaba. &gt; Nos extenderíamos demasiado si hubiésemos de señalar todas las excelencias del discurso, pero
no podemos resistir á la tentación ele
terminar reproduciendo algo de I o
que dice el Sr. Alas al hablar de la
enseñanza religiosa, que defiende con
la convicción de un verdad~ro creye~ ·
te: «quien na está con Dios esta sm
Dios; la enseñanza que no es deista
es atea;I&gt; &lt;los hijos.que se educan en
la duda de Dios se educan como si no
le hubiera; y más diré, que si no lo
hubiera, no está muy claro que fuera
muy perjudicial para la. buena ed_ucación portarse como s1 le hubiese;
mientras 11ue si hay Dios, el prescindir
de la Divinidad no puede menos de
ser funesto.&gt; Y en este punto el voto
del autor es de calidad, porque nadie
Jirá que el ilustre catedrático Sr. Alas
ni el celebrado escritor y profundo crít ico Clarfti pequen de fanáticos ni mucho menos.
Véndese el folleto en las principa·
les librerias al precio de una peseta.

LIBROS ENVIADOS A ESTA RED!CCION
POR AUTORES Ó EDITORES
¡MISERICORDIA! Novela espaflola
por M. Marlinez Barrio1111evo. - Este
conocido y fecundo escritor ha aumentado el ya largo catálogo :ie sus obras
con la novela cuyo título encabeza es·
tas lineas. Como todas las suyas, esta
novela es genuinamente española, !1º
sólo por el asunto, por los personaies
y por las circunstancias de lugar, sino
por su factura, apartada por completo
de las tendencias hacia un realismo
exagerado que de algún tiempo á esta
parte nos ha venido de allende el J'i.
rineo. Quizás alguien tache la nueva
producción de I Sr. Barrionuevo de
sobradamente idealista; pero esto, á
nuestro modo de ver, no e¡; ni mucho
menos un defecto, cuando el escritor
sabe, dentro de la escuela en que milita, responder á los altos fines de la literatura, ¡Misericordia! los llena perfectamente: su acción es interesante y
está bien conducida, pues la aparente
confusión que algunas veces se nota .
en su primera mitad, explícasela cumplidamente el lector á medida que se
aproxima el desenlace; sus personajes
están bien dibujados, sobresaliendo
entre ellos la protagonista y el criado
Pequillas, y nay en la no11ela capitulos que descubren la mano de un experto escritor, como sucede por ejemplo con la hermosa descripción de la
batalla de Alcolea.
¡ Misericordia! forma un tomo de
cerca de 400 páginas y lleva una bonita portada; ha sido editada por don
Inocente López y se vende en las
principales librerias al precio de 3' 50
pesetas.

.•.
NOVELAS CORTAS, por Luis Cánovas. - El tomo 54 de la Biblioteca Selecta que publica en Valencia el editor
D. Pascual Aguilar, es una colección
de novelitas interesantes debidas á la
ele!!ante y castiza pluma de D. Luis
Cá;ovas, á quien conocen ya los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA
por haberse publicado no hace mu~ho
tiempo un primoroso artículo suyo titulado El do de pecho, que forma también
parte del tomo en que nos ecupamos.
Véndese éste al precio de dos rea·
les en las principales librerías y en
Barcelona en la de D. Arturo Simón,
Rambla de Canaletas, 5.

***
UNDI SCU RSO,por(Clariti&gt;{Leopoldo Alas). - Formando parte de la c:o•
lección de Folletos literan'osde D. Leo-

•• •

poldo Alas, que publica el conocido
editor de Madrid D . Fernaedo Fe, se
ha puesto á la venta el por muchos
conceptos notabilísimo discurso que
con motivo de la apertura del curso
académico pronunció el sabio catedrático de la Universidad de Oviedo. Occúpase en él el Sr. Alas de la pedagogfa moderna, combatiendo con _poderosos argumentos y con una nqueza
de dates, que revela una vez más la
prodigiosa erudición de su autor, !os
sistemas exclusivistas, las exagerac10•
nes del utilitarismo, del nacionalismo
y del afán de ineovaciones por el solo

CAUSAS DE LA CEGUERA' Y MODO
EVITARLAS, por D. Atigel Fen11fodez Caro. - El actual vicepresidente
de la Sociedad Española de Higiene
pronunció hace dos a!5os ante es~a Sociedad la conferencia que reciente·
mente impresa ofrece al público. El
tema es interesante y está concienzudamente desarrollado, por lo que merece leerse el folleto, al que acompaña
un cuadro gráfico de causas de ceguera comprobadas por el D. Magnus
en 2. 528 casos.
DE

IDILIO DE AMOR, cuadro de Modesto Faustini

Las oa.sa.s extranjera.a que deseen anunciarse en LA IL USTRAOIÓN ARTÍSTICA dirije.nse

p&amp;ra.

informes á. los Sres A. Lorette, Rue Ca.uma.rttn,

núm. 61. Parfs.-La.e ca.ea.e e13pa.ñola.s pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oa.lvet y O.•, Diputa.oión, 858, Barcelona

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.,,....,..o,a, CA1-LB DB Brf"OL.C. 160. PABIB, 11 • • Codao l-.1'•-ae«.e

El ~ A B E DE BRlANTrecomendado desde su prtnclplQ por loa proreaorea
Laennec, Thénard, Oueraant, etc. : ha ¡eclbldo la conaagracrón del tiempo: en el
año i829 obtuvo el prtl1legio de Invención. VERDADEID CDIFITE PtCTOIIAL, con bue
de goma .., de ababol.ea, convtene,.sobre todo , las personu 'd8.llcadu como
muJeres T niños. su gusto excelente no perJudtca en modo alguno á su incacta
conlra 108 ll!SFlll!DOS T todas las IJ1'L11~Cl8!1ES del PECHO y de 108 mESTIIOS.

■' ----------------------­

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856

PUIS - LYOR • VIEU • PBIUDELPBI! • P!BIS
1867

~

lll3

1876

1878

11 s••L■A. COK IL .,-roa jlJTO llt ,.. .

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS ·
D10ESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I OT&amp;Ol l&gt;IIOaDIMII DI L~ DIGIITtc,a

BASO LA FORlll

DE

ELIXIR. . de PEPSINA BOUDAULT
VINO • • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PUIS, Phmnacie COLLAS, 8, rae Daupfüue
r "" lna J&gt;l'incloal&lt;, fanMcía1,

tos PllJNCIPIOS NtmuTIVOS DB u

CARNE

c,.1an, IIIIEll&amp;o y_ flllll.&amp;1 Diez años de extto contlnuado y las anrmactones de
todas lilll emlnencia.s médicas preuban que esta ISOCJIClon de la Clarae, el Blern y la
Vai- constituye el reparador mas enerl!'lco que se conoce para curar : la Clardní 1
J.fltmúJ, las Jlfflltl'U4dona aowrosiu, el Jlmpobrec1mlfflto y la '..tlteracwn ae 14 Sangre1
el }l/lqllfttl1110, las . . t f ~ e:.cronuo,a, Y e,.scor&amp;wtktU, etc. El Ylae l"errast■-■• dé
..&amp;reu• ea, en erecto, el único que reune li:&gt;do lo que entona y fortalece 108 organos
regu1~~1 coordena y aumenta considerablemente 1as tuerza.s 6 tnrunde a 1&amp; san¡re
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(GICtla dt loa Hospltalel)

Dtp61ito Cuera! : 4S, Calle Ymilllen, 45,,ws
Se rende en toda, /a, buenu f1rmaolt1.

GRANO DE LINO TAR1N·F~R~tc11
1s.

ESTREF41MtENTOS, CÓLICOS. -La

·PITE EPILATOIRE DUSSER
•

.

e,

el Pectoral por excelencia

caja: 1 fr.

30

d~struye hasta las RAl~ES el YELLO del rostro de lu damas (Barba, Bigote, etc.), sin
111ngun pebgro para el cut11. 50 Años de Éxito, y millms de testimonio, garantlJan ta eficacia
de esta preparacion, (Se vende en oaJa1, i¡,.ra la barba, J en t/2 oajaa para et bigote ligero). Para
los brazos, empléese el P.I.L.1. J'flllJJ;, DUSSER, 1, rue J .•J,•Rousseau, :Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DE MONTANER Y SIMÓN

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                    <text>a~trtélC10() _

11tí~t1e21.
A~o X

BARCELONA 16 DE NOVIEMBRE DE 1891

LOS JUGADORES, cuadro de Fortuny

NÚM. 516

�LA

722

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 516

haz que el sacristán, ó algún devoto á diario, te diga
dónde se encuentra la Virgen de la Leche.
La luz que penetra en el templo, aun cuando no
Texto. -El dios «Exito,&gt; por José Echegaray. -La Virgen
mucha,
es suficiente para que se pueda admirar
de la Leche. Tradición artística, por A. Danvila Jaldero.SECCIÓN AMERICANA: El rey Midas, por N. Hawthorne,
aquella prodigiosa creación. Las figuras son de metraducido por M. Juderías Bénder. -Nuestro.&lt; grabados. dio cuerpo. María da el pecho á su Divino Hijó, San
Abnegación por amor, por A. Hunt, con ilustraciones de H.
Juan y San Jerónimo presencian la íntima y cariñosa
Margetson, traducido por E. L. Verneuil.-SECCIÓN CIEN·
escena. Inspirada composición, correcto dibujo y
TÍFICA: Ftsica sin aparatos. Experimentos de f11erza centrifuga. N11evo aparato para volar de Gustavo Troiwé.
limpio, vigoroso colorido avaloran y enriquecen
aquella inapreciable joya de la escuela valenciana.
Grabados. - Los j11gadores, cuadro de Fortuny. -Enme·
No cabe más púdica belleza ni mayor ternura en el
110, escultura de Mad. E lisa Bloch (Exposición genera\ de
semblante de la Virgen, más gracia angélica en JeBellas Artes de Barcelona, 1891). -Arquilla de oro y plata
cincelada, construida por los Sres, Masriera Hermanos, de
sµs ni más respetuosa complacencia en los santos
Barcelona. -La Porci1fomla, pintura de Ferrant y Dominespectadores. Bien ha dicho· un escritor regional
guez. en la capilla mayor de San Francisco el Grande de
hablando de esta admirable obra: que «Rafael y LeoMadrid. - La Porci,lnwla, otra pintura de Dominguez., en
nardo de Vinci, uniendo en un solo cuadro sus cuadicho templo de Madrid. La familia real de Espaila, bajo
relieve en mármol, de Mariano Benlliure. - Las hilanderas,
lidades predominantes, no hubieran hecho cosa mecuadro de D. Maximino Peña (Exposición bienal del Círcu·
jor;» bien ha dicho, y sin embargo, ¿qué hay en este
lo de Bellas Afies de Madrid). -La feria , cuadro de don
cuadro ajeno, al parecer, del pincel del gran maesJoaquln Agrassot. - Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch.
tro, del espiritualista pintor de las Concepciones y de
Daux, grabado por Baude (Salón de Par!s de 1891), - Figura I. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un
los Salvadores, del piadoso y místico J ohán de Joplat() y un aro de servilleta.-Fig, 2. Cadena que forma un'
hanes? ¿Por qué al contemplar aquella dulcísima cacírculo horizontal al extremo de un bramante. - Nuevo apa·
beza que se inclina buscando la mirada de su hijo,
rato para volar de Gustavo Trouvé - La gigánta Rosita (de
nuestro espíritu no se sublima en éxtasis religioso en
fotografía), joven vienesa que actualmente se exhibe en
vez de conmoverse suavemente al reflejo de la belleBerilo.
·
Exito.
¿De qué color es? De ninguno: no tiene color: ni za y de la ternura de.María?
No.es difícil comNenderlo.
siquiera conoce el sonrosado de la vergüenza, porque
La Virgen de la LechtJ es el tipo completo, acabaEL DIOS ÉXITO
no la tiene.
¿Cuál es su forma? ¡Forma! ¿Para qué la necesita? do de la pureza, de la gracia y del amor, tal como
¿Hay algún dios en el Olimpo pagano que sella- Esto de que las cosas han de tener forma son anti- puede encontrarse en la tierra, pero no ofrece el
guallas aristotélicas. Es decir, ¿que cuanto existe ha ideal místico que Johanes ha sabido imprimir á
me el dios E xito7
todas sus obras. Esta rafaelea, y perdone la Acade·
Yo creo que no, y fué soberana injusticia no reco- de existir con materia y forma?
¡Tiranía insoportable! En último resultado la for- mia el verbo, pero le falta el sello sobrenatural que
nocer su existencia y darle el puesto que en buena
ley le corresponde. Mancha y olvido que pesarán ma no sirve sino para ofrecer un vocablo más á los caracteriza la personalidad del pintor valenciano. La
puristas y para que todos los que alardean de ma- Virgen de la Leche es una mujer pura, inmaculada,
eternamente sobre toda aquella civilización.
Luego, los clásicos nos ponen en las nubes el espí- nejar bien el castellano nos estén á cada paso infor- pero mujer; su hermosura es la hermosura hu·
mana.
ritu artístico, filosófico, simbólico, poético, humano y m(lndo.
Si esto es exacto, y vaya si lo es, ¿qué significa
No,
el
dios
E
xito
no
tiene
forma:
tenerla
le
rebadivino de la raza helénica, y nos abruman con la suesta visible inconsecuencia del gran artista? ¿Será
perioridad de aquellas edades en que sobre el fondo jaría.
Es incoloro y es informe; y careciendo de forma tal vez que el honrado, el piadoso J ohán de Johanes,
azul del cielo se destacan el triángulo del frontón, la
carece
de cuerpo; y si no tiene cuerpo, claro es que siguiendo el indecoroso ejemplo de Urbino, de
estatua de mármol y el poeta ocupado en empalmar
Andrea del Sarta y de tantos otros, ha querido impono
tiene
ni pies ni cabeza.
·
hexámetros.
Tener cabeza es una ruindad de la raza humana, ner á la pública adoración el objeto de un criminal
Sí: la imaginación de aquellos pobladores de la
que
no pudiendo conseguir perfecciones mayores se ó misterioso afecto? ¿Se compagina esta aventurada
península helénica é islas adyacentes no fué mala, y
aun en ocasiones demostró ser bastante buena. No procura una última vértebra, como cualquier otro ver- suposición con la virginal inocencia de la Virgen?
lo niego: Homero, Hesiodo, Píndaro, Esquilo, Sófo- tebrado; y es además un gran peligro, porque el que ¿Ha existido el original de aquella pudorosa perfeccles, Eurfpides, Pitágoras, Platón y Aristóteles no tiene cabeza puede perderla, y el que no la tiene está ción? Nadie lo sabe, nadie comprende el caso; pero
hacen mal papel cada uno en su clase. Y de sus ar- siempre firme. Y es que el hombre para hacer las co• existe entre pintores y aficionados una sencilla traquitectos, pintores, escultores y músicos puede de- sas siquiera medianamente necesita discurrir mucho, dición que pretende explicar el hecho. Alguna vez,
y en cambio el dios de nuestra adoración no descien- al nombrar á J ohanes, la hemos oído referir como
cirse que hicieron cosas muy aceptables.
Pero con todo esto, no inventaron lo que nosotros, de á esas mezquindades del pensamiento y no discu- uno de tantos chismes con que en los estudios se
aligeran las horas de.trabajo, y vamos á transcribirla,
los de la decadencia, los incorrectos, los de mal gus- rre jamás.
si bien pulida y aderezada, como es de razón en seLe
basta
decir
yo
soy
quien
soy:
yo
soy
el
Exz'lo,
y
to, los ramplones, hemos inventado: el dios E xito,
·
Y si no, veamos: que busquen por todos los rinco- ya está todo el mundo vencido, humillado, la faz mejantes casos.
nes, escondrijos y empolvadas buhardillas del Olim- contra el suelo y los cuatro remos en competencia
po, á ver si encuentran entre las viejas y mutiladas con los de cualquier cuadrúpedo. ¿Quién contó nunestatuas de sus dioses, siquiera una extremidad, una ca con más cortesanos que este supremo árbitro de
Érase una mañana de mayo de 1570, antevíspera
desconchada cadera, un pedazo de cráneo al menos toda realidad?
de
la fiesta de Nuestra Señora de los Desamparados,
¡Y
luego,
qué
imparcialidad
la
suya!
Nunca
se
ocudel dios Exito.
pa de lo que ha de ser: ni se inclina á nadie ni tiene y Valencia se preparaba á celebrar con bullicioso re·
No lo encontrarán: este dios nos pertenece.
Es decir, existir, existió siempre; pero los griegos favoritos: toma las cosas como resultan ¿Triunfó us- gocijo la próxima solemnidad de su santa patrona.
y los latinos fueron tan cándidos, tan inocentones, ted? Pues no me meto en más averiguaciones: soy el Todo era, pues, alborozo en la ciudad, excepto en
tan ciegos, tan pobres gentes que no dieron con él. dios E xito y es usted uno de los míos. ¿Le aplasta- una antigua casa de la calle Baja del Alfondech, donCon El hemos dado nosotros: la raza prosaica y ma- ron á usted? Pues paciencia: tengo que separarme de de vivía maese J ohán de J abanes.
En el anchuroso estudio del pintor reinaban exterialista, la escarnecida y malamente escarnecida por su lado: la sombra me hace daño, y usted tiene mala
traña soledad é inusitado silencio. Espesos y anchos
·
cualquier pobre diablo que sepa &lt;ll alfabeto griego y sombra.
En todo caso le mandaré á usted para que le con- cortinajes impedían que la luz y la brisa del mar, im•
pueda traducir la primera égloga de Virgilio con trasuelen
dos hermanitas gemelas muy simpáticas aun- pregnada con el aroma de los claveles y los jazmines
ducción interlineal en francés.
Los griegos inventaron un dios para el cielo azul, que muy desacreditadas: la resignación y la espe- del cercano huerto, penetrasen por las anchas ventanas ojivales y mantenían el aposento en una semiobsla nube tempestuosa y el anguloso rayo. ¡Vaya una ranza.
curidad
que convidaba á la meditación ó al sueño.
Hemos
dicho
que
en
los
tiempos
gentílicos
el
dios
gracia! Eso cualquiera lo inventa.
Inventaron otro con su ridículo tridente á manera Exito no tuvo templos, al menos templos visibles; en Lejos de éste y entregado profundamente á aquélla
de épico tenedor para el mar anchuroso y salobre y cambio hoy los tiene en todas partes, con su culto, se hallaba el gran maestro, tendido m~s que sentado
para sus olas risueñas ó tempestuosas; invento que su dogma, sus símbolos profundamente filosóficos, su en su ancho sitial de cuero. Con la frente pálida y la
hoy no obtendría privilegio en ninguna nación, ni minuciosa liturgia, sus altares, lámparas é incensarios. cabeza caída sobre el pecho, hubiera parecido indife·
Pero materia es esta muy extensa y muy honda: ha- rente á todo si de tanto en tanto al rumor de pasos
siquiera en la Gran Bretaña.
en la calle ó del mover de algún mueble en el vecino
Forjaron en los talleres de su fantasía otro dios gamos punto.
aposento no abriera los ojos, murmurando incom•
más para los vientos de todos los cuadrantes, enceprensibles palabras. Por fin alguien penetró en el zaJosÉ ECHEGARAY
rrándolos en pellejos, ni mas ni menos que hoy se
guán, subió la escalera y cruzó la antesala. No esperó
encierra el aceite ó el vino peleón; invención que por
Johanes que se presentara el desconocido, y abriendo
más que me esiuerzo por encontrarla grandiosa, pulla
puerta del estudio le preguntó con impaciencia:
LA
VIRGEN
DE
LA
LECHE
cra, clásica y respetable, me parece soberanamente
- ¿Le has visto?
ramplona y mezquina cuando no ridícula.
Era el recién llegado un hombre, como se suele
TRADICIÓN ARTÍSTICA
No hubo fuente, río, riachuelo, bosque, gruta, árdecir, en la madurez de la edad, alto, lleno y de rebol, flor ó pedrusco al cual no ai)licasen un dios de
Carísimo lec~or: Si eres artista, ó simple amateur posada fisonomía. Algunas indiscretas canas plateamayor ó menor cuantía, ó un ser más ó menos divino, gracias á estar próxima ó remotamente emparen- en busca.de gratas emociones, y tu amiga estrella te ban entre sus obscuros cabellos. Vestía ·modestamenconduce á gozar el límpido cielo y el aromoso am- te y con holgura, pero sin que aquellas condiciones
tado con las deidades superiores.
Náyades, sátiros y ninfas andaban por bosques, biente de Valencia, no te empereces oyendo el blan- de su jubón y de su ferreruelo ocultasen las buenas
selvas, márgenes de ríos y recodos,de arroyuelos dan- co arrullo del Guadalaviar á la sombra de sus flori- proporciones de sus vigorosos miembros: Llamábase
do tales escándalos, que ninguna doncella honesta ni dos naranjales, penetra en la morisca ciudad y dirí- Nicolás Borrás; era el mejor, ~l más querido discípupersona alguna de respeto·podía dar un paseo por las gete como puedas á la iglesia de San Andrés. Ya en lo de J abanes, y aun se murmuraba que, á pesar de
verdes enramadas 6 los alegres sotos sin grave daño ella no trates de investigar si bajo aquellas profana- sus cuarenta y cinco años, no tardaría en llamarse
ciones artísticas del siglo x v11 existe aún algún ves- hijo suyo.
de su honestidad ó de su decoro.
- Le he visto, contestó Borrás sin apresuramiento,
Muchas diosas, muchos dioses, mucha corte celes- tigio de la antigua mezquita que, por orden del rey
y
con
hartas dificultades por vida mía.
conquistador,
bendijo
el
arzobispo
de
Narbona,
y
tial y ni el más modesto rinconcillo para el dios más
SUMARIO

poderoso, el sublime, inmenso, potente entre los potentes, y sobre todos, Júpiter inclusive, vencedor y
dueño absoluto: el dios Exito.
¡Ni un altar, ni un templo, ni una piedra votiva!
¡Ni un himno, ni una estrofa, ni tres notas siquiera
en una flauta de caña! ¡Como si no existiese!
Y eso que hasta el mismo Destino le acataba en
secreto y solía someter á él previamente sus fallos
inapelables.
Ha sido preciso que se apolillase el paganismo;
que el cristianismo triunfara; que los bárbaroS'hicieran de las suyas desde el mar Báltico al Meditarráneo;
que los árabes vinieran y que se fuesen los árabes
con sus alquiceles y su música á otra parte; que la
Europa en masa se dedicara todos los siglos de la
Edad media á machacarse los huesos de día y á rezar
de noche; que el renacimiento en honor de tan alegre renacer bebiese en todas las copas, acariciase
todas las carnes y todos los desnudos; que la reforma
y la filosofía y la ciencia y la revolución se desataran
por el mundo; ha sido necesario todo esto para que
de entre los nubarrones del nuevo caos y de entre
los resplandores de la .nueva civilización brotase majestuoso el nuevo dios del siglo diez y nueve, el dios

NúMERO 516

LA

- ¿Y qué?, volvió á preguntar con alguna viveza el artista.
- Cáh_nes~ vuesa mercé, que en Dios
y .e~ m1 á?ima no semeja resignación
cnst1ana la impaciencia con que me interroga. Su Ilustrísima, consérvele Dios
muchos años, me. oyó bondadosamente, y
con aquella plácida serenidad que le es
tan propia me dijo: «Tu maestro me ofrec~ó dar por acabada la imagen para la
vispera de Nuestra Señora de los Desamparados y yo no entiendo ni quiero librarle d~l com~romiso, pues de harto tiempo
ha dispuesto para cumplirle. Mañana, tal
como se halle la pintura será entregada á
las buenas madres Claras de Jerusalén á
fe. de este indigno arzobispo J ohán de
Ribera,» y dándome á besar su anillo
p~storal ~e indicó leyantándose que hab1a termmado su audiencia.
- ¡Virgen Santísima!, exclamó Jobanes
con abatimiento.
- ¡Ba~, bah!, le dijo Nicolás, no hay
que abatirse; tome su mercé los pinceles,
y puesto que sólo falta la cabeza de la
Virgen, ánimo, y cumpla lo ofrecido.
. J ohanes bu~có en el pecho, bajo el
Jubón, su rosario de ámbar, que siempre
le acompañaba, y besando afectuosamente la cruz contestó á Nicolás con acento
tembloroso:
· - ¡Imposible! Desde que en menguada
hora y ... ¡descuido y arrogancia imperdonables! sin prepararme espiritualmente
según mi. costumbre, empecé esa desdi-'
chada tabla, que no acierto á fijar el divino rostro de María. Esperando vencer lo
que yo llamaba mi torpeza, lo he pintado
todo, excepto ese semblante, pero inútilmente. Cuando quiero intentarlo mis ojos
se obscurecen, los colores se confunden
en mi paleta y mis vacilantes manos apenas pueden sostener los pinceles. Estoy
perdido, ya no siento la intuición de la
mística idealidad. ¡Miserable de mí!
En este momento, sin la profunda
emoción que embargaba á J ohanes y á
su discípulo, hubieran éstos podido advertir las sua·
ves ondulaciones que estremecían los paños de la
antepuerta de la cámara vecina, denunciando tras
ellos la presencia de alguien á quien sin duda i!lteresaba conocer las circunstancias de aquella escena.
- Perdonad, maestro, se atrevió á decir Nicolás
después de algunos instantes de silencio, pero esa
pasajera perturbación del espíritu...
-Calla, le interrumpió Johanes, lo que tú llamas
perturbación es un castigo del cielo, quizás muy merecido. ¿Sabes tú, prosiguió con profunda y exaltada
humildad, si el constante elogio de mis obras no me
ha infundido la inconsciente soberbia de creer que

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

, .ENsutÑ0, @scullllrd ele Macl. !Wsa 13loéh
( Expos1c1ón general de Bellas Artes de Bat6elolla., 1891.)
de mí solo se dignaba la divinidad dejarse penetrar
y reproducir? ¿Puedo yo jurar que nunca ha relampagueado en mí la impía idea de que Dios se complacía en la perfección de mis obras? !te pecado. ¡Madre mía, misericordia!
. Y J ohanes cruzando las manos alzó los ojos á una
imagen .de Nuestra Señora de los Desamparados
suspendida entre los dos ventanales. Nicolás, para
sustraerse algún tanto á la preocupación que contra
su voluntad empezaba á dominarle también descorrió ~no de los cortinajes dejando penetr~r la luz
qu~ mundó á raudales el estudio. A su claridad pareció destacarse del fondo del aposento la composi-

ción luminosa de la Virgen de la Leche.
La obra se hallaba casi concluida, excep·
to el rostro de María, en vez del cual aparecía un óvalo rojizo. Nicolás contempló
algunos momentos el inspirado y primo·
roso trabajo del maestro. Sus ojos corrieron de los risueños semblantes de San
Juan y San Jerónimo al angelical del Niño-Dios y murmuró:
- ¡Divino, divino! ¡Dios de bondad!
¿Y no ha de terminarse este prodigio?
Y luego dirigiéndose á J abanes 1e
dijo:
- Es preciso terminar esa obra.
-Termínela quien guste, respondió
J ohanes con sombría resolución, yo renuncio á ello. Es mi castigo y lo acepto.
Me es además imposible.
- Pero, insistió Borrás, tenéis hijos ...
discípulos ... algunas veces os han ayuda·
do en vuestras obras ...
- Ayudado sí, pero nunca les he cedido el corazón de mis cuadros. Por otra
parte Juan, Vicente y Margarita se hallan
bien lejos con mi buena Jerónima, y
Dorotea. sólo sueña con sus sayas y sus
lechugmllas. Allí está, añadió J ohanes
moviendo tristemente la cabeza y seña·
landa la antepuerta que en aquel momento parecía inmóvil; allí está, tendida por
la fiebre en su lec~o, y sin e~bargo, estoy seguro que mnguna idea razonable
cruza por aquella fantástica cabeza. ¡Si
ella quisiera!. .. Tú no la conoces.
- ¿No la conozco?, replicó Nicolás
con marcada expresión de ironía. ¡Que
no conozco esa cabecita de pájaro en
cuerpo de mujer? ¡Desdichado el hombre
que la lleve al altar si no le es en todo
superior!
La ~ntepuerta onduló como si se estremeciera nerviosamente. Nicolás sin adver·
tirio continuó diciendo:
- Pero si vuestros hijos no os pueden
salvar, tenéis discípulos ...
- ¡Discípulos!, exclamó Johanes con
desaliento. Tú, que eres el primero1 el
más antiguo y,el mejor, ¿te atreverías á concluir esa
tabla?
Ni~olás vacilaba en responder, suspenso entre la
magnitud de la empresa y el deseo de medir su valer.
- Nicolás, hijo mio, prosiguió el maestro acentuando esta última frase, si lo consigues sin desdoro mío
¡perdona mi simpleza, Dios de bondad!; si lo consi'.
gues, pídeme cuanto desees, que· tuyo será por la
eterna salud de mi alma,
- Maestro, respondió Nicolás aturdido por la alegría y halagado en su amor propio, la recompensa
que su mercé me ofrece es capaz de hacerme subir
al séptimo cielo. Voy á intentarlo.

ARQUJLLA DE ORO V PLATA CINCELADA, construida por los Sres. Masriera Hermanos, de Barcelona

�..
NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

516

preocupaciones de los
hombres? ¡ Pero basta,
voy á ser libre!
- ¿Tú, Dorotea?, se
atrevió á decir Nicolás
como compadeciendo su
extravío.
- Sí, yo, que con el
El buen Nicolás, á
lento pero inquebrantaquien un poco de va~e:s~
ble afán del avaro he
nidad y algunas lisonje·
recogido
átomo por áto·
1
ras esperanzas habían
ctr•D
mo el oro del arte que
arrastrado á aquel tre·
~~=~~
mi padre, creyéndome
mendo compromiso,
incapaz de estimarle,
apenas se halló solo
derramaba á manos lleante la obra inr.ompletll
nas sobre mis afortunadel maestro de la escuedos hermanos y sobre
la valenciana y contemvosotros sus dicípulos.
piando de nuevo sus be-,.•r~- "'-.....,..~':-"'
Yo, que sintiéndome ya
llezas una por una, sin·
. ,__,_.,.,..•...,
rica y fuerte te digo á ti,
tió desvanecerse toda su
Nicolás, á ti, el primero
audacia. Frío sudor
entre los primeros:
inundó su rostro y temió
¡Atrás, paso, voy á terque el vértigo invadiera
minar la obra de mi
su cerebro. Con desmapadre!
yada mano empuñó los
- ¡Tú, Dorotea!, repinceles y embrazó la
pitió Nicolás con reconpaleta acercándose á la
r.,...,,.,,.,""-"'';;.- ~·~~~
centrado enojo.
tabla; pero apenas hubo
- ¡Sí, yo, Dorotea!,
fijado el tiento, el óvalo
-·., _ _
,..,..._.,,,~
afirmó la joven con imrojo que aún sustituía
_,., ~.,.:.,,..,..
periosa altivez; yo, á
al futuro rostro de Maquien tú has desprería pareció agrandarse,
ciado sin piedad ante
agrandarse, agitándose
su padre; yo, que duen oleadas de sangre,
rante largos años, sábe·
y el pobre artista, espan'..&amp;~~.il:t'tllllfl
lo ya, he pagado tus
tado y desvanecido, relecciones y tus consejos
11
trocedió hasta caer en
·.....asL",~
con la esperanza de un
el sitial que había ocuimposible amor; yo, que
pado su maestro.
amo sólo y para siemPoco á poco fué calpre al hijo de Dios, al
mándose aquella infunarte.
dada agitación. Brotó
Nicolás palideció, dos
de nuevo la risueña eslágrimas de despecho
p~ranza que antes le
temblaron en el borde
había alentado, y d:L"l.::9·•• -~111,..:
de sus párpados. DorÓciéndose en voz baja:
tea, apoderándose de los
«¡Valor, Nicolás, ahí te
~ .._,,..,,.._.
pinceles y la paleta, se
espera la fama y la diacercó con resolución á
cha!,» se lanzó pincel en
la tabla.
mano á la tabla con el
- ¡Infeliz!, la gritó el
empuje ciego con que
pintor con verdadera
se hubiera arrojado al
indignación. ¡Detente!
asalto de una fortalez:t.
- No; siento en mí el
Levantó el pincel.. .·
genio de Johán de JoUna mano ligera y
hanes y basta con su
nerviosa le detuvo por
genio para pintar la beel brazo, mientras una
lleza humana, el amor
voz de mujer, entre desde la madre, la primera,
&lt;leñosa é irritada, le
la más grande de las bedecía:·:
llezas de nuestra alma.
- Espera. ¿Estás
Dorotea se envolvió
loco?
púdicamente en el rico
Y Dorotea, la hija
y amplio tejido que la
mayor de J ohán de Jo·
cubría, se colocó frente
hanes, apenas arrebuja~--il!!!!!!~jili,,
á la imagen, y después
da en las ricas cobertu•
...,~l'I.,~
de implqrar con una miras de su lecho, descolorada· el auxilio de Nuesrida, pero singularmen·
tra Señora de los Des·
te hermosa, encendidos
amparados, comenzó
los labios, resplande•._e, ....: _ _
con fácil y delicado pincientes los ojos, revuelcel á llenar el rojizo
tas las doradas trenzas y
óvalo que había aterralevantadas al cielo sus
do á Nicolás. Un intenblancas manos parecía
so carmín, el carmín de
imprecar el castigo del
la fiebre, había sustituítemerario. Nicolás, condo la palidez mate de
fuso, temeroso, retrocelas mejillas de la joven,
día lentamente mientras
,.....,&lt;.1,•.,.y á medida que su tola joven proseguía con
...,.,ií'.1111'"'"'
que seguro y correcto
la exaltación de la caiba engendrando la delentura:
liciosa cabeza de la Vir- ¿Qué te va en nues- ,
gen de la Leche, su rostro honor, en el honor
tro se iluminaba con
de los Johanes? Si mis
una claridad misteriosa
hermanos están lejos,
y sobrehumana. Nicolás
¿qué importa? Aquí esseguía con espantados
toy yo con mi cabeza de
ojos aquella incomprenpájaro y mi aliento de
sible creación que poco
gigante. ¿Te sonríes?
á poco iba surgiendo
¡Pobre Nicolás! ¿Es que
LA PORCIÚNCULA, pintura de F'errant y i&gt;omíoguez, en Ía capiíia mayór Je San Franclsco el Grande de Madrid.
como milagrosamente á
aún no has comprendido
través de la tabla y se
que la rapidez de mis
sentía anonadado.
impresiones, \a loca actividad de mi fan+asía, la in-\ fuego que mi padre me dió al darme la vida? ¿No
¿Cuánto tiempo transcurrió así? ¿Quién lo sabe? •
quietud que me devora, la aspiración incomprensible adivinas que la ~ehre que me consume e~ la fiebre
Por fin Dorotea dió un tfüimo golpe, se levantó, y
que me enloquece, no son más que los signos del de un alma á quien encadenan la vulgaridad y las abrazando con una mirada su trabajo, exclamó:

- Sea. Que Dios te
ayude. Iré á pedírselo
en mi oratorio.
Y Johanes salió len·
tamente del estudio.

1••~iili

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3

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l

NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTlCA

ba todo el tiempo que le dejaban libres las obligaciones de su ministerio; y lle·
gaba á tal punto su avaricia, que si, al tender la vista al horizonte, veía ponerse el sol entre celajes de
oro, exclamaba:
- ¡Quién pudiera cogeros, y convertidos en barras
guardaros en el sótano de
palacio!
Y si la niña le salía al encuentro con un ramito de
manzanillas, al punto la
decía:
- Quita allá; si fueran de
oro, así como tienen su color, ya valdría la pena de
cogerlas; pero siendo de lo
que son ... ¡quién les hace
caso!
Pues este mismo rey,
cuando muchacho, antes de
estar poseído del demonio
de la codicia, era un hombre franco y apasionado de
las flores, tanto, que. gastó
un caudal en sembrar su
jardín de las más bonitas,
raras y fragantes, y en él se
pasaba las horas enteras aspirando su aroma delicio •
so. Después, por el conSea de esto lo quiera, el
trario, si las miraba, era
cuadro en cuestión pintado
sólo para calcular cuánto
para las religiosas de Jepodrían valer sus pétalos si
rusalén, y que Pons se la·
fueran de oro. También
mentaba de no haber po·
cuando joven fué muy dadido admirar, se vendió
do á la música (mal que le
después de la guerra de la
pese al autor de cierta his•
Independencia, para hacer
toria, en la cual se pretenalgunas reparaciones, á don
de probar que tenía orejas
Jayme Roig, el cual, tras
de borrico); pero á la sade haberle hecho restaurar
zón _sólo le deleitaba el soná D. Vicente López y á
sonete de las monedas de
ruegos de su esposa, lo
oro.
cedió á San Andrés, coloEn fin, Midas, y en esto
cándole en una de las case parecía á muchos hompillas del lado del Evangebres que cuantos más años
cuentan más brutos son, á
lio en 1844.
Y con esto, vale , lector
medida que fué entrando
amigo.
en años, fué perdiendo el
sentido común, hasta el
A. DANVILA J ALDERO
extremo de no poder soportar la vista ni el contacto de cosa que no fuese de
oro. Por cuya razón había
SECCIÓN AMERICANA
tomado la costumbre de
pasar la mayor parte del
EL REY MIDAS
día en un sótano donde
POR N , IIAWTHORNE
guardaba sus riquezas, y
Allá, en la más remota
cuando que~ía distraerse,
afü se encerraba con la llaantigüedad, hubo un señor
inmensamente rico, rey
ve por dentro, y ya cogía
un lingote, ya un talego y
por añadidura, llamado Mi-.
ya una lata llena de polvo
das, y padre de la niña más
de oro, y lo ponía á la luz
preciosa de su siglo. Por
del único rayo de sol que
una casualidad he sido la
á fuerza de mucho traúnica persona que haya tebajo penetraba en aquella
nido noticia de tan hechicera criatura; pero no es
mazmorra, ¿Y saben uste·
des por qué buscaba aquel
menos cierto también que
rayo de sol? Porque daba
su lindísimo nombre se ha
á su tesoro reflejos más
borrado de mi memoria, No
puros y brillantes, y porque
obstante, como quiera que
así le parecía de más precio.
me hacen mucha gracia los
Luego vaciaba los escudos
nombres bonitos en las jó·
venes que lo son, la llamafn el suelo y los contaba
uno por uno; abría los cofres
remos desde ahora indisdonde guardaba las pepitas
tintamente Mariquita ó la
y el polvo de oro, y metía los
Niña de Oro.
brazos hasta el codo, y los
Pues, como decía, su
sacaba , y los volvía á mepadre era riquísimo, y
ter con el mismo gozo
tan codicioso además, que
que un pato zambulle su
adoraba al dinero sobre todas las cosas, y á su corona
cuello en el agua, y exclamaba:
·
como á sí mismo, sólo por
¡Oh, Midas, qué feliz
ser de oro. Pero si algo haLA PORCIÚNCULA, pintura de Domínguez, ,'en la capilla· mayor de San Franc1sco
· e1 Grande de Madrid
eres!
bía en el mundo que conNo obstante creerse tan
trabalancease en su alma
la pasión al oro, era, sin
más sa e d
d
d
.
feliz, Midas sentía un vaduda, el cariño que tenía á la graciosa niña que ju- una gra: ~a:t~u~~ue/ 1ega~;n pa _re¡ ~?ns1ste en cío en su corazón, porque mientras todo el universo
1 a
, .
e mero. 1 orno si e mero fuese no se convirtiera en almacén de sus riquezas no e
gaba en las gradas del trono. ¡Y cuanto más la quería,
lo umco de que han menester las criaturas! Así lo 1 taría satisfecha su insaciable codicia
'
smás sed se le despertaba de riquezas!
Me parece inútil recordar á usted~s antes de pro¡Insensato! Era de los que creen que la herencia pensaba él al menos, puesto que á este fin consagra- Esto es. Victoria. ¡Gracias, madre mía!
Nicolás cayó á sus pies
murmurando:
-¡El idealismo de la
realidad! Perdóname, Dorotea, perdóname.
En este momento se
abrió la puerta. J ohán de
Johanes se precipitó hacia
la tabla, miró y con un grito
arrancado del fondo del alma abrió los brazos á Dorotea, que desvanecida se
dejó caer en ellos.
El cuadro llegó á su destino en el plazo concertado
con el inflexible arzobispo.
Un año después Nicolás
profesaba en el convento de
San · Jerónimo de Cotalva,
en Gandía, donde, bajo el
nombre bien conocido de
P. Borrás, asombró á sus
contemporáneos con la fe
cundidad artística que de·
mostró hasta los ochenta
años de su edad. Sin em •
bargo, sus obras no pueden
compararse con las de los
Johanes.

~

I

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

seo-uir, que en los remotos tiempos del rey Midas pa- mano, impaciente por saber si en efecto tenía ya el alargó su brazo, y enseñó una de las rosas transfor.
saban muchos sucesos que _nos p,arecerían increíbles don de hacer oro. Pero ¡cuál no fué su sorpresa y madas por Midas.
- ¡Qué bonita!, ¿no es verdad?, exclamó Midas.
si los viésemos; así como también es cierto que gran pesadumbre al reparar que todo permanecía en su
número de cosas de las que vemos y con las cuales primero y natural estado! Y como la imaginación no ¿Y qué te ha hecho esa rosa para que llores tanto,
estamos familiarizados, no las hubieran creído ni á puede nunca estarse quieta, le asaltó entonces el te- hija mía?
- ¿No lo ves, papá?, que todas las flores del jarmor de que tal vez aquel radiante personaje le había
tres tirones en la época del rey Midas.
Ahora bien: entregábase un día nuestro héroe á la jugado una mala pasada. De ser así, ¡qué desengaño dín se han secado y ya no huelen!
- ¡Bah! No llores por tan poco, le contestó Midas,
contemplación de sus riquezas, cuando vió elevarse tan cruel después de haberse mecido en la dulce esavergonzado
de ser la causa del apuro de su hija.
peranza
de
realizar
por
fin
sus
ambiciones!
¡Tener
una sombra sobre la tapa de un cofre, y á medida
que la fué bañando la luz, distinguió en ella las fac- que contentarse con el oro que buenamente pudiese Siéntate. y almuerza, que de sobra encontrarás quien
ciones de un joven desconocido, de noble aspecto y adquirir por los medios ordinarios, en vez de hacer- te cambie esa rosa tan amarilla y tan brillante, y que
durará mucpos años así como la ves, por otra de las
color rubio. Sería ilusión óptica, mas es lo cierto que lo á medida de su deseo, con sólo querer y tocar!
Bien hubiera podido el rey Midas ahorrarse tantas que huelen y se marchitan en un día.
Midas entrevió no sé qué de metálico en la sonrisa
La princesita iba á contradecir al rey, pero era una
del extranjero; que á pesar de la interposición d~ su cavilaciones si se hubiese dado cuenta de que la ducuerpo entre la luz y los tesoros, éstos brillaron de dosa luz que tímidamente penetraba por la rendija niña muy bien criada y calló. Sentóse á la mesa sin
hacer alto en la maravillosa transformación de la poruna manera extraordinaria, iluminándose el sótano de su aposento era, no del sol, sino de
celana,
y casi fué mejor, porque siempre se divertía
como por encanto, y que la causa de tan rara revoluen
ver
los chinos y las pagodas y los puentes y los
La
aljofarada
aurora
ción eran los ojos del recién venido, que alumbraban
pájaros de forma extraña que campeaban en sus flanQue el cielo de oro y bermellón colora.
como luceros,
cos y que habían desaparecido completamente, y de
Seguro el rey de haber cerrado con llave la puerta,
y convencido de la imposibilidad de que nadie puDejó, pues, caer la cabeza, desalentado, sobre la seguro, al echarlos de menos, hubiera vuelto á su
diera entrar en el sótano s~no por la fuerza y haciendo almohada, y se quedó abstraído, dándole vueltas en llanto, predispuesta como estaba con el chascc de
ruido, dedujo necesariamente que su visita era la de su imaginación á la mala pasada que, á su entender, las flores.
Sirvióse S, M. el café, y figúrense ustedes cuán
un ser sobrenatural. Nada importa que yo calle el le había jugado el misterioso personaje, cuando de
nombre de tan extraño personaje; baste saber que repente se entró por la ventana un rayo de sol. Pa- grande no sería su sorpresa al tomar la primera cuen aquellos tiempos primitivos se pensaba y se creía recióle al rey entonces que aquella luz producía en charada y sentir que el líquido se le coagulaba entre
á puño cerrado que seres dotados de poder divino las blancás ropas de su cama extraños reflejos; y así el paladar y la lengua. Tanto es así, que no pudo
venían á la tierra de vez en cuando y pasabah en ella era, en efecto, pues al mirarlas con más atención, contener una exclamación de terror.
- ¿Qué tienes, papá?, le preguntó la niña, miránsus temporadas, mezclándose en los asuntos de los ¡cuán grandes no fueron su sorpresa y su felicidad,
mortales y tomando una parte no pequeña en sus viendo las sábanas de lienzo transformadas en paños dolo fijamente medio llorosa todavía.
- ¡Nada, hija, nada!, dijo Midas. Mira, no dejes
penas y alegrías. Así, pues, como un encuentro de de oro de singular hermosura!
enfriar la leche.
esta naturaleza no era nuevo para el rey Midas, exEl aparecido había cumplido su palabra.
Se acercó entonces el plato del pescado frito y
perimentó cierta satisfacción en hallarse á solas y
Midas, loco de contento, saltó de la cama Yfué de
cara á cara con un sujeto.cuyos semejantes no le eran un lado á otro, manoseándolo todo y, como era na tocó la colita de un dentoncillo con el dedo. ¡Nueva
desconocidos.
tural, convirtiéndolo en metal precioso, sin que por sorpresa! El pescado se transformó á su contacto en
Además, el joven en cuestión tenía un rostro tan eso perdiese la forma primitiva que tenía: las corti- una obra maestra de platería.
Midas se quedó absorto sin saber qué hacerse,
franco y risueño, que hubiera sido de la mayor gro· nas de damasco y las sábanas de lienzo, si bien se
sería tratarlo de malos modos; tanto más, cuanto que transformaban en cuanto á la calidad, quedaban tan porque verdaderamente el trance no era para menos.
- ¿Cómo voy á alimentarme?, dijo para sus adennada tenía de particular viniese para facilitarle algu- flexibles y sutiles como habían sido siempre. Sí, acuna receta por cuyo medio pudiera convertir el barro, rrió una cosa extraña, y fué que, al poner las manos tros.
Nuevo ensayo. Tomó un pastelillo, y no bien le
por ejemplo, en oro de buena ley.
en un libro, sus hojas perdieron el texto impreso tan
Examinó el extranjero de una mirada el aposento, luego como se trocaron en láminas de oro, de lo hubo partido con los dedos, empezó á amarillear, y
y después, fijándose en Midas, le dijo con la sonrisa cual infiero que este metal está reñido con las dicho se está que se puso como el café y el pescado.
¿Saben ustedes que estaría divertido el buen señor
en los labios:
letras.
- Eres rico, en verdad, y dudo mucho que haya
Otro percance le pasó también con los anteojos, con todo su poder y su riqueza, con la mesa cubierta
otro rey más poderoso que tú.
que si cabe, para un hombre como el rey Midas, era de manjares sabrosísimos é imposibilitado de gustar- No me ha ido mal, respondió el avaro, e~co· de peores q:msect:encias, pues se le volvieron de oro los siquiera?
giéndose de hombros; pero, al fin y al cabo, esto es el los cristales, dejándolo reducido de consiguiente á · Confundido, aterrado, el pobre rey dejóse caer soproducto de cuarenta años de trabajos y afanes. ¡Ah!, la situación más lastimosa en que puede verse un bre el respaldo de su asiento, cruzados los brazos é
inclinada la frente.
exclamó dando un suspiro: si me fuera posible vivir corto de vista.
Su hija, que era muy cariñosa, al reparar en la ac•
diez veces más, ¡entonces sí que llegaría á ser rico!
Pero Midas se consoló al momento, diciendo para
- ¡Cómo! ¿No estás satisfecho todavía?
su capote: una majadería es no poder usar gafas titud del rey Midas, dejó las sopás, se quitó la serviMidas movió tristemente la cabeza.
cuando tanta falta me hacen; pero ¡qué diantre! para lleta, y fué á él con los bracitos extendidos, pregun- ¿Qué necesitas, pues, para contentarte?
comer no las necesito, y luego para las demás cosas tándole con mucho interés si estaba malo.
- No, hija mía, respondió S. M. dando un suspiro;
- Midas guardó silencio. Un vago presentimiento pronto será grande la niña y por sus ojos veré.
le decía que aquel extranjero de tan noble presencia,
Ya ven ustedes cómo el que quiere consolarse se pero no sé lo que va á ser de tu .padre.
Y en verdad, señores, que difícilmente habréis
tan fino y tan amable, había venido á visitarlo. con consuela, por grandes que sean sus aflicciones.
propósito deliberado de satisfacer sus deseos. Era,
Pues, como iba diciendo, el rey Midas se había oído hablar de una persona colocada en situación
pues, la ocasión 'd e pedir lo que tanto deseaba, fuese puesto tan contento que, no ~hiendo de gozo en sus más crítica que la del rey Midas.
- ¡Cuánto más feliz que él no era el pobre trabaó no posible. Con los ojos fijos en el suelo y un dedo habitaciones, bajó en dos brincos al jardín, no sin
puesto delante de la boca, en actitud pensativa, es- convertir antes en oro de muy buena ley el pasama- jador, alimentándose de frutas y legumbres! ¡Qué setaba S. M. amontonando de memoria quintales de no de la escalera, ítem más el pestillo de la puerta ría de él si continuaba sin poder atravesar bocado!
metal precioso, cuando de repente se desarrugó su por donde salió. Cuajado de rosas estaba todo, y su ¡Cuántos días resistiría su estómago á tan riguroso
entrecejo, sonrieron sus fruncidos labios-y brillaron delicioso aroma embriagaba los sentidos; pero Mi· ayuno!
Turbaron de tal manera estas tristes reflexiones al
sus ojos llenos de entusiasmo. Alzando antonces la das, que ya maldito lo que entendía de ambiente
frente miró á su interlocutor.
perfumado ni de flores, les fué pasando á todas la rey Midas, que llegó á preguntarse si después de todo
- Vamos, di lo que deseas.
mano y poniéndolas tan tiesas y relucientes como si la opulencia es el único bien apetecido en este mun- Sí, por cierto: estoy ya tan cansado de trabajar fueran de talco. Mientras se divertía en esta opera- ao, ó el apetecible siquiera. Pero esta idea se le borró
para reunir cantidades que después de todo no me ción lo llamaron para desayunarse, y acudió al co- bien pronto de la memoria, porque fascinado como
satisfacen, que quisiera, para salir del paso, tener el medor con las mejores disposiciones, reservando estaba por el brillo del metal precioso, se hubiera
don de hacer oro.
·
para luego el proseguir la comenzada tarea.
negado redondamente todavía á renunciará su pri- El extranjero sonrió con alegría.
No sé de una·manera positiva en qué consistía en- vilegio por cosa tan mezquina y de tan poco momen- ¡Gloria á ti, rey Midas, por haber concebido un tonces el almuerzo de los grandes de la tierra, ni to como es un almuerzo. Y cuenta, señores, que esa
pensamiento tan admirable! Pero ¿estás cierto de tampoco tengo ahora mucho tiempo disponible para cosa tan trivial, pero comible para él, no habría poque sólo este poder te hará feliz?
profundiiar esta materia; sin embargo, todo me in- dido encontrarla en el caso presente, ni aun dando
- ¿Quién lo duda?
duce á creer que la mesa de S M. estaría provista por ella más millones de monedas de oro que granos
- ¿No te pesará nunca tenerlo?
de buenas tortas, pescado frito, patatas asadas, hue- de arena tiene el mar.
- ¿Cómo es posible, si no pido más para conside· vos pasados agua y café con leche, lo cual me pare·
Sin embargo, tal era su hambre y tan grande su
rarme el hombre más feliz de la tierra?
ce muy bastante y muy bueno para un monarca de inquietud que se echó á llorar de la manera n::ás las- Pues bien: hágase tu voluntad, le respondió el siglos tan remotos.
timosa. Lo cual visto por la niña, ya no pudo contedesconocido, saludándolo; mañana, al salir el sol, se
Como la Niña no había ido todavía y Midas ja- nerse, y lo abrazó cariñosamente par¡t consolarlo.
te concederá la' gracia que deseas.
más comía sin ella, la hizo llamar al punto, y entre- Midas, al recibir las caricias de su hija, comprendió
Dicho lo cual desapareció, iluminando el sótano tanto tocó algunos platos, el mantel y las servilletas cuánto más valía 'aquel amor que todas las riquezas
de tan vivos resplandores, que el rey tuvo que cerrar para sorprenderla con sus metamorfosis.
del mundo por él adquiridas, merced á la facultad
los ojos para no quedarse ciego. Al abrirlos de nue- . En esto la oyó venir llorando por los corredores, sobrenatural que poseía.
vo, sólo vió el rayo de sol que alumbraba los tesoros cosa que le sorprendió en extremo, porque su hija
- ¡Hija de mi alma!, exclamó estrechándola en
acumulados á costa de tantos afanes durante el cur· era una de esas criaturas que en todo el año no vier- sus brazos.
so de su existencia.
ten lágrimas bastantes para llenar un dedal. Así fué
Pero Mariquita ya no pudo contestar á esta caricia
¿Durmió el rey Midas aquella noche con la tran· que, al oirla, para hacerla callar con una wrpresa, paternal, porque al contacto del rey Midas, quedó
quilidad de costumbre? La historia lo' calla; pero ten- puso las manos sobre el jarro de la leche, y trocó la sin vida, transformada en una estatua de oro, y como
go para mí que, despierto ó dormido, pasó la noche porcelana e!} oro finísimo.
al verificarse en ella esta revolución no perdió un
con la impaciencia y la inquietud de un chiquillo á
Abrió entonces la Niña dulcemente la puerta y. átomo de su belleza encantadora, conservando su
quien se ha prometido regalar un juguete magnífico entró en la habitación enjugándose los ojos con el rostro la misma dulzura y sus ropas los mismos plieal día siguiente.
delantal.
gues y suaves ondulaciones que antes tenían, puede
La hora del alba sería cuando despertó Midas y
- ¿Qué llanto es ese, hija mía?
bien decirse que la niña, gracias á su papá, era una
empezó á tocar todo lo que estaba al alcance de su
La princesita, sin quitarse el delantal de los ojos, obra digna del cincel de Fidias y que valía lo que

LA

NúMERO 516

NúMERO 516

ILUSTRACIÓN ARTI8TICA

pesaba y mucho
di, ¿qué prefieres, ese
más.
don ó un vaso de
Inútil es decir á
agua fresca y cristaustedes cómo se quelina?
daría S. M. ante
-¡Elagua,elagua
aquel horrible espec.
es una bendición del
táculo. Se retorcía
cielo!, exclamó Mi·
las manos, daba
das; pero yo no puegritos descompasado beberla.
dos, se arrancaba
- ¿El don de halos cabellos, corría
cer oro, continuó el
por las habitaciones
genio, ó un pedazo
de palacio como un
de pan?
loco, y llamaba al
- ¡Un pedazo de
genio con toda la
pan vale más que
fuerza de su voz. El
todo el oro del
pobre hombre no po•
mundo!
día soportar la vista
- ¿El don de hade su hija ni tampocer oro ó Mariquita
co dejar de mirarla.
como estaba hace una
Estando así se
hora?
apareció el genio.
._
- ¡Mi hija, mi hiMidas, sin proferir
ja!, gritó el infeliz.
palabra, bajó la ca-Así me gusta,
beza y cayó de rodi--•
dijo el extranjero.
llas en actitud supliVamos, añadió, ¿escante. Había reconotás perfectamente
cido al mismo persoarrepentido de tus
naje misterioso de
locas ambiciones y
quien recibió en la
de tu avaricia desencueva el funesto don
frenada?
de hacer oro,
En aquel momento
_ Ya estarás satisvino á posarse una
fecho, Midas, le dijo
moscá en la punta de
el genio sonríen4 ~ =..._
......
la nariz de S. M. y
do maliciosamente.
á su contacto cayó
¿Qué tal?
muerta al suelo, comMidas movió la capletamente metalizabeza.
da. Midas se estre- Soy el más mimeció.
serable y desventu•
- Sí, sí, arrepentirado de los nacidos
.
.
.
.
do de todo corazón
,
,,
LA l'A~IILIA REAL DE ESPAÑA, baJo relieve en m:lrmol, &lt;le D. Manano Benlhure
l
d'ó ll
d'
exclamó el rey.
·
e respon I eno e
- ¡Desventurado!
fervor.
¡Miserable! N~ te comprendo. ¿N_o te he concedido Mira lo que he ~erdid?, le dijo, señalando á su hija 1· Pues ~ntonces, ve al jardín y báñate en _el río que
cuanto apetec1as para llamarte fehz?
y llorando á lágrima viva.
lo atraviesa; luego, tráete una copa _de la misma agua,
- ¡Ay! El oro por sí solo no constituye la felicidad.
- Veo que hoy estás más cuerdo que ayer. Vamos, y con ella roda to?os aquellos obJetos á los cuales

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LAS HILANDERAS,

cuadro de D. Maximino Peña. (Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes &lt;le Madrid.)

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PASATIEMPOS DE ORIENTE, cuadro de Ch. Daux, grabado por Baude. (Salón de París de 1891.)

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730

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quieras restituir su primitivo ser; pero te advierto buen artífice; precisa del auxilio de la estética y poseer los vasque si no lo haces lleno de confianza y de fe, todo tos conocimientos del arte, ya que la moderna construcción
utiliza la combinación de los ricos metales con las piedras preserá inútil.
ciosas, sujetándose en su forma á un estilo, ú obedeciendo á
El monarca 'bajó la frente en señal de asentimien· una escuela determinada, que produzca armonía por los tonos
to y cuando la levantó ya no estaba allí el aparecido. quimicamente obtenidos, los esmaltes y el pulimento, De no
Midas corrió al jardín en seguida, entró de cabeza ~scasa importancia son las dificultades que ofrece el arte de l,a
aumentadas si cabe por la contin~a necesidad de ofreen el río, se zambulló más que un ganso, volvió á sa• ¡oyeria,
cer modelos que obtengan el privilegio de atraer á los numelir inmediatamente con un jarro lleno de agua en rosos partidarios de la fastuosidad y la ostentación.
cada mano y no paró hasta llegar al pi~ de la estatua . Todas las naciones han realizado grandes progresos en la
Joyería, y plácenos consignar que España no ha descendido
de su hija.
nivel en que se hallaba colocada por sus tradiciones, sienS. M. no se anduvo con melindres para adminis- del
do Barcelona, en cierto modo, el centro que informa el movitrarle la medicina, sino que, no bien hubo dejado miento peninsular, ya que en ella existen los más importantes
uno de los jarros en el suelo, levantó el otro sobre talleres y los más hábiles plateros. Distinguense entre todos
la cabeza de la princesa, y así como quien bautiza, ellos los hermanos Masriera, tan excelentes artistas como inte•
vertió su contenido hasta la última gota. La niña ligentes artífices, ya que han demostrado por medio de sus
obras cuán justificada es la fama de que gozan y cuánto puede
abrió al punto los ojos y comenzó á estornudar. El esperarse de sus aptitudes artísticas. Todas las alhajas y piezas
extranjero había cumplido su palabra, ó mejor dicho tienen, á modo de marca de fábrica, el sello caracterlstico que
el arrepentimiento de Midas había sido sincero y las distingue por su riqueza, elegancia y sencillez. En todas
ellas se denuncia el gusto y el CQmpleto dominio de una indusmuy grande su fe en las palabras de la visión.
tria, hoy no exenta de dificultades. Los Sres. Masriera, antes
Pasados los primeros transportes de alegría, S. M. que
joyeros, son distinguidos artistas, por cuyo motivo sus pro ·
tomó á Mariquita de la mano y se fué con ella al ducciones se distinguen siempre por la belleza de sus líneas,
jardín donde, merced á algunos asperjes, hizo recu• por su forma y por las admirables combinaciones que saben
perar á las flores su aroma.y sus matices, y así de lo obtener de los efectos de la tonalidad por medio del contraste
que producen los relieves con el mate y el pulimento.
demás.
La arquilla que reproducimos es una de las obras más im•
Dos cosas, sin embargo, recordaron á Midas, mien- portantes que han construido los Sres. Masriera, tanto por su
tras vivió, aquel don que tan funestas consecuencias riqueza como por su carácter esencialmente artistico. Ejecutapudo traerle: las arenas del río donde se bañó, que da con sujeción al diseño de D. José Masriera es una brillanmanifestación del arte nacional, puesto que si por su estilo
desde aquel día' brillaron como polvo de oro, r los ca- te
recuerda las bellisimas obras del Renacimiento, lo es tambellos rubios de su hija, en cuyo color antes nunca bién en el concepto moderno del renacin,iento artístico de
había reparado.
nuestra patria, Sobre una base de mármol cuatro leones de
Midas llegó á ser muy viejo, y cuando allá en los plata maciza sustentan la arquilla de plata y oro cincelada, cu•
m_otivos de decoración se avaloran por la inteligente com·
últimos años de su larga carrera lo sacaban á tomar Y?S
bmac1ón de los metales. Dos preciosos medallones de esmalte,
el sol las mañanas de invierno, decía á sus nietecitas imitación de Limoges, rodeados de un marco de perlas, repre·
pasándoles las manos temblorosas por la cabellera: st:ntando las cuatro virtudes, ejec:itados por D. Luis Masrie ·
- Esta es la única cosa de color de oro que ven ra, decoran los dos lados de la arquilla, destacándose entre ellos
las cifras, en brillantes, zafiros y rubíes, del Excmo. i;eñor
con gusto mis ojos.
D. Manuel Planas y Casals, tan ·distinguido jurisconsulto
TRADUCIDO POR

M.

JUDERIAS BÉNDER

NUESTROS GRABADOS
Los jugadores, cuadro de Fortuny. - Aunque
poco partidarios de la indiscutibilidad que algunos pretenden
para ciertas firmas en materia de arte, hemos de convenir en
que la de Fortuny es de las pocas que si no justifican atenúan
por lo menos la exageración de los que tal teoria sustentan.
Ni de su escuela, que tantos queriéndola imitar han parodiad.o,
ni de su genio artistico que le elevó al pináculo de la gloria,
hemos de hablar en esta ocasión, pues en otras muchas nos
hemos ocupado del malogrado pintor y de sus principales
obras. La que hoy reproducimos, aunque no tan conocida como otras de Fortuny, merece un puesto de honor al lado de las
más ensalzadas; la figu ra del jugador perdidoso contemplando
con cierta mezcla de rabia y de envidia á sus dos compañeros
entregadas todavía al vicio que tanto le atrae, las de éstos que
abocetadas y entre sombras se divisan en el fondo y el tono ge•
neral del cuadro descubren, aun en el grabado, el espíritu de
observación, el profundo estudio y la maestría del nunca has•
tante llorado artista catalán.

..•

Ensueño, escultura de Elisa Bloch l Exposición
general de Bellas Artes de Barcelona). - Si en todas las épo•
cas y en todos los tiempos ha dado muestra la mujer de sus
cualidades y aptitudes para cultivar todas las ramas del saber
humano, preciso es convenir que las corrientes de progreso
que informan nue~tro siglo han contr:buido poderosamente á
su desenvolvimiento. Todas las naciones cuentan ya con nÚ ·
mero considerable de mujeres ilustres, que dan muestras de
su ingenio, ya en las ciencias, las artes ó la literatura. Entre
aquellas que honran á la vecina: nación, distínguese Elisa
Bloch, que entre otros honrosos títulos ostenta el de Oficial de
la Academia Francesa. Nacida en Breslau (Silesia) pero residente en Paris desde temprana edad, recibió sólida y completa
instrucción, teniendo por preceptor al sabio orientalista doc•
tor Mu11ck, á quien. debió sus extensos conocimientos literarios
y filológicos. Dedicada después al estudio de la escultura, por
la que sentía verdadero entusiasmo, pronto dió muestras de
sus aptitudes y excelentes cualidades, bajo la dirécción del
gran maestro Enrique Chapu, En 1878 expuso su primera
~bra, figurando ya en el ~al?n de 188o una gran figura que
tituló Esperanza. A esta s1gu1ó en 1884 El frondista y en 1886
Virginius, notable grupo en bronce, inspirado en una de las
obras de Tito Livio, premiado en la Exposición Universal
de J 889. Dificil sería enumerar el considerable número de
obras que han modelado las delicadas manos de Elisa Bloch,
á las que ha impreso el sello de su inteligencia y de su sentimie~to Basta visitar su taller de la rue du Printerups, converhdo en verdadero museo, para comprender su laboriosidad.
Enszmio titúlase el precioso busto que remitió á nuestra,
Exposición de Bellas Artes. Inspirado en la novela de Zola
titulada Le Réve, sorprende por la delicadeza de su modelad¿
y por ese algo que en su obra ha sabido imprimir la artista
que justifica tan perfectamente su titulo.
'
Moisés y la estatua de Juana de Arco que ha de er¡girse en
Epernay son sus últimas producciones. Ellas significan un
nuevo triunfo, por el que felicitamos á la autora, rindiéndole
en estas lineas un justo tributo de consideración.

•
••
Arquilla ~e oro y plata cincelada, construída p01
los Sres. Ma~nera _Herma.nos, de Barc_elona. - Al igual de las
demás creaciones mdustnales, ha debido la joyeria seguir las
evoluciones que han determinado el gusto la época y las necesidades de la sociedad actual. No basta /a al platero ser un

NúMERO

516

cu tibies cualidades debe la justa y merecida fama de que goza,
Obligado en sus preciosos años á contribuir al sostenimiento
de su familia, sólo á costa de afanes y de continuo estudio logró Benlliure adelantar en la difícil profesión que emprendiera, siendo por lo tanto sus triunfos verdaderas victorias logradas por el genio. La cogida de 1m picador, que fué la primera
obra que figuró ea una Exposición, la Nacional de 1876, fué
ya una revelación. A esta siguieron las tituladas ¡Al agua!, la
estatua del pintor Ribera, la de Doña Bárbara de Braganza, el
picaresco Mo11ag11illo, que tanto llamó la atención en la Expo•
sición de 1884, y las soberbias figuras alegóricas la Marina y
el Ferrocarril, que en unión de la magnifica estatua de don
Diego López de Haro figuraron en la Exposición de 1890, y
que aparte de la recompensa otorgada por el Jurado, valieron
al· artista la honrosa distinción de la Gran Cruz de Isabel la
Católica.
•
Como demostración de reconocimiento á la Reina Regente,
que galardonaba al artista, ofreció Benlliure á la ilustre seño ra una obra magistral, en la que no sólo se bailen de manifiesto sus relevantes cualidades como escultor, si que también su
delicadeza de sentimientos: encerrado en un primoroso marco
de bronce, un bajo relieve en el que delicadamente se desta•
can con admirable parecido los bustos de la Reina, de su hijo
D. Alfonso XIII, de la princesita de Asturias y de la infanta
María Teresa. Pálido creemos que sería cuanto intent:íramos
consignar acerca de la ejecución de esta obra, en la que Ben•
lliure ha logrado dar muestra de á cuánto alcanza, por cuyo
motivo nos limitaremos á unir nuestro aplauso á los que ya se
le han tributado y á rendirle en estas lineas un testimonio de
nuestra consideración.

.

516

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

73 1

ABNEGACIÓN POR AMOR
POR A, HUNT, - ILU STR ACION E S DE H . MARGETSON

••

Las hilanderas, cuadro de D. Maximino Peña.
(Exposición bienal del Circulo de Bellas Artes de Madrid). Disclpulo del malogrado Plasencia, dióse pronto á conocer por
las cualidades que revelaban sus obras, obteniendo su primer
triunfo en la Exposición de Bellas Artes que celebró la Asociación de Escultores y Artistas. Pensionado después en Roma por la Diputación Provincial &lt;le Soria, su país natal, continuó produciendo obras de mayor importancia, que como el
lienzo titulado Carla del hijo ausente, obtuvo merecida re·
compensa en la Exposición general de Bellas Artes de 1887.
En la que en mayo último celebró el Circulo de Bellas Ar·
tes de Madrid presentó cuatro lienzos, Al amor de la l11111bre,
una Cabeza de niña, Con la exmsa del cigarro y Las l1ila11de•
como hombre público, á quien se ofreció tan valiosa joya por ras, que reproducimos, dando en ellos muestra, especialmente
varios de sus amigos y correligionarios, según indica la leyen- en el último, de sus recomendables cualidades, ya que en todos
se observa corrección en el trazo y sobriedad en el colorido.
da que ostenta la cinta que cubre la artlstica tapa.
Maximino Peíla es uno de los discípulos que más honran á
Plasencia
y uno de los artistas que pueden lograr envidiable
••
reputación , si continúa por la senda emprendida.

•

La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez y de D. Alejandro Ferrant. - La Porciúncula, pintura de D. Manuel Domínguez, en
la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid. -A
Manuel Dominguez, el autor del cuadro titulado La muerte de
Séneca, y á Alejandro Ferrant, el autor del que reprenta El
entierro de San Sebasliá11, ambos artistas de valía que figuran
á la vanguardia de los que enaltecen con sus producciones el
arte patrio, confióse la ejecución de l as pinturas que en forma
de colosal triplico embellecen y decoran el fondo del ábside
de la capilla mayor de San Francisco el Grande de Madrid,
verdadero museo, ya que en aquel templo figuran obras de ar•
tistas de tal valia, (que como Plasencia, Contreras, Molinelli,
Jover, Rivera, Domlnguez, Martínez Cubells, Plaza, Améri·
go, Adeva, Vergaz, Ellas Martín, Vallmitiana, Bellver, Suñol,
Gandarias, Benlliure, Moltó, Muñoz Degrain, Moreno Carbo•
nero, etc., significan ó representan el arte contemporáneo es·
pañol.
Cuantiosas sumas de~lináronse al embellecimiento de la an•
ligua iglesia, que hoy es sin disputa la primera de las que
existen en la capital de la monarqula. Mármoles y bronces de·
coran la capilla mayor, y en el fondo destácanse las pinturas
de Ferrant y:Dominguez, que ocupan. un espacio de diez metros de altura por catorce de ancho, representando tres escenas de la vida de San Francisco, el humilde penitente de Asis,
que en todo tiempo ha servido de tema de inspiración. El cincel, la pluma y el pincel han trazado la leyenda en que la religión y la poesía se unen con igual belleza; faltaba en este con
junto la glorificación de la pintura moderna, y preciso es convenir que ¡iocos pudieran haberlo llevado á cabo tan cumplidamente como Ferrant y Dominguez.
El asunto general) representado en el grandioso tríptico es
La concesión del /11/iileo de la Porci1lnmla, en los tres momentos del anuncio, de la concesión y de la confirmación pontificia.
La pintura de la derecha es obra de Domínguez. En un lugar
abrupto y cubierto de maleza, el santo en oración recibe por un
ángel el aviso de que el Señor y su Divina Madre se hallan en
la próxima ermita de Nuestra Señora de los Angeles ó de la
Porciúncula. La figura del santo, medio postrado aún de hinojos, revela la confusión que la inesperada nueva le produce; en
el cielo, que cubren las sombras de la noche, angélica visión
de músicos teniendo instrumentos y agitando incensarios cele•
bra la fausta nueva. La hora y el sentimiento de la escena,
riqueza y elegancia de colorido, todo ello ha logrado reunir
Domlnguez en esta notable obra. Unido á Ferrant, han pinta•
do el cuadro del centro, á Jesucristo y la Virgen, apareciéndose al santo en el interior de aquella ermita. El pobre cenobio
inímdase de resplandores que envuelven la doble visión en luz
celestial, y San Francisco humilla la cabeza en las gradas del
altar al oír la voz del Señor, El contraste de la luz está perfectamente entendido, y la figura del santo, que se destaca por claro, es un alarde de dibujo De Ferrant es esta parte de la composición y la figura de Cristo, y obra de Dominguez la bellísima de la Virgen; siendo de admirar que la diferencia de estilo
contribuye al embellecimiento del cuadro, que á pesar de ser
una obra moderna, parece que se refleja en ella algo del fervor
mistico que distingue á las producciones de otras épocas yapa·
sadas.

NúMERO

•
••
La feria, cuadro de D. Joaquín Agra1:1sot. - Es
Agrassot uno de los pintores que honran á España y á Valencia, en donde reside desde hace algunos años, confundiendo
en una sola las simpatías que siente por la ciudad del Cid y
por· Alicante, su ciudad natal. Su nombre evoca el recuerdo
de alguno de su~ lienzos notables, que como el titulado Las
dos amigas figura entre los que encierra el Museo del Prado.
Al igual de otros pintores que tanto han enaltecido el arte español, ~anó fama y crédito durante el periodo de su pensiona•
do en Roma, y sus cuadros proporcionáronle la consideración
que merecla por su relevante mérito. A su-regreso de la ciudad
eterna dedicóse á la pintura mural, trocando, por último, sus
brillantes ensayos en este género por sus preciosos cuadros de
costumbres, justamente apreciados por su buen colorido, estilo
y precisión, trasunto fiel de ese conjunto de luz y de tonos,
que caracterizan los lienzos genuinamente españoles.
La feria es una de las más bellas producciones de Agrassot,
verdadero cuadro de costumbre.; valencianas, brillante por sus
derroches de luz y colorido, en el que se hallan admirablemen•
te trazados los tipos y bien combinados los tonos, trajes y pormenores, observándose luego la seguridad en la ejecución y la
maestría del artista,
Valencia puede envanecerse de contará Agrassot en el número de sus preclaros artistas.

•
••
Pasatiempos de Oriente, cuadro de Ch. Daux,

grabado por Baude. - Conocidos son los juegos, entre•
teni?OS µnos, peligrosos otros y pintorescos todos, á que se
dedican los juglares orientales para producir sorpresa y admiración en el público que en calles y plazas se deleita contem·
piando sus habilidades no pocas veces extravagantes. Uno de
estos juegos ó pasatiempos, la domesticación de pájaros, ha
servido de pretexto al notable pintor francés Ch. Daux, para
trazar en el lienzo una bellísima cuanto caprichosa figura de
muchacha de Oriente, en cuya ejecución se observan desde
luego notables bellezas de dibujo y se adivinan, gracias al pri•
moroso grabado de Baude, los hermosos efectos de color que
indudablemente constituyen la parte más saliente del cuadro.

•
••

~a g iganta Rosita, joven vienesa que actualmente se
exhibe en Berll~ (d~ una fotografía). - La ciencia ha pretendido_. ~ur~nte algun tiempo, que la estatura gigantesca era un
pnv1legio_ poco menos que exclusivo del sexo masculino, pero
algunos e¡emplares aparecidos hace algunos años demuestran
cuán errónea es esta opinión, Uno de ellos se exhibe actualmente en uno de los teatros de Berilo que se dedican especialmente á esta clase de espectáculos; la giganta Rosita mide 2
metros 46 cent!metros de alto y pesa 350 libras y es de fijo
un~ de las ~m¡eres más alta• y de más peso que hoy en día
ex1sten. _Nac1ó e_n marz? de 1865 en Viena; sus padres tienen
establec1d_a una 1~dustna en un arrabal de la capital austriaca.
donde residen, ?Jientras su hija se hace admirar por el público en su _excursión art!stica. En el caso de la giganta Rosita
•••
no cabe mvocar el principio de la herencia, puesto que la es•
La 'familia real de España, bajo relieve en !atura de JUS padres no excede de la media normal.
mármol de D. Mariano Benlliure.-En la persona·
lidad de Mariano 1lenlliure hállase representada la escuela
escultórica moderna de nuestra patria, pues á tan alto ha loJABON REAL
JABON
grado ascender el eximio escultor valenciano, quP. bien merece
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se le considere como el primer campeón, el portaestandante
del arte nacional. A su esfuerzo, á su constante labor é indis- ,~audtJOI ttr utor!tú~ ••t!Gu p&amp;ll 11 ií(tm ,, la Plll 1 hlllll t,1 COllll

DE

IVJ:OLETI
2s,t.":S1:;¡;;;~,aru

El día 4 de diciembre de 188 ... Roberto Fitzge- gerald reconoció la letra de Aretusa, y entonces abrió roa tarde el párrafo que usted acaba de ver, ofle
rald se paseaba inquieto de un lado á otro de su ha- la misiva con mano temblorosa: tal vez la joven le exclamar: «Craster se aventura demasiado al regresar
bitación, en la calle de Dover, en Londres, muy aconsejaba el olvido de su amor, rogándole que la á Inglaterra, y yo apostaría cualquier cosa á que no
preocupado al parecer, aunque la causa, según vere- dispensase de la entrevista del día siguiente, que de- llega vivo á Londres.» Yo estaba sentada en un sibía ser dolorosa para ambos. Pero en vez de esto, llón, donde no se me veía á causa de la obscuridad.
mos, no era ninguna cuestión de vida 6 muerte.
Mi padre continuó diciendo á mi madre que no du•
El día 5 del mismo mes del año anterior había leyó lo siguiente:'
«Acabo de saber una cosa que me aflige y disgus- daba que una hora después de haberse anunciado el
solicitado la mano de una joven llamada Aretusa, á
quien hada largo tiempo amaba apasionadamente; ta mucho, y á nadie puedo pedir auxilio más que á regreso de Craster, alguno iría á esperarle cerca del
pero ésta le contestó que no le correspondía lo bas- usted. Estoy esperando á la puerta de su casa, y sola. vapor para seguirle y buscar ocasión favorable de
darle muerte. «Lo creo muy posible,» contestó mi
tante para aceptarle por esposo, y que tal vez no se Necesito decirle dos palabras. -Aretusa.»
¡Cómo, la joven á la puerta de la casa, y sola! ¡Ella, madre con indiferencia, como si esto no la importa•
casaría nunca.
Instada por Roberto á dar una explicación, confe- que no había salido nunca sin ir bien acompaña- se nada. «Es casi seguro, repuso mi padre, y Craster
só que dos años antes ella también había amado da! Fitzgerald franqueó la escalera en dos saltos, y no debe ignorarlo, pues su posición oficial le permi•
mucho á un joven, pero que no se la permitió unirse aunque el agua caía á torrentes y era escasa la luz te estar al corrie~te de tales cosas; tal vez sospeche
con él, ni siquiera verle después; que quizás su padre en la calle por ser la hora de encender los faroles, también quién es el que tratará de dar el golpe.»
- Pero aunque esta horrible suposición sea fun•
había obrado con prudencia al oponerse; pero que, á al punto vió un coche parado y una cabeza que sopesar del tiempo transcurrido, no podía olvidarle, por bresalía de la ventanilla. En el momento de acercar- dada, repuso Fitzgerald, ¿qué puedo hacer yo, adora•
más que se esforzaba para ello, y que temía mucho se, la portezuela se abrió de pronto, y Aretusa le da Aretusa?
- Puede usted ir á Liverpool esta noche, y pasar
amarle tanto como antes si regresaba á Inglaterra, de dijo con voz breve:
- Entre usted un momento, pues me urge decirle mañana á primera hora á bordo del Platea, donde
donde se había ausentado hacía algrtn tiempo.
dos palabras; voy á casa, porque temo que se descu- manifestará á Craster lo que mi padre ha dicho, pa•
- ¿Volverá?, preguntó Fitzgerald.
- Espero que no, repuso la joven; tal vez fuera bra mi escapatoria, pero me bastan cinco minutos labra por palabra, rogándole que salga del país. Le
para mí una desgracia su regreso. Es posible que mi para manifestarle el objeto de mi venida. No le haré sería fácil hacerlo, pero rehusará, lo sé muy bien, y
en este caso será preciso que usted permanezca en
padre tuviese razón al decir que hubiéramos sido perder tiempo ...
- Poco importa mi tiempo; lo esencial es sáber en su compañía y vele sobre él durante el viaje en didesgraciados.
rección á la ciudad. Reconozco que le pido mucho,
- Pues entonces, replicó Fitzgerald, ¿por qué no qué puedo serla útil.
mas
espero que lo haga por amor á mí.
Pues
voy
á
decírselo.
¡Oh!
¡Soy
muy
desgraciada!,
me acepta usted, puesto que teme no ser feliz con su
- Lo haré, contestó Fitzgerald con expresión reexclamó la joven, que estaba pálida y temblorosa.
primer pretendiente? No es usted razonable.
- ¡Por Dios, dígame usted qué pasa; ya sabe que signada; haré eso y mucho más en favor de usted;
- Con frecuencia dejo de serlo y no reflexiono,
puede
contar conmigo, aunque se trate de exponer pero seguramente le desagradará á Craster que yo
dijo Aretusa. Estoy persuadida de que fuera mucho
intervenga en sus asuntos y espíe sus movimientos.
mejor para mí el aceptarle por esposo, tanto más, mi vida!
- Ya lo sé, contestó Aretusa; y por eso he venido. No dudo que se resentirá de ello.
cuanto que usted me inspira simpatías; pero también
- Pues sufra usted su resentimiento. ¿Me lo pro•
Al decir esto sacó un diario del bolsillo y entresé que si él volviera no podría menos de seguir amán·
dole, y no procedería con lealtad si no lo confesase. góseloá su interlocutor, señalándole el farol del coche, mete así?
- Se lo prometo; pero él no tolerará que yo siga
á la vez que le indicaba con el dedo un párrafo de la
- Tal vez acabaría usted por preferirme...
sus
pasos.
primera
columna.
- No digo lo contrario; es muy posible; pero ... ¿y
- Hágalo usted, quiera ó no quiera, y en último
- Lea usted, si puede, dijo; el diario es de esta
si no sucediera así?
extremo, si fuere necesario apelar á este recurso, dí- Si usted piensa en mí, ya tengo algo adelantado, tarde.
gale que yo le envío á usted; que he oído e~as palaA
la
escasa
luz
del
farol,
Fitzgerald
pudo
leer
á
y de todos modos, bastaría un poco de buena volunbras de boca de mi padre; y como ya conoce su ca•
duras penas lo que sigue:
tad para corresponderme.
«El señor Craster, que había emprendido la marcha rácter, comprenderá el peligrp que le amenaza.
- Muy bien; le autorizo para que de aquí á un
Fitzgerald iba á replicar que si decía que iba en
año; á contar desde hoy, me solicite de nuevo; pero después de terminar satisfactoriamente su misión
durante este tiempo, quisiera que no me hablase más oficial en Burmah, llegará mañana á Inglaterra por nombre de Aretusa, Craster sabría que era amado
sobre el particular, y yo por mi parte procuraré no la vía de América en el vapor Platea, y tal vez des- aún; pero se contuvo. ¿Por qué no había de revelárselo, y no prestaría su auxilio á la joven que amaba
ver á mi primer pretendiente, en el caso de que vol· embarque al mediodía »
Fitzgerald no pudo reprimir una exclamación de si de ello dependía su felicidad?
viera.
Este rasgo de abnegación sería una prueba más de
- Es decir, repuso Fitzgerald, que si no obtengo sorpresa, revelándose en su semblante la desagradasu
apasionado cariño.
ble
y
dolorosa
impresión
que
le
producía
esta
noticia.
la mano de usted será por culpa mía, ¿no es cierto?
- Saldré en el tren de las siete, dijo, y haré cuanto
- ¡Conque al fin vuelve!, murmuró en voz baja.
- Tal debe usted creer.
Transcurrió cerca de un año, y en este tiempo, No he olvidado, Aretusa, lo que usted me dijo que sea posible para atenerme á las instrucciones que
usted me da. Son ya más de las seis, y solamente me
Fitzgerald vió muy á menudo á la hermosa Aretusa, sucedería en el caso de que regresara.
- ¡Vamos!, replicó la joven, no pierda usted tiem- queda tiempo para recoger algunas cosas y marchar.
de quien estaba cada vez más enamorado. Era tan fe.
- ¿Me promete usted no arrepentirse de lo que me
liz, que casi sentía que estuviese tan próximo el día 5, po en hablar de cosas de que sería ocioso tratar
ahora.
Vengo
á
pedirle
un
favor,
á
rogarle
que
me
ha
ofrecido?
es decir, aquel en que la joven debía contestarle de·
- Doy mi palabra de caballero, contestó Fitzgerald
finitivamente pues su negativa le obligaría á renunciar preste un servicio que nq podría solicitar de ninguna
para siempre' á la esperanza en que cifraba su felici- otra persona. Espero que no se niegue á ello, sea lo con acento solemne; y aunque Craster trate de aledad. Entretanto, Fitzgerald había averiguado ya que que fuere, y que me prometa no hablar á nadie ni jarme, le seguiré.
- Le agradezco en el alma su bondad, dijo AretuAretusa amaba antes á un tal Craster, agente del go· una palabra sobre esta entrevista.
- Haré en obsequio de usted todo cuanto quiera, sa ofreciendo su mano á Fitzgerald, tanto más, cuanbierno en 'Irlanda, donde se distinguió en otro tiem·
y nadie sabrá jamás que se ha dirigido á mí para pe- to que creo que pocos hombres me hubieran prestapo por sus injusticias y arbitrariedades.
Ya sabemos ahora por qué Fit~gerald paseaba in- dirme favor alguno. Supongo, sin embargo, que no do semejante servicio hallándose en el caso de usted.
Con esto terminó el diálogo; Fitzgerald se despiquieto por su habitación. Luchando entre el temo'. y se tr,atará de un crimen.
Fitzgerald esperaba sin duda que la joven con- dió de Aretusa; tomó otro coche al paso para volver
la esperanza, unas veces contaba como segura la victoria, y otras imaginábase que la mujer á quien tanto testara con una sonrisa á estas últimas palabras; pero á su casa, arregló su maleta apenas llegó, y sin dete•
amaba le rechazaría de nuevo para siempre. Mientras Aretusa, sin hacer aprecio de ellas aparentemente, nerse en comer marchó á la estación. ¡De qué manera tan diferente había pensado pasar el día 5 de
se entregaba á sus reflexiones, un criado entró de im- prosiguió con gravedad:
- Necesito que avise usted á una persona; mas diciembre!
. proviso ypresentóleuna esquela, diciéndole que el porEl padre de Aretusa había dicho, según le mantador esperaba la respuesta á la puerta de la calle. El antes de indicarle quién, convendrá que conozca algunos
antecedentes.
Cuando
mi
padre
leyó
esta
misfestó
ésta, que probablemente algún mal hombre iría
sobre d_e la esquela estaba algo borroso; pero Fitz·

�73 2
también á Liverpool por el primer tren para acechar
la llegada de Craster; y en su consecuencia Fitzge·
raid resolvió examinar bien todos los pasajeros, para
ver si alguno le infundía sospechas. Sin embargo,
nadie le llamó la atención, y por otra parte, no podía
fiarse de las apariencias, muy á menudo engañosas;
pero la verdad es que no vió una sola persona á quien
juzgase capaz de cometer un crimen.
Apenas llegado á Liverpool, Fitzgerald se convenció más y más de que haría un papel ridículo; su misión era del todo absurda, pues si trataba de cumplir
su promesa, Craster se reiría de él, si no le increpa•
ba duramente por su oficiosidad.
Fitzgerald se persuadió de que cometía una locura
cuando se trasladó á bordo del vapor Platea, y llamóle
la atención que en el bote fueran los mismos cuatro
individuos que iban en el coche en que él se instaló
á su salida de Londres, uno de los cuales se distinguía por su elevada estatura y su cabello muy
rubio.
A petición de Fitzgerald, señaláronle en un grupo
de viajeros al Sr. Craster: era lo que l¡uele llamarse
en general un buen mozo,· de arrogante presencia y
facciones regulares, que hubieran sido simpáticas sin
la marcada expresión altanera que se revelaba en los
ojos. Por lo demás vestía con elegancia y tenía todo
el aspecto de un caballero.
En aquel instante no era fácil llegar hasta él, porque se hallaba rodeado de varias personas y había
mucho movimiento en la cubierta del vapor; mas al
fin quedó solo, y entonces Fitzgerald se acercó y díjole que deseaba hablarle dos palabras.
- ¿A mí?, preguntó Craster, fijando en su interlo·
cutor una mirada recelosa. No tengo el gusto de conocer á usted.
- Soy portador de un mensaje, añadió Fitzgerald.
- No espero mensaje alguno, repuso Craster, ha·
ciendo ademán de volver la espalda.
- Es de la señorita Folet, murmuró Fitzgerald,
comprendiendo que era preciso apelar al último recurso para ser escuchado.
Al oír esto Craster, hizo seña á su interlocutor
para que le siguiera, y detúvose junto á la banda del
buque.
- Veamos, dijo, qué mensaje trae usted de la señorita Folet.
Fitzgerald le habló entonces de los temores y de
la ansiedad de Aretusa y de la causa á que se debían;
pero muy pronto observó que sus palabras no produ·
cían otro efecto sino el de hacerse él mismo sospechoso á los ojos de su interlocutor.
- Veo que usted duda de mí, díjole; mas le aseguro bajo mi palabra de honor que se me ha reco·
mendado eficazmente darle á usted este aviso, advirtiéndo:e al mismo tiempo que esté alerta.
- ¿Tiene usted algo más que decirme?, preguntó
Craster con tono irónico.
- La señorita Folet me rogó que aconsejara á usted
salir de Inglaterra inmediatamente.
- ¿Y si rehusara?, preguntó Craster con burlona
sonrisa.
-Aretusa confiaba en que no se negaría usted á
ello.
- Pero ¿y si me negase?
- Accediendo á sus vivas instancias, la prometí
hacer cuanto estuviese en mi mano para velar por
usted.
- Le agradezco mucho su buena voluntad, replicó
Craster; mas no permitiré que pierda usted el tiempo
para preservar una vida que no tiene valor alguno.
- Esté usted alerta, repuso Fitzgerald, sin hacer
aprecio de la ironía con que le hablaba su interlocu·
tor; la señorita Folet me dijo que las palabras de su
padre eran muy significativas.
- ¡Oh! Ya lo sé, contestó Craster; pero si usted no
se opone á ello, pongamos término á este enojoso
diálogo.
Y encogiéndose de hombros, fué á confundirse entre los demás viajeros sin mirar siquiera á Fitzgerald,
que muy descontento de sí. atribuía á su propia torpeza el mal éxito de su misión.
Cuando Craster desembarcó, siguióle sin perderle
un momento de vista; y con extrañeza observó que
el hombre alto y rubio iba cerca de él cuando Craster asomó la cabeza por la ventanilla del coche para
decir al auriga que le condujese al hotel de la Emperatriz. El hombre alto tomó entonces al paso otro
vehículo y dió á su conductor igual orden, mirando
al mismo tiempo á su alrededor corno si buscara á
otra persona. A Fitzgerald le pareció esto muy singular, pues corno él, el desconocido había pasado la
n0che anterior en el hotel Alejandra; y entonces
comenzó á creer que los temores de Aretusa se justificaban.
Fitzgerald tomó á su vez un coche y ordenó que le
condujesen al hotel de la Emperatriz, donde, apenas

llegado, envió un hombre á buscar su maleta al de
Alejandra y á pagar la cuenta.
- Al mismo tiempo, dijo el camarero al hombre
que se iba, puede recoger la maleta del otro caballero.
Y como Fitzgerald había dado ya su nombre, el
camaréro añadió:
- Di que te den el equipaje de los Sres. Fitzgerald
y Lawson.
- ¿Es ese Sr. Lawson alto y rubio?, preguntó Fitzgerald.
- Sí, señor, contestó el camarero.
- ¿Y sabe usted cuánto tiempo permanecerá aquí
el Sr. Craster?
- Hasta la salida del cuarto tren.
Fitzgerald mandó que le sirvieran un abundante
almuerzo, y entretúvose en hojear la guía de los ferrocarriles. El cuarto tren era mixto; de modo que
Craster no debía ir á Londres. En su consecuencia
se fué á la estación muy temprano y observó á todos
los pasajeros que entraban, procurando disimularse
en lo posible. Cinco minutos antes de las cuatro llegó Craster, y á pocos pasos detrás iba Lawson.
- Déme usted un billete de tercera clase para Lar
tington, dijo Craster al encargado de la taquilla.
Lawson se acercó á su vez y pidió lo mismo. Fitzgerald no sabía dónde se hallaba dicho punto; pero
de todos modos, estaba resuelto á ir allí.
- ¡ Al tren, señores!, gritó un empleado en la sala
de espera.
Fitzgerald,sin hacer aprecio de la mirada de enojo
de Craster, entró en el mismo coche detrás de él, y
un momento después subió Lawson.
- ¿Adónde van ustedes, caballeros?,. preguntó el
conductor á la mitad del viaje.
- A Lartington, contestó Craster.
- A Lartington, dijeron los otros pasajeros que
iban en el mismo coche.
- Veo que usted se dirige á Londres, dijo el conductor, examinando el billete de Fitzgerald.
- Sí, contestó, pero debo detenerme también en
Lartington.
- Está bien, pero le advierto que debe cambiar el
billete.
- Puesto que usted conoce esa localidad, dijo
Lawson á Fitzgerald, le ruego que me indique el
mejor hotel.
- Yo no he estado allí nunca, y por lo tanto no
puedo hacerle la menor indicación, contestó Fitzgerald algo bruscamente.
- El de la Reina es el mejor, dijo un desconoci~o que acababa de entrar. Yo conozco muy bien Lartmgton.
- Pues entonces, dijo Craster, me tomaré la libertad de preguntarle si hay servicio de coches en la
estación para los viajeros. Voy á Mouncey sin dar
aviso, y por lo tanto nadie saldrá á esperarme.
- ¡Ah!,exclamó el desconocido; allí reside el coronel Baker. No, en Lartington no encontrará usted coches de alquiler; tal vez haya alguna tartana, pero es
dudoso.
.
Fitzgerald, que estaba verdaderamente inquieto por
la continua presencia de Lawson y que se proponía
buscar una oportunidad para hablar con Craster sobre aquel hombre, apeóse el primero apenas llegaron
á Lartin~ton, y alquiló el único vehículo que allí había, v?lv1endo después á recoger su equipaje. Al volver, v1ó lo que esperaba, es decir, á Craster buscando
otro vehículo; pero Lawson había desap;trecido.
- Me parece que he tomado el único carricoche
que aquí había, ~ijo Fitzgerald, y siendo así, ruégole
que acepte un asiento para ir á Mouncey.
- Gracias, contestó Craster con marcada frialdad
~á~

NúMERO 516

NúMERO 516

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

1

- ¡Oh! No me desaire usted. Tal vez haya de andar
mucho y ?º sea bueno el camino, replicó Fitzgerald.
- Le digo á usted que prefiero ir á pie, replicó
~raster con tal acento de enojo, que llamó la atención de cuantos se hallaban allí.
- ¿Pero y el equipaje?, insistió Fitzgerald.
- Ya me lo enviarán, dijo Craster.
Y dando media vuelta, encaminóse rápidamente á
la estación.
Fitzgerald salió de su vehículo y siguióle; mas
apenas lo hubo observado Craster, detúvose de pronto con ademán resuelto.
- ¿Será forzoso, preguntó á Fitzgerald cuando estuvo cerca, decirle algo insultante para poner término
á su persecución?
- Si quisiera usted escuchar tan sólo ...
- ¡Pues no quiero!, repuso Craster; é insisto en po•
ner término á este espionaje. Usted sabrá qué motivo tiene para hablar así; pero yo no creo que sea el
que me indicó.
Al oir este altercado el jefe de la estación se acercó; pero en el mismo instante oyó que Fitzgerald decía
á su interlocutor:

- Sírvase leer esta esquela, y así se convencerá tal
yez de que le digo la verdad.
El temor de ver á Craster aventurarse por un camino solitario, donde seguramente Lawson le esperaba ya, indujo á Fitzgerald á servirse de la única
prueba que podía presentar, es decir, de la carta de
Aretusa.
Craster, acercándose á un farol, leyó la misiva, y
sin duda debió quedar conmovido, pues la expresión
de su fisonomía cambió.
- Veo, dijo, que esta esquela es efectivamente de
la señorita Folet y que me ha dicho 1,1sted la verdad.
- Pues entonces, repuso Fitzgerald, hágame el fa.
vor de aceptar el asiento que le ofrezco hasta Moun·
cey. Desconfío mucho de ese hombre alto que ha viajado conmigo desde Londres, siguiéndole á usted por
todas partes.
- No sé quién pueda ser, dijo Craster; pero de
todos modos, aceptaré el ofrecimiento que usted me
hace.
Estas últimas palabras fueron oídas por el jefe de
la estación, que vió á Craster subir con evidente re·
pugnancia al vehículo, y á Fitzgerald detenerse un
momento después para preguntar si no había otro
camino que condujese á Mouncey, sin duda porque
temía el encuentro con Lawson.
- El camino recto es el mejor, dijo el jefe de la
estación ... y por más de un concepto, añadió en voz
baja.
Mientras que Fitzgerald tomaba un billete para
Liverpool, la señora Folet hablaba animadamente con
su esposo.
- Algernon, le decía, tendremos algún disgusto
con Aretusa, pues hace poco la encontré en la escalera, al parecer muy meditabunda; y como la preguntase si pensaba en lo que debía decir al pobre Fitz·
gerald al día siguiente, me contestó que no le vería,
y dirigióse á su cuarto para evitar nuevas preguntas,
Yo la seguí, y quise que me explicase el sentido de
sus palabras; pero antes de que me contestara, ob,
servé que tenía sobre el lecho el sombrero y el
abrigo. «Tú has salido de casa, la dije. ¿Dime dónde
has estado?» «No me obligue á contestar, replicó,
pues no se lo diría á usted. No he hecho nada malo.»
Cumpliendo con mi deber, insistí en que Aretusa
me lo confesase todo, y ahora sé que salió de casa
sola al obscurecer, que tomó un coche y se detuvo
á la puerta de casa de Fitzgerald, enviándole recado
para que bajase.
- ¡Eso ha hecho!, exclamó el Sr. Folet.
- Sí, y una joven que se atreve á tanto es capaz
de cualquiera cosa. Yo me empeñé en saber lo que
le había dicho; pero en vez de contestarme comenzó
á llorar, y limitóse á decir que ya lo sabría más tarde,
«~ues bien, repuse, al menos dime una sola cosa, dime
si tu imperdonable visita á Fitzgerald tiene alguna re·
)ación con ese hombre odioso ... con ese Craster á
quien tanto abimecemos. Si no respondes, supondré
que no me engaño.» Aretusa permaneció silenciosa;
preguntéla si conocía ya su llegada, y confesó que sí,
mas no pude arrancarla una sola palabra más. Es evi·
dente que Aretusa, al tener noticia ·del regreso de ese
hombre, dejó de pensar en Fitzgerald, á quien ya comenzaba á querer un poco, y sin duda fué á verle para
suplicar que no se presentara mañana á pedir de nuevo su mano, á fin de no ponerla en el caso de repetir
su negativa, exponiéndola á nuestras recriminaciones.
- ¡Pobre Fitzgerald! Mucho temo que tengas razón en cuanto dices. Después de someterse á un año
de prueba, y cuando solamente faltaba un día para
que ese buen joven fuese feliz y se cumplieran nuestros deseos, hete aquí que el odioso Craster reaparece de nuevo.
- Ya lo sé, pero lo esencial ahora es pensar en
nosotros mismos y no en Fitzgerald. No podríamos
tolerar que un hombre tan aborrecido como Craster
entrase á formar parte de nuestra familia, y por lo
pronto urge alejar de aquí á nuestra hija, tanto más,
cuanto que ahora llega su atrevimiento hasta el punto de salir de casa á hurtadillas y no contestar á lo
que se la p~egunta.
- Será necesario hacer.Ja prometer bajo su palabra ...
- No me fío de promesas; he conocido muchas
jóvenes que después de hacerlas se perdieron, y en
mi opinión ...
La entrada de una tía de Aretusa interrumpió á la
señora Folet.
- Hermana mía, dijo después de haber saludado;
solamente permaneceré algunas horas en Londres,
y vengo á preguntarte si quieres que me lleve la niña
para tenerla un mes en el campo.
- La proposición no podía ser más oportuna, contestó el Sr. Folet.
- Sí, ha venido como de molde, añadió su mujer;

'

LA

733

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Aretusa vaciló en contestar, y miró alternativa·
siete millas de distancia no es nada mientras se pue- que el hombre á quien ama está herido, porque esto
mente
al ama de gobierno y á su padre.
sería para ella un golpe mortal.»
da disponer del telégrafo.
Pues
debía usted saber, dijo al fin, que le amo.
Fácil
era
evitar
que
Aretusa
se
enterase
de
nada,
- Pues aceptamos, dijeron á la vez los dos cón- ¡Pobre niña!, murmuró el Sr. Folet.
porque estaba enferma y no recibía diario alguno
yuges.
- ¡Oh! Es preciso. Usted permanecerá á mi lado
- Sí, pero ¿no se opondrá Aretusa?, observó el se· ni visita.
durante
la entrevista y oirá cuanto voy á decirle.
El
día
en
que
fué
á
buscará
Fitzgerald
cogió
un
nor Folet.
- ¡Nada tienes que decirle, absolutamente nada!
- Será preciso que nos obedezca, repuso su mujer. fuerte resfriado á consecuencia de la lluvia, des¿De qué le hablarías?
- No creo necesario que interven- Debo pedirle perdón por haberle
gan ustedes, replicó la tía, _pues Aretuocasionado esta desgracia ... Todo ha
sa desea también marchar.
sido por mi culpa.
- ¡Perfectamente!, exclamó el señor
- Mucho temo que esto último sea
Folet; más vale así.
verdad; pero ya no hay remedio, y tra- ¿Y por qué deseará irse?, replicó
tar ah0ra de consolarle sería inútil; lo
su mujer, á quien estas palabras infunúnico que conseguiríamos sería entrisdieron desconfianza. Me parece extecerle más.
traño.
- ¡Consolarle! Quiero hacer más aún
- Según parece, le complacería disque esto;debo relevarle de una promesa.
frutar un poco de la tranquilidad del
- Supongo que será para renunciará
campo, repuso la tía.
él,
repuso el padre con expresión inConvenido el viaje, los señores Foquieta.
Jet llamaron á su hija, hiciéronla pro- De ningún modo, después de lo
meter que no escribiría á Craster ni trasucedido,
si es que él me acepta.
taría de verle, en lo cual consintió la
- ¿Y me condenarías á la triste situajoven; y con esta condición se la perción de tener por yerno á un hombre
mitió marchar al día siguiente con su
que nos haría desgraciados á todos? Detía para pasar un mes en el campo.
berías leer lo que de él dicen los diarios.
Esto sucedió el día 5 de diciembre,
- Todo cuanto digan es injusto, y los
y el 6 los diarios publicaron numeque
tales cosas escriben ignoran ,la verrosos detalles sobre la tentativa de
dad de los hechos. Tan pronto como
asesinato contra el Sr. Craster, y la
yo le vea ...
detención de Fitzgerald, á quien se
- ¡Verle tú! No consentiré de ningún
acusaba de este delito.
modo que te pongas así en evidencia.
La señora Folet telegrafió al punto
- ¡Padre, por Dios! Advierta usted
á su hermana, diciéndole: «No dejes
que
apenas me queda fuerza para cumllegar niogún diario á manos de Areplir con mi deber.
tusa. Mañana recibirás carta.»
- Lo que tú debes hacer, repuso el
Al otro día, en efecto, escribió lo
Sr.
Folet, es venir conmigo á la sala de
siguiente:
espera para descansar un poco, y des«Querida hermana: E s preciso que
pués tomaremos el primer tren. Llega·
Aretusa no sepa nada acerca del cridos á casa, podrás hablar con tu madre.
men á que ha dado lugar por la im•
. - ¡Con mi madre! Bien sabe usted
prudente entrevista que solicitó de
que jamás podemos entendernos, por ·
Fitzgerald para decirle que debía re·
que no quiere escuchar explicaciones.
nunciar á su mano porque Graster
- Vamos, hija mía, vamos á casa, y
había vuelto. No debe saber tampoco
a\lí
hablaremos los tres. Ya hemos &lt;lis•
que éste se halla gravemente herido,
cutido aquí lo suficiente para que todos
pues tanto la ciega su pasión, que sería
los diarios hablen mañana de este encapaz de escapar para ir á cuidar á ese
cuentro.
hombre, ó cometer alguna otra locura.
- Padre, repuso Aretusa, tan pálida
¡Qué suerte ha sido para mi hija librar•
que
llamó la atención de los que se dese de Fitzgerald! Tenía éste tan butAretusa cogi6 un pedazo de papel para encender de nuevo el fuego
tenían
por curiosidad, y que ya comen
nas relaciones y envidiable posición y
zaban á formar grupos alrededor del
era tan bien recibido en todas partes,
que no creímos necesario tomar informes acerca de pués empeoró con el viaje y al día siguiente hubo de padre y de la hija; padre, es preciso que yo le vea.
El aspecto de Aretusa inquietaba á su padre, y por
él; mas veo que le hemos dispensado demasiada con- guardar cama.
He aquí por qué, á pesar de hallarse solamente á eso accedió á conducirla al hotel donde se hallaba
fianza, pues ahora resulta ser un asesino. ¡Quién lo
hubiera dicho! Tanto sentimiento me causa su ma'.- veinte millas de Stafford, donde Craster estaba he- Craster. Proponíase acompañarla hasta la casa con
dad como el haberme engañado respecto á su ca· rido y Fitzgerald en una prisión, seguía tan ignoran· el ama de gobierno, sin decir una palabra más; hacer
te del hecho como un habitante de los antípodas. entrar á su hija en una habitación, bajo el pretexto
rácter.
Sin embargo, llegó un día en que pudo sentarse de que debía esperar allí hasta que se diese aviso á
» Mi esposo y yo convenimos en que nunca se de•
mostró la culpabilidad de un hombre tan palpable- junto á la chimenea. Sus tíos, que la dejaban sola Craster de su llegada, y tratar entonces de persuamente como ahora en la persona de Fitzgerald. Enlc- algunas veces, habían ido á un pueblo distante doce dirla. Tomaron un coche en la misma estación, y el
quecido y furioso al ver defraudadas sus esperanzas millas para asistirá un bautizo; y Aretusa, distraída Sr. Folet &lt;lió las señas en voz muy baja al auriga, teal cabo de un año de espera, apenas Aterusa le dijo con la lectura de un libro, dejó apagar el fuego. Al meroso de que alguien le oyera.
- ¡Me ha engañado usted, padre mío!, exclamó con
que debía renunciar á su mano, corre á Liverpool para notarlo cogió un pedazo de papel para encenderlo
acento
de amargura Aretusa al llegar al hotel. ¡Esto
de
nuevo,
y
al
fijar
en
él
la
vista,
palideció:
acababa
tomar venganza. Aho~a se sabe muy bien todo 7uan.
to hizo durante las veinticuatro horas que mediaron de leer los nombres de Craster y Fitzgerald en letras no es una prisión!
- ¡Claro es que no! Pero ¿á quién deseas ver?
desde que se despidió de mi hija hasta que di_sparó mayúsculas y la fea palabra asesüzato.
- ¿A quién ha de ser sino á Fitzgerald?
.
el tiro contra Craster; y co.mo tú no lees ningún
- ¡Gran Dios! Yo creía que se trataba de Craster;
Tres horas después, Aretusa, debilitada aún, pero
diario de importancia, voy á referírtelo.
»Fitzgerald durmió aquella noche en el hotel de poseída de la mayor excitación, tropezó con un ca- y hubo un tiempo en que me hubiera agradado mucho
Alejandra, trasladóse á la mañana siguiente á bordo ballero al apearse del tren en Stafford, y al volver la oir lo que ahora dices.
- Seguramente le agradará también ahora.
del vapor, donde quiso trabar conocimiento con cabeza para decir que la dispensase, vió que era su
- ¡Oh!Ahora tiene las manos manchadas de sangre.
mismo
padre.
Craster; pero como éste le rechazara, siguióle al ho- ¡No es verdad! ·Dé usted al cochero orden de
- ¡Aretusa!, exclamó con el mayor asombro, auntel de la Emperatriz y luego á la estación. Una vez
conducirnos á la prisión, y se lo explicaré todo.
aquí, instalóse en el mismo coche, y aunque había que sin acento de enojo.
Aretusa refirió todos los detalles, demostrando.así
- ¡Padre! ¿Usted aquí?, dijo á su vez la joven retomado billete para Londres, al ver que aquél en
á su padre que Fitzgerald era inocente.
cuyo seguimiento iba dejaba en Lartington el tren, trocediendo un paso.
- Fué una estupidez dar semejante paso, dijo el
- Y tú, ¿qué haces en este sitio?
apeóse igualmente. El jefe de la estación oyó cómo
señor
Folet cuando se hubo enterado de todo .. Fitz.
¡Oh!
¡No
se
enfade
usted,
padre!
Sólo
desde
hace
Craster decía á Fitzgerald que estaba ya harto de su
espionage; pero en vez de irse, el segundo trató de un momento sé lo que ha ocurrido. Vengo á verle. gerald podía haber hecbo algo para proteger á CrasEl Sr. Folet se apresuró á conducir á su hija á un ter hasta Londres, pero aunque llegara en salvo hasta
persuadir al primero á tomar asiento en un vehfc~lo
sitio
más retirado, y su rostro expresó cierta satisfac- aquí, no por eso estaba fuera de peligro.
que acababa de alquilar. Craster rehusó con enoJo,
- Tal vez no; pero después de lo que le oí decir á
pero Fitzgerald le enseñó una carta que al parecer le ción al ver que la seguía una mujer de edad respehizo cambiar de idea· mas como si quisiera asegurar table, manteniéndose á cierta distancia como para usted, imaginé que si llegaba á la ciudad en salvo no
tendría ya nada que temer. De todos modos, yo promejor el golpe, retro~edió para preguntar si no. había no oir lo que se decía.
cedí así suponiendo que sus palabras se referían á un
- ¿Quién es esa mujer?, preguntó.
ningún camino menos frecuentado que conduJera á
informe secreto y no podías oportar la idea de que el
- Es el ama de gobierno de mi tía.
Mouncey. El jefe de la estación sospechó algo malo
hombre á quien una vez amé fuera sacrificado sin
¿Conque
no
has
venido
sola?
y no quiso informarle. No le faltaba razón para ello,
- No, señor, eso no; pero deseaba verle cuanto levantar yo un dedo para salvarle.
puesto que un cuarto de hora después Craster caía
- Como quiera que sea, insisto en que cometiste
antes, y el ama consintió en acompañarme.
herido de un balazo.
una
locura, y por mi parte ...
¿Pero
has
perdido
el
juicio?
»Fitzgerald, que confiaba en hacer re.caer las sos- Todos cometemos algún error en la vida, padre
- No intente usted detenerme, porque es forzoso
pechas en otro hombre, no trató de hmr, y fué dete·
mío; y yo no me arrepentiré nunca de este, pues por
nido: había arrojado su revólver después de h~~er que yo le vea.
él amo á Fitzgerald más que antes porque sin vacilar
Hija
mía,
comprendo
que
esto
es
un
golpe
te·
cometido el crimen, pero se encontró cerca del sitio,
accedió á mi deseo, prefiriendo mi felicidad á la suya.
Importa mucho, hermana mía, que Aretusa no sepa rrible para ti, pero seguramente no le amas.

... .. .. ..

.

�L A 1LUStRACIÓN ARTISTICA

734
- Ya hemos llegado, dijo el padre, al ver que el
coche se detenía; yo había venido á Stafford para
ver al preso, y tengo un pase que nos permitirá llegar hasta él.
El sei1or Folet y su hija entraron en la prisión, y
fuuon conducidos á la celda que el preso ocupaba.
Fitzgerald se levantó de su asiento al oír que abrían
la puerta y dejó escapar una exclamación de alegría
cuando vió á sus visitantes.
- Vengo con mi hija, como usted ve, dijo el señor
Folet al entrar, y por esto comprenderá...
- Sí, sí, interrumpió Fitzgerald; la presencia de
ustedes aquí me basta para demostrarme 51u7 reconocen mi inocencia ... y en cuanto á la senonta Folet, añadió, volviéndose hacia la ·joven, deb~ estar
persuadida de que hice cuanto estuvo en m1 mano
para cumplir con sus instrucciones. No se me puede
atribuir la culpa de que mis esfuerzos hayan resultado inútiles. Por fortuna, el herido se restablecerá muy
pronto, según dicen.
- Sé muy bien todo lo que usted ha hecho, contestó Aretusa, y me alegro que el herido se halle en
vías de curación; mas no porque me inspire el interés de otro tiempo, pues de hoy en adelante ...
- ¡Acabe usted!, exclamó Fitzgerald, fluctuando
entre la duda y la esperanza; de hoy en adelante ...
- Usted lo será todo para mí, añadió Aretusa,
fijando en Fitzgerald una mirada de cariño y otra
en su padre, como solicitando su aprobación.
El señor Folet estaba radiante de alegría; no esperaba un desenlace tan conforme con sus deseos.
Inútil parece añadir que la inocencia de Fitzgerald
quedó palpablemente demostrada con prue?as irrecusables que no dejaban lugar á la duda; y sincerado
del crimen que se le imputara, obtuvo la mano de
Aretusa en justa recompensa de su abnegación.
TRADUCIDO POR

E. L. V ERN J,:UIL.

SECCI ÓN CIENTÍF ICA
FÍSICA SIN APARATOS
EXPERIMENTOS DE FUE RZA CE NTRI F UGA

El .experimento que vamos á describir tiene la
ventaja de causar cierta emoción entre los especta·

Fig. r. Experimento de fuerza centrifuga ejecutado con un plato
y un aro de servilleta

dores y de ser al propio tiempo en extremo curioso
desde el punto de vista mecánico.
Tómese un plato ordinario y colóquese en el centro del mismo un anillo de servilleta liso; por ejemplo,
un anillo de marfil cortado en bocel ó de madera
barnizada con laca, de quince milímetros de altura.
Cójase el plato por los bordes en los extremos de un
diámetro y arrójese al aire á fin de hacerle dar de
esta manera una vuelta completa sobre sí mismo,
como lo indica la fig. 1: el plato entonces caerá en
las manos del que ejecute el experimento y el anillo
permanecerá inmóvil y como clavado en el fondo gel
utensilio culinario. La rotación del plato se ha efectuado alrededor de un eje que pasa por sus bordes,
siendo fácil comprender que en este movimiento el
anillo de servilleta ha sido aplicado por la fuerza
centrífuga contra el fondo del plato y le ha sido imposible escapar.

NúMERO 516

NúMERO 516

Una de las tases interesantes de este experimento pues es tan sencillo, entran en él tan pocos elees que se puede, á voluntad y avisando previamente mentos mecánicos, que de resultar práctico este moá los espectadores, hacer que el anillo quede adhe- tor se aproximaría mucho al bello ideal en mat'erido al plato ó lanzarlo á lo lejos. Para esto último ria de motores.
basta producir el movimiento de rotación del plato
Para dar á nuestros lectores una idea del principio
alrededor de un ~je que pase muy cerca del fondo ó en que el aparato se funda, partiremos de la base
que esté fuera de éste: en tal caso, se ve inmediata- del manómetro común : sabido es que éste consiste
mente quo la fuerza centrífuga arranca el objeto del en un tubo en forma de herradura de metal elástico,
plano en que está :Colocado y lo proyecta contra la cerrado en sus lados y de sección no horizontal, sin-,
cara del operador ó contra los inofen.
sivos espectadores del experimento.
Este sale muy bien con un plato
sopero. Es evidente que en el plato
puede ponerse un objeto cualquiera,
un tapón de corcho, un pedazo de pan
ó'.de cartón, un cuchillo, una llave, etc.:
algunas personas especialmente hábiles ejecutan también experimentos poniendo en el plato algunos alimentos;
basta para ello que el objeto colocado
no resulte demasiado alto.
A propósito de fuerza centrífuga merece citarse el experimento que el profesor Van der Mensbrugghe ejecuta
todos los años en su cátedra de física:
al extremo de un bramante de 30 ó 40
centímetros de largo ata una cadena
metálica de pequeños eslabones de una
longitud total de 2 5 á 35 centímetros
y cerrada en sí misma. Manteniendo
el bramante vertical, imprímele un
movimiento de rotación rápido y en el
mismo sentido como si quisiera retor- Fig. 2. Cadena que forma~un círculo horizontal al extremo de un bramante
cerlo entre sus dedos (fig. 2 ): la cadena, ·en un principio: se abre (fig. 2 A), y aumentando. elíptica, con el eje principal de la elipse perpendicuel movimiento de rotación de aquél la materia pesa- lar al plano de la herradura. El tubo arqueado tenda, ó sea la cadena, es rechazada cada vez más lejos drá una forma determinada cuando por el agujero
y acaba por formar un círculo en un plano horizon- comunique con el aire exterior, y si se introduce con
tal. En este movimiento el bramante describe una presión en él vapor, gas ó un líquido, la citada forma
especie de superficie conoide deformada por la fuer- de herradura se modifica en el sentido de alejarse
za centrífuga.
uno de otro los dos extremos del aparato, alejamienLa fig. 2 B da el aspecto exacto que el pequeño to que medido por una palanca denota la presión
aparato ofrece á la vista durante la rotación.
del vapor.
Del mismo modo un mango de pluma fijado á un
Trouvé utiliza este instrumento para elevar sumocordón por uno de sus extremos toma una posición tor: por medio del tubo arqueado en herradura une
casi horizontal.
directamente dos grandes alas A y B, como lo repre•
senta el grabado, y produce en el interior del mismo
(De La Nat11re)
diferencias de presión que varían rápidamente, con
lo cual las alas se ponen en movimiento con una
rapidez igual á la de aquellas diferencias. El mecanismo de las alas es de tal modo que éstas sólo enN UEVO APARATO PARA VOLAR D E GUSTAVO TROl"VÉ cuentran la resistencia del aire en su movimiento
descendente, con lo que se eleva el aparato al cual
l !La humanidad ha perseguido en todos tiempos la se imprime dirección por medio de una aleta caudal
solución de algunos problemas favoritos, varios de gobernada por una palanca C y de un timón situalos cuales han sido al fin abandonados por imposi- do en la parte de proa. Para obtener las diferencias
bles: de tales pueden calificarse los de la piedra filo- de presión necesarias para el movimiento del tubo,
sofal, de la cuadratura del círculo y del movimiento se producen en el interior de éste, á intervalos decontinuo que, sin embargo, han sido fuente de mu- terminados, explosiones de gas fulminante que en
chos y admirables adelantos y descu0rimientos en la cantidad suficiente se lleva comprimido en un cilinquímica, en la geometría y en la mecánica. La ciencia dro. En el modelo, esta instalación .está sustituida
tiene entre otras la inmensa ventaja de que aun per- por la cámara de revólver D que, movida por las
siguiendo fines absurd.os, los estudios y trabajos que mismas alas, hace explotar doce cartuchos de pólvopara lograrlos se venfican conducen indefectible· ra, cuyos gases penetran en el tubo del manómetro
mente á la conquista de nuevos progresos.
por el otro tubo que se ve en el aparato y cuyas
En nuestros días son todavía muchos los que se paredes son muy resistentes.
ocupan en un problema acerca de cuya posible soluEl modelo puede, con esta carga de doce cartución no se ha dicho aún la última palabra. Nos refe- chos, volar en sentido horizontal y con un peso de
rimos al del aparato para volar,
que hasta ahora
no se ha resuelto
práticamente, pero que quizá se
resuelva cuando
s·e disponga de
motores de muchísimo menos
peso que las máquinas actualmente conocidas,
La comparación que se ha
querido establecer entre los buques y los globo¡
aerostáticos es de
todo punto falsa,
pues en estos úlNuevo aparato para volar de Gustavo Trouvé
timos falta precisamente el punto
de apoyo que aquéllos tienen en la masa de agua tres y medio kilogramos en una extensión de 75 á
Inspirado en esta idea, el investigador M. Gustavo 80 metros, cayendo después al suelo lentamente graTrouvé ha construído un motor. originalísimo que cias á sus alas y á su aleta caudal.
aun cuando no resuelva el problema puede llégar
á desempeñar un papel importante en la técnica,
(Del I'ro111etheus)

735

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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y las .AfeccwttU del llllOfflaQo ., loe
cuando ae lma de desper\a.r el apetito, asegurar Ju dlgeatlonea, reparar laa fnerlU,
enriquecer 1a angre, enl.Onar el organismo y precaver la anemia y laa epidemiu provoCldú por 101 et.lores, no ae conoce nada mpenor al Wia• de gaüaa de .&amp;reall.
IM e,qor• • Paria, ell
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S. VDDS 1111 TODAS L4S PlllffClPA.LSII IIOTfaA&amp;

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de 1,Kenstruacion1de

,,.,,,,.,IOI.

La

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EPILEPSIA
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'! del Blerro, estas Plldoras se emplean

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eSJ)ecialmente conlra las ••crofulu, la

Ptnna ... ctDNftlu

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y la Debhldad de temperameuto,
as! como en todos los casos(PiUdo■ colore■,
.&amp;11aenerrea, ••&gt;
,en los cuales es necesario

PILDORAS~~DEHAUT

,obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
au riqueza y abundanclli. normales, Oya para
provocar O re¡ularizar su curso periódico,

Dlt ..Al'lla

•• titubeo 111 l'Dl'fll'II, ftllJldO lo
IIICflÍWI, No c.m,11 ,1 IICO .Di ,1 CIII•
~cio, ,O"fW, co11er1 lo que meede eoa
•~ omu parguc.,, 11te 110 obra Mea
G.DO caudo Htomkan buena.anm,nto,

1"ta?,~

·. A~/'A--?f)s rarmar.tuttco, o Pal'II,

r1)ebidulortllieuw, cual elnno, elutl,

1tu, Bonapart,, 40

,..,., -·· ' N• 8•Elesioduro
de hterro tmpuro Oalterado
un medicamento llffiel é Irritan te.

e U. Cada eaal ~ • , para JYU'fll'tle, la
llora 7 la comida gue ma, le conYienen,

'"J'Ul 1111 ocapecioau, Come el caa,u
CJO tu• la IIDl'p oeufona queda completamateuulldoporeliftctodeIa
lua■ ••nlacfon e-,_Inda,uo
S! iec:1&lt;, Mcílmeate II rolnr

Como prueba de pureza y de autenticidad do

... .....,.,

Qutl'ld• enfermo. -FIi•• Yd. • 111/ /uta uperien,la,
1 Aa,a no duu11lro1 l/fAlt08d• SALIIQ, pue, 1//ol
11 ,urar•n d•
conll,ptc/on, /1 dartn•,p1tlto 1 i.

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d1ro/n rh 11 1u1ño 1 la al1tr1a. - A11 m ir• 'Id.
■uoh11 añG1, d11frutand1 11111111,e d• una bu1na 1a/ud.

CLORÓSJS. -

ANÉMJA. -

ARGANTA

LINFATISMO

VOZ y BOCA

El Proto-IodlU'o de :IIierro e, ,1 reparador 11• la &amp;&amp;ZJ{1red rortiflcante y ,1 microbicida 1or e:a:::celen cla.
11Jarabe11u Grajea■ 1:01 pNlto-loduro •• l lem ••F. Gflle,

• Soberano remedio para ripida curaeion de 111 Afeocione■ del peoho,
Catarroa,Mal de gargaDta,Bron•
quitJ.a, RHfriadoa, Romadisoa,
de los Reumati1moa, DolorH,
Lumbago■, etc., SO año• del mejor
éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derintivo recomendado por
101 primero• ~ de Paria.

PASTILLAS DE DETHAN

J'M"'"'

no potlrlat1 , .,. t1,1114114t1o r,com,,,tlatlo1 .,. ,...,.¡,. IÜ " '
g,,lml&lt;G, d•
" ' inalt&lt;rabilitlad II de ,,. 1olvlxlitlad comtonlu,
(Oa&lt;, to ti• to, B o1,«ol11).
011'daITO GllflftAL: 45, Rue Yauvllllers, PARIS. Deposito en todu lu hrmaclu .

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llUCltt&amp; flrm• puesla al pié de una etiqueta
••rllt y el Sello de gu antta de la Unl6n dt
IN r■ -rlcantH para larepresiOn de lafal8I•
llacióll. '
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e n Ju.U.U b 'POD.lS LAS PJ.11.JUCIAI '

llleomedadu conIra 101 llal• de la Gugauta,
ZXtmolon• de la Vos, lllflamaolon• da la
- - , Eteoto■ pern.lolo■oe del Keroorlo, lrl•
taolon que produoe el Tabaoo, J 1pecial11&gt;11nle
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PROFESORES y caNTOREB para facililar la
emioiou de la TOS, - Puao : 1:¡ Rut.al,

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A.dh. l&gt;ETBA.H, Fanuoeutl.oo en PA.IUII

D1p611to ,n toda, ta, Farmacta,

ENFERMEDADES
t\

LA SAGRADA BIBLIA

Jarabe Laroze

EDICIÓN ILUSTRADA

'- 10 oéntii:no ■ de pes eta l a
e n trega de 18 página■

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Se ca.laa pNtspectoa i ~1lica loa ■oUatc
6iglbo4otc Aloa Sra. Moatuer y Suda, ..Utor•

Desde hace mas de 40 aflos, el J'arabe Larose se prescribe con é:r.ito por
todos los médicos para la curacíon de las gastritis, gastraljlaa, dol~~..
y retortijones de estómago, estreñimiento~ rebelde■, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las !U:11c1one1 del estómago 7 de
los intes tinos.

JARABE

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS
.

Füria, Espediciones: J.-P. LAROZE
Deposito en todas las

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princip&amp;Je■ Botica■

Y Droguerlu

, PIIEMJ O

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mago, Falta de Apetito, Diges tiones laborl011as, Aoedlas, Vómitos, Eructos, y Cólicos;
regularlzau las Funciones del Estóma go y
de los IJKeatmoa.
·
Er/f/ren e/rotulo a firma de J. FAYARD.
&amp;dh. DETBAN, Farmaoeutloo en PAlU8

JARABE Y PASTA .
de H. AUBERGIER

:iooo ,,.
con :t.A0'l'V0.AJUl7K (Jugo lechoso de Lechuga)
.Aprobados por la .Aca d emia de Medicina de Paria 6 insertad o&amp; en Ia Colección
O.ticlal de Fórmula&amp; Legalee por decre to minis terial de 1 O d e Marzo de 185 4.

de

Es·el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del ooruon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de .~•-Vito, insomnios, 0011'nllsiones y tos de ¡05 niños durante la denüc1on; en una palabra, todu
las afecciones nerviosas.

. SOCIEDAD
, de Fomento
, r!!{tdalla
· , d1 fro.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS

« una completa innoculdad, una encac!a per!eclamente comprobada en el catarro
' ept1Umtco, las Bronquttts, Catarros, Reumas, Tos, a3ma étmtacwn de la garganta, han
• grangeado al J ARAUE y PASTA de AUBERGIER una Inmensa fama. »

, (E:itracto del Formulario MUico del S" BoucAardat catedrdlico de 111 Facultad de Medicina (26' edicidn).

•

'

Venta por mayor: COMAR T e•, SS, Calle de St-Claude, PARlS
DEPÓSITO EN LAS PRINCIPALES BOTICAS

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

736

NúMERO

516

en la de D. Arturo Simón, Ram·
hla de Canaletas, 5.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN
por a11tores ó ediloi-es

NIETOS DE APOLO, humorada representable, _por D . Luis
Cánovas. - Es un a ingeniosa
composición poética en alaban·
za del eminente poeta D. Ramón de Campoamor. Apolo,
acompañado de Cervantes, recorre la tierra española en busca de un poeta, y ya se dispone
á volver al Parnaso sin haber
logrado su objeto, 01ando se le
presentan personificadas en sus
protagonistas las principales
creaciones del autor de las Doloras: el dios reconoce á aquellos hijos de Campoamor como
sus nietos predilectos. Este es
el argumento de la humorada,
cuya versificación se ajusta en
los parlamentos :le los diversos
personajes al mismo metro y al
mismo estilo en que habla cada uno de ellos en las composiciones del poeta,
Niet~s de A polo constituye un
librito de interesante lectura
que se vende al precio de 1'50
pesetas en las principales librerlas,

ZARAGOZA ARTÍSTICA, MO·
NUMKNTAL É HISTÓRICA, por
A y P. Gascón de Gotor. - Los
cuadernG&gt;s 40 á 43, que son los
últimamente publicados de esta
interesantisima obra, contienen,
además del excelente texto,
ocho bellísimas fototipias que
reproducen: la cúpula de la
iglesia de San ~iguel; una Pj·
gina de un c6d1ce árabe (ano
806 de la hégira) de la notable
colección de D. Pablo Gil y Gil;
un Hércules de bronce, propiedad de la casa de Ran; un fragmento del artesonado de la sala
de Santa Isabel del castillo de la
Aljaferia, existente en el Museo
Provincial de Zaragoza; una
puerta de la Mezquita del palacio de la Aljaferia; un detalle
del templete de los baños árabes; un detalle de la Torre Nueva y el torreón de la casa Torten.
En la cubierta del cuaderno
43 aparece una sentiJa y patriótica protesta de los autores de
la obra ·contra el acuerdo, al parecer tomado, de demoler la
Torre Nueva, ese hermoso monumento, que es orgullo de españoles y admiración de extranjeros.
Suscríbese á la obra, que se
publica por cuadernos semanales al precio de una peseta uno,
en casa de los autores, Contamina, 25, 3. 0 , Zaragoza, y en Bar·
celom1 en la librer!a de D. Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5.

LA ESTATUA Á D. EUSEBIO
DA Gu AR DA. - En este folleto
están reunidos todos los documentos referentes al monumen•
to que el pueblo de la Coruña
ha elevado á su preclaro hijo y
generoso bienhechor: contiene
también los discursos pronunciados en el acto de descubrirse
la estatua y una vista del monumeato.

• ••

•••

PERSONAJES ILU STRES. IlARTZENBUSCII, por A. Fernández-C11erra. - CÁNOVAS,
por D. Ramón de Ca111poamor,
- La colección de biografías
de personajes ilustres que pu·
blican los Sres. Sáenz de Jubera hermanos, de Madrid, aca•
ba de dará luz las de D. Juan
Eugenio Hartzenbusch y de_don
Antonio Cánovas del Castillo,
escritas por los Sres. Fernández-Guerra y Campoamor respectivamente. Los nombres ~e
los biografiados y de sus biógrafos es el mejor elogio de estos dos estudios que forman dos
elegantes tomitos ilustrados coe
retratos y autógrafos.
Véndense al precio de una
peseta cada tomo en las principales librerías, y en Barcelona

BREVES INDICACIONES SO·
BRE EL CULTIVO DE LA CEPA
AMERICANA, por D. Lttis M.
/ordi. - El autor de este folleto
consigue plena~ente llenar. el
objeto que, segun sus prop1~s
palabras, se propuso al escnb1rlo, puesto que sus indicaciones
son un gula de lo más necesa·
rio que deben tener en cue?ta
los viticultores que al cultivo
de la cepa americana se dedican, expuesto en lenguaje cla•
ro, sencillo y compendiatl~ y
con todos los datos necesarros,
así sobre las diferentes especies
de cepas como sobre las distintas clases de tierras en que dehen cultivarse.
Este folleto ha sido impreso
en la tipografía de D. Mariano Alegret Colom, de Figueras,

LA GIGANTA ROSITA. (De una fotografía.)
Joven vienesa que actualmente se exhibe en uno de los teatros de Berlín .
• 1

JARABE ANTIFLOGÍSTICO DE BRIANT

illt\l~DESdeIEBro~

t-+-"~

--+-

~flo

Pepsina Boudault

Enfermedodesd,1 Pecho

....,..,.,..,,.., VA.LDB D.B BlYOLl• J 60, P..a.Bl8, lf e10 tod ..• ta• Jr•..rtt•ae'4Ja

El JARABE DE B.R.lANTrecomendal.lo

desde su principio por los profesores
Laennec, Thénard, Ouer■an~ etc.; ba recibido 111 cooRagracfón del tiempo : en el
año 1829 obtuvo el privilegio de Invención. VCllDADEROCONFITE PlCTORAL, con base
de goma y de ababotes, convlene,.sobro tollo a las personas 118llca&lt;la.s como
mUJeres y niños. su gusto excelente no perJudlca en modo a.Jguno 11. su incacla
con Ira 108 RESFRHDOS y to&lt;las las IIIFL.UIACl8,ES del PECHO Y lle 108 llfTESTIIIOS.

Jaraba Pectoral
DE

P. LAMOUROUX

!probada por la .lCADEII! DE IEDlCIN!

PREMIO OELINSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
M•dallM en la■ Expo1lcione1 lnte.rnacloo&amp;IH de

PAlllS - LYO!f - VIEIIA • PHIL.lDILPBU • PARIS
1867

11m

1873

1876

l8i8

. . ·••L•A. COJf I L aA.TOl i llTO D r.aa

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OT&amp;OI 1&gt;1101.DINII DI LA. DIOIITIOII

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todas las eminencias médicas preuban que esta asociaclon de la Carne, el Hierro y la
Quiua consUtuyo el reparador maa en~mco que se conoce para curar : la Clordlfi, la
1lnemta, las Jlemt~ aoloros1U, el Jlmpo/Jreamtnito y la "-lteracúm ae la sangre
el Raqufttsmo, lds .Afeccúmu ~crofulos/U Y e.scor1'utú:al, etc. El l'ia• Perruclno■o dé
.&amp;roud es, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos
reguJ~1 coordena y aumenta considerablemente las tuerzaa ó tnrwide a la aan¡re
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como edulcorante de la, tisana,, á
la, ct1,ale1 comunica m gusto agradable y su, propiedade, calmante,.
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Que.lan rc1crvados l01 derechos de propiedad artística T literaria

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 9 DE NOVIEMBRE DE 189~

NúM. 515

ADVERTENCIA. - El deseo de repartir cuanto antes á nuestr0s suscriptores «LA GUERRA FRANCO-ALEMANA DE 187071, )) del general Moltke, ha sido
causa de que suspendiéramos la entrega del tomo de la Biblioteca Universal que correspondía al presente número. Con el próximo ó á más tardar con
el 517 recibirán nuestros suscriptores la citada obra de Moltke, siendo esta edición la primera que se habrá publicado ilustrada profusamente.

, EL BRINDIS, copia. de una. fotografía. de D. Rafael Areñas

�706

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

515

es malo, junto á lo bueno resulta peor y le perjudica todas las impresionabilidades, pasiones, encariñamientos, y miserias y debilidades y pequeñeces (que
SUMARIO
como las malas compañías.
aquí encaja bíen el vocablo de moda) y cuanto
Texto. - Éxposicio11es tú Bellas Artes ( caplttilo de 1m libro),
más puede caber en la fragilidad humana... la cuespor Juan O-Neille. - La vida parisiense. La llegada del
tión resulta doblemente complicada y el acierto muinvierno y la caridad. Diversos sistemas de distribución de
cho más difícil.
La
concurrencia
de
firmas
acr.editadas
puede
dar
socorros, por Ernesto García Ladevese. - La litería, por
realce
al
concurso:
el
público
ligero
lo
toma
como
F. Moreno GGdino. - Nuestros Grabados. - Cardi11eta, por
Antonio Albalat, con ilustraciones de M0ntenard, traducción base para el aprecio: es innegable que se lo dan si las
de E. L. Verneuil. -SECCIÓN CIENTÍFICA: El A11ditorium obras corresponden á las firmas; pero si sólo hay las
Se ha de convenir en un punto fundamental,
de Ckicago. - El dromógrafo de Jl,J. de la 1?011/le. - Libros en- firmas en las obras, el realce puede dejar algo que
y
en
esta base es en la que no se quiere 6 no _se
viados á esta Redacción por autores ó editores.
desear.
No sin fundado temor y justificados reparos algu- puede fácilmente cónvenir, y de ahí resulta la dificulGrabados. - El brindis, copia de una fotografla de D. Ra·
nos artistas de valía evadieron la exhibición de sus tad en las apreciaciones y el error en. los fallos; se
fo.el Areñas. - Mme. Bomiemain, cópia de la fotografla en·
obras en las Exposiciones; y otros, alcanzados los ha de estar acordes, no sólo en las condicíones de
contrada sobre el cadáver del general Boulanger. - La tumba
la bondad del Arte, sino en sus efectos trascendentade !,/me. Bonnemain, donde se suicidió el g~neral Boulan- primeros premios y logrado el crédito de su firma,
les· no en una bondad circunscrita y limitada, sino
ger. -Los primerosfríos, dibujo de Davidson Knowles. - Ex· permanecen retirados, prefiriendo que se busquen
en
'una esfera muy amplia, lo que cabe y puede caber
posición Universal de Cliict&lt;go: Rotonda central del pabellón sus obras en sus estudios. No conviene entrar en esa
de Horticultura; Pabellón de la sección de pesquerías; Pala- cuestión que reviste el carácter de interés particular, dentro de lo Bello, lo que ha sido y lo conveniente
cio de máquinas; Pabellón de la sección de minas. - Des· por más que pueda afectar al general: ellos se sabrán que sea: se ha de saber prescindir de los extravíos,
puls del baile, cuadro de Conrado Kiesel. - Trabajos en el bien el porqué de su conducta, que debe respetarse. de las exigencias y de todo cuanto pueda inducir á
falsas apreciaciones y á desvirtuar su acción social;
Tiher, cuadro de Enrique Sena (expuesto en la Exposición
de Berlln del presente año, y adquirido por S. M.el empelejos de eso, se ha de procurar esforzarse en que por
rador de Alemania. - El A11ditorium de Chicago: Fig. 1.
su condición de imperecedera vitalídad cautive y se
Vista del edificio en conjunto: - Fig. 2. Sección vertical del
Aparte de todo eso y de cuanto más en el tintero se apodere del sentimiento de la humanidad hacia lo
edificio. - Fig. I. El dromégrafo de M. dl' la Roulle - Fig. 2. queda, ¿son convenientes las Exposiciones de Bellas bello, lo verdadero y lo bueno. Esa es la noble, libre
Facsímile del trazado obtenido con el dromógrafo de M. de
Artes?, 6 dicho de otro modo: ¿se puede por ellas, y á y elevada misión de las Bellas Artes.
la Roulle. - Fig. I. El japonés Morimoto, famoso por sus expesar de los defectos y deficiencias de que adolecen,
Lo que dificulta en la apreciación práctica de esas
traordinarias muecas. - Figs. 2 y 3. El dies' de la Riqueza,
alegre y desconfento. -Fig. 4. El dios Daruma (de fotogra- conocer ó calcular con aproximada exactitud el verda- cualidades es la especie de misterio de poder ser á la
dero estado del Arte?, y si se quiere con mayor clari- vez bueno y distinto, bello y diferente y siempre vafías obtenidas en Kioto, Japón).
dad: ¿es hoy tal medio, propio de nuestro tiempo, ~l riado de la unidad de su esencia; la cual no puede
único posible, el más seguro y menos expuesto á eqm- de~ar de ser siemprt la misma, sea cual fuere el invocación para conocerlo? Claro es que entre los mu- dividua] modo de ver, de sentir, de exteriorizar; el
EXPOSICIONES DE BELLAS ARTES
chos que acometen esa lucha titánica y entran en el temperamento, la enseñanza, la educación; la escuepalenque, unos con los bríos necesarios y otros á ten- la, la época, el período; los modos, los estilos_ y ca(CAPÍTULO DE UN LIBRO)
tar fortuna, sin faltar quien confíe más que en sus racteres, y basta las negaciones y las afirmaciones,
«11 est toujours dificile de definir fuerzas propias en el valímiento de las ajenas, entre las dudas y tentativas, los descalabros y victorias ...
la valeur d' une exposition d' art ese núméro puede haber, y ciertamente los hay, de pues no puede negarse que por los medios más di•
aprés une premiere visite;&gt; - &lt;tout se
un gran valor intrínseco, y cuyas obras son indiscu- versos todo puede ser útil y servible para convergir
confond dans l' esprit &gt;
tiblemente merecedoras de premio, de recompensa y al esplendor de lo bello, si ese fin se anhela; á eso
ALBERT WOLFF
de justísimo elogio; porque no se empieza jamás con se puede llegar por todos los trazados caminos: por
Salón de I 891.
Ja aureola del triunfo y con nombre acreditado, que la corrección depurada, por la dulzura del clarobscu¿Es acaso fácil cosa poder apreciar su valor, su en Arte no se vinculan herencias. Por esto, negar ro, por la armonía del colorido, por el esfuerzo del
grado de progreso ó de retroceso después de varias la conveniencia, la necesidad de las Exposiciones estudio, como por el rasgo del genio; por todas las
y detenídas visitas? ¿Pueden fácilmente la imagina- equivaldría á ponerse en contradicción con el mundo convicciones y creencias... en unos por la idea del
ción, el temperamento, el modo de sentir las vibra• del Arte, con la corriente social; pues su fuerza no sentimiento místico, en otros por el idealismo eclécciones de la impresión atrincherarse en los reductos debe contrarrestarse, sino encauzarse; que riegue y tico en estos por el naturalismo hasta exagerado ...
siea'ipre y cuando no se traspase la debida linea que
del frío examen, y desprendiéndose de preocupacio- fertilíce, que no inunde y arrastre.
Afirmar que tal como se procede sea en bien del separará siempre lo bello ideal de lo bello real, seco
nes, bellezas ó defectos, vicios ó estilos de escuel:;t ...
puédese fácilmente ver lo bueno, fijanlio una segura Arte, atreveríame á decir que puede ser en su per- como la imagen obtenida por la máquina fotográfica,
juicio, En esa especie de deficiencia, en-esa falta que · pasando de repente á lo falto de belleza sentida y
mirada sobre lo superior y excelente?
En esas salas inmensas abiertas de continuo y se siente, jurados, expositores, críticos y público... to- consiguientemente al hastío que causa lo que de ella
hasta con simultaneidad, atestadas de obras de arte dos «pusimos en ello nuestras _manos;» y somos, carece, y al menosprecio con que se mira lo que á
correcto ó extraviado, en incoherente y abigarrada quieras ó no quieras, como los que clamaban contra cosa alguna responde ni á ningún fin corresponde.
mezcolanza, la cabeza se pierde y se aturde, la retina la adúltera, ninguno libre de pecado pudo tirar la ¡Cómo no andar á tientas y con inseguro pasó en tal
obscuridad y en tan enmarañado laberinto!
se impregna de colores chillones, lo tranquilo y justo primera piedra contra ella.
Un amigo mío, conspicuo historia~or y publicista,
¡Cómo dejar de extraviarse... cómo no verse arroparece incoloro, la línea firme parece seca, el contraste semeja duro... El pecho se oprime, se busca me decía que «los Museos le parecían los cemente- liados por semejante vertiginoso huracán!
sín saberse lo qué y se cae como desvanecido sobre ríos del Arte,&gt;&gt; y me inclino á creer que tiene razón.
el primer diván que se encuentra á mano.
Pero hay que convenir también en que los sucesos
Después de algunas veces de semejante sufrimien· son hijos de los tiempos, y qu_e por complicadas cauNo se entienda por esto indicada una remota into, que sélo comprende el artista, al saber respirar sas las Exposiciones han llegado á convertirse en
tención en contra de esos certámenes, sino muy al
en aquella atmósfera, y apartando la vista de lo que pugilatos artísticos.
no merezca mirarse y descon(iando siempre de las
Esta es la fuente del más lamentable de los erro- contrario; que al fin obedecen á las cendiciones de
impresiones clel momento, entonces puede empezar- res y el error de peores y más trascendentales conse- nuestra época, son fruto del tiempo presente, y como
se el examen y el estudio.
cuencias. Hoy el artista no expone lo bueno que ha en este orden de cosas lo que da de sí no se discute,
Por punto general, casi está por demás decirlo, producido, sino que produce para exponer; y como por esto, siendo una forma de manifestación artístipuede partirse de una base bastante exacta y aplica- sabe, por triste experiencia, salvas rarísimas y lauda- ca, deben ser consideradas esas Exposiciones, no
ble á todas las Exposiciones de Bellas Artes cnyos bles excepciones, que para llamar la atención ha de sólo necesarias, sino como los medios casi posibles
resultados los Jurados más rígidos difícilmente po- impresionar, como ignora á qué luz y altura se colo- hoy, para que el genio, el estudio y la educación ardrán evitar. U na tercera parte de las obras admitidas cará su obra, y sin espacio de marco á marco con qué tística de expositores y público se complete y se per·
son siempre rematadamente malas y de todo punto clase de vecino habrá d e codearse... todos aprietan feccione, y sean el fundamento, el punto sólido para
inadmisibles: otra tercera parte simplemente tolera- euanto pueden en color y contrastes, falsos y duros, que las Bellas Artes en este período de febril probles, equivalente á dar lo mismo expuestas ó retira- con tal que brillen, por temor á ser obscurecidos y ducción sigan un bien trazado derrotero que pueda
das; y otra tercera parte dentro del orden de lo bue- apagados ... como en medio de una gran reunión en conducirlas al seguro y deseado puerto. Pero... no es
no, de lo más correcto ó menos defectuoso. Porque la que todos gritan, necesariamente ha de chillar fuer- menos cierto que para llegar á él sin peligro de nau•
fragio deben marcarse bien los escollos.
en Arte, en las Exposiciones no se ha de aprecíar lo te quien quiera que se le oiga.
relativo, no ha de entrar por nada la conmiseración,
Hallar lo justo, como se dice en lenguaje artístico,
y mucho menos otras cosas más lamentables; eso lo tranquilo, lo acordado, lo natural revestído con el
puede agitarse y revolverse en otras esferas, nunca idealismo del Arte, verlo bien y apreciarlo mejor, eso
Aparte contadas excepciones, prosiguiendo todos
en tales certámenes, á menos de desvirtuarlos y con- es lo raro, lo extraño y lo sorprendente. Por lo deducir á un efecto contraproducente. En Arte no exis- más, no debe espantarnos todo lo _monstruoso de de consuno del modo como se procede, ¿adónde se
te el término medio; se ha de inclinar á uno ó á otro nuestra obra.
·
lleg~rá?, ¿en dónde nos encontramos ya tal vez?
de los dos extremos, ó bueno 6 malo; lo que del uno
No podemos ser jueces en causa propia: los tíemse separa se ha de acercar al otro; y en tanto es así,
pos se juzgan por los sucesivos: no sabremos el juique en todos tiempos y hasta por los mismos maescio que de nosotros formulen las épocas venideras.
tros se han producido obras más ó menos superiores.
Si los artistas inci¡rren en la inconveniencia del Sólo sí sabemos que cada período de la historia del
Tenemos, pues, que en toda Exposición de Bellas Ar- desqu'iciamiento separándose de las verdaderas con- Arte se ha sellado con su timbre especial y que todo
tes puede reducirse á una sola tercera parte el número diciones del Arte, aunque no debieran así hacerlo, se correspondíó á sus necesidades ofreciendo un conde las obras dignas de figurar en ella; y si dentro de comprende que les obliga á ello el extravío que casi junto armónico; que esa es la más fiel y poderosa
ese reducido número se ofrece otra tercera parte de predomina en tales certámenes, porque todas las co- fuerza de las Bellas Artes, la de reflejar su tiempo,
mérito indiscutíble y un corto número de obras no- sas son por su causa y razón de ser. Y si á eso se sus creencias, su civilizacíón y su cultura.
toriamente excelentes, la Expvsición puede conside- añade la conducta casi constante de los jurados...
¿Se ve, se descubre, existe en nuestra manifestararse como de notable resultado.
(¡Dios me libre de serlo!) sea cual fuere el modo de ción artística el reflejo exacto de nuestra condición
Se incurre en un grave error creyendo que lo malo fomnarse dichos tribunales, por más que animados de social?
hace valer lo bueno; esto siem¡ne vale por sí, no le los mejores deseos y propósitos, como al fin no pue¿Tiene el Arte indeleblemente impresa la marca
son neeesarias las comparaciones: lo malo siempre den dejar de ser hombres y, como tales, sujetos á de nuestro tiempo?

NúMERO

515

¡Yo díría que parece como que nos avergoncem0s
de dársela! Yo díría que quizá en una sola de sus manifestaciones, en la arquitectónica, y aun desde el
punto de _vista de la construcción utilitaria, y debido
esto á la aplicación de los materiales hoy abundan-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sentimiento de la humanidad, y su poder es tan grande en este orden de creación, que al expresarlo y exteriorizarlo comunicándolo á sus semejantes les arrebata y subyuga.
El arte de lo bello podrá sufrir modificaciones de
forma, nunca de esencia; podrá tener, como ha tenido, sus períodos de apogeo y perigeo; podrá llegará
un lamentable grado de decadencia, pero nunca perderá el verdadero arte su intrínseca condición; no
puede dejar de ser; en sus extravíos será lo que se
quiera, pero no arte de lo bello; y siempre que aparezca, aun cuando con perfección relatíva, como reflejo de lo bello absoluto, brillando con todo su esplendor, se le admirará, se comprenderá y llenará
por completo el vacío que se desea y se anhela ver
llenado. .
Esto supuesto, de exactitud fundamental, no podrá
considerarse como idea aventurada la indicación siguiente: que el sentimiento mismo de la humanidad,
por medio de la manifestación del arte de lo bello,
puede muy bien ser quien acuda al remedio y salve
del peligro.
Jt;AN

Ü·NEILLE

LA VIDA PARISIENSE
LA LLEGADA DEL INVTERNO Y LA CARIDAD

DIVERSOS SISTEMAS DE DISTRIBUCIÓN DE SOCORROS
Mme. de Bonnemain, copia de la otografla encontrada
sobre el cadáver del general Boulanger

tes y fácilmente elaborados; pero no podría, sin muchas salvedades, concederla á las demás y menos en
absoluto. ¿Por qué existe esa duda, esa vaguedad en
el arte moderno? Porque no hay firmeza, ni en las
creencias, ni en la vocación, ni en el estudio; porque
se persigue la idea del éxito, tomando por brillo de
estrella fija el fuga~ resplandor de un meteoro; no se
va por la solidez al éxíto, como hicieron los que lo
alcanzaron, sino imitando y plagiando, y así se evapora y se pierde el individual carácter y estilo propio con el cual podría lograrse lo nuevo y lo bueno:
en Arte no puede nunca prescindirse de hacer bien
ó como mejor se pueda, acomodándolo á las condiciones de los tiempos y á la caracterización de las
épocas; que en esto está la nobleza, la libertad y belleza del Arte, la inagotable mina de los estilos, la
expresión del sentimiento siempre correcta y siempre
elevando. Volverá lo que fué y dejó de ser por las
mudanzas de la vida social, empeñarse en resucitar
un arte... mejor dicho, un estilo, un carácter ó un
gusto que estuvo en armonía con las creencias y necesidades de una época desaparecida, resultará híbrido, anacrónico, inservible. Sirva aquello enhorabuena de estudio, de ejemplo; pero sabiendo como
la abeja extraer cle las dulces y amargas flores la sa·
brosa miel, aprópiense sus buenas condiciones al
lenguaje inteligible y á las necesidades actuales; 9ue
en todas y siempre puede campear lo bello, haciendo vibrar en la humanidad la delicada pureza del
sentimiento... ¡no se le ahogue en pútrido y repugnante lodo!

Las preecupaciones del tradicionalismo de escuela pueden causar tan grave daño como los empujts desenfrenados de los impresionistas innovadores.
Siguiendo inconscientemente lo que deslun_ibra como
el relucir del oropel, se llega pronto al tedio ~ ~e experimenta cansancio de aquello falto d~ cond1c1ones
sólidas y se anhela una cosa nueva, sm saber qué
cosa sea ... y de uno en otro desvarío no se atina con
lo que por completo satisf~ga, respondiendo á lo que
debe responderse; y por esto se siente _su falta, y ~or
eso se siente lograrlo, y por ello la socie?ad lo exige
y los artístas mismos se esfuerzan en satisfacerlo.
Empeñarse en que las cosas no sean como son, es
utópico y de todo punto imposible.
Esas verdades, no se negará, se agitan en lo más
recóndito de la conciencia de los artistas y de los
conocedores inteligentes; las siente también, aunque
más confusamente, el público, que forma el mu~do
del Arte. Ninguno sabrá positivamente lo que exige;
pero todos secretamente exclaman: «¡ No es eso!»
Hay necesidad de ponerle fas,abel al gt1to.
¿Quíén y cómo se lo pondrá?

París en estos momentos cambia de fisonomía; la
gran capital se transforma y se nos aparece bajo un
aspecto muy distinto al que ofrecía estos meses últimos. En los paseos, en las avenidas, en los jardines,
Ja espesa cortina de follaje se descorre desgarrada
por el viento de otoño. Las hojas secas son barrídas
por las frías ráfagas de octubre. Mientras el sol nos

los privilegiados de la fortuna que adopten medidas
preventivas para que el terrible azote del frío y de
la miseria que siempre al frío acompaña no nos coja
desprevenidos y para que se haga frente al mal desde los primeros instantes.
Para c5mbatirlo surgen por todos lados humanitarias ideas. Proponen unos la creación de una especie de presupuesto que podría llamarse presupuesto
del invierno. Un consejero municipal ha presentado
el proyecto de la fundación de una caja especial destinada á socorrer á los obreros sin trabajo. Los proyectos análogos abundan, sin que ninguno haya tomado formas de realídad.
Existe, ciertamente, una administración de soco·
rros á los pobres, con carácter oficial, denominada
Dirección de la asistencia pública. Para que dicha dirección pueda prestar algún auxilio á un menestero·
so es indispensable que éste se haya hecho inscribir
en las listas de la asistencia pública como pobre ofi·
cial. El sistema de distribución de socorros es por
tanto bastante defectuoso. Suponed que en un barrio
cualquiera hay diez mil familias pobres en las que
el hambre, la miseria y el frío hacen sus estragos.
De las diez mil familias puede ser que no llegue á
quinientas el núu:ero de las que oficialmente se hallan inscritas en las listas de la asistencia pública.
Los que se inscriben suelen ser, por lo general, los
eternos desesperados, aquellos cuya situación es terrible siempre, lo mismo en invierno que en verano,
lo mismo en prímavera que en otoño, y que no vislumbran más salvación que la de la carida~. Ninguna clase de pobres puede haber, en efecto, más digna de interés que ésta. Pero debemos observar que,
por consecuencia de la inscripción, todos cuantos
donativos se reciben para obras de caridad y todos
los fondos que el Estado y las corporaciones dedican á ese fin son siempre repartidos entre las familias que acudieron previamente á inscribirse. Hay,
sin embargo, entre las nueve mil quinientas familias
r tstantes muchas que debieran participar de esos auxi-

La tumba de Mme. de Bonnemain, donde se suicid6 el general Boulanger

deja y se obscurece el cielo, recupera la gran ciudad \ líos, familias de tr~bajadores sin joma~, familias.de
su movimiento y su vida, paralizados durante las va· empleados de cortísimo sueldo, para qmenes la VIda
caciones veraniegas, y entramos en un período de \ es siempre estrecha y difícil, ~am~lias 9ue, por rev~animación. En octubre París vuelve á ser París. Su ses de fortuna, caen ya en la md1genc1a, ya en la m1·
torbellino vertiginoso nos arrastra sin que de ello j seria más honda. Es incalculable el número de gennos demos cuenta. Esta es la época de los grandes tes, aun sin contar aque\llas á quienes la vergüenza
placeres de las brillantes soirées, de los más ruidosos les impide inscribirse en las listas de la caridad, que
estrenos' escénicos y de las más notables solemnida- no hacen la declaración de pobreza porque aguardan
des artísticas; pero también llegan los días de las que el trabajo las salve, ó que un pariente ó un amitristes miserias y de los sufrimientos crueles para esa go ó un bienhechor privado las saque adelante en
enorme masa de indigentes y de desvalidos que estas su tremenda crisis. En muchas ocasiones el que más
ciudades inmensas ocultan en su seno.
pide no es el que más necesita, y en vano se estudian
Como de algún tiempo acá los inviernos son tan un día y otro todos los sistemas posibles de distriburudos la preocupación dominante es si el que se ción de socorros á los desgraciados.
aveci~a traerá consigo los rigores de los inviernos
Los asilos nocturnos constituyen un sistema que
precedentes. E l último fué horrible, y la ~re_nsa parí· ha prestado mu~ bueno_s servicios, á fal~a de ~lgo
siense da la voz de alarma ante la proximidad del más completo. D1chqs asilos en París son msuficien•
Por fortuna el sentimiento de lo bello reside en el que se acerca, pidiendo á los poderes públicos y á tes; resultan demasiado pequeños para recogerá to•

�LA
das las víctimas de los días crueles. También son
innumerables los desdichados que tienen horror á
esos refugios y que sólo á ellos acuden en último extremo, pues les repugnan las formalidades que para
ser admitidos se necesitan. Un sistema que hasta
ahora va produciendo resultados excelentes es el de
los bonos de pan y de carne que son repartidos por
distintas sociedades benéficas. Inspirándose en él, el
sindicato de fondistas de París acaba de hacer una
proposición que va á ser sometida por la Prefectura
del Sena y por el Consejo municipal á detenido examen. Así como se distribuyen bonos de carne y de
pan, el sindicato propone la distribución de bonos
de hospedaje. Estos bonos serán de cincuenta céntimos por día y por persona, de ochenta céntimos por
dos personas y de un franco por una familia. Repartiríanse en las alcaldías de distrito ó en las comisarías de barrio. Podría haber bonos, no sólo para un
día de hospedaje, sino, según los casos, para una semana ó para un mes. El número de hoteles y de casas amuebladas de París que representa el sindicato
es de diez mil. Casi todos ellos, especialmente en los
barrios excéntricos, aceptan ese sistema de hospitalización.
Un periódico pide que se instituya un ministerio
de la caridad, cuya principal misión consistiría en
adelantarse siempre á las catástrofes previstas para
conjurarlas de antemano y no estar como hasta aquí
esperando cinco ó seis semanas, después que los pobres han empezado á morirse de frío y de hambre,
para encender hogueras, abrir asilos y repartir alimentos. Dicho ministerio estudiaría la manera de
concluir con la mendicidad, suprimir los falsos pobres y socorrer eficazmente todos los infortunios.
¡Ay! A las noches todavía claras y tibias sucederán muy pronto las frías y negras noches invernales.
La vida va á ser dura para los que están sin casa ni
abrigo. Sólo se puede vivir de ese modo cuando la
temperatura es suave y el firmamento aparece sembrado de estrellas. ¡Cuántos de esos infelices, echados sobre un banco del bulevar, con el brazo por
almohada, duermen mejor que los que pasan la noche dentro de suntuosos palacios sobre mullidas
plumas! Mas en invierno esa existencia no es posible.
¡Cuántas bajas hizo el invierno último en el formidable ejército de la miseria!
Parece cosa probada que la recrudescencia del frío,
de algún tiempo á esta parte, se debe al influjo que
otros planetas ejercen sobre el nuestro, Hay astrónomos y astrólogos, de esos que se complacen en augurar males y desdichas, que empiezan á anunciarnos la posibilidad de que la tierra se hiele. La fatídica profecía no debe cumplirse basta dentro de unos
cuantos siglos. Lo que por ahora nos interesa más es
la predicción de que los inviernos serán más fríos
cada año. Iremos, por lo visto, acercándonos lenta y
gradualmente á la catástrofe definitiva.
Sin admitir como artículo de fe tan siniestro augurio, París, la ciudad que ríe y se divierte y que
muchos califican de vana y superficial, es quizás la
que más se ocupa en el mundo de enjugar lágrimas
y mitigar desventuras, la que más piensa hoy en poner á cubierto á sus pobres del azote fatal que los
amenaza.
ERNESTO GARCÍA LADEVESE

LA LOTERÍA

I
Tengo yo dos amigos que respecto á lotería son
dos polos opuestos, dos antinomias, dos antípodas: el
Arimanes y Omazor de la lotería; y por supuesto,
todo sin razón de ser, como sucede con frecuencia
en la humanidad. Parece que han venido al mundo
para desmentir el conocido axioma del justo medio,
que aplicado á la lotería dice que el que nada juega es un tonto y el que juega mucho un loco. Joaquín, jugador encarnizado de toda clase de juegos
de azar, _que ha pasado y pasa su vida acechando
los azares de la suerte, experimentando por causa
de ésta peripecias indecibles; Joaquín, que ha llegado á tener cuatro millones ganados y ahora tiene
más de cuatro millones perdidos, supuesto que está
plagado de deudas; Joaquín, que sólo puede vivir
balanceado por los vaivenes de la fortuna se pone
furioso cuando oye hablar de lotería y ape~as puede
tratar á los que contribuyen á esta fascinadora contribución del Estado, con la particularidad de que á
Joaquín en siete únicas veces que ha jugado á la
timba nacional le han raído tres premios, y por irradiación por añadidura. En cambio, ¡qué contraste!
Manuel, mi otro amigo, que jamás ha puesto ni u~
duro á una carta é ignora lo que es color y contracolor, que tiene una fortunita sólida, juiciosamente

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTíSTICA

adquirida con su talento y laboriosidad, es encarnizado jugador de lotería, á pesar de no haberle tocado más que un reintegro en treinta años. En honor de la verdad, esta perseverancia no es hija de la
fe, sino que obedece á otro móvil quizá. Si un huésped enreda el deber dos meses á su patrona, ya tiene hospedaje para toda la vida, pues aquélla, con la
esperanza de cobrar, no se resuelve á deshacerse de
él. Por parecida causa tal vez, mi amigo Manolo no
se resigna á perder la esperanza de resarcirse del capital empleado en la lotería, y aur,que escarnado,
arremete á ella, bien así (y perdóneseme el símil)
corno algunos toros en plaza, que embisten con todo
á fuerza de estar huidos.
En otra ocasión acaso me ocuparé de las razones
en que Manuel funda su obstinado optimismo en lo
que atañe á lotería; ahora voy á referir una historia
ó verídico sucedido que suele contar mi amigo Joaquín para probar que es un idiotismo jugar á la lotería, puesto que no se necesita de este requisito
para que caiga al que está predestinado á ella.

II
Hace cuarenta años proximarneJ\te había en Cádiz, en la plaza de Las Barquillas de Lope, una tienda en cuya muestra se leía el siguiente rótulo:

Librería de Basilio .,lfochales
lo cual era una notoria exageración, atenuada un
tanto con este segundo letrero:

Compra y venta de libros de ,anee
v colecciones de romances antiguos y modernos
En efecto, aquel chiribitil reducido y bajo de techo, en el que sólo había un par de estantes no enteramente llenos de volúmenes primitivos y aperga•
minados, no merecía el nombrt! de librería aun cuando fuese de baratillo. En la parte exterior de la tien
da colgaban de la pared, enganchados en largos alfileres de carpintero, unas dos docenas de romances, trovas y cantares de los de más boga, cuyos
amarillentos papelotes se tambaleaban en perpetua
alferecía á impulsos del viento del próximo mar. El
comercio de libros del Sr. Basilio Mochales no
prospe¡:aba y hubiera tronado á no haber ido soste•
niéndole la venta de los susodichos romances y otros
impresos ligeros, especialmente el relato poético de
La fiera malvada y el de La chinche monstruosa, calificada así porque devoró á una patrona de huéspedes. Los libreros, pues, porque eran dos, puesto que
el Sr. Basilio estaba casado con la señora Jesusa,
mujer fenomenal por lo que diré inmediatamente,
vivían con poca holgura, pero iban tirando y criando
á un nene de cinco años de edad llamado J uanito,
habido cuando ya no esperaban tener sucesión. He
dicho que la librera era fenomenal, porque siendo
mujer de muchas libras de peso y dando.las carnes
color y frescura, ella estaba amarilla y apergaminada como los libros que había en los estantes, y con
todo y con eso apenas cabía en la exigua tienda del
baratillo, en donde se revolvía con dificultad, bien
así como una perdiz muy grande en una jaula muy
chica. Afortunadamente su cónyuge el Sr. Basilio
era diminuto y chupado; y váyase la una por el otro.
Los libreros eran buenos cristianos y observaban
el precepto del descanso dominical. Los días festivos
cerraban á las diez de la mañana el chiribitil, y por
la tarde, si el tiempo no lo impedía, se daban un
largo paseo, bien por el puerto, por la caleta, por la
alameda ó por. algún descampado en donde sc,lían
remontar el barrilete (cometa) de su vástago J uanito.
Sucedió, pues, que la tarde de un domingo .. y
aquí empieza lo milagroso, el matrimonio Mochales
con su niño salieron á dar el acostumbrado paseo,
pero determinaron no prolongarle hasta la hora de
costumbre, temerosos de un nubarrón que se cernía
hacia la zona del Sur y de un viento huracanado
que se levantó de repente.
Así está constituido el universo: todo está en él
concatenado: á veces los elementos más molestos y
perjudiciales influyen favorablemente en la suerte de
generaciones enteras.
Sugiéreme este pensamiento, que no es nuevo ni
mucho menos, la casualidad de haber desembocado
la familia del librero en la plaza de Las Barquillas
de Lope, de regreso á su casa, en el preciso momento en que atravesaba por aquélla un ciego nombrado
Tanasio vendiendo billetes de lotería. Era este expendedor de la fortuna conocido de todo Cádiz.
Guapo, joven todavía, viudo y padre de una niña de
ocho años de edad, había ejercido en Sevilla el oficio
de albañil, y allí quedóse ciego á consecuencia de

515

enjalbegar constantemente fachadas blancas, y vol·
vió en tal estado á Cádiz, su ciudad natal, en donde
se dedicó á la industria de la lotería, contando con
las simpatías de sus paisanos. El ciego Atanasio, ó
Tanasio, como le llamaban para ahorrarse una letra,
al ejercer su industria de vendedor hacíase acompañar á veces por su hija Rafaela, más bien por gusto
ó por distracción que por necesidad; pues el ciego
andaba tan desahogadamente por todo Cádiz (que
no tiene mucho que andar) como Pedro por su casa. La
tarde á que me refiero iba solo, llevando en la mano
derecha el clásico palo de ciego y en la izquierda un
manojo de décimos de lotería que pregotiaba con los
incitantes aditamentos de costumbre. Pero en aquel
entonces se desgañitaba en vano, pues como día festivo, la poco poblada plaza de Las Barquillas de
Lope estaba desierta, hasta que, como ya se ha dicho,
desembocó en ella el librero Mochales con su familia. Este y el ciego venían por distinto ladG, por la
fachada en donde estaba situada la librería-chiribitil,
y al llegar Tanasio frente á la puerta de éste, acaeció el caso que motiva esta narración. Sucedió, pues,
que una violenta ráfaga de aire llevóse de entre los
dedos del ciego, sin que éste lo sintiera, uno de los
décimos de lotería. El papelito se cernió graciosamente en el aire, cayó al suelo, describió un semicírculo como una hoja de otoño arremolinada y luego entróse rápidamente por debajo de la puerta de
la librería, que estaba cerrada, pero cuyos tableros
no llegaban al umbral. Los esposos Mochales, que
se aproximaban 'á su casa, vieron todo esto, observaron que el décimo se entraba por la rendija de su
puerta como un ratón en su agujero, y la señora Jesusa, impulsada de un movimiento inconsciente, iba
á advertir á Tanasio, pero su marido la contuvo dándole un codazo. ¡Quién sabe lo que pasaría entonces.
en el ánimo del librero! Era honrado, pero era español, y sabido es que á la mayor parte de los españoles se les va el santo al cielo en materia de lotería.
Si el Sr. Basilio se hubiese encontrado un billete de
banco quizá le devolvería á su dueño, sabiendo
quién era éste, ¡pero un billete de lotería! ¿No podía
ser aquello providencial?
Lo cierto es que los esposos libreros dejaron alejarse al ciego sin decirle nada, entraron en su casa,
recogieron del suelo el descarriado décimo y le examinaron con emoción. Un movimiento interior revelaba al Sr. Basilio la importancia de aquel papelito.
Número 14.879, premio mayor 80.000 pesetas; era
de los más reducidos, pero al que le tocara siquiera
un décimo podía darse una vueltecita.
He dicho que el librero era honrado y buen cristiano y temeroso de Dios. Por lo tanto, en médio del
devaneo de aquella suerte probable sentía escarabajeos de conciencia. En primer lugar se apropiaba una
cosa que no era suya y que podía valer mucho, y
además exponía al pobre ciego á un conflicto al dar
cuenta de su venta en la administración de lotería~.
Fluctuaba, pues, entre mil ideas opuestas: pensaba
en devolver el décimo á Tanasio, en abonarle las
tres pesetas que valía aquél; pero reflexionó que esto
sería destruir el encantamiento de la fortuna que parecía entrársele por su casa de un modo providencial.
Por fin, para tranquilizar su conciencia se hizo un
voto á sf propio, y fué el de dar á Ta11asio la sexta
parte del premio que le tocara en suerte. Así como
así el ciego y la niña le eran muy simpáticos, y muchas veces cuando éstos se sentaban á descansar en
unos guardacantones bajos que había cerca de la librería trababa conversación con ellos.

III
A los pocos días verificóse la extracción de la lotería y el número 14.879 fué premiado con el gordo.
Cuando lo supo el Sr. Basilio estuvo aturrlido durante algunas horas y sin saber lo que se hacía; tanto
que al pedirle un comprador el romance de Palmerin de Inga/aterra, le alargó el de Sebastiana del Castillo.
¡Sí, para romances estaba él!
En cuanto á la señora Jesusa no sabía más que
exclamar: «¡Jesús, Jesús, Jes~s!Y&gt;
Ya más repuestos de su emoción, ambos c6nyuges reflexionaron, y he aquí el resultado:
El bueno del librero, por no excitar sospechas, no .
había hablado á nadie, ni mucho menos á Tanasio,
á quien con frecuencia veía, de la pérdida y del encuentro del décimo premiado; pero receló que por el
hilo se sacara el ovillo, y que como en las poblaciones de provincia todo se sabe, se supiera que á él
habíale tocado el premio mayor en el décimo perdido por el ciego. Creyó, pues, lo más conveniente poner tierra por medio para evitar explicaciones. Hizo
apresuradamente las maletas ayudado de su esposa
hora y media antes de salir el tren de Sevilla, cobró ·

LOS PRIMEROS FRIOS, dibujo de Davidson Knowles

�LA }LUSTRACIÓN

710

AKTISTICA

cantones de la susodicha plaza,
echaba de menos á J uanito, el
., :
vástago del librero, con el cual
.J
jugaba algunos ratos. Pero un
I/• /IJ
1/,
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día, el zapatero á quien el se·
f '
ñor Basilio había dejado en·
..
;,'.' .,.
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cargado de la librería al mar·
.
/,'
gharse de Cádiz precipitada•
mente, buscó al ciego y le dijo
estas ó parecidas cosas:
- Oye, Tanasio, tengo un
recado para ti de parte del señor Basilio.
-¿Del Sr. Basilio el librero?
-Sí.
- Pues qué, ¿está en Cádiz?
- No, hombre, en Sevilla;
por eso tengo yo el encargo de
hablarte.
- ¿De parte del Sr. Basilio?
- SI, hombre, si.
- Pues diga usted, aunque
no caigo qué podrá ser, ni qué
tendrá conmigo el Sr: Basilio.
- Una cosa muy sencilla.
Exposici6n Universal de Chicago. - Rotonda Mi antiguo vecino está muy
central del pabell6n de Horticultura
bien establecido en Sevilla ...
- Sea enhorabuena.
las ocho mi 1 pe- Y sigue siendo tan bonazo y caritativo como
setas que al dé- enantes.
- Eso sí que lo era, al menos conmigo y mi chi•
cimo correspondían, hizo llevar ca, y muchas veces nos daba cuzcurros de pan y toá la estación los baulitos, cerró la librería, entregó rrijas, que hacía muy superferolíticamente la señora
la llave á un vecino zapatero, diciéndole que por Jesusa.
- Pues bien: ahora se trata de darte otra cosa
carta le indicaría lo que tenía que hacer, é instalándose en un coche de segunda con su cónyuge y el mejor.
chiquitín, alejóse de Cádiz casi tan conmovido como
-¿Cuála1
- La vista.
un cajero que se alza con los fondos de la caja.
- ¿La vista?, exclamó el ciego dando un respingo.
Parecíale que todo el mundo se fijaba en él. De
- Oye y no me interrumpas. El Sr. Basilio sabe,
vez en cuando se palpaba el bolsillo izquierdo del
levisá, en donde en una cartera nuevecita llevaba las porque á ti te lo han dicho los médicos y tú se lo
ocho mil pesetas en billetes de Banco.
has dicho á él, la causa de tu ceguera.
No hablaba más que monosílabos y pensaba mu-Es verdad.
- Pues bueno; sabrás que ha llegado á Sevilla un
cho. Empezaba á sentir las preocupaciones de los
capitalistas. Estaba algo inquieto con su nuevo esta- médico inglés que cura las cegueras más rebeldes y
do porque temía los problemas del porv.enir. Había para quien la tuya será un juego de niños.
pensado establecer en Sevilla una librería tan de- No digo que no, esos extranjeros saben mucho;
cente como su peculio le permitiera, pero... ¿cómo pero ...
le iría? Aun recurriendo á la venta de romances
- Cómete ese pero, pues ya sé lo que ibas á decir.
recelaba, porque sabía que los sevillanos no son El Sr. Basilio se encarga de todo.
romanceros. Pens~ba en otro extremo que le azoraba
- ¡De todo! ¿Y de qué se encarga?
un tanto: había hecho una promesa de conciencia,
- De tu traslación á Sevilla, de tu manutención
la cual era la de dar al ciego Tanasio la sexta parte mientras dure la cura y de pagar al facultativo, si no
de lo que le tocara en la lotería, y ahora tenía cona- la hace gratis. ¡Vaya! ¿Qué dices, te conviene? ¿Te
tos de creer que se había comprometido con alguna has quedado mudo?
ligereza. ¡Desmembrar cinco mil y pico de reales de
- ¿Que he de decir, Sr. Simón? Que Dios les paun premio que no era una gran cosa!; y luego, ¿qué
había hecho el ciego para encontrarse de bobilis,bobilis
con semejante fortuna, pues éralo en efecto para un
menesteroso que reunía trabajosamente dos ó tres
reales diarios? ¿Por ventura habíale Tanasio regalado ni siquiera fiado el décimo? Con unos cien duros
á lo más estaba ~ien recompensado el expendedor
de billetes. Respecto á este particular se libraba dura
batalla en el ánimo del Sr. Basilio entre su temerosa
conciencia y su interés. Pero en honor á la verdad,
venció aquélla y reiteró la promesa que había hecho.
Daría al ciego lo prometido, junto ó por plazos, según conviniera mejor, y ya buscaría el medio de hacerlo sin excitar sospechas. Era forzozo: la Providencia no podía tolerar dos faltas simultáneas, como
eran: apropiarse un dinero que no le correspondía y
faltar á lo que había prometido.
¡Y luego sostienen los librepensadores que no
sirve de nada el freno religioso!
Me consta positivamente que el librero hizo su
viaje agitado por los antedichos pensamientos; mas
respecto á la señora J esusa sólo puedo decir que en
la primera estación compró á un vendedor ambulante un capacho de bocas de la Isla y que se le comió
todo entero antes de llegará Sevilla. Un mes después
el Sr. Basilio tomó en traspaso en esta ciudad, y en '
su calle de Génova, una librería bastante decorosa,
en donde, y sea dicho de paso, el autor de estas
líneas tuvo_ el gusto de conocer á la insigne escritora conocida por el seudónimo de Fernán Caballero.

·-..

/11)': ;g~- ~;"~

.

NúMERO

NúMERO

515

LA

lLOSTRAClON ARTÍSTICA

gue á ustedes la caridad. ¡Recobrar la vista! Ver á las
gentes, el sol, los barcos! Sería un bien tan grande
que no podrá ser.
- ¿Por qué no?
- ¡Cuánto me alegraría por mi niña! ¡Pobrecita!
¡Trabajarla para ella: aún soy joven y robusto.
- Pues todo eso será. ¿Quedamos en que vas á
Sevilla?
- ¿Con la chiquitina?
- Por supuesto. ¿Tienes algún preparativo de viaje que hacer?
- Poca cosa, señor. Tenemos un cofre pequeño.
- ¿Debes algo en tu casa ó en alguna ~arte?
- ¡Nada, á Dios gracias!
- ¿Necesitáis alguna prenda tú ó tu hija?
- No tenemos más que lo puesto, pero creo que
no estamos indecentes. La chiquitina es la que anda
mal de calzado.
- Toma para que se le compre, dijo el bueno del
zapatero dando á Tanasio cinco duros. Mañana á
las cuatro de la tarde avisas en la administración
del ferrocarril para que te lleven el baúl. A las cuatro y media estás aquí con tu hija. De lo demás yo
me encargo.
- ¡Oh, Sr. Simón! ¿Cómo agradecer á usted? ...
- A mí nada: al Sr. Basilio, por cuya cuenta obro.
¡Conque al avío! Mañana aquí á las cuatro y media
en punto.
V

El librero cumplió todas sus promesas.
Alojó al ciego y á su hija en una posada de las
Siete ~ev~eltas, á razón Ele seis real~s por persona; y
el médico mglés colmó esta o&amp;ra caritativa devolviendo la vista á Tanasio en el corto espacio de dos
m,eses.
Durante los primeros días el ciego estuvo casi
loco de alegría, y no se saciaba de andar de Ceca en
Meca, viendo y admirándolo todo. Cuando se hubo
sosegado, _como era hon_rado y act_ivo pensó en ganarse la vida, y c_o_nsulto con ~l librero (á quien ya
llamaban D. Basilio) su propósito de dedicarse á su
antiguo oficio de albañil, único que sabía.
- No, le dijo éste: las mismas causas producen
siempre los mismos efectos, y volveríamos á las andadas, esto es, á tu ceguera. He pensado para ti en
una ocupación más sosegada y lucrativa.
- ¿Ha pensado usted? ... exclam6 el ciego, que no
acertaba á darse cuenta de los repetidos favores del
librero. Pero Sr. D. Basilio, ¿qué he hecho yo para
merecerle tantas atenciones?
- Ser paisano mío y honrado y bueno y trabájador.
Pero vamos á lo que importa. ¿Conoces un puesto de
agua que hay en la plaza del Triunfo?
- ¿El que está pegado al alcázar?
- Sí, no hay otro.

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•

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Exposici6n Universal de Chicago. - Pabell6n de la secci6n de pesquerías

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J

IV
La librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas
de Lope habíase transformado en frutería. Nadie se
acordaba ya en Cádiz del Sr. Basilio y familia., si se
exceptúa Rafaelita, la hija del ciego Tanasio, que algunas veces al sentarse con su padre en los guarda-

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Exposici6n Universal de Chicago. - Palacio de máquinas

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- ¡Vaya si le conozco! Anteanoche estuve allí con
mi niña, que la gustan mucho los higos chumbos.
Por cierto que ol decir que traspasaban el aguaducho.
- Así es: Pardo el dueño del puesto va á Améri;.
ca. Ya he hablado con él, y si tú quieres se le tomo
para ti. El traspaso es algo caro: cien duros; pero los
vale: me he enterado bien.
El ciego no acertaba á hablar de sorpresa y de
agradecimiento.
- ¡Vaya! ¿Te conviene el oficio?, preguntó el librero.
Inútil será decir que Tanasio aceptó el ofrecimiento deshaciéndose en prote~tas de gratitud. D. Basilio,
después de pagado el traspaso, que era con enseres
y todo, &lt;lió á aquél quince duros para la instalación, y
hecho esto exhaló un suspiro de satisfacción. Estaba
contento de sí propio. En el viaje del ciego y su hija
á Sevilla, en el pago de hospedaje de éstos, en las
medicinas necesarias para la curación de Ta11asio,
en dos cajones de cigarros habanos que regaló al
oculista inglés, que había hecho gratis la cura, y en
el traspaso y toma de posesión del aguaducho, el
honrado de D. Basilio había empleado íntegros los
cinco mil y pico de reales, que según promesa mental correspondían al ciego del premio de la lotería
Por eso estaba contento de sí mismo, y el primer día
de fiesta que fué á oir misa á la catedral, se encaró
con la Virgen de la Concepción de Montañés, de la
que era especial devoto, como diciéndola:
- ¿Qué tal, gran señora?
D. Basilio daba á la Virgen el mismo tratamiento
que el catecismo de Ripalda. Y parecióle que la santa imagen, mirándole cariñosamente le contestaba:
&lt;Muy bien, Basilito: eres un hombre de palabra,
estoy satisfecha de ti.Y&gt;
Porque los buenos cristianos somos así; creemos
que Dios y toda la Corte celestial se ocupan de nuestras menudencias.
En cuanto á Doña Jesusa, la señora del librero,
era una buena mujer que dejaba hacer á su marido
y no se metía en nada. Con comer bien (como co·
mía) y con poder revolverse á sus anchas en la amplia tienda y trastienda de la librería estaba satisfecha.
Engolosinado con el premio de lotería que había
cobrado de bobilis, bobilis, D. Basilio jugaba á aquélla
frecuentemente, pero jamás volvió á tocarle ni un
mínimo premio de treinta pesetas, En la librería le
iba mediar;iamenre, es decir, que le preducía para
vivir con holgura, pero no para ahorrar ni un céntimo. Durante algún tiempo creyóse desgraciado;
pero luego, renunciando á sus sueños de fortuna, se
resignó, dándose por satisfecho con poder sacar
adelante á su único hijo Juan y hacerle hom0re.
En cuanto al ex ciego Tanasio (ahora Sr. Atanasio), parecía que una hada benéfica hab,íale. tocado
con su varita encantada. Todo le salta bien. El
aguaducho de la plaza del Triunfo era una mina y
el sitio predilecto de la marinería del río y de las

simpáticas cigarreras
que iban ó venían de la
fábrica. Atanasio era el
genio de los confites y
el rey de los higos chum·
bos (en su tiempo).
Hallábase en su esta·
blecimiento como el pez f'n el agua, y si él tenla
fama de limpio y obsequioso, su niña Rafaela era
una maravilla de gracia y donosura. Ella atendía á
todo como una mujercita, aun(iue algunas veces se
distraía jugando (como en Cádiz en la plaza de Las
Barquillas de Lope) con J uanito, el vástago del librero, que iba con frecuencia al aguaducho á hartarse de
panales y golosinas.

o---·- .....,

ba algo más fresco de sus ardores políticos y ambiciosos, ocupábase someramente del ramo de mujeres.
D. Basilio también había vuelto á hacerse ambicioso por causa de su hijo, y juiaba con encarnizamiento á la lotería, pero en balde: la fortuna le volvía la espalda, y veíase precisado á vegetar en la mo•
desta holgura de su librería.
Son mucho cuento los caprichos de la fortuna simbolizados en la lotería. A D. Basilio no le tocaba ésVI
ta nunca y al ex ciego Tanasio le tocaron catorce
premios en los catorce años que he indicado. PrimeTranscurrieron catorce años.
ramente fueron premios de escasa cuantía, hasta que
Debo dejar este párrafo aparte como en las nove- en una de las extracciones de desagravio de Navidad
las por entregas.
pescó uno de ciento cincueRta mil pesetas. Y con esto,
Cuando se lleva una vida tranquila, sin grand1ts caten ustedes á don Atanasio hecho un hombre. Convaivenes de fortuna y con las sosegadas pasiones que servó por agradecimiento el aguaducho de la plaza del
prescriben la moral y la higiene, el tiempo pasa con
rapidez, y cuando los que nos hallamos en este estado de sosiego recordamos algún incidente lejano, solemos decirnos: «Me parece que fué ayer. Y&gt;
En-este caso se hallaban D. Basilio el librero de
la calle de Génova y s11 digna esposa Doña J esusa.
En la parte física habían cambiado algo, como es natural, y algo más en la moral, no por causa de ellos,
sin@ por la de su hijo Juanito. En otros tiempos,
éste hubiérase dedicado tranquilamente á la ocupación de su padre, la cual sin quebraderos de cabeza
le aseguraba el pan nuestro de cada día; pero ¡vayan
ustedes á sujetar la imaginación de la juventud del
segundo período del siglo x1x! Desde que empezó á
piñonear el muchacho salió ambiciosillo y travieso,
no se avenía al limbo de la librería de su padre, no
quiso seguir carrera alguna bajo el pretexto de que
no podía sujetar su imaginación al estudio rutinario,
y se dedicó á periodista y político con ribetes de
literato.
Su bello ideal era presidir el Congreso de los diputados en una situación avanzada, y á fuerza de
machacar convenció á sus padres de que para obtener este resultado érale preciso residir en Madrid. Exposici6n Universal de Cbicago. - Pabellón de In secci6n
de minas
D. Basilio en su fuero interno estaba orgulloso de
las levantadas ideas de su hijo, y consintió pasarle
en la corte una modesta mensualidad. Con esta base Triunfo, poniendo al frente á una persona de conJuanito hizo en Madrid lo que todos los jóvenes fianza; pero él dedicóse á negocios y su preciosa hija
despabilados. Colaboró en periódicos, &lt;lió conferen- Rafaela á )tacerse unll perfecta señorita.
cias en el Ateneo é hlzose amigo del jefe de un par·
Los negocios de don Atanasio (todos limpios, por
tido político importante.
supuesto) prosperaron, y en cuatro ó cinco años lleCuando vuelvo á presentarle al lector, á los diez gó á la envidiable categoría de millonario. Compró
y nueve años de edad, esperaba no sin cierta impa- entre otras cosas una gran casa en la calle de Triana
ciencia á que los suyos·subieran al poder. Iba á Se- y un cortijo y h_uerta en el pueblo de Brenes, que le
villa un par de veces al año, en el tiempo de la feria producían un dmeral de renta, y sin embargo Rafaey al principio de otoño, antes de que se abrieran las lita, la mimada hija del ex ciego, que era u~a muCortes, y entonces y sólo entonces, cuando se halla- cbacha con toda la gracia gaditana, que ponía el

�TRABAJOS EN EL TÍBER, cuadro de Enrique Serra. (Expuesto en la Exposición de Berlín del presente año y adquirido por S. M. el Emperador ~ AlcJ'.lania.)

�LA

lLUSTKAClON ARTlSTlCA

mingo en Sevilla en cuant0 á vestir, que tenía un sa, que es una de las estrellas de los salones de
coche de ciudad y otro de colleras y que. se veía Madrid.
oseada por jóvenes guapos y finos, estaba tnste, penEl verídico, aunque desaliñado relato que acabo
sativa y como desmadejada.
de hacer, contiene una máxima y una moraleja.
¿Por qué?
La máxima es esta:
Lo diré en párrafo aparte, que bien se lo merece.

VII
Son sensibibidades casi exclusivas de mnas y
muchachas provincianas, casi desconocidas en Ma·
drid, desde que se lee á Zola y á otros descreídos de corazón. Desde que Rafaela, c_uando servía de lazarillo á su padre, jugaba algunos ratos
con el niño Juanito á la puerta de la librería-chiribitil de la plaza de Las Barquillas de Lope, concibió infantil inclinación hacia aquél, que fué en el
transcurso de los años convirtiéndose en pasión
profunda y arraigada. Ni de niño ni de joven lo
merecía el hijo del librero: de niño por lloran y
díscolo, y de joven por fatuo, pretencioso y no bien
encarado.
Pero las mujeres son como las gallinas, que pican...
lo que no debían picar, y Rafaelita, que desde po·
Huela fué un modelo de gentileza y no se daba mano
á contestar á piropos y pretensiones, sólo pensaba
en Juanito, el contrahecho y gomoso periodista, que
sólo se dignaba verla de vez en cuando y que apenas
si se fijaba en ella.
Rafaela, que era celebrada en Sevilla por su hermosura y elegancia, le comía con los ojos, que eran
dos luceros, y no obstante él cuando oía hablar de
ella hacía una mueca desdeñosa.
¿Qué querría aquel mamarracho? Pues nada: ~encillamente la presidencia del Congreso de diputados.
He aquí las consecuencias de la civilización: los
jóvenes de veinte años escasos, como era Juanito,
que sólo debían pensar en tejer danzas con las muchachas, como los pastores de Florián, ahora sólo
piensan en gobernar el país como si fuese la cosa
más sencilla del mundo.
Lo cierto es que Rafaelita, la perla de Sevilla, íba·
se quedando flacucha, desmejorada y desanimada.
Sentía por el hijo del librero pasión de áni~110 afección tan rara en estos tiempos como la antigua elejantlziosis de los árabes. Afortunadam~?te sucedió
que Dios iluminó el cerebro de D. Bas1ho, cosa que
no acostumbraba á hacer, para aprovechar una ocasión.
Fué esta la venida á Sevilla de su pretencioso vástago Juanito un mes de junio, poco después de ce·
rrarse los parlamentos. Había escrito en El .i'1finistril un violento artículo de oposición titulado Faenas
inútiles, y volvía á la librería paterna con un humor
de todos los diablos. Aspiraba á la presidencia del
Congreso y no había conseguido ni siquiera ser diputado.
- Es imposible, padre, dijo al autor de ·sus dfas,
por más cualidades que se ter-1gan, es imposible llegar á nada faltando la posición ó fortuna.
- Eso me lo tengo yo calado hace tiempo, observó el librero; pero no be querido decirte nada por no
contrariarte. Has equivocado el camino.
-¿Por qué?
- Porque antes de la posición debías haber buscado la fortuna.
-¿Cómo?
- Sencillamente; casándote con una mujer rica.
- ¡Ay, padre! Ese género anda por las nubes...
- Con tu ligereza, con tus cualidades...
J uanito no era pretencioso en lo tocante al físico,
así es que contestó al chocho del librero:
- Ya no existen mujeres ricas que se enamoren de
esas cosas; si siquiera hubiera llegado á ser un diputado...
- ¿Cómo que no existen?, replicó D. Basilio. Por
lo menos sé de una que sólo está esperando á que la
hagas la seña del tres.
El librero, inspirado por el cariño paternal, había
visto más claro que su obtuso hijo. Este, que no lo
fué tanto en aquella ocasión, comenzó á pensar en
lo que le convenía y reparó en ,los buenos ojos y
blancas manos gaditanas de Rafaela, la enamorada
hija del millonario D. Atanasio.

fuega á la lotería nacional,
A1111q11e esto salga casi sit111pre 111al.

La moraleja es la siguiente:
Cumple siempre las promesas que te hagas á ti
mismo ó á los demás, y te verás recompensado en
tus hijos y tal vez en tus nietos.

F.

MORENO G ODINO

NUESTROS GRABADOS
El brindis, copia de una fotografía de dc;m
Rafael Arañas. - No se trata de una belleza concebida
por la imaginación del artista n~ de un~ de esos tipos qu_e más
que copia de un modelo determrnado vienen á compendiar en
uno solo los rasgos salientes de varios individuos aisladamente
estudíades; trátase, por el contrarío, de una reproducción fotográfica es decir, de la expresión de la verdad directamente
obteni&lt;la, con lo que si la obra desmerece un tanto desde el
punto de vista de los altos finesartlsticos, en cambio gana no poco la persona que sin necesidad de embellecimientos artificiales
ha podido, tal cual es, ofrecer al objetivo del aparato fotográfico materia para un verdadero cuadro, como el que la fotografía tan hábilmente hecha por el señor Areñas por si sola cons·
tituye. La belleza y la gracia de las muchachas andaluzas que
tantas veces hemos celebrado reproducidas en obras pictóricas se nos presenta aquí llena de vida, con lodo el colorido
de Ía realidad, y á su vista preciso es confesar que en éste,
como en otros muchos puntos, da la naturaleza quince y raya
á los artistas, y que al lado de sus obras palidecen, en cierto
ruodo, las creaciones del hombre, dignas de elogio cuando á lo
natural se acercan, pero nunca tan perfectas y tan acabadas
como las que de aquélla salen.

• ••
Retrato de Madama Bonnemain y tumba en
donde ésta enterrada en el cementerio de
Bruselas y donde se suicidió el general Boulanger. - El hombre que en un momento dado llegó á ser la
personalidad más popular de Francia, el que pudo ser considerado como una esperanza positiva para el dia de la revancha,
el que pareció un tiempo ser árbitro de los destinos de su pa·
tria, puso fin á su vida ni más ni menos que hubiera podido
hacerlo el protagonista de una de esas novelas románticas que
tan de moda estuvieron á mediados de este siglo. No hemos
de entrar en detalles acerca de este suicidio, porque harto los
han reproducido todos los periódicos del mundo: sabido es que
desde la muerte de ~me. Bonnemain, el general se sintió invadido de profunda melancolía que nada bastaba á disipar, é
int:ntó varias veces darse muerte, cosa que oportunamente
pudieron ev\ta~ sus allegados. En la mañana del día 3? de
septiembre ultimo fué, como de costumbre, al cementerio de
Ixelles á depositar un ramo de llores sobre el sepulcro de la
mujer á quien tanto amara y cuyo recuerdo no podía apartar
de su pensamiento, y después de contemplar largo rato la losa
que cubría el sepulcro, sentóse en el suelo, recostóse en el pedestal del monumento y disparó sobre su sien derecha el revólver cuya bala salió por la izquierda produciéndole instantánea muerte.
En la cara posterior de la tumba de Mme. Bonnemain babia hecho poner el general una inscripción donde se consignaban la fecha del nacimiento y la de la muerte de aquélla; en la
principal mandó grabar estas dos palabras: ¡Hasta pronto!
Boulanger cump_Jió la promesa que _esto sig?ificab!: Margarita
Bonnemain munó á la edad de tremta y crnco anos, el 15 de
julio y á los dos meses y medio se suicidaba junto á su sepulcro ~1 que por ella habla sacrificado su porvenir militar y su
popularidad polltica,

***
Los primeros fríos, cu~dro de Davidson
Knowles.-¡Cuán distintas impresiones los primeros frios
producen! «¡Benditos sean!,&gt; dicen aquellos que á su solo
anuncio ven desarrollarse ante sus ojos un panorama de notas
alegres donde se confunden los trajes lujosos, las habitaciones
confortables, los trenes espléndidos, los teatros deslumbradores y las recepciones brillantes. C! Malditos!&gt; si es que fuerza
para maldecir tienen, ex~laman l~s desdichad¡¡s para _qui~nes
la primera helada es tétrica menSaJera de horrores y m1senas y
en cuya imaginación surgen anticipados, pero con todo el relieve de la realidad recordada ó presentida, los cuadros sombríos de una vivienda destartalada, de un hogar sin lumbre y
de unos seres queridos que perecen de frio y de hambre sin que
basten á resguardarles del uno ni á aplacar el otro los harapos
y el mendrugo de pan que pueda proporcionarles el trabajo y
á falta de éste la caridad.
¡Qué alegre es el invierno para los primeros; para los otros
cuán desesperante!
La dama tan admirablemente pintada por el reputado artista inglés Davidson Knowles, cuéntase en el número de los
privilegiados; envuelta en ricas pieles y elegantes vestiduras
que no ofrecen intersticio algüno por donde el aire helado lleConsecuencias:
' gue al cuerpo, espérala sin duda el_ abrigado coche que ha de
En la actualidad, Juanito es el Exmo. Sr. D. Juan conducirla á su morada, fortaleza mexpugnable donde.el f,ío
·
é é
h del exterior no penetra, ¡Feliz ella que no conoce del invierno
Alberto Mochales; que tiene no s qu gran cruz, ª sino las alegrías! ¡Más feliz aún si conociendo sus tristezas su
sido padre de la patria dos veces y el mejor día será corazón la mueve á remediarlas!
abuelo, ingresando en el Senado. Su esposa Doña
Rafaela Pérez de Mochales con el matrimonio se
* •
ha curado de su pasión de ánimo. Ignoro si es feliz,
Exposición Universal de Chicago.-En el númeá pesar de los ataques de reuma que suelen aque- ro 410 de LA ILUSTRACH3N ARrfsncAnos ocupamos extensa•
jarla; pero me consta, porque se dice en la pren- mente de esta fiesta colosal que en conmemoración del cuarto

NúMERO

515

NúMERO

LA

515

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

centenario del descubrimiento de América prepara la capital
norte-americana. Hoy nuestra tarea se reduce á describir someramente algunos edificios que han de formar parte de la
misma, junto con los que ya entonces describimos y con los
que iremos publicando en otros números.
El edificio de la sección de minería tendrá 700 píes de largo
por 350 de ancho y 65 de alto; tendrá una entrada á cada lado
además, de las principales, abiertas en las fachadas Norte y
Sur. Esta última será de colosales dimensiones (I 10 pies de
alto por 32 de ancho) y dará acceso á un vestíbulo de 88 pies
de altura. En cada ángulo del edificio habrá un pabellón coronado por una cúpula rodeada por un balcón circular.
El pabellón de la Pesca y pesquerías es de estilo hispanoromano y formará agradable contraste con el estilo en cierto
modo clásico de los otros edificios: su longitud máxima es de
I. 100 pies y su anchura de 200. Dividido en tres secciones, en
la central se expondrán todo Jo relativo á la pesca.en general
y las otras dos serán destinadas á la pesca con caña y al aquarium. Este pabellón será de fijo uno de los que más interés
despertarán en los visitantes de la Exposición por la variedad
de curiosas instalaciones que en él se proyectan.
Del paballón de Horticultura, cuya entrada principal reproducimos, ya hablamos detalladamente en el citado ní1mero,
cuando publicamos la vista general del edificio.
La galería de máquinas tendrá 850 pies de largo por 500 de
ancho y en su interior presentará el aspecto de tres grandes estaciones de ferrocarril, una al lado de otra: en cada una de
ellas habrá una grúa colosal movible colocada en Jo alto para
mover las máquinas y las plataformas en donde se colocarán
los visitantes que quieran ver esta sección lo más cómodamente
'posible. Todo funcionará alli por medio del vapor. Una columnata pondrá en comunicación esta galería con el palacio
de la Agricultura. Dados los adelantos que cada día registran
los anales de la ciencia del ingeniero, no es aventurado asegurar que en esta sección podrán admirar verdaderas maravillas
y contemplar sorprendentes aparatos los que tengan oídos á
prueba de estrépitos; pero de fijo que no todos los que alli acudan podrán resistir el espantoso ruido que han de producir
tantas máquinas funcionando á la vez dentro de aquel recinto.

** •
Después del baile, cuadro de Conrado Kiesel.
- Este pintor goza de especial renombre en el mundo del arte
y de que tal fama no es injustificada habrán podido convencerse
nuestros lectores por las obras de su pincel salidas, Yttm• Y1111t
y Elena, que ha reproducido LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA en
sus números 389 y 46o.
La hermosa figura que hoy publicamos es por su expresión,
por su dibujo correcto y por su bien entendido clarobscuro
una nueva demostración de que en su género pocos aventajan
al artista alemán, y viene á aumentar con un ejemplar de gran
valla la colección de bellezas femeninas que éste se ha propuesto formar, dando con ello pruebas de exquisito gusto.

.
••

Trabajos en el Tíber, cuadro de Enrique Serra, adquirido por el emperador de Alemania. - Pocos números hace, u12 distinguido critico trazaba en las columnas de LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA un juicio tan justo como favorable
de la personalidad de nuestro cfütinguido paisano, considerándola desde el punto de vista artístico. Ni á Jo que entonces
dijo Federico Rahola, ni á lo que en repetidas ocasiones he·
mos apuntado acerca de las obras de Serra en este periódico
publicadas, hemos de añadir nada con motivo del cuadro que
hoy reproducimos. Cuantos elogios pudiéramos hacer del aútor
hechos están en nuestras páginas; cuantas alabanzas nos fuera
dable prodigar á Trabajos en el T{be1·, huelgan teniendo el
cuadro á la vista; éste se alaba por sí solo, no es 111mesler a/aballo.

Esta obra, modelo de naturalidad y prodigio de ejecución,
fué extraordinariamente admirada en la última Exposición Internacional Artística de Berlín, y adquirida por el soberano alemán, que si atiende con especial cariño á las cosas de la guerra, no por eso descuida el fomento ele las bellas artes, cuyo
florecimiento es uno de los más preciados beneficios de la paz.
*
••

El japonés Morimoto, célebre por sus muecas extra.ordinarias. - Los japoneses muestran afición
extremada á las muecas y deformaciones del rostro, siendo este
gusto extrañ11 un indicio del amor á lo grotesco, de que dan
muestras en todas las manifestaciones de su arte.
Existe en la ciudad de Kioto una calle entera consagrada á
teatros, cafés cantantes y barracones de saltimbanquis de todo
género. En uno de estos últimos luda, no hace mucho, sus habilidades un tal Morimoto, cuya especialidad consisúa en hacer muecas verdaderamente sorprendentes; este sujeto disloca•
ba los nervios de su cara de una manera espantosa, haciendo
subir sus labios inferiores y su barba de tal modo que cubría
con ellos la punta de su nariz, ocultando su boca entre los pliegues de las mejillas, ejecutando, en suma, los visajes más inverosímiles.
Entre los ejercicios más aplaudidos por el público que asis·
tia á sus representaciones figuraba el de representar, envuelto
en un gran paño encarnado y agachándose hasta esconder sus
piernas, al dios Daruma, el más popular del Japón, de quien
dice la leyenda que vivía entre montañas en la mayor austeridad y andaba siempre hasta el punto de que se le gastaron
poco á poco las piernas por el uso continuo que de ellas hada.
Otro de sus grandes éxitos lo conseguía presentando la cara
del dios de la Riqueza, alegre, cuando cree encontrar un tesoro
y descontento cuando su ilusión se trueca·en desencanto.
La figura l. ª de nuestro grabado representa á Morimc,to
con su cara natural, la 2. ª y la 3.ª al dios de la Riqueza en sus
dos distintos ·estados y la 4.• al dios Daru111a. Tod~s están
tomadas de fotografías, que costó no poco trabajo obtener, no
porque el célebre japonés no se prestara á retratarse, sino
porque su afición al·licor llamado saké le ponía en tal estado
que era imposible llevarlGá casa del fotógrafo.

.

JABON REAL ,

¡v:roLETI

JABON

DET HRIOAC E 29_;:;:1~ü::~,w VELOU T I_N E
wm11daio1 per ntonhtr.1 attli:u gua la itrtm de II Pill 1 &amp;111111 tll Cola,

El cadáver fué colocado en unas angarillas

GARDINETA
POR ANTONIO ALBALAT.-ILUSTRACIONES DE MONTENARD

Hacía ya una semana que Simón había desaparecido, sin que se pudiera saber si estaba vivo ó muerto· inútil fué recorrer los bosques, explorar las montafias y tallares, pues en ninguna parte se le encontró. En todas las granjas del caserío de Ingardín
este incidente contristaba á las buenas campesinas,
que se comunicaban sus impresiones por la noche
al débil resplandor de las estrellas, cuando salían á
tomar el fresco á las puertas de sus casas. ¡Qué gallardo mancebo era el tal Simón! ¡Este sí que tenía
talla para defenderse! Amado por su buen carácter,
muy conocido en el país, vencedor en todas las ~estas y festejado por las muchachas, habíase!e visto
salir cierta mañana para ir á vender sus carneros á
la feria de Barjols; volvió por la noche con su dinero,
y al día siguiente ya no se le vió más. ¿Fué víctima
de algún ladrón, ó habría huído después de hacer
una calaverada? Sin embargo, un mozo de su temple
se hubiera defendido, y sabíase que era incapaz de
robar á nadie,
En esas hermosas noches de Provenza. á la luz de
la luna, cuyos rayos melancólicos ilu~inaban la cam•
piña azul las mujeres se referían, mientras sacaban
agua de Íos pozos, los amores de Simón con Gardineta, hija del anciano Tomá~. Ta~to y tanto_ hab~a
hecho este viejo avaro para 1mpedtr el matnmomo
que le desagradaba en extremo, que cierto día. su
hija rompió con Simón, después de haber descub1~rto que tenía relaciones con una cabrera de la granJa.
Sin perder tiempo, el padre prometió ceder la mano de
Gardineta á un mancebo rico de la vecindad llamado
Juan, que la joven adoró muy pronto con una de
esas ternuras que nacen del despecho y que tanto se
parecen al verdadero amor. Este Juan tenía un padrastro rico, el cual debía dejarle toda su fortuna.
Ahora bien: precisamente en el momento en que d~bía quedar concertado el enlace, he~e aquí que Simón, el primer enamorado de Gardmeta, abandonó
el país. ¿Sería una casualidad, 6 m~rchó para no presenciar el matrimonio? Los campesmos no lo creían;
pero las mujeres se encogían de hombros, mientras
retiraban las sillas para entrar en sus casas y acostarse, después de sus largas conversaciones nocturnas en las cuales no se hablaba de otra cosa .. .
Cierta mañana el pequeño Chois, que guardaba
los pavos á la entrada del caserío, lleg_ó corriendo
como un loco, seguido ole sus aves y gntando á voz
en cuello:
- ¡He visto á Sim6n ... allá abajo, en el pantano! ...

Las mujeres salían de sus casas uniendo las manos en ademán de súplica; los hombres abandonaron
el campo, y buscando cuerdas y horquillas, acudieron todos tumultuosamente al pantano, que era una
especie de pudridero donde se arrojaba el estiércol;
apartaron el ramaje que cubría la superficie, y en el
mismo instante resonó un grito de horror al ver dos
grandes zapatos y una blusa azul flotando en el agua,
¡Pobre Simón! Buscábanle muy lejos, y todos los
días al volver del trabajo pasaban junto á él sin verle.
Horrible fué la operación de extraer el cadáver del
pantano en aquel día de calor sofocante: la mandíbula inferior estaba rota, la boca desfigurada, la piel
tenía un color violáceo y en medio de la frente veíase un orificio; los brazos, extendidos del todo, parecían los de un maniquí; una nube de moscas zumbaba alrededor de la cabeza, y los ojos, abiertos, estaban blancos como los de un ciego.
No fué cosa fácil sacar el cuerpo de allí; y las mujeres retrocedieron, poseídas de espanto, mirando
desde lejos la horrible operación; el cadáver fué colocado en unas angarillas, lúgubres por demás en
aquel brillante día de verano, cuyo calor hacía sudar
á los portadores. El sol iluminaba de lleno las facciones desfiguradas del asesinado, que tenía la cabeza
echada hacia atrás, los brazos rígidos y el cabello
impregnado de sangre; el agua y el cieno goteaban
de sus ropas; el vientre se había hinchado, y el cuerpo exhalaba un hedor insoportable que el viento de
las montañas mezclaba con el perfume de la retama
y'de los trigos maduros.
Este drama áterrorizó á las doce familias que constituían la escasa población de Ingardín, donde jamás
se había cometido ningún crimen. El cadáver se
dej6 durante la noche en un cobertizo, donde le velaban solamente las langostas y los grillos, sirviendo
de oració11 fúnebre el grito &lt;ile los mochuelos ocultos
en las encinas. Aquella noche no hablaron las mujeres debajo de los árboles; trastornadas por la presensencia del muerto, las campesinas se acostaron muy
temprano, sin que nadie osase abrir la puerta de su
casa; las ventanas permanecieron cerradas, y hasta
que rayó la aurora las jóvenes se estremecieron en
su lecho al oir á los perros ladrar delante del cobertizo. Gardineta, que á pesar de la prohibición de su
padre fué á ver el cadáver durante el dia, volvió
anegada en llanto, y cuando entró en su aposento y
pensó que había amado con todo corazón al difunto,
no J?Udo contener sus lágrimas en largo rato. Juan,

su novio, fué el único que se mostró insensible; comió con la mejor gana, según costumbre; y Gavot,
su mozo de labranza, dijo que se había alegrado al
parecer cuando se le anunció la muerte de Simón,
cual si hubiese tenido á dicha verse libre de un rival
por el que atormentaba de continuo á Gardineta. Su
frialdad indignó á todo el mundo.
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, la justicia llegó á Ingardín: de un carre con toldo, tirado
por dos caballos, apeáronse delante del cobertizo, en
medio de las mujeres y de los aldeanos reunidos, el
juez instructor, señorón que vestía levita larga; el
fiscal, miope y con patillas rubias; el médico, oficial
de la Legión de honor, y por último un esc;ribano,
hombre pequeño con su correspondiente bastón y
con los lentes ahumados. Cuatro gendarmes á caballo
servían de escolta.
Acto continuo procedióse á las primeras averiguaciones con una calma que sorprendió á los buenos
campesinos, y registrado el cadáver, encontróse sujeto con un alfiler en la camisa de la víctima un billete
de cien pesetas, tan empapado en agua, que apenas
se reconocía ya. Instruido el proceso verbal, se colocó el cadáver en una carreta para transportarlo á la
ciudad vecina, y dióse principio á la información sin
salir del cobertizo, pues el calor era insoportable en
aquellas montañas. Los aldeanos permanecieron fuera, mudos y pensativos como siempre, con su pipa en
la boca y esperando á que se les interrngase; las
mujeres hablaban en voz baja, y todos parecían impresionados por aquella escena, sin comprender
bien lo que de ellos se quería.
Algunos, cansados de fumar y escupir, volvieron á
su trabajo. Cuando los gendarmes abrían la puerta
para llamar á los testigos, 0íase el cant0 monótono
de las cigarras y se veían enfrente los pinares inundados de luz. Mientras el escribano hacía correr la
pluma sobre el papel, el juez, con IGs codos apoya•
dos en la mesa, interrogaba á los campesinos, confundiéndolos con tantas preguntas que ya no sabían
qué contestar.
La vida de Simón, sus relaciones, su v.iaje, tedo
fué referido, comentado y consignado por escrito.
El juez se rascaba la barba y tosía á cada instante
con aire discreto; y al preguntar «¿de quién sospechan ustedes que haya podido venir el golpe?,) los
aldeanos contestaron, encogiéndose de hombres
•
l
«seguramente no es mnguno del país, señor juez.»
Uno de ellos se aventuró á decir: «Alguien habrá

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

515

- He podido decir eso, sí, replicó; pero sin maliseguido á Sim6n al volver de la feria, de donde traía te la muerte una indiferencia celosa, como si la
dinero, y es muy posible que le hayan matado para muerte no desarmara todos los odios. A causa de cia, sin pensar en mal.
Y blandiendo su kepis con ademán de cólera,
robarle.» Pero el juez extrañaba que el asesino no este rencor, su cariño á Juan disminuía, aumentan~
hubiese encontrado el billete de Banco al registrar do el que antes le inspirara el difunto, su primer añadió:
- Ese canalla de Gavot es quien ha chismeado;
á su víctima; y por otra parte, ¿c6mo podía creer el amor; y trataba de comprender la tranquilidad de la
pero
ya me la pagará.
tumba
ante
el
silencio
profundo
que
reinaba
en
las
asesino que Sim6n, después de dormir en la aldea,
- Id á buscar á Gavot, dijo el juez, haciendo una
en la noche de su vuelta, llevase aún el dinero con· altas regiones y en las colinas iluminadas en aquel
momento por los argentados rayos del astro de la señal á los gendarmes.
sigo al día siguiente?
Durante la ausencia de éstos, Juan acabó de en•
:... ¿No tenía ningún enemigo en el país?, pregunt6 noche.
El viento agitaba á intervalos ligeramente las ho- redarse cuando tuvo que detallar el empleo de sus
el juez.
Los campesinos se miraron sin responder, y al fin jas de los árboles, que producían entonces suave horas, minuto por minuto, sus actos y sus idas y verumor; oíase por todas partes el grito monótono de nidas, lo cual no era fácil, por repetirse á cada mouno de ellos contest6:
- No, señor juez, pues no podría decirse que los mochuelos; los murciélagos volaban por delante mento la misma frase:
- ¿Tiene usted testigos?
Juan fuera su enemigo porque estuviese celoso de él de la ventana; en el jardín maullaba un gato; y pen- ¿Testigos?
sando
que
todo
pasa,
que
todo
se
va,
el
amor,
la
viá causa de Gardineta.
-Sf.
- ¿Quién es ese Juan?, pregunt6 el magistrado. da, los dolores y las alegrías, la joven se arrodilló, y
-¿Para qué?
allí, ante el puro cielo, ese hermoso cielo de Dios,
¡Que vayan á busqtrle!
Juan no los tenfa, ni se acordaba de cosa alguna;
El juez daba sus 6rdenes tranquilamente, como si oró por el difunto.
«¡Dios mío!, murmuró. ¡Tened compasión de él! y aturdido al fin por aquel angustioso interrogatorio
se tratara de una mala inteligencia que se aclararía
y la acumulación de pruebas, tropezaba á cada paso.
¡Recibidlo en vuestro santo Paraíso!. .. »
mur pronto.
Entonces pensó en huir; mas la puerta estaba guar- ¡Ah!, añadió, que venga también Gardineta ...
' ...
A la mañana siguiente, á eso de las cinco, el juez dada por los gendarmes, que recibieron orden de
¡Traedmela cuanto antes! ...
Al entrar b joven, el escribano levant6 la cabeza, volvió para continuar la instrucción, Su primera di- conducir al acusado al corral contigu0 apenas llegael doctor se atus6 el bigote, el fiscal guiñ6 los ojos ligencia fué enviar en busca de Juan, que se diponía se Gavot. El juez y sus acólitos se hablaban al oído,
y el juez tosi6 con interés; tanto les impresionó la á marchar al campo sin haber visto á Gardineta, cuyo enjugándose de continuo la frente; tan sofocante era
maravillosa belleza de la joven: era una robusta pesar le irritaba. Como los labradores habían vuelto el calor en aquel cobertizo. Fuera de éste, un sol
campesina, cuyo corsé redondo apenas podía conte- á su trabajo, no quedaban en el caserío más que las deslumbrador abrasaba la meseta de Ingardfn, donde
ner el seno; sus mejillas frescas y sonrosadas como mujeres y algunos hombres, los cuales discutían de- se oía resonar en un espacio inmenso el canto de
las de una niña, rebosaban juventud; sus ojos eran lante del cobertizo donde se hallaban el juez y sus las cigarras.
Gavot confirmó cuanto había dicho á los vecinos,
grandes y negros, y sus pestañas largas y sedosas co- acompañantes.
Juan llegó con su azadón al hombro, y calado hasta asegurando que Juan repetía hacía un mes al hablar
municaban la más dulce expresi6n á su mirada Un
pañuelo pequeño, cruzado sobre el seno, permitía las orejas su kepis militar (recuerdo del regimiento), de Simón: «¡Es un canalla! Algún día le romperé la
ver la parte superior de los hombros, y el sudor dispuesto á esquivarse apenas terminara el enojoso cabeza.» Justificada así la sospecha y demostrado
inundaba su frente, como el rocío un fruto ma- interrogatorio. A las primeras palabras comprendió que aquel inocente era culpable, el juez, deseoso de
que no le sería posible conservar su serenidad; y del concluir cuanto antes, envió á buscar á Gardineta,
duro.
Con voz dulce y tímida, que contrastaba con su todo inocente, no había previsto la extraña compli- muy inquieta ya por los rumores que circulaban.
-¿Es usted la novia de Juan?, preguntóla.
robustez, referió lo que todo el mundo sabía, sus cación, las estrechas mallas de la red en que se ha-Sf, señor.
llaba
cogido.
primeros amores con Sim6n, la oposición del padre,
- Pues bien: nos le llevamos preso,
Después de oirle declarar que no sabía nada acerel rompimiento con aquél y sus desposorios con
-¿A Juan?
ca del hecho, el juez, con su palabra benévola y su
Juan, cuyos celos confes6.
- Sf; él es quien ha dado muerte á Simón, con·
rigurosa
tenacidad,
dió
principio
al
terrible
interro·
- ¿Conque estaba celoso?, pregunto el juez.
testó el juez. Vamos á dejar á ustedes solos un ins- Sf, señor; pero es un buen muchacho, incapaz gatorio.
- ¿Dónde estaba usted en la mañana del crimen? tante; procure hacerle declarar la verdad, y le hará
de hacer daño á nadie.
un señalado favor, pues no hay otro medio de sal- ¿En la mañana del crimen? ...
Gardineta extrañó que le hiciesen tantas pre·
varle.
-Sí.
guntas.
Se hizo entrará Juan y dejáro.nle solo con la cam- flabía ido á trabajar, contestó Juan, después de
-¿Se encontró Juan alguna vez con Sim6n? ¿No
pesina
en el cobertizo, cuya puerta vigüaba un genpensar
un
momento.
hubo nunca ningún altercado entre ellos? ¿No habl6
darme, mientras el juez y su gente iban en busca de
- ¿A qué hora?
jamás contra él? ¿Qué decía esta mañana?
El interrogado calculó, dando vueltas á su kepis un coche para trasladar al preso.
Confundida por aquel tenaz interrogatorio, GardiLa joven se colgó de su cuello sollozando.
entre
las manos,
neta se embroll6, contradíjose, y acabó por confesar
- ¡Juan, se trata de perderte! ... comenzó á decir.
- A las cinco, contestó al fin.
que Juan tenía mala voluntad á Sim6n, pero que
Natural parecía este arranque, pues aquel hombre
- ¿De dónde toma usted hora?
jamás le había buscado disputas, sabiendo muy bien
era su novio, su futuro, y amábale perdidamente
- De mi reloj.
que ella era una joven honrada.
desde que le acusaban de semejante crimen.
- ¿Con cuál le regula usted?
Los gendarmes llegaron en aquel momento para
- ¡Dímelo todo, Juan, añadió; conmigo puedes ser
- ¿Con cuál le regulo?
decir que Juan había marchado á La Roque y no
franco
... ¿Ne será eso verdad, eh? ¿No será verdad?.. ,
Sí.
volvería hasta la noche.
Y estrechábale entre sus brazos con toda ,su fuer- Con el sol.
El juez se mordi6 los labios, reflexionó, y resuelto
- El sol varía diariamente ... ¿A qué hora regresó za, loca, suplicante, empinándose cuanto podía y fi.
á interrogar á Juan al día siguiente, dijo con indifeusted
del campo? ¿Qué camino tomó? ¿Qué vió? ¿Iba jando en él una mirada ansiosa.
rencia:
- Pero ¿qué estás diciendo?, preguntó Juan, des,
- Está bien; hubiera podido facilitar datos, mas solo? ¿Tiene usted testigos?
prendiéndose
de los brazos de la joven.
Juan
se
embrolló,
resultando
al
fin
de
sus
con
tes·
prescindiremos de ellos.
- ¡Júrame que no eres tú quien ha matado á
Cuando aquellos señores volvieron á su coche, y taciones que nadie le había visto trabajar.
- ¿Por qué se ocultó usted ayer y anteayer?, pre- Simón!
mientras se alejaban seguidos de los gendarmes, que
- No, no he sido yo. contestó Juan, jurando como
habían puesto sus caballos al galope, los campesinos guntó el juez.
un carretero; yo no be dado muerte á nadie...
- Tenía que hacer en La Roque.
con sus sombreros en la mano en actitud respetuosa
- Pero ¿qué les has dicho para que crean que tú
- ¿Sobre qué asunto?
contemplaron á los representantes de la ley hasta que
eres
el asesino?
Fuí
á
comprar
una
horquilla.
se hubieron perdido de vista.
- ¡No lo sé ... me han embrolladó... son unos
- ¿A casa de quién? ¡Que vayan á buscar la hor¡Qué día! Gardineta no durmi6 en toda la noch~;
canallas!
en vez de acostarse, apoy6se de brazos en la venta- quilla!
Y alargó el brazo hacia la puerta con ademán ame·
La contestación de Juan impidió la salida de los
na y observó las estrellas, buscando en la tranqumnazador.
dad del cielo un poco de calma para su coraz6n per- gendarmes.
- ¡Oh! Juan, continuó la joven, sería espantoso si
- ¡Pues bien, no! dijo, no es verdad ... no be com•
turbado. Parecíale estar viendo aún las facciones
hubieras
hecho eso...
prado
nada.
Me
marché
por
no
estar
aquí,
porque
desfiguradas del muerto, su mandíbula rota, sus ojos
Juan la miró fruciendo las cejas, y otra vez se desen blanco y sus largos brazos rígidos. ¡Pobre Simón! no me hallaba á gusto, porque no vivía en buena intepertaron sus celos.
La vida no había tenido nada bueno para él; era ligencia con Simón.
- Parece, dijo, que te contrista mucho que haya
¿Era
usted
su
enemigo,
su
rival?
¿Se
alegró
pobre, no le quisieron por esposo, y para colmo de
muerto, ¿eh? No soy yo quien ha dado el golpe; pero
desgracias le mataron. Sin embargo, no era perverso usted de su muerte?
Las preguntas se multiplicaban, rodeando á Juan me alegro de esa muerte, puesto que á ti te contrista ...
ni odiaba á nadie; rehuía siempre las pendencias, y
Sin escuchar más, la joven abrió la puerta, y desescomo
un círculo de hierro.
como todos los hombres fuertes y valerosos, no haDesconcertado, inundada la frente de sudor y pen- perada y llorosa, con sus manos en ademán de súcía aprecio ni trataba de vengarse de los que le molestaban. La joven recordaba la dulzura de su sonri- dientes los brazos, contemplaba con expresión de plica y acercándolas al rostro del magistrado, ex·
sa cuando pasaba por delante de su puerta al volver extravío aquellos señores vestidos de levita y tranqui- clamó:
- ¡No es él, señor juez!. .. No le prenda usted... Yo
de los prados, y ahora que Simón había muerto, lamente sentados; el temor á la justicia, tan arraigaimaginábase que su amor resucitaba. Perdonábale el do en el campesino, le anud6 la garganta, perturbóle le juro que no es él... ·
El juez y los suyos rechazaron con suavidad á
haberla engañado; sentía haberse mostrado tan dura el cerebro y ahogó sus frases. Pudo reconocer que
con él, y solalllente pensaba en sus promesas, en sus se le creía culpable, y torpemente exasperado, per- Gardineta, y dirigiéronse á su co'che; Juan, con su
juramentos, en aquel beso que se dieron detrás de la diendo el tono de la inocencia en fuerza de su in- kepis encasquetado y completamente aturdido, dejóse conducir por los gendarmes. mientras las mujeres
granja, cuando se hacía la recolección del heno, una dignación, balbució con furor:
- No soy yo, ¿lo entiende usted? ... ¡No soy yo rodeaban á su novia, que sollozaba amargamente,
tarde en que los rebaños salían para ir á pastar á la
sentada en una piedra.
montaña.
quien le ha matado!
En la vida de Juan nada autorizaba á sospechar
El juez prosiguió sin mirar al acusado y tosiendo
Y todas estas reflexiones sobre cosas lejanas, prode él, y al principio nadie le creyó culpable. Todos
du jéronle una tristeza profunda, una angustia irrepa· discretamente:
- Usted ha dicho que se daba por muy contento decían: «Le será fácil probar que no ha sido él!;» pero
rabie que la oprimió el corazón, llenando poco á
cuando se le vió volver, cuando se supo que aún espoco sus ojos de lágrimas. En aquel instante sintióse de verse libre de él. ¿Es verdad?
Esto era una artimaña del juez, y Juan no vió el taba en la cárcel y que sería juzgado dentro de tres
poseída de resentimiento contra Juan por no habermeses, después de las vacaciones judiciales, prodúse mostrado más compasivo, por haber afectado an· lazo que se le tendía.

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

515

fin, cuando el cartero hizo su distribución, anunció humo de la casa de Gardineta, así como los árboles
que Juan había sido absuelto y dió los detalles pu• de su patio, y se dice:
«¡Allí está, pero me ha olvidado; todo concluyó!...1&gt;
blicados la víspera en los diarios. Nadie se extrañó;
Cierta
mañana, oculto entre los matorrales, obsermas por la noche, cuando las familias entablaron
sus conversaciones al dulce calor del primer fuego vó que por el camino que conduce á la ciudad pasade noviembre, todos se dijeron: «No se le ha podido ban á la carrera varios vehículos llenos de gente que
probar; á esto se reduce todo... Tiene suerte.» Y reía y gritaba; en uno de ellos iba una joven vestida de blanco y cubierta con un largo velo que flopersistió la misma convicción de antes.
Juan llegó una mañana al rayar el alba, flaco, pá- taba sobre sus hombros; y ante aquel espectáculo, el
lido, sonriendo con expresi6n estúpida, atontado por pastor comenzó á llorar. Después fué en busca de su
su larga prisión preventiva y los prolongados debates rebaño, con el cual se internó en la montaña; y nadel tribunal. Los campesinos le dirigieron la palabra die supo nunca que había ido á ver pasar la comiticomo si le hubiesen visto la víspera, y sin hablarle va de boda de Gardineta
de su absolución, limitáronse á decir: (¡Hola! ¿Ya
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
estás de vuelta?» Tampoco él habló nada, y al entrar en su casa supo que Gardineta estaba prometida
á otro y que nadie creía en su inocencia. Sin em•
SECCIÓN CIENTÍFICA
bargo, no era él quien diera muerte á Simón; pero
el verdadero asesino se había arreglado sin duda de
EL AUDITORIUM DE CHICAGO
modo que todas las pruebas recayeran en Juan.
Al presentarse á su padrastro, éste le acogió bien,
Una de las cosas que indudablemente más llamapero le dijo que en vista del mal estado de las cosechas debería buscar trabajo en la ciu- rán la atención en la próxima Exposición de Cbicadad, advirtiéndole además que no de- go será el Auditorium, monumento destinado á mubía contar ya con los bienes que le chos usos, pero que debe ser considerado como
teatro y, en su clase, uno de los más grandes del
destinaba.
Juan no replicó y aceptólo todo mundo. Los arquitectos americanos que le han conssin murmurar. Hubiérase dicho que truido no han perdido de vista la necesidad de consu carácter había cambiado y que una seguir un conjunto que tenga todas las condiciones
especie de fatalismo quebrantaba su exigibles en una explotación de primer orden, es deresistencia y su energía, Careciendo cir, el lujo, la comodidad, la seguridad, la potencia
de suficiente fortuna personal para vi- de los efectos, el número de asientos puestos á la
vir sin hacer nada, pidió trabajo, pero disposición del público y la relativa baratura de la
pasó largo tiempo sin que lo encon- ejecución.
La construcción del Auditorium se comenzó en
trara. No trató de luchar contra el
desprecio, ni tenía fuerzas siquiera 1885, y treinta y cinco meses después de empezada
para justificarse¡ comprendía que se la obra quedaba concluida sin exceder los gastos á
le rechazaba y condenaba y que esta- los desde un principio presupuestos. Aparte del preba perdido para siempre. La imposi- cio de la adquisición del terreno, que ignoramos, no
bilidad de disculparse comunicóle al pasaron aquéllos de 15 millones de pesetas, hafin el aspecto de un criminal; avergon· biendo podido la Compañía del Auditorium organizóse de su desgracia como de un de- zar con esta . suma, relativamente moderada, dos
lito, é hízose salvaje y haragán. Pasa- explotaciones que rara vez van juntas. Su inmenso
ba horas enteras echado al pie de un inmueble es la combinación de un gran hotel y de
árbol, sin hablar á nael.ie, con las ma- un teatro que recíprocamente se penetran.
El Auditorium, que forma un rectángulo de 120
nos debajo de la nuca y el sombrero
por 60 metros, consta de diez pisos, á los cuales se
sobre la cara.
Y era que, perdida para él Gardineta, sube por medio de tre~e ascensores: los tres inferionada le importaban ya las demás cosas res son de piedra de paramento rústico con rebordes
de este mundo; había amado profun- en las junturas verticales y horizontales y pilastras ó
damente á la joven, aunque siempre columnas de mármol en diversos sitios; los cuatro
celoso, con una adoración l;&gt;rutal y siguientes son de arco de medio punto y con cuatro
sincera, y cada vez que la encontraba vanos, y en cada uno de los tramos en ellos practica·
ahora, veíasele temblar como una mu- dos hay otros dos arcos de medio punto que comjer y bajar la vista como un niño. Gar· prenden los pisos octavo y noveno: el piso décimo
dineta, sin embargo, no le tenía mala está formado por una columnata.
Posee, además, el edificio una torre cuadrada,
voluntad, porque no odiaba á nadie, y
aquello le parecía un justo castigo. Ha- casi de la misma altura que el cuerpo principal que,
biendo deseado la muerte de Simón, aunque parece un capricho del arquitecto, está des¿no era tan culpable como si le hubie- tinada á la seguridad y á los órganos mecánicos de
las dos explotaciones, pues contiene á la altura de
se asesinado?
60 metros un gran depósito alimentado por dos bomTodos
pensaban
que
Juan
abando·
!:
naría el país; mas no tuvo valor pa· bas de vapor que arroja cada una más de un hecra ello: el campesino muere donde ha tolitro de agua por minuto. Esta agua, con una pre·/ .J~j
vivido. Alguno se compadeció al fin sión de tres atmósferas por lo menos, hace funcionar
de él y confióle la custodia de sus re- la maquinaria de la escena, toda de hierro, y los treSolo, en medio de aquellas soledades, piensa en la mujer á quien ama
baños, lo cual aceptó con regocijo, ce ascensores que conducen á los pisos, y está disporque esta ocupación le permitía vivir tribulda con tal profusión, que ni los habitantes del
y que ahora despertaba de nuevo su cariño desde el solo, que eran sus deseos, y en su consecuencia, se hotel, ni los espectadores del teatro, ni el numeroso
personal del escenario han de temer un incendio. El
fondo de la tumba. El asesinato cometido la privaba hizo pastor y siguió siéndolo ...
desarrollo
de la tubería general es de 40 kilómetros.
del placer de la venganza que hubiera tomado al
De estos tubos sólo una parte insignificante son para
*
casarse, y así es que su pasión por Juan apenas le
**
el gas, que se utiliza únicamente en algunos alumparecía ya amor en comparación con el que experibrados accesorios y para algunos motores. En lo alto
Todos
los
días
se
le
encuentra
conduciendo
los
mentaba por el difunto. Cuando la decían algo sobre
su novio, contestaba: «¡Infeliz, sus celos le han per- rebaños á las montañas de Ingardín; él es quien de la torre hay una torrecilla en donde se ha insta·
á la hora del crepúsculo, de pie en una roca, azuza á lado el observatorio meteorológico del Signa/ O/fice,
dido!»
Y he aquí por qué de noche, aspirando el puro los perros para que ladren y arroja piedras á los car- cuyos avisos se consideran como los mejores en punambiente de los campos, Gardineta, que no medita- neros que se desvían demasiado. De noche duerme á to á previsión del tiempo.
El alumbrado del Auditortum se compone de
ba nunca, prefiriendo el reposo después de las sanas la claridad de las estrellas, al son errante de las cam10,000
lámparas eléctricas de incandescencia de 16
panillas,
eu
los
prados
donde
se
filtran
las
corrientes
fatigas del día, pensaba con tristeza en su mala suerte. Una fatalidad aniquilaba sus afecciones, hacía cuando llueve. Bástale mirar la Osa Mayor para bujías cada una, alimentadas por 10 dinamos movidesgraciados á los que ella amaba, y jamás ser~a saber qué hora es; tiende lazos á la zorra, cobra pri- dos por 10 máquinas de vapor. La importancia de
feliz. A fin de disipar su tristeza, el padre resolvió mas cuando mata algunos lobos, conoce el grito los servicios eléctricos es tan grande, que la longitud
casarla cuanto antes, y como era muy linda y tenía de todos los animales y percibe los más leves rumo- de hilos ó cables con que cuenta el edificio es de
dinero, no le faltaron partidos. Al cabo de un mes res á través del viento; agrádanle los desfiladeros 400 kilómetros: de ellos, unos sirven para la transobscuros, la humedad del bosque y la claridad de misión á distancia de la energía luminosa ó calorffi.
estaba prometida á otro.
las mesetas desiertas cuando la aurora despunta y ca, otros para señales eléctricas, otros para telégrafos
los mochuelos ya no gritan. Su gran silueta negra se y teléfonos .
.. *
En la construcción del Auditorium han entrado
destaca como una aparición, iluminada por la suave
Los campesinos esperaban la condena de Juan claridad de la luna. Solo, en medio de aquellas soleda- 17 millones de ladrillos y 6.000 toneladas de hierro
sin curiosidad sin la menor impaciencia, con una des, piensa en la mujer á quien ama, perdida ya para y de acero: la superficie de los pavimentos de madeseguridad abs¿luta, y á ninguno se 1~ ocurrió que él, y aun le parece verla junto á sí con otro rebaño. ra es de 1 00.000 metros cuadrados. El edificio tiene
pudieran .absolverle. Todos los_ días mterrogaban á ¡Era tan linda, con sus hoyuelos en las mejillas; tenía 1.500 ventanas y 2.000 puertas.
El hotel, que comparte con el teatro la fachada
las personas que iban á la cmdad, y cuanto más tan negro el cabello, tan diminutos los pies y tan
principal
y ocupa toda la de la avenida de la izquierhermosos
los
hombros
y
el
seno!
...
tiempo transcurría sin recibir n_oticias, fortalecfase
Mientras vaga por las alturas, Juan reconoce el da, tiene 400 habitaciones, algunas con salones, y
más la persuasión de los campesmos. Una tarde, al

jose una reacci6n en aquellos pesados cerebros de
montañeses. Si la justicia no le dejaba en libertad,
sus razones tendría para ello, y tal vez hubiera confesado su crimen. Sin embargo, averigu6se que persistió en su negativa; pero sin manifestar indignación; con una tenacidad serena; actitud que en concepto de todos le condenaba más, pues un inocente
se rebela, grita y protesta.
«¡Pardiez!, exclamaban, él es quien cometió el
crimen. ¿Quién ha de ser sino Juan? Entonces se recordaron hechos y súpose que se había batido con
Simón. A medida que el tiempo pasaba hacíase más
evidente para todo el mundo que Juan había matado
á su rival por celos; y la misma Gardineta acabó por
creerlo, al recordar cuánto la mortificaba por causa
de Simón. Además de esto, no le perdonaba que se
hubiera alegrado de la muerte de aquél, pues en su
concepto, quien se regocijaba de un crimen es muy
capaz de cometerle. En un principio compadeció á
Juan, y después, al observar el desprecio que inspir:iba, desprecióle también, fijándose otra vez su pen•
samiento en aquel á quien había rechazado en vida

t:

..

�NúMERO

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ducir el movimiento del horizonte, del telón ordinario
y del telón de hierro para los casos de incendio, hay
diez y nueve piezas movidas por palancas colocadas
todas á un mismo lado de la escena y á la disposición del jefe de la maquinaria. Estas piezas, que se
manejan por medio de un juego de llave, comunican
el movimiento á los puentes y á los escotillones del
suelo del escenario y á las diversas partes del aparato general.
Las piezas movibles son muy numerosas: citaremos entre ellas cuatro grandes puentes, seis puentes pequeños y
seis escotillones susceptibles de moverse verticalmente en un espacio de diez
metros, cinco debajo y cinco encima de
la escena. Gracias á esto se obtienen
~ curiosos efectos cuando se quiere imitar las suaves ondulaciones de las olas
en los hermosos días de primavera ó
el desencadenamiento de una terrible
tempestad de equinoccio.
Para los efectos fantasmagóricos se
emplea la electricidad por medio de potentes combinaciones cuya descripción
nos llevaría demasiado lejos: sirve también para la maniobra de los órganos
que, en número de siete, toca un solo
artista á pesar de estar situados en distintos puntos del edificio. El organista
tiene además á su cuidado dos juegos
de campanas. A la electricidad se ha
recurrido asimismo para simplificar el
teclad0 y poner en movimiento los tres
fuelles necesarios para el funcionamiento de los cañones de los órganos.
Cualesquiera que sean los esfuerzos
que hagan los organizadores de la Exposición de 1893, el Auditorium constiEl A11ditori1mi de Chicago. - Fig. 1. Vista del edificio en conjunto
tuirá, como hemos dicho, una de las
principales curiosidades de Chicago, y
ce al deseo de dedicar el Audilorium especialmente será un monumento característico de una ciudad
á representaciones populares . Por esto hay además que hace cincuenta años apenas tenía más que un
tres anchas galerías, una con 1.432 asientos, otra con tabernero establecido en un barracón de madera, en
4g7 y otra con 526. De suerte que pueden caber las cercanías del fuerte Dearborn, adonde los solda4.037 personas en la sala. Esta está alumbrada por dos de la guarnición iban á beber whisky y á. frater3' 500 lámparas incandescentes. El escenario, ilumi- nizar con los salvajes.
nado por 1.500, es inmenso: la distancia entre sus
Las personas de gusto refinado que experimenmuros laterales es de 33 metros y su profundidad de . ten una mala impresión en presencia de un edificio
27: su altura total es de 26, de ellos 6 de foso. Cables compacto con una fachada de 120 metros sobre la
de cáñamo solo se emplean para sostener los contra- calle del Congreso y otras dos fachadas más de 60
pesos 'destinados á facilitar la maniobra de levantar metros cada una sobre dos avenidas, puede decirse
que no serán accionistas de la empresa
que lo ha construido.
Hay que tener en cuenta que el Audt'·
toríum se ha levantado en un país en
donde es desconocido el sistema de las
subvenciones y en donde los directores
del teatro quieren, sin verse precisados
á declararse luego en quiebra, hacer oir
en el teatro á la Patti y á,cuantas estrellas brillan en el cielo del arte lírico, para
lo cual necesitan poco menos que cubrir·
las de oro.

t iene, además del restaurant del piso bajo, varios
comedores para los viajeros en el piso décimo, en
donde hay el gran salón de la mesa redonda cuyo
largo es de 60 metros. Hay también una sala de banquetes capaz para 500 cubiertos.
El teatro tiene 40 palcos, con sitio sólo para 200
personas y 1.442 butacas: esta desprnporción obede•

515

en AB, el estilete S será atraído vivamente por el
muelle r -trazando una caída según un radio hasta el
círculo de origen, á partir del cual comenzará á describir una nueva curva. El número de caídas, en un
período dado, indicará desde luego la marcha del

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN

515

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOIÓN ART1STIOA dirfje.nee para. informes á los Sres A. Lorette, Rue Caume.rtin,
núm. 6 1. París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de loe Bree. Calvet y O,•, Diputación, 358, Barcelona

.

m~~

El diente está unido á éste por medio de una biela con trinquete en comunicación con el árbol de la
máquina ó con el eje de una rueda de un coche, si
de máquina ó coche se trata, y recibe movimiento
de un balancín oscilante, si el aparato aa de funcionar como podómetro; siendo de advertir que el dromógrafo puede ser empleado en esta última forma,
no sólo á pie, sino también á caballo, en coche, en
ferrocarril, colocándolo en el bolsillo del viajero ó en
el cellar del caballo 6 en la portezuela del vagón.
La solución dada por M. de la Roulle á un problema que á todo el mundo interesa es, pues, tan gene·
ral como elegante y sencilla. Cualquier reloj ó despertador puede de esta suerte ser transformado en
dromógrafo.
Debemos añadir que el ~lromógrafo la Rulle ha
sido ensayado en una locomotora delferrocarril de

CIF RAS DECORATIVAS -PARA ARTES E INDUSTRIAS
POR

♦

J. MA SRIERA Y MA NOVENS

........._
-

L.UT ANTÉPPl!LIQIII -

LA LECHE ANTEFÉL
,,n 1

■mJda

c.. 1111, 1111,a

t~r~o~R~u~aa~T~s~Cr!ga~;rvfa~~~-~

ECA8, LENTEJAS, TEZ A8OLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJ ECES

2.

Sección vertical del edificio

el telón, que pesa 16.000 kilogramos. Para todos los
demás servicios se utilizan cables flexibles de acero,
cuya longitud total es de 20 kilómetros.
Las piezas principales de la maquinaria son un
puente estrecho de acero de 3.500 kilogramos de peso que cruza el escenario cerca del telón y un marco
de hierro para las decoraciones del fondo que pesa
6.000 kilogramos y está dividido en dos partes susceptibles de moverse separadamente. Sobre este marco hay un gran puente movible sobre las galerías laterales de la cimbra y un horizonte panorámico de
16 metros de altura por 100 de longitud, inmensa
tela que se arrolla á un tambor y en la cual hay ex•
celentes pinturas ·que representan al cielo en las di·
versas estaciones y en todas las condiciones atmosféricas. Añadiendo á esto el peso de todas las piezas
que penden del telar, se llega á un peso de 1 oo ooo
kilogramos, que se maneja con sorprendente facili •
dad, gracias á la fuerza hidráulica que proporciona
el depósito de la torre.
·
Además d e algunos pistones horizontales para pro·

PILDORAS~~DEHAUT

JARABE

rncio, porque, contra lo que .acede coa
~ demupurg8J1Ces, este ao obra bien
1µ10 cuando H toma coa bueaosalimeatos

7/'tliJufortilicsates, cual el vi.oo, el.e•"•
1wada cual escoge, para p.urgane la
ora 7 la CfNIJida que mas le coavieaea
sevua 1u, ocupacfoae,. Como el causo'
c,o que la purga ocuioaa queda compJetamealuaulado porel efectode la
l&gt;ue.ua alimeatacioa empleada, uno
,. decide ticilmeate i vol',er

i •

las minas de Roche-la-Moliere y que ha señalado
con tanta claridad como precisión todas las variaciones de la marcha, los cambios de velocidad, la
duración de los períodos de marcha y de las paradas; en una palabra, todas las circunstancias del
movimiento saltaban á la vista en el diagrama.
Un dromógrafo colocado en el ventilador del pozo
de Bardot, en Saint-Etienne, funciona de una manera completamente satisfactl3ria desde hace muchos meses. El gráfico reproducido en la fig. 2 fué
obtenido en los días 18 y 19 de marzo último:
entonces el diente tenía un pequeño defecto que
luego se ha salvado posteriormente.
La velocidad regular de la máquina, 94 golpes

GRANOOELINOJ ARINF~R~lMJ~~s
ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. -

La caja: lfr, 30.

GARGANTA
VOZ y BOCA

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lleeomend•du con\ra IOI Mal• 4e la Garg■nta,
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i lo. Siin PREDICADORES, ABOOAI&gt;OS,
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EL DROMÓGRAFO DE M. DE LA ROULLE

Fig.

PtnouJ ... CGDtCft lu
DE l"ARIS

Querido enfarmo. -Flt u Vd. • mi lart• uperlene/11
1 hita uao de 1u11tro, U ANOS d1 SALIIO, puN t l/ol
11 ourarb 11, eu conlf,pac/on, /t darb9,petlto 1 1t
lltrolrtrh ti eu,ño 1 11, altt ria. - A11 ririr, Vd. •
etuchu ailoa, d11frutando 111mpre de una buena 1a1v-.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
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Fig.

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♦

Vén dese formando un precioso álbum, encuadernado en tela, al precio de '.l.. S ptas. ejemplar

Jl~r m II rotulo • /lf'ffl(S

Este aparato tiene por objeto reproducir gráficamente en un cuadrante de pa·
pel, debidamente graduado, todas las circunstancias del movimiento de una máquina cualquiera, locomotora, coche,
velocípedo, etc.
Un movimiento de relojería pone en
rotación uniforme al cuadrante; un estilete guiado por una corredera inmóvil se
mueve á Jo largo de un radio determ•nado gracias á
un diente accionado directamente por el motor que
se ha de estudiar. Si el motor está en reposo el estilete permanece inmóvil y traza en el cuadrante un
arco de círculo: si el motor anda, el diente gira con
una velocidad proporcional á la del motor, empuja
el estilete y la curva se aleja del círculo tanto más
rápidamente cuanto mayor es la velocidad. De este
modo se obtiene un gráfico en coordinadas polares
cuyas diferentes partes c0mprendidas en los sectores
horarios sucesivos dan á conocer inmediatamente
todas las fases del movimiento, indicando la inclinación de un elemento de la curva la velocidad en
el instante correspondiente.
La fig. 1 representa el aparato. Un reloj dispuesto
de modo que el movimiento arrastre la esfera, lleva
débajo de ésta el diente CDE y el estilete S retenido por una corredera y apoyado en el diente por el
muelle r.
1
Cuando e~ diente 'habrá· andadó de suerte que la
línea AE venga á colocarse debajo de la corredera

ARTÍSTICA

Se ea.to pn,opectot A1alcn 10 1 aoUatc
.irigin ~o,e Aloa Sm. Moataaor y Suah, e&lt;lltor•

MEDALLAS Ex11" Unir'• LDN DRES1862-PA R/S 1889

Far'• BRI.l!IT, 150, mdeRlvoll, PAIIJS

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v1NOARoffo;;;ou1N1
T COIC TODOS tOI nmamos

tn:rnrnvos SOLUILBS DB 1.4 CAl\NE

e aa.u 1 91111u I aon loe elementos que entran en 1a

por mit)uto, corresponde á una recta inclinada de
23º sobre el radio. El papel trazado para doce
horas podría servir también para veinticuatro y aun

más.
El dromógrafo de _M. de la Roulle es un aparato
interesante y sumamente práctico.
La N.it11re)

Npe.rador de las tuerzas vitales, de este feniaeaa..

P•• :!~re:~10Dnede este potente

lllamente aaTadalile, es 110berano contra la .Anemta y el ,
a.
un lr\!Sto su7 Conoa1'cencuu1 .contra las IJl4rrell,$ y las .Afeccto11e1 del ir,f~~to,1en
J.as Calffllw111
08
1
Cuando se &amp;ma el.e despertar el apetito, aseeurar las dtgest1orfe/
'" utfno,,

:r.recer
por

entonar el orgauismo y precaver la anemia y í'aarepa~emtl.as fUerzu.
calorea, Do ae conoce Dada superior al l'i•• de V•i■a deeÍ.-.1111,u Pl'OYOl t11' tMJJW. tA Paril, ea waul.FEW,Farmaceutici,~ tOI, 1'1111 Rickellea.Sal:elar .. ••"
la sangre,

101

sa V&amp;MD&amp; u

~-=' lROUD

TODAS LU PillftCIP.U.U

EXIJlSE e1

BoTlaAI.

....,m,,

�LA

720

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NóMERO

principios de este siglo: el sitio de Cuantla, donde se cubri6
de gloria el caudillo que dió su nombre al estado de Morelos.
El libro, editado en México, forma un tomo de más de 500
páginas y contiene algunas láminas, entre ellas un plano de
la ciudad y alrededores de la que en 1812 era Cuan tia Amilpas
y hoy es Cuantla Morelos, 1:n donde están señalados los puntos que ocuparon las tropas españolas durante el asedio de la
plaza.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
SALPICÓN, por Mariano de Cavia. - LA VIO,\ CURSI, por
L11is Taóoada. - Estos son los dos últimos volúmenes de la colecci6n que con tanto éxito y aplauso de la gente de buen gus•
to edita en Madrid D. Fernando fe. ¿Qué decir de estas nuevas obras? Sólo con enunciar sus t!tulos y los nombres de sus
autores está hecho su elogio. Pudiendo d:sponer 4e mayor espacio, justo nos parecerla emitir juicio detallado y prcidigar á
sus autores las alabanzas que se merecen; pero dentro de los
limites de esta sección, ¿cómo ensalzar bastante á quien como
Cavia ha sabido encontrar un género, si no en el fondo, en su
prcicedimiento, completamente nuevo, que en un estilo siempre
elegante, siempre culto y siempre castizo nos presenta las cues·
tiones más trascendentales tratadas con un donaire, una gracia
y un caudal de erudici6n verdad que para s! quisieran muchos
que pasan como maestros en la especialidad allende el Pirineo? Y de Taooada, ¿á qué hablar, si á su solo nombre asoma
una sonrisa en los labios de cuantos se han regocijado con sus
\nimitables artículos, sonrisa que se convierte en alegre carcaJada á pocp que se recuerden sus incomparables incongruen·
cias, sus chistes á granel prodigados y hasta los nombres de
sus héroes y hero!oas? La vida cursi descrita por Taboada resulta un ,apo lavoro de gracia y esp!ritu de observación, como
el Salpi&amp;4n servido por Mariano de Cavia sabe á exquisito
manjar, substancioso como pocos y sazonado como ninguno.
Y por si algo pudieran echar
de menos los más exigentes,
llevan ambos libros unas ilustraciones de Angel Pons que
son como suyas y corresponden
con el mérito del texto.
Estas obras se venden en las
principales librerias al precio
de 3'50 pesetas cada una, y
todo el que quiera pasar más
de un buen rato debe adquirirlas, en la seguridad de que valen más de lo que cuestan.

•
••
TRATADO DE QufMICA BIOLÓGICA, po1 Ad. Wttrtz, versi4n espaflola ,on adicione, de D . Viten/e Peut y Cervera. Se ha publicado el cuaderno 6.º de esta important!sima obra
del ilustre profesor de las facultades de Ciencias y de Medici'na de Par!s, que con tanto éxito edita en Valencia D. Pascual
Aguilar.
•

•••
BAJO LA PARRA, por D. Salvador Rtteda. -El tomo 53 de
la Biblioteca selecta que con tanta y tao justa aceptación publica en V?.lencia D. Pascual Aguilar contiene una colección de
narraciones hermosas, como todo lo que sale de la pluma del
brillante colorista D. Salvador Rueda, este castizo escritor,
que siente y escribe con todo el fuego de un alma meridional,
dando vida coa su potente faotasla á los encantadores cuadro¡¡
de costumbres andaluzas, bien
emplee para ello la más amena prosa, bien se valga de
sentida y deliciosa poesla.
Véndese en las principales
librerias, y en Barcelona en la
de D. Arturo Simón, Rambla
de Canaletas, 5, al precio de
2 reales.

•••
TRATADO DE QUÍMICA BIO·
LÓGICA, por Ad. W11rtz, versi4n espa,10/a co,i adicioms de
D. Vicente Peset y Cervera. Se ha publicado el cuaderno
7.• de esta obra que con ex•
traordinario éxito publica en
Valencia D Pascual Aguilar y
de cuya impor1ancia nada hemos de decir porque es universalmente conocida.
Suscrlbese al precio de una
peseta e 1 cuaderno en casa
del editor, calle de Caballeros, número 1, Valencia, y en
las principales librerfas, y en
Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•
••
ENTl!.E EL DEBER Y LA PA·
TRIA, NOVELA HISTÓRICA
MEXICANA, por 1). Demelrio
.!ffejla. - En agradable é interesante narración y enlazándolo con el episodio de unos
desgraciados amores, describe
el autor uno de los periodos de
la lucha que la hoy Confederación mexicana sostuvo contra la dominación española á

Figs.

2

515

Fig. l. El Japonés Morimoto, famoso por sus extraordinarias muecas.
y 3. El dios de la Riqueza, alegre y descontento. - Fig. 4. El dios Danima.
(De fotografías obtenidas en Kioto, Japón. )

CARNE, HIERRO y QUINA

ENFERMEDADES

El Alimento mas Conúicute unido a los T6n.ico11 mu reparadores.

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
PATERSON
BISMUTBO 1 MAGNESIA
CGI

Rer.omendados contra lu Afecciones del Est6•

mago, Falta de Apetito , Digestiones laborlOIIU, Aoedias, Vómitos, Eructos. y Cólicos;
regularizan las Funciones del Estómago y
de loa ~tlnc1.
Exltlr en el rotulo• ffrma de J. FAYARD.
.l.dh. DETHAN, Farmaoeutloo en PAIU8

VINO FERRUGINOSO AROUD

T COK TODOS LOS PllINCIPIOS NtlTll.ITIVOS I&gt;B U CARNE
C,Aain:, mF.aao y_ 911111• 1 Diez años de extto continuado y las a1lrmaetonea de
todas las eminencia.a médicas preuban que esta asociacion de la Carne, el Hlern y la
Quiaa couaUtuye el rePar&amp;l!or mas en.:rKico que se c.imoce para curar : la Clordsü, la
lnemta, las Jlenst~ 6olorosal, el Jlmpollrectmtnito y la ..1.lteracwn de la Sangre,
el .RaQultUma, 1..a ..l.feccJ(Jfltl e.cro(Wola, Y ucor&amp;utleal, etc. El I In• Ferrua;laeN de
&amp;reud es en erecto, el único que reune t,odo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena y aumenta conslderablemcnl.e las tuerzas 6 1n!unde a la aan¡re
empobrecida y descolorida : el Y,Uor, la Cowracwn:, la Bner11w. f/ftal•
Por mvor1 e11 Paril, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu. Suusor de AROUI).

=·AROUD

SS VBNDB IN TOD.t.S U.S PIUNCIP.U.SS DOTIQ.&amp;.S

EXIJASE e1i:

0

itt.tDADES••1E1ro.h
\ ...,~
- u - .,,410

Pepsina Boudault

Apruda per la ACIDEIU DI IEDICIU
PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EM 1156

1

,., JARABE ANTIFLOGÍSTICO~; BRIANT ~
F a t•maola, VA.LLB DE .BIYOLJ. J60, PABJ/J1 11 ell toau11 la11.11armaofci•
El JARABE DE BRLANTrecomendat10 des&lt;le su ;,rlnclplo, por 10s profesores

Laennec, Thénard, Ouersant, etc.¡ lla recibido la cc&gt;nsal!'r11clou &lt;lel tiempo: en el
año 18:!9 obtuvo el privilegio &lt;le Invención. VERDADERO CONFITE PECTOR ALLcon base
de goma y t)e ababoles, conviene sobre tollo a 11u Plll'Sonas dellc11das, como
muJeres y nliio~. su gusto excelente no perjudica en modo alguno Asu etlcacla
L_ con1ra los RESFRI IDOS y todas las l!IFLUIACIONES del PECDO Y ele lo~ nmsmos . ..,,j

1-artlclpando de las propiedades del Iodo

r del Hierro, estas PU&lt;loras se emplean

SOCIEDAD

especialmente contra las Escrofulas, la
rieh y la Debilidad de temperamento,
is! como en todos los casos( Pálidos colorea,
amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario
)brar sobre la sangre, ya sea para devolverla
m riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar o reguldrizar su curso perlól!lco.

PREMIO

~ R u e Bonaparte, 40

11.,allM •• laa Bxpo1lolon01 lnternaolonal•• ••

PWS - LTGI - nm - PIIIJDELPIU - P!RIS
llfJ

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lll1

1171

llll

U ........_ Otll IL ■4TOR tSJt'O D LM

DISPIPSIAI
OUTRIT18 - OAITRALOIAI
DIOHTION LIIITA8 Y PENOSAS
PALTA DI APETITO
u. 1t1111,. . .
8.UO U l'ORIU DI

T 9Taol D1aoa.anw1 01

ELIXIR. · de PEPSIN! BOUDAULT
VINO · · de PEPSIII&amp; BOUDAULT
POLVOS, •e PEPSIN1 IOUDAULT
PWS, Pwmacit COLLAS, 1, nt laa,U.
,

de Fomento
§1dal/o
dt ito.
d• 2000 ,..

. ~/'A.1?25

c:on :t.A.0':"0'0.AlUVK (Jugo lechoso de Lechuga)

.Ap, c,bados por la Academia de Medicina de Paris é insertados en la &lt;,o1ecc1611
O.ficial de Fórmulas Legales por decreto minlsrerial de 1 O de Marzo de 1854.
,
« Una completa lnnoculdad, una encacla perfectamente comprobada en el catarro
eptatmíco, las Bronqums. catarros, Reumas, Tos, asma e trrltucion &lt;le la gargauta han ,
grangeado al JARA13E y PASTA lle AUBERGIER una Inmensa rama. »
'
(E:i:tracto del Formulario MUico del S" Bouchardal cat,arttlico ú la Facultad ú Medicina (!G- ,dict6n).

,

Venta por mayo~: COMAR Y e•, 28, Calle de St-Claude, PARIS
DEPOSITO EN LAS PIUNCIPALES BOTICAS

ffl , . , ' """'""''" ,,.,_....,_

rarmar.tuuco, en Paru,

El loduro de hierro Impuro 6 alterado
, B, es un medicamento Infiel é Irritan te.
N
Jamo prueba de pnreza y de autenllcldad de

las verdaderas PUdoras de niancarcl,
axlgtr nuestro serlo de plata reactiva,
nu1Jstra firma puesta al pié de una etiqueta
•erde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fatlrlcantea para la reprcsl0n de la falsificación.
SE HALLAN KN TODAS LAS PARMACIAS

PATE EPILATOIRE DUSSER
~

~Mita Ju IIAICl!:9 el VELLO •e1 Nin .. lu uau CkM. llrote. ett.), ea
..,.. Jelirro 11111 el calla. se Aio■ de hto,JlllllarN dt 1a11■c111rarulbu 11 etum
.ca ~ I S . _.. a Mj■e, ,a,.. la !lvM, J o 1/2 taJu ,.,. el lllpt, llrn). t'an

w III brult, • . . - 11 .l"JI.J t'OM&amp; DV■■ma, l, ruJ...J,•lleUN&amp;u. Parta.

Quedan reservados l01 derechos de propiedad artística y literaria
1,1(1. OJ MONT411JJ Y

Sn1611

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Antonio Albalat</name>
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        <name>El dromógrafo de M. de la Roulle</name>
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